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-The Project Gutenberg eBook of Los Lusíadas, by Luis de Camoens
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
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-using this eBook.
-
-Title: Los Lusíadas
- Poema épico en diez cantos
-
-Author: Luis de Camoens
-
-Translator: Luis Gómez de Tapia
-
-Release Date: March 10, 2021 [eBook #64775]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/American Libraries.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS LUSÍADAS ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las
- versalitas como MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la
- grafía de mayor frecuencia.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
-LOS LUSÍADAS
-
-
-
-
-[Ilustración: Burger, del.
-
-Bickel, Neumann, sc.
-
-LUIS DE CAMOENS]
-
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-
-
- LUIS DE CAMOENS
-
- LOS LUSÍADAS
-
- POEMA ÉPICO EN DIEZ CANTOS
- TRADUCIDO EN VERSO CASTELLANO DEL PORTUGUÉS
- POR
- LUIS GÓMEZ DE TAPIA
-
- NUEVA EDICIÓN ILUSTRADA
-
- BARCELONA
- ——
- MONTANER Y SIMÓN, EDITORES
- CALLE DE ARAGÓN, NÚM. 255
- 1913
-
-
-
-
-ES PROPIEDAD
-
-
-
-
-_LOS LUSÍADAS_
-
-_PREFACIO_
-
-
-_Para esta edición se ha elegido la notable traducción que del inmortal
-poema de Camoens hizo en verso, en el año de 1580, el maestro Luis
-Gómez de Tapia, esmeradamente corregida ahora._
-
-_Luis de Camoens nació en 1524, del oficial de marina Simón Vas de
-Camoens y doña Ana de Sa y Macedo, dama de ilustre prosapia. Recibió
-una esmerada educación, y, terminados sus estudios en la Universidad de
-Coimbra, volvió a Lisboa cuando contaba unos veinte años, y contrajo
-valiosas amistades._
-
-_Desterrado a Ribatejo por los años de 1545 a 1550, a causa de su
-ardiente pasión por Catalina de Ataide, hermana de don Antonio,
-favorito de Juan III, pasó luego al África con las tropas portuguesas,
-corrió serios peligros y perdió el ojo derecho en un encuentro con los
-moros._
-
-_Vuelto a Lisboa en 1552, y combatida su alma por graves sinsabores,
-partió el año siguiente para las Indias orientales, con el humilde
-título de escudeiro de la flota de Fernando Álvarez Cabral._
-
-_Dió pruebas de gran bravura en varias expediciones y combates. El
-gobernador Barreto, sintiéndose herido por una sátira de Camoens, que
-desde su juventud cultivaba la poesía, lo desterró a las factorías de
-Macao, recientemente fundadas en las costas de China._
-
-_Los tres años que duró su destierro en este país parecen haber sido
-los más fecundos de su vida. Allí dió las últimas pinceladas a su obra
-capital, empezada, como se supone, en 1547._
-
-_De regreso en Lisboa en 1570, después de dieciséis años de ausencia,
-preparó la publicación de su gran poema que vió la luz en 1572, siendo
-tal su popularidad, que hubo que reimprimirlo dos veces más en el mismo
-año._
-
-_Sin embargo, la tradición supone al poeta sumido en tal miseria, que
-sólo a la caridad de uno que había sido su esclavo debió el necesario
-alimento en los últimos años de su vida, y uno de sus contemporáneos
-afirma que no tenía en el lecho de muerte una mala manta que le
-defendiera del frío._
-
-_Su entierro se verificó en la iglesia de Santa Ana (1579), y sólo al
-cabo de dieciséis años se puso un epitafio en su tumba._
-
-_En_ LOS LUSÍADAS, _Camoens cantó la historia entera de Portugal,
-uniéndola por medio de narraciones intercaladas en la acción del
-poema a los viajes y descubrimientos hechos por los portugueses, los_
-lusitanos, _bajo la dirección del gran Vasco de Gama en el año de 1497
-doblando el cabo de Buena Esperanza_.
-
-_Se componen de diez cantos._
-
-_Júpiter reúne en asamblea a los dioses del Olimpo y les recuerda las
-expediciones de los antiguos lusitanos, la reciente gloria de los
-portugueses en sus empeños contra los moros, les señala los bajeles de
-Vasco de Gama bordeando las costas de África, y muéstrase favorable a
-tan valeroso navegante._
-
-_Los dioses se dividen, y mientras Baco, temeroso de ver eclipsado su
-gran poderío en la India, se declara contra ellos, Venus y Marte los
-protegen y envían como mensajero a Mercurio para dirigir su navegación._
-
-_Seguimos luego a Vasco y sus compañeros en sus descubrimientos por las
-costas africanas._
-
-_Tras diversos incidentes llegan a Melinde, cuyo rey les ofrece
-generosa hospitalidad, y el poeta aprovecha esta ocasión para hacer
-contar a Gama los detalles de su expedición y al mismo tiempo toda la
-historia de su patria._
-
-_Vuelven los navegantes a sus expediciones, escapando de mil tremendos
-peligros, gracias a la protección de Júpiter y Venus._
-
-_Llegan a Calicut, cuyo rey recibe a Gama con gran pompa. Los
-malabares, temerosos de que los que llegan como comerciantes se rijan
-como dominadores, logran que en el consejo del Emperador predomine la
-idea de acabar con los portugueses._
-
-_El valor y la previsión de Gama dominan todos los obstáculos, saliendo
-por fin victoriosa la escuadra hacia Portugal, llevando pruebas
-palpables del feliz resultado de la expedición._
-
-_Termina el poema con un episodio de belleza incomparable, y que es
-una de las más deliciosas ficciones que ha producido jamás el ingenio
-humano. Venus, enajenada de júbilo por el triunfo de los navegantes,
-les hace disfrutar, aun antes de llegar a su patria, las bienandanzas
-de la gloria, en una isla flotante y divina, hermoseada con todos
-los encantos de la primavera y poblada de ninfas que les sirven
-en maravillosos banquetes el néctar y la ambrosía hasta entonces
-reservados a los dioses._
-
-_Numerosos grabados, copia fidelísima de interesantes estampas de
-Guivard, Kostka, Begues y otros grandes artistas, existentes en la
-Biblioteca Nacional de París, avaloran y embellecen la presente
-edición de una de las creaciones más admirables del humano ingenio._
-
-LOS LUSÍADAS _de Camoens son el más fuerte, el más patriótico, el
-más veraz y de menos artificio de todos los poemas épicos de la Edad
-Moderna_.
-
- LOS EDITORES
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO PRIMERO
-
-
- LAS armas y varones señalados
- que de la playa occidua lusitana
- pasaron por caminos nunca usados
- el no surcado mar de Taprobana,
- en peligros y guerras levantados
- sobre el valor de toda fuerza humana,
- que entre gente remota edificaron
- reino, con que su nombre eternizaron:
-
- Las memorias de príncipes, gloriosas,
- que la Fe santa y su poder mostrando,
- fueron con sus empresas milagrosas
- las tierras de Asia y Libia conquistando:
- aquellos que con obras hazañosas
- de la muerte se fueron libertando,
- mi verso cantará por cualquier parte,
- si a tanto me ayudare ingenio y arte.
-
- Cesen del sabio griego y del troyano
- las prolijas derrotas que siguieron;
- cállese de Alejandro y de Trajano
- la fama de victorias que tuvieron:
- pues canto el pecho ilustre lusitano
- a quien Neptuno y Marte obedecieron;
- cese lo que la Musa antigua canta,
- que otro valor más alto se levanta.
-
- Vosotras, mis Tagides, que criado
- habéis en mí un ingenio nuevo ardiente:
- si siempre en verso humilde celebrado
- fué de mí vuestro río alegremente,
- dadme un son apolíneo sublimado,
- un estilo grandílocuo y corriente:
- así las nuestras aguas Febo ordene
- no envidien las que corren de Hipocrene.
-
- Dadme una fuerza grande sonorosa,
- no de silvestre avena, o flauta ruda,
- mas de terrible trompa belicosa
- que el pecho inflama y la color demuda:
- dadme alabanza igual a la famosa
- gente, que el Marte tiene por su ayuda;
- que resuene por todo el universo,
- si tan sublime precio cabe en verso.
-
- Y vos, oh bien nacida confianza
- de la libertad santa lusitana,
- y no menos certísima esperanza
- del aumento de ley y fe cristiana,
- nuevo temor de la turquesca lanza,
- maravilla fatal de edad temprana,
- a quien el mundo todo Dios reparte,
- porque del mundo a Dios le dé gran parte:
-
- Vos, tierno y nuevo ramo floreciente
- de la árbol que de Cristo es más amada
- de cuantas han nacido al Occidente,
- Cesárea o Cristianísima llamada,
- miradlo en vuestro escudo, que presente
- os muestra la victoria ya pasada
- en que por armas, como a regalado,
- os dió las que en la Cruz él ha tomado.
-
- Vos, poderoso Rey cuyo alto imperio,
- luego que nace el sol, lo ve primero,
- y del medio lo ve de su hemisferio,
- y al trasmontar lo deja por postrero:
- vos que seréis el yugo y vituperio
- del ismaelita torpe caballero,
- del enemigo turco y bruta gente
- que aun bebe del río sacro la corriente:
-
- Inclinad por un poco la realeza
- que en vuestro tierno rostro yo contemplo,
- indicio claro de la suma alteza
- que tendréis cuando vais al sacro templo:
- Los ojos abajad de la grandeza
- de vuestro ser: veréis un claro ejemplo
- de amor, de patrios hechos valerosos,
- en versos celebrado numerosos.
-
- Veréis amor de patria, no movido
- por premio vil, mas alto y casi eterno,
- pues que no es premio vil ser conocido
- por pregón de su nido, aunque paterno.
- Oid; veréis el nombre engrandecido
- de aquellos de quien es vuestro el gobierno,
- y juzgaréis cuál es más excelente,
- el ser señor del mundo, o de esta gente.
-
- Atended y veréis, no con hazañas
- fantásticas, fingidas, mentirosas,
- los vuestros alabar, ni con extrañas
- musas, de engrandecerse deseosas.
- Las verdaderas vuestras son tamañas
- que vencen las soñadas fabulosas
- de Orlando, de Rugero y Bradamante,
- aunque cante verdad quien de ellos cante.
-
- Por éstos a don Nuño os daré, el fiero,
- que hizo al Rey y Reino tal servicio;
- un Fuas y un Egas, para quien de Homero
- la sonorosa cítara codicio:
- pues por los doce Pares daros quiero
- los doce de Inglaterra con Magricio,
- el valeroso, sabio, ilustre Gama,
- que para sí tomó de Eneas la fama.
-
- Y si a trueco de Carlo, o la pujanza
- del gran César, queréis igual memoria,
- ved al primer Alfonso, cuya lanza
- obscurece cualquiera extraña gloria:
- y aquel que dió a su reino gran bonanza
- con la famosa y próspera victoria,
- o al otro Juan, invicto caballero,
- el quinto, el cuarto Alfonsos, o el tercero.
-
- No dejarán mis versos olvidados
- aquellos que en los reinos de la Aurora
- se hicieron por armas señalados
- con la bandera vuestra vencedora;
- un Pacheco feroz, y los amados
- Almeidas, por quien siempre el Tajo llora;
- Alburquerque terrible; Castro fuerte
- y otros a quien rendir no osó la muerte.
-
-[Ilustración:
-
- Veréis amor de patria, no movido
- por premio vil, más alto y casi eterno,
- pues que no es premio vil ser conocido
- por pregón de su nido, aunque paterno.
-
- _Canto I, Estr. 10._
-]
-
- Y en cuanto de éstos canto (pues no puedo
- cantar de vos, pues no me atrevo a tanto),
- los vuestros gobernad con tal denuedo
- que deis al reino paz, materia al canto:
- sientan vuestro valor y tengan miedo
- (que por el mundo todo cause espanto)
- de ejércitos y hechos singulares
- tierras en Libia y en Oriente mares.
-
- En vos los ojos tiene el Moro frío
- por ver ya su remate figurado;
- con veros pierde el Bárbaro su brío;
- y rinde al yugo el cuello no domado:
- Tetis todo el cerúleo señorío
- para vos tiene en dote reservado,
- que, presa de ese rostro bello y tierno,
- desea ya compraros para yerno.
-
- En vos de la seráfica morada
- de vuestros dos abuelos las famosas
- almas se ven; la una a la paz dada,
- la otra a las batallas sanguinosas:
- esperan que por vos sea renovada
- su memoria con obras valerosas
- y os guardan para el fin de vuestros días
- asiento en las eternas jerarquías.
-
- Mas en cuanto va el tiempo vagaroso
- gobernad vuestros pueblos que os desean,
- dad favor a mi pecho temeroso
- para que estos mis versos vuestros sean,
- y ved cuál van cortando el mar furioso
- los vuestros Argonautas; porque vean
- que vos los veis, y ya en el mar airado
- acostumbraos, señor, ser invocado.
-
- Ya el Océano largo navegaban,
- las inquïetas ondas apartando;
- los vientos blandamente respiraban
- las altas velas de las naos hinchando;
- de blanca espuma llenos se mostraban
- los mares, do las proas van cortando
- las marítimas aguas consagradas
- que del próteo ganado son holladas.
-
- Cuando los dioses en el cielo hermoso
- de quien pende el gobierno de la gente,
- se ayuntan en concilio glorïoso
- sobre el caso futuro del Oriente,
- pisando el firmamento luminoso
- vienen por la vía láctea juntamente,
- convocados de parte del Tonante
- por el nieto gentil del viejo Atlante.
-
- Y de los cielos siete el regimiento
- dejaban del poder más alto dado
- (alto poder que con el pensamiento
- gobierna cielo, tierra y mar airado):
- allí se ayuntan todos al momento
- los que el Arturo habitan congelado,
- y los que el Austro tiene, y partes donde
- nace la Aurora, el claro Sol se esconde.
-
- Con claro resplandor cual de oro fino
- el que los rayos vibra de Vulcano
- en su asiento se pone cristalino
- con un severo rostro soberano:
- del cual respira un aire tan divino
- que en divino volviera un cuerpo humano
- con su corona y cetro rutilante
- de piedra muy más clara que diamante.
-
- En lucidos asientos claveteados
- de perlas y oro más abajo estaban
- los otros dioses todos asentados
- cual orden y razón los concertaban:
- preceden los antiguos más honrados,
- abajo los menores se asentaban,
- cuando el Júpiter alto así diciendo
- con un tono comienza grave, horrendo:
-
- «Eternos moradores del luciente
- estelífero Polo y claro asiento:
- si del valor supremo de esta gente
- del Luso no perdéis el pensamiento,
- ya sabéis, y sabréis más juntamente,
- que ha sido de los hados cierto intento
- que por ella se olviden los humanos
- de asirios, persas, griegos y romanos.
-
- »Ya le fué, bien lo visteis, concedido,
- con pequeño poder, al Sarraceno
- que en sus tierras estaba guarnecido
- ganarle cuanto riega el Tajo ameno,
- pues contra el Castellano tan temido
- el cielo se les dió blando y sereno,
- así que siempre tuvo en fama y gloria
- pendientes los trofeos de victoria.
-
- »Dejo la fama antigua y nombre claro
- que con gente de Rómulo alcanzaron
- cuando con Viriato invicto y raro
- en la romana guerra se afamaron,
- a que os obliga el hecho tan preclaro,
- pues que por su caudillo levantaron
- al de la cierva blanca peregrino,
- que Oráculo la hizo ser divino.
-
- »Ahora lo veis bien, que, cometiendo
- el peligroso mar en un madero,
- por caminos no vistos van sufriendo
- del Áfrico y del Noto el soplo fiero,
- que no los sufre el pecho conociendo
- haber tierras debajo otro hemisfero
- sin inclinar su ánimo y porfía
- a ver las partes donde nace el día.
-
- »Prometido le está del hado eterno,
- cuya alta ley no puede ser quebrada,
- que tengan largos tiempos el gobierno
- del mar que ve del Sol la roja entrada:
- sobre aguas han pasado el duro invierno,
- la gente está perdida y trabajada,
- ya parece bien hecho que le sea
- descubierta la tierra que desea.
-
- »Y porque en largo mar tienen pasados
- mil trances, de que sois todos testigos;
- tienen climas y cielos mil probados,
- mil vientos adversarios enemigos,
- determino que sean hospedados
- en la costa africana como amigos,
- que, rehecha su tan desecha flota,
- proseguirá con vientos su derrota.»
-
- Tales palabras Júpiter decía,
- y los dioses por orden respondiendo,
- un parecer del otro difería,
- varias razones dando y recibiendo.
- El Tioneo en nada consentía
- de lo que era propuesto, conociendo
- que olvidará sus hechos el Oriente
- si allá deja pasar la Lusa gente.
-
- Que por tiempo vendría, oyó a los hados,
- una gente fortísima de España,
- que con virtud y brazos señalados
- venciese cuanto Doris riega y baña:
- con fama de sus hechos sublimados
- la suya eclipsará, aunque más extraña,
- y duélele perder la antigua gloria
- de que Nisa celebra su memoria.
-
- Ve que ya tuvo el Indo sojuzgado
- y nunca le quitó fortuna o caso
- por vencedor del Indo ser contado
- de cuantos beben agua del Parnaso.
- Teme ahora que sea sepultado
- su tan célebre nombre en negro vaso
- del agua del olvido, si allá llegan
- los fuertes portugueses que navegan.
-
- Levántase contra él la Venus bella,
- inclinada a la gente Lusitana,
- porque mil cualidades halla en ella
- conformes a su antigua la Romana:
- corazones feroces, grande estrella
- que en la tierra mostraron Tingitana,
- y la lengua, en la cual cuando imagina,
- con poca corrupción cree es latina.
-
- Esto era lo que a Ciprio le movía,
- y más que de las Parcas claro entiende
- que su fama y loor se extendería
- do la gente belígera se extiende,
- pues Baco, por la infamia que temía,
- y Venus, por las honras que pretende,
- debaten, y en debate permanecen,
- y a cada cual sus partes favorecen.
-
- Cual Bóreas o Austro fiero en la espesura
- de silvestre arboleda condensada
- los ramos rompen de la selva obscura
- con ímpetu y braveza nunca usada:
- retumba la montaña, el son murmura
- de las hojas con lucha tan trabada,
- de esta suerte los dioses han tenido
- un murmullo confuso no entendido.
-
- Marte, que de la diosa sustentaba,
- entre todos, las partes con porfía,
- o porque el amor viejo le obligaba,
- o porque la razón le compelía,
- sañudo entre los más se levantaba,
- lleno el semblante de melancolía,
- y el escudo, que al cuello trae colgado,
- lo arroja atrás con ceño y rostro airado.
-
- La visera del yelmo de diamante
- levantándola un poco, muy seguro,
- para decir su dicho fué delante
- de Júpiter, armado, fuerte y duro:
- un golpe con el cuento penetrante
- del herrado bastón dió al solio puro,
- con que el cielo tembló, y el sol, turbado,
- por un poco de luz quedó eclipsado.
-
- Y dice: «Oh Padre eterno, a cuyo imperio
- todo aquello obedece que criaste,
- si esta gente que busca otro hemisferio,
- cuyo valor y pecho tanto amaste,
- no quieres que padezca vituperio
- como ya tiempo ha que lo ordenaste,
- no oigas más, pues eres juez derecho,
- razones de quien tiene airado el pecho.
-
-[Ilustración:
-
- Levántase contra él la Venus bella,
- inclinada a la gente Lusitana
- porque mil cualidades halla en ella,
- conformes a su antigua la Romana.
-
- _Canto I, Estr. 33._
-]
-
- »Que si aquí la razón no se mostrase
- vencida de temor demasïado,
- justo fuera que Baco sustentase
- la gente que es de Luso su criado;
- mas esta su intención ahora pase,
- que al fin nace de estómago dañado,
- y nunca estorbará la envidia ajena
- el merecido bien que el cielo ordena.
-
- »Y tú, Padre de grande fortaleza,
- de la resolución que está tomada
- no te vuelvas atrás; porque es flaqueza
- desistir de la cosa comenzada,
- y pues Cileno vence en ligereza
- al viento y la saeta de arco echada,
- enséñale la tierra do se informe
- de la India, y la gente se reforme.»
-
- Como esto dijo, el padre poderoso
- inclinó su cabeza, y consintió
- con el dicho de Marte valeroso,
- y néctar sobre todos esparció.
- Por el camino lácteo glorioso
- cada cual de los dioses se partió,
- haciendo su debido acatamiento,
- al conocido puesto y aposento.
-
- En cuanto esto pasaba en la hermosa
- sala del sacro Olimpo omnipotente
- cortaba el mar la gente belicosa
- ya la banda del Austro, ya de Oriente:
- entre etiopisa costa, y la famosa
- isla de San Lorenzo, do el ferviente
- Febo quema los dioses que Tifeo
- con miedo hizo peces de Nereo.
-
- Los vientos blandamente los llevaban
- como a quien por amigo tiene el cielo;
- sereno el aire y tiempos se mostraban
- sin de nuevo peligro haber recelo,
- en la Costa Guinea atrás dejaban
- el Promontorio Praso con gran vuelo,
- cuando el mar descubriendo les mostraba
- nuevas islas que en torno cerca y lava.
-
- Mas el capitán Gama, valeroso,
- que su pecho a tan alta empresa ofrece
- de corazón altivo y generoso,
- a quien fortuna siempre favorece,
- no quiere aquí tomar algún reposo,
- que inhabitada tierra le parece:
- adelante pasar determinaba,
- mas no le sucedió como pensaba.
-
- Porque le cercan luego en compañía
- mil esquifes de una isla señalada,
- que más llegada a tierra parecía,
- cortando el largo mar con vela hinchada:
- los nuestros se alborotan de alegría
- con ver aquesta gente no pensada:
- «¿qué nación será aquesta?, en sí decían,
- ¿qué costumbres, qué ley, qué rey tendrían?»
-
- Las barcas eran hechas de manera
- que muestran ser ligeras aunque estrechas;
- las velas que traían son de estera,
- de las hojas de verde palma hechas;
- la color de la gente es la que diera
- el loco de Faetón con las cosechas
- de su atrevido intento, y mal paciente,
- que Lampetusa llora y el Po siente.
-
- Con paños de algodón vienen vestidos
- de diversos colores listeados:
- unos alrededor los traen ceñidos,
- otros con modo airoso rebozados;
- todos del medio arriba sin vestidos;
- por armas traen adargas y terciados;
- tocas en la cabeza: y navegando,
- añafiles y flautas van tocando.
-
- Con paños y con manos señalaban
- a nuestros Lusitanos que esperasen;
- ya las proas ligeras se inclinaban
- para que junto de ellas amainasen;
- la gente y marineros trabajaban,
- como si aquí sus males se acabasen,
- en recoger del mástil la vela alta;
- y al soltar de la amarra, el mar la asalta.
-
- Aun no habían ancorado, y ya la gente
- extraña por las cuerdas se subía:
- vienen con rostro alegre, y blandamente
- el sabio capitán los recibía:
- las tablas poner manda en continente,
- y del licor que el dulce Baco cría
- hinchen vasos de vidrio, y no desechan
- los quemados del sol cuanto les echan.
-
- Comiendo alegremente preguntaban
- por la arábiga lengua, dó venían,
- quién eran, de qué tierra, qué buscaban,
- o qué partes del mar corrido habían:
- a todo los del Luso les tornaban
- las respuestas que entonces convenían:
- «Los portugueses somos de Occidente,
- que las tierras buscamos del Oriente.
-
- »Del mar hemos corrido y navegado
- la parte del Antártico y Calisto
- toda la costa libia rodeado,
- cielos y tierras varias hemos visto:
- de un rey súbditos somos tan amado,
- tan querido de todos y bien quisto,
- que por él de la mar nada tememos
- y hasta el Aqueronte abajaremos.
-
- »Por mandado del cual a buscar vamos
- la región oriental que el Indo riega;
- por ella el mar remoto navegamos
- que sólo de las focas se navega;
- mas ya razón parece que sepamos,
- si la cierta verdad no se me niega,
- quién sois, qué tierra es ésta, y si hay señales
- de las partes do vamos orientales.»
-
- «Somos, luego un isleño respondiera,
- en la tierra extranjeros y en la ley,
- porque a los naturales los pusiera
- Naturaleza aquí sin ley ni rey;
- mas nosotros seguimos la que diera
- el Profeta sagrado y gran Muley,
- que no hay parte del mundo do no cuadre
- hijo de madre hebrea y gentil padre.
-
- »Aquesta isla pequeña que habitamos
- es de toda la costa cierta escala
- para los que los mares navegamos
- de Quiloa, Mombaza y de Zofala;
- que por ser necesaria procuramos
- vivirla aunque entre gente bruta y mala,
- y porque todo al fin se os notifique,
- el nombre de la isla es Mozambique.
-
- Y ya que de tan lejos navegando
- buscáis el indo Idaspe y tierra ardiente,
- no faltarán pilotos que guiando
- vayan allá la flota sabiamente:
- justo será que, un poco reposando,
- toméis algún refresco; y que el regente
- que gobierna la isla luego os vea
- y de mantenimientos os provea.»
-
- En acabando aquesto se tornara
- a sus barcas el Moro y compañía:
- del capitán y gentes se apartara
- con muestras de debida cortesía.
- Luego Febo en las aguas encerrara
- con cristalino carro el claro día,
- dando cargo a su hermana que alumbrase
- el largo mundo mientras reposase.
-
- La noche se pasó dentro en la flota
- con extraña alegría no pensada
- por hallar en la tierra tan remota
- nueva de tanto tiempo deseada.
- Entre sí cada cual discurre y nota
- la manera, y la gente acá apartada,
- y cómo los que en tal secta creyeron
- tanto por todo el mundo se extendieron.
-
- Los rayos de la Cintia se mostraban
- en las aguas del mar manso seguras;
- las estrellas sus orbes adornaban
- cual campo revestido de frescuras;
- los furïosos vientos reposaban
- por las concavidades más obscuras,
- mas la gente del mar toda velaba,
- como de tiempo atrás lo acostumbraba.
-
- Y luego que la Aurora sonrosada
- los rayos esparció de sus cabellos
- en el sereno cielo, dando entrada
- al Sol, que despertó por sólo vellos,
- comienza a embanderarse nuestra armada
- con gallardetes mil de seda bellos,
- por recibir con fiestas y alegría
- al regidor que a verla se partía.
-
- Venía con su gente navegando
- a ver las naos ligeras lusitanas,
- trayéndoles refresco: en sí pensando
- si son aquellas gentes inhumanas
- que, las montañas Caspias habitando,
- a conquistar las gentes asïanas
- vinieron, y por orden del destino
- ganaron el Imperio a Constantino.
-
- Recibió el capitán alegremente
- al Moro con su grande compañía;
- dale de ricas piezas un presente
- que para aqueste efecto lo traía;
- dale conservas dulces, y el ardiente
- y no usado licor que da alegría:
- el Moro lo recibe con contento
- y el comer y beber tomó de asiento.
-
- La marítima gente del gran Luso,
- subida por la jarcia, está admirada
- notando el extranjero modo y uso,
- la habla tan confusa y enredada;
- también el Moro astuto está confuso
- mirando la color, traje y armada;
- y preguntando al Gama, le decía
- si venían acaso de Turquía.
-
- Decíale también que ver desea
- los libros de su ley, precepto y fe,
- por ver si cual la suya aquélla sea,
- o si cristianos son, como él lo crée;
- y porque más lo note todo y vea,
- al capitán le pide que le dé
- la muestra de las armas de que usaban
- cuando con enemigos peleaban.
-
- El capitán responde valeroso,
- por lengua que el arábigo entendía:
- «Yo te descubriré no perezoso
- quién soy, cuál es mi ley, qué armas traía.
- Nunca en el Caspio tuve mi reposo,
- ni de la gente vengo de Turquía:
- soy de tierra de Europa belicosa,
- busco la oriental parte tan famosa.
-
- »La ley tengo de Aquel a cuyo imperio
- obedece visible e invisible;
- Aquel que crió todo el hemisferio,
- todo lo que es sensible o insensible;
- que padeció deshonra y vituperio
- haciéndose de Dios hombre pasible,
- y por nos abajó del cielo al suelo
- por podernos subir del suelo al cielo.
-
- »De aqueste Dios y hombre, alto, infinito,
- los libros que me pides no los trayo,
- que lo que está en el alma firme escrito
- escribirlo en papel viene a soslayo:
- si quieres ver las armas, tu apetito
- se cumplirá, haciendo aquí un ensayo:
- veráslas como amigo, y más me obligo
- que no las quieras ver como enemigo.»
-
- A los ministros manda diligentes
- del almacén sacar las armaduras,
- los arneses y petos relucientes,
- mallas finas y láminas seguras,
- escudos de pinturas diferentes,
- espingardas de acero fino puras,
- los arcos, las pelotas, las aljabas,
- partesanas agudas, chuzas bravas.
-
- Y del fuego las bombas, juntamente
- de pólvora las ollas tan dañosas;
- mas a los artilleros no consiente
- dar fuego a las bombardas espantosas:
- que el generoso ánimo excelente,
- entre gentes tan pocas y medrosas,
- no muestra cuanto puede, y con razón;
- que es flaqueza entre ovejas ser león.
-
- Todo lo nota y mira el sarraceno,
- y aunque de fuera muestra algún contento,
- un odio se le fragua allá en el seno,
- un dañado rencor y pensamiento:
- encúbrelo con rostro, al ver, sereno;
- disimula con risa el fingimiento;
- tratarlos blandamente determina
- hasta poder mostrar lo que imagina.
-
- Pilotos le demanda el fuerte Gama
- por quien pueda a la India ser llevado,
- aprometiendo premio y grande fama
- al que por él tomare este cuidado:
- el Moro los promete, y se derrama
- en su pecho un veneno tan dañado,
- que muerte, si pudiese, en este día,
- en lugar de pilotos le daría.
-
- Fué la voluntad tal y el odio insano
- que concibió contra estos pasajeros
- porque siguen la ley del Soberano,
- que cual lobo se arroja a los corderos:
- secretos de la eterna y sacra mano
- do los juícios quedan tan rateros,
- que no falte Majencio que persiga
- al que la ley de Dios abrace y siga.
-
- Con esto se partió, y su compañía,
- el Moro, de las naves despedido,
- con engañosa y grande cortesía,
- con alegre semblante aunque fingido.
- Los esquifes navegan por la vía
- más breve de Neptuno, y recibido
- en tierra de un ilustre ayuntamiento,
- el regidor camina a su aposento.
-
- Mas viendo desde el cielo el gran Tebano,
- de la paterna corva renacido,
- aqueste bando nuestro Lusitano
- ser del moro envidioso aborrecido,
- un engaño revuelve falso, insano,
- con que de todo quede destruído,
- y en cuanto allá en el pecho el hecho urdía,
- esto consigo a sí, sin sí, decía:
-
- «¿Está del hado ya determinado
- que victorias tan grandes y famosas
- hayan los Portugueses alcanzado
- de las gentes del Indo belicosas,
- y yo, hijo del padre sublimado,
- con tantas cualidades generosas,
- he de sufrir que el hado favorezca
- otro por quien mi nombre se obscurezca?
-
- »Ya quisieran los dioses que tuviera
- el hijo de Felipe en esta parte
- tanto poder que al yugo la rindiera
- con sangrienta batalla y fiero Marte.
- ¿Mas hase de sufrir que el hado quiera
- a tan poquitos dar tal fuerza y arte
- que con el Macedonio y el Romano
- tenga lugar el nombre Lusitano?
-
- »No será así, porque antes que llegado
- el capitán se vea, astutamente
- le tendré tanto engaño fabricado
- que no pase a las partes del Oriente:
- a tierra bajaré, y el indignado
- pecho revolveré de aquesta gente:
- que aquel sigue la vía más derecha
- que del tiempo oportuno se aprovecha.»
-
- En diciendo esto, con la rabia y saña
- a la africana tierra se apresura,
- y vestido de traje y forma extraña,
- hacia el Praso se encierra en la espesura;
- para mejor trabar esta maraña,
- se transforma y emboza en la figura
- de un moro en Mozambique conocido,
- viejo, sabio, del jeque muy querido.
-
- Y entrándole a hablar a tiempo y horas
- para su falsedad acomodadas,
- le dijo que eran gentes robadoras
- las que de nuevo al puerto son llegadas,
- y cómo las naciones moradoras
- de toda aquella costa son robadas
- por ellos desde el punto que pasaron
- y con fingida paz allí ancoraron.
-
-[Ilustración: Kostka, pintó
-
-Goldberg, sc.
-
- Huyendo el moro, el arco va flechando
- sin fuerza, de cobarde, y presuroso
- la piedra y cuando toca atrás echando;
- que el furor arma a veces al medroso:
-
- _Canto I, Estr. 91._
-]
-
- «Y sabe más, le dijo: que entendido
- de aquéstos tengo ser sanguinolentos,
- que con robos el mar han destruído,
- con incendios y asaltos truculentos;
- y algún engaño traen de atrás urdido
- contra nosotros, porque sus intentos
- no son sino robarnos y matarnos,
- las mujeres e hijos cautivarnos.
-
- »También sé cómo está determinado
- de mañana saltar por agua en tierra
- el capitán, de gente acompañado,
- que do hay mala intención el miedo afierra:
- tú debes de llevar tu campo armado
- y en celada ponerle oculta guerra,
- que saliendo su gente descuidada
- caerá sobre seguro en la celada.
-
- »Y cuando no quedaren de este hecho
- o perdidos o muertos totalmente,
- yo tengo ya tramado acá en mi pecho
- un engaño y ardid que te contente:
- piloto le darás que a algún estrecho
- o peligro los lleve tan patente,
- que, sin poder valerse, sean metidos
- do queden rotos, muertos o perdidos.»
-
- Luego como acabó el razonamiento,
- el Moro, en tales casos sabio y viejo,
- los brazos le echa al cuello con contento,
- agradeciendo mucho aquel consejo,
- y manda que se apreste en un momento
- para la guerra el bélico aparejo,
- porque así al Portugués se le tornase
- en sangre roja el agua que buscase.
-
- Y más para el engaño maquinado,
- un moro por piloto le buscaba,
- sagaz, astuto, diestro, sabio, osado,
- de quien pueda fiar lo que pensaba:
- avísale que esté muy recatado
- de que la flota lleve a mar tan brava
- de que, si aquí escapare, allá adelante
- vaya a caer do nunca se levante.
-
- Ya el apolíneo rayo visitaba
- los Nabateos montes encendido,
- cuando el Gama saltar determinaba
- en la tierra, por agua apercibido:
- la gente en los bateles se aprestaba,
- cual si el engaño fuera ya sabido,
- mas puede sospecharse fácilmente,
- que el corazón fïel a pocos miente.
-
- Y más porque enviado había a la tierra
- antes por el piloto necesario
- y le fué respondido en son de guerra,
- de lo que imaginaba muy contrario:
- por esto, y porque sabe cuánto yerra
- el capitán que popa a su adversario,
- apercibido va como podía
- en solos tres bateles que tenía.
-
- De los moros que andaban por la playa,
- por defender el agua deseada,
- cuál con escudo viene y azagaya,
- cuál con arco y saeta enarbolada:
- esperan que la gente a tierra vaya
- otros muchos ya puestos en celada,
- y por poder mejor coger la caza,
- unos muy pocos sirven de añagaza.
-
- Por la ribera andaban arenosa
- aquellos pocos moros blandeando
- el adarga y la lanza sanguinosa,
- los fuertes Portugueses provocando;
- mas no sufre la gente belicosa
- que los perros les anden más ladrando:
- cada cual salta a tierra tan ligero
- que no se conoció cuál fué el primero.
-
- Cual en el coso estando el firme amante,
- a vista de su dama deseada,
- el toro busca, y puesto ya delante,
- lo burla, corre y salta y da palmada;
- mas el fiero animal en ese instante,
- con la frente cornígera inclinada,
- corre, y aunque al correr los ojos cierra,
- mata al que topa, hiere y bate en tierra:
-
- Ya en los bateles fuego se levanta
- de fogosa y ardiente artillería,
- la pelota derriba, el ruido espanta,
- el aire con el humo se cubría,
- el corazón del moro se quebranta,
- la sangre un temor grande le resfría,
- escapa el escondido por ligero
- y muere el descubierto aventurero.
-
- Con esto nuestra gente no pagada,
- siguiendo la victoria, hiere y mata:
- la población sin muro no guardada
- con el fuego la tala y desbarata;
- el jeque llora ya la cabalgada,
- que bien pensó comprarla más barata:
- blasfema de la guerra, y maldecía
- al viejo flaco y la que el hijo cría.
-
- Huyendo el moro, el arco va flechando
- sin fuerza, de cobarde, y presuroso
- la piedra y cuanto topa atrás echando,
- que el furor arma a veces al medroso:
- la isla toda van desamparando
- con paso en el huir no vagaroso,
- cortando otros del mar un paso estrecho,
- que el serlo les fué harto de provecho.
-
- Unos van en las barcas bien cargadas,
- otro lo pasa a nado diligente,
- cuál se ahoga en las ondas levantadas,
- cuál bebe el mar y lo echa juntamente;
- aniegan las menudas bombardadas
- las llenas barcas de esta bruta gente:
- de esta arte el Portugués al fin castiga
- la gente de virtud y fe enemiga.
-
- Victorïosos vuelven a la armada
- con despojo de guerra y muy temidos;
- salen a su placer a hacer aguada
- sin hallar resistencia en los huídos;
- queda la perra gente lastimada
- y en odio antiguo todos encendidos:
- para tomar venganza de este daño
- quieren luego intentar esotro engaño.
-
- Paces envía a pedir arrepentido
- el regidor de aquella falsa tierra,
- y sin poder de nadie ser sentido,
- en son de paz el moro le envía guerra,
- porque el falso piloto ha prometido,
- cuyo pecho el forjado engaño encierra,
- para darnos la muerte lo enviaba
- como en señal que paces procuraba.
-
- El capitán, que ve cuánto conviene
- proseguir el camino comenzado,
- que tiempo bueno y viento blando tiene
- para buscar el Indo deseado,
- el piloto recibe que le viene
- mostrándose del odio ya olvidado:
- despide al mensajero con contento
- y manda luego dar velas al viento.
-
- Partida de la costa nuestra armada,
- las ondas de Anfitrite dividía,
- de las hijas de Néreo acompañada,
- fïel, alegre y dulce compañía:
- el diestro capitán, que la tramada
- tela del falso moro no entendía,
- del mañoso piloto se informaba
- de los mares y puertos que pasaba.
-
- Mas el moro, instruído en los engaños
- que el malévolo Baco le enseñara,
- de muerte o cautiverio graves daños,
- antes de ir a la India, le prepara:
- del indiano puerto ha muchos años
- que tenía noticia, le declara;
- creyendo ser verdad lo que decía,
- de nada el fuerte Gama se temía.
-
- Dícele más, con falso pensamiento
- con que Sinón engaña a los troyanos,
- que había cerca una isla cuyo asiento
- fuera siempre habitado de cristianos:
- el capitán, que con su sano intento
- no ve ser dichos locos y livianos,
- con dádivas muy grandes le rogaba
- lo guíe (donde el moro lo guiaba).
-
- Lo mismo el falso moro determina
- que el seguro cristiano le demanda,
- que en la isla que dice estar vecina
- vive gente de secta cruel, nefanda:
- aquí el engaño y muerte le imagina
- porque en fuerza a su isla esta isla manda,
- que es mayor en poder: la cual se llama
- Quiloa, conocida por la fama.
-
- Inclinábase allá la alegre flota;
- mas la diosa de Pafos celebrada,
- viendo cómo dejaba su derrota
- por buscar a la muerte no pensada,
- no consiente que en tierra tan remota
- perezca gente de ella tanto amada
- y con contrarios vientos la desvía
- de do el piloto falso la metía.
-
- Mas el malvado moro, no pudiendo
- llevar este propósito adelante,
- otra maldad y engaño revolviendo
- en su resolución mala constante,
- dícele que en las aguas discurriendo
- lo llevará por fuerza allá delante
- donde hay una isla cerca cuya gente
- son cristianos y moros juntamente.
-
- También en esto el moro le mentía
- cual por aviso y orden lo llevaba,
- que aquí gente de Cristo no vivía,
- mas la que el Mahometa celebraba;
- el capitán, que en todo le creía,
- las velas vuelve, la isla demandaba:
- mas no queriendo Venus, no tomaron
- la isla: en el mar alto se ancoraron.
-
- A tierra está la isla tan llegada
- que sólo la divide un breve estrecho:
- una ciudad en ella situada,
- que a la orilla del mar hace repecho,
- de nobles edificios fabricada,
- un muro al derredor muy fuerte hecho:
- isla y ciudad se llaman de una suerte:
- Mombaza; el rey que tiene es viejo y fuerte.
-
- Pues siendo el capitán aquí llegado,
- extrañamente alegre porque espera
- poder gozar del pueblo bautizado,
- como el falso piloto le dijera;
- de tierra esquifes vienen, y un recado
- del rey, que ya sabía qué gente era,
- que Baco muy más antes le avisara
- en forma de otro moro que tomara.
-
- El recado que traen era de amigos,
- mas debajo el veneno está encubierto,
- que eran los pensamientos de enemigos
- cual lo mostró el engaño descubierto.
- ¡Oh cuán ciertos son, Muerte, tus postigos!
- ¡Oh camino de vida nunca cierto,
- que do la gente pone su esperanza
- la vida tiene menos confianza!
-
- Tanta tormenta en mar y tanto daño,
- tantas veces la muerte apercibida,
- tantas guerras en tierra y tanto engaño,
- tanta necesidad aborrecida:
- ¿dónde se acogerá de mal tamaño,
- dónde estará segura nuestra vida,
- si contra un gusanillo vil del suelo
- se indigna, se levanta, se arma el cielo?
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO SEGUNDO
-
-
- YA en este tiempo el délfico planeta,
- que en horas el día claro va partiendo,
- llegaba a la Tartesia, cierta meta,
- su luz del universo recogiendo:
- de la casa marítima y secreta
- la puerta el dios nocturno le está abriendo,
- cuando las gentes pérfidas llegaron
- a los que poco había que ancoraron.
-
- Uno, que entre ellos trae encomendado
- el mortífero engaño, así decía:
- «Capitán valeroso, que cortado
- has de Neptuno el reino y larga vía,
- el rey de aquesta tierra alborotado
- por tu venida está con alegría,
- y no desea más que regalarte,
- verte, y de necesario reformarte.
-
- »Y porque está en extremo deseoso
- de verte como a cosa señalada,
- te ruega que, de nada receloso,
- entres la barra tú y toda tu armada:
- y porque del camino trabajoso
- traerás la gente débil y cansada,
- convídate a que quieras regalarla,
- pues tienes en la tierra do hospedarla.
-
- »Y si buscando vas mercaduría
- que produce el aurífero Levante,
- canela, clavo, ardiente especería,
- o droga salutífera, al instante
- con toda la luciente pedrería
- de rubí, de carbunco, de diamante,
- aquí lo hallarás, y tan sobrado,
- que puedas poner fin a tu cuidado.»
-
- Al mensajero el capitán responde,
- las palabras del rey agradeciendo,
- que porque ya en el mar el Sol se esconde,
- no entra para adentro obedeciendo:
- mas luego que la luz muestre por dónde
- la flota pueda ir salva el mar rompiendo,
- cumplirá su mandado sin recelo,
- que a más que esto le obliga amor y celo.
-
- Pregúntale después si hay en la tierra
- cristianos, como el moro le decía;
- el mensajero astuto, que no yerra,
- dice que la más gente en Dios creía:
- de esta suerte del pecho le destierra
- la sospecha y la cauta fantasía:
- por donde el capitán seguramente
- se fía, siendo fiel, de la infiel gente.
-
- Y de algunos que vienen condenados
- por culpas y por hechos vergonzosos,
- porque pudiesen ser aventurados
- en casos de esta suerte peligrosos,
- dos envía sagaces y ensayados
- que noten de los moros engañosos
- su ciudad y poder, y porque vean
- los cristianos que tanto ver desean.
-
- Que le lleven al rey presentes manda
- porque la voluntad que le mostraba
- la conserve segura, limpia y blanda
- (aunque bien al contrario en todo estaba):
- ya la gente del moro va a la banda
- y la nuestra con ella el mar cortaba:
- fueron con rostros ledos y fingidos
- en tierra los dos nuestros recibidos.
-
- Y luego que al rey moro presentaron
- el recado y presentes que traían,
- a la ciudad se fueron y notaron
- mucho menos de aquello que querían,
- porque los falsos moros se guardaron
- de mostrarles lo que ellos pretendían,
- que do está de malicia lleno el seno,
- recela que la tiene el pecho ajeno.
-
- Mas aquel que la fresca primavera
- en su rostro conserva, y fué nacido
- de madres dos; que aqueste engaño urdiera
- por ver al navegante destruído,
- en una casa estaba allá defuera
- con bulto humano y hábito fingido
- mostrándose cristiano, y fabricaba
- un altar suntuoso que adoraba.
-
- Tenía en un retrato figurada
- del Espíritu Santo la pintura:
- la palomica blanca dibujada
- sobre la santa Fénix Virgen pura:
- la demás compañía está pintada
- de los doce, y tan varia su figura,
- cual los que, de las lenguas que cayeron
- de fuego, varias lenguas refirieron.
-
- Aquí los Lusitanos conducidos,
- donde con este engaño Baco estaba,
- las rodillas en tierra y los sentidos
- en Dios ponen que el mundo gobernaba.
- Olores excelentes producidos
- en la fértil Pancaya a Dios quemaba
- el embustero Baco, y aunque artero,
- el falso dios adora al verdadero.
-
- En esta casa quedan hospedados
- con honesto y mediocre tratamiento
- los cristianos, sin ver cómo engañados
- los tiene el falso y santo fingimiento;
- mas en siendo los rayos derramados
- por el mundo de Febo, en un momento
- se muestra al horizonte refulgente
- la esposa de Titón con roja frente.
-
- Van de tierra los moros, y recado
- llevan del rey porque entren, y consigo
- los dos que el capitán había enviado
- a quien se mostró el rey sincero amigo;
- y siendo el fuerte Gama asegurado
- que recelo no tenga de enemigo,
- y que gente de Cristo en tierra había,
- dentro el salado río entrar quería.
-
- Dicen los que envió que en tierra vieron
- un santo sacerdote y templo santo,
- que en él se aposentaron y durmieron
- en cuanto cubrió al mundo el negro manto;
- cómo en el rey y pueblo no sintieron
- sino grande contento y gusto tanto,
- que no puede allí cierto haber sospecha
- en la muestra de amor tan clara hecha.
-
- Por esto con contento señalado
- recibe el capitán cuantos venían,
- que el generoso pecho es confiado,
- y más aquestas muestras le hacían:
- las naos hinche el pueblo renegado,
- al bordo los bateles se venían:
- alegres vienen todos porque entienden
- que tienen ya la presa que pretenden.
-
- De secreto en la tierra aparejaban
- armas y municiones para cuando
- viesen que los navíos ancoraban,
- que con ellas en ellos fuesen dando,
- porque con tal traición determinaban
- atajar el camino al Luso bando
- y que preso pagase de esta suerte
- a los que en Mozambique les dió muerte.
-
- Las áncoras andaban levantando
- con grita de la mar acostumbrada
- y las velas de proa al viento dando
- gobiernan a la barra señalada;
- mas la bella Ericina que guardando
- aquesta gente andaba sublimada,
- la celada notando tan secreta,
- del cielo al mar bajó como saeta.
-
- De Nereo llamó las hijas bellas
- con toda la cerúlea compañía,
- que porque nació en aguas manda en ellas
- y a su mandado el mar obedecía.
- El caso les contó para movellas
- y, movidas, con todas se partía
- a estorbar que la armada no llegase
- adonde para siempre se acabase.
-
- Ya con la grande priesa levantando
- van en las blancas ondas blanca espuma:
- Doto la mar a nado va cortando
- más veloz que en el aire va una pluma;
- salta Nise, Nerine va volando,
- descubriendo al nadar su fuerza suma:
- camino abren las aguas, temerosas
- de ver ir las nereidas presurosas.
-
- En hombros de un tritón hermoseada
- va la linda Dione furïosa:
- no siente el que la lleva si es pesada,
- de soberbio, con carga tan hermosa:
- ya llegan donde está a pique la armada
- de entrarse por la barra peligrosa:
- repártense y rodean en un instante
- las más ligeras naos de delante.
-
- Pónese con las otras en derecho
- la diosa de la proa capitana,
- y cerrándole el paso, que es estrecho,
- aunque con viento en popa ésta se llana,
- al duro palo arrima el blando pecho
- y atrás la echó con fuerza soberana:
- otras alrededor la levantaron
- y fuera de la barra la arrojaron.
-
- Cual suelen las hormigas al estío,
- llevando el peso grave acomodado,
- ejercitar las fuerzas, porque al frío
- el alimento gocen que han juntado;
- trabajan sin cesar con maña y brío,
- descubren un vigor nunca pensado:
- tales andan las ninfas libertando
- al Luso del peligro miserando.
-
- Vuelve la nao atrás y al mar se hace
- a pesar del piloto que, gritando
- «Amaina velas», rabia y se deshace
- acá y allá el timón atravesando;
- el astuto maestre, a quien desplace
- la vuelta, de un peligro está temblando,
- que un horrible peñasco está delante
- y teme en él la nao no se quebrante.
-
- Confusa vocería se levanta
- entre la chusma que al voltar trabaja:
- el grito y alarido al moro espanta,
- y cual si fuera en guerra, así se ataja:
- no sabe la razón de furia tanta,
- teme si le aparejan la mortaja,
- piensa ver sus engaños descubiertos
- y que serán por ellos todos muertos.
-
- Con temor y sospecha se arrojaban
- a las ligeras barcas que traían;
- otros el mar en alto levantaban
- saltando en él y a nado se acogían;
- de un bordo y otro aquí y allí se echaban
- con miedo del horrible son que oían,
- que antes quieren al mar aventurarse
- que a manos de los nuestros entregarse.
-
- Cual en arroyo, charco o en laguna
- las ranas (que ya fueron licia gente),
- cuando sienten venir persona alguna
- si a la ribera están incautamente,
- saltan de dos en dos y de una en una,
- de aquí y de allí, huyendo el mal presente,
- y en el agua se cubren por gran pieza
- mostrando solamente la cabeza:
-
- Tales huyen los moros; y el piloto
- que la flota a peligro tal guiara,
- temiendo por su engaño el alboroto,
- al agua se arrojó como una jara;
- mas porque en el peñasco no sea roto
- el navío, y la vida pierdan cara,
- las amarras soltó la capitana,
- y las demás las sueltan muy de gana.
-
- Viendo el ilustre Gama la extrañeza
- de moros no pensada, y juntamente
- el piloto huirle con presteza,
- el engaño entendió de aquella gente,
- pues sin ningún contraste ni braveza
- de vientos, sin haber del mar corriente,
- la flota ir adelante no podía.
- Creyendo ser milagro, así decía:
-
- «¡Oh caso grande, extraño, no pensado!
- ¡Milagro de la mano de Dios hecho!
- ¡Oh descubierto engaño inopinado!
- ¡Oh de gente maligna perro pecho!
- ¿Quién pudiera del mal de atrás forjado
- librarse, puesto ya en tan grande estrecho,
- si de arriba la guarda soberana
- no ayudara a la flaca fuerza humana?
-
-[Ilustración: Begas, pintó
-
-Linder, sc.
-
- Y de estas blandas muestras conmovido,
- que movieran de un tigre el pecho duro,
- con un alegre rostro esclarecido,
- con que serena el aire más oscuro...
-
- _Canto II, Estr. 42._
-]
-
- »Bien muestra la divina Providencia
- de estos puertos la poca confianza:
- bien claro lo hemos visto en la apariencia
- cuán engañada fué nuestra esperanza;
- mas, pues saber humano ni prudencia
- tan fingidos engaños nunca alcanza,
- ¡oh tú, divina Guarda!, ten cuidado
- de quien sin ti no puede ser guardado.
-
- »Y si la piedad te mueve a tanto
- de esta mísera gente peregrina
- que por tu favor grande y celo santo
- fué libre de esta costa tan malina,
- a algún puerto, después de tal quebranto,
- llevarnos, Rey eterno, determina,
- o muéstranos la tierra que buscamos,
- pues que por tu servicio navegamos.»
-
- Oyóle estas palabras tan piadosas
- la hermosa Dione, y, conmovida,
- de las nereidas parte, que llorosas
- quedaron de tan súbita partida;
- penetra las estrellas luminosas,
- y en la tercera esfera recibida,
- pasa hasta llegar al sexto cielo,
- y cesa, do está Júpiter, su vuelo.
-
- Y como va cansada del camino,
- tan hermosa en el gesto se mostraba,
- que estrellas, aire y cielo más vecino
- con su dulce mirar enamoraba;
- del asiento de Amor, ciego y menino,
- espíritus tan vivos inspiraba,
- que los helados polos encendía
- y el esférico fuego frío volvía.
-
- Pues para más prendar al soberano
- Padre, de quien fué siempre amada y cara,
- en la forma le habla que al Troyano
- en el monte de Ida le hablara:
- si la viera el montero que el humano
- ser pierde, viendo a la otra en la agua clara,
- no esperara que perros le mataran,
- que deseos primero lo acabaran.
-
- Los rubios hilos de oro se esparcían
- por el cuello más blanco que la nieve,
- y los rifeos montes se movían
- al andar, donde amor todo se embebe;
- de su cintura llamas le salían
- donde su muerto fuego el amor cebe;
- por las lisas columnas le trepaban
- deseos, que cual hiedra se enredaban.
-
- Con delgado cendal las partes cubre
- de quien es la vergüenza su reparo;
- mas ni todo lo esconde, ni descubre,
- el velo de tal bien no nada avaro:
- despierta los deseos lo que encubre
- y más lo que descubre el velo raro;
- ya se sienten del cielo en toda parte
- los celos en Vulcano, amor en Marte.
-
- Y mostrando en su angélico semblante
- una risa y tristeza mal mezclada,
- como dama que ha sido de su amante
- en amorosas burlas maltratada,
- que se queja y se ríe en un instante
- y se muestra entre alegre lastimada,
- así la diosa, a quien ninguna iguala,
- con el supremo padre se regala.
-
- «Siempre, dice, entendí, padre piadoso,
- que a las cosas que yo de pecho amase
- afable te hallara y amoroso,
- puesto que a algún contrario le pesase;
- mas, pues que contra mí te veo rabioso
- sin te lo merecer, ni sin que errase,
- hágase lo que Baco determina,
- que yo me quedaré para mohina.
-
- »Este pueblo, señor, por quien derramo
- las lágrimas que en vano caídas veo,
- que asaz de mal lo quiero, pues que lo amo,
- siendo tú tan contrario a mi deseo:
- por él te ruego, imploro, lloro y clamo
- y contra mi ventura en fin peleo;
- pues por quererle bien es maltratado,
- quiero quererle mal: será guardado.
-
- »Mas ¡ay! que está entre manos de unas gentes
- y pues fuí yo...» Y en esto, de mimosa,
- el rostro baña en lágrimas ardientes
- cual con rocío está la fresca rosa:
- un poco calla, como si entre dientes
- le impidieran la habla lastimosa;
- y queriendo con ella ir adelante
- la plática le ataja el gran Tonante.
-
- Y de estas blandas muestras conmovido,
- que movieran de un tigre el pecho duro,
- con un alegre rostro esclarecido
- con que serena el aire más obscuro,
- las lágrimas le limpia y encendido
- la besa, el cuello abraza liso y puro,
- de modo que si allí solo se hallara,
- otro nuevo Cupido se engendrara.
-
- Con el suyo apretando el rostro amado
- que sollozos y lágrimas aumenta,
- como niño del ama castigado,
- que quien le limpia el lloro lo acrecienta;
- por ponerle en sosiego el pecho airado,
- muchos casos futuros le presenta:
- del hado las entrañas revolviendo,
- de esta manera al fin le está diciendo:
-
- «No temáis, dulce hija y bella diosa,
- algún peligro a vuestros Lusitanos,
- ni que pueda conmigo alguna cosa
- más que esos vuestros ojos soberanos:
- por ellos os prometo, Dione hermosa,
- que en olvido veáis griegos y romanos
- por los ilustres hechos que esta gente
- ha de hacer en tierras del Oriente.
-
- »Que si el facundo Ulises se ha escapado
- de ser en la isla Ogigia eterno esclavo;
- si Antenor ha los senos penetrado
- ilíricos, y fuente de Timavo;
- Eneas, si por pío ha navegado
- de Escila y de Caribdis el mar bravo,
- éstos, mayores cosas intentando,
- nuevos mundos al mundo irán mostrando.
-
- »Fortalezas, ciudades y altos muros
- por ellos veréis, hija, edificados;
- los turcos ferocísimos y duros
- de ellos presos serán y destrozados;
- los reyes de la India más seguros
- a vuestro rey veréis ser sojuzgados,
- y por ellos del todo en fin señores,
- a las tierras darán leyes mejores.
-
- »Veréis éste que ahora presuroso
- el Indo con tal miedo va buscando
- temblar después Neptuno ante él medroso,
- sin tempestad las aguas encrespado.
- ¡Oh caso nunca visto milagroso,
- que tema y hierva el mar en calma estando!
- ¡Oh fuerte gente de altos pensamientos
- de quien temen los mismos elementos!
-
- »Y la tierra que el agua le impedía
- aun ha de ser un puerto muy decente
- do reciban refresco en larga vía
- las naos que vinieren de Occidente,
- y toda aquesta costa que tejía
- el engaño mortífero, obediente
- le pagará tributo, conociendo
- no poder resistir al Luso horrendo.
-
- »Y veréis el mar Rojo tan famoso
- tornársele amarillo de turbado;
- veréis de Ormuz el reino poderoso
- dos veces ser perdido y dos ganado:
- allí veréis el bárbaro furioso
- de sus mismas saetas traspasado,
- porque quien va contra ellos claro vea
- que, si resiste, contra sí pelea.
-
- »Veréis la inexpugnable Dío fuerte
- con dos cercos, y dentro al Lusitano,
- donde descubrirá su precio y suerte
- el valor de las armas más que humano:
- envidiosos veréis al Marte y muerte
- por ver al Luso vuelto en soberano:
- del moro allí será la voz extrema
- la con que de Mahoma infiel blasfema.
-
- »De los moros será Goa ganada,
- la cual vendrá después a ser señora
- de todo el Oriente, y sublimada
- con gloria de la gente vencedora:
- allí, soberbia, altiva y ensalzada,
- al gentil que los ídolos adora
- duro freno pondrá, y aun a la tierra,
- que a los vuestros mover pensaba guerra.
-
- »Veréis la fortaleza sustentarse
- de Cananor con poca fuerza y gente:
- veréis a Calicut desbaratarse,
- populosa ciudad y muy potente;
- en Cochín se verá también mostrarse
- un pecho tan altivo e insolente,
- que cítara jamás cantó victoria
- que así merezca eterno nombre y gloria.
-
- »Nunca con fiero Marte sanguinoso
- así hirió Leucate cuando Augusto
- en las guerras civiles animoso
- al capitán venció romano injusto
- que de la oriental parte, y del famoso
- Nilo, del Bactra escítico y robusto
- la victoria traía y presa rica,
- preso él de la Gitana no pudica:
-
- »Como veréis el mar con tal suceso
- hervir viendo los vuestros peleando,
- llevando en su triunfo el moro preso
- y al idólatra bárbaro allanando,
- y sujeta la rica Quersoneso
- hasta el remoto China navegando,
- las islas más ocultas del Oriente
- descubrirá, y al dios del gran Tridente.
-
- »De modo, hija mía, que en tal hecho
- esfuerzo mostrará mayor que humano,
- que nunca se verá tan fuerte pecho
- del Gangético mar al Gaditano,
- de las boreales ondas al estrecho
- que enseñó el injuriado lusitano,
- puesto que en todo el mundo de afrentados
- resucitasen todos los pasados.»
-
- Y con esto acabó, y al consagrado
- Cileno envía a la tierra porque tenga
- un pacífico puerto aparejado
- do la flota sin miedo alguno venga;
- y para que en Mombaza el engañado
- del moro, capitán no se detenga,
- le manda que entre sueños le aparezca
- y que de allí se vaya, no perezca.
-
- Mercurio por el aire se arrojaba
- con alas que ocasión le da y ofrece;
- consigo la fatal vara llevaba,
- que los cansados ojos adormece;
- del infierno con ella a luz sacaba
- las almas, luego el viento le obedece:
- llevaba su sombrero acostumbrado,
- y a Melinde de esta arte fué llegado.
-
- Consigo trae la fama, porque diga
- del Lusitano el precio grande y raro,
- que el nombre ilustre a un cierto amor obliga
- y hace al que lo tiene amado y caro:
- de este arte va ganando gente amiga
- con rumor famosísimo y preclaro:
- que Melinde en deseos arde todo
- de ver la fuerte gente, el gesto, el modo.
-
- De allí para Mombaza luego parte,
- donde las naos estaban temerosas,
- para avisar la gente que se aparte
- de las tierras del moro sospechosas,
- porque muy poco vale esfuerzo y arte
- contra las voluntades engañosas:
- no vale corazón, astucia y maña,
- si el cielo no descubre la maraña.
-
- A su mitad la noche había llegado
- y el cielo con la luz del sol ajena
- la tierra un buen espacio había alumbrado
- cuando la gente duerme más sin pena.
- El capitán ilustre, fatigado
- de largas centinelas dar ordena
- a los ojos reposo, pues velaba
- por sus cuartos la gente y reposaba.
-
- Cuando Cileno en sueños le aparece
- gritando: «Huye, huye, Lusitano;
- mira que la tardanza mucho empece
- para el fin que te apresta el cruel tirano;
- huye, que el viento ya te favorece,
- el tiempo y mar te dan camino llano
- y te espera otro rey en mejor parte
- a do puedes seguro regalarte.
-
- »El hospicio que aquí está aparejado
- es tal cual el crüel Diomedes daba,
- haciendo ser manjar acostumbrado
- de caballos la gente que hospedaba.
- Las aras do Busiris endiablado
- el huésped con morir sacrificaba
- tendrás ciertas aquí si mucho esperas:
- huye con priesa, huye estas riberas.
-
- »Vete a par de la costa discurriendo:
- hallarás otra tierra más humana
- cerca de donde iguala el Sol luciendo
- el tiempo con el tiempo de su hermana:
- allí tu flota alegre recibiendo
- un rey, con voluntad y amistad sana,
- regalará tu bando laso y roto
- y te dará al partir sabio piloto.»
-
- Acabó de la Maya el hijo, y luego
- el capitán despierta con espanto:
- ve la negra tiniebla con gran fuego
- de una súbita luz y rayo santo,
- y viendo que no es tiempo de sosiego,
- ni de en tierra tan mala estarse tanto,
- al maestre despierta, y le mandaba
- dar las velas al viento que soplaba.
-
- «Alza la vela, dice, al blando viento,
- que ya nos favorece y Dios lo manda,
- que un mensajero vi del claro asiento
- que en favor de la flota y nuestro anda.»
- Levántase con esto un movimiento
- de marineros de una y otra banda:
- las áncoras levantan luego en alto,
- mostrándose ninguno en fuerza falto.
-
- Al tiempo que las áncoras alzaban
- con la noche los moros escondidos
- las maromas secreto les cortaban
- porque den a la costa destruídos:
- mas no duermen los linces que velaban
- de recato y recelo apercibidos,
- y como recordados los sintieron,
- volando y no remando les huyeron.
-
- Ya las ligeras proas van cortando
- los caminos del húmedo Neptuno;
- Gallego les soplaba manso y blando
- con movimiento lleno y no importuno:
- en los casos pasados van hablando,
- que no se olvidarán en tiempo alguno
- los peligros do fué siempre perdida
- la vida, y por milagro guarecida.
-
- Diera una vuelta al mundo el sacro Apolo,
- a segundar comienza, cuando vieron
- con soplos amorosos del Eolo
- dos bajeles venir que al mar huyeron:
- corren por darles caza, y uno solo
- tomaron de los dos que persiguieron,
- que el otro con temor se recelaba
- y a costa, por salvar la gente, daba.
-
- Mas el que se quedó, no tan mañoso,
- en las manos cayó del Lusitano
- sin el rigor de Marte furïoso
- y sin la furia horrenda de Vulcano,
- que como fuese débil y medroso
- de mora gente y flaco pecho humano,
- no resistió, y si acaso resistiera,
- más daño resistiendo recibiera.
-
- Y como el fuerte Gama desease
- guía para la India que buscaba,
- pensó que en estos moros la hallase,
- mas no le sucedió como pensaba:
- que entre ellos no halló quien le enseñase
- a qué parte del cielo el Indo estaba,
- mas de un pueblo le dicen no remoto,
- Melinde, donde habrá cierto piloto.
-
- De cuyo rey los moros alababan
- la condición, bondad, sincero pecho;
- su gran magnificencia entronizaban,
- con que a cualquiera tiene satisfecho.
- El capitán, que ve que concordaban
- con lo que le dijera de este hecho
- en los sueños Cileno, se partía
- adonde el sueño y moro le decía.
-
- Era en el tiempo alegre, cuando entraba
- en el Toro la luz clara y febea,
- cuando uno y otro cuerno le quemaba
- y Flora derramaba el de Amaltea:
- la memoria del día renovaba
- el Sol que el mundo en torno ve y rodea,
- en que aquel de quien es el mundo efecto
- puso a cuanto crió sello perfecto.
-
- Cuando llega la flota a aquella parte
- de do el Melinde reino aparecía,
- de toldos adornada por tal arte,
- que bien muestra guardar el santo día,
- el gallardete vuela y estandarte
- con la roja color que el ostro cría;
- suenan los atambores y panderos,
- y surgen en la barra los guerreros.
-
- Llena estaba la playa melindana
- de gente que salía a ver la armada,
- gente más verdadera y más humana
- de cuantas esta costa está poblada.
- Entra dentro la flota Lusitana,
- echan al fondo el áncora pesada,
- un moro va de aquellos que tomaron
- a dar noticia al rey como llegaron.
-
- Mas informado el rey de la nobleza
- que al pueblo Portugués tanto engrandece,
- estima el darles puerto a tanta alteza
- cuanta el bando del Luso la merece,
- y con ánimo pío y real pureza,
- que más al pecho ilustre lo ennoblece,
- les envía a rogar que se saliesen
- y que de tierra y reino se sirviesen.
-
- Eran ofrecimientos verdaderos
- y palabras sinceras no dobladas
- las con que el rey convida a los guerreros
- que tantas leguas tienen navegadas:
- envíales con esto cien carneros,
- cien gallinas domésticas cebadas,
- las frutas que la tierra entonces cría,
- con voluntad que el don grande excedía.
-
- Recibe el capitán alegremente
- el mensajero ledo y su recado,
- y responde al presente con presente,
- que para el rey de atrás lo trae guardado:
- fina escarlata de color ardiente,
- el ramoso coral fino, preciado,
- que dentro de las aguas blando crece,
- y como sale de ellas se endurece.
-
- Va con él un facundo mensajero
- que con el rey las paces entablase
- y que de no saltar luego el primero
- en tierra el capitán le disculpase.
- Llegado el orador do al verdadero
- amigo en voluntad se presentase,
- con gracia que Minerva le influyera
- al blando rey habló de esta manera:
-
- «Sublime rey a quien del cielo puro
- fué de suma justicia concedido
- refrenar al soberbio pueblo duro
- no menos siendo amado que temido,
- como a puerto quieto y muy seguro
- en todo el Oriente conocido
- venimos a buscarte, porque hallemos
- el remedio por ti que pretendemos.
-
- »No somos robadores que pasando
- por los pueblos y villas descuidadas
- con hierro y fuego gentes van matando
- por coger las haciendas deseadas;
- mas de la fuerte Europa navegando
- buscamos las regiones apartadas
- del Indo poderoso, por mandado
- de un rey a quien servimos sublimado.
-
- »¿Qué género tan duro habrá de gente,
- qué bárbaro uso, o qué costumbre ordena
- al arrojado en mar no solamente
- el puerto prohibirle, mas la arena?
- ¿Qué pecho, qué intención en nos se siente
- de razón y virtud ser tan ajena,
- que se conjuren todos con fingidos
- lazos ver estos tristes destruídos?
-
- »Tú solo en quien de cierto confiamos
- hallarse más verdad, de rey benino,
- y por ella tener de ti esperamos
- el ayuda que el Ítaco de Alcino:
- a tu seguro puerto navegamos
- traídos del intérprete divino,
- que pues a ti nos guía, está muy claro
- ser tu pecho sincero, humano y raro.
-
- »Y no pienses, oh rey, que no saliese
- el fuerte capitán esclarecido
- a verte y a servirte, porque viese
- o sospechase en ti pecho fingido;
- más hácelo, señor, porque cumpliese
- el regimiento en todo obedecido
- de nuestro rey, que manda que no vaya,
- siendo surta la flota, a puerto o playa.
-
- »Y pues es del vasallo el ejercicio
- el del miembro de arriba gobernado,
- no quieras, pues de rey tienes oficio,
- que nadie de su rey quiebre el mandado:
- bien ve que tu merced y beneficio
- a todos ya él nos ha tanto obligado
- que erraran si no te obedecieren
- en cuanto para el mar los ríos corrieren.»
-
- Así habló, mas todos juntamente,
- entre sí de la plática hablando,
- el pecho alaban mucho de tal gente
- que tanta tierra y mar va navegando;
- alaban a su príncipe que, ausente,
- los está en esta parte gobernando,
- y tienen por valor grande y subido
- ser de ellos en ausencia obedecido.
-
- El rey, con un semblante blando y ledo,
- responde al orador, que mucho estima:
- «La sospecha quitad, no tengáis miedo,
- que no será razón que en mí se imprima.
- De vuestro pecho y obras yo tal quedo
- prendado, que los tengo en grande estima,
- y el que os hizo molesto tratamiento
- fué porque le faltó conocimiento.
-
- »De no salir a tierra vuestra gente,
- por conservar mejor su preeminencia,
- aunque me pena y pesa extrañamente,
- tengo en mucho tener tanta obediencia;
- mas si el orden aquesto no consiente,
- ni yo consentiré que la excelencia
- de pechos tan leales se deshaga
- porque a mi voluntad se satisfaga.
-
- »Mas luego que mañana sea llegada
- la luz del sol al mundo, en almadías
- a visitar iré la fuerte armada
- conocida por fama ha muchos días,
- y si viene del mar desbaratada
- de furiosos vientos, largas vías
- aquí tendrá de limpios pensamientos,
- piloto, munición, mantenimientos.»
-
- Con esto ya en las aguas se escondía
- el hijo de Latona; el mensajero
- con la respuesta alegre se partía
- a la flota, cortando el mar ligero.
- Los pechos todos se hinchen de alegría
- por tener el remedio verdadero
- para hallar la tierra que buscaban,
- y con esto la noche festejaban.
-
- No les faltan los rayos de artificio,
- los trémulos planetas imitando;
- los bombarderos cumplen con su oficio
- el cielo, tierra y ondas atronando;
- de Ciclopes se veía el ejercicio
- en bombas que de fuego van volando,
- y, con voces algunos que atronaban,
- instrumentos de guerra en paz tocaban.
-
- Respóndeles de tierra juntamente
- el rayo con ruido volteando,
- haciendo por el aire rueda ardiente
- el fuego con la pólvora cebando:
- gran grita se levanta de la gente
- viendo el agua con fuegos abrasando,
- y no menos que el mar está la tierra
- a manera de cruda y dura guerra.
-
- Mas ya el ligero cielo revolviendo
- las gentes incitaba a su trabajo,
- la madre de Memnón la luz trayendo
- al prolijo dormir le pone atajo;
- íbanse ya las sombras deshaciendo,
- rociándose el monte y valle bajo,
- cuando el rey de Melinde se embarcaba
- a ver la flota que en el mar estaba.
-
- Veíanse alrededor hervir las playas
- de la gente que a verle corre leda;
- son de púrpura fina las cabayas,
- campea con color la rica seda:
- en lugar de guerreras azagayas
- y de arco que los cuernos arremeda
- de la Luna, los ramos traen de palma,
- mostrando que la traen dentro del alma.
-
- Un batel grande y largo, que toldado
- de seda viene con dos mil colores,
- al rey trae de Melinde, acompañado
- de grandes de su reino y de señores:
- él de ricos vestidos adornado
- a su costumbre viene con primores;
- turbante en la cabeza guarnecido
- de oro, de seda de algodón tejido.
-
-[Ilustración:
-
- Ya en el batel del capitán entrado
- el rey, Gama en sus brazos lo tomaba,
- y con la cortesía y el cuidado
- que a un rey se le debía le hablaba:
-
- _Canto II, Estr. 101_
-]
-
- Marlota de damasco peregrino
- de la tiria color que es estimada,
- un collar muy pesado de oro fino
- do la materia en la obra está eclipsada;
- con resplandor reluce diamantino
- el cinto, y rica daga bien labrada,
- y en las abarcas que andan junto al suelo
- cubren aljófar y oro al terciopelo.
-
- Y con un tirasol de rica seda
- en un palo de lanza bien asido
- un ministro el calor pesado veda
- que no ofenda ni queme al rey subido;
- música trae en la proa, extraña y leda,
- de son confuso y áspero al oído,
- de trompetas arcadas que en tañendo
- hacen un sin concierto y rudo estruendo.
-
- No menos guarnecido el Lusitano
- en el batel de flota se partía
- por salir al encuentro melindano
- con lustrosa y gallarda compañía.
- Vestido viene Gama al talle hispano,
- mas la ropa es francesa que traía,
- de raso de adriática Venecia,
- de la color que el vulgo tanto precia.
-
- Las mangas de oro vienen botonadas,
- do reluciendo el sol la vista ciega;
- las calzas soldadescas recamadas
- del metal que Fortuna a tantos niega;
- con puntas de lo mismo delicadas,
- los golpes del jubón ajusta y llega;
- la guarnición dorada de la espada,
- con garzotas la gorra ladeada.
-
- En su acompañamiento campeaba
- la tinta que dió el múrice excelente,
- la color que los ojos alegraba,
- la manera del traje diferente:
- tal el hermoso esmalte se notaba
- del vestido mirado juntamente
- cual aparece el arco rutilante
- de la hija hermosa de Taumante.
-
- Sonorosas trompetas incitaban
- los ánimos alegres resonando;
- los bateles de tierra el mar cuajaban
- los toldos por las aguas arrojando;
- las bombardas horrísonas bramaban
- con las nubes de humo el sol quitando,
- y al sonar de los truenos encendidos
- atapaban los moros los oídos.
-
- Ya en el batel del capitán entrado
- el rey, Gama en sus brazos lo tomaba,
- y con la cortesía y el cuidado
- que a rey se le debía le hablaba:
- con muestras y manera de espantado
- el moro gesto y modo le notaba,
- como quien en muy grande estima tiene
- gente que de tan lejos allí viene.
-
- Con grande voluntad el rey le ofrece
- cuanto del reino quiera a su contento,
- y que si el alimento le fallece,
- tome cual propio suyo el alimento;
- que bien sabe quién es, lo que merece
- su gente, su nobleza y cumplimiento;
- que ya oyera decir que en otra tierra
- con gente de su ley tuvieron guerra.
-
- Como a Libia su nombre lo abandona
- con los ilustres hechos que hicieron
- cuando en ella ganaron la corona
- de donde las Hespérides vinieron,
- y con muchas palabras apregona
- lo menos que sus obras merecieron
- y lo que por la fama el rey sabía;
- mas de esta suerte el Gama respondía:
-
- «¡Oh tú, que piedad sólo tuviste,
- rey ínclito, a esta gente Lusitana,
- que con tanta miseria rota y triste
- ha probado del mar la furia insana!
- lo que por ella haces e hiciste,
- aquesa voluntad sincera y sana
- con que de ti tal obra recibimos,
- te pague el que lo puede, le pedimos.
-
- »Tú sólo en todos cuantos quema Apolo
- nos recibes con paz del mar profundo,
- y de las tempestades del Eolo
- nos eres un refugio fiel, jocundo:
- en cuanto hubiere estrellas en el Polo
- y el sol diere su lumbre por el mundo,
- do viniere, con fama eterna y gloria
- vivirá tu memoria en mi memoria.»
-
- Acabó, y los bateles van remando
- a la flota que el moro ver desea:
- una por una van las naos mirando
- porque todas las note el rey y vea:
- Vulcano por el aire centelleando
- a la flota con fuego la rodea;
- las sonoras trompetas se tañían
- y añafiles de moros respondían.
-
- Mas después de ser todo ya notado
- del generoso moro que se helaba,
- oyendo el instrumento inusitado
- que tan grande terror en sí mostraba,
- manda tener quieto y ancorado
- en la mar el batel que los llevaba,
- por hablar muchas cosas con el Gama,
- de que tuviera ya noticia y fama.
-
- En pláticas el moro diferentes
- se deleitaba, preguntando ahora
- por las guerras habidas excelentes
- con la gente que al gran Mahoma adora;
- ahora le pregunta por las gentes
- de la Hesperia do vive y donde mora:
- ahora por los pueblos sus vecinos,
- ahora por los húmedos caminos.
-
- «Y antes, oh capitán muy valeroso,
- nos contad, le decía, diligente
- de vuestra tierra el clima y el famoso
- mundo donde moráis distintamente;
- vuestro abolorio antiguo y generoso,
- el principio de reino tan potente,
- los sucesos de guerras sanguinosas,
- que, sin saberlas, sé que son famosas.
-
- »También nos contaréis los varios senos
- que en el airado mar habéis andado,
- los usos del que es vuestro tan ajenos
- que la africana costa aquí ha criado.
- Decid, pues que, tascando el oro en frenos,
- los caballos que el carro claveteado
- traen del Sol se parten del Aurora,
- y el viento duerme, el mar se encalma ahora.
-
- »No menos con el tiempo se parece
- el deseo de oir tan nueva historia,
- en quien un nuevo amor ya no recrece
- a los hechos tan dignos de memoria,
- ni el Sol tan desviado resplandece
- de nuestra tierra, que de vuestra gloria
- el prez no se conozca, ni es el pecho
- tan rudo que no estime vuestro hecho.
-
- »Acometen soberbios los gigantes
- con guerra vana el cielo claro y puro;
- pasan Pirito y Teseo de ignorantes
- al reino de Plutón, horrendo, obscuro;
- y si hechos ha habido más pujantes,
- no menos es trabajo ilustre y duro,
- cuanto fué acometer Cielo y Cerbero,
- acometer la mar en un madero.
-
- »Quemó el sagrado templo de Diana,
- del sutil Tesifonio fabricado,
- Herostrato, por ser de gente humana
- conocido y su nombre celebrado:
- pues si con tal locura y mente insana
- desea un hombre nombre aventajado,
- más razón es que quiera eterna gloria
- quien hizo dignas obras de memoria.»
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO TERCERO
-
-
- AHORA tú, Calíope, me inclina
- a contar lo que al rey le cuenta el Gama:
- inspira inmortal canto y voz divina
- en el pecho mortal que tanto te ama:
- así el claro inventor de Medicina,
- de quien a Orfeo pariste, bella dama,
- por Dafne, Clicie o Leucatoe no olvide
- el amor que tu amor demanda y pide.
-
- Pon mi deseo, en efecto, Ninfa mía,
- como es digna la gente Lusitana:
- sepa el mundo que Tajo y su agua fría
- el licor de Aganipe corre y mana:
- deja el Pindo, que siento ya a porfía
- bañarme Apolo en agua soberana,
- o diré que no cumples mi deseo,
- porque no se obscurezca tu hijo Orfeo.
-
- Prontos estaban todos escuchando
- lo que el sublime Gama contaría
- cuando, después de un poco estar pensando,
- levantando algo el rostro, así decía:
- «Mándasme, oh rey, que vaya declarando
- de mi gente la gran genealogía:
- no me mandas contar la extraña historia,
- mas que diga del Luso el nombre y gloria.
-
- »Que otro alabe el esfuerzo y pecho ajeno
- cosa es que se acostumbra y se desea,
- mas al propio loor cortan el freno
- porque sospecha alguna no se vea;
- pues lo que hay que decir, ni otro Cileno
- lo dirá, ni habrá tiempo que no sea
- corto; mas, pues lo mandas y se debe,
- por hacer lo que debo seré breve.
-
- »Y lo que sobre todo más me obliga
- es que no mentiré por aficiones,
- pues que de tales hechos, aunque diga
- más, más se quedará entre dos renglones,
- y porque en todo lleve el modo, y siga
- el orden que requieren narraciones,
- describiré primero nuestra tierra
- y luego daré parte de la guerra.
-
- »De la zona que el Cancro señorea,
- meta septentrional del Sol luciente,
- y entre la que tan fría ser pelea
- cuanto la equinoccial con fuego ardiente,
- está la fuerte Europa, a quien rodea
- por la parte de Arturo y de Occidente
- el Océano inmenso, mar insano,
- y por la austral el mar Mediterrano.
-
- »Por la parte do el día va naciendo
- con Asia se avecina; mas el río
- que del Rifeo monte va corriendo
- a la grande Meotis, corvo y frío,
- las divide del mar que, fiero, horrendo,
- sufrió del griego airado el señorío,
- do ahora de la Troya tan pujante
- la memoria no más ve el navegante.
-
- »Y donde más debajo está del Polo
- los montes Hiperbóreos aparecen
- y aquellos donde siempre sopla Eolo
- que con nombre de soplos se ennoblecen:
- es tan poca la fuerza aquí de Apolo
- y sus rayos que el mundo resplandecen,
- que hay nieve siempre en montes y corrientes,
- helado el mar, helado el prado y fuentes.
-
- »Aquí de escitas vive muchedumbre
- que por la antigüedad tuvieron guerra
- del primer ser humano y la costumbre
- con los que el Nilo riega su ancha tierra;
- mas cada cual andaba a la vislumbre
- (con que el juicio humano tanto yerra),
- que de cierto lo cierto se informara
- si al damasceno campo se llegara.
-
- »Ahora en estas partes nombre tienen
- la Lapia fría, inculta Noruega,
- la isla Escandinavia, a quien convienen
- las victorias que Italia no le niega:
- aquí, cuando las aguas no detienen
- las nieves del invierno, se navega
- del Sarmático Oceano un brazo llano
- por el Brusio, Suebio y frío Dano.
-
- »Entre este mar y Tanais, gente extraña
- vive; Rutenos, Moscos y Livonios,
- Sármatas otro tiempo; en la montaña
- Hircinia, los Marcomanos, Polonios;
- sujetos al imperio de Alemaña
- son Sajones, Bohemios y Panonios,
- y otras naciones más que el Reno frío
- lava, Danubio, Amasis, Albis río.
-
- »Entre el remoto Istro y claro estrecho
- donde dejó la Hele nombre y vida
- los Traces viven fieros, de gran pecho,
- patria de Marte airado muy querida:
- allí está el Hemo y Ródope a despecho
- sujeta al Otomano, está rendida
- Bizancio a su servicio torpe, indino,
- injuria grande del gran Constantino.
-
- »Luego de Macedonia están las gentes
- a quien lava de Axio el agua fría,
- y vos también, oh tierras excelentes
- en costumbres, ingenios y osadía,
- que criasteis los pechos elocuentes,
- los juícios de alta fantasía,
- con quien el cielo, oh Grecia real, penetras
- no menos con las armas que con letras.
-
- »Los Dálmatas se siguen, y en el seno
- donde Antenor sus muros fabricara,
- Venecia está en un fuerte terrapleno
- sobre agua, que tan baja comenzara:
- de tierra un brazo corre al mar que, lleno
- de esfuerzo, mil naciones sujetara,
- brazo fuerte de gente sublimada
- no menos en ingenio que en la espada.
-
- »En torno el mar la cerca de contino
- con muro natural por otra parte;
- lo divide por medio el Apenino
- que tan ilustre hizo el patrio Marte;
- mas después que ya tiene el tan divino
- portero que el esfuerzo y fuerza parte,
- está pobre de aquella gran potencia,
- que la humildad es cara a la alta esencia.
-
- »Galia después se ve, que tan nombrada
- con los hechos de César fué en el mundo,
- que de Secuana y Ródano es regada
- y de Garona y Reno más profundo;
- los montes de Pirene sepultada
- se levantan, do al caso tan jocundo
- la antigüedad celebra cuando ardieron,
- que de ellos oro y plata en rios corrieron.
-
- »Descúbrese de aquí la noble España,
- cual cabeza de Europa señalada,
- en cuyo señorío y gloria extraña
- ha andado la fatal rueda enojada;
- mas no podrá con fuerza, ardid y maña
- dejarla la Fortuna infiel manchada,
- que no la limpie luego la osadía
- de los guerreros pechos que en sí cría.
-
- »Con Tingitania enfrente, a do parece
- que casi cierra el mar Mediterrano,
- donde el sabido estrecho se ennoblece
- con el trabajo extremo del Tebano.
- Con naciones diversas se engrandece,
- cercadas con las ondas de Oceano,
- todas de tal nobleza y tal valía
- que cada cual por ser mejor porfía.
-
- »Tiene al Tarragonés, que se hizo claro
- sujetando a Parténope inquïeta;
- al Navarro y Asturias, que reparo
- fueron contra la gente Mahometa;
- tiene al cauto Gallego, el grande y raro
- Castellano, a quien hizo su planeta
- restituidor de España y le dió silla
- Betis, León, Granada, con Castilla.
-
- »Y es de aquesta cabeza, como cumbre
- de Europa toda, el reino Lusitano,
- do la tierra está en cabo, el mar en cumbre
- do Febo va a dormir al Oceano:
- aqueste quiso el cielo fuese lumbre
- en armas contra el torpe Mauritano,
- echándole de sí, y allá en la ardiente
- África estar en paz no lo consiente.
-
- »Aquesta es mi dichosa patria amada,
- a la cual si llegado en fin me veo,
- en siendo mi derrota ya acabada
- con gusto acabaré vida y deseo:
- esta fué Lusitania, derivada
- de Lysa o Luso, que, del gran Tioneo
- fuesen hijos acaso o compañeros,
- de ella fueron los íncolas primeros.
-
- »De ésta un Pastor nació que, aunque se tome
- un nombre que descubre un pecho erguido,
- su fama no habrá nadie que la dome,
- pues la grande de Roma no ha podido.
- El viejo que sus hijos propios come
- por decreto del cielo ha concedido
- que ésta sea en el mundo muy gran parte
- un poderoso reino por esta arte.
-
- »Un rey por nombre Alonso hubo en España
- que a los moros les hizo tanta guerra,
- que con sangrientas armas, fuerza y maña
- hizo a muchos perder la vida y tierra,
- volando de este rey la fama extraña
- de la herculana Calpe a Caspia sierra,
- muchos por en la guerra engrandecerse,
- a él y a muerte vienen a ofrecerse.
-
- »Con un amor intrínseco encendidos
- más de la fe que de honras populares
- eran de varias tierras conducidos,
- desamparando patria y propios lares.
- Después que en hechos altos y subidos
- se mostraron en armas singulares,
- quiso el invicto Alonso tales hechos
- dejarlos con el premio satisfechos.
-
- »De éstos Enrique, dicen que segundo
- hijo de un rey de Hungría, señalado,
- Portugal hubo en suerte, que en el mundo
- no tenía hombre más que de cuidado;
- y por mayor señal de amor profundo
- quiso el rey castellano que casado
- con Teresa su hija el conde fuese
- y con ella la tierra en dote hubiese.
-
- »Este, después que de los descendientes
- de Agar victorias hubo, porque pruebe
- su valor en las tierras adyacentes,
- mostró cuánto a su fuerte pecho debe:
- en premio de sus obras excelentes
- dióle el supremo Dios en tiempo breve
- un hijo que ilustrase el nombre ufano
- del belicoso reino Lusitano.
-
- »Ya Enrique se volvia de la conquista
- de la ciudad davídica sagrada,
- ya del Jordán la arena tenía vista
- que vió de Dios la carne en sí lavada;
- no teniendo Gofredo a quien resista
- después de ser Judea sojuzgada,
- muchos que en estas guerras le ayudaron
- para sus señoríos se tornaron.
-
- »Cuando llegado al fin ya de su vida
- el húngaro famoso y extremado,
- teniendo su carrera ya cumplida,
- el espíritu dió al que lo había dado.
- Deja un hijo en edad no muy crecida
- en quien deja su esfuerzo y su traslado,
- que ya al más valeroso se igualaba
- tal hijo cual del padre se esperaba.
-
- »Mas el viejo rumor, no sé si errado,
- que en tiempo tan antiguo no hay certeza,
- cuenta haberse su madre desposado
- no mirando a quien era ni a su alteza.
- Sin herencia su hijo había dejado
- diciendo que las tierras y grandeza
- del señorío todo suya era,
- pues que en dote su padre se la diera.
-
- »Pues el príncipe Alonso, que de esta arte
- se llamaba, del nombre de su abuelo,
- viéndose sin tener del reino parte,
- que a la madre y padrastro lo dió el cielo,
- hiriéndole en el pecho el duro Marte
- determina espantar con guerra el suelo,
- y revolviendo el cómo en su conceto,
- luego siguió al propósito el efeto.
-
- »De Guimaraes el campo se teñía
- con sangre propia de intestina guerra,
- de la madre, que serlo no debía,
- a su hijo negaba amor y tierra:
- con él puesta en el campo ya se veía,
- y no ve la soberbia cuánto yerra
- contra lo que a su Dios y a madre debe;
- mas el amor carnal a más se atreve.
-
- »¡Oh Progne cruel! ¡Oh mágica Medea!
- Si en vuestros propios hijos la venganza
- de los padres tomáis con culpa fea,
- mayor culpa a Teresa aquí le alcanza,
- o incontinencia, o la codicia sea
- lo que a tan grave yerro os abalanza
- por una al viejo padre Escila mata,
- contra el hijo por ambas ésta trata.
-
- »Ya el valeroso Alfonso el vencimiento
- del padrastro y crüel madre llevaba;
- el reino le obedece en un momento,
- que en armas contra él poco ha que estaba;
- mas de enojo vencido el sufrimiento,
- la madre en hierros ásperos ataba,
- siendo de Dios vengada en tiempo breve:
- ¡tanto es lo que a los padres se les debe!
-
- »Ya se junta el invicto Castellano
- para vengar la injuria de Teresa
- contra el príncipe nuevo Lusitano
- a quien ningún trabajo agrava o pesa:
- en contienda cruel el pecho humano,
- con favor de la ayuda alta indefesa,
- no sólo con su gente se sustenta,
- mas al contrario rompe y ahuyenta.
-
- »No pasó mucho tiempo cuando el fuerte
- príncipe en Guimaraes está cercado
- de infinito poder, que de esta suerte
- se rehizo el contrario lastimado;
- mas con sacrificarse a cruda muerte
- su ayo Egas Muñiz fué libertado,
- que de otra arte pudiera ser perdido,
- según estaba mal apercibido.
-
- »Mas el leal vasallo, conociendo
- que su señor no tiene resistencia,
- fuése al rey de Castilla aprometiendo
- que al príncipe haría darle obediencia:
- levanta el Castellano el cerco horrendo,
- fiado en la promesa y la conciencia
- de Egas Muñiz, mas no consiente el pecho
- del mozo ilustre verse en tal estrecho.
-
- »Llegado era ya el plazo prometido
- en que el rey don Alonso confiaba
- que el príncipe su primo ya rendido
- la obediencia le diese que esperaba:
- viendo Egas que quedaba fementido,
- lo cual Castilla de él no imaginaba,
- determina de dar la dulce vida
- por la jura y promesa no cumplida.
-
- »Y con su dulce esposa e hijos parte
- al rey para salir de la fianza,
- descalzos y desnudos de tal arte
- que más mueve a piedad que no a venganza:
- »Si pretendes, rey ínclito, vengarte
- »de mi loca promesa y confianza»,
- le dice, «vesme aquí, vengo ofrecido:
- »pague la vida el pacto no cumplido.
-
- »Aquí rindo las vidas inocentes
- »de hijos y mujer al brazo fuerte,
- »si a pechos generosos y excelentes
- »satisface de flacos la cruel muerte;
- »ves las manos y lengua delincuentes:
- »experimenta en ellos toda suerte
- »de tormento, de pena, muerte y lloro,
- »cual Scinis, cual Perilo con su toro.»
-
- »Cual delante el verdugo el condenado
- que el trago de la muerte ha ya bebido
- el cuello tiende al cepo y entregado
- espera por el golpe tan temido,
- tal delante del príncipe indignado
- Egas estaba a muerte conducido;
- mas viendo el rey su lealtad extraña,
- pudo más la piedad que no la saña.
-
- »¡Oh lealtad de veras portuguesa
- de vasallo que a tanto se obligaba!
- ¿Qué más el Persa hizo en la alta empresa,
- do narices y rostro se cortaba?
- De lo que el gran Darío tanto pesa,
- que mil veces diciendo suspiraba
- que a su Zopiro sano más preciara
- que si cien Babilonias sujetara.
-
- »Mas ya el príncipe Alonso aparejaba
- el Lusitano ejército dichoso
- contra el moro que tierras habitaba
- allende el claro Tajo deleitoso;
- ya en el campo de Orique se sentaba
- su soberbio real y belicoso
- enfrente de el del moro con gran ceño,
- aunque es en gente y fuerza más pequeño.
-
- »En ninguna otra cosa confiado
- sino en el sumo Dios que lo regía,
- que tan poco era el pueblo bautizado
- que para cada uno ciento había.
- Juzga cualquier juício sosegado
- por más temeridad que no osadía
- acometer un tal ayuntamiento,
- que para un caballero hubiese ciento.
-
- »Son cinco reyes moros enemigos:
- de ellos el principal Ismar se llama;
- todos viejos en guerra y ya testigos
- de otras donde se alcanza ilustre fama;
- siguen guerreras damas sus amigos,
- imitando la fuerte y bella dama
- de quien troyanos tanto se ayudaron,
- o las que a Termodonte ya gustaron.
-
- »La matutina luz, serena y fría,
- las estrellas del cielo ahuyentaba,
- cuando en la Cruz el Hijo de María,
- mostrándose a Alfonso, lo animaba:
- él, adorando al que le aparecía,
- en viva fe encendido así gritaba:
- «A los moros, Señor, que yo bien creo
- »vuestro sumo poder aunque no os veo.»
-
- »Con tal milagro luego aquella gente
- Portuguesa movida, levantaba
- por su rey natural este excelente
- príncipe a quien de pecho tanto amaba:
- delante del ejército potente
- de los moros gritando al cielo alzaba
- la voz alta diciendo: «Real, real,
- »por Alfonso, alto rey de Portugal.»
-
- »Cual con gritos y voces incitado
- por la montaña el diestro can moloso
- contra el toro arremete confiado
- en la fuerza del cuerno temeroso,
- ya se pega a la oreja, ya en el lado
- ladrando más ligero que forzoso,
- hasta que al fin le rompe la garganta
- y la fuerza del toro se quebranta:
-
- »Tal el pecho del rey nuevo encendido
- por Dios y por su pueblo juntamente,
- el bárbaro acomete apercibido
- con animoso ejército ferviente;
- los moros levantaban alaridos,
- tocan al arma, hierve el campo en gente,
- las lanzas y arcos toman, y sonaban
- trompetas que los cielos atronaban.
-
- »Así como la llama que atizada
- en las aristas (cuando está soplando
- el furioso Bóreas), animada
- del soplo, el bosque todo va talando;
- la pastoral compaña, recostada,
- que en dulce sueño estaba, despertando
- con el fuego ya preso como en tea,
- recoge el hato y húyese al aldea:
-
- »De esta arte el moro, atónito y turbado,
- arremete a las armas muy de priesa:
- no huye, mas espera confiado,
- y entre ellos el jinete se atraviesa:
- el Portugués lo encuentra denodado,
- arrojándole lanza nada aviesa:
- unos caen medio muertos, y otros van
- en su ayuda llamando al Alcorán.
-
- »Allí se ven encuentros temerosos
- que pueden deshacer una alta sierra;
- los animales corren furïosos
- que Neptuno nos dió, dando en la tierra:
- golpes se dan terribles y animosos
- doquiera anda trabada brava guerra,
- mas el del Luso arnés, coraza y malla
- rompe, corta, deshace, abolla, entalla.
-
- »Cabezas por el campo van saltando,
- brazos, piernas, sin dueño y sin sentido,
- y de otros las entrañas palpitando
- con la color y gesto amortecido:
- ya se acoge el ejército nefando,
- de sangre corre un río muy crecido,
- con que el color el campo también pierde,
- hecho ya carmesí de blanco y verde.
-
- »Ya queda vencedor el Lusitano
- recogiendo el trofeo y presa rica;
- desbaratado y roto el moro hispano,
- tres días en el campo el rey se aplica.
- Aquí pone en su blanco escudo ufano,
- que ahora esta victoria notifica,
- cinco escudos azules repartidos,
- por estos reyes cinco aquí vencidos.
-
- »En estos cinco escudos los dineros
- pintó con que Jesús fuera vendido,
- porque quede en memoria a los postreros
- cómo aquí fué de Dios favorecido:
- cada uno tiene cinco en los primeros,
- porque así quede el número cumplido:
- dos veces el de en medio señalando
- de los cinco que cruz van figurando.
-
- »Pasado ya algún tiempo que pasada
- era esta gran victoria, el rey subido
- a tomar fué a Leiria, que tomada
- fuera muy poco había del vencido:
- fué con ella la Arronches sojuzgada
- y juntamente el siempre ennoblecido
- Scafabicastro, cuyo campo y seno
- con sus aguas lo riega el Tajo ameno.
-
- »Con estas nobles villas ya rendidas
- la Mafra se juntó sin embarazo,
- y en las sierras de Luna conocidas
- a la Cintra sojuzga el duro brazo,
- Cintra donde las Ninfas, escondidas
- en fuentes, van huyendo el dulce lazo
- donde amor las enreda blandamente
- encendiendo en el agua fuego ardiente.
-
- »Y tú, madre Lisboa, que, en el mundo,
- de las demás sin duda eras princesa,
- que edificada fuiste del facundo
- por cuyo ingenio fué Dardania presa;
- Lisboa a quien se rinde el mar profundo,
- te rindes a la fuerza Portuguesa,
- ayudada de gente de la armada
- que del Septentrión fuera enviada.
-
- »Ya del germánico Albis y del Reno,
- de la Bretaña fría conducidos,
- a destruir el pueblo sarraceno
- muchos con santo pecho eran partidos:
- la boca entraban ya del Tajo ameno,
- y con el gran real del rey unidos,
- con ellos de alta fama y de trofeos
- puso cerco a los muros Uliseos.
-
- »Cinco veces la Luna se escondiera
- y tantas lleno el rostro se mostrara
- cuando la gran ciudad se le rindiera
- al duro cerco con que la asediara:
- fué la batalla cruel, áspera y fiera,
- según era la fuerza mucha y rara
- de vencedores ínclitos y osados
- y de vencidos ya desesperados.
-
- »De esta arte se rindió siendo cercada
- la que no se rindió en tiempos pasados
- al valor y a la fuerza sublimada
- de los scíticos pueblos señalados:
- cuya grandeza en tanto fué estimada
- que el Ibero y el Tajo amedrentados,
- con Betis, a su mando se rindieron
- y a la tierra Vandalia nombre dieron.
-
- »Pues ¿qué ciudad habrá tan fuerte y dura
- que pueda resistir, pues no resiste
- Lisboa con su gente y cerradura
- a la fuerza del Luso horrenda y triste?
- Ya le obedece toda Extremadura,
- Obidos, Alenquer, y la que viste
- tú con tus frescas aguas, entre piedras
- que murmurando lavas, Torres-Vedras.
-
- »Y vos también, oh tierras Transtaganas,
- famosas con el don de flava Ceres,
- obedecéis las fuerzas más que humanas
- entregando los muros y poderes;
- y tú, moro que labras las tempranas
- tierras, y sustentar el campo quieres,
- mira Elvas, Mora y Serpa conocidas
- y el Alcázar de Sal estar rendidas.
-
- »Ve la noble ciudad, do recogido
- un tiempo fué el rebelde y gran romano;
- donde con artificio esclarecido
- el agua de la plata está ya a mano:
- por los reales arcos la han traído,
- que harte gente y riegue el campo y llano;
- que obedece por miedo y osadía
- de Giraldo, que miedo no tenía.
-
- »A Beja va a tomar justa venganza
- que fuera de Trancoso destruída
- el rey que trae en la guerra su pujanza,
- por cobrar larga fama en breve vida:
- no pudo sustentar contra él su lanza
- la ciudad, mas al fin siendo rendida,
- no queda cosa viva que, hallada,
- no sienta el filo agudo de la espada.
-
- »Con Beja se rindió Palmela bella,
- Cicimbra por la pesca preeminente,
- y ayudándole al rey su real estrella,
- rompe un campo de ejército potente:
- viólo la villa y más la sierra de ella,
- que en su socorro viene diligente
- por la halda del monte, descuidado
- del temeroso encuentro no pensado.
-
- »Era de Badajoz el rey que al moro
- con cuatro mil caballos socorría,
- innúmeros infantes, armas de oro
- guarnecidas la más gente traía.
- Mas cual por mayo suele el bravo toro,
- con celos de la vaca a gran porfía
- sintiendo gente, el bruto y ciego amante
- saltear a cualquiera caminante:
-
- »De esta arte de repente se ha mostrado
- dando en la gente Alfonso muy segura:
- hiere, mata, derriba denodado;
- huye el rey moro y de su vida cura.
- De un súbito temor todo asustado,
- el roto campo al rey seguir procura,
- y los que esto hicieron solos hallo
- haber sido sesenta de a caballo.
-
- »Prosigue la victoria sin tardanza
- el incansable rey, y allí juntando
- gente de todo el reino, cuya usanza
- es andar siempre tierras conquistando,
- asedia a Badajoz, y luego alcanza
- el fin de su deseo peleando
- con tanto esfuerzo y arte y valentía,
- que ella hizo a las otras compañía.
-
- »Mas Dios, que la venganza justa guarda
- y el castigo de aquel que lo merece,
- y, para que por bien se enmiende, tarda,
- y cuando no, por pena le obedece,
- si hasta aquí el invicto Alfonso guarda
- del peligro y del mal que se le ofrece,
- permite ahora Dios que ya le cuadre
- la maldición echada de su madre.
-
- »Que estando en la ciudad que antes cercara,
- cercado en ella fué de los leoneses,
- porque aquella conquista les tomara,
- siendo de ellos y no de portugueses:
- la pertinacia aquí le cuesta cara,
- así como acontece en mil reveses,
- quiebra en hierros las piernas, encendido
- en la guerra, do fué preso y rendido.
-
- »¡Oh, famoso Pompeyo!, no te pene
- de tus ilustres hechos la ruína,
- ni ver que ya la Némesis ordene
- que tu suegro victoria alcance dina,
- puesto que el frío Fasis o Siene,
- que su sombra a ninguna parte inclina,
- el helado Bootes, zona ardiente,
- temblasen de tu nombre preeminente.
-
- »Aunque la rica Arabia y los valientes
- Eniocos y Colcos, cuya fama
- por el vellón es grande entre las gentes;
- Capadocia, y Judea, que a un Dios ama;
- los crüeles Cilicios, y pacientes
- Sofenos, con Arabia, que derrama
- las aguas de dos ríos, cuya fuente
- tiene en un monte santo su corriente.
-
- »Y puesto, en fin, que desde el mar de Atlante
- hasta el scítico Tauro obedecido
- y vencedor te vieses, no te espante
- si te ve el campo Ematio ser vencido;
- mira el soberbio Alfonso, que triunfante
- al mundo rinde, cuál se ve rendido:
- orden fué del consejo sempiterno
- que el suegro a ti te venza, a estotro el yerno.
-
- »Tornando el rey famoso finalmente,
- del divino juício castigado,
- después que en Santarén de mora gente
- fué sin tener efecto asediado
- y después que del mártir San Vicente
- el santísimo cuerpo fué mudado,
- del sacro promontorio conocido,
- y a la ciudad de Ulises conducido:
-
- »Porque su gran deseo no tornase
- atrás, al hijo manda el padre viejo
- que a Alentejo y su tierra se pasase
- con la guerrera gente y aparejo.
- Sancho, porque mejor se señalase,
- pasa y hace correr el río bermejo
- que la ilustre Sevilla va regando,
- con sangre que va el moro derramando.
-
- »Y con esta victoria codicioso
- no descansa el rey mozo hasta que vea
- otro estrago como este temeroso
- en el moro que en Beja lo rodea;
- no tarda mucho el príncipe dichoso
- sin ver el fin de aquello que desea.
- Mil veces roto el moro, en la venganza
- de tal rotura pone su esperanza.
-
- »Ya se juntan del monte a quien Medusa
- quitó el cuerpo que el cielo en sí sostuvo:
- vienen del promontorio de Ampelusa,
- de Tanjar donde Anteo siempre anduvo.
- El morador de Abila no se excusa,
- que sus tiendas aquí y sus armas tuvo,
- y al fin se juntó al son de ronca tuba
- todo el reino que fué del noble Yuba.
-
- »Entraba con toda esta compañía
- el Miramamolín por nuestra tierra,
- con trece reyes moros de valía,
- todos a punto puestos de la guerra:
- tala campos y quema cuanto había,
- y por mejor hartar su ambición perra,
- en Santarén al príncipe ha cercado,
- mas no le sucedió como ha pensado.
-
- »Dale combates ásperos, haciendo
- mil ardides de guerra, el moro airado;
- no le aprovecha ya el trabuco horrendo,
- trinchera, foso, mina ni vallado,
- porque el hijo de Alfonso, no perdiendo
- de su valor un punto, con cuidado
- el combate previene y con prudencia,
- de modo que doquiera hay resistencia.
-
- »Mas el viejo, a quien tienen ya obligado
- los trabajosos años al sosiego,
- en la ciudad estando, cuyo prado
- las aguas reverdecen de Mondego,
- sabiendo cómo el hijo está cercado
- en Santarén del pueblo torpe y ciego,
- de la ciudad se parte con presteza,
- sin que la larga edad le dé pereza.
-
- »Con su famosa gente a guerra usada
- va en socorro del hijo, y ayuntados,
- la Portuguesa furia acostumbrada
- los moros ahuyenta destrozados;
- la campaña, que está toda cuajada
- de marlotas, capuces de soldados,
- de caballos jaeces, presa buena,
- con sus muertos señores queda llena.
-
- »Luego todo el restante se partiera
- de Lusitania puestos en huída:
- el Miramamolín no les huyera,
- porque antes de huir le huyó la vida:
- a Dios, que esta victoria concediera,
- todos le daban gracias sin medida,
- que en casos tan extraños claramente
- más hace el mismo Dios que no la gente.
-
- »De tan grandes victorias triunfaba
- el viejo Alfonso, príncipe subido,
- cuando el que al fin venciendo el mundo andaba
- de larga y mucha edad fuera vencido:
- la última dolencia le tocaba
- con mano fría el cuerpo enflaquecido,
- y pagaron sus años ya de hecho
- a Libitina triste su derecho.
-
- »Los altos promontorios lo lloraron;
- las aguas de los ríos amorosas
- a los sembrados campos anegaron
- con lágrimas, corriendo caudalosas;
- mas tanto por el mundo se alargaron
- sus obras con la fama valerosas,
- que en su reino los ecos respondiendo,
- van el nombre de Alfonso repitiendo.
-
- »Sancho, fuerte mancebo, que quedara
- imitando a su padre en valentía,
- la que en su vida ya experimentara
- cuando Betis con sangre se teñía,
- el bárbaro poder desbaratara
- del ismaelita rey de Andalucía,
- y más los que allá en Beja le cercaron
- y el valor de su brazo en sí probaron:
-
- »Así como por rey fué levantado,
- dentro de poco tiempo que reinaba,
- a la ciudad de Silves ha cercado,
- cuyos campos el bárbaro labraba.
- Fué de valientes gentes ayudado
- de la germana armada, que pasaba,
- con armas fuertes, gente apercibida,
- a cobrar a Judea ya perdida.
-
- »En socorro pasaban de la santa
- guerra el gran Federico, conmoviendo
- un poderoso ejército, que espanta,
- a la ciudad que a Cristo vió muriendo;
- cuando Guido y su gente con sed tanta
- la tierra a Saladino fué rindiendo,
- su lugar do a los moros les sobraban
- las aguas que en el cerco les faltaban.
-
- »Mas la fornida armada que viniera
- con el contrario viento a aquella parte
- quiere ayudar a Sancho en guerra fiera,
- ya que iba a dar furor al justo Marte;
- así como a su padre le acaeciera
- cuando tomó a Lisboa, de aquesta arte,
- del germano ayudado, a Silves toma
- y al bravo morador destruye y doma.
-
- »Y si alcanzando va del mahometa
- tantos trofeos, va también del fuerte
- leonés, que no sufre estar quïeta
- la tierra usada a trances de la muerte,
- hasta que la cerviz al yugo meta
- la soberbia Tuy, viendo la suerte
- en sí que vió en las villas sus vecinas
- por doquiera que tú, buen rey, caminas.
-
- »Y entre tantas victorias salteado
- de temerosa muerte, fué heredero
- un su hijo de todos estimado,
- que fué segundo Alfonso y rey tercero,
- en cuyo tiempo al moro fué ganado
- el Alcázar de Sal, con fin postrero,
- y si de antes los moros la tomaron,
- ahora con las vidas la pagaron.
-
- »Muerto después Alfonso, sucediera
- Sancho segundo, manso y descuidado,
- que tanto en sus descuidos se embebiera
- que de otro el que mandaba era mandado:
- el reino que otro rey a Dios pidiera
- por sus privados lo dejó privado,
- porque, como por ellos gobernaba,
- sus maldades y culpas atrapaba.
-
- »No era Sancho, no, tan deshonesto
- como Nerón, que un mozo recibía
- por mujer, y después horrendo incesto
- con su madre Agripina cometía:
- a su gente no era tan molesto
- que la ciudad quemase do vivía,
- ni como Heliogábalo fué malo,
- ni tan muelle cual fué Sardanapalo.
-
- »No fuera el pueblo de él tiranizado
- cual Sicilia lo fué de sus tiranos,
- ni había como Fálaris hallado
- género de tormentos inhumanos;
- mas el reino, de atrás acostumbrado
- a señores en todo soberanos,
- no obedece por rey, ni lo consiente,
- sino al que es sobre todos excelente.
-
- »Por esta causa el reino gobernaba
- el conde boloñés: después fué alzado
- por rey cuando la vida le faltaba
- a su hermano Don Sancho el Descuidado:
- éste que Alfonso el Bravo se llamaba,
- después de haber el reino sosegado,
- en dilatarlo piensa, que su pecho
- generoso no cabe en tanto estrecho.
-
- »De la tierra de Algarbes, que le fuera
- en casamiento dada, grande parte
- cobra con su valor, y arroja fuera
- al moro, mal querido ya del Marte;
- procura libertar antes que muera
- su tierra con valor y bélica arte,
- y acaba de oprimir la nación fuerte
- en la tierra que al Luso cupo en suerte.
-
- »Después vino Dionís, que bien parece
- del bravo Alfonso estirpe clara y dina,
- con quien la fama grande se obscurece
- del ánimo y grandeza alejandrina:
- con éste el reino próspero florece,
- alcanzada la paz santa y divina,
- con pragmáticas, leyes y costumbres,
- de la tranquila tierra claras lumbres.
-
- »Este hizo en Coimbra ejercitarse
- el valeroso oficio de Minerva;
- las Musas de Helicona hizo pasarse
- a pisar de Mondego el campo y hierba;
- cuanto pudo de Atenas desearse,
- tanto el divino Apolo aquí reserva:
- aquí las trunfas de oro son tejidas,
- de bácaro y laurel bien guarnecidas.
-
- »Nobles villas de nuevo edificando,
- fortalezas, castillos muy seguros,
- y casi el reino todo reformando
- con edificios grandes y altos muros;
- mas después que la Parca fué cortando
- el hilo de sus días bien maduros,
- un hijo le quedó poco obediente,
- el cuarto Alfonso, príncipe excelente.
-
- »Despreciador de fuerzas castellanas,
- Alfonso se mostró fuerte y sereno,
- porque no es de las fuerzas Lusitanas
- temer con su poder poder ajeno;
- mas cuando aquellas gentes mauritanas
- a poseer de España el gran terreno
- entraron por Castilla y por su tierra,
- con su gente ayudó en la cruda guerra.
-
- »Con Semíramis nunca gente tanta
- los Idáspicos campos fué hinchiendo,
- ni Atila, que la Hesperia toda espanta
- llamándose de Dios azote horrendo,
- gótica gente trujo tanta, cuanta
- del sarraceno bárbaro estupendo
- con el poder inmenso de Granada
- fué en los campos Tartesios ayuntada.
-
- »Y viendo el rey sublime castellano
- la fuerza de los moros grande y fuerte,
- temiendo más el fin del pueblo hispano,
- ya perdido otra vez, que no su muerte,
- pidiendo ayuda al grande Lusitano,
- envía a su mujer, que era de suerte
- mujer de quien la envía e hija amada
- de aquel a cuyo reino fué enviada.
-
- »Entraba la bellísima María
- por palacios del padre sublimados
- con bello rostro y fuera de alegría,
- con los ojos en lágrimas bañados;
- los cabellos rubísimos traía
- por los ebúrneos hombros deslazados,
- y a su padre, que sale a recibilla,
- le demanda favor para Castilla:
-
-[Ilustración:
-
- Tú solo, cruel amor, con fuerza cruda
- que al corazón humano tanto obliga,
- mataste a la de culpa y mal desnuda
- como si fuera pérfida enemiga.
-
- _Canto III, Estr. 109._
-]
-
- »Cuantos pueblos la tierra ha producido
- »en África de gente fiera, extraña,
- »de Marruecos el rey los ha traído
- »para talar mi tierra y noble España:
- »poder tan grande junto no lo ha habido
- »desde que el ancho mar la tierra baña:
- »traen ferocidad y furor tanto,
- »que al vivo pone miedo, al muerto espanto.
-
- »Pues aquel que me diste por marido,
- »por defender su tierra amedrentada,
- »con pequeño poder está ofrecido
- »al duro golpe de la mora espada;
- »si por ti, caro padre, socorrido
- »no fuese, de él y reino soy privada,
- »quedando triste viuda en vida obscura
- »sin marido, sin reino, sin ventura.
-
- »Por tanto, oh rey, de quien con puro miedo
- »la corriente Maluca se ve helada,
- »rompe ya la tardanza, no está quedo,
- »sea por ti Castilla libertada:
- »si ese rostro que muestras claro y ledo
- »es de padre, tu gente sea juntada:
- »acude y corre, padre, que, aunque corras,
- »quizás no hallarás a quien socorras.»
-
- »No de otra suerte al padre está María
- hablando, que la triste Venus cuando
- a Júpiter ayuda le pedía
- para Eneas que el agua va cortando,
- que a tanta piedad lo conmovía
- que, de la mano el rayo cruel echando,
- el deseo de Venus colma y mide
- con pesar de lo poco que le pide.
-
- »Ya con el campo de la gente armada
- los Eborenses campos van cuajados;
- con el sol el arnés luce y la espada,
- relinchan los caballos enjaezados;
- la sonora trompeta embanderada
- los pechos a la paz acostumbrados
- a las lucientes armas va incitando
- por las concavidades retumbando.
-
- »Entre todos en medio se sublima,
- de la real insignia acompañado,
- el valeroso Alfonso, que por cima
- de todos lleva el cuello levantado;
- con sólo su mirar esfuerza y anima
- a cualquier corazón desalentado:
- así entra por Castilla a socorrella
- con su hija gentil que es reina de ella.
-
- »Juntos los dos Alfonsos finalmente
- en campo de Tarifa se han sitiado
- ante la multitud de mora gente
- para quien son pequeños monte y prado:
- no hay pecho tan feroz ni tan valiente
- que a la desconfianza no haya dado
- lugar, hasta que entienda claro y vea
- que por los suyos Dios siempre pelea.
-
- »Ya los nietos de Agar se están riendo
- del español poder, poco, aunque ajeno,
- las tierras ya por suyas repartiendo
- entre todo el ejército agareno
- (que con título falso poseyendo
- está el famoso nombre sarraceno):
- así también reparten ya por suya
- la tierra que tenía dueño y cuya.
-
- »Cual el membrudo y bárbaro gigante
- del rey Santo con causa tan temido,
- viendo el pastor David puesto delante,
- de piedras y de honda apercibido,
- con un hablar soberbio y arrogante
- desprecia al flaco mozo mal vestido
- hasta que al hondear se desengaña
- que más puede la fe que no la maña:
-
- »Así desprecia el moro con braveza
- el español poder, porque no entiende
- que le ayuda la suma fortaleza
- de quien toda la fuerza y ser depende:
- con ella el castellano y su destreza
- de Marruecos al rey soberbio ofende,
- y el Portugués, que a todo tiene en nada,
- temer se hizo al reino de Granada.
-
- »Ya las lanzas y espadas retiñían
- por sobre los arneses: ¡bravo estrago!
- Llaman, según las leyes que seguían,
- unos Mahoma y otros Santiago:
- los gritos hasta el cielo se subían,
- la sangre de heridos hace un lago,
- donde otros medio muertos se ahogaban,
- si del hierro las vidas escapaban.
-
- »Con esfuerzo destruye, hiere y mata
- el Luso al granadino ya deshecho;
- totalmente el poder le desbarata,
- sin le valer arnés ni armado pecho;
- de alcanzar tal victoria y tan barata
- no quedando contento y satisfecho,
- fuese a ayudar al bravo castellano
- que combatiendo estaba al mauritano.
-
- »Ya se iba el claro Apolo recogiendo
- a la casa de Tetis; inclinado
- para el Poniente el Véspero, trayendo
- estaba el claro día celebrado:
- cuando el poder del moro, grande, horrendo,
- fué por los fuertes reyes destrozado
- con tanta mortandad, que la memoria
- nunca en el mundo vió tan gran victoria.
-
- »No mató ni aun la parte cuarta Mario
- de los muertos de aqueste vencimiento,
- cuando el agua con sangre del contrario
- beber hizo al ejército sediento:
- ni aun el cartaginés, duro adversario
- que del romano fué de nacimiento,
- cuando de muertos de la ilustre Roma,
- tres almudes de anillos llenos toma.
-
- »Y si tú tantas almas dar pudiste
- al tenebroso reino de Cocito
- cuando la ciudad santa deshiciste
- del pueblo pertinaz en falso rito,
- permisión fué del cielo que tuviste,
- que no fuerza de brazo, noble Tito,
- que así mucho antes fué profetizado
- y después por Jesús certificado.
-
- »Pasada esta tan próspera victoria,
- se torna Alfonso a su querida tierra
- a gozar de la paz con tanta gloria
- cuanto supo ganar con dura guerra:
- do el caso triste, digno de memoria,
- que de sepulcros muertos desentierra,
- a la mezquina y mísera ha acaecido
- que después de ser muerta reina ha sido.
-
- »Tú solo, cruel amor, con fuerza cruda
- que al corazón humano tanto obliga,
- mataste a la de culpa y mal desnuda
- como si fuera pérfida enemiga:
- el que en la lid de amor pusiere duda
- porque con el llorar no se mitiga,
- sepa que así lo quiere este tirano
- por con sangre bañar su altar profano.
-
- »Estabas, bella Inés, puesta en sosiego,
- de tus años cogiendo el dulce fruto,
- en un engaño de alma alegre y ciego
- que a la fortuna paga cruel tributo,
- en el florido campo de Mondego,
- de tus hermosos ojos nunca enjuto,
- enseñándole al monte, al río, al prado,
- el nombre que en tu pecho está estampado.
-
- »De tu príncipe allí te respondían
- las memorias que en él se aposentaban,
- que siempre ante sus ojos te traían
- cuando de tus hermosos se apartaban,
- de noche en dulces sueños que mentían,
- de día en pensamientos que volaban,
- y cuanto, en fin, pensaba y cuanto veía
- era todo memorias de alegría.
-
- »De otras bellas señoras y princesas
- los deseados tálamos no aceta,
- que no curas, Amor, de altas empresas
- cuando un hermoso rostro te sujeta:
- viendo las condiciones tan aviesas
- del hijo el viejo padre, que respeta
- el murmurar del pueblo y fantasía
- del hijo que casarse no quería,
-
- »quitar a Inés del mundo determina
- por librar, con quitarla, al hijo preso,
- creyendo con su sangre y muerte indina
- a matarle el amor y darle seso.
- ¿Qué furor consintió la espada fina
- que pudo sustentar el grave peso
- del bélico furor, ser levantada
- contra una flaca dama delicada?
-
- »Ante el rey los verdugos traen atroces,
- que estaba de piedad ya conmovido;
- mas con razones falsas y feroces
- el pueblo: «¡Muera, muera!» le ha pedido:
- ella con tristes y piadosas voces,
- salidas del amor que le ha tenido
- al príncipe y los hijos que dejaba,
- que más que no la muerte le aquejaba,
-
- »al cristalino cielo levantando
- con lágrimas los ojos piadosos,
- los ojos (que las manos le está atando
- uno de los ministros rigurosos),
- y después sus hijuelos contemplando
- tan tiernos, tan queridos y mimosos,
- cuya orfandad cual madre temía tanto,
- al abuelo crüel hizo este llanto:
-
- «Si ya en las fieras brutas, cuya suerte
- »se conoció crüel del nacimiento;
- »si en las duras Harpías que en la muerte
- »en rapiñas y robos traen su intento,
- »con niños y con gente nada fuerte
- »vemos todos un tierno sentimiento,
- »cual de Nino en la madre se mostraron
- »y en los que la gran Roma edificaron:
-
- »Tú que de humano tienes gesto y pecho
- »(si de humano es matar una doncella
- »flaca y sin fuerza, porque dió de hecho
- »su corazón a quien supo vencella),
- »detengan estos nietos tu despecho,
- »pues no puede la muerte obscura de ella
- »moverte a compasión de ellos y mía
- »viendo como de culpa estoy vacía.
-
- »Y si al vencer la dura resistencia,
- »la muerte sabes dar con fuego y hierro,
- »sabe también dar vida con clemencia
- »a quien para perderla no hizo yerro;
- »mas si ya la merece esta inocencia,
- »ponme en perpetuo y mísero destierro
- »en Scitia fría o en la Libia ardiente,
- »donde en lágrimas viva eternamente.
-
- »Ponme donde el extremo de fiereza
- »entre los tigres pueda imaginarse:
- »veré si en ellos hallo más terneza
- »que en los humanos pechos pudo hallarse:
- »allí con grande amor, aunque en tristeza,
- »de aquel a quien amó podrán criarse
- »estas reliquias suyas que aquí viste,
- »consolación extrema de esta triste.»
-
- »Quería perdonarle el rey benino
- oyendo las palabras que la abonan,
- mas el pertinaz pueblo (y su destino
- que así lo permitió) no la perdonan.
- Echan mano al acero puro y fino
- los que este hecho bueno ser pregonan:
- ¡contra una dama, oh pechos carniceros,
- feroces os mostráis y caballeros!
-
- »Cual contra la hermosa Policena,
- consuelo sólo de la madre vieja,
- porque el alma de Aquiles la condena,
- con hierro el duro Pirro se apareja,
- y ella con un mirar tierno, serena
- (así como paciente y mansa oveja),
- vuelto el rostro a la madre que enloquece,
- al duro sacrificio el cuello ofrece:
-
- »Tales contra la Inés los matadores,
- en el hermoso cuello donde estaba
- la gracia con que Amor mató de amores
- al que después por reina la juraba,
- las espadas bañando y blancas flores
- que ella con dulce lloro antes regaba,
- se encarnizaban fieros y enojados,
- del castigo futuro descuidados.
-
- »Bien pudieras, oh Sol, la vista aviesa
- de tal hecho llevar en aquel día
- cual de Tiestes en la horrenda mesa
- cuando sus hijos por Atreo comía;
- vos, oh cóncavos valles donde impresa
- quedó la voz de aquella boca fría,
- el nombre de su Pedro, que le oisteis,
- por espacio muy largo repetisteis.
-
- »Cual la rosa del campo que, cortada
- antes de tiempo, fué cándida y bella,
- de las manos lascivas maltratada
- del niño que jugar huelga con ella,
- tiene el olor perdido marchitada,
- tal estaba la pálida doncella
- sin las rosas del rostro, ya perdida
- la color blanca con la dulce vida.
-
- »Las ninfas de Mondego aquesta obscura
- muerte por largo tiempo la lloraron
- y por memoria eterna en fuente pura
- las lágrimas lloradas transformaron;
- el nombre le pusieron, que aun le dura,
- _Dos Amores de Inés_, que allí pasaron;
- mirad qué fuente riega el prado y flores,
- do lágrimas son agua, el nombre amores.
-
- »No pasó mucho tiempo sin venganza
- de la muerte crüel y las heridas,
- que viéndose el rey Pedro en su pujanza
- la tomó de los fieros homicidas:
- de otro Pedro cruel los dos alcanza,
- siendo ambos enemigos de las vidas,
- el concierto haciendo duro e injusto
- que con Antonio y Lépido hizo Augusto.
-
- »Este castigador fué muy entero
- de latrocinios, muertes y adulterios,
- y mostrarse a los malos cruel y fiero
- eran sus más gustosos refrigerios;
- las ciudades guardaba justiciero
- de todos los soberbios vituperios;
- a más ladrones dió castigo feo
- que Alcides el valiente ni Teseo.
-
- »Del justo y duro Pedro nace el blando
- (ved de la naturaleza el caso extraño),
- remiso y sin cuidado rey Fernando,
- por quien al reino vino tanto daño,
- pues cuando el castellano entró talando
- las tierras, bien pudiera en aquel año
- el reino destruirse totalmente,
- que hace el flaco rey flaca su gente.
-
- »O fué castigo duro del pecado,
- por quitar a Leonor a su marido
- y casarse con ella de prendado
- de un falso parecer mal entendido,
- o fué que el corazón sujeto y dado
- al vicio vil de quien se vió rendido,
- se hace flaco y blando, y bien parece
- que un bajo amor los fuertes enflaquece.
-
- »Del pecado siguió siempre la pena
- a muchos que el Señor lo ha permitido,
- como a los que robaron a la Helena,
- y con Apio, Tarquino en sí la vido.
- Pues ¿al santo Daniel quién le condena,
- o quién el tribu ilustre ha destruído
- de Benjamín? ¿Quién dió la pena dina
- a Faraón, Siquén, por Sara y Dina?
-
- »Y si los fuertes pechos enflaquece
- un inconceso amor desatinado,
- en el hijo de Alcmena se parece
- cuando en Omfale anduvo transformado:
- de Marco Antonio el nombre se obscurece
- por ser con su Cleopatra enredado,
- y tú, próspero Peno, lo sentiste
- cuando la moza vil de Apulia viste.
-
- »Mas ¿quién puede librarse por ventura
- del lazo que Amor arma blandamente
- cuando entre rosas y la nieve pura
- pone oro y alabastro transparente?
- ¿Quién de una peregrina hermosura,
- de un rostro de Medusa propiamente,
- se podrá libertar, si el ser cautivo
- no en piedra, mas lo muda en fuego vivo?
-
- »¿Quién vió un mirar seguro, un rostro blando,
- una bella y angélica excelencia,
- que en sí está siempre el alma transformando,
- que pudiese hacerle resistencia?
- Disculpado por cierto está Fernando
- con el que de amor tiene la experiencia
- y yo, si por tenerme en esto tanto,
- el resto lo remito al otro canto.»
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO CUARTO
-
-
- «DESPUÉS de la tormenta rigurosa
- nocturna sombra y proceloso viento,
- suele venir la luz pura y hermosa,
- esperanza del puerto y salvamiento;
- aclara el sol la noche tenebrosa
- apartando el temor del pensamiento:
- así en el fuerte reino aconteciera
- después que el rey Fernando falleciera.
-
- »Que si mucho los nuestros desearon
- quien las ofensas vaya ya vengando
- de aquellos que tan bien se aprovecharon
- del descuido remiso de Fernando,
- dentro de breve tiempo lo alcanzaron
- por rey un Juan invicto levantando,
- de don Pedro el Crüel cierto heredero,
- aunque hijo bastardo verdadero.
-
- »Ser esto por divina providencia
- se mostró con señales evidentes
- cuando una niña en Ébora, sin ciencia
- y sin habla, habló con los presentes;
- y como era del cielo la sentencia,
- el corazón movió de muchas gentes
- diciendo: «¡Portugal, con cuerpo y mano,
- »por el primer don Juan, rey soberano!»
-
- »Alterados del reino muchos pechos
- con odio que ocupados los tenía,
- infinitas matanzas y despechos
- el popular furor ciego hacía.
- Los parientes y amigos son deshechos,
- que eran de reina y conde compañía,
- con quien su incontinencia deshonesta
- era, después de viuda, manifiesta.
-
- »Mas él, en fin, con causa deshonrado,
- ante la reina muere, y no socorre
- la triste al triste; muere acompañado
- de otros a quien la misma suerte corre;
- quien, como Astianacte, fué arrojado,
- sin valerle corona, de alta torre:
- a quien orden o altar no fué provecho,
- que por las calles queda piezas hecho.
-
- »Puédense ya poner en largo olvido
- las muertes y crudezas que vió Roma
- hechas del feroz Mario y favorido
- Sila, que a su contrario vence y doma;
- mas, por muerte del conde, sin sentido
- quedó Leonor, y por venganza toma
- traer a Portugal al de Castilla,
- diciendo de su hija ser la silla.
-
- »Beatriz era la hija, que, casada
- con el español rey, a Juan precede,
- por hija de Fernando reputada,
- si la fama y rumor se lo concede.
- Con esta voz Castilla levantada
- porque la hija al padre le sucede,
- sus fuerzas ajuntó para las guerras
- de varias regiones, varias tierras.
-
- »De la provincia vienen que de un Brigo
- (si fué) ya tuvo el nombre derivado;
- de tierras que Fernando y rey Rodrigo
- ganaron del tirano y moro estado:
- no estiman en el campo al enemigo
- los que cortando van con duro arado
- los campos de León, cuya arma y gente
- contra los moros fué siempre excelente.
-
- »Los vándalos, de antigua valentía,
- en ella confiados se juntaban,
- la cabeza de toda Andalucía
- que de Guadalquivir las aguas lavan;
- la noble isla también se apercibía
- que tirios otro tiempo la moraban,
- trayendo por insignias verdaderas
- las dos columnas puestas en banderas.
-
- »También vienen del reino de Toledo,
- ciudad noble y antigua, a quien cercando
- el Tajo, corre en torno blando y ledo
- que en la sierra de Cuenca está manando:
- a vosotros también no os quitó el miedo,
- descuidados gallegos, hacer bando,
- que para resistir luego os armasteis
- a aquellos cuyos golpes ya probasteis.
-
- »De la guerra movieron negras furias
- la gente de Vizcaya que carece
- de pulido lenguaje, y las injurias
- de los extraños mal las compadece;
- la tierra de Guipúzcoa y las Asturias,
- que con minas de hierro se ennoblece,
- armó de él los soberbios matadores
- para ayudar en guerra a sus señores.
-
- »Don Juan, a quien del pecho crece el brío,
- como al hebreo Sansón de la guedeja,
- puesto que todo es poco a su albedrío,
- con los pocos del reino se apareja,
- y aunque de parecer no está vacío,
- con grandes y letrados se aconseja
- por conocer de todos las sentencias,
- que siempre hubo entre muchos diferencias.
-
- »No falta con razón quien desconcierte
- de la opinión de fuertes aprobada,
- en quien la fuerza antigua se convierte
- en su fidelidad jamás usada;
- pudiendo el temor más de baja suerte
- que el amor y lealtad tan sublimada,
- niegan su rey, su patria y, si conviene,
- negarán, como Pedro, al Dios que tiene.
-
- »Mas no permitió Dios que se sintiese
- tal yerro en don Nuño Álvarez; mas antes,
- puesto que en sus hermanos claro viese
- vueltas las voluntades inconstantes,
- en alta voz habló, porque se oyese,
- con palabras más duras que elegantes,
- con la mano en la espada, y no facundo,
- amenazando airado al mar, al mundo.
-
- »¡Cómo! ¿De gente ilustre portuguesa
- »ha de haber quien rehuse el patrio Marte?
- »¡Cómo! ¿De esta provincia, que princesa
- »fué de gentes por guerra en cualquier parte,
- »ha de salir quien niegue en tal empresa
- »la fe, el amor, la patria, esfuerzo y arte
- »de portugués, y por ningún respeto
- »quiera su propio reino ver sujeto?
-
- »¡Cómo! ¿No sois vosotros descendientes
- »de aquellos que debajo la bandera
- »del grande Enríquez, fieros y valientes,
- »vencisteis esta gente tan guerrera?
- »¿Cuándo tantas banderas, tantas gentes
- »pusieron en huída de manera
- »que siete ilustres condes le trajeron
- »presa, sin la gran presa que allí hubieron?
-
- »¿Con quién fueron continuo reprochados
- »éstos de quien tenéis ahora recelos,
- »por Dionís y su hijo sublimados,
- »sino por vuestros padres, tios y abuelos?
- »Pues si con sus descuidos o pecados
- »el rey Fernando os puso en tantos duelos,
- »tomad con el rey nuevo fuerza cruda,
- »si el pueblo con el rey se trueca y muda.
-
- »Rey tenéis tal, que si el valor le fuese
- »igual al fuerte rey que coronasteis,
- »sin duda lo invencible lo venciese,
- »cuánto más a quien ya desbaratasteis;
- »y si esto de esos pechos no pudiese
- »el temor arrancar que ya tomasteis,
- »poned en boca y manos lazo y freno,
- »que yo desecharé este yugo ajeno.
-
- »Con mis vasallos y con ésta puedo
- »(sacando de la vaina media espada)
- »defender de tal fuerza y duro enredo
- »la tierra nunca de otro sojuzgada:
- »en virtud de mi rey y patria quedo,
- »y de la lealtad por vos negada,
- »de vencer no sólo estos adversarios,
- »mas cuantos a mi rey fueran contrarios.»
-
- »Bien como entre los mozos recogidos
- en Canusio, reliquias de las Canas,
- ya para se entregar casi movidos
- a las fuerzas invictas africanas,
- Cornelio se levanta, y compelidos
- hizo a todos jurar que las romanas
- armas no dejarían en cuanto vida
- tuviesen, hasta en ellas ser perdida:
-
- »De esta suerte a su pueblo esfuerza Nuño,
- que con le oir las últimas razones
- desechan el temor frío importuno,
- que helados les tenía los corazones:
- en animales suben de Neptuno,
- con la lanza enristrada en los arzones,
- van corriendo y gritando a boca abierta:
- «¡Viva, viva el gran rey que nos liberta!»
-
- »Del vulgo popular unos aprueban
- la guerra que la patria defendía,
- otros armas alimpian y renuevan
- que el orín de la paz gastado había;
- capacetes estofan, petos prueban,
- ármase cada cual cual convenía;
- otros hacen vestidos de colores
- con letras y blasón de sus amores
-
- »Con toda esta lustrosa compañía
- el rey don Juan se parte desde Abrantes,
- Abrantes, que también la fuente fría
- de Tajo goza en aguas abundantes:
- los primeros soldados los regía
- quien pudiera regir los más pujantes
- ejércitos de Jerjes del Oriente,
- con que pasó de Heles la corriente:
-
- »Don Nuño Álvarez, digo, verdadero
- resistidor de fuertes castellanos,
- cual huno se mostró a Francia primero
- y a la gran multitud de italianos:
- otro también famoso caballero
- lleva en la ala derecha Lusitanos,
- experto en guerra, en paz, en bien y en duelos;
- llámase Men Rodríguez Vasconcelos.
-
- »La izquierda ala, que a estotra corresponde,
- Antón Vázquez la lleva del Almada,
- que después fué de Abranches noble conde,
- repartiendo su gente compasada;
- mas en la retaguardia no se esconde,
- de quinas y castillos cuarteada,
- la bandera con Juan, que en cualquier parte
- obscureciendo va el valor de Marte.
-
- »Estaban por los muros, temerosas
- y de un alegre miedo casi frías,
- hermanas, madres, damas y aun esposas
- ayunos prometiendo y romerías;
- ya llegan las escuadras belicosas
- defrente las contrarias compañías:
- con grandísima grita los reciben,
- de que muchos temor grande conciben.
-
- »Responden las trompetas mensajeras
- pífano sonoroso y atambores;
- los alférez voltean las banderas
- que listeadas son de mil colores.
- Era en el seco tiempo que en las eras
- Ceres el fruto da a los labradores,
- entra el sol en Astrea por agosto,
- y Baco en sus lagares coge mosto.
-
- »Dió señal la trompeta castellana
- con horrísono estruendo temeroso:
- oyólo el monte Artabro, y Guadiana
- atrás volvió sus aguas de medroso:
- oyólo Duero y tierra transtagana,
- corrió Tajo a la mar triste y dudoso:
- las madres que el terrible estruendo oyeron
- los hijos de los pechos desasieron.
-
- »¡Cuántos rostros quedaron sin colores
- dándole al corazón la sangre abrigo!
- Que en los grandes peligros los temores
- pueden a veces más que el enemigo.
- Pues qué cuando se encienden con furores
- al escalar el muro, entrar postigo,
- que hacen no sentir perder la vida
- por salir con la empresa acometida.
-
- »Comiénzase a trabar la incierta guerra:
- de ambas partes se encuentran los primeros,
- unos por la defensa de su tierra,
- otros por la esperanza de herederos:
- luego el grande Pereira, en quien se encierra
- todo el valor, se muestra en golpes fieros,
- derriba, encuentra, y dales con su espada
- la posesión del reino deseada.
-
- »Ya por el aire espeso mil lucientes
- harpones, saetas y otros tiros vuelan;
- debajo de los pies de los ardientes
- caballos tiembla tierra y valles suenan;
- despedázanse lanzas; hay frecuentes
- caídas que del golpe el campo atruenan:
- recrecen los contrarios en la poca
- gente, mas el buen Nuño los apoca.
-
- »Contra él corren primero sus hermanos,
- caso feo y crüel, mas no le espanta:
- que en poco tiene alzar contra él las manos
- quien contra el rey y patria las levanta:
- de aquestos traen los fuertes castellanos
- en la escuadra que a todas se adelanta
- por herir cada cual su conocido,
- como entre Julio y Magno Roma vido.
-
- »Catilina, Sertorio, Coriolano,
- que obligados a ser dulces abrigos
- de vuestras propias patrias, con profano
- corazón os hicisteis enemigos:
- si en el obscuro reino de Sumano
- recibís de tal culpa los castigos,
- decid: ¿qué portugueses hubo en guerra
- traidores a su gente, rey y tierra?
-
- »Rómpense de los nuestros los primeros:
- tantos de los contrarios se han juntado:
- está don Nuño cual por los oteros
- de Ceuta el cruel león encarnizado,
- que cercado se ve de caballeros,
- de Tetuán corriendo campo y prado:
- acósanlo con lanzas, y él, rabioso,
- turbado un poco está, mas no medroso.
-
- »Míralos con furor, mas su natura
- ferina y rabia no le compadecen
- que huya; mas se arroje en la espesura
- de los dardos y lanzas que recrecen.
- Tal está el caballero la verdura
- tiñendo en roja sangre; allí perecen
- de los suyos no pocos; que el valiente
- la virtud pierde contra mucha gente.
-
- »Sintió don Juan la afrenta que pasaba
- Nuño; cual capitán bien advertido,
- todo lo corre y ve, y a todos daba
- con su presencia esfuerzo muy crecido.
- Cual parida leona, fiera y brava,
- que los hijos que estaban en el nido
- sintió que en cuanto el pasto les buscaba
- el pastor de Marsilia los hurtaba,
-
- »corre rabiosa y gime y con bramidos
- los siete montes hiende, atruena, abala:
- tal va don Juan con otros escogidos
- corriendo a socorrer la primera ala.
- »¡Oh fuertes compañeros, oh subidos
- »caballeros, a quien ninguno iguala!
- »Los vuestros defended, que la esperanza
- »de vuestra libertad está en la lanza.
-
- »Veisme aquí, vuestro rey y compañero,
- »que entre espadas y lanzas y entre arneses
- »del adversario corro y voy primero:
- »¡pelead, verdaderos Portugueses!»
- Esto dijo el magnánimo guerrero,
- y blandiendo la lanza con reveses
- del brazo la tiró, y de aqueste tiro
- muchos dieron el último suspiro.
-
- »Los suyos, encendidos nuevamente
- de una noble vergüenza, honroso fuego,
- sobre cuál más con ánimo valiente
- peligros vencerá del marcio juego,
- porfían; tiñe el hierro el fuego ardiente;
- rompen primero mallas, petos luego:
- así reciben junto y dan heridas,
- como quien tiene en poco sangre y vidas.
-
- »Muchos van de Cocito a ver el lago,
- en cuyo cuerpo muerte y hierro entraba;
- el Maestre murió de Santiago,
- que fortísimamente peleaba;
- muere también, haciendo grande estrago,
- el Maestre feroz de Calatrava;
- los Pereiras murieron renegados,
- renegando del cielo y de sus hados.
-
- »Mueren del vulgo vil otros sin cuento
- y bajan de los nobles al profundo,
- donde el trifauce perro muy hambriento
- en las almas se ceba de este mundo;
- y porque más se sienta el vencimiento
- en el último trance furibundo,
- la sublime bandera Castellana
- vencida se rindió a la Lusitana.
-
- »Aquí la cruel batalla se encrudece
- con muertes, gritos, sangre y cuchilladas;
- la multitud de gente que perece
- las flores de color tiene manchadas;
- ya vuelven las espaldas, ya fallece
- la vida, donde sobran las lanzadas;
- ya, porque el alto cielo lo ha ordenado,
- la victoria los brazos ha trocado.
-
- »Al Portugués le deja el Castellano
- el campo con victoria conocida:
- siguen a los que quedan, aunque en vano,
- que el temor les dió vuelo en la huída.
- Encubren en el pecho el inhumano
- suceso, de la gente que es perdida;
- encubren la deshonra, el triste enojo
- de ver otro triunfar de su despojo.
-
- »Unos van maldiciendo y blasfemando
- del que inventó la guerra en este mundo;
- otros la dura sed van reprobando
- del pecho codicioso y furibundo,
- que por lo que es ajeno, al miserando
- pueblo condena a muerte y al profundo,
- dejando tantas madres y aun esposas
- sin hijos y maridos lastimosas.
-
- »Estúvose en el campo el rey los días
- acostumbrados con tan grande gloria:
- con ofertas después y romerías
- las gracias daba a Dios de tal victoria.
- Mas Nuño, que no busca en otras vías
- eternizar en todos su memoria,
- sino por armas siempre soberanas,
- a las tierras se pasa transtaganas.
-
- »Ayuda a su destino de manera
- que hizo igual el hecho al pensamiento,
- y a la tierra de vándalos frontera
- le concede el despojo y vencimiento.
- De Sevilla la bética bandera,
- y de otros mil señores, al momento
- le conocen por grande en tal empresa,
- vencidos de la fuerza Portuguesa.
-
- »De estas y otras victorias largamente
- eran los castellanos oprimidos
- cuando la paz, alegre a toda gente,
- vino entre vencedores y vencidos;
- después que quiso el Padre omnipotente
- que se diesen los reyes por maridos
- a las dos ilustrísimas inglesas,
- hermosas, bellas, ínclitas princesas.
-
- »No sufre el fuerte pecho usado a guerra
- verse sin enemigos a la mano,
- y no hallando a quién vencer en tierra,
- acomete a vencer el oceano:
- este es el primer rey que se destierra
- del reino, porque pueda el africano
- conocer por las armas cómo doma
- la ley de Dios la ley de su Mahoma.
-
- »Mil aves por el húmedo elemento
- volando van de Tetis inquïeta,
- cogiendo con las alas un tal viento,
- que pasan de do Alcides puso meta:
- el monte Abila, el noble fundamento
- de Ceuta gana al torpe mahometa,
- y con esto asegura a toda España
- de la juliana fuerza y desleal maña.
-
- »No consienten los coros soberanos
- que Portugal tal rey mucho lograse,
- mas como eran sus hechos más que humanos,
- el más que humano asiento ya alcanzase;
- y deja en defensión de Lusitanos
- el Dios que lo llevó quien gobernase,
- aumentando la tierra muy más que antes,
- generación famosa, altos infantes.
-
- »No fué del rey Duarte tan dichoso
- el tiempo que quedó en la suma alteza,
- que va alternando el tiempo el bien gustoso
- con mal, el alegría con tristeza.
- ¿Quién vió siempre un estado deleitoso?
- ¿O quién vió en la fortuna haber firmeza?
- Pues aun en este reino, y con tal rey,
- vino a quebrar la fuerza de su ley.
-
- »Cautivo vió a su hermano don Fernando
- que a tan altas empresas aspiraba,
- que por salvar al pueblo miserando
- del cerco, al sarraceno se entregaba:
- por amor de la patria está pasando
- la vida, de señora hecha esclava,
- y porque no dé el rey a Ceuta al moro
- por su rescate, muere en triste lloro.
-
- »Porque a Codro el contrario no venciese,
- dejó triunfar la muerte de su vida;
- Régulo, porque a Roma no perdiese,
- quiso su libertad verla perdida;
- Fernando, porque España no temiese,
- a eterno cautiverio se convida:
- Decios, Codro, ni Curcio, hicieron tanto
- como el famoso Hernando que aquí canto.
-
- »Mas Alonso, que al reino fué heredero,
- nombre en armas dichoso en nuestra Hesperia,
- que al arrogante bárbaro frontero
- puso en grande humildad y gran miseria,
- fuera por cierto invicto caballero
- si no quisiera ver la tierra iberia;
- mas África dirá ser imposible
- poder nadie vencer rey tan terrible.
-
- »Que pudo éste coger los frutos de oro
- que el Tirintio cogió nadie lo dude,
- de donde el yugo puesto por el moro
- la cerviz años ahora no sacude:
- con la palma en la mano por decoro
- de victorias ganadas del que acude
- en defensa de Alcázar, do se afila
- su espada contra Tánjar, contra Arcila.
-
- »Mas al cabo, por fuerza siendo entradas,
- los muros abajaron de diamante,
- con las armas en guerra acostumbradas
- a batir y vencer cuanto hay delante:
- maravillas en Marte sublimadas,
- dignas de otra escritura más pujante,
- hicieron los de Luso en esta empresa,
- ilustrando la fama Portuguesa.
-
- »Y siendo de ambición mayor tocado
- por gozar de mejor corona y silla,
- a Hernando el de Aragón ha provocado
- a guerra sobre el reino de Castilla;
- las gentes en un punto se han juntado,
- del Católico Rey hecha cuadrilla,
- desde Cádiz al alto Pireneo,
- con que Fernando ataja a su deseo.
-
- »No se quiso quedar don Juan ocioso
- sin ayudar al padre, y luego ordena
- atizar el deseo codicioso
- con ayuda que entonces lo despena:
- salióse al fin del trance peligroso
- con frente no turbada, mas serena,
- desbaratado el padre truculento,
- aunque quedó dudoso el vencimiento.
-
- »Porque el hijo sublime y soberano,
- gentil, fuerte, animoso caballero,
- con un corazón grande y más que humano,
- al español resiste el día postrero:
- de esta arte fué vencido Octaviano
- y Antonio vencedor su compañero,
- cuando de los que a César dieron muerte,
- la venganza les dió la feliz suerte.
-
- »Mas después que la obscura noche eterna
- puso a Alonso en el cielo más sereno,
- el príncipe que el reino nos gobierna
- fué el segundo don Juan y rey treceno:
- éste, por haber fama sempiterna
- sobre todo valor de hombre terreno,
- quiso buscar de la luciente Aurora
- el término que yo descubro ahora.
-
- »Envía mensajeros que pasaron
- a España, Francia e Italia celebrada,
- y en el ilustre puerto se embarcaron
- donde ya fué Parténope enterrada,
- Nápoles, do los hados se mostraron,
- haciéndola de varios sojuzgada,
- y al fin, por la ilustrar con claros soles,
- al señorío la rinden de españoles.
-
- »Por el mar alto Sículo navegan,
- por las playas de Rodas arenosas,
- y de allí a las riberas altas llegan
- que con muerte de Magno son famosas:
- van a Menfis y tierras que se riegan
- de las aguas de Nilo caudalosas;
- suben a la Etiopia, sobre Egito,
- que de Cristo ya guarda el santo rito.
-
- »Pasan también las ondas eritreas
- que el pueblo de Israel sin nao pasara;
- quédanle atrás las tierras nabateas
- que el hijo de Ismael con nombre ornara;
- las playas odoríferas sabeas
- que la madre de Adonis tanto honraba;
- ven la Feliz Arabia descubierta,
- dejando la Petrosa y la Desierta.
-
- »Ven el estrecho Pérsico, do dura
- de la Babel confusa la memoria,
- donde entra en Tigre Eufrates por su altura,
- cuyas fuentes están casi en la gloria:
- de allí van a buscar el agua pura,
- que causa me será de larga historia,
- del Indo, por el mar largo Oceano,
- donde no se atrevió a pasar Trajano.
-
- »Vieron gentes incógnitas y extrañas
- de la India, de Carmania y Gedrosía,
- viendo varias costumbres, varias mañas,
- que en sí cada región produce y cría;
- mas de vías tan ásperas tamañas
- tornarse fácilmente no podía:
- allá mueren en fin y allá quedaron,
- que a su querida patria no tornaron.
-
- »Parece que guardaba el claro cielo
- a Manuel, y sus merecimientos,
- esta notable empresa, que su celo
- siempre fué de subidos movimientos:
- éste sucede al primo y al abuelo
- en reino y en altivos pensamientos,
- y así como tomó del reino el cargo,
- la conquista tomó del mar tan largo.
-
- »El cual, como de noble pensamiento,
- de aquella obligación que le quedara
- de sus antepasados, cuyo intento
- fué siempre acrecentar la tierra cara,
- no dejase de ser sólo un momento
- movido, cuando huye la luz clara
- del sol, y las estrellas resplandecen
- que al caer a las gentes adormecen.
-
- »Estando ya en la cama recostado,
- cuando el imaginar suele ser cierto,
- revolviendo en su pecho con cuidado
- cómo corresponder al gran concierto
- de sus antepasados, le ha ocupado
- un sueño que le deja más despierto,
- porque apenas el ojo se adormece
- cuando Morfeo en sueños le aparece.
-
- »Aquí se le figura que subía
- tan alto, que tocaba allá en la esfera
- do delante de sí mil mundos veía,
- mil naciones de gente extraña y fiera,
- y cerca de do nace el claro día,
- después que bien los ojos extendiera,
- vió de montes antiguos las corrientes
- de las dos celebradas y altas fuentes.
-
- »Agrestes aves, fieras alimañas
- por el monte en las cuevas habitaban;
- hierbas, espinas y árboles extrañas
- el paso y trato a gentes atajaban;
- otras cerradas y ásperas montañas
- ser de comercio alguno demostraban,
- pero desde que Adán pecó, pisada
- nunca de humano pie fué allí estampada.
-
-[Ilustración:
-
- «¡Oh rey, a cuyos reinos y corona
- »grande parte del mundo se guardaba!
- »Los dos, a quien la fama ser pregona
- »libres, nuestra cerviz rendimos brava...
-
- _Canto IV, Estr. 73._
-]
-
- »Del agua se le antoja que salían,
- hacia donde él estaba caminando,
- dos hombres que muy viejos parecían,
- de un aspecto, aunque agreste, venerando:
- de la barba y cabello les caían
- gotas que el cuerpo todo van bañando,
- la color de la cara denegrida,
- la barba espesa, blanca, algo cumplida.
-
- »Ambos tienen la frente coronada
- con los ramos de una árbol peregrina;
- el uno es de presencia más cansada,
- mostrando que de atrás viene y camina;
- cuelga el agua con ímpetu alterada
- que en parte más remota se avecina,
- bien como Alfeo de Arcadia en Siracusa
- va a buscar los abrazos de Aretusa.
-
- »Este, que era más grave en la persona,
- al rey como de lejos le hablaba:
- «¡Oh rey, a cuyos reinos y corona
- »grande parte del mundo se guardaba!
- »Los dos, a quien la fama ser pregona
- »libres, nuestra cerviz rendimos brava,
- »y te avisamos que ya es tiempo mandes
- »de nosotros cobrar tributos grandes.
-
- »Yo soy el claro Ganges, que en la tierra
- »santa mi origen tengo verdadero;
- »estotro el Indo, río que en la tierra
- »que ves su nacimiento es el primero:
- »costaráte al principio dura guerra,
- »mas serás vencedor a lo postrero:
- »con no vistas victorias pondrás freno
- »a las gentes que ves de este terreno.»
-
- »No dijo más el río claro y santo
- y ambos desaparecen al momento:
- recuerda Manuel con nuevo espanto
- y grande alteración del pensamiento:
- extiende en esto el sol su claro manto
- por el obscuro cielo soñoliento,
- píntalo la mañana con colores
- de vergonzosa rosa y blancas flores.
-
- »Llama el rey los señores a consejo
- para tomar del sueño algún acuerdo;
- refiere lo que dijo el santo viejo
- llamándole a reinar con pecho cuerdo:
- «Si os parece, del mar el aparejo
- »se haga, pues en ello nada pierdo,
- »y váyanse a buscar por nuevos mares
- »la tierra del Oriente y sus lugares.»
-
- »Yo, que bien mal pensaba que en efeto
- viera lo que mi pecho me pedía,
- que siempre grandes cosas el conceto
- presago al corazón le prometía,
- no sé por qué razón, o qué respeto,
- o qué virtud tan grande en mí se veía,
- que hizo al grande rey darme la llave
- de este acometimiento nuevo y grave.
-
- »Y con ruego y palabras amorosas,
- que es modo de mandar que más obliga,
- me dijo: «Las empresas glorïosas
- »se alcanzan con trabajo y con fatiga:
- »a las personas hace ser famosas
- »la vida que se pierde aunque sea amiga,
- »que cuando del temor vil no se prende,
- »mientras más poco dura más se extiende.
-
- »Entre todos os tengo yo escogido
- »para una empresa cual a vos se debe;
- »trabajo ilustre, duro, esclarecido,
- »yo sé que en ser por mí os será muy leve.»
- No esperé más; mas luego: «¡Oh rey subido!
- »¿Con tal favor por vos quién no se atreve
- »al fuego, hierro, muerte, a la cadena,
- »que el ser poco una vida me da pena?
-
- »Imaginad, gran rey, las aventuras
- »que a Hércules Eurísteo inventaba;
- »el león clioneo, harpías duras,
- »el puerco erimanteo, la hidra brava,
- »abajar a las sombras más obscuras
- »do los campos de Dite Estige lava,
- »porque a mayor peligro y más afrenta
- »se pondrá el corazón a vuestra cuenta.»
-
- »Con reales mercedes me agradece
- la voluntad, y alaba las razones;
- que la virtud loada vive y crece
- e inflama a grandes hechos los varones:
- a acompañarme luego se le ofrece,
- por descubrir mejor sus aficiones
- al rey y a mí, con hambre de honra y fama,
- mi deseado hermano Paulo Gama.
-
- »Fué luego Nicolao Coello tercero,
- hombre de gran valor y de consejo,
- que en los peligros suele ser primero,
- no mostrando al trabajo sobrecejo:
- ya de la gente moza y del guerrero,
- en quien crece el deseo, me aparejo:
- todos de grande esfuerzo ser parecen,
- pues con tal pecho a tal temor se ofrecen.
-
- »Fueron de Manuel remunerados
- porque con más amor se apercibiesen,
- y con palabras blandas animados
- para cuantos trabajos sucediesen:
- así fueron, oh Minias, ajuntados
- a que el reino de Colcos combatiesen
- en la hadada nao que osó primera
- cortar el mar Euxino venturera.
-
- »Ya en el puerto de la ínclita Ulisea,
- con alboroto noble y con trabajo,
- donde su arena y agua que azulea
- en el salado mar la mezcla Tajo,
- está la flota a punto, y ya desea
- cada cual al partir hallar atajo,
- que la gente del mar y la del Marte
- están para seguirme a cualquier parte.
-
- »Por las playas vestidos los soldados
- vienen de mil colores y mil artes,
- y no menos de esfuerzo aparejados
- para buscar del mundo nuevas partes,
- en las naos los vientos sosegados
- revuelven los lustrosos estandartes,
- y ellas muestran que allá en los mares largos
- se volverán estrellas, cual la de Argos.
-
- »Apercibidos todos de esta suerte
- de lo que tal viaje pide y manda,
- al trance se aparejan de la muerte,
- que en la mar ante el ojo a todos anda:
- al inmenso poder eterno y fuerte,
- que nos vuelva su vista veneranda
- imploramos, pidiendo nos guiase
- y que a nuestros comienzos aspirase.
-
- »Partímonos así del sacro templo
- que en las playas del mar está asentado,
- con nombre de la tierra, para ejemplo,
- donde fué Dios al mundo en carne dado.
- Certifícote, rey, que si contemplo
- cómo fuí de estas playas apartado,
- de duda el pecho y de recelo lleno,
- apenas a mis ojos pongo freno.
-
- »Gente de la ciudad en aquel día,
- unos por ser amigos o parientes,
- otros sólo por vernos, concurría,
- haciendo cada cual los ojos fuentes:
- nosotros, con la santa compañía
- de religiosos padres diligentes,
- en procesión solemne a Dios llamando,
- a los bateles vamos caminando.
-
- »En tan largo camino y tan dudoso,
- por perdidos las gentes nos juzgaban,
- las mujeres con llanto muy piadoso,
- los hombres con suspiros que arrancaban;
- madres, damas y esposas, que el celoso
- amor más desconfía, acrecentaban
- la desesperación y miedo frío
- de nunca poder ver vuelto navío.
-
- »Cuál va diciendo: «¡Oh hijo, a quien tenía
- »sólo por refrigerio y dulce amparo
- »de mi vejez cansada, que a porfía
- »acabaré con lloro nada avaro!
- »¿Por qué me dejas, dulce ánima mía.
- »por qué de mí te vas, oh hijo caro,
- »a hacer el funéreo enterramiento
- »donde seas de peces alimento?»
-
- »Cuál en cabello: «¡Oh dulce y caro esposo,
- »sin quien no da el amor de vivir muestra!
- »¿Por qué me aventuráis al mar rabioso
- »la vida, que es más vida mia que vuestra?
- »¿Cómo, por un camino tan dudoso
- »se os olvida el amor y afición nuestra,
- »que nuestro gusto y nuestro dulce aliento
- »queréis que con las velas lleve el viento?»
-
- »Estas y otras palabras nos decían
- de amor y de piadoso sentimiento:
- los viejos y los niños nos seguían,
- a quien la edad les da más corto aliento;
- los montes más cercanos respondían
- movidos en tan triste apartamiento;
- las lágrimas la arena allí bañaban
- y en número con ella se igualaban.
-
- »Nosotros, sin volver los tiernos ojos
- a las madres y esposas con cuidado,
- porque dejar de amor tales despojos
- no estorben el camino comenzado,
- sintiendo mil dolores, mil enojos,
- sin el despedimiento acostumbrado
- subimos a la nao, que al despedirse
- no puede el que se parte no afligirse.
-
- »Mas un viejo de aspecto venerando
- que en la playa se queda entre la gente,
- volviéndose a nosotros, meneando
- tres veces la cabeza blanca y frente,
- la voz cansada un poco levantando
- porque en la mar se oyese claramente,
- con saber de experiencias solas hecho,
- estas palabras saca de su pecho:
-
- «¡Oh gloria de mandar, vana codicia
- »de aquesta liviandad que llaman fama!
- »¡Oh fraudulento gusto, oh gran malicia,
- »atizada del ser que honra se llama!
- »¿Qué castigo tan grande, qué justicia
- »en el pecho ejecutas que te ama?
- »¿Qué muertes, qué peligros, qué tormentas
- »le pones con trabajos, con afrentas?
-
- »Dura perturbación del alma y vida,
- »fuente de desamparos y adulterios,
- »sagaz consumidora conocida
- »de haciendas, de reinos y de imperios:
- »llámante ilustre, llámante subida,
- »siendo digna de infames vituperios;
- »llámante fama, gloria soberana,
- »nombres para engañar la gente humana.
-
- »¿A qué nuevos destinos determinas
- »de llevar estos reinos, esta gente?
- »¿Qué peligros, qué muertes le destinas
- »debajo de algún nombre preeminente?
- »¿Qué promesas de tierras, y aun de minas
- »de oro, que le darás tan fácilmente?
- »Qué famas les dirás tener, qué historias,
- »qué triunfos, qué palmas, qué victorias?
-
- »¡Oh tú, generación de aquel insano
- »cuyo pecado triste e inobediencia
- »no sólo de aquel Reino soberano
- »te puso en tal destierro y dura ausencia,
- »mas aun del otro estado más que humano,
- »que fué de la primer simple inocencia
- »de aquella edad de oro, te ha privado
- »y en la de hierro y armas te ha dejado!
-
- »Ya que en aquesta vanidad gustosa
- »tanto enfrascas la loca fantasía;
- »ya que a la fiera fuerza rigurosa
- »le das nombre de esfuerzo y valentía;
- »ya que tienes por cosa tan honrosa
- »el despreciar la vida que debía
- »de ser tenida en mucho, pues temiera
- »perderla el Redentor que nos la diera:
-
- »¿No tienes a la puerta el ismaelita,
- »con quien armado campo y guerras veas?
- »¿No sigue éste la ley falsa, maldita,
- »si por la ley de Dios sólo peleas?
- »¿No tiene pueblos mil tierra infinita,
- »si tierras y riquezas más deseas?
- »¿No es el moro por armas esforzado,
- »si quieres en victorias ser loado?
-
- »En tu tierra te dejas al contrario
- »por ir a buscar otro a nueva tierra;
- »dejas tu reino solo al adversario
- »por mover al ausente cruda guerra;
- »vas buscando el peligro extraordinario
- »por la gloria que en sí la fama encierra,
- »llamándote señor, con grande copia,
- »de la India, Arabia, Persia, de Etiopia.
-
- »¡Oh, maldito el primero que en el mundo
- »al agua le entregó vela y madero,
- »digno de estar en penas del profundo,
- »si es justa ley la ley que seguir quiero!
- »Nunca juício alguno alto y profundo,
- »ni cítara sonora de otro Homero,
- »te dé por ello fama ni memoria,
- »mas contigo se acabe nombre y gloria.
-
- »Bajó el hijo de Jápeto del cielo
- »el fuego que inspiró en el pecho extraño,
- »encendiendo con él muertes, recelo,
- »armas, deshonras, guerras, grave engaño:
- »¡cuánto mejor Prometeo fuera al suelo,
- »y cuánto a los vivientes menos daño,
- »que tu estatua aquel fuego no tuviera
- »con que locas empresas emprendiera!
-
- »No acometiera el mozo miserando
- »del padre el carro, ni el aire vacío
- »del grande arquitector el hijo, dando
- »uno al mar nombre y otro fama al río:
- »ningún prez de valor justo o nefando,
- »por hierro, fuego, Marte, calma o frío,
- »dejará de intentar la humana gente.
- »¡Mísera condición, triste accidente!»
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO QUINTO
-
-
- TALES sentencias dice el viejo honrado
- en alta voz, al tiempo que tendimos
- las velas al sereno y sosegado
- viento, y del puerto amado nos partimos;
- y como ya en el mar es muy usado,
- al desplegar la vela voces dimos
- diciendo: «¡Buen viaje!» Luego el viento
- en el mástil mostró su movimiento.
-
- »Era tiempo en el cual el Sol la lumbre
- entraba en el Nemeo truculento,
- y el mundo, declinando de su cumbre,
- estaba en sexta edad cargado y lento:
- en ella ve, como es vieja costumbre,
- cursos del Sol catorce veces ciento
- con más noventa y siete en que corría
- cuando la flota al mar largo se hacía.
-
- »La vista poco a poco se destierra
- de aquellos patrios montes que quedaban:
- quedaba el caro Tajo y fresca sierra
- de Cintra, do los ojos se alejaban;
- quedábanos el alma allá en la tierra,
- que lástimas y amor nos la arrancaban,
- y en alta mar metidos con tal duelo,
- no vimos más, al fin, que mar y cielo.
-
- »Así fuimos rompiendo aquellos mares
- que nunca en tiempo alguno proa rompiera,
- viendo las nuevas islas y lugares
- que el generoso Enrique descubriera:
- los africanos montes y casares,
- tierra que Anteón rey la poseyera,
- a la izquierda se queda; a la derecha
- no hay certeza de tierra, mas sospecha.
-
- »Pasamos juntamente la famosa
- isla, de su madera así llamada,
- conocida por fama provechosa
- después que por nosotros fué poblada,
- y no por ser postrera Venus osa
- llamar a cualquier otra más preciada,
- que a ella, siendo suya, le rindiera
- a Cipro, Gnido, Pafos y Citera.
-
- »De Masilia la costa atrás dejamos,
- do apastan aceniegues su ganado,
- donde las frescas aguas no gustamos
- ni hay hierba que les baste en campo y prado;
- ser la tierra infructífera hallamos,
- con aves que digieren hierro helado,
- padeciendo de todo extrema inopia,
- aparta a Berbería de Etiopia.
-
- »El límite pasamos donde llega
- el Sol que para el Norte el carro guía,
- donde yacen los pueblos a quien niega
- el Climeneo la color del día;
- aquí gentes extrañas lava y riega
- el negro Sanagá con su agua fría,
- donde el cabo Arsinario el nombre pierde,
- llamándole los nuestros cabo Verde.
-
- »Habíamos pasado las Canarias,
- que de Fortuna el nombre recibieron;
- las hijas navegamos ordinarias
- que de Hesperio Hesperias se dijeron,
- y las tierras do nuevas cosas varias
- en otro tiempo nuestras gentes vieron,
- a do tomamos puerto con buen viento
- por tomar de la tierra algún sustento.
-
- »A aquella isla aportamos que tomara
- el nombre del guerrero Santiago,
- santo que al español siempre ayudara
- a hacer en los moros bravo estrago;
- de aquí, luego que Bóreas nos soplara,
- tornamos a cortar el ancho lago
- de la salada mar, y así dejamos
- la tierra do el refresco dulce hallamos.
-
- »Por aquí rodeando aquella parte
- de África que quedaba hacia el Oriente,
- la provincia Jalofo, que reparte
- por diversas naciones negra gente;
- la muy grande Mandinga, por cuya arte
- gozamos el metal rico y luciente,
- que cerca del Gambea famoso vive,
- cuya agua el mar Atlántico recibe.
-
- »Las Dórcadas pasamos, que pobladas
- de hermanas otro tiempo se vivían,
- que de vista total siendo privadas
- las tres de un ojo solo se servían:
- tú sola, cuyas trenzas encrespadas
- a Neptuno en las aguas encendían,
- sintiendo ya por ellas grave pena,
- de víboras henchiste aquesta arena.
-
- »Siempre, en fin, para el Austro va la proa
- y en el inmenso golfo nos metimos,
- dejando la sierra áspera Lioa,
- y el cabo a quien de Palmas nombre dimos,
- y el grande río, que, como en Lisboa
- el Tajo, da en las playas que allí dimos;
- quedóse la isla ilustre que tomara
- el nombre del que el lado a Dios tocara.
-
- »Allí de Congo el reino está excelente,
- que por nosotros cree la fe de Cristo,
- donde el Zaire reparte su corriente,
- río por los antiguos nunca visto;
- por este largo mar huye la gente
- del conocido Polo de Calisto,
- siendo el término ardiente ya pasado,
- donde el medio del mundo es limitado.
-
- »Ya descubierto habíamos delante
- en el nuevo hemisferio nueva estrella
- no vista de otra gente, que ignorante
- estuvo tiempo alguno incierta de ella;
- vemos la parte menos rutilante,
- y por falta de estrellas no tan bella,
- del polo fijo, donde aun no se sabe
- si otra tierra comience o mar acabe.
-
- »Así pasando aquellos pueblos sanos
- por adonde dos veces pasa Apolo,
- dos inviernos haciendo y dos veranos
- en cuanto corre de uno al otro polo;
- por calmas, por tormentas, vientos vanos
- que en la alterada mar levanta Eolo,
- vimos las Ursas, a pesar de Juno,
- en las aguas bañarse de Neptuno.
-
- »Contarte, grande rey, las milagrosas
- cosas del mar que los hombres no entienden,
- súbitas tempestades peligrosas,
- relámpagos que el aire en fuego encienden,
- negras lluvias y noches tenebrosas,
- rayos que en su caer al mundo hienden,
- no menos es trabajo que gran yerro,
- aunque mi voz, señor, fuera de hierro.
-
- »Los casos vi que rudos marineros,
- que tienen por maestra la experiencia,
- cuentan por ciertos siempre y verdaderos,
- juzgándolos por sola la apariencia;
- mas los que tienen juicios más enteros,
- que sólo por ingenio puro y ciencia
- ven del mundo secretos escondidos,
- entienden no ser veros ni entendidos.
-
- »Fué claramente visto el fuego vivo
- que la gente del mar tiene por santo
- en tiempo de tormenta y viento esquivo,
- de tempestad obscura y triste planto:
- no menos les fué a todos excesivo
- milagro, y causa grande de harto espanto,
- ver las nubes del mar con caño largo
- las aguas recoger del mar amargo.
-
- »Yo lo vi ciertamente (y no presumo
- que la vista me engaña) levantarse
- en el aire un vapor de sutil humo
- y, movido del viento, rodearse:
- alzarse de aquí un caño al polo sumo
- se veía, tan delgado, que mirarse
- del ojo fácilmente no podía:
- la materia de nubes parecía.
-
- »Íbase poco a poco acrecentando,
- y más que un grueso mástil se engrosaba:
- aquí se estrecha, allí se alarga, cuando
- los golpes grandes de agua en sí chupaba:
- estábase en las aguas ondeando
- y encima una gran nube se espesaba,
- haciéndose mayor y más cargada
- con la carga del agua en sí tomada.
-
- »Cual roja sanguijuela que pegada
- en labios de la bestia que imprudente
- en el agua la coge, aunque delgada,
- con la sangre se vuelve más potente,
- chupando el cuerpo engruesa, y alargada,
- se rellena y se hincha extrañamente,
- tal la larga columna hinchiendo aumenta
- a sí y la negra nube que sustenta.
-
- »Mas después que del todo se hartara,
- el pie que está en la mar en sí recoge,
- y en el cielo lloviendo, al fin volara
- porque con agua el agua aumente y moje:
- las ondas da a las ondas que tomara;
- mas como del sabor de sal despoje
- al agua, los que saben de escritura
- díganme estos secretos de natura.
-
-[Ilustración: Kostka, pintó
-
-E. Martín, sc.
-
- «¡Oh gloria de mandar, vana codicia,
- »de aquesta liviandad que llaman fama!
- »¡Oh fraudulento gusto, oh gran malicia,
- »atizada del ser que honra se llama!
-
- _Canto IV, Estr. 95._
-]
-
- »Si los antiguos sabios que anduvieron
- tantas tierras por ver secretos de ellas
- lo que pasé pasaran cuando fueron
- maravillas buscando y cosas bellas,
- cuánto más escribieran, que escribieron,
- del influjo de signos y de estrellas.
- ¡Qué extrañezas, qué grandes cualidades,
- y todo sin mentir, puras verdades!
-
- »Ya la Cintia, que habita en el primero
- cielo, por cinco veces presurada,
- ahora medio rostro, ahora entero,
- mostró mientras la mar corta el armada,
- cuando de la alta gavia un marinero
- gritaba: «¡Tierra, tierra deseada!»
- Luego mira del bordo nuestra gente
- el horizonte claro del Oriente.
-
- »A manera de nubes se comiezan
- a descubrir los montes que miramos;
- las áncoras pesadas se aderezan;
- las velas, ya llegados, amainamos;
- los expertos pilotos luego empiezan
- a conocer las partes donde estamos
- por el nuevo instrumento y astrolabio,
- invención de sutil juicio y sabio.
-
- »Saltóse de la armada en la espaciosa
- parte, donde la gente se derrama,
- de ver cosas extrañas deseosa,
- en tierra de que nunca tuvo fama;
- mas yo con el Maestre en la arenosa
- playa, junto mi hermano Paulo Gama,
- tomamos todos tres del Sol la altura,
- viendo del astrolabio la pintura.
-
- »Y hallamos del todo haber pasado
- del semicapro pez la grande meta,
- estando entre él y el círculo nevado
- austral, parte del mundo más secreta;
- y al punto trae mi gente rodeado
- un bruto morador de color prieta,
- que tomara por fuerza en la montaña
- mientras de dulce miel favos apaña.
-
- »Turbado está en la vista y muy confuso,
- como quien no se viera en tal extremo;
- ni él entiende a mi gente, ni ella el uso
- entiende del callado Polifemo.
- Comiénzole a mostrar la piel que puso
- a Colcos su valor, metal supremo,
- la plata, la caliente especería,
- y a nada de esto el bruto se movía.
-
- »Mando mostrarle piezas más rateras,
- de cristal unas cuentas transparente,
- algunos cascabeles y monteras
- rojas, que es la color que le contente;
- vi luego por señales verdaderas
- con aquesto holgarse grandemente:
- con todo lo solté, y de allí camina
- para su población, que está vecina.
-
- »Y luego el día siguiente sus parceros,
- desnudos todos, de color obscura,
- descienden por los ásperos oteros
- a probar como estotro su ventura:
- domésticos se muestran, placenteros,
- y tanto que, movido con locura,
- Fernán Veloso de ellos se confía
- y a ver la tierra va en su compañía.
-
- »Es Veloso en su brazo confiado,
- y de arrogante cree que va seguro,
- mas siendo un grande espacio ya pasado
- en que alguna señal saber procuro,
- estando el ojo alerta con cuidado,
- al venturero por el monte duro
- le veo correr al mar tan sin aliento
- que vence en la presteza al presto viento.
-
- »El batel de Coello fué a la orilla
- a tomarlo, mas antes que llegase,
- uno de los que vienen en cuadrilla
- tras él se echó en la mar, no se escapase;
- vienen tantos, que verle es gran mancilla,
- sin que pueda hallar quien le ayudase:
- en su favor a vela y remo corro,
- y mil negros al negro dan socorro.
-
- »De espesa nube saetas y pedradas
- llueven sobre nosotros sin medida,
- y no fueron al viento en vano echadas,
- que esta pierna de allí saqué herida;
- nosotros, como gentes lastimadas,
- la respuesta les dimos merecida,
- que en más que en los bonetes se sospecha
- que va color bermeja de esta hecha.
-
- »Estando ya Veloso en salvamento,
- nos recogimos todos al armada,
- notando la malicia y torpe intento
- de la gente bestial, bruta y malvada,
- de quien ningún mejor conocimiento
- tuvimos de la India deseada
- que estar muy lejos de ella este paraje
- y convenir seguir nuestro viaje.
-
- »Preguntóle a Veloso un compañero
- (estándose los más de esto riendo):
- «¡Hola, Veloso amigo! Aquel otero
- »¿es más fácil subiendo o descendiendo?»
- «De bajar es mejor, dijo el guerrero;
- »mas cuando tantos perros vi viniendo
- »al armada y que en ella yo no estaba,
- »corrí, porque esta empresa me esperaba.»
-
- »Contónos cómo al punto que pasaron
- el monte, no quisieron más dejarlo;
- que hacia el mar se vuelva, señalaron,
- queriendo, si no torna, allí matarlo;
- y en volviéndose, luego se emboscaron
- por matar los que fuesen a tomarlo,
- y enviarnos con muerte al reino obscuro
- para mejor robarnos al seguro.
-
- »Mas eran cinco soles ya pasados
- después que nos partimos navegando
- los mares nunca de otros navegados
- con mar bonanza y viento en popa blando,
- cuando una noche, estando descuidados,
- en proa unos durmiendo, otros velando,
- una nube que todo lo obscurece
- sobre nuestras cabezas aparece.
-
- »Tan temerosa viene y tan cargada
- que al corazón más fuerte el temor toca;
- brama la triste mar, y cual quebrada
- ola, suena, si da en alguna roca.
- «¡Oh potestad divina sublimada!,»
- dijo mi corazón y helada boca:
- «¡Qué castigo la mar nos representa,
- »que mayor cosa es ésta que tormenta!»
-
- »Antes de decir más, una figura
- en el aire se muestra tosca y válida,
- de disforme y grandísima estatura,
- con el rostro cargado y barba escuálida;
- los ojos encorvados, la postura
- horrenda, la color terrena y pálida,
- llenos de tierra y crespos los cabellos,
- los dientes amarillos los más de ellos.
-
- »Tan grande era de miembros, que bien oso
- certificarte que éste era el segundo
- de Rodas extrañísimo coloso,
- de los milagros siete uno del mundo:
- un sonido de voz, triste, medroso,
- que parece salir del mar profundo:
- erízanse las carnes y el cabello
- a todos con oirlo, y más con vello.
-
- »Y dijo: «¡Oh gente osada más que cuantas
- »en el mundo intentaron grandes cosas!,
- »tú que por guerras ásperas y tantas,
- »y por trabajos vanos, no reposas:
- »pues los vedados términos quebrantas,
- »y navegar mis mares largos osas,
- »que por muy largo tiempo he yo guardado,
- »sin que proa jamás los haya arado:
-
- »Pues que vienes a ver los escondidos
- »secretos por el húmedo elemento,
- »a ningún grande humano concedidos
- »de noble o de inmortal merecimiento,
- »los daños que le están apercibidos
- »oirás a tu sobrado atrevimiento
- »por todo el largo mar y por la tierra
- »que tienes que rendir con dura guerra.
-
- »Sabe que cuantas naos este viaje
- »que tú haces, hicieren de atrevidas,
- »enemigo tendrán este paraje
- »con vientos y tormentas desmedidas,
- »y en la primer armada que pasaje
- »hiciere por las hondas mal sufridas
- »me tengo de mostrar gran enemigo,
- »tomando de repente cruel castigo.
-
- »Aquí espero tomar, si no me engaño,
- »de quien me descubrió grave venganza,
- »y no se acabará con esto el daño
- »de vuestra no domada confianza:
- »antes en vuestras naos veréis cada año
- »(si es cierto lo que aquí mi ciencia alcanza)
- »naufragios, perdiciones, de tal suerte
- »que el menor mal de todos sea la muerte.
-
- »Y del primer ilustre que ventura
- »con fama lo hará subir de vuelo
- »seré nueva y eterna sepultura
- »por juicios incógnitos del cielo:
- »aquí de la turquesa armada dura
- »el despojo pondrá, y el mortal velo
- »conmigo de sus daños le amenaza,
- »Quiloa, destruída con Mombaza.
-
- »Otro también vendrá de honrada fama,
- »liberal, caballero, enamorado,
- »y consigo traerá la bella dama
- »que amor por gran favor le habrá otorgado;
- »mas ¡ay!, que el negro hado acá los llama
- »a este mi terreno, duro, airado,
- »donde de su naufragio saldrán vivos
- »para sufrir trabajos excesivos.
-
- »De hambre morirán los hijos caros,
- »con amor engendrados y nacidos;
- »vendrán los cafres ásperos y avaros
- »a quitar a la dama sus vestidos;
- »los cristalinos miembros y preclaros
- »al frío y al calor serán curtidos;
- »después de haber pisado (¡oh grave pena!)
- »con delicados pies la ardiente arena.
-
- »Verán los que pudieren escaparse
- »de tanto mal y grave desventura
- »los dos amantes míseros entrarse
- »en la implacable y férvida espesura:
- »allí verán las piedras ablandarse
- »con lloroso dolor, lástima pura,
- »y abrasadas las almas tomar vuelo
- »de la prisión mortal al alto cielo.»
-
- »Adelante pasaba el monstruo horrendo
- contando nuestros hados, cuando, alzado,
- dije: «¿Quién eres tú, que ese estupendo
- »cuerpo el rostro me tiene demudado?»
- La boca y ojos negros retorciendo,
- dando un grito espantoso muy airado,
- me respondió con voz triste, pesada,
- como a quien la pregunta no le agrada:
-
- «Yo soy aquel oculto y grande cabo
- »a quien llamáis vosotros Tormentorio,
- »que nunca a Ptolomeo, Pomponio, Estrabo,
- »Plinio y cuantos pasaron fué notorio:
- »yo toda la africana costa acabo
- »en este nunca visto promontorio
- »que para el Polo antártico se extiende,
- »a quien vuestra osadía tanto ofende.
-
- »Soy uno de los hijos de la Tierra,
- »cual Encélado, Egeo o Centimano:
- »llaméme Adamastor, fuí a la guerra
- »contra el que el rayo vibra de Vulcano:
- »no que pusiese sierra sobre sierra,
- »mas conquistando el mar loco e insano,
- »por capitán quedé de donde andaba
- »la armada de Neptuno que buscaba.
-
- »Amores de la esposa de Peleo
- »me hicieron tomar tan grande empresa:
- »de las diosas no cura mi deseo
- »por amar de las aguas la princesa:
- »con las hijas la vi del gran Nereo
- »en la playa desnuda, y quedó presa
- »allí mi voluntad de tal manera,
- »que no siento haber cosa que más quiera.
-
- »Como fuese difícil alcanzarla
- »por la grandeza fea de mi gesto,
- »determiné por armas conquistarla,
- »y a Doris mi deseo manifiesto;
- »la diosa de temor comienza a hablarla,
- »mas ella con un bel donaire honesto
- »responde:--¿Cuál será el amor bastante
- »de ninfa que sustente el de un gigante?
-
- »Pero para evitar un mal tamaño
- »de cruda guerra, buscaré manera
- »con que con mi honra excuse el grave daño.--
- »Tal respuesta me dió la mensajera:
- »yo, que caer no pude en el engaño,
- »que es grande del amante la ceguera,
- »hinchiéronme con grandes alabanzas
- »el pecho de deseos y esperanzas.
-
- »De la propuesta guerra desistiendo,
- »una noche, de Doris prometida,
- »el rostro vi venir resplandeciendo
- »de mi hermosa Tetis, tan querida:
- »como loco tras de ella corro abriendo
- »los brazos por coger mi dulce vida
- »de este cuerpo; besé sus ojos bellos,
- »su boca, sus mejillas, sus cabellos.
-
- »Mas ¡ay!, que el gran dolor la habla apoca;
- »que creyendo abrazar a la que amaba,
- »abrazado me hallé con una roca
- »de duro monte y de espesura brava:
- »juntando con la peña frente y boca,
- »que por el rostro angélico apretaba,
- »sin sentido quedé, quebrado el casco,
- »hecho junto al peñasco otro peñasco.
-
- »¡Oh ninfa dulce, amparo de mi daño!,
- »pues que esta mi presencia no te agrada,
- »¿qué te cuesta tenerme en este engaño,
- »o fueses monte, o nube, o sueño, o nada?
- »Mas viniéndome cierto desengaño,
- »me partí por la afrenta aquí pasada
- »a buscar otro mundo do no viese
- »quien de mi lloro y pena se riese.
-
- »Eran ya en este tiempo mis hermanos
- »vencidos y en miseria extrema puestos,
- »que por quietarse más los dioses vanos
- »los tienen a los montes sotopuestos,
- »mas como contra Dios no valen manos,
- »yo que llorando andaba en los recuestos
- »de montes, comencé del enemigo
- »hado a sentir las penas y el castigo.
-
- »Convirtióse mi carne en peña dura,
- »en peñascos los huesos se volvieron;
- »estos miembros que ves y esta figura
- »por estas largas aguas se extendieron:
- »en fin, esta grandísima estatura
- »en el remoto cabo convirtieron
- »los dioses, y por darme pena fea,
- »con sus aguas la Tetis me rodea.»
-
- »Aquesto nos contó, y con triste lloro
- súbito de la vista se apartaba;
- la nube se deshizo y con sonoro
- bramido el agua adentro resonaba;
- yo, levantando el rostro al sacro coro
- angelical que allí nos aportaba,
- a Dios pedí quitase aquellos duros
- casos que Adamastor contó futuros.
-
- »Ya Flegón y Pirois venían tirando
- con otros dos el carro rutilante,
- cuando se fué la tierra alta mostrando
- en qué fué convertido el gran gigante.
- Al longo de la costa comenzando
- a cortar ya las aguas de Levante,
- por ella abajo un poco navegamos,
- donde segunda vez tierra tomamos.
-
- »La gente que esta tierra poseía,
- puesto que brutos negros todos eran,
- más humana en el trato parecía
- que los que atrás tan mal nos recibieran:
- con bailes y con fiestas de alegría
- por la playa a mirarnos concurrieran
- las mujeres consigo, y el ganado,
- que apacentaban gordo y bien criado.
-
- »Las mujeres quemadas traen encima
- de vagarosos bueyes asentadas,
- bueyes que es el ganado que se estima,
- que todo lo demás anda en manadas:
- coplillas pastoriles, prosa y rima,
- en su lengua cantaban concertadas
- con dulce son de rústicas avenas,
- de Títiro imitando las camenas.
-
- »Estos, como en la vista placenteros
- eran, humanamente nos trataron,
- trayéndonos gallinas y carneros
- a trueco de otras piezas que llevaron;
- mas como nunca al fin mis compañeros
- de su lengua entender algo alcanzaron
- ni señal de la tierra que buscamos,
- dando velas, las áncoras alzamos.
-
- »Ya habíamos cercado con corona
- la costa negra de África, y tornaba
- la proa a demandar la ardiente zona;
- atrás el polo antártico quedaba;
- queda también la isla que pregona
- haber visto la armada que buscaba
- el Tormentorio cabo, y descubierto
- haber en ella hecho el viaje cierto.
-
- »De aquí fuimos contando muchos días
- entre tristes tormentas y bonanzas,
- descubriendo en el mar no vistas vías
- con el hilo de solas esperanzas,
- trayendo con las aguas mil porfías,
- que como todo en ellas son mudanzas,
- una corriente hallamos tan pujante
- que no nos consintió pasar delante.
-
- »Era mayor la furia en demasía
- de la mar, que ir atrás nos obligaba
- con el grande furor con que corría,
- que la fuerza del viento que soplaba;
- pero, corrido Noto que en porfía
- la mar contra su soplo tanto estaba,
- hinchando los carrillos reciamente,
- las naos hizo vencer a la corriente.
-
- »Traía el Sol el día esclarecido
- en que al Portal los tres Reyes vinieron,
- buscando con la Estrella el Rey nacido
- en quien los tres tres Reyes conocieron:
- un puerto en este día ha aparecido
- de las gentes que atrás nos recibieron
- en un hermoso río, al cual le dimos
- el nombre de aquel día en que vinimos.
-
- »Refresco de esta gente en él tomamos
- y dulce agua del río, mas no pudo
- nadie hallar la nueva que buscamos,
- siendo el pueblo a nosotros todos mudo.
- Contempla, oh Rey, qué grande tierra andamos,
- sin salir nunca de este pueblo rudo,
- sin hallar rastro o nueva, ni señales,
- de las buscadas partes orientales.
-
- »Imaginad ahora cuán cuitados
- andaríamos todos y perdidos,
- de hambres, de tormentas quebrantados,
- por climas y por mares no sabidos,
- y del largo esperar tanto cansados
- cuanto a desesperar casi movidos,
- por cielos tan aversos de las vidas
- cuanto son en el nuestro guarecidas.
-
- »Corrompido el vital mantenimiento
- y muy dañoso el flaco cuerpo humano,
- y con esto ningún contentamiento
- que aun fuese a la esperanza un gusto vano,
- ¿creeréis que si este nuestro ayuntamiento
- de soldados no fuera Lusitano,
- que pudiera durar tan obediente,
- en ausencia, a su rey y a su regente?
-
- »¿Creeréis que ya no fueran levantados
- contra su capitán si resistiera,
- haciéndose piratas, obligados
- de desesperación y hambre fiera?
- Grandemente por cierto están probados
- los que vienen debajo mi bandera
- en una Portuguesa alta excelencia
- de firme lealtad y de obediencia.
-
- »Dejando el puerto, en fin, del dulce río,
- y tornando a cortar la agua salada,
- hicimos de esta costa algún desvío,
- engolfando en el medio nuestra armada;
- porque, soplando Noto manso y frío,
- no nos cogiese el agua represada
- de la costa que un seno allí hacía
- hacia donde Zofala el oro envía.
-
- »Pasado este peligro, el mástil alto
- al sacro Nicolás encomendamos,
- y a do hace en la costa el mar asalto
- la proa de una y otra nao inclinamos:
- muéstrase de esperanza el pecho falto
- de los que de un madero nos fiamos,
- cuando, del esperar desesperado,
- fué de una novedad alborotado.
-
- »Ya que la flota llega cerca al puerto
- do las playas y valles bien se veían,
- en un río, que corre al mar abierto,
- mil bateles entraban y salían:
- alegría muy grande fué por cierto
- encontrar con personas que sabían
- navegar, porque entre ellas esperamos
- hallar las dulces nuevas que hallamos.
-
- »Etíopes son todos, mas con gente
- mejor, al parecer, comunicaban:
- arábigo lenguaje se les siente
- entre la común lengua que hablaban:
- con paño de algodón muy sutilmente
- las cabezas ceñían y apretaban:
- con otro que de tinta azul se tiñe
- cada cual sus vergüenzas cubre y ciñe.
-
- »Por la arábiga lengua mal hablada,
- aunque bien de Martínez entendida,
- nos dicen que por naos cual nuestra armada
- es la mar en su tierra dividida;
- que de do sale el Sol hacen jornada
- a la costa del Sur más escondida,
- y del Sur para el Sol, tierra do había
- gente de la color del blanco día.
-
- »Grandemente aquí todos nos holgamos
- con nuevas de esta gente tan cabales,
- y porque en este río señal hallamos,
- el nombre le quedó de Las Señales;
- un padrón en la tierra levantamos
- que para señalar lugares tales
- traían: con el nombre quedó el suelo
- del que guió a Tobías a Gabelo.
-
- »Aquí las sucias naos, de cosas llenas
- que en las aguas del mar se crían saladas,
- limpiamos, dando a todas sus carenas,
- reforzando las tablas desclavadas;
- de los que en las orillas sobre arenas
- viven en las casillas mal labradas
- alcanzamos refresco y el sustento,
- con un pecho de mal vacío y exento.
-
- »Mas no fué la esperanza tan inmensa
- que hubimos en la tierra limpia y pura
- de alegría, que luego en recompensa
- Ramnusia la mezcló con desventura:
- así el hermoso cielo lo dispensa,
- con esta condición pesada y dura
- nacimos, que el pesar tenga firmeza
- y mude presto el bien naturaleza.
-
- »Y fué que sobrevino con gran saña
- un grave mal en todos, y dejaron
- muchos la vida, donde en tierra extraña
- los huesos para siempre sepultaron:
- no saben qué aprovecha ni qué daña,
- mas tan disformemente se hincharon
- las encías en todos, que crecía
- la carne y juntamente se podría.
-
- »De ellas salía un olor tan malo y bruto
- que el aire más vecino inficionaba;
- no se hallaba allí médico astuto,
- cirujano sutil menos se hallaba:
- cualquiera en este oficio poco instruto
- por la podrida carne así cortaba
- como si fuera muerta, y convenía,
- pues muerto queda luego el que la cría.
-
- »En fin, que en esta incógnita espesura
- gran parte se quedó de compañeros,
- que en el largo camino y desventura
- con nosotros se vieron ventureros.
- ¡Cuán presto halla el cuerpo sepultura!
- En agua, en tierra, en valles, en oteros,
- doquiera, cual si fuera nuestra tierra,
- el túmulo el ilustre cuerpo encierra.
-
- »Así que de este puerto nos partimos
- con mayor esperanza y más tristeza,
- y por la costa abajo el mar abrimos
- buscando nueva alguna de firmeza:
- en Mozambique cruel al fin surgimos,
- de cuya falsedad y vil bajeza
- ya serás sabedor, y de los daños
- de Mombaza y sus pueblos con engaños.
-
- »Hasta que aquí seguros a este puerto,
- cuya blandura y dulce tratamiento
- dará salud a un vivo, vida a un muerto,
- nos trajo la piedad del alto asiento.
- Aquí como en florido y fresco huerto
- reciben cuerpo y alma gran contento,
- y con esto, señor, cuanto pediste
- te ha contado mi lengua tosca y triste.
-
- »Mira ahora, gran rey, si hubo en el mundo
- gentes que tal camino acometiesen
- ¿Crees que tanto Eneas o el facundo
- Ulises por el mundo se extendiesen?
- ¿O ha osado alguno ver del mar profundo,
- por más versos que de él ya se escribiesen,
- de lo que he visto yo con maña y arte,
- y de lo que veré, la octava parte?
-
-[Ilustración: Kostka, pintó
-
-Wagenmann, sc.
-
- En fin, que en esta incógnita espesura
- gran parte se quedó de compañeros,
- que en el largo camino y desventura
- con nosotros se vieron ventureros.
-
- _Canto V, Estr. 83._
-]
-
- »Ese a quien tanto honró la fuerte Aonia,
- sobre quien traen contienda peregrina
- entre sí Esmirna, Rodas, Colofonia,
- Atenas, Ios, Argo y Salamina,
- y esotro que esclarece a toda Ausonia,
- a cuya voz poética divina
- el río patrio Mincio se adormece
- y el Tibre con su son se ensoberbece:
-
- »Canten, loen, escriban siempre extremos
- de esos sus semidioses, y encarezcan,
- fingiendo magas, Circes, Polifemos,
- sirenas que al cantar los adormezcan;
- denles más navegar a vela y remos
- los Cicones, y tierras do fallezcan,
- a do los compañeros con el loto
- olviden en las aguas su piloto.
-
- »Vientos sueltos les finjan e imaginen
- de cueros, y Calipsos malhadadas;
- harpías que el manjar les contaminen;
- ir a ver a las sombras ya pasadas;
- que por mucho y por mucho que se afinen
- en estas vanas fábulas soñadas,
- la verdad que yo canto clara y pura
- vence toda grandílocua escritura.»
-
- De la boca del docto y fuerte Gama
- pendiendo estaban todos embebidos
- cuando sus veces dió a la sacra fama
- que prosiga sus hechos tan subidos.
- Alaba el rey la ilustre y fértil rama
- de los reyes doquiera tan temidos,
- de la gente la antigua fortaleza,
- la lealtad de ánimo y nobleza.
-
- Va recontando el pueblo que se admira
- el caso cada cual que más notara:
- nadie de ellos los ojos mueve o tira
- mirando a quien el mar se sujetara;
- mas las riendas el Delio vuelve y gira
- que el lampacio mancebo mal guiara,
- por gozar de la Tetis más de espacio,
- y el rey se va del mar a su palacio.
-
- ¡Cuán dulce es el loor y propia gloria
- de claros hechos, cuando son sonados!
- Cualquier noble trabajo que en memoria
- venza o iguale los grandes ya pasados,
- la envidia de la ilustre ajena historia
- hace mil veces hechos sublimados,
- y al que en obras de fama se ejercita
- el ajeno loor mucho le incita.
-
- No tuvo en tanto Aquiles el famoso
- Alejandro, aunque fuerte en la pelea,
- cuanto de quien lo canta el numeroso
- verso, por quien lo envidia, a quien desea.
- El premio de Milcíades glorioso
- a Temístocles tanto aguijonea,
- que nada le encendía y animaba
- como cuando sus hechos celebraba.
-
- Trabaja por mostrar Vasco de Gama
- que el largo navegar que el mundo canta
- no mereció tan grande gloria y fama
- cual éste que a la tierra y cielo espanta;
- por más que el héroe aquel, que estima y ama,
- con dones, con favores y honra tanta,
- haga sonar la cítara mantuana
- la gloria de su Eneas y romana.
-
- Da la tierra de España Escipiones,
- Césares, Alejandros, y da Augustos;
- mas no les da con todo aquellos dones
- cuya falta los hace tan robustos.
- Octavio en las mayores opresiones
- compone versos doctos y venustos:
- no dirá Fulvia, cierto, que es mentira
- que Antonio la dejaba por Glafira.
-
- Vence César de Francia la pujanza
- y las armas no impiden a la ciencia:
- trae una mano la pluma, otra la lanza,
- igualando de Tulio la elocuencia;
- pues el gran Escipión lo sumo alcanza
- del cómico escribir con experiencia:
- leía Alejandro a Homero de manera
- que siempre lo tenía a la cabecera.
-
- En fin, ¿qué capitán fuerte no ha habido
- que no fuese en las letras señalado
- de los que Italia o Grecia ha producido?
- Sólo en los españoles ha faltado,
- con vergüenza lo digo, que no ha sido
- más de un ilustre hecho celebrado
- por no tener valor el verso y rima,
- que quien no sabe el arte no la estima.
-
- Por esto, y no por falta de natura,
- no se hallan Virgilios ni aun Homeros,
- ni habrá jamás, si tal costumbre dura,
- Eneas píos ni aun Aquiles fieros;
- y, lo que peor es, que la ventura
- tan ásperos los hizo, tan austeros,
- tan rudos y de ingenio tan avieso,
- que a muchos se les da muy poco de eso.
-
- Agradezca a las Musas nuestro Gama
- el amor patrial que las obliga
- a dar nombre a los suyos con la fama
- de la ilustre y la bélica fatiga,
- que él, ni el que de su estirpe ser se llama,
- a la Musa no tiene tan amiga,
- ni las hijas del Tajo, que dejasen
- las telas de oro fino y lo cantasen.
-
- Porque el amor fraterno, puro, honesto,
- de dar al lusitano pecho y hecho
- digno loor, ha sido el presupuesto
- de las bellas Tagides que esto han hecho:
- por lo cual sólo debe estar dispuesto
- a las altas empresas siempre el pecho,
- pues por ésta o por otra cualquier vía
- no perderá su precio y su valía.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO SEXTO
-
-
- NO sabía en qué modo festejase
- el negro rey los fuertes navegantes,
- porque el amor y feudo granjease
- del señor de unas gentes tan pujantes:
- pésale ver que tanto lo apartase
- su ventura de aquellas abundantes
- tierras de Europa, y no estar más vecino
- de do Alcides abrió en el mar camino.
-
- Con juegos, danzas y otras alegrías
- según la policía melindana,
- con usadas y alegres pesquerías
- con que Antonio a Lageia puso ufana,
- este famoso rey todos los días
- entretiene la gente Lusitana
- con banquetes, manjares desusados,
- con frutas, aves, carnes y pescados.
-
- Mas viendo el capitán que se tardaba
- más de lo que conviene y que ya el viento
- a la partida llama, se aprestaba,
- a la par, de pilotos y alimento:
- a la vela se hace, que aun restaba
- mucho por navegar del elemento:
- con amor, del pagano se despide,
- que a todos amistad larga les pide.
-
- Pídeles más: que aquel su puerto sea
- siempre de sus armadas visitado;
- que ningún otro bien mayor desea
- que dar a gente tal reino y estado,
- y que en cuanto con vida el cielo vea
- estará muy de veras aprestado
- a dar la vida y reino totalmente
- por rey de tanta alteza y por tal gente.
-
- Otras tales palabras respondía
- el capitán, y al viento velas dando,
- al reino de la Aurora se partía,
- que tanto tiempo ha que va buscando:
- el piloto que lleva no tenía
- el pecho falso, mas le va mostrando
- la verdadera rota y mar futuro,
- y con esto se va sobre seguro.
-
- Las ondas navegaban del Oriente
- en el inmenso mar, y divisaban
- los tálamos del Sol, que nace ardiente,
- y casi sus deseos se acababan;
- mas Baco airado, que en el alma siente
- las venturas que allí se aparejaban
- a la gente del Luso, de ellas dina,
- arde, muere, blasfema y desatina.
-
- El cielo veía estar determinado
- de hacer de Lisboa nueva Roma:
- no lo puede estorbar, que destinado
- está del gran poder que el mundo doma:
- a la tierra bajó desesperado,
- nuevo remedio en ella busca y toma,
- entra el húmero reino y vase al fuerte
- de aquel a quien le cupo el mar en suerte.
-
- Lo más íntimo entró de las profundas
- cavernas altas donde el mar se esconde,
- de do las olas salen furibundas
- cuando el furor del viento al mar responde:
- Neptuno vive, y viven las jocundas
- Nereïdas, la parte del mar, donde
- las aguas dejan campo a las ciudades
- que habitan estas húmedas deidades.
-
- Descubre el hondo nunca descubierto,
- las arenas de plata neta y fina,
- torres altas se ven en campo abierto
- de transparente masa cristalina,
- y cuanto más se allega, menos cierto
- la vista lo que sea determina,
- si es cristal, si es aljófar o diamante,
- según se muestra claro y rutilante.
-
- Las puertas de oro fino, claveteadas
- del rico aljófar que las conchas crían,
- de hermosa pintura dibujadas,
- los ojos del dios Baco entretenían:
- de colores se veían variadas
- del viejo Caos las formas que yacían;
- vense cuatro elementos trasladados
- en diversos oficios ocupados.
-
- Allí el sublime fuego estaba encima
- sin que sea en materia sostenido;
- de allí las cosas vivas siempre anima
- después que por Prométeo fué cogido;
- luego tras él el aire se sublima
- que pegado a la esfera puso nido,
- no dejando lugar caliente o frío
- en todo el universo estar vacío.
-
- Está la tierra en montes revestida
- de verdes hierbas y árboles floridas,
- dando pasto diverso y dando vida
- a las fieras en ella producidas:
- la clara forma allí estaba esculpida
- de las aguas por tierras esparcidas,
- que de pescados crían varios modos,
- cebando con su humor los cuerpos todos.
-
- En otro lado está puesta la guerra
- que dioses y gigantes han tenido;
- Tifeo sotopuesto está a la sierra
- Etna, por donde fuego ha despedido;
- esculpido se ve dando en la tierra,
- ante el pueblo que a verlo ha concurrido,
- por sacar el caballo, el gran Neptuno;
- cuando Palas produjo el aceituno.
-
- Poco se tarda aquí el Tebano airado
- en mirar estas cosas; mas entrando
- adonde está Neptuno, que, avisado
- de su venida, en pie le está esperando,
- recíbelo a la puerta, acompañado
- de ninfas que se están maravillando
- de ver que, acometiendo tal camino,
- venga al reino del agua el rey del vino.
-
- «¡Oh Neptuno!, le dijo, no te espantes
- si a Baco en tus palacios recibieres,
- que también con los grandes y pujantes
- suele mostrar fortuna sus poderes:
- manda llamar los dioses del mar antes
- que hable más, si más oir quisieres;
- verán de desventura grandes modos:
- oigan todos el mal que toca a todos.»
-
- Juzgando ya Neptuno que sería
- extraño caso aqueste, llamar manda
- a Tritón a los dioses de agua fría
- y a los que habitan una y otra banda.
- Tritón, que de ser hijo se gloría
- del rey y de Salaucia veneranda,
- era mancebo grande, negro y feo,
- trompeta de su padre y su correo.
-
- Los pelos de la barba y cabellera,
- que a los hombros abaja, ser mostraba
- del limo de la mar a do naciera;
- tales que nunca peine los peinara:
- las ostras y la pesca vil, ratera,
- de las mojadas puntas le colgaba:
- en la cabeza trae por gorra, aposta,
- una cáscara grande de langosta.
-
- Desnudo el cuerpo y miembros genitales,
- porque al nadar no tenga impedimento,
- aunque cubiertos todos de animales
- que en ellos se amontonan ciento a ciento:
- arañas y cangrejos y otros tales,
- que de Febe reciben crecimiento,
- inmundos animales el inmundo
- lugar cubren, cogidos del profundo.
-
- La conca que llevaba, retorcida,
- con tanta fuerza y brío la soplaba
- que en un punto de todos fuera oída
- según en la mar ancha retumbaba:
- luego la compañía apercibida
- de dioses al palacio caminaba
- del dios que el muro hizo de Dardania,
- destruído después de griega insania.
-
- El Océano viene acompañado
- de los hijos e hijas que engendrara:
- Nereo, que con Dorio fué casado,
- y de ninfas el mar todo poblara:
- el profeta Proteo deja el ganado
- marítimo pacer por la agua clara:
- allí viene también, aunque sabía
- a lo que Baco al mar venido había.
-
- De Neptuno la linda y bella esposa,
- hija de Celo y Vesta, allí se halla
- grave, y con rostro alegre tan hermosa,
- que está la mar en leche por miralla:
- vestida una camisa preciosa
- de bengala o beatilla, que a tapalla
- no es posible, mas deja el cuerpo verse,
- que tanto bien no es bien pueda esconderse.
-
- Anfitrite, más bella que las flores,
- no quiso que aquí menos se sintiese:
- consigo trae el delfín que a los amores
- del rey le aconsejó que obedeciese;
- con los ojos de cuanto ve señores
- cualquiera pensará que al sol venciese:
- las dos van mano a mano igual partido,
- pues ambas son esposas de un marido.
-
- Y la que, de las furias de Atamante
- huyendo, mereció divino estado,
- consigo trae su hijo, bello infante
- que en número de dioses es contado:
- brincando por la playa va delante
- con las conchas que cría el mar salado,
- por la arena a las veces se recrea,
- y otras lo lleva en brazos Panopea.
-
- Y el dios que humano fué, mas por extraño
- caso con una hierba poderosa
- fué convertido en pez, y de este daño
- le vino la deidad santa, gloriosa,
- aun se viene llorando el grave engaño
- que Circes con su Escila usa hermosa,
- la cual ama de veras siendo amado,
- que a aquesto obliga amor mal empleado.
-
- Ya finalmente todos asentados
- dentro de una capaz y rica sala,
- las diosas en riquísimos estrados,
- los dioses en fino oro de Zofala,
- de Neptuno son todos regalados,
- el dios Baco con él está a la iguala;
- y con suave olor la arabia masa
- que nace dentro el mar hinche la casa.
-
- Estando sosegado ya el tumulto
- de dioses y de sus recibimientos,
- comienza a descubrir del pecho oculto
- la razón Tioneo de sus tormentos;
- un poco entristeciéndose en el bulto,
- dando muestra de grandes sentimientos,
- por dar a los del Luso triste muerte
- con hierro ajeno, habla de esta suerte:
-
- »Príncipe que de juro señoreas
- de un polo al otro polo el mar airado,
- y como tú lo quieres y deseas,
- término das al mundo limitado,
- y tú, padre Oceano, que rodeas
- el globo de la tierra que has cercado,
- y a ninguno permites, aunque amigo,
- que tus límites pase sin castigo.
-
- »Y los demás que nunca habéis sufrido
- injuria en vuestro reino chica o grande,
- que con castigo igual no hayáis tenido
- venganza de este tal que en la mar ande,
- ¿cómo en tanto descuido habéis vivido,
- quién puso en tanto grado que os ablande
- los pechos con razón endurecidos
- contra los hombres flacos y atrevidos?
-
- »Visteis que con grandísima osadía
- el cielo acometieron más supremo;
- visteis aquella loca fantasía
- de tentar a la mar con vela y remo;
- visteis y veis ahora cada día
- empresas tan soberbias, que me temo
- serán del cielo y agua Lusitanos
- los dioses, y nosotros los humanos.
-
- »Veis ahora la poca y flaca gente
- que de un vasallo mío nombre toma,
- con soberbia de pecho y alta frente
- a vos y a mí y al mundo todo doma:
- ved cómo corta el mar del Oriente,
- a do jamás llegó fuerza de Roma:
- ved cómo, el reino de agua sojuzgando,
- los estatutos vuestros van quebrando.
-
- »Yo vi contra los Minias, que primero
- camino por el agua en nao hicieron,
- que injuriado Bóreas y el parcero
- Aquilo a los demás les resistieron:
- si del ayuntamiento venturero
- los vientos esta injuria así sintieron,
- vos, a quien más compete esta venganza,
- ¿qué esperáis, qué queréis con tal tardanza?
-
- »Y no consiento, dioses, que ninguno
- piense que por su amor bajé del cielo,
- ni que siento la injuria de Neptuno:
- la mía es la que temo yo y recelo;
- mi suerte lloro, que el hado importuno
- en mis victorias ponga obscuro velo,
- y lo que yo gané por el Oriente
- lo vea ser rendido de esta gente.
-
- »Que el gran señor y hados que destinan
- a su albedrío el ser del bajo mundo
- mayor fama que a nadie determinan
- darle por el mar ancho del profundo.
- Mirad, oh dioses sacros, si se inclinan
- por pasión los del cielo, que segundo
- se ve, nadie tendrá menos valía
- que quien con más razón valer debía.
-
- »Y por esto bajé del cielo huyendo,
- buscando algún remedio a mis pesares,
- por ver si lo que en él se fué perdiendo
- lo hallaré ganado en vuestros mares.»
- Queriendo decir más, vanle impidiendo
- las perlas que llorando caen a pares
- de los húmedos ojos, con que luego
- se encienden las deidades de agua en fuego.
-
- La ira con que al punto fué alterado
- el corazón de todos los vivientes
- no sufre más consejo bien pensado
- ni dilación mayor, ni inconvenientes.
- Al grande Eolo envían un recado,
- de parte de Neptuno y sus clientes,
- que dé suelta a los vientos repugnantes,
- con que no haya en el mar más navegantes.
-
- Proteo bien quisiera haber audiencia
- para decir allí lo que sentía,
- y según lo descubre su presencia,
- era alguna profunda profecía;
- mas en todos hallaba resistencia
- de aquella tumultuosa compañía,
- y Tetis, indignada, dijo en alto:
- «Proteo, no es Neptuno en ciencia falto.»
-
- Luego el soberbio Hipótades soltaba
- de la cárcel los vientos furïosos,
- el furor con palabras avivaba
- contra nuestros guerreros animosos:
- al punto el claro cielo se entoldaba,
- que los vientos comienzan impetuosos
- a correr por el mar fuerzas tomando,
- torres, montes y casas derribando.
-
- En cuanto este consejo se hacía
- en el acuoso asiento, nuestra flota
- con viento sosegado proseguía
- por el tranquilo mar su larga rota.
- Era cuando la luz del claro día
- del hemisferio Eoo está remota;
- los del cuarto de prima se acostaban,
- y al segundo los otros despertaban.
-
- Del gran sueño vencidos, mal despiertos,
- bocezando a menudo se albergaban
- por sobre las antenas, descubiertos
- sin defensa a los vientos que soplaban;
- los ojos con trabajo grande abiertos,
- los perezosos miembros estiraban,
- remedios contra el sueño buscar quieren,
- historias cuentan, casos mil refieren.
-
- «¿Cómo será mejor, uno decía,
- este tiempo pasar grave y pesado
- sino con algún cuento de alegría
- con que nos deje el sueño tan cargado?»
- Responde Leonardo, que traía
- pensamientos de firme enamorado:
- «¿Qué cuentos contarán que sean mejores,
- para pasar el tiempo, que de amores?»
-
- «No es, dijo Veloso, cosa justa
- de blanduras tratar en la aspereza
- que el trabajo del mar, que nos desgusta,
- no consiente blanduras ni terneza;
- antes de dura guerra, cruel, robusta,
- aquesta historia sea, pues dureza
- nuestra vida ha de ser a lo que entiendo,
- que el mal que ha de venir lo está diciendo.»
-
- Todos vienen en ello y encomiendan
- a Veloso que cuente lo que aprueba:
- «Yo lo contaré, dijo, como entiendan
- que no es fábula antigua o ficción nueva;
- y porque los oyentes de aquí aprendan
- a hacer hechos grandes de alta prueba,
- diré de los que son de nuestra tierra
- los doce de la guerra de Inglaterra.
-
- »En tiempo que las riendas de su reino
- el rey don Juan primero moderaba,
- gozando de la paz con su gobierno
- que el cercano enemigo perturbaba,
- dentro de Inglaterra, que en invierno
- perpetuo con la nieve blanqueaba,
- la fiera Erimnis siembra tal cizaña
- que fuese inmortal fama a nuestra España.
-
- »Entre las damas de la corte inglesa
- y nobles cortesanos hubo un día
- una grave discordia sobre mesa,
- o fué por opinión o por porfía;
- los cortesanos, a quien poco pesa
- decir graves palabras de osadía,
- dicen sustentarán que honras y famas
- en tales damas no hay para ser damas.
-
- »Y si alguno con lanza o con espada
- quisiere demandarles lo contrario,
- ellos en campo raso o estacada
- convencerán con muerte al adversario:
- la femenil flaqueza, poco usada
- a semejante afrenta, el necesario
- auxilio implora luego de las gentes,
- buscándolo entre amigos y parientes.
-
- »Mas como fuesen grandes y pujantes
- del reino los galanes, no se atreven
- ni parientes ni amigos ni aun amantes
- a sustentar las damas como deben.
- Con lágrimas humanas, y bastantes
- a que tras sí los sacros dioses lleven,
- echadas por el rostro de alabastro,
- se van todas al duque de Alencastro.
-
-[Ilustración: F. Gerard, dibujó
-
-Piget, sc.
-
- Viendo Vasco de Gama que en el puerto
- de su dulce deseo se perdía,
- viendo hasta el infierno el mar abierto
- y que con nueva furia el cielo veía...
-
- _Canto VI, Estr. 80._
-]
-
- »Era gran capitán y se hallara
- en guerras con la gente portuguesa
- cuando contra Castilla se mostrara
- defendiendo su tierra en alta empresa:
- la fuerza del amor allí notara
- que a su hija la hizo ser princesa,
- porque con su beldad el pecho doma
- del fuerte rey, y por mujer la toma.
-
- »Este, que socorrerlas no quería
- por no causar discordias intestinas,
- les dijo: «En Portugal, cuando atendía
- »el rey a haber las tierras iberinas,
- »noté en los portugueses tal valía,
- »tal primor, tal esfuerzo y partes dinas,
- »que ellos solos podrían, si no yerro,
- »sustentar esta causa a fuego y hierro.
-
- »Y si, agraviadas damas, sois servidas,
- »de vuestra parte irán embajadores
- »que con cartas discretas y sentidas
- »los hagan de este agravio sabedores:
- »con ellas en extremo encarecidas,
- »con palabras de halagos y de amores,
- »vuestras lágrimas sean, que yo creo
- »veréis puesto en efecto ese deseo.»
-
- »Así las aconseja el duque experto,
- y doce les nombró de los más fuertes,
- mas porque cada cual tenga uno cierto,
- les manda que sobre ellos echen suertes:
- doce a doce les dió, y al descubierto
- por suyo, cada cual sus penas, muertes,
- sus afrentas escribe por mil modos,
- y todas a su rey, y el duque a todos.
-
- »Ya llega a Portugal el mensajero
- y con la novedad la corte altera:
- quisiera el rey sublime ser primero,
- si la alteza real lo consintiera:
- cualquiera cortesano el venturero
- holgara que su suerte lo hiciera,
- y tienen por dichoso y bienhadado
- al que viene del duque señalado.
-
- »Ya en la fuerte ciudad de do nombrada
- nuestra tierra quedó con nombre eterno
- de Portugal, se apresta gruesa armada
- por orden del que tiene el real gobierno:
- apercíbense luego a la jornada
- de ropas con galán corte moderno,
- yelmos, cimarras, letras y primores,
- caballos y libreas de colores.
-
- »Ya de su rey tenían la licencia
- para partir del Duero celebrado
- aquellos que escogidos por sentencia
- fueran del duque inglés tan sublimado.
- No se halla en los doce diferencia
- en caballero, diestro o esforzado,
- mas uno que Magricio se decía
- de esta suerte habló a la compañía:
-
- «Fortísimos guerreros, yo deseo
- »ha mucho tiempo ver cosas extrañas,
- »por ver más tierras y aguas que aquí veo,
- »varias gentes del mundo, varias mañas;
- »y así, puesto que sea gran rodeo,
- »pues las cosas del mundo son tamañas,
- »querría, si queréis, irme por tierra,
- »que yo llegaré a tiempo a Inglaterra.
-
- »Y cuando caso fuere que, impedido
- »por la que da a las cosas fin postrero,
- »en el plazo faltare definido,
- »no será grande falta un compañero:
- todos por mí haréis lo que es debido,
- »aunque, según en Dios confío y espero,
- »ríos, montes, fortuna, ni embarazo,
- »no harán que no llegue al justo plazo.»
-
- »Siendo con esto todos abrazados,
- tomada la licencia, de ellos parte
- por León, por Castilla y los ganados
- lugares por valor del patrio Marte.
- Ve a Navarra y los montes encumbrados
- de Pirene, que a España y Francia parte;
- vistas en fin de Galia cosas grandes,
- al estado pasó grande de Flandes.
-
- »Allí llegado, o fuese industria o maña,
- sin pasar se detuvo muchos días;
- mas los once, que marchan con gran saña,
- cortan el mar del Norte con porfías:
- llegados a la costa inglesa extraña,
- para Londres tomaron breves días:
- del duque son con fiestas regalados,
- de las damas servidos y animados.
-
- »Llégase el plazo y día señalado
- de entrar en campo con los doce ingleses,
- que el seguro del rey ya estaba dado:
- de yelmos se arman todos y de arneses;
- las damas por su parte ven armado
- el esfuerzo feroz de portugueses:
- vístense de colores todas ledas,
- con oro, joyas, perlas, ricas sedas.
-
- »Mas a la que le cupo por su suerte
- el ausente Magricio, así le pesa,
- que de luto se viste como en muerte,
- pues su galán le falta en esta empresa:
- los once publicaron con voz fuerte,
- que lo entienda la corte toda inglesa,
- que a las damas les den las justas palmas
- aunque dos o tres de ellos den las almas.
-
- »Ya en un sublime y público teatro
- se asienta el rey inglés con los señores:
- estaban tres a tres y cuatro a cuatro
- mirando los valientes guerreadores:
- no son vistos del sol, del Tajo al Batro,
- de fuerza, esfuerzo y de ánimo mayores,
- otros doce salir cual los ingleses,
- ni cual salen los once Portugueses.
-
- »Tascaban los caballos espumando
- los frenos de oro con feroz semblante:
- el sol está en las armas verberando
- como en limpio cristal y bel diamante;
- mas divísase en uno y otro bando
- partido desigual y disonante
- entre once y doce, cuando ya la gente
- comienza a alborotarse comúnmente.
-
- »Vuelven todos el rostro donde había
- la causa principal del rebullicio
- y ven un caballero que venía
- con armas y caballo a su servicio:
- saluda al rey y damas, y seguía
- los once Lusitanos, que es Magricio:
- sus amigos abraza el compañero,
- que al peligro no falta aunque postrero.
-
- »La dama, como vió que era venido
- el que ha de defender su nombre y fama,
- del animal de Heles se ha vestido,
- que más que a la virtud el vulgo lo ama.
- Ya dan señal, y el bélico ruído
- los encendidos pechos tanto inflama,
- que pican y las riendas sueltan luego,
- bajan las lanzas, salta en tierra el fuego.
-
- »El tropel de caballos al encuentro
- retumbar hace el bajo y hueco suelo:
- a nadie el corazón le cabe dentro
- del pecho con temor y con recelo:
- cuál de la silla vuela al hondo centro;
- cuál de tierra la cara vuelve al cielo,
- cuál en rojas las armas tiñe blancas,
- cuál con yelmo y penacho da en las ancas.
-
- »Alguno allí granjea eterno sueño
- que quisiera quizás no granjeallo:
- allí corre un caballo ya sin dueño,
- aquí corre ya un dueño sin caballo:
- ya la soberbia inglesa con desdeño
- de tres o cuatro muertos halla al fallo,
- que al hacer con espada la batalla
- hay más que arnés, escudo, yelmo y malla.
-
- »Gastar palabras en contar extremos
- de golpes fieros, fieras cuchilladas,
- es de los gastadores que sabemos
- de tiempo con las fábulas soñadas:
- basta por fin del caso que entendemos
- que con hazañas grandes señaladas
- los nuestros alcanzaron la victoria
- y las damas quedaron con su gloria.
-
- »El duque recogió los vencedores
- en sus casas con fiestas y alegría:
- cocineros ocupa y cazadores
- de las damas la bella compañía,
- que quieren dar a sus libertadores
- suntuosos banquetes cada día,
- en cuanto los tuviere Inglaterra
- sin dejarlos volver para su tierra.
-
- »Mas dicen que después el gran Magricio,
- deseoso de ver cosas más grandes,
- en la tierra se queda, do un servicio
- a la condesa hizo que es de Flandes
- (que profesando, oh Marte, tu novicio,
- no se acobardará en cuanto le mandes):
- un fiero francés mata que el destino
- de Torcato traía y de Corvino.
-
- »Y de los doce un otro en Alemaña
- se queda, donde tuvo un desafío
- con un falso germano que con maña
- lo pretendió dejar rendido y frío.»
- Contando esto Veloso con gran saña,
- le piden que no haga tal desvío
- del caso de Magricio y su victoria,
- y que del alemán tenga memoria.
-
- Todos del que contaba están colgando,
- y el maestre del aire, tras quien anda,
- el silbo toca a priesa, despertando
- los marinos de una y otra banda;
- y porque el viento viene refrescando,
- los trinquetes de proa coger manda:
- «Alerta, grita, alerta, que recrece
- el viento de la nube que parece.»
-
- No eran los trinquetes aun plegados
- cuando les sobrevino la procela:
- «¡Izad la vela grande, descuidados!»
- «¡Amainad con furor la mayor vela!»
- No esperaron los vientos indignados
- que amainen los que están en centinela:
- mil pedazos la hacen con ruído
- que el mundo pareció ser destruído.
-
- Hiere el cielo con gritos nuestra gente
- con súbito temor desacordada:
- queda la nao sin vela tan pendiente
- que por el bordo al mar le daba entrada.
- «¡Alija, alija, todos prestamente;
- la ropa vaya al mar, no quede nada;
- otros den a la bomba, no cesando;
- abomba, que nos vamos anegando!»
-
- Corrieron los soldados animosos
- a la bomba, y al punto que llegaron
- los vaivenes del mar impetuosos
- al bordo todos juntos los echaron.
- Tres marineros diestros y forzosos
- el timón menear nunca bastaron:
- cuñas le ponen de una y otra parte,
- si aprovechar pudiese esfuerzo y arte.
-
- Nunca fuerza mayor mostrar pudieron
- los vientos, ni más ímpetu furioso,
- cuando por derribar juntos vinieron
- el fuerte de Babel tan suntuoso:
- en los profundos mares que crecieron,
- cual batel que en la mar no halla reposo,
- se muestra la gran nao y mueve espanto
- poderse sustentar en la mar tanto.
-
- La nao grande en que va Paulo de Gama
- por el medio llevaba el mástil roto;
- anegada la gente al cielo clama,
- pidiendo ayuda a Dios con lloro y voto;
- por el aire también voces derrama
- toda la nao de Coello, aunque el piloto
- tuvo al venir del viento tanto tiento
- que primero amainó que diese el viento.
-
- A veces a las nubes los subían
- las olas de Neptuno furibundo;
- a veces los abajan donde veían
- las íntimas entrañas del profundo:
- Noto, Austro, Bóreas, Aquilo querían
- arruïnar la máquina del mundo:
- la noche, triste y negra, relucía
- con rayos en que el cielo todo ardía.
-
- Las alcioneas aves triste canto
- junto a la brava costa levantaron,
- tornando a la memoria el grave llanto
- que las furiosas aguas les causaron;
- los tímidos delfines, entre tanto,
- en las cuevas marítimas se entraron,
- la tempestad huyendo y vientos duros
- que ni al fondón los dejan ser seguros.
-
- Nunca tan vivos rayos fabricara
- contra la gigantea fuerza y gente
- el que de su antenado sublimara
- las armas con el temple reluciente,
- ni nunca el gran Tonante al mundo echara
- tan a menudo el trueno y rayo ardiente
- en el grande diluvio do vivieron
- los que piedras en gente convirtieron.
-
- ¡Cuántos montes entonces derribaron
- las olas que batían denodadas!
- ¡Cuántas viejas encinas arrancaron
- las furias de los vientos indignadas!
- Las forzosas raíces no pensaron
- poderse ver jamás desarraigadas,
- ni las hondas arenas desde el suelo
- llegar con viento y agua hasta el cielo.
-
- Viendo Vasco de Gama que en el puerto
- de su dulce deseo se perdía,
- viendo hasta el infierno el mar abierto
- y que con nueva furia el cielo veía,
- confuso de temor, de vida incierto,
- donde ningún remedio le valía,
- aquel remedio llama santo y fuerte
- que lo imposible puede, de esta suerte:
-
- «¡Divina guarda, amparo y bien del triste,
- que el cielo, mar y tierra señoreas!
- Tú que al triste Israel refugio diste
- en medio de las aguas eritreas,
- Tú que libraste a Pablo y defendiste
- de peligrosas sirtes y ondas feas
- y guardaste con hijos al segundo
- poblador del vacío y yermo mundo:
-
- »Si tengo nuevos miedos peligrosos
- de otra Escila y Caribdis ya pasados,
- otras sirtes, bajíos arenosos,
- otros Acroceraunios infamados,
- ¿al fin de tantos casos trabajosos,
- por qué somos de ti desamparados,
- si este nuestro trabajo no te ofende,
- mas con él tu servicio se pretende?
-
- »¡Oh dichosos aquellos que pudieron,
- entre las gruesas lanzas africanas
- morir, en cuanto fuertes sostuvieron
- la santa fe en las tierras mauritanas,
- de quien hechos ilustres se supieron,
- de quien quedan memorias soberanas,
- de quien se gana vida con perdella,
- siendo la muerte honrosa en honra de ella!»
-
- Diciendo esto, los vientos que luchaban
- como toros indómitos bramando,
- más y más la tormenta acrecentaban
- por la menuda jarcia resonando:
- relámpagos horribles no cesaban,
- fieros truenos que están representando
- el cielo de sus ejes dar en tierra,
- tener los elementos cruda guerra.
-
- Ya la amorosa estrella cintilaba
- delante el claro Sol, puesta al Oriente,
- mensajera del día, y visitaba
- la tierra y largo mar con leda frente,
- y la diosa, que a ella gobernaba,
- a quien el rostro guarda Orión ausente,
- luego que vió en el mar la rota armada,
- de miedo, enojo y rabia fué tocada.
-
- «Estas obras de Baco son por cierto,
- dijo; mas su intención falsa y aleve
- no pasará adelante: descubierto
- me será siempre el mal a que se atreve.»
- Esto diciendo, baja al mar abierto,
- gastando en el camino tiempo breve:
- manda luego a las ninfas amorosas
- coronarse de flores y de rosas.
-
- Manda poner guirnaldas de colores
- sobre cabellos rubios a porfía:
- ¿quién no dirá que nacen rojas flores
- sobre el oro que Arabia fértil cría?
- Ablandar determina por amores
- de vientos la enojada compañía,
- mostrándoles sus ninfas caras, bellas,
- que más hermosas van que las estrellas.
-
- Así fué, porque luego que llegaron
- a ver la vista de ellas, les fallecen
- las fuerzas con que de antes pelearon
- y ya como rendidos le obedecen:
- pies y manos al punto les ligaron
- los cabellos que rayos obscurecen,
- y a Bóreas, que en amor más la quería,
- le dijo la bellísima Oritía:
-
- «No creas, fiero Bóreas, que te creo,
- que me tuviste nunca amor constante:
- la blandura es de amor más cierto arreo,
- y el furor no está bien a firme amante:
- si con freno tu furia no la veo,
- no tienes que esperar de aquí adelante
- que pueda más amarte, mas temerte,
- que amor contigo en miedo se convierte.»
-
- Así mismo la bella Galatea
- decía al fiero Noto; que bien sabe
- haber tiempo que en verla se recrea
- y bien cree que con ella todo acabe:
- no sabe si este bien tan grande crea,
- que en su pecho tal gozo apenas cabe,
- mirando que su dama ya le manda,
- y piensa que hace poco aunque sea blanda.
-
- De esta suerte las otras amansaban
- con palabras sus firmes amadores,
- y a la hermosa Venus se entregaban,
- amansadas sus iras y furores.
- Ella les prometió, viendo que amaban,
- sempiterno favor en sus amores,
- tomándoles a todos homenaje
- de servir a la flota en su viaje.
-
- Daba ya la mañana en los oteros
- por donde el Ganges suena murmurando,
- cuando de la alta gavia marineros
- por la proa van tierra divisando:
- fuera ya de tormenta y mares fieros,
- el temor van del pecho desterrando.
- Grita alegre el piloto melindano:
- «¡De Calicut la tierra está a la mano!
-
- «Si la India buscáis, esta es la tierra
- del Indo verdadero, que aparece:
- aquí vuestro viaje se destierra;
- aquí vuestro trabajo se fenece.»
- El fuerte capitán, en quien se encierra
- el bien y el mal de cuanto allí se ofrece,
- humilde se postró y a Dios adora,
- que a la tierra los trujo de la Aurora.
-
- Mil gracias daba a Dios, con grato pecho,
- que no sólo la tierra le mostraba
- que con tanto temor, tan sin pertrecho,
- con trabajos ha tanto que buscaba;
- mas en salvo lo puso del estrecho
- de la muerte que el mal aparejaba:
- libre se ve del golfo y sobre un leño,
- como quien despertó de un grave sueño.
-
- Por medio de peligros tan pesados,
- de trabajos tan graves y temores,
- alcanzan los que son a fama dados
- los títulos honrosos de señores,
- no estando en nobles troncos recostados,
- sólo con el valor de sus mayores,
- no en los dorados techos, ni con finos
- aforros de Moscovia cebellinos.
-
- No con manjares nuevos y exquisitos,
- no con paseos blandos ocïosos,
- no con varios deleites infinitos
- que afeminan los pechos generosos,
- no con nunca vencer los apetitos
- que la fortuna tiene tan mimosos,
- que no sufre a ninguno dar un paso
- por obra de virtud que no sea escaso.
-
- Mas con ganar con fuerzas de su brazo
- honra que con razón la llame propia,
- poniéndose de acero el fuerte lazo,
- sufriendo mil miserias con inopia,
- venciendo el torpe frío en el regazo
- del Sur, y los calores de Etiopia,
- tragando, aunque corrupto esté, el sustento
- templado con un arduo sufrimiento.
-
- Con mostrar al peligro en el semblante
- una seguridad de pecho entero,
- al pasar la pelota por delante
- llevando pierna o brazo al compañero:
- esto hará que el pecho se levante
- despreciando las honras y dinero,
- las honras y dinero que ventura
- forjó, no la virtud, que es justa y dura.
-
- De esta arte quedará el entendimiento
- con experiencias hecho reposado,
- viendo, cual atalaya, de alto asiento
- el bajo trato humano mal trabado:
- este tal, donde hubiere regimiento
- derecho, y no de afectos ocupado,
- subirá como debe a tener mando
- contra su voluntad, y no rogando.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO SÉPTIMO
-
-
- YA se veían llegados a la tierra,
- tan deseada, de la clara Aurora,
- que entre las aguas Índicas se encierra
- y Ganges, que en celeste suelo mora.
- Ora, sus, gente fuerte, que en la guerra
- queréis llevar la palma vencedora:
- ya sois llegados, ya tenéis delante
- la tierra de oro y piedras abundante.
-
- ¡Oh vosotros, del Luso estirpe clara,
- que tan pequeña parte sois del mundo,
- del mundo, mas ¿qué digo?, de la rara
- partícula que cerca el mar profundo!
- Vos a quien ni la muerte sujetara,
- ni estorbó a conquistar el pueblo inmundo
- la ambición, ni codicia, ni obediencia,
- a la que está en el cielo por esencia:
-
- Portugueses, tan pocos como fuertes,
- que al flaco poder vuestro no mirando,
- a costa vais de vuestras tristes muertes
- la ley de vida eterna dilatando:
- echadas son del cielo ya las suertes,
- que por más que os veáis ir apocando,
- por vos se ensalzará la ley más alta,
- que Cristo a la humildad pequeña exalta.
-
- Ved de Alemania el pérfido ganado,
- que por tan largos campos se apacienta,
- del sucesor de Pedro rebelado,
- nuevo pastor y secta nueva inventa.
- Miradlo en fieras guerras ocupado,
- que aun con el ciego error no se contenta,
- no contra el soberbísimo otomano,
- mas por salir del yugo soberano.
-
- Ved el falsario inglés, que se intitula
- rey de Jerusalén, ciudad sagrada
- que el turco feroz tiene, abate, anula,
- y él conserva la honra no ganada:
- mirad cómo a su carne blanda adula,
- que nueva cristiandad tiene inventada,
- su espada contra el Papa descargando,
- no contra quien tiene su tierra en mando.
-
- En tanto un falso rey le tiene en guarda
- la Jerusalén clara de este suelo,
- en cuanto la ley santa el rey no guarda
- de la Jerusalén sacra del cielo.
- Pues a ti, Galo indigno, ¿qué te aguarda?
- Que el nombre cristianísimo y el celo
- tomaste, no en defensa ni a guardarlo,
- mas para ser ayuda al derribarlo.
-
-[Ilustración: Gerard, dibujó
-
-Foschi, sc.
-
- Un regidor del reino al puerto estaba,
- que en su lengua se llama Catual,
- rodeado de Naires, que esperaba
- con desusada fiesta al general.
-
- _Canto VII, Estr. 44._
-]
-
- ¿Sientes tener derecho en señoríos
- ajenos, siendo el tuyo largo y tanto,
- y no contra Cinifio y Nilo, ríos
- enemigos del nombre antiguo santo?
- Allí se han de probar la espada y bríos
- en quien de nuestra Iglesia abate el canto:
- de Carlos, de Luis el nombre y tierra
- heredas, no las causas de la guerra.
-
- Pues ¿qué diré de aquellos que en regalos
- que el ocio vil al mundo trae consigo,
- tan sin sentido cual Sardanapalos,
- viven sin el temor de haber castigo,
- sin saber que es contrario Dios de malos,
- sin ver que el pueblo fuerte es su enemigo?;
- contigo hablo, Italia, zambullida
- en vicios mil, de ti propia homicida.
-
- ¡Oh, míseros cristianos! ¿Por ventura
- sois de Cadmo los dientes esparcidos,
- que os dais unos a otros muerte dura,
- siendo todos de un vientre producidos?
- ¿No miráis la divina Sepultura
- poseída de perros, que así unidos
- os vienen a tomar aún vuestra tierra
- haciéndose famosos en la guerra?
-
- Ved que tienen por uso y por decreto,
- del cual son muy enteros observantes,
- ajuntar el ejército inquieto
- contra pueblos que son de Cristo amantes;
- y entre vosotros nunca deja Aleto
- de sembrar las cizañas repugnantes:
- sed de vuestros peligros los testigos,
- que ellos y vos os sois los enemigos.
-
- Si codicia de grandes señoríos
- os mueve a conquistar tierras ajenas,
- ved que Pactolo y Hermo, claros ríos
- ambos llevan doradas las arenas:
- los asirios no están de oro vacíos,
- África esconde en sí lucientes venas:
- muévaos a pelear riqueza tanta,
- pues no os puede mover la Casa santa.
-
- Aquellas invenciones fieras, nuevas,
- de instrumentos de fuerte artillería,
- debían de hacer sus duras pruebas
- en muros de Bizancio y de Turquía:
- haced que vuelva a las silvestres cuevas
- de Caspios montes y de Escitia fría,
- la turquesa nación, que multiplica
- con despojos de nuestra Europa rica.
-
- Griegos, traces, armenios, georgianos,
- gritos os dan que aqueste pueblo bruto
- sus hijuelos obliga a los profanos
- preceptos de Mahoma (¡cruel tributo!):
- en castigar los pechos inhumanos
- os gloriad de un pecho fuerte astuto,
- y no queráis loores arrogantes
- en ser contra los vuestros muy pujantes.
-
- Mas en tanto que ciegos y sedientos
- andáis de vuestra sangre, gente insana,
- no faltarán cristianos ardimientos
- en esta poca gente Lusitana:
- en África ya tiene sus asientos,
- en Asia es más que todos soberana,
- y ya en el Nuevo Mundo campos ara,
- y si más mundo hubiera, allá llegara.
-
- Y veamos en tanto qué acontece
- a aquellos tan famosos navegantes,
- después que el blando amor les enflaquece
- las fuerzas a los vientos repugnantes;
- ya que en la larga tierra se aparece
- el fin de sus porfías tan constantes,
- donde van a sembrar la ley del cielo
- por coger santo fruto al nuevo suelo.
-
- Como a la nueva tierra se llegaron,
- en batelillos vieron pescadores
- que el camino derecho les mostraron
- de Calicut, donde eran moradores:
- allá luego las proas inclinaron,
- que era aquesta ciudad de las mejores
- del Malabar, do siempre residía
- el rey que aquesta tierra poseía.
-
- Entre el Indo y el Gange está una tierra
- con un asiento grande asaz hermoso
- que por la parte de Austro el mar la cierra,
- por la del Norte Emodio cavernoso:
- varios reyes le dió la varia guerra
- con leyes varias; unos al vicioso
- Mahoma, otros los ídolos adoran,
- cual los brutos que están y entre ellos moran.
-
- Allá en el grande monte que, cortando
- tan larga tierra, toda el Asia corta,
- que nombres tan diversos va tomando
- según diversas partes donde aporta,
- las fuentes nacen de do están manando
- los ríos, cuya madre queda absorta
- en el Índico mar, cercando el peso
- de la tierra, haciendo el Quersoneso.
-
- Entre el un río y el otro está, cual lazo
- saliendo de la tierra, una gran punta
- casi piramidal, que en el regazo
- del mar con Ceilán ínsula se junta;
- y cerca de do nace el largo brazo
- gangético, el rumor antiguo apunta
- a decir que de aquí los moradores
- del olor se mantienen de las flores.
-
- Mas ahora de nombres y de usanza
- nuevos y varios son los habitantes:
- los Delis, los Patanes, que en pujanza
- de tierra y gente son más abundantes;
- Decamis, Oriás, que la esperanza
- tienen de su remedio en las sonantes
- aguas de Gange, y tierra de Bengala,
- fértil de suerte que otra no la iguala.
-
- El reino de Cambaya belicoso
- (dicen que fué de Poro, rey potente);
- el reino de Narsinga, poderoso
- más de oro y piedras que de fuerte gente:
- divísase de aquí del mar undoso
- un monte alto que corre largamente,
- sirviendo al Malabar de fuerte muro
- con que del Canará vive seguro.
-
- Los naturales llaman a éste Gate,
- del pie del cual en cantidad pequeña
- sale una estrecha falda, donde bate
- la furia de la mar que la desdeña:
- aquí de otras ciudades, sin debate,
- Calicut sola hace la reseña
- de cabeza de imperio, rica y bella:
- Samorín se intitula el señor de ella.
-
- Pues siendo nuestra flota aquí llegada,
- por tierra un portugués al rey se parte,
- del capitán llevándole embajada
- y pidiendo licencia, de su parte,
- para saltar en tierra. Y la no usada
- color, el gesto extraño y no vista arte
- del mensajero, que entra por el río,
- a verle junta luego un gran gentío.
-
- Entre la que a mirarle concurría,
- se llega un mahometa, que nacido
- fuera en la calurosa Berbería,
- donde Anteón por rey fué obedecido:
- o por la vecindad quizás tenía
- el reino Lusitano conocido,
- o fué ya señalado de su hierro
- y fortuna lo trajo a tal destierro.
-
- En viendo el mensajero, con jocundo
- rostro, como quien sabe lengua hispana,
- le dice: «¿Quién te trujo al nuevo mundo,
- tan lejos de tu patria Lusitana?»
- «Abriendo, le responde, el mar profundo,
- por donde nunca vino gente humana,
- venimos a buscar la gran corriente
- del Indo, do la ley de Dios se aumente.»
-
- Espantado quedó del gran viaje
- el moro, que Monzaide se llamaba,
- oyendo los trabajos que al pasaje
- del mar el Lusitano le contaba;
- mas viendo que la fuerza del mensaje
- sólo al rey de la tierra le tocaba,
- le dijo cómo el rey no está en palacio,
- pero la tierra adentro breve espacio.
-
- Y en tanto que la nueva le llegase
- de su venida extraña, si quería,
- en su pobre casilla reposase
- y el manjar de la tierra probaría;
- que después que algún rato descansase,
- con él para la flota volvería,
- pues que gozo no puede ser tamaño
- como ver un vecino en reino extraño.
-
- El Portugués recibe muy de gana
- lo que Monzaide moro da y ofrece;
- la voluntad conoce limpia y sana,
- y con él bebe y come y le obedece:
- a la armada tornaban Lusitana,
- donde el moro regalan cual merece:
- en torno lo cercaba nuestra gente
- y con amor lo trata blandamente.
-
- El capitán lo abraza muy gozoso,
- viendo que el español nuestro hablaba,
- y de saber del reino codicioso,
- mil cosas todas juntas preguntaba.
- Cual el bosque de Ródope frondoso
- en uno tras el canto se juntaba
- cuando tocaba Orfeo la lira de oro,
- tal se junta la gente oyendo el moro.
-
- «¡Oh gente, el moro dice, a quien Natura
- vecina hizo de mi patrio asiento!
- ¿Qué destino tan grande, o qué ventura,
- os dió a tan alta empresa atrevimiento?
- No es causa oculta, no, o razón obscura,
- que del Tajo y el Miño os traiga el viento,
- por mares nunca de otro leño arados,
- a reinos tan remotos y apartados.
-
- »Por cierto Dios os trae, que aquí pretende
- ser por vos conocido y adorado:
- por eso solo os guía y os defiende
- de peligros del mar y viento airado.
- Sabed que esta es la India, do se extiende
- diverso pueblo, rico y prosperado,
- de oro luciente, fina pedrería,
- olor suave, ardiente especería.
-
- »Esta provincia, cuyo puerto ahora
- habéis tomado, Malabar se llama:
- los ídolos con culto antiguo adora
- que acá por estas partes se derrama:
- es de diversos reyes, mas señora
- con uno solo fué, según es fama:
- Saramá Perimal fué el rey postrero
- que gozó de este reino solo entero.
-
- »Y como por el trato aquí viniesen
- de allá del seno Arábigo otras gentes
- que el culto mahomético trujesen,
- en el cual me criaron mis parientes,
- sucedió que al gran rey lo convirtiesen
- predicándole sabios y elocuentes:
- él recibió la ley con fervor tanto,
- que en ella presupuso morir santo.
-
- »Armó una fuerte flota, do el famoso
- metió mercaduría la más rica,
- para luego hacerse religioso
- del Profeta que aquesta ley publica:
- mas, antes de partirse, el poderoso
- reino que deje reyes le suplica:
- él, sin hijos, lo parte a sus privados,
- haciéndolos de pobres prosperados.
-
- »A cuál Cochín, a cuál Cananor parte,
- a cuál Calé, a cuál la isla de Pimienta;
- cuál Coulán, Cranganor cuál lleva en parte,
- dando más al que más sirve y contenta.
- De uno se le olvidó cuando reparte,
- que por amor merece mayor renta:
- a éste a Calicut sola le aplica,
- ciudad por trato noble, grande y rica.
-
- »Esta le da, con título excelente
- de emperador, que sobre todos mande,
- y hecha la partija, diligente
- se parte do con lloro el cielo ablande:
- de aquí se les quedó el nombre potente
- Samorín, más que todos digno y grande,
- al mozo y descendientes, de do viene
- este que aqueste imperio manda y tiene.
-
- »La ley de aquesta gente en todo estado
- de fábulas compuesta se imagina:
- desnudos andan, y un paño fajado
- en partes que a cubrir Natura inclina:
- dos modos hay de gente; el uno, honrado,
- de Naires; otro es chusma menos dina:
- Poleas es un nombre, a quien obliga
- la ley a no mezclar su casta antiga.
-
- »Y así los que usan siempre un mismo oficio
- no pueden recibir de otro mujeres,
- ni los hijos tener otro ejercicio
- sino el que el padre tuvo, o más poderes:
- para los Naires es muy grande vicio
- mezclarse con aquéstos por haberes,
- y si a alguno le toca por ventura,
- con ceremonias mil de ello se apura.
-
- »Como el pueblo judaico no tocaba
- por precepto la gente de Samaria,
- así Naire y Polea no se mezclaba,
- conservando en lo más su usanza varia:
- a los Naires la guerra se dejaba:
- de la parte defienden que es contraria
- a su rey con la mano siempre usada,
- la izquierda, adarga; la derecha, espada.
-
- »Bramines son sus santos religiosos,
- nombre antiguo de grande preeminencia:
- observan los preceptos rigurosos
- del que primero dió nombre a la ciencia:
- no matan cosa viva, y temerosos
- en comer carne, guardan abstinencia,
- y sólo en el venéreo ayuntamiento
- hay más licencia, menos regimiento.
-
- »Común es la mujer, y solamente
- son, para el engendrar, de sus maridos:
- ¡dichosa condición, dichosa gente,
- que nunca son de celos combatidos!
- Estos diversos usos variamente
- son por los malabares admitidos:
- la tierra es gruesa en trato en todo estilo
- de lo que lleva el mar de China al Nilo.»
-
- Esto contaba el moro, mas vagueando
- por la ciudad andaba ya la fama
- de esta nueva venida y gente, cuando
- el rey manda llamar al fuerte Gama:
- ya vienen por las calles caminando,
- con multitud que a verlos se derrama,
- aquellos que buscar el rey mandara
- al capitán que al puerto se llegara.
-
- Mas él, que ya del rey tiene licencia
- para desembarcar, acompañado
- de nobles Portugueses de presencia,
- parte, de ricos paños adornado:
- de colores la bella diferencia
- la vista alegra al pueblo alborotado:
- corta el ligero remo, sin desvío,
- primero el mar, después el fresco río.
-
- Un regidor del reino al puerto estaba,
- que en su lengua se llama Catual,
- rodeado de Naires, que esperaba
- con desusada fiesta al general:
- en llegando a la tierra lo llevaba
- un lecho muy labrado de nogal,
- que el principal aquí es ya muy usado
- en hombros de los hombres ser llevado.
-
- De esta arte el malabar, de esta arte el Luso
- caminan para donde el rey espera:
- los demás Portugueses van al uso
- que infantería sigue o escuadra fiera:
- el pueblo que concurre va confuso
- de ver la gente extraña, y bien quisiera
- preguntar; mas en tiempo ya pasado
- en la Babel confusa fué vedado.
-
- El Gama y Catual se iban hablando
- en lo que la ocasión les ofrecía:
- entre ellos va Monzaide interpretando
- las palabras que de ambos entendía:
- por medio la ciudad van caminando,
- a do una rica fábrica se veía
- de un suntuoso templo; ya llegaban,
- por las puertas del cual juntos entraban.
-
- Allí están de sus dioses las figuras
- esculpidas en palo y piedra fría,
- varios de gesta, varios de pinturas,
- en formas que el demonio aparecía:
- vense las detestables esculturas
- cual la Quimera en miembros se varía:
- los ojos, a mirar su Dios usados
- en forma humana, están maravillados.
-
- Cuernos tiene en la frente uno esculpidos,
- cual Júpiter Amón en Libia estaba;
- otro en el cuello rostros tiene unidos,
- como el antiguo Jano se pintaba;
- otro, con muchos brazos divididos,
- a Briareo parece que imitaba;
- otro, frente canina, ladradora,
- cual Anubis menfítico, se adora.
-
- Aquí la gente bárbara con brío
- hace la adoración supersticiosa,
- y derechos se parten sin desvío
- al palacio do el rey está y reposa:
- creciendo más y más viene el gentío
- a ver aquesta gente belicosa:
- están por los tejados y ventanas
- viejos, mozos, doncellas muy galanas.
-
- Ya llegan cerca, y, no con pasos lentos,
- de los frescos jardines olorosos,
- que en sí esconden los regios aposentos,
- altos de torres no, mas suntuosos:
- edifican los nobles sus asientos
- entre bosques, con flores, deleitosos,
- y así viven los reyes de esta gente
- en la ciudad y campo juntamente.
-
- Muéstrase en los portales la destreza
- de Dédalo, el ingenio, ciencia y arte,
- mostrando con figuras la nobleza
- del Indo muy distinto parte a parte:
- matizadas están con tal viveza
- las historias que en ellos él reparte,
- que el que noticia tiene acaso entera,
- por la sombra ve allí la verdadera.
-
- Estaba un grande ejército que pisa
- la fértil tierra que el Idaspe lava:
- rígelo un capitán de frente lisa,
- que con floridos tirsos peleaba:
- por él edificada estaba Nisa
- en riberas del río que manaba,
- tan propio que, si Sémele lo viera,
- al pronto ser su hijo conociera.
-
- Adelante bebiendo seca el río
- muy grande multitud de asiria gente,
- sujeta al femenino señorío
- de una tan bella como incontinente:
- allí tiene a su lado nunca frío
- esculpido el feroz jinete ardiente
- con quien tendría el hijo competencia.
- ¡Amor nefando, bruta incontinencia!
-
- De aquí más apartadas volteaban
- las banderas de Grecia glorïosas
- tercera monarquía, y sojuzgaban
- aun las aguas gangéticas undosas:
- de un capitán mancebo se guiaban,
- de palmas rodeado valerosas,
- que ya no de Filipo, mas sin falta
- de progenie de Júpiter se exalta.
-
- Estando todos viendo estas memorias,
- al capitán el regidor decía:
- «Otro tiempo vendrá que con victorias
- estas que veis ahora desharía:
- aquí se escribirán nuevas historias
- por extranjera gente que vendría:
- que nuestros sabios magos lo alcanzaron
- cuando el tiempo futuro profetaron.
-
- »Mas nos dijo la mágica cïencia
- que para declinar fuerza tamaña
- no valdrá de los hombres resistencia,
- que contra Dios no vale industria o maña;
- mas dice que la bélica excelencia,
- en guerra y paz, de aquesta gente extraña
- será tal, que será en el mundo oído
- el vencedor, por gloria del vencido.»
-
- Así hablando, entraban por la sala
- donde el emperador grande reposa
- en una rica cama, a quien no iguala
- en precio ni labor la más costosa:
- el recostado bulto en sí señala
- una majestad sacra poderosa:
- un paño de oro viste, y la cabeza
- con rubíes y diamantes la adereza.
-
- Bien junto de él un viejo está presente,
- de rodillas, que da de cuando en cuando
- la verde hoja de la hierba ardiente
- que el rey la está en la boca destilando:
- un bramino, persona preeminente,
- para el Gama se va con paso blando,
- porque por él al rey sea presentado,
- que ante sí le mandó fuese sentado.
-
- Llegado el Gama junto al rico lecho,
- apartados los suyos, con cuidado
- miraba Samorín de trecho a trecho
- la color, traje y gesto denodado:
- arrancando la voz de un sabio pecho,
- con grande autoridad muy sosegado,
- delante el rey, delante el pueblo todo,
- el capitán comienza de este modo:
-
- «Un grande rey de aquellas partes donde
- el primer móvil con perpetua rueda
- de la tierra con tierra el Sol esconde,
- dejando en triste noche la antes leda,
- oyendo el gran rumor que allá responde
- de tu ser y valor, y cuánto pueda
- sobre el Indo y el Ganges tu grandeza,
- amistad te demanda con firmeza.
-
- »Por rodeos muy largos hoy me manda
- que te haga saber que sólo un hilo
- de lo que hay en el mar y en tierras anda
- no le falta del Tajo hasta el Nilo:
- desde la fría playa de Zelanda
- hasta la donde el Sol no muda estilo
- en días, sobre gente de Etiopia,
- todo lo hay en su reino con gran copia.
-
- »Y si quieres con pactos y conciertos
- de paz y de amistad sincera y pura
- comercio consentir en estos puertos
- de las ricas haciendas que él procura,
- tus rentas crecerán, y más despiertos
- los nuestros, probarán en mar ventura,
- y en ambos se verá generalmente,
- provecho en ti y en él gloria excelente.
-
- »Y siendo así que el nudo firme y fuerte
- entre los dos atado permanezca,
- estará pronto a toda adversa suerte
- que a tu reino por guerra se le ofrezca:
- con gente, armas y naos hasta la muerte
- no sufrirá que ayuda te fallezca,
- y de tu voluntad sobre esto puesta
- te demando, señor, cierta respuesta.»
-
- Con esto el capitán dió su embajada,
- a quien el rey con gracia respondía
- que de la nueva gente que es llegada
- su puerto y reino gloria recibía;
- mas la resolución que es demandada
- con los de su consejo la vería,
- informándose cierto de quién era
- el rey, la gente y tierra que dijera.
-
- Y que en tanto podía del trabajo
- pasado descansar, que en tiempo breve
- él daría al negocio corte y tajo
- con que a su rey respuesta alegre lleve:
- en esto trae la noche el dulce atajo
- del humano cansancio, porque cebe
- con el sueño los miembros trabajados,
- ocupando los ojos desvelados.
-
- Con los suyos se hospeda juntamente
- el Gama en el florido retraimiento
- del noble regidor de la india gente,
- con fiestas y con gran contentamiento.
- El Catual, muy pronto y diligente,
- de su rey tiene ya por regimiento
- saber aquesta gente de dó viene,
- qué costumbres, qué ley, qué tierra tiene.
-
- Y al punto que los carros del hermoso
- Delio parecen que la luz renueva,
- envía por Monzaide, deseoso
- de informarse de aquesta gente nueva:
- al moro le pregunta muy mañoso
- si de éstos tiene hecha alguna prueba
- para saber quién son, que él adivina
- que es gente de su tierra muy vecina.
-
- Que particularmente allí le diese
- información muy larga, pues hacía
- servicio en esto al rey, porque supiese
- lo que en este negocio se haría.
- Monzaide le responde: «Aunque quisiese
- decirte de ellos más, yo no sabría:
- sólo sé que son gente de la España,
- donde el Sol en el mar se esconde y baña.
-
- »Tienen ley de un Profeta que engendrado
- fué sin dar a su Madre detrimento
- y por divino Hijo está probado
- de Dios, cuyo es el cielo y regimiento;
- mas lo que entre nosotros es vulgado
- de ellos es su valor sanguinolento
- en guerra en que su brazo resplandece,
- lo que en nuestros pasados se parece.
-
- »Porque ellos con virtud que es sobrehumana
- los campos les quitaron abundosos
- del rico Tajo y fresco Guadiana
- con hechos memorables y famosos:
- no contentos con esto, en la africana
- parte, cortando mares procelosos,
- no nos quieren dejar vivir seguros
- ganando las ciudades y altos muros.
-
-[Ilustración: Kostka, pintó
-
-A. Schulthei’s
-
- Por lo que ve pregunta; mas el Gama
- le rogaba primero que se asiente
- y aquel sumo deleite que tanto ama
- la secta epicurea experimente.
-
- _Canto VII, Estr. 75._
-]
-
- »No menos han mostrado esfuerzo y maña
- en cualquier otra guerra que han tenido,
- o con gentes guerreras de su España,
- o con las que de Francia han descendido:
- así que nunca, en fin, con lanza extraña
- se encontró, do victorias no haya habido,
- y no se halla, no, ningún Marcelo
- para estos Aníbales en el suelo.
-
- »Y si esta información no fuere entera
- cuanto conviene, de ellos tú pretende
- informarte, que es gente verdadera
- a quien la falsedad pequeña ofende.
- Ve su flota, sus armas, su manera,
- su fundido metal, de do se entiende
- su valor, su denuedo y policía
- en guerra, en paz, en juegos y en porfía.»
-
- Ya con deseos Catual ardía
- de ver esto que el moro le contaba:
- manda equipar bateles, que quería
- ver la flota do el Luso navegaba:
- ambos van de la playa, a quien seguía
- la Neira gente que la mar cuajaba:
- la capitana suben, fuerte y bella,
- do Paulo los recibe al bordo de ella.
-
- Rojos eran los toldos, las banderas
- de seda fina que el gusano cría;
- pintadas campeaban las guerreras
- obras que el brazo fuerte hecho había:
- las campales batallas ventureras,
- las guerras de la ardiente Berbería,
- lo cual, como al gentil se representa,
- en ello vista y ojos apacienta.
-
- Por lo que ve pregunta; mas el Gama
- le rogaba primero que se asiente
- y aquel sumo deleite que tanto ama
- la secta epicurea experimente:
- de vasos espumantes se derrama
- el licor que Noé mostró a la gente;
- mas el gentil probar nada pretende,
- que la secta que sigue lo defiende.
-
- La trompeta que en paz al pensamiento
- le muestra guerra, mueve a los millares
- pintados, y el diabólico instrumento
- en el fondón resuena de los mares.
- Todo lo ve el gentil, y el fijo intento
- tiene siempre en los hechos singulares
- de los que en el retrato puestos veía
- con descripción de muda poesía.
-
- Álzase en pie, con él los Gamas junto,
- y de otra parte Coello, el mauritano,
- por ser mejor un bélico trasunto
- de un viejo de un aspecto soberano,
- cuyo nombre no puede ser difunto
- en cuanto el mundo viere trato humano:
- la ropa está a la usanza griega hecha,
- un ramo por insignia en la derecha.
-
- Con un ramo en la mano. Mas, oh ciego,
- ¿qué es lo que emprendo, insano y temerario,
- sin vos, ninfas del Tajo y del Mondego,
- por camino tan arduo, largo y vario?
- Vuestro favor invoco, que navego
- por alto mar con viento tan contrario,
- que, si no me ayudáis, tengo recelo
- que mi flaco batel aniegue el cielo.
-
- Mirad que ha tanto tiempo que, cantando
- el vuestro Tajo y vuestros Lusitanos,
- la fortuna me trae peregrinando,
- nuevos trabajos viendo entre paganos;
- ahora el mar, ahora exprimentando
- los peligros mavorcios inhumanos,
- cual Cánace, a la muerte condenada,
- la pluma en una mano, en otra espada.
-
- Ahora con pobreza aborrecida,
- por hospicios ajenos desterrado,
- de la esperanza ahora ya adquirida
- de nuevo más que nunca derribado,
- escapando en las costas ya la vida
- que de un hilo colgaba muy delgado,
- que no menos milagro fué salvarse
- que para el rey judío acrecentarse.
-
- Y sobre todo, ninfas, no bastaba
- que tan grandes miserias me cercasen,
- sino que los que yo cantando andaba
- tal premio de mis versos me pagasen:
- en cambio del descanso que esperaba,
- que con ricas guirnaldas me adornasen,
- trabajos nunca usados me inventaron,
- con que en tan duro estado me dejaron.
-
- ¡Ved, Tagides, qué ingenios de señores
- el vuestro Tajo cría valerosos,
- que así precian y pagan con favores
- al que en rima los hace gloriosos!
- ¡Qué ejemplo a los futuros escritores
- para avivar ingenios curiosos,
- para poner las cosas en memoria
- que merezcan tener eterna gloria!
-
- Pues luego en tantos males es forzado
- que vuestro favor sólo no fallezca,
- principalmente aquí que soy llegado
- donde diversos hechos engrandezca:
- vuestra ayuda me dad, pues he jurado
- de no emplearla en quien no la merezca,
- ni alabar por lisonja algún subido,
- so pena de no ser agradecido.
-
- No creáis que daré a ninguno fama
- de los que el bien común y rey pospone
- a su propio interese, con que infama
- la ley que Dios y el rey al reino pone:
- codicioso ninguno no me llama
- por más que con sus cargos se me entone,
- por poder con sus torpes ejercicios
- usar más largamente de sus vicios.
-
- Ni el que de su poder usa bastante
- para servir mejor a su deseo,
- y que por complacer al vulgo errante
- se muda en más figuras que Proteo;
- ni tampoco temáis que aquel yo cante,
- que con hábito honesto y grave veo,
- por contentar al rey con nuevo oficio,
- robar, sacar al pueblo de su quicio.
-
- Ni al que halla que es justo, que es derecho
- que se guarde la ley severamente,
- y no halla ser justo y ser provecho
- pagarle su trabajo al que es sirviente;
- y el que siempre con poco experto pecho
- quiere venderse al pueblo por prudente,
- tasando con su mano, torpe, escasa,
- los trabajos ajenos que él no pasa.
-
- Aquellos cantaré que aventuraron
- por su Dios y su rey la amada vida,
- do perdiéndola, en fama la ganaron,
- con gloria de sus obras merecida.
- Apolo y Musas que me acompañaron
- me doblarán la furia concedida
- en cuanto tomo aliento, descansado,
- por tornar al trabajo más holgado.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO OCTAVO
-
-
- EN aquella figura se detiene
- el Catual, al vivo dibujada,
- que en la mano en divisa el ramo tiene,
- con barba blanca, larga y bien peinada:
- quién era, y por qué causa le conviene
- el ramo, preguntó; mas fuéle dada
- por Paulo la respuesta muy discreta,
- que el arábigo sabio la interpreta.
-
- «Estas figuras todas que parecen
- en vista bravas fieras, en aspectos
- más bravas y más fieras, resplandecen
- con fama de sus ínclitos efectos:
- antiguos son, mas nunca desfallecen
- sus nombres entre ingenios más perfectos:
- aqueste viejo es Luso, por quien fama
- a nuestra tierra Lusitania llama.
-
- »Fué hijo o compañero del Tebano
- que el mundo conquistó con maña y arte,
- y viniendo a parar al nido hispano,
- siguiendo su conquista y duro Marte,
- viendo el campo con Duero tan ufano,
- llamado Elisio, quiso en esta parte
- dar sepulcro a sus huesos tan cansados,
- y que los nuestros fuesen de él llamados.
-
- »El ramo que le ves para divisa,
- el verde tirso, fué de Baco usado,
- el cual a nuestra edad muestra y avisa
- que o fué su compañero, o hijo amado.
- ¿Esotro que de Tajo el campo pisa,
- después de haber el largo mar pasado,
- y allí muros perpetuos edifica
- y templo a Palas, con memoria rica?
-
- »Ulises es que hizo aquella casa,
- a la que le otorgó lengua fecunda,
- que si en Asia la Troya insigne abrasa,
- en Europa la gran Lisboa funda.»
- «¿Quién será estotro acá, que el campo arrasa
- de muertos con presencia furibunda?
- Tiene batallas mil desbaratadas,
- de banderas con águilas pintadas.»
-
- Preguntó Catual. Responde el Gama:
- «Este que ves, pastor fué de ganado,
- Viriato sabemos que se llama,
- más diestro por la lanza que cayado.
- Corrida está de Roma la gran fama
- con este vencedor tan señalado:
- no tuvieron romanos, ni pudieron,
- el primor que con Pirro ya tuvieron.
-
- »No con fuerza, mas maña vergonzosa,
- cortan la vida que a la Roma espanta,
- que en aprieto la gente valerosa
- las leyes del valor pasa y quebranta.
- Otro está aquí que contra su enojosa
- tierra con nuestra gente se levanta:
- escogió bien con quien se levantase
- para que eternamente se ilustrase.
-
- »Ved cómo también vence las banderas
- de esas aves de Júpiter validas,
- que las vieron en breve las guerreras
- gentes, a nuestra gente ser rendidas:
- ve las sutiles artes y maneras
- para adquirir las tierras tan fingidas;
- la fatídica cierva que lo avisa:
- Sertorio es él, y es ella su divisa.
-
- »Mira estotra bandera do estampado
- está el progenitor de los primeros
- reyes, que húngaro hizo el dulce hado
- y Lotaringo hacen extranjeros:
- después de haber los moros sujetado,
- gallegos y leoneses caballeros,
- pasa a la santa Casa el santo Enrique
- porque el tronco real se santifique.»
-
- «Dime, ¿quién es estotro que me espanta,
- pregunta el malabar maravillado,
- que tantos escuadrones, gente tanta,
- con tan poca, la ha roto y destrozado;
- tantos muros aspérrimos quebranta,
- tantas batallas da sin ser cansado,
- tantas coronas tiene en tantas partes
- a sus pies derribadas, y estandartes?»
-
- «El primer rey Alfonso, dijo el Gama,
- que todo Portugal al moro toma,
- por quien juró, y lo cumple bien la fama,
- de más no celebrar hombre de Roma:
- éste es aquel celoso a quien Dios ama,
- con cuyo brazo al moro vence y doma,
- abate de su reino el fuerte muro,
- no reservando nada a lo futuro.
-
- »Si César, si Alejandro rey tuvieran
- tan pequeño poder, tan poca gente,
- contra tantos contrarios cuantos eran
- los que desbarataba este excelente,
- no creáis que sus nombres se supieran
- con gloria, voz y fama tan potente:
- mas sus hechos dejemos no explicables,
- que los de sus vasallos son notables.
-
- »Este que ves mirar con gesto airado
- para el rompido alumno, mal sufrido
- diciéndole que el campo destrozado
- recoja y torne al puesto defendido:
- vuelve el mozo del viejo acompañado,
- que vencedor lo hace de vencido:
- Egas Muñiz se llama el fuerte viejo,
- de vasallos leales claro espejo.
-
- »Veslo acá: con sus hijos va a entregarse,
- la soga al cuello y la espada en la mano,
- porque no quiso el mozo sujetarse
- como él lo aprometiera al castellano:
- con la promesa hizo el cerco alzarse
- que en aprieto tenía al rey Lozano:
- los hijos y mujer lleva a la pena,
- que a todos, por salvar su rey, condena.
-
- »No hizo el cónsul tanto, que cercado
- fué en las horcas caudinas de ignorante,
- cuando pasar por bajo fué forzado
- del samnítico yugo triunfante:
- él solo por su pueblo injuriado,
- a sí se entrega firme y muy constante:
- estotro a sí, mujer, hijos entrega:
- mirad el fiel amor dónde más llega.
-
- »¿Ves este que, dejada la celada,
- da sobre el rey que cerca a Villafuerte,
- al cual ya tiene preso, y descercada
- la villa con un hecho de alta suerte?
- Míralo acá pintado en esta armada
- del mar, dando a los moros cruda muerte,
- ganándoles galeras con la gloria
- de la primer marítima victoria.
-
- »Es don Fuas Ropiño, que en la tierra
- y en el mar resplandece juntamente
- con fuego que encendió en Abila sierra
- en las galeras de la mora gente:
- mira cómo en tan justa y santa guerra
- el morir peleando no lo siente,
- y de entre moras manos vuela el alma
- a los cielos, llevando justa palma.
-
- »¿Ves el ayuntamiento, de extranjero
- traje salir de aquella armada nueva,
- que ayuda a combatir al rey primero,
- a Lisboa haciendo de sí prueba?
- Mira a Enrique, famoso caballero,
- la palma que nació junto a su cueva:
- por ella muestra Dios milagro visto:
- germanos son los mártires de Cristo.
-
- »El sacerdote ve blandir la espada
- contra Arronches, que toma por venganza
- de Leiria, que antes fué tomada
- del que con falsa secta enristra lanza.
- Es el prior Teutonio; mas cercada
- verás a Santarén, y la esperanza
- de gente que en el muro la primera
- levantó de las quinas la bandera.
-
- »Ves acá donde Sancho desbarata
- los moros de Vandalia en dura guerra,
- rompiendo el campo, al diestro alférez mata
- y el pendón sevillano arrastra en tierra:
- Men Moñiz, que el valor en sí retrata,
- que el paterno sepulcro cubre y cierra,
- digno de estas banderas, pues sin falta
- la adversa abate, mas la suya exalta.
-
- »Mira el que va bajando por la lanza
- con las cabezas dos de centinelas,
- do la emboscada esconde, con que alcanza
- la ciudad por sus mañas y cautelas,
- cuya figura con tan gran pujanza
- por armas le sirvió (no de novelas)
- a la ciudad: ¡oh hecho nunca hecho,
- digno del gran Giraldo y de su pecho!
-
- »¿No ves el caballero que agraviado
- del nono Alfonso, siendo a Lara amigo,
- por odio con los moros se ha juntado,
- de Portugal haciéndose enemigo?
- Abrantes gana, yendo acompañado
- de moros que a la guerra trae consigo;
- y cómo un Portugués, con poca gente,
- lo desbarata y prende osadamente.
-
- »Martín López se llama el caballero
- que al castellano causa eterno lloro;
- mas ve un eclesiástico guerrero,
- que trueca en lanza el báculo que es de oro,
- estar entre dudosos más entero,
- no negando batalla al bravo moro;
- qué señal en el cielo le aparece,
- con que a sus pocos la virtud les crece.
-
- »Mira cuál van de Córdoba y Sevilla
- los reyes y otros dos huyendo el lazo,
- rotos, vencidos, muertos: maravilla
- hecha de Dios, que no de humano brazo.
- ¿Alcacere no ves cómo se humilla,
- sin valerle defensa ni embarazo,
- a don Mateo de Lisboa, prelado
- de mitra, mirto y lauro coronado?
-
- »Ve venir de Castilla rica y bella
- el Maestre portugués a la conquista
- de la tierra de Algarbes, sin que en ella
- pueda hallar varón que le resista:
- con maña, esfuerzo y con benigna estrella,
- villas, castillos entra a escala vista:
- ganó a Tavila de sus moradores,
- en venganza de siete cazadores.
-
- »Del moro gana con astucia y saña
- a Silves, que él ganó con fuerza urgente,
- el buen Payo Correa, cuya maña
- y grande esfuerzo envidia mucha gente;
- y no dejes los tres que en Francia, España,
- se hacen conocer públicamente
- en desafíos, justas y torneos,
- dejando en ellas puestos sus trofeos.
-
- »Con títulos venían de ventureros
- a Castilla, do el prez solos llevaron
- en juegos de Belona verdaderos
- que allí por mal de algunos se inventaron:
- ve muertos los soberbios caballeros
- que al mayor de los tres desafiaron:
- Gonzalo de Ribeiro se llamaba,
- a quien la misma muerte respetaba.
-
- »Mira uno que la fama así lo extiende,
- que de ningún pasado se contenta,
- la patria que de un hilo flaco pende
- como sobre sus hombros la sustenta.
- ¿No lo ves enojado, que reprende
- la vil desconfianza, floja y lenta,
- del pueblo a quien sujeta al dulce freno
- de su rey natural, no del ajeno?
-
- »Mira: por su consejo y osadía,
- guiada de la fuerza soberana,
- pudo, lo que imposible parecía,
- vencer la mucha gente castellana:
- veis por su industria, esfuerzo y valentía
- otro estrago y victoria más que humana,
- en gente así feroz como infinita
- que entre el Tarteso y Guadiana habita.
-
- »¿Mas no ves el poder desbaratado
- de nuestra gente por la dura ausencia
- del capitán devoto que apartado
- orando está a la trina y una Esencia?
- Mira cómo de algunos fué hallado,
- que le dicen faltar ya resistencia
- contra tanto poder que se viniese
- y esfuerzo con su vista al pueblo diese.
-
- »Mas mira con qué santa confianza
- que aun no era tiempo de eso respondía,
- como quien tiene en Dios cierta esperanza
- que a su tiempo victoria les daría:
- así Pompilio oyendo la pujanza
- de gente que su tierra le corría,
- a quien la triste nueva le está dando:
- «Pues yo, responde, estoy sacrificando.»
-
- »Si el que con tanto esfuerzo a Dios se atreve
- saber quisieres cuál su nombre sea,
- Portugués capitán llamarse debe,
- aunque de don Nuño Álvarez se arrea:
- gloria la patria con tal hijo lleve,
- mas padre, pues que en cuanto el Sol rodea
- este globo de Ceres y Neptuno
- siempre suspirará por tal aluno.
-
- »Mira qué presas gana en esta guerra
- esotro capitán de poca gente:
- comendadores vence, y les encierra
- el robado ganado osadamente:
- otra vez baña en sangre lanza y tierra
- de éstos, por libertar con pecho ardiente
- un preso amigo; preso, y por leal,
- Pedro Rodríguez es de Landroal.
-
- »Al falsario verás cómo le paga
- el perjurio que hizo y vil engaño:
- Gil Fernández es de Elvas quien lo estraga
- y trujo a pagadero de su daño:
- de Jerez roba el campo y no se apaga
- el fuego con la sangre del rebaño:
- Rui Pereira del rostro hace escudo
- a las galeras y al furor más crudo.
-
- »Mira qué diecisiete lusitanos
- en un monte subidos se defienden
- de más de cuatrocientos castellanos
- que al derredor por los coger se extienden:
- retiráronse presto y no muy sanos,
- que más que se defienden los ofenden,
- digno hecho de ser al mundo eterno,
- grande al antiguo tiempo y al moderno.
-
- »Sábese antiguamente que trescientos
- bien contra mil romanos pelearon,
- en tiempo que el valor y atrevimientos
- de Viriato tanto se ilustraron;
- y de ellos alcanzando vencimientos
- notables, por herencia nos dejaron
- que a los muchos por pocos no temamos,
- lo que después acá siempre probamos.
-
- »Mira a Pedro y Enrique, dos infantes,
- del rey don Juan progenie generosa;
- aquél dejó con hechos muy pujantes
- en Germania su fama milagrosa:
- estotro rompió el mar, do ninguno antes
- llegara con empresa muy famosa:
- a Ceuta hace caer de su esperanza
- abriéndole sus puertas con la lanza.
-
- »¿Ves el conde don Pedro, que sustenta
- dos cercos contra toda Berbería?
- Otro conde allí está, que representa
- a Marte con esfuerzo y osadía:
- de poder defenderse no contenta
- Alcacere de tanta compañía,
- defiende de su rey la cara vida,
- siendo muro la suya hasta perdida.
-
-[Ilustración: F. Gerard, dibujó
-
-Forster, sc.
-
- ¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada,
- con locura tan grande y desmedida,
- que mande acometer con naos y flotas
- tan inciertas provincias y remotas?
-
- _Canto VIII, Estr. 61._
-]
-
- »Otros muchos verías que pintores
- aquí como estos otros pintarían,
- mas fáltales pincel, faltan colores,
- honra, paga, favor que al arte crían:
- culpa de los viciosos sucesores,
- que degeneran siempre y se desvían
- del lustre y del valor de sus pasados,
- en sus gustos y vicios enfrascados.
-
- »Los claros padres que principio dieron
- a la casa que de ellos cuelga y pende,
- por la virtud hazañas mil hicieron
- y por dejar la línea que desciende.
- ¡Ciegos! Que si del hecho que emprendieron
- su ilustre fama y el valor se extiende,
- obscuros dejan siempre a sus menores,
- haciéndolos las gentes más peores.
-
- »Otros hay también grandes y ensalzados
- sin tener tronco o casta de do vengan,
- por culpa de los reyes, que a privados
- dan más que a mil que esfuerzo y saber tengan:
- no querrán ver los suyos dibujados
- éstos, pues no hay colores que convengan:
- aborrecen pincel, dibujo y tabla,
- porque en ella lo muerto al vivo habla.
-
- »No niego haber, con todo, descendientes
- de generoso tronco y casa rica,
- en quien con las empresas excelentes
- la heredada nobleza multiplica.
- Y si en ellos la luz de sus parientes
- con nuevo esfuerzo no se clarifica,
- no falta al menos, ni se hace obscura;
- mas de éstos halla pocos la pintura.»
-
- Así el Gama declara aquellos hechos
- que el pincel representa al ojo y tinta,
- por la artífice mano tan bien hechos,
- que no color, mas vida, da el que pinta.
- Los ojos tiene fijos y derechos
- el Catual en la historia distinta:
- mil veces preguntaba, y mil oía
- las gustosas batallas que allí veía.
-
- Ya la luz se mostraba muy dudosa,
- que la lámpara grande se escondía
- debajo el horizonte, y luminosa
- llevaba a los antípodas el día,
- cuando el gentil y gente generosa
- de Naires de la armada se partía
- a buscar el reposo que descansa
- los lasos miembros en la noche mansa.
-
- En esto los arúspices famosos
- de opinión falsa, que con sacrificios
- previenen a los casos más dudosos
- por señales diabólicas e indicios,
- mandados del rey propio, estudiosos
- ejercitan sus artes y ejercicios
- sobre aquesta venida nueva, extraña,
- de la apartada gente de la España.
-
- El demonio dió señas descubiertas
- de cómo aquesta gente les sería
- perpetuo yugo, y que al abrir las puertas
- el reino se perdía y monarquía:
- uno le lleva al rey las nuevas ciertas,
- según lo que de vuelos entendía,
- descubriendo el peligro que notara
- en las aves que allí desentrañara.
-
- Ajúntase con esto que a un devoto
- alfaquí de la ley de su Mahoma,
- del odio concebido no remoto
- contra la santa fe que su fe doma,
- Baco le apareció con traje ignoto,
- que el hábito de moro y forma toma,
- al tiempo que ya el sueño le adormece,
- y su envidia en el pecho más recrece.
-
- «Guardaos, le dice, gente mía querida,
- del peligro que está casi en la puerta,
- que corta el agua ya a vela tendida,
- por quien vuestra ruina será cierta.»
- Despierta la memoria espavorida
- del sueño que lo tuvo un rato alerta,
- mas creyendo ser sueño y ya pasado,
- a dormir se tornó muy sosegado.
-
- Tornó Baco: «¡Qué es esto! ¿No conoces
- al gran legislador de tus pasados,
- que su ley predicó con grandes voces,
- sin la cual fueran todos bautizados?
- ¿Es justo que yo llore y tú te goces?
- Pues sabe que a tu puerta son llegados
- los que serán al reino extraño daño
- si con tiempo no ve su desengaño.
-
- »Mientras la fuerza es flaca de esta gente,
- ordena cómo el reino les resista,
- porque al salir del sol muy fácilmente
- se puede en él fijar la aguda vista;
- mas cuando está en el medio más ardiente
- no hay vista que se atenga a su conquista:
- así serán aquestos muy felices
- si les dejáis echar hondas raíces.»
-
- Con esto el sueño y él se les despide
- y atónito se queda el agareno:
- deja la cama, lumbre al punto pide,
- obrando por las venas el veneno:
- luego que la tiniebla no lo impide,
- al salir de la luz del sol sereno,
- los de su secta todos ha juntado
- y sueño y sueños cuenta alborotado.
-
- Diversos pareceres y contrarios
- allí se dan, según lo que entendían:
- traiciones varias con engaños varios
- unos inventan, y otros las tejían;
- mas dejando consejos temerarios,
- la muerte de esta gente pretendían
- con mañas más sutiles y mejores,
- sobornando los falsos regidores.
-
- Allegan a su parte, con secretas
- dádivas, a los que eran principales;
- con razones notables y discretas
- alborotan las gentes naturales:
- dicen que estas naciones inquietas,
- de los mares huyendo occidentales,
- viven de solo robo y ladronicio,
- sin ley, sin rey, sin virtud y con vicio.
-
- ¡Oh, cuánto debe el rey que bien gobierna
- ver que sus consejeros y privados
- sean de ciencia y de virtud interna
- y de sincero amor y fe dotados!
- Que como está en la silla más superna,
- mal puede de negocios apartados
- tener noticia cierta, o más entera,
- que la que da la lengua consejera.
-
- Ni me parece justo que el rey tanto
- se pague de conciencia limpia y cierta,
- que ande a buscar el pobre humilde manto
- do la ambición acaso está encubierta:
- que el que está en su rincón con pecho santo,
- en negocios del mundo poco acierta,
- que no puede tener cuenta enlazada
- la conciencia en su Dios siempre ocupada.
-
- Mas aquellos avaros Catuales
- que el gentílico pueblo gobernaban,
- inducidos de gentes infernales,
- el Portugués despacho dilataban,
- mas el Gama, que entiende por señales
- lo que contra él los moros maquinaban,
- una señal pretende llevar cierta
- al rey de aquesta tierra descubierta.
-
- Procura aquesto, porque bien sabía
- que después de llegar con la certeza,
- armas, gentes y naos despacharía
- Manuel a esta tierra con presteza,
- con que a su yugo y ley sujetaría
- de las tierras y mar la amplia grandeza,
- que él es descubridor tan solamente
- de las remotas partes del Oriente.
-
- Hablar al rey gentil se determina,
- porque con su despacho se tornase,
- pues sabe que esta gente cruel, malina,
- le tiene de impedir cuanto intentase:
- el rey, que de la nueva falsa, indina,
- no era de espantar si se espantase,
- crédito y fe les dió a los agoreros,
- siendo en ello los moros los terceros.
-
- Este nuevo temor resfría su pecho,
- aunque por otra parte la codicia
- deshace lo que el miedo tiene hecho,
- y entre dos aguas anda la malicia;
- conoce el interés y gran provecho
- que tendrá si el contrato con justicia
- establece, con tratos limpios, sanos,
- entre él y el fuerte rey de Lusitanos.
-
- Sobre esto en los consejos que tomaba
- había muy contrarios pareceres,
- que en aquellos con quien se aconsejaba
- ejecuta el dinero sus poderes:
- a nuestro capitán llamar mandaba,
- a quien, llegado, dice: «Si quisieres
- confesar con verdad tu yerro y culpa,
- perdón alcanzarás dando disculpa.
-
- »Bien informado soy que la embajada
- que de tu rey me diste era fingida,
- porque ni tienes rey, ni patria amada,
- mas vagabundo pasas triste vida.
- ¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada,
- con locura tan grande y desmedida,
- que mande acometer con naos y flotas
- tan inciertas provincias y remotas?
-
- »Y si de grandes reinos poderosos
- tiene tu rey el mando y suma alteza,
- ¿qué presentes me traes tan costosos
- por do conozca yo su gran riqueza?
- Con preseas y dones suntuosos
- los reyes en su amor ponen firmeza,
- que no es señal ni prenda algo bastante
- la plática de un vago navegante.
-
- »Si venís por ventura desterrados,
- como lo fueron hombres de alta suerte,
- en mi reino seréis bien hospedados,
- que cualquier tierra es patria al varón fuerte;
- y si piratas sois al mar usados,
- decidlo sin temor de infamia o muerte,
- que a la ilustre nobleza la enemiga
- necesidad a más que esto la obliga.»
-
- Dicho esto, el fuerte Gama, que ya tiene
- sospechas del engaño que ordenaba
- el mauritano bando, de do viene
- aquello que tan mal el rey pensaba,
- con alta confianza, cual conviene,
- con que seguro crédito alcanzaba,
- que Venus Acidalia le influía,
- al rey su sano pecho descubría:
-
- «Si el primer yerro que la gran malicia
- humana acometió en la edad primera
- no causara que el vaso de nequicia,
- azote cruel de gente verdadera,
- sembrara una perpetua inimicicia
- en la casta de Adán por pena fiera,
- oh grande rey de aquesta secta mora,
- no hubiera en ti el recelo que ahora mora.
-
- »Mas porque ningún bien grande se alcanza
- sin gran trabajo, y en cualquiera hecho
- va el temor tras los pasos de esperanza
- que vive siempre dentro un mismo pecho,
- me muestras, rey, tan poca confianza,
- de esta verdad poniéndome en estrecho,
- sin ver lo que en contrario hallarías,
- sin creer a quien creer no le debías.
-
- »Si sólo de rapiñas yo viviese,
- si fuera de mi patria desterrado,
- ¿cómo puedes creer que me viniese
- a buscar este asiento acá apartado?
- ¿Por qué esperanzas o por qué interese
- había de cortar el mar airado,
- los antárticos fríos y calores
- que sufren los del Aries moradores?
-
- »Si con grandes presentes de alta estima
- me has crédito de dar a lo que digo,
- yo sólo a buscar vine aqueste clima
- donde el hado te dió reino y abrigo;
- mas si ventura tanto me sublima
- que yo torne a mi patria y nido amigo,
- el presente verás soberbio y rico
- con que mi vuelta aquí te certifico.
-
- »Si te parece no creíble hecho
- que el rey de Hesperia a ti venir me mande,
- al corazón sublime, al fuerte pecho
- el caso que es posible no le es grande:
- si tú estuvieras ya bien satisfecho,
- vieras cómo es razón que el rey demande
- mayor crédito y fe de más alteza
- para poder creer su fortaleza.
-
- »Sabe que ha muchos años que los nuestros
- reyes con gran firmeza propusieron
- de vencer los trabajos y siniestros
- que a las grandes empresas se opusieron,
- y en descubrir los mares siendo diestros,
- con ardiente deseo pretendieron
- saber qué fin tenían, dónde estaban,
- las últimas riberas que lavaban.
-
- »Concepto digno fué del ramo claro
- del venturoso rey que aró primero
- la mar por ir a echar del nido caro
- de Abila al morador que fué postrero:
- aqueste, con su industria e ingenio raro,
- con un madero junta otro madero
- y descubre la parte que está clara
- con la luz de Argos, Hidra, Liebre y Ara.
-
- »De los sucesos prósperos primeros
- nació el osar: con éste descubrieron
- poco a poco caminos extranjeros,
- que yendo unos tras otros prosiguieron.
- Los moradores de África postreros,
- los que las siete llamas nunca vieron,
- fueron vistos de nos, atrás dejando
- cuantos están los Trópicos quemando.
-
- »Así, con firme pecho y con constante
- propósito, vencimos la fortuna,
- hasta que aquí en tu reino tan pujante
- asentamos la última coluna:
- pasando de la mar, loca, inconstante,
- la tempestad mortífera, importuna,
- a ti llegamos, rey: sólo queremos
- señal que a nuestro rey de aquí llevemos.
-
- »Esta es la verdad, rey; que no haría
- por tan incierto bien, tan flaco premio,
- cual, no siendo esto así, esperar podía,
- tan largo, tan fingido y tal proemio:
- mas antes descansar me dejaría
- en el inquieto y sin reposo gremio
- de la ancha Tetis, cual pirata inico
- con ajenos trabajos hecho rico.
-
- »Así que, oh rey, si la verdad propuesta
- la tienes por sincera y no doblada,
- allega brevedad a la respuesta,
- no me agües el placer de la tornada;
- mas si aun te parece que es compuesta,
- ahonda en la razón, que está probada,
- que con claro juício puede verse:
- que la verdad es fácil de entenderse.»
-
- Notando estaba el rey la confianza
- con que el Gama probó lo que decía:
- concibe con su plática esperanza,
- crédito firme a cuanto refería:
- pondera de palabras la pujanza,
- juzga en la autoridad grande valía,
- comienza de tener por engañados
- los Catuales torpes sobornados.
-
- Con esto la codicia del provecho
- que espera del contrato cada año
- hácele obedecer luego de hecho
- al capitán y no al nefando engaño:
- en fin al Gama manda que derecho
- se vuelva al mar, seguro de algún daño,
- y que a la tierra envíe su hacienda
- que por la especería trueque y venda.
-
- Que traiga la hacienda al fin le manda,
- que en los reinos gangéticos no haya,
- si alguna nueva trae de la otra banda
- do se acaba la tierra y entra playa.
- De la presencia parte veneranda,
- demandando batel en que se vaya
- al Catual, a quien incumbe el cargo,
- que los suyos están muy a lo largo.
-
- Pide la embarcación con que se vuelva;
- mas el mal regidor, que nuevos lazos
- armaba, no hay remedio se resuelva,
- interponiendo excusas y embarazos:
- desea que con alguien se revuelva
- y al mar lo lleva, no en servirles brazos,
- mas a pie, do ejecute su malicia,
- sin que el rey pueda de ello haber noticia.
-
- Lejos de allí le dijo que él daría
- embarcación bastante en que se fuese,
- o que para la luz de esotro día
- su partida algún tanto difiriese:
- ya de aquestas tardanzas colegía
- el Gama lo que aqueste pretendiese,
- que en la traición entraba torpe y fiera
- lo que de él hasta allí nunca creyera.
-
- Era este Catual de los que estaban
- sobornados de aquella perra gente,
- el principal por quien se gobernaban
- las ciudades del Samorín potente:
- de este solo los moros esperaban
- efecto a sus engaños torpemente,
- y el que en este concierto vil conspira
- de su falsa esperanza no delira.
-
- El Gama con instancia le requiere
- que le haga llevar luego a su armada,
- y que así lo mandara, le refiere,
- a quien está la tierra sujetada.
- ¿Por qué razón le impide y le difiere
- ser la hacienda allí desembarcada?
- Pues lo que ya los reyes han mandado,
- no puede ser por otros derogado.
-
- No cura el Catual, ciego y corruto,
- de las palabras, antes revolviendo
- dentro en su fantasía algún astuto
- engaño con ardid fiero, estupendo,
- de cómo bañar pueda el hierro bruto
- en la inocente sangre, o deje ardiendo
- la flota con tal fuego que acabase
- porque ningún soldado se escapase.
-
- Que no se salve nao de éstas pretende
- el consejo infiel de mahometanos,
- porque no sepa nunca dó se extiende
- la tierra Eoa el rey de Lusitanos.
- No se va el Gama, en fin, que lo defiende
- el regidor de bárbaros profanos;
- ni sin su permisión irse podía,
- que las embarcaciones le impedía.
-
- A las voces del Gama detenido
- el Catual responde que mandase
- llegar la flota a tierra, do servido
- sería mejor, si fuese o si tornase;
- señal es de enemigo fementido
- hacer que a tierra amiga no llegase,
- que siendo fiel el rey y amigo cierto,
- no tiene por qué no tomar el puerto.
-
- De estas palabras el discreto Gama
- divisa bien lo que las naos desea
- el Catual, porque con hierro o llama
- consume su intención dañada y fea:
- en varios pensamientos se derrama
- por hallar el remedio que provea
- a tanto mal, a tanto daño y pena;
- todo y en todo piensa, teme, ordena.
-
- Cual la refleja luz que da el pulido
- espejo de cristal claro y hermoso,
- que del rayo solar siendo herido,
- el rayo reverbera luminoso,
- y si a diversas partes es movido
- de casa por el mozo curïoso,
- anda paredes, techos y tejado,
- temblando aquí y allí, mas no cansado:
-
- Tal el vago juício fluctuaba
- de Gama preso, cuando se acordara
- si Coello en la ribera le esperaba
- con barcos, como él antes lo ordenara;
- luego secretamente le mandaba
- que se torne a la flota que dejara,
- no fuese aquella noche salteado
- del enemigo bando conjurado.
-
- Tal ha de ser quien quiere con el Marte
- imitar los ilustres, o igualarlos:
- que vuele el pensamiento a toda parte;
- adivinar peligros y evitarlos;
- con militar ingenio y sutil arte
- entender los contrarios y engañarlos;
- creer a todos con prudencia rara
- y no decir después: ¿Quién tal pensara?
-
- Insiste el malabar en que esté preso
- hasta ver junto a tierra nuestra armada:
- él, constante en el trance más avieso,
- sus amenazas tiene casi en nada:
- que él quiere sobre sí tomar el peso
- de lo que fragua la traición malvada
- y no poner en riesgo y aventura
- la flota de su rey, que está segura.
-
- Aquella noche estuvo detenido,
- y parte de otro día, cuando ordena
- de se volver al rey; mas fué impedido
- por la guarda que tiene en guarda buena:
- el Catual le sale a otro partido,
- temiendo de su rey castigo y pena
- si sabe esta malicia, que podría
- saberla si allí más lo detenía.
-
- Que mande sea traída la hacienda
- de la flota en barquillos a la tierra,
- para que de vagar se trueque y venda,
- que quien no quiere trato busca guerra;
- puesto que la intención bien se la entienda,
- el Gama, que el dañado pecho encierra,
- el partido aceptó que aquí le trata,
- pues que su libertad con él rescata.
-
- Era la condición que le daría
- equipados bateles en que venga,
- que los suyos el Gama no quería
- traerlos do el contrario los detenga:
- la codiciosa y rica mercancía
- manda el Gama venir cuanta convenga,
- para que libre el negro le dejase,
- y a su hermano escribió que la enviase.
-
- Traída que fué a tierra, el Moro luego
- en lugar a su gusto la aposenta:
- quedáronse con ella Álvaro y Diego
- para poder hacer la justa venta:
- cuánto más que el oficio, mando y ruego,
- al pecho vil el premio le sustenta,
- bien lo mostró el gentil en este hecho,
- pues suelta al Gama viendo otro provecho.
-
- A la flota lo envía porque tiene
- bastante prenda donde haber pudiese
- muy mayor interés del que le viene
- si al capitán más tiempo detuviese;
- mas Gama, viendo ya que no conviene
- a la tierra volver do le cogiese
- el Catual, al puesto ya llegado,
- de asiento se dejó estar sosegado.
-
- En las naos se queda vagoroso
- hasta ver lo que el tiempo descubría,
- que no se fía ya del codicioso
- regidor que a sobornos atendía.
- Vea ahora el juicio curïoso
- cuánto en el rico y pobre puede hoy día
- el interés, la sed torpe, enemiga,
- del dinero, que a todo nos obliga.
-
- A Polidoro mata el rey Treício,
- por quedarse señor de su tesoro;
- cogió por el fortísimo edificio
- su hija a Acrisio aquella lluvia de oro;
- pudo tanto en Tarpeya aqueste vicio
- que por él granjeó perpetuo lloro,
- pues por él al contrario le dió entrada
- y muere en pago de él casi ahogada.
-
- Éste rinde las altas fortalezas
- y en traidores nos vuelve los amigos;
- a los nobles hacer hace vilezas,
- entregar capitanes a enemigos;
- de las vírgenes coge las purezas
- sin temor, honra, fama ni testigos;
- éste deprava a veces las ciencias,
- cegando los juícios y conciencias.
-
- Este interpreta más que sutilmente
- textos y leyes todo a su albedrío:
- éste causa perjurios en la gente
- y en tiranía vuelve el señorío:
- aun hasta a los que a Dios omnipotente
- se ofrecen, los sujeta con su brío,
- del labrador al rey, al santo papa,
- tomando de virtud la honesta capa.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO NONO
-
-
- EN la ciudad se estaban muy de asiento
- los dos sin disponer de la hacienda,
- que los moros con maña y falso intento
- hacen que nadie compre ni les venda:
- quieren con engañoso fingimiento
- los nuestros detener con esta prenda
- hasta que fuese tiempo que viniesen
- las naos de Meca, que éstas deshiciesen.
-
- En el seno Eritreo, do fundada
- fué Arsinoe del egipcio Ptolomeo,
- del nombre de su hermana así llamada,
- trocada en Suez, perdido ya su arreo,
- cerca del puerto está Meca, nombrada
- por una falsa fama y devaneo
- que afirma haber en ella la profana
- corriente religiosa mahometana.
-
- Gidá se llama el puerto donde el trato
- de todo el mar Bermejo florecía,
- de que lleva provecho grande y grato
- el soldán que esta tierra poseía:
- de aquí dos malabares, por contrato
- del infiel, la bella compañía
- de naos por el mar Índico y extraño
- por droga al puerto viene cada un año.
-
- Aquestas naos los moros esperaban,
- que, como grandes eran y famosas,
- a las que su comercio salteaban
- desharían con llamas polvorosas:
- tanto en este socorro confiaban
- que del Luso no quieren ya más cosas,
- sino que tanto tiempo allí tardase
- que la flota de Meca la saltease.
-
- Mas el gobernador de cielo y gentes,
- que para lo que está determinado
- siempre provee de medios convenientes
- por donde tenga efecto lo asentado,
- influyó aquí piadosos accidentes
- de afición en Monzaide, que guardado
- estaba para dar al Gama aviso
- y merecer con esto el Paraíso.
-
- De éste los moros nunca se guardaban
- por ser moro como ellos, antes era
- participante en cuanto maquinaban:
- la traición descubrió nefanda y fiera:
- muchas veces las naos que al mar estaban
- visita, y con piedad bien considera
- el daño y sinrazón que se le ordena
- por la maldita gente sarracena.
-
- Al Gama informa de las naos y armadas
- que de Meca aquí vienen cada un año,
- que ahora son por todos deseadas
- para ser instrumento de este daño:
- de armas y gentes vienen pertrechadas
- allanando en el mar cualquiera extraño,
- y que puede ser de ellas oprimido,
- según estaba mal apercibido.
-
- El Gama, que también consideraba
- el tiempo que al partir le incita y llama
- y que del rey despacho no esperaba
- mejor, porque a los moros cree y aun ama,
- los factores venir luego mandaba,
- sin que de su venida vuele fama,
- porque ella la tornada no la impida,
- la cual quiere que hagan escondida.
-
- Pero no tardó mucho que volando
- un rumor comenzó luego a sonarse
- que fueron los factores presos, cuando
- se supo en la ciudad querer tornarse:
- la fama a las orejas penetrando
- del capitán, buscó cómo vengarse,
- y presa hace en unos que vinieron
- a vender pedrería que trujeron.
-
- Eran estos tratantes los mayores
- de Calicut, por ricos conocidos:
- su falta la sintieron los mejores
- y el estar en la flota detenidos:
- en las naos ya están trabajadores
- volviendo el cabrestante, repartidos
- al trabajo: unos tiran de la amarra,
- quiebran con duro pecho otros la barra.
-
- Cuélganse otros del mástil y desatan,
- la vela que con grita se soltaba,
- cuando con mayor grita al rey relatan
- cómo ya nuestra armada se aprestaba:
- las mujeres e hijos que se matan
- de aquellos que van presos, donde estaba
- el Samorín, se quejan ser perdidos
- los padres de unos, de otras los maridos.
-
- Envió los factores Lusitanos
- con toda su hacienda libremente,
- a pesar de los perros mahometanos,
- porque el capitán suelte aquella gente.
- De los presos lavaba el rey sus manos
- con excusas de un hecho así indecente:
- con verlos se holgaron, y tornando
- los negros, van al viento velas dando.
-
- Vase la costa abajo, porque entiende
- que en vano con un rey tal trabajaba
- establecer el feudo que pretende
- por firmar los comercios que trataba;
- mas como ya la tierra, que se extiende
- al Aurora, sabida la dejaba,
- a su patria se vuelve dulce y cara,
- señal llevando de la que hallara.
-
- Malabares algunos que tomados
- fueron de los que el rey había enviado,
- con los factores nuestros libertados;
- y la pimienta y clavo que ha comprado;
- de especie varios géneros juntados,
- la seca flor de banda, y nuez que ha hallado
- en Maluco famoso, y la canela,
- con que así de Ceilán la fama vuela.
-
- Esto todo alcanzó por diligencia
- del Monzaide fiel que lo procura,
- el cual por la divina Providencia
- a Cristo se volvió de su locura;
- africano feliz, que la clemencia
- divina lo sacó de niebla obscura
- y lejos de su patria halló manera
- con que a la patria suba verdadera.
-
- De la costa apartándose, se acuesta
- al peligroso mar vuelta la proa,
- do de Buena Esperanza estaba puesta
- la meta, más temida que Lioa:
- llevan alegres nuevas y respuesta
- de la parte oriental para Lisboa,
- emprendiendo otra vez los duros miedos
- del mar incierto, tímidos y ledos.
-
- El llegar a su patria dulce y cara,
- a sus caros penates y parientes,
- el contar la derrota larga y rara,
- los varios cielos, climas, tierras, gentes,
- el alcanzar el premio que ganara
- por tan graves trabajos y accidentes,
- es a cualquiera un gusto tal, que el pecho
- y corazón para él es vaso estrecho.
-
- Pero la diosa Cipria, que abogada
- ha sido de los Lusos largos años,
- del padre eterno, y por buen genio dada,
- para les evitar males extraños,
- la gloria por trabajos alcanzada,
- la recompensa de los graves daños
- les andaba ordenando, y pretendía
- darles en tristes mares alegría.
-
- Después de haber un poco revolvido
- consigo, el largo mar que navegaron,
- las graves penas que por el nacido
- en tierra de Anfión se les causaron,
- ya traía de atrás en el sentido
- para premio de cuanto mal pasaron,
- buscar algún deleite, algún descanso
- en el reino del mar líquido y manso.
-
- Algún reposo, en fin, con que pudiese
- refocilar la gente tan cansada
- de la navegación, como interese
- de la vida en el mar triste pasada.
- Parécele ser justo que se diese
- cuenta a su hijo, cuya flecha airada
- a los dioses abaja al vil terreno,
- los hombres sube al cielo más sereno.
-
- Aquesto imaginado, determina
- sosiego darles en la grande anchura
- con alguna fingida isla divina
- matizada de flores y frescura,
- cual las tiene en el reino que confina
- con el que al hombre fué de poca tura,
- fuera de las que tiene soberanas
- adentro de las puertas herculanas.
-
- Quiere que las acuáticas doncellas
- allí esperen los ínclitos varones,
- las hermosas que dan gloria con vellas
- y con la gloria dan pena y pasiones;
- con danzas y con fiestas, porque en ellas
- influirá secretas aficiones,
- porque con más presteza sean cazados
- los pechos del amor siempre llagados.
-
- De aquesta maña usó para que fuese
- el que parió de Anquises recibido
- en tierra, que do un cuero se extendiese
- labró la enamorada y triste Dido.
- El hijo va a buscar que esto supiese,
- que su poder está puesto en Cupido,
- que como le ayudó en aquella liga,
- quiere que en ésta ahora ayude y siga.
-
- Las aves junta al carro que en la vida
- las exequias de muerte están cantando,
- y aquellas en que fué ya convertida
- Peristea, las flores apañando.
- En cerco de la diosa, ya partida,
- se van lascivos besos todas dando:
- ella por donde pasa, el aire, el viento,
- sereno hace con su movimiento.
-
- A los Idalios montes se desciende
- do su flechero hijo acaso andaba
- ayuntando otros muchos, que pretende
- expedición hacer soberbia y brava
- contra el caduco mundo, porque enmiende
- errores en que ha mucho que se estaba,
- amando cosas que le fueron dadas,
- no para ser amadas, más usadas.
-
- Ve Acteón en caza tan austero,
- ciego de una alegría bruta, insana,
- que por seguir un feo animal fiero
- huye la gente y bella forma humana,
- y por darle un castigo cruel, severo,
- la belleza le muestra de Diana,
- y guárdese no sea consumido
- de los perros y galgos que ha querido.
-
- Del mundo ve los grandes y señores
- que nadie en el bien público imagina,
- ni tienen a otra cosa alguna amores
- si no es a sí o a quien Filaucia inclina:
- ve que los que frecuentan como oidores
- las salas, por la buena y fiel doctrina
- vencen adulación, que mal consiente
- limpiarse el nuevo trigo floreciente.
-
- Los que deben tener a la pobreza
- amor, y al pueblo caridad ferviente,
- aman sólo los mandos y riqueza,
- fingiendo la justicia exteriormente:
- de fea tiranía y aspereza
- hacen derecho, y lo que más se siente,
- las leyes en favor del rey se hacen,
- las en favor del pueblo se deshacen.
-
- Ve al fin que ninguno ama lo que debe,
- sino aquello que mal su mal desea:
- no quiere diferir al que se atreve
- el castigo que duro y justo sea:
- sus ministros ajunta, porque lleve
- el ejército igual a la pelea
- que tendrá con la mal regida gente
- que no fuere al amor justo obediente.
-
- Muchos de estos chiquillos voladores
- están en varias obras trabajando:
- unos afilan hierros pasadores,
- otros los palotillos ahusando;
- en su labor están cantando amores,
- varios casos en verso tierno y blando,
- melodía suave y concertada,
- alegre letra, angélica sonada.
-
- En las eternas fraguas do forjaban
- puntas a las saetas penetrantes,
- por leña corazones se quemaban,
- entrañas vivas, telas palpitantes:
- las aguas do los hierros se templaban
- lágrimas son de míseros amantes;
- la viva llama, el resplandor esquivo,
- es el deseo que mata y queda vivo.
-
- Ensayándose algunos allí andaban
- en pechos duros de la gente ruda;
- suspiros por el aire resonaban
- de los que ya hirió la punta aguda:
- hermosas ninfas son las que curaban
- las llagas recibidas, cuya ayuda
- no sólo vida da a los mal heridos,
- mas pone en vida los aun no nacidos.
-
- Hermosas son algunas, otras buenas,
- según la cualidad de aquellas llagas,
- que el veneno esparcido por las venas
- no sanara triaca aunque más hagas:
- unos quedan atados en cadenas
- por palabras sutiles de las magas:
- esto acontece cuando las saetas
- aciertan a llevar hierbas secretas.
-
- De estos tiros así desordenados,
- que estos mal diestros mozos van tirando,
- nacen amores mil desconcertados
- en el herido pueblo miserando;
- y en los héroes también de altos estados
- ejemplos se verán de amor nefando,
- cual de las mozas Biblis, Cinerea,
- del mancebo de Asiria y de Judea.
-
- Mil generosos vemos por pastoras
- rendir las señorías a mercedes,
- y por bajos lacayos las señoras
- presas las vieron ya vulcanias redes:
- unos esperan las nocturnas horas,
- otros suben tejados y paredes;
- mas yo creo que de este amor indino
- ha más culpa la madre que el menino.
-
- Llegada al prado donde el hijo pruebe,
- paran cisnes el carro mansamente;
- mas Venus, que las rosas vence y nieve,
- del carro en tierra salta diligente:
- el flechero, que al cielo alto se atreve,
- a recibirla sale al continente:
- salen los cupidillos servidores
- a recibir la diosa que es de amores.
-
- Ella, porque no gaste el tiempo en vano,
- teniendo el hijo en brazos confiada,
- le dice: «Amado hijo en cuya mano
- mi potestad y fuerza está fundada,
- en quien se ve el esfuerzo soberano
- que las tifeas armas tiene en nada,
- de necesidad grave compelida,
- vengo para de ti ser socorrida.
-
- »Bien ves las Lusitánicas fatigas,
- que ya de muy atrás yo favorezco,
- porque sé de las parcas mis amigas
- que me han de venerar como merezco;
- y porque con mayor amor me sigas,
- mis romanos imitan, y me ofrezco
- a les dar el ayuda que yo pueda,
- clavando a la Fortuna el eje y rueda.
-
- »Y porque, con insidias del odioso
- Baco, en la India fueron molestados,
- y en peligros del golfo proceloso
- pudieron ser más muertos que cansados,
- en el mar que les fué tan temeroso
- quiero que sean ahora acariciados,
- gozando del trabajo aquella gloria
- que eterniza en los hombres la memoria.
-
- »Y para esto querría que, heridas
- las hijas de Nereo, en el profundo
- fuesen de amor de aquéstos encendidas
- que a descubrir vinieron nuevo mundo:
- en un jardín florido conducidas,
- yo las pondré con rostro muy jocundo,
- que tendré dentro el mar aparejado,
- del don de Flora y Céfiro adornado.
-
- »Allí con mil refrescos y manjares,
- con vinos odoríferos y rosas,
- en labrados palacios singulares,
- hermosas camas y ellas más hermosas,
- en fin, con mil deleites no vulgares
- los esperen las ninfas amorosas,
- de amor heridas, dentro de esta casa,
- sin ponerles al ver ni al gozar tasa.
-
- »Quiero que haya en el reino neptunino,
- do yo nací, progenie fuerte y bella,
- y tome ejemplo el mundo aquí malino
- que libertad no habrá do amor se sella;
- que no valdrá ni el muro adamantino,
- ni triste hipocresía podrá tenella,
- que mal habrá en la tierra quien se guarde,
- pues el fuego de amor en el mar arde.»
-
- Propuso Venus, cuando el hijo inico,
- para le obedecer, se apercibía:
- manda traer su arco ebúrneo, rico,
- con que tiene más cierta puntería:
- alegre Venus, al hijo impudico
- dentro del mismo carro lo subía,
- y da rienda a las aves que con canto
- la muerte de Faetón lloraron tanto.
-
- Mas dice Amor que le era necesaria
- una famosa y célebre tercera,
- que puesto que mil veces le es contraria,
- otras muchas le ha sido compañera:
- la diosa Gigantea, temeraria,
- jactante, mentirosa, verdadera,
- que con cien ojos ve, burla y se entona,
- y lo que ve con bocas mil pregona.
-
- Vanla a buscar, y envíanla delante,
- que celebre con voz sonora y clara
- los hechos de la gente navegante
- más que nunca de alguna celebrara:
- resonando la fama tan pujante,
- por las hondas cavernas penetrara
- y hace ser de todos muy creída
- venir credulidad con ella unida.
-
- El rumor y loor alto excelente
- el pecho de los dioses, que indignados
- fueran por Baco contra aquesta gente,
- los muda y hace ser aficionados:
- el bando mujeril, que prestamente
- cualesquiera propósitos tomados
- muda, juzga por malo y por bajeza
- desear mal a tanta fortaleza.
-
- Despide en esto Amor crudas saetas
- unas tras otras; gime el mar con tiros:
- derechas por las ondas inquïetas
- algunas van, mas otras con mil giros:
- dan en las ninfas, que de las secretas
- entrañas despedían mil suspiros:
- cualquiera cae sin ver el bulto que ama,
- que tanto como el ver puede la fama.
-
- Los cuernos junta de la ebúrnea luna
- con fuerza, el mozo indómito, excesiva:
- quiere a Tetis herir más que a ninguna,
- porque más que ninguna le era esquiva:
- no le queda en la aljaba saeta alguna,
- ni en los ecuóreos campos ninfa viva,
- y si con las heridas van viviendo,
- será para sentir que están muriendo.
-
- Dad lugar, altas y espumosas ondas,
- que Venus les trae ya la medicina:
- muestra las blancas velas y redondas
- que por el agua vienen neptunina,
- para que amor recíproco respondas
- a la llama amorosa femenina,
- pues que aquí la pudica, casta, honesta,
- a las obras de amor estará expuesta.
-
- De Nereidas el corro se apareja:
- presuroso y gallardo caminaba,
- con bailes a la usanza antigua y vieja,
- a la isla do Venus las guiaba:
- allí la diosa a todas aconseja
- lo que mil veces hizo cuando amaba:
- ellas, que van de amor ciego heridas,
- están con su consejo apercibidas.
-
- Cortando viene el mar la compañía
- del Luso para el cielo y patria amada,
- con falta de alimentos y agua fría
- para navegación tan prolongada,
- cuando junta la flota conocía
- tierra, de la isla fresca enamorada,
- al tiempo que la madre deleitosa
- de Memnonio parece más hermosa.
-
- De lejos ven la isla fresca y bella,
- que Venus por las ondas les llevaba,
- como el viento la vela, si da en ella,
- a do la armada estar se divisaba;
- que porque no pasasen sin que en ella
- tomasen puerto, como deseaba,
- donde las naos navegan la movía
- la Acidalia, que más que esto podía.
-
- Luego la hizo inmoble, como vido
- ser vista del piloto y demandada,
- cual Delos se quedó habiendo parido
- Latona y Febo y la que a caza es dada.
- Al punto para allá fué el mar rompido
- donde la costa hace una ancha entrada:
- el arena tan blanca que recrea
- y de conchas la pinta Citerea.
-
- Tres montecillos frescos se mostraban
- con altura soberbia y muy graciosa,
- que del florido esmalte se adornaban
- haciendo estar la isla deleitosa:
- de la cumbre las fuentes abajaban
- claras, que la verdura hacen viciosa:
- entre las blancas guijas se reía
- con dulce son el agua que corría.
-
- A un valle ameno que los montes hiende
- vienen las claras aguas a juntarse,
- donde una mesa hacen que se extiende
- tan bella, cuanto puede imaginarse:
- el frutal sobre el agua se desciende
- como quien pronto está para afeitarse,
- viéndose en el cristal resplandeciente
- que en sí lo está pintando propiamente.
-
- Mil árboles al cielo están subiendo
- con frutos odoríferos y bellos:
- el naranjo en su pomo refiriendo
- la color que trae Dafne en los cabellos:
- de la cidra los frutos van cayendo,
- los ramos con el peso caen tras ellos;
- los hermosos limones olor dando,
- van los pechos virgíneos imitando.
-
- La silvestre arboleda, que en cuarteles
- los montes con sus ramas ha partido,
- álamos son de Alcides, y laureles
- por quien de Febo el pecho fué herido;
- mirtos de Citerea, y los donceles
- pinos, de quien Cibeles se ha servido:
- allí apunta el derecho cipariso
- la parte do está puesto el paraíso.
-
- Los dones de Pomona allí Natura
- produce diferentes en sabores,
- sin serles necesaria la cultura,
- pues sin ella se dan mucho mejores;
- la color de cereza roja y pura,
- y las moras que el nombre traen de amores;
- el fruto que de Persia vino bueno
- y mejor se tornó en terruño ajeno.
-
- La granada descubre la rosada
- color, con que tu precio, rubí, pierdes:
- en los ramos del olmo está abrazada
- la vid con sus racimos rubios verdes;
- y si quieres vivir, pera, cortada
- del árbol, vivirás como te acuerdes
- de entregarte a los daños que con picos
- en ti pueden hacer los pajaricos.
-
- Pues la tapicería bella y fina
- con que se cubre el rústico terreno
- la de Aquemenia hace menos dina
- y el valle, que es sombrío, más ameno;
- la cabeza la flor cifisia inclina
- sobre el estanque lúcido y sereno:
- florece el hijo y nieto de Ciniras
- por quien, oh pafia diosa, aun hoy suspiras.
-
- No hubiera quien juzgara en esta hora,
- viendo en el cielo y suelo unas colores,
- si las flores la daban a la Aurora
- o la Aurora la daba a aquestas flores:
- pintando estaba allí Céfiro y Flora
- con tinta las violetas de amadores,
- el lirio rojo con la rosa bella,
- cual se ve en las mejillas de doncella.
-
- La azucena, de aljófar rociada,
- y hierbabuena está en lugar distinto;
- la flor que fué del claro Febo amada,
- con sus letras se ve el triste jacinto,
- con Pomona la Cloris igualada
- quiere ser con las flores que aquí pinto:
- si en el aire cantando aves volaban,
- animales el suelo pavoneaban.
-
-[Ilustración: Gerard, dibujó
-
-Reschomme, sc.
-
- De esta arte, en fin, conformes las hermosas
- ninfas con sus amados navegantes,
- se coronan de flores deleitosas,
- de laurel, oro y piedras abundantes;
-
- _Canto IX, Estr. 84._
-]
-
- Cerca del agua el blanco cisne canta,
- el ruiseñor del árbol le responde;
- Anteón de sus cuernos no se espanta,
- y aunque se ve en el agua, no se esconde:
- aquí la echada liebre se levanta,
- la gama quiere huir y no halla dónde;
- aquí en el pico trae al caro nido
- el pájaro el sustento que ha cogido.
-
- En tal frescura aquí desembarcaban
- con gusto los segundos Argonautas,
- donde por la floresta se dejaban
- andar las bellas diosas como incautas;
- algunas, dulces cítaras tocaban;
- algunas, arpas; otras, dulces flautas;
- otras, con arcos de oro se fingían
- seguir la caza, y caza no seguían.
-
- Así lo aconsejó la maestra experta,
- que en el campo anduviesen derramadas,
- que aunque la presa fuese vista incierta,
- primero se hiciesen deseadas:
- algunas, que en la forma descubierta
- del bello cuerpo estaban confiadas,
- puesta la artificiosa hermosura,
- desnudas se metían en la agua pura.
-
- Mas los fuertes mancebos que en la playa
- ponen los pies, de tierra codiciosos,
- que no hay ninguno entre ellos que no vaya,
- cual todos, por hallar caza orgullosos,
- no piensan que en su lazo o redes caya
- caza en aquellos montes deleitosos,
- tan suave, doméstica y benina
- cual herida la tiene ya Ericina.
-
- Unos, que en espingardas y ballestas
- para herir los ciervos se fiaban,
- por los sombríos bosques y florestas
- determinadamente se arrojaban;
- mas otros a las sombras, que de siestas
- defienden la frescura, paseaban
- cerca del agua que suave y queda
- hace son con el son de la arboleda.
-
- A divisar comienzan de repente
- entre los verdes ramos las colores,
- colores que la vista juzga y siente
- no ser de rojas rosas ni de flores;
- mas de lana y de seda diferente,
- que incita más y más a los amores,
- de que se visten las humanas rosas,
- haciéndose por arte más hermosas.
-
- Da Veloso espantado un grande grito:
- «Señores, caza extraña, dijo, es ésta:
- si aquí dura el gentil y antiguo rito,
- a diosas es sagrada esta floresta:
- más se descubre aquí que el apetito
- humano deseó, y se manifiesta
- que son grandes las cosas y excelentes
- que el mundo encubre a gentes imprudentes.
-
- »Sigamos estas diosas, y veamos
- si fantásticas son o verdaderas.»
- Esto dicho, veloces más que gamos
- se dieron a correr por las riberas:
- huyen las ninfas por entre los ramos,
- muy más industrïosas que ligeras;
- poco a poco riendo, y gritos dando,
- se dejan de los galgos ir cazando.
-
- Los hilos de oro de una el viento lleva;
- de otra, al correr, las faldas delicadas:
- enciéndese el deseo que se ceba
- en las carnes que allí le son mostradas:
- una de industria cae, y de que se atreva,
- con muestras más donosas que indignadas,
- riñe al enamorado que, herido
- de amor, sobre ella cae mal advertido.
-
- Otros por otra parte van topando
- las diosas que desnudas se lavaban,
- y de verlos venir están gritando,
- como que asalto tal no lo esperaban:
- algunas de ellas, menos estimando
- la vergüenza que fuerza, se arrojaban
- desnudas al huir, al ojo dando
- lo que a las tristes manos van negando.
-
- Otra, como acudiendo más de priesa
- a no perder su honra en esta danza,
- esconde en la agua el cuerpo; otra se apriesa
- y por su ropa afuera se abalanza;
- tal de los mozos hay que, por la priesa,
- vestido se echa al agua, la tardanza
- del desnudar temiendo, no se tarde
- matar en agua el fuego que en él arde.
-
- Cual perro de agua, en agua acostumbrado,
- a tomar la ave o garza allí herida,
- viendo ya el arcabuz enderezado
- a la pata o garcilla conocida,
- antes del tiro salta en ella airado
- y trae de la que fué triste homicida,
- nadando va y latiendo así el mancebo
- por la que nunca fué hermana de Febo.
-
- Leonardo, mancebo bien dispuesto,
- mañoso caballero, enamorado
- contra quien el Amor no perdió resto,
- pues siempre fué de damas mal pagado,
- el cual tiene por firme presupuesto
- ser con amores mal afortunado,
- pero nunca ha perdido la esperanza
- de poder en su hado haber mudanza:
-
- Quiso aquí su ventura que corría
- tras Efire, un ejemplo de belleza,
- la cual más que las otras dar quería
- caro lo que le dió naturaleza;
- cansado de correr: «¡Ay me!, decía,
- indigna hermosura de aspereza,
- espera a quien te da del vivir palma:
- lleva el cuerpo, pues llevas, ninfa, el alma.
-
- »Todas de correr cansan, ninfa pura,
- y cansadas se dan a su enemigo:
- tú duras en huirme en la espesura.
- ¿Quién te dijo ser yo el que aquí te sigo?
- Si te lo ha dicho ya aquella ventura
- que en toda parte siempre anda conmigo,
- no la creas, que yo, si la creía,
- mil veces cada punto me mentía.
-
- »No canses, que me cansas; y si quieres
- huirme porque no pueda tocarte,
- es mi ventura tal que, aunque me esperes,
- ella hará que no pueda alcanzarte:
- espera; quiero ver, si tú quisieres,
- qué sutil modo busca de escaparte,
- y notarás al fin de este suceso
- _tra la spica e la man qual muro è messo_.
-
- »¡Oh!, no me huyas, no: así nunca el breve
- tiempo huya de ti y tu hermosura,
- pues que con refrenar el paso leve
- vencerás mi desdicha y fuerza dura.
- ¿Qué emperador, qué ejército se atreve
- a quebrantar la furia de ventura
- que en cuanto deseé, me va siguiendo?
- Lo que tú sola puedes no huyendo.
-
- »¿Ayuda das a la desdicha mía?
- Flaqueza es dar ayuda al más potente.
- ¿El corazón me llevas que tenía
- libre? Suéltalo, irás más diligente:
- no te cargue aquesa alma y su agonía,
- que en esos hilos de oro reluciente
- llevas atada, si después de presa
- no mudó su ventura y menos pesa.
-
- »Con solo aquesta fe te voy siguiendo,
- que o tú no sufrirás el peso de ella,
- o tu rostro que el alma va sufriendo
- le mudará su dura y triste estrella.
- Y si se ha de mudar, ¿qué vas huyendo?
- Que amor te herirá, bella doncella,
- y tú me esperarás si amor te hiere,
- y si me esperas, no hay más que yo espere.»
-
- Ya no huye la bella ninfa, tanto
- por darse cara al Luso que seguía,
- como por ir oyendo el dulce canto,
- las lástimas de amor que le decía;
- y volviéndole el rostro blando y santo,
- todo bañado en risa y alegría,
- caerse deja a los pies del vencedor,
- que se deshace en frenesí de amor.
-
- ¡Qué hambriento besar en la floresta!
- ¡Qué regalado lloro que sonaba!
- ¡Qué suaves halagos! ¡Qué ira honesta
- que en alegres risadas se trocaba!
- Lo que más se pasó mañana y siesta,
- que Venus con placeres inflamaba,
- mejor será probarlo que juzgarlo,
- mas júzguelo el que no puede probarlo.
-
- De esta arte, en fin, conformes las hermosas
- ninfas con sus amados navegantes,
- se coronan de flores deleitosas,
- de laurel, oro y piedras abundantes;
- las blancas manos daban como esposas;
- con palabras al hecho estipulantes,
- aprométense eterna compañía,
- en vida y muerte, de honra y alegría.
-
- Entre ellas la mayor, a quien se humilla
- todo el coro de ninfas, y obedece,
- hija de Celo y Vesta, que, en su silla
- puesta, las demás todas obscurece,
- hinchiendo tierra y mar de maravilla,
- al Gama, que la quiere y la merece,
- recibe allí con pompa soberana,
- mostrándose señora más que humana.
-
- Después de haberle dicho quién ella era,
- por alto exordio de alta gracia ornado,
- haciéndole entender cómo viniera
- por influjo y suasión del firme hado,
- para le descubrir toda la esfera
- de tierra inmensa y mar no navegado,
- los secretos, por alta profecía,
- que sola su nación saber debía:
-
- Llévalo de amor preso, y por la mano,
- a la cumbre de un monte alto y divino,
- donde está un edificio soberano
- de cristal claro, de oro puro y fino.
- El día pasó aquí, alegre y ufano,
- en dulces juegos y en placer contino:
- en los palacios goza sus amores;
- los demás por las sombras y entre flores.
-
- De esta suerte la bella compañía
- el día casi todo está pasando
- en un nuevo placer, nueva alegría
- los trabajos prolijos compensando,
- que de sus hechos grandes y osadía,
- fuerte y famosa al mundo, está aguardando
- el premio allá en el fin bien merecido
- con fama grande, nombre esclarecido.
-
- Las ninfas de la mar, bellas, graciosas,
- Tetis, la isla Angélica pintada,
- no es otra cosa que las deleitosas
- honras con que la vida es sublimada:
- aquellas preeminencias glorïosas,
- los triunfos y la frente coronada
- de laurel, palma, gloria, nombre y fama,
- son los deleites que esta isla derrama.
-
- Las inmortalidades que fingía
- la antigua edad que el pecho ilustre ama,
- allá en el alto cielo, a quien subía
- sobre las alas puesto de la fama,
- por obras valerosas que hacía,
- por el trabajo inmenso que se llama
- camino de virtud alto y fragoso,
- mas al fin dulce, alegre y deleitoso:
-
- No eran sino premio, que reparte
- por hechos inmortales soberanos
- el mundo, con los que el esfuerzo y arte
- divinos los hicieron, siendo humanos:
- que Júpiter, Mercurio, Febo y Marte,
- Eneas y Quirino, dos tebanos,
- Ceres, Palas y Juno, con Diana,
- todos fueron de flaca carne humana.
-
- Mas la fama, trompeta de obras tales,
- les dió en el mundo nombres tan extraños
- de dioses, semidioses inmortales,
- indígetes, heroicos, y de maños:
- por eso los que a ser muy principales
- aspiráis, si queréis veros tamaños,
- despertad ya del sueño de ocio ignavo,
- que el ánimo de libre hace esclavo.
-
- Poned en la codicia un freno duro
- y en la triste ambición que indignamente
- tomáis mil veces, con el torpe obscuro
- vicio de tiranía infame, urgente;
- porque esas vanas honras, y oro puro,
- verdadero valor no da a la gente:
- mejor es merecerlas sin tenerlas,
- que poseerlas y no merecerlas.
-
- Dando al pueblo en la paz leyes constantes
- que a los pobres protejan y a los buenos,
- o tomando las armas rutilantes
- contra los enemigos sarracenos,
- haréis los reinos grandes y pujantes,
- poseeréis todos más, ninguno menos:
- gozaréis las riquezas merecidas,
- y las honras que ilustran a las vidas.
-
- Haced vuestro rey claro, que amáis tanto,
- ahora con consejos bien pensados,
- con la espada en la mano, al brazo el manto,
- respondiendo al valor de los pasados;
- por lo imposible no toméis quebranto
- (siempre podrá el que quiere), y celebrados
- seréis con los héroes esclarecidos
- en esta isla de Venus recibidos.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-CANTO DÉCIMO Y ÚLTIMO
-
-
- MAS ya el claro amador de Larisea
- adúltera los carros inclinaba
- para el piélago largo que rodea
- Temistitán, do el Occidente estaba:
- Favonio el gran calor del Sol recrea
- con soplo que en las aguas respiraba,
- volviéndole el frescor la dulce vida
- al lirio y al jazmín, del sol perdida.
-
- Cuando se van las ninfas y amadores
- por la mano conformes y obedientes
- a los palacios ricos de labores
- con pórfido y cristal resplandecientes;
- las mesas tienen llenas, servidores,
- de platos de manjares excelentes,
- porque puedan allí con tal largueza
- cada cual socorrer a su flaqueza.
-
- Allí en las sillas ricas, cristalinas,
- se asientan dos a dos amante y dama:
- en dos que están primero, de oro finas,
- con su diosa se puso el claro Gama:
- de iguarias suaves y divinas,
- a quien nunca llegó la egipcia fama,
- se amontonan los llenos platos de oro,
- traídos del atlántico tesoro.
-
- Los vinos odoríferos, que encima
- están, no son itálico Falerno,
- mas ambrosía que Júpiter estima,
- con todo su concilio sempiterno:
- en vasos do no puede obrar la lima
- blancas espumas alzan, y al interno
- corazón mueven súbita alegría,
- saltando con la mezcla de agua fría.
-
- Mil pláticas alegres se hablaban,
- risas, motes y dichos delicados,
- que entre un manjar y el otro se tocaban
- ya con los apetitos desbocados:
- músicos instrumentos no faltaban
- cuales en el Cocito a los penados
- hicieron descansar de eterna pena
- con una voz de angélica sirena.
-
- Una ninfa cantaba, y sus acentos,
- que por los altos aires van sonando,
- en consonancia igual los instrumentos
- a un mismo tiempo vienen conformando.
- Un silencio refrena allí los vientos
- y hace blandamente ir murmurando
- las aguas: en sus casas naturales
- adormece los brutos animales.
-
- Con dulce voz está subiendo al cielo
- los varones que aun no han venido al mundo,
- cuyas ideas vió Próteo sin velo
- en un globo diáfano y rotundo:
- Júpiter se lo dió por su gran celo
- en sueños, y él después en el profundo
- lo dijo, do la ninfa en su memoria
- recogió tan ilustre y clara historia.
-
- Materia es de coturno, no de soco,
- lo que aprendió la ninfa allá en su lago,
- cual Yopas no supo, o Demodoco,
- en los Feaces uno, otro en Cartago.
- Aquí, sacra Calíope, te invoco
- en el trabajo extremo, porque en pago
- me des de lo que escribo, y yo pretendo,
- el gusto de escribir que voy perdiendo.
-
- Van los años bajando, y del estío
- al otoño es el paso corto y breve:
- la fortuna me ha hecho ya sin brío,
- no se ensalza mi musa ni se atreve:
- los disgustos me van llevando al río
- do en olvido se queda el que lo bebe:
- mas tú me da que cumpla, reina mía,
- con lo que el amor quiere y yo quería.
-
- Cantaba aquesta ninfa que vendrían
- del Tajo, por el mar que Gama abriera,
- gentes que las riberas vencerían
- donde el Índico mar hace ribera;
- y los gentiles reyes rendirían
- al yugo de la luz de Dios sincera,
- o por bien, o por mal, con brazo fuerte,
- hasta rendirse a él, de él a la muerte.
-
- De uno canta que allá en los Malabares
- era de sacerdotes el primado,
- y por guardar la fe a los singulares
- Portugueses perdió todo su estado:
- sus ciudades consiente y sus lugares
- ser talados con fuego y hierro airado
- por el gran Samorín que nuestra gente
- quisiera aniquilar en el Oriente.
-
- Y canta «cómo ve que se embarcaba
- en Belén su remedio soberano,
- sin saber lo que en sí la mar llevaba:
- lleva a Pacheco, Aquiles Lusitano:
- sienten su grave peso, cuando entraba
- el corvo leño el férvido Oceano,
- los troncos que en el agua ya gemían
- y en ella sin quererlo se metían.
-
- »Mas llegado a los fines orientales,
- ayudándose queda con gran brío
- al de Cochín, con pocos naturales,
- en brazos del salado y ancho río:
- desbarata los Naires infernales
- al paso Cambalón, tornando frío
- con espanto el ardor grande de Oriente
- de lo mucho que hacía tan poca gente.
-
- »Llamará el Samorín más gente nueva;
- vendrán del Bipur reyes, del Tanor,
- de sierras de Narsinga, que alta prueba
- estarán prometiendo a su señor:
- hará el Naire que todo al fin se mueva
- de Calicut la tierra y Cananor:
- vendrán diversas leyes a la guerra,
- moros por mar, gentiles por la tierra.
-
- »A todos otra vez desbaratando,
- por tierra y mar, el gran Pacheco osado,
- la grande multitud que irá matando
- a todo el Malabar tendrá admirado:
- Samorín, con la rabia, renegando,
- al combate saldrá más denodado;
- su gente con injuria, y los remotos
- dioses, irá llamando con mil votos.
-
- »Ya no defenderá solos los pasos,
- mas quemarle ha lugares, templos, casas,
- con furor Samorín, viendo ya lasos
- a los que las ciudades hacen rasas;
- los suyos, de la vida nada escasos,
- te los echa Pacheco; mas tu pasas
- sus vidas por el filo, y vas, volando,
- de la una a la otra parte en todos dando.
-
- »Vendrá allí el Samorín, porque en persona
- los suyos a la guerra cruda anime;
- mas un ligero tiro su corona
- con sangre teñirá, y cetro sublime;
- y viendo que a Pacheco le abandona
- su fuerza, y que no hay fuerza que él estime,
- inventará traiciones y venenos,
- mas siempre (Dios queriendo) hará menos.
-
- »Tornará la vez séptima, cantaba,
- a pelear con el invicto Luso,
- a quien trabajo alguno no espantaba,
- y si lo esté, le tiene muy confuso.
- Traerá para la guerra, horrenda y brava,
- máquinas con maderos fuera de uso,
- con que pueda anegar las carabelas,
- sin serles de provecho mástil, velas.
-
- »Por la mar llevará sierras de fuego
- para abrasarle cuanta armada tiene;
- mas la militar arte, e ingenio, luego
- en humo volverá el fuego que viene:
- ningún claro varón en marcio juego,
- que en alas de la fama se sostiene,
- llega a éste que la palma a todos toma:
- perdónenme la ilustre Grecia y Roma.
-
- »Porque tantas batallas sustentadas
- con muy poquitos más de cien soldados,
- y con artes de guerras señaladas
- tener moros sin cuento ahuyentados,
- o parecerán fábulas soñadas,
- o que los altos coros invocados
- bajaban en su ayuda y les traían
- esfuerzo, fuerza, ardid, con que vencían.
-
- »Ni el otro que en los campos Maratonios
- el poder de Darío asuela y ofende;
- ni el que con cuatro mil lacedemonios
- el paso de Termópilas defiende;
- ni Cocles el mancebo en los Ausonios
- que con todo el poder tusco contiende
- por defender la puente, oh Quinto Fabio,
- no fué cual éste en guerra fuerte y sabio.»
-
- La ninfa en este punto el son canoro
- en ronco lo convierte entristecido,
- cantando en baja voz envuelta en lloro
- el gran esfuerzo mal agradecido.
- «¡Oh Belisario, dice, que en el coro
- de Musas serás siempre engrandecido!,
- si en ti viste sin precio al bravo Marte,
- ya tienes con quién puedas consolarte.
-
- »Aquí habrá compañero, así en los hechos
- como en el galardón injusto y duro:
- en ti y en él veremos altos pechos
- venir a bajo estado, humilde, obscuro:
- morir en hospital en pobres lechos
- los que a la ley y rey sirven de muro:
- esto hacen los reyes cuyo imperio
- puede más que justicia en su hemisferio.
-
- »Esto hacen los reyes que, embebidos
- en la blanda apariencia que contenta,
- dan los premios de Ayace merecidos
- a la lengua de Ulises fraudulenta:
- vengarme he, que estos bienes mal partidos,
- en el que dulces sombras representa,
- si no los dan a sabios caballeros,
- danlos a fementidos lisonjeros.
-
- »Mas tú, de quien quedó tan mal pagado
- un tal vasallo, rey no agradecido,
- si no le diste tu sublime estado,
- él te dió reino y mando esclarecido;
- y en cuanto fuere el mundo rodeado
- del Sol, será de todos conocido,
- y vivirá entre gentes pobre y claro,
- y tú en esto culpado por avaro.
-
- »Otro vendrá, cantaba, intitulado
- con el nombre real: traerá consigo
- el hijo que en el mar será ilustrado,
- siéndole de sus hechos buen testigo:
- ambos darán con brazo fuerte, armado,
- a la fértil Quiloa cruel castigo,
- poniendo en ella un rey tal de su mano,
- echando fuera el pérfido tirano.
-
- »Dejarán a Mombaza, que se arrea
- de casas suntuosas y edificios,
- con hierro y fuego tan talada y fea,
- que pague por cabal sus maleficios;
- y en la costa, que toda se rodea
- de leños enemigos y artificios,
- contra los Lusos, a velas y remos,
- el mancebo Lorenzo hará extremos.
-
- »Dentro en las naos del Samorín potente,
- que henchirán el mar, la gran pelota
- que saldrá del cañón de cobre ardiente
- dejará casco, mangle y vela rota;
- y los garfios echando osadamente,
- dará en la capitana, algo remota,
- tan presto, que la deje con su espada
- de cuatrocientos moros libertada.
-
- »Mas de Dios la divina providencia,
- que sabe bien de qué es mejor servida,
- a do no vale esfuerzo ni prudencia
- para guardar la vida ya perdida,
- en Chaúl, donde en sangre y resistencia,
- con hierro y fuego, el agua está teñida,
- le harán que con vida no se vaya
- las armadas de Egipto y de Cambaya.
-
- »Allí el poder inmenso de esta gente,
- que el grande esfuerzo con su fuerza apoca,
- los vientos que le faltan y el ferviente
- mar, que lo va arrojando a triste roca,
- todo se conjuró contra el potente;
- mas vaya el que de fuerte algo se toca
- y a Esceva verá aquí despedazado,
- sin saber ser rendido ni domado.
-
- »Fáltale una rodilla, que en pedazos
- la lleva un ciego tiro que pasara;
- mas donde faltan piernas sobran brazos
- y el fuerte corazón que le quedara;
- hasta que otra pelota dió en los lazos
- con que el alma en el cuerpo se enlazara:
- de la prisión mortal voló a la hora
- al cielo do se halla vencedora.
-
- »Vete, alma, en paz, de guerra tan sangrienta,
- en la cual mereciste paz serena;
- que al cuerpo, que en pedazos se presenta
- quien lo engendró venganza ya le ordena:
- ya oigo resonar la gran tormenta
- que viene a dar la cruda y triste pena
- de esperas, basiliscos y trabucos
- a los cambaicos y a los mamelucos.
-
- »Viene el padre con ánimo estupendo,
- con lástima y coraje por antojos,
- con que el paterno amor le está trayendo
- fuego en el corazón, agua en los ojos:
- la ira le venía aprometiendo
- que ha de ofrecer al hijo por despojos
- tal multitud que el Nilo sea en sentirla,
- el Indo pueda verla, el Gange oirla.
-
- »Cual el toro celoso, que se ensaya
- a la pelea, que sus cuernos tienta
- al tronco de una encina o dura haya
- y en la tierra su fuerza experimenta,
- tal, antes que en el reino de Cambaya
- entre Francisco airado, en la opulenta
- Dabul su espada afila, y prueba el filo
- cortando de los más el vital hilo.
-
- »Y entrando por el puerto de la Dío,
- ciudad ilustre en cercos y batallas,
- destrozará la armada, con gran brío,
- de Calicut, que remos trae por mallas;
- la de Melique rendirá con frío
- temor, pudiendo el fuego así espantadas,
- que a las gentes dará en el hondo asiento
- secreto lecho de húmedo elemento.
-
- »Mas la de Mir-Hocén, que, blasonando,
- la furia esperará de vengadores,
- verá brazos y piernas ir nadando,
- sin cuerpos, por el mar de sus señores:
- rayos de fuego irán representando
- con ciego ardor los bravos domadores:
- cuanto allí sentirán ojos y oídos
- llamas y humo será, con alaridos.
-
- »Mas ¡ay!, que de esta próspera victoria,
- cuando a su patrio Tajo dé la vuelta,
- casi le robará toda su gloria
- un suceso de suerte a su mal suelta.
- El cabo Tormentorio su memoria
- con huesos guardará, y allí resuelta
- la vida, volverá a su Dios el alma
- a quien le dió el Egipto e India palma.
-
- »Tendrán allí los cafres más potencia
- que los moros destrísimos tuvieron,
- y con palos harán más resistencia
- de la que flechas y arcos le hicieron:
- juícios de divina Providencia,
- a quien gentes que no los entendieron
- les llaman hado malo, suerte obscura,
- siendo de solo Dios voluntad pura.
-
- »Ved con qué nueva luz el laberinto
- del Globo se aclaró, la voz sonaba,
- mostrando el mar Melinde en sangre tinto,
- con la ciudad de Lamo, de Oja y Brava,
- por Acuña feroz, que nunca extinto
- será su nombre en todo el mar que lava
- las islas de Austro y playas que se llaman
- de San Lorenzo, que en el Sur se afaman.
-
- »Esta luz es del fuego y relucientes
- armas con que Alburquerque irá amansando
- los Parseos de Ormuz, que por valientes
- rehusarán el yugo honroso y blando:
- las saetas verán allí las gentes
- recíprocas volver al gentil bando
- contra quien las tiró: que Dios guerrea
- por quien por su fe santa entra en pelea.
-
- »Allí de sal los montes no defienden
- de corrupción los muertos en combate;
- mas por la larga playa y mar se extienden
- de Gerún, de Mazcate y Calayate,
- hasta que a pura fuerza ya desprenden
- a bajar la cerviz, donde se le ate
- la obligación de dar el reino inico
- de perlas de Barén tributo rico.
-
- »¡Oh qué gloriosas palmas tejer veo
- para la gloria de la gran Lisboa
- cuando con fuerte brazo y gran deseo
- a la isla ganó fuerte de Goa!
- Después, obedeciendo al hado feo,
- la deja, y de ella vuelve al mar la proa,
- por tornarla a ganar: que esfuerzo y arte
- vencen a la Fortuna y propio Marte.
-
- »Ved que vuelve sobre ella y va rompiendo
- por las pelotas, muros, fuego y lanzas,
- abriendo el escuadrón espeso, horrendo,
- doquiera que con golpe o espada alcanzas:
- van los soldados ínclitos haciendo,
- cual toros o leones, mil matanzas,
- cuando se celebró la fiesta dina
- de la gloriosa virgen Catalina.
-
- »Ni es mucho si a tal hombre te rendiste,
- puesto que rica en todo y asentada
- al Oriente te veas, do naciste,
- opulenta Malaca celebrada.
- Las venenosas flechas que hiciste,
- los crises con que estabas pertrechada,
- amorosos malayos, jaos valientes,
- al Luso serán todos obedientes.»
-
- Más estancias cantara esta sirena
- en loor del clarísimo Alburquerque,
- mas una ira le ataja que a él condena,
- aunque su ilustre fama el mundo cerque.
- El grande capitán, que el hado ordena
- que con trabajos gloria eterna merque,
- más ha de ser un blando compañero
- a los suyos, que juez cruel y entero.
-
- Porque en tiempo de hambres y asperezas,
- dolencias, flechas y rayos ardientes,
- usar fieros castigos y bravezas
- en los soldados fuertes y valientes,
- parecen villanías y brutezas
- de pechos inhumanos, insolentes,
- dar extremo castigo por la culpa
- que flaca humanidad y amor disculpa.
-
- No fué la culpa, no, de grave incesto
- ni de violento estupro en virgen pura,
- ni menos adulterio deshonesto,
- sino con una esclava vil y obscura:
- si el pecho, o de celoso, o de modesto,
- o de usado a crueldad terrible y dura,
- con los suyos la ira no refrena,
- a blanca fama negra mancha ordena.
-
- A Apeles vió Alejandro enamorado
- de su Campaspe, y dársela consiente,
- no siendo su soldado exprimentado
- en algún duro cerco, o guerra urgente.
- Sintió Ciro que andaba ya abrasado
- Araspas de Pantea en fuego ardiente,
- que él en guarda tomó, con fe y promesa
- de nunca en esta presa hacer presa.
-
- Mas viendo el claro persa que, vencido
- era de amor, que no tiene defensa,
- la culpa le perdona, y fué servido
- de él en un grave caso en recompensa.
- Por fuerza de Judita fué marido
- el fuerte Baldovino, mas dispensa
- con él Carlos y dale empresas grandes,
- que viva y poblador quede de Flandes.
-
- Prosiguiendo la ninfa el dulce canto,
- de Suárez canta «cómo las banderas
- desplegaría con temor y espanto
- por las rojas arábicas riberas:
- Medina abominable teme tanto
- cuanto Meca, y Gidá, con las postreras
- playas de Abasia: Bárbora se exime
- del mal, de que el imperio Zeila gime.
-
- »La noble isla también de Taprobana,
- por el antiguo nombre tan famosa,
- cuanto ahora soberbia y soberana
- por la corteza cálida olorosa,
- tributo pagará a la Lusitana
- bandera, cuando clara y gloriosa
- venciendo se alzará en la torre fuerte
- de Columbo, temida a par de muerte.
-
- »Sequeira por las aguas eritreas
- a tu imperio abrirá nuevo camino,
- con que, reina Sabá, tanto te arreas
- y Cándace lo tiene por divino:
- a Mazuá descubre, y si rodeas,
- verás el puerto Aquico allí vecino,
- y hará descubrir remotas tierras,
- cuáles con dulce paz, cuáles con guerras.
-
- »Vendrá después Meneses, cuyo hierro
- en Libia será más que acá probado:
- de la soberbia Ormuz vengará el yerro
- con que pague el tributo al tresdoblado:
- también tú, Gama, en pago del destierro
- en que estás, te verás acá tornado
- con título de conde que escogiste:
- la tierra mandarás que descubriste.
-
- »Mas la necesidad fatal y urgente
- de quien ningún humano es eximido,
- con título real y preeminente
- te quitará del mundo fementido.
- Será el otro Meneses presidente,
- mayor que no en la edad en el sentido:
- gobernará y hará al dichoso Enrique
- que en el mundo su fama se publique.
-
- »No sólo vencerá los Malabares,
- destruyendo a Panane con Coulete,
- sin temer las bombardas que en lugares
- peligrosos su fuego se entremete;
- mas con virtudes claras, singulares,
- los enemigos vence, y acomete
- del alma la codicia, incontinencia
- que en edad tan lozana es excelencia.
-
- »Después que las estrellas lo llamaren,
- tomarás, Mascareñas, el gobierno,
- y si injustos el mando te quitaren,
- no te podrán quitar el nombre eterno:
- para que tus hazañas más se aclaren
- el hado te ha traído más superno
- a mandar, más de palmas coronado
- que de justa fortuna acompañado.
-
- »Del reino de Bintán, que tantos daños
- tiene a Malaca mucho tiempo ha hechos,
- en solo un día injurias de mil años
- vengarás con favor de ilustres hechos:
- los trabajos, peligros, los engaños,
- de hierro abrojos mil, pasos estrechos,
- trincheras, baluartes y saetas,
- te quedan que las rompas y sometas.
-
- »Mas la codicia y ambición que muestra
- su rostro descubierto en el imperio
- contra Dios y justicia, siendo diestra,
- disgusto te hará, no vituperio.
- El que injuria hiciere, con siniestra
- fuerza y poder en que se ve, adulterio
- acomete, y no vence, que victoria
- es ganar de justicia eterna gloria.
-
- »Mas con todo no niego que Sampayo
- será en esfuerzo ilustre y señalado,
- mostrándose en el mar un fiero rayo,
- que de enemigos mil verá cuajado.
- En Bacanor hará cruel ensayo,
- y en Malabar, para que, amedrentado,
- después de ser vencido de él se venga
- Cutiale, con cuanta armada tenga.
-
- »Y no menos de Dío la gran flota,
- que Chaúl temerá por ser osada,
- con la vista será perdida y rota,
- por Héctor de Silveira destrozada;
- por Héctor, portugués, de quien se nota
- que en la costa Cambaica siempre armada
- será a los Guzarates tan tirano
- cuanto lo fué a los griegos el Troyano.
-
- »A Sampayo sucede en fuerza y cargo
- Cuña, que en Chale torres levantadas
- tendrá, teniendo el mando tiempo largo
- y a Dío con sus gentes refrenadas.
- El fuerte Bazaín con trance amargo
- de guerra ganará, con cuchilladas
- de que gime Melique que la espada
- a su trinchera tenga sujetada.
-
- »Tras él vendrá Noroña, y con bullicio
- de armas los fieros Rumes ahuyenta
- de Dío, que el valor y el ejercicio
- de Antonio de Silveira la sustenta:
- en Noroña la muerte hace su oficio
- cuando un tu ramo, oh Gama, se presenta
- al gobierno indiano, cuyo celo
- hará temblar la mar, el aire y suelo.
-
- »De manos de tu Esteban tomaría
- las riendas el que ya será ilustrado
- en Brasil con dar muerte áspera y fría
- al pirata francés, al mar usado;
- y capitán mayor, escalaría
- el muro de Damán, soberbio, armado,
- entrando él el primero por la puerta
- que fuego y flechas mil tienen cubierta.
-
- »A éste el rey cambaico soberbísimo
- fortaleza dará en la rica Dío,
- porque contra el Mogor poderosísimo
- le ayude a defender su señorío:
- después irá con pecho esforzadísimo
- a quitarles el paso por el río
- al rey de Calicut, que en aquel seno
- lo hará retirar de sangre lleno.
-
- »La ciudad Repelín será talada,
- puesto su rey con muchos en huída,
- y al cabo Comorín desbaratada
- con su valor y fuerza esclarecida.
- De Samorín la grande y gruesa armada,
- que a destruir el mundo se convida,
- vencerla ha con furor de hierro y fuego
- y así verá Beadala el marcio juego.
-
- »Estando la India limpia de contrarios,
- vendrá después con cetro a gobernalla
- quien no halle resistencia ni adversarios,
- mas toda la refrene con miralla.
- Si los peligros quieres ordinarios
- probar tú, Baticala, que Beadalla,
- de sangre y cuerpos muertos serás llena
- y con fuego arrojada por la arena.
-
- »Éste será Martín, que trae de Marte
- el nombre con las obras derivado:
- tanto en armas se ilustra en toda parte,
- cuanto en consejos sabio y bien mirado.
- Castro sucederá, que el estandarte
- portugués tendrá siempre levantado,
- sucesor digno al que le ha precedido,
- que a Dío levantada ha defendido.
-
- »Los Persas, Abasís, Rumes feroces
- que del nombre de Roma nombre tienen,
- varios de gestos, de costumbre atroces,
- mil naciones al cerco fieras vienen:
- mil quejas dan al cielo, al mundo voces,
- que unos pocos la tierra les detienen:
- en sangre Portuguesa juran todos
- de bañar los mostachos, rostros, codos.
-
- »Basiliscos horribles y leones,
- trabucos fieros, minas encubiertas,
- sustenta Mascareñas con varones
- que las muertes ya tienen por muy ciertas,
- hasta que en las mayores opresiones
- Castro libertador, haciendo ofertas,
- de sus hijuelos, quiere que ilustrados
- queden, siendo a su Dios sacrificados.
-
- »Hernando, digno ramo de esta planta
- donde el violento fuego con ruído
- las torres hiende y muros que quebranta,
- lo vuela, y de allí al cielo fué subido.
- Álvaro, cuando el frío al mundo espanta,
- y el camino con nieve está impedido,
- vence la mar, las aguas, los contrarios
- vientos, los enemigos adversarios.
-
- »Veis acá el padre que las ondas corta
- con el resto de gente Lusitana,
- y con fuerza y saber, que más importa,
- la batalla presenta soberana:
- por las paredes el camino acorta
- a la entrada, mas otros por la insana
- escuadra. Hechos hacen, de memoria
- dignos, que no cabrán en larga historia.
-
- »Este después en campo se presenta
- vencedor, fuerte, intrépido, al pujante
- rey de Cambaya, a quien más desalienta
- la fiera multitud cuadrupedante;
- y no menos sus tierras no sustenta
- Hidalcán, contra el brazo que triunfante
- a Dabul da castigo por respuesta;
- ni Pondá escapa, tierra adentro puesta.
-
- »Estos y otros varones, por mil partes
- dignos todos de fama y escritura,
- haciéndose en la tierra bravos Martes,
- gozarán de esta isla su frescura;
- arrastrando en el mar los estandartes
- vencedores con próspera ventura,
- hallarán estas ninfas, estas mesas,
- que glorias y honras son de altas empresas.»
-
- Cantaba esto la ninfa, y todas ellas
- con sonoroso aplauso voces daban,
- con que de los donceles y doncellas
- las bodas con placer se celebraban:
- ya no podrá Fortuna, ni aun estrellas,
- quitarles el valor que aquí alcanzaban,
- ni os tiene de faltar, gente famosa,
- honra, nombre ni fama glorïosa.
-
- Después que aquí la corporal flaqueza
- se satisfizo del mantenimiento,
- y a la dulce armonía y gran destreza
- el oído le dieron, pronto, atento,
- Tetis, de gracia ornada y gentileza,
- para darles mayor contentamiento
- y las fiestas doblar de aqueste día,
- al valeroso Gama así decía:
-
- «Merced te hace, oh Gama, la sapiencia
- suprema que con ojos corporales
- veas lo que no puede ver la ciencia
- de los bajos y míseros mortales:
- mis pasos seguirás con gran prudencia
- por este monte, tú con tus iguales.»
- Y con esto se entró un bosque cerrado
- do nunca humano pie fuera estampado.
-
- No andan mucho, cuando en la alta cumbre
- se hallan, donde un campo se esmaltaba
- de esmeraldas, rubís, que a la vislumbre
- ser el cielo estrellado figuraba:
- un globo está en el aire, a quien la lumbre
- clarísima con rayos penetraba,
- de modo que su centro es evidente,
- como la superficie, claramente.
-
- Cuál sea su materia no está claro,
- mas divísase bien que está compuesto
- de varios orbes que el Maestro raro
- compuso un solo centro a todos puesto:
- en que se abaje o alce no reparo,
- pues no se alza o abaja, mas un puesto
- en toda parte tiene, en cualquier parte
- está principio y fin por divina arte.
-
- Uniforme, perfecto y sostenido
- en sí (tal arquetipo lo criara),
- viendo el Gama tal Globo, conmovido
- de deseo y espanto se quedara:
- «Aquí, dijo la diosa, reducido
- en un pequeño espacio se te aclara
- el mundo porque en él distinto veas
- por dó vas, dónde irás, lo que deseas.
-
- »Ves aquí la gran máquina del mundo,
- etérea, elemental, que fabricada
- así fué del saber alto y profundo
- que es sin principio y meta limitada:
- quien cerca alrededor este rotundo
- Globo y su superficie tan limada,
- es Dios; mas quién sea Dios nadie lo entiende,
- que a tanto nuestro ingenio no se extiende.
-
- »Este orbe que primero va cercando
- los otros más pequeños que contiene,
- que está con pura luz claro alumbrando
- de modo que la vista no la atiene,
- el Empíreo se llama, do gozando
- puras almas están del bien que tiene,
- tal que él solo se extiende y él se alcanza,
- de quien no hay en el mundo semejanza.
-
- »Aquí solos los santos glorïosos
- están; que yo, Saturno, Marte o Jano,
- Júpiter, Juno, somos fabulosos,
- fingidos de un descuido ciego, insano:
- sólo para los versos deleitosos
- servimos, y si más el trato humano
- nos puede dar, es que el ingenio vuestro
- a las estrellas ponga el nombre nuestro.
-
- »Y también que la santa providencia,
- que en Júpiter aquí se representa,
- por espíritus mil, con su prudencia,
- gobierna el mundo todo que sustenta:
- aquesto nos declara la alta ciencia
- con los ejemplos grandes que presenta,
- pues los buenos nos guían, favorecen,
- los malos cuanto pueden nos empecen.
-
- »Quiera aquí la pintura que varía,
- ahora dando gusto, ahora enseñando,
- darles nombres que ya la poesía
- a sus dioses los diera fabulando:
- los ángeles de la alta jerarquía
- dioses el sacro verso está llamando,
- ni niega que este nombre preeminente
- a los malos se da, mas falsamente.
-
- »En fin, que el sumo Dios, que por segundas
- causas obra, este mundo todo manda;
- y tornando a contarte las profundas
- obras de aquesta mano veneranda,
- debajo el orbe (ve, no te confundas)
- donde gozan las almas, que no se anda,
- otro corre tan presto y tan ligero
- que no se ve, el cual es móvil primero.
-
- »Con este rapto y grande movimiento
- van todos los que están dentro en su seno:
- por obra de este Sol andando atento,
- el día y noche hace en curso ajeno:
- debajo este veloz anda otro lento,
- tan tardo y sojuzgado al duro freno,
- que en cuanto Febo, de la luz no escaso,
- doscientos cursos hace, da él un paso.
-
-[Ilustración:
-
- Por serviros a todo aparejados,
- lejos de vos, a vos son obedientes:
- en cumplir son, señor, vuestros mandados,
- sobre cuantos se hallan diligentes;
-
- _Canto X, Estr. 148._
-]
-
- »Mira esotro debajo que esmaltado
- de cuerpos lisos anda, y radiantes,
- que en él guardan su curso concertado
- y en sus ejes se muestran las errantes;
- bien ves cómo se viste y está ornado
- de un largo cinto de oro que, estrellantes,
- doce animales tiene figurados,
- aposentos de Febo limitados.
-
- »Mira por otras partes la pintura
- que las estrellas claras van haciendo;
- mira el Carro, la Barca y Cinosura,
- Andrómeda, su padre, y el horrendo
- Dragón, de Casiopea la hermosura,
- de Orión el gesto tan tremendo,
- mira el Cisne muriendo que suspira,
- la Liebre, la Canícula, la Lira.
-
- »Debajo de este grande firmamento
- de Saturno es el orbe que prosigo:
- Júpiter luego hace movimiento;
- Marte debajo, bélico enemigo,
- del ojo el cielo, tiene el cuarto asiento;
- y Venus los amores trae consigo;
- Mercurio, de elocuencia soberana;
- con tres rostros abajo está Diana.
-
- »En todos estos orbes diferente
- curso verás: cuál grave, cuál más presto;
- ora huyen del centro largamente,
- ora hacen su curso cabe él puesto:
- bien como quiso el Padre omnipotente
- que el fuego, el aire y viento y nieve ha puesto,
- a los cuales verás estar más dentro
- y que tienen la tierra y mar por centro.
-
- »Este centro es posada a los humanos,
- que no sólo de osados se contentan
- con sufrir de la tierra los insanos
- peligros, mas la mar experimentan:
- verás las varias partes que indianos
- mares dividen, donde se aposentan
- varias naciones, reinos eminentes,
- en leyes y costumbres diferentes.
-
- »Ve la Europa cristiana, muy más clara
- que las demás en gracia y fortaleza;
- África, de sus bienes tan avara,
- inculta y toda llena de bruteza;
- mira el cabo que siempre se os negara
- que al Austro lo asentó naturaleza;
- mira esa tierra toda, que se habita
- de la gente sin ley casi infinita.
-
- »Ve de Monomotapa el grande imperio,
- de selvática gente negra y perra,
- donde el santo Gonzalo vituperio
- padecerá por Cristo y dura guerra:
- nace por este incógnito hemisferio
- el metal, por quien más la gente yerra:
- mira del lago donde se derrama
- el Nilo, cómo corre el río Guama.
-
- »Ve las casas de negros siempre abiertas
- y cómo viven todos confiados:
- la justicia las guarda más que puertas,
- y a ninguno sus bienes son robados:
- mira las tierras de éstos ya cubiertas,
- cual de tordos los árboles cuajados,
- de Zofala cercar la fortaleza,
- que defenderá Añaya con destreza.
-
- »Ve las lagunas donde el Nilo nace,
- que los antiguos nunca conocieron,
- en cuya playa el cocodrilo pace
- y gentes de Abasís en Dios creyeron;
- a quien ni la muralla falta hace,
- mas siempre a sus contrarios resistieron:
- ve a Meroe, que isla fué de antigua fama
- y ahora el natural Nobá la llama.
-
- »Aquí en aquesta tierra un hijo tuyo
- en armas contra el Turco será claro:
- Don Cristóbal será el gran nombre suyo,
- mas contra el fin fatal no habrá reparo:
- ve la costa del mar, de do no huyo,
- pues Melinde dió en ella hospicio caro:
- el río, nota bien, que su romance
- suele llamar Obi y entra en Quilmance.
-
- »Ve el cabo que fué Arómata llamado,
- y llaman Guardafú sus moradores;
- de la boca comienza del nombrado
- mar Rojo, que del fondo trae colores:
- éste como mojón está arrojado
- que Asia y África parte, y las mejores
- poblaciones de Libia que aquí miro
- Mazuá son, Zuarque, con Arquiro.
-
- »Ve la extrema Suez, que antiguamente
- de Héroas dicen ser ciudad nombrada:
- otros dicen que Arsinoe, y al presente
- con la flota de Egipto es afamada:
- mira el agua do abrió por su corriente
- camino el gran Moisés siendo tocada:
- Asia comienza aquí, que se presenta
- en tierras grande, en reinos opulenta.
-
- »Mira el monte Sinaí, que se ennoblece
- con el cuerpo de Santa Catalina:
- mira Toro y Gidá, a quien enflaquece
- la falta de agua clara cristalina:
- las puertas del estrecho do fenece
- el reino de la Adén, que allá confina
- con la sierra de Arcira, piedra viva,
- donde la lluvia nunca se deriva.
-
- »Ve las Arabias tres, que tanta tierra
- toman, todas de gente vaga y baza,
- donde vienen caballos para guerra
- ligeros y muy fuertes, de alta raza;
- ve la costa que corre hasta que cierra
- otro estrecho de Persia y hace traza
- con el cabo que el nombre lo apellida
- de Fartaque, ciudad allí subida.
-
- »Mira a Dofar, insigne en oloroso
- incienso, necesario al sacrificio;
- y a Rozalgate, reino populoso,
- cuyas playas desiertas hace el vicio;
- mira el reino de Ormuz, que tan famoso
- Castelblanco lo hizo con su oficio,
- rindiendo a su valor la turca armada
- por virtud de su brazo y de su espada.
-
- »Mira el cabo Asaboro, que llamado
- ahora es Mozandán de navegantes:
- por aquí se entra el lago que es cerrado,
- de Arabia y Persia tierras abundantes:
- mira la isla Barén, que el fondo ornado
- tiene de ricas perlas, rutilantes
- más que la Aurora: ve en la agua salada
- de Tigris y de Eufrates una entrada.
-
- »Mira el persiano imperio memorable,
- siempre puesto en el campo y en caballos,
- a quien el cobre fué injuria notable
- y no traer de las armas duros callos:
- mas la isla Gerum, muy miserable,
- que ve el tiempo sus muros derriballos,
- muestra cómo de Armuza, que allí estuvo,
- ella el nombre después y gloria tuvo.
-
- »Aquí de don Felipe de Meneses
- se muestra la virtud en armas clara,
- cuando con muy poquitos portugueses
- los muchos Párseos vencerá de Lara:
- querrán probar los golpes y reveses
- de don Pedro de Sosa, que probara
- ya su brazo en Ampaza, sujetada
- con valor de su capa y de su espada.
-
- »Dejemos el estrecho y conocido
- cabo de Iasque, Carpella llamado,
- con todo su terreno mal querido,
- de bienes de natura despoblado:
- Carmania tuvo ya por apellido,
- mas ves el Indo que del fresco lado
- de aquella altura baja sonriendo,
- y de otra igual el Gange está corriendo.
-
- »Ve la tierra de Ulcinde fertilísima,
- de Iaquete la íntima ensenada:
- la henchiente de la mar mira grandísima,
- la vaciante que huye apresurada:
- la tierra de Cambaya ve riquísima,
- donde del mar el seno hace entrada:
- ciudades otras mil, que voy pasando,
- a vosotros aquí se están guardando.
-
- »La costa para el Sur corre indiana
- y al cabo Comorí, Cori llamado,
- que enfrente de sí tiene a Taprobana,
- que de Ceilán el nombre haya tomado:
- por este mar la gente Lusitana,
- después de ti, vendrá con brazo armado:
- tendrá victorias, tierras y ciudades,
- y en ellas vivirá muchas edades.
-
- »Las provincias que entre uno y otro río
- ves, con varias naciones infinitas,
- de varios reyes es su señorío
- a quien el diablo dió leyes escritas.
- Ve de Narsinga, que el terreno frío
- las reliquias posee, santas, benditas,
- del cuerpo de Tomé, varón sagrado
- que la mano a Jesús metió en su lado.
-
- »Aquí la ciudad fué que se llamaba
- Meliapor, hermosa, grande, rica:
- los ídolos antiguos adoraba
- como lo hace aquesta gente inica:
- lejos del mar en aquel tiempo estaba
- cuando la fe de Dios Tomé predica,
- que doctrinando al mundo ya pasara
- provincias mil y a todas enseñara.
-
- »Llegó aquí a predicar la salud, dando
- a los enfermos y a los muertos vida:
- acaso por la mar viene nadando
- un leño de grandeza desmedida:
- desea el rey, que andaba edificando,
- llevarlo do la obra le convida,
- y piensa de moverlo con pujantes
- fuerzas de hombres, ingenios de elefantes.
-
- »Era tan grande el peso del madero,
- que para menearlo nada basta;
- mas el nuncio de Cristo verdadero
- menos trabajo en tal negocio gasta:
- ata el cordón que trae por lo postrero
- del leño y del gran peso lo desbasta:
- tráelo donde se haga un sacro templo
- que quede a los futuros por ejemplo.
-
- »Sabía bien que si con fe formada
- mandase a un hombre sordo que se mueva,
- tiene de obedecer la voz sagrada,
- que así lo enseñó Cristo y él lo prueba:
- la gente queda de esto alborotada:
- los bramines, que ven ser cosa nueva,
- viendo aquestos milagros tan patentes,
- han miedo de quedar menos potentes.
-
- »Estaban ya con celos envidiosos,
- temiendo que la gente en Dios no crea;
- buscan maneras mil, casos astrosos
- por do Tomé se vaya o muerto sea:
- el principal de aquestos orgullosos
- quiere que un caso horrendo el mundo vea,
- que enemiga no hay tan dura y fiera
- como la virtud falsa a la sincera.
-
- »Un hijo propio mata, y luego acusa
- de homicidio a Tomé, que era inocente:
- con falsos testimonios, como se usa,
- lo condenan a muerte brevemente:
- el santo, que no ve mejor excusa
- que apelar para el Padre omnipotente,
- quiere delante el rey y los señores
- un milagro hacer de los mayores.
-
- »El cuerpo muerto manda ser traído,
- que resucite y sea preguntado
- quién fué su matador: será creído
- por testigo fïel más aprobado:
- el mozo se levanta con sentido
- en nombre de Jesús crucificado:
- da gracias a Tomé que le dió vida,
- descubre ser su padre el homicida.
-
- »Causó aqueste milagro tal espanto,
- que el rey se baña luego en agua santa,
- y con él muchos: uno besa el manto,
- otro loor a Dios y a Tomé canta:
- los bramines se hinchen de odio tanto,
- púnzales con veneno envidia tanta,
- que, persuadido el vulgo innoble, obscuro,
- muerte le quiere dar sobre seguro.
-
- »Un día que enseñando al pueblo estaba
- fingieron en la gente un gran ruido:
- ya Cristo en este tiempo le ordenaba
- que con palma a los cielos sea subido:
- la multitud de piedras que volaba,
- al santo da, a la muerte ya ofrecido,
- y un malo, por hartarse más de priesa,
- por el pecho una lanza le atraviesa.
-
- »Lloráronte, Tomé, el Gange famoso
- y el Indo, con la tierra que pisaste:
- más te lloran las almas que el lustroso
- rayo de fe perdieron que enseñaste:
- los ángeles con canto sonoroso
- a la gloria te llevan que ganaste:
- pedímoste, Tomé, que favorezcas
- tus Lusos y que a Dios se los ofrezcas.
-
- »Vosotros que usurpáis el nombre claro
- de ser, como Tomé, de Dios enviados,
- ¿cómo os estáis de asiento, y sin reparo
- dejáis a los infieles deslumbrados?
- Sal sois, y si os podrís en vuestro caro
- nido, donde profetas no hay nombrados,
- ¿con qué se salarán en nuestros días
- (infieles dejo) tantas herejías?
-
- »Mas paso esta materia peligrosa:
- tornemos a la costa dibujada:
- ya con esta ciudad tan populosa
- se encorva la gangética ensenada:
- corre Narsinga, rica y poderosa;
- corre Orixa, de ropas abastada,
- y al fin de aquesta entrada el dulce río
- Ganges viene al salado señorío.
-
- »Ganges, do es abusión de habitadores
- que muriendo bañados, con certeza,
- aunque hayan sido grandes pecadores,
- recobran con esta agua gran pureza:
- ve a Chatigán, ciudad de las mejores
- de Bengala, que estima su realeza
- y no ve que está puesta en tierra angosta
- al Austro, ladeada a aquesta costa.
-
- »Mira el reino Aracán, mira el asiento
- de Pegú, que ya monstruos lo poblaron
- monstruos hijos de feo ayuntamiento
- de una mujer y can, que aquí se hallaron:
- alambre usan aquí en el instrumento
- de la generación, el cual usaron
- por maña de la reina que, inventando
- tal uso, fuera echó el error nefando.
-
- »Mira Tauay, ciudad de do se sigue
- de Sión el imperio tan crecido:
- Tenasarí, Quedá, que dar prosigue
- pimienta que su tierra ha producido:
- mira cómo a estas todas las persigue
- Malaca, con su imperio ennoblecido,
- y cómo todas a ella por mil vías
- procuran enviar mercaderías.
-
- »Dicen que de esta tierra con pujantes
- aguas el mar entrando dividiera
- la noble isla Samatra, que ya de antes
- juntas ambas la gente antigua viera:
- Quersoneso fué dicha de abundantes
- venas de oro que la isla produjera:
- Áurea por epiteto le ayuntaron;
- otros que fuese Ofir imaginaron.
-
- »En punta de la tierra Singapura
- verás donde el camino más se estrecha
- a la flota; la costa a Cinosura
- se encorva, y a la Aurora está derecha:
- ve a Pan y Patane, reinos; la altura
- de Sión a quien todo el lado pecha:
- mira el río Menón, que se derrama
- del grande lago que Chiamay se llama.
-
- »Ve en este gran terreno diferentes
- nombres de mil naciones no sabidas:
- los Laos, en tierra y número potentes;
- Anás, Bramás, por sierras tan cumplidas:
- ve en los remotos montes otras gentes
- que Geos se llaman, de silvestres vidas:
- humana carne comen, y pintados
- con husillos ardiendo son quemados.
-
- »Ves pasa por Camboya Mecón río,
- que capitán del agua se interpreta:
- tantas recibe en sí por el estío
- que los campos aniega e inquieta:
- hinchentes tiene como el Nilo frío:
- la gente de su orilla cree indiscreta
- que los brutos tendrán de cualquier suerte
- o gloria o pena eterna con la muerte.
-
- »Este recibirá plácido y blando
- en sí los tristes Cantos que mojados
- vendrán, del gran naufragio miserando
- de procelosos bajos escapados,
- de hambres, de peligros grandes, cuando
- serán con mando injusto ejecutados
- en aquel cuya lira sonorosa
- será más celebrada que dichosa.
-
- »Mira la costa que Champá se llama,
- con oloroso palo celebrada,
- y a Cochinchina, sin su nombre y fama,
- y de Ainán la incógnita ensenada:
- aquí el soberbio imperio, que se afama
- en tierras y riqueza no pensada,
- de China corre, ocupa el señorío
- desde el Trópico ardiente al Cinto frío.
-
- »Mira el muro, edificio no creído,
- que entre un imperio y otro se edifica,
- indicio claro, cierto y conocido
- de su grande potencia extraña y rica:
- el rey que de ella es rey no es rey nacido,
- ni la casta real se multiplica;
- mas escogen por rey al más famoso
- caballero, discreto y virtuoso.
-
- »Aun otra mucha tierra se te esconde
- hasta que venga tiempo de mostrarse;
- mas las islas del mar no dejes, donde
- quiso naturaleza señalarse:
- esta medio escondida, que responde
- a la China, por donde va a buscarse,
- es Japón, donde nace plata fina
- que ilustrada será con ley divina.
-
- »Mira acá por los montes del Oriente
- las infinitas islas derramadas:
- ve a Tidore, a Ternate, y la ferviente
- cumbre que de sí arroja llamaradas:
- las árboles verás de clavo ardiente,
- con Portuguesa sangre bien compradas,
- y las doradas aves, que en el suelo
- no se ven, sino muertas y sin vuelo.
-
- »Ve de Banda las islas, que se esmaltan
- de la color que pinta el rojo fruto;
- las aves tan pintadas que allí saltan,
- cogiendo de la nuez verde tributo:
- ve también a Borneo, do no faltan
- lágrimas, ni licor cuajado, enjuto,
- del árbol que alcanfor blanco es llamado,
- con que de la isla el nombre es celebrado.
-
- »Ve a Tinor, que a tu reino llevar manda
- sándalo salutífero oloroso:
- ve la Sunda, tan larga, que una banda
- esconde para el Sur dificultoso:
- la gente del país, que tierras anda,
- un río dice haber miraculoso
- que por adonde corre no mezclado
- convierte en piedra el palo que es echado.
-
- »Mira la que por tiempo fué isla hecha,
- que por la cumbre llamas evapora;
- la fuente que olio da de su cosecha,
- oloroso licor que el tronco llora,
- más fragante que cuanto se aprovecha
- de la hija de Ciniras, do mora:
- de cuanto las más tienen es tesoro,
- y más da blanda seda y muy fino oro.
-
- »Mira el Ceilán, que monte se levanta
- sobre las nubes con nueva grandeza:
- por cosa los de allí la tienen santa,
- porque hay señal de un pie en la suma alteza:
- mira a Maldivia, do nace la planta
- en el agua con tal naturaleza
- que es su fruto al veneno más potente
- antídoto escogido y excelente.
-
- »Verás defrente estar del rojo estrecho
- Socotorá, con áloe famosa:
- otras islas también rendirá el pecho
- del Luso en la africana costa astrosa,
- que darán en olores gran provecho
- la masa al mundo incógnita y preciosa:
- de San Lorenzo ve la isla afamada,
- de algunos Madagascar fué llamada.
-
- »Aquestas son las partes del Oriente
- que vosotros haréis claras al mundo,
- abriendo al ancho mar puerta patente
- con un pecho invencible, furibundo;
- mas es también razón que en el Poniente
- un hecho se celebre sin segundo
- de un Portugués que, del rey agraviado,
- camino ha de hacer nunca pensado.
-
- »Mira la grande tierra que contina
- va de Calisto a su contrario polo:
- ¡qué soberbia será con rica mina
- de metal que color tiene de Apolo!
- Castilla de tal presa será dina,
- el poder castellano la habrá sólo,
- suyas serán las tierras y las gentes
- en ritos y costumbres diferentes.
-
- »Mas donde más se alarga tendréis parte
- que del palo bermejo quede nota:
- el nombre es Santa Cruz, do cuando parte
- primero la descubre vuestra flota:
- a par de aquesta costa, con grande arte,
- descubrirá la parte más remota
- Magallanes, en hechos marinero,
- mejor que Portugués ni caballero.
-
- »Después que más que media la rodea,
- por donde al polo antártico se inclina,
- de una estatura casi gigantea
- hombres verá en la tierra que es vecina;
- y adelante el estrecho que se arrea
- con nombre de él ahora, do camina
- para otra tierra y mar que queda donde
- Austro con alas frías nos la esconde.
-
- »Hasta aquí, Portugueses, concedido
- os ha sido saber los fuertes hechos
- que por el mar que ya dejáis sabido
- han de hacer varones de altos pechos:
- ahora, pues habéis acometido
- trabajos por quien gracias y provechos
- os darán estas ninfas tan hermosas
- que coronas os tejen tan gloriosas,
-
- »podeisvos embarcar, que tenéis viento
- y mar bonanza, a vuestra patria amada.»
- Esto dicho, hicieron movimiento,
- al punto, de la isla Enamorada:
- llevan de ella refrescos y alimento,
- llevan la compañía deseada
- de ninfas, que tendrán eternamente,
- por más tiempo que el Sol será luciente.
-
- Así fueron cortando el mar sereno
- con viento siempre manso, nunca airado,
- hasta que hubieron vista del terreno
- en que nacieron, tanto deseado.
- Entraron por la hoz del Tajo ameno:
- a su patria querida y rey amado
- el premio y gloria dan porque enviara
- y con títulos nuevos se ilustrara.
-
- No más, oh Musa, que la lira tengo
- destemplada y la voz enronquecida,
- y no del canto, mas de ver que vengo
- cantando a gente sorda, endurecida;
- el favor con que el ánimo sostengo
- no me lo da la patria, que metida
- está en grande codicia y vil dureza
- de una austera, mortal, zafia tristeza.
-
- Y no sé por qué influjo o qué destino
- no tienen un orgullo y gallardía
- que los pechos levanta de contino
- a buscar en trabajos alegría;
- pues, rey que por consejo alto, divino
- la gente gobernáis que el Luso cría,
- mirad que sólo sois (ved otras gentes)
- señor de unos vasallos excelentes.
-
- Mirad qué alegres van por las tormentas,
- cuales fieros leones, toros bravos,
- pasando mil peligros, mil afrentas,
- cual si os fueran, señor, presos esclavos:
- a hierro, a fuego, a saetas turbulentas
- ofrecen su vivir, por poner clavos
- al eje de la rueda de Fortuna,
- porque no os sea mudable, mas siempre una.
-
- Por serviros a todo aparejados,
- lejos de vos, a vos son obedientes:
- en cumplir son, señor, vuestros mandados,
- sobre cuantos se hallan, diligentes;
- y con saber que son de vos mirados,
- demonios infernales, brutas gentes,
- rendirán con esfuerzo esclarecido,
- que vencedor os deje, no vencido.
-
- Favorézcalos luego vuestra alteza
- mostrándoles humana esa presencia:
- de leyes les mitigue la aspereza,
- que es el cierto camino de excelencia:
- a los dignos encumbre en la grandeza
- (que tuvieren bondad con experiencia)
- de vuestro gran consejo, pues que saben
- el cómo y cuándo y dó las cosas caben.
-
- A todos dad favor en sus oficios
- según tienen de vidas el talento:
- los religiosos sean sus ejercicios
- orar por vuestra vida y vuestro aumento:
- con disciplina, ayuno por los vicios
- comunes, la ambición tendrán por viento,
- que el religioso bueno y verdadero
- no busca acá las honras ni el dinero.
-
- Tened los caballeros en estima,
- pues con su sangre intrépida, ferviente,
- la ley no sólo aumentan que es de encima,
- mas vuestro claro imperio, preeminente:
- pues aquellos que a tan remoto clima
- os fueron a servir con celo ardiente,
- dos enemigos vencen, unos vivos,
- y, lo que es más, trabajos excesivos.
-
- Haced como no digan admirados
- los de Alemania, Italia y los ingleses,
- que son mucho mejor para mandados
- que no para mandar los Portugueses.
- Tomad consejo de experimentados
- que vieron largos años, largos meses,
- que puesto que en letrados mucho cabe,
- el viejo mucho más por viejo sabe.
-
- De Formión, filósofo escogido,
- Aníbal, en batallas señalado,
- habiéndole de guerra un poco oído,
- con gallardo donaire se ha burlado:
- «La milicia, le dijo, no he aprendido
- y en ella me conozco más letrado:
- más se aprende en la guerra con las manos
- que en estudios con dichos sabios vanos.»
-
- Mas ¿quién mete en aquesto a un ignorante,
- de vos no conocido ni soñado?
- Es porque de la boca del infante
- suele ser el loor más estimado.
- En las armas soldado, y estudiante,
- a las letras he sido dedicado
- con ingenio, que aquí veréis presente,
- cosas que juntas hay muy raramente.
-
- Brazo para os servir a guerras hecho,
- Musa para os cantar a versos dada;
- mas fáltame el no seros de provecho,
- ni mi fuerza de vos ser estimada:
- si esto me dais, y emprende vuestro pecho
- digna empresa de ser por mí cantada,
- como mi entendimiento lo adivina,
- viendo la inclinación vuestra divina,
-
- o haciendo que, más que de Medusa,
- de vuestro mirar tiemble el monte Atlante,
- o rompiendo en los campos de Ampelusa
- de Marruecos el muro y Turudante,
- en empresa tan alta mi alta musa,
- por ser vuestra, haré que al mundo os cante,
- siendo vos de Filipo el heredero
- y yo a vos lo que a Aquiles le fué Homero.
-
-
-FIN
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- Páginas
-
- CANTO PRIMERO.--Concilio de Júpiter y los demás dioses sobre
- el descubrimiento de la India oriental que el almirante don
- Vasco de Gama, por mandado del Serenísimo Don Manuel, rey de
- Portugal, iba a hacer. En él se muestra Baco adversario, Venus
- propicia, Marte fautor de los portugueses, los cuales descubren
- la isla de Mozambique y Quiloa. Y, finalmente, perseguidos del
- uno y amparados de los otros, no sin muchos trances de guerras y
- peligros de mar, llegaron a Mombaza. 9
-
- CANTO SEGUNDO.--Cuéntase cómo, llegada la flota a Mombaza,
- fuera destruída por orden del adversario Baco, si Venus con las
- Nereidas no acudiera a estorbarlo: la cual alcanza de Júpiter
- que Mercurio bajase a hacer partir de allí al capitán Gama,
- de Mombaza a Melinde, do fué humanamente él y los suyos del
- Melindano recibido, el cual, habiéndolos visitado con amor, les
- pide le cuenten cuál es su tierra, su gente y qué partes del mar
- han corrido y visto en la derrota. 37
-
- CANTO TERCERO.--Respondiendo Gama a lo pedido por el rey
- melindano, describe a Europa en la figura común del cuerpo,
- haciendo a España cabeza y cumbre a Portugal. Comienza a contar
- la genealogía de sus reyes, las diversas victorias que alcanzaron
- de moros y otras gentes. Cuenta la lastimosa muerte de la
- bellísima señora doña Inés de Castro, mujer segunda del rey Don
- Pedro el Cruel, y la justa venganza que de sus matadores tomó,
- habiendo los del rey Don Pedro el Cruel de Castilla. Llega este
- canto hasta la vida del rey Don Fernando el Remiso, hijo de Don
- Pedro el Cruel. 67
-
- CANTO CUARTO.--Cuéntase cómo al rey Don Fernando sucedió Don Juan
- I, de este nombre, hijo bastardo del rey Don Pedro el Cruel: en
- cuyo tiempo hubo las diferencias entre Castilla y Portugal sobre
- la sucesión del reino, donde acaeció lo de Aljubarrota. Cuéntase
- también lo de Toro y Zamora, do fué desbaratado el rey Don
- Alonso, que se quería casar con la excelente señora llamada la
- Beltraneja, sobrina suya, y su hijo Don Juan el II, el cual fué
- el primero que envió a descubrir las partes del Oriente, a quien
- sucedió en reino y propósito Don Manuel, que a Gama envía. 105
-
- CANTO QUINTO.--Prosiguiendo Gama su narración, describe el
- camino de las Indias Orientales hasta Melinde, con las islas,
- puertos y costas que se pasan. Cuenta cómo les apareció el cabo
- Tormentorio, en figura humana, contándole las naos y capitanes
- que en él habían de perecer, y unos tiernos amores suyos, y la
- enfermedad que en Zofala su gente padeció, muriendo mucha de
- ella. Y con esto satisface a las preguntas de patria, gente y
- camino andado que el rey al capitán había pedido. 133
-
- CANTO SEXTO.--Cuéntase cómo, despedidos del melindano rey, y
- asentado trato y comercio de paz con él, se partieron a la India
- con piloto diestro que el rey les diera: en el cual tiempo
- Neptuno, por intercesión de Baco, junta concilio de los dioses
- y diosas del mar: en él se resuelven todos que la flota con
- tempestad sea hundida y anegada. Entreteníanse en esto los que la
- centinela de la noche hacían con la famosa historia de los Doce
- de Inglaterra, con los hechos de Magricio, cuando sobrevino la
- fiera tempestad en que perecieran si Venus no los socorriera. 159
-
- CANTO SÉPTIMO.--Deseada llegada al reino de Calicut, donde
- son recibidos humanamente del Samorín, emperador del reino de
- Cambaya, y hallaron a Monzaide, moro de Túnez, que al rey informa
- de los portugueses y a ellos de la tierra y poder del rey. Va
- un Catual, gobernador suyo, a ver la armada, donde fué recibido
- con gran fiesta; y con ocasión de ciertos retratos que en la nao
- iban, le dan cuentan de su valor y hazañas hechas en África. 185
-
- CANTO OCTAVO.--Gama declara al Catual quién fué Luso, de donde
- se dijo su tierra Lusitania: las famosas hazañas de gentes
- portuguesas y sus reyes. Samorín, emperador, por persuasión de
- hechiceros y de Baco, que todo lo urdía, determinó destruir los
- portugueses y quemarles la flota. Desengañado Gama por Monzaide
- el Africano, sin asentar trato de paz, se vuelve trayendo alguna
- canela, pedrería, y malabares algunos, con el Monzaide, en señal
- de la tierra descubierta en la India. 209
-
- CANTO NONO.--Con ingeniosa ficción se pone un divino refresco y
- ayuda de costa que a los desconsolados portugueses en medio del
- camino su protectora y defensora Venus dió, representándoles
- una isla fantástica llamada de los Enamorados: poniendo en ella
- campos floridos, tiernos amores, prósperos sucesos y premio
- regalado a los trabajos pasados en la mar: alegorizando los
- deleites, al parecer voluptuosos, ser las ilustres honras con
- peligros ganadas. 235
-
- CANTO DÉCIMO Y ÚLTIMO.--La principal de las ninfas que en la
- Enamorada isla a Gama le cupo en suerte le muestra un globo donde
- se describe la India Oriental con todos los lugares y reinos que
- por ellos serán ganados y conquistados, con las victorias que
- los visorreyes y capitanes generales alcanzarán hasta allanar a
- la India toda, y después, despedidos de ella y las demás ninfas,
- hácense a la vela, y vienen a tomar el deseado puerto flota y
- libro. 261
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-ÍNDICE DE LÁMINAS
-
-
- Páginas
-
-Veréis amor de patria, no movido... (pág. 11) 12
-
-Levántase contra él la Venus bella... (pág. 17) 18
-
-Huyendo el moro, el arco va flechando... (pág. 32) 28
-
-Y de estas blandas muestras conmovido... (pág. 47) 44
-
-Ya en el batel del capitán entrado... (pág. 62) 60
-
-Tú solo, cruel amor, con fuerza cruda... (pág. 97) 92
-
-«¡Oh rey, a cuyos reinos y corona... (pág. 123) 122
-
-«¡Oh gloria de mandar, vana codicia... (pág. 129) 138
-
-En fin, que en esta incógnita espesura... (pág. 154) 154
-
-Viendo Vasco de Gama que en el puerto... (pág. 179) 170
-
-Un regidor del reino al puerto estaba... (pág. 196) 186
-
-Por lo que ve pregunta; mas el Gama... (pág. 204) 202
-
-¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada... (pág. 224) 218
-
-De esta arte, en fin, conformes las hermosas... (pág. 256) 250
-
-Por serviros a todo aparejados... (pág. 298) 282
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS LUSÍADAS ***
-
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