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-The Project Gutenberg EBook of Tauromaquia completa, by Francisco Montes
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Tauromaquia completa
- ó sea El arte de torear en plaza
-
-Author: Francisco Montes
-
-Release Date: August 24, 2020 [EBook #63030]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TAUROMAQUIA COMPLETA ***
-
-
-
-
-Produced by Chuck Greif, Biblioteca Digital de la Comunidad
-de Madrid and the Online Distributed Proofreading Team at
-https://www.pgdp.net
-
-
-
-
-
-
-
- [Imagen:
-
- TAUROMAQUIA
-
- COMPLETA,
-
- escita por el célebre
-
- LIDIADOR
-
- FRANCISCO MONTES.
-
-
- PRECIO,
- 14 _rs._ en Madrid y 15 cm
- las Provincias.
- ]
-
- [Imagen]
-
- [Imagen: FRANCISCO MONTES]
-
-
-
-
- TAUROMAQUIA COMPLETA,
-
- Ó SEA
-
- EL ARTE DE TOREAR EN PLAZA,
-
- TANTO A PIE COMO A CABALLO:
-
- ESCRITA POR EL CÉLEBRE LIDIADOR
-
- FRANCISCO MONTES,
-
- Y DISPUESTA Y CORREGIDA ESCRUPULOSAMENTE
- POR EL EDITOR.
-
- _Va acompañada de un discurso histórico apologético sobre las
- fiestas de toros, y de_ una tercera parte _en que se proponen las
- mejoras que deberia sufrir este espectáculo_.
-
- MADRID:
-
- IMPRENTA DE D. JOSÉ MARÍA REPULLÉS.
- 1836.
-
-
-
-
- PROLOGO DEL EDITOR.
-
-
-_Asi como los individuos, tienen los pueblos su carácter original propio
-y esclusivo de ellos, que sirve para distinguir los unos de los otros, y
-que es el orígen de sus hábitos y costumbres._
-
-_Para llegar á conocer con exactitud el verdadero carácter de un pueblo,
-es á veces mas á propósito que su misma historia tomada en su totalidad,
-la lectura de aquellos escritos en que se hallan consignados sus
-entretenimientos privados, esto es, peculiares y esclusivos de él; y
-volviendo á comparar los pueblos con los individuos, diremos que tanto
-los unos como los otros son mas dificiles de conocer, y dejan menos
-traslucir su verdadera índole cuando ejecutan acciones de cierta
-notoriedad y consecuencias, porque en este caso el temor de la censura
-pública influye poderosamente en las determinaciones. Es tan verdadera
-esta asercion, que hasta en la edad del candor, en la edad pueril, se
-observa constantemente que los niños no obran del mismo modo cuando los
-observan sus padres ó sus maestros, que obran entre sí en sus juegos y
-divertimientos: aqui, pues, debemos buscar el verdadero carácter del
-niño, y aqui tambien el de los hombres y el de los pueblos._
-
-_Intimamente convencido de esta verdad, ofrezco al público, en prueba
-de la bravura del carácter español, la presente obrita, que tanto por el
-mérito de la parte puramente artística, que es del tan célebre Francisco
-Montes, como por las curiosidades que en la histórica y apologética he
-podido reunir, forma uno de aquellos libros que generalmente se llaman_
-curiosos, _y que son bien recibidos por todas las clases de la
-sociedad_.
-
-
-
-
- TABLA ALFABETICA
-
- DE
-
- ALGUNAS VOCES Y FRASES
-
- _cuyo conocimiento es indispensable para inteligencia de esta obra_.
-
-
- _Achazo._ El movimiento que hace el toro con la cabeza para usar de
- sus armas.
-
- _Anillos._ Se llaman asi las líneas circulares que tienen los toros
- en la parte inferior de los cuernos, junto á la raiz, y que marcan
- su edad.
-
- _Armarse._ Ponerse en disposicion para ejecutar alguna suerte.
-
- _Bulto._ Se entiende el cuerpo del torero.
-
- _Cabezada._ Lo mismo que achazo.
-
- _Castigo._ Todo aquello que se hace al toro, y le causa molestia ó
- dolor.
-
- _Cargar la suerte._ El movimiento que hace el diestro en el centro
- de ella de bajar los brazos y meter el engaño en el terreno de
- afuera para echar del suyo al toro.
-
- _Cerco._ Lo mismo que plaza.
-
- _Cernirse en el engaño._ Se dice cuando un toro se queda delante de
- él, indeciso sobre tomarlo ó dejarlo.
-
- _Cite._ Se llama asi todo movimiento, voz ó silbido con que el
- diestro empeña al toro para la suerte.
-
- _Colarse el toro._ Se dice, bien cuando se mete en el terreno de
- adentro, ó bien cuando por haberle hecho mal alguna suerte se va
- por entre el engaño y el cuerpo. Los picadores dicen que el toro se
- _coló suelto_ cuando llega hasta el caballo sin haberlo pinchado.
-
- _Contraste._ Cuando el toro se ve obligado por dos terrenos hay
- contraste.
-
- _Cuadrada._ Tener la muleta; presentarla de modo que le dé todo el
- frente al toro.
-
- _Cuadrarse._ Ponerse al lado del cuello del toro, donde no alcance
- el achazo.
-
- _Derrotes._ Los contínuos movimientos que hace el toro con la
- cabeza cuando quiere desarmar al torero.
-
- _Desarmarse._ Quitarse de la posicion de hacer suerte.
-
- _Diestro._ Lo mismo que torero.
-
- _Encerrado._ Está el diestro encerrado, cuando no tiene terreno
- suficiente para rematar la suerte sin tropezar con el toro.
-
- _Engaño._ Todo lo que se emplea para engañar los toros.
-
- _Embroque._ La disposicion en que el torero se halla respecto al
- toro, cuando si no se moviera llevaria la cornada.
-
- _Escupirse._ Cuando el toro no toma el engaño.
-
- _Humillar._ Se llama asi la accion de bajar el toro la cabeza para
- tirar el achazo; tambien se llama descubrirse.
-
- _Jurisdiccion._ La del diestro es el pedazo de tierra en que puede
- hacer suerte con el toro, y la de éste hasta donde alcanza con el
- achazo.
-
- _Liar._ Recoger la muleta sobre el palo.
-
- _Mejorar el terreno._ Cuando el matador, por ejemplo, ve que el
- toro viene metido en su terreno, y se mete él un poco mas para
- hacer la suerte natural, se usa esta frase.
-
- _Meter los brazos._ La accion de bajarlos para poner las
- banderillas.
-
- _Parear._ Poner dos banderillas.
-
- _Peon._ Torero de á pie.
-
- _Piernas._ Se dice que el toro tiene muchas cuando es muy ligero.
-
- _Pies._ Lo mismo que piernas.
-
- _Quiebro._ Todo movimiento de cintura con que se evita el achazo.
-
- _Salida falsa._ La de los banderilleros cuando no hacen la suerte.
-
- _Salirse de la suerte._ Ponerse en otro sitio donde no se puede
- verificar; se entiende, con el diestro y con el toro.
-
- _Sentar los pies._ Tenerlos quietos hasta el momento oportuno.
-
- _Tablas._ La valla que forma el cerco.
-
- _Taparse el toro._ Cuando en vez de humillar alza la cabeza.
-
- _Tender la suerte._ Bajar el capote y adelantarlo un poco.
-
- _Tirar los brazos._ El movimiento que se hace con ellos para sacar
- el engaño.
-
- _Transformacion._ La de los toros, cuando de buenos se hacen malos,
- ó vice-versa.
-
- _Viaje._ La carrera determinada del diestro ó del toro.
-
-NOTA. No hemos querido estendernos mas en esto, porque ademas de ser
-suficientes para entender esta obra las frases ya esplicadas, sería
-interminable anotar todas las técnicas del toreo.
-
-
-
-
- DISCURSO
-
- histórico-apologético
-
- DE LAS FIESTAS DE TOROS.
-
-
-La historia guarda un profundo silencio relativamente á los pormenores
-que acompañaron á las luchas de hombres con toros en un crecido número
-de años. Hasta el reinado de Alfonso VI[1] no se hace mencion de ellos
-como entretenimiento de la nobleza; y todos convienen en que el célebre
-caballero Ruy, ó Rodrigo Diaz del Vivar, llamado el Cid Campeador, fue
-el que por primera vez alanceó los toros desde el caballo.
-
-Esta accion, hija del estraordinario valor y bizarría de aquel héroe,
-dió orígen á un nuevo espectáculo que con general aceptacion vino á
-sustituir al que se usaba en el siglo undécimo, que consistia en soltar
-un cerdo, y luego dos hombres con los ojos vendados y armados con un
-palo, los cuales iban dando hasta que uno topase con el cerdo, que
-entonces era suyo; y la mayor diversion era cuando los dos
-equivocadamente se apaleaban.
-
-Si la nobleza y relevantes prendas de las personas que se dedican á tal
-ó cual diversion, honesta se entiende, es suficiente motivo para
-reputarla por buena y tenerla en estima, la lucha de toros gozará la
-preeminencia, por haber sido el mas valiente caballero español el
-primero á quien se le vió lidiarlos. No obstante, algunos creen que en
-tiempo de los romanos se conocian ya estas fiestas en España, y apoyan
-su opinion no solo en la historia, sino tambien en los restos de los
-famosos anfiteatros que existen en Toledo, Mérida y otros pueblos; pero
-aunque asegura aquella que los romanos eran muy aficionados á las
-contiendas de hombres con fieras, no consta de manera alguna que los
-toros fueran empleados para ellas, y sí otros animales; y es digno de
-atencion que en Roma no se hubiese perpetuado esta diversion, siendo
-propia de aquella república, y sí en España, que fue solamente una de
-sus provincias conquistadas. Tampoco fundada me parece la opinion de los
-que creen que los godos conocieron como espectáculo estas fiestas, y
-creo que bastará ver lo que Manuel García dice en su _Epítome de las
-recreaciones públicas_, página 226, para convencerse del poco fundamento
-que tiene.
-
-En el año 1100 estaba ya estendida la fiesta de toros, y conocida como
-peculiar de los españoles, pues que el licenciado Francisco de Cepeda en
-su _Resumpta historial de España_ dice llegando á esta época: “Se halla
-en memorias antiguas que se corrieron (este año) en fiestas públicas
-toros; espectáculo solo de España.” Se fomentó mucho esta diversion
-cuando los príncipes, amonestados por el celo de los eclesiásticos,
-proscribieron todas aquellas cuyas consecuencias eran á menudo funestas,
-entre las cuales no comprendian los toros; lo cual es mucho de notar, y
-viene en apoyo de lo racional y seguro que tienen.
-
-Desde esta época la nobleza se dedicó enteramente á esta clase de
-distraccion, que era privativa suya, y no habia ningun acontecimiento
-de utilidad y alegría pública que no se solemnizase con corridas de
-toros. Asi es, que nuestras crónicas nos dicen, que cuando Alfonso VII
-casó en Saldaña con doña Berenguela la chica, hija del conde de
-Barcelona, en el año de 1124, hubo entre otras diversiones la de correr
-toros; y cuando el rey don Alfonso VIII casó á su hija doña Urraca con
-el rey don García de Navarra, hubo en la ciudad de Leon dicha fiesta. La
-reputacion que se iba adquiriendo era tal, que pensaron en establecerla
-en varias partes fuera de España, principalmente en Italia, pero siempre
-iban las reses enmaromadas y con perros; y no obstante estas
-precauciones, sucedió en Roma el año de 1332, que murieron en las astas
-de los toros diez y nueve caballeros romanos y muchos plebeyos, sin
-contar los heridos, que fueron muchos, y de los que probablemente
-moriria alguno; lo cual nunca sucedió en España, á pesar de la mayor
-bravura de los toros, y de las mayores habilidades que con ellos se
-hacian. Este suceso fue causa de que se prohibiesen en Italia,
-convencidos de lo indispensable que es para torear con seguridad reunir
-el valor de los descendientes de Rómulo, y la destreza que á par de
-aquel brilla en el español.
-
-En el reinado de don Juan II llegó á su punto la galantería
-caballeresca, que se mezcló en toda clase de pasatiempos, y dió nuevo y
-poderoso impulso á la diversion de que tratamos. Tres fueron las grandes
-causas que concurrieron á fomentar con tanta rapidez el engrandecimiento
-de este espectáculo: la primera, el espíritu de galantería que como
-hemos dicho se introdujo en ellos, haciendo que cada caballero
-comprometiera y dedicara á su dama los esfuerzos de su valor, la cual
-habiéndolos presenciado, y juzgando por ellos si aquel caballero era
-bastante valiente para merecer su atencion, premiaba sus afanes con un
-distinguido favor. La segunda fue la parte que en ellas tomaron los
-soberanos, pues no solo las autorizaban con su presencia, sino que
-alternaban con los nobles en las lides, disputándoles como caballeros el
-premio que la belleza guardaba al mas diestro y galan. La última causa
-que concurrió fue la emulacion que existia entre la nobleza y los
-caballeros moros de Granada, nacida por el trato que tanto en paz como
-en guerra tenian con ellos; y como fueron muy frecuentes entre estos las
-fiestas de toros hasta el tiempo del rey Chico, y hubo muchos muy
-diestros, como fueron Malique-Alabez, Muza y Gazul, que hicieron
-célebres sus nombres y habilidad en la plaza de Bibarrambla, de aqui es
-que aquellos tratasen de imitarlos, y hacerles ver que en nada cedian
-los caballeros castellanos á los musulmanes españoles.
-
-Cuando en 20 de octubre del año 1418 casó el rey don Juan con doña María
-de Aragon, hubo en Medina del Campo dichas fiestas de toros, y en el
-reinado de Enrique IV se aumentó mas su esplendor; pero es imposible
-marcar con fijeza la época en que esta diversion tomó el aspecto de
-espectáculo público y nacional, y dejó de aparecer como un
-entretenimiento de los guerreros y caudillos mas famosos: las leyes de
-Partida la cuentan entre los espectáculos ó juegos públicos: la 57, tít.
-15, parte 1, la menciona entre aquellas á que no deben concurrir los
-prelados. Otra (la 4, parte 7, tít. de infamados) puede dar sospechas de
-que en aquel tiempo se ejercia ya este arte por personas mercenarias,
-pues que condena á infamia á los que lidian con fieras bravas por el
-dinero: y de una ordenanza del fuero de Zamora se deduce que hácia fines
-del siglo XIII habia en aquella ciudad plaza ó sitio determinado para
-tales fiestas.
-
-De cualquier modo que sea, ello es indudable que este fue uno de los
-ejercicios de destreza y valor á que se dedicaron los nobles de la edad
-media. La crónica del conde de Buelna es buen testimonio de ello: hé
-aqui las palabras del cronista ensalzando el valor de este paladin,
-triunfante tantas veces en las justas de Castilla y Francia, y que tanto
-se distinguió en los juegos de Sevilla celebrados para festejar el
-recibimiento de Enrique III cuando llegó alli desde el cerco de Gijon.
-“E algunos (dice) corrian toros, en los cuales non fue ninguno que tanto
-se esmerase con ellos asi á pie como á caballo, esperándolos, poniéndose
-á gran peligro con ellos, é faciendo golpes de espada tales que todos
-eran maravillados.”[2]
-
-Esta diversion continuó estendiéndose y perfeccionándose, y se sabe que
-fue una de las fiestas con que el condestable Sr. de Escalona celebró la
-llegada de don Juan el II cuando vino por la primera vez á esta villa.
-
-Enervándose algun tanto el espíritu marcial por la renovacion de los
-estudios que iba haciendo nacer el gusto de las letras, fue mirada por
-algunos la lucha de toros como diversion espuesta y sangrienta, de lo
-que no hay que maravillar, pues desconociéndose las reglas y recursos
-que hoy ponen tan á salvo á los lidiadores, solia alguna vez haber
-disgustos y desgracias. Gonzalo Fernandez de Oviedo pondera la aversion
-con que la piadosa Isabel la Católica vió una de estas fiestas, y fue
-tal su disgusto, que pensó en proscribir de sus dominios tal
-espectáculo; pero los partidarios que tenia, que eran muchos, y
-principalmente entre los nobles, deseosos de conservar una diversion tan
-acomodada al espíritu del siglo, propusieron á la reina envainar las
-astas de los toros en otras mayores que fuesen de cuero, y vueltas las
-puntas hácia atras, con lo que se templaba el golpe, y no se podrian
-verificar heridas penetrantes. Este medio fue aplaudido y abrazado
-entonces; pero ningun testimonio he visto que asegure la continuacion de
-su uso, lo cual prueba, á mi parecer, que distraida la reina de su
-propósito volvieron á gozar sin traba alguna de su favorita diversion.
-
-Viene en apoyo de esta opinion la carta que desde Aragon escribió esta
-virtuosa reina en el año de 1493 á su confesor Fr. Hernando de Talavera,
-en que decia: “De los toros sentí lo que vos decis, aunque no alcance
-tanto; mas luego alli propuse con toda determinacion de nunca verlos en
-toda mi vida, ni ser en que se corran, y no digo defenderlos (esto es,
-prohibirlos) porque esto no era para mí á solas.”
-
-Llegó pues á estenderse y á autorizarse tanto esta diversion, que el
-emperador Cárlos V, á pesar de no haber nacido ni criádose en España,
-mató un toro de una lanzada en la plaza mayor de Valladolid, en
-celebridad del nacimiento de su hijo Felipe II. En este mismo año una
-señora de la antigua y noble casa de Guzman casó con un caballero de
-Jerez, conocido por el _Toreador_. El célebre conquistador del Perú don
-Fernando Pizarro era muy diestro y valiente rejoneador; y del famoso
-don Diego Ramirez de Haro se cuenta que daba á los toros grandes
-lanzadas cara á cara y á galope, y sin anteojos ni banda el caballo. El
-rey don Sebastian de Portugal era tambien un hábil rejoneador. Se hallan
-estas noticias y otras curiosas en el libro de ejercicios de la gineta,
-que escribió don Gregorio Tapia y Salcedo en el año 1643, y en el que
-tambien se hallan reglas para torear á caballo, pues en aquel tiempo era
-este ejercicio una de las partes mas esenciales de aquel arte. Felipe
-III en 1619 renovó y corrigió la plaza de Madrid, lo que prueba que este
-monarca tenia en aprecio esta diversion. Don Felipe IV no solo la
-protegió, sino que tambien rejoneaba y alanceaba desde el caballo, y ya
-en su tiempo se iban reduciendo á una especie de arte sus reglas, como
-se puede ver en las que imprimió en Madrid don Gaspar Bonifaz, del
-hábito de Santiago y caballerizo de S. M. Don Luis de Trejo, del orden
-de Santiago, tambien imprimió en Madrid unas advertencias para torear.
-Don Diego de Torres escribió tambien unas reglas de torear, que se han
-perdido, y que hay razones para creer que serian para los de á pie, lo
-cual hace mas sensible su pérdida, en atencion á que todos los autores
-arriba mencionados, y muchos mas que pudiera citar, escribieron con
-particularidad para los de caballo; y no encuentro quien trate
-espresamente de los de á pie, si esceptuamos á Novelli, hasta el año de
-1750 en que lo hizo don Eugenio García Baragaña, cuyo escrito se
-imprimió en Madrid ese mismo año.
-
-El reinado de Cárlos II fue el último en que estas fiestas gozaron de su
-esplendor y nobleza. La plebe no se podia mezclar en ellas, pues hasta
-entonces gozaban de la aristocracia con que las verificaron los moros de
-Toledo, Córdoba y Sevilla, cuyas cortes fueron en su tiempo las mas
-cultas de Europa, y de las cuales tomaron los españoles el ceremonial de
-este espectáculo; por lo que dice Bartolomé de Argensola:
-
- Para ver acosar toros valientes,
- Fiesta un tiempo africana y despues goda,
- Que hoy les irrita las soberbias frentes &c.
-
-Asi es que los caballeros, á imitacion de aquellos, ejecutaban todas las
-suertes desde el caballo, y solo se apeaban en el lance que llamaban
-_empeño de á pie_; en este caso se bajaba el caballero por haber perdido
-el sombrero, guante ó algun otro de sus atavíos, ó bien porque el toro
-le hubiese herido ó muerto el caballo ó alguno de los peones que para su
-defensa llevaba; y no debia montar ni recoger lo perdido hasta haberle
-quitado la vida. Se dice que en esta ocasion don Manrique de Lara y don
-Juan Chacon cortaron á la fiera el pescuezo á cercen de una cuchillada.
-Dejaron tambien renombre los caballeros Cea, Velada y Villamor; el duque
-de Maqueda, Cantillana, Ozeta, Bonifaz, Sástago, Zárate, Riaño y otros
-muchos celebrados por Quevedo. Fueron tambien famosísimos el conde de
-Villa-mediana y don Gregorio Gallo, caballerizo de S. M. y del orden de
-Santiago, el cual inventó la espinillera para defensa de la pierna, por
-lo que entonces se llamó gregoriana, y que nuestros picadores conservan
-llamándola _mona_.
-
-A fines del siglo XVII rejoneaban con general aplauso en Zaragoza
-delante de don Juan de Austria dos nobles caballeros llamados Pueyo y
-Suazo, celebrados por el poeta Tafalla. Tambien eran famosos el marqués
-de Mondejar, el conde de Tendilla y el duque de Medina Sidonia, el cual
-era tan diestro y valiente con los toros, que no recelaba de que el
-caballo fuese bien ó mal cinchado, pues decia que las verdaderas cinchas
-habian de ser las piernas del ginete. Este caballero mató dos toros de
-dos rejonazos en las bodas de Cárlos II con doña María de Borbon en el
-año de 1673, y rejonearon entre una multitud de grandes el de Camarasa y
-Rivadavia.
-
-Cuando don Nicolas Rodrigo Novelli imprimió en 1726 su cartilla de
-torear, eran diestros caballeros don Gerónimo de Olazo y don Luis de la
-Peña, del hábito de Calatrava y caballerizo mayor del duque de Medina
-Sidonia; tambien lo era don Bernardino Canal, hidalgo del Pinto, que fue
-muy celebrado y aplaudido cuando rejoneó delante del rey el año de 1725.
-
-El reinado de Cárlos II fue el de mas esplendor sin duda alguna para las
-fiestas de toros; pero Felipe V, que subió en seguida al trono, mostró
-tal aversion á ellas, que la nobleza dejó de verificarlas; por lo que
-perdieron el carácter que las habia distinguido, pues aunque no
-faltaban algunos caballeros que por su decidida aficion hicieron alguna
-suerte con los toros, sin embargo, era privadamente para satisfacer su
-deseo, pero no ya con el prestigio de ser un ejercicio peculiar y
-honroso de la clase distinguida; y si fue un mal para la grandeza y
-pompa del espectáculo la aversion del monarca, recibia por otra parte un
-impulso estraordinario hácia su perfeccion como arte, y adquirió una
-popularidad tal que se hizo general la aficion. Continuó estendiéndose
-en los siguientes reinados, y habiendo hecho el gobierno construir en
-algunas partes del reino plazas á propósito para estos espectáculos, y
-destinado su producto para varios objetos de beneficencia, el interes
-llamó á la arena una clase de hombres atrevidos, que con su aplicacion
-hicieron nuevos juguetes y cambiaron del todo el modo de torear. El
-toreo de á pie debe á ellos su perfeccion; pues antes de esta época solo
-en el caso de que ya hicimos mencion arriba, llamado _empeño de á pie_,
-ó cuando se tocaba á desgarretar, era que se veía hacer una que otra
-suerte; pero era tanta la confusion en el último caso, y tanto el
-bullicio que para dar muerte al toro sin orden ni estudio acudia, que
-hoy no podriamos verlo sin tedio, pues las novilladas de los lugares ó
-el toro embolado son fiestas mas arregladas y divertidas. Todavía el año
-de 1725 se mataron los toros á desgarrete por la plebe en la plaza de
-Madrid delante de SS. MM. Los encargados principalmente de esta
-operacion eran esclavos moros, por lo que Lope de Vega dice en su
-Jerusalen hablando de desgarretar...
-
-...... Que en Castilla los esclavos
- Hacen lo mismo con los toros bravos.
-
-Gerónimo de Salas Barbadillo, Juan de Yagüe y otros autores
-contemporáneos dicen que cuando no habia caballeros que matasen los
-toros, lo hacian desde los tableros con garrochas ó lanzas, y ya en este
-tiempo habia quien capease á pie, lo cual es muy antiguo, pues sabemos
-que los moros lo hacian con el capellar y el alquicel. Se cuenta que en
-una fiesta que se hizo por este tiempo en la plaza de Madrid, dos
-hombres bastante decentes se pusieron debajo del balcon del rey haciendo
-como que hablaban, y cuando venia el toro á meterles la cabeza lo
-evitaban con solo un quiebro de cuerpo; lo que fue muy aplaudido de los
-espectadores.
-
-Fuése adelantando cada vez mas en el toreo de á pie, y se empezó á
-vanderillear poniendo solo un regilete de cada vez, que llamaban harpon;
-y todavía cuando escribió Novelli su tauromaquia no se habian puesto las
-vanderillas á pares, aunque ya se conocia el poner parches á los toros.
-En esta época empezó á sobresalir Francisco Romero, de Ronda, el que
-perfeccionó mucho el toreo de á pie, y mas adelante inventó la suerte de
-matar al toro cara á cara con el estoque y la muleta, lo que ejecutó él
-primero, no sin admiracion y aplauso general. Era reputada por tan
-espuesta y dificil esta suerte, que para hacerla era necesario ir
-vestido con calzon y coleto de ante, correon ceñido y mangas acolchadas
-de terciopelo negro, para resistir á las cornadas.
-
-El abuelo materno del célebre don Nicolas Fernandez Moratin fue tan
-valeroso y diestro, que dicen mató un toro á pie y de una estocada. Hubo
-siempre muchos caballeros muy valientes y hábiles que hicieron suertes
-con los toros, tanto á pie como á caballo: tales fueron Potra el de
-Talavera, y Godoy, caballero estremeño; siendo aventajadísimo en el
-capear á pie el famoso licenciado de Falces.
-
-En el dia no faltan tampoco muchos caballeros muy diestros en todas
-clases de suertes, pero no es lícito citarlos.
-
-En cuanto al toreo de caballo, la vara de detener ha venido á relevar el
-rejoncillo, y nuestros picadores no ceden en destreza y valor á los
-antiguos caballeros.
-
-Es bien conocido de todos el grado de perfeccion á que se ha hecho
-llegar el toreo, y la popularidad y general aceptacion de que goza; y se
-puede asegurar que una de las causas que han contribuido á ello ha sido
-la odiosidad que han mostrado algunos hácia él, y la prohibicion del
-señor don Cárlos III, pues se exasperó de tal modo la aficion, que casi
-era epidémica, y sofocó la voz de sus opositores, haciendo renacer con
-toda su magnificencia este espectáculo, que no obstante la prohibicion
-existia con algunas modificaciones ó escepciones que toleraban[3].
-
-El señor don Fernando VII (Q. E. G. E.) mostró aficion decidida á esta
-hermosa diversion, y estableció en la ciudad de Sevilla una real escuela
-de Tauromaquia, dotada decentemente, en la que se enseñaba tanto la
-teórica como la práctica del arte por los mas esperimentados profesores.
-
-Estas son en resúmen las principales particularidades que nos ofrecen
-las fiestas de toros con respecto á su historia. Hubieramos podido ser
-mas estensos, y engalanar, digamos asi, nuestra narracion con algunas
-minuciosidades y reflexiones que hemos omitido en obsequio de la
-brevedad; y con tanta mas razon, cuanto en el resto del discurso nos
-veremos obligados á insistir en algunos de los puntos históricos
-anteriores, como apoyos de la justa defensa que haremos del espectáculo.
-A primera vista conozco que nuestro proyecto parece temerario y aun
-ridículo, y no faltará quien declame contra él, y juzgue como inútil ó
-perjudicialmente perdido el tiempo invertido en semejante trabajo; pero
-si desnudos de su desfavorable prevencion leen y meditan las razones que
-espondremos, conocerán la justicia de la causa que tomamos á nuestro
-cargo, y nos habrán de conceder que no son perdidos el tiempo ni el
-trabajo que hayamos empleado en desvanecer los errores, harto comunes,
-en perjuicio del espectáculo, y hacer triunfar una verdad demasiado
-desconocida hasta ahora.
-
-Pueden dividirse muy bien en dos clases principales las invectivas y
-acusaciones que á las fiestas de toros se hacen: las unas se dirigen
-puramente contra la accion de torear, y las otras contra esta accion
-convertida en espectáculo, y que se estienden por consiguiente á todo lo
-accesorio á dichas fiestas. Para combatir pues con método estas
-acusaciones, se hace preciso dividir tambien nuestra apología en dos
-partes: en la una nos ocuparemos de la accion únicamente, y en la otra
-de la totalidad del espectáculo. De esta manera se analiza muy bien la
-cuestion, y podemos darle alguna libertad al discurso y un agradable
-trabajo al raciocinio. Si no conseguimos el fin que nos proponemos, la
-culpa será puramente nuestra, pero no será menos cierta por eso la
-verdad que defendemos, y que nuestra mal cortada pluma no pudo
-patentizar en el papel.
-
-La accion de torear es tan antigua, que su orígen, envuelto con el de
-las acciones que para satisfacer las primeras necesidades verificó el
-hombre, se pierde en la oscuridad de los primeros tiempos. La luz que da
-la historia es demasiado débil para desvanecer tan densas tinieblas y
-guiar nuestra razon; asi es que tenemos que abandonarnos á las
-congeturas, y por medio del discurso elevarnos si es posible hasta el
-principio de la carrera de la especie humana sobre la tierra.
-
-El hombre, antes de haber cultivado su ingenio y de haberlo hecho
-fecundo hasta el estremo de verse árbitro por él de todo lo creado,
-vagaba confundido con el resto de los animales. Muchos de ellos,
-superiores á él en los recursos físicos, le hacian la guerra á cara
-descubierta, y mas de una vez lo confinaron y vencieron. Pacíficos
-poseedores de cuanto les rodeaba, satisfacian á su antojo sus
-necesidades, y gozaban completamente de la independencia que en su
-orígen tuvieron las especies. Por otra parte la tierra árida en unos
-parages, cubierta en otra de maleza, y llena en todos de despojos y
-otros malos pasos, de aguas sin curso y hediondos pantanos, se negaba á
-ser transitada, ofreciendo apenas al mísero mortal lo mas indispensable
-para prolongar una existencia tan precaria como infeliz.
-
-Sin embargo, este estado de cosas debió durar poco. Si se nos permite
-esta espresion, diremos que todos los animales que pueblan el globo,
-sean de la clase que quiera, y pertenezcan á esta ó aquella especie, son
-seres pasivos: sometidos á cierto orden de leyes eternas, invariables,
-no pueden esceder en un punto los límites que á todas sus acciones
-señaló de antemano el dedo del destino: sufren las incomodidades que los
-cercan sin intentar elevarse á las causas que las producen, ni á los
-medios de evitarlas, y caminan á la muerte por el mismo sendero que
-caminaron sus abuelos: la vida del primer animal de cada especie es la
-misma que la del último, y si en algunos hay variaciones, es porque
-habiendo caido bajo el dominio inmediato del hombre, esperimentan
-ciertas modificaciones que les imprime su mano; pero esto mismo confirma
-lo pasivo de su existencia y la imposibilidad en que estan de cambiar
-por sí ó espontáneamente la serie de sus operaciones.
-
-Al contrario, el hombre desde el momento que esperimentó sensaciones
-incómodas intentó destruir sus causas, y conociendo la necesidad que
-tenia de obrar de acuerdo con algun otro hombre, se unió á él y echó el
-cimiento del edificio social: iba con su industria mejorando por dias el
-aspecto de la naturaleza, y con su valor ahuyentó las fieras que le
-disputaban audaces el dominio de los campos, y el leon, el tigre, la
-pantera y la hiena evitaron medrosas su presencia. Deseoso de abandonar
-la vida errante que hasta entonces habia tenido, y de fijar su
-residencia en los parages mas risueños y floridos, construyó mansiones
-fijas y sembró el germen de las poblaciones; reunió tambien en rebaños
-los animales dóciles y domesticables, para que multiplicándose mas y mas
-bajo su proteccion y cuidado, le suministrasen con su carne, leche y
-pieles, alimentos y vestido. La misma solicitud y esmero del hombre para
-protegerlos y aumentarlos parece que le autoriza, segun la espresion de
-un sabio naturalista[4], para inmolarlos á su antojo.
-
-Por este tiempo hizo tambien la conquista de los animales que le son mas
-útiles, y cuya dominacion le da mas gloria. Pero viniendo á fijarnos en
-el toro, diremos que fue seguramente uno de los primeros que
-esperimentaron el yugo; porque lo esquisito de su carne, la sabrosa y
-abundante leche de las hembras, la estension de su piel y la utilidad
-con que podia emplear sus fuerzas para diferentes objetos, le harian
-fijar en él bien pronto la vista. Su conquista sería bien facil en
-aquellos paises en que por razon del clima y de la calidad de los
-vegetales tiene un carácter lánguido y poco enérgico; pero en aquellos
-que como España crian toros soberbios y fuertes, no pudo verificarse
-sino á fuerza de constancia, ardides y peligros, y hé aqui el orígen de
-la accion de torear. Nada mas natural ni mas glorioso al hombre. Si
-alabamos hoy el valor y la destreza con que los salvages del Orinoco
-burlan la ferocidad del caiman; si nos admira el arrojo del árabe que en
-sus abrasadores desiertos vence y somete al leon; si no podemos oir sin
-estremecimiento la caza del elefante ó la pesca de la ballena, y
-apreciamos y medimos la superioridad del hombre por lo grande de estas
-acciones, ¿se deberá vituperarla de someter al toro hasta el estremo de
-hacerle servir de juguete y distraccion...? Ciertamente que sería una
-ridícula contradiccion.
-
-Hemos visto que es un atributo peculiar del hombre sojuzgar las fieras
-de los diferentes paises que habita; que esta accion es indispensable
-para adelantar en la carrera de la civilizacion; y que en muchos paises
-se perpetúa tanto por necesidad, como por ostentar y gloriarse el hombre
-con la fuerza y superioridad que le fueron concedidas. “Todo animal
-(dice Fergusson)[5] se deleita en el ejercicio de sus fuerzas. Retozan
-con sus garras el lobo y el tigre; el caballo olvidando el pasto da
-alguna vez su crin al viento para correr los campos; y el novillo y aun
-el inocente recental topan con las frentes antes de sentirlas armadas,
-como si se ensayasen para las luchas que los esperan. El hombre no menos
-propenso á ellas se complace tambien en el uso de sus facultades
-naturales, ora ejercitando su agudeza y elocuencia, ora su fuerza y
-destreza corporal contra un antagonista. Sus juegos son frecuentemente
-imagen de la guerra; en ellos derrama su sudor y su sangre, y mas de una
-vez sus fiestas y pasatiempos terminan con heridas y muertes. Nacido
-para vivir poco, parece que hasta sus diversiones lo acercan al
-sepulcro.”
-
-No obstante lo espuesto, se nos puede objetar que si bien la accion de
-torear fue en su principio laudable por la necesidad en que estaba el
-hombre de someter las fieras y luchar con ellas, en el dia, que solo se
-debe considerar como un mero pasatiempo, es vituperable por hallarse
-espuesta su vida sin una utilidad inmediata. Muchas son las razones con
-que se puede rebatir esta objecion, pero solo espondremos las mas
-fuertes y convincentes para no estendernos demasiado.
-
-Es evidente que para las diversas operaciones que se necesita hacer
-diariamente con los toros es preciso valerse de ciertas mañas, que no
-son otra cosa sino partes, digamos asi, del arte de torear; que estas
-_mañas_ (como lo da á entender bien su nombre) necesitan cierta destreza
-y habilidad que solo se adquieren con el ejercicio de estos mismos
-actos, y de aqui la necesidad de repetirlos como por ensayos, para
-perpetuarlos entre aquellos que los han de tener por oficio,
-perfeccionarlos, alejar el peligro que pudiera haber en ellos, y hacer
-que los que empiezan á ejercitarlos pierdan el miedo y den lugar á la
-aficion y serenidad que son necesarias para su seguridad. Por
-consiguiente no deben considerarse estos actos como meros pasatiempos,
-sino como de necesidad, y distraccion al mismo tiempo.
-
-Nosotros concederiamos sin embargo alguna mas fuerza á la objecion, si
-peligrase efectivamente la vida en la proporcion ó con la probabilidad
-que se supone. Los que hacen esta objecion son personas que conocen poco
-ó nada el arte de torear, y que ademas no han tenido la curiosidad de
-formar una tabla necrológica de los que en determinado número de años
-han muerto en la accion de torear ó de sus consecuencias inmediatas: si
-tal hubieran hecho, y hubiesen ademas calculado aproximadamente el
-número de suertes que en ese tiempo se habia hecho con los toros, verian
-cuán remoto es el peligro; y si luego rebajan, como es justo para que
-el cálculo sea exacto, los contratiempos que la embriaguez y la
-ignorancia de los que las hicieron causaron, y que son generalmente los
-casos desgraciados, se verá desaparecer enteramente hasta la idea del
-peligro mas remoto. Ademas la esperiencia de tantos años no pasó sin
-dejar vestigios, y el hombre ha aprendido á conocer y distinguir
-claramente las inclinaciones de los toros, y sobre ellas ha cimentado
-las bases de un arte tan exacto cuanto son invariables sus principios.
-
-En consecuencia, pues, de todo lo dicho, resulta que si la accion de
-torear en su orígen no carecia de algun riesgo, la utilidad que de ella
-se sacaba la hicieron de primera necesidad: que se perpetuó no solo por
-esta necesidad, sino por lo natural que es al hombre el deseo de dominar
-y hacer alarde de sus facultades, pues tanto las físicas como las
-morales se realzan con esta accion; y por último, que si ha llegado en
-el dia á ser como un mero pasatiempo en muchos casos, no por eso deja de
-traer utilidad; y que la seguridad que el hombre ha llegado á conseguir
-en ella, le ponen fuera de los tiros que le asestan sus opositores, y
-desmiente con la esperiencia los peligros de que les acusan.
-
-Réstanos aun que hacer una consideracion con respecto á esta accion, y
-es que en todos tiempos fue peculiar de los hombres mas nombrados y
-respetables. Con muy pocas palabras probaremos esta asercion. Cuando los
-hombres empezaron á reunirse y á formar pequeñas sociedades, no habia
-clases, ni gerarquías, ni empleos, ni distinciones. Constituidos á
-guerrear continuamente con los animales carniceros, y siendo la caza de
-ellos la que principalmente los alimentaba, su caudillo era el mas
-valeroso, y su gefe el que se presentaba constantemente con mas trofeos;
-y como el toro era uno de los que se perseguian con mas ardor, es
-evidente que el mas condecorado de ellos sería el que mejor lo burlase y
-sometiese. Cuando los años apagaban el vigor y reducian á la inaccion al
-guerrero, sus anteriores hazañas le aseguraban el respeto de la tribu,
-que lo recompensaba reconociéndolo por su cabeza. La historia de todos
-los pueblos apoya este modo de pensar; y la historia, como ya hemos
-visto, nos muestra la accion de torear como peculiar y privativa de los
-caudillos y grandes del reino. Sabemos ya la causa por qué dejó de
-ocupar á la nobleza, y vino á ser casi un patrimonio de la clase
-inferior; pero la accion no deja de ser grandiosa, aunque privada del
-prestigio de estar en poder de la clase noble.
-
-Estas breves reflexiones sobre la accion de torear convencen á
-cualquiera de lo útil y sublime que en sí encierra. Hemos visto que
-nació de las primeras y mas urgentes necesidades del género humano, que
-con ella las satisfizo, y que en ella encontró un modo de hacer alarde
-de sus mas brillantes prerogativas. Si al principio era una verdadera
-lucha en que apenas peleaba el hombre con ventajas, ahora tiene delante
-del toro una seguridad incontrastable; y este nuevo triunfo de su
-ingenio es una prueba positiva de su escelencia y superioridad
-intelectual, mientras que los medios con que consigue su objeto son otra
-nueva prueba de su aventajada organizacion. En poco se diferenciara de
-los demas animales sino les impusiera el sello de la esclavitud que
-publica donde quiera su vasta dominacion. Las regiones medio incultas en
-que habita el salvage ofrecen un número grande de animales silvestres,
-que, orgullosos con su libertad y poderío, parten con el hombre el
-imperio de la naturaleza, y muchas veces se lo disputan y usurpan. ¡Qué
-degracion la de estos miserables! ¡Gloria eterna al hombre que sabe
-llenar el fin para que vino al universo! ¡Loor eterno al hombre que no
-solo somete las bestias mas feroces y poderosas, sino que alcanza hasta
-hacerlas servir de juguete y distraccion!
-
-Desde este momento debe considerarse la accion unida al espectáculo.
-Para mayor claridad lo dividiremos en las tres grandes y diferentes
-épocas en que naturalmente se divide: pasaremos rápidamente por la
-primera, nos detendremos algo mas en la segunda, y será la tercera
-nuestro objeto principal.
-
-Para elevarnos hasta el principio de estas fiestas es preciso, como lo
-fue para la accion, valernos del discurso, y representarnos á los
-primeros hombres recogiendo los frutos de sus asíduos trabajos; entonces
-gozaban ya de algunos ratos de recreo, y sus diversiones serian sin
-duda, como puede deducirse de la historia, imágenes de sus mas
-frecuentes operaciones. Asi es que las luchas entre fieras y de hombres
-con animales los ocupó esclusivamente, porque el atraso en que estaban
-no les permitia otros espectáculos que los mas sencillos y naturales.
-
-Es imposible describir las particularidades de estas fiestas; pero se
-puede asegurar que asi como la accion de torear, tuvo el espectáculo de
-los toros un orígen sencillo y natural, y que en todo tiempo fue
-apreciado y aplaudido.
-
-Desde esta época hasta que la historia nos habla de esta fiesta, hay un
-espacio inmenso en que no podemos seguir la suerte que corrió esta
-diversion. Por lo tanto lo pasaremos en silencio, y nos detendremos á
-examinar la edad media del espectáculo, comparándolo con la edad
-correspondiente de los pueblos de quienes era propio; y veremos que se
-acomodaba perfectamente la índole del uno con la del otro, y que sus
-atractivos eran mas que suficientes para llamar la atencion general.
-
-La edad que precedió á la de hoy está caracterizada principalmente por
-un espíritu novelesco y marcial. Todo lo que no era estraordinario, lo
-que carecia de proezas militares y aventuras caballerescas, y donde no
-habia una princesa bellísima por quien suspirase un atrevido paladin
-que cada dia le dedicaba cien lanzadas y mil mandobles, no era del gusto
-de aquellos siglos, en que el entendimiento se enervaba con lo
-maravilloso, al tiempo mismo que el cuerpo se fortalecia con la fatiga.
-Los hombres no respiraban sino horror y corage, y donde quiera que se
-fijase la vista, solo se ofrecian guerras y desastres. Las armas se
-llevaban toda la atencion, y antes sabia la juventud esgrimir que leer.
-Las treguas que alguna vez se conseguian se empleaban en adiestrar
-nuevos guerreros, y los escritos que tanto en prosa como en verso
-corrian por las manos de la multitud, solo se dirigian á entusiasmar el
-corazon de los lectores aficionándolos al estrépito de las armas, y
-refiriéndoles con los encantos de la poesía las hazañas casi increibles
-de sus memorables héroes. La ociosidad no tiene lugar entre unos hombres
-activos y guerreadores: el tiempo que estaban suspensas las hostilidades
-se ocupaba completamente en las justas, los torneos, las luchas &c. Y
-por lo que tenian de comun estos espectáculos con el de los toros, como
-tambien para dar á conocer el genio de aquellos siglos con mas
-particularidad, y poder deducir consecuencias á favor de nuestras
-fiestas, daremos una idea aunque sucinta de los juegos con que se
-entretenian los pueblos de quienes Abraham Ortelio dijo muchos siglos
-antes alabando su valor “que entraban cantando en las batallas,” _prelia
-agrediuntur carminibus_.
-
-Segun Jovellanos[6], la idea que tenemos de los torneos y de las justas
-es muy mezquina y distante de su magnificencia; pero crece al paso que
-se levanta la consideracion á sus circunstancias. “Porque ¿quién se
-figurará, dice, una anchísima tela pomposamente adornada y llena de un
-brillante y numerosísimo concurso; ciento ó doscientos caballeros
-ricamente armados y guarnidos, partidos en cuadrillas y prontos á entrar
-en lid; el séquito de padrinos y escuderos, pages y palafreneros de cada
-bando; los jueces y fieles presidiendo en su catafalco para dirigir la
-ceremonia y juzgar las suertes; los farautes corriendo acá y allá para
-intimar sus órdenes, y los tañedores y menestriles alegrando y
-encendiendo con la voz de sus añafiles y tambores; tantas plumas y
-penachos en las cimeras, tantos timbres y emblemas en los pendones,
-tantas empresas y divisas y letras amorosas en las adargas; por todas
-partes giros y carreras, y arrancadas y huidas; por todas choques y
-encuentros y botes de lanza y peligros y caidas y vencimientos? ¿Quién,
-repito, se figurará todo esto sin que se sienta arrebatado de sorpresa y
-admiracion? ¿Ni quién podrá considerar aquellos valientes paladines
-ejecutando los únicos talentos que daban entonces estimacion y nombradía
-en una palestra tan augusta, entre los gritos del susto y el aplauso, y
-sobre todo á vista de sus rivales y sus damas, sin sentir alguna parte
-del entusiasmo y la palpitacion que herviria en sus pechos aguijados por
-los mas poderosos incentivos del corazon humano, el amor y la gloria?”
-
-En efecto, desde que la galantería se introdujo en todas las fiestas y
-pasatiempos se hicieron mas espectables, y el espíritu y entusiasmo que
-por ellas todas las clases tenian les daba un carácter y animacion que
-las engrandecia sobremanera. Las damas que concurrian á ellas las
-embellecian con sus gracias y hermosura, y lejos de ser indiferentes y
-pasivos adornos del circo esplendoroso, tomaron una parte muy activa en
-las funciones, y eran el móvil y el alma que impulsaba todas y cada una
-de las partes del espectáculo. Se les consultaba para la adjudicacion de
-los premios que ellas mismas debian entregar al combatiente vencedor,
-que henchido de gloria y cubierto de polvo y sudor se acercaba á la
-humana beldad, que hermoseada por aquel amable pudor inseparable de la
-virginidad, le multiplicaba la satisfaccion de merecer el premio por
-adquirirlo bajo tan gratos auspicios.
-
-Es estraño á la verdad que la aficion á las damas y á las armas hermanen
-tan bien, y se hallen constantemente juntas; pero no es por eso menos
-cierto que los pueblos mas guerreros fueron siempre los que tributaron
-mas respeto y homenage al sexo encantador. No es por tanto una
-arbitraria ficcion de los mitologistas suponer que Marte y Venus se
-amaron: fue, sí, simbolizar, por decirlo asi, la propension que tiene el
-guerrero á suspirar por una beldad á quien dedique sus hazañas, y en
-cuyos brazos descanse de sus peligros y trabajos.
-
-En los tiempos que nos ocupan estaba la nobleza encargada de la defensa
-pública; formaba la caballería, y era el mas poderoso apoyo de las
-huestes. La pólvora no se habia presentado aun para cambiar el modo de
-guerrear; se lidiaba de hombre á hombre y cuerpo á cuerpo, y por tanto
-era indispensable que la fuerza y destreza corporal estuviesen muy
-ejercitadas. Los caudillos se veían precisados á estar mas diestros, y
-ser mas forzudos y valerosos que los simples soldados, y siendo aquellos
-de la clase noble, se hacia indispensable que fuera su educacion activa
-y belicosa. Los mismos soberanos caminaban al frente de su ejército en
-tiempo de guerra, y en tiempo de paz justaban con los grandes. Don Juan
-el II justó algunas veces como aventurero[7], y don Pedro el cruel[8]
-salió herido en una mano en un torneo que se celebró en Torrijos.
-
-Vemos pues lo indispensable que era entonces esta clase de espectáculos,
-y que la pompa y magnificencia con que eran adornados los hacian
-merecedores de la atencion general. Sin embargo, tenian algo de cruel y
-sanguinario, que solo podia tolerarse por la necesidad en que se estaba
-de familiarizar á los pueblos con la sangre y los lances de la guerra.
-
-Por este tiempo se lidiaban ya los toros desde el caballo, y se picaba
-con el rejoncillo, y este espectáculo se hacia con el mismo ceremonial
-que hemos visto se empleaba para las fiestas y torneos: venia ademas en
-su apoyo no ser cruel ni sanguinario, y tan apropósito cuando menos como
-los otros para dar á conocer el valor y gallardía de los caballeros. Asi
-es, que se iba fomentando sobre las ruinas de los primeros, á lo que
-contribuyó no poco el no estar comprendido en la prohibicion que de los
-que se miraban como sangrientos se habia hecho. Esto es una prueba de lo
-mas racional y seguro de estas fiestas sobre las demas de su tiempo, y
-da á conocer la razon de haberse perpetuado hasta nuestros dias, en que
-ya ni vestigios se hallan de las costumbres caballerescas, cuyo
-esterminio concluyó con tanta gloria suya y universal aplauso el
-inimitable Cervantes.
-
-Baste pues para hacer la apología de estas fiestas segun se verificaban
-en la edad media, saber que no fueron reputadas por los concilios como
-sangrientas; que eran esclusivamente propias de la grandeza; que se
-consideraban como el acto mas á propósito para hacer alarde los
-caballeros de su valor y destreza; que las damas las favorecian
-constantemente con su asistencia, y se envanecian y vanagloriaban cuando
-el caballero que era dueño de su corazon se distinguia entre los demas;
-que á pesar de ir decayendo el gusto caballeresco y los espectáculos en
-que mas relucia, el de los toros seguia verificándose con la misma pompa
-y general aplauso que en los tiempos anteriores se celebraran los demas;
-que fue el único que ocupó últimamente la clase distinguida, y que no
-hubiera probablemente decaido de este grado de esplendor si, como ya
-hemos dicho en la parte histórica, no hubiera Felipe V mostrado aversion
-hácia él, y si la nobleza, que se amolda siempre á los gustos y aun á
-los caprichos de los soberanos, hubiera conservado su carácter
-primitivo.
-
-Si no fuera por temor de esceder los límites propuestos, nos
-estenderiamos sobre una multitud de objetos de los que se puede sacar un
-sin número de razones en apoyo de las fiestas de toros. Pero
-desentendiéndonos ya de todo lo que pertenece á los tiempos anteriores,
-examinaremos el espectáculo segun se halla en el dia, deteniéndonos como
-es indispensable en esta época para hacer patentes las razones que lo
-apoyan.
-
-El pueblo español ha perdido todos los espectáculos que en otro tiempo
-hicieron su recreo. La afinacion progresiva del gusto ha hecho olvidar
-las justas y los torneos; apenas hay memoria de los fuegos de artificio,
-las máscaras han sufrido enérgicas prohibiciones, las romerías, los
-juegos escénicos, las danzas de espadas se han olvidado casi del todo, y
-la parte mas considerable de la nacion, que es la que se alimenta del
-trabajo diario, no tiene una sola ocasion al año en que pueda
-proporcionarse algunas horas de apetecida diversion con el ahorro de sus
-fatigas. Volvamos los ojos hácia esta numerosa porcion del estado, y no
-podrá menos que lastimarnos su infelicidad. Vagando triste y
-silenciosamente por las calles y plazas de su infeliz aldea pasan el dia
-que destinan al reposo; el tedio los persigue, y la taciturna ociosidad
-de semejantes dias se los hace aborrecibles; si quieren sacudir este
-fastidio no tienen mas recurso que la taberna, donde solo hallan
-pendencias y disgustos en vez de la paz y la alegría.
-
-Aunque tuviesen inmediata alguna ciudad en que hubiese teatro no
-conseguirian distraerse y dilatar su ánimo: la educacion y género de
-vida en que se han criado les vedan los placeres que exigen para
-percibirse otro gusto y delicado tacto. Ellos necesitan diversiones que
-hieran vivamente los sentidos, y en que se mueva el ánimo mas por la
-parte puramente óptica ó de perspectiva que por la intelectual; mas
-claro, les entusiasma ver hechos grandes, sorprendentes, que exigen
-mucho valor y habilidad; pero no puede escitarles lo sublime de los
-afectos, lo correcto del estilo, lo fluido y sonoro de la versificacion,
-ni las demas bellezas que no pueden percibirse sino por los que esten
-adornados con una educacion y conocimientos no vulgares. ¿Qué
-espectáculos pues daremos á esta apreciable y laboriosa parte de la
-nacion? ¿La dejaremos limitada á los reducidos bailes dominicales que
-solo se ven en algunas provincias, y que en manera alguna merecen el
-nombre de tales? “Creer que los pueblos puedan ser felices sin
-diversiones, dice Jovellanos, es un absurdo. Creer que las necesitan y
-negárselas, es una inconsecuencia tan absurda como peligrosa. Darles
-diversiones y prescindir de la influencia que puedan tener en sus ideas
-y costumbres, sería una indolencia harto mas absurda, cruel y peligrosa,
-que aquella inconsecuencia. _Resulta pues que el establecimiento y
-arreglo de las diversiones públicas será uno de los primeros objetos de
-toda buena política._” La autoridad de un hombre tan respetable por
-todos títulos como el autor que citamos basta por sí para decidir sobre
-la necesidad que tienen los pueblos de un espectáculo acomodado á su
-genio, y cuyas bellezas no necesiten para comprenderse los esfuerzos de
-la imaginacion, sino que baste asistir á él para gozar y recrearse.
-
-Este espectáculo será por tanto el mas estendido, hará la holganza de
-todo el reino, y se podrá llamar por consiguiente la diversion nacional.
-Se reunirán en su recinto el letrado, el militar, el artista, el
-marinero, el comerciante, el labrador, todas las clases, por último,
-todos los sexos y edades; pero ¿á todos podrá ser inocente ó provechoso
-un mismo espectáculo? ¿De qué clase deberá ser su índole? Es evidente
-que no puede ser igual el efecto que una sola cosa, sea de la clase que
-quiera, produzca en individuos tan diferentes en gustos y ocupaciones, y
-tambien lo es que para fijar el carácter de la diversion nacional debe
-atenderse principal y casi esclusivamente al espíritu que anima la
-inmensa mayoría de los concurrentes. Ahora bien, á esta diversion, sea
-la que fuere, que hemos llamado nacional, concurrirá una corta porcion
-de personas de instruccion y carrera, y constituirá la mayoría la masa,
-digamos asi, de la nacion. Hemos dicho que concurrirá una corta porcion
-de aquellos hombres cuyos conocimientos los hacen influir tanto en la
-fuerza moral de las naciones, porque ellos estan en una proporcion muy
-pequeña con respecto á la multitud de los demas habitantes, que son los
-que constituyen la fuerza física, y por consiguiente á estos últimos
-debemos tener presente en la eleccion de espectáculos. ¿Y les
-ofreceremos por ventura aquella porcion de piezas dramáticas que
-ocuparon el teatro en el siglo de su prostitucion? ¿Les dejaremos
-aficionarse á este género de diversion en que no hay nada que deje de
-ser lúbrico, malicioso, indecente y chabacano? Entre presentarles un
-teatro selecto, modelo de bellas letras, y cuyo lenguaje no entienda, ó
-un teatro vil, grosero, en que se le ofrezcan los mas peligrosos
-ejemplos adornados con el atractivo de la ilusion escénica y con las
-dulzuras hechiceras del canto y de la poesía, no hay medio que escoja la
-razon. Pero aun suponiendo que fuese el pueblo capaz de comprender y
-aficionarse á las bellezas de un teatro clásico, escogido, ¿sería esto
-un bien, ó un mal? Esta cuestion es muy delicada, y se necesita mucha
-madurez y detencion para decidir en ella con acierto; pero si atendemos
-al influjo que tienen las diversiones en las costumbres de los pueblos,
-y á la necesidad que hay de que esten en relacion y armonía con la
-ocupacion y el género, de ventajas que la sociedad debe prometerse de
-la clase de que se juzguen peculiares, se conocerá bien pronto la índole
-de las que deben hacer las delicias del pueblo trabajador. La historia
-ofrece entre otros varios un ejemplo colosal de lo perjudicial que puede
-ser á un pueblo generalizar en todas las clases hasta el estremo una
-misma y sola aficion. Despues de haber sostenido Atenas por algunos
-siglos una serie de guerras, ya con los pueblos estraños, ya entre los
-suyos propios, aniquilado su valor y agotados sus recursos, empezó á
-disfrutar de una paz poco ventajosa, y que habia comprado á costa de su
-antigua prepotencia. Desembarazados los atenienses de las ocupaciones
-marciales, se dedicaron con ardor al cultivo de las letras, y en breve
-cobraron por su saber nuevo nombre y prestigio, colocándose nuevamente á
-la cabeza hasta de los mismos por quienes poco antes habian sido
-derrotados. Lisonjeados por las ventajas conseguidas bajo el pendon de
-Minerva, se generalizó el gusto á las letras de tal modo, que las
-academias, los liceos, los teatros, á pesar de haber gran número, no
-bastaban á recibir la multitud que á ellos acudia, y las plazas
-públicas llegaron á convertirse en aulas de ciencia universal. Pero esta
-popularidad de la sabiduría, lejos de ser ventajosa á las ciencias, fue
-muy perjudicial; empezó á viciarse el gusto, y las sutilezas
-escolásticas, perpetuadas por desgracia hasta nuestros dias, mudaron el
-amor á la verdad, única base del saber, en amor á las disputas y juegos
-de palabras, fecundos manantiales de ignorancia y embolismo. Empezaron á
-fomentarse las sectas mas ridículas, á propagarse las opiniones mas
-estravagantes, á odiarse los que seguian diverso rumbo en su filosófica
-presuncion, y á manifestarse, en fin, todos los elementos que tienden
-visiblemente á la destruccion de los pueblos. El pueblo de Atenas,
-tomando en su verdadera acepcion aquella voz, dejó de ser sabio, y como
-ya habia dejado de ser guerrero, se encontró sin recursos que oponer á
-la ambicion romana, y dobló vil y cobardemente la cerviz. Si hubiera
-conservado espectáculos á propósito para mantener entre la multitud las
-ideas de gloria y valor, y hubiera al mismo tiempo creado las academias
-para un corto número, pues tal debe ser y es efectivamente la
-proporcion entre el caudillo y los soldados, entre el sabio y los
-ignorantes, hubiera tenido para contrastar á los romanos todos los
-elementos con que puede contar un pueblo para sostener su independencia.
-
-Apenas se hallará cosa que tenga mas influencia sobre las costumbres de
-los hombres que las diversiones en que ocupan las horas de recreo,
-porque son una parte muy esencial de la educacion del pueblo, y por
-tanto no puede ser que dejen de modificar en bien ó en mal su índole y
-su condicion. Debe ofrecerse al pueblo trabajador una clase de
-espectáculos que lo divierta sin fatigar su ruda imaginacion, y sin que
-estorbe en manera alguna el orden de sus ideas. Se debe huir de
-presentar á su consideracion imágenes tiernas, lascivas, y todas
-aquellas situaciones seductoras en que la malicia y la sensualidad se
-demuestran con el mas vivo y agradable colorido. Semejantes objetos no
-solo perjudican la moral, sino que atacan directamente los cimientos de
-la pública felicidad, porque presentan al miserable jornalero un punto
-de comparacion que hace contrastar los trabajos de su clase, y que
-podria ser orígen de su aburrimiento y desesperacion. Pero tampoco
-huyendo este estremo debemos caer en el de embrutecerlo y endurecer su
-corazon, familiarizándolo con la sangre de sus iguales. Debe buscarse un
-espectáculo en que se escite un laudable deseo de ser fuerte y valeroso,
-pero no inhumano y sanguinario; en que no se cimente el triunfo y la
-gloria en el vencimiento ó la muerte de otro hombre, sino en el de una
-fiera atrevida y poderosa; en que no haya odiosidad directa y personal
-que haga mas sangrienta la venganza, sino emulacion y fraternidad que
-aseguren el triunfo y el aplauso. Un espectáculo semejante conviene sin
-duda al pueblo en su totalidad, porque de él no solo han de salir los
-soldados que deben sostener y asegurar la tranquilidad de los pueblos y
-la independencia del pais, sino todas las demas clases activas que
-necesitan fuerza y valor para el desempeño de sus respectivas
-obligaciones; y estas clases deben estar acostumbradas á vencer y
-arrostrar los peligros hasta en sus juegos y pasatiempos, pero de
-ninguna manera deben ni pueden estar adornados de los conocimientos que
-fomenta el teatro. No podria sostenerse el edificio social sino hubiera
-entre los que componen los pueblos esta diversidad de instruccion y de
-ocupaciones que son las que mantienen la armonía y permanencia de los
-lazos que tan estrechamente los ligan. Los unos deben mandar, dirigir;
-los otros obedecer, ejecutar; aquellos necesitan estudios, ciencias;
-estos valor, fuerzas. De otro modo la ignorancia enmascarada con la
-apariencia del saber, y alegando un derecho que está en contradiccion
-con los mismos principios en que se apoya, intentará manejar los grandes
-negocios y ser el árbitro de la soberanía; se creerian todos con iguales
-méritos, se desplomaria la sociedad, y quedarian sepultados entre sus
-escombros los vanos proyectos de realizar un pueblo que solo puede
-existir en imaginaciones acaloradas; esto es, un pueblo de sabios.
-Florezcan en las capitales todos los monumentos que acrediten el grado
-de perfeccion en que se hallan los conocimientos humanos, haya academias
-y sociedades, conservatorios y museos, y tengan los sabios cuanto
-conduzca á su perfeccion. La clase media en instruccion encuentre en la
-escena las bellezas de la poesía, los encantos de la música, y los
-graciosos ademanes de Terpsícore; pero dejemos á la clase inferior un
-espectáculo propio suyo, y no porque las demas gocen de todas las
-comodidades de la vida, olvidemos esta numerosa porcion de la sociedad.
-Hay una clase de fiestas muy á propósito para llenar todos sus deseos,
-que reune los requisitos que hemos visto deben tener sus pasatiempos, y
-cuyos atractivos son por otra parte tan poderosos, que lejos de chocar
-con las ideas de las otras clases de la sociedad, volarán todas á
-presenciarlas. Vamos á examinar en pocos renglones si la lidia de toros
-se encuentra en el caso que decimos.
-
-De cuanto hemos dicho se deduce que el espectáculo que haya de ofrecerse
-al pueblo debe influir en su ánimo de modo que le comunique energía,
-valor, y deseo de hacerse memorable por sus hazañas, pero sin viciarlo
-ni hacerlo sediento de sangre humana. La lidia de toros llena
-completamente ambos objetos. Es el suyo burlar á una fiera altiva y
-poderosa, y hacerla espirar á los pies del lidiador. Pero no es una
-lucha como las que en tiempo de los romanos entablaban los infelices á
-quienes condenaban á morir devorados por una fiera, y que deseosos de
-alcanzar la libertad, que solian concederles cuando la vencian, se
-empeñaban en un combate horroroso, con el que solo conseguian prolongar
-la muerte y hacerla doblemente dolorosa. En los toros se ve volar á la
-fiera sin poder apoderarse de él en derredor del torero, que con la
-serenidad que le infunden su conocimiento y su ligereza, mira hasta con
-lástima al corpulento bruto afanarse y correr en vano hasta encontrar,
-cuando cree mas seguro el triunfo, su perdicion y su muerte. No es un
-brutal arrojo el que arrastra al cerco al lidiador, sino un valor
-racional con que se presenta á la fiera, porque sabe el modo seguro de
-hacer inútil su saña y de eludir sus intentos. No es su agitacion
-aquella que trastornaba al gladiador cuando encerrado en el anfiteatro
-se le abrian mil puertas para el sepulcro, y un resquicio apenas para
-tornar á la vida: es una mezcla del gozo que anticipadamente se le viene
-á la imaginacion por su victoria, y de los temores que le asaltan de no
-llenar cumplidamente sus deberes y sus deseos. Pero la idea del peligro
-ni aun lejano no aparece jamas en la mente del buen torero, que sabe
-bien que no hay lance para el que no tenga seguro recurso, y regla
-segura para practicarlo. Ni en él se le ofrece al espectador aquella
-imponente y aterradora figura del atleta cuya sola presencia estremecia,
-sino la mas elegante y gallarda que imaginarse puede. Adornado con telas
-de seda bordadas de oro y plata, elige para su vestido la hechura que se
-amolda mejor á la configuracion de su cuerpo, y sus varoniles y escelsas
-formas lucen tanto mas cuanto ciñe mas su ropage.
-
-En este espectáculo admira y discurre el filósofo la escelencia del
-hombre, que desde la desnudez é ignorancia primitivas, ha sabido alzarse
-con el influjo del mundo y sacrificar á su antojo y diversion las
-bestias mas poderosas. El naturalista observa las alteraciones que el
-cuidado y el estado de domesticidad han producido en el caballo y el
-toro, y cuanto los desvia de su primitivo modo de ser y de obrar. El
-político conoce con cuán poco se contenta y distrae al pueblo laborioso,
-y aprecia dentro de sí el efecto que el espectáculo hace en el carácter
-de la multitud. El matemático vislumbra la posibilidad de reducir el
-toreo á demostraciones, porque considera en el toro un cuerpo que se
-mueve con direccion y velocidad conocidas, y en el torero todos los
-medios para variar la primera y acelerar ó retardar la segunda. El
-economista ve en el consumo de toros y caballos uno de los elementos que
-mas influyen en el fomento de la cria del ganado vacuno y caballar. El
-viajero admira un espectáculo tan grandioso, tan magnífico; aquella
-mezcla de trages y colores, y aquel murmullo y vocerío y contínuo
-movimiento lo entretienen y embelesan, y cuando suena el timbal, sale el
-toro con aspecto amenazador, y ve á los toreros burlarlo risueños de mil
-maneras, llega al colmo su admiracion, y prorumpe en aplausos y
-aclamaciones. Todas las clases, todos los sexos, todas las edades y
-condiciones de la vida concurren á él, se enagenan y se olvidan de sus
-penas. Inútiles serian nuestros esfuerzos para hacer concebir lo grande,
-lo bello de tales fiestas al que no las hubiese presenciado.
-
-Sin embargo, la lidia de toros esperimenta continuamente las mas severas
-censuras y las acusaciones mas escandalosas, y no satisfariamos el
-deber que nos hemos impuesto sino las refutásemos completamente.
-
-Hemos manifestado ya que los pueblos necesitan diversiones, y que deben
-ser de las que hablen mas á los sentidos que al entendimiento, y hemos
-manifestado igualmente que las pasiones que deben inspirarles han de ser
-heróicas y varoniles sin que rayen en barbarie ó ferocidad. Las lidias
-de toros satisfacen como hemos visto ambos estremos; pero dicen sin
-embargo sus detractores que son bárbaras, inmorales, sangrientas,
-perjudiciales á la agricultura, al estado, á las artes, á la industria y
-á la humanidad. ¿Hay mas de que acusar á este espectáculo? Cuanto mas lo
-humillen con sus fútiles sofismas, tanto mas completo y glorioso será su
-triunfo.
-
-Son bárbaras, dicen, las corridas de toros; ¿y por qué? preguntamos. ¿Es
-acaso porque en ellas luchen los hombres cuerpo á cuerpo con una fiera?
-¿Qué se dirá entonces de la caza de montería? Si es barbaridad lidiar á
-un toro cuya sencillez es tan conocida, y para lo cual hay reglas tan
-seguras, ¿no será bárbaro y hasta brutal internarse en los bosques ó en
-lo quebrado de un monte persiguiendo fieras mucho mas astutas y
-carniceras que el toro, sin que sean menos poderosas? La diferencia que
-hay entre el cerco despejado, diáfano, igual, y el monte sombrío,
-cubierto de maleza; entre el javalí que se mete por el cuchillo á
-trueque de dar la dentellada, y el toro que embiste ostigado y se le
-separa con un lienzo; entre la seguridad que da el arte del toreo, y los
-riesgos para que no sirven los ardides de la caza; entre el pronto y
-eficaz socorro que tiene el torero rodeado siempre de defensores, y la
-soledad y desamparo en que frecuentemente se halla el cazador, pueden
-servir para apreciar cuanto tiene de mas espuesto la caza de montería, y
-no vemos sin embargo que se le acuse de barbaridad.
-
-Se pasan años sin que una sola gota de sangre humana manche la arena de
-las plazas de toros, y se pasarian siglos si estuviese esta diversion
-bajo el pie que debe ponerse, y que indicaremos en su lugar; mientras
-que apenas sale al monte una batida sin que haya un contuso, un herido,
-ó acaso un muerto. El hijo del famoso don Pelayo, que fue muy dado á
-esta aficion, sabemos que murió á manos de un oso en los montes de
-Cangas; y pudieramos citar muchos mas de quienes da cuenta la historia,
-las crónicas y otros escritos.
-
-Ademas que sería bárbara la lidia de toros, si fuera inherente á ella
-ver sucumbir ó padecer al hombre por carecer de recursos para librarse
-del toro; pero como el fin de las lidias es burlar al toro sin riesgo
-del torero, que para conseguir su objeto tiene un arte que le da reglas
-tan seguras como puede inferirse de las bases en que se apoyan, á saber,
-las inclinaciones particulares de las diferentes clases de toros, que
-conocidas distintamente y confirmadas por la esperiencia de muchos años,
-suministran los elementos de la mas rigorosa exactitud, es evidente que
-no tiene lugar la acusacion, ni respecto al objeto de las lidias, ni á
-los medios de conseguirlo: el objeto, burlar una fiera; los medios, un
-arte seguro, cierto. Para que faltasen sus reglas dejaria antes de ser
-noble y magnánimo el leon, feroz y sanguinario el tigre, pacífica y
-mansa la oveja, amorosa la paloma, amigo fiel el perro. Si son eternas,
-invariables, las determinaciones instintivas de los animales que la
-esperiencia nos ha dado á conocer, serán tambien invariables, exactas,
-todas las reglas que de ellas rigorosamente se dedujeren. ¿De dónde pues
-los fundamentos para apellidar bárbaro al espectáculo? Si no los hay en
-su objeto, si no los hay en los medios de conseguir este objeto, ¿los
-habrá tal vez en sus accidentes? Veamos. La muerte de los toreros que
-han perecido en las plazas es sin duda el apoyo de la acusacion; pero
-¡qué impotente! ¡qué modo tan caduco de raciocinar! ¡con cuánta razon
-podriamos abusando del raciocinio, y silogizando con tan poca lógica,
-calificar de bárbaro el oficio de minero, de buso, de volatin, de
-plomero, de polvorista, de albañil, de... Nunca acabariamos de enumerar
-todos los oficios en que encontró el hombre mas ó menos veces la muerte,
-pero sí podemos asegurar, que cualquiera de los referidos cuenta mas
-víctimas que el toreo, pues los volatines con particularidad llevan en
-un corto número de años mas hombres al sepulcro que los toros en un
-siglo, y esto sin contar los que se lisian todos los dias en las
-escuelas de gimnástica y en los ejercicios preparatorios de su
-profesion. El hundimiento de la mina de mercurio de Guancavélica redujo
-repentinamente á polvo mas hombres que pueden herir los toros mientras
-dure el mundo. El busear, y aun la simple accion de nadar, matan todos
-los años por solo bañarse un número crecido de gentes. Y no se nos diga
-que lo útil ó necesario de estos oficios hace que se desprecien sus
-riesgos, pues esta razon pone en nuestras manos las mas concluyentes
-pruebas. Si la sociedad reporta ventajas de estos oficios, ya hemos
-visto cuántas y cuán grandes las reportan los pueblos de las corridas de
-toros; y la utilidad personal que obliga al albañil, por ejemplo, á fiar
-su vida á una ruinosa almena, no es mayor ni tiene prestigios mas
-seductores que la que obliga al torero á presentarse en el cerco de
-donde recoge el precio de su trabajo y los aplausos de la multitud.
-
-¿Y será mas justa, tendrá mas fuerza la acusacion de inmoralidad que á
-las lidias se hace?
-
-Todo lo que ataca las sólidas bases de la moral, todo lo que pueda
-viciar ó pervertir el orden saludable de las ideas de los pueblos, y
-suscitar las pasiones detestables que inducen á los hombres á fomentar
-su engrandecimiento sobre la ruina de otro, debe reputarse por inmoral.
-Pero... ¿hay algo de esto en las corridas de toros? Hemos visto cuál es
-el objeto de este espectáculo, los medios; conocemos su índole, y no se
-vislumbra que envuelva, ni aun como episodio, la idea mas remota de
-inmoralidad. Estendámonos á los accidentes. Un gentío inmenso se reune
-en un recinto espacioso para presenciar el mas grande de los
-espectáculos; se reune en medio del dia, á la faz de todos, y cada uno
-en los que le rodean tiene centinelas de vista que observen sus
-operaciones, y no puede ejecutar ninguna accion, ningun movimiento capaz
-de ofender la decencia pública. Si á pesar de esto no falta quien
-traspase los límites del decoro con alguna palabra ó accion
-descompuesta, ¿en qué reunion en que haya mezcla de sexos, de edades y
-de condiciones, no sucede lo mismo? ¿No vemos en las funciones de
-iglesia ser el templo impía, sacrílegamente profanado con acciones
-indecorosas, con palabras obscenas...? ¡Con cuánta impudencia se repiten
-estos actos á los ojos del pueblo, y en la presencia de un Dios!!! ¡Y
-cuánto mayor es el escándalo asi contrastado por la santidad y devocion
-del templo...!
-
-Sin embargo, conocemos que el desenfreno y obscenidad del populacho es
-escandaloso, cuando reunido en los andamios y casi ébrio se entrega á su
-descomunal vocería. Este abuso puede cortarse, y debe efectivamente ser
-arrancado de raiz; pero no basta por sí para calificar de inmoral al
-espectáculo; lo primero, porque ya se ha dicho es un abuso, y como tal
-independiente de la fiesta; y lo segundo, porque mas ó menos manifiesta
-no hay clase alguna de reunion considerable en que no se haga lugar. Si
-fueran suficientes los abusos para condenar la clase de espectáculos en
-que se introducen, ¿cuál sería la suerte del teatro? Este espectáculo,
-el primero y el mas digno de ocupar la atencion de un pueblo culto, lo
-decimos con dolor, está sembrado de inmoralidades: aqui una hija,
-arrastrada por su criminal amor, desobedece la voz de un padre tierno, y
-se entrega clandestinamente á un seductor; alli un padre déspota,
-inhumano, tiraniza á su hija hasta ofrecerle la disyuntiva de casarse
-con quien aborrece ó sepultarse en la clausura; acá vemos un héroe que
-apenas comienza á reposar sobre sus laureles, cuando la calumnia ó la
-alevosía lo hace sucumbir traidoramente, y se elevan sobre su cadáver.
-Delitos y crímenes enormes, injusticias, crueldades escandalosas,
-venganzas, sangre, muerte y horrores, esto nos ofrece hoy el teatro; y
-la juventud no puede presenciar sin peligro semejantes escenas, porque
-si una parte se indigna contra ellas y aborrece mas y mas tales vicios,
-otra parte, y quizás mas considerable, seducida por lo lisonjero que es
-satisfacer las pasiones mas viles, pondrá tal vez mañana en juego para
-conseguirlo los mismos medios con que vió llevar hoy á efecto en la
-escena un proyecto semejante al que medita.
-
-No pueden los abusos torcer mas la marcha de un espectáculo: el teatro
-se dirije á inculcar máximas saludables y virtuosas; á pintar el vicio
-no solamente con el mas horrible colorido, sino vilipendiado y
-confundido siempre ante la virtud; jamas debe quedar victorioso, impune,
-en la catástrofe, y no debe dar un solo paso que no lo acerque al abismo
-de su perdicion. No obstante, vemos todos los dias piezas dramáticas en
-que todo conspira á inducir á la maldad. Por otra parte, ¡qué escesos
-no se cometen en el teatro! ¡qué liviandades...! ¿Y diremos por eso que
-el teatro es inmoral? ¿Imitarémos la conducta de los que quieren que se
-proscriban los toros, y fulminaremos un anatema contra Talía? ¿No será
-mejor purgar de abusos estos espectáculos? ¡Cuánto mas vale perfeccionar
-que abolir!
-
-Sin embargo, mucho resta, dirán los detractores del toreo, que alegar en
-contra de semejantes fiestas. ¿Se negará por ventura que son
-sangrientas? Aun concediendo que la sangre humana no se vierta en ellas,
-¿con qué derecho se conduce de la pradera á la plaza, de la vida á la
-muerte, al inocente toro? ¿con qué derecho al caballo generoso? ¿no se
-necesita un corazon de piedra para ver á estos hermosos animales
-heridos, destrozados, lanzar el último aliento? Cuando por un accidente
-se ve un hombre herido ó muerto, ¿quién no detestará semejante
-diversion?--Hemos llegado á una de las acusaciones mas fuertes, mas
-famosas, y en cuya refutacion debemos detenernos mas. Procedamos con
-método.
-
-Oponen lo primero que aun cuando no sea propio, esencial del
-espectáculo, el derramamiento de sangre humana, lo es el de la sangre
-del toro y del caballo, y que es por consiguiente sangrienta la
-diversion. A la verdad que hasta ahora nadie ha negado que se derrame
-sangre en los toros, pero es la sangre de irracionales la que en ellos
-humea, y si esto es suficiente para calificar de sangrienta una cosa y
-proscribirla, proscríbanse las cocinas, pues no hay nada mas sangriento.
-Si en la plaza se derrama la sangre del caballo y el toro en sacrificio
-forzoso del gusto del pueblo, y de la necesidad que hemos visto tiene de
-un espectáculo de esta clase, en las cocinas se vierte con una
-vituperable prodigalidad la de una multitud de especies de animales, sin
-otro motivo que el lujo de los opulentos y la depravacion de sus
-paladares. Asi pues, ó entiéndase por sangriento solo aquello en que se
-derrame la sangre humana, y entonces no ha lugar la acusacion contra
-nuestras fiestas, ó de lo contrario se acogen á las cocinas.
-
-¿Con qué derecho, replican, se conduce al toro á la muerte? ¿con qué
-derecho al caballo?--¡Qué inconsecuente hipocresía! ¡Con qué derecho...
-decis...! Con el que os asiste para sepultar diariamente en vuestras
-casas de matanza millares de reses y de ganado lanar, con el que os
-abrogasteis cuando pusisteis el freno al caballo, y lo hicisteis víctima
-de vuestra utilidad en la paz, de vuestra barbarie en la guerra... Pero
-el hombre, es verdad, tiene un derecho, aun en el estado de salvage, á
-la vida de otros animales: la naturaleza ha criado un gran número de
-especies para servir de alimento á otras; y el hombre, que no es
-esclusivamente hervíboro, como algunos supusieron, debe alimentarse con
-la carne de otros animales; y adelantando luego al estado de
-civilizacion á que la especie ha llegado, puede estender su derecho con
-títulos legítimos un poco mas allá de lo que por mera necesidad le está
-concedido. En efecto, él se afana en reunir y proteger los animales
-mansos; él se constituye á guerrear contra el lobo y el raposo, contra
-el buitre y el gavilan, que sin su cuidado los devorarian, y se
-constituye por este solo hecho árbitro de su destino. Sus intereses van
-conformes con los de la naturaleza: para ella nada son los individuos;
-son todo las especies: el hombre no las estingue, ni podria; todo su
-poder se limita á multiplicar los individuos de las que le son útiles,
-y á disminuir ó alejar las que le son perjudiciales; y de aqui procede
-la multitud y la fecundidad de los animales que ha domesticado, y cuyas
-especies estan reducidas á un número de individuos respectivamente muy
-corto en los paises en que no los maneja y protege. Por consiguiente es
-muy natural que este esceso en el número de individuos que la especie
-debe á su cuidado, sirva para alimentarlo en justa recompensa de él; asi
-la especie se mejora y no padecen los individuos; porque como carecen de
-la facultad de pensar no pueden comprender su porvenir, y el tiempo que
-aparecen en el gran teatro de la naturaleza gozan una existencia tan
-pacífica y regalada, que llegan á preferirla al estado de libertad
-primitiva. Resulta pues que el hombre tiene un derecho _natural_ para
-alimentarse de muchos animales, y otro derecho _adquirido_ para inmolar
-aquellos que se multiplican bajo su cuidado, mucho mas cuando satisface
-una necesidad tan urgente en el estado de sociedad, como es proporcionar
-un espectáculo acomodado al gusto de la multitud.
-
-Se hace ademas ridícula la acusacion que de sangrienta se hace á
-nuestras fiestas, por oirla muchas veces de boca de hombres que cometen
-mayores escesos con la indiferencia mas fria; como por ejemplo, cuando
-se espanta y horroriza un francés, que presenciaba con gusto las
-carreras de caballos, en que ademas de verlos reventar á menudo, vería
-no pocas veces quedar estropeado ó muerto el ginete sin alterarse por
-eso, sino que tal vez se alegraria porque ganaba cinco mil francos que
-llevaba á favor del contrario. Mucho mas ridículo aun es el horror que
-suelen inspirar nuestras fiestas al tétrico inglés, que familiarizado
-con el suicidio, le conmueve la muerte de los caballos, mientras que
-asiste ansioso al _pugilato_, donde ve luchar no á dos fieras, no á un
-hombre con una fiera, sino á dos hombres, que arrastrados por el interes
-mas vil, acometen á un semejante, á un conocido, á un amigo quizás para
-destrozarlo y acabar con él si preciso fuere: estos espectáculos han
-ocupado á uno de los pueblos mas civilizados de la Europa moderna,
-autorizados por el gobierno hasta muy pocos años hace; y en el dia,
-aunque clandestinamente, los sostiene y aplaude. ¡Crueles! ¿Y sufriremos
-que nos llamen impunemente bárbaros porque sostenemos los toros, un
-pueblo en que se tolera que dos hombres se maten á puñadas en presencia
-de la multitud, y se prohibe que el anatómico estudie sobre el cadáver
-en el retiro del anfiteatro su estructura y organizacion?
-
-Nunca acabaríamos si hubieramos de hacer una reseña aunque breve de los
-espectáculos y juegos que ocupan á muchos de los pueblos que censuran de
-sangrientas las corridas de toros, ni seriamos menos estensos si
-limitándonos á nuestra nacion manifestásemos los que como mero
-pasatiempo se usan en diferentes provincias, y son indudablemente mas
-sangrientos que los toros, sin que ni unos ni otros hayan merecido nunca
-tal impugnacion. ¿Y será por ventura la causa de tan estraña
-inconsecuencia el ser mucho mas pequeños los animales víctimas de
-semejantes juegos? Cuando hacen servir el amor zeloso de los gallos como
-el móvil de su odio y la causa porque se matan, ¿juzgarán por no
-sangrienta la pelea porque se necesite la sangre de mil gallos para
-componer la de un toro? ¿les asistirá la misma razon á los pueblos que
-salen con la escopeta los dias festivos á manifestar su destreza
-matando docenas de pajarillos que ni se cuidan levantar del suelo? Pues
-deben saber los que asi piensan que no le cuesta menos á la naturaleza
-producir la masa enorme del elefante ó del condor que la diminuta
-hormiga, ó el pequeño pájaro, mosca, y que son unos mismos los derechos
-que tienen todos á la vida. Y si hemos de convenir con el príncipe de
-los naturalistas antiguos[9], en las obras mas pequeñas, en los animales
-microscópicos es donde con mas fuerza ostenta la naturaleza su poderío:
-_nunquam magis natura quam in minimis_.
-
-Oponen tambien que las lidias de toros traen un perjuicio grande á la
-agricultura, porque se le priva al año de un número considerable de
-reses que pudieran emplearse en la labranza, al mismo tiempo que perecen
-centenares de caballos que pudieran igualmente prestar buenos oficios al
-labrador. Esta objecion es tan especiosa como falsa, aunque á primera
-vista aparezca con todo el prestigio de una evidente verdad. Asi es que
-no serán necesarios grandes esfuerzos para demostrar su falsedad.
-
-Los labradores tienen su caudal diseminado, por decirlo asi, en la
-superficie de la tierra, tanto en granos como en ganados &c., y sus
-arcas rara vez corresponden en riqueza á la que ostentan en sus cortijos
-ó haciendas. Esto es tan general, que aun cuando haya alguno que posea
-la suficiente cantidad de numerario para llamarse rico solo por él, son
-sin embargo tan raros estos ejemplos, que no pueden reputarse por otra
-cosa mas que por escepciones de una regla general. Por consiguiente
-habremos de convenir en que la riqueza de esta clase consiste en
-efectos, y por consiguiente que tantas mas ventajas obtendrá cuanto sea
-mayor la salida de estos efectos, mientras que por el contrario se
-empobrecerá cuando falte ó se disminuya el consumo de ellos. Para
-convencernos de esta verdad basta solo figurarnos á los labradores
-despues de un año felicísimo con las eras llenas de grano y las dehesas
-de ganado cuyo valor aproximado forme un considerable capital: si los
-consumos son grandes, podrá vender á buen precio tanto el grano como el
-ganado, y recibir una cantidad suficiente para emprender con ardor la
-labranza en el año próximo y beneficiar cuanto le sea posible sus
-ganaderías; pero si por el contrario escasean, tendrá que bajar los
-precios, y siendo á pesar de todo mezquina la venta, lo será tambien la
-cantidad que percibe, y se hallará por consiguiente sin los medios
-necesarios para estender y fomentar la especie de industria que ejerce.
-La riqueza de los labradores es imaginaria si faltan los consumos, y la
-misma prodigalidad con que los granos y los ganados se multiplican
-contribuyen doblemente á empobrecerlo, pues por una parte pierden el
-valor y por otra aumentan los gastos con su abundancia. Por el
-contrario, jamas se ha visto que por ser escesivos los consumos de estos
-ó aquellos productos se haya perjudicado el ramo de industria á que
-pertenezcan, sino que se aumentan y perfeccionan. La esperiencia está en
-un todo de nuestra parte, y principalmente en la materia que nos ocupa:
-echemos una ojeada por la hermosa casta de caballos andaluces, y veremos
-que empezó á multiplicarse y á recibir mejoras cuando los consumos eran
-mayores que son hoy, y que conforme han ido disminuyendo ha perdido sino
-en la calidad de los caballos, como sin embargo creen muchos, al menos
-en la abundancia de potradas y en lo numerosas que eran. Con respecto á
-los toros sucede lo mismo; cuando habia mas plazas y se hacian al año
-muchas corridas mas que hoy, habia en todas las provincias mas
-ganaderías famosas y mayor número de cabezas de ganado vacuno: muchas de
-estas ganaderías no existen ni aun en el nombre, desaparecieron con la
-disminucion de los consumos, y las que se conservan famosas son aquellas
-de que mas toros se sacan para las plazas. Ademas de que el consumo que
-en ellas se hace de toros y de caballos no solo concurre á beneficiar la
-cria del ganado vacuno y caballar como lo hiciera cualquier otro
-consumo, sino que las beneficia de un modo particular y directo; lo
-primero, por el esmero con que los criadores de toros de plazas cuidan y
-afinan el ganado, y por la mucha estima que asi adquieren los toros; y
-lo segundo, porque en las plazas mueren todos los caballos malos y
-viejos de que ya el labrador ha obtenido cuantas ventajas pueden ellos
-proporcionarles, y es la última vender á un precio bastante alto un
-animal que por su edad ó por sus enfermedades ni puede ya recompensar
-con su trabajo los gastos y esmero de su manutencion y cuidado, ni mucho
-menos presentarse en feria. Estos animales se verian por último
-condenados á perecer, ó serian onerosos para sus dueños, si en las
-plazas de toros que es su única salida no los comprasen á un precio que
-nunca hubiera podido obtener sin este recurso su dueño, y esto es una
-ventaja positiva y muy considerable para los labradores.
-
-En otro pais cuyo suelo fuera menos rico y productivo que lo es el
-nuestro podria decirse tal vez que el consumo de las plazas podria
-perjudicar por hacerse con menoscabo de otros consumos del mismo género;
-pero esta objecion no tiene lugar en España, pues aunque se triplicara
-la poblacion, y con relacion á este mismo aumento crecieran los
-consumos, no por eso llegaria el caso de que se resintiese la cria de
-ganados del que se hiciera en las plazas. Cualquiera que haya paseado
-nuestras provincias, ó que al menos tenga noticias circunstanciadas de
-ellas, y sepa el número de ferias que en ellas se celebran, y la
-multitud y abundancias de ganados que á ellas concurren, se persuadirá
-no solo del ningun daño que las corridas de toros causan á la
-agricultura, sino de la necesidad que tiene de ellas para beneficiar el
-ganado, activar su consumo y entresacar en el caballar la hez que con
-tantas ventajas del labrador se consume en las plazas.
-
-Cuando oimos decir que las corridas de toros son perjudiciales al
-Estado, quisieramos que nos presentasen algunas de las razones en que se
-apoya tan estraña asercion; pero jamas hemos visto ninguna ni
-conveniente ni adecuada, pues era la mas fuerte el perjuicio que
-suponian recibia la clase agrícola. Hemos visto ya que lejos de ser ella
-perjudicada recibe beneficios de gran tamaño, y anunciaremos ademas,
-aunque rápidamente, algunas de las principales ventajas que las corridas
-de toros proporcionan al Estado.
-
-Bastaba solo el fomento de la agricultura en uno de sus mas preciosos
-ramos para persuadir á cualquiera la utilidad de las corridas de toros,
-porque sabemos que la principal riqueza de un Estado, y la única que le
-puede servir de apoyo invariable, es la que se cimenta en el fomento de
-sus productos territoriales, y por tanto no puede dejar de ser que las
-corridas de toros lo robustezcan, habiendo visto qué directamente
-influyen en el aumento de aquellos productos. Ademas hemos visto que
-llena una de las primeras necesidades de un gobierno que vele por la
-felicidad de los pueblos, como es un espectáculo nacional y varonil, sin
-que por eso sea bárbaro é inhumano, y bajo este aspecto recibe el Estado
-una nueva ventaja. Tambien son las plazas de toros frecuentemente
-arbitrios con los cuales se cubren ciertas atenciones, para cuya
-satisfaccion hubiera sido preciso exigir á los pueblos alguna nueva
-contribucion ó impuesto, que por suave y módica que fuera, jamas la
-pagaria con el gusto y exactitud con que satisface el precio del billete
-para los toros. El equipo y armamento de algun cuerpo que se forma
-repentinamente, la conclusion de alguna obra pública de conocida
-utilidad, el establecimiento de casas de beneficencia &c., son bienes
-positivos y considerables que reporta el Estado de las corridas de
-toros, pues no hay espectáculo alguno que se haya hecho objeto de tantos
-arbitrios, y de que se hayan sacado tantas y tan cuantiosas sumas en
-beneficio del Estado. Ademas que segun se deduce de las reflexiones que
-al principio hemos hecho, influye de un modo bastante directo y poderoso
-en el carácter del pueblo, haciéndolo valeroso y amigo de la gloria sin
-viciar por eso las ideas de humanidad y dependencia que deben mantenerlo
-obediente y moderado.
-
-Si no recibiese el Estado otro beneficio de las corridas de toros,
-bastaria no solo para hacer ver que no le son perjudiciales, sino para
-demostrar su utilidad, saber que siembran en los pueblos la semilla de
-su independencia cuando fomentan su heroismo y su fraternidad.
-
-No con mas fundamentos que las anteriores acusaciones se hace á nuestras
-fiestas la de que son perjudiciales á las artes y á la industria.
-
-Jamas vimos apoyada semejante opinion en escrito alguno con la solidez
-necesaria para convencer, y cuando la oimos en boca de los detractores
-de las lidias, sus raciocinios para probarlas eran falsos, especiosos,
-fundados en algun abuso, ó bien deducido de las que ya hemos visto
-enteramente refutadas, y cuyas consecuencias quedan destruidas como los
-principios de que emanaban.
-
-Las artes no sufren ninguna especie de atraso ó de perjuicio ni directa
-ni indirectamente de las corridas de toros, antes bien recibirán calor y
-nueva vida, pues es tal el enlace que tienen todas las clases entre sí,
-y todas las partes que componen la máquina social, que cuando alguna ó
-muchas de ellas esperimentan mejora ó engrandecimiento, las demas
-participan de los saludables efectos del agente que promovió el bien de
-la primera: asi es, que promoviendo las corridas de toros la riqueza de
-los labradores y el aumento por consecuencia de los productos
-territoriales, fomentan indirectamente las artes ofreciéndoles con
-abundancia las primeras materias. Sería nunca acabar si partiendo de
-este principio hubieramos de ir manifestando los beneficios que todas
-las artes pueden reportar indirectamente de las corridas de toros, pues
-se formaria una cadena que al modo de los sorites nos llevaria hasta
-donde quisieramos poner su conclusion.
-
-La industria dicen que padece con las corridas de toros, porque la mayor
-parte de los que á ellas concurren son artesanos, jornaleros y
-trabajadores, y como se hacen generalmente en dias de trabajo, pierden
-no solo el precio del boletin, sino lo que hubieran podido ganar en sus
-respectivos talleres; de modo que la industria padece tanto por lo que
-se deja de adelantar en ella, como por la suma que se le substrae. Esta
-objecion es mas especiosa que sólida, porque sea la que quiera la suma
-que la multitud espenda en los toros, y concediendo desde luego que sea
-la clase industrial la que de ella se desprende, como no hace mas que
-pasar de las manos de una á las de otra porcion de la misma clase, es
-claro que la industria propiamente dicha no sufre perjuicio alguno. Por
-otra parte hemos visto la necesidad que hay de dar diversiones al
-pueblo, y cuán justo es que el pobre tenga alguna ocasion en su vida
-para con el ahorro de sus afanes proporcionarse unas horas de apetecida
-diversion. Mucho mas podriamos insistir en este punto; pues con solo
-enumerar los ramos de industria que ponen en movimiento y á quienes dan
-actividad las corridas de toros, ocupariamos algunas páginas; pero no lo
-creemos necesario atendido cuanto en el discurso de nuestra narracion
-hemos espuesto.
-
-Mucho mas breve seremos refutando la objecion de los que dicen que las
-fiestas de toros son perjudiciales á la humanidad, porque de la
-refutacion que á las otras hemos hecho resulta destruida la presente, y
-bastaba saber que muchas casas de beneficencia, como hospitales,
-hospicios &c., tienen impuestos muy considerables sobre estas fiestas,
-para conocer que la humanidad reporta sus beneficios hasta en los
-últimos de sus asilos.
-
-
-
-
-PARTE PRIMERA.
-
-_ARTE DE TOREAR Á PIE._
-
-
-
-
-CAPITULO PRIMERO.
-
-_De las condiciones que indispensablemente debe tener un torero._
-
-
-El torero debe estar dotado por la naturaleza de ciertas cualidades
-particulares, que si no es muy raro hallarlas reunidas en un individuo,
-es poco frecuente que hagan de ella el correspondiente uso.
-
-Las condiciones indispensables al torero son: _valor, ligereza, y un
-perfecto conocimiento de su profesion_: las dos primeras nacen con el
-individuo, la última se adquiere.
-
-El _valor_ es tan necesario al que intenta ser torero, que sin él jamas
-podrá llegar á serlo; pero es preciso que no se adelante hasta la
-temeridad, ni atrase hasta la cobardía: uno y otro estremo podrán
-acarrearle muchas desgracias, y quizás la muerte. El que sea temerario,
-el que intente hacer una suerte sin estar el toro en la debida situacion
-por ostentar asi valor ó habilidad, lejos de conseguirlo acredita
-irracionalidad y poco conocimiento, y solo por un efecto de casualidad
-se libertará de una cogida que pudiera serle funesta.
-
-El que por el contrario desperdicie de miedo el momento oportuno de
-verificar la suerte, ó bien no siente los pies, ó no vea llegar al toro,
-consecuencias todas de temerle, estará siempre en peligro de ser cogido,
-sus cogidas serán muy peligrosas, pues que le faltará del todo el
-conocimiento para quitarse el toro, y será un milagro que no concluya
-sus dias en los cuernos de esta fiera. Es necesario evitar estos
-estremos con todo cuidado. El verdadero _valor_ es aquel que _nos
-mantiene delante del toro con la misma_ serenidad que tenemos cuando
-este no está presente, es la verdadera _sangre fria_ para discurrir en
-aquel momento con acierto qué debe hacerse con la res: el que posea este
-valor tiene la mas importante cualidad del torero, y puede creer por
-cierto que reuniendo las otras dos jugará con los toros sin el mas
-pequeño riesgo.
-
-La _ligereza_ es otra cualidad sumamente necesaria al que ha de torear;
-pero no se crea que la ligereza del torero consiste en estar siempre
-moviéndose de acá para allá de modo que jamas siente los pies; este es
-un defecto muy grande, y el distintivo del mal torero. La _ligereza_ de
-que hablo consiste en correr derecho con mucha celeridad, y volverse,
-pararse ó cambiar de direccion con una prontitud grande: el saltar
-tambien es preciso al torero; pero donde mas se conoce su _ligereza_ es
-en todos los movimientos que en los embroques sobre corto es necesario
-hacer para librar la cabezada: el que tenga esta agilidad tiene mucho
-adelantado para que jamas lo coja el toro, y se hace indispensable
-poseerla para practicar con seguridad los recortes, galleos &c. Una
-particularidad hay digna de notarse con respecto á esta última clase de
-_ligereza_, y es que aun cuando uno que la posea bien haya llegado por
-la edad á perder los pies, la conserva mucho tiempo despues, á términos
-de seguir toreando con la misma maestría que cuando tenia todo su vigor:
-en los matadores tenemos ejemplos muy manifiestos, pues vemos hombres
-que estando torpes hasta para andar porque pasan de los sesenta años,
-matan un toro con una ligereza increible, ejecutando movimientos
-rapidísimos, quiebros violentos, y usando de sus pies con la misma
-utilidad y perfeccion que cuando no contaba mas que treinta.
-
-El que con las dos cualidades dichas se dedique á torear, llegará á
-verificarlo con perfeccion, siempre que les asocie el _perfecto
-conocimiento de las reglas del arte_. _Este conocimiento_ es facil de
-adquirir, y es tan necesario, que sin él será víctima de los toros el
-que se ponga delante de ellos, aun teniendo las otras cualidades, pues
-el _valor_ sin el _conocimiento_ solo le servirá para no titubear en
-irse á la cabeza del toro, y la _ligereza_ para que tarde menos en ser
-cogido. Por consiguiente el _conocimiento_ es la principal cualidad del
-buen torero; debe ser su guia en todas las suertes, sirviéndole el
-_valor_ para que ninguna le arredre, y la _ligereza_ para ejecutarlas
-con seguridad y perfeccion.
-
-La necesidad de conocer perfectamente las reglas del arte se echa de ver
-solo con reflexionar que los toros no dan tiempo para consultar libros
-ni pareceres, y menos para meditar; por tanto es preciso ir bien
-instruido en todo cuanto él posee para presentarse delante de la res mas
-sencilla: entonces de una sola ojeada comprenderá el torero las
-querencias naturales y accidentales del toro, su clase, sus piernas, y
-las suertes para que es á propósito; conocerá el momento oportuno para
-ejecutarlas, y ayudado del _valor_ y la _ligereza_ las practicará con
-buen éxito, con serenidad y con desenvoltura.
-
-No será jamas buen torero el que no posea á la perfeccion estas
-cualidades; su vida estará siempre en peligro; no ejecutará suerte
-alguna con limpieza, y tendrá disgustados á los espectadores
-inteligentes; yo le aconsejo amigablemente y muy de veras que busque
-otra profesion si es torero de oficio, y si lo hace por aficion que no
-toree reses de mas de tres años, que las que toree sean boyantes, y que
-para alejar el peligro las embole ó les corte las puntas de los pitones.
-
-
-
-
-CAPITULO II.
-
-_Requisitos que deben tener los toros para lidiarse._
-
-
-Para que las corridas de toros diviertan, y los toreros puedan lidiar
-con seguridad, es necesario buscar toros á propósito, siendo evidente
-que un toro demasiado chico, viejo, flaco, tuerto, enfermo &c., no
-tendrá de su parte las condiciones precisas para verificar las suertes.
-El toro que se haya de lidiar debe tener valor y fuerza; un toro cobarde
-no divierte, evita los lances, desluce al torero y le da una cogida con
-mas facilidad que un toro valiente, y es claro que al que le falte la
-fuerza le faltarán tambien el vigor y el corage precisos para la lidia.
-
-Los requisitos que deben buscarse en un toro para lidiarlo son: _la
-casta, la edad, las libras, el pelo, el que esté sano, y que nunca lo
-hayan toreado_.
-
-La _casta_ debe ser buena, no porque todos los toros de _casta_ salgan
-buenos, sino porque hay mas probabilidad en que sea bravo el toro cuyos
-padres lo fueron, que no aquel que no sabemos de quién sea hijo, y que
-acaso sus padres estaban criados á mano.
-
-Hay otra razon mucho mas poderosa para preferir aquellos á estos, y es,
-que los toros de _casta_ estan mucho mejor cuidados que los cuneros; que
-estan en sus cercados sin ver vacas, y por consiguiente tienen mas
-vigor; y finalmente, que sufren una tienta, en la cual el que no es muy
-bravo se aparta para buey ó para el matadero. Los cuneros, aun cuando
-algunos hayan sido tentados, nunca es con la escrupulosidad que los
-otros, y por no seguirlos cuidando como es debido es muy frecuente
-verlos desmerecer del concepto en que los tenia su mismo conocedor.
-
-La _edad_ es otro de los requisitos que deben buscarse en los toros; la
-de cinco á siete años es la mejor, pues gozan en ella de la fuerza,
-viveza, corage y sencillez que les son propias y los hacen tan á
-propósito para la lidia. Sin embargo, son muchos los toros que á los
-cuatro años estan perfectamente formados, y pueden presentarse y cumplir
-en la plaza mayor del reino. Algunos se corren tambien de ocho, diez y
-aun mas años; pero no divierten tanto como los otros, y cuando se
-apoderan del bulto, como cornean casi siempre muy bien, lo destrozan,
-sacian en él su corage, y desprecian los engaños que emplean para
-distraerlos. Sería de desear que jamas se corriesen estos toros; ellos
-por lo regular disgustan á los espectadores, porque no se prestan tanto
-como los otros para las suertes, tienen mas intencion, aprenden en el
-tiempo que estan en la plaza, conocen al torero, y por lo regular cuando
-van á la muerte tienen demasiada malicia, hacen perder mucho tiempo en
-estas suertes, y no son pocas las veces que dan una cogida.
-
-Para conocer pues la _edad_ de este animal se atenderá á los dientes y á
-las astas, pues no son siempre exactos los estados que para apoyar la
-venta presentan los criadores. Los primeros dientes de delante se le
-caen á los diez meses, y en su lugar le nacen otros mas anchos, pero mas
-blancos; á los diez y seis meses se le caen los dientes inmediatos á los
-de en medio, y nacen otros al momento; y á los tres años se renuevan
-todos los incisivos, que son entonces iguales, largos y blancos.
-Permanecen en este estado hasta los seis ó siete años, que empiezan á
-amarillear y ponerse negros. Las astas dan señales mas fijas para
-conocer la edad, pues á la de tres años se separa del piton una lámina
-muy delgada que casi no tiene el grueso del papel comun, la que se
-hiende en toda su longitud y cae á la menor frotacion: de este modo de
-esfoliacion del asta se forma una especie de rodete que se advierte en
-la parte inferior del cuerno, que en algunas partes se llama la
-_mazorca_, y el cual muestra tener ya el toro sobre tres años; en cada
-uno de los siguientes se observa otro nuevo rodete debajo del primero,
-de modo que para saber la _edad_ de cualquier res no es menester mas
-sino contar el número de anillos, dando al primero tres años y á los
-demas uno. De este modo tan sencillo se averigua la _edad_ del toro, con
-la diferencia únicamente de algunos meses, pues es casi inútil advertir
-que la naturaleza, en esta como en todas sus operaciones, se adelanta ó
-atrasa segun infinitas circunstancias que no podemos apreciar,
-burlándose asi de nuestros cálculos y reglas.
-
-Debe atenderse tambien á las _libras_ que tiene el toro, porque uno muy
-flaco no tiene la fuerza ni la energía que uno gordo, se siente
-demasiado del castigo, y me atrevo á decir que ni aun debe tener el
-valor que este, pues tanta mas arrogancia y tanta mas intrepidez se
-tiene cuanto se siente uno con mas robustez y fuerzas para vencer á su
-enemigo. Sin embargo, los toros escesivamente gordos no son á propósito
-para lidiarse, porque son muy pesados, se estropean al momento que dan
-dos carreras, se aploman, y por consiguiente inutilizan las suertes.
-
-El _pelo_ debe llamar tambien la atencion: cuando se dice el _pelo_
-debe entenderse esta voz en su verdadera significacion, y no tomarla por
-la _pinta_, la cual poco ó nada influye en la calidad del toro.
-
-Este se dice que es de buen _pelo_, cuando la piel, tenga la pinta que
-quiera, es bastante luciente, fina, igual y limpia: los toros de este
-_pelo_ se llaman finos y se aprecian mas, como sucede con los caballos y
-demas animales de pelo. Hay castas cuyos toros son de _pelo_ basto, y
-por lo mismo se llaman bastas tambien; los toros de estas en igualdad de
-circunstancias se pagan menos, pues el pelo es una de las señales que se
-tienen para caracterizarlos.
-
-Para que un toro sea fino ha de reunir al pelo luciente, espeso, sentado
-y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas, con las articulaciones
-bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redonda; los
-cuernos fuertes, pequeños, iguales y negros; la cola larga, espesa y
-fina; los ojos negros y vivos; las orejas vellosas y movibles. Esto es
-lo que se conoce por buen _trapío_. Generalmente cada provincia y aun
-cada casta tiene un trapío particular, y hay algunos aficionados tan
-inteligentes que rara vez los equivocan.
-
-La necesidad de que esté _sano_ el toro que ha de lidiarse es bien
-manifiesta; pero lo que principalmente recomiendo que se examine es la
-_vista_. Los que la tienen defectuosa son muy dificiles de torear. Hay
-toros que ven mucho de lejos y poco ó nada de cerca, y vice-versa: otros
-hay que ven bien de un ojo y mal de otro; los hay tambien que ven muy
-poco, y todos ellos, que los toreros llaman _burri-ciegos_, son
-dificiles de torear. Los toros _tuertos_, aunque muy buenos para ciertas
-suertes, son muy malos para otras, y por consiguiente tampoco deben
-lidiarse.
-
-Ademas de todas las condiciones dichas es menester examinar
-escrupulosamente si el toro ha sido _corrido_, y principalmente si lo ha
-sido en plaza, pues entonces aunque reuna los antecedentes requisitos no
-divertirá, antes bien tanto los espectadores como los toreros estarán
-descontentos, y estos últimos con tanta mas razon, pues miran muy
-próximo el peligro de su vida con tales toros.
-
-La tauromaquia posee reglas ciertísimas para burlar la fiereza de los
-toros, que siendo naturalmente sencillos se van con el engaño que el
-hombre les presenta, asegurando de este modo su vida, y proporcionando
-una hermosa diversion. Pero en los toros placeados varían del todo las
-circunstancias. La lidia que ya han sufrido les ha puesto en el caso de
-distinguir al torero del capote que lleva para su defensa, y
-despreciando este, acometen rabiosos á aquel; saben en cada clase de
-suertes cuál debe ser la huida del diestro, y conforme lo ven en
-disposicion de ejecutarlas empiezan á ganar terreno, le quitan la
-salida, y cuando lo ven encerrado y en una posicion tal que apenas pueda
-escapárseles, arrancan á él, y si por desgracia lo cogen es muy posible
-que sea aquella la última hora de su existencia. Estos toros son el
-oprobio de la tauromaquia, la muerte de los toreros, y el fundamento que
-tienen los enemigos de las lidias para llamarlas bárbaras. Debe
-prohibirse con mucho rigor que se corran, y señalar un castigo
-correspondiente al tamaño del delito y de las funestas consecuencias que
-puede acarrear á todo el que vendiese para las plazas toros que ya se
-hubiesen _corrido_ de antemano. De este modo las lidias serian muy
-divertidas, las leyes tauromacas tendrian correspondiente aplicacion y
-seguro resultado, y se pasarian muchos años sin que hubiese la menor
-desgracia, y sin que los enemigos de tales diversiones tuviesen el mas
-mínimo fundamento para vituperarlas.
-
-
-
-
-CAPITULO III.
-
-_De las querencias._
-
-
-Antes de tratar de los toros en particular y del modo de lidiarlos, me
-parece oportuno decir algo de sus _querencias_, tanto naturales como
-accidentales, con la idea de hacer ver el papel tan importante que
-juegan en la lidia, pues no pocas veces darán una suerte lucida al que
-las conozca y las atienda, y una cogida al que las ignore ó las
-desprecie.
-
-Se llama _querencia_ de un toro aquel sitio de la plaza en que le gusta
-estar con preferencia á otros, y adonde va á parar regularmente despues
-de una carrera ó al rematar las suertes.
-
-Los toros tienen en la plaza dos _querencias_ naturales, que son, la
-puerta del toril y la del corral en que estan antes de la lidia. Tienen
-ademas otras _querencias_ que se llaman accidentales ó casuales, y son
-las que toman con algun sitio de la plaza, bien por haber otro toro
-muerto, ó un caballo, ó por sentir alli descanso y defensa, como son las
-_querencias_ con los tableros; y finalmente, las que toman por estar la
-tierra mas movida y mas fresca, como sucede en las plazas en que hay
-fuente ó pozos, que aunque estan cubiertos en el tiempo de la lidia, el
-fresco del agua pasa al través de la tierra y forma una nueva
-_querencia_.
-
-Aunque como ya hemos dicho suelen estas dar suertes muy lucidas y
-seguras, serán siempre mejores aquellas en que el toro no haya tomado
-_querencia_ alguna, por la obvia razon de que partirá con la regularidad
-que le es propia, y no necesitará el diestro hacer modificacion ó
-escepcion de alguna regla, lo cual es necesario siempre que se hace
-alguna suerte estando el toro en su _querencia_.
-
-Por esta razon se procurará siempre apartarlos de ellas para todas,
-cuidando ademas en lo posible dejarles libre la huida á estos sitios,
-pues es muy frecuente arrancar un toro al matador, por ejemplo, y en el
-momento de cargarle la suerte, sin rematarla y aun casi sin llegar al
-centro, vaciarse é irse con el viaje á la _querencia_: aunque esto no
-sucede siempre estando el toro lejos de ella, se observa alguna vez, y
-por consiguiente es preciso combinar que el terreno de afuera sea el que
-deba tomar en caso de ir en busca de ella, pues de lo contrario se
-meterá en el del diestro, y probablemente se lo llevará por delante;
-ademas, si él piensa evitar esto echándose á la plaza dando las tablas
-al toro, como que este no es constante que estando lejos siga con el
-viaje á la _querencia_, tomará su terreno natural, se encontrará con él,
-y precisamente le dará una cogida.
-
-Todos estos inconvenientes se evitarán combinando como he dicho los
-terrenos, pues no es necesario observando lo dicho cambiarlos, lo cual
-solo se hará en los casos que veremos cuando se hable de cada suerte en
-particular.
-
-Las _querencias_ que hemos dicho toman los toros con ciertos sitios de
-la plaza por sentir alivio en ellos, que regularmente son los tableros,
-aunque son las mas poderosas casi siempre, no obstante se pueden
-destruir haciendo que conforme se acerque el toro á ellas lo piquen, le
-claven alguna vanderilla en los cuartos traseros ó en la barriga, y lo
-inquieten incesantemente con los capotes, pues de este modo, como el
-animal se siente alli incómodo, abandona aquel parage y cesa la
-_querencia_. El recurso mas poderoso para hacer que salga de él es
-ponerle una vanderilla de fuego; pero debe ser el último.
-
-Toda suerte que se haga dejando libre al toro su _querencia_, ademas de
-ser segurísima es muy lucida, y por consiguiente las que se efectúan sin
-este requisito serán espuestas y desairadas: lo mas frecuente es no
-poderlas ejecutar, pues empiezan á ganar terreno y rematan en el bulto,
-de modo que el diestro se verá embrocado de cuadrado sobre corto, y
-espuesto á la cogida mas funesta.
-
-Es pues necesario tener mucha atencion, y conocer perfectamente cuáles
-son las _querencias_ del toro, para dejárselas siempre libres y
-manifiestas, y para proporcionarse una mayor seguridad en toda clase de
-suertes.
-
-
-
-
-CAPITULO IV.
-
-_De los tres estados que tienen los toros en la plaza._
-
-
-Los toros tienen en la plaza _tres estados_ bien diferentes, y que
-importa mucho conocer, pues cada uno tiene suertes peculiares ó que no
-podrian hacerse en otro estado sin un evidente riesgo, y que hechas en
-el que les corresponde son seguras y lucidas. Estos estados son el de
-_levantados_, el de _parados_ y el de _aplomados_. Haremos su
-correspondiente esplicacion, guardándonos para la de cada suerte en
-particular el marcar las propias de cada uno de ellos.
-
-Se dice que está el toro _levantado_ cuando acaba de salir, tiene la
-cabeza muy alta, hace por todos los objetos, sin fijarse por lo regular
-en ninguno, y anda corriendo la plaza con gran celeridad. En este estado
-tiene todo el vigor en las piernas, y no se le conoce ninguna especie de
-querencia; apenas se para en parte alguna, y generalmente aunque dé
-cogida no se queda con el bulto, sino que prosigue su viaje. Este estado
-no es el que mas tiempo dura, y es dificil hacerle suertes en él, porque
-ni aun da tiempo para armarse y ponérsele delante; pero las que se
-llegan á hacer son muy seguras, porque jamas se revuelve, de manera que
-con solo tener el diestro pies para contrastar los muchos que tiene el
-toro _levantado_, rematará la suerte á su satisfaccion, pues aun los
-toros de mas intencion parten cuando estan _levantados_ como el mas
-sencillo, y es la razon, porque como acaban de salir del toril, donde
-estaban muy estrechos y cerrados, y se hallan luego en libertad,
-empiezan á correr buscando campo, y no tienen gran codicia por el
-objeto, de manera que arrancan echándose fuera y con el sentirlo en la
-huida.
-
-El segundo estado que tienen los toros en la plaza es el de _parados_, y
-se conoce en que ya no corren con aquella especie de atolondramiento que
-tenian cuando estaban _levantados_, y en que solo hacen por los objetos
-que tienen á una distancia proporcionada: ademas en este estado es en el
-que se muestran las propiedades de cada clase, y es el mas á propósito
-para casi todas las suertes, pues conservan las piernas suficientes para
-rematarlas, y carecen de aquel vigor con que salieron en ellas. En este
-segundo estado es cuando comienzan los toros á tomar las querencias
-casuales que acaban de manifestarse con toda su fuerza en el estado de
-_aplomados_.
-
-Este último estado es el mas peligroso y el que menos divierte; se
-conoce en que el toro si tomó querencia en el estado anterior, en este
-casi no la abandona; y en caso de no haberla tomado y no irse á las
-naturales, se observa en él mucha parsimonia, hace poco por los objetos
-que tiene á regular distancia, y nada por los que estan lejos; le faltan
-las piernas á veces del todo, y evita las suertes del modo que puede, ya
-saliéndose de ellas, ya tapándose.
-
-Estos _tres estados_ no son iguales en todos los toros, y á veces son
-tan poco manifiestos que es muy dificil distinguirlos; pero sin embargo,
-existen y es importante su conocimiento, pues nos marcan el momento de
-ejecutar esta ó la otra suerte, atendiendo al estado en que está el toro
-y á su clase particular.
-
-Debo tambien advertir que muchas veces los toros conservan todas sus
-piernas en el estado de _parados_, y algunas en el de _aplomados_.
-
-
-
-
-CAPITULO V.
-
-_De las diferentes clases de toros._
-
-
-Los toros no son tan exactamente iguales que no pueda hacerse de ellos
-varias _clases_, asignándole á cada una su carácter distintivo, y cuyo
-conocimiento es indispensable para la ejecucion de las suertes, que como
-veremos mas adelante, no todas pueden hacerse con todas las _clases_ de
-toros.
-
-Los divido pues en _boyantes, revoltosos, que se ciñen, que ganan
-terreno, de sentido y abantos_. Vamos á ver el carácter particular de
-cada uno de los ramos de la division.
-
-Se llaman toros _boyantes, francos, sencillos ó claros_, aquellos que
-siendo muy bravos conservan la sencillez propia suya, y por consiguiente
-puede decirse de ellos que son los que tienen mas pronunciadas las
-inclinaciones con que la naturaleza marcó su especie. Estos toros son
-los mas á propósito para todas las suertes, van siempre por su terreno,
-siguen perfectamente el engaño, y las rematan con tanta sencillez y
-perfeccion, y tan sin peligro del diestro, que parecen mas bien que una
-fiera, un animal doméstico enseñado por él.
-
-Los toros _revoltosos_, que algunos distinguen de los _celosos_, siendo
-en realidad unos, son aquellos que iguales en todo á los _boyantes_,
-solo se diferencian de ellos en que tienen mas celo por coger los
-objetos, y por consiguiente se revuelven mucho para buscarlos,
-sosteniéndose con fuerza sobre las manos en toda clase de suertes, y
-siguiendo con la vista el engaño ó el bulto, que sin saber cómo se les
-huyó de la cabeza. Estos toros son tambien muy buenos de torear, como
-veremos cuando se hable de las suertes; siendo las que se hacen con
-ellos tanto mas lucidas, cuanto muestran mas bravura y celo por los
-objetos que los _boyantes_, y no dan lugar como aquellos á perder de
-vista que son fieras.
-
-Se llaman toros _que se ciñen_ aquellos que aunque toman cumplidamente
-el engaño, se acercan mucho al cuerpo del diestro, y casi le pisan su
-terreno. Estos toros deben torearse con algun mas cuidado,
-principalmente en los pases de muleta; pero sin embargo tienen sus
-suertes muy lucidas y seguras.
-
-Los toros que _ganan terreno_ son aquellos que cuando estan en la suerte
-empiezan á caminar hácia el diestro, ya cortándole el suyo, ya siguiendo
-el terreno de afuera. Estos toros tienen dos géneros que importa
-distinguir. El primero se ve en aquellos que desde la primera suerte
-empiezan á ganar terreno, y por consiguiente se conoce que es modo
-natural suyo de partir. El segundo se observa en los que empiezan á
-ganar terreno despues de haber hecho varias veces con ellos las suertes:
-estos deben torearse con mas cuidado que los otros, pues el ganar
-terreno lo hacen con malicia en virtud de haber sido burlados de
-antemano; sin embargo, tienen suertes muy seguras, pero cuando se les
-junta el rematar en el bulto son los mas dificiles de torear.
-
-Los toros _de sentido_ son aquellos que distinguen al torero del engaño,
-y por consiguiente desprecian á este, no lo siguen, y rematan siempre en
-el bulto; alguna vez toman el engaño, pero es por fuerza, y su remate
-en el cuerpo del torero: aunque es dificil lidiarlos tambien tiene el
-arte recursos para ellos.
-
-José Delgado (a) Hillo en su tauromaquia pone otra clase de toros de
-_sentido_, compuesta de los que _atienden á todo objeto sin contraerse
-especialmente al que los cita y llama, pero que en las suertes son
-claros_; y aunque respeto su dictámen, sin embargo, en esto padeció una
-equivocacion, pues esta propiedad la tienen unas veces los _boyantes_,
-muchas los _revoltosos_, algunas los _que se ciñen_, pocas los _que
-ganan terreno_, y siempre los _abantos_, pero nunca los verdaderos toros
-de _sentido_, siendo ademas una contradiccion visible poner como clase
-de _toros de sentido_, cuyo distintivo es la malicia en las suertes,
-unas reses que segun él mismo son claras en ellas.
-
-Se llaman toros _abantos_ aquellos que son medrosos por naturaleza, y
-los hay de varias clases: unos lo son tanto, que conforme ven al torero
-se salen huyendo, de modo que no es posible hacer suerte con ellos;
-otros hay que arrancan, y antes de entrar en jurisdiccion se vacian con
-prontitud saliéndose de la suerte, ya por el terreno de afuera, ya por
-el de adentro, y á veces por el que ocupa el diestro, lo cual es efecto
-del miedo que tienen, pero sin embargo lo pueden arrollar en este
-contraste: otras veces estos foros arrancan con prontitud, y cuando
-llegan á jurisdiccion, y en el mismo momento en que el diestro va á
-cargarles la suerte, se quedan cerniendo en el engaño hasta que se
-escupen fuera ó lo toman. Hay otra especie de toros _abantos_ de que
-algunos hacen clase aparte con el nombre de _bravucones_, que son los
-menos medrosos de todos ellos, pero que parten muy poco, y alguna vez al
-tomar el engaño rebrincan, y otras se quedan en el centro sin formar
-suerte. No me parece que estos toros deban formar una clase aparte, pues
-no son otra cosa que una especie de los _abantos_; sin embargo, José
-Delgado los pone como distintos.
-
-Estas _clases_ de toros son las únicas que por sus propiedades
-particulares merecen mucha atencion para conocerlos perfectamente, y
-ejecutar las suertes con seguridad.
-
-Sin embargo, me parece oportuno decir alguna cosa de los toros
-_burri-ciegos_, de quienes nadie ha hecho mencion, mereciendo una
-atencion particular, pues el defecto que tienen en su vista les hace
-partir con desproporcion relativamente á los demas, pero con mucha
-regularidad atendiendo al estado particular en que ella los pone, de
-suerte que estos toros deben _clasificarse_ segun la alteracion que
-tengan en el modo de ver. Haremos pues tres clases: los de la primera,
-que son los que _ven mucho de cerca y poco ó nada de lejos_, tienen la
-contra para torearse de que siendo preciso para que vean al diestro
-citarlos siempre sobre corto, y advierten distintamente muy cerca de sí
-un objeto que casi no saben por dónde ha venido, arrancan con mucha
-codicia y ligereza, de modo que si tienen muchas piernas y aquel no está
-sobre sí, ó bien le faltan estas, es facil le den una cogida: sin
-embargo, en toreándolos con conocimiento son los mejores de los
-_burri-ciegos_, pues tienen la ventaja de no seguir el bulto en
-apartándose un poco aun cuando le estuviesen observando el viaje, porque
-como no ven bien de lejos les parece grande la distancia y no hacen por
-él.
-
-Los de la segunda clase _ven poco de cerca y mucho de lejos_; son muy
-dificiles de torear, porque como no distinguen bien arrancan al bulto
-todo que tienen delante, y por lo regular buscan el cuerpo como objeto
-mayor y que ven mejor. El peligro que hay en estos toros es el salirse
-de la suerte y apartarse de ellos, porque entonces ven claramente al
-diestro, observan su viaje, arrancan á él, y si tienen piernas y lo
-llevan embrocado sobre largo le pueden dar una cogida, pues no hacen
-caso del capote, y sí del cuerpo, que es lo que ven mejor porque dista
-mas.
-
-Los de la tercera son los _que tanto de cerca como de lejos ven poco_;
-tienen la ventaja que rara vez observan el viaje y siguen al diestro
-hasta rematar, y si no fuera porque son muy pesados en todas las suertes
-y se aploman con facilidad, serian los mejores de los burri-ciegos.
-
-Se pudiera hacer otra cuarta clase de estos toros, en que se
-comprendieran los que _ven poco de un ojo y bien del otro_; pero
-teniendo las mismas ventajas y nulidades para la lidia que tienen los
-_tuertos_, cuanto se diga de estos es aplicable á los otros.
-
-Conocidas ya las diferentes _clases de toros_ que pueden presentarse al
-diestro, debemos pasar al conocimiento de cada suerte en particular, y
-al modo de ejecutarlas con los de que ya se ha dado noticia.
-
-
-
-
-CAPITULO VI.
-
-_De las suertes de capa._
-
-
-Se llama _suerte de capa_ toda la que se hace para burlar al toro á
-favor de los capotillos; de esta definicion se sigue, que tan suerte de
-capa es el _correr_ un toro como la _navarra_; sin embargo, debe
-admitirse una diferencia, y asi llamaremos _trastear ó correr los toros_
-á todas las suertes que se les hagan con los capotillos para hacerles
-mudar de sitios, distraerlos &c., y _suertes de capa_ propiamente tales
-á la _verónica_, _navarra_, _chatre_ _&c._: tambien se les dice á estas
-suertes genéricamente _capear ó sacar de capa_. Cuando el matador,
-despues de haber dado la estocada, se pone con la muleta á pasar el toro
-una y muchas veces para cansarlo, que se meta mas la espada y se eche,
-se dice tambien que lo está _trasteando_.
-
-Vamos á tratar del modo de ejecutar todas estas suertes con todos los
-toros, dando reglas seguras para su buen éxito y lucida ejecucion.
-Empezaremos por el modo de _correr los toros_, y despues hablaremos de
-las _suertes de capa_ propiamente tales en sus artículos particulares.
-Los _recortes y galleos_ merecen una atencion particular, y por tanto
-serán objeto de otro capítulo.
-
-
-ARTÍCULO PRIMERO.
-
-_Del modo de correr los toros._
-
-El _correr los toros_ aunque es muy facil, no es sin embargo tanto que
-no tenga sus reglas para ejecutarlo con perfeccion y seguridad, pues de
-otra suerte iremos espuestos, y el toro será el que nos corra, en vez de
-nosotros correrlo á él.
-
-El que vaya á _correr_ un toro debe advertir las piernas que tiene, si
-está ó no en querencia, si está distraido, y la clase de toro que es.
-
-Si el toro tiene muchas piernas, procurará tomarlo largo echándole el
-capote bajo, y no parándose nada en el momento de citarlo, porque si
-arranca con prontitud, como corre mucho, se lo encontrará encima y le
-podrá dar una cogida. Para evitar esto se tendrá cuidado de no correrlo
-en la misma direccion en que tiene el cuerpo y la cabeza, pues de este
-modo cuando salga con el engaño tendrá que dar una vuelta tanto mayor
-cuanto era mas opuesta la direccion en que estaba á la que deba tomar
-para seguir el viaje que lleva el diestro: de este modo se evita el
-primer arranque, que es espuesto por ser muy veloz, y se le lleva,
-mediante la vuelta que tuvo que dar, una delantera suficiente para no
-temerle á sus piernas. Si tiene pocas, entonces lo tomará corto y se
-parará al citarlo, pues si hace lo contrario, el toro no sigue á un
-objeto que ve no puede alcanzar. Por esta misma razon en el momento de
-irlo corriendo irá deteniendo la carrera, para guardar una distancia
-proporcionada; tampoco debe flameárseles el engaño, porque es
-indiferente ir embrocado sobre largo con un toro que por sus pocas
-piernas no ha de hacerse jamas dueño de uno, y que ademas se le acaban
-de quitar estas y se queda parado en la mitad del camino sin poder
-verificar la suerte.
-
-Cuando se va á _correr_ un toro y está en querencia, es menester tomarlo
-muy corto, pararse mucho al citarlo, y obligarlo demasiado para que
-salga. El que no se sienta con muchas piernas no debe intentar el
-_correr_ estos toros cuando ellos las tienen, pues estando sobre corto
-cuando arrancan se encuentran al instante encima, y esto es tanto mas
-espuesto como que el diestro no está armado para suerte alguna. En este
-caso aconsejo que si no se puede echar el toro fuera con el capote, se
-le haga un recorte ó se le tire al hocico escapando por pies, pues no
-hay otro remedio. Estos mismos recursos se tendrán presentes para cuando
-suceda que yendo á citar al toro para _correrlo_, y estando este
-observando al diestro y su viaje, sale al encuentro cortándole el
-terreno, de modo que vienen á unirse y formar un verdadero centro de
-quiebros ó de recortes; esto no deja de ser frecuente, y las mas veces
-es preciso dar el recorte. Si el toro que se va á _correr_ no está en
-querencia, pero que la tiene conocida, es menester hacerlo con cuidado,
-y mucho mas si se va á rematar donde está para dejársela libre, pues de
-lo contrario como tenga piernas arrollará al diestro; y es la razon,
-porque con el sentido en la querencia no hace caso ni del capote ni de
-cosa alguna; y si aquel con su cuerpo la lleva tapada, va embrocado
-sobre largo, y en el remate, que lo hace muy violento en estas
-circunstancias, es muy posible que le dé una cogida. Todo lo cual se
-evita dejándole al rematar la querencia libre, y entonces va con el
-viaje á ella.
-
-Cuando se va á _correr_ un toro, y se ve que no quiere salir sin tener
-querencia, es porque está distraido con algun objeto que le llama la
-atencion, que regularmente es algun torero que está cerca, y de quien él
-recela; en este caso es inútil citarlo, mientras no se quiten los bultos
-que le distraen.
-
-Cuando los toros estan levantados salen cuanto se citan, y es menester
-entonces hacerlo con todas las precauciones que quedan dichas para los
-toros de piernas.
-
-En el estado de parados es cuando tienen mas fuerza y mejor aplicacion
-todas las reglas de la tauromaquia, y por consiguiente me remito á lo
-dicho para ver el modo de _correr_ los toros en este estado.
-
-Para cuando estan los toros aplomados baste decir que rara vez arrancan
-si no es tomándolos muy cortos, y que sea siempre con todas las
-precauciones imaginarias, pues si conservan piernas, y no se atiende
-perfectamente todo lo espuesto arriba, darán una cogida con mucha
-facilidad.
-
-Los toros _boyantes_, _revoltosos_, _los que se ciñen y los que ganan
-terreno_, son muy faciles de _correr_, atendiendo á todo lo dicho.
-
-Los de sentido como tengan piernas son dificiles de _correr_: para
-hacerlo con seguridad es necesario que el diestro tenga muchos pies, y
-observe rigorosamente lo espuesto; en este caso el peligro es ninguno.
-
-Los toros _abantos_ cuando salen son bien faciles de _correr_, y tienen
-la ventaja de que rara vez rematan; sin embargo, aconsejo que siempre se
-tomen cumplidamente las guaridas.
-
-El que _corra_ los toros no debe tener cuidado si no es con los de
-muchas piernas, pues de otro modo está segurísimo: el recurso que tiene
-para estos, que es el capote, es muy grande, porque con él se sale de la
-cabeza del toro, lo lleva por donde quiere, y lo pone en el parage
-oportuno para hacer suerte.
-
-Los toros _burri-ciegos_ de la primera clase, que son los que ven bien
-de cerca y mal de lejos, son muy faciles de _correr_, atendiendo lo que
-ya hemos dicho con respecto á las piernas, á su clase, querencias &c., y
-tienen ademas la ventaja de que ven mejor el capote que el diestro.
-
-Los de la segunda tambien se _corren_ con facilidad observando las
-reglas que segun su diversa clase les correspondan; pero siempre se
-tomarán largos, y se les llevará mucha delantera; y es la razon, porque
-si se toman cortos no ven el capote por lo cerca que lo tienen tan
-claro como el bulto; de aqui es que corren embrocándole, y si tienen
-piernas pueden darles una cogida; todo lo cual se evita tomándolos
-largos, pues entonces ven todo á un igual, y la delantera que lleva el
-diestro le asegura de sus piernas.
-
-Los de la tercera clase se _correrán_ segun sus piernas y segun las
-demas circunstancias, arreglándose á lo espuesto.
-
-Por último, es menester tener presente para _correr_ los toros tuertos,
-que para citarlos se debe salir por el lado que ven, y en el momento que
-arrancan mudar el capote á la mano del lado bueno, quedando el cuerpo
-del lado del ojo tuerto; de este modo se _corren_ con mucha seguridad,
-pues ven muy bien el capote y el cuerpo no; asi es que jamas puede ir el
-diestro embrocado.
-
-Los que _corren_ los toros deberán siempre irlos mirando para salirse de
-la cabeza en los embroques sobre largo, flamearles el capote y cambiarlo
-de mano á tiempo, para darles los remates fuera ó bien en las
-querencias, y para no correr cuando el toro no los siga, lo cual indica
-mucho miedo: á esto se llama _ver llegar los toros_, y es importantísimo
-en toda clase de suertes, como iremos viendo segun vayamos tratando de
-ellas.
-
-
-ARTÍCULO II.
-
-_De la suerte á la verónica, ó sea de frente._
-
-Esta suerte se hace cuando está el toro derecho, esto es, dividiendo
-igualmente los terrenos, para lo cual es preciso que esté en la misma
-direccion que las tablas: á esto se llama _estar el toro en suerte_, y
-es necesario para hacer cualquiera de las de capa con seguridad y
-lucimiento.
-
-El _terreno del toro_ es el que le sigue á este, puesto en suerte, hasta
-los medios de la plaza; tambien se llama _terreno de afuera_: el del
-diestro es el que hay entre este puesto en suerte y las tablas. _Se
-halla en suerte el diestro_ cuando está frente al toro y preparado para
-ejecutar alguna.
-
-Se llama _centro de los terrenos_, y mas propiamente dicho _centro de
-las suertes ó centro_ simplemente, el sitio en que habiendo humillado el
-toro y hecho el quiebro el diestro, se dividen los terrenos tomando cada
-uno el suyo.
-
-En toda suerte es necesario situarse en frente del toro, pues de otro
-modo ninguna es lucida y casi todas espuestas: tambien es regla general
-citar los toros segun las piernas; esto es, que si tienen muchas se
-podrán tomar largos, pero si tienen pocas entonces se tomarán sobre
-corto; siendo mucho mejor en toda suerte pecar por tomarlos cortos que
-largos, como se verá en su lugar.
-
-La primera suerte de que debemos hablar es la _verónica_, _ó sea de
-frente_, la cual es muy facil y lucida, y se hace de este modo: sitúase
-el diestro en frente del toro de tal modo, que sus pies esten mirando
-hácia las manos de éste, y á una distancia proporcionada segun sus
-piernas; lo citará, lo dejará venir por su terreno hasta que llegue á
-jurisdiccion, y entonces le cargará la suerte, y cuando tenga el toro
-fuera y esté en su terreno tirará los brazos para sacar el capote, con
-lo cual queda la suerte rematada: se debe procurar que el toro quede
-derecho para hacerle la segunda, lo cual se adquiere con la práctica,
-pues consiste en el tiempo en que se tiran los brazos, y en el modo de
-rematar la anterior. Asi es como se ejecuta la _verónica_ con los toros
-_boyantes_; pero con los de otras clases es menester variarla en algo,
-como veremos ahora.
-
-Los toros _revoltosos_ son muy buenos para esta suerte, la cual se les
-hará como ya hemos dicho para los _boyantes_, con la sola diferencia de
-alzar el capote mucho en el remate, para darles una salida larga y
-bastante fuera, teniendo ademas cuidado de dar cuatro ó seis pasos de
-espalda al rematar la suerte; y es la razon, porque como estos toros
-tienen tanto celo por el engaño, y se revuelven con facilidad para
-buscarlo, si el diestro no se ha prevenido con las precauciones dichas,
-se encontrará al toro encima antes de haberse podido armar para segunda
-suerte, y lo podrá arrollar; todo lo cual se evita con lo dicho, y se
-proporciona una suerte muy segura y lucidísima.
-
-Los toros _que se ciñen_ necesitan algun mas cuidado que los
-antecedentes, y se les hará del modo siguiente: conforme el toro
-arranque, se empezará á tender y cargar la suerte, para que cuando
-llegue á jurisdiccion ocupe ya el terreno de afuera, y el diestro con
-poco quiebro que haga toma el suyo: es menester tener cuidado con estos
-toros de no tirar los brazos hasta que hayan humillado bien y esten
-fuera del todo, pues de este modo el remate es muy seguro: esto se llama
-_hartar los toros de capa_.
-
-Los toros _que ganan terreno_ necesitan mucha precaucion en esta suerte,
-pero tambien la tienen segura, pues hay muchos recursos para ellos: lo
-primero que yo aconsejo hacer es tomarlos lo mas corto que se pueda,
-pues de este modo arrancan ni mas ni menos que los _boyantes_, ó cuando
-mas ciñéndose, porque tienen el engaño tan cerca que conforme dan dos
-pasos entran en jurisdiccion, y por consiguiente en haciéndoles el
-quiebro que á los que se _ciñen_, y teniendo desde el principio de
-citarlos tendida la suerte, se les da un remate feliz. Sin embargo, veo
-que no siempre se podrán tomar tan cortos estos toros, y entonces se
-observará lo siguiente: conforme arranquen se empezará á tenderles y
-cargarles la suerte como hemos dicho para los _que se ciñen_,
-haciéndoles ademas bastante quiebro; si el toro no obedece y se cuela,
-se mejorará el terreno con prontitud, adelantándose ademas á recibirlo
-en jurisdiccion, con lo cual se le obliga á tomar el engaño, y se le
-dará el mismo remate que á los _revoltosos_, hartándolos tambien de
-capa. Sucede á veces que á pesar de todo, por tener el toro muchas
-piernas ó estar las tablas muy cerca, no se puede hacer nada de lo
-dicho, porque se encontraria el diestro encerrado entre las barreras y
-el toro, y espuesto á una muy mala cogida; en este caso lo que debe
-hacer es dejarlo venir ganando terreno y colándose, y dar tambien
-algunos pasos de espalda con la suerte tendida, con lo cual se le engaña
-completamente, pues sigue cortando el terreno á términos, que cuando
-llega á jurisdiccion ocupa enteramente el de adentro, y cargándole bien
-la suerte, y haciendo el quiebro como ya hemos dicho, se le da seguro
-remate echándose el diestro á la plaza. A esto se llama _dar las tablas
-al toro ó cambiar los terrenos_. Es regla general con estos toros
-hartarlos de capa y darles los remates muy largos, haciéndoles mucho
-quiebro en el momento de cargarles la suerte.
-
-Algunas veces estos toros rematan en el bulto, principalmente cuando son
-de los que hemos dicho que empiezan á ganar terreno despues de varias
-suertes: en este caso, ademas de los precauciones dichas es necesario
-echar mano de los recursos que veremos posee el arte para los toros de
-_sentido_.
-
-Estos toros, cuyo distintivo es el rematar en el bulto ó cuerpo del
-torero, son los mas dificiles de torear, y los que han dado mas cogidas;
-pero como veremos ahora tienen su suerte segura. Para ejecutarla se
-llamarán con las mismas precauciones que los antecedentes, teniendo
-perfectamente cubierto el cuerpo con el engaño, con lo cual se les
-obliga á que lo tomen, y aun cuando su remate es en el cuerpo, se evita
-no moviendo los pies hasta que el toro haya humillado y tenga la cabeza
-bien metida en la capa, de suerte que no pueda ver el lado de la huida
-del diestro, el cual en el momento que lo tenga en esta disposicion le
-cargará la suerte, y sin tirar todavía los brazos, con un quiebro grande
-de cuerpo se saldrá del centro dando con ligereza cuatro ó seis pasos á
-la espalda para ocupar el terreno que deja el toro, en cuyo acto tiene
-que tirar los brazos, y sacar la capa por alto en el mismo momento en
-que el toro tira la cabezada fuera, con lo cual se remata la suerte con
-seguridad. No obstante, sucede muchas veces que estos toros desde que
-arrancan vienen ya metidos en el terreno del diestro buscándoles el
-cuerpo, y de un modo que no dan lugar á mejorar el sitio, lo cual nunca
-se intentará, siendo preciso cambiar los terrenos por las mismas reglas
-que dimos para los que lo ganan, y usando ademas de todas las
-precauciones que hemos dado arriba, con lo que el remate es seguro. Si á
-pesar de todo lo espuesto el toro, que sucede raras veces, se revuelve
-muchísimo y viene á parar al cuerpo, el recurso que hay seguro para
-librarse de este embroque, siempre peligroso, es echarle la capa en la
-cabeza tapándole los ojos y escapando por pies; aquel objeto que tiene
-encima le obliga siempre á detenerse un poco y tirar una cabezada para
-librarse de él, en cuyo tiempo el diestro tomará guarida.
-
-Lo que hemos advertido de no tirar los brazos hasta que el toro esté
-todo metido en la capa, y el diestro fuera del centro del modo dicho, es
-muy interesante para librarse de estos toros, y quizás lo único
-esencial, pues de esta manera se les reduce á un solo objeto, se les
-deja hecho dueños de él, no ven la huida del bulto, y cuando se quita el
-engaño se encuentran sin tener con quien satisfacer su corage y su
-intencion.
-
-Los toros _abantos_ tienen que torearse con cuidado, pues á veces
-parten con mucha desproporcion, y por tanto suelen arrollar al diestro.
-Se deben pues torear por las reglas que hemos dado para los que ganan
-terreno, para mejorarlo se vienen por el del diestro, y hacer el cambio
-en caso que se cuelen al de adentro.
-
-A los _brabucones_ será menester tenerles siempre libre y prevenido el
-terreno de afuera, porque como suelen rebrincar, si el diestro ocupa el
-centro está en su terreno, y podrá sufrir una cogida.
-
-Cuando estos toros se queden en el centro de las distancias sin hacer
-suerte, será muy bueno adelantarse formando una nueva. Cuando parten, y
-al llegar al engaño quedan cerniéndose en él, se tendrá el cuidado de no
-tirar los brazos ni mover los pies, pues entonces darán una cogida; por
-consiguiente hasta que humillen y hagan suerte guardará el diestro su
-posicion.
-
-Es mucho mejor para llamar estos toros recoger el engaño al cuerpo é
-irse con este descubierto, porque de este modo tienen menos miedo y
-arrancan mejor; al llegar á jurisdiccion se abre el engaño y lo tienen
-que tomar, logrando asi que partan con regularidad, pues es muy
-frecuente en ellos salirse de la suerte en el momento que ven al diestro
-presentándoles el engaño, porque se asustan de ver un bulto tan grande.
-
-Los toros _burri-ciegos_ de la primera clase se torearán segun aquella á
-que pertenezcan con arreglo á lo que hemos dicho, teniendo mucho cuidado
-al ponerse en suerte, porque como debe ser sobre corto para que el toro
-vea bien, y suelen arrancar con mucha presteza, en no estando el diestro
-sobre sí es muy posible la cogida.
-
-Los _burri-ciegos_ de la segunda se torearán tambien segun las reglas
-que hemos dado para los demas, con la sola diferencia de tomarlos
-largos, presentarles el engaño muy grande, y llevarlos muy metidos en
-él. Estos toros algunas veces se quedan tambien cerniendo en el engaño
-como los abantos; pero es mas frecuente que se paren en el centro de las
-distancias, en cuyo caso, ó bien se puede adelantar el terreno para
-obligarlos á que hagan suerte, ó bien puede el diestro salirse de ella:
-cuando se haga esto último es preciso que sea con mucha precaucion,
-retirándose sin desarmarse, y sin quitar la vista del toro, pues suelen
-arrancar cuando el bulto está lejos, que es cuando lo ven mejor; y si él
-se desarmó y no tenia la vista en el toro, le podrán dar una cogida, lo
-que he visto mas de una vez.
-
-La última clase de _burri-ciegos_ no tiene que torear mas sino segun su
-condicion, y prevenirles un engaño grande de color vivo, presentárselo
-alto, tomarlos muy cortos, y obligarlos mucho al citarlos, hablándoles,
-porque son en estremo pesados.
-
-Los toros tuertos son malos para las suertes de capa, pues aunque se les
-hacen con seguridad son deslucidas. Yo los he visto capear las mas veces
-teniendo el ojo bueno hácia el terreno de adentro; en este caso se
-revuelven muchísimo, y al parecer buscan el cuerpo, pero en realidad no
-es asi; y el revolverse es efecto de no ver mas que por un lado el
-engaño, de suerte que al mismo tiempo de irlo buscando se van volviendo,
-por lo cual es menester hacerles la suerte del modo que hemos dicho para
-los de sentido, y el remate como á los revoltosos.
-
-Parece increible lo que los toros tuertos revuelven, en esta suerte: yo
-he visto tener que dar casi una vuelta entera, llevando el toro metido
-en el engaño sin podérselo sacar, porque cuanto se hubieran tirado los
-brazos daba una cogida; lo que se hace en este caso es dar con rapidez
-el quiebro natural, y seguir dando con pasos de espalda una media vuelta
-tambien rápida, bajando al mismo tiempo mucho el engaño para que humille
-bien, en cuyo tiempo, metiéndose el diestro en su terreno, tira con
-prontitud los brazos: con todo lo cual el toro sufre un destronque tan
-grande que lo hace hocicar y dar un remate tan seguro como lucido.
-
-Estos toros dan cogidas á menudo, dimanadas de haberse querido rematar
-la suerte antes de tiempo, pues con los que se revuelven tanto como ya
-hemos dicho, es preciso dar la vuelta casi entera para que sufran el
-destronque, que es el que nos proporciona seguro remate. Debe tambien
-tenerse presente que es necesario ponerse en suerte con estos toros muy
-separados de las tablas, porque si son de los que se revuelven mucho se
-encontrará el diestro sin tener lugar para la vuelta.
-
-Muy pocas veces he visto ponerse á citar un toro tuerto teniendo este
-ojo hácia el terreno de afuera, y jamas vi hacer una suerte á que se le
-pudiese dar este nombre: sin embargo, yo concebia una manera de hacerla,
-á mi parecer segura y lucida, y es, presentándose al toro pisándole un
-poco su terreno, y teniendo el capote de modo que cubra el cuerpo y esté
-mas del lado de afuera, lo que se consigue teniendo el brazo que mira á
-este terreno estendido, y el otro natural; estando de este modo se cita
-al toro teniendo bien parados los pies, pues aunque se está en su
-terreno, como el capote está todavía mas en él, se viene echando fuera;
-desde el momento que entre en jurisdiccion se le tenderá la suerte, y
-con un pequeño quiebro que se haga al cargársela, se está enteramente
-fuera, se tiran los brazos, y se saca la capa, ya por alto, ya por bajo,
-con muchísima seguridad, porque al rematar está el diestro por el lado
-del ojo tuerto, y puede quedarse quieto sin peligro; yo no puedo decir
-mas de esta suerte sino que la he ejecutado despues, y que su práctica
-se acomoda perfectamente á su teoría.
-
-
-ARTÍCULO III.
-
-_De la suerte á la navarra._
-
-Esta suerte es despues de la verónica la que se hace con mas frecuencia,
-y es mas bonita que aquella, aunque no tan susceptible de hacerse con
-todos los toros. Vamos á ver el modo de ejecutarla con los boyantes, y
-despues veremos con cuáles se puede hacer ademas.
-
-Se situará el diestro como hemos dicho para la verónica, pero teniendo
-cuidado de que el toro tenga sus piernas enteras, y poniéndose corto lo
-citará, y cuando embista le irá tendiendo la suerte, se la cargará mucho
-cuando llegue á jurisdiccion, y cuando ya vaya fuera y bien humillado le
-arrancará con prontitud la capa por bajo del hocico, dando al mismo
-tiempo una media vuelta con ella por dentro, viniendo á quedar otra vez
-frente al toro.
-
-Con estos toros es la suerte sumamente segura, y aunque no falta quien
-diga que con los demas es muy peligrosa, sin embargo veremos que se
-puede hacer con otros tambien con seguridad.
-
-Los toros _revoltosos_, cuando tienen todas sus piernas, son muy á
-propósito pera hacerles esta suerte en teniendo la precaucion de
-cargársela mas y despedirlos mas fuera, perfilando el cuerpo y
-haciéndoles un buen quiebro, con lo que el toro va muy humillado y
-bastante desviado, para tirar sin riesgo los brazos y sacar la capa del
-modo dicho; pero debo advertir que la vuelta, como es para dentro, es
-tanto mas completa cuanto mas se perfiló el cuerpo hácia fuera, y por
-consiguiente que debe ser muy viva, para volverse antes que el toro se
-reponga, con lo cual se remata felizmente.
-
-Si alguna vez sucede que por ser el toro muy ligero, ó haberse tardado
-en la vuelta, ó bien por haberle dado poca salida, viene á buscar al
-diestro, se darán algunos pasos de espalda con la capa abierta, y se le
-hará la verónica, pues en este caso no es prudente repetir la navarra.
-
-Con los toros _que se ciñen_ es tambien muy facil esta suerte, y es tan
-segura como con los boyantes, ademas de ser mas lucida, porque como se
-pegan mas los de que hablamos, pasan mas cerca del cuerpo, es la suerte
-mas ceñida en un todo, resultando mas lucimiento del mayor riesgo que
-parece tiene el diestro (aunque en realidad es ninguno), por la mayor
-aproximacion del toro.
-
-El modo de ejecutarla es dejarlo venir segun las reglas que dimos para
-la verónica hablando de estos, y cuando ya humillado ocupe el terreno de
-afuera, se le arrancará la capa, y se dará la vuelta del modo que he
-dicho se hará con los boyantes, teniendo siempre cuidado de hacérsela
-cuando tengan piernas.
-
-Con los _que ganan terreno_ y con los de _sentido_ aconseja la prudencia
-que no se haga esta suerte: si alguno quiere ejecutarla, use con mucha
-precaucion de las reglas dichas, pues ha de ser muy diestro para que el
-éxito sea feliz.
-
-Con los toros _abantos_ se puede hacer con tanta seguridad, como que se
-tiene la certeza de que no han de revolverse, único peligro que hay; por
-eso, esceptuando los anteriores, son los revoltosos los que merecen mas
-cuidado en ella.
-
-Lo toros _burri-ciegos_, sean de la clase que se quiera, serán ó no á
-propósito para la _navarra_, segun la clase que por sus propiedades
-manifiesten.
-
-Los toros tuertos cuando tienen este ojo hácia el terreno de adentro son
-sumamente buenos para esta suerte, la que se les hará del modo que
-dijimos se les hacia la verónica, quitándoles la capa como hemos visto
-ya se hace con los boyantes. Pero cuando lo tienen hácia fuera no se
-les debe hacer, pues darán una cogida, ó á buen escapar será una suerte
-arrollada.
-
-
-ARTÍCULO IV.
-
-_Suerte de tijerilla, ó sea á lo chatre._
-
-Esta suerte se hace muy poco; bien es verdad que es muy insignificante.
-El diestro se situará como para las anteriores, con la sola diferencia
-de tener cogido el lado derecho de la capa con la mano izquierda, y
-vice-versa, de modo que los brazos quedan formando un aspa; en esta
-disposicion se cita al toro, y se le hará la suerte por las mismas
-reglas que di para la verónica, pues la única diferencia que hay entre
-ellas está en el modo de poner los brazos. Esta suerte es muy facil y
-segura con los boyantes, y lo es igualmente con los abantos.
-
-Se hace tambien con los revoltosos con mucha seguridad en observando lo
-siguiente: despues de haberles cargado la suerte segun las reglas que ya
-he dado, si se ve que el remate no se les puede dar bastante fuera como
-se necesita para que no se revuelvan y den una cogida, dimanando esta
-imposibilidad de no poder dar bastante juego á los brazos, en el momento
-mismo en que se les cargó la suerte, y ya al rematarla, con mucha
-ligereza se deshará el aspa ó la tijerilla, con lo que se ponen los
-brazos naturales, y se les puede dar el remate seguro que hemos visto
-tienen en la verónica.
-
-Con los toros que se ciñen se puede hacer esta suerte sin consecuencia
-alguna, en teniendo cuidado de tendérsela en cuanto arranquen y de
-írsela cargando, haciéndoles un buen quiebro, y llevándolos engreidos en
-el engaño, con todo lo cual se les separa suficientemente para que no
-puedan pisar el terreno de adentro, y para que el remate sea seguro.
-
-Los toros que ganan terreno, los que rematan en el bulto y los tuertos
-no son á propósito para esta suerte; los burri-ciegos lo serán si por su
-clase corresponden á alguna de las que hemos visto lo son.
-
-
-ARTÍCULO V.
-
-_Suerte al costado._
-
-La suerte _al costado_ se hace de dos modos, con la capa por delante, y
-con la capa por detras.
-
-Para hacerla del primero se pondrá el diestro en suerte de costado al
-toro, y mirando hácia el terreno de adentro; tendrá la capa agarrada con
-la mayor parte del vuelo en el lado del toro, cuyo brazo estará
-perfectamente estendido, y la mano del otro por delante del pecho: esta
-posicion es muy airosa, y se debe tener mucho cuidado en guardarla hasta
-que el toro llegue á jurisdiccion, é igualmente en perfilarse mucho con
-la capa, para que no pueda absolutamente ver mas que un objeto sin
-distinguir el cuerpo; esto no es indiferente, pues de ello depende el
-buen éxito de la suerte. Puesto el diestro de este modo, lo citará
-dejándolo venir por su terreno, y conforme llegue á jurisdiccion le
-cargará la suerte, dando dos ó tres pasos para ocupar la parte del
-terreno de adentro que va el toro dejando, con lo cual se le presenta de
-una vez toda la capa, se le echa del todo fuera, y se le da el mismo
-remate que en la verónica.
-
-Se puede hacer esta suerte sin peligro alguno con los boyantes, los
-revoltosos, los que se ciñen, los burri-ciegos que correspondan á alguna
-de estas clases, y con los tuertos cuando tengan este ojo hácia el
-terreno de adentro.
-
-La suerte al costado con la capa por detras se hará situándose del modo
-que hemos dicho para la anterior, con la diferencia de que el brazo que
-en aquella pasó por delante del pecho pasa en esta por la espalda,
-resultando la capa por detras. En esta disposicion se cita al toro, y
-asi que llega á jurisdiccion se le carga la suerte; y para rematarla se
-alzan los brazos con prontitud al mismo tiempo que se da una pequeña
-carrera para el terreno que el toro deja, con lo cual se le quita la
-capa por cima al mismo tiempo que tira la cabezada fuera del todo.
-
-Esta suerte es con los boyantes muy facil y lucida, y se puede hacer con
-los revoltosos en teniendo la precaucion de dar la carrera mayor, por si
-acaso se han repuesto con ligereza, y hacen por el diestro, poder este
-correrlos á favor de la delantera que les lleva, y si es preciso soltar
-el capote, ó hacer la verónica.
-
-No aconsejo que se haga con otros toros, pues aunque es practicable, es
-espuesta con las demas clases; pero sí se puede verificar con los
-burri-ciegos, boyantes y revoltosos, y con los tuertos cuando esten en
-la misma disposicion que dijimos para la anterior.
-
-
-ARTÍCULO VI.
-
-_Suerte de frente por detras._
-
-Esta se hace poniéndose el diestro de espalda en la rectitud del toro,
-teniendo cogida la capa por detras lo mismo que de frente, en cuya
-disposicion lo cita, y luego que le parte y llega á jurisdiccion le
-cargará la suerte, se meterá en su terreno, y dará el remate con una
-vuelta de espalda quedando armado para la segunda. Esta es invencion de
-José Delgado (a) Hillo, el cual asegura haberla ejecutado con fortuna
-con los toros boyantes, cuando conservan las piernas para poder
-rematarla bien, y aconseja que en otras circunstancias no se ejecute.
-
-
-CAPITULO VII.
-
-_De los recortes y galleos._
-
-
-Se llama _recorte_ á toda aquella suerte en que el diestro se junta con
-el toro en un mismo centro, y cuando humilla le da un quiebro de cuerpo
-con el cual libra la cabezada, y sale con diferente viaje.
-
-El _galleo_ se diferencia del _recorte_ en que se hace á favor del
-capote ó algun otro engaño, mientras que el _recorte_ se ejecuta con
-solo el cuerpo: sin embargo, es muy frecuente llamarlos genéricamente
-_recortes_.
-
-El _recorte_ propiamente tal se puede hacer con toda clase de toros, y
-de diversos modos, segun que se salga derecho á él ó atravesado; ó bien
-se le está viendo venir, y cuando llega á jurisdiccion y humilla, se le
-da el quiebro y queda hecho el _recorte_. De todos modos es muy lucido y
-sumamente seguro con los boyantes; con los revoltosos es menester ser
-muy ligero para hacer con seguridad esta suerte, porque se reponen muy
-pronto; y aunque el diestro ya se haya enmendado del quiebro, sin
-embargo, como no haya sido con suficiente anticipacion para haberse
-apartado bastante del centro de la suerte, le podrán dar una cogida: de
-todos modos es menester no pararse un momento, y salir con todos los
-pies, pues ellos casi siempre cuanto se reponen salen tras el bulto: en
-teniendo cuidado de ejecutar lo dicho es el _recorte_ mas lucido el de
-estos toros.
-
-Los abantos son muy buenos para los _recortes_, que tambien se pueden
-hacer con los que se ciñen en teniendo cuidado de salirles lo mas
-derecho que se pueda, y de no hacerles el quiebro, que deberá ser muy
-grande, sino cuando hayan muy bien humillado; de este modo el éxito
-siempre será favorable.
-
-Si alguna vez se intenta dar este _recorte_ á los toros que ganan
-terreno, será necesario tomarles mucha delantera y mucha tierra, y
-salirles formando un medio círculo, que vendrá á concluirse con rapidez
-en el centro de la suerte, donde se hará el quiebro muy veloz, y se
-saldrá con todos los pies: es bastante espuesto con ellos, porque en no
-observando rigorosamente lo dicho se meterá el diestro en su cabeza, y á
-veces, aun observándolo, sucede que cortan demasiado terreno y no dan
-lugar á que se pase, en cuyo caso no hay mas remedio que escapar por
-pies.
-
-Esta suerte no debe practicarse con los toros que rematan en el bulto,
-porque es sumamente espuesto; pero sí con los burri-ciegos de segundo y
-tercer orden, atendiendo á su clase, con los cuales es facil y segura;
-tambien lo es con los de la primera, en teniendo cuidado de hacérsela
-cuando vayan levantados, pues á pie firme suele ser espuesto,
-principalmente cuando tienen piernas, en razon á que arrancan alguna vez
-con bastante velocidad cuando distinguen bien al diestro por estar
-cerca, y si este no es muy ligero para darles el quiebro lo podrán
-coger; pero haciéndolo con las precauciones dichas no hay peligro.
-
-Los toros tuertos son los mas á propósito para los _recortes_ en
-saliéndoles por el ojo bueno, con lo cual el remate es tan seguro, como
-que la salida es por el ojo tuerto; pero no se les irá por este, porque
-como no ven no pueden hacer por el bulto humillando, y por consiguiente
-no harán suerte; lo segundo, porque si sienten cerca los pasos del
-diestro que viene corriendo, y se vuelven, como que con la velocidad de
-la carrera no es muy facil detenerse ó mudar de viaje, harán por él, y
-si son ligeros le darán una cogida.
-
-Siempre que se vaya á dar un _recorte_ se debe procurar no atravesarse
-mucho con el toro, porque entonces es mas facil que tape la salida; para
-cuando suceda esto, ya sea por descuido ó por las muchas piernas del
-toro, el mejor remedio es dar el salto á tras-cuerno, pues es mas
-seguro que salirse de la suerte y cambiar el viaje, y el _recorte_ de
-quiebro no se puede ya intentar sin un evidente riesgo.
-
-Los _galleos_ son mas susceptibles de hacerse con cualquiera clase de
-toros que los _recortes_: son mucho mas faciles y seguros, y no les
-ceden en lucimiento. Se pueden hacer de infinitos modos, en atencion no
-solo á las circunstancias en que esté el toro, y al modo de emprender la
-suerte, sino á la clase de engaño, al modo de llevarlo, á la clase de
-remate que se da &c.: asi es que solo daré noticia de los mas frecuentes
-y bonitos, por no ser molesto, y mucho mas cuando el modo de hacerlos es
-igual en todo, y sigue las mismas reglas que para los _recortes_ hemos
-dado.
-
-Uno de los _galleos_ que se hacen con mas frecuencia es el que llaman el
-_bú_: para verificarlo se pone la capa por encima de los hombros del
-modo natural, ó bien, y hace mas efecto, por la cabeza á la manera que
-las mugeres llevan los chales; en esta disposicion se marcha al toro
-observando las reglas que para un _recorte_, y cuando se está en el
-centro se abren y agachan los brazos, y se hace el quiebro en el mismo
-puesto en que el toro está humillado: hecho esto se está fuera ya, y
-entonces se vuelven los brazos y la capa á su posicion, y queda
-concluido el _galleo_.
-
-La otra especie, que se hace con mucha frecuencia, es aquel en que
-cogida la capa del mismo modo que digimos para la suerte al costado con
-la capa por detras, se va el diestro hácia el toro describiendo una
-curva, cuyo fin es el centro de la suerte, la cual se concluirá del modo
-que hemos visto se rematan todos los _galleos_ y _recortes_. Este es
-lucidísimo, y me atrevo á decir que acaso no hay otro mas seguro.
-
-Se hace tambien otra especie de _galleo_ con el capote recogido en la
-mano del lado que ha de presentarse primero al toro, y cuando se llega
-al centro de los quiebros se le acerca para que humille, en cuyo acto
-toma el diestro la salida y cambia el capote á la otra mano haciendo un
-quiebro de cintura, con lo cual pasa humillado por su espalda, y la
-cabezada la tira fuera; se hace tambien con un sombrero y con la
-montera, y de todos modos es muy lucido.
-
-Hay otro _galleo_ sumamente bonito, el cual se debe hacer siempre que se
-atrase el diestro algo en el momento de irse á meter en el centro de la
-suerte, ó bien cuando estando quieto se vea venir al toro levantado y
-con todas sus piernas con el viaje á él: el modo de hacerlo, que es
-igual en ambos casos, es tirar el capote al hocico del toro en cuanto
-llegue á jurisdiccion, pero quedándose con una de las puntas en la mano,
-con lo cual humilla con prontitud, en cuyo momento pasará por delante
-de la cabeza, haciendo el correspondiente quiebro, á ocupar su terreno,
-y cuanto esté en él tirará con rapidez del capote, con lo que el
-_galleo_ se concluye: todo lo dicho ha de ser obra de un instante para
-que haga el efecto que debe, pues entonces sufre el toro un destronque
-que lo hará hocicar á espaldas del diestro, y que no se verificará sino
-está la suerte hecha con mucha ligereza, pudiendo ademas peligrar por no
-haber sufrido el toro lo que debia. Este _galleo_, que es el mas
-conocido por el nombre general de _recorte_, es el que quita mas las
-piernas á los toros, por el gran destronque que sufren, tanto mayor
-cuanto la suerte está mejor hecha.
-
-Todos estos son sumamente bonitos, y se hacen con mucha frecuencia; son
-susceptibles de practicarse con todas las clases de toros, con los
-burri-ciegos y con los tuertos, en teniendo cuidado con estos últimos de
-tomarlos por el ojo bueno, para que el remate sea en el tuerto.
-
-
-
-
-CAPITULO VIII.
-
-_De los cambios._
-
-
-Los _cambios_ estan olvidados casi del todo. La dificultad que presenta
-su ejecucion retrae á la mayor parte de los toreros de emprenderla, por
-lo cual se pasan años sin que se vea un cambio, á no ser por casualidad.
-En este caso, como la intencion del torero no era hacerlo, y como por la
-poca frecuencia con que se hacen no está el diestro acostumbrado á
-practicarla, ni el espectador á verla ejecutar, parece mas bien un
-contraste ó una suerte arrollada, y con tanta mas razon por el poco
-desembarazo y limpieza con que los toreros la hacen.
-
-Consiste el _cambio_ en marcar la salida del toro por un lado de la
-suerte, y dársela por el otro; por consiguiente, solo puede hacerse con
-la capa, con la muleta ó con otro cualquier engaño, que asi como estos
-pueda dirigirse con facilidad, y se lleve al toro bien metido en él. El
-modo de hacer el _cambio_ á un toro boyante con la capa es el siguiente:
-se pondrá el diestro á citarlo como para la navarra, esto es, un poco
-sobre corto; y luego que llegue á jurisdiccion y humille, se le tiende y
-carga la suerte hácia el terreno de adentro, pero teniendo cuidado de no
-dejarlo llegar hasta el centro de ella, sino un poco antes cargársela de
-nuevo para engreirlo bien en el engaño y llevarlo al terreno de afuera
-para darle por él la salida natural. Por esta esplicacion se ve que el
-toro hace una especie de Z, y que pasa en el centro de la suerte por
-delante del pecho del diestro: es por consiguiente lucidísimo, aunque
-sumamente dificil.
-
-Los toros revoltosos son los mas á propósito para los cambios, porque el
-mucho celo que tienen por los objetos, y la fuerza con que hemos dicho
-se sostienen sobre las manos en todas las suertes para coger el engaño,
-los hacen formar la Z con mucha rapidez, y que el conjunto de la suerte
-sea brillante y ceñido. Es casi inútil advertir que el remate debe ser
-el mismo que para tales toros marcamos en la verónica.
-
-Los _cambios_ pueden hacerse tambien á los toros que se ciñen siempre
-que se tenga mucho cuidado é inteligencia para usar con acierto y
-oportunidad de todas las reglas establecidas, tanto para el modo de
-hacer los _cambios_ en general, como para el de torear de capa estas
-reses.
-
-No es prudente intentar el _cambio_ con los toros que ganan terreno, ni
-con los que rematan en el bulto; aunque muchas veces estos últimos
-obligan á darlo hasta cambiando los terrenos por haber despreciado el
-engaño, y haber ido á rematar sobre el cuerpo: en este caso, el diestro
-consumado puede echar mano del _cambio_ con mucha ventaja, previniéndose
-antes con algunos pasos de espaldas. Por consiguiente, esta suerte
-preciosa y segura con los boyantes, con los revoltosos, y aun con los
-que se ciñen, viene á ser con los toros de sentido un recurso harto mas
-seguro y precioso que los demas conocidos.
-
-Tampoco debe intentarse el _cambio_ con los abantos, porque estos toros
-no rematan bien suerte alguna en que sea necesario ahinco y celo por el
-engaño, como es indispensable para los _cambios_.
-
-Los burri-ciegos serán buenos ó malos para esta suerte, segun la clase á
-que por sus propiedades pertenezcan. Con los tuertos no debe intentarse
-jamas.
-
-
-
-
-CAPITULO IX.
-
-_De la suerte de banderillas._
-
-
-La suerte de _banderillas_ es una de las mas lucidas que se le hacen á
-los toros, pero no es muy facil ejecutarla con perfeccion.
-
-Hay cinco modos de practicarla, cada uno de los cuales constituye una
-especie diferente de las demas, y que merece tratarse y estudiarse de un
-modo particular. Por tanto, se hablará de ellos en sus correspondientes
-artículos, haciendo ver con qué clase de toros, y en qué circunstancias
-se deben ejecutar.
-
-
-ARTÍCULO PRIMERO.
-
-_Suerte de banderillas á cuarteo._
-
-Esta, que es sumamente bonita y lucida con las reses boyantes, es
-tambien por la misma razon la mas frecuente. Suponiendo que el toro que
-ha de banderillearse es de la clase de los sencillos, se hará la suerte
-del modo siguiente: puesto el diestro de cara á él, bien sea á larga ó
-corta distancia, y ya esté parado ó venga levantado, lo cita, y luego
-que haga por el bulto saldrá formando un medio círculo igual al de los
-recortes, cuyo remate será el centro mismo del _cuarteo_, en donde
-cuadrándose con el toro, le meterá los brazos para clavarle las
-banderillas, lo cual ejecutado tomará su terreno, y saldrá con pies, si
-preciso fuere.
-
-La suerte de que hablamos admite una variacion sumamente importante para
-que dejemos de ocuparnos de ella, y consiste en el momento de meter los
-brazos y clavar los rehiletes. Hemos dicho arriba que el diestro deberá
-cuadrarse con el toro, y despues meter los brazos para clavar las
-banderillas, y este modo de hacer la suerte, ademas de ser el mas
-seguro, es tambien el mas lucido, porque como ya cuadrado está el
-diestro fuera de embroque, y puede por consiguiente aguardar sin riesgo
-el achazo, no necesita meterse con el toro para cogerlo en la
-humillacion y pincharlo, sino que sitúa las banderillas á una distancia
-proporcionada, para que cuando el toro tire la cabezada se las clave él
-mismo, sin tener por su parte que hacer otra cosa mas que abrir las
-manos, con lo cual quedan puestas, como si de ellas se le hubieran caido
-al morrillo del toro. El otro modo de hacer la suerte consiste en poner
-los rehiletes antes de cuadrarse, y de que el toro tire el achazo, esto
-es, embrocado el diestro, para lo cual necesita meterse mucho con el
-toro para alcanzarlo en la humillacion, clavar las _banderillas_, y
-tomar su terreno, porque estando embrocado no puede esperar el achazo,
-como lo hace en el caso anterior. Este modo tiene ademas el riesgo de
-que en marrando al toro se echa el torero sobre su cabeza, por lo que es
-necesario meter los brazos sin dejar caer el cuerpo, confiado en los
-palos, para que si lo marra no se venga á tender en la cabeza.
-
-Bien se conoce por lo dicho que el primer modo debe ser preferido,
-generalmente hablando, por mas seguro y lucido; pero sin embargo, en
-algunos casos que luego marcaremos es un recurso hacer la suerte del
-último. Tanto en el uno como en el otro las _banderillas_ deben quedar
-puestas lo mas junto posible la una de la otra, á lo largo de la línea
-que corre desde el cerviguillo hasta los últimos rubios, y una en cada
-lado de ella, para lo cual es preciso llevar las manos muy juntas, y los
-codos bastante altos.
-
-En toda suerte de _banderillas_ se debe ademas procurar que la salida
-sea por el lado que se le haya conocido mas endeble al toro, por lo que
-se hace indispensable parear igualmente por los dos.
-
-Los toros revoltosos son tambien muy á propósito para esta suerte, la
-que se les hará exactamente lo mismo que para los boyantes hemos dicho,
-sin mas diferencia que la de salir con pies inmediatamente que se claven
-las _banderillas_, porque ellos cuanto se reparan del destronque vuelven
-sobre el bulto, y si el diestro no se ha separado lo bastante del centro
-de la suerte, ó el toro tiene muchas piernas, podrá sufrir una cogida,
-lo que de ningun modo sucederá teniendo presente lo que llevamos dicho.
-
-Una de las grandes precauciones que para los toros revoltosos deben
-tomarse es la de no hacer con ellos salidas falsas, pues si bien esto es
-un defecto casi siempre del torero, y por consiguiente malo y espuesto
-con todos los toros, tambien es verdad que con ningunos lo es tanto como
-con estos, por el mucho celo que tienen por los objetos, y la rapidez
-con que arrancan al diestro, que por haber salido mal no tiene mas
-recurso que escapar por pies.
-
-Los toros que se ciñen son tambien muy buenos para esta suerte, que por
-su naturaleza debe ser muy ceñida para que salga con brillantez, y no es
-necesario con ellos mas que prevenir el diestro alguna tierra mas que
-para los anteriores para no encontrarse, si el toro es muy vivo, con la
-salida tapada. Pocas veces hay necesidad con ellos de salir con pies,
-principalmente si la suerte ha sido bien ejecutada; pero alguna que otra
-suele ser preciso por haber el toro ido á rematar, como si ganara
-terreno, sobre el mismo del diestro, lo cual supone, como hemos dicho,
-que la suerte no estuvo bien ejecutada.
-
-Los toros que ganan terreno no son ya tan á propósito para esta suerte;
-pero sin embargo se les puede hacer, y efectivamente se les hace, con
-toda seguridad. El inconveniente grande que tienen para la suerte es,
-que luego que el diestro sale haciendo el _cuarteo_, y ellos hacen por
-él, le van cortando tanta mas tierra cuanta se haya prevenido mas para
-sí, de modo que cuando se unen en el centro, aun cuando la salida no
-esté tapada, como sucede frecuentemente, el toro no sufre destronque,
-porque viene á rematar sobre el mismo terreno que el torero; el que
-ponga ó no las _banderillas_ deberá salir con todos los pies. Para
-verificar, pues, la suerte con ellos, se deberá evitar hacerles el
-cuarteo como á los anteriores, á no ser que esten parados, porque en
-este caso no tienen lugar de cortar terreno, y sale bien la suerte; pero
-si traen viaje, entonces se les deberá salir derechos á la cabeza, y
-observando el terreno sobre que el toro se inclina á pisar: con esto, y
-luego que se llegue muy cerca de él hacer muy rápido el medio círculo
-del cuarteo, y buscar la salida por el lado contrario al que el toro se
-inclinaba, se consigue que no pueda cortar terreno por no tener conocido
-el viaje del diestro; y como cuando decididamente se lo marca le queda
-poca tierra que cortar, podrá cuando mas ser la suerte ceñida, pero se
-concluye bien, y con seguridad.
-
-Este modo de hacerles la suerte debe ser preferido, por ser muy seguro y
-muy lucido. Siempre que viniendo el toro levantado se salga haciendo el
-_cuarteo_ á larga distancia, se verá el diestro con la salida tapada,
-porque conoce el viaje, y tiene mucho tiempo para cortar todo el terreno
-que el diestro haya prevenido para sí; y si alguna vez logra pasar no
-estará seguro, porque el terreno que el toro traía cortado le hará que
-remate sobre el mismo que debe él pisar al hacer la suerte (que no se
-podrá verificar muchas veces), y como no sufre destronque alguno,
-seguirá tras el bulto, y se hará dueño de él como no sea inferior en
-pies; por lo que será muy oportuno quitárselos antes de banderillearlos,
-y tambien porque tanto menos terreno podrán cortar en las suertes,
-cuanto mas quebradas tengan las piernas.
-
-A los boyantes, á los revoltosos, y aun á los que se ciñen, se les podrá
-dejar con ellas siempre que el diestro tambien las tenga: de todos modos
-nunca se les deben quitar á los primeros, porque con ellos no hay clase
-alguna de peligro, y son las suertes mas lucidas.
-
-Los toros de sentido deben banderillearse con mucho cuidado, porque
-ademas del que necesita el diestro para frustrarle su natural remate en
-el bulto, en el acto de la suerte tienen el inconveniente de taparse muy
-á menudo, ó bien cuando arrancan se quedan detenidos en el centro de las
-distancias observando el viaje, de manera que aun cuando no den una
-cogida porque no hagan por el bulto, imposibilitan el que se haga la
-suerte.
-
-El modo mas seguro de verificarla es el que hemos dicho debe preferirse
-para los toros que ganan terreno, teniendo cuidado de meter los brazos
-fuera, en la humillacion, no deteniéndose un instante en apartarse del
-centro y salir con todos los pies, pónganse ó no las _banderillas_.
-Alguna vez podrá el diestro verse embrocado casi por el toro en el
-momento de irse á poner fuera y cuadrarse: este embroque será siempre
-por el costado que se le va dando, y nunca muy peligroso en teniendo
-agilidad para hacer un quiebro, y sin cuadrarse ni detener la carrera
-clavarle si es posible (aun estando dentro) la _banderilla_ del lado del
-embroque, con lo que el toro se huirá un poco, y entonces estando ya
-fuera se podrá sin peligro clavar el otro palo; pero nunca se intentará
-hacerlo sin ver que el toro se ha huido algo, pues de lo contrario la
-cogida es casi inevitable.
-
-Esta suerte aunque no es muy lucida en otras circunstancias, lo es en
-estas, y tiene mucho mérito, porque este se funda en buscar seguridad
-donde no aparecen mas que peligros. Para completar, pues, esta
-seguridad, encargo muy de veras se le quiten siempre las piernas á estos
-toros antes de banderillearlos, con lo cual, y observando lo arriba
-dicho, desaparecerá el peligro, pues se les quita el recurso de ofender:
-no es posible el quitarles el de defenderse, porque está en su índole
-particular; asi es que se taparán alguna vez, y otras se quedarán como
-ya hemos visto en los centros, siendo imposible hacerles la suerte, en
-cuyo caso el diestro se podrá valer oportunamente y con seguridad de sus
-pies, ó bien del siguiente recurso. Cuando se haya visto que el toro no
-quiere humillar, sino que por el contrario siempre se tapa, y que aun
-en el caso de llegar al centro de la suerte, en vez de hacerla empieza á
-tirar cornadas y derrotes sobre alto, y que repite esto siempre (lo cual
-es rarísimo, pues si no es una, otra vez humilla), entonces lo que se
-hará, y siempre con buen éxito, será llevar en la mano del lado del
-toro, ademas de la _banderilla_, el capote liado, y en el momento de
-llegar á la jurisdiccion del toro y embrocar, se le echará al hocico,
-con lo que siempre humillará, y dará una suerte muy segura y bastante
-brillante: debo advertir que podrá el diestro si quiere quedarse con la
-punta del capote en la mano, aunque clave las _banderillas_, pues no
-estorba para nada, y puede ser útil.
-
-Las _banderillas á cuarteo_ se ponen con mucha facilidad á los toros
-abantos, siempre que ellos no se salgan de la suerte, como suele
-suceder: se deberán dejar llegar mucho, y no hay miedo de poner los
-palos cuando se está embrocado, pues apenas sienten el castigo se echan
-fuera: tampoco se les debe quitar las piernas, pues estas solo dañan con
-los toros fieros, y no con los demas.
-
-Los toros _burri-ciegos_ si por su clase particular presentan las
-inclinaciones de alguna de las espresadas como ella se torearán,
-dejándoles sin piernas; y haciendo todo lo demas con respecto á lo
-espuesto. Por lo que respecta á su vista solo tengo que advertir, que
-los mejores para esta suerte son los de la primera, en haciéndosela
-siempre cuando vengan levantados, por la razon misma que dí para el
-recorte: tienen, como ya he dicho, la ventaja de que rara vez salen tras
-el diestro cuando se ha rematado la suerte. Los de la segunda y tercer
-clase se tapan con bastante frecuencia, por lo cual no estará de mas
-quitarles algo las piernas, principalmente á los de la segunda, en razon
-á que suelen arrancar cuando el diestro se sale de la suerte.
-
-Los toros tuertos son muy á propósito para las banderillas de _cuarteo_,
-en yéndose como para los recortes, y observando en lo demas las reglas
-que para los boyantes.
-
-Cuando se vaya á hacer esta suerte á un toro que viniendo levantado
-lleve el viaje á la querencia, se tendrá cuidado de tomarle bastante
-delantera, aunque sea boyante, pues sino será imposible pasar. Si es de
-sentido, ó que gana terreno, nunca dejará pasar, por mucha delantera que
-se tome, para hacer el cuarteo; pero el modo de hacérsela seguro y
-lucido es esperarlo en la querencia, y cuando esté cerca salirle al
-encuentro, formándole el cuarteo de modo que la vea perfectamente libre
-en el remate, y lo dará tan regular como los boyantes.
-
-
-ARTÍCULO II.
-
-_Suerte de las banderillas á media vuelta._
-
-Las _banderillas á media vuelta_ son aquellas que se ponen al toro
-yéndose el diestro por detras, y citándolo para que se vuelva, y al
-momento de hacerlo se cuadra con él, y le mete los brazos.
-
-Se hace esta suerte de dos modos; ó bien estando el toro parado, y
-citándolo, sea sobre corto ó sobre largo, ó finalmente cuando va
-levantado. Suponiendo boyante á la res, veamos cómo se practica.
-
-Situado el diestro detras del toro, á corta distancia de él, lo citará
-para que se vuelva, y cuando lo haga, que será humillando por lo cerca
-que lo ve, se irá por el mismo lado que se ha vuelto para cuadrarse con
-él, y meterle los brazos, saliendo siempre con pies. Esta suerte es
-bastante facil y segura, pero siempre se debe tener mucho cuidado para
-no irse al toro hasta que se vea el lado por donde se vuelve, porque si
-el diestro trata de verificarla por un lado, y se vuelve el toro con
-prontitud por el otro, se encontrará embrocado de cara sobre corto, y
-muy á pique de llevar una cogida.
-
-Debe tambien procurarse que el toro se vuelva por el terreno de afuera,
-porque entonces el de adentro será la huida del diestro, siendo asi la
-suerte tanto mejor cuanto es mas natural, pues toman cuando se remata
-sus terrenos propios: ademas que si el toro se revuelve y sigue al
-diestro, y este toma el terreno de afuera, le podrá dar una cogida, que
-nunca se verificará tomando el de adentro, pues tiene en él la defensa
-de las barreras.
-
-Esta suerte se hará de todos modos á toda clase de toros, pero será muy
-oportuno para verificarla con toda seguridad quitarles las piernas,
-principalmente si son revoltosos, que ganan terreno, ó que rematan en el
-bulto. A los burri-ciegos se les hará del mismo modo; y para los tuertos
-no tengo que advertir mas sino que se citen á volver por el ojo bueno,
-pues de lo contrario es evidente que no podrán hacer suerte.
-
-Para verificar esta del segundo modo, esto es, saliendo largo por
-detras, solo tengo que añadir, que al llegar á cierta distancia del toro
-se le hable para que se vuelva, y que siempre será bueno salirle
-echándose un poco al lado por donde queremos hacer la suerte, para que
-notando al bulto por él, se vuelva hácia aquella parte.
-
-Los toros de sentido, que á veces es imposible banderillearlos de otros
-modos por su refinada malicia, sucumben á estos; pero siempre se les
-quitarán las piernas antes, si se quiere torearlos con seguridad.
-
-El tercer modo de poner las _banderillas á media vuelta_, que es cuando
-está el toro levantado, es el mas airoso y menos espuesto. Para
-banderillear de esta manera irá el diestro corriendo detras del toro
-hasta que logre ponerse á una distancia regular, desde la que le
-hablará, siguiéndole siempre en su viaje, y yéndole buscando el costado
-para que le vea; y cuando se vuelva se cuadra con él del modo dicho, y
-le pone las _banderillas_. Por lo regular no es necesario salir con
-pies, porque el toro no hace por el bulto; antes bien como que va
-levantado se echa fuera, y si el diestro no se mete bien con él le
-frustra la suerte. Este modo de poner las _banderillas á media vuelta_
-debe ser preferido, principalmente con las reses claras; siendo el
-momento mas oportuno para efectuarlo aquel en que el toro acaba de
-recibir un par de _banderillas_, y va tirando cabezadas y dando brincos
-para desprenderse de aquello que tanto le mortifica, pues entonces no
-tiene suficiente codicia por el bulto, y si por naturaleza es malo, el
-afan que lleva por librarse de la incomodidad que padece, y el hallarla
-doblada en cuanto acometió á aquel, lo hace huir de donde no encuentra
-mas que castigo, y dar el remate muy sencillo.
-
-
-ARTÍCULO III.
-
-_De las banderillas á topa carnero._
-
-Esta suerte de banderillas, que unos llaman de _pecho_, otros á _pie
-firme_, y otros á _topa carnero_ (nombre que le conviene mejor), es
-acaso la mas dificil de ejecutar, pero tambien aventaja en lucimiento á
-cuantas van esplicadas.
-
-El modo de hacerla es situarse el diestro á larga distancia del toro y
-de cara á él; ya venga levantado, ya citándolo, lo obliga á que le
-parta, con lo cual es igual el todo de la suerte; estando en esta
-disposicion, tendrá parados los pies hasta que el toro llegue á
-jurisdiccion y humille, en cuyo momento con gran ligereza hará un
-quiebro, con el que se saldrá del embroque, y cuadrándose con él le
-meterá los brazos estando ya fuera de su jurisdiccion, con lo que el
-remate es seguro. No hay necesidad de salir con pies siendo boyante el
-toro, y solo aconsejo que se les haga cuando ellos los tengan.
-
-Con los revoltosos solo la practicarán los que tengan piernas, pues en
-esta suerte mas que en otra alguna se reponen y salen tras el bulto. Sin
-embargo, en teniendo este requisito no hay nada que temer.
-
-No me parece prudente ejecutarla con los que se ciñen, ganan terreno, y
-rematan en el bulto, no solo por lo dificil que es echarse fuera con
-limpieza con esta clase de toros, sino tambien porque se repondrán al
-momento, en razon del poco destronque que sufren por lo que se meten en
-el terreno del diestro; y si este no es muy ligero para salir con pies
-le podrán dar una cogida.
-
-Asi es que yo recomiendo esta suerte esclusivamente para los boyantes,
-con los cuales tiene un lucimiento estraordinario, pues hace un efecto
-muy hermoso ver al diestro esperando al toro que va volando hácia él, y
-casi sin moverse ponerle las _banderillas_, y quedarse despues inmóvil,
-viendo huir de sí á la misma fiera que un momento antes venia con ansia
-á destrozarlo. Tal es la brillantez que tiene la suerte con estas reses,
-y que desaparece con las demas por la necesidad que hay de salir con
-pies.
-
-No obstante, se podrá hacer con los abantos y con los tuertos con la
-misma facilidad y lucimiento, en teniendo cuidado con los últimos de
-cuadrarse por el ojo tuerto para que no vean el bulto al remate, se
-revuelvan, y obliguen al diestro á salir con todas las piernas.
-
-A los burri-ciegos se les hará ó no, segun que su clase lo permita ó lo
-vede; pero para los de la segunda es menester tener presente que muchas
-veces se paran á corta distancia del diestro, porque ya no lo ven bien:
-en este caso se les volverá á citar, y se les hablará para que conozcan
-que el bulto está cerca, y sigan haciendo por él; y en caso que, á pesar
-de todo, se queden parados, se adelantará el diestro, y les hará la
-suerte á cuarteo, pues el salirse de la que se intentó hacer, ademas de
-no ser muy lucido, tiene el inconveniente de que vuelven á verlo claro
-en cuanto se aleja y arrancan á él. Por consiguiente, siempre será muy
-oportuno hacerles esta suerte tan airosa como segura, en vez de salirse
-de la otra con incomodidad, sin lucimiento, y tal vez con riesgo.
-
-Esta suerte se hará siempre á los toros cuando vengan levantados, y será
-muy brillante; tambien será muy facil y segura cuando vengan con el
-viaje á la querencia, pues arrancan muy bien al bulto que ven, les
-estorba seguir á ella, y como cuando llegan á tirar la cabezada para
-recogerlo no solo se les quita de delante, sino que sienten castigo, y
-ven la querencia muy manifiesta, apresuran el viaje sin hacer por nada,
-pues su único afan es llegar á ella.
-
-
-ARTÍCULO IV.
-
-_Suerte de banderillas al sesgo, ó á la carrera, ó á tras-cuerno._
-
-Esta clase de _banderillas_ que yo llamo á _vuela pies_, porque se ponen
-estando el toro parado, y yéndose el diestro sobre él con todos los
-pies, se ejecuta solo con toros que ya estan sin piernas y casi
-aplomados, y cuando se les nota querencia con las tablas ó con el sitio
-donde estan; de otro modo jamas se hará, pues probablemente darán una
-cogida.
-
-Para ejecutarla se pone el diestro detras, y al lado del toro, á la
-distancia que consultando á sus pies le parezca proporcionada, y sin que
-lo vea se irá derecho á su cabeza, y cuando llegue le meterá los brazos
-para clavarle los palos, y salirse con todos los pies. No se embroca en
-el acto de ponerle las banderillas, pero en deteniéndose un poco, y que
-se vuelva el toro, hay un embroque de cuadrado sobre corto, donde no hay
-recurso alguno. Asi es que para practicar esta suerte con seguridad es
-indispensable que el toro no tenga piernas, que esté aplomado en sitio
-propio, y que se salga con todos los pies, sin detenerse un instante en
-el puesto en que se pongan las _banderillas_.
-
-Esta suerte es diferente en todo de las demas: si en las anteriores
-hemos visto que es indispensable que el toro arranque, humille, entre en
-jurisdiccion y tire el achazo; que el diestro pare los pies un momento
-siquiera, que embroque, que haga un quiebro &c., en esta solo es
-necesario que el toro permanezca inmoble, y que el diestro en lo mas
-violento de la carrera clave las _banderillas_, sin hacer mas diligencia
-que si se las fuera á poner á una pared.
-
-Si en el momento de ir corriendo hácia el toro se observa que se vuelve
-algun tanto, se cambiará el viaje para salirse de la suerte, ó se hará
-la de media vuelta, que es mas seguro.
-
-La suerte de que hablamos se puede ejecutar con toda clase de toros
-siempre que esten en el caso que hemos dicho, y será muy buena con los
-tuertos.
-
-
-ARTÍCULO V.
-
-_Suerte de banderillas al recorte._
-
-Este modo de banderillear es el mas lucido, mas bonito, mas dificil, mas
-espuesto, menos frecuente, y que se puede decir que es el _non plus
-ultra_ de poner _banderillas_.
-
-Su ejecucion consiste en irse al toro para hacerle un recorte, y en el
-momento del quiebro meter los brazos para ponerle las _banderillas_,
-pues entonces está humillado. Pero es menester saber que el cuerpo se
-maneja en un todo como en un recorte; y por tanto, que en el momento de
-meter los brazos, que es el de la humillacion del toro y del quiebro del
-diestro, está aquel casi embrocando á este por el lado, y cuando tira la
-cabezada está ya fuera á beneficio del quiebro; pero ha de tener aun
-metidos los brazos, pues hasta este momento no ha podido clavar las
-_banderillas_, lo cual lo hace el toro mismo con el achazo, pues el
-diestro por su postura violenta no puede meterse con él, ni agacharse
-hasta cogerlo en la humillacion; y de esto nace toda la dificultad de la
-suerte, pues hay que esperar el achazo en el centro, y librarlo con el
-quiebro, sin ponerse fuera, porque ha de tener metidos los brazos hasta
-que el toro se clave los palos. Pero de esta dificultad resulta el
-lucimiento, pues está el diestro haciendo el quiebro de espaldas al
-toro, cuando está este humillando para recogerlo, y tiene vuelta la cara
-hácia él, y puestos los brazos el del lado del toro con el codo muy
-arriba y atras, y la mano igualmente atras, y el otro pasando por
-delante del pecho, y yendo á buscar la otra mano, con lo cual quedan las
-_banderillas_ hácia atras y hácia abajo sobre el morrillo del toro, la
-cual postura es tan airosa, que casi todos los que pintan las suertes
-de _banderillas_ la eligen.
-
-Yo aconsejo que no intente jamas hacer esta el que no sea muy diestro en
-el recorte, y que siempre se salga al hacer el quiebro del centro lo
-bastante para que no pueda alcanzarle el achazo, aunque no ponga las
-banderillas, pues vale mas quedarse con ellas en la mano que llevar una
-cogida: igualmente aconsejo que solo se le haga á las reses boyantes, y
-que sea cuando vayan levantadas, pues de este modo no hay peligro; sin
-embargo, puede hacerse con los abantos, y es muy buena con los tuertos.
-Para entenderla mejor remitiré al lector al capítulo en que hablo de los
-recortes, igualmente que á todo lo dicho en este acerca de las
-_banderillas_, todos los cuales conocimientos son absolutamente
-necesarios para comprender esta suerte.
-
-
-
-
-CAPITULO X.
-
-_Del modo de parchear._
-
-
-El poner _parches_ á los toros es tambien una de las suertes mas bonitas
-que se les puede hacer, y no comprendo la razon de haberla abandonado
-casi del todo. Asi es, que me parece oportuno decir alguna cosa acerca
-de ella, aunque no será con la estension que lo he hecho de otras, y que
-esta tambien merece; pero como no es frecuente el ejecutarla, basta con
-que para su inteligencia y práctica demos los primeros elementos.
-
-Los _parches_ que se le ponen á los toros son de lienzo ó papel, con una
-de sus caras untadas de trementina ó alguna otra materia análoga, para
-que queden pegados. Regularmente son de colores, para que hagan mas
-bonito efecto, y á veces tienen cintas y otros adornos. El _parche_ para
-ponerlo se lleva estendido sobre la mano, quedando hácia fuera la cara
-en que tiene la trementina.
-
-Se puede _parchear_ á cuarteo, á media vuelta, al sesgo y al recorte:
-muchas veces para hacer esta suerte se lleva en una mano el capote y en
-otra el _parche_, para tener mas seguridad, y un recurso en caso
-necesario: aunque se puede parear tambien con los _parches_ es bastante
-dificil y arriesgado, por lo que regularmente solo se pone uno.
-
-Yo aconsejo que no se _parchee_ de cualquiera de los cuatro modos dichos
-mas que á los toros boyantes, á los abantos, y á los tuertos que por sus
-propiedades se acerquen á dichas clases. En esta suposicion paso á
-esplicar la suerte de los modos indicados.
-
-Para _parchear á cuarteo_ es necesario observar todas las reglas que
-para las banderillas de esta clase he dado, pero teniendo presente que
-el _parche_ jamas se pondrá sino cuadrado con el toro, en cuya
-disposicion se les pegará en la frente, metiendo el brazo por cima del
-testuz y por medio de los cuernos. Debe saberse que para _parchear_ de
-este modo se llevará el parche en la mano del lado del toro, que es
-siempre el mismo que el de la huida, de manera que si el remate de la
-suerte ha de ser por el lado derecho, se llevará el _parche_ en la mano
-derecha, que es la que despues queda mas inmediata á la cabeza. Es regla
-general en toda suerte de parches salir con piernas, porque los toros no
-sienten en ella castigo, y en no sufriendo un perfecto destronque
-cogerán al diestro si tardó en salir, por lo cual será bueno quitarles
-tambien las piernas.
-
-El modo de parear á cuarteo es igual, hasta cuadrarse al antecedente,
-pero despues es mucho mas dificil, pues el _parche_ que antes hemos
-visto se pegaba en la frente, se pega ahora en el hocico, ó por decir
-mejor sobre la nariz, y el otro parche se pondrá en la frente como ya
-hemos dicho. El brazo que ahora pone el parche del hocico es el que
-antes puso el de la frente, y pasa por debajo del cuerno derecho[10]
-para buscar la raiz de la nariz, y el brazo izquierdo pasa por cima del
-testuz para poner el otro _parche_ sobre la frente. La necesidad que
-hay de que el diestro haga la suerte con mucha viveza se deduce con
-claridad de lo mucho que le puede perjudicar permanecer en esta postura,
-pues está haciendo un quiebro muy grande, y es necesario reponerse de él
-con mucha presteza y salir con pies, por la obvia razon de que si el
-toro se enmienda y se vuelve con anticipacion, llevará inmediatamente
-una cogida, que será peligrosa por no tener recurso alguno de engaño, ni
-de banderillas, ni de otra especie.
-
-Tambien se parea á cuarteo de otros modos, como es poniéndole los dos
-_parches_ en la frente, para lo cual es necesario que los dos brazos
-pasen por cima del testuz, el cual modo es muy bonito, y mas facil que
-el antecedente: otras veces se pone un _parche_ en la frente del modo
-que dije se ponia uno solo, y el otro en el morrillo ó en otra parte,
-pues los _parches_ se pueden poner en todos sitios, como se tenga
-cuidado de guardar simetría en su situacion, aun en los colores. No
-obstante, las suertes mas lucidas de ellos son en la cabeza y en la
-cara.
-
-Para _parchear á la media vuelta_, _al sesgo y al recorte_, se
-observarán exactísimamente las reglas que para las banderillas de estas
-clases hemos dado, y se pareará ó no, segun sea el toro y la suerte que
-se elija, adviniendo que en todas se puede parear con seguridad en
-teniendo el diestro de su parte todos los requisitos necesarios. No
-obstante, será temeridad emprender esta suerte con aquellos toros cuyas
-propiedades los llevare á las clases que merecen cuidado, no porque
-observando rigorosamente lo espuesto pueda el diestro llevar una cogida,
-sino porque siendo poco frecuente hallar toreros que reunan al
-conocimiento preciso de las reglas la perfeccion en ejecutar las
-suertes, en virtud de la exacta y oportuna aplicacion de aquellas, de
-ahí es que no cumpliria con mi deber sino hiciese esta advertencia. Por
-tanto, debo prevenir que ahora y siempre que en el discurso de esta obra
-se vea otra advertencia semejante, se entienda como una precaucion, y no
-mas, para que los toreros visoños y poco diestros no vayan cegados por
-su amor propio y guiados por mis preceptos á emprender unas suertes de
-cuya ejecucion quizás serán víctimas, pues para que sea feliz se
-necesita reunir en muy alto grado las propiedades indispensables á todo
-torero.
-
-Cuando estan los toros levantados son muy buenas las suertes á
-_cuarteo_, _á pecho_ y al _recorte_. El estado de parados es el mas á
-propósito para la media vuelta. Y por último, en el de aplomados es
-cuando únicamente se les hará la suerte al sesgo. Sin embargo, se podrán
-tambien hacer las primeras en todos estados, en teniendo cuidado de
-arreglarlas á las circunstancias. Pero la última (al sesgo) no se hará
-de ninguna manera en otro estado que en el que se ha dicho, pues se
-correria un grande riesgo.
-
-
-
-
-CAPITULO XI.
-
-_De la suerte de muerte._
-
-
-_La suerte de muerte_ es la mas lucida que se ejecuta, es tambien la mas
-dificil, y por consiguiente merece tratarse con mucha detencion. Se
-puede decir que tiene dos partes, que son: _los pases de muleta_, y _la
-estocada_, y asi las esplicaremos separadamente.
-
-
-PRIMERA PARTE.
-
-_De los pases de muleta._
-
-Para pasar al toro con la muleta se situará el diestro como para la
-suerte de capa, esto es, en la rectitud de él, y teniendo aquella en la
-mano izquierda y hácia el terreno de afuera: en esta situacion lo
-citará, guardando la proporcion de las distancias con arreglo á las
-piernas que le advierta, lo dejará que llegue á jurisdiccion y que tome
-el engaño, en cuyo momento le cargará la suerte y le dará el remate por
-alto ó por bajo, del mismo modo que con la capa, advirtiendo que si es
-el toro boyante se puede tener la muleta enteramente cuadrada, y siempre
-la tomará cumplidamente, pues como ya hemos dicho, estos toros, aunque
-muy bravos, constantemente van por su terreno, y estando en él la muleta
-tanto mas cuanto se haya cuadrado, la toman y rematan muy á placer, y
-tanto que ni aun precisan al diestro á mudar de terreno, pues solo es
-necesario perfilarse al cargarles la suerte, y al rematarla dar otro
-cuarto de vuelta, con lo que se completa la media necesaria para volver
-á quedar de cara á él. A este modo de jugar la muleta se llama _pase
-regular_, para distinguirlo del de _pecho_, que es aquel que es preciso
-dar en seguida del _pase regular_ cuando el toro se presenta en suerte y
-el diestro no juzga oportuno armarse á la muerte. Digo que es preciso
-dar entonces el _pase de pecho_, porque el salirse de la suerte y buscar
-otra vez proporcion para el _pase regular_ es deslucido, pues da idea ó
-de miedo ó de poca destreza, y el cambiar la muleta á la mano de la
-espada, para que estando en el terreno de afuera se le pueda dar el
-_pase regular_, aun cuando no es mal visto no es tan airoso: por tanto
-aconsejo que siempre que despues del _pase regular_ quede el toro en
-suerte para el de _pecho_ se le haga, pues es muy bonito y mas seguro
-que el _regular_, como veremos se deduce del modo de practicarlo, que es
-asi: puesto el toro en suerte, y teniendo el torero el brazo de la
-muleta hácia el terreno de adentro, se le hace indispensable para
-pasarlo sin hacer un cambio perfilarse hácia el de afuera, y adelantar
-hácia este mismo terreno el brazo de la muleta, con lo cual queda esta
-delante y un poco afuera del cuerpo, y en la rectitud del toro, en la
-cual disposicion se le cita, se deja venir por su terreno sin mover los
-pies, y despues que haya llegado á jurisdiccion y tomado el engaño, se
-le hará un quiebro y se le cargará bien la suerte, para que pase
-bastante humillado por el terreno del diestro, que cuando el toro tenga
-bien engendrada la cabezada y vaya fuera del centro, rematará la suerte
-con algunos pasos de espaldas; de modo que al sacar la muleta estará
-enteramente fuera del sitio del achazo. Este _pase_ es muy seguro y muy
-lucido, y aunque algunos creen que por no poderse jugar la muleta en él
-con el desembarazo que en el regular tiene menos seguridad, padecen en
-esto una equivocacion: sea de la clase que quiera el toro con que se
-haga esta suerte, como que no se apartan en ella el engaño y el cuerpo,
-se le reduce á un solo objeto, evitando asi la colada, que es muy
-posible en el _pase regular_, y el lucimiento del de _pecho_ es mayor en
-atencion á lo unidos que estan el diestro y el toro.
-
-Los dos _pases_ de muleta que hemos esplicado se pueden hacer con mucha
-facilidad, seguridad y lucimiento, á los toros revoltosos, sin tener mas
-cuidado que al rematar la suerte alzar mucho el engaño para que rematen
-bastante fuera y den lugar á prepararse á la segunda. Tambien se tendrá
-cuidado de dar al remate de las suertes algunos pasos de espalda por la
-misma razon que he dicho se alce el engaño.
-
-No hay peligro ninguno en dejarles todas las piernas á estos toros y á
-los boyantes, antes bien siempre se procurará conservarlas para que sean
-mas lucidas las suertes.
-
-Los toros que se ciñen se cuelan con mucha frecuencia en el _pase
-regular_ de muleta, lo cual se debe evitar cuidadosamente por lo que
-tiene de peligroso, y que á buen escapar se hace la suerte arrollada.
-Para pasarlos con seguridad y lucimiento se situará el diestro como ya
-he dicho anteriormente, con la sola diferencia de no tener la muleta
-cuadrada, si no en direccion oblicua, de modo que la cara de ella que en
-la primera posicion era anterior, en esta, aunque mira tambien hácia
-adelante, está inclinada hácia el terreno de adentro, y por consecuencia
-la que antes fue únicamente posterior, aunque ahora lo es, sin embargo
-corresponde al terreno de afuera: puesta asi la muleta, se debe
-adelantar algo al cuerpo, perfilando este un poco hácia el terreno de
-adentro, la cual postura es mucho mas airosa que la de tenerla
-cuadrada. En esta disposicion se cita al toro, y luego que arranca y
-llega á jurisdiccion se le tiende la suerte como dije se hacia con la
-capa, y si á pesar de todo se ve que va á pisar en el terreno del
-diestro, se adelanta el engaño, se hace un quiebro, se carga la suerte,
-y se pasa á ocupar el centro que él va dejando, con lo cual se concluye
-con la mayor seguridad, y dando un par de pasos se queda preparado para
-el _pase de pecho_, que es segurísimo con estos toros no menos que con
-los anteriores, no siendo tampoco peligroso dejarles todas las piernas.
-
-Para poder pasar con seguridad los toros que ganan terreno se hace
-indispensable quitarles todas las piernas, para que pueda el diestro
-írseles sobre corto, donde apenas tengan tierra que ganar, y cuanto dan
-dos pasos llegan á jurisdiccion. Ademas, será muy oportuno el poner la
-muleta oblicua como ya he dicho para los que se ciñen, por estar en muy
-buena proporcion para hacer la mejora del terreno, lo cual se efectuará
-felizmente siempre que ademas de todo lo espuesto se tenga la precaucion
-de adelantarse un poco para recibirlos en jurisdiccion, empaparlos en el
-engaño, y rematar la suerte igual en un todo que á los que se ciñen.
-Cuando el toro que gana terreno tiene piernas, se hace indispensable que
-el diestro se prepare mucha tierra, y que lo cite sobre largo para
-poder verificar la mejora del sitio, lo cual se hará con mucha rapidez
-adelantándose lo suficiente para hacer que el toro tome el engaño sin
-detenerle y sin ganar terreno, y teniendo mucho cuidado al rematar la
-suerte, pues es muy frecuente verlos volverse con la prontitud que un
-revoltoso, por lo cual sin apartarse mucho del centro se quedará armado
-para el _pase de pecho_, que haciéndolo en seguridad _regular_ y sobre
-corto es bastante seguro. He advertido que para el _pase de pecho_ se
-aparte el diestro poco del centro, con el fin de hacerlo sobre corto,
-porque si el toro se vuelve pronto y lo ve tan cerca, hará por él con
-mucha presteza sin ganarle terreno por lo inmediato que está, y le dará
-una suerte tan lucida como un boyante; y esto no pudiera verificarse
-poniéndose sobre largo, pues el toro se repondria con tiempo y
-arrancaria con su natural ligereza ganando terreno, y pondria al diestro
-en bastante críticas circunstancias, pues mediante la disposicion en que
-quedó de la suerte anterior, tiene poco terreno para hacer la mejora del
-sitio, y está muy espuesto á ser arrollado junto á las tablas. Si viendo
-que el toro se le cuela hace el cambio, como su remate natural es el
-terreno de afuera, puede embrocarlo por la espalda al concluir la
-suerte, lo que sucederá siempre en virtud de las piernas del toro, y
-finalmente, si cambia la muleta á la mano de la espada para darle el
-_pase regular_ por la derecha, tiene la misma contra del _pase de pecho_
-sobre largo, esto es, que siendo segunda suerte puede quedar poco
-terreno para hacer la mejora. Por último, sea regla general en estos
-toros que despues del _pase regular_ la suerte que se les haga sea
-siempre sobre corto, y citándolos al instante, pues como vinieron la
-primera ganando terreno, y al concluir pisaban casi en el de adentro,
-sufren poco, y como tienen piernas se reponen y vuelven con la facilidad
-y prontitud que un revoltoso: si ven al diestro muy cercano arrancarán
-con mucho ahinco y sencillez haciendo la suerte para que estaba armado
-del mismo modo que la res mas sencilla. En este caso el remate siempre
-es bastante largo, proporcionándolo el mismo toro por sus muchas
-piernas.
-
-Los toros de sentido son muy malos para la suerte de muleta, porque como
-su remate, aun cuando tomen el engaño, es sobre el cuerpo, y este se
-separa mucho de aquella en esta suerte, el toro, que lo distingue
-perfectamente y lo advierte dentro, corta el terreno, desprecia el
-engaño y se dirije á él, haciendo muy próximo el peligro. No obstante se
-lidiarán con toda seguridad en observando rigorosamente lo que sigue. La
-muleta que para los toros boyantes y revoltosos vimos se podia cuadrar,
-y que era necesario poner oblicua con los que se ciñen y ganan terreno,
-para los de sentido es necesario absolutamente perfilarla: sus caras
-serán, una esterna, que mirará al terreno de afuera, y otra interna, que
-por consiguiente dará al de adentro. Con esta precaucion, y la de no
-haberle dejado las piernas, podrá el diestro hacerle la suerte sin
-peligro alguno de este modo: citará al toro, el cual no viendo mas que
-un solo objeto, tiene que reducir su intencion á él, llega á
-jurisdiccion y se encuentra con el engaño, que perfilado delante del
-cuerpo del diestro no le permite llegar á él sin que antes lo tome; este
-habrá tenido parados los pies hasta el punto que haya tomado el engaño,
-pues las pocas piernas del toro se lo permiten bien, y en este tiempo
-metiéndose en su terreno le cuadra la muleta, dejándolo empapado en ella
-y sin poder ver el lado por donde se le huye el bulto, con lo cual, y
-con dar el remate cuando ya esté fuera del centro, sacando la muleta por
-alto, concluirá la suerte con seguridad y limpieza. Yo, aunque conozco
-que se puede ejecutar, no aconsejo que se haga el _pase de pecho_ con
-estos toros, pues es bastante dificil verificarlo con desembarazo y
-perfeccion. Sin embargo, repito que se puede ejecutar, pero sea con
-todas las precauciones imaginables, y por las reglas que para los que
-ganan terreno hemos dado, advirtiendo que no tendrá éxito la suerte
-sino se cubre perfectamente el cuerpo con el engaño para que no pueda
-distinguirlo y rematar sobre él.
-
-Los toros abantos son bastante buenos para los _pases de muleta_ cuando
-son de los brabucones, ó bien de los que se quedan cerniendo en el
-engaño, pues los primeros solo pueden dar cuidado en la suerte de capa,
-porque como ya he dicho, suelen rebrincar al tomarlo, y el diestro, como
-que está en el mismo terreno, puede ser arrollado, pero con la muleta no
-hay ese riesgo, pues está cuadrada y en otro terreno que el bulto, de
-suerte que aun cuando rebrinquen no pueden arrollarlo. Cuando el toro
-que se va á pasar de muleta es de los que se quedan cerniendo en el
-engaño (lo cual se conoce por las suertes que hayan precedido) se tendrá
-un igual cuidado en no mover los pies hasta que ó lo tome, ó se escupa
-fuera, porque de lo contrario el menor movimiento le azora, y se sale
-huyendo, frustrando la suerte que quizás hubiera hecho no habiéndose
-movido, ó lo que tambien suele suceder, meterse atolondrado por el
-terreno del diestro y llevarlo por delante.
-
-Estos toros por su cobardía precisan á que se les lidie con gran
-cuidado, y tanto mayor cuanto mas grande es su miedo: asi es que los
-abantos, que segun dijimos en su lugar tienen mas miedo, se deben
-torear con la muleta del modo que los de sentido, estando muy sobre sí
-para si alguna vez, lo que no es muy raro, se meten por el terreno de
-adentro, cambiar la muleta con prontitud, ó bien hacerles el _pase de
-pecho_ dándoles las tablas y echándose el diestro á la plaza: esto no es
-espuesto con ellos aun cuando no tengan querencia alguna con los
-tableros, pues el meterse por el terreno de adentro no es efecto ni de
-malicia, ni de querencia, ni de otra cosa mas que de miedo, y conforme
-salvan el bulto que tienen delante siguen con el viaje sin revolverse
-para hacer por él; de manera que el peligro que se corre no es otro mas
-sino meterse por el terreno que el toro elige para huir formando un
-contraste en que se puede padecer, pues si bien es verdad que no harán
-por el diestro cuando lo vean en el suelo por haberlo arrollado en el
-contraste, tambien lo es que lo pueden lastimar de un pezuñazo, de una
-cabezada, ó de una cornada que casualmente le diesen al cogerlo, las
-cuales cornadas aunque son dadas de miedo tienen los mismos efectos que
-cualquiera otra.
-
-Para _pasar de muleta_ á los toros burri-ciegos se observarán las reglas
-mismas que dimos para las suertes de capa, cuadrándoles ó no la muleta,
-segun que aparezcan sencillos ó de sentido.
-
-Finalmente, los toros tuertos se pueden _pasar de muleta_ de dos modos,
-esto es, ya con la vista al terreno de adentro ó al de afuera. Cuando
-está el toro del primer modo es algo dificil rematar la suerte bien,
-porque casi siempre parten ganando terreno, pues para que vean bien la
-muleta es necesario meterla un poco en el de adentro, y el diestro queda
-por consiguiente mucho mas dentro, por lo que el toro tiene con
-precision que ganar terreno. No obstante, la suerte se puede hacer
-situándose en la rectitud, pues aunque el toro no vea asi bien la
-muleta, arrancará por su terreno, y asi que llegue á jurisdiccion, con
-tal que el diestro la adelante para recibirlo, y le haga el quiebro que
-al que se ciñe, rematará la suerte con felicidad.
-
-Cuando tengan la vista hácia el terreno de afuera la suerte es muy
-segura, pues sea el toro de la clase que quiera su remate es siempre por
-el lado que ve, y siendo el otro el del diestro, nunca puede concluir
-sobre él. Los _pases de pecho_ se pueden hacer á los toros tuertos sin
-peligro ninguno, principalmente cuando quedan con la vista fuera, como
-ya se debe inferir.
-
-La suerte de muleta es bastante facil de por sí, como ya hemos visto,
-pero la hace muy dificil la circunstancia de ser la última que en la
-plaza se ejecuta, pues generalmente hablando, cuando va el diestro á
-practicarla está el toro aplomado, en querencia, y por sencillo que
-sea, con alguna intencion; todo lo cual hace que sea necesario mucha
-inteligencia y precaucion para que el éxito sea el que se quiere; y con
-este mismo objeto voy á hacer algunas advertencias de no menor utilidad
-que las reglas precedentes.
-
-Cuando se vaya á _pasar de muleta_ un toro que esté aplomado, y que
-conserve piernas bastantes, se adelantará mucho la muleta del cuerpo, ya
-oblicuándola ó perfilándola, segun sea necesario, y esto no por otra
-razon mas sino porque siendo preciso para que arranque citarlo sobre
-corto, y conserva todavía muchas piernas, si el diestro tiene la muleta
-cuadrada en la misma direccion que el cuerpo, y el toro aunque en la
-salida demostró ser boyante, arranca ahora ciñéndose, ganando terreno, ó
-rematando en el bulto, dará irremediablemente una cogida, que no daria
-teniendo la muleta delante, por las razones que hemos dicho hablando de
-estos toros en la suerte que nos ocupa.
-
-Ademas, que el toro que conservando piernas bastantes se aploma, aun
-cuando haya sido muy boyante, ya no debe considerarse como tal, pues el
-haberse aplomado será efecto ó de ir tomando intencion, ó de tener
-querencia al sitio donde está, y de un modo ó de otro no debe ya
-torearse como boyante, pues esto es una verdadera transformacion. Asi
-es, que el diestro para pasarlo deberá hacer que se lo corran antes, y
-de ninguna manera lo pasará en el sitio en que esté, ni aun usando de la
-precaucion de adelantar la muleta, pues esta es para cuando hayan
-corrido al toro, y esté fuera del puesto en que estaba: en este caso lo
-podrá pasar con toda seguridad, porque no necesitará citarlo tan sobre
-corto como hubiera sido necesario para hacerle arrancar en su querencia,
-pues asi debe ya considerarse el sitio en que estaba primero; siendo
-ademas sumamente espuesto el remate de la primera suerte, por tener que
-concluirla el diestro sobre la misma querencia de un toro que
-conservando piernas ha tenido que citarlo sobre corto, y que arrancó
-ciñéndose, ganando terreno, ó rematando en el bulto: circunstancias
-todas tan contrarias al buen éxito de la suerte, que de cien que se
-hagan con ellas, en las noventa y nueve habrá cogida.
-
-Cuando el toro está aplomado, con piernas aun, y es de los que merecen
-torearse con precaucion, será indispensable hacer que á fuerza de
-capotazos y de trastearlo los chulos se las quiten, y lo pongan en
-situacion de hacer suerte con él.
-
-Los toros que haya visto el diestro que en las suertes anteriores, y
-principalmente en la de banderillas, no solo se tapaban, sino que
-continuamente tiraban derrotes y cornadas sobre alto para desarmar, los
-deberá pasar muchas veces, dejándolos llegar bien á la muleta, y
-bajándola mucho al cargar la suerte para que humillen bastante, lo cual
-es importantísimo, pues sino lo hace, y van á la muerte con este
-resabio, lo desarmarán, quedándose parados en el centro, donde será un
-milagro que no le den una cogida.
-
-Finalmente, cuando el diestro vea que el toro es de cuidado, y tema que
-se le cuele ó se le revuelva muy pronto, y le dé una cogida, pondrá en
-el terreno de afuera á otro de los chulos, para que cuando llegue á
-jurisdiccion, y vaya á tomar la muleta, eche el capote, con lo que
-distraido por ambos engaños no se cuela, y tampoco se revuelve, porque
-el chulo no saca el capote cuando el diestro la muleta, sino despues que
-ya aquel esté preparado para recibirlo; siendo obligacion suya volver el
-toro por el terreno de afuera, y ponerle en disposicion de que el
-diestro pueda ejecutar con él la suerte para que se ha preparado; por lo
-cual debe este chulo ser el mas inteligente.
-
-Esto se ha hecho ya tan frecuente, que siempre que se va á _pasar de
-muleta_ un toro, por sencillo que sea, se lleva el capote al lado, pero
-esto es un abuso; y cuando el toro es de los boyantes y tiene piernas,
-en vez de servir el capote de provecho, es dañoso, porque estando el
-chulo en el terreno de la res lo ve en su remate, lo seguirá, y por mas
-que el diestro lo cite no volverá á hacer la suerte que sin el capote se
-hubiera efectuado. Por lo tanto, debe omitirse éste cuando las reses son
-sencillas, en cuyo caso el diestro mismo con sola la muleta los podrá
-volver y preparar para segunda suerte: esto es sumamente bonito, y de no
-poco mérito, pues son muy pocos los que saben recoger asi los toros.
-
-
-SEGUNDA PARTE.
-
-_De la estocada de muerte._
-
-La estocada de muerte, que he considerado como segunda parte de esta
-suerte, es la que esencialmente la constituye, no siendo los pases de
-muleta mas que una preparacion, digamos asi, para ella. En efecto,
-alguna vez los pases en vez de ser útiles, son perjudiciales, por lo
-cual se deberán omitir en los casos que luego marcaré. Pero tambien es
-evidente que el acto mismo de dar muerte al toro se debe considerar como
-un verdadero pase de pecho, aunque como la esperiencia lo acredita se
-puede matar sin tener muleta ni capote, ni clase alguna de engaño; pero
-esto no puede verificarse, como luego veremos, sino con las reses
-sencillas.
-
-
-ARTÍCULO PRIMERO.
-
-_Del modo de matar los toros, recibiéndolos._
-
-Para matar, pues, á un toro boyante se situará el matador, despues de
-haberlo pasado las veces que le haya parecido, en la rectitud del toro,
-á la distancia que le indiquen las piernas de él, con el brazo de la
-espada hácia el terreno de afuera, el cuerpo perfilado igualmente á
-dicho terreno, y la mano de la espada delante del medio del pecho,
-formando el brazo y la espada una misma línea, para dar mas fuerza á la
-estocada, por lo cual el codo estará alto, y la punta de la espada
-mirando rectamente al sitio en que se quiere clavar. El brazo de la
-muleta despues de haberla cogido un poco sobre el palo en el estremo por
-donde está asido, lo que se hace con el doble objeto de reducir al toro
-al estremo de afuera, que es el desliado, y de que no se pise, se pondrá
-del mismo modo que dijimos para el pase de pecho, en la cual situacion,
-airosísima por sí, cita al toro para el lance fatal, lo deja llegar por
-su terreno á jurisdiccion, y sin mover los pies, luego que esté bien
-humillado, meterá el brazo de la espada que hasta este tiempo estuvo
-reservado, con lo cual marca la estocada dentro, y á favor del _quiebro
-de muleta_ se halla fuera cuando el toro tira la cabezada. Este modo de
-matar, que es el mas usado, y muy bonito, se llama á _toro recibido_.
-
-Los toros boyantes se matan de esta manera con mucha facilidad y sin
-ningun peligro, pues ellos van por su terreno mas bien fuera que dentro,
-y tanto, que es necesario al citarlos hacerles un envite con la muleta
-hácia el cuerpo, pues si no se desunen mucho en el centro, y no puede el
-diestro dominarlos bien, ni darles la estocada dentro, de lo que resulta
-muchas veces atravesarlos, lo que es muy deslucido. Asi es que se hace
-indispensable llamarlos bien al centro, para que entren ceñidos, y que
-la suerte salga bien hecha; y esto es á lo que los toreros llaman
-_embraguetar los toros_.
-
-A estos de que hablamos y á los revoltosos se les puede hacer esta
-suerte dejándoles todas las piernas, siendo ademas muy bonito con los
-últimos pasarlos muchas veces seguidas, alternando el pase regular con
-el de pecho, y en uno de estos darles la estocada, todo lo cual hecho
-con mucha prontitud, como es necesario por la rapidez con que se
-vuelven, constituye la suerte mas bonita de matar, pues aun teniendo
-dada ya la estocada se les sigue trasteando con la muleta hasta que
-caen.
-
-Esto mismo, aunque puede hacerse con otros toros en teniendo habilidad
-para recogerlos, y que queden preparados á segunda suerte, nunca es tan
-completo como con los revoltosos, porque estos en virtud de su índole
-particular se prestan para este modo de suerte de una manera muy
-ventajosa para el matador. Yo los reputo por los mejores.
-
-Los toros que se ciñen son escelentes para esta suerte, y se les puede
-hacer dejándoles todas las piernas, porque como, segun se ha visto, el
-ceñirse es cualidad favorable para la muerte, rematarán la suerte con
-mas lucimiento conservando las piernas que teniéndolas perdidas, y la
-seguridad es la misma en ambos casos. Lo que debo advertir es que no se
-les cite como á los boyantes hácia el centro, pues ellos lo buscan, y si
-desde el principio se inclinan á él podrán llegar á embrocar. Esto se
-consigue con solo no doblar el codo izquierdo, pues quedando el brazo
-derecho, aparta lo que debe la muleta, que en todo caso es regla general
-tenerla muy baja para que el toro humille bien.
-
-Los toros que ganan terreno son muy dificiles de matar, principalmente
-cuando conservan piernas; pero sin embargo, el diestro que armado del
-valor y conocimiento necesarios intente hacerles esta suerte del modo
-que diré, saldrá felizmente de su empresa.
-
-Si no tienen piernas se situará el diestro bastante corto, con lo cual
-se les quita terreno que cortar, y la suerte será, aunque muy ceñida,
-segura, siempre que se les haga un quiebro grande de muleta y no se
-tarde en salirse del centro. Pero cuando conservan las piernas se
-necesita mucha precaucion: entonces es necesario situarse sobre largo,
-pero á pesar de esto lo menos largo posible, pues se corre menos riesgo
-en situarse un poco corto que largo por dejarle al toro mucho terreno
-que cortar, y es la razon que en este último caso llega á formar el
-centro de la suerte atravesado, y sin dejar tierra al diestro para
-rematarla, de modo que pisando ambos un mismo terreno, y siendo por
-consiguiente uno el remate, solo se librará de una cogida cuando sus
-pies superen á los del toro. Situado, pues, el diestro como he dicho, lo
-cita, y luego que le arranque, si ve que no le gana mucho terreno, se
-irá mejorando á la par de él, de modo que habiéndose preparado
-suficiente tierra, cuando llega á jurisdiccion se forma el centro cual
-se desea para el feliz remate de la suerte, que en todas sus partes se
-hará por las reglas establecidas para estos toros cuando estan sin
-piernas. En el caso que el diestro conozca que por venir el toro ganando
-mucho terreno puede resultar el centro atravesado, entonces el recurso
-que hay es salirle con prontitud al encuentro, formando el centro de la
-suerte en el mismo de las distancias, y conforme ponga la espada hará
-un buen quiebro para acabar de clavarla, y salir con pies.
-
-Esta suerte, que como se ve por su esplicacion participa de la de _toro
-recibido_ y de la de _vuela pies_, es el único modo que hay para matar
-con seguridad los toros que ganan terreno y conservan piernas: su
-ejecucion es muy dificil, por ser necesario embrocar para marcar dentro
-la estocada, hacer un quiebro grande y violento para salir de embroque,
-concluir la estocada y salir con pies, todo en un momento, y en un
-centro tan pequeño y tan veloz como es el que se forma por la union de
-las direcciones opuestas que el diestro y el toro traen en sus viajes.
-Por tanto, recomiendo su ejecucion á los matadores que se conozcan con
-pies y ligereza para efectuar estos movimientos, y que al mismo tiempo
-esten dotados de suficiente resolucion; y por el contrario, se la
-prohibo á todo aquel en quien no militen las circunstancias dichas, los
-cuales siempre que tengan que matar un toro de esta clase deberán hacer
-que le quiten las piernas.
-
-Muchas veces he visto matar estos toros dando el diestro pasos de
-espalda (pero sin desarmarse) á la par que el toro los va dando y
-ganándole el terreno, con lo que se hace que se enmiende y tome el de
-afuera, y en caso que no obedezca y siga cortando tierra, se le da el
-pase regular trocado, y proporciona una buena suerte. Tambien he visto
-en este mismo caso que algunos matadores cuando estaba el toro para
-entrar en jurisdiccion le alzaban la muleta desliada, y la bajaban con
-prontitud poniéndola en el terreno que le corresponde, con cuyo espanto
-el toro se detiene un poco observando la muleta, y al caer como está tan
-cerca hace por ella, y el diestro aprovecha este momento, lo coge en la
-humillacion, le da la estocada y sale con pies. Constantemente he visto
-buen éxito en esta suerte, y aconsejo que siempre que el matador se vea
-en el caso de ir á formar el centro atravesado, por no haberse enmendado
-ni haber salido al encuentro del toro, intente hacerla, que sino
-siempre, las mas veces le proporcionará una suerte segura y brillante,
-en vez de otra que cuando mas feliz será arrollada.
-
-Los toros de sentido son los mas dificiles para esta suerte: rara vez se
-pueden matar recibidos, porque no la hacen buena, y aunque el diestro la
-intente nunca será cual es en sí, pues participará como ya diré de la de
-media vuelta. A estos se hace indispensable quitarles las piernas, para
-que el diestro se pueda ir sobre corto, y conforme arranquen y lleguen á
-jurisdiccion les agachará mucho el engaño procurando empaparlos en él, y
-saliendo del centro que traiga el toro le dará la estocada y saldrá con
-pies. Regularmente, á pesar de los pocos suyos, el toro se revuelve
-mucho, y como el diestro se salió del centro, y no dió en él la
-estocada, tiene que seguir volviéndose, y buscándole los cuartos
-traseros, para no llegar á embrocar y rematarla, y esta es la razon
-porque dije arriba que nunca esta suerte se les podria hacer á estos
-toros cual es en sí, y que participaba de la de media vuelta. No
-obstante, cuando el diestro esté convencido de los pocos pies del toro
-podrá hacerla algo mas lucida teniendo bien parados los suyos, hasta que
-llegue perfectamente á humillar para recogerlo, y entonces con bastante
-quiebro de muleta vacia el cuerpo del centro marcando en él la estocada,
-y despues que esté fuera se dejará caer sobre el toro para asegurarlo de
-aquella vez, y se saldrá como hemos dicho. De este modo, que no es
-dificil en teniendo serenidad y firmeza para hacer el quiebro á tiempo y
-con ligereza, se logra matar á estos toros recibidos y con mucho
-lucimiento: es tambien muy seguro, porque se le reduce á que haga el
-centro en el sitio correspondiente, pues viendo en él al diestro no
-puede menos que hacer por él, y como por sus pocas piernas permite que
-este no mueva los pies, y lo deje llegar hasta que humille para
-recogerlo, y no puede volverse por faltarle el vigor, marca la estocada
-dentro, y á favor del quiebro vacia el cuerpo, de manera que se halla
-fuera á la cabezada, y tan seguro como se puede inferir por las pocas
-piernas del toro.
-
-He de advertir que muchas veces estos se matan bien aunque conserven las
-piernas suficientes para dar que temer: el buen éxito que se observa en
-estos casos, que á primera vista parece imposible conseguir, y cuya
-imposibilidad quizás la deducirá alguno de las reglas mismas que dejo
-establecidas y de mis reflexiones sobre ellas, se obtendrá siempre que
-el torero tenga los requisitos que indispensablemente debe reunir para
-apellidarse justamente con este nombre (véase el capítulo 1.º), pues
-poniéndonos en el último resultado que puede dar la suerte mas dificil y
-arriesgada, que es la cogida del diestro, esta no se verificará jamas
-sin que preceda un embroque sobre corto, en el cual es necesario que el
-toro humille para poder usar de las armas que le dió la naturaleza, y en
-esta humillacion, precisa, inescusable, y que no puede dejar de
-verificar, pues es un efecto de su disposicion esencial, se libertará el
-que teniendo un ánimo tranquilo que le deje conocer que á favor de un
-quiebro vacia el cuerpo del sitio en que debe estar para que el toro lo
-enganche, y ademas ligereza para hacerlo, lo practique á tiempo. Por
-consiguiente, ¿qué suerte arredrará ya á ningun torero? No puede el toro
-cogerlo como haga un quiebro. Pero este quiebro no siempre se puede
-hacer á tiempo, pues no todos los que torean tienen los requisitos
-necesarios en un tan alto punto como se requiere para este grado de
-superioridad.
-
-Por tanto, habiendo suertes que ejecutar con todos los toros de una
-seguridad grande, que siempre está en razon directa de la sencillez de
-aquellas, y de tanto ó mas lucimiento, pues este no se opone á la
-sencillez, sino antes bien se hermana completamente con ella, será una
-vituperable temeridad intentar las que pueden dar un funesto resultado
-en descrédito del arte y de los profesores mismos.
-
-Esta digresion, impertinente para muchos, no lo será para los que
-consideren los funestos resultados que puede tener el no manifestar las
-ventajas y perjuicios que se hallan en las suertes; pero no piensen que
-las presento para cohibir á los verdaderos diestros, y para que sirva de
-disculpa á los ignorantes y cobardes: soy bien conocido en el arte para
-facilitar escusas á los toreros que autoricen su miedo ó su
-holgazanería: mi objeto no es otro, como ya he dicho, que el de hacer
-patente las buenas ó malas consecuencias de las suertes, cuyas reglas
-manifiesto, con el fin de que no se intenten las muy dificiles por los
-toreros poco hábiles, ni por los jóvenes que estando en el principio de
-la práctica del arte, y manifestando una brillante disposicion, intenten
-verificar lo que no puede tener buen resultado atendiendo á su
-dificultad y á la poca esperiencia de ellos mismos, que guiados por su
-amor propio se arrojan inconsideradamente, hasta que un momento
-desgraciado termina su existencia, y desvanece las fundadas esperanzas
-de los que algun dia se consentian verlos al nivel de los mas diestros
-profesores.
-
-Volviendo, pues, al hilo de mi discurso, digo que siempre se le quiten
-las piernas á estos toros para la muerte, y que se debe tener al lado un
-chulo de bastante conocimiento, el cual metiendo el capote á tiempo
-distraerá al toro del bulto, y tendrá mucha parte en el buen resultado
-de la suerte.
-
-Muchas veces estos toros ganan tambien terreno, y en este caso, ademas
-de todo lo dicho para ellos, se tendrán presentes las reglas que para
-los que ganan terreno hemos dado, haciéndoles la suerte con la mas
-grande precaucion, y tratando de asegurarlos poniéndoles baja la espada.
-
-Los toros abantos se matan muy bien recibidos siempre que arrancan, pues
-nunca se quedan cerniendo en el engaño por estar recogido; pero es
-preciso embraguetarlos mucho, y tener muy reservado el brazo de la
-espada, para no darles la estocada hasta que esten muy en el centro; no
-por otro motivo sino porque ellos son siempre blandos, y si se adelanta
-el brazo y se les pincha antes de estar muy metidos en la suerte, hacen
-un corcovo, y se salen de ella.
-
-Los toros abantos, que he dado á conocer con el nombre de bravucones,
-tienen que matarse con algun cuidado, porque como ya he dicho, suelen
-rebrincar al tomar el engaño, lo cual es mucho mas frecuente en la
-suerte de muerte, y tiene el doble riesgo de poder arrollar al diestro y
-lastimarle con la espada; por lo que será muy oportuno salirse del
-centro que ellos traigan, y tener reservado el brazo hasta que humillen,
-que es el tiempo propio de darles la muerte. De este modo se consigue
-que si el toro rebrinca no atropelle al diestro, y que no haga el
-corcovo y se salga de la suerte.
-
-Los burri-ciegos de la primer clase se matarán recibidos de un modo muy
-satisfactorio con solo tener la precaucion de quebrantarles un poco las
-piernas, haciéndoles en lo demas la suerte de la manera que lo pida su
-índole particular. No debe nunca perderse de vista, en caso que el toro
-siendo malo ponga la suerte en disposicion poco favorable, el recurso
-que hay de salirse de ella sin recelo alguno, pues por el defecto que
-tiene en la vista dejará de hacer por el bulto.
-
-Los burri-ciegos de la segunda se pueden matar del modo dicho dejándoles
-ó no las piernas. Si se les dejan, se citan por consiguiente sobre
-largo, que es donde ven mejor, y suele suceder que se paran poco antes
-de llegar al engaño: esto no es muy frecuente ni de cuidado tampoco,
-pues en hablándoles y acercándoles la muleta rematan la suerte bien.
-Cuando no tienen piernas se les irá muy sobre corto para el cite,
-hablándoles tambien, y haciéndoles la suerte en todo lo demas del modo
-que indique su condicion; pero siempre será bueno tener algo mas
-desliada la muleta para ellos que para las otras clases.
-
-Si dijimos para los de la primera que tenia el diestro un buen recurso
-en salirse de la suerte, en estos por el contrario se necesita un
-cuidado estremado para hacerlo, como ya dije hablando de ellos en la
-suerte de capa, adonde remito al lector para evitar repeticiones.
-
-Los burri-ciegos de la última clase se matarán segun su condicion, sin
-tener que hacer mas sino presentarles la muleta con las mismas
-condiciones que dijimos para la capa.
-
-Los toros tuertos se matan recibidos con mucha facilidad, principalmente
-cuando lo son del ojo izquierdo. No hay peligro en dejarles las piernas
-cuando son boyantes, ó de otra cualquier clase que no sea de cuidado,
-pero se les quitarán siempre que sean de los que pueden dar que recelar.
-Suponiendo que por ser boyante se le han dejado las piernas, y que el
-lado por donde no ve es el derecho, se pondrá el diestro para la muerte
-á la distancia regular, lo citará, y luego que arranque lo dejará venir
-por su terreno hasta que entre en jurisdiccion, y entonces, metiendo la
-muleta en el terreno del toro para buscarle el ojo por donde ve, y
-haciendo el quiebro correspondiente, dará la estocada, y rematará la
-suerte del modo anteriormente esplicado.
-
-Lo que he advertido de meter la muleta en el terreno del toro para que
-la vea no se crea que es indiferente, pues en ello consiste en gran
-parte el buen resultado de la suerte: si no se hace, el toro, que ve
-desaparecer casi del todo el bulto que tenia delante, se revuelve hácia
-el lado tuerto con una estraordinaria prontitud, y aunque tenga clavada
-ya la espada, si el diestro se quedó parado, lo cual es muy probable por
-lo mismo de ser tuerto el toro, podrá sufrir un embroque, del que no
-siempre saldrá con felicidad.
-
-Tambien los toros tuertos del ojo izquierdo se matan con mucha facilidad
-siempre que sean boyantes, y aunque conserven piernas; pero es necesario
-con ellos tener muy bien parados los pies, y cuando lleguen á
-jurisdiccion hacerles humillar mucho y pronto, bajándoles la muleta, y
-haciéndoles un buen quiebro para vaciar el cuerpo del centro en que se
-habrá ya marcado la estocada.
-
-Aunque como ya he dicho no hay peligro en dejarles las piernas á estos
-toros, sin embargo no será inútil quitárselas, pues se revuelven
-muchísimo, por razon de que ven muy bien la huida del diestro, y no se
-pueden distraer por el otro lado, que es el tuerto, de manera que en
-teniendo muchas piernas pueden deslucir la suerte con peligro del
-torero. Es sin embargo rarísimo, y solo sucede cuando son toros muy
-codiciosos y malos; pero las demas clases de tuertos rematan lo mismo
-que los mas boyantes, y mucho mas si van bien castigados del hierro.
-
-
-ARTÍCULO II.
-
-_De la estocada á vuela pies._
-
-Joaquin Rodriguez (vulgo) Costillares hizo inmortal su nombre entre los
-toreros y aficionados no solo por su destreza poco comun, y su profundo
-conocimiento, sino por la invencion de la estocada á vuela pies.
-
-En efecto, esta nueva suerte, que vino á enriquecer la tauromaquia, es
-digna por sí de los mayores elogios, y no deja perder de vista la
-maestría de su autor. Sin ella no tendriamos recursos para matar ciertos
-toros que por su intencion ó por su estado particular no arrancan, ni se
-prestan á suerte alguna, y que se quedarian vivos, ó moririan de un modo
-poco agradable, mientras que por ella se matan del modo mas brillante y
-satisfactorio.
-
-Es susceptible de hacerse con toda clase de toros, siempre que se hallen
-en el estado de aplomados, único oportuno para ejecutarla con toda
-seguridad.
-
-El modo de practicarla es muy sencillo, pues consiste en armarse el
-diestro para la muerte sobre corto, por razon de que el toro no arranca,
-lo cual es requisito preciso para la suerte, que por esto tambien la
-llaman algunos _á toro parado_: estando pues armado asi, se espera el
-momento en que el toro tenga la cabeza natural, y yéndose con prontitud
-á él se le acercará la muleta al hocico bajándola hasta el suelo para
-que humille bien y se descubra, hecho lo cual se mete la espada saliendo
-del centro con todos los pies.
-
-Por medio de esta suerte, no muy dificil, como se ve, se dan las mejores
-estocadas, y en el dia puede afirmarse sin riesgo de errar que no hay
-otra mas segura, siempre que se haga con todas las precauciones que el
-grado de perfeccion á que el arte ha llegado hace considerar como
-indispensables.
-
-Cuando Joaquin Rodriguez inventó esta suerte no estaba la tauromaquia en
-posesion de tantos descubrimientos útiles ni tantas exactas
-observaciones como en el dia, por lo que dicha suerte no tenia la
-seguridad y el lucimiento que ahora. Para convencernos de esta verdad
-no es preciso sino atender al estado presente del arte, que enriquecido
-con los preceptos que la práctica sobresaliente de tanto profesor hábil
-le ha prodigado, está bajo un pie mucho mas sabio y mas exacto que en
-los tiempos mismos en que florecieron estos genios de la tauromaquia,
-que tanto la impulsaron hácia la cima de su perfeccion. Asi es que esta
-suerte se resentia en cierto modo de la rudeza de aquel tiempo, y quizás
-sea esta la causa de las cogidas que se han verificado en ella.
-Efectivamente, en el dia ningun matador que tenga un mediano
-conocimiento y una regular destreza sufrirá cogida en dicha suerte si la
-hace con las condiciones que son precisas y necesarias para su buen
-resultado. Estas condiciones son: la primera, el estado aplomado del
-toro; la segunda, la igualdad de sus pies; y la tercera, la atencion á
-su vista. Sin estas condiciones la suerte es peligrosa, aunque infinitas
-veces haya dado un feliz resultado.
-
-El estado aplomado del toro es absolutamente indispensable para
-verificar con seguridad una suerte que se funda en su completa
-inmovilidad. Son funestísimos los resultados que acarrearia el desprecio
-de este precepto. Si por no estar verdaderamente aplomado arranca hácia
-el diestro despues que éste salió hácia él, ¡cuán probable es la cogida!
-A lo menos de tres veces que se dé este caso, en una se verificará, y
-será de muy graves consecuencias, y las otras dos, ó no se hará la
-suerte, ó será deslucida, y en vez de aplaudir los espectadores,
-tacharán al diestro como poco hábil.
-
-Ni se crea que es de menor utilidad el atender á la igualdad de las
-piernas del toro. No debe intentarse jamas el vuela pies sin esta
-precaucion con aquellos que aunque verdaderamente aplomados, conservan
-cierto grado de vigor y fuerza, que es á lo que llaman los toreros
-_estar el toro entero_. Y no solo en este caso, en todos debe atenderse
-esta circunstancia, no por otra razon mas, si no porque con ella,
-existiendo las demas, no hay el menor riesgo, mientras que por el
-contrario, aunque concurran las otras, como esta falte el peligro no
-está lejos, siendo muchas las veces en que basta ella sola para
-asegurarnos en la suerte.
-
-Por otras razones se manifiesta la eficacia de esta condicion para el
-buen éxito de la suerte, y la particular atencion que merece. La primera
-es, que el toro tiene dado un paso, que sería preciso lo diese en caso
-de querer partir teniendo los pies iguales: la segunda, que tiene
-firmeza para arrancar, y hecho el punto de apoyo para la carrera, que en
-estas circunstancias está ya engendrada; y tercera, que esto indica
-estar sobre sí, y de consiguiente que no está exactamente aplomado.
-Estas razones bastan por sí para convencer á cualquiera de la utilidad
-de esta nueva observacion, cuya exactitud confirma la esperiencia. No sé
-á ciencia fija el tiempo en que se hizo: unos la atribuyen á Guillen, y
-otros la hacen anterior á él; sea lo que quiera, ella es bastante
-moderna y de mucha utilidad, por lo que ha llegado á ser un axioma entre
-los toreros.
-
-La atencion á la vista del toro ni es supérflua, como pretenden algunos,
-ni es tampoco de primera necesidad, como quieren otros: hay casos en que
-es absolutamente indiferente que la tenga fija en este ó en aquel
-objeto, ó que ande reconociéndolo todo, mientras que por el contrario,
-algunas veces se hace preciso que esté fija en alguna parte.
-
-Cuando se va á intentar el vuela pies con un toro boyante,
-verdaderamente aplomado, que humilla bien, que tiene los pies iguales, y
-en fin, que no da el más mínimo motivo de recelo, se puede verificar
-aunque tenga la vista fija en el diestro sin peligro alguno: vice-versa,
-cuando el toro sea de sentido, ó no esté exactamente aplomado, ó conozca
-al matador &c., entonces será muy oportuno írsele acercando paso á paso
-hasta estar muy corto, y en viendo que vuelve la vista dejársele caer
-encima y dar la estocada; de lo contrario se corre bastante riesgo. Este
-precepto, de no menor utilidad que los antecedentes, no se despreciará
-jamas en el caso bastante frecuente de aplomarse el toro por haberlo
-pinchado el diestro, y se observa que le conoce, que se tapa á sus
-cites, y que no lo pierde un momento de vista; en tales circunstancias
-se hace necesario no irse á él cuando la tenga en el bulto, porque se
-tapará, y con derrotes continuos lo desarmará, y lo pondrá en el lance
-mas crítico que le pueda acontecer.
-
-De todo lo dicho se deduce que la estocada á vuela pies es muy facil y
-segura en el dia, y de mucha utilidad; sin ella, ¿cómo se mataria un
-toro que teniendo querencia casual en las tablas, se pusiese de nalgas
-en ellas, y no obedeciese á cite alguno? En efecto, esta suerte es el
-único recurso seguro y brillante que posee el diestro para desempeñar
-felizmente su proyecto en todos los casos en que el toro, sea por
-querencia ó por otro cualquier accidente, no corresponde á su envite y
-no hace por él.
-
-El vuela pies, como dije antes, es susceptible de hacerse con todos los
-toros, sea la que quiera su clase, lo cual no influye en el modo de
-hacerla, que es igual en todos: la única diferencia se tomará de los
-accidentes particulares de los toros y de las circunstancias en que se
-ejecuta. Asi es, que me parece á propósito para cerrar este artículo dar
-una noticia de los casos particulares en que con mas frecuencia se
-tiene precision de hacer esta suerte.
-
-Cuando un toro que tiene querencia casual con los tableros se va á pasar
-de muleta, y no sale á los cites aunque conserve piernas, pero que se ve
-humilla bien y que tiene los pies iguales, se le hará el vuela pies
-cambiando los terrenos sin aprension alguna, pues en estas
-circunstancias es segurísimo y muy lucido; pero no se hará jamas
-faltando la querencia, porque en este caso la salida natural del toro es
-por el mismo terreno que el diestro, y en este contraste puede peligrar.
-
-Los toros de sentido se pueden matar á vuela pies con mas seguridad que
-recibidos, siempre que se les quiten cuanto sea posible las piernas, y
-teniendo cuidado de no irse á ellos sino con todas las precauciones que
-hemos dicho son indispensables: tales toros usan con mucha frecuencia
-del ardid de no humillar, lo que hará siempre muy peligrosa la suerte;
-el remedio único y seguro que hay para este apuro es dejarle caer la
-muleta en el hocico, lo que siempre produce el efecto deseado, y se
-aprovecha este momento para asegurarlo de la estocada: de no hacerlo se
-corre el riesgo no solamente de que no vuelva á ponerse en suerte, sino
-que despues de puesto se tape, y que escarmentado del pinchazo, y
-conociendo la estratagema, no humille tampoco al tirar la muleta, y deje
-al diestro embrocado y desarmado. Por consiguiente será muy oportuno no
-desperdiciar ningun momento con ellos, y en la primera suerte que hagan
-asegurar su muerte, confiado el diestro de que será aplaudido por los
-verdaderos aficionados inteligentes.
-
-Cuando un toro está completamente aplomado y de nalgas contra las
-tablas, será necesario que el matador se decida á darle la estocada á
-favor del vuela pies; pero este jamas se intenta sino despues de estar
-cerciorado de la imposibilidad de hacer arrancar al toro, que para este
-vuela pies mas que para otro debe estar sin piernas algunas: seguro ya
-el matador de que el toro tiene las condiciones que apetece, hará que
-los chulos lo pongan en la misma direccion que las tablas en cuanto sea
-posible, y dándoselas á él se pondrá en su rectitud, y cuando observe
-que tiene todos los requisitos que se requieren para hacer la suerte con
-éxito, dejarse caer para darle la estocada, saliendo con todos los pies.
-Esta suerte es la mas espuesta, porque si el toro se revuelve se
-encuentra el diestro encerrado entre él y las tablas; por eso se
-intentará tan solo cuando se vea la imposibilidad de hacerlo mover del
-sitio en que está, y cuando por sus pocas piernas no pueda dar que
-temer.
-
-Cuando conserve aun algunas, y esté en la disposicion que dijimos
-anteriormente, se procurará enderezarlo con las tablas, esto es, hacer
-que se ponga mirando á la plaza, en la cual disposicion se le dará el
-pase regular, y en seguida el vuela pies, con la espalda á las tablas,
-pues siendo esta su querencia, y teniéndolas muy á la vista en el remate
-de la suerte, no corre el diestro ningun peligro.
-
-Algunas veces, aunque raras, se ve aplomarse un toro en los medios de la
-plaza, lo cual por lo general es efecto de haber sido lidiados ya, y es
-tanto mas espuesto, cuanto que unen á su malicia estremada la entereza
-de sus piernas, pues los toros de que hablamos, como no se prestan á
-suerte de ninguna especie, llegan á la muerte con el mismo vigor ó poco
-menos que cuando salen. El vuela pies en esta ocasion es
-multiplicadamente mas dificil que en otra alguna, y aconsejo al que lo
-intente que se lleve al lado un chulo bastante inteligente que tiente al
-toro á ver si sale; seguro de que no, se armará á la muerte, aguardará á
-que tenga los pies iguales, y hará que el chulo con algun movimiento
-pequeño le distraiga, para que volviendo la vista proporcione al matador
-el momento de hacerle la suerte, siendo ademas preciso que el chulo le
-meta el capote al mismo tiempo que el matador va á salirse del centro,
-para que distraido por este segundo objeto que lo cita y obliga, sentido
-del castigo, y sorprendido por un bulto que casi no vió venir, se evite
-el que se revuelva y se apodere del diestro, aunque tuviese dada la
-estocada; por lo que recomiendo con particular empeño que siempre se
-salga por pies.
-
-
-ARTÍCULO III.
-
-_De la estocada á la carrera._
-
-La estocada á la carrera, que puede muy bien llamarse á _toro
-levantado_, es muy lucida y segura, pero ofrece bastante dificultad para
-marcarla bien.
-
-Se puede ejecutar de dos modos, que no se diferencian en otra cosa mas,
-si no en que en uno va un chulo corriendo el toro, y en otro el toro va
-levantado, sin que nadie lo haya citado.
-
-La suerte no consiste mas, si no en salir armado al encuentro del toro,
-y darle la estocada segun las reglas ya establecidas. La única
-dificultad que ofrece, comparada con las otras, es la de no ser muy
-facil el marcarla bien, por razon de la violencia que trae el toro, y el
-de no haber tenido el diestro tiempo para hacer fijo el punto de vista,
-por lo que he visto dar frecuentes marronazos.
-
-Esta suerte se puede hacer con mucha seguridad á los toros de sentido,
-en teniendo especial cuidado en salirse para marcar la estocada fuera
-del centro que ellos traen: asi se evita el embroque muy peligroso con
-ellos, y como por la violencia de su viaje no pueden volverse para
-rematar sobre el bulto, se concluye la suerte bien.
-
-Con todas las demas clases se hace del mismo modo que hemos dicho; pero
-con los bravucones se debe tener un cuidado particular, porque en esta
-suerte, mas que en ninguna de las esplicadas, rebrincan, y asi convendrá
-hacerla como he dicho para los de sentido, con lo que se precabe el que
-puedan dar la cogida.
-
-El modo de hacer esta suerte á los toros burri-ciegos y á los tuertos se
-deduce necesariamente y sin dificultad de la esplicacion que hemos dado
-de ella, y del conocimiento que ya tenemos de las modificaciones que
-para ellos deben hacerse en toda clase de suertes.
-
-
-ARTÍCULO IV.
-
-_De la suerte á media vuelta._
-
-La estocada á media vuelta, cuyo mecanismo es igual al de las
-banderillas de esta clase, es una suerte de recurso para matar aquellos
-toros que por su índole ó por algun accidente no arrancan, ó se tapan, ó
-bien dan que temer por rematar sobre el bulto: en solas estas
-circunstancias se usará esta, sin que padezca en nada la reputacion del
-diestro que la ejecuta, pero en otras es deslucida.
-
-Siendo en todo igual su práctica á la de las banderillas á media vuelta,
-sería una molesta repeticion detenerme en su esplicacion; lo único que
-tengo que advertir es, que la suerte se haga con mucha rapidez apenas se
-empieza el toro á revolver, para no llegar á embrocar, y no dejarle
-tiempo para que reconozca al diestro y se tape á su envite; ademas que
-al dar el toro la media vuelta vuelve siempre muy humillado en virtud
-del cite que sobre corto le hizo el diestro por detras, y en dejándosele
-caer encima con decision no la concluirá sin tener en sí la herida que
-pronto lo acabará.
-
-Cuando se aplome un toro en los medios de la plaza será preferible esta
-suerte al vuela pies que en su lugar dijimos, y se deberá llevar un
-chulo que lo entretenga por delante mientras va el matador por detras á
-ponerse á la distancia debida.
-
-
-ARTÍCULO V.
-
-_De la estocada á paso de banderillas._
-
-Esta suerte se hace principalmente con los toros que son tardos á
-partir, pero que conservan piernas, por cuya razon no se juzga oportuno
-el vuela pies. Tambien se hace con los toros malos, esto es, de
-sentido, principalmente cuando se ponen en los tercios de la plaza
-engallados y no salen á los cites: en este último caso es menester mucho
-cuidado si tienen piernas.
-
-El modo de hacerla es tomar el diestro la tierra que juzgue conveniente
-atendiendo al estado del toro y á sus muchos ó pocos pies, y tomada que
-esté, hacer que nadie ande al lado del toro, para que no le hagan perder
-la posicion; y él en la suya liar la muleta y preparar el brazo lo mismo
-que si lo estuviera esperando para recibirlo: en esta posicion arranca
-al toro, haciendo una especie de cuarteo como en las banderillas de esta
-clase, pero el brazo de la espada no lo reserva hasta estar cuadrado,
-sino que en el embroque, cuando el toro humilla y dentro aun del centro,
-como dijimos en las otras suertes de matar, es cuando marca la estocada,
-haciendo al mismo tiempo el quiebro de muleta con que se sale del centro
-para dejarse caer con fuerza sobre el toro y apurar la estocada hasta la
-guarnicion, pues que el mérito de esta suerte consiste principalmente en
-que hecho el quiebro de muleta, el diestro no se aparte del toro, sino
-que se le deje caer encima; asi es que cada momento la estamos viendo
-hacer sin que le claven mas de una cuarta de espada, con lo que no se
-mata ningun toro, y sí se le resabia para que luego se tape y se ponga
-en defensa. La suerte no carece de mérito y de gracia, pero tampoco pasa
-de ser una de las que los toreros llaman de recurso, esto es, de
-aquellas de que se echa mano para matar las reses que no permiten se les
-hagan las suertes de primera ó de mas lucimiento, por consiguiente que
-ya dan algun cuidado, de manera, que se debe tratar de asegurarlas y no
-darles en valde ningun pinchazo.
-
-Por tanto, recomiendo la presente á los toreros que sepan hacer bien el
-quiebro de muleta, y sin apartarse del toro hasta envainarles todo el
-acero que puedan dentro del cuerpo; en este caso es suerte de mucho
-mérito.
-
-He oido llamar muchas veces vuela pies al paso de banderilla, lo cual es
-una notable equivocacion, por lo que el vuela pies neto, de que ya dimos
-noticia, se llama por muchos _vuela pies mejor_.
-
-La suerte que dejamos esplicada, como suerte de recurso que es, se puede
-ejecutar con todos los toros.
-
-
-
-
-CAPITULO XII.
-
-_Consecuencias de la estocada de muerte._
-
-
-La estocada de muerte, cuyas reglas dejamos esplicadas, se practicará
-siempre con felicidad y perfeccion en ejecutándola segun ellas, pero no
-todas las veces será su consecuencia la muerte inmediata del toro.
-
-En efecto, la estocada por alto, ó sea por la cruz, son infinitas las
-veces que no se puede clavar lo bastante, por la reunion de los huesos
-que forman la eminencia en que concluyen los rubios, y es el sitio de
-preferencia para la estocada: de aqui procede la frecuencia con que
-vemos saltar la espada sin haber el diestro podido evitarlo, ni hacer
-mas de su parte, por lo que no debe medirse el mérito de la suerte en
-razon inversa del número de estocadas, consistiendo menos en habilidad
-que en fortuna el matarlos de la primera.
-
-Las estocadas por lo alto producen inmediatamente la muerte, cuando
-entrando por entre dos vértebras cortan la MÉDULA ESPINAL, cuando coge
-la espada lo que los toreros llaman la _herradura_, cuando el toro está
-_pasado de parado_, y cuando está _descordado_.
-
-Las estocadas que interesan la médula son las mas airosas que se pueden
-imaginar: ellas producen la muerte con la misma rapidez que la puntilla,
-pues su mecanismo es igual, y la única diferencia está en el sitio en
-que se verifica; asi es que pasma ver venir al toro con una furia y
-violencia grandes, y apenas llega á la espada, y casi sin haber sido
-pinchado, caer sin átomo de vida el que un momento habia era un monstruo
-de fuerza y de valor.
-
-Las estocadas que pasan la _herradura_ producen inmediatamente la muerte
-del toro, aunque solo se le haya introducido media espada.
-
-Esta estocada es tambien muy lucida, aunque no tanto como la
-antecedente, y es algo mas frecuente. Se conoce que la espada corta la
-_herradura_, en que entra oblicua, un poco baja y en el pecho: el toro
-se detiene un poco, se queda en pie, pero sin fuerzas, y no arroja
-sangre ni por la herida ni por parte alguna, y al poco tiempo cae muerto
-sin necesitar á veces de puntilla.
-
-Da una idea muy brillante del diestro y de su inteligencia el conocer
-cuando la estocada corta la herradura, pues en este caso se irá á hacer
-la cortesía de costumbre, dejando en pie al toro, y á los espectadores
-suspensos momentáneamente, porque la pronta muerte de aquel, quitándoles
-la duda, les da un testimonio de la maestría del ejecutor.
-
-Las otras estocadas por alto que matan prontamente á los toros son las
-que entrando por la cruz pasan al pecho, por traer una direccion casi
-perpendicular; y pasándole los pulmones, les hacen arrojar sangre por la
-boca, causándoles muy en breve la muerte. Muchos confunden esta estocada
-con los _golletes_, lo cual es efecto de muy poca inteligencia, pues
-tienen un mérito sobresaliente estas, en razon á que para pasar el toro
-asi es necesario tener los pies muy parados, hasta el momento que esté
-en el centro de la suerte muy humillado, y entonces meter el brazo de la
-espada, hasta ahora reservada, en una direccion vertical; todo lo que es
-muy lucido y dificil. A esta clase de estocada; por razon de sus
-circunstancias, llaman los toreros _pasadas por pararse_, y al toro que
-está herido de ella _pasado de parado_. No deben confundirse jamas los
-toros muertos por ella con los que fueren muertos de _gollete_.
-
-Los toros que reciben una estocada por alto y quedan descordados, aunque
-caen á tierra muy pronto, no obstante, quedarian vivos si no se les
-diera la puntilla, pues la estocada lo que hace es cortar ó bien los
-tendones que les sirven para el manejo de los brazos, ó bien los nervios
-que les dan la vida; por lo que no pueden tenerse en pie, y caen como
-heridos de un rayo algunas veces, y como en el suelo no pueden
-defenderse, son acachetados con facilidad.
-
-Las estocadas por bajo nunca son del mérito que las por alto; pero en
-muchas ocasiones se deben dar, y por consiguiente tienen tambien el
-suyo. Ya hemos marcado todas las veces en que son preferibles, y aqui
-solo nos resta que decir que se llaman genéricamente _golletes_, y que
-matan prontamente al toro, porque entran en el pecho y le pasan los
-pulmones.
-
-Muchas veces tambien sucede que la espada entra oblicua, y asoma la
-punta por el otro lado; esto es muy feo, y depende de haber hecho mal la
-suerte: entonces se dice que está el toro _atravesado_. Tambien suele
-suceder que se corte la carne que une la cara inferior de la espaldilla
-con las costillas, de lo que resulta que cuando el toro se apoya en el
-brazo de aquel lado, se eleva el hueso mucho mas de lo natural, y el
-animal anda con fatiga y cojeando.
-
-Otras veces cuando el toro se ciñe mucho en la suerte de muerte, ó bien
-da una colada, sucede que la espada entra por el lado contrario del que
-debia, esto es, por el izquierdo del toro, y muchas veces ni aun lo
-pincha: á esto es á lo que los toreros llaman _irse la estocada por
-carne_. Tambien sucede con bastante frecuencia en este caso entrar la
-espada por el tejido que hay debajo de la piel, y seguir por entre el
-cuero y carne, sin hacer casi ningun daño al toro, á lo que llaman
-algunos con bastante oportunidad _envainar_.
-
-Despues que se han dado estas diferentes estocadas, aun cuando el toro
-esté herido de tal modo que no necesite recibir otra, no obstante, suele
-tardar mucho tiempo en echarse, y tardaria mucho mas si no se emplearan
-los recursos que para estos lances tiene el arte. Si el matador se dejó,
-como es lo mas frecuente, la espada dentro, deberá conocer si le trae
-mejor cuenta que permanezca metida, y que el toro se la meta mas, ó si
-sacándola tendrá que echarse mas pronto. Cuando la espada está puesta en
-buen sitio, que interesa partes bastante nobles, y por estar poco
-introducida se mantiene en pie el toro, se le deben dar por el mismo
-lado de la espada capotazos secos, esto es, que no le hagan dar vueltas
-como para matarlo, sino solamente tirar una cabezada sobre aquel lado,
-con la que se la clava mas él solo. Cuando por el contrario se quiere
-que el toro eche la espada, ya porque estorba para ponerle otra, ya
-porque sacándola se desangra mas y caiga, como es muy frecuente, se le
-deben dar los capotazos por el lado opuesto, con lo que la espada va
-saliendo: tambien se le puede echar un capote á la cruz de ella, para
-sacarla agarrada con él. Luego que haya salido, y se vea que la herida
-da alguna sangre, deben los chulos ponerse á los lados, y empezar á dar
-tambien capotazos secos, alternando los de un lado con los del otro,
-para que el toro tire un achazo á la derecha y otro á la izquierda, con
-lo que echa mucha sangre, y va perdiendo las piernas y la cabeza hasta
-que cae: se le obliga muchas veces á echarse mas pronto mareándolo,
-haciendo que dé vueltas.
-
-Muchas veces tambien sucede que el toro que ha recibido una ó mas
-estocadas se aploma en la querencia contra los tableros, y aunque ya
-está casi muerto no se echa ni sale á los cites: en este caso debe
-dejársele un par de minutos quieto y solo á ver si se echa, y que
-únicamente se le acerque el cachetero cuando ya se haya echado; pero si
-permanece en pie con la cabeza baja y sin piernas, se debe tentar por
-todos los medios que hay á ver si sale, y cerciorado el diestro de que
-no, liar y enguionarlo varias veces para ponerle bien la cabeza, que si
-no está muy baja, se hace que la ponga tocándole con la punta de la
-espada en el hocico y en el testuz, para que se descubra bien y se le
-pueda descabellar. Se debe tener la precaucion para hacer esta suerte de
-tener un chulo ó dos que sean de bastante inteligencia, para sino se
-mata al toro, y sale tras el diestro por el pinchazo que recibió, le
-metan los capotes, porque la mala posicion en que aquel estaba cuando
-intentó descabellarlo no le permite alejarse del centro con ventaja
-bastante.
-
-Algunas veces suele echarse el toro teniendo aun algun vigor, y estando
-el matador delante; en estos casos se recela con frecuencia del
-cachetero que siente venir por detras, y se levanta ó hace el amago:
-cuando tal suceda, el matador debe atronarle con las mismas precauciones
-que dijimos debia tomar para descabellarle, pues la accion es la misma,
-sin otra diferencia que _descabellar_ se dice cuando el toro está en
-pie, y _atronar_ cuando está echado, aunque la mayor parte de la gente,
-y aun de los toreros, no conocen esta diferencia, y dicen generalmente
-_atronar_.
-
-
-
-
-CAPITULO XIII.
-
-_Del ver llegar los toros._
-
-
-Inútil sería cuanto hemos dicho hablando de las suertes, si no
-llamásemos muy particularmente la atencion sobre esta importante parte
-del arte de torear.
-
-Consistiendo todas sus reglas en hacer á tiempo los correspondientes
-movimientos para librarse del toro, y correspondiendo á cada uno de los
-que este hace en la suerte uno del torero con que lo elude, es evidente
-que es menester tener la vista fija siempre en él para combinar muy á
-tiempo aquellos movimientos, y á esto es á lo que los toreros han
-llamado _ver llegar los toros_. Pasemos, pues, á marcar en cada una de
-las suertes esplicadas el modo y el momento de verlos llegar con
-perfeccion.
-
-En las suertes de capa hay que atender, primero al momento en que entra
-el toro en jurisdiccion, y humilla; segundo al instante en que mete la
-cabeza en el engaño; y tercero al tiempo en que estando fuera tira la
-cabezada. Se debe atender á lo primero, porque nos muestra si es preciso
-enmendar el terreno, ó cambiarlo, ó bien permanecer tranquilo, porque
-la res camina sencillamente por el suyo: á lo segundo, porque marca
-cuándo debemos cargarle la suerte, y hacer el quiebro que divide los
-terrenos; y á lo tercero, para tirar los brazos á tiempo, y darles el
-remate largo ó corto, por alto ó por bajo, segun lo requiera el carácter
-del toro, y para dejarlo prevenido para segunda suerte.
-
-Si hemos visto lo necesario que es el ver llegar á los toros en las
-suertes de capa, debemos inferir lo útil que será en todas las de
-banderillas. En efecto, el que banderillea debe observar el momento en
-que el toro llega á jurisdiccion, humilla, tira el achazo, sufre el
-destronque y se repone, y le reconoce el viaje; para embrocar,
-cuadrarse, meter los brazos y salir con pies, á tiempo todo y cuando sea
-necesario, pues el buen éxito de la suerte consiste en acomodar con
-oportunidad á cada movimiento del toro que él nos marca el arte para
-burlarlo, en atencion á que nos pone en situacion de conseguir nuestra
-idea, sin tener ni aun remotamente algun peligro, y será imposible el
-verificarlo sin estarlo observando exactamente para ver el momento en
-que efectúa los movimientos que nos sirven de guia. Por tanto, sin este
-requisito, inseparable é hijo del valor, jamas se toreará con perfeccion
-y seguridad.
-
-El ver llegar los toros no es menos necesario en la suerte de recorte
-que en las anteriores. El que recorta debe tener muchísimo cuidado en
-observar con exactitud cuándo entra en el centro del quiebro, y el
-momento de la humillacion y colada del toro, para hacerle aquel á tiempo
-y meterse en su terreno, concluyendo asi la suerte con seguridad.
-Tambien deberá volver la cara para observar la salida del toro, ver si
-se repone pronto y si le observa el viaje, para salir ó no con pies,
-segun el caso lo exija. El menor descuido en esto puede acarrear muchos
-daños: las suertes son segurísimas, en usando á tiempo de las reglas y
-movimientos que posee el arte para lograr un éxito feliz: para esto es
-indispensable prestar mucha atencion á los movimientos que los toros
-hacen, que son los que marcan el movimiento oportuno de ejecutar
-nosotros los que han de inutilizarlos, resultando la seguridad de ellas
-de la exacta ejecucion de dichos movimientos, segun las reglas
-infalibles de la tauromaquia.
-
-En efecto, jamas peligrará el que use de ellas á tiempo, para lo cual es
-indispensable el ver llegar los toros, pues si ellos son los que nos
-marcan las reglas de que debemos usar, y el momento de su aplicacion,
-¿se podrá ejecutar seguramente sin este requisito suerte alguna?
-Ciertamente que no; y es tanto mas necesario en la de recortes, como que
-en ella no tenemos clase alguna de engaño para nuestra defensa, la cual
-está toda en hacer el quiebro muy á tiempo, lo que es imposible sin ver
-llegar al toro.
-
-Este requisito es cuando menos tan necesario en la suerte de parcheo
-como en la de banderillas, y consiste en observar al toro lo mismo que
-dijimos en aquella, y son tambien los mismos movimientos, pues como ya
-hemos visto, la suerte es una en lo esencial, y solo se diferencia por
-los accidentes.
-
-En los pases de muleta es indispensable á lo menos ver llegar los toros,
-y tanto mas cuanto se separa en ella el cuerpo del engaño, pues si por
-falta de ver llegar se adelanta la suerte, y antes de que el toro tome
-el engaño se mete el diestro en su terreno é intenta rematarla, por
-sencillo que sea, como no está empapado en ningun objeto, y advierte
-dentro el bulto mayor, irá á rematar sobre él y lo embrocará por la
-espalda, siendo inevitable la cogida como el toro conserve los pies. Asi
-es que se hace indispensable estarle observando exactamente, y ver el
-momento en que llega á jurisdiccion y toma el engaño para hacer la
-suerte á tiempo, siendo mejor en esta atrasarse un poco que adelantarse,
-pues como ya he dicho es espuestísimo.
-
-Si es necesario en todas las suertes ver llegar los toros, tanto mas lo
-será en la de muerte, por ser mas complicada que otra alguna. En efecto,
-es preciso observar en ella, lo primero, cuándo llega el toro á
-jurisdiccion; lo segundo, cuándo humilla; lo tercero, cuándo llega á la
-espada; lo cuarto, cuándo está en el centro; lo quinto, cuándo sale de
-él; y lo sesto, cuándo remata. En no observando muy exactamente estos
-movimientos no puede salir la suerte con la limpieza y seguridad que sus
-reglas garantizan: es pues de primera necesidad atenderlos y medirlos
-para hacer el quiebro y salirse del centro muy á tiempo, dejando ademas
-clavada la espada en el momento que en su lugar dijimos.
-
-Cuanto llevo dicho en este capítulo sobre lo útil que es ver llegar los
-toros en las suertes, se debe entender de todas las demas que se
-conocen, pues no hay una que sea segura si falta este requisito.
-
-
-
-
-CAPITULO XIV.
-
-_De algunas otras suertes de á pie._
-
-
-Ademas de todas las suertes de que ya he hablado, se suelen hacer
-algunas otras, que aunque no tan frecuentes, sin embargo importa mucho
-conocer. Asi es que daré una sucinta esplicacion de ellas, pero que
-bastará para ejecutarlas con seguridad, mediante las nociones que
-preceden.
-
-Empezaré por los modos de saltar los toros que son mas frecuentes, y
-siguiendo el orden de la antigüedad de estos saltos, será el primero q
-ue nos ocupa el salto tras-cuerno.
-
-
-ARTÍCULO PRIMERO.
-
-_Del salto á tras-cuerno._
-
-Para dar este salto se sale al toro con el cuerpo limpio como si se le
-fuera á hacer un recorte, pero tomándolo bastante atravesado; se
-procurará que el toro conozca el viaje para que empiece á cortar tierra,
-y el diestro irá deteniéndolo ó acelerándolo, segun lo que calcule que
-sea suficiente para llegar á hacer el centro de la suerte enteramente
-atravesado y con la salida tapada: en este caso hace la humillacion el
-toro para recoger el bulto, y el torero se aprovecha de este momento
-para saltar por cima de los cuernos y librar la cabezada: tiene este
-salto la ventaja de no cortar la violencia del viaje, por lo cual se
-puede hacer con toda clase de toros, en atencion á que por mucho que sea
-el vigor que tengan en las piernas, y la prontitud con que se revuelvan,
-nunca podrán hacerse dueños del bulto.
-
-
-ARTÍCULO II.
-
-_Del salto sobre el testuz._
-
-Parece que el famoso Lorencillo, cuya ligereza sabemos que fue
-estremada, lo ejecutaba con mucha limpieza, y que su discípulo, el
-célebre y desgraciado José Cándido, no le cedia en nada dando esta clase
-de salto.
-
-Se puede hacer esta suerte de dos modos, ó bien estando parado, citando
-al toro, y esperándolo hasta que entre en jurisdiccion y humilla para
-recoger el bulto, en cuyo momento se le pone el pie en la raiz de los
-cuernos y en el medio de la cabeza ó testuz, para librarlo todo de un
-salto y caer por la cola, saliendo con todos los pies, ó bien, y es lo
-menos frecuente, salir á él con diferente viaje, y cuando se llegue á
-embrocar dar el salto del modo dicho. De cualquiera de ellos es una
-suerte muy lucida, y que necesita que el diestro reuna en un grado muy
-superior las cualidades necesarias para torear.
-
-Los mejores toros para ejecutar esta suerte son por supuesto los
-boyantes, pero tampoco deben dar ninguna clase de cuidado los que se
-ciñen, los que ganan terreno, y hasta los que rematan en el bulto, en
-teniendo la precaucion de que conserven piernas y tengan la cabeza bien
-puesta, pues muchos toros la tienen muy descompuesta por naturaleza.
-Los toros que dan mas cuidado en esta suerte son los revoltosos, pues
-por el mucho celo que tienen por los objetos, y la fuerza con que hemos
-dicho se sostienen sobre las manos en toda clase de suertes, pueden
-detenerse un poco, alzar la cabeza, ver el bulto por cima, saltar y
-engancharlo; ó bien, por solo detenerse, no dejar el centro libre y caer
-el torero sobre él. Asi es que encargo muy particularmente que no se
-haga esta suerte con esta clase de toros.
-
-
-ARTÍCULO III.
-
-_Del salto de la garrocha._
-
-Para dar este salto se toma una vara de las de detener, y si tiene la
-puya se pone hácia abajo, con lo que se asegura mas en la tierra; se
-retira el diestro en medio de la plaza viendo venir al toro, y puesto en
-la misma rectitud que si fuera á vadear algun arroyo, apoyándose en el
-palo y dando un salto al otro lado; cuando ya la res va á entrar en
-jurisdiccion, se da una pequeña carrera, y se toma la violencia
-necesaria para dar el salto apoyado en el palo y caer por detras del
-toro. Esta suerte, como se ve por su esplicacion, es tambien muy bonita,
-y solo tengo que advertir para su segura ejecucion que no se haga con
-toros revoltosos, porque pueden con facilidad dar una cogida, y que será
-muy oportuno salir con pies, y llevarse si es posible la garrocha, pues
-si dado el salto se deja caer, y luego el toro hace por el cuerpo, no
-hay defensa, mientras que si se queda el diestro con ella podrá repetir
-el salto, lo que tendrá un mérito particular.
-
-
-ARTÍCULO IV.
-
-_De la lanzada á pie._
-
-Esta suerte, aunque ya casi no se ve, tuvo sin embargo tanta nombradía
-antiguamente, por la mucha serenidad que se necesita para practicarla,
-que debemos dar una ligera noticia de ella.
-
-Para ejecutarla debe usarse de una lanza, cuyo palo tenga de largo de
-tres y media á cuatro varas, y de grueso sobre tres pulgadas de
-diámetro, de una madera muy fuerte, y que no salte, ni sea quebradiza.
-
-La lanza propiamente tal deberá tener un palmo de largo, y el grueso y
-ancho correspondientes.
-
-Se situará el diestro á unas seis varas distante de la puerta del toril,
-teniendo la rodilla derecha en tierra, y el regaton de la lanza haciendo
-punto de apoyo en un hoyo, que de antemano debe haberse hecho en
-tierra: la punta debe estar alta, sobre tres cuartas ó poco mas, para
-que corresponda á la frente del toro, que es donde debe clavarse. Toda
-la habilidad de la suerte se reduce, como se ve, á que el toro se clave
-la lanza; y por si esto no sucede, y trata de acometer al bulto, se debe
-tener un capote para defenderse.
-
-
-ARTÍCULO V.
-
-_Del modo de capear entre dos._
-
-Para hacer esta suerte se toma un capote bastante grande, y cada uno de
-los que hayan de capearlo agarra por una punta: se sitúan á la distancia
-que indiquen las piernas del toro, y le harán la suerte conforme las
-reglas que para las de capa dejamos establecidas, debiéndose tener
-presente que los remates son siempre por alto, y que al concluir la
-suerte se deben dar cuatro ó seis pasos de espalda, y cambiar las manos
-del capote, pues hay que tomarlo con la contraria, en razon á que se ha
-dado media vuelta sin cambiar de terreno. Este modo de capear es muy
-seguro, y susceptible de hacerse con todos los toros: la principal
-defensa consiste en que nunca se suelte el capote.
-
-
-ARTÍCULO VI.
-
-_Del modo de picar los toros, montado sobre otro hombre._
-
-Para ejecutar esta suerte se pone el diestro montado en el hombro de
-otro torero, que llevará en la mano la muleta, y el de encima armado con
-la vara de detener, como si fuera verdaderamente á picar. De este modo
-el que tiene la muleta cita al toro conforme á las reglas que para el
-manejo de ella hemos dado, y el de encima, cuando está en la
-humillacion, le pone la garrocha y lo pica. Es inútil decir que quien
-principalmente hace la suerte es el de la muleta.
-
-
-ARTÍCULO VII.
-
-_Del modo de mancornar._
-
-Esta suerte, aunque no es de plaza, es muy lucida, y puede tambien tener
-lugar en ella cuando el toro haya enganchado á alguno, ó cuando por
-fuego ó caida de andamio ú otro accidente se echa la gente á la plaza, y
-es menester sujetar al toro para evitar desgracias.
-
-Por fuerza y habilidad que tenga un hombre no podrá seguramente él solo
-sujetar un toro, aunque no tenga mas que cuatro años; y por eso los
-vaqueros, que son los que con mas frecuencia hacen esta operacion, van
-siempre en número de tres, cuatro ó mas, cuando tratan de _coger_, como
-ellos dicen, una res de cabeza. Sin embargo, un hombre puede, aunque con
-dificultad, sujetar un novillo utrero. Cuando se trate de _coger_ un
-toro, se le debe primero capear, haciéndole sufrir todo el destronque
-posible, y cuando se note que ya está sin piernas, lo cual se consigue
-muy pronto en sabiendo bien sacarles la capa, al pasar por junto al
-cuerpo se le coge el piton con la mano de su lado, esto es, que el piton
-derecho se le asirá con la mano derecha, y la otra, despues de haber
-dado una vuelta con el cuerpo, que debe cargarse y descansar sobre el
-brazuelo, pues es el modo de sujetarlos mejor, cogerá el piton del otro
-lado, pasando por encima del morrillo: inmediatamente deberá otro hombre
-ponerse en el otro lado, y agarrarse otro á la cola, y si quieren lo
-echan en tierra, en donde se le vuelve la cabeza, y se le pone un pie en
-el hocico, con lo que queda seguro. Tambien se hace, cuando no es una
-res de mucho cuidado, torcerle uno la cabeza, meterle el hombro en la
-barba, y tumbarla si se quiere, y si no tenerla asi sujeta, que es lo
-que se llama _embarbar_.
-
-
-
-
-CAPITULO XV.
-
-_De algunas particularidades que debe tener presentes el torero._
-
-
-Los toros no todos cornean bien; hay algunos muy torpes, y todos ellos
-tienen un lado de que son mas diestros: esto es conocido desde el
-momento en que se les ve cornear una vez, y aun cuando no, es bien
-sabido que del lado cuya oreja mueven mas á menudo y menean con mas
-prontitud, de ese cornean mejor. Sucede tambien que del lado porque se
-les ha dado mas salidas en las suertes cogen mas bien, y el torero, que
-debe hacerlas todas con la misma facilidad por cualquiera de ellas,
-deberá buscar siempre para su salida aquel por donde estan mas
-sencillas.
-
-Los banderilleros generalmente no parean bien sino por una mano; de modo
-que aunque el toro esté muy sobre sí, y el cuerno de la huida sea el
-maestro, no se cambian, y por esto son mas frecuentes las cogidas: por
-tanto, les encargo que desde el principio se acostumbren á parear
-igualmente por ambos lados, pues de este modo cogerán siempre á los
-toros por el lado sencillo, y no se les quedará uno por banderillear.
-
-Sucede tambien con mucha frecuencia que un toro que salió boyante
-esperimenta luego una verdadera transformacion, y se hace de sentido, lo
-cual es efecto de haber dado una cogida, ó de haberlo toreado mal. Sea
-por el motivo que quiera, conocida la transformacion, debe el torero
-lidiarlo segun la clase á que nuevamente corresponde, y teniendo
-presente que si se hizo malo por haber dado una cogida, no se le debe
-hacer suerte en el parage en que la dió, pues cuando los toros estan en
-sitio propio y consentidos son muy carniceros, y si dan segunda cogida
-es sumamente peligrosa, y se hace luego casi imposible el apartarlos de
-alli. Esto deben tenerlo presente con mas particularidad los picadores,
-pues ellos son los que se ven mas á menudo en el compromiso de ir á
-buscar al toro en sitio propio: es tal el corage que tienen cuando estan
-en este caso, que yo he visto mas de una vez dar siempre porrazos al
-picador, y pegarse estraordinariamente estando apoderados de un sitio, y
-yendo á buscarlos á él, mientras que estos mismos toros los han sacado á
-otro parage, y han hecho la suerte como boyantes, sin recargar, ni
-mostrar indicios de codicia.
-
-Tambien sucede que los toros esperimentan transformaciones en bien de
-los toreros, y que uno que salió ganando terreno ó rematando en el
-bulto, concluya ciñéndose, ó partiendo como un boyante. Generalmente
-esto sucede porque los tales toros son muy sentidos, se duelen mucho
-del castigo, y como lo esperimentan siempre que se acercan al bulto,
-concluyen muchas veces hasta por echarse fuera: no obstante, deben
-siempre torearse con algun cuidado, principalmente cuando se les va á
-hacer alguna suerte en que no se les pincha, pues se consienten con
-facilidad, y á la segunda entran ya con codicia por el bulto.
-
-Una de las cosas que deben dar mas cuidado al torero es que el toro
-tenga la cabeza descompuesta, y por lo regular tienen de ello la culpa
-los mismos lidiadores, pues aunque es cierto que algunas veces desde que
-salen por la puerta del toril vienen con la cabeza desconcertada, sin
-embargo, lo mas frecuente es que en la plaza se la descompongan con los
-capotazos mal dados, y con las chaquetas y pañuelos que les echan desde
-los andamios: asi los acostumbran á cornear sobre alto, y á tirar
-incesantes derrotes, con que luego desarman al diestro en la suerte. Por
-tanto, recomiendo que nunca se les eche el capote para citarlos al
-testuz, sino siempre bajo, para que se acostumbren á humillar bien y
-descubrirse; y los matadores tendrán un especial cuidado cuando vayan á
-matar, para si el toro no tiene bien compuesta la cabeza arreglársela
-con la muleta, ó con una capa si fuere menester, advirtiéndoles que el
-lance peor en que puede verse el torero es cuando en la estocada de
-muerte el toro se para en el centro tirando derrotes, y lo desarma. En
-este caso la cogida es casi inevitable, pero sí se puede hacer que no
-llegue este lance con solo cuidar de componerle la cabeza.
-
-Asi como los caballos, tienen los toros algunas veces un brazo ó una
-pierna mas fuerte, y un lado de mas vigor por donde cogen mejor: el
-torero debe observar todo esto para combinar la suerte del modo mas
-seguro.
-
-Tambien deben los toreros tener presente, y los de á caballo con
-particularidad, que cuando los toros echan tierra y escarban tardan en
-arrancar, y generalmente no lo hacen hasta nuevo cite, ó hasta que los
-obligan de nuevo; tambien es constante que antes de arrancar vuelven de
-pronto y enderezan las orejas y hacen una grande inspiracion, que se
-conoce en lo que hinchan el ijar.
-
-Otra advertencia importante es que cuando se trata de _abrir_ el toro,
-esto es, desviarlo un poco de las tablas para hacer suerte con él, se
-deben dar los capotazos por dentro para que el toro dé una vuelta, cuyo
-remate es sobre el terreno de afuera, y quede en disposicion de hacer
-suerte. Cuando por el contrario está muy desviado y se trata de
-_cerrarlo_ un poco, los capotazos se darán de fuera á dentro.
-
-Se puede muy bien considerar en los toros dos acciones principales, á
-saber, _la ofensiva_ y _la defensiva_: se entiende por accion ofensiva
-todo movimiento del toro cuyo objeto es apoderarse del bulto, cogerlo,
-destrozarlo; y por accion defensiva, aquella con que intenta evadir las
-suertes, y evitar el daño que en ellas esperimentó ya. En la primera de
-estas acciones se comprenden _las arrancadas_, _la humillacion_, _el
-achazo_ &c.; y en la segunda _el taparse_, _vaciarse de los centros_ &c.
-&c.
-
-La _accion ofensiva_ es mas propia de los toros bravos y boyantes, y la
-demuestran en la mas pequeña cosa; asi es, por ejemplo, que estos toros
-cuando van siguiendo á un peon y se les escapa por un burladero se
-quedan cornándolo con corage, que es á lo que se llama en el toro
-_rematar_: la _accion defensiva_ por el contrario es mas inherente á los
-toros abantos, y mas particularmente á los de sentido, que parece muchas
-veces que la saben hacer servir tan bien como medio de ofender.
-
-Como no todos los toreros son tan diestros que puedan estar seguros de
-ser jamas cogidos, diremos algo que pueda serles útil en el caso de
-esperimentar esta desgracia.
-
-Es muy frecuente la cogida, por ser el toro superior en pies al diestro
-que lo va corriendo, y que no lo hizo con las precauciones que dijimos
-en su lugar. En este caso, vista ya la imposibilidad de sacar ventaja
-por piernas, se detiene un poco la carrera, y se vuelve la cara para ver
-llegar al toro, y en el momento que humilla dejarse caer de pronto al
-suelo, de modo que la cornada es en el aire, y lo mas que puede el
-diestro sufrir es por algun pezuñazo, aunque generalmente en este caso
-rebrinca y salva todo el bulto. Tampoco es frecuente que vuelva el toro;
-pero si por una rareza sucediere, deberá el diestro al verlo venir, ó
-bien levantar y menear las piernas para que se distraiga con ellas y
-deje el cuerpo, ó bien cuando vaya á humillar para recogerlo rodarse,
-digámoslo asi, hácia sus piernas, para asegurarse á una, y que no le
-pueda cornear: tambien si se puede debe cogerle un piton, y asirse
-fuertemente á él.
-
-Los banderilleros cuando por haber hecho una salida falsa se ven en este
-caso, tienen la ventaja de poder hacer uso de las banderillas, y
-clavarlas en el hocico al toro, con lo cual siempre rebrinca y se va.
-
-Tambien los matadores cuando son arrollados pueden hacer uso de la
-espada, y aunque sea matar al toro hiriéndole en el pecho, pues antes
-que todo es la vida de un hombre.
-
-Los toreros que presencien estos fatales accidentes, lejos de ser
-pasivos espectadores, y mirarlos con una execrable indiferencia, deben
-prodigar cuantos auxilios esten de su parte, pero sin atolondramiento y
-confusion, bien persuadidos de que un capote bien echado hace del toro
-lo que se quiere, y muchos mal dirigidos nada sirven, no siendo pocas
-las veces que por este desorden y torpeza si se liberta una cogida es á
-costa de otra.
-
-
-
-
-CAPITULO XVI.
-
-_Modo de cachetar._
-
-
-El acachetar ó dar la puntilla á los toros es un feliz descubrimiento, y
-cuya utilidad en la plaza es bastante manifiesta.
-
-La mayor parte de los toros tardarian un tiempo considerable en acabarse
-de morir con sola la estocada, y el cual espacio se deberia pasar en
-blanco esperando con impaciencia y disgusto el último momento de la
-fiera, á no ser que un gollete que inundaria la plaza abreviara su
-existencia.
-
-Con el objeto, pues, de evitar estos disgustos al espectador, se hace
-uso del cachetero, el cual instrumento consiste en un cilindro de acero
-de una pulgada de diámetro y una tercia de largo, cuya estremidad
-concluye en una especie de lancita, y la opuesta tiene su
-correspondiente agarradero de madera. Estando ya echado el toro, y el
-matador delante con la muleta muy inmediata á él y fija para que no
-menee la cabeza, se irá por detras el que haya de acachetarlo, y de un
-golpe le introducirá la puntilla por el sitio del testuz que corresponde
-á la parte media, y á pocas pulgadas de distancia de la raiz de los
-cuernos, con lo que va á cortar la médula, estinguiendo asi la vida con
-la misma velocidad que la estingue un rayo.
-
-
-
-
-CAPITULO XVII.
-
-_Modo de desgarretar._
-
-
-Cuando no hay medio de hacer morir al toro por el orden regular que se
-lleva en las plazas, se manda sacar el asta ó media luna para
-desgarretarlo.
-
-Este instrumento consiste en un cuarto de círculo de acero cortante en
-su borde cóncavo, y por el convexo unido á un palo igual al de las varas
-de detener.
-
-El uso que se hace de él se limita á cortar los tendones de las piernas,
-con lo cual el toro cae, y puede ser muerto como se quiera.
-
-Esta operacion es muy desagradable, y sería de desear que se desterrara
-de las plazas.
-
-
-
-
-PARTE SEGUNDA.
-
-_ARTE DE TOREAR Á CABALLO._
-
-
-
-
-
-CAPITULO PRIMERO.
-
-_De las cualidades que debe tener el torero de á caballo._
-
-
-Si hemos visto que es indispensable para ser torero de á pie reunir
-ciertas cualidades, y saberlas arreglar de modo que se saque de ellas el
-partido que se necesita, para torear á caballo son necesarias otras, sin
-las cuales no se dará un paso acertado y seguro.
-
-El torero de á caballo debe tener _valor, un físico doble y robusto, un
-perfecto conocimiento del arte_, y ser ademas _ginete consumado_.
-
-Todo lo que hemos dicho del _valor_ con relacion á los, toreros de á
-pie, debe entenderse para los de á caballo, y asi remitimos al lector al
-capítulo primero de la primera parte, en que hallará cuanto corresponde
-al asunto.
-
-Debe ademas el torero de á caballo ser forzudo, porque si bien para las
-suertes de á pie se necesita mas ligereza que fuerza, para las de á
-caballo es indispensable esta, y con tanta mas razon en el dia, que solo
-se usa de la vara de detener. Cuando hablemos luego de las suertes en
-particular, se verá las ventajas que saca en todas ellas un picador de
-fuerzas, y que estas no solo le sirven para contrarestar las del toro,
-sino tambien para habérselas con el caballo, principalmente cuando se
-hallan los dos en el suelo.
-
-Asi es que por muy ginete que sea el diestro, y por mucho conocimiento y
-valor que tuviere, no podrá, careciendo de la fuerza, resistir el
-encontronazo, ni mucho menos despedir al toro por la cabeza del caballo,
-y no hará suerte en que no tenga que sufrir una cogida de mas ó menos
-consideracion. Ademas, que como los toros se consienten siempre que dan
-cogidas, y se crecen al palo cuando no encuentran castigo, se le
-presentará como bravos y pegajosos una gran parte de ellos, que si
-hubieran sentido bien el hierro, hubieran bajado la cabeza y se hubieran
-hecho blandos y aun cobardes. Llevará por tanto un sin número de
-porrazos, de que al cabo vendrá á ser víctima, y jamas habrá podido
-hacer alarde de las buenas cualidades que por otra parte lo adornaban.
-Yo conozco muchos que se hallan en este caso, y que no son estimados,
-porque ademas de no lucir su trabajo por la falta de poder, matan muchos
-caballos, y perjudican á los compañeros por consentir los toros; y por
-el contrario conozco algunos otros que no siendo tan diestros, tienen
-bastante opinion únicamente por el mucho brazo y el mucho castigo que
-dan á las reses. Si, como yo deseo, se introdujese otro arreglo en las
-corridas de toros, y los toreros de á caballo hicieran algunas otras
-suertes en que la destreza, el conocimiento y el valor tuviesen la
-principal parte, y la fuerza jugara apenas papel, tendríamos mas toreros
-hábiles y mas motivos de diversion.
-
-Las frecuentes caidas que dan ademas los picadores, y la clase de ropa
-que llevan de medio cuerpo abajo, exigen de su parte un físico reforzado
-para resistirlas mas, sostener la otra, y manejarse con alguna facilidad
-cuando se hallen en tierra.
-
-Advierto con respecto á los toreros de á caballo una fatalidad que no
-puedo menos de patentizar aqui, que es su lugar oportuno, y encarecer
-con las mayores veras su remedio: generalmente hablando los picadores no
-tienen el conocimiento que deben de su profesion, y esta es la fatalidad
-de que me quejo. Tenemos, es indudable, diestros de á caballo que no
-tienen que envidiar á los Laureanos, Corchados, Perez &c., y vemos con
-satisfaccion que no faltan picadores jóvenes que nos aseguren
-reemplazar con ventajas quizás á los que actualmente se conocen como los
-mejores. Esto no obstante, vemos diariamente salir á picar hombres con
-muy buenas proporciones, pero sin mas conocimiento que el que han
-adquirido en el campo derribando reses, y sin otra práctica de tomar por
-delante, que la de haber dado algunos puyazos en las tientas á becerros
-herales ó utreros. Por brillante que sea la disposicion de estos, por
-mucha que sea su aplicacion, y por muy decidida que sea su aficion, se
-pasará mucho tiempo antes que posean el conocimiento del arte
-indispensable para torear con seguridad, y los aficionados é
-inteligentes no podrán menos que estar disgustados presenciando un
-aprendizage, y viendo que los toreros de á pie tienen á cada momento que
-estar diciendo al picador lo que debe hacer, y dónde debe ponerse. Yo
-bien sé que los picadores no tienen sino muy rara ocasion de tomar por
-delante, y por tanto que en las plazas es donde únicamente pueden
-soltarse y adquirir la práctica, por lo cual debe haber esta tolerancia
-de parte del público; pero tambien sé que pudieran cuando llegan á
-presentarse en el cerco venir adornados del conocimiento de los toros,
-de las suertes, y en fin, de cuanto el arte encierra en sí, y que solo
-les faltase la práctica, que en este caso la adquiririan muy pronto. No
-cesaré, pues, de encarecer la necesidad que tiene el diestro del
-conocimiento del arte, sin el cual no debe aventurarse á salir á la
-plaza, so pena de esperimentar un noviciado peligroso y lleno de azares.
-
-Pocas ventajas sacaria el picador que reuniese los requisitos
-antecedentes, si le faltase el de ser ginete consumado. Digo ginete
-consumado, porque de nada sirve saberse tener en el caballo y agarrarse
-bien á la silla; esto basta únicamente para no caerse, pero para picar
-es necesario ademas de una muy buena mano izquierda, y de tener mucha
-fuerza en las rodillas, penetrar las intenciones del caballo, dominarlo,
-conocer si está incómodo, cuál puede ser la causa, y si es el brazo,
-ponérselo mas ó menos suave, segun lo requiera: es menester tambien que
-sepa hacerlo girar, ya sobre las manos, ya sobre las piernas, segun la
-necesidad que haya de ello, como asimismo de hacerlo andar hácia atras y
-á los costados, sirviéndose para todo esto tanto de la mano como de la
-espuela, y usando de todas las ayudas con el debido conocimiento, y solo
-cuando el caso lo exigiese, pues de lo contrario se exaspera el caballo
-y se pone en defensa, lo cual es espuestísimo delante del toro. Baste
-pues lo dicho, y el considerar que el picador tiene que montarse y salir
-á picar en caballos que no conoce, y que acaso no han servido para
-montar hasta entonces, para convencerse de lo indispensable que le es
-ser ginete consumado.
-
-
-
-
-CAPITULO II.
-
-_Del modo de dividir los toros para la suerte de picar._
-
-
-Cuando en la primera parte de esta obra dividimos los toros en seis
-clases, nos desentendimos del toreo de á caballo, y al de á pie fue al
-que arreglamos y referimos aquella clasificacion. Pero como en el de á
-caballo sucede que un toro que se ciñe, por ejemplo, y otro de sentido
-se deben lidiar de un mismo modo, siendo tan diferente el de torearlos á
-pie, de aqui procede la necesidad de hacer una nueva division para el
-toro de á caballo, cuyo fundamento se tome de las buenas ó malas
-proporciones que tengan para las suertes de la vara, asi como la base de
-la clasificacion que hicimos en el toreo de á pie se tomó tambien de la
-mayor ó menor idoneidad que para esta clase de suerte presentaban los
-toros.
-
-Los autores que he consultado acerca de este ramo del arte de torear no
-han hecho mas que una division de los toros, y de ahí la oscuridad que
-reina en la esplicacion de las suertes de á caballo, y la confusion en
-que no puede menos de caer el lector.
-
-La suerte de picar, como todas las que se hacen desde el caballo, tiene
-sin duda muchos puntos de contacto con las de á pie; pero necesita un
-modo nuevo de considerar los toros que se refiera á ella misma, y esto
-es lo que voy á ejecutar; pero como soy el primero que establece esta
-nueva division, y es mas probable que resulte defectuosa, deseo que se
-atienda solo á mi buena intencion, y á la necesidad que de ella tiene el
-arte, únicos motivos que me obligan á proponerla.
-
-Cuatro son las grandes clases en que me parece pueden dividirse los
-toros con relacion á las suertes de la vara de detener, á saber:
-_boyantes_, _pegajosos_, _que recargan_, y _abantos_. Asignémosle á cada
-clase los caractéres que la dan á conocer, y sirven para distinguirla de
-las demas.
-
-Los toros _boyantes_ son aquellos que aunque muy bravos, toman su
-terreno conforme se lo muestra el picador, y que por consiguiente jamas
-darán cogida al que sepa torearlos como se debe. No obstante, si el
-diestro no tiene los requisitos que hemos visto necesita para torear
-bien, y se tarda en manifestárseles su terreno, le podrán dar cogida.
-Estos toros pueden ser ademas de _boyantes_, _blandos_, esto es, que se
-duelen mucho del castigo y no arrempujan: el picador lo conoce en que en
-el encontronazo no hacen fuerza, y generalmente á la salida de la
-suerte tiran coces á los estribos, y salen con el cuello torcido; estos
-toros son muy faciles de picar.
-
-Tambien puede un toro ser _boyante_ y _duro_; quiero decir con esta
-espresion, que no se sienta del castigo: estos toros no dan las coces
-que los otros, ni salen con el pescuezo torcido, y en el encontronazo
-hacen bastante fuerza.
-
-Llamo toros _pegajosos_ á los que aun cuando tengan libre la salida no
-la toman, sino que se quedan en el centro tirando cabezadas á ver si
-pueden llegar al bulto, y cuando desarman al picador y lo consiguen,
-cuesta mucho trabajo hacer que lo dejen. Estos toros son siempre
-_duros_, esto es, que no les hace mella el castigo, y si el picador no
-tiene mucho poder no se libra de la cogida.
-
-Los toros que _recargan_ son aquellos que llegan á la vara, y asi que la
-sienten se apartan del centro como para tomar su terreno, pero que
-conforme se les quita del morrillo para rematar la suerte arrancan con
-prontitud y dan la cogida. Estos son los que deben torearse con mas
-cuidado, y mucho mas cuando generalmente se cuelan sueltos en el
-recargo, y apoderados una vez del bulto son tan codiciosos como los
-pegajosos.
-
-Los toros _abantos_ para la pica son aquellos que se quedan cerniendo
-delante del bulto, y no llegan muchas veces á tomarla, si no que se
-escupen fuera, mientras que otras la toman y empiezan á tirar derrotes
-para desarmar, pero sin hacer fuerza, de suerte que el encontronazo es
-leve; mas sin embargo se necesita ser muy diestro y tener buen brazo
-para que el contínuo movimiento que hacen de un lado para otro mientras
-sienten la puya no desarme al picador.
-
-Estos toros, como luego veremos hablando de las suertes, deben torearse
-con precaucion, pues que su misma cobardía les hace aparecer con algunas
-anomalías que exigen cuidado y atencion. Es casi inútil decir que jamas
-sale uno duro.
-
-
-
-
-CAPITULO III.
-
-_En que se dan algunas nociones preliminares á la suerte de picar._
-
-
-Sería una impertinente repeticion tratar en esta segunda parte del arte
-de torear de las querencias de los toros, de los tres estados que se les
-advierte en la plaza, y de otras menudencias que quedan ya espuestas y
-desenvueltas con la estension que merecen en la parte que corresponde al
-toreo de á pie.
-
-Asi es que suponiendo, como es natural, conocidas ya estas nociones
-indispensables, podríamos pasar á esplicar las suertes de á caballo
-refiriéndonos á ellas en nuestra esplicacion; pero aun cuando es verdad
-que casi todas las generalidades del toreo de á pie convienen
-exactamente al de á caballo, tambien lo es que para este debemos hacer
-algunas previas advertencias que sirvan de base particular á la
-esplicacion de las suertes.
-
-Lo primero de que debemos hablar es de la division de los terrenos. Es
-bastante dificil á la verdad fijar el terreno del toro y el del diestro
-en la suerte de picar, pues siendo muy diferentes las posiciones en que
-se ejecuta, apenas se encuentran reglas que los marquen con fijeza. No
-obstante, hay una que las mas veces nos los presentará: esta, pues, nos
-dice que el terreno del toro es generalmente el de la izquierda del
-picador, y su entrada en él por delante de la cabeza del caballo; el del
-diestro no es precisamente el de su derecha, sino aquel por donde
-atendiendo á la clase de toro que va á picar, deje mas pronto
-descubierta la salida, la cual debe procurar siempre que sea buscando
-los cuartos traseros del toro.
-
-Vemos, pues, que en estas suertes no está bien marcada la division, y
-que no es uno constantemente el terreno del diestro ni el del toro,
-mientras que en las de á pie estan perfectamente divididos, de lo que
-resulta en mucha parte la mayor perfeccion que ha adquirido aquel ramo
-del arte de torear con respecto al que nos ocupa.
-
-La necesidad, pues, que tiene el torero de conocer en cada suerte cuál
-es su terreno y cuál el del toro, es la que nos ha obligado á insistir
-sobre la materia, y la que en lo sucesivo nos hará detener en cada
-suerte sobre el particular.
-
-Por variadas que sean las suertes de picar, tienen todas de comun una
-multitud de circunstancias, y las diferencias que las dividen en clases
-se toman únicamente de los accesorios, digamos asi, mientras que todo lo
-esencial, lo que se verifica en el centro, es igual, por lo que daremos
-algunas aclaraciones que faciliten su inteligencia.
-
-El mérito de la suerte de picar consiste principalmente en que el toro
-no llegue al caballo, y lo hiera ó lo mate; y esto, como se ve
-claramente, necesita no solo habilidad, sino la fuerza competente. De
-aqui tambien se deduce que á los toros pegajosos que reunan mucho poder
-en la cabeza, y que sean secos metiendo, no habrá hombre en el mundo que
-con la vara de detener los mantenga desviados y les dé la salida, por lo
-que muchos picadores diestros en este caso hacian lo que se conoce con
-el nombre de picar á _caballo levantado_, único medio de evitar la
-cogida; esto, que tiene sin duda mas mérito artístico que dejarse caer
-al suelo por el toro, y que solo pueden hacerlo los que sean muy
-ginetes, y con ciertos caballos, es no obstante recibido con disgusto
-por algunos.
-
-Asi es que cualquiera que sea la suerte que se esté ejecutando, debe el
-diestro conducirse asi: citar al toro, dejarlo llegar á la vara sin
-mover el caballo, y conforme llegue á jurisdiccion y humille, ponerle la
-puya, cargarse sobre el palo, y despedirlo, si puede, en el encontronazo
-por la cabeza del caballo, que hasta ahora no debe haberse movido, pero
-que conforme está el toro en disposicion de tomar su terreno, se le hace
-girar por la izquierda, y se sale con pies. Con respecto á la salida del
-diestro hay infinitas variaciones, que marcaremos conforme vayamos
-esplicando las suertes en que tienen lugar.
-
-Este modo de picar, que llaman _sin perder tierra_, es el que gusta, y
-efectivamente es muy bonito, pero á mi parecer no debe ejecutarse sino
-con los toros que veremos luego rempujan poco en el encontronazo, pues
-con los demas es inevitable la cogida. Esto es lo que constituye
-esencialmente la suerte de picar; sin embargo, hay varios modos de
-ejecutarla, que aun cuando convienen en casi todo lo que hemos dicho
-arriba, tienen no obstante algunas diferencias, que bastan para hacer
-clases que deben ser conocidas con particularidad.
-
-Por tanto, vamos á dar una circunstanciada esplicacion de ellas en sus
-correspondientes capítulos.
-
-
-
-
-CAPITULO IV.
-
-_Suerte de picar al toro levantado._
-
-
-Esta suerte es la primera que se hace en las plazas, y aun cuando sus
-proporciones son poco ventajosas, tiene bastante buen resultado, por la
-particularidad de hacerla siempre al toro cuando viene levantado, pues
-sabemos lo sencillo que está en este caso.
-
-Para verificarla, suponiendo que la res es boyante, y que es el primer
-puyazo al salir del toril, se situará el diestro á la izquierda del
-chiquero, á unas diez varas de distancia de él, y unas tres ó cuatro de
-las tablas, hácia las cuales viene por consiguiente á quedar el lado de
-la garrocha, y esta vuelta, que es la de la derecha, es la que siempre
-tiene que llevar el picador en la plaza. Generalmente se sitúan mas
-cerca, tanto del toril como de las tablas; pero esto es muy mal hecho,
-en razon á que si el toro, como es muy frecuente, sale con todas las
-piernas hácia aquella parte, puede no dar tiempo al picador para
-armarse, y colársele suelto, la cual cogida es muy desairada y espuesta.
-Tiene ademas la contra de que si sale muy pegado á las tablas, que es lo
-que se llama _trocado_, no hay ni sitio para enmendarse, ni tiempo para
-salirse de la suerte, y la cogida es inevitable: por tanto, se tendrá
-un especial cuidado en situarse como se ha dicho, si se quiere salir con
-lucimiento.
-
-Puesto ya el diestro en el parage que hemos determinado, esperará la
-salida del toro, y conforme haga por él se armará, y cuando llegue á
-jurisdiccion y á la vara se cargará sobre el palo, sesgará el caballo, y
-mostrará al toro su terreno, el cual lo tomará al momento, sin precisar
-al picador á salir con pies.
-
-Por la anterior esplicacion se ve qué facil es esta suerte con los toros
-boyantes, y se puede inferir que lo será tambien con los demas, por
-tomarlos siempre levantados. Sin embargo, debemos hacer algunas
-advertencias.
-
-Con los toros pegajosos es necesario no solo no dejarlos llegar mucho,
-sino hacer el encontronazo mas violento, cargándose con toda la fuerza
-posible sobre el palo, á fin de hacerles bajar la cabeza, el cual
-momento se aprovecha para sesgar el caballo mucho, á fin de que teniendo
-bien manifiesta la salida, y sintiendo el castigo, la tomen, y den buen
-remate.
-
-Muchas veces sucede que aun cuando el picador haya llegado á despedirlos
-casi hasta su terreno, no lo toman, sino que se quedan todavía
-rempujando: en este caso se endereza un poco el caballo, y se le meten
-las piernas para salir del centro, y no haya miedo de que el toro se
-revuelva.
-
-Con los toros _que recargan_ se necesita bastante cuidado; por tanto, se
-les hará la suerte como á los pegajosos, pero si cuando se apartan del
-centro no es lo suficiente para que el picador salga con piernas sin
-recelar le dé alcance, no se intentará la salida, sino se volverá un
-poco el caballo, y se permanecerá armado, para que al recargo no cuelen
-sueltos, lo cual es muy perjudicial. Algunas veces dan lugar á salir,
-pero siguen tras el bulto: esto es muy temible, porque si lo alcanzan en
-la carrera y dan la cogida, puede ser malísima, por lo violenta que es
-la caida.
-
-Lo que se debe hacer siempre que se salga de la suerte con el toro
-detras es irlo observando, y si se puede picar para que se vaya,
-hacerlo; pero si esto no es posible se pondrá la vara por detras del
-caballo para que el toro se entretenga con ella, y no pueda alcanzarlo.
-
-Los toros _abantos_ deben torearse con precaucion por los contrastes en
-que pone su miedo al diestro. Asi es que conforme vea venir uno de estos
-conocerá si trae la vista en él para hacer la suerte, y si viene bien le
-cerrará un poco la salida para que sea mas ceñida, pues si no apenas
-siente el pinchazo se irá, por lo que tambien se dejará llegar mucho.
-El remate es segurísimo, y puede el diestro á su placer anticiparlo ó
-retardarlo. Una de las cosas en que se debe poner mucho cuidado con
-estos toros es en que no se cuelen sueltos, como es muy facil que
-suceda, si cuando se quedan cerniendo delante de la vara se adelanta el
-pinchazo: esto no debe hacerse jamas, pues con tener bien hecho el punto
-de vista, y no desviar de él la puya, se está en defensa para si
-intentan colarse.
-
-Tambien se necesita cuidar de que no desarmen luego que sienten la puya,
-pues si lo consiguen recargan por estar irritados, y dan una cogida:
-esto se evita con cargarse bien sobre el palo, y hacer la fuerza
-directamente hácia bajo, con lo que el castigo le hace bajar la cabeza,
-y como son siempre blandos, salirse de la suerte por donde primero se
-les presenta. Asi es que muchas veces rematan sobre los cuartos traseros
-del caballo, y buscan por alli la huida: en este caso deberá tenerse
-cuidado de sacar el caballo para que tengan tierra por donde huir, pues
-de lo contrario pueden dar una cogida.
-
-Esta suerte no vuelve á verificarse cuando se llega el toro á parar si
-no por una casualidad, como por ejemplo, cuando viene castigado de otro
-picador, ó cuando lo viene corriendo algun peon. Los toros bravos y
-secos casi nunca pueden picarse asi, porque no se mantienen levantados
-mucho tiempo.
-
-En toda suerte de picar es un precepto dar mucho palo á los toros cuando
-estan sin piernas, y muy poco cuando las tienen: por tanto, en esta, que
-solo tiene lugar cuando estan levantados, se les deberá dar muy poco.
-
-
-
-
-CAPITULO V.
-
-_Suerte de picar al toro en su rectitud._
-
-
-Esta suerte no se empieza á hacer hasta que los toros comienzan á
-pararse, y necesita ya mucha atencion. Sus proporciones son casi las
-mismas que las de la anterior, pero es mucho mas dificil rematarla bien,
-porque los toros tienen mucha mas codicia cuando se les hace que cuando
-estaban levantados.
-
-Vamos á dar su esplicacion, tomando por tipo de ella el modo como se
-hace á los boyantes.
-
-La situacion del toro puede ser ó bien mirando directamente á las
-tablas, y con las nalgas hácia el mismo centro de la plaza, ó bien un
-poco oblicuo, pero siempre desviado de las barreras el espacio que
-cuando menos sea necesario para revolver el caballo. El picador deberá
-ponérsele delante, y enteramente en su rectitud, pero con el cuidado de
-conservar siempre la distancia con arreglo á las piernas que le observe.
-Situado asi, debe el picador citarlo, y dejarlo venir hasta que llegue á
-la vara, y asi que haya hecho la humillacion y la haya tomado se
-cargará sobre el palo para que no llegue el toro á besar al caballo en
-el encontronazo, y le mostrará su salida al mismo tiempo que sacará el
-caballo por la izquierda, para hacerle dar la especie de vuelta que se
-necesita para tomar el terreno que le corresponde.
-
-Si el toro conserva piernas, aunque sea de los que se duelen poco del
-castigo, tomará su terreno en cuanto el picador se lo enseñe, por lo que
-se podrá quedar quieto, en atencion á que los toros boyantes jamas
-recargan si se les ha hecho bien la suerte.
-
-La de que hablamos necesita hacerse con mucho cuidado y precaucion,
-aunque sea el toro sencillo, cuando se halle aplomado. Como una de las
-cosas propias de este estado es carecer de piernas, ó al menos hacer de
-ellas poco uso, de aqui resulta que se quedan en el centro de la suerte,
-no porque hayan sufrido transformacion y se hayan hecho pegajosos, sino
-porque les falta el poder para salir: de modo que para hacer un buen
-remate se necesita darles mas palo para que el centro de la suerte sea
-menos ceñido y la salida mas patente, como asimismo en el acto del
-encontronazo vaciar el caballo un poco, con todo lo cual el toro se
-encuentra castigado y metido en su terreno. La salida deberá hacerse con
-pies, pues aunque el toro, como ya dijimos antes, no recargará, suele
-salir con mucha parsimonia, y á veces quedarse quieto en su terreno, y
-si el picador tambien lo hace le falta una gran parte de lucimiento á la
-suerte.
-
-Hemos ya visto que los toros boyantes se pican sin cuidado del modo que
-se ha indicado, pero los pegajosos requieren mas precauciones.
-
-Situado el picador como dijimos para los boyantes, y á larga ó corta
-distancia con mucho ó poco palo adelante, segun las piernas que advierta
-al toro, lo citará, y conforme arranque irá abriendo y vaciando un poco
-el caballo, para que cuando llegue á jurisdiccion se encuentre con su
-terreno enteramente franco; si el picador conoce que no es muy seco
-metiendo, y que puede echarlo fuera en el encontronazo sin que llegue á
-besar, deberá hacerlo, y será una suerte muy lucida; pero si ve que no
-es posible esto, entonces seguirá volviendo el caballo hasta tomar su
-terreno propio, y le meterá las piernas para salir corriendo.
-
-Los pocos pies que tienen ya los toros en el estado de parados aseguran
-al picador, y mucho mas con los que como estos no recargan.
-
-Hemos visto ya el modo de picar las dos primeras clases de toros de las
-cuatro en que los hemos dividido, y siendo enteramente igual el modo de
-hacer la suerte que nos ocupa á los de la tercera, no nos detendremos en
-su prolija esplicacion, sino que pasaremos á ver cómo debe ser el
-remate, que es donde hay variaciones notables.
-
-Por tanto, despues de haber hecho todo conforme á las reglas
-establecidas para los boyantes, si el toro se aparta del centro con
-intencion de recargar, y se aleja lo suficiente para salirse sin tener
-recelo de ser alcanzado, se debe hacer, pero suele suceder que sigue con
-todos los pies tras el diestro, y si el caballo no tiene muchos darle
-alcance: en este caso se sigue corriendo, y se vuelve el cuerpo lo
-suficiente para ponerle la puya, con lo que regularmente ó se huye ó
-detiene algo el viaje, y á poco que el diestro apresure el suyo se
-concluye con felicidad.
-
-Es casi inevitable la cogida con estos toros cuando el caballo es muy
-tardo en salir, pues entonces en el recargo primero lo alcanzan y se
-cuelan sueltos; lo que debe hacer el picador que lleva debajo una bestia
-de esta naturaleza es no intentar jamas salirse de la suerte, sino
-cuando el toro se retira para recargar enmendarse lo que baste para
-recibirlo segunda ó tercera vez, pues como generalmente no son duros en
-el encontronazo, no llegan á besar; y por último, se salen de la suerte
-dejando al diestro con mucho lucimiento.
-
-Los toros abantos rara vez hacen esta suerte, porque se salen de ella
-cuanto el picador los empeña: si alguna vez llegan á efectuarla
-hágaseles por las reglas dadas ya, pues no hay variacion notable que
-hacer.
-
-
-
-
-CAPITULO VI.
-
-_Del modo de picar al toro atravesado._
-
-
-Esta suerte solo debe hacerse á los toros aplomados cuando estan en
-querencia, pues de otro modo es bastante espuesta. Se diferencia
-esencialmente de las otras en que no se cita al toro teniendo el caballo
-de cara á él, sino atravesado, esto es, presentándole el costado
-derecho: en esta disposicion se le obliga mucho para que embista, y asi
-que hace el encontronazo se le acercan bien las espuelas al caballo para
-salir por delante de la cabeza del toro, que castigado y hallándose en
-su querencia no hace por el bulto. Sin embargo, alguna vez, aunque muy
-rara, suelen los que recargan salir detras: en este caso se conducirá el
-picador como dijimos lo hiciera en la suerte anterior, teniendo la
-ventaja en la que nos ocupa de hallarse el toro con muchas menos
-piernas.
-
-La suerte que hemos esplicado se hace siempre del mismo modo, sea de la
-clase que quiera el toro que se vaya á picar.
-
-
-
-
-CAPITULO VII.
-
-_Del modo de picar á caballo levantado._
-
-
-Para picar á caballo levantado se necesita no solo mucha destreza, sino
-tambien un caballo de buena boca, y bastante avisado.
-
-Este modo de picar es enteramente diferente de los demas, y consiste en
-dejar llegar al toro á la vara, terciando un poco el caballo hácia la
-izquierda, y conforme esté aquel en el centro, en vez de despedirlo del
-encontronazo, dejarlo seguir hácia el brazuelo del caballo, que en este
-tiempo se habrá alzado de manos, y echándose hácia á la derecha buscando
-los cuartos traseros del toro, y saliendo con pies. La cogida no puede
-jamas verificarse en esta suerte en haciéndola á tiempo, pues que cuando
-el toro está humillando para meterse debajo del caballo, lo libra éste
-en virtud del movimiento, que hace sobre las piernas.
-
-Esta suerte, como se ve por su esplicacion, es sumamente bonita, pero
-muy dificil, y tiene un mérito particular. El famoso Luis Corchado era
-sobresaliente practicándola, y el desgraciado Pablo de la Cruz, muerto
-de un tiro que le disparó un malhechor en el camino de San Lúcar de
-Barrameda, su patria, era tambien aventajado ejecutándola.
-
-Sus proporciones son tan buenas, que sea el toro boyante, pegajoso, que
-recargue, ó abanto, se hace del mismo modo y se remata con la misma
-facilidad.
-
-
-
-
-CAPITULO VIII.
-
-_De la suerte del señor Zaonero._
-
-
-Hemos por fin llegado á la suerte de picar cuyos principios estan
-perfectamente conformes con los que sirven de base al toreo de á pie.
-Hasta ahora, todas las que llevamos esplicadas tienen algo de violento,
-y si esceptuamos la anterior, llegan á ponerse de tal modo, que no hay
-medio de evitar la cogida. Esta es la razon porque mueren tantos
-caballos cuando los toros son pegajosos, y porque los picadores ponen
-tantas veces mal de su grado las costillas en el suelo.
-
-Para verificar esta suerte se espera á que el toro esté en la misma
-disposicion que dijimos debia hallarse para la verónica con la capa,
-pero deberá ser el costado derecho el que tenga el terreno de adentro,
-para que cuando el diestro se ponga en suerte, que será del mismo modo
-que dijimos se debia poner el peon para capear, quede con la vara hácia
-el de afuera. Situados asi perfectamente en la rectitud como se dijo
-para la capa, y guardando la distancia que las piernas del toro
-indiquen, se le cita, y conforme llega á jurisdiccion y humille, se le
-pone la vara, se carga un poco el cuerpo sobre el palo, y se mete el
-caballo en el terreno de adentro, con todo lo cual el toro, que se halla
-castigado y con su terreno franco y á la vista, lo toma y sigue con pies
-sin obligar á que el diestro haga uso de los del caballo. He descrito la
-suerte ni mas ni menos que como se hace con los toros boyantes; vamos á
-ver si con los demas es tan segura y sencilla.
-
-Los toros pegajosos son buenísimos para esta suerte; se les hace del
-mismo modo, con la sola diferencia de meter algo mas el caballo en el
-terreno de adentro y con mas prontitud, con lo cual se hallan despedidos
-y castigados en el encontronazo y sin el bulto delante, de manera que no
-tienen otro remedio ya que seguir su viaje, y el picador tampoco tiene
-precision de salir con pies.
-
-Los toros que recargan, que son tan dificiles de lidiar en las suertes
-anteriores, y que con tanta frecuencia dan cogidas en los remates, se
-torean con la mayor facilidad y segurísimamente haciéndoles la de que
-hablamos como se dijo para los boyantes, sin otra diferencia mas, si no
-que despues de partidos los terrenos, en vez de pararse y dejar ir al
-toro, se debe salir con todos los pies para evitar el recargo. Haciendo
-la suerte de esta manera, cuando el toro se vuelva para recargar está
-el diestro apartado veinte varas, y si quisiera hacer por él, la
-delantera que lleva, y la superioridad que tiene un caballo sobre un
-toro en la carrera, le asegura no ser alcanzado.
-
-Los toros abantos dan poco que recelar en esta suerte, la cual no sufre
-alteracion particular para ejecutarse con ellos.
-
-Por la esplicacion que acabamos de dar de la suerte del señor Zaonero se
-ve que tiene una multitud de semejanzas con las suertes de á pie, pero
-muy particularmente con la verónica.
-
-En ella estan divididos los terrenos del mismo modo que en esta, y se
-guarda igualmente la distancia que marquen las piernas del toro; se le
-cita en su rectitud, se le deja tambien venir por su terreno, y asi que
-llega á jurisdiccion y humilla se le hace la suerte y toma cada cual su
-terreno respectivo: con mucha razon, pues, la llamaria yo la _verónica
-de picar_.
-
-La semejanza de estas suertes nos obliga á detenernos algo sobre algunas
-modificaciones que deben hacerse en la que nos ocupa relativas á las
-diferentes clases de toros, segun la division hecha para el toreo de á
-pie. En efecto, siendo en todo igual á la verónica con la capa, deberá
-sufrir alguna variacion el modo de hacerse, segun que sea boyante, que
-se ciñe &c., el toro con quien se ejecute.
-
-Partiendo, pues, del modo como se hace á los boyantes, que es el tipo de
-la suerte, diremos que á los que se ciñen no hay que hacerles mas
-variacion en cuanto al modo de recibirlos que la de sesgar un tanto el
-caballo cuando lleguen á la vara, y darles el remate segun la clase á
-que pertenezcan en la clasificacion para la pica.
-
-Los toros que ganan terreno pueden dar que hacer alguna vez por colarse
-al de adentro; para evitar esto es indispensable situarse rigorosamente
-en su rectitud y lo mas sobre corto posible, pero nunca menos de tres
-varas, y hacerles en lo demas la suerte como á los que se ciñen. En
-observando estos preceptos se conseguirá siempre buen remate; pero si se
-desentienden, y se mete el toro en el terreno de adentro, es menester
-hacerle la suerte de picar que hemos llamado en su rectitud, que como no
-tiene las mejores proporciones, segun se ha visto, y hay ademas en este
-caso la contra de hacerla en oposicion con los terrenos, suelen tener
-muy buen éxito.
-
-Los toros de sentido, que tanto cuidado dan en las suertes de á pie, en
-las de á caballo, y en especialidad en la que estamos esplicando, no dan
-ninguno si no se les une ser pegajosos ó que recargan, pues muchas veces
-son boyantes y aun abantos para la vara: de todos modos será bueno salir
-con pies en el remate.
-
-Nos hemos detenido bastante en esta suerte para hacer manifestar sus
-ventajas, y ver si en algun modo podemos contribuir á que se establezca
-en las plazas: es una fatalidad grande que sea tan poderoso el influjo
-del hábito en los picadores, que les impida hacer una reforma tan
-ventajosa para ellos mismos.
-
-No faltará alguno que me diga que á pesar de lo ventajosa que parece la
-suerte, como que todavía no se ha ejecutado, no podemos asegurar que su
-éxito es cual suponemos, y aun quizás que me acuse de haber comprometido
-en cierto modo la vida del que intentare practicarla animado por la
-brillante perspectiva con que la he pintado. Pero esta objecion
-careceria de fundamento, lo primero, porque estando los principios
-fundamentales de la suerte en perfecta armonía con los ya conocidos como
-ciertos y esperimentados como seguros, ó por mejor decir, siendo unos
-mismos, no puede menos de corresponder la práctica con la teórica; lo
-segundo, porque la esperiencia ha confirmado mil veces esta
-correspondencia. ¿Qué aficionado no ha visto muchas veces salir un toro
-trocado, y por no haber dado tiempo al picador para salirse de la suerte
-tener este que recibirlo, que abrir el caballo para darle la salida por
-el terreno de afuera y echar al toro por el de adentro? ¿Quién no ha
-observado alguna vez ir el diestro á dar un puyazo en los medios de la
-plaza y tomar el toro para su salida el terreno de la derecha,
-precisando al picador á seguir por el de la izquierda con opuesto viaje?
-Diariamente somos testigos de estas suertes que el toro proporciona, y
-cuyo éxito es feliz, á pesar de hacerse con los terrenos cambiados, sin
-estar el diestro prevenido para hacerlas, y lo que es mas, sin tener ni
-aun la idea mas remota de que se pueda poner en práctica. ¿Y estas
-suertes son otra cosa que la que el señor Zaonero ha propuesto?
-Ciertamente que no.
-
-
-
-
-CAPITULO IX.
-
-_De algunas particularidades que deben saberse relativas á las suertes
-de picar._
-
-
-Despues de haber espuesto las reglas que el picador debe observar en las
-diferentes suertes de picar, deberemos hacer algunas advertencias que no
-siendo peculiares de esta ó la otra suerte, sino aplicables á todas,
-deben ocupar un lugar separado de aquellas.
-
-Los toros, como ya hemos insinuado en otra parte, sufren en la plaza
-verdaderas transformaciones, que si son algo raras considerándolas con
-relacion al toreo de á pie, son frecuentísimas con respecto al de á
-caballo: no se verá si no muy rara vez picar un toro sin notársele
-algunas anomalías cuando menos, por lo cual hay necesidad de darles
-ciertos nombres que las espliquen y las den á conocer.
-
-Hay muchos toros que en la salida muestran ser boyantes y hasta blandos,
-y conforme sienten el hierro, en vez de bajar la cabeza se ponen mas
-engallados, se ensoberbecen, y se conducen en adelante como pegajosos y
-duros. Estos toros generalmente siguen ya siendo feroces y carniceros, y
-deben dar mucho cuidado en las suertes. A esta transformacion se conoce
-con la denominacion de _crecerse al palo_.
-
-Los toros pegajosos cuando tienen poco poder y dan con picadores de
-fuerza que los castiguen mucho suelen echar mano de un ardid siempre
-temible para el diestro, y es irse alejando poco á poco del bulto para
-traer mas violencia, y de este modo llegan á dar la cogida, pues por
-mucho poder que tenga el picador, y por poco que tuviera el toro, la
-velocidad que tiene le hace multiplicar la fuerza con que choca en el
-encontronazo, y no hay hombre que sea capaz de resistirlo. Esto se llama
-_arrancar de largo_. Muchos toros lo suelen hacer desde el principio, y
-tambien alguna vez rebrincan y alcanzan al diestro á caballo; esto es
-muy espuesto, porque pueden en el resalto dar una cornada á cuerpo
-limpio; el modo de evitarlo el picador es ver llegar al toro, y cuando
-observe el resalto meterse en la cuna y que lo enfrontile, pues la
-cornada solo puede ser al subir, y luego aunque cabecee no puede hacer
-daño, porque ya viene descendiendo, y en el aire no tiene punto de
-apoyo, por lo cual no se siente la testarada.
-
-Los toros pegajosos cuando tienen poco poder y encuentran mucho castigo
-suelen tambien mudar de condicion en bien, y es lo que se quiere
-significar cuando se dice _cedió al palo_. Es verdad que por lo general
-cuando encuentran otra vez poco castigo vuelven á mostrarse pegajosos.
-
-Cuando un toro llega á colarse alguna ver suelto, ó bien encuentra poca
-oposicion y se apodera del bulto, se hace casi siempre pegajoso, y á
-esto es á lo que se llama estar el toro _consentido_. No obstante, si
-son en seguida bien castigados vuelven á ceder, pero si no cada vez se
-hacen mas temibles.
-
-Hay algunos toros que aunque sean boyantes son de tanto poder y tan
-duros que siempre alcanzan al caballo, y aunque en seguida tomen su
-terreno por tenerlo ya libre, suelen dar la cornada, y generalmente en
-el pecho ó al brazuelo del caballo. Esta clase de toros, aunque muy
-sencillos y que jamas se pegan, matan muchos caballos; se esplica esta
-especie de anomalías de ser el toro boyante y dar cogida diciendo que
-_llegó siempre_.
-
-Tambien se dice que los toros llegan á _besar_ cuando teniendo puesta la
-puya van poco á poco ganando sitio hasta tocar al caballo: esto es
-propio de los pegajosos mas bien que de los demas, y se ve con mas
-frecuencia cuando tienen pocas piernas, mientras que el _llegar_ es casi
-peculiar de los boyantes, particularmente cuando conservan aquellas.
-
-Los picadores deben solicitar salir siempre en caballos de su entera
-confianza, procurando que sean avisados de la boca y prontos en todas
-sus salidas, siendo ademas muy importante que tengan para no perder á
-cada movimiento de los que hacen en la suerte la situacion que el
-diestro desea guardar; esta condicion es muy apreciable, y la designan
-los picadores diciendo _que se agarra bien á la tierra_. Antes de
-ponerse en suerte deberá tambien el picador bajar el lomo al caballo
-para poder manejarlo mejor; de otra manera le pueden suceder muchos
-contratiempos. No es menos útil taparles los ojos, á lo menos el
-derecho.
-
-Procurará el diestro no soltar la vara cuando puede serle útil, pues no
-está bien visto; pero cuando ya no sea posible hacer uso de ella por lo
-descompuesto que esté, y le estorbe para asegurarse, la dejará, y segun
-la disposicion en que vea está el toro corneando al caballo, asi lo
-gobernará para que no vaya á tierra, y para sacarlo si es posible de la
-cabeza, por lo cual jamas debe abandonar la rienda.
-
-Tambien deben los picadores saberse conducir cuando se hallan en el
-suelo, pues si no estarán muy espuestos. Lo primero que deben procurar
-en la caida es no trocarse, esto es, no quedar con la cabeza hácia las
-ancas del caballo y los pies hácia el cuello de este; esta clase de
-caidas es malísima, porque no se puede manejar el caballo, se está
-espuesto á recibir coces en la cara, y ademas á que se levante y deje el
-diestro en el suelo á cuerpo descubierto. Tambien debe el picador cuando
-se halle en tierra agarrar la rienda lo mas cerca que pueda de la boca
-del caballo, para sujetarlo y cubrirse con él, como asimismo debe desde
-el momento en que suelte la vara y tema caer poner bien los pies para no
-quedar cocido á un estribo, y que el caballo si sale lo arrastre por la
-plaza.
-
-En las caidas contra las barreras deberá procurar poner siempre un
-costado para recibir en él el tablerazo, pues se siente mucho menos:
-cuando se halle en el suelo y tenga al lado la vara, podrá hacer buen
-uso de ella pinchándole al toro en el hocico para que se vaya. Procurará
-ademas el picador poner al caballo entre él y el toro, y dirigirse hácia
-el pescuezo mas bien que hácia el anca, pues el toro generalmente cornea
-á lo mas voluminoso.
-
-No hay cosa mas desairada en los picadores, y que dé ademas indicios de
-cobardía, que agarrarse al _olivo_ antes de tiempo: esto solo lo debe
-hacer cuando ya se encuentra desarmado y con el caballo parado y casi
-muerto, por seguir el toro corneándolo; de otro modo es muy deslucido.
-
-
-
-
-CAPITULO X.
-
-_De algunas otras suertes de á caballo._
-
-
-Aunque el principal objeto de esta obra es el dar á conocer las reglas
-del arte _en plaza_, y por consiguiente solo debe comprender las suertes
-que se hacen en ella, no obstante voy á dar una ligera noticia de
-algunas otras que aun cuando no se hacen en el cerco, sin embargo se
-pudieran verificar, y son de tanto lucimiento como cualquiera otra.
-
-Diremos, pues, cuatro palabras acerca del modo de acosar, de derribar y
-de enlazar las reses desde el caballo.
-
-
-ARTÍCULO PRIMERO.
-
-_Del modo de acosar._
-
-Por bravas que sean las reses huyen por lo general en el campo cuando va
-sobre ellas un hombre á caballo; de aqui la diversion de _acosar_, que
-es muy bonita y nada espuesta.
-
-El modo de hacerlo en el campo es meterse entre el ganado despues de
-haber marcado la res que se quiere apartar, y empezar á seguirla entre
-todas las otras, procurando que vaya saliéndose de la piara, y asi que
-esté enteramente fuera de ella, ó en la misma circunferencia, irse
-derecho hablándole y haciendo ademan de ofenderla, con lo que sale
-huyendo, y se sigue detras, llevando siempre cuidado de interponerse
-entre la piara, que es su querencia, para que continúe huyendo, pues si
-la ve clara se dirige hacia ella como un rayo. Cuando le faltan ya las
-piernas, ó cuando son reses de mucho corage, se suelen parar para
-acometer; en este caso se muda el viaje para dejarles libre la
-querencia, se acosan de nuevo, y se va á rematar á la piara.
-
-Por lo que hemos dicho de esta suerte parece se puede inferir que no
-tiene lugar en las plazas, porque en ellas los toros embisten al bulto;
-no obstante salen muy á menudo algunos que huyen hasta de su sombra, y
-estos no habria otro modo de hacerles presentar en suerte que
-acosándolos hasta que se parasen.
-
-
-ARTÍCULO II.
-
-_Del modo de derribar._
-
-Una de las suertes mas bonitas que pueden hacerse á los toros desde el
-caballo es _derribarlos_.
-
-Para esto se debe procurar un caballo fuerte, ligero, muy mañoso, y que
-esté acostumbrado á este ejercicio, pues esta condicion es tan esencial,
-que en siendo un caballo maestro no tiene el ginete que hacer casi nada
-para dirigirlo bien y verificar la suerte, de modo que con poca
-habilidad se queda lucido, mientras que el mejor ginete y el que sea mas
-diestro derribando, no podrá si lleva un caballo malo salir con
-lucimiento de la empresa.
-
-Hay dos ó tres modos de _derribar_ que se diferencian en bien poco, y de
-los cuales solo uno se ejecuta, por ser mas natural y desembarazado,
-pues los otros, ademas de ser mas dificiles, no tienen tanto lucimiento;
-asi es que rara vez se ponen en práctica.
-
-Para _derribar_ del modo preferido, que llaman á la _falseta_, se acosa
-la res guardando las reglas dichas arriba, y conservando la distancia de
-unas veinte y cinco á treinta varas, echándose tambien un poco hácia su
-costado derecho: cuando parezca buena ocasion se aprieta cuanto se puede
-el caballo, de modo que la línea que describe en su viaje venga á formar
-un ángulo bien obtuso con la que el toro figura en el suyo, y en la
-reunion que forma el ángulo, que es el centro de la suerte, viene á
-pasar el caballo por junto á los cuartos traseros de la res; el ginete,
-cuanto la haya tenido en jurisdiccion, habrá echado todo el palo
-adelante para ponerle la puya en el nacimiento de la cola, cargar bien
-el caballo y seguir haciendo fuerza y cerrándolo hasta echarlo al suelo.
-Es menester tener un cuidado particular para no atravesarse demasiado y
-llegar á tropezar con el toro y caer con el caballo á tierra.
-
-Debo advertir que para todas las suertes que se hagan á los toros sin
-que sea tomarlos por delante con la vara de detener, se use de garrochas
-largas y ligeras con muy poca puya, pues si no es imposible manejarlas
-como el caso requiere. Tambien debe saberse que siempre que se vaya á
-_derribar_ se lleva la garrocha agarrada cerca de la estremidad y
-apoyada en el brazo izquierdo, para no armarse hasta el mismo instante
-de ir á poner la puya á la res, pues de lo contrario no puede sufrirse
-el peso que hace todo el palo adelante, se cansa el brazo, falta la
-fuerza, y es incierto el golpe de vista.
-
-Hay otro modo de _derribar_ que llaman de violin, en el cual la garrocha
-pasa por cima del cuello del caballo y viene á quedar al lado izquierdo,
-como ya dije antes; se usa poco, y no promete ventajas. Lo mismo digo de
-algunos otros, en que no me detengo por lo poco interesantes que son.
-
-
-ARTÍCULO III.
-
-_Del modo de enlazar los toros desde el caballo._
-
-Para _enlazar_ cualquier res deberá llevarse una cuerda de cáñamo del
-grueso que baste, y del largo suficiente para lo que se piense hacer
-despues. Esta cuerda tendrá un anillo en uno de los estremos para meter
-por él la otra punta y formar asi un lazo corredizo, el cual se puede
-poner en el estremo de un palo que tenga dos varas de largo, para poder
-echarlo mejor en las astas del toro y dejarlo enmaromado. Se entiende
-que para esta operacion se le va acosando hasta ponérsele al costado
-izquierdo, y que se debe ir bien prevenido para si se vuelve alejarse
-con presteza. Tambien se puede _enlazar_ tirando la cuerda con la mano.
-
-
-
-
-PARTE TERCERA.
-
-_REFORMA DEL ESPECTÁCULO._
-
-
-
-
-CAPITULO ÚNICO.
-
-
-Las plazas de toros deben estar en el campo á corta distancia de la
-poblacion, combinando que se hallen al abrigo de los vientos que con mas
-fuerza reinen en el pueblo: deberá haber tambien una calzada de buen
-piso para las gentes que vayan á pie á la funcion, y un camino que no
-cruce con el anterior, por el que irán los carruages y caballerías. De
-este modo se evitaria mucha confusion y desorden, y hasta las desgracias
-que alguna vez suceden.
-
-Estas disposiciones, que parece influyen poco en el prestigio de la
-diversion, tienen por el contrario una gran parte en su
-engrandecimiento, pues no hay duda que á muchas personas, y con
-particularidad al bello sexo, retraen estos y otros inconvenientes para
-ir á las fiestas de toros.
-
-Las plazas deberán tener cuando menos de cantería hasta los primeros
-balcones, y estar construidas con la mayor solidez y el gusto mas
-esquisito, debiendo ser el gobierno quien cuidase de todo lo
-concerniente á su hermosura y magnificencia, pues son edificios públicos
-susceptibles de recibir cuantas bellezas posee la mas brillante
-arquitectura, y en que debe darse á conocer á todos los que los observen
-el grado de esplendor y de adelanto en que se hallan las artes en
-España.
-
-En cuanto á la disposicion interior de la plaza solo tengo que decir,
-que sería sumamente bueno para el público que todos los asientos se
-numerasen, y cada cual se colocara en el que trajera anotado su billete;
-de este modo se evitaria la estraordinaria concurrencia que se advierte
-en algunos puntos de la plaza, mientras que otros estan enteramente
-vacíos, y ademas las rencillas é incomodidades que la multitud y
-estrechez traen consigo: tambien esta medida precaveria en mucha parte
-los hundimientos y alborotos que la demasiada gente en un determinado
-sitio ocasiona con bastante frecuencia.
-
-Tambien debe procurarse que los corredores, las escaleras y todos los
-demas sitios de tránsito sean anchos, cómodos y decentes.
-
-En cuanto al cerco sería de desear que fuese de piso muy igual, ni duro
-ni blando, sin hoyos ni piedras, ni clase alguna de estorbo; y por lo
-que respecta á las barreras, diré que debe haber una contrabarrera
-separada de los andamios de tres á cuatro varas, y de alto
-correspondiente, con que se evita que desde las cuerdas esten
-incomodando á los lidiadores, y que resabien á los toros con los
-pañuelos y demas engaños con que al cabo les descomponen la cabeza, y
-dan muchas veces lugar á un contraste en que quizá pierde un hombre la
-vida. No se puede mirar con indiferencia un abuso de tan funestas
-consecuencias, y vale mas hacer un escarmiento en uno de estos
-inconsiderados, que regularmente estan casi del todo ébrios, que
-autorizar con indiferencia el peligro á que esponen al infeliz torero,
-que por muy diestro que sea no puede lidiar con ventajas contra tantos
-azares.
-
-Tampoco puede resistirse el abuso de los avellaneros, aguadores y demas
-vendedores: es un enjambre el que hay de estos hombres que se creen
-autorizados para incomodar al que está pacífico en su asiento,
-entretenido y aun embebido con alguna suerte que le llama la atencion;
-se le ponen delante quitándole le vista, lo pisan, lo ensucian, lo
-mojan, lo atolondran con sus descomunales gritos, y es necesario valerse
-de la prudencia y sufrir, ó estar guerreando toda la funcion. No se debe
-permitir la entrada á estos hombres sino en cierto número, y tenerles en
-cada ochava ó andamio su sitio señalado, del que no puedan moverse, y,
-sin que se les permita pregonar, pues estando establecida esta
-disposicion, cualquiera que los necesitase los llamaria ó iria á
-buscarlos.
-
-Los soldados y los demas dependientes de justicia, como asimismo todos
-los empleados de la plaza, deberán tener sus sitios señalados donde no
-incomoden al espectador, el cual por lo que ha contribuido tiene un
-derecho á ser atendido, y á que nadie le estorbe ni moleste.
-
-La clase baja cree tener en los toros una soberanía indisputable, y
-debemos confesar que efectivamente hasta el dia lo que quiere la
-multitud eso se hace en estas funciones. Pero ¿es esto justo?
-Seguramente que no. ¿Y no hay modo de remediarlo? muchos creen que no,
-pero se equivocan. Si en medio del entusiasmo y exaltacion que el vino y
-la lidia producen en las mal organizadas cabezas del populacho, que
-donde quiera es soez, se trata de refrenarlo por la fuerza, y cortar
-desde el momento los abusos, es indudable que no se conseguiria nada, y
-que el campo de Agramante sería niño de teta para la plaza de toros.
-Pero si despues de haber intimado por edictos ó por los medios que
-parezcan mas conducentes por las respectivas autoridades las penas que
-tienen los infractores del orden público, y las prohibiciones que se
-juzgasen oportunas (entre las que debe comprenderse la de no entrar
-nadie con garrotes ni varas en la plaza, por el daño que causan al
-edificio y á los oidos, y porque pueden servir de arma ofensiva), si
-hiciesen algunos ejemplares castigando á los que se atreviesen á cometer
-algunos de los escesos prohibidos, y se presentase la suficiente fuerza
-armada para imponer á los insolentes, se puede asegurar que bien pronto
-cesaria el desorden y pillage que hacen indecorosa esta diversion. No
-hay duda en que el carácter del espectáculo es muy á propósito para la
-algazara y vocería; pero tampoco la hay en que pueden estas contenerse
-dentro de los límites justos, y reducirse á victorear y á aplaudir á los
-lidiadores, animándolos y entusiasmándolos mas y mas: para esto no es
-necesario usar de frases descompuestas ni contrarias á la decencia
-pública, y sí puede echarse mano de las agudezas propias del gracejo de
-los españoles, y de los chistes con que ameniza la diversion el
-ponderativo andaluz.
-
-Las plazas de toros estan presididas y mandadas por los gobernadores, ó
-por diputaciones del ayuntamiento, ó en fin, por las primeras
-autoridades del pueblo en que se hallan: esto es muy justo, sin duda;
-pero como para mandar bien lo que pertenezca á la parte de la lidia se
-necesita un perfecto conocimiento de todo lo que constituye el arte de
-torear, y este conocimiento muy rara vez lo tendrá el presidente de la
-plaza, como ageno de su carrera y de su profesion, será muy del caso que
-en todas estas funciones tenga la autoridad inmediata á sí un hombre de
-conocida probidad é imparcial, y que reuna un completo conocimiento de
-los toros, de las suertes &c. &c., el cual ilumine al presidente, y le
-diga qué es lo que debe hacer con respecto á lo que pasa en el cerco.
-Este hombre deberá tener su correspondiente retribucion en pago de su
-buen oficio, pero deberá ser castigado severamente siempre que por
-parcialidad, ociosidad ó cualquier otro motivo, falte en algo á la
-justicia y á la verdad.
-
-Este hombre, que bien puede llamarse _fiel de las corridas de toros_,
-deberá reconocer el ganado antes de traerlo á la plaza, para ver si
-tienen los hierros y marcas de las ganaderías á que dice el asentista
-que pertenecen, para que no engañen al público, como sucede todos los
-dias anunciando toros de castas acreditadas ú oriundos de ellas, y
-corriéndoles luego cuneros. Deberá tambien este hombre examinar si los
-toros tienen edad y fuerza suficiente, y por último, si la vista y demas
-requisitos necesarios se hallan como se desea, para desechar los que
-carezcan de las proporciones oportunas para la lidia. Tambien deberá el
-mismo fiel dirigir cuanto corresponda á la conduccion de los toros, y
-muy particularmente los encierros, para que se hagan sin deterioro del
-ganado, y sin que la multitud y bullicio que en todas partes va á
-presenciarlos pueda hacerlos desmandar. Sería igualmente de desear que
-el descanso estuviera dispuesto de modo que las gentes no pudieran estar
-incomodando á los toros todo el tiempo que media entre el encierro y la
-corrida.
-
-El diputado del festejo deberá concurrir acompañado del _fiel_ á lo que
-llaman la prueba de los caballos: tambien cuidará de que haya el número
-suficiente para cubrir la corrida, y que todos sean buenos, y probados
-de antemano. En seguida deberá hacer que le presenten las monturas, para
-ver si hay el número suficiente y estan en buen estado, como tambien
-examinar las puyas y medirlas, arreglándolas á la marca que pida la
-estacion, y asegurarlas con los topes ó casquillos para que no puedan
-desliarse mas. Tambien si el tiempo es muy seco deberá hacer que
-humedezcan las varas de detener, para que no se quiebren á cada momento,
-como sucede con mucha frecuencia por no tener esta precaucion.
-
-Despues de haber dispuesto y hecho ejecutar estas cosas, dará orden de
-que se componga y humedezca lo suficiente el terreno de la plaza, y que
-arreglen todos los demas útiles que se puedan necesitar, tanto para la
-policía de la plaza y seguridad de los espectadores, como para el
-servicio de la lidia y socorro de los toreros cuando por una casualidad
-hubiese algun herido, por lo que habrá un cuarto preparado con camas, y
-un cirujano con cuanto pueda necesitar.
-
-Hemos dicho que corresponde al _fiel_ de las corridas hacer un
-reconocimiento prolijo de los toros para desechar los que no deban
-lidiarse, y añado que este mismo hombre deberá avisar á la autoridad si
-se presenta entre los toreros, asi á pie como á caballo, alguno que por
-su ignorancia no esté en el caso de cumplir con su obligacion, y pueda
-ocasionar un disgusto á los espectadores, para no permitir su salida. He
-presenciado muchas cogidas por la poca escrupulosidad que tienen á veces
-los asentistas de las plazas en escoger los toreros, poniéndonos como
-picadores hombres que ni aun saben tenerse á caballo, y como matadores
-algunos muy malos chulos: de ahí nacen los disgustos y desgracias, y de
-aqui que se pierda la aficion á este espectáculo, que no puede agradar
-siendo malos los lidiadores.
-
-Los elementos ó la base del espectáculo, que son los toreros, los toros
-y los caballos, elegidos de esta manera no podrian dejar de llenar
-completamente la satisfaccion de los espectadores, y llevarian la lidia
-hasta la cima de su perfectibilidad. No obstante, si con respecto á la
-parte científica, si es propia la espresion, no cabe ya mejora despues
-de practicado lo dicho, con relacion al orden ó la marcha del
-espectáculo resta mucho que enmendar. Asi es, que para no dejar nada
-olvidado, y seguir mejor el orden que deseamos se establezca en estas
-funciones, iremos hablando segun la marcha que ellas siguen ahora.
-
-Hecho el despejo de la plaza, y despues de ocupar cada uno de los
-espectadores su asiento, y colocarse entre barreras los empleados y
-soldados que deben estar abajo para cuidar que nadie se eche á la plaza,
-y que no esten embarazados los portillos de las contra-barreras donde
-han de guarecerse los toreros, harán estos el correspondiente saludo á
-las autoridades, y los picadores se situarán, el mas moderno el primero,
-y el mas antiguo el último, el cual orden de antigüedad no se
-interrumpirá, á no ser cuando uno de ellos se desmonte y vaya por otro
-caballo: en esta operacion solo deben tardar lo que baste para llegar á
-la cuadra y montarse, pues que en ella deberán estar siempre ensillados
-y listos á lo menos tres caballos, y si el picador se tarda mas del
-tiempo dicho será efecto de holgazanería, lo cual se deberá castigar, lo
-mismo que todas las faltas que cometan los demas toreros, haciéndoles
-una rebaja en el estipendio segun lo merezca la falta, pues no se les
-puede imponer pena mas suave ni mas eficaz; y se puede aumentar en
-cierto modo el estímulo dando como gratificacion al que mejor haya
-cumplido lo que como castigo se exigió al que cumplió mal. Los picadores
-esperimentados suelen usar algunas raterías para trabajar poco y sacar
-partido de su trabajo: una de estas es ponerse á picar á un toro boyante
-y blando, y darle dos ó tres puyazos seguidos en los tercios, y aun en
-los medios de la plaza, sin dejar casi trabajar á los compañeros, y
-atravesándose siempre como si estuvieran entusiasmados y con muchas
-ganas de picar; pero si en seguida sale un toro pegajoso, ya no hacen
-por él, ó bien el caballo no anda, ó en fin, se apean para tomar otro y
-dejar pasar el tiempo: esto es una infamia, porque no dejan lucir á los
-otros cuando el toro es á propósito para ello, y luego los dejan que
-trabajen con el que los puede deslucir y lastimar: por esto dije arriba
-que no debia alterarse el orden de los puyazos, y solo en el caso de
-recargar el toro es cuando dará el picador dos ó mas: _el fiel_ de la
-plaza informará de esto á la autoridad para el efecto conveniente, como
-tambien cuando deben ir á buscar al toro, y cuando la calidad de éste no
-permita sino picarlo cerca de los tableros.
-
-Con respecto á los banderilleros solo tengo que decir que no deberán
-quitar las piernas á los toros mientras se esten picando, ni deben
-hacer nada con ellos sino por orden de las espadas, que deberán estar
-muy prontos para sacarlos de los caballos cuando recarguen, y no mas; y
-que si el picador cae deberán llevarse al toro con ligereza y
-conocimiento, echándole siempre el capote á los ojos para que obedezca
-mejor. Cuando llegue el caso de banderillear saldrá primero el mas
-antiguo, y si vuelve á tener suerte antes que el otro la verificará sin
-guardar consideracion, porque si el segundo no la consiguió por haber
-hecho salidas falsas, justo es que pague su torpeza, y logre el primero
-el premio de su habilidad. Sería de desear que se detuviesen mas tiempo
-en banderillear, porque no hay razon para que á una suerte tan linda se
-le dé tan poco lugar en la lidia.
-
-Cuando se toque á matar al toro deberá hacerlo primero el mas antiguo,
-que lo brindará segun costumbre á la autoridad, y no podrá cederlo á
-ningun otro matador, y mucho menos á ningun chulo. La suerte de muerte,
-que es la mas dificil y lucida, no debe ser ejecutada sino por las
-primeras espadas, las cuales no tienen derecho alguno para cederla á
-ningun otro torero, porque el público, que es lo mas respetable y lo que
-primero debe atenderse, va al cerco en la inteligencia de que á cada una
-de ellas les toca matar tales y tales toros, segun se infiera de la
-papeleta ó cartel en que se anunció la funcion: el no cumplir con esto
-es un engaño manifiesto, y tanto mas cuanto sea menos diestro el que por
-cesion de la primera espada vaya á matar al toro. Este abuso es tan
-frecuente, que yo he visto corridas en que la primera espada, que era de
-conocida destreza, debia matar, segun se inferia del cartel, cuatro
-toros, la otra espada tres, y el media espada el último; y luego solo
-mató uno la primera, dos la segunda, y los restantes entre la media
-espada, dos chulos, y otro que ni aun estaba en la cuadrilla. ¿Qué razon
-hay para estas variaciones? El aficionado que va á los toros por ver
-matar á los mas diestros, que sale de su casa y aun de su pueblo robando
-el tiempo á sus ocupaciones, y posponiendo todo á su favorita diversion,
-¡con cuánto derecho podrá acusar de injusticia y arbitrariedad al que
-autorice semejante abuso!
-
-Ya que hemos tocado este punto, bueno será esponer las razones en que me
-fundo para decir que ningun torero debe ceder á otro la suerte que le
-toca. Prescindiendo ya de la principal, cual es la de cumplir con lo que
-se anuncia al público, que es el deber mas fuerte y sagrado, me asisten
-otras, que si por una parte no tienen la fuerza incontrastable que la
-anterior, influyen sin embargo de un modo mas inmediato y directo en el
-buen suceso de las lidias. Sabemos que por desgracia son muy frecuentes
-entre los toreros las rencillas y enemistades que los espectadores
-parciales é imprudentes fomentan con sus determinados aplausos y gritos:
-de aqui es que muchas veces cuando el partido de un torero es el
-dominante en la plaza, y se va á matar un toro boyante, por el que sea
-su émulo se forme aquella especie de motin, en que atropellando por lo
-justo y por el orden establecido, se oponen á que haga la suerte el que
-debe, y le obliguen á dar la espada al favorito de la plebe, que siempre
-es la que asi se conduce, para que luzca con un toro que la casualidad
-habia prevenido al otro, y con el que probablemente hubiera lucido su
-destreza. Hay ademas otra razon para que no se permitan estas cesiones,
-y es que los toreros son generalmente fatalistas, es decir, que tienen
-sus aprensiones á ciertos toros, porque se les figura que los han de
-coger; unos los temen por la pinta, otros por la calidad, algunos por la
-casta, y muchos porque sean corni-apretados, cornaloneo, capachos &c.;
-si en unos de estos cambios se añade al disgusto de recibir un desaire
-de parte del público, tener luego que matar uno de estos toros, ó que
-sea realmente de sentido, es mas probable la cogida, y si pierde la vida
-el diestro será una desgracia doblemente digna de sentimiento.
-
-Sería, pues, de desear que la autoridad hiciese saber al público que no
-se concederian de manera alguna semejantes permutas, y mucho menos
-cuando son para empeorar, por recaer en sugetos poco hábiles, y que se
-castigaria como perturbador del orden del espectáculo al que la
-solicitase y pidiese, asi como se haria en un teatro si alzase uno la
-voz pidiendo que un parte de por medio hiciese de primer galan.
-
-Tambien es muy frecuente pedir el pueblo que salga á malar ó
-banderillear algun torero que esté viendo la funcion, porque el vulgo
-novelero mas gusta de ver matar cada toro por un torero diferente,
-aunque sea malo, que todos por el mas diestro: tampoco debe esto
-permitirse por las razones dichas, y mucho mas si se empeora; pero si el
-torero á quien solicita el pueblo ver matar es de una destreza conocida,
-superior, ó al menos igual al mejor que haya en la plaza, y este se
-conviene espontáneamente en cederle la espada, se podrá permitir, puesto
-que no es perjuicio para los demas toreros, y sí beneficio para el
-público. Sin embargo, solo alguna rara vez, y siendo contento en ello el
-que ceda la suerte, se tendrá esta complacencia.
-
-Del mismo modo se debe prohibir la salida de cualquier picador intruso ó
-aventurero que se ofreciese gratuitamente á picar, y de cualquiera que
-se brindase á hacer alguna especie de suerte.
-
-Estos son los vicios de que adolece el espectáculo, cuyos medios de
-correccion dejo espuestos, igualmente que las razones que me asisten
-para proponerlos; pero no consiste en esto solo la reforma que él exige.
-¿Por qué razon se han de limitar las funciones de toros tan solo á unas
-clases de suertes, mientras que otras que en nada ceden á las que se
-usan estan enteramente desterradas del cerco? ¿Por qué cuando salen los
-toros de una corrida malos para las varas y no las toman se ha de salir
-el público sin verlos lidiar, y con particularidad si son de regocijos?
-No puedo alcanzar la razon; pero nada hay mas frecuente que ir á los
-toros, y si son de los que no quieren los caballos, y la corrida no es
-de muerte, acabarse la funcion sin haberse hecho mas en ella que poner
-algunas banderillas. Con el objeto de remediar esto en cuanto sea
-posible, voy á proponer los medios de que yo usaria para amenizar la
-diversion, y no dejarla en cierto modo casual y advenediza, como sucede
-hoy.
-
-Los toros que fueren bravos para los caballos se torearian como de
-costumbre, haciéndoles las suertes de picar á caballo levantado, y la
-del señor Zaonero. Los que fuesen cobardes y rehusasen tomar las varas
-deberian ser acosados por los picadores y derribados, ya de este, ya de
-aquel modo, con lo cual se pararian y harian suerte, siendo ademas muy
-bonito ver estas operaciones, que son otras tantas suertes muy lucidas y
-brillantes. Concluidas las de á caballo deberian los toreros de á pie
-hacer los muchos juguetes que se le hacen á los toros, ya con la capa,
-ya saltándolos, parcheando &c., y no dedicarse esclusivamente á la de
-banderillas. Esta segunda época, digámoslo asi, que se consagraria á las
-suertes de á pie, sería de mas ó menos duracion, segun el estado y poder
-del toro; todo lo cual haria el _fiel_ hacer saber al diputado para que
-marcase con oportunidad y con el debido conocimiento. Con esto se
-conseguiria ver una multitud de suertes cuya variedad embelesaria, y no
-habria toro, por malo y cobarde que fuese, de quien no se sacase recreo
-y novedad.
-
-La suerte de muerte, la mas dificil que se ejecuta, y cuyas dificultades
-se multiplican por la circunstancia de ser la última, y estar ya el toro
-con mas conocimiento y picardía, es peculiar, como ya hemos dicho, de
-las espadas; pero sería de desear que cuando llega el caso de matar un
-toro que por haber sido ya placeado, ó por haber aprendido en la lidia,
-ó por ser naturalmente de sentido, dé mucho recelo, y pueda esponer con
-mucha probabilidad al torero, se le mandase echar perros, en vez de
-tocar á matarle con la espada; de este modo se escusaria el disgusto que
-la mucha intencion del toro pudiera ocasionar, y se ofrecia á los
-espectadores una nueva lucha muy divertida y curiosa.
-
-Tengo que hacer una advertencia con respecto á las corridas de novillos,
-porque como en ellas salen los toros vivos, y luego se van al campo,
-pueden volver á la plaza y traer demasiada intencion, como la
-esperiencia lo ha probado ya tristemente en las cocidas que ellos han
-dado: esto se podria evitar haciendo marcar al toro en la plaza con un
-hierro que fuese conocido de todos, con lo que se conseguiria que no
-pudiesen volver á correr semejantes reses, pues conforme se presentasen
-para la venta, el _fiel_ de la plaza los desecharia como inútiles. Esta
-sencilla precaucion no solo evitaba completamente el fraude en esta
-materia, sino que proporcionaba una diversion nueva á todos los
-concurrentes.
-
-La reforma que á mi parecer reclama el espectáculo estriba
-principalmente en los puntos dichos: no dudo que se me habrá escapado
-alguno, y acaso muy interesante: tampoco desconozco el trabajo y el
-tiempo que se necesitarian para desarraigar tan inveterados abusos, y la
-constancia y prudencia que esta empresa necesita; pero su utilidad exige
-cualquier sacrificio. Desterrar lo que tiene de incivil y sanguinaria;
-amenizar y multiplicar su perspectiva, y combinar la destreza y la
-seguridad; hé aqui lo que forma su objeto. Si el haber fijado la
-atencion sobre esta importante materia contribuye algo á impulsar hácia
-la perfeccion la fiesta de toros, me creeré feliz, y habrá conseguido
-este pequeño trabajo, el premio que merece tan solo mi buena intencion.
-
-
-FIN.
-
-
-
-
-INDICE
-
-DE LAS MATERIAS QUE CONTIENE ESTA OBRA.
-
-
-_Prólogo del editor._
-
-_Tabla alfabética de algunas voces y frases
-cuyo conocimiento es indispensable
-para inteligencia de esta obra._ Pág. I
-
-_Discurso histórico apologético de las fiestas
-de toros_ 1
-
-
-PARTE PRIMERA.
-
-Arte de torear á pie.
-
-CAPITULO I. _De las condiciones que indispensablemente
-debe tener un torero._ 78
-
-CAP. II. _Requisitos que deben tener los
-toros para lidiarse._ 82
-
-CAP. III. _De las querencias._ 88
-
-CAP. IV. _De los tres estados que tienen
-los toros en la plaza._ 92
-
-CAP. V. _De las diferentes clases de toros._ 94
-
-CAP. VI. _De las suertes de capa._ 100
-
-ARTÍCULO I. _Del modo de correr los toros._ 101
-
-ART. II. _De la suerte á la verónica, ó sea
-de frente._ 107
-
-ART. III. _De la suerte á la navarra._ 117
-
-ART. IV. _Suerte de tijerilla, ó sea á lo
-chatre._ 120
-
-ART. V. _Suerte al costado_ 121
-
-ART. VI. _Suerte de frente por detras_ 123
-
-CAP. VII. _De los recortes y galleos_ 124
-
-CAP. VIII. _De los cambios_ 129
-
-CAP. IX. _De la suerte de banderillas_ 132
-
-ARTÍCULO I. _Suerte de banderillas á cuarteo_ 133
-
-ART. II. _Suerte de las banderillas á media vuelta_ 142
-
-ART. III. _De las banderillas á topa carnero_ 145
-
-ART. IV. _Suerte de banderillas al sesgo, ó
-á la carrera, ó á tras-cuerno_ 148
-
-ART. V. _Suerte de banderillas al recorte_ 149
-
-CAP. X. _Del modo de parchear_ 151
-
-CAP. XI. _De la suerte de muerte_ 156
-
-PRIMERA PARTE. _De los pases de muleta_ id.
-
-SEGUNDA PARTE. _De la estocada de muerte_ 170
-
-ARTÍCULO I. _Del modo de matar los toros,
-recibiéndolos_ 171
-
-ART. II. _De la estocada á vuela pies_ 184
-
-ART. III. _De la estocada á la carrera_ 193
-
-ART. IV. _De la suerte á media vuelta_ 194
-
-ART. V. _De la estocada á paso de banderillas_ 195
-
-CAP. XII. _Consecuencias de la estocada
-de muerte_ 197
-
-CAP. XIII. _Del ver llegar los toros_ 204
-
-CAP. XIV. _De algunas otras suertes de
-á pie_ 208
-
-ARTÍCULO I. _Del salto á tras-cuerno_ 209
-
-ART. II. _Del salto sobre el testuz_ 210
-
-ART. III. _Del salto de la garrocha_ 211
-
-ART. IV. _De la lanzada de á pie_ 212
-
-ART. V. _Del modo de capear entre dos_ 213
-
-ART. VI. _Del modo de picar los toros, montado
-sobre otro hombre_ 214
-
-ART. VII. _Del modo de mancornar_ id.
-
-CAP. XV. _De algunas particularidades
-que debe tener el torero_ 216
-
-CAP. XVI. _Modo de cachetar_ 222
-
-CAP. XVII. _Modo de desgarretar_ 223
-
-
-PARTE SEGUNDA.
-
-Arte de torear á caballo.
-
-CAPITULO I. _De las cualidades que debe
-tener el torero de á caballo_ 224
-
-CAP. II. _Del modo de dividir los toros para
-la suerte de picar_ 229
-
-CAP. III. _En que se dan algunas nociones
-preliminares á la suerte de picar_ 232
-
-CAP. IV. _Suerte de picar al toro levantado_ 236
-
-CAP. V. _Suerte de picar al toro en su rectitud_ 240
-
-CAP. VI. _Del modo de picar al toro atravesado_ 244
-
-CAP. VII. _Del modo de picar á caballo
-levantado_ 245
-
-CAP. VIII. _De la suerte del señor Zaonero_ 246
-
-CAP. IX. _De algunas particularidades que
-deben saberse, relativas á las suertes de
-picar_ 251
-
-CAP. X. _De algunas otras suertes de á
-caballo_ 256
-
-ART. I. _Del modo de acosar_ id.
-
-ART. II. _Del modo de derribar_ 257
-
-ART. III. _Del modo de enlazar los toros desde
-el caballo_ 260
-
-
-PARTE TERCERA.
-
-Reforma del espectáculo.
-
-CAPITULO ÚNICO 261
-
-
- _Se vende en Madrid en la librería de Escamilla, calle de Carretas,
- y en las provincias donde se encuentran las nuevas publicaciones
- siguientes._
-
-
-Coleccion de novelas históricas originales españolas: 29 tomos, á 8
-reales cada uno en rústica y 10 en pasta.
-
-Fígaro: coleccion de artículos dramáticos, literarios, políticos y de
-costumbres, por D. Mariano José de Larra: 3 tomos, su precio 42 reales
-en rústica y 48 en pasta.
-
-1.ª 2.ª. y 3.ª cartas de Fígaro, 3 folletos, á 2 reales cada una.
-
-El Pobrecito Hablador: 15 folletos, por D. Mariano José de Larra, á 2
-reales.
-
-Coleccion de comedias del teatro moderno, cuyos títulos espresan los
-catálogos que se dan gratis en la indicada librería á los sugetos que
-gusten adquirirlos.
-
-Panorama Matritense: cuadros de costumbres de la capital, observados y
-descritos por un Curioso Parlante: 2 tomos en octavo marquilla con
-cuatro bellas láminas, su precio 40 reales en rústica y 46 en pasta.
-
-El Dogma de los hombres libres. Palabras de un creyente, por M. F. la
-Mennais, traducidas de la última edicion por D. Mariano José de Larra:
-un tomo en octavo, su precio 10 reales en rústica y 12 en pasta.
-
-Alvarez: Derecho real de España, 2 tomos en cuarto á 44 reales en
-rústica, 52 en pasta, y 46 en un tomo tambien en pasta.
-
-Sátiras de varios autores.
-
-
-_Esta obra es propiedad del Editor, quien perseguirá ante la ley al que
-la reimprima._
-
-
-NOTAS:
-
-[1] Segun otros, VIII.
-
-[2] Crónica de don Pedro Niño, part. 1. cap. 7.
-
-[3] Jovellanos: memorias sobre las diversiones públicas.
-
-[4] Buffon.
-
-[5] An Essay on the history of civil society: part. 1. sect. 4.
-
-[6] Memoria sobre las diversiones públicas.
-
-[7] Véase la crónica de don Alvaro de Luna, cap. 52.
-
-[8] Véase su crónica.
-
-[9] Plinio.
-
-[10] Suponiendo que sea el del lado de la huida.
-
-
-
-
-
-
-
-
-End of Project Gutenberg's Tauromaquia completa, by Francisco Montes
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TAUROMAQUIA COMPLETA ***
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- The Project Gutenberg eBook of Tauromaquia,
-por Francisco Montes.
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-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of Tauromaquia completa, by Francisco Montes
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Tauromaquia completa
- ó sea El arte de torear en plaza
-
-Author: Francisco Montes
-
-Release Date: August 24, 2020 [EBook #63030]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TAUROMAQUIA COMPLETA ***
-
-
-
-
-Produced by Chuck Greif, Biblioteca Digital de la Comunidad
-de Madrid and the Online Distributed Proofreading Team at
-https://www.pgdp.net
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-
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-</pre>
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-/></a></p>
-
-<table border="1" cellpadding="5" cellspacing="0" summary="">
-<tr><td class="c"><a href="#INDICE"><b>AL INDICE</b></a></td></tr>
-</table>
-
-<h1>TAUROMAQUIA</h1>
-
-<p class="c">COMPLETA,<br /><br />
-escita por el célebre<br /><br />
-
-LIDIADOR<br /><br />
-FRANCISCO MONTES.<br /><br /><br />
-PRECIO,<br />
-14 <i>rs.</i> en Madrid y 15 cm<br />
-las Provincias.
-<br /><br /><br /><img src="images/tauro.jpg"
-width="175"
-alt="[Image
-unavailable.]"
-/><br /><br /><br />
-<a href="images/montes.jpg">
-<img src="images/montes.jpg" height="550" alt="[Image
-unavailable.]"
-/></a><br />
-<br />
-FRANCISCO MONTES<br /><br /><br />
-TAUROMAQUIA COMPLETA,<br />
-<br />
-Ó SEA<br />
-<br />
-EL ARTE DE TOREAR EN PLAZA,<br />
-<br />
-TANTO A PIE COMO A CABALLO:<br />
-<br />
-ESCRITA POR EL CÉLEBRE LIDIADOR<br />
-<br />
-<big>FRANCISCO MONTES,</big><br />
-<br />
-Y DISPUESTA Y CORREGIDA ESCRUPULOSAMENTE<br />
-POR EL EDITOR.<br />
-</p>
-
-<div class="blockquot"><p class="hang"><i>Va acompañada de un discurso histórico apologético sobre las
-fiestas de toros, y de</i> una tercera parte <i>en que se proponen las
-mejoras que deberia sufrir este espectáculo</i>.</p></div>
-
-<p class="c">
-MADRID:<br />
-<br />
-IMPRENTA DE D. JOSÉ MARÍA REPULLÉS.<br />
-1836.<br />
-</p>
-
-<h2><a name="PROLOGO_DEL_EDITOR" id="PROLOGO_DEL_EDITOR"></a>PROLOGO DEL EDITOR.</h2>
-
-<p class="nind"><i><span class="letra">A</span>si como los individuos, tienen los pueblos su carácter original propio
-y esclusivo de ellos, que sirve para distinguir los unos de los otros, y
-que es el orígen de sus hábitos y costumbres.</i></p>
-
-<p><i>Para llegar á conocer con exactitud el verdadero carácter de un pueblo,
-es á veces mas á propósito que su misma historia tomada en su totalidad,
-la lectura de aquellos escritos en que se hallan consignados sus
-entretenimientos privados, esto es, peculiares y esclusivos de él; y
-volviendo á comparar los pueblos con los individuos, diremos que tanto
-los unos como los otros son mas dificiles de conocer, y dejan menos
-traslucir su verdadera índole cuando ejecutan acciones de cierta
-notoriedad y consecuencias, porque en este caso el temor de la censura
-pública influye poderosamente en las determinaciones. Es tan verdadera
-esta asercion, que hasta en la edad del candor, en la edad pueril, se
-observa constantemente que los niños no obran del mismo modo cuando los
-observan sus padres ó sus maestros, que obran entre sí en sus juegos y
-divertimientos: aqui, pues, debemos buscar el verdadero carácter del
-niño, y aqui tambien el de los hombres y el de los pueblos.</i></p>
-
-<p><i>Intimamente convencido de esta verdad, ofrezco al público, en prueba
-de la bravura del carácter español, la presente obrita, que tanto por el
-mérito de la parte puramente artística, que es del tan célebre Francisco
-Montes, como por las curiosidades que en la histórica y apologética he
-podido reunir, forma uno de aquellos libros que generalmente se llaman</i>
-curiosos, <i>y que son bien recibidos por todas las clases de la
-<span class="pagenum"><a name="page_i" id="page_i">{i}</a></span>sociedad</i>.</p>
-
-<h2><a name="TABLA_ALFABETICA" id="TABLA_ALFABETICA"></a>TABLA ALFABETICA<br /><br />
-<small>DE<br /><br />
-ALGUNAS VOCES Y FRASES<br /><br />
-<i>cuyo conocimiento es indispensable para inteligencia de esta obra</i>.</small></h2>
-
-<div class="blockquot1"><p><i>Achazo.</i> El movimiento que hace el toro con la cabeza para usar de
-sus armas.</p>
-
-<p><i>Anillos.</i> Se llaman asi las líneas circulares que tienen los toros
-en la parte inferior de los cuernos, junto á la raiz, y que marcan
-su edad.</p>
-
-<p><i>Armarse.</i> Ponerse en disposicion para ejecutar alguna suerte.</p>
-
-<p><i>Bulto.</i> Se entiende el cuerpo del torero.</p>
-
-<p><i>Cabezada.</i> Lo mismo que achazo.</p>
-
-<p><i>Castigo.</i> Todo aquello que se hace<span class="pagenum"><a name="page_ii" id="page_ii">{ii}</a></span> al toro, y le causa molestia ó
-dolor.</p>
-
-<p><i>Cargar la suerte.</i> El movimiento que hace el diestro en el centro
-de ella de bajar los brazos y meter el engaño en el terreno de
-afuera para echar del suyo al toro.</p>
-
-<p><i>Cerco.</i> Lo mismo que plaza.</p>
-
-<p><i>Cernirse en el engaño.</i> Se dice cuando un toro se queda delante de
-él, indeciso sobre tomarlo ó dejarlo.</p>
-
-<p><i>Cite.</i> Se llama asi todo movimiento, voz ó silbido con que el
-diestro empeña al toro para la suerte.</p>
-
-<p><i>Colarse el toro.</i> Se dice, bien cuando se mete en el terreno de
-adentro, ó bien cuando por haberle hecho mal alguna suerte se va
-por entre el engaño y el cuerpo. Los picadores dicen que el toro se
-<i>coló suelto</i> cuando<span class="pagenum"><a name="page_iii" id="page_iii">{iii}</a></span> llega hasta el caballo sin haberlo pinchado.</p>
-
-<p><i>Contraste.</i> Cuando el toro se ve obligado por dos terrenos hay
-contraste.</p>
-
-<p><i>Cuadrada.</i> Tener la muleta; presentarla de modo que le dé todo el
-frente al toro.</p>
-
-<p><i>Cuadrarse.</i> Ponerse al lado del cuello del toro, donde no alcance
-el achazo.</p>
-
-<p><i>Derrotes.</i> Los contínuos movimientos que hace el toro con la
-cabeza cuando quiere desarmar al torero.</p>
-
-<p><i>Desarmarse.</i> Quitarse de la posicion de hacer suerte.</p>
-
-<p><i>Diestro.</i> Lo mismo que torero.</p>
-
-<p><i>Encerrado.</i> Está el diestro encerrado, cuando no tiene terreno
-suficiente para rematar la suerte sin tropezar con el toro.</p>
-
-<p><i>Engaño.</i> Todo lo que se emplea para engañar los toros.<span class="pagenum"><a name="page_iv" id="page_iv">{iv}</a></span></p>
-
-<p><i>Embroque.</i> La disposicion en que el torero se halla respecto al
-toro, cuando si no se moviera llevaria la cornada.</p>
-
-<p><i>Escupirse.</i> Cuando el toro no toma el engaño.</p>
-
-<p><i>Humillar.</i> Se llama asi la accion de bajar el toro la cabeza para
-tirar el achazo; tambien se llama descubrirse.</p>
-
-<p><i>Jurisdiccion.</i> La del diestro es el pedazo de tierra en que puede
-hacer suerte con el toro, y la de éste hasta donde alcanza con el
-achazo.</p>
-
-<p><i>Liar.</i> Recoger la muleta sobre el palo.</p>
-
-<p><i>Mejorar el terreno.</i> Cuando el matador, por ejemplo, ve que el
-toro viene metido en su terreno, y se mete él un poco mas para
-hacer la suerte natural, se usa esta frase.</p>
-
-<p><i>Meter los brazos.</i> La accion de<span class="pagenum"><a name="page_v" id="page_v">{v}</a></span> bajarlos para poner las
-banderillas.</p>
-
-<p><i>Parear.</i> Poner dos banderillas.</p>
-
-<p><i>Peon.</i> Torero de á pie.</p>
-
-<p><i>Piernas.</i> Se dice que el toro tiene muchas cuando es muy ligero.</p>
-
-<p><i>Pies.</i> Lo mismo que piernas.</p>
-
-<p><i>Quiebro.</i> Todo movimiento de cintura con que se evita el achazo.</p>
-
-<p><i>Salida falsa.</i> La de los banderilleros cuando no hacen la suerte.</p>
-
-<p><i>Salirse de la suerte.</i> Ponerse en otro sitio donde no se puede
-verificar; se entiende, con el diestro y con el toro.</p>
-
-<p><i>Sentar los pies.</i> Tenerlos quietos hasta el momento oportuno.</p>
-
-<p><i>Tablas.</i> La valla que forma el cerco.</p>
-
-<p><i>Taparse el toro.</i> Cuando en vez de humillar alza la cabeza.</p>
-
-<p><i>Tender la suerte.</i> Bajar el capote y adelantarlo un poco.</p>
-
-<p><i>Tirar los brazos.</i> El movimiento<span class="pagenum"><a name="page_vi" id="page_vi">{vi}</a></span> que se hace con ellos para sacar
-el engaño.</p>
-
-<p><i>Transformacion.</i> La de los toros, cuando de buenos se hacen malos,
-ó vice-versa.</p>
-
-<p><i>Viaje.</i> La carrera determinada del diestro ó del toro.</p></div>
-
-<p><big>NOTA</big>. No hemos querido estendernos mas en esto, porque ademas de ser
-suficientes para entender esta obra las frases ya esplicadas, sería
-interminable anotar todas las técnicas del toreo.<span class="pagenum"><a name="page_1" id="page_1">{1}</a></span></p>
-
-<h2><a name="DISCURSO" id="DISCURSO"></a>DISCURSO<br /><br />
-<small>histórico-apologético</small><br /><br />
-DE LAS FIESTAS DE TOROS.</h2>
-
-<p class="nind"><span class="letra">L</span>a historia guarda un profundo silencio relativamente á los pormenores
-que acompañaron á las luchas de hombres con toros en un crecido número
-de años. Hasta el reinado de Alfonso VI<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a> no se hace mencion de ellos
-como entretenimiento de la nobleza; y todos convienen en que el célebre
-caballero Ruy, ó Rodrigo Diaz del Vivar, llamado el Cid Campeador, fue
-el que por primera vez alanceó los toros desde el caballo.</p>
-
-<p>Esta accion, hija del estraordinario valor y bizarría de aquel héroe,
-dió orígen á un nuevo espectáculo que con general aceptacion<span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">{2}</a></span> vino á
-sustituir al que se usaba en el siglo undécimo, que consistia en soltar
-un cerdo, y luego dos hombres con los ojos vendados y armados con un
-palo, los cuales iban dando hasta que uno topase con el cerdo, que
-entonces era suyo; y la mayor diversion era cuando los dos
-equivocadamente se apaleaban.</p>
-
-<p>Si la nobleza y relevantes prendas de las personas que se dedican á tal
-ó cual diversion, honesta se entiende, es suficiente motivo para
-reputarla por buena y tenerla en estima, la lucha de toros gozará la
-preeminencia, por haber sido el mas valiente caballero español el
-primero á quien se le vió lidiarlos. No obstante, algunos creen que en
-tiempo de los romanos se conocian ya estas fiestas en España, y apoyan
-su opinion no solo en la historia, sino tambien en los restos de los
-famosos anfiteatros que existen en Toledo, Mérida y otros pueblos; pero
-aunque asegura aquella que los romanos eran muy aficionados á las
-contiendas de hombres con fieras, no consta de manera alguna que los
-toros fueran empleados para ellas, y sí otros animales; y es digno de
-atencion que en Roma no se hubiese perpetuado esta diversion, siendo<span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">{3}</a></span>
-propia de aquella república, y sí en España, que fue solamente una de
-sus provincias conquistadas. Tampoco fundada me parece la opinion de los
-que creen que los godos conocieron como espectáculo estas fiestas, y
-creo que bastará ver lo que Manuel García dice en su <i>Epítome de las
-recreaciones públicas</i>, página 226, para convencerse del poco fundamento
-que tiene.</p>
-
-<p>En el año 1100 estaba ya estendida la fiesta de toros, y conocida como
-peculiar de los españoles, pues que el licenciado Francisco de Cepeda en
-su <i>Resumpta historial de España</i> dice llegando á esta época: “Se halla
-en memorias antiguas que se corrieron (este año) en fiestas públicas
-toros; espectáculo solo de España.” Se fomentó mucho esta diversion
-cuando los príncipes, amonestados por el celo de los eclesiásticos,
-proscribieron todas aquellas cuyas consecuencias eran á menudo funestas,
-entre las cuales no comprendian los toros; lo cual es mucho de notar, y
-viene en apoyo de lo racional y seguro que tienen.</p>
-
-<p>Desde esta época la nobleza se dedicó enteramente á esta clase de
-distraccion, que era<span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">{4}</a></span> privativa suya, y no habia ningun acontecimiento
-de utilidad y alegría pública que no se solemnizase con corridas de
-toros. Asi es, que nuestras crónicas nos dicen, que cuando Alfonso VII
-casó en Saldaña con doña Berenguela la chica, hija del conde de
-Barcelona, en el año de 1124, hubo entre otras diversiones la de correr
-toros; y cuando el rey don Alfonso VIII casó á su hija doña Urraca con
-el rey don García de Navarra, hubo en la ciudad de Leon dicha fiesta. La
-reputacion que se iba adquiriendo era tal, que pensaron en establecerla
-en varias partes fuera de España, principalmente en Italia, pero siempre
-iban las reses enmaromadas y con perros; y no obstante estas
-precauciones, sucedió en Roma el año de 1332, que murieron en las astas
-de los toros diez y nueve caballeros romanos y muchos plebeyos, sin
-contar los heridos, que fueron muchos, y de los que probablemente
-moriria alguno; lo cual nunca sucedió en España, á pesar de la mayor
-bravura de los toros, y de las mayores habilidades que con ellos se
-hacian. Este suceso fue causa de que se prohibiesen en Italia,
-convencidos de lo indispensable que<span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">{5}</a></span> es para torear con seguridad reunir
-el valor de los descendientes de Rómulo, y la destreza que á par de
-aquel brilla en el español.</p>
-
-<p>En el reinado de don Juan II llegó á su punto la galantería
-caballeresca, que se mezcló en toda clase de pasatiempos, y dió nuevo y
-poderoso impulso á la diversion de que tratamos. Tres fueron las grandes
-causas que concurrieron á fomentar con tanta rapidez el engrandecimiento
-de este espectáculo: la primera, el espíritu de galantería que como
-hemos dicho se introdujo en ellos, haciendo que cada caballero
-comprometiera y dedicara á su dama los esfuerzos de su valor, la cual
-habiéndolos presenciado, y juzgando por ellos si aquel caballero era
-bastante valiente para merecer su atencion, premiaba sus afanes con un
-distinguido favor. La segunda fue la parte que en ellas tomaron los
-soberanos, pues no solo las autorizaban con su presencia, sino que
-alternaban con los nobles en las lides, disputándoles como caballeros el
-premio que la belleza guardaba al mas diestro y galan. La última causa
-que concurrió fue la emulacion que existia entre la nobleza y los
-caballeros moros de Granada, nacida por<span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">{6}</a></span> el trato que tanto en paz como
-en guerra tenian con ellos; y como fueron muy frecuentes entre estos las
-fiestas de toros hasta el tiempo del rey Chico, y hubo muchos muy
-diestros, como fueron Malique-Alabez, Muza y Gazul, que hicieron
-célebres sus nombres y habilidad en la plaza de Bibarrambla, de aqui es
-que aquellos tratasen de imitarlos, y hacerles ver que en nada cedian
-los caballeros castellanos á los musulmanes españoles.</p>
-
-<p>Cuando en 20 de octubre del año 1418 casó el rey don Juan con doña María
-de Aragon, hubo en Medina del Campo dichas fiestas de toros, y en el
-reinado de Enrique IV se aumentó mas su esplendor; pero es imposible
-marcar con fijeza la época en que esta diversion tomó el aspecto de
-espectáculo público y nacional, y dejó de aparecer como un
-entretenimiento de los guerreros y caudillos mas famosos: las leyes de
-Partida la cuentan entre los espectáculos ó juegos públicos: la 57, tít.
-15, parte 1, la menciona entre aquellas á que no deben concurrir los
-prelados. Otra (la 4, parte 7, tít. de infamados) puede dar sospechas de
-que en aquel tiempo se ejercia ya este arte por personas<span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">{7}</a></span> mercenarias,
-pues que condena á infamia á los que lidian con fieras bravas por el
-dinero: y de una ordenanza del fuero de Zamora se deduce que hácia fines
-del siglo XIII habia en aquella ciudad plaza ó sitio determinado para
-tales fiestas.</p>
-
-<p>De cualquier modo que sea, ello es indudable que este fue uno de los
-ejercicios de destreza y valor á que se dedicaron los nobles de la edad
-media. La crónica del conde de Buelna es buen testimonio de ello: hé
-aqui las palabras del cronista ensalzando el valor de este paladin,
-triunfante tantas veces en las justas de Castilla y Francia, y que tanto
-se distinguió en los juegos de Sevilla celebrados para festejar el
-recibimiento de Enrique III cuando llegó alli desde el cerco de Gijon.
-“E algunos (dice) corrian toros, en los cuales non fue ninguno que tanto
-se esmerase con ellos asi á pie como á caballo, esperándolos, poniéndose
-á gran peligro con ellos, é faciendo golpes de espada tales que todos
-eran maravillados.”<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a><span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">{8}</a></span></p>
-
-<p>Esta diversion continuó estendiéndose y perfeccionándose, y se sabe que
-fue una de las fiestas con que el condestable Sr. de Escalona celebró la
-llegada de don Juan el II cuando vino por la primera vez á esta villa.</p>
-
-<p>Enervándose algun tanto el espíritu marcial por la renovacion de los
-estudios que iba haciendo nacer el gusto de las letras, fue mirada por
-algunos la lucha de toros como diversion espuesta y sangrienta, de lo
-que no hay que maravillar, pues desconociéndose las reglas y recursos
-que hoy ponen tan á salvo á los lidiadores, solia alguna vez haber
-disgustos y desgracias. Gonzalo Fernandez de Oviedo pondera la aversion
-con que la piadosa Isabel la Católica vió una de estas fiestas, y fue
-tal su disgusto, que pensó en proscribir de sus dominios tal
-espectáculo; pero los partidarios que tenia, que eran muchos, y
-principalmente entre los nobles, deseosos de conservar una diversion tan
-acomodada al espíritu del siglo, propusieron á la reina envainar las
-astas de los toros en otras mayores que fuesen de cuero, y vueltas las
-puntas hácia atras, con lo que se templaba el golpe, y no se podrian
-verificar heridas penetran<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">{9}</a></span>tes. Este medio fue aplaudido y abrazado
-entonces; pero ningun testimonio he visto que asegure la continuacion de
-su uso, lo cual prueba, á mi parecer, que distraida la reina de su
-propósito volvieron á gozar sin traba alguna de su favorita diversion.</p>
-
-<p>Viene en apoyo de esta opinion la carta que desde Aragon escribió esta
-virtuosa reina en el año de 1493 á su confesor Fr. Hernando de Talavera,
-en que decia: “De los toros sentí lo que vos decis, aunque no alcance
-tanto; mas luego alli propuse con toda determinacion de nunca verlos en
-toda mi vida, ni ser en que se corran, y no digo defenderlos (esto es,
-prohibirlos) porque esto no era para mí á solas.”</p>
-
-<p>Llegó pues á estenderse y á autorizarse tanto esta diversion, que el
-emperador Cárlos V, á pesar de no haber nacido ni criádose en España,
-mató un toro de una lanzada en la plaza mayor de Valladolid, en
-celebridad del nacimiento de su hijo Felipe II. En este mismo año una
-señora de la antigua y noble casa de Guzman casó con un caballero de
-Jerez, conocido por el <i>Toreador</i>. El célebre conquistador del Perú don
-Fernando Pi<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">{10}</a></span>zarro era muy diestro y valiente rejoneador; y del famoso
-don Diego Ramirez de Haro se cuenta que daba á los toros grandes
-lanzadas cara á cara y á galope, y sin anteojos ni banda el caballo. El
-rey don Sebastian de Portugal era tambien un hábil rejoneador. Se hallan
-estas noticias y otras curiosas en el libro de ejercicios de la gineta,
-que escribió don Gregorio Tapia y Salcedo en el año 1643, y en el que
-tambien se hallan reglas para torear á caballo, pues en aquel tiempo era
-este ejercicio una de las partes mas esenciales de aquel arte. Felipe
-III en 1619 renovó y corrigió la plaza de Madrid, lo que prueba que este
-monarca tenia en aprecio esta diversion. Don Felipe IV no solo la
-protegió, sino que tambien rejoneaba y alanceaba desde el caballo, y ya
-en su tiempo se iban reduciendo á una especie de arte sus reglas, como
-se puede ver en las que imprimió en Madrid don Gaspar Bonifaz, del
-hábito de Santiago y caballerizo de S. M. Don Luis de Trejo, del orden
-de Santiago, tambien imprimió en Madrid unas advertencias para torear.
-Don Diego de Torres escribió tambien unas reglas de torear, que se han
-perdido, y<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">{11}</a></span> que hay razones para creer que serian para los de á pie, lo
-cual hace mas sensible su pérdida, en atencion á que todos los autores
-arriba mencionados, y muchos mas que pudiera citar, escribieron con
-particularidad para los de caballo; y no encuentro quien trate
-espresamente de los de á pie, si esceptuamos á Novelli, hasta el año de
-1750 en que lo hizo don Eugenio García Baragaña, cuyo escrito se
-imprimió en Madrid ese mismo año.</p>
-
-<p>El reinado de Cárlos II fue el último en que estas fiestas gozaron de su
-esplendor y nobleza. La plebe no se podia mezclar en ellas, pues hasta
-entonces gozaban de la aristocracia con que las verificaron los moros de
-Toledo, Córdoba y Sevilla, cuyas cortes fueron en su tiempo las mas
-cultas de Europa, y de las cuales tomaron los españoles el ceremonial de
-este espectáculo; por lo que dice Bartolomé de Argensola:</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">Para ver acosar toros valientes,<br /></span>
-<span class="i0">Fiesta un tiempo africana y despues goda,<br /></span>
-<span class="i0">Que hoy les irrita las soberbias frentes &amp;c.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Asi es que los caballeros, á imitacion de aquellos, ejecutaban todas las
-suertes desde el<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">{12}</a></span> caballo, y solo se apeaban en el lance que llamaban
-<i>empeño de á pie</i>; en este caso se bajaba el caballero por haber perdido
-el sombrero, guante ó algun otro de sus atavíos, ó bien porque el toro
-le hubiese herido ó muerto el caballo ó alguno de los peones que para su
-defensa llevaba; y no debia montar ni recoger lo perdido hasta haberle
-quitado la vida. Se dice que en esta ocasion don Manrique de Lara y don
-Juan Chacon cortaron á la fiera el pescuezo á cercen de una cuchillada.
-Dejaron tambien renombre los caballeros Cea, Velada y Villamor; el duque
-de Maqueda, Cantillana, Ozeta, Bonifaz, Sástago, Zárate, Riaño y otros
-muchos celebrados por Quevedo. Fueron tambien famosísimos el conde de
-Villa-mediana y don Gregorio Gallo, caballerizo de S. M. y del orden de
-Santiago, el cual inventó la espinillera para defensa de la pierna, por
-lo que entonces se llamó gregoriana, y que nuestros picadores conservan
-llamándola <i>mona</i>.</p>
-
-<p>A fines del siglo XVII rejoneaban con general aplauso en Zaragoza
-delante de don Juan de Austria dos nobles caballeros llamados Pueyo y
-Suazo, celebrados por el poeta<span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">{13}</a></span> Tafalla. Tambien eran famosos el marqués
-de Mondejar, el conde de Tendilla y el duque de Medina Sidonia, el cual
-era tan diestro y valiente con los toros, que no recelaba de que el
-caballo fuese bien ó mal cinchado, pues decia que las verdaderas cinchas
-habian de ser las piernas del ginete. Este caballero mató dos toros de
-dos rejonazos en las bodas de Cárlos II con doña María de Borbon en el
-año de 1673, y rejonearon entre una multitud de grandes el de Camarasa y
-Rivadavia.</p>
-
-<p>Cuando don Nicolas Rodrigo Novelli imprimió en 1726 su cartilla de
-torear, eran diestros caballeros don Gerónimo de Olazo y don Luis de la
-Peña, del hábito de Calatrava y caballerizo mayor del duque de Medina
-Sidonia; tambien lo era don Bernardino Canal, hidalgo del Pinto, que fue
-muy celebrado y aplaudido cuando rejoneó delante del rey el año de 1725.</p>
-
-<p>El reinado de Cárlos II fue el de mas esplendor sin duda alguna para las
-fiestas de toros; pero Felipe V, que subió en seguida al trono, mostró
-tal aversion á ellas, que la nobleza dejó de verificarlas; por lo que
-perdieron el carácter que las habia distinguido, pues<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">{14}</a></span> aunque no
-faltaban algunos caballeros que por su decidida aficion hicieron alguna
-suerte con los toros, sin embargo, era privadamente para satisfacer su
-deseo, pero no ya con el prestigio de ser un ejercicio peculiar y
-honroso de la clase distinguida; y si fue un mal para la grandeza y
-pompa del espectáculo la aversion del monarca, recibia por otra parte un
-impulso estraordinario hácia su perfeccion como arte, y adquirió una
-popularidad tal que se hizo general la aficion. Continuó estendiéndose
-en los siguientes reinados, y habiendo hecho el gobierno construir en
-algunas partes del reino plazas á propósito para estos espectáculos, y
-destinado su producto para varios objetos de beneficencia, el interes
-llamó á la arena una clase de hombres atrevidos, que con su aplicacion
-hicieron nuevos juguetes y cambiaron del todo el modo de torear. El
-toreo de á pie debe á ellos su perfeccion; pues antes de esta época solo
-en el caso de que ya hicimos mencion arriba, llamado <i>empeño de á pie</i>,
-ó cuando se tocaba á desgarretar, era que se veía hacer una que otra
-suerte; pero era tanta la confusion en el último caso, y tanto el
-bullicio que para dar<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">{15}</a></span> muerte al toro sin orden ni estudio acudia, que
-hoy no podriamos verlo sin tedio, pues las novilladas de los lugares ó
-el toro embolado son fiestas mas arregladas y divertidas. Todavía el año
-de 1725 se mataron los toros á desgarrete por la plebe en la plaza de
-Madrid delante de SS. MM. Los encargados principalmente de esta
-operacion eran esclavos moros, por lo que Lope de Vega dice en su
-Jerusalen hablando de desgarretar...</p>
-
-<div class="poetry">
-<div class="poem"><div class="stanza">
-<span class="i0">...... Que en Castilla los esclavos<br /></span>
-<span class="i0">Hacen lo mismo con los toros bravos.<br /></span>
-</div></div>
-</div>
-
-<p>Gerónimo de Salas Barbadillo, Juan de Yagüe y otros autores
-contemporáneos dicen que cuando no habia caballeros que matasen los
-toros, lo hacian desde los tableros con garrochas ó lanzas, y ya en este
-tiempo habia quien capease á pie, lo cual es muy antiguo, pues sabemos
-que los moros lo hacian con el capellar y el alquicel. Se cuenta que en
-una fiesta que se hizo por este tiempo en la plaza de Madrid, dos
-hombres bastante decentes se pusieron debajo del balcon del rey haciendo
-como que hablaban, y cuando venia el toro á meterles la cabeza lo
-evitaban con solo un<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">{16}</a></span> quiebro de cuerpo; lo que fue muy aplaudido de los
-espectadores.</p>
-
-<p>Fuése adelantando cada vez mas en el toreo de á pie, y se empezó á
-vanderillear poniendo solo un regilete de cada vez, que llamaban harpon;
-y todavía cuando escribió Novelli su tauromaquia no se habian puesto las
-vanderillas á pares, aunque ya se conocia el poner parches á los toros.
-En esta época empezó á sobresalir Francisco Romero, de Ronda, el que
-perfeccionó mucho el toreo de á pie, y mas adelante inventó la suerte de
-matar al toro cara á cara con el estoque y la muleta, lo que ejecutó él
-primero, no sin admiracion y aplauso general. Era reputada por tan
-espuesta y dificil esta suerte, que para hacerla era necesario ir
-vestido con calzon y coleto de ante, correon ceñido y mangas acolchadas
-de terciopelo negro, para resistir á las cornadas.</p>
-
-<p>El abuelo materno del célebre don Nicolas Fernandez Moratin fue tan
-valeroso y diestro, que dicen mató un toro á pie y de una estocada. Hubo
-siempre muchos caballeros muy valientes y hábiles que hicieron suertes
-con los toros, tanto á pie como á caballo:<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">{17}</a></span> tales fueron Potra el de
-Talavera, y Godoy, caballero estremeño; siendo aventajadísimo en el
-capear á pie el famoso licenciado de Falces.</p>
-
-<p>En el dia no faltan tampoco muchos caballeros muy diestros en todas
-clases de suertes, pero no es lícito citarlos.</p>
-
-<p>En cuanto al toreo de caballo, la vara de detener ha venido á relevar el
-rejoncillo, y nuestros picadores no ceden en destreza y valor á los
-antiguos caballeros.</p>
-
-<p>Es bien conocido de todos el grado de perfeccion á que se ha hecho
-llegar el toreo, y la popularidad y general aceptacion de que goza; y se
-puede asegurar que una de las causas que han contribuido á ello ha sido
-la odiosidad que han mostrado algunos hácia él, y la prohibicion del
-señor don Cárlos III, pues se exasperó de tal modo la aficion, que casi
-era epidémica, y sofocó la voz de sus opositores, haciendo renacer con
-toda su magnificencia este espectáculo, que no obstante la prohibicion
-existia con algunas modificaciones ó escepciones que toleraban<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a>.<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">{18}</a></span></p>
-
-<p>El señor don Fernando VII (Q. E. G. E.) mostró aficion decidida á esta
-hermosa diversion, y estableció en la ciudad de Sevilla una real escuela
-de Tauromaquia, dotada decentemente, en la que se enseñaba tanto la
-teórica como la práctica del arte por los mas esperimentados profesores.</p>
-
-<p>Estas son en resúmen las principales particularidades que nos ofrecen
-las fiestas de toros con respecto á su historia. Hubieramos podido ser
-mas estensos, y engalanar, digamos asi, nuestra narracion con algunas
-minuciosidades y reflexiones que hemos omitido en obsequio de la
-brevedad; y con tanta mas razon, cuanto en el resto del discurso nos
-veremos obligados á insistir en algunos de los puntos históricos
-anteriores, como apoyos de la justa defensa que haremos del espectáculo.
-A primera vista conozco que nuestro proyecto parece temerario y aun
-ridículo, y no faltará quien declame contra él, y juzgue como inútil ó
-perjudicialmente perdido el tiempo invertido en semejante trabajo; pero
-si desnudos de su desfavorable prevencion leen y meditan las razones que
-espondremos, conocerán la justicia de la causa que toma<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">{19}</a></span>mos á nuestro
-cargo, y nos habrán de conceder que no son perdidos el tiempo ni el
-trabajo que hayamos empleado en desvanecer los errores, harto comunes,
-en perjuicio del espectáculo, y hacer triunfar una verdad demasiado
-desconocida hasta ahora.</p>
-
-<p>Pueden dividirse muy bien en dos clases principales las invectivas y
-acusaciones que á las fiestas de toros se hacen: las unas se dirigen
-puramente contra la accion de torear, y las otras contra esta accion
-convertida en espectáculo, y que se estienden por consiguiente á todo lo
-accesorio á dichas fiestas. Para combatir pues con método estas
-acusaciones, se hace preciso dividir tambien nuestra apología en dos
-partes: en la una nos ocuparemos de la accion únicamente, y en la otra
-de la totalidad del espectáculo. De esta manera se analiza muy bien la
-cuestion, y podemos darle alguna libertad al discurso y un agradable
-trabajo al raciocinio. Si no conseguimos el fin que nos proponemos, la
-culpa será puramente nuestra, pero no será menos cierta por eso la
-verdad que defendemos, y que nuestra mal cortada pluma no pudo
-patentizar en el papel.<span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">{20}</a></span></p>
-
-<p>La accion de torear es tan antigua, que su orígen, envuelto con el de
-las acciones que para satisfacer las primeras necesidades verificó el
-hombre, se pierde en la oscuridad de los primeros tiempos. La luz que da
-la historia es demasiado débil para desvanecer tan densas tinieblas y
-guiar nuestra razon; asi es que tenemos que abandonarnos á las
-congeturas, y por medio del discurso elevarnos si es posible hasta el
-principio de la carrera de la especie humana sobre la tierra.</p>
-
-<p>El hombre, antes de haber cultivado su ingenio y de haberlo hecho
-fecundo hasta el estremo de verse árbitro por él de todo lo creado,
-vagaba confundido con el resto de los animales. Muchos de ellos,
-superiores á él en los recursos físicos, le hacian la guerra á cara
-descubierta, y mas de una vez lo confinaron y vencieron. Pacíficos
-poseedores de cuanto les rodeaba, satisfacian á su antojo sus
-necesidades, y gozaban completamente de la independencia que en su
-orígen tuvieron las especies. Por otra parte la tierra árida en unos
-parages, cubierta en otra de maleza, y llena en todos de despojos y
-otros malos pasos, de aguas sin curso y hediondos pantanos, se nega<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">{21}</a></span>ba á
-ser transitada, ofreciendo apenas al mísero mortal lo mas indispensable
-para prolongar una existencia tan precaria como infeliz.</p>
-
-<p>Sin embargo, este estado de cosas debió durar poco. Si se nos permite
-esta espresion, diremos que todos los animales que pueblan el globo,
-sean de la clase que quiera, y pertenezcan á esta ó aquella especie, son
-seres pasivos: sometidos á cierto orden de leyes eternas, invariables,
-no pueden esceder en un punto los límites que á todas sus acciones
-señaló de antemano el dedo del destino: sufren las incomodidades que los
-cercan sin intentar elevarse á las causas que las producen, ni á los
-medios de evitarlas, y caminan á la muerte por el mismo sendero que
-caminaron sus abuelos: la vida del primer animal de cada especie es la
-misma que la del último, y si en algunos hay variaciones, es porque
-habiendo caido bajo el dominio inmediato del hombre, esperimentan
-ciertas modificaciones que les imprime su mano; pero esto mismo confirma
-lo pasivo de su existencia y la imposibilidad en que estan de cambiar
-por sí ó espontáneamente la serie de sus operaciones.</p>
-
-<p>Al contrario, el hombre desde el momen<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">{22}</a></span>to que esperimentó sensaciones
-incómodas intentó destruir sus causas, y conociendo la necesidad que
-tenia de obrar de acuerdo con algun otro hombre, se unió á él y echó el
-cimiento del edificio social: iba con su industria mejorando por dias el
-aspecto de la naturaleza, y con su valor ahuyentó las fieras que le
-disputaban audaces el dominio de los campos, y el leon, el tigre, la
-pantera y la hiena evitaron medrosas su presencia. Deseoso de abandonar
-la vida errante que hasta entonces habia tenido, y de fijar su
-residencia en los parages mas risueños y floridos, construyó mansiones
-fijas y sembró el germen de las poblaciones; reunió tambien en rebaños
-los animales dóciles y domesticables, para que multiplicándose mas y mas
-bajo su proteccion y cuidado, le suministrasen con su carne, leche y
-pieles, alimentos y vestido. La misma solicitud y esmero del hombre para
-protegerlos y aumentarlos parece que le autoriza, segun la espresion de
-un sabio naturalista<a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote_4_4" class="fnanchor">[4]</a>, para inmolarlos á su antojo.<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">{23}</a></span></p>
-
-<p>Por este tiempo hizo tambien la conquista de los animales que le son mas
-útiles, y cuya dominacion le da mas gloria. Pero viniendo á fijarnos en
-el toro, diremos que fue seguramente uno de los primeros que
-esperimentaron el yugo; porque lo esquisito de su carne, la sabrosa y
-abundante leche de las hembras, la estension de su piel y la utilidad
-con que podia emplear sus fuerzas para diferentes objetos, le harian
-fijar en él bien pronto la vista. Su conquista sería bien facil en
-aquellos paises en que por razon del clima y de la calidad de los
-vegetales tiene un carácter lánguido y poco enérgico; pero en aquellos
-que como España crian toros soberbios y fuertes, no pudo verificarse
-sino á fuerza de constancia, ardides y peligros, y hé aqui el orígen de
-la accion de torear. Nada mas natural ni mas glorioso al hombre. Si
-alabamos hoy el valor y la destreza con que los salvages del Orinoco
-burlan la ferocidad del caiman; si nos admira el arrojo del árabe que en
-sus abrasadores desiertos vence y somete al leon; si no podemos oir sin
-estremecimiento la caza del elefante ó la pesca de la ballena, y
-apreciamos y medi<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">{24}</a></span>mos la superioridad del hombre por lo grande de estas
-acciones, ¿se deberá vituperarla de someter al toro hasta el estremo de
-hacerle servir de juguete y distraccion...? Ciertamente que sería una
-ridícula contradiccion.</p>
-
-<p>Hemos visto que es un atributo peculiar del hombre sojuzgar las fieras
-de los diferentes paises que habita; que esta accion es indispensable
-para adelantar en la carrera de la civilizacion; y que en muchos paises
-se perpetúa tanto por necesidad, como por ostentar y gloriarse el hombre
-con la fuerza y superioridad que le fueron concedidas. “Todo animal
-(dice Fergusson)<a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote_5_5" class="fnanchor">[5]</a> se deleita en el ejercicio de sus fuerzas. Retozan
-con sus garras el lobo y el tigre; el caballo olvidando el pasto da
-alguna vez su crin al viento para correr los campos; y el novillo y aun
-el inocente recental topan con las frentes antes de sentirlas armadas,
-como si se ensayasen para las luchas que los esperan. El hombre no menos
-propenso á ellas se complace tambien en el uso de sus facultades
-naturales, ora ejer<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">{25}</a></span>citando su agudeza y elocuencia, ora su fuerza y
-destreza corporal contra un antagonista. Sus juegos son frecuentemente
-imagen de la guerra; en ellos derrama su sudor y su sangre, y mas de una
-vez sus fiestas y pasatiempos terminan con heridas y muertes. Nacido
-para vivir poco, parece que hasta sus diversiones lo acercan al
-sepulcro.”</p>
-
-<p>No obstante lo espuesto, se nos puede objetar que si bien la accion de
-torear fue en su principio laudable por la necesidad en que estaba el
-hombre de someter las fieras y luchar con ellas, en el dia, que solo se
-debe considerar como un mero pasatiempo, es vituperable por hallarse
-espuesta su vida sin una utilidad inmediata. Muchas son las razones con
-que se puede rebatir esta objecion, pero solo espondremos las mas
-fuertes y convincentes para no estendernos demasiado.</p>
-
-<p>Es evidente que para las diversas operaciones que se necesita hacer
-diariamente con los toros es preciso valerse de ciertas mañas, que no
-son otra cosa sino partes, digamos asi, del arte de torear; que estas
-<i>mañas</i> (como lo da á entender bien su nombre) necesitan cierta destreza
-y habilidad que solo se ad<span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">{26}</a></span>quieren con el ejercicio de estos mismos
-actos, y de aqui la necesidad de repetirlos como por ensayos, para
-perpetuarlos entre aquellos que los han de tener por oficio,
-perfeccionarlos, alejar el peligro que pudiera haber en ellos, y hacer
-que los que empiezan á ejercitarlos pierdan el miedo y den lugar á la
-aficion y serenidad que son necesarias para su seguridad. Por
-consiguiente no deben considerarse estos actos como meros pasatiempos,
-sino como de necesidad, y distraccion al mismo tiempo.</p>
-
-<p>Nosotros concederiamos sin embargo alguna mas fuerza á la objecion, si
-peligrase efectivamente la vida en la proporcion ó con la probabilidad
-que se supone. Los que hacen esta objecion son personas que conocen poco
-ó nada el arte de torear, y que ademas no han tenido la curiosidad de
-formar una tabla necrológica de los que en determinado número de años
-han muerto en la accion de torear ó de sus consecuencias inmediatas: si
-tal hubieran hecho, y hubiesen ademas calculado aproximadamente el
-número de suertes que en ese tiempo se habia hecho con los toros, verian
-cuán remoto es el peligro; y si luego<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">{27}</a></span> rebajan, como es justo para que
-el cálculo sea exacto, los contratiempos que la embriaguez y la
-ignorancia de los que las hicieron causaron, y que son generalmente los
-casos desgraciados, se verá desaparecer enteramente hasta la idea del
-peligro mas remoto. Ademas la esperiencia de tantos años no pasó sin
-dejar vestigios, y el hombre ha aprendido á conocer y distinguir
-claramente las inclinaciones de los toros, y sobre ellas ha cimentado
-las bases de un arte tan exacto cuanto son invariables sus principios.</p>
-
-<p>En consecuencia, pues, de todo lo dicho, resulta que si la accion de
-torear en su orígen no carecia de algun riesgo, la utilidad que de ella
-se sacaba la hicieron de primera necesidad: que se perpetuó no solo por
-esta necesidad, sino por lo natural que es al hombre el deseo de dominar
-y hacer alarde de sus facultades, pues tanto las físicas como las
-morales se realzan con esta accion; y por último, que si ha llegado en
-el dia á ser como un mero pasatiempo en muchos casos, no por eso deja de
-traer utilidad; y que la seguridad que el hombre ha llegado á conseguir
-en ella, le ponen fuera de los tiros que<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">{28}</a></span> le asestan sus opositores, y
-desmiente con la esperiencia los peligros de que les acusan.</p>
-
-<p>Réstanos aun que hacer una consideracion con respecto á esta accion, y
-es que en todos tiempos fue peculiar de los hombres mas nombrados y
-respetables. Con muy pocas palabras probaremos esta asercion. Cuando los
-hombres empezaron á reunirse y á formar pequeñas sociedades, no habia
-clases, ni gerarquías, ni empleos, ni distinciones. Constituidos á
-guerrear continuamente con los animales carniceros, y siendo la caza de
-ellos la que principalmente los alimentaba, su caudillo era el mas
-valeroso, y su gefe el que se presentaba constantemente con mas trofeos;
-y como el toro era uno de los que se perseguian con mas ardor, es
-evidente que el mas condecorado de ellos sería el que mejor lo burlase y
-sometiese. Cuando los años apagaban el vigor y reducian á la inaccion al
-guerrero, sus anteriores hazañas le aseguraban el respeto de la tribu,
-que lo recompensaba reconociéndolo por su cabeza. La historia de todos
-los pueblos apoya este modo de pensar; y la historia, como ya hemos
-visto, nos muestra la accion de torear como peculiar y privativa de los
-cau<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">{29}</a></span>dillos y grandes del reino. Sabemos ya la causa por qué dejó de
-ocupar á la nobleza, y vino á ser casi un patrimonio de la clase
-inferior; pero la accion no deja de ser grandiosa, aunque privada del
-prestigio de estar en poder de la clase noble.</p>
-
-<p>Estas breves reflexiones sobre la accion de torear convencen á
-cualquiera de lo útil y sublime que en sí encierra. Hemos visto que
-nació de las primeras y mas urgentes necesidades del género humano, que
-con ella las satisfizo, y que en ella encontró un modo de hacer alarde
-de sus mas brillantes prerogativas. Si al principio era una verdadera
-lucha en que apenas peleaba el hombre con ventajas, ahora tiene delante
-del toro una seguridad incontrastable; y este nuevo triunfo de su
-ingenio es una prueba positiva de su escelencia y superioridad
-intelectual, mientras que los medios con que consigue su objeto son otra
-nueva prueba de su aventajada organizacion. En poco se diferenciara de
-los demas animales sino les impusiera el sello de la esclavitud que
-publica donde quiera su vasta dominacion. Las regiones medio incultas en
-que habita el salvage ofrecen un número<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">{30}</a></span> grande de animales silvestres,
-que, orgullosos con su libertad y poderío, parten con el hombre el
-imperio de la naturaleza, y muchas veces se lo disputan y usurpan. ¡Qué
-degracion la de estos miserables! ¡Gloria eterna al hombre que sabe
-llenar el fin para que vino al universo! ¡Loor eterno al hombre que no
-solo somete las bestias mas feroces y poderosas, sino que alcanza hasta
-hacerlas servir de juguete y distraccion!</p>
-
-<p>Desde este momento debe considerarse la accion unida al espectáculo.
-Para mayor claridad lo dividiremos en las tres grandes y diferentes
-épocas en que naturalmente se divide: pasaremos rápidamente por la
-primera, nos detendremos algo mas en la segunda, y será la tercera
-nuestro objeto principal.</p>
-
-<p>Para elevarnos hasta el principio de estas fiestas es preciso, como lo
-fue para la accion, valernos del discurso, y representarnos á los
-primeros hombres recogiendo los frutos de sus asíduos trabajos; entonces
-gozaban ya de algunos ratos de recreo, y sus diversiones serian sin
-duda, como puede deducirse de la historia, imágenes de sus mas
-frecuentes operaciones. Asi es que las luchas entre fieras y<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">{31}</a></span> de hombres
-con animales los ocupó esclusivamente, porque el atraso en que estaban
-no les permitia otros espectáculos que los mas sencillos y naturales.</p>
-
-<p>Es imposible describir las particularidades de estas fiestas; pero se
-puede asegurar que asi como la accion de torear, tuvo el espectáculo de
-los toros un orígen sencillo y natural, y que en todo tiempo fue
-apreciado y aplaudido.</p>
-
-<p>Desde esta época hasta que la historia nos habla de esta fiesta, hay un
-espacio inmenso en que no podemos seguir la suerte que corrió esta
-diversion. Por lo tanto lo pasaremos en silencio, y nos detendremos á
-examinar la edad media del espectáculo, comparándolo con la edad
-correspondiente de los pueblos de quienes era propio; y veremos que se
-acomodaba perfectamente la índole del uno con la del otro, y que sus
-atractivos eran mas que suficientes para llamar la atencion general.</p>
-
-<p>La edad que precedió á la de hoy está caracterizada principalmente por
-un espíritu novelesco y marcial. Todo lo que no era estraordinario, lo
-que carecia de proezas militares y aventuras caballerescas, y donde no
-habia una<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">{32}</a></span> princesa bellísima por quien suspirase un atrevido paladin
-que cada dia le dedicaba cien lanzadas y mil mandobles, no era del gusto
-de aquellos siglos, en que el entendimiento se enervaba con lo
-maravilloso, al tiempo mismo que el cuerpo se fortalecia con la fatiga.
-Los hombres no respiraban sino horror y corage, y donde quiera que se
-fijase la vista, solo se ofrecian guerras y desastres. Las armas se
-llevaban toda la atencion, y antes sabia la juventud esgrimir que leer.
-Las treguas que alguna vez se conseguian se empleaban en adiestrar
-nuevos guerreros, y los escritos que tanto en prosa como en verso
-corrian por las manos de la multitud, solo se dirigian á entusiasmar el
-corazon de los lectores aficionándolos al estrépito de las armas, y
-refiriéndoles con los encantos de la poesía las hazañas casi increibles
-de sus memorables héroes. La ociosidad no tiene lugar entre unos hombres
-activos y guerreadores: el tiempo que estaban suspensas las hostilidades
-se ocupaba completamente en las justas, los torneos, las luchas &amp;c. Y
-por lo que tenian de comun estos espectáculos con el de los toros, como
-tambien para dar á conocer el genio de aquellos<span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">{33}</a></span> siglos con mas
-particularidad, y poder deducir consecuencias á favor de nuestras
-fiestas, daremos una idea aunque sucinta de los juegos con que se
-entretenian los pueblos de quienes Abraham Ortelio dijo muchos siglos
-antes alabando su valor “que entraban cantando en las batallas,” <i>prelia
-agrediuntur carminibus</i>.</p>
-
-<p>Segun Jovellanos<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote_6_6" class="fnanchor">[6]</a>, la idea que tenemos de los torneos y de las justas
-es muy mezquina y distante de su magnificencia; pero crece al paso que
-se levanta la consideracion á sus circunstancias. “Porque ¿quién se
-figurará, dice, una anchísima tela pomposamente adornada y llena de un
-brillante y numerosísimo concurso; ciento ó doscientos caballeros
-ricamente armados y guarnidos, partidos en cuadrillas y prontos á entrar
-en lid; el séquito de padrinos y escuderos, pages y palafreneros de cada
-bando; los jueces y fieles presidiendo en su catafalco para dirigir la
-ceremonia y juzgar las suertes; los farautes corriendo acá y allá para
-intimar sus órdenes, y los tañedo<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">{34}</a></span>res y menestriles alegrando y
-encendiendo con la voz de sus añafiles y tambores; tantas plumas y
-penachos en las cimeras, tantos timbres y emblemas en los pendones,
-tantas empresas y divisas y letras amorosas en las adargas; por todas
-partes giros y carreras, y arrancadas y huidas; por todas choques y
-encuentros y botes de lanza y peligros y caidas y vencimientos? ¿Quién,
-repito, se figurará todo esto sin que se sienta arrebatado de sorpresa y
-admiracion? ¿Ni quién podrá considerar aquellos valientes paladines
-ejecutando los únicos talentos que daban entonces estimacion y nombradía
-en una palestra tan augusta, entre los gritos del susto y el aplauso, y
-sobre todo á vista de sus rivales y sus damas, sin sentir alguna parte
-del entusiasmo y la palpitacion que herviria en sus pechos aguijados por
-los mas poderosos incentivos del corazon humano, el amor y la gloria?”</p>
-
-<p>En efecto, desde que la galantería se introdujo en todas las fiestas y
-pasatiempos se hicieron mas espectables, y el espíritu y entusiasmo que
-por ellas todas las clases tenian les daba un carácter y animacion que
-las engrandecia sobremanera. Las damas que con<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">{35}</a></span>currian á ellas las
-embellecian con sus gracias y hermosura, y lejos de ser indiferentes y
-pasivos adornos del circo esplendoroso, tomaron una parte muy activa en
-las funciones, y eran el móvil y el alma que impulsaba todas y cada una
-de las partes del espectáculo. Se les consultaba para la adjudicacion de
-los premios que ellas mismas debian entregar al combatiente vencedor,
-que henchido de gloria y cubierto de polvo y sudor se acercaba á la
-humana beldad, que hermoseada por aquel amable pudor inseparable de la
-virginidad, le multiplicaba la satisfaccion de merecer el premio por
-adquirirlo bajo tan gratos auspicios.</p>
-
-<p>Es estraño á la verdad que la aficion á las damas y á las armas hermanen
-tan bien, y se hallen constantemente juntas; pero no es por eso menos
-cierto que los pueblos mas guerreros fueron siempre los que tributaron
-mas respeto y homenage al sexo encantador. No es por tanto una
-arbitraria ficcion de los mitologistas suponer que Marte y Venus se
-amaron: fue, sí, simbolizar, por decirlo asi, la propension que tiene el
-guerrero á suspirar por una beldad á quien dedique sus hazañas,<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">{36}</a></span> y en
-cuyos brazos descanse de sus peligros y trabajos.</p>
-
-<p>En los tiempos que nos ocupan estaba la nobleza encargada de la defensa
-pública; formaba la caballería, y era el mas poderoso apoyo de las
-huestes. La pólvora no se habia presentado aun para cambiar el modo de
-guerrear; se lidiaba de hombre á hombre y cuerpo á cuerpo, y por tanto
-era indispensable que la fuerza y destreza corporal estuviesen muy
-ejercitadas. Los caudillos se veían precisados á estar mas diestros, y
-ser mas forzudos y valerosos que los simples soldados, y siendo aquellos
-de la clase noble, se hacia indispensable que fuera su educacion activa
-y belicosa. Los mismos soberanos caminaban al frente de su ejército en
-tiempo de guerra, y en tiempo de paz justaban con los grandes. Don Juan
-el II justó algunas veces como aventurero<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote_7_7" class="fnanchor">[7]</a>, y don Pedro el cruel<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote_8_8" class="fnanchor">[8]</a>
-salió herido en una mano en un torneo que se celebró en Torrijos.<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">{37}</a></span></p>
-
-<p>Vemos pues lo indispensable que era entonces esta clase de espectáculos,
-y que la pompa y magnificencia con que eran adornados los hacian
-merecedores de la atencion general. Sin embargo, tenian algo de cruel y
-sanguinario, que solo podia tolerarse por la necesidad en que se estaba
-de familiarizar á los pueblos con la sangre y los lances de la guerra.</p>
-
-<p>Por este tiempo se lidiaban ya los toros desde el caballo, y se picaba
-con el rejoncillo, y este espectáculo se hacia con el mismo ceremonial
-que hemos visto se empleaba para las fiestas y torneos: venia ademas en
-su apoyo no ser cruel ni sanguinario, y tan apropósito cuando menos como
-los otros para dar á conocer el valor y gallardía de los caballeros. Asi
-es, que se iba fomentando sobre las ruinas de los primeros, á lo que
-contribuyó no poco el no estar comprendido en la prohibicion que de los
-que se miraban como sangrientos se habia hecho. Esto es una prueba de lo
-mas racional y seguro de estas fiestas sobre las demas de su tiempo, y
-da á conocer la razon de haberse perpetuado hasta nuestros dias, en que
-ya ni vestigios se ha<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">{38}</a></span>llan de las costumbres caballerescas, cuyo
-esterminio concluyó con tanta gloria suya y universal aplauso el
-inimitable Cervantes.</p>
-
-<p>Baste pues para hacer la apología de estas fiestas segun se verificaban
-en la edad media, saber que no fueron reputadas por los concilios como
-sangrientas; que eran esclusivamente propias de la grandeza; que se
-consideraban como el acto mas á propósito para hacer alarde los
-caballeros de su valor y destreza; que las damas las favorecian
-constantemente con su asistencia, y se envanecian y vanagloriaban cuando
-el caballero que era dueño de su corazon se distinguia entre los demas;
-que á pesar de ir decayendo el gusto caballeresco y los espectáculos en
-que mas relucia, el de los toros seguia verificándose con la misma pompa
-y general aplauso que en los tiempos anteriores se celebraran los demas;
-que fue el único que ocupó últimamente la clase distinguida, y que no
-hubiera probablemente decaido de este grado de esplendor si, como ya
-hemos dicho en la parte histórica, no hubiera Felipe V mostrado aversion
-hácia él, y si la nobleza, que se amolda siempre á los gustos y aun á
-los<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">{39}</a></span> caprichos de los soberanos, hubiera conservado su carácter
-primitivo.</p>
-
-<p>Si no fuera por temor de esceder los límites propuestos, nos
-estenderiamos sobre una multitud de objetos de los que se puede sacar un
-sin número de razones en apoyo de las fiestas de toros. Pero
-desentendiéndonos ya de todo lo que pertenece á los tiempos anteriores,
-examinaremos el espectáculo segun se halla en el dia, deteniéndonos como
-es indispensable en esta época para hacer patentes las razones que lo
-apoyan.</p>
-
-<p>El pueblo español ha perdido todos los espectáculos que en otro tiempo
-hicieron su recreo. La afinacion progresiva del gusto ha hecho olvidar
-las justas y los torneos; apenas hay memoria de los fuegos de artificio,
-las máscaras han sufrido enérgicas prohibiciones, las romerías, los
-juegos escénicos, las danzas de espadas se han olvidado casi del todo, y
-la parte mas considerable de la nacion, que es la que se alimenta del
-trabajo diario, no tiene una sola ocasion al año en que pueda
-proporcionarse algunas horas de apetecida diversion con el ahorro de sus
-fatigas. Volvamos los ojos hácia esta nume<span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">{40}</a></span>rosa porcion del estado, y no
-podrá menos que lastimarnos su infelicidad. Vagando triste y
-silenciosamente por las calles y plazas de su infeliz aldea pasan el dia
-que destinan al reposo; el tedio los persigue, y la taciturna ociosidad
-de semejantes dias se los hace aborrecibles; si quieren sacudir este
-fastidio no tienen mas recurso que la taberna, donde solo hallan
-pendencias y disgustos en vez de la paz y la alegría.</p>
-
-<p>Aunque tuviesen inmediata alguna ciudad en que hubiese teatro no
-conseguirian distraerse y dilatar su ánimo: la educacion y género de
-vida en que se han criado les vedan los placeres que exigen para
-percibirse otro gusto y delicado tacto. Ellos necesitan diversiones que
-hieran vivamente los sentidos, y en que se mueva el ánimo mas por la
-parte puramente óptica ó de perspectiva que por la intelectual; mas
-claro, les entusiasma ver hechos grandes, sorprendentes, que exigen
-mucho valor y habilidad; pero no puede escitarles lo sublime de los
-afectos, lo correcto del estilo, lo fluido y sonoro de la versificacion,
-ni las demas bellezas que no pueden percibirse sino por los que esten
-adornados con una<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">{41}</a></span> educacion y conocimientos no vulgares. ¿Qué
-espectáculos pues daremos á esta apreciable y laboriosa parte de la
-nacion? ¿La dejaremos limitada á los reducidos bailes dominicales que
-solo se ven en algunas provincias, y que en manera alguna merecen el
-nombre de tales? “Creer que los pueblos puedan ser felices sin
-diversiones, dice Jovellanos, es un absurdo. Creer que las necesitan y
-negárselas, es una inconsecuencia tan absurda como peligrosa. Darles
-diversiones y prescindir de la influencia que puedan tener en sus ideas
-y costumbres, sería una indolencia harto mas absurda, cruel y peligrosa,
-que aquella inconsecuencia. <i>Resulta pues que el establecimiento y
-arreglo de las diversiones públicas será uno de los primeros objetos de
-toda buena política.</i>” La autoridad de un hombre tan respetable por
-todos títulos como el autor que citamos basta por sí para decidir sobre
-la necesidad que tienen los pueblos de un espectáculo acomodado á su
-genio, y cuyas bellezas no necesiten para comprenderse los esfuerzos de
-la imaginacion, sino que baste asistir á él para gozar y recrearse.</p>
-
-<p>Este espectáculo será por tanto el mas<span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">{42}</a></span> estendido, hará la holganza de
-todo el reino, y se podrá llamar por consiguiente la diversion nacional.
-Se reunirán en su recinto el letrado, el militar, el artista, el
-marinero, el comerciante, el labrador, todas las clases, por último,
-todos los sexos y edades; pero ¿á todos podrá ser inocente ó provechoso
-un mismo espectáculo? ¿De qué clase deberá ser su índole? Es evidente
-que no puede ser igual el efecto que una sola cosa, sea de la clase que
-quiera, produzca en individuos tan diferentes en gustos y ocupaciones, y
-tambien lo es que para fijar el carácter de la diversion nacional debe
-atenderse principal y casi esclusivamente al espíritu que anima la
-inmensa mayoría de los concurrentes. Ahora bien, á esta diversion, sea
-la que fuere, que hemos llamado nacional, concurrirá una corta porcion
-de personas de instruccion y carrera, y constituirá la mayoría la masa,
-digamos asi, de la nacion. Hemos dicho que concurrirá una corta porcion
-de aquellos hombres cuyos conocimientos los hacen influir tanto en la
-fuerza moral de las naciones, porque ellos estan en una proporcion muy
-pequeña con respecto á la multitud de los de<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">{43}</a></span>mas habitantes, que son los
-que constituyen la fuerza física, y por consiguiente á estos últimos
-debemos tener presente en la eleccion de espectáculos. ¿Y les
-ofreceremos por ventura aquella porcion de piezas dramáticas que
-ocuparon el teatro en el siglo de su prostitucion? ¿Les dejaremos
-aficionarse á este género de diversion en que no hay nada que deje de
-ser lúbrico, malicioso, indecente y chabacano? Entre presentarles un
-teatro selecto, modelo de bellas letras, y cuyo lenguaje no entienda, ó
-un teatro vil, grosero, en que se le ofrezcan los mas peligrosos
-ejemplos adornados con el atractivo de la ilusion escénica y con las
-dulzuras hechiceras del canto y de la poesía, no hay medio que escoja la
-razon. Pero aun suponiendo que fuese el pueblo capaz de comprender y
-aficionarse á las bellezas de un teatro clásico, escogido, ¿sería esto
-un bien, ó un mal? Esta cuestion es muy delicada, y se necesita mucha
-madurez y detencion para decidir en ella con acierto; pero si atendemos
-al influjo que tienen las diversiones en las costumbres de los pueblos,
-y á la necesidad que hay de que esten en relacion y armonía con la
-ocu<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">{44}</a></span>pacion y el género, de ventajas que la sociedad debe prometerse de
-la clase de que se juzguen peculiares, se conocerá bien pronto la índole
-de las que deben hacer las delicias del pueblo trabajador. La historia
-ofrece entre otros varios un ejemplo colosal de lo perjudicial que puede
-ser á un pueblo generalizar en todas las clases hasta el estremo una
-misma y sola aficion. Despues de haber sostenido Atenas por algunos
-siglos una serie de guerras, ya con los pueblos estraños, ya entre los
-suyos propios, aniquilado su valor y agotados sus recursos, empezó á
-disfrutar de una paz poco ventajosa, y que habia comprado á costa de su
-antigua prepotencia. Desembarazados los atenienses de las ocupaciones
-marciales, se dedicaron con ardor al cultivo de las letras, y en breve
-cobraron por su saber nuevo nombre y prestigio, colocándose nuevamente á
-la cabeza hasta de los mismos por quienes poco antes habian sido
-derrotados. Lisonjeados por las ventajas conseguidas bajo el pendon de
-Minerva, se generalizó el gusto á las letras de tal modo, que las
-academias, los liceos, los teatros, á pesar de haber gran número, no
-bastaban á recibir la multitud que<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">{45}</a></span> á ellos acudia, y las plazas
-públicas llegaron á convertirse en aulas de ciencia universal. Pero esta
-popularidad de la sabiduría, lejos de ser ventajosa á las ciencias, fue
-muy perjudicial; empezó á viciarse el gusto, y las sutilezas
-escolásticas, perpetuadas por desgracia hasta nuestros dias, mudaron el
-amor á la verdad, única base del saber, en amor á las disputas y juegos
-de palabras, fecundos manantiales de ignorancia y embolismo. Empezaron á
-fomentarse las sectas mas ridículas, á propagarse las opiniones mas
-estravagantes, á odiarse los que seguian diverso rumbo en su filosófica
-presuncion, y á manifestarse, en fin, todos los elementos que tienden
-visiblemente á la destruccion de los pueblos. El pueblo de Atenas,
-tomando en su verdadera acepcion aquella voz, dejó de ser sabio, y como
-ya habia dejado de ser guerrero, se encontró sin recursos que oponer á
-la ambicion romana, y dobló vil y cobardemente la cerviz. Si hubiera
-conservado espectáculos á propósito para mantener entre la multitud las
-ideas de gloria y valor, y hubiera al mismo tiempo creado las academias
-para un corto número, pues tal debe ser y es efectivamente la
-pro<span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">{46}</a></span>porcion entre el caudillo y los soldados, entre el sabio y los
-ignorantes, hubiera tenido para contrastar á los romanos todos los
-elementos con que puede contar un pueblo para sostener su independencia.</p>
-
-<p>Apenas se hallará cosa que tenga mas influencia sobre las costumbres de
-los hombres que las diversiones en que ocupan las horas de recreo,
-porque son una parte muy esencial de la educacion del pueblo, y por
-tanto no puede ser que dejen de modificar en bien ó en mal su índole y
-su condicion. Debe ofrecerse al pueblo trabajador una clase de
-espectáculos que lo divierta sin fatigar su ruda imaginacion, y sin que
-estorbe en manera alguna el orden de sus ideas. Se debe huir de
-presentar á su consideracion imágenes tiernas, lascivas, y todas
-aquellas situaciones seductoras en que la malicia y la sensualidad se
-demuestran con el mas vivo y agradable colorido. Semejantes objetos no
-solo perjudican la moral, sino que atacan directamente los cimientos de
-la pública felicidad, porque presentan al miserable jornalero un punto
-de comparacion que hace contrastar los trabajos de su clase, y que
-podria ser<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">{47}</a></span> orígen de su aburrimiento y desesperacion. Pero tampoco
-huyendo este estremo debemos caer en el de embrutecerlo y endurecer su
-corazon, familiarizándolo con la sangre de sus iguales. Debe buscarse un
-espectáculo en que se escite un laudable deseo de ser fuerte y valeroso,
-pero no inhumano y sanguinario; en que no se cimente el triunfo y la
-gloria en el vencimiento ó la muerte de otro hombre, sino en el de una
-fiera atrevida y poderosa; en que no haya odiosidad directa y personal
-que haga mas sangrienta la venganza, sino emulacion y fraternidad que
-aseguren el triunfo y el aplauso. Un espectáculo semejante conviene sin
-duda al pueblo en su totalidad, porque de él no solo han de salir los
-soldados que deben sostener y asegurar la tranquilidad de los pueblos y
-la independencia del pais, sino todas las demas clases activas que
-necesitan fuerza y valor para el desempeño de sus respectivas
-obligaciones; y estas clases deben estar acostumbradas á vencer y
-arrostrar los peligros hasta en sus juegos y pasatiempos, pero de
-ninguna manera deben ni pueden estar adornados de los conocimientos que
-fomenta el teatro. No po<span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">{48}</a></span>dria sostenerse el edificio social sino hubiera
-entre los que componen los pueblos esta diversidad de instruccion y de
-ocupaciones que son las que mantienen la armonía y permanencia de los
-lazos que tan estrechamente los ligan. Los unos deben mandar, dirigir;
-los otros obedecer, ejecutar; aquellos necesitan estudios, ciencias;
-estos valor, fuerzas. De otro modo la ignorancia enmascarada con la
-apariencia del saber, y alegando un derecho que está en contradiccion
-con los mismos principios en que se apoya, intentará manejar los grandes
-negocios y ser el árbitro de la soberanía; se creerian todos con iguales
-méritos, se desplomaria la sociedad, y quedarian sepultados entre sus
-escombros los vanos proyectos de realizar un pueblo que solo puede
-existir en imaginaciones acaloradas; esto es, un pueblo de sabios.
-Florezcan en las capitales todos los monumentos que acrediten el grado
-de perfeccion en que se hallan los conocimientos humanos, haya academias
-y sociedades, conservatorios y museos, y tengan los sabios cuanto
-conduzca á su perfeccion. La clase media en instruccion encuentre en la
-escena las bellezas de la poesía, los<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">{49}</a></span> encantos de la música, y los
-graciosos ademanes de Terpsícore; pero dejemos á la clase inferior un
-espectáculo propio suyo, y no porque las demas gocen de todas las
-comodidades de la vida, olvidemos esta numerosa porcion de la sociedad.
-Hay una clase de fiestas muy á propósito para llenar todos sus deseos,
-que reune los requisitos que hemos visto deben tener sus pasatiempos, y
-cuyos atractivos son por otra parte tan poderosos, que lejos de chocar
-con las ideas de las otras clases de la sociedad, volarán todas á
-presenciarlas. Vamos á examinar en pocos renglones si la lidia de toros
-se encuentra en el caso que decimos.</p>
-
-<p>De cuanto hemos dicho se deduce que el espectáculo que haya de ofrecerse
-al pueblo debe influir en su ánimo de modo que le comunique energía,
-valor, y deseo de hacerse memorable por sus hazañas, pero sin viciarlo
-ni hacerlo sediento de sangre humana. La lidia de toros llena
-completamente ambos objetos. Es el suyo burlar á una fiera altiva y
-poderosa, y hacerla espirar á los pies del lidiador. Pero no es una
-lucha como las que en tiempo de los romanos entablaban los in<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">{50}</a></span>felices á
-quienes condenaban á morir devorados por una fiera, y que deseosos de
-alcanzar la libertad, que solian concederles cuando la vencian, se
-empeñaban en un combate horroroso, con el que solo conseguian prolongar
-la muerte y hacerla doblemente dolorosa. En los toros se ve volar á la
-fiera sin poder apoderarse de él en derredor del torero, que con la
-serenidad que le infunden su conocimiento y su ligereza, mira hasta con
-lástima al corpulento bruto afanarse y correr en vano hasta encontrar,
-cuando cree mas seguro el triunfo, su perdicion y su muerte. No es un
-brutal arrojo el que arrastra al cerco al lidiador, sino un valor
-racional con que se presenta á la fiera, porque sabe el modo seguro de
-hacer inútil su saña y de eludir sus intentos. No es su agitacion
-aquella que trastornaba al gladiador cuando encerrado en el anfiteatro
-se le abrian mil puertas para el sepulcro, y un resquicio apenas para
-tornar á la vida: es una mezcla del gozo que anticipadamente se le viene
-á la imaginacion por su victoria, y de los temores que le asaltan de no
-llenar cumplidamente sus deberes y sus deseos. Pero la idea del peligro
-ni aun<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">{51}</a></span> lejano no aparece jamas en la mente del buen torero, que sabe
-bien que no hay lance para el que no tenga seguro recurso, y regla
-segura para practicarlo. Ni en él se le ofrece al espectador aquella
-imponente y aterradora figura del atleta cuya sola presencia estremecia,
-sino la mas elegante y gallarda que imaginarse puede. Adornado con telas
-de seda bordadas de oro y plata, elige para su vestido la hechura que se
-amolda mejor á la configuracion de su cuerpo, y sus varoniles y escelsas
-formas lucen tanto mas cuanto ciñe mas su ropage.</p>
-
-<p>En este espectáculo admira y discurre el filósofo la escelencia del
-hombre, que desde la desnudez é ignorancia primitivas, ha sabido alzarse
-con el influjo del mundo y sacrificar á su antojo y diversion las
-bestias mas poderosas. El naturalista observa las alteraciones que el
-cuidado y el estado de domesticidad han producido en el caballo y el
-toro, y cuanto los desvia de su primitivo modo de ser y de obrar. El
-político conoce con cuán poco se contenta y distrae al pueblo laborioso,
-y aprecia dentro de sí el efecto que el espectáculo hace en el carácter
-de la multi<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">{52}</a></span>tud. El matemático vislumbra la posibilidad de reducir el
-toreo á demostraciones, porque considera en el toro un cuerpo que se
-mueve con direccion y velocidad conocidas, y en el torero todos los
-medios para variar la primera y acelerar ó retardar la segunda. El
-economista ve en el consumo de toros y caballos uno de los elementos que
-mas influyen en el fomento de la cria del ganado vacuno y caballar. El
-viajero admira un espectáculo tan grandioso, tan magnífico; aquella
-mezcla de trages y colores, y aquel murmullo y vocerío y contínuo
-movimiento lo entretienen y embelesan, y cuando suena el timbal, sale el
-toro con aspecto amenazador, y ve á los toreros burlarlo risueños de mil
-maneras, llega al colmo su admiracion, y prorumpe en aplausos y
-aclamaciones. Todas las clases, todos los sexos, todas las edades y
-condiciones de la vida concurren á él, se enagenan y se olvidan de sus
-penas. Inútiles serian nuestros esfuerzos para hacer concebir lo grande,
-lo bello de tales fiestas al que no las hubiese presenciado.</p>
-
-<p>Sin embargo, la lidia de toros esperimenta continuamente las mas severas
-censuras y<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">{53}</a></span> las acusaciones mas escandalosas, y no satisfariamos el
-deber que nos hemos impuesto sino las refutásemos completamente.</p>
-
-<p>Hemos manifestado ya que los pueblos necesitan diversiones, y que deben
-ser de las que hablen mas á los sentidos que al entendimiento, y hemos
-manifestado igualmente que las pasiones que deben inspirarles han de ser
-heróicas y varoniles sin que rayen en barbarie ó ferocidad. Las lidias
-de toros satisfacen como hemos visto ambos estremos; pero dicen sin
-embargo sus detractores que son bárbaras, inmorales, sangrientas,
-perjudiciales á la agricultura, al estado, á las artes, á la industria y
-á la humanidad. ¿Hay mas de que acusar á este espectáculo? Cuanto mas lo
-humillen con sus fútiles sofismas, tanto mas completo y glorioso será su
-triunfo.</p>
-
-<p>Son bárbaras, dicen, las corridas de toros; ¿y por qué? preguntamos. ¿Es
-acaso porque en ellas luchen los hombres cuerpo á cuerpo con una fiera?
-¿Qué se dirá entonces de la caza de montería? Si es barbaridad lidiar á
-un toro cuya sencillez es tan conocida, y para lo cual hay reglas tan
-seguras, ¿no será bárbaro y hasta brutal internarse en los bosques<span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">{54}</a></span> ó en
-lo quebrado de un monte persiguiendo fieras mucho mas astutas y
-carniceras que el toro, sin que sean menos poderosas? La diferencia que
-hay entre el cerco despejado, diáfano, igual, y el monte sombrío,
-cubierto de maleza; entre el javalí que se mete por el cuchillo á
-trueque de dar la dentellada, y el toro que embiste ostigado y se le
-separa con un lienzo; entre la seguridad que da el arte del toreo, y los
-riesgos para que no sirven los ardides de la caza; entre el pronto y
-eficaz socorro que tiene el torero rodeado siempre de defensores, y la
-soledad y desamparo en que frecuentemente se halla el cazador, pueden
-servir para apreciar cuanto tiene de mas espuesto la caza de montería, y
-no vemos sin embargo que se le acuse de barbaridad.</p>
-
-<p>Se pasan años sin que una sola gota de sangre humana manche la arena de
-las plazas de toros, y se pasarian siglos si estuviese esta diversion
-bajo el pie que debe ponerse, y que indicaremos en su lugar; mientras
-que apenas sale al monte una batida sin que haya un contuso, un herido,
-ó acaso un muerto. El hijo del famoso don Pelayo, que fue muy dado á
-esta aficion, sabemos que murió á<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">{55}</a></span> manos de un oso en los montes de
-Cangas; y pudieramos citar muchos mas de quienes da cuenta la historia,
-las crónicas y otros escritos.</p>
-
-<p>Ademas que sería bárbara la lidia de toros, si fuera inherente á ella
-ver sucumbir ó padecer al hombre por carecer de recursos para librarse
-del toro; pero como el fin de las lidias es burlar al toro sin riesgo
-del torero, que para conseguir su objeto tiene un arte que le da reglas
-tan seguras como puede inferirse de las bases en que se apoyan, á saber,
-las inclinaciones particulares de las diferentes clases de toros, que
-conocidas distintamente y confirmadas por la esperiencia de muchos años,
-suministran los elementos de la mas rigorosa exactitud, es evidente que
-no tiene lugar la acusacion, ni respecto al objeto de las lidias, ni á
-los medios de conseguirlo: el objeto, burlar una fiera; los medios, un
-arte seguro, cierto. Para que faltasen sus reglas dejaria antes de ser
-noble y magnánimo el leon, feroz y sanguinario el tigre, pacífica y
-mansa la oveja, amorosa la paloma, amigo fiel el perro. Si son eternas,
-invariables, las determinaciones instintivas de los animales<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">{56}</a></span> que la
-esperiencia nos ha dado á conocer, serán tambien invariables, exactas,
-todas las reglas que de ellas rigorosamente se dedujeren. ¿De dónde pues
-los fundamentos para apellidar bárbaro al espectáculo? Si no los hay en
-su objeto, si no los hay en los medios de conseguir este objeto, ¿los
-habrá tal vez en sus accidentes? Veamos. La muerte de los toreros que
-han perecido en las plazas es sin duda el apoyo de la acusacion; pero
-¡qué impotente! ¡qué modo tan caduco de raciocinar! ¡con cuánta razon
-podriamos abusando del raciocinio, y silogizando con tan poca lógica,
-calificar de bárbaro el oficio de minero, de buso, de volatin, de
-plomero, de polvorista, de albañil, de... Nunca acabariamos de enumerar
-todos los oficios en que encontró el hombre mas ó menos veces la muerte,
-pero sí podemos asegurar, que cualquiera de los referidos cuenta mas
-víctimas que el toreo, pues los volatines con particularidad llevan en
-un corto número de años mas hombres al sepulcro que los toros en un
-siglo, y esto sin contar los que se lisian todos los dias en las
-escuelas de gimnástica y en los ejercicios preparatorios de su
-profesion. El hundimiento de<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">{57}</a></span> la mina de mercurio de Guancavélica redujo
-repentinamente á polvo mas hombres que pueden herir los toros mientras
-dure el mundo. El busear, y aun la simple accion de nadar, matan todos
-los años por solo bañarse un número crecido de gentes. Y no se nos diga
-que lo útil ó necesario de estos oficios hace que se desprecien sus
-riesgos, pues esta razon pone en nuestras manos las mas concluyentes
-pruebas. Si la sociedad reporta ventajas de estos oficios, ya hemos
-visto cuántas y cuán grandes las reportan los pueblos de las corridas de
-toros; y la utilidad personal que obliga al albañil, por ejemplo, á fiar
-su vida á una ruinosa almena, no es mayor ni tiene prestigios mas
-seductores que la que obliga al torero á presentarse en el cerco de
-donde recoge el precio de su trabajo y los aplausos de la multitud.</p>
-
-<p>¿Y será mas justa, tendrá mas fuerza la acusacion de inmoralidad que á
-las lidias se hace?</p>
-
-<p>Todo lo que ataca las sólidas bases de la moral, todo lo que pueda
-viciar ó pervertir el orden saludable de las ideas de los pueblos, y
-suscitar las pasiones detestables que inducen<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">{58}</a></span> á los hombres á fomentar
-su engrandecimiento sobre la ruina de otro, debe reputarse por inmoral.
-Pero... ¿hay algo de esto en las corridas de toros? Hemos visto cuál es
-el objeto de este espectáculo, los medios; conocemos su índole, y no se
-vislumbra que envuelva, ni aun como episodio, la idea mas remota de
-inmoralidad. Estendámonos á los accidentes. Un gentío inmenso se reune
-en un recinto espacioso para presenciar el mas grande de los
-espectáculos; se reune en medio del dia, á la faz de todos, y cada uno
-en los que le rodean tiene centinelas de vista que observen sus
-operaciones, y no puede ejecutar ninguna accion, ningun movimiento capaz
-de ofender la decencia pública. Si á pesar de esto no falta quien
-traspase los límites del decoro con alguna palabra ó accion
-descompuesta, ¿en qué reunion en que haya mezcla de sexos, de edades y
-de condiciones, no sucede lo mismo? ¿No vemos en las funciones de
-iglesia ser el templo impía, sacrílegamente profanado con acciones
-indecorosas, con palabras obscenas...? ¡Con cuánta impudencia se repiten
-estos actos á los ojos del pueblo, y en la presencia de un Dios!!! ¡Y
-cuánto mayor es el escándalo<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">{59}</a></span> asi contrastado por la santidad y devocion
-del templo...!</p>
-
-<p>Sin embargo, conocemos que el desenfreno y obscenidad del populacho es
-escandaloso, cuando reunido en los andamios y casi ébrio se entrega á su
-descomunal vocería. Este abuso puede cortarse, y debe efectivamente ser
-arrancado de raiz; pero no basta por sí para calificar de inmoral al
-espectáculo; lo primero, porque ya se ha dicho es un abuso, y como tal
-independiente de la fiesta; y lo segundo, porque mas ó menos manifiesta
-no hay clase alguna de reunion considerable en que no se haga lugar. Si
-fueran suficientes los abusos para condenar la clase de espectáculos en
-que se introducen, ¿cuál sería la suerte del teatro? Este espectáculo,
-el primero y el mas digno de ocupar la atencion de un pueblo culto, lo
-decimos con dolor, está sembrado de inmoralidades: aqui una hija,
-arrastrada por su criminal amor, desobedece la voz de un padre tierno, y
-se entrega clandestinamente á un seductor; alli un padre déspota,
-inhumano, tiraniza á su hija hasta ofrecerle la disyuntiva de casarse
-con quien aborrece ó sepultarse en la clausura; acá vemos un héroe<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">{60}</a></span> que
-apenas comienza á reposar sobre sus laureles, cuando la calumnia ó la
-alevosía lo hace sucumbir traidoramente, y se elevan sobre su cadáver.
-Delitos y crímenes enormes, injusticias, crueldades escandalosas,
-venganzas, sangre, muerte y horrores, esto nos ofrece hoy el teatro; y
-la juventud no puede presenciar sin peligro semejantes escenas, porque
-si una parte se indigna contra ellas y aborrece mas y mas tales vicios,
-otra parte, y quizás mas considerable, seducida por lo lisonjero que es
-satisfacer las pasiones mas viles, pondrá tal vez mañana en juego para
-conseguirlo los mismos medios con que vió llevar hoy á efecto en la
-escena un proyecto semejante al que medita.</p>
-
-<p>No pueden los abusos torcer mas la marcha de un espectáculo: el teatro
-se dirije á inculcar máximas saludables y virtuosas; á pintar el vicio
-no solamente con el mas horrible colorido, sino vilipendiado y
-confundido siempre ante la virtud; jamas debe quedar victorioso, impune,
-en la catástrofe, y no debe dar un solo paso que no lo acerque al abismo
-de su perdicion. No obstante, vemos todos los dias piezas dramáticas en
-que todo cons<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">{61}</a></span>pira á inducir á la maldad. Por otra parte, ¡qué escesos
-no se cometen en el teatro! ¡qué liviandades...! ¿Y diremos por eso que
-el teatro es inmoral? ¿Imitarémos la conducta de los que quieren que se
-proscriban los toros, y fulminaremos un anatema contra Talía? ¿No será
-mejor purgar de abusos estos espectáculos? ¡Cuánto mas vale perfeccionar
-que abolir!</p>
-
-<p>Sin embargo, mucho resta, dirán los detractores del toreo, que alegar en
-contra de semejantes fiestas. ¿Se negará por ventura que son
-sangrientas? Aun concediendo que la sangre humana no se vierta en ellas,
-¿con qué derecho se conduce de la pradera á la plaza, de la vida á la
-muerte, al inocente toro? ¿con qué derecho al caballo generoso? ¿no se
-necesita un corazon de piedra para ver á estos hermosos animales
-heridos, destrozados, lanzar el último aliento? Cuando por un accidente
-se ve un hombre herido ó muerto, ¿quién no detestará semejante
-diversion?&mdash;Hemos llegado á una de las acusaciones mas fuertes, mas
-famosas, y en cuya refutacion debemos detenernos mas. Procedamos con
-método.</p>
-
-<p>Oponen lo primero que aun cuando no sea propio, esencial del
-espectáculo, el derra<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">{62}</a></span>mamiento de sangre humana, lo es el de la sangre
-del toro y del caballo, y que es por consiguiente sangrienta la
-diversion. A la verdad que hasta ahora nadie ha negado que se derrame
-sangre en los toros, pero es la sangre de irracionales la que en ellos
-humea, y si esto es suficiente para calificar de sangrienta una cosa y
-proscribirla, proscríbanse las cocinas, pues no hay nada mas sangriento.
-Si en la plaza se derrama la sangre del caballo y el toro en sacrificio
-forzoso del gusto del pueblo, y de la necesidad que hemos visto tiene de
-un espectáculo de esta clase, en las cocinas se vierte con una
-vituperable prodigalidad la de una multitud de especies de animales, sin
-otro motivo que el lujo de los opulentos y la depravacion de sus
-paladares. Asi pues, ó entiéndase por sangriento solo aquello en que se
-derrame la sangre humana, y entonces no ha lugar la acusacion contra
-nuestras fiestas, ó de lo contrario se acogen á las cocinas.</p>
-
-<p>¿Con qué derecho, replican, se conduce al toro á la muerte? ¿con qué
-derecho al caballo?&mdash;¡Qué inconsecuente hipocresía! ¡Con qué derecho...
-decis...! Con el que os asiste<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">{63}</a></span> para sepultar diariamente en vuestras
-casas de matanza millares de reses y de ganado lanar, con el que os
-abrogasteis cuando pusisteis el freno al caballo, y lo hicisteis víctima
-de vuestra utilidad en la paz, de vuestra barbarie en la guerra... Pero
-el hombre, es verdad, tiene un derecho, aun en el estado de salvage, á
-la vida de otros animales: la naturaleza ha criado un gran número de
-especies para servir de alimento á otras; y el hombre, que no es
-esclusivamente hervíboro, como algunos supusieron, debe alimentarse con
-la carne de otros animales; y adelantando luego al estado de
-civilizacion á que la especie ha llegado, puede estender su derecho con
-títulos legítimos un poco mas allá de lo que por mera necesidad le está
-concedido. En efecto, él se afana en reunir y proteger los animales
-mansos; él se constituye á guerrear contra el lobo y el raposo, contra
-el buitre y el gavilan, que sin su cuidado los devorarian, y se
-constituye por este solo hecho árbitro de su destino. Sus intereses van
-conformes con los de la naturaleza: para ella nada son los individuos;
-son todo las especies: el hombre no las estingue, ni podria; todo su
-poder se<span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">{64}</a></span> limita á multiplicar los individuos de las que le son útiles,
-y á disminuir ó alejar las que le son perjudiciales; y de aqui procede
-la multitud y la fecundidad de los animales que ha domesticado, y cuyas
-especies estan reducidas á un número de individuos respectivamente muy
-corto en los paises en que no los maneja y protege. Por consiguiente es
-muy natural que este esceso en el número de individuos que la especie
-debe á su cuidado, sirva para alimentarlo en justa recompensa de él; asi
-la especie se mejora y no padecen los individuos; porque como carecen de
-la facultad de pensar no pueden comprender su porvenir, y el tiempo que
-aparecen en el gran teatro de la naturaleza gozan una existencia tan
-pacífica y regalada, que llegan á preferirla al estado de libertad
-primitiva. Resulta pues que el hombre tiene un derecho <i>natural</i> para
-alimentarse de muchos animales, y otro derecho <i>adquirido</i> para inmolar
-aquellos que se multiplican bajo su cuidado, mucho mas cuando satisface
-una necesidad tan urgente en el estado de sociedad, como es proporcionar
-un espectáculo acomodado al gusto de la multitud.</p>
-
-<p>Se hace ademas ridícula la acusacion que<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">{65}</a></span> de sangrienta se hace á
-nuestras fiestas, por oirla muchas veces de boca de hombres que cometen
-mayores escesos con la indiferencia mas fria; como por ejemplo, cuando
-se espanta y horroriza un francés, que presenciaba con gusto las
-carreras de caballos, en que ademas de verlos reventar á menudo, vería
-no pocas veces quedar estropeado ó muerto el ginete sin alterarse por
-eso, sino que tal vez se alegraria porque ganaba cinco mil francos que
-llevaba á favor del contrario. Mucho mas ridículo aun es el horror que
-suelen inspirar nuestras fiestas al tétrico inglés, que familiarizado
-con el suicidio, le conmueve la muerte de los caballos, mientras que
-asiste ansioso al <i>pugilato</i>, donde ve luchar no á dos fieras, no á un
-hombre con una fiera, sino á dos hombres, que arrastrados por el interes
-mas vil, acometen á un semejante, á un conocido, á un amigo quizás para
-destrozarlo y acabar con él si preciso fuere: estos espectáculos han
-ocupado á uno de los pueblos mas civilizados de la Europa moderna,
-autorizados por el gobierno hasta muy pocos años hace; y en el dia,
-aunque clandestinamente, los sostiene y aplaude. ¡Crueles! ¿Y sufriremos
-que nos lla<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">{66}</a></span>men impunemente bárbaros porque sostenemos los toros, un
-pueblo en que se tolera que dos hombres se maten á puñadas en presencia
-de la multitud, y se prohibe que el anatómico estudie sobre el cadáver
-en el retiro del anfiteatro su estructura y organizacion?</p>
-
-<p>Nunca acabaríamos si hubieramos de hacer una reseña aunque breve de los
-espectáculos y juegos que ocupan á muchos de los pueblos que censuran de
-sangrientas las corridas de toros, ni seriamos menos estensos si
-limitándonos á nuestra nacion manifestásemos los que como mero
-pasatiempo se usan en diferentes provincias, y son indudablemente mas
-sangrientos que los toros, sin que ni unos ni otros hayan merecido nunca
-tal impugnacion. ¿Y será por ventura la causa de tan estraña
-inconsecuencia el ser mucho mas pequeños los animales víctimas de
-semejantes juegos? Cuando hacen servir el amor zeloso de los gallos como
-el móvil de su odio y la causa porque se matan, ¿juzgarán por no
-sangrienta la pelea porque se necesite la sangre de mil gallos para
-componer la de un toro? ¿les asistirá la misma razon á los pueblos que
-salen con la escopeta los dias festi<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">{67}</a></span>vos á manifestar su destreza
-matando docenas de pajarillos que ni se cuidan levantar del suelo? Pues
-deben saber los que asi piensan que no le cuesta menos á la naturaleza
-producir la masa enorme del elefante ó del condor que la diminuta
-hormiga, ó el pequeño pájaro, mosca, y que son unos mismos los derechos
-que tienen todos á la vida. Y si hemos de convenir con el príncipe de
-los naturalistas antiguos<a name="FNanchor_9_9" id="FNanchor_9_9"></a><a href="#Footnote_9_9" class="fnanchor">[9]</a>, en las obras mas pequeñas, en los animales
-microscópicos es donde con mas fuerza ostenta la naturaleza su poderío:
-<i>nunquam magis natura quam in minimis</i>.</p>
-
-<p>Oponen tambien que las lidias de toros traen un perjuicio grande á la
-agricultura, porque se le priva al año de un número considerable de
-reses que pudieran emplearse en la labranza, al mismo tiempo que perecen
-centenares de caballos que pudieran igualmente prestar buenos oficios al
-labrador. Esta objecion es tan especiosa como falsa, aunque á primera
-vista aparezca con todo el<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">{68}</a></span> prestigio de una evidente verdad. Asi es que
-no serán necesarios grandes esfuerzos para demostrar su falsedad.</p>
-
-<p>Los labradores tienen su caudal diseminado, por decirlo asi, en la
-superficie de la tierra, tanto en granos como en ganados &amp;c., y sus
-arcas rara vez corresponden en riqueza á la que ostentan en sus cortijos
-ó haciendas. Esto es tan general, que aun cuando haya alguno que posea
-la suficiente cantidad de numerario para llamarse rico solo por él, son
-sin embargo tan raros estos ejemplos, que no pueden reputarse por otra
-cosa mas que por escepciones de una regla general. Por consiguiente
-habremos de convenir en que la riqueza de esta clase consiste en
-efectos, y por consiguiente que tantas mas ventajas obtendrá cuanto sea
-mayor la salida de estos efectos, mientras que por el contrario se
-empobrecerá cuando falte ó se disminuya el consumo de ellos. Para
-convencernos de esta verdad basta solo figurarnos á los labradores
-despues de un año felicísimo con las eras llenas de grano y las dehesas
-de ganado cuyo valor aproximado forme un considerable capital: si los
-consumos son<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">{69}</a></span> grandes, podrá vender á buen precio tanto el grano como el
-ganado, y recibir una cantidad suficiente para emprender con ardor la
-labranza en el año próximo y beneficiar cuanto le sea posible sus
-ganaderías; pero si por el contrario escasean, tendrá que bajar los
-precios, y siendo á pesar de todo mezquina la venta, lo será tambien la
-cantidad que percibe, y se hallará por consiguiente sin los medios
-necesarios para estender y fomentar la especie de industria que ejerce.
-La riqueza de los labradores es imaginaria si faltan los consumos, y la
-misma prodigalidad con que los granos y los ganados se multiplican
-contribuyen doblemente á empobrecerlo, pues por una parte pierden el
-valor y por otra aumentan los gastos con su abundancia. Por el
-contrario, jamas se ha visto que por ser escesivos los consumos de estos
-ó aquellos productos se haya perjudicado el ramo de industria á que
-pertenezcan, sino que se aumentan y perfeccionan. La esperiencia está en
-un todo de nuestra parte, y principalmente en la materia que nos ocupa:
-echemos una ojeada por la hermosa casta de caballos andaluces, y veremos
-que empezó á multiplicarse<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">{70}</a></span> y á recibir mejoras cuando los consumos eran
-mayores que son hoy, y que conforme han ido disminuyendo ha perdido sino
-en la calidad de los caballos, como sin embargo creen muchos, al menos
-en la abundancia de potradas y en lo numerosas que eran. Con respecto á
-los toros sucede lo mismo; cuando habia mas plazas y se hacian al año
-muchas corridas mas que hoy, habia en todas las provincias mas
-ganaderías famosas y mayor número de cabezas de ganado vacuno: muchas de
-estas ganaderías no existen ni aun en el nombre, desaparecieron con la
-disminucion de los consumos, y las que se conservan famosas son aquellas
-de que mas toros se sacan para las plazas. Ademas de que el consumo que
-en ellas se hace de toros y de caballos no solo concurre á beneficiar la
-cria del ganado vacuno y caballar como lo hiciera cualquier otro
-consumo, sino que las beneficia de un modo particular y directo; lo
-primero, por el esmero con que los criadores de toros de plazas cuidan y
-afinan el ganado, y por la mucha estima que asi adquieren los toros; y
-lo segundo, porque en las plazas mueren todos los caballos malos y
-viejos de<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">{71}</a></span> que ya el labrador ha obtenido cuantas ventajas pueden ellos
-proporcionarles, y es la última vender á un precio bastante alto un
-animal que por su edad ó por sus enfermedades ni puede ya recompensar
-con su trabajo los gastos y esmero de su manutencion y cuidado, ni mucho
-menos presentarse en feria. Estos animales se verian por último
-condenados á perecer, ó serian onerosos para sus dueños, si en las
-plazas de toros que es su única salida no los comprasen á un precio que
-nunca hubiera podido obtener sin este recurso su dueño, y esto es una
-ventaja positiva y muy considerable para los labradores.</p>
-
-<p>En otro pais cuyo suelo fuera menos rico y productivo que lo es el
-nuestro podria decirse tal vez que el consumo de las plazas podria
-perjudicar por hacerse con menoscabo de otros consumos del mismo género;
-pero esta objecion no tiene lugar en España, pues aunque se triplicara
-la poblacion, y con relacion á este mismo aumento crecieran los
-consumos, no por eso llegaria el caso de que se resintiese la cria de
-ganados del que se hiciera en las plazas. Cualquiera que haya paseado
-nuestras provincias, ó que al menos tenga<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">{72}</a></span> noticias circunstanciadas de
-ellas, y sepa el número de ferias que en ellas se celebran, y la
-multitud y abundancias de ganados que á ellas concurren, se persuadirá
-no solo del ningun daño que las corridas de toros causan á la
-agricultura, sino de la necesidad que tiene de ellas para beneficiar el
-ganado, activar su consumo y entresacar en el caballar la hez que con
-tantas ventajas del labrador se consume en las plazas.</p>
-
-<p>Cuando oimos decir que las corridas de toros son perjudiciales al
-Estado, quisieramos que nos presentasen algunas de las razones en que se
-apoya tan estraña asercion; pero jamas hemos visto ninguna ni
-conveniente ni adecuada, pues era la mas fuerte el perjuicio que
-suponian recibia la clase agrícola. Hemos visto ya que lejos de ser ella
-perjudicada recibe beneficios de gran tamaño, y anunciaremos ademas,
-aunque rápidamente, algunas de las principales ventajas que las corridas
-de toros proporcionan al Estado.</p>
-
-<p>Bastaba solo el fomento de la agricultura en uno de sus mas preciosos
-ramos para persuadir á cualquiera la utilidad de las corridas de toros,
-porque sabemos que la principal ri<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">{73}</a></span>queza de un Estado, y la única que le
-puede servir de apoyo invariable, es la que se cimenta en el fomento de
-sus productos territoriales, y por tanto no puede dejar de ser que las
-corridas de toros lo robustezcan, habiendo visto qué directamente
-influyen en el aumento de aquellos productos. Ademas hemos visto que
-llena una de las primeras necesidades de un gobierno que vele por la
-felicidad de los pueblos, como es un espectáculo nacional y varonil, sin
-que por eso sea bárbaro é inhumano, y bajo este aspecto recibe el Estado
-una nueva ventaja. Tambien son las plazas de toros frecuentemente
-arbitrios con los cuales se cubren ciertas atenciones, para cuya
-satisfaccion hubiera sido preciso exigir á los pueblos alguna nueva
-contribucion ó impuesto, que por suave y módica que fuera, jamas la
-pagaria con el gusto y exactitud con que satisface el precio del billete
-para los toros. El equipo y armamento de algun cuerpo que se forma
-repentinamente, la conclusion de alguna obra pública de conocida
-utilidad, el establecimiento de casas de beneficencia &amp;c., son bienes
-positivos y considerables que reporta el Estado de<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">{74}</a></span> las corridas de
-toros, pues no hay espectáculo alguno que se haya hecho objeto de tantos
-arbitrios, y de que se hayan sacado tantas y tan cuantiosas sumas en
-beneficio del Estado. Ademas que segun se deduce de las reflexiones que
-al principio hemos hecho, influye de un modo bastante directo y poderoso
-en el carácter del pueblo, haciéndolo valeroso y amigo de la gloria sin
-viciar por eso las ideas de humanidad y dependencia que deben mantenerlo
-obediente y moderado.</p>
-
-<p>Si no recibiese el Estado otro beneficio de las corridas de toros,
-bastaria no solo para hacer ver que no le son perjudiciales, sino para
-demostrar su utilidad, saber que siembran en los pueblos la semilla de
-su independencia cuando fomentan su heroismo y su fraternidad.</p>
-
-<p>No con mas fundamentos que las anteriores acusaciones se hace á nuestras
-fiestas la de que son perjudiciales á las artes y á la industria.</p>
-
-<p>Jamas vimos apoyada semejante opinion en escrito alguno con la solidez
-necesaria para convencer, y cuando la oimos en boca de los detractores
-de las lidias, sus raciocinios para probarlas eran falsos, especiosos,
-fundados en<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">{75}</a></span> algun abuso, ó bien deducido de las que ya hemos visto
-enteramente refutadas, y cuyas consecuencias quedan destruidas como los
-principios de que emanaban.</p>
-
-<p>Las artes no sufren ninguna especie de atraso ó de perjuicio ni directa
-ni indirectamente de las corridas de toros, antes bien recibirán calor y
-nueva vida, pues es tal el enlace que tienen todas las clases entre sí,
-y todas las partes que componen la máquina social, que cuando alguna ó
-muchas de ellas esperimentan mejora ó engrandecimiento, las demas
-participan de los saludables efectos del agente que promovió el bien de
-la primera: asi es, que promoviendo las corridas de toros la riqueza de
-los labradores y el aumento por consecuencia de los productos
-territoriales, fomentan indirectamente las artes ofreciéndoles con
-abundancia las primeras materias. Sería nunca acabar si partiendo de
-este principio hubieramos de ir manifestando los beneficios que todas
-las artes pueden reportar indirectamente de las corridas de toros, pues
-se formaria una cadena que al modo de los sorites nos llevaria hasta
-donde quisieramos poner su conclusion.<span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">{76}</a></span></p>
-
-<p>La industria dicen que padece con las corridas de toros, porque la mayor
-parte de los que á ellas concurren son artesanos, jornaleros y
-trabajadores, y como se hacen generalmente en dias de trabajo, pierden
-no solo el precio del boletin, sino lo que hubieran podido ganar en sus
-respectivos talleres; de modo que la industria padece tanto por lo que
-se deja de adelantar en ella, como por la suma que se le substrae. Esta
-objecion es mas especiosa que sólida, porque sea la que quiera la suma
-que la multitud espenda en los toros, y concediendo desde luego que sea
-la clase industrial la que de ella se desprende, como no hace mas que
-pasar de las manos de una á las de otra porcion de la misma clase, es
-claro que la industria propiamente dicha no sufre perjuicio alguno. Por
-otra parte hemos visto la necesidad que hay de dar diversiones al
-pueblo, y cuán justo es que el pobre tenga alguna ocasion en su vida
-para con el ahorro de sus afanes proporcionarse unas horas de apetecida
-diversion. Mucho mas podriamos insistir en este punto; pues con solo
-enumerar los ramos de industria que ponen en movimiento y á quienes<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">{77}</a></span> dan
-actividad las corridas de toros, ocupariamos algunas páginas; pero no lo
-creemos necesario atendido cuanto en el discurso de nuestra narracion
-hemos espuesto.</p>
-
-<p>Mucho mas breve seremos refutando la objecion de los que dicen que las
-fiestas de toros son perjudiciales á la humanidad, porque de la
-refutacion que á las otras hemos hecho resulta destruida la presente, y
-bastaba saber que muchas casas de beneficencia, como hospitales,
-hospicios &amp;c., tienen impuestos muy considerables sobre estas fiestas,
-para conocer que la humanidad reporta sus beneficios hasta en los
-últimos de sus asilos.<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">{78}</a></span></p>
-
-<h2><a name="PARTE_PRIMERA" id="PARTE_PRIMERA"></a>PARTE PRIMERA.<br /><br />
-<small><i>ARTE DE TOREAR Á PIE.</i></small></h2>
-
-<h3>CAPITULO PRIMERO.<br /><br />
-<i>De las condiciones que indispensablemente debe tener un torero.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">E</span>l torero debe estar dotado por la naturaleza de ciertas cualidades
-particulares, que si no es muy raro hallarlas reunidas en un individuo,
-es poco frecuente que hagan de ella el correspondiente uso.</p>
-
-<p>Las condiciones indispensables al torero son: <i>valor, ligereza, y un
-perfecto conocimiento de su profesion</i>: las dos primeras nacen con el
-individuo, la última se adquiere.</p>
-
-<p>El <i>valor</i> es tan necesario al que intenta ser torero, que sin él jamas
-podrá llegar á serlo; pero es preciso que no se adelante hasta la
-temeridad, ni atrase hasta la cobardía: uno y otro estremo podrán
-acarrearle muchas desgracias, y quizás la muerte. El que<span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">{79}</a></span> sea temerario,
-el que intente hacer una suerte sin estar el toro en la debida situacion
-por ostentar asi valor ó habilidad, lejos de conseguirlo acredita
-irracionalidad y poco conocimiento, y solo por un efecto de casualidad
-se libertará de una cogida que pudiera serle funesta.</p>
-
-<p>El que por el contrario desperdicie de miedo el momento oportuno de
-verificar la suerte, ó bien no siente los pies, ó no vea llegar al toro,
-consecuencias todas de temerle, estará siempre en peligro de ser cogido,
-sus cogidas serán muy peligrosas, pues que le faltará del todo el
-conocimiento para quitarse el toro, y será un milagro que no concluya
-sus dias en los cuernos de esta fiera. Es necesario evitar estos
-estremos con todo cuidado. El verdadero <i>valor</i> es aquel que <i>nos
-mantiene delante del toro con la misma</i> serenidad que tenemos cuando
-este no está presente, es la verdadera <i>sangre fria</i> para discurrir en
-aquel momento con acierto qué debe hacerse con la res: el que posea este
-valor tiene la mas importante cualidad del torero, y puede creer por
-cierto que reuniendo las otras dos jugará con los toros sin el mas
-pequeño riesgo.</p>
-
-<p>La <i>ligereza</i> es otra cualidad sumamente necesaria al que ha de torear;
-pero no se crea que la ligereza del torero consiste en estar siempre
-moviéndose de acá para allá de<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">{80}</a></span> modo que jamas siente los pies; este es
-un defecto muy grande, y el distintivo del mal torero. La <i>ligereza</i> de
-que hablo consiste en correr derecho con mucha celeridad, y volverse,
-pararse ó cambiar de direccion con una prontitud grande: el saltar
-tambien es preciso al torero; pero donde mas se conoce su <i>ligereza</i> es
-en todos los movimientos que en los embroques sobre corto es necesario
-hacer para librar la cabezada: el que tenga esta agilidad tiene mucho
-adelantado para que jamas lo coja el toro, y se hace indispensable
-poseerla para practicar con seguridad los recortes, galleos &amp;c. Una
-particularidad hay digna de notarse con respecto á esta última clase de
-<i>ligereza</i>, y es que aun cuando uno que la posea bien haya llegado por
-la edad á perder los pies, la conserva mucho tiempo despues, á términos
-de seguir toreando con la misma maestría que cuando tenia todo su vigor:
-en los matadores tenemos ejemplos muy manifiestos, pues vemos hombres
-que estando torpes hasta para andar porque pasan de los sesenta años,
-matan un toro con una ligereza increible, ejecutando movimientos
-rapidísimos, quiebros violentos, y usando de sus pies con la misma
-utilidad y perfeccion que cuando no contaba mas que treinta.</p>
-
-<p>El que con las dos cualidades dichas se dedique á torear, llegará á
-verificarlo con<span class="pagenum"><a name="page_81" id="page_81">{81}</a></span> perfeccion, siempre que les asocie el <i>perfecto
-conocimiento de las reglas del arte</i>. <i>Este conocimiento</i> es facil de
-adquirir, y es tan necesario, que sin él será víctima de los toros el
-que se ponga delante de ellos, aun teniendo las otras cualidades, pues
-el <i>valor</i> sin el <i>conocimiento</i> solo le servirá para no titubear en
-irse á la cabeza del toro, y la <i>ligereza</i> para que tarde menos en ser
-cogido. Por consiguiente el <i>conocimiento</i> es la principal cualidad del
-buen torero; debe ser su guia en todas las suertes, sirviéndole el
-<i>valor</i> para que ninguna le arredre, y la <i>ligereza</i> para ejecutarlas
-con seguridad y perfeccion.</p>
-
-<p>La necesidad de conocer perfectamente las reglas del arte se echa de ver
-solo con reflexionar que los toros no dan tiempo para consultar libros
-ni pareceres, y menos para meditar; por tanto es preciso ir bien
-instruido en todo cuanto él posee para presentarse delante de la res mas
-sencilla: entonces de una sola ojeada comprenderá el torero las
-querencias naturales y accidentales del toro, su clase, sus piernas, y
-las suertes para que es á propósito; conocerá el momento oportuno para
-ejecutarlas, y ayudado del <i>valor</i> y la <i>ligereza</i> las practicará con
-buen éxito, con serenidad y con desenvoltura.</p>
-
-<p>No será jamas buen torero el que no posea á la perfeccion estas
-cualidades; su vida estará siempre en peligro; no ejecutará suer<span class="pagenum"><a name="page_82" id="page_82">{82}</a></span>te
-alguna con limpieza, y tendrá disgustados á los espectadores
-inteligentes; yo le aconsejo amigablemente y muy de veras que busque
-otra profesion si es torero de oficio, y si lo hace por aficion que no
-toree reses de mas de tres años, que las que toree sean boyantes, y que
-para alejar el peligro las embole ó les corte las puntas de los pitones.</p>
-
-<h3>CAPITULO II.<br /><br />
-<i>Requisitos que deben tener los toros para lidiarse.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">P</span>ara que las corridas de toros diviertan, y los toreros puedan lidiar
-con seguridad, es necesario buscar toros á propósito, siendo evidente
-que un toro demasiado chico, viejo, flaco, tuerto, enfermo &amp;c., no
-tendrá de su parte las condiciones precisas para verificar las suertes.
-El toro que se haya de lidiar debe tener valor y fuerza; un toro cobarde
-no divierte, evita los lances, desluce al torero y le da una cogida con
-mas facilidad que un toro valiente, y es claro que al que le falte la
-fuerza le faltarán tambien el vigor y el corage precisos para la lidia.</p>
-
-<p>Los requisitos que deben buscarse en un toro para lidiarlo son: <i>la
-casta, la edad, las libras, el pelo, el que esté sano, y que nunca lo
-hayan toreado</i>.<span class="pagenum"><a name="page_83" id="page_83">{83}</a></span></p>
-
-<p>La <i>casta</i> debe ser buena, no porque todos los toros de <i>casta</i> salgan
-buenos, sino porque hay mas probabilidad en que sea bravo el toro cuyos
-padres lo fueron, que no aquel que no sabemos de quién sea hijo, y que
-acaso sus padres estaban criados á mano.</p>
-
-<p>Hay otra razon mucho mas poderosa para preferir aquellos á estos, y es,
-que los toros de <i>casta</i> estan mucho mejor cuidados que los cuneros; que
-estan en sus cercados sin ver vacas, y por consiguiente tienen mas
-vigor; y finalmente, que sufren una tienta, en la cual el que no es muy
-bravo se aparta para buey ó para el matadero. Los cuneros, aun cuando
-algunos hayan sido tentados, nunca es con la escrupulosidad que los
-otros, y por no seguirlos cuidando como es debido es muy frecuente
-verlos desmerecer del concepto en que los tenia su mismo conocedor.</p>
-
-<p>La <i>edad</i> es otro de los requisitos que deben buscarse en los toros; la
-de cinco á siete años es la mejor, pues gozan en ella de la fuerza,
-viveza, corage y sencillez que les son propias y los hacen tan á
-propósito para la lidia. Sin embargo, son muchos los toros que á los
-cuatro años estan perfectamente formados, y pueden presentarse y cumplir
-en la plaza mayor del reino. Algunos se corren tambien de ocho, diez y
-aun mas años; pero no divierten tanto como los otros, y cuando se
-apoderan del bulto, como cornean casi siem<span class="pagenum"><a name="page_84" id="page_84">{84}</a></span>pre muy bien, lo destrozan,
-sacian en él su corage, y desprecian los engaños que emplean para
-distraerlos. Sería de desear que jamas se corriesen estos toros; ellos
-por lo regular disgustan á los espectadores, porque no se prestan tanto
-como los otros para las suertes, tienen mas intencion, aprenden en el
-tiempo que estan en la plaza, conocen al torero, y por lo regular cuando
-van á la muerte tienen demasiada malicia, hacen perder mucho tiempo en
-estas suertes, y no son pocas las veces que dan una cogida.</p>
-
-<p>Para conocer pues la <i>edad</i> de este animal se atenderá á los dientes y á
-las astas, pues no son siempre exactos los estados que para apoyar la
-venta presentan los criadores. Los primeros dientes de delante se le
-caen á los diez meses, y en su lugar le nacen otros mas anchos, pero mas
-blancos; á los diez y seis meses se le caen los dientes inmediatos á los
-de en medio, y nacen otros al momento; y á los tres años se renuevan
-todos los incisivos, que son entonces iguales, largos y blancos.
-Permanecen en este estado hasta los seis ó siete años, que empiezan á
-amarillear y ponerse negros. Las astas dan señales mas fijas para
-conocer la edad, pues á la de tres años se separa del piton una lámina
-muy delgada que casi no tiene el grueso del papel comun, la que se
-hiende en toda su longitud y cae á la menor frotacion: de este modo de
-esfo<span class="pagenum"><a name="page_85" id="page_85">{85}</a></span>liacion del asta se forma una especie de rodete que se advierte en
-la parte inferior del cuerno, que en algunas partes se llama la
-<i>mazorca</i>, y el cual muestra tener ya el toro sobre tres años; en cada
-uno de los siguientes se observa otro nuevo rodete debajo del primero,
-de modo que para saber la <i>edad</i> de cualquier res no es menester mas
-sino contar el número de anillos, dando al primero tres años y á los
-demas uno. De este modo tan sencillo se averigua la <i>edad</i> del toro, con
-la diferencia únicamente de algunos meses, pues es casi inútil advertir
-que la naturaleza, en esta como en todas sus operaciones, se adelanta ó
-atrasa segun infinitas circunstancias que no podemos apreciar,
-burlándose asi de nuestros cálculos y reglas.</p>
-
-<p>Debe atenderse tambien á las <i>libras</i> que tiene el toro, porque uno muy
-flaco no tiene la fuerza ni la energía que uno gordo, se siente
-demasiado del castigo, y me atrevo á decir que ni aun debe tener el
-valor que este, pues tanta mas arrogancia y tanta mas intrepidez se
-tiene cuanto se siente uno con mas robustez y fuerzas para vencer á su
-enemigo. Sin embargo, los toros escesivamente gordos no son á propósito
-para lidiarse, porque son muy pesados, se estropean al momento que dan
-dos carreras, se aploman, y por consiguiente inutilizan las suertes.</p>
-
-<p>El <i>pelo</i> debe llamar tambien la atencion:<span class="pagenum"><a name="page_86" id="page_86">{86}</a></span> cuando se dice el <i>pelo</i>
-debe entenderse esta voz en su verdadera significacion, y no tomarla por
-la <i>pinta</i>, la cual poco ó nada influye en la calidad del toro.</p>
-
-<p>Este se dice que es de buen <i>pelo</i>, cuando la piel, tenga la pinta que
-quiera, es bastante luciente, fina, igual y limpia: los toros de este
-<i>pelo</i> se llaman finos y se aprecian mas, como sucede con los caballos y
-demas animales de pelo. Hay castas cuyos toros son de <i>pelo</i> basto, y
-por lo mismo se llaman bastas tambien; los toros de estas en igualdad de
-circunstancias se pagan menos, pues el pelo es una de las señales que se
-tienen para caracterizarlos.</p>
-
-<p>Para que un toro sea fino ha de reunir al pelo luciente, espeso, sentado
-y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas, con las articulaciones
-bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redonda; los
-cuernos fuertes, pequeños, iguales y negros; la cola larga, espesa y
-fina; los ojos negros y vivos; las orejas vellosas y movibles. Esto es
-lo que se conoce por buen <i>trapío</i>. Generalmente cada provincia y aun
-cada casta tiene un trapío particular, y hay algunos aficionados tan
-inteligentes que rara vez los equivocan.</p>
-
-<p>La necesidad de que esté <i>sano</i> el toro que ha de lidiarse es bien
-manifiesta; pero lo que principalmente recomiendo que se examine<span class="pagenum"><a name="page_87" id="page_87">{87}</a></span> es la
-<i>vista</i>. Los que la tienen defectuosa son muy dificiles de torear. Hay
-toros que ven mucho de lejos y poco ó nada de cerca, y vice-versa: otros
-hay que ven bien de un ojo y mal de otro; los hay tambien que ven muy
-poco, y todos ellos, que los toreros llaman <i>burri-ciegos</i>, son
-dificiles de torear. Los toros <i>tuertos</i>, aunque muy buenos para ciertas
-suertes, son muy malos para otras, y por consiguiente tampoco deben
-lidiarse.</p>
-
-<p>Ademas de todas las condiciones dichas es menester examinar
-escrupulosamente si el toro ha sido <i>corrido</i>, y principalmente si lo ha
-sido en plaza, pues entonces aunque reuna los antecedentes requisitos no
-divertirá, antes bien tanto los espectadores como los toreros estarán
-descontentos, y estos últimos con tanta mas razon, pues miran muy
-próximo el peligro de su vida con tales toros.</p>
-
-<p>La tauromaquia posee reglas ciertísimas para burlar la fiereza de los
-toros, que siendo naturalmente sencillos se van con el engaño que el
-hombre les presenta, asegurando de este modo su vida, y proporcionando
-una hermosa diversion. Pero en los toros placeados varían del todo las
-circunstancias. La lidia que ya han sufrido les ha puesto en el caso de
-distinguir al torero del capote que lleva para su defensa, y
-despreciando este, acometen rabiosos á aquel; saben en cada clase de
-suertes cuál debe ser la huida del dies<span class="pagenum"><a name="page_88" id="page_88">{88}</a></span>tro, y conforme lo ven en
-disposicion de ejecutarlas empiezan á ganar terreno, le quitan la
-salida, y cuando lo ven encerrado y en una posicion tal que apenas pueda
-escapárseles, arrancan á él, y si por desgracia lo cogen es muy posible
-que sea aquella la última hora de su existencia. Estos toros son el
-oprobio de la tauromaquia, la muerte de los toreros, y el fundamento que
-tienen los enemigos de las lidias para llamarlas bárbaras. Debe
-prohibirse con mucho rigor que se corran, y señalar un castigo
-correspondiente al tamaño del delito y de las funestas consecuencias que
-puede acarrear á todo el que vendiese para las plazas toros que ya se
-hubiesen <i>corrido</i> de antemano. De este modo las lidias serian muy
-divertidas, las leyes tauromacas tendrian correspondiente aplicacion y
-seguro resultado, y se pasarian muchos años sin que hubiese la menor
-desgracia, y sin que los enemigos de tales diversiones tuviesen el mas
-mínimo fundamento para vituperarlas.</p>
-
-<h3>CAPITULO III.<br /><br />
-<i>De las querencias.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">A</span>ntes de tratar de los toros en particular y del modo de lidiarlos, me
-parece oportuno decir algo de sus <i>querencias</i>, tanto naturales como
-accidentales, con la idea de hacer ver<span class="pagenum"><a name="page_89" id="page_89">{89}</a></span> el papel tan importante que
-juegan en la lidia, pues no pocas veces darán una suerte lucida al que
-las conozca y las atienda, y una cogida al que las ignore ó las
-desprecie.</p>
-
-<p>Se llama <i>querencia</i> de un toro aquel sitio de la plaza en que le gusta
-estar con preferencia á otros, y adonde va á parar regularmente despues
-de una carrera ó al rematar las suertes.</p>
-
-<p>Los toros tienen en la plaza dos <i>querencias</i> naturales, que son, la
-puerta del toril y la del corral en que estan antes de la lidia. Tienen
-ademas otras <i>querencias</i> que se llaman accidentales ó casuales, y son
-las que toman con algun sitio de la plaza, bien por haber otro toro
-muerto, ó un caballo, ó por sentir alli descanso y defensa, como son las
-<i>querencias</i> con los tableros; y finalmente, las que toman por estar la
-tierra mas movida y mas fresca, como sucede en las plazas en que hay
-fuente ó pozos, que aunque estan cubiertos en el tiempo de la lidia, el
-fresco del agua pasa al través de la tierra y forma una nueva
-<i>querencia</i>.</p>
-
-<p>Aunque como ya hemos dicho suelen estas dar suertes muy lucidas y
-seguras, serán siempre mejores aquellas en que el toro no haya tomado
-<i>querencia</i> alguna, por la obvia razon de que partirá con la regularidad
-que le es propia, y no necesitará el diestro hacer modificacion ó
-escepcion de alguna regla, lo<span class="pagenum"><a name="page_90" id="page_90">{90}</a></span> cual es necesario siempre que se hace
-alguna suerte estando el toro en su <i>querencia</i>.</p>
-
-<p>Por esta razon se procurará siempre apartarlos de ellas para todas,
-cuidando ademas en lo posible dejarles libre la huida á estos sitios,
-pues es muy frecuente arrancar un toro al matador, por ejemplo, y en el
-momento de cargarle la suerte, sin rematarla y aun casi sin llegar al
-centro, vaciarse é irse con el viaje á la <i>querencia</i>: aunque esto no
-sucede siempre estando el toro lejos de ella, se observa alguna vez, y
-por consiguiente es preciso combinar que el terreno de afuera sea el que
-deba tomar en caso de ir en busca de ella, pues de lo contrario se
-meterá en el del diestro, y probablemente se lo llevará por delante;
-ademas, si él piensa evitar esto echándose á la plaza dando las tablas
-al toro, como que este no es constante que estando lejos siga con el
-viaje á la <i>querencia</i>, tomará su terreno natural, se encontrará con él,
-y precisamente le dará una cogida.</p>
-
-<p>Todos estos inconvenientes se evitarán combinando como he dicho los
-terrenos, pues no es necesario observando lo dicho cambiarlos, lo cual
-solo se hará en los casos que veremos cuando se hable de cada suerte en
-particular.</p>
-
-<p>Las <i>querencias</i> que hemos dicho toman los toros con ciertos sitios de
-la plaza por sentir alivio en ellos, que regularmente son<span class="pagenum"><a name="page_91" id="page_91">{91}</a></span> los tableros,
-aunque son las mas poderosas casi siempre, no obstante se pueden
-destruir haciendo que conforme se acerque el toro á ellas lo piquen, le
-claven alguna vanderilla en los cuartos traseros ó en la barriga, y lo
-inquieten incesantemente con los capotes, pues de este modo, como el
-animal se siente alli incómodo, abandona aquel parage y cesa la
-<i>querencia</i>. El recurso mas poderoso para hacer que salga de él es
-ponerle una vanderilla de fuego; pero debe ser el último.</p>
-
-<p>Toda suerte que se haga dejando libre al toro su <i>querencia</i>, ademas de
-ser segurísima es muy lucida, y por consiguiente las que se efectúan sin
-este requisito serán espuestas y desairadas: lo mas frecuente es no
-poderlas ejecutar, pues empiezan á ganar terreno y rematan en el bulto,
-de modo que el diestro se verá embrocado de cuadrado sobre corto, y
-espuesto á la cogida mas funesta.</p>
-
-<p>Es pues necesario tener mucha atencion, y conocer perfectamente cuáles
-son las <i>querencias</i> del toro, para dejárselas siempre libres y
-manifiestas, y para proporcionarse una mayor seguridad en toda clase de
-suertes.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_92" id="page_92">{92}</a></span></p>
-
-<h3>CAPITULO IV.<br /><br />
-<i>De los tres estados que tienen los toros en la plaza.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">L</span>os toros tienen en la plaza <i>tres estados</i> bien diferentes, y que
-importa mucho conocer, pues cada uno tiene suertes peculiares ó que no
-podrian hacerse en otro estado sin un evidente riesgo, y que hechas en
-el que les corresponde son seguras y lucidas. Estos estados son el de
-<i>levantados</i>, el de <i>parados</i> y el de <i>aplomados</i>. Haremos su
-correspondiente esplicacion, guardándonos para la de cada suerte en
-particular el marcar las propias de cada uno de ellos.</p>
-
-<p>Se dice que está el toro <i>levantado</i> cuando acaba de salir, tiene la
-cabeza muy alta, hace por todos los objetos, sin fijarse por lo regular
-en ninguno, y anda corriendo la plaza con gran celeridad. En este estado
-tiene todo el vigor en las piernas, y no se le conoce ninguna especie de
-querencia; apenas se para en parte alguna, y generalmente aunque dé
-cogida no se queda con el bulto, sino que prosigue su viaje. Este estado
-no es el que mas tiempo dura, y es dificil hacerle suertes en él, porque
-ni aun da tiempo para armarse y ponérsele delante; pero las que se
-llegan á hacer son muy seguras, porque jamas<span class="pagenum"><a name="page_93" id="page_93">{93}</a></span> se revuelve, de manera que
-con solo tener el diestro pies para contrastar los muchos que tiene el
-toro <i>levantado</i>, rematará la suerte á su satisfaccion, pues aun los
-toros de mas intencion parten cuando estan <i>levantados</i> como el mas
-sencillo, y es la razon, porque como acaban de salir del toril, donde
-estaban muy estrechos y cerrados, y se hallan luego en libertad,
-empiezan á correr buscando campo, y no tienen gran codicia por el
-objeto, de manera que arrancan echándose fuera y con el sentirlo en la
-huida.</p>
-
-<p>El segundo estado que tienen los toros en la plaza es el de <i>parados</i>, y
-se conoce en que ya no corren con aquella especie de atolondramiento que
-tenian cuando estaban <i>levantados</i>, y en que solo hacen por los objetos
-que tienen á una distancia proporcionada: ademas en este estado es en el
-que se muestran las propiedades de cada clase, y es el mas á propósito
-para casi todas las suertes, pues conservan las piernas suficientes para
-rematarlas, y carecen de aquel vigor con que salieron en ellas. En este
-segundo estado es cuando comienzan los toros á tomar las querencias
-casuales que acaban de manifestarse con toda su fuerza en el estado de
-<i>aplomados</i>.</p>
-
-<p>Este último estado es el mas peligroso y el que menos divierte; se
-conoce en que el toro si tomó querencia en el estado anterior, en este
-casi no la abandona; y en caso de no<span class="pagenum"><a name="page_94" id="page_94">{94}</a></span> haberla tomado y no irse á las
-naturales, se observa en él mucha parsimonia, hace poco por los objetos
-que tiene á regular distancia, y nada por los que estan lejos; le faltan
-las piernas á veces del todo, y evita las suertes del modo que puede, ya
-saliéndose de ellas, ya tapándose.</p>
-
-<p>Estos <i>tres estados</i> no son iguales en todos los toros, y á veces son
-tan poco manifiestos que es muy dificil distinguirlos; pero sin embargo,
-existen y es importante su conocimiento, pues nos marcan el momento de
-ejecutar esta ó la otra suerte, atendiendo al estado en que está el toro
-y á su clase particular.</p>
-
-<p>Debo tambien advertir que muchas veces los toros conservan todas sus
-piernas en el estado de <i>parados</i>, y algunas en el de <i>aplomados</i>.</p>
-
-<h3>CAPITULO V.<br /><br />
-<i>De las diferentes clases de toros.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">L</span>os toros no son tan exactamente iguales que no pueda hacerse de ellos
-varias <i>clases</i>, asignándole á cada una su carácter distintivo, y cuyo
-conocimiento es indispensable para la ejecucion de las suertes, que como
-veremos mas adelante, no todas pueden hacerse con todas las <i>clases</i> de
-toros.<span class="pagenum"><a name="page_95" id="page_95">{95}</a></span></p>
-
-<p>Los divido pues en <i>boyantes, revoltosos, que se ciñen, que ganan
-terreno, de sentido y abantos</i>. Vamos á ver el carácter particular de
-cada uno de los ramos de la division.</p>
-
-<p>Se llaman toros <i>boyantes, francos, sencillos ó claros</i>, aquellos que
-siendo muy bravos conservan la sencillez propia suya, y por consiguiente
-puede decirse de ellos que son los que tienen mas pronunciadas las
-inclinaciones con que la naturaleza marcó su especie. Estos toros son
-los mas á propósito para todas las suertes, van siempre por su terreno,
-siguen perfectamente el engaño, y las rematan con tanta sencillez y
-perfeccion, y tan sin peligro del diestro, que parecen mas bien que una
-fiera, un animal doméstico enseñado por él.</p>
-
-<p>Los toros <i>revoltosos</i>, que algunos distinguen de los <i>celosos</i>, siendo
-en realidad unos, son aquellos que iguales en todo á los <i>boyantes</i>,
-solo se diferencian de ellos en que tienen mas celo por coger los
-objetos, y por consiguiente se revuelven mucho para buscarlos,
-sosteniéndose con fuerza sobre las manos en toda clase de suertes, y
-siguiendo con la vista el engaño ó el bulto, que sin saber cómo se les
-huyó de la cabeza. Estos toros son tambien muy buenos de torear, como
-veremos cuando se hable de las suertes; siendo las que se hacen con
-ellos tanto mas lucidas, cuanto muestran mas bravura y celo por los
-objetos<span class="pagenum"><a name="page_96" id="page_96">{96}</a></span> que los <i>boyantes</i>, y no dan lugar como aquellos á perder de
-vista que son fieras.</p>
-
-<p>Se llaman toros <i>que se ciñen</i> aquellos que aunque toman cumplidamente
-el engaño, se acercan mucho al cuerpo del diestro, y casi le pisan su
-terreno. Estos toros deben torearse con algun mas cuidado,
-principalmente en los pases de muleta; pero sin embargo tienen sus
-suertes muy lucidas y seguras.</p>
-
-<p>Los toros que <i>ganan terreno</i> son aquellos que cuando estan en la suerte
-empiezan á caminar hácia el diestro, ya cortándole el suyo, ya siguiendo
-el terreno de afuera. Estos toros tienen dos géneros que importa
-distinguir. El primero se ve en aquellos que desde la primera suerte
-empiezan á ganar terreno, y por consiguiente se conoce que es modo
-natural suyo de partir. El segundo se observa en los que empiezan á
-ganar terreno despues de haber hecho varias veces con ellos las suertes:
-estos deben torearse con mas cuidado que los otros, pues el ganar
-terreno lo hacen con malicia en virtud de haber sido burlados de
-antemano; sin embargo, tienen suertes muy seguras, pero cuando se les
-junta el rematar en el bulto son los mas dificiles de torear.</p>
-
-<p>Los toros <i>de sentido</i> son aquellos que distinguen al torero del engaño,
-y por consiguiente desprecian á este, no lo siguen, y rematan siempre en
-el bulto; alguna vez to<span class="pagenum"><a name="page_97" id="page_97">{97}</a></span>man el engaño, pero es por fuerza, y su remate
-en el cuerpo del torero: aunque es dificil lidiarlos tambien tiene el
-arte recursos para ellos.</p>
-
-<p>José Delgado (a) Hillo en su tauromaquia pone otra clase de toros de
-<i>sentido</i>, compuesta de los que <i>atienden á todo objeto sin contraerse
-especialmente al que los cita y llama, pero que en las suertes son
-claros</i>; y aunque respeto su dictámen, sin embargo, en esto padeció una
-equivocacion, pues esta propiedad la tienen unas veces los <i>boyantes</i>,
-muchas los <i>revoltosos</i>, algunas los <i>que se ciñen</i>, pocas los <i>que
-ganan terreno</i>, y siempre los <i>abantos</i>, pero nunca los verdaderos toros
-de <i>sentido</i>, siendo ademas una contradiccion visible poner como clase
-de <i>toros de sentido</i>, cuyo distintivo es la malicia en las suertes,
-unas reses que segun él mismo son claras en ellas.</p>
-
-<p>Se llaman toros <i>abantos</i> aquellos que son medrosos por naturaleza, y
-los hay de varias clases: unos lo son tanto, que conforme ven al torero
-se salen huyendo, de modo que no es posible hacer suerte con ellos;
-otros hay que arrancan, y antes de entrar en jurisdiccion se vacian con
-prontitud saliéndose de la suerte, ya por el terreno de afuera, ya por
-el de adentro, y á veces por el que ocupa el diestro, lo cual es efecto
-del miedo que tienen, pero sin embargo lo pueden arrollar en<span class="pagenum"><a name="page_98" id="page_98">{98}</a></span> este
-contraste: otras veces estos foros arrancan con prontitud, y cuando
-llegan á jurisdiccion, y en el mismo momento en que el diestro va á
-cargarles la suerte, se quedan cerniendo en el engaño hasta que se
-escupen fuera ó lo toman. Hay otra especie de toros <i>abantos</i> de que
-algunos hacen clase aparte con el nombre de <i>bravucones</i>, que son los
-menos medrosos de todos ellos, pero que parten muy poco, y alguna vez al
-tomar el engaño rebrincan, y otras se quedan en el centro sin formar
-suerte. No me parece que estos toros deban formar una clase aparte, pues
-no son otra cosa que una especie de los <i>abantos</i>; sin embargo, José
-Delgado los pone como distintos.</p>
-
-<p>Estas <i>clases</i> de toros son las únicas que por sus propiedades
-particulares merecen mucha atencion para conocerlos perfectamente, y
-ejecutar las suertes con seguridad.</p>
-
-<p>Sin embargo, me parece oportuno decir alguna cosa de los toros
-<i>burri-ciegos</i>, de quienes nadie ha hecho mencion, mereciendo una
-atencion particular, pues el defecto que tienen en su vista les hace
-partir con desproporcion relativamente á los demas, pero con mucha
-regularidad atendiendo al estado particular en que ella los pone, de
-suerte que estos toros deben <i>clasificarse</i> segun la alteracion que
-tengan en el modo de ver. Haremos pues tres clases: los de la primera,
-que son<span class="pagenum"><a name="page_99" id="page_99">{99}</a></span> los que <i>ven mucho de cerca y poco ó nada de lejos</i>, tienen la
-contra para torearse de que siendo preciso para que vean al diestro
-citarlos siempre sobre corto, y advierten distintamente muy cerca de sí
-un objeto que casi no saben por dónde ha venido, arrancan con mucha
-codicia y ligereza, de modo que si tienen muchas piernas y aquel no está
-sobre sí, ó bien le faltan estas, es facil le den una cogida: sin
-embargo, en toreándolos con conocimiento son los mejores de los
-<i>burri-ciegos</i>, pues tienen la ventaja de no seguir el bulto en
-apartándose un poco aun cuando le estuviesen observando el viaje, porque
-como no ven bien de lejos les parece grande la distancia y no hacen por
-él.</p>
-
-<p>Los de la segunda clase <i>ven poco de cerca y mucho de lejos</i>; son muy
-dificiles de torear, porque como no distinguen bien arrancan al bulto
-todo que tienen delante, y por lo regular buscan el cuerpo como objeto
-mayor y que ven mejor. El peligro que hay en estos toros es el salirse
-de la suerte y apartarse de ellos, porque entonces ven claramente al
-diestro, observan su viaje, arrancan á él, y si tienen piernas y lo
-llevan embrocado sobre largo le pueden dar una cogida, pues no hacen
-caso del capote, y sí del cuerpo, que es lo que ven mejor porque dista
-mas.</p>
-
-<p>Los de la tercera son los <i>que tanto de cer<span class="pagenum"><a name="page_100" id="page_100">{100}</a></span>ca como de lejos ven poco</i>;
-tienen la ventaja que rara vez observan el viaje y siguen al diestro
-hasta rematar, y si no fuera porque son muy pesados en todas las suertes
-y se aploman con facilidad, serian los mejores de los burri-ciegos.</p>
-
-<p>Se pudiera hacer otra cuarta clase de estos toros, en que se
-comprendieran los que <i>ven poco de un ojo y bien del otro</i>; pero
-teniendo las mismas ventajas y nulidades para la lidia que tienen los
-<i>tuertos</i>, cuanto se diga de estos es aplicable á los otros.</p>
-
-<p>Conocidas ya las diferentes <i>clases de toros</i> que pueden presentarse al
-diestro, debemos pasar al conocimiento de cada suerte en particular, y
-al modo de ejecutarlas con los de que ya se ha dado noticia.</p>
-
-<h3>CAPITULO VI.<br /><br />
-<i>De las suertes de capa.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">S</span>e llama <i>suerte de capa</i> toda la que se hace para burlar al toro á
-favor de los capotillos; de esta definicion se sigue, que tan suerte de
-capa es el <i>correr</i> un toro como la <i>navarra</i>; sin embargo, debe
-admitirse una diferencia, y asi llamaremos <i>trastear ó correr los toros</i>
-á todas las suertes que se les hagan con los capotillos para hacerles
-mu<span class="pagenum"><a name="page_101" id="page_101">{101}</a></span>dar de sitios, distraerlos &amp;c., y <i>suertes de capa</i> propiamente tales
-á la <i>verónica</i>, <i>navarra</i>, <i>chatre</i> <i>&amp;c.</i>: tambien se les dice á estas
-suertes genéricamente <i>capear ó sacar de capa</i>. Cuando el matador,
-despues de haber dado la estocada, se pone con la muleta á pasar el toro
-una y muchas veces para cansarlo, que se meta mas la espada y se eche,
-se dice tambien que lo está <i>trasteando</i>.</p>
-
-<p>Vamos á tratar del modo de ejecutar todas estas suertes con todos los
-toros, dando reglas seguras para su buen éxito y lucida ejecucion.
-Empezaremos por el modo de <i>correr los toros</i>, y despues hablaremos de
-las <i>suertes de capa</i> propiamente tales en sus artículos particulares.
-Los <i>recortes y galleos</i> merecen una atencion particular, y por tanto
-serán objeto de otro capítulo.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del modo de correr los toros.</i></p>
-
-<p>El <i>correr los toros</i> aunque es muy facil, no es sin embargo tanto que
-no tenga sus reglas para ejecutarlo con perfeccion y seguridad, pues de
-otra suerte iremos espuestos, y el toro será el que nos corra, en vez de
-nosotros correrlo á él.</p>
-
-<p>El que vaya á <i>correr</i> un toro debe ad<span class="pagenum"><a name="page_102" id="page_102">{102}</a></span>vertir las piernas que tiene, si
-está ó no en querencia, si está distraido, y la clase de toro que es.</p>
-
-<p>Si el toro tiene muchas piernas, procurará tomarlo largo echándole el
-capote bajo, y no parándose nada en el momento de citarlo, porque si
-arranca con prontitud, como corre mucho, se lo encontrará encima y le
-podrá dar una cogida. Para evitar esto se tendrá cuidado de no correrlo
-en la misma direccion en que tiene el cuerpo y la cabeza, pues de este
-modo cuando salga con el engaño tendrá que dar una vuelta tanto mayor
-cuanto era mas opuesta la direccion en que estaba á la que deba tomar
-para seguir el viaje que lleva el diestro: de este modo se evita el
-primer arranque, que es espuesto por ser muy veloz, y se le lleva,
-mediante la vuelta que tuvo que dar, una delantera suficiente para no
-temerle á sus piernas. Si tiene pocas, entonces lo tomará corto y se
-parará al citarlo, pues si hace lo contrario, el toro no sigue á un
-objeto que ve no puede alcanzar. Por esta misma razon en el momento de
-irlo corriendo irá deteniendo la carrera, para guardar una distancia
-proporcionada; tampoco debe flameárseles el engaño, porque es
-indiferente ir embrocado sobre largo con un toro que por sus pocas
-piernas no ha de hacerse jamas dueño de uno, y que ademas se le acaban
-de quitar estas y se queda parado<span class="pagenum"><a name="page_103" id="page_103">{103}</a></span> en la mitad del camino sin poder
-verificar la suerte.</p>
-
-<p>Cuando se va á <i>correr</i> un toro y está en querencia, es menester tomarlo
-muy corto, pararse mucho al citarlo, y obligarlo demasiado para que
-salga. El que no se sienta con muchas piernas no debe intentar el
-<i>correr</i> estos toros cuando ellos las tienen, pues estando sobre corto
-cuando arrancan se encuentran al instante encima, y esto es tanto mas
-espuesto como que el diestro no está armado para suerte alguna. En este
-caso aconsejo que si no se puede echar el toro fuera con el capote, se
-le haga un recorte ó se le tire al hocico escapando por pies, pues no
-hay otro remedio. Estos mismos recursos se tendrán presentes para cuando
-suceda que yendo á citar al toro para <i>correrlo</i>, y estando este
-observando al diestro y su viaje, sale al encuentro cortándole el
-terreno, de modo que vienen á unirse y formar un verdadero centro de
-quiebros ó de recortes; esto no deja de ser frecuente, y las mas veces
-es preciso dar el recorte. Si el toro que se va á <i>correr</i> no está en
-querencia, pero que la tiene conocida, es menester hacerlo con cuidado,
-y mucho mas si se va á rematar donde está para dejársela libre, pues de
-lo contrario como tenga piernas arrollará al diestro; y es la razon,
-porque con el sentido en la querencia no hace caso ni del capote ni de
-cosa alguna;<span class="pagenum"><a name="page_104" id="page_104">{104}</a></span> y si aquel con su cuerpo la lleva tapada, va embrocado
-sobre largo, y en el remate, que lo hace muy violento en estas
-circunstancias, es muy posible que le dé una cogida. Todo lo cual se
-evita dejándole al rematar la querencia libre, y entonces va con el
-viaje á ella.</p>
-
-<p>Cuando se va á <i>correr</i> un toro, y se ve que no quiere salir sin tener
-querencia, es porque está distraido con algun objeto que le llama la
-atencion, que regularmente es algun torero que está cerca, y de quien él
-recela; en este caso es inútil citarlo, mientras no se quiten los bultos
-que le distraen.</p>
-
-<p>Cuando los toros estan levantados salen cuanto se citan, y es menester
-entonces hacerlo con todas las precauciones que quedan dichas para los
-toros de piernas.</p>
-
-<p>En el estado de parados es cuando tienen mas fuerza y mejor aplicacion
-todas las reglas de la tauromaquia, y por consiguiente me remito á lo
-dicho para ver el modo de <i>correr</i> los toros en este estado.</p>
-
-<p>Para cuando estan los toros aplomados baste decir que rara vez arrancan
-si no es tomándolos muy cortos, y que sea siempre con todas las
-precauciones imaginarias, pues si conservan piernas, y no se atiende
-perfectamente todo lo espuesto arriba, darán una cogida con mucha
-facilidad.</p>
-
-<p>Los toros <i>boyantes</i>, <i>revoltosos</i>, <i>los que se<span class="pagenum"><a name="page_105" id="page_105">{105}</a></span> ciñen y los que ganan
-terreno</i>, son muy faciles de <i>correr</i>, atendiendo á todo lo dicho.</p>
-
-<p>Los de sentido como tengan piernas son dificiles de <i>correr</i>: para
-hacerlo con seguridad es necesario que el diestro tenga muchos pies, y
-observe rigorosamente lo espuesto; en este caso el peligro es ninguno.</p>
-
-<p>Los toros <i>abantos</i> cuando salen son bien faciles de <i>correr</i>, y tienen
-la ventaja de que rara vez rematan; sin embargo, aconsejo que siempre se
-tomen cumplidamente las guaridas.</p>
-
-<p>El que <i>corra</i> los toros no debe tener cuidado si no es con los de
-muchas piernas, pues de otro modo está segurísimo: el recurso que tiene
-para estos, que es el capote, es muy grande, porque con él se sale de la
-cabeza del toro, lo lleva por donde quiere, y lo pone en el parage
-oportuno para hacer suerte.</p>
-
-<p>Los toros <i>burri-ciegos</i> de la primera clase, que son los que ven bien
-de cerca y mal de lejos, son muy faciles de <i>correr</i>, atendiendo lo que
-ya hemos dicho con respecto á las piernas, á su clase, querencias &amp;c., y
-tienen ademas la ventaja de que ven mejor el capote que el diestro.</p>
-
-<p>Los de la segunda tambien se <i>corren</i> con facilidad observando las
-reglas que segun su diversa clase les correspondan; pero siempre se
-tomarán largos, y se les llevará mucha delantera; y es la razon, porque
-si se toman<span class="pagenum"><a name="page_106" id="page_106">{106}</a></span> cortos no ven el capote por lo cerca que lo tienen tan
-claro como el bulto; de aqui es que corren embrocándole, y si tienen
-piernas pueden darles una cogida; todo lo cual se evita tomándolos
-largos, pues entonces ven todo á un igual, y la delantera que lleva el
-diestro le asegura de sus piernas.</p>
-
-<p>Los de la tercera clase se <i>correrán</i> segun sus piernas y segun las
-demas circunstancias, arreglándose á lo espuesto.</p>
-
-<p>Por último, es menester tener presente para <i>correr</i> los toros tuertos,
-que para citarlos se debe salir por el lado que ven, y en el momento que
-arrancan mudar el capote á la mano del lado bueno, quedando el cuerpo
-del lado del ojo tuerto; de este modo se <i>corren</i> con mucha seguridad,
-pues ven muy bien el capote y el cuerpo no; asi es que jamas puede ir el
-diestro embrocado.</p>
-
-<p>Los que <i>corren</i> los toros deberán siempre irlos mirando para salirse de
-la cabeza en los embroques sobre largo, flamearles el capote y cambiarlo
-de mano á tiempo, para darles los remates fuera ó bien en las
-querencias, y para no correr cuando el toro no los siga, lo cual indica
-mucho miedo: á esto se llama <i>ver llegar los toros</i>, y es importantísimo
-en toda clase de suertes, como iremos viendo segun vayamos tratando de
-ellas.<span class="pagenum"><a name="page_107" id="page_107">{107}</a></span></p>
-
-<h4>ARTÍCULO II.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De la suerte á la verónica, ó sea de frente.</i></p>
-
-<p>Esta suerte se hace cuando está el toro derecho, esto es, dividiendo
-igualmente los terrenos, para lo cual es preciso que esté en la misma
-direccion que las tablas: á esto se llama <i>estar el toro en suerte</i>, y
-es necesario para hacer cualquiera de las de capa con seguridad y
-lucimiento.</p>
-
-<p>El <i>terreno del toro</i> es el que le sigue á este, puesto en suerte, hasta
-los medios de la plaza; tambien se llama <i>terreno de afuera</i>: el del
-diestro es el que hay entre este puesto en suerte y las tablas. <i>Se
-halla en suerte el diestro</i> cuando está frente al toro y preparado para
-ejecutar alguna.</p>
-
-<p>Se llama <i>centro de los terrenos</i>, y mas propiamente dicho <i>centro de
-las suertes ó centro</i> simplemente, el sitio en que habiendo humillado el
-toro y hecho el quiebro el diestro, se dividen los terrenos tomando cada
-uno el suyo.</p>
-
-<p>En toda suerte es necesario situarse en frente del toro, pues de otro
-modo ninguna es lucida y casi todas espuestas: tambien es regla general
-citar los toros segun las piernas; esto es, que si tienen muchas se
-podrán tomar largos, pero si tienen pocas entonces<span class="pagenum"><a name="page_108" id="page_108">{108}</a></span> se tomarán sobre
-corto; siendo mucho mejor en toda suerte pecar por tomarlos cortos que
-largos, como se verá en su lugar.</p>
-
-<p>La primera suerte de que debemos hablar es la <i>verónica</i>, <i>ó sea de
-frente</i>, la cual es muy facil y lucida, y se hace de este modo: sitúase
-el diestro en frente del toro de tal modo, que sus pies esten mirando
-hácia las manos de éste, y á una distancia proporcionada segun sus
-piernas; lo citará, lo dejará venir por su terreno hasta que llegue á
-jurisdiccion, y entonces le cargará la suerte, y cuando tenga el toro
-fuera y esté en su terreno tirará los brazos para sacar el capote, con
-lo cual queda la suerte rematada: se debe procurar que el toro quede
-derecho para hacerle la segunda, lo cual se adquiere con la práctica,
-pues consiste en el tiempo en que se tiran los brazos, y en el modo de
-rematar la anterior. Asi es como se ejecuta la <i>verónica</i> con los toros
-<i>boyantes</i>; pero con los de otras clases es menester variarla en algo,
-como veremos ahora.</p>
-
-<p>Los toros <i>revoltosos</i> son muy buenos para esta suerte, la cual se les
-hará como ya hemos dicho para los <i>boyantes</i>, con la sola diferencia de
-alzar el capote mucho en el remate, para darles una salida larga y
-bastante fuera, teniendo ademas cuidado de dar cuatro ó seis pasos de
-espalda al rematar la suerte; y es la razon, porque como estos toros<span class="pagenum"><a name="page_109" id="page_109">{109}</a></span>
-tienen tanto celo por el engaño, y se revuelven con facilidad para
-buscarlo, si el diestro no se ha prevenido con las precauciones dichas,
-se encontrará al toro encima antes de haberse podido armar para segunda
-suerte, y lo podrá arrollar; todo lo cual se evita con lo dicho, y se
-proporciona una suerte muy segura y lucidísima.</p>
-
-<p>Los toros <i>que se ciñen</i> necesitan algun mas cuidado que los
-antecedentes, y se les hará del modo siguiente: conforme el toro
-arranque, se empezará á tender y cargar la suerte, para que cuando
-llegue á jurisdiccion ocupe ya el terreno de afuera, y el diestro con
-poco quiebro que haga toma el suyo: es menester tener cuidado con estos
-toros de no tirar los brazos hasta que hayan humillado bien y esten
-fuera del todo, pues de este modo el remate es muy seguro: esto se llama
-<i>hartar los toros de capa</i>.</p>
-
-<p>Los toros <i>que ganan terreno</i> necesitan mucha precaucion en esta suerte,
-pero tambien la tienen segura, pues hay muchos recursos para ellos: lo
-primero que yo aconsejo hacer es tomarlos lo mas corto que se pueda,
-pues de este modo arrancan ni mas ni menos que los <i>boyantes</i>, ó cuando
-mas ciñéndose, porque tienen el engaño tan cerca que conforme dan dos
-pasos entran en jurisdiccion, y por consiguiente en haciéndoles el
-quiebro que á los que se <i>ciñen</i>, y teniendo<span class="pagenum"><a name="page_110" id="page_110">{110}</a></span> desde el principio de
-citarlos tendida la suerte, se les da un remate feliz. Sin embargo, veo
-que no siempre se podrán tomar tan cortos estos toros, y entonces se
-observará lo siguiente: conforme arranquen se empezará á tenderles y
-cargarles la suerte como hemos dicho para los <i>que se ciñen</i>,
-haciéndoles ademas bastante quiebro; si el toro no obedece y se cuela,
-se mejorará el terreno con prontitud, adelantándose ademas á recibirlo
-en jurisdiccion, con lo cual se le obliga á tomar el engaño, y se le
-dará el mismo remate que á los <i>revoltosos</i>, hartándolos tambien de
-capa. Sucede á veces que á pesar de todo, por tener el toro muchas
-piernas ó estar las tablas muy cerca, no se puede hacer nada de lo
-dicho, porque se encontraria el diestro encerrado entre las barreras y
-el toro, y espuesto á una muy mala cogida; en este caso lo que debe
-hacer es dejarlo venir ganando terreno y colándose, y dar tambien
-algunos pasos de espalda con la suerte tendida, con lo cual se le engaña
-completamente, pues sigue cortando el terreno á términos, que cuando
-llega á jurisdiccion ocupa enteramente el de adentro, y cargándole bien
-la suerte, y haciendo el quiebro como ya hemos dicho, se le da seguro
-remate echándose el diestro á la plaza. A esto se llama <i>dar las tablas
-al toro ó cambiar los terrenos</i>. Es regla general con estos toros
-hartarlos de capa y darles los remates<span class="pagenum"><a name="page_111" id="page_111">{111}</a></span> muy largos, haciéndoles mucho
-quiebro en el momento de cargarles la suerte.</p>
-
-<p>Algunas veces estos toros rematan en el bulto, principalmente cuando son
-de los que hemos dicho que empiezan á ganar terreno despues de varias
-suertes: en este caso, ademas de los precauciones dichas es necesario
-echar mano de los recursos que veremos posee el arte para los toros de
-<i>sentido</i>.</p>
-
-<p>Estos toros, cuyo distintivo es el rematar en el bulto ó cuerpo del
-torero, son los mas dificiles de torear, y los que han dado mas cogidas;
-pero como veremos ahora tienen su suerte segura. Para ejecutarla se
-llamarán con las mismas precauciones que los antecedentes, teniendo
-perfectamente cubierto el cuerpo con el engaño, con lo cual se les
-obliga á que lo tomen, y aun cuando su remate es en el cuerpo, se evita
-no moviendo los pies hasta que el toro haya humillado y tenga la cabeza
-bien metida en la capa, de suerte que no pueda ver el lado de la huida
-del diestro, el cual en el momento que lo tenga en esta disposicion le
-cargará la suerte, y sin tirar todavía los brazos, con un quiebro grande
-de cuerpo se saldrá del centro dando con ligereza cuatro ó seis pasos á
-la espalda para ocupar el terreno que deja el toro, en cuyo acto tiene
-que tirar los brazos, y sacar la capa por alto en el mismo momento en
-que el toro tira la cabezada fuera, con lo cual<span class="pagenum"><a name="page_112" id="page_112">{112}</a></span> se remata la suerte con
-seguridad. No obstante, sucede muchas veces que estos toros desde que
-arrancan vienen ya metidos en el terreno del diestro buscándoles el
-cuerpo, y de un modo que no dan lugar á mejorar el sitio, lo cual nunca
-se intentará, siendo preciso cambiar los terrenos por las mismas reglas
-que dimos para los que lo ganan, y usando ademas de todas las
-precauciones que hemos dado arriba, con lo que el remate es seguro. Si á
-pesar de todo lo espuesto el toro, que sucede raras veces, se revuelve
-muchísimo y viene á parar al cuerpo, el recurso que hay seguro para
-librarse de este embroque, siempre peligroso, es echarle la capa en la
-cabeza tapándole los ojos y escapando por pies; aquel objeto que tiene
-encima le obliga siempre á detenerse un poco y tirar una cabezada para
-librarse de él, en cuyo tiempo el diestro tomará guarida.</p>
-
-<p>Lo que hemos advertido de no tirar los brazos hasta que el toro esté
-todo metido en la capa, y el diestro fuera del centro del modo dicho, es
-muy interesante para librarse de estos toros, y quizás lo único
-esencial, pues de esta manera se les reduce á un solo objeto, se les
-deja hecho dueños de él, no ven la huida del bulto, y cuando se quita el
-engaño se encuentran sin tener con quien satisfacer su corage y su
-intencion.</p>
-
-<p>Los toros <i>abantos</i> tienen que torearse con<span class="pagenum"><a name="page_113" id="page_113">{113}</a></span> cuidado, pues á veces
-parten con mucha desproporcion, y por tanto suelen arrollar al diestro.
-Se deben pues torear por las reglas que hemos dado para los que ganan
-terreno, para mejorarlo se vienen por el del diestro, y hacer el cambio
-en caso que se cuelen al de adentro.</p>
-
-<p>A los <i>brabucones</i> será menester tenerles siempre libre y prevenido el
-terreno de afuera, porque como suelen rebrincar, si el diestro ocupa el
-centro está en su terreno, y podrá sufrir una cogida.</p>
-
-<p>Cuando estos toros se queden en el centro de las distancias sin hacer
-suerte, será muy bueno adelantarse formando una nueva. Cuando parten, y
-al llegar al engaño quedan cerniéndose en él, se tendrá el cuidado de no
-tirar los brazos ni mover los pies, pues entonces darán una cogida; por
-consiguiente hasta que humillen y hagan suerte guardará el diestro su
-posicion.</p>
-
-<p>Es mucho mejor para llamar estos toros recoger el engaño al cuerpo é
-irse con este descubierto, porque de este modo tienen menos miedo y
-arrancan mejor; al llegar á jurisdiccion se abre el engaño y lo tienen
-que tomar, logrando asi que partan con regularidad, pues es muy
-frecuente en ellos salirse de la suerte en el momento que ven al diestro
-presentándoles el engaño, porque se asustan de ver un bulto tan grande.<span class="pagenum"><a name="page_114" id="page_114">{114}</a></span></p>
-
-<p>Los toros <i>burri-ciegos</i> de la primera clase se torearán segun aquella á
-que pertenezcan con arreglo á lo que hemos dicho, teniendo mucho cuidado
-al ponerse en suerte, porque como debe ser sobre corto para que el toro
-vea bien, y suelen arrancar con mucha presteza, en no estando el diestro
-sobre sí es muy posible la cogida.</p>
-
-<p>Los <i>burri-ciegos</i> de la segunda se torearán tambien segun las reglas
-que hemos dado para los demas, con la sola diferencia de tomarlos
-largos, presentarles el engaño muy grande, y llevarlos muy metidos en
-él. Estos toros algunas veces se quedan tambien cerniendo en el engaño
-como los abantos; pero es mas frecuente que se paren en el centro de las
-distancias, en cuyo caso, ó bien se puede adelantar el terreno para
-obligarlos á que hagan suerte, ó bien puede el diestro salirse de ella:
-cuando se haga esto último es preciso que sea con mucha precaucion,
-retirándose sin desarmarse, y sin quitar la vista del toro, pues suelen
-arrancar cuando el bulto está lejos, que es cuando lo ven mejor; y si él
-se desarmó y no tenia la vista en el toro, le podrán dar una cogida, lo
-que he visto mas de una vez.</p>
-
-<p>La última clase de <i>burri-ciegos</i> no tiene que torear mas sino segun su
-condicion, y prevenirles un engaño grande de color vivo, presentárselo
-alto, tomarlos muy cortos, y<span class="pagenum"><a name="page_115" id="page_115">{115}</a></span> obligarlos mucho al citarlos, hablándoles,
-porque son en estremo pesados.</p>
-
-<p>Los toros tuertos son malos para las suertes de capa, pues aunque se les
-hacen con seguridad son deslucidas. Yo los he visto capear las mas veces
-teniendo el ojo bueno hácia el terreno de adentro; en este caso se
-revuelven muchísimo, y al parecer buscan el cuerpo, pero en realidad no
-es asi; y el revolverse es efecto de no ver mas que por un lado el
-engaño, de suerte que al mismo tiempo de irlo buscando se van volviendo,
-por lo cual es menester hacerles la suerte del modo que hemos dicho para
-los de sentido, y el remate como á los revoltosos.</p>
-
-<p>Parece increible lo que los toros tuertos revuelven, en esta suerte: yo
-he visto tener que dar casi una vuelta entera, llevando el toro metido
-en el engaño sin podérselo sacar, porque cuanto se hubieran tirado los
-brazos daba una cogida; lo que se hace en este caso es dar con rapidez
-el quiebro natural, y seguir dando con pasos de espalda una media vuelta
-tambien rápida, bajando al mismo tiempo mucho el engaño para que humille
-bien, en cuyo tiempo, metiéndose el diestro en su terreno, tira con
-prontitud los brazos: con todo lo cual el toro sufre un destronque tan
-grande que lo hace hocicar y dar un remate tan seguro como lucido.</p>
-
-<p>Estos toros dan cogidas á menudo, dima<span class="pagenum"><a name="page_116" id="page_116">{116}</a></span>nadas de haberse querido rematar
-la suerte antes de tiempo, pues con los que se revuelven tanto como ya
-hemos dicho, es preciso dar la vuelta casi entera para que sufran el
-destronque, que es el que nos proporciona seguro remate. Debe tambien
-tenerse presente que es necesario ponerse en suerte con estos toros muy
-separados de las tablas, porque si son de los que se revuelven mucho se
-encontrará el diestro sin tener lugar para la vuelta.</p>
-
-<p>Muy pocas veces he visto ponerse á citar un toro tuerto teniendo este
-ojo hácia el terreno de afuera, y jamas vi hacer una suerte á que se le
-pudiese dar este nombre: sin embargo, yo concebia una manera de hacerla,
-á mi parecer segura y lucida, y es, presentándose al toro pisándole un
-poco su terreno, y teniendo el capote de modo que cubra el cuerpo y esté
-mas del lado de afuera, lo que se consigue teniendo el brazo que mira á
-este terreno estendido, y el otro natural; estando de este modo se cita
-al toro teniendo bien parados los pies, pues aunque se está en su
-terreno, como el capote está todavía mas en él, se viene echando fuera;
-desde el momento que entre en jurisdiccion se le tenderá la suerte, y
-con un pequeño quiebro que se haga al cargársela, se está enteramente
-fuera, se tiran los brazos, y se saca la capa, ya por alto, ya por bajo,
-con muchísima seguridad, porque al rematar está el diestro por<span class="pagenum"><a name="page_117" id="page_117">{117}</a></span> el lado
-del ojo tuerto, y puede quedarse quieto sin peligro; yo no puedo decir
-mas de esta suerte sino que la he ejecutado despues, y que su práctica
-se acomoda perfectamente á su teoría.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO III.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De la suerte á la navarra.</i></p>
-
-<p>Esta suerte es despues de la verónica la que se hace con mas frecuencia,
-y es mas bonita que aquella, aunque no tan susceptible de hacerse con
-todos los toros. Vamos á ver el modo de ejecutarla con los boyantes, y
-despues veremos con cuáles se puede hacer ademas.</p>
-
-<p>Se situará el diestro como hemos dicho para la verónica, pero teniendo
-cuidado de que el toro tenga sus piernas enteras, y poniéndose corto lo
-citará, y cuando embista le irá tendiendo la suerte, se la cargará mucho
-cuando llegue á jurisdiccion, y cuando ya vaya fuera y bien humillado le
-arrancará con prontitud la capa por bajo del hocico, dando al mismo
-tiempo una media vuelta con ella por dentro, viniendo á quedar otra vez
-frente al toro.</p>
-
-<p>Con estos toros es la suerte sumamente segura, y aunque no falta quien
-diga que con los demas es muy peligrosa, sin embargo<span class="pagenum"><a name="page_118" id="page_118">{118}</a></span> veremos que se
-puede hacer con otros tambien con seguridad.</p>
-
-<p>Los toros <i>revoltosos</i>, cuando tienen todas sus piernas, son muy á
-propósito pera hacerles esta suerte en teniendo la precaucion de
-cargársela mas y despedirlos mas fuera, perfilando el cuerpo y
-haciéndoles un buen quiebro, con lo que el toro va muy humillado y
-bastante desviado, para tirar sin riesgo los brazos y sacar la capa del
-modo dicho; pero debo advertir que la vuelta, como es para dentro, es
-tanto mas completa cuanto mas se perfiló el cuerpo hácia fuera, y por
-consiguiente que debe ser muy viva, para volverse antes que el toro se
-reponga, con lo cual se remata felizmente.</p>
-
-<p>Si alguna vez sucede que por ser el toro muy ligero, ó haberse tardado
-en la vuelta, ó bien por haberle dado poca salida, viene á buscar al
-diestro, se darán algunos pasos de espalda con la capa abierta, y se le
-hará la verónica, pues en este caso no es prudente repetir la navarra.</p>
-
-<p>Con los toros <i>que se ciñen</i> es tambien muy facil esta suerte, y es tan
-segura como con los boyantes, ademas de ser mas lucida, porque como se
-pegan mas los de que hablamos, pasan mas cerca del cuerpo, es la suerte
-mas ceñida en un todo, resultando mas lucimiento del mayor riesgo que
-parece tiene el diestro (aunque en realidad es ninguno),<span class="pagenum"><a name="page_119" id="page_119">{119}</a></span> por la mayor
-aproximacion del toro.</p>
-
-<p>El modo de ejecutarla es dejarlo venir segun las reglas que dimos para
-la verónica hablando de estos, y cuando ya humillado ocupe el terreno de
-afuera, se le arrancará la capa, y se dará la vuelta del modo que he
-dicho se hará con los boyantes, teniendo siempre cuidado de hacérsela
-cuando tengan piernas.</p>
-
-<p>Con los <i>que ganan terreno</i> y con los de <i>sentido</i> aconseja la prudencia
-que no se haga esta suerte: si alguno quiere ejecutarla, use con mucha
-precaucion de las reglas dichas, pues ha de ser muy diestro para que el
-éxito sea feliz.</p>
-
-<p>Con los toros <i>abantos</i> se puede hacer con tanta seguridad, como que se
-tiene la certeza de que no han de revolverse, único peligro que hay; por
-eso, esceptuando los anteriores, son los revoltosos los que merecen mas
-cuidado en ella.</p>
-
-<p>Lo toros <i>burri-ciegos</i>, sean de la clase que se quiera, serán ó no á
-propósito para la <i>navarra</i>, segun la clase que por sus propiedades
-manifiesten.</p>
-
-<p>Los toros tuertos cuando tienen este ojo hácia el terreno de adentro son
-sumamente buenos para esta suerte, la que se les hará del modo que
-dijimos se les hacia la verónica, quitándoles la capa como hemos visto
-ya se hace con los boyantes. Pero cuando lo<span class="pagenum"><a name="page_120" id="page_120">{120}</a></span> tienen hácia fuera no se
-les debe hacer, pues darán una cogida, ó á buen escapar será una suerte
-arrollada.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO IV.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Suerte de tijerilla, ó sea á lo chatre.</i></p>
-
-<p>Esta suerte se hace muy poco; bien es verdad que es muy insignificante.
-El diestro se situará como para las anteriores, con la sola diferencia
-de tener cogido el lado derecho de la capa con la mano izquierda, y
-vice-versa, de modo que los brazos quedan formando un aspa; en esta
-disposicion se cita al toro, y se le hará la suerte por las mismas
-reglas que di para la verónica, pues la única diferencia que hay entre
-ellas está en el modo de poner los brazos. Esta suerte es muy facil y
-segura con los boyantes, y lo es igualmente con los abantos.</p>
-
-<p>Se hace tambien con los revoltosos con mucha seguridad en observando lo
-siguiente: despues de haberles cargado la suerte segun las reglas que ya
-he dado, si se ve que el remate no se les puede dar bastante fuera como
-se necesita para que no se revuelvan y den una cogida, dimanando esta
-imposibilidad de no poder dar bastante juego á los brazos, en el momento
-mismo en que se les cargó la suerte, y ya al rematarla, con mu<span class="pagenum"><a name="page_121" id="page_121">{121}</a></span>cha
-ligereza se deshará el aspa ó la tijerilla, con lo que se ponen los
-brazos naturales, y se les puede dar el remate seguro que hemos visto
-tienen en la verónica.</p>
-
-<p>Con los toros que se ciñen se puede hacer esta suerte sin consecuencia
-alguna, en teniendo cuidado de tendérsela en cuanto arranquen y de
-írsela cargando, haciéndoles un buen quiebro, y llevándolos engreidos en
-el engaño, con todo lo cual se les separa suficientemente para que no
-puedan pisar el terreno de adentro, y para que el remate sea seguro.</p>
-
-<p>Los toros que ganan terreno, los que rematan en el bulto y los tuertos
-no son á propósito para esta suerte; los burri-ciegos lo serán si por su
-clase corresponden á alguna de las que hemos visto lo son.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO V.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Suerte al costado.</i></p>
-
-<p>La suerte <i>al costado</i> se hace de dos modos, con la capa por delante, y
-con la capa por detras.</p>
-
-<p>Para hacerla del primero se pondrá el diestro en suerte de costado al
-toro, y mirando hácia el terreno de adentro; tendrá la capa agarrada con
-la mayor parte del vuelo en el lado del toro, cuyo brazo estará
-per<span class="pagenum"><a name="page_122" id="page_122">{122}</a></span>fectamente estendido, y la mano del otro por delante del pecho: esta
-posicion es muy airosa, y se debe tener mucho cuidado en guardarla hasta
-que el toro llegue á jurisdiccion, é igualmente en perfilarse mucho con
-la capa, para que no pueda absolutamente ver mas que un objeto sin
-distinguir el cuerpo; esto no es indiferente, pues de ello depende el
-buen éxito de la suerte. Puesto el diestro de este modo, lo citará
-dejándolo venir por su terreno, y conforme llegue á jurisdiccion le
-cargará la suerte, dando dos ó tres pasos para ocupar la parte del
-terreno de adentro que va el toro dejando, con lo cual se le presenta de
-una vez toda la capa, se le echa del todo fuera, y se le da el mismo
-remate que en la verónica.</p>
-
-<p>Se puede hacer esta suerte sin peligro alguno con los boyantes, los
-revoltosos, los que se ciñen, los burri-ciegos que correspondan á alguna
-de estas clases, y con los tuertos cuando tengan este ojo hácia el
-terreno de adentro.</p>
-
-<p>La suerte al costado con la capa por detras se hará situándose del modo
-que hemos dicho para la anterior, con la diferencia de que el brazo que
-en aquella pasó por delante del pecho pasa en esta por la espalda,
-resultando la capa por detras. En esta disposicion se cita al toro, y
-asi que llega á jurisdiccion se le carga la suerte; y para rematarla se
-al<span class="pagenum"><a name="page_123" id="page_123">{123}</a></span>zan los brazos con prontitud al mismo tiempo que se da una pequeña
-carrera para el terreno que el toro deja, con lo cual se le quita la
-capa por cima al mismo tiempo que tira la cabezada fuera del todo.</p>
-
-<p>Esta suerte es con los boyantes muy facil y lucida, y se puede hacer con
-los revoltosos en teniendo la precaucion de dar la carrera mayor, por si
-acaso se han repuesto con ligereza, y hacen por el diestro, poder este
-correrlos á favor de la delantera que les lleva, y si es preciso soltar
-el capote, ó hacer la verónica.</p>
-
-<p>No aconsejo que se haga con otros toros, pues aunque es practicable, es
-espuesta con las demas clases; pero sí se puede verificar con los
-burri-ciegos, boyantes y revoltosos, y con los tuertos cuando esten en
-la misma disposicion que dijimos para la anterior.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO VI.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Suerte de frente por detras.</i></p>
-
-<p>Esta se hace poniéndose el diestro de espalda en la rectitud del toro,
-teniendo cogida la capa por detras lo mismo que de frente, en cuya
-disposicion lo cita, y luego que le parte y llega á jurisdiccion le
-cargará la suerte, se meterá en su terreno, y dará el remate con una
-vuelta de espalda quedando<span class="pagenum"><a name="page_124" id="page_124">{124}</a></span> armado para la segunda. Esta es invencion de
-José Delgado (a) Hillo, el cual asegura haberla ejecutado con fortuna
-con los toros boyantes, cuando conservan las piernas para poder
-rematarla bien, y aconseja que en otras circunstancias no se ejecute.</p>
-
-<h3>CAPITULO VII.<br /><br />
-<i>De los recortes y galleos.</i></h3>
-
-<p>Se llama <i>recorte</i> á toda aquella suerte en que el diestro se junta con
-el toro en un mismo centro, y cuando humilla le da un quiebro de cuerpo
-con el cual libra la cabezada, y sale con diferente viaje.</p>
-
-<p>El <i>galleo</i> se diferencia del <i>recorte</i> en que se hace á favor del
-capote ó algun otro engaño, mientras que el <i>recorte</i> se ejecuta con
-solo el cuerpo: sin embargo, es muy frecuente llamarlos genéricamente
-<i>recortes</i>.</p>
-
-<p>El <i>recorte</i> propiamente tal se puede hacer con toda clase de toros, y
-de diversos modos, segun que se salga derecho á él ó atravesado; ó bien
-se le está viendo venir, y cuando llega á jurisdiccion y humilla, se le
-da el quiebro y queda hecho el <i>recorte</i>. De todos modos es muy lucido y
-sumamente seguro con los boyantes; con los revoltosos es menester ser
-muy ligero para hacer con seguridad esta suerte, porque se reponen muy<span class="pagenum"><a name="page_125" id="page_125">{125}</a></span>
-pronto; y aunque el diestro ya se haya enmendado del quiebro, sin
-embargo, como no haya sido con suficiente anticipacion para haberse
-apartado bastante del centro de la suerte, le podrán dar una cogida: de
-todos modos es menester no pararse un momento, y salir con todos los
-pies, pues ellos casi siempre cuanto se reponen salen tras el bulto: en
-teniendo cuidado de ejecutar lo dicho es el <i>recorte</i> mas lucido el de
-estos toros.</p>
-
-<p>Los abantos son muy buenos para los <i>recortes</i>, que tambien se pueden
-hacer con los que se ciñen en teniendo cuidado de salirles lo mas
-derecho que se pueda, y de no hacerles el quiebro, que deberá ser muy
-grande, sino cuando hayan muy bien humillado; de este modo el éxito
-siempre será favorable.</p>
-
-<p>Si alguna vez se intenta dar este <i>recorte</i> á los toros que ganan
-terreno, será necesario tomarles mucha delantera y mucha tierra, y
-salirles formando un medio círculo, que vendrá á concluirse con rapidez
-en el centro de la suerte, donde se hará el quiebro muy veloz, y se
-saldrá con todos los pies: es bastante espuesto con ellos, porque en no
-observando rigorosamente lo dicho se meterá el diestro en su cabeza, y á
-veces, aun observándolo, sucede que cortan demasiado terreno y no dan
-lugar á que se pase, en cuyo caso no hay mas remedio que escapar por
-pies.</p>
-
-<p>Esta suerte no debe practicarse con los<span class="pagenum"><a name="page_126" id="page_126">{126}</a></span> toros que rematan en el bulto,
-porque es sumamente espuesto; pero sí con los burri-ciegos de segundo y
-tercer orden, atendiendo á su clase, con los cuales es facil y segura;
-tambien lo es con los de la primera, en teniendo cuidado de hacérsela
-cuando vayan levantados, pues á pie firme suele ser espuesto,
-principalmente cuando tienen piernas, en razon á que arrancan alguna vez
-con bastante velocidad cuando distinguen bien al diestro por estar
-cerca, y si este no es muy ligero para darles el quiebro lo podrán
-coger; pero haciéndolo con las precauciones dichas no hay peligro.</p>
-
-<p>Los toros tuertos son los mas á propósito para los <i>recortes</i> en
-saliéndoles por el ojo bueno, con lo cual el remate es tan seguro, como
-que la salida es por el ojo tuerto; pero no se les irá por este, porque
-como no ven no pueden hacer por el bulto humillando, y por consiguiente
-no harán suerte; lo segundo, porque si sienten cerca los pasos del
-diestro que viene corriendo, y se vuelven, como que con la velocidad de
-la carrera no es muy facil detenerse ó mudar de viaje, harán por él, y
-si son ligeros le darán una cogida.</p>
-
-<p>Siempre que se vaya á dar un <i>recorte</i> se debe procurar no atravesarse
-mucho con el toro, porque entonces es mas facil que tape la salida; para
-cuando suceda esto, ya sea por descuido ó por las muchas piernas del
-toro,<span class="pagenum"><a name="page_127" id="page_127">{127}</a></span> el mejor remedio es dar el salto á tras-cuerno, pues es mas
-seguro que salirse de la suerte y cambiar el viaje, y el <i>recorte</i> de
-quiebro no se puede ya intentar sin un evidente riesgo.</p>
-
-<p>Los <i>galleos</i> son mas susceptibles de hacerse con cualquiera clase de
-toros que los <i>recortes</i>: son mucho mas faciles y seguros, y no les
-ceden en lucimiento. Se pueden hacer de infinitos modos, en atencion no
-solo á las circunstancias en que esté el toro, y al modo de emprender la
-suerte, sino á la clase de engaño, al modo de llevarlo, á la clase de
-remate que se da &amp;c.: asi es que solo daré noticia de los mas frecuentes
-y bonitos, por no ser molesto, y mucho mas cuando el modo de hacerlos es
-igual en todo, y sigue las mismas reglas que para los <i>recortes</i> hemos
-dado.</p>
-
-<p>Uno de los <i>galleos</i> que se hacen con mas frecuencia es el que llaman el
-<i>bú</i>: para verificarlo se pone la capa por encima de los hombros del
-modo natural, ó bien, y hace mas efecto, por la cabeza á la manera que
-las mugeres llevan los chales; en esta disposicion se marcha al toro
-observando las reglas que para un <i>recorte</i>, y cuando se está en el
-centro se abren y agachan los brazos, y se hace el quiebro en el mismo
-puesto en que el toro está humillado: hecho esto se está fuera ya, y
-entonces se vuelven los brazos y la capa á su posicion, y queda
-concluido el <i>galleo</i>.<span class="pagenum"><a name="page_128" id="page_128">{128}</a></span></p>
-
-<p>La otra especie, que se hace con mucha frecuencia, es aquel en que
-cogida la capa del mismo modo que digimos para la suerte al costado con
-la capa por detras, se va el diestro hácia el toro describiendo una
-curva, cuyo fin es el centro de la suerte, la cual se concluirá del modo
-que hemos visto se rematan todos los <i>galleos</i> y <i>recortes</i>. Este es
-lucidísimo, y me atrevo á decir que acaso no hay otro mas seguro.</p>
-
-<p>Se hace tambien otra especie de <i>galleo</i> con el capote recogido en la
-mano del lado que ha de presentarse primero al toro, y cuando se llega
-al centro de los quiebros se le acerca para que humille, en cuyo acto
-toma el diestro la salida y cambia el capote á la otra mano haciendo un
-quiebro de cintura, con lo cual pasa humillado por su espalda, y la
-cabezada la tira fuera; se hace tambien con un sombrero y con la
-montera, y de todos modos es muy lucido.</p>
-
-<p>Hay otro <i>galleo</i> sumamente bonito, el cual se debe hacer siempre que se
-atrase el diestro algo en el momento de irse á meter en el centro de la
-suerte, ó bien cuando estando quieto se vea venir al toro levantado y
-con todas sus piernas con el viaje á él: el modo de hacerlo, que es
-igual en ambos casos, es tirar el capote al hocico del toro en cuanto
-llegue á jurisdiccion, pero quedándose con una de las puntas en la mano,
-con<span class="pagenum"><a name="page_129" id="page_129">{129}</a></span> lo cual humilla con prontitud, en cuyo momento pasará por delante
-de la cabeza, haciendo el correspondiente quiebro, á ocupar su terreno,
-y cuanto esté en él tirará con rapidez del capote, con lo que el
-<i>galleo</i> se concluye: todo lo dicho ha de ser obra de un instante para
-que haga el efecto que debe, pues entonces sufre el toro un destronque
-que lo hará hocicar á espaldas del diestro, y que no se verificará sino
-está la suerte hecha con mucha ligereza, pudiendo ademas peligrar por no
-haber sufrido el toro lo que debia. Este <i>galleo</i>, que es el mas
-conocido por el nombre general de <i>recorte</i>, es el que quita mas las
-piernas á los toros, por el gran destronque que sufren, tanto mayor
-cuanto la suerte está mejor hecha.</p>
-
-<p>Todos estos son sumamente bonitos, y se hacen con mucha frecuencia; son
-susceptibles de practicarse con todas las clases de toros, con los
-burri-ciegos y con los tuertos, en teniendo cuidado con estos últimos de
-tomarlos por el ojo bueno, para que el remate sea en el tuerto.</p>
-
-<h3>CAPITULO VIII.<br /><br />
-<i>De los cambios.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">L</span>os <i>cambios</i> estan olvidados casi del todo. La dificultad que presenta
-su ejecucion re<span class="pagenum"><a name="page_130" id="page_130">{130}</a></span>trae á la mayor parte de los toreros de emprenderla, por
-lo cual se pasan años sin que se vea un cambio, á no ser por casualidad.
-En este caso, como la intencion del torero no era hacerlo, y como por la
-poca frecuencia con que se hacen no está el diestro acostumbrado á
-practicarla, ni el espectador á verla ejecutar, parece mas bien un
-contraste ó una suerte arrollada, y con tanta mas razon por el poco
-desembarazo y limpieza con que los toreros la hacen.</p>
-
-<p>Consiste el <i>cambio</i> en marcar la salida del toro por un lado de la
-suerte, y dársela por el otro; por consiguiente, solo puede hacerse con
-la capa, con la muleta ó con otro cualquier engaño, que asi como estos
-pueda dirigirse con facilidad, y se lleve al toro bien metido en él. El
-modo de hacer el <i>cambio</i> á un toro boyante con la capa es el siguiente:
-se pondrá el diestro á citarlo como para la navarra, esto es, un poco
-sobre corto; y luego que llegue á jurisdiccion y humille, se le tiende y
-carga la suerte hácia el terreno de adentro, pero teniendo cuidado de no
-dejarlo llegar hasta el centro de ella, sino un poco antes cargársela de
-nuevo para engreirlo bien en el engaño y llevarlo al terreno de afuera
-para darle por él la salida natural. Por esta esplicacion se ve que el
-toro hace una especie de Z, y que pasa en el centro de la suerte por
-delante del pecho del diestro: es por<span class="pagenum"><a name="page_131" id="page_131">{131}</a></span> consiguiente lucidísimo, aunque
-sumamente dificil.</p>
-
-<p>Los toros revoltosos son los mas á propósito para los cambios, porque el
-mucho celo que tienen por los objetos, y la fuerza con que hemos dicho
-se sostienen sobre las manos en todas las suertes para coger el engaño,
-los hacen formar la Z con mucha rapidez, y que el conjunto de la suerte
-sea brillante y ceñido. Es casi inútil advertir que el remate debe ser
-el mismo que para tales toros marcamos en la verónica.</p>
-
-<p>Los <i>cambios</i> pueden hacerse tambien á los toros que se ciñen siempre
-que se tenga mucho cuidado é inteligencia para usar con acierto y
-oportunidad de todas las reglas establecidas, tanto para el modo de
-hacer los <i>cambios</i> en general, como para el de torear de capa estas
-reses.</p>
-
-<p>No es prudente intentar el <i>cambio</i> con los toros que ganan terreno, ni
-con los que rematan en el bulto; aunque muchas veces estos últimos
-obligan á darlo hasta cambiando los terrenos por haber despreciado el
-engaño, y haber ido á rematar sobre el cuerpo: en este caso, el diestro
-consumado puede echar mano del <i>cambio</i> con mucha ventaja, previniéndose
-antes con algunos pasos de espaldas. Por consiguiente, esta suerte
-preciosa y segura con los boyantes, con los revoltosos, y aun con los
-que se ciñen, viene á ser<span class="pagenum"><a name="page_132" id="page_132">{132}</a></span> con los toros de sentido un recurso harto mas
-seguro y precioso que los demas conocidos.</p>
-
-<p>Tampoco debe intentarse el <i>cambio</i> con los abantos, porque estos toros
-no rematan bien suerte alguna en que sea necesario ahinco y celo por el
-engaño, como es indispensable para los <i>cambios</i>.</p>
-
-<p>Los burri-ciegos serán buenos ó malos para esta suerte, segun la clase á
-que por sus propiedades pertenezcan. Con los tuertos no debe intentarse
-jamas.</p>
-
-<h3>CAPITULO IX.<br /><br />
-<i>De la suerte de banderillas.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">L</span>a suerte de <i>banderillas</i> es una de las mas lucidas que se le hacen á
-los toros, pero no es muy facil ejecutarla con perfeccion.</p>
-
-<p>Hay cinco modos de practicarla, cada uno de los cuales constituye una
-especie diferente de las demas, y que merece tratarse y estudiarse de un
-modo particular. Por tanto, se hablará de ellos en sus correspondientes
-artículos, haciendo ver con qué clase de toros, y en qué circunstancias
-se deben ejecutar.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_133" id="page_133">{133}</a></span></p>
-
-<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Suerte de banderillas á cuarteo.</i></p>
-
-<p>Esta, que es sumamente bonita y lucida con las reses boyantes, es
-tambien por la misma razon la mas frecuente. Suponiendo que el toro que
-ha de banderillearse es de la clase de los sencillos, se hará la suerte
-del modo siguiente: puesto el diestro de cara á él, bien sea á larga ó
-corta distancia, y ya esté parado ó venga levantado, lo cita, y luego
-que haga por el bulto saldrá formando un medio círculo igual al de los
-recortes, cuyo remate será el centro mismo del <i>cuarteo</i>, en donde
-cuadrándose con el toro, le meterá los brazos para clavarle las
-banderillas, lo cual ejecutado tomará su terreno, y saldrá con pies, si
-preciso fuere.</p>
-
-<p>La suerte de que hablamos admite una variacion sumamente importante para
-que dejemos de ocuparnos de ella, y consiste en el momento de meter los
-brazos y clavar los rehiletes. Hemos dicho arriba que el diestro deberá
-cuadrarse con el toro, y despues meter los brazos para clavar las
-banderillas, y este modo de hacer la suerte, ademas de ser el mas
-seguro, es tambien el mas lucido, porque como ya cuadrado está el
-diestro fuera de embroque, y puede por consiguiente aguar<span class="pagenum"><a name="page_134" id="page_134">{134}</a></span>dar sin riesgo
-el achazo, no necesita meterse con el toro para cogerlo en la
-humillacion y pincharlo, sino que sitúa las banderillas á una distancia
-proporcionada, para que cuando el toro tire la cabezada se las clave él
-mismo, sin tener por su parte que hacer otra cosa mas que abrir las
-manos, con lo cual quedan puestas, como si de ellas se le hubieran caido
-al morrillo del toro. El otro modo de hacer la suerte consiste en poner
-los rehiletes antes de cuadrarse, y de que el toro tire el achazo, esto
-es, embrocado el diestro, para lo cual necesita meterse mucho con el
-toro para alcanzarlo en la humillacion, clavar las <i>banderillas</i>, y
-tomar su terreno, porque estando embrocado no puede esperar el achazo,
-como lo hace en el caso anterior. Este modo tiene ademas el riesgo de
-que en marrando al toro se echa el torero sobre su cabeza, por lo que es
-necesario meter los brazos sin dejar caer el cuerpo, confiado en los
-palos, para que si lo marra no se venga á tender en la cabeza.</p>
-
-<p>Bien se conoce por lo dicho que el primer modo debe ser preferido,
-generalmente hablando, por mas seguro y lucido; pero sin embargo, en
-algunos casos que luego marcaremos es un recurso hacer la suerte del
-último. Tanto en el uno como en el otro las <i>banderillas</i> deben quedar
-puestas lo mas junto posible la una de la otra, á lo largo de la<span class="pagenum"><a name="page_135" id="page_135">{135}</a></span> línea
-que corre desde el cerviguillo hasta los últimos rubios, y una en cada
-lado de ella, para lo cual es preciso llevar las manos muy juntas, y los
-codos bastante altos.</p>
-
-<p>En toda suerte de <i>banderillas</i> se debe ademas procurar que la salida
-sea por el lado que se le haya conocido mas endeble al toro, por lo que
-se hace indispensable parear igualmente por los dos.</p>
-
-<p>Los toros revoltosos son tambien muy á propósito para esta suerte, la
-que se les hará exactamente lo mismo que para los boyantes hemos dicho,
-sin mas diferencia que la de salir con pies inmediatamente que se claven
-las <i>banderillas</i>, porque ellos cuanto se reparan del destronque vuelven
-sobre el bulto, y si el diestro no se ha separado lo bastante del centro
-de la suerte, ó el toro tiene muchas piernas, podrá sufrir una cogida,
-lo que de ningun modo sucederá teniendo presente lo que llevamos dicho.</p>
-
-<p>Una de las grandes precauciones que para los toros revoltosos deben
-tomarse es la de no hacer con ellos salidas falsas, pues si bien esto es
-un defecto casi siempre del torero, y por consiguiente malo y espuesto
-con todos los toros, tambien es verdad que con ningunos lo es tanto como
-con estos, por el mucho celo que tienen por los objetos, y la rapidez
-con que arrancan al diestro, que por<span class="pagenum"><a name="page_136" id="page_136">{136}</a></span> haber salido mal no tiene mas
-recurso que escapar por pies.</p>
-
-<p>Los toros que se ciñen son tambien muy buenos para esta suerte, que por
-su naturaleza debe ser muy ceñida para que salga con brillantez, y no es
-necesario con ellos mas que prevenir el diestro alguna tierra mas que
-para los anteriores para no encontrarse, si el toro es muy vivo, con la
-salida tapada. Pocas veces hay necesidad con ellos de salir con pies,
-principalmente si la suerte ha sido bien ejecutada; pero alguna que otra
-suele ser preciso por haber el toro ido á rematar, como si ganara
-terreno, sobre el mismo del diestro, lo cual supone, como hemos dicho,
-que la suerte no estuvo bien ejecutada.</p>
-
-<p>Los toros que ganan terreno no son ya tan á propósito para esta suerte;
-pero sin embargo se les puede hacer, y efectivamente se les hace, con
-toda seguridad. El inconveniente grande que tienen para la suerte es,
-que luego que el diestro sale haciendo el <i>cuarteo</i>, y ellos hacen por
-él, le van cortando tanta mas tierra cuanta se haya prevenido mas para
-sí, de modo que cuando se unen en el centro, aun cuando la salida no
-esté tapada, como sucede frecuentemente, el toro no sufre destronque,
-porque viene á rematar sobre el mismo terreno que el torero; el que
-ponga ó no las <i>banderillas</i> deberá salir con todos los pies. Para
-verificar, pues, la<span class="pagenum"><a name="page_137" id="page_137">{137}</a></span> suerte con ellos, se deberá evitar hacerles el
-cuarteo como á los anteriores, á no ser que esten parados, porque en
-este caso no tienen lugar de cortar terreno, y sale bien la suerte; pero
-si traen viaje, entonces se les deberá salir derechos á la cabeza, y
-observando el terreno sobre que el toro se inclina á pisar: con esto, y
-luego que se llegue muy cerca de él hacer muy rápido el medio círculo
-del cuarteo, y buscar la salida por el lado contrario al que el toro se
-inclinaba, se consigue que no pueda cortar terreno por no tener conocido
-el viaje del diestro; y como cuando decididamente se lo marca le queda
-poca tierra que cortar, podrá cuando mas ser la suerte ceñida, pero se
-concluye bien, y con seguridad.</p>
-
-<p>Este modo de hacerles la suerte debe ser preferido, por ser muy seguro y
-muy lucido. Siempre que viniendo el toro levantado se salga haciendo el
-<i>cuarteo</i> á larga distancia, se verá el diestro con la salida tapada,
-porque conoce el viaje, y tiene mucho tiempo para cortar todo el terreno
-que el diestro haya prevenido para sí; y si alguna vez logra pasar no
-estará seguro, porque el terreno que el toro traía cortado le hará que
-remate sobre el mismo que debe él pisar al hacer la suerte (que no se
-podrá verificar muchas veces), y como no sufre destronque alguno,
-seguirá tras el bulto, y se hará dueño<span class="pagenum"><a name="page_138" id="page_138">{138}</a></span> de él como no sea inferior en
-pies; por lo que será muy oportuno quitárselos antes de banderillearlos,
-y tambien porque tanto menos terreno podrán cortar en las suertes,
-cuanto mas quebradas tengan las piernas.</p>
-
-<p>A los boyantes, á los revoltosos, y aun á los que se ciñen, se les podrá
-dejar con ellas siempre que el diestro tambien las tenga: de todos modos
-nunca se les deben quitar á los primeros, porque con ellos no hay clase
-alguna de peligro, y son las suertes mas lucidas.</p>
-
-<p>Los toros de sentido deben banderillearse con mucho cuidado, porque
-ademas del que necesita el diestro para frustrarle su natural remate en
-el bulto, en el acto de la suerte tienen el inconveniente de taparse muy
-á menudo, ó bien cuando arrancan se quedan detenidos en el centro de las
-distancias observando el viaje, de manera que aun cuando no den una
-cogida porque no hagan por el bulto, imposibilitan el que se haga la
-suerte.</p>
-
-<p>El modo mas seguro de verificarla es el que hemos dicho debe preferirse
-para los toros que ganan terreno, teniendo cuidado de meter los brazos
-fuera, en la humillacion, no deteniéndose un instante en apartarse del
-centro y salir con todos los pies, pónganse ó no las <i>banderillas</i>.
-Alguna vez podrá el diestro verse embrocado casi por el toro en el<span class="pagenum"><a name="page_139" id="page_139">{139}</a></span>
-momento de irse á poner fuera y cuadrarse: este embroque será siempre
-por el costado que se le va dando, y nunca muy peligroso en teniendo
-agilidad para hacer un quiebro, y sin cuadrarse ni detener la carrera
-clavarle si es posible (aun estando dentro) la <i>banderilla</i> del lado del
-embroque, con lo que el toro se huirá un poco, y entonces estando ya
-fuera se podrá sin peligro clavar el otro palo; pero nunca se intentará
-hacerlo sin ver que el toro se ha huido algo, pues de lo contrario la
-cogida es casi inevitable.</p>
-
-<p>Esta suerte aunque no es muy lucida en otras circunstancias, lo es en
-estas, y tiene mucho mérito, porque este se funda en buscar seguridad
-donde no aparecen mas que peligros. Para completar, pues, esta
-seguridad, encargo muy de veras se le quiten siempre las piernas á estos
-toros antes de banderillearlos, con lo cual, y observando lo arriba
-dicho, desaparecerá el peligro, pues se les quita el recurso de ofender:
-no es posible el quitarles el de defenderse, porque está en su índole
-particular; asi es que se taparán alguna vez, y otras se quedarán como
-ya hemos visto en los centros, siendo imposible hacerles la suerte, en
-cuyo caso el diestro se podrá valer oportunamente y con seguridad de sus
-pies, ó bien del siguiente recurso. Cuando se haya visto que el toro no
-quiere humillar, sino que por el contrario siempre se tapa,<span class="pagenum"><a name="page_140" id="page_140">{140}</a></span> y que aun
-en el caso de llegar al centro de la suerte, en vez de hacerla empieza á
-tirar cornadas y derrotes sobre alto, y que repite esto siempre (lo cual
-es rarísimo, pues si no es una, otra vez humilla), entonces lo que se
-hará, y siempre con buen éxito, será llevar en la mano del lado del
-toro, ademas de la <i>banderilla</i>, el capote liado, y en el momento de
-llegar á la jurisdiccion del toro y embrocar, se le echará al hocico,
-con lo que siempre humillará, y dará una suerte muy segura y bastante
-brillante: debo advertir que podrá el diestro si quiere quedarse con la
-punta del capote en la mano, aunque clave las <i>banderillas</i>, pues no
-estorba para nada, y puede ser útil.</p>
-
-<p>Las <i>banderillas á cuarteo</i> se ponen con mucha facilidad á los toros
-abantos, siempre que ellos no se salgan de la suerte, como suele
-suceder: se deberán dejar llegar mucho, y no hay miedo de poner los
-palos cuando se está embrocado, pues apenas sienten el castigo se echan
-fuera: tampoco se les debe quitar las piernas, pues estas solo dañan con
-los toros fieros, y no con los demas.</p>
-
-<p>Los toros <i>burri-ciegos</i> si por su clase particular presentan las
-inclinaciones de alguna de las espresadas como ella se torearán,
-dejándoles sin piernas; y haciendo todo lo demas con respecto á lo
-espuesto. Por lo que respecta á su vista solo tengo que advertir,<span class="pagenum"><a name="page_141" id="page_141">{141}</a></span> que
-los mejores para esta suerte son los de la primera, en haciéndosela
-siempre cuando vengan levantados, por la razon misma que dí para el
-recorte: tienen, como ya he dicho, la ventaja de que rara vez salen tras
-el diestro cuando se ha rematado la suerte. Los de la segunda y tercer
-clase se tapan con bastante frecuencia, por lo cual no estará de mas
-quitarles algo las piernas, principalmente á los de la segunda, en razon
-á que suelen arrancar cuando el diestro se sale de la suerte.</p>
-
-<p>Los toros tuertos son muy á propósito para las banderillas de <i>cuarteo</i>,
-en yéndose como para los recortes, y observando en lo demas las reglas
-que para los boyantes.</p>
-
-<p>Cuando se vaya á hacer esta suerte á un toro que viniendo levantado
-lleve el viaje á la querencia, se tendrá cuidado de tomarle bastante
-delantera, aunque sea boyante, pues sino será imposible pasar. Si es de
-sentido, ó que gana terreno, nunca dejará pasar, por mucha delantera que
-se tome, para hacer el cuarteo; pero el modo de hacérsela seguro y
-lucido es esperarlo en la querencia, y cuando esté cerca salirle al
-encuentro, formándole el cuarteo de modo que la vea perfectamente libre
-en el remate, y lo dará tan regular como los boyantes.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_142" id="page_142">{142}</a></span></p>
-
-<h4>ARTÍCULO II.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Suerte de las banderillas á media vuelta.</i></p>
-
-<p>Las <i>banderillas á media vuelta</i> son aquellas que se ponen al toro
-yéndose el diestro por detras, y citándolo para que se vuelva, y al
-momento de hacerlo se cuadra con él, y le mete los brazos.</p>
-
-<p>Se hace esta suerte de dos modos; ó bien estando el toro parado, y
-citándolo, sea sobre corto ó sobre largo, ó finalmente cuando va
-levantado. Suponiendo boyante á la res, veamos cómo se practica.</p>
-
-<p>Situado el diestro detras del toro, á corta distancia de él, lo citará
-para que se vuelva, y cuando lo haga, que será humillando por lo cerca
-que lo ve, se irá por el mismo lado que se ha vuelto para cuadrarse con
-él, y meterle los brazos, saliendo siempre con pies. Esta suerte es
-bastante facil y segura, pero siempre se debe tener mucho cuidado para
-no irse al toro hasta que se vea el lado por donde se vuelve, porque si
-el diestro trata de verificarla por un lado, y se vuelve el toro con
-prontitud por el otro, se encontrará embrocado de cara sobre corto, y
-muy á pique de llevar una cogida.</p>
-
-<p>Debe tambien procurarse que el toro se vuelva por el terreno de afuera,
-porque en<span class="pagenum"><a name="page_143" id="page_143">{143}</a></span>tonces el de adentro será la huida del diestro, siendo asi la
-suerte tanto mejor cuanto es mas natural, pues toman cuando se remata
-sus terrenos propios: ademas que si el toro se revuelve y sigue al
-diestro, y este toma el terreno de afuera, le podrá dar una cogida, que
-nunca se verificará tomando el de adentro, pues tiene en él la defensa
-de las barreras.</p>
-
-<p>Esta suerte se hará de todos modos á toda clase de toros, pero será muy
-oportuno para verificarla con toda seguridad quitarles las piernas,
-principalmente si son revoltosos, que ganan terreno, ó que rematan en el
-bulto. A los burri-ciegos se les hará del mismo modo; y para los tuertos
-no tengo que advertir mas sino que se citen á volver por el ojo bueno,
-pues de lo contrario es evidente que no podrán hacer suerte.</p>
-
-<p>Para verificar esta del segundo modo, esto es, saliendo largo por
-detras, solo tengo que añadir, que al llegar á cierta distancia del toro
-se le hable para que se vuelva, y que siempre será bueno salirle
-echándose un poco al lado por donde queremos hacer la suerte, para que
-notando al bulto por él, se vuelva hácia aquella parte.</p>
-
-<p>Los toros de sentido, que á veces es imposible banderillearlos de otros
-modos por su refinada malicia, sucumben á estos; pero siempre se les
-quitarán las piernas an<span class="pagenum"><a name="page_144" id="page_144">{144}</a></span>tes, si se quiere torearlos con seguridad.</p>
-
-<p>El tercer modo de poner las <i>banderillas á media vuelta</i>, que es cuando
-está el toro levantado, es el mas airoso y menos espuesto. Para
-banderillear de esta manera irá el diestro corriendo detras del toro
-hasta que logre ponerse á una distancia regular, desde la que le
-hablará, siguiéndole siempre en su viaje, y yéndole buscando el costado
-para que le vea; y cuando se vuelva se cuadra con él del modo dicho, y
-le pone las <i>banderillas</i>. Por lo regular no es necesario salir con
-pies, porque el toro no hace por el bulto; antes bien como que va
-levantado se echa fuera, y si el diestro no se mete bien con él le
-frustra la suerte. Este modo de poner las <i>banderillas á media vuelta</i>
-debe ser preferido, principalmente con las reses claras; siendo el
-momento mas oportuno para efectuarlo aquel en que el toro acaba de
-recibir un par de <i>banderillas</i>, y va tirando cabezadas y dando brincos
-para desprenderse de aquello que tanto le mortifica, pues entonces no
-tiene suficiente codicia por el bulto, y si por naturaleza es malo, el
-afan que lleva por librarse de la incomodidad que padece, y el hallarla
-doblada en cuanto acometió á aquel, lo hace huir de donde no encuentra
-mas que castigo, y dar el remate muy sencillo.<span class="pagenum"><a name="page_145" id="page_145">{145}</a></span></p>
-
-<h4>ARTÍCULO III.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De las banderillas á topa carnero.</i></p>
-
-<p>Esta suerte de banderillas, que unos llaman de <i>pecho</i>, otros á <i>pie
-firme</i>, y otros á <i>topa carnero</i> (nombre que le conviene mejor), es
-acaso la mas dificil de ejecutar, pero tambien aventaja en lucimiento á
-cuantas van esplicadas.</p>
-
-<p>El modo de hacerla es situarse el diestro á larga distancia del toro y
-de cara á él; ya venga levantado, ya citándolo, lo obliga á que le
-parta, con lo cual es igual el todo de la suerte; estando en esta
-disposicion, tendrá parados los pies hasta que el toro llegue á
-jurisdiccion y humille, en cuyo momento con gran ligereza hará un
-quiebro, con el que se saldrá del embroque, y cuadrándose con él le
-meterá los brazos estando ya fuera de su jurisdiccion, con lo que el
-remate es seguro. No hay necesidad de salir con pies siendo boyante el
-toro, y solo aconsejo que se les haga cuando ellos los tengan.</p>
-
-<p>Con los revoltosos solo la practicarán los que tengan piernas, pues en
-esta suerte mas que en otra alguna se reponen y salen tras el bulto. Sin
-embargo, en teniendo este requisito no hay nada que temer.</p>
-
-<p>No me parece prudente ejecutarla con los<span class="pagenum"><a name="page_146" id="page_146">{146}</a></span> que se ciñen, ganan terreno, y
-rematan en el bulto, no solo por lo dificil que es echarse fuera con
-limpieza con esta clase de toros, sino tambien porque se repondrán al
-momento, en razon del poco destronque que sufren por lo que se meten en
-el terreno del diestro; y si este no es muy ligero para salir con pies
-le podrán dar una cogida.</p>
-
-<p>Asi es que yo recomiendo esta suerte esclusivamente para los boyantes,
-con los cuales tiene un lucimiento estraordinario, pues hace un efecto
-muy hermoso ver al diestro esperando al toro que va volando hácia él, y
-casi sin moverse ponerle las <i>banderillas</i>, y quedarse despues inmóvil,
-viendo huir de sí á la misma fiera que un momento antes venia con ansia
-á destrozarlo. Tal es la brillantez que tiene la suerte con estas reses,
-y que desaparece con las demas por la necesidad que hay de salir con
-pies.</p>
-
-<p>No obstante, se podrá hacer con los abantos y con los tuertos con la
-misma facilidad y lucimiento, en teniendo cuidado con los últimos de
-cuadrarse por el ojo tuerto para que no vean el bulto al remate, se
-revuelvan, y obliguen al diestro á salir con todas las piernas.</p>
-
-<p>A los burri-ciegos se les hará ó no, segun que su clase lo permita ó lo
-vede; pero para los de la segunda es menester tener presente que muchas
-veces se paran á corta dis<span class="pagenum"><a name="page_147" id="page_147">{147}</a></span>tancia del diestro, porque ya no lo ven bien:
-en este caso se les volverá á citar, y se les hablará para que conozcan
-que el bulto está cerca, y sigan haciendo por él; y en caso que, á pesar
-de todo, se queden parados, se adelantará el diestro, y les hará la
-suerte á cuarteo, pues el salirse de la que se intentó hacer, ademas de
-no ser muy lucido, tiene el inconveniente de que vuelven á verlo claro
-en cuanto se aleja y arrancan á él. Por consiguiente, siempre será muy
-oportuno hacerles esta suerte tan airosa como segura, en vez de salirse
-de la otra con incomodidad, sin lucimiento, y tal vez con riesgo.</p>
-
-<p>Esta suerte se hará siempre á los toros cuando vengan levantados, y será
-muy brillante; tambien será muy facil y segura cuando vengan con el
-viaje á la querencia, pues arrancan muy bien al bulto que ven, les
-estorba seguir á ella, y como cuando llegan á tirar la cabezada para
-recogerlo no solo se les quita de delante, sino que sienten castigo, y
-ven la querencia muy manifiesta, apresuran el viaje sin hacer por nada,
-pues su único afan es llegar á ella.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_148" id="page_148">{148}</a></span></p>
-
-<h4>ARTÍCULO IV.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Suerte de banderillas al sesgo, ó á la carrera, ó á tras-cuerno.</i></p>
-
-<p>Esta clase de <i>banderillas</i> que yo llamo á <i>vuela pies</i>, porque se ponen
-estando el toro parado, y yéndose el diestro sobre él con todos los
-pies, se ejecuta solo con toros que ya estan sin piernas y casi
-aplomados, y cuando se les nota querencia con las tablas ó con el sitio
-donde estan; de otro modo jamas se hará, pues probablemente darán una
-cogida.</p>
-
-<p>Para ejecutarla se pone el diestro detras, y al lado del toro, á la
-distancia que consultando á sus pies le parezca proporcionada, y sin que
-lo vea se irá derecho á su cabeza, y cuando llegue le meterá los brazos
-para clavarle los palos, y salirse con todos los pies. No se embroca en
-el acto de ponerle las banderillas, pero en deteniéndose un poco, y que
-se vuelva el toro, hay un embroque de cuadrado sobre corto, donde no hay
-recurso alguno. Asi es que para practicar esta suerte con seguridad es
-indispensable que el toro no tenga piernas, que esté aplomado en sitio
-propio, y que se salga con todos los pies, sin detenerse un instante en
-el puesto en que se pongan las <i>banderillas</i>.<span class="pagenum"><a name="page_149" id="page_149">{149}</a></span></p>
-
-<p>Esta suerte es diferente en todo de las demas: si en las anteriores
-hemos visto que es indispensable que el toro arranque, humille, entre en
-jurisdiccion y tire el achazo; que el diestro pare los pies un momento
-siquiera, que embroque, que haga un quiebro &amp;c., en esta solo es
-necesario que el toro permanezca inmoble, y que el diestro en lo mas
-violento de la carrera clave las <i>banderillas</i>, sin hacer mas diligencia
-que si se las fuera á poner á una pared.</p>
-
-<p>Si en el momento de ir corriendo hácia el toro se observa que se vuelve
-algun tanto, se cambiará el viaje para salirse de la suerte, ó se hará
-la de media vuelta, que es mas seguro.</p>
-
-<p>La suerte de que hablamos se puede ejecutar con toda clase de toros
-siempre que esten en el caso que hemos dicho, y será muy buena con los
-tuertos.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO V.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Suerte de banderillas al recorte.</i></p>
-
-<p>Este modo de banderillear es el mas lucido, mas bonito, mas dificil, mas
-espuesto, menos frecuente, y que se puede decir que es el <i>non plus
-ultra</i> de poner <i>banderillas</i>.</p>
-
-<p>Su ejecucion consiste en irse al toro para hacerle un recorte, y en el
-momento del<span class="pagenum"><a name="page_150" id="page_150">{150}</a></span> quiebro meter los brazos para ponerle las <i>banderillas</i>,
-pues entonces está humillado. Pero es menester saber que el cuerpo se
-maneja en un todo como en un recorte; y por tanto, que en el momento de
-meter los brazos, que es el de la humillacion del toro y del quiebro del
-diestro, está aquel casi embrocando á este por el lado, y cuando tira la
-cabezada está ya fuera á beneficio del quiebro; pero ha de tener aun
-metidos los brazos, pues hasta este momento no ha podido clavar las
-<i>banderillas</i>, lo cual lo hace el toro mismo con el achazo, pues el
-diestro por su postura violenta no puede meterse con él, ni agacharse
-hasta cogerlo en la humillacion; y de esto nace toda la dificultad de la
-suerte, pues hay que esperar el achazo en el centro, y librarlo con el
-quiebro, sin ponerse fuera, porque ha de tener metidos los brazos hasta
-que el toro se clave los palos. Pero de esta dificultad resulta el
-lucimiento, pues está el diestro haciendo el quiebro de espaldas al
-toro, cuando está este humillando para recogerlo, y tiene vuelta la cara
-hácia él, y puestos los brazos el del lado del toro con el codo muy
-arriba y atras, y la mano igualmente atras, y el otro pasando por
-delante del pecho, y yendo á buscar la otra mano, con lo cual quedan las
-<i>banderillas</i> hácia atras y hácia abajo sobre el morrillo del toro, la
-cual postura es tan airosa, que casi todos los que<span class="pagenum"><a name="page_151" id="page_151">{151}</a></span> pintan las suertes
-de <i>banderillas</i> la eligen.</p>
-
-<p>Yo aconsejo que no intente jamas hacer esta el que no sea muy diestro en
-el recorte, y que siempre se salga al hacer el quiebro del centro lo
-bastante para que no pueda alcanzarle el achazo, aunque no ponga las
-banderillas, pues vale mas quedarse con ellas en la mano que llevar una
-cogida: igualmente aconsejo que solo se le haga á las reses boyantes, y
-que sea cuando vayan levantadas, pues de este modo no hay peligro; sin
-embargo, puede hacerse con los abantos, y es muy buena con los tuertos.
-Para entenderla mejor remitiré al lector al capítulo en que hablo de los
-recortes, igualmente que á todo lo dicho en este acerca de las
-<i>banderillas</i>, todos los cuales conocimientos son absolutamente
-necesarios para comprender esta suerte.</p>
-
-<h3>CAPITULO X.<br /><br />
-<i>Del modo de parchear.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">E</span>l poner <i>parches</i> á los toros es tambien una de las suertes mas bonitas
-que se les puede hacer, y no comprendo la razon de haberla abandonado
-casi del todo. Asi es, que me parece oportuno decir alguna cosa acerca
-de ella, aunque no será con la estension que lo he hecho de otras, y que
-esta tambien merece; pero como no es frecuente el eje<span class="pagenum"><a name="page_152" id="page_152">{152}</a></span>cutarla, basta con
-que para su inteligencia y práctica demos los primeros elementos.</p>
-
-<p>Los <i>parches</i> que se le ponen á los toros son de lienzo ó papel, con una
-de sus caras untadas de trementina ó alguna otra materia análoga, para
-que queden pegados. Regularmente son de colores, para que hagan mas
-bonito efecto, y á veces tienen cintas y otros adornos. El <i>parche</i> para
-ponerlo se lleva estendido sobre la mano, quedando hácia fuera la cara
-en que tiene la trementina.</p>
-
-<p>Se puede <i>parchear</i> á cuarteo, á media vuelta, al sesgo y al recorte:
-muchas veces para hacer esta suerte se lleva en una mano el capote y en
-otra el <i>parche</i>, para tener mas seguridad, y un recurso en caso
-necesario: aunque se puede parear tambien con los <i>parches</i> es bastante
-dificil y arriesgado, por lo que regularmente solo se pone uno.</p>
-
-<p>Yo aconsejo que no se <i>parchee</i> de cualquiera de los cuatro modos dichos
-mas que á los toros boyantes, á los abantos, y á los tuertos que por sus
-propiedades se acerquen á dichas clases. En esta suposicion paso á
-esplicar la suerte de los modos indicados.</p>
-
-<p>Para <i>parchear á cuarteo</i> es necesario observar todas las reglas que
-para las banderillas de esta clase he dado, pero teniendo presente que
-el <i>parche</i> jamas se pondrá sino<span class="pagenum"><a name="page_153" id="page_153">{153}</a></span> cuadrado con el toro, en cuya
-disposicion se les pegará en la frente, metiendo el brazo por cima del
-testuz y por medio de los cuernos. Debe saberse que para <i>parchear</i> de
-este modo se llevará el parche en la mano del lado del toro, que es
-siempre el mismo que el de la huida, de manera que si el remate de la
-suerte ha de ser por el lado derecho, se llevará el <i>parche</i> en la mano
-derecha, que es la que despues queda mas inmediata á la cabeza. Es regla
-general en toda suerte de parches salir con piernas, porque los toros no
-sienten en ella castigo, y en no sufriendo un perfecto destronque
-cogerán al diestro si tardó en salir, por lo cual será bueno quitarles
-tambien las piernas.</p>
-
-<p>El modo de parear á cuarteo es igual, hasta cuadrarse al antecedente,
-pero despues es mucho mas dificil, pues el <i>parche</i> que antes hemos
-visto se pegaba en la frente, se pega ahora en el hocico, ó por decir
-mejor sobre la nariz, y el otro parche se pondrá en la frente como ya
-hemos dicho. El brazo que ahora pone el parche del hocico es el que
-antes puso el de la frente, y pasa por debajo del cuerno derecho<a name="FNanchor_10_10" id="FNanchor_10_10"></a><a href="#Footnote_10_10" class="fnanchor">[10]</a>
-para buscar la raiz de la nariz, y el brazo izquierdo pasa por cima del
-testuz para poner el otro <i>parche</i> so<span class="pagenum"><a name="page_154" id="page_154">{154}</a></span>bre la frente. La necesidad que
-hay de que el diestro haga la suerte con mucha viveza se deduce con
-claridad de lo mucho que le puede perjudicar permanecer en esta postura,
-pues está haciendo un quiebro muy grande, y es necesario reponerse de él
-con mucha presteza y salir con pies, por la obvia razon de que si el
-toro se enmienda y se vuelve con anticipacion, llevará inmediatamente
-una cogida, que será peligrosa por no tener recurso alguno de engaño, ni
-de banderillas, ni de otra especie.</p>
-
-<p>Tambien se parea á cuarteo de otros modos, como es poniéndole los dos
-<i>parches</i> en la frente, para lo cual es necesario que los dos brazos
-pasen por cima del testuz, el cual modo es muy bonito, y mas facil que
-el antecedente: otras veces se pone un <i>parche</i> en la frente del modo
-que dije se ponia uno solo, y el otro en el morrillo ó en otra parte,
-pues los <i>parches</i> se pueden poner en todos sitios, como se tenga
-cuidado de guardar simetría en su situacion, aun en los colores. No
-obstante, las suertes mas lucidas de ellos son en la cabeza y en la
-cara.</p>
-
-<p>Para <i>parchear á la media vuelta</i>, <i>al sesgo y al recorte</i>, se
-observarán exactísimamente las reglas que para las banderillas de estas
-clases hemos dado, y se pareará ó no, segun sea el toro y la suerte que
-se elija, adviniendo que en todas se puede parear con<span class="pagenum"><a name="page_155" id="page_155">{155}</a></span> seguridad en
-teniendo el diestro de su parte todos los requisitos necesarios. No
-obstante, será temeridad emprender esta suerte con aquellos toros cuyas
-propiedades los llevare á las clases que merecen cuidado, no porque
-observando rigorosamente lo espuesto pueda el diestro llevar una cogida,
-sino porque siendo poco frecuente hallar toreros que reunan al
-conocimiento preciso de las reglas la perfeccion en ejecutar las
-suertes, en virtud de la exacta y oportuna aplicacion de aquellas, de
-ahí es que no cumpliria con mi deber sino hiciese esta advertencia. Por
-tanto, debo prevenir que ahora y siempre que en el discurso de esta obra
-se vea otra advertencia semejante, se entienda como una precaucion, y no
-mas, para que los toreros visoños y poco diestros no vayan cegados por
-su amor propio y guiados por mis preceptos á emprender unas suertes de
-cuya ejecucion quizás serán víctimas, pues para que sea feliz se
-necesita reunir en muy alto grado las propiedades indispensables á todo
-torero.</p>
-
-<p>Cuando estan los toros levantados son muy buenas las suertes á
-<i>cuarteo</i>, <i>á pecho</i> y al <i>recorte</i>. El estado de parados es el mas á
-propósito para la media vuelta. Y por último, en el de aplomados es
-cuando únicamente se les hará la suerte al sesgo. Sin embargo, se podrán
-tambien hacer las primeras en todos estados, en teniendo cuidado de
-ar<span class="pagenum"><a name="page_156" id="page_156">{156}</a></span>reglarlas á las circunstancias. Pero la última (al sesgo) no se hará
-de ninguna manera en otro estado que en el que se ha dicho, pues se
-correria un grande riesgo.</p>
-
-<h3>CAPITULO XI.<br /><br />
-<i>De la suerte de muerte.</i></h3>
-
-<p><i><span class="letra">L</span>a suerte de muerte</i> es la mas lucida que se ejecuta, es tambien la mas
-dificil, y por consiguiente merece tratarse con mucha detencion. Se
-puede decir que tiene dos partes, que son: <i>los pases de muleta</i>, y <i>la
-estocada</i>, y asi las esplicaremos separadamente.</p>
-
-<h4>PRIMERA PARTE.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De los pases de muleta.</i></p>
-
-<p>Para pasar al toro con la muleta se situará el diestro como para la
-suerte de capa, esto es, en la rectitud de él, y teniendo aquella en la
-mano izquierda y hácia el terreno de afuera: en esta situacion lo
-citará, guardando la proporcion de las distancias con arreglo á las
-piernas que le advierta, lo dejará que llegue á jurisdiccion y que tome
-el engaño, en cuyo momento le cargará la suerte y le dará el remate por
-alto ó por bajo, del mismo modo que con la capa, advirtien<span class="pagenum"><a name="page_157" id="page_157">{157}</a></span>do que si es
-el toro boyante se puede tener la muleta enteramente cuadrada, y siempre
-la tomará cumplidamente, pues como ya hemos dicho, estos toros, aunque
-muy bravos, constantemente van por su terreno, y estando en él la muleta
-tanto mas cuanto se haya cuadrado, la toman y rematan muy á placer, y
-tanto que ni aun precisan al diestro á mudar de terreno, pues solo es
-necesario perfilarse al cargarles la suerte, y al rematarla dar otro
-cuarto de vuelta, con lo que se completa la media necesaria para volver
-á quedar de cara á él. A este modo de jugar la muleta se llama <i>pase
-regular</i>, para distinguirlo del de <i>pecho</i>, que es aquel que es preciso
-dar en seguida del <i>pase regular</i> cuando el toro se presenta en suerte y
-el diestro no juzga oportuno armarse á la muerte. Digo que es preciso
-dar entonces el <i>pase de pecho</i>, porque el salirse de la suerte y buscar
-otra vez proporcion para el <i>pase regular</i> es deslucido, pues da idea ó
-de miedo ó de poca destreza, y el cambiar la muleta á la mano de la
-espada, para que estando en el terreno de afuera se le pueda dar el
-<i>pase regular</i>, aun cuando no es mal visto no es tan airoso: por tanto
-aconsejo que siempre que despues del <i>pase regular</i> quede el toro en
-suerte para el de <i>pecho</i> se le haga, pues es muy bonito y mas seguro
-que el <i>regular</i>, como veremos se deduce del modo de practicarlo, que es
-asi:<span class="pagenum"><a name="page_158" id="page_158">{158}</a></span> puesto el toro en suerte, y teniendo el torero el brazo de la
-muleta hácia el terreno de adentro, se le hace indispensable para
-pasarlo sin hacer un cambio perfilarse hácia el de afuera, y adelantar
-hácia este mismo terreno el brazo de la muleta, con lo cual queda esta
-delante y un poco afuera del cuerpo, y en la rectitud del toro, en la
-cual disposicion se le cita, se deja venir por su terreno sin mover los
-pies, y despues que haya llegado á jurisdiccion y tomado el engaño, se
-le hará un quiebro y se le cargará bien la suerte, para que pase
-bastante humillado por el terreno del diestro, que cuando el toro tenga
-bien engendrada la cabezada y vaya fuera del centro, rematará la suerte
-con algunos pasos de espaldas; de modo que al sacar la muleta estará
-enteramente fuera del sitio del achazo. Este <i>pase</i> es muy seguro y muy
-lucido, y aunque algunos creen que por no poderse jugar la muleta en él
-con el desembarazo que en el regular tiene menos seguridad, padecen en
-esto una equivocacion: sea de la clase que quiera el toro con que se
-haga esta suerte, como que no se apartan en ella el engaño y el cuerpo,
-se le reduce á un solo objeto, evitando asi la colada, que es muy
-posible en el <i>pase regular</i>, y el lucimiento del de <i>pecho</i> es mayor en
-atencion á lo unidos que estan el diestro y el toro.</p>
-
-<p>Los dos <i>pases</i> de muleta que hemos es<span class="pagenum"><a name="page_159" id="page_159">{159}</a></span>plicado se pueden hacer con mucha
-facilidad, seguridad y lucimiento, á los toros revoltosos, sin tener mas
-cuidado que al rematar la suerte alzar mucho el engaño para que rematen
-bastante fuera y den lugar á prepararse á la segunda. Tambien se tendrá
-cuidado de dar al remate de las suertes algunos pasos de espalda por la
-misma razon que he dicho se alce el engaño.</p>
-
-<p>No hay peligro ninguno en dejarles todas las piernas á estos toros y á
-los boyantes, antes bien siempre se procurará conservarlas para que sean
-mas lucidas las suertes.</p>
-
-<p>Los toros que se ciñen se cuelan con mucha frecuencia en el <i>pase
-regular</i> de muleta, lo cual se debe evitar cuidadosamente por lo que
-tiene de peligroso, y que á buen escapar se hace la suerte arrollada.
-Para pasarlos con seguridad y lucimiento se situará el diestro como ya
-he dicho anteriormente, con la sola diferencia de no tener la muleta
-cuadrada, si no en direccion oblicua, de modo que la cara de ella que en
-la primera posicion era anterior, en esta, aunque mira tambien hácia
-adelante, está inclinada hácia el terreno de adentro, y por consecuencia
-la que antes fue únicamente posterior, aunque ahora lo es, sin embargo
-corresponde al terreno de afuera: puesta asi la muleta, se debe
-adelantar algo al cuerpo, perfilando este un poco hácia el terreno de
-adentro, la cual<span class="pagenum"><a name="page_160" id="page_160">{160}</a></span> postura es mucho mas airosa que la de tenerla
-cuadrada. En esta disposicion se cita al toro, y luego que arranca y
-llega á jurisdiccion se le tiende la suerte como dije se hacia con la
-capa, y si á pesar de todo se ve que va á pisar en el terreno del
-diestro, se adelanta el engaño, se hace un quiebro, se carga la suerte,
-y se pasa á ocupar el centro que él va dejando, con lo cual se concluye
-con la mayor seguridad, y dando un par de pasos se queda preparado para
-el <i>pase de pecho</i>, que es segurísimo con estos toros no menos que con
-los anteriores, no siendo tampoco peligroso dejarles todas las piernas.</p>
-
-<p>Para poder pasar con seguridad los toros que ganan terreno se hace
-indispensable quitarles todas las piernas, para que pueda el diestro
-írseles sobre corto, donde apenas tengan tierra que ganar, y cuanto dan
-dos pasos llegan á jurisdiccion. Ademas, será muy oportuno el poner la
-muleta oblicua como ya he dicho para los que se ciñen, por estar en muy
-buena proporcion para hacer la mejora del terreno, lo cual se efectuará
-felizmente siempre que ademas de todo lo espuesto se tenga la precaucion
-de adelantarse un poco para recibirlos en jurisdiccion, empaparlos en el
-engaño, y rematar la suerte igual en un todo que á los que se ciñen.
-Cuando el toro que gana terreno tiene piernas, se hace indispensable que
-el diestro se prepare mucha<span class="pagenum"><a name="page_161" id="page_161">{161}</a></span> tierra, y que lo cite sobre largo para
-poder verificar la mejora del sitio, lo cual se hará con mucha rapidez
-adelantándose lo suficiente para hacer que el toro tome el engaño sin
-detenerle y sin ganar terreno, y teniendo mucho cuidado al rematar la
-suerte, pues es muy frecuente verlos volverse con la prontitud que un
-revoltoso, por lo cual sin apartarse mucho del centro se quedará armado
-para el <i>pase de pecho</i>, que haciéndolo en seguridad <i>regular</i> y sobre
-corto es bastante seguro. He advertido que para el <i>pase de pecho</i> se
-aparte el diestro poco del centro, con el fin de hacerlo sobre corto,
-porque si el toro se vuelve pronto y lo ve tan cerca, hará por él con
-mucha presteza sin ganarle terreno por lo inmediato que está, y le dará
-una suerte tan lucida como un boyante; y esto no pudiera verificarse
-poniéndose sobre largo, pues el toro se repondria con tiempo y
-arrancaria con su natural ligereza ganando terreno, y pondria al diestro
-en bastante críticas circunstancias, pues mediante la disposicion en que
-quedó de la suerte anterior, tiene poco terreno para hacer la mejora del
-sitio, y está muy espuesto á ser arrollado junto á las tablas. Si viendo
-que el toro se le cuela hace el cambio, como su remate natural es el
-terreno de afuera, puede embrocarlo por la espalda al concluir la
-suerte, lo que sucederá siempre en virtud de las pier<span class="pagenum"><a name="page_162" id="page_162">{162}</a></span>nas del toro, y
-finalmente, si cambia la muleta á la mano de la espada para darle el
-<i>pase regular</i> por la derecha, tiene la misma contra del <i>pase de pecho</i>
-sobre largo, esto es, que siendo segunda suerte puede quedar poco
-terreno para hacer la mejora. Por último, sea regla general en estos
-toros que despues del <i>pase regular</i> la suerte que se les haga sea
-siempre sobre corto, y citándolos al instante, pues como vinieron la
-primera ganando terreno, y al concluir pisaban casi en el de adentro,
-sufren poco, y como tienen piernas se reponen y vuelven con la facilidad
-y prontitud que un revoltoso: si ven al diestro muy cercano arrancarán
-con mucho ahinco y sencillez haciendo la suerte para que estaba armado
-del mismo modo que la res mas sencilla. En este caso el remate siempre
-es bastante largo, proporcionándolo el mismo toro por sus muchas
-piernas.</p>
-
-<p>Los toros de sentido son muy malos para la suerte de muleta, porque como
-su remate, aun cuando tomen el engaño, es sobre el cuerpo, y este se
-separa mucho de aquella en esta suerte, el toro, que lo distingue
-perfectamente y lo advierte dentro, corta el terreno, desprecia el
-engaño y se dirije á él, haciendo muy próximo el peligro. No obstante se
-lidiarán con toda seguridad en observando rigorosamente lo que sigue. La
-muleta que para los toros boyantes y revoltosos<span class="pagenum"><a name="page_163" id="page_163">{163}</a></span> vimos se podia cuadrar,
-y que era necesario poner oblicua con los que se ciñen y ganan terreno,
-para los de sentido es necesario absolutamente perfilarla: sus caras
-serán, una esterna, que mirará al terreno de afuera, y otra interna, que
-por consiguiente dará al de adentro. Con esta precaucion, y la de no
-haberle dejado las piernas, podrá el diestro hacerle la suerte sin
-peligro alguno de este modo: citará al toro, el cual no viendo mas que
-un solo objeto, tiene que reducir su intencion á él, llega á
-jurisdiccion y se encuentra con el engaño, que perfilado delante del
-cuerpo del diestro no le permite llegar á él sin que antes lo tome; este
-habrá tenido parados los pies hasta el punto que haya tomado el engaño,
-pues las pocas piernas del toro se lo permiten bien, y en este tiempo
-metiéndose en su terreno le cuadra la muleta, dejándolo empapado en ella
-y sin poder ver el lado por donde se le huye el bulto, con lo cual, y
-con dar el remate cuando ya esté fuera del centro, sacando la muleta por
-alto, concluirá la suerte con seguridad y limpieza. Yo, aunque conozco
-que se puede ejecutar, no aconsejo que se haga el <i>pase de pecho</i> con
-estos toros, pues es bastante dificil verificarlo con desembarazo y
-perfeccion. Sin embargo, repito que se puede ejecutar, pero sea con
-todas las precauciones imaginables, y por las reglas que para los que
-ganan terreno hemos<span class="pagenum"><a name="page_164" id="page_164">{164}</a></span> dado, advirtiendo que no tendrá éxito la suerte
-sino se cubre perfectamente el cuerpo con el engaño para que no pueda
-distinguirlo y rematar sobre él.</p>
-
-<p>Los toros abantos son bastante buenos para los <i>pases de muleta</i> cuando
-son de los brabucones, ó bien de los que se quedan cerniendo en el
-engaño, pues los primeros solo pueden dar cuidado en la suerte de capa,
-porque como ya he dicho, suelen rebrincar al tomarlo, y el diestro, como
-que está en el mismo terreno, puede ser arrollado, pero con la muleta no
-hay ese riesgo, pues está cuadrada y en otro terreno que el bulto, de
-suerte que aun cuando rebrinquen no pueden arrollarlo. Cuando el toro
-que se va á pasar de muleta es de los que se quedan cerniendo en el
-engaño (lo cual se conoce por las suertes que hayan precedido) se tendrá
-un igual cuidado en no mover los pies hasta que ó lo tome, ó se escupa
-fuera, porque de lo contrario el menor movimiento le azora, y se sale
-huyendo, frustrando la suerte que quizás hubiera hecho no habiéndose
-movido, ó lo que tambien suele suceder, meterse atolondrado por el
-terreno del diestro y llevarlo por delante.</p>
-
-<p>Estos toros por su cobardía precisan á que se les lidie con gran
-cuidado, y tanto mayor cuanto mas grande es su miedo: asi es que los
-abantos, que segun dijimos en su lu<span class="pagenum"><a name="page_165" id="page_165">{165}</a></span>gar tienen mas miedo, se deben
-torear con la muleta del modo que los de sentido, estando muy sobre sí
-para si alguna vez, lo que no es muy raro, se meten por el terreno de
-adentro, cambiar la muleta con prontitud, ó bien hacerles el <i>pase de
-pecho</i> dándoles las tablas y echándose el diestro á la plaza: esto no es
-espuesto con ellos aun cuando no tengan querencia alguna con los
-tableros, pues el meterse por el terreno de adentro no es efecto ni de
-malicia, ni de querencia, ni de otra cosa mas que de miedo, y conforme
-salvan el bulto que tienen delante siguen con el viaje sin revolverse
-para hacer por él; de manera que el peligro que se corre no es otro mas
-sino meterse por el terreno que el toro elige para huir formando un
-contraste en que se puede padecer, pues si bien es verdad que no harán
-por el diestro cuando lo vean en el suelo por haberlo arrollado en el
-contraste, tambien lo es que lo pueden lastimar de un pezuñazo, de una
-cabezada, ó de una cornada que casualmente le diesen al cogerlo, las
-cuales cornadas aunque son dadas de miedo tienen los mismos efectos que
-cualquiera otra.</p>
-
-<p>Para <i>pasar de muleta</i> á los toros burri-ciegos se observarán las reglas
-mismas que dimos para las suertes de capa, cuadrándoles ó no la muleta,
-segun que aparezcan sencillos ó de sentido.<span class="pagenum"><a name="page_166" id="page_166">{166}</a></span></p>
-
-<p>Finalmente, los toros tuertos se pueden <i>pasar de muleta</i> de dos modos,
-esto es, ya con la vista al terreno de adentro ó al de afuera. Cuando
-está el toro del primer modo es algo dificil rematar la suerte bien,
-porque casi siempre parten ganando terreno, pues para que vean bien la
-muleta es necesario meterla un poco en el de adentro, y el diestro queda
-por consiguiente mucho mas dentro, por lo que el toro tiene con
-precision que ganar terreno. No obstante, la suerte se puede hacer
-situándose en la rectitud, pues aunque el toro no vea asi bien la
-muleta, arrancará por su terreno, y asi que llegue á jurisdiccion, con
-tal que el diestro la adelante para recibirlo, y le haga el quiebro que
-al que se ciñe, rematará la suerte con felicidad.</p>
-
-<p>Cuando tengan la vista hácia el terreno de afuera la suerte es muy
-segura, pues sea el toro de la clase que quiera su remate es siempre por
-el lado que ve, y siendo el otro el del diestro, nunca puede concluir
-sobre él. Los <i>pases de pecho</i> se pueden hacer á los toros tuertos sin
-peligro ninguno, principalmente cuando quedan con la vista fuera, como
-ya se debe inferir.</p>
-
-<p>La suerte de muleta es bastante facil de por sí, como ya hemos visto,
-pero la hace muy dificil la circunstancia de ser la última que en la
-plaza se ejecuta, pues generalmente hablando, cuando va el diestro á
-practi<span class="pagenum"><a name="page_167" id="page_167">{167}</a></span>carla está el toro aplomado, en querencia, y por sencillo que
-sea, con alguna intencion; todo lo cual hace que sea necesario mucha
-inteligencia y precaucion para que el éxito sea el que se quiere; y con
-este mismo objeto voy á hacer algunas advertencias de no menor utilidad
-que las reglas precedentes.</p>
-
-<p>Cuando se vaya á <i>pasar de muleta</i> un toro que esté aplomado, y que
-conserve piernas bastantes, se adelantará mucho la muleta del cuerpo, ya
-oblicuándola ó perfilándola, segun sea necesario, y esto no por otra
-razon mas sino porque siendo preciso para que arranque citarlo sobre
-corto, y conserva todavía muchas piernas, si el diestro tiene la muleta
-cuadrada en la misma direccion que el cuerpo, y el toro aunque en la
-salida demostró ser boyante, arranca ahora ciñéndose, ganando terreno, ó
-rematando en el bulto, dará irremediablemente una cogida, que no daria
-teniendo la muleta delante, por las razones que hemos dicho hablando de
-estos toros en la suerte que nos ocupa.</p>
-
-<p>Ademas, que el toro que conservando piernas bastantes se aploma, aun
-cuando haya sido muy boyante, ya no debe considerarse como tal, pues el
-haberse aplomado será efecto ó de ir tomando intencion, ó de tener
-querencia al sitio donde está, y de un modo ó de otro no debe ya
-torearse como boyante, pues esto es una verdadera transformacion.<span class="pagenum"><a name="page_168" id="page_168">{168}</a></span> Asi
-es, que el diestro para pasarlo deberá hacer que se lo corran antes, y
-de ninguna manera lo pasará en el sitio en que esté, ni aun usando de la
-precaucion de adelantar la muleta, pues esta es para cuando hayan
-corrido al toro, y esté fuera del puesto en que estaba: en este caso lo
-podrá pasar con toda seguridad, porque no necesitará citarlo tan sobre
-corto como hubiera sido necesario para hacerle arrancar en su querencia,
-pues asi debe ya considerarse el sitio en que estaba primero; siendo
-ademas sumamente espuesto el remate de la primera suerte, por tener que
-concluirla el diestro sobre la misma querencia de un toro que
-conservando piernas ha tenido que citarlo sobre corto, y que arrancó
-ciñéndose, ganando terreno, ó rematando en el bulto: circunstancias
-todas tan contrarias al buen éxito de la suerte, que de cien que se
-hagan con ellas, en las noventa y nueve habrá cogida.</p>
-
-<p>Cuando el toro está aplomado, con piernas aun, y es de los que merecen
-torearse con precaucion, será indispensable hacer que á fuerza de
-capotazos y de trastearlo los chulos se las quiten, y lo pongan en
-situacion de hacer suerte con él.</p>
-
-<p>Los toros que haya visto el diestro que en las suertes anteriores, y
-principalmente en la de banderillas, no solo se tapaban, sino que
-continuamente tiraban derrotes y corna<span class="pagenum"><a name="page_169" id="page_169">{169}</a></span>das sobre alto para desarmar, los
-deberá pasar muchas veces, dejándolos llegar bien á la muleta, y
-bajándola mucho al cargar la suerte para que humillen bastante, lo cual
-es importantísimo, pues sino lo hace, y van á la muerte con este
-resabio, lo desarmarán, quedándose parados en el centro, donde será un
-milagro que no le den una cogida.</p>
-
-<p>Finalmente, cuando el diestro vea que el toro es de cuidado, y tema que
-se le cuele ó se le revuelva muy pronto, y le dé una cogida, pondrá en
-el terreno de afuera á otro de los chulos, para que cuando llegue á
-jurisdiccion, y vaya á tomar la muleta, eche el capote, con lo que
-distraido por ambos engaños no se cuela, y tampoco se revuelve, porque
-el chulo no saca el capote cuando el diestro la muleta, sino despues que
-ya aquel esté preparado para recibirlo; siendo obligacion suya volver el
-toro por el terreno de afuera, y ponerle en disposicion de que el
-diestro pueda ejecutar con él la suerte para que se ha preparado; por lo
-cual debe este chulo ser el mas inteligente.</p>
-
-<p>Esto se ha hecho ya tan frecuente, que siempre que se va á <i>pasar de
-muleta</i> un toro, por sencillo que sea, se lleva el capote al lado, pero
-esto es un abuso; y cuando el toro es de los boyantes y tiene piernas,
-en vez de servir el capote de provecho, es dañoso, porque estando el
-chulo en el terreno de la res<span class="pagenum"><a name="page_170" id="page_170">{170}</a></span> lo ve en su remate, lo seguirá, y por mas
-que el diestro lo cite no volverá á hacer la suerte que sin el capote se
-hubiera efectuado. Por lo tanto, debe omitirse éste cuando las reses son
-sencillas, en cuyo caso el diestro mismo con sola la muleta los podrá
-volver y preparar para segunda suerte: esto es sumamente bonito, y de no
-poco mérito, pues son muy pocos los que saben recoger asi los toros.</p>
-
-<h4>SEGUNDA PARTE.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De la estocada de muerte.</i></p>
-
-<p>La estocada de muerte, que he considerado como segunda parte de esta
-suerte, es la que esencialmente la constituye, no siendo los pases de
-muleta mas que una preparacion, digamos asi, para ella. En efecto,
-alguna vez los pases en vez de ser útiles, son perjudiciales, por lo
-cual se deberán omitir en los casos que luego marcaré. Pero tambien es
-evidente que el acto mismo de dar muerte al toro se debe considerar como
-un verdadero pase de pecho, aunque como la esperiencia lo acredita se
-puede matar sin tener muleta ni capote, ni clase alguna de engaño; pero
-esto no puede verificarse, como luego veremos, sino con las reses
-sencillas.<span class="pagenum"><a name="page_171" id="page_171">{171}</a></span></p>
-
-<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del modo de matar los toros, recibiéndolos.</i></p>
-
-<p>Para matar, pues, á un toro boyante se situará el matador, despues de
-haberlo pasado las veces que le haya parecido, en la rectitud del toro,
-á la distancia que le indiquen las piernas de él, con el brazo de la
-espada hácia el terreno de afuera, el cuerpo perfilado igualmente á
-dicho terreno, y la mano de la espada delante del medio del pecho,
-formando el brazo y la espada una misma línea, para dar mas fuerza á la
-estocada, por lo cual el codo estará alto, y la punta de la espada
-mirando rectamente al sitio en que se quiere clavar. El brazo de la
-muleta despues de haberla cogido un poco sobre el palo en el estremo por
-donde está asido, lo que se hace con el doble objeto de reducir al toro
-al estremo de afuera, que es el desliado, y de que no se pise, se pondrá
-del mismo modo que dijimos para el pase de pecho, en la cual situacion,
-airosísima por sí, cita al toro para el lance fatal, lo deja llegar por
-su terreno á jurisdiccion, y sin mover los pies, luego que esté bien
-humillado, meterá el brazo de la espada que hasta este tiempo estuvo
-reservado, con lo cual marca la estocada dentro, y á favor del <i>quiebro
-de muleta</i> se halla fuera<span class="pagenum"><a name="page_172" id="page_172">{172}</a></span> cuando el toro tira la cabezada. Este modo de
-matar, que es el mas usado, y muy bonito, se llama á <i>toro recibido</i>.</p>
-
-<p>Los toros boyantes se matan de esta manera con mucha facilidad y sin
-ningun peligro, pues ellos van por su terreno mas bien fuera que dentro,
-y tanto, que es necesario al citarlos hacerles un envite con la muleta
-hácia el cuerpo, pues si no se desunen mucho en el centro, y no puede el
-diestro dominarlos bien, ni darles la estocada dentro, de lo que resulta
-muchas veces atravesarlos, lo que es muy deslucido. Asi es que se hace
-indispensable llamarlos bien al centro, para que entren ceñidos, y que
-la suerte salga bien hecha; y esto es á lo que los toreros llaman
-<i>embraguetar los toros</i>.</p>
-
-<p>A estos de que hablamos y á los revoltosos se les puede hacer esta
-suerte dejándoles todas las piernas, siendo ademas muy bonito con los
-últimos pasarlos muchas veces seguidas, alternando el pase regular con
-el de pecho, y en uno de estos darles la estocada, todo lo cual hecho
-con mucha prontitud, como es necesario por la rapidez con que se
-vuelven, constituye la suerte mas bonita de matar, pues aun teniendo
-dada ya la estocada se les sigue trasteando con la muleta hasta que
-caen.</p>
-
-<p>Esto mismo, aunque puede hacerse con otros toros en teniendo habilidad
-para reco<span class="pagenum"><a name="page_173" id="page_173">{173}</a></span>gerlos, y que queden preparados á segunda suerte, nunca es tan
-completo como con los revoltosos, porque estos en virtud de su índole
-particular se prestan para este modo de suerte de una manera muy
-ventajosa para el matador. Yo los reputo por los mejores.</p>
-
-<p>Los toros que se ciñen son escelentes para esta suerte, y se les puede
-hacer dejándoles todas las piernas, porque como, segun se ha visto, el
-ceñirse es cualidad favorable para la muerte, rematarán la suerte con
-mas lucimiento conservando las piernas que teniéndolas perdidas, y la
-seguridad es la misma en ambos casos. Lo que debo advertir es que no se
-les cite como á los boyantes hácia el centro, pues ellos lo buscan, y si
-desde el principio se inclinan á él podrán llegar á embrocar. Esto se
-consigue con solo no doblar el codo izquierdo, pues quedando el brazo
-derecho, aparta lo que debe la muleta, que en todo caso es regla general
-tenerla muy baja para que el toro humille bien.</p>
-
-<p>Los toros que ganan terreno son muy dificiles de matar, principalmente
-cuando conservan piernas; pero sin embargo, el diestro que armado del
-valor y conocimiento necesarios intente hacerles esta suerte del modo
-que diré, saldrá felizmente de su empresa.</p>
-
-<p>Si no tienen piernas se situará el diestro bastante corto, con lo cual
-se les quita terre<span class="pagenum"><a name="page_174" id="page_174">{174}</a></span>no que cortar, y la suerte será, aunque muy ceñida,
-segura, siempre que se les haga un quiebro grande de muleta y no se
-tarde en salirse del centro. Pero cuando conservan las piernas se
-necesita mucha precaucion: entonces es necesario situarse sobre largo,
-pero á pesar de esto lo menos largo posible, pues se corre menos riesgo
-en situarse un poco corto que largo por dejarle al toro mucho terreno
-que cortar, y es la razon que en este último caso llega á formar el
-centro de la suerte atravesado, y sin dejar tierra al diestro para
-rematarla, de modo que pisando ambos un mismo terreno, y siendo por
-consiguiente uno el remate, solo se librará de una cogida cuando sus
-pies superen á los del toro. Situado, pues, el diestro como he dicho, lo
-cita, y luego que le arranque, si ve que no le gana mucho terreno, se
-irá mejorando á la par de él, de modo que habiéndose preparado
-suficiente tierra, cuando llega á jurisdiccion se forma el centro cual
-se desea para el feliz remate de la suerte, que en todas sus partes se
-hará por las reglas establecidas para estos toros cuando estan sin
-piernas. En el caso que el diestro conozca que por venir el toro ganando
-mucho terreno puede resultar el centro atravesado, entonces el recurso
-que hay es salirle con prontitud al encuentro, formando el centro de la
-suerte en el mismo de las distancias, y conforme ponga la espada hará<span class="pagenum"><a name="page_175" id="page_175">{175}</a></span>
-un buen quiebro para acabar de clavarla, y salir con pies.</p>
-
-<p>Esta suerte, que como se ve por su esplicacion participa de la de <i>toro
-recibido</i> y de la de <i>vuela pies</i>, es el único modo que hay para matar
-con seguridad los toros que ganan terreno y conservan piernas: su
-ejecucion es muy dificil, por ser necesario embrocar para marcar dentro
-la estocada, hacer un quiebro grande y violento para salir de embroque,
-concluir la estocada y salir con pies, todo en un momento, y en un
-centro tan pequeño y tan veloz como es el que se forma por la union de
-las direcciones opuestas que el diestro y el toro traen en sus viajes.
-Por tanto, recomiendo su ejecucion á los matadores que se conozcan con
-pies y ligereza para efectuar estos movimientos, y que al mismo tiempo
-esten dotados de suficiente resolucion; y por el contrario, se la
-prohibo á todo aquel en quien no militen las circunstancias dichas, los
-cuales siempre que tengan que matar un toro de esta clase deberán hacer
-que le quiten las piernas.</p>
-
-<p>Muchas veces he visto matar estos toros dando el diestro pasos de
-espalda (pero sin desarmarse) á la par que el toro los va dando y
-ganándole el terreno, con lo que se hace que se enmiende y tome el de
-afuera, y en caso que no obedezca y siga cortando tierra, se le da el
-pase regular trocado, y proporcio<span class="pagenum"><a name="page_176" id="page_176">{176}</a></span>na una buena suerte. Tambien he visto
-en este mismo caso que algunos matadores cuando estaba el toro para
-entrar en jurisdiccion le alzaban la muleta desliada, y la bajaban con
-prontitud poniéndola en el terreno que le corresponde, con cuyo espanto
-el toro se detiene un poco observando la muleta, y al caer como está tan
-cerca hace por ella, y el diestro aprovecha este momento, lo coge en la
-humillacion, le da la estocada y sale con pies. Constantemente he visto
-buen éxito en esta suerte, y aconsejo que siempre que el matador se vea
-en el caso de ir á formar el centro atravesado, por no haberse enmendado
-ni haber salido al encuentro del toro, intente hacerla, que sino
-siempre, las mas veces le proporcionará una suerte segura y brillante,
-en vez de otra que cuando mas feliz será arrollada.</p>
-
-<p>Los toros de sentido son los mas dificiles para esta suerte: rara vez se
-pueden matar recibidos, porque no la hacen buena, y aunque el diestro la
-intente nunca será cual es en sí, pues participará como ya diré de la de
-media vuelta. A estos se hace indispensable quitarles las piernas, para
-que el diestro se pueda ir sobre corto, y conforme arranquen y lleguen á
-jurisdiccion les agachará mucho el engaño procurando empaparlos en él, y
-saliendo del centro que traiga el toro le dará la estocada y saldrá con
-pies. Regu<span class="pagenum"><a name="page_177" id="page_177">{177}</a></span>larmente, á pesar de los pocos suyos, el toro se revuelve
-mucho, y como el diestro se salió del centro, y no dió en él la
-estocada, tiene que seguir volviéndose, y buscándole los cuartos
-traseros, para no llegar á embrocar y rematarla, y esta es la razon
-porque dije arriba que nunca esta suerte se les podria hacer á estos
-toros cual es en sí, y que participaba de la de media vuelta. No
-obstante, cuando el diestro esté convencido de los pocos pies del toro
-podrá hacerla algo mas lucida teniendo bien parados los suyos, hasta que
-llegue perfectamente á humillar para recogerlo, y entonces con bastante
-quiebro de muleta vacia el cuerpo del centro marcando en él la estocada,
-y despues que esté fuera se dejará caer sobre el toro para asegurarlo de
-aquella vez, y se saldrá como hemos dicho. De este modo, que no es
-dificil en teniendo serenidad y firmeza para hacer el quiebro á tiempo y
-con ligereza, se logra matar á estos toros recibidos y con mucho
-lucimiento: es tambien muy seguro, porque se le reduce á que haga el
-centro en el sitio correspondiente, pues viendo en él al diestro no
-puede menos que hacer por él, y como por sus pocas piernas permite que
-este no mueva los pies, y lo deje llegar hasta que humille para
-recogerlo, y no puede volverse por faltarle el vigor, marca la estocada
-dentro, y á favor del quiebro vacia el cuerpo, de manera que se halla
-fuera<span class="pagenum"><a name="page_178" id="page_178">{178}</a></span> á la cabezada, y tan seguro como se puede inferir por las pocas
-piernas del toro.</p>
-
-<p>He de advertir que muchas veces estos se matan bien aunque conserven las
-piernas suficientes para dar que temer: el buen éxito que se observa en
-estos casos, que á primera vista parece imposible conseguir, y cuya
-imposibilidad quizás la deducirá alguno de las reglas mismas que dejo
-establecidas y de mis reflexiones sobre ellas, se obtendrá siempre que
-el torero tenga los requisitos que indispensablemente debe reunir para
-apellidarse justamente con este nombre (véase el capítulo 1.º), pues
-poniéndonos en el último resultado que puede dar la suerte mas dificil y
-arriesgada, que es la cogida del diestro, esta no se verificará jamas
-sin que preceda un embroque sobre corto, en el cual es necesario que el
-toro humille para poder usar de las armas que le dió la naturaleza, y en
-esta humillacion, precisa, inescusable, y que no puede dejar de
-verificar, pues es un efecto de su disposicion esencial, se libertará el
-que teniendo un ánimo tranquilo que le deje conocer que á favor de un
-quiebro vacia el cuerpo del sitio en que debe estar para que el toro lo
-enganche, y ademas ligereza para hacerlo, lo practique á tiempo. Por
-consiguiente, ¿qué suerte arredrará ya á ningun torero? No puede el toro
-cogerlo como haga un quiebro. Pero este quiebro no siempre se puede
-hacer á tiem<span class="pagenum"><a name="page_179" id="page_179">{179}</a></span>po, pues no todos los que torean tienen los requisitos
-necesarios en un tan alto punto como se requiere para este grado de
-superioridad.</p>
-
-<p>Por tanto, habiendo suertes que ejecutar con todos los toros de una
-seguridad grande, que siempre está en razon directa de la sencillez de
-aquellas, y de tanto ó mas lucimiento, pues este no se opone á la
-sencillez, sino antes bien se hermana completamente con ella, será una
-vituperable temeridad intentar las que pueden dar un funesto resultado
-en descrédito del arte y de los profesores mismos.</p>
-
-<p>Esta digresion, impertinente para muchos, no lo será para los que
-consideren los funestos resultados que puede tener el no manifestar las
-ventajas y perjuicios que se hallan en las suertes; pero no piensen que
-las presento para cohibir á los verdaderos diestros, y para que sirva de
-disculpa á los ignorantes y cobardes: soy bien conocido en el arte para
-facilitar escusas á los toreros que autoricen su miedo ó su
-holgazanería: mi objeto no es otro, como ya he dicho, que el de hacer
-patente las buenas ó malas consecuencias de las suertes, cuyas reglas
-manifiesto, con el fin de que no se intenten las muy dificiles por los
-toreros poco hábiles, ni por los jóvenes que estando en el principio de
-la práctica del arte, y manifestando una brillante disposicion, intenten
-verificar lo que no puede tener buen resultado<span class="pagenum"><a name="page_180" id="page_180">{180}</a></span> atendiendo á su
-dificultad y á la poca esperiencia de ellos mismos, que guiados por su
-amor propio se arrojan inconsideradamente, hasta que un momento
-desgraciado termina su existencia, y desvanece las fundadas esperanzas
-de los que algun dia se consentian verlos al nivel de los mas diestros
-profesores.</p>
-
-<p>Volviendo, pues, al hilo de mi discurso, digo que siempre se le quiten
-las piernas á estos toros para la muerte, y que se debe tener al lado un
-chulo de bastante conocimiento, el cual metiendo el capote á tiempo
-distraerá al toro del bulto, y tendrá mucha parte en el buen resultado
-de la suerte.</p>
-
-<p>Muchas veces estos toros ganan tambien terreno, y en este caso, ademas
-de todo lo dicho para ellos, se tendrán presentes las reglas que para
-los que ganan terreno hemos dado, haciéndoles la suerte con la mas
-grande precaucion, y tratando de asegurarlos poniéndoles baja la espada.</p>
-
-<p>Los toros abantos se matan muy bien recibidos siempre que arrancan, pues
-nunca se quedan cerniendo en el engaño por estar recogido; pero es
-preciso embraguetarlos mucho, y tener muy reservado el brazo de la
-espada, para no darles la estocada hasta que esten muy en el centro; no
-por otro motivo sino porque ellos son siempre blandos, y si se adelanta
-el brazo y se les pincha antes de es<span class="pagenum"><a name="page_181" id="page_181">{181}</a></span>tar muy metidos en la suerte, hacen
-un corcovo, y se salen de ella.</p>
-
-<p>Los toros abantos, que he dado á conocer con el nombre de bravucones,
-tienen que matarse con algun cuidado, porque como ya he dicho, suelen
-rebrincar al tomar el engaño, lo cual es mucho mas frecuente en la
-suerte de muerte, y tiene el doble riesgo de poder arrollar al diestro y
-lastimarle con la espada; por lo que será muy oportuno salirse del
-centro que ellos traigan, y tener reservado el brazo hasta que humillen,
-que es el tiempo propio de darles la muerte. De este modo se consigue
-que si el toro rebrinca no atropelle al diestro, y que no haga el
-corcovo y se salga de la suerte.</p>
-
-<p>Los burri-ciegos de la primer clase se matarán recibidos de un modo muy
-satisfactorio con solo tener la precaucion de quebrantarles un poco las
-piernas, haciéndoles en lo demas la suerte de la manera que lo pida su
-índole particular. No debe nunca perderse de vista, en caso que el toro
-siendo malo ponga la suerte en disposicion poco favorable, el recurso
-que hay de salirse de ella sin recelo alguno, pues por el defecto que
-tiene en la vista dejará de hacer por el bulto.</p>
-
-<p>Los burri-ciegos de la segunda se pueden matar del modo dicho dejándoles
-ó no las piernas. Si se les dejan, se citan por consiguiente sobre
-largo, que es donde ven mejor,<span class="pagenum"><a name="page_182" id="page_182">{182}</a></span> y suele suceder que se paran poco antes
-de llegar al engaño: esto no es muy frecuente ni de cuidado tampoco,
-pues en hablándoles y acercándoles la muleta rematan la suerte bien.
-Cuando no tienen piernas se les irá muy sobre corto para el cite,
-hablándoles tambien, y haciéndoles la suerte en todo lo demas del modo
-que indique su condicion; pero siempre será bueno tener algo mas
-desliada la muleta para ellos que para las otras clases.</p>
-
-<p>Si dijimos para los de la primera que tenia el diestro un buen recurso
-en salirse de la suerte, en estos por el contrario se necesita un
-cuidado estremado para hacerlo, como ya dije hablando de ellos en la
-suerte de capa, adonde remito al lector para evitar repeticiones.</p>
-
-<p>Los burri-ciegos de la última clase se matarán segun su condicion, sin
-tener que hacer mas sino presentarles la muleta con las mismas
-condiciones que dijimos para la capa.</p>
-
-<p>Los toros tuertos se matan recibidos con mucha facilidad, principalmente
-cuando lo son del ojo izquierdo. No hay peligro en dejarles las piernas
-cuando son boyantes, ó de otra cualquier clase que no sea de cuidado,
-pero se les quitarán siempre que sean de los que pueden dar que recelar.
-Suponiendo que por ser boyante se le han dejado las piernas, y que el
-lado por donde no ve es el derecho, se pondrá el diestro para la muerte
-á la distan<span class="pagenum"><a name="page_183" id="page_183">{183}</a></span>cia regular, lo citará, y luego que arranque lo dejará venir
-por su terreno hasta que entre en jurisdiccion, y entonces, metiendo la
-muleta en el terreno del toro para buscarle el ojo por donde ve, y
-haciendo el quiebro correspondiente, dará la estocada, y rematará la
-suerte del modo anteriormente esplicado.</p>
-
-<p>Lo que he advertido de meter la muleta en el terreno del toro para que
-la vea no se crea que es indiferente, pues en ello consiste en gran
-parte el buen resultado de la suerte: si no se hace, el toro, que ve
-desaparecer casi del todo el bulto que tenia delante, se revuelve hácia
-el lado tuerto con una estraordinaria prontitud, y aunque tenga clavada
-ya la espada, si el diestro se quedó parado, lo cual es muy probable por
-lo mismo de ser tuerto el toro, podrá sufrir un embroque, del que no
-siempre saldrá con felicidad.</p>
-
-<p>Tambien los toros tuertos del ojo izquierdo se matan con mucha facilidad
-siempre que sean boyantes, y aunque conserven piernas; pero es necesario
-con ellos tener muy bien parados los pies, y cuando lleguen á
-jurisdiccion hacerles humillar mucho y pronto, bajándoles la muleta, y
-haciéndoles un buen quiebro para vaciar el cuerpo del centro en que se
-habrá ya marcado la estocada.</p>
-
-<p>Aunque como ya he dicho no hay peligro<span class="pagenum"><a name="page_184" id="page_184">{184}</a></span> en dejarles las piernas á estos
-toros, sin embargo no será inútil quitárselas, pues se revuelven
-muchísimo, por razon de que ven muy bien la huida del diestro, y no se
-pueden distraer por el otro lado, que es el tuerto, de manera que en
-teniendo muchas piernas pueden deslucir la suerte con peligro del
-torero. Es sin embargo rarísimo, y solo sucede cuando son toros muy
-codiciosos y malos; pero las demas clases de tuertos rematan lo mismo
-que los mas boyantes, y mucho mas si van bien castigados del hierro.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO II.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De la estocada á vuela pies.</i></p>
-
-<p>Joaquin Rodriguez (vulgo) Costillares hizo inmortal su nombre entre los
-toreros y aficionados no solo por su destreza poco comun, y su profundo
-conocimiento, sino por la invencion de la estocada á vuela pies.</p>
-
-<p>En efecto, esta nueva suerte, que vino á enriquecer la tauromaquia, es
-digna por sí de los mayores elogios, y no deja perder de vista la
-maestría de su autor. Sin ella no tendriamos recursos para matar ciertos
-toros que por su intencion ó por su estado particular no arrancan, ni se
-prestan á suerte alguna, y que se quedarian vivos, ó moririan de un modo
-poco agradable, mientras que por ella<span class="pagenum"><a name="page_185" id="page_185">{185}</a></span> se matan del modo mas brillante y
-satisfactorio.</p>
-
-<p>Es susceptible de hacerse con toda clase de toros, siempre que se hallen
-en el estado de aplomados, único oportuno para ejecutarla con toda
-seguridad.</p>
-
-<p>El modo de practicarla es muy sencillo, pues consiste en armarse el
-diestro para la muerte sobre corto, por razon de que el toro no arranca,
-lo cual es requisito preciso para la suerte, que por esto tambien la
-llaman algunos <i>á toro parado</i>: estando pues armado asi, se espera el
-momento en que el toro tenga la cabeza natural, y yéndose con prontitud
-á él se le acercará la muleta al hocico bajándola hasta el suelo para
-que humille bien y se descubra, hecho lo cual se mete la espada saliendo
-del centro con todos los pies.</p>
-
-<p>Por medio de esta suerte, no muy dificil, como se ve, se dan las mejores
-estocadas, y en el dia puede afirmarse sin riesgo de errar que no hay
-otra mas segura, siempre que se haga con todas las precauciones que el
-grado de perfeccion á que el arte ha llegado hace considerar como
-indispensables.</p>
-
-<p>Cuando Joaquin Rodriguez inventó esta suerte no estaba la tauromaquia en
-posesion de tantos descubrimientos útiles ni tantas exactas
-observaciones como en el dia, por lo que dicha suerte no tenia la
-seguridad y el lucimiento que ahora. Para convencernos de<span class="pagenum"><a name="page_186" id="page_186">{186}</a></span> esta verdad
-no es preciso sino atender al estado presente del arte, que enriquecido
-con los preceptos que la práctica sobresaliente de tanto profesor hábil
-le ha prodigado, está bajo un pie mucho mas sabio y mas exacto que en
-los tiempos mismos en que florecieron estos genios de la tauromaquia,
-que tanto la impulsaron hácia la cima de su perfeccion. Asi es que esta
-suerte se resentia en cierto modo de la rudeza de aquel tiempo, y quizás
-sea esta la causa de las cogidas que se han verificado en ella.
-Efectivamente, en el dia ningun matador que tenga un mediano
-conocimiento y una regular destreza sufrirá cogida en dicha suerte si la
-hace con las condiciones que son precisas y necesarias para su buen
-resultado. Estas condiciones son: la primera, el estado aplomado del
-toro; la segunda, la igualdad de sus pies; y la tercera, la atencion á
-su vista. Sin estas condiciones la suerte es peligrosa, aunque infinitas
-veces haya dado un feliz resultado.</p>
-
-<p>El estado aplomado del toro es absolutamente indispensable para
-verificar con seguridad una suerte que se funda en su completa
-inmovilidad. Son funestísimos los resultados que acarrearia el desprecio
-de este precepto. Si por no estar verdaderamente aplomado arranca hácia
-el diestro despues que éste salió hácia él, ¡cuán probable es la cogida!
-A lo menos de tres veces que se dé<span class="pagenum"><a name="page_187" id="page_187">{187}</a></span> este caso, en una se verificará, y
-será de muy graves consecuencias, y las otras dos, ó no se hará la
-suerte, ó será deslucida, y en vez de aplaudir los espectadores,
-tacharán al diestro como poco hábil.</p>
-
-<p>Ni se crea que es de menor utilidad el atender á la igualdad de las
-piernas del toro. No debe intentarse jamas el vuela pies sin esta
-precaucion con aquellos que aunque verdaderamente aplomados, conservan
-cierto grado de vigor y fuerza, que es á lo que llaman los toreros
-<i>estar el toro entero</i>. Y no solo en este caso, en todos debe atenderse
-esta circunstancia, no por otra razon mas, si no porque con ella,
-existiendo las demas, no hay el menor riesgo, mientras que por el
-contrario, aunque concurran las otras, como esta falte el peligro no
-está lejos, siendo muchas las veces en que basta ella sola para
-asegurarnos en la suerte.</p>
-
-<p>Por otras razones se manifiesta la eficacia de esta condicion para el
-buen éxito de la suerte, y la particular atencion que merece. La primera
-es, que el toro tiene dado un paso, que sería preciso lo diese en caso
-de querer partir teniendo los pies iguales: la segunda, que tiene
-firmeza para arrancar, y hecho el punto de apoyo para la carrera, que en
-estas circunstancias está ya engendrada; y tercera, que esto indica
-estar sobre sí, y de consiguiente que no está exactamente aplo<span class="pagenum"><a name="page_188" id="page_188">{188}</a></span>mado.
-Estas razones bastan por sí para convencer á cualquiera de la utilidad
-de esta nueva observacion, cuya exactitud confirma la esperiencia. No sé
-á ciencia fija el tiempo en que se hizo: unos la atribuyen á Guillen, y
-otros la hacen anterior á él; sea lo que quiera, ella es bastante
-moderna y de mucha utilidad, por lo que ha llegado á ser un axioma entre
-los toreros.</p>
-
-<p>La atencion á la vista del toro ni es supérflua, como pretenden algunos,
-ni es tampoco de primera necesidad, como quieren otros: hay casos en que
-es absolutamente indiferente que la tenga fija en este ó en aquel
-objeto, ó que ande reconociéndolo todo, mientras que por el contrario,
-algunas veces se hace preciso que esté fija en alguna parte.</p>
-
-<p>Cuando se va á intentar el vuela pies con un toro boyante,
-verdaderamente aplomado, que humilla bien, que tiene los pies iguales, y
-en fin, que no da el más mínimo motivo de recelo, se puede verificar
-aunque tenga la vista fija en el diestro sin peligro alguno: vice-versa,
-cuando el toro sea de sentido, ó no esté exactamente aplomado, ó conozca
-al matador &amp;c., entonces será muy oportuno írsele acercando paso á paso
-hasta estar muy corto, y en viendo que vuelve la vista dejársele caer
-encima y dar la estocada; de lo contrario se corre bastante riesgo. Este
-precepto, de no menor utilidad que los antecedentes,<span class="pagenum"><a name="page_189" id="page_189">{189}</a></span> no se despreciará
-jamas en el caso bastante frecuente de aplomarse el toro por haberlo
-pinchado el diestro, y se observa que le conoce, que se tapa á sus
-cites, y que no lo pierde un momento de vista; en tales circunstancias
-se hace necesario no irse á él cuando la tenga en el bulto, porque se
-tapará, y con derrotes continuos lo desarmará, y lo pondrá en el lance
-mas crítico que le pueda acontecer.</p>
-
-<p>De todo lo dicho se deduce que la estocada á vuela pies es muy facil y
-segura en el dia, y de mucha utilidad; sin ella, ¿cómo se mataria un
-toro que teniendo querencia casual en las tablas, se pusiese de nalgas
-en ellas, y no obedeciese á cite alguno? En efecto, esta suerte es el
-único recurso seguro y brillante que posee el diestro para desempeñar
-felizmente su proyecto en todos los casos en que el toro, sea por
-querencia ó por otro cualquier accidente, no corresponde á su envite y
-no hace por él.</p>
-
-<p>El vuela pies, como dije antes, es susceptible de hacerse con todos los
-toros, sea la que quiera su clase, lo cual no influye en el modo de
-hacerla, que es igual en todos: la única diferencia se tomará de los
-accidentes particulares de los toros y de las circunstancias en que se
-ejecuta. Asi es, que me parece á propósito para cerrar este artículo dar
-una noticia de los casos particulares en que<span class="pagenum"><a name="page_190" id="page_190">{190}</a></span> con mas frecuencia se
-tiene precision de hacer esta suerte.</p>
-
-<p>Cuando un toro que tiene querencia casual con los tableros se va á pasar
-de muleta, y no sale á los cites aunque conserve piernas, pero que se ve
-humilla bien y que tiene los pies iguales, se le hará el vuela pies
-cambiando los terrenos sin aprension alguna, pues en estas
-circunstancias es segurísimo y muy lucido; pero no se hará jamas
-faltando la querencia, porque en este caso la salida natural del toro es
-por el mismo terreno que el diestro, y en este contraste puede peligrar.</p>
-
-<p>Los toros de sentido se pueden matar á vuela pies con mas seguridad que
-recibidos, siempre que se les quiten cuanto sea posible las piernas, y
-teniendo cuidado de no irse á ellos sino con todas las precauciones que
-hemos dicho son indispensables: tales toros usan con mucha frecuencia
-del ardid de no humillar, lo que hará siempre muy peligrosa la suerte;
-el remedio único y seguro que hay para este apuro es dejarle caer la
-muleta en el hocico, lo que siempre produce el efecto deseado, y se
-aprovecha este momento para asegurarlo de la estocada: de no hacerlo se
-corre el riesgo no solamente de que no vuelva á ponerse en suerte, sino
-que despues de puesto se tape, y que escarmentado del pinchazo, y
-conociendo la estratagema, no humille tampoco al tirar la muleta, y deje
-al diestro embrocado<span class="pagenum"><a name="page_191" id="page_191">{191}</a></span> y desarmado. Por consiguiente será muy oportuno no
-desperdiciar ningun momento con ellos, y en la primera suerte que hagan
-asegurar su muerte, confiado el diestro de que será aplaudido por los
-verdaderos aficionados inteligentes.</p>
-
-<p>Cuando un toro está completamente aplomado y de nalgas contra las
-tablas, será necesario que el matador se decida á darle la estocada á
-favor del vuela pies; pero este jamas se intenta sino despues de estar
-cerciorado de la imposibilidad de hacer arrancar al toro, que para este
-vuela pies mas que para otro debe estar sin piernas algunas: seguro ya
-el matador de que el toro tiene las condiciones que apetece, hará que
-los chulos lo pongan en la misma direccion que las tablas en cuanto sea
-posible, y dándoselas á él se pondrá en su rectitud, y cuando observe
-que tiene todos los requisitos que se requieren para hacer la suerte con
-éxito, dejarse caer para darle la estocada, saliendo con todos los pies.
-Esta suerte es la mas espuesta, porque si el toro se revuelve se
-encuentra el diestro encerrado entre él y las tablas; por eso se
-intentará tan solo cuando se vea la imposibilidad de hacerlo mover del
-sitio en que está, y cuando por sus pocas piernas no pueda dar que
-temer.</p>
-
-<p>Cuando conserve aun algunas, y esté en la disposicion que dijimos
-anteriormente, se pro<span class="pagenum"><a name="page_192" id="page_192">{192}</a></span>curará enderezarlo con las tablas, esto es, hacer
-que se ponga mirando á la plaza, en la cual disposicion se le dará el
-pase regular, y en seguida el vuela pies, con la espalda á las tablas,
-pues siendo esta su querencia, y teniéndolas muy á la vista en el remate
-de la suerte, no corre el diestro ningun peligro.</p>
-
-<p>Algunas veces, aunque raras, se ve aplomarse un toro en los medios de la
-plaza, lo cual por lo general es efecto de haber sido lidiados ya, y es
-tanto mas espuesto, cuanto que unen á su malicia estremada la entereza
-de sus piernas, pues los toros de que hablamos, como no se prestan á
-suerte de ninguna especie, llegan á la muerte con el mismo vigor ó poco
-menos que cuando salen. El vuela pies en esta ocasion es
-multiplicadamente mas dificil que en otra alguna, y aconsejo al que lo
-intente que se lleve al lado un chulo bastante inteligente que tiente al
-toro á ver si sale; seguro de que no, se armará á la muerte, aguardará á
-que tenga los pies iguales, y hará que el chulo con algun movimiento
-pequeño le distraiga, para que volviendo la vista proporcione al matador
-el momento de hacerle la suerte, siendo ademas preciso que el chulo le
-meta el capote al mismo tiempo que el matador va á salirse del centro,
-para que distraido por este segundo objeto que lo cita y obliga, sentido
-del castigo, y sorprendido por un bulto que casi no vió venir, se evite<span class="pagenum"><a name="page_193" id="page_193">{193}</a></span>
-el que se revuelva y se apodere del diestro, aunque tuviese dada la
-estocada; por lo que recomiendo con particular empeño que siempre se
-salga por pies.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO III.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De la estocada á la carrera.</i></p>
-
-<p>La estocada á la carrera, que puede muy bien llamarse á <i>toro
-levantado</i>, es muy lucida y segura, pero ofrece bastante dificultad para
-marcarla bien.</p>
-
-<p>Se puede ejecutar de dos modos, que no se diferencian en otra cosa mas,
-si no en que en uno va un chulo corriendo el toro, y en otro el toro va
-levantado, sin que nadie lo haya citado.</p>
-
-<p>La suerte no consiste mas, si no en salir armado al encuentro del toro,
-y darle la estocada segun las reglas ya establecidas. La única
-dificultad que ofrece, comparada con las otras, es la de no ser muy
-facil el marcarla bien, por razon de la violencia que trae el toro, y el
-de no haber tenido el diestro tiempo para hacer fijo el punto de vista,
-por lo que he visto dar frecuentes marronazos.</p>
-
-<p>Esta suerte se puede hacer con mucha seguridad á los toros de sentido,
-en teniendo especial cuidado en salirse para marcar la estocada fuera
-del centro que ellos traen: asi<span class="pagenum"><a name="page_194" id="page_194">{194}</a></span> se evita el embroque muy peligroso con
-ellos, y como por la violencia de su viaje no pueden volverse para
-rematar sobre el bulto, se concluye la suerte bien.</p>
-
-<p>Con todas las demas clases se hace del mismo modo que hemos dicho; pero
-con los bravucones se debe tener un cuidado particular, porque en esta
-suerte, mas que en ninguna de las esplicadas, rebrincan, y asi convendrá
-hacerla como he dicho para los de sentido, con lo que se precabe el que
-puedan dar la cogida.</p>
-
-<p>El modo de hacer esta suerte á los toros burri-ciegos y á los tuertos se
-deduce necesariamente y sin dificultad de la esplicacion que hemos dado
-de ella, y del conocimiento que ya tenemos de las modificaciones que
-para ellos deben hacerse en toda clase de suertes.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO IV.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De la suerte á media vuelta.</i></p>
-
-<p>La estocada á media vuelta, cuyo mecanismo es igual al de las
-banderillas de esta clase, es una suerte de recurso para matar aquellos
-toros que por su índole ó por algun accidente no arrancan, ó se tapan, ó
-bien dan que temer por rematar sobre el bulto: en solas estas
-circunstancias se usará esta, sin que padezca en nada la reputacion del
-dies<span class="pagenum"><a name="page_195" id="page_195">{195}</a></span>tro que la ejecuta, pero en otras es deslucida.</p>
-
-<p>Siendo en todo igual su práctica á la de las banderillas á media vuelta,
-sería una molesta repeticion detenerme en su esplicacion; lo único que
-tengo que advertir es, que la suerte se haga con mucha rapidez apenas se
-empieza el toro á revolver, para no llegar á embrocar, y no dejarle
-tiempo para que reconozca al diestro y se tape á su envite; ademas que
-al dar el toro la media vuelta vuelve siempre muy humillado en virtud
-del cite que sobre corto le hizo el diestro por detras, y en dejándosele
-caer encima con decision no la concluirá sin tener en sí la herida que
-pronto lo acabará.</p>
-
-<p>Cuando se aplome un toro en los medios de la plaza será preferible esta
-suerte al vuela pies que en su lugar dijimos, y se deberá llevar un
-chulo que lo entretenga por delante mientras va el matador por detras á
-ponerse á la distancia debida.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO V.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De la estocada á paso de banderillas.</i></p>
-
-<p>Esta suerte se hace principalmente con los toros que son tardos á
-partir, pero que conservan piernas, por cuya razon no se juzga oportuno
-el vuela pies. Tambien se hace con<span class="pagenum"><a name="page_196" id="page_196">{196}</a></span> los toros malos, esto es, de
-sentido, principalmente cuando se ponen en los tercios de la plaza
-engallados y no salen á los cites: en este último caso es menester mucho
-cuidado si tienen piernas.</p>
-
-<p>El modo de hacerla es tomar el diestro la tierra que juzgue conveniente
-atendiendo al estado del toro y á sus muchos ó pocos pies, y tomada que
-esté, hacer que nadie ande al lado del toro, para que no le hagan perder
-la posicion; y él en la suya liar la muleta y preparar el brazo lo mismo
-que si lo estuviera esperando para recibirlo: en esta posicion arranca
-al toro, haciendo una especie de cuarteo como en las banderillas de esta
-clase, pero el brazo de la espada no lo reserva hasta estar cuadrado,
-sino que en el embroque, cuando el toro humilla y dentro aun del centro,
-como dijimos en las otras suertes de matar, es cuando marca la estocada,
-haciendo al mismo tiempo el quiebro de muleta con que se sale del centro
-para dejarse caer con fuerza sobre el toro y apurar la estocada hasta la
-guarnicion, pues que el mérito de esta suerte consiste principalmente en
-que hecho el quiebro de muleta, el diestro no se aparte del toro, sino
-que se le deje caer encima; asi es que cada momento la estamos viendo
-hacer sin que le claven mas de una cuarta de espada, con lo que no se
-mata ningun toro, y sí se le resabia para que luego se tape y<span class="pagenum"><a name="page_197" id="page_197">{197}</a></span> se ponga
-en defensa. La suerte no carece de mérito y de gracia, pero tampoco pasa
-de ser una de las que los toreros llaman de recurso, esto es, de
-aquellas de que se echa mano para matar las reses que no permiten se les
-hagan las suertes de primera ó de mas lucimiento, por consiguiente que
-ya dan algun cuidado, de manera, que se debe tratar de asegurarlas y no
-darles en valde ningun pinchazo.</p>
-
-<p>Por tanto, recomiendo la presente á los toreros que sepan hacer bien el
-quiebro de muleta, y sin apartarse del toro hasta envainarles todo el
-acero que puedan dentro del cuerpo; en este caso es suerte de mucho
-mérito.</p>
-
-<p>He oido llamar muchas veces vuela pies al paso de banderilla, lo cual es
-una notable equivocacion, por lo que el vuela pies neto, de que ya dimos
-noticia, se llama por muchos <i>vuela pies mejor</i>.</p>
-
-<p>La suerte que dejamos esplicada, como suerte de recurso que es, se puede
-ejecutar con todos los toros.</p>
-
-<h3>CAPITULO XII.<br /><br />
-<i>Consecuencias de la estocada de muerte.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">L</span>a estocada de muerte, cuyas reglas dejamos esplicadas, se practicará
-siempre con felicidad y perfeccion en ejecutándola segun<span class="pagenum"><a name="page_198" id="page_198">{198}</a></span> ellas, pero no
-todas las veces será su consecuencia la muerte inmediata del toro.</p>
-
-<p>En efecto, la estocada por alto, ó sea por la cruz, son infinitas las
-veces que no se puede clavar lo bastante, por la reunion de los huesos
-que forman la eminencia en que concluyen los rubios, y es el sitio de
-preferencia para la estocada: de aqui procede la frecuencia con que
-vemos saltar la espada sin haber el diestro podido evitarlo, ni hacer
-mas de su parte, por lo que no debe medirse el mérito de la suerte en
-razon inversa del número de estocadas, consistiendo menos en habilidad
-que en fortuna el matarlos de la primera.</p>
-
-<p>Las estocadas por lo alto producen inmediatamente la muerte, cuando
-entrando por entre dos vértebras cortan la <small>MÉDULA ESPINAL</small>, cuando coge
-la espada lo que los toreros llaman la <i>herradura</i>, cuando el toro está
-<i>pasado de parado</i>, y cuando está <i>descordado</i>.</p>
-
-<p>Las estocadas que interesan la médula son las mas airosas que se pueden
-imaginar: ellas producen la muerte con la misma rapidez que la puntilla,
-pues su mecanismo es igual, y la única diferencia está en el sitio en
-que se verifica; asi es que pasma ver venir al toro con una furia y
-violencia grandes, y apenas llega á la espada, y casi sin haber sido
-pinchado, caer sin átomo de vida el que un momento habia era un monstruo
-de fuerza y de valor.<span class="pagenum"><a name="page_199" id="page_199">{199}</a></span></p>
-
-<p>Las estocadas que pasan la <i>herradura</i> producen inmediatamente la muerte
-del toro, aunque solo se le haya introducido media espada.</p>
-
-<p>Esta estocada es tambien muy lucida, aunque no tanto como la
-antecedente, y es algo mas frecuente. Se conoce que la espada corta la
-<i>herradura</i>, en que entra oblicua, un poco baja y en el pecho: el toro
-se detiene un poco, se queda en pie, pero sin fuerzas, y no arroja
-sangre ni por la herida ni por parte alguna, y al poco tiempo cae muerto
-sin necesitar á veces de puntilla.</p>
-
-<p>Da una idea muy brillante del diestro y de su inteligencia el conocer
-cuando la estocada corta la herradura, pues en este caso se irá á hacer
-la cortesía de costumbre, dejando en pie al toro, y á los espectadores
-suspensos momentáneamente, porque la pronta muerte de aquel, quitándoles
-la duda, les da un testimonio de la maestría del ejecutor.</p>
-
-<p>Las otras estocadas por alto que matan prontamente á los toros son las
-que entrando por la cruz pasan al pecho, por traer una direccion casi
-perpendicular; y pasándole los pulmones, les hacen arrojar sangre por la
-boca, causándoles muy en breve la muerte. Muchos confunden esta estocada
-con los <i>golletes</i>, lo cual es efecto de muy poca inteligencia, pues
-tienen un mérito sobresaliente estas, en razon á que para pasar el toro
-asi es necesario tener los pies muy parados, hasta el mo<span class="pagenum"><a name="page_200" id="page_200">{200}</a></span>mento que esté
-en el centro de la suerte muy humillado, y entonces meter el brazo de la
-espada, hasta ahora reservada, en una direccion vertical; todo lo que es
-muy lucido y dificil. A esta clase de estocada; por razon de sus
-circunstancias, llaman los toreros <i>pasadas por pararse</i>, y al toro que
-está herido de ella <i>pasado de parado</i>. No deben confundirse jamas los
-toros muertos por ella con los que fueren muertos de <i>gollete</i>.</p>
-
-<p>Los toros que reciben una estocada por alto y quedan descordados, aunque
-caen á tierra muy pronto, no obstante, quedarian vivos si no se les
-diera la puntilla, pues la estocada lo que hace es cortar ó bien los
-tendones que les sirven para el manejo de los brazos, ó bien los nervios
-que les dan la vida; por lo que no pueden tenerse en pie, y caen como
-heridos de un rayo algunas veces, y como en el suelo no pueden
-defenderse, son acachetados con facilidad.</p>
-
-<p>Las estocadas por bajo nunca son del mérito que las por alto; pero en
-muchas ocasiones se deben dar, y por consiguiente tienen tambien el
-suyo. Ya hemos marcado todas las veces en que son preferibles, y aqui
-solo nos resta que decir que se llaman genéricamente <i>golletes</i>, y que
-matan prontamente al toro, porque entran en el pecho y le pasan los
-pulmones.</p>
-
-<p>Muchas veces tambien sucede que la es<span class="pagenum"><a name="page_201" id="page_201">{201}</a></span>pada entra oblicua, y asoma la
-punta por el otro lado; esto es muy feo, y depende de haber hecho mal la
-suerte: entonces se dice que está el toro <i>atravesado</i>. Tambien suele
-suceder que se corte la carne que une la cara inferior de la espaldilla
-con las costillas, de lo que resulta que cuando el toro se apoya en el
-brazo de aquel lado, se eleva el hueso mucho mas de lo natural, y el
-animal anda con fatiga y cojeando.</p>
-
-<p>Otras veces cuando el toro se ciñe mucho en la suerte de muerte, ó bien
-da una colada, sucede que la espada entra por el lado contrario del que
-debia, esto es, por el izquierdo del toro, y muchas veces ni aun lo
-pincha: á esto es á lo que los toreros llaman <i>irse la estocada por
-carne</i>. Tambien sucede con bastante frecuencia en este caso entrar la
-espada por el tejido que hay debajo de la piel, y seguir por entre el
-cuero y carne, sin hacer casi ningun daño al toro, á lo que llaman
-algunos con bastante oportunidad <i>envainar</i>.</p>
-
-<p>Despues que se han dado estas diferentes estocadas, aun cuando el toro
-esté herido de tal modo que no necesite recibir otra, no obstante, suele
-tardar mucho tiempo en echarse, y tardaria mucho mas si no se emplearan
-los recursos que para estos lances tiene el arte. Si el matador se dejó,
-como es lo mas frecuente, la espada dentro, deberá conocer si le trae
-mejor cuenta que permanezca metida,<span class="pagenum"><a name="page_202" id="page_202">{202}</a></span> y que el toro se la meta mas, ó si
-sacándola tendrá que echarse mas pronto. Cuando la espada está puesta en
-buen sitio, que interesa partes bastante nobles, y por estar poco
-introducida se mantiene en pie el toro, se le deben dar por el mismo
-lado de la espada capotazos secos, esto es, que no le hagan dar vueltas
-como para matarlo, sino solamente tirar una cabezada sobre aquel lado,
-con la que se la clava mas él solo. Cuando por el contrario se quiere
-que el toro eche la espada, ya porque estorba para ponerle otra, ya
-porque sacándola se desangra mas y caiga, como es muy frecuente, se le
-deben dar los capotazos por el lado opuesto, con lo que la espada va
-saliendo: tambien se le puede echar un capote á la cruz de ella, para
-sacarla agarrada con él. Luego que haya salido, y se vea que la herida
-da alguna sangre, deben los chulos ponerse á los lados, y empezar á dar
-tambien capotazos secos, alternando los de un lado con los del otro,
-para que el toro tire un achazo á la derecha y otro á la izquierda, con
-lo que echa mucha sangre, y va perdiendo las piernas y la cabeza hasta
-que cae: se le obliga muchas veces á echarse mas pronto mareándolo,
-haciendo que dé vueltas.</p>
-
-<p>Muchas veces tambien sucede que el toro que ha recibido una ó mas
-estocadas se aploma en la querencia contra los tableros, y aunque ya
-está casi muerto no se echa ni sale<span class="pagenum"><a name="page_203" id="page_203">{203}</a></span> á los cites: en este caso debe
-dejársele un par de minutos quieto y solo á ver si se echa, y que
-únicamente se le acerque el cachetero cuando ya se haya echado; pero si
-permanece en pie con la cabeza baja y sin piernas, se debe tentar por
-todos los medios que hay á ver si sale, y cerciorado el diestro de que
-no, liar y enguionarlo varias veces para ponerle bien la cabeza, que si
-no está muy baja, se hace que la ponga tocándole con la punta de la
-espada en el hocico y en el testuz, para que se descubra bien y se le
-pueda descabellar. Se debe tener la precaucion para hacer esta suerte de
-tener un chulo ó dos que sean de bastante inteligencia, para sino se
-mata al toro, y sale tras el diestro por el pinchazo que recibió, le
-metan los capotes, porque la mala posicion en que aquel estaba cuando
-intentó descabellarlo no le permite alejarse del centro con ventaja
-bastante.</p>
-
-<p>Algunas veces suele echarse el toro teniendo aun algun vigor, y estando
-el matador delante; en estos casos se recela con frecuencia del
-cachetero que siente venir por detras, y se levanta ó hace el amago:
-cuando tal suceda, el matador debe atronarle con las mismas precauciones
-que dijimos debia tomar para descabellarle, pues la accion es la misma,
-sin otra diferencia que <i>descabellar</i> se dice cuando el toro está en
-pie, y <i>atronar</i> cuando está echado, aunque la mayor parte<span class="pagenum"><a name="page_204" id="page_204">{204}</a></span> de la gente,
-y aun de los toreros, no conocen esta diferencia, y dicen generalmente
-<i>atronar</i>.</p>
-
-<h3>CAPITULO XIII.<br /><br />
-<i>Del ver llegar los toros.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">I</span>nútil sería cuanto hemos dicho hablando de las suertes, si no
-llamásemos muy particularmente la atencion sobre esta importante parte
-del arte de torear.</p>
-
-<p>Consistiendo todas sus reglas en hacer á tiempo los correspondientes
-movimientos para librarse del toro, y correspondiendo á cada uno de los
-que este hace en la suerte uno del torero con que lo elude, es evidente
-que es menester tener la vista fija siempre en él para combinar muy á
-tiempo aquellos movimientos, y á esto es á lo que los toreros han
-llamado <i>ver llegar los toros</i>. Pasemos, pues, á marcar en cada una de
-las suertes esplicadas el modo y el momento de verlos llegar con
-perfeccion.</p>
-
-<p>En las suertes de capa hay que atender, primero al momento en que entra
-el toro en jurisdiccion, y humilla; segundo al instante en que mete la
-cabeza en el engaño; y tercero al tiempo en que estando fuera tira la
-cabezada. Se debe atender á lo primero, porque nos muestra si es preciso
-enmendar el terreno, ó cambiarlo, ó bien permanecer tran<span class="pagenum"><a name="page_205" id="page_205">{205}</a></span>quilo, porque
-la res camina sencillamente por el suyo: á lo segundo, porque marca
-cuándo debemos cargarle la suerte, y hacer el quiebro que divide los
-terrenos; y á lo tercero, para tirar los brazos á tiempo, y darles el
-remate largo ó corto, por alto ó por bajo, segun lo requiera el carácter
-del toro, y para dejarlo prevenido para segunda suerte.</p>
-
-<p>Si hemos visto lo necesario que es el ver llegar á los toros en las
-suertes de capa, debemos inferir lo útil que será en todas las de
-banderillas. En efecto, el que banderillea debe observar el momento en
-que el toro llega á jurisdiccion, humilla, tira el achazo, sufre el
-destronque y se repone, y le reconoce el viaje; para embrocar,
-cuadrarse, meter los brazos y salir con pies, á tiempo todo y cuando sea
-necesario, pues el buen éxito de la suerte consiste en acomodar con
-oportunidad á cada movimiento del toro que él nos marca el arte para
-burlarlo, en atencion á que nos pone en situacion de conseguir nuestra
-idea, sin tener ni aun remotamente algun peligro, y será imposible el
-verificarlo sin estarlo observando exactamente para ver el momento en
-que efectúa los movimientos que nos sirven de guia. Por tanto, sin este
-requisito, inseparable é hijo del valor, jamas se toreará con perfeccion
-y seguridad.</p>
-
-<p>El ver llegar los toros no es menos necesario en la suerte de recorte
-que en las ante<span class="pagenum"><a name="page_206" id="page_206">{206}</a></span>riores. El que recorta debe tener muchísimo cuidado en
-observar con exactitud cuándo entra en el centro del quiebro, y el
-momento de la humillacion y colada del toro, para hacerle aquel á tiempo
-y meterse en su terreno, concluyendo asi la suerte con seguridad.
-Tambien deberá volver la cara para observar la salida del toro, ver si
-se repone pronto y si le observa el viaje, para salir ó no con pies,
-segun el caso lo exija. El menor descuido en esto puede acarrear muchos
-daños: las suertes son segurísimas, en usando á tiempo de las reglas y
-movimientos que posee el arte para lograr un éxito feliz: para esto es
-indispensable prestar mucha atencion á los movimientos que los toros
-hacen, que son los que marcan el movimiento oportuno de ejecutar
-nosotros los que han de inutilizarlos, resultando la seguridad de ellas
-de la exacta ejecucion de dichos movimientos, segun las reglas
-infalibles de la tauromaquia.</p>
-
-<p>En efecto, jamas peligrará el que use de ellas á tiempo, para lo cual es
-indispensable el ver llegar los toros, pues si ellos son los que nos
-marcan las reglas de que debemos usar, y el momento de su aplicacion,
-¿se podrá ejecutar seguramente sin este requisito suerte alguna?
-Ciertamente que no; y es tanto mas necesario en la de recortes, como que
-en ella no tenemos clase alguna de engaño para nuestra defensa, la cual
-está toda en<span class="pagenum"><a name="page_207" id="page_207">{207}</a></span> hacer el quiebro muy á tiempo, lo que es imposible sin ver
-llegar al toro.</p>
-
-<p>Este requisito es cuando menos tan necesario en la suerte de parcheo
-como en la de banderillas, y consiste en observar al toro lo mismo que
-dijimos en aquella, y son tambien los mismos movimientos, pues como ya
-hemos visto, la suerte es una en lo esencial, y solo se diferencia por
-los accidentes.</p>
-
-<p>En los pases de muleta es indispensable á lo menos ver llegar los toros,
-y tanto mas cuanto se separa en ella el cuerpo del engaño, pues si por
-falta de ver llegar se adelanta la suerte, y antes de que el toro tome
-el engaño se mete el diestro en su terreno é intenta rematarla, por
-sencillo que sea, como no está empapado en ningun objeto, y advierte
-dentro el bulto mayor, irá á rematar sobre él y lo embrocará por la
-espalda, siendo inevitable la cogida como el toro conserve los pies. Asi
-es que se hace indispensable estarle observando exactamente, y ver el
-momento en que llega á jurisdiccion y toma el engaño para hacer la
-suerte á tiempo, siendo mejor en esta atrasarse un poco que adelantarse,
-pues como ya he dicho es espuestísimo.</p>
-
-<p>Si es necesario en todas las suertes ver llegar los toros, tanto mas lo
-será en la de muerte, por ser mas complicada que otra alguna. En efecto,
-es preciso observar en ella, lo primero, cuándo llega el toro á
-jurisdic<span class="pagenum"><a name="page_208" id="page_208">{208}</a></span>cion; lo segundo, cuándo humilla; lo tercero, cuándo llega á la
-espada; lo cuarto, cuándo está en el centro; lo quinto, cuándo sale de
-él; y lo sesto, cuándo remata. En no observando muy exactamente estos
-movimientos no puede salir la suerte con la limpieza y seguridad que sus
-reglas garantizan: es pues de primera necesidad atenderlos y medirlos
-para hacer el quiebro y salirse del centro muy á tiempo, dejando ademas
-clavada la espada en el momento que en su lugar dijimos.</p>
-
-<p>Cuanto llevo dicho en este capítulo sobre lo útil que es ver llegar los
-toros en las suertes, se debe entender de todas las demas que se
-conocen, pues no hay una que sea segura si falta este requisito.</p>
-
-<h3>CAPITULO XIV.<br /><br />
-<i>De algunas otras suertes de á pie.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">A</span>demas de todas las suertes de que ya he hablado, se suelen hacer
-algunas otras, que aunque no tan frecuentes, sin embargo importa mucho
-conocer. Asi es que daré una sucinta esplicacion de ellas, pero que
-bastará para ejecutarlas con seguridad, mediante las nociones que
-preceden.</p>
-
-<p>Empezaré por los modos de saltar los toros que son mas frecuentes, y
-siguiendo el<span class="pagenum"><a name="page_209" id="page_209">{209}</a></span> orden de la antigüedad de estos saltos, será el primero q
-ue nos ocupa el salto tras-cuerno.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del salto á tras-cuerno.</i></p>
-
-<p>Para dar este salto se sale al toro con el cuerpo limpio como si se le
-fuera á hacer un recorte, pero tomándolo bastante atravesado; se
-procurará que el toro conozca el viaje para que empiece á cortar tierra,
-y el diestro irá deteniéndolo ó acelerándolo, segun lo que calcule que
-sea suficiente para llegar á hacer el centro de la suerte enteramente
-atravesado y con la salida tapada: en este caso hace la humillacion el
-toro para recoger el bulto, y el torero se aprovecha de este momento
-para saltar por cima de los cuernos y librar la cabezada: tiene este
-salto la ventaja de no cortar la violencia del viaje, por lo cual se
-puede hacer con toda clase de toros, en atencion á que por mucho que sea
-el vigor que tengan en las piernas, y la prontitud con que se revuelvan,
-nunca podrán hacerse dueños del bulto.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_210" id="page_210">{210}</a></span></p>
-
-<h4>ARTÍCULO II.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del salto sobre el testuz.</i></p>
-
-<p>Parece que el famoso Lorencillo, cuya ligereza sabemos que fue
-estremada, lo ejecutaba con mucha limpieza, y que su discípulo, el
-célebre y desgraciado José Cándido, no le cedia en nada dando esta clase
-de salto.</p>
-
-<p>Se puede hacer esta suerte de dos modos, ó bien estando parado, citando
-al toro, y esperándolo hasta que entre en jurisdiccion y humilla para
-recoger el bulto, en cuyo momento se le pone el pie en la raiz de los
-cuernos y en el medio de la cabeza ó testuz, para librarlo todo de un
-salto y caer por la cola, saliendo con todos los pies, ó bien, y es lo
-menos frecuente, salir á él con diferente viaje, y cuando se llegue á
-embrocar dar el salto del modo dicho. De cualquiera de ellos es una
-suerte muy lucida, y que necesita que el diestro reuna en un grado muy
-superior las cualidades necesarias para torear.</p>
-
-<p>Los mejores toros para ejecutar esta suerte son por supuesto los
-boyantes, pero tampoco deben dar ninguna clase de cuidado los que se
-ciñen, los que ganan terreno, y hasta los que rematan en el bulto, en
-teniendo la precaucion de que conserven piernas y tengan la cabeza bien
-puesta, pues muchos to<span class="pagenum"><a name="page_211" id="page_211">{211}</a></span>ros la tienen muy descompuesta por naturaleza.
-Los toros que dan mas cuidado en esta suerte son los revoltosos, pues
-por el mucho celo que tienen por los objetos, y la fuerza con que hemos
-dicho se sostienen sobre las manos en toda clase de suertes, pueden
-detenerse un poco, alzar la cabeza, ver el bulto por cima, saltar y
-engancharlo; ó bien, por solo detenerse, no dejar el centro libre y caer
-el torero sobre él. Asi es que encargo muy particularmente que no se
-haga esta suerte con esta clase de toros.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO III.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del salto de la garrocha.</i></p>
-
-<p>Para dar este salto se toma una vara de las de detener, y si tiene la
-puya se pone hácia abajo, con lo que se asegura mas en la tierra; se
-retira el diestro en medio de la plaza viendo venir al toro, y puesto en
-la misma rectitud que si fuera á vadear algun arroyo, apoyándose en el
-palo y dando un salto al otro lado; cuando ya la res va á entrar en
-jurisdiccion, se da una pequeña carrera, y se toma la violencia
-necesaria para dar el salto apoyado en el palo y caer por detras del
-toro. Esta suerte, como se ve por su esplicacion, es tambien muy bonita,
-y solo tengo que advertir para su segura ejecucion<span class="pagenum"><a name="page_212" id="page_212">{212}</a></span> que no se haga con
-toros revoltosos, porque pueden con facilidad dar una cogida, y que será
-muy oportuno salir con pies, y llevarse si es posible la garrocha, pues
-si dado el salto se deja caer, y luego el toro hace por el cuerpo, no
-hay defensa, mientras que si se queda el diestro con ella podrá repetir
-el salto, lo que tendrá un mérito particular.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO IV.</h4>
-
-<p class="chead"><i>De la lanzada á pie.</i></p>
-
-<p>Esta suerte, aunque ya casi no se ve, tuvo sin embargo tanta nombradía
-antiguamente, por la mucha serenidad que se necesita para practicarla,
-que debemos dar una ligera noticia de ella.</p>
-
-<p>Para ejecutarla debe usarse de una lanza, cuyo palo tenga de largo de
-tres y media á cuatro varas, y de grueso sobre tres pulgadas de
-diámetro, de una madera muy fuerte, y que no salte, ni sea quebradiza.</p>
-
-<p>La lanza propiamente tal deberá tener un palmo de largo, y el grueso y
-ancho correspondientes.</p>
-
-<p>Se situará el diestro á unas seis varas distante de la puerta del toril,
-teniendo la rodilla derecha en tierra, y el regaton de la lanza haciendo
-punto de apoyo en un hoyo, que de antemano debe haberse hecho en
-tier<span class="pagenum"><a name="page_213" id="page_213">{213}</a></span>ra: la punta debe estar alta, sobre tres cuartas ó poco mas, para
-que corresponda á la frente del toro, que es donde debe clavarse. Toda
-la habilidad de la suerte se reduce, como se ve, á que el toro se clave
-la lanza; y por si esto no sucede, y trata de acometer al bulto, se debe
-tener un capote para defenderse.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO V.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del modo de capear entre dos.</i></p>
-
-<p>Para hacer esta suerte se toma un capote bastante grande, y cada uno de
-los que hayan de capearlo agarra por una punta: se sitúan á la distancia
-que indiquen las piernas del toro, y le harán la suerte conforme las
-reglas que para las de capa dejamos establecidas, debiéndose tener
-presente que los remates son siempre por alto, y que al concluir la
-suerte se deben dar cuatro ó seis pasos de espalda, y cambiar las manos
-del capote, pues hay que tomarlo con la contraria, en razon á que se ha
-dado media vuelta sin cambiar de terreno. Este modo de capear es muy
-seguro, y susceptible de hacerse con todos los toros: la principal
-defensa consiste en que nunca se suelte el capote.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_214" id="page_214">{214}</a></span></p>
-
-<h4>ARTÍCULO VI.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del modo de picar los toros, montado sobre otro hombre.</i></p>
-
-<p>Para ejecutar esta suerte se pone el diestro montado en el hombro de
-otro torero, que llevará en la mano la muleta, y el de encima armado con
-la vara de detener, como si fuera verdaderamente á picar. De este modo
-el que tiene la muleta cita al toro conforme á las reglas que para el
-manejo de ella hemos dado, y el de encima, cuando está en la
-humillacion, le pone la garrocha y lo pica. Es inútil decir que quien
-principalmente hace la suerte es el de la muleta.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO VII.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del modo de mancornar.</i></p>
-
-<p>Esta suerte, aunque no es de plaza, es muy lucida, y puede tambien tener
-lugar en ella cuando el toro haya enganchado á alguno, ó cuando por
-fuego ó caida de andamio ú otro accidente se echa la gente á la plaza, y
-es menester sujetar al toro para evitar desgracias.</p>
-
-<p>Por fuerza y habilidad que tenga un hombre no podrá seguramente él solo
-sujetar un<span class="pagenum"><a name="page_215" id="page_215">{215}</a></span> toro, aunque no tenga mas que cuatro años; y por eso los
-vaqueros, que son los que con mas frecuencia hacen esta operacion, van
-siempre en número de tres, cuatro ó mas, cuando tratan de <i>coger</i>, como
-ellos dicen, una res de cabeza. Sin embargo, un hombre puede, aunque con
-dificultad, sujetar un novillo utrero. Cuando se trate de <i>coger</i> un
-toro, se le debe primero capear, haciéndole sufrir todo el destronque
-posible, y cuando se note que ya está sin piernas, lo cual se consigue
-muy pronto en sabiendo bien sacarles la capa, al pasar por junto al
-cuerpo se le coge el piton con la mano de su lado, esto es, que el piton
-derecho se le asirá con la mano derecha, y la otra, despues de haber
-dado una vuelta con el cuerpo, que debe cargarse y descansar sobre el
-brazuelo, pues es el modo de sujetarlos mejor, cogerá el piton del otro
-lado, pasando por encima del morrillo: inmediatamente deberá otro hombre
-ponerse en el otro lado, y agarrarse otro á la cola, y si quieren lo
-echan en tierra, en donde se le vuelve la cabeza, y se le pone un pie en
-el hocico, con lo que queda seguro. Tambien se hace, cuando no es una
-res de mucho cuidado, torcerle uno la cabeza, meterle el hombro en la
-barba, y tumbarla si se quiere, y si no tenerla asi sujeta, que es lo
-que se llama <i>embarbar</i>.<span class="pagenum"><a name="page_216" id="page_216">{216}</a></span></p>
-
-<h3>CAPITULO XV.<br /><br />
-<i>De algunas particularidades que debe tener presentes el torero.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">L</span>os toros no todos cornean bien; hay algunos muy torpes, y todos ellos
-tienen un lado de que son mas diestros: esto es conocido desde el
-momento en que se les ve cornear una vez, y aun cuando no, es bien
-sabido que del lado cuya oreja mueven mas á menudo y menean con mas
-prontitud, de ese cornean mejor. Sucede tambien que del lado porque se
-les ha dado mas salidas en las suertes cogen mas bien, y el torero, que
-debe hacerlas todas con la misma facilidad por cualquiera de ellas,
-deberá buscar siempre para su salida aquel por donde estan mas
-sencillas.</p>
-
-<p>Los banderilleros generalmente no parean bien sino por una mano; de modo
-que aunque el toro esté muy sobre sí, y el cuerno de la huida sea el
-maestro, no se cambian, y por esto son mas frecuentes las cogidas: por
-tanto, les encargo que desde el principio se acostumbren á parear
-igualmente por ambos lados, pues de este modo cogerán siempre á los
-toros por el lado sencillo, y no se les quedará uno por banderillear.</p>
-
-<p>Sucede tambien con mucha frecuencia que<span class="pagenum"><a name="page_217" id="page_217">{217}</a></span> un toro que salió boyante
-esperimenta luego una verdadera transformacion, y se hace de sentido, lo
-cual es efecto de haber dado una cogida, ó de haberlo toreado mal. Sea
-por el motivo que quiera, conocida la transformacion, debe el torero
-lidiarlo segun la clase á que nuevamente corresponde, y teniendo
-presente que si se hizo malo por haber dado una cogida, no se le debe
-hacer suerte en el parage en que la dió, pues cuando los toros estan en
-sitio propio y consentidos son muy carniceros, y si dan segunda cogida
-es sumamente peligrosa, y se hace luego casi imposible el apartarlos de
-alli. Esto deben tenerlo presente con mas particularidad los picadores,
-pues ellos son los que se ven mas á menudo en el compromiso de ir á
-buscar al toro en sitio propio: es tal el corage que tienen cuando estan
-en este caso, que yo he visto mas de una vez dar siempre porrazos al
-picador, y pegarse estraordinariamente estando apoderados de un sitio, y
-yendo á buscarlos á él, mientras que estos mismos toros los han sacado á
-otro parage, y han hecho la suerte como boyantes, sin recargar, ni
-mostrar indicios de codicia.</p>
-
-<p>Tambien sucede que los toros esperimentan transformaciones en bien de
-los toreros, y que uno que salió ganando terreno ó rematando en el
-bulto, concluya ciñéndose, ó partiendo como un boyante. Generalmente
-esto<span class="pagenum"><a name="page_218" id="page_218">{218}</a></span> sucede porque los tales toros son muy sentidos, se duelen mucho
-del castigo, y como lo esperimentan siempre que se acercan al bulto,
-concluyen muchas veces hasta por echarse fuera: no obstante, deben
-siempre torearse con algun cuidado, principalmente cuando se les va á
-hacer alguna suerte en que no se les pincha, pues se consienten con
-facilidad, y á la segunda entran ya con codicia por el bulto.</p>
-
-<p>Una de las cosas que deben dar mas cuidado al torero es que el toro
-tenga la cabeza descompuesta, y por lo regular tienen de ello la culpa
-los mismos lidiadores, pues aunque es cierto que algunas veces desde que
-salen por la puerta del toril vienen con la cabeza desconcertada, sin
-embargo, lo mas frecuente es que en la plaza se la descompongan con los
-capotazos mal dados, y con las chaquetas y pañuelos que les echan desde
-los andamios: asi los acostumbran á cornear sobre alto, y á tirar
-incesantes derrotes, con que luego desarman al diestro en la suerte. Por
-tanto, recomiendo que nunca se les eche el capote para citarlos al
-testuz, sino siempre bajo, para que se acostumbren á humillar bien y
-descubrirse; y los matadores tendrán un especial cuidado cuando vayan á
-matar, para si el toro no tiene bien compuesta la cabeza arreglársela
-con la muleta, ó con una capa si fuere menester, advirtiéndoles que el
-lance<span class="pagenum"><a name="page_219" id="page_219">{219}</a></span> peor en que puede verse el torero es cuando en la estocada de
-muerte el toro se para en el centro tirando derrotes, y lo desarma. En
-este caso la cogida es casi inevitable, pero sí se puede hacer que no
-llegue este lance con solo cuidar de componerle la cabeza.</p>
-
-<p>Asi como los caballos, tienen los toros algunas veces un brazo ó una
-pierna mas fuerte, y un lado de mas vigor por donde cogen mejor: el
-torero debe observar todo esto para combinar la suerte del modo mas
-seguro.</p>
-
-<p>Tambien deben los toreros tener presente, y los de á caballo con
-particularidad, que cuando los toros echan tierra y escarban tardan en
-arrancar, y generalmente no lo hacen hasta nuevo cite, ó hasta que los
-obligan de nuevo; tambien es constante que antes de arrancar vuelven de
-pronto y enderezan las orejas y hacen una grande inspiracion, que se
-conoce en lo que hinchan el ijar.</p>
-
-<p>Otra advertencia importante es que cuando se trata de <i>abrir</i> el toro,
-esto es, desviarlo un poco de las tablas para hacer suerte con él, se
-deben dar los capotazos por dentro para que el toro dé una vuelta, cuyo
-remate es sobre el terreno de afuera, y quede en disposicion de hacer
-suerte. Cuando por el contrario está muy desviado y se trata de
-<i>cerrarlo</i> un poco, los capotazos se darán de fuera á dentro.<span class="pagenum"><a name="page_220" id="page_220">{220}</a></span></p>
-
-<p>Se puede muy bien considerar en los toros dos acciones principales, á
-saber, <i>la ofensiva</i> y <i>la defensiva</i>: se entiende por accion ofensiva
-todo movimiento del toro cuyo objeto es apoderarse del bulto, cogerlo,
-destrozarlo; y por accion defensiva, aquella con que intenta evadir las
-suertes, y evitar el daño que en ellas esperimentó ya. En la primera de
-estas acciones se comprenden <i>las arrancadas</i>, <i>la humillacion</i>, <i>el
-achazo</i> &amp;c.; y en la segunda <i>el taparse</i>, <i>vaciarse de los centros</i> &amp;c.
-&amp;c.</p>
-
-<p>La <i>accion ofensiva</i> es mas propia de los toros bravos y boyantes, y la
-demuestran en la mas pequeña cosa; asi es, por ejemplo, que estos toros
-cuando van siguiendo á un peon y se les escapa por un burladero se
-quedan cornándolo con corage, que es á lo que se llama en el toro
-<i>rematar</i>: la <i>accion defensiva</i> por el contrario es mas inherente á los
-toros abantos, y mas particularmente á los de sentido, que parece muchas
-veces que la saben hacer servir tan bien como medio de ofender.</p>
-
-<p>Como no todos los toreros son tan diestros que puedan estar seguros de
-ser jamas cogidos, diremos algo que pueda serles útil en el caso de
-esperimentar esta desgracia.</p>
-
-<p>Es muy frecuente la cogida, por ser el toro superior en pies al diestro
-que lo va corriendo, y que no lo hizo con las precauciones que dijimos
-en su lugar. En este caso,<span class="pagenum"><a name="page_221" id="page_221">{221}</a></span> vista ya la imposibilidad de sacar ventaja
-por piernas, se detiene un poco la carrera, y se vuelve la cara para ver
-llegar al toro, y en el momento que humilla dejarse caer de pronto al
-suelo, de modo que la cornada es en el aire, y lo mas que puede el
-diestro sufrir es por algun pezuñazo, aunque generalmente en este caso
-rebrinca y salva todo el bulto. Tampoco es frecuente que vuelva el toro;
-pero si por una rareza sucediere, deberá el diestro al verlo venir, ó
-bien levantar y menear las piernas para que se distraiga con ellas y
-deje el cuerpo, ó bien cuando vaya á humillar para recogerlo rodarse,
-digámoslo asi, hácia sus piernas, para asegurarse á una, y que no le
-pueda cornear: tambien si se puede debe cogerle un piton, y asirse
-fuertemente á él.</p>
-
-<p>Los banderilleros cuando por haber hecho una salida falsa se ven en este
-caso, tienen la ventaja de poder hacer uso de las banderillas, y
-clavarlas en el hocico al toro, con lo cual siempre rebrinca y se va.</p>
-
-<p>Tambien los matadores cuando son arrollados pueden hacer uso de la
-espada, y aunque sea matar al toro hiriéndole en el pecho, pues antes
-que todo es la vida de un hombre.</p>
-
-<p>Los toreros que presencien estos fatales accidentes, lejos de ser
-pasivos espectadores, y mirarlos con una execrable indiferencia, deben
-prodigar cuantos auxilios esten de su par<span class="pagenum"><a name="page_222" id="page_222">{222}</a></span>te, pero sin atolondramiento y
-confusion, bien persuadidos de que un capote bien echado hace del toro
-lo que se quiere, y muchos mal dirigidos nada sirven, no siendo pocas
-las veces que por este desorden y torpeza si se liberta una cogida es á
-costa de otra.</p>
-
-<h3>CAPITULO XVI.<br /><br />
-<i>Modo de cachetar.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">E</span>l acachetar ó dar la puntilla á los toros es un feliz descubrimiento, y
-cuya utilidad en la plaza es bastante manifiesta.</p>
-
-<p>La mayor parte de los toros tardarian un tiempo considerable en acabarse
-de morir con sola la estocada, y el cual espacio se deberia pasar en
-blanco esperando con impaciencia y disgusto el último momento de la
-fiera, á no ser que un gollete que inundaria la plaza abreviara su
-existencia.</p>
-
-<p>Con el objeto, pues, de evitar estos disgustos al espectador, se hace
-uso del cachetero, el cual instrumento consiste en un cilindro de acero
-de una pulgada de diámetro y una tercia de largo, cuya estremidad
-concluye en una especie de lancita, y la opuesta tiene su
-correspondiente agarradero de madera. Estando ya echado el toro, y el
-matador delante con la muleta muy inmediata á él y fija para que no
-menee la cabeza, se irá por<span class="pagenum"><a name="page_223" id="page_223">{223}</a></span> detras el que haya de acachetarlo, y de un
-golpe le introducirá la puntilla por el sitio del testuz que corresponde
-á la parte media, y á pocas pulgadas de distancia de la raiz de los
-cuernos, con lo que va á cortar la médula, estinguiendo asi la vida con
-la misma velocidad que la estingue un rayo.</p>
-
-<h3>CAPITULO XVII.<br /><br />
-<i>Modo de desgarretar.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">C</span>uando no hay medio de hacer morir al toro por el orden regular que se
-lleva en las plazas, se manda sacar el asta ó media luna para
-desgarretarlo.</p>
-
-<p>Este instrumento consiste en un cuarto de círculo de acero cortante en
-su borde cóncavo, y por el convexo unido á un palo igual al de las varas
-de detener.</p>
-
-<p>El uso que se hace de él se limita á cortar los tendones de las piernas,
-con lo cual el toro cae, y puede ser muerto como se quiera.</p>
-
-<p>Esta operacion es muy desagradable, y sería de desear que se desterrara
-de las plazas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_224" id="page_224">{224}</a></span></p>
-
-<h2><a name="PARTE_SEGUNDA" id="PARTE_SEGUNDA"></a> PARTE SEGUNDA.<br /><br />
-<i>ARTE DE TOREAR Á CABALLO.</i></h2>
-
-<h3>CAPITULO PRIMERO.<br /><br />
-<i>De las cualidades que debe tener el torero de á caballo.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">S</span>i hemos visto que es indispensable para ser torero de á pie reunir
-ciertas cualidades, y saberlas arreglar de modo que se saque de ellas el
-partido que se necesita, para torear á caballo son necesarias otras, sin
-las cuales no se dará un paso acertado y seguro.</p>
-
-<p>El torero de á caballo debe tener <i>valor, un físico doble y robusto, un
-perfecto conocimiento del arte</i>, y ser ademas <i>ginete consumado</i>.</p>
-
-<p>Todo lo que hemos dicho del <i>valor</i> con relacion á los, toreros de á
-pie, debe entenderse para los de á caballo, y asi remitimos al lector al
-capítulo primero de la primera parte, en que hallará cuanto corresponde
-al asunto.<span class="pagenum"><a name="page_225" id="page_225">{225}</a></span></p>
-
-<p>Debe ademas el torero de á caballo ser forzudo, porque si bien para las
-suertes de á pie se necesita mas ligereza que fuerza, para las de á
-caballo es indispensable esta, y con tanta mas razon en el dia, que solo
-se usa de la vara de detener. Cuando hablemos luego de las suertes en
-particular, se verá las ventajas que saca en todas ellas un picador de
-fuerzas, y que estas no solo le sirven para contrarestar las del toro,
-sino tambien para habérselas con el caballo, principalmente cuando se
-hallan los dos en el suelo.</p>
-
-<p>Asi es que por muy ginete que sea el diestro, y por mucho conocimiento y
-valor que tuviere, no podrá, careciendo de la fuerza, resistir el
-encontronazo, ni mucho menos despedir al toro por la cabeza del caballo,
-y no hará suerte en que no tenga que sufrir una cogida de mas ó menos
-consideracion. Ademas, que como los toros se consienten siempre que dan
-cogidas, y se crecen al palo cuando no encuentran castigo, se le
-presentará como bravos y pegajosos una gran parte de ellos, que si
-hubieran sentido bien el hierro, hubieran bajado la cabeza y se hubieran
-hecho blandos y aun cobardes. Llevará por tanto un sin número de
-porrazos, de que al cabo vendrá á ser víctima, y jamas habrá podido
-hacer alarde de las buenas cualidades que por otra parte lo adornaban.
-Yo conozco muchos que se hallan en este caso, y que no son es<span class="pagenum"><a name="page_226" id="page_226">{226}</a></span>timados,
-porque ademas de no lucir su trabajo por la falta de poder, matan muchos
-caballos, y perjudican á los compañeros por consentir los toros; y por
-el contrario conozco algunos otros que no siendo tan diestros, tienen
-bastante opinion únicamente por el mucho brazo y el mucho castigo que
-dan á las reses. Si, como yo deseo, se introdujese otro arreglo en las
-corridas de toros, y los toreros de á caballo hicieran algunas otras
-suertes en que la destreza, el conocimiento y el valor tuviesen la
-principal parte, y la fuerza jugara apenas papel, tendríamos mas toreros
-hábiles y mas motivos de diversion.</p>
-
-<p>Las frecuentes caidas que dan ademas los picadores, y la clase de ropa
-que llevan de medio cuerpo abajo, exigen de su parte un físico reforzado
-para resistirlas mas, sostener la otra, y manejarse con alguna facilidad
-cuando se hallen en tierra.</p>
-
-<p>Advierto con respecto á los toreros de á caballo una fatalidad que no
-puedo menos de patentizar aqui, que es su lugar oportuno, y encarecer
-con las mayores veras su remedio: generalmente hablando los picadores no
-tienen el conocimiento que deben de su profesion, y esta es la fatalidad
-de que me quejo. Tenemos, es indudable, diestros de á caballo que no
-tienen que envidiar á los Laureanos, Corchados, Perez &amp;c., y vemos con
-satisfaccion que no faltan picadores jóvenes<span class="pagenum"><a name="page_227" id="page_227">{227}</a></span> que nos aseguren
-reemplazar con ventajas quizás á los que actualmente se conocen como los
-mejores. Esto no obstante, vemos diariamente salir á picar hombres con
-muy buenas proporciones, pero sin mas conocimiento que el que han
-adquirido en el campo derribando reses, y sin otra práctica de tomar por
-delante, que la de haber dado algunos puyazos en las tientas á becerros
-herales ó utreros. Por brillante que sea la disposicion de estos, por
-mucha que sea su aplicacion, y por muy decidida que sea su aficion, se
-pasará mucho tiempo antes que posean el conocimiento del arte
-indispensable para torear con seguridad, y los aficionados é
-inteligentes no podrán menos que estar disgustados presenciando un
-aprendizage, y viendo que los toreros de á pie tienen á cada momento que
-estar diciendo al picador lo que debe hacer, y dónde debe ponerse. Yo
-bien sé que los picadores no tienen sino muy rara ocasion de tomar por
-delante, y por tanto que en las plazas es donde únicamente pueden
-soltarse y adquirir la práctica, por lo cual debe haber esta tolerancia
-de parte del público; pero tambien sé que pudieran cuando llegan á
-presentarse en el cerco venir adornados del conocimiento de los toros,
-de las suertes, y en fin, de cuanto el arte encierra en sí, y que solo
-les faltase la práctica, que en este caso la adquiririan muy<span class="pagenum"><a name="page_228" id="page_228">{228}</a></span> pronto. No
-cesaré, pues, de encarecer la necesidad que tiene el diestro del
-conocimiento del arte, sin el cual no debe aventurarse á salir á la
-plaza, so pena de esperimentar un noviciado peligroso y lleno de azares.</p>
-
-<p>Pocas ventajas sacaria el picador que reuniese los requisitos
-antecedentes, si le faltase el de ser ginete consumado. Digo ginete
-consumado, porque de nada sirve saberse tener en el caballo y agarrarse
-bien á la silla; esto basta únicamente para no caerse, pero para picar
-es necesario ademas de una muy buena mano izquierda, y de tener mucha
-fuerza en las rodillas, penetrar las intenciones del caballo, dominarlo,
-conocer si está incómodo, cuál puede ser la causa, y si es el brazo,
-ponérselo mas ó menos suave, segun lo requiera: es menester tambien que
-sepa hacerlo girar, ya sobre las manos, ya sobre las piernas, segun la
-necesidad que haya de ello, como asimismo de hacerlo andar hácia atras y
-á los costados, sirviéndose para todo esto tanto de la mano como de la
-espuela, y usando de todas las ayudas con el debido conocimiento, y solo
-cuando el caso lo exigiese, pues de lo contrario se exaspera el caballo
-y se pone en defensa, lo cual es espuestísimo delante del toro. Baste
-pues lo dicho, y el considerar que el picador tiene que montarse y salir
-á picar en caballos que no conoce, y que acaso no han servido para
-montar hasta entonces,<span class="pagenum"><a name="page_229" id="page_229">{229}</a></span> para convencerse de lo indispensable que le es
-ser ginete consumado.</p>
-
-<h3>CAPITULO II.<br /><br />
-<i>Del modo de dividir los toros para la suerte de picar.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">C</span>uando en la primera parte de esta obra dividimos los toros en seis
-clases, nos desentendimos del toreo de á caballo, y al de á pie fue al
-que arreglamos y referimos aquella clasificacion. Pero como en el de á
-caballo sucede que un toro que se ciñe, por ejemplo, y otro de sentido
-se deben lidiar de un mismo modo, siendo tan diferente el de torearlos á
-pie, de aqui procede la necesidad de hacer una nueva division para el
-toro de á caballo, cuyo fundamento se tome de las buenas ó malas
-proporciones que tengan para las suertes de la vara, asi como la base de
-la clasificacion que hicimos en el toreo de á pie se tomó tambien de la
-mayor ó menor idoneidad que para esta clase de suerte presentaban los
-toros.</p>
-
-<p>Los autores que he consultado acerca de este ramo del arte de torear no
-han hecho mas que una division de los toros, y de ahí la oscuridad que
-reina en la esplicacion de las suertes de á caballo, y la confusion en
-que no puede menos de caer el lector.<span class="pagenum"><a name="page_230" id="page_230">{230}</a></span></p>
-
-<p>La suerte de picar, como todas las que se hacen desde el caballo, tiene
-sin duda muchos puntos de contacto con las de á pie; pero necesita un
-modo nuevo de considerar los toros que se refiera á ella misma, y esto
-es lo que voy á ejecutar; pero como soy el primero que establece esta
-nueva division, y es mas probable que resulte defectuosa, deseo que se
-atienda solo á mi buena intencion, y á la necesidad que de ella tiene el
-arte, únicos motivos que me obligan á proponerla.</p>
-
-<p>Cuatro son las grandes clases en que me parece pueden dividirse los
-toros con relacion á las suertes de la vara de detener, á saber:
-<i>boyantes</i>, <i>pegajosos</i>, <i>que recargan</i>, y <i>abantos</i>. Asignémosle á cada
-clase los caractéres que la dan á conocer, y sirven para distinguirla de
-las demas.</p>
-
-<p>Los toros <i>boyantes</i> son aquellos que aunque muy bravos, toman su
-terreno conforme se lo muestra el picador, y que por consiguiente jamas
-darán cogida al que sepa torearlos como se debe. No obstante, si el
-diestro no tiene los requisitos que hemos visto necesita para torear
-bien, y se tarda en manifestárseles su terreno, le podrán dar cogida.
-Estos toros pueden ser ademas de <i>boyantes</i>, <i>blandos</i>, esto es, que se
-duelen mucho del castigo y no arrempujan: el picador lo conoce en que en
-el encontronazo no hacen fuerza, y generalmente á la salida de la
-suerte<span class="pagenum"><a name="page_231" id="page_231">{231}</a></span> tiran coces á los estribos, y salen con el cuello torcido; estos
-toros son muy faciles de picar.</p>
-
-<p>Tambien puede un toro ser <i>boyante</i> y <i>duro</i>; quiero decir con esta
-espresion, que no se sienta del castigo: estos toros no dan las coces
-que los otros, ni salen con el pescuezo torcido, y en el encontronazo
-hacen bastante fuerza.</p>
-
-<p>Llamo toros <i>pegajosos</i> á los que aun cuando tengan libre la salida no
-la toman, sino que se quedan en el centro tirando cabezadas á ver si
-pueden llegar al bulto, y cuando desarman al picador y lo consiguen,
-cuesta mucho trabajo hacer que lo dejen. Estos toros son siempre
-<i>duros</i>, esto es, que no les hace mella el castigo, y si el picador no
-tiene mucho poder no se libra de la cogida.</p>
-
-<p>Los toros que <i>recargan</i> son aquellos que llegan á la vara, y asi que la
-sienten se apartan del centro como para tomar su terreno, pero que
-conforme se les quita del morrillo para rematar la suerte arrancan con
-prontitud y dan la cogida. Estos son los que deben torearse con mas
-cuidado, y mucho mas cuando generalmente se cuelan sueltos en el
-recargo, y apoderados una vez del bulto son tan codiciosos como los
-pegajosos.</p>
-
-<p>Los toros <i>abantos</i> para la pica son aquellos que se quedan cerniendo
-delante del bulto, y no llegan muchas veces á tomarla, si no que se
-escupen fuera, mientras que otras la<span class="pagenum"><a name="page_232" id="page_232">{232}</a></span> toman y empiezan á tirar derrotes
-para desarmar, pero sin hacer fuerza, de suerte que el encontronazo es
-leve; mas sin embargo se necesita ser muy diestro y tener buen brazo
-para que el contínuo movimiento que hacen de un lado para otro mientras
-sienten la puya no desarme al picador.</p>
-
-<p>Estos toros, como luego veremos hablando de las suertes, deben torearse
-con precaucion, pues que su misma cobardía les hace aparecer con algunas
-anomalías que exigen cuidado y atencion. Es casi inútil decir que jamas
-sale uno duro.</p>
-
-<h3>CAPITULO III.<br /><br />
-<i>En que se dan algunas nociones preliminares á la suerte de picar.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">S</span>ería una impertinente repeticion tratar en esta segunda parte del arte
-de torear de las querencias de los toros, de los tres estados que se les
-advierte en la plaza, y de otras menudencias que quedan ya espuestas y
-desenvueltas con la estension que merecen en la parte que corresponde al
-toreo de á pie.</p>
-
-<p>Asi es que suponiendo, como es natural, conocidas ya estas nociones
-indispensables, podríamos pasar á esplicar las suertes de á caballo
-refiriéndonos á ellas en nuestra espli<span class="pagenum"><a name="page_233" id="page_233">{233}</a></span>cacion; pero aun cuando es verdad
-que casi todas las generalidades del toreo de á pie convienen
-exactamente al de á caballo, tambien lo es que para este debemos hacer
-algunas previas advertencias que sirvan de base particular á la
-esplicacion de las suertes.</p>
-
-<p>Lo primero de que debemos hablar es de la division de los terrenos. Es
-bastante dificil á la verdad fijar el terreno del toro y el del diestro
-en la suerte de picar, pues siendo muy diferentes las posiciones en que
-se ejecuta, apenas se encuentran reglas que los marquen con fijeza. No
-obstante, hay una que las mas veces nos los presentará: esta, pues, nos
-dice que el terreno del toro es generalmente el de la izquierda del
-picador, y su entrada en él por delante de la cabeza del caballo; el del
-diestro no es precisamente el de su derecha, sino aquel por donde
-atendiendo á la clase de toro que va á picar, deje mas pronto
-descubierta la salida, la cual debe procurar siempre que sea buscando
-los cuartos traseros del toro.</p>
-
-<p>Vemos, pues, que en estas suertes no está bien marcada la division, y
-que no es uno constantemente el terreno del diestro ni el del toro,
-mientras que en las de á pie estan perfectamente divididos, de lo que
-resulta en mucha parte la mayor perfeccion que ha adquirido aquel ramo
-del arte de torear con respecto al que nos ocupa.<span class="pagenum"><a name="page_234" id="page_234">{234}</a></span></p>
-
-<p>La necesidad, pues, que tiene el torero de conocer en cada suerte cuál
-es su terreno y cuál el del toro, es la que nos ha obligado á insistir
-sobre la materia, y la que en lo sucesivo nos hará detener en cada
-suerte sobre el particular.</p>
-
-<p>Por variadas que sean las suertes de picar, tienen todas de comun una
-multitud de circunstancias, y las diferencias que las dividen en clases
-se toman únicamente de los accesorios, digamos asi, mientras que todo lo
-esencial, lo que se verifica en el centro, es igual, por lo que daremos
-algunas aclaraciones que faciliten su inteligencia.</p>
-
-<p>El mérito de la suerte de picar consiste principalmente en que el toro
-no llegue al caballo, y lo hiera ó lo mate; y esto, como se ve
-claramente, necesita no solo habilidad, sino la fuerza competente. De
-aqui tambien se deduce que á los toros pegajosos que reunan mucho poder
-en la cabeza, y que sean secos metiendo, no habrá hombre en el mundo que
-con la vara de detener los mantenga desviados y les dé la salida, por lo
-que muchos picadores diestros en este caso hacian lo que se conoce con
-el nombre de picar á <i>caballo levantado</i>, único medio de evitar la
-cogida; esto, que tiene sin duda mas mérito artístico que dejarse caer
-al suelo por el toro, y que solo pueden hacerlo los que sean muy
-ginetes, y con ciertos caballos, es no obs<span class="pagenum"><a name="page_235" id="page_235">{235}</a></span>tante recibido con disgusto
-por algunos.</p>
-
-<p>Asi es que cualquiera que sea la suerte que se esté ejecutando, debe el
-diestro conducirse asi: citar al toro, dejarlo llegar á la vara sin
-mover el caballo, y conforme llegue á jurisdiccion y humille, ponerle la
-puya, cargarse sobre el palo, y despedirlo, si puede, en el encontronazo
-por la cabeza del caballo, que hasta ahora no debe haberse movido, pero
-que conforme está el toro en disposicion de tomar su terreno, se le hace
-girar por la izquierda, y se sale con pies. Con respecto á la salida del
-diestro hay infinitas variaciones, que marcaremos conforme vayamos
-esplicando las suertes en que tienen lugar.</p>
-
-<p>Este modo de picar, que llaman <i>sin perder tierra</i>, es el que gusta, y
-efectivamente es muy bonito, pero á mi parecer no debe ejecutarse sino
-con los toros que veremos luego rempujan poco en el encontronazo, pues
-con los demas es inevitable la cogida. Esto es lo que constituye
-esencialmente la suerte de picar; sin embargo, hay varios modos de
-ejecutarla, que aun cuando convienen en casi todo lo que hemos dicho
-arriba, tienen no obstante algunas diferencias, que bastan para hacer
-clases que deben ser conocidas con particularidad.</p>
-
-<p>Por tanto, vamos á dar una circunstanciada esplicacion de ellas en sus
-correspondientes capítulos.<span class="pagenum"><a name="page_236" id="page_236">{236}</a></span></p>
-
-<h3>CAPITULO IV.<br /><br />
-<i>Suerte de picar al toro levantado.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">E</span>sta suerte es la primera que se hace en las plazas, y aun cuando sus
-proporciones son poco ventajosas, tiene bastante buen resultado, por la
-particularidad de hacerla siempre al toro cuando viene levantado, pues
-sabemos lo sencillo que está en este caso.</p>
-
-<p>Para verificarla, suponiendo que la res es boyante, y que es el primer
-puyazo al salir del toril, se situará el diestro á la izquierda del
-chiquero, á unas diez varas de distancia de él, y unas tres ó cuatro de
-las tablas, hácia las cuales viene por consiguiente á quedar el lado de
-la garrocha, y esta vuelta, que es la de la derecha, es la que siempre
-tiene que llevar el picador en la plaza. Generalmente se sitúan mas
-cerca, tanto del toril como de las tablas; pero esto es muy mal hecho,
-en razon á que si el toro, como es muy frecuente, sale con todas las
-piernas hácia aquella parte, puede no dar tiempo al picador para
-armarse, y colársele suelto, la cual cogida es muy desairada y espuesta.
-Tiene ademas la contra de que si sale muy pegado á las tablas, que es lo
-que se llama <i>trocado</i>, no hay ni sitio para enmendarse, ni tiempo para
-salirse de la suerte, y la cogida es inevitable: por<span class="pagenum"><a name="page_237" id="page_237">{237}</a></span> tanto, se tendrá
-un especial cuidado en situarse como se ha dicho, si se quiere salir con
-lucimiento.</p>
-
-<p>Puesto ya el diestro en el parage que hemos determinado, esperará la
-salida del toro, y conforme haga por él se armará, y cuando llegue á
-jurisdiccion y á la vara se cargará sobre el palo, sesgará el caballo, y
-mostrará al toro su terreno, el cual lo tomará al momento, sin precisar
-al picador á salir con pies.</p>
-
-<p>Por la anterior esplicacion se ve qué facil es esta suerte con los toros
-boyantes, y se puede inferir que lo será tambien con los demas, por
-tomarlos siempre levantados. Sin embargo, debemos hacer algunas
-advertencias.</p>
-
-<p>Con los toros pegajosos es necesario no solo no dejarlos llegar mucho,
-sino hacer el encontronazo mas violento, cargándose con toda la fuerza
-posible sobre el palo, á fin de hacerles bajar la cabeza, el cual
-momento se aprovecha para sesgar el caballo mucho, á fin de que teniendo
-bien manifiesta la salida, y sintiendo el castigo, la tomen, y den buen
-remate.</p>
-
-<p>Muchas veces sucede que aun cuando el picador haya llegado á despedirlos
-casi hasta su terreno, no lo toman, sino que se quedan todavía
-rempujando: en este caso se endereza un poco el caballo, y se le meten
-las<span class="pagenum"><a name="page_238" id="page_238">{238}</a></span> piernas para salir del centro, y no haya miedo de que el toro se
-revuelva.</p>
-
-<p>Con los toros <i>que recargan</i> se necesita bastante cuidado; por tanto, se
-les hará la suerte como á los pegajosos, pero si cuando se apartan del
-centro no es lo suficiente para que el picador salga con piernas sin
-recelar le dé alcance, no se intentará la salida, sino se volverá un
-poco el caballo, y se permanecerá armado, para que al recargo no cuelen
-sueltos, lo cual es muy perjudicial. Algunas veces dan lugar á salir,
-pero siguen tras el bulto: esto es muy temible, porque si lo alcanzan en
-la carrera y dan la cogida, puede ser malísima, por lo violenta que es
-la caida.</p>
-
-<p>Lo que se debe hacer siempre que se salga de la suerte con el toro
-detras es irlo observando, y si se puede picar para que se vaya,
-hacerlo; pero si esto no es posible se pondrá la vara por detras del
-caballo para que el toro se entretenga con ella, y no pueda alcanzarlo.</p>
-
-<p>Los toros <i>abantos</i> deben torearse con precaucion por los contrastes en
-que pone su miedo al diestro. Asi es que conforme vea venir uno de estos
-conocerá si trae la vista en él para hacer la suerte, y si viene bien le
-cerrará un poco la salida para que sea mas ceñida, pues si no apenas
-siente el pinchazo se irá, por lo que tambien se dejará llegar mu<span class="pagenum"><a name="page_239" id="page_239">{239}</a></span>cho.
-El remate es segurísimo, y puede el diestro á su placer anticiparlo ó
-retardarlo. Una de las cosas en que se debe poner mucho cuidado con
-estos toros es en que no se cuelen sueltos, como es muy facil que
-suceda, si cuando se quedan cerniendo delante de la vara se adelanta el
-pinchazo: esto no debe hacerse jamas, pues con tener bien hecho el punto
-de vista, y no desviar de él la puya, se está en defensa para si
-intentan colarse.</p>
-
-<p>Tambien se necesita cuidar de que no desarmen luego que sienten la puya,
-pues si lo consiguen recargan por estar irritados, y dan una cogida:
-esto se evita con cargarse bien sobre el palo, y hacer la fuerza
-directamente hácia bajo, con lo que el castigo le hace bajar la cabeza,
-y como son siempre blandos, salirse de la suerte por donde primero se
-les presenta. Asi es que muchas veces rematan sobre los cuartos traseros
-del caballo, y buscan por alli la huida: en este caso deberá tenerse
-cuidado de sacar el caballo para que tengan tierra por donde huir, pues
-de lo contrario pueden dar una cogida.</p>
-
-<p>Esta suerte no vuelve á verificarse cuando se llega el toro á parar si
-no por una casualidad, como por ejemplo, cuando viene castigado de otro
-picador, ó cuando lo viene corriendo algun peon. Los toros bravos y
-secos casi nunca pueden picarse asi, porque no se mantienen levantados
-mucho tiempo.<span class="pagenum"><a name="page_240" id="page_240">{240}</a></span></p>
-
-<p>En toda suerte de picar es un precepto dar mucho palo á los toros cuando
-estan sin piernas, y muy poco cuando las tienen: por tanto, en esta, que
-solo tiene lugar cuando estan levantados, se les deberá dar muy poco.</p>
-
-<h3>CAPITULO V.<br /><br />
-<i>Suerte de picar al toro en su rectitud.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">E</span>sta suerte no se empieza á hacer hasta que los toros comienzan á
-pararse, y necesita ya mucha atencion. Sus proporciones son casi las
-mismas que las de la anterior, pero es mucho mas dificil rematarla bien,
-porque los toros tienen mucha mas codicia cuando se les hace que cuando
-estaban levantados.</p>
-
-<p>Vamos á dar su esplicacion, tomando por tipo de ella el modo como se
-hace á los boyantes.</p>
-
-<p>La situacion del toro puede ser ó bien mirando directamente á las
-tablas, y con las nalgas hácia el mismo centro de la plaza, ó bien un
-poco oblicuo, pero siempre desviado de las barreras el espacio que
-cuando menos sea necesario para revolver el caballo. El picador deberá
-ponérsele delante, y enteramente en su rectitud, pero con el cuidado de
-conservar siempre la distancia con arreglo á las piernas que le observe.
-Situado asi, debe el picador citarlo, y dejarlo venir hasta que llegue á
-la<span class="pagenum"><a name="page_241" id="page_241">{241}</a></span> vara, y asi que haya hecho la humillacion y la haya tomado se
-cargará sobre el palo para que no llegue el toro á besar al caballo en
-el encontronazo, y le mostrará su salida al mismo tiempo que sacará el
-caballo por la izquierda, para hacerle dar la especie de vuelta que se
-necesita para tomar el terreno que le corresponde.</p>
-
-<p>Si el toro conserva piernas, aunque sea de los que se duelen poco del
-castigo, tomará su terreno en cuanto el picador se lo enseñe, por lo que
-se podrá quedar quieto, en atencion á que los toros boyantes jamas
-recargan si se les ha hecho bien la suerte.</p>
-
-<p>La de que hablamos necesita hacerse con mucho cuidado y precaucion,
-aunque sea el toro sencillo, cuando se halle aplomado. Como una de las
-cosas propias de este estado es carecer de piernas, ó al menos hacer de
-ellas poco uso, de aqui resulta que se quedan en el centro de la suerte,
-no porque hayan sufrido transformacion y se hayan hecho pegajosos, sino
-porque les falta el poder para salir: de modo que para hacer un buen
-remate se necesita darles mas palo para que el centro de la suerte sea
-menos ceñido y la salida mas patente, como asimismo en el acto del
-encontronazo vaciar el caballo un poco, con todo lo cual el toro se
-encuentra castigado y metido en su terreno. La salida deberá hacerse con
-pies, pues aunque el toro, como ya diji<span class="pagenum"><a name="page_242" id="page_242">{242}</a></span>mos antes, no recargará, suele
-salir con mucha parsimonia, y á veces quedarse quieto en su terreno, y
-si el picador tambien lo hace le falta una gran parte de lucimiento á la
-suerte.</p>
-
-<p>Hemos ya visto que los toros boyantes se pican sin cuidado del modo que
-se ha indicado, pero los pegajosos requieren mas precauciones.</p>
-
-<p>Situado el picador como dijimos para los boyantes, y á larga ó corta
-distancia con mucho ó poco palo adelante, segun las piernas que advierta
-al toro, lo citará, y conforme arranque irá abriendo y vaciando un poco
-el caballo, para que cuando llegue á jurisdiccion se encuentre con su
-terreno enteramente franco; si el picador conoce que no es muy seco
-metiendo, y que puede echarlo fuera en el encontronazo sin que llegue á
-besar, deberá hacerlo, y será una suerte muy lucida; pero si ve que no
-es posible esto, entonces seguirá volviendo el caballo hasta tomar su
-terreno propio, y le meterá las piernas para salir corriendo.</p>
-
-<p>Los pocos pies que tienen ya los toros en el estado de parados aseguran
-al picador, y mucho mas con los que como estos no recargan.</p>
-
-<p>Hemos visto ya el modo de picar las dos primeras clases de toros de las
-cuatro en que los hemos dividido, y siendo enteramente igual<span class="pagenum"><a name="page_243" id="page_243">{243}</a></span> el modo de
-hacer la suerte que nos ocupa á los de la tercera, no nos detendremos en
-su prolija esplicacion, sino que pasaremos á ver cómo debe ser el
-remate, que es donde hay variaciones notables.</p>
-
-<p>Por tanto, despues de haber hecho todo conforme á las reglas
-establecidas para los boyantes, si el toro se aparta del centro con
-intencion de recargar, y se aleja lo suficiente para salirse sin tener
-recelo de ser alcanzado, se debe hacer, pero suele suceder que sigue con
-todos los pies tras el diestro, y si el caballo no tiene muchos darle
-alcance: en este caso se sigue corriendo, y se vuelve el cuerpo lo
-suficiente para ponerle la puya, con lo que regularmente ó se huye ó
-detiene algo el viaje, y á poco que el diestro apresure el suyo se
-concluye con felicidad.</p>
-
-<p>Es casi inevitable la cogida con estos toros cuando el caballo es muy
-tardo en salir, pues entonces en el recargo primero lo alcanzan y se
-cuelan sueltos; lo que debe hacer el picador que lleva debajo una bestia
-de esta naturaleza es no intentar jamas salirse de la suerte, sino
-cuando el toro se retira para recargar enmendarse lo que baste para
-recibirlo segunda ó tercera vez, pues como generalmente no son duros en
-el encontronazo, no llegan á besar; y por último, se salen de la suerte
-dejando al diestro con mucho lucimiento.<span class="pagenum"><a name="page_244" id="page_244">{244}</a></span></p>
-
-<p>Los toros abantos rara vez hacen esta suerte, porque se salen de ella
-cuanto el picador los empeña: si alguna vez llegan á efectuarla
-hágaseles por las reglas dadas ya, pues no hay variacion notable que
-hacer.</p>
-
-<h3>CAPITULO VI.<br /><br />
-<i>Del modo de picar al toro atravesado.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">E</span>sta suerte solo debe hacerse á los toros aplomados cuando estan en
-querencia, pues de otro modo es bastante espuesta. Se diferencia
-esencialmente de las otras en que no se cita al toro teniendo el caballo
-de cara á él, sino atravesado, esto es, presentándole el costado
-derecho: en esta disposicion se le obliga mucho para que embista, y asi
-que hace el encontronazo se le acercan bien las espuelas al caballo para
-salir por delante de la cabeza del toro, que castigado y hallándose en
-su querencia no hace por el bulto. Sin embargo, alguna vez, aunque muy
-rara, suelen los que recargan salir detras: en este caso se conducirá el
-picador como dijimos lo hiciera en la suerte anterior, teniendo la
-ventaja en la que nos ocupa de hallarse el toro con muchas menos
-piernas.</p>
-
-<p>La suerte que hemos esplicado se hace siempre del mismo modo, sea de la
-clase que quiera el toro que se vaya á picar.<span class="pagenum"><a name="page_245" id="page_245">{245}</a></span></p>
-
-<h3>CAPITULO VII.<br /><br />
-<i>Del modo de picar á caballo levantado.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">P</span>ara picar á caballo levantado se necesita no solo mucha destreza, sino
-tambien un caballo de buena boca, y bastante avisado.</p>
-
-<p>Este modo de picar es enteramente diferente de los demas, y consiste en
-dejar llegar al toro á la vara, terciando un poco el caballo hácia la
-izquierda, y conforme esté aquel en el centro, en vez de despedirlo del
-encontronazo, dejarlo seguir hácia el brazuelo del caballo, que en este
-tiempo se habrá alzado de manos, y echándose hácia á la derecha buscando
-los cuartos traseros del toro, y saliendo con pies. La cogida no puede
-jamas verificarse en esta suerte en haciéndola á tiempo, pues que cuando
-el toro está humillando para meterse debajo del caballo, lo libra éste
-en virtud del movimiento, que hace sobre las piernas.</p>
-
-<p>Esta suerte, como se ve por su esplicacion, es sumamente bonita, pero
-muy dificil, y tiene un mérito particular. El famoso Luis Corchado era
-sobresaliente practicándola, y el desgraciado Pablo de la Cruz, muerto
-de un tiro que le disparó un malhechor en el camino de San Lúcar de
-Barrameda, su patria, era tambien aventajado ejecutándola.<span class="pagenum"><a name="page_246" id="page_246">{246}</a></span></p>
-
-<p>Sus proporciones son tan buenas, que sea el toro boyante, pegajoso, que
-recargue, ó abanto, se hace del mismo modo y se remata con la misma
-facilidad.</p>
-
-<h3>CAPITULO VIII.<br /><br />
-<i>De la suerte del señor Zaonero.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">H</span>emos por fin llegado á la suerte de picar cuyos principios estan
-perfectamente conformes con los que sirven de base al toreo de á pie.
-Hasta ahora, todas las que llevamos esplicadas tienen algo de violento,
-y si esceptuamos la anterior, llegan á ponerse de tal modo, que no hay
-medio de evitar la cogida. Esta es la razon porque mueren tantos
-caballos cuando los toros son pegajosos, y porque los picadores ponen
-tantas veces mal de su grado las costillas en el suelo.</p>
-
-<p>Para verificar esta suerte se espera á que el toro esté en la misma
-disposicion que dijimos debia hallarse para la verónica con la capa,
-pero deberá ser el costado derecho el que tenga el terreno de adentro,
-para que cuando el diestro se ponga en suerte, que será del mismo modo
-que dijimos se debia poner el peon para capear, quede con la vara hácia
-el de afuera. Situados asi perfectamente en la rectitud como se dijo
-para la capa, y guardando la distancia que las piernas del<span class="pagenum"><a name="page_247" id="page_247">{247}</a></span> toro
-indiquen, se le cita, y conforme llega á jurisdiccion y humille, se le
-pone la vara, se carga un poco el cuerpo sobre el palo, y se mete el
-caballo en el terreno de adentro, con todo lo cual el toro, que se halla
-castigado y con su terreno franco y á la vista, lo toma y sigue con pies
-sin obligar á que el diestro haga uso de los del caballo. He descrito la
-suerte ni mas ni menos que como se hace con los toros boyantes; vamos á
-ver si con los demas es tan segura y sencilla.</p>
-
-<p>Los toros pegajosos son buenísimos para esta suerte; se les hace del
-mismo modo, con la sola diferencia de meter algo mas el caballo en el
-terreno de adentro y con mas prontitud, con lo cual se hallan despedidos
-y castigados en el encontronazo y sin el bulto delante, de manera que no
-tienen otro remedio ya que seguir su viaje, y el picador tampoco tiene
-precision de salir con pies.</p>
-
-<p>Los toros que recargan, que son tan dificiles de lidiar en las suertes
-anteriores, y que con tanta frecuencia dan cogidas en los remates, se
-torean con la mayor facilidad y segurísimamente haciéndoles la de que
-hablamos como se dijo para los boyantes, sin otra diferencia mas, si no
-que despues de partidos los terrenos, en vez de pararse y dejar ir al
-toro, se debe salir con todos los pies para evitar el recargo. Haciendo
-la suerte de esta manera, cuando el toro se vuelva para re<span class="pagenum"><a name="page_248" id="page_248">{248}</a></span>cargar está
-el diestro apartado veinte varas, y si quisiera hacer por él, la
-delantera que lleva, y la superioridad que tiene un caballo sobre un
-toro en la carrera, le asegura no ser alcanzado.</p>
-
-<p>Los toros abantos dan poco que recelar en esta suerte, la cual no sufre
-alteracion particular para ejecutarse con ellos.</p>
-
-<p>Por la esplicacion que acabamos de dar de la suerte del señor Zaonero se
-ve que tiene una multitud de semejanzas con las suertes de á pie, pero
-muy particularmente con la verónica.</p>
-
-<p>En ella estan divididos los terrenos del mismo modo que en esta, y se
-guarda igualmente la distancia que marquen las piernas del toro; se le
-cita en su rectitud, se le deja tambien venir por su terreno, y asi que
-llega á jurisdiccion y humilla se le hace la suerte y toma cada cual su
-terreno respectivo: con mucha razon, pues, la llamaria yo la <i>verónica
-de picar</i>.</p>
-
-<p>La semejanza de estas suertes nos obliga á detenernos algo sobre algunas
-modificaciones que deben hacerse en la que nos ocupa relativas á las
-diferentes clases de toros, segun la division hecha para el toreo de á
-pie. En efecto, siendo en todo igual á la verónica con la capa, deberá
-sufrir alguna variacion el modo de hacerse, segun que sea boyante, que
-se ciñe &amp;c., el toro con quien se ejecute.<span class="pagenum"><a name="page_249" id="page_249">{249}</a></span></p>
-
-<p>Partiendo, pues, del modo como se hace á los boyantes, que es el tipo de
-la suerte, diremos que á los que se ciñen no hay que hacerles mas
-variacion en cuanto al modo de recibirlos que la de sesgar un tanto el
-caballo cuando lleguen á la vara, y darles el remate segun la clase á
-que pertenezcan en la clasificacion para la pica.</p>
-
-<p>Los toros que ganan terreno pueden dar que hacer alguna vez por colarse
-al de adentro; para evitar esto es indispensable situarse rigorosamente
-en su rectitud y lo mas sobre corto posible, pero nunca menos de tres
-varas, y hacerles en lo demas la suerte como á los que se ciñen. En
-observando estos preceptos se conseguirá siempre buen remate; pero si se
-desentienden, y se mete el toro en el terreno de adentro, es menester
-hacerle la suerte de picar que hemos llamado en su rectitud, que como no
-tiene las mejores proporciones, segun se ha visto, y hay ademas en este
-caso la contra de hacerla en oposicion con los terrenos, suelen tener
-muy buen éxito.</p>
-
-<p>Los toros de sentido, que tanto cuidado dan en las suertes de á pie, en
-las de á caballo, y en especialidad en la que estamos esplicando, no dan
-ninguno si no se les une ser pegajosos ó que recargan, pues muchas veces
-son boyantes y aun abantos para la vara: de todos modos será bueno salir
-con pies en el remate.<span class="pagenum"><a name="page_250" id="page_250">{250}</a></span></p>
-
-<p>Nos hemos detenido bastante en esta suerte para hacer manifestar sus
-ventajas, y ver si en algun modo podemos contribuir á que se establezca
-en las plazas: es una fatalidad grande que sea tan poderoso el influjo
-del hábito en los picadores, que les impida hacer una reforma tan
-ventajosa para ellos mismos.</p>
-
-<p>No faltará alguno que me diga que á pesar de lo ventajosa que parece la
-suerte, como que todavía no se ha ejecutado, no podemos asegurar que su
-éxito es cual suponemos, y aun quizás que me acuse de haber comprometido
-en cierto modo la vida del que intentare practicarla animado por la
-brillante perspectiva con que la he pintado. Pero esta objecion
-careceria de fundamento, lo primero, porque estando los principios
-fundamentales de la suerte en perfecta armonía con los ya conocidos como
-ciertos y esperimentados como seguros, ó por mejor decir, siendo unos
-mismos, no puede menos de corresponder la práctica con la teórica; lo
-segundo, porque la esperiencia ha confirmado mil veces esta
-correspondencia. ¿Qué aficionado no ha visto muchas veces salir un toro
-trocado, y por no haber dado tiempo al picador para salirse de la suerte
-tener este que recibirlo, que abrir el caballo para darle la salida por
-el terreno de afuera y echar al toro por el de adentro? ¿Quién no ha
-observado alguna vez ir el diestro á dar un puyazo en los medios<span class="pagenum"><a name="page_251" id="page_251">{251}</a></span> de la
-plaza y tomar el toro para su salida el terreno de la derecha,
-precisando al picador á seguir por el de la izquierda con opuesto viaje?
-Diariamente somos testigos de estas suertes que el toro proporciona, y
-cuyo éxito es feliz, á pesar de hacerse con los terrenos cambiados, sin
-estar el diestro prevenido para hacerlas, y lo que es mas, sin tener ni
-aun la idea mas remota de que se pueda poner en práctica. ¿Y estas
-suertes son otra cosa que la que el señor Zaonero ha propuesto?
-Ciertamente que no.</p>
-
-<h3>CAPITULO IX.<br /><br />
-<i>De algunas particularidades que deben saberse relativas á las suertes
-de picar.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">D</span>espues de haber espuesto las reglas que el picador debe observar en las
-diferentes suertes de picar, deberemos hacer algunas advertencias que no
-siendo peculiares de esta ó la otra suerte, sino aplicables á todas,
-deben ocupar un lugar separado de aquellas.</p>
-
-<p>Los toros, como ya hemos insinuado en otra parte, sufren en la plaza
-verdaderas transformaciones, que si son algo raras considerándolas con
-relacion al toreo de á pie, son frecuentísimas con respecto al de á
-caballo: no se verá si no muy rara vez picar un toro sin notársele
-algunas anomalías cuando menos, por lo cual hay necesidad de darles
-cier<span class="pagenum"><a name="page_252" id="page_252">{252}</a></span>tos nombres que las espliquen y las den á conocer.</p>
-
-<p>Hay muchos toros que en la salida muestran ser boyantes y hasta blandos,
-y conforme sienten el hierro, en vez de bajar la cabeza se ponen mas
-engallados, se ensoberbecen, y se conducen en adelante como pegajosos y
-duros. Estos toros generalmente siguen ya siendo feroces y carniceros, y
-deben dar mucho cuidado en las suertes. A esta transformacion se conoce
-con la denominacion de <i>crecerse al palo</i>.</p>
-
-<p>Los toros pegajosos cuando tienen poco poder y dan con picadores de
-fuerza que los castiguen mucho suelen echar mano de un ardid siempre
-temible para el diestro, y es irse alejando poco á poco del bulto para
-traer mas violencia, y de este modo llegan á dar la cogida, pues por
-mucho poder que tenga el picador, y por poco que tuviera el toro, la
-velocidad que tiene le hace multiplicar la fuerza con que choca en el
-encontronazo, y no hay hombre que sea capaz de resistirlo. Esto se llama
-<i>arrancar de largo</i>. Muchos toros lo suelen hacer desde el principio, y
-tambien alguna vez rebrincan y alcanzan al diestro á caballo; esto es
-muy espuesto, porque pueden en el resalto dar una cornada á cuerpo
-limpio; el modo de evitarlo el picador es ver llegar al toro, y cuando
-observe el resalto meterse en la cuna y que lo enfrontile, pues<span class="pagenum"><a name="page_253" id="page_253">{253}</a></span> la
-cornada solo puede ser al subir, y luego aunque cabecee no puede hacer
-daño, porque ya viene descendiendo, y en el aire no tiene punto de
-apoyo, por lo cual no se siente la testarada.</p>
-
-<p>Los toros pegajosos cuando tienen poco poder y encuentran mucho castigo
-suelen tambien mudar de condicion en bien, y es lo que se quiere
-significar cuando se dice <i>cedió al palo</i>. Es verdad que por lo general
-cuando encuentran otra vez poco castigo vuelven á mostrarse pegajosos.</p>
-
-<p>Cuando un toro llega á colarse alguna ver suelto, ó bien encuentra poca
-oposicion y se apodera del bulto, se hace casi siempre pegajoso, y á
-esto es á lo que se llama estar el toro <i>consentido</i>. No obstante, si
-son en seguida bien castigados vuelven á ceder, pero si no cada vez se
-hacen mas temibles.</p>
-
-<p>Hay algunos toros que aunque sean boyantes son de tanto poder y tan
-duros que siempre alcanzan al caballo, y aunque en seguida tomen su
-terreno por tenerlo ya libre, suelen dar la cornada, y generalmente en
-el pecho ó al brazuelo del caballo. Esta clase de toros, aunque muy
-sencillos y que jamas se pegan, matan muchos caballos; se esplica esta
-especie de anomalías de ser el toro boyante y dar cogida diciendo que
-<i>llegó siempre</i>.</p>
-
-<p>Tambien se dice que los toros llegan á <i>besar</i> cuando teniendo puesta la
-puya van<span class="pagenum"><a name="page_254" id="page_254">{254}</a></span> poco á poco ganando sitio hasta tocar al caballo: esto es
-propio de los pegajosos mas bien que de los demas, y se ve con mas
-frecuencia cuando tienen pocas piernas, mientras que el <i>llegar</i> es casi
-peculiar de los boyantes, particularmente cuando conservan aquellas.</p>
-
-<p>Los picadores deben solicitar salir siempre en caballos de su entera
-confianza, procurando que sean avisados de la boca y prontos en todas
-sus salidas, siendo ademas muy importante que tengan para no perder á
-cada movimiento de los que hacen en la suerte la situacion que el
-diestro desea guardar; esta condicion es muy apreciable, y la designan
-los picadores diciendo <i>que se agarra bien á la tierra</i>. Antes de
-ponerse en suerte deberá tambien el picador bajar el lomo al caballo
-para poder manejarlo mejor; de otra manera le pueden suceder muchos
-contratiempos. No es menos útil taparles los ojos, á lo menos el
-derecho.</p>
-
-<p>Procurará el diestro no soltar la vara cuando puede serle útil, pues no
-está bien visto; pero cuando ya no sea posible hacer uso de ella por lo
-descompuesto que esté, y le estorbe para asegurarse, la dejará, y segun
-la disposicion en que vea está el toro corneando al caballo, asi lo
-gobernará para que no vaya á tierra, y para sacarlo si es posible de la
-cabeza, por lo cual jamas debe abandonar la rienda.<span class="pagenum"><a name="page_255" id="page_255">{255}</a></span></p>
-
-<p>Tambien deben los picadores saberse conducir cuando se hallan en el
-suelo, pues si no estarán muy espuestos. Lo primero que deben procurar
-en la caida es no trocarse, esto es, no quedar con la cabeza hácia las
-ancas del caballo y los pies hácia el cuello de este; esta clase de
-caidas es malísima, porque no se puede manejar el caballo, se está
-espuesto á recibir coces en la cara, y ademas á que se levante y deje el
-diestro en el suelo á cuerpo descubierto. Tambien debe el picador cuando
-se halle en tierra agarrar la rienda lo mas cerca que pueda de la boca
-del caballo, para sujetarlo y cubrirse con él, como asimismo debe desde
-el momento en que suelte la vara y tema caer poner bien los pies para no
-quedar cocido á un estribo, y que el caballo si sale lo arrastre por la
-plaza.</p>
-
-<p>En las caidas contra las barreras deberá procurar poner siempre un
-costado para recibir en él el tablerazo, pues se siente mucho menos:
-cuando se halle en el suelo y tenga al lado la vara, podrá hacer buen
-uso de ella pinchándole al toro en el hocico para que se vaya. Procurará
-ademas el picador poner al caballo entre él y el toro, y dirigirse hácia
-el pescuezo mas bien que hácia el anca, pues el toro generalmente cornea
-á lo mas voluminoso.</p>
-
-<p>No hay cosa mas desairada en los picadores, y que dé ademas indicios de
-cobardía,<span class="pagenum"><a name="page_256" id="page_256">{256}</a></span> que agarrarse al <i>olivo</i> antes de tiempo: esto solo lo debe
-hacer cuando ya se encuentra desarmado y con el caballo parado y casi
-muerto, por seguir el toro corneándolo; de otro modo es muy deslucido.</p>
-
-<h3>CAPITULO X.<br /><br />
-<i>De algunas otras suertes de á caballo.</i></h3>
-
-<p><span class="letra">A</span>unque el principal objeto de esta obra es el dar á conocer las reglas
-del arte <i>en plaza</i>, y por consiguiente solo debe comprender las suertes
-que se hacen en ella, no obstante voy á dar una ligera noticia de
-algunas otras que aun cuando no se hacen en el cerco, sin embargo se
-pudieran verificar, y son de tanto lucimiento como cualquiera otra.</p>
-
-<p>Diremos, pues, cuatro palabras acerca del modo de acosar, de derribar y
-de enlazar las reses desde el caballo.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del modo de acosar.</i></p>
-
-<p>Por bravas que sean las reses huyen por lo general en el campo cuando va
-sobre ellas un hombre á caballo; de aqui la diversion de <i>acosar</i>, que
-es muy bonita y nada espuesta.</p>
-
-<p>El modo de hacerlo en el campo es me<span class="pagenum"><a name="page_257" id="page_257">{257}</a></span>terse entre el ganado despues de
-haber marcado la res que se quiere apartar, y empezar á seguirla entre
-todas las otras, procurando que vaya saliéndose de la piara, y asi que
-esté enteramente fuera de ella, ó en la misma circunferencia, irse
-derecho hablándole y haciendo ademan de ofenderla, con lo que sale
-huyendo, y se sigue detras, llevando siempre cuidado de interponerse
-entre la piara, que es su querencia, para que continúe huyendo, pues si
-la ve clara se dirige hacia ella como un rayo. Cuando le faltan ya las
-piernas, ó cuando son reses de mucho corage, se suelen parar para
-acometer; en este caso se muda el viaje para dejarles libre la
-querencia, se acosan de nuevo, y se va á rematar á la piara.</p>
-
-<p>Por lo que hemos dicho de esta suerte parece se puede inferir que no
-tiene lugar en las plazas, porque en ellas los toros embisten al bulto;
-no obstante salen muy á menudo algunos que huyen hasta de su sombra, y
-estos no habria otro modo de hacerles presentar en suerte que
-acosándolos hasta que se parasen.</p>
-
-<h4>ARTÍCULO II.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del modo de derribar.</i></p>
-
-<p>Una de las suertes mas bonitas que pueden hacerse á los toros desde el
-caballo es <i>derribarlos</i>.<span class="pagenum"><a name="page_258" id="page_258">{258}</a></span></p>
-
-<p>Para esto se debe procurar un caballo fuerte, ligero, muy mañoso, y que
-esté acostumbrado á este ejercicio, pues esta condicion es tan esencial,
-que en siendo un caballo maestro no tiene el ginete que hacer casi nada
-para dirigirlo bien y verificar la suerte, de modo que con poca
-habilidad se queda lucido, mientras que el mejor ginete y el que sea mas
-diestro derribando, no podrá si lleva un caballo malo salir con
-lucimiento de la empresa.</p>
-
-<p>Hay dos ó tres modos de <i>derribar</i> que se diferencian en bien poco, y de
-los cuales solo uno se ejecuta, por ser mas natural y desembarazado,
-pues los otros, ademas de ser mas dificiles, no tienen tanto lucimiento;
-asi es que rara vez se ponen en práctica.</p>
-
-<p>Para <i>derribar</i> del modo preferido, que llaman á la <i>falseta</i>, se acosa
-la res guardando las reglas dichas arriba, y conservando la distancia de
-unas veinte y cinco á treinta varas, echándose tambien un poco hácia su
-costado derecho: cuando parezca buena ocasion se aprieta cuanto se puede
-el caballo, de modo que la línea que describe en su viaje venga á formar
-un ángulo bien obtuso con la que el toro figura en el suyo, y en la
-reunion que forma el ángulo, que es el centro de la suerte, viene á
-pasar el caballo por junto á los cuartos traseros de la res; el ginete,
-cuanto la haya tenido en jurisdiccion,<span class="pagenum"><a name="page_259" id="page_259">{259}</a></span> habrá echado todo el palo
-adelante para ponerle la puya en el nacimiento de la cola, cargar bien
-el caballo y seguir haciendo fuerza y cerrándolo hasta echarlo al suelo.
-Es menester tener un cuidado particular para no atravesarse demasiado y
-llegar á tropezar con el toro y caer con el caballo á tierra.</p>
-
-<p>Debo advertir que para todas las suertes que se hagan á los toros sin
-que sea tomarlos por delante con la vara de detener, se use de garrochas
-largas y ligeras con muy poca puya, pues si no es imposible manejarlas
-como el caso requiere. Tambien debe saberse que siempre que se vaya á
-<i>derribar</i> se lleva la garrocha agarrada cerca de la estremidad y
-apoyada en el brazo izquierdo, para no armarse hasta el mismo instante
-de ir á poner la puya á la res, pues de lo contrario no puede sufrirse
-el peso que hace todo el palo adelante, se cansa el brazo, falta la
-fuerza, y es incierto el golpe de vista.</p>
-
-<p>Hay otro modo de <i>derribar</i> que llaman de violin, en el cual la garrocha
-pasa por cima del cuello del caballo y viene á quedar al lado izquierdo,
-como ya dije antes; se usa poco, y no promete ventajas. Lo mismo digo de
-algunos otros, en que no me detengo por lo poco interesantes que son.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_260" id="page_260">{260}</a></span></p>
-
-<h4>ARTÍCULO III.</h4>
-
-<p class="chead"><i>Del modo de enlazar los toros desde el caballo.</i></p>
-
-<p>Para <i>enlazar</i> cualquier res deberá llevarse una cuerda de cáñamo del
-grueso que baste, y del largo suficiente para lo que se piense hacer
-despues. Esta cuerda tendrá un anillo en uno de los estremos para meter
-por él la otra punta y formar asi un lazo corredizo, el cual se puede
-poner en el estremo de un palo que tenga dos varas de largo, para poder
-echarlo mejor en las astas del toro y dejarlo enmaromado. Se entiende
-que para esta operacion se le va acosando hasta ponérsele al costado
-izquierdo, y que se debe ir bien prevenido para si se vuelve alejarse
-con presteza. Tambien se puede <i>enlazar</i> tirando la cuerda con la mano.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_261" id="page_261">{261}</a></span></p>
-
-<h2><a name="PARTE_TERCERA_REFORMA_DEL_ESPECTACULO" id="PARTE_TERCERA_REFORMA_DEL_ESPECTACULO"></a> PARTE TERCERA.<br /> <i>REFORMA DEL ESPECTÁCULO.</i></h2>
-
-<h3>CAPITULO ÚNICO.</h3>
-
-<p><span class="letra">L</span>as plazas de toros deben estar en el campo á corta distancia de la
-poblacion, combinando que se hallen al abrigo de los vientos que con mas
-fuerza reinen en el pueblo: deberá haber tambien una calzada de buen
-piso para las gentes que vayan á pie á la funcion, y un camino que no
-cruce con el anterior, por el que irán los carruages y caballerías. De
-este modo se evitaria mucha confusion y desorden, y hasta las desgracias
-que alguna vez suceden.</p>
-
-<p>Estas disposiciones, que parece influyen poco en el prestigio de la
-diversion, tienen por el contrario una gran parte en su
-engrandecimiento, pues no hay duda que á muchas personas, y con
-particularidad al bello sexo, retraen estos y otros inconvenientes para
-ir á las fiestas de toros.<span class="pagenum"><a name="page_262" id="page_262">{262}</a></span></p>
-
-<p>Las plazas deberán tener cuando menos de cantería hasta los primeros
-balcones, y estar construidas con la mayor solidez y el gusto mas
-esquisito, debiendo ser el gobierno quien cuidase de todo lo
-concerniente á su hermosura y magnificencia, pues son edificios públicos
-susceptibles de recibir cuantas bellezas posee la mas brillante
-arquitectura, y en que debe darse á conocer á todos los que los observen
-el grado de esplendor y de adelanto en que se hallan las artes en
-España.</p>
-
-<p>En cuanto á la disposicion interior de la plaza solo tengo que decir,
-que sería sumamente bueno para el público que todos los asientos se
-numerasen, y cada cual se colocara en el que trajera anotado su billete;
-de este modo se evitaria la estraordinaria concurrencia que se advierte
-en algunos puntos de la plaza, mientras que otros estan enteramente
-vacíos, y ademas las rencillas é incomodidades que la multitud y
-estrechez traen consigo: tambien esta medida precaveria en mucha parte
-los hundimientos y alborotos que la demasiada gente en un determinado
-sitio ocasiona con bastante frecuencia.</p>
-
-<p>Tambien debe procurarse que los corredores, las escaleras y todos los
-demas sitios de tránsito sean anchos, cómodos y decentes.</p>
-
-<p>En cuanto al cerco sería de desear que fuese de piso muy igual, ni duro
-ni blando, sin hoyos ni piedras, ni clase alguna de es<span class="pagenum"><a name="page_263" id="page_263">{263}</a></span>torbo; y por lo
-que respecta á las barreras, diré que debe haber una contrabarrera
-separada de los andamios de tres á cuatro varas, y de alto
-correspondiente, con que se evita que desde las cuerdas esten
-incomodando á los lidiadores, y que resabien á los toros con los
-pañuelos y demas engaños con que al cabo les descomponen la cabeza, y
-dan muchas veces lugar á un contraste en que quizá pierde un hombre la
-vida. No se puede mirar con indiferencia un abuso de tan funestas
-consecuencias, y vale mas hacer un escarmiento en uno de estos
-inconsiderados, que regularmente estan casi del todo ébrios, que
-autorizar con indiferencia el peligro á que esponen al infeliz torero,
-que por muy diestro que sea no puede lidiar con ventajas contra tantos
-azares.</p>
-
-<p>Tampoco puede resistirse el abuso de los avellaneros, aguadores y demas
-vendedores: es un enjambre el que hay de estos hombres que se creen
-autorizados para incomodar al que está pacífico en su asiento,
-entretenido y aun embebido con alguna suerte que le llama la atencion;
-se le ponen delante quitándole le vista, lo pisan, lo ensucian, lo
-mojan, lo atolondran con sus descomunales gritos, y es necesario valerse
-de la prudencia y sufrir, ó estar guerreando toda la funcion. No se debe
-permitir la entrada á estos hombres sino en cierto número, y tenerles en
-cada ochava ó<span class="pagenum"><a name="page_264" id="page_264">{264}</a></span> andamio su sitio señalado, del que no puedan moverse, y,
-sin que se les permita pregonar, pues estando establecida esta
-disposicion, cualquiera que los necesitase los llamaria ó iria á
-buscarlos.</p>
-
-<p>Los soldados y los demas dependientes de justicia, como asimismo todos
-los empleados de la plaza, deberán tener sus sitios señalados donde no
-incomoden al espectador, el cual por lo que ha contribuido tiene un
-derecho á ser atendido, y á que nadie le estorbe ni moleste.</p>
-
-<p>La clase baja cree tener en los toros una soberanía indisputable, y
-debemos confesar que efectivamente hasta el dia lo que quiere la
-multitud eso se hace en estas funciones. Pero ¿es esto justo?
-Seguramente que no. ¿Y no hay modo de remediarlo? muchos creen que no,
-pero se equivocan. Si en medio del entusiasmo y exaltacion que el vino y
-la lidia producen en las mal organizadas cabezas del populacho, que
-donde quiera es soez, se trata de refrenarlo por la fuerza, y cortar
-desde el momento los abusos, es indudable que no se conseguiria nada, y
-que el campo de Agramante sería niño de teta para la plaza de toros.
-Pero si despues de haber intimado por edictos ó por los medios que
-parezcan mas conducentes por las respectivas autoridades las penas que
-tienen los infractores del orden público, y las prohibiciones que se
-juzgasen opor<span class="pagenum"><a name="page_265" id="page_265">{265}</a></span>tunas (entre las que debe comprenderse la de no entrar
-nadie con garrotes ni varas en la plaza, por el daño que causan al
-edificio y á los oidos, y porque pueden servir de arma ofensiva), si
-hiciesen algunos ejemplares castigando á los que se atreviesen á cometer
-algunos de los escesos prohibidos, y se presentase la suficiente fuerza
-armada para imponer á los insolentes, se puede asegurar que bien pronto
-cesaria el desorden y pillage que hacen indecorosa esta diversion. No
-hay duda en que el carácter del espectáculo es muy á propósito para la
-algazara y vocería; pero tampoco la hay en que pueden estas contenerse
-dentro de los límites justos, y reducirse á victorear y á aplaudir á los
-lidiadores, animándolos y entusiasmándolos mas y mas: para esto no es
-necesario usar de frases descompuestas ni contrarias á la decencia
-pública, y sí puede echarse mano de las agudezas propias del gracejo de
-los españoles, y de los chistes con que ameniza la diversion el
-ponderativo andaluz.</p>
-
-<p>Las plazas de toros estan presididas y mandadas por los gobernadores, ó
-por diputaciones del ayuntamiento, ó en fin, por las primeras
-autoridades del pueblo en que se hallan: esto es muy justo, sin duda;
-pero como para mandar bien lo que pertenezca á la parte de la lidia se
-necesita un perfecto conocimiento de todo lo que constituye el arte de
-torear,<span class="pagenum"><a name="page_266" id="page_266">{266}</a></span> y este conocimiento muy rara vez lo tendrá el presidente de la
-plaza, como ageno de su carrera y de su profesion, será muy del caso que
-en todas estas funciones tenga la autoridad inmediata á sí un hombre de
-conocida probidad é imparcial, y que reuna un completo conocimiento de
-los toros, de las suertes &amp;c. &amp;c., el cual ilumine al presidente, y le
-diga qué es lo que debe hacer con respecto á lo que pasa en el cerco.
-Este hombre deberá tener su correspondiente retribucion en pago de su
-buen oficio, pero deberá ser castigado severamente siempre que por
-parcialidad, ociosidad ó cualquier otro motivo, falte en algo á la
-justicia y á la verdad.</p>
-
-<p>Este hombre, que bien puede llamarse <i>fiel de las corridas de toros</i>,
-deberá reconocer el ganado antes de traerlo á la plaza, para ver si
-tienen los hierros y marcas de las ganaderías á que dice el asentista
-que pertenecen, para que no engañen al público, como sucede todos los
-dias anunciando toros de castas acreditadas ú oriundos de ellas, y
-corriéndoles luego cuneros. Deberá tambien este hombre examinar si los
-toros tienen edad y fuerza suficiente, y por último, si la vista y demas
-requisitos necesarios se hallan como se desea, para desechar los que
-carezcan de las proporciones oportunas para la lidia. Tambien deberá el
-mismo fiel dirigir cuanto corresponda á la conduccion de los toros, y
-muy par<span class="pagenum"><a name="page_267" id="page_267">{267}</a></span>ticularmente los encierros, para que se hagan sin deterioro del
-ganado, y sin que la multitud y bullicio que en todas partes va á
-presenciarlos pueda hacerlos desmandar. Sería igualmente de desear que
-el descanso estuviera dispuesto de modo que las gentes no pudieran estar
-incomodando á los toros todo el tiempo que media entre el encierro y la
-corrida.</p>
-
-<p>El diputado del festejo deberá concurrir acompañado del <i>fiel</i> á lo que
-llaman la prueba de los caballos: tambien cuidará de que haya el número
-suficiente para cubrir la corrida, y que todos sean buenos, y probados
-de antemano. En seguida deberá hacer que le presenten las monturas, para
-ver si hay el número suficiente y estan en buen estado, como tambien
-examinar las puyas y medirlas, arreglándolas á la marca que pida la
-estacion, y asegurarlas con los topes ó casquillos para que no puedan
-desliarse mas. Tambien si el tiempo es muy seco deberá hacer que
-humedezcan las varas de detener, para que no se quiebren á cada momento,
-como sucede con mucha frecuencia por no tener esta precaucion.</p>
-
-<p>Despues de haber dispuesto y hecho ejecutar estas cosas, dará orden de
-que se componga y humedezca lo suficiente el terreno de la plaza, y que
-arreglen todos los demas útiles que se puedan necesitar, tanto para la<span class="pagenum"><a name="page_268" id="page_268">{268}</a></span>
-policía de la plaza y seguridad de los espectadores, como para el
-servicio de la lidia y socorro de los toreros cuando por una casualidad
-hubiese algun herido, por lo que habrá un cuarto preparado con camas, y
-un cirujano con cuanto pueda necesitar.</p>
-
-<p>Hemos dicho que corresponde al <i>fiel</i> de las corridas hacer un
-reconocimiento prolijo de los toros para desechar los que no deban
-lidiarse, y añado que este mismo hombre deberá avisar á la autoridad si
-se presenta entre los toreros, asi á pie como á caballo, alguno que por
-su ignorancia no esté en el caso de cumplir con su obligacion, y pueda
-ocasionar un disgusto á los espectadores, para no permitir su salida. He
-presenciado muchas cogidas por la poca escrupulosidad que tienen á veces
-los asentistas de las plazas en escoger los toreros, poniéndonos como
-picadores hombres que ni aun saben tenerse á caballo, y como matadores
-algunos muy malos chulos: de ahí nacen los disgustos y desgracias, y de
-aqui que se pierda la aficion á este espectáculo, que no puede agradar
-siendo malos los lidiadores.</p>
-
-<p>Los elementos ó la base del espectáculo, que son los toreros, los toros
-y los caballos, elegidos de esta manera no podrian dejar de llenar
-completamente la satisfaccion de los espectadores, y llevarian la lidia
-hasta la cima de su perfectibilidad. No obstante, si con res<span class="pagenum"><a name="page_269" id="page_269">{269}</a></span>pecto á la
-parte científica, si es propia la espresion, no cabe ya mejora despues
-de practicado lo dicho, con relacion al orden ó la marcha del
-espectáculo resta mucho que enmendar. Asi es, que para no dejar nada
-olvidado, y seguir mejor el orden que deseamos se establezca en estas
-funciones, iremos hablando segun la marcha que ellas siguen ahora.</p>
-
-<p>Hecho el despejo de la plaza, y despues de ocupar cada uno de los
-espectadores su asiento, y colocarse entre barreras los empleados y
-soldados que deben estar abajo para cuidar que nadie se eche á la plaza,
-y que no esten embarazados los portillos de las contra-barreras donde
-han de guarecerse los toreros, harán estos el correspondiente saludo á
-las autoridades, y los picadores se situarán, el mas moderno el primero,
-y el mas antiguo el último, el cual orden de antigüedad no se
-interrumpirá, á no ser cuando uno de ellos se desmonte y vaya por otro
-caballo: en esta operacion solo deben tardar lo que baste para llegar á
-la cuadra y montarse, pues que en ella deberán estar siempre ensillados
-y listos á lo menos tres caballos, y si el picador se tarda mas del
-tiempo dicho será efecto de holgazanería, lo cual se deberá castigar, lo
-mismo que todas las faltas que cometan los demas toreros, haciéndoles
-una rebaja en el estipendio segun lo merezca la falta, pues no<span class="pagenum"><a name="page_270" id="page_270">{270}</a></span> se les
-puede imponer pena mas suave ni mas eficaz; y se puede aumentar en
-cierto modo el estímulo dando como gratificacion al que mejor haya
-cumplido lo que como castigo se exigió al que cumplió mal. Los picadores
-esperimentados suelen usar algunas raterías para trabajar poco y sacar
-partido de su trabajo: una de estas es ponerse á picar á un toro boyante
-y blando, y darle dos ó tres puyazos seguidos en los tercios, y aun en
-los medios de la plaza, sin dejar casi trabajar á los compañeros, y
-atravesándose siempre como si estuvieran entusiasmados y con muchas
-ganas de picar; pero si en seguida sale un toro pegajoso, ya no hacen
-por él, ó bien el caballo no anda, ó en fin, se apean para tomar otro y
-dejar pasar el tiempo: esto es una infamia, porque no dejan lucir á los
-otros cuando el toro es á propósito para ello, y luego los dejan que
-trabajen con el que los puede deslucir y lastimar: por esto dije arriba
-que no debia alterarse el orden de los puyazos, y solo en el caso de
-recargar el toro es cuando dará el picador dos ó mas: <i>el fiel</i> de la
-plaza informará de esto á la autoridad para el efecto conveniente, como
-tambien cuando deben ir á buscar al toro, y cuando la calidad de éste no
-permita sino picarlo cerca de los tableros.</p>
-
-<p>Con respecto á los banderilleros solo tengo que decir que no deberán
-quitar las pier<span class="pagenum"><a name="page_271" id="page_271">{271}</a></span>nas á los toros mientras se esten picando, ni deben
-hacer nada con ellos sino por orden de las espadas, que deberán estar
-muy prontos para sacarlos de los caballos cuando recarguen, y no mas; y
-que si el picador cae deberán llevarse al toro con ligereza y
-conocimiento, echándole siempre el capote á los ojos para que obedezca
-mejor. Cuando llegue el caso de banderillear saldrá primero el mas
-antiguo, y si vuelve á tener suerte antes que el otro la verificará sin
-guardar consideracion, porque si el segundo no la consiguió por haber
-hecho salidas falsas, justo es que pague su torpeza, y logre el primero
-el premio de su habilidad. Sería de desear que se detuviesen mas tiempo
-en banderillear, porque no hay razon para que á una suerte tan linda se
-le dé tan poco lugar en la lidia.</p>
-
-<p>Cuando se toque á matar al toro deberá hacerlo primero el mas antiguo,
-que lo brindará segun costumbre á la autoridad, y no podrá cederlo á
-ningun otro matador, y mucho menos á ningun chulo. La suerte de muerte,
-que es la mas dificil y lucida, no debe ser ejecutada sino por las
-primeras espadas, las cuales no tienen derecho alguno para cederla á
-ningun otro torero, porque el público, que es lo mas respetable y lo que
-primero debe atenderse, va al cerco en la inteligencia de que á cada una
-de ellas les toca matar tales y tales toros, segun se infiera de la
-papeleta<span class="pagenum"><a name="page_272" id="page_272">{272}</a></span> ó cartel en que se anunció la funcion: el no cumplir con esto
-es un engaño manifiesto, y tanto mas cuanto sea menos diestro el que por
-cesion de la primera espada vaya á matar al toro. Este abuso es tan
-frecuente, que yo he visto corridas en que la primera espada, que era de
-conocida destreza, debia matar, segun se inferia del cartel, cuatro
-toros, la otra espada tres, y el media espada el último; y luego solo
-mató uno la primera, dos la segunda, y los restantes entre la media
-espada, dos chulos, y otro que ni aun estaba en la cuadrilla. ¿Qué razon
-hay para estas variaciones? El aficionado que va á los toros por ver
-matar á los mas diestros, que sale de su casa y aun de su pueblo robando
-el tiempo á sus ocupaciones, y posponiendo todo á su favorita diversion,
-¡con cuánto derecho podrá acusar de injusticia y arbitrariedad al que
-autorice semejante abuso!</p>
-
-<p>Ya que hemos tocado este punto, bueno será esponer las razones en que me
-fundo para decir que ningun torero debe ceder á otro la suerte que le
-toca. Prescindiendo ya de la principal, cual es la de cumplir con lo que
-se anuncia al público, que es el deber mas fuerte y sagrado, me asisten
-otras, que si por una parte no tienen la fuerza incontrastable que la
-anterior, influyen sin embargo de un modo mas inmediato y directo en el
-buen suceso de las lidias. Sabemos que por desgra<span class="pagenum"><a name="page_273" id="page_273">{273}</a></span>cia son muy frecuentes
-entre los toreros las rencillas y enemistades que los espectadores
-parciales é imprudentes fomentan con sus determinados aplausos y gritos:
-de aqui es que muchas veces cuando el partido de un torero es el
-dominante en la plaza, y se va á matar un toro boyante, por el que sea
-su émulo se forme aquella especie de motin, en que atropellando por lo
-justo y por el orden establecido, se oponen á que haga la suerte el que
-debe, y le obliguen á dar la espada al favorito de la plebe, que siempre
-es la que asi se conduce, para que luzca con un toro que la casualidad
-habia prevenido al otro, y con el que probablemente hubiera lucido su
-destreza. Hay ademas otra razon para que no se permitan estas cesiones,
-y es que los toreros son generalmente fatalistas, es decir, que tienen
-sus aprensiones á ciertos toros, porque se les figura que los han de
-coger; unos los temen por la pinta, otros por la calidad, algunos por la
-casta, y muchos porque sean corni-apretados, cornaloneo, capachos &amp;c.;
-si en unos de estos cambios se añade al disgusto de recibir un desaire
-de parte del público, tener luego que matar uno de estos toros, ó que
-sea realmente de sentido, es mas probable la cogida, y si pierde la vida
-el diestro será una desgracia doblemente digna de sentimiento.</p>
-
-<p>Sería, pues, de desear que la autoridad<span class="pagenum"><a name="page_274" id="page_274">{274}</a></span> hiciese saber al público que no
-se concederian de manera alguna semejantes permutas, y mucho menos
-cuando son para empeorar, por recaer en sugetos poco hábiles, y que se
-castigaria como perturbador del orden del espectáculo al que la
-solicitase y pidiese, asi como se haria en un teatro si alzase uno la
-voz pidiendo que un parte de por medio hiciese de primer galan.</p>
-
-<p>Tambien es muy frecuente pedir el pueblo que salga á malar ó
-banderillear algun torero que esté viendo la funcion, porque el vulgo
-novelero mas gusta de ver matar cada toro por un torero diferente,
-aunque sea malo, que todos por el mas diestro: tampoco debe esto
-permitirse por las razones dichas, y mucho mas si se empeora; pero si el
-torero á quien solicita el pueblo ver matar es de una destreza conocida,
-superior, ó al menos igual al mejor que haya en la plaza, y este se
-conviene espontáneamente en cederle la espada, se podrá permitir, puesto
-que no es perjuicio para los demas toreros, y sí beneficio para el
-público. Sin embargo, solo alguna rara vez, y siendo contento en ello el
-que ceda la suerte, se tendrá esta complacencia.</p>
-
-<p>Del mismo modo se debe prohibir la salida de cualquier picador intruso ó
-aventurero que se ofreciese gratuitamente á picar, y de cualquiera que
-se brindase á hacer alguna especie de suerte.<span class="pagenum"><a name="page_275" id="page_275">{275}</a></span></p>
-
-<p>Estos son los vicios de que adolece el espectáculo, cuyos medios de
-correccion dejo espuestos, igualmente que las razones que me asisten
-para proponerlos; pero no consiste en esto solo la reforma que él exige.
-¿Por qué razon se han de limitar las funciones de toros tan solo á unas
-clases de suertes, mientras que otras que en nada ceden á las que se
-usan estan enteramente desterradas del cerco? ¿Por qué cuando salen los
-toros de una corrida malos para las varas y no las toman se ha de salir
-el público sin verlos lidiar, y con particularidad si son de regocijos?
-No puedo alcanzar la razon; pero nada hay mas frecuente que ir á los
-toros, y si son de los que no quieren los caballos, y la corrida no es
-de muerte, acabarse la funcion sin haberse hecho mas en ella que poner
-algunas banderillas. Con el objeto de remediar esto en cuanto sea
-posible, voy á proponer los medios de que yo usaria para amenizar la
-diversion, y no dejarla en cierto modo casual y advenediza, como sucede
-hoy.</p>
-
-<p>Los toros que fueren bravos para los caballos se torearian como de
-costumbre, haciéndoles las suertes de picar á caballo levantado, y la
-del señor Zaonero. Los que fuesen cobardes y rehusasen tomar las varas
-deberian ser acosados por los picadores y derribados, ya de este, ya de
-aquel modo, con lo cual se pararian y harian suerte, siendo ademas muy<span class="pagenum"><a name="page_276" id="page_276">{276}</a></span>
-bonito ver estas operaciones, que son otras tantas suertes muy lucidas y
-brillantes. Concluidas las de á caballo deberian los toreros de á pie
-hacer los muchos juguetes que se le hacen á los toros, ya con la capa,
-ya saltándolos, parcheando &amp;c., y no dedicarse esclusivamente á la de
-banderillas. Esta segunda época, digámoslo asi, que se consagraria á las
-suertes de á pie, sería de mas ó menos duracion, segun el estado y poder
-del toro; todo lo cual haria el <i>fiel</i> hacer saber al diputado para que
-marcase con oportunidad y con el debido conocimiento. Con esto se
-conseguiria ver una multitud de suertes cuya variedad embelesaria, y no
-habria toro, por malo y cobarde que fuese, de quien no se sacase recreo
-y novedad.</p>
-
-<p>La suerte de muerte, la mas dificil que se ejecuta, y cuyas dificultades
-se multiplican por la circunstancia de ser la última, y estar ya el toro
-con mas conocimiento y picardía, es peculiar, como ya hemos dicho, de
-las espadas; pero sería de desear que cuando llega el caso de matar un
-toro que por haber sido ya placeado, ó por haber aprendido en la lidia,
-ó por ser naturalmente de sentido, dé mucho recelo, y pueda esponer con
-mucha probabilidad al torero, se le mandase echar perros, en vez de
-tocar á matarle con la espada; de este modo se escusaria el disgusto que
-la mucha intencion del toro pu<span class="pagenum"><a name="page_277" id="page_277">{277}</a></span>diera ocasionar, y se ofrecia á los
-espectadores una nueva lucha muy divertida y curiosa.</p>
-
-<p>Tengo que hacer una advertencia con respecto á las corridas de novillos,
-porque como en ellas salen los toros vivos, y luego se van al campo,
-pueden volver á la plaza y traer demasiada intencion, como la
-esperiencia lo ha probado ya tristemente en las cocidas que ellos han
-dado: esto se podria evitar haciendo marcar al toro en la plaza con un
-hierro que fuese conocido de todos, con lo que se conseguiria que no
-pudiesen volver á correr semejantes reses, pues conforme se presentasen
-para la venta, el <i>fiel</i> de la plaza los desecharia como inútiles. Esta
-sencilla precaucion no solo evitaba completamente el fraude en esta
-materia, sino que proporcionaba una diversion nueva á todos los
-concurrentes.</p>
-
-<p>La reforma que á mi parecer reclama el espectáculo estriba
-principalmente en los puntos dichos: no dudo que se me habrá escapado
-alguno, y acaso muy interesante: tampoco desconozco el trabajo y el
-tiempo que se necesitarian para desarraigar tan inveterados abusos, y la
-constancia y prudencia que esta empresa necesita; pero su utilidad exige
-cualquier sacrificio. Desterrar lo que tiene de incivil y sanguinaria;
-amenizar y multiplicar su perspectiva, y combinar la destreza y la
-seguridad; hé aqui lo que forma su objeto. Si<span class="pagenum"><a name="page_278" id="page_278">{278}</a></span> el haber fijado la
-atencion sobre esta importante materia contribuye algo á impulsar hácia
-la perfeccion la fiesta de toros, me creeré feliz, y habrá conseguido
-este pequeño trabajo, el premio que merece tan solo mi buena intencion.</p>
-
-<p class="fint">FIN.<span class="pagenum"><a name="page_279" id="page_279">{279}</a></span></p>
-
-<h2><a name="INDICE" id="INDICE"></a>INDICE<br /><br />
-DE LAS MATERIAS QUE CONTIENE ESTA OBRA.</h2>
-
-<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary="">
-
-<tr><td valign="top"><i><a href="#PROLOGO_DEL_EDITOR">Prólogo del editor.</a></i></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><i><a href="#TABLA_ALFABETICA">Tabla alfabética de algunas voces y frases cuyo conocimiento es indispensable para inteligencia de esta obra.</a></i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_1">Pág. I</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><i><a href="#DISCURSO">Discurso histórico apologético de las fiestas de toros.</a></i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_1">1</a></td></tr>
-
-<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">PARTE PRIMERA.</th></tr>
-
-<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">Arte de torear á pie.</th></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAPITULO I. <i>De las condiciones que indispensablemente debe tener un torero.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_78">78</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. II. <i>Requisitos que deben tener los toros para lidiarse.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_82">82</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. III. <i>De las querencias.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_88">88</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. IV. <i>De los tres estados que tienen los toros en la plaza.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_92">92</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. V. <i>De las diferentes clases de toros.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_94">94</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. VI. <i>De las suertes de capa.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_100">100</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Artículo I.</span> <i>Del modo de correr los toros.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_101">101</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. II.</span> <i>De la suerte á la verónica, ó sea de frente.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_107">107</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. III.</span> <i>De la suerte á la navarra.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_117">117</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. IV.</span> <i>Suerte de tijerilla, ó sea á lo chatre.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_120">120</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. v.</span> <i>Suerte al costado</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_121">121</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. vi.</span> <i>Suerte de frente por detras</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_123">123</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. VII. <i>De los recortes y galleos</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_124">124</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. VIII. <i>De los cambios</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_129">129</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. IX. <i>De la suerte de banderillas</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_132">132</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Artículo i.</span> <i>Suerte de banderillas á cuarteo</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_133">133</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. ii.</span> <i>Suerte de las banderillas á media vuelta</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_142">142</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iii.</span> <i>De las banderillas á topa carnero</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_145">145</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iv.</span> <i>Suerte de banderillas al sesgo, ó á la carrera, ó á tras-cuerno</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_148">148</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. v.</span> <i>Suerte de banderillas al recorte</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_149">149</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. X. <i>Del modo de parchear</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_151">151</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. XI. <i>De la suerte de muerte</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_156">156</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">PRIMERA PARTE. <i>De los pases de muleta</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_156"> id.</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">SEGUNDA PARTE. <i>De la estocada de muerte</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_170">170</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Artículo i.</span> <i>Del modo de matar los toros, recibiéndolos</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_171">171</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. ii.</span> <i>De la estocada á vuela pies</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_184">184</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iii.</span> <i>De la estocada á la carrera</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_193">193</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iv.</span> <i>De la suerte á media vuelta</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_194">194</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. v.</span> <i>De la estocada á paso de banderillas</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_195">195</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. XII. <i>Consecuencias de la estocada de muerte</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_197">197</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. XIII. <i>Del ver llegar los toros</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_204">204</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. XIV. <i>De algunas otras suertes de á pie</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_208">208</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Artículo i.</span> <i>Del salto á tras-cuerno</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_209">209</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. ii.</span> <i>Del salto sobre el testuz</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_210">210</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iii.</span> <i>Del salto de la garrocha</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_211">211</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iv.</span> <i>De la lanzada de á pie</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_212">212</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. v.</span> <i>Del modo de capear entre dos</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_213">213</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. vi.</span> <i>Del modo de picar los toros, montado sobre otro hombre</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_214">214</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. vii.</span> <i>Del modo de mancornar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_214">id.</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. XV. <i>De algunas particularidades que debe tener el torero</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_216">216</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. XVI. <i>Modo de cachetar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_222">222</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. XVII. <i>Modo de desgarretar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_223">223</a></td></tr>
-
-<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">PARTE SEGUNDA.</th></tr>
-
-<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">Arte de torear á caballo.</th></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAPITULO I. <i>De las cualidades que debe tener el torero de á caballo</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_224">224</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. II. <i>Del modo de dividir los toros para la suerte de picar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_229">229</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. III. <i>En que se dan algunas nociones preliminares á la suerte de picar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_232">232</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. IV. <i>Suerte de picar al toro levantado</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_236">236</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. V. <i>Suerte de picar al toro en su rectitud</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_240">240</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. VI. <i>Del modo de picar al toro atravesado</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_244">244</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. VII. <i>Del modo de picar á caballo levantado</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_245">245</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. VIII. <i>De la suerte del señor Zaonero</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_246">246</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. IX. <i>De algunas particularidades que deben saberse, relativas á las suertes de picar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_251">251</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAP. X. <i>De algunas otras suertes de á caballo</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_256">256</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. i.</span> <i>Del modo de acosar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_256">id.</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. ii.</span> <i>Del modo de derribar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_257">257</a></td></tr>
-
-<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iii.</span> <i>Del modo de enlazar los toros desde el caballo</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_260">260</a></td></tr>
-
-<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">PARTE TERCERA.</th></tr>
-
-<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">Reforma del espectáculo.</th></tr>
-
-<tr><td valign="top">CAPITULO ÚNICO</td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_261">261</a></td></tr>
-</table>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_283" id="page_283">{283}</a></span></p>
-
-<div class="blockquot"><p><i>Se vende en Madrid en la librería de Escamilla, calle de Carretas,
-y en las provincias donde se encuentran las nuevas publicaciones
-siguientes.</i></p></div>
-
-<p>Coleccion de novelas históricas originales españolas: 29 tomos, á 8
-reales cada uno en rústica y 10 en pasta.</p>
-
-<p>Fígaro: coleccion de artículos dramáticos, literarios, políticos y de
-costumbres, por D. Mariano José de Larra: 3 tomos, su precio 42 reales
-en rústica y 48 en pasta.</p>
-
-<p>1.ª 2.ª. y 3.ª cartas de Fígaro, 3 folletos, á 2 reales cada una.</p>
-
-<p>El Pobrecito Hablador: 15 folletos, por D. Mariano José de Larra, á 2
-reales.</p>
-
-<p>Coleccion de comedias del teatro moderno, cuyos títulos espresan los
-catálogos que se dan gratis en la indicada librería á los sugetos que
-gusten adquirirlos.</p>
-
-<p>Panorama Matritense: cuadros de costumbres de la capital, observados y
-descritos por un Curioso Parlante: 2 tomos en octavo marquilla con
-cuatro bellas láminas, su precio 40 reales en rústica y 46 en pasta.</p>
-
-<p>El Dogma de los hombres libres. Palabras de un creyente, por M. F. la
-Mennais, traducidas de la última edicion por D. Mariano José de Larra:
-un tomo en octavo, su precio 10 reales en rústica y 12 en pasta.</p>
-
-<p>Alvarez: Derecho real de España, 2 tomos en cuarto á 44 reales en
-rústica, 52 en pasta, y 46 en un tomo tambien en pasta.</p>
-
-<p>Sátiras de varios autores.<span class="pagenum"><a name="page_284" id="page_284">{284}</a></span></p>
-
-<p class="fint"><i>Esta obra es propiedad del Editor, quien perseguirá ante la ley al que
-la reimprima.</i></p>
-
-<div class="footnotes"><p class="cb">NOTAS:</p>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> Segun otros, VIII.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> Crónica de don Pedro Niño, part. 1. cap. 7.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> Jovellanos: memorias sobre las diversiones públicas.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_4_4" id="Footnote_4_4"></a><a href="#FNanchor_4_4"><span class="label">[4]</span></a> Buffon.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_5_5" id="Footnote_5_5"></a><a href="#FNanchor_5_5"><span class="label">[5]</span></a> An Essay on the history of civil society: part. 1. sect.
-4.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_6_6" id="Footnote_6_6"></a><a href="#FNanchor_6_6"><span class="label">[6]</span></a> Memoria sobre las diversiones públicas.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_7_7" id="Footnote_7_7"></a><a href="#FNanchor_7_7"><span class="label">[7]</span></a> Véase la crónica de don Alvaro de Luna, cap. 52.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_8_8" id="Footnote_8_8"></a><a href="#FNanchor_8_8"><span class="label">[8]</span></a> Véase su crónica.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_9_9" id="Footnote_9_9"></a><a href="#FNanchor_9_9"><span class="label">[9]</span></a> Plinio.</p></div>
-
-<div class="footnote"><p><a name="Footnote_10_10" id="Footnote_10_10"></a><a href="#FNanchor_10_10"><span class="label">[10]</span></a> Suponiendo que sea el del lado de la huida.</p></div>
-
-</div>
-<hr class="full" />
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of Project Gutenberg's Tauromaquia completa, by Francisco Montes
-
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-
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of computers
-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
-people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
-http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
-permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
-Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
-throughout numerous locations. Its business office is located at
-809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
-business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
-information can be found at the Foundation's web site and official
-page at http://pglaf.org
-
-For additional contact information:
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To
-SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
-particular state visit http://pglaf.org
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations.
-To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
-
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
-
-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
-Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
-
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
-unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
-keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
-
-
-Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
-
- http://www.gutenberg.org
-
-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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