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-The Project Gutenberg EBook of El corazón juglar, by Luis G. Urbina
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
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-
-Title: El corazón juglar
-
-Author: Luis G. Urbina
-
-Release Date: October 5, 2020 [EBook #63378]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CORAZÓN JUGLAR ***
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-
-Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images available at The HathiTrust Digital
-Library.)
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- EL CORAZÓN JUGLAR
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- _BIBLIOTECA HISPANO-AMERICANA_
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- LUIS G. URBINA
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- EL CORAZÓN JUGLAR
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-
- Creer-Crear.
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-
- MADRID
- EDITORIAL PUEYO
- ARENAL, 6
- 1920
-
-
- Imprenta de Juan Pueyo. Luna, 29. Teléf. 14-30.--Madrid.
-
-
- _En memoria de JUSTO SIERRA
- vida pura, alma blanca, pensamiento
- altísimo_.
-
- _Ofrenda de mi dolor devoto._
-
- LUIS
-
-
-
-
- LAMINA ANTIGUA
-
- Ya es viejo, mas aun vive cual en sus años mozos,
- bajo un sol veraniego o una invernal ventisca;
- y, por esos caminos, va recitando trozos
- de romances en donde la tristeza se enrisca.
-
- Para llorar dolores y reir alborozos,
- trae a cuestas el viejo la guitarra morisca,
- la obscura compañera de trémulos sollozos,
- «de las voces, aguda; de los puntos, arisca».
-
- De villorrio en villorrio, de posada en posada,
- a la lumbre del día, o a la luz plateada
- de la noche, va el viejo desgranando el cantar.
-
- Un niño se detiene, se asoma una vecina,
- una puerta se abre, un balcón se ilumina...
- Y, rumbo al Sueño, pasa mi corazón juglar.
-
- Madrid, Mayo de 1919.
-
-
-
-
- SOR MELANCOLIA
-
- POEMA DE VIAJE
-
-
- En un convento vivía
- una monja que pasaba
- por santa, y que se llamaba
- la Hermana Melancolía.
-
- AMADO NERVO.
-
-
-
-
-I
-
- APARICIÓN
-
-_Frente a Cádiz._
-
-
- El _Infanta Isabel_ empieza el viaje:
- de la línea del muelle al fin se arranca,
- y la ciudad, como de fino encaje,
- se va esfumando, caprichosa y blanca,
- y se diluye, en gris, sobre el celaje.
-
- El abigarramiento del paisaje,
- con ser tan pintoresco, no interesa
- como el claro horizonte. Es el momento
- en que una nube cárdena y espesa
- extiende un friso de rubí y argento.
-
- Cuando vuelve la calma al entrepuente,
- de codos en la extensa barandilla,
- me pongo a contemplar la maravilla
- de sol, y cielo, y mar, en el Poniente.
-
- Ha comenzado el viaje...
- De improviso
- una figura de mujer absorta
- cerca de mí se yergue, y se recorta
- sobre la luz, con un perfil preciso.
-
- Es una monja que detuvo el paso
- y ve morir la tarde. En su cabeza
- hay una expresión vaga de tristeza
- digna de la hermosura del Ocaso.
-
- El crepúsculo enciende, en fuego vivo,
- el oleaje de cristal sonoro.
- Y aquel semblante dulce y pensativo
- se envuelve en una atmósfera de oro
- y me recuerda un cuadro primitivo.
-
- El barco avanza... Sobre el mar violeta
- cae la noche pávida y sombría;
- y yo, que siento una emoción secreta,
- que es como una naciente simpatía,
- mirando a la mujer humilde y quieta,
- me acuerdo de la monja del poeta,
- la que llamaban Sor Melancolía.
-
-
-
-
- II
-
- ENTRETENIMIENTO ROMÁNTICO
-
- Hiende el trasatlántico las ondas obscuras
- y el vidrio del agua se rompe en blancuras;
- cielo y mar, y cielo y mar, día a día:
- mañanas de niebla; tardes blondas, puras
- noches que florecen en diamantería.
-
- Pasan _cocottes_, monjas, histriones y curas;
- vanidades cursis, falsas hermosuras:
- vulgaridad todo; todo tontería.
- Un farandulero va hablando locuras
- enfáticamente; y una vieja harpía
- echa a un vecino miradas impuras
- con un senil gesto de coquetería.
- ¡Qué iguales las horas, qué largas, qué duras!
- ¡Qué imbécil pereza! ¡Qué monotonía!
- Hiende el trasatlántico las aguas obscuras...
- cielo y mar, y cielo y mar, día a día.
-
- Mas yo, que rumiando voy mis desventuras
- mojadas en una gota de ironía,
- endulzo mis ocios y mis amarguras
- y enciendo la lámpara de mi poesía,
- mirando tus ojos, fuente de ternuras,
- profundos y negros, Sor Melancolía.
-
-
-
-
-III
-
- CASTO RUEGO
-
- El amor ha pasado en todos sus martirios.
- No temas. En la hora doliente y sosegada,
- irán, como en un cofre dos olvidados lirios,
- tu juventud marchita, mi madurez cansada.
-
- Mis ojos no fulguran con insanos delirios;
- y, por sentir el fuego de una lumbre sagrada,
- cual mariposas negras en torno de los cirios,
- mis pensamientos buscan la luz de tu mirada.
-
- Ya están--¡oh candorosa!--muertas las ilusiones,
- dormidos los deseos y quietas las pasiones;
- ya no queda un rescoldo del incendio voraz.
-
- No he de romper el frágil cristal de tu pureza...
- Permite que en tus ojos, veneros de tristeza,
- se bañe largamente mi aspiración de paz.
-
-
-
-
- IV
-
- INSINUACION
-
- Di, Sor Melancolía, di tu secreto en una
- mirada, de esas hondas miradas cristalinas
- que son como un Ocaso que emblanqueció la luna
- y mancha un fugitivo volar de golondrinas.
-
- ¿Eres tú de las almas que ya desde la cuna
- van al dolor, y siguen coronadas de espinas,
- y tienen en el mundo la gracia inoportuna
- del lirio que florece clavado en las ruinas?
-
- Dentro de las monjiles tocas, blancas y negras,
- en vano tu semblante con la sonrisa alegras:
- tu gesto es misterioso y amargo como el mar.
-
- Tu juventud es como la rosa que en el vaso
- litúrgico, agoniza de sed, y, paso a paso,
- decora con sus pétalos las gradas del altar.
-
-
-
-
-V
-
- PRIMERA DIVAGACIÓN
-
- _A merced de los hados._
-
- Desde el sillón de cubierta
- mi fastidio ve pasar,
- en ensoñación incierta,
- la hora muerta. La hora muerta
- y el mar. El cielo y el mar.
-
- Va el alma serena y sola,
- Y pienso ante el rebullir
- impaciente de la ola,
- en la muchacha española
- que lloró al verme partir.
-
- Ola humana (¡pobrecilla!)
- que sin llegar a la orilla
- y anhelante de placer,
- huye, torna, salta y brilla
- y no cesa de correr.
-
- ¿Adónde irá? No respondas,
- corazón, en vano ahondas:
- está lleno de _quién sabes_
- el destino de las ondas,
- de las nubes, de las aves.
-
- Lo sé. Mas siento una leve
- inquietud que me conmueve,
- porque no logro entender
- qué hará el viento que los lleve,
- con aquel celaje breve
- que enrubia el atardecer,
- con aquella onda de nieve
- --luz y espuma en el zafir...--
- con aquella mujer
- que lloró al verme partir.
-
-
-
-
- VI
-
- MADRIGAL RELIGIOSO
-
- En el hábito negro brilla el marfil pulido
- de tus manos, que tienen, como las que pintó
- el Greco, el alargado dibujo, el colorido
- anémico y la rara nobleza de expresión.
-
- Manos finas y exangües que mueven tu rosario
- con lentitud de abeja que labra su panal;
- y vuelan por las páginas de tu devocionario,
- como los colibríes, de rosal a rosal.
-
- Las miro, y sueño. Huelen a mirra sus marfiles.
- ¡Qué buenas si se juntan en la santa oración!
- ¡Qué frescas si se posan en las sienes febriles!
- Y sobre las heridas, ¡qué bálsamo de amor!
-
- Las miro, y me parece que en días ya lejanos,
- con su virtud hubieran revivido mi fe.
- ¡Qué caricia tan pura guardarán esas manos,
- la soñada caricia que jamás sentiré!
-
-
-
-
- VII
-
- LUNA NUEVA
-
- Yo, mudo y solitario; tú, aislada y silenciosa;
- las gentes, aburridas, y el ambiente, vulgar;
- mas en tus ojos tristes se abre, como una rosa
- sobre un lago, tu alma que nos ve a mí y al mar.
-
- Dos niños que corrieran tras una mariposa
- somos tú y yo. Y la vida nos quiere castigar
- poniéndonos, tal como la abuela cariñosa:
- al uno frente al otro, con prohibición de hablar.
-
- Vuelven tus compañeras junto a ti. Yo las miro
- con interés discreto. Yo recojo el suspiro
- que no exhalas y escucho tus querellas sin voz.
-
- Mientras el mar de raso, suavemente sonoro,
- se adormece en la noche, y la luna de oro
- va cortando celajes cual si fuese una hoz.
-
-
-
-
- VIII
-
- AUTOBIOGRAFÍA LÍRICA
-
- Oyeme con los ojos,
- ya que están tan distantes los oídos.
-
- SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ.
-
- Miras furtivamente, las cejas juntas,
- y cual niñas traviesas a la ventana
- asoman a tus ojos las preguntas.
- ¿Quieres saber cuál es mi vida, hermana?
-
- Parece que me dices:--«¡Pobre viajero!
- Se ve que estás cansado. ¿Por qué sendero
- arrastraste la vida? ¿Por qué viniste
- a surcar estos mares como un aventurero?
- ¿Por qué estás siempre solo, callado y triste?»
-
- Soy uno de la errante caravana
- de Caín. El desierto me vió pasar, hermana;
- pasé fácil al sueño, dócil a la alegría;
- bien dispuesto al pecado y a la melancolía.
- El mal filtró en mi vida su fragante veneno.
- Fuí malo, y--¡Dios lo sabe!--siempre quise ser bueno.
- De todos los placeres ninguno me da encanto
- tan hondo y tan sincero como el placer del llanto.
- De todas las virtudes, para mí, la más alta,
- es la piedad. ¡El mundo la necesita tanto!
- Toda vida es estéril si la piedad le falta.
- Tu Dios, ¿no es una inmensa piedad? Pues es el mío:
- a Él la piedad humana va como al mar el río.
-
- Hermana: yo he gozado todas las impurezas,
- y he sufrido la angustia de todas las tristezas.
- Un día hallé un oasis en el camino;
- una fuente en la arena bajo una palma.
- El cielo era una joya, y el divino
- crepúsculo tenía piedad y calma.
-
- Me senté rodeado de todos mis cariños:
- una canción, un sueño, una anciana y tres niños.
- Y esperé. Lentamente, la tarde iba
- abriendo en la penumbra su estrella pensativa.
- Y la noche llegaba, luminosa y risueña,
- diciéndome: Reposa; ama; medita; sueña.
- Por el rosado ambiente, brillante de reflejos
- de sol la caravana de Caín, a lo lejos,
- se perdía, abrumada con todas sus miserias,
- con todos sus pecados, con todas sus histerias.
- Y yo desfallecía, pleno de confianza,
- solo con mis amores; solo con mi esperanza...
-
- No vino la piadosa muerte, no vino;
- la vida, deshaciéndose en torbellino,
- desató sus furores contra mi suerte.
- Me castigó la vida, no la muerte.
- (Y aun se debate el alma, sumergida
- en el inmenso asombro de la vida.)
- Me empujaron las fuerzas de mi destino incierto
- a la sombra, a la noche y al desierto.
- Y aquí estoy. Hace tiempo que el mundo he recorrido
- en busca de una paz y de un olvido.
- Arrastré sufrimientos por tierras y por mares;
- y he secado mis ropas en ajenos hogares.
-
- Así, en un tono lírico, te cuento el cuento; y siento
- que tú me compadeces mientras yo te lo cuento.
- A tus ojos, que brillan bajo las cejas juntas,
- ya no salen curiosas las preguntas.
- Ya lo dije: soy uno de la gran caravana
- de Caín; el desierto me vio pasar, hermana.
-
- No sé ni lo que busco, ni lo que espero:
- caí, y al levantarme, perdí el sendero.
- Besé mi cruz. Y sigo: y amo mi pena.
- Compadéceme, hermana, tú que eres buena:
- soy más desventurado que aventurero.
-
-
-
-
- IX
-
- SALUDO MATINAL
-
- Hoy has amanecido más pálida, hermanita,
- ¿Qué tienes? El insomnio te sombreó la tez.
- El mar de la mañana refleja su infinita
- luz de piedra preciosa sobre tu palidez.
-
- ¿Anoche recibiste la celestial visita
- como Santa Teresa? ¿O volaste, tal vez,
- con alas transparentes, por la región bendita
- que sueñas en tus cándidas horas de placidez?
-
- ¿O recordaste alguna novela favorita
- devorada en el claro jardín de la niñez:
- --el castillo; la escala; Gerineldos; la cita,
- y el pañuelo que asoma por el alto ajimez?--
- Hoy has amanecido más pálida, hermanita:
- te ha pintado el insomnio de amarillo la tez.
-
-
-
-
-X
-
- SEGUNDA DIVAGACIÓN
-
- Este es el romance vulgar
- del hombre sepultado en el mar.
-
- Fué en la noche. Estaba el mar
- alterado y taciturno
- cual si protestase de
- que le volvieran sepulcro.
- Tenia brillos siniestros
- de plata vieja; y obscuros
- manchones; y parecía
- terciopelo azul y sucio.
-
- Un cordón de extrañas testas,
- como goyesco dibujo,
- se inclinó en la barandilla
- de estribor--hilo de frutos
- fantásticos--: los curiosos
- miraban serios y mudos.
-
- En el alba de aquel día,
- abajo, entre fuego y humo
- de máquinas, dos vulcanos
- riñeron, y cayó uno.
- El homicida, a la barra;
- y el muerto, al mar. Era justo.
- --Los de arriba, los felices,
- ¡qué saben de fuego y humo!
- Mas la noticia era trágica
- y original, y entretuvo.--
-
- En la negrura del casco
- se abrió una escotilla; un brusco
- resplandor amarillento
- hirió las aguas, y, al punto,
- una cárdena linterna
- apareció y echó un fúlgido
- torrente de sangre, en el
- mar, que enrojeció de súbito.
-
- Chirriaron cordeles, y
- salió el ataúd, de rudos
- tablones, balanceándose
- sobre el abismo, un minuto.
-
- El capellán, invisible,
- rezó en alta voz algunos
- latines. Dos marineros
- --el cordel entre los puños--
- fueron dejando caer,
- en su líquido sepulcro,
- el ataúd. Se abrió el mar
- compasivo y taciturno;
- y argentado y azul, era
- como un palpitante túmulo.
-
- Resplandecían los astros
- en el horizonte adusto,
- y entre las sombras, fingían
- ojos de mirar ceñudo.
- En aquel supremo instante
- me acordé de Víctor Hugo.
- «¡Un hombre al mar!» Sin embargo,
- el buque no se detuvo.
- Algunas gotas de llanto;
- algunas caras de susto;
- algún dicho filosófico;
- algún chiste audaz y estúpido...
-
- El barco, lleno de luz,
- siguió tranquilo su rumbo.
- Sonó el piano en el salón;
- tocaron un vals los músicos;
- se cantó el _Vorrei morir_,
- se aplaudió algún cuento burdo.
-
- Tres vaporosas _cocottes_
- y cuatro _monoclos_ lúcidos
- mezclaban _champagne_ y risas
- en la _cámara de lujo_.
- Hervía el _piccolo mondo_
- en un regocijo absurdo.
-
- Sólo la hélice gemía,
- solo el mar llevaba luto.
-
-
-
-
- XI
-
- ADIVINACIONES
-
- La biografía soñada.
-
- Oh, los símiles viejos, que entretienen
- la sed de imaginar, las viejas flores
- retóricas que se abren y que tienen
- la verdad, el hechizo y los fulgores
- de esos paisajes que a nosotros vienen
- en un cinematógrafo a colores!)]
-
- La brisa es un suspiro
- de abril. El mar, un campo azul. El cielo,
- un pálido zafiro.
- La nube, un cisne. El barco va, en su vuelo,
- con levedad ingrávida de pluma,
- envuelto en telas diáfanas y blondas,
- y bordando en la seda de las ondas
- arabescos de espuma.--
-
- Hermana, tú reposas en la silla
- de cubierta, y señalas
- en tu actitud una emoción sencilla,
- y en el perfume de éxtasis que exhalas
- ante la maravilla
- de la serena inmensidad que brilla,
- el pensamiento y el mirar resbalas.
-
- --El barco va, con levedad de pluma
- envuelto en finas claridades blondas,
- y bordando en la seda de las ondas
- arabescos de espuma.
-
- Miro tu éxtasis, Sor Melancolía,
- y sobre el mar risueño,
- voy con los hilos de la fantasía;
- dibujando una flor de poesía
- en el lino de un sueño.
-
- ...La empinada calleja,
- siempre polvosa y solitaria; el muro,
- alto y sombrío, y el portal obscuro,
- y la vetusta reja.
-
- ¿Toledo? ¿Avila? ¿Burgos? Quizá... Alguna
- ciudad llena de sol y de antiguallas,
- con su puerta moruna
- y su río en la orilla,
- y que, con torres, claustros y murallas
- pregona, entre la herrumbre y la polilla,
- leyendas de milagros y batallas
- en las ocres llanuras de Castilla.
-
- Allí pasaste la niñez, sin pena
- y sin placer. Y abrióse, en el devoto
- ambiente, tu alma buena,
- tal como una clorótica azucena
- se abre en un tiesto roto.
- Dócil al bien y a la maldad ajena
- se deslizó tu vida provinciana,
- juntando a la doméstica faena
- la misa parroquial de la mañana
- y el familiar rosario de la cena.
-
- Corrió el tiempo... Y un día,
- por tu calle pasó, como en un sueño
- que te impregnase el alma de alegría,
- el galán lugareño.
-
- --El barco va con levedad de pluma
- envuelto en finas claridades blondas,
- y realza en la seda de las ondas
- arabescos de espuma.--
-
- Y en la vidriera que la luz irisa,
- a la hora del silencio vespertino
- alzabas los visillos, y, de prisa,
- echabas a su paso una sonrisa
- como si le enflorases el camino.
-
- La embriaguez de un jardín en primavera
- aspiraste en el púdico deseo,
- y tembló tu alma entera
- con la inquietud de la primer quimera,
- como un nido que siente un aleteo.
-
- ¿Fué traición? ¿Abandono? ¿Desencanto?
- Tú escondes el secreto; mas la vida
- mordió una vez tu seno, y su mordida
- la cándida ilusión deshizo en llanto.
- Y qué cruel y persuasivo acento
- --voz de Hamlet, irónico y violento--
- decirte pudo la falaz lisonja:
- --«Eres buena, y el mundo es un tormento
- para las almas buenas. ¡Ve a un convento!
- ¡Anda! ¡Métete monja!»
-
- Y nada más... Así pasó. Tranquilos,
- mas no estériles son tus sinsabores.
- Tu vida pasa entre cuidar asilos,
- velar enfermos, consolar dolores.
-
- Disculpa que profane tus tristezas:
- soy un viajero que, atrevido, arranca
- una corola blanca
- y que perfuma así las impurezas.
-
- Tu vida es como un velo
- de candor primitivo,
- simple como esta página que escribo
- mientras tú ves el cielo.
-
- ¡Ah, pobre hermana, pobre
- mujer, buena y sencilla,
- que va rezando sobre
- el abismo sin fondo y sin orilla!...
-
- Mas... dime: ¿es una lágrima que brilla
- o una gota del mar, turbia y salobre,
- la que rueda en tu pálida mejilla?
-
- --El barco va con levedad de pluma
- envuelto en finas claridades blondas,
- y realza en la seda de las ondas
- arabescos de espuma...
-
-
-
-
- XII
-
- TERCERA DIVAGACIÓN
-
- Un suspiro por Madrid.
-
- Madrid, el de las calles torcidas, los jardines
- antiguos, los palacios y la Plaza Mayor.
- Madrid de las verbenas, los _tupis_ y los _cines_.
- Madrid, pícaro y noble, viejo y evocador!
-
- ¡Ciudad de río mísero y de áridos confines;
- ciudad de las mujeres de la boca de flor;
- ciudad de los mendigos y de los malandrines;
- ciudad de la alegría, la gracia y el amor!
-
- Una igualdad arcaica pone encanto en tu vida.
- Menipo es feliz dentro de su capa raída,
- y el niño de Vallecas le da la mano al Cid.
-
- ¡Madrid, el de las típicas y pintorescas gentes;
- el de los rojos techos, el de las claras fuentes;
- el de Goya y Velázquez... ¡Madrid! ¡Madrid! ¡Madrid!
-
-
-
-
- XIII
-
- GALANTERÍA
-
- Así, dentro la negra toca de blanco filo
- que tu cabeza ciñe y oculta tu cabello,
- tu cara resplandece, y en su óvalo tranquilo
- una invisible lámpara pone su azul destello.
-
- La toca, que desciende y a tus hombros da asilo,
- es un emblema puro de matiz casto y bello,
- y, como una corola de inmaculado hilo,
- avaramente esconde la gracia de tu cuello.
-
- Estatua en mármol y ónix, cuyo perfil semeja
- el de la ardiente santa del Bernino, y que deja
- traslucir los fervores de un ingenuo candor.
-
- Rostro pálido que una claridad ilumina
- con su llama apacible, misteriosa y divina
- como la de una estrella que besara una flor.
-
-
-
-
- XIV
-
- LA ÚLTIMA MAÑANA
-
- Tú, en silencio, rezabas; yo, en silencio, escribía;
- de cuando en cuando alzabas los ojos a mirar
- el horizonte diáfano que en esplendor ardía
- y la maravillosa visión azul del mar.
-
- Como una seda, el viento; la luz, como un diamante
- y tu mirada, pura como el viento y la luz...
- Así pasé yo el tiempo, sin sufrir un instante,
- ni el mal de mi cansancio ni el peso de mi cruz.
-
- Era por las mañanas, cuando a los cabrilleos
- del sol las ondas labran, en blancura ideal,
- efímeras diademas y leves camafeos
- que al punto se deshacen en polvo de cristal.
-
- Este día es lluvioso: tú no rezas, hermana,
- ni yo escribo. Y estamos en silencio los dos.
- ¡Qué opaco el horizonte de la última mañana!
- ¡Y qué negras las olas que nos dicen ¡adiós!
-
- ¡Adiós! Muy pronto, hermana, te lo diré tan mudo
- que nadie ha de sentirlo. Del fondo de mi ser
- saldrá calladamente la sombra del saludo
- de admiración a una alma que ya nunca he de ver.
-
- Tal vez tú, por las noches, velando a algún doliente,
- o en el convento, a la hora del grave meditar,
- avives los recuerdos y cruce por tu frente
- la imagen de una angustia que te miró al pasar.
-
- Acaso, si en tu limpia memoria hay un asomo
- de interés, ¿qué habrá sido--dirá tu corazón--
- de aquel tímido hombre que me miraba como
- un niño huraño y triste que va a pedir perdón?
-
- ¿Y yo?... Buscaré a solas, como única alegría,
- mi talismán de ensueños y purezas, y allí
- veré los grandes ojos de Sor Melancolía
- perpetuamente abiertos para velar por mí.
-
- En el mar.--Abril de 1917.
-
-
-
-
-A UNA CRIOLLA
-
- Muñequita de _biscuit_
- que mueves los labios y
- dices una bobería;
- yo sé desde que te vi
- que eres coqueta, alma mía;
- mas... ¡qué adorable es tu coquetería!
-
- Cuentan que eres tonta. Dí:
- --«Soy linda; pensad, señores,
- qué es lo que queréis de mí.
- ¿Quién jamás dijo tontas a las flores?
- Ni los más graves doctores
- le han pedido talento al colibrí.»--
-
- Flor, colibrí, mariposa,
- ave, rosa,
- ala, pétalo... Y así
- representas, alma mía,
- lo que es efímero, leve,
- frágil, breve;
- rayo de oro por el día;
- por la noche, hilo de plata...
- Tienes derecho a ser tonta e ingrata.--
- ¡Es adorable tu coquetería!
-
- Pero, ¡cuidado! no llores,
- no sufras melancolía;
- no padezcas mal de amores;
- todo eso te dará sabiduría.
- Mas ¿para que la quieres?...
- Sigue rosa,
- colibrí, mariposa...
- Tu grácil y ligera tontería
- pone el olvido las tristezas... y
- es la más linda y adorable cosa
- del mundo, ¡oh insustancial, oh primorosa,
- oh frágil muñequita de _biscuit_.
-
- Habana, Noviembre 1915.
-
-
-
-
- AL PASAR
-
- Y dime, bondadosa criatura,
- en cuyos ojos la ilusión naufraga:
- dime si por ventura
- te ha quedado una gota de ternura
- que verter en mi llaga.
-
- Junto a la lumbre de tu hogar me siento
- sin soltar mi bordón de peregrino.
- Vine cansado y triste... Mas no intento
- oponerme al destino.
-
- La noche va a llegar, estoy sediento
- de una lágrima... Dámela, y contento
- proseguiré el camino...
-
- Toledo, Septiembre 1916.
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- DEL AZUL AL GRIS
-
- Una calle de barrio.--En la fachada
- --una fachada colonial y austera--
- el abierto balcón, donde la amada
- todas las tardes, a las seis, me espera.
- Cielo azul, aire limpio, luz dorada.
- Acaba de llover. Sol. Primavera.
- Huele a tierra mojada.
-
- En la mansa quietud del vecindario
- ladra un can solitario;
- dando traspiés, un ebrio soliloquia;
- gime Chopin en piano centenario,
- y el humilde esquilón de la parroquia
- llama a los feligreses al rosario.
- Los hilos del telégrafo, con finas
- rayas de pentagrama, ornan los bordes
- del pretil de las casas en ruinas;
- y allí las bulliciosas golondrinas
- están haciendo y deshaciendo acordes.
-
- Sonar se oye a distancia un organillo.
- Del cercano jardín viene un aroma
- de musgo. Dan las seis. Yo paso. Un brillo
- me alumbra el corazón. ¡Ella se asoma!
- Me paro en el portal, junto a la tienda,
- y así espero feliz, frente a la amada,
- a que la noche obscura nos sorprenda
- prendidos de una límpida mirada.
- ¡Estamos, en la sombra sosegada,
- oyendo al ruiseñor de la leyenda!
-
- ¿Dónde estoy? En Madrid. Vivo entre extraños,
- entre ansias nuevas y papeles viejos.
- ¿Cómo vine? No sé. Ya estoy muy lejos
- de mi país y de mis veinte años.
- Salió anoche del fondo de la nada
- este cuadro de amor. Miré la cosa
- más fútil y, no obstante, más soñada.
- ¡Leve impresión, efímera y alada,
- como una mariposa!
- Borróse la visión del paraíso.
- La realidad me vuelve a las sencillas
- vulgaridades de mi cuarto piso.
- Para ganarme el pan, se hace preciso
- emborronar, a diario, unas cuartillas.
- ¡Me siento tan distante, tan distante
- de aquel nocturno y repetido instante
- --de él me alejan la vida y el Atlántico--
- que sobre una mesa de estudiante
- versifiqué mi amor ultra-romántico!
-
- ¡Basta, memoria! El hambre me vigila;
- terco es el mal, y la existencia, dura.
- ¡Ya está, cuerpo rebelde, alma intranquila;
- es necesario hacer literatura!
-
- La ventana clarea en gris borroso.
- El día está lluvioso.
- Mi alcoba está en penumbras, y me invita
- a quedarme en el lecho.
- ¡Qué triste soledad, y qué infinita!
- ¡Qué suspiro tan hondo el de mi pecho!
- ¡Rigideces de muerte hay en mi cuita!
- ¡Son del sepulcro, el frío y mi reposo!
-
- Y mi vasta patrona entra y me grita:
- «¡Don Luis, las diez! ¡Jesús, qué perezoso!»
-
- Madrid, Calle del Pez, 1916.
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-A UN RINCÓN MADRILEÑO
-
- Plaza de Santa Ana, vieja plaza mía,
- de árboles añosos y ágil alegría,
- donde, tarde a tarde de verano, el sol,
- frente a mis curiosas miradas ponía
- los brillos fugaces de su pedrería
- sobre la fachada del Teatro Español.
-
- ¡Plaza de Santa Ana que me diste abrigo,
- que me recibiste como a buen amigo,
- y, paciente abuela, con sabia bondad
- me contaste cuentos de Lope y Cervantes,
- de Felipe Cuarto, de los comediantes,
- de amor y de ingenio, de gloria y piedad!
-
- Bien supiste cómo no era yo un extraño,
- y entonces sacaste tus galas de antaño:
- un tapiz pendiendo de cada balcón;
- y en un esplendente desfile de trajes
- espadas, brocados, joyeles, encajes,
- las calzas de seda y el negro jubón.
-
- Cruza el mercedario Téllez. ¡Qué galana
- llega la figura de Villamediana!
- Por aquí una dueña, por allí un truhán.
- Viene, en alboroto, la _mosquetería_...
- ¡Plaza de Santa Ana, vieja plaza mía,
- por tu claro ambiente cuántas sombras van!
-
- Poetas famélicos, mujeres gentiles,
- enhiestas las varas de los alguaciles;
- lámparas que humean del retablo al pie.
- Lances picarescos de amor y fortuna,
- la mitad en sombra, la mitad en luna,
- y un heroico anhelo de codicia y fe.
-
- Junto al terciopelo, la estameña parda;
- junto al ciego músico, los ojos de Anarda;
- la bella Amarilis con Ruiz de Alarcón.
- Del _corral_ se escapan ritmos de Chacona,
- jácaras risueñas y versos que entona
- con énfasis lleno de gracia el histrión.
-
- ¡Tiempos de malicia, de plegaria y canto,
- de lujo y miseria, de risa y de llanto,
- de monjes y cómicos, de bien y de mal!
- ¡Siglo diez y siete, que yo amo y admiro;
- comedias del _Príncipe_, fiestas del _Retiro_,
- calles solitarias, de muro claustral!
-
- Hoy todo ha cambiado menos tú. Lozana,
- tu vieja alegría, plaza de Santa Ana,
- tiene, como entonces, luz, vida y color:
- galán que provoca, niño que vocea,
- dama que se encubre y cura que haldea
- detrás de las mozas que venden amor.
-
- Entre dos portales, como en hornacina,
- el mendigo ciego toca la ocarina,
- la sucia gitana dice el porvenir.
- Lleva el viento voces, y la luz, diamantes;
- y--orquesta del coro de los estudiantes--en
- techos y frondas charlan, como antes,
- los gorriones, esos hijos de Madrid.
-
- ¡Plaza de Santa Ana, donde yo vivía
- dos horas de fuego, de luz y alegría,
- las tardes del limpio verano español.
- Para que diviertas mi melancolía,
- mientras que yo vuelvo, guarda, plaza mía,
- tu júbilo arcaico, tu ensueño y tu sol!
-
- Madrid, Diciembre 30 1918.
-
-
-
-
- EL BESO DE LA SOMBRA
-
- A veces, en la noche, mientras leo
- --olvidado de todo lo que existe--
- y oigo en mi estancia sola el aleteo
- de mi espíritu triste,
-
- baja a mi frente, a refrescar mis males,
- un soplo, cual un hálito de brisa;
- el que abrió en unos labios virginales
- la flor de la sonrisa.
-
- Aroma que aspiré cuando compuse
- el madrigal más puro y más risueño;
- suspiro de una boca en la que puse
- por cada ósculo, un sueño.
-
- ¡Suave aliento de amor que me circunda
- de ultraterrestre luz desconocida,
- llévame al seno de la paz profunda,
- y, como sobre llama moribunda,
- sopla sobre mi vida!
-
- Avita, Febrero 1919.
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-
-
-
- EL DOLOR CANSADO
-
- Hoy, como aquel poeta de las _Rimas_, la viste,
- y ni sonrió el cielo, ni brilló más la luz.
- _Ella_ posó en tus ojos una mirada triste...
- y tú ya no tenías ni fe ni juventud.
-
- Pero bajo la sombra de un doloroso olvido
- se estremeció la angustia de tu pasión fatal,
- y se avivó el recuerdo, y el corazón herido
- sintió que lo punzaban con una espina más...
-
- México, Julio 1918.
-
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-
- LA VISITA DEL EXTASIS
-
- Tenía la tristeza a flor de alma
- bajo la noche azul, radiante y bella.
- Ví la ciudad dormida, el mar en calma...
- Y, de pronto, cayó sobre la palma
- de mi mano, una estrella.
-
- Lleno de vida, el sideral diamante,
- en brillos expresaba su emoción.
- Venía de un misterio muy distante,
- y entre mi mano estaba palpitante,
- tal como un corazón.
-
- Sentí en el pecho una caricia pura
- que con su refulgencia cristalina
- fundió mi ser en no sé qué ternura
- religiosa y divina.
-
- Fué un instante sublime de consuelo
- que lo infinito puso en mi vivir...
- Después, la estrella prófuga del cielo,
- como ave de luz trémula, alzó el vuelo
- y se volvió a clavar en el zafir.
-
- Habana, 1915.
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-
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-
- VESPERTINA
-
- Un largo silencio en mi vida;
- en el alma un obscuro pesar.
- --¡Y la tarde en zafir encendida!
- ¡Y la tierra sensual y florida!
- ¡Y amoroso el arrullo del mar!
-
- Un recuerdo que en mí desfallece.
- Un afán que los ojos cerró.
- --¡Y la luz de este ocaso que ofrece
- un camino al ensueño y parece
- ave azul que las alas abrió!
-
- Ansiedad, como en noches de infancia,
- de dormir sin dolor ni placer...
- --¡Y una dulce canción que, a distancia,
- va esparciendo, como una fragancia,
- una trémula voz de mujer!...
-
- Fuenterrabía, Septiembre 1918.
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-
-
-
- CUADRO DE GÉNERO
-
- INTERIOR
-
- Un tiesto de porcelana
- de China, blanco y azul,
- con su cimera de rosas
- desmayadas por la luz.
- En el balcón está el tiesto;
- y el balcón es como un
- cuadrado de nieve y de oro,
- (sol, mañana, cielo y tul).
-
- En el interior sonríe
- todo: el biombo de bambú
- en cuyo zigzag de raso
- tiemblan flores al trasluz;
- el verde tapiz del muro
- donde un reloj de _cucú_
- cuelga su caja de cedro
- --en la que suena el _run-run_
- de la fina maquinaria
- de los tiempos de Mambrú--;
- la mesa Primer Imperio
- con la amarillenta cruz
- de marfil, bajo el fanal
- de vidrio; el negro baúl
- con repujados adornos
- de hierro; el busto de Glück
- en una vieja aguafuerte;
- la estampa bíblica (Ruth
- y Noemi); el sillón de coro,
- la arcaica y noble curul
- cuyos brazos platerescos
- se abren en forma de U.
- ¡Antiguallas que sonríen
- tocadas de juventud!
-
- Afuera, el día que esplende,
- la plaza sola, ningún
- ruido, el adormilado
- arrabal en plenitud
- de sol, el dorado gris
- del polvo; el calvo sauz
- que en una tapia de adobe
- apoya su senectud.
-
- Medio día. Una voz canta
- a lo lejos. Aire, luz,
- bochorno, apaciguamiento;
- todo sonríe en quietud.
- ¡Y tú, rumiando tristezas,
- sientes llegar del azul
- del cielo; del aire, de
- las cosas, la juventud,
- alma mía, y el ensueño,
- que fué milagroso augur,
- y la ilusión, hada buena,
- cuya vara de virtud
- dibujó en tus horizontes
- una divina Stambul!
- ¡Antigualla dolorosa,
- te invita el ambiente; haz un
- esfuerzo; todo sonríe;
- sonríe, alma mía, tú!
-
- México, Colonia de la Bolsa, 1914.
-
-
-
-
- UN VIAJE AUDAZ
-
- Frente al gran Ocaso lento
- me hice todo pensamiento
- y un capricho extraño tuve:
- en el esquife de argento
- de una nube,
- embarquéme a la conquista
- de un ensueño tenue y vago.
- --El crepúsculo era un lago
- de amatista.--
- Y partí nimbo a la flava
- isla, donde lisonjera
- y amorosa me esperaba
- la Quimera.
- Ví a lo lejos lirios, rosas,
- en florestas de ideal,
- y ciudades milagrosas
- de cristal.
- Ví un alcázar escarlata,
- y un jardín de pedrería
- y una negra cabalgata
- que corría.
- Ví plomizas catedrales,
- grises torres, áureos domos,
- y calados de vitrales
- policromos.
- Ví en la testa de un endriago
- una rútila guirnalda.
- --El crepúsculo era un lago
- de esmeralda.--
-
- Y bogué, bogué... Mi esquife,
- hecho de argentino encaje,
- sorteaba el arrecife
- del celaje.
- Ví una nube con un mago
- de fantástica silueta.
- --El crepúsculo era un lago
- de violeta.--
- ¡Qué horizonte tan profundo,
- tan joyante, tan sedeño!
- ¡Qué ansiedad la de ir al mundo
- del ensueño!...
- Yo iba en éxtasis, absorto
- de seguir la blanca huella
- que en la nube dejó el orto
- de una estrella.
-
- Pero la isla nacarada
- de repente se hizo obscura
- y fué niebla salpicada
- de blancura.
- Y mi esquife era disforme
- barca negra en la extensión
- alargándose en enorme
- nubarrón.
- ¿Cuánto tiempo mi esperanza
- bogó en esa triste nave?
- No lo sé... La lontananza
- no lo sabe.
-
- Volví solo y sin amparo;
- no halló nada mi delirio.
- Al regreso, como un faro,
- me guió Sirio.
- ¡Mentiroso firmamento!
- La Quimera, ¿dónde está?
- --Más allá--me dijo el viento--;
- ¡más allá!
- Y grité desesperado:
- --¿Dónde te alzas, Eldorado
- en que el alma busca asilo?
- ¡Y la noche era un callado
- mar tranquilo!
-
- Buenos Aires, junio 1918.
-
-
-
-
- EN CASTILLA
-
- Tarde nublada y húmeda. El callejón se empina
- y se tuerce. Los viejos muros hacen zig-zag.
- Nadie asoma...
- Y de pronto, de la plaza vecina
- llega una dama: el manto cubre, a medias, su faz.
-
- En pos viene la dueña, corva y magra... ¡Qué fina
- la altivez en la joven! ¡Qué donaire al andar!
- En la vieja, ¡qué gesto de lechuza mohina!
- Y en las cosas, ¡qué hermética y vetusta hosquedad!
-
- Robusto y lento, un fraile, que aparece en la esquina,
- frente a moza y a vieja reverente se inclina:
- sus ojos son burlones y luenga su nariz...
-
- Hiere un cuadro del siglo catorce mi retina:
- (La audaz Trotaconventos, la hermosa doña Endrina
- y el risueño poeta y arcipreste Juan Ruiz.)
-
- Segovia, septiembre 1916.
-
-
-
-
- LOS TRES RUEGOS
-
- Yo sufrí. Mas siento que la vida es buena
- porque poco a poco mi dolor serena
- y apacigua el ímpetu de mis alas rotas.
- ¡Corazón que fuiste como ánfora llena
- de tenues perfumes de pena,
- déjame que aspire las últimas gotas!
-
- Yo soñé. Soñé mucho, y aun creo
- que el soñar eleva, y es virtud divina
- porque puso en mi sombra un gorjeo
- y encendió en mi noche la luz matutina.
- ¡Pasión insaciable, loco devaneo,
- deja que en el mustio jardín del deseo
- corte yo la rosa sin sentir la espina!
-
- Yo esperé. Yo tuve profunda confianza
- en que, tras el negro viaje de la suerte,
- mi espíritu, libre de toda asechanza,
- saldría más puro, más alto, más fuerte.
- ¡Ciérrame los ojos, piadosa esperanza,
- si en la hora de la secreta mudanza
- abiertos de espanto los deja la muerte!
-
- Hay luz tramontana; pero ya se llena
- de brumas la tarde.
- El cielo es como una vaguedad serena...
- ¡Vida que se acaba, vida noble y buena,
- déjame que sufra, déjame que sueñe, déjame
- que aguarde!
-
- San Sebastián, septiembre 1918.
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-
-
-
- NOCHE VAGABUNDA
-
- Vieja ciudad que vive y se recata
- en un ambiente arcaico: las callejas
- obscuras, las dormidas candilejas,
- el silencio, claustral; la quietud, grata.
-
- Ciudad de desafío y serenata,
- de amor oculto y de tupidas rejas;
- ciudad que tiene, entre sus cosas viejas,
- el hosco templo y el jardín de plata.
-
- Con española austeridad vigila
- --del grave siglo diez y siete, espejo--
- bajo la noche fúlgida y tranquila.
- Y yo, pensando voy mientras me alejo
- con rumbo al mar distante que cintila:
- Para vieja ciudad, corazón viejo.
-
- Matanzas, 1915.
-
-
-
-
- EL CEMENTERIO
-
- Pero yo soy el mismo, soy el mismo
- de ayer.
-
- GONZÁLEZ MARTÍNEZ.
-
-
- No, poeta, te engañas, no eres el mismo. ¡Tienes
- tantos muertos sepultos dentro del corazón!
- Aquel que amaba, libre de males y de bienes,
- sonámbulo de un mundo de luz y de ilusión.
-
- Aquel que ansiaba un fresco laurel sobre las sienes
- como un premio al glorioso ritmo de una canción;
- aquel que, malherido de engaños y desdenes,
- pedía la limosna de una consolación.
-
- Y aquel... Y aquel...
- ¡Han muerto tantos en ti, poeta!
-
- Los recuerdos se agolpan en la cripta secreta
- donde yacen tu anhelo, tu fe, tu juventud.
-
- Tu _yo_ actual sufre porque a sus muertos no olvida,
- y con recelo espera que lo acueste la vida,
- blandamente, en el fondo del último ataúd.
-
- Madrid, Noviembre 1917.
-
-
-
-
- ALBORADA
-
- Es hora ya de levantarse, hermana.
- Por la rendija del balcón ha entrado
- sutil velo de luz. En el granado
- hay trinos. Hay en la penumbra, grana.
-
- Ya despertó en la torre la campana...
- ¡Qué gran fatiga! ¡Cómo hemos velado!
- Abre la puerta; el cielo nos ha dado
- un día más.--La sombra está lejana.--
-
- El insomnio sacude; no me dejes
- buscar el pan sin ti; nunca te alejes
- del corazón.--Despunta la mañana.--
- ¡Tristeza, humilde y tímida tristeza,
- abandona el delirio y la pereza;
- es hora ya de levantarse, hermana!
-
- Habana, Agosto 1915.
-
-
-
-
- EL SIMIL
-
- La casa solariega que esfuma en el borroso
- ambiente su fachada de sucias piedras rojas,
- sirve de fondo al viejo jardín abandonado,
- todo él ramas desnudas en las que tiemblan hojas
- de un ocre acarminado.
- Aquí y allá verdean las cabelleras flojas
- de los pinos... ¡Qué fría la mañana de enero!
- Llueve. Caen las hojas con un vuelo cansado,
- navegan en las charcas plomizas del sendero;
- y un árbol que se apoya sobre la tapia mustia
- el rudo tronco inclina con tan doliente angustia
- que es como un hombre herido que dijese: ¡me muero!
-
- De pronto de las ásperas y obscuras ramazones,
- como un collar de alas desgranado en las brumas,
- salen, alegremente jugando, unos gorriones
- sin miedo a la llovizna que les mojó las plumas.
-
- Yo sonrío y evoco.--¡Oh, mi símil eterno;
- ágiles pajarillos, últimas ilusiones
- que alegráis la tristeza de mi vida en invierno!...
-
- Madrid, 1919.
-
-
-
-
- LA OFRENDA
-
- Pena, la más grande de mi vida, pena
- que en lo más oculto de mi ser te hallas,
- pena que yo arrastro como una cadena,
- pena que te envuelves en obscuras mallas!
-
- En el pecho, a todos mis males ajena,
- como en una triste cárcel te amurallas.
- Yo sufro inquietudes y tú estás serena;
- yo olvido y tú añoras; yo canto y tú callas.
-
- Tú siempre callaste, por miedo a la mofa;
- nunca tu secreto reveló la estrofa;
- vives en un largo silencio profundo.
-
- Mas sé que mi espíritu dirá a Dios un día:
- --¡Señor: aquí tienes esta pena mía;
- es todo lo bueno que traigo del mundo!
-
- En el Atlántico, Agosto 9, 1918.
-
-
-
-
- DEL COMBATE INTERIOR
-
-A Carlos Gutiérrez Palacios.
-
-
- Yo sé que está muy cerca la muerte... Mas no importa.
- Viví una vida cálida de bien y de pasión.
- Si para mis delirios fué la existencia corta,
- ¡qué larga ha sido, en cambio, para mi corazón!
-
- La fantasía anduvo, sonámbula y absorta,
- por tierras de milagro, de sueño y de ilusión.
- El sentimiento, a rastras y herido, no soporta
- ya la fatiga, y pide paz, descanso y perdón.
-
- Yo sé que está muy cerca la muerte... ¡Desventura!
- ¡No ver la flor que se abre ni el astro que fulgura!--;
- dice, con insaciada sed, la imaginación.
-
- Y el sentimiento, humilde: ¡Qué bien está!--murmura--;
- ¡aun puedo con las pálidas heces de la ternura
- manchar el cristalino vaso del corazón!
-
- Madrid, Diciembre 1918.
-
-
-
-
- SEMBLANZA
-
- Un platónico. Un cazador de estrellas
- con un temperamento ultrasensual.
- Mi alma es como un camino, todo huellas
- del paso, así del Bien como del Mal.
-
- Salió a veces mi aliento en un suspiro
- que quería ser ósculo. Yo estuve
- clavado a un seno en flor, como un vampiro,
- o como un ave, envuelto en nube.
-
- Abrí celajes y crucé pantanos;
- y hoy, con tristeza resignada, veo
- flamear, moribunda entre mis manos,
- la lámpara de arcilla del deseo.
-
- No hay aceite en mi lámpara de arcilla;
- pero ya no es preciso que me alumbre:
- puedo llegar con luz a la otra orilla:
- sobre mi corazón el sueño brilla
- como puesta de sol sobre una cumbre.
-
- Me salvan de la sombra del abismo
- alas de fe, que respetó la edad.
- La carne se cansó; pero es el mismo
- mi terco y juvenil romanticismo
- bajo mi débil voluptuosidad.
-
- Madrid, Febrero 1919.
-
-
-
-
- LA CITA
-
- Estas voces de otoño, que va hilando la rueca
- de la imaginación,
- están descoloridas y suenan a hoja seca
- y a vetusto esquilón.
- Es que mi fantasía pagó al tiempo el tributo;
- mas rememoro, a veces, con goce juvenil,
- que el árbol de mi lírica dió sazonado fruto
- y floreció en abril.
- Hoy mi vida está opaca de bruma cenicienta,
- pero en mi corazón
- un apacible fuego primaveral calienta
- a una anciana ilusión.
- Puedes venir. Acaso mi soledad se alumbre
- con tu presencia--¡oh tímida virgen!--. Puedes entrar.
- ¡Tal vez cuando te acerques avivarán su lumbre
- los leños del hogar!
-
- Buenos Aires, Julio 1919.
-
-
-
-
- PIGRICIA
-
- No es dolor, es un dulce cansancio. Yo he vivido
- camina que camina por la llanura inmensa,
- y tengo la fatiga que pide, en recompensa,
- echarse sobre el polvo como un perro aterido.
-
- Lo que de andar me falta con desencanto mido,
- y el árido horizonte, que sabiamente piensa,
- me dice:--Tú no eres para la vida intensa;
- tiéndete bajo un árbol y quédate dormido.
-
- No es dolor, no es hastío; es descoyuntamiento
- que tenue y suavemente debilita mi aliento
- y que a llorar me obliga sin saber yo por qué.
-
- El cansancio del río que a la mar se avecina,
- la pereza apacible de la luz vespertina,
- la tristeza del nido que sin alas se ve.
-
- Madrid, Octubre 1916.
-
-
-
-
- LA CASTAÑERA
-
- Hace un frío que hiela el aliento. El ocaso
- envuelve en púrpura a Madrid.
- Todos los transeuntes van con ligero paso.
- Y son, cristal la calle; la lejanía, raso,
- y cúpulas y torres y remates, rubí.
-
- Al pie del muro--códice de históricas hazañas--,
- frente al brasero mustio que apenas da calor,
- está una viejecita, que, asando sus castañas,
- murmura _sotto voce_ quién sabe qué canción.
-
- La viejecita canta con voz alegre y suave;
- la viejecita canta cuando el atardecer
- es limpio... Canta a solas, con júbilo, quién sabe
- qué canción de placer.
-
- Yo me detengo y digo:--Viejecita, ¿qué cantas?
- Ella me ve y responde:--Señor, lo que sentí.
- ¡Y estoy emocionado, porque recuerdo a tantas
- gentes que son así!...
-
- Madrid, 25 Enero 1919.
-
-
-
-
- MAÑANA DE ENERO
-
- En el Paseo del Prado.
-
- Largas filas de troncos negros que, en lo alto, engreñan
- su varillaje y fingen un dibujo nipón
- hecho, a líneas obscuras, en seda blanca.
- Sueñan,
- a lo lejos, dos fuentes de colmado tazón.
-
- Los árboles son gruesas barras de tinta china;
- el agua de la fuente de vidrio ahumado es;
- es un manchón de niebla la gente que camina,
- y el fango del suelo hunden las huellas de los pies.
-
- Al fondo, el horizonte su espesa bruma prende
- con un clavo de plata, lívido y diagonal,
- y en planos nebulosos, el caserío extiende
- sobre el espacio una silueta fantasmal.
-
- En la banca de piedra, cautivo del ambiente
- húmedo y penumbroso del invierno español,
- ¡qué solo y qué nostálgico mi espíritu se siente!...
- Me acuerdo de mis lares y digo de repente,
- como el Osvaldo de Ibsen:
- --¡Madre, yo quiero el sol!
-
- Madrid, Enero 1919.
-
-
-
-
- ALMA CIEGA
-
- Yo nada supe de Filosofía...
- Anduve el mundo con el alma ciega.
- Imaginóse el alma que veía,
- y fué una mariposa en la bujía,
- y fué una flor que al huracán se entrega.
-
- Frente a toda ilusión abrió los brazos.
- Junto a toda promesa de cariño,
- de la veste carnal rompió los lazos
- y se mostró desnuda como un niño.
-
- Pasó cándida y triste por la vida;
- en las rutas del mal, dejó sus huellas;
- y algunas veces se quedó dormida
- a la piadosa luz de las estrellas.
-
- A tientas fué con ansia voluptuosa
- de aspirar el perfume de la rosa,
- y oir del ave el canto,
- de la hoja el vuelo y de la fuente el llanto.
-
- Siguió siempre las voces del destino;
- y a cada instante, hambrienta de ilusiones,
- detúvose en la orilla del camino
- a oler el campo y a cantar canciones.
-
- Vivió en su sombra azul, tranquila y buena;
- mas presintió la claridad del día,
- y recibió con voluntad serena
- el placer fácil y la dócil pena...
-
- Yo nada supe de filosofía.
-
- Madrid, Diciembre 1918.
-
-
-
-
- MI AMIGO EL POETA
-
- Yo tengo un amigo--¡parece mentira!--
- que no me traiciona ni habla mal de mí.
- Es también poeta; tiene voz y lira.
- Hace ya tres años que lo conocí.
-
- Fué en la primavera de mil novecientos
- diez y seis. Yo andaba por un sitio agreste;
- la tarde encendía magias y portentos
- en el solitario Parque del Oeste.
-
- Una banca humilde me invitó al descanso;
- un fresco ramaje me dió sombra buena;
- y oí, como en sueños, el _ruido manso_
- que pone en olvido gloria, ambición, pena.
-
- Me ví bajo un pino de tronco robusto,
- que, entre la arboleda, noblemente erguido,
- tendía sus ramas, sereno y augusto,
- como un candelabro de jade bruñido.
-
- Caía en las lomas verdicenicientas
- la noche: un lucero brillaba en la cumbre;
- y las guiñadoras luces de las ventas
- brincaban como unos insectos de lumbre.
-
- Perdido en la sombra quedaba algún rayo
- de sol. Todo era misterio divino.
- Y el pino cantaba, y el viento de Mayo
- cantaba... Cantaban el viento y el pino.
-
- Yo, rememorando mis viejas historias,
- olvidé pesares que al pecho se clavan,
- y las juveniles y dulces memorias,
- como árbol y viento, cantaban, cantaban.
-
- Desde entonces toda mi amistad consagro
- en el bondadoso parque madrileño
- al noble poeta que me hizo el milagro
- de arrullar mi angustia y evocar mi ensueño.
-
- ¡Pino de olorosa y eterna frescura,
- gracias por tus leves canciones suaves,
- y por la caricia de tu fronda obscura
- y por el angélico trinar de tus aves!
-
- Tú, que mi punzante nostalgia mitigas;
- tú, que me recuerdas las frondas amigas
- del jardín remoto de mi amor primero;
- tú, que mi cansada soledad abrigas:
- cuando ya no queden ni huellas de enero
- y el campo se cubra de flores y espigas,
- ¡tiéndeme tus ramas, árbol extranjero,
- para que a tu sombra duerman mis fatigas!
-
- Madrid, Febrero 1919.
-
-
-
-
- DONES
-
- Mi padre fué muy bueno: me donó su alegría
- ingenua; su ironía
- amable: su risueño y apacible candor.
- ¡Gran ofrenda la suya! Pero tú, madre mía,
- tú me hiciste el regalo de tu suave dolor.
-
- Tú pusiste en mi alma la enfermiza ternura,
- el anhelo nervioso e incansable de amar;
- las recónditas ansias de creer; la dulzura
- de sentir la belleza de la vida, y soñar.
-
- Del ósculo fecundo que se dieron dos seres
- --el gozoso y el triste--en una hora de amor,
- nació mi alma inarmónica: pero tú, madre, eres
- quien me ha dado el secreto de la paz interior.
-
- A merced de los vientos, como una barca rota
- va, doliente, el espíritu, desesperado, no.
- La placidez alegre poco a poco se agota;
- mas sobre la sonrisa que me dió el padre, brota
- de mis ojos la lágrima que la madre me dió.
-
- Madrid, Febrero 8-1919.
-
-
-
-
- IGNORANCIA
-
- Por entre los días ásperos y graves
- que del misterioso destino recibes,
- se deslizan horas alegres y suaves:
- tú, como un sonámbulo, las gozas, las vives,
- pero no lo sabes.
-
- Una canción leve suena en tu camino;
- la sombra de un ángel visita tu casa;
- tu vaso se colma de lúcido vino...
- Oyes, sueñas, bebes... Y todo no es sino
- la dicha que pasa.
-
- Tú ignoras y olvidas... Mas con oportuna
- sorpresa, en tu alma brilla de repente,
- como en negra cárcel un rayo de luna,
- el dulce recuerdo que orea, como una
- caricia, tu frente.
-
- Entonces comprendes: te engañó la vida;
- en lugar del triunfo te dió la derrota.
- Mas como las cumbres, la ventura ida
- parece más bella, más azul y erguida
- cuanto más remota.
-
- --¡Fuí feliz!--exclamas--y no me detuve
- a escuchar el canto de la primavera.
- El vino de ensueño que en el vaso tuve,
- apuré de un sorbo. Dejé ir al querube
- sin decirle: ¡espera!
-
- En el gris camino no quedó ni un eco.
- Sin vino y sin ángel, prosigues el drama.
- Tu casa está sola; tu vaso está seco.
- ¡Sufre en paz; que, a veces, sobre el árbol hueco
- da flor una rama!
-
- Madrid, Mayo 1919.
-
-
-
-
- CREPUSCULO DE MAYO
-
- Antes, por este tiempo, sentía yo una extraña
- inquietud, un impulso de volar al placer.
- Hoy, con la vida estéril y la conciencia huraña,
- hoy, que nadie me espera, que nadie me acompaña,
- sólo siento el cansancio que hay en todo mi ser.
- (¡Qué azul es este cielo primaveral de España!
- Los árboles empiezan a reverdecer...)
-
- Y estoy sereno. Un tibio rayo de sol me baña.
- --Mi balcón está abierto frente al atardecer.--
- La senil amargura que humedece mi entraña
- sube en onda de llanto y mis ojos empaña.
- --Las memorias invaden el rincón del ayer,
- y, arácnidos obscuros, tejen su telaraña.
- Ya, con los años, supe lo que debo saber:
- que el pensamiento yerra y el corazón engaña.
- De angustia y de cansancio me duele todo el ser.
- (¡Qué hermoso es este cielo primaveral de España!
- Los árboles empiezan a reverdecer...)
-
- Madrid, Mayo de 1919.
-
-
-
-
- EL COFRE VACIO
-
- Ritmo, cierra tu cofre. No tengo, como antes,
- flores ni joyas... Vivo sin ansia y sin pasión.
- Gasté el zafir del sueño, la sarta de diamantes
- del llanto, y el ardiente rubí del corazón.
-
- En la truhanesca vida fuí de esos caminantes
- que su escarcela exprimen de mesón en mesón,
- besando maritornes, charlando con tunantes,
- bebiendo ásperos vinos y oyendo una canción.
-
- Gota a gota la clépsidra me cuenta los instantes
- monótonos y grises, sin pena ni ilusión.
- Cierra tu cofre, Ritmo; no hay rosas ni brillantes;
- ya sólo en la memoria, como fascinación,
- a veces, unas manos crispadas y anhelantes
- tremolan y sacuden andrajos de crespón.
-
-
-
-
- INDICE
-
-
- Páginas.
-
-Lámina antigua 7
-
-Sor Melancolía 11
-
- I.--Frente a Cádiz 15
-
- II.--Entretenimiento romántico 17
-
- III.--Casto ruego 19
-
- IV.--Insinuación 21
-
- V.--Primera divagación 23
-
- VI.--Madrigal religioso 25
-
- VII.--Luna nueva 27
-
- VIII.--Autobiografía lírica 29
-
- IX.--Saludo matinal 33
-
- X.--Segunda divagación 35
-
- XI.--Adivinaciones 39
-
- XII.--Tercera divagación 45
-
- XIII.--Galantería 47
-
- XIV.--La última mañana 49
-
-A una criolla 51
-
-Al pasar 55
-
-Del azul al gris 59
-
-A un rincón madrileño 65
-
-El beso de la sombra 71
-
-La visita del éxtasis 75
-
-El dolor cansado 79
-
-Vespertina 83
-
-Cuadro de género 87
-
-Un viaje audaz 93
-
-En Castilla 99
-
-Los tres ruegos 103
-
-Noche vagabunda 107
-
-El cementerio 111
-
-Alborada 115
-
-El símil 119
-
-La ofrenda 123
-
-Del combate interior 127
-
-Semblanza 131
-
-La cita 135
-
-Pigricia 139
-
-La castañera 143
-
-Mañana de Enero 147
-
-Alma ciega 151
-
-Mi amigo el poeta 155
-
-Dones 161
-
-Ignorancia 165
-
-Crepúsculo de Mayo 169
-
-El cofre vacío 173
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of El corazón juglar, by Luis G. Urbina
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CORAZÓN JUGLAR ***
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-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
-and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
-works. See paragraph 1.E below.
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-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
-or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
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-1.E.9.
-
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-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
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-Foundation
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