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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Los Lusíadas - Poema épico en diez cantos - -Author: Luis de Camoens - -Translator: Luis Gómez de Tapia - -Release Date: March 10, 2021 [eBook #64775] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/American Libraries.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS LUSÍADAS *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las - versalitas como MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la - grafía de mayor frecuencia. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - -LOS LUSÍADAS - - - - -[Ilustración: Burger, del. - -Bickel, Neumann, sc. - -LUIS DE CAMOENS] - - - - - LUIS DE CAMOENS - - LOS LUSÍADAS - - POEMA ÉPICO EN DIEZ CANTOS - TRADUCIDO EN VERSO CASTELLANO DEL PORTUGUÉS - POR - LUIS GÓMEZ DE TAPIA - - NUEVA EDICIÓN ILUSTRADA - - BARCELONA - —— - MONTANER Y SIMÓN, EDITORES - CALLE DE ARAGÓN, NÚM. 255 - 1913 - - - - -ES PROPIEDAD - - - - -_LOS LUSÍADAS_ - -_PREFACIO_ - - -_Para esta edición se ha elegido la notable traducción que del inmortal -poema de Camoens hizo en verso, en el año de 1580, el maestro Luis -Gómez de Tapia, esmeradamente corregida ahora._ - -_Luis de Camoens nació en 1524, del oficial de marina Simón Vas de -Camoens y doña Ana de Sa y Macedo, dama de ilustre prosapia. Recibió -una esmerada educación, y, terminados sus estudios en la Universidad de -Coimbra, volvió a Lisboa cuando contaba unos veinte años, y contrajo -valiosas amistades._ - -_Desterrado a Ribatejo por los años de 1545 a 1550, a causa de su -ardiente pasión por Catalina de Ataide, hermana de don Antonio, -favorito de Juan III, pasó luego al África con las tropas portuguesas, -corrió serios peligros y perdió el ojo derecho en un encuentro con los -moros._ - -_Vuelto a Lisboa en 1552, y combatida su alma por graves sinsabores, -partió el año siguiente para las Indias orientales, con el humilde -título de escudeiro de la flota de Fernando Álvarez Cabral._ - -_Dió pruebas de gran bravura en varias expediciones y combates. El -gobernador Barreto, sintiéndose herido por una sátira de Camoens, que -desde su juventud cultivaba la poesía, lo desterró a las factorías de -Macao, recientemente fundadas en las costas de China._ - -_Los tres años que duró su destierro en este país parecen haber sido -los más fecundos de su vida. Allí dió las últimas pinceladas a su obra -capital, empezada, como se supone, en 1547._ - -_De regreso en Lisboa en 1570, después de dieciséis años de ausencia, -preparó la publicación de su gran poema que vió la luz en 1572, siendo -tal su popularidad, que hubo que reimprimirlo dos veces más en el mismo -año._ - -_Sin embargo, la tradición supone al poeta sumido en tal miseria, que -sólo a la caridad de uno que había sido su esclavo debió el necesario -alimento en los últimos años de su vida, y uno de sus contemporáneos -afirma que no tenía en el lecho de muerte una mala manta que le -defendiera del frío._ - -_Su entierro se verificó en la iglesia de Santa Ana (1579), y sólo al -cabo de dieciséis años se puso un epitafio en su tumba._ - -_En_ LOS LUSÍADAS, _Camoens cantó la historia entera de Portugal, -uniéndola por medio de narraciones intercaladas en la acción del -poema a los viajes y descubrimientos hechos por los portugueses, los_ -lusitanos, _bajo la dirección del gran Vasco de Gama en el año de 1497 -doblando el cabo de Buena Esperanza_. - -_Se componen de diez cantos._ - -_Júpiter reúne en asamblea a los dioses del Olimpo y les recuerda las -expediciones de los antiguos lusitanos, la reciente gloria de los -portugueses en sus empeños contra los moros, les señala los bajeles de -Vasco de Gama bordeando las costas de África, y muéstrase favorable a -tan valeroso navegante._ - -_Los dioses se dividen, y mientras Baco, temeroso de ver eclipsado su -gran poderío en la India, se declara contra ellos, Venus y Marte los -protegen y envían como mensajero a Mercurio para dirigir su navegación._ - -_Seguimos luego a Vasco y sus compañeros en sus descubrimientos por las -costas africanas._ - -_Tras diversos incidentes llegan a Melinde, cuyo rey les ofrece -generosa hospitalidad, y el poeta aprovecha esta ocasión para hacer -contar a Gama los detalles de su expedición y al mismo tiempo toda la -historia de su patria._ - -_Vuelven los navegantes a sus expediciones, escapando de mil tremendos -peligros, gracias a la protección de Júpiter y Venus._ - -_Llegan a Calicut, cuyo rey recibe a Gama con gran pompa. Los -malabares, temerosos de que los que llegan como comerciantes se rijan -como dominadores, logran que en el consejo del Emperador predomine la -idea de acabar con los portugueses._ - -_El valor y la previsión de Gama dominan todos los obstáculos, saliendo -por fin victoriosa la escuadra hacia Portugal, llevando pruebas -palpables del feliz resultado de la expedición._ - -_Termina el poema con un episodio de belleza incomparable, y que es -una de las más deliciosas ficciones que ha producido jamás el ingenio -humano. Venus, enajenada de júbilo por el triunfo de los navegantes, -les hace disfrutar, aun antes de llegar a su patria, las bienandanzas -de la gloria, en una isla flotante y divina, hermoseada con todos -los encantos de la primavera y poblada de ninfas que les sirven -en maravillosos banquetes el néctar y la ambrosía hasta entonces -reservados a los dioses._ - -_Numerosos grabados, copia fidelísima de interesantes estampas de -Guivard, Kostka, Begues y otros grandes artistas, existentes en la -Biblioteca Nacional de París, avaloran y embellecen la presente -edición de una de las creaciones más admirables del humano ingenio._ - -LOS LUSÍADAS _de Camoens son el más fuerte, el más patriótico, el -más veraz y de menos artificio de todos los poemas épicos de la Edad -Moderna_. - - LOS EDITORES - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -CANTO PRIMERO - - - LAS armas y varones señalados - que de la playa occidua lusitana - pasaron por caminos nunca usados - el no surcado mar de Taprobana, - en peligros y guerras levantados - sobre el valor de toda fuerza humana, - que entre gente remota edificaron - reino, con que su nombre eternizaron: - - Las memorias de príncipes, gloriosas, - que la Fe santa y su poder mostrando, - fueron con sus empresas milagrosas - las tierras de Asia y Libia conquistando: - aquellos que con obras hazañosas - de la muerte se fueron libertando, - mi verso cantará por cualquier parte, - si a tanto me ayudare ingenio y arte. - - Cesen del sabio griego y del troyano - las prolijas derrotas que siguieron; - cállese de Alejandro y de Trajano - la fama de victorias que tuvieron: - pues canto el pecho ilustre lusitano - a quien Neptuno y Marte obedecieron; - cese lo que la Musa antigua canta, - que otro valor más alto se levanta. - - Vosotras, mis Tagides, que criado - habéis en mí un ingenio nuevo ardiente: - si siempre en verso humilde celebrado - fué de mí vuestro río alegremente, - dadme un son apolíneo sublimado, - un estilo grandílocuo y corriente: - así las nuestras aguas Febo ordene - no envidien las que corren de Hipocrene. - - Dadme una fuerza grande sonorosa, - no de silvestre avena, o flauta ruda, - mas de terrible trompa belicosa - que el pecho inflama y la color demuda: - dadme alabanza igual a la famosa - gente, que el Marte tiene por su ayuda; - que resuene por todo el universo, - si tan sublime precio cabe en verso. - - Y vos, oh bien nacida confianza - de la libertad santa lusitana, - y no menos certísima esperanza - del aumento de ley y fe cristiana, - nuevo temor de la turquesca lanza, - maravilla fatal de edad temprana, - a quien el mundo todo Dios reparte, - porque del mundo a Dios le dé gran parte: - - Vos, tierno y nuevo ramo floreciente - de la árbol que de Cristo es más amada - de cuantas han nacido al Occidente, - Cesárea o Cristianísima llamada, - miradlo en vuestro escudo, que presente - os muestra la victoria ya pasada - en que por armas, como a regalado, - os dió las que en la Cruz él ha tomado. - - Vos, poderoso Rey cuyo alto imperio, - luego que nace el sol, lo ve primero, - y del medio lo ve de su hemisferio, - y al trasmontar lo deja por postrero: - vos que seréis el yugo y vituperio - del ismaelita torpe caballero, - del enemigo turco y bruta gente - que aun bebe del río sacro la corriente: - - Inclinad por un poco la realeza - que en vuestro tierno rostro yo contemplo, - indicio claro de la suma alteza - que tendréis cuando vais al sacro templo: - Los ojos abajad de la grandeza - de vuestro ser: veréis un claro ejemplo - de amor, de patrios hechos valerosos, - en versos celebrado numerosos. - - Veréis amor de patria, no movido - por premio vil, mas alto y casi eterno, - pues que no es premio vil ser conocido - por pregón de su nido, aunque paterno. - Oid; veréis el nombre engrandecido - de aquellos de quien es vuestro el gobierno, - y juzgaréis cuál es más excelente, - el ser señor del mundo, o de esta gente. - - Atended y veréis, no con hazañas - fantásticas, fingidas, mentirosas, - los vuestros alabar, ni con extrañas - musas, de engrandecerse deseosas. - Las verdaderas vuestras son tamañas - que vencen las soñadas fabulosas - de Orlando, de Rugero y Bradamante, - aunque cante verdad quien de ellos cante. - - Por éstos a don Nuño os daré, el fiero, - que hizo al Rey y Reino tal servicio; - un Fuas y un Egas, para quien de Homero - la sonorosa cítara codicio: - pues por los doce Pares daros quiero - los doce de Inglaterra con Magricio, - el valeroso, sabio, ilustre Gama, - que para sí tomó de Eneas la fama. - - Y si a trueco de Carlo, o la pujanza - del gran César, queréis igual memoria, - ved al primer Alfonso, cuya lanza - obscurece cualquiera extraña gloria: - y aquel que dió a su reino gran bonanza - con la famosa y próspera victoria, - o al otro Juan, invicto caballero, - el quinto, el cuarto Alfonsos, o el tercero. - - No dejarán mis versos olvidados - aquellos que en los reinos de la Aurora - se hicieron por armas señalados - con la bandera vuestra vencedora; - un Pacheco feroz, y los amados - Almeidas, por quien siempre el Tajo llora; - Alburquerque terrible; Castro fuerte - y otros a quien rendir no osó la muerte. - -[Ilustración: - - Veréis amor de patria, no movido - por premio vil, más alto y casi eterno, - pues que no es premio vil ser conocido - por pregón de su nido, aunque paterno. - - _Canto I, Estr. 10._ -] - - Y en cuanto de éstos canto (pues no puedo - cantar de vos, pues no me atrevo a tanto), - los vuestros gobernad con tal denuedo - que deis al reino paz, materia al canto: - sientan vuestro valor y tengan miedo - (que por el mundo todo cause espanto) - de ejércitos y hechos singulares - tierras en Libia y en Oriente mares. - - En vos los ojos tiene el Moro frío - por ver ya su remate figurado; - con veros pierde el Bárbaro su brío; - y rinde al yugo el cuello no domado: - Tetis todo el cerúleo señorío - para vos tiene en dote reservado, - que, presa de ese rostro bello y tierno, - desea ya compraros para yerno. - - En vos de la seráfica morada - de vuestros dos abuelos las famosas - almas se ven; la una a la paz dada, - la otra a las batallas sanguinosas: - esperan que por vos sea renovada - su memoria con obras valerosas - y os guardan para el fin de vuestros días - asiento en las eternas jerarquías. - - Mas en cuanto va el tiempo vagaroso - gobernad vuestros pueblos que os desean, - dad favor a mi pecho temeroso - para que estos mis versos vuestros sean, - y ved cuál van cortando el mar furioso - los vuestros Argonautas; porque vean - que vos los veis, y ya en el mar airado - acostumbraos, señor, ser invocado. - - Ya el Océano largo navegaban, - las inquïetas ondas apartando; - los vientos blandamente respiraban - las altas velas de las naos hinchando; - de blanca espuma llenos se mostraban - los mares, do las proas van cortando - las marítimas aguas consagradas - que del próteo ganado son holladas. - - Cuando los dioses en el cielo hermoso - de quien pende el gobierno de la gente, - se ayuntan en concilio glorïoso - sobre el caso futuro del Oriente, - pisando el firmamento luminoso - vienen por la vía láctea juntamente, - convocados de parte del Tonante - por el nieto gentil del viejo Atlante. - - Y de los cielos siete el regimiento - dejaban del poder más alto dado - (alto poder que con el pensamiento - gobierna cielo, tierra y mar airado): - allí se ayuntan todos al momento - los que el Arturo habitan congelado, - y los que el Austro tiene, y partes donde - nace la Aurora, el claro Sol se esconde. - - Con claro resplandor cual de oro fino - el que los rayos vibra de Vulcano - en su asiento se pone cristalino - con un severo rostro soberano: - del cual respira un aire tan divino - que en divino volviera un cuerpo humano - con su corona y cetro rutilante - de piedra muy más clara que diamante. - - En lucidos asientos claveteados - de perlas y oro más abajo estaban - los otros dioses todos asentados - cual orden y razón los concertaban: - preceden los antiguos más honrados, - abajo los menores se asentaban, - cuando el Júpiter alto así diciendo - con un tono comienza grave, horrendo: - - «Eternos moradores del luciente - estelífero Polo y claro asiento: - si del valor supremo de esta gente - del Luso no perdéis el pensamiento, - ya sabéis, y sabréis más juntamente, - que ha sido de los hados cierto intento - que por ella se olviden los humanos - de asirios, persas, griegos y romanos. - - »Ya le fué, bien lo visteis, concedido, - con pequeño poder, al Sarraceno - que en sus tierras estaba guarnecido - ganarle cuanto riega el Tajo ameno, - pues contra el Castellano tan temido - el cielo se les dió blando y sereno, - así que siempre tuvo en fama y gloria - pendientes los trofeos de victoria. - - »Dejo la fama antigua y nombre claro - que con gente de Rómulo alcanzaron - cuando con Viriato invicto y raro - en la romana guerra se afamaron, - a que os obliga el hecho tan preclaro, - pues que por su caudillo levantaron - al de la cierva blanca peregrino, - que Oráculo la hizo ser divino. - - »Ahora lo veis bien, que, cometiendo - el peligroso mar en un madero, - por caminos no vistos van sufriendo - del Áfrico y del Noto el soplo fiero, - que no los sufre el pecho conociendo - haber tierras debajo otro hemisfero - sin inclinar su ánimo y porfía - a ver las partes donde nace el día. - - »Prometido le está del hado eterno, - cuya alta ley no puede ser quebrada, - que tengan largos tiempos el gobierno - del mar que ve del Sol la roja entrada: - sobre aguas han pasado el duro invierno, - la gente está perdida y trabajada, - ya parece bien hecho que le sea - descubierta la tierra que desea. - - »Y porque en largo mar tienen pasados - mil trances, de que sois todos testigos; - tienen climas y cielos mil probados, - mil vientos adversarios enemigos, - determino que sean hospedados - en la costa africana como amigos, - que, rehecha su tan desecha flota, - proseguirá con vientos su derrota.» - - Tales palabras Júpiter decía, - y los dioses por orden respondiendo, - un parecer del otro difería, - varias razones dando y recibiendo. - El Tioneo en nada consentía - de lo que era propuesto, conociendo - que olvidará sus hechos el Oriente - si allá deja pasar la Lusa gente. - - Que por tiempo vendría, oyó a los hados, - una gente fortísima de España, - que con virtud y brazos señalados - venciese cuanto Doris riega y baña: - con fama de sus hechos sublimados - la suya eclipsará, aunque más extraña, - y duélele perder la antigua gloria - de que Nisa celebra su memoria. - - Ve que ya tuvo el Indo sojuzgado - y nunca le quitó fortuna o caso - por vencedor del Indo ser contado - de cuantos beben agua del Parnaso. - Teme ahora que sea sepultado - su tan célebre nombre en negro vaso - del agua del olvido, si allá llegan - los fuertes portugueses que navegan. - - Levántase contra él la Venus bella, - inclinada a la gente Lusitana, - porque mil cualidades halla en ella - conformes a su antigua la Romana: - corazones feroces, grande estrella - que en la tierra mostraron Tingitana, - y la lengua, en la cual cuando imagina, - con poca corrupción cree es latina. - - Esto era lo que a Ciprio le movía, - y más que de las Parcas claro entiende - que su fama y loor se extendería - do la gente belígera se extiende, - pues Baco, por la infamia que temía, - y Venus, por las honras que pretende, - debaten, y en debate permanecen, - y a cada cual sus partes favorecen. - - Cual Bóreas o Austro fiero en la espesura - de silvestre arboleda condensada - los ramos rompen de la selva obscura - con ímpetu y braveza nunca usada: - retumba la montaña, el son murmura - de las hojas con lucha tan trabada, - de esta suerte los dioses han tenido - un murmullo confuso no entendido. - - Marte, que de la diosa sustentaba, - entre todos, las partes con porfía, - o porque el amor viejo le obligaba, - o porque la razón le compelía, - sañudo entre los más se levantaba, - lleno el semblante de melancolía, - y el escudo, que al cuello trae colgado, - lo arroja atrás con ceño y rostro airado. - - La visera del yelmo de diamante - levantándola un poco, muy seguro, - para decir su dicho fué delante - de Júpiter, armado, fuerte y duro: - un golpe con el cuento penetrante - del herrado bastón dió al solio puro, - con que el cielo tembló, y el sol, turbado, - por un poco de luz quedó eclipsado. - - Y dice: «Oh Padre eterno, a cuyo imperio - todo aquello obedece que criaste, - si esta gente que busca otro hemisferio, - cuyo valor y pecho tanto amaste, - no quieres que padezca vituperio - como ya tiempo ha que lo ordenaste, - no oigas más, pues eres juez derecho, - razones de quien tiene airado el pecho. - -[Ilustración: - - Levántase contra él la Venus bella, - inclinada a la gente Lusitana - porque mil cualidades halla en ella, - conformes a su antigua la Romana. - - _Canto I, Estr. 33._ -] - - »Que si aquí la razón no se mostrase - vencida de temor demasïado, - justo fuera que Baco sustentase - la gente que es de Luso su criado; - mas esta su intención ahora pase, - que al fin nace de estómago dañado, - y nunca estorbará la envidia ajena - el merecido bien que el cielo ordena. - - »Y tú, Padre de grande fortaleza, - de la resolución que está tomada - no te vuelvas atrás; porque es flaqueza - desistir de la cosa comenzada, - y pues Cileno vence en ligereza - al viento y la saeta de arco echada, - enséñale la tierra do se informe - de la India, y la gente se reforme.» - - Como esto dijo, el padre poderoso - inclinó su cabeza, y consintió - con el dicho de Marte valeroso, - y néctar sobre todos esparció. - Por el camino lácteo glorioso - cada cual de los dioses se partió, - haciendo su debido acatamiento, - al conocido puesto y aposento. - - En cuanto esto pasaba en la hermosa - sala del sacro Olimpo omnipotente - cortaba el mar la gente belicosa - ya la banda del Austro, ya de Oriente: - entre etiopisa costa, y la famosa - isla de San Lorenzo, do el ferviente - Febo quema los dioses que Tifeo - con miedo hizo peces de Nereo. - - Los vientos blandamente los llevaban - como a quien por amigo tiene el cielo; - sereno el aire y tiempos se mostraban - sin de nuevo peligro haber recelo, - en la Costa Guinea atrás dejaban - el Promontorio Praso con gran vuelo, - cuando el mar descubriendo les mostraba - nuevas islas que en torno cerca y lava. - - Mas el capitán Gama, valeroso, - que su pecho a tan alta empresa ofrece - de corazón altivo y generoso, - a quien fortuna siempre favorece, - no quiere aquí tomar algún reposo, - que inhabitada tierra le parece: - adelante pasar determinaba, - mas no le sucedió como pensaba. - - Porque le cercan luego en compañía - mil esquifes de una isla señalada, - que más llegada a tierra parecía, - cortando el largo mar con vela hinchada: - los nuestros se alborotan de alegría - con ver aquesta gente no pensada: - «¿qué nación será aquesta?, en sí decían, - ¿qué costumbres, qué ley, qué rey tendrían?» - - Las barcas eran hechas de manera - que muestran ser ligeras aunque estrechas; - las velas que traían son de estera, - de las hojas de verde palma hechas; - la color de la gente es la que diera - el loco de Faetón con las cosechas - de su atrevido intento, y mal paciente, - que Lampetusa llora y el Po siente. - - Con paños de algodón vienen vestidos - de diversos colores listeados: - unos alrededor los traen ceñidos, - otros con modo airoso rebozados; - todos del medio arriba sin vestidos; - por armas traen adargas y terciados; - tocas en la cabeza: y navegando, - añafiles y flautas van tocando. - - Con paños y con manos señalaban - a nuestros Lusitanos que esperasen; - ya las proas ligeras se inclinaban - para que junto de ellas amainasen; - la gente y marineros trabajaban, - como si aquí sus males se acabasen, - en recoger del mástil la vela alta; - y al soltar de la amarra, el mar la asalta. - - Aun no habían ancorado, y ya la gente - extraña por las cuerdas se subía: - vienen con rostro alegre, y blandamente - el sabio capitán los recibía: - las tablas poner manda en continente, - y del licor que el dulce Baco cría - hinchen vasos de vidrio, y no desechan - los quemados del sol cuanto les echan. - - Comiendo alegremente preguntaban - por la arábiga lengua, dó venían, - quién eran, de qué tierra, qué buscaban, - o qué partes del mar corrido habían: - a todo los del Luso les tornaban - las respuestas que entonces convenían: - «Los portugueses somos de Occidente, - que las tierras buscamos del Oriente. - - »Del mar hemos corrido y navegado - la parte del Antártico y Calisto - toda la costa libia rodeado, - cielos y tierras varias hemos visto: - de un rey súbditos somos tan amado, - tan querido de todos y bien quisto, - que por él de la mar nada tememos - y hasta el Aqueronte abajaremos. - - »Por mandado del cual a buscar vamos - la región oriental que el Indo riega; - por ella el mar remoto navegamos - que sólo de las focas se navega; - mas ya razón parece que sepamos, - si la cierta verdad no se me niega, - quién sois, qué tierra es ésta, y si hay señales - de las partes do vamos orientales.» - - «Somos, luego un isleño respondiera, - en la tierra extranjeros y en la ley, - porque a los naturales los pusiera - Naturaleza aquí sin ley ni rey; - mas nosotros seguimos la que diera - el Profeta sagrado y gran Muley, - que no hay parte del mundo do no cuadre - hijo de madre hebrea y gentil padre. - - »Aquesta isla pequeña que habitamos - es de toda la costa cierta escala - para los que los mares navegamos - de Quiloa, Mombaza y de Zofala; - que por ser necesaria procuramos - vivirla aunque entre gente bruta y mala, - y porque todo al fin se os notifique, - el nombre de la isla es Mozambique. - - Y ya que de tan lejos navegando - buscáis el indo Idaspe y tierra ardiente, - no faltarán pilotos que guiando - vayan allá la flota sabiamente: - justo será que, un poco reposando, - toméis algún refresco; y que el regente - que gobierna la isla luego os vea - y de mantenimientos os provea.» - - En acabando aquesto se tornara - a sus barcas el Moro y compañía: - del capitán y gentes se apartara - con muestras de debida cortesía. - Luego Febo en las aguas encerrara - con cristalino carro el claro día, - dando cargo a su hermana que alumbrase - el largo mundo mientras reposase. - - La noche se pasó dentro en la flota - con extraña alegría no pensada - por hallar en la tierra tan remota - nueva de tanto tiempo deseada. - Entre sí cada cual discurre y nota - la manera, y la gente acá apartada, - y cómo los que en tal secta creyeron - tanto por todo el mundo se extendieron. - - Los rayos de la Cintia se mostraban - en las aguas del mar manso seguras; - las estrellas sus orbes adornaban - cual campo revestido de frescuras; - los furïosos vientos reposaban - por las concavidades más obscuras, - mas la gente del mar toda velaba, - como de tiempo atrás lo acostumbraba. - - Y luego que la Aurora sonrosada - los rayos esparció de sus cabellos - en el sereno cielo, dando entrada - al Sol, que despertó por sólo vellos, - comienza a embanderarse nuestra armada - con gallardetes mil de seda bellos, - por recibir con fiestas y alegría - al regidor que a verla se partía. - - Venía con su gente navegando - a ver las naos ligeras lusitanas, - trayéndoles refresco: en sí pensando - si son aquellas gentes inhumanas - que, las montañas Caspias habitando, - a conquistar las gentes asïanas - vinieron, y por orden del destino - ganaron el Imperio a Constantino. - - Recibió el capitán alegremente - al Moro con su grande compañía; - dale de ricas piezas un presente - que para aqueste efecto lo traía; - dale conservas dulces, y el ardiente - y no usado licor que da alegría: - el Moro lo recibe con contento - y el comer y beber tomó de asiento. - - La marítima gente del gran Luso, - subida por la jarcia, está admirada - notando el extranjero modo y uso, - la habla tan confusa y enredada; - también el Moro astuto está confuso - mirando la color, traje y armada; - y preguntando al Gama, le decía - si venían acaso de Turquía. - - Decíale también que ver desea - los libros de su ley, precepto y fe, - por ver si cual la suya aquélla sea, - o si cristianos son, como él lo crée; - y porque más lo note todo y vea, - al capitán le pide que le dé - la muestra de las armas de que usaban - cuando con enemigos peleaban. - - El capitán responde valeroso, - por lengua que el arábigo entendía: - «Yo te descubriré no perezoso - quién soy, cuál es mi ley, qué armas traía. - Nunca en el Caspio tuve mi reposo, - ni de la gente vengo de Turquía: - soy de tierra de Europa belicosa, - busco la oriental parte tan famosa. - - »La ley tengo de Aquel a cuyo imperio - obedece visible e invisible; - Aquel que crió todo el hemisferio, - todo lo que es sensible o insensible; - que padeció deshonra y vituperio - haciéndose de Dios hombre pasible, - y por nos abajó del cielo al suelo - por podernos subir del suelo al cielo. - - »De aqueste Dios y hombre, alto, infinito, - los libros que me pides no los trayo, - que lo que está en el alma firme escrito - escribirlo en papel viene a soslayo: - si quieres ver las armas, tu apetito - se cumplirá, haciendo aquí un ensayo: - veráslas como amigo, y más me obligo - que no las quieras ver como enemigo.» - - A los ministros manda diligentes - del almacén sacar las armaduras, - los arneses y petos relucientes, - mallas finas y láminas seguras, - escudos de pinturas diferentes, - espingardas de acero fino puras, - los arcos, las pelotas, las aljabas, - partesanas agudas, chuzas bravas. - - Y del fuego las bombas, juntamente - de pólvora las ollas tan dañosas; - mas a los artilleros no consiente - dar fuego a las bombardas espantosas: - que el generoso ánimo excelente, - entre gentes tan pocas y medrosas, - no muestra cuanto puede, y con razón; - que es flaqueza entre ovejas ser león. - - Todo lo nota y mira el sarraceno, - y aunque de fuera muestra algún contento, - un odio se le fragua allá en el seno, - un dañado rencor y pensamiento: - encúbrelo con rostro, al ver, sereno; - disimula con risa el fingimiento; - tratarlos blandamente determina - hasta poder mostrar lo que imagina. - - Pilotos le demanda el fuerte Gama - por quien pueda a la India ser llevado, - aprometiendo premio y grande fama - al que por él tomare este cuidado: - el Moro los promete, y se derrama - en su pecho un veneno tan dañado, - que muerte, si pudiese, en este día, - en lugar de pilotos le daría. - - Fué la voluntad tal y el odio insano - que concibió contra estos pasajeros - porque siguen la ley del Soberano, - que cual lobo se arroja a los corderos: - secretos de la eterna y sacra mano - do los juícios quedan tan rateros, - que no falte Majencio que persiga - al que la ley de Dios abrace y siga. - - Con esto se partió, y su compañía, - el Moro, de las naves despedido, - con engañosa y grande cortesía, - con alegre semblante aunque fingido. - Los esquifes navegan por la vía - más breve de Neptuno, y recibido - en tierra de un ilustre ayuntamiento, - el regidor camina a su aposento. - - Mas viendo desde el cielo el gran Tebano, - de la paterna corva renacido, - aqueste bando nuestro Lusitano - ser del moro envidioso aborrecido, - un engaño revuelve falso, insano, - con que de todo quede destruído, - y en cuanto allá en el pecho el hecho urdía, - esto consigo a sí, sin sí, decía: - - «¿Está del hado ya determinado - que victorias tan grandes y famosas - hayan los Portugueses alcanzado - de las gentes del Indo belicosas, - y yo, hijo del padre sublimado, - con tantas cualidades generosas, - he de sufrir que el hado favorezca - otro por quien mi nombre se obscurezca? - - »Ya quisieran los dioses que tuviera - el hijo de Felipe en esta parte - tanto poder que al yugo la rindiera - con sangrienta batalla y fiero Marte. - ¿Mas hase de sufrir que el hado quiera - a tan poquitos dar tal fuerza y arte - que con el Macedonio y el Romano - tenga lugar el nombre Lusitano? - - »No será así, porque antes que llegado - el capitán se vea, astutamente - le tendré tanto engaño fabricado - que no pase a las partes del Oriente: - a tierra bajaré, y el indignado - pecho revolveré de aquesta gente: - que aquel sigue la vía más derecha - que del tiempo oportuno se aprovecha.» - - En diciendo esto, con la rabia y saña - a la africana tierra se apresura, - y vestido de traje y forma extraña, - hacia el Praso se encierra en la espesura; - para mejor trabar esta maraña, - se transforma y emboza en la figura - de un moro en Mozambique conocido, - viejo, sabio, del jeque muy querido. - - Y entrándole a hablar a tiempo y horas - para su falsedad acomodadas, - le dijo que eran gentes robadoras - las que de nuevo al puerto son llegadas, - y cómo las naciones moradoras - de toda aquella costa son robadas - por ellos desde el punto que pasaron - y con fingida paz allí ancoraron. - -[Ilustración: Kostka, pintó - -Goldberg, sc. - - Huyendo el moro, el arco va flechando - sin fuerza, de cobarde, y presuroso - la piedra y cuando toca atrás echando; - que el furor arma a veces al medroso: - - _Canto I, Estr. 91._ -] - - «Y sabe más, le dijo: que entendido - de aquéstos tengo ser sanguinolentos, - que con robos el mar han destruído, - con incendios y asaltos truculentos; - y algún engaño traen de atrás urdido - contra nosotros, porque sus intentos - no son sino robarnos y matarnos, - las mujeres e hijos cautivarnos. - - »También sé cómo está determinado - de mañana saltar por agua en tierra - el capitán, de gente acompañado, - que do hay mala intención el miedo afierra: - tú debes de llevar tu campo armado - y en celada ponerle oculta guerra, - que saliendo su gente descuidada - caerá sobre seguro en la celada. - - »Y cuando no quedaren de este hecho - o perdidos o muertos totalmente, - yo tengo ya tramado acá en mi pecho - un engaño y ardid que te contente: - piloto le darás que a algún estrecho - o peligro los lleve tan patente, - que, sin poder valerse, sean metidos - do queden rotos, muertos o perdidos.» - - Luego como acabó el razonamiento, - el Moro, en tales casos sabio y viejo, - los brazos le echa al cuello con contento, - agradeciendo mucho aquel consejo, - y manda que se apreste en un momento - para la guerra el bélico aparejo, - porque así al Portugués se le tornase - en sangre roja el agua que buscase. - - Y más para el engaño maquinado, - un moro por piloto le buscaba, - sagaz, astuto, diestro, sabio, osado, - de quien pueda fiar lo que pensaba: - avísale que esté muy recatado - de que la flota lleve a mar tan brava - de que, si aquí escapare, allá adelante - vaya a caer do nunca se levante. - - Ya el apolíneo rayo visitaba - los Nabateos montes encendido, - cuando el Gama saltar determinaba - en la tierra, por agua apercibido: - la gente en los bateles se aprestaba, - cual si el engaño fuera ya sabido, - mas puede sospecharse fácilmente, - que el corazón fïel a pocos miente. - - Y más porque enviado había a la tierra - antes por el piloto necesario - y le fué respondido en son de guerra, - de lo que imaginaba muy contrario: - por esto, y porque sabe cuánto yerra - el capitán que popa a su adversario, - apercibido va como podía - en solos tres bateles que tenía. - - De los moros que andaban por la playa, - por defender el agua deseada, - cuál con escudo viene y azagaya, - cuál con arco y saeta enarbolada: - esperan que la gente a tierra vaya - otros muchos ya puestos en celada, - y por poder mejor coger la caza, - unos muy pocos sirven de añagaza. - - Por la ribera andaban arenosa - aquellos pocos moros blandeando - el adarga y la lanza sanguinosa, - los fuertes Portugueses provocando; - mas no sufre la gente belicosa - que los perros les anden más ladrando: - cada cual salta a tierra tan ligero - que no se conoció cuál fué el primero. - - Cual en el coso estando el firme amante, - a vista de su dama deseada, - el toro busca, y puesto ya delante, - lo burla, corre y salta y da palmada; - mas el fiero animal en ese instante, - con la frente cornígera inclinada, - corre, y aunque al correr los ojos cierra, - mata al que topa, hiere y bate en tierra: - - Ya en los bateles fuego se levanta - de fogosa y ardiente artillería, - la pelota derriba, el ruido espanta, - el aire con el humo se cubría, - el corazón del moro se quebranta, - la sangre un temor grande le resfría, - escapa el escondido por ligero - y muere el descubierto aventurero. - - Con esto nuestra gente no pagada, - siguiendo la victoria, hiere y mata: - la población sin muro no guardada - con el fuego la tala y desbarata; - el jeque llora ya la cabalgada, - que bien pensó comprarla más barata: - blasfema de la guerra, y maldecía - al viejo flaco y la que el hijo cría. - - Huyendo el moro, el arco va flechando - sin fuerza, de cobarde, y presuroso - la piedra y cuanto topa atrás echando, - que el furor arma a veces al medroso: - la isla toda van desamparando - con paso en el huir no vagaroso, - cortando otros del mar un paso estrecho, - que el serlo les fué harto de provecho. - - Unos van en las barcas bien cargadas, - otro lo pasa a nado diligente, - cuál se ahoga en las ondas levantadas, - cuál bebe el mar y lo echa juntamente; - aniegan las menudas bombardadas - las llenas barcas de esta bruta gente: - de esta arte el Portugués al fin castiga - la gente de virtud y fe enemiga. - - Victorïosos vuelven a la armada - con despojo de guerra y muy temidos; - salen a su placer a hacer aguada - sin hallar resistencia en los huídos; - queda la perra gente lastimada - y en odio antiguo todos encendidos: - para tomar venganza de este daño - quieren luego intentar esotro engaño. - - Paces envía a pedir arrepentido - el regidor de aquella falsa tierra, - y sin poder de nadie ser sentido, - en son de paz el moro le envía guerra, - porque el falso piloto ha prometido, - cuyo pecho el forjado engaño encierra, - para darnos la muerte lo enviaba - como en señal que paces procuraba. - - El capitán, que ve cuánto conviene - proseguir el camino comenzado, - que tiempo bueno y viento blando tiene - para buscar el Indo deseado, - el piloto recibe que le viene - mostrándose del odio ya olvidado: - despide al mensajero con contento - y manda luego dar velas al viento. - - Partida de la costa nuestra armada, - las ondas de Anfitrite dividía, - de las hijas de Néreo acompañada, - fïel, alegre y dulce compañía: - el diestro capitán, que la tramada - tela del falso moro no entendía, - del mañoso piloto se informaba - de los mares y puertos que pasaba. - - Mas el moro, instruído en los engaños - que el malévolo Baco le enseñara, - de muerte o cautiverio graves daños, - antes de ir a la India, le prepara: - del indiano puerto ha muchos años - que tenía noticia, le declara; - creyendo ser verdad lo que decía, - de nada el fuerte Gama se temía. - - Dícele más, con falso pensamiento - con que Sinón engaña a los troyanos, - que había cerca una isla cuyo asiento - fuera siempre habitado de cristianos: - el capitán, que con su sano intento - no ve ser dichos locos y livianos, - con dádivas muy grandes le rogaba - lo guíe (donde el moro lo guiaba). - - Lo mismo el falso moro determina - que el seguro cristiano le demanda, - que en la isla que dice estar vecina - vive gente de secta cruel, nefanda: - aquí el engaño y muerte le imagina - porque en fuerza a su isla esta isla manda, - que es mayor en poder: la cual se llama - Quiloa, conocida por la fama. - - Inclinábase allá la alegre flota; - mas la diosa de Pafos celebrada, - viendo cómo dejaba su derrota - por buscar a la muerte no pensada, - no consiente que en tierra tan remota - perezca gente de ella tanto amada - y con contrarios vientos la desvía - de do el piloto falso la metía. - - Mas el malvado moro, no pudiendo - llevar este propósito adelante, - otra maldad y engaño revolviendo - en su resolución mala constante, - dícele que en las aguas discurriendo - lo llevará por fuerza allá delante - donde hay una isla cerca cuya gente - son cristianos y moros juntamente. - - También en esto el moro le mentía - cual por aviso y orden lo llevaba, - que aquí gente de Cristo no vivía, - mas la que el Mahometa celebraba; - el capitán, que en todo le creía, - las velas vuelve, la isla demandaba: - mas no queriendo Venus, no tomaron - la isla: en el mar alto se ancoraron. - - A tierra está la isla tan llegada - que sólo la divide un breve estrecho: - una ciudad en ella situada, - que a la orilla del mar hace repecho, - de nobles edificios fabricada, - un muro al derredor muy fuerte hecho: - isla y ciudad se llaman de una suerte: - Mombaza; el rey que tiene es viejo y fuerte. - - Pues siendo el capitán aquí llegado, - extrañamente alegre porque espera - poder gozar del pueblo bautizado, - como el falso piloto le dijera; - de tierra esquifes vienen, y un recado - del rey, que ya sabía qué gente era, - que Baco muy más antes le avisara - en forma de otro moro que tomara. - - El recado que traen era de amigos, - mas debajo el veneno está encubierto, - que eran los pensamientos de enemigos - cual lo mostró el engaño descubierto. - ¡Oh cuán ciertos son, Muerte, tus postigos! - ¡Oh camino de vida nunca cierto, - que do la gente pone su esperanza - la vida tiene menos confianza! - - Tanta tormenta en mar y tanto daño, - tantas veces la muerte apercibida, - tantas guerras en tierra y tanto engaño, - tanta necesidad aborrecida: - ¿dónde se acogerá de mal tamaño, - dónde estará segura nuestra vida, - si contra un gusanillo vil del suelo - se indigna, se levanta, se arma el cielo? - - - - -[Ilustración] - -CANTO SEGUNDO - - - YA en este tiempo el délfico planeta, - que en horas el día claro va partiendo, - llegaba a la Tartesia, cierta meta, - su luz del universo recogiendo: - de la casa marítima y secreta - la puerta el dios nocturno le está abriendo, - cuando las gentes pérfidas llegaron - a los que poco había que ancoraron. - - Uno, que entre ellos trae encomendado - el mortífero engaño, así decía: - «Capitán valeroso, que cortado - has de Neptuno el reino y larga vía, - el rey de aquesta tierra alborotado - por tu venida está con alegría, - y no desea más que regalarte, - verte, y de necesario reformarte. - - »Y porque está en extremo deseoso - de verte como a cosa señalada, - te ruega que, de nada receloso, - entres la barra tú y toda tu armada: - y porque del camino trabajoso - traerás la gente débil y cansada, - convídate a que quieras regalarla, - pues tienes en la tierra do hospedarla. - - »Y si buscando vas mercaduría - que produce el aurífero Levante, - canela, clavo, ardiente especería, - o droga salutífera, al instante - con toda la luciente pedrería - de rubí, de carbunco, de diamante, - aquí lo hallarás, y tan sobrado, - que puedas poner fin a tu cuidado.» - - Al mensajero el capitán responde, - las palabras del rey agradeciendo, - que porque ya en el mar el Sol se esconde, - no entra para adentro obedeciendo: - mas luego que la luz muestre por dónde - la flota pueda ir salva el mar rompiendo, - cumplirá su mandado sin recelo, - que a más que esto le obliga amor y celo. - - Pregúntale después si hay en la tierra - cristianos, como el moro le decía; - el mensajero astuto, que no yerra, - dice que la más gente en Dios creía: - de esta suerte del pecho le destierra - la sospecha y la cauta fantasía: - por donde el capitán seguramente - se fía, siendo fiel, de la infiel gente. - - Y de algunos que vienen condenados - por culpas y por hechos vergonzosos, - porque pudiesen ser aventurados - en casos de esta suerte peligrosos, - dos envía sagaces y ensayados - que noten de los moros engañosos - su ciudad y poder, y porque vean - los cristianos que tanto ver desean. - - Que le lleven al rey presentes manda - porque la voluntad que le mostraba - la conserve segura, limpia y blanda - (aunque bien al contrario en todo estaba): - ya la gente del moro va a la banda - y la nuestra con ella el mar cortaba: - fueron con rostros ledos y fingidos - en tierra los dos nuestros recibidos. - - Y luego que al rey moro presentaron - el recado y presentes que traían, - a la ciudad se fueron y notaron - mucho menos de aquello que querían, - porque los falsos moros se guardaron - de mostrarles lo que ellos pretendían, - que do está de malicia lleno el seno, - recela que la tiene el pecho ajeno. - - Mas aquel que la fresca primavera - en su rostro conserva, y fué nacido - de madres dos; que aqueste engaño urdiera - por ver al navegante destruído, - en una casa estaba allá defuera - con bulto humano y hábito fingido - mostrándose cristiano, y fabricaba - un altar suntuoso que adoraba. - - Tenía en un retrato figurada - del Espíritu Santo la pintura: - la palomica blanca dibujada - sobre la santa Fénix Virgen pura: - la demás compañía está pintada - de los doce, y tan varia su figura, - cual los que, de las lenguas que cayeron - de fuego, varias lenguas refirieron. - - Aquí los Lusitanos conducidos, - donde con este engaño Baco estaba, - las rodillas en tierra y los sentidos - en Dios ponen que el mundo gobernaba. - Olores excelentes producidos - en la fértil Pancaya a Dios quemaba - el embustero Baco, y aunque artero, - el falso dios adora al verdadero. - - En esta casa quedan hospedados - con honesto y mediocre tratamiento - los cristianos, sin ver cómo engañados - los tiene el falso y santo fingimiento; - mas en siendo los rayos derramados - por el mundo de Febo, en un momento - se muestra al horizonte refulgente - la esposa de Titón con roja frente. - - Van de tierra los moros, y recado - llevan del rey porque entren, y consigo - los dos que el capitán había enviado - a quien se mostró el rey sincero amigo; - y siendo el fuerte Gama asegurado - que recelo no tenga de enemigo, - y que gente de Cristo en tierra había, - dentro el salado río entrar quería. - - Dicen los que envió que en tierra vieron - un santo sacerdote y templo santo, - que en él se aposentaron y durmieron - en cuanto cubrió al mundo el negro manto; - cómo en el rey y pueblo no sintieron - sino grande contento y gusto tanto, - que no puede allí cierto haber sospecha - en la muestra de amor tan clara hecha. - - Por esto con contento señalado - recibe el capitán cuantos venían, - que el generoso pecho es confiado, - y más aquestas muestras le hacían: - las naos hinche el pueblo renegado, - al bordo los bateles se venían: - alegres vienen todos porque entienden - que tienen ya la presa que pretenden. - - De secreto en la tierra aparejaban - armas y municiones para cuando - viesen que los navíos ancoraban, - que con ellas en ellos fuesen dando, - porque con tal traición determinaban - atajar el camino al Luso bando - y que preso pagase de esta suerte - a los que en Mozambique les dió muerte. - - Las áncoras andaban levantando - con grita de la mar acostumbrada - y las velas de proa al viento dando - gobiernan a la barra señalada; - mas la bella Ericina que guardando - aquesta gente andaba sublimada, - la celada notando tan secreta, - del cielo al mar bajó como saeta. - - De Nereo llamó las hijas bellas - con toda la cerúlea compañía, - que porque nació en aguas manda en ellas - y a su mandado el mar obedecía. - El caso les contó para movellas - y, movidas, con todas se partía - a estorbar que la armada no llegase - adonde para siempre se acabase. - - Ya con la grande priesa levantando - van en las blancas ondas blanca espuma: - Doto la mar a nado va cortando - más veloz que en el aire va una pluma; - salta Nise, Nerine va volando, - descubriendo al nadar su fuerza suma: - camino abren las aguas, temerosas - de ver ir las nereidas presurosas. - - En hombros de un tritón hermoseada - va la linda Dione furïosa: - no siente el que la lleva si es pesada, - de soberbio, con carga tan hermosa: - ya llegan donde está a pique la armada - de entrarse por la barra peligrosa: - repártense y rodean en un instante - las más ligeras naos de delante. - - Pónese con las otras en derecho - la diosa de la proa capitana, - y cerrándole el paso, que es estrecho, - aunque con viento en popa ésta se llana, - al duro palo arrima el blando pecho - y atrás la echó con fuerza soberana: - otras alrededor la levantaron - y fuera de la barra la arrojaron. - - Cual suelen las hormigas al estío, - llevando el peso grave acomodado, - ejercitar las fuerzas, porque al frío - el alimento gocen que han juntado; - trabajan sin cesar con maña y brío, - descubren un vigor nunca pensado: - tales andan las ninfas libertando - al Luso del peligro miserando. - - Vuelve la nao atrás y al mar se hace - a pesar del piloto que, gritando - «Amaina velas», rabia y se deshace - acá y allá el timón atravesando; - el astuto maestre, a quien desplace - la vuelta, de un peligro está temblando, - que un horrible peñasco está delante - y teme en él la nao no se quebrante. - - Confusa vocería se levanta - entre la chusma que al voltar trabaja: - el grito y alarido al moro espanta, - y cual si fuera en guerra, así se ataja: - no sabe la razón de furia tanta, - teme si le aparejan la mortaja, - piensa ver sus engaños descubiertos - y que serán por ellos todos muertos. - - Con temor y sospecha se arrojaban - a las ligeras barcas que traían; - otros el mar en alto levantaban - saltando en él y a nado se acogían; - de un bordo y otro aquí y allí se echaban - con miedo del horrible son que oían, - que antes quieren al mar aventurarse - que a manos de los nuestros entregarse. - - Cual en arroyo, charco o en laguna - las ranas (que ya fueron licia gente), - cuando sienten venir persona alguna - si a la ribera están incautamente, - saltan de dos en dos y de una en una, - de aquí y de allí, huyendo el mal presente, - y en el agua se cubren por gran pieza - mostrando solamente la cabeza: - - Tales huyen los moros; y el piloto - que la flota a peligro tal guiara, - temiendo por su engaño el alboroto, - al agua se arrojó como una jara; - mas porque en el peñasco no sea roto - el navío, y la vida pierdan cara, - las amarras soltó la capitana, - y las demás las sueltan muy de gana. - - Viendo el ilustre Gama la extrañeza - de moros no pensada, y juntamente - el piloto huirle con presteza, - el engaño entendió de aquella gente, - pues sin ningún contraste ni braveza - de vientos, sin haber del mar corriente, - la flota ir adelante no podía. - Creyendo ser milagro, así decía: - - «¡Oh caso grande, extraño, no pensado! - ¡Milagro de la mano de Dios hecho! - ¡Oh descubierto engaño inopinado! - ¡Oh de gente maligna perro pecho! - ¿Quién pudiera del mal de atrás forjado - librarse, puesto ya en tan grande estrecho, - si de arriba la guarda soberana - no ayudara a la flaca fuerza humana? - -[Ilustración: Begas, pintó - -Linder, sc. - - Y de estas blandas muestras conmovido, - que movieran de un tigre el pecho duro, - con un alegre rostro esclarecido, - con que serena el aire más oscuro... - - _Canto II, Estr. 42._ -] - - »Bien muestra la divina Providencia - de estos puertos la poca confianza: - bien claro lo hemos visto en la apariencia - cuán engañada fué nuestra esperanza; - mas, pues saber humano ni prudencia - tan fingidos engaños nunca alcanza, - ¡oh tú, divina Guarda!, ten cuidado - de quien sin ti no puede ser guardado. - - »Y si la piedad te mueve a tanto - de esta mísera gente peregrina - que por tu favor grande y celo santo - fué libre de esta costa tan malina, - a algún puerto, después de tal quebranto, - llevarnos, Rey eterno, determina, - o muéstranos la tierra que buscamos, - pues que por tu servicio navegamos.» - - Oyóle estas palabras tan piadosas - la hermosa Dione, y, conmovida, - de las nereidas parte, que llorosas - quedaron de tan súbita partida; - penetra las estrellas luminosas, - y en la tercera esfera recibida, - pasa hasta llegar al sexto cielo, - y cesa, do está Júpiter, su vuelo. - - Y como va cansada del camino, - tan hermosa en el gesto se mostraba, - que estrellas, aire y cielo más vecino - con su dulce mirar enamoraba; - del asiento de Amor, ciego y menino, - espíritus tan vivos inspiraba, - que los helados polos encendía - y el esférico fuego frío volvía. - - Pues para más prendar al soberano - Padre, de quien fué siempre amada y cara, - en la forma le habla que al Troyano - en el monte de Ida le hablara: - si la viera el montero que el humano - ser pierde, viendo a la otra en la agua clara, - no esperara que perros le mataran, - que deseos primero lo acabaran. - - Los rubios hilos de oro se esparcían - por el cuello más blanco que la nieve, - y los rifeos montes se movían - al andar, donde amor todo se embebe; - de su cintura llamas le salían - donde su muerto fuego el amor cebe; - por las lisas columnas le trepaban - deseos, que cual hiedra se enredaban. - - Con delgado cendal las partes cubre - de quien es la vergüenza su reparo; - mas ni todo lo esconde, ni descubre, - el velo de tal bien no nada avaro: - despierta los deseos lo que encubre - y más lo que descubre el velo raro; - ya se sienten del cielo en toda parte - los celos en Vulcano, amor en Marte. - - Y mostrando en su angélico semblante - una risa y tristeza mal mezclada, - como dama que ha sido de su amante - en amorosas burlas maltratada, - que se queja y se ríe en un instante - y se muestra entre alegre lastimada, - así la diosa, a quien ninguna iguala, - con el supremo padre se regala. - - «Siempre, dice, entendí, padre piadoso, - que a las cosas que yo de pecho amase - afable te hallara y amoroso, - puesto que a algún contrario le pesase; - mas, pues que contra mí te veo rabioso - sin te lo merecer, ni sin que errase, - hágase lo que Baco determina, - que yo me quedaré para mohina. - - »Este pueblo, señor, por quien derramo - las lágrimas que en vano caídas veo, - que asaz de mal lo quiero, pues que lo amo, - siendo tú tan contrario a mi deseo: - por él te ruego, imploro, lloro y clamo - y contra mi ventura en fin peleo; - pues por quererle bien es maltratado, - quiero quererle mal: será guardado. - - »Mas ¡ay! que está entre manos de unas gentes - y pues fuí yo...» Y en esto, de mimosa, - el rostro baña en lágrimas ardientes - cual con rocío está la fresca rosa: - un poco calla, como si entre dientes - le impidieran la habla lastimosa; - y queriendo con ella ir adelante - la plática le ataja el gran Tonante. - - Y de estas blandas muestras conmovido, - que movieran de un tigre el pecho duro, - con un alegre rostro esclarecido - con que serena el aire más obscuro, - las lágrimas le limpia y encendido - la besa, el cuello abraza liso y puro, - de modo que si allí solo se hallara, - otro nuevo Cupido se engendrara. - - Con el suyo apretando el rostro amado - que sollozos y lágrimas aumenta, - como niño del ama castigado, - que quien le limpia el lloro lo acrecienta; - por ponerle en sosiego el pecho airado, - muchos casos futuros le presenta: - del hado las entrañas revolviendo, - de esta manera al fin le está diciendo: - - «No temáis, dulce hija y bella diosa, - algún peligro a vuestros Lusitanos, - ni que pueda conmigo alguna cosa - más que esos vuestros ojos soberanos: - por ellos os prometo, Dione hermosa, - que en olvido veáis griegos y romanos - por los ilustres hechos que esta gente - ha de hacer en tierras del Oriente. - - »Que si el facundo Ulises se ha escapado - de ser en la isla Ogigia eterno esclavo; - si Antenor ha los senos penetrado - ilíricos, y fuente de Timavo; - Eneas, si por pío ha navegado - de Escila y de Caribdis el mar bravo, - éstos, mayores cosas intentando, - nuevos mundos al mundo irán mostrando. - - »Fortalezas, ciudades y altos muros - por ellos veréis, hija, edificados; - los turcos ferocísimos y duros - de ellos presos serán y destrozados; - los reyes de la India más seguros - a vuestro rey veréis ser sojuzgados, - y por ellos del todo en fin señores, - a las tierras darán leyes mejores. - - »Veréis éste que ahora presuroso - el Indo con tal miedo va buscando - temblar después Neptuno ante él medroso, - sin tempestad las aguas encrespado. - ¡Oh caso nunca visto milagroso, - que tema y hierva el mar en calma estando! - ¡Oh fuerte gente de altos pensamientos - de quien temen los mismos elementos! - - »Y la tierra que el agua le impedía - aun ha de ser un puerto muy decente - do reciban refresco en larga vía - las naos que vinieren de Occidente, - y toda aquesta costa que tejía - el engaño mortífero, obediente - le pagará tributo, conociendo - no poder resistir al Luso horrendo. - - »Y veréis el mar Rojo tan famoso - tornársele amarillo de turbado; - veréis de Ormuz el reino poderoso - dos veces ser perdido y dos ganado: - allí veréis el bárbaro furioso - de sus mismas saetas traspasado, - porque quien va contra ellos claro vea - que, si resiste, contra sí pelea. - - »Veréis la inexpugnable Dío fuerte - con dos cercos, y dentro al Lusitano, - donde descubrirá su precio y suerte - el valor de las armas más que humano: - envidiosos veréis al Marte y muerte - por ver al Luso vuelto en soberano: - del moro allí será la voz extrema - la con que de Mahoma infiel blasfema. - - »De los moros será Goa ganada, - la cual vendrá después a ser señora - de todo el Oriente, y sublimada - con gloria de la gente vencedora: - allí, soberbia, altiva y ensalzada, - al gentil que los ídolos adora - duro freno pondrá, y aun a la tierra, - que a los vuestros mover pensaba guerra. - - »Veréis la fortaleza sustentarse - de Cananor con poca fuerza y gente: - veréis a Calicut desbaratarse, - populosa ciudad y muy potente; - en Cochín se verá también mostrarse - un pecho tan altivo e insolente, - que cítara jamás cantó victoria - que así merezca eterno nombre y gloria. - - »Nunca con fiero Marte sanguinoso - así hirió Leucate cuando Augusto - en las guerras civiles animoso - al capitán venció romano injusto - que de la oriental parte, y del famoso - Nilo, del Bactra escítico y robusto - la victoria traía y presa rica, - preso él de la Gitana no pudica: - - »Como veréis el mar con tal suceso - hervir viendo los vuestros peleando, - llevando en su triunfo el moro preso - y al idólatra bárbaro allanando, - y sujeta la rica Quersoneso - hasta el remoto China navegando, - las islas más ocultas del Oriente - descubrirá, y al dios del gran Tridente. - - »De modo, hija mía, que en tal hecho - esfuerzo mostrará mayor que humano, - que nunca se verá tan fuerte pecho - del Gangético mar al Gaditano, - de las boreales ondas al estrecho - que enseñó el injuriado lusitano, - puesto que en todo el mundo de afrentados - resucitasen todos los pasados.» - - Y con esto acabó, y al consagrado - Cileno envía a la tierra porque tenga - un pacífico puerto aparejado - do la flota sin miedo alguno venga; - y para que en Mombaza el engañado - del moro, capitán no se detenga, - le manda que entre sueños le aparezca - y que de allí se vaya, no perezca. - - Mercurio por el aire se arrojaba - con alas que ocasión le da y ofrece; - consigo la fatal vara llevaba, - que los cansados ojos adormece; - del infierno con ella a luz sacaba - las almas, luego el viento le obedece: - llevaba su sombrero acostumbrado, - y a Melinde de esta arte fué llegado. - - Consigo trae la fama, porque diga - del Lusitano el precio grande y raro, - que el nombre ilustre a un cierto amor obliga - y hace al que lo tiene amado y caro: - de este arte va ganando gente amiga - con rumor famosísimo y preclaro: - que Melinde en deseos arde todo - de ver la fuerte gente, el gesto, el modo. - - De allí para Mombaza luego parte, - donde las naos estaban temerosas, - para avisar la gente que se aparte - de las tierras del moro sospechosas, - porque muy poco vale esfuerzo y arte - contra las voluntades engañosas: - no vale corazón, astucia y maña, - si el cielo no descubre la maraña. - - A su mitad la noche había llegado - y el cielo con la luz del sol ajena - la tierra un buen espacio había alumbrado - cuando la gente duerme más sin pena. - El capitán ilustre, fatigado - de largas centinelas dar ordena - a los ojos reposo, pues velaba - por sus cuartos la gente y reposaba. - - Cuando Cileno en sueños le aparece - gritando: «Huye, huye, Lusitano; - mira que la tardanza mucho empece - para el fin que te apresta el cruel tirano; - huye, que el viento ya te favorece, - el tiempo y mar te dan camino llano - y te espera otro rey en mejor parte - a do puedes seguro regalarte. - - »El hospicio que aquí está aparejado - es tal cual el crüel Diomedes daba, - haciendo ser manjar acostumbrado - de caballos la gente que hospedaba. - Las aras do Busiris endiablado - el huésped con morir sacrificaba - tendrás ciertas aquí si mucho esperas: - huye con priesa, huye estas riberas. - - »Vete a par de la costa discurriendo: - hallarás otra tierra más humana - cerca de donde iguala el Sol luciendo - el tiempo con el tiempo de su hermana: - allí tu flota alegre recibiendo - un rey, con voluntad y amistad sana, - regalará tu bando laso y roto - y te dará al partir sabio piloto.» - - Acabó de la Maya el hijo, y luego - el capitán despierta con espanto: - ve la negra tiniebla con gran fuego - de una súbita luz y rayo santo, - y viendo que no es tiempo de sosiego, - ni de en tierra tan mala estarse tanto, - al maestre despierta, y le mandaba - dar las velas al viento que soplaba. - - «Alza la vela, dice, al blando viento, - que ya nos favorece y Dios lo manda, - que un mensajero vi del claro asiento - que en favor de la flota y nuestro anda.» - Levántase con esto un movimiento - de marineros de una y otra banda: - las áncoras levantan luego en alto, - mostrándose ninguno en fuerza falto. - - Al tiempo que las áncoras alzaban - con la noche los moros escondidos - las maromas secreto les cortaban - porque den a la costa destruídos: - mas no duermen los linces que velaban - de recato y recelo apercibidos, - y como recordados los sintieron, - volando y no remando les huyeron. - - Ya las ligeras proas van cortando - los caminos del húmedo Neptuno; - Gallego les soplaba manso y blando - con movimiento lleno y no importuno: - en los casos pasados van hablando, - que no se olvidarán en tiempo alguno - los peligros do fué siempre perdida - la vida, y por milagro guarecida. - - Diera una vuelta al mundo el sacro Apolo, - a segundar comienza, cuando vieron - con soplos amorosos del Eolo - dos bajeles venir que al mar huyeron: - corren por darles caza, y uno solo - tomaron de los dos que persiguieron, - que el otro con temor se recelaba - y a costa, por salvar la gente, daba. - - Mas el que se quedó, no tan mañoso, - en las manos cayó del Lusitano - sin el rigor de Marte furïoso - y sin la furia horrenda de Vulcano, - que como fuese débil y medroso - de mora gente y flaco pecho humano, - no resistió, y si acaso resistiera, - más daño resistiendo recibiera. - - Y como el fuerte Gama desease - guía para la India que buscaba, - pensó que en estos moros la hallase, - mas no le sucedió como pensaba: - que entre ellos no halló quien le enseñase - a qué parte del cielo el Indo estaba, - mas de un pueblo le dicen no remoto, - Melinde, donde habrá cierto piloto. - - De cuyo rey los moros alababan - la condición, bondad, sincero pecho; - su gran magnificencia entronizaban, - con que a cualquiera tiene satisfecho. - El capitán, que ve que concordaban - con lo que le dijera de este hecho - en los sueños Cileno, se partía - adonde el sueño y moro le decía. - - Era en el tiempo alegre, cuando entraba - en el Toro la luz clara y febea, - cuando uno y otro cuerno le quemaba - y Flora derramaba el de Amaltea: - la memoria del día renovaba - el Sol que el mundo en torno ve y rodea, - en que aquel de quien es el mundo efecto - puso a cuanto crió sello perfecto. - - Cuando llega la flota a aquella parte - de do el Melinde reino aparecía, - de toldos adornada por tal arte, - que bien muestra guardar el santo día, - el gallardete vuela y estandarte - con la roja color que el ostro cría; - suenan los atambores y panderos, - y surgen en la barra los guerreros. - - Llena estaba la playa melindana - de gente que salía a ver la armada, - gente más verdadera y más humana - de cuantas esta costa está poblada. - Entra dentro la flota Lusitana, - echan al fondo el áncora pesada, - un moro va de aquellos que tomaron - a dar noticia al rey como llegaron. - - Mas informado el rey de la nobleza - que al pueblo Portugués tanto engrandece, - estima el darles puerto a tanta alteza - cuanta el bando del Luso la merece, - y con ánimo pío y real pureza, - que más al pecho ilustre lo ennoblece, - les envía a rogar que se saliesen - y que de tierra y reino se sirviesen. - - Eran ofrecimientos verdaderos - y palabras sinceras no dobladas - las con que el rey convida a los guerreros - que tantas leguas tienen navegadas: - envíales con esto cien carneros, - cien gallinas domésticas cebadas, - las frutas que la tierra entonces cría, - con voluntad que el don grande excedía. - - Recibe el capitán alegremente - el mensajero ledo y su recado, - y responde al presente con presente, - que para el rey de atrás lo trae guardado: - fina escarlata de color ardiente, - el ramoso coral fino, preciado, - que dentro de las aguas blando crece, - y como sale de ellas se endurece. - - Va con él un facundo mensajero - que con el rey las paces entablase - y que de no saltar luego el primero - en tierra el capitán le disculpase. - Llegado el orador do al verdadero - amigo en voluntad se presentase, - con gracia que Minerva le influyera - al blando rey habló de esta manera: - - «Sublime rey a quien del cielo puro - fué de suma justicia concedido - refrenar al soberbio pueblo duro - no menos siendo amado que temido, - como a puerto quieto y muy seguro - en todo el Oriente conocido - venimos a buscarte, porque hallemos - el remedio por ti que pretendemos. - - »No somos robadores que pasando - por los pueblos y villas descuidadas - con hierro y fuego gentes van matando - por coger las haciendas deseadas; - mas de la fuerte Europa navegando - buscamos las regiones apartadas - del Indo poderoso, por mandado - de un rey a quien servimos sublimado. - - »¿Qué género tan duro habrá de gente, - qué bárbaro uso, o qué costumbre ordena - al arrojado en mar no solamente - el puerto prohibirle, mas la arena? - ¿Qué pecho, qué intención en nos se siente - de razón y virtud ser tan ajena, - que se conjuren todos con fingidos - lazos ver estos tristes destruídos? - - »Tú solo en quien de cierto confiamos - hallarse más verdad, de rey benino, - y por ella tener de ti esperamos - el ayuda que el Ítaco de Alcino: - a tu seguro puerto navegamos - traídos del intérprete divino, - que pues a ti nos guía, está muy claro - ser tu pecho sincero, humano y raro. - - »Y no pienses, oh rey, que no saliese - el fuerte capitán esclarecido - a verte y a servirte, porque viese - o sospechase en ti pecho fingido; - más hácelo, señor, porque cumpliese - el regimiento en todo obedecido - de nuestro rey, que manda que no vaya, - siendo surta la flota, a puerto o playa. - - »Y pues es del vasallo el ejercicio - el del miembro de arriba gobernado, - no quieras, pues de rey tienes oficio, - que nadie de su rey quiebre el mandado: - bien ve que tu merced y beneficio - a todos ya él nos ha tanto obligado - que erraran si no te obedecieren - en cuanto para el mar los ríos corrieren.» - - Así habló, mas todos juntamente, - entre sí de la plática hablando, - el pecho alaban mucho de tal gente - que tanta tierra y mar va navegando; - alaban a su príncipe que, ausente, - los está en esta parte gobernando, - y tienen por valor grande y subido - ser de ellos en ausencia obedecido. - - El rey, con un semblante blando y ledo, - responde al orador, que mucho estima: - «La sospecha quitad, no tengáis miedo, - que no será razón que en mí se imprima. - De vuestro pecho y obras yo tal quedo - prendado, que los tengo en grande estima, - y el que os hizo molesto tratamiento - fué porque le faltó conocimiento. - - »De no salir a tierra vuestra gente, - por conservar mejor su preeminencia, - aunque me pena y pesa extrañamente, - tengo en mucho tener tanta obediencia; - mas si el orden aquesto no consiente, - ni yo consentiré que la excelencia - de pechos tan leales se deshaga - porque a mi voluntad se satisfaga. - - »Mas luego que mañana sea llegada - la luz del sol al mundo, en almadías - a visitar iré la fuerte armada - conocida por fama ha muchos días, - y si viene del mar desbaratada - de furiosos vientos, largas vías - aquí tendrá de limpios pensamientos, - piloto, munición, mantenimientos.» - - Con esto ya en las aguas se escondía - el hijo de Latona; el mensajero - con la respuesta alegre se partía - a la flota, cortando el mar ligero. - Los pechos todos se hinchen de alegría - por tener el remedio verdadero - para hallar la tierra que buscaban, - y con esto la noche festejaban. - - No les faltan los rayos de artificio, - los trémulos planetas imitando; - los bombarderos cumplen con su oficio - el cielo, tierra y ondas atronando; - de Ciclopes se veía el ejercicio - en bombas que de fuego van volando, - y, con voces algunos que atronaban, - instrumentos de guerra en paz tocaban. - - Respóndeles de tierra juntamente - el rayo con ruido volteando, - haciendo por el aire rueda ardiente - el fuego con la pólvora cebando: - gran grita se levanta de la gente - viendo el agua con fuegos abrasando, - y no menos que el mar está la tierra - a manera de cruda y dura guerra. - - Mas ya el ligero cielo revolviendo - las gentes incitaba a su trabajo, - la madre de Memnón la luz trayendo - al prolijo dormir le pone atajo; - íbanse ya las sombras deshaciendo, - rociándose el monte y valle bajo, - cuando el rey de Melinde se embarcaba - a ver la flota que en el mar estaba. - - Veíanse alrededor hervir las playas - de la gente que a verle corre leda; - son de púrpura fina las cabayas, - campea con color la rica seda: - en lugar de guerreras azagayas - y de arco que los cuernos arremeda - de la Luna, los ramos traen de palma, - mostrando que la traen dentro del alma. - - Un batel grande y largo, que toldado - de seda viene con dos mil colores, - al rey trae de Melinde, acompañado - de grandes de su reino y de señores: - él de ricos vestidos adornado - a su costumbre viene con primores; - turbante en la cabeza guarnecido - de oro, de seda de algodón tejido. - -[Ilustración: - - Ya en el batel del capitán entrado - el rey, Gama en sus brazos lo tomaba, - y con la cortesía y el cuidado - que a un rey se le debía le hablaba: - - _Canto II, Estr. 101_ -] - - Marlota de damasco peregrino - de la tiria color que es estimada, - un collar muy pesado de oro fino - do la materia en la obra está eclipsada; - con resplandor reluce diamantino - el cinto, y rica daga bien labrada, - y en las abarcas que andan junto al suelo - cubren aljófar y oro al terciopelo. - - Y con un tirasol de rica seda - en un palo de lanza bien asido - un ministro el calor pesado veda - que no ofenda ni queme al rey subido; - música trae en la proa, extraña y leda, - de son confuso y áspero al oído, - de trompetas arcadas que en tañendo - hacen un sin concierto y rudo estruendo. - - No menos guarnecido el Lusitano - en el batel de flota se partía - por salir al encuentro melindano - con lustrosa y gallarda compañía. - Vestido viene Gama al talle hispano, - mas la ropa es francesa que traía, - de raso de adriática Venecia, - de la color que el vulgo tanto precia. - - Las mangas de oro vienen botonadas, - do reluciendo el sol la vista ciega; - las calzas soldadescas recamadas - del metal que Fortuna a tantos niega; - con puntas de lo mismo delicadas, - los golpes del jubón ajusta y llega; - la guarnición dorada de la espada, - con garzotas la gorra ladeada. - - En su acompañamiento campeaba - la tinta que dió el múrice excelente, - la color que los ojos alegraba, - la manera del traje diferente: - tal el hermoso esmalte se notaba - del vestido mirado juntamente - cual aparece el arco rutilante - de la hija hermosa de Taumante. - - Sonorosas trompetas incitaban - los ánimos alegres resonando; - los bateles de tierra el mar cuajaban - los toldos por las aguas arrojando; - las bombardas horrísonas bramaban - con las nubes de humo el sol quitando, - y al sonar de los truenos encendidos - atapaban los moros los oídos. - - Ya en el batel del capitán entrado - el rey, Gama en sus brazos lo tomaba, - y con la cortesía y el cuidado - que a rey se le debía le hablaba: - con muestras y manera de espantado - el moro gesto y modo le notaba, - como quien en muy grande estima tiene - gente que de tan lejos allí viene. - - Con grande voluntad el rey le ofrece - cuanto del reino quiera a su contento, - y que si el alimento le fallece, - tome cual propio suyo el alimento; - que bien sabe quién es, lo que merece - su gente, su nobleza y cumplimiento; - que ya oyera decir que en otra tierra - con gente de su ley tuvieron guerra. - - Como a Libia su nombre lo abandona - con los ilustres hechos que hicieron - cuando en ella ganaron la corona - de donde las Hespérides vinieron, - y con muchas palabras apregona - lo menos que sus obras merecieron - y lo que por la fama el rey sabía; - mas de esta suerte el Gama respondía: - - «¡Oh tú, que piedad sólo tuviste, - rey ínclito, a esta gente Lusitana, - que con tanta miseria rota y triste - ha probado del mar la furia insana! - lo que por ella haces e hiciste, - aquesa voluntad sincera y sana - con que de ti tal obra recibimos, - te pague el que lo puede, le pedimos. - - »Tú sólo en todos cuantos quema Apolo - nos recibes con paz del mar profundo, - y de las tempestades del Eolo - nos eres un refugio fiel, jocundo: - en cuanto hubiere estrellas en el Polo - y el sol diere su lumbre por el mundo, - do viniere, con fama eterna y gloria - vivirá tu memoria en mi memoria.» - - Acabó, y los bateles van remando - a la flota que el moro ver desea: - una por una van las naos mirando - porque todas las note el rey y vea: - Vulcano por el aire centelleando - a la flota con fuego la rodea; - las sonoras trompetas se tañían - y añafiles de moros respondían. - - Mas después de ser todo ya notado - del generoso moro que se helaba, - oyendo el instrumento inusitado - que tan grande terror en sí mostraba, - manda tener quieto y ancorado - en la mar el batel que los llevaba, - por hablar muchas cosas con el Gama, - de que tuviera ya noticia y fama. - - En pláticas el moro diferentes - se deleitaba, preguntando ahora - por las guerras habidas excelentes - con la gente que al gran Mahoma adora; - ahora le pregunta por las gentes - de la Hesperia do vive y donde mora: - ahora por los pueblos sus vecinos, - ahora por los húmedos caminos. - - «Y antes, oh capitán muy valeroso, - nos contad, le decía, diligente - de vuestra tierra el clima y el famoso - mundo donde moráis distintamente; - vuestro abolorio antiguo y generoso, - el principio de reino tan potente, - los sucesos de guerras sanguinosas, - que, sin saberlas, sé que son famosas. - - »También nos contaréis los varios senos - que en el airado mar habéis andado, - los usos del que es vuestro tan ajenos - que la africana costa aquí ha criado. - Decid, pues que, tascando el oro en frenos, - los caballos que el carro claveteado - traen del Sol se parten del Aurora, - y el viento duerme, el mar se encalma ahora. - - »No menos con el tiempo se parece - el deseo de oir tan nueva historia, - en quien un nuevo amor ya no recrece - a los hechos tan dignos de memoria, - ni el Sol tan desviado resplandece - de nuestra tierra, que de vuestra gloria - el prez no se conozca, ni es el pecho - tan rudo que no estime vuestro hecho. - - »Acometen soberbios los gigantes - con guerra vana el cielo claro y puro; - pasan Pirito y Teseo de ignorantes - al reino de Plutón, horrendo, obscuro; - y si hechos ha habido más pujantes, - no menos es trabajo ilustre y duro, - cuanto fué acometer Cielo y Cerbero, - acometer la mar en un madero. - - »Quemó el sagrado templo de Diana, - del sutil Tesifonio fabricado, - Herostrato, por ser de gente humana - conocido y su nombre celebrado: - pues si con tal locura y mente insana - desea un hombre nombre aventajado, - más razón es que quiera eterna gloria - quien hizo dignas obras de memoria.» - - - - -[Ilustración] - -CANTO TERCERO - - - AHORA tú, Calíope, me inclina - a contar lo que al rey le cuenta el Gama: - inspira inmortal canto y voz divina - en el pecho mortal que tanto te ama: - así el claro inventor de Medicina, - de quien a Orfeo pariste, bella dama, - por Dafne, Clicie o Leucatoe no olvide - el amor que tu amor demanda y pide. - - Pon mi deseo, en efecto, Ninfa mía, - como es digna la gente Lusitana: - sepa el mundo que Tajo y su agua fría - el licor de Aganipe corre y mana: - deja el Pindo, que siento ya a porfía - bañarme Apolo en agua soberana, - o diré que no cumples mi deseo, - porque no se obscurezca tu hijo Orfeo. - - Prontos estaban todos escuchando - lo que el sublime Gama contaría - cuando, después de un poco estar pensando, - levantando algo el rostro, así decía: - «Mándasme, oh rey, que vaya declarando - de mi gente la gran genealogía: - no me mandas contar la extraña historia, - mas que diga del Luso el nombre y gloria. - - »Que otro alabe el esfuerzo y pecho ajeno - cosa es que se acostumbra y se desea, - mas al propio loor cortan el freno - porque sospecha alguna no se vea; - pues lo que hay que decir, ni otro Cileno - lo dirá, ni habrá tiempo que no sea - corto; mas, pues lo mandas y se debe, - por hacer lo que debo seré breve. - - »Y lo que sobre todo más me obliga - es que no mentiré por aficiones, - pues que de tales hechos, aunque diga - más, más se quedará entre dos renglones, - y porque en todo lleve el modo, y siga - el orden que requieren narraciones, - describiré primero nuestra tierra - y luego daré parte de la guerra. - - »De la zona que el Cancro señorea, - meta septentrional del Sol luciente, - y entre la que tan fría ser pelea - cuanto la equinoccial con fuego ardiente, - está la fuerte Europa, a quien rodea - por la parte de Arturo y de Occidente - el Océano inmenso, mar insano, - y por la austral el mar Mediterrano. - - »Por la parte do el día va naciendo - con Asia se avecina; mas el río - que del Rifeo monte va corriendo - a la grande Meotis, corvo y frío, - las divide del mar que, fiero, horrendo, - sufrió del griego airado el señorío, - do ahora de la Troya tan pujante - la memoria no más ve el navegante. - - »Y donde más debajo está del Polo - los montes Hiperbóreos aparecen - y aquellos donde siempre sopla Eolo - que con nombre de soplos se ennoblecen: - es tan poca la fuerza aquí de Apolo - y sus rayos que el mundo resplandecen, - que hay nieve siempre en montes y corrientes, - helado el mar, helado el prado y fuentes. - - »Aquí de escitas vive muchedumbre - que por la antigüedad tuvieron guerra - del primer ser humano y la costumbre - con los que el Nilo riega su ancha tierra; - mas cada cual andaba a la vislumbre - (con que el juicio humano tanto yerra), - que de cierto lo cierto se informara - si al damasceno campo se llegara. - - »Ahora en estas partes nombre tienen - la Lapia fría, inculta Noruega, - la isla Escandinavia, a quien convienen - las victorias que Italia no le niega: - aquí, cuando las aguas no detienen - las nieves del invierno, se navega - del Sarmático Oceano un brazo llano - por el Brusio, Suebio y frío Dano. - - »Entre este mar y Tanais, gente extraña - vive; Rutenos, Moscos y Livonios, - Sármatas otro tiempo; en la montaña - Hircinia, los Marcomanos, Polonios; - sujetos al imperio de Alemaña - son Sajones, Bohemios y Panonios, - y otras naciones más que el Reno frío - lava, Danubio, Amasis, Albis río. - - »Entre el remoto Istro y claro estrecho - donde dejó la Hele nombre y vida - los Traces viven fieros, de gran pecho, - patria de Marte airado muy querida: - allí está el Hemo y Ródope a despecho - sujeta al Otomano, está rendida - Bizancio a su servicio torpe, indino, - injuria grande del gran Constantino. - - »Luego de Macedonia están las gentes - a quien lava de Axio el agua fría, - y vos también, oh tierras excelentes - en costumbres, ingenios y osadía, - que criasteis los pechos elocuentes, - los juícios de alta fantasía, - con quien el cielo, oh Grecia real, penetras - no menos con las armas que con letras. - - »Los Dálmatas se siguen, y en el seno - donde Antenor sus muros fabricara, - Venecia está en un fuerte terrapleno - sobre agua, que tan baja comenzara: - de tierra un brazo corre al mar que, lleno - de esfuerzo, mil naciones sujetara, - brazo fuerte de gente sublimada - no menos en ingenio que en la espada. - - »En torno el mar la cerca de contino - con muro natural por otra parte; - lo divide por medio el Apenino - que tan ilustre hizo el patrio Marte; - mas después que ya tiene el tan divino - portero que el esfuerzo y fuerza parte, - está pobre de aquella gran potencia, - que la humildad es cara a la alta esencia. - - »Galia después se ve, que tan nombrada - con los hechos de César fué en el mundo, - que de Secuana y Ródano es regada - y de Garona y Reno más profundo; - los montes de Pirene sepultada - se levantan, do al caso tan jocundo - la antigüedad celebra cuando ardieron, - que de ellos oro y plata en rios corrieron. - - »Descúbrese de aquí la noble España, - cual cabeza de Europa señalada, - en cuyo señorío y gloria extraña - ha andado la fatal rueda enojada; - mas no podrá con fuerza, ardid y maña - dejarla la Fortuna infiel manchada, - que no la limpie luego la osadía - de los guerreros pechos que en sí cría. - - »Con Tingitania enfrente, a do parece - que casi cierra el mar Mediterrano, - donde el sabido estrecho se ennoblece - con el trabajo extremo del Tebano. - Con naciones diversas se engrandece, - cercadas con las ondas de Oceano, - todas de tal nobleza y tal valía - que cada cual por ser mejor porfía. - - »Tiene al Tarragonés, que se hizo claro - sujetando a Parténope inquïeta; - al Navarro y Asturias, que reparo - fueron contra la gente Mahometa; - tiene al cauto Gallego, el grande y raro - Castellano, a quien hizo su planeta - restituidor de España y le dió silla - Betis, León, Granada, con Castilla. - - »Y es de aquesta cabeza, como cumbre - de Europa toda, el reino Lusitano, - do la tierra está en cabo, el mar en cumbre - do Febo va a dormir al Oceano: - aqueste quiso el cielo fuese lumbre - en armas contra el torpe Mauritano, - echándole de sí, y allá en la ardiente - África estar en paz no lo consiente. - - »Aquesta es mi dichosa patria amada, - a la cual si llegado en fin me veo, - en siendo mi derrota ya acabada - con gusto acabaré vida y deseo: - esta fué Lusitania, derivada - de Lysa o Luso, que, del gran Tioneo - fuesen hijos acaso o compañeros, - de ella fueron los íncolas primeros. - - »De ésta un Pastor nació que, aunque se tome - un nombre que descubre un pecho erguido, - su fama no habrá nadie que la dome, - pues la grande de Roma no ha podido. - El viejo que sus hijos propios come - por decreto del cielo ha concedido - que ésta sea en el mundo muy gran parte - un poderoso reino por esta arte. - - »Un rey por nombre Alonso hubo en España - que a los moros les hizo tanta guerra, - que con sangrientas armas, fuerza y maña - hizo a muchos perder la vida y tierra, - volando de este rey la fama extraña - de la herculana Calpe a Caspia sierra, - muchos por en la guerra engrandecerse, - a él y a muerte vienen a ofrecerse. - - »Con un amor intrínseco encendidos - más de la fe que de honras populares - eran de varias tierras conducidos, - desamparando patria y propios lares. - Después que en hechos altos y subidos - se mostraron en armas singulares, - quiso el invicto Alonso tales hechos - dejarlos con el premio satisfechos. - - »De éstos Enrique, dicen que segundo - hijo de un rey de Hungría, señalado, - Portugal hubo en suerte, que en el mundo - no tenía hombre más que de cuidado; - y por mayor señal de amor profundo - quiso el rey castellano que casado - con Teresa su hija el conde fuese - y con ella la tierra en dote hubiese. - - »Este, después que de los descendientes - de Agar victorias hubo, porque pruebe - su valor en las tierras adyacentes, - mostró cuánto a su fuerte pecho debe: - en premio de sus obras excelentes - dióle el supremo Dios en tiempo breve - un hijo que ilustrase el nombre ufano - del belicoso reino Lusitano. - - »Ya Enrique se volvia de la conquista - de la ciudad davídica sagrada, - ya del Jordán la arena tenía vista - que vió de Dios la carne en sí lavada; - no teniendo Gofredo a quien resista - después de ser Judea sojuzgada, - muchos que en estas guerras le ayudaron - para sus señoríos se tornaron. - - »Cuando llegado al fin ya de su vida - el húngaro famoso y extremado, - teniendo su carrera ya cumplida, - el espíritu dió al que lo había dado. - Deja un hijo en edad no muy crecida - en quien deja su esfuerzo y su traslado, - que ya al más valeroso se igualaba - tal hijo cual del padre se esperaba. - - »Mas el viejo rumor, no sé si errado, - que en tiempo tan antiguo no hay certeza, - cuenta haberse su madre desposado - no mirando a quien era ni a su alteza. - Sin herencia su hijo había dejado - diciendo que las tierras y grandeza - del señorío todo suya era, - pues que en dote su padre se la diera. - - »Pues el príncipe Alonso, que de esta arte - se llamaba, del nombre de su abuelo, - viéndose sin tener del reino parte, - que a la madre y padrastro lo dió el cielo, - hiriéndole en el pecho el duro Marte - determina espantar con guerra el suelo, - y revolviendo el cómo en su conceto, - luego siguió al propósito el efeto. - - »De Guimaraes el campo se teñía - con sangre propia de intestina guerra, - de la madre, que serlo no debía, - a su hijo negaba amor y tierra: - con él puesta en el campo ya se veía, - y no ve la soberbia cuánto yerra - contra lo que a su Dios y a madre debe; - mas el amor carnal a más se atreve. - - »¡Oh Progne cruel! ¡Oh mágica Medea! - Si en vuestros propios hijos la venganza - de los padres tomáis con culpa fea, - mayor culpa a Teresa aquí le alcanza, - o incontinencia, o la codicia sea - lo que a tan grave yerro os abalanza - por una al viejo padre Escila mata, - contra el hijo por ambas ésta trata. - - »Ya el valeroso Alfonso el vencimiento - del padrastro y crüel madre llevaba; - el reino le obedece en un momento, - que en armas contra él poco ha que estaba; - mas de enojo vencido el sufrimiento, - la madre en hierros ásperos ataba, - siendo de Dios vengada en tiempo breve: - ¡tanto es lo que a los padres se les debe! - - »Ya se junta el invicto Castellano - para vengar la injuria de Teresa - contra el príncipe nuevo Lusitano - a quien ningún trabajo agrava o pesa: - en contienda cruel el pecho humano, - con favor de la ayuda alta indefesa, - no sólo con su gente se sustenta, - mas al contrario rompe y ahuyenta. - - »No pasó mucho tiempo cuando el fuerte - príncipe en Guimaraes está cercado - de infinito poder, que de esta suerte - se rehizo el contrario lastimado; - mas con sacrificarse a cruda muerte - su ayo Egas Muñiz fué libertado, - que de otra arte pudiera ser perdido, - según estaba mal apercibido. - - »Mas el leal vasallo, conociendo - que su señor no tiene resistencia, - fuése al rey de Castilla aprometiendo - que al príncipe haría darle obediencia: - levanta el Castellano el cerco horrendo, - fiado en la promesa y la conciencia - de Egas Muñiz, mas no consiente el pecho - del mozo ilustre verse en tal estrecho. - - »Llegado era ya el plazo prometido - en que el rey don Alonso confiaba - que el príncipe su primo ya rendido - la obediencia le diese que esperaba: - viendo Egas que quedaba fementido, - lo cual Castilla de él no imaginaba, - determina de dar la dulce vida - por la jura y promesa no cumplida. - - »Y con su dulce esposa e hijos parte - al rey para salir de la fianza, - descalzos y desnudos de tal arte - que más mueve a piedad que no a venganza: - »Si pretendes, rey ínclito, vengarte - »de mi loca promesa y confianza», - le dice, «vesme aquí, vengo ofrecido: - »pague la vida el pacto no cumplido. - - »Aquí rindo las vidas inocentes - »de hijos y mujer al brazo fuerte, - »si a pechos generosos y excelentes - »satisface de flacos la cruel muerte; - »ves las manos y lengua delincuentes: - »experimenta en ellos toda suerte - »de tormento, de pena, muerte y lloro, - »cual Scinis, cual Perilo con su toro.» - - »Cual delante el verdugo el condenado - que el trago de la muerte ha ya bebido - el cuello tiende al cepo y entregado - espera por el golpe tan temido, - tal delante del príncipe indignado - Egas estaba a muerte conducido; - mas viendo el rey su lealtad extraña, - pudo más la piedad que no la saña. - - »¡Oh lealtad de veras portuguesa - de vasallo que a tanto se obligaba! - ¿Qué más el Persa hizo en la alta empresa, - do narices y rostro se cortaba? - De lo que el gran Darío tanto pesa, - que mil veces diciendo suspiraba - que a su Zopiro sano más preciara - que si cien Babilonias sujetara. - - »Mas ya el príncipe Alonso aparejaba - el Lusitano ejército dichoso - contra el moro que tierras habitaba - allende el claro Tajo deleitoso; - ya en el campo de Orique se sentaba - su soberbio real y belicoso - enfrente de el del moro con gran ceño, - aunque es en gente y fuerza más pequeño. - - »En ninguna otra cosa confiado - sino en el sumo Dios que lo regía, - que tan poco era el pueblo bautizado - que para cada uno ciento había. - Juzga cualquier juício sosegado - por más temeridad que no osadía - acometer un tal ayuntamiento, - que para un caballero hubiese ciento. - - »Son cinco reyes moros enemigos: - de ellos el principal Ismar se llama; - todos viejos en guerra y ya testigos - de otras donde se alcanza ilustre fama; - siguen guerreras damas sus amigos, - imitando la fuerte y bella dama - de quien troyanos tanto se ayudaron, - o las que a Termodonte ya gustaron. - - »La matutina luz, serena y fría, - las estrellas del cielo ahuyentaba, - cuando en la Cruz el Hijo de María, - mostrándose a Alfonso, lo animaba: - él, adorando al que le aparecía, - en viva fe encendido así gritaba: - «A los moros, Señor, que yo bien creo - »vuestro sumo poder aunque no os veo.» - - »Con tal milagro luego aquella gente - Portuguesa movida, levantaba - por su rey natural este excelente - príncipe a quien de pecho tanto amaba: - delante del ejército potente - de los moros gritando al cielo alzaba - la voz alta diciendo: «Real, real, - »por Alfonso, alto rey de Portugal.» - - »Cual con gritos y voces incitado - por la montaña el diestro can moloso - contra el toro arremete confiado - en la fuerza del cuerno temeroso, - ya se pega a la oreja, ya en el lado - ladrando más ligero que forzoso, - hasta que al fin le rompe la garganta - y la fuerza del toro se quebranta: - - »Tal el pecho del rey nuevo encendido - por Dios y por su pueblo juntamente, - el bárbaro acomete apercibido - con animoso ejército ferviente; - los moros levantaban alaridos, - tocan al arma, hierve el campo en gente, - las lanzas y arcos toman, y sonaban - trompetas que los cielos atronaban. - - »Así como la llama que atizada - en las aristas (cuando está soplando - el furioso Bóreas), animada - del soplo, el bosque todo va talando; - la pastoral compaña, recostada, - que en dulce sueño estaba, despertando - con el fuego ya preso como en tea, - recoge el hato y húyese al aldea: - - »De esta arte el moro, atónito y turbado, - arremete a las armas muy de priesa: - no huye, mas espera confiado, - y entre ellos el jinete se atraviesa: - el Portugués lo encuentra denodado, - arrojándole lanza nada aviesa: - unos caen medio muertos, y otros van - en su ayuda llamando al Alcorán. - - »Allí se ven encuentros temerosos - que pueden deshacer una alta sierra; - los animales corren furïosos - que Neptuno nos dió, dando en la tierra: - golpes se dan terribles y animosos - doquiera anda trabada brava guerra, - mas el del Luso arnés, coraza y malla - rompe, corta, deshace, abolla, entalla. - - »Cabezas por el campo van saltando, - brazos, piernas, sin dueño y sin sentido, - y de otros las entrañas palpitando - con la color y gesto amortecido: - ya se acoge el ejército nefando, - de sangre corre un río muy crecido, - con que el color el campo también pierde, - hecho ya carmesí de blanco y verde. - - »Ya queda vencedor el Lusitano - recogiendo el trofeo y presa rica; - desbaratado y roto el moro hispano, - tres días en el campo el rey se aplica. - Aquí pone en su blanco escudo ufano, - que ahora esta victoria notifica, - cinco escudos azules repartidos, - por estos reyes cinco aquí vencidos. - - »En estos cinco escudos los dineros - pintó con que Jesús fuera vendido, - porque quede en memoria a los postreros - cómo aquí fué de Dios favorecido: - cada uno tiene cinco en los primeros, - porque así quede el número cumplido: - dos veces el de en medio señalando - de los cinco que cruz van figurando. - - »Pasado ya algún tiempo que pasada - era esta gran victoria, el rey subido - a tomar fué a Leiria, que tomada - fuera muy poco había del vencido: - fué con ella la Arronches sojuzgada - y juntamente el siempre ennoblecido - Scafabicastro, cuyo campo y seno - con sus aguas lo riega el Tajo ameno. - - »Con estas nobles villas ya rendidas - la Mafra se juntó sin embarazo, - y en las sierras de Luna conocidas - a la Cintra sojuzga el duro brazo, - Cintra donde las Ninfas, escondidas - en fuentes, van huyendo el dulce lazo - donde amor las enreda blandamente - encendiendo en el agua fuego ardiente. - - »Y tú, madre Lisboa, que, en el mundo, - de las demás sin duda eras princesa, - que edificada fuiste del facundo - por cuyo ingenio fué Dardania presa; - Lisboa a quien se rinde el mar profundo, - te rindes a la fuerza Portuguesa, - ayudada de gente de la armada - que del Septentrión fuera enviada. - - »Ya del germánico Albis y del Reno, - de la Bretaña fría conducidos, - a destruir el pueblo sarraceno - muchos con santo pecho eran partidos: - la boca entraban ya del Tajo ameno, - y con el gran real del rey unidos, - con ellos de alta fama y de trofeos - puso cerco a los muros Uliseos. - - »Cinco veces la Luna se escondiera - y tantas lleno el rostro se mostrara - cuando la gran ciudad se le rindiera - al duro cerco con que la asediara: - fué la batalla cruel, áspera y fiera, - según era la fuerza mucha y rara - de vencedores ínclitos y osados - y de vencidos ya desesperados. - - »De esta arte se rindió siendo cercada - la que no se rindió en tiempos pasados - al valor y a la fuerza sublimada - de los scíticos pueblos señalados: - cuya grandeza en tanto fué estimada - que el Ibero y el Tajo amedrentados, - con Betis, a su mando se rindieron - y a la tierra Vandalia nombre dieron. - - »Pues ¿qué ciudad habrá tan fuerte y dura - que pueda resistir, pues no resiste - Lisboa con su gente y cerradura - a la fuerza del Luso horrenda y triste? - Ya le obedece toda Extremadura, - Obidos, Alenquer, y la que viste - tú con tus frescas aguas, entre piedras - que murmurando lavas, Torres-Vedras. - - »Y vos también, oh tierras Transtaganas, - famosas con el don de flava Ceres, - obedecéis las fuerzas más que humanas - entregando los muros y poderes; - y tú, moro que labras las tempranas - tierras, y sustentar el campo quieres, - mira Elvas, Mora y Serpa conocidas - y el Alcázar de Sal estar rendidas. - - »Ve la noble ciudad, do recogido - un tiempo fué el rebelde y gran romano; - donde con artificio esclarecido - el agua de la plata está ya a mano: - por los reales arcos la han traído, - que harte gente y riegue el campo y llano; - que obedece por miedo y osadía - de Giraldo, que miedo no tenía. - - »A Beja va a tomar justa venganza - que fuera de Trancoso destruída - el rey que trae en la guerra su pujanza, - por cobrar larga fama en breve vida: - no pudo sustentar contra él su lanza - la ciudad, mas al fin siendo rendida, - no queda cosa viva que, hallada, - no sienta el filo agudo de la espada. - - »Con Beja se rindió Palmela bella, - Cicimbra por la pesca preeminente, - y ayudándole al rey su real estrella, - rompe un campo de ejército potente: - viólo la villa y más la sierra de ella, - que en su socorro viene diligente - por la halda del monte, descuidado - del temeroso encuentro no pensado. - - »Era de Badajoz el rey que al moro - con cuatro mil caballos socorría, - innúmeros infantes, armas de oro - guarnecidas la más gente traía. - Mas cual por mayo suele el bravo toro, - con celos de la vaca a gran porfía - sintiendo gente, el bruto y ciego amante - saltear a cualquiera caminante: - - »De esta arte de repente se ha mostrado - dando en la gente Alfonso muy segura: - hiere, mata, derriba denodado; - huye el rey moro y de su vida cura. - De un súbito temor todo asustado, - el roto campo al rey seguir procura, - y los que esto hicieron solos hallo - haber sido sesenta de a caballo. - - »Prosigue la victoria sin tardanza - el incansable rey, y allí juntando - gente de todo el reino, cuya usanza - es andar siempre tierras conquistando, - asedia a Badajoz, y luego alcanza - el fin de su deseo peleando - con tanto esfuerzo y arte y valentía, - que ella hizo a las otras compañía. - - »Mas Dios, que la venganza justa guarda - y el castigo de aquel que lo merece, - y, para que por bien se enmiende, tarda, - y cuando no, por pena le obedece, - si hasta aquí el invicto Alfonso guarda - del peligro y del mal que se le ofrece, - permite ahora Dios que ya le cuadre - la maldición echada de su madre. - - »Que estando en la ciudad que antes cercara, - cercado en ella fué de los leoneses, - porque aquella conquista les tomara, - siendo de ellos y no de portugueses: - la pertinacia aquí le cuesta cara, - así como acontece en mil reveses, - quiebra en hierros las piernas, encendido - en la guerra, do fué preso y rendido. - - »¡Oh, famoso Pompeyo!, no te pene - de tus ilustres hechos la ruína, - ni ver que ya la Némesis ordene - que tu suegro victoria alcance dina, - puesto que el frío Fasis o Siene, - que su sombra a ninguna parte inclina, - el helado Bootes, zona ardiente, - temblasen de tu nombre preeminente. - - »Aunque la rica Arabia y los valientes - Eniocos y Colcos, cuya fama - por el vellón es grande entre las gentes; - Capadocia, y Judea, que a un Dios ama; - los crüeles Cilicios, y pacientes - Sofenos, con Arabia, que derrama - las aguas de dos ríos, cuya fuente - tiene en un monte santo su corriente. - - »Y puesto, en fin, que desde el mar de Atlante - hasta el scítico Tauro obedecido - y vencedor te vieses, no te espante - si te ve el campo Ematio ser vencido; - mira el soberbio Alfonso, que triunfante - al mundo rinde, cuál se ve rendido: - orden fué del consejo sempiterno - que el suegro a ti te venza, a estotro el yerno. - - »Tornando el rey famoso finalmente, - del divino juício castigado, - después que en Santarén de mora gente - fué sin tener efecto asediado - y después que del mártir San Vicente - el santísimo cuerpo fué mudado, - del sacro promontorio conocido, - y a la ciudad de Ulises conducido: - - »Porque su gran deseo no tornase - atrás, al hijo manda el padre viejo - que a Alentejo y su tierra se pasase - con la guerrera gente y aparejo. - Sancho, porque mejor se señalase, - pasa y hace correr el río bermejo - que la ilustre Sevilla va regando, - con sangre que va el moro derramando. - - »Y con esta victoria codicioso - no descansa el rey mozo hasta que vea - otro estrago como este temeroso - en el moro que en Beja lo rodea; - no tarda mucho el príncipe dichoso - sin ver el fin de aquello que desea. - Mil veces roto el moro, en la venganza - de tal rotura pone su esperanza. - - »Ya se juntan del monte a quien Medusa - quitó el cuerpo que el cielo en sí sostuvo: - vienen del promontorio de Ampelusa, - de Tanjar donde Anteo siempre anduvo. - El morador de Abila no se excusa, - que sus tiendas aquí y sus armas tuvo, - y al fin se juntó al son de ronca tuba - todo el reino que fué del noble Yuba. - - »Entraba con toda esta compañía - el Miramamolín por nuestra tierra, - con trece reyes moros de valía, - todos a punto puestos de la guerra: - tala campos y quema cuanto había, - y por mejor hartar su ambición perra, - en Santarén al príncipe ha cercado, - mas no le sucedió como ha pensado. - - »Dale combates ásperos, haciendo - mil ardides de guerra, el moro airado; - no le aprovecha ya el trabuco horrendo, - trinchera, foso, mina ni vallado, - porque el hijo de Alfonso, no perdiendo - de su valor un punto, con cuidado - el combate previene y con prudencia, - de modo que doquiera hay resistencia. - - »Mas el viejo, a quien tienen ya obligado - los trabajosos años al sosiego, - en la ciudad estando, cuyo prado - las aguas reverdecen de Mondego, - sabiendo cómo el hijo está cercado - en Santarén del pueblo torpe y ciego, - de la ciudad se parte con presteza, - sin que la larga edad le dé pereza. - - »Con su famosa gente a guerra usada - va en socorro del hijo, y ayuntados, - la Portuguesa furia acostumbrada - los moros ahuyenta destrozados; - la campaña, que está toda cuajada - de marlotas, capuces de soldados, - de caballos jaeces, presa buena, - con sus muertos señores queda llena. - - »Luego todo el restante se partiera - de Lusitania puestos en huída: - el Miramamolín no les huyera, - porque antes de huir le huyó la vida: - a Dios, que esta victoria concediera, - todos le daban gracias sin medida, - que en casos tan extraños claramente - más hace el mismo Dios que no la gente. - - »De tan grandes victorias triunfaba - el viejo Alfonso, príncipe subido, - cuando el que al fin venciendo el mundo andaba - de larga y mucha edad fuera vencido: - la última dolencia le tocaba - con mano fría el cuerpo enflaquecido, - y pagaron sus años ya de hecho - a Libitina triste su derecho. - - »Los altos promontorios lo lloraron; - las aguas de los ríos amorosas - a los sembrados campos anegaron - con lágrimas, corriendo caudalosas; - mas tanto por el mundo se alargaron - sus obras con la fama valerosas, - que en su reino los ecos respondiendo, - van el nombre de Alfonso repitiendo. - - »Sancho, fuerte mancebo, que quedara - imitando a su padre en valentía, - la que en su vida ya experimentara - cuando Betis con sangre se teñía, - el bárbaro poder desbaratara - del ismaelita rey de Andalucía, - y más los que allá en Beja le cercaron - y el valor de su brazo en sí probaron: - - »Así como por rey fué levantado, - dentro de poco tiempo que reinaba, - a la ciudad de Silves ha cercado, - cuyos campos el bárbaro labraba. - Fué de valientes gentes ayudado - de la germana armada, que pasaba, - con armas fuertes, gente apercibida, - a cobrar a Judea ya perdida. - - »En socorro pasaban de la santa - guerra el gran Federico, conmoviendo - un poderoso ejército, que espanta, - a la ciudad que a Cristo vió muriendo; - cuando Guido y su gente con sed tanta - la tierra a Saladino fué rindiendo, - su lugar do a los moros les sobraban - las aguas que en el cerco les faltaban. - - »Mas la fornida armada que viniera - con el contrario viento a aquella parte - quiere ayudar a Sancho en guerra fiera, - ya que iba a dar furor al justo Marte; - así como a su padre le acaeciera - cuando tomó a Lisboa, de aquesta arte, - del germano ayudado, a Silves toma - y al bravo morador destruye y doma. - - »Y si alcanzando va del mahometa - tantos trofeos, va también del fuerte - leonés, que no sufre estar quïeta - la tierra usada a trances de la muerte, - hasta que la cerviz al yugo meta - la soberbia Tuy, viendo la suerte - en sí que vió en las villas sus vecinas - por doquiera que tú, buen rey, caminas. - - »Y entre tantas victorias salteado - de temerosa muerte, fué heredero - un su hijo de todos estimado, - que fué segundo Alfonso y rey tercero, - en cuyo tiempo al moro fué ganado - el Alcázar de Sal, con fin postrero, - y si de antes los moros la tomaron, - ahora con las vidas la pagaron. - - »Muerto después Alfonso, sucediera - Sancho segundo, manso y descuidado, - que tanto en sus descuidos se embebiera - que de otro el que mandaba era mandado: - el reino que otro rey a Dios pidiera - por sus privados lo dejó privado, - porque, como por ellos gobernaba, - sus maldades y culpas atrapaba. - - »No era Sancho, no, tan deshonesto - como Nerón, que un mozo recibía - por mujer, y después horrendo incesto - con su madre Agripina cometía: - a su gente no era tan molesto - que la ciudad quemase do vivía, - ni como Heliogábalo fué malo, - ni tan muelle cual fué Sardanapalo. - - »No fuera el pueblo de él tiranizado - cual Sicilia lo fué de sus tiranos, - ni había como Fálaris hallado - género de tormentos inhumanos; - mas el reino, de atrás acostumbrado - a señores en todo soberanos, - no obedece por rey, ni lo consiente, - sino al que es sobre todos excelente. - - »Por esta causa el reino gobernaba - el conde boloñés: después fué alzado - por rey cuando la vida le faltaba - a su hermano Don Sancho el Descuidado: - éste que Alfonso el Bravo se llamaba, - después de haber el reino sosegado, - en dilatarlo piensa, que su pecho - generoso no cabe en tanto estrecho. - - »De la tierra de Algarbes, que le fuera - en casamiento dada, grande parte - cobra con su valor, y arroja fuera - al moro, mal querido ya del Marte; - procura libertar antes que muera - su tierra con valor y bélica arte, - y acaba de oprimir la nación fuerte - en la tierra que al Luso cupo en suerte. - - »Después vino Dionís, que bien parece - del bravo Alfonso estirpe clara y dina, - con quien la fama grande se obscurece - del ánimo y grandeza alejandrina: - con éste el reino próspero florece, - alcanzada la paz santa y divina, - con pragmáticas, leyes y costumbres, - de la tranquila tierra claras lumbres. - - »Este hizo en Coimbra ejercitarse - el valeroso oficio de Minerva; - las Musas de Helicona hizo pasarse - a pisar de Mondego el campo y hierba; - cuanto pudo de Atenas desearse, - tanto el divino Apolo aquí reserva: - aquí las trunfas de oro son tejidas, - de bácaro y laurel bien guarnecidas. - - »Nobles villas de nuevo edificando, - fortalezas, castillos muy seguros, - y casi el reino todo reformando - con edificios grandes y altos muros; - mas después que la Parca fué cortando - el hilo de sus días bien maduros, - un hijo le quedó poco obediente, - el cuarto Alfonso, príncipe excelente. - - »Despreciador de fuerzas castellanas, - Alfonso se mostró fuerte y sereno, - porque no es de las fuerzas Lusitanas - temer con su poder poder ajeno; - mas cuando aquellas gentes mauritanas - a poseer de España el gran terreno - entraron por Castilla y por su tierra, - con su gente ayudó en la cruda guerra. - - »Con Semíramis nunca gente tanta - los Idáspicos campos fué hinchiendo, - ni Atila, que la Hesperia toda espanta - llamándose de Dios azote horrendo, - gótica gente trujo tanta, cuanta - del sarraceno bárbaro estupendo - con el poder inmenso de Granada - fué en los campos Tartesios ayuntada. - - »Y viendo el rey sublime castellano - la fuerza de los moros grande y fuerte, - temiendo más el fin del pueblo hispano, - ya perdido otra vez, que no su muerte, - pidiendo ayuda al grande Lusitano, - envía a su mujer, que era de suerte - mujer de quien la envía e hija amada - de aquel a cuyo reino fué enviada. - - »Entraba la bellísima María - por palacios del padre sublimados - con bello rostro y fuera de alegría, - con los ojos en lágrimas bañados; - los cabellos rubísimos traía - por los ebúrneos hombros deslazados, - y a su padre, que sale a recibilla, - le demanda favor para Castilla: - -[Ilustración: - - Tú solo, cruel amor, con fuerza cruda - que al corazón humano tanto obliga, - mataste a la de culpa y mal desnuda - como si fuera pérfida enemiga. - - _Canto III, Estr. 109._ -] - - »Cuantos pueblos la tierra ha producido - »en África de gente fiera, extraña, - »de Marruecos el rey los ha traído - »para talar mi tierra y noble España: - »poder tan grande junto no lo ha habido - »desde que el ancho mar la tierra baña: - »traen ferocidad y furor tanto, - »que al vivo pone miedo, al muerto espanto. - - »Pues aquel que me diste por marido, - »por defender su tierra amedrentada, - »con pequeño poder está ofrecido - »al duro golpe de la mora espada; - »si por ti, caro padre, socorrido - »no fuese, de él y reino soy privada, - »quedando triste viuda en vida obscura - »sin marido, sin reino, sin ventura. - - »Por tanto, oh rey, de quien con puro miedo - »la corriente Maluca se ve helada, - »rompe ya la tardanza, no está quedo, - »sea por ti Castilla libertada: - »si ese rostro que muestras claro y ledo - »es de padre, tu gente sea juntada: - »acude y corre, padre, que, aunque corras, - »quizás no hallarás a quien socorras.» - - »No de otra suerte al padre está María - hablando, que la triste Venus cuando - a Júpiter ayuda le pedía - para Eneas que el agua va cortando, - que a tanta piedad lo conmovía - que, de la mano el rayo cruel echando, - el deseo de Venus colma y mide - con pesar de lo poco que le pide. - - »Ya con el campo de la gente armada - los Eborenses campos van cuajados; - con el sol el arnés luce y la espada, - relinchan los caballos enjaezados; - la sonora trompeta embanderada - los pechos a la paz acostumbrados - a las lucientes armas va incitando - por las concavidades retumbando. - - »Entre todos en medio se sublima, - de la real insignia acompañado, - el valeroso Alfonso, que por cima - de todos lleva el cuello levantado; - con sólo su mirar esfuerza y anima - a cualquier corazón desalentado: - así entra por Castilla a socorrella - con su hija gentil que es reina de ella. - - »Juntos los dos Alfonsos finalmente - en campo de Tarifa se han sitiado - ante la multitud de mora gente - para quien son pequeños monte y prado: - no hay pecho tan feroz ni tan valiente - que a la desconfianza no haya dado - lugar, hasta que entienda claro y vea - que por los suyos Dios siempre pelea. - - »Ya los nietos de Agar se están riendo - del español poder, poco, aunque ajeno, - las tierras ya por suyas repartiendo - entre todo el ejército agareno - (que con título falso poseyendo - está el famoso nombre sarraceno): - así también reparten ya por suya - la tierra que tenía dueño y cuya. - - »Cual el membrudo y bárbaro gigante - del rey Santo con causa tan temido, - viendo el pastor David puesto delante, - de piedras y de honda apercibido, - con un hablar soberbio y arrogante - desprecia al flaco mozo mal vestido - hasta que al hondear se desengaña - que más puede la fe que no la maña: - - »Así desprecia el moro con braveza - el español poder, porque no entiende - que le ayuda la suma fortaleza - de quien toda la fuerza y ser depende: - con ella el castellano y su destreza - de Marruecos al rey soberbio ofende, - y el Portugués, que a todo tiene en nada, - temer se hizo al reino de Granada. - - »Ya las lanzas y espadas retiñían - por sobre los arneses: ¡bravo estrago! - Llaman, según las leyes que seguían, - unos Mahoma y otros Santiago: - los gritos hasta el cielo se subían, - la sangre de heridos hace un lago, - donde otros medio muertos se ahogaban, - si del hierro las vidas escapaban. - - »Con esfuerzo destruye, hiere y mata - el Luso al granadino ya deshecho; - totalmente el poder le desbarata, - sin le valer arnés ni armado pecho; - de alcanzar tal victoria y tan barata - no quedando contento y satisfecho, - fuese a ayudar al bravo castellano - que combatiendo estaba al mauritano. - - »Ya se iba el claro Apolo recogiendo - a la casa de Tetis; inclinado - para el Poniente el Véspero, trayendo - estaba el claro día celebrado: - cuando el poder del moro, grande, horrendo, - fué por los fuertes reyes destrozado - con tanta mortandad, que la memoria - nunca en el mundo vió tan gran victoria. - - »No mató ni aun la parte cuarta Mario - de los muertos de aqueste vencimiento, - cuando el agua con sangre del contrario - beber hizo al ejército sediento: - ni aun el cartaginés, duro adversario - que del romano fué de nacimiento, - cuando de muertos de la ilustre Roma, - tres almudes de anillos llenos toma. - - »Y si tú tantas almas dar pudiste - al tenebroso reino de Cocito - cuando la ciudad santa deshiciste - del pueblo pertinaz en falso rito, - permisión fué del cielo que tuviste, - que no fuerza de brazo, noble Tito, - que así mucho antes fué profetizado - y después por Jesús certificado. - - »Pasada esta tan próspera victoria, - se torna Alfonso a su querida tierra - a gozar de la paz con tanta gloria - cuanto supo ganar con dura guerra: - do el caso triste, digno de memoria, - que de sepulcros muertos desentierra, - a la mezquina y mísera ha acaecido - que después de ser muerta reina ha sido. - - »Tú solo, cruel amor, con fuerza cruda - que al corazón humano tanto obliga, - mataste a la de culpa y mal desnuda - como si fuera pérfida enemiga: - el que en la lid de amor pusiere duda - porque con el llorar no se mitiga, - sepa que así lo quiere este tirano - por con sangre bañar su altar profano. - - »Estabas, bella Inés, puesta en sosiego, - de tus años cogiendo el dulce fruto, - en un engaño de alma alegre y ciego - que a la fortuna paga cruel tributo, - en el florido campo de Mondego, - de tus hermosos ojos nunca enjuto, - enseñándole al monte, al río, al prado, - el nombre que en tu pecho está estampado. - - »De tu príncipe allí te respondían - las memorias que en él se aposentaban, - que siempre ante sus ojos te traían - cuando de tus hermosos se apartaban, - de noche en dulces sueños que mentían, - de día en pensamientos que volaban, - y cuanto, en fin, pensaba y cuanto veía - era todo memorias de alegría. - - »De otras bellas señoras y princesas - los deseados tálamos no aceta, - que no curas, Amor, de altas empresas - cuando un hermoso rostro te sujeta: - viendo las condiciones tan aviesas - del hijo el viejo padre, que respeta - el murmurar del pueblo y fantasía - del hijo que casarse no quería, - - »quitar a Inés del mundo determina - por librar, con quitarla, al hijo preso, - creyendo con su sangre y muerte indina - a matarle el amor y darle seso. - ¿Qué furor consintió la espada fina - que pudo sustentar el grave peso - del bélico furor, ser levantada - contra una flaca dama delicada? - - »Ante el rey los verdugos traen atroces, - que estaba de piedad ya conmovido; - mas con razones falsas y feroces - el pueblo: «¡Muera, muera!» le ha pedido: - ella con tristes y piadosas voces, - salidas del amor que le ha tenido - al príncipe y los hijos que dejaba, - que más que no la muerte le aquejaba, - - »al cristalino cielo levantando - con lágrimas los ojos piadosos, - los ojos (que las manos le está atando - uno de los ministros rigurosos), - y después sus hijuelos contemplando - tan tiernos, tan queridos y mimosos, - cuya orfandad cual madre temía tanto, - al abuelo crüel hizo este llanto: - - «Si ya en las fieras brutas, cuya suerte - »se conoció crüel del nacimiento; - »si en las duras Harpías que en la muerte - »en rapiñas y robos traen su intento, - »con niños y con gente nada fuerte - »vemos todos un tierno sentimiento, - »cual de Nino en la madre se mostraron - »y en los que la gran Roma edificaron: - - »Tú que de humano tienes gesto y pecho - »(si de humano es matar una doncella - »flaca y sin fuerza, porque dió de hecho - »su corazón a quien supo vencella), - »detengan estos nietos tu despecho, - »pues no puede la muerte obscura de ella - »moverte a compasión de ellos y mía - »viendo como de culpa estoy vacía. - - »Y si al vencer la dura resistencia, - »la muerte sabes dar con fuego y hierro, - »sabe también dar vida con clemencia - »a quien para perderla no hizo yerro; - »mas si ya la merece esta inocencia, - »ponme en perpetuo y mísero destierro - »en Scitia fría o en la Libia ardiente, - »donde en lágrimas viva eternamente. - - »Ponme donde el extremo de fiereza - »entre los tigres pueda imaginarse: - »veré si en ellos hallo más terneza - »que en los humanos pechos pudo hallarse: - »allí con grande amor, aunque en tristeza, - »de aquel a quien amó podrán criarse - »estas reliquias suyas que aquí viste, - »consolación extrema de esta triste.» - - »Quería perdonarle el rey benino - oyendo las palabras que la abonan, - mas el pertinaz pueblo (y su destino - que así lo permitió) no la perdonan. - Echan mano al acero puro y fino - los que este hecho bueno ser pregonan: - ¡contra una dama, oh pechos carniceros, - feroces os mostráis y caballeros! - - »Cual contra la hermosa Policena, - consuelo sólo de la madre vieja, - porque el alma de Aquiles la condena, - con hierro el duro Pirro se apareja, - y ella con un mirar tierno, serena - (así como paciente y mansa oveja), - vuelto el rostro a la madre que enloquece, - al duro sacrificio el cuello ofrece: - - »Tales contra la Inés los matadores, - en el hermoso cuello donde estaba - la gracia con que Amor mató de amores - al que después por reina la juraba, - las espadas bañando y blancas flores - que ella con dulce lloro antes regaba, - se encarnizaban fieros y enojados, - del castigo futuro descuidados. - - »Bien pudieras, oh Sol, la vista aviesa - de tal hecho llevar en aquel día - cual de Tiestes en la horrenda mesa - cuando sus hijos por Atreo comía; - vos, oh cóncavos valles donde impresa - quedó la voz de aquella boca fría, - el nombre de su Pedro, que le oisteis, - por espacio muy largo repetisteis. - - »Cual la rosa del campo que, cortada - antes de tiempo, fué cándida y bella, - de las manos lascivas maltratada - del niño que jugar huelga con ella, - tiene el olor perdido marchitada, - tal estaba la pálida doncella - sin las rosas del rostro, ya perdida - la color blanca con la dulce vida. - - »Las ninfas de Mondego aquesta obscura - muerte por largo tiempo la lloraron - y por memoria eterna en fuente pura - las lágrimas lloradas transformaron; - el nombre le pusieron, que aun le dura, - _Dos Amores de Inés_, que allí pasaron; - mirad qué fuente riega el prado y flores, - do lágrimas son agua, el nombre amores. - - »No pasó mucho tiempo sin venganza - de la muerte crüel y las heridas, - que viéndose el rey Pedro en su pujanza - la tomó de los fieros homicidas: - de otro Pedro cruel los dos alcanza, - siendo ambos enemigos de las vidas, - el concierto haciendo duro e injusto - que con Antonio y Lépido hizo Augusto. - - »Este castigador fué muy entero - de latrocinios, muertes y adulterios, - y mostrarse a los malos cruel y fiero - eran sus más gustosos refrigerios; - las ciudades guardaba justiciero - de todos los soberbios vituperios; - a más ladrones dió castigo feo - que Alcides el valiente ni Teseo. - - »Del justo y duro Pedro nace el blando - (ved de la naturaleza el caso extraño), - remiso y sin cuidado rey Fernando, - por quien al reino vino tanto daño, - pues cuando el castellano entró talando - las tierras, bien pudiera en aquel año - el reino destruirse totalmente, - que hace el flaco rey flaca su gente. - - »O fué castigo duro del pecado, - por quitar a Leonor a su marido - y casarse con ella de prendado - de un falso parecer mal entendido, - o fué que el corazón sujeto y dado - al vicio vil de quien se vió rendido, - se hace flaco y blando, y bien parece - que un bajo amor los fuertes enflaquece. - - »Del pecado siguió siempre la pena - a muchos que el Señor lo ha permitido, - como a los que robaron a la Helena, - y con Apio, Tarquino en sí la vido. - Pues ¿al santo Daniel quién le condena, - o quién el tribu ilustre ha destruído - de Benjamín? ¿Quién dió la pena dina - a Faraón, Siquén, por Sara y Dina? - - »Y si los fuertes pechos enflaquece - un inconceso amor desatinado, - en el hijo de Alcmena se parece - cuando en Omfale anduvo transformado: - de Marco Antonio el nombre se obscurece - por ser con su Cleopatra enredado, - y tú, próspero Peno, lo sentiste - cuando la moza vil de Apulia viste. - - »Mas ¿quién puede librarse por ventura - del lazo que Amor arma blandamente - cuando entre rosas y la nieve pura - pone oro y alabastro transparente? - ¿Quién de una peregrina hermosura, - de un rostro de Medusa propiamente, - se podrá libertar, si el ser cautivo - no en piedra, mas lo muda en fuego vivo? - - »¿Quién vió un mirar seguro, un rostro blando, - una bella y angélica excelencia, - que en sí está siempre el alma transformando, - que pudiese hacerle resistencia? - Disculpado por cierto está Fernando - con el que de amor tiene la experiencia - y yo, si por tenerme en esto tanto, - el resto lo remito al otro canto.» - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -CANTO CUARTO - - - «DESPUÉS de la tormenta rigurosa - nocturna sombra y proceloso viento, - suele venir la luz pura y hermosa, - esperanza del puerto y salvamiento; - aclara el sol la noche tenebrosa - apartando el temor del pensamiento: - así en el fuerte reino aconteciera - después que el rey Fernando falleciera. - - »Que si mucho los nuestros desearon - quien las ofensas vaya ya vengando - de aquellos que tan bien se aprovecharon - del descuido remiso de Fernando, - dentro de breve tiempo lo alcanzaron - por rey un Juan invicto levantando, - de don Pedro el Crüel cierto heredero, - aunque hijo bastardo verdadero. - - »Ser esto por divina providencia - se mostró con señales evidentes - cuando una niña en Ébora, sin ciencia - y sin habla, habló con los presentes; - y como era del cielo la sentencia, - el corazón movió de muchas gentes - diciendo: «¡Portugal, con cuerpo y mano, - »por el primer don Juan, rey soberano!» - - »Alterados del reino muchos pechos - con odio que ocupados los tenía, - infinitas matanzas y despechos - el popular furor ciego hacía. - Los parientes y amigos son deshechos, - que eran de reina y conde compañía, - con quien su incontinencia deshonesta - era, después de viuda, manifiesta. - - »Mas él, en fin, con causa deshonrado, - ante la reina muere, y no socorre - la triste al triste; muere acompañado - de otros a quien la misma suerte corre; - quien, como Astianacte, fué arrojado, - sin valerle corona, de alta torre: - a quien orden o altar no fué provecho, - que por las calles queda piezas hecho. - - »Puédense ya poner en largo olvido - las muertes y crudezas que vió Roma - hechas del feroz Mario y favorido - Sila, que a su contrario vence y doma; - mas, por muerte del conde, sin sentido - quedó Leonor, y por venganza toma - traer a Portugal al de Castilla, - diciendo de su hija ser la silla. - - »Beatriz era la hija, que, casada - con el español rey, a Juan precede, - por hija de Fernando reputada, - si la fama y rumor se lo concede. - Con esta voz Castilla levantada - porque la hija al padre le sucede, - sus fuerzas ajuntó para las guerras - de varias regiones, varias tierras. - - »De la provincia vienen que de un Brigo - (si fué) ya tuvo el nombre derivado; - de tierras que Fernando y rey Rodrigo - ganaron del tirano y moro estado: - no estiman en el campo al enemigo - los que cortando van con duro arado - los campos de León, cuya arma y gente - contra los moros fué siempre excelente. - - »Los vándalos, de antigua valentía, - en ella confiados se juntaban, - la cabeza de toda Andalucía - que de Guadalquivir las aguas lavan; - la noble isla también se apercibía - que tirios otro tiempo la moraban, - trayendo por insignias verdaderas - las dos columnas puestas en banderas. - - »También vienen del reino de Toledo, - ciudad noble y antigua, a quien cercando - el Tajo, corre en torno blando y ledo - que en la sierra de Cuenca está manando: - a vosotros también no os quitó el miedo, - descuidados gallegos, hacer bando, - que para resistir luego os armasteis - a aquellos cuyos golpes ya probasteis. - - »De la guerra movieron negras furias - la gente de Vizcaya que carece - de pulido lenguaje, y las injurias - de los extraños mal las compadece; - la tierra de Guipúzcoa y las Asturias, - que con minas de hierro se ennoblece, - armó de él los soberbios matadores - para ayudar en guerra a sus señores. - - »Don Juan, a quien del pecho crece el brío, - como al hebreo Sansón de la guedeja, - puesto que todo es poco a su albedrío, - con los pocos del reino se apareja, - y aunque de parecer no está vacío, - con grandes y letrados se aconseja - por conocer de todos las sentencias, - que siempre hubo entre muchos diferencias. - - »No falta con razón quien desconcierte - de la opinión de fuertes aprobada, - en quien la fuerza antigua se convierte - en su fidelidad jamás usada; - pudiendo el temor más de baja suerte - que el amor y lealtad tan sublimada, - niegan su rey, su patria y, si conviene, - negarán, como Pedro, al Dios que tiene. - - »Mas no permitió Dios que se sintiese - tal yerro en don Nuño Álvarez; mas antes, - puesto que en sus hermanos claro viese - vueltas las voluntades inconstantes, - en alta voz habló, porque se oyese, - con palabras más duras que elegantes, - con la mano en la espada, y no facundo, - amenazando airado al mar, al mundo. - - »¡Cómo! ¿De gente ilustre portuguesa - »ha de haber quien rehuse el patrio Marte? - »¡Cómo! ¿De esta provincia, que princesa - »fué de gentes por guerra en cualquier parte, - »ha de salir quien niegue en tal empresa - »la fe, el amor, la patria, esfuerzo y arte - »de portugués, y por ningún respeto - »quiera su propio reino ver sujeto? - - »¡Cómo! ¿No sois vosotros descendientes - »de aquellos que debajo la bandera - »del grande Enríquez, fieros y valientes, - »vencisteis esta gente tan guerrera? - »¿Cuándo tantas banderas, tantas gentes - »pusieron en huída de manera - »que siete ilustres condes le trajeron - »presa, sin la gran presa que allí hubieron? - - »¿Con quién fueron continuo reprochados - »éstos de quien tenéis ahora recelos, - »por Dionís y su hijo sublimados, - »sino por vuestros padres, tios y abuelos? - »Pues si con sus descuidos o pecados - »el rey Fernando os puso en tantos duelos, - »tomad con el rey nuevo fuerza cruda, - »si el pueblo con el rey se trueca y muda. - - »Rey tenéis tal, que si el valor le fuese - »igual al fuerte rey que coronasteis, - »sin duda lo invencible lo venciese, - »cuánto más a quien ya desbaratasteis; - »y si esto de esos pechos no pudiese - »el temor arrancar que ya tomasteis, - »poned en boca y manos lazo y freno, - »que yo desecharé este yugo ajeno. - - »Con mis vasallos y con ésta puedo - »(sacando de la vaina media espada) - »defender de tal fuerza y duro enredo - »la tierra nunca de otro sojuzgada: - »en virtud de mi rey y patria quedo, - »y de la lealtad por vos negada, - »de vencer no sólo estos adversarios, - »mas cuantos a mi rey fueran contrarios.» - - »Bien como entre los mozos recogidos - en Canusio, reliquias de las Canas, - ya para se entregar casi movidos - a las fuerzas invictas africanas, - Cornelio se levanta, y compelidos - hizo a todos jurar que las romanas - armas no dejarían en cuanto vida - tuviesen, hasta en ellas ser perdida: - - »De esta suerte a su pueblo esfuerza Nuño, - que con le oir las últimas razones - desechan el temor frío importuno, - que helados les tenía los corazones: - en animales suben de Neptuno, - con la lanza enristrada en los arzones, - van corriendo y gritando a boca abierta: - «¡Viva, viva el gran rey que nos liberta!» - - »Del vulgo popular unos aprueban - la guerra que la patria defendía, - otros armas alimpian y renuevan - que el orín de la paz gastado había; - capacetes estofan, petos prueban, - ármase cada cual cual convenía; - otros hacen vestidos de colores - con letras y blasón de sus amores - - »Con toda esta lustrosa compañía - el rey don Juan se parte desde Abrantes, - Abrantes, que también la fuente fría - de Tajo goza en aguas abundantes: - los primeros soldados los regía - quien pudiera regir los más pujantes - ejércitos de Jerjes del Oriente, - con que pasó de Heles la corriente: - - »Don Nuño Álvarez, digo, verdadero - resistidor de fuertes castellanos, - cual huno se mostró a Francia primero - y a la gran multitud de italianos: - otro también famoso caballero - lleva en la ala derecha Lusitanos, - experto en guerra, en paz, en bien y en duelos; - llámase Men Rodríguez Vasconcelos. - - »La izquierda ala, que a estotra corresponde, - Antón Vázquez la lleva del Almada, - que después fué de Abranches noble conde, - repartiendo su gente compasada; - mas en la retaguardia no se esconde, - de quinas y castillos cuarteada, - la bandera con Juan, que en cualquier parte - obscureciendo va el valor de Marte. - - »Estaban por los muros, temerosas - y de un alegre miedo casi frías, - hermanas, madres, damas y aun esposas - ayunos prometiendo y romerías; - ya llegan las escuadras belicosas - defrente las contrarias compañías: - con grandísima grita los reciben, - de que muchos temor grande conciben. - - »Responden las trompetas mensajeras - pífano sonoroso y atambores; - los alférez voltean las banderas - que listeadas son de mil colores. - Era en el seco tiempo que en las eras - Ceres el fruto da a los labradores, - entra el sol en Astrea por agosto, - y Baco en sus lagares coge mosto. - - »Dió señal la trompeta castellana - con horrísono estruendo temeroso: - oyólo el monte Artabro, y Guadiana - atrás volvió sus aguas de medroso: - oyólo Duero y tierra transtagana, - corrió Tajo a la mar triste y dudoso: - las madres que el terrible estruendo oyeron - los hijos de los pechos desasieron. - - »¡Cuántos rostros quedaron sin colores - dándole al corazón la sangre abrigo! - Que en los grandes peligros los temores - pueden a veces más que el enemigo. - Pues qué cuando se encienden con furores - al escalar el muro, entrar postigo, - que hacen no sentir perder la vida - por salir con la empresa acometida. - - »Comiénzase a trabar la incierta guerra: - de ambas partes se encuentran los primeros, - unos por la defensa de su tierra, - otros por la esperanza de herederos: - luego el grande Pereira, en quien se encierra - todo el valor, se muestra en golpes fieros, - derriba, encuentra, y dales con su espada - la posesión del reino deseada. - - »Ya por el aire espeso mil lucientes - harpones, saetas y otros tiros vuelan; - debajo de los pies de los ardientes - caballos tiembla tierra y valles suenan; - despedázanse lanzas; hay frecuentes - caídas que del golpe el campo atruenan: - recrecen los contrarios en la poca - gente, mas el buen Nuño los apoca. - - »Contra él corren primero sus hermanos, - caso feo y crüel, mas no le espanta: - que en poco tiene alzar contra él las manos - quien contra el rey y patria las levanta: - de aquestos traen los fuertes castellanos - en la escuadra que a todas se adelanta - por herir cada cual su conocido, - como entre Julio y Magno Roma vido. - - »Catilina, Sertorio, Coriolano, - que obligados a ser dulces abrigos - de vuestras propias patrias, con profano - corazón os hicisteis enemigos: - si en el obscuro reino de Sumano - recibís de tal culpa los castigos, - decid: ¿qué portugueses hubo en guerra - traidores a su gente, rey y tierra? - - »Rómpense de los nuestros los primeros: - tantos de los contrarios se han juntado: - está don Nuño cual por los oteros - de Ceuta el cruel león encarnizado, - que cercado se ve de caballeros, - de Tetuán corriendo campo y prado: - acósanlo con lanzas, y él, rabioso, - turbado un poco está, mas no medroso. - - »Míralos con furor, mas su natura - ferina y rabia no le compadecen - que huya; mas se arroje en la espesura - de los dardos y lanzas que recrecen. - Tal está el caballero la verdura - tiñendo en roja sangre; allí perecen - de los suyos no pocos; que el valiente - la virtud pierde contra mucha gente. - - »Sintió don Juan la afrenta que pasaba - Nuño; cual capitán bien advertido, - todo lo corre y ve, y a todos daba - con su presencia esfuerzo muy crecido. - Cual parida leona, fiera y brava, - que los hijos que estaban en el nido - sintió que en cuanto el pasto les buscaba - el pastor de Marsilia los hurtaba, - - »corre rabiosa y gime y con bramidos - los siete montes hiende, atruena, abala: - tal va don Juan con otros escogidos - corriendo a socorrer la primera ala. - »¡Oh fuertes compañeros, oh subidos - »caballeros, a quien ninguno iguala! - »Los vuestros defended, que la esperanza - »de vuestra libertad está en la lanza. - - »Veisme aquí, vuestro rey y compañero, - »que entre espadas y lanzas y entre arneses - »del adversario corro y voy primero: - »¡pelead, verdaderos Portugueses!» - Esto dijo el magnánimo guerrero, - y blandiendo la lanza con reveses - del brazo la tiró, y de aqueste tiro - muchos dieron el último suspiro. - - »Los suyos, encendidos nuevamente - de una noble vergüenza, honroso fuego, - sobre cuál más con ánimo valiente - peligros vencerá del marcio juego, - porfían; tiñe el hierro el fuego ardiente; - rompen primero mallas, petos luego: - así reciben junto y dan heridas, - como quien tiene en poco sangre y vidas. - - »Muchos van de Cocito a ver el lago, - en cuyo cuerpo muerte y hierro entraba; - el Maestre murió de Santiago, - que fortísimamente peleaba; - muere también, haciendo grande estrago, - el Maestre feroz de Calatrava; - los Pereiras murieron renegados, - renegando del cielo y de sus hados. - - »Mueren del vulgo vil otros sin cuento - y bajan de los nobles al profundo, - donde el trifauce perro muy hambriento - en las almas se ceba de este mundo; - y porque más se sienta el vencimiento - en el último trance furibundo, - la sublime bandera Castellana - vencida se rindió a la Lusitana. - - »Aquí la cruel batalla se encrudece - con muertes, gritos, sangre y cuchilladas; - la multitud de gente que perece - las flores de color tiene manchadas; - ya vuelven las espaldas, ya fallece - la vida, donde sobran las lanzadas; - ya, porque el alto cielo lo ha ordenado, - la victoria los brazos ha trocado. - - »Al Portugués le deja el Castellano - el campo con victoria conocida: - siguen a los que quedan, aunque en vano, - que el temor les dió vuelo en la huída. - Encubren en el pecho el inhumano - suceso, de la gente que es perdida; - encubren la deshonra, el triste enojo - de ver otro triunfar de su despojo. - - »Unos van maldiciendo y blasfemando - del que inventó la guerra en este mundo; - otros la dura sed van reprobando - del pecho codicioso y furibundo, - que por lo que es ajeno, al miserando - pueblo condena a muerte y al profundo, - dejando tantas madres y aun esposas - sin hijos y maridos lastimosas. - - »Estúvose en el campo el rey los días - acostumbrados con tan grande gloria: - con ofertas después y romerías - las gracias daba a Dios de tal victoria. - Mas Nuño, que no busca en otras vías - eternizar en todos su memoria, - sino por armas siempre soberanas, - a las tierras se pasa transtaganas. - - »Ayuda a su destino de manera - que hizo igual el hecho al pensamiento, - y a la tierra de vándalos frontera - le concede el despojo y vencimiento. - De Sevilla la bética bandera, - y de otros mil señores, al momento - le conocen por grande en tal empresa, - vencidos de la fuerza Portuguesa. - - »De estas y otras victorias largamente - eran los castellanos oprimidos - cuando la paz, alegre a toda gente, - vino entre vencedores y vencidos; - después que quiso el Padre omnipotente - que se diesen los reyes por maridos - a las dos ilustrísimas inglesas, - hermosas, bellas, ínclitas princesas. - - »No sufre el fuerte pecho usado a guerra - verse sin enemigos a la mano, - y no hallando a quién vencer en tierra, - acomete a vencer el oceano: - este es el primer rey que se destierra - del reino, porque pueda el africano - conocer por las armas cómo doma - la ley de Dios la ley de su Mahoma. - - »Mil aves por el húmedo elemento - volando van de Tetis inquïeta, - cogiendo con las alas un tal viento, - que pasan de do Alcides puso meta: - el monte Abila, el noble fundamento - de Ceuta gana al torpe mahometa, - y con esto asegura a toda España - de la juliana fuerza y desleal maña. - - »No consienten los coros soberanos - que Portugal tal rey mucho lograse, - mas como eran sus hechos más que humanos, - el más que humano asiento ya alcanzase; - y deja en defensión de Lusitanos - el Dios que lo llevó quien gobernase, - aumentando la tierra muy más que antes, - generación famosa, altos infantes. - - »No fué del rey Duarte tan dichoso - el tiempo que quedó en la suma alteza, - que va alternando el tiempo el bien gustoso - con mal, el alegría con tristeza. - ¿Quién vió siempre un estado deleitoso? - ¿O quién vió en la fortuna haber firmeza? - Pues aun en este reino, y con tal rey, - vino a quebrar la fuerza de su ley. - - »Cautivo vió a su hermano don Fernando - que a tan altas empresas aspiraba, - que por salvar al pueblo miserando - del cerco, al sarraceno se entregaba: - por amor de la patria está pasando - la vida, de señora hecha esclava, - y porque no dé el rey a Ceuta al moro - por su rescate, muere en triste lloro. - - »Porque a Codro el contrario no venciese, - dejó triunfar la muerte de su vida; - Régulo, porque a Roma no perdiese, - quiso su libertad verla perdida; - Fernando, porque España no temiese, - a eterno cautiverio se convida: - Decios, Codro, ni Curcio, hicieron tanto - como el famoso Hernando que aquí canto. - - »Mas Alonso, que al reino fué heredero, - nombre en armas dichoso en nuestra Hesperia, - que al arrogante bárbaro frontero - puso en grande humildad y gran miseria, - fuera por cierto invicto caballero - si no quisiera ver la tierra iberia; - mas África dirá ser imposible - poder nadie vencer rey tan terrible. - - »Que pudo éste coger los frutos de oro - que el Tirintio cogió nadie lo dude, - de donde el yugo puesto por el moro - la cerviz años ahora no sacude: - con la palma en la mano por decoro - de victorias ganadas del que acude - en defensa de Alcázar, do se afila - su espada contra Tánjar, contra Arcila. - - »Mas al cabo, por fuerza siendo entradas, - los muros abajaron de diamante, - con las armas en guerra acostumbradas - a batir y vencer cuanto hay delante: - maravillas en Marte sublimadas, - dignas de otra escritura más pujante, - hicieron los de Luso en esta empresa, - ilustrando la fama Portuguesa. - - »Y siendo de ambición mayor tocado - por gozar de mejor corona y silla, - a Hernando el de Aragón ha provocado - a guerra sobre el reino de Castilla; - las gentes en un punto se han juntado, - del Católico Rey hecha cuadrilla, - desde Cádiz al alto Pireneo, - con que Fernando ataja a su deseo. - - »No se quiso quedar don Juan ocioso - sin ayudar al padre, y luego ordena - atizar el deseo codicioso - con ayuda que entonces lo despena: - salióse al fin del trance peligroso - con frente no turbada, mas serena, - desbaratado el padre truculento, - aunque quedó dudoso el vencimiento. - - »Porque el hijo sublime y soberano, - gentil, fuerte, animoso caballero, - con un corazón grande y más que humano, - al español resiste el día postrero: - de esta arte fué vencido Octaviano - y Antonio vencedor su compañero, - cuando de los que a César dieron muerte, - la venganza les dió la feliz suerte. - - »Mas después que la obscura noche eterna - puso a Alonso en el cielo más sereno, - el príncipe que el reino nos gobierna - fué el segundo don Juan y rey treceno: - éste, por haber fama sempiterna - sobre todo valor de hombre terreno, - quiso buscar de la luciente Aurora - el término que yo descubro ahora. - - »Envía mensajeros que pasaron - a España, Francia e Italia celebrada, - y en el ilustre puerto se embarcaron - donde ya fué Parténope enterrada, - Nápoles, do los hados se mostraron, - haciéndola de varios sojuzgada, - y al fin, por la ilustrar con claros soles, - al señorío la rinden de españoles. - - »Por el mar alto Sículo navegan, - por las playas de Rodas arenosas, - y de allí a las riberas altas llegan - que con muerte de Magno son famosas: - van a Menfis y tierras que se riegan - de las aguas de Nilo caudalosas; - suben a la Etiopia, sobre Egito, - que de Cristo ya guarda el santo rito. - - »Pasan también las ondas eritreas - que el pueblo de Israel sin nao pasara; - quédanle atrás las tierras nabateas - que el hijo de Ismael con nombre ornara; - las playas odoríferas sabeas - que la madre de Adonis tanto honraba; - ven la Feliz Arabia descubierta, - dejando la Petrosa y la Desierta. - - »Ven el estrecho Pérsico, do dura - de la Babel confusa la memoria, - donde entra en Tigre Eufrates por su altura, - cuyas fuentes están casi en la gloria: - de allí van a buscar el agua pura, - que causa me será de larga historia, - del Indo, por el mar largo Oceano, - donde no se atrevió a pasar Trajano. - - »Vieron gentes incógnitas y extrañas - de la India, de Carmania y Gedrosía, - viendo varias costumbres, varias mañas, - que en sí cada región produce y cría; - mas de vías tan ásperas tamañas - tornarse fácilmente no podía: - allá mueren en fin y allá quedaron, - que a su querida patria no tornaron. - - »Parece que guardaba el claro cielo - a Manuel, y sus merecimientos, - esta notable empresa, que su celo - siempre fué de subidos movimientos: - éste sucede al primo y al abuelo - en reino y en altivos pensamientos, - y así como tomó del reino el cargo, - la conquista tomó del mar tan largo. - - »El cual, como de noble pensamiento, - de aquella obligación que le quedara - de sus antepasados, cuyo intento - fué siempre acrecentar la tierra cara, - no dejase de ser sólo un momento - movido, cuando huye la luz clara - del sol, y las estrellas resplandecen - que al caer a las gentes adormecen. - - »Estando ya en la cama recostado, - cuando el imaginar suele ser cierto, - revolviendo en su pecho con cuidado - cómo corresponder al gran concierto - de sus antepasados, le ha ocupado - un sueño que le deja más despierto, - porque apenas el ojo se adormece - cuando Morfeo en sueños le aparece. - - »Aquí se le figura que subía - tan alto, que tocaba allá en la esfera - do delante de sí mil mundos veía, - mil naciones de gente extraña y fiera, - y cerca de do nace el claro día, - después que bien los ojos extendiera, - vió de montes antiguos las corrientes - de las dos celebradas y altas fuentes. - - »Agrestes aves, fieras alimañas - por el monte en las cuevas habitaban; - hierbas, espinas y árboles extrañas - el paso y trato a gentes atajaban; - otras cerradas y ásperas montañas - ser de comercio alguno demostraban, - pero desde que Adán pecó, pisada - nunca de humano pie fué allí estampada. - -[Ilustración: - - «¡Oh rey, a cuyos reinos y corona - »grande parte del mundo se guardaba! - »Los dos, a quien la fama ser pregona - »libres, nuestra cerviz rendimos brava... - - _Canto IV, Estr. 73._ -] - - »Del agua se le antoja que salían, - hacia donde él estaba caminando, - dos hombres que muy viejos parecían, - de un aspecto, aunque agreste, venerando: - de la barba y cabello les caían - gotas que el cuerpo todo van bañando, - la color de la cara denegrida, - la barba espesa, blanca, algo cumplida. - - »Ambos tienen la frente coronada - con los ramos de una árbol peregrina; - el uno es de presencia más cansada, - mostrando que de atrás viene y camina; - cuelga el agua con ímpetu alterada - que en parte más remota se avecina, - bien como Alfeo de Arcadia en Siracusa - va a buscar los abrazos de Aretusa. - - »Este, que era más grave en la persona, - al rey como de lejos le hablaba: - «¡Oh rey, a cuyos reinos y corona - »grande parte del mundo se guardaba! - »Los dos, a quien la fama ser pregona - »libres, nuestra cerviz rendimos brava, - »y te avisamos que ya es tiempo mandes - »de nosotros cobrar tributos grandes. - - »Yo soy el claro Ganges, que en la tierra - »santa mi origen tengo verdadero; - »estotro el Indo, río que en la tierra - »que ves su nacimiento es el primero: - »costaráte al principio dura guerra, - »mas serás vencedor a lo postrero: - »con no vistas victorias pondrás freno - »a las gentes que ves de este terreno.» - - »No dijo más el río claro y santo - y ambos desaparecen al momento: - recuerda Manuel con nuevo espanto - y grande alteración del pensamiento: - extiende en esto el sol su claro manto - por el obscuro cielo soñoliento, - píntalo la mañana con colores - de vergonzosa rosa y blancas flores. - - »Llama el rey los señores a consejo - para tomar del sueño algún acuerdo; - refiere lo que dijo el santo viejo - llamándole a reinar con pecho cuerdo: - «Si os parece, del mar el aparejo - »se haga, pues en ello nada pierdo, - »y váyanse a buscar por nuevos mares - »la tierra del Oriente y sus lugares.» - - »Yo, que bien mal pensaba que en efeto - viera lo que mi pecho me pedía, - que siempre grandes cosas el conceto - presago al corazón le prometía, - no sé por qué razón, o qué respeto, - o qué virtud tan grande en mí se veía, - que hizo al grande rey darme la llave - de este acometimiento nuevo y grave. - - »Y con ruego y palabras amorosas, - que es modo de mandar que más obliga, - me dijo: «Las empresas glorïosas - »se alcanzan con trabajo y con fatiga: - »a las personas hace ser famosas - »la vida que se pierde aunque sea amiga, - »que cuando del temor vil no se prende, - »mientras más poco dura más se extiende. - - »Entre todos os tengo yo escogido - »para una empresa cual a vos se debe; - »trabajo ilustre, duro, esclarecido, - »yo sé que en ser por mí os será muy leve.» - No esperé más; mas luego: «¡Oh rey subido! - »¿Con tal favor por vos quién no se atreve - »al fuego, hierro, muerte, a la cadena, - »que el ser poco una vida me da pena? - - »Imaginad, gran rey, las aventuras - »que a Hércules Eurísteo inventaba; - »el león clioneo, harpías duras, - »el puerco erimanteo, la hidra brava, - »abajar a las sombras más obscuras - »do los campos de Dite Estige lava, - »porque a mayor peligro y más afrenta - »se pondrá el corazón a vuestra cuenta.» - - »Con reales mercedes me agradece - la voluntad, y alaba las razones; - que la virtud loada vive y crece - e inflama a grandes hechos los varones: - a acompañarme luego se le ofrece, - por descubrir mejor sus aficiones - al rey y a mí, con hambre de honra y fama, - mi deseado hermano Paulo Gama. - - »Fué luego Nicolao Coello tercero, - hombre de gran valor y de consejo, - que en los peligros suele ser primero, - no mostrando al trabajo sobrecejo: - ya de la gente moza y del guerrero, - en quien crece el deseo, me aparejo: - todos de grande esfuerzo ser parecen, - pues con tal pecho a tal temor se ofrecen. - - »Fueron de Manuel remunerados - porque con más amor se apercibiesen, - y con palabras blandas animados - para cuantos trabajos sucediesen: - así fueron, oh Minias, ajuntados - a que el reino de Colcos combatiesen - en la hadada nao que osó primera - cortar el mar Euxino venturera. - - »Ya en el puerto de la ínclita Ulisea, - con alboroto noble y con trabajo, - donde su arena y agua que azulea - en el salado mar la mezcla Tajo, - está la flota a punto, y ya desea - cada cual al partir hallar atajo, - que la gente del mar y la del Marte - están para seguirme a cualquier parte. - - »Por las playas vestidos los soldados - vienen de mil colores y mil artes, - y no menos de esfuerzo aparejados - para buscar del mundo nuevas partes, - en las naos los vientos sosegados - revuelven los lustrosos estandartes, - y ellas muestran que allá en los mares largos - se volverán estrellas, cual la de Argos. - - »Apercibidos todos de esta suerte - de lo que tal viaje pide y manda, - al trance se aparejan de la muerte, - que en la mar ante el ojo a todos anda: - al inmenso poder eterno y fuerte, - que nos vuelva su vista veneranda - imploramos, pidiendo nos guiase - y que a nuestros comienzos aspirase. - - »Partímonos así del sacro templo - que en las playas del mar está asentado, - con nombre de la tierra, para ejemplo, - donde fué Dios al mundo en carne dado. - Certifícote, rey, que si contemplo - cómo fuí de estas playas apartado, - de duda el pecho y de recelo lleno, - apenas a mis ojos pongo freno. - - »Gente de la ciudad en aquel día, - unos por ser amigos o parientes, - otros sólo por vernos, concurría, - haciendo cada cual los ojos fuentes: - nosotros, con la santa compañía - de religiosos padres diligentes, - en procesión solemne a Dios llamando, - a los bateles vamos caminando. - - »En tan largo camino y tan dudoso, - por perdidos las gentes nos juzgaban, - las mujeres con llanto muy piadoso, - los hombres con suspiros que arrancaban; - madres, damas y esposas, que el celoso - amor más desconfía, acrecentaban - la desesperación y miedo frío - de nunca poder ver vuelto navío. - - »Cuál va diciendo: «¡Oh hijo, a quien tenía - »sólo por refrigerio y dulce amparo - »de mi vejez cansada, que a porfía - »acabaré con lloro nada avaro! - »¿Por qué me dejas, dulce ánima mía. - »por qué de mí te vas, oh hijo caro, - »a hacer el funéreo enterramiento - »donde seas de peces alimento?» - - »Cuál en cabello: «¡Oh dulce y caro esposo, - »sin quien no da el amor de vivir muestra! - »¿Por qué me aventuráis al mar rabioso - »la vida, que es más vida mia que vuestra? - »¿Cómo, por un camino tan dudoso - »se os olvida el amor y afición nuestra, - »que nuestro gusto y nuestro dulce aliento - »queréis que con las velas lleve el viento?» - - »Estas y otras palabras nos decían - de amor y de piadoso sentimiento: - los viejos y los niños nos seguían, - a quien la edad les da más corto aliento; - los montes más cercanos respondían - movidos en tan triste apartamiento; - las lágrimas la arena allí bañaban - y en número con ella se igualaban. - - »Nosotros, sin volver los tiernos ojos - a las madres y esposas con cuidado, - porque dejar de amor tales despojos - no estorben el camino comenzado, - sintiendo mil dolores, mil enojos, - sin el despedimiento acostumbrado - subimos a la nao, que al despedirse - no puede el que se parte no afligirse. - - »Mas un viejo de aspecto venerando - que en la playa se queda entre la gente, - volviéndose a nosotros, meneando - tres veces la cabeza blanca y frente, - la voz cansada un poco levantando - porque en la mar se oyese claramente, - con saber de experiencias solas hecho, - estas palabras saca de su pecho: - - «¡Oh gloria de mandar, vana codicia - »de aquesta liviandad que llaman fama! - »¡Oh fraudulento gusto, oh gran malicia, - »atizada del ser que honra se llama! - »¿Qué castigo tan grande, qué justicia - »en el pecho ejecutas que te ama? - »¿Qué muertes, qué peligros, qué tormentas - »le pones con trabajos, con afrentas? - - »Dura perturbación del alma y vida, - »fuente de desamparos y adulterios, - »sagaz consumidora conocida - »de haciendas, de reinos y de imperios: - »llámante ilustre, llámante subida, - »siendo digna de infames vituperios; - »llámante fama, gloria soberana, - »nombres para engañar la gente humana. - - »¿A qué nuevos destinos determinas - »de llevar estos reinos, esta gente? - »¿Qué peligros, qué muertes le destinas - »debajo de algún nombre preeminente? - »¿Qué promesas de tierras, y aun de minas - »de oro, que le darás tan fácilmente? - »Qué famas les dirás tener, qué historias, - »qué triunfos, qué palmas, qué victorias? - - »¡Oh tú, generación de aquel insano - »cuyo pecado triste e inobediencia - »no sólo de aquel Reino soberano - »te puso en tal destierro y dura ausencia, - »mas aun del otro estado más que humano, - »que fué de la primer simple inocencia - »de aquella edad de oro, te ha privado - »y en la de hierro y armas te ha dejado! - - »Ya que en aquesta vanidad gustosa - »tanto enfrascas la loca fantasía; - »ya que a la fiera fuerza rigurosa - »le das nombre de esfuerzo y valentía; - »ya que tienes por cosa tan honrosa - »el despreciar la vida que debía - »de ser tenida en mucho, pues temiera - »perderla el Redentor que nos la diera: - - »¿No tienes a la puerta el ismaelita, - »con quien armado campo y guerras veas? - »¿No sigue éste la ley falsa, maldita, - »si por la ley de Dios sólo peleas? - »¿No tiene pueblos mil tierra infinita, - »si tierras y riquezas más deseas? - »¿No es el moro por armas esforzado, - »si quieres en victorias ser loado? - - »En tu tierra te dejas al contrario - »por ir a buscar otro a nueva tierra; - »dejas tu reino solo al adversario - »por mover al ausente cruda guerra; - »vas buscando el peligro extraordinario - »por la gloria que en sí la fama encierra, - »llamándote señor, con grande copia, - »de la India, Arabia, Persia, de Etiopia. - - »¡Oh, maldito el primero que en el mundo - »al agua le entregó vela y madero, - »digno de estar en penas del profundo, - »si es justa ley la ley que seguir quiero! - »Nunca juício alguno alto y profundo, - »ni cítara sonora de otro Homero, - »te dé por ello fama ni memoria, - »mas contigo se acabe nombre y gloria. - - »Bajó el hijo de Jápeto del cielo - »el fuego que inspiró en el pecho extraño, - »encendiendo con él muertes, recelo, - »armas, deshonras, guerras, grave engaño: - »¡cuánto mejor Prometeo fuera al suelo, - »y cuánto a los vivientes menos daño, - »que tu estatua aquel fuego no tuviera - »con que locas empresas emprendiera! - - »No acometiera el mozo miserando - »del padre el carro, ni el aire vacío - »del grande arquitector el hijo, dando - »uno al mar nombre y otro fama al río: - »ningún prez de valor justo o nefando, - »por hierro, fuego, Marte, calma o frío, - »dejará de intentar la humana gente. - »¡Mísera condición, triste accidente!» - - - - -[Ilustración] - -CANTO QUINTO - - - TALES sentencias dice el viejo honrado - en alta voz, al tiempo que tendimos - las velas al sereno y sosegado - viento, y del puerto amado nos partimos; - y como ya en el mar es muy usado, - al desplegar la vela voces dimos - diciendo: «¡Buen viaje!» Luego el viento - en el mástil mostró su movimiento. - - »Era tiempo en el cual el Sol la lumbre - entraba en el Nemeo truculento, - y el mundo, declinando de su cumbre, - estaba en sexta edad cargado y lento: - en ella ve, como es vieja costumbre, - cursos del Sol catorce veces ciento - con más noventa y siete en que corría - cuando la flota al mar largo se hacía. - - »La vista poco a poco se destierra - de aquellos patrios montes que quedaban: - quedaba el caro Tajo y fresca sierra - de Cintra, do los ojos se alejaban; - quedábanos el alma allá en la tierra, - que lástimas y amor nos la arrancaban, - y en alta mar metidos con tal duelo, - no vimos más, al fin, que mar y cielo. - - »Así fuimos rompiendo aquellos mares - que nunca en tiempo alguno proa rompiera, - viendo las nuevas islas y lugares - que el generoso Enrique descubriera: - los africanos montes y casares, - tierra que Anteón rey la poseyera, - a la izquierda se queda; a la derecha - no hay certeza de tierra, mas sospecha. - - »Pasamos juntamente la famosa - isla, de su madera así llamada, - conocida por fama provechosa - después que por nosotros fué poblada, - y no por ser postrera Venus osa - llamar a cualquier otra más preciada, - que a ella, siendo suya, le rindiera - a Cipro, Gnido, Pafos y Citera. - - »De Masilia la costa atrás dejamos, - do apastan aceniegues su ganado, - donde las frescas aguas no gustamos - ni hay hierba que les baste en campo y prado; - ser la tierra infructífera hallamos, - con aves que digieren hierro helado, - padeciendo de todo extrema inopia, - aparta a Berbería de Etiopia. - - »El límite pasamos donde llega - el Sol que para el Norte el carro guía, - donde yacen los pueblos a quien niega - el Climeneo la color del día; - aquí gentes extrañas lava y riega - el negro Sanagá con su agua fría, - donde el cabo Arsinario el nombre pierde, - llamándole los nuestros cabo Verde. - - »Habíamos pasado las Canarias, - que de Fortuna el nombre recibieron; - las hijas navegamos ordinarias - que de Hesperio Hesperias se dijeron, - y las tierras do nuevas cosas varias - en otro tiempo nuestras gentes vieron, - a do tomamos puerto con buen viento - por tomar de la tierra algún sustento. - - »A aquella isla aportamos que tomara - el nombre del guerrero Santiago, - santo que al español siempre ayudara - a hacer en los moros bravo estrago; - de aquí, luego que Bóreas nos soplara, - tornamos a cortar el ancho lago - de la salada mar, y así dejamos - la tierra do el refresco dulce hallamos. - - »Por aquí rodeando aquella parte - de África que quedaba hacia el Oriente, - la provincia Jalofo, que reparte - por diversas naciones negra gente; - la muy grande Mandinga, por cuya arte - gozamos el metal rico y luciente, - que cerca del Gambea famoso vive, - cuya agua el mar Atlántico recibe. - - »Las Dórcadas pasamos, que pobladas - de hermanas otro tiempo se vivían, - que de vista total siendo privadas - las tres de un ojo solo se servían: - tú sola, cuyas trenzas encrespadas - a Neptuno en las aguas encendían, - sintiendo ya por ellas grave pena, - de víboras henchiste aquesta arena. - - »Siempre, en fin, para el Austro va la proa - y en el inmenso golfo nos metimos, - dejando la sierra áspera Lioa, - y el cabo a quien de Palmas nombre dimos, - y el grande río, que, como en Lisboa - el Tajo, da en las playas que allí dimos; - quedóse la isla ilustre que tomara - el nombre del que el lado a Dios tocara. - - »Allí de Congo el reino está excelente, - que por nosotros cree la fe de Cristo, - donde el Zaire reparte su corriente, - río por los antiguos nunca visto; - por este largo mar huye la gente - del conocido Polo de Calisto, - siendo el término ardiente ya pasado, - donde el medio del mundo es limitado. - - »Ya descubierto habíamos delante - en el nuevo hemisferio nueva estrella - no vista de otra gente, que ignorante - estuvo tiempo alguno incierta de ella; - vemos la parte menos rutilante, - y por falta de estrellas no tan bella, - del polo fijo, donde aun no se sabe - si otra tierra comience o mar acabe. - - »Así pasando aquellos pueblos sanos - por adonde dos veces pasa Apolo, - dos inviernos haciendo y dos veranos - en cuanto corre de uno al otro polo; - por calmas, por tormentas, vientos vanos - que en la alterada mar levanta Eolo, - vimos las Ursas, a pesar de Juno, - en las aguas bañarse de Neptuno. - - »Contarte, grande rey, las milagrosas - cosas del mar que los hombres no entienden, - súbitas tempestades peligrosas, - relámpagos que el aire en fuego encienden, - negras lluvias y noches tenebrosas, - rayos que en su caer al mundo hienden, - no menos es trabajo que gran yerro, - aunque mi voz, señor, fuera de hierro. - - »Los casos vi que rudos marineros, - que tienen por maestra la experiencia, - cuentan por ciertos siempre y verdaderos, - juzgándolos por sola la apariencia; - mas los que tienen juicios más enteros, - que sólo por ingenio puro y ciencia - ven del mundo secretos escondidos, - entienden no ser veros ni entendidos. - - »Fué claramente visto el fuego vivo - que la gente del mar tiene por santo - en tiempo de tormenta y viento esquivo, - de tempestad obscura y triste planto: - no menos les fué a todos excesivo - milagro, y causa grande de harto espanto, - ver las nubes del mar con caño largo - las aguas recoger del mar amargo. - - »Yo lo vi ciertamente (y no presumo - que la vista me engaña) levantarse - en el aire un vapor de sutil humo - y, movido del viento, rodearse: - alzarse de aquí un caño al polo sumo - se veía, tan delgado, que mirarse - del ojo fácilmente no podía: - la materia de nubes parecía. - - »Íbase poco a poco acrecentando, - y más que un grueso mástil se engrosaba: - aquí se estrecha, allí se alarga, cuando - los golpes grandes de agua en sí chupaba: - estábase en las aguas ondeando - y encima una gran nube se espesaba, - haciéndose mayor y más cargada - con la carga del agua en sí tomada. - - »Cual roja sanguijuela que pegada - en labios de la bestia que imprudente - en el agua la coge, aunque delgada, - con la sangre se vuelve más potente, - chupando el cuerpo engruesa, y alargada, - se rellena y se hincha extrañamente, - tal la larga columna hinchiendo aumenta - a sí y la negra nube que sustenta. - - »Mas después que del todo se hartara, - el pie que está en la mar en sí recoge, - y en el cielo lloviendo, al fin volara - porque con agua el agua aumente y moje: - las ondas da a las ondas que tomara; - mas como del sabor de sal despoje - al agua, los que saben de escritura - díganme estos secretos de natura. - -[Ilustración: Kostka, pintó - -E. Martín, sc. - - «¡Oh gloria de mandar, vana codicia, - »de aquesta liviandad que llaman fama! - »¡Oh fraudulento gusto, oh gran malicia, - »atizada del ser que honra se llama! - - _Canto IV, Estr. 95._ -] - - »Si los antiguos sabios que anduvieron - tantas tierras por ver secretos de ellas - lo que pasé pasaran cuando fueron - maravillas buscando y cosas bellas, - cuánto más escribieran, que escribieron, - del influjo de signos y de estrellas. - ¡Qué extrañezas, qué grandes cualidades, - y todo sin mentir, puras verdades! - - »Ya la Cintia, que habita en el primero - cielo, por cinco veces presurada, - ahora medio rostro, ahora entero, - mostró mientras la mar corta el armada, - cuando de la alta gavia un marinero - gritaba: «¡Tierra, tierra deseada!» - Luego mira del bordo nuestra gente - el horizonte claro del Oriente. - - »A manera de nubes se comiezan - a descubrir los montes que miramos; - las áncoras pesadas se aderezan; - las velas, ya llegados, amainamos; - los expertos pilotos luego empiezan - a conocer las partes donde estamos - por el nuevo instrumento y astrolabio, - invención de sutil juicio y sabio. - - »Saltóse de la armada en la espaciosa - parte, donde la gente se derrama, - de ver cosas extrañas deseosa, - en tierra de que nunca tuvo fama; - mas yo con el Maestre en la arenosa - playa, junto mi hermano Paulo Gama, - tomamos todos tres del Sol la altura, - viendo del astrolabio la pintura. - - »Y hallamos del todo haber pasado - del semicapro pez la grande meta, - estando entre él y el círculo nevado - austral, parte del mundo más secreta; - y al punto trae mi gente rodeado - un bruto morador de color prieta, - que tomara por fuerza en la montaña - mientras de dulce miel favos apaña. - - »Turbado está en la vista y muy confuso, - como quien no se viera en tal extremo; - ni él entiende a mi gente, ni ella el uso - entiende del callado Polifemo. - Comiénzole a mostrar la piel que puso - a Colcos su valor, metal supremo, - la plata, la caliente especería, - y a nada de esto el bruto se movía. - - »Mando mostrarle piezas más rateras, - de cristal unas cuentas transparente, - algunos cascabeles y monteras - rojas, que es la color que le contente; - vi luego por señales verdaderas - con aquesto holgarse grandemente: - con todo lo solté, y de allí camina - para su población, que está vecina. - - »Y luego el día siguiente sus parceros, - desnudos todos, de color obscura, - descienden por los ásperos oteros - a probar como estotro su ventura: - domésticos se muestran, placenteros, - y tanto que, movido con locura, - Fernán Veloso de ellos se confía - y a ver la tierra va en su compañía. - - »Es Veloso en su brazo confiado, - y de arrogante cree que va seguro, - mas siendo un grande espacio ya pasado - en que alguna señal saber procuro, - estando el ojo alerta con cuidado, - al venturero por el monte duro - le veo correr al mar tan sin aliento - que vence en la presteza al presto viento. - - »El batel de Coello fué a la orilla - a tomarlo, mas antes que llegase, - uno de los que vienen en cuadrilla - tras él se echó en la mar, no se escapase; - vienen tantos, que verle es gran mancilla, - sin que pueda hallar quien le ayudase: - en su favor a vela y remo corro, - y mil negros al negro dan socorro. - - »De espesa nube saetas y pedradas - llueven sobre nosotros sin medida, - y no fueron al viento en vano echadas, - que esta pierna de allí saqué herida; - nosotros, como gentes lastimadas, - la respuesta les dimos merecida, - que en más que en los bonetes se sospecha - que va color bermeja de esta hecha. - - »Estando ya Veloso en salvamento, - nos recogimos todos al armada, - notando la malicia y torpe intento - de la gente bestial, bruta y malvada, - de quien ningún mejor conocimiento - tuvimos de la India deseada - que estar muy lejos de ella este paraje - y convenir seguir nuestro viaje. - - »Preguntóle a Veloso un compañero - (estándose los más de esto riendo): - «¡Hola, Veloso amigo! Aquel otero - »¿es más fácil subiendo o descendiendo?» - «De bajar es mejor, dijo el guerrero; - »mas cuando tantos perros vi viniendo - »al armada y que en ella yo no estaba, - »corrí, porque esta empresa me esperaba.» - - »Contónos cómo al punto que pasaron - el monte, no quisieron más dejarlo; - que hacia el mar se vuelva, señalaron, - queriendo, si no torna, allí matarlo; - y en volviéndose, luego se emboscaron - por matar los que fuesen a tomarlo, - y enviarnos con muerte al reino obscuro - para mejor robarnos al seguro. - - »Mas eran cinco soles ya pasados - después que nos partimos navegando - los mares nunca de otros navegados - con mar bonanza y viento en popa blando, - cuando una noche, estando descuidados, - en proa unos durmiendo, otros velando, - una nube que todo lo obscurece - sobre nuestras cabezas aparece. - - »Tan temerosa viene y tan cargada - que al corazón más fuerte el temor toca; - brama la triste mar, y cual quebrada - ola, suena, si da en alguna roca. - «¡Oh potestad divina sublimada!,» - dijo mi corazón y helada boca: - «¡Qué castigo la mar nos representa, - »que mayor cosa es ésta que tormenta!» - - »Antes de decir más, una figura - en el aire se muestra tosca y válida, - de disforme y grandísima estatura, - con el rostro cargado y barba escuálida; - los ojos encorvados, la postura - horrenda, la color terrena y pálida, - llenos de tierra y crespos los cabellos, - los dientes amarillos los más de ellos. - - »Tan grande era de miembros, que bien oso - certificarte que éste era el segundo - de Rodas extrañísimo coloso, - de los milagros siete uno del mundo: - un sonido de voz, triste, medroso, - que parece salir del mar profundo: - erízanse las carnes y el cabello - a todos con oirlo, y más con vello. - - »Y dijo: «¡Oh gente osada más que cuantas - »en el mundo intentaron grandes cosas!, - »tú que por guerras ásperas y tantas, - »y por trabajos vanos, no reposas: - »pues los vedados términos quebrantas, - »y navegar mis mares largos osas, - »que por muy largo tiempo he yo guardado, - »sin que proa jamás los haya arado: - - »Pues que vienes a ver los escondidos - »secretos por el húmedo elemento, - »a ningún grande humano concedidos - »de noble o de inmortal merecimiento, - »los daños que le están apercibidos - »oirás a tu sobrado atrevimiento - »por todo el largo mar y por la tierra - »que tienes que rendir con dura guerra. - - »Sabe que cuantas naos este viaje - »que tú haces, hicieren de atrevidas, - »enemigo tendrán este paraje - »con vientos y tormentas desmedidas, - »y en la primer armada que pasaje - »hiciere por las hondas mal sufridas - »me tengo de mostrar gran enemigo, - »tomando de repente cruel castigo. - - »Aquí espero tomar, si no me engaño, - »de quien me descubrió grave venganza, - »y no se acabará con esto el daño - »de vuestra no domada confianza: - »antes en vuestras naos veréis cada año - »(si es cierto lo que aquí mi ciencia alcanza) - »naufragios, perdiciones, de tal suerte - »que el menor mal de todos sea la muerte. - - »Y del primer ilustre que ventura - »con fama lo hará subir de vuelo - »seré nueva y eterna sepultura - »por juicios incógnitos del cielo: - »aquí de la turquesa armada dura - »el despojo pondrá, y el mortal velo - »conmigo de sus daños le amenaza, - »Quiloa, destruída con Mombaza. - - »Otro también vendrá de honrada fama, - »liberal, caballero, enamorado, - »y consigo traerá la bella dama - »que amor por gran favor le habrá otorgado; - »mas ¡ay!, que el negro hado acá los llama - »a este mi terreno, duro, airado, - »donde de su naufragio saldrán vivos - »para sufrir trabajos excesivos. - - »De hambre morirán los hijos caros, - »con amor engendrados y nacidos; - »vendrán los cafres ásperos y avaros - »a quitar a la dama sus vestidos; - »los cristalinos miembros y preclaros - »al frío y al calor serán curtidos; - »después de haber pisado (¡oh grave pena!) - »con delicados pies la ardiente arena. - - »Verán los que pudieren escaparse - »de tanto mal y grave desventura - »los dos amantes míseros entrarse - »en la implacable y férvida espesura: - »allí verán las piedras ablandarse - »con lloroso dolor, lástima pura, - »y abrasadas las almas tomar vuelo - »de la prisión mortal al alto cielo.» - - »Adelante pasaba el monstruo horrendo - contando nuestros hados, cuando, alzado, - dije: «¿Quién eres tú, que ese estupendo - »cuerpo el rostro me tiene demudado?» - La boca y ojos negros retorciendo, - dando un grito espantoso muy airado, - me respondió con voz triste, pesada, - como a quien la pregunta no le agrada: - - «Yo soy aquel oculto y grande cabo - »a quien llamáis vosotros Tormentorio, - »que nunca a Ptolomeo, Pomponio, Estrabo, - »Plinio y cuantos pasaron fué notorio: - »yo toda la africana costa acabo - »en este nunca visto promontorio - »que para el Polo antártico se extiende, - »a quien vuestra osadía tanto ofende. - - »Soy uno de los hijos de la Tierra, - »cual Encélado, Egeo o Centimano: - »llaméme Adamastor, fuí a la guerra - »contra el que el rayo vibra de Vulcano: - »no que pusiese sierra sobre sierra, - »mas conquistando el mar loco e insano, - »por capitán quedé de donde andaba - »la armada de Neptuno que buscaba. - - »Amores de la esposa de Peleo - »me hicieron tomar tan grande empresa: - »de las diosas no cura mi deseo - »por amar de las aguas la princesa: - »con las hijas la vi del gran Nereo - »en la playa desnuda, y quedó presa - »allí mi voluntad de tal manera, - »que no siento haber cosa que más quiera. - - »Como fuese difícil alcanzarla - »por la grandeza fea de mi gesto, - »determiné por armas conquistarla, - »y a Doris mi deseo manifiesto; - »la diosa de temor comienza a hablarla, - »mas ella con un bel donaire honesto - »responde:--¿Cuál será el amor bastante - »de ninfa que sustente el de un gigante? - - »Pero para evitar un mal tamaño - »de cruda guerra, buscaré manera - »con que con mi honra excuse el grave daño.-- - »Tal respuesta me dió la mensajera: - »yo, que caer no pude en el engaño, - »que es grande del amante la ceguera, - »hinchiéronme con grandes alabanzas - »el pecho de deseos y esperanzas. - - »De la propuesta guerra desistiendo, - »una noche, de Doris prometida, - »el rostro vi venir resplandeciendo - »de mi hermosa Tetis, tan querida: - »como loco tras de ella corro abriendo - »los brazos por coger mi dulce vida - »de este cuerpo; besé sus ojos bellos, - »su boca, sus mejillas, sus cabellos. - - »Mas ¡ay!, que el gran dolor la habla apoca; - »que creyendo abrazar a la que amaba, - »abrazado me hallé con una roca - »de duro monte y de espesura brava: - »juntando con la peña frente y boca, - »que por el rostro angélico apretaba, - »sin sentido quedé, quebrado el casco, - »hecho junto al peñasco otro peñasco. - - »¡Oh ninfa dulce, amparo de mi daño!, - »pues que esta mi presencia no te agrada, - »¿qué te cuesta tenerme en este engaño, - »o fueses monte, o nube, o sueño, o nada? - »Mas viniéndome cierto desengaño, - »me partí por la afrenta aquí pasada - »a buscar otro mundo do no viese - »quien de mi lloro y pena se riese. - - »Eran ya en este tiempo mis hermanos - »vencidos y en miseria extrema puestos, - »que por quietarse más los dioses vanos - »los tienen a los montes sotopuestos, - »mas como contra Dios no valen manos, - »yo que llorando andaba en los recuestos - »de montes, comencé del enemigo - »hado a sentir las penas y el castigo. - - »Convirtióse mi carne en peña dura, - »en peñascos los huesos se volvieron; - »estos miembros que ves y esta figura - »por estas largas aguas se extendieron: - »en fin, esta grandísima estatura - »en el remoto cabo convirtieron - »los dioses, y por darme pena fea, - »con sus aguas la Tetis me rodea.» - - »Aquesto nos contó, y con triste lloro - súbito de la vista se apartaba; - la nube se deshizo y con sonoro - bramido el agua adentro resonaba; - yo, levantando el rostro al sacro coro - angelical que allí nos aportaba, - a Dios pedí quitase aquellos duros - casos que Adamastor contó futuros. - - »Ya Flegón y Pirois venían tirando - con otros dos el carro rutilante, - cuando se fué la tierra alta mostrando - en qué fué convertido el gran gigante. - Al longo de la costa comenzando - a cortar ya las aguas de Levante, - por ella abajo un poco navegamos, - donde segunda vez tierra tomamos. - - »La gente que esta tierra poseía, - puesto que brutos negros todos eran, - más humana en el trato parecía - que los que atrás tan mal nos recibieran: - con bailes y con fiestas de alegría - por la playa a mirarnos concurrieran - las mujeres consigo, y el ganado, - que apacentaban gordo y bien criado. - - »Las mujeres quemadas traen encima - de vagarosos bueyes asentadas, - bueyes que es el ganado que se estima, - que todo lo demás anda en manadas: - coplillas pastoriles, prosa y rima, - en su lengua cantaban concertadas - con dulce son de rústicas avenas, - de Títiro imitando las camenas. - - »Estos, como en la vista placenteros - eran, humanamente nos trataron, - trayéndonos gallinas y carneros - a trueco de otras piezas que llevaron; - mas como nunca al fin mis compañeros - de su lengua entender algo alcanzaron - ni señal de la tierra que buscamos, - dando velas, las áncoras alzamos. - - »Ya habíamos cercado con corona - la costa negra de África, y tornaba - la proa a demandar la ardiente zona; - atrás el polo antártico quedaba; - queda también la isla que pregona - haber visto la armada que buscaba - el Tormentorio cabo, y descubierto - haber en ella hecho el viaje cierto. - - »De aquí fuimos contando muchos días - entre tristes tormentas y bonanzas, - descubriendo en el mar no vistas vías - con el hilo de solas esperanzas, - trayendo con las aguas mil porfías, - que como todo en ellas son mudanzas, - una corriente hallamos tan pujante - que no nos consintió pasar delante. - - »Era mayor la furia en demasía - de la mar, que ir atrás nos obligaba - con el grande furor con que corría, - que la fuerza del viento que soplaba; - pero, corrido Noto que en porfía - la mar contra su soplo tanto estaba, - hinchando los carrillos reciamente, - las naos hizo vencer a la corriente. - - »Traía el Sol el día esclarecido - en que al Portal los tres Reyes vinieron, - buscando con la Estrella el Rey nacido - en quien los tres tres Reyes conocieron: - un puerto en este día ha aparecido - de las gentes que atrás nos recibieron - en un hermoso río, al cual le dimos - el nombre de aquel día en que vinimos. - - »Refresco de esta gente en él tomamos - y dulce agua del río, mas no pudo - nadie hallar la nueva que buscamos, - siendo el pueblo a nosotros todos mudo. - Contempla, oh Rey, qué grande tierra andamos, - sin salir nunca de este pueblo rudo, - sin hallar rastro o nueva, ni señales, - de las buscadas partes orientales. - - »Imaginad ahora cuán cuitados - andaríamos todos y perdidos, - de hambres, de tormentas quebrantados, - por climas y por mares no sabidos, - y del largo esperar tanto cansados - cuanto a desesperar casi movidos, - por cielos tan aversos de las vidas - cuanto son en el nuestro guarecidas. - - »Corrompido el vital mantenimiento - y muy dañoso el flaco cuerpo humano, - y con esto ningún contentamiento - que aun fuese a la esperanza un gusto vano, - ¿creeréis que si este nuestro ayuntamiento - de soldados no fuera Lusitano, - que pudiera durar tan obediente, - en ausencia, a su rey y a su regente? - - »¿Creeréis que ya no fueran levantados - contra su capitán si resistiera, - haciéndose piratas, obligados - de desesperación y hambre fiera? - Grandemente por cierto están probados - los que vienen debajo mi bandera - en una Portuguesa alta excelencia - de firme lealtad y de obediencia. - - »Dejando el puerto, en fin, del dulce río, - y tornando a cortar la agua salada, - hicimos de esta costa algún desvío, - engolfando en el medio nuestra armada; - porque, soplando Noto manso y frío, - no nos cogiese el agua represada - de la costa que un seno allí hacía - hacia donde Zofala el oro envía. - - »Pasado este peligro, el mástil alto - al sacro Nicolás encomendamos, - y a do hace en la costa el mar asalto - la proa de una y otra nao inclinamos: - muéstrase de esperanza el pecho falto - de los que de un madero nos fiamos, - cuando, del esperar desesperado, - fué de una novedad alborotado. - - »Ya que la flota llega cerca al puerto - do las playas y valles bien se veían, - en un río, que corre al mar abierto, - mil bateles entraban y salían: - alegría muy grande fué por cierto - encontrar con personas que sabían - navegar, porque entre ellas esperamos - hallar las dulces nuevas que hallamos. - - »Etíopes son todos, mas con gente - mejor, al parecer, comunicaban: - arábigo lenguaje se les siente - entre la común lengua que hablaban: - con paño de algodón muy sutilmente - las cabezas ceñían y apretaban: - con otro que de tinta azul se tiñe - cada cual sus vergüenzas cubre y ciñe. - - »Por la arábiga lengua mal hablada, - aunque bien de Martínez entendida, - nos dicen que por naos cual nuestra armada - es la mar en su tierra dividida; - que de do sale el Sol hacen jornada - a la costa del Sur más escondida, - y del Sur para el Sol, tierra do había - gente de la color del blanco día. - - »Grandemente aquí todos nos holgamos - con nuevas de esta gente tan cabales, - y porque en este río señal hallamos, - el nombre le quedó de Las Señales; - un padrón en la tierra levantamos - que para señalar lugares tales - traían: con el nombre quedó el suelo - del que guió a Tobías a Gabelo. - - »Aquí las sucias naos, de cosas llenas - que en las aguas del mar se crían saladas, - limpiamos, dando a todas sus carenas, - reforzando las tablas desclavadas; - de los que en las orillas sobre arenas - viven en las casillas mal labradas - alcanzamos refresco y el sustento, - con un pecho de mal vacío y exento. - - »Mas no fué la esperanza tan inmensa - que hubimos en la tierra limpia y pura - de alegría, que luego en recompensa - Ramnusia la mezcló con desventura: - así el hermoso cielo lo dispensa, - con esta condición pesada y dura - nacimos, que el pesar tenga firmeza - y mude presto el bien naturaleza. - - »Y fué que sobrevino con gran saña - un grave mal en todos, y dejaron - muchos la vida, donde en tierra extraña - los huesos para siempre sepultaron: - no saben qué aprovecha ni qué daña, - mas tan disformemente se hincharon - las encías en todos, que crecía - la carne y juntamente se podría. - - »De ellas salía un olor tan malo y bruto - que el aire más vecino inficionaba; - no se hallaba allí médico astuto, - cirujano sutil menos se hallaba: - cualquiera en este oficio poco instruto - por la podrida carne así cortaba - como si fuera muerta, y convenía, - pues muerto queda luego el que la cría. - - »En fin, que en esta incógnita espesura - gran parte se quedó de compañeros, - que en el largo camino y desventura - con nosotros se vieron ventureros. - ¡Cuán presto halla el cuerpo sepultura! - En agua, en tierra, en valles, en oteros, - doquiera, cual si fuera nuestra tierra, - el túmulo el ilustre cuerpo encierra. - - »Así que de este puerto nos partimos - con mayor esperanza y más tristeza, - y por la costa abajo el mar abrimos - buscando nueva alguna de firmeza: - en Mozambique cruel al fin surgimos, - de cuya falsedad y vil bajeza - ya serás sabedor, y de los daños - de Mombaza y sus pueblos con engaños. - - »Hasta que aquí seguros a este puerto, - cuya blandura y dulce tratamiento - dará salud a un vivo, vida a un muerto, - nos trajo la piedad del alto asiento. - Aquí como en florido y fresco huerto - reciben cuerpo y alma gran contento, - y con esto, señor, cuanto pediste - te ha contado mi lengua tosca y triste. - - »Mira ahora, gran rey, si hubo en el mundo - gentes que tal camino acometiesen - ¿Crees que tanto Eneas o el facundo - Ulises por el mundo se extendiesen? - ¿O ha osado alguno ver del mar profundo, - por más versos que de él ya se escribiesen, - de lo que he visto yo con maña y arte, - y de lo que veré, la octava parte? - -[Ilustración: Kostka, pintó - -Wagenmann, sc. - - En fin, que en esta incógnita espesura - gran parte se quedó de compañeros, - que en el largo camino y desventura - con nosotros se vieron ventureros. - - _Canto V, Estr. 83._ -] - - »Ese a quien tanto honró la fuerte Aonia, - sobre quien traen contienda peregrina - entre sí Esmirna, Rodas, Colofonia, - Atenas, Ios, Argo y Salamina, - y esotro que esclarece a toda Ausonia, - a cuya voz poética divina - el río patrio Mincio se adormece - y el Tibre con su son se ensoberbece: - - »Canten, loen, escriban siempre extremos - de esos sus semidioses, y encarezcan, - fingiendo magas, Circes, Polifemos, - sirenas que al cantar los adormezcan; - denles más navegar a vela y remos - los Cicones, y tierras do fallezcan, - a do los compañeros con el loto - olviden en las aguas su piloto. - - »Vientos sueltos les finjan e imaginen - de cueros, y Calipsos malhadadas; - harpías que el manjar les contaminen; - ir a ver a las sombras ya pasadas; - que por mucho y por mucho que se afinen - en estas vanas fábulas soñadas, - la verdad que yo canto clara y pura - vence toda grandílocua escritura.» - - De la boca del docto y fuerte Gama - pendiendo estaban todos embebidos - cuando sus veces dió a la sacra fama - que prosiga sus hechos tan subidos. - Alaba el rey la ilustre y fértil rama - de los reyes doquiera tan temidos, - de la gente la antigua fortaleza, - la lealtad de ánimo y nobleza. - - Va recontando el pueblo que se admira - el caso cada cual que más notara: - nadie de ellos los ojos mueve o tira - mirando a quien el mar se sujetara; - mas las riendas el Delio vuelve y gira - que el lampacio mancebo mal guiara, - por gozar de la Tetis más de espacio, - y el rey se va del mar a su palacio. - - ¡Cuán dulce es el loor y propia gloria - de claros hechos, cuando son sonados! - Cualquier noble trabajo que en memoria - venza o iguale los grandes ya pasados, - la envidia de la ilustre ajena historia - hace mil veces hechos sublimados, - y al que en obras de fama se ejercita - el ajeno loor mucho le incita. - - No tuvo en tanto Aquiles el famoso - Alejandro, aunque fuerte en la pelea, - cuanto de quien lo canta el numeroso - verso, por quien lo envidia, a quien desea. - El premio de Milcíades glorioso - a Temístocles tanto aguijonea, - que nada le encendía y animaba - como cuando sus hechos celebraba. - - Trabaja por mostrar Vasco de Gama - que el largo navegar que el mundo canta - no mereció tan grande gloria y fama - cual éste que a la tierra y cielo espanta; - por más que el héroe aquel, que estima y ama, - con dones, con favores y honra tanta, - haga sonar la cítara mantuana - la gloria de su Eneas y romana. - - Da la tierra de España Escipiones, - Césares, Alejandros, y da Augustos; - mas no les da con todo aquellos dones - cuya falta los hace tan robustos. - Octavio en las mayores opresiones - compone versos doctos y venustos: - no dirá Fulvia, cierto, que es mentira - que Antonio la dejaba por Glafira. - - Vence César de Francia la pujanza - y las armas no impiden a la ciencia: - trae una mano la pluma, otra la lanza, - igualando de Tulio la elocuencia; - pues el gran Escipión lo sumo alcanza - del cómico escribir con experiencia: - leía Alejandro a Homero de manera - que siempre lo tenía a la cabecera. - - En fin, ¿qué capitán fuerte no ha habido - que no fuese en las letras señalado - de los que Italia o Grecia ha producido? - Sólo en los españoles ha faltado, - con vergüenza lo digo, que no ha sido - más de un ilustre hecho celebrado - por no tener valor el verso y rima, - que quien no sabe el arte no la estima. - - Por esto, y no por falta de natura, - no se hallan Virgilios ni aun Homeros, - ni habrá jamás, si tal costumbre dura, - Eneas píos ni aun Aquiles fieros; - y, lo que peor es, que la ventura - tan ásperos los hizo, tan austeros, - tan rudos y de ingenio tan avieso, - que a muchos se les da muy poco de eso. - - Agradezca a las Musas nuestro Gama - el amor patrial que las obliga - a dar nombre a los suyos con la fama - de la ilustre y la bélica fatiga, - que él, ni el que de su estirpe ser se llama, - a la Musa no tiene tan amiga, - ni las hijas del Tajo, que dejasen - las telas de oro fino y lo cantasen. - - Porque el amor fraterno, puro, honesto, - de dar al lusitano pecho y hecho - digno loor, ha sido el presupuesto - de las bellas Tagides que esto han hecho: - por lo cual sólo debe estar dispuesto - a las altas empresas siempre el pecho, - pues por ésta o por otra cualquier vía - no perderá su precio y su valía. - - - - -[Ilustración] - -CANTO SEXTO - - - NO sabía en qué modo festejase - el negro rey los fuertes navegantes, - porque el amor y feudo granjease - del señor de unas gentes tan pujantes: - pésale ver que tanto lo apartase - su ventura de aquellas abundantes - tierras de Europa, y no estar más vecino - de do Alcides abrió en el mar camino. - - Con juegos, danzas y otras alegrías - según la policía melindana, - con usadas y alegres pesquerías - con que Antonio a Lageia puso ufana, - este famoso rey todos los días - entretiene la gente Lusitana - con banquetes, manjares desusados, - con frutas, aves, carnes y pescados. - - Mas viendo el capitán que se tardaba - más de lo que conviene y que ya el viento - a la partida llama, se aprestaba, - a la par, de pilotos y alimento: - a la vela se hace, que aun restaba - mucho por navegar del elemento: - con amor, del pagano se despide, - que a todos amistad larga les pide. - - Pídeles más: que aquel su puerto sea - siempre de sus armadas visitado; - que ningún otro bien mayor desea - que dar a gente tal reino y estado, - y que en cuanto con vida el cielo vea - estará muy de veras aprestado - a dar la vida y reino totalmente - por rey de tanta alteza y por tal gente. - - Otras tales palabras respondía - el capitán, y al viento velas dando, - al reino de la Aurora se partía, - que tanto tiempo ha que va buscando: - el piloto que lleva no tenía - el pecho falso, mas le va mostrando - la verdadera rota y mar futuro, - y con esto se va sobre seguro. - - Las ondas navegaban del Oriente - en el inmenso mar, y divisaban - los tálamos del Sol, que nace ardiente, - y casi sus deseos se acababan; - mas Baco airado, que en el alma siente - las venturas que allí se aparejaban - a la gente del Luso, de ellas dina, - arde, muere, blasfema y desatina. - - El cielo veía estar determinado - de hacer de Lisboa nueva Roma: - no lo puede estorbar, que destinado - está del gran poder que el mundo doma: - a la tierra bajó desesperado, - nuevo remedio en ella busca y toma, - entra el húmero reino y vase al fuerte - de aquel a quien le cupo el mar en suerte. - - Lo más íntimo entró de las profundas - cavernas altas donde el mar se esconde, - de do las olas salen furibundas - cuando el furor del viento al mar responde: - Neptuno vive, y viven las jocundas - Nereïdas, la parte del mar, donde - las aguas dejan campo a las ciudades - que habitan estas húmedas deidades. - - Descubre el hondo nunca descubierto, - las arenas de plata neta y fina, - torres altas se ven en campo abierto - de transparente masa cristalina, - y cuanto más se allega, menos cierto - la vista lo que sea determina, - si es cristal, si es aljófar o diamante, - según se muestra claro y rutilante. - - Las puertas de oro fino, claveteadas - del rico aljófar que las conchas crían, - de hermosa pintura dibujadas, - los ojos del dios Baco entretenían: - de colores se veían variadas - del viejo Caos las formas que yacían; - vense cuatro elementos trasladados - en diversos oficios ocupados. - - Allí el sublime fuego estaba encima - sin que sea en materia sostenido; - de allí las cosas vivas siempre anima - después que por Prométeo fué cogido; - luego tras él el aire se sublima - que pegado a la esfera puso nido, - no dejando lugar caliente o frío - en todo el universo estar vacío. - - Está la tierra en montes revestida - de verdes hierbas y árboles floridas, - dando pasto diverso y dando vida - a las fieras en ella producidas: - la clara forma allí estaba esculpida - de las aguas por tierras esparcidas, - que de pescados crían varios modos, - cebando con su humor los cuerpos todos. - - En otro lado está puesta la guerra - que dioses y gigantes han tenido; - Tifeo sotopuesto está a la sierra - Etna, por donde fuego ha despedido; - esculpido se ve dando en la tierra, - ante el pueblo que a verlo ha concurrido, - por sacar el caballo, el gran Neptuno; - cuando Palas produjo el aceituno. - - Poco se tarda aquí el Tebano airado - en mirar estas cosas; mas entrando - adonde está Neptuno, que, avisado - de su venida, en pie le está esperando, - recíbelo a la puerta, acompañado - de ninfas que se están maravillando - de ver que, acometiendo tal camino, - venga al reino del agua el rey del vino. - - «¡Oh Neptuno!, le dijo, no te espantes - si a Baco en tus palacios recibieres, - que también con los grandes y pujantes - suele mostrar fortuna sus poderes: - manda llamar los dioses del mar antes - que hable más, si más oir quisieres; - verán de desventura grandes modos: - oigan todos el mal que toca a todos.» - - Juzgando ya Neptuno que sería - extraño caso aqueste, llamar manda - a Tritón a los dioses de agua fría - y a los que habitan una y otra banda. - Tritón, que de ser hijo se gloría - del rey y de Salaucia veneranda, - era mancebo grande, negro y feo, - trompeta de su padre y su correo. - - Los pelos de la barba y cabellera, - que a los hombros abaja, ser mostraba - del limo de la mar a do naciera; - tales que nunca peine los peinara: - las ostras y la pesca vil, ratera, - de las mojadas puntas le colgaba: - en la cabeza trae por gorra, aposta, - una cáscara grande de langosta. - - Desnudo el cuerpo y miembros genitales, - porque al nadar no tenga impedimento, - aunque cubiertos todos de animales - que en ellos se amontonan ciento a ciento: - arañas y cangrejos y otros tales, - que de Febe reciben crecimiento, - inmundos animales el inmundo - lugar cubren, cogidos del profundo. - - La conca que llevaba, retorcida, - con tanta fuerza y brío la soplaba - que en un punto de todos fuera oída - según en la mar ancha retumbaba: - luego la compañía apercibida - de dioses al palacio caminaba - del dios que el muro hizo de Dardania, - destruído después de griega insania. - - El Océano viene acompañado - de los hijos e hijas que engendrara: - Nereo, que con Dorio fué casado, - y de ninfas el mar todo poblara: - el profeta Proteo deja el ganado - marítimo pacer por la agua clara: - allí viene también, aunque sabía - a lo que Baco al mar venido había. - - De Neptuno la linda y bella esposa, - hija de Celo y Vesta, allí se halla - grave, y con rostro alegre tan hermosa, - que está la mar en leche por miralla: - vestida una camisa preciosa - de bengala o beatilla, que a tapalla - no es posible, mas deja el cuerpo verse, - que tanto bien no es bien pueda esconderse. - - Anfitrite, más bella que las flores, - no quiso que aquí menos se sintiese: - consigo trae el delfín que a los amores - del rey le aconsejó que obedeciese; - con los ojos de cuanto ve señores - cualquiera pensará que al sol venciese: - las dos van mano a mano igual partido, - pues ambas son esposas de un marido. - - Y la que, de las furias de Atamante - huyendo, mereció divino estado, - consigo trae su hijo, bello infante - que en número de dioses es contado: - brincando por la playa va delante - con las conchas que cría el mar salado, - por la arena a las veces se recrea, - y otras lo lleva en brazos Panopea. - - Y el dios que humano fué, mas por extraño - caso con una hierba poderosa - fué convertido en pez, y de este daño - le vino la deidad santa, gloriosa, - aun se viene llorando el grave engaño - que Circes con su Escila usa hermosa, - la cual ama de veras siendo amado, - que a aquesto obliga amor mal empleado. - - Ya finalmente todos asentados - dentro de una capaz y rica sala, - las diosas en riquísimos estrados, - los dioses en fino oro de Zofala, - de Neptuno son todos regalados, - el dios Baco con él está a la iguala; - y con suave olor la arabia masa - que nace dentro el mar hinche la casa. - - Estando sosegado ya el tumulto - de dioses y de sus recibimientos, - comienza a descubrir del pecho oculto - la razón Tioneo de sus tormentos; - un poco entristeciéndose en el bulto, - dando muestra de grandes sentimientos, - por dar a los del Luso triste muerte - con hierro ajeno, habla de esta suerte: - - »Príncipe que de juro señoreas - de un polo al otro polo el mar airado, - y como tú lo quieres y deseas, - término das al mundo limitado, - y tú, padre Oceano, que rodeas - el globo de la tierra que has cercado, - y a ninguno permites, aunque amigo, - que tus límites pase sin castigo. - - »Y los demás que nunca habéis sufrido - injuria en vuestro reino chica o grande, - que con castigo igual no hayáis tenido - venganza de este tal que en la mar ande, - ¿cómo en tanto descuido habéis vivido, - quién puso en tanto grado que os ablande - los pechos con razón endurecidos - contra los hombres flacos y atrevidos? - - »Visteis que con grandísima osadía - el cielo acometieron más supremo; - visteis aquella loca fantasía - de tentar a la mar con vela y remo; - visteis y veis ahora cada día - empresas tan soberbias, que me temo - serán del cielo y agua Lusitanos - los dioses, y nosotros los humanos. - - »Veis ahora la poca y flaca gente - que de un vasallo mío nombre toma, - con soberbia de pecho y alta frente - a vos y a mí y al mundo todo doma: - ved cómo corta el mar del Oriente, - a do jamás llegó fuerza de Roma: - ved cómo, el reino de agua sojuzgando, - los estatutos vuestros van quebrando. - - »Yo vi contra los Minias, que primero - camino por el agua en nao hicieron, - que injuriado Bóreas y el parcero - Aquilo a los demás les resistieron: - si del ayuntamiento venturero - los vientos esta injuria así sintieron, - vos, a quien más compete esta venganza, - ¿qué esperáis, qué queréis con tal tardanza? - - »Y no consiento, dioses, que ninguno - piense que por su amor bajé del cielo, - ni que siento la injuria de Neptuno: - la mía es la que temo yo y recelo; - mi suerte lloro, que el hado importuno - en mis victorias ponga obscuro velo, - y lo que yo gané por el Oriente - lo vea ser rendido de esta gente. - - »Que el gran señor y hados que destinan - a su albedrío el ser del bajo mundo - mayor fama que a nadie determinan - darle por el mar ancho del profundo. - Mirad, oh dioses sacros, si se inclinan - por pasión los del cielo, que segundo - se ve, nadie tendrá menos valía - que quien con más razón valer debía. - - »Y por esto bajé del cielo huyendo, - buscando algún remedio a mis pesares, - por ver si lo que en él se fué perdiendo - lo hallaré ganado en vuestros mares.» - Queriendo decir más, vanle impidiendo - las perlas que llorando caen a pares - de los húmedos ojos, con que luego - se encienden las deidades de agua en fuego. - - La ira con que al punto fué alterado - el corazón de todos los vivientes - no sufre más consejo bien pensado - ni dilación mayor, ni inconvenientes. - Al grande Eolo envían un recado, - de parte de Neptuno y sus clientes, - que dé suelta a los vientos repugnantes, - con que no haya en el mar más navegantes. - - Proteo bien quisiera haber audiencia - para decir allí lo que sentía, - y según lo descubre su presencia, - era alguna profunda profecía; - mas en todos hallaba resistencia - de aquella tumultuosa compañía, - y Tetis, indignada, dijo en alto: - «Proteo, no es Neptuno en ciencia falto.» - - Luego el soberbio Hipótades soltaba - de la cárcel los vientos furïosos, - el furor con palabras avivaba - contra nuestros guerreros animosos: - al punto el claro cielo se entoldaba, - que los vientos comienzan impetuosos - a correr por el mar fuerzas tomando, - torres, montes y casas derribando. - - En cuanto este consejo se hacía - en el acuoso asiento, nuestra flota - con viento sosegado proseguía - por el tranquilo mar su larga rota. - Era cuando la luz del claro día - del hemisferio Eoo está remota; - los del cuarto de prima se acostaban, - y al segundo los otros despertaban. - - Del gran sueño vencidos, mal despiertos, - bocezando a menudo se albergaban - por sobre las antenas, descubiertos - sin defensa a los vientos que soplaban; - los ojos con trabajo grande abiertos, - los perezosos miembros estiraban, - remedios contra el sueño buscar quieren, - historias cuentan, casos mil refieren. - - «¿Cómo será mejor, uno decía, - este tiempo pasar grave y pesado - sino con algún cuento de alegría - con que nos deje el sueño tan cargado?» - Responde Leonardo, que traía - pensamientos de firme enamorado: - «¿Qué cuentos contarán que sean mejores, - para pasar el tiempo, que de amores?» - - «No es, dijo Veloso, cosa justa - de blanduras tratar en la aspereza - que el trabajo del mar, que nos desgusta, - no consiente blanduras ni terneza; - antes de dura guerra, cruel, robusta, - aquesta historia sea, pues dureza - nuestra vida ha de ser a lo que entiendo, - que el mal que ha de venir lo está diciendo.» - - Todos vienen en ello y encomiendan - a Veloso que cuente lo que aprueba: - «Yo lo contaré, dijo, como entiendan - que no es fábula antigua o ficción nueva; - y porque los oyentes de aquí aprendan - a hacer hechos grandes de alta prueba, - diré de los que son de nuestra tierra - los doce de la guerra de Inglaterra. - - »En tiempo que las riendas de su reino - el rey don Juan primero moderaba, - gozando de la paz con su gobierno - que el cercano enemigo perturbaba, - dentro de Inglaterra, que en invierno - perpetuo con la nieve blanqueaba, - la fiera Erimnis siembra tal cizaña - que fuese inmortal fama a nuestra España. - - »Entre las damas de la corte inglesa - y nobles cortesanos hubo un día - una grave discordia sobre mesa, - o fué por opinión o por porfía; - los cortesanos, a quien poco pesa - decir graves palabras de osadía, - dicen sustentarán que honras y famas - en tales damas no hay para ser damas. - - »Y si alguno con lanza o con espada - quisiere demandarles lo contrario, - ellos en campo raso o estacada - convencerán con muerte al adversario: - la femenil flaqueza, poco usada - a semejante afrenta, el necesario - auxilio implora luego de las gentes, - buscándolo entre amigos y parientes. - - »Mas como fuesen grandes y pujantes - del reino los galanes, no se atreven - ni parientes ni amigos ni aun amantes - a sustentar las damas como deben. - Con lágrimas humanas, y bastantes - a que tras sí los sacros dioses lleven, - echadas por el rostro de alabastro, - se van todas al duque de Alencastro. - -[Ilustración: F. Gerard, dibujó - -Piget, sc. - - Viendo Vasco de Gama que en el puerto - de su dulce deseo se perdía, - viendo hasta el infierno el mar abierto - y que con nueva furia el cielo veía... - - _Canto VI, Estr. 80._ -] - - »Era gran capitán y se hallara - en guerras con la gente portuguesa - cuando contra Castilla se mostrara - defendiendo su tierra en alta empresa: - la fuerza del amor allí notara - que a su hija la hizo ser princesa, - porque con su beldad el pecho doma - del fuerte rey, y por mujer la toma. - - »Este, que socorrerlas no quería - por no causar discordias intestinas, - les dijo: «En Portugal, cuando atendía - »el rey a haber las tierras iberinas, - »noté en los portugueses tal valía, - »tal primor, tal esfuerzo y partes dinas, - »que ellos solos podrían, si no yerro, - »sustentar esta causa a fuego y hierro. - - »Y si, agraviadas damas, sois servidas, - »de vuestra parte irán embajadores - »que con cartas discretas y sentidas - »los hagan de este agravio sabedores: - »con ellas en extremo encarecidas, - »con palabras de halagos y de amores, - »vuestras lágrimas sean, que yo creo - »veréis puesto en efecto ese deseo.» - - »Así las aconseja el duque experto, - y doce les nombró de los más fuertes, - mas porque cada cual tenga uno cierto, - les manda que sobre ellos echen suertes: - doce a doce les dió, y al descubierto - por suyo, cada cual sus penas, muertes, - sus afrentas escribe por mil modos, - y todas a su rey, y el duque a todos. - - »Ya llega a Portugal el mensajero - y con la novedad la corte altera: - quisiera el rey sublime ser primero, - si la alteza real lo consintiera: - cualquiera cortesano el venturero - holgara que su suerte lo hiciera, - y tienen por dichoso y bienhadado - al que viene del duque señalado. - - »Ya en la fuerte ciudad de do nombrada - nuestra tierra quedó con nombre eterno - de Portugal, se apresta gruesa armada - por orden del que tiene el real gobierno: - apercíbense luego a la jornada - de ropas con galán corte moderno, - yelmos, cimarras, letras y primores, - caballos y libreas de colores. - - »Ya de su rey tenían la licencia - para partir del Duero celebrado - aquellos que escogidos por sentencia - fueran del duque inglés tan sublimado. - No se halla en los doce diferencia - en caballero, diestro o esforzado, - mas uno que Magricio se decía - de esta suerte habló a la compañía: - - «Fortísimos guerreros, yo deseo - »ha mucho tiempo ver cosas extrañas, - »por ver más tierras y aguas que aquí veo, - »varias gentes del mundo, varias mañas; - »y así, puesto que sea gran rodeo, - »pues las cosas del mundo son tamañas, - »querría, si queréis, irme por tierra, - »que yo llegaré a tiempo a Inglaterra. - - »Y cuando caso fuere que, impedido - »por la que da a las cosas fin postrero, - »en el plazo faltare definido, - »no será grande falta un compañero: - todos por mí haréis lo que es debido, - »aunque, según en Dios confío y espero, - »ríos, montes, fortuna, ni embarazo, - »no harán que no llegue al justo plazo.» - - »Siendo con esto todos abrazados, - tomada la licencia, de ellos parte - por León, por Castilla y los ganados - lugares por valor del patrio Marte. - Ve a Navarra y los montes encumbrados - de Pirene, que a España y Francia parte; - vistas en fin de Galia cosas grandes, - al estado pasó grande de Flandes. - - »Allí llegado, o fuese industria o maña, - sin pasar se detuvo muchos días; - mas los once, que marchan con gran saña, - cortan el mar del Norte con porfías: - llegados a la costa inglesa extraña, - para Londres tomaron breves días: - del duque son con fiestas regalados, - de las damas servidos y animados. - - »Llégase el plazo y día señalado - de entrar en campo con los doce ingleses, - que el seguro del rey ya estaba dado: - de yelmos se arman todos y de arneses; - las damas por su parte ven armado - el esfuerzo feroz de portugueses: - vístense de colores todas ledas, - con oro, joyas, perlas, ricas sedas. - - »Mas a la que le cupo por su suerte - el ausente Magricio, así le pesa, - que de luto se viste como en muerte, - pues su galán le falta en esta empresa: - los once publicaron con voz fuerte, - que lo entienda la corte toda inglesa, - que a las damas les den las justas palmas - aunque dos o tres de ellos den las almas. - - »Ya en un sublime y público teatro - se asienta el rey inglés con los señores: - estaban tres a tres y cuatro a cuatro - mirando los valientes guerreadores: - no son vistos del sol, del Tajo al Batro, - de fuerza, esfuerzo y de ánimo mayores, - otros doce salir cual los ingleses, - ni cual salen los once Portugueses. - - »Tascaban los caballos espumando - los frenos de oro con feroz semblante: - el sol está en las armas verberando - como en limpio cristal y bel diamante; - mas divísase en uno y otro bando - partido desigual y disonante - entre once y doce, cuando ya la gente - comienza a alborotarse comúnmente. - - »Vuelven todos el rostro donde había - la causa principal del rebullicio - y ven un caballero que venía - con armas y caballo a su servicio: - saluda al rey y damas, y seguía - los once Lusitanos, que es Magricio: - sus amigos abraza el compañero, - que al peligro no falta aunque postrero. - - »La dama, como vió que era venido - el que ha de defender su nombre y fama, - del animal de Heles se ha vestido, - que más que a la virtud el vulgo lo ama. - Ya dan señal, y el bélico ruído - los encendidos pechos tanto inflama, - que pican y las riendas sueltan luego, - bajan las lanzas, salta en tierra el fuego. - - »El tropel de caballos al encuentro - retumbar hace el bajo y hueco suelo: - a nadie el corazón le cabe dentro - del pecho con temor y con recelo: - cuál de la silla vuela al hondo centro; - cuál de tierra la cara vuelve al cielo, - cuál en rojas las armas tiñe blancas, - cuál con yelmo y penacho da en las ancas. - - »Alguno allí granjea eterno sueño - que quisiera quizás no granjeallo: - allí corre un caballo ya sin dueño, - aquí corre ya un dueño sin caballo: - ya la soberbia inglesa con desdeño - de tres o cuatro muertos halla al fallo, - que al hacer con espada la batalla - hay más que arnés, escudo, yelmo y malla. - - »Gastar palabras en contar extremos - de golpes fieros, fieras cuchilladas, - es de los gastadores que sabemos - de tiempo con las fábulas soñadas: - basta por fin del caso que entendemos - que con hazañas grandes señaladas - los nuestros alcanzaron la victoria - y las damas quedaron con su gloria. - - »El duque recogió los vencedores - en sus casas con fiestas y alegría: - cocineros ocupa y cazadores - de las damas la bella compañía, - que quieren dar a sus libertadores - suntuosos banquetes cada día, - en cuanto los tuviere Inglaterra - sin dejarlos volver para su tierra. - - »Mas dicen que después el gran Magricio, - deseoso de ver cosas más grandes, - en la tierra se queda, do un servicio - a la condesa hizo que es de Flandes - (que profesando, oh Marte, tu novicio, - no se acobardará en cuanto le mandes): - un fiero francés mata que el destino - de Torcato traía y de Corvino. - - »Y de los doce un otro en Alemaña - se queda, donde tuvo un desafío - con un falso germano que con maña - lo pretendió dejar rendido y frío.» - Contando esto Veloso con gran saña, - le piden que no haga tal desvío - del caso de Magricio y su victoria, - y que del alemán tenga memoria. - - Todos del que contaba están colgando, - y el maestre del aire, tras quien anda, - el silbo toca a priesa, despertando - los marinos de una y otra banda; - y porque el viento viene refrescando, - los trinquetes de proa coger manda: - «Alerta, grita, alerta, que recrece - el viento de la nube que parece.» - - No eran los trinquetes aun plegados - cuando les sobrevino la procela: - «¡Izad la vela grande, descuidados!» - «¡Amainad con furor la mayor vela!» - No esperaron los vientos indignados - que amainen los que están en centinela: - mil pedazos la hacen con ruído - que el mundo pareció ser destruído. - - Hiere el cielo con gritos nuestra gente - con súbito temor desacordada: - queda la nao sin vela tan pendiente - que por el bordo al mar le daba entrada. - «¡Alija, alija, todos prestamente; - la ropa vaya al mar, no quede nada; - otros den a la bomba, no cesando; - abomba, que nos vamos anegando!» - - Corrieron los soldados animosos - a la bomba, y al punto que llegaron - los vaivenes del mar impetuosos - al bordo todos juntos los echaron. - Tres marineros diestros y forzosos - el timón menear nunca bastaron: - cuñas le ponen de una y otra parte, - si aprovechar pudiese esfuerzo y arte. - - Nunca fuerza mayor mostrar pudieron - los vientos, ni más ímpetu furioso, - cuando por derribar juntos vinieron - el fuerte de Babel tan suntuoso: - en los profundos mares que crecieron, - cual batel que en la mar no halla reposo, - se muestra la gran nao y mueve espanto - poderse sustentar en la mar tanto. - - La nao grande en que va Paulo de Gama - por el medio llevaba el mástil roto; - anegada la gente al cielo clama, - pidiendo ayuda a Dios con lloro y voto; - por el aire también voces derrama - toda la nao de Coello, aunque el piloto - tuvo al venir del viento tanto tiento - que primero amainó que diese el viento. - - A veces a las nubes los subían - las olas de Neptuno furibundo; - a veces los abajan donde veían - las íntimas entrañas del profundo: - Noto, Austro, Bóreas, Aquilo querían - arruïnar la máquina del mundo: - la noche, triste y negra, relucía - con rayos en que el cielo todo ardía. - - Las alcioneas aves triste canto - junto a la brava costa levantaron, - tornando a la memoria el grave llanto - que las furiosas aguas les causaron; - los tímidos delfines, entre tanto, - en las cuevas marítimas se entraron, - la tempestad huyendo y vientos duros - que ni al fondón los dejan ser seguros. - - Nunca tan vivos rayos fabricara - contra la gigantea fuerza y gente - el que de su antenado sublimara - las armas con el temple reluciente, - ni nunca el gran Tonante al mundo echara - tan a menudo el trueno y rayo ardiente - en el grande diluvio do vivieron - los que piedras en gente convirtieron. - - ¡Cuántos montes entonces derribaron - las olas que batían denodadas! - ¡Cuántas viejas encinas arrancaron - las furias de los vientos indignadas! - Las forzosas raíces no pensaron - poderse ver jamás desarraigadas, - ni las hondas arenas desde el suelo - llegar con viento y agua hasta el cielo. - - Viendo Vasco de Gama que en el puerto - de su dulce deseo se perdía, - viendo hasta el infierno el mar abierto - y que con nueva furia el cielo veía, - confuso de temor, de vida incierto, - donde ningún remedio le valía, - aquel remedio llama santo y fuerte - que lo imposible puede, de esta suerte: - - «¡Divina guarda, amparo y bien del triste, - que el cielo, mar y tierra señoreas! - Tú que al triste Israel refugio diste - en medio de las aguas eritreas, - Tú que libraste a Pablo y defendiste - de peligrosas sirtes y ondas feas - y guardaste con hijos al segundo - poblador del vacío y yermo mundo: - - »Si tengo nuevos miedos peligrosos - de otra Escila y Caribdis ya pasados, - otras sirtes, bajíos arenosos, - otros Acroceraunios infamados, - ¿al fin de tantos casos trabajosos, - por qué somos de ti desamparados, - si este nuestro trabajo no te ofende, - mas con él tu servicio se pretende? - - »¡Oh dichosos aquellos que pudieron, - entre las gruesas lanzas africanas - morir, en cuanto fuertes sostuvieron - la santa fe en las tierras mauritanas, - de quien hechos ilustres se supieron, - de quien quedan memorias soberanas, - de quien se gana vida con perdella, - siendo la muerte honrosa en honra de ella!» - - Diciendo esto, los vientos que luchaban - como toros indómitos bramando, - más y más la tormenta acrecentaban - por la menuda jarcia resonando: - relámpagos horribles no cesaban, - fieros truenos que están representando - el cielo de sus ejes dar en tierra, - tener los elementos cruda guerra. - - Ya la amorosa estrella cintilaba - delante el claro Sol, puesta al Oriente, - mensajera del día, y visitaba - la tierra y largo mar con leda frente, - y la diosa, que a ella gobernaba, - a quien el rostro guarda Orión ausente, - luego que vió en el mar la rota armada, - de miedo, enojo y rabia fué tocada. - - «Estas obras de Baco son por cierto, - dijo; mas su intención falsa y aleve - no pasará adelante: descubierto - me será siempre el mal a que se atreve.» - Esto diciendo, baja al mar abierto, - gastando en el camino tiempo breve: - manda luego a las ninfas amorosas - coronarse de flores y de rosas. - - Manda poner guirnaldas de colores - sobre cabellos rubios a porfía: - ¿quién no dirá que nacen rojas flores - sobre el oro que Arabia fértil cría? - Ablandar determina por amores - de vientos la enojada compañía, - mostrándoles sus ninfas caras, bellas, - que más hermosas van que las estrellas. - - Así fué, porque luego que llegaron - a ver la vista de ellas, les fallecen - las fuerzas con que de antes pelearon - y ya como rendidos le obedecen: - pies y manos al punto les ligaron - los cabellos que rayos obscurecen, - y a Bóreas, que en amor más la quería, - le dijo la bellísima Oritía: - - «No creas, fiero Bóreas, que te creo, - que me tuviste nunca amor constante: - la blandura es de amor más cierto arreo, - y el furor no está bien a firme amante: - si con freno tu furia no la veo, - no tienes que esperar de aquí adelante - que pueda más amarte, mas temerte, - que amor contigo en miedo se convierte.» - - Así mismo la bella Galatea - decía al fiero Noto; que bien sabe - haber tiempo que en verla se recrea - y bien cree que con ella todo acabe: - no sabe si este bien tan grande crea, - que en su pecho tal gozo apenas cabe, - mirando que su dama ya le manda, - y piensa que hace poco aunque sea blanda. - - De esta suerte las otras amansaban - con palabras sus firmes amadores, - y a la hermosa Venus se entregaban, - amansadas sus iras y furores. - Ella les prometió, viendo que amaban, - sempiterno favor en sus amores, - tomándoles a todos homenaje - de servir a la flota en su viaje. - - Daba ya la mañana en los oteros - por donde el Ganges suena murmurando, - cuando de la alta gavia marineros - por la proa van tierra divisando: - fuera ya de tormenta y mares fieros, - el temor van del pecho desterrando. - Grita alegre el piloto melindano: - «¡De Calicut la tierra está a la mano! - - «Si la India buscáis, esta es la tierra - del Indo verdadero, que aparece: - aquí vuestro viaje se destierra; - aquí vuestro trabajo se fenece.» - El fuerte capitán, en quien se encierra - el bien y el mal de cuanto allí se ofrece, - humilde se postró y a Dios adora, - que a la tierra los trujo de la Aurora. - - Mil gracias daba a Dios, con grato pecho, - que no sólo la tierra le mostraba - que con tanto temor, tan sin pertrecho, - con trabajos ha tanto que buscaba; - mas en salvo lo puso del estrecho - de la muerte que el mal aparejaba: - libre se ve del golfo y sobre un leño, - como quien despertó de un grave sueño. - - Por medio de peligros tan pesados, - de trabajos tan graves y temores, - alcanzan los que son a fama dados - los títulos honrosos de señores, - no estando en nobles troncos recostados, - sólo con el valor de sus mayores, - no en los dorados techos, ni con finos - aforros de Moscovia cebellinos. - - No con manjares nuevos y exquisitos, - no con paseos blandos ocïosos, - no con varios deleites infinitos - que afeminan los pechos generosos, - no con nunca vencer los apetitos - que la fortuna tiene tan mimosos, - que no sufre a ninguno dar un paso - por obra de virtud que no sea escaso. - - Mas con ganar con fuerzas de su brazo - honra que con razón la llame propia, - poniéndose de acero el fuerte lazo, - sufriendo mil miserias con inopia, - venciendo el torpe frío en el regazo - del Sur, y los calores de Etiopia, - tragando, aunque corrupto esté, el sustento - templado con un arduo sufrimiento. - - Con mostrar al peligro en el semblante - una seguridad de pecho entero, - al pasar la pelota por delante - llevando pierna o brazo al compañero: - esto hará que el pecho se levante - despreciando las honras y dinero, - las honras y dinero que ventura - forjó, no la virtud, que es justa y dura. - - De esta arte quedará el entendimiento - con experiencias hecho reposado, - viendo, cual atalaya, de alto asiento - el bajo trato humano mal trabado: - este tal, donde hubiere regimiento - derecho, y no de afectos ocupado, - subirá como debe a tener mando - contra su voluntad, y no rogando. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -CANTO SÉPTIMO - - - YA se veían llegados a la tierra, - tan deseada, de la clara Aurora, - que entre las aguas Índicas se encierra - y Ganges, que en celeste suelo mora. - Ora, sus, gente fuerte, que en la guerra - queréis llevar la palma vencedora: - ya sois llegados, ya tenéis delante - la tierra de oro y piedras abundante. - - ¡Oh vosotros, del Luso estirpe clara, - que tan pequeña parte sois del mundo, - del mundo, mas ¿qué digo?, de la rara - partícula que cerca el mar profundo! - Vos a quien ni la muerte sujetara, - ni estorbó a conquistar el pueblo inmundo - la ambición, ni codicia, ni obediencia, - a la que está en el cielo por esencia: - - Portugueses, tan pocos como fuertes, - que al flaco poder vuestro no mirando, - a costa vais de vuestras tristes muertes - la ley de vida eterna dilatando: - echadas son del cielo ya las suertes, - que por más que os veáis ir apocando, - por vos se ensalzará la ley más alta, - que Cristo a la humildad pequeña exalta. - - Ved de Alemania el pérfido ganado, - que por tan largos campos se apacienta, - del sucesor de Pedro rebelado, - nuevo pastor y secta nueva inventa. - Miradlo en fieras guerras ocupado, - que aun con el ciego error no se contenta, - no contra el soberbísimo otomano, - mas por salir del yugo soberano. - - Ved el falsario inglés, que se intitula - rey de Jerusalén, ciudad sagrada - que el turco feroz tiene, abate, anula, - y él conserva la honra no ganada: - mirad cómo a su carne blanda adula, - que nueva cristiandad tiene inventada, - su espada contra el Papa descargando, - no contra quien tiene su tierra en mando. - - En tanto un falso rey le tiene en guarda - la Jerusalén clara de este suelo, - en cuanto la ley santa el rey no guarda - de la Jerusalén sacra del cielo. - Pues a ti, Galo indigno, ¿qué te aguarda? - Que el nombre cristianísimo y el celo - tomaste, no en defensa ni a guardarlo, - mas para ser ayuda al derribarlo. - -[Ilustración: Gerard, dibujó - -Foschi, sc. - - Un regidor del reino al puerto estaba, - que en su lengua se llama Catual, - rodeado de Naires, que esperaba - con desusada fiesta al general. - - _Canto VII, Estr. 44._ -] - - ¿Sientes tener derecho en señoríos - ajenos, siendo el tuyo largo y tanto, - y no contra Cinifio y Nilo, ríos - enemigos del nombre antiguo santo? - Allí se han de probar la espada y bríos - en quien de nuestra Iglesia abate el canto: - de Carlos, de Luis el nombre y tierra - heredas, no las causas de la guerra. - - Pues ¿qué diré de aquellos que en regalos - que el ocio vil al mundo trae consigo, - tan sin sentido cual Sardanapalos, - viven sin el temor de haber castigo, - sin saber que es contrario Dios de malos, - sin ver que el pueblo fuerte es su enemigo?; - contigo hablo, Italia, zambullida - en vicios mil, de ti propia homicida. - - ¡Oh, míseros cristianos! ¿Por ventura - sois de Cadmo los dientes esparcidos, - que os dais unos a otros muerte dura, - siendo todos de un vientre producidos? - ¿No miráis la divina Sepultura - poseída de perros, que así unidos - os vienen a tomar aún vuestra tierra - haciéndose famosos en la guerra? - - Ved que tienen por uso y por decreto, - del cual son muy enteros observantes, - ajuntar el ejército inquieto - contra pueblos que son de Cristo amantes; - y entre vosotros nunca deja Aleto - de sembrar las cizañas repugnantes: - sed de vuestros peligros los testigos, - que ellos y vos os sois los enemigos. - - Si codicia de grandes señoríos - os mueve a conquistar tierras ajenas, - ved que Pactolo y Hermo, claros ríos - ambos llevan doradas las arenas: - los asirios no están de oro vacíos, - África esconde en sí lucientes venas: - muévaos a pelear riqueza tanta, - pues no os puede mover la Casa santa. - - Aquellas invenciones fieras, nuevas, - de instrumentos de fuerte artillería, - debían de hacer sus duras pruebas - en muros de Bizancio y de Turquía: - haced que vuelva a las silvestres cuevas - de Caspios montes y de Escitia fría, - la turquesa nación, que multiplica - con despojos de nuestra Europa rica. - - Griegos, traces, armenios, georgianos, - gritos os dan que aqueste pueblo bruto - sus hijuelos obliga a los profanos - preceptos de Mahoma (¡cruel tributo!): - en castigar los pechos inhumanos - os gloriad de un pecho fuerte astuto, - y no queráis loores arrogantes - en ser contra los vuestros muy pujantes. - - Mas en tanto que ciegos y sedientos - andáis de vuestra sangre, gente insana, - no faltarán cristianos ardimientos - en esta poca gente Lusitana: - en África ya tiene sus asientos, - en Asia es más que todos soberana, - y ya en el Nuevo Mundo campos ara, - y si más mundo hubiera, allá llegara. - - Y veamos en tanto qué acontece - a aquellos tan famosos navegantes, - después que el blando amor les enflaquece - las fuerzas a los vientos repugnantes; - ya que en la larga tierra se aparece - el fin de sus porfías tan constantes, - donde van a sembrar la ley del cielo - por coger santo fruto al nuevo suelo. - - Como a la nueva tierra se llegaron, - en batelillos vieron pescadores - que el camino derecho les mostraron - de Calicut, donde eran moradores: - allá luego las proas inclinaron, - que era aquesta ciudad de las mejores - del Malabar, do siempre residía - el rey que aquesta tierra poseía. - - Entre el Indo y el Gange está una tierra - con un asiento grande asaz hermoso - que por la parte de Austro el mar la cierra, - por la del Norte Emodio cavernoso: - varios reyes le dió la varia guerra - con leyes varias; unos al vicioso - Mahoma, otros los ídolos adoran, - cual los brutos que están y entre ellos moran. - - Allá en el grande monte que, cortando - tan larga tierra, toda el Asia corta, - que nombres tan diversos va tomando - según diversas partes donde aporta, - las fuentes nacen de do están manando - los ríos, cuya madre queda absorta - en el Índico mar, cercando el peso - de la tierra, haciendo el Quersoneso. - - Entre el un río y el otro está, cual lazo - saliendo de la tierra, una gran punta - casi piramidal, que en el regazo - del mar con Ceilán ínsula se junta; - y cerca de do nace el largo brazo - gangético, el rumor antiguo apunta - a decir que de aquí los moradores - del olor se mantienen de las flores. - - Mas ahora de nombres y de usanza - nuevos y varios son los habitantes: - los Delis, los Patanes, que en pujanza - de tierra y gente son más abundantes; - Decamis, Oriás, que la esperanza - tienen de su remedio en las sonantes - aguas de Gange, y tierra de Bengala, - fértil de suerte que otra no la iguala. - - El reino de Cambaya belicoso - (dicen que fué de Poro, rey potente); - el reino de Narsinga, poderoso - más de oro y piedras que de fuerte gente: - divísase de aquí del mar undoso - un monte alto que corre largamente, - sirviendo al Malabar de fuerte muro - con que del Canará vive seguro. - - Los naturales llaman a éste Gate, - del pie del cual en cantidad pequeña - sale una estrecha falda, donde bate - la furia de la mar que la desdeña: - aquí de otras ciudades, sin debate, - Calicut sola hace la reseña - de cabeza de imperio, rica y bella: - Samorín se intitula el señor de ella. - - Pues siendo nuestra flota aquí llegada, - por tierra un portugués al rey se parte, - del capitán llevándole embajada - y pidiendo licencia, de su parte, - para saltar en tierra. Y la no usada - color, el gesto extraño y no vista arte - del mensajero, que entra por el río, - a verle junta luego un gran gentío. - - Entre la que a mirarle concurría, - se llega un mahometa, que nacido - fuera en la calurosa Berbería, - donde Anteón por rey fué obedecido: - o por la vecindad quizás tenía - el reino Lusitano conocido, - o fué ya señalado de su hierro - y fortuna lo trajo a tal destierro. - - En viendo el mensajero, con jocundo - rostro, como quien sabe lengua hispana, - le dice: «¿Quién te trujo al nuevo mundo, - tan lejos de tu patria Lusitana?» - «Abriendo, le responde, el mar profundo, - por donde nunca vino gente humana, - venimos a buscar la gran corriente - del Indo, do la ley de Dios se aumente.» - - Espantado quedó del gran viaje - el moro, que Monzaide se llamaba, - oyendo los trabajos que al pasaje - del mar el Lusitano le contaba; - mas viendo que la fuerza del mensaje - sólo al rey de la tierra le tocaba, - le dijo cómo el rey no está en palacio, - pero la tierra adentro breve espacio. - - Y en tanto que la nueva le llegase - de su venida extraña, si quería, - en su pobre casilla reposase - y el manjar de la tierra probaría; - que después que algún rato descansase, - con él para la flota volvería, - pues que gozo no puede ser tamaño - como ver un vecino en reino extraño. - - El Portugués recibe muy de gana - lo que Monzaide moro da y ofrece; - la voluntad conoce limpia y sana, - y con él bebe y come y le obedece: - a la armada tornaban Lusitana, - donde el moro regalan cual merece: - en torno lo cercaba nuestra gente - y con amor lo trata blandamente. - - El capitán lo abraza muy gozoso, - viendo que el español nuestro hablaba, - y de saber del reino codicioso, - mil cosas todas juntas preguntaba. - Cual el bosque de Ródope frondoso - en uno tras el canto se juntaba - cuando tocaba Orfeo la lira de oro, - tal se junta la gente oyendo el moro. - - «¡Oh gente, el moro dice, a quien Natura - vecina hizo de mi patrio asiento! - ¿Qué destino tan grande, o qué ventura, - os dió a tan alta empresa atrevimiento? - No es causa oculta, no, o razón obscura, - que del Tajo y el Miño os traiga el viento, - por mares nunca de otro leño arados, - a reinos tan remotos y apartados. - - »Por cierto Dios os trae, que aquí pretende - ser por vos conocido y adorado: - por eso solo os guía y os defiende - de peligros del mar y viento airado. - Sabed que esta es la India, do se extiende - diverso pueblo, rico y prosperado, - de oro luciente, fina pedrería, - olor suave, ardiente especería. - - »Esta provincia, cuyo puerto ahora - habéis tomado, Malabar se llama: - los ídolos con culto antiguo adora - que acá por estas partes se derrama: - es de diversos reyes, mas señora - con uno solo fué, según es fama: - Saramá Perimal fué el rey postrero - que gozó de este reino solo entero. - - »Y como por el trato aquí viniesen - de allá del seno Arábigo otras gentes - que el culto mahomético trujesen, - en el cual me criaron mis parientes, - sucedió que al gran rey lo convirtiesen - predicándole sabios y elocuentes: - él recibió la ley con fervor tanto, - que en ella presupuso morir santo. - - »Armó una fuerte flota, do el famoso - metió mercaduría la más rica, - para luego hacerse religioso - del Profeta que aquesta ley publica: - mas, antes de partirse, el poderoso - reino que deje reyes le suplica: - él, sin hijos, lo parte a sus privados, - haciéndolos de pobres prosperados. - - »A cuál Cochín, a cuál Cananor parte, - a cuál Calé, a cuál la isla de Pimienta; - cuál Coulán, Cranganor cuál lleva en parte, - dando más al que más sirve y contenta. - De uno se le olvidó cuando reparte, - que por amor merece mayor renta: - a éste a Calicut sola le aplica, - ciudad por trato noble, grande y rica. - - »Esta le da, con título excelente - de emperador, que sobre todos mande, - y hecha la partija, diligente - se parte do con lloro el cielo ablande: - de aquí se les quedó el nombre potente - Samorín, más que todos digno y grande, - al mozo y descendientes, de do viene - este que aqueste imperio manda y tiene. - - »La ley de aquesta gente en todo estado - de fábulas compuesta se imagina: - desnudos andan, y un paño fajado - en partes que a cubrir Natura inclina: - dos modos hay de gente; el uno, honrado, - de Naires; otro es chusma menos dina: - Poleas es un nombre, a quien obliga - la ley a no mezclar su casta antiga. - - »Y así los que usan siempre un mismo oficio - no pueden recibir de otro mujeres, - ni los hijos tener otro ejercicio - sino el que el padre tuvo, o más poderes: - para los Naires es muy grande vicio - mezclarse con aquéstos por haberes, - y si a alguno le toca por ventura, - con ceremonias mil de ello se apura. - - »Como el pueblo judaico no tocaba - por precepto la gente de Samaria, - así Naire y Polea no se mezclaba, - conservando en lo más su usanza varia: - a los Naires la guerra se dejaba: - de la parte defienden que es contraria - a su rey con la mano siempre usada, - la izquierda, adarga; la derecha, espada. - - »Bramines son sus santos religiosos, - nombre antiguo de grande preeminencia: - observan los preceptos rigurosos - del que primero dió nombre a la ciencia: - no matan cosa viva, y temerosos - en comer carne, guardan abstinencia, - y sólo en el venéreo ayuntamiento - hay más licencia, menos regimiento. - - »Común es la mujer, y solamente - son, para el engendrar, de sus maridos: - ¡dichosa condición, dichosa gente, - que nunca son de celos combatidos! - Estos diversos usos variamente - son por los malabares admitidos: - la tierra es gruesa en trato en todo estilo - de lo que lleva el mar de China al Nilo.» - - Esto contaba el moro, mas vagueando - por la ciudad andaba ya la fama - de esta nueva venida y gente, cuando - el rey manda llamar al fuerte Gama: - ya vienen por las calles caminando, - con multitud que a verlos se derrama, - aquellos que buscar el rey mandara - al capitán que al puerto se llegara. - - Mas él, que ya del rey tiene licencia - para desembarcar, acompañado - de nobles Portugueses de presencia, - parte, de ricos paños adornado: - de colores la bella diferencia - la vista alegra al pueblo alborotado: - corta el ligero remo, sin desvío, - primero el mar, después el fresco río. - - Un regidor del reino al puerto estaba, - que en su lengua se llama Catual, - rodeado de Naires, que esperaba - con desusada fiesta al general: - en llegando a la tierra lo llevaba - un lecho muy labrado de nogal, - que el principal aquí es ya muy usado - en hombros de los hombres ser llevado. - - De esta arte el malabar, de esta arte el Luso - caminan para donde el rey espera: - los demás Portugueses van al uso - que infantería sigue o escuadra fiera: - el pueblo que concurre va confuso - de ver la gente extraña, y bien quisiera - preguntar; mas en tiempo ya pasado - en la Babel confusa fué vedado. - - El Gama y Catual se iban hablando - en lo que la ocasión les ofrecía: - entre ellos va Monzaide interpretando - las palabras que de ambos entendía: - por medio la ciudad van caminando, - a do una rica fábrica se veía - de un suntuoso templo; ya llegaban, - por las puertas del cual juntos entraban. - - Allí están de sus dioses las figuras - esculpidas en palo y piedra fría, - varios de gesta, varios de pinturas, - en formas que el demonio aparecía: - vense las detestables esculturas - cual la Quimera en miembros se varía: - los ojos, a mirar su Dios usados - en forma humana, están maravillados. - - Cuernos tiene en la frente uno esculpidos, - cual Júpiter Amón en Libia estaba; - otro en el cuello rostros tiene unidos, - como el antiguo Jano se pintaba; - otro, con muchos brazos divididos, - a Briareo parece que imitaba; - otro, frente canina, ladradora, - cual Anubis menfítico, se adora. - - Aquí la gente bárbara con brío - hace la adoración supersticiosa, - y derechos se parten sin desvío - al palacio do el rey está y reposa: - creciendo más y más viene el gentío - a ver aquesta gente belicosa: - están por los tejados y ventanas - viejos, mozos, doncellas muy galanas. - - Ya llegan cerca, y, no con pasos lentos, - de los frescos jardines olorosos, - que en sí esconden los regios aposentos, - altos de torres no, mas suntuosos: - edifican los nobles sus asientos - entre bosques, con flores, deleitosos, - y así viven los reyes de esta gente - en la ciudad y campo juntamente. - - Muéstrase en los portales la destreza - de Dédalo, el ingenio, ciencia y arte, - mostrando con figuras la nobleza - del Indo muy distinto parte a parte: - matizadas están con tal viveza - las historias que en ellos él reparte, - que el que noticia tiene acaso entera, - por la sombra ve allí la verdadera. - - Estaba un grande ejército que pisa - la fértil tierra que el Idaspe lava: - rígelo un capitán de frente lisa, - que con floridos tirsos peleaba: - por él edificada estaba Nisa - en riberas del río que manaba, - tan propio que, si Sémele lo viera, - al pronto ser su hijo conociera. - - Adelante bebiendo seca el río - muy grande multitud de asiria gente, - sujeta al femenino señorío - de una tan bella como incontinente: - allí tiene a su lado nunca frío - esculpido el feroz jinete ardiente - con quien tendría el hijo competencia. - ¡Amor nefando, bruta incontinencia! - - De aquí más apartadas volteaban - las banderas de Grecia glorïosas - tercera monarquía, y sojuzgaban - aun las aguas gangéticas undosas: - de un capitán mancebo se guiaban, - de palmas rodeado valerosas, - que ya no de Filipo, mas sin falta - de progenie de Júpiter se exalta. - - Estando todos viendo estas memorias, - al capitán el regidor decía: - «Otro tiempo vendrá que con victorias - estas que veis ahora desharía: - aquí se escribirán nuevas historias - por extranjera gente que vendría: - que nuestros sabios magos lo alcanzaron - cuando el tiempo futuro profetaron. - - »Mas nos dijo la mágica cïencia - que para declinar fuerza tamaña - no valdrá de los hombres resistencia, - que contra Dios no vale industria o maña; - mas dice que la bélica excelencia, - en guerra y paz, de aquesta gente extraña - será tal, que será en el mundo oído - el vencedor, por gloria del vencido.» - - Así hablando, entraban por la sala - donde el emperador grande reposa - en una rica cama, a quien no iguala - en precio ni labor la más costosa: - el recostado bulto en sí señala - una majestad sacra poderosa: - un paño de oro viste, y la cabeza - con rubíes y diamantes la adereza. - - Bien junto de él un viejo está presente, - de rodillas, que da de cuando en cuando - la verde hoja de la hierba ardiente - que el rey la está en la boca destilando: - un bramino, persona preeminente, - para el Gama se va con paso blando, - porque por él al rey sea presentado, - que ante sí le mandó fuese sentado. - - Llegado el Gama junto al rico lecho, - apartados los suyos, con cuidado - miraba Samorín de trecho a trecho - la color, traje y gesto denodado: - arrancando la voz de un sabio pecho, - con grande autoridad muy sosegado, - delante el rey, delante el pueblo todo, - el capitán comienza de este modo: - - «Un grande rey de aquellas partes donde - el primer móvil con perpetua rueda - de la tierra con tierra el Sol esconde, - dejando en triste noche la antes leda, - oyendo el gran rumor que allá responde - de tu ser y valor, y cuánto pueda - sobre el Indo y el Ganges tu grandeza, - amistad te demanda con firmeza. - - »Por rodeos muy largos hoy me manda - que te haga saber que sólo un hilo - de lo que hay en el mar y en tierras anda - no le falta del Tajo hasta el Nilo: - desde la fría playa de Zelanda - hasta la donde el Sol no muda estilo - en días, sobre gente de Etiopia, - todo lo hay en su reino con gran copia. - - »Y si quieres con pactos y conciertos - de paz y de amistad sincera y pura - comercio consentir en estos puertos - de las ricas haciendas que él procura, - tus rentas crecerán, y más despiertos - los nuestros, probarán en mar ventura, - y en ambos se verá generalmente, - provecho en ti y en él gloria excelente. - - »Y siendo así que el nudo firme y fuerte - entre los dos atado permanezca, - estará pronto a toda adversa suerte - que a tu reino por guerra se le ofrezca: - con gente, armas y naos hasta la muerte - no sufrirá que ayuda te fallezca, - y de tu voluntad sobre esto puesta - te demando, señor, cierta respuesta.» - - Con esto el capitán dió su embajada, - a quien el rey con gracia respondía - que de la nueva gente que es llegada - su puerto y reino gloria recibía; - mas la resolución que es demandada - con los de su consejo la vería, - informándose cierto de quién era - el rey, la gente y tierra que dijera. - - Y que en tanto podía del trabajo - pasado descansar, que en tiempo breve - él daría al negocio corte y tajo - con que a su rey respuesta alegre lleve: - en esto trae la noche el dulce atajo - del humano cansancio, porque cebe - con el sueño los miembros trabajados, - ocupando los ojos desvelados. - - Con los suyos se hospeda juntamente - el Gama en el florido retraimiento - del noble regidor de la india gente, - con fiestas y con gran contentamiento. - El Catual, muy pronto y diligente, - de su rey tiene ya por regimiento - saber aquesta gente de dó viene, - qué costumbres, qué ley, qué tierra tiene. - - Y al punto que los carros del hermoso - Delio parecen que la luz renueva, - envía por Monzaide, deseoso - de informarse de aquesta gente nueva: - al moro le pregunta muy mañoso - si de éstos tiene hecha alguna prueba - para saber quién son, que él adivina - que es gente de su tierra muy vecina. - - Que particularmente allí le diese - información muy larga, pues hacía - servicio en esto al rey, porque supiese - lo que en este negocio se haría. - Monzaide le responde: «Aunque quisiese - decirte de ellos más, yo no sabría: - sólo sé que son gente de la España, - donde el Sol en el mar se esconde y baña. - - »Tienen ley de un Profeta que engendrado - fué sin dar a su Madre detrimento - y por divino Hijo está probado - de Dios, cuyo es el cielo y regimiento; - mas lo que entre nosotros es vulgado - de ellos es su valor sanguinolento - en guerra en que su brazo resplandece, - lo que en nuestros pasados se parece. - - »Porque ellos con virtud que es sobrehumana - los campos les quitaron abundosos - del rico Tajo y fresco Guadiana - con hechos memorables y famosos: - no contentos con esto, en la africana - parte, cortando mares procelosos, - no nos quieren dejar vivir seguros - ganando las ciudades y altos muros. - -[Ilustración: Kostka, pintó - -A. Schulthei’s - - Por lo que ve pregunta; mas el Gama - le rogaba primero que se asiente - y aquel sumo deleite que tanto ama - la secta epicurea experimente. - - _Canto VII, Estr. 75._ -] - - »No menos han mostrado esfuerzo y maña - en cualquier otra guerra que han tenido, - o con gentes guerreras de su España, - o con las que de Francia han descendido: - así que nunca, en fin, con lanza extraña - se encontró, do victorias no haya habido, - y no se halla, no, ningún Marcelo - para estos Aníbales en el suelo. - - »Y si esta información no fuere entera - cuanto conviene, de ellos tú pretende - informarte, que es gente verdadera - a quien la falsedad pequeña ofende. - Ve su flota, sus armas, su manera, - su fundido metal, de do se entiende - su valor, su denuedo y policía - en guerra, en paz, en juegos y en porfía.» - - Ya con deseos Catual ardía - de ver esto que el moro le contaba: - manda equipar bateles, que quería - ver la flota do el Luso navegaba: - ambos van de la playa, a quien seguía - la Neira gente que la mar cuajaba: - la capitana suben, fuerte y bella, - do Paulo los recibe al bordo de ella. - - Rojos eran los toldos, las banderas - de seda fina que el gusano cría; - pintadas campeaban las guerreras - obras que el brazo fuerte hecho había: - las campales batallas ventureras, - las guerras de la ardiente Berbería, - lo cual, como al gentil se representa, - en ello vista y ojos apacienta. - - Por lo que ve pregunta; mas el Gama - le rogaba primero que se asiente - y aquel sumo deleite que tanto ama - la secta epicurea experimente: - de vasos espumantes se derrama - el licor que Noé mostró a la gente; - mas el gentil probar nada pretende, - que la secta que sigue lo defiende. - - La trompeta que en paz al pensamiento - le muestra guerra, mueve a los millares - pintados, y el diabólico instrumento - en el fondón resuena de los mares. - Todo lo ve el gentil, y el fijo intento - tiene siempre en los hechos singulares - de los que en el retrato puestos veía - con descripción de muda poesía. - - Álzase en pie, con él los Gamas junto, - y de otra parte Coello, el mauritano, - por ser mejor un bélico trasunto - de un viejo de un aspecto soberano, - cuyo nombre no puede ser difunto - en cuanto el mundo viere trato humano: - la ropa está a la usanza griega hecha, - un ramo por insignia en la derecha. - - Con un ramo en la mano. Mas, oh ciego, - ¿qué es lo que emprendo, insano y temerario, - sin vos, ninfas del Tajo y del Mondego, - por camino tan arduo, largo y vario? - Vuestro favor invoco, que navego - por alto mar con viento tan contrario, - que, si no me ayudáis, tengo recelo - que mi flaco batel aniegue el cielo. - - Mirad que ha tanto tiempo que, cantando - el vuestro Tajo y vuestros Lusitanos, - la fortuna me trae peregrinando, - nuevos trabajos viendo entre paganos; - ahora el mar, ahora exprimentando - los peligros mavorcios inhumanos, - cual Cánace, a la muerte condenada, - la pluma en una mano, en otra espada. - - Ahora con pobreza aborrecida, - por hospicios ajenos desterrado, - de la esperanza ahora ya adquirida - de nuevo más que nunca derribado, - escapando en las costas ya la vida - que de un hilo colgaba muy delgado, - que no menos milagro fué salvarse - que para el rey judío acrecentarse. - - Y sobre todo, ninfas, no bastaba - que tan grandes miserias me cercasen, - sino que los que yo cantando andaba - tal premio de mis versos me pagasen: - en cambio del descanso que esperaba, - que con ricas guirnaldas me adornasen, - trabajos nunca usados me inventaron, - con que en tan duro estado me dejaron. - - ¡Ved, Tagides, qué ingenios de señores - el vuestro Tajo cría valerosos, - que así precian y pagan con favores - al que en rima los hace gloriosos! - ¡Qué ejemplo a los futuros escritores - para avivar ingenios curiosos, - para poner las cosas en memoria - que merezcan tener eterna gloria! - - Pues luego en tantos males es forzado - que vuestro favor sólo no fallezca, - principalmente aquí que soy llegado - donde diversos hechos engrandezca: - vuestra ayuda me dad, pues he jurado - de no emplearla en quien no la merezca, - ni alabar por lisonja algún subido, - so pena de no ser agradecido. - - No creáis que daré a ninguno fama - de los que el bien común y rey pospone - a su propio interese, con que infama - la ley que Dios y el rey al reino pone: - codicioso ninguno no me llama - por más que con sus cargos se me entone, - por poder con sus torpes ejercicios - usar más largamente de sus vicios. - - Ni el que de su poder usa bastante - para servir mejor a su deseo, - y que por complacer al vulgo errante - se muda en más figuras que Proteo; - ni tampoco temáis que aquel yo cante, - que con hábito honesto y grave veo, - por contentar al rey con nuevo oficio, - robar, sacar al pueblo de su quicio. - - Ni al que halla que es justo, que es derecho - que se guarde la ley severamente, - y no halla ser justo y ser provecho - pagarle su trabajo al que es sirviente; - y el que siempre con poco experto pecho - quiere venderse al pueblo por prudente, - tasando con su mano, torpe, escasa, - los trabajos ajenos que él no pasa. - - Aquellos cantaré que aventuraron - por su Dios y su rey la amada vida, - do perdiéndola, en fama la ganaron, - con gloria de sus obras merecida. - Apolo y Musas que me acompañaron - me doblarán la furia concedida - en cuanto tomo aliento, descansado, - por tornar al trabajo más holgado. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -CANTO OCTAVO - - - EN aquella figura se detiene - el Catual, al vivo dibujada, - que en la mano en divisa el ramo tiene, - con barba blanca, larga y bien peinada: - quién era, y por qué causa le conviene - el ramo, preguntó; mas fuéle dada - por Paulo la respuesta muy discreta, - que el arábigo sabio la interpreta. - - «Estas figuras todas que parecen - en vista bravas fieras, en aspectos - más bravas y más fieras, resplandecen - con fama de sus ínclitos efectos: - antiguos son, mas nunca desfallecen - sus nombres entre ingenios más perfectos: - aqueste viejo es Luso, por quien fama - a nuestra tierra Lusitania llama. - - »Fué hijo o compañero del Tebano - que el mundo conquistó con maña y arte, - y viniendo a parar al nido hispano, - siguiendo su conquista y duro Marte, - viendo el campo con Duero tan ufano, - llamado Elisio, quiso en esta parte - dar sepulcro a sus huesos tan cansados, - y que los nuestros fuesen de él llamados. - - »El ramo que le ves para divisa, - el verde tirso, fué de Baco usado, - el cual a nuestra edad muestra y avisa - que o fué su compañero, o hijo amado. - ¿Esotro que de Tajo el campo pisa, - después de haber el largo mar pasado, - y allí muros perpetuos edifica - y templo a Palas, con memoria rica? - - »Ulises es que hizo aquella casa, - a la que le otorgó lengua fecunda, - que si en Asia la Troya insigne abrasa, - en Europa la gran Lisboa funda.» - «¿Quién será estotro acá, que el campo arrasa - de muertos con presencia furibunda? - Tiene batallas mil desbaratadas, - de banderas con águilas pintadas.» - - Preguntó Catual. Responde el Gama: - «Este que ves, pastor fué de ganado, - Viriato sabemos que se llama, - más diestro por la lanza que cayado. - Corrida está de Roma la gran fama - con este vencedor tan señalado: - no tuvieron romanos, ni pudieron, - el primor que con Pirro ya tuvieron. - - »No con fuerza, mas maña vergonzosa, - cortan la vida que a la Roma espanta, - que en aprieto la gente valerosa - las leyes del valor pasa y quebranta. - Otro está aquí que contra su enojosa - tierra con nuestra gente se levanta: - escogió bien con quien se levantase - para que eternamente se ilustrase. - - »Ved cómo también vence las banderas - de esas aves de Júpiter validas, - que las vieron en breve las guerreras - gentes, a nuestra gente ser rendidas: - ve las sutiles artes y maneras - para adquirir las tierras tan fingidas; - la fatídica cierva que lo avisa: - Sertorio es él, y es ella su divisa. - - »Mira estotra bandera do estampado - está el progenitor de los primeros - reyes, que húngaro hizo el dulce hado - y Lotaringo hacen extranjeros: - después de haber los moros sujetado, - gallegos y leoneses caballeros, - pasa a la santa Casa el santo Enrique - porque el tronco real se santifique.» - - «Dime, ¿quién es estotro que me espanta, - pregunta el malabar maravillado, - que tantos escuadrones, gente tanta, - con tan poca, la ha roto y destrozado; - tantos muros aspérrimos quebranta, - tantas batallas da sin ser cansado, - tantas coronas tiene en tantas partes - a sus pies derribadas, y estandartes?» - - «El primer rey Alfonso, dijo el Gama, - que todo Portugal al moro toma, - por quien juró, y lo cumple bien la fama, - de más no celebrar hombre de Roma: - éste es aquel celoso a quien Dios ama, - con cuyo brazo al moro vence y doma, - abate de su reino el fuerte muro, - no reservando nada a lo futuro. - - »Si César, si Alejandro rey tuvieran - tan pequeño poder, tan poca gente, - contra tantos contrarios cuantos eran - los que desbarataba este excelente, - no creáis que sus nombres se supieran - con gloria, voz y fama tan potente: - mas sus hechos dejemos no explicables, - que los de sus vasallos son notables. - - »Este que ves mirar con gesto airado - para el rompido alumno, mal sufrido - diciéndole que el campo destrozado - recoja y torne al puesto defendido: - vuelve el mozo del viejo acompañado, - que vencedor lo hace de vencido: - Egas Muñiz se llama el fuerte viejo, - de vasallos leales claro espejo. - - »Veslo acá: con sus hijos va a entregarse, - la soga al cuello y la espada en la mano, - porque no quiso el mozo sujetarse - como él lo aprometiera al castellano: - con la promesa hizo el cerco alzarse - que en aprieto tenía al rey Lozano: - los hijos y mujer lleva a la pena, - que a todos, por salvar su rey, condena. - - »No hizo el cónsul tanto, que cercado - fué en las horcas caudinas de ignorante, - cuando pasar por bajo fué forzado - del samnítico yugo triunfante: - él solo por su pueblo injuriado, - a sí se entrega firme y muy constante: - estotro a sí, mujer, hijos entrega: - mirad el fiel amor dónde más llega. - - »¿Ves este que, dejada la celada, - da sobre el rey que cerca a Villafuerte, - al cual ya tiene preso, y descercada - la villa con un hecho de alta suerte? - Míralo acá pintado en esta armada - del mar, dando a los moros cruda muerte, - ganándoles galeras con la gloria - de la primer marítima victoria. - - »Es don Fuas Ropiño, que en la tierra - y en el mar resplandece juntamente - con fuego que encendió en Abila sierra - en las galeras de la mora gente: - mira cómo en tan justa y santa guerra - el morir peleando no lo siente, - y de entre moras manos vuela el alma - a los cielos, llevando justa palma. - - »¿Ves el ayuntamiento, de extranjero - traje salir de aquella armada nueva, - que ayuda a combatir al rey primero, - a Lisboa haciendo de sí prueba? - Mira a Enrique, famoso caballero, - la palma que nació junto a su cueva: - por ella muestra Dios milagro visto: - germanos son los mártires de Cristo. - - »El sacerdote ve blandir la espada - contra Arronches, que toma por venganza - de Leiria, que antes fué tomada - del que con falsa secta enristra lanza. - Es el prior Teutonio; mas cercada - verás a Santarén, y la esperanza - de gente que en el muro la primera - levantó de las quinas la bandera. - - »Ves acá donde Sancho desbarata - los moros de Vandalia en dura guerra, - rompiendo el campo, al diestro alférez mata - y el pendón sevillano arrastra en tierra: - Men Moñiz, que el valor en sí retrata, - que el paterno sepulcro cubre y cierra, - digno de estas banderas, pues sin falta - la adversa abate, mas la suya exalta. - - »Mira el que va bajando por la lanza - con las cabezas dos de centinelas, - do la emboscada esconde, con que alcanza - la ciudad por sus mañas y cautelas, - cuya figura con tan gran pujanza - por armas le sirvió (no de novelas) - a la ciudad: ¡oh hecho nunca hecho, - digno del gran Giraldo y de su pecho! - - »¿No ves el caballero que agraviado - del nono Alfonso, siendo a Lara amigo, - por odio con los moros se ha juntado, - de Portugal haciéndose enemigo? - Abrantes gana, yendo acompañado - de moros que a la guerra trae consigo; - y cómo un Portugués, con poca gente, - lo desbarata y prende osadamente. - - »Martín López se llama el caballero - que al castellano causa eterno lloro; - mas ve un eclesiástico guerrero, - que trueca en lanza el báculo que es de oro, - estar entre dudosos más entero, - no negando batalla al bravo moro; - qué señal en el cielo le aparece, - con que a sus pocos la virtud les crece. - - »Mira cuál van de Córdoba y Sevilla - los reyes y otros dos huyendo el lazo, - rotos, vencidos, muertos: maravilla - hecha de Dios, que no de humano brazo. - ¿Alcacere no ves cómo se humilla, - sin valerle defensa ni embarazo, - a don Mateo de Lisboa, prelado - de mitra, mirto y lauro coronado? - - »Ve venir de Castilla rica y bella - el Maestre portugués a la conquista - de la tierra de Algarbes, sin que en ella - pueda hallar varón que le resista: - con maña, esfuerzo y con benigna estrella, - villas, castillos entra a escala vista: - ganó a Tavila de sus moradores, - en venganza de siete cazadores. - - »Del moro gana con astucia y saña - a Silves, que él ganó con fuerza urgente, - el buen Payo Correa, cuya maña - y grande esfuerzo envidia mucha gente; - y no dejes los tres que en Francia, España, - se hacen conocer públicamente - en desafíos, justas y torneos, - dejando en ellas puestos sus trofeos. - - »Con títulos venían de ventureros - a Castilla, do el prez solos llevaron - en juegos de Belona verdaderos - que allí por mal de algunos se inventaron: - ve muertos los soberbios caballeros - que al mayor de los tres desafiaron: - Gonzalo de Ribeiro se llamaba, - a quien la misma muerte respetaba. - - »Mira uno que la fama así lo extiende, - que de ningún pasado se contenta, - la patria que de un hilo flaco pende - como sobre sus hombros la sustenta. - ¿No lo ves enojado, que reprende - la vil desconfianza, floja y lenta, - del pueblo a quien sujeta al dulce freno - de su rey natural, no del ajeno? - - »Mira: por su consejo y osadía, - guiada de la fuerza soberana, - pudo, lo que imposible parecía, - vencer la mucha gente castellana: - veis por su industria, esfuerzo y valentía - otro estrago y victoria más que humana, - en gente así feroz como infinita - que entre el Tarteso y Guadiana habita. - - »¿Mas no ves el poder desbaratado - de nuestra gente por la dura ausencia - del capitán devoto que apartado - orando está a la trina y una Esencia? - Mira cómo de algunos fué hallado, - que le dicen faltar ya resistencia - contra tanto poder que se viniese - y esfuerzo con su vista al pueblo diese. - - »Mas mira con qué santa confianza - que aun no era tiempo de eso respondía, - como quien tiene en Dios cierta esperanza - que a su tiempo victoria les daría: - así Pompilio oyendo la pujanza - de gente que su tierra le corría, - a quien la triste nueva le está dando: - «Pues yo, responde, estoy sacrificando.» - - »Si el que con tanto esfuerzo a Dios se atreve - saber quisieres cuál su nombre sea, - Portugués capitán llamarse debe, - aunque de don Nuño Álvarez se arrea: - gloria la patria con tal hijo lleve, - mas padre, pues que en cuanto el Sol rodea - este globo de Ceres y Neptuno - siempre suspirará por tal aluno. - - »Mira qué presas gana en esta guerra - esotro capitán de poca gente: - comendadores vence, y les encierra - el robado ganado osadamente: - otra vez baña en sangre lanza y tierra - de éstos, por libertar con pecho ardiente - un preso amigo; preso, y por leal, - Pedro Rodríguez es de Landroal. - - »Al falsario verás cómo le paga - el perjurio que hizo y vil engaño: - Gil Fernández es de Elvas quien lo estraga - y trujo a pagadero de su daño: - de Jerez roba el campo y no se apaga - el fuego con la sangre del rebaño: - Rui Pereira del rostro hace escudo - a las galeras y al furor más crudo. - - »Mira qué diecisiete lusitanos - en un monte subidos se defienden - de más de cuatrocientos castellanos - que al derredor por los coger se extienden: - retiráronse presto y no muy sanos, - que más que se defienden los ofenden, - digno hecho de ser al mundo eterno, - grande al antiguo tiempo y al moderno. - - »Sábese antiguamente que trescientos - bien contra mil romanos pelearon, - en tiempo que el valor y atrevimientos - de Viriato tanto se ilustraron; - y de ellos alcanzando vencimientos - notables, por herencia nos dejaron - que a los muchos por pocos no temamos, - lo que después acá siempre probamos. - - »Mira a Pedro y Enrique, dos infantes, - del rey don Juan progenie generosa; - aquél dejó con hechos muy pujantes - en Germania su fama milagrosa: - estotro rompió el mar, do ninguno antes - llegara con empresa muy famosa: - a Ceuta hace caer de su esperanza - abriéndole sus puertas con la lanza. - - »¿Ves el conde don Pedro, que sustenta - dos cercos contra toda Berbería? - Otro conde allí está, que representa - a Marte con esfuerzo y osadía: - de poder defenderse no contenta - Alcacere de tanta compañía, - defiende de su rey la cara vida, - siendo muro la suya hasta perdida. - -[Ilustración: F. Gerard, dibujó - -Forster, sc. - - ¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada, - con locura tan grande y desmedida, - que mande acometer con naos y flotas - tan inciertas provincias y remotas? - - _Canto VIII, Estr. 61._ -] - - »Otros muchos verías que pintores - aquí como estos otros pintarían, - mas fáltales pincel, faltan colores, - honra, paga, favor que al arte crían: - culpa de los viciosos sucesores, - que degeneran siempre y se desvían - del lustre y del valor de sus pasados, - en sus gustos y vicios enfrascados. - - »Los claros padres que principio dieron - a la casa que de ellos cuelga y pende, - por la virtud hazañas mil hicieron - y por dejar la línea que desciende. - ¡Ciegos! Que si del hecho que emprendieron - su ilustre fama y el valor se extiende, - obscuros dejan siempre a sus menores, - haciéndolos las gentes más peores. - - »Otros hay también grandes y ensalzados - sin tener tronco o casta de do vengan, - por culpa de los reyes, que a privados - dan más que a mil que esfuerzo y saber tengan: - no querrán ver los suyos dibujados - éstos, pues no hay colores que convengan: - aborrecen pincel, dibujo y tabla, - porque en ella lo muerto al vivo habla. - - »No niego haber, con todo, descendientes - de generoso tronco y casa rica, - en quien con las empresas excelentes - la heredada nobleza multiplica. - Y si en ellos la luz de sus parientes - con nuevo esfuerzo no se clarifica, - no falta al menos, ni se hace obscura; - mas de éstos halla pocos la pintura.» - - Así el Gama declara aquellos hechos - que el pincel representa al ojo y tinta, - por la artífice mano tan bien hechos, - que no color, mas vida, da el que pinta. - Los ojos tiene fijos y derechos - el Catual en la historia distinta: - mil veces preguntaba, y mil oía - las gustosas batallas que allí veía. - - Ya la luz se mostraba muy dudosa, - que la lámpara grande se escondía - debajo el horizonte, y luminosa - llevaba a los antípodas el día, - cuando el gentil y gente generosa - de Naires de la armada se partía - a buscar el reposo que descansa - los lasos miembros en la noche mansa. - - En esto los arúspices famosos - de opinión falsa, que con sacrificios - previenen a los casos más dudosos - por señales diabólicas e indicios, - mandados del rey propio, estudiosos - ejercitan sus artes y ejercicios - sobre aquesta venida nueva, extraña, - de la apartada gente de la España. - - El demonio dió señas descubiertas - de cómo aquesta gente les sería - perpetuo yugo, y que al abrir las puertas - el reino se perdía y monarquía: - uno le lleva al rey las nuevas ciertas, - según lo que de vuelos entendía, - descubriendo el peligro que notara - en las aves que allí desentrañara. - - Ajúntase con esto que a un devoto - alfaquí de la ley de su Mahoma, - del odio concebido no remoto - contra la santa fe que su fe doma, - Baco le apareció con traje ignoto, - que el hábito de moro y forma toma, - al tiempo que ya el sueño le adormece, - y su envidia en el pecho más recrece. - - «Guardaos, le dice, gente mía querida, - del peligro que está casi en la puerta, - que corta el agua ya a vela tendida, - por quien vuestra ruina será cierta.» - Despierta la memoria espavorida - del sueño que lo tuvo un rato alerta, - mas creyendo ser sueño y ya pasado, - a dormir se tornó muy sosegado. - - Tornó Baco: «¡Qué es esto! ¿No conoces - al gran legislador de tus pasados, - que su ley predicó con grandes voces, - sin la cual fueran todos bautizados? - ¿Es justo que yo llore y tú te goces? - Pues sabe que a tu puerta son llegados - los que serán al reino extraño daño - si con tiempo no ve su desengaño. - - »Mientras la fuerza es flaca de esta gente, - ordena cómo el reino les resista, - porque al salir del sol muy fácilmente - se puede en él fijar la aguda vista; - mas cuando está en el medio más ardiente - no hay vista que se atenga a su conquista: - así serán aquestos muy felices - si les dejáis echar hondas raíces.» - - Con esto el sueño y él se les despide - y atónito se queda el agareno: - deja la cama, lumbre al punto pide, - obrando por las venas el veneno: - luego que la tiniebla no lo impide, - al salir de la luz del sol sereno, - los de su secta todos ha juntado - y sueño y sueños cuenta alborotado. - - Diversos pareceres y contrarios - allí se dan, según lo que entendían: - traiciones varias con engaños varios - unos inventan, y otros las tejían; - mas dejando consejos temerarios, - la muerte de esta gente pretendían - con mañas más sutiles y mejores, - sobornando los falsos regidores. - - Allegan a su parte, con secretas - dádivas, a los que eran principales; - con razones notables y discretas - alborotan las gentes naturales: - dicen que estas naciones inquietas, - de los mares huyendo occidentales, - viven de solo robo y ladronicio, - sin ley, sin rey, sin virtud y con vicio. - - ¡Oh, cuánto debe el rey que bien gobierna - ver que sus consejeros y privados - sean de ciencia y de virtud interna - y de sincero amor y fe dotados! - Que como está en la silla más superna, - mal puede de negocios apartados - tener noticia cierta, o más entera, - que la que da la lengua consejera. - - Ni me parece justo que el rey tanto - se pague de conciencia limpia y cierta, - que ande a buscar el pobre humilde manto - do la ambición acaso está encubierta: - que el que está en su rincón con pecho santo, - en negocios del mundo poco acierta, - que no puede tener cuenta enlazada - la conciencia en su Dios siempre ocupada. - - Mas aquellos avaros Catuales - que el gentílico pueblo gobernaban, - inducidos de gentes infernales, - el Portugués despacho dilataban, - mas el Gama, que entiende por señales - lo que contra él los moros maquinaban, - una señal pretende llevar cierta - al rey de aquesta tierra descubierta. - - Procura aquesto, porque bien sabía - que después de llegar con la certeza, - armas, gentes y naos despacharía - Manuel a esta tierra con presteza, - con que a su yugo y ley sujetaría - de las tierras y mar la amplia grandeza, - que él es descubridor tan solamente - de las remotas partes del Oriente. - - Hablar al rey gentil se determina, - porque con su despacho se tornase, - pues sabe que esta gente cruel, malina, - le tiene de impedir cuanto intentase: - el rey, que de la nueva falsa, indina, - no era de espantar si se espantase, - crédito y fe les dió a los agoreros, - siendo en ello los moros los terceros. - - Este nuevo temor resfría su pecho, - aunque por otra parte la codicia - deshace lo que el miedo tiene hecho, - y entre dos aguas anda la malicia; - conoce el interés y gran provecho - que tendrá si el contrato con justicia - establece, con tratos limpios, sanos, - entre él y el fuerte rey de Lusitanos. - - Sobre esto en los consejos que tomaba - había muy contrarios pareceres, - que en aquellos con quien se aconsejaba - ejecuta el dinero sus poderes: - a nuestro capitán llamar mandaba, - a quien, llegado, dice: «Si quisieres - confesar con verdad tu yerro y culpa, - perdón alcanzarás dando disculpa. - - »Bien informado soy que la embajada - que de tu rey me diste era fingida, - porque ni tienes rey, ni patria amada, - mas vagabundo pasas triste vida. - ¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada, - con locura tan grande y desmedida, - que mande acometer con naos y flotas - tan inciertas provincias y remotas? - - »Y si de grandes reinos poderosos - tiene tu rey el mando y suma alteza, - ¿qué presentes me traes tan costosos - por do conozca yo su gran riqueza? - Con preseas y dones suntuosos - los reyes en su amor ponen firmeza, - que no es señal ni prenda algo bastante - la plática de un vago navegante. - - »Si venís por ventura desterrados, - como lo fueron hombres de alta suerte, - en mi reino seréis bien hospedados, - que cualquier tierra es patria al varón fuerte; - y si piratas sois al mar usados, - decidlo sin temor de infamia o muerte, - que a la ilustre nobleza la enemiga - necesidad a más que esto la obliga.» - - Dicho esto, el fuerte Gama, que ya tiene - sospechas del engaño que ordenaba - el mauritano bando, de do viene - aquello que tan mal el rey pensaba, - con alta confianza, cual conviene, - con que seguro crédito alcanzaba, - que Venus Acidalia le influía, - al rey su sano pecho descubría: - - «Si el primer yerro que la gran malicia - humana acometió en la edad primera - no causara que el vaso de nequicia, - azote cruel de gente verdadera, - sembrara una perpetua inimicicia - en la casta de Adán por pena fiera, - oh grande rey de aquesta secta mora, - no hubiera en ti el recelo que ahora mora. - - »Mas porque ningún bien grande se alcanza - sin gran trabajo, y en cualquiera hecho - va el temor tras los pasos de esperanza - que vive siempre dentro un mismo pecho, - me muestras, rey, tan poca confianza, - de esta verdad poniéndome en estrecho, - sin ver lo que en contrario hallarías, - sin creer a quien creer no le debías. - - »Si sólo de rapiñas yo viviese, - si fuera de mi patria desterrado, - ¿cómo puedes creer que me viniese - a buscar este asiento acá apartado? - ¿Por qué esperanzas o por qué interese - había de cortar el mar airado, - los antárticos fríos y calores - que sufren los del Aries moradores? - - »Si con grandes presentes de alta estima - me has crédito de dar a lo que digo, - yo sólo a buscar vine aqueste clima - donde el hado te dió reino y abrigo; - mas si ventura tanto me sublima - que yo torne a mi patria y nido amigo, - el presente verás soberbio y rico - con que mi vuelta aquí te certifico. - - »Si te parece no creíble hecho - que el rey de Hesperia a ti venir me mande, - al corazón sublime, al fuerte pecho - el caso que es posible no le es grande: - si tú estuvieras ya bien satisfecho, - vieras cómo es razón que el rey demande - mayor crédito y fe de más alteza - para poder creer su fortaleza. - - »Sabe que ha muchos años que los nuestros - reyes con gran firmeza propusieron - de vencer los trabajos y siniestros - que a las grandes empresas se opusieron, - y en descubrir los mares siendo diestros, - con ardiente deseo pretendieron - saber qué fin tenían, dónde estaban, - las últimas riberas que lavaban. - - »Concepto digno fué del ramo claro - del venturoso rey que aró primero - la mar por ir a echar del nido caro - de Abila al morador que fué postrero: - aqueste, con su industria e ingenio raro, - con un madero junta otro madero - y descubre la parte que está clara - con la luz de Argos, Hidra, Liebre y Ara. - - »De los sucesos prósperos primeros - nació el osar: con éste descubrieron - poco a poco caminos extranjeros, - que yendo unos tras otros prosiguieron. - Los moradores de África postreros, - los que las siete llamas nunca vieron, - fueron vistos de nos, atrás dejando - cuantos están los Trópicos quemando. - - »Así, con firme pecho y con constante - propósito, vencimos la fortuna, - hasta que aquí en tu reino tan pujante - asentamos la última coluna: - pasando de la mar, loca, inconstante, - la tempestad mortífera, importuna, - a ti llegamos, rey: sólo queremos - señal que a nuestro rey de aquí llevemos. - - »Esta es la verdad, rey; que no haría - por tan incierto bien, tan flaco premio, - cual, no siendo esto así, esperar podía, - tan largo, tan fingido y tal proemio: - mas antes descansar me dejaría - en el inquieto y sin reposo gremio - de la ancha Tetis, cual pirata inico - con ajenos trabajos hecho rico. - - »Así que, oh rey, si la verdad propuesta - la tienes por sincera y no doblada, - allega brevedad a la respuesta, - no me agües el placer de la tornada; - mas si aun te parece que es compuesta, - ahonda en la razón, que está probada, - que con claro juício puede verse: - que la verdad es fácil de entenderse.» - - Notando estaba el rey la confianza - con que el Gama probó lo que decía: - concibe con su plática esperanza, - crédito firme a cuanto refería: - pondera de palabras la pujanza, - juzga en la autoridad grande valía, - comienza de tener por engañados - los Catuales torpes sobornados. - - Con esto la codicia del provecho - que espera del contrato cada año - hácele obedecer luego de hecho - al capitán y no al nefando engaño: - en fin al Gama manda que derecho - se vuelva al mar, seguro de algún daño, - y que a la tierra envíe su hacienda - que por la especería trueque y venda. - - Que traiga la hacienda al fin le manda, - que en los reinos gangéticos no haya, - si alguna nueva trae de la otra banda - do se acaba la tierra y entra playa. - De la presencia parte veneranda, - demandando batel en que se vaya - al Catual, a quien incumbe el cargo, - que los suyos están muy a lo largo. - - Pide la embarcación con que se vuelva; - mas el mal regidor, que nuevos lazos - armaba, no hay remedio se resuelva, - interponiendo excusas y embarazos: - desea que con alguien se revuelva - y al mar lo lleva, no en servirles brazos, - mas a pie, do ejecute su malicia, - sin que el rey pueda de ello haber noticia. - - Lejos de allí le dijo que él daría - embarcación bastante en que se fuese, - o que para la luz de esotro día - su partida algún tanto difiriese: - ya de aquestas tardanzas colegía - el Gama lo que aqueste pretendiese, - que en la traición entraba torpe y fiera - lo que de él hasta allí nunca creyera. - - Era este Catual de los que estaban - sobornados de aquella perra gente, - el principal por quien se gobernaban - las ciudades del Samorín potente: - de este solo los moros esperaban - efecto a sus engaños torpemente, - y el que en este concierto vil conspira - de su falsa esperanza no delira. - - El Gama con instancia le requiere - que le haga llevar luego a su armada, - y que así lo mandara, le refiere, - a quien está la tierra sujetada. - ¿Por qué razón le impide y le difiere - ser la hacienda allí desembarcada? - Pues lo que ya los reyes han mandado, - no puede ser por otros derogado. - - No cura el Catual, ciego y corruto, - de las palabras, antes revolviendo - dentro en su fantasía algún astuto - engaño con ardid fiero, estupendo, - de cómo bañar pueda el hierro bruto - en la inocente sangre, o deje ardiendo - la flota con tal fuego que acabase - porque ningún soldado se escapase. - - Que no se salve nao de éstas pretende - el consejo infiel de mahometanos, - porque no sepa nunca dó se extiende - la tierra Eoa el rey de Lusitanos. - No se va el Gama, en fin, que lo defiende - el regidor de bárbaros profanos; - ni sin su permisión irse podía, - que las embarcaciones le impedía. - - A las voces del Gama detenido - el Catual responde que mandase - llegar la flota a tierra, do servido - sería mejor, si fuese o si tornase; - señal es de enemigo fementido - hacer que a tierra amiga no llegase, - que siendo fiel el rey y amigo cierto, - no tiene por qué no tomar el puerto. - - De estas palabras el discreto Gama - divisa bien lo que las naos desea - el Catual, porque con hierro o llama - consume su intención dañada y fea: - en varios pensamientos se derrama - por hallar el remedio que provea - a tanto mal, a tanto daño y pena; - todo y en todo piensa, teme, ordena. - - Cual la refleja luz que da el pulido - espejo de cristal claro y hermoso, - que del rayo solar siendo herido, - el rayo reverbera luminoso, - y si a diversas partes es movido - de casa por el mozo curïoso, - anda paredes, techos y tejado, - temblando aquí y allí, mas no cansado: - - Tal el vago juício fluctuaba - de Gama preso, cuando se acordara - si Coello en la ribera le esperaba - con barcos, como él antes lo ordenara; - luego secretamente le mandaba - que se torne a la flota que dejara, - no fuese aquella noche salteado - del enemigo bando conjurado. - - Tal ha de ser quien quiere con el Marte - imitar los ilustres, o igualarlos: - que vuele el pensamiento a toda parte; - adivinar peligros y evitarlos; - con militar ingenio y sutil arte - entender los contrarios y engañarlos; - creer a todos con prudencia rara - y no decir después: ¿Quién tal pensara? - - Insiste el malabar en que esté preso - hasta ver junto a tierra nuestra armada: - él, constante en el trance más avieso, - sus amenazas tiene casi en nada: - que él quiere sobre sí tomar el peso - de lo que fragua la traición malvada - y no poner en riesgo y aventura - la flota de su rey, que está segura. - - Aquella noche estuvo detenido, - y parte de otro día, cuando ordena - de se volver al rey; mas fué impedido - por la guarda que tiene en guarda buena: - el Catual le sale a otro partido, - temiendo de su rey castigo y pena - si sabe esta malicia, que podría - saberla si allí más lo detenía. - - Que mande sea traída la hacienda - de la flota en barquillos a la tierra, - para que de vagar se trueque y venda, - que quien no quiere trato busca guerra; - puesto que la intención bien se la entienda, - el Gama, que el dañado pecho encierra, - el partido aceptó que aquí le trata, - pues que su libertad con él rescata. - - Era la condición que le daría - equipados bateles en que venga, - que los suyos el Gama no quería - traerlos do el contrario los detenga: - la codiciosa y rica mercancía - manda el Gama venir cuanta convenga, - para que libre el negro le dejase, - y a su hermano escribió que la enviase. - - Traída que fué a tierra, el Moro luego - en lugar a su gusto la aposenta: - quedáronse con ella Álvaro y Diego - para poder hacer la justa venta: - cuánto más que el oficio, mando y ruego, - al pecho vil el premio le sustenta, - bien lo mostró el gentil en este hecho, - pues suelta al Gama viendo otro provecho. - - A la flota lo envía porque tiene - bastante prenda donde haber pudiese - muy mayor interés del que le viene - si al capitán más tiempo detuviese; - mas Gama, viendo ya que no conviene - a la tierra volver do le cogiese - el Catual, al puesto ya llegado, - de asiento se dejó estar sosegado. - - En las naos se queda vagoroso - hasta ver lo que el tiempo descubría, - que no se fía ya del codicioso - regidor que a sobornos atendía. - Vea ahora el juicio curïoso - cuánto en el rico y pobre puede hoy día - el interés, la sed torpe, enemiga, - del dinero, que a todo nos obliga. - - A Polidoro mata el rey Treício, - por quedarse señor de su tesoro; - cogió por el fortísimo edificio - su hija a Acrisio aquella lluvia de oro; - pudo tanto en Tarpeya aqueste vicio - que por él granjeó perpetuo lloro, - pues por él al contrario le dió entrada - y muere en pago de él casi ahogada. - - Éste rinde las altas fortalezas - y en traidores nos vuelve los amigos; - a los nobles hacer hace vilezas, - entregar capitanes a enemigos; - de las vírgenes coge las purezas - sin temor, honra, fama ni testigos; - éste deprava a veces las ciencias, - cegando los juícios y conciencias. - - Este interpreta más que sutilmente - textos y leyes todo a su albedrío: - éste causa perjurios en la gente - y en tiranía vuelve el señorío: - aun hasta a los que a Dios omnipotente - se ofrecen, los sujeta con su brío, - del labrador al rey, al santo papa, - tomando de virtud la honesta capa. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -CANTO NONO - - - EN la ciudad se estaban muy de asiento - los dos sin disponer de la hacienda, - que los moros con maña y falso intento - hacen que nadie compre ni les venda: - quieren con engañoso fingimiento - los nuestros detener con esta prenda - hasta que fuese tiempo que viniesen - las naos de Meca, que éstas deshiciesen. - - En el seno Eritreo, do fundada - fué Arsinoe del egipcio Ptolomeo, - del nombre de su hermana así llamada, - trocada en Suez, perdido ya su arreo, - cerca del puerto está Meca, nombrada - por una falsa fama y devaneo - que afirma haber en ella la profana - corriente religiosa mahometana. - - Gidá se llama el puerto donde el trato - de todo el mar Bermejo florecía, - de que lleva provecho grande y grato - el soldán que esta tierra poseía: - de aquí dos malabares, por contrato - del infiel, la bella compañía - de naos por el mar Índico y extraño - por droga al puerto viene cada un año. - - Aquestas naos los moros esperaban, - que, como grandes eran y famosas, - a las que su comercio salteaban - desharían con llamas polvorosas: - tanto en este socorro confiaban - que del Luso no quieren ya más cosas, - sino que tanto tiempo allí tardase - que la flota de Meca la saltease. - - Mas el gobernador de cielo y gentes, - que para lo que está determinado - siempre provee de medios convenientes - por donde tenga efecto lo asentado, - influyó aquí piadosos accidentes - de afición en Monzaide, que guardado - estaba para dar al Gama aviso - y merecer con esto el Paraíso. - - De éste los moros nunca se guardaban - por ser moro como ellos, antes era - participante en cuanto maquinaban: - la traición descubrió nefanda y fiera: - muchas veces las naos que al mar estaban - visita, y con piedad bien considera - el daño y sinrazón que se le ordena - por la maldita gente sarracena. - - Al Gama informa de las naos y armadas - que de Meca aquí vienen cada un año, - que ahora son por todos deseadas - para ser instrumento de este daño: - de armas y gentes vienen pertrechadas - allanando en el mar cualquiera extraño, - y que puede ser de ellas oprimido, - según estaba mal apercibido. - - El Gama, que también consideraba - el tiempo que al partir le incita y llama - y que del rey despacho no esperaba - mejor, porque a los moros cree y aun ama, - los factores venir luego mandaba, - sin que de su venida vuele fama, - porque ella la tornada no la impida, - la cual quiere que hagan escondida. - - Pero no tardó mucho que volando - un rumor comenzó luego a sonarse - que fueron los factores presos, cuando - se supo en la ciudad querer tornarse: - la fama a las orejas penetrando - del capitán, buscó cómo vengarse, - y presa hace en unos que vinieron - a vender pedrería que trujeron. - - Eran estos tratantes los mayores - de Calicut, por ricos conocidos: - su falta la sintieron los mejores - y el estar en la flota detenidos: - en las naos ya están trabajadores - volviendo el cabrestante, repartidos - al trabajo: unos tiran de la amarra, - quiebran con duro pecho otros la barra. - - Cuélganse otros del mástil y desatan, - la vela que con grita se soltaba, - cuando con mayor grita al rey relatan - cómo ya nuestra armada se aprestaba: - las mujeres e hijos que se matan - de aquellos que van presos, donde estaba - el Samorín, se quejan ser perdidos - los padres de unos, de otras los maridos. - - Envió los factores Lusitanos - con toda su hacienda libremente, - a pesar de los perros mahometanos, - porque el capitán suelte aquella gente. - De los presos lavaba el rey sus manos - con excusas de un hecho así indecente: - con verlos se holgaron, y tornando - los negros, van al viento velas dando. - - Vase la costa abajo, porque entiende - que en vano con un rey tal trabajaba - establecer el feudo que pretende - por firmar los comercios que trataba; - mas como ya la tierra, que se extiende - al Aurora, sabida la dejaba, - a su patria se vuelve dulce y cara, - señal llevando de la que hallara. - - Malabares algunos que tomados - fueron de los que el rey había enviado, - con los factores nuestros libertados; - y la pimienta y clavo que ha comprado; - de especie varios géneros juntados, - la seca flor de banda, y nuez que ha hallado - en Maluco famoso, y la canela, - con que así de Ceilán la fama vuela. - - Esto todo alcanzó por diligencia - del Monzaide fiel que lo procura, - el cual por la divina Providencia - a Cristo se volvió de su locura; - africano feliz, que la clemencia - divina lo sacó de niebla obscura - y lejos de su patria halló manera - con que a la patria suba verdadera. - - De la costa apartándose, se acuesta - al peligroso mar vuelta la proa, - do de Buena Esperanza estaba puesta - la meta, más temida que Lioa: - llevan alegres nuevas y respuesta - de la parte oriental para Lisboa, - emprendiendo otra vez los duros miedos - del mar incierto, tímidos y ledos. - - El llegar a su patria dulce y cara, - a sus caros penates y parientes, - el contar la derrota larga y rara, - los varios cielos, climas, tierras, gentes, - el alcanzar el premio que ganara - por tan graves trabajos y accidentes, - es a cualquiera un gusto tal, que el pecho - y corazón para él es vaso estrecho. - - Pero la diosa Cipria, que abogada - ha sido de los Lusos largos años, - del padre eterno, y por buen genio dada, - para les evitar males extraños, - la gloria por trabajos alcanzada, - la recompensa de los graves daños - les andaba ordenando, y pretendía - darles en tristes mares alegría. - - Después de haber un poco revolvido - consigo, el largo mar que navegaron, - las graves penas que por el nacido - en tierra de Anfión se les causaron, - ya traía de atrás en el sentido - para premio de cuanto mal pasaron, - buscar algún deleite, algún descanso - en el reino del mar líquido y manso. - - Algún reposo, en fin, con que pudiese - refocilar la gente tan cansada - de la navegación, como interese - de la vida en el mar triste pasada. - Parécele ser justo que se diese - cuenta a su hijo, cuya flecha airada - a los dioses abaja al vil terreno, - los hombres sube al cielo más sereno. - - Aquesto imaginado, determina - sosiego darles en la grande anchura - con alguna fingida isla divina - matizada de flores y frescura, - cual las tiene en el reino que confina - con el que al hombre fué de poca tura, - fuera de las que tiene soberanas - adentro de las puertas herculanas. - - Quiere que las acuáticas doncellas - allí esperen los ínclitos varones, - las hermosas que dan gloria con vellas - y con la gloria dan pena y pasiones; - con danzas y con fiestas, porque en ellas - influirá secretas aficiones, - porque con más presteza sean cazados - los pechos del amor siempre llagados. - - De aquesta maña usó para que fuese - el que parió de Anquises recibido - en tierra, que do un cuero se extendiese - labró la enamorada y triste Dido. - El hijo va a buscar que esto supiese, - que su poder está puesto en Cupido, - que como le ayudó en aquella liga, - quiere que en ésta ahora ayude y siga. - - Las aves junta al carro que en la vida - las exequias de muerte están cantando, - y aquellas en que fué ya convertida - Peristea, las flores apañando. - En cerco de la diosa, ya partida, - se van lascivos besos todas dando: - ella por donde pasa, el aire, el viento, - sereno hace con su movimiento. - - A los Idalios montes se desciende - do su flechero hijo acaso andaba - ayuntando otros muchos, que pretende - expedición hacer soberbia y brava - contra el caduco mundo, porque enmiende - errores en que ha mucho que se estaba, - amando cosas que le fueron dadas, - no para ser amadas, más usadas. - - Ve Acteón en caza tan austero, - ciego de una alegría bruta, insana, - que por seguir un feo animal fiero - huye la gente y bella forma humana, - y por darle un castigo cruel, severo, - la belleza le muestra de Diana, - y guárdese no sea consumido - de los perros y galgos que ha querido. - - Del mundo ve los grandes y señores - que nadie en el bien público imagina, - ni tienen a otra cosa alguna amores - si no es a sí o a quien Filaucia inclina: - ve que los que frecuentan como oidores - las salas, por la buena y fiel doctrina - vencen adulación, que mal consiente - limpiarse el nuevo trigo floreciente. - - Los que deben tener a la pobreza - amor, y al pueblo caridad ferviente, - aman sólo los mandos y riqueza, - fingiendo la justicia exteriormente: - de fea tiranía y aspereza - hacen derecho, y lo que más se siente, - las leyes en favor del rey se hacen, - las en favor del pueblo se deshacen. - - Ve al fin que ninguno ama lo que debe, - sino aquello que mal su mal desea: - no quiere diferir al que se atreve - el castigo que duro y justo sea: - sus ministros ajunta, porque lleve - el ejército igual a la pelea - que tendrá con la mal regida gente - que no fuere al amor justo obediente. - - Muchos de estos chiquillos voladores - están en varias obras trabajando: - unos afilan hierros pasadores, - otros los palotillos ahusando; - en su labor están cantando amores, - varios casos en verso tierno y blando, - melodía suave y concertada, - alegre letra, angélica sonada. - - En las eternas fraguas do forjaban - puntas a las saetas penetrantes, - por leña corazones se quemaban, - entrañas vivas, telas palpitantes: - las aguas do los hierros se templaban - lágrimas son de míseros amantes; - la viva llama, el resplandor esquivo, - es el deseo que mata y queda vivo. - - Ensayándose algunos allí andaban - en pechos duros de la gente ruda; - suspiros por el aire resonaban - de los que ya hirió la punta aguda: - hermosas ninfas son las que curaban - las llagas recibidas, cuya ayuda - no sólo vida da a los mal heridos, - mas pone en vida los aun no nacidos. - - Hermosas son algunas, otras buenas, - según la cualidad de aquellas llagas, - que el veneno esparcido por las venas - no sanara triaca aunque más hagas: - unos quedan atados en cadenas - por palabras sutiles de las magas: - esto acontece cuando las saetas - aciertan a llevar hierbas secretas. - - De estos tiros así desordenados, - que estos mal diestros mozos van tirando, - nacen amores mil desconcertados - en el herido pueblo miserando; - y en los héroes también de altos estados - ejemplos se verán de amor nefando, - cual de las mozas Biblis, Cinerea, - del mancebo de Asiria y de Judea. - - Mil generosos vemos por pastoras - rendir las señorías a mercedes, - y por bajos lacayos las señoras - presas las vieron ya vulcanias redes: - unos esperan las nocturnas horas, - otros suben tejados y paredes; - mas yo creo que de este amor indino - ha más culpa la madre que el menino. - - Llegada al prado donde el hijo pruebe, - paran cisnes el carro mansamente; - mas Venus, que las rosas vence y nieve, - del carro en tierra salta diligente: - el flechero, que al cielo alto se atreve, - a recibirla sale al continente: - salen los cupidillos servidores - a recibir la diosa que es de amores. - - Ella, porque no gaste el tiempo en vano, - teniendo el hijo en brazos confiada, - le dice: «Amado hijo en cuya mano - mi potestad y fuerza está fundada, - en quien se ve el esfuerzo soberano - que las tifeas armas tiene en nada, - de necesidad grave compelida, - vengo para de ti ser socorrida. - - »Bien ves las Lusitánicas fatigas, - que ya de muy atrás yo favorezco, - porque sé de las parcas mis amigas - que me han de venerar como merezco; - y porque con mayor amor me sigas, - mis romanos imitan, y me ofrezco - a les dar el ayuda que yo pueda, - clavando a la Fortuna el eje y rueda. - - »Y porque, con insidias del odioso - Baco, en la India fueron molestados, - y en peligros del golfo proceloso - pudieron ser más muertos que cansados, - en el mar que les fué tan temeroso - quiero que sean ahora acariciados, - gozando del trabajo aquella gloria - que eterniza en los hombres la memoria. - - »Y para esto querría que, heridas - las hijas de Nereo, en el profundo - fuesen de amor de aquéstos encendidas - que a descubrir vinieron nuevo mundo: - en un jardín florido conducidas, - yo las pondré con rostro muy jocundo, - que tendré dentro el mar aparejado, - del don de Flora y Céfiro adornado. - - »Allí con mil refrescos y manjares, - con vinos odoríferos y rosas, - en labrados palacios singulares, - hermosas camas y ellas más hermosas, - en fin, con mil deleites no vulgares - los esperen las ninfas amorosas, - de amor heridas, dentro de esta casa, - sin ponerles al ver ni al gozar tasa. - - »Quiero que haya en el reino neptunino, - do yo nací, progenie fuerte y bella, - y tome ejemplo el mundo aquí malino - que libertad no habrá do amor se sella; - que no valdrá ni el muro adamantino, - ni triste hipocresía podrá tenella, - que mal habrá en la tierra quien se guarde, - pues el fuego de amor en el mar arde.» - - Propuso Venus, cuando el hijo inico, - para le obedecer, se apercibía: - manda traer su arco ebúrneo, rico, - con que tiene más cierta puntería: - alegre Venus, al hijo impudico - dentro del mismo carro lo subía, - y da rienda a las aves que con canto - la muerte de Faetón lloraron tanto. - - Mas dice Amor que le era necesaria - una famosa y célebre tercera, - que puesto que mil veces le es contraria, - otras muchas le ha sido compañera: - la diosa Gigantea, temeraria, - jactante, mentirosa, verdadera, - que con cien ojos ve, burla y se entona, - y lo que ve con bocas mil pregona. - - Vanla a buscar, y envíanla delante, - que celebre con voz sonora y clara - los hechos de la gente navegante - más que nunca de alguna celebrara: - resonando la fama tan pujante, - por las hondas cavernas penetrara - y hace ser de todos muy creída - venir credulidad con ella unida. - - El rumor y loor alto excelente - el pecho de los dioses, que indignados - fueran por Baco contra aquesta gente, - los muda y hace ser aficionados: - el bando mujeril, que prestamente - cualesquiera propósitos tomados - muda, juzga por malo y por bajeza - desear mal a tanta fortaleza. - - Despide en esto Amor crudas saetas - unas tras otras; gime el mar con tiros: - derechas por las ondas inquïetas - algunas van, mas otras con mil giros: - dan en las ninfas, que de las secretas - entrañas despedían mil suspiros: - cualquiera cae sin ver el bulto que ama, - que tanto como el ver puede la fama. - - Los cuernos junta de la ebúrnea luna - con fuerza, el mozo indómito, excesiva: - quiere a Tetis herir más que a ninguna, - porque más que ninguna le era esquiva: - no le queda en la aljaba saeta alguna, - ni en los ecuóreos campos ninfa viva, - y si con las heridas van viviendo, - será para sentir que están muriendo. - - Dad lugar, altas y espumosas ondas, - que Venus les trae ya la medicina: - muestra las blancas velas y redondas - que por el agua vienen neptunina, - para que amor recíproco respondas - a la llama amorosa femenina, - pues que aquí la pudica, casta, honesta, - a las obras de amor estará expuesta. - - De Nereidas el corro se apareja: - presuroso y gallardo caminaba, - con bailes a la usanza antigua y vieja, - a la isla do Venus las guiaba: - allí la diosa a todas aconseja - lo que mil veces hizo cuando amaba: - ellas, que van de amor ciego heridas, - están con su consejo apercibidas. - - Cortando viene el mar la compañía - del Luso para el cielo y patria amada, - con falta de alimentos y agua fría - para navegación tan prolongada, - cuando junta la flota conocía - tierra, de la isla fresca enamorada, - al tiempo que la madre deleitosa - de Memnonio parece más hermosa. - - De lejos ven la isla fresca y bella, - que Venus por las ondas les llevaba, - como el viento la vela, si da en ella, - a do la armada estar se divisaba; - que porque no pasasen sin que en ella - tomasen puerto, como deseaba, - donde las naos navegan la movía - la Acidalia, que más que esto podía. - - Luego la hizo inmoble, como vido - ser vista del piloto y demandada, - cual Delos se quedó habiendo parido - Latona y Febo y la que a caza es dada. - Al punto para allá fué el mar rompido - donde la costa hace una ancha entrada: - el arena tan blanca que recrea - y de conchas la pinta Citerea. - - Tres montecillos frescos se mostraban - con altura soberbia y muy graciosa, - que del florido esmalte se adornaban - haciendo estar la isla deleitosa: - de la cumbre las fuentes abajaban - claras, que la verdura hacen viciosa: - entre las blancas guijas se reía - con dulce son el agua que corría. - - A un valle ameno que los montes hiende - vienen las claras aguas a juntarse, - donde una mesa hacen que se extiende - tan bella, cuanto puede imaginarse: - el frutal sobre el agua se desciende - como quien pronto está para afeitarse, - viéndose en el cristal resplandeciente - que en sí lo está pintando propiamente. - - Mil árboles al cielo están subiendo - con frutos odoríferos y bellos: - el naranjo en su pomo refiriendo - la color que trae Dafne en los cabellos: - de la cidra los frutos van cayendo, - los ramos con el peso caen tras ellos; - los hermosos limones olor dando, - van los pechos virgíneos imitando. - - La silvestre arboleda, que en cuarteles - los montes con sus ramas ha partido, - álamos son de Alcides, y laureles - por quien de Febo el pecho fué herido; - mirtos de Citerea, y los donceles - pinos, de quien Cibeles se ha servido: - allí apunta el derecho cipariso - la parte do está puesto el paraíso. - - Los dones de Pomona allí Natura - produce diferentes en sabores, - sin serles necesaria la cultura, - pues sin ella se dan mucho mejores; - la color de cereza roja y pura, - y las moras que el nombre traen de amores; - el fruto que de Persia vino bueno - y mejor se tornó en terruño ajeno. - - La granada descubre la rosada - color, con que tu precio, rubí, pierdes: - en los ramos del olmo está abrazada - la vid con sus racimos rubios verdes; - y si quieres vivir, pera, cortada - del árbol, vivirás como te acuerdes - de entregarte a los daños que con picos - en ti pueden hacer los pajaricos. - - Pues la tapicería bella y fina - con que se cubre el rústico terreno - la de Aquemenia hace menos dina - y el valle, que es sombrío, más ameno; - la cabeza la flor cifisia inclina - sobre el estanque lúcido y sereno: - florece el hijo y nieto de Ciniras - por quien, oh pafia diosa, aun hoy suspiras. - - No hubiera quien juzgara en esta hora, - viendo en el cielo y suelo unas colores, - si las flores la daban a la Aurora - o la Aurora la daba a aquestas flores: - pintando estaba allí Céfiro y Flora - con tinta las violetas de amadores, - el lirio rojo con la rosa bella, - cual se ve en las mejillas de doncella. - - La azucena, de aljófar rociada, - y hierbabuena está en lugar distinto; - la flor que fué del claro Febo amada, - con sus letras se ve el triste jacinto, - con Pomona la Cloris igualada - quiere ser con las flores que aquí pinto: - si en el aire cantando aves volaban, - animales el suelo pavoneaban. - -[Ilustración: Gerard, dibujó - -Reschomme, sc. - - De esta arte, en fin, conformes las hermosas - ninfas con sus amados navegantes, - se coronan de flores deleitosas, - de laurel, oro y piedras abundantes; - - _Canto IX, Estr. 84._ -] - - Cerca del agua el blanco cisne canta, - el ruiseñor del árbol le responde; - Anteón de sus cuernos no se espanta, - y aunque se ve en el agua, no se esconde: - aquí la echada liebre se levanta, - la gama quiere huir y no halla dónde; - aquí en el pico trae al caro nido - el pájaro el sustento que ha cogido. - - En tal frescura aquí desembarcaban - con gusto los segundos Argonautas, - donde por la floresta se dejaban - andar las bellas diosas como incautas; - algunas, dulces cítaras tocaban; - algunas, arpas; otras, dulces flautas; - otras, con arcos de oro se fingían - seguir la caza, y caza no seguían. - - Así lo aconsejó la maestra experta, - que en el campo anduviesen derramadas, - que aunque la presa fuese vista incierta, - primero se hiciesen deseadas: - algunas, que en la forma descubierta - del bello cuerpo estaban confiadas, - puesta la artificiosa hermosura, - desnudas se metían en la agua pura. - - Mas los fuertes mancebos que en la playa - ponen los pies, de tierra codiciosos, - que no hay ninguno entre ellos que no vaya, - cual todos, por hallar caza orgullosos, - no piensan que en su lazo o redes caya - caza en aquellos montes deleitosos, - tan suave, doméstica y benina - cual herida la tiene ya Ericina. - - Unos, que en espingardas y ballestas - para herir los ciervos se fiaban, - por los sombríos bosques y florestas - determinadamente se arrojaban; - mas otros a las sombras, que de siestas - defienden la frescura, paseaban - cerca del agua que suave y queda - hace son con el son de la arboleda. - - A divisar comienzan de repente - entre los verdes ramos las colores, - colores que la vista juzga y siente - no ser de rojas rosas ni de flores; - mas de lana y de seda diferente, - que incita más y más a los amores, - de que se visten las humanas rosas, - haciéndose por arte más hermosas. - - Da Veloso espantado un grande grito: - «Señores, caza extraña, dijo, es ésta: - si aquí dura el gentil y antiguo rito, - a diosas es sagrada esta floresta: - más se descubre aquí que el apetito - humano deseó, y se manifiesta - que son grandes las cosas y excelentes - que el mundo encubre a gentes imprudentes. - - »Sigamos estas diosas, y veamos - si fantásticas son o verdaderas.» - Esto dicho, veloces más que gamos - se dieron a correr por las riberas: - huyen las ninfas por entre los ramos, - muy más industrïosas que ligeras; - poco a poco riendo, y gritos dando, - se dejan de los galgos ir cazando. - - Los hilos de oro de una el viento lleva; - de otra, al correr, las faldas delicadas: - enciéndese el deseo que se ceba - en las carnes que allí le son mostradas: - una de industria cae, y de que se atreva, - con muestras más donosas que indignadas, - riñe al enamorado que, herido - de amor, sobre ella cae mal advertido. - - Otros por otra parte van topando - las diosas que desnudas se lavaban, - y de verlos venir están gritando, - como que asalto tal no lo esperaban: - algunas de ellas, menos estimando - la vergüenza que fuerza, se arrojaban - desnudas al huir, al ojo dando - lo que a las tristes manos van negando. - - Otra, como acudiendo más de priesa - a no perder su honra en esta danza, - esconde en la agua el cuerpo; otra se apriesa - y por su ropa afuera se abalanza; - tal de los mozos hay que, por la priesa, - vestido se echa al agua, la tardanza - del desnudar temiendo, no se tarde - matar en agua el fuego que en él arde. - - Cual perro de agua, en agua acostumbrado, - a tomar la ave o garza allí herida, - viendo ya el arcabuz enderezado - a la pata o garcilla conocida, - antes del tiro salta en ella airado - y trae de la que fué triste homicida, - nadando va y latiendo así el mancebo - por la que nunca fué hermana de Febo. - - Leonardo, mancebo bien dispuesto, - mañoso caballero, enamorado - contra quien el Amor no perdió resto, - pues siempre fué de damas mal pagado, - el cual tiene por firme presupuesto - ser con amores mal afortunado, - pero nunca ha perdido la esperanza - de poder en su hado haber mudanza: - - Quiso aquí su ventura que corría - tras Efire, un ejemplo de belleza, - la cual más que las otras dar quería - caro lo que le dió naturaleza; - cansado de correr: «¡Ay me!, decía, - indigna hermosura de aspereza, - espera a quien te da del vivir palma: - lleva el cuerpo, pues llevas, ninfa, el alma. - - »Todas de correr cansan, ninfa pura, - y cansadas se dan a su enemigo: - tú duras en huirme en la espesura. - ¿Quién te dijo ser yo el que aquí te sigo? - Si te lo ha dicho ya aquella ventura - que en toda parte siempre anda conmigo, - no la creas, que yo, si la creía, - mil veces cada punto me mentía. - - »No canses, que me cansas; y si quieres - huirme porque no pueda tocarte, - es mi ventura tal que, aunque me esperes, - ella hará que no pueda alcanzarte: - espera; quiero ver, si tú quisieres, - qué sutil modo busca de escaparte, - y notarás al fin de este suceso - _tra la spica e la man qual muro è messo_. - - »¡Oh!, no me huyas, no: así nunca el breve - tiempo huya de ti y tu hermosura, - pues que con refrenar el paso leve - vencerás mi desdicha y fuerza dura. - ¿Qué emperador, qué ejército se atreve - a quebrantar la furia de ventura - que en cuanto deseé, me va siguiendo? - Lo que tú sola puedes no huyendo. - - »¿Ayuda das a la desdicha mía? - Flaqueza es dar ayuda al más potente. - ¿El corazón me llevas que tenía - libre? Suéltalo, irás más diligente: - no te cargue aquesa alma y su agonía, - que en esos hilos de oro reluciente - llevas atada, si después de presa - no mudó su ventura y menos pesa. - - »Con solo aquesta fe te voy siguiendo, - que o tú no sufrirás el peso de ella, - o tu rostro que el alma va sufriendo - le mudará su dura y triste estrella. - Y si se ha de mudar, ¿qué vas huyendo? - Que amor te herirá, bella doncella, - y tú me esperarás si amor te hiere, - y si me esperas, no hay más que yo espere.» - - Ya no huye la bella ninfa, tanto - por darse cara al Luso que seguía, - como por ir oyendo el dulce canto, - las lástimas de amor que le decía; - y volviéndole el rostro blando y santo, - todo bañado en risa y alegría, - caerse deja a los pies del vencedor, - que se deshace en frenesí de amor. - - ¡Qué hambriento besar en la floresta! - ¡Qué regalado lloro que sonaba! - ¡Qué suaves halagos! ¡Qué ira honesta - que en alegres risadas se trocaba! - Lo que más se pasó mañana y siesta, - que Venus con placeres inflamaba, - mejor será probarlo que juzgarlo, - mas júzguelo el que no puede probarlo. - - De esta arte, en fin, conformes las hermosas - ninfas con sus amados navegantes, - se coronan de flores deleitosas, - de laurel, oro y piedras abundantes; - las blancas manos daban como esposas; - con palabras al hecho estipulantes, - aprométense eterna compañía, - en vida y muerte, de honra y alegría. - - Entre ellas la mayor, a quien se humilla - todo el coro de ninfas, y obedece, - hija de Celo y Vesta, que, en su silla - puesta, las demás todas obscurece, - hinchiendo tierra y mar de maravilla, - al Gama, que la quiere y la merece, - recibe allí con pompa soberana, - mostrándose señora más que humana. - - Después de haberle dicho quién ella era, - por alto exordio de alta gracia ornado, - haciéndole entender cómo viniera - por influjo y suasión del firme hado, - para le descubrir toda la esfera - de tierra inmensa y mar no navegado, - los secretos, por alta profecía, - que sola su nación saber debía: - - Llévalo de amor preso, y por la mano, - a la cumbre de un monte alto y divino, - donde está un edificio soberano - de cristal claro, de oro puro y fino. - El día pasó aquí, alegre y ufano, - en dulces juegos y en placer contino: - en los palacios goza sus amores; - los demás por las sombras y entre flores. - - De esta suerte la bella compañía - el día casi todo está pasando - en un nuevo placer, nueva alegría - los trabajos prolijos compensando, - que de sus hechos grandes y osadía, - fuerte y famosa al mundo, está aguardando - el premio allá en el fin bien merecido - con fama grande, nombre esclarecido. - - Las ninfas de la mar, bellas, graciosas, - Tetis, la isla Angélica pintada, - no es otra cosa que las deleitosas - honras con que la vida es sublimada: - aquellas preeminencias glorïosas, - los triunfos y la frente coronada - de laurel, palma, gloria, nombre y fama, - son los deleites que esta isla derrama. - - Las inmortalidades que fingía - la antigua edad que el pecho ilustre ama, - allá en el alto cielo, a quien subía - sobre las alas puesto de la fama, - por obras valerosas que hacía, - por el trabajo inmenso que se llama - camino de virtud alto y fragoso, - mas al fin dulce, alegre y deleitoso: - - No eran sino premio, que reparte - por hechos inmortales soberanos - el mundo, con los que el esfuerzo y arte - divinos los hicieron, siendo humanos: - que Júpiter, Mercurio, Febo y Marte, - Eneas y Quirino, dos tebanos, - Ceres, Palas y Juno, con Diana, - todos fueron de flaca carne humana. - - Mas la fama, trompeta de obras tales, - les dió en el mundo nombres tan extraños - de dioses, semidioses inmortales, - indígetes, heroicos, y de maños: - por eso los que a ser muy principales - aspiráis, si queréis veros tamaños, - despertad ya del sueño de ocio ignavo, - que el ánimo de libre hace esclavo. - - Poned en la codicia un freno duro - y en la triste ambición que indignamente - tomáis mil veces, con el torpe obscuro - vicio de tiranía infame, urgente; - porque esas vanas honras, y oro puro, - verdadero valor no da a la gente: - mejor es merecerlas sin tenerlas, - que poseerlas y no merecerlas. - - Dando al pueblo en la paz leyes constantes - que a los pobres protejan y a los buenos, - o tomando las armas rutilantes - contra los enemigos sarracenos, - haréis los reinos grandes y pujantes, - poseeréis todos más, ninguno menos: - gozaréis las riquezas merecidas, - y las honras que ilustran a las vidas. - - Haced vuestro rey claro, que amáis tanto, - ahora con consejos bien pensados, - con la espada en la mano, al brazo el manto, - respondiendo al valor de los pasados; - por lo imposible no toméis quebranto - (siempre podrá el que quiere), y celebrados - seréis con los héroes esclarecidos - en esta isla de Venus recibidos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -CANTO DÉCIMO Y ÚLTIMO - - - MAS ya el claro amador de Larisea - adúltera los carros inclinaba - para el piélago largo que rodea - Temistitán, do el Occidente estaba: - Favonio el gran calor del Sol recrea - con soplo que en las aguas respiraba, - volviéndole el frescor la dulce vida - al lirio y al jazmín, del sol perdida. - - Cuando se van las ninfas y amadores - por la mano conformes y obedientes - a los palacios ricos de labores - con pórfido y cristal resplandecientes; - las mesas tienen llenas, servidores, - de platos de manjares excelentes, - porque puedan allí con tal largueza - cada cual socorrer a su flaqueza. - - Allí en las sillas ricas, cristalinas, - se asientan dos a dos amante y dama: - en dos que están primero, de oro finas, - con su diosa se puso el claro Gama: - de iguarias suaves y divinas, - a quien nunca llegó la egipcia fama, - se amontonan los llenos platos de oro, - traídos del atlántico tesoro. - - Los vinos odoríferos, que encima - están, no son itálico Falerno, - mas ambrosía que Júpiter estima, - con todo su concilio sempiterno: - en vasos do no puede obrar la lima - blancas espumas alzan, y al interno - corazón mueven súbita alegría, - saltando con la mezcla de agua fría. - - Mil pláticas alegres se hablaban, - risas, motes y dichos delicados, - que entre un manjar y el otro se tocaban - ya con los apetitos desbocados: - músicos instrumentos no faltaban - cuales en el Cocito a los penados - hicieron descansar de eterna pena - con una voz de angélica sirena. - - Una ninfa cantaba, y sus acentos, - que por los altos aires van sonando, - en consonancia igual los instrumentos - a un mismo tiempo vienen conformando. - Un silencio refrena allí los vientos - y hace blandamente ir murmurando - las aguas: en sus casas naturales - adormece los brutos animales. - - Con dulce voz está subiendo al cielo - los varones que aun no han venido al mundo, - cuyas ideas vió Próteo sin velo - en un globo diáfano y rotundo: - Júpiter se lo dió por su gran celo - en sueños, y él después en el profundo - lo dijo, do la ninfa en su memoria - recogió tan ilustre y clara historia. - - Materia es de coturno, no de soco, - lo que aprendió la ninfa allá en su lago, - cual Yopas no supo, o Demodoco, - en los Feaces uno, otro en Cartago. - Aquí, sacra Calíope, te invoco - en el trabajo extremo, porque en pago - me des de lo que escribo, y yo pretendo, - el gusto de escribir que voy perdiendo. - - Van los años bajando, y del estío - al otoño es el paso corto y breve: - la fortuna me ha hecho ya sin brío, - no se ensalza mi musa ni se atreve: - los disgustos me van llevando al río - do en olvido se queda el que lo bebe: - mas tú me da que cumpla, reina mía, - con lo que el amor quiere y yo quería. - - Cantaba aquesta ninfa que vendrían - del Tajo, por el mar que Gama abriera, - gentes que las riberas vencerían - donde el Índico mar hace ribera; - y los gentiles reyes rendirían - al yugo de la luz de Dios sincera, - o por bien, o por mal, con brazo fuerte, - hasta rendirse a él, de él a la muerte. - - De uno canta que allá en los Malabares - era de sacerdotes el primado, - y por guardar la fe a los singulares - Portugueses perdió todo su estado: - sus ciudades consiente y sus lugares - ser talados con fuego y hierro airado - por el gran Samorín que nuestra gente - quisiera aniquilar en el Oriente. - - Y canta «cómo ve que se embarcaba - en Belén su remedio soberano, - sin saber lo que en sí la mar llevaba: - lleva a Pacheco, Aquiles Lusitano: - sienten su grave peso, cuando entraba - el corvo leño el férvido Oceano, - los troncos que en el agua ya gemían - y en ella sin quererlo se metían. - - »Mas llegado a los fines orientales, - ayudándose queda con gran brío - al de Cochín, con pocos naturales, - en brazos del salado y ancho río: - desbarata los Naires infernales - al paso Cambalón, tornando frío - con espanto el ardor grande de Oriente - de lo mucho que hacía tan poca gente. - - »Llamará el Samorín más gente nueva; - vendrán del Bipur reyes, del Tanor, - de sierras de Narsinga, que alta prueba - estarán prometiendo a su señor: - hará el Naire que todo al fin se mueva - de Calicut la tierra y Cananor: - vendrán diversas leyes a la guerra, - moros por mar, gentiles por la tierra. - - »A todos otra vez desbaratando, - por tierra y mar, el gran Pacheco osado, - la grande multitud que irá matando - a todo el Malabar tendrá admirado: - Samorín, con la rabia, renegando, - al combate saldrá más denodado; - su gente con injuria, y los remotos - dioses, irá llamando con mil votos. - - »Ya no defenderá solos los pasos, - mas quemarle ha lugares, templos, casas, - con furor Samorín, viendo ya lasos - a los que las ciudades hacen rasas; - los suyos, de la vida nada escasos, - te los echa Pacheco; mas tu pasas - sus vidas por el filo, y vas, volando, - de la una a la otra parte en todos dando. - - »Vendrá allí el Samorín, porque en persona - los suyos a la guerra cruda anime; - mas un ligero tiro su corona - con sangre teñirá, y cetro sublime; - y viendo que a Pacheco le abandona - su fuerza, y que no hay fuerza que él estime, - inventará traiciones y venenos, - mas siempre (Dios queriendo) hará menos. - - »Tornará la vez séptima, cantaba, - a pelear con el invicto Luso, - a quien trabajo alguno no espantaba, - y si lo esté, le tiene muy confuso. - Traerá para la guerra, horrenda y brava, - máquinas con maderos fuera de uso, - con que pueda anegar las carabelas, - sin serles de provecho mástil, velas. - - »Por la mar llevará sierras de fuego - para abrasarle cuanta armada tiene; - mas la militar arte, e ingenio, luego - en humo volverá el fuego que viene: - ningún claro varón en marcio juego, - que en alas de la fama se sostiene, - llega a éste que la palma a todos toma: - perdónenme la ilustre Grecia y Roma. - - »Porque tantas batallas sustentadas - con muy poquitos más de cien soldados, - y con artes de guerras señaladas - tener moros sin cuento ahuyentados, - o parecerán fábulas soñadas, - o que los altos coros invocados - bajaban en su ayuda y les traían - esfuerzo, fuerza, ardid, con que vencían. - - »Ni el otro que en los campos Maratonios - el poder de Darío asuela y ofende; - ni el que con cuatro mil lacedemonios - el paso de Termópilas defiende; - ni Cocles el mancebo en los Ausonios - que con todo el poder tusco contiende - por defender la puente, oh Quinto Fabio, - no fué cual éste en guerra fuerte y sabio.» - - La ninfa en este punto el son canoro - en ronco lo convierte entristecido, - cantando en baja voz envuelta en lloro - el gran esfuerzo mal agradecido. - «¡Oh Belisario, dice, que en el coro - de Musas serás siempre engrandecido!, - si en ti viste sin precio al bravo Marte, - ya tienes con quién puedas consolarte. - - »Aquí habrá compañero, así en los hechos - como en el galardón injusto y duro: - en ti y en él veremos altos pechos - venir a bajo estado, humilde, obscuro: - morir en hospital en pobres lechos - los que a la ley y rey sirven de muro: - esto hacen los reyes cuyo imperio - puede más que justicia en su hemisferio. - - »Esto hacen los reyes que, embebidos - en la blanda apariencia que contenta, - dan los premios de Ayace merecidos - a la lengua de Ulises fraudulenta: - vengarme he, que estos bienes mal partidos, - en el que dulces sombras representa, - si no los dan a sabios caballeros, - danlos a fementidos lisonjeros. - - »Mas tú, de quien quedó tan mal pagado - un tal vasallo, rey no agradecido, - si no le diste tu sublime estado, - él te dió reino y mando esclarecido; - y en cuanto fuere el mundo rodeado - del Sol, será de todos conocido, - y vivirá entre gentes pobre y claro, - y tú en esto culpado por avaro. - - »Otro vendrá, cantaba, intitulado - con el nombre real: traerá consigo - el hijo que en el mar será ilustrado, - siéndole de sus hechos buen testigo: - ambos darán con brazo fuerte, armado, - a la fértil Quiloa cruel castigo, - poniendo en ella un rey tal de su mano, - echando fuera el pérfido tirano. - - »Dejarán a Mombaza, que se arrea - de casas suntuosas y edificios, - con hierro y fuego tan talada y fea, - que pague por cabal sus maleficios; - y en la costa, que toda se rodea - de leños enemigos y artificios, - contra los Lusos, a velas y remos, - el mancebo Lorenzo hará extremos. - - »Dentro en las naos del Samorín potente, - que henchirán el mar, la gran pelota - que saldrá del cañón de cobre ardiente - dejará casco, mangle y vela rota; - y los garfios echando osadamente, - dará en la capitana, algo remota, - tan presto, que la deje con su espada - de cuatrocientos moros libertada. - - »Mas de Dios la divina providencia, - que sabe bien de qué es mejor servida, - a do no vale esfuerzo ni prudencia - para guardar la vida ya perdida, - en Chaúl, donde en sangre y resistencia, - con hierro y fuego, el agua está teñida, - le harán que con vida no se vaya - las armadas de Egipto y de Cambaya. - - »Allí el poder inmenso de esta gente, - que el grande esfuerzo con su fuerza apoca, - los vientos que le faltan y el ferviente - mar, que lo va arrojando a triste roca, - todo se conjuró contra el potente; - mas vaya el que de fuerte algo se toca - y a Esceva verá aquí despedazado, - sin saber ser rendido ni domado. - - »Fáltale una rodilla, que en pedazos - la lleva un ciego tiro que pasara; - mas donde faltan piernas sobran brazos - y el fuerte corazón que le quedara; - hasta que otra pelota dió en los lazos - con que el alma en el cuerpo se enlazara: - de la prisión mortal voló a la hora - al cielo do se halla vencedora. - - »Vete, alma, en paz, de guerra tan sangrienta, - en la cual mereciste paz serena; - que al cuerpo, que en pedazos se presenta - quien lo engendró venganza ya le ordena: - ya oigo resonar la gran tormenta - que viene a dar la cruda y triste pena - de esperas, basiliscos y trabucos - a los cambaicos y a los mamelucos. - - »Viene el padre con ánimo estupendo, - con lástima y coraje por antojos, - con que el paterno amor le está trayendo - fuego en el corazón, agua en los ojos: - la ira le venía aprometiendo - que ha de ofrecer al hijo por despojos - tal multitud que el Nilo sea en sentirla, - el Indo pueda verla, el Gange oirla. - - »Cual el toro celoso, que se ensaya - a la pelea, que sus cuernos tienta - al tronco de una encina o dura haya - y en la tierra su fuerza experimenta, - tal, antes que en el reino de Cambaya - entre Francisco airado, en la opulenta - Dabul su espada afila, y prueba el filo - cortando de los más el vital hilo. - - »Y entrando por el puerto de la Dío, - ciudad ilustre en cercos y batallas, - destrozará la armada, con gran brío, - de Calicut, que remos trae por mallas; - la de Melique rendirá con frío - temor, pudiendo el fuego así espantadas, - que a las gentes dará en el hondo asiento - secreto lecho de húmedo elemento. - - »Mas la de Mir-Hocén, que, blasonando, - la furia esperará de vengadores, - verá brazos y piernas ir nadando, - sin cuerpos, por el mar de sus señores: - rayos de fuego irán representando - con ciego ardor los bravos domadores: - cuanto allí sentirán ojos y oídos - llamas y humo será, con alaridos. - - »Mas ¡ay!, que de esta próspera victoria, - cuando a su patrio Tajo dé la vuelta, - casi le robará toda su gloria - un suceso de suerte a su mal suelta. - El cabo Tormentorio su memoria - con huesos guardará, y allí resuelta - la vida, volverá a su Dios el alma - a quien le dió el Egipto e India palma. - - »Tendrán allí los cafres más potencia - que los moros destrísimos tuvieron, - y con palos harán más resistencia - de la que flechas y arcos le hicieron: - juícios de divina Providencia, - a quien gentes que no los entendieron - les llaman hado malo, suerte obscura, - siendo de solo Dios voluntad pura. - - »Ved con qué nueva luz el laberinto - del Globo se aclaró, la voz sonaba, - mostrando el mar Melinde en sangre tinto, - con la ciudad de Lamo, de Oja y Brava, - por Acuña feroz, que nunca extinto - será su nombre en todo el mar que lava - las islas de Austro y playas que se llaman - de San Lorenzo, que en el Sur se afaman. - - »Esta luz es del fuego y relucientes - armas con que Alburquerque irá amansando - los Parseos de Ormuz, que por valientes - rehusarán el yugo honroso y blando: - las saetas verán allí las gentes - recíprocas volver al gentil bando - contra quien las tiró: que Dios guerrea - por quien por su fe santa entra en pelea. - - »Allí de sal los montes no defienden - de corrupción los muertos en combate; - mas por la larga playa y mar se extienden - de Gerún, de Mazcate y Calayate, - hasta que a pura fuerza ya desprenden - a bajar la cerviz, donde se le ate - la obligación de dar el reino inico - de perlas de Barén tributo rico. - - »¡Oh qué gloriosas palmas tejer veo - para la gloria de la gran Lisboa - cuando con fuerte brazo y gran deseo - a la isla ganó fuerte de Goa! - Después, obedeciendo al hado feo, - la deja, y de ella vuelve al mar la proa, - por tornarla a ganar: que esfuerzo y arte - vencen a la Fortuna y propio Marte. - - »Ved que vuelve sobre ella y va rompiendo - por las pelotas, muros, fuego y lanzas, - abriendo el escuadrón espeso, horrendo, - doquiera que con golpe o espada alcanzas: - van los soldados ínclitos haciendo, - cual toros o leones, mil matanzas, - cuando se celebró la fiesta dina - de la gloriosa virgen Catalina. - - »Ni es mucho si a tal hombre te rendiste, - puesto que rica en todo y asentada - al Oriente te veas, do naciste, - opulenta Malaca celebrada. - Las venenosas flechas que hiciste, - los crises con que estabas pertrechada, - amorosos malayos, jaos valientes, - al Luso serán todos obedientes.» - - Más estancias cantara esta sirena - en loor del clarísimo Alburquerque, - mas una ira le ataja que a él condena, - aunque su ilustre fama el mundo cerque. - El grande capitán, que el hado ordena - que con trabajos gloria eterna merque, - más ha de ser un blando compañero - a los suyos, que juez cruel y entero. - - Porque en tiempo de hambres y asperezas, - dolencias, flechas y rayos ardientes, - usar fieros castigos y bravezas - en los soldados fuertes y valientes, - parecen villanías y brutezas - de pechos inhumanos, insolentes, - dar extremo castigo por la culpa - que flaca humanidad y amor disculpa. - - No fué la culpa, no, de grave incesto - ni de violento estupro en virgen pura, - ni menos adulterio deshonesto, - sino con una esclava vil y obscura: - si el pecho, o de celoso, o de modesto, - o de usado a crueldad terrible y dura, - con los suyos la ira no refrena, - a blanca fama negra mancha ordena. - - A Apeles vió Alejandro enamorado - de su Campaspe, y dársela consiente, - no siendo su soldado exprimentado - en algún duro cerco, o guerra urgente. - Sintió Ciro que andaba ya abrasado - Araspas de Pantea en fuego ardiente, - que él en guarda tomó, con fe y promesa - de nunca en esta presa hacer presa. - - Mas viendo el claro persa que, vencido - era de amor, que no tiene defensa, - la culpa le perdona, y fué servido - de él en un grave caso en recompensa. - Por fuerza de Judita fué marido - el fuerte Baldovino, mas dispensa - con él Carlos y dale empresas grandes, - que viva y poblador quede de Flandes. - - Prosiguiendo la ninfa el dulce canto, - de Suárez canta «cómo las banderas - desplegaría con temor y espanto - por las rojas arábicas riberas: - Medina abominable teme tanto - cuanto Meca, y Gidá, con las postreras - playas de Abasia: Bárbora se exime - del mal, de que el imperio Zeila gime. - - »La noble isla también de Taprobana, - por el antiguo nombre tan famosa, - cuanto ahora soberbia y soberana - por la corteza cálida olorosa, - tributo pagará a la Lusitana - bandera, cuando clara y gloriosa - venciendo se alzará en la torre fuerte - de Columbo, temida a par de muerte. - - »Sequeira por las aguas eritreas - a tu imperio abrirá nuevo camino, - con que, reina Sabá, tanto te arreas - y Cándace lo tiene por divino: - a Mazuá descubre, y si rodeas, - verás el puerto Aquico allí vecino, - y hará descubrir remotas tierras, - cuáles con dulce paz, cuáles con guerras. - - »Vendrá después Meneses, cuyo hierro - en Libia será más que acá probado: - de la soberbia Ormuz vengará el yerro - con que pague el tributo al tresdoblado: - también tú, Gama, en pago del destierro - en que estás, te verás acá tornado - con título de conde que escogiste: - la tierra mandarás que descubriste. - - »Mas la necesidad fatal y urgente - de quien ningún humano es eximido, - con título real y preeminente - te quitará del mundo fementido. - Será el otro Meneses presidente, - mayor que no en la edad en el sentido: - gobernará y hará al dichoso Enrique - que en el mundo su fama se publique. - - »No sólo vencerá los Malabares, - destruyendo a Panane con Coulete, - sin temer las bombardas que en lugares - peligrosos su fuego se entremete; - mas con virtudes claras, singulares, - los enemigos vence, y acomete - del alma la codicia, incontinencia - que en edad tan lozana es excelencia. - - »Después que las estrellas lo llamaren, - tomarás, Mascareñas, el gobierno, - y si injustos el mando te quitaren, - no te podrán quitar el nombre eterno: - para que tus hazañas más se aclaren - el hado te ha traído más superno - a mandar, más de palmas coronado - que de justa fortuna acompañado. - - »Del reino de Bintán, que tantos daños - tiene a Malaca mucho tiempo ha hechos, - en solo un día injurias de mil años - vengarás con favor de ilustres hechos: - los trabajos, peligros, los engaños, - de hierro abrojos mil, pasos estrechos, - trincheras, baluartes y saetas, - te quedan que las rompas y sometas. - - »Mas la codicia y ambición que muestra - su rostro descubierto en el imperio - contra Dios y justicia, siendo diestra, - disgusto te hará, no vituperio. - El que injuria hiciere, con siniestra - fuerza y poder en que se ve, adulterio - acomete, y no vence, que victoria - es ganar de justicia eterna gloria. - - »Mas con todo no niego que Sampayo - será en esfuerzo ilustre y señalado, - mostrándose en el mar un fiero rayo, - que de enemigos mil verá cuajado. - En Bacanor hará cruel ensayo, - y en Malabar, para que, amedrentado, - después de ser vencido de él se venga - Cutiale, con cuanta armada tenga. - - »Y no menos de Dío la gran flota, - que Chaúl temerá por ser osada, - con la vista será perdida y rota, - por Héctor de Silveira destrozada; - por Héctor, portugués, de quien se nota - que en la costa Cambaica siempre armada - será a los Guzarates tan tirano - cuanto lo fué a los griegos el Troyano. - - »A Sampayo sucede en fuerza y cargo - Cuña, que en Chale torres levantadas - tendrá, teniendo el mando tiempo largo - y a Dío con sus gentes refrenadas. - El fuerte Bazaín con trance amargo - de guerra ganará, con cuchilladas - de que gime Melique que la espada - a su trinchera tenga sujetada. - - »Tras él vendrá Noroña, y con bullicio - de armas los fieros Rumes ahuyenta - de Dío, que el valor y el ejercicio - de Antonio de Silveira la sustenta: - en Noroña la muerte hace su oficio - cuando un tu ramo, oh Gama, se presenta - al gobierno indiano, cuyo celo - hará temblar la mar, el aire y suelo. - - »De manos de tu Esteban tomaría - las riendas el que ya será ilustrado - en Brasil con dar muerte áspera y fría - al pirata francés, al mar usado; - y capitán mayor, escalaría - el muro de Damán, soberbio, armado, - entrando él el primero por la puerta - que fuego y flechas mil tienen cubierta. - - »A éste el rey cambaico soberbísimo - fortaleza dará en la rica Dío, - porque contra el Mogor poderosísimo - le ayude a defender su señorío: - después irá con pecho esforzadísimo - a quitarles el paso por el río - al rey de Calicut, que en aquel seno - lo hará retirar de sangre lleno. - - »La ciudad Repelín será talada, - puesto su rey con muchos en huída, - y al cabo Comorín desbaratada - con su valor y fuerza esclarecida. - De Samorín la grande y gruesa armada, - que a destruir el mundo se convida, - vencerla ha con furor de hierro y fuego - y así verá Beadala el marcio juego. - - »Estando la India limpia de contrarios, - vendrá después con cetro a gobernalla - quien no halle resistencia ni adversarios, - mas toda la refrene con miralla. - Si los peligros quieres ordinarios - probar tú, Baticala, que Beadalla, - de sangre y cuerpos muertos serás llena - y con fuego arrojada por la arena. - - »Éste será Martín, que trae de Marte - el nombre con las obras derivado: - tanto en armas se ilustra en toda parte, - cuanto en consejos sabio y bien mirado. - Castro sucederá, que el estandarte - portugués tendrá siempre levantado, - sucesor digno al que le ha precedido, - que a Dío levantada ha defendido. - - »Los Persas, Abasís, Rumes feroces - que del nombre de Roma nombre tienen, - varios de gestos, de costumbre atroces, - mil naciones al cerco fieras vienen: - mil quejas dan al cielo, al mundo voces, - que unos pocos la tierra les detienen: - en sangre Portuguesa juran todos - de bañar los mostachos, rostros, codos. - - »Basiliscos horribles y leones, - trabucos fieros, minas encubiertas, - sustenta Mascareñas con varones - que las muertes ya tienen por muy ciertas, - hasta que en las mayores opresiones - Castro libertador, haciendo ofertas, - de sus hijuelos, quiere que ilustrados - queden, siendo a su Dios sacrificados. - - »Hernando, digno ramo de esta planta - donde el violento fuego con ruído - las torres hiende y muros que quebranta, - lo vuela, y de allí al cielo fué subido. - Álvaro, cuando el frío al mundo espanta, - y el camino con nieve está impedido, - vence la mar, las aguas, los contrarios - vientos, los enemigos adversarios. - - »Veis acá el padre que las ondas corta - con el resto de gente Lusitana, - y con fuerza y saber, que más importa, - la batalla presenta soberana: - por las paredes el camino acorta - a la entrada, mas otros por la insana - escuadra. Hechos hacen, de memoria - dignos, que no cabrán en larga historia. - - »Este después en campo se presenta - vencedor, fuerte, intrépido, al pujante - rey de Cambaya, a quien más desalienta - la fiera multitud cuadrupedante; - y no menos sus tierras no sustenta - Hidalcán, contra el brazo que triunfante - a Dabul da castigo por respuesta; - ni Pondá escapa, tierra adentro puesta. - - »Estos y otros varones, por mil partes - dignos todos de fama y escritura, - haciéndose en la tierra bravos Martes, - gozarán de esta isla su frescura; - arrastrando en el mar los estandartes - vencedores con próspera ventura, - hallarán estas ninfas, estas mesas, - que glorias y honras son de altas empresas.» - - Cantaba esto la ninfa, y todas ellas - con sonoroso aplauso voces daban, - con que de los donceles y doncellas - las bodas con placer se celebraban: - ya no podrá Fortuna, ni aun estrellas, - quitarles el valor que aquí alcanzaban, - ni os tiene de faltar, gente famosa, - honra, nombre ni fama glorïosa. - - Después que aquí la corporal flaqueza - se satisfizo del mantenimiento, - y a la dulce armonía y gran destreza - el oído le dieron, pronto, atento, - Tetis, de gracia ornada y gentileza, - para darles mayor contentamiento - y las fiestas doblar de aqueste día, - al valeroso Gama así decía: - - «Merced te hace, oh Gama, la sapiencia - suprema que con ojos corporales - veas lo que no puede ver la ciencia - de los bajos y míseros mortales: - mis pasos seguirás con gran prudencia - por este monte, tú con tus iguales.» - Y con esto se entró un bosque cerrado - do nunca humano pie fuera estampado. - - No andan mucho, cuando en la alta cumbre - se hallan, donde un campo se esmaltaba - de esmeraldas, rubís, que a la vislumbre - ser el cielo estrellado figuraba: - un globo está en el aire, a quien la lumbre - clarísima con rayos penetraba, - de modo que su centro es evidente, - como la superficie, claramente. - - Cuál sea su materia no está claro, - mas divísase bien que está compuesto - de varios orbes que el Maestro raro - compuso un solo centro a todos puesto: - en que se abaje o alce no reparo, - pues no se alza o abaja, mas un puesto - en toda parte tiene, en cualquier parte - está principio y fin por divina arte. - - Uniforme, perfecto y sostenido - en sí (tal arquetipo lo criara), - viendo el Gama tal Globo, conmovido - de deseo y espanto se quedara: - «Aquí, dijo la diosa, reducido - en un pequeño espacio se te aclara - el mundo porque en él distinto veas - por dó vas, dónde irás, lo que deseas. - - »Ves aquí la gran máquina del mundo, - etérea, elemental, que fabricada - así fué del saber alto y profundo - que es sin principio y meta limitada: - quien cerca alrededor este rotundo - Globo y su superficie tan limada, - es Dios; mas quién sea Dios nadie lo entiende, - que a tanto nuestro ingenio no se extiende. - - »Este orbe que primero va cercando - los otros más pequeños que contiene, - que está con pura luz claro alumbrando - de modo que la vista no la atiene, - el Empíreo se llama, do gozando - puras almas están del bien que tiene, - tal que él solo se extiende y él se alcanza, - de quien no hay en el mundo semejanza. - - »Aquí solos los santos glorïosos - están; que yo, Saturno, Marte o Jano, - Júpiter, Juno, somos fabulosos, - fingidos de un descuido ciego, insano: - sólo para los versos deleitosos - servimos, y si más el trato humano - nos puede dar, es que el ingenio vuestro - a las estrellas ponga el nombre nuestro. - - »Y también que la santa providencia, - que en Júpiter aquí se representa, - por espíritus mil, con su prudencia, - gobierna el mundo todo que sustenta: - aquesto nos declara la alta ciencia - con los ejemplos grandes que presenta, - pues los buenos nos guían, favorecen, - los malos cuanto pueden nos empecen. - - »Quiera aquí la pintura que varía, - ahora dando gusto, ahora enseñando, - darles nombres que ya la poesía - a sus dioses los diera fabulando: - los ángeles de la alta jerarquía - dioses el sacro verso está llamando, - ni niega que este nombre preeminente - a los malos se da, mas falsamente. - - »En fin, que el sumo Dios, que por segundas - causas obra, este mundo todo manda; - y tornando a contarte las profundas - obras de aquesta mano veneranda, - debajo el orbe (ve, no te confundas) - donde gozan las almas, que no se anda, - otro corre tan presto y tan ligero - que no se ve, el cual es móvil primero. - - »Con este rapto y grande movimiento - van todos los que están dentro en su seno: - por obra de este Sol andando atento, - el día y noche hace en curso ajeno: - debajo este veloz anda otro lento, - tan tardo y sojuzgado al duro freno, - que en cuanto Febo, de la luz no escaso, - doscientos cursos hace, da él un paso. - -[Ilustración: - - Por serviros a todo aparejados, - lejos de vos, a vos son obedientes: - en cumplir son, señor, vuestros mandados, - sobre cuantos se hallan diligentes; - - _Canto X, Estr. 148._ -] - - »Mira esotro debajo que esmaltado - de cuerpos lisos anda, y radiantes, - que en él guardan su curso concertado - y en sus ejes se muestran las errantes; - bien ves cómo se viste y está ornado - de un largo cinto de oro que, estrellantes, - doce animales tiene figurados, - aposentos de Febo limitados. - - »Mira por otras partes la pintura - que las estrellas claras van haciendo; - mira el Carro, la Barca y Cinosura, - Andrómeda, su padre, y el horrendo - Dragón, de Casiopea la hermosura, - de Orión el gesto tan tremendo, - mira el Cisne muriendo que suspira, - la Liebre, la Canícula, la Lira. - - »Debajo de este grande firmamento - de Saturno es el orbe que prosigo: - Júpiter luego hace movimiento; - Marte debajo, bélico enemigo, - del ojo el cielo, tiene el cuarto asiento; - y Venus los amores trae consigo; - Mercurio, de elocuencia soberana; - con tres rostros abajo está Diana. - - »En todos estos orbes diferente - curso verás: cuál grave, cuál más presto; - ora huyen del centro largamente, - ora hacen su curso cabe él puesto: - bien como quiso el Padre omnipotente - que el fuego, el aire y viento y nieve ha puesto, - a los cuales verás estar más dentro - y que tienen la tierra y mar por centro. - - »Este centro es posada a los humanos, - que no sólo de osados se contentan - con sufrir de la tierra los insanos - peligros, mas la mar experimentan: - verás las varias partes que indianos - mares dividen, donde se aposentan - varias naciones, reinos eminentes, - en leyes y costumbres diferentes. - - »Ve la Europa cristiana, muy más clara - que las demás en gracia y fortaleza; - África, de sus bienes tan avara, - inculta y toda llena de bruteza; - mira el cabo que siempre se os negara - que al Austro lo asentó naturaleza; - mira esa tierra toda, que se habita - de la gente sin ley casi infinita. - - »Ve de Monomotapa el grande imperio, - de selvática gente negra y perra, - donde el santo Gonzalo vituperio - padecerá por Cristo y dura guerra: - nace por este incógnito hemisferio - el metal, por quien más la gente yerra: - mira del lago donde se derrama - el Nilo, cómo corre el río Guama. - - »Ve las casas de negros siempre abiertas - y cómo viven todos confiados: - la justicia las guarda más que puertas, - y a ninguno sus bienes son robados: - mira las tierras de éstos ya cubiertas, - cual de tordos los árboles cuajados, - de Zofala cercar la fortaleza, - que defenderá Añaya con destreza. - - »Ve las lagunas donde el Nilo nace, - que los antiguos nunca conocieron, - en cuya playa el cocodrilo pace - y gentes de Abasís en Dios creyeron; - a quien ni la muralla falta hace, - mas siempre a sus contrarios resistieron: - ve a Meroe, que isla fué de antigua fama - y ahora el natural Nobá la llama. - - »Aquí en aquesta tierra un hijo tuyo - en armas contra el Turco será claro: - Don Cristóbal será el gran nombre suyo, - mas contra el fin fatal no habrá reparo: - ve la costa del mar, de do no huyo, - pues Melinde dió en ella hospicio caro: - el río, nota bien, que su romance - suele llamar Obi y entra en Quilmance. - - »Ve el cabo que fué Arómata llamado, - y llaman Guardafú sus moradores; - de la boca comienza del nombrado - mar Rojo, que del fondo trae colores: - éste como mojón está arrojado - que Asia y África parte, y las mejores - poblaciones de Libia que aquí miro - Mazuá son, Zuarque, con Arquiro. - - »Ve la extrema Suez, que antiguamente - de Héroas dicen ser ciudad nombrada: - otros dicen que Arsinoe, y al presente - con la flota de Egipto es afamada: - mira el agua do abrió por su corriente - camino el gran Moisés siendo tocada: - Asia comienza aquí, que se presenta - en tierras grande, en reinos opulenta. - - »Mira el monte Sinaí, que se ennoblece - con el cuerpo de Santa Catalina: - mira Toro y Gidá, a quien enflaquece - la falta de agua clara cristalina: - las puertas del estrecho do fenece - el reino de la Adén, que allá confina - con la sierra de Arcira, piedra viva, - donde la lluvia nunca se deriva. - - »Ve las Arabias tres, que tanta tierra - toman, todas de gente vaga y baza, - donde vienen caballos para guerra - ligeros y muy fuertes, de alta raza; - ve la costa que corre hasta que cierra - otro estrecho de Persia y hace traza - con el cabo que el nombre lo apellida - de Fartaque, ciudad allí subida. - - »Mira a Dofar, insigne en oloroso - incienso, necesario al sacrificio; - y a Rozalgate, reino populoso, - cuyas playas desiertas hace el vicio; - mira el reino de Ormuz, que tan famoso - Castelblanco lo hizo con su oficio, - rindiendo a su valor la turca armada - por virtud de su brazo y de su espada. - - »Mira el cabo Asaboro, que llamado - ahora es Mozandán de navegantes: - por aquí se entra el lago que es cerrado, - de Arabia y Persia tierras abundantes: - mira la isla Barén, que el fondo ornado - tiene de ricas perlas, rutilantes - más que la Aurora: ve en la agua salada - de Tigris y de Eufrates una entrada. - - »Mira el persiano imperio memorable, - siempre puesto en el campo y en caballos, - a quien el cobre fué injuria notable - y no traer de las armas duros callos: - mas la isla Gerum, muy miserable, - que ve el tiempo sus muros derriballos, - muestra cómo de Armuza, que allí estuvo, - ella el nombre después y gloria tuvo. - - »Aquí de don Felipe de Meneses - se muestra la virtud en armas clara, - cuando con muy poquitos portugueses - los muchos Párseos vencerá de Lara: - querrán probar los golpes y reveses - de don Pedro de Sosa, que probara - ya su brazo en Ampaza, sujetada - con valor de su capa y de su espada. - - »Dejemos el estrecho y conocido - cabo de Iasque, Carpella llamado, - con todo su terreno mal querido, - de bienes de natura despoblado: - Carmania tuvo ya por apellido, - mas ves el Indo que del fresco lado - de aquella altura baja sonriendo, - y de otra igual el Gange está corriendo. - - »Ve la tierra de Ulcinde fertilísima, - de Iaquete la íntima ensenada: - la henchiente de la mar mira grandísima, - la vaciante que huye apresurada: - la tierra de Cambaya ve riquísima, - donde del mar el seno hace entrada: - ciudades otras mil, que voy pasando, - a vosotros aquí se están guardando. - - »La costa para el Sur corre indiana - y al cabo Comorí, Cori llamado, - que enfrente de sí tiene a Taprobana, - que de Ceilán el nombre haya tomado: - por este mar la gente Lusitana, - después de ti, vendrá con brazo armado: - tendrá victorias, tierras y ciudades, - y en ellas vivirá muchas edades. - - »Las provincias que entre uno y otro río - ves, con varias naciones infinitas, - de varios reyes es su señorío - a quien el diablo dió leyes escritas. - Ve de Narsinga, que el terreno frío - las reliquias posee, santas, benditas, - del cuerpo de Tomé, varón sagrado - que la mano a Jesús metió en su lado. - - »Aquí la ciudad fué que se llamaba - Meliapor, hermosa, grande, rica: - los ídolos antiguos adoraba - como lo hace aquesta gente inica: - lejos del mar en aquel tiempo estaba - cuando la fe de Dios Tomé predica, - que doctrinando al mundo ya pasara - provincias mil y a todas enseñara. - - »Llegó aquí a predicar la salud, dando - a los enfermos y a los muertos vida: - acaso por la mar viene nadando - un leño de grandeza desmedida: - desea el rey, que andaba edificando, - llevarlo do la obra le convida, - y piensa de moverlo con pujantes - fuerzas de hombres, ingenios de elefantes. - - »Era tan grande el peso del madero, - que para menearlo nada basta; - mas el nuncio de Cristo verdadero - menos trabajo en tal negocio gasta: - ata el cordón que trae por lo postrero - del leño y del gran peso lo desbasta: - tráelo donde se haga un sacro templo - que quede a los futuros por ejemplo. - - »Sabía bien que si con fe formada - mandase a un hombre sordo que se mueva, - tiene de obedecer la voz sagrada, - que así lo enseñó Cristo y él lo prueba: - la gente queda de esto alborotada: - los bramines, que ven ser cosa nueva, - viendo aquestos milagros tan patentes, - han miedo de quedar menos potentes. - - »Estaban ya con celos envidiosos, - temiendo que la gente en Dios no crea; - buscan maneras mil, casos astrosos - por do Tomé se vaya o muerto sea: - el principal de aquestos orgullosos - quiere que un caso horrendo el mundo vea, - que enemiga no hay tan dura y fiera - como la virtud falsa a la sincera. - - »Un hijo propio mata, y luego acusa - de homicidio a Tomé, que era inocente: - con falsos testimonios, como se usa, - lo condenan a muerte brevemente: - el santo, que no ve mejor excusa - que apelar para el Padre omnipotente, - quiere delante el rey y los señores - un milagro hacer de los mayores. - - »El cuerpo muerto manda ser traído, - que resucite y sea preguntado - quién fué su matador: será creído - por testigo fïel más aprobado: - el mozo se levanta con sentido - en nombre de Jesús crucificado: - da gracias a Tomé que le dió vida, - descubre ser su padre el homicida. - - »Causó aqueste milagro tal espanto, - que el rey se baña luego en agua santa, - y con él muchos: uno besa el manto, - otro loor a Dios y a Tomé canta: - los bramines se hinchen de odio tanto, - púnzales con veneno envidia tanta, - que, persuadido el vulgo innoble, obscuro, - muerte le quiere dar sobre seguro. - - »Un día que enseñando al pueblo estaba - fingieron en la gente un gran ruido: - ya Cristo en este tiempo le ordenaba - que con palma a los cielos sea subido: - la multitud de piedras que volaba, - al santo da, a la muerte ya ofrecido, - y un malo, por hartarse más de priesa, - por el pecho una lanza le atraviesa. - - »Lloráronte, Tomé, el Gange famoso - y el Indo, con la tierra que pisaste: - más te lloran las almas que el lustroso - rayo de fe perdieron que enseñaste: - los ángeles con canto sonoroso - a la gloria te llevan que ganaste: - pedímoste, Tomé, que favorezcas - tus Lusos y que a Dios se los ofrezcas. - - »Vosotros que usurpáis el nombre claro - de ser, como Tomé, de Dios enviados, - ¿cómo os estáis de asiento, y sin reparo - dejáis a los infieles deslumbrados? - Sal sois, y si os podrís en vuestro caro - nido, donde profetas no hay nombrados, - ¿con qué se salarán en nuestros días - (infieles dejo) tantas herejías? - - »Mas paso esta materia peligrosa: - tornemos a la costa dibujada: - ya con esta ciudad tan populosa - se encorva la gangética ensenada: - corre Narsinga, rica y poderosa; - corre Orixa, de ropas abastada, - y al fin de aquesta entrada el dulce río - Ganges viene al salado señorío. - - »Ganges, do es abusión de habitadores - que muriendo bañados, con certeza, - aunque hayan sido grandes pecadores, - recobran con esta agua gran pureza: - ve a Chatigán, ciudad de las mejores - de Bengala, que estima su realeza - y no ve que está puesta en tierra angosta - al Austro, ladeada a aquesta costa. - - »Mira el reino Aracán, mira el asiento - de Pegú, que ya monstruos lo poblaron - monstruos hijos de feo ayuntamiento - de una mujer y can, que aquí se hallaron: - alambre usan aquí en el instrumento - de la generación, el cual usaron - por maña de la reina que, inventando - tal uso, fuera echó el error nefando. - - »Mira Tauay, ciudad de do se sigue - de Sión el imperio tan crecido: - Tenasarí, Quedá, que dar prosigue - pimienta que su tierra ha producido: - mira cómo a estas todas las persigue - Malaca, con su imperio ennoblecido, - y cómo todas a ella por mil vías - procuran enviar mercaderías. - - »Dicen que de esta tierra con pujantes - aguas el mar entrando dividiera - la noble isla Samatra, que ya de antes - juntas ambas la gente antigua viera: - Quersoneso fué dicha de abundantes - venas de oro que la isla produjera: - Áurea por epiteto le ayuntaron; - otros que fuese Ofir imaginaron. - - »En punta de la tierra Singapura - verás donde el camino más se estrecha - a la flota; la costa a Cinosura - se encorva, y a la Aurora está derecha: - ve a Pan y Patane, reinos; la altura - de Sión a quien todo el lado pecha: - mira el río Menón, que se derrama - del grande lago que Chiamay se llama. - - »Ve en este gran terreno diferentes - nombres de mil naciones no sabidas: - los Laos, en tierra y número potentes; - Anás, Bramás, por sierras tan cumplidas: - ve en los remotos montes otras gentes - que Geos se llaman, de silvestres vidas: - humana carne comen, y pintados - con husillos ardiendo son quemados. - - »Ves pasa por Camboya Mecón río, - que capitán del agua se interpreta: - tantas recibe en sí por el estío - que los campos aniega e inquieta: - hinchentes tiene como el Nilo frío: - la gente de su orilla cree indiscreta - que los brutos tendrán de cualquier suerte - o gloria o pena eterna con la muerte. - - »Este recibirá plácido y blando - en sí los tristes Cantos que mojados - vendrán, del gran naufragio miserando - de procelosos bajos escapados, - de hambres, de peligros grandes, cuando - serán con mando injusto ejecutados - en aquel cuya lira sonorosa - será más celebrada que dichosa. - - »Mira la costa que Champá se llama, - con oloroso palo celebrada, - y a Cochinchina, sin su nombre y fama, - y de Ainán la incógnita ensenada: - aquí el soberbio imperio, que se afama - en tierras y riqueza no pensada, - de China corre, ocupa el señorío - desde el Trópico ardiente al Cinto frío. - - »Mira el muro, edificio no creído, - que entre un imperio y otro se edifica, - indicio claro, cierto y conocido - de su grande potencia extraña y rica: - el rey que de ella es rey no es rey nacido, - ni la casta real se multiplica; - mas escogen por rey al más famoso - caballero, discreto y virtuoso. - - »Aun otra mucha tierra se te esconde - hasta que venga tiempo de mostrarse; - mas las islas del mar no dejes, donde - quiso naturaleza señalarse: - esta medio escondida, que responde - a la China, por donde va a buscarse, - es Japón, donde nace plata fina - que ilustrada será con ley divina. - - »Mira acá por los montes del Oriente - las infinitas islas derramadas: - ve a Tidore, a Ternate, y la ferviente - cumbre que de sí arroja llamaradas: - las árboles verás de clavo ardiente, - con Portuguesa sangre bien compradas, - y las doradas aves, que en el suelo - no se ven, sino muertas y sin vuelo. - - »Ve de Banda las islas, que se esmaltan - de la color que pinta el rojo fruto; - las aves tan pintadas que allí saltan, - cogiendo de la nuez verde tributo: - ve también a Borneo, do no faltan - lágrimas, ni licor cuajado, enjuto, - del árbol que alcanfor blanco es llamado, - con que de la isla el nombre es celebrado. - - »Ve a Tinor, que a tu reino llevar manda - sándalo salutífero oloroso: - ve la Sunda, tan larga, que una banda - esconde para el Sur dificultoso: - la gente del país, que tierras anda, - un río dice haber miraculoso - que por adonde corre no mezclado - convierte en piedra el palo que es echado. - - »Mira la que por tiempo fué isla hecha, - que por la cumbre llamas evapora; - la fuente que olio da de su cosecha, - oloroso licor que el tronco llora, - más fragante que cuanto se aprovecha - de la hija de Ciniras, do mora: - de cuanto las más tienen es tesoro, - y más da blanda seda y muy fino oro. - - »Mira el Ceilán, que monte se levanta - sobre las nubes con nueva grandeza: - por cosa los de allí la tienen santa, - porque hay señal de un pie en la suma alteza: - mira a Maldivia, do nace la planta - en el agua con tal naturaleza - que es su fruto al veneno más potente - antídoto escogido y excelente. - - »Verás defrente estar del rojo estrecho - Socotorá, con áloe famosa: - otras islas también rendirá el pecho - del Luso en la africana costa astrosa, - que darán en olores gran provecho - la masa al mundo incógnita y preciosa: - de San Lorenzo ve la isla afamada, - de algunos Madagascar fué llamada. - - »Aquestas son las partes del Oriente - que vosotros haréis claras al mundo, - abriendo al ancho mar puerta patente - con un pecho invencible, furibundo; - mas es también razón que en el Poniente - un hecho se celebre sin segundo - de un Portugués que, del rey agraviado, - camino ha de hacer nunca pensado. - - »Mira la grande tierra que contina - va de Calisto a su contrario polo: - ¡qué soberbia será con rica mina - de metal que color tiene de Apolo! - Castilla de tal presa será dina, - el poder castellano la habrá sólo, - suyas serán las tierras y las gentes - en ritos y costumbres diferentes. - - »Mas donde más se alarga tendréis parte - que del palo bermejo quede nota: - el nombre es Santa Cruz, do cuando parte - primero la descubre vuestra flota: - a par de aquesta costa, con grande arte, - descubrirá la parte más remota - Magallanes, en hechos marinero, - mejor que Portugués ni caballero. - - »Después que más que media la rodea, - por donde al polo antártico se inclina, - de una estatura casi gigantea - hombres verá en la tierra que es vecina; - y adelante el estrecho que se arrea - con nombre de él ahora, do camina - para otra tierra y mar que queda donde - Austro con alas frías nos la esconde. - - »Hasta aquí, Portugueses, concedido - os ha sido saber los fuertes hechos - que por el mar que ya dejáis sabido - han de hacer varones de altos pechos: - ahora, pues habéis acometido - trabajos por quien gracias y provechos - os darán estas ninfas tan hermosas - que coronas os tejen tan gloriosas, - - »podeisvos embarcar, que tenéis viento - y mar bonanza, a vuestra patria amada.» - Esto dicho, hicieron movimiento, - al punto, de la isla Enamorada: - llevan de ella refrescos y alimento, - llevan la compañía deseada - de ninfas, que tendrán eternamente, - por más tiempo que el Sol será luciente. - - Así fueron cortando el mar sereno - con viento siempre manso, nunca airado, - hasta que hubieron vista del terreno - en que nacieron, tanto deseado. - Entraron por la hoz del Tajo ameno: - a su patria querida y rey amado - el premio y gloria dan porque enviara - y con títulos nuevos se ilustrara. - - No más, oh Musa, que la lira tengo - destemplada y la voz enronquecida, - y no del canto, mas de ver que vengo - cantando a gente sorda, endurecida; - el favor con que el ánimo sostengo - no me lo da la patria, que metida - está en grande codicia y vil dureza - de una austera, mortal, zafia tristeza. - - Y no sé por qué influjo o qué destino - no tienen un orgullo y gallardía - que los pechos levanta de contino - a buscar en trabajos alegría; - pues, rey que por consejo alto, divino - la gente gobernáis que el Luso cría, - mirad que sólo sois (ved otras gentes) - señor de unos vasallos excelentes. - - Mirad qué alegres van por las tormentas, - cuales fieros leones, toros bravos, - pasando mil peligros, mil afrentas, - cual si os fueran, señor, presos esclavos: - a hierro, a fuego, a saetas turbulentas - ofrecen su vivir, por poner clavos - al eje de la rueda de Fortuna, - porque no os sea mudable, mas siempre una. - - Por serviros a todo aparejados, - lejos de vos, a vos son obedientes: - en cumplir son, señor, vuestros mandados, - sobre cuantos se hallan, diligentes; - y con saber que son de vos mirados, - demonios infernales, brutas gentes, - rendirán con esfuerzo esclarecido, - que vencedor os deje, no vencido. - - Favorézcalos luego vuestra alteza - mostrándoles humana esa presencia: - de leyes les mitigue la aspereza, - que es el cierto camino de excelencia: - a los dignos encumbre en la grandeza - (que tuvieren bondad con experiencia) - de vuestro gran consejo, pues que saben - el cómo y cuándo y dó las cosas caben. - - A todos dad favor en sus oficios - según tienen de vidas el talento: - los religiosos sean sus ejercicios - orar por vuestra vida y vuestro aumento: - con disciplina, ayuno por los vicios - comunes, la ambición tendrán por viento, - que el religioso bueno y verdadero - no busca acá las honras ni el dinero. - - Tened los caballeros en estima, - pues con su sangre intrépida, ferviente, - la ley no sólo aumentan que es de encima, - mas vuestro claro imperio, preeminente: - pues aquellos que a tan remoto clima - os fueron a servir con celo ardiente, - dos enemigos vencen, unos vivos, - y, lo que es más, trabajos excesivos. - - Haced como no digan admirados - los de Alemania, Italia y los ingleses, - que son mucho mejor para mandados - que no para mandar los Portugueses. - Tomad consejo de experimentados - que vieron largos años, largos meses, - que puesto que en letrados mucho cabe, - el viejo mucho más por viejo sabe. - - De Formión, filósofo escogido, - Aníbal, en batallas señalado, - habiéndole de guerra un poco oído, - con gallardo donaire se ha burlado: - «La milicia, le dijo, no he aprendido - y en ella me conozco más letrado: - más se aprende en la guerra con las manos - que en estudios con dichos sabios vanos.» - - Mas ¿quién mete en aquesto a un ignorante, - de vos no conocido ni soñado? - Es porque de la boca del infante - suele ser el loor más estimado. - En las armas soldado, y estudiante, - a las letras he sido dedicado - con ingenio, que aquí veréis presente, - cosas que juntas hay muy raramente. - - Brazo para os servir a guerras hecho, - Musa para os cantar a versos dada; - mas fáltame el no seros de provecho, - ni mi fuerza de vos ser estimada: - si esto me dais, y emprende vuestro pecho - digna empresa de ser por mí cantada, - como mi entendimiento lo adivina, - viendo la inclinación vuestra divina, - - o haciendo que, más que de Medusa, - de vuestro mirar tiemble el monte Atlante, - o rompiendo en los campos de Ampelusa - de Marruecos el muro y Turudante, - en empresa tan alta mi alta musa, - por ser vuestra, haré que al mundo os cante, - siendo vos de Filipo el heredero - y yo a vos lo que a Aquiles le fué Homero. - - -FIN - - - - -ÍNDICE - - - Páginas - - CANTO PRIMERO.--Concilio de Júpiter y los demás dioses sobre - el descubrimiento de la India oriental que el almirante don - Vasco de Gama, por mandado del Serenísimo Don Manuel, rey de - Portugal, iba a hacer. En él se muestra Baco adversario, Venus - propicia, Marte fautor de los portugueses, los cuales descubren - la isla de Mozambique y Quiloa. Y, finalmente, perseguidos del - uno y amparados de los otros, no sin muchos trances de guerras y - peligros de mar, llegaron a Mombaza. 9 - - CANTO SEGUNDO.--Cuéntase cómo, llegada la flota a Mombaza, - fuera destruída por orden del adversario Baco, si Venus con las - Nereidas no acudiera a estorbarlo: la cual alcanza de Júpiter - que Mercurio bajase a hacer partir de allí al capitán Gama, - de Mombaza a Melinde, do fué humanamente él y los suyos del - Melindano recibido, el cual, habiéndolos visitado con amor, les - pide le cuenten cuál es su tierra, su gente y qué partes del mar - han corrido y visto en la derrota. 37 - - CANTO TERCERO.--Respondiendo Gama a lo pedido por el rey - melindano, describe a Europa en la figura común del cuerpo, - haciendo a España cabeza y cumbre a Portugal. Comienza a contar - la genealogía de sus reyes, las diversas victorias que alcanzaron - de moros y otras gentes. Cuenta la lastimosa muerte de la - bellísima señora doña Inés de Castro, mujer segunda del rey Don - Pedro el Cruel, y la justa venganza que de sus matadores tomó, - habiendo los del rey Don Pedro el Cruel de Castilla. Llega este - canto hasta la vida del rey Don Fernando el Remiso, hijo de Don - Pedro el Cruel. 67 - - CANTO CUARTO.--Cuéntase cómo al rey Don Fernando sucedió Don Juan - I, de este nombre, hijo bastardo del rey Don Pedro el Cruel: en - cuyo tiempo hubo las diferencias entre Castilla y Portugal sobre - la sucesión del reino, donde acaeció lo de Aljubarrota. Cuéntase - también lo de Toro y Zamora, do fué desbaratado el rey Don - Alonso, que se quería casar con la excelente señora llamada la - Beltraneja, sobrina suya, y su hijo Don Juan el II, el cual fué - el primero que envió a descubrir las partes del Oriente, a quien - sucedió en reino y propósito Don Manuel, que a Gama envía. 105 - - CANTO QUINTO.--Prosiguiendo Gama su narración, describe el - camino de las Indias Orientales hasta Melinde, con las islas, - puertos y costas que se pasan. Cuenta cómo les apareció el cabo - Tormentorio, en figura humana, contándole las naos y capitanes - que en él habían de perecer, y unos tiernos amores suyos, y la - enfermedad que en Zofala su gente padeció, muriendo mucha de - ella. Y con esto satisface a las preguntas de patria, gente y - camino andado que el rey al capitán había pedido. 133 - - CANTO SEXTO.--Cuéntase cómo, despedidos del melindano rey, y - asentado trato y comercio de paz con él, se partieron a la India - con piloto diestro que el rey les diera: en el cual tiempo - Neptuno, por intercesión de Baco, junta concilio de los dioses - y diosas del mar: en él se resuelven todos que la flota con - tempestad sea hundida y anegada. Entreteníanse en esto los que la - centinela de la noche hacían con la famosa historia de los Doce - de Inglaterra, con los hechos de Magricio, cuando sobrevino la - fiera tempestad en que perecieran si Venus no los socorriera. 159 - - CANTO SÉPTIMO.--Deseada llegada al reino de Calicut, donde - son recibidos humanamente del Samorín, emperador del reino de - Cambaya, y hallaron a Monzaide, moro de Túnez, que al rey informa - de los portugueses y a ellos de la tierra y poder del rey. Va - un Catual, gobernador suyo, a ver la armada, donde fué recibido - con gran fiesta; y con ocasión de ciertos retratos que en la nao - iban, le dan cuentan de su valor y hazañas hechas en África. 185 - - CANTO OCTAVO.--Gama declara al Catual quién fué Luso, de donde - se dijo su tierra Lusitania: las famosas hazañas de gentes - portuguesas y sus reyes. Samorín, emperador, por persuasión de - hechiceros y de Baco, que todo lo urdía, determinó destruir los - portugueses y quemarles la flota. Desengañado Gama por Monzaide - el Africano, sin asentar trato de paz, se vuelve trayendo alguna - canela, pedrería, y malabares algunos, con el Monzaide, en señal - de la tierra descubierta en la India. 209 - - CANTO NONO.--Con ingeniosa ficción se pone un divino refresco y - ayuda de costa que a los desconsolados portugueses en medio del - camino su protectora y defensora Venus dió, representándoles - una isla fantástica llamada de los Enamorados: poniendo en ella - campos floridos, tiernos amores, prósperos sucesos y premio - regalado a los trabajos pasados en la mar: alegorizando los - deleites, al parecer voluptuosos, ser las ilustres honras con - peligros ganadas. 235 - - CANTO DÉCIMO Y ÚLTIMO.--La principal de las ninfas que en la - Enamorada isla a Gama le cupo en suerte le muestra un globo donde - se describe la India Oriental con todos los lugares y reinos que - por ellos serán ganados y conquistados, con las victorias que - los visorreyes y capitanes generales alcanzarán hasta allanar a - la India toda, y después, despedidos de ella y las demás ninfas, - hácense a la vela, y vienen a tomar el deseado puerto flota y - libro. 261 - -[Ilustración] - - - - -ÍNDICE DE LÁMINAS - - - Páginas - -Veréis amor de patria, no movido... (pág. 11) 12 - -Levántase contra él la Venus bella... (pág. 17) 18 - -Huyendo el moro, el arco va flechando... (pág. 32) 28 - -Y de estas blandas muestras conmovido... (pág. 47) 44 - -Ya en el batel del capitán entrado... (pág. 62) 60 - -Tú solo, cruel amor, con fuerza cruda... (pág. 97) 92 - -«¡Oh rey, a cuyos reinos y corona... (pág. 123) 122 - -«¡Oh gloria de mandar, vana codicia... (pág. 129) 138 - -En fin, que en esta incógnita espesura... (pág. 154) 154 - -Viendo Vasco de Gama que en el puerto... (pág. 179) 170 - -Un regidor del reino al puerto estaba... (pág. 196) 186 - -Por lo que ve pregunta; mas el Gama... (pág. 204) 202 - -¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada... (pág. 224) 218 - -De esta arte, en fin, conformes las hermosas... (pág. 256) 250 - -Por serviros a todo aparejados... (pág. 298) 282 - - - - -[Ilustración] - - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS LUSÍADAS *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for an eBook, except by following -the terms of the trademark license, including paying royalties for use -of the Project Gutenberg trademark. 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