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You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Tauromaquia completa - ó sea El arte de torear en plaza - -Author: Francisco Montes - -Release Date: August 24, 2020 [EBook #63030] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TAUROMAQUIA COMPLETA *** - - - - -Produced by Chuck Greif, Biblioteca Digital de la Comunidad -de Madrid and the Online Distributed Proofreading Team at -https://www.pgdp.net - - - - - - - - [Imagen: - - TAUROMAQUIA - - COMPLETA, - - escita por el célebre - - LIDIADOR - - FRANCISCO MONTES. - - - PRECIO, - 14 _rs._ en Madrid y 15 cm - las Provincias. - ] - - [Imagen] - - [Imagen: FRANCISCO MONTES] - - - - - TAUROMAQUIA COMPLETA, - - Ó SEA - - EL ARTE DE TOREAR EN PLAZA, - - TANTO A PIE COMO A CABALLO: - - ESCRITA POR EL CÉLEBRE LIDIADOR - - FRANCISCO MONTES, - - Y DISPUESTA Y CORREGIDA ESCRUPULOSAMENTE - POR EL EDITOR. - - _Va acompañada de un discurso histórico apologético sobre las - fiestas de toros, y de_ una tercera parte _en que se proponen las - mejoras que deberia sufrir este espectáculo_. - - MADRID: - - IMPRENTA DE D. JOSÉ MARÍA REPULLÉS. - 1836. - - - - - PROLOGO DEL EDITOR. - - -_Asi como los individuos, tienen los pueblos su carácter original propio -y esclusivo de ellos, que sirve para distinguir los unos de los otros, y -que es el orígen de sus hábitos y costumbres._ - -_Para llegar á conocer con exactitud el verdadero carácter de un pueblo, -es á veces mas á propósito que su misma historia tomada en su totalidad, -la lectura de aquellos escritos en que se hallan consignados sus -entretenimientos privados, esto es, peculiares y esclusivos de él; y -volviendo á comparar los pueblos con los individuos, diremos que tanto -los unos como los otros son mas dificiles de conocer, y dejan menos -traslucir su verdadera índole cuando ejecutan acciones de cierta -notoriedad y consecuencias, porque en este caso el temor de la censura -pública influye poderosamente en las determinaciones. Es tan verdadera -esta asercion, que hasta en la edad del candor, en la edad pueril, se -observa constantemente que los niños no obran del mismo modo cuando los -observan sus padres ó sus maestros, que obran entre sí en sus juegos y -divertimientos: aqui, pues, debemos buscar el verdadero carácter del -niño, y aqui tambien el de los hombres y el de los pueblos._ - -_Intimamente convencido de esta verdad, ofrezco al público, en prueba -de la bravura del carácter español, la presente obrita, que tanto por el -mérito de la parte puramente artística, que es del tan célebre Francisco -Montes, como por las curiosidades que en la histórica y apologética he -podido reunir, forma uno de aquellos libros que generalmente se llaman_ -curiosos, _y que son bien recibidos por todas las clases de la -sociedad_. - - - - - TABLA ALFABETICA - - DE - - ALGUNAS VOCES Y FRASES - - _cuyo conocimiento es indispensable para inteligencia de esta obra_. - - - _Achazo._ El movimiento que hace el toro con la cabeza para usar de - sus armas. - - _Anillos._ Se llaman asi las líneas circulares que tienen los toros - en la parte inferior de los cuernos, junto á la raiz, y que marcan - su edad. - - _Armarse._ Ponerse en disposicion para ejecutar alguna suerte. - - _Bulto._ Se entiende el cuerpo del torero. - - _Cabezada._ Lo mismo que achazo. - - _Castigo._ Todo aquello que se hace al toro, y le causa molestia ó - dolor. - - _Cargar la suerte._ El movimiento que hace el diestro en el centro - de ella de bajar los brazos y meter el engaño en el terreno de - afuera para echar del suyo al toro. - - _Cerco._ Lo mismo que plaza. - - _Cernirse en el engaño._ Se dice cuando un toro se queda delante de - él, indeciso sobre tomarlo ó dejarlo. - - _Cite._ Se llama asi todo movimiento, voz ó silbido con que el - diestro empeña al toro para la suerte. - - _Colarse el toro._ Se dice, bien cuando se mete en el terreno de - adentro, ó bien cuando por haberle hecho mal alguna suerte se va - por entre el engaño y el cuerpo. Los picadores dicen que el toro se - _coló suelto_ cuando llega hasta el caballo sin haberlo pinchado. - - _Contraste._ Cuando el toro se ve obligado por dos terrenos hay - contraste. - - _Cuadrada._ Tener la muleta; presentarla de modo que le dé todo el - frente al toro. - - _Cuadrarse._ Ponerse al lado del cuello del toro, donde no alcance - el achazo. - - _Derrotes._ Los contínuos movimientos que hace el toro con la - cabeza cuando quiere desarmar al torero. - - _Desarmarse._ Quitarse de la posicion de hacer suerte. - - _Diestro._ Lo mismo que torero. - - _Encerrado._ Está el diestro encerrado, cuando no tiene terreno - suficiente para rematar la suerte sin tropezar con el toro. - - _Engaño._ Todo lo que se emplea para engañar los toros. - - _Embroque._ La disposicion en que el torero se halla respecto al - toro, cuando si no se moviera llevaria la cornada. - - _Escupirse._ Cuando el toro no toma el engaño. - - _Humillar._ Se llama asi la accion de bajar el toro la cabeza para - tirar el achazo; tambien se llama descubrirse. - - _Jurisdiccion._ La del diestro es el pedazo de tierra en que puede - hacer suerte con el toro, y la de éste hasta donde alcanza con el - achazo. - - _Liar._ Recoger la muleta sobre el palo. - - _Mejorar el terreno._ Cuando el matador, por ejemplo, ve que el - toro viene metido en su terreno, y se mete él un poco mas para - hacer la suerte natural, se usa esta frase. - - _Meter los brazos._ La accion de bajarlos para poner las - banderillas. - - _Parear._ Poner dos banderillas. - - _Peon._ Torero de á pie. - - _Piernas._ Se dice que el toro tiene muchas cuando es muy ligero. - - _Pies._ Lo mismo que piernas. - - _Quiebro._ Todo movimiento de cintura con que se evita el achazo. - - _Salida falsa._ La de los banderilleros cuando no hacen la suerte. - - _Salirse de la suerte._ Ponerse en otro sitio donde no se puede - verificar; se entiende, con el diestro y con el toro. - - _Sentar los pies._ Tenerlos quietos hasta el momento oportuno. - - _Tablas._ La valla que forma el cerco. - - _Taparse el toro._ Cuando en vez de humillar alza la cabeza. - - _Tender la suerte._ Bajar el capote y adelantarlo un poco. - - _Tirar los brazos._ El movimiento que se hace con ellos para sacar - el engaño. - - _Transformacion._ La de los toros, cuando de buenos se hacen malos, - ó vice-versa. - - _Viaje._ La carrera determinada del diestro ó del toro. - -NOTA. No hemos querido estendernos mas en esto, porque ademas de ser -suficientes para entender esta obra las frases ya esplicadas, sería -interminable anotar todas las técnicas del toreo. - - - - - DISCURSO - - histórico-apologético - - DE LAS FIESTAS DE TOROS. - - -La historia guarda un profundo silencio relativamente á los pormenores -que acompañaron á las luchas de hombres con toros en un crecido número -de años. Hasta el reinado de Alfonso VI[1] no se hace mencion de ellos -como entretenimiento de la nobleza; y todos convienen en que el célebre -caballero Ruy, ó Rodrigo Diaz del Vivar, llamado el Cid Campeador, fue -el que por primera vez alanceó los toros desde el caballo. - -Esta accion, hija del estraordinario valor y bizarría de aquel héroe, -dió orígen á un nuevo espectáculo que con general aceptacion vino á -sustituir al que se usaba en el siglo undécimo, que consistia en soltar -un cerdo, y luego dos hombres con los ojos vendados y armados con un -palo, los cuales iban dando hasta que uno topase con el cerdo, que -entonces era suyo; y la mayor diversion era cuando los dos -equivocadamente se apaleaban. - -Si la nobleza y relevantes prendas de las personas que se dedican á tal -ó cual diversion, honesta se entiende, es suficiente motivo para -reputarla por buena y tenerla en estima, la lucha de toros gozará la -preeminencia, por haber sido el mas valiente caballero español el -primero á quien se le vió lidiarlos. No obstante, algunos creen que en -tiempo de los romanos se conocian ya estas fiestas en España, y apoyan -su opinion no solo en la historia, sino tambien en los restos de los -famosos anfiteatros que existen en Toledo, Mérida y otros pueblos; pero -aunque asegura aquella que los romanos eran muy aficionados á las -contiendas de hombres con fieras, no consta de manera alguna que los -toros fueran empleados para ellas, y sí otros animales; y es digno de -atencion que en Roma no se hubiese perpetuado esta diversion, siendo -propia de aquella república, y sí en España, que fue solamente una de -sus provincias conquistadas. Tampoco fundada me parece la opinion de los -que creen que los godos conocieron como espectáculo estas fiestas, y -creo que bastará ver lo que Manuel García dice en su _Epítome de las -recreaciones públicas_, página 226, para convencerse del poco fundamento -que tiene. - -En el año 1100 estaba ya estendida la fiesta de toros, y conocida como -peculiar de los españoles, pues que el licenciado Francisco de Cepeda en -su _Resumpta historial de España_ dice llegando á esta época: “Se halla -en memorias antiguas que se corrieron (este año) en fiestas públicas -toros; espectáculo solo de España.” Se fomentó mucho esta diversion -cuando los príncipes, amonestados por el celo de los eclesiásticos, -proscribieron todas aquellas cuyas consecuencias eran á menudo funestas, -entre las cuales no comprendian los toros; lo cual es mucho de notar, y -viene en apoyo de lo racional y seguro que tienen. - -Desde esta época la nobleza se dedicó enteramente á esta clase de -distraccion, que era privativa suya, y no habia ningun acontecimiento -de utilidad y alegría pública que no se solemnizase con corridas de -toros. Asi es, que nuestras crónicas nos dicen, que cuando Alfonso VII -casó en Saldaña con doña Berenguela la chica, hija del conde de -Barcelona, en el año de 1124, hubo entre otras diversiones la de correr -toros; y cuando el rey don Alfonso VIII casó á su hija doña Urraca con -el rey don García de Navarra, hubo en la ciudad de Leon dicha fiesta. La -reputacion que se iba adquiriendo era tal, que pensaron en establecerla -en varias partes fuera de España, principalmente en Italia, pero siempre -iban las reses enmaromadas y con perros; y no obstante estas -precauciones, sucedió en Roma el año de 1332, que murieron en las astas -de los toros diez y nueve caballeros romanos y muchos plebeyos, sin -contar los heridos, que fueron muchos, y de los que probablemente -moriria alguno; lo cual nunca sucedió en España, á pesar de la mayor -bravura de los toros, y de las mayores habilidades que con ellos se -hacian. Este suceso fue causa de que se prohibiesen en Italia, -convencidos de lo indispensable que es para torear con seguridad reunir -el valor de los descendientes de Rómulo, y la destreza que á par de -aquel brilla en el español. - -En el reinado de don Juan II llegó á su punto la galantería -caballeresca, que se mezcló en toda clase de pasatiempos, y dió nuevo y -poderoso impulso á la diversion de que tratamos. Tres fueron las grandes -causas que concurrieron á fomentar con tanta rapidez el engrandecimiento -de este espectáculo: la primera, el espíritu de galantería que como -hemos dicho se introdujo en ellos, haciendo que cada caballero -comprometiera y dedicara á su dama los esfuerzos de su valor, la cual -habiéndolos presenciado, y juzgando por ellos si aquel caballero era -bastante valiente para merecer su atencion, premiaba sus afanes con un -distinguido favor. La segunda fue la parte que en ellas tomaron los -soberanos, pues no solo las autorizaban con su presencia, sino que -alternaban con los nobles en las lides, disputándoles como caballeros el -premio que la belleza guardaba al mas diestro y galan. La última causa -que concurrió fue la emulacion que existia entre la nobleza y los -caballeros moros de Granada, nacida por el trato que tanto en paz como -en guerra tenian con ellos; y como fueron muy frecuentes entre estos las -fiestas de toros hasta el tiempo del rey Chico, y hubo muchos muy -diestros, como fueron Malique-Alabez, Muza y Gazul, que hicieron -célebres sus nombres y habilidad en la plaza de Bibarrambla, de aqui es -que aquellos tratasen de imitarlos, y hacerles ver que en nada cedian -los caballeros castellanos á los musulmanes españoles. - -Cuando en 20 de octubre del año 1418 casó el rey don Juan con doña María -de Aragon, hubo en Medina del Campo dichas fiestas de toros, y en el -reinado de Enrique IV se aumentó mas su esplendor; pero es imposible -marcar con fijeza la época en que esta diversion tomó el aspecto de -espectáculo público y nacional, y dejó de aparecer como un -entretenimiento de los guerreros y caudillos mas famosos: las leyes de -Partida la cuentan entre los espectáculos ó juegos públicos: la 57, tít. -15, parte 1, la menciona entre aquellas á que no deben concurrir los -prelados. Otra (la 4, parte 7, tít. de infamados) puede dar sospechas de -que en aquel tiempo se ejercia ya este arte por personas mercenarias, -pues que condena á infamia á los que lidian con fieras bravas por el -dinero: y de una ordenanza del fuero de Zamora se deduce que hácia fines -del siglo XIII habia en aquella ciudad plaza ó sitio determinado para -tales fiestas. - -De cualquier modo que sea, ello es indudable que este fue uno de los -ejercicios de destreza y valor á que se dedicaron los nobles de la edad -media. La crónica del conde de Buelna es buen testimonio de ello: hé -aqui las palabras del cronista ensalzando el valor de este paladin, -triunfante tantas veces en las justas de Castilla y Francia, y que tanto -se distinguió en los juegos de Sevilla celebrados para festejar el -recibimiento de Enrique III cuando llegó alli desde el cerco de Gijon. -“E algunos (dice) corrian toros, en los cuales non fue ninguno que tanto -se esmerase con ellos asi á pie como á caballo, esperándolos, poniéndose -á gran peligro con ellos, é faciendo golpes de espada tales que todos -eran maravillados.”[2] - -Esta diversion continuó estendiéndose y perfeccionándose, y se sabe que -fue una de las fiestas con que el condestable Sr. de Escalona celebró la -llegada de don Juan el II cuando vino por la primera vez á esta villa. - -Enervándose algun tanto el espíritu marcial por la renovacion de los -estudios que iba haciendo nacer el gusto de las letras, fue mirada por -algunos la lucha de toros como diversion espuesta y sangrienta, de lo -que no hay que maravillar, pues desconociéndose las reglas y recursos -que hoy ponen tan á salvo á los lidiadores, solia alguna vez haber -disgustos y desgracias. Gonzalo Fernandez de Oviedo pondera la aversion -con que la piadosa Isabel la Católica vió una de estas fiestas, y fue -tal su disgusto, que pensó en proscribir de sus dominios tal -espectáculo; pero los partidarios que tenia, que eran muchos, y -principalmente entre los nobles, deseosos de conservar una diversion tan -acomodada al espíritu del siglo, propusieron á la reina envainar las -astas de los toros en otras mayores que fuesen de cuero, y vueltas las -puntas hácia atras, con lo que se templaba el golpe, y no se podrian -verificar heridas penetrantes. Este medio fue aplaudido y abrazado -entonces; pero ningun testimonio he visto que asegure la continuacion de -su uso, lo cual prueba, á mi parecer, que distraida la reina de su -propósito volvieron á gozar sin traba alguna de su favorita diversion. - -Viene en apoyo de esta opinion la carta que desde Aragon escribió esta -virtuosa reina en el año de 1493 á su confesor Fr. Hernando de Talavera, -en que decia: “De los toros sentí lo que vos decis, aunque no alcance -tanto; mas luego alli propuse con toda determinacion de nunca verlos en -toda mi vida, ni ser en que se corran, y no digo defenderlos (esto es, -prohibirlos) porque esto no era para mí á solas.” - -Llegó pues á estenderse y á autorizarse tanto esta diversion, que el -emperador Cárlos V, á pesar de no haber nacido ni criádose en España, -mató un toro de una lanzada en la plaza mayor de Valladolid, en -celebridad del nacimiento de su hijo Felipe II. En este mismo año una -señora de la antigua y noble casa de Guzman casó con un caballero de -Jerez, conocido por el _Toreador_. El célebre conquistador del Perú don -Fernando Pizarro era muy diestro y valiente rejoneador; y del famoso -don Diego Ramirez de Haro se cuenta que daba á los toros grandes -lanzadas cara á cara y á galope, y sin anteojos ni banda el caballo. El -rey don Sebastian de Portugal era tambien un hábil rejoneador. Se hallan -estas noticias y otras curiosas en el libro de ejercicios de la gineta, -que escribió don Gregorio Tapia y Salcedo en el año 1643, y en el que -tambien se hallan reglas para torear á caballo, pues en aquel tiempo era -este ejercicio una de las partes mas esenciales de aquel arte. Felipe -III en 1619 renovó y corrigió la plaza de Madrid, lo que prueba que este -monarca tenia en aprecio esta diversion. Don Felipe IV no solo la -protegió, sino que tambien rejoneaba y alanceaba desde el caballo, y ya -en su tiempo se iban reduciendo á una especie de arte sus reglas, como -se puede ver en las que imprimió en Madrid don Gaspar Bonifaz, del -hábito de Santiago y caballerizo de S. M. Don Luis de Trejo, del orden -de Santiago, tambien imprimió en Madrid unas advertencias para torear. -Don Diego de Torres escribió tambien unas reglas de torear, que se han -perdido, y que hay razones para creer que serian para los de á pie, lo -cual hace mas sensible su pérdida, en atencion á que todos los autores -arriba mencionados, y muchos mas que pudiera citar, escribieron con -particularidad para los de caballo; y no encuentro quien trate -espresamente de los de á pie, si esceptuamos á Novelli, hasta el año de -1750 en que lo hizo don Eugenio García Baragaña, cuyo escrito se -imprimió en Madrid ese mismo año. - -El reinado de Cárlos II fue el último en que estas fiestas gozaron de su -esplendor y nobleza. La plebe no se podia mezclar en ellas, pues hasta -entonces gozaban de la aristocracia con que las verificaron los moros de -Toledo, Córdoba y Sevilla, cuyas cortes fueron en su tiempo las mas -cultas de Europa, y de las cuales tomaron los españoles el ceremonial de -este espectáculo; por lo que dice Bartolomé de Argensola: - - Para ver acosar toros valientes, - Fiesta un tiempo africana y despues goda, - Que hoy les irrita las soberbias frentes &c. - -Asi es que los caballeros, á imitacion de aquellos, ejecutaban todas las -suertes desde el caballo, y solo se apeaban en el lance que llamaban -_empeño de á pie_; en este caso se bajaba el caballero por haber perdido -el sombrero, guante ó algun otro de sus atavíos, ó bien porque el toro -le hubiese herido ó muerto el caballo ó alguno de los peones que para su -defensa llevaba; y no debia montar ni recoger lo perdido hasta haberle -quitado la vida. Se dice que en esta ocasion don Manrique de Lara y don -Juan Chacon cortaron á la fiera el pescuezo á cercen de una cuchillada. -Dejaron tambien renombre los caballeros Cea, Velada y Villamor; el duque -de Maqueda, Cantillana, Ozeta, Bonifaz, Sástago, Zárate, Riaño y otros -muchos celebrados por Quevedo. Fueron tambien famosísimos el conde de -Villa-mediana y don Gregorio Gallo, caballerizo de S. M. y del orden de -Santiago, el cual inventó la espinillera para defensa de la pierna, por -lo que entonces se llamó gregoriana, y que nuestros picadores conservan -llamándola _mona_. - -A fines del siglo XVII rejoneaban con general aplauso en Zaragoza -delante de don Juan de Austria dos nobles caballeros llamados Pueyo y -Suazo, celebrados por el poeta Tafalla. Tambien eran famosos el marqués -de Mondejar, el conde de Tendilla y el duque de Medina Sidonia, el cual -era tan diestro y valiente con los toros, que no recelaba de que el -caballo fuese bien ó mal cinchado, pues decia que las verdaderas cinchas -habian de ser las piernas del ginete. Este caballero mató dos toros de -dos rejonazos en las bodas de Cárlos II con doña María de Borbon en el -año de 1673, y rejonearon entre una multitud de grandes el de Camarasa y -Rivadavia. - -Cuando don Nicolas Rodrigo Novelli imprimió en 1726 su cartilla de -torear, eran diestros caballeros don Gerónimo de Olazo y don Luis de la -Peña, del hábito de Calatrava y caballerizo mayor del duque de Medina -Sidonia; tambien lo era don Bernardino Canal, hidalgo del Pinto, que fue -muy celebrado y aplaudido cuando rejoneó delante del rey el año de 1725. - -El reinado de Cárlos II fue el de mas esplendor sin duda alguna para las -fiestas de toros; pero Felipe V, que subió en seguida al trono, mostró -tal aversion á ellas, que la nobleza dejó de verificarlas; por lo que -perdieron el carácter que las habia distinguido, pues aunque no -faltaban algunos caballeros que por su decidida aficion hicieron alguna -suerte con los toros, sin embargo, era privadamente para satisfacer su -deseo, pero no ya con el prestigio de ser un ejercicio peculiar y -honroso de la clase distinguida; y si fue un mal para la grandeza y -pompa del espectáculo la aversion del monarca, recibia por otra parte un -impulso estraordinario hácia su perfeccion como arte, y adquirió una -popularidad tal que se hizo general la aficion. Continuó estendiéndose -en los siguientes reinados, y habiendo hecho el gobierno construir en -algunas partes del reino plazas á propósito para estos espectáculos, y -destinado su producto para varios objetos de beneficencia, el interes -llamó á la arena una clase de hombres atrevidos, que con su aplicacion -hicieron nuevos juguetes y cambiaron del todo el modo de torear. El -toreo de á pie debe á ellos su perfeccion; pues antes de esta época solo -en el caso de que ya hicimos mencion arriba, llamado _empeño de á pie_, -ó cuando se tocaba á desgarretar, era que se veía hacer una que otra -suerte; pero era tanta la confusion en el último caso, y tanto el -bullicio que para dar muerte al toro sin orden ni estudio acudia, que -hoy no podriamos verlo sin tedio, pues las novilladas de los lugares ó -el toro embolado son fiestas mas arregladas y divertidas. Todavía el año -de 1725 se mataron los toros á desgarrete por la plebe en la plaza de -Madrid delante de SS. MM. Los encargados principalmente de esta -operacion eran esclavos moros, por lo que Lope de Vega dice en su -Jerusalen hablando de desgarretar... - -...... Que en Castilla los esclavos - Hacen lo mismo con los toros bravos. - -Gerónimo de Salas Barbadillo, Juan de Yagüe y otros autores -contemporáneos dicen que cuando no habia caballeros que matasen los -toros, lo hacian desde los tableros con garrochas ó lanzas, y ya en este -tiempo habia quien capease á pie, lo cual es muy antiguo, pues sabemos -que los moros lo hacian con el capellar y el alquicel. Se cuenta que en -una fiesta que se hizo por este tiempo en la plaza de Madrid, dos -hombres bastante decentes se pusieron debajo del balcon del rey haciendo -como que hablaban, y cuando venia el toro á meterles la cabeza lo -evitaban con solo un quiebro de cuerpo; lo que fue muy aplaudido de los -espectadores. - -Fuése adelantando cada vez mas en el toreo de á pie, y se empezó á -vanderillear poniendo solo un regilete de cada vez, que llamaban harpon; -y todavía cuando escribió Novelli su tauromaquia no se habian puesto las -vanderillas á pares, aunque ya se conocia el poner parches á los toros. -En esta época empezó á sobresalir Francisco Romero, de Ronda, el que -perfeccionó mucho el toreo de á pie, y mas adelante inventó la suerte de -matar al toro cara á cara con el estoque y la muleta, lo que ejecutó él -primero, no sin admiracion y aplauso general. Era reputada por tan -espuesta y dificil esta suerte, que para hacerla era necesario ir -vestido con calzon y coleto de ante, correon ceñido y mangas acolchadas -de terciopelo negro, para resistir á las cornadas. - -El abuelo materno del célebre don Nicolas Fernandez Moratin fue tan -valeroso y diestro, que dicen mató un toro á pie y de una estocada. Hubo -siempre muchos caballeros muy valientes y hábiles que hicieron suertes -con los toros, tanto á pie como á caballo: tales fueron Potra el de -Talavera, y Godoy, caballero estremeño; siendo aventajadísimo en el -capear á pie el famoso licenciado de Falces. - -En el dia no faltan tampoco muchos caballeros muy diestros en todas -clases de suertes, pero no es lícito citarlos. - -En cuanto al toreo de caballo, la vara de detener ha venido á relevar el -rejoncillo, y nuestros picadores no ceden en destreza y valor á los -antiguos caballeros. - -Es bien conocido de todos el grado de perfeccion á que se ha hecho -llegar el toreo, y la popularidad y general aceptacion de que goza; y se -puede asegurar que una de las causas que han contribuido á ello ha sido -la odiosidad que han mostrado algunos hácia él, y la prohibicion del -señor don Cárlos III, pues se exasperó de tal modo la aficion, que casi -era epidémica, y sofocó la voz de sus opositores, haciendo renacer con -toda su magnificencia este espectáculo, que no obstante la prohibicion -existia con algunas modificaciones ó escepciones que toleraban[3]. - -El señor don Fernando VII (Q. E. G. E.) mostró aficion decidida á esta -hermosa diversion, y estableció en la ciudad de Sevilla una real escuela -de Tauromaquia, dotada decentemente, en la que se enseñaba tanto la -teórica como la práctica del arte por los mas esperimentados profesores. - -Estas son en resúmen las principales particularidades que nos ofrecen -las fiestas de toros con respecto á su historia. Hubieramos podido ser -mas estensos, y engalanar, digamos asi, nuestra narracion con algunas -minuciosidades y reflexiones que hemos omitido en obsequio de la -brevedad; y con tanta mas razon, cuanto en el resto del discurso nos -veremos obligados á insistir en algunos de los puntos históricos -anteriores, como apoyos de la justa defensa que haremos del espectáculo. -A primera vista conozco que nuestro proyecto parece temerario y aun -ridículo, y no faltará quien declame contra él, y juzgue como inútil ó -perjudicialmente perdido el tiempo invertido en semejante trabajo; pero -si desnudos de su desfavorable prevencion leen y meditan las razones que -espondremos, conocerán la justicia de la causa que tomamos á nuestro -cargo, y nos habrán de conceder que no son perdidos el tiempo ni el -trabajo que hayamos empleado en desvanecer los errores, harto comunes, -en perjuicio del espectáculo, y hacer triunfar una verdad demasiado -desconocida hasta ahora. - -Pueden dividirse muy bien en dos clases principales las invectivas y -acusaciones que á las fiestas de toros se hacen: las unas se dirigen -puramente contra la accion de torear, y las otras contra esta accion -convertida en espectáculo, y que se estienden por consiguiente á todo lo -accesorio á dichas fiestas. Para combatir pues con método estas -acusaciones, se hace preciso dividir tambien nuestra apología en dos -partes: en la una nos ocuparemos de la accion únicamente, y en la otra -de la totalidad del espectáculo. De esta manera se analiza muy bien la -cuestion, y podemos darle alguna libertad al discurso y un agradable -trabajo al raciocinio. Si no conseguimos el fin que nos proponemos, la -culpa será puramente nuestra, pero no será menos cierta por eso la -verdad que defendemos, y que nuestra mal cortada pluma no pudo -patentizar en el papel. - -La accion de torear es tan antigua, que su orígen, envuelto con el de -las acciones que para satisfacer las primeras necesidades verificó el -hombre, se pierde en la oscuridad de los primeros tiempos. La luz que da -la historia es demasiado débil para desvanecer tan densas tinieblas y -guiar nuestra razon; asi es que tenemos que abandonarnos á las -congeturas, y por medio del discurso elevarnos si es posible hasta el -principio de la carrera de la especie humana sobre la tierra. - -El hombre, antes de haber cultivado su ingenio y de haberlo hecho -fecundo hasta el estremo de verse árbitro por él de todo lo creado, -vagaba confundido con el resto de los animales. Muchos de ellos, -superiores á él en los recursos físicos, le hacian la guerra á cara -descubierta, y mas de una vez lo confinaron y vencieron. Pacíficos -poseedores de cuanto les rodeaba, satisfacian á su antojo sus -necesidades, y gozaban completamente de la independencia que en su -orígen tuvieron las especies. Por otra parte la tierra árida en unos -parages, cubierta en otra de maleza, y llena en todos de despojos y -otros malos pasos, de aguas sin curso y hediondos pantanos, se negaba á -ser transitada, ofreciendo apenas al mísero mortal lo mas indispensable -para prolongar una existencia tan precaria como infeliz. - -Sin embargo, este estado de cosas debió durar poco. Si se nos permite -esta espresion, diremos que todos los animales que pueblan el globo, -sean de la clase que quiera, y pertenezcan á esta ó aquella especie, son -seres pasivos: sometidos á cierto orden de leyes eternas, invariables, -no pueden esceder en un punto los límites que á todas sus acciones -señaló de antemano el dedo del destino: sufren las incomodidades que los -cercan sin intentar elevarse á las causas que las producen, ni á los -medios de evitarlas, y caminan á la muerte por el mismo sendero que -caminaron sus abuelos: la vida del primer animal de cada especie es la -misma que la del último, y si en algunos hay variaciones, es porque -habiendo caido bajo el dominio inmediato del hombre, esperimentan -ciertas modificaciones que les imprime su mano; pero esto mismo confirma -lo pasivo de su existencia y la imposibilidad en que estan de cambiar -por sí ó espontáneamente la serie de sus operaciones. - -Al contrario, el hombre desde el momento que esperimentó sensaciones -incómodas intentó destruir sus causas, y conociendo la necesidad que -tenia de obrar de acuerdo con algun otro hombre, se unió á él y echó el -cimiento del edificio social: iba con su industria mejorando por dias el -aspecto de la naturaleza, y con su valor ahuyentó las fieras que le -disputaban audaces el dominio de los campos, y el leon, el tigre, la -pantera y la hiena evitaron medrosas su presencia. Deseoso de abandonar -la vida errante que hasta entonces habia tenido, y de fijar su -residencia en los parages mas risueños y floridos, construyó mansiones -fijas y sembró el germen de las poblaciones; reunió tambien en rebaños -los animales dóciles y domesticables, para que multiplicándose mas y mas -bajo su proteccion y cuidado, le suministrasen con su carne, leche y -pieles, alimentos y vestido. La misma solicitud y esmero del hombre para -protegerlos y aumentarlos parece que le autoriza, segun la espresion de -un sabio naturalista[4], para inmolarlos á su antojo. - -Por este tiempo hizo tambien la conquista de los animales que le son mas -útiles, y cuya dominacion le da mas gloria. Pero viniendo á fijarnos en -el toro, diremos que fue seguramente uno de los primeros que -esperimentaron el yugo; porque lo esquisito de su carne, la sabrosa y -abundante leche de las hembras, la estension de su piel y la utilidad -con que podia emplear sus fuerzas para diferentes objetos, le harian -fijar en él bien pronto la vista. Su conquista sería bien facil en -aquellos paises en que por razon del clima y de la calidad de los -vegetales tiene un carácter lánguido y poco enérgico; pero en aquellos -que como España crian toros soberbios y fuertes, no pudo verificarse -sino á fuerza de constancia, ardides y peligros, y hé aqui el orígen de -la accion de torear. Nada mas natural ni mas glorioso al hombre. Si -alabamos hoy el valor y la destreza con que los salvages del Orinoco -burlan la ferocidad del caiman; si nos admira el arrojo del árabe que en -sus abrasadores desiertos vence y somete al leon; si no podemos oir sin -estremecimiento la caza del elefante ó la pesca de la ballena, y -apreciamos y medimos la superioridad del hombre por lo grande de estas -acciones, ¿se deberá vituperarla de someter al toro hasta el estremo de -hacerle servir de juguete y distraccion...? Ciertamente que sería una -ridícula contradiccion. - -Hemos visto que es un atributo peculiar del hombre sojuzgar las fieras -de los diferentes paises que habita; que esta accion es indispensable -para adelantar en la carrera de la civilizacion; y que en muchos paises -se perpetúa tanto por necesidad, como por ostentar y gloriarse el hombre -con la fuerza y superioridad que le fueron concedidas. “Todo animal -(dice Fergusson)[5] se deleita en el ejercicio de sus fuerzas. Retozan -con sus garras el lobo y el tigre; el caballo olvidando el pasto da -alguna vez su crin al viento para correr los campos; y el novillo y aun -el inocente recental topan con las frentes antes de sentirlas armadas, -como si se ensayasen para las luchas que los esperan. El hombre no menos -propenso á ellas se complace tambien en el uso de sus facultades -naturales, ora ejercitando su agudeza y elocuencia, ora su fuerza y -destreza corporal contra un antagonista. Sus juegos son frecuentemente -imagen de la guerra; en ellos derrama su sudor y su sangre, y mas de una -vez sus fiestas y pasatiempos terminan con heridas y muertes. Nacido -para vivir poco, parece que hasta sus diversiones lo acercan al -sepulcro.” - -No obstante lo espuesto, se nos puede objetar que si bien la accion de -torear fue en su principio laudable por la necesidad en que estaba el -hombre de someter las fieras y luchar con ellas, en el dia, que solo se -debe considerar como un mero pasatiempo, es vituperable por hallarse -espuesta su vida sin una utilidad inmediata. Muchas son las razones con -que se puede rebatir esta objecion, pero solo espondremos las mas -fuertes y convincentes para no estendernos demasiado. - -Es evidente que para las diversas operaciones que se necesita hacer -diariamente con los toros es preciso valerse de ciertas mañas, que no -son otra cosa sino partes, digamos asi, del arte de torear; que estas -_mañas_ (como lo da á entender bien su nombre) necesitan cierta destreza -y habilidad que solo se adquieren con el ejercicio de estos mismos -actos, y de aqui la necesidad de repetirlos como por ensayos, para -perpetuarlos entre aquellos que los han de tener por oficio, -perfeccionarlos, alejar el peligro que pudiera haber en ellos, y hacer -que los que empiezan á ejercitarlos pierdan el miedo y den lugar á la -aficion y serenidad que son necesarias para su seguridad. Por -consiguiente no deben considerarse estos actos como meros pasatiempos, -sino como de necesidad, y distraccion al mismo tiempo. - -Nosotros concederiamos sin embargo alguna mas fuerza á la objecion, si -peligrase efectivamente la vida en la proporcion ó con la probabilidad -que se supone. Los que hacen esta objecion son personas que conocen poco -ó nada el arte de torear, y que ademas no han tenido la curiosidad de -formar una tabla necrológica de los que en determinado número de años -han muerto en la accion de torear ó de sus consecuencias inmediatas: si -tal hubieran hecho, y hubiesen ademas calculado aproximadamente el -número de suertes que en ese tiempo se habia hecho con los toros, verian -cuán remoto es el peligro; y si luego rebajan, como es justo para que -el cálculo sea exacto, los contratiempos que la embriaguez y la -ignorancia de los que las hicieron causaron, y que son generalmente los -casos desgraciados, se verá desaparecer enteramente hasta la idea del -peligro mas remoto. Ademas la esperiencia de tantos años no pasó sin -dejar vestigios, y el hombre ha aprendido á conocer y distinguir -claramente las inclinaciones de los toros, y sobre ellas ha cimentado -las bases de un arte tan exacto cuanto son invariables sus principios. - -En consecuencia, pues, de todo lo dicho, resulta que si la accion de -torear en su orígen no carecia de algun riesgo, la utilidad que de ella -se sacaba la hicieron de primera necesidad: que se perpetuó no solo por -esta necesidad, sino por lo natural que es al hombre el deseo de dominar -y hacer alarde de sus facultades, pues tanto las físicas como las -morales se realzan con esta accion; y por último, que si ha llegado en -el dia á ser como un mero pasatiempo en muchos casos, no por eso deja de -traer utilidad; y que la seguridad que el hombre ha llegado á conseguir -en ella, le ponen fuera de los tiros que le asestan sus opositores, y -desmiente con la esperiencia los peligros de que les acusan. - -Réstanos aun que hacer una consideracion con respecto á esta accion, y -es que en todos tiempos fue peculiar de los hombres mas nombrados y -respetables. Con muy pocas palabras probaremos esta asercion. Cuando los -hombres empezaron á reunirse y á formar pequeñas sociedades, no habia -clases, ni gerarquías, ni empleos, ni distinciones. Constituidos á -guerrear continuamente con los animales carniceros, y siendo la caza de -ellos la que principalmente los alimentaba, su caudillo era el mas -valeroso, y su gefe el que se presentaba constantemente con mas trofeos; -y como el toro era uno de los que se perseguian con mas ardor, es -evidente que el mas condecorado de ellos sería el que mejor lo burlase y -sometiese. Cuando los años apagaban el vigor y reducian á la inaccion al -guerrero, sus anteriores hazañas le aseguraban el respeto de la tribu, -que lo recompensaba reconociéndolo por su cabeza. La historia de todos -los pueblos apoya este modo de pensar; y la historia, como ya hemos -visto, nos muestra la accion de torear como peculiar y privativa de los -caudillos y grandes del reino. Sabemos ya la causa por qué dejó de -ocupar á la nobleza, y vino á ser casi un patrimonio de la clase -inferior; pero la accion no deja de ser grandiosa, aunque privada del -prestigio de estar en poder de la clase noble. - -Estas breves reflexiones sobre la accion de torear convencen á -cualquiera de lo útil y sublime que en sí encierra. Hemos visto que -nació de las primeras y mas urgentes necesidades del género humano, que -con ella las satisfizo, y que en ella encontró un modo de hacer alarde -de sus mas brillantes prerogativas. Si al principio era una verdadera -lucha en que apenas peleaba el hombre con ventajas, ahora tiene delante -del toro una seguridad incontrastable; y este nuevo triunfo de su -ingenio es una prueba positiva de su escelencia y superioridad -intelectual, mientras que los medios con que consigue su objeto son otra -nueva prueba de su aventajada organizacion. En poco se diferenciara de -los demas animales sino les impusiera el sello de la esclavitud que -publica donde quiera su vasta dominacion. Las regiones medio incultas en -que habita el salvage ofrecen un número grande de animales silvestres, -que, orgullosos con su libertad y poderío, parten con el hombre el -imperio de la naturaleza, y muchas veces se lo disputan y usurpan. ¡Qué -degracion la de estos miserables! ¡Gloria eterna al hombre que sabe -llenar el fin para que vino al universo! ¡Loor eterno al hombre que no -solo somete las bestias mas feroces y poderosas, sino que alcanza hasta -hacerlas servir de juguete y distraccion! - -Desde este momento debe considerarse la accion unida al espectáculo. -Para mayor claridad lo dividiremos en las tres grandes y diferentes -épocas en que naturalmente se divide: pasaremos rápidamente por la -primera, nos detendremos algo mas en la segunda, y será la tercera -nuestro objeto principal. - -Para elevarnos hasta el principio de estas fiestas es preciso, como lo -fue para la accion, valernos del discurso, y representarnos á los -primeros hombres recogiendo los frutos de sus asíduos trabajos; entonces -gozaban ya de algunos ratos de recreo, y sus diversiones serian sin -duda, como puede deducirse de la historia, imágenes de sus mas -frecuentes operaciones. Asi es que las luchas entre fieras y de hombres -con animales los ocupó esclusivamente, porque el atraso en que estaban -no les permitia otros espectáculos que los mas sencillos y naturales. - -Es imposible describir las particularidades de estas fiestas; pero se -puede asegurar que asi como la accion de torear, tuvo el espectáculo de -los toros un orígen sencillo y natural, y que en todo tiempo fue -apreciado y aplaudido. - -Desde esta época hasta que la historia nos habla de esta fiesta, hay un -espacio inmenso en que no podemos seguir la suerte que corrió esta -diversion. Por lo tanto lo pasaremos en silencio, y nos detendremos á -examinar la edad media del espectáculo, comparándolo con la edad -correspondiente de los pueblos de quienes era propio; y veremos que se -acomodaba perfectamente la índole del uno con la del otro, y que sus -atractivos eran mas que suficientes para llamar la atencion general. - -La edad que precedió á la de hoy está caracterizada principalmente por -un espíritu novelesco y marcial. Todo lo que no era estraordinario, lo -que carecia de proezas militares y aventuras caballerescas, y donde no -habia una princesa bellísima por quien suspirase un atrevido paladin -que cada dia le dedicaba cien lanzadas y mil mandobles, no era del gusto -de aquellos siglos, en que el entendimiento se enervaba con lo -maravilloso, al tiempo mismo que el cuerpo se fortalecia con la fatiga. -Los hombres no respiraban sino horror y corage, y donde quiera que se -fijase la vista, solo se ofrecian guerras y desastres. Las armas se -llevaban toda la atencion, y antes sabia la juventud esgrimir que leer. -Las treguas que alguna vez se conseguian se empleaban en adiestrar -nuevos guerreros, y los escritos que tanto en prosa como en verso -corrian por las manos de la multitud, solo se dirigian á entusiasmar el -corazon de los lectores aficionándolos al estrépito de las armas, y -refiriéndoles con los encantos de la poesía las hazañas casi increibles -de sus memorables héroes. La ociosidad no tiene lugar entre unos hombres -activos y guerreadores: el tiempo que estaban suspensas las hostilidades -se ocupaba completamente en las justas, los torneos, las luchas &c. Y -por lo que tenian de comun estos espectáculos con el de los toros, como -tambien para dar á conocer el genio de aquellos siglos con mas -particularidad, y poder deducir consecuencias á favor de nuestras -fiestas, daremos una idea aunque sucinta de los juegos con que se -entretenian los pueblos de quienes Abraham Ortelio dijo muchos siglos -antes alabando su valor “que entraban cantando en las batallas,” _prelia -agrediuntur carminibus_. - -Segun Jovellanos[6], la idea que tenemos de los torneos y de las justas -es muy mezquina y distante de su magnificencia; pero crece al paso que -se levanta la consideracion á sus circunstancias. “Porque ¿quién se -figurará, dice, una anchísima tela pomposamente adornada y llena de un -brillante y numerosísimo concurso; ciento ó doscientos caballeros -ricamente armados y guarnidos, partidos en cuadrillas y prontos á entrar -en lid; el séquito de padrinos y escuderos, pages y palafreneros de cada -bando; los jueces y fieles presidiendo en su catafalco para dirigir la -ceremonia y juzgar las suertes; los farautes corriendo acá y allá para -intimar sus órdenes, y los tañedores y menestriles alegrando y -encendiendo con la voz de sus añafiles y tambores; tantas plumas y -penachos en las cimeras, tantos timbres y emblemas en los pendones, -tantas empresas y divisas y letras amorosas en las adargas; por todas -partes giros y carreras, y arrancadas y huidas; por todas choques y -encuentros y botes de lanza y peligros y caidas y vencimientos? ¿Quién, -repito, se figurará todo esto sin que se sienta arrebatado de sorpresa y -admiracion? ¿Ni quién podrá considerar aquellos valientes paladines -ejecutando los únicos talentos que daban entonces estimacion y nombradía -en una palestra tan augusta, entre los gritos del susto y el aplauso, y -sobre todo á vista de sus rivales y sus damas, sin sentir alguna parte -del entusiasmo y la palpitacion que herviria en sus pechos aguijados por -los mas poderosos incentivos del corazon humano, el amor y la gloria?” - -En efecto, desde que la galantería se introdujo en todas las fiestas y -pasatiempos se hicieron mas espectables, y el espíritu y entusiasmo que -por ellas todas las clases tenian les daba un carácter y animacion que -las engrandecia sobremanera. Las damas que concurrian á ellas las -embellecian con sus gracias y hermosura, y lejos de ser indiferentes y -pasivos adornos del circo esplendoroso, tomaron una parte muy activa en -las funciones, y eran el móvil y el alma que impulsaba todas y cada una -de las partes del espectáculo. Se les consultaba para la adjudicacion de -los premios que ellas mismas debian entregar al combatiente vencedor, -que henchido de gloria y cubierto de polvo y sudor se acercaba á la -humana beldad, que hermoseada por aquel amable pudor inseparable de la -virginidad, le multiplicaba la satisfaccion de merecer el premio por -adquirirlo bajo tan gratos auspicios. - -Es estraño á la verdad que la aficion á las damas y á las armas hermanen -tan bien, y se hallen constantemente juntas; pero no es por eso menos -cierto que los pueblos mas guerreros fueron siempre los que tributaron -mas respeto y homenage al sexo encantador. No es por tanto una -arbitraria ficcion de los mitologistas suponer que Marte y Venus se -amaron: fue, sí, simbolizar, por decirlo asi, la propension que tiene el -guerrero á suspirar por una beldad á quien dedique sus hazañas, y en -cuyos brazos descanse de sus peligros y trabajos. - -En los tiempos que nos ocupan estaba la nobleza encargada de la defensa -pública; formaba la caballería, y era el mas poderoso apoyo de las -huestes. La pólvora no se habia presentado aun para cambiar el modo de -guerrear; se lidiaba de hombre á hombre y cuerpo á cuerpo, y por tanto -era indispensable que la fuerza y destreza corporal estuviesen muy -ejercitadas. Los caudillos se veían precisados á estar mas diestros, y -ser mas forzudos y valerosos que los simples soldados, y siendo aquellos -de la clase noble, se hacia indispensable que fuera su educacion activa -y belicosa. Los mismos soberanos caminaban al frente de su ejército en -tiempo de guerra, y en tiempo de paz justaban con los grandes. Don Juan -el II justó algunas veces como aventurero[7], y don Pedro el cruel[8] -salió herido en una mano en un torneo que se celebró en Torrijos. - -Vemos pues lo indispensable que era entonces esta clase de espectáculos, -y que la pompa y magnificencia con que eran adornados los hacian -merecedores de la atencion general. Sin embargo, tenian algo de cruel y -sanguinario, que solo podia tolerarse por la necesidad en que se estaba -de familiarizar á los pueblos con la sangre y los lances de la guerra. - -Por este tiempo se lidiaban ya los toros desde el caballo, y se picaba -con el rejoncillo, y este espectáculo se hacia con el mismo ceremonial -que hemos visto se empleaba para las fiestas y torneos: venia ademas en -su apoyo no ser cruel ni sanguinario, y tan apropósito cuando menos como -los otros para dar á conocer el valor y gallardía de los caballeros. Asi -es, que se iba fomentando sobre las ruinas de los primeros, á lo que -contribuyó no poco el no estar comprendido en la prohibicion que de los -que se miraban como sangrientos se habia hecho. Esto es una prueba de lo -mas racional y seguro de estas fiestas sobre las demas de su tiempo, y -da á conocer la razon de haberse perpetuado hasta nuestros dias, en que -ya ni vestigios se hallan de las costumbres caballerescas, cuyo -esterminio concluyó con tanta gloria suya y universal aplauso el -inimitable Cervantes. - -Baste pues para hacer la apología de estas fiestas segun se verificaban -en la edad media, saber que no fueron reputadas por los concilios como -sangrientas; que eran esclusivamente propias de la grandeza; que se -consideraban como el acto mas á propósito para hacer alarde los -caballeros de su valor y destreza; que las damas las favorecian -constantemente con su asistencia, y se envanecian y vanagloriaban cuando -el caballero que era dueño de su corazon se distinguia entre los demas; -que á pesar de ir decayendo el gusto caballeresco y los espectáculos en -que mas relucia, el de los toros seguia verificándose con la misma pompa -y general aplauso que en los tiempos anteriores se celebraran los demas; -que fue el único que ocupó últimamente la clase distinguida, y que no -hubiera probablemente decaido de este grado de esplendor si, como ya -hemos dicho en la parte histórica, no hubiera Felipe V mostrado aversion -hácia él, y si la nobleza, que se amolda siempre á los gustos y aun á -los caprichos de los soberanos, hubiera conservado su carácter -primitivo. - -Si no fuera por temor de esceder los límites propuestos, nos -estenderiamos sobre una multitud de objetos de los que se puede sacar un -sin número de razones en apoyo de las fiestas de toros. Pero -desentendiéndonos ya de todo lo que pertenece á los tiempos anteriores, -examinaremos el espectáculo segun se halla en el dia, deteniéndonos como -es indispensable en esta época para hacer patentes las razones que lo -apoyan. - -El pueblo español ha perdido todos los espectáculos que en otro tiempo -hicieron su recreo. La afinacion progresiva del gusto ha hecho olvidar -las justas y los torneos; apenas hay memoria de los fuegos de artificio, -las máscaras han sufrido enérgicas prohibiciones, las romerías, los -juegos escénicos, las danzas de espadas se han olvidado casi del todo, y -la parte mas considerable de la nacion, que es la que se alimenta del -trabajo diario, no tiene una sola ocasion al año en que pueda -proporcionarse algunas horas de apetecida diversion con el ahorro de sus -fatigas. Volvamos los ojos hácia esta numerosa porcion del estado, y no -podrá menos que lastimarnos su infelicidad. Vagando triste y -silenciosamente por las calles y plazas de su infeliz aldea pasan el dia -que destinan al reposo; el tedio los persigue, y la taciturna ociosidad -de semejantes dias se los hace aborrecibles; si quieren sacudir este -fastidio no tienen mas recurso que la taberna, donde solo hallan -pendencias y disgustos en vez de la paz y la alegría. - -Aunque tuviesen inmediata alguna ciudad en que hubiese teatro no -conseguirian distraerse y dilatar su ánimo: la educacion y género de -vida en que se han criado les vedan los placeres que exigen para -percibirse otro gusto y delicado tacto. Ellos necesitan diversiones que -hieran vivamente los sentidos, y en que se mueva el ánimo mas por la -parte puramente óptica ó de perspectiva que por la intelectual; mas -claro, les entusiasma ver hechos grandes, sorprendentes, que exigen -mucho valor y habilidad; pero no puede escitarles lo sublime de los -afectos, lo correcto del estilo, lo fluido y sonoro de la versificacion, -ni las demas bellezas que no pueden percibirse sino por los que esten -adornados con una educacion y conocimientos no vulgares. ¿Qué -espectáculos pues daremos á esta apreciable y laboriosa parte de la -nacion? ¿La dejaremos limitada á los reducidos bailes dominicales que -solo se ven en algunas provincias, y que en manera alguna merecen el -nombre de tales? “Creer que los pueblos puedan ser felices sin -diversiones, dice Jovellanos, es un absurdo. Creer que las necesitan y -negárselas, es una inconsecuencia tan absurda como peligrosa. Darles -diversiones y prescindir de la influencia que puedan tener en sus ideas -y costumbres, sería una indolencia harto mas absurda, cruel y peligrosa, -que aquella inconsecuencia. _Resulta pues que el establecimiento y -arreglo de las diversiones públicas será uno de los primeros objetos de -toda buena política._” La autoridad de un hombre tan respetable por -todos títulos como el autor que citamos basta por sí para decidir sobre -la necesidad que tienen los pueblos de un espectáculo acomodado á su -genio, y cuyas bellezas no necesiten para comprenderse los esfuerzos de -la imaginacion, sino que baste asistir á él para gozar y recrearse. - -Este espectáculo será por tanto el mas estendido, hará la holganza de -todo el reino, y se podrá llamar por consiguiente la diversion nacional. -Se reunirán en su recinto el letrado, el militar, el artista, el -marinero, el comerciante, el labrador, todas las clases, por último, -todos los sexos y edades; pero ¿á todos podrá ser inocente ó provechoso -un mismo espectáculo? ¿De qué clase deberá ser su índole? Es evidente -que no puede ser igual el efecto que una sola cosa, sea de la clase que -quiera, produzca en individuos tan diferentes en gustos y ocupaciones, y -tambien lo es que para fijar el carácter de la diversion nacional debe -atenderse principal y casi esclusivamente al espíritu que anima la -inmensa mayoría de los concurrentes. Ahora bien, á esta diversion, sea -la que fuere, que hemos llamado nacional, concurrirá una corta porcion -de personas de instruccion y carrera, y constituirá la mayoría la masa, -digamos asi, de la nacion. Hemos dicho que concurrirá una corta porcion -de aquellos hombres cuyos conocimientos los hacen influir tanto en la -fuerza moral de las naciones, porque ellos estan en una proporcion muy -pequeña con respecto á la multitud de los demas habitantes, que son los -que constituyen la fuerza física, y por consiguiente á estos últimos -debemos tener presente en la eleccion de espectáculos. ¿Y les -ofreceremos por ventura aquella porcion de piezas dramáticas que -ocuparon el teatro en el siglo de su prostitucion? ¿Les dejaremos -aficionarse á este género de diversion en que no hay nada que deje de -ser lúbrico, malicioso, indecente y chabacano? Entre presentarles un -teatro selecto, modelo de bellas letras, y cuyo lenguaje no entienda, ó -un teatro vil, grosero, en que se le ofrezcan los mas peligrosos -ejemplos adornados con el atractivo de la ilusion escénica y con las -dulzuras hechiceras del canto y de la poesía, no hay medio que escoja la -razon. Pero aun suponiendo que fuese el pueblo capaz de comprender y -aficionarse á las bellezas de un teatro clásico, escogido, ¿sería esto -un bien, ó un mal? Esta cuestion es muy delicada, y se necesita mucha -madurez y detencion para decidir en ella con acierto; pero si atendemos -al influjo que tienen las diversiones en las costumbres de los pueblos, -y á la necesidad que hay de que esten en relacion y armonía con la -ocupacion y el género, de ventajas que la sociedad debe prometerse de -la clase de que se juzguen peculiares, se conocerá bien pronto la índole -de las que deben hacer las delicias del pueblo trabajador. La historia -ofrece entre otros varios un ejemplo colosal de lo perjudicial que puede -ser á un pueblo generalizar en todas las clases hasta el estremo una -misma y sola aficion. Despues de haber sostenido Atenas por algunos -siglos una serie de guerras, ya con los pueblos estraños, ya entre los -suyos propios, aniquilado su valor y agotados sus recursos, empezó á -disfrutar de una paz poco ventajosa, y que habia comprado á costa de su -antigua prepotencia. Desembarazados los atenienses de las ocupaciones -marciales, se dedicaron con ardor al cultivo de las letras, y en breve -cobraron por su saber nuevo nombre y prestigio, colocándose nuevamente á -la cabeza hasta de los mismos por quienes poco antes habian sido -derrotados. Lisonjeados por las ventajas conseguidas bajo el pendon de -Minerva, se generalizó el gusto á las letras de tal modo, que las -academias, los liceos, los teatros, á pesar de haber gran número, no -bastaban á recibir la multitud que á ellos acudia, y las plazas -públicas llegaron á convertirse en aulas de ciencia universal. Pero esta -popularidad de la sabiduría, lejos de ser ventajosa á las ciencias, fue -muy perjudicial; empezó á viciarse el gusto, y las sutilezas -escolásticas, perpetuadas por desgracia hasta nuestros dias, mudaron el -amor á la verdad, única base del saber, en amor á las disputas y juegos -de palabras, fecundos manantiales de ignorancia y embolismo. Empezaron á -fomentarse las sectas mas ridículas, á propagarse las opiniones mas -estravagantes, á odiarse los que seguian diverso rumbo en su filosófica -presuncion, y á manifestarse, en fin, todos los elementos que tienden -visiblemente á la destruccion de los pueblos. El pueblo de Atenas, -tomando en su verdadera acepcion aquella voz, dejó de ser sabio, y como -ya habia dejado de ser guerrero, se encontró sin recursos que oponer á -la ambicion romana, y dobló vil y cobardemente la cerviz. Si hubiera -conservado espectáculos á propósito para mantener entre la multitud las -ideas de gloria y valor, y hubiera al mismo tiempo creado las academias -para un corto número, pues tal debe ser y es efectivamente la -proporcion entre el caudillo y los soldados, entre el sabio y los -ignorantes, hubiera tenido para contrastar á los romanos todos los -elementos con que puede contar un pueblo para sostener su independencia. - -Apenas se hallará cosa que tenga mas influencia sobre las costumbres de -los hombres que las diversiones en que ocupan las horas de recreo, -porque son una parte muy esencial de la educacion del pueblo, y por -tanto no puede ser que dejen de modificar en bien ó en mal su índole y -su condicion. Debe ofrecerse al pueblo trabajador una clase de -espectáculos que lo divierta sin fatigar su ruda imaginacion, y sin que -estorbe en manera alguna el orden de sus ideas. Se debe huir de -presentar á su consideracion imágenes tiernas, lascivas, y todas -aquellas situaciones seductoras en que la malicia y la sensualidad se -demuestran con el mas vivo y agradable colorido. Semejantes objetos no -solo perjudican la moral, sino que atacan directamente los cimientos de -la pública felicidad, porque presentan al miserable jornalero un punto -de comparacion que hace contrastar los trabajos de su clase, y que -podria ser orígen de su aburrimiento y desesperacion. Pero tampoco -huyendo este estremo debemos caer en el de embrutecerlo y endurecer su -corazon, familiarizándolo con la sangre de sus iguales. Debe buscarse un -espectáculo en que se escite un laudable deseo de ser fuerte y valeroso, -pero no inhumano y sanguinario; en que no se cimente el triunfo y la -gloria en el vencimiento ó la muerte de otro hombre, sino en el de una -fiera atrevida y poderosa; en que no haya odiosidad directa y personal -que haga mas sangrienta la venganza, sino emulacion y fraternidad que -aseguren el triunfo y el aplauso. Un espectáculo semejante conviene sin -duda al pueblo en su totalidad, porque de él no solo han de salir los -soldados que deben sostener y asegurar la tranquilidad de los pueblos y -la independencia del pais, sino todas las demas clases activas que -necesitan fuerza y valor para el desempeño de sus respectivas -obligaciones; y estas clases deben estar acostumbradas á vencer y -arrostrar los peligros hasta en sus juegos y pasatiempos, pero de -ninguna manera deben ni pueden estar adornados de los conocimientos que -fomenta el teatro. No podria sostenerse el edificio social sino hubiera -entre los que componen los pueblos esta diversidad de instruccion y de -ocupaciones que son las que mantienen la armonía y permanencia de los -lazos que tan estrechamente los ligan. Los unos deben mandar, dirigir; -los otros obedecer, ejecutar; aquellos necesitan estudios, ciencias; -estos valor, fuerzas. De otro modo la ignorancia enmascarada con la -apariencia del saber, y alegando un derecho que está en contradiccion -con los mismos principios en que se apoya, intentará manejar los grandes -negocios y ser el árbitro de la soberanía; se creerian todos con iguales -méritos, se desplomaria la sociedad, y quedarian sepultados entre sus -escombros los vanos proyectos de realizar un pueblo que solo puede -existir en imaginaciones acaloradas; esto es, un pueblo de sabios. -Florezcan en las capitales todos los monumentos que acrediten el grado -de perfeccion en que se hallan los conocimientos humanos, haya academias -y sociedades, conservatorios y museos, y tengan los sabios cuanto -conduzca á su perfeccion. La clase media en instruccion encuentre en la -escena las bellezas de la poesía, los encantos de la música, y los -graciosos ademanes de Terpsícore; pero dejemos á la clase inferior un -espectáculo propio suyo, y no porque las demas gocen de todas las -comodidades de la vida, olvidemos esta numerosa porcion de la sociedad. -Hay una clase de fiestas muy á propósito para llenar todos sus deseos, -que reune los requisitos que hemos visto deben tener sus pasatiempos, y -cuyos atractivos son por otra parte tan poderosos, que lejos de chocar -con las ideas de las otras clases de la sociedad, volarán todas á -presenciarlas. Vamos á examinar en pocos renglones si la lidia de toros -se encuentra en el caso que decimos. - -De cuanto hemos dicho se deduce que el espectáculo que haya de ofrecerse -al pueblo debe influir en su ánimo de modo que le comunique energía, -valor, y deseo de hacerse memorable por sus hazañas, pero sin viciarlo -ni hacerlo sediento de sangre humana. La lidia de toros llena -completamente ambos objetos. Es el suyo burlar á una fiera altiva y -poderosa, y hacerla espirar á los pies del lidiador. Pero no es una -lucha como las que en tiempo de los romanos entablaban los infelices á -quienes condenaban á morir devorados por una fiera, y que deseosos de -alcanzar la libertad, que solian concederles cuando la vencian, se -empeñaban en un combate horroroso, con el que solo conseguian prolongar -la muerte y hacerla doblemente dolorosa. En los toros se ve volar á la -fiera sin poder apoderarse de él en derredor del torero, que con la -serenidad que le infunden su conocimiento y su ligereza, mira hasta con -lástima al corpulento bruto afanarse y correr en vano hasta encontrar, -cuando cree mas seguro el triunfo, su perdicion y su muerte. No es un -brutal arrojo el que arrastra al cerco al lidiador, sino un valor -racional con que se presenta á la fiera, porque sabe el modo seguro de -hacer inútil su saña y de eludir sus intentos. No es su agitacion -aquella que trastornaba al gladiador cuando encerrado en el anfiteatro -se le abrian mil puertas para el sepulcro, y un resquicio apenas para -tornar á la vida: es una mezcla del gozo que anticipadamente se le viene -á la imaginacion por su victoria, y de los temores que le asaltan de no -llenar cumplidamente sus deberes y sus deseos. Pero la idea del peligro -ni aun lejano no aparece jamas en la mente del buen torero, que sabe -bien que no hay lance para el que no tenga seguro recurso, y regla -segura para practicarlo. Ni en él se le ofrece al espectador aquella -imponente y aterradora figura del atleta cuya sola presencia estremecia, -sino la mas elegante y gallarda que imaginarse puede. Adornado con telas -de seda bordadas de oro y plata, elige para su vestido la hechura que se -amolda mejor á la configuracion de su cuerpo, y sus varoniles y escelsas -formas lucen tanto mas cuanto ciñe mas su ropage. - -En este espectáculo admira y discurre el filósofo la escelencia del -hombre, que desde la desnudez é ignorancia primitivas, ha sabido alzarse -con el influjo del mundo y sacrificar á su antojo y diversion las -bestias mas poderosas. El naturalista observa las alteraciones que el -cuidado y el estado de domesticidad han producido en el caballo y el -toro, y cuanto los desvia de su primitivo modo de ser y de obrar. El -político conoce con cuán poco se contenta y distrae al pueblo laborioso, -y aprecia dentro de sí el efecto que el espectáculo hace en el carácter -de la multitud. El matemático vislumbra la posibilidad de reducir el -toreo á demostraciones, porque considera en el toro un cuerpo que se -mueve con direccion y velocidad conocidas, y en el torero todos los -medios para variar la primera y acelerar ó retardar la segunda. El -economista ve en el consumo de toros y caballos uno de los elementos que -mas influyen en el fomento de la cria del ganado vacuno y caballar. El -viajero admira un espectáculo tan grandioso, tan magnífico; aquella -mezcla de trages y colores, y aquel murmullo y vocerío y contínuo -movimiento lo entretienen y embelesan, y cuando suena el timbal, sale el -toro con aspecto amenazador, y ve á los toreros burlarlo risueños de mil -maneras, llega al colmo su admiracion, y prorumpe en aplausos y -aclamaciones. Todas las clases, todos los sexos, todas las edades y -condiciones de la vida concurren á él, se enagenan y se olvidan de sus -penas. Inútiles serian nuestros esfuerzos para hacer concebir lo grande, -lo bello de tales fiestas al que no las hubiese presenciado. - -Sin embargo, la lidia de toros esperimenta continuamente las mas severas -censuras y las acusaciones mas escandalosas, y no satisfariamos el -deber que nos hemos impuesto sino las refutásemos completamente. - -Hemos manifestado ya que los pueblos necesitan diversiones, y que deben -ser de las que hablen mas á los sentidos que al entendimiento, y hemos -manifestado igualmente que las pasiones que deben inspirarles han de ser -heróicas y varoniles sin que rayen en barbarie ó ferocidad. Las lidias -de toros satisfacen como hemos visto ambos estremos; pero dicen sin -embargo sus detractores que son bárbaras, inmorales, sangrientas, -perjudiciales á la agricultura, al estado, á las artes, á la industria y -á la humanidad. ¿Hay mas de que acusar á este espectáculo? Cuanto mas lo -humillen con sus fútiles sofismas, tanto mas completo y glorioso será su -triunfo. - -Son bárbaras, dicen, las corridas de toros; ¿y por qué? preguntamos. ¿Es -acaso porque en ellas luchen los hombres cuerpo á cuerpo con una fiera? -¿Qué se dirá entonces de la caza de montería? Si es barbaridad lidiar á -un toro cuya sencillez es tan conocida, y para lo cual hay reglas tan -seguras, ¿no será bárbaro y hasta brutal internarse en los bosques ó en -lo quebrado de un monte persiguiendo fieras mucho mas astutas y -carniceras que el toro, sin que sean menos poderosas? La diferencia que -hay entre el cerco despejado, diáfano, igual, y el monte sombrío, -cubierto de maleza; entre el javalí que se mete por el cuchillo á -trueque de dar la dentellada, y el toro que embiste ostigado y se le -separa con un lienzo; entre la seguridad que da el arte del toreo, y los -riesgos para que no sirven los ardides de la caza; entre el pronto y -eficaz socorro que tiene el torero rodeado siempre de defensores, y la -soledad y desamparo en que frecuentemente se halla el cazador, pueden -servir para apreciar cuanto tiene de mas espuesto la caza de montería, y -no vemos sin embargo que se le acuse de barbaridad. - -Se pasan años sin que una sola gota de sangre humana manche la arena de -las plazas de toros, y se pasarian siglos si estuviese esta diversion -bajo el pie que debe ponerse, y que indicaremos en su lugar; mientras -que apenas sale al monte una batida sin que haya un contuso, un herido, -ó acaso un muerto. El hijo del famoso don Pelayo, que fue muy dado á -esta aficion, sabemos que murió á manos de un oso en los montes de -Cangas; y pudieramos citar muchos mas de quienes da cuenta la historia, -las crónicas y otros escritos. - -Ademas que sería bárbara la lidia de toros, si fuera inherente á ella -ver sucumbir ó padecer al hombre por carecer de recursos para librarse -del toro; pero como el fin de las lidias es burlar al toro sin riesgo -del torero, que para conseguir su objeto tiene un arte que le da reglas -tan seguras como puede inferirse de las bases en que se apoyan, á saber, -las inclinaciones particulares de las diferentes clases de toros, que -conocidas distintamente y confirmadas por la esperiencia de muchos años, -suministran los elementos de la mas rigorosa exactitud, es evidente que -no tiene lugar la acusacion, ni respecto al objeto de las lidias, ni á -los medios de conseguirlo: el objeto, burlar una fiera; los medios, un -arte seguro, cierto. Para que faltasen sus reglas dejaria antes de ser -noble y magnánimo el leon, feroz y sanguinario el tigre, pacífica y -mansa la oveja, amorosa la paloma, amigo fiel el perro. Si son eternas, -invariables, las determinaciones instintivas de los animales que la -esperiencia nos ha dado á conocer, serán tambien invariables, exactas, -todas las reglas que de ellas rigorosamente se dedujeren. ¿De dónde pues -los fundamentos para apellidar bárbaro al espectáculo? Si no los hay en -su objeto, si no los hay en los medios de conseguir este objeto, ¿los -habrá tal vez en sus accidentes? Veamos. La muerte de los toreros que -han perecido en las plazas es sin duda el apoyo de la acusacion; pero -¡qué impotente! ¡qué modo tan caduco de raciocinar! ¡con cuánta razon -podriamos abusando del raciocinio, y silogizando con tan poca lógica, -calificar de bárbaro el oficio de minero, de buso, de volatin, de -plomero, de polvorista, de albañil, de... Nunca acabariamos de enumerar -todos los oficios en que encontró el hombre mas ó menos veces la muerte, -pero sí podemos asegurar, que cualquiera de los referidos cuenta mas -víctimas que el toreo, pues los volatines con particularidad llevan en -un corto número de años mas hombres al sepulcro que los toros en un -siglo, y esto sin contar los que se lisian todos los dias en las -escuelas de gimnástica y en los ejercicios preparatorios de su -profesion. El hundimiento de la mina de mercurio de Guancavélica redujo -repentinamente á polvo mas hombres que pueden herir los toros mientras -dure el mundo. El busear, y aun la simple accion de nadar, matan todos -los años por solo bañarse un número crecido de gentes. Y no se nos diga -que lo útil ó necesario de estos oficios hace que se desprecien sus -riesgos, pues esta razon pone en nuestras manos las mas concluyentes -pruebas. Si la sociedad reporta ventajas de estos oficios, ya hemos -visto cuántas y cuán grandes las reportan los pueblos de las corridas de -toros; y la utilidad personal que obliga al albañil, por ejemplo, á fiar -su vida á una ruinosa almena, no es mayor ni tiene prestigios mas -seductores que la que obliga al torero á presentarse en el cerco de -donde recoge el precio de su trabajo y los aplausos de la multitud. - -¿Y será mas justa, tendrá mas fuerza la acusacion de inmoralidad que á -las lidias se hace? - -Todo lo que ataca las sólidas bases de la moral, todo lo que pueda -viciar ó pervertir el orden saludable de las ideas de los pueblos, y -suscitar las pasiones detestables que inducen á los hombres á fomentar -su engrandecimiento sobre la ruina de otro, debe reputarse por inmoral. -Pero... ¿hay algo de esto en las corridas de toros? Hemos visto cuál es -el objeto de este espectáculo, los medios; conocemos su índole, y no se -vislumbra que envuelva, ni aun como episodio, la idea mas remota de -inmoralidad. Estendámonos á los accidentes. Un gentío inmenso se reune -en un recinto espacioso para presenciar el mas grande de los -espectáculos; se reune en medio del dia, á la faz de todos, y cada uno -en los que le rodean tiene centinelas de vista que observen sus -operaciones, y no puede ejecutar ninguna accion, ningun movimiento capaz -de ofender la decencia pública. Si á pesar de esto no falta quien -traspase los límites del decoro con alguna palabra ó accion -descompuesta, ¿en qué reunion en que haya mezcla de sexos, de edades y -de condiciones, no sucede lo mismo? ¿No vemos en las funciones de -iglesia ser el templo impía, sacrílegamente profanado con acciones -indecorosas, con palabras obscenas...? ¡Con cuánta impudencia se repiten -estos actos á los ojos del pueblo, y en la presencia de un Dios!!! ¡Y -cuánto mayor es el escándalo asi contrastado por la santidad y devocion -del templo...! - -Sin embargo, conocemos que el desenfreno y obscenidad del populacho es -escandaloso, cuando reunido en los andamios y casi ébrio se entrega á su -descomunal vocería. Este abuso puede cortarse, y debe efectivamente ser -arrancado de raiz; pero no basta por sí para calificar de inmoral al -espectáculo; lo primero, porque ya se ha dicho es un abuso, y como tal -independiente de la fiesta; y lo segundo, porque mas ó menos manifiesta -no hay clase alguna de reunion considerable en que no se haga lugar. Si -fueran suficientes los abusos para condenar la clase de espectáculos en -que se introducen, ¿cuál sería la suerte del teatro? Este espectáculo, -el primero y el mas digno de ocupar la atencion de un pueblo culto, lo -decimos con dolor, está sembrado de inmoralidades: aqui una hija, -arrastrada por su criminal amor, desobedece la voz de un padre tierno, y -se entrega clandestinamente á un seductor; alli un padre déspota, -inhumano, tiraniza á su hija hasta ofrecerle la disyuntiva de casarse -con quien aborrece ó sepultarse en la clausura; acá vemos un héroe que -apenas comienza á reposar sobre sus laureles, cuando la calumnia ó la -alevosía lo hace sucumbir traidoramente, y se elevan sobre su cadáver. -Delitos y crímenes enormes, injusticias, crueldades escandalosas, -venganzas, sangre, muerte y horrores, esto nos ofrece hoy el teatro; y -la juventud no puede presenciar sin peligro semejantes escenas, porque -si una parte se indigna contra ellas y aborrece mas y mas tales vicios, -otra parte, y quizás mas considerable, seducida por lo lisonjero que es -satisfacer las pasiones mas viles, pondrá tal vez mañana en juego para -conseguirlo los mismos medios con que vió llevar hoy á efecto en la -escena un proyecto semejante al que medita. - -No pueden los abusos torcer mas la marcha de un espectáculo: el teatro -se dirije á inculcar máximas saludables y virtuosas; á pintar el vicio -no solamente con el mas horrible colorido, sino vilipendiado y -confundido siempre ante la virtud; jamas debe quedar victorioso, impune, -en la catástrofe, y no debe dar un solo paso que no lo acerque al abismo -de su perdicion. No obstante, vemos todos los dias piezas dramáticas en -que todo conspira á inducir á la maldad. Por otra parte, ¡qué escesos -no se cometen en el teatro! ¡qué liviandades...! ¿Y diremos por eso que -el teatro es inmoral? ¿Imitarémos la conducta de los que quieren que se -proscriban los toros, y fulminaremos un anatema contra Talía? ¿No será -mejor purgar de abusos estos espectáculos? ¡Cuánto mas vale perfeccionar -que abolir! - -Sin embargo, mucho resta, dirán los detractores del toreo, que alegar en -contra de semejantes fiestas. ¿Se negará por ventura que son -sangrientas? Aun concediendo que la sangre humana no se vierta en ellas, -¿con qué derecho se conduce de la pradera á la plaza, de la vida á la -muerte, al inocente toro? ¿con qué derecho al caballo generoso? ¿no se -necesita un corazon de piedra para ver á estos hermosos animales -heridos, destrozados, lanzar el último aliento? Cuando por un accidente -se ve un hombre herido ó muerto, ¿quién no detestará semejante -diversion?--Hemos llegado á una de las acusaciones mas fuertes, mas -famosas, y en cuya refutacion debemos detenernos mas. Procedamos con -método. - -Oponen lo primero que aun cuando no sea propio, esencial del -espectáculo, el derramamiento de sangre humana, lo es el de la sangre -del toro y del caballo, y que es por consiguiente sangrienta la -diversion. A la verdad que hasta ahora nadie ha negado que se derrame -sangre en los toros, pero es la sangre de irracionales la que en ellos -humea, y si esto es suficiente para calificar de sangrienta una cosa y -proscribirla, proscríbanse las cocinas, pues no hay nada mas sangriento. -Si en la plaza se derrama la sangre del caballo y el toro en sacrificio -forzoso del gusto del pueblo, y de la necesidad que hemos visto tiene de -un espectáculo de esta clase, en las cocinas se vierte con una -vituperable prodigalidad la de una multitud de especies de animales, sin -otro motivo que el lujo de los opulentos y la depravacion de sus -paladares. Asi pues, ó entiéndase por sangriento solo aquello en que se -derrame la sangre humana, y entonces no ha lugar la acusacion contra -nuestras fiestas, ó de lo contrario se acogen á las cocinas. - -¿Con qué derecho, replican, se conduce al toro á la muerte? ¿con qué -derecho al caballo?--¡Qué inconsecuente hipocresía! ¡Con qué derecho... -decis...! Con el que os asiste para sepultar diariamente en vuestras -casas de matanza millares de reses y de ganado lanar, con el que os -abrogasteis cuando pusisteis el freno al caballo, y lo hicisteis víctima -de vuestra utilidad en la paz, de vuestra barbarie en la guerra... Pero -el hombre, es verdad, tiene un derecho, aun en el estado de salvage, á -la vida de otros animales: la naturaleza ha criado un gran número de -especies para servir de alimento á otras; y el hombre, que no es -esclusivamente hervíboro, como algunos supusieron, debe alimentarse con -la carne de otros animales; y adelantando luego al estado de -civilizacion á que la especie ha llegado, puede estender su derecho con -títulos legítimos un poco mas allá de lo que por mera necesidad le está -concedido. En efecto, él se afana en reunir y proteger los animales -mansos; él se constituye á guerrear contra el lobo y el raposo, contra -el buitre y el gavilan, que sin su cuidado los devorarian, y se -constituye por este solo hecho árbitro de su destino. Sus intereses van -conformes con los de la naturaleza: para ella nada son los individuos; -son todo las especies: el hombre no las estingue, ni podria; todo su -poder se limita á multiplicar los individuos de las que le son útiles, -y á disminuir ó alejar las que le son perjudiciales; y de aqui procede -la multitud y la fecundidad de los animales que ha domesticado, y cuyas -especies estan reducidas á un número de individuos respectivamente muy -corto en los paises en que no los maneja y protege. Por consiguiente es -muy natural que este esceso en el número de individuos que la especie -debe á su cuidado, sirva para alimentarlo en justa recompensa de él; asi -la especie se mejora y no padecen los individuos; porque como carecen de -la facultad de pensar no pueden comprender su porvenir, y el tiempo que -aparecen en el gran teatro de la naturaleza gozan una existencia tan -pacífica y regalada, que llegan á preferirla al estado de libertad -primitiva. Resulta pues que el hombre tiene un derecho _natural_ para -alimentarse de muchos animales, y otro derecho _adquirido_ para inmolar -aquellos que se multiplican bajo su cuidado, mucho mas cuando satisface -una necesidad tan urgente en el estado de sociedad, como es proporcionar -un espectáculo acomodado al gusto de la multitud. - -Se hace ademas ridícula la acusacion que de sangrienta se hace á -nuestras fiestas, por oirla muchas veces de boca de hombres que cometen -mayores escesos con la indiferencia mas fria; como por ejemplo, cuando -se espanta y horroriza un francés, que presenciaba con gusto las -carreras de caballos, en que ademas de verlos reventar á menudo, vería -no pocas veces quedar estropeado ó muerto el ginete sin alterarse por -eso, sino que tal vez se alegraria porque ganaba cinco mil francos que -llevaba á favor del contrario. Mucho mas ridículo aun es el horror que -suelen inspirar nuestras fiestas al tétrico inglés, que familiarizado -con el suicidio, le conmueve la muerte de los caballos, mientras que -asiste ansioso al _pugilato_, donde ve luchar no á dos fieras, no á un -hombre con una fiera, sino á dos hombres, que arrastrados por el interes -mas vil, acometen á un semejante, á un conocido, á un amigo quizás para -destrozarlo y acabar con él si preciso fuere: estos espectáculos han -ocupado á uno de los pueblos mas civilizados de la Europa moderna, -autorizados por el gobierno hasta muy pocos años hace; y en el dia, -aunque clandestinamente, los sostiene y aplaude. ¡Crueles! ¿Y sufriremos -que nos llamen impunemente bárbaros porque sostenemos los toros, un -pueblo en que se tolera que dos hombres se maten á puñadas en presencia -de la multitud, y se prohibe que el anatómico estudie sobre el cadáver -en el retiro del anfiteatro su estructura y organizacion? - -Nunca acabaríamos si hubieramos de hacer una reseña aunque breve de los -espectáculos y juegos que ocupan á muchos de los pueblos que censuran de -sangrientas las corridas de toros, ni seriamos menos estensos si -limitándonos á nuestra nacion manifestásemos los que como mero -pasatiempo se usan en diferentes provincias, y son indudablemente mas -sangrientos que los toros, sin que ni unos ni otros hayan merecido nunca -tal impugnacion. ¿Y será por ventura la causa de tan estraña -inconsecuencia el ser mucho mas pequeños los animales víctimas de -semejantes juegos? Cuando hacen servir el amor zeloso de los gallos como -el móvil de su odio y la causa porque se matan, ¿juzgarán por no -sangrienta la pelea porque se necesite la sangre de mil gallos para -componer la de un toro? ¿les asistirá la misma razon á los pueblos que -salen con la escopeta los dias festivos á manifestar su destreza -matando docenas de pajarillos que ni se cuidan levantar del suelo? Pues -deben saber los que asi piensan que no le cuesta menos á la naturaleza -producir la masa enorme del elefante ó del condor que la diminuta -hormiga, ó el pequeño pájaro, mosca, y que son unos mismos los derechos -que tienen todos á la vida. Y si hemos de convenir con el príncipe de -los naturalistas antiguos[9], en las obras mas pequeñas, en los animales -microscópicos es donde con mas fuerza ostenta la naturaleza su poderío: -_nunquam magis natura quam in minimis_. - -Oponen tambien que las lidias de toros traen un perjuicio grande á la -agricultura, porque se le priva al año de un número considerable de -reses que pudieran emplearse en la labranza, al mismo tiempo que perecen -centenares de caballos que pudieran igualmente prestar buenos oficios al -labrador. Esta objecion es tan especiosa como falsa, aunque á primera -vista aparezca con todo el prestigio de una evidente verdad. Asi es que -no serán necesarios grandes esfuerzos para demostrar su falsedad. - -Los labradores tienen su caudal diseminado, por decirlo asi, en la -superficie de la tierra, tanto en granos como en ganados &c., y sus -arcas rara vez corresponden en riqueza á la que ostentan en sus cortijos -ó haciendas. Esto es tan general, que aun cuando haya alguno que posea -la suficiente cantidad de numerario para llamarse rico solo por él, son -sin embargo tan raros estos ejemplos, que no pueden reputarse por otra -cosa mas que por escepciones de una regla general. Por consiguiente -habremos de convenir en que la riqueza de esta clase consiste en -efectos, y por consiguiente que tantas mas ventajas obtendrá cuanto sea -mayor la salida de estos efectos, mientras que por el contrario se -empobrecerá cuando falte ó se disminuya el consumo de ellos. Para -convencernos de esta verdad basta solo figurarnos á los labradores -despues de un año felicísimo con las eras llenas de grano y las dehesas -de ganado cuyo valor aproximado forme un considerable capital: si los -consumos son grandes, podrá vender á buen precio tanto el grano como el -ganado, y recibir una cantidad suficiente para emprender con ardor la -labranza en el año próximo y beneficiar cuanto le sea posible sus -ganaderías; pero si por el contrario escasean, tendrá que bajar los -precios, y siendo á pesar de todo mezquina la venta, lo será tambien la -cantidad que percibe, y se hallará por consiguiente sin los medios -necesarios para estender y fomentar la especie de industria que ejerce. -La riqueza de los labradores es imaginaria si faltan los consumos, y la -misma prodigalidad con que los granos y los ganados se multiplican -contribuyen doblemente á empobrecerlo, pues por una parte pierden el -valor y por otra aumentan los gastos con su abundancia. Por el -contrario, jamas se ha visto que por ser escesivos los consumos de estos -ó aquellos productos se haya perjudicado el ramo de industria á que -pertenezcan, sino que se aumentan y perfeccionan. La esperiencia está en -un todo de nuestra parte, y principalmente en la materia que nos ocupa: -echemos una ojeada por la hermosa casta de caballos andaluces, y veremos -que empezó á multiplicarse y á recibir mejoras cuando los consumos eran -mayores que son hoy, y que conforme han ido disminuyendo ha perdido sino -en la calidad de los caballos, como sin embargo creen muchos, al menos -en la abundancia de potradas y en lo numerosas que eran. Con respecto á -los toros sucede lo mismo; cuando habia mas plazas y se hacian al año -muchas corridas mas que hoy, habia en todas las provincias mas -ganaderías famosas y mayor número de cabezas de ganado vacuno: muchas de -estas ganaderías no existen ni aun en el nombre, desaparecieron con la -disminucion de los consumos, y las que se conservan famosas son aquellas -de que mas toros se sacan para las plazas. Ademas de que el consumo que -en ellas se hace de toros y de caballos no solo concurre á beneficiar la -cria del ganado vacuno y caballar como lo hiciera cualquier otro -consumo, sino que las beneficia de un modo particular y directo; lo -primero, por el esmero con que los criadores de toros de plazas cuidan y -afinan el ganado, y por la mucha estima que asi adquieren los toros; y -lo segundo, porque en las plazas mueren todos los caballos malos y -viejos de que ya el labrador ha obtenido cuantas ventajas pueden ellos -proporcionarles, y es la última vender á un precio bastante alto un -animal que por su edad ó por sus enfermedades ni puede ya recompensar -con su trabajo los gastos y esmero de su manutencion y cuidado, ni mucho -menos presentarse en feria. Estos animales se verian por último -condenados á perecer, ó serian onerosos para sus dueños, si en las -plazas de toros que es su única salida no los comprasen á un precio que -nunca hubiera podido obtener sin este recurso su dueño, y esto es una -ventaja positiva y muy considerable para los labradores. - -En otro pais cuyo suelo fuera menos rico y productivo que lo es el -nuestro podria decirse tal vez que el consumo de las plazas podria -perjudicar por hacerse con menoscabo de otros consumos del mismo género; -pero esta objecion no tiene lugar en España, pues aunque se triplicara -la poblacion, y con relacion á este mismo aumento crecieran los -consumos, no por eso llegaria el caso de que se resintiese la cria de -ganados del que se hiciera en las plazas. Cualquiera que haya paseado -nuestras provincias, ó que al menos tenga noticias circunstanciadas de -ellas, y sepa el número de ferias que en ellas se celebran, y la -multitud y abundancias de ganados que á ellas concurren, se persuadirá -no solo del ningun daño que las corridas de toros causan á la -agricultura, sino de la necesidad que tiene de ellas para beneficiar el -ganado, activar su consumo y entresacar en el caballar la hez que con -tantas ventajas del labrador se consume en las plazas. - -Cuando oimos decir que las corridas de toros son perjudiciales al -Estado, quisieramos que nos presentasen algunas de las razones en que se -apoya tan estraña asercion; pero jamas hemos visto ninguna ni -conveniente ni adecuada, pues era la mas fuerte el perjuicio que -suponian recibia la clase agrícola. Hemos visto ya que lejos de ser ella -perjudicada recibe beneficios de gran tamaño, y anunciaremos ademas, -aunque rápidamente, algunas de las principales ventajas que las corridas -de toros proporcionan al Estado. - -Bastaba solo el fomento de la agricultura en uno de sus mas preciosos -ramos para persuadir á cualquiera la utilidad de las corridas de toros, -porque sabemos que la principal riqueza de un Estado, y la única que le -puede servir de apoyo invariable, es la que se cimenta en el fomento de -sus productos territoriales, y por tanto no puede dejar de ser que las -corridas de toros lo robustezcan, habiendo visto qué directamente -influyen en el aumento de aquellos productos. Ademas hemos visto que -llena una de las primeras necesidades de un gobierno que vele por la -felicidad de los pueblos, como es un espectáculo nacional y varonil, sin -que por eso sea bárbaro é inhumano, y bajo este aspecto recibe el Estado -una nueva ventaja. Tambien son las plazas de toros frecuentemente -arbitrios con los cuales se cubren ciertas atenciones, para cuya -satisfaccion hubiera sido preciso exigir á los pueblos alguna nueva -contribucion ó impuesto, que por suave y módica que fuera, jamas la -pagaria con el gusto y exactitud con que satisface el precio del billete -para los toros. El equipo y armamento de algun cuerpo que se forma -repentinamente, la conclusion de alguna obra pública de conocida -utilidad, el establecimiento de casas de beneficencia &c., son bienes -positivos y considerables que reporta el Estado de las corridas de -toros, pues no hay espectáculo alguno que se haya hecho objeto de tantos -arbitrios, y de que se hayan sacado tantas y tan cuantiosas sumas en -beneficio del Estado. Ademas que segun se deduce de las reflexiones que -al principio hemos hecho, influye de un modo bastante directo y poderoso -en el carácter del pueblo, haciéndolo valeroso y amigo de la gloria sin -viciar por eso las ideas de humanidad y dependencia que deben mantenerlo -obediente y moderado. - -Si no recibiese el Estado otro beneficio de las corridas de toros, -bastaria no solo para hacer ver que no le son perjudiciales, sino para -demostrar su utilidad, saber que siembran en los pueblos la semilla de -su independencia cuando fomentan su heroismo y su fraternidad. - -No con mas fundamentos que las anteriores acusaciones se hace á nuestras -fiestas la de que son perjudiciales á las artes y á la industria. - -Jamas vimos apoyada semejante opinion en escrito alguno con la solidez -necesaria para convencer, y cuando la oimos en boca de los detractores -de las lidias, sus raciocinios para probarlas eran falsos, especiosos, -fundados en algun abuso, ó bien deducido de las que ya hemos visto -enteramente refutadas, y cuyas consecuencias quedan destruidas como los -principios de que emanaban. - -Las artes no sufren ninguna especie de atraso ó de perjuicio ni directa -ni indirectamente de las corridas de toros, antes bien recibirán calor y -nueva vida, pues es tal el enlace que tienen todas las clases entre sí, -y todas las partes que componen la máquina social, que cuando alguna ó -muchas de ellas esperimentan mejora ó engrandecimiento, las demas -participan de los saludables efectos del agente que promovió el bien de -la primera: asi es, que promoviendo las corridas de toros la riqueza de -los labradores y el aumento por consecuencia de los productos -territoriales, fomentan indirectamente las artes ofreciéndoles con -abundancia las primeras materias. Sería nunca acabar si partiendo de -este principio hubieramos de ir manifestando los beneficios que todas -las artes pueden reportar indirectamente de las corridas de toros, pues -se formaria una cadena que al modo de los sorites nos llevaria hasta -donde quisieramos poner su conclusion. - -La industria dicen que padece con las corridas de toros, porque la mayor -parte de los que á ellas concurren son artesanos, jornaleros y -trabajadores, y como se hacen generalmente en dias de trabajo, pierden -no solo el precio del boletin, sino lo que hubieran podido ganar en sus -respectivos talleres; de modo que la industria padece tanto por lo que -se deja de adelantar en ella, como por la suma que se le substrae. Esta -objecion es mas especiosa que sólida, porque sea la que quiera la suma -que la multitud espenda en los toros, y concediendo desde luego que sea -la clase industrial la que de ella se desprende, como no hace mas que -pasar de las manos de una á las de otra porcion de la misma clase, es -claro que la industria propiamente dicha no sufre perjuicio alguno. Por -otra parte hemos visto la necesidad que hay de dar diversiones al -pueblo, y cuán justo es que el pobre tenga alguna ocasion en su vida -para con el ahorro de sus afanes proporcionarse unas horas de apetecida -diversion. Mucho mas podriamos insistir en este punto; pues con solo -enumerar los ramos de industria que ponen en movimiento y á quienes dan -actividad las corridas de toros, ocupariamos algunas páginas; pero no lo -creemos necesario atendido cuanto en el discurso de nuestra narracion -hemos espuesto. - -Mucho mas breve seremos refutando la objecion de los que dicen que las -fiestas de toros son perjudiciales á la humanidad, porque de la -refutacion que á las otras hemos hecho resulta destruida la presente, y -bastaba saber que muchas casas de beneficencia, como hospitales, -hospicios &c., tienen impuestos muy considerables sobre estas fiestas, -para conocer que la humanidad reporta sus beneficios hasta en los -últimos de sus asilos. - - - - -PARTE PRIMERA. - -_ARTE DE TOREAR Á PIE._ - - - - -CAPITULO PRIMERO. - -_De las condiciones que indispensablemente debe tener un torero._ - - -El torero debe estar dotado por la naturaleza de ciertas cualidades -particulares, que si no es muy raro hallarlas reunidas en un individuo, -es poco frecuente que hagan de ella el correspondiente uso. - -Las condiciones indispensables al torero son: _valor, ligereza, y un -perfecto conocimiento de su profesion_: las dos primeras nacen con el -individuo, la última se adquiere. - -El _valor_ es tan necesario al que intenta ser torero, que sin él jamas -podrá llegar á serlo; pero es preciso que no se adelante hasta la -temeridad, ni atrase hasta la cobardía: uno y otro estremo podrán -acarrearle muchas desgracias, y quizás la muerte. El que sea temerario, -el que intente hacer una suerte sin estar el toro en la debida situacion -por ostentar asi valor ó habilidad, lejos de conseguirlo acredita -irracionalidad y poco conocimiento, y solo por un efecto de casualidad -se libertará de una cogida que pudiera serle funesta. - -El que por el contrario desperdicie de miedo el momento oportuno de -verificar la suerte, ó bien no siente los pies, ó no vea llegar al toro, -consecuencias todas de temerle, estará siempre en peligro de ser cogido, -sus cogidas serán muy peligrosas, pues que le faltará del todo el -conocimiento para quitarse el toro, y será un milagro que no concluya -sus dias en los cuernos de esta fiera. Es necesario evitar estos -estremos con todo cuidado. El verdadero _valor_ es aquel que _nos -mantiene delante del toro con la misma_ serenidad que tenemos cuando -este no está presente, es la verdadera _sangre fria_ para discurrir en -aquel momento con acierto qué debe hacerse con la res: el que posea este -valor tiene la mas importante cualidad del torero, y puede creer por -cierto que reuniendo las otras dos jugará con los toros sin el mas -pequeño riesgo. - -La _ligereza_ es otra cualidad sumamente necesaria al que ha de torear; -pero no se crea que la ligereza del torero consiste en estar siempre -moviéndose de acá para allá de modo que jamas siente los pies; este es -un defecto muy grande, y el distintivo del mal torero. La _ligereza_ de -que hablo consiste en correr derecho con mucha celeridad, y volverse, -pararse ó cambiar de direccion con una prontitud grande: el saltar -tambien es preciso al torero; pero donde mas se conoce su _ligereza_ es -en todos los movimientos que en los embroques sobre corto es necesario -hacer para librar la cabezada: el que tenga esta agilidad tiene mucho -adelantado para que jamas lo coja el toro, y se hace indispensable -poseerla para practicar con seguridad los recortes, galleos &c. Una -particularidad hay digna de notarse con respecto á esta última clase de -_ligereza_, y es que aun cuando uno que la posea bien haya llegado por -la edad á perder los pies, la conserva mucho tiempo despues, á términos -de seguir toreando con la misma maestría que cuando tenia todo su vigor: -en los matadores tenemos ejemplos muy manifiestos, pues vemos hombres -que estando torpes hasta para andar porque pasan de los sesenta años, -matan un toro con una ligereza increible, ejecutando movimientos -rapidísimos, quiebros violentos, y usando de sus pies con la misma -utilidad y perfeccion que cuando no contaba mas que treinta. - -El que con las dos cualidades dichas se dedique á torear, llegará á -verificarlo con perfeccion, siempre que les asocie el _perfecto -conocimiento de las reglas del arte_. _Este conocimiento_ es facil de -adquirir, y es tan necesario, que sin él será víctima de los toros el -que se ponga delante de ellos, aun teniendo las otras cualidades, pues -el _valor_ sin el _conocimiento_ solo le servirá para no titubear en -irse á la cabeza del toro, y la _ligereza_ para que tarde menos en ser -cogido. Por consiguiente el _conocimiento_ es la principal cualidad del -buen torero; debe ser su guia en todas las suertes, sirviéndole el -_valor_ para que ninguna le arredre, y la _ligereza_ para ejecutarlas -con seguridad y perfeccion. - -La necesidad de conocer perfectamente las reglas del arte se echa de ver -solo con reflexionar que los toros no dan tiempo para consultar libros -ni pareceres, y menos para meditar; por tanto es preciso ir bien -instruido en todo cuanto él posee para presentarse delante de la res mas -sencilla: entonces de una sola ojeada comprenderá el torero las -querencias naturales y accidentales del toro, su clase, sus piernas, y -las suertes para que es á propósito; conocerá el momento oportuno para -ejecutarlas, y ayudado del _valor_ y la _ligereza_ las practicará con -buen éxito, con serenidad y con desenvoltura. - -No será jamas buen torero el que no posea á la perfeccion estas -cualidades; su vida estará siempre en peligro; no ejecutará suerte -alguna con limpieza, y tendrá disgustados á los espectadores -inteligentes; yo le aconsejo amigablemente y muy de veras que busque -otra profesion si es torero de oficio, y si lo hace por aficion que no -toree reses de mas de tres años, que las que toree sean boyantes, y que -para alejar el peligro las embole ó les corte las puntas de los pitones. - - - - -CAPITULO II. - -_Requisitos que deben tener los toros para lidiarse._ - - -Para que las corridas de toros diviertan, y los toreros puedan lidiar -con seguridad, es necesario buscar toros á propósito, siendo evidente -que un toro demasiado chico, viejo, flaco, tuerto, enfermo &c., no -tendrá de su parte las condiciones precisas para verificar las suertes. -El toro que se haya de lidiar debe tener valor y fuerza; un toro cobarde -no divierte, evita los lances, desluce al torero y le da una cogida con -mas facilidad que un toro valiente, y es claro que al que le falte la -fuerza le faltarán tambien el vigor y el corage precisos para la lidia. - -Los requisitos que deben buscarse en un toro para lidiarlo son: _la -casta, la edad, las libras, el pelo, el que esté sano, y que nunca lo -hayan toreado_. - -La _casta_ debe ser buena, no porque todos los toros de _casta_ salgan -buenos, sino porque hay mas probabilidad en que sea bravo el toro cuyos -padres lo fueron, que no aquel que no sabemos de quién sea hijo, y que -acaso sus padres estaban criados á mano. - -Hay otra razon mucho mas poderosa para preferir aquellos á estos, y es, -que los toros de _casta_ estan mucho mejor cuidados que los cuneros; que -estan en sus cercados sin ver vacas, y por consiguiente tienen mas -vigor; y finalmente, que sufren una tienta, en la cual el que no es muy -bravo se aparta para buey ó para el matadero. Los cuneros, aun cuando -algunos hayan sido tentados, nunca es con la escrupulosidad que los -otros, y por no seguirlos cuidando como es debido es muy frecuente -verlos desmerecer del concepto en que los tenia su mismo conocedor. - -La _edad_ es otro de los requisitos que deben buscarse en los toros; la -de cinco á siete años es la mejor, pues gozan en ella de la fuerza, -viveza, corage y sencillez que les son propias y los hacen tan á -propósito para la lidia. Sin embargo, son muchos los toros que á los -cuatro años estan perfectamente formados, y pueden presentarse y cumplir -en la plaza mayor del reino. Algunos se corren tambien de ocho, diez y -aun mas años; pero no divierten tanto como los otros, y cuando se -apoderan del bulto, como cornean casi siempre muy bien, lo destrozan, -sacian en él su corage, y desprecian los engaños que emplean para -distraerlos. Sería de desear que jamas se corriesen estos toros; ellos -por lo regular disgustan á los espectadores, porque no se prestan tanto -como los otros para las suertes, tienen mas intencion, aprenden en el -tiempo que estan en la plaza, conocen al torero, y por lo regular cuando -van á la muerte tienen demasiada malicia, hacen perder mucho tiempo en -estas suertes, y no son pocas las veces que dan una cogida. - -Para conocer pues la _edad_ de este animal se atenderá á los dientes y á -las astas, pues no son siempre exactos los estados que para apoyar la -venta presentan los criadores. Los primeros dientes de delante se le -caen á los diez meses, y en su lugar le nacen otros mas anchos, pero mas -blancos; á los diez y seis meses se le caen los dientes inmediatos á los -de en medio, y nacen otros al momento; y á los tres años se renuevan -todos los incisivos, que son entonces iguales, largos y blancos. -Permanecen en este estado hasta los seis ó siete años, que empiezan á -amarillear y ponerse negros. Las astas dan señales mas fijas para -conocer la edad, pues á la de tres años se separa del piton una lámina -muy delgada que casi no tiene el grueso del papel comun, la que se -hiende en toda su longitud y cae á la menor frotacion: de este modo de -esfoliacion del asta se forma una especie de rodete que se advierte en -la parte inferior del cuerno, que en algunas partes se llama la -_mazorca_, y el cual muestra tener ya el toro sobre tres años; en cada -uno de los siguientes se observa otro nuevo rodete debajo del primero, -de modo que para saber la _edad_ de cualquier res no es menester mas -sino contar el número de anillos, dando al primero tres años y á los -demas uno. De este modo tan sencillo se averigua la _edad_ del toro, con -la diferencia únicamente de algunos meses, pues es casi inútil advertir -que la naturaleza, en esta como en todas sus operaciones, se adelanta ó -atrasa segun infinitas circunstancias que no podemos apreciar, -burlándose asi de nuestros cálculos y reglas. - -Debe atenderse tambien á las _libras_ que tiene el toro, porque uno muy -flaco no tiene la fuerza ni la energía que uno gordo, se siente -demasiado del castigo, y me atrevo á decir que ni aun debe tener el -valor que este, pues tanta mas arrogancia y tanta mas intrepidez se -tiene cuanto se siente uno con mas robustez y fuerzas para vencer á su -enemigo. Sin embargo, los toros escesivamente gordos no son á propósito -para lidiarse, porque son muy pesados, se estropean al momento que dan -dos carreras, se aploman, y por consiguiente inutilizan las suertes. - -El _pelo_ debe llamar tambien la atencion: cuando se dice el _pelo_ -debe entenderse esta voz en su verdadera significacion, y no tomarla por -la _pinta_, la cual poco ó nada influye en la calidad del toro. - -Este se dice que es de buen _pelo_, cuando la piel, tenga la pinta que -quiera, es bastante luciente, fina, igual y limpia: los toros de este -_pelo_ se llaman finos y se aprecian mas, como sucede con los caballos y -demas animales de pelo. Hay castas cuyos toros son de _pelo_ basto, y -por lo mismo se llaman bastas tambien; los toros de estas en igualdad de -circunstancias se pagan menos, pues el pelo es una de las señales que se -tienen para caracterizarlos. - -Para que un toro sea fino ha de reunir al pelo luciente, espeso, sentado -y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas, con las articulaciones -bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redonda; los -cuernos fuertes, pequeños, iguales y negros; la cola larga, espesa y -fina; los ojos negros y vivos; las orejas vellosas y movibles. Esto es -lo que se conoce por buen _trapío_. Generalmente cada provincia y aun -cada casta tiene un trapío particular, y hay algunos aficionados tan -inteligentes que rara vez los equivocan. - -La necesidad de que esté _sano_ el toro que ha de lidiarse es bien -manifiesta; pero lo que principalmente recomiendo que se examine es la -_vista_. Los que la tienen defectuosa son muy dificiles de torear. Hay -toros que ven mucho de lejos y poco ó nada de cerca, y vice-versa: otros -hay que ven bien de un ojo y mal de otro; los hay tambien que ven muy -poco, y todos ellos, que los toreros llaman _burri-ciegos_, son -dificiles de torear. Los toros _tuertos_, aunque muy buenos para ciertas -suertes, son muy malos para otras, y por consiguiente tampoco deben -lidiarse. - -Ademas de todas las condiciones dichas es menester examinar -escrupulosamente si el toro ha sido _corrido_, y principalmente si lo ha -sido en plaza, pues entonces aunque reuna los antecedentes requisitos no -divertirá, antes bien tanto los espectadores como los toreros estarán -descontentos, y estos últimos con tanta mas razon, pues miran muy -próximo el peligro de su vida con tales toros. - -La tauromaquia posee reglas ciertísimas para burlar la fiereza de los -toros, que siendo naturalmente sencillos se van con el engaño que el -hombre les presenta, asegurando de este modo su vida, y proporcionando -una hermosa diversion. Pero en los toros placeados varían del todo las -circunstancias. La lidia que ya han sufrido les ha puesto en el caso de -distinguir al torero del capote que lleva para su defensa, y -despreciando este, acometen rabiosos á aquel; saben en cada clase de -suertes cuál debe ser la huida del diestro, y conforme lo ven en -disposicion de ejecutarlas empiezan á ganar terreno, le quitan la -salida, y cuando lo ven encerrado y en una posicion tal que apenas pueda -escapárseles, arrancan á él, y si por desgracia lo cogen es muy posible -que sea aquella la última hora de su existencia. Estos toros son el -oprobio de la tauromaquia, la muerte de los toreros, y el fundamento que -tienen los enemigos de las lidias para llamarlas bárbaras. Debe -prohibirse con mucho rigor que se corran, y señalar un castigo -correspondiente al tamaño del delito y de las funestas consecuencias que -puede acarrear á todo el que vendiese para las plazas toros que ya se -hubiesen _corrido_ de antemano. De este modo las lidias serian muy -divertidas, las leyes tauromacas tendrian correspondiente aplicacion y -seguro resultado, y se pasarian muchos años sin que hubiese la menor -desgracia, y sin que los enemigos de tales diversiones tuviesen el mas -mínimo fundamento para vituperarlas. - - - - -CAPITULO III. - -_De las querencias._ - - -Antes de tratar de los toros en particular y del modo de lidiarlos, me -parece oportuno decir algo de sus _querencias_, tanto naturales como -accidentales, con la idea de hacer ver el papel tan importante que -juegan en la lidia, pues no pocas veces darán una suerte lucida al que -las conozca y las atienda, y una cogida al que las ignore ó las -desprecie. - -Se llama _querencia_ de un toro aquel sitio de la plaza en que le gusta -estar con preferencia á otros, y adonde va á parar regularmente despues -de una carrera ó al rematar las suertes. - -Los toros tienen en la plaza dos _querencias_ naturales, que son, la -puerta del toril y la del corral en que estan antes de la lidia. Tienen -ademas otras _querencias_ que se llaman accidentales ó casuales, y son -las que toman con algun sitio de la plaza, bien por haber otro toro -muerto, ó un caballo, ó por sentir alli descanso y defensa, como son las -_querencias_ con los tableros; y finalmente, las que toman por estar la -tierra mas movida y mas fresca, como sucede en las plazas en que hay -fuente ó pozos, que aunque estan cubiertos en el tiempo de la lidia, el -fresco del agua pasa al través de la tierra y forma una nueva -_querencia_. - -Aunque como ya hemos dicho suelen estas dar suertes muy lucidas y -seguras, serán siempre mejores aquellas en que el toro no haya tomado -_querencia_ alguna, por la obvia razon de que partirá con la regularidad -que le es propia, y no necesitará el diestro hacer modificacion ó -escepcion de alguna regla, lo cual es necesario siempre que se hace -alguna suerte estando el toro en su _querencia_. - -Por esta razon se procurará siempre apartarlos de ellas para todas, -cuidando ademas en lo posible dejarles libre la huida á estos sitios, -pues es muy frecuente arrancar un toro al matador, por ejemplo, y en el -momento de cargarle la suerte, sin rematarla y aun casi sin llegar al -centro, vaciarse é irse con el viaje á la _querencia_: aunque esto no -sucede siempre estando el toro lejos de ella, se observa alguna vez, y -por consiguiente es preciso combinar que el terreno de afuera sea el que -deba tomar en caso de ir en busca de ella, pues de lo contrario se -meterá en el del diestro, y probablemente se lo llevará por delante; -ademas, si él piensa evitar esto echándose á la plaza dando las tablas -al toro, como que este no es constante que estando lejos siga con el -viaje á la _querencia_, tomará su terreno natural, se encontrará con él, -y precisamente le dará una cogida. - -Todos estos inconvenientes se evitarán combinando como he dicho los -terrenos, pues no es necesario observando lo dicho cambiarlos, lo cual -solo se hará en los casos que veremos cuando se hable de cada suerte en -particular. - -Las _querencias_ que hemos dicho toman los toros con ciertos sitios de -la plaza por sentir alivio en ellos, que regularmente son los tableros, -aunque son las mas poderosas casi siempre, no obstante se pueden -destruir haciendo que conforme se acerque el toro á ellas lo piquen, le -claven alguna vanderilla en los cuartos traseros ó en la barriga, y lo -inquieten incesantemente con los capotes, pues de este modo, como el -animal se siente alli incómodo, abandona aquel parage y cesa la -_querencia_. El recurso mas poderoso para hacer que salga de él es -ponerle una vanderilla de fuego; pero debe ser el último. - -Toda suerte que se haga dejando libre al toro su _querencia_, ademas de -ser segurísima es muy lucida, y por consiguiente las que se efectúan sin -este requisito serán espuestas y desairadas: lo mas frecuente es no -poderlas ejecutar, pues empiezan á ganar terreno y rematan en el bulto, -de modo que el diestro se verá embrocado de cuadrado sobre corto, y -espuesto á la cogida mas funesta. - -Es pues necesario tener mucha atencion, y conocer perfectamente cuáles -son las _querencias_ del toro, para dejárselas siempre libres y -manifiestas, y para proporcionarse una mayor seguridad en toda clase de -suertes. - - - - -CAPITULO IV. - -_De los tres estados que tienen los toros en la plaza._ - - -Los toros tienen en la plaza _tres estados_ bien diferentes, y que -importa mucho conocer, pues cada uno tiene suertes peculiares ó que no -podrian hacerse en otro estado sin un evidente riesgo, y que hechas en -el que les corresponde son seguras y lucidas. Estos estados son el de -_levantados_, el de _parados_ y el de _aplomados_. Haremos su -correspondiente esplicacion, guardándonos para la de cada suerte en -particular el marcar las propias de cada uno de ellos. - -Se dice que está el toro _levantado_ cuando acaba de salir, tiene la -cabeza muy alta, hace por todos los objetos, sin fijarse por lo regular -en ninguno, y anda corriendo la plaza con gran celeridad. En este estado -tiene todo el vigor en las piernas, y no se le conoce ninguna especie de -querencia; apenas se para en parte alguna, y generalmente aunque dé -cogida no se queda con el bulto, sino que prosigue su viaje. Este estado -no es el que mas tiempo dura, y es dificil hacerle suertes en él, porque -ni aun da tiempo para armarse y ponérsele delante; pero las que se -llegan á hacer son muy seguras, porque jamas se revuelve, de manera que -con solo tener el diestro pies para contrastar los muchos que tiene el -toro _levantado_, rematará la suerte á su satisfaccion, pues aun los -toros de mas intencion parten cuando estan _levantados_ como el mas -sencillo, y es la razon, porque como acaban de salir del toril, donde -estaban muy estrechos y cerrados, y se hallan luego en libertad, -empiezan á correr buscando campo, y no tienen gran codicia por el -objeto, de manera que arrancan echándose fuera y con el sentirlo en la -huida. - -El segundo estado que tienen los toros en la plaza es el de _parados_, y -se conoce en que ya no corren con aquella especie de atolondramiento que -tenian cuando estaban _levantados_, y en que solo hacen por los objetos -que tienen á una distancia proporcionada: ademas en este estado es en el -que se muestran las propiedades de cada clase, y es el mas á propósito -para casi todas las suertes, pues conservan las piernas suficientes para -rematarlas, y carecen de aquel vigor con que salieron en ellas. En este -segundo estado es cuando comienzan los toros á tomar las querencias -casuales que acaban de manifestarse con toda su fuerza en el estado de -_aplomados_. - -Este último estado es el mas peligroso y el que menos divierte; se -conoce en que el toro si tomó querencia en el estado anterior, en este -casi no la abandona; y en caso de no haberla tomado y no irse á las -naturales, se observa en él mucha parsimonia, hace poco por los objetos -que tiene á regular distancia, y nada por los que estan lejos; le faltan -las piernas á veces del todo, y evita las suertes del modo que puede, ya -saliéndose de ellas, ya tapándose. - -Estos _tres estados_ no son iguales en todos los toros, y á veces son -tan poco manifiestos que es muy dificil distinguirlos; pero sin embargo, -existen y es importante su conocimiento, pues nos marcan el momento de -ejecutar esta ó la otra suerte, atendiendo al estado en que está el toro -y á su clase particular. - -Debo tambien advertir que muchas veces los toros conservan todas sus -piernas en el estado de _parados_, y algunas en el de _aplomados_. - - - - -CAPITULO V. - -_De las diferentes clases de toros._ - - -Los toros no son tan exactamente iguales que no pueda hacerse de ellos -varias _clases_, asignándole á cada una su carácter distintivo, y cuyo -conocimiento es indispensable para la ejecucion de las suertes, que como -veremos mas adelante, no todas pueden hacerse con todas las _clases_ de -toros. - -Los divido pues en _boyantes, revoltosos, que se ciñen, que ganan -terreno, de sentido y abantos_. Vamos á ver el carácter particular de -cada uno de los ramos de la division. - -Se llaman toros _boyantes, francos, sencillos ó claros_, aquellos que -siendo muy bravos conservan la sencillez propia suya, y por consiguiente -puede decirse de ellos que son los que tienen mas pronunciadas las -inclinaciones con que la naturaleza marcó su especie. Estos toros son -los mas á propósito para todas las suertes, van siempre por su terreno, -siguen perfectamente el engaño, y las rematan con tanta sencillez y -perfeccion, y tan sin peligro del diestro, que parecen mas bien que una -fiera, un animal doméstico enseñado por él. - -Los toros _revoltosos_, que algunos distinguen de los _celosos_, siendo -en realidad unos, son aquellos que iguales en todo á los _boyantes_, -solo se diferencian de ellos en que tienen mas celo por coger los -objetos, y por consiguiente se revuelven mucho para buscarlos, -sosteniéndose con fuerza sobre las manos en toda clase de suertes, y -siguiendo con la vista el engaño ó el bulto, que sin saber cómo se les -huyó de la cabeza. Estos toros son tambien muy buenos de torear, como -veremos cuando se hable de las suertes; siendo las que se hacen con -ellos tanto mas lucidas, cuanto muestran mas bravura y celo por los -objetos que los _boyantes_, y no dan lugar como aquellos á perder de -vista que son fieras. - -Se llaman toros _que se ciñen_ aquellos que aunque toman cumplidamente -el engaño, se acercan mucho al cuerpo del diestro, y casi le pisan su -terreno. Estos toros deben torearse con algun mas cuidado, -principalmente en los pases de muleta; pero sin embargo tienen sus -suertes muy lucidas y seguras. - -Los toros que _ganan terreno_ son aquellos que cuando estan en la suerte -empiezan á caminar hácia el diestro, ya cortándole el suyo, ya siguiendo -el terreno de afuera. Estos toros tienen dos géneros que importa -distinguir. El primero se ve en aquellos que desde la primera suerte -empiezan á ganar terreno, y por consiguiente se conoce que es modo -natural suyo de partir. El segundo se observa en los que empiezan á -ganar terreno despues de haber hecho varias veces con ellos las suertes: -estos deben torearse con mas cuidado que los otros, pues el ganar -terreno lo hacen con malicia en virtud de haber sido burlados de -antemano; sin embargo, tienen suertes muy seguras, pero cuando se les -junta el rematar en el bulto son los mas dificiles de torear. - -Los toros _de sentido_ son aquellos que distinguen al torero del engaño, -y por consiguiente desprecian á este, no lo siguen, y rematan siempre en -el bulto; alguna vez toman el engaño, pero es por fuerza, y su remate -en el cuerpo del torero: aunque es dificil lidiarlos tambien tiene el -arte recursos para ellos. - -José Delgado (a) Hillo en su tauromaquia pone otra clase de toros de -_sentido_, compuesta de los que _atienden á todo objeto sin contraerse -especialmente al que los cita y llama, pero que en las suertes son -claros_; y aunque respeto su dictámen, sin embargo, en esto padeció una -equivocacion, pues esta propiedad la tienen unas veces los _boyantes_, -muchas los _revoltosos_, algunas los _que se ciñen_, pocas los _que -ganan terreno_, y siempre los _abantos_, pero nunca los verdaderos toros -de _sentido_, siendo ademas una contradiccion visible poner como clase -de _toros de sentido_, cuyo distintivo es la malicia en las suertes, -unas reses que segun él mismo son claras en ellas. - -Se llaman toros _abantos_ aquellos que son medrosos por naturaleza, y -los hay de varias clases: unos lo son tanto, que conforme ven al torero -se salen huyendo, de modo que no es posible hacer suerte con ellos; -otros hay que arrancan, y antes de entrar en jurisdiccion se vacian con -prontitud saliéndose de la suerte, ya por el terreno de afuera, ya por -el de adentro, y á veces por el que ocupa el diestro, lo cual es efecto -del miedo que tienen, pero sin embargo lo pueden arrollar en este -contraste: otras veces estos foros arrancan con prontitud, y cuando -llegan á jurisdiccion, y en el mismo momento en que el diestro va á -cargarles la suerte, se quedan cerniendo en el engaño hasta que se -escupen fuera ó lo toman. Hay otra especie de toros _abantos_ de que -algunos hacen clase aparte con el nombre de _bravucones_, que son los -menos medrosos de todos ellos, pero que parten muy poco, y alguna vez al -tomar el engaño rebrincan, y otras se quedan en el centro sin formar -suerte. No me parece que estos toros deban formar una clase aparte, pues -no son otra cosa que una especie de los _abantos_; sin embargo, José -Delgado los pone como distintos. - -Estas _clases_ de toros son las únicas que por sus propiedades -particulares merecen mucha atencion para conocerlos perfectamente, y -ejecutar las suertes con seguridad. - -Sin embargo, me parece oportuno decir alguna cosa de los toros -_burri-ciegos_, de quienes nadie ha hecho mencion, mereciendo una -atencion particular, pues el defecto que tienen en su vista les hace -partir con desproporcion relativamente á los demas, pero con mucha -regularidad atendiendo al estado particular en que ella los pone, de -suerte que estos toros deben _clasificarse_ segun la alteracion que -tengan en el modo de ver. Haremos pues tres clases: los de la primera, -que son los que _ven mucho de cerca y poco ó nada de lejos_, tienen la -contra para torearse de que siendo preciso para que vean al diestro -citarlos siempre sobre corto, y advierten distintamente muy cerca de sí -un objeto que casi no saben por dónde ha venido, arrancan con mucha -codicia y ligereza, de modo que si tienen muchas piernas y aquel no está -sobre sí, ó bien le faltan estas, es facil le den una cogida: sin -embargo, en toreándolos con conocimiento son los mejores de los -_burri-ciegos_, pues tienen la ventaja de no seguir el bulto en -apartándose un poco aun cuando le estuviesen observando el viaje, porque -como no ven bien de lejos les parece grande la distancia y no hacen por -él. - -Los de la segunda clase _ven poco de cerca y mucho de lejos_; son muy -dificiles de torear, porque como no distinguen bien arrancan al bulto -todo que tienen delante, y por lo regular buscan el cuerpo como objeto -mayor y que ven mejor. El peligro que hay en estos toros es el salirse -de la suerte y apartarse de ellos, porque entonces ven claramente al -diestro, observan su viaje, arrancan á él, y si tienen piernas y lo -llevan embrocado sobre largo le pueden dar una cogida, pues no hacen -caso del capote, y sí del cuerpo, que es lo que ven mejor porque dista -mas. - -Los de la tercera son los _que tanto de cerca como de lejos ven poco_; -tienen la ventaja que rara vez observan el viaje y siguen al diestro -hasta rematar, y si no fuera porque son muy pesados en todas las suertes -y se aploman con facilidad, serian los mejores de los burri-ciegos. - -Se pudiera hacer otra cuarta clase de estos toros, en que se -comprendieran los que _ven poco de un ojo y bien del otro_; pero -teniendo las mismas ventajas y nulidades para la lidia que tienen los -_tuertos_, cuanto se diga de estos es aplicable á los otros. - -Conocidas ya las diferentes _clases de toros_ que pueden presentarse al -diestro, debemos pasar al conocimiento de cada suerte en particular, y -al modo de ejecutarlas con los de que ya se ha dado noticia. - - - - -CAPITULO VI. - -_De las suertes de capa._ - - -Se llama _suerte de capa_ toda la que se hace para burlar al toro á -favor de los capotillos; de esta definicion se sigue, que tan suerte de -capa es el _correr_ un toro como la _navarra_; sin embargo, debe -admitirse una diferencia, y asi llamaremos _trastear ó correr los toros_ -á todas las suertes que se les hagan con los capotillos para hacerles -mudar de sitios, distraerlos &c., y _suertes de capa_ propiamente tales -á la _verónica_, _navarra_, _chatre_ _&c._: tambien se les dice á estas -suertes genéricamente _capear ó sacar de capa_. Cuando el matador, -despues de haber dado la estocada, se pone con la muleta á pasar el toro -una y muchas veces para cansarlo, que se meta mas la espada y se eche, -se dice tambien que lo está _trasteando_. - -Vamos á tratar del modo de ejecutar todas estas suertes con todos los -toros, dando reglas seguras para su buen éxito y lucida ejecucion. -Empezaremos por el modo de _correr los toros_, y despues hablaremos de -las _suertes de capa_ propiamente tales en sus artículos particulares. -Los _recortes y galleos_ merecen una atencion particular, y por tanto -serán objeto de otro capítulo. - - -ARTÍCULO PRIMERO. - -_Del modo de correr los toros._ - -El _correr los toros_ aunque es muy facil, no es sin embargo tanto que -no tenga sus reglas para ejecutarlo con perfeccion y seguridad, pues de -otra suerte iremos espuestos, y el toro será el que nos corra, en vez de -nosotros correrlo á él. - -El que vaya á _correr_ un toro debe advertir las piernas que tiene, si -está ó no en querencia, si está distraido, y la clase de toro que es. - -Si el toro tiene muchas piernas, procurará tomarlo largo echándole el -capote bajo, y no parándose nada en el momento de citarlo, porque si -arranca con prontitud, como corre mucho, se lo encontrará encima y le -podrá dar una cogida. Para evitar esto se tendrá cuidado de no correrlo -en la misma direccion en que tiene el cuerpo y la cabeza, pues de este -modo cuando salga con el engaño tendrá que dar una vuelta tanto mayor -cuanto era mas opuesta la direccion en que estaba á la que deba tomar -para seguir el viaje que lleva el diestro: de este modo se evita el -primer arranque, que es espuesto por ser muy veloz, y se le lleva, -mediante la vuelta que tuvo que dar, una delantera suficiente para no -temerle á sus piernas. Si tiene pocas, entonces lo tomará corto y se -parará al citarlo, pues si hace lo contrario, el toro no sigue á un -objeto que ve no puede alcanzar. Por esta misma razon en el momento de -irlo corriendo irá deteniendo la carrera, para guardar una distancia -proporcionada; tampoco debe flameárseles el engaño, porque es -indiferente ir embrocado sobre largo con un toro que por sus pocas -piernas no ha de hacerse jamas dueño de uno, y que ademas se le acaban -de quitar estas y se queda parado en la mitad del camino sin poder -verificar la suerte. - -Cuando se va á _correr_ un toro y está en querencia, es menester tomarlo -muy corto, pararse mucho al citarlo, y obligarlo demasiado para que -salga. El que no se sienta con muchas piernas no debe intentar el -_correr_ estos toros cuando ellos las tienen, pues estando sobre corto -cuando arrancan se encuentran al instante encima, y esto es tanto mas -espuesto como que el diestro no está armado para suerte alguna. En este -caso aconsejo que si no se puede echar el toro fuera con el capote, se -le haga un recorte ó se le tire al hocico escapando por pies, pues no -hay otro remedio. Estos mismos recursos se tendrán presentes para cuando -suceda que yendo á citar al toro para _correrlo_, y estando este -observando al diestro y su viaje, sale al encuentro cortándole el -terreno, de modo que vienen á unirse y formar un verdadero centro de -quiebros ó de recortes; esto no deja de ser frecuente, y las mas veces -es preciso dar el recorte. Si el toro que se va á _correr_ no está en -querencia, pero que la tiene conocida, es menester hacerlo con cuidado, -y mucho mas si se va á rematar donde está para dejársela libre, pues de -lo contrario como tenga piernas arrollará al diestro; y es la razon, -porque con el sentido en la querencia no hace caso ni del capote ni de -cosa alguna; y si aquel con su cuerpo la lleva tapada, va embrocado -sobre largo, y en el remate, que lo hace muy violento en estas -circunstancias, es muy posible que le dé una cogida. Todo lo cual se -evita dejándole al rematar la querencia libre, y entonces va con el -viaje á ella. - -Cuando se va á _correr_ un toro, y se ve que no quiere salir sin tener -querencia, es porque está distraido con algun objeto que le llama la -atencion, que regularmente es algun torero que está cerca, y de quien él -recela; en este caso es inútil citarlo, mientras no se quiten los bultos -que le distraen. - -Cuando los toros estan levantados salen cuanto se citan, y es menester -entonces hacerlo con todas las precauciones que quedan dichas para los -toros de piernas. - -En el estado de parados es cuando tienen mas fuerza y mejor aplicacion -todas las reglas de la tauromaquia, y por consiguiente me remito á lo -dicho para ver el modo de _correr_ los toros en este estado. - -Para cuando estan los toros aplomados baste decir que rara vez arrancan -si no es tomándolos muy cortos, y que sea siempre con todas las -precauciones imaginarias, pues si conservan piernas, y no se atiende -perfectamente todo lo espuesto arriba, darán una cogida con mucha -facilidad. - -Los toros _boyantes_, _revoltosos_, _los que se ciñen y los que ganan -terreno_, son muy faciles de _correr_, atendiendo á todo lo dicho. - -Los de sentido como tengan piernas son dificiles de _correr_: para -hacerlo con seguridad es necesario que el diestro tenga muchos pies, y -observe rigorosamente lo espuesto; en este caso el peligro es ninguno. - -Los toros _abantos_ cuando salen son bien faciles de _correr_, y tienen -la ventaja de que rara vez rematan; sin embargo, aconsejo que siempre se -tomen cumplidamente las guaridas. - -El que _corra_ los toros no debe tener cuidado si no es con los de -muchas piernas, pues de otro modo está segurísimo: el recurso que tiene -para estos, que es el capote, es muy grande, porque con él se sale de la -cabeza del toro, lo lleva por donde quiere, y lo pone en el parage -oportuno para hacer suerte. - -Los toros _burri-ciegos_ de la primera clase, que son los que ven bien -de cerca y mal de lejos, son muy faciles de _correr_, atendiendo lo que -ya hemos dicho con respecto á las piernas, á su clase, querencias &c., y -tienen ademas la ventaja de que ven mejor el capote que el diestro. - -Los de la segunda tambien se _corren_ con facilidad observando las -reglas que segun su diversa clase les correspondan; pero siempre se -tomarán largos, y se les llevará mucha delantera; y es la razon, porque -si se toman cortos no ven el capote por lo cerca que lo tienen tan -claro como el bulto; de aqui es que corren embrocándole, y si tienen -piernas pueden darles una cogida; todo lo cual se evita tomándolos -largos, pues entonces ven todo á un igual, y la delantera que lleva el -diestro le asegura de sus piernas. - -Los de la tercera clase se _correrán_ segun sus piernas y segun las -demas circunstancias, arreglándose á lo espuesto. - -Por último, es menester tener presente para _correr_ los toros tuertos, -que para citarlos se debe salir por el lado que ven, y en el momento que -arrancan mudar el capote á la mano del lado bueno, quedando el cuerpo -del lado del ojo tuerto; de este modo se _corren_ con mucha seguridad, -pues ven muy bien el capote y el cuerpo no; asi es que jamas puede ir el -diestro embrocado. - -Los que _corren_ los toros deberán siempre irlos mirando para salirse de -la cabeza en los embroques sobre largo, flamearles el capote y cambiarlo -de mano á tiempo, para darles los remates fuera ó bien en las -querencias, y para no correr cuando el toro no los siga, lo cual indica -mucho miedo: á esto se llama _ver llegar los toros_, y es importantísimo -en toda clase de suertes, como iremos viendo segun vayamos tratando de -ellas. - - -ARTÍCULO II. - -_De la suerte á la verónica, ó sea de frente._ - -Esta suerte se hace cuando está el toro derecho, esto es, dividiendo -igualmente los terrenos, para lo cual es preciso que esté en la misma -direccion que las tablas: á esto se llama _estar el toro en suerte_, y -es necesario para hacer cualquiera de las de capa con seguridad y -lucimiento. - -El _terreno del toro_ es el que le sigue á este, puesto en suerte, hasta -los medios de la plaza; tambien se llama _terreno de afuera_: el del -diestro es el que hay entre este puesto en suerte y las tablas. _Se -halla en suerte el diestro_ cuando está frente al toro y preparado para -ejecutar alguna. - -Se llama _centro de los terrenos_, y mas propiamente dicho _centro de -las suertes ó centro_ simplemente, el sitio en que habiendo humillado el -toro y hecho el quiebro el diestro, se dividen los terrenos tomando cada -uno el suyo. - -En toda suerte es necesario situarse en frente del toro, pues de otro -modo ninguna es lucida y casi todas espuestas: tambien es regla general -citar los toros segun las piernas; esto es, que si tienen muchas se -podrán tomar largos, pero si tienen pocas entonces se tomarán sobre -corto; siendo mucho mejor en toda suerte pecar por tomarlos cortos que -largos, como se verá en su lugar. - -La primera suerte de que debemos hablar es la _verónica_, _ó sea de -frente_, la cual es muy facil y lucida, y se hace de este modo: sitúase -el diestro en frente del toro de tal modo, que sus pies esten mirando -hácia las manos de éste, y á una distancia proporcionada segun sus -piernas; lo citará, lo dejará venir por su terreno hasta que llegue á -jurisdiccion, y entonces le cargará la suerte, y cuando tenga el toro -fuera y esté en su terreno tirará los brazos para sacar el capote, con -lo cual queda la suerte rematada: se debe procurar que el toro quede -derecho para hacerle la segunda, lo cual se adquiere con la práctica, -pues consiste en el tiempo en que se tiran los brazos, y en el modo de -rematar la anterior. Asi es como se ejecuta la _verónica_ con los toros -_boyantes_; pero con los de otras clases es menester variarla en algo, -como veremos ahora. - -Los toros _revoltosos_ son muy buenos para esta suerte, la cual se les -hará como ya hemos dicho para los _boyantes_, con la sola diferencia de -alzar el capote mucho en el remate, para darles una salida larga y -bastante fuera, teniendo ademas cuidado de dar cuatro ó seis pasos de -espalda al rematar la suerte; y es la razon, porque como estos toros -tienen tanto celo por el engaño, y se revuelven con facilidad para -buscarlo, si el diestro no se ha prevenido con las precauciones dichas, -se encontrará al toro encima antes de haberse podido armar para segunda -suerte, y lo podrá arrollar; todo lo cual se evita con lo dicho, y se -proporciona una suerte muy segura y lucidísima. - -Los toros _que se ciñen_ necesitan algun mas cuidado que los -antecedentes, y se les hará del modo siguiente: conforme el toro -arranque, se empezará á tender y cargar la suerte, para que cuando -llegue á jurisdiccion ocupe ya el terreno de afuera, y el diestro con -poco quiebro que haga toma el suyo: es menester tener cuidado con estos -toros de no tirar los brazos hasta que hayan humillado bien y esten -fuera del todo, pues de este modo el remate es muy seguro: esto se llama -_hartar los toros de capa_. - -Los toros _que ganan terreno_ necesitan mucha precaucion en esta suerte, -pero tambien la tienen segura, pues hay muchos recursos para ellos: lo -primero que yo aconsejo hacer es tomarlos lo mas corto que se pueda, -pues de este modo arrancan ni mas ni menos que los _boyantes_, ó cuando -mas ciñéndose, porque tienen el engaño tan cerca que conforme dan dos -pasos entran en jurisdiccion, y por consiguiente en haciéndoles el -quiebro que á los que se _ciñen_, y teniendo desde el principio de -citarlos tendida la suerte, se les da un remate feliz. Sin embargo, veo -que no siempre se podrán tomar tan cortos estos toros, y entonces se -observará lo siguiente: conforme arranquen se empezará á tenderles y -cargarles la suerte como hemos dicho para los _que se ciñen_, -haciéndoles ademas bastante quiebro; si el toro no obedece y se cuela, -se mejorará el terreno con prontitud, adelantándose ademas á recibirlo -en jurisdiccion, con lo cual se le obliga á tomar el engaño, y se le -dará el mismo remate que á los _revoltosos_, hartándolos tambien de -capa. Sucede á veces que á pesar de todo, por tener el toro muchas -piernas ó estar las tablas muy cerca, no se puede hacer nada de lo -dicho, porque se encontraria el diestro encerrado entre las barreras y -el toro, y espuesto á una muy mala cogida; en este caso lo que debe -hacer es dejarlo venir ganando terreno y colándose, y dar tambien -algunos pasos de espalda con la suerte tendida, con lo cual se le engaña -completamente, pues sigue cortando el terreno á términos, que cuando -llega á jurisdiccion ocupa enteramente el de adentro, y cargándole bien -la suerte, y haciendo el quiebro como ya hemos dicho, se le da seguro -remate echándose el diestro á la plaza. A esto se llama _dar las tablas -al toro ó cambiar los terrenos_. Es regla general con estos toros -hartarlos de capa y darles los remates muy largos, haciéndoles mucho -quiebro en el momento de cargarles la suerte. - -Algunas veces estos toros rematan en el bulto, principalmente cuando son -de los que hemos dicho que empiezan á ganar terreno despues de varias -suertes: en este caso, ademas de los precauciones dichas es necesario -echar mano de los recursos que veremos posee el arte para los toros de -_sentido_. - -Estos toros, cuyo distintivo es el rematar en el bulto ó cuerpo del -torero, son los mas dificiles de torear, y los que han dado mas cogidas; -pero como veremos ahora tienen su suerte segura. Para ejecutarla se -llamarán con las mismas precauciones que los antecedentes, teniendo -perfectamente cubierto el cuerpo con el engaño, con lo cual se les -obliga á que lo tomen, y aun cuando su remate es en el cuerpo, se evita -no moviendo los pies hasta que el toro haya humillado y tenga la cabeza -bien metida en la capa, de suerte que no pueda ver el lado de la huida -del diestro, el cual en el momento que lo tenga en esta disposicion le -cargará la suerte, y sin tirar todavía los brazos, con un quiebro grande -de cuerpo se saldrá del centro dando con ligereza cuatro ó seis pasos á -la espalda para ocupar el terreno que deja el toro, en cuyo acto tiene -que tirar los brazos, y sacar la capa por alto en el mismo momento en -que el toro tira la cabezada fuera, con lo cual se remata la suerte con -seguridad. No obstante, sucede muchas veces que estos toros desde que -arrancan vienen ya metidos en el terreno del diestro buscándoles el -cuerpo, y de un modo que no dan lugar á mejorar el sitio, lo cual nunca -se intentará, siendo preciso cambiar los terrenos por las mismas reglas -que dimos para los que lo ganan, y usando ademas de todas las -precauciones que hemos dado arriba, con lo que el remate es seguro. Si á -pesar de todo lo espuesto el toro, que sucede raras veces, se revuelve -muchísimo y viene á parar al cuerpo, el recurso que hay seguro para -librarse de este embroque, siempre peligroso, es echarle la capa en la -cabeza tapándole los ojos y escapando por pies; aquel objeto que tiene -encima le obliga siempre á detenerse un poco y tirar una cabezada para -librarse de él, en cuyo tiempo el diestro tomará guarida. - -Lo que hemos advertido de no tirar los brazos hasta que el toro esté -todo metido en la capa, y el diestro fuera del centro del modo dicho, es -muy interesante para librarse de estos toros, y quizás lo único -esencial, pues de esta manera se les reduce á un solo objeto, se les -deja hecho dueños de él, no ven la huida del bulto, y cuando se quita el -engaño se encuentran sin tener con quien satisfacer su corage y su -intencion. - -Los toros _abantos_ tienen que torearse con cuidado, pues á veces -parten con mucha desproporcion, y por tanto suelen arrollar al diestro. -Se deben pues torear por las reglas que hemos dado para los que ganan -terreno, para mejorarlo se vienen por el del diestro, y hacer el cambio -en caso que se cuelen al de adentro. - -A los _brabucones_ será menester tenerles siempre libre y prevenido el -terreno de afuera, porque como suelen rebrincar, si el diestro ocupa el -centro está en su terreno, y podrá sufrir una cogida. - -Cuando estos toros se queden en el centro de las distancias sin hacer -suerte, será muy bueno adelantarse formando una nueva. Cuando parten, y -al llegar al engaño quedan cerniéndose en él, se tendrá el cuidado de no -tirar los brazos ni mover los pies, pues entonces darán una cogida; por -consiguiente hasta que humillen y hagan suerte guardará el diestro su -posicion. - -Es mucho mejor para llamar estos toros recoger el engaño al cuerpo é -irse con este descubierto, porque de este modo tienen menos miedo y -arrancan mejor; al llegar á jurisdiccion se abre el engaño y lo tienen -que tomar, logrando asi que partan con regularidad, pues es muy -frecuente en ellos salirse de la suerte en el momento que ven al diestro -presentándoles el engaño, porque se asustan de ver un bulto tan grande. - -Los toros _burri-ciegos_ de la primera clase se torearán segun aquella á -que pertenezcan con arreglo á lo que hemos dicho, teniendo mucho cuidado -al ponerse en suerte, porque como debe ser sobre corto para que el toro -vea bien, y suelen arrancar con mucha presteza, en no estando el diestro -sobre sí es muy posible la cogida. - -Los _burri-ciegos_ de la segunda se torearán tambien segun las reglas -que hemos dado para los demas, con la sola diferencia de tomarlos -largos, presentarles el engaño muy grande, y llevarlos muy metidos en -él. Estos toros algunas veces se quedan tambien cerniendo en el engaño -como los abantos; pero es mas frecuente que se paren en el centro de las -distancias, en cuyo caso, ó bien se puede adelantar el terreno para -obligarlos á que hagan suerte, ó bien puede el diestro salirse de ella: -cuando se haga esto último es preciso que sea con mucha precaucion, -retirándose sin desarmarse, y sin quitar la vista del toro, pues suelen -arrancar cuando el bulto está lejos, que es cuando lo ven mejor; y si él -se desarmó y no tenia la vista en el toro, le podrán dar una cogida, lo -que he visto mas de una vez. - -La última clase de _burri-ciegos_ no tiene que torear mas sino segun su -condicion, y prevenirles un engaño grande de color vivo, presentárselo -alto, tomarlos muy cortos, y obligarlos mucho al citarlos, hablándoles, -porque son en estremo pesados. - -Los toros tuertos son malos para las suertes de capa, pues aunque se les -hacen con seguridad son deslucidas. Yo los he visto capear las mas veces -teniendo el ojo bueno hácia el terreno de adentro; en este caso se -revuelven muchísimo, y al parecer buscan el cuerpo, pero en realidad no -es asi; y el revolverse es efecto de no ver mas que por un lado el -engaño, de suerte que al mismo tiempo de irlo buscando se van volviendo, -por lo cual es menester hacerles la suerte del modo que hemos dicho para -los de sentido, y el remate como á los revoltosos. - -Parece increible lo que los toros tuertos revuelven, en esta suerte: yo -he visto tener que dar casi una vuelta entera, llevando el toro metido -en el engaño sin podérselo sacar, porque cuanto se hubieran tirado los -brazos daba una cogida; lo que se hace en este caso es dar con rapidez -el quiebro natural, y seguir dando con pasos de espalda una media vuelta -tambien rápida, bajando al mismo tiempo mucho el engaño para que humille -bien, en cuyo tiempo, metiéndose el diestro en su terreno, tira con -prontitud los brazos: con todo lo cual el toro sufre un destronque tan -grande que lo hace hocicar y dar un remate tan seguro como lucido. - -Estos toros dan cogidas á menudo, dimanadas de haberse querido rematar -la suerte antes de tiempo, pues con los que se revuelven tanto como ya -hemos dicho, es preciso dar la vuelta casi entera para que sufran el -destronque, que es el que nos proporciona seguro remate. Debe tambien -tenerse presente que es necesario ponerse en suerte con estos toros muy -separados de las tablas, porque si son de los que se revuelven mucho se -encontrará el diestro sin tener lugar para la vuelta. - -Muy pocas veces he visto ponerse á citar un toro tuerto teniendo este -ojo hácia el terreno de afuera, y jamas vi hacer una suerte á que se le -pudiese dar este nombre: sin embargo, yo concebia una manera de hacerla, -á mi parecer segura y lucida, y es, presentándose al toro pisándole un -poco su terreno, y teniendo el capote de modo que cubra el cuerpo y esté -mas del lado de afuera, lo que se consigue teniendo el brazo que mira á -este terreno estendido, y el otro natural; estando de este modo se cita -al toro teniendo bien parados los pies, pues aunque se está en su -terreno, como el capote está todavía mas en él, se viene echando fuera; -desde el momento que entre en jurisdiccion se le tenderá la suerte, y -con un pequeño quiebro que se haga al cargársela, se está enteramente -fuera, se tiran los brazos, y se saca la capa, ya por alto, ya por bajo, -con muchísima seguridad, porque al rematar está el diestro por el lado -del ojo tuerto, y puede quedarse quieto sin peligro; yo no puedo decir -mas de esta suerte sino que la he ejecutado despues, y que su práctica -se acomoda perfectamente á su teoría. - - -ARTÍCULO III. - -_De la suerte á la navarra._ - -Esta suerte es despues de la verónica la que se hace con mas frecuencia, -y es mas bonita que aquella, aunque no tan susceptible de hacerse con -todos los toros. Vamos á ver el modo de ejecutarla con los boyantes, y -despues veremos con cuáles se puede hacer ademas. - -Se situará el diestro como hemos dicho para la verónica, pero teniendo -cuidado de que el toro tenga sus piernas enteras, y poniéndose corto lo -citará, y cuando embista le irá tendiendo la suerte, se la cargará mucho -cuando llegue á jurisdiccion, y cuando ya vaya fuera y bien humillado le -arrancará con prontitud la capa por bajo del hocico, dando al mismo -tiempo una media vuelta con ella por dentro, viniendo á quedar otra vez -frente al toro. - -Con estos toros es la suerte sumamente segura, y aunque no falta quien -diga que con los demas es muy peligrosa, sin embargo veremos que se -puede hacer con otros tambien con seguridad. - -Los toros _revoltosos_, cuando tienen todas sus piernas, son muy á -propósito pera hacerles esta suerte en teniendo la precaucion de -cargársela mas y despedirlos mas fuera, perfilando el cuerpo y -haciéndoles un buen quiebro, con lo que el toro va muy humillado y -bastante desviado, para tirar sin riesgo los brazos y sacar la capa del -modo dicho; pero debo advertir que la vuelta, como es para dentro, es -tanto mas completa cuanto mas se perfiló el cuerpo hácia fuera, y por -consiguiente que debe ser muy viva, para volverse antes que el toro se -reponga, con lo cual se remata felizmente. - -Si alguna vez sucede que por ser el toro muy ligero, ó haberse tardado -en la vuelta, ó bien por haberle dado poca salida, viene á buscar al -diestro, se darán algunos pasos de espalda con la capa abierta, y se le -hará la verónica, pues en este caso no es prudente repetir la navarra. - -Con los toros _que se ciñen_ es tambien muy facil esta suerte, y es tan -segura como con los boyantes, ademas de ser mas lucida, porque como se -pegan mas los de que hablamos, pasan mas cerca del cuerpo, es la suerte -mas ceñida en un todo, resultando mas lucimiento del mayor riesgo que -parece tiene el diestro (aunque en realidad es ninguno), por la mayor -aproximacion del toro. - -El modo de ejecutarla es dejarlo venir segun las reglas que dimos para -la verónica hablando de estos, y cuando ya humillado ocupe el terreno de -afuera, se le arrancará la capa, y se dará la vuelta del modo que he -dicho se hará con los boyantes, teniendo siempre cuidado de hacérsela -cuando tengan piernas. - -Con los _que ganan terreno_ y con los de _sentido_ aconseja la prudencia -que no se haga esta suerte: si alguno quiere ejecutarla, use con mucha -precaucion de las reglas dichas, pues ha de ser muy diestro para que el -éxito sea feliz. - -Con los toros _abantos_ se puede hacer con tanta seguridad, como que se -tiene la certeza de que no han de revolverse, único peligro que hay; por -eso, esceptuando los anteriores, son los revoltosos los que merecen mas -cuidado en ella. - -Lo toros _burri-ciegos_, sean de la clase que se quiera, serán ó no á -propósito para la _navarra_, segun la clase que por sus propiedades -manifiesten. - -Los toros tuertos cuando tienen este ojo hácia el terreno de adentro son -sumamente buenos para esta suerte, la que se les hará del modo que -dijimos se les hacia la verónica, quitándoles la capa como hemos visto -ya se hace con los boyantes. Pero cuando lo tienen hácia fuera no se -les debe hacer, pues darán una cogida, ó á buen escapar será una suerte -arrollada. - - -ARTÍCULO IV. - -_Suerte de tijerilla, ó sea á lo chatre._ - -Esta suerte se hace muy poco; bien es verdad que es muy insignificante. -El diestro se situará como para las anteriores, con la sola diferencia -de tener cogido el lado derecho de la capa con la mano izquierda, y -vice-versa, de modo que los brazos quedan formando un aspa; en esta -disposicion se cita al toro, y se le hará la suerte por las mismas -reglas que di para la verónica, pues la única diferencia que hay entre -ellas está en el modo de poner los brazos. Esta suerte es muy facil y -segura con los boyantes, y lo es igualmente con los abantos. - -Se hace tambien con los revoltosos con mucha seguridad en observando lo -siguiente: despues de haberles cargado la suerte segun las reglas que ya -he dado, si se ve que el remate no se les puede dar bastante fuera como -se necesita para que no se revuelvan y den una cogida, dimanando esta -imposibilidad de no poder dar bastante juego á los brazos, en el momento -mismo en que se les cargó la suerte, y ya al rematarla, con mucha -ligereza se deshará el aspa ó la tijerilla, con lo que se ponen los -brazos naturales, y se les puede dar el remate seguro que hemos visto -tienen en la verónica. - -Con los toros que se ciñen se puede hacer esta suerte sin consecuencia -alguna, en teniendo cuidado de tendérsela en cuanto arranquen y de -írsela cargando, haciéndoles un buen quiebro, y llevándolos engreidos en -el engaño, con todo lo cual se les separa suficientemente para que no -puedan pisar el terreno de adentro, y para que el remate sea seguro. - -Los toros que ganan terreno, los que rematan en el bulto y los tuertos -no son á propósito para esta suerte; los burri-ciegos lo serán si por su -clase corresponden á alguna de las que hemos visto lo son. - - -ARTÍCULO V. - -_Suerte al costado._ - -La suerte _al costado_ se hace de dos modos, con la capa por delante, y -con la capa por detras. - -Para hacerla del primero se pondrá el diestro en suerte de costado al -toro, y mirando hácia el terreno de adentro; tendrá la capa agarrada con -la mayor parte del vuelo en el lado del toro, cuyo brazo estará -perfectamente estendido, y la mano del otro por delante del pecho: esta -posicion es muy airosa, y se debe tener mucho cuidado en guardarla hasta -que el toro llegue á jurisdiccion, é igualmente en perfilarse mucho con -la capa, para que no pueda absolutamente ver mas que un objeto sin -distinguir el cuerpo; esto no es indiferente, pues de ello depende el -buen éxito de la suerte. Puesto el diestro de este modo, lo citará -dejándolo venir por su terreno, y conforme llegue á jurisdiccion le -cargará la suerte, dando dos ó tres pasos para ocupar la parte del -terreno de adentro que va el toro dejando, con lo cual se le presenta de -una vez toda la capa, se le echa del todo fuera, y se le da el mismo -remate que en la verónica. - -Se puede hacer esta suerte sin peligro alguno con los boyantes, los -revoltosos, los que se ciñen, los burri-ciegos que correspondan á alguna -de estas clases, y con los tuertos cuando tengan este ojo hácia el -terreno de adentro. - -La suerte al costado con la capa por detras se hará situándose del modo -que hemos dicho para la anterior, con la diferencia de que el brazo que -en aquella pasó por delante del pecho pasa en esta por la espalda, -resultando la capa por detras. En esta disposicion se cita al toro, y -asi que llega á jurisdiccion se le carga la suerte; y para rematarla se -alzan los brazos con prontitud al mismo tiempo que se da una pequeña -carrera para el terreno que el toro deja, con lo cual se le quita la -capa por cima al mismo tiempo que tira la cabezada fuera del todo. - -Esta suerte es con los boyantes muy facil y lucida, y se puede hacer con -los revoltosos en teniendo la precaucion de dar la carrera mayor, por si -acaso se han repuesto con ligereza, y hacen por el diestro, poder este -correrlos á favor de la delantera que les lleva, y si es preciso soltar -el capote, ó hacer la verónica. - -No aconsejo que se haga con otros toros, pues aunque es practicable, es -espuesta con las demas clases; pero sí se puede verificar con los -burri-ciegos, boyantes y revoltosos, y con los tuertos cuando esten en -la misma disposicion que dijimos para la anterior. - - -ARTÍCULO VI. - -_Suerte de frente por detras._ - -Esta se hace poniéndose el diestro de espalda en la rectitud del toro, -teniendo cogida la capa por detras lo mismo que de frente, en cuya -disposicion lo cita, y luego que le parte y llega á jurisdiccion le -cargará la suerte, se meterá en su terreno, y dará el remate con una -vuelta de espalda quedando armado para la segunda. Esta es invencion de -José Delgado (a) Hillo, el cual asegura haberla ejecutado con fortuna -con los toros boyantes, cuando conservan las piernas para poder -rematarla bien, y aconseja que en otras circunstancias no se ejecute. - - -CAPITULO VII. - -_De los recortes y galleos._ - - -Se llama _recorte_ á toda aquella suerte en que el diestro se junta con -el toro en un mismo centro, y cuando humilla le da un quiebro de cuerpo -con el cual libra la cabezada, y sale con diferente viaje. - -El _galleo_ se diferencia del _recorte_ en que se hace á favor del -capote ó algun otro engaño, mientras que el _recorte_ se ejecuta con -solo el cuerpo: sin embargo, es muy frecuente llamarlos genéricamente -_recortes_. - -El _recorte_ propiamente tal se puede hacer con toda clase de toros, y -de diversos modos, segun que se salga derecho á él ó atravesado; ó bien -se le está viendo venir, y cuando llega á jurisdiccion y humilla, se le -da el quiebro y queda hecho el _recorte_. De todos modos es muy lucido y -sumamente seguro con los boyantes; con los revoltosos es menester ser -muy ligero para hacer con seguridad esta suerte, porque se reponen muy -pronto; y aunque el diestro ya se haya enmendado del quiebro, sin -embargo, como no haya sido con suficiente anticipacion para haberse -apartado bastante del centro de la suerte, le podrán dar una cogida: de -todos modos es menester no pararse un momento, y salir con todos los -pies, pues ellos casi siempre cuanto se reponen salen tras el bulto: en -teniendo cuidado de ejecutar lo dicho es el _recorte_ mas lucido el de -estos toros. - -Los abantos son muy buenos para los _recortes_, que tambien se pueden -hacer con los que se ciñen en teniendo cuidado de salirles lo mas -derecho que se pueda, y de no hacerles el quiebro, que deberá ser muy -grande, sino cuando hayan muy bien humillado; de este modo el éxito -siempre será favorable. - -Si alguna vez se intenta dar este _recorte_ á los toros que ganan -terreno, será necesario tomarles mucha delantera y mucha tierra, y -salirles formando un medio círculo, que vendrá á concluirse con rapidez -en el centro de la suerte, donde se hará el quiebro muy veloz, y se -saldrá con todos los pies: es bastante espuesto con ellos, porque en no -observando rigorosamente lo dicho se meterá el diestro en su cabeza, y á -veces, aun observándolo, sucede que cortan demasiado terreno y no dan -lugar á que se pase, en cuyo caso no hay mas remedio que escapar por -pies. - -Esta suerte no debe practicarse con los toros que rematan en el bulto, -porque es sumamente espuesto; pero sí con los burri-ciegos de segundo y -tercer orden, atendiendo á su clase, con los cuales es facil y segura; -tambien lo es con los de la primera, en teniendo cuidado de hacérsela -cuando vayan levantados, pues á pie firme suele ser espuesto, -principalmente cuando tienen piernas, en razon á que arrancan alguna vez -con bastante velocidad cuando distinguen bien al diestro por estar -cerca, y si este no es muy ligero para darles el quiebro lo podrán -coger; pero haciéndolo con las precauciones dichas no hay peligro. - -Los toros tuertos son los mas á propósito para los _recortes_ en -saliéndoles por el ojo bueno, con lo cual el remate es tan seguro, como -que la salida es por el ojo tuerto; pero no se les irá por este, porque -como no ven no pueden hacer por el bulto humillando, y por consiguiente -no harán suerte; lo segundo, porque si sienten cerca los pasos del -diestro que viene corriendo, y se vuelven, como que con la velocidad de -la carrera no es muy facil detenerse ó mudar de viaje, harán por él, y -si son ligeros le darán una cogida. - -Siempre que se vaya á dar un _recorte_ se debe procurar no atravesarse -mucho con el toro, porque entonces es mas facil que tape la salida; para -cuando suceda esto, ya sea por descuido ó por las muchas piernas del -toro, el mejor remedio es dar el salto á tras-cuerno, pues es mas -seguro que salirse de la suerte y cambiar el viaje, y el _recorte_ de -quiebro no se puede ya intentar sin un evidente riesgo. - -Los _galleos_ son mas susceptibles de hacerse con cualquiera clase de -toros que los _recortes_: son mucho mas faciles y seguros, y no les -ceden en lucimiento. Se pueden hacer de infinitos modos, en atencion no -solo á las circunstancias en que esté el toro, y al modo de emprender la -suerte, sino á la clase de engaño, al modo de llevarlo, á la clase de -remate que se da &c.: asi es que solo daré noticia de los mas frecuentes -y bonitos, por no ser molesto, y mucho mas cuando el modo de hacerlos es -igual en todo, y sigue las mismas reglas que para los _recortes_ hemos -dado. - -Uno de los _galleos_ que se hacen con mas frecuencia es el que llaman el -_bú_: para verificarlo se pone la capa por encima de los hombros del -modo natural, ó bien, y hace mas efecto, por la cabeza á la manera que -las mugeres llevan los chales; en esta disposicion se marcha al toro -observando las reglas que para un _recorte_, y cuando se está en el -centro se abren y agachan los brazos, y se hace el quiebro en el mismo -puesto en que el toro está humillado: hecho esto se está fuera ya, y -entonces se vuelven los brazos y la capa á su posicion, y queda -concluido el _galleo_. - -La otra especie, que se hace con mucha frecuencia, es aquel en que -cogida la capa del mismo modo que digimos para la suerte al costado con -la capa por detras, se va el diestro hácia el toro describiendo una -curva, cuyo fin es el centro de la suerte, la cual se concluirá del modo -que hemos visto se rematan todos los _galleos_ y _recortes_. Este es -lucidísimo, y me atrevo á decir que acaso no hay otro mas seguro. - -Se hace tambien otra especie de _galleo_ con el capote recogido en la -mano del lado que ha de presentarse primero al toro, y cuando se llega -al centro de los quiebros se le acerca para que humille, en cuyo acto -toma el diestro la salida y cambia el capote á la otra mano haciendo un -quiebro de cintura, con lo cual pasa humillado por su espalda, y la -cabezada la tira fuera; se hace tambien con un sombrero y con la -montera, y de todos modos es muy lucido. - -Hay otro _galleo_ sumamente bonito, el cual se debe hacer siempre que se -atrase el diestro algo en el momento de irse á meter en el centro de la -suerte, ó bien cuando estando quieto se vea venir al toro levantado y -con todas sus piernas con el viaje á él: el modo de hacerlo, que es -igual en ambos casos, es tirar el capote al hocico del toro en cuanto -llegue á jurisdiccion, pero quedándose con una de las puntas en la mano, -con lo cual humilla con prontitud, en cuyo momento pasará por delante -de la cabeza, haciendo el correspondiente quiebro, á ocupar su terreno, -y cuanto esté en él tirará con rapidez del capote, con lo que el -_galleo_ se concluye: todo lo dicho ha de ser obra de un instante para -que haga el efecto que debe, pues entonces sufre el toro un destronque -que lo hará hocicar á espaldas del diestro, y que no se verificará sino -está la suerte hecha con mucha ligereza, pudiendo ademas peligrar por no -haber sufrido el toro lo que debia. Este _galleo_, que es el mas -conocido por el nombre general de _recorte_, es el que quita mas las -piernas á los toros, por el gran destronque que sufren, tanto mayor -cuanto la suerte está mejor hecha. - -Todos estos son sumamente bonitos, y se hacen con mucha frecuencia; son -susceptibles de practicarse con todas las clases de toros, con los -burri-ciegos y con los tuertos, en teniendo cuidado con estos últimos de -tomarlos por el ojo bueno, para que el remate sea en el tuerto. - - - - -CAPITULO VIII. - -_De los cambios._ - - -Los _cambios_ estan olvidados casi del todo. La dificultad que presenta -su ejecucion retrae á la mayor parte de los toreros de emprenderla, por -lo cual se pasan años sin que se vea un cambio, á no ser por casualidad. -En este caso, como la intencion del torero no era hacerlo, y como por la -poca frecuencia con que se hacen no está el diestro acostumbrado á -practicarla, ni el espectador á verla ejecutar, parece mas bien un -contraste ó una suerte arrollada, y con tanta mas razon por el poco -desembarazo y limpieza con que los toreros la hacen. - -Consiste el _cambio_ en marcar la salida del toro por un lado de la -suerte, y dársela por el otro; por consiguiente, solo puede hacerse con -la capa, con la muleta ó con otro cualquier engaño, que asi como estos -pueda dirigirse con facilidad, y se lleve al toro bien metido en él. El -modo de hacer el _cambio_ á un toro boyante con la capa es el siguiente: -se pondrá el diestro á citarlo como para la navarra, esto es, un poco -sobre corto; y luego que llegue á jurisdiccion y humille, se le tiende y -carga la suerte hácia el terreno de adentro, pero teniendo cuidado de no -dejarlo llegar hasta el centro de ella, sino un poco antes cargársela de -nuevo para engreirlo bien en el engaño y llevarlo al terreno de afuera -para darle por él la salida natural. Por esta esplicacion se ve que el -toro hace una especie de Z, y que pasa en el centro de la suerte por -delante del pecho del diestro: es por consiguiente lucidísimo, aunque -sumamente dificil. - -Los toros revoltosos son los mas á propósito para los cambios, porque el -mucho celo que tienen por los objetos, y la fuerza con que hemos dicho -se sostienen sobre las manos en todas las suertes para coger el engaño, -los hacen formar la Z con mucha rapidez, y que el conjunto de la suerte -sea brillante y ceñido. Es casi inútil advertir que el remate debe ser -el mismo que para tales toros marcamos en la verónica. - -Los _cambios_ pueden hacerse tambien á los toros que se ciñen siempre -que se tenga mucho cuidado é inteligencia para usar con acierto y -oportunidad de todas las reglas establecidas, tanto para el modo de -hacer los _cambios_ en general, como para el de torear de capa estas -reses. - -No es prudente intentar el _cambio_ con los toros que ganan terreno, ni -con los que rematan en el bulto; aunque muchas veces estos últimos -obligan á darlo hasta cambiando los terrenos por haber despreciado el -engaño, y haber ido á rematar sobre el cuerpo: en este caso, el diestro -consumado puede echar mano del _cambio_ con mucha ventaja, previniéndose -antes con algunos pasos de espaldas. Por consiguiente, esta suerte -preciosa y segura con los boyantes, con los revoltosos, y aun con los -que se ciñen, viene á ser con los toros de sentido un recurso harto mas -seguro y precioso que los demas conocidos. - -Tampoco debe intentarse el _cambio_ con los abantos, porque estos toros -no rematan bien suerte alguna en que sea necesario ahinco y celo por el -engaño, como es indispensable para los _cambios_. - -Los burri-ciegos serán buenos ó malos para esta suerte, segun la clase á -que por sus propiedades pertenezcan. Con los tuertos no debe intentarse -jamas. - - - - -CAPITULO IX. - -_De la suerte de banderillas._ - - -La suerte de _banderillas_ es una de las mas lucidas que se le hacen á -los toros, pero no es muy facil ejecutarla con perfeccion. - -Hay cinco modos de practicarla, cada uno de los cuales constituye una -especie diferente de las demas, y que merece tratarse y estudiarse de un -modo particular. Por tanto, se hablará de ellos en sus correspondientes -artículos, haciendo ver con qué clase de toros, y en qué circunstancias -se deben ejecutar. - - -ARTÍCULO PRIMERO. - -_Suerte de banderillas á cuarteo._ - -Esta, que es sumamente bonita y lucida con las reses boyantes, es -tambien por la misma razon la mas frecuente. Suponiendo que el toro que -ha de banderillearse es de la clase de los sencillos, se hará la suerte -del modo siguiente: puesto el diestro de cara á él, bien sea á larga ó -corta distancia, y ya esté parado ó venga levantado, lo cita, y luego -que haga por el bulto saldrá formando un medio círculo igual al de los -recortes, cuyo remate será el centro mismo del _cuarteo_, en donde -cuadrándose con el toro, le meterá los brazos para clavarle las -banderillas, lo cual ejecutado tomará su terreno, y saldrá con pies, si -preciso fuere. - -La suerte de que hablamos admite una variacion sumamente importante para -que dejemos de ocuparnos de ella, y consiste en el momento de meter los -brazos y clavar los rehiletes. Hemos dicho arriba que el diestro deberá -cuadrarse con el toro, y despues meter los brazos para clavar las -banderillas, y este modo de hacer la suerte, ademas de ser el mas -seguro, es tambien el mas lucido, porque como ya cuadrado está el -diestro fuera de embroque, y puede por consiguiente aguardar sin riesgo -el achazo, no necesita meterse con el toro para cogerlo en la -humillacion y pincharlo, sino que sitúa las banderillas á una distancia -proporcionada, para que cuando el toro tire la cabezada se las clave él -mismo, sin tener por su parte que hacer otra cosa mas que abrir las -manos, con lo cual quedan puestas, como si de ellas se le hubieran caido -al morrillo del toro. El otro modo de hacer la suerte consiste en poner -los rehiletes antes de cuadrarse, y de que el toro tire el achazo, esto -es, embrocado el diestro, para lo cual necesita meterse mucho con el -toro para alcanzarlo en la humillacion, clavar las _banderillas_, y -tomar su terreno, porque estando embrocado no puede esperar el achazo, -como lo hace en el caso anterior. Este modo tiene ademas el riesgo de -que en marrando al toro se echa el torero sobre su cabeza, por lo que es -necesario meter los brazos sin dejar caer el cuerpo, confiado en los -palos, para que si lo marra no se venga á tender en la cabeza. - -Bien se conoce por lo dicho que el primer modo debe ser preferido, -generalmente hablando, por mas seguro y lucido; pero sin embargo, en -algunos casos que luego marcaremos es un recurso hacer la suerte del -último. Tanto en el uno como en el otro las _banderillas_ deben quedar -puestas lo mas junto posible la una de la otra, á lo largo de la línea -que corre desde el cerviguillo hasta los últimos rubios, y una en cada -lado de ella, para lo cual es preciso llevar las manos muy juntas, y los -codos bastante altos. - -En toda suerte de _banderillas_ se debe ademas procurar que la salida -sea por el lado que se le haya conocido mas endeble al toro, por lo que -se hace indispensable parear igualmente por los dos. - -Los toros revoltosos son tambien muy á propósito para esta suerte, la -que se les hará exactamente lo mismo que para los boyantes hemos dicho, -sin mas diferencia que la de salir con pies inmediatamente que se claven -las _banderillas_, porque ellos cuanto se reparan del destronque vuelven -sobre el bulto, y si el diestro no se ha separado lo bastante del centro -de la suerte, ó el toro tiene muchas piernas, podrá sufrir una cogida, -lo que de ningun modo sucederá teniendo presente lo que llevamos dicho. - -Una de las grandes precauciones que para los toros revoltosos deben -tomarse es la de no hacer con ellos salidas falsas, pues si bien esto es -un defecto casi siempre del torero, y por consiguiente malo y espuesto -con todos los toros, tambien es verdad que con ningunos lo es tanto como -con estos, por el mucho celo que tienen por los objetos, y la rapidez -con que arrancan al diestro, que por haber salido mal no tiene mas -recurso que escapar por pies. - -Los toros que se ciñen son tambien muy buenos para esta suerte, que por -su naturaleza debe ser muy ceñida para que salga con brillantez, y no es -necesario con ellos mas que prevenir el diestro alguna tierra mas que -para los anteriores para no encontrarse, si el toro es muy vivo, con la -salida tapada. Pocas veces hay necesidad con ellos de salir con pies, -principalmente si la suerte ha sido bien ejecutada; pero alguna que otra -suele ser preciso por haber el toro ido á rematar, como si ganara -terreno, sobre el mismo del diestro, lo cual supone, como hemos dicho, -que la suerte no estuvo bien ejecutada. - -Los toros que ganan terreno no son ya tan á propósito para esta suerte; -pero sin embargo se les puede hacer, y efectivamente se les hace, con -toda seguridad. El inconveniente grande que tienen para la suerte es, -que luego que el diestro sale haciendo el _cuarteo_, y ellos hacen por -él, le van cortando tanta mas tierra cuanta se haya prevenido mas para -sí, de modo que cuando se unen en el centro, aun cuando la salida no -esté tapada, como sucede frecuentemente, el toro no sufre destronque, -porque viene á rematar sobre el mismo terreno que el torero; el que -ponga ó no las _banderillas_ deberá salir con todos los pies. Para -verificar, pues, la suerte con ellos, se deberá evitar hacerles el -cuarteo como á los anteriores, á no ser que esten parados, porque en -este caso no tienen lugar de cortar terreno, y sale bien la suerte; pero -si traen viaje, entonces se les deberá salir derechos á la cabeza, y -observando el terreno sobre que el toro se inclina á pisar: con esto, y -luego que se llegue muy cerca de él hacer muy rápido el medio círculo -del cuarteo, y buscar la salida por el lado contrario al que el toro se -inclinaba, se consigue que no pueda cortar terreno por no tener conocido -el viaje del diestro; y como cuando decididamente se lo marca le queda -poca tierra que cortar, podrá cuando mas ser la suerte ceñida, pero se -concluye bien, y con seguridad. - -Este modo de hacerles la suerte debe ser preferido, por ser muy seguro y -muy lucido. Siempre que viniendo el toro levantado se salga haciendo el -_cuarteo_ á larga distancia, se verá el diestro con la salida tapada, -porque conoce el viaje, y tiene mucho tiempo para cortar todo el terreno -que el diestro haya prevenido para sí; y si alguna vez logra pasar no -estará seguro, porque el terreno que el toro traía cortado le hará que -remate sobre el mismo que debe él pisar al hacer la suerte (que no se -podrá verificar muchas veces), y como no sufre destronque alguno, -seguirá tras el bulto, y se hará dueño de él como no sea inferior en -pies; por lo que será muy oportuno quitárselos antes de banderillearlos, -y tambien porque tanto menos terreno podrán cortar en las suertes, -cuanto mas quebradas tengan las piernas. - -A los boyantes, á los revoltosos, y aun á los que se ciñen, se les podrá -dejar con ellas siempre que el diestro tambien las tenga: de todos modos -nunca se les deben quitar á los primeros, porque con ellos no hay clase -alguna de peligro, y son las suertes mas lucidas. - -Los toros de sentido deben banderillearse con mucho cuidado, porque -ademas del que necesita el diestro para frustrarle su natural remate en -el bulto, en el acto de la suerte tienen el inconveniente de taparse muy -á menudo, ó bien cuando arrancan se quedan detenidos en el centro de las -distancias observando el viaje, de manera que aun cuando no den una -cogida porque no hagan por el bulto, imposibilitan el que se haga la -suerte. - -El modo mas seguro de verificarla es el que hemos dicho debe preferirse -para los toros que ganan terreno, teniendo cuidado de meter los brazos -fuera, en la humillacion, no deteniéndose un instante en apartarse del -centro y salir con todos los pies, pónganse ó no las _banderillas_. -Alguna vez podrá el diestro verse embrocado casi por el toro en el -momento de irse á poner fuera y cuadrarse: este embroque será siempre -por el costado que se le va dando, y nunca muy peligroso en teniendo -agilidad para hacer un quiebro, y sin cuadrarse ni detener la carrera -clavarle si es posible (aun estando dentro) la _banderilla_ del lado del -embroque, con lo que el toro se huirá un poco, y entonces estando ya -fuera se podrá sin peligro clavar el otro palo; pero nunca se intentará -hacerlo sin ver que el toro se ha huido algo, pues de lo contrario la -cogida es casi inevitable. - -Esta suerte aunque no es muy lucida en otras circunstancias, lo es en -estas, y tiene mucho mérito, porque este se funda en buscar seguridad -donde no aparecen mas que peligros. Para completar, pues, esta -seguridad, encargo muy de veras se le quiten siempre las piernas á estos -toros antes de banderillearlos, con lo cual, y observando lo arriba -dicho, desaparecerá el peligro, pues se les quita el recurso de ofender: -no es posible el quitarles el de defenderse, porque está en su índole -particular; asi es que se taparán alguna vez, y otras se quedarán como -ya hemos visto en los centros, siendo imposible hacerles la suerte, en -cuyo caso el diestro se podrá valer oportunamente y con seguridad de sus -pies, ó bien del siguiente recurso. Cuando se haya visto que el toro no -quiere humillar, sino que por el contrario siempre se tapa, y que aun -en el caso de llegar al centro de la suerte, en vez de hacerla empieza á -tirar cornadas y derrotes sobre alto, y que repite esto siempre (lo cual -es rarísimo, pues si no es una, otra vez humilla), entonces lo que se -hará, y siempre con buen éxito, será llevar en la mano del lado del -toro, ademas de la _banderilla_, el capote liado, y en el momento de -llegar á la jurisdiccion del toro y embrocar, se le echará al hocico, -con lo que siempre humillará, y dará una suerte muy segura y bastante -brillante: debo advertir que podrá el diestro si quiere quedarse con la -punta del capote en la mano, aunque clave las _banderillas_, pues no -estorba para nada, y puede ser útil. - -Las _banderillas á cuarteo_ se ponen con mucha facilidad á los toros -abantos, siempre que ellos no se salgan de la suerte, como suele -suceder: se deberán dejar llegar mucho, y no hay miedo de poner los -palos cuando se está embrocado, pues apenas sienten el castigo se echan -fuera: tampoco se les debe quitar las piernas, pues estas solo dañan con -los toros fieros, y no con los demas. - -Los toros _burri-ciegos_ si por su clase particular presentan las -inclinaciones de alguna de las espresadas como ella se torearán, -dejándoles sin piernas; y haciendo todo lo demas con respecto á lo -espuesto. Por lo que respecta á su vista solo tengo que advertir, que -los mejores para esta suerte son los de la primera, en haciéndosela -siempre cuando vengan levantados, por la razon misma que dí para el -recorte: tienen, como ya he dicho, la ventaja de que rara vez salen tras -el diestro cuando se ha rematado la suerte. Los de la segunda y tercer -clase se tapan con bastante frecuencia, por lo cual no estará de mas -quitarles algo las piernas, principalmente á los de la segunda, en razon -á que suelen arrancar cuando el diestro se sale de la suerte. - -Los toros tuertos son muy á propósito para las banderillas de _cuarteo_, -en yéndose como para los recortes, y observando en lo demas las reglas -que para los boyantes. - -Cuando se vaya á hacer esta suerte á un toro que viniendo levantado -lleve el viaje á la querencia, se tendrá cuidado de tomarle bastante -delantera, aunque sea boyante, pues sino será imposible pasar. Si es de -sentido, ó que gana terreno, nunca dejará pasar, por mucha delantera que -se tome, para hacer el cuarteo; pero el modo de hacérsela seguro y -lucido es esperarlo en la querencia, y cuando esté cerca salirle al -encuentro, formándole el cuarteo de modo que la vea perfectamente libre -en el remate, y lo dará tan regular como los boyantes. - - -ARTÍCULO II. - -_Suerte de las banderillas á media vuelta._ - -Las _banderillas á media vuelta_ son aquellas que se ponen al toro -yéndose el diestro por detras, y citándolo para que se vuelva, y al -momento de hacerlo se cuadra con él, y le mete los brazos. - -Se hace esta suerte de dos modos; ó bien estando el toro parado, y -citándolo, sea sobre corto ó sobre largo, ó finalmente cuando va -levantado. Suponiendo boyante á la res, veamos cómo se practica. - -Situado el diestro detras del toro, á corta distancia de él, lo citará -para que se vuelva, y cuando lo haga, que será humillando por lo cerca -que lo ve, se irá por el mismo lado que se ha vuelto para cuadrarse con -él, y meterle los brazos, saliendo siempre con pies. Esta suerte es -bastante facil y segura, pero siempre se debe tener mucho cuidado para -no irse al toro hasta que se vea el lado por donde se vuelve, porque si -el diestro trata de verificarla por un lado, y se vuelve el toro con -prontitud por el otro, se encontrará embrocado de cara sobre corto, y -muy á pique de llevar una cogida. - -Debe tambien procurarse que el toro se vuelva por el terreno de afuera, -porque entonces el de adentro será la huida del diestro, siendo asi la -suerte tanto mejor cuanto es mas natural, pues toman cuando se remata -sus terrenos propios: ademas que si el toro se revuelve y sigue al -diestro, y este toma el terreno de afuera, le podrá dar una cogida, que -nunca se verificará tomando el de adentro, pues tiene en él la defensa -de las barreras. - -Esta suerte se hará de todos modos á toda clase de toros, pero será muy -oportuno para verificarla con toda seguridad quitarles las piernas, -principalmente si son revoltosos, que ganan terreno, ó que rematan en el -bulto. A los burri-ciegos se les hará del mismo modo; y para los tuertos -no tengo que advertir mas sino que se citen á volver por el ojo bueno, -pues de lo contrario es evidente que no podrán hacer suerte. - -Para verificar esta del segundo modo, esto es, saliendo largo por -detras, solo tengo que añadir, que al llegar á cierta distancia del toro -se le hable para que se vuelva, y que siempre será bueno salirle -echándose un poco al lado por donde queremos hacer la suerte, para que -notando al bulto por él, se vuelva hácia aquella parte. - -Los toros de sentido, que á veces es imposible banderillearlos de otros -modos por su refinada malicia, sucumben á estos; pero siempre se les -quitarán las piernas antes, si se quiere torearlos con seguridad. - -El tercer modo de poner las _banderillas á media vuelta_, que es cuando -está el toro levantado, es el mas airoso y menos espuesto. Para -banderillear de esta manera irá el diestro corriendo detras del toro -hasta que logre ponerse á una distancia regular, desde la que le -hablará, siguiéndole siempre en su viaje, y yéndole buscando el costado -para que le vea; y cuando se vuelva se cuadra con él del modo dicho, y -le pone las _banderillas_. Por lo regular no es necesario salir con -pies, porque el toro no hace por el bulto; antes bien como que va -levantado se echa fuera, y si el diestro no se mete bien con él le -frustra la suerte. Este modo de poner las _banderillas á media vuelta_ -debe ser preferido, principalmente con las reses claras; siendo el -momento mas oportuno para efectuarlo aquel en que el toro acaba de -recibir un par de _banderillas_, y va tirando cabezadas y dando brincos -para desprenderse de aquello que tanto le mortifica, pues entonces no -tiene suficiente codicia por el bulto, y si por naturaleza es malo, el -afan que lleva por librarse de la incomodidad que padece, y el hallarla -doblada en cuanto acometió á aquel, lo hace huir de donde no encuentra -mas que castigo, y dar el remate muy sencillo. - - -ARTÍCULO III. - -_De las banderillas á topa carnero._ - -Esta suerte de banderillas, que unos llaman de _pecho_, otros á _pie -firme_, y otros á _topa carnero_ (nombre que le conviene mejor), es -acaso la mas dificil de ejecutar, pero tambien aventaja en lucimiento á -cuantas van esplicadas. - -El modo de hacerla es situarse el diestro á larga distancia del toro y -de cara á él; ya venga levantado, ya citándolo, lo obliga á que le -parta, con lo cual es igual el todo de la suerte; estando en esta -disposicion, tendrá parados los pies hasta que el toro llegue á -jurisdiccion y humille, en cuyo momento con gran ligereza hará un -quiebro, con el que se saldrá del embroque, y cuadrándose con él le -meterá los brazos estando ya fuera de su jurisdiccion, con lo que el -remate es seguro. No hay necesidad de salir con pies siendo boyante el -toro, y solo aconsejo que se les haga cuando ellos los tengan. - -Con los revoltosos solo la practicarán los que tengan piernas, pues en -esta suerte mas que en otra alguna se reponen y salen tras el bulto. Sin -embargo, en teniendo este requisito no hay nada que temer. - -No me parece prudente ejecutarla con los que se ciñen, ganan terreno, y -rematan en el bulto, no solo por lo dificil que es echarse fuera con -limpieza con esta clase de toros, sino tambien porque se repondrán al -momento, en razon del poco destronque que sufren por lo que se meten en -el terreno del diestro; y si este no es muy ligero para salir con pies -le podrán dar una cogida. - -Asi es que yo recomiendo esta suerte esclusivamente para los boyantes, -con los cuales tiene un lucimiento estraordinario, pues hace un efecto -muy hermoso ver al diestro esperando al toro que va volando hácia él, y -casi sin moverse ponerle las _banderillas_, y quedarse despues inmóvil, -viendo huir de sí á la misma fiera que un momento antes venia con ansia -á destrozarlo. Tal es la brillantez que tiene la suerte con estas reses, -y que desaparece con las demas por la necesidad que hay de salir con -pies. - -No obstante, se podrá hacer con los abantos y con los tuertos con la -misma facilidad y lucimiento, en teniendo cuidado con los últimos de -cuadrarse por el ojo tuerto para que no vean el bulto al remate, se -revuelvan, y obliguen al diestro á salir con todas las piernas. - -A los burri-ciegos se les hará ó no, segun que su clase lo permita ó lo -vede; pero para los de la segunda es menester tener presente que muchas -veces se paran á corta distancia del diestro, porque ya no lo ven bien: -en este caso se les volverá á citar, y se les hablará para que conozcan -que el bulto está cerca, y sigan haciendo por él; y en caso que, á pesar -de todo, se queden parados, se adelantará el diestro, y les hará la -suerte á cuarteo, pues el salirse de la que se intentó hacer, ademas de -no ser muy lucido, tiene el inconveniente de que vuelven á verlo claro -en cuanto se aleja y arrancan á él. Por consiguiente, siempre será muy -oportuno hacerles esta suerte tan airosa como segura, en vez de salirse -de la otra con incomodidad, sin lucimiento, y tal vez con riesgo. - -Esta suerte se hará siempre á los toros cuando vengan levantados, y será -muy brillante; tambien será muy facil y segura cuando vengan con el -viaje á la querencia, pues arrancan muy bien al bulto que ven, les -estorba seguir á ella, y como cuando llegan á tirar la cabezada para -recogerlo no solo se les quita de delante, sino que sienten castigo, y -ven la querencia muy manifiesta, apresuran el viaje sin hacer por nada, -pues su único afan es llegar á ella. - - -ARTÍCULO IV. - -_Suerte de banderillas al sesgo, ó á la carrera, ó á tras-cuerno._ - -Esta clase de _banderillas_ que yo llamo á _vuela pies_, porque se ponen -estando el toro parado, y yéndose el diestro sobre él con todos los -pies, se ejecuta solo con toros que ya estan sin piernas y casi -aplomados, y cuando se les nota querencia con las tablas ó con el sitio -donde estan; de otro modo jamas se hará, pues probablemente darán una -cogida. - -Para ejecutarla se pone el diestro detras, y al lado del toro, á la -distancia que consultando á sus pies le parezca proporcionada, y sin que -lo vea se irá derecho á su cabeza, y cuando llegue le meterá los brazos -para clavarle los palos, y salirse con todos los pies. No se embroca en -el acto de ponerle las banderillas, pero en deteniéndose un poco, y que -se vuelva el toro, hay un embroque de cuadrado sobre corto, donde no hay -recurso alguno. Asi es que para practicar esta suerte con seguridad es -indispensable que el toro no tenga piernas, que esté aplomado en sitio -propio, y que se salga con todos los pies, sin detenerse un instante en -el puesto en que se pongan las _banderillas_. - -Esta suerte es diferente en todo de las demas: si en las anteriores -hemos visto que es indispensable que el toro arranque, humille, entre en -jurisdiccion y tire el achazo; que el diestro pare los pies un momento -siquiera, que embroque, que haga un quiebro &c., en esta solo es -necesario que el toro permanezca inmoble, y que el diestro en lo mas -violento de la carrera clave las _banderillas_, sin hacer mas diligencia -que si se las fuera á poner á una pared. - -Si en el momento de ir corriendo hácia el toro se observa que se vuelve -algun tanto, se cambiará el viaje para salirse de la suerte, ó se hará -la de media vuelta, que es mas seguro. - -La suerte de que hablamos se puede ejecutar con toda clase de toros -siempre que esten en el caso que hemos dicho, y será muy buena con los -tuertos. - - -ARTÍCULO V. - -_Suerte de banderillas al recorte._ - -Este modo de banderillear es el mas lucido, mas bonito, mas dificil, mas -espuesto, menos frecuente, y que se puede decir que es el _non plus -ultra_ de poner _banderillas_. - -Su ejecucion consiste en irse al toro para hacerle un recorte, y en el -momento del quiebro meter los brazos para ponerle las _banderillas_, -pues entonces está humillado. Pero es menester saber que el cuerpo se -maneja en un todo como en un recorte; y por tanto, que en el momento de -meter los brazos, que es el de la humillacion del toro y del quiebro del -diestro, está aquel casi embrocando á este por el lado, y cuando tira la -cabezada está ya fuera á beneficio del quiebro; pero ha de tener aun -metidos los brazos, pues hasta este momento no ha podido clavar las -_banderillas_, lo cual lo hace el toro mismo con el achazo, pues el -diestro por su postura violenta no puede meterse con él, ni agacharse -hasta cogerlo en la humillacion; y de esto nace toda la dificultad de la -suerte, pues hay que esperar el achazo en el centro, y librarlo con el -quiebro, sin ponerse fuera, porque ha de tener metidos los brazos hasta -que el toro se clave los palos. Pero de esta dificultad resulta el -lucimiento, pues está el diestro haciendo el quiebro de espaldas al -toro, cuando está este humillando para recogerlo, y tiene vuelta la cara -hácia él, y puestos los brazos el del lado del toro con el codo muy -arriba y atras, y la mano igualmente atras, y el otro pasando por -delante del pecho, y yendo á buscar la otra mano, con lo cual quedan las -_banderillas_ hácia atras y hácia abajo sobre el morrillo del toro, la -cual postura es tan airosa, que casi todos los que pintan las suertes -de _banderillas_ la eligen. - -Yo aconsejo que no intente jamas hacer esta el que no sea muy diestro en -el recorte, y que siempre se salga al hacer el quiebro del centro lo -bastante para que no pueda alcanzarle el achazo, aunque no ponga las -banderillas, pues vale mas quedarse con ellas en la mano que llevar una -cogida: igualmente aconsejo que solo se le haga á las reses boyantes, y -que sea cuando vayan levantadas, pues de este modo no hay peligro; sin -embargo, puede hacerse con los abantos, y es muy buena con los tuertos. -Para entenderla mejor remitiré al lector al capítulo en que hablo de los -recortes, igualmente que á todo lo dicho en este acerca de las -_banderillas_, todos los cuales conocimientos son absolutamente -necesarios para comprender esta suerte. - - - - -CAPITULO X. - -_Del modo de parchear._ - - -El poner _parches_ á los toros es tambien una de las suertes mas bonitas -que se les puede hacer, y no comprendo la razon de haberla abandonado -casi del todo. Asi es, que me parece oportuno decir alguna cosa acerca -de ella, aunque no será con la estension que lo he hecho de otras, y que -esta tambien merece; pero como no es frecuente el ejecutarla, basta con -que para su inteligencia y práctica demos los primeros elementos. - -Los _parches_ que se le ponen á los toros son de lienzo ó papel, con una -de sus caras untadas de trementina ó alguna otra materia análoga, para -que queden pegados. Regularmente son de colores, para que hagan mas -bonito efecto, y á veces tienen cintas y otros adornos. El _parche_ para -ponerlo se lleva estendido sobre la mano, quedando hácia fuera la cara -en que tiene la trementina. - -Se puede _parchear_ á cuarteo, á media vuelta, al sesgo y al recorte: -muchas veces para hacer esta suerte se lleva en una mano el capote y en -otra el _parche_, para tener mas seguridad, y un recurso en caso -necesario: aunque se puede parear tambien con los _parches_ es bastante -dificil y arriesgado, por lo que regularmente solo se pone uno. - -Yo aconsejo que no se _parchee_ de cualquiera de los cuatro modos dichos -mas que á los toros boyantes, á los abantos, y á los tuertos que por sus -propiedades se acerquen á dichas clases. En esta suposicion paso á -esplicar la suerte de los modos indicados. - -Para _parchear á cuarteo_ es necesario observar todas las reglas que -para las banderillas de esta clase he dado, pero teniendo presente que -el _parche_ jamas se pondrá sino cuadrado con el toro, en cuya -disposicion se les pegará en la frente, metiendo el brazo por cima del -testuz y por medio de los cuernos. Debe saberse que para _parchear_ de -este modo se llevará el parche en la mano del lado del toro, que es -siempre el mismo que el de la huida, de manera que si el remate de la -suerte ha de ser por el lado derecho, se llevará el _parche_ en la mano -derecha, que es la que despues queda mas inmediata á la cabeza. Es regla -general en toda suerte de parches salir con piernas, porque los toros no -sienten en ella castigo, y en no sufriendo un perfecto destronque -cogerán al diestro si tardó en salir, por lo cual será bueno quitarles -tambien las piernas. - -El modo de parear á cuarteo es igual, hasta cuadrarse al antecedente, -pero despues es mucho mas dificil, pues el _parche_ que antes hemos -visto se pegaba en la frente, se pega ahora en el hocico, ó por decir -mejor sobre la nariz, y el otro parche se pondrá en la frente como ya -hemos dicho. El brazo que ahora pone el parche del hocico es el que -antes puso el de la frente, y pasa por debajo del cuerno derecho[10] -para buscar la raiz de la nariz, y el brazo izquierdo pasa por cima del -testuz para poner el otro _parche_ sobre la frente. La necesidad que -hay de que el diestro haga la suerte con mucha viveza se deduce con -claridad de lo mucho que le puede perjudicar permanecer en esta postura, -pues está haciendo un quiebro muy grande, y es necesario reponerse de él -con mucha presteza y salir con pies, por la obvia razon de que si el -toro se enmienda y se vuelve con anticipacion, llevará inmediatamente -una cogida, que será peligrosa por no tener recurso alguno de engaño, ni -de banderillas, ni de otra especie. - -Tambien se parea á cuarteo de otros modos, como es poniéndole los dos -_parches_ en la frente, para lo cual es necesario que los dos brazos -pasen por cima del testuz, el cual modo es muy bonito, y mas facil que -el antecedente: otras veces se pone un _parche_ en la frente del modo -que dije se ponia uno solo, y el otro en el morrillo ó en otra parte, -pues los _parches_ se pueden poner en todos sitios, como se tenga -cuidado de guardar simetría en su situacion, aun en los colores. No -obstante, las suertes mas lucidas de ellos son en la cabeza y en la -cara. - -Para _parchear á la media vuelta_, _al sesgo y al recorte_, se -observarán exactísimamente las reglas que para las banderillas de estas -clases hemos dado, y se pareará ó no, segun sea el toro y la suerte que -se elija, adviniendo que en todas se puede parear con seguridad en -teniendo el diestro de su parte todos los requisitos necesarios. No -obstante, será temeridad emprender esta suerte con aquellos toros cuyas -propiedades los llevare á las clases que merecen cuidado, no porque -observando rigorosamente lo espuesto pueda el diestro llevar una cogida, -sino porque siendo poco frecuente hallar toreros que reunan al -conocimiento preciso de las reglas la perfeccion en ejecutar las -suertes, en virtud de la exacta y oportuna aplicacion de aquellas, de -ahí es que no cumpliria con mi deber sino hiciese esta advertencia. Por -tanto, debo prevenir que ahora y siempre que en el discurso de esta obra -se vea otra advertencia semejante, se entienda como una precaucion, y no -mas, para que los toreros visoños y poco diestros no vayan cegados por -su amor propio y guiados por mis preceptos á emprender unas suertes de -cuya ejecucion quizás serán víctimas, pues para que sea feliz se -necesita reunir en muy alto grado las propiedades indispensables á todo -torero. - -Cuando estan los toros levantados son muy buenas las suertes á -_cuarteo_, _á pecho_ y al _recorte_. El estado de parados es el mas á -propósito para la media vuelta. Y por último, en el de aplomados es -cuando únicamente se les hará la suerte al sesgo. Sin embargo, se podrán -tambien hacer las primeras en todos estados, en teniendo cuidado de -arreglarlas á las circunstancias. Pero la última (al sesgo) no se hará -de ninguna manera en otro estado que en el que se ha dicho, pues se -correria un grande riesgo. - - - - -CAPITULO XI. - -_De la suerte de muerte._ - - -_La suerte de muerte_ es la mas lucida que se ejecuta, es tambien la mas -dificil, y por consiguiente merece tratarse con mucha detencion. Se -puede decir que tiene dos partes, que son: _los pases de muleta_, y _la -estocada_, y asi las esplicaremos separadamente. - - -PRIMERA PARTE. - -_De los pases de muleta._ - -Para pasar al toro con la muleta se situará el diestro como para la -suerte de capa, esto es, en la rectitud de él, y teniendo aquella en la -mano izquierda y hácia el terreno de afuera: en esta situacion lo -citará, guardando la proporcion de las distancias con arreglo á las -piernas que le advierta, lo dejará que llegue á jurisdiccion y que tome -el engaño, en cuyo momento le cargará la suerte y le dará el remate por -alto ó por bajo, del mismo modo que con la capa, advirtiendo que si es -el toro boyante se puede tener la muleta enteramente cuadrada, y siempre -la tomará cumplidamente, pues como ya hemos dicho, estos toros, aunque -muy bravos, constantemente van por su terreno, y estando en él la muleta -tanto mas cuanto se haya cuadrado, la toman y rematan muy á placer, y -tanto que ni aun precisan al diestro á mudar de terreno, pues solo es -necesario perfilarse al cargarles la suerte, y al rematarla dar otro -cuarto de vuelta, con lo que se completa la media necesaria para volver -á quedar de cara á él. A este modo de jugar la muleta se llama _pase -regular_, para distinguirlo del de _pecho_, que es aquel que es preciso -dar en seguida del _pase regular_ cuando el toro se presenta en suerte y -el diestro no juzga oportuno armarse á la muerte. Digo que es preciso -dar entonces el _pase de pecho_, porque el salirse de la suerte y buscar -otra vez proporcion para el _pase regular_ es deslucido, pues da idea ó -de miedo ó de poca destreza, y el cambiar la muleta á la mano de la -espada, para que estando en el terreno de afuera se le pueda dar el -_pase regular_, aun cuando no es mal visto no es tan airoso: por tanto -aconsejo que siempre que despues del _pase regular_ quede el toro en -suerte para el de _pecho_ se le haga, pues es muy bonito y mas seguro -que el _regular_, como veremos se deduce del modo de practicarlo, que es -asi: puesto el toro en suerte, y teniendo el torero el brazo de la -muleta hácia el terreno de adentro, se le hace indispensable para -pasarlo sin hacer un cambio perfilarse hácia el de afuera, y adelantar -hácia este mismo terreno el brazo de la muleta, con lo cual queda esta -delante y un poco afuera del cuerpo, y en la rectitud del toro, en la -cual disposicion se le cita, se deja venir por su terreno sin mover los -pies, y despues que haya llegado á jurisdiccion y tomado el engaño, se -le hará un quiebro y se le cargará bien la suerte, para que pase -bastante humillado por el terreno del diestro, que cuando el toro tenga -bien engendrada la cabezada y vaya fuera del centro, rematará la suerte -con algunos pasos de espaldas; de modo que al sacar la muleta estará -enteramente fuera del sitio del achazo. Este _pase_ es muy seguro y muy -lucido, y aunque algunos creen que por no poderse jugar la muleta en él -con el desembarazo que en el regular tiene menos seguridad, padecen en -esto una equivocacion: sea de la clase que quiera el toro con que se -haga esta suerte, como que no se apartan en ella el engaño y el cuerpo, -se le reduce á un solo objeto, evitando asi la colada, que es muy -posible en el _pase regular_, y el lucimiento del de _pecho_ es mayor en -atencion á lo unidos que estan el diestro y el toro. - -Los dos _pases_ de muleta que hemos esplicado se pueden hacer con mucha -facilidad, seguridad y lucimiento, á los toros revoltosos, sin tener mas -cuidado que al rematar la suerte alzar mucho el engaño para que rematen -bastante fuera y den lugar á prepararse á la segunda. Tambien se tendrá -cuidado de dar al remate de las suertes algunos pasos de espalda por la -misma razon que he dicho se alce el engaño. - -No hay peligro ninguno en dejarles todas las piernas á estos toros y á -los boyantes, antes bien siempre se procurará conservarlas para que sean -mas lucidas las suertes. - -Los toros que se ciñen se cuelan con mucha frecuencia en el _pase -regular_ de muleta, lo cual se debe evitar cuidadosamente por lo que -tiene de peligroso, y que á buen escapar se hace la suerte arrollada. -Para pasarlos con seguridad y lucimiento se situará el diestro como ya -he dicho anteriormente, con la sola diferencia de no tener la muleta -cuadrada, si no en direccion oblicua, de modo que la cara de ella que en -la primera posicion era anterior, en esta, aunque mira tambien hácia -adelante, está inclinada hácia el terreno de adentro, y por consecuencia -la que antes fue únicamente posterior, aunque ahora lo es, sin embargo -corresponde al terreno de afuera: puesta asi la muleta, se debe -adelantar algo al cuerpo, perfilando este un poco hácia el terreno de -adentro, la cual postura es mucho mas airosa que la de tenerla -cuadrada. En esta disposicion se cita al toro, y luego que arranca y -llega á jurisdiccion se le tiende la suerte como dije se hacia con la -capa, y si á pesar de todo se ve que va á pisar en el terreno del -diestro, se adelanta el engaño, se hace un quiebro, se carga la suerte, -y se pasa á ocupar el centro que él va dejando, con lo cual se concluye -con la mayor seguridad, y dando un par de pasos se queda preparado para -el _pase de pecho_, que es segurísimo con estos toros no menos que con -los anteriores, no siendo tampoco peligroso dejarles todas las piernas. - -Para poder pasar con seguridad los toros que ganan terreno se hace -indispensable quitarles todas las piernas, para que pueda el diestro -írseles sobre corto, donde apenas tengan tierra que ganar, y cuanto dan -dos pasos llegan á jurisdiccion. Ademas, será muy oportuno el poner la -muleta oblicua como ya he dicho para los que se ciñen, por estar en muy -buena proporcion para hacer la mejora del terreno, lo cual se efectuará -felizmente siempre que ademas de todo lo espuesto se tenga la precaucion -de adelantarse un poco para recibirlos en jurisdiccion, empaparlos en el -engaño, y rematar la suerte igual en un todo que á los que se ciñen. -Cuando el toro que gana terreno tiene piernas, se hace indispensable que -el diestro se prepare mucha tierra, y que lo cite sobre largo para -poder verificar la mejora del sitio, lo cual se hará con mucha rapidez -adelantándose lo suficiente para hacer que el toro tome el engaño sin -detenerle y sin ganar terreno, y teniendo mucho cuidado al rematar la -suerte, pues es muy frecuente verlos volverse con la prontitud que un -revoltoso, por lo cual sin apartarse mucho del centro se quedará armado -para el _pase de pecho_, que haciéndolo en seguridad _regular_ y sobre -corto es bastante seguro. He advertido que para el _pase de pecho_ se -aparte el diestro poco del centro, con el fin de hacerlo sobre corto, -porque si el toro se vuelve pronto y lo ve tan cerca, hará por él con -mucha presteza sin ganarle terreno por lo inmediato que está, y le dará -una suerte tan lucida como un boyante; y esto no pudiera verificarse -poniéndose sobre largo, pues el toro se repondria con tiempo y -arrancaria con su natural ligereza ganando terreno, y pondria al diestro -en bastante críticas circunstancias, pues mediante la disposicion en que -quedó de la suerte anterior, tiene poco terreno para hacer la mejora del -sitio, y está muy espuesto á ser arrollado junto á las tablas. Si viendo -que el toro se le cuela hace el cambio, como su remate natural es el -terreno de afuera, puede embrocarlo por la espalda al concluir la -suerte, lo que sucederá siempre en virtud de las piernas del toro, y -finalmente, si cambia la muleta á la mano de la espada para darle el -_pase regular_ por la derecha, tiene la misma contra del _pase de pecho_ -sobre largo, esto es, que siendo segunda suerte puede quedar poco -terreno para hacer la mejora. Por último, sea regla general en estos -toros que despues del _pase regular_ la suerte que se les haga sea -siempre sobre corto, y citándolos al instante, pues como vinieron la -primera ganando terreno, y al concluir pisaban casi en el de adentro, -sufren poco, y como tienen piernas se reponen y vuelven con la facilidad -y prontitud que un revoltoso: si ven al diestro muy cercano arrancarán -con mucho ahinco y sencillez haciendo la suerte para que estaba armado -del mismo modo que la res mas sencilla. En este caso el remate siempre -es bastante largo, proporcionándolo el mismo toro por sus muchas -piernas. - -Los toros de sentido son muy malos para la suerte de muleta, porque como -su remate, aun cuando tomen el engaño, es sobre el cuerpo, y este se -separa mucho de aquella en esta suerte, el toro, que lo distingue -perfectamente y lo advierte dentro, corta el terreno, desprecia el -engaño y se dirije á él, haciendo muy próximo el peligro. No obstante se -lidiarán con toda seguridad en observando rigorosamente lo que sigue. La -muleta que para los toros boyantes y revoltosos vimos se podia cuadrar, -y que era necesario poner oblicua con los que se ciñen y ganan terreno, -para los de sentido es necesario absolutamente perfilarla: sus caras -serán, una esterna, que mirará al terreno de afuera, y otra interna, que -por consiguiente dará al de adentro. Con esta precaucion, y la de no -haberle dejado las piernas, podrá el diestro hacerle la suerte sin -peligro alguno de este modo: citará al toro, el cual no viendo mas que -un solo objeto, tiene que reducir su intencion á él, llega á -jurisdiccion y se encuentra con el engaño, que perfilado delante del -cuerpo del diestro no le permite llegar á él sin que antes lo tome; este -habrá tenido parados los pies hasta el punto que haya tomado el engaño, -pues las pocas piernas del toro se lo permiten bien, y en este tiempo -metiéndose en su terreno le cuadra la muleta, dejándolo empapado en ella -y sin poder ver el lado por donde se le huye el bulto, con lo cual, y -con dar el remate cuando ya esté fuera del centro, sacando la muleta por -alto, concluirá la suerte con seguridad y limpieza. Yo, aunque conozco -que se puede ejecutar, no aconsejo que se haga el _pase de pecho_ con -estos toros, pues es bastante dificil verificarlo con desembarazo y -perfeccion. Sin embargo, repito que se puede ejecutar, pero sea con -todas las precauciones imaginables, y por las reglas que para los que -ganan terreno hemos dado, advirtiendo que no tendrá éxito la suerte -sino se cubre perfectamente el cuerpo con el engaño para que no pueda -distinguirlo y rematar sobre él. - -Los toros abantos son bastante buenos para los _pases de muleta_ cuando -son de los brabucones, ó bien de los que se quedan cerniendo en el -engaño, pues los primeros solo pueden dar cuidado en la suerte de capa, -porque como ya he dicho, suelen rebrincar al tomarlo, y el diestro, como -que está en el mismo terreno, puede ser arrollado, pero con la muleta no -hay ese riesgo, pues está cuadrada y en otro terreno que el bulto, de -suerte que aun cuando rebrinquen no pueden arrollarlo. Cuando el toro -que se va á pasar de muleta es de los que se quedan cerniendo en el -engaño (lo cual se conoce por las suertes que hayan precedido) se tendrá -un igual cuidado en no mover los pies hasta que ó lo tome, ó se escupa -fuera, porque de lo contrario el menor movimiento le azora, y se sale -huyendo, frustrando la suerte que quizás hubiera hecho no habiéndose -movido, ó lo que tambien suele suceder, meterse atolondrado por el -terreno del diestro y llevarlo por delante. - -Estos toros por su cobardía precisan á que se les lidie con gran -cuidado, y tanto mayor cuanto mas grande es su miedo: asi es que los -abantos, que segun dijimos en su lugar tienen mas miedo, se deben -torear con la muleta del modo que los de sentido, estando muy sobre sí -para si alguna vez, lo que no es muy raro, se meten por el terreno de -adentro, cambiar la muleta con prontitud, ó bien hacerles el _pase de -pecho_ dándoles las tablas y echándose el diestro á la plaza: esto no es -espuesto con ellos aun cuando no tengan querencia alguna con los -tableros, pues el meterse por el terreno de adentro no es efecto ni de -malicia, ni de querencia, ni de otra cosa mas que de miedo, y conforme -salvan el bulto que tienen delante siguen con el viaje sin revolverse -para hacer por él; de manera que el peligro que se corre no es otro mas -sino meterse por el terreno que el toro elige para huir formando un -contraste en que se puede padecer, pues si bien es verdad que no harán -por el diestro cuando lo vean en el suelo por haberlo arrollado en el -contraste, tambien lo es que lo pueden lastimar de un pezuñazo, de una -cabezada, ó de una cornada que casualmente le diesen al cogerlo, las -cuales cornadas aunque son dadas de miedo tienen los mismos efectos que -cualquiera otra. - -Para _pasar de muleta_ á los toros burri-ciegos se observarán las reglas -mismas que dimos para las suertes de capa, cuadrándoles ó no la muleta, -segun que aparezcan sencillos ó de sentido. - -Finalmente, los toros tuertos se pueden _pasar de muleta_ de dos modos, -esto es, ya con la vista al terreno de adentro ó al de afuera. Cuando -está el toro del primer modo es algo dificil rematar la suerte bien, -porque casi siempre parten ganando terreno, pues para que vean bien la -muleta es necesario meterla un poco en el de adentro, y el diestro queda -por consiguiente mucho mas dentro, por lo que el toro tiene con -precision que ganar terreno. No obstante, la suerte se puede hacer -situándose en la rectitud, pues aunque el toro no vea asi bien la -muleta, arrancará por su terreno, y asi que llegue á jurisdiccion, con -tal que el diestro la adelante para recibirlo, y le haga el quiebro que -al que se ciñe, rematará la suerte con felicidad. - -Cuando tengan la vista hácia el terreno de afuera la suerte es muy -segura, pues sea el toro de la clase que quiera su remate es siempre por -el lado que ve, y siendo el otro el del diestro, nunca puede concluir -sobre él. Los _pases de pecho_ se pueden hacer á los toros tuertos sin -peligro ninguno, principalmente cuando quedan con la vista fuera, como -ya se debe inferir. - -La suerte de muleta es bastante facil de por sí, como ya hemos visto, -pero la hace muy dificil la circunstancia de ser la última que en la -plaza se ejecuta, pues generalmente hablando, cuando va el diestro á -practicarla está el toro aplomado, en querencia, y por sencillo que -sea, con alguna intencion; todo lo cual hace que sea necesario mucha -inteligencia y precaucion para que el éxito sea el que se quiere; y con -este mismo objeto voy á hacer algunas advertencias de no menor utilidad -que las reglas precedentes. - -Cuando se vaya á _pasar de muleta_ un toro que esté aplomado, y que -conserve piernas bastantes, se adelantará mucho la muleta del cuerpo, ya -oblicuándola ó perfilándola, segun sea necesario, y esto no por otra -razon mas sino porque siendo preciso para que arranque citarlo sobre -corto, y conserva todavía muchas piernas, si el diestro tiene la muleta -cuadrada en la misma direccion que el cuerpo, y el toro aunque en la -salida demostró ser boyante, arranca ahora ciñéndose, ganando terreno, ó -rematando en el bulto, dará irremediablemente una cogida, que no daria -teniendo la muleta delante, por las razones que hemos dicho hablando de -estos toros en la suerte que nos ocupa. - -Ademas, que el toro que conservando piernas bastantes se aploma, aun -cuando haya sido muy boyante, ya no debe considerarse como tal, pues el -haberse aplomado será efecto ó de ir tomando intencion, ó de tener -querencia al sitio donde está, y de un modo ó de otro no debe ya -torearse como boyante, pues esto es una verdadera transformacion. Asi -es, que el diestro para pasarlo deberá hacer que se lo corran antes, y -de ninguna manera lo pasará en el sitio en que esté, ni aun usando de la -precaucion de adelantar la muleta, pues esta es para cuando hayan -corrido al toro, y esté fuera del puesto en que estaba: en este caso lo -podrá pasar con toda seguridad, porque no necesitará citarlo tan sobre -corto como hubiera sido necesario para hacerle arrancar en su querencia, -pues asi debe ya considerarse el sitio en que estaba primero; siendo -ademas sumamente espuesto el remate de la primera suerte, por tener que -concluirla el diestro sobre la misma querencia de un toro que -conservando piernas ha tenido que citarlo sobre corto, y que arrancó -ciñéndose, ganando terreno, ó rematando en el bulto: circunstancias -todas tan contrarias al buen éxito de la suerte, que de cien que se -hagan con ellas, en las noventa y nueve habrá cogida. - -Cuando el toro está aplomado, con piernas aun, y es de los que merecen -torearse con precaucion, será indispensable hacer que á fuerza de -capotazos y de trastearlo los chulos se las quiten, y lo pongan en -situacion de hacer suerte con él. - -Los toros que haya visto el diestro que en las suertes anteriores, y -principalmente en la de banderillas, no solo se tapaban, sino que -continuamente tiraban derrotes y cornadas sobre alto para desarmar, los -deberá pasar muchas veces, dejándolos llegar bien á la muleta, y -bajándola mucho al cargar la suerte para que humillen bastante, lo cual -es importantísimo, pues sino lo hace, y van á la muerte con este -resabio, lo desarmarán, quedándose parados en el centro, donde será un -milagro que no le den una cogida. - -Finalmente, cuando el diestro vea que el toro es de cuidado, y tema que -se le cuele ó se le revuelva muy pronto, y le dé una cogida, pondrá en -el terreno de afuera á otro de los chulos, para que cuando llegue á -jurisdiccion, y vaya á tomar la muleta, eche el capote, con lo que -distraido por ambos engaños no se cuela, y tampoco se revuelve, porque -el chulo no saca el capote cuando el diestro la muleta, sino despues que -ya aquel esté preparado para recibirlo; siendo obligacion suya volver el -toro por el terreno de afuera, y ponerle en disposicion de que el -diestro pueda ejecutar con él la suerte para que se ha preparado; por lo -cual debe este chulo ser el mas inteligente. - -Esto se ha hecho ya tan frecuente, que siempre que se va á _pasar de -muleta_ un toro, por sencillo que sea, se lleva el capote al lado, pero -esto es un abuso; y cuando el toro es de los boyantes y tiene piernas, -en vez de servir el capote de provecho, es dañoso, porque estando el -chulo en el terreno de la res lo ve en su remate, lo seguirá, y por mas -que el diestro lo cite no volverá á hacer la suerte que sin el capote se -hubiera efectuado. Por lo tanto, debe omitirse éste cuando las reses son -sencillas, en cuyo caso el diestro mismo con sola la muleta los podrá -volver y preparar para segunda suerte: esto es sumamente bonito, y de no -poco mérito, pues son muy pocos los que saben recoger asi los toros. - - -SEGUNDA PARTE. - -_De la estocada de muerte._ - -La estocada de muerte, que he considerado como segunda parte de esta -suerte, es la que esencialmente la constituye, no siendo los pases de -muleta mas que una preparacion, digamos asi, para ella. En efecto, -alguna vez los pases en vez de ser útiles, son perjudiciales, por lo -cual se deberán omitir en los casos que luego marcaré. Pero tambien es -evidente que el acto mismo de dar muerte al toro se debe considerar como -un verdadero pase de pecho, aunque como la esperiencia lo acredita se -puede matar sin tener muleta ni capote, ni clase alguna de engaño; pero -esto no puede verificarse, como luego veremos, sino con las reses -sencillas. - - -ARTÍCULO PRIMERO. - -_Del modo de matar los toros, recibiéndolos._ - -Para matar, pues, á un toro boyante se situará el matador, despues de -haberlo pasado las veces que le haya parecido, en la rectitud del toro, -á la distancia que le indiquen las piernas de él, con el brazo de la -espada hácia el terreno de afuera, el cuerpo perfilado igualmente á -dicho terreno, y la mano de la espada delante del medio del pecho, -formando el brazo y la espada una misma línea, para dar mas fuerza á la -estocada, por lo cual el codo estará alto, y la punta de la espada -mirando rectamente al sitio en que se quiere clavar. El brazo de la -muleta despues de haberla cogido un poco sobre el palo en el estremo por -donde está asido, lo que se hace con el doble objeto de reducir al toro -al estremo de afuera, que es el desliado, y de que no se pise, se pondrá -del mismo modo que dijimos para el pase de pecho, en la cual situacion, -airosísima por sí, cita al toro para el lance fatal, lo deja llegar por -su terreno á jurisdiccion, y sin mover los pies, luego que esté bien -humillado, meterá el brazo de la espada que hasta este tiempo estuvo -reservado, con lo cual marca la estocada dentro, y á favor del _quiebro -de muleta_ se halla fuera cuando el toro tira la cabezada. Este modo de -matar, que es el mas usado, y muy bonito, se llama á _toro recibido_. - -Los toros boyantes se matan de esta manera con mucha facilidad y sin -ningun peligro, pues ellos van por su terreno mas bien fuera que dentro, -y tanto, que es necesario al citarlos hacerles un envite con la muleta -hácia el cuerpo, pues si no se desunen mucho en el centro, y no puede el -diestro dominarlos bien, ni darles la estocada dentro, de lo que resulta -muchas veces atravesarlos, lo que es muy deslucido. Asi es que se hace -indispensable llamarlos bien al centro, para que entren ceñidos, y que -la suerte salga bien hecha; y esto es á lo que los toreros llaman -_embraguetar los toros_. - -A estos de que hablamos y á los revoltosos se les puede hacer esta -suerte dejándoles todas las piernas, siendo ademas muy bonito con los -últimos pasarlos muchas veces seguidas, alternando el pase regular con -el de pecho, y en uno de estos darles la estocada, todo lo cual hecho -con mucha prontitud, como es necesario por la rapidez con que se -vuelven, constituye la suerte mas bonita de matar, pues aun teniendo -dada ya la estocada se les sigue trasteando con la muleta hasta que -caen. - -Esto mismo, aunque puede hacerse con otros toros en teniendo habilidad -para recogerlos, y que queden preparados á segunda suerte, nunca es tan -completo como con los revoltosos, porque estos en virtud de su índole -particular se prestan para este modo de suerte de una manera muy -ventajosa para el matador. Yo los reputo por los mejores. - -Los toros que se ciñen son escelentes para esta suerte, y se les puede -hacer dejándoles todas las piernas, porque como, segun se ha visto, el -ceñirse es cualidad favorable para la muerte, rematarán la suerte con -mas lucimiento conservando las piernas que teniéndolas perdidas, y la -seguridad es la misma en ambos casos. Lo que debo advertir es que no se -les cite como á los boyantes hácia el centro, pues ellos lo buscan, y si -desde el principio se inclinan á él podrán llegar á embrocar. Esto se -consigue con solo no doblar el codo izquierdo, pues quedando el brazo -derecho, aparta lo que debe la muleta, que en todo caso es regla general -tenerla muy baja para que el toro humille bien. - -Los toros que ganan terreno son muy dificiles de matar, principalmente -cuando conservan piernas; pero sin embargo, el diestro que armado del -valor y conocimiento necesarios intente hacerles esta suerte del modo -que diré, saldrá felizmente de su empresa. - -Si no tienen piernas se situará el diestro bastante corto, con lo cual -se les quita terreno que cortar, y la suerte será, aunque muy ceñida, -segura, siempre que se les haga un quiebro grande de muleta y no se -tarde en salirse del centro. Pero cuando conservan las piernas se -necesita mucha precaucion: entonces es necesario situarse sobre largo, -pero á pesar de esto lo menos largo posible, pues se corre menos riesgo -en situarse un poco corto que largo por dejarle al toro mucho terreno -que cortar, y es la razon que en este último caso llega á formar el -centro de la suerte atravesado, y sin dejar tierra al diestro para -rematarla, de modo que pisando ambos un mismo terreno, y siendo por -consiguiente uno el remate, solo se librará de una cogida cuando sus -pies superen á los del toro. Situado, pues, el diestro como he dicho, lo -cita, y luego que le arranque, si ve que no le gana mucho terreno, se -irá mejorando á la par de él, de modo que habiéndose preparado -suficiente tierra, cuando llega á jurisdiccion se forma el centro cual -se desea para el feliz remate de la suerte, que en todas sus partes se -hará por las reglas establecidas para estos toros cuando estan sin -piernas. En el caso que el diestro conozca que por venir el toro ganando -mucho terreno puede resultar el centro atravesado, entonces el recurso -que hay es salirle con prontitud al encuentro, formando el centro de la -suerte en el mismo de las distancias, y conforme ponga la espada hará -un buen quiebro para acabar de clavarla, y salir con pies. - -Esta suerte, que como se ve por su esplicacion participa de la de _toro -recibido_ y de la de _vuela pies_, es el único modo que hay para matar -con seguridad los toros que ganan terreno y conservan piernas: su -ejecucion es muy dificil, por ser necesario embrocar para marcar dentro -la estocada, hacer un quiebro grande y violento para salir de embroque, -concluir la estocada y salir con pies, todo en un momento, y en un -centro tan pequeño y tan veloz como es el que se forma por la union de -las direcciones opuestas que el diestro y el toro traen en sus viajes. -Por tanto, recomiendo su ejecucion á los matadores que se conozcan con -pies y ligereza para efectuar estos movimientos, y que al mismo tiempo -esten dotados de suficiente resolucion; y por el contrario, se la -prohibo á todo aquel en quien no militen las circunstancias dichas, los -cuales siempre que tengan que matar un toro de esta clase deberán hacer -que le quiten las piernas. - -Muchas veces he visto matar estos toros dando el diestro pasos de -espalda (pero sin desarmarse) á la par que el toro los va dando y -ganándole el terreno, con lo que se hace que se enmiende y tome el de -afuera, y en caso que no obedezca y siga cortando tierra, se le da el -pase regular trocado, y proporciona una buena suerte. Tambien he visto -en este mismo caso que algunos matadores cuando estaba el toro para -entrar en jurisdiccion le alzaban la muleta desliada, y la bajaban con -prontitud poniéndola en el terreno que le corresponde, con cuyo espanto -el toro se detiene un poco observando la muleta, y al caer como está tan -cerca hace por ella, y el diestro aprovecha este momento, lo coge en la -humillacion, le da la estocada y sale con pies. Constantemente he visto -buen éxito en esta suerte, y aconsejo que siempre que el matador se vea -en el caso de ir á formar el centro atravesado, por no haberse enmendado -ni haber salido al encuentro del toro, intente hacerla, que sino -siempre, las mas veces le proporcionará una suerte segura y brillante, -en vez de otra que cuando mas feliz será arrollada. - -Los toros de sentido son los mas dificiles para esta suerte: rara vez se -pueden matar recibidos, porque no la hacen buena, y aunque el diestro la -intente nunca será cual es en sí, pues participará como ya diré de la de -media vuelta. A estos se hace indispensable quitarles las piernas, para -que el diestro se pueda ir sobre corto, y conforme arranquen y lleguen á -jurisdiccion les agachará mucho el engaño procurando empaparlos en él, y -saliendo del centro que traiga el toro le dará la estocada y saldrá con -pies. Regularmente, á pesar de los pocos suyos, el toro se revuelve -mucho, y como el diestro se salió del centro, y no dió en él la -estocada, tiene que seguir volviéndose, y buscándole los cuartos -traseros, para no llegar á embrocar y rematarla, y esta es la razon -porque dije arriba que nunca esta suerte se les podria hacer á estos -toros cual es en sí, y que participaba de la de media vuelta. No -obstante, cuando el diestro esté convencido de los pocos pies del toro -podrá hacerla algo mas lucida teniendo bien parados los suyos, hasta que -llegue perfectamente á humillar para recogerlo, y entonces con bastante -quiebro de muleta vacia el cuerpo del centro marcando en él la estocada, -y despues que esté fuera se dejará caer sobre el toro para asegurarlo de -aquella vez, y se saldrá como hemos dicho. De este modo, que no es -dificil en teniendo serenidad y firmeza para hacer el quiebro á tiempo y -con ligereza, se logra matar á estos toros recibidos y con mucho -lucimiento: es tambien muy seguro, porque se le reduce á que haga el -centro en el sitio correspondiente, pues viendo en él al diestro no -puede menos que hacer por él, y como por sus pocas piernas permite que -este no mueva los pies, y lo deje llegar hasta que humille para -recogerlo, y no puede volverse por faltarle el vigor, marca la estocada -dentro, y á favor del quiebro vacia el cuerpo, de manera que se halla -fuera á la cabezada, y tan seguro como se puede inferir por las pocas -piernas del toro. - -He de advertir que muchas veces estos se matan bien aunque conserven las -piernas suficientes para dar que temer: el buen éxito que se observa en -estos casos, que á primera vista parece imposible conseguir, y cuya -imposibilidad quizás la deducirá alguno de las reglas mismas que dejo -establecidas y de mis reflexiones sobre ellas, se obtendrá siempre que -el torero tenga los requisitos que indispensablemente debe reunir para -apellidarse justamente con este nombre (véase el capítulo 1.º), pues -poniéndonos en el último resultado que puede dar la suerte mas dificil y -arriesgada, que es la cogida del diestro, esta no se verificará jamas -sin que preceda un embroque sobre corto, en el cual es necesario que el -toro humille para poder usar de las armas que le dió la naturaleza, y en -esta humillacion, precisa, inescusable, y que no puede dejar de -verificar, pues es un efecto de su disposicion esencial, se libertará el -que teniendo un ánimo tranquilo que le deje conocer que á favor de un -quiebro vacia el cuerpo del sitio en que debe estar para que el toro lo -enganche, y ademas ligereza para hacerlo, lo practique á tiempo. Por -consiguiente, ¿qué suerte arredrará ya á ningun torero? No puede el toro -cogerlo como haga un quiebro. Pero este quiebro no siempre se puede -hacer á tiempo, pues no todos los que torean tienen los requisitos -necesarios en un tan alto punto como se requiere para este grado de -superioridad. - -Por tanto, habiendo suertes que ejecutar con todos los toros de una -seguridad grande, que siempre está en razon directa de la sencillez de -aquellas, y de tanto ó mas lucimiento, pues este no se opone á la -sencillez, sino antes bien se hermana completamente con ella, será una -vituperable temeridad intentar las que pueden dar un funesto resultado -en descrédito del arte y de los profesores mismos. - -Esta digresion, impertinente para muchos, no lo será para los que -consideren los funestos resultados que puede tener el no manifestar las -ventajas y perjuicios que se hallan en las suertes; pero no piensen que -las presento para cohibir á los verdaderos diestros, y para que sirva de -disculpa á los ignorantes y cobardes: soy bien conocido en el arte para -facilitar escusas á los toreros que autoricen su miedo ó su -holgazanería: mi objeto no es otro, como ya he dicho, que el de hacer -patente las buenas ó malas consecuencias de las suertes, cuyas reglas -manifiesto, con el fin de que no se intenten las muy dificiles por los -toreros poco hábiles, ni por los jóvenes que estando en el principio de -la práctica del arte, y manifestando una brillante disposicion, intenten -verificar lo que no puede tener buen resultado atendiendo á su -dificultad y á la poca esperiencia de ellos mismos, que guiados por su -amor propio se arrojan inconsideradamente, hasta que un momento -desgraciado termina su existencia, y desvanece las fundadas esperanzas -de los que algun dia se consentian verlos al nivel de los mas diestros -profesores. - -Volviendo, pues, al hilo de mi discurso, digo que siempre se le quiten -las piernas á estos toros para la muerte, y que se debe tener al lado un -chulo de bastante conocimiento, el cual metiendo el capote á tiempo -distraerá al toro del bulto, y tendrá mucha parte en el buen resultado -de la suerte. - -Muchas veces estos toros ganan tambien terreno, y en este caso, ademas -de todo lo dicho para ellos, se tendrán presentes las reglas que para -los que ganan terreno hemos dado, haciéndoles la suerte con la mas -grande precaucion, y tratando de asegurarlos poniéndoles baja la espada. - -Los toros abantos se matan muy bien recibidos siempre que arrancan, pues -nunca se quedan cerniendo en el engaño por estar recogido; pero es -preciso embraguetarlos mucho, y tener muy reservado el brazo de la -espada, para no darles la estocada hasta que esten muy en el centro; no -por otro motivo sino porque ellos son siempre blandos, y si se adelanta -el brazo y se les pincha antes de estar muy metidos en la suerte, hacen -un corcovo, y se salen de ella. - -Los toros abantos, que he dado á conocer con el nombre de bravucones, -tienen que matarse con algun cuidado, porque como ya he dicho, suelen -rebrincar al tomar el engaño, lo cual es mucho mas frecuente en la -suerte de muerte, y tiene el doble riesgo de poder arrollar al diestro y -lastimarle con la espada; por lo que será muy oportuno salirse del -centro que ellos traigan, y tener reservado el brazo hasta que humillen, -que es el tiempo propio de darles la muerte. De este modo se consigue -que si el toro rebrinca no atropelle al diestro, y que no haga el -corcovo y se salga de la suerte. - -Los burri-ciegos de la primer clase se matarán recibidos de un modo muy -satisfactorio con solo tener la precaucion de quebrantarles un poco las -piernas, haciéndoles en lo demas la suerte de la manera que lo pida su -índole particular. No debe nunca perderse de vista, en caso que el toro -siendo malo ponga la suerte en disposicion poco favorable, el recurso -que hay de salirse de ella sin recelo alguno, pues por el defecto que -tiene en la vista dejará de hacer por el bulto. - -Los burri-ciegos de la segunda se pueden matar del modo dicho dejándoles -ó no las piernas. Si se les dejan, se citan por consiguiente sobre -largo, que es donde ven mejor, y suele suceder que se paran poco antes -de llegar al engaño: esto no es muy frecuente ni de cuidado tampoco, -pues en hablándoles y acercándoles la muleta rematan la suerte bien. -Cuando no tienen piernas se les irá muy sobre corto para el cite, -hablándoles tambien, y haciéndoles la suerte en todo lo demas del modo -que indique su condicion; pero siempre será bueno tener algo mas -desliada la muleta para ellos que para las otras clases. - -Si dijimos para los de la primera que tenia el diestro un buen recurso -en salirse de la suerte, en estos por el contrario se necesita un -cuidado estremado para hacerlo, como ya dije hablando de ellos en la -suerte de capa, adonde remito al lector para evitar repeticiones. - -Los burri-ciegos de la última clase se matarán segun su condicion, sin -tener que hacer mas sino presentarles la muleta con las mismas -condiciones que dijimos para la capa. - -Los toros tuertos se matan recibidos con mucha facilidad, principalmente -cuando lo son del ojo izquierdo. No hay peligro en dejarles las piernas -cuando son boyantes, ó de otra cualquier clase que no sea de cuidado, -pero se les quitarán siempre que sean de los que pueden dar que recelar. -Suponiendo que por ser boyante se le han dejado las piernas, y que el -lado por donde no ve es el derecho, se pondrá el diestro para la muerte -á la distancia regular, lo citará, y luego que arranque lo dejará venir -por su terreno hasta que entre en jurisdiccion, y entonces, metiendo la -muleta en el terreno del toro para buscarle el ojo por donde ve, y -haciendo el quiebro correspondiente, dará la estocada, y rematará la -suerte del modo anteriormente esplicado. - -Lo que he advertido de meter la muleta en el terreno del toro para que -la vea no se crea que es indiferente, pues en ello consiste en gran -parte el buen resultado de la suerte: si no se hace, el toro, que ve -desaparecer casi del todo el bulto que tenia delante, se revuelve hácia -el lado tuerto con una estraordinaria prontitud, y aunque tenga clavada -ya la espada, si el diestro se quedó parado, lo cual es muy probable por -lo mismo de ser tuerto el toro, podrá sufrir un embroque, del que no -siempre saldrá con felicidad. - -Tambien los toros tuertos del ojo izquierdo se matan con mucha facilidad -siempre que sean boyantes, y aunque conserven piernas; pero es necesario -con ellos tener muy bien parados los pies, y cuando lleguen á -jurisdiccion hacerles humillar mucho y pronto, bajándoles la muleta, y -haciéndoles un buen quiebro para vaciar el cuerpo del centro en que se -habrá ya marcado la estocada. - -Aunque como ya he dicho no hay peligro en dejarles las piernas á estos -toros, sin embargo no será inútil quitárselas, pues se revuelven -muchísimo, por razon de que ven muy bien la huida del diestro, y no se -pueden distraer por el otro lado, que es el tuerto, de manera que en -teniendo muchas piernas pueden deslucir la suerte con peligro del -torero. Es sin embargo rarísimo, y solo sucede cuando son toros muy -codiciosos y malos; pero las demas clases de tuertos rematan lo mismo -que los mas boyantes, y mucho mas si van bien castigados del hierro. - - -ARTÍCULO II. - -_De la estocada á vuela pies._ - -Joaquin Rodriguez (vulgo) Costillares hizo inmortal su nombre entre los -toreros y aficionados no solo por su destreza poco comun, y su profundo -conocimiento, sino por la invencion de la estocada á vuela pies. - -En efecto, esta nueva suerte, que vino á enriquecer la tauromaquia, es -digna por sí de los mayores elogios, y no deja perder de vista la -maestría de su autor. Sin ella no tendriamos recursos para matar ciertos -toros que por su intencion ó por su estado particular no arrancan, ni se -prestan á suerte alguna, y que se quedarian vivos, ó moririan de un modo -poco agradable, mientras que por ella se matan del modo mas brillante y -satisfactorio. - -Es susceptible de hacerse con toda clase de toros, siempre que se hallen -en el estado de aplomados, único oportuno para ejecutarla con toda -seguridad. - -El modo de practicarla es muy sencillo, pues consiste en armarse el -diestro para la muerte sobre corto, por razon de que el toro no arranca, -lo cual es requisito preciso para la suerte, que por esto tambien la -llaman algunos _á toro parado_: estando pues armado asi, se espera el -momento en que el toro tenga la cabeza natural, y yéndose con prontitud -á él se le acercará la muleta al hocico bajándola hasta el suelo para -que humille bien y se descubra, hecho lo cual se mete la espada saliendo -del centro con todos los pies. - -Por medio de esta suerte, no muy dificil, como se ve, se dan las mejores -estocadas, y en el dia puede afirmarse sin riesgo de errar que no hay -otra mas segura, siempre que se haga con todas las precauciones que el -grado de perfeccion á que el arte ha llegado hace considerar como -indispensables. - -Cuando Joaquin Rodriguez inventó esta suerte no estaba la tauromaquia en -posesion de tantos descubrimientos útiles ni tantas exactas -observaciones como en el dia, por lo que dicha suerte no tenia la -seguridad y el lucimiento que ahora. Para convencernos de esta verdad -no es preciso sino atender al estado presente del arte, que enriquecido -con los preceptos que la práctica sobresaliente de tanto profesor hábil -le ha prodigado, está bajo un pie mucho mas sabio y mas exacto que en -los tiempos mismos en que florecieron estos genios de la tauromaquia, -que tanto la impulsaron hácia la cima de su perfeccion. Asi es que esta -suerte se resentia en cierto modo de la rudeza de aquel tiempo, y quizás -sea esta la causa de las cogidas que se han verificado en ella. -Efectivamente, en el dia ningun matador que tenga un mediano -conocimiento y una regular destreza sufrirá cogida en dicha suerte si la -hace con las condiciones que son precisas y necesarias para su buen -resultado. Estas condiciones son: la primera, el estado aplomado del -toro; la segunda, la igualdad de sus pies; y la tercera, la atencion á -su vista. Sin estas condiciones la suerte es peligrosa, aunque infinitas -veces haya dado un feliz resultado. - -El estado aplomado del toro es absolutamente indispensable para -verificar con seguridad una suerte que se funda en su completa -inmovilidad. Son funestísimos los resultados que acarrearia el desprecio -de este precepto. Si por no estar verdaderamente aplomado arranca hácia -el diestro despues que éste salió hácia él, ¡cuán probable es la cogida! -A lo menos de tres veces que se dé este caso, en una se verificará, y -será de muy graves consecuencias, y las otras dos, ó no se hará la -suerte, ó será deslucida, y en vez de aplaudir los espectadores, -tacharán al diestro como poco hábil. - -Ni se crea que es de menor utilidad el atender á la igualdad de las -piernas del toro. No debe intentarse jamas el vuela pies sin esta -precaucion con aquellos que aunque verdaderamente aplomados, conservan -cierto grado de vigor y fuerza, que es á lo que llaman los toreros -_estar el toro entero_. Y no solo en este caso, en todos debe atenderse -esta circunstancia, no por otra razon mas, si no porque con ella, -existiendo las demas, no hay el menor riesgo, mientras que por el -contrario, aunque concurran las otras, como esta falte el peligro no -está lejos, siendo muchas las veces en que basta ella sola para -asegurarnos en la suerte. - -Por otras razones se manifiesta la eficacia de esta condicion para el -buen éxito de la suerte, y la particular atencion que merece. La primera -es, que el toro tiene dado un paso, que sería preciso lo diese en caso -de querer partir teniendo los pies iguales: la segunda, que tiene -firmeza para arrancar, y hecho el punto de apoyo para la carrera, que en -estas circunstancias está ya engendrada; y tercera, que esto indica -estar sobre sí, y de consiguiente que no está exactamente aplomado. -Estas razones bastan por sí para convencer á cualquiera de la utilidad -de esta nueva observacion, cuya exactitud confirma la esperiencia. No sé -á ciencia fija el tiempo en que se hizo: unos la atribuyen á Guillen, y -otros la hacen anterior á él; sea lo que quiera, ella es bastante -moderna y de mucha utilidad, por lo que ha llegado á ser un axioma entre -los toreros. - -La atencion á la vista del toro ni es supérflua, como pretenden algunos, -ni es tampoco de primera necesidad, como quieren otros: hay casos en que -es absolutamente indiferente que la tenga fija en este ó en aquel -objeto, ó que ande reconociéndolo todo, mientras que por el contrario, -algunas veces se hace preciso que esté fija en alguna parte. - -Cuando se va á intentar el vuela pies con un toro boyante, -verdaderamente aplomado, que humilla bien, que tiene los pies iguales, y -en fin, que no da el más mínimo motivo de recelo, se puede verificar -aunque tenga la vista fija en el diestro sin peligro alguno: vice-versa, -cuando el toro sea de sentido, ó no esté exactamente aplomado, ó conozca -al matador &c., entonces será muy oportuno írsele acercando paso á paso -hasta estar muy corto, y en viendo que vuelve la vista dejársele caer -encima y dar la estocada; de lo contrario se corre bastante riesgo. Este -precepto, de no menor utilidad que los antecedentes, no se despreciará -jamas en el caso bastante frecuente de aplomarse el toro por haberlo -pinchado el diestro, y se observa que le conoce, que se tapa á sus -cites, y que no lo pierde un momento de vista; en tales circunstancias -se hace necesario no irse á él cuando la tenga en el bulto, porque se -tapará, y con derrotes continuos lo desarmará, y lo pondrá en el lance -mas crítico que le pueda acontecer. - -De todo lo dicho se deduce que la estocada á vuela pies es muy facil y -segura en el dia, y de mucha utilidad; sin ella, ¿cómo se mataria un -toro que teniendo querencia casual en las tablas, se pusiese de nalgas -en ellas, y no obedeciese á cite alguno? En efecto, esta suerte es el -único recurso seguro y brillante que posee el diestro para desempeñar -felizmente su proyecto en todos los casos en que el toro, sea por -querencia ó por otro cualquier accidente, no corresponde á su envite y -no hace por él. - -El vuela pies, como dije antes, es susceptible de hacerse con todos los -toros, sea la que quiera su clase, lo cual no influye en el modo de -hacerla, que es igual en todos: la única diferencia se tomará de los -accidentes particulares de los toros y de las circunstancias en que se -ejecuta. Asi es, que me parece á propósito para cerrar este artículo dar -una noticia de los casos particulares en que con mas frecuencia se -tiene precision de hacer esta suerte. - -Cuando un toro que tiene querencia casual con los tableros se va á pasar -de muleta, y no sale á los cites aunque conserve piernas, pero que se ve -humilla bien y que tiene los pies iguales, se le hará el vuela pies -cambiando los terrenos sin aprension alguna, pues en estas -circunstancias es segurísimo y muy lucido; pero no se hará jamas -faltando la querencia, porque en este caso la salida natural del toro es -por el mismo terreno que el diestro, y en este contraste puede peligrar. - -Los toros de sentido se pueden matar á vuela pies con mas seguridad que -recibidos, siempre que se les quiten cuanto sea posible las piernas, y -teniendo cuidado de no irse á ellos sino con todas las precauciones que -hemos dicho son indispensables: tales toros usan con mucha frecuencia -del ardid de no humillar, lo que hará siempre muy peligrosa la suerte; -el remedio único y seguro que hay para este apuro es dejarle caer la -muleta en el hocico, lo que siempre produce el efecto deseado, y se -aprovecha este momento para asegurarlo de la estocada: de no hacerlo se -corre el riesgo no solamente de que no vuelva á ponerse en suerte, sino -que despues de puesto se tape, y que escarmentado del pinchazo, y -conociendo la estratagema, no humille tampoco al tirar la muleta, y deje -al diestro embrocado y desarmado. Por consiguiente será muy oportuno no -desperdiciar ningun momento con ellos, y en la primera suerte que hagan -asegurar su muerte, confiado el diestro de que será aplaudido por los -verdaderos aficionados inteligentes. - -Cuando un toro está completamente aplomado y de nalgas contra las -tablas, será necesario que el matador se decida á darle la estocada á -favor del vuela pies; pero este jamas se intenta sino despues de estar -cerciorado de la imposibilidad de hacer arrancar al toro, que para este -vuela pies mas que para otro debe estar sin piernas algunas: seguro ya -el matador de que el toro tiene las condiciones que apetece, hará que -los chulos lo pongan en la misma direccion que las tablas en cuanto sea -posible, y dándoselas á él se pondrá en su rectitud, y cuando observe -que tiene todos los requisitos que se requieren para hacer la suerte con -éxito, dejarse caer para darle la estocada, saliendo con todos los pies. -Esta suerte es la mas espuesta, porque si el toro se revuelve se -encuentra el diestro encerrado entre él y las tablas; por eso se -intentará tan solo cuando se vea la imposibilidad de hacerlo mover del -sitio en que está, y cuando por sus pocas piernas no pueda dar que -temer. - -Cuando conserve aun algunas, y esté en la disposicion que dijimos -anteriormente, se procurará enderezarlo con las tablas, esto es, hacer -que se ponga mirando á la plaza, en la cual disposicion se le dará el -pase regular, y en seguida el vuela pies, con la espalda á las tablas, -pues siendo esta su querencia, y teniéndolas muy á la vista en el remate -de la suerte, no corre el diestro ningun peligro. - -Algunas veces, aunque raras, se ve aplomarse un toro en los medios de la -plaza, lo cual por lo general es efecto de haber sido lidiados ya, y es -tanto mas espuesto, cuanto que unen á su malicia estremada la entereza -de sus piernas, pues los toros de que hablamos, como no se prestan á -suerte de ninguna especie, llegan á la muerte con el mismo vigor ó poco -menos que cuando salen. El vuela pies en esta ocasion es -multiplicadamente mas dificil que en otra alguna, y aconsejo al que lo -intente que se lleve al lado un chulo bastante inteligente que tiente al -toro á ver si sale; seguro de que no, se armará á la muerte, aguardará á -que tenga los pies iguales, y hará que el chulo con algun movimiento -pequeño le distraiga, para que volviendo la vista proporcione al matador -el momento de hacerle la suerte, siendo ademas preciso que el chulo le -meta el capote al mismo tiempo que el matador va á salirse del centro, -para que distraido por este segundo objeto que lo cita y obliga, sentido -del castigo, y sorprendido por un bulto que casi no vió venir, se evite -el que se revuelva y se apodere del diestro, aunque tuviese dada la -estocada; por lo que recomiendo con particular empeño que siempre se -salga por pies. - - -ARTÍCULO III. - -_De la estocada á la carrera._ - -La estocada á la carrera, que puede muy bien llamarse á _toro -levantado_, es muy lucida y segura, pero ofrece bastante dificultad para -marcarla bien. - -Se puede ejecutar de dos modos, que no se diferencian en otra cosa mas, -si no en que en uno va un chulo corriendo el toro, y en otro el toro va -levantado, sin que nadie lo haya citado. - -La suerte no consiste mas, si no en salir armado al encuentro del toro, -y darle la estocada segun las reglas ya establecidas. La única -dificultad que ofrece, comparada con las otras, es la de no ser muy -facil el marcarla bien, por razon de la violencia que trae el toro, y el -de no haber tenido el diestro tiempo para hacer fijo el punto de vista, -por lo que he visto dar frecuentes marronazos. - -Esta suerte se puede hacer con mucha seguridad á los toros de sentido, -en teniendo especial cuidado en salirse para marcar la estocada fuera -del centro que ellos traen: asi se evita el embroque muy peligroso con -ellos, y como por la violencia de su viaje no pueden volverse para -rematar sobre el bulto, se concluye la suerte bien. - -Con todas las demas clases se hace del mismo modo que hemos dicho; pero -con los bravucones se debe tener un cuidado particular, porque en esta -suerte, mas que en ninguna de las esplicadas, rebrincan, y asi convendrá -hacerla como he dicho para los de sentido, con lo que se precabe el que -puedan dar la cogida. - -El modo de hacer esta suerte á los toros burri-ciegos y á los tuertos se -deduce necesariamente y sin dificultad de la esplicacion que hemos dado -de ella, y del conocimiento que ya tenemos de las modificaciones que -para ellos deben hacerse en toda clase de suertes. - - -ARTÍCULO IV. - -_De la suerte á media vuelta._ - -La estocada á media vuelta, cuyo mecanismo es igual al de las -banderillas de esta clase, es una suerte de recurso para matar aquellos -toros que por su índole ó por algun accidente no arrancan, ó se tapan, ó -bien dan que temer por rematar sobre el bulto: en solas estas -circunstancias se usará esta, sin que padezca en nada la reputacion del -diestro que la ejecuta, pero en otras es deslucida. - -Siendo en todo igual su práctica á la de las banderillas á media vuelta, -sería una molesta repeticion detenerme en su esplicacion; lo único que -tengo que advertir es, que la suerte se haga con mucha rapidez apenas se -empieza el toro á revolver, para no llegar á embrocar, y no dejarle -tiempo para que reconozca al diestro y se tape á su envite; ademas que -al dar el toro la media vuelta vuelve siempre muy humillado en virtud -del cite que sobre corto le hizo el diestro por detras, y en dejándosele -caer encima con decision no la concluirá sin tener en sí la herida que -pronto lo acabará. - -Cuando se aplome un toro en los medios de la plaza será preferible esta -suerte al vuela pies que en su lugar dijimos, y se deberá llevar un -chulo que lo entretenga por delante mientras va el matador por detras á -ponerse á la distancia debida. - - -ARTÍCULO V. - -_De la estocada á paso de banderillas._ - -Esta suerte se hace principalmente con los toros que son tardos á -partir, pero que conservan piernas, por cuya razon no se juzga oportuno -el vuela pies. Tambien se hace con los toros malos, esto es, de -sentido, principalmente cuando se ponen en los tercios de la plaza -engallados y no salen á los cites: en este último caso es menester mucho -cuidado si tienen piernas. - -El modo de hacerla es tomar el diestro la tierra que juzgue conveniente -atendiendo al estado del toro y á sus muchos ó pocos pies, y tomada que -esté, hacer que nadie ande al lado del toro, para que no le hagan perder -la posicion; y él en la suya liar la muleta y preparar el brazo lo mismo -que si lo estuviera esperando para recibirlo: en esta posicion arranca -al toro, haciendo una especie de cuarteo como en las banderillas de esta -clase, pero el brazo de la espada no lo reserva hasta estar cuadrado, -sino que en el embroque, cuando el toro humilla y dentro aun del centro, -como dijimos en las otras suertes de matar, es cuando marca la estocada, -haciendo al mismo tiempo el quiebro de muleta con que se sale del centro -para dejarse caer con fuerza sobre el toro y apurar la estocada hasta la -guarnicion, pues que el mérito de esta suerte consiste principalmente en -que hecho el quiebro de muleta, el diestro no se aparte del toro, sino -que se le deje caer encima; asi es que cada momento la estamos viendo -hacer sin que le claven mas de una cuarta de espada, con lo que no se -mata ningun toro, y sí se le resabia para que luego se tape y se ponga -en defensa. La suerte no carece de mérito y de gracia, pero tampoco pasa -de ser una de las que los toreros llaman de recurso, esto es, de -aquellas de que se echa mano para matar las reses que no permiten se les -hagan las suertes de primera ó de mas lucimiento, por consiguiente que -ya dan algun cuidado, de manera, que se debe tratar de asegurarlas y no -darles en valde ningun pinchazo. - -Por tanto, recomiendo la presente á los toreros que sepan hacer bien el -quiebro de muleta, y sin apartarse del toro hasta envainarles todo el -acero que puedan dentro del cuerpo; en este caso es suerte de mucho -mérito. - -He oido llamar muchas veces vuela pies al paso de banderilla, lo cual es -una notable equivocacion, por lo que el vuela pies neto, de que ya dimos -noticia, se llama por muchos _vuela pies mejor_. - -La suerte que dejamos esplicada, como suerte de recurso que es, se puede -ejecutar con todos los toros. - - - - -CAPITULO XII. - -_Consecuencias de la estocada de muerte._ - - -La estocada de muerte, cuyas reglas dejamos esplicadas, se practicará -siempre con felicidad y perfeccion en ejecutándola segun ellas, pero no -todas las veces será su consecuencia la muerte inmediata del toro. - -En efecto, la estocada por alto, ó sea por la cruz, son infinitas las -veces que no se puede clavar lo bastante, por la reunion de los huesos -que forman la eminencia en que concluyen los rubios, y es el sitio de -preferencia para la estocada: de aqui procede la frecuencia con que -vemos saltar la espada sin haber el diestro podido evitarlo, ni hacer -mas de su parte, por lo que no debe medirse el mérito de la suerte en -razon inversa del número de estocadas, consistiendo menos en habilidad -que en fortuna el matarlos de la primera. - -Las estocadas por lo alto producen inmediatamente la muerte, cuando -entrando por entre dos vértebras cortan la MÉDULA ESPINAL, cuando coge -la espada lo que los toreros llaman la _herradura_, cuando el toro está -_pasado de parado_, y cuando está _descordado_. - -Las estocadas que interesan la médula son las mas airosas que se pueden -imaginar: ellas producen la muerte con la misma rapidez que la puntilla, -pues su mecanismo es igual, y la única diferencia está en el sitio en -que se verifica; asi es que pasma ver venir al toro con una furia y -violencia grandes, y apenas llega á la espada, y casi sin haber sido -pinchado, caer sin átomo de vida el que un momento habia era un monstruo -de fuerza y de valor. - -Las estocadas que pasan la _herradura_ producen inmediatamente la muerte -del toro, aunque solo se le haya introducido media espada. - -Esta estocada es tambien muy lucida, aunque no tanto como la -antecedente, y es algo mas frecuente. Se conoce que la espada corta la -_herradura_, en que entra oblicua, un poco baja y en el pecho: el toro -se detiene un poco, se queda en pie, pero sin fuerzas, y no arroja -sangre ni por la herida ni por parte alguna, y al poco tiempo cae muerto -sin necesitar á veces de puntilla. - -Da una idea muy brillante del diestro y de su inteligencia el conocer -cuando la estocada corta la herradura, pues en este caso se irá á hacer -la cortesía de costumbre, dejando en pie al toro, y á los espectadores -suspensos momentáneamente, porque la pronta muerte de aquel, quitándoles -la duda, les da un testimonio de la maestría del ejecutor. - -Las otras estocadas por alto que matan prontamente á los toros son las -que entrando por la cruz pasan al pecho, por traer una direccion casi -perpendicular; y pasándole los pulmones, les hacen arrojar sangre por la -boca, causándoles muy en breve la muerte. Muchos confunden esta estocada -con los _golletes_, lo cual es efecto de muy poca inteligencia, pues -tienen un mérito sobresaliente estas, en razon á que para pasar el toro -asi es necesario tener los pies muy parados, hasta el momento que esté -en el centro de la suerte muy humillado, y entonces meter el brazo de la -espada, hasta ahora reservada, en una direccion vertical; todo lo que es -muy lucido y dificil. A esta clase de estocada; por razon de sus -circunstancias, llaman los toreros _pasadas por pararse_, y al toro que -está herido de ella _pasado de parado_. No deben confundirse jamas los -toros muertos por ella con los que fueren muertos de _gollete_. - -Los toros que reciben una estocada por alto y quedan descordados, aunque -caen á tierra muy pronto, no obstante, quedarian vivos si no se les -diera la puntilla, pues la estocada lo que hace es cortar ó bien los -tendones que les sirven para el manejo de los brazos, ó bien los nervios -que les dan la vida; por lo que no pueden tenerse en pie, y caen como -heridos de un rayo algunas veces, y como en el suelo no pueden -defenderse, son acachetados con facilidad. - -Las estocadas por bajo nunca son del mérito que las por alto; pero en -muchas ocasiones se deben dar, y por consiguiente tienen tambien el -suyo. Ya hemos marcado todas las veces en que son preferibles, y aqui -solo nos resta que decir que se llaman genéricamente _golletes_, y que -matan prontamente al toro, porque entran en el pecho y le pasan los -pulmones. - -Muchas veces tambien sucede que la espada entra oblicua, y asoma la -punta por el otro lado; esto es muy feo, y depende de haber hecho mal la -suerte: entonces se dice que está el toro _atravesado_. Tambien suele -suceder que se corte la carne que une la cara inferior de la espaldilla -con las costillas, de lo que resulta que cuando el toro se apoya en el -brazo de aquel lado, se eleva el hueso mucho mas de lo natural, y el -animal anda con fatiga y cojeando. - -Otras veces cuando el toro se ciñe mucho en la suerte de muerte, ó bien -da una colada, sucede que la espada entra por el lado contrario del que -debia, esto es, por el izquierdo del toro, y muchas veces ni aun lo -pincha: á esto es á lo que los toreros llaman _irse la estocada por -carne_. Tambien sucede con bastante frecuencia en este caso entrar la -espada por el tejido que hay debajo de la piel, y seguir por entre el -cuero y carne, sin hacer casi ningun daño al toro, á lo que llaman -algunos con bastante oportunidad _envainar_. - -Despues que se han dado estas diferentes estocadas, aun cuando el toro -esté herido de tal modo que no necesite recibir otra, no obstante, suele -tardar mucho tiempo en echarse, y tardaria mucho mas si no se emplearan -los recursos que para estos lances tiene el arte. Si el matador se dejó, -como es lo mas frecuente, la espada dentro, deberá conocer si le trae -mejor cuenta que permanezca metida, y que el toro se la meta mas, ó si -sacándola tendrá que echarse mas pronto. Cuando la espada está puesta en -buen sitio, que interesa partes bastante nobles, y por estar poco -introducida se mantiene en pie el toro, se le deben dar por el mismo -lado de la espada capotazos secos, esto es, que no le hagan dar vueltas -como para matarlo, sino solamente tirar una cabezada sobre aquel lado, -con la que se la clava mas él solo. Cuando por el contrario se quiere -que el toro eche la espada, ya porque estorba para ponerle otra, ya -porque sacándola se desangra mas y caiga, como es muy frecuente, se le -deben dar los capotazos por el lado opuesto, con lo que la espada va -saliendo: tambien se le puede echar un capote á la cruz de ella, para -sacarla agarrada con él. Luego que haya salido, y se vea que la herida -da alguna sangre, deben los chulos ponerse á los lados, y empezar á dar -tambien capotazos secos, alternando los de un lado con los del otro, -para que el toro tire un achazo á la derecha y otro á la izquierda, con -lo que echa mucha sangre, y va perdiendo las piernas y la cabeza hasta -que cae: se le obliga muchas veces á echarse mas pronto mareándolo, -haciendo que dé vueltas. - -Muchas veces tambien sucede que el toro que ha recibido una ó mas -estocadas se aploma en la querencia contra los tableros, y aunque ya -está casi muerto no se echa ni sale á los cites: en este caso debe -dejársele un par de minutos quieto y solo á ver si se echa, y que -únicamente se le acerque el cachetero cuando ya se haya echado; pero si -permanece en pie con la cabeza baja y sin piernas, se debe tentar por -todos los medios que hay á ver si sale, y cerciorado el diestro de que -no, liar y enguionarlo varias veces para ponerle bien la cabeza, que si -no está muy baja, se hace que la ponga tocándole con la punta de la -espada en el hocico y en el testuz, para que se descubra bien y se le -pueda descabellar. Se debe tener la precaucion para hacer esta suerte de -tener un chulo ó dos que sean de bastante inteligencia, para sino se -mata al toro, y sale tras el diestro por el pinchazo que recibió, le -metan los capotes, porque la mala posicion en que aquel estaba cuando -intentó descabellarlo no le permite alejarse del centro con ventaja -bastante. - -Algunas veces suele echarse el toro teniendo aun algun vigor, y estando -el matador delante; en estos casos se recela con frecuencia del -cachetero que siente venir por detras, y se levanta ó hace el amago: -cuando tal suceda, el matador debe atronarle con las mismas precauciones -que dijimos debia tomar para descabellarle, pues la accion es la misma, -sin otra diferencia que _descabellar_ se dice cuando el toro está en -pie, y _atronar_ cuando está echado, aunque la mayor parte de la gente, -y aun de los toreros, no conocen esta diferencia, y dicen generalmente -_atronar_. - - - - -CAPITULO XIII. - -_Del ver llegar los toros._ - - -Inútil sería cuanto hemos dicho hablando de las suertes, si no -llamásemos muy particularmente la atencion sobre esta importante parte -del arte de torear. - -Consistiendo todas sus reglas en hacer á tiempo los correspondientes -movimientos para librarse del toro, y correspondiendo á cada uno de los -que este hace en la suerte uno del torero con que lo elude, es evidente -que es menester tener la vista fija siempre en él para combinar muy á -tiempo aquellos movimientos, y á esto es á lo que los toreros han -llamado _ver llegar los toros_. Pasemos, pues, á marcar en cada una de -las suertes esplicadas el modo y el momento de verlos llegar con -perfeccion. - -En las suertes de capa hay que atender, primero al momento en que entra -el toro en jurisdiccion, y humilla; segundo al instante en que mete la -cabeza en el engaño; y tercero al tiempo en que estando fuera tira la -cabezada. Se debe atender á lo primero, porque nos muestra si es preciso -enmendar el terreno, ó cambiarlo, ó bien permanecer tranquilo, porque -la res camina sencillamente por el suyo: á lo segundo, porque marca -cuándo debemos cargarle la suerte, y hacer el quiebro que divide los -terrenos; y á lo tercero, para tirar los brazos á tiempo, y darles el -remate largo ó corto, por alto ó por bajo, segun lo requiera el carácter -del toro, y para dejarlo prevenido para segunda suerte. - -Si hemos visto lo necesario que es el ver llegar á los toros en las -suertes de capa, debemos inferir lo útil que será en todas las de -banderillas. En efecto, el que banderillea debe observar el momento en -que el toro llega á jurisdiccion, humilla, tira el achazo, sufre el -destronque y se repone, y le reconoce el viaje; para embrocar, -cuadrarse, meter los brazos y salir con pies, á tiempo todo y cuando sea -necesario, pues el buen éxito de la suerte consiste en acomodar con -oportunidad á cada movimiento del toro que él nos marca el arte para -burlarlo, en atencion á que nos pone en situacion de conseguir nuestra -idea, sin tener ni aun remotamente algun peligro, y será imposible el -verificarlo sin estarlo observando exactamente para ver el momento en -que efectúa los movimientos que nos sirven de guia. Por tanto, sin este -requisito, inseparable é hijo del valor, jamas se toreará con perfeccion -y seguridad. - -El ver llegar los toros no es menos necesario en la suerte de recorte -que en las anteriores. El que recorta debe tener muchísimo cuidado en -observar con exactitud cuándo entra en el centro del quiebro, y el -momento de la humillacion y colada del toro, para hacerle aquel á tiempo -y meterse en su terreno, concluyendo asi la suerte con seguridad. -Tambien deberá volver la cara para observar la salida del toro, ver si -se repone pronto y si le observa el viaje, para salir ó no con pies, -segun el caso lo exija. El menor descuido en esto puede acarrear muchos -daños: las suertes son segurísimas, en usando á tiempo de las reglas y -movimientos que posee el arte para lograr un éxito feliz: para esto es -indispensable prestar mucha atencion á los movimientos que los toros -hacen, que son los que marcan el movimiento oportuno de ejecutar -nosotros los que han de inutilizarlos, resultando la seguridad de ellas -de la exacta ejecucion de dichos movimientos, segun las reglas -infalibles de la tauromaquia. - -En efecto, jamas peligrará el que use de ellas á tiempo, para lo cual es -indispensable el ver llegar los toros, pues si ellos son los que nos -marcan las reglas de que debemos usar, y el momento de su aplicacion, -¿se podrá ejecutar seguramente sin este requisito suerte alguna? -Ciertamente que no; y es tanto mas necesario en la de recortes, como que -en ella no tenemos clase alguna de engaño para nuestra defensa, la cual -está toda en hacer el quiebro muy á tiempo, lo que es imposible sin ver -llegar al toro. - -Este requisito es cuando menos tan necesario en la suerte de parcheo -como en la de banderillas, y consiste en observar al toro lo mismo que -dijimos en aquella, y son tambien los mismos movimientos, pues como ya -hemos visto, la suerte es una en lo esencial, y solo se diferencia por -los accidentes. - -En los pases de muleta es indispensable á lo menos ver llegar los toros, -y tanto mas cuanto se separa en ella el cuerpo del engaño, pues si por -falta de ver llegar se adelanta la suerte, y antes de que el toro tome -el engaño se mete el diestro en su terreno é intenta rematarla, por -sencillo que sea, como no está empapado en ningun objeto, y advierte -dentro el bulto mayor, irá á rematar sobre él y lo embrocará por la -espalda, siendo inevitable la cogida como el toro conserve los pies. Asi -es que se hace indispensable estarle observando exactamente, y ver el -momento en que llega á jurisdiccion y toma el engaño para hacer la -suerte á tiempo, siendo mejor en esta atrasarse un poco que adelantarse, -pues como ya he dicho es espuestísimo. - -Si es necesario en todas las suertes ver llegar los toros, tanto mas lo -será en la de muerte, por ser mas complicada que otra alguna. En efecto, -es preciso observar en ella, lo primero, cuándo llega el toro á -jurisdiccion; lo segundo, cuándo humilla; lo tercero, cuándo llega á la -espada; lo cuarto, cuándo está en el centro; lo quinto, cuándo sale de -él; y lo sesto, cuándo remata. En no observando muy exactamente estos -movimientos no puede salir la suerte con la limpieza y seguridad que sus -reglas garantizan: es pues de primera necesidad atenderlos y medirlos -para hacer el quiebro y salirse del centro muy á tiempo, dejando ademas -clavada la espada en el momento que en su lugar dijimos. - -Cuanto llevo dicho en este capítulo sobre lo útil que es ver llegar los -toros en las suertes, se debe entender de todas las demas que se -conocen, pues no hay una que sea segura si falta este requisito. - - - - -CAPITULO XIV. - -_De algunas otras suertes de á pie._ - - -Ademas de todas las suertes de que ya he hablado, se suelen hacer -algunas otras, que aunque no tan frecuentes, sin embargo importa mucho -conocer. Asi es que daré una sucinta esplicacion de ellas, pero que -bastará para ejecutarlas con seguridad, mediante las nociones que -preceden. - -Empezaré por los modos de saltar los toros que son mas frecuentes, y -siguiendo el orden de la antigüedad de estos saltos, será el primero q -ue nos ocupa el salto tras-cuerno. - - -ARTÍCULO PRIMERO. - -_Del salto á tras-cuerno._ - -Para dar este salto se sale al toro con el cuerpo limpio como si se le -fuera á hacer un recorte, pero tomándolo bastante atravesado; se -procurará que el toro conozca el viaje para que empiece á cortar tierra, -y el diestro irá deteniéndolo ó acelerándolo, segun lo que calcule que -sea suficiente para llegar á hacer el centro de la suerte enteramente -atravesado y con la salida tapada: en este caso hace la humillacion el -toro para recoger el bulto, y el torero se aprovecha de este momento -para saltar por cima de los cuernos y librar la cabezada: tiene este -salto la ventaja de no cortar la violencia del viaje, por lo cual se -puede hacer con toda clase de toros, en atencion á que por mucho que sea -el vigor que tengan en las piernas, y la prontitud con que se revuelvan, -nunca podrán hacerse dueños del bulto. - - -ARTÍCULO II. - -_Del salto sobre el testuz._ - -Parece que el famoso Lorencillo, cuya ligereza sabemos que fue -estremada, lo ejecutaba con mucha limpieza, y que su discípulo, el -célebre y desgraciado José Cándido, no le cedia en nada dando esta clase -de salto. - -Se puede hacer esta suerte de dos modos, ó bien estando parado, citando -al toro, y esperándolo hasta que entre en jurisdiccion y humilla para -recoger el bulto, en cuyo momento se le pone el pie en la raiz de los -cuernos y en el medio de la cabeza ó testuz, para librarlo todo de un -salto y caer por la cola, saliendo con todos los pies, ó bien, y es lo -menos frecuente, salir á él con diferente viaje, y cuando se llegue á -embrocar dar el salto del modo dicho. De cualquiera de ellos es una -suerte muy lucida, y que necesita que el diestro reuna en un grado muy -superior las cualidades necesarias para torear. - -Los mejores toros para ejecutar esta suerte son por supuesto los -boyantes, pero tampoco deben dar ninguna clase de cuidado los que se -ciñen, los que ganan terreno, y hasta los que rematan en el bulto, en -teniendo la precaucion de que conserven piernas y tengan la cabeza bien -puesta, pues muchos toros la tienen muy descompuesta por naturaleza. -Los toros que dan mas cuidado en esta suerte son los revoltosos, pues -por el mucho celo que tienen por los objetos, y la fuerza con que hemos -dicho se sostienen sobre las manos en toda clase de suertes, pueden -detenerse un poco, alzar la cabeza, ver el bulto por cima, saltar y -engancharlo; ó bien, por solo detenerse, no dejar el centro libre y caer -el torero sobre él. Asi es que encargo muy particularmente que no se -haga esta suerte con esta clase de toros. - - -ARTÍCULO III. - -_Del salto de la garrocha._ - -Para dar este salto se toma una vara de las de detener, y si tiene la -puya se pone hácia abajo, con lo que se asegura mas en la tierra; se -retira el diestro en medio de la plaza viendo venir al toro, y puesto en -la misma rectitud que si fuera á vadear algun arroyo, apoyándose en el -palo y dando un salto al otro lado; cuando ya la res va á entrar en -jurisdiccion, se da una pequeña carrera, y se toma la violencia -necesaria para dar el salto apoyado en el palo y caer por detras del -toro. Esta suerte, como se ve por su esplicacion, es tambien muy bonita, -y solo tengo que advertir para su segura ejecucion que no se haga con -toros revoltosos, porque pueden con facilidad dar una cogida, y que será -muy oportuno salir con pies, y llevarse si es posible la garrocha, pues -si dado el salto se deja caer, y luego el toro hace por el cuerpo, no -hay defensa, mientras que si se queda el diestro con ella podrá repetir -el salto, lo que tendrá un mérito particular. - - -ARTÍCULO IV. - -_De la lanzada á pie._ - -Esta suerte, aunque ya casi no se ve, tuvo sin embargo tanta nombradía -antiguamente, por la mucha serenidad que se necesita para practicarla, -que debemos dar una ligera noticia de ella. - -Para ejecutarla debe usarse de una lanza, cuyo palo tenga de largo de -tres y media á cuatro varas, y de grueso sobre tres pulgadas de -diámetro, de una madera muy fuerte, y que no salte, ni sea quebradiza. - -La lanza propiamente tal deberá tener un palmo de largo, y el grueso y -ancho correspondientes. - -Se situará el diestro á unas seis varas distante de la puerta del toril, -teniendo la rodilla derecha en tierra, y el regaton de la lanza haciendo -punto de apoyo en un hoyo, que de antemano debe haberse hecho en -tierra: la punta debe estar alta, sobre tres cuartas ó poco mas, para -que corresponda á la frente del toro, que es donde debe clavarse. Toda -la habilidad de la suerte se reduce, como se ve, á que el toro se clave -la lanza; y por si esto no sucede, y trata de acometer al bulto, se debe -tener un capote para defenderse. - - -ARTÍCULO V. - -_Del modo de capear entre dos._ - -Para hacer esta suerte se toma un capote bastante grande, y cada uno de -los que hayan de capearlo agarra por una punta: se sitúan á la distancia -que indiquen las piernas del toro, y le harán la suerte conforme las -reglas que para las de capa dejamos establecidas, debiéndose tener -presente que los remates son siempre por alto, y que al concluir la -suerte se deben dar cuatro ó seis pasos de espalda, y cambiar las manos -del capote, pues hay que tomarlo con la contraria, en razon á que se ha -dado media vuelta sin cambiar de terreno. Este modo de capear es muy -seguro, y susceptible de hacerse con todos los toros: la principal -defensa consiste en que nunca se suelte el capote. - - -ARTÍCULO VI. - -_Del modo de picar los toros, montado sobre otro hombre._ - -Para ejecutar esta suerte se pone el diestro montado en el hombro de -otro torero, que llevará en la mano la muleta, y el de encima armado con -la vara de detener, como si fuera verdaderamente á picar. De este modo -el que tiene la muleta cita al toro conforme á las reglas que para el -manejo de ella hemos dado, y el de encima, cuando está en la -humillacion, le pone la garrocha y lo pica. Es inútil decir que quien -principalmente hace la suerte es el de la muleta. - - -ARTÍCULO VII. - -_Del modo de mancornar._ - -Esta suerte, aunque no es de plaza, es muy lucida, y puede tambien tener -lugar en ella cuando el toro haya enganchado á alguno, ó cuando por -fuego ó caida de andamio ú otro accidente se echa la gente á la plaza, y -es menester sujetar al toro para evitar desgracias. - -Por fuerza y habilidad que tenga un hombre no podrá seguramente él solo -sujetar un toro, aunque no tenga mas que cuatro años; y por eso los -vaqueros, que son los que con mas frecuencia hacen esta operacion, van -siempre en número de tres, cuatro ó mas, cuando tratan de _coger_, como -ellos dicen, una res de cabeza. Sin embargo, un hombre puede, aunque con -dificultad, sujetar un novillo utrero. Cuando se trate de _coger_ un -toro, se le debe primero capear, haciéndole sufrir todo el destronque -posible, y cuando se note que ya está sin piernas, lo cual se consigue -muy pronto en sabiendo bien sacarles la capa, al pasar por junto al -cuerpo se le coge el piton con la mano de su lado, esto es, que el piton -derecho se le asirá con la mano derecha, y la otra, despues de haber -dado una vuelta con el cuerpo, que debe cargarse y descansar sobre el -brazuelo, pues es el modo de sujetarlos mejor, cogerá el piton del otro -lado, pasando por encima del morrillo: inmediatamente deberá otro hombre -ponerse en el otro lado, y agarrarse otro á la cola, y si quieren lo -echan en tierra, en donde se le vuelve la cabeza, y se le pone un pie en -el hocico, con lo que queda seguro. Tambien se hace, cuando no es una -res de mucho cuidado, torcerle uno la cabeza, meterle el hombro en la -barba, y tumbarla si se quiere, y si no tenerla asi sujeta, que es lo -que se llama _embarbar_. - - - - -CAPITULO XV. - -_De algunas particularidades que debe tener presentes el torero._ - - -Los toros no todos cornean bien; hay algunos muy torpes, y todos ellos -tienen un lado de que son mas diestros: esto es conocido desde el -momento en que se les ve cornear una vez, y aun cuando no, es bien -sabido que del lado cuya oreja mueven mas á menudo y menean con mas -prontitud, de ese cornean mejor. Sucede tambien que del lado porque se -les ha dado mas salidas en las suertes cogen mas bien, y el torero, que -debe hacerlas todas con la misma facilidad por cualquiera de ellas, -deberá buscar siempre para su salida aquel por donde estan mas -sencillas. - -Los banderilleros generalmente no parean bien sino por una mano; de modo -que aunque el toro esté muy sobre sí, y el cuerno de la huida sea el -maestro, no se cambian, y por esto son mas frecuentes las cogidas: por -tanto, les encargo que desde el principio se acostumbren á parear -igualmente por ambos lados, pues de este modo cogerán siempre á los -toros por el lado sencillo, y no se les quedará uno por banderillear. - -Sucede tambien con mucha frecuencia que un toro que salió boyante -esperimenta luego una verdadera transformacion, y se hace de sentido, lo -cual es efecto de haber dado una cogida, ó de haberlo toreado mal. Sea -por el motivo que quiera, conocida la transformacion, debe el torero -lidiarlo segun la clase á que nuevamente corresponde, y teniendo -presente que si se hizo malo por haber dado una cogida, no se le debe -hacer suerte en el parage en que la dió, pues cuando los toros estan en -sitio propio y consentidos son muy carniceros, y si dan segunda cogida -es sumamente peligrosa, y se hace luego casi imposible el apartarlos de -alli. Esto deben tenerlo presente con mas particularidad los picadores, -pues ellos son los que se ven mas á menudo en el compromiso de ir á -buscar al toro en sitio propio: es tal el corage que tienen cuando estan -en este caso, que yo he visto mas de una vez dar siempre porrazos al -picador, y pegarse estraordinariamente estando apoderados de un sitio, y -yendo á buscarlos á él, mientras que estos mismos toros los han sacado á -otro parage, y han hecho la suerte como boyantes, sin recargar, ni -mostrar indicios de codicia. - -Tambien sucede que los toros esperimentan transformaciones en bien de -los toreros, y que uno que salió ganando terreno ó rematando en el -bulto, concluya ciñéndose, ó partiendo como un boyante. Generalmente -esto sucede porque los tales toros son muy sentidos, se duelen mucho -del castigo, y como lo esperimentan siempre que se acercan al bulto, -concluyen muchas veces hasta por echarse fuera: no obstante, deben -siempre torearse con algun cuidado, principalmente cuando se les va á -hacer alguna suerte en que no se les pincha, pues se consienten con -facilidad, y á la segunda entran ya con codicia por el bulto. - -Una de las cosas que deben dar mas cuidado al torero es que el toro -tenga la cabeza descompuesta, y por lo regular tienen de ello la culpa -los mismos lidiadores, pues aunque es cierto que algunas veces desde que -salen por la puerta del toril vienen con la cabeza desconcertada, sin -embargo, lo mas frecuente es que en la plaza se la descompongan con los -capotazos mal dados, y con las chaquetas y pañuelos que les echan desde -los andamios: asi los acostumbran á cornear sobre alto, y á tirar -incesantes derrotes, con que luego desarman al diestro en la suerte. Por -tanto, recomiendo que nunca se les eche el capote para citarlos al -testuz, sino siempre bajo, para que se acostumbren á humillar bien y -descubrirse; y los matadores tendrán un especial cuidado cuando vayan á -matar, para si el toro no tiene bien compuesta la cabeza arreglársela -con la muleta, ó con una capa si fuere menester, advirtiéndoles que el -lance peor en que puede verse el torero es cuando en la estocada de -muerte el toro se para en el centro tirando derrotes, y lo desarma. En -este caso la cogida es casi inevitable, pero sí se puede hacer que no -llegue este lance con solo cuidar de componerle la cabeza. - -Asi como los caballos, tienen los toros algunas veces un brazo ó una -pierna mas fuerte, y un lado de mas vigor por donde cogen mejor: el -torero debe observar todo esto para combinar la suerte del modo mas -seguro. - -Tambien deben los toreros tener presente, y los de á caballo con -particularidad, que cuando los toros echan tierra y escarban tardan en -arrancar, y generalmente no lo hacen hasta nuevo cite, ó hasta que los -obligan de nuevo; tambien es constante que antes de arrancar vuelven de -pronto y enderezan las orejas y hacen una grande inspiracion, que se -conoce en lo que hinchan el ijar. - -Otra advertencia importante es que cuando se trata de _abrir_ el toro, -esto es, desviarlo un poco de las tablas para hacer suerte con él, se -deben dar los capotazos por dentro para que el toro dé una vuelta, cuyo -remate es sobre el terreno de afuera, y quede en disposicion de hacer -suerte. Cuando por el contrario está muy desviado y se trata de -_cerrarlo_ un poco, los capotazos se darán de fuera á dentro. - -Se puede muy bien considerar en los toros dos acciones principales, á -saber, _la ofensiva_ y _la defensiva_: se entiende por accion ofensiva -todo movimiento del toro cuyo objeto es apoderarse del bulto, cogerlo, -destrozarlo; y por accion defensiva, aquella con que intenta evadir las -suertes, y evitar el daño que en ellas esperimentó ya. En la primera de -estas acciones se comprenden _las arrancadas_, _la humillacion_, _el -achazo_ &c.; y en la segunda _el taparse_, _vaciarse de los centros_ &c. -&c. - -La _accion ofensiva_ es mas propia de los toros bravos y boyantes, y la -demuestran en la mas pequeña cosa; asi es, por ejemplo, que estos toros -cuando van siguiendo á un peon y se les escapa por un burladero se -quedan cornándolo con corage, que es á lo que se llama en el toro -_rematar_: la _accion defensiva_ por el contrario es mas inherente á los -toros abantos, y mas particularmente á los de sentido, que parece muchas -veces que la saben hacer servir tan bien como medio de ofender. - -Como no todos los toreros son tan diestros que puedan estar seguros de -ser jamas cogidos, diremos algo que pueda serles útil en el caso de -esperimentar esta desgracia. - -Es muy frecuente la cogida, por ser el toro superior en pies al diestro -que lo va corriendo, y que no lo hizo con las precauciones que dijimos -en su lugar. En este caso, vista ya la imposibilidad de sacar ventaja -por piernas, se detiene un poco la carrera, y se vuelve la cara para ver -llegar al toro, y en el momento que humilla dejarse caer de pronto al -suelo, de modo que la cornada es en el aire, y lo mas que puede el -diestro sufrir es por algun pezuñazo, aunque generalmente en este caso -rebrinca y salva todo el bulto. Tampoco es frecuente que vuelva el toro; -pero si por una rareza sucediere, deberá el diestro al verlo venir, ó -bien levantar y menear las piernas para que se distraiga con ellas y -deje el cuerpo, ó bien cuando vaya á humillar para recogerlo rodarse, -digámoslo asi, hácia sus piernas, para asegurarse á una, y que no le -pueda cornear: tambien si se puede debe cogerle un piton, y asirse -fuertemente á él. - -Los banderilleros cuando por haber hecho una salida falsa se ven en este -caso, tienen la ventaja de poder hacer uso de las banderillas, y -clavarlas en el hocico al toro, con lo cual siempre rebrinca y se va. - -Tambien los matadores cuando son arrollados pueden hacer uso de la -espada, y aunque sea matar al toro hiriéndole en el pecho, pues antes -que todo es la vida de un hombre. - -Los toreros que presencien estos fatales accidentes, lejos de ser -pasivos espectadores, y mirarlos con una execrable indiferencia, deben -prodigar cuantos auxilios esten de su parte, pero sin atolondramiento y -confusion, bien persuadidos de que un capote bien echado hace del toro -lo que se quiere, y muchos mal dirigidos nada sirven, no siendo pocas -las veces que por este desorden y torpeza si se liberta una cogida es á -costa de otra. - - - - -CAPITULO XVI. - -_Modo de cachetar._ - - -El acachetar ó dar la puntilla á los toros es un feliz descubrimiento, y -cuya utilidad en la plaza es bastante manifiesta. - -La mayor parte de los toros tardarian un tiempo considerable en acabarse -de morir con sola la estocada, y el cual espacio se deberia pasar en -blanco esperando con impaciencia y disgusto el último momento de la -fiera, á no ser que un gollete que inundaria la plaza abreviara su -existencia. - -Con el objeto, pues, de evitar estos disgustos al espectador, se hace -uso del cachetero, el cual instrumento consiste en un cilindro de acero -de una pulgada de diámetro y una tercia de largo, cuya estremidad -concluye en una especie de lancita, y la opuesta tiene su -correspondiente agarradero de madera. Estando ya echado el toro, y el -matador delante con la muleta muy inmediata á él y fija para que no -menee la cabeza, se irá por detras el que haya de acachetarlo, y de un -golpe le introducirá la puntilla por el sitio del testuz que corresponde -á la parte media, y á pocas pulgadas de distancia de la raiz de los -cuernos, con lo que va á cortar la médula, estinguiendo asi la vida con -la misma velocidad que la estingue un rayo. - - - - -CAPITULO XVII. - -_Modo de desgarretar._ - - -Cuando no hay medio de hacer morir al toro por el orden regular que se -lleva en las plazas, se manda sacar el asta ó media luna para -desgarretarlo. - -Este instrumento consiste en un cuarto de círculo de acero cortante en -su borde cóncavo, y por el convexo unido á un palo igual al de las varas -de detener. - -El uso que se hace de él se limita á cortar los tendones de las piernas, -con lo cual el toro cae, y puede ser muerto como se quiera. - -Esta operacion es muy desagradable, y sería de desear que se desterrara -de las plazas. - - - - -PARTE SEGUNDA. - -_ARTE DE TOREAR Á CABALLO._ - - - - - -CAPITULO PRIMERO. - -_De las cualidades que debe tener el torero de á caballo._ - - -Si hemos visto que es indispensable para ser torero de á pie reunir -ciertas cualidades, y saberlas arreglar de modo que se saque de ellas el -partido que se necesita, para torear á caballo son necesarias otras, sin -las cuales no se dará un paso acertado y seguro. - -El torero de á caballo debe tener _valor, un físico doble y robusto, un -perfecto conocimiento del arte_, y ser ademas _ginete consumado_. - -Todo lo que hemos dicho del _valor_ con relacion á los, toreros de á -pie, debe entenderse para los de á caballo, y asi remitimos al lector al -capítulo primero de la primera parte, en que hallará cuanto corresponde -al asunto. - -Debe ademas el torero de á caballo ser forzudo, porque si bien para las -suertes de á pie se necesita mas ligereza que fuerza, para las de á -caballo es indispensable esta, y con tanta mas razon en el dia, que solo -se usa de la vara de detener. Cuando hablemos luego de las suertes en -particular, se verá las ventajas que saca en todas ellas un picador de -fuerzas, y que estas no solo le sirven para contrarestar las del toro, -sino tambien para habérselas con el caballo, principalmente cuando se -hallan los dos en el suelo. - -Asi es que por muy ginete que sea el diestro, y por mucho conocimiento y -valor que tuviere, no podrá, careciendo de la fuerza, resistir el -encontronazo, ni mucho menos despedir al toro por la cabeza del caballo, -y no hará suerte en que no tenga que sufrir una cogida de mas ó menos -consideracion. Ademas, que como los toros se consienten siempre que dan -cogidas, y se crecen al palo cuando no encuentran castigo, se le -presentará como bravos y pegajosos una gran parte de ellos, que si -hubieran sentido bien el hierro, hubieran bajado la cabeza y se hubieran -hecho blandos y aun cobardes. Llevará por tanto un sin número de -porrazos, de que al cabo vendrá á ser víctima, y jamas habrá podido -hacer alarde de las buenas cualidades que por otra parte lo adornaban. -Yo conozco muchos que se hallan en este caso, y que no son estimados, -porque ademas de no lucir su trabajo por la falta de poder, matan muchos -caballos, y perjudican á los compañeros por consentir los toros; y por -el contrario conozco algunos otros que no siendo tan diestros, tienen -bastante opinion únicamente por el mucho brazo y el mucho castigo que -dan á las reses. Si, como yo deseo, se introdujese otro arreglo en las -corridas de toros, y los toreros de á caballo hicieran algunas otras -suertes en que la destreza, el conocimiento y el valor tuviesen la -principal parte, y la fuerza jugara apenas papel, tendríamos mas toreros -hábiles y mas motivos de diversion. - -Las frecuentes caidas que dan ademas los picadores, y la clase de ropa -que llevan de medio cuerpo abajo, exigen de su parte un físico reforzado -para resistirlas mas, sostener la otra, y manejarse con alguna facilidad -cuando se hallen en tierra. - -Advierto con respecto á los toreros de á caballo una fatalidad que no -puedo menos de patentizar aqui, que es su lugar oportuno, y encarecer -con las mayores veras su remedio: generalmente hablando los picadores no -tienen el conocimiento que deben de su profesion, y esta es la fatalidad -de que me quejo. Tenemos, es indudable, diestros de á caballo que no -tienen que envidiar á los Laureanos, Corchados, Perez &c., y vemos con -satisfaccion que no faltan picadores jóvenes que nos aseguren -reemplazar con ventajas quizás á los que actualmente se conocen como los -mejores. Esto no obstante, vemos diariamente salir á picar hombres con -muy buenas proporciones, pero sin mas conocimiento que el que han -adquirido en el campo derribando reses, y sin otra práctica de tomar por -delante, que la de haber dado algunos puyazos en las tientas á becerros -herales ó utreros. Por brillante que sea la disposicion de estos, por -mucha que sea su aplicacion, y por muy decidida que sea su aficion, se -pasará mucho tiempo antes que posean el conocimiento del arte -indispensable para torear con seguridad, y los aficionados é -inteligentes no podrán menos que estar disgustados presenciando un -aprendizage, y viendo que los toreros de á pie tienen á cada momento que -estar diciendo al picador lo que debe hacer, y dónde debe ponerse. Yo -bien sé que los picadores no tienen sino muy rara ocasion de tomar por -delante, y por tanto que en las plazas es donde únicamente pueden -soltarse y adquirir la práctica, por lo cual debe haber esta tolerancia -de parte del público; pero tambien sé que pudieran cuando llegan á -presentarse en el cerco venir adornados del conocimiento de los toros, -de las suertes, y en fin, de cuanto el arte encierra en sí, y que solo -les faltase la práctica, que en este caso la adquiririan muy pronto. No -cesaré, pues, de encarecer la necesidad que tiene el diestro del -conocimiento del arte, sin el cual no debe aventurarse á salir á la -plaza, so pena de esperimentar un noviciado peligroso y lleno de azares. - -Pocas ventajas sacaria el picador que reuniese los requisitos -antecedentes, si le faltase el de ser ginete consumado. Digo ginete -consumado, porque de nada sirve saberse tener en el caballo y agarrarse -bien á la silla; esto basta únicamente para no caerse, pero para picar -es necesario ademas de una muy buena mano izquierda, y de tener mucha -fuerza en las rodillas, penetrar las intenciones del caballo, dominarlo, -conocer si está incómodo, cuál puede ser la causa, y si es el brazo, -ponérselo mas ó menos suave, segun lo requiera: es menester tambien que -sepa hacerlo girar, ya sobre las manos, ya sobre las piernas, segun la -necesidad que haya de ello, como asimismo de hacerlo andar hácia atras y -á los costados, sirviéndose para todo esto tanto de la mano como de la -espuela, y usando de todas las ayudas con el debido conocimiento, y solo -cuando el caso lo exigiese, pues de lo contrario se exaspera el caballo -y se pone en defensa, lo cual es espuestísimo delante del toro. Baste -pues lo dicho, y el considerar que el picador tiene que montarse y salir -á picar en caballos que no conoce, y que acaso no han servido para -montar hasta entonces, para convencerse de lo indispensable que le es -ser ginete consumado. - - - - -CAPITULO II. - -_Del modo de dividir los toros para la suerte de picar._ - - -Cuando en la primera parte de esta obra dividimos los toros en seis -clases, nos desentendimos del toreo de á caballo, y al de á pie fue al -que arreglamos y referimos aquella clasificacion. Pero como en el de á -caballo sucede que un toro que se ciñe, por ejemplo, y otro de sentido -se deben lidiar de un mismo modo, siendo tan diferente el de torearlos á -pie, de aqui procede la necesidad de hacer una nueva division para el -toro de á caballo, cuyo fundamento se tome de las buenas ó malas -proporciones que tengan para las suertes de la vara, asi como la base de -la clasificacion que hicimos en el toreo de á pie se tomó tambien de la -mayor ó menor idoneidad que para esta clase de suerte presentaban los -toros. - -Los autores que he consultado acerca de este ramo del arte de torear no -han hecho mas que una division de los toros, y de ahí la oscuridad que -reina en la esplicacion de las suertes de á caballo, y la confusion en -que no puede menos de caer el lector. - -La suerte de picar, como todas las que se hacen desde el caballo, tiene -sin duda muchos puntos de contacto con las de á pie; pero necesita un -modo nuevo de considerar los toros que se refiera á ella misma, y esto -es lo que voy á ejecutar; pero como soy el primero que establece esta -nueva division, y es mas probable que resulte defectuosa, deseo que se -atienda solo á mi buena intencion, y á la necesidad que de ella tiene el -arte, únicos motivos que me obligan á proponerla. - -Cuatro son las grandes clases en que me parece pueden dividirse los -toros con relacion á las suertes de la vara de detener, á saber: -_boyantes_, _pegajosos_, _que recargan_, y _abantos_. Asignémosle á cada -clase los caractéres que la dan á conocer, y sirven para distinguirla de -las demas. - -Los toros _boyantes_ son aquellos que aunque muy bravos, toman su -terreno conforme se lo muestra el picador, y que por consiguiente jamas -darán cogida al que sepa torearlos como se debe. No obstante, si el -diestro no tiene los requisitos que hemos visto necesita para torear -bien, y se tarda en manifestárseles su terreno, le podrán dar cogida. -Estos toros pueden ser ademas de _boyantes_, _blandos_, esto es, que se -duelen mucho del castigo y no arrempujan: el picador lo conoce en que en -el encontronazo no hacen fuerza, y generalmente á la salida de la -suerte tiran coces á los estribos, y salen con el cuello torcido; estos -toros son muy faciles de picar. - -Tambien puede un toro ser _boyante_ y _duro_; quiero decir con esta -espresion, que no se sienta del castigo: estos toros no dan las coces -que los otros, ni salen con el pescuezo torcido, y en el encontronazo -hacen bastante fuerza. - -Llamo toros _pegajosos_ á los que aun cuando tengan libre la salida no -la toman, sino que se quedan en el centro tirando cabezadas á ver si -pueden llegar al bulto, y cuando desarman al picador y lo consiguen, -cuesta mucho trabajo hacer que lo dejen. Estos toros son siempre -_duros_, esto es, que no les hace mella el castigo, y si el picador no -tiene mucho poder no se libra de la cogida. - -Los toros que _recargan_ son aquellos que llegan á la vara, y asi que la -sienten se apartan del centro como para tomar su terreno, pero que -conforme se les quita del morrillo para rematar la suerte arrancan con -prontitud y dan la cogida. Estos son los que deben torearse con mas -cuidado, y mucho mas cuando generalmente se cuelan sueltos en el -recargo, y apoderados una vez del bulto son tan codiciosos como los -pegajosos. - -Los toros _abantos_ para la pica son aquellos que se quedan cerniendo -delante del bulto, y no llegan muchas veces á tomarla, si no que se -escupen fuera, mientras que otras la toman y empiezan á tirar derrotes -para desarmar, pero sin hacer fuerza, de suerte que el encontronazo es -leve; mas sin embargo se necesita ser muy diestro y tener buen brazo -para que el contínuo movimiento que hacen de un lado para otro mientras -sienten la puya no desarme al picador. - -Estos toros, como luego veremos hablando de las suertes, deben torearse -con precaucion, pues que su misma cobardía les hace aparecer con algunas -anomalías que exigen cuidado y atencion. Es casi inútil decir que jamas -sale uno duro. - - - - -CAPITULO III. - -_En que se dan algunas nociones preliminares á la suerte de picar._ - - -Sería una impertinente repeticion tratar en esta segunda parte del arte -de torear de las querencias de los toros, de los tres estados que se les -advierte en la plaza, y de otras menudencias que quedan ya espuestas y -desenvueltas con la estension que merecen en la parte que corresponde al -toreo de á pie. - -Asi es que suponiendo, como es natural, conocidas ya estas nociones -indispensables, podríamos pasar á esplicar las suertes de á caballo -refiriéndonos á ellas en nuestra esplicacion; pero aun cuando es verdad -que casi todas las generalidades del toreo de á pie convienen -exactamente al de á caballo, tambien lo es que para este debemos hacer -algunas previas advertencias que sirvan de base particular á la -esplicacion de las suertes. - -Lo primero de que debemos hablar es de la division de los terrenos. Es -bastante dificil á la verdad fijar el terreno del toro y el del diestro -en la suerte de picar, pues siendo muy diferentes las posiciones en que -se ejecuta, apenas se encuentran reglas que los marquen con fijeza. No -obstante, hay una que las mas veces nos los presentará: esta, pues, nos -dice que el terreno del toro es generalmente el de la izquierda del -picador, y su entrada en él por delante de la cabeza del caballo; el del -diestro no es precisamente el de su derecha, sino aquel por donde -atendiendo á la clase de toro que va á picar, deje mas pronto -descubierta la salida, la cual debe procurar siempre que sea buscando -los cuartos traseros del toro. - -Vemos, pues, que en estas suertes no está bien marcada la division, y -que no es uno constantemente el terreno del diestro ni el del toro, -mientras que en las de á pie estan perfectamente divididos, de lo que -resulta en mucha parte la mayor perfeccion que ha adquirido aquel ramo -del arte de torear con respecto al que nos ocupa. - -La necesidad, pues, que tiene el torero de conocer en cada suerte cuál -es su terreno y cuál el del toro, es la que nos ha obligado á insistir -sobre la materia, y la que en lo sucesivo nos hará detener en cada -suerte sobre el particular. - -Por variadas que sean las suertes de picar, tienen todas de comun una -multitud de circunstancias, y las diferencias que las dividen en clases -se toman únicamente de los accesorios, digamos asi, mientras que todo lo -esencial, lo que se verifica en el centro, es igual, por lo que daremos -algunas aclaraciones que faciliten su inteligencia. - -El mérito de la suerte de picar consiste principalmente en que el toro -no llegue al caballo, y lo hiera ó lo mate; y esto, como se ve -claramente, necesita no solo habilidad, sino la fuerza competente. De -aqui tambien se deduce que á los toros pegajosos que reunan mucho poder -en la cabeza, y que sean secos metiendo, no habrá hombre en el mundo que -con la vara de detener los mantenga desviados y les dé la salida, por lo -que muchos picadores diestros en este caso hacian lo que se conoce con -el nombre de picar á _caballo levantado_, único medio de evitar la -cogida; esto, que tiene sin duda mas mérito artístico que dejarse caer -al suelo por el toro, y que solo pueden hacerlo los que sean muy -ginetes, y con ciertos caballos, es no obstante recibido con disgusto -por algunos. - -Asi es que cualquiera que sea la suerte que se esté ejecutando, debe el -diestro conducirse asi: citar al toro, dejarlo llegar á la vara sin -mover el caballo, y conforme llegue á jurisdiccion y humille, ponerle la -puya, cargarse sobre el palo, y despedirlo, si puede, en el encontronazo -por la cabeza del caballo, que hasta ahora no debe haberse movido, pero -que conforme está el toro en disposicion de tomar su terreno, se le hace -girar por la izquierda, y se sale con pies. Con respecto á la salida del -diestro hay infinitas variaciones, que marcaremos conforme vayamos -esplicando las suertes en que tienen lugar. - -Este modo de picar, que llaman _sin perder tierra_, es el que gusta, y -efectivamente es muy bonito, pero á mi parecer no debe ejecutarse sino -con los toros que veremos luego rempujan poco en el encontronazo, pues -con los demas es inevitable la cogida. Esto es lo que constituye -esencialmente la suerte de picar; sin embargo, hay varios modos de -ejecutarla, que aun cuando convienen en casi todo lo que hemos dicho -arriba, tienen no obstante algunas diferencias, que bastan para hacer -clases que deben ser conocidas con particularidad. - -Por tanto, vamos á dar una circunstanciada esplicacion de ellas en sus -correspondientes capítulos. - - - - -CAPITULO IV. - -_Suerte de picar al toro levantado._ - - -Esta suerte es la primera que se hace en las plazas, y aun cuando sus -proporciones son poco ventajosas, tiene bastante buen resultado, por la -particularidad de hacerla siempre al toro cuando viene levantado, pues -sabemos lo sencillo que está en este caso. - -Para verificarla, suponiendo que la res es boyante, y que es el primer -puyazo al salir del toril, se situará el diestro á la izquierda del -chiquero, á unas diez varas de distancia de él, y unas tres ó cuatro de -las tablas, hácia las cuales viene por consiguiente á quedar el lado de -la garrocha, y esta vuelta, que es la de la derecha, es la que siempre -tiene que llevar el picador en la plaza. Generalmente se sitúan mas -cerca, tanto del toril como de las tablas; pero esto es muy mal hecho, -en razon á que si el toro, como es muy frecuente, sale con todas las -piernas hácia aquella parte, puede no dar tiempo al picador para -armarse, y colársele suelto, la cual cogida es muy desairada y espuesta. -Tiene ademas la contra de que si sale muy pegado á las tablas, que es lo -que se llama _trocado_, no hay ni sitio para enmendarse, ni tiempo para -salirse de la suerte, y la cogida es inevitable: por tanto, se tendrá -un especial cuidado en situarse como se ha dicho, si se quiere salir con -lucimiento. - -Puesto ya el diestro en el parage que hemos determinado, esperará la -salida del toro, y conforme haga por él se armará, y cuando llegue á -jurisdiccion y á la vara se cargará sobre el palo, sesgará el caballo, y -mostrará al toro su terreno, el cual lo tomará al momento, sin precisar -al picador á salir con pies. - -Por la anterior esplicacion se ve qué facil es esta suerte con los toros -boyantes, y se puede inferir que lo será tambien con los demas, por -tomarlos siempre levantados. Sin embargo, debemos hacer algunas -advertencias. - -Con los toros pegajosos es necesario no solo no dejarlos llegar mucho, -sino hacer el encontronazo mas violento, cargándose con toda la fuerza -posible sobre el palo, á fin de hacerles bajar la cabeza, el cual -momento se aprovecha para sesgar el caballo mucho, á fin de que teniendo -bien manifiesta la salida, y sintiendo el castigo, la tomen, y den buen -remate. - -Muchas veces sucede que aun cuando el picador haya llegado á despedirlos -casi hasta su terreno, no lo toman, sino que se quedan todavía -rempujando: en este caso se endereza un poco el caballo, y se le meten -las piernas para salir del centro, y no haya miedo de que el toro se -revuelva. - -Con los toros _que recargan_ se necesita bastante cuidado; por tanto, se -les hará la suerte como á los pegajosos, pero si cuando se apartan del -centro no es lo suficiente para que el picador salga con piernas sin -recelar le dé alcance, no se intentará la salida, sino se volverá un -poco el caballo, y se permanecerá armado, para que al recargo no cuelen -sueltos, lo cual es muy perjudicial. Algunas veces dan lugar á salir, -pero siguen tras el bulto: esto es muy temible, porque si lo alcanzan en -la carrera y dan la cogida, puede ser malísima, por lo violenta que es -la caida. - -Lo que se debe hacer siempre que se salga de la suerte con el toro -detras es irlo observando, y si se puede picar para que se vaya, -hacerlo; pero si esto no es posible se pondrá la vara por detras del -caballo para que el toro se entretenga con ella, y no pueda alcanzarlo. - -Los toros _abantos_ deben torearse con precaucion por los contrastes en -que pone su miedo al diestro. Asi es que conforme vea venir uno de estos -conocerá si trae la vista en él para hacer la suerte, y si viene bien le -cerrará un poco la salida para que sea mas ceñida, pues si no apenas -siente el pinchazo se irá, por lo que tambien se dejará llegar mucho. -El remate es segurísimo, y puede el diestro á su placer anticiparlo ó -retardarlo. Una de las cosas en que se debe poner mucho cuidado con -estos toros es en que no se cuelen sueltos, como es muy facil que -suceda, si cuando se quedan cerniendo delante de la vara se adelanta el -pinchazo: esto no debe hacerse jamas, pues con tener bien hecho el punto -de vista, y no desviar de él la puya, se está en defensa para si -intentan colarse. - -Tambien se necesita cuidar de que no desarmen luego que sienten la puya, -pues si lo consiguen recargan por estar irritados, y dan una cogida: -esto se evita con cargarse bien sobre el palo, y hacer la fuerza -directamente hácia bajo, con lo que el castigo le hace bajar la cabeza, -y como son siempre blandos, salirse de la suerte por donde primero se -les presenta. Asi es que muchas veces rematan sobre los cuartos traseros -del caballo, y buscan por alli la huida: en este caso deberá tenerse -cuidado de sacar el caballo para que tengan tierra por donde huir, pues -de lo contrario pueden dar una cogida. - -Esta suerte no vuelve á verificarse cuando se llega el toro á parar si -no por una casualidad, como por ejemplo, cuando viene castigado de otro -picador, ó cuando lo viene corriendo algun peon. Los toros bravos y -secos casi nunca pueden picarse asi, porque no se mantienen levantados -mucho tiempo. - -En toda suerte de picar es un precepto dar mucho palo á los toros cuando -estan sin piernas, y muy poco cuando las tienen: por tanto, en esta, que -solo tiene lugar cuando estan levantados, se les deberá dar muy poco. - - - - -CAPITULO V. - -_Suerte de picar al toro en su rectitud._ - - -Esta suerte no se empieza á hacer hasta que los toros comienzan á -pararse, y necesita ya mucha atencion. Sus proporciones son casi las -mismas que las de la anterior, pero es mucho mas dificil rematarla bien, -porque los toros tienen mucha mas codicia cuando se les hace que cuando -estaban levantados. - -Vamos á dar su esplicacion, tomando por tipo de ella el modo como se -hace á los boyantes. - -La situacion del toro puede ser ó bien mirando directamente á las -tablas, y con las nalgas hácia el mismo centro de la plaza, ó bien un -poco oblicuo, pero siempre desviado de las barreras el espacio que -cuando menos sea necesario para revolver el caballo. El picador deberá -ponérsele delante, y enteramente en su rectitud, pero con el cuidado de -conservar siempre la distancia con arreglo á las piernas que le observe. -Situado asi, debe el picador citarlo, y dejarlo venir hasta que llegue á -la vara, y asi que haya hecho la humillacion y la haya tomado se -cargará sobre el palo para que no llegue el toro á besar al caballo en -el encontronazo, y le mostrará su salida al mismo tiempo que sacará el -caballo por la izquierda, para hacerle dar la especie de vuelta que se -necesita para tomar el terreno que le corresponde. - -Si el toro conserva piernas, aunque sea de los que se duelen poco del -castigo, tomará su terreno en cuanto el picador se lo enseñe, por lo que -se podrá quedar quieto, en atencion á que los toros boyantes jamas -recargan si se les ha hecho bien la suerte. - -La de que hablamos necesita hacerse con mucho cuidado y precaucion, -aunque sea el toro sencillo, cuando se halle aplomado. Como una de las -cosas propias de este estado es carecer de piernas, ó al menos hacer de -ellas poco uso, de aqui resulta que se quedan en el centro de la suerte, -no porque hayan sufrido transformacion y se hayan hecho pegajosos, sino -porque les falta el poder para salir: de modo que para hacer un buen -remate se necesita darles mas palo para que el centro de la suerte sea -menos ceñido y la salida mas patente, como asimismo en el acto del -encontronazo vaciar el caballo un poco, con todo lo cual el toro se -encuentra castigado y metido en su terreno. La salida deberá hacerse con -pies, pues aunque el toro, como ya dijimos antes, no recargará, suele -salir con mucha parsimonia, y á veces quedarse quieto en su terreno, y -si el picador tambien lo hace le falta una gran parte de lucimiento á la -suerte. - -Hemos ya visto que los toros boyantes se pican sin cuidado del modo que -se ha indicado, pero los pegajosos requieren mas precauciones. - -Situado el picador como dijimos para los boyantes, y á larga ó corta -distancia con mucho ó poco palo adelante, segun las piernas que advierta -al toro, lo citará, y conforme arranque irá abriendo y vaciando un poco -el caballo, para que cuando llegue á jurisdiccion se encuentre con su -terreno enteramente franco; si el picador conoce que no es muy seco -metiendo, y que puede echarlo fuera en el encontronazo sin que llegue á -besar, deberá hacerlo, y será una suerte muy lucida; pero si ve que no -es posible esto, entonces seguirá volviendo el caballo hasta tomar su -terreno propio, y le meterá las piernas para salir corriendo. - -Los pocos pies que tienen ya los toros en el estado de parados aseguran -al picador, y mucho mas con los que como estos no recargan. - -Hemos visto ya el modo de picar las dos primeras clases de toros de las -cuatro en que los hemos dividido, y siendo enteramente igual el modo de -hacer la suerte que nos ocupa á los de la tercera, no nos detendremos en -su prolija esplicacion, sino que pasaremos á ver cómo debe ser el -remate, que es donde hay variaciones notables. - -Por tanto, despues de haber hecho todo conforme á las reglas -establecidas para los boyantes, si el toro se aparta del centro con -intencion de recargar, y se aleja lo suficiente para salirse sin tener -recelo de ser alcanzado, se debe hacer, pero suele suceder que sigue con -todos los pies tras el diestro, y si el caballo no tiene muchos darle -alcance: en este caso se sigue corriendo, y se vuelve el cuerpo lo -suficiente para ponerle la puya, con lo que regularmente ó se huye ó -detiene algo el viaje, y á poco que el diestro apresure el suyo se -concluye con felicidad. - -Es casi inevitable la cogida con estos toros cuando el caballo es muy -tardo en salir, pues entonces en el recargo primero lo alcanzan y se -cuelan sueltos; lo que debe hacer el picador que lleva debajo una bestia -de esta naturaleza es no intentar jamas salirse de la suerte, sino -cuando el toro se retira para recargar enmendarse lo que baste para -recibirlo segunda ó tercera vez, pues como generalmente no son duros en -el encontronazo, no llegan á besar; y por último, se salen de la suerte -dejando al diestro con mucho lucimiento. - -Los toros abantos rara vez hacen esta suerte, porque se salen de ella -cuanto el picador los empeña: si alguna vez llegan á efectuarla -hágaseles por las reglas dadas ya, pues no hay variacion notable que -hacer. - - - - -CAPITULO VI. - -_Del modo de picar al toro atravesado._ - - -Esta suerte solo debe hacerse á los toros aplomados cuando estan en -querencia, pues de otro modo es bastante espuesta. Se diferencia -esencialmente de las otras en que no se cita al toro teniendo el caballo -de cara á él, sino atravesado, esto es, presentándole el costado -derecho: en esta disposicion se le obliga mucho para que embista, y asi -que hace el encontronazo se le acercan bien las espuelas al caballo para -salir por delante de la cabeza del toro, que castigado y hallándose en -su querencia no hace por el bulto. Sin embargo, alguna vez, aunque muy -rara, suelen los que recargan salir detras: en este caso se conducirá el -picador como dijimos lo hiciera en la suerte anterior, teniendo la -ventaja en la que nos ocupa de hallarse el toro con muchas menos -piernas. - -La suerte que hemos esplicado se hace siempre del mismo modo, sea de la -clase que quiera el toro que se vaya á picar. - - - - -CAPITULO VII. - -_Del modo de picar á caballo levantado._ - - -Para picar á caballo levantado se necesita no solo mucha destreza, sino -tambien un caballo de buena boca, y bastante avisado. - -Este modo de picar es enteramente diferente de los demas, y consiste en -dejar llegar al toro á la vara, terciando un poco el caballo hácia la -izquierda, y conforme esté aquel en el centro, en vez de despedirlo del -encontronazo, dejarlo seguir hácia el brazuelo del caballo, que en este -tiempo se habrá alzado de manos, y echándose hácia á la derecha buscando -los cuartos traseros del toro, y saliendo con pies. La cogida no puede -jamas verificarse en esta suerte en haciéndola á tiempo, pues que cuando -el toro está humillando para meterse debajo del caballo, lo libra éste -en virtud del movimiento, que hace sobre las piernas. - -Esta suerte, como se ve por su esplicacion, es sumamente bonita, pero -muy dificil, y tiene un mérito particular. El famoso Luis Corchado era -sobresaliente practicándola, y el desgraciado Pablo de la Cruz, muerto -de un tiro que le disparó un malhechor en el camino de San Lúcar de -Barrameda, su patria, era tambien aventajado ejecutándola. - -Sus proporciones son tan buenas, que sea el toro boyante, pegajoso, que -recargue, ó abanto, se hace del mismo modo y se remata con la misma -facilidad. - - - - -CAPITULO VIII. - -_De la suerte del señor Zaonero._ - - -Hemos por fin llegado á la suerte de picar cuyos principios estan -perfectamente conformes con los que sirven de base al toreo de á pie. -Hasta ahora, todas las que llevamos esplicadas tienen algo de violento, -y si esceptuamos la anterior, llegan á ponerse de tal modo, que no hay -medio de evitar la cogida. Esta es la razon porque mueren tantos -caballos cuando los toros son pegajosos, y porque los picadores ponen -tantas veces mal de su grado las costillas en el suelo. - -Para verificar esta suerte se espera á que el toro esté en la misma -disposicion que dijimos debia hallarse para la verónica con la capa, -pero deberá ser el costado derecho el que tenga el terreno de adentro, -para que cuando el diestro se ponga en suerte, que será del mismo modo -que dijimos se debia poner el peon para capear, quede con la vara hácia -el de afuera. Situados asi perfectamente en la rectitud como se dijo -para la capa, y guardando la distancia que las piernas del toro -indiquen, se le cita, y conforme llega á jurisdiccion y humille, se le -pone la vara, se carga un poco el cuerpo sobre el palo, y se mete el -caballo en el terreno de adentro, con todo lo cual el toro, que se halla -castigado y con su terreno franco y á la vista, lo toma y sigue con pies -sin obligar á que el diestro haga uso de los del caballo. He descrito la -suerte ni mas ni menos que como se hace con los toros boyantes; vamos á -ver si con los demas es tan segura y sencilla. - -Los toros pegajosos son buenísimos para esta suerte; se les hace del -mismo modo, con la sola diferencia de meter algo mas el caballo en el -terreno de adentro y con mas prontitud, con lo cual se hallan despedidos -y castigados en el encontronazo y sin el bulto delante, de manera que no -tienen otro remedio ya que seguir su viaje, y el picador tampoco tiene -precision de salir con pies. - -Los toros que recargan, que son tan dificiles de lidiar en las suertes -anteriores, y que con tanta frecuencia dan cogidas en los remates, se -torean con la mayor facilidad y segurísimamente haciéndoles la de que -hablamos como se dijo para los boyantes, sin otra diferencia mas, si no -que despues de partidos los terrenos, en vez de pararse y dejar ir al -toro, se debe salir con todos los pies para evitar el recargo. Haciendo -la suerte de esta manera, cuando el toro se vuelva para recargar está -el diestro apartado veinte varas, y si quisiera hacer por él, la -delantera que lleva, y la superioridad que tiene un caballo sobre un -toro en la carrera, le asegura no ser alcanzado. - -Los toros abantos dan poco que recelar en esta suerte, la cual no sufre -alteracion particular para ejecutarse con ellos. - -Por la esplicacion que acabamos de dar de la suerte del señor Zaonero se -ve que tiene una multitud de semejanzas con las suertes de á pie, pero -muy particularmente con la verónica. - -En ella estan divididos los terrenos del mismo modo que en esta, y se -guarda igualmente la distancia que marquen las piernas del toro; se le -cita en su rectitud, se le deja tambien venir por su terreno, y asi que -llega á jurisdiccion y humilla se le hace la suerte y toma cada cual su -terreno respectivo: con mucha razon, pues, la llamaria yo la _verónica -de picar_. - -La semejanza de estas suertes nos obliga á detenernos algo sobre algunas -modificaciones que deben hacerse en la que nos ocupa relativas á las -diferentes clases de toros, segun la division hecha para el toreo de á -pie. En efecto, siendo en todo igual á la verónica con la capa, deberá -sufrir alguna variacion el modo de hacerse, segun que sea boyante, que -se ciñe &c., el toro con quien se ejecute. - -Partiendo, pues, del modo como se hace á los boyantes, que es el tipo de -la suerte, diremos que á los que se ciñen no hay que hacerles mas -variacion en cuanto al modo de recibirlos que la de sesgar un tanto el -caballo cuando lleguen á la vara, y darles el remate segun la clase á -que pertenezcan en la clasificacion para la pica. - -Los toros que ganan terreno pueden dar que hacer alguna vez por colarse -al de adentro; para evitar esto es indispensable situarse rigorosamente -en su rectitud y lo mas sobre corto posible, pero nunca menos de tres -varas, y hacerles en lo demas la suerte como á los que se ciñen. En -observando estos preceptos se conseguirá siempre buen remate; pero si se -desentienden, y se mete el toro en el terreno de adentro, es menester -hacerle la suerte de picar que hemos llamado en su rectitud, que como no -tiene las mejores proporciones, segun se ha visto, y hay ademas en este -caso la contra de hacerla en oposicion con los terrenos, suelen tener -muy buen éxito. - -Los toros de sentido, que tanto cuidado dan en las suertes de á pie, en -las de á caballo, y en especialidad en la que estamos esplicando, no dan -ninguno si no se les une ser pegajosos ó que recargan, pues muchas veces -son boyantes y aun abantos para la vara: de todos modos será bueno salir -con pies en el remate. - -Nos hemos detenido bastante en esta suerte para hacer manifestar sus -ventajas, y ver si en algun modo podemos contribuir á que se establezca -en las plazas: es una fatalidad grande que sea tan poderoso el influjo -del hábito en los picadores, que les impida hacer una reforma tan -ventajosa para ellos mismos. - -No faltará alguno que me diga que á pesar de lo ventajosa que parece la -suerte, como que todavía no se ha ejecutado, no podemos asegurar que su -éxito es cual suponemos, y aun quizás que me acuse de haber comprometido -en cierto modo la vida del que intentare practicarla animado por la -brillante perspectiva con que la he pintado. Pero esta objecion -careceria de fundamento, lo primero, porque estando los principios -fundamentales de la suerte en perfecta armonía con los ya conocidos como -ciertos y esperimentados como seguros, ó por mejor decir, siendo unos -mismos, no puede menos de corresponder la práctica con la teórica; lo -segundo, porque la esperiencia ha confirmado mil veces esta -correspondencia. ¿Qué aficionado no ha visto muchas veces salir un toro -trocado, y por no haber dado tiempo al picador para salirse de la suerte -tener este que recibirlo, que abrir el caballo para darle la salida por -el terreno de afuera y echar al toro por el de adentro? ¿Quién no ha -observado alguna vez ir el diestro á dar un puyazo en los medios de la -plaza y tomar el toro para su salida el terreno de la derecha, -precisando al picador á seguir por el de la izquierda con opuesto viaje? -Diariamente somos testigos de estas suertes que el toro proporciona, y -cuyo éxito es feliz, á pesar de hacerse con los terrenos cambiados, sin -estar el diestro prevenido para hacerlas, y lo que es mas, sin tener ni -aun la idea mas remota de que se pueda poner en práctica. ¿Y estas -suertes son otra cosa que la que el señor Zaonero ha propuesto? -Ciertamente que no. - - - - -CAPITULO IX. - -_De algunas particularidades que deben saberse relativas á las suertes -de picar._ - - -Despues de haber espuesto las reglas que el picador debe observar en las -diferentes suertes de picar, deberemos hacer algunas advertencias que no -siendo peculiares de esta ó la otra suerte, sino aplicables á todas, -deben ocupar un lugar separado de aquellas. - -Los toros, como ya hemos insinuado en otra parte, sufren en la plaza -verdaderas transformaciones, que si son algo raras considerándolas con -relacion al toreo de á pie, son frecuentísimas con respecto al de á -caballo: no se verá si no muy rara vez picar un toro sin notársele -algunas anomalías cuando menos, por lo cual hay necesidad de darles -ciertos nombres que las espliquen y las den á conocer. - -Hay muchos toros que en la salida muestran ser boyantes y hasta blandos, -y conforme sienten el hierro, en vez de bajar la cabeza se ponen mas -engallados, se ensoberbecen, y se conducen en adelante como pegajosos y -duros. Estos toros generalmente siguen ya siendo feroces y carniceros, y -deben dar mucho cuidado en las suertes. A esta transformacion se conoce -con la denominacion de _crecerse al palo_. - -Los toros pegajosos cuando tienen poco poder y dan con picadores de -fuerza que los castiguen mucho suelen echar mano de un ardid siempre -temible para el diestro, y es irse alejando poco á poco del bulto para -traer mas violencia, y de este modo llegan á dar la cogida, pues por -mucho poder que tenga el picador, y por poco que tuviera el toro, la -velocidad que tiene le hace multiplicar la fuerza con que choca en el -encontronazo, y no hay hombre que sea capaz de resistirlo. Esto se llama -_arrancar de largo_. Muchos toros lo suelen hacer desde el principio, y -tambien alguna vez rebrincan y alcanzan al diestro á caballo; esto es -muy espuesto, porque pueden en el resalto dar una cornada á cuerpo -limpio; el modo de evitarlo el picador es ver llegar al toro, y cuando -observe el resalto meterse en la cuna y que lo enfrontile, pues la -cornada solo puede ser al subir, y luego aunque cabecee no puede hacer -daño, porque ya viene descendiendo, y en el aire no tiene punto de -apoyo, por lo cual no se siente la testarada. - -Los toros pegajosos cuando tienen poco poder y encuentran mucho castigo -suelen tambien mudar de condicion en bien, y es lo que se quiere -significar cuando se dice _cedió al palo_. Es verdad que por lo general -cuando encuentran otra vez poco castigo vuelven á mostrarse pegajosos. - -Cuando un toro llega á colarse alguna ver suelto, ó bien encuentra poca -oposicion y se apodera del bulto, se hace casi siempre pegajoso, y á -esto es á lo que se llama estar el toro _consentido_. No obstante, si -son en seguida bien castigados vuelven á ceder, pero si no cada vez se -hacen mas temibles. - -Hay algunos toros que aunque sean boyantes son de tanto poder y tan -duros que siempre alcanzan al caballo, y aunque en seguida tomen su -terreno por tenerlo ya libre, suelen dar la cornada, y generalmente en -el pecho ó al brazuelo del caballo. Esta clase de toros, aunque muy -sencillos y que jamas se pegan, matan muchos caballos; se esplica esta -especie de anomalías de ser el toro boyante y dar cogida diciendo que -_llegó siempre_. - -Tambien se dice que los toros llegan á _besar_ cuando teniendo puesta la -puya van poco á poco ganando sitio hasta tocar al caballo: esto es -propio de los pegajosos mas bien que de los demas, y se ve con mas -frecuencia cuando tienen pocas piernas, mientras que el _llegar_ es casi -peculiar de los boyantes, particularmente cuando conservan aquellas. - -Los picadores deben solicitar salir siempre en caballos de su entera -confianza, procurando que sean avisados de la boca y prontos en todas -sus salidas, siendo ademas muy importante que tengan para no perder á -cada movimiento de los que hacen en la suerte la situacion que el -diestro desea guardar; esta condicion es muy apreciable, y la designan -los picadores diciendo _que se agarra bien á la tierra_. Antes de -ponerse en suerte deberá tambien el picador bajar el lomo al caballo -para poder manejarlo mejor; de otra manera le pueden suceder muchos -contratiempos. No es menos útil taparles los ojos, á lo menos el -derecho. - -Procurará el diestro no soltar la vara cuando puede serle útil, pues no -está bien visto; pero cuando ya no sea posible hacer uso de ella por lo -descompuesto que esté, y le estorbe para asegurarse, la dejará, y segun -la disposicion en que vea está el toro corneando al caballo, asi lo -gobernará para que no vaya á tierra, y para sacarlo si es posible de la -cabeza, por lo cual jamas debe abandonar la rienda. - -Tambien deben los picadores saberse conducir cuando se hallan en el -suelo, pues si no estarán muy espuestos. Lo primero que deben procurar -en la caida es no trocarse, esto es, no quedar con la cabeza hácia las -ancas del caballo y los pies hácia el cuello de este; esta clase de -caidas es malísima, porque no se puede manejar el caballo, se está -espuesto á recibir coces en la cara, y ademas á que se levante y deje el -diestro en el suelo á cuerpo descubierto. Tambien debe el picador cuando -se halle en tierra agarrar la rienda lo mas cerca que pueda de la boca -del caballo, para sujetarlo y cubrirse con él, como asimismo debe desde -el momento en que suelte la vara y tema caer poner bien los pies para no -quedar cocido á un estribo, y que el caballo si sale lo arrastre por la -plaza. - -En las caidas contra las barreras deberá procurar poner siempre un -costado para recibir en él el tablerazo, pues se siente mucho menos: -cuando se halle en el suelo y tenga al lado la vara, podrá hacer buen -uso de ella pinchándole al toro en el hocico para que se vaya. Procurará -ademas el picador poner al caballo entre él y el toro, y dirigirse hácia -el pescuezo mas bien que hácia el anca, pues el toro generalmente cornea -á lo mas voluminoso. - -No hay cosa mas desairada en los picadores, y que dé ademas indicios de -cobardía, que agarrarse al _olivo_ antes de tiempo: esto solo lo debe -hacer cuando ya se encuentra desarmado y con el caballo parado y casi -muerto, por seguir el toro corneándolo; de otro modo es muy deslucido. - - - - -CAPITULO X. - -_De algunas otras suertes de á caballo._ - - -Aunque el principal objeto de esta obra es el dar á conocer las reglas -del arte _en plaza_, y por consiguiente solo debe comprender las suertes -que se hacen en ella, no obstante voy á dar una ligera noticia de -algunas otras que aun cuando no se hacen en el cerco, sin embargo se -pudieran verificar, y son de tanto lucimiento como cualquiera otra. - -Diremos, pues, cuatro palabras acerca del modo de acosar, de derribar y -de enlazar las reses desde el caballo. - - -ARTÍCULO PRIMERO. - -_Del modo de acosar._ - -Por bravas que sean las reses huyen por lo general en el campo cuando va -sobre ellas un hombre á caballo; de aqui la diversion de _acosar_, que -es muy bonita y nada espuesta. - -El modo de hacerlo en el campo es meterse entre el ganado despues de -haber marcado la res que se quiere apartar, y empezar á seguirla entre -todas las otras, procurando que vaya saliéndose de la piara, y asi que -esté enteramente fuera de ella, ó en la misma circunferencia, irse -derecho hablándole y haciendo ademan de ofenderla, con lo que sale -huyendo, y se sigue detras, llevando siempre cuidado de interponerse -entre la piara, que es su querencia, para que continúe huyendo, pues si -la ve clara se dirige hacia ella como un rayo. Cuando le faltan ya las -piernas, ó cuando son reses de mucho corage, se suelen parar para -acometer; en este caso se muda el viaje para dejarles libre la -querencia, se acosan de nuevo, y se va á rematar á la piara. - -Por lo que hemos dicho de esta suerte parece se puede inferir que no -tiene lugar en las plazas, porque en ellas los toros embisten al bulto; -no obstante salen muy á menudo algunos que huyen hasta de su sombra, y -estos no habria otro modo de hacerles presentar en suerte que -acosándolos hasta que se parasen. - - -ARTÍCULO II. - -_Del modo de derribar._ - -Una de las suertes mas bonitas que pueden hacerse á los toros desde el -caballo es _derribarlos_. - -Para esto se debe procurar un caballo fuerte, ligero, muy mañoso, y que -esté acostumbrado á este ejercicio, pues esta condicion es tan esencial, -que en siendo un caballo maestro no tiene el ginete que hacer casi nada -para dirigirlo bien y verificar la suerte, de modo que con poca -habilidad se queda lucido, mientras que el mejor ginete y el que sea mas -diestro derribando, no podrá si lleva un caballo malo salir con -lucimiento de la empresa. - -Hay dos ó tres modos de _derribar_ que se diferencian en bien poco, y de -los cuales solo uno se ejecuta, por ser mas natural y desembarazado, -pues los otros, ademas de ser mas dificiles, no tienen tanto lucimiento; -asi es que rara vez se ponen en práctica. - -Para _derribar_ del modo preferido, que llaman á la _falseta_, se acosa -la res guardando las reglas dichas arriba, y conservando la distancia de -unas veinte y cinco á treinta varas, echándose tambien un poco hácia su -costado derecho: cuando parezca buena ocasion se aprieta cuanto se puede -el caballo, de modo que la línea que describe en su viaje venga á formar -un ángulo bien obtuso con la que el toro figura en el suyo, y en la -reunion que forma el ángulo, que es el centro de la suerte, viene á -pasar el caballo por junto á los cuartos traseros de la res; el ginete, -cuanto la haya tenido en jurisdiccion, habrá echado todo el palo -adelante para ponerle la puya en el nacimiento de la cola, cargar bien -el caballo y seguir haciendo fuerza y cerrándolo hasta echarlo al suelo. -Es menester tener un cuidado particular para no atravesarse demasiado y -llegar á tropezar con el toro y caer con el caballo á tierra. - -Debo advertir que para todas las suertes que se hagan á los toros sin -que sea tomarlos por delante con la vara de detener, se use de garrochas -largas y ligeras con muy poca puya, pues si no es imposible manejarlas -como el caso requiere. Tambien debe saberse que siempre que se vaya á -_derribar_ se lleva la garrocha agarrada cerca de la estremidad y -apoyada en el brazo izquierdo, para no armarse hasta el mismo instante -de ir á poner la puya á la res, pues de lo contrario no puede sufrirse -el peso que hace todo el palo adelante, se cansa el brazo, falta la -fuerza, y es incierto el golpe de vista. - -Hay otro modo de _derribar_ que llaman de violin, en el cual la garrocha -pasa por cima del cuello del caballo y viene á quedar al lado izquierdo, -como ya dije antes; se usa poco, y no promete ventajas. Lo mismo digo de -algunos otros, en que no me detengo por lo poco interesantes que son. - - -ARTÍCULO III. - -_Del modo de enlazar los toros desde el caballo._ - -Para _enlazar_ cualquier res deberá llevarse una cuerda de cáñamo del -grueso que baste, y del largo suficiente para lo que se piense hacer -despues. Esta cuerda tendrá un anillo en uno de los estremos para meter -por él la otra punta y formar asi un lazo corredizo, el cual se puede -poner en el estremo de un palo que tenga dos varas de largo, para poder -echarlo mejor en las astas del toro y dejarlo enmaromado. Se entiende -que para esta operacion se le va acosando hasta ponérsele al costado -izquierdo, y que se debe ir bien prevenido para si se vuelve alejarse -con presteza. Tambien se puede _enlazar_ tirando la cuerda con la mano. - - - - -PARTE TERCERA. - -_REFORMA DEL ESPECTÁCULO._ - - - - -CAPITULO ÚNICO. - - -Las plazas de toros deben estar en el campo á corta distancia de la -poblacion, combinando que se hallen al abrigo de los vientos que con mas -fuerza reinen en el pueblo: deberá haber tambien una calzada de buen -piso para las gentes que vayan á pie á la funcion, y un camino que no -cruce con el anterior, por el que irán los carruages y caballerías. De -este modo se evitaria mucha confusion y desorden, y hasta las desgracias -que alguna vez suceden. - -Estas disposiciones, que parece influyen poco en el prestigio de la -diversion, tienen por el contrario una gran parte en su -engrandecimiento, pues no hay duda que á muchas personas, y con -particularidad al bello sexo, retraen estos y otros inconvenientes para -ir á las fiestas de toros. - -Las plazas deberán tener cuando menos de cantería hasta los primeros -balcones, y estar construidas con la mayor solidez y el gusto mas -esquisito, debiendo ser el gobierno quien cuidase de todo lo -concerniente á su hermosura y magnificencia, pues son edificios públicos -susceptibles de recibir cuantas bellezas posee la mas brillante -arquitectura, y en que debe darse á conocer á todos los que los observen -el grado de esplendor y de adelanto en que se hallan las artes en -España. - -En cuanto á la disposicion interior de la plaza solo tengo que decir, -que sería sumamente bueno para el público que todos los asientos se -numerasen, y cada cual se colocara en el que trajera anotado su billete; -de este modo se evitaria la estraordinaria concurrencia que se advierte -en algunos puntos de la plaza, mientras que otros estan enteramente -vacíos, y ademas las rencillas é incomodidades que la multitud y -estrechez traen consigo: tambien esta medida precaveria en mucha parte -los hundimientos y alborotos que la demasiada gente en un determinado -sitio ocasiona con bastante frecuencia. - -Tambien debe procurarse que los corredores, las escaleras y todos los -demas sitios de tránsito sean anchos, cómodos y decentes. - -En cuanto al cerco sería de desear que fuese de piso muy igual, ni duro -ni blando, sin hoyos ni piedras, ni clase alguna de estorbo; y por lo -que respecta á las barreras, diré que debe haber una contrabarrera -separada de los andamios de tres á cuatro varas, y de alto -correspondiente, con que se evita que desde las cuerdas esten -incomodando á los lidiadores, y que resabien á los toros con los -pañuelos y demas engaños con que al cabo les descomponen la cabeza, y -dan muchas veces lugar á un contraste en que quizá pierde un hombre la -vida. No se puede mirar con indiferencia un abuso de tan funestas -consecuencias, y vale mas hacer un escarmiento en uno de estos -inconsiderados, que regularmente estan casi del todo ébrios, que -autorizar con indiferencia el peligro á que esponen al infeliz torero, -que por muy diestro que sea no puede lidiar con ventajas contra tantos -azares. - -Tampoco puede resistirse el abuso de los avellaneros, aguadores y demas -vendedores: es un enjambre el que hay de estos hombres que se creen -autorizados para incomodar al que está pacífico en su asiento, -entretenido y aun embebido con alguna suerte que le llama la atencion; -se le ponen delante quitándole le vista, lo pisan, lo ensucian, lo -mojan, lo atolondran con sus descomunales gritos, y es necesario valerse -de la prudencia y sufrir, ó estar guerreando toda la funcion. No se debe -permitir la entrada á estos hombres sino en cierto número, y tenerles en -cada ochava ó andamio su sitio señalado, del que no puedan moverse, y, -sin que se les permita pregonar, pues estando establecida esta -disposicion, cualquiera que los necesitase los llamaria ó iria á -buscarlos. - -Los soldados y los demas dependientes de justicia, como asimismo todos -los empleados de la plaza, deberán tener sus sitios señalados donde no -incomoden al espectador, el cual por lo que ha contribuido tiene un -derecho á ser atendido, y á que nadie le estorbe ni moleste. - -La clase baja cree tener en los toros una soberanía indisputable, y -debemos confesar que efectivamente hasta el dia lo que quiere la -multitud eso se hace en estas funciones. Pero ¿es esto justo? -Seguramente que no. ¿Y no hay modo de remediarlo? muchos creen que no, -pero se equivocan. Si en medio del entusiasmo y exaltacion que el vino y -la lidia producen en las mal organizadas cabezas del populacho, que -donde quiera es soez, se trata de refrenarlo por la fuerza, y cortar -desde el momento los abusos, es indudable que no se conseguiria nada, y -que el campo de Agramante sería niño de teta para la plaza de toros. -Pero si despues de haber intimado por edictos ó por los medios que -parezcan mas conducentes por las respectivas autoridades las penas que -tienen los infractores del orden público, y las prohibiciones que se -juzgasen oportunas (entre las que debe comprenderse la de no entrar -nadie con garrotes ni varas en la plaza, por el daño que causan al -edificio y á los oidos, y porque pueden servir de arma ofensiva), si -hiciesen algunos ejemplares castigando á los que se atreviesen á cometer -algunos de los escesos prohibidos, y se presentase la suficiente fuerza -armada para imponer á los insolentes, se puede asegurar que bien pronto -cesaria el desorden y pillage que hacen indecorosa esta diversion. No -hay duda en que el carácter del espectáculo es muy á propósito para la -algazara y vocería; pero tampoco la hay en que pueden estas contenerse -dentro de los límites justos, y reducirse á victorear y á aplaudir á los -lidiadores, animándolos y entusiasmándolos mas y mas: para esto no es -necesario usar de frases descompuestas ni contrarias á la decencia -pública, y sí puede echarse mano de las agudezas propias del gracejo de -los españoles, y de los chistes con que ameniza la diversion el -ponderativo andaluz. - -Las plazas de toros estan presididas y mandadas por los gobernadores, ó -por diputaciones del ayuntamiento, ó en fin, por las primeras -autoridades del pueblo en que se hallan: esto es muy justo, sin duda; -pero como para mandar bien lo que pertenezca á la parte de la lidia se -necesita un perfecto conocimiento de todo lo que constituye el arte de -torear, y este conocimiento muy rara vez lo tendrá el presidente de la -plaza, como ageno de su carrera y de su profesion, será muy del caso que -en todas estas funciones tenga la autoridad inmediata á sí un hombre de -conocida probidad é imparcial, y que reuna un completo conocimiento de -los toros, de las suertes &c. &c., el cual ilumine al presidente, y le -diga qué es lo que debe hacer con respecto á lo que pasa en el cerco. -Este hombre deberá tener su correspondiente retribucion en pago de su -buen oficio, pero deberá ser castigado severamente siempre que por -parcialidad, ociosidad ó cualquier otro motivo, falte en algo á la -justicia y á la verdad. - -Este hombre, que bien puede llamarse _fiel de las corridas de toros_, -deberá reconocer el ganado antes de traerlo á la plaza, para ver si -tienen los hierros y marcas de las ganaderías á que dice el asentista -que pertenecen, para que no engañen al público, como sucede todos los -dias anunciando toros de castas acreditadas ú oriundos de ellas, y -corriéndoles luego cuneros. Deberá tambien este hombre examinar si los -toros tienen edad y fuerza suficiente, y por último, si la vista y demas -requisitos necesarios se hallan como se desea, para desechar los que -carezcan de las proporciones oportunas para la lidia. Tambien deberá el -mismo fiel dirigir cuanto corresponda á la conduccion de los toros, y -muy particularmente los encierros, para que se hagan sin deterioro del -ganado, y sin que la multitud y bullicio que en todas partes va á -presenciarlos pueda hacerlos desmandar. Sería igualmente de desear que -el descanso estuviera dispuesto de modo que las gentes no pudieran estar -incomodando á los toros todo el tiempo que media entre el encierro y la -corrida. - -El diputado del festejo deberá concurrir acompañado del _fiel_ á lo que -llaman la prueba de los caballos: tambien cuidará de que haya el número -suficiente para cubrir la corrida, y que todos sean buenos, y probados -de antemano. En seguida deberá hacer que le presenten las monturas, para -ver si hay el número suficiente y estan en buen estado, como tambien -examinar las puyas y medirlas, arreglándolas á la marca que pida la -estacion, y asegurarlas con los topes ó casquillos para que no puedan -desliarse mas. Tambien si el tiempo es muy seco deberá hacer que -humedezcan las varas de detener, para que no se quiebren á cada momento, -como sucede con mucha frecuencia por no tener esta precaucion. - -Despues de haber dispuesto y hecho ejecutar estas cosas, dará orden de -que se componga y humedezca lo suficiente el terreno de la plaza, y que -arreglen todos los demas útiles que se puedan necesitar, tanto para la -policía de la plaza y seguridad de los espectadores, como para el -servicio de la lidia y socorro de los toreros cuando por una casualidad -hubiese algun herido, por lo que habrá un cuarto preparado con camas, y -un cirujano con cuanto pueda necesitar. - -Hemos dicho que corresponde al _fiel_ de las corridas hacer un -reconocimiento prolijo de los toros para desechar los que no deban -lidiarse, y añado que este mismo hombre deberá avisar á la autoridad si -se presenta entre los toreros, asi á pie como á caballo, alguno que por -su ignorancia no esté en el caso de cumplir con su obligacion, y pueda -ocasionar un disgusto á los espectadores, para no permitir su salida. He -presenciado muchas cogidas por la poca escrupulosidad que tienen á veces -los asentistas de las plazas en escoger los toreros, poniéndonos como -picadores hombres que ni aun saben tenerse á caballo, y como matadores -algunos muy malos chulos: de ahí nacen los disgustos y desgracias, y de -aqui que se pierda la aficion á este espectáculo, que no puede agradar -siendo malos los lidiadores. - -Los elementos ó la base del espectáculo, que son los toreros, los toros -y los caballos, elegidos de esta manera no podrian dejar de llenar -completamente la satisfaccion de los espectadores, y llevarian la lidia -hasta la cima de su perfectibilidad. No obstante, si con respecto á la -parte científica, si es propia la espresion, no cabe ya mejora despues -de practicado lo dicho, con relacion al orden ó la marcha del -espectáculo resta mucho que enmendar. Asi es, que para no dejar nada -olvidado, y seguir mejor el orden que deseamos se establezca en estas -funciones, iremos hablando segun la marcha que ellas siguen ahora. - -Hecho el despejo de la plaza, y despues de ocupar cada uno de los -espectadores su asiento, y colocarse entre barreras los empleados y -soldados que deben estar abajo para cuidar que nadie se eche á la plaza, -y que no esten embarazados los portillos de las contra-barreras donde -han de guarecerse los toreros, harán estos el correspondiente saludo á -las autoridades, y los picadores se situarán, el mas moderno el primero, -y el mas antiguo el último, el cual orden de antigüedad no se -interrumpirá, á no ser cuando uno de ellos se desmonte y vaya por otro -caballo: en esta operacion solo deben tardar lo que baste para llegar á -la cuadra y montarse, pues que en ella deberán estar siempre ensillados -y listos á lo menos tres caballos, y si el picador se tarda mas del -tiempo dicho será efecto de holgazanería, lo cual se deberá castigar, lo -mismo que todas las faltas que cometan los demas toreros, haciéndoles -una rebaja en el estipendio segun lo merezca la falta, pues no se les -puede imponer pena mas suave ni mas eficaz; y se puede aumentar en -cierto modo el estímulo dando como gratificacion al que mejor haya -cumplido lo que como castigo se exigió al que cumplió mal. Los picadores -esperimentados suelen usar algunas raterías para trabajar poco y sacar -partido de su trabajo: una de estas es ponerse á picar á un toro boyante -y blando, y darle dos ó tres puyazos seguidos en los tercios, y aun en -los medios de la plaza, sin dejar casi trabajar á los compañeros, y -atravesándose siempre como si estuvieran entusiasmados y con muchas -ganas de picar; pero si en seguida sale un toro pegajoso, ya no hacen -por él, ó bien el caballo no anda, ó en fin, se apean para tomar otro y -dejar pasar el tiempo: esto es una infamia, porque no dejan lucir á los -otros cuando el toro es á propósito para ello, y luego los dejan que -trabajen con el que los puede deslucir y lastimar: por esto dije arriba -que no debia alterarse el orden de los puyazos, y solo en el caso de -recargar el toro es cuando dará el picador dos ó mas: _el fiel_ de la -plaza informará de esto á la autoridad para el efecto conveniente, como -tambien cuando deben ir á buscar al toro, y cuando la calidad de éste no -permita sino picarlo cerca de los tableros. - -Con respecto á los banderilleros solo tengo que decir que no deberán -quitar las piernas á los toros mientras se esten picando, ni deben -hacer nada con ellos sino por orden de las espadas, que deberán estar -muy prontos para sacarlos de los caballos cuando recarguen, y no mas; y -que si el picador cae deberán llevarse al toro con ligereza y -conocimiento, echándole siempre el capote á los ojos para que obedezca -mejor. Cuando llegue el caso de banderillear saldrá primero el mas -antiguo, y si vuelve á tener suerte antes que el otro la verificará sin -guardar consideracion, porque si el segundo no la consiguió por haber -hecho salidas falsas, justo es que pague su torpeza, y logre el primero -el premio de su habilidad. Sería de desear que se detuviesen mas tiempo -en banderillear, porque no hay razon para que á una suerte tan linda se -le dé tan poco lugar en la lidia. - -Cuando se toque á matar al toro deberá hacerlo primero el mas antiguo, -que lo brindará segun costumbre á la autoridad, y no podrá cederlo á -ningun otro matador, y mucho menos á ningun chulo. La suerte de muerte, -que es la mas dificil y lucida, no debe ser ejecutada sino por las -primeras espadas, las cuales no tienen derecho alguno para cederla á -ningun otro torero, porque el público, que es lo mas respetable y lo que -primero debe atenderse, va al cerco en la inteligencia de que á cada una -de ellas les toca matar tales y tales toros, segun se infiera de la -papeleta ó cartel en que se anunció la funcion: el no cumplir con esto -es un engaño manifiesto, y tanto mas cuanto sea menos diestro el que por -cesion de la primera espada vaya á matar al toro. Este abuso es tan -frecuente, que yo he visto corridas en que la primera espada, que era de -conocida destreza, debia matar, segun se inferia del cartel, cuatro -toros, la otra espada tres, y el media espada el último; y luego solo -mató uno la primera, dos la segunda, y los restantes entre la media -espada, dos chulos, y otro que ni aun estaba en la cuadrilla. ¿Qué razon -hay para estas variaciones? El aficionado que va á los toros por ver -matar á los mas diestros, que sale de su casa y aun de su pueblo robando -el tiempo á sus ocupaciones, y posponiendo todo á su favorita diversion, -¡con cuánto derecho podrá acusar de injusticia y arbitrariedad al que -autorice semejante abuso! - -Ya que hemos tocado este punto, bueno será esponer las razones en que me -fundo para decir que ningun torero debe ceder á otro la suerte que le -toca. Prescindiendo ya de la principal, cual es la de cumplir con lo que -se anuncia al público, que es el deber mas fuerte y sagrado, me asisten -otras, que si por una parte no tienen la fuerza incontrastable que la -anterior, influyen sin embargo de un modo mas inmediato y directo en el -buen suceso de las lidias. Sabemos que por desgracia son muy frecuentes -entre los toreros las rencillas y enemistades que los espectadores -parciales é imprudentes fomentan con sus determinados aplausos y gritos: -de aqui es que muchas veces cuando el partido de un torero es el -dominante en la plaza, y se va á matar un toro boyante, por el que sea -su émulo se forme aquella especie de motin, en que atropellando por lo -justo y por el orden establecido, se oponen á que haga la suerte el que -debe, y le obliguen á dar la espada al favorito de la plebe, que siempre -es la que asi se conduce, para que luzca con un toro que la casualidad -habia prevenido al otro, y con el que probablemente hubiera lucido su -destreza. Hay ademas otra razon para que no se permitan estas cesiones, -y es que los toreros son generalmente fatalistas, es decir, que tienen -sus aprensiones á ciertos toros, porque se les figura que los han de -coger; unos los temen por la pinta, otros por la calidad, algunos por la -casta, y muchos porque sean corni-apretados, cornaloneo, capachos &c.; -si en unos de estos cambios se añade al disgusto de recibir un desaire -de parte del público, tener luego que matar uno de estos toros, ó que -sea realmente de sentido, es mas probable la cogida, y si pierde la vida -el diestro será una desgracia doblemente digna de sentimiento. - -Sería, pues, de desear que la autoridad hiciese saber al público que no -se concederian de manera alguna semejantes permutas, y mucho menos -cuando son para empeorar, por recaer en sugetos poco hábiles, y que se -castigaria como perturbador del orden del espectáculo al que la -solicitase y pidiese, asi como se haria en un teatro si alzase uno la -voz pidiendo que un parte de por medio hiciese de primer galan. - -Tambien es muy frecuente pedir el pueblo que salga á malar ó -banderillear algun torero que esté viendo la funcion, porque el vulgo -novelero mas gusta de ver matar cada toro por un torero diferente, -aunque sea malo, que todos por el mas diestro: tampoco debe esto -permitirse por las razones dichas, y mucho mas si se empeora; pero si el -torero á quien solicita el pueblo ver matar es de una destreza conocida, -superior, ó al menos igual al mejor que haya en la plaza, y este se -conviene espontáneamente en cederle la espada, se podrá permitir, puesto -que no es perjuicio para los demas toreros, y sí beneficio para el -público. Sin embargo, solo alguna rara vez, y siendo contento en ello el -que ceda la suerte, se tendrá esta complacencia. - -Del mismo modo se debe prohibir la salida de cualquier picador intruso ó -aventurero que se ofreciese gratuitamente á picar, y de cualquiera que -se brindase á hacer alguna especie de suerte. - -Estos son los vicios de que adolece el espectáculo, cuyos medios de -correccion dejo espuestos, igualmente que las razones que me asisten -para proponerlos; pero no consiste en esto solo la reforma que él exige. -¿Por qué razon se han de limitar las funciones de toros tan solo á unas -clases de suertes, mientras que otras que en nada ceden á las que se -usan estan enteramente desterradas del cerco? ¿Por qué cuando salen los -toros de una corrida malos para las varas y no las toman se ha de salir -el público sin verlos lidiar, y con particularidad si son de regocijos? -No puedo alcanzar la razon; pero nada hay mas frecuente que ir á los -toros, y si son de los que no quieren los caballos, y la corrida no es -de muerte, acabarse la funcion sin haberse hecho mas en ella que poner -algunas banderillas. Con el objeto de remediar esto en cuanto sea -posible, voy á proponer los medios de que yo usaria para amenizar la -diversion, y no dejarla en cierto modo casual y advenediza, como sucede -hoy. - -Los toros que fueren bravos para los caballos se torearian como de -costumbre, haciéndoles las suertes de picar á caballo levantado, y la -del señor Zaonero. Los que fuesen cobardes y rehusasen tomar las varas -deberian ser acosados por los picadores y derribados, ya de este, ya de -aquel modo, con lo cual se pararian y harian suerte, siendo ademas muy -bonito ver estas operaciones, que son otras tantas suertes muy lucidas y -brillantes. Concluidas las de á caballo deberian los toreros de á pie -hacer los muchos juguetes que se le hacen á los toros, ya con la capa, -ya saltándolos, parcheando &c., y no dedicarse esclusivamente á la de -banderillas. Esta segunda época, digámoslo asi, que se consagraria á las -suertes de á pie, sería de mas ó menos duracion, segun el estado y poder -del toro; todo lo cual haria el _fiel_ hacer saber al diputado para que -marcase con oportunidad y con el debido conocimiento. Con esto se -conseguiria ver una multitud de suertes cuya variedad embelesaria, y no -habria toro, por malo y cobarde que fuese, de quien no se sacase recreo -y novedad. - -La suerte de muerte, la mas dificil que se ejecuta, y cuyas dificultades -se multiplican por la circunstancia de ser la última, y estar ya el toro -con mas conocimiento y picardía, es peculiar, como ya hemos dicho, de -las espadas; pero sería de desear que cuando llega el caso de matar un -toro que por haber sido ya placeado, ó por haber aprendido en la lidia, -ó por ser naturalmente de sentido, dé mucho recelo, y pueda esponer con -mucha probabilidad al torero, se le mandase echar perros, en vez de -tocar á matarle con la espada; de este modo se escusaria el disgusto que -la mucha intencion del toro pudiera ocasionar, y se ofrecia á los -espectadores una nueva lucha muy divertida y curiosa. - -Tengo que hacer una advertencia con respecto á las corridas de novillos, -porque como en ellas salen los toros vivos, y luego se van al campo, -pueden volver á la plaza y traer demasiada intencion, como la -esperiencia lo ha probado ya tristemente en las cocidas que ellos han -dado: esto se podria evitar haciendo marcar al toro en la plaza con un -hierro que fuese conocido de todos, con lo que se conseguiria que no -pudiesen volver á correr semejantes reses, pues conforme se presentasen -para la venta, el _fiel_ de la plaza los desecharia como inútiles. Esta -sencilla precaucion no solo evitaba completamente el fraude en esta -materia, sino que proporcionaba una diversion nueva á todos los -concurrentes. - -La reforma que á mi parecer reclama el espectáculo estriba -principalmente en los puntos dichos: no dudo que se me habrá escapado -alguno, y acaso muy interesante: tampoco desconozco el trabajo y el -tiempo que se necesitarian para desarraigar tan inveterados abusos, y la -constancia y prudencia que esta empresa necesita; pero su utilidad exige -cualquier sacrificio. Desterrar lo que tiene de incivil y sanguinaria; -amenizar y multiplicar su perspectiva, y combinar la destreza y la -seguridad; hé aqui lo que forma su objeto. Si el haber fijado la -atencion sobre esta importante materia contribuye algo á impulsar hácia -la perfeccion la fiesta de toros, me creeré feliz, y habrá conseguido -este pequeño trabajo, el premio que merece tan solo mi buena intencion. - - -FIN. - - - - -INDICE - -DE LAS MATERIAS QUE CONTIENE ESTA OBRA. - - -_Prólogo del editor._ - -_Tabla alfabética de algunas voces y frases -cuyo conocimiento es indispensable -para inteligencia de esta obra._ Pág. I - -_Discurso histórico apologético de las fiestas -de toros_ 1 - - -PARTE PRIMERA. - -Arte de torear á pie. - -CAPITULO I. _De las condiciones que indispensablemente -debe tener un torero._ 78 - -CAP. II. _Requisitos que deben tener los -toros para lidiarse._ 82 - -CAP. III. _De las querencias._ 88 - -CAP. IV. _De los tres estados que tienen -los toros en la plaza._ 92 - -CAP. V. _De las diferentes clases de toros._ 94 - -CAP. VI. _De las suertes de capa._ 100 - -ARTÍCULO I. _Del modo de correr los toros._ 101 - -ART. II. _De la suerte á la verónica, ó sea -de frente._ 107 - -ART. III. _De la suerte á la navarra._ 117 - -ART. IV. _Suerte de tijerilla, ó sea á lo -chatre._ 120 - -ART. V. _Suerte al costado_ 121 - -ART. VI. _Suerte de frente por detras_ 123 - -CAP. VII. _De los recortes y galleos_ 124 - -CAP. VIII. _De los cambios_ 129 - -CAP. IX. _De la suerte de banderillas_ 132 - -ARTÍCULO I. _Suerte de banderillas á cuarteo_ 133 - -ART. II. _Suerte de las banderillas á media vuelta_ 142 - -ART. III. _De las banderillas á topa carnero_ 145 - -ART. IV. _Suerte de banderillas al sesgo, ó -á la carrera, ó á tras-cuerno_ 148 - -ART. V. _Suerte de banderillas al recorte_ 149 - -CAP. X. _Del modo de parchear_ 151 - -CAP. XI. _De la suerte de muerte_ 156 - -PRIMERA PARTE. _De los pases de muleta_ id. - -SEGUNDA PARTE. _De la estocada de muerte_ 170 - -ARTÍCULO I. _Del modo de matar los toros, -recibiéndolos_ 171 - -ART. II. _De la estocada á vuela pies_ 184 - -ART. III. _De la estocada á la carrera_ 193 - -ART. IV. _De la suerte á media vuelta_ 194 - -ART. V. _De la estocada á paso de banderillas_ 195 - -CAP. XII. _Consecuencias de la estocada -de muerte_ 197 - -CAP. XIII. _Del ver llegar los toros_ 204 - -CAP. XIV. _De algunas otras suertes de -á pie_ 208 - -ARTÍCULO I. _Del salto á tras-cuerno_ 209 - -ART. II. _Del salto sobre el testuz_ 210 - -ART. III. _Del salto de la garrocha_ 211 - -ART. IV. _De la lanzada de á pie_ 212 - -ART. V. _Del modo de capear entre dos_ 213 - -ART. VI. _Del modo de picar los toros, montado -sobre otro hombre_ 214 - -ART. VII. _Del modo de mancornar_ id. - -CAP. XV. _De algunas particularidades -que debe tener el torero_ 216 - -CAP. XVI. _Modo de cachetar_ 222 - -CAP. XVII. _Modo de desgarretar_ 223 - - -PARTE SEGUNDA. - -Arte de torear á caballo. - -CAPITULO I. _De las cualidades que debe -tener el torero de á caballo_ 224 - -CAP. II. _Del modo de dividir los toros para -la suerte de picar_ 229 - -CAP. III. _En que se dan algunas nociones -preliminares á la suerte de picar_ 232 - -CAP. IV. _Suerte de picar al toro levantado_ 236 - -CAP. V. _Suerte de picar al toro en su rectitud_ 240 - -CAP. VI. _Del modo de picar al toro atravesado_ 244 - -CAP. VII. _Del modo de picar á caballo -levantado_ 245 - -CAP. VIII. _De la suerte del señor Zaonero_ 246 - -CAP. IX. _De algunas particularidades que -deben saberse, relativas á las suertes de -picar_ 251 - -CAP. X. _De algunas otras suertes de á -caballo_ 256 - -ART. I. _Del modo de acosar_ id. - -ART. II. _Del modo de derribar_ 257 - -ART. III. _Del modo de enlazar los toros desde -el caballo_ 260 - - -PARTE TERCERA. - -Reforma del espectáculo. - -CAPITULO ÚNICO 261 - - - _Se vende en Madrid en la librería de Escamilla, calle de Carretas, - y en las provincias donde se encuentran las nuevas publicaciones - siguientes._ - - -Coleccion de novelas históricas originales españolas: 29 tomos, á 8 -reales cada uno en rústica y 10 en pasta. - -Fígaro: coleccion de artículos dramáticos, literarios, políticos y de -costumbres, por D. Mariano José de Larra: 3 tomos, su precio 42 reales -en rústica y 48 en pasta. - -1.ª 2.ª. y 3.ª cartas de Fígaro, 3 folletos, á 2 reales cada una. - -El Pobrecito Hablador: 15 folletos, por D. Mariano José de Larra, á 2 -reales. - -Coleccion de comedias del teatro moderno, cuyos títulos espresan los -catálogos que se dan gratis en la indicada librería á los sugetos que -gusten adquirirlos. - -Panorama Matritense: cuadros de costumbres de la capital, observados y -descritos por un Curioso Parlante: 2 tomos en octavo marquilla con -cuatro bellas láminas, su precio 40 reales en rústica y 46 en pasta. - -El Dogma de los hombres libres. Palabras de un creyente, por M. F. la -Mennais, traducidas de la última edicion por D. Mariano José de Larra: -un tomo en octavo, su precio 10 reales en rústica y 12 en pasta. - -Alvarez: Derecho real de España, 2 tomos en cuarto á 44 reales en -rústica, 52 en pasta, y 46 en un tomo tambien en pasta. - -Sátiras de varios autores. - - -_Esta obra es propiedad del Editor, quien perseguirá ante la ley al que -la reimprima._ - - -NOTAS: - -[1] Segun otros, VIII. - -[2] Crónica de don Pedro Niño, part. 1. cap. 7. - -[3] Jovellanos: memorias sobre las diversiones públicas. - -[4] Buffon. - -[5] An Essay on the history of civil society: part. 1. sect. 4. - -[6] Memoria sobre las diversiones públicas. - -[7] Véase la crónica de don Alvaro de Luna, cap. 52. - -[8] Véase su crónica. - -[9] Plinio. - -[10] Suponiendo que sea el del lado de la huida. - - - - - - - - -End of Project Gutenberg's Tauromaquia completa, by Francisco Montes - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TAUROMAQUIA COMPLETA *** - -***** This file should be named 63030-0.txt or 63030-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/3/0/3/63030/ - -Produced by Chuck Greif, Biblioteca Digital de la Comunidad -de Madrid and the Online Distributed Proofreading Team at -https://www.pgdp.net - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition. - - -Most people start at our Web site which has the main PG search facility: - - http://www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/old/63030-0.zip b/old/63030-0.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 6f0513a..0000000 --- a/old/63030-0.zip +++ /dev/null diff --git a/old/63030-h.zip b/old/63030-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 6c84541..0000000 --- a/old/63030-h.zip +++ /dev/null diff --git a/old/63030-h/63030-h.htm b/old/63030-h/63030-h.htm deleted file mode 100644 index 0d8204a..0000000 --- a/old/63030-h/63030-h.htm +++ /dev/null @@ -1,6678 +0,0 @@ -<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" -"http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> - -<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="es" xml:lang="es"> - <head> <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> -<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=utf-8" /> -<title> - The Project Gutenberg eBook of Tauromaquia, -por Francisco Montes. -</title> -<style type="text/css"> - -a:link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} - - link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} - -a:visited {background-color:#ffffff;color:purple;text-decoration:none;} - -a:hover {background-color:#ffffff;color:#FF0000;text-decoration:underline;} - -big {font-size: 130%;} - -body{margin-left:4%;margin-right:6%;background:#ffffff;color:black;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:medium;} - -.blockquot {margin:2% 15%;} - -.blockquot1 {margin:2% 10%;} -.blockquot1 p{margin-left:2em;text-indent:-2em;} - -.c {text-align:center;text-indent:0%;} - -.cb {text-align:center;text-indent:0%;font-weight:bold;} - -.chead {text-align:center;text-indent:0%; -margin:2em auto;} - -.fint {text-align:center;text-indent:0%; -margin-top:2em;} - -.figcenter {margin:3% auto 3% auto;clear:both; -text-align:center;text-indent:0%;} - @media handheld, print - {.figcenter - {page-break-before: avoid;} - } - -.footnotes {border:dotted 3px gray;margin-top:5%;clear:both;} - -.footnote {width:95%;margin:auto 3% 1% auto;font-size:0.9em;position:relative;} - -.label {position:relative;left:-.5em;top:0;text-align:left;font-size:.8em;} - -.fnanchor {vertical-align:30%;font-size:.8em;} - -.hang {text-indent:-2%;margin-left:2%;} - - h1 {margin-top:5%;text-align:center;clear:both; -font-weight:normal;} - - h2 {margin-top:4%;margin-bottom:2%;text-align:center;clear:both; - font-size:150%;font-weight:bold;} - - h3 {margin:4% auto 2% auto;text-align:center;clear:both; - font-size:150%;font-weight:bold;} - - h4 {margin:4% auto 2% auto;text-align:center;clear:both; - font-size:100%;font-weight:bold;} - - hr.full {width: 60%;margin:2% auto 2% auto;border-top:1px solid black; -padding:.1em;border-bottom:1px solid black;border-left:none;border-right:none;} - - img {border:none;} - -.letra {font-size:250%;} - -.nind {text-indent:0%;} - - p {margin-top:.2em;text-align:justify;margin-bottom:.2em;text-indent:4%;} - -.pagenum {font-style:normal;position:absolute; -left:95%;font-size:55%;text-align:right;color:gray; -background-color:#ffffff;font-variant:normal;font-style:normal;font-weight:normal;text-decoration:none;text-indent:0em;} -@media print, handheld -{.pagenum - {display: none;} - } - -.rt {text-align:right;} - -small {font-size: 70%;} - -.smcap {font-variant:small-caps;font-size:100%;} - -table {margin-top:2%;margin-bottom:2%;margin-left:auto;margin-right:auto;border:none;} - -div.poetry {text-align:center;} -div.poem {font-size:90%;margin:auto auto;text-indent:0%; -display: inline-block; text-align: left;} -.poem .stanza {margin-top: 1em;margin-bottom:1em;} -.poem span.i0 {display: block; margin-left: 0em; padding-left: 3em; text-indent: -3em;} -</style> - </head> -<body> - - -<pre> - -The Project Gutenberg EBook of Tauromaquia completa, by Francisco Montes - -This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with -almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Tauromaquia completa - ó sea El arte de torear en plaza - -Author: Francisco Montes - -Release Date: August 24, 2020 [EBook #63030] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TAUROMAQUIA COMPLETA *** - - - - -Produced by Chuck Greif, Biblioteca Digital de la Comunidad -de Madrid and the Online Distributed Proofreading Team at -https://www.pgdp.net - - - - - - -</pre> - -<hr class="full" /> - -<p class="c"> -<a href="images/end.jpg"> -<img src="images/end.jpg" -height="550" -alt=""/></a> -<a href="images/cover.jpg"> -<img src="images/cover.jpg" -height="550" -alt="" -/></a></p> - -<table border="1" cellpadding="5" cellspacing="0" summary=""> -<tr><td class="c"><a href="#INDICE"><b>AL INDICE</b></a></td></tr> -</table> - -<h1>TAUROMAQUIA</h1> - -<p class="c">COMPLETA,<br /><br /> -escita por el célebre<br /><br /> - -LIDIADOR<br /><br /> -FRANCISCO MONTES.<br /><br /><br /> -PRECIO,<br /> -14 <i>rs.</i> en Madrid y 15 cm<br /> -las Provincias. -<br /><br /><br /><img src="images/tauro.jpg" -width="175" -alt="[Image -unavailable.]" -/><br /><br /><br /> -<a href="images/montes.jpg"> -<img src="images/montes.jpg" height="550" alt="[Image -unavailable.]" -/></a><br /> -<br /> -FRANCISCO MONTES<br /><br /><br /> -TAUROMAQUIA COMPLETA,<br /> -<br /> -Ó SEA<br /> -<br /> -EL ARTE DE TOREAR EN PLAZA,<br /> -<br /> -TANTO A PIE COMO A CABALLO:<br /> -<br /> -ESCRITA POR EL CÉLEBRE LIDIADOR<br /> -<br /> -<big>FRANCISCO MONTES,</big><br /> -<br /> -Y DISPUESTA Y CORREGIDA ESCRUPULOSAMENTE<br /> -POR EL EDITOR.<br /> -</p> - -<div class="blockquot"><p class="hang"><i>Va acompañada de un discurso histórico apologético sobre las -fiestas de toros, y de</i> una tercera parte <i>en que se proponen las -mejoras que deberia sufrir este espectáculo</i>.</p></div> - -<p class="c"> -MADRID:<br /> -<br /> -IMPRENTA DE D. JOSÉ MARÍA REPULLÉS.<br /> -1836.<br /> -</p> - -<h2><a name="PROLOGO_DEL_EDITOR" id="PROLOGO_DEL_EDITOR"></a>PROLOGO DEL EDITOR.</h2> - -<p class="nind"><i><span class="letra">A</span>si como los individuos, tienen los pueblos su carácter original propio -y esclusivo de ellos, que sirve para distinguir los unos de los otros, y -que es el orígen de sus hábitos y costumbres.</i></p> - -<p><i>Para llegar á conocer con exactitud el verdadero carácter de un pueblo, -es á veces mas á propósito que su misma historia tomada en su totalidad, -la lectura de aquellos escritos en que se hallan consignados sus -entretenimientos privados, esto es, peculiares y esclusivos de él; y -volviendo á comparar los pueblos con los individuos, diremos que tanto -los unos como los otros son mas dificiles de conocer, y dejan menos -traslucir su verdadera índole cuando ejecutan acciones de cierta -notoriedad y consecuencias, porque en este caso el temor de la censura -pública influye poderosamente en las determinaciones. Es tan verdadera -esta asercion, que hasta en la edad del candor, en la edad pueril, se -observa constantemente que los niños no obran del mismo modo cuando los -observan sus padres ó sus maestros, que obran entre sí en sus juegos y -divertimientos: aqui, pues, debemos buscar el verdadero carácter del -niño, y aqui tambien el de los hombres y el de los pueblos.</i></p> - -<p><i>Intimamente convencido de esta verdad, ofrezco al público, en prueba -de la bravura del carácter español, la presente obrita, que tanto por el -mérito de la parte puramente artística, que es del tan célebre Francisco -Montes, como por las curiosidades que en la histórica y apologética he -podido reunir, forma uno de aquellos libros que generalmente se llaman</i> -curiosos, <i>y que son bien recibidos por todas las clases de la -<span class="pagenum"><a name="page_i" id="page_i">{i}</a></span>sociedad</i>.</p> - -<h2><a name="TABLA_ALFABETICA" id="TABLA_ALFABETICA"></a>TABLA ALFABETICA<br /><br /> -<small>DE<br /><br /> -ALGUNAS VOCES Y FRASES<br /><br /> -<i>cuyo conocimiento es indispensable para inteligencia de esta obra</i>.</small></h2> - -<div class="blockquot1"><p><i>Achazo.</i> El movimiento que hace el toro con la cabeza para usar de -sus armas.</p> - -<p><i>Anillos.</i> Se llaman asi las líneas circulares que tienen los toros -en la parte inferior de los cuernos, junto á la raiz, y que marcan -su edad.</p> - -<p><i>Armarse.</i> Ponerse en disposicion para ejecutar alguna suerte.</p> - -<p><i>Bulto.</i> Se entiende el cuerpo del torero.</p> - -<p><i>Cabezada.</i> Lo mismo que achazo.</p> - -<p><i>Castigo.</i> Todo aquello que se hace<span class="pagenum"><a name="page_ii" id="page_ii">{ii}</a></span> al toro, y le causa molestia ó -dolor.</p> - -<p><i>Cargar la suerte.</i> El movimiento que hace el diestro en el centro -de ella de bajar los brazos y meter el engaño en el terreno de -afuera para echar del suyo al toro.</p> - -<p><i>Cerco.</i> Lo mismo que plaza.</p> - -<p><i>Cernirse en el engaño.</i> Se dice cuando un toro se queda delante de -él, indeciso sobre tomarlo ó dejarlo.</p> - -<p><i>Cite.</i> Se llama asi todo movimiento, voz ó silbido con que el -diestro empeña al toro para la suerte.</p> - -<p><i>Colarse el toro.</i> Se dice, bien cuando se mete en el terreno de -adentro, ó bien cuando por haberle hecho mal alguna suerte se va -por entre el engaño y el cuerpo. Los picadores dicen que el toro se -<i>coló suelto</i> cuando<span class="pagenum"><a name="page_iii" id="page_iii">{iii}</a></span> llega hasta el caballo sin haberlo pinchado.</p> - -<p><i>Contraste.</i> Cuando el toro se ve obligado por dos terrenos hay -contraste.</p> - -<p><i>Cuadrada.</i> Tener la muleta; presentarla de modo que le dé todo el -frente al toro.</p> - -<p><i>Cuadrarse.</i> Ponerse al lado del cuello del toro, donde no alcance -el achazo.</p> - -<p><i>Derrotes.</i> Los contínuos movimientos que hace el toro con la -cabeza cuando quiere desarmar al torero.</p> - -<p><i>Desarmarse.</i> Quitarse de la posicion de hacer suerte.</p> - -<p><i>Diestro.</i> Lo mismo que torero.</p> - -<p><i>Encerrado.</i> Está el diestro encerrado, cuando no tiene terreno -suficiente para rematar la suerte sin tropezar con el toro.</p> - -<p><i>Engaño.</i> Todo lo que se emplea para engañar los toros.<span class="pagenum"><a name="page_iv" id="page_iv">{iv}</a></span></p> - -<p><i>Embroque.</i> La disposicion en que el torero se halla respecto al -toro, cuando si no se moviera llevaria la cornada.</p> - -<p><i>Escupirse.</i> Cuando el toro no toma el engaño.</p> - -<p><i>Humillar.</i> Se llama asi la accion de bajar el toro la cabeza para -tirar el achazo; tambien se llama descubrirse.</p> - -<p><i>Jurisdiccion.</i> La del diestro es el pedazo de tierra en que puede -hacer suerte con el toro, y la de éste hasta donde alcanza con el -achazo.</p> - -<p><i>Liar.</i> Recoger la muleta sobre el palo.</p> - -<p><i>Mejorar el terreno.</i> Cuando el matador, por ejemplo, ve que el -toro viene metido en su terreno, y se mete él un poco mas para -hacer la suerte natural, se usa esta frase.</p> - -<p><i>Meter los brazos.</i> La accion de<span class="pagenum"><a name="page_v" id="page_v">{v}</a></span> bajarlos para poner las -banderillas.</p> - -<p><i>Parear.</i> Poner dos banderillas.</p> - -<p><i>Peon.</i> Torero de á pie.</p> - -<p><i>Piernas.</i> Se dice que el toro tiene muchas cuando es muy ligero.</p> - -<p><i>Pies.</i> Lo mismo que piernas.</p> - -<p><i>Quiebro.</i> Todo movimiento de cintura con que se evita el achazo.</p> - -<p><i>Salida falsa.</i> La de los banderilleros cuando no hacen la suerte.</p> - -<p><i>Salirse de la suerte.</i> Ponerse en otro sitio donde no se puede -verificar; se entiende, con el diestro y con el toro.</p> - -<p><i>Sentar los pies.</i> Tenerlos quietos hasta el momento oportuno.</p> - -<p><i>Tablas.</i> La valla que forma el cerco.</p> - -<p><i>Taparse el toro.</i> Cuando en vez de humillar alza la cabeza.</p> - -<p><i>Tender la suerte.</i> Bajar el capote y adelantarlo un poco.</p> - -<p><i>Tirar los brazos.</i> El movimiento<span class="pagenum"><a name="page_vi" id="page_vi">{vi}</a></span> que se hace con ellos para sacar -el engaño.</p> - -<p><i>Transformacion.</i> La de los toros, cuando de buenos se hacen malos, -ó vice-versa.</p> - -<p><i>Viaje.</i> La carrera determinada del diestro ó del toro.</p></div> - -<p><big>NOTA</big>. No hemos querido estendernos mas en esto, porque ademas de ser -suficientes para entender esta obra las frases ya esplicadas, sería -interminable anotar todas las técnicas del toreo.<span class="pagenum"><a name="page_1" id="page_1">{1}</a></span></p> - -<h2><a name="DISCURSO" id="DISCURSO"></a>DISCURSO<br /><br /> -<small>histórico-apologético</small><br /><br /> -DE LAS FIESTAS DE TOROS.</h2> - -<p class="nind"><span class="letra">L</span>a historia guarda un profundo silencio relativamente á los pormenores -que acompañaron á las luchas de hombres con toros en un crecido número -de años. Hasta el reinado de Alfonso VI<a name="FNanchor_1_1" id="FNanchor_1_1"></a><a href="#Footnote_1_1" class="fnanchor">[1]</a> no se hace mencion de ellos -como entretenimiento de la nobleza; y todos convienen en que el célebre -caballero Ruy, ó Rodrigo Diaz del Vivar, llamado el Cid Campeador, fue -el que por primera vez alanceó los toros desde el caballo.</p> - -<p>Esta accion, hija del estraordinario valor y bizarría de aquel héroe, -dió orígen á un nuevo espectáculo que con general aceptacion<span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">{2}</a></span> vino á -sustituir al que se usaba en el siglo undécimo, que consistia en soltar -un cerdo, y luego dos hombres con los ojos vendados y armados con un -palo, los cuales iban dando hasta que uno topase con el cerdo, que -entonces era suyo; y la mayor diversion era cuando los dos -equivocadamente se apaleaban.</p> - -<p>Si la nobleza y relevantes prendas de las personas que se dedican á tal -ó cual diversion, honesta se entiende, es suficiente motivo para -reputarla por buena y tenerla en estima, la lucha de toros gozará la -preeminencia, por haber sido el mas valiente caballero español el -primero á quien se le vió lidiarlos. No obstante, algunos creen que en -tiempo de los romanos se conocian ya estas fiestas en España, y apoyan -su opinion no solo en la historia, sino tambien en los restos de los -famosos anfiteatros que existen en Toledo, Mérida y otros pueblos; pero -aunque asegura aquella que los romanos eran muy aficionados á las -contiendas de hombres con fieras, no consta de manera alguna que los -toros fueran empleados para ellas, y sí otros animales; y es digno de -atencion que en Roma no se hubiese perpetuado esta diversion, siendo<span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">{3}</a></span> -propia de aquella república, y sí en España, que fue solamente una de -sus provincias conquistadas. Tampoco fundada me parece la opinion de los -que creen que los godos conocieron como espectáculo estas fiestas, y -creo que bastará ver lo que Manuel García dice en su <i>Epítome de las -recreaciones públicas</i>, página 226, para convencerse del poco fundamento -que tiene.</p> - -<p>En el año 1100 estaba ya estendida la fiesta de toros, y conocida como -peculiar de los españoles, pues que el licenciado Francisco de Cepeda en -su <i>Resumpta historial de España</i> dice llegando á esta época: “Se halla -en memorias antiguas que se corrieron (este año) en fiestas públicas -toros; espectáculo solo de España.” Se fomentó mucho esta diversion -cuando los príncipes, amonestados por el celo de los eclesiásticos, -proscribieron todas aquellas cuyas consecuencias eran á menudo funestas, -entre las cuales no comprendian los toros; lo cual es mucho de notar, y -viene en apoyo de lo racional y seguro que tienen.</p> - -<p>Desde esta época la nobleza se dedicó enteramente á esta clase de -distraccion, que era<span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">{4}</a></span> privativa suya, y no habia ningun acontecimiento -de utilidad y alegría pública que no se solemnizase con corridas de -toros. Asi es, que nuestras crónicas nos dicen, que cuando Alfonso VII -casó en Saldaña con doña Berenguela la chica, hija del conde de -Barcelona, en el año de 1124, hubo entre otras diversiones la de correr -toros; y cuando el rey don Alfonso VIII casó á su hija doña Urraca con -el rey don García de Navarra, hubo en la ciudad de Leon dicha fiesta. La -reputacion que se iba adquiriendo era tal, que pensaron en establecerla -en varias partes fuera de España, principalmente en Italia, pero siempre -iban las reses enmaromadas y con perros; y no obstante estas -precauciones, sucedió en Roma el año de 1332, que murieron en las astas -de los toros diez y nueve caballeros romanos y muchos plebeyos, sin -contar los heridos, que fueron muchos, y de los que probablemente -moriria alguno; lo cual nunca sucedió en España, á pesar de la mayor -bravura de los toros, y de las mayores habilidades que con ellos se -hacian. Este suceso fue causa de que se prohibiesen en Italia, -convencidos de lo indispensable que<span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">{5}</a></span> es para torear con seguridad reunir -el valor de los descendientes de Rómulo, y la destreza que á par de -aquel brilla en el español.</p> - -<p>En el reinado de don Juan II llegó á su punto la galantería -caballeresca, que se mezcló en toda clase de pasatiempos, y dió nuevo y -poderoso impulso á la diversion de que tratamos. Tres fueron las grandes -causas que concurrieron á fomentar con tanta rapidez el engrandecimiento -de este espectáculo: la primera, el espíritu de galantería que como -hemos dicho se introdujo en ellos, haciendo que cada caballero -comprometiera y dedicara á su dama los esfuerzos de su valor, la cual -habiéndolos presenciado, y juzgando por ellos si aquel caballero era -bastante valiente para merecer su atencion, premiaba sus afanes con un -distinguido favor. La segunda fue la parte que en ellas tomaron los -soberanos, pues no solo las autorizaban con su presencia, sino que -alternaban con los nobles en las lides, disputándoles como caballeros el -premio que la belleza guardaba al mas diestro y galan. La última causa -que concurrió fue la emulacion que existia entre la nobleza y los -caballeros moros de Granada, nacida por<span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">{6}</a></span> el trato que tanto en paz como -en guerra tenian con ellos; y como fueron muy frecuentes entre estos las -fiestas de toros hasta el tiempo del rey Chico, y hubo muchos muy -diestros, como fueron Malique-Alabez, Muza y Gazul, que hicieron -célebres sus nombres y habilidad en la plaza de Bibarrambla, de aqui es -que aquellos tratasen de imitarlos, y hacerles ver que en nada cedian -los caballeros castellanos á los musulmanes españoles.</p> - -<p>Cuando en 20 de octubre del año 1418 casó el rey don Juan con doña María -de Aragon, hubo en Medina del Campo dichas fiestas de toros, y en el -reinado de Enrique IV se aumentó mas su esplendor; pero es imposible -marcar con fijeza la época en que esta diversion tomó el aspecto de -espectáculo público y nacional, y dejó de aparecer como un -entretenimiento de los guerreros y caudillos mas famosos: las leyes de -Partida la cuentan entre los espectáculos ó juegos públicos: la 57, tít. -15, parte 1, la menciona entre aquellas á que no deben concurrir los -prelados. Otra (la 4, parte 7, tít. de infamados) puede dar sospechas de -que en aquel tiempo se ejercia ya este arte por personas<span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">{7}</a></span> mercenarias, -pues que condena á infamia á los que lidian con fieras bravas por el -dinero: y de una ordenanza del fuero de Zamora se deduce que hácia fines -del siglo XIII habia en aquella ciudad plaza ó sitio determinado para -tales fiestas.</p> - -<p>De cualquier modo que sea, ello es indudable que este fue uno de los -ejercicios de destreza y valor á que se dedicaron los nobles de la edad -media. La crónica del conde de Buelna es buen testimonio de ello: hé -aqui las palabras del cronista ensalzando el valor de este paladin, -triunfante tantas veces en las justas de Castilla y Francia, y que tanto -se distinguió en los juegos de Sevilla celebrados para festejar el -recibimiento de Enrique III cuando llegó alli desde el cerco de Gijon. -“E algunos (dice) corrian toros, en los cuales non fue ninguno que tanto -se esmerase con ellos asi á pie como á caballo, esperándolos, poniéndose -á gran peligro con ellos, é faciendo golpes de espada tales que todos -eran maravillados.”<a name="FNanchor_2_2" id="FNanchor_2_2"></a><a href="#Footnote_2_2" class="fnanchor">[2]</a><span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">{8}</a></span></p> - -<p>Esta diversion continuó estendiéndose y perfeccionándose, y se sabe que -fue una de las fiestas con que el condestable Sr. de Escalona celebró la -llegada de don Juan el II cuando vino por la primera vez á esta villa.</p> - -<p>Enervándose algun tanto el espíritu marcial por la renovacion de los -estudios que iba haciendo nacer el gusto de las letras, fue mirada por -algunos la lucha de toros como diversion espuesta y sangrienta, de lo -que no hay que maravillar, pues desconociéndose las reglas y recursos -que hoy ponen tan á salvo á los lidiadores, solia alguna vez haber -disgustos y desgracias. Gonzalo Fernandez de Oviedo pondera la aversion -con que la piadosa Isabel la Católica vió una de estas fiestas, y fue -tal su disgusto, que pensó en proscribir de sus dominios tal -espectáculo; pero los partidarios que tenia, que eran muchos, y -principalmente entre los nobles, deseosos de conservar una diversion tan -acomodada al espíritu del siglo, propusieron á la reina envainar las -astas de los toros en otras mayores que fuesen de cuero, y vueltas las -puntas hácia atras, con lo que se templaba el golpe, y no se podrian -verificar heridas penetran<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">{9}</a></span>tes. Este medio fue aplaudido y abrazado -entonces; pero ningun testimonio he visto que asegure la continuacion de -su uso, lo cual prueba, á mi parecer, que distraida la reina de su -propósito volvieron á gozar sin traba alguna de su favorita diversion.</p> - -<p>Viene en apoyo de esta opinion la carta que desde Aragon escribió esta -virtuosa reina en el año de 1493 á su confesor Fr. Hernando de Talavera, -en que decia: “De los toros sentí lo que vos decis, aunque no alcance -tanto; mas luego alli propuse con toda determinacion de nunca verlos en -toda mi vida, ni ser en que se corran, y no digo defenderlos (esto es, -prohibirlos) porque esto no era para mí á solas.”</p> - -<p>Llegó pues á estenderse y á autorizarse tanto esta diversion, que el -emperador Cárlos V, á pesar de no haber nacido ni criádose en España, -mató un toro de una lanzada en la plaza mayor de Valladolid, en -celebridad del nacimiento de su hijo Felipe II. En este mismo año una -señora de la antigua y noble casa de Guzman casó con un caballero de -Jerez, conocido por el <i>Toreador</i>. El célebre conquistador del Perú don -Fernando Pi<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">{10}</a></span>zarro era muy diestro y valiente rejoneador; y del famoso -don Diego Ramirez de Haro se cuenta que daba á los toros grandes -lanzadas cara á cara y á galope, y sin anteojos ni banda el caballo. El -rey don Sebastian de Portugal era tambien un hábil rejoneador. Se hallan -estas noticias y otras curiosas en el libro de ejercicios de la gineta, -que escribió don Gregorio Tapia y Salcedo en el año 1643, y en el que -tambien se hallan reglas para torear á caballo, pues en aquel tiempo era -este ejercicio una de las partes mas esenciales de aquel arte. Felipe -III en 1619 renovó y corrigió la plaza de Madrid, lo que prueba que este -monarca tenia en aprecio esta diversion. Don Felipe IV no solo la -protegió, sino que tambien rejoneaba y alanceaba desde el caballo, y ya -en su tiempo se iban reduciendo á una especie de arte sus reglas, como -se puede ver en las que imprimió en Madrid don Gaspar Bonifaz, del -hábito de Santiago y caballerizo de S. M. Don Luis de Trejo, del orden -de Santiago, tambien imprimió en Madrid unas advertencias para torear. -Don Diego de Torres escribió tambien unas reglas de torear, que se han -perdido, y<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">{11}</a></span> que hay razones para creer que serian para los de á pie, lo -cual hace mas sensible su pérdida, en atencion á que todos los autores -arriba mencionados, y muchos mas que pudiera citar, escribieron con -particularidad para los de caballo; y no encuentro quien trate -espresamente de los de á pie, si esceptuamos á Novelli, hasta el año de -1750 en que lo hizo don Eugenio García Baragaña, cuyo escrito se -imprimió en Madrid ese mismo año.</p> - -<p>El reinado de Cárlos II fue el último en que estas fiestas gozaron de su -esplendor y nobleza. La plebe no se podia mezclar en ellas, pues hasta -entonces gozaban de la aristocracia con que las verificaron los moros de -Toledo, Córdoba y Sevilla, cuyas cortes fueron en su tiempo las mas -cultas de Europa, y de las cuales tomaron los españoles el ceremonial de -este espectáculo; por lo que dice Bartolomé de Argensola:</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">Para ver acosar toros valientes,<br /></span> -<span class="i0">Fiesta un tiempo africana y despues goda,<br /></span> -<span class="i0">Que hoy les irrita las soberbias frentes &c.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Asi es que los caballeros, á imitacion de aquellos, ejecutaban todas las -suertes desde el<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">{12}</a></span> caballo, y solo se apeaban en el lance que llamaban -<i>empeño de á pie</i>; en este caso se bajaba el caballero por haber perdido -el sombrero, guante ó algun otro de sus atavíos, ó bien porque el toro -le hubiese herido ó muerto el caballo ó alguno de los peones que para su -defensa llevaba; y no debia montar ni recoger lo perdido hasta haberle -quitado la vida. Se dice que en esta ocasion don Manrique de Lara y don -Juan Chacon cortaron á la fiera el pescuezo á cercen de una cuchillada. -Dejaron tambien renombre los caballeros Cea, Velada y Villamor; el duque -de Maqueda, Cantillana, Ozeta, Bonifaz, Sástago, Zárate, Riaño y otros -muchos celebrados por Quevedo. Fueron tambien famosísimos el conde de -Villa-mediana y don Gregorio Gallo, caballerizo de S. M. y del orden de -Santiago, el cual inventó la espinillera para defensa de la pierna, por -lo que entonces se llamó gregoriana, y que nuestros picadores conservan -llamándola <i>mona</i>.</p> - -<p>A fines del siglo XVII rejoneaban con general aplauso en Zaragoza -delante de don Juan de Austria dos nobles caballeros llamados Pueyo y -Suazo, celebrados por el poeta<span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">{13}</a></span> Tafalla. Tambien eran famosos el marqués -de Mondejar, el conde de Tendilla y el duque de Medina Sidonia, el cual -era tan diestro y valiente con los toros, que no recelaba de que el -caballo fuese bien ó mal cinchado, pues decia que las verdaderas cinchas -habian de ser las piernas del ginete. Este caballero mató dos toros de -dos rejonazos en las bodas de Cárlos II con doña María de Borbon en el -año de 1673, y rejonearon entre una multitud de grandes el de Camarasa y -Rivadavia.</p> - -<p>Cuando don Nicolas Rodrigo Novelli imprimió en 1726 su cartilla de -torear, eran diestros caballeros don Gerónimo de Olazo y don Luis de la -Peña, del hábito de Calatrava y caballerizo mayor del duque de Medina -Sidonia; tambien lo era don Bernardino Canal, hidalgo del Pinto, que fue -muy celebrado y aplaudido cuando rejoneó delante del rey el año de 1725.</p> - -<p>El reinado de Cárlos II fue el de mas esplendor sin duda alguna para las -fiestas de toros; pero Felipe V, que subió en seguida al trono, mostró -tal aversion á ellas, que la nobleza dejó de verificarlas; por lo que -perdieron el carácter que las habia distinguido, pues<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">{14}</a></span> aunque no -faltaban algunos caballeros que por su decidida aficion hicieron alguna -suerte con los toros, sin embargo, era privadamente para satisfacer su -deseo, pero no ya con el prestigio de ser un ejercicio peculiar y -honroso de la clase distinguida; y si fue un mal para la grandeza y -pompa del espectáculo la aversion del monarca, recibia por otra parte un -impulso estraordinario hácia su perfeccion como arte, y adquirió una -popularidad tal que se hizo general la aficion. Continuó estendiéndose -en los siguientes reinados, y habiendo hecho el gobierno construir en -algunas partes del reino plazas á propósito para estos espectáculos, y -destinado su producto para varios objetos de beneficencia, el interes -llamó á la arena una clase de hombres atrevidos, que con su aplicacion -hicieron nuevos juguetes y cambiaron del todo el modo de torear. El -toreo de á pie debe á ellos su perfeccion; pues antes de esta época solo -en el caso de que ya hicimos mencion arriba, llamado <i>empeño de á pie</i>, -ó cuando se tocaba á desgarretar, era que se veía hacer una que otra -suerte; pero era tanta la confusion en el último caso, y tanto el -bullicio que para dar<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">{15}</a></span> muerte al toro sin orden ni estudio acudia, que -hoy no podriamos verlo sin tedio, pues las novilladas de los lugares ó -el toro embolado son fiestas mas arregladas y divertidas. Todavía el año -de 1725 se mataron los toros á desgarrete por la plebe en la plaza de -Madrid delante de SS. MM. Los encargados principalmente de esta -operacion eran esclavos moros, por lo que Lope de Vega dice en su -Jerusalen hablando de desgarretar...</p> - -<div class="poetry"> -<div class="poem"><div class="stanza"> -<span class="i0">...... Que en Castilla los esclavos<br /></span> -<span class="i0">Hacen lo mismo con los toros bravos.<br /></span> -</div></div> -</div> - -<p>Gerónimo de Salas Barbadillo, Juan de Yagüe y otros autores -contemporáneos dicen que cuando no habia caballeros que matasen los -toros, lo hacian desde los tableros con garrochas ó lanzas, y ya en este -tiempo habia quien capease á pie, lo cual es muy antiguo, pues sabemos -que los moros lo hacian con el capellar y el alquicel. Se cuenta que en -una fiesta que se hizo por este tiempo en la plaza de Madrid, dos -hombres bastante decentes se pusieron debajo del balcon del rey haciendo -como que hablaban, y cuando venia el toro á meterles la cabeza lo -evitaban con solo un<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">{16}</a></span> quiebro de cuerpo; lo que fue muy aplaudido de los -espectadores.</p> - -<p>Fuése adelantando cada vez mas en el toreo de á pie, y se empezó á -vanderillear poniendo solo un regilete de cada vez, que llamaban harpon; -y todavía cuando escribió Novelli su tauromaquia no se habian puesto las -vanderillas á pares, aunque ya se conocia el poner parches á los toros. -En esta época empezó á sobresalir Francisco Romero, de Ronda, el que -perfeccionó mucho el toreo de á pie, y mas adelante inventó la suerte de -matar al toro cara á cara con el estoque y la muleta, lo que ejecutó él -primero, no sin admiracion y aplauso general. Era reputada por tan -espuesta y dificil esta suerte, que para hacerla era necesario ir -vestido con calzon y coleto de ante, correon ceñido y mangas acolchadas -de terciopelo negro, para resistir á las cornadas.</p> - -<p>El abuelo materno del célebre don Nicolas Fernandez Moratin fue tan -valeroso y diestro, que dicen mató un toro á pie y de una estocada. Hubo -siempre muchos caballeros muy valientes y hábiles que hicieron suertes -con los toros, tanto á pie como á caballo:<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">{17}</a></span> tales fueron Potra el de -Talavera, y Godoy, caballero estremeño; siendo aventajadísimo en el -capear á pie el famoso licenciado de Falces.</p> - -<p>En el dia no faltan tampoco muchos caballeros muy diestros en todas -clases de suertes, pero no es lícito citarlos.</p> - -<p>En cuanto al toreo de caballo, la vara de detener ha venido á relevar el -rejoncillo, y nuestros picadores no ceden en destreza y valor á los -antiguos caballeros.</p> - -<p>Es bien conocido de todos el grado de perfeccion á que se ha hecho -llegar el toreo, y la popularidad y general aceptacion de que goza; y se -puede asegurar que una de las causas que han contribuido á ello ha sido -la odiosidad que han mostrado algunos hácia él, y la prohibicion del -señor don Cárlos III, pues se exasperó de tal modo la aficion, que casi -era epidémica, y sofocó la voz de sus opositores, haciendo renacer con -toda su magnificencia este espectáculo, que no obstante la prohibicion -existia con algunas modificaciones ó escepciones que toleraban<a name="FNanchor_3_3" id="FNanchor_3_3"></a><a href="#Footnote_3_3" class="fnanchor">[3]</a>.<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">{18}</a></span></p> - -<p>El señor don Fernando VII (Q. E. G. E.) mostró aficion decidida á esta -hermosa diversion, y estableció en la ciudad de Sevilla una real escuela -de Tauromaquia, dotada decentemente, en la que se enseñaba tanto la -teórica como la práctica del arte por los mas esperimentados profesores.</p> - -<p>Estas son en resúmen las principales particularidades que nos ofrecen -las fiestas de toros con respecto á su historia. Hubieramos podido ser -mas estensos, y engalanar, digamos asi, nuestra narracion con algunas -minuciosidades y reflexiones que hemos omitido en obsequio de la -brevedad; y con tanta mas razon, cuanto en el resto del discurso nos -veremos obligados á insistir en algunos de los puntos históricos -anteriores, como apoyos de la justa defensa que haremos del espectáculo. -A primera vista conozco que nuestro proyecto parece temerario y aun -ridículo, y no faltará quien declame contra él, y juzgue como inútil ó -perjudicialmente perdido el tiempo invertido en semejante trabajo; pero -si desnudos de su desfavorable prevencion leen y meditan las razones que -espondremos, conocerán la justicia de la causa que toma<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">{19}</a></span>mos á nuestro -cargo, y nos habrán de conceder que no son perdidos el tiempo ni el -trabajo que hayamos empleado en desvanecer los errores, harto comunes, -en perjuicio del espectáculo, y hacer triunfar una verdad demasiado -desconocida hasta ahora.</p> - -<p>Pueden dividirse muy bien en dos clases principales las invectivas y -acusaciones que á las fiestas de toros se hacen: las unas se dirigen -puramente contra la accion de torear, y las otras contra esta accion -convertida en espectáculo, y que se estienden por consiguiente á todo lo -accesorio á dichas fiestas. Para combatir pues con método estas -acusaciones, se hace preciso dividir tambien nuestra apología en dos -partes: en la una nos ocuparemos de la accion únicamente, y en la otra -de la totalidad del espectáculo. De esta manera se analiza muy bien la -cuestion, y podemos darle alguna libertad al discurso y un agradable -trabajo al raciocinio. Si no conseguimos el fin que nos proponemos, la -culpa será puramente nuestra, pero no será menos cierta por eso la -verdad que defendemos, y que nuestra mal cortada pluma no pudo -patentizar en el papel.<span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">{20}</a></span></p> - -<p>La accion de torear es tan antigua, que su orígen, envuelto con el de -las acciones que para satisfacer las primeras necesidades verificó el -hombre, se pierde en la oscuridad de los primeros tiempos. La luz que da -la historia es demasiado débil para desvanecer tan densas tinieblas y -guiar nuestra razon; asi es que tenemos que abandonarnos á las -congeturas, y por medio del discurso elevarnos si es posible hasta el -principio de la carrera de la especie humana sobre la tierra.</p> - -<p>El hombre, antes de haber cultivado su ingenio y de haberlo hecho -fecundo hasta el estremo de verse árbitro por él de todo lo creado, -vagaba confundido con el resto de los animales. Muchos de ellos, -superiores á él en los recursos físicos, le hacian la guerra á cara -descubierta, y mas de una vez lo confinaron y vencieron. Pacíficos -poseedores de cuanto les rodeaba, satisfacian á su antojo sus -necesidades, y gozaban completamente de la independencia que en su -orígen tuvieron las especies. Por otra parte la tierra árida en unos -parages, cubierta en otra de maleza, y llena en todos de despojos y -otros malos pasos, de aguas sin curso y hediondos pantanos, se nega<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">{21}</a></span>ba á -ser transitada, ofreciendo apenas al mísero mortal lo mas indispensable -para prolongar una existencia tan precaria como infeliz.</p> - -<p>Sin embargo, este estado de cosas debió durar poco. Si se nos permite -esta espresion, diremos que todos los animales que pueblan el globo, -sean de la clase que quiera, y pertenezcan á esta ó aquella especie, son -seres pasivos: sometidos á cierto orden de leyes eternas, invariables, -no pueden esceder en un punto los límites que á todas sus acciones -señaló de antemano el dedo del destino: sufren las incomodidades que los -cercan sin intentar elevarse á las causas que las producen, ni á los -medios de evitarlas, y caminan á la muerte por el mismo sendero que -caminaron sus abuelos: la vida del primer animal de cada especie es la -misma que la del último, y si en algunos hay variaciones, es porque -habiendo caido bajo el dominio inmediato del hombre, esperimentan -ciertas modificaciones que les imprime su mano; pero esto mismo confirma -lo pasivo de su existencia y la imposibilidad en que estan de cambiar -por sí ó espontáneamente la serie de sus operaciones.</p> - -<p>Al contrario, el hombre desde el momen<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">{22}</a></span>to que esperimentó sensaciones -incómodas intentó destruir sus causas, y conociendo la necesidad que -tenia de obrar de acuerdo con algun otro hombre, se unió á él y echó el -cimiento del edificio social: iba con su industria mejorando por dias el -aspecto de la naturaleza, y con su valor ahuyentó las fieras que le -disputaban audaces el dominio de los campos, y el leon, el tigre, la -pantera y la hiena evitaron medrosas su presencia. Deseoso de abandonar -la vida errante que hasta entonces habia tenido, y de fijar su -residencia en los parages mas risueños y floridos, construyó mansiones -fijas y sembró el germen de las poblaciones; reunió tambien en rebaños -los animales dóciles y domesticables, para que multiplicándose mas y mas -bajo su proteccion y cuidado, le suministrasen con su carne, leche y -pieles, alimentos y vestido. La misma solicitud y esmero del hombre para -protegerlos y aumentarlos parece que le autoriza, segun la espresion de -un sabio naturalista<a name="FNanchor_4_4" id="FNanchor_4_4"></a><a href="#Footnote_4_4" class="fnanchor">[4]</a>, para inmolarlos á su antojo.<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">{23}</a></span></p> - -<p>Por este tiempo hizo tambien la conquista de los animales que le son mas -útiles, y cuya dominacion le da mas gloria. Pero viniendo á fijarnos en -el toro, diremos que fue seguramente uno de los primeros que -esperimentaron el yugo; porque lo esquisito de su carne, la sabrosa y -abundante leche de las hembras, la estension de su piel y la utilidad -con que podia emplear sus fuerzas para diferentes objetos, le harian -fijar en él bien pronto la vista. Su conquista sería bien facil en -aquellos paises en que por razon del clima y de la calidad de los -vegetales tiene un carácter lánguido y poco enérgico; pero en aquellos -que como España crian toros soberbios y fuertes, no pudo verificarse -sino á fuerza de constancia, ardides y peligros, y hé aqui el orígen de -la accion de torear. Nada mas natural ni mas glorioso al hombre. Si -alabamos hoy el valor y la destreza con que los salvages del Orinoco -burlan la ferocidad del caiman; si nos admira el arrojo del árabe que en -sus abrasadores desiertos vence y somete al leon; si no podemos oir sin -estremecimiento la caza del elefante ó la pesca de la ballena, y -apreciamos y medi<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">{24}</a></span>mos la superioridad del hombre por lo grande de estas -acciones, ¿se deberá vituperarla de someter al toro hasta el estremo de -hacerle servir de juguete y distraccion...? Ciertamente que sería una -ridícula contradiccion.</p> - -<p>Hemos visto que es un atributo peculiar del hombre sojuzgar las fieras -de los diferentes paises que habita; que esta accion es indispensable -para adelantar en la carrera de la civilizacion; y que en muchos paises -se perpetúa tanto por necesidad, como por ostentar y gloriarse el hombre -con la fuerza y superioridad que le fueron concedidas. “Todo animal -(dice Fergusson)<a name="FNanchor_5_5" id="FNanchor_5_5"></a><a href="#Footnote_5_5" class="fnanchor">[5]</a> se deleita en el ejercicio de sus fuerzas. Retozan -con sus garras el lobo y el tigre; el caballo olvidando el pasto da -alguna vez su crin al viento para correr los campos; y el novillo y aun -el inocente recental topan con las frentes antes de sentirlas armadas, -como si se ensayasen para las luchas que los esperan. El hombre no menos -propenso á ellas se complace tambien en el uso de sus facultades -naturales, ora ejer<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">{25}</a></span>citando su agudeza y elocuencia, ora su fuerza y -destreza corporal contra un antagonista. Sus juegos son frecuentemente -imagen de la guerra; en ellos derrama su sudor y su sangre, y mas de una -vez sus fiestas y pasatiempos terminan con heridas y muertes. Nacido -para vivir poco, parece que hasta sus diversiones lo acercan al -sepulcro.”</p> - -<p>No obstante lo espuesto, se nos puede objetar que si bien la accion de -torear fue en su principio laudable por la necesidad en que estaba el -hombre de someter las fieras y luchar con ellas, en el dia, que solo se -debe considerar como un mero pasatiempo, es vituperable por hallarse -espuesta su vida sin una utilidad inmediata. Muchas son las razones con -que se puede rebatir esta objecion, pero solo espondremos las mas -fuertes y convincentes para no estendernos demasiado.</p> - -<p>Es evidente que para las diversas operaciones que se necesita hacer -diariamente con los toros es preciso valerse de ciertas mañas, que no -son otra cosa sino partes, digamos asi, del arte de torear; que estas -<i>mañas</i> (como lo da á entender bien su nombre) necesitan cierta destreza -y habilidad que solo se ad<span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">{26}</a></span>quieren con el ejercicio de estos mismos -actos, y de aqui la necesidad de repetirlos como por ensayos, para -perpetuarlos entre aquellos que los han de tener por oficio, -perfeccionarlos, alejar el peligro que pudiera haber en ellos, y hacer -que los que empiezan á ejercitarlos pierdan el miedo y den lugar á la -aficion y serenidad que son necesarias para su seguridad. Por -consiguiente no deben considerarse estos actos como meros pasatiempos, -sino como de necesidad, y distraccion al mismo tiempo.</p> - -<p>Nosotros concederiamos sin embargo alguna mas fuerza á la objecion, si -peligrase efectivamente la vida en la proporcion ó con la probabilidad -que se supone. Los que hacen esta objecion son personas que conocen poco -ó nada el arte de torear, y que ademas no han tenido la curiosidad de -formar una tabla necrológica de los que en determinado número de años -han muerto en la accion de torear ó de sus consecuencias inmediatas: si -tal hubieran hecho, y hubiesen ademas calculado aproximadamente el -número de suertes que en ese tiempo se habia hecho con los toros, verian -cuán remoto es el peligro; y si luego<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">{27}</a></span> rebajan, como es justo para que -el cálculo sea exacto, los contratiempos que la embriaguez y la -ignorancia de los que las hicieron causaron, y que son generalmente los -casos desgraciados, se verá desaparecer enteramente hasta la idea del -peligro mas remoto. Ademas la esperiencia de tantos años no pasó sin -dejar vestigios, y el hombre ha aprendido á conocer y distinguir -claramente las inclinaciones de los toros, y sobre ellas ha cimentado -las bases de un arte tan exacto cuanto son invariables sus principios.</p> - -<p>En consecuencia, pues, de todo lo dicho, resulta que si la accion de -torear en su orígen no carecia de algun riesgo, la utilidad que de ella -se sacaba la hicieron de primera necesidad: que se perpetuó no solo por -esta necesidad, sino por lo natural que es al hombre el deseo de dominar -y hacer alarde de sus facultades, pues tanto las físicas como las -morales se realzan con esta accion; y por último, que si ha llegado en -el dia á ser como un mero pasatiempo en muchos casos, no por eso deja de -traer utilidad; y que la seguridad que el hombre ha llegado á conseguir -en ella, le ponen fuera de los tiros que<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">{28}</a></span> le asestan sus opositores, y -desmiente con la esperiencia los peligros de que les acusan.</p> - -<p>Réstanos aun que hacer una consideracion con respecto á esta accion, y -es que en todos tiempos fue peculiar de los hombres mas nombrados y -respetables. Con muy pocas palabras probaremos esta asercion. Cuando los -hombres empezaron á reunirse y á formar pequeñas sociedades, no habia -clases, ni gerarquías, ni empleos, ni distinciones. Constituidos á -guerrear continuamente con los animales carniceros, y siendo la caza de -ellos la que principalmente los alimentaba, su caudillo era el mas -valeroso, y su gefe el que se presentaba constantemente con mas trofeos; -y como el toro era uno de los que se perseguian con mas ardor, es -evidente que el mas condecorado de ellos sería el que mejor lo burlase y -sometiese. Cuando los años apagaban el vigor y reducian á la inaccion al -guerrero, sus anteriores hazañas le aseguraban el respeto de la tribu, -que lo recompensaba reconociéndolo por su cabeza. La historia de todos -los pueblos apoya este modo de pensar; y la historia, como ya hemos -visto, nos muestra la accion de torear como peculiar y privativa de los -cau<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">{29}</a></span>dillos y grandes del reino. Sabemos ya la causa por qué dejó de -ocupar á la nobleza, y vino á ser casi un patrimonio de la clase -inferior; pero la accion no deja de ser grandiosa, aunque privada del -prestigio de estar en poder de la clase noble.</p> - -<p>Estas breves reflexiones sobre la accion de torear convencen á -cualquiera de lo útil y sublime que en sí encierra. Hemos visto que -nació de las primeras y mas urgentes necesidades del género humano, que -con ella las satisfizo, y que en ella encontró un modo de hacer alarde -de sus mas brillantes prerogativas. Si al principio era una verdadera -lucha en que apenas peleaba el hombre con ventajas, ahora tiene delante -del toro una seguridad incontrastable; y este nuevo triunfo de su -ingenio es una prueba positiva de su escelencia y superioridad -intelectual, mientras que los medios con que consigue su objeto son otra -nueva prueba de su aventajada organizacion. En poco se diferenciara de -los demas animales sino les impusiera el sello de la esclavitud que -publica donde quiera su vasta dominacion. Las regiones medio incultas en -que habita el salvage ofrecen un número<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">{30}</a></span> grande de animales silvestres, -que, orgullosos con su libertad y poderío, parten con el hombre el -imperio de la naturaleza, y muchas veces se lo disputan y usurpan. ¡Qué -degracion la de estos miserables! ¡Gloria eterna al hombre que sabe -llenar el fin para que vino al universo! ¡Loor eterno al hombre que no -solo somete las bestias mas feroces y poderosas, sino que alcanza hasta -hacerlas servir de juguete y distraccion!</p> - -<p>Desde este momento debe considerarse la accion unida al espectáculo. -Para mayor claridad lo dividiremos en las tres grandes y diferentes -épocas en que naturalmente se divide: pasaremos rápidamente por la -primera, nos detendremos algo mas en la segunda, y será la tercera -nuestro objeto principal.</p> - -<p>Para elevarnos hasta el principio de estas fiestas es preciso, como lo -fue para la accion, valernos del discurso, y representarnos á los -primeros hombres recogiendo los frutos de sus asíduos trabajos; entonces -gozaban ya de algunos ratos de recreo, y sus diversiones serian sin -duda, como puede deducirse de la historia, imágenes de sus mas -frecuentes operaciones. Asi es que las luchas entre fieras y<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">{31}</a></span> de hombres -con animales los ocupó esclusivamente, porque el atraso en que estaban -no les permitia otros espectáculos que los mas sencillos y naturales.</p> - -<p>Es imposible describir las particularidades de estas fiestas; pero se -puede asegurar que asi como la accion de torear, tuvo el espectáculo de -los toros un orígen sencillo y natural, y que en todo tiempo fue -apreciado y aplaudido.</p> - -<p>Desde esta época hasta que la historia nos habla de esta fiesta, hay un -espacio inmenso en que no podemos seguir la suerte que corrió esta -diversion. Por lo tanto lo pasaremos en silencio, y nos detendremos á -examinar la edad media del espectáculo, comparándolo con la edad -correspondiente de los pueblos de quienes era propio; y veremos que se -acomodaba perfectamente la índole del uno con la del otro, y que sus -atractivos eran mas que suficientes para llamar la atencion general.</p> - -<p>La edad que precedió á la de hoy está caracterizada principalmente por -un espíritu novelesco y marcial. Todo lo que no era estraordinario, lo -que carecia de proezas militares y aventuras caballerescas, y donde no -habia una<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">{32}</a></span> princesa bellísima por quien suspirase un atrevido paladin -que cada dia le dedicaba cien lanzadas y mil mandobles, no era del gusto -de aquellos siglos, en que el entendimiento se enervaba con lo -maravilloso, al tiempo mismo que el cuerpo se fortalecia con la fatiga. -Los hombres no respiraban sino horror y corage, y donde quiera que se -fijase la vista, solo se ofrecian guerras y desastres. Las armas se -llevaban toda la atencion, y antes sabia la juventud esgrimir que leer. -Las treguas que alguna vez se conseguian se empleaban en adiestrar -nuevos guerreros, y los escritos que tanto en prosa como en verso -corrian por las manos de la multitud, solo se dirigian á entusiasmar el -corazon de los lectores aficionándolos al estrépito de las armas, y -refiriéndoles con los encantos de la poesía las hazañas casi increibles -de sus memorables héroes. La ociosidad no tiene lugar entre unos hombres -activos y guerreadores: el tiempo que estaban suspensas las hostilidades -se ocupaba completamente en las justas, los torneos, las luchas &c. Y -por lo que tenian de comun estos espectáculos con el de los toros, como -tambien para dar á conocer el genio de aquellos<span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">{33}</a></span> siglos con mas -particularidad, y poder deducir consecuencias á favor de nuestras -fiestas, daremos una idea aunque sucinta de los juegos con que se -entretenian los pueblos de quienes Abraham Ortelio dijo muchos siglos -antes alabando su valor “que entraban cantando en las batallas,” <i>prelia -agrediuntur carminibus</i>.</p> - -<p>Segun Jovellanos<a name="FNanchor_6_6" id="FNanchor_6_6"></a><a href="#Footnote_6_6" class="fnanchor">[6]</a>, la idea que tenemos de los torneos y de las justas -es muy mezquina y distante de su magnificencia; pero crece al paso que -se levanta la consideracion á sus circunstancias. “Porque ¿quién se -figurará, dice, una anchísima tela pomposamente adornada y llena de un -brillante y numerosísimo concurso; ciento ó doscientos caballeros -ricamente armados y guarnidos, partidos en cuadrillas y prontos á entrar -en lid; el séquito de padrinos y escuderos, pages y palafreneros de cada -bando; los jueces y fieles presidiendo en su catafalco para dirigir la -ceremonia y juzgar las suertes; los farautes corriendo acá y allá para -intimar sus órdenes, y los tañedo<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">{34}</a></span>res y menestriles alegrando y -encendiendo con la voz de sus añafiles y tambores; tantas plumas y -penachos en las cimeras, tantos timbres y emblemas en los pendones, -tantas empresas y divisas y letras amorosas en las adargas; por todas -partes giros y carreras, y arrancadas y huidas; por todas choques y -encuentros y botes de lanza y peligros y caidas y vencimientos? ¿Quién, -repito, se figurará todo esto sin que se sienta arrebatado de sorpresa y -admiracion? ¿Ni quién podrá considerar aquellos valientes paladines -ejecutando los únicos talentos que daban entonces estimacion y nombradía -en una palestra tan augusta, entre los gritos del susto y el aplauso, y -sobre todo á vista de sus rivales y sus damas, sin sentir alguna parte -del entusiasmo y la palpitacion que herviria en sus pechos aguijados por -los mas poderosos incentivos del corazon humano, el amor y la gloria?”</p> - -<p>En efecto, desde que la galantería se introdujo en todas las fiestas y -pasatiempos se hicieron mas espectables, y el espíritu y entusiasmo que -por ellas todas las clases tenian les daba un carácter y animacion que -las engrandecia sobremanera. Las damas que con<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">{35}</a></span>currian á ellas las -embellecian con sus gracias y hermosura, y lejos de ser indiferentes y -pasivos adornos del circo esplendoroso, tomaron una parte muy activa en -las funciones, y eran el móvil y el alma que impulsaba todas y cada una -de las partes del espectáculo. Se les consultaba para la adjudicacion de -los premios que ellas mismas debian entregar al combatiente vencedor, -que henchido de gloria y cubierto de polvo y sudor se acercaba á la -humana beldad, que hermoseada por aquel amable pudor inseparable de la -virginidad, le multiplicaba la satisfaccion de merecer el premio por -adquirirlo bajo tan gratos auspicios.</p> - -<p>Es estraño á la verdad que la aficion á las damas y á las armas hermanen -tan bien, y se hallen constantemente juntas; pero no es por eso menos -cierto que los pueblos mas guerreros fueron siempre los que tributaron -mas respeto y homenage al sexo encantador. No es por tanto una -arbitraria ficcion de los mitologistas suponer que Marte y Venus se -amaron: fue, sí, simbolizar, por decirlo asi, la propension que tiene el -guerrero á suspirar por una beldad á quien dedique sus hazañas,<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">{36}</a></span> y en -cuyos brazos descanse de sus peligros y trabajos.</p> - -<p>En los tiempos que nos ocupan estaba la nobleza encargada de la defensa -pública; formaba la caballería, y era el mas poderoso apoyo de las -huestes. La pólvora no se habia presentado aun para cambiar el modo de -guerrear; se lidiaba de hombre á hombre y cuerpo á cuerpo, y por tanto -era indispensable que la fuerza y destreza corporal estuviesen muy -ejercitadas. Los caudillos se veían precisados á estar mas diestros, y -ser mas forzudos y valerosos que los simples soldados, y siendo aquellos -de la clase noble, se hacia indispensable que fuera su educacion activa -y belicosa. Los mismos soberanos caminaban al frente de su ejército en -tiempo de guerra, y en tiempo de paz justaban con los grandes. Don Juan -el II justó algunas veces como aventurero<a name="FNanchor_7_7" id="FNanchor_7_7"></a><a href="#Footnote_7_7" class="fnanchor">[7]</a>, y don Pedro el cruel<a name="FNanchor_8_8" id="FNanchor_8_8"></a><a href="#Footnote_8_8" class="fnanchor">[8]</a> -salió herido en una mano en un torneo que se celebró en Torrijos.<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">{37}</a></span></p> - -<p>Vemos pues lo indispensable que era entonces esta clase de espectáculos, -y que la pompa y magnificencia con que eran adornados los hacian -merecedores de la atencion general. Sin embargo, tenian algo de cruel y -sanguinario, que solo podia tolerarse por la necesidad en que se estaba -de familiarizar á los pueblos con la sangre y los lances de la guerra.</p> - -<p>Por este tiempo se lidiaban ya los toros desde el caballo, y se picaba -con el rejoncillo, y este espectáculo se hacia con el mismo ceremonial -que hemos visto se empleaba para las fiestas y torneos: venia ademas en -su apoyo no ser cruel ni sanguinario, y tan apropósito cuando menos como -los otros para dar á conocer el valor y gallardía de los caballeros. Asi -es, que se iba fomentando sobre las ruinas de los primeros, á lo que -contribuyó no poco el no estar comprendido en la prohibicion que de los -que se miraban como sangrientos se habia hecho. Esto es una prueba de lo -mas racional y seguro de estas fiestas sobre las demas de su tiempo, y -da á conocer la razon de haberse perpetuado hasta nuestros dias, en que -ya ni vestigios se ha<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">{38}</a></span>llan de las costumbres caballerescas, cuyo -esterminio concluyó con tanta gloria suya y universal aplauso el -inimitable Cervantes.</p> - -<p>Baste pues para hacer la apología de estas fiestas segun se verificaban -en la edad media, saber que no fueron reputadas por los concilios como -sangrientas; que eran esclusivamente propias de la grandeza; que se -consideraban como el acto mas á propósito para hacer alarde los -caballeros de su valor y destreza; que las damas las favorecian -constantemente con su asistencia, y se envanecian y vanagloriaban cuando -el caballero que era dueño de su corazon se distinguia entre los demas; -que á pesar de ir decayendo el gusto caballeresco y los espectáculos en -que mas relucia, el de los toros seguia verificándose con la misma pompa -y general aplauso que en los tiempos anteriores se celebraran los demas; -que fue el único que ocupó últimamente la clase distinguida, y que no -hubiera probablemente decaido de este grado de esplendor si, como ya -hemos dicho en la parte histórica, no hubiera Felipe V mostrado aversion -hácia él, y si la nobleza, que se amolda siempre á los gustos y aun á -los<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">{39}</a></span> caprichos de los soberanos, hubiera conservado su carácter -primitivo.</p> - -<p>Si no fuera por temor de esceder los límites propuestos, nos -estenderiamos sobre una multitud de objetos de los que se puede sacar un -sin número de razones en apoyo de las fiestas de toros. Pero -desentendiéndonos ya de todo lo que pertenece á los tiempos anteriores, -examinaremos el espectáculo segun se halla en el dia, deteniéndonos como -es indispensable en esta época para hacer patentes las razones que lo -apoyan.</p> - -<p>El pueblo español ha perdido todos los espectáculos que en otro tiempo -hicieron su recreo. La afinacion progresiva del gusto ha hecho olvidar -las justas y los torneos; apenas hay memoria de los fuegos de artificio, -las máscaras han sufrido enérgicas prohibiciones, las romerías, los -juegos escénicos, las danzas de espadas se han olvidado casi del todo, y -la parte mas considerable de la nacion, que es la que se alimenta del -trabajo diario, no tiene una sola ocasion al año en que pueda -proporcionarse algunas horas de apetecida diversion con el ahorro de sus -fatigas. Volvamos los ojos hácia esta nume<span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">{40}</a></span>rosa porcion del estado, y no -podrá menos que lastimarnos su infelicidad. Vagando triste y -silenciosamente por las calles y plazas de su infeliz aldea pasan el dia -que destinan al reposo; el tedio los persigue, y la taciturna ociosidad -de semejantes dias se los hace aborrecibles; si quieren sacudir este -fastidio no tienen mas recurso que la taberna, donde solo hallan -pendencias y disgustos en vez de la paz y la alegría.</p> - -<p>Aunque tuviesen inmediata alguna ciudad en que hubiese teatro no -conseguirian distraerse y dilatar su ánimo: la educacion y género de -vida en que se han criado les vedan los placeres que exigen para -percibirse otro gusto y delicado tacto. Ellos necesitan diversiones que -hieran vivamente los sentidos, y en que se mueva el ánimo mas por la -parte puramente óptica ó de perspectiva que por la intelectual; mas -claro, les entusiasma ver hechos grandes, sorprendentes, que exigen -mucho valor y habilidad; pero no puede escitarles lo sublime de los -afectos, lo correcto del estilo, lo fluido y sonoro de la versificacion, -ni las demas bellezas que no pueden percibirse sino por los que esten -adornados con una<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">{41}</a></span> educacion y conocimientos no vulgares. ¿Qué -espectáculos pues daremos á esta apreciable y laboriosa parte de la -nacion? ¿La dejaremos limitada á los reducidos bailes dominicales que -solo se ven en algunas provincias, y que en manera alguna merecen el -nombre de tales? “Creer que los pueblos puedan ser felices sin -diversiones, dice Jovellanos, es un absurdo. Creer que las necesitan y -negárselas, es una inconsecuencia tan absurda como peligrosa. Darles -diversiones y prescindir de la influencia que puedan tener en sus ideas -y costumbres, sería una indolencia harto mas absurda, cruel y peligrosa, -que aquella inconsecuencia. <i>Resulta pues que el establecimiento y -arreglo de las diversiones públicas será uno de los primeros objetos de -toda buena política.</i>” La autoridad de un hombre tan respetable por -todos títulos como el autor que citamos basta por sí para decidir sobre -la necesidad que tienen los pueblos de un espectáculo acomodado á su -genio, y cuyas bellezas no necesiten para comprenderse los esfuerzos de -la imaginacion, sino que baste asistir á él para gozar y recrearse.</p> - -<p>Este espectáculo será por tanto el mas<span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">{42}</a></span> estendido, hará la holganza de -todo el reino, y se podrá llamar por consiguiente la diversion nacional. -Se reunirán en su recinto el letrado, el militar, el artista, el -marinero, el comerciante, el labrador, todas las clases, por último, -todos los sexos y edades; pero ¿á todos podrá ser inocente ó provechoso -un mismo espectáculo? ¿De qué clase deberá ser su índole? Es evidente -que no puede ser igual el efecto que una sola cosa, sea de la clase que -quiera, produzca en individuos tan diferentes en gustos y ocupaciones, y -tambien lo es que para fijar el carácter de la diversion nacional debe -atenderse principal y casi esclusivamente al espíritu que anima la -inmensa mayoría de los concurrentes. Ahora bien, á esta diversion, sea -la que fuere, que hemos llamado nacional, concurrirá una corta porcion -de personas de instruccion y carrera, y constituirá la mayoría la masa, -digamos asi, de la nacion. Hemos dicho que concurrirá una corta porcion -de aquellos hombres cuyos conocimientos los hacen influir tanto en la -fuerza moral de las naciones, porque ellos estan en una proporcion muy -pequeña con respecto á la multitud de los de<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">{43}</a></span>mas habitantes, que son los -que constituyen la fuerza física, y por consiguiente á estos últimos -debemos tener presente en la eleccion de espectáculos. ¿Y les -ofreceremos por ventura aquella porcion de piezas dramáticas que -ocuparon el teatro en el siglo de su prostitucion? ¿Les dejaremos -aficionarse á este género de diversion en que no hay nada que deje de -ser lúbrico, malicioso, indecente y chabacano? Entre presentarles un -teatro selecto, modelo de bellas letras, y cuyo lenguaje no entienda, ó -un teatro vil, grosero, en que se le ofrezcan los mas peligrosos -ejemplos adornados con el atractivo de la ilusion escénica y con las -dulzuras hechiceras del canto y de la poesía, no hay medio que escoja la -razon. Pero aun suponiendo que fuese el pueblo capaz de comprender y -aficionarse á las bellezas de un teatro clásico, escogido, ¿sería esto -un bien, ó un mal? Esta cuestion es muy delicada, y se necesita mucha -madurez y detencion para decidir en ella con acierto; pero si atendemos -al influjo que tienen las diversiones en las costumbres de los pueblos, -y á la necesidad que hay de que esten en relacion y armonía con la -ocu<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">{44}</a></span>pacion y el género, de ventajas que la sociedad debe prometerse de -la clase de que se juzguen peculiares, se conocerá bien pronto la índole -de las que deben hacer las delicias del pueblo trabajador. La historia -ofrece entre otros varios un ejemplo colosal de lo perjudicial que puede -ser á un pueblo generalizar en todas las clases hasta el estremo una -misma y sola aficion. Despues de haber sostenido Atenas por algunos -siglos una serie de guerras, ya con los pueblos estraños, ya entre los -suyos propios, aniquilado su valor y agotados sus recursos, empezó á -disfrutar de una paz poco ventajosa, y que habia comprado á costa de su -antigua prepotencia. Desembarazados los atenienses de las ocupaciones -marciales, se dedicaron con ardor al cultivo de las letras, y en breve -cobraron por su saber nuevo nombre y prestigio, colocándose nuevamente á -la cabeza hasta de los mismos por quienes poco antes habian sido -derrotados. Lisonjeados por las ventajas conseguidas bajo el pendon de -Minerva, se generalizó el gusto á las letras de tal modo, que las -academias, los liceos, los teatros, á pesar de haber gran número, no -bastaban á recibir la multitud que<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">{45}</a></span> á ellos acudia, y las plazas -públicas llegaron á convertirse en aulas de ciencia universal. Pero esta -popularidad de la sabiduría, lejos de ser ventajosa á las ciencias, fue -muy perjudicial; empezó á viciarse el gusto, y las sutilezas -escolásticas, perpetuadas por desgracia hasta nuestros dias, mudaron el -amor á la verdad, única base del saber, en amor á las disputas y juegos -de palabras, fecundos manantiales de ignorancia y embolismo. Empezaron á -fomentarse las sectas mas ridículas, á propagarse las opiniones mas -estravagantes, á odiarse los que seguian diverso rumbo en su filosófica -presuncion, y á manifestarse, en fin, todos los elementos que tienden -visiblemente á la destruccion de los pueblos. El pueblo de Atenas, -tomando en su verdadera acepcion aquella voz, dejó de ser sabio, y como -ya habia dejado de ser guerrero, se encontró sin recursos que oponer á -la ambicion romana, y dobló vil y cobardemente la cerviz. Si hubiera -conservado espectáculos á propósito para mantener entre la multitud las -ideas de gloria y valor, y hubiera al mismo tiempo creado las academias -para un corto número, pues tal debe ser y es efectivamente la -pro<span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">{46}</a></span>porcion entre el caudillo y los soldados, entre el sabio y los -ignorantes, hubiera tenido para contrastar á los romanos todos los -elementos con que puede contar un pueblo para sostener su independencia.</p> - -<p>Apenas se hallará cosa que tenga mas influencia sobre las costumbres de -los hombres que las diversiones en que ocupan las horas de recreo, -porque son una parte muy esencial de la educacion del pueblo, y por -tanto no puede ser que dejen de modificar en bien ó en mal su índole y -su condicion. Debe ofrecerse al pueblo trabajador una clase de -espectáculos que lo divierta sin fatigar su ruda imaginacion, y sin que -estorbe en manera alguna el orden de sus ideas. Se debe huir de -presentar á su consideracion imágenes tiernas, lascivas, y todas -aquellas situaciones seductoras en que la malicia y la sensualidad se -demuestran con el mas vivo y agradable colorido. Semejantes objetos no -solo perjudican la moral, sino que atacan directamente los cimientos de -la pública felicidad, porque presentan al miserable jornalero un punto -de comparacion que hace contrastar los trabajos de su clase, y que -podria ser<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">{47}</a></span> orígen de su aburrimiento y desesperacion. Pero tampoco -huyendo este estremo debemos caer en el de embrutecerlo y endurecer su -corazon, familiarizándolo con la sangre de sus iguales. Debe buscarse un -espectáculo en que se escite un laudable deseo de ser fuerte y valeroso, -pero no inhumano y sanguinario; en que no se cimente el triunfo y la -gloria en el vencimiento ó la muerte de otro hombre, sino en el de una -fiera atrevida y poderosa; en que no haya odiosidad directa y personal -que haga mas sangrienta la venganza, sino emulacion y fraternidad que -aseguren el triunfo y el aplauso. Un espectáculo semejante conviene sin -duda al pueblo en su totalidad, porque de él no solo han de salir los -soldados que deben sostener y asegurar la tranquilidad de los pueblos y -la independencia del pais, sino todas las demas clases activas que -necesitan fuerza y valor para el desempeño de sus respectivas -obligaciones; y estas clases deben estar acostumbradas á vencer y -arrostrar los peligros hasta en sus juegos y pasatiempos, pero de -ninguna manera deben ni pueden estar adornados de los conocimientos que -fomenta el teatro. No po<span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">{48}</a></span>dria sostenerse el edificio social sino hubiera -entre los que componen los pueblos esta diversidad de instruccion y de -ocupaciones que son las que mantienen la armonía y permanencia de los -lazos que tan estrechamente los ligan. Los unos deben mandar, dirigir; -los otros obedecer, ejecutar; aquellos necesitan estudios, ciencias; -estos valor, fuerzas. De otro modo la ignorancia enmascarada con la -apariencia del saber, y alegando un derecho que está en contradiccion -con los mismos principios en que se apoya, intentará manejar los grandes -negocios y ser el árbitro de la soberanía; se creerian todos con iguales -méritos, se desplomaria la sociedad, y quedarian sepultados entre sus -escombros los vanos proyectos de realizar un pueblo que solo puede -existir en imaginaciones acaloradas; esto es, un pueblo de sabios. -Florezcan en las capitales todos los monumentos que acrediten el grado -de perfeccion en que se hallan los conocimientos humanos, haya academias -y sociedades, conservatorios y museos, y tengan los sabios cuanto -conduzca á su perfeccion. La clase media en instruccion encuentre en la -escena las bellezas de la poesía, los<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">{49}</a></span> encantos de la música, y los -graciosos ademanes de Terpsícore; pero dejemos á la clase inferior un -espectáculo propio suyo, y no porque las demas gocen de todas las -comodidades de la vida, olvidemos esta numerosa porcion de la sociedad. -Hay una clase de fiestas muy á propósito para llenar todos sus deseos, -que reune los requisitos que hemos visto deben tener sus pasatiempos, y -cuyos atractivos son por otra parte tan poderosos, que lejos de chocar -con las ideas de las otras clases de la sociedad, volarán todas á -presenciarlas. Vamos á examinar en pocos renglones si la lidia de toros -se encuentra en el caso que decimos.</p> - -<p>De cuanto hemos dicho se deduce que el espectáculo que haya de ofrecerse -al pueblo debe influir en su ánimo de modo que le comunique energía, -valor, y deseo de hacerse memorable por sus hazañas, pero sin viciarlo -ni hacerlo sediento de sangre humana. La lidia de toros llena -completamente ambos objetos. Es el suyo burlar á una fiera altiva y -poderosa, y hacerla espirar á los pies del lidiador. Pero no es una -lucha como las que en tiempo de los romanos entablaban los in<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">{50}</a></span>felices á -quienes condenaban á morir devorados por una fiera, y que deseosos de -alcanzar la libertad, que solian concederles cuando la vencian, se -empeñaban en un combate horroroso, con el que solo conseguian prolongar -la muerte y hacerla doblemente dolorosa. En los toros se ve volar á la -fiera sin poder apoderarse de él en derredor del torero, que con la -serenidad que le infunden su conocimiento y su ligereza, mira hasta con -lástima al corpulento bruto afanarse y correr en vano hasta encontrar, -cuando cree mas seguro el triunfo, su perdicion y su muerte. No es un -brutal arrojo el que arrastra al cerco al lidiador, sino un valor -racional con que se presenta á la fiera, porque sabe el modo seguro de -hacer inútil su saña y de eludir sus intentos. No es su agitacion -aquella que trastornaba al gladiador cuando encerrado en el anfiteatro -se le abrian mil puertas para el sepulcro, y un resquicio apenas para -tornar á la vida: es una mezcla del gozo que anticipadamente se le viene -á la imaginacion por su victoria, y de los temores que le asaltan de no -llenar cumplidamente sus deberes y sus deseos. Pero la idea del peligro -ni aun<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">{51}</a></span> lejano no aparece jamas en la mente del buen torero, que sabe -bien que no hay lance para el que no tenga seguro recurso, y regla -segura para practicarlo. Ni en él se le ofrece al espectador aquella -imponente y aterradora figura del atleta cuya sola presencia estremecia, -sino la mas elegante y gallarda que imaginarse puede. Adornado con telas -de seda bordadas de oro y plata, elige para su vestido la hechura que se -amolda mejor á la configuracion de su cuerpo, y sus varoniles y escelsas -formas lucen tanto mas cuanto ciñe mas su ropage.</p> - -<p>En este espectáculo admira y discurre el filósofo la escelencia del -hombre, que desde la desnudez é ignorancia primitivas, ha sabido alzarse -con el influjo del mundo y sacrificar á su antojo y diversion las -bestias mas poderosas. El naturalista observa las alteraciones que el -cuidado y el estado de domesticidad han producido en el caballo y el -toro, y cuanto los desvia de su primitivo modo de ser y de obrar. El -político conoce con cuán poco se contenta y distrae al pueblo laborioso, -y aprecia dentro de sí el efecto que el espectáculo hace en el carácter -de la multi<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">{52}</a></span>tud. El matemático vislumbra la posibilidad de reducir el -toreo á demostraciones, porque considera en el toro un cuerpo que se -mueve con direccion y velocidad conocidas, y en el torero todos los -medios para variar la primera y acelerar ó retardar la segunda. El -economista ve en el consumo de toros y caballos uno de los elementos que -mas influyen en el fomento de la cria del ganado vacuno y caballar. El -viajero admira un espectáculo tan grandioso, tan magnífico; aquella -mezcla de trages y colores, y aquel murmullo y vocerío y contínuo -movimiento lo entretienen y embelesan, y cuando suena el timbal, sale el -toro con aspecto amenazador, y ve á los toreros burlarlo risueños de mil -maneras, llega al colmo su admiracion, y prorumpe en aplausos y -aclamaciones. Todas las clases, todos los sexos, todas las edades y -condiciones de la vida concurren á él, se enagenan y se olvidan de sus -penas. Inútiles serian nuestros esfuerzos para hacer concebir lo grande, -lo bello de tales fiestas al que no las hubiese presenciado.</p> - -<p>Sin embargo, la lidia de toros esperimenta continuamente las mas severas -censuras y<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">{53}</a></span> las acusaciones mas escandalosas, y no satisfariamos el -deber que nos hemos impuesto sino las refutásemos completamente.</p> - -<p>Hemos manifestado ya que los pueblos necesitan diversiones, y que deben -ser de las que hablen mas á los sentidos que al entendimiento, y hemos -manifestado igualmente que las pasiones que deben inspirarles han de ser -heróicas y varoniles sin que rayen en barbarie ó ferocidad. Las lidias -de toros satisfacen como hemos visto ambos estremos; pero dicen sin -embargo sus detractores que son bárbaras, inmorales, sangrientas, -perjudiciales á la agricultura, al estado, á las artes, á la industria y -á la humanidad. ¿Hay mas de que acusar á este espectáculo? Cuanto mas lo -humillen con sus fútiles sofismas, tanto mas completo y glorioso será su -triunfo.</p> - -<p>Son bárbaras, dicen, las corridas de toros; ¿y por qué? preguntamos. ¿Es -acaso porque en ellas luchen los hombres cuerpo á cuerpo con una fiera? -¿Qué se dirá entonces de la caza de montería? Si es barbaridad lidiar á -un toro cuya sencillez es tan conocida, y para lo cual hay reglas tan -seguras, ¿no será bárbaro y hasta brutal internarse en los bosques<span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">{54}</a></span> ó en -lo quebrado de un monte persiguiendo fieras mucho mas astutas y -carniceras que el toro, sin que sean menos poderosas? La diferencia que -hay entre el cerco despejado, diáfano, igual, y el monte sombrío, -cubierto de maleza; entre el javalí que se mete por el cuchillo á -trueque de dar la dentellada, y el toro que embiste ostigado y se le -separa con un lienzo; entre la seguridad que da el arte del toreo, y los -riesgos para que no sirven los ardides de la caza; entre el pronto y -eficaz socorro que tiene el torero rodeado siempre de defensores, y la -soledad y desamparo en que frecuentemente se halla el cazador, pueden -servir para apreciar cuanto tiene de mas espuesto la caza de montería, y -no vemos sin embargo que se le acuse de barbaridad.</p> - -<p>Se pasan años sin que una sola gota de sangre humana manche la arena de -las plazas de toros, y se pasarian siglos si estuviese esta diversion -bajo el pie que debe ponerse, y que indicaremos en su lugar; mientras -que apenas sale al monte una batida sin que haya un contuso, un herido, -ó acaso un muerto. El hijo del famoso don Pelayo, que fue muy dado á -esta aficion, sabemos que murió á<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">{55}</a></span> manos de un oso en los montes de -Cangas; y pudieramos citar muchos mas de quienes da cuenta la historia, -las crónicas y otros escritos.</p> - -<p>Ademas que sería bárbara la lidia de toros, si fuera inherente á ella -ver sucumbir ó padecer al hombre por carecer de recursos para librarse -del toro; pero como el fin de las lidias es burlar al toro sin riesgo -del torero, que para conseguir su objeto tiene un arte que le da reglas -tan seguras como puede inferirse de las bases en que se apoyan, á saber, -las inclinaciones particulares de las diferentes clases de toros, que -conocidas distintamente y confirmadas por la esperiencia de muchos años, -suministran los elementos de la mas rigorosa exactitud, es evidente que -no tiene lugar la acusacion, ni respecto al objeto de las lidias, ni á -los medios de conseguirlo: el objeto, burlar una fiera; los medios, un -arte seguro, cierto. Para que faltasen sus reglas dejaria antes de ser -noble y magnánimo el leon, feroz y sanguinario el tigre, pacífica y -mansa la oveja, amorosa la paloma, amigo fiel el perro. Si son eternas, -invariables, las determinaciones instintivas de los animales<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">{56}</a></span> que la -esperiencia nos ha dado á conocer, serán tambien invariables, exactas, -todas las reglas que de ellas rigorosamente se dedujeren. ¿De dónde pues -los fundamentos para apellidar bárbaro al espectáculo? Si no los hay en -su objeto, si no los hay en los medios de conseguir este objeto, ¿los -habrá tal vez en sus accidentes? Veamos. La muerte de los toreros que -han perecido en las plazas es sin duda el apoyo de la acusacion; pero -¡qué impotente! ¡qué modo tan caduco de raciocinar! ¡con cuánta razon -podriamos abusando del raciocinio, y silogizando con tan poca lógica, -calificar de bárbaro el oficio de minero, de buso, de volatin, de -plomero, de polvorista, de albañil, de... Nunca acabariamos de enumerar -todos los oficios en que encontró el hombre mas ó menos veces la muerte, -pero sí podemos asegurar, que cualquiera de los referidos cuenta mas -víctimas que el toreo, pues los volatines con particularidad llevan en -un corto número de años mas hombres al sepulcro que los toros en un -siglo, y esto sin contar los que se lisian todos los dias en las -escuelas de gimnástica y en los ejercicios preparatorios de su -profesion. El hundimiento de<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">{57}</a></span> la mina de mercurio de Guancavélica redujo -repentinamente á polvo mas hombres que pueden herir los toros mientras -dure el mundo. El busear, y aun la simple accion de nadar, matan todos -los años por solo bañarse un número crecido de gentes. Y no se nos diga -que lo útil ó necesario de estos oficios hace que se desprecien sus -riesgos, pues esta razon pone en nuestras manos las mas concluyentes -pruebas. Si la sociedad reporta ventajas de estos oficios, ya hemos -visto cuántas y cuán grandes las reportan los pueblos de las corridas de -toros; y la utilidad personal que obliga al albañil, por ejemplo, á fiar -su vida á una ruinosa almena, no es mayor ni tiene prestigios mas -seductores que la que obliga al torero á presentarse en el cerco de -donde recoge el precio de su trabajo y los aplausos de la multitud.</p> - -<p>¿Y será mas justa, tendrá mas fuerza la acusacion de inmoralidad que á -las lidias se hace?</p> - -<p>Todo lo que ataca las sólidas bases de la moral, todo lo que pueda -viciar ó pervertir el orden saludable de las ideas de los pueblos, y -suscitar las pasiones detestables que inducen<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">{58}</a></span> á los hombres á fomentar -su engrandecimiento sobre la ruina de otro, debe reputarse por inmoral. -Pero... ¿hay algo de esto en las corridas de toros? Hemos visto cuál es -el objeto de este espectáculo, los medios; conocemos su índole, y no se -vislumbra que envuelva, ni aun como episodio, la idea mas remota de -inmoralidad. Estendámonos á los accidentes. Un gentío inmenso se reune -en un recinto espacioso para presenciar el mas grande de los -espectáculos; se reune en medio del dia, á la faz de todos, y cada uno -en los que le rodean tiene centinelas de vista que observen sus -operaciones, y no puede ejecutar ninguna accion, ningun movimiento capaz -de ofender la decencia pública. Si á pesar de esto no falta quien -traspase los límites del decoro con alguna palabra ó accion -descompuesta, ¿en qué reunion en que haya mezcla de sexos, de edades y -de condiciones, no sucede lo mismo? ¿No vemos en las funciones de -iglesia ser el templo impía, sacrílegamente profanado con acciones -indecorosas, con palabras obscenas...? ¡Con cuánta impudencia se repiten -estos actos á los ojos del pueblo, y en la presencia de un Dios!!! ¡Y -cuánto mayor es el escándalo<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">{59}</a></span> asi contrastado por la santidad y devocion -del templo...!</p> - -<p>Sin embargo, conocemos que el desenfreno y obscenidad del populacho es -escandaloso, cuando reunido en los andamios y casi ébrio se entrega á su -descomunal vocería. Este abuso puede cortarse, y debe efectivamente ser -arrancado de raiz; pero no basta por sí para calificar de inmoral al -espectáculo; lo primero, porque ya se ha dicho es un abuso, y como tal -independiente de la fiesta; y lo segundo, porque mas ó menos manifiesta -no hay clase alguna de reunion considerable en que no se haga lugar. Si -fueran suficientes los abusos para condenar la clase de espectáculos en -que se introducen, ¿cuál sería la suerte del teatro? Este espectáculo, -el primero y el mas digno de ocupar la atencion de un pueblo culto, lo -decimos con dolor, está sembrado de inmoralidades: aqui una hija, -arrastrada por su criminal amor, desobedece la voz de un padre tierno, y -se entrega clandestinamente á un seductor; alli un padre déspota, -inhumano, tiraniza á su hija hasta ofrecerle la disyuntiva de casarse -con quien aborrece ó sepultarse en la clausura; acá vemos un héroe<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">{60}</a></span> que -apenas comienza á reposar sobre sus laureles, cuando la calumnia ó la -alevosía lo hace sucumbir traidoramente, y se elevan sobre su cadáver. -Delitos y crímenes enormes, injusticias, crueldades escandalosas, -venganzas, sangre, muerte y horrores, esto nos ofrece hoy el teatro; y -la juventud no puede presenciar sin peligro semejantes escenas, porque -si una parte se indigna contra ellas y aborrece mas y mas tales vicios, -otra parte, y quizás mas considerable, seducida por lo lisonjero que es -satisfacer las pasiones mas viles, pondrá tal vez mañana en juego para -conseguirlo los mismos medios con que vió llevar hoy á efecto en la -escena un proyecto semejante al que medita.</p> - -<p>No pueden los abusos torcer mas la marcha de un espectáculo: el teatro -se dirije á inculcar máximas saludables y virtuosas; á pintar el vicio -no solamente con el mas horrible colorido, sino vilipendiado y -confundido siempre ante la virtud; jamas debe quedar victorioso, impune, -en la catástrofe, y no debe dar un solo paso que no lo acerque al abismo -de su perdicion. No obstante, vemos todos los dias piezas dramáticas en -que todo cons<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">{61}</a></span>pira á inducir á la maldad. Por otra parte, ¡qué escesos -no se cometen en el teatro! ¡qué liviandades...! ¿Y diremos por eso que -el teatro es inmoral? ¿Imitarémos la conducta de los que quieren que se -proscriban los toros, y fulminaremos un anatema contra Talía? ¿No será -mejor purgar de abusos estos espectáculos? ¡Cuánto mas vale perfeccionar -que abolir!</p> - -<p>Sin embargo, mucho resta, dirán los detractores del toreo, que alegar en -contra de semejantes fiestas. ¿Se negará por ventura que son -sangrientas? Aun concediendo que la sangre humana no se vierta en ellas, -¿con qué derecho se conduce de la pradera á la plaza, de la vida á la -muerte, al inocente toro? ¿con qué derecho al caballo generoso? ¿no se -necesita un corazon de piedra para ver á estos hermosos animales -heridos, destrozados, lanzar el último aliento? Cuando por un accidente -se ve un hombre herido ó muerto, ¿quién no detestará semejante -diversion?—Hemos llegado á una de las acusaciones mas fuertes, mas -famosas, y en cuya refutacion debemos detenernos mas. Procedamos con -método.</p> - -<p>Oponen lo primero que aun cuando no sea propio, esencial del -espectáculo, el derra<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">{62}</a></span>mamiento de sangre humana, lo es el de la sangre -del toro y del caballo, y que es por consiguiente sangrienta la -diversion. A la verdad que hasta ahora nadie ha negado que se derrame -sangre en los toros, pero es la sangre de irracionales la que en ellos -humea, y si esto es suficiente para calificar de sangrienta una cosa y -proscribirla, proscríbanse las cocinas, pues no hay nada mas sangriento. -Si en la plaza se derrama la sangre del caballo y el toro en sacrificio -forzoso del gusto del pueblo, y de la necesidad que hemos visto tiene de -un espectáculo de esta clase, en las cocinas se vierte con una -vituperable prodigalidad la de una multitud de especies de animales, sin -otro motivo que el lujo de los opulentos y la depravacion de sus -paladares. Asi pues, ó entiéndase por sangriento solo aquello en que se -derrame la sangre humana, y entonces no ha lugar la acusacion contra -nuestras fiestas, ó de lo contrario se acogen á las cocinas.</p> - -<p>¿Con qué derecho, replican, se conduce al toro á la muerte? ¿con qué -derecho al caballo?—¡Qué inconsecuente hipocresía! ¡Con qué derecho... -decis...! Con el que os asiste<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">{63}</a></span> para sepultar diariamente en vuestras -casas de matanza millares de reses y de ganado lanar, con el que os -abrogasteis cuando pusisteis el freno al caballo, y lo hicisteis víctima -de vuestra utilidad en la paz, de vuestra barbarie en la guerra... Pero -el hombre, es verdad, tiene un derecho, aun en el estado de salvage, á -la vida de otros animales: la naturaleza ha criado un gran número de -especies para servir de alimento á otras; y el hombre, que no es -esclusivamente hervíboro, como algunos supusieron, debe alimentarse con -la carne de otros animales; y adelantando luego al estado de -civilizacion á que la especie ha llegado, puede estender su derecho con -títulos legítimos un poco mas allá de lo que por mera necesidad le está -concedido. En efecto, él se afana en reunir y proteger los animales -mansos; él se constituye á guerrear contra el lobo y el raposo, contra -el buitre y el gavilan, que sin su cuidado los devorarian, y se -constituye por este solo hecho árbitro de su destino. Sus intereses van -conformes con los de la naturaleza: para ella nada son los individuos; -son todo las especies: el hombre no las estingue, ni podria; todo su -poder se<span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">{64}</a></span> limita á multiplicar los individuos de las que le son útiles, -y á disminuir ó alejar las que le son perjudiciales; y de aqui procede -la multitud y la fecundidad de los animales que ha domesticado, y cuyas -especies estan reducidas á un número de individuos respectivamente muy -corto en los paises en que no los maneja y protege. Por consiguiente es -muy natural que este esceso en el número de individuos que la especie -debe á su cuidado, sirva para alimentarlo en justa recompensa de él; asi -la especie se mejora y no padecen los individuos; porque como carecen de -la facultad de pensar no pueden comprender su porvenir, y el tiempo que -aparecen en el gran teatro de la naturaleza gozan una existencia tan -pacífica y regalada, que llegan á preferirla al estado de libertad -primitiva. Resulta pues que el hombre tiene un derecho <i>natural</i> para -alimentarse de muchos animales, y otro derecho <i>adquirido</i> para inmolar -aquellos que se multiplican bajo su cuidado, mucho mas cuando satisface -una necesidad tan urgente en el estado de sociedad, como es proporcionar -un espectáculo acomodado al gusto de la multitud.</p> - -<p>Se hace ademas ridícula la acusacion que<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">{65}</a></span> de sangrienta se hace á -nuestras fiestas, por oirla muchas veces de boca de hombres que cometen -mayores escesos con la indiferencia mas fria; como por ejemplo, cuando -se espanta y horroriza un francés, que presenciaba con gusto las -carreras de caballos, en que ademas de verlos reventar á menudo, vería -no pocas veces quedar estropeado ó muerto el ginete sin alterarse por -eso, sino que tal vez se alegraria porque ganaba cinco mil francos que -llevaba á favor del contrario. Mucho mas ridículo aun es el horror que -suelen inspirar nuestras fiestas al tétrico inglés, que familiarizado -con el suicidio, le conmueve la muerte de los caballos, mientras que -asiste ansioso al <i>pugilato</i>, donde ve luchar no á dos fieras, no á un -hombre con una fiera, sino á dos hombres, que arrastrados por el interes -mas vil, acometen á un semejante, á un conocido, á un amigo quizás para -destrozarlo y acabar con él si preciso fuere: estos espectáculos han -ocupado á uno de los pueblos mas civilizados de la Europa moderna, -autorizados por el gobierno hasta muy pocos años hace; y en el dia, -aunque clandestinamente, los sostiene y aplaude. ¡Crueles! ¿Y sufriremos -que nos lla<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">{66}</a></span>men impunemente bárbaros porque sostenemos los toros, un -pueblo en que se tolera que dos hombres se maten á puñadas en presencia -de la multitud, y se prohibe que el anatómico estudie sobre el cadáver -en el retiro del anfiteatro su estructura y organizacion?</p> - -<p>Nunca acabaríamos si hubieramos de hacer una reseña aunque breve de los -espectáculos y juegos que ocupan á muchos de los pueblos que censuran de -sangrientas las corridas de toros, ni seriamos menos estensos si -limitándonos á nuestra nacion manifestásemos los que como mero -pasatiempo se usan en diferentes provincias, y son indudablemente mas -sangrientos que los toros, sin que ni unos ni otros hayan merecido nunca -tal impugnacion. ¿Y será por ventura la causa de tan estraña -inconsecuencia el ser mucho mas pequeños los animales víctimas de -semejantes juegos? Cuando hacen servir el amor zeloso de los gallos como -el móvil de su odio y la causa porque se matan, ¿juzgarán por no -sangrienta la pelea porque se necesite la sangre de mil gallos para -componer la de un toro? ¿les asistirá la misma razon á los pueblos que -salen con la escopeta los dias festi<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">{67}</a></span>vos á manifestar su destreza -matando docenas de pajarillos que ni se cuidan levantar del suelo? Pues -deben saber los que asi piensan que no le cuesta menos á la naturaleza -producir la masa enorme del elefante ó del condor que la diminuta -hormiga, ó el pequeño pájaro, mosca, y que son unos mismos los derechos -que tienen todos á la vida. Y si hemos de convenir con el príncipe de -los naturalistas antiguos<a name="FNanchor_9_9" id="FNanchor_9_9"></a><a href="#Footnote_9_9" class="fnanchor">[9]</a>, en las obras mas pequeñas, en los animales -microscópicos es donde con mas fuerza ostenta la naturaleza su poderío: -<i>nunquam magis natura quam in minimis</i>.</p> - -<p>Oponen tambien que las lidias de toros traen un perjuicio grande á la -agricultura, porque se le priva al año de un número considerable de -reses que pudieran emplearse en la labranza, al mismo tiempo que perecen -centenares de caballos que pudieran igualmente prestar buenos oficios al -labrador. Esta objecion es tan especiosa como falsa, aunque á primera -vista aparezca con todo el<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">{68}</a></span> prestigio de una evidente verdad. Asi es que -no serán necesarios grandes esfuerzos para demostrar su falsedad.</p> - -<p>Los labradores tienen su caudal diseminado, por decirlo asi, en la -superficie de la tierra, tanto en granos como en ganados &c., y sus -arcas rara vez corresponden en riqueza á la que ostentan en sus cortijos -ó haciendas. Esto es tan general, que aun cuando haya alguno que posea -la suficiente cantidad de numerario para llamarse rico solo por él, son -sin embargo tan raros estos ejemplos, que no pueden reputarse por otra -cosa mas que por escepciones de una regla general. Por consiguiente -habremos de convenir en que la riqueza de esta clase consiste en -efectos, y por consiguiente que tantas mas ventajas obtendrá cuanto sea -mayor la salida de estos efectos, mientras que por el contrario se -empobrecerá cuando falte ó se disminuya el consumo de ellos. Para -convencernos de esta verdad basta solo figurarnos á los labradores -despues de un año felicísimo con las eras llenas de grano y las dehesas -de ganado cuyo valor aproximado forme un considerable capital: si los -consumos son<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">{69}</a></span> grandes, podrá vender á buen precio tanto el grano como el -ganado, y recibir una cantidad suficiente para emprender con ardor la -labranza en el año próximo y beneficiar cuanto le sea posible sus -ganaderías; pero si por el contrario escasean, tendrá que bajar los -precios, y siendo á pesar de todo mezquina la venta, lo será tambien la -cantidad que percibe, y se hallará por consiguiente sin los medios -necesarios para estender y fomentar la especie de industria que ejerce. -La riqueza de los labradores es imaginaria si faltan los consumos, y la -misma prodigalidad con que los granos y los ganados se multiplican -contribuyen doblemente á empobrecerlo, pues por una parte pierden el -valor y por otra aumentan los gastos con su abundancia. Por el -contrario, jamas se ha visto que por ser escesivos los consumos de estos -ó aquellos productos se haya perjudicado el ramo de industria á que -pertenezcan, sino que se aumentan y perfeccionan. La esperiencia está en -un todo de nuestra parte, y principalmente en la materia que nos ocupa: -echemos una ojeada por la hermosa casta de caballos andaluces, y veremos -que empezó á multiplicarse<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">{70}</a></span> y á recibir mejoras cuando los consumos eran -mayores que son hoy, y que conforme han ido disminuyendo ha perdido sino -en la calidad de los caballos, como sin embargo creen muchos, al menos -en la abundancia de potradas y en lo numerosas que eran. Con respecto á -los toros sucede lo mismo; cuando habia mas plazas y se hacian al año -muchas corridas mas que hoy, habia en todas las provincias mas -ganaderías famosas y mayor número de cabezas de ganado vacuno: muchas de -estas ganaderías no existen ni aun en el nombre, desaparecieron con la -disminucion de los consumos, y las que se conservan famosas son aquellas -de que mas toros se sacan para las plazas. Ademas de que el consumo que -en ellas se hace de toros y de caballos no solo concurre á beneficiar la -cria del ganado vacuno y caballar como lo hiciera cualquier otro -consumo, sino que las beneficia de un modo particular y directo; lo -primero, por el esmero con que los criadores de toros de plazas cuidan y -afinan el ganado, y por la mucha estima que asi adquieren los toros; y -lo segundo, porque en las plazas mueren todos los caballos malos y -viejos de<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">{71}</a></span> que ya el labrador ha obtenido cuantas ventajas pueden ellos -proporcionarles, y es la última vender á un precio bastante alto un -animal que por su edad ó por sus enfermedades ni puede ya recompensar -con su trabajo los gastos y esmero de su manutencion y cuidado, ni mucho -menos presentarse en feria. Estos animales se verian por último -condenados á perecer, ó serian onerosos para sus dueños, si en las -plazas de toros que es su única salida no los comprasen á un precio que -nunca hubiera podido obtener sin este recurso su dueño, y esto es una -ventaja positiva y muy considerable para los labradores.</p> - -<p>En otro pais cuyo suelo fuera menos rico y productivo que lo es el -nuestro podria decirse tal vez que el consumo de las plazas podria -perjudicar por hacerse con menoscabo de otros consumos del mismo género; -pero esta objecion no tiene lugar en España, pues aunque se triplicara -la poblacion, y con relacion á este mismo aumento crecieran los -consumos, no por eso llegaria el caso de que se resintiese la cria de -ganados del que se hiciera en las plazas. Cualquiera que haya paseado -nuestras provincias, ó que al menos tenga<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">{72}</a></span> noticias circunstanciadas de -ellas, y sepa el número de ferias que en ellas se celebran, y la -multitud y abundancias de ganados que á ellas concurren, se persuadirá -no solo del ningun daño que las corridas de toros causan á la -agricultura, sino de la necesidad que tiene de ellas para beneficiar el -ganado, activar su consumo y entresacar en el caballar la hez que con -tantas ventajas del labrador se consume en las plazas.</p> - -<p>Cuando oimos decir que las corridas de toros son perjudiciales al -Estado, quisieramos que nos presentasen algunas de las razones en que se -apoya tan estraña asercion; pero jamas hemos visto ninguna ni -conveniente ni adecuada, pues era la mas fuerte el perjuicio que -suponian recibia la clase agrícola. Hemos visto ya que lejos de ser ella -perjudicada recibe beneficios de gran tamaño, y anunciaremos ademas, -aunque rápidamente, algunas de las principales ventajas que las corridas -de toros proporcionan al Estado.</p> - -<p>Bastaba solo el fomento de la agricultura en uno de sus mas preciosos -ramos para persuadir á cualquiera la utilidad de las corridas de toros, -porque sabemos que la principal ri<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">{73}</a></span>queza de un Estado, y la única que le -puede servir de apoyo invariable, es la que se cimenta en el fomento de -sus productos territoriales, y por tanto no puede dejar de ser que las -corridas de toros lo robustezcan, habiendo visto qué directamente -influyen en el aumento de aquellos productos. Ademas hemos visto que -llena una de las primeras necesidades de un gobierno que vele por la -felicidad de los pueblos, como es un espectáculo nacional y varonil, sin -que por eso sea bárbaro é inhumano, y bajo este aspecto recibe el Estado -una nueva ventaja. Tambien son las plazas de toros frecuentemente -arbitrios con los cuales se cubren ciertas atenciones, para cuya -satisfaccion hubiera sido preciso exigir á los pueblos alguna nueva -contribucion ó impuesto, que por suave y módica que fuera, jamas la -pagaria con el gusto y exactitud con que satisface el precio del billete -para los toros. El equipo y armamento de algun cuerpo que se forma -repentinamente, la conclusion de alguna obra pública de conocida -utilidad, el establecimiento de casas de beneficencia &c., son bienes -positivos y considerables que reporta el Estado de<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">{74}</a></span> las corridas de -toros, pues no hay espectáculo alguno que se haya hecho objeto de tantos -arbitrios, y de que se hayan sacado tantas y tan cuantiosas sumas en -beneficio del Estado. Ademas que segun se deduce de las reflexiones que -al principio hemos hecho, influye de un modo bastante directo y poderoso -en el carácter del pueblo, haciéndolo valeroso y amigo de la gloria sin -viciar por eso las ideas de humanidad y dependencia que deben mantenerlo -obediente y moderado.</p> - -<p>Si no recibiese el Estado otro beneficio de las corridas de toros, -bastaria no solo para hacer ver que no le son perjudiciales, sino para -demostrar su utilidad, saber que siembran en los pueblos la semilla de -su independencia cuando fomentan su heroismo y su fraternidad.</p> - -<p>No con mas fundamentos que las anteriores acusaciones se hace á nuestras -fiestas la de que son perjudiciales á las artes y á la industria.</p> - -<p>Jamas vimos apoyada semejante opinion en escrito alguno con la solidez -necesaria para convencer, y cuando la oimos en boca de los detractores -de las lidias, sus raciocinios para probarlas eran falsos, especiosos, -fundados en<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">{75}</a></span> algun abuso, ó bien deducido de las que ya hemos visto -enteramente refutadas, y cuyas consecuencias quedan destruidas como los -principios de que emanaban.</p> - -<p>Las artes no sufren ninguna especie de atraso ó de perjuicio ni directa -ni indirectamente de las corridas de toros, antes bien recibirán calor y -nueva vida, pues es tal el enlace que tienen todas las clases entre sí, -y todas las partes que componen la máquina social, que cuando alguna ó -muchas de ellas esperimentan mejora ó engrandecimiento, las demas -participan de los saludables efectos del agente que promovió el bien de -la primera: asi es, que promoviendo las corridas de toros la riqueza de -los labradores y el aumento por consecuencia de los productos -territoriales, fomentan indirectamente las artes ofreciéndoles con -abundancia las primeras materias. Sería nunca acabar si partiendo de -este principio hubieramos de ir manifestando los beneficios que todas -las artes pueden reportar indirectamente de las corridas de toros, pues -se formaria una cadena que al modo de los sorites nos llevaria hasta -donde quisieramos poner su conclusion.<span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">{76}</a></span></p> - -<p>La industria dicen que padece con las corridas de toros, porque la mayor -parte de los que á ellas concurren son artesanos, jornaleros y -trabajadores, y como se hacen generalmente en dias de trabajo, pierden -no solo el precio del boletin, sino lo que hubieran podido ganar en sus -respectivos talleres; de modo que la industria padece tanto por lo que -se deja de adelantar en ella, como por la suma que se le substrae. Esta -objecion es mas especiosa que sólida, porque sea la que quiera la suma -que la multitud espenda en los toros, y concediendo desde luego que sea -la clase industrial la que de ella se desprende, como no hace mas que -pasar de las manos de una á las de otra porcion de la misma clase, es -claro que la industria propiamente dicha no sufre perjuicio alguno. Por -otra parte hemos visto la necesidad que hay de dar diversiones al -pueblo, y cuán justo es que el pobre tenga alguna ocasion en su vida -para con el ahorro de sus afanes proporcionarse unas horas de apetecida -diversion. Mucho mas podriamos insistir en este punto; pues con solo -enumerar los ramos de industria que ponen en movimiento y á quienes<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">{77}</a></span> dan -actividad las corridas de toros, ocupariamos algunas páginas; pero no lo -creemos necesario atendido cuanto en el discurso de nuestra narracion -hemos espuesto.</p> - -<p>Mucho mas breve seremos refutando la objecion de los que dicen que las -fiestas de toros son perjudiciales á la humanidad, porque de la -refutacion que á las otras hemos hecho resulta destruida la presente, y -bastaba saber que muchas casas de beneficencia, como hospitales, -hospicios &c., tienen impuestos muy considerables sobre estas fiestas, -para conocer que la humanidad reporta sus beneficios hasta en los -últimos de sus asilos.<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">{78}</a></span></p> - -<h2><a name="PARTE_PRIMERA" id="PARTE_PRIMERA"></a>PARTE PRIMERA.<br /><br /> -<small><i>ARTE DE TOREAR Á PIE.</i></small></h2> - -<h3>CAPITULO PRIMERO.<br /><br /> -<i>De las condiciones que indispensablemente debe tener un torero.</i></h3> - -<p><span class="letra">E</span>l torero debe estar dotado por la naturaleza de ciertas cualidades -particulares, que si no es muy raro hallarlas reunidas en un individuo, -es poco frecuente que hagan de ella el correspondiente uso.</p> - -<p>Las condiciones indispensables al torero son: <i>valor, ligereza, y un -perfecto conocimiento de su profesion</i>: las dos primeras nacen con el -individuo, la última se adquiere.</p> - -<p>El <i>valor</i> es tan necesario al que intenta ser torero, que sin él jamas -podrá llegar á serlo; pero es preciso que no se adelante hasta la -temeridad, ni atrase hasta la cobardía: uno y otro estremo podrán -acarrearle muchas desgracias, y quizás la muerte. El que<span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">{79}</a></span> sea temerario, -el que intente hacer una suerte sin estar el toro en la debida situacion -por ostentar asi valor ó habilidad, lejos de conseguirlo acredita -irracionalidad y poco conocimiento, y solo por un efecto de casualidad -se libertará de una cogida que pudiera serle funesta.</p> - -<p>El que por el contrario desperdicie de miedo el momento oportuno de -verificar la suerte, ó bien no siente los pies, ó no vea llegar al toro, -consecuencias todas de temerle, estará siempre en peligro de ser cogido, -sus cogidas serán muy peligrosas, pues que le faltará del todo el -conocimiento para quitarse el toro, y será un milagro que no concluya -sus dias en los cuernos de esta fiera. Es necesario evitar estos -estremos con todo cuidado. El verdadero <i>valor</i> es aquel que <i>nos -mantiene delante del toro con la misma</i> serenidad que tenemos cuando -este no está presente, es la verdadera <i>sangre fria</i> para discurrir en -aquel momento con acierto qué debe hacerse con la res: el que posea este -valor tiene la mas importante cualidad del torero, y puede creer por -cierto que reuniendo las otras dos jugará con los toros sin el mas -pequeño riesgo.</p> - -<p>La <i>ligereza</i> es otra cualidad sumamente necesaria al que ha de torear; -pero no se crea que la ligereza del torero consiste en estar siempre -moviéndose de acá para allá de<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">{80}</a></span> modo que jamas siente los pies; este es -un defecto muy grande, y el distintivo del mal torero. La <i>ligereza</i> de -que hablo consiste en correr derecho con mucha celeridad, y volverse, -pararse ó cambiar de direccion con una prontitud grande: el saltar -tambien es preciso al torero; pero donde mas se conoce su <i>ligereza</i> es -en todos los movimientos que en los embroques sobre corto es necesario -hacer para librar la cabezada: el que tenga esta agilidad tiene mucho -adelantado para que jamas lo coja el toro, y se hace indispensable -poseerla para practicar con seguridad los recortes, galleos &c. Una -particularidad hay digna de notarse con respecto á esta última clase de -<i>ligereza</i>, y es que aun cuando uno que la posea bien haya llegado por -la edad á perder los pies, la conserva mucho tiempo despues, á términos -de seguir toreando con la misma maestría que cuando tenia todo su vigor: -en los matadores tenemos ejemplos muy manifiestos, pues vemos hombres -que estando torpes hasta para andar porque pasan de los sesenta años, -matan un toro con una ligereza increible, ejecutando movimientos -rapidísimos, quiebros violentos, y usando de sus pies con la misma -utilidad y perfeccion que cuando no contaba mas que treinta.</p> - -<p>El que con las dos cualidades dichas se dedique á torear, llegará á -verificarlo con<span class="pagenum"><a name="page_81" id="page_81">{81}</a></span> perfeccion, siempre que les asocie el <i>perfecto -conocimiento de las reglas del arte</i>. <i>Este conocimiento</i> es facil de -adquirir, y es tan necesario, que sin él será víctima de los toros el -que se ponga delante de ellos, aun teniendo las otras cualidades, pues -el <i>valor</i> sin el <i>conocimiento</i> solo le servirá para no titubear en -irse á la cabeza del toro, y la <i>ligereza</i> para que tarde menos en ser -cogido. Por consiguiente el <i>conocimiento</i> es la principal cualidad del -buen torero; debe ser su guia en todas las suertes, sirviéndole el -<i>valor</i> para que ninguna le arredre, y la <i>ligereza</i> para ejecutarlas -con seguridad y perfeccion.</p> - -<p>La necesidad de conocer perfectamente las reglas del arte se echa de ver -solo con reflexionar que los toros no dan tiempo para consultar libros -ni pareceres, y menos para meditar; por tanto es preciso ir bien -instruido en todo cuanto él posee para presentarse delante de la res mas -sencilla: entonces de una sola ojeada comprenderá el torero las -querencias naturales y accidentales del toro, su clase, sus piernas, y -las suertes para que es á propósito; conocerá el momento oportuno para -ejecutarlas, y ayudado del <i>valor</i> y la <i>ligereza</i> las practicará con -buen éxito, con serenidad y con desenvoltura.</p> - -<p>No será jamas buen torero el que no posea á la perfeccion estas -cualidades; su vida estará siempre en peligro; no ejecutará suer<span class="pagenum"><a name="page_82" id="page_82">{82}</a></span>te -alguna con limpieza, y tendrá disgustados á los espectadores -inteligentes; yo le aconsejo amigablemente y muy de veras que busque -otra profesion si es torero de oficio, y si lo hace por aficion que no -toree reses de mas de tres años, que las que toree sean boyantes, y que -para alejar el peligro las embole ó les corte las puntas de los pitones.</p> - -<h3>CAPITULO II.<br /><br /> -<i>Requisitos que deben tener los toros para lidiarse.</i></h3> - -<p><span class="letra">P</span>ara que las corridas de toros diviertan, y los toreros puedan lidiar -con seguridad, es necesario buscar toros á propósito, siendo evidente -que un toro demasiado chico, viejo, flaco, tuerto, enfermo &c., no -tendrá de su parte las condiciones precisas para verificar las suertes. -El toro que se haya de lidiar debe tener valor y fuerza; un toro cobarde -no divierte, evita los lances, desluce al torero y le da una cogida con -mas facilidad que un toro valiente, y es claro que al que le falte la -fuerza le faltarán tambien el vigor y el corage precisos para la lidia.</p> - -<p>Los requisitos que deben buscarse en un toro para lidiarlo son: <i>la -casta, la edad, las libras, el pelo, el que esté sano, y que nunca lo -hayan toreado</i>.<span class="pagenum"><a name="page_83" id="page_83">{83}</a></span></p> - -<p>La <i>casta</i> debe ser buena, no porque todos los toros de <i>casta</i> salgan -buenos, sino porque hay mas probabilidad en que sea bravo el toro cuyos -padres lo fueron, que no aquel que no sabemos de quién sea hijo, y que -acaso sus padres estaban criados á mano.</p> - -<p>Hay otra razon mucho mas poderosa para preferir aquellos á estos, y es, -que los toros de <i>casta</i> estan mucho mejor cuidados que los cuneros; que -estan en sus cercados sin ver vacas, y por consiguiente tienen mas -vigor; y finalmente, que sufren una tienta, en la cual el que no es muy -bravo se aparta para buey ó para el matadero. Los cuneros, aun cuando -algunos hayan sido tentados, nunca es con la escrupulosidad que los -otros, y por no seguirlos cuidando como es debido es muy frecuente -verlos desmerecer del concepto en que los tenia su mismo conocedor.</p> - -<p>La <i>edad</i> es otro de los requisitos que deben buscarse en los toros; la -de cinco á siete años es la mejor, pues gozan en ella de la fuerza, -viveza, corage y sencillez que les son propias y los hacen tan á -propósito para la lidia. Sin embargo, son muchos los toros que á los -cuatro años estan perfectamente formados, y pueden presentarse y cumplir -en la plaza mayor del reino. Algunos se corren tambien de ocho, diez y -aun mas años; pero no divierten tanto como los otros, y cuando se -apoderan del bulto, como cornean casi siem<span class="pagenum"><a name="page_84" id="page_84">{84}</a></span>pre muy bien, lo destrozan, -sacian en él su corage, y desprecian los engaños que emplean para -distraerlos. Sería de desear que jamas se corriesen estos toros; ellos -por lo regular disgustan á los espectadores, porque no se prestan tanto -como los otros para las suertes, tienen mas intencion, aprenden en el -tiempo que estan en la plaza, conocen al torero, y por lo regular cuando -van á la muerte tienen demasiada malicia, hacen perder mucho tiempo en -estas suertes, y no son pocas las veces que dan una cogida.</p> - -<p>Para conocer pues la <i>edad</i> de este animal se atenderá á los dientes y á -las astas, pues no son siempre exactos los estados que para apoyar la -venta presentan los criadores. Los primeros dientes de delante se le -caen á los diez meses, y en su lugar le nacen otros mas anchos, pero mas -blancos; á los diez y seis meses se le caen los dientes inmediatos á los -de en medio, y nacen otros al momento; y á los tres años se renuevan -todos los incisivos, que son entonces iguales, largos y blancos. -Permanecen en este estado hasta los seis ó siete años, que empiezan á -amarillear y ponerse negros. Las astas dan señales mas fijas para -conocer la edad, pues á la de tres años se separa del piton una lámina -muy delgada que casi no tiene el grueso del papel comun, la que se -hiende en toda su longitud y cae á la menor frotacion: de este modo de -esfo<span class="pagenum"><a name="page_85" id="page_85">{85}</a></span>liacion del asta se forma una especie de rodete que se advierte en -la parte inferior del cuerno, que en algunas partes se llama la -<i>mazorca</i>, y el cual muestra tener ya el toro sobre tres años; en cada -uno de los siguientes se observa otro nuevo rodete debajo del primero, -de modo que para saber la <i>edad</i> de cualquier res no es menester mas -sino contar el número de anillos, dando al primero tres años y á los -demas uno. De este modo tan sencillo se averigua la <i>edad</i> del toro, con -la diferencia únicamente de algunos meses, pues es casi inútil advertir -que la naturaleza, en esta como en todas sus operaciones, se adelanta ó -atrasa segun infinitas circunstancias que no podemos apreciar, -burlándose asi de nuestros cálculos y reglas.</p> - -<p>Debe atenderse tambien á las <i>libras</i> que tiene el toro, porque uno muy -flaco no tiene la fuerza ni la energía que uno gordo, se siente -demasiado del castigo, y me atrevo á decir que ni aun debe tener el -valor que este, pues tanta mas arrogancia y tanta mas intrepidez se -tiene cuanto se siente uno con mas robustez y fuerzas para vencer á su -enemigo. Sin embargo, los toros escesivamente gordos no son á propósito -para lidiarse, porque son muy pesados, se estropean al momento que dan -dos carreras, se aploman, y por consiguiente inutilizan las suertes.</p> - -<p>El <i>pelo</i> debe llamar tambien la atencion:<span class="pagenum"><a name="page_86" id="page_86">{86}</a></span> cuando se dice el <i>pelo</i> -debe entenderse esta voz en su verdadera significacion, y no tomarla por -la <i>pinta</i>, la cual poco ó nada influye en la calidad del toro.</p> - -<p>Este se dice que es de buen <i>pelo</i>, cuando la piel, tenga la pinta que -quiera, es bastante luciente, fina, igual y limpia: los toros de este -<i>pelo</i> se llaman finos y se aprecian mas, como sucede con los caballos y -demas animales de pelo. Hay castas cuyos toros son de <i>pelo</i> basto, y -por lo mismo se llaman bastas tambien; los toros de estas en igualdad de -circunstancias se pagan menos, pues el pelo es una de las señales que se -tienen para caracterizarlos.</p> - -<p>Para que un toro sea fino ha de reunir al pelo luciente, espeso, sentado -y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas, con las articulaciones -bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redonda; los -cuernos fuertes, pequeños, iguales y negros; la cola larga, espesa y -fina; los ojos negros y vivos; las orejas vellosas y movibles. Esto es -lo que se conoce por buen <i>trapío</i>. Generalmente cada provincia y aun -cada casta tiene un trapío particular, y hay algunos aficionados tan -inteligentes que rara vez los equivocan.</p> - -<p>La necesidad de que esté <i>sano</i> el toro que ha de lidiarse es bien -manifiesta; pero lo que principalmente recomiendo que se examine<span class="pagenum"><a name="page_87" id="page_87">{87}</a></span> es la -<i>vista</i>. Los que la tienen defectuosa son muy dificiles de torear. Hay -toros que ven mucho de lejos y poco ó nada de cerca, y vice-versa: otros -hay que ven bien de un ojo y mal de otro; los hay tambien que ven muy -poco, y todos ellos, que los toreros llaman <i>burri-ciegos</i>, son -dificiles de torear. Los toros <i>tuertos</i>, aunque muy buenos para ciertas -suertes, son muy malos para otras, y por consiguiente tampoco deben -lidiarse.</p> - -<p>Ademas de todas las condiciones dichas es menester examinar -escrupulosamente si el toro ha sido <i>corrido</i>, y principalmente si lo ha -sido en plaza, pues entonces aunque reuna los antecedentes requisitos no -divertirá, antes bien tanto los espectadores como los toreros estarán -descontentos, y estos últimos con tanta mas razon, pues miran muy -próximo el peligro de su vida con tales toros.</p> - -<p>La tauromaquia posee reglas ciertísimas para burlar la fiereza de los -toros, que siendo naturalmente sencillos se van con el engaño que el -hombre les presenta, asegurando de este modo su vida, y proporcionando -una hermosa diversion. Pero en los toros placeados varían del todo las -circunstancias. La lidia que ya han sufrido les ha puesto en el caso de -distinguir al torero del capote que lleva para su defensa, y -despreciando este, acometen rabiosos á aquel; saben en cada clase de -suertes cuál debe ser la huida del dies<span class="pagenum"><a name="page_88" id="page_88">{88}</a></span>tro, y conforme lo ven en -disposicion de ejecutarlas empiezan á ganar terreno, le quitan la -salida, y cuando lo ven encerrado y en una posicion tal que apenas pueda -escapárseles, arrancan á él, y si por desgracia lo cogen es muy posible -que sea aquella la última hora de su existencia. Estos toros son el -oprobio de la tauromaquia, la muerte de los toreros, y el fundamento que -tienen los enemigos de las lidias para llamarlas bárbaras. Debe -prohibirse con mucho rigor que se corran, y señalar un castigo -correspondiente al tamaño del delito y de las funestas consecuencias que -puede acarrear á todo el que vendiese para las plazas toros que ya se -hubiesen <i>corrido</i> de antemano. De este modo las lidias serian muy -divertidas, las leyes tauromacas tendrian correspondiente aplicacion y -seguro resultado, y se pasarian muchos años sin que hubiese la menor -desgracia, y sin que los enemigos de tales diversiones tuviesen el mas -mínimo fundamento para vituperarlas.</p> - -<h3>CAPITULO III.<br /><br /> -<i>De las querencias.</i></h3> - -<p><span class="letra">A</span>ntes de tratar de los toros en particular y del modo de lidiarlos, me -parece oportuno decir algo de sus <i>querencias</i>, tanto naturales como -accidentales, con la idea de hacer ver<span class="pagenum"><a name="page_89" id="page_89">{89}</a></span> el papel tan importante que -juegan en la lidia, pues no pocas veces darán una suerte lucida al que -las conozca y las atienda, y una cogida al que las ignore ó las -desprecie.</p> - -<p>Se llama <i>querencia</i> de un toro aquel sitio de la plaza en que le gusta -estar con preferencia á otros, y adonde va á parar regularmente despues -de una carrera ó al rematar las suertes.</p> - -<p>Los toros tienen en la plaza dos <i>querencias</i> naturales, que son, la -puerta del toril y la del corral en que estan antes de la lidia. Tienen -ademas otras <i>querencias</i> que se llaman accidentales ó casuales, y son -las que toman con algun sitio de la plaza, bien por haber otro toro -muerto, ó un caballo, ó por sentir alli descanso y defensa, como son las -<i>querencias</i> con los tableros; y finalmente, las que toman por estar la -tierra mas movida y mas fresca, como sucede en las plazas en que hay -fuente ó pozos, que aunque estan cubiertos en el tiempo de la lidia, el -fresco del agua pasa al través de la tierra y forma una nueva -<i>querencia</i>.</p> - -<p>Aunque como ya hemos dicho suelen estas dar suertes muy lucidas y -seguras, serán siempre mejores aquellas en que el toro no haya tomado -<i>querencia</i> alguna, por la obvia razon de que partirá con la regularidad -que le es propia, y no necesitará el diestro hacer modificacion ó -escepcion de alguna regla, lo<span class="pagenum"><a name="page_90" id="page_90">{90}</a></span> cual es necesario siempre que se hace -alguna suerte estando el toro en su <i>querencia</i>.</p> - -<p>Por esta razon se procurará siempre apartarlos de ellas para todas, -cuidando ademas en lo posible dejarles libre la huida á estos sitios, -pues es muy frecuente arrancar un toro al matador, por ejemplo, y en el -momento de cargarle la suerte, sin rematarla y aun casi sin llegar al -centro, vaciarse é irse con el viaje á la <i>querencia</i>: aunque esto no -sucede siempre estando el toro lejos de ella, se observa alguna vez, y -por consiguiente es preciso combinar que el terreno de afuera sea el que -deba tomar en caso de ir en busca de ella, pues de lo contrario se -meterá en el del diestro, y probablemente se lo llevará por delante; -ademas, si él piensa evitar esto echándose á la plaza dando las tablas -al toro, como que este no es constante que estando lejos siga con el -viaje á la <i>querencia</i>, tomará su terreno natural, se encontrará con él, -y precisamente le dará una cogida.</p> - -<p>Todos estos inconvenientes se evitarán combinando como he dicho los -terrenos, pues no es necesario observando lo dicho cambiarlos, lo cual -solo se hará en los casos que veremos cuando se hable de cada suerte en -particular.</p> - -<p>Las <i>querencias</i> que hemos dicho toman los toros con ciertos sitios de -la plaza por sentir alivio en ellos, que regularmente son<span class="pagenum"><a name="page_91" id="page_91">{91}</a></span> los tableros, -aunque son las mas poderosas casi siempre, no obstante se pueden -destruir haciendo que conforme se acerque el toro á ellas lo piquen, le -claven alguna vanderilla en los cuartos traseros ó en la barriga, y lo -inquieten incesantemente con los capotes, pues de este modo, como el -animal se siente alli incómodo, abandona aquel parage y cesa la -<i>querencia</i>. El recurso mas poderoso para hacer que salga de él es -ponerle una vanderilla de fuego; pero debe ser el último.</p> - -<p>Toda suerte que se haga dejando libre al toro su <i>querencia</i>, ademas de -ser segurísima es muy lucida, y por consiguiente las que se efectúan sin -este requisito serán espuestas y desairadas: lo mas frecuente es no -poderlas ejecutar, pues empiezan á ganar terreno y rematan en el bulto, -de modo que el diestro se verá embrocado de cuadrado sobre corto, y -espuesto á la cogida mas funesta.</p> - -<p>Es pues necesario tener mucha atencion, y conocer perfectamente cuáles -son las <i>querencias</i> del toro, para dejárselas siempre libres y -manifiestas, y para proporcionarse una mayor seguridad en toda clase de -suertes.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_92" id="page_92">{92}</a></span></p> - -<h3>CAPITULO IV.<br /><br /> -<i>De los tres estados que tienen los toros en la plaza.</i></h3> - -<p><span class="letra">L</span>os toros tienen en la plaza <i>tres estados</i> bien diferentes, y que -importa mucho conocer, pues cada uno tiene suertes peculiares ó que no -podrian hacerse en otro estado sin un evidente riesgo, y que hechas en -el que les corresponde son seguras y lucidas. Estos estados son el de -<i>levantados</i>, el de <i>parados</i> y el de <i>aplomados</i>. Haremos su -correspondiente esplicacion, guardándonos para la de cada suerte en -particular el marcar las propias de cada uno de ellos.</p> - -<p>Se dice que está el toro <i>levantado</i> cuando acaba de salir, tiene la -cabeza muy alta, hace por todos los objetos, sin fijarse por lo regular -en ninguno, y anda corriendo la plaza con gran celeridad. En este estado -tiene todo el vigor en las piernas, y no se le conoce ninguna especie de -querencia; apenas se para en parte alguna, y generalmente aunque dé -cogida no se queda con el bulto, sino que prosigue su viaje. Este estado -no es el que mas tiempo dura, y es dificil hacerle suertes en él, porque -ni aun da tiempo para armarse y ponérsele delante; pero las que se -llegan á hacer son muy seguras, porque jamas<span class="pagenum"><a name="page_93" id="page_93">{93}</a></span> se revuelve, de manera que -con solo tener el diestro pies para contrastar los muchos que tiene el -toro <i>levantado</i>, rematará la suerte á su satisfaccion, pues aun los -toros de mas intencion parten cuando estan <i>levantados</i> como el mas -sencillo, y es la razon, porque como acaban de salir del toril, donde -estaban muy estrechos y cerrados, y se hallan luego en libertad, -empiezan á correr buscando campo, y no tienen gran codicia por el -objeto, de manera que arrancan echándose fuera y con el sentirlo en la -huida.</p> - -<p>El segundo estado que tienen los toros en la plaza es el de <i>parados</i>, y -se conoce en que ya no corren con aquella especie de atolondramiento que -tenian cuando estaban <i>levantados</i>, y en que solo hacen por los objetos -que tienen á una distancia proporcionada: ademas en este estado es en el -que se muestran las propiedades de cada clase, y es el mas á propósito -para casi todas las suertes, pues conservan las piernas suficientes para -rematarlas, y carecen de aquel vigor con que salieron en ellas. En este -segundo estado es cuando comienzan los toros á tomar las querencias -casuales que acaban de manifestarse con toda su fuerza en el estado de -<i>aplomados</i>.</p> - -<p>Este último estado es el mas peligroso y el que menos divierte; se -conoce en que el toro si tomó querencia en el estado anterior, en este -casi no la abandona; y en caso de no<span class="pagenum"><a name="page_94" id="page_94">{94}</a></span> haberla tomado y no irse á las -naturales, se observa en él mucha parsimonia, hace poco por los objetos -que tiene á regular distancia, y nada por los que estan lejos; le faltan -las piernas á veces del todo, y evita las suertes del modo que puede, ya -saliéndose de ellas, ya tapándose.</p> - -<p>Estos <i>tres estados</i> no son iguales en todos los toros, y á veces son -tan poco manifiestos que es muy dificil distinguirlos; pero sin embargo, -existen y es importante su conocimiento, pues nos marcan el momento de -ejecutar esta ó la otra suerte, atendiendo al estado en que está el toro -y á su clase particular.</p> - -<p>Debo tambien advertir que muchas veces los toros conservan todas sus -piernas en el estado de <i>parados</i>, y algunas en el de <i>aplomados</i>.</p> - -<h3>CAPITULO V.<br /><br /> -<i>De las diferentes clases de toros.</i></h3> - -<p><span class="letra">L</span>os toros no son tan exactamente iguales que no pueda hacerse de ellos -varias <i>clases</i>, asignándole á cada una su carácter distintivo, y cuyo -conocimiento es indispensable para la ejecucion de las suertes, que como -veremos mas adelante, no todas pueden hacerse con todas las <i>clases</i> de -toros.<span class="pagenum"><a name="page_95" id="page_95">{95}</a></span></p> - -<p>Los divido pues en <i>boyantes, revoltosos, que se ciñen, que ganan -terreno, de sentido y abantos</i>. Vamos á ver el carácter particular de -cada uno de los ramos de la division.</p> - -<p>Se llaman toros <i>boyantes, francos, sencillos ó claros</i>, aquellos que -siendo muy bravos conservan la sencillez propia suya, y por consiguiente -puede decirse de ellos que son los que tienen mas pronunciadas las -inclinaciones con que la naturaleza marcó su especie. Estos toros son -los mas á propósito para todas las suertes, van siempre por su terreno, -siguen perfectamente el engaño, y las rematan con tanta sencillez y -perfeccion, y tan sin peligro del diestro, que parecen mas bien que una -fiera, un animal doméstico enseñado por él.</p> - -<p>Los toros <i>revoltosos</i>, que algunos distinguen de los <i>celosos</i>, siendo -en realidad unos, son aquellos que iguales en todo á los <i>boyantes</i>, -solo se diferencian de ellos en que tienen mas celo por coger los -objetos, y por consiguiente se revuelven mucho para buscarlos, -sosteniéndose con fuerza sobre las manos en toda clase de suertes, y -siguiendo con la vista el engaño ó el bulto, que sin saber cómo se les -huyó de la cabeza. Estos toros son tambien muy buenos de torear, como -veremos cuando se hable de las suertes; siendo las que se hacen con -ellos tanto mas lucidas, cuanto muestran mas bravura y celo por los -objetos<span class="pagenum"><a name="page_96" id="page_96">{96}</a></span> que los <i>boyantes</i>, y no dan lugar como aquellos á perder de -vista que son fieras.</p> - -<p>Se llaman toros <i>que se ciñen</i> aquellos que aunque toman cumplidamente -el engaño, se acercan mucho al cuerpo del diestro, y casi le pisan su -terreno. Estos toros deben torearse con algun mas cuidado, -principalmente en los pases de muleta; pero sin embargo tienen sus -suertes muy lucidas y seguras.</p> - -<p>Los toros que <i>ganan terreno</i> son aquellos que cuando estan en la suerte -empiezan á caminar hácia el diestro, ya cortándole el suyo, ya siguiendo -el terreno de afuera. Estos toros tienen dos géneros que importa -distinguir. El primero se ve en aquellos que desde la primera suerte -empiezan á ganar terreno, y por consiguiente se conoce que es modo -natural suyo de partir. El segundo se observa en los que empiezan á -ganar terreno despues de haber hecho varias veces con ellos las suertes: -estos deben torearse con mas cuidado que los otros, pues el ganar -terreno lo hacen con malicia en virtud de haber sido burlados de -antemano; sin embargo, tienen suertes muy seguras, pero cuando se les -junta el rematar en el bulto son los mas dificiles de torear.</p> - -<p>Los toros <i>de sentido</i> son aquellos que distinguen al torero del engaño, -y por consiguiente desprecian á este, no lo siguen, y rematan siempre en -el bulto; alguna vez to<span class="pagenum"><a name="page_97" id="page_97">{97}</a></span>man el engaño, pero es por fuerza, y su remate -en el cuerpo del torero: aunque es dificil lidiarlos tambien tiene el -arte recursos para ellos.</p> - -<p>José Delgado (a) Hillo en su tauromaquia pone otra clase de toros de -<i>sentido</i>, compuesta de los que <i>atienden á todo objeto sin contraerse -especialmente al que los cita y llama, pero que en las suertes son -claros</i>; y aunque respeto su dictámen, sin embargo, en esto padeció una -equivocacion, pues esta propiedad la tienen unas veces los <i>boyantes</i>, -muchas los <i>revoltosos</i>, algunas los <i>que se ciñen</i>, pocas los <i>que -ganan terreno</i>, y siempre los <i>abantos</i>, pero nunca los verdaderos toros -de <i>sentido</i>, siendo ademas una contradiccion visible poner como clase -de <i>toros de sentido</i>, cuyo distintivo es la malicia en las suertes, -unas reses que segun él mismo son claras en ellas.</p> - -<p>Se llaman toros <i>abantos</i> aquellos que son medrosos por naturaleza, y -los hay de varias clases: unos lo son tanto, que conforme ven al torero -se salen huyendo, de modo que no es posible hacer suerte con ellos; -otros hay que arrancan, y antes de entrar en jurisdiccion se vacian con -prontitud saliéndose de la suerte, ya por el terreno de afuera, ya por -el de adentro, y á veces por el que ocupa el diestro, lo cual es efecto -del miedo que tienen, pero sin embargo lo pueden arrollar en<span class="pagenum"><a name="page_98" id="page_98">{98}</a></span> este -contraste: otras veces estos foros arrancan con prontitud, y cuando -llegan á jurisdiccion, y en el mismo momento en que el diestro va á -cargarles la suerte, se quedan cerniendo en el engaño hasta que se -escupen fuera ó lo toman. Hay otra especie de toros <i>abantos</i> de que -algunos hacen clase aparte con el nombre de <i>bravucones</i>, que son los -menos medrosos de todos ellos, pero que parten muy poco, y alguna vez al -tomar el engaño rebrincan, y otras se quedan en el centro sin formar -suerte. No me parece que estos toros deban formar una clase aparte, pues -no son otra cosa que una especie de los <i>abantos</i>; sin embargo, José -Delgado los pone como distintos.</p> - -<p>Estas <i>clases</i> de toros son las únicas que por sus propiedades -particulares merecen mucha atencion para conocerlos perfectamente, y -ejecutar las suertes con seguridad.</p> - -<p>Sin embargo, me parece oportuno decir alguna cosa de los toros -<i>burri-ciegos</i>, de quienes nadie ha hecho mencion, mereciendo una -atencion particular, pues el defecto que tienen en su vista les hace -partir con desproporcion relativamente á los demas, pero con mucha -regularidad atendiendo al estado particular en que ella los pone, de -suerte que estos toros deben <i>clasificarse</i> segun la alteracion que -tengan en el modo de ver. Haremos pues tres clases: los de la primera, -que son<span class="pagenum"><a name="page_99" id="page_99">{99}</a></span> los que <i>ven mucho de cerca y poco ó nada de lejos</i>, tienen la -contra para torearse de que siendo preciso para que vean al diestro -citarlos siempre sobre corto, y advierten distintamente muy cerca de sí -un objeto que casi no saben por dónde ha venido, arrancan con mucha -codicia y ligereza, de modo que si tienen muchas piernas y aquel no está -sobre sí, ó bien le faltan estas, es facil le den una cogida: sin -embargo, en toreándolos con conocimiento son los mejores de los -<i>burri-ciegos</i>, pues tienen la ventaja de no seguir el bulto en -apartándose un poco aun cuando le estuviesen observando el viaje, porque -como no ven bien de lejos les parece grande la distancia y no hacen por -él.</p> - -<p>Los de la segunda clase <i>ven poco de cerca y mucho de lejos</i>; son muy -dificiles de torear, porque como no distinguen bien arrancan al bulto -todo que tienen delante, y por lo regular buscan el cuerpo como objeto -mayor y que ven mejor. El peligro que hay en estos toros es el salirse -de la suerte y apartarse de ellos, porque entonces ven claramente al -diestro, observan su viaje, arrancan á él, y si tienen piernas y lo -llevan embrocado sobre largo le pueden dar una cogida, pues no hacen -caso del capote, y sí del cuerpo, que es lo que ven mejor porque dista -mas.</p> - -<p>Los de la tercera son los <i>que tanto de cer<span class="pagenum"><a name="page_100" id="page_100">{100}</a></span>ca como de lejos ven poco</i>; -tienen la ventaja que rara vez observan el viaje y siguen al diestro -hasta rematar, y si no fuera porque son muy pesados en todas las suertes -y se aploman con facilidad, serian los mejores de los burri-ciegos.</p> - -<p>Se pudiera hacer otra cuarta clase de estos toros, en que se -comprendieran los que <i>ven poco de un ojo y bien del otro</i>; pero -teniendo las mismas ventajas y nulidades para la lidia que tienen los -<i>tuertos</i>, cuanto se diga de estos es aplicable á los otros.</p> - -<p>Conocidas ya las diferentes <i>clases de toros</i> que pueden presentarse al -diestro, debemos pasar al conocimiento de cada suerte en particular, y -al modo de ejecutarlas con los de que ya se ha dado noticia.</p> - -<h3>CAPITULO VI.<br /><br /> -<i>De las suertes de capa.</i></h3> - -<p><span class="letra">S</span>e llama <i>suerte de capa</i> toda la que se hace para burlar al toro á -favor de los capotillos; de esta definicion se sigue, que tan suerte de -capa es el <i>correr</i> un toro como la <i>navarra</i>; sin embargo, debe -admitirse una diferencia, y asi llamaremos <i>trastear ó correr los toros</i> -á todas las suertes que se les hagan con los capotillos para hacerles -mu<span class="pagenum"><a name="page_101" id="page_101">{101}</a></span>dar de sitios, distraerlos &c., y <i>suertes de capa</i> propiamente tales -á la <i>verónica</i>, <i>navarra</i>, <i>chatre</i> <i>&c.</i>: tambien se les dice á estas -suertes genéricamente <i>capear ó sacar de capa</i>. Cuando el matador, -despues de haber dado la estocada, se pone con la muleta á pasar el toro -una y muchas veces para cansarlo, que se meta mas la espada y se eche, -se dice tambien que lo está <i>trasteando</i>.</p> - -<p>Vamos á tratar del modo de ejecutar todas estas suertes con todos los -toros, dando reglas seguras para su buen éxito y lucida ejecucion. -Empezaremos por el modo de <i>correr los toros</i>, y despues hablaremos de -las <i>suertes de capa</i> propiamente tales en sus artículos particulares. -Los <i>recortes y galleos</i> merecen una atencion particular, y por tanto -serán objeto de otro capítulo.</p> - -<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4> - -<p class="chead"><i>Del modo de correr los toros.</i></p> - -<p>El <i>correr los toros</i> aunque es muy facil, no es sin embargo tanto que -no tenga sus reglas para ejecutarlo con perfeccion y seguridad, pues de -otra suerte iremos espuestos, y el toro será el que nos corra, en vez de -nosotros correrlo á él.</p> - -<p>El que vaya á <i>correr</i> un toro debe ad<span class="pagenum"><a name="page_102" id="page_102">{102}</a></span>vertir las piernas que tiene, si -está ó no en querencia, si está distraido, y la clase de toro que es.</p> - -<p>Si el toro tiene muchas piernas, procurará tomarlo largo echándole el -capote bajo, y no parándose nada en el momento de citarlo, porque si -arranca con prontitud, como corre mucho, se lo encontrará encima y le -podrá dar una cogida. Para evitar esto se tendrá cuidado de no correrlo -en la misma direccion en que tiene el cuerpo y la cabeza, pues de este -modo cuando salga con el engaño tendrá que dar una vuelta tanto mayor -cuanto era mas opuesta la direccion en que estaba á la que deba tomar -para seguir el viaje que lleva el diestro: de este modo se evita el -primer arranque, que es espuesto por ser muy veloz, y se le lleva, -mediante la vuelta que tuvo que dar, una delantera suficiente para no -temerle á sus piernas. Si tiene pocas, entonces lo tomará corto y se -parará al citarlo, pues si hace lo contrario, el toro no sigue á un -objeto que ve no puede alcanzar. Por esta misma razon en el momento de -irlo corriendo irá deteniendo la carrera, para guardar una distancia -proporcionada; tampoco debe flameárseles el engaño, porque es -indiferente ir embrocado sobre largo con un toro que por sus pocas -piernas no ha de hacerse jamas dueño de uno, y que ademas se le acaban -de quitar estas y se queda parado<span class="pagenum"><a name="page_103" id="page_103">{103}</a></span> en la mitad del camino sin poder -verificar la suerte.</p> - -<p>Cuando se va á <i>correr</i> un toro y está en querencia, es menester tomarlo -muy corto, pararse mucho al citarlo, y obligarlo demasiado para que -salga. El que no se sienta con muchas piernas no debe intentar el -<i>correr</i> estos toros cuando ellos las tienen, pues estando sobre corto -cuando arrancan se encuentran al instante encima, y esto es tanto mas -espuesto como que el diestro no está armado para suerte alguna. En este -caso aconsejo que si no se puede echar el toro fuera con el capote, se -le haga un recorte ó se le tire al hocico escapando por pies, pues no -hay otro remedio. Estos mismos recursos se tendrán presentes para cuando -suceda que yendo á citar al toro para <i>correrlo</i>, y estando este -observando al diestro y su viaje, sale al encuentro cortándole el -terreno, de modo que vienen á unirse y formar un verdadero centro de -quiebros ó de recortes; esto no deja de ser frecuente, y las mas veces -es preciso dar el recorte. Si el toro que se va á <i>correr</i> no está en -querencia, pero que la tiene conocida, es menester hacerlo con cuidado, -y mucho mas si se va á rematar donde está para dejársela libre, pues de -lo contrario como tenga piernas arrollará al diestro; y es la razon, -porque con el sentido en la querencia no hace caso ni del capote ni de -cosa alguna;<span class="pagenum"><a name="page_104" id="page_104">{104}</a></span> y si aquel con su cuerpo la lleva tapada, va embrocado -sobre largo, y en el remate, que lo hace muy violento en estas -circunstancias, es muy posible que le dé una cogida. Todo lo cual se -evita dejándole al rematar la querencia libre, y entonces va con el -viaje á ella.</p> - -<p>Cuando se va á <i>correr</i> un toro, y se ve que no quiere salir sin tener -querencia, es porque está distraido con algun objeto que le llama la -atencion, que regularmente es algun torero que está cerca, y de quien él -recela; en este caso es inútil citarlo, mientras no se quiten los bultos -que le distraen.</p> - -<p>Cuando los toros estan levantados salen cuanto se citan, y es menester -entonces hacerlo con todas las precauciones que quedan dichas para los -toros de piernas.</p> - -<p>En el estado de parados es cuando tienen mas fuerza y mejor aplicacion -todas las reglas de la tauromaquia, y por consiguiente me remito á lo -dicho para ver el modo de <i>correr</i> los toros en este estado.</p> - -<p>Para cuando estan los toros aplomados baste decir que rara vez arrancan -si no es tomándolos muy cortos, y que sea siempre con todas las -precauciones imaginarias, pues si conservan piernas, y no se atiende -perfectamente todo lo espuesto arriba, darán una cogida con mucha -facilidad.</p> - -<p>Los toros <i>boyantes</i>, <i>revoltosos</i>, <i>los que se<span class="pagenum"><a name="page_105" id="page_105">{105}</a></span> ciñen y los que ganan -terreno</i>, son muy faciles de <i>correr</i>, atendiendo á todo lo dicho.</p> - -<p>Los de sentido como tengan piernas son dificiles de <i>correr</i>: para -hacerlo con seguridad es necesario que el diestro tenga muchos pies, y -observe rigorosamente lo espuesto; en este caso el peligro es ninguno.</p> - -<p>Los toros <i>abantos</i> cuando salen son bien faciles de <i>correr</i>, y tienen -la ventaja de que rara vez rematan; sin embargo, aconsejo que siempre se -tomen cumplidamente las guaridas.</p> - -<p>El que <i>corra</i> los toros no debe tener cuidado si no es con los de -muchas piernas, pues de otro modo está segurísimo: el recurso que tiene -para estos, que es el capote, es muy grande, porque con él se sale de la -cabeza del toro, lo lleva por donde quiere, y lo pone en el parage -oportuno para hacer suerte.</p> - -<p>Los toros <i>burri-ciegos</i> de la primera clase, que son los que ven bien -de cerca y mal de lejos, son muy faciles de <i>correr</i>, atendiendo lo que -ya hemos dicho con respecto á las piernas, á su clase, querencias &c., y -tienen ademas la ventaja de que ven mejor el capote que el diestro.</p> - -<p>Los de la segunda tambien se <i>corren</i> con facilidad observando las -reglas que segun su diversa clase les correspondan; pero siempre se -tomarán largos, y se les llevará mucha delantera; y es la razon, porque -si se toman<span class="pagenum"><a name="page_106" id="page_106">{106}</a></span> cortos no ven el capote por lo cerca que lo tienen tan -claro como el bulto; de aqui es que corren embrocándole, y si tienen -piernas pueden darles una cogida; todo lo cual se evita tomándolos -largos, pues entonces ven todo á un igual, y la delantera que lleva el -diestro le asegura de sus piernas.</p> - -<p>Los de la tercera clase se <i>correrán</i> segun sus piernas y segun las -demas circunstancias, arreglándose á lo espuesto.</p> - -<p>Por último, es menester tener presente para <i>correr</i> los toros tuertos, -que para citarlos se debe salir por el lado que ven, y en el momento que -arrancan mudar el capote á la mano del lado bueno, quedando el cuerpo -del lado del ojo tuerto; de este modo se <i>corren</i> con mucha seguridad, -pues ven muy bien el capote y el cuerpo no; asi es que jamas puede ir el -diestro embrocado.</p> - -<p>Los que <i>corren</i> los toros deberán siempre irlos mirando para salirse de -la cabeza en los embroques sobre largo, flamearles el capote y cambiarlo -de mano á tiempo, para darles los remates fuera ó bien en las -querencias, y para no correr cuando el toro no los siga, lo cual indica -mucho miedo: á esto se llama <i>ver llegar los toros</i>, y es importantísimo -en toda clase de suertes, como iremos viendo segun vayamos tratando de -ellas.<span class="pagenum"><a name="page_107" id="page_107">{107}</a></span></p> - -<h4>ARTÍCULO II.</h4> - -<p class="chead"><i>De la suerte á la verónica, ó sea de frente.</i></p> - -<p>Esta suerte se hace cuando está el toro derecho, esto es, dividiendo -igualmente los terrenos, para lo cual es preciso que esté en la misma -direccion que las tablas: á esto se llama <i>estar el toro en suerte</i>, y -es necesario para hacer cualquiera de las de capa con seguridad y -lucimiento.</p> - -<p>El <i>terreno del toro</i> es el que le sigue á este, puesto en suerte, hasta -los medios de la plaza; tambien se llama <i>terreno de afuera</i>: el del -diestro es el que hay entre este puesto en suerte y las tablas. <i>Se -halla en suerte el diestro</i> cuando está frente al toro y preparado para -ejecutar alguna.</p> - -<p>Se llama <i>centro de los terrenos</i>, y mas propiamente dicho <i>centro de -las suertes ó centro</i> simplemente, el sitio en que habiendo humillado el -toro y hecho el quiebro el diestro, se dividen los terrenos tomando cada -uno el suyo.</p> - -<p>En toda suerte es necesario situarse en frente del toro, pues de otro -modo ninguna es lucida y casi todas espuestas: tambien es regla general -citar los toros segun las piernas; esto es, que si tienen muchas se -podrán tomar largos, pero si tienen pocas entonces<span class="pagenum"><a name="page_108" id="page_108">{108}</a></span> se tomarán sobre -corto; siendo mucho mejor en toda suerte pecar por tomarlos cortos que -largos, como se verá en su lugar.</p> - -<p>La primera suerte de que debemos hablar es la <i>verónica</i>, <i>ó sea de -frente</i>, la cual es muy facil y lucida, y se hace de este modo: sitúase -el diestro en frente del toro de tal modo, que sus pies esten mirando -hácia las manos de éste, y á una distancia proporcionada segun sus -piernas; lo citará, lo dejará venir por su terreno hasta que llegue á -jurisdiccion, y entonces le cargará la suerte, y cuando tenga el toro -fuera y esté en su terreno tirará los brazos para sacar el capote, con -lo cual queda la suerte rematada: se debe procurar que el toro quede -derecho para hacerle la segunda, lo cual se adquiere con la práctica, -pues consiste en el tiempo en que se tiran los brazos, y en el modo de -rematar la anterior. Asi es como se ejecuta la <i>verónica</i> con los toros -<i>boyantes</i>; pero con los de otras clases es menester variarla en algo, -como veremos ahora.</p> - -<p>Los toros <i>revoltosos</i> son muy buenos para esta suerte, la cual se les -hará como ya hemos dicho para los <i>boyantes</i>, con la sola diferencia de -alzar el capote mucho en el remate, para darles una salida larga y -bastante fuera, teniendo ademas cuidado de dar cuatro ó seis pasos de -espalda al rematar la suerte; y es la razon, porque como estos toros<span class="pagenum"><a name="page_109" id="page_109">{109}</a></span> -tienen tanto celo por el engaño, y se revuelven con facilidad para -buscarlo, si el diestro no se ha prevenido con las precauciones dichas, -se encontrará al toro encima antes de haberse podido armar para segunda -suerte, y lo podrá arrollar; todo lo cual se evita con lo dicho, y se -proporciona una suerte muy segura y lucidísima.</p> - -<p>Los toros <i>que se ciñen</i> necesitan algun mas cuidado que los -antecedentes, y se les hará del modo siguiente: conforme el toro -arranque, se empezará á tender y cargar la suerte, para que cuando -llegue á jurisdiccion ocupe ya el terreno de afuera, y el diestro con -poco quiebro que haga toma el suyo: es menester tener cuidado con estos -toros de no tirar los brazos hasta que hayan humillado bien y esten -fuera del todo, pues de este modo el remate es muy seguro: esto se llama -<i>hartar los toros de capa</i>.</p> - -<p>Los toros <i>que ganan terreno</i> necesitan mucha precaucion en esta suerte, -pero tambien la tienen segura, pues hay muchos recursos para ellos: lo -primero que yo aconsejo hacer es tomarlos lo mas corto que se pueda, -pues de este modo arrancan ni mas ni menos que los <i>boyantes</i>, ó cuando -mas ciñéndose, porque tienen el engaño tan cerca que conforme dan dos -pasos entran en jurisdiccion, y por consiguiente en haciéndoles el -quiebro que á los que se <i>ciñen</i>, y teniendo<span class="pagenum"><a name="page_110" id="page_110">{110}</a></span> desde el principio de -citarlos tendida la suerte, se les da un remate feliz. Sin embargo, veo -que no siempre se podrán tomar tan cortos estos toros, y entonces se -observará lo siguiente: conforme arranquen se empezará á tenderles y -cargarles la suerte como hemos dicho para los <i>que se ciñen</i>, -haciéndoles ademas bastante quiebro; si el toro no obedece y se cuela, -se mejorará el terreno con prontitud, adelantándose ademas á recibirlo -en jurisdiccion, con lo cual se le obliga á tomar el engaño, y se le -dará el mismo remate que á los <i>revoltosos</i>, hartándolos tambien de -capa. Sucede á veces que á pesar de todo, por tener el toro muchas -piernas ó estar las tablas muy cerca, no se puede hacer nada de lo -dicho, porque se encontraria el diestro encerrado entre las barreras y -el toro, y espuesto á una muy mala cogida; en este caso lo que debe -hacer es dejarlo venir ganando terreno y colándose, y dar tambien -algunos pasos de espalda con la suerte tendida, con lo cual se le engaña -completamente, pues sigue cortando el terreno á términos, que cuando -llega á jurisdiccion ocupa enteramente el de adentro, y cargándole bien -la suerte, y haciendo el quiebro como ya hemos dicho, se le da seguro -remate echándose el diestro á la plaza. A esto se llama <i>dar las tablas -al toro ó cambiar los terrenos</i>. Es regla general con estos toros -hartarlos de capa y darles los remates<span class="pagenum"><a name="page_111" id="page_111">{111}</a></span> muy largos, haciéndoles mucho -quiebro en el momento de cargarles la suerte.</p> - -<p>Algunas veces estos toros rematan en el bulto, principalmente cuando son -de los que hemos dicho que empiezan á ganar terreno despues de varias -suertes: en este caso, ademas de los precauciones dichas es necesario -echar mano de los recursos que veremos posee el arte para los toros de -<i>sentido</i>.</p> - -<p>Estos toros, cuyo distintivo es el rematar en el bulto ó cuerpo del -torero, son los mas dificiles de torear, y los que han dado mas cogidas; -pero como veremos ahora tienen su suerte segura. Para ejecutarla se -llamarán con las mismas precauciones que los antecedentes, teniendo -perfectamente cubierto el cuerpo con el engaño, con lo cual se les -obliga á que lo tomen, y aun cuando su remate es en el cuerpo, se evita -no moviendo los pies hasta que el toro haya humillado y tenga la cabeza -bien metida en la capa, de suerte que no pueda ver el lado de la huida -del diestro, el cual en el momento que lo tenga en esta disposicion le -cargará la suerte, y sin tirar todavía los brazos, con un quiebro grande -de cuerpo se saldrá del centro dando con ligereza cuatro ó seis pasos á -la espalda para ocupar el terreno que deja el toro, en cuyo acto tiene -que tirar los brazos, y sacar la capa por alto en el mismo momento en -que el toro tira la cabezada fuera, con lo cual<span class="pagenum"><a name="page_112" id="page_112">{112}</a></span> se remata la suerte con -seguridad. No obstante, sucede muchas veces que estos toros desde que -arrancan vienen ya metidos en el terreno del diestro buscándoles el -cuerpo, y de un modo que no dan lugar á mejorar el sitio, lo cual nunca -se intentará, siendo preciso cambiar los terrenos por las mismas reglas -que dimos para los que lo ganan, y usando ademas de todas las -precauciones que hemos dado arriba, con lo que el remate es seguro. Si á -pesar de todo lo espuesto el toro, que sucede raras veces, se revuelve -muchísimo y viene á parar al cuerpo, el recurso que hay seguro para -librarse de este embroque, siempre peligroso, es echarle la capa en la -cabeza tapándole los ojos y escapando por pies; aquel objeto que tiene -encima le obliga siempre á detenerse un poco y tirar una cabezada para -librarse de él, en cuyo tiempo el diestro tomará guarida.</p> - -<p>Lo que hemos advertido de no tirar los brazos hasta que el toro esté -todo metido en la capa, y el diestro fuera del centro del modo dicho, es -muy interesante para librarse de estos toros, y quizás lo único -esencial, pues de esta manera se les reduce á un solo objeto, se les -deja hecho dueños de él, no ven la huida del bulto, y cuando se quita el -engaño se encuentran sin tener con quien satisfacer su corage y su -intencion.</p> - -<p>Los toros <i>abantos</i> tienen que torearse con<span class="pagenum"><a name="page_113" id="page_113">{113}</a></span> cuidado, pues á veces -parten con mucha desproporcion, y por tanto suelen arrollar al diestro. -Se deben pues torear por las reglas que hemos dado para los que ganan -terreno, para mejorarlo se vienen por el del diestro, y hacer el cambio -en caso que se cuelen al de adentro.</p> - -<p>A los <i>brabucones</i> será menester tenerles siempre libre y prevenido el -terreno de afuera, porque como suelen rebrincar, si el diestro ocupa el -centro está en su terreno, y podrá sufrir una cogida.</p> - -<p>Cuando estos toros se queden en el centro de las distancias sin hacer -suerte, será muy bueno adelantarse formando una nueva. Cuando parten, y -al llegar al engaño quedan cerniéndose en él, se tendrá el cuidado de no -tirar los brazos ni mover los pies, pues entonces darán una cogida; por -consiguiente hasta que humillen y hagan suerte guardará el diestro su -posicion.</p> - -<p>Es mucho mejor para llamar estos toros recoger el engaño al cuerpo é -irse con este descubierto, porque de este modo tienen menos miedo y -arrancan mejor; al llegar á jurisdiccion se abre el engaño y lo tienen -que tomar, logrando asi que partan con regularidad, pues es muy -frecuente en ellos salirse de la suerte en el momento que ven al diestro -presentándoles el engaño, porque se asustan de ver un bulto tan grande.<span class="pagenum"><a name="page_114" id="page_114">{114}</a></span></p> - -<p>Los toros <i>burri-ciegos</i> de la primera clase se torearán segun aquella á -que pertenezcan con arreglo á lo que hemos dicho, teniendo mucho cuidado -al ponerse en suerte, porque como debe ser sobre corto para que el toro -vea bien, y suelen arrancar con mucha presteza, en no estando el diestro -sobre sí es muy posible la cogida.</p> - -<p>Los <i>burri-ciegos</i> de la segunda se torearán tambien segun las reglas -que hemos dado para los demas, con la sola diferencia de tomarlos -largos, presentarles el engaño muy grande, y llevarlos muy metidos en -él. Estos toros algunas veces se quedan tambien cerniendo en el engaño -como los abantos; pero es mas frecuente que se paren en el centro de las -distancias, en cuyo caso, ó bien se puede adelantar el terreno para -obligarlos á que hagan suerte, ó bien puede el diestro salirse de ella: -cuando se haga esto último es preciso que sea con mucha precaucion, -retirándose sin desarmarse, y sin quitar la vista del toro, pues suelen -arrancar cuando el bulto está lejos, que es cuando lo ven mejor; y si él -se desarmó y no tenia la vista en el toro, le podrán dar una cogida, lo -que he visto mas de una vez.</p> - -<p>La última clase de <i>burri-ciegos</i> no tiene que torear mas sino segun su -condicion, y prevenirles un engaño grande de color vivo, presentárselo -alto, tomarlos muy cortos, y<span class="pagenum"><a name="page_115" id="page_115">{115}</a></span> obligarlos mucho al citarlos, hablándoles, -porque son en estremo pesados.</p> - -<p>Los toros tuertos son malos para las suertes de capa, pues aunque se les -hacen con seguridad son deslucidas. Yo los he visto capear las mas veces -teniendo el ojo bueno hácia el terreno de adentro; en este caso se -revuelven muchísimo, y al parecer buscan el cuerpo, pero en realidad no -es asi; y el revolverse es efecto de no ver mas que por un lado el -engaño, de suerte que al mismo tiempo de irlo buscando se van volviendo, -por lo cual es menester hacerles la suerte del modo que hemos dicho para -los de sentido, y el remate como á los revoltosos.</p> - -<p>Parece increible lo que los toros tuertos revuelven, en esta suerte: yo -he visto tener que dar casi una vuelta entera, llevando el toro metido -en el engaño sin podérselo sacar, porque cuanto se hubieran tirado los -brazos daba una cogida; lo que se hace en este caso es dar con rapidez -el quiebro natural, y seguir dando con pasos de espalda una media vuelta -tambien rápida, bajando al mismo tiempo mucho el engaño para que humille -bien, en cuyo tiempo, metiéndose el diestro en su terreno, tira con -prontitud los brazos: con todo lo cual el toro sufre un destronque tan -grande que lo hace hocicar y dar un remate tan seguro como lucido.</p> - -<p>Estos toros dan cogidas á menudo, dima<span class="pagenum"><a name="page_116" id="page_116">{116}</a></span>nadas de haberse querido rematar -la suerte antes de tiempo, pues con los que se revuelven tanto como ya -hemos dicho, es preciso dar la vuelta casi entera para que sufran el -destronque, que es el que nos proporciona seguro remate. Debe tambien -tenerse presente que es necesario ponerse en suerte con estos toros muy -separados de las tablas, porque si son de los que se revuelven mucho se -encontrará el diestro sin tener lugar para la vuelta.</p> - -<p>Muy pocas veces he visto ponerse á citar un toro tuerto teniendo este -ojo hácia el terreno de afuera, y jamas vi hacer una suerte á que se le -pudiese dar este nombre: sin embargo, yo concebia una manera de hacerla, -á mi parecer segura y lucida, y es, presentándose al toro pisándole un -poco su terreno, y teniendo el capote de modo que cubra el cuerpo y esté -mas del lado de afuera, lo que se consigue teniendo el brazo que mira á -este terreno estendido, y el otro natural; estando de este modo se cita -al toro teniendo bien parados los pies, pues aunque se está en su -terreno, como el capote está todavía mas en él, se viene echando fuera; -desde el momento que entre en jurisdiccion se le tenderá la suerte, y -con un pequeño quiebro que se haga al cargársela, se está enteramente -fuera, se tiran los brazos, y se saca la capa, ya por alto, ya por bajo, -con muchísima seguridad, porque al rematar está el diestro por<span class="pagenum"><a name="page_117" id="page_117">{117}</a></span> el lado -del ojo tuerto, y puede quedarse quieto sin peligro; yo no puedo decir -mas de esta suerte sino que la he ejecutado despues, y que su práctica -se acomoda perfectamente á su teoría.</p> - -<h4>ARTÍCULO III.</h4> - -<p class="chead"><i>De la suerte á la navarra.</i></p> - -<p>Esta suerte es despues de la verónica la que se hace con mas frecuencia, -y es mas bonita que aquella, aunque no tan susceptible de hacerse con -todos los toros. Vamos á ver el modo de ejecutarla con los boyantes, y -despues veremos con cuáles se puede hacer ademas.</p> - -<p>Se situará el diestro como hemos dicho para la verónica, pero teniendo -cuidado de que el toro tenga sus piernas enteras, y poniéndose corto lo -citará, y cuando embista le irá tendiendo la suerte, se la cargará mucho -cuando llegue á jurisdiccion, y cuando ya vaya fuera y bien humillado le -arrancará con prontitud la capa por bajo del hocico, dando al mismo -tiempo una media vuelta con ella por dentro, viniendo á quedar otra vez -frente al toro.</p> - -<p>Con estos toros es la suerte sumamente segura, y aunque no falta quien -diga que con los demas es muy peligrosa, sin embargo<span class="pagenum"><a name="page_118" id="page_118">{118}</a></span> veremos que se -puede hacer con otros tambien con seguridad.</p> - -<p>Los toros <i>revoltosos</i>, cuando tienen todas sus piernas, son muy á -propósito pera hacerles esta suerte en teniendo la precaucion de -cargársela mas y despedirlos mas fuera, perfilando el cuerpo y -haciéndoles un buen quiebro, con lo que el toro va muy humillado y -bastante desviado, para tirar sin riesgo los brazos y sacar la capa del -modo dicho; pero debo advertir que la vuelta, como es para dentro, es -tanto mas completa cuanto mas se perfiló el cuerpo hácia fuera, y por -consiguiente que debe ser muy viva, para volverse antes que el toro se -reponga, con lo cual se remata felizmente.</p> - -<p>Si alguna vez sucede que por ser el toro muy ligero, ó haberse tardado -en la vuelta, ó bien por haberle dado poca salida, viene á buscar al -diestro, se darán algunos pasos de espalda con la capa abierta, y se le -hará la verónica, pues en este caso no es prudente repetir la navarra.</p> - -<p>Con los toros <i>que se ciñen</i> es tambien muy facil esta suerte, y es tan -segura como con los boyantes, ademas de ser mas lucida, porque como se -pegan mas los de que hablamos, pasan mas cerca del cuerpo, es la suerte -mas ceñida en un todo, resultando mas lucimiento del mayor riesgo que -parece tiene el diestro (aunque en realidad es ninguno),<span class="pagenum"><a name="page_119" id="page_119">{119}</a></span> por la mayor -aproximacion del toro.</p> - -<p>El modo de ejecutarla es dejarlo venir segun las reglas que dimos para -la verónica hablando de estos, y cuando ya humillado ocupe el terreno de -afuera, se le arrancará la capa, y se dará la vuelta del modo que he -dicho se hará con los boyantes, teniendo siempre cuidado de hacérsela -cuando tengan piernas.</p> - -<p>Con los <i>que ganan terreno</i> y con los de <i>sentido</i> aconseja la prudencia -que no se haga esta suerte: si alguno quiere ejecutarla, use con mucha -precaucion de las reglas dichas, pues ha de ser muy diestro para que el -éxito sea feliz.</p> - -<p>Con los toros <i>abantos</i> se puede hacer con tanta seguridad, como que se -tiene la certeza de que no han de revolverse, único peligro que hay; por -eso, esceptuando los anteriores, son los revoltosos los que merecen mas -cuidado en ella.</p> - -<p>Lo toros <i>burri-ciegos</i>, sean de la clase que se quiera, serán ó no á -propósito para la <i>navarra</i>, segun la clase que por sus propiedades -manifiesten.</p> - -<p>Los toros tuertos cuando tienen este ojo hácia el terreno de adentro son -sumamente buenos para esta suerte, la que se les hará del modo que -dijimos se les hacia la verónica, quitándoles la capa como hemos visto -ya se hace con los boyantes. Pero cuando lo<span class="pagenum"><a name="page_120" id="page_120">{120}</a></span> tienen hácia fuera no se -les debe hacer, pues darán una cogida, ó á buen escapar será una suerte -arrollada.</p> - -<h4>ARTÍCULO IV.</h4> - -<p class="chead"><i>Suerte de tijerilla, ó sea á lo chatre.</i></p> - -<p>Esta suerte se hace muy poco; bien es verdad que es muy insignificante. -El diestro se situará como para las anteriores, con la sola diferencia -de tener cogido el lado derecho de la capa con la mano izquierda, y -vice-versa, de modo que los brazos quedan formando un aspa; en esta -disposicion se cita al toro, y se le hará la suerte por las mismas -reglas que di para la verónica, pues la única diferencia que hay entre -ellas está en el modo de poner los brazos. Esta suerte es muy facil y -segura con los boyantes, y lo es igualmente con los abantos.</p> - -<p>Se hace tambien con los revoltosos con mucha seguridad en observando lo -siguiente: despues de haberles cargado la suerte segun las reglas que ya -he dado, si se ve que el remate no se les puede dar bastante fuera como -se necesita para que no se revuelvan y den una cogida, dimanando esta -imposibilidad de no poder dar bastante juego á los brazos, en el momento -mismo en que se les cargó la suerte, y ya al rematarla, con mu<span class="pagenum"><a name="page_121" id="page_121">{121}</a></span>cha -ligereza se deshará el aspa ó la tijerilla, con lo que se ponen los -brazos naturales, y se les puede dar el remate seguro que hemos visto -tienen en la verónica.</p> - -<p>Con los toros que se ciñen se puede hacer esta suerte sin consecuencia -alguna, en teniendo cuidado de tendérsela en cuanto arranquen y de -írsela cargando, haciéndoles un buen quiebro, y llevándolos engreidos en -el engaño, con todo lo cual se les separa suficientemente para que no -puedan pisar el terreno de adentro, y para que el remate sea seguro.</p> - -<p>Los toros que ganan terreno, los que rematan en el bulto y los tuertos -no son á propósito para esta suerte; los burri-ciegos lo serán si por su -clase corresponden á alguna de las que hemos visto lo son.</p> - -<h4>ARTÍCULO V.</h4> - -<p class="chead"><i>Suerte al costado.</i></p> - -<p>La suerte <i>al costado</i> se hace de dos modos, con la capa por delante, y -con la capa por detras.</p> - -<p>Para hacerla del primero se pondrá el diestro en suerte de costado al -toro, y mirando hácia el terreno de adentro; tendrá la capa agarrada con -la mayor parte del vuelo en el lado del toro, cuyo brazo estará -per<span class="pagenum"><a name="page_122" id="page_122">{122}</a></span>fectamente estendido, y la mano del otro por delante del pecho: esta -posicion es muy airosa, y se debe tener mucho cuidado en guardarla hasta -que el toro llegue á jurisdiccion, é igualmente en perfilarse mucho con -la capa, para que no pueda absolutamente ver mas que un objeto sin -distinguir el cuerpo; esto no es indiferente, pues de ello depende el -buen éxito de la suerte. Puesto el diestro de este modo, lo citará -dejándolo venir por su terreno, y conforme llegue á jurisdiccion le -cargará la suerte, dando dos ó tres pasos para ocupar la parte del -terreno de adentro que va el toro dejando, con lo cual se le presenta de -una vez toda la capa, se le echa del todo fuera, y se le da el mismo -remate que en la verónica.</p> - -<p>Se puede hacer esta suerte sin peligro alguno con los boyantes, los -revoltosos, los que se ciñen, los burri-ciegos que correspondan á alguna -de estas clases, y con los tuertos cuando tengan este ojo hácia el -terreno de adentro.</p> - -<p>La suerte al costado con la capa por detras se hará situándose del modo -que hemos dicho para la anterior, con la diferencia de que el brazo que -en aquella pasó por delante del pecho pasa en esta por la espalda, -resultando la capa por detras. En esta disposicion se cita al toro, y -asi que llega á jurisdiccion se le carga la suerte; y para rematarla se -al<span class="pagenum"><a name="page_123" id="page_123">{123}</a></span>zan los brazos con prontitud al mismo tiempo que se da una pequeña -carrera para el terreno que el toro deja, con lo cual se le quita la -capa por cima al mismo tiempo que tira la cabezada fuera del todo.</p> - -<p>Esta suerte es con los boyantes muy facil y lucida, y se puede hacer con -los revoltosos en teniendo la precaucion de dar la carrera mayor, por si -acaso se han repuesto con ligereza, y hacen por el diestro, poder este -correrlos á favor de la delantera que les lleva, y si es preciso soltar -el capote, ó hacer la verónica.</p> - -<p>No aconsejo que se haga con otros toros, pues aunque es practicable, es -espuesta con las demas clases; pero sí se puede verificar con los -burri-ciegos, boyantes y revoltosos, y con los tuertos cuando esten en -la misma disposicion que dijimos para la anterior.</p> - -<h4>ARTÍCULO VI.</h4> - -<p class="chead"><i>Suerte de frente por detras.</i></p> - -<p>Esta se hace poniéndose el diestro de espalda en la rectitud del toro, -teniendo cogida la capa por detras lo mismo que de frente, en cuya -disposicion lo cita, y luego que le parte y llega á jurisdiccion le -cargará la suerte, se meterá en su terreno, y dará el remate con una -vuelta de espalda quedando<span class="pagenum"><a name="page_124" id="page_124">{124}</a></span> armado para la segunda. Esta es invencion de -José Delgado (a) Hillo, el cual asegura haberla ejecutado con fortuna -con los toros boyantes, cuando conservan las piernas para poder -rematarla bien, y aconseja que en otras circunstancias no se ejecute.</p> - -<h3>CAPITULO VII.<br /><br /> -<i>De los recortes y galleos.</i></h3> - -<p>Se llama <i>recorte</i> á toda aquella suerte en que el diestro se junta con -el toro en un mismo centro, y cuando humilla le da un quiebro de cuerpo -con el cual libra la cabezada, y sale con diferente viaje.</p> - -<p>El <i>galleo</i> se diferencia del <i>recorte</i> en que se hace á favor del -capote ó algun otro engaño, mientras que el <i>recorte</i> se ejecuta con -solo el cuerpo: sin embargo, es muy frecuente llamarlos genéricamente -<i>recortes</i>.</p> - -<p>El <i>recorte</i> propiamente tal se puede hacer con toda clase de toros, y -de diversos modos, segun que se salga derecho á él ó atravesado; ó bien -se le está viendo venir, y cuando llega á jurisdiccion y humilla, se le -da el quiebro y queda hecho el <i>recorte</i>. De todos modos es muy lucido y -sumamente seguro con los boyantes; con los revoltosos es menester ser -muy ligero para hacer con seguridad esta suerte, porque se reponen muy<span class="pagenum"><a name="page_125" id="page_125">{125}</a></span> -pronto; y aunque el diestro ya se haya enmendado del quiebro, sin -embargo, como no haya sido con suficiente anticipacion para haberse -apartado bastante del centro de la suerte, le podrán dar una cogida: de -todos modos es menester no pararse un momento, y salir con todos los -pies, pues ellos casi siempre cuanto se reponen salen tras el bulto: en -teniendo cuidado de ejecutar lo dicho es el <i>recorte</i> mas lucido el de -estos toros.</p> - -<p>Los abantos son muy buenos para los <i>recortes</i>, que tambien se pueden -hacer con los que se ciñen en teniendo cuidado de salirles lo mas -derecho que se pueda, y de no hacerles el quiebro, que deberá ser muy -grande, sino cuando hayan muy bien humillado; de este modo el éxito -siempre será favorable.</p> - -<p>Si alguna vez se intenta dar este <i>recorte</i> á los toros que ganan -terreno, será necesario tomarles mucha delantera y mucha tierra, y -salirles formando un medio círculo, que vendrá á concluirse con rapidez -en el centro de la suerte, donde se hará el quiebro muy veloz, y se -saldrá con todos los pies: es bastante espuesto con ellos, porque en no -observando rigorosamente lo dicho se meterá el diestro en su cabeza, y á -veces, aun observándolo, sucede que cortan demasiado terreno y no dan -lugar á que se pase, en cuyo caso no hay mas remedio que escapar por -pies.</p> - -<p>Esta suerte no debe practicarse con los<span class="pagenum"><a name="page_126" id="page_126">{126}</a></span> toros que rematan en el bulto, -porque es sumamente espuesto; pero sí con los burri-ciegos de segundo y -tercer orden, atendiendo á su clase, con los cuales es facil y segura; -tambien lo es con los de la primera, en teniendo cuidado de hacérsela -cuando vayan levantados, pues á pie firme suele ser espuesto, -principalmente cuando tienen piernas, en razon á que arrancan alguna vez -con bastante velocidad cuando distinguen bien al diestro por estar -cerca, y si este no es muy ligero para darles el quiebro lo podrán -coger; pero haciéndolo con las precauciones dichas no hay peligro.</p> - -<p>Los toros tuertos son los mas á propósito para los <i>recortes</i> en -saliéndoles por el ojo bueno, con lo cual el remate es tan seguro, como -que la salida es por el ojo tuerto; pero no se les irá por este, porque -como no ven no pueden hacer por el bulto humillando, y por consiguiente -no harán suerte; lo segundo, porque si sienten cerca los pasos del -diestro que viene corriendo, y se vuelven, como que con la velocidad de -la carrera no es muy facil detenerse ó mudar de viaje, harán por él, y -si son ligeros le darán una cogida.</p> - -<p>Siempre que se vaya á dar un <i>recorte</i> se debe procurar no atravesarse -mucho con el toro, porque entonces es mas facil que tape la salida; para -cuando suceda esto, ya sea por descuido ó por las muchas piernas del -toro,<span class="pagenum"><a name="page_127" id="page_127">{127}</a></span> el mejor remedio es dar el salto á tras-cuerno, pues es mas -seguro que salirse de la suerte y cambiar el viaje, y el <i>recorte</i> de -quiebro no se puede ya intentar sin un evidente riesgo.</p> - -<p>Los <i>galleos</i> son mas susceptibles de hacerse con cualquiera clase de -toros que los <i>recortes</i>: son mucho mas faciles y seguros, y no les -ceden en lucimiento. Se pueden hacer de infinitos modos, en atencion no -solo á las circunstancias en que esté el toro, y al modo de emprender la -suerte, sino á la clase de engaño, al modo de llevarlo, á la clase de -remate que se da &c.: asi es que solo daré noticia de los mas frecuentes -y bonitos, por no ser molesto, y mucho mas cuando el modo de hacerlos es -igual en todo, y sigue las mismas reglas que para los <i>recortes</i> hemos -dado.</p> - -<p>Uno de los <i>galleos</i> que se hacen con mas frecuencia es el que llaman el -<i>bú</i>: para verificarlo se pone la capa por encima de los hombros del -modo natural, ó bien, y hace mas efecto, por la cabeza á la manera que -las mugeres llevan los chales; en esta disposicion se marcha al toro -observando las reglas que para un <i>recorte</i>, y cuando se está en el -centro se abren y agachan los brazos, y se hace el quiebro en el mismo -puesto en que el toro está humillado: hecho esto se está fuera ya, y -entonces se vuelven los brazos y la capa á su posicion, y queda -concluido el <i>galleo</i>.<span class="pagenum"><a name="page_128" id="page_128">{128}</a></span></p> - -<p>La otra especie, que se hace con mucha frecuencia, es aquel en que -cogida la capa del mismo modo que digimos para la suerte al costado con -la capa por detras, se va el diestro hácia el toro describiendo una -curva, cuyo fin es el centro de la suerte, la cual se concluirá del modo -que hemos visto se rematan todos los <i>galleos</i> y <i>recortes</i>. Este es -lucidísimo, y me atrevo á decir que acaso no hay otro mas seguro.</p> - -<p>Se hace tambien otra especie de <i>galleo</i> con el capote recogido en la -mano del lado que ha de presentarse primero al toro, y cuando se llega -al centro de los quiebros se le acerca para que humille, en cuyo acto -toma el diestro la salida y cambia el capote á la otra mano haciendo un -quiebro de cintura, con lo cual pasa humillado por su espalda, y la -cabezada la tira fuera; se hace tambien con un sombrero y con la -montera, y de todos modos es muy lucido.</p> - -<p>Hay otro <i>galleo</i> sumamente bonito, el cual se debe hacer siempre que se -atrase el diestro algo en el momento de irse á meter en el centro de la -suerte, ó bien cuando estando quieto se vea venir al toro levantado y -con todas sus piernas con el viaje á él: el modo de hacerlo, que es -igual en ambos casos, es tirar el capote al hocico del toro en cuanto -llegue á jurisdiccion, pero quedándose con una de las puntas en la mano, -con<span class="pagenum"><a name="page_129" id="page_129">{129}</a></span> lo cual humilla con prontitud, en cuyo momento pasará por delante -de la cabeza, haciendo el correspondiente quiebro, á ocupar su terreno, -y cuanto esté en él tirará con rapidez del capote, con lo que el -<i>galleo</i> se concluye: todo lo dicho ha de ser obra de un instante para -que haga el efecto que debe, pues entonces sufre el toro un destronque -que lo hará hocicar á espaldas del diestro, y que no se verificará sino -está la suerte hecha con mucha ligereza, pudiendo ademas peligrar por no -haber sufrido el toro lo que debia. Este <i>galleo</i>, que es el mas -conocido por el nombre general de <i>recorte</i>, es el que quita mas las -piernas á los toros, por el gran destronque que sufren, tanto mayor -cuanto la suerte está mejor hecha.</p> - -<p>Todos estos son sumamente bonitos, y se hacen con mucha frecuencia; son -susceptibles de practicarse con todas las clases de toros, con los -burri-ciegos y con los tuertos, en teniendo cuidado con estos últimos de -tomarlos por el ojo bueno, para que el remate sea en el tuerto.</p> - -<h3>CAPITULO VIII.<br /><br /> -<i>De los cambios.</i></h3> - -<p><span class="letra">L</span>os <i>cambios</i> estan olvidados casi del todo. La dificultad que presenta -su ejecucion re<span class="pagenum"><a name="page_130" id="page_130">{130}</a></span>trae á la mayor parte de los toreros de emprenderla, por -lo cual se pasan años sin que se vea un cambio, á no ser por casualidad. -En este caso, como la intencion del torero no era hacerlo, y como por la -poca frecuencia con que se hacen no está el diestro acostumbrado á -practicarla, ni el espectador á verla ejecutar, parece mas bien un -contraste ó una suerte arrollada, y con tanta mas razon por el poco -desembarazo y limpieza con que los toreros la hacen.</p> - -<p>Consiste el <i>cambio</i> en marcar la salida del toro por un lado de la -suerte, y dársela por el otro; por consiguiente, solo puede hacerse con -la capa, con la muleta ó con otro cualquier engaño, que asi como estos -pueda dirigirse con facilidad, y se lleve al toro bien metido en él. El -modo de hacer el <i>cambio</i> á un toro boyante con la capa es el siguiente: -se pondrá el diestro á citarlo como para la navarra, esto es, un poco -sobre corto; y luego que llegue á jurisdiccion y humille, se le tiende y -carga la suerte hácia el terreno de adentro, pero teniendo cuidado de no -dejarlo llegar hasta el centro de ella, sino un poco antes cargársela de -nuevo para engreirlo bien en el engaño y llevarlo al terreno de afuera -para darle por él la salida natural. Por esta esplicacion se ve que el -toro hace una especie de Z, y que pasa en el centro de la suerte por -delante del pecho del diestro: es por<span class="pagenum"><a name="page_131" id="page_131">{131}</a></span> consiguiente lucidísimo, aunque -sumamente dificil.</p> - -<p>Los toros revoltosos son los mas á propósito para los cambios, porque el -mucho celo que tienen por los objetos, y la fuerza con que hemos dicho -se sostienen sobre las manos en todas las suertes para coger el engaño, -los hacen formar la Z con mucha rapidez, y que el conjunto de la suerte -sea brillante y ceñido. Es casi inútil advertir que el remate debe ser -el mismo que para tales toros marcamos en la verónica.</p> - -<p>Los <i>cambios</i> pueden hacerse tambien á los toros que se ciñen siempre -que se tenga mucho cuidado é inteligencia para usar con acierto y -oportunidad de todas las reglas establecidas, tanto para el modo de -hacer los <i>cambios</i> en general, como para el de torear de capa estas -reses.</p> - -<p>No es prudente intentar el <i>cambio</i> con los toros que ganan terreno, ni -con los que rematan en el bulto; aunque muchas veces estos últimos -obligan á darlo hasta cambiando los terrenos por haber despreciado el -engaño, y haber ido á rematar sobre el cuerpo: en este caso, el diestro -consumado puede echar mano del <i>cambio</i> con mucha ventaja, previniéndose -antes con algunos pasos de espaldas. Por consiguiente, esta suerte -preciosa y segura con los boyantes, con los revoltosos, y aun con los -que se ciñen, viene á ser<span class="pagenum"><a name="page_132" id="page_132">{132}</a></span> con los toros de sentido un recurso harto mas -seguro y precioso que los demas conocidos.</p> - -<p>Tampoco debe intentarse el <i>cambio</i> con los abantos, porque estos toros -no rematan bien suerte alguna en que sea necesario ahinco y celo por el -engaño, como es indispensable para los <i>cambios</i>.</p> - -<p>Los burri-ciegos serán buenos ó malos para esta suerte, segun la clase á -que por sus propiedades pertenezcan. Con los tuertos no debe intentarse -jamas.</p> - -<h3>CAPITULO IX.<br /><br /> -<i>De la suerte de banderillas.</i></h3> - -<p><span class="letra">L</span>a suerte de <i>banderillas</i> es una de las mas lucidas que se le hacen á -los toros, pero no es muy facil ejecutarla con perfeccion.</p> - -<p>Hay cinco modos de practicarla, cada uno de los cuales constituye una -especie diferente de las demas, y que merece tratarse y estudiarse de un -modo particular. Por tanto, se hablará de ellos en sus correspondientes -artículos, haciendo ver con qué clase de toros, y en qué circunstancias -se deben ejecutar.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_133" id="page_133">{133}</a></span></p> - -<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4> - -<p class="chead"><i>Suerte de banderillas á cuarteo.</i></p> - -<p>Esta, que es sumamente bonita y lucida con las reses boyantes, es -tambien por la misma razon la mas frecuente. Suponiendo que el toro que -ha de banderillearse es de la clase de los sencillos, se hará la suerte -del modo siguiente: puesto el diestro de cara á él, bien sea á larga ó -corta distancia, y ya esté parado ó venga levantado, lo cita, y luego -que haga por el bulto saldrá formando un medio círculo igual al de los -recortes, cuyo remate será el centro mismo del <i>cuarteo</i>, en donde -cuadrándose con el toro, le meterá los brazos para clavarle las -banderillas, lo cual ejecutado tomará su terreno, y saldrá con pies, si -preciso fuere.</p> - -<p>La suerte de que hablamos admite una variacion sumamente importante para -que dejemos de ocuparnos de ella, y consiste en el momento de meter los -brazos y clavar los rehiletes. Hemos dicho arriba que el diestro deberá -cuadrarse con el toro, y despues meter los brazos para clavar las -banderillas, y este modo de hacer la suerte, ademas de ser el mas -seguro, es tambien el mas lucido, porque como ya cuadrado está el -diestro fuera de embroque, y puede por consiguiente aguar<span class="pagenum"><a name="page_134" id="page_134">{134}</a></span>dar sin riesgo -el achazo, no necesita meterse con el toro para cogerlo en la -humillacion y pincharlo, sino que sitúa las banderillas á una distancia -proporcionada, para que cuando el toro tire la cabezada se las clave él -mismo, sin tener por su parte que hacer otra cosa mas que abrir las -manos, con lo cual quedan puestas, como si de ellas se le hubieran caido -al morrillo del toro. El otro modo de hacer la suerte consiste en poner -los rehiletes antes de cuadrarse, y de que el toro tire el achazo, esto -es, embrocado el diestro, para lo cual necesita meterse mucho con el -toro para alcanzarlo en la humillacion, clavar las <i>banderillas</i>, y -tomar su terreno, porque estando embrocado no puede esperar el achazo, -como lo hace en el caso anterior. Este modo tiene ademas el riesgo de -que en marrando al toro se echa el torero sobre su cabeza, por lo que es -necesario meter los brazos sin dejar caer el cuerpo, confiado en los -palos, para que si lo marra no se venga á tender en la cabeza.</p> - -<p>Bien se conoce por lo dicho que el primer modo debe ser preferido, -generalmente hablando, por mas seguro y lucido; pero sin embargo, en -algunos casos que luego marcaremos es un recurso hacer la suerte del -último. Tanto en el uno como en el otro las <i>banderillas</i> deben quedar -puestas lo mas junto posible la una de la otra, á lo largo de la<span class="pagenum"><a name="page_135" id="page_135">{135}</a></span> línea -que corre desde el cerviguillo hasta los últimos rubios, y una en cada -lado de ella, para lo cual es preciso llevar las manos muy juntas, y los -codos bastante altos.</p> - -<p>En toda suerte de <i>banderillas</i> se debe ademas procurar que la salida -sea por el lado que se le haya conocido mas endeble al toro, por lo que -se hace indispensable parear igualmente por los dos.</p> - -<p>Los toros revoltosos son tambien muy á propósito para esta suerte, la -que se les hará exactamente lo mismo que para los boyantes hemos dicho, -sin mas diferencia que la de salir con pies inmediatamente que se claven -las <i>banderillas</i>, porque ellos cuanto se reparan del destronque vuelven -sobre el bulto, y si el diestro no se ha separado lo bastante del centro -de la suerte, ó el toro tiene muchas piernas, podrá sufrir una cogida, -lo que de ningun modo sucederá teniendo presente lo que llevamos dicho.</p> - -<p>Una de las grandes precauciones que para los toros revoltosos deben -tomarse es la de no hacer con ellos salidas falsas, pues si bien esto es -un defecto casi siempre del torero, y por consiguiente malo y espuesto -con todos los toros, tambien es verdad que con ningunos lo es tanto como -con estos, por el mucho celo que tienen por los objetos, y la rapidez -con que arrancan al diestro, que por<span class="pagenum"><a name="page_136" id="page_136">{136}</a></span> haber salido mal no tiene mas -recurso que escapar por pies.</p> - -<p>Los toros que se ciñen son tambien muy buenos para esta suerte, que por -su naturaleza debe ser muy ceñida para que salga con brillantez, y no es -necesario con ellos mas que prevenir el diestro alguna tierra mas que -para los anteriores para no encontrarse, si el toro es muy vivo, con la -salida tapada. Pocas veces hay necesidad con ellos de salir con pies, -principalmente si la suerte ha sido bien ejecutada; pero alguna que otra -suele ser preciso por haber el toro ido á rematar, como si ganara -terreno, sobre el mismo del diestro, lo cual supone, como hemos dicho, -que la suerte no estuvo bien ejecutada.</p> - -<p>Los toros que ganan terreno no son ya tan á propósito para esta suerte; -pero sin embargo se les puede hacer, y efectivamente se les hace, con -toda seguridad. El inconveniente grande que tienen para la suerte es, -que luego que el diestro sale haciendo el <i>cuarteo</i>, y ellos hacen por -él, le van cortando tanta mas tierra cuanta se haya prevenido mas para -sí, de modo que cuando se unen en el centro, aun cuando la salida no -esté tapada, como sucede frecuentemente, el toro no sufre destronque, -porque viene á rematar sobre el mismo terreno que el torero; el que -ponga ó no las <i>banderillas</i> deberá salir con todos los pies. Para -verificar, pues, la<span class="pagenum"><a name="page_137" id="page_137">{137}</a></span> suerte con ellos, se deberá evitar hacerles el -cuarteo como á los anteriores, á no ser que esten parados, porque en -este caso no tienen lugar de cortar terreno, y sale bien la suerte; pero -si traen viaje, entonces se les deberá salir derechos á la cabeza, y -observando el terreno sobre que el toro se inclina á pisar: con esto, y -luego que se llegue muy cerca de él hacer muy rápido el medio círculo -del cuarteo, y buscar la salida por el lado contrario al que el toro se -inclinaba, se consigue que no pueda cortar terreno por no tener conocido -el viaje del diestro; y como cuando decididamente se lo marca le queda -poca tierra que cortar, podrá cuando mas ser la suerte ceñida, pero se -concluye bien, y con seguridad.</p> - -<p>Este modo de hacerles la suerte debe ser preferido, por ser muy seguro y -muy lucido. Siempre que viniendo el toro levantado se salga haciendo el -<i>cuarteo</i> á larga distancia, se verá el diestro con la salida tapada, -porque conoce el viaje, y tiene mucho tiempo para cortar todo el terreno -que el diestro haya prevenido para sí; y si alguna vez logra pasar no -estará seguro, porque el terreno que el toro traía cortado le hará que -remate sobre el mismo que debe él pisar al hacer la suerte (que no se -podrá verificar muchas veces), y como no sufre destronque alguno, -seguirá tras el bulto, y se hará dueño<span class="pagenum"><a name="page_138" id="page_138">{138}</a></span> de él como no sea inferior en -pies; por lo que será muy oportuno quitárselos antes de banderillearlos, -y tambien porque tanto menos terreno podrán cortar en las suertes, -cuanto mas quebradas tengan las piernas.</p> - -<p>A los boyantes, á los revoltosos, y aun á los que se ciñen, se les podrá -dejar con ellas siempre que el diestro tambien las tenga: de todos modos -nunca se les deben quitar á los primeros, porque con ellos no hay clase -alguna de peligro, y son las suertes mas lucidas.</p> - -<p>Los toros de sentido deben banderillearse con mucho cuidado, porque -ademas del que necesita el diestro para frustrarle su natural remate en -el bulto, en el acto de la suerte tienen el inconveniente de taparse muy -á menudo, ó bien cuando arrancan se quedan detenidos en el centro de las -distancias observando el viaje, de manera que aun cuando no den una -cogida porque no hagan por el bulto, imposibilitan el que se haga la -suerte.</p> - -<p>El modo mas seguro de verificarla es el que hemos dicho debe preferirse -para los toros que ganan terreno, teniendo cuidado de meter los brazos -fuera, en la humillacion, no deteniéndose un instante en apartarse del -centro y salir con todos los pies, pónganse ó no las <i>banderillas</i>. -Alguna vez podrá el diestro verse embrocado casi por el toro en el<span class="pagenum"><a name="page_139" id="page_139">{139}</a></span> -momento de irse á poner fuera y cuadrarse: este embroque será siempre -por el costado que se le va dando, y nunca muy peligroso en teniendo -agilidad para hacer un quiebro, y sin cuadrarse ni detener la carrera -clavarle si es posible (aun estando dentro) la <i>banderilla</i> del lado del -embroque, con lo que el toro se huirá un poco, y entonces estando ya -fuera se podrá sin peligro clavar el otro palo; pero nunca se intentará -hacerlo sin ver que el toro se ha huido algo, pues de lo contrario la -cogida es casi inevitable.</p> - -<p>Esta suerte aunque no es muy lucida en otras circunstancias, lo es en -estas, y tiene mucho mérito, porque este se funda en buscar seguridad -donde no aparecen mas que peligros. Para completar, pues, esta -seguridad, encargo muy de veras se le quiten siempre las piernas á estos -toros antes de banderillearlos, con lo cual, y observando lo arriba -dicho, desaparecerá el peligro, pues se les quita el recurso de ofender: -no es posible el quitarles el de defenderse, porque está en su índole -particular; asi es que se taparán alguna vez, y otras se quedarán como -ya hemos visto en los centros, siendo imposible hacerles la suerte, en -cuyo caso el diestro se podrá valer oportunamente y con seguridad de sus -pies, ó bien del siguiente recurso. Cuando se haya visto que el toro no -quiere humillar, sino que por el contrario siempre se tapa,<span class="pagenum"><a name="page_140" id="page_140">{140}</a></span> y que aun -en el caso de llegar al centro de la suerte, en vez de hacerla empieza á -tirar cornadas y derrotes sobre alto, y que repite esto siempre (lo cual -es rarísimo, pues si no es una, otra vez humilla), entonces lo que se -hará, y siempre con buen éxito, será llevar en la mano del lado del -toro, ademas de la <i>banderilla</i>, el capote liado, y en el momento de -llegar á la jurisdiccion del toro y embrocar, se le echará al hocico, -con lo que siempre humillará, y dará una suerte muy segura y bastante -brillante: debo advertir que podrá el diestro si quiere quedarse con la -punta del capote en la mano, aunque clave las <i>banderillas</i>, pues no -estorba para nada, y puede ser útil.</p> - -<p>Las <i>banderillas á cuarteo</i> se ponen con mucha facilidad á los toros -abantos, siempre que ellos no se salgan de la suerte, como suele -suceder: se deberán dejar llegar mucho, y no hay miedo de poner los -palos cuando se está embrocado, pues apenas sienten el castigo se echan -fuera: tampoco se les debe quitar las piernas, pues estas solo dañan con -los toros fieros, y no con los demas.</p> - -<p>Los toros <i>burri-ciegos</i> si por su clase particular presentan las -inclinaciones de alguna de las espresadas como ella se torearán, -dejándoles sin piernas; y haciendo todo lo demas con respecto á lo -espuesto. Por lo que respecta á su vista solo tengo que advertir,<span class="pagenum"><a name="page_141" id="page_141">{141}</a></span> que -los mejores para esta suerte son los de la primera, en haciéndosela -siempre cuando vengan levantados, por la razon misma que dí para el -recorte: tienen, como ya he dicho, la ventaja de que rara vez salen tras -el diestro cuando se ha rematado la suerte. Los de la segunda y tercer -clase se tapan con bastante frecuencia, por lo cual no estará de mas -quitarles algo las piernas, principalmente á los de la segunda, en razon -á que suelen arrancar cuando el diestro se sale de la suerte.</p> - -<p>Los toros tuertos son muy á propósito para las banderillas de <i>cuarteo</i>, -en yéndose como para los recortes, y observando en lo demas las reglas -que para los boyantes.</p> - -<p>Cuando se vaya á hacer esta suerte á un toro que viniendo levantado -lleve el viaje á la querencia, se tendrá cuidado de tomarle bastante -delantera, aunque sea boyante, pues sino será imposible pasar. Si es de -sentido, ó que gana terreno, nunca dejará pasar, por mucha delantera que -se tome, para hacer el cuarteo; pero el modo de hacérsela seguro y -lucido es esperarlo en la querencia, y cuando esté cerca salirle al -encuentro, formándole el cuarteo de modo que la vea perfectamente libre -en el remate, y lo dará tan regular como los boyantes.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_142" id="page_142">{142}</a></span></p> - -<h4>ARTÍCULO II.</h4> - -<p class="chead"><i>Suerte de las banderillas á media vuelta.</i></p> - -<p>Las <i>banderillas á media vuelta</i> son aquellas que se ponen al toro -yéndose el diestro por detras, y citándolo para que se vuelva, y al -momento de hacerlo se cuadra con él, y le mete los brazos.</p> - -<p>Se hace esta suerte de dos modos; ó bien estando el toro parado, y -citándolo, sea sobre corto ó sobre largo, ó finalmente cuando va -levantado. Suponiendo boyante á la res, veamos cómo se practica.</p> - -<p>Situado el diestro detras del toro, á corta distancia de él, lo citará -para que se vuelva, y cuando lo haga, que será humillando por lo cerca -que lo ve, se irá por el mismo lado que se ha vuelto para cuadrarse con -él, y meterle los brazos, saliendo siempre con pies. Esta suerte es -bastante facil y segura, pero siempre se debe tener mucho cuidado para -no irse al toro hasta que se vea el lado por donde se vuelve, porque si -el diestro trata de verificarla por un lado, y se vuelve el toro con -prontitud por el otro, se encontrará embrocado de cara sobre corto, y -muy á pique de llevar una cogida.</p> - -<p>Debe tambien procurarse que el toro se vuelva por el terreno de afuera, -porque en<span class="pagenum"><a name="page_143" id="page_143">{143}</a></span>tonces el de adentro será la huida del diestro, siendo asi la -suerte tanto mejor cuanto es mas natural, pues toman cuando se remata -sus terrenos propios: ademas que si el toro se revuelve y sigue al -diestro, y este toma el terreno de afuera, le podrá dar una cogida, que -nunca se verificará tomando el de adentro, pues tiene en él la defensa -de las barreras.</p> - -<p>Esta suerte se hará de todos modos á toda clase de toros, pero será muy -oportuno para verificarla con toda seguridad quitarles las piernas, -principalmente si son revoltosos, que ganan terreno, ó que rematan en el -bulto. A los burri-ciegos se les hará del mismo modo; y para los tuertos -no tengo que advertir mas sino que se citen á volver por el ojo bueno, -pues de lo contrario es evidente que no podrán hacer suerte.</p> - -<p>Para verificar esta del segundo modo, esto es, saliendo largo por -detras, solo tengo que añadir, que al llegar á cierta distancia del toro -se le hable para que se vuelva, y que siempre será bueno salirle -echándose un poco al lado por donde queremos hacer la suerte, para que -notando al bulto por él, se vuelva hácia aquella parte.</p> - -<p>Los toros de sentido, que á veces es imposible banderillearlos de otros -modos por su refinada malicia, sucumben á estos; pero siempre se les -quitarán las piernas an<span class="pagenum"><a name="page_144" id="page_144">{144}</a></span>tes, si se quiere torearlos con seguridad.</p> - -<p>El tercer modo de poner las <i>banderillas á media vuelta</i>, que es cuando -está el toro levantado, es el mas airoso y menos espuesto. Para -banderillear de esta manera irá el diestro corriendo detras del toro -hasta que logre ponerse á una distancia regular, desde la que le -hablará, siguiéndole siempre en su viaje, y yéndole buscando el costado -para que le vea; y cuando se vuelva se cuadra con él del modo dicho, y -le pone las <i>banderillas</i>. Por lo regular no es necesario salir con -pies, porque el toro no hace por el bulto; antes bien como que va -levantado se echa fuera, y si el diestro no se mete bien con él le -frustra la suerte. Este modo de poner las <i>banderillas á media vuelta</i> -debe ser preferido, principalmente con las reses claras; siendo el -momento mas oportuno para efectuarlo aquel en que el toro acaba de -recibir un par de <i>banderillas</i>, y va tirando cabezadas y dando brincos -para desprenderse de aquello que tanto le mortifica, pues entonces no -tiene suficiente codicia por el bulto, y si por naturaleza es malo, el -afan que lleva por librarse de la incomodidad que padece, y el hallarla -doblada en cuanto acometió á aquel, lo hace huir de donde no encuentra -mas que castigo, y dar el remate muy sencillo.<span class="pagenum"><a name="page_145" id="page_145">{145}</a></span></p> - -<h4>ARTÍCULO III.</h4> - -<p class="chead"><i>De las banderillas á topa carnero.</i></p> - -<p>Esta suerte de banderillas, que unos llaman de <i>pecho</i>, otros á <i>pie -firme</i>, y otros á <i>topa carnero</i> (nombre que le conviene mejor), es -acaso la mas dificil de ejecutar, pero tambien aventaja en lucimiento á -cuantas van esplicadas.</p> - -<p>El modo de hacerla es situarse el diestro á larga distancia del toro y -de cara á él; ya venga levantado, ya citándolo, lo obliga á que le -parta, con lo cual es igual el todo de la suerte; estando en esta -disposicion, tendrá parados los pies hasta que el toro llegue á -jurisdiccion y humille, en cuyo momento con gran ligereza hará un -quiebro, con el que se saldrá del embroque, y cuadrándose con él le -meterá los brazos estando ya fuera de su jurisdiccion, con lo que el -remate es seguro. No hay necesidad de salir con pies siendo boyante el -toro, y solo aconsejo que se les haga cuando ellos los tengan.</p> - -<p>Con los revoltosos solo la practicarán los que tengan piernas, pues en -esta suerte mas que en otra alguna se reponen y salen tras el bulto. Sin -embargo, en teniendo este requisito no hay nada que temer.</p> - -<p>No me parece prudente ejecutarla con los<span class="pagenum"><a name="page_146" id="page_146">{146}</a></span> que se ciñen, ganan terreno, y -rematan en el bulto, no solo por lo dificil que es echarse fuera con -limpieza con esta clase de toros, sino tambien porque se repondrán al -momento, en razon del poco destronque que sufren por lo que se meten en -el terreno del diestro; y si este no es muy ligero para salir con pies -le podrán dar una cogida.</p> - -<p>Asi es que yo recomiendo esta suerte esclusivamente para los boyantes, -con los cuales tiene un lucimiento estraordinario, pues hace un efecto -muy hermoso ver al diestro esperando al toro que va volando hácia él, y -casi sin moverse ponerle las <i>banderillas</i>, y quedarse despues inmóvil, -viendo huir de sí á la misma fiera que un momento antes venia con ansia -á destrozarlo. Tal es la brillantez que tiene la suerte con estas reses, -y que desaparece con las demas por la necesidad que hay de salir con -pies.</p> - -<p>No obstante, se podrá hacer con los abantos y con los tuertos con la -misma facilidad y lucimiento, en teniendo cuidado con los últimos de -cuadrarse por el ojo tuerto para que no vean el bulto al remate, se -revuelvan, y obliguen al diestro á salir con todas las piernas.</p> - -<p>A los burri-ciegos se les hará ó no, segun que su clase lo permita ó lo -vede; pero para los de la segunda es menester tener presente que muchas -veces se paran á corta dis<span class="pagenum"><a name="page_147" id="page_147">{147}</a></span>tancia del diestro, porque ya no lo ven bien: -en este caso se les volverá á citar, y se les hablará para que conozcan -que el bulto está cerca, y sigan haciendo por él; y en caso que, á pesar -de todo, se queden parados, se adelantará el diestro, y les hará la -suerte á cuarteo, pues el salirse de la que se intentó hacer, ademas de -no ser muy lucido, tiene el inconveniente de que vuelven á verlo claro -en cuanto se aleja y arrancan á él. Por consiguiente, siempre será muy -oportuno hacerles esta suerte tan airosa como segura, en vez de salirse -de la otra con incomodidad, sin lucimiento, y tal vez con riesgo.</p> - -<p>Esta suerte se hará siempre á los toros cuando vengan levantados, y será -muy brillante; tambien será muy facil y segura cuando vengan con el -viaje á la querencia, pues arrancan muy bien al bulto que ven, les -estorba seguir á ella, y como cuando llegan á tirar la cabezada para -recogerlo no solo se les quita de delante, sino que sienten castigo, y -ven la querencia muy manifiesta, apresuran el viaje sin hacer por nada, -pues su único afan es llegar á ella.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_148" id="page_148">{148}</a></span></p> - -<h4>ARTÍCULO IV.</h4> - -<p class="chead"><i>Suerte de banderillas al sesgo, ó á la carrera, ó á tras-cuerno.</i></p> - -<p>Esta clase de <i>banderillas</i> que yo llamo á <i>vuela pies</i>, porque se ponen -estando el toro parado, y yéndose el diestro sobre él con todos los -pies, se ejecuta solo con toros que ya estan sin piernas y casi -aplomados, y cuando se les nota querencia con las tablas ó con el sitio -donde estan; de otro modo jamas se hará, pues probablemente darán una -cogida.</p> - -<p>Para ejecutarla se pone el diestro detras, y al lado del toro, á la -distancia que consultando á sus pies le parezca proporcionada, y sin que -lo vea se irá derecho á su cabeza, y cuando llegue le meterá los brazos -para clavarle los palos, y salirse con todos los pies. No se embroca en -el acto de ponerle las banderillas, pero en deteniéndose un poco, y que -se vuelva el toro, hay un embroque de cuadrado sobre corto, donde no hay -recurso alguno. Asi es que para practicar esta suerte con seguridad es -indispensable que el toro no tenga piernas, que esté aplomado en sitio -propio, y que se salga con todos los pies, sin detenerse un instante en -el puesto en que se pongan las <i>banderillas</i>.<span class="pagenum"><a name="page_149" id="page_149">{149}</a></span></p> - -<p>Esta suerte es diferente en todo de las demas: si en las anteriores -hemos visto que es indispensable que el toro arranque, humille, entre en -jurisdiccion y tire el achazo; que el diestro pare los pies un momento -siquiera, que embroque, que haga un quiebro &c., en esta solo es -necesario que el toro permanezca inmoble, y que el diestro en lo mas -violento de la carrera clave las <i>banderillas</i>, sin hacer mas diligencia -que si se las fuera á poner á una pared.</p> - -<p>Si en el momento de ir corriendo hácia el toro se observa que se vuelve -algun tanto, se cambiará el viaje para salirse de la suerte, ó se hará -la de media vuelta, que es mas seguro.</p> - -<p>La suerte de que hablamos se puede ejecutar con toda clase de toros -siempre que esten en el caso que hemos dicho, y será muy buena con los -tuertos.</p> - -<h4>ARTÍCULO V.</h4> - -<p class="chead"><i>Suerte de banderillas al recorte.</i></p> - -<p>Este modo de banderillear es el mas lucido, mas bonito, mas dificil, mas -espuesto, menos frecuente, y que se puede decir que es el <i>non plus -ultra</i> de poner <i>banderillas</i>.</p> - -<p>Su ejecucion consiste en irse al toro para hacerle un recorte, y en el -momento del<span class="pagenum"><a name="page_150" id="page_150">{150}</a></span> quiebro meter los brazos para ponerle las <i>banderillas</i>, -pues entonces está humillado. Pero es menester saber que el cuerpo se -maneja en un todo como en un recorte; y por tanto, que en el momento de -meter los brazos, que es el de la humillacion del toro y del quiebro del -diestro, está aquel casi embrocando á este por el lado, y cuando tira la -cabezada está ya fuera á beneficio del quiebro; pero ha de tener aun -metidos los brazos, pues hasta este momento no ha podido clavar las -<i>banderillas</i>, lo cual lo hace el toro mismo con el achazo, pues el -diestro por su postura violenta no puede meterse con él, ni agacharse -hasta cogerlo en la humillacion; y de esto nace toda la dificultad de la -suerte, pues hay que esperar el achazo en el centro, y librarlo con el -quiebro, sin ponerse fuera, porque ha de tener metidos los brazos hasta -que el toro se clave los palos. Pero de esta dificultad resulta el -lucimiento, pues está el diestro haciendo el quiebro de espaldas al -toro, cuando está este humillando para recogerlo, y tiene vuelta la cara -hácia él, y puestos los brazos el del lado del toro con el codo muy -arriba y atras, y la mano igualmente atras, y el otro pasando por -delante del pecho, y yendo á buscar la otra mano, con lo cual quedan las -<i>banderillas</i> hácia atras y hácia abajo sobre el morrillo del toro, la -cual postura es tan airosa, que casi todos los que<span class="pagenum"><a name="page_151" id="page_151">{151}</a></span> pintan las suertes -de <i>banderillas</i> la eligen.</p> - -<p>Yo aconsejo que no intente jamas hacer esta el que no sea muy diestro en -el recorte, y que siempre se salga al hacer el quiebro del centro lo -bastante para que no pueda alcanzarle el achazo, aunque no ponga las -banderillas, pues vale mas quedarse con ellas en la mano que llevar una -cogida: igualmente aconsejo que solo se le haga á las reses boyantes, y -que sea cuando vayan levantadas, pues de este modo no hay peligro; sin -embargo, puede hacerse con los abantos, y es muy buena con los tuertos. -Para entenderla mejor remitiré al lector al capítulo en que hablo de los -recortes, igualmente que á todo lo dicho en este acerca de las -<i>banderillas</i>, todos los cuales conocimientos son absolutamente -necesarios para comprender esta suerte.</p> - -<h3>CAPITULO X.<br /><br /> -<i>Del modo de parchear.</i></h3> - -<p><span class="letra">E</span>l poner <i>parches</i> á los toros es tambien una de las suertes mas bonitas -que se les puede hacer, y no comprendo la razon de haberla abandonado -casi del todo. Asi es, que me parece oportuno decir alguna cosa acerca -de ella, aunque no será con la estension que lo he hecho de otras, y que -esta tambien merece; pero como no es frecuente el eje<span class="pagenum"><a name="page_152" id="page_152">{152}</a></span>cutarla, basta con -que para su inteligencia y práctica demos los primeros elementos.</p> - -<p>Los <i>parches</i> que se le ponen á los toros son de lienzo ó papel, con una -de sus caras untadas de trementina ó alguna otra materia análoga, para -que queden pegados. Regularmente son de colores, para que hagan mas -bonito efecto, y á veces tienen cintas y otros adornos. El <i>parche</i> para -ponerlo se lleva estendido sobre la mano, quedando hácia fuera la cara -en que tiene la trementina.</p> - -<p>Se puede <i>parchear</i> á cuarteo, á media vuelta, al sesgo y al recorte: -muchas veces para hacer esta suerte se lleva en una mano el capote y en -otra el <i>parche</i>, para tener mas seguridad, y un recurso en caso -necesario: aunque se puede parear tambien con los <i>parches</i> es bastante -dificil y arriesgado, por lo que regularmente solo se pone uno.</p> - -<p>Yo aconsejo que no se <i>parchee</i> de cualquiera de los cuatro modos dichos -mas que á los toros boyantes, á los abantos, y á los tuertos que por sus -propiedades se acerquen á dichas clases. En esta suposicion paso á -esplicar la suerte de los modos indicados.</p> - -<p>Para <i>parchear á cuarteo</i> es necesario observar todas las reglas que -para las banderillas de esta clase he dado, pero teniendo presente que -el <i>parche</i> jamas se pondrá sino<span class="pagenum"><a name="page_153" id="page_153">{153}</a></span> cuadrado con el toro, en cuya -disposicion se les pegará en la frente, metiendo el brazo por cima del -testuz y por medio de los cuernos. Debe saberse que para <i>parchear</i> de -este modo se llevará el parche en la mano del lado del toro, que es -siempre el mismo que el de la huida, de manera que si el remate de la -suerte ha de ser por el lado derecho, se llevará el <i>parche</i> en la mano -derecha, que es la que despues queda mas inmediata á la cabeza. Es regla -general en toda suerte de parches salir con piernas, porque los toros no -sienten en ella castigo, y en no sufriendo un perfecto destronque -cogerán al diestro si tardó en salir, por lo cual será bueno quitarles -tambien las piernas.</p> - -<p>El modo de parear á cuarteo es igual, hasta cuadrarse al antecedente, -pero despues es mucho mas dificil, pues el <i>parche</i> que antes hemos -visto se pegaba en la frente, se pega ahora en el hocico, ó por decir -mejor sobre la nariz, y el otro parche se pondrá en la frente como ya -hemos dicho. El brazo que ahora pone el parche del hocico es el que -antes puso el de la frente, y pasa por debajo del cuerno derecho<a name="FNanchor_10_10" id="FNanchor_10_10"></a><a href="#Footnote_10_10" class="fnanchor">[10]</a> -para buscar la raiz de la nariz, y el brazo izquierdo pasa por cima del -testuz para poner el otro <i>parche</i> so<span class="pagenum"><a name="page_154" id="page_154">{154}</a></span>bre la frente. La necesidad que -hay de que el diestro haga la suerte con mucha viveza se deduce con -claridad de lo mucho que le puede perjudicar permanecer en esta postura, -pues está haciendo un quiebro muy grande, y es necesario reponerse de él -con mucha presteza y salir con pies, por la obvia razon de que si el -toro se enmienda y se vuelve con anticipacion, llevará inmediatamente -una cogida, que será peligrosa por no tener recurso alguno de engaño, ni -de banderillas, ni de otra especie.</p> - -<p>Tambien se parea á cuarteo de otros modos, como es poniéndole los dos -<i>parches</i> en la frente, para lo cual es necesario que los dos brazos -pasen por cima del testuz, el cual modo es muy bonito, y mas facil que -el antecedente: otras veces se pone un <i>parche</i> en la frente del modo -que dije se ponia uno solo, y el otro en el morrillo ó en otra parte, -pues los <i>parches</i> se pueden poner en todos sitios, como se tenga -cuidado de guardar simetría en su situacion, aun en los colores. No -obstante, las suertes mas lucidas de ellos son en la cabeza y en la -cara.</p> - -<p>Para <i>parchear á la media vuelta</i>, <i>al sesgo y al recorte</i>, se -observarán exactísimamente las reglas que para las banderillas de estas -clases hemos dado, y se pareará ó no, segun sea el toro y la suerte que -se elija, adviniendo que en todas se puede parear con<span class="pagenum"><a name="page_155" id="page_155">{155}</a></span> seguridad en -teniendo el diestro de su parte todos los requisitos necesarios. No -obstante, será temeridad emprender esta suerte con aquellos toros cuyas -propiedades los llevare á las clases que merecen cuidado, no porque -observando rigorosamente lo espuesto pueda el diestro llevar una cogida, -sino porque siendo poco frecuente hallar toreros que reunan al -conocimiento preciso de las reglas la perfeccion en ejecutar las -suertes, en virtud de la exacta y oportuna aplicacion de aquellas, de -ahí es que no cumpliria con mi deber sino hiciese esta advertencia. Por -tanto, debo prevenir que ahora y siempre que en el discurso de esta obra -se vea otra advertencia semejante, se entienda como una precaucion, y no -mas, para que los toreros visoños y poco diestros no vayan cegados por -su amor propio y guiados por mis preceptos á emprender unas suertes de -cuya ejecucion quizás serán víctimas, pues para que sea feliz se -necesita reunir en muy alto grado las propiedades indispensables á todo -torero.</p> - -<p>Cuando estan los toros levantados son muy buenas las suertes á -<i>cuarteo</i>, <i>á pecho</i> y al <i>recorte</i>. El estado de parados es el mas á -propósito para la media vuelta. Y por último, en el de aplomados es -cuando únicamente se les hará la suerte al sesgo. Sin embargo, se podrán -tambien hacer las primeras en todos estados, en teniendo cuidado de -ar<span class="pagenum"><a name="page_156" id="page_156">{156}</a></span>reglarlas á las circunstancias. Pero la última (al sesgo) no se hará -de ninguna manera en otro estado que en el que se ha dicho, pues se -correria un grande riesgo.</p> - -<h3>CAPITULO XI.<br /><br /> -<i>De la suerte de muerte.</i></h3> - -<p><i><span class="letra">L</span>a suerte de muerte</i> es la mas lucida que se ejecuta, es tambien la mas -dificil, y por consiguiente merece tratarse con mucha detencion. Se -puede decir que tiene dos partes, que son: <i>los pases de muleta</i>, y <i>la -estocada</i>, y asi las esplicaremos separadamente.</p> - -<h4>PRIMERA PARTE.</h4> - -<p class="chead"><i>De los pases de muleta.</i></p> - -<p>Para pasar al toro con la muleta se situará el diestro como para la -suerte de capa, esto es, en la rectitud de él, y teniendo aquella en la -mano izquierda y hácia el terreno de afuera: en esta situacion lo -citará, guardando la proporcion de las distancias con arreglo á las -piernas que le advierta, lo dejará que llegue á jurisdiccion y que tome -el engaño, en cuyo momento le cargará la suerte y le dará el remate por -alto ó por bajo, del mismo modo que con la capa, advirtien<span class="pagenum"><a name="page_157" id="page_157">{157}</a></span>do que si es -el toro boyante se puede tener la muleta enteramente cuadrada, y siempre -la tomará cumplidamente, pues como ya hemos dicho, estos toros, aunque -muy bravos, constantemente van por su terreno, y estando en él la muleta -tanto mas cuanto se haya cuadrado, la toman y rematan muy á placer, y -tanto que ni aun precisan al diestro á mudar de terreno, pues solo es -necesario perfilarse al cargarles la suerte, y al rematarla dar otro -cuarto de vuelta, con lo que se completa la media necesaria para volver -á quedar de cara á él. A este modo de jugar la muleta se llama <i>pase -regular</i>, para distinguirlo del de <i>pecho</i>, que es aquel que es preciso -dar en seguida del <i>pase regular</i> cuando el toro se presenta en suerte y -el diestro no juzga oportuno armarse á la muerte. Digo que es preciso -dar entonces el <i>pase de pecho</i>, porque el salirse de la suerte y buscar -otra vez proporcion para el <i>pase regular</i> es deslucido, pues da idea ó -de miedo ó de poca destreza, y el cambiar la muleta á la mano de la -espada, para que estando en el terreno de afuera se le pueda dar el -<i>pase regular</i>, aun cuando no es mal visto no es tan airoso: por tanto -aconsejo que siempre que despues del <i>pase regular</i> quede el toro en -suerte para el de <i>pecho</i> se le haga, pues es muy bonito y mas seguro -que el <i>regular</i>, como veremos se deduce del modo de practicarlo, que es -asi:<span class="pagenum"><a name="page_158" id="page_158">{158}</a></span> puesto el toro en suerte, y teniendo el torero el brazo de la -muleta hácia el terreno de adentro, se le hace indispensable para -pasarlo sin hacer un cambio perfilarse hácia el de afuera, y adelantar -hácia este mismo terreno el brazo de la muleta, con lo cual queda esta -delante y un poco afuera del cuerpo, y en la rectitud del toro, en la -cual disposicion se le cita, se deja venir por su terreno sin mover los -pies, y despues que haya llegado á jurisdiccion y tomado el engaño, se -le hará un quiebro y se le cargará bien la suerte, para que pase -bastante humillado por el terreno del diestro, que cuando el toro tenga -bien engendrada la cabezada y vaya fuera del centro, rematará la suerte -con algunos pasos de espaldas; de modo que al sacar la muleta estará -enteramente fuera del sitio del achazo. Este <i>pase</i> es muy seguro y muy -lucido, y aunque algunos creen que por no poderse jugar la muleta en él -con el desembarazo que en el regular tiene menos seguridad, padecen en -esto una equivocacion: sea de la clase que quiera el toro con que se -haga esta suerte, como que no se apartan en ella el engaño y el cuerpo, -se le reduce á un solo objeto, evitando asi la colada, que es muy -posible en el <i>pase regular</i>, y el lucimiento del de <i>pecho</i> es mayor en -atencion á lo unidos que estan el diestro y el toro.</p> - -<p>Los dos <i>pases</i> de muleta que hemos es<span class="pagenum"><a name="page_159" id="page_159">{159}</a></span>plicado se pueden hacer con mucha -facilidad, seguridad y lucimiento, á los toros revoltosos, sin tener mas -cuidado que al rematar la suerte alzar mucho el engaño para que rematen -bastante fuera y den lugar á prepararse á la segunda. Tambien se tendrá -cuidado de dar al remate de las suertes algunos pasos de espalda por la -misma razon que he dicho se alce el engaño.</p> - -<p>No hay peligro ninguno en dejarles todas las piernas á estos toros y á -los boyantes, antes bien siempre se procurará conservarlas para que sean -mas lucidas las suertes.</p> - -<p>Los toros que se ciñen se cuelan con mucha frecuencia en el <i>pase -regular</i> de muleta, lo cual se debe evitar cuidadosamente por lo que -tiene de peligroso, y que á buen escapar se hace la suerte arrollada. -Para pasarlos con seguridad y lucimiento se situará el diestro como ya -he dicho anteriormente, con la sola diferencia de no tener la muleta -cuadrada, si no en direccion oblicua, de modo que la cara de ella que en -la primera posicion era anterior, en esta, aunque mira tambien hácia -adelante, está inclinada hácia el terreno de adentro, y por consecuencia -la que antes fue únicamente posterior, aunque ahora lo es, sin embargo -corresponde al terreno de afuera: puesta asi la muleta, se debe -adelantar algo al cuerpo, perfilando este un poco hácia el terreno de -adentro, la cual<span class="pagenum"><a name="page_160" id="page_160">{160}</a></span> postura es mucho mas airosa que la de tenerla -cuadrada. En esta disposicion se cita al toro, y luego que arranca y -llega á jurisdiccion se le tiende la suerte como dije se hacia con la -capa, y si á pesar de todo se ve que va á pisar en el terreno del -diestro, se adelanta el engaño, se hace un quiebro, se carga la suerte, -y se pasa á ocupar el centro que él va dejando, con lo cual se concluye -con la mayor seguridad, y dando un par de pasos se queda preparado para -el <i>pase de pecho</i>, que es segurísimo con estos toros no menos que con -los anteriores, no siendo tampoco peligroso dejarles todas las piernas.</p> - -<p>Para poder pasar con seguridad los toros que ganan terreno se hace -indispensable quitarles todas las piernas, para que pueda el diestro -írseles sobre corto, donde apenas tengan tierra que ganar, y cuanto dan -dos pasos llegan á jurisdiccion. Ademas, será muy oportuno el poner la -muleta oblicua como ya he dicho para los que se ciñen, por estar en muy -buena proporcion para hacer la mejora del terreno, lo cual se efectuará -felizmente siempre que ademas de todo lo espuesto se tenga la precaucion -de adelantarse un poco para recibirlos en jurisdiccion, empaparlos en el -engaño, y rematar la suerte igual en un todo que á los que se ciñen. -Cuando el toro que gana terreno tiene piernas, se hace indispensable que -el diestro se prepare mucha<span class="pagenum"><a name="page_161" id="page_161">{161}</a></span> tierra, y que lo cite sobre largo para -poder verificar la mejora del sitio, lo cual se hará con mucha rapidez -adelantándose lo suficiente para hacer que el toro tome el engaño sin -detenerle y sin ganar terreno, y teniendo mucho cuidado al rematar la -suerte, pues es muy frecuente verlos volverse con la prontitud que un -revoltoso, por lo cual sin apartarse mucho del centro se quedará armado -para el <i>pase de pecho</i>, que haciéndolo en seguridad <i>regular</i> y sobre -corto es bastante seguro. He advertido que para el <i>pase de pecho</i> se -aparte el diestro poco del centro, con el fin de hacerlo sobre corto, -porque si el toro se vuelve pronto y lo ve tan cerca, hará por él con -mucha presteza sin ganarle terreno por lo inmediato que está, y le dará -una suerte tan lucida como un boyante; y esto no pudiera verificarse -poniéndose sobre largo, pues el toro se repondria con tiempo y -arrancaria con su natural ligereza ganando terreno, y pondria al diestro -en bastante críticas circunstancias, pues mediante la disposicion en que -quedó de la suerte anterior, tiene poco terreno para hacer la mejora del -sitio, y está muy espuesto á ser arrollado junto á las tablas. Si viendo -que el toro se le cuela hace el cambio, como su remate natural es el -terreno de afuera, puede embrocarlo por la espalda al concluir la -suerte, lo que sucederá siempre en virtud de las pier<span class="pagenum"><a name="page_162" id="page_162">{162}</a></span>nas del toro, y -finalmente, si cambia la muleta á la mano de la espada para darle el -<i>pase regular</i> por la derecha, tiene la misma contra del <i>pase de pecho</i> -sobre largo, esto es, que siendo segunda suerte puede quedar poco -terreno para hacer la mejora. Por último, sea regla general en estos -toros que despues del <i>pase regular</i> la suerte que se les haga sea -siempre sobre corto, y citándolos al instante, pues como vinieron la -primera ganando terreno, y al concluir pisaban casi en el de adentro, -sufren poco, y como tienen piernas se reponen y vuelven con la facilidad -y prontitud que un revoltoso: si ven al diestro muy cercano arrancarán -con mucho ahinco y sencillez haciendo la suerte para que estaba armado -del mismo modo que la res mas sencilla. En este caso el remate siempre -es bastante largo, proporcionándolo el mismo toro por sus muchas -piernas.</p> - -<p>Los toros de sentido son muy malos para la suerte de muleta, porque como -su remate, aun cuando tomen el engaño, es sobre el cuerpo, y este se -separa mucho de aquella en esta suerte, el toro, que lo distingue -perfectamente y lo advierte dentro, corta el terreno, desprecia el -engaño y se dirije á él, haciendo muy próximo el peligro. No obstante se -lidiarán con toda seguridad en observando rigorosamente lo que sigue. La -muleta que para los toros boyantes y revoltosos<span class="pagenum"><a name="page_163" id="page_163">{163}</a></span> vimos se podia cuadrar, -y que era necesario poner oblicua con los que se ciñen y ganan terreno, -para los de sentido es necesario absolutamente perfilarla: sus caras -serán, una esterna, que mirará al terreno de afuera, y otra interna, que -por consiguiente dará al de adentro. Con esta precaucion, y la de no -haberle dejado las piernas, podrá el diestro hacerle la suerte sin -peligro alguno de este modo: citará al toro, el cual no viendo mas que -un solo objeto, tiene que reducir su intencion á él, llega á -jurisdiccion y se encuentra con el engaño, que perfilado delante del -cuerpo del diestro no le permite llegar á él sin que antes lo tome; este -habrá tenido parados los pies hasta el punto que haya tomado el engaño, -pues las pocas piernas del toro se lo permiten bien, y en este tiempo -metiéndose en su terreno le cuadra la muleta, dejándolo empapado en ella -y sin poder ver el lado por donde se le huye el bulto, con lo cual, y -con dar el remate cuando ya esté fuera del centro, sacando la muleta por -alto, concluirá la suerte con seguridad y limpieza. Yo, aunque conozco -que se puede ejecutar, no aconsejo que se haga el <i>pase de pecho</i> con -estos toros, pues es bastante dificil verificarlo con desembarazo y -perfeccion. Sin embargo, repito que se puede ejecutar, pero sea con -todas las precauciones imaginables, y por las reglas que para los que -ganan terreno hemos<span class="pagenum"><a name="page_164" id="page_164">{164}</a></span> dado, advirtiendo que no tendrá éxito la suerte -sino se cubre perfectamente el cuerpo con el engaño para que no pueda -distinguirlo y rematar sobre él.</p> - -<p>Los toros abantos son bastante buenos para los <i>pases de muleta</i> cuando -son de los brabucones, ó bien de los que se quedan cerniendo en el -engaño, pues los primeros solo pueden dar cuidado en la suerte de capa, -porque como ya he dicho, suelen rebrincar al tomarlo, y el diestro, como -que está en el mismo terreno, puede ser arrollado, pero con la muleta no -hay ese riesgo, pues está cuadrada y en otro terreno que el bulto, de -suerte que aun cuando rebrinquen no pueden arrollarlo. Cuando el toro -que se va á pasar de muleta es de los que se quedan cerniendo en el -engaño (lo cual se conoce por las suertes que hayan precedido) se tendrá -un igual cuidado en no mover los pies hasta que ó lo tome, ó se escupa -fuera, porque de lo contrario el menor movimiento le azora, y se sale -huyendo, frustrando la suerte que quizás hubiera hecho no habiéndose -movido, ó lo que tambien suele suceder, meterse atolondrado por el -terreno del diestro y llevarlo por delante.</p> - -<p>Estos toros por su cobardía precisan á que se les lidie con gran -cuidado, y tanto mayor cuanto mas grande es su miedo: asi es que los -abantos, que segun dijimos en su lu<span class="pagenum"><a name="page_165" id="page_165">{165}</a></span>gar tienen mas miedo, se deben -torear con la muleta del modo que los de sentido, estando muy sobre sí -para si alguna vez, lo que no es muy raro, se meten por el terreno de -adentro, cambiar la muleta con prontitud, ó bien hacerles el <i>pase de -pecho</i> dándoles las tablas y echándose el diestro á la plaza: esto no es -espuesto con ellos aun cuando no tengan querencia alguna con los -tableros, pues el meterse por el terreno de adentro no es efecto ni de -malicia, ni de querencia, ni de otra cosa mas que de miedo, y conforme -salvan el bulto que tienen delante siguen con el viaje sin revolverse -para hacer por él; de manera que el peligro que se corre no es otro mas -sino meterse por el terreno que el toro elige para huir formando un -contraste en que se puede padecer, pues si bien es verdad que no harán -por el diestro cuando lo vean en el suelo por haberlo arrollado en el -contraste, tambien lo es que lo pueden lastimar de un pezuñazo, de una -cabezada, ó de una cornada que casualmente le diesen al cogerlo, las -cuales cornadas aunque son dadas de miedo tienen los mismos efectos que -cualquiera otra.</p> - -<p>Para <i>pasar de muleta</i> á los toros burri-ciegos se observarán las reglas -mismas que dimos para las suertes de capa, cuadrándoles ó no la muleta, -segun que aparezcan sencillos ó de sentido.<span class="pagenum"><a name="page_166" id="page_166">{166}</a></span></p> - -<p>Finalmente, los toros tuertos se pueden <i>pasar de muleta</i> de dos modos, -esto es, ya con la vista al terreno de adentro ó al de afuera. Cuando -está el toro del primer modo es algo dificil rematar la suerte bien, -porque casi siempre parten ganando terreno, pues para que vean bien la -muleta es necesario meterla un poco en el de adentro, y el diestro queda -por consiguiente mucho mas dentro, por lo que el toro tiene con -precision que ganar terreno. No obstante, la suerte se puede hacer -situándose en la rectitud, pues aunque el toro no vea asi bien la -muleta, arrancará por su terreno, y asi que llegue á jurisdiccion, con -tal que el diestro la adelante para recibirlo, y le haga el quiebro que -al que se ciñe, rematará la suerte con felicidad.</p> - -<p>Cuando tengan la vista hácia el terreno de afuera la suerte es muy -segura, pues sea el toro de la clase que quiera su remate es siempre por -el lado que ve, y siendo el otro el del diestro, nunca puede concluir -sobre él. Los <i>pases de pecho</i> se pueden hacer á los toros tuertos sin -peligro ninguno, principalmente cuando quedan con la vista fuera, como -ya se debe inferir.</p> - -<p>La suerte de muleta es bastante facil de por sí, como ya hemos visto, -pero la hace muy dificil la circunstancia de ser la última que en la -plaza se ejecuta, pues generalmente hablando, cuando va el diestro á -practi<span class="pagenum"><a name="page_167" id="page_167">{167}</a></span>carla está el toro aplomado, en querencia, y por sencillo que -sea, con alguna intencion; todo lo cual hace que sea necesario mucha -inteligencia y precaucion para que el éxito sea el que se quiere; y con -este mismo objeto voy á hacer algunas advertencias de no menor utilidad -que las reglas precedentes.</p> - -<p>Cuando se vaya á <i>pasar de muleta</i> un toro que esté aplomado, y que -conserve piernas bastantes, se adelantará mucho la muleta del cuerpo, ya -oblicuándola ó perfilándola, segun sea necesario, y esto no por otra -razon mas sino porque siendo preciso para que arranque citarlo sobre -corto, y conserva todavía muchas piernas, si el diestro tiene la muleta -cuadrada en la misma direccion que el cuerpo, y el toro aunque en la -salida demostró ser boyante, arranca ahora ciñéndose, ganando terreno, ó -rematando en el bulto, dará irremediablemente una cogida, que no daria -teniendo la muleta delante, por las razones que hemos dicho hablando de -estos toros en la suerte que nos ocupa.</p> - -<p>Ademas, que el toro que conservando piernas bastantes se aploma, aun -cuando haya sido muy boyante, ya no debe considerarse como tal, pues el -haberse aplomado será efecto ó de ir tomando intencion, ó de tener -querencia al sitio donde está, y de un modo ó de otro no debe ya -torearse como boyante, pues esto es una verdadera transformacion.<span class="pagenum"><a name="page_168" id="page_168">{168}</a></span> Asi -es, que el diestro para pasarlo deberá hacer que se lo corran antes, y -de ninguna manera lo pasará en el sitio en que esté, ni aun usando de la -precaucion de adelantar la muleta, pues esta es para cuando hayan -corrido al toro, y esté fuera del puesto en que estaba: en este caso lo -podrá pasar con toda seguridad, porque no necesitará citarlo tan sobre -corto como hubiera sido necesario para hacerle arrancar en su querencia, -pues asi debe ya considerarse el sitio en que estaba primero; siendo -ademas sumamente espuesto el remate de la primera suerte, por tener que -concluirla el diestro sobre la misma querencia de un toro que -conservando piernas ha tenido que citarlo sobre corto, y que arrancó -ciñéndose, ganando terreno, ó rematando en el bulto: circunstancias -todas tan contrarias al buen éxito de la suerte, que de cien que se -hagan con ellas, en las noventa y nueve habrá cogida.</p> - -<p>Cuando el toro está aplomado, con piernas aun, y es de los que merecen -torearse con precaucion, será indispensable hacer que á fuerza de -capotazos y de trastearlo los chulos se las quiten, y lo pongan en -situacion de hacer suerte con él.</p> - -<p>Los toros que haya visto el diestro que en las suertes anteriores, y -principalmente en la de banderillas, no solo se tapaban, sino que -continuamente tiraban derrotes y corna<span class="pagenum"><a name="page_169" id="page_169">{169}</a></span>das sobre alto para desarmar, los -deberá pasar muchas veces, dejándolos llegar bien á la muleta, y -bajándola mucho al cargar la suerte para que humillen bastante, lo cual -es importantísimo, pues sino lo hace, y van á la muerte con este -resabio, lo desarmarán, quedándose parados en el centro, donde será un -milagro que no le den una cogida.</p> - -<p>Finalmente, cuando el diestro vea que el toro es de cuidado, y tema que -se le cuele ó se le revuelva muy pronto, y le dé una cogida, pondrá en -el terreno de afuera á otro de los chulos, para que cuando llegue á -jurisdiccion, y vaya á tomar la muleta, eche el capote, con lo que -distraido por ambos engaños no se cuela, y tampoco se revuelve, porque -el chulo no saca el capote cuando el diestro la muleta, sino despues que -ya aquel esté preparado para recibirlo; siendo obligacion suya volver el -toro por el terreno de afuera, y ponerle en disposicion de que el -diestro pueda ejecutar con él la suerte para que se ha preparado; por lo -cual debe este chulo ser el mas inteligente.</p> - -<p>Esto se ha hecho ya tan frecuente, que siempre que se va á <i>pasar de -muleta</i> un toro, por sencillo que sea, se lleva el capote al lado, pero -esto es un abuso; y cuando el toro es de los boyantes y tiene piernas, -en vez de servir el capote de provecho, es dañoso, porque estando el -chulo en el terreno de la res<span class="pagenum"><a name="page_170" id="page_170">{170}</a></span> lo ve en su remate, lo seguirá, y por mas -que el diestro lo cite no volverá á hacer la suerte que sin el capote se -hubiera efectuado. Por lo tanto, debe omitirse éste cuando las reses son -sencillas, en cuyo caso el diestro mismo con sola la muleta los podrá -volver y preparar para segunda suerte: esto es sumamente bonito, y de no -poco mérito, pues son muy pocos los que saben recoger asi los toros.</p> - -<h4>SEGUNDA PARTE.</h4> - -<p class="chead"><i>De la estocada de muerte.</i></p> - -<p>La estocada de muerte, que he considerado como segunda parte de esta -suerte, es la que esencialmente la constituye, no siendo los pases de -muleta mas que una preparacion, digamos asi, para ella. En efecto, -alguna vez los pases en vez de ser útiles, son perjudiciales, por lo -cual se deberán omitir en los casos que luego marcaré. Pero tambien es -evidente que el acto mismo de dar muerte al toro se debe considerar como -un verdadero pase de pecho, aunque como la esperiencia lo acredita se -puede matar sin tener muleta ni capote, ni clase alguna de engaño; pero -esto no puede verificarse, como luego veremos, sino con las reses -sencillas.<span class="pagenum"><a name="page_171" id="page_171">{171}</a></span></p> - -<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4> - -<p class="chead"><i>Del modo de matar los toros, recibiéndolos.</i></p> - -<p>Para matar, pues, á un toro boyante se situará el matador, despues de -haberlo pasado las veces que le haya parecido, en la rectitud del toro, -á la distancia que le indiquen las piernas de él, con el brazo de la -espada hácia el terreno de afuera, el cuerpo perfilado igualmente á -dicho terreno, y la mano de la espada delante del medio del pecho, -formando el brazo y la espada una misma línea, para dar mas fuerza á la -estocada, por lo cual el codo estará alto, y la punta de la espada -mirando rectamente al sitio en que se quiere clavar. El brazo de la -muleta despues de haberla cogido un poco sobre el palo en el estremo por -donde está asido, lo que se hace con el doble objeto de reducir al toro -al estremo de afuera, que es el desliado, y de que no se pise, se pondrá -del mismo modo que dijimos para el pase de pecho, en la cual situacion, -airosísima por sí, cita al toro para el lance fatal, lo deja llegar por -su terreno á jurisdiccion, y sin mover los pies, luego que esté bien -humillado, meterá el brazo de la espada que hasta este tiempo estuvo -reservado, con lo cual marca la estocada dentro, y á favor del <i>quiebro -de muleta</i> se halla fuera<span class="pagenum"><a name="page_172" id="page_172">{172}</a></span> cuando el toro tira la cabezada. Este modo de -matar, que es el mas usado, y muy bonito, se llama á <i>toro recibido</i>.</p> - -<p>Los toros boyantes se matan de esta manera con mucha facilidad y sin -ningun peligro, pues ellos van por su terreno mas bien fuera que dentro, -y tanto, que es necesario al citarlos hacerles un envite con la muleta -hácia el cuerpo, pues si no se desunen mucho en el centro, y no puede el -diestro dominarlos bien, ni darles la estocada dentro, de lo que resulta -muchas veces atravesarlos, lo que es muy deslucido. Asi es que se hace -indispensable llamarlos bien al centro, para que entren ceñidos, y que -la suerte salga bien hecha; y esto es á lo que los toreros llaman -<i>embraguetar los toros</i>.</p> - -<p>A estos de que hablamos y á los revoltosos se les puede hacer esta -suerte dejándoles todas las piernas, siendo ademas muy bonito con los -últimos pasarlos muchas veces seguidas, alternando el pase regular con -el de pecho, y en uno de estos darles la estocada, todo lo cual hecho -con mucha prontitud, como es necesario por la rapidez con que se -vuelven, constituye la suerte mas bonita de matar, pues aun teniendo -dada ya la estocada se les sigue trasteando con la muleta hasta que -caen.</p> - -<p>Esto mismo, aunque puede hacerse con otros toros en teniendo habilidad -para reco<span class="pagenum"><a name="page_173" id="page_173">{173}</a></span>gerlos, y que queden preparados á segunda suerte, nunca es tan -completo como con los revoltosos, porque estos en virtud de su índole -particular se prestan para este modo de suerte de una manera muy -ventajosa para el matador. Yo los reputo por los mejores.</p> - -<p>Los toros que se ciñen son escelentes para esta suerte, y se les puede -hacer dejándoles todas las piernas, porque como, segun se ha visto, el -ceñirse es cualidad favorable para la muerte, rematarán la suerte con -mas lucimiento conservando las piernas que teniéndolas perdidas, y la -seguridad es la misma en ambos casos. Lo que debo advertir es que no se -les cite como á los boyantes hácia el centro, pues ellos lo buscan, y si -desde el principio se inclinan á él podrán llegar á embrocar. Esto se -consigue con solo no doblar el codo izquierdo, pues quedando el brazo -derecho, aparta lo que debe la muleta, que en todo caso es regla general -tenerla muy baja para que el toro humille bien.</p> - -<p>Los toros que ganan terreno son muy dificiles de matar, principalmente -cuando conservan piernas; pero sin embargo, el diestro que armado del -valor y conocimiento necesarios intente hacerles esta suerte del modo -que diré, saldrá felizmente de su empresa.</p> - -<p>Si no tienen piernas se situará el diestro bastante corto, con lo cual -se les quita terre<span class="pagenum"><a name="page_174" id="page_174">{174}</a></span>no que cortar, y la suerte será, aunque muy ceñida, -segura, siempre que se les haga un quiebro grande de muleta y no se -tarde en salirse del centro. Pero cuando conservan las piernas se -necesita mucha precaucion: entonces es necesario situarse sobre largo, -pero á pesar de esto lo menos largo posible, pues se corre menos riesgo -en situarse un poco corto que largo por dejarle al toro mucho terreno -que cortar, y es la razon que en este último caso llega á formar el -centro de la suerte atravesado, y sin dejar tierra al diestro para -rematarla, de modo que pisando ambos un mismo terreno, y siendo por -consiguiente uno el remate, solo se librará de una cogida cuando sus -pies superen á los del toro. Situado, pues, el diestro como he dicho, lo -cita, y luego que le arranque, si ve que no le gana mucho terreno, se -irá mejorando á la par de él, de modo que habiéndose preparado -suficiente tierra, cuando llega á jurisdiccion se forma el centro cual -se desea para el feliz remate de la suerte, que en todas sus partes se -hará por las reglas establecidas para estos toros cuando estan sin -piernas. En el caso que el diestro conozca que por venir el toro ganando -mucho terreno puede resultar el centro atravesado, entonces el recurso -que hay es salirle con prontitud al encuentro, formando el centro de la -suerte en el mismo de las distancias, y conforme ponga la espada hará<span class="pagenum"><a name="page_175" id="page_175">{175}</a></span> -un buen quiebro para acabar de clavarla, y salir con pies.</p> - -<p>Esta suerte, que como se ve por su esplicacion participa de la de <i>toro -recibido</i> y de la de <i>vuela pies</i>, es el único modo que hay para matar -con seguridad los toros que ganan terreno y conservan piernas: su -ejecucion es muy dificil, por ser necesario embrocar para marcar dentro -la estocada, hacer un quiebro grande y violento para salir de embroque, -concluir la estocada y salir con pies, todo en un momento, y en un -centro tan pequeño y tan veloz como es el que se forma por la union de -las direcciones opuestas que el diestro y el toro traen en sus viajes. -Por tanto, recomiendo su ejecucion á los matadores que se conozcan con -pies y ligereza para efectuar estos movimientos, y que al mismo tiempo -esten dotados de suficiente resolucion; y por el contrario, se la -prohibo á todo aquel en quien no militen las circunstancias dichas, los -cuales siempre que tengan que matar un toro de esta clase deberán hacer -que le quiten las piernas.</p> - -<p>Muchas veces he visto matar estos toros dando el diestro pasos de -espalda (pero sin desarmarse) á la par que el toro los va dando y -ganándole el terreno, con lo que se hace que se enmiende y tome el de -afuera, y en caso que no obedezca y siga cortando tierra, se le da el -pase regular trocado, y proporcio<span class="pagenum"><a name="page_176" id="page_176">{176}</a></span>na una buena suerte. Tambien he visto -en este mismo caso que algunos matadores cuando estaba el toro para -entrar en jurisdiccion le alzaban la muleta desliada, y la bajaban con -prontitud poniéndola en el terreno que le corresponde, con cuyo espanto -el toro se detiene un poco observando la muleta, y al caer como está tan -cerca hace por ella, y el diestro aprovecha este momento, lo coge en la -humillacion, le da la estocada y sale con pies. Constantemente he visto -buen éxito en esta suerte, y aconsejo que siempre que el matador se vea -en el caso de ir á formar el centro atravesado, por no haberse enmendado -ni haber salido al encuentro del toro, intente hacerla, que sino -siempre, las mas veces le proporcionará una suerte segura y brillante, -en vez de otra que cuando mas feliz será arrollada.</p> - -<p>Los toros de sentido son los mas dificiles para esta suerte: rara vez se -pueden matar recibidos, porque no la hacen buena, y aunque el diestro la -intente nunca será cual es en sí, pues participará como ya diré de la de -media vuelta. A estos se hace indispensable quitarles las piernas, para -que el diestro se pueda ir sobre corto, y conforme arranquen y lleguen á -jurisdiccion les agachará mucho el engaño procurando empaparlos en él, y -saliendo del centro que traiga el toro le dará la estocada y saldrá con -pies. Regu<span class="pagenum"><a name="page_177" id="page_177">{177}</a></span>larmente, á pesar de los pocos suyos, el toro se revuelve -mucho, y como el diestro se salió del centro, y no dió en él la -estocada, tiene que seguir volviéndose, y buscándole los cuartos -traseros, para no llegar á embrocar y rematarla, y esta es la razon -porque dije arriba que nunca esta suerte se les podria hacer á estos -toros cual es en sí, y que participaba de la de media vuelta. No -obstante, cuando el diestro esté convencido de los pocos pies del toro -podrá hacerla algo mas lucida teniendo bien parados los suyos, hasta que -llegue perfectamente á humillar para recogerlo, y entonces con bastante -quiebro de muleta vacia el cuerpo del centro marcando en él la estocada, -y despues que esté fuera se dejará caer sobre el toro para asegurarlo de -aquella vez, y se saldrá como hemos dicho. De este modo, que no es -dificil en teniendo serenidad y firmeza para hacer el quiebro á tiempo y -con ligereza, se logra matar á estos toros recibidos y con mucho -lucimiento: es tambien muy seguro, porque se le reduce á que haga el -centro en el sitio correspondiente, pues viendo en él al diestro no -puede menos que hacer por él, y como por sus pocas piernas permite que -este no mueva los pies, y lo deje llegar hasta que humille para -recogerlo, y no puede volverse por faltarle el vigor, marca la estocada -dentro, y á favor del quiebro vacia el cuerpo, de manera que se halla -fuera<span class="pagenum"><a name="page_178" id="page_178">{178}</a></span> á la cabezada, y tan seguro como se puede inferir por las pocas -piernas del toro.</p> - -<p>He de advertir que muchas veces estos se matan bien aunque conserven las -piernas suficientes para dar que temer: el buen éxito que se observa en -estos casos, que á primera vista parece imposible conseguir, y cuya -imposibilidad quizás la deducirá alguno de las reglas mismas que dejo -establecidas y de mis reflexiones sobre ellas, se obtendrá siempre que -el torero tenga los requisitos que indispensablemente debe reunir para -apellidarse justamente con este nombre (véase el capítulo 1.º), pues -poniéndonos en el último resultado que puede dar la suerte mas dificil y -arriesgada, que es la cogida del diestro, esta no se verificará jamas -sin que preceda un embroque sobre corto, en el cual es necesario que el -toro humille para poder usar de las armas que le dió la naturaleza, y en -esta humillacion, precisa, inescusable, y que no puede dejar de -verificar, pues es un efecto de su disposicion esencial, se libertará el -que teniendo un ánimo tranquilo que le deje conocer que á favor de un -quiebro vacia el cuerpo del sitio en que debe estar para que el toro lo -enganche, y ademas ligereza para hacerlo, lo practique á tiempo. Por -consiguiente, ¿qué suerte arredrará ya á ningun torero? No puede el toro -cogerlo como haga un quiebro. Pero este quiebro no siempre se puede -hacer á tiem<span class="pagenum"><a name="page_179" id="page_179">{179}</a></span>po, pues no todos los que torean tienen los requisitos -necesarios en un tan alto punto como se requiere para este grado de -superioridad.</p> - -<p>Por tanto, habiendo suertes que ejecutar con todos los toros de una -seguridad grande, que siempre está en razon directa de la sencillez de -aquellas, y de tanto ó mas lucimiento, pues este no se opone á la -sencillez, sino antes bien se hermana completamente con ella, será una -vituperable temeridad intentar las que pueden dar un funesto resultado -en descrédito del arte y de los profesores mismos.</p> - -<p>Esta digresion, impertinente para muchos, no lo será para los que -consideren los funestos resultados que puede tener el no manifestar las -ventajas y perjuicios que se hallan en las suertes; pero no piensen que -las presento para cohibir á los verdaderos diestros, y para que sirva de -disculpa á los ignorantes y cobardes: soy bien conocido en el arte para -facilitar escusas á los toreros que autoricen su miedo ó su -holgazanería: mi objeto no es otro, como ya he dicho, que el de hacer -patente las buenas ó malas consecuencias de las suertes, cuyas reglas -manifiesto, con el fin de que no se intenten las muy dificiles por los -toreros poco hábiles, ni por los jóvenes que estando en el principio de -la práctica del arte, y manifestando una brillante disposicion, intenten -verificar lo que no puede tener buen resultado<span class="pagenum"><a name="page_180" id="page_180">{180}</a></span> atendiendo á su -dificultad y á la poca esperiencia de ellos mismos, que guiados por su -amor propio se arrojan inconsideradamente, hasta que un momento -desgraciado termina su existencia, y desvanece las fundadas esperanzas -de los que algun dia se consentian verlos al nivel de los mas diestros -profesores.</p> - -<p>Volviendo, pues, al hilo de mi discurso, digo que siempre se le quiten -las piernas á estos toros para la muerte, y que se debe tener al lado un -chulo de bastante conocimiento, el cual metiendo el capote á tiempo -distraerá al toro del bulto, y tendrá mucha parte en el buen resultado -de la suerte.</p> - -<p>Muchas veces estos toros ganan tambien terreno, y en este caso, ademas -de todo lo dicho para ellos, se tendrán presentes las reglas que para -los que ganan terreno hemos dado, haciéndoles la suerte con la mas -grande precaucion, y tratando de asegurarlos poniéndoles baja la espada.</p> - -<p>Los toros abantos se matan muy bien recibidos siempre que arrancan, pues -nunca se quedan cerniendo en el engaño por estar recogido; pero es -preciso embraguetarlos mucho, y tener muy reservado el brazo de la -espada, para no darles la estocada hasta que esten muy en el centro; no -por otro motivo sino porque ellos son siempre blandos, y si se adelanta -el brazo y se les pincha antes de es<span class="pagenum"><a name="page_181" id="page_181">{181}</a></span>tar muy metidos en la suerte, hacen -un corcovo, y se salen de ella.</p> - -<p>Los toros abantos, que he dado á conocer con el nombre de bravucones, -tienen que matarse con algun cuidado, porque como ya he dicho, suelen -rebrincar al tomar el engaño, lo cual es mucho mas frecuente en la -suerte de muerte, y tiene el doble riesgo de poder arrollar al diestro y -lastimarle con la espada; por lo que será muy oportuno salirse del -centro que ellos traigan, y tener reservado el brazo hasta que humillen, -que es el tiempo propio de darles la muerte. De este modo se consigue -que si el toro rebrinca no atropelle al diestro, y que no haga el -corcovo y se salga de la suerte.</p> - -<p>Los burri-ciegos de la primer clase se matarán recibidos de un modo muy -satisfactorio con solo tener la precaucion de quebrantarles un poco las -piernas, haciéndoles en lo demas la suerte de la manera que lo pida su -índole particular. No debe nunca perderse de vista, en caso que el toro -siendo malo ponga la suerte en disposicion poco favorable, el recurso -que hay de salirse de ella sin recelo alguno, pues por el defecto que -tiene en la vista dejará de hacer por el bulto.</p> - -<p>Los burri-ciegos de la segunda se pueden matar del modo dicho dejándoles -ó no las piernas. Si se les dejan, se citan por consiguiente sobre -largo, que es donde ven mejor,<span class="pagenum"><a name="page_182" id="page_182">{182}</a></span> y suele suceder que se paran poco antes -de llegar al engaño: esto no es muy frecuente ni de cuidado tampoco, -pues en hablándoles y acercándoles la muleta rematan la suerte bien. -Cuando no tienen piernas se les irá muy sobre corto para el cite, -hablándoles tambien, y haciéndoles la suerte en todo lo demas del modo -que indique su condicion; pero siempre será bueno tener algo mas -desliada la muleta para ellos que para las otras clases.</p> - -<p>Si dijimos para los de la primera que tenia el diestro un buen recurso -en salirse de la suerte, en estos por el contrario se necesita un -cuidado estremado para hacerlo, como ya dije hablando de ellos en la -suerte de capa, adonde remito al lector para evitar repeticiones.</p> - -<p>Los burri-ciegos de la última clase se matarán segun su condicion, sin -tener que hacer mas sino presentarles la muleta con las mismas -condiciones que dijimos para la capa.</p> - -<p>Los toros tuertos se matan recibidos con mucha facilidad, principalmente -cuando lo son del ojo izquierdo. No hay peligro en dejarles las piernas -cuando son boyantes, ó de otra cualquier clase que no sea de cuidado, -pero se les quitarán siempre que sean de los que pueden dar que recelar. -Suponiendo que por ser boyante se le han dejado las piernas, y que el -lado por donde no ve es el derecho, se pondrá el diestro para la muerte -á la distan<span class="pagenum"><a name="page_183" id="page_183">{183}</a></span>cia regular, lo citará, y luego que arranque lo dejará venir -por su terreno hasta que entre en jurisdiccion, y entonces, metiendo la -muleta en el terreno del toro para buscarle el ojo por donde ve, y -haciendo el quiebro correspondiente, dará la estocada, y rematará la -suerte del modo anteriormente esplicado.</p> - -<p>Lo que he advertido de meter la muleta en el terreno del toro para que -la vea no se crea que es indiferente, pues en ello consiste en gran -parte el buen resultado de la suerte: si no se hace, el toro, que ve -desaparecer casi del todo el bulto que tenia delante, se revuelve hácia -el lado tuerto con una estraordinaria prontitud, y aunque tenga clavada -ya la espada, si el diestro se quedó parado, lo cual es muy probable por -lo mismo de ser tuerto el toro, podrá sufrir un embroque, del que no -siempre saldrá con felicidad.</p> - -<p>Tambien los toros tuertos del ojo izquierdo se matan con mucha facilidad -siempre que sean boyantes, y aunque conserven piernas; pero es necesario -con ellos tener muy bien parados los pies, y cuando lleguen á -jurisdiccion hacerles humillar mucho y pronto, bajándoles la muleta, y -haciéndoles un buen quiebro para vaciar el cuerpo del centro en que se -habrá ya marcado la estocada.</p> - -<p>Aunque como ya he dicho no hay peligro<span class="pagenum"><a name="page_184" id="page_184">{184}</a></span> en dejarles las piernas á estos -toros, sin embargo no será inútil quitárselas, pues se revuelven -muchísimo, por razon de que ven muy bien la huida del diestro, y no se -pueden distraer por el otro lado, que es el tuerto, de manera que en -teniendo muchas piernas pueden deslucir la suerte con peligro del -torero. Es sin embargo rarísimo, y solo sucede cuando son toros muy -codiciosos y malos; pero las demas clases de tuertos rematan lo mismo -que los mas boyantes, y mucho mas si van bien castigados del hierro.</p> - -<h4>ARTÍCULO II.</h4> - -<p class="chead"><i>De la estocada á vuela pies.</i></p> - -<p>Joaquin Rodriguez (vulgo) Costillares hizo inmortal su nombre entre los -toreros y aficionados no solo por su destreza poco comun, y su profundo -conocimiento, sino por la invencion de la estocada á vuela pies.</p> - -<p>En efecto, esta nueva suerte, que vino á enriquecer la tauromaquia, es -digna por sí de los mayores elogios, y no deja perder de vista la -maestría de su autor. Sin ella no tendriamos recursos para matar ciertos -toros que por su intencion ó por su estado particular no arrancan, ni se -prestan á suerte alguna, y que se quedarian vivos, ó moririan de un modo -poco agradable, mientras que por ella<span class="pagenum"><a name="page_185" id="page_185">{185}</a></span> se matan del modo mas brillante y -satisfactorio.</p> - -<p>Es susceptible de hacerse con toda clase de toros, siempre que se hallen -en el estado de aplomados, único oportuno para ejecutarla con toda -seguridad.</p> - -<p>El modo de practicarla es muy sencillo, pues consiste en armarse el -diestro para la muerte sobre corto, por razon de que el toro no arranca, -lo cual es requisito preciso para la suerte, que por esto tambien la -llaman algunos <i>á toro parado</i>: estando pues armado asi, se espera el -momento en que el toro tenga la cabeza natural, y yéndose con prontitud -á él se le acercará la muleta al hocico bajándola hasta el suelo para -que humille bien y se descubra, hecho lo cual se mete la espada saliendo -del centro con todos los pies.</p> - -<p>Por medio de esta suerte, no muy dificil, como se ve, se dan las mejores -estocadas, y en el dia puede afirmarse sin riesgo de errar que no hay -otra mas segura, siempre que se haga con todas las precauciones que el -grado de perfeccion á que el arte ha llegado hace considerar como -indispensables.</p> - -<p>Cuando Joaquin Rodriguez inventó esta suerte no estaba la tauromaquia en -posesion de tantos descubrimientos útiles ni tantas exactas -observaciones como en el dia, por lo que dicha suerte no tenia la -seguridad y el lucimiento que ahora. Para convencernos de<span class="pagenum"><a name="page_186" id="page_186">{186}</a></span> esta verdad -no es preciso sino atender al estado presente del arte, que enriquecido -con los preceptos que la práctica sobresaliente de tanto profesor hábil -le ha prodigado, está bajo un pie mucho mas sabio y mas exacto que en -los tiempos mismos en que florecieron estos genios de la tauromaquia, -que tanto la impulsaron hácia la cima de su perfeccion. Asi es que esta -suerte se resentia en cierto modo de la rudeza de aquel tiempo, y quizás -sea esta la causa de las cogidas que se han verificado en ella. -Efectivamente, en el dia ningun matador que tenga un mediano -conocimiento y una regular destreza sufrirá cogida en dicha suerte si la -hace con las condiciones que son precisas y necesarias para su buen -resultado. Estas condiciones son: la primera, el estado aplomado del -toro; la segunda, la igualdad de sus pies; y la tercera, la atencion á -su vista. Sin estas condiciones la suerte es peligrosa, aunque infinitas -veces haya dado un feliz resultado.</p> - -<p>El estado aplomado del toro es absolutamente indispensable para -verificar con seguridad una suerte que se funda en su completa -inmovilidad. Son funestísimos los resultados que acarrearia el desprecio -de este precepto. Si por no estar verdaderamente aplomado arranca hácia -el diestro despues que éste salió hácia él, ¡cuán probable es la cogida! -A lo menos de tres veces que se dé<span class="pagenum"><a name="page_187" id="page_187">{187}</a></span> este caso, en una se verificará, y -será de muy graves consecuencias, y las otras dos, ó no se hará la -suerte, ó será deslucida, y en vez de aplaudir los espectadores, -tacharán al diestro como poco hábil.</p> - -<p>Ni se crea que es de menor utilidad el atender á la igualdad de las -piernas del toro. No debe intentarse jamas el vuela pies sin esta -precaucion con aquellos que aunque verdaderamente aplomados, conservan -cierto grado de vigor y fuerza, que es á lo que llaman los toreros -<i>estar el toro entero</i>. Y no solo en este caso, en todos debe atenderse -esta circunstancia, no por otra razon mas, si no porque con ella, -existiendo las demas, no hay el menor riesgo, mientras que por el -contrario, aunque concurran las otras, como esta falte el peligro no -está lejos, siendo muchas las veces en que basta ella sola para -asegurarnos en la suerte.</p> - -<p>Por otras razones se manifiesta la eficacia de esta condicion para el -buen éxito de la suerte, y la particular atencion que merece. La primera -es, que el toro tiene dado un paso, que sería preciso lo diese en caso -de querer partir teniendo los pies iguales: la segunda, que tiene -firmeza para arrancar, y hecho el punto de apoyo para la carrera, que en -estas circunstancias está ya engendrada; y tercera, que esto indica -estar sobre sí, y de consiguiente que no está exactamente aplo<span class="pagenum"><a name="page_188" id="page_188">{188}</a></span>mado. -Estas razones bastan por sí para convencer á cualquiera de la utilidad -de esta nueva observacion, cuya exactitud confirma la esperiencia. No sé -á ciencia fija el tiempo en que se hizo: unos la atribuyen á Guillen, y -otros la hacen anterior á él; sea lo que quiera, ella es bastante -moderna y de mucha utilidad, por lo que ha llegado á ser un axioma entre -los toreros.</p> - -<p>La atencion á la vista del toro ni es supérflua, como pretenden algunos, -ni es tampoco de primera necesidad, como quieren otros: hay casos en que -es absolutamente indiferente que la tenga fija en este ó en aquel -objeto, ó que ande reconociéndolo todo, mientras que por el contrario, -algunas veces se hace preciso que esté fija en alguna parte.</p> - -<p>Cuando se va á intentar el vuela pies con un toro boyante, -verdaderamente aplomado, que humilla bien, que tiene los pies iguales, y -en fin, que no da el más mínimo motivo de recelo, se puede verificar -aunque tenga la vista fija en el diestro sin peligro alguno: vice-versa, -cuando el toro sea de sentido, ó no esté exactamente aplomado, ó conozca -al matador &c., entonces será muy oportuno írsele acercando paso á paso -hasta estar muy corto, y en viendo que vuelve la vista dejársele caer -encima y dar la estocada; de lo contrario se corre bastante riesgo. Este -precepto, de no menor utilidad que los antecedentes,<span class="pagenum"><a name="page_189" id="page_189">{189}</a></span> no se despreciará -jamas en el caso bastante frecuente de aplomarse el toro por haberlo -pinchado el diestro, y se observa que le conoce, que se tapa á sus -cites, y que no lo pierde un momento de vista; en tales circunstancias -se hace necesario no irse á él cuando la tenga en el bulto, porque se -tapará, y con derrotes continuos lo desarmará, y lo pondrá en el lance -mas crítico que le pueda acontecer.</p> - -<p>De todo lo dicho se deduce que la estocada á vuela pies es muy facil y -segura en el dia, y de mucha utilidad; sin ella, ¿cómo se mataria un -toro que teniendo querencia casual en las tablas, se pusiese de nalgas -en ellas, y no obedeciese á cite alguno? En efecto, esta suerte es el -único recurso seguro y brillante que posee el diestro para desempeñar -felizmente su proyecto en todos los casos en que el toro, sea por -querencia ó por otro cualquier accidente, no corresponde á su envite y -no hace por él.</p> - -<p>El vuela pies, como dije antes, es susceptible de hacerse con todos los -toros, sea la que quiera su clase, lo cual no influye en el modo de -hacerla, que es igual en todos: la única diferencia se tomará de los -accidentes particulares de los toros y de las circunstancias en que se -ejecuta. Asi es, que me parece á propósito para cerrar este artículo dar -una noticia de los casos particulares en que<span class="pagenum"><a name="page_190" id="page_190">{190}</a></span> con mas frecuencia se -tiene precision de hacer esta suerte.</p> - -<p>Cuando un toro que tiene querencia casual con los tableros se va á pasar -de muleta, y no sale á los cites aunque conserve piernas, pero que se ve -humilla bien y que tiene los pies iguales, se le hará el vuela pies -cambiando los terrenos sin aprension alguna, pues en estas -circunstancias es segurísimo y muy lucido; pero no se hará jamas -faltando la querencia, porque en este caso la salida natural del toro es -por el mismo terreno que el diestro, y en este contraste puede peligrar.</p> - -<p>Los toros de sentido se pueden matar á vuela pies con mas seguridad que -recibidos, siempre que se les quiten cuanto sea posible las piernas, y -teniendo cuidado de no irse á ellos sino con todas las precauciones que -hemos dicho son indispensables: tales toros usan con mucha frecuencia -del ardid de no humillar, lo que hará siempre muy peligrosa la suerte; -el remedio único y seguro que hay para este apuro es dejarle caer la -muleta en el hocico, lo que siempre produce el efecto deseado, y se -aprovecha este momento para asegurarlo de la estocada: de no hacerlo se -corre el riesgo no solamente de que no vuelva á ponerse en suerte, sino -que despues de puesto se tape, y que escarmentado del pinchazo, y -conociendo la estratagema, no humille tampoco al tirar la muleta, y deje -al diestro embrocado<span class="pagenum"><a name="page_191" id="page_191">{191}</a></span> y desarmado. Por consiguiente será muy oportuno no -desperdiciar ningun momento con ellos, y en la primera suerte que hagan -asegurar su muerte, confiado el diestro de que será aplaudido por los -verdaderos aficionados inteligentes.</p> - -<p>Cuando un toro está completamente aplomado y de nalgas contra las -tablas, será necesario que el matador se decida á darle la estocada á -favor del vuela pies; pero este jamas se intenta sino despues de estar -cerciorado de la imposibilidad de hacer arrancar al toro, que para este -vuela pies mas que para otro debe estar sin piernas algunas: seguro ya -el matador de que el toro tiene las condiciones que apetece, hará que -los chulos lo pongan en la misma direccion que las tablas en cuanto sea -posible, y dándoselas á él se pondrá en su rectitud, y cuando observe -que tiene todos los requisitos que se requieren para hacer la suerte con -éxito, dejarse caer para darle la estocada, saliendo con todos los pies. -Esta suerte es la mas espuesta, porque si el toro se revuelve se -encuentra el diestro encerrado entre él y las tablas; por eso se -intentará tan solo cuando se vea la imposibilidad de hacerlo mover del -sitio en que está, y cuando por sus pocas piernas no pueda dar que -temer.</p> - -<p>Cuando conserve aun algunas, y esté en la disposicion que dijimos -anteriormente, se pro<span class="pagenum"><a name="page_192" id="page_192">{192}</a></span>curará enderezarlo con las tablas, esto es, hacer -que se ponga mirando á la plaza, en la cual disposicion se le dará el -pase regular, y en seguida el vuela pies, con la espalda á las tablas, -pues siendo esta su querencia, y teniéndolas muy á la vista en el remate -de la suerte, no corre el diestro ningun peligro.</p> - -<p>Algunas veces, aunque raras, se ve aplomarse un toro en los medios de la -plaza, lo cual por lo general es efecto de haber sido lidiados ya, y es -tanto mas espuesto, cuanto que unen á su malicia estremada la entereza -de sus piernas, pues los toros de que hablamos, como no se prestan á -suerte de ninguna especie, llegan á la muerte con el mismo vigor ó poco -menos que cuando salen. El vuela pies en esta ocasion es -multiplicadamente mas dificil que en otra alguna, y aconsejo al que lo -intente que se lleve al lado un chulo bastante inteligente que tiente al -toro á ver si sale; seguro de que no, se armará á la muerte, aguardará á -que tenga los pies iguales, y hará que el chulo con algun movimiento -pequeño le distraiga, para que volviendo la vista proporcione al matador -el momento de hacerle la suerte, siendo ademas preciso que el chulo le -meta el capote al mismo tiempo que el matador va á salirse del centro, -para que distraido por este segundo objeto que lo cita y obliga, sentido -del castigo, y sorprendido por un bulto que casi no vió venir, se evite<span class="pagenum"><a name="page_193" id="page_193">{193}</a></span> -el que se revuelva y se apodere del diestro, aunque tuviese dada la -estocada; por lo que recomiendo con particular empeño que siempre se -salga por pies.</p> - -<h4>ARTÍCULO III.</h4> - -<p class="chead"><i>De la estocada á la carrera.</i></p> - -<p>La estocada á la carrera, que puede muy bien llamarse á <i>toro -levantado</i>, es muy lucida y segura, pero ofrece bastante dificultad para -marcarla bien.</p> - -<p>Se puede ejecutar de dos modos, que no se diferencian en otra cosa mas, -si no en que en uno va un chulo corriendo el toro, y en otro el toro va -levantado, sin que nadie lo haya citado.</p> - -<p>La suerte no consiste mas, si no en salir armado al encuentro del toro, -y darle la estocada segun las reglas ya establecidas. La única -dificultad que ofrece, comparada con las otras, es la de no ser muy -facil el marcarla bien, por razon de la violencia que trae el toro, y el -de no haber tenido el diestro tiempo para hacer fijo el punto de vista, -por lo que he visto dar frecuentes marronazos.</p> - -<p>Esta suerte se puede hacer con mucha seguridad á los toros de sentido, -en teniendo especial cuidado en salirse para marcar la estocada fuera -del centro que ellos traen: asi<span class="pagenum"><a name="page_194" id="page_194">{194}</a></span> se evita el embroque muy peligroso con -ellos, y como por la violencia de su viaje no pueden volverse para -rematar sobre el bulto, se concluye la suerte bien.</p> - -<p>Con todas las demas clases se hace del mismo modo que hemos dicho; pero -con los bravucones se debe tener un cuidado particular, porque en esta -suerte, mas que en ninguna de las esplicadas, rebrincan, y asi convendrá -hacerla como he dicho para los de sentido, con lo que se precabe el que -puedan dar la cogida.</p> - -<p>El modo de hacer esta suerte á los toros burri-ciegos y á los tuertos se -deduce necesariamente y sin dificultad de la esplicacion que hemos dado -de ella, y del conocimiento que ya tenemos de las modificaciones que -para ellos deben hacerse en toda clase de suertes.</p> - -<h4>ARTÍCULO IV.</h4> - -<p class="chead"><i>De la suerte á media vuelta.</i></p> - -<p>La estocada á media vuelta, cuyo mecanismo es igual al de las -banderillas de esta clase, es una suerte de recurso para matar aquellos -toros que por su índole ó por algun accidente no arrancan, ó se tapan, ó -bien dan que temer por rematar sobre el bulto: en solas estas -circunstancias se usará esta, sin que padezca en nada la reputacion del -dies<span class="pagenum"><a name="page_195" id="page_195">{195}</a></span>tro que la ejecuta, pero en otras es deslucida.</p> - -<p>Siendo en todo igual su práctica á la de las banderillas á media vuelta, -sería una molesta repeticion detenerme en su esplicacion; lo único que -tengo que advertir es, que la suerte se haga con mucha rapidez apenas se -empieza el toro á revolver, para no llegar á embrocar, y no dejarle -tiempo para que reconozca al diestro y se tape á su envite; ademas que -al dar el toro la media vuelta vuelve siempre muy humillado en virtud -del cite que sobre corto le hizo el diestro por detras, y en dejándosele -caer encima con decision no la concluirá sin tener en sí la herida que -pronto lo acabará.</p> - -<p>Cuando se aplome un toro en los medios de la plaza será preferible esta -suerte al vuela pies que en su lugar dijimos, y se deberá llevar un -chulo que lo entretenga por delante mientras va el matador por detras á -ponerse á la distancia debida.</p> - -<h4>ARTÍCULO V.</h4> - -<p class="chead"><i>De la estocada á paso de banderillas.</i></p> - -<p>Esta suerte se hace principalmente con los toros que son tardos á -partir, pero que conservan piernas, por cuya razon no se juzga oportuno -el vuela pies. Tambien se hace con<span class="pagenum"><a name="page_196" id="page_196">{196}</a></span> los toros malos, esto es, de -sentido, principalmente cuando se ponen en los tercios de la plaza -engallados y no salen á los cites: en este último caso es menester mucho -cuidado si tienen piernas.</p> - -<p>El modo de hacerla es tomar el diestro la tierra que juzgue conveniente -atendiendo al estado del toro y á sus muchos ó pocos pies, y tomada que -esté, hacer que nadie ande al lado del toro, para que no le hagan perder -la posicion; y él en la suya liar la muleta y preparar el brazo lo mismo -que si lo estuviera esperando para recibirlo: en esta posicion arranca -al toro, haciendo una especie de cuarteo como en las banderillas de esta -clase, pero el brazo de la espada no lo reserva hasta estar cuadrado, -sino que en el embroque, cuando el toro humilla y dentro aun del centro, -como dijimos en las otras suertes de matar, es cuando marca la estocada, -haciendo al mismo tiempo el quiebro de muleta con que se sale del centro -para dejarse caer con fuerza sobre el toro y apurar la estocada hasta la -guarnicion, pues que el mérito de esta suerte consiste principalmente en -que hecho el quiebro de muleta, el diestro no se aparte del toro, sino -que se le deje caer encima; asi es que cada momento la estamos viendo -hacer sin que le claven mas de una cuarta de espada, con lo que no se -mata ningun toro, y sí se le resabia para que luego se tape y<span class="pagenum"><a name="page_197" id="page_197">{197}</a></span> se ponga -en defensa. La suerte no carece de mérito y de gracia, pero tampoco pasa -de ser una de las que los toreros llaman de recurso, esto es, de -aquellas de que se echa mano para matar las reses que no permiten se les -hagan las suertes de primera ó de mas lucimiento, por consiguiente que -ya dan algun cuidado, de manera, que se debe tratar de asegurarlas y no -darles en valde ningun pinchazo.</p> - -<p>Por tanto, recomiendo la presente á los toreros que sepan hacer bien el -quiebro de muleta, y sin apartarse del toro hasta envainarles todo el -acero que puedan dentro del cuerpo; en este caso es suerte de mucho -mérito.</p> - -<p>He oido llamar muchas veces vuela pies al paso de banderilla, lo cual es -una notable equivocacion, por lo que el vuela pies neto, de que ya dimos -noticia, se llama por muchos <i>vuela pies mejor</i>.</p> - -<p>La suerte que dejamos esplicada, como suerte de recurso que es, se puede -ejecutar con todos los toros.</p> - -<h3>CAPITULO XII.<br /><br /> -<i>Consecuencias de la estocada de muerte.</i></h3> - -<p><span class="letra">L</span>a estocada de muerte, cuyas reglas dejamos esplicadas, se practicará -siempre con felicidad y perfeccion en ejecutándola segun<span class="pagenum"><a name="page_198" id="page_198">{198}</a></span> ellas, pero no -todas las veces será su consecuencia la muerte inmediata del toro.</p> - -<p>En efecto, la estocada por alto, ó sea por la cruz, son infinitas las -veces que no se puede clavar lo bastante, por la reunion de los huesos -que forman la eminencia en que concluyen los rubios, y es el sitio de -preferencia para la estocada: de aqui procede la frecuencia con que -vemos saltar la espada sin haber el diestro podido evitarlo, ni hacer -mas de su parte, por lo que no debe medirse el mérito de la suerte en -razon inversa del número de estocadas, consistiendo menos en habilidad -que en fortuna el matarlos de la primera.</p> - -<p>Las estocadas por lo alto producen inmediatamente la muerte, cuando -entrando por entre dos vértebras cortan la <small>MÉDULA ESPINAL</small>, cuando coge -la espada lo que los toreros llaman la <i>herradura</i>, cuando el toro está -<i>pasado de parado</i>, y cuando está <i>descordado</i>.</p> - -<p>Las estocadas que interesan la médula son las mas airosas que se pueden -imaginar: ellas producen la muerte con la misma rapidez que la puntilla, -pues su mecanismo es igual, y la única diferencia está en el sitio en -que se verifica; asi es que pasma ver venir al toro con una furia y -violencia grandes, y apenas llega á la espada, y casi sin haber sido -pinchado, caer sin átomo de vida el que un momento habia era un monstruo -de fuerza y de valor.<span class="pagenum"><a name="page_199" id="page_199">{199}</a></span></p> - -<p>Las estocadas que pasan la <i>herradura</i> producen inmediatamente la muerte -del toro, aunque solo se le haya introducido media espada.</p> - -<p>Esta estocada es tambien muy lucida, aunque no tanto como la -antecedente, y es algo mas frecuente. Se conoce que la espada corta la -<i>herradura</i>, en que entra oblicua, un poco baja y en el pecho: el toro -se detiene un poco, se queda en pie, pero sin fuerzas, y no arroja -sangre ni por la herida ni por parte alguna, y al poco tiempo cae muerto -sin necesitar á veces de puntilla.</p> - -<p>Da una idea muy brillante del diestro y de su inteligencia el conocer -cuando la estocada corta la herradura, pues en este caso se irá á hacer -la cortesía de costumbre, dejando en pie al toro, y á los espectadores -suspensos momentáneamente, porque la pronta muerte de aquel, quitándoles -la duda, les da un testimonio de la maestría del ejecutor.</p> - -<p>Las otras estocadas por alto que matan prontamente á los toros son las -que entrando por la cruz pasan al pecho, por traer una direccion casi -perpendicular; y pasándole los pulmones, les hacen arrojar sangre por la -boca, causándoles muy en breve la muerte. Muchos confunden esta estocada -con los <i>golletes</i>, lo cual es efecto de muy poca inteligencia, pues -tienen un mérito sobresaliente estas, en razon á que para pasar el toro -asi es necesario tener los pies muy parados, hasta el mo<span class="pagenum"><a name="page_200" id="page_200">{200}</a></span>mento que esté -en el centro de la suerte muy humillado, y entonces meter el brazo de la -espada, hasta ahora reservada, en una direccion vertical; todo lo que es -muy lucido y dificil. A esta clase de estocada; por razon de sus -circunstancias, llaman los toreros <i>pasadas por pararse</i>, y al toro que -está herido de ella <i>pasado de parado</i>. No deben confundirse jamas los -toros muertos por ella con los que fueren muertos de <i>gollete</i>.</p> - -<p>Los toros que reciben una estocada por alto y quedan descordados, aunque -caen á tierra muy pronto, no obstante, quedarian vivos si no se les -diera la puntilla, pues la estocada lo que hace es cortar ó bien los -tendones que les sirven para el manejo de los brazos, ó bien los nervios -que les dan la vida; por lo que no pueden tenerse en pie, y caen como -heridos de un rayo algunas veces, y como en el suelo no pueden -defenderse, son acachetados con facilidad.</p> - -<p>Las estocadas por bajo nunca son del mérito que las por alto; pero en -muchas ocasiones se deben dar, y por consiguiente tienen tambien el -suyo. Ya hemos marcado todas las veces en que son preferibles, y aqui -solo nos resta que decir que se llaman genéricamente <i>golletes</i>, y que -matan prontamente al toro, porque entran en el pecho y le pasan los -pulmones.</p> - -<p>Muchas veces tambien sucede que la es<span class="pagenum"><a name="page_201" id="page_201">{201}</a></span>pada entra oblicua, y asoma la -punta por el otro lado; esto es muy feo, y depende de haber hecho mal la -suerte: entonces se dice que está el toro <i>atravesado</i>. Tambien suele -suceder que se corte la carne que une la cara inferior de la espaldilla -con las costillas, de lo que resulta que cuando el toro se apoya en el -brazo de aquel lado, se eleva el hueso mucho mas de lo natural, y el -animal anda con fatiga y cojeando.</p> - -<p>Otras veces cuando el toro se ciñe mucho en la suerte de muerte, ó bien -da una colada, sucede que la espada entra por el lado contrario del que -debia, esto es, por el izquierdo del toro, y muchas veces ni aun lo -pincha: á esto es á lo que los toreros llaman <i>irse la estocada por -carne</i>. Tambien sucede con bastante frecuencia en este caso entrar la -espada por el tejido que hay debajo de la piel, y seguir por entre el -cuero y carne, sin hacer casi ningun daño al toro, á lo que llaman -algunos con bastante oportunidad <i>envainar</i>.</p> - -<p>Despues que se han dado estas diferentes estocadas, aun cuando el toro -esté herido de tal modo que no necesite recibir otra, no obstante, suele -tardar mucho tiempo en echarse, y tardaria mucho mas si no se emplearan -los recursos que para estos lances tiene el arte. Si el matador se dejó, -como es lo mas frecuente, la espada dentro, deberá conocer si le trae -mejor cuenta que permanezca metida,<span class="pagenum"><a name="page_202" id="page_202">{202}</a></span> y que el toro se la meta mas, ó si -sacándola tendrá que echarse mas pronto. Cuando la espada está puesta en -buen sitio, que interesa partes bastante nobles, y por estar poco -introducida se mantiene en pie el toro, se le deben dar por el mismo -lado de la espada capotazos secos, esto es, que no le hagan dar vueltas -como para matarlo, sino solamente tirar una cabezada sobre aquel lado, -con la que se la clava mas él solo. Cuando por el contrario se quiere -que el toro eche la espada, ya porque estorba para ponerle otra, ya -porque sacándola se desangra mas y caiga, como es muy frecuente, se le -deben dar los capotazos por el lado opuesto, con lo que la espada va -saliendo: tambien se le puede echar un capote á la cruz de ella, para -sacarla agarrada con él. Luego que haya salido, y se vea que la herida -da alguna sangre, deben los chulos ponerse á los lados, y empezar á dar -tambien capotazos secos, alternando los de un lado con los del otro, -para que el toro tire un achazo á la derecha y otro á la izquierda, con -lo que echa mucha sangre, y va perdiendo las piernas y la cabeza hasta -que cae: se le obliga muchas veces á echarse mas pronto mareándolo, -haciendo que dé vueltas.</p> - -<p>Muchas veces tambien sucede que el toro que ha recibido una ó mas -estocadas se aploma en la querencia contra los tableros, y aunque ya -está casi muerto no se echa ni sale<span class="pagenum"><a name="page_203" id="page_203">{203}</a></span> á los cites: en este caso debe -dejársele un par de minutos quieto y solo á ver si se echa, y que -únicamente se le acerque el cachetero cuando ya se haya echado; pero si -permanece en pie con la cabeza baja y sin piernas, se debe tentar por -todos los medios que hay á ver si sale, y cerciorado el diestro de que -no, liar y enguionarlo varias veces para ponerle bien la cabeza, que si -no está muy baja, se hace que la ponga tocándole con la punta de la -espada en el hocico y en el testuz, para que se descubra bien y se le -pueda descabellar. Se debe tener la precaucion para hacer esta suerte de -tener un chulo ó dos que sean de bastante inteligencia, para sino se -mata al toro, y sale tras el diestro por el pinchazo que recibió, le -metan los capotes, porque la mala posicion en que aquel estaba cuando -intentó descabellarlo no le permite alejarse del centro con ventaja -bastante.</p> - -<p>Algunas veces suele echarse el toro teniendo aun algun vigor, y estando -el matador delante; en estos casos se recela con frecuencia del -cachetero que siente venir por detras, y se levanta ó hace el amago: -cuando tal suceda, el matador debe atronarle con las mismas precauciones -que dijimos debia tomar para descabellarle, pues la accion es la misma, -sin otra diferencia que <i>descabellar</i> se dice cuando el toro está en -pie, y <i>atronar</i> cuando está echado, aunque la mayor parte<span class="pagenum"><a name="page_204" id="page_204">{204}</a></span> de la gente, -y aun de los toreros, no conocen esta diferencia, y dicen generalmente -<i>atronar</i>.</p> - -<h3>CAPITULO XIII.<br /><br /> -<i>Del ver llegar los toros.</i></h3> - -<p><span class="letra">I</span>nútil sería cuanto hemos dicho hablando de las suertes, si no -llamásemos muy particularmente la atencion sobre esta importante parte -del arte de torear.</p> - -<p>Consistiendo todas sus reglas en hacer á tiempo los correspondientes -movimientos para librarse del toro, y correspondiendo á cada uno de los -que este hace en la suerte uno del torero con que lo elude, es evidente -que es menester tener la vista fija siempre en él para combinar muy á -tiempo aquellos movimientos, y á esto es á lo que los toreros han -llamado <i>ver llegar los toros</i>. Pasemos, pues, á marcar en cada una de -las suertes esplicadas el modo y el momento de verlos llegar con -perfeccion.</p> - -<p>En las suertes de capa hay que atender, primero al momento en que entra -el toro en jurisdiccion, y humilla; segundo al instante en que mete la -cabeza en el engaño; y tercero al tiempo en que estando fuera tira la -cabezada. Se debe atender á lo primero, porque nos muestra si es preciso -enmendar el terreno, ó cambiarlo, ó bien permanecer tran<span class="pagenum"><a name="page_205" id="page_205">{205}</a></span>quilo, porque -la res camina sencillamente por el suyo: á lo segundo, porque marca -cuándo debemos cargarle la suerte, y hacer el quiebro que divide los -terrenos; y á lo tercero, para tirar los brazos á tiempo, y darles el -remate largo ó corto, por alto ó por bajo, segun lo requiera el carácter -del toro, y para dejarlo prevenido para segunda suerte.</p> - -<p>Si hemos visto lo necesario que es el ver llegar á los toros en las -suertes de capa, debemos inferir lo útil que será en todas las de -banderillas. En efecto, el que banderillea debe observar el momento en -que el toro llega á jurisdiccion, humilla, tira el achazo, sufre el -destronque y se repone, y le reconoce el viaje; para embrocar, -cuadrarse, meter los brazos y salir con pies, á tiempo todo y cuando sea -necesario, pues el buen éxito de la suerte consiste en acomodar con -oportunidad á cada movimiento del toro que él nos marca el arte para -burlarlo, en atencion á que nos pone en situacion de conseguir nuestra -idea, sin tener ni aun remotamente algun peligro, y será imposible el -verificarlo sin estarlo observando exactamente para ver el momento en -que efectúa los movimientos que nos sirven de guia. Por tanto, sin este -requisito, inseparable é hijo del valor, jamas se toreará con perfeccion -y seguridad.</p> - -<p>El ver llegar los toros no es menos necesario en la suerte de recorte -que en las ante<span class="pagenum"><a name="page_206" id="page_206">{206}</a></span>riores. El que recorta debe tener muchísimo cuidado en -observar con exactitud cuándo entra en el centro del quiebro, y el -momento de la humillacion y colada del toro, para hacerle aquel á tiempo -y meterse en su terreno, concluyendo asi la suerte con seguridad. -Tambien deberá volver la cara para observar la salida del toro, ver si -se repone pronto y si le observa el viaje, para salir ó no con pies, -segun el caso lo exija. El menor descuido en esto puede acarrear muchos -daños: las suertes son segurísimas, en usando á tiempo de las reglas y -movimientos que posee el arte para lograr un éxito feliz: para esto es -indispensable prestar mucha atencion á los movimientos que los toros -hacen, que son los que marcan el movimiento oportuno de ejecutar -nosotros los que han de inutilizarlos, resultando la seguridad de ellas -de la exacta ejecucion de dichos movimientos, segun las reglas -infalibles de la tauromaquia.</p> - -<p>En efecto, jamas peligrará el que use de ellas á tiempo, para lo cual es -indispensable el ver llegar los toros, pues si ellos son los que nos -marcan las reglas de que debemos usar, y el momento de su aplicacion, -¿se podrá ejecutar seguramente sin este requisito suerte alguna? -Ciertamente que no; y es tanto mas necesario en la de recortes, como que -en ella no tenemos clase alguna de engaño para nuestra defensa, la cual -está toda en<span class="pagenum"><a name="page_207" id="page_207">{207}</a></span> hacer el quiebro muy á tiempo, lo que es imposible sin ver -llegar al toro.</p> - -<p>Este requisito es cuando menos tan necesario en la suerte de parcheo -como en la de banderillas, y consiste en observar al toro lo mismo que -dijimos en aquella, y son tambien los mismos movimientos, pues como ya -hemos visto, la suerte es una en lo esencial, y solo se diferencia por -los accidentes.</p> - -<p>En los pases de muleta es indispensable á lo menos ver llegar los toros, -y tanto mas cuanto se separa en ella el cuerpo del engaño, pues si por -falta de ver llegar se adelanta la suerte, y antes de que el toro tome -el engaño se mete el diestro en su terreno é intenta rematarla, por -sencillo que sea, como no está empapado en ningun objeto, y advierte -dentro el bulto mayor, irá á rematar sobre él y lo embrocará por la -espalda, siendo inevitable la cogida como el toro conserve los pies. Asi -es que se hace indispensable estarle observando exactamente, y ver el -momento en que llega á jurisdiccion y toma el engaño para hacer la -suerte á tiempo, siendo mejor en esta atrasarse un poco que adelantarse, -pues como ya he dicho es espuestísimo.</p> - -<p>Si es necesario en todas las suertes ver llegar los toros, tanto mas lo -será en la de muerte, por ser mas complicada que otra alguna. En efecto, -es preciso observar en ella, lo primero, cuándo llega el toro á -jurisdic<span class="pagenum"><a name="page_208" id="page_208">{208}</a></span>cion; lo segundo, cuándo humilla; lo tercero, cuándo llega á la -espada; lo cuarto, cuándo está en el centro; lo quinto, cuándo sale de -él; y lo sesto, cuándo remata. En no observando muy exactamente estos -movimientos no puede salir la suerte con la limpieza y seguridad que sus -reglas garantizan: es pues de primera necesidad atenderlos y medirlos -para hacer el quiebro y salirse del centro muy á tiempo, dejando ademas -clavada la espada en el momento que en su lugar dijimos.</p> - -<p>Cuanto llevo dicho en este capítulo sobre lo útil que es ver llegar los -toros en las suertes, se debe entender de todas las demas que se -conocen, pues no hay una que sea segura si falta este requisito.</p> - -<h3>CAPITULO XIV.<br /><br /> -<i>De algunas otras suertes de á pie.</i></h3> - -<p><span class="letra">A</span>demas de todas las suertes de que ya he hablado, se suelen hacer -algunas otras, que aunque no tan frecuentes, sin embargo importa mucho -conocer. Asi es que daré una sucinta esplicacion de ellas, pero que -bastará para ejecutarlas con seguridad, mediante las nociones que -preceden.</p> - -<p>Empezaré por los modos de saltar los toros que son mas frecuentes, y -siguiendo el<span class="pagenum"><a name="page_209" id="page_209">{209}</a></span> orden de la antigüedad de estos saltos, será el primero q -ue nos ocupa el salto tras-cuerno.</p> - -<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4> - -<p class="chead"><i>Del salto á tras-cuerno.</i></p> - -<p>Para dar este salto se sale al toro con el cuerpo limpio como si se le -fuera á hacer un recorte, pero tomándolo bastante atravesado; se -procurará que el toro conozca el viaje para que empiece á cortar tierra, -y el diestro irá deteniéndolo ó acelerándolo, segun lo que calcule que -sea suficiente para llegar á hacer el centro de la suerte enteramente -atravesado y con la salida tapada: en este caso hace la humillacion el -toro para recoger el bulto, y el torero se aprovecha de este momento -para saltar por cima de los cuernos y librar la cabezada: tiene este -salto la ventaja de no cortar la violencia del viaje, por lo cual se -puede hacer con toda clase de toros, en atencion á que por mucho que sea -el vigor que tengan en las piernas, y la prontitud con que se revuelvan, -nunca podrán hacerse dueños del bulto.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_210" id="page_210">{210}</a></span></p> - -<h4>ARTÍCULO II.</h4> - -<p class="chead"><i>Del salto sobre el testuz.</i></p> - -<p>Parece que el famoso Lorencillo, cuya ligereza sabemos que fue -estremada, lo ejecutaba con mucha limpieza, y que su discípulo, el -célebre y desgraciado José Cándido, no le cedia en nada dando esta clase -de salto.</p> - -<p>Se puede hacer esta suerte de dos modos, ó bien estando parado, citando -al toro, y esperándolo hasta que entre en jurisdiccion y humilla para -recoger el bulto, en cuyo momento se le pone el pie en la raiz de los -cuernos y en el medio de la cabeza ó testuz, para librarlo todo de un -salto y caer por la cola, saliendo con todos los pies, ó bien, y es lo -menos frecuente, salir á él con diferente viaje, y cuando se llegue á -embrocar dar el salto del modo dicho. De cualquiera de ellos es una -suerte muy lucida, y que necesita que el diestro reuna en un grado muy -superior las cualidades necesarias para torear.</p> - -<p>Los mejores toros para ejecutar esta suerte son por supuesto los -boyantes, pero tampoco deben dar ninguna clase de cuidado los que se -ciñen, los que ganan terreno, y hasta los que rematan en el bulto, en -teniendo la precaucion de que conserven piernas y tengan la cabeza bien -puesta, pues muchos to<span class="pagenum"><a name="page_211" id="page_211">{211}</a></span>ros la tienen muy descompuesta por naturaleza. -Los toros que dan mas cuidado en esta suerte son los revoltosos, pues -por el mucho celo que tienen por los objetos, y la fuerza con que hemos -dicho se sostienen sobre las manos en toda clase de suertes, pueden -detenerse un poco, alzar la cabeza, ver el bulto por cima, saltar y -engancharlo; ó bien, por solo detenerse, no dejar el centro libre y caer -el torero sobre él. Asi es que encargo muy particularmente que no se -haga esta suerte con esta clase de toros.</p> - -<h4>ARTÍCULO III.</h4> - -<p class="chead"><i>Del salto de la garrocha.</i></p> - -<p>Para dar este salto se toma una vara de las de detener, y si tiene la -puya se pone hácia abajo, con lo que se asegura mas en la tierra; se -retira el diestro en medio de la plaza viendo venir al toro, y puesto en -la misma rectitud que si fuera á vadear algun arroyo, apoyándose en el -palo y dando un salto al otro lado; cuando ya la res va á entrar en -jurisdiccion, se da una pequeña carrera, y se toma la violencia -necesaria para dar el salto apoyado en el palo y caer por detras del -toro. Esta suerte, como se ve por su esplicacion, es tambien muy bonita, -y solo tengo que advertir para su segura ejecucion<span class="pagenum"><a name="page_212" id="page_212">{212}</a></span> que no se haga con -toros revoltosos, porque pueden con facilidad dar una cogida, y que será -muy oportuno salir con pies, y llevarse si es posible la garrocha, pues -si dado el salto se deja caer, y luego el toro hace por el cuerpo, no -hay defensa, mientras que si se queda el diestro con ella podrá repetir -el salto, lo que tendrá un mérito particular.</p> - -<h4>ARTÍCULO IV.</h4> - -<p class="chead"><i>De la lanzada á pie.</i></p> - -<p>Esta suerte, aunque ya casi no se ve, tuvo sin embargo tanta nombradía -antiguamente, por la mucha serenidad que se necesita para practicarla, -que debemos dar una ligera noticia de ella.</p> - -<p>Para ejecutarla debe usarse de una lanza, cuyo palo tenga de largo de -tres y media á cuatro varas, y de grueso sobre tres pulgadas de -diámetro, de una madera muy fuerte, y que no salte, ni sea quebradiza.</p> - -<p>La lanza propiamente tal deberá tener un palmo de largo, y el grueso y -ancho correspondientes.</p> - -<p>Se situará el diestro á unas seis varas distante de la puerta del toril, -teniendo la rodilla derecha en tierra, y el regaton de la lanza haciendo -punto de apoyo en un hoyo, que de antemano debe haberse hecho en -tier<span class="pagenum"><a name="page_213" id="page_213">{213}</a></span>ra: la punta debe estar alta, sobre tres cuartas ó poco mas, para -que corresponda á la frente del toro, que es donde debe clavarse. Toda -la habilidad de la suerte se reduce, como se ve, á que el toro se clave -la lanza; y por si esto no sucede, y trata de acometer al bulto, se debe -tener un capote para defenderse.</p> - -<h4>ARTÍCULO V.</h4> - -<p class="chead"><i>Del modo de capear entre dos.</i></p> - -<p>Para hacer esta suerte se toma un capote bastante grande, y cada uno de -los que hayan de capearlo agarra por una punta: se sitúan á la distancia -que indiquen las piernas del toro, y le harán la suerte conforme las -reglas que para las de capa dejamos establecidas, debiéndose tener -presente que los remates son siempre por alto, y que al concluir la -suerte se deben dar cuatro ó seis pasos de espalda, y cambiar las manos -del capote, pues hay que tomarlo con la contraria, en razon á que se ha -dado media vuelta sin cambiar de terreno. Este modo de capear es muy -seguro, y susceptible de hacerse con todos los toros: la principal -defensa consiste en que nunca se suelte el capote.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_214" id="page_214">{214}</a></span></p> - -<h4>ARTÍCULO VI.</h4> - -<p class="chead"><i>Del modo de picar los toros, montado sobre otro hombre.</i></p> - -<p>Para ejecutar esta suerte se pone el diestro montado en el hombro de -otro torero, que llevará en la mano la muleta, y el de encima armado con -la vara de detener, como si fuera verdaderamente á picar. De este modo -el que tiene la muleta cita al toro conforme á las reglas que para el -manejo de ella hemos dado, y el de encima, cuando está en la -humillacion, le pone la garrocha y lo pica. Es inútil decir que quien -principalmente hace la suerte es el de la muleta.</p> - -<h4>ARTÍCULO VII.</h4> - -<p class="chead"><i>Del modo de mancornar.</i></p> - -<p>Esta suerte, aunque no es de plaza, es muy lucida, y puede tambien tener -lugar en ella cuando el toro haya enganchado á alguno, ó cuando por -fuego ó caida de andamio ú otro accidente se echa la gente á la plaza, y -es menester sujetar al toro para evitar desgracias.</p> - -<p>Por fuerza y habilidad que tenga un hombre no podrá seguramente él solo -sujetar un<span class="pagenum"><a name="page_215" id="page_215">{215}</a></span> toro, aunque no tenga mas que cuatro años; y por eso los -vaqueros, que son los que con mas frecuencia hacen esta operacion, van -siempre en número de tres, cuatro ó mas, cuando tratan de <i>coger</i>, como -ellos dicen, una res de cabeza. Sin embargo, un hombre puede, aunque con -dificultad, sujetar un novillo utrero. Cuando se trate de <i>coger</i> un -toro, se le debe primero capear, haciéndole sufrir todo el destronque -posible, y cuando se note que ya está sin piernas, lo cual se consigue -muy pronto en sabiendo bien sacarles la capa, al pasar por junto al -cuerpo se le coge el piton con la mano de su lado, esto es, que el piton -derecho se le asirá con la mano derecha, y la otra, despues de haber -dado una vuelta con el cuerpo, que debe cargarse y descansar sobre el -brazuelo, pues es el modo de sujetarlos mejor, cogerá el piton del otro -lado, pasando por encima del morrillo: inmediatamente deberá otro hombre -ponerse en el otro lado, y agarrarse otro á la cola, y si quieren lo -echan en tierra, en donde se le vuelve la cabeza, y se le pone un pie en -el hocico, con lo que queda seguro. Tambien se hace, cuando no es una -res de mucho cuidado, torcerle uno la cabeza, meterle el hombro en la -barba, y tumbarla si se quiere, y si no tenerla asi sujeta, que es lo -que se llama <i>embarbar</i>.<span class="pagenum"><a name="page_216" id="page_216">{216}</a></span></p> - -<h3>CAPITULO XV.<br /><br /> -<i>De algunas particularidades que debe tener presentes el torero.</i></h3> - -<p><span class="letra">L</span>os toros no todos cornean bien; hay algunos muy torpes, y todos ellos -tienen un lado de que son mas diestros: esto es conocido desde el -momento en que se les ve cornear una vez, y aun cuando no, es bien -sabido que del lado cuya oreja mueven mas á menudo y menean con mas -prontitud, de ese cornean mejor. Sucede tambien que del lado porque se -les ha dado mas salidas en las suertes cogen mas bien, y el torero, que -debe hacerlas todas con la misma facilidad por cualquiera de ellas, -deberá buscar siempre para su salida aquel por donde estan mas -sencillas.</p> - -<p>Los banderilleros generalmente no parean bien sino por una mano; de modo -que aunque el toro esté muy sobre sí, y el cuerno de la huida sea el -maestro, no se cambian, y por esto son mas frecuentes las cogidas: por -tanto, les encargo que desde el principio se acostumbren á parear -igualmente por ambos lados, pues de este modo cogerán siempre á los -toros por el lado sencillo, y no se les quedará uno por banderillear.</p> - -<p>Sucede tambien con mucha frecuencia que<span class="pagenum"><a name="page_217" id="page_217">{217}</a></span> un toro que salió boyante -esperimenta luego una verdadera transformacion, y se hace de sentido, lo -cual es efecto de haber dado una cogida, ó de haberlo toreado mal. Sea -por el motivo que quiera, conocida la transformacion, debe el torero -lidiarlo segun la clase á que nuevamente corresponde, y teniendo -presente que si se hizo malo por haber dado una cogida, no se le debe -hacer suerte en el parage en que la dió, pues cuando los toros estan en -sitio propio y consentidos son muy carniceros, y si dan segunda cogida -es sumamente peligrosa, y se hace luego casi imposible el apartarlos de -alli. Esto deben tenerlo presente con mas particularidad los picadores, -pues ellos son los que se ven mas á menudo en el compromiso de ir á -buscar al toro en sitio propio: es tal el corage que tienen cuando estan -en este caso, que yo he visto mas de una vez dar siempre porrazos al -picador, y pegarse estraordinariamente estando apoderados de un sitio, y -yendo á buscarlos á él, mientras que estos mismos toros los han sacado á -otro parage, y han hecho la suerte como boyantes, sin recargar, ni -mostrar indicios de codicia.</p> - -<p>Tambien sucede que los toros esperimentan transformaciones en bien de -los toreros, y que uno que salió ganando terreno ó rematando en el -bulto, concluya ciñéndose, ó partiendo como un boyante. Generalmente -esto<span class="pagenum"><a name="page_218" id="page_218">{218}</a></span> sucede porque los tales toros son muy sentidos, se duelen mucho -del castigo, y como lo esperimentan siempre que se acercan al bulto, -concluyen muchas veces hasta por echarse fuera: no obstante, deben -siempre torearse con algun cuidado, principalmente cuando se les va á -hacer alguna suerte en que no se les pincha, pues se consienten con -facilidad, y á la segunda entran ya con codicia por el bulto.</p> - -<p>Una de las cosas que deben dar mas cuidado al torero es que el toro -tenga la cabeza descompuesta, y por lo regular tienen de ello la culpa -los mismos lidiadores, pues aunque es cierto que algunas veces desde que -salen por la puerta del toril vienen con la cabeza desconcertada, sin -embargo, lo mas frecuente es que en la plaza se la descompongan con los -capotazos mal dados, y con las chaquetas y pañuelos que les echan desde -los andamios: asi los acostumbran á cornear sobre alto, y á tirar -incesantes derrotes, con que luego desarman al diestro en la suerte. Por -tanto, recomiendo que nunca se les eche el capote para citarlos al -testuz, sino siempre bajo, para que se acostumbren á humillar bien y -descubrirse; y los matadores tendrán un especial cuidado cuando vayan á -matar, para si el toro no tiene bien compuesta la cabeza arreglársela -con la muleta, ó con una capa si fuere menester, advirtiéndoles que el -lance<span class="pagenum"><a name="page_219" id="page_219">{219}</a></span> peor en que puede verse el torero es cuando en la estocada de -muerte el toro se para en el centro tirando derrotes, y lo desarma. En -este caso la cogida es casi inevitable, pero sí se puede hacer que no -llegue este lance con solo cuidar de componerle la cabeza.</p> - -<p>Asi como los caballos, tienen los toros algunas veces un brazo ó una -pierna mas fuerte, y un lado de mas vigor por donde cogen mejor: el -torero debe observar todo esto para combinar la suerte del modo mas -seguro.</p> - -<p>Tambien deben los toreros tener presente, y los de á caballo con -particularidad, que cuando los toros echan tierra y escarban tardan en -arrancar, y generalmente no lo hacen hasta nuevo cite, ó hasta que los -obligan de nuevo; tambien es constante que antes de arrancar vuelven de -pronto y enderezan las orejas y hacen una grande inspiracion, que se -conoce en lo que hinchan el ijar.</p> - -<p>Otra advertencia importante es que cuando se trata de <i>abrir</i> el toro, -esto es, desviarlo un poco de las tablas para hacer suerte con él, se -deben dar los capotazos por dentro para que el toro dé una vuelta, cuyo -remate es sobre el terreno de afuera, y quede en disposicion de hacer -suerte. Cuando por el contrario está muy desviado y se trata de -<i>cerrarlo</i> un poco, los capotazos se darán de fuera á dentro.<span class="pagenum"><a name="page_220" id="page_220">{220}</a></span></p> - -<p>Se puede muy bien considerar en los toros dos acciones principales, á -saber, <i>la ofensiva</i> y <i>la defensiva</i>: se entiende por accion ofensiva -todo movimiento del toro cuyo objeto es apoderarse del bulto, cogerlo, -destrozarlo; y por accion defensiva, aquella con que intenta evadir las -suertes, y evitar el daño que en ellas esperimentó ya. En la primera de -estas acciones se comprenden <i>las arrancadas</i>, <i>la humillacion</i>, <i>el -achazo</i> &c.; y en la segunda <i>el taparse</i>, <i>vaciarse de los centros</i> &c. -&c.</p> - -<p>La <i>accion ofensiva</i> es mas propia de los toros bravos y boyantes, y la -demuestran en la mas pequeña cosa; asi es, por ejemplo, que estos toros -cuando van siguiendo á un peon y se les escapa por un burladero se -quedan cornándolo con corage, que es á lo que se llama en el toro -<i>rematar</i>: la <i>accion defensiva</i> por el contrario es mas inherente á los -toros abantos, y mas particularmente á los de sentido, que parece muchas -veces que la saben hacer servir tan bien como medio de ofender.</p> - -<p>Como no todos los toreros son tan diestros que puedan estar seguros de -ser jamas cogidos, diremos algo que pueda serles útil en el caso de -esperimentar esta desgracia.</p> - -<p>Es muy frecuente la cogida, por ser el toro superior en pies al diestro -que lo va corriendo, y que no lo hizo con las precauciones que dijimos -en su lugar. En este caso,<span class="pagenum"><a name="page_221" id="page_221">{221}</a></span> vista ya la imposibilidad de sacar ventaja -por piernas, se detiene un poco la carrera, y se vuelve la cara para ver -llegar al toro, y en el momento que humilla dejarse caer de pronto al -suelo, de modo que la cornada es en el aire, y lo mas que puede el -diestro sufrir es por algun pezuñazo, aunque generalmente en este caso -rebrinca y salva todo el bulto. Tampoco es frecuente que vuelva el toro; -pero si por una rareza sucediere, deberá el diestro al verlo venir, ó -bien levantar y menear las piernas para que se distraiga con ellas y -deje el cuerpo, ó bien cuando vaya á humillar para recogerlo rodarse, -digámoslo asi, hácia sus piernas, para asegurarse á una, y que no le -pueda cornear: tambien si se puede debe cogerle un piton, y asirse -fuertemente á él.</p> - -<p>Los banderilleros cuando por haber hecho una salida falsa se ven en este -caso, tienen la ventaja de poder hacer uso de las banderillas, y -clavarlas en el hocico al toro, con lo cual siempre rebrinca y se va.</p> - -<p>Tambien los matadores cuando son arrollados pueden hacer uso de la -espada, y aunque sea matar al toro hiriéndole en el pecho, pues antes -que todo es la vida de un hombre.</p> - -<p>Los toreros que presencien estos fatales accidentes, lejos de ser -pasivos espectadores, y mirarlos con una execrable indiferencia, deben -prodigar cuantos auxilios esten de su par<span class="pagenum"><a name="page_222" id="page_222">{222}</a></span>te, pero sin atolondramiento y -confusion, bien persuadidos de que un capote bien echado hace del toro -lo que se quiere, y muchos mal dirigidos nada sirven, no siendo pocas -las veces que por este desorden y torpeza si se liberta una cogida es á -costa de otra.</p> - -<h3>CAPITULO XVI.<br /><br /> -<i>Modo de cachetar.</i></h3> - -<p><span class="letra">E</span>l acachetar ó dar la puntilla á los toros es un feliz descubrimiento, y -cuya utilidad en la plaza es bastante manifiesta.</p> - -<p>La mayor parte de los toros tardarian un tiempo considerable en acabarse -de morir con sola la estocada, y el cual espacio se deberia pasar en -blanco esperando con impaciencia y disgusto el último momento de la -fiera, á no ser que un gollete que inundaria la plaza abreviara su -existencia.</p> - -<p>Con el objeto, pues, de evitar estos disgustos al espectador, se hace -uso del cachetero, el cual instrumento consiste en un cilindro de acero -de una pulgada de diámetro y una tercia de largo, cuya estremidad -concluye en una especie de lancita, y la opuesta tiene su -correspondiente agarradero de madera. Estando ya echado el toro, y el -matador delante con la muleta muy inmediata á él y fija para que no -menee la cabeza, se irá por<span class="pagenum"><a name="page_223" id="page_223">{223}</a></span> detras el que haya de acachetarlo, y de un -golpe le introducirá la puntilla por el sitio del testuz que corresponde -á la parte media, y á pocas pulgadas de distancia de la raiz de los -cuernos, con lo que va á cortar la médula, estinguiendo asi la vida con -la misma velocidad que la estingue un rayo.</p> - -<h3>CAPITULO XVII.<br /><br /> -<i>Modo de desgarretar.</i></h3> - -<p><span class="letra">C</span>uando no hay medio de hacer morir al toro por el orden regular que se -lleva en las plazas, se manda sacar el asta ó media luna para -desgarretarlo.</p> - -<p>Este instrumento consiste en un cuarto de círculo de acero cortante en -su borde cóncavo, y por el convexo unido á un palo igual al de las varas -de detener.</p> - -<p>El uso que se hace de él se limita á cortar los tendones de las piernas, -con lo cual el toro cae, y puede ser muerto como se quiera.</p> - -<p>Esta operacion es muy desagradable, y sería de desear que se desterrara -de las plazas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_224" id="page_224">{224}</a></span></p> - -<h2><a name="PARTE_SEGUNDA" id="PARTE_SEGUNDA"></a> PARTE SEGUNDA.<br /><br /> -<i>ARTE DE TOREAR Á CABALLO.</i></h2> - -<h3>CAPITULO PRIMERO.<br /><br /> -<i>De las cualidades que debe tener el torero de á caballo.</i></h3> - -<p><span class="letra">S</span>i hemos visto que es indispensable para ser torero de á pie reunir -ciertas cualidades, y saberlas arreglar de modo que se saque de ellas el -partido que se necesita, para torear á caballo son necesarias otras, sin -las cuales no se dará un paso acertado y seguro.</p> - -<p>El torero de á caballo debe tener <i>valor, un físico doble y robusto, un -perfecto conocimiento del arte</i>, y ser ademas <i>ginete consumado</i>.</p> - -<p>Todo lo que hemos dicho del <i>valor</i> con relacion á los, toreros de á -pie, debe entenderse para los de á caballo, y asi remitimos al lector al -capítulo primero de la primera parte, en que hallará cuanto corresponde -al asunto.<span class="pagenum"><a name="page_225" id="page_225">{225}</a></span></p> - -<p>Debe ademas el torero de á caballo ser forzudo, porque si bien para las -suertes de á pie se necesita mas ligereza que fuerza, para las de á -caballo es indispensable esta, y con tanta mas razon en el dia, que solo -se usa de la vara de detener. Cuando hablemos luego de las suertes en -particular, se verá las ventajas que saca en todas ellas un picador de -fuerzas, y que estas no solo le sirven para contrarestar las del toro, -sino tambien para habérselas con el caballo, principalmente cuando se -hallan los dos en el suelo.</p> - -<p>Asi es que por muy ginete que sea el diestro, y por mucho conocimiento y -valor que tuviere, no podrá, careciendo de la fuerza, resistir el -encontronazo, ni mucho menos despedir al toro por la cabeza del caballo, -y no hará suerte en que no tenga que sufrir una cogida de mas ó menos -consideracion. Ademas, que como los toros se consienten siempre que dan -cogidas, y se crecen al palo cuando no encuentran castigo, se le -presentará como bravos y pegajosos una gran parte de ellos, que si -hubieran sentido bien el hierro, hubieran bajado la cabeza y se hubieran -hecho blandos y aun cobardes. Llevará por tanto un sin número de -porrazos, de que al cabo vendrá á ser víctima, y jamas habrá podido -hacer alarde de las buenas cualidades que por otra parte lo adornaban. -Yo conozco muchos que se hallan en este caso, y que no son es<span class="pagenum"><a name="page_226" id="page_226">{226}</a></span>timados, -porque ademas de no lucir su trabajo por la falta de poder, matan muchos -caballos, y perjudican á los compañeros por consentir los toros; y por -el contrario conozco algunos otros que no siendo tan diestros, tienen -bastante opinion únicamente por el mucho brazo y el mucho castigo que -dan á las reses. Si, como yo deseo, se introdujese otro arreglo en las -corridas de toros, y los toreros de á caballo hicieran algunas otras -suertes en que la destreza, el conocimiento y el valor tuviesen la -principal parte, y la fuerza jugara apenas papel, tendríamos mas toreros -hábiles y mas motivos de diversion.</p> - -<p>Las frecuentes caidas que dan ademas los picadores, y la clase de ropa -que llevan de medio cuerpo abajo, exigen de su parte un físico reforzado -para resistirlas mas, sostener la otra, y manejarse con alguna facilidad -cuando se hallen en tierra.</p> - -<p>Advierto con respecto á los toreros de á caballo una fatalidad que no -puedo menos de patentizar aqui, que es su lugar oportuno, y encarecer -con las mayores veras su remedio: generalmente hablando los picadores no -tienen el conocimiento que deben de su profesion, y esta es la fatalidad -de que me quejo. Tenemos, es indudable, diestros de á caballo que no -tienen que envidiar á los Laureanos, Corchados, Perez &c., y vemos con -satisfaccion que no faltan picadores jóvenes<span class="pagenum"><a name="page_227" id="page_227">{227}</a></span> que nos aseguren -reemplazar con ventajas quizás á los que actualmente se conocen como los -mejores. Esto no obstante, vemos diariamente salir á picar hombres con -muy buenas proporciones, pero sin mas conocimiento que el que han -adquirido en el campo derribando reses, y sin otra práctica de tomar por -delante, que la de haber dado algunos puyazos en las tientas á becerros -herales ó utreros. Por brillante que sea la disposicion de estos, por -mucha que sea su aplicacion, y por muy decidida que sea su aficion, se -pasará mucho tiempo antes que posean el conocimiento del arte -indispensable para torear con seguridad, y los aficionados é -inteligentes no podrán menos que estar disgustados presenciando un -aprendizage, y viendo que los toreros de á pie tienen á cada momento que -estar diciendo al picador lo que debe hacer, y dónde debe ponerse. Yo -bien sé que los picadores no tienen sino muy rara ocasion de tomar por -delante, y por tanto que en las plazas es donde únicamente pueden -soltarse y adquirir la práctica, por lo cual debe haber esta tolerancia -de parte del público; pero tambien sé que pudieran cuando llegan á -presentarse en el cerco venir adornados del conocimiento de los toros, -de las suertes, y en fin, de cuanto el arte encierra en sí, y que solo -les faltase la práctica, que en este caso la adquiririan muy<span class="pagenum"><a name="page_228" id="page_228">{228}</a></span> pronto. No -cesaré, pues, de encarecer la necesidad que tiene el diestro del -conocimiento del arte, sin el cual no debe aventurarse á salir á la -plaza, so pena de esperimentar un noviciado peligroso y lleno de azares.</p> - -<p>Pocas ventajas sacaria el picador que reuniese los requisitos -antecedentes, si le faltase el de ser ginete consumado. Digo ginete -consumado, porque de nada sirve saberse tener en el caballo y agarrarse -bien á la silla; esto basta únicamente para no caerse, pero para picar -es necesario ademas de una muy buena mano izquierda, y de tener mucha -fuerza en las rodillas, penetrar las intenciones del caballo, dominarlo, -conocer si está incómodo, cuál puede ser la causa, y si es el brazo, -ponérselo mas ó menos suave, segun lo requiera: es menester tambien que -sepa hacerlo girar, ya sobre las manos, ya sobre las piernas, segun la -necesidad que haya de ello, como asimismo de hacerlo andar hácia atras y -á los costados, sirviéndose para todo esto tanto de la mano como de la -espuela, y usando de todas las ayudas con el debido conocimiento, y solo -cuando el caso lo exigiese, pues de lo contrario se exaspera el caballo -y se pone en defensa, lo cual es espuestísimo delante del toro. Baste -pues lo dicho, y el considerar que el picador tiene que montarse y salir -á picar en caballos que no conoce, y que acaso no han servido para -montar hasta entonces,<span class="pagenum"><a name="page_229" id="page_229">{229}</a></span> para convencerse de lo indispensable que le es -ser ginete consumado.</p> - -<h3>CAPITULO II.<br /><br /> -<i>Del modo de dividir los toros para la suerte de picar.</i></h3> - -<p><span class="letra">C</span>uando en la primera parte de esta obra dividimos los toros en seis -clases, nos desentendimos del toreo de á caballo, y al de á pie fue al -que arreglamos y referimos aquella clasificacion. Pero como en el de á -caballo sucede que un toro que se ciñe, por ejemplo, y otro de sentido -se deben lidiar de un mismo modo, siendo tan diferente el de torearlos á -pie, de aqui procede la necesidad de hacer una nueva division para el -toro de á caballo, cuyo fundamento se tome de las buenas ó malas -proporciones que tengan para las suertes de la vara, asi como la base de -la clasificacion que hicimos en el toreo de á pie se tomó tambien de la -mayor ó menor idoneidad que para esta clase de suerte presentaban los -toros.</p> - -<p>Los autores que he consultado acerca de este ramo del arte de torear no -han hecho mas que una division de los toros, y de ahí la oscuridad que -reina en la esplicacion de las suertes de á caballo, y la confusion en -que no puede menos de caer el lector.<span class="pagenum"><a name="page_230" id="page_230">{230}</a></span></p> - -<p>La suerte de picar, como todas las que se hacen desde el caballo, tiene -sin duda muchos puntos de contacto con las de á pie; pero necesita un -modo nuevo de considerar los toros que se refiera á ella misma, y esto -es lo que voy á ejecutar; pero como soy el primero que establece esta -nueva division, y es mas probable que resulte defectuosa, deseo que se -atienda solo á mi buena intencion, y á la necesidad que de ella tiene el -arte, únicos motivos que me obligan á proponerla.</p> - -<p>Cuatro son las grandes clases en que me parece pueden dividirse los -toros con relacion á las suertes de la vara de detener, á saber: -<i>boyantes</i>, <i>pegajosos</i>, <i>que recargan</i>, y <i>abantos</i>. Asignémosle á cada -clase los caractéres que la dan á conocer, y sirven para distinguirla de -las demas.</p> - -<p>Los toros <i>boyantes</i> son aquellos que aunque muy bravos, toman su -terreno conforme se lo muestra el picador, y que por consiguiente jamas -darán cogida al que sepa torearlos como se debe. No obstante, si el -diestro no tiene los requisitos que hemos visto necesita para torear -bien, y se tarda en manifestárseles su terreno, le podrán dar cogida. -Estos toros pueden ser ademas de <i>boyantes</i>, <i>blandos</i>, esto es, que se -duelen mucho del castigo y no arrempujan: el picador lo conoce en que en -el encontronazo no hacen fuerza, y generalmente á la salida de la -suerte<span class="pagenum"><a name="page_231" id="page_231">{231}</a></span> tiran coces á los estribos, y salen con el cuello torcido; estos -toros son muy faciles de picar.</p> - -<p>Tambien puede un toro ser <i>boyante</i> y <i>duro</i>; quiero decir con esta -espresion, que no se sienta del castigo: estos toros no dan las coces -que los otros, ni salen con el pescuezo torcido, y en el encontronazo -hacen bastante fuerza.</p> - -<p>Llamo toros <i>pegajosos</i> á los que aun cuando tengan libre la salida no -la toman, sino que se quedan en el centro tirando cabezadas á ver si -pueden llegar al bulto, y cuando desarman al picador y lo consiguen, -cuesta mucho trabajo hacer que lo dejen. Estos toros son siempre -<i>duros</i>, esto es, que no les hace mella el castigo, y si el picador no -tiene mucho poder no se libra de la cogida.</p> - -<p>Los toros que <i>recargan</i> son aquellos que llegan á la vara, y asi que la -sienten se apartan del centro como para tomar su terreno, pero que -conforme se les quita del morrillo para rematar la suerte arrancan con -prontitud y dan la cogida. Estos son los que deben torearse con mas -cuidado, y mucho mas cuando generalmente se cuelan sueltos en el -recargo, y apoderados una vez del bulto son tan codiciosos como los -pegajosos.</p> - -<p>Los toros <i>abantos</i> para la pica son aquellos que se quedan cerniendo -delante del bulto, y no llegan muchas veces á tomarla, si no que se -escupen fuera, mientras que otras la<span class="pagenum"><a name="page_232" id="page_232">{232}</a></span> toman y empiezan á tirar derrotes -para desarmar, pero sin hacer fuerza, de suerte que el encontronazo es -leve; mas sin embargo se necesita ser muy diestro y tener buen brazo -para que el contínuo movimiento que hacen de un lado para otro mientras -sienten la puya no desarme al picador.</p> - -<p>Estos toros, como luego veremos hablando de las suertes, deben torearse -con precaucion, pues que su misma cobardía les hace aparecer con algunas -anomalías que exigen cuidado y atencion. Es casi inútil decir que jamas -sale uno duro.</p> - -<h3>CAPITULO III.<br /><br /> -<i>En que se dan algunas nociones preliminares á la suerte de picar.</i></h3> - -<p><span class="letra">S</span>ería una impertinente repeticion tratar en esta segunda parte del arte -de torear de las querencias de los toros, de los tres estados que se les -advierte en la plaza, y de otras menudencias que quedan ya espuestas y -desenvueltas con la estension que merecen en la parte que corresponde al -toreo de á pie.</p> - -<p>Asi es que suponiendo, como es natural, conocidas ya estas nociones -indispensables, podríamos pasar á esplicar las suertes de á caballo -refiriéndonos á ellas en nuestra espli<span class="pagenum"><a name="page_233" id="page_233">{233}</a></span>cacion; pero aun cuando es verdad -que casi todas las generalidades del toreo de á pie convienen -exactamente al de á caballo, tambien lo es que para este debemos hacer -algunas previas advertencias que sirvan de base particular á la -esplicacion de las suertes.</p> - -<p>Lo primero de que debemos hablar es de la division de los terrenos. Es -bastante dificil á la verdad fijar el terreno del toro y el del diestro -en la suerte de picar, pues siendo muy diferentes las posiciones en que -se ejecuta, apenas se encuentran reglas que los marquen con fijeza. No -obstante, hay una que las mas veces nos los presentará: esta, pues, nos -dice que el terreno del toro es generalmente el de la izquierda del -picador, y su entrada en él por delante de la cabeza del caballo; el del -diestro no es precisamente el de su derecha, sino aquel por donde -atendiendo á la clase de toro que va á picar, deje mas pronto -descubierta la salida, la cual debe procurar siempre que sea buscando -los cuartos traseros del toro.</p> - -<p>Vemos, pues, que en estas suertes no está bien marcada la division, y -que no es uno constantemente el terreno del diestro ni el del toro, -mientras que en las de á pie estan perfectamente divididos, de lo que -resulta en mucha parte la mayor perfeccion que ha adquirido aquel ramo -del arte de torear con respecto al que nos ocupa.<span class="pagenum"><a name="page_234" id="page_234">{234}</a></span></p> - -<p>La necesidad, pues, que tiene el torero de conocer en cada suerte cuál -es su terreno y cuál el del toro, es la que nos ha obligado á insistir -sobre la materia, y la que en lo sucesivo nos hará detener en cada -suerte sobre el particular.</p> - -<p>Por variadas que sean las suertes de picar, tienen todas de comun una -multitud de circunstancias, y las diferencias que las dividen en clases -se toman únicamente de los accesorios, digamos asi, mientras que todo lo -esencial, lo que se verifica en el centro, es igual, por lo que daremos -algunas aclaraciones que faciliten su inteligencia.</p> - -<p>El mérito de la suerte de picar consiste principalmente en que el toro -no llegue al caballo, y lo hiera ó lo mate; y esto, como se ve -claramente, necesita no solo habilidad, sino la fuerza competente. De -aqui tambien se deduce que á los toros pegajosos que reunan mucho poder -en la cabeza, y que sean secos metiendo, no habrá hombre en el mundo que -con la vara de detener los mantenga desviados y les dé la salida, por lo -que muchos picadores diestros en este caso hacian lo que se conoce con -el nombre de picar á <i>caballo levantado</i>, único medio de evitar la -cogida; esto, que tiene sin duda mas mérito artístico que dejarse caer -al suelo por el toro, y que solo pueden hacerlo los que sean muy -ginetes, y con ciertos caballos, es no obs<span class="pagenum"><a name="page_235" id="page_235">{235}</a></span>tante recibido con disgusto -por algunos.</p> - -<p>Asi es que cualquiera que sea la suerte que se esté ejecutando, debe el -diestro conducirse asi: citar al toro, dejarlo llegar á la vara sin -mover el caballo, y conforme llegue á jurisdiccion y humille, ponerle la -puya, cargarse sobre el palo, y despedirlo, si puede, en el encontronazo -por la cabeza del caballo, que hasta ahora no debe haberse movido, pero -que conforme está el toro en disposicion de tomar su terreno, se le hace -girar por la izquierda, y se sale con pies. Con respecto á la salida del -diestro hay infinitas variaciones, que marcaremos conforme vayamos -esplicando las suertes en que tienen lugar.</p> - -<p>Este modo de picar, que llaman <i>sin perder tierra</i>, es el que gusta, y -efectivamente es muy bonito, pero á mi parecer no debe ejecutarse sino -con los toros que veremos luego rempujan poco en el encontronazo, pues -con los demas es inevitable la cogida. Esto es lo que constituye -esencialmente la suerte de picar; sin embargo, hay varios modos de -ejecutarla, que aun cuando convienen en casi todo lo que hemos dicho -arriba, tienen no obstante algunas diferencias, que bastan para hacer -clases que deben ser conocidas con particularidad.</p> - -<p>Por tanto, vamos á dar una circunstanciada esplicacion de ellas en sus -correspondientes capítulos.<span class="pagenum"><a name="page_236" id="page_236">{236}</a></span></p> - -<h3>CAPITULO IV.<br /><br /> -<i>Suerte de picar al toro levantado.</i></h3> - -<p><span class="letra">E</span>sta suerte es la primera que se hace en las plazas, y aun cuando sus -proporciones son poco ventajosas, tiene bastante buen resultado, por la -particularidad de hacerla siempre al toro cuando viene levantado, pues -sabemos lo sencillo que está en este caso.</p> - -<p>Para verificarla, suponiendo que la res es boyante, y que es el primer -puyazo al salir del toril, se situará el diestro á la izquierda del -chiquero, á unas diez varas de distancia de él, y unas tres ó cuatro de -las tablas, hácia las cuales viene por consiguiente á quedar el lado de -la garrocha, y esta vuelta, que es la de la derecha, es la que siempre -tiene que llevar el picador en la plaza. Generalmente se sitúan mas -cerca, tanto del toril como de las tablas; pero esto es muy mal hecho, -en razon á que si el toro, como es muy frecuente, sale con todas las -piernas hácia aquella parte, puede no dar tiempo al picador para -armarse, y colársele suelto, la cual cogida es muy desairada y espuesta. -Tiene ademas la contra de que si sale muy pegado á las tablas, que es lo -que se llama <i>trocado</i>, no hay ni sitio para enmendarse, ni tiempo para -salirse de la suerte, y la cogida es inevitable: por<span class="pagenum"><a name="page_237" id="page_237">{237}</a></span> tanto, se tendrá -un especial cuidado en situarse como se ha dicho, si se quiere salir con -lucimiento.</p> - -<p>Puesto ya el diestro en el parage que hemos determinado, esperará la -salida del toro, y conforme haga por él se armará, y cuando llegue á -jurisdiccion y á la vara se cargará sobre el palo, sesgará el caballo, y -mostrará al toro su terreno, el cual lo tomará al momento, sin precisar -al picador á salir con pies.</p> - -<p>Por la anterior esplicacion se ve qué facil es esta suerte con los toros -boyantes, y se puede inferir que lo será tambien con los demas, por -tomarlos siempre levantados. Sin embargo, debemos hacer algunas -advertencias.</p> - -<p>Con los toros pegajosos es necesario no solo no dejarlos llegar mucho, -sino hacer el encontronazo mas violento, cargándose con toda la fuerza -posible sobre el palo, á fin de hacerles bajar la cabeza, el cual -momento se aprovecha para sesgar el caballo mucho, á fin de que teniendo -bien manifiesta la salida, y sintiendo el castigo, la tomen, y den buen -remate.</p> - -<p>Muchas veces sucede que aun cuando el picador haya llegado á despedirlos -casi hasta su terreno, no lo toman, sino que se quedan todavía -rempujando: en este caso se endereza un poco el caballo, y se le meten -las<span class="pagenum"><a name="page_238" id="page_238">{238}</a></span> piernas para salir del centro, y no haya miedo de que el toro se -revuelva.</p> - -<p>Con los toros <i>que recargan</i> se necesita bastante cuidado; por tanto, se -les hará la suerte como á los pegajosos, pero si cuando se apartan del -centro no es lo suficiente para que el picador salga con piernas sin -recelar le dé alcance, no se intentará la salida, sino se volverá un -poco el caballo, y se permanecerá armado, para que al recargo no cuelen -sueltos, lo cual es muy perjudicial. Algunas veces dan lugar á salir, -pero siguen tras el bulto: esto es muy temible, porque si lo alcanzan en -la carrera y dan la cogida, puede ser malísima, por lo violenta que es -la caida.</p> - -<p>Lo que se debe hacer siempre que se salga de la suerte con el toro -detras es irlo observando, y si se puede picar para que se vaya, -hacerlo; pero si esto no es posible se pondrá la vara por detras del -caballo para que el toro se entretenga con ella, y no pueda alcanzarlo.</p> - -<p>Los toros <i>abantos</i> deben torearse con precaucion por los contrastes en -que pone su miedo al diestro. Asi es que conforme vea venir uno de estos -conocerá si trae la vista en él para hacer la suerte, y si viene bien le -cerrará un poco la salida para que sea mas ceñida, pues si no apenas -siente el pinchazo se irá, por lo que tambien se dejará llegar mu<span class="pagenum"><a name="page_239" id="page_239">{239}</a></span>cho. -El remate es segurísimo, y puede el diestro á su placer anticiparlo ó -retardarlo. Una de las cosas en que se debe poner mucho cuidado con -estos toros es en que no se cuelen sueltos, como es muy facil que -suceda, si cuando se quedan cerniendo delante de la vara se adelanta el -pinchazo: esto no debe hacerse jamas, pues con tener bien hecho el punto -de vista, y no desviar de él la puya, se está en defensa para si -intentan colarse.</p> - -<p>Tambien se necesita cuidar de que no desarmen luego que sienten la puya, -pues si lo consiguen recargan por estar irritados, y dan una cogida: -esto se evita con cargarse bien sobre el palo, y hacer la fuerza -directamente hácia bajo, con lo que el castigo le hace bajar la cabeza, -y como son siempre blandos, salirse de la suerte por donde primero se -les presenta. Asi es que muchas veces rematan sobre los cuartos traseros -del caballo, y buscan por alli la huida: en este caso deberá tenerse -cuidado de sacar el caballo para que tengan tierra por donde huir, pues -de lo contrario pueden dar una cogida.</p> - -<p>Esta suerte no vuelve á verificarse cuando se llega el toro á parar si -no por una casualidad, como por ejemplo, cuando viene castigado de otro -picador, ó cuando lo viene corriendo algun peon. Los toros bravos y -secos casi nunca pueden picarse asi, porque no se mantienen levantados -mucho tiempo.<span class="pagenum"><a name="page_240" id="page_240">{240}</a></span></p> - -<p>En toda suerte de picar es un precepto dar mucho palo á los toros cuando -estan sin piernas, y muy poco cuando las tienen: por tanto, en esta, que -solo tiene lugar cuando estan levantados, se les deberá dar muy poco.</p> - -<h3>CAPITULO V.<br /><br /> -<i>Suerte de picar al toro en su rectitud.</i></h3> - -<p><span class="letra">E</span>sta suerte no se empieza á hacer hasta que los toros comienzan á -pararse, y necesita ya mucha atencion. Sus proporciones son casi las -mismas que las de la anterior, pero es mucho mas dificil rematarla bien, -porque los toros tienen mucha mas codicia cuando se les hace que cuando -estaban levantados.</p> - -<p>Vamos á dar su esplicacion, tomando por tipo de ella el modo como se -hace á los boyantes.</p> - -<p>La situacion del toro puede ser ó bien mirando directamente á las -tablas, y con las nalgas hácia el mismo centro de la plaza, ó bien un -poco oblicuo, pero siempre desviado de las barreras el espacio que -cuando menos sea necesario para revolver el caballo. El picador deberá -ponérsele delante, y enteramente en su rectitud, pero con el cuidado de -conservar siempre la distancia con arreglo á las piernas que le observe. -Situado asi, debe el picador citarlo, y dejarlo venir hasta que llegue á -la<span class="pagenum"><a name="page_241" id="page_241">{241}</a></span> vara, y asi que haya hecho la humillacion y la haya tomado se -cargará sobre el palo para que no llegue el toro á besar al caballo en -el encontronazo, y le mostrará su salida al mismo tiempo que sacará el -caballo por la izquierda, para hacerle dar la especie de vuelta que se -necesita para tomar el terreno que le corresponde.</p> - -<p>Si el toro conserva piernas, aunque sea de los que se duelen poco del -castigo, tomará su terreno en cuanto el picador se lo enseñe, por lo que -se podrá quedar quieto, en atencion á que los toros boyantes jamas -recargan si se les ha hecho bien la suerte.</p> - -<p>La de que hablamos necesita hacerse con mucho cuidado y precaucion, -aunque sea el toro sencillo, cuando se halle aplomado. Como una de las -cosas propias de este estado es carecer de piernas, ó al menos hacer de -ellas poco uso, de aqui resulta que se quedan en el centro de la suerte, -no porque hayan sufrido transformacion y se hayan hecho pegajosos, sino -porque les falta el poder para salir: de modo que para hacer un buen -remate se necesita darles mas palo para que el centro de la suerte sea -menos ceñido y la salida mas patente, como asimismo en el acto del -encontronazo vaciar el caballo un poco, con todo lo cual el toro se -encuentra castigado y metido en su terreno. La salida deberá hacerse con -pies, pues aunque el toro, como ya diji<span class="pagenum"><a name="page_242" id="page_242">{242}</a></span>mos antes, no recargará, suele -salir con mucha parsimonia, y á veces quedarse quieto en su terreno, y -si el picador tambien lo hace le falta una gran parte de lucimiento á la -suerte.</p> - -<p>Hemos ya visto que los toros boyantes se pican sin cuidado del modo que -se ha indicado, pero los pegajosos requieren mas precauciones.</p> - -<p>Situado el picador como dijimos para los boyantes, y á larga ó corta -distancia con mucho ó poco palo adelante, segun las piernas que advierta -al toro, lo citará, y conforme arranque irá abriendo y vaciando un poco -el caballo, para que cuando llegue á jurisdiccion se encuentre con su -terreno enteramente franco; si el picador conoce que no es muy seco -metiendo, y que puede echarlo fuera en el encontronazo sin que llegue á -besar, deberá hacerlo, y será una suerte muy lucida; pero si ve que no -es posible esto, entonces seguirá volviendo el caballo hasta tomar su -terreno propio, y le meterá las piernas para salir corriendo.</p> - -<p>Los pocos pies que tienen ya los toros en el estado de parados aseguran -al picador, y mucho mas con los que como estos no recargan.</p> - -<p>Hemos visto ya el modo de picar las dos primeras clases de toros de las -cuatro en que los hemos dividido, y siendo enteramente igual<span class="pagenum"><a name="page_243" id="page_243">{243}</a></span> el modo de -hacer la suerte que nos ocupa á los de la tercera, no nos detendremos en -su prolija esplicacion, sino que pasaremos á ver cómo debe ser el -remate, que es donde hay variaciones notables.</p> - -<p>Por tanto, despues de haber hecho todo conforme á las reglas -establecidas para los boyantes, si el toro se aparta del centro con -intencion de recargar, y se aleja lo suficiente para salirse sin tener -recelo de ser alcanzado, se debe hacer, pero suele suceder que sigue con -todos los pies tras el diestro, y si el caballo no tiene muchos darle -alcance: en este caso se sigue corriendo, y se vuelve el cuerpo lo -suficiente para ponerle la puya, con lo que regularmente ó se huye ó -detiene algo el viaje, y á poco que el diestro apresure el suyo se -concluye con felicidad.</p> - -<p>Es casi inevitable la cogida con estos toros cuando el caballo es muy -tardo en salir, pues entonces en el recargo primero lo alcanzan y se -cuelan sueltos; lo que debe hacer el picador que lleva debajo una bestia -de esta naturaleza es no intentar jamas salirse de la suerte, sino -cuando el toro se retira para recargar enmendarse lo que baste para -recibirlo segunda ó tercera vez, pues como generalmente no son duros en -el encontronazo, no llegan á besar; y por último, se salen de la suerte -dejando al diestro con mucho lucimiento.<span class="pagenum"><a name="page_244" id="page_244">{244}</a></span></p> - -<p>Los toros abantos rara vez hacen esta suerte, porque se salen de ella -cuanto el picador los empeña: si alguna vez llegan á efectuarla -hágaseles por las reglas dadas ya, pues no hay variacion notable que -hacer.</p> - -<h3>CAPITULO VI.<br /><br /> -<i>Del modo de picar al toro atravesado.</i></h3> - -<p><span class="letra">E</span>sta suerte solo debe hacerse á los toros aplomados cuando estan en -querencia, pues de otro modo es bastante espuesta. Se diferencia -esencialmente de las otras en que no se cita al toro teniendo el caballo -de cara á él, sino atravesado, esto es, presentándole el costado -derecho: en esta disposicion se le obliga mucho para que embista, y asi -que hace el encontronazo se le acercan bien las espuelas al caballo para -salir por delante de la cabeza del toro, que castigado y hallándose en -su querencia no hace por el bulto. Sin embargo, alguna vez, aunque muy -rara, suelen los que recargan salir detras: en este caso se conducirá el -picador como dijimos lo hiciera en la suerte anterior, teniendo la -ventaja en la que nos ocupa de hallarse el toro con muchas menos -piernas.</p> - -<p>La suerte que hemos esplicado se hace siempre del mismo modo, sea de la -clase que quiera el toro que se vaya á picar.<span class="pagenum"><a name="page_245" id="page_245">{245}</a></span></p> - -<h3>CAPITULO VII.<br /><br /> -<i>Del modo de picar á caballo levantado.</i></h3> - -<p><span class="letra">P</span>ara picar á caballo levantado se necesita no solo mucha destreza, sino -tambien un caballo de buena boca, y bastante avisado.</p> - -<p>Este modo de picar es enteramente diferente de los demas, y consiste en -dejar llegar al toro á la vara, terciando un poco el caballo hácia la -izquierda, y conforme esté aquel en el centro, en vez de despedirlo del -encontronazo, dejarlo seguir hácia el brazuelo del caballo, que en este -tiempo se habrá alzado de manos, y echándose hácia á la derecha buscando -los cuartos traseros del toro, y saliendo con pies. La cogida no puede -jamas verificarse en esta suerte en haciéndola á tiempo, pues que cuando -el toro está humillando para meterse debajo del caballo, lo libra éste -en virtud del movimiento, que hace sobre las piernas.</p> - -<p>Esta suerte, como se ve por su esplicacion, es sumamente bonita, pero -muy dificil, y tiene un mérito particular. El famoso Luis Corchado era -sobresaliente practicándola, y el desgraciado Pablo de la Cruz, muerto -de un tiro que le disparó un malhechor en el camino de San Lúcar de -Barrameda, su patria, era tambien aventajado ejecutándola.<span class="pagenum"><a name="page_246" id="page_246">{246}</a></span></p> - -<p>Sus proporciones son tan buenas, que sea el toro boyante, pegajoso, que -recargue, ó abanto, se hace del mismo modo y se remata con la misma -facilidad.</p> - -<h3>CAPITULO VIII.<br /><br /> -<i>De la suerte del señor Zaonero.</i></h3> - -<p><span class="letra">H</span>emos por fin llegado á la suerte de picar cuyos principios estan -perfectamente conformes con los que sirven de base al toreo de á pie. -Hasta ahora, todas las que llevamos esplicadas tienen algo de violento, -y si esceptuamos la anterior, llegan á ponerse de tal modo, que no hay -medio de evitar la cogida. Esta es la razon porque mueren tantos -caballos cuando los toros son pegajosos, y porque los picadores ponen -tantas veces mal de su grado las costillas en el suelo.</p> - -<p>Para verificar esta suerte se espera á que el toro esté en la misma -disposicion que dijimos debia hallarse para la verónica con la capa, -pero deberá ser el costado derecho el que tenga el terreno de adentro, -para que cuando el diestro se ponga en suerte, que será del mismo modo -que dijimos se debia poner el peon para capear, quede con la vara hácia -el de afuera. Situados asi perfectamente en la rectitud como se dijo -para la capa, y guardando la distancia que las piernas del<span class="pagenum"><a name="page_247" id="page_247">{247}</a></span> toro -indiquen, se le cita, y conforme llega á jurisdiccion y humille, se le -pone la vara, se carga un poco el cuerpo sobre el palo, y se mete el -caballo en el terreno de adentro, con todo lo cual el toro, que se halla -castigado y con su terreno franco y á la vista, lo toma y sigue con pies -sin obligar á que el diestro haga uso de los del caballo. He descrito la -suerte ni mas ni menos que como se hace con los toros boyantes; vamos á -ver si con los demas es tan segura y sencilla.</p> - -<p>Los toros pegajosos son buenísimos para esta suerte; se les hace del -mismo modo, con la sola diferencia de meter algo mas el caballo en el -terreno de adentro y con mas prontitud, con lo cual se hallan despedidos -y castigados en el encontronazo y sin el bulto delante, de manera que no -tienen otro remedio ya que seguir su viaje, y el picador tampoco tiene -precision de salir con pies.</p> - -<p>Los toros que recargan, que son tan dificiles de lidiar en las suertes -anteriores, y que con tanta frecuencia dan cogidas en los remates, se -torean con la mayor facilidad y segurísimamente haciéndoles la de que -hablamos como se dijo para los boyantes, sin otra diferencia mas, si no -que despues de partidos los terrenos, en vez de pararse y dejar ir al -toro, se debe salir con todos los pies para evitar el recargo. Haciendo -la suerte de esta manera, cuando el toro se vuelva para re<span class="pagenum"><a name="page_248" id="page_248">{248}</a></span>cargar está -el diestro apartado veinte varas, y si quisiera hacer por él, la -delantera que lleva, y la superioridad que tiene un caballo sobre un -toro en la carrera, le asegura no ser alcanzado.</p> - -<p>Los toros abantos dan poco que recelar en esta suerte, la cual no sufre -alteracion particular para ejecutarse con ellos.</p> - -<p>Por la esplicacion que acabamos de dar de la suerte del señor Zaonero se -ve que tiene una multitud de semejanzas con las suertes de á pie, pero -muy particularmente con la verónica.</p> - -<p>En ella estan divididos los terrenos del mismo modo que en esta, y se -guarda igualmente la distancia que marquen las piernas del toro; se le -cita en su rectitud, se le deja tambien venir por su terreno, y asi que -llega á jurisdiccion y humilla se le hace la suerte y toma cada cual su -terreno respectivo: con mucha razon, pues, la llamaria yo la <i>verónica -de picar</i>.</p> - -<p>La semejanza de estas suertes nos obliga á detenernos algo sobre algunas -modificaciones que deben hacerse en la que nos ocupa relativas á las -diferentes clases de toros, segun la division hecha para el toreo de á -pie. En efecto, siendo en todo igual á la verónica con la capa, deberá -sufrir alguna variacion el modo de hacerse, segun que sea boyante, que -se ciñe &c., el toro con quien se ejecute.<span class="pagenum"><a name="page_249" id="page_249">{249}</a></span></p> - -<p>Partiendo, pues, del modo como se hace á los boyantes, que es el tipo de -la suerte, diremos que á los que se ciñen no hay que hacerles mas -variacion en cuanto al modo de recibirlos que la de sesgar un tanto el -caballo cuando lleguen á la vara, y darles el remate segun la clase á -que pertenezcan en la clasificacion para la pica.</p> - -<p>Los toros que ganan terreno pueden dar que hacer alguna vez por colarse -al de adentro; para evitar esto es indispensable situarse rigorosamente -en su rectitud y lo mas sobre corto posible, pero nunca menos de tres -varas, y hacerles en lo demas la suerte como á los que se ciñen. En -observando estos preceptos se conseguirá siempre buen remate; pero si se -desentienden, y se mete el toro en el terreno de adentro, es menester -hacerle la suerte de picar que hemos llamado en su rectitud, que como no -tiene las mejores proporciones, segun se ha visto, y hay ademas en este -caso la contra de hacerla en oposicion con los terrenos, suelen tener -muy buen éxito.</p> - -<p>Los toros de sentido, que tanto cuidado dan en las suertes de á pie, en -las de á caballo, y en especialidad en la que estamos esplicando, no dan -ninguno si no se les une ser pegajosos ó que recargan, pues muchas veces -son boyantes y aun abantos para la vara: de todos modos será bueno salir -con pies en el remate.<span class="pagenum"><a name="page_250" id="page_250">{250}</a></span></p> - -<p>Nos hemos detenido bastante en esta suerte para hacer manifestar sus -ventajas, y ver si en algun modo podemos contribuir á que se establezca -en las plazas: es una fatalidad grande que sea tan poderoso el influjo -del hábito en los picadores, que les impida hacer una reforma tan -ventajosa para ellos mismos.</p> - -<p>No faltará alguno que me diga que á pesar de lo ventajosa que parece la -suerte, como que todavía no se ha ejecutado, no podemos asegurar que su -éxito es cual suponemos, y aun quizás que me acuse de haber comprometido -en cierto modo la vida del que intentare practicarla animado por la -brillante perspectiva con que la he pintado. Pero esta objecion -careceria de fundamento, lo primero, porque estando los principios -fundamentales de la suerte en perfecta armonía con los ya conocidos como -ciertos y esperimentados como seguros, ó por mejor decir, siendo unos -mismos, no puede menos de corresponder la práctica con la teórica; lo -segundo, porque la esperiencia ha confirmado mil veces esta -correspondencia. ¿Qué aficionado no ha visto muchas veces salir un toro -trocado, y por no haber dado tiempo al picador para salirse de la suerte -tener este que recibirlo, que abrir el caballo para darle la salida por -el terreno de afuera y echar al toro por el de adentro? ¿Quién no ha -observado alguna vez ir el diestro á dar un puyazo en los medios<span class="pagenum"><a name="page_251" id="page_251">{251}</a></span> de la -plaza y tomar el toro para su salida el terreno de la derecha, -precisando al picador á seguir por el de la izquierda con opuesto viaje? -Diariamente somos testigos de estas suertes que el toro proporciona, y -cuyo éxito es feliz, á pesar de hacerse con los terrenos cambiados, sin -estar el diestro prevenido para hacerlas, y lo que es mas, sin tener ni -aun la idea mas remota de que se pueda poner en práctica. ¿Y estas -suertes son otra cosa que la que el señor Zaonero ha propuesto? -Ciertamente que no.</p> - -<h3>CAPITULO IX.<br /><br /> -<i>De algunas particularidades que deben saberse relativas á las suertes -de picar.</i></h3> - -<p><span class="letra">D</span>espues de haber espuesto las reglas que el picador debe observar en las -diferentes suertes de picar, deberemos hacer algunas advertencias que no -siendo peculiares de esta ó la otra suerte, sino aplicables á todas, -deben ocupar un lugar separado de aquellas.</p> - -<p>Los toros, como ya hemos insinuado en otra parte, sufren en la plaza -verdaderas transformaciones, que si son algo raras considerándolas con -relacion al toreo de á pie, son frecuentísimas con respecto al de á -caballo: no se verá si no muy rara vez picar un toro sin notársele -algunas anomalías cuando menos, por lo cual hay necesidad de darles -cier<span class="pagenum"><a name="page_252" id="page_252">{252}</a></span>tos nombres que las espliquen y las den á conocer.</p> - -<p>Hay muchos toros que en la salida muestran ser boyantes y hasta blandos, -y conforme sienten el hierro, en vez de bajar la cabeza se ponen mas -engallados, se ensoberbecen, y se conducen en adelante como pegajosos y -duros. Estos toros generalmente siguen ya siendo feroces y carniceros, y -deben dar mucho cuidado en las suertes. A esta transformacion se conoce -con la denominacion de <i>crecerse al palo</i>.</p> - -<p>Los toros pegajosos cuando tienen poco poder y dan con picadores de -fuerza que los castiguen mucho suelen echar mano de un ardid siempre -temible para el diestro, y es irse alejando poco á poco del bulto para -traer mas violencia, y de este modo llegan á dar la cogida, pues por -mucho poder que tenga el picador, y por poco que tuviera el toro, la -velocidad que tiene le hace multiplicar la fuerza con que choca en el -encontronazo, y no hay hombre que sea capaz de resistirlo. Esto se llama -<i>arrancar de largo</i>. Muchos toros lo suelen hacer desde el principio, y -tambien alguna vez rebrincan y alcanzan al diestro á caballo; esto es -muy espuesto, porque pueden en el resalto dar una cornada á cuerpo -limpio; el modo de evitarlo el picador es ver llegar al toro, y cuando -observe el resalto meterse en la cuna y que lo enfrontile, pues<span class="pagenum"><a name="page_253" id="page_253">{253}</a></span> la -cornada solo puede ser al subir, y luego aunque cabecee no puede hacer -daño, porque ya viene descendiendo, y en el aire no tiene punto de -apoyo, por lo cual no se siente la testarada.</p> - -<p>Los toros pegajosos cuando tienen poco poder y encuentran mucho castigo -suelen tambien mudar de condicion en bien, y es lo que se quiere -significar cuando se dice <i>cedió al palo</i>. Es verdad que por lo general -cuando encuentran otra vez poco castigo vuelven á mostrarse pegajosos.</p> - -<p>Cuando un toro llega á colarse alguna ver suelto, ó bien encuentra poca -oposicion y se apodera del bulto, se hace casi siempre pegajoso, y á -esto es á lo que se llama estar el toro <i>consentido</i>. No obstante, si -son en seguida bien castigados vuelven á ceder, pero si no cada vez se -hacen mas temibles.</p> - -<p>Hay algunos toros que aunque sean boyantes son de tanto poder y tan -duros que siempre alcanzan al caballo, y aunque en seguida tomen su -terreno por tenerlo ya libre, suelen dar la cornada, y generalmente en -el pecho ó al brazuelo del caballo. Esta clase de toros, aunque muy -sencillos y que jamas se pegan, matan muchos caballos; se esplica esta -especie de anomalías de ser el toro boyante y dar cogida diciendo que -<i>llegó siempre</i>.</p> - -<p>Tambien se dice que los toros llegan á <i>besar</i> cuando teniendo puesta la -puya van<span class="pagenum"><a name="page_254" id="page_254">{254}</a></span> poco á poco ganando sitio hasta tocar al caballo: esto es -propio de los pegajosos mas bien que de los demas, y se ve con mas -frecuencia cuando tienen pocas piernas, mientras que el <i>llegar</i> es casi -peculiar de los boyantes, particularmente cuando conservan aquellas.</p> - -<p>Los picadores deben solicitar salir siempre en caballos de su entera -confianza, procurando que sean avisados de la boca y prontos en todas -sus salidas, siendo ademas muy importante que tengan para no perder á -cada movimiento de los que hacen en la suerte la situacion que el -diestro desea guardar; esta condicion es muy apreciable, y la designan -los picadores diciendo <i>que se agarra bien á la tierra</i>. Antes de -ponerse en suerte deberá tambien el picador bajar el lomo al caballo -para poder manejarlo mejor; de otra manera le pueden suceder muchos -contratiempos. No es menos útil taparles los ojos, á lo menos el -derecho.</p> - -<p>Procurará el diestro no soltar la vara cuando puede serle útil, pues no -está bien visto; pero cuando ya no sea posible hacer uso de ella por lo -descompuesto que esté, y le estorbe para asegurarse, la dejará, y segun -la disposicion en que vea está el toro corneando al caballo, asi lo -gobernará para que no vaya á tierra, y para sacarlo si es posible de la -cabeza, por lo cual jamas debe abandonar la rienda.<span class="pagenum"><a name="page_255" id="page_255">{255}</a></span></p> - -<p>Tambien deben los picadores saberse conducir cuando se hallan en el -suelo, pues si no estarán muy espuestos. Lo primero que deben procurar -en la caida es no trocarse, esto es, no quedar con la cabeza hácia las -ancas del caballo y los pies hácia el cuello de este; esta clase de -caidas es malísima, porque no se puede manejar el caballo, se está -espuesto á recibir coces en la cara, y ademas á que se levante y deje el -diestro en el suelo á cuerpo descubierto. Tambien debe el picador cuando -se halle en tierra agarrar la rienda lo mas cerca que pueda de la boca -del caballo, para sujetarlo y cubrirse con él, como asimismo debe desde -el momento en que suelte la vara y tema caer poner bien los pies para no -quedar cocido á un estribo, y que el caballo si sale lo arrastre por la -plaza.</p> - -<p>En las caidas contra las barreras deberá procurar poner siempre un -costado para recibir en él el tablerazo, pues se siente mucho menos: -cuando se halle en el suelo y tenga al lado la vara, podrá hacer buen -uso de ella pinchándole al toro en el hocico para que se vaya. Procurará -ademas el picador poner al caballo entre él y el toro, y dirigirse hácia -el pescuezo mas bien que hácia el anca, pues el toro generalmente cornea -á lo mas voluminoso.</p> - -<p>No hay cosa mas desairada en los picadores, y que dé ademas indicios de -cobardía,<span class="pagenum"><a name="page_256" id="page_256">{256}</a></span> que agarrarse al <i>olivo</i> antes de tiempo: esto solo lo debe -hacer cuando ya se encuentra desarmado y con el caballo parado y casi -muerto, por seguir el toro corneándolo; de otro modo es muy deslucido.</p> - -<h3>CAPITULO X.<br /><br /> -<i>De algunas otras suertes de á caballo.</i></h3> - -<p><span class="letra">A</span>unque el principal objeto de esta obra es el dar á conocer las reglas -del arte <i>en plaza</i>, y por consiguiente solo debe comprender las suertes -que se hacen en ella, no obstante voy á dar una ligera noticia de -algunas otras que aun cuando no se hacen en el cerco, sin embargo se -pudieran verificar, y son de tanto lucimiento como cualquiera otra.</p> - -<p>Diremos, pues, cuatro palabras acerca del modo de acosar, de derribar y -de enlazar las reses desde el caballo.</p> - -<h4>ARTÍCULO PRIMERO.</h4> - -<p class="chead"><i>Del modo de acosar.</i></p> - -<p>Por bravas que sean las reses huyen por lo general en el campo cuando va -sobre ellas un hombre á caballo; de aqui la diversion de <i>acosar</i>, que -es muy bonita y nada espuesta.</p> - -<p>El modo de hacerlo en el campo es me<span class="pagenum"><a name="page_257" id="page_257">{257}</a></span>terse entre el ganado despues de -haber marcado la res que se quiere apartar, y empezar á seguirla entre -todas las otras, procurando que vaya saliéndose de la piara, y asi que -esté enteramente fuera de ella, ó en la misma circunferencia, irse -derecho hablándole y haciendo ademan de ofenderla, con lo que sale -huyendo, y se sigue detras, llevando siempre cuidado de interponerse -entre la piara, que es su querencia, para que continúe huyendo, pues si -la ve clara se dirige hacia ella como un rayo. Cuando le faltan ya las -piernas, ó cuando son reses de mucho corage, se suelen parar para -acometer; en este caso se muda el viaje para dejarles libre la -querencia, se acosan de nuevo, y se va á rematar á la piara.</p> - -<p>Por lo que hemos dicho de esta suerte parece se puede inferir que no -tiene lugar en las plazas, porque en ellas los toros embisten al bulto; -no obstante salen muy á menudo algunos que huyen hasta de su sombra, y -estos no habria otro modo de hacerles presentar en suerte que -acosándolos hasta que se parasen.</p> - -<h4>ARTÍCULO II.</h4> - -<p class="chead"><i>Del modo de derribar.</i></p> - -<p>Una de las suertes mas bonitas que pueden hacerse á los toros desde el -caballo es <i>derribarlos</i>.<span class="pagenum"><a name="page_258" id="page_258">{258}</a></span></p> - -<p>Para esto se debe procurar un caballo fuerte, ligero, muy mañoso, y que -esté acostumbrado á este ejercicio, pues esta condicion es tan esencial, -que en siendo un caballo maestro no tiene el ginete que hacer casi nada -para dirigirlo bien y verificar la suerte, de modo que con poca -habilidad se queda lucido, mientras que el mejor ginete y el que sea mas -diestro derribando, no podrá si lleva un caballo malo salir con -lucimiento de la empresa.</p> - -<p>Hay dos ó tres modos de <i>derribar</i> que se diferencian en bien poco, y de -los cuales solo uno se ejecuta, por ser mas natural y desembarazado, -pues los otros, ademas de ser mas dificiles, no tienen tanto lucimiento; -asi es que rara vez se ponen en práctica.</p> - -<p>Para <i>derribar</i> del modo preferido, que llaman á la <i>falseta</i>, se acosa -la res guardando las reglas dichas arriba, y conservando la distancia de -unas veinte y cinco á treinta varas, echándose tambien un poco hácia su -costado derecho: cuando parezca buena ocasion se aprieta cuanto se puede -el caballo, de modo que la línea que describe en su viaje venga á formar -un ángulo bien obtuso con la que el toro figura en el suyo, y en la -reunion que forma el ángulo, que es el centro de la suerte, viene á -pasar el caballo por junto á los cuartos traseros de la res; el ginete, -cuanto la haya tenido en jurisdiccion,<span class="pagenum"><a name="page_259" id="page_259">{259}</a></span> habrá echado todo el palo -adelante para ponerle la puya en el nacimiento de la cola, cargar bien -el caballo y seguir haciendo fuerza y cerrándolo hasta echarlo al suelo. -Es menester tener un cuidado particular para no atravesarse demasiado y -llegar á tropezar con el toro y caer con el caballo á tierra.</p> - -<p>Debo advertir que para todas las suertes que se hagan á los toros sin -que sea tomarlos por delante con la vara de detener, se use de garrochas -largas y ligeras con muy poca puya, pues si no es imposible manejarlas -como el caso requiere. Tambien debe saberse que siempre que se vaya á -<i>derribar</i> se lleva la garrocha agarrada cerca de la estremidad y -apoyada en el brazo izquierdo, para no armarse hasta el mismo instante -de ir á poner la puya á la res, pues de lo contrario no puede sufrirse -el peso que hace todo el palo adelante, se cansa el brazo, falta la -fuerza, y es incierto el golpe de vista.</p> - -<p>Hay otro modo de <i>derribar</i> que llaman de violin, en el cual la garrocha -pasa por cima del cuello del caballo y viene á quedar al lado izquierdo, -como ya dije antes; se usa poco, y no promete ventajas. Lo mismo digo de -algunos otros, en que no me detengo por lo poco interesantes que son.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_260" id="page_260">{260}</a></span></p> - -<h4>ARTÍCULO III.</h4> - -<p class="chead"><i>Del modo de enlazar los toros desde el caballo.</i></p> - -<p>Para <i>enlazar</i> cualquier res deberá llevarse una cuerda de cáñamo del -grueso que baste, y del largo suficiente para lo que se piense hacer -despues. Esta cuerda tendrá un anillo en uno de los estremos para meter -por él la otra punta y formar asi un lazo corredizo, el cual se puede -poner en el estremo de un palo que tenga dos varas de largo, para poder -echarlo mejor en las astas del toro y dejarlo enmaromado. Se entiende -que para esta operacion se le va acosando hasta ponérsele al costado -izquierdo, y que se debe ir bien prevenido para si se vuelve alejarse -con presteza. Tambien se puede <i>enlazar</i> tirando la cuerda con la mano.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_261" id="page_261">{261}</a></span></p> - -<h2><a name="PARTE_TERCERA_REFORMA_DEL_ESPECTACULO" id="PARTE_TERCERA_REFORMA_DEL_ESPECTACULO"></a> PARTE TERCERA.<br /> <i>REFORMA DEL ESPECTÁCULO.</i></h2> - -<h3>CAPITULO ÚNICO.</h3> - -<p><span class="letra">L</span>as plazas de toros deben estar en el campo á corta distancia de la -poblacion, combinando que se hallen al abrigo de los vientos que con mas -fuerza reinen en el pueblo: deberá haber tambien una calzada de buen -piso para las gentes que vayan á pie á la funcion, y un camino que no -cruce con el anterior, por el que irán los carruages y caballerías. De -este modo se evitaria mucha confusion y desorden, y hasta las desgracias -que alguna vez suceden.</p> - -<p>Estas disposiciones, que parece influyen poco en el prestigio de la -diversion, tienen por el contrario una gran parte en su -engrandecimiento, pues no hay duda que á muchas personas, y con -particularidad al bello sexo, retraen estos y otros inconvenientes para -ir á las fiestas de toros.<span class="pagenum"><a name="page_262" id="page_262">{262}</a></span></p> - -<p>Las plazas deberán tener cuando menos de cantería hasta los primeros -balcones, y estar construidas con la mayor solidez y el gusto mas -esquisito, debiendo ser el gobierno quien cuidase de todo lo -concerniente á su hermosura y magnificencia, pues son edificios públicos -susceptibles de recibir cuantas bellezas posee la mas brillante -arquitectura, y en que debe darse á conocer á todos los que los observen -el grado de esplendor y de adelanto en que se hallan las artes en -España.</p> - -<p>En cuanto á la disposicion interior de la plaza solo tengo que decir, -que sería sumamente bueno para el público que todos los asientos se -numerasen, y cada cual se colocara en el que trajera anotado su billete; -de este modo se evitaria la estraordinaria concurrencia que se advierte -en algunos puntos de la plaza, mientras que otros estan enteramente -vacíos, y ademas las rencillas é incomodidades que la multitud y -estrechez traen consigo: tambien esta medida precaveria en mucha parte -los hundimientos y alborotos que la demasiada gente en un determinado -sitio ocasiona con bastante frecuencia.</p> - -<p>Tambien debe procurarse que los corredores, las escaleras y todos los -demas sitios de tránsito sean anchos, cómodos y decentes.</p> - -<p>En cuanto al cerco sería de desear que fuese de piso muy igual, ni duro -ni blando, sin hoyos ni piedras, ni clase alguna de es<span class="pagenum"><a name="page_263" id="page_263">{263}</a></span>torbo; y por lo -que respecta á las barreras, diré que debe haber una contrabarrera -separada de los andamios de tres á cuatro varas, y de alto -correspondiente, con que se evita que desde las cuerdas esten -incomodando á los lidiadores, y que resabien á los toros con los -pañuelos y demas engaños con que al cabo les descomponen la cabeza, y -dan muchas veces lugar á un contraste en que quizá pierde un hombre la -vida. No se puede mirar con indiferencia un abuso de tan funestas -consecuencias, y vale mas hacer un escarmiento en uno de estos -inconsiderados, que regularmente estan casi del todo ébrios, que -autorizar con indiferencia el peligro á que esponen al infeliz torero, -que por muy diestro que sea no puede lidiar con ventajas contra tantos -azares.</p> - -<p>Tampoco puede resistirse el abuso de los avellaneros, aguadores y demas -vendedores: es un enjambre el que hay de estos hombres que se creen -autorizados para incomodar al que está pacífico en su asiento, -entretenido y aun embebido con alguna suerte que le llama la atencion; -se le ponen delante quitándole le vista, lo pisan, lo ensucian, lo -mojan, lo atolondran con sus descomunales gritos, y es necesario valerse -de la prudencia y sufrir, ó estar guerreando toda la funcion. No se debe -permitir la entrada á estos hombres sino en cierto número, y tenerles en -cada ochava ó<span class="pagenum"><a name="page_264" id="page_264">{264}</a></span> andamio su sitio señalado, del que no puedan moverse, y, -sin que se les permita pregonar, pues estando establecida esta -disposicion, cualquiera que los necesitase los llamaria ó iria á -buscarlos.</p> - -<p>Los soldados y los demas dependientes de justicia, como asimismo todos -los empleados de la plaza, deberán tener sus sitios señalados donde no -incomoden al espectador, el cual por lo que ha contribuido tiene un -derecho á ser atendido, y á que nadie le estorbe ni moleste.</p> - -<p>La clase baja cree tener en los toros una soberanía indisputable, y -debemos confesar que efectivamente hasta el dia lo que quiere la -multitud eso se hace en estas funciones. Pero ¿es esto justo? -Seguramente que no. ¿Y no hay modo de remediarlo? muchos creen que no, -pero se equivocan. Si en medio del entusiasmo y exaltacion que el vino y -la lidia producen en las mal organizadas cabezas del populacho, que -donde quiera es soez, se trata de refrenarlo por la fuerza, y cortar -desde el momento los abusos, es indudable que no se conseguiria nada, y -que el campo de Agramante sería niño de teta para la plaza de toros. -Pero si despues de haber intimado por edictos ó por los medios que -parezcan mas conducentes por las respectivas autoridades las penas que -tienen los infractores del orden público, y las prohibiciones que se -juzgasen opor<span class="pagenum"><a name="page_265" id="page_265">{265}</a></span>tunas (entre las que debe comprenderse la de no entrar -nadie con garrotes ni varas en la plaza, por el daño que causan al -edificio y á los oidos, y porque pueden servir de arma ofensiva), si -hiciesen algunos ejemplares castigando á los que se atreviesen á cometer -algunos de los escesos prohibidos, y se presentase la suficiente fuerza -armada para imponer á los insolentes, se puede asegurar que bien pronto -cesaria el desorden y pillage que hacen indecorosa esta diversion. No -hay duda en que el carácter del espectáculo es muy á propósito para la -algazara y vocería; pero tampoco la hay en que pueden estas contenerse -dentro de los límites justos, y reducirse á victorear y á aplaudir á los -lidiadores, animándolos y entusiasmándolos mas y mas: para esto no es -necesario usar de frases descompuestas ni contrarias á la decencia -pública, y sí puede echarse mano de las agudezas propias del gracejo de -los españoles, y de los chistes con que ameniza la diversion el -ponderativo andaluz.</p> - -<p>Las plazas de toros estan presididas y mandadas por los gobernadores, ó -por diputaciones del ayuntamiento, ó en fin, por las primeras -autoridades del pueblo en que se hallan: esto es muy justo, sin duda; -pero como para mandar bien lo que pertenezca á la parte de la lidia se -necesita un perfecto conocimiento de todo lo que constituye el arte de -torear,<span class="pagenum"><a name="page_266" id="page_266">{266}</a></span> y este conocimiento muy rara vez lo tendrá el presidente de la -plaza, como ageno de su carrera y de su profesion, será muy del caso que -en todas estas funciones tenga la autoridad inmediata á sí un hombre de -conocida probidad é imparcial, y que reuna un completo conocimiento de -los toros, de las suertes &c. &c., el cual ilumine al presidente, y le -diga qué es lo que debe hacer con respecto á lo que pasa en el cerco. -Este hombre deberá tener su correspondiente retribucion en pago de su -buen oficio, pero deberá ser castigado severamente siempre que por -parcialidad, ociosidad ó cualquier otro motivo, falte en algo á la -justicia y á la verdad.</p> - -<p>Este hombre, que bien puede llamarse <i>fiel de las corridas de toros</i>, -deberá reconocer el ganado antes de traerlo á la plaza, para ver si -tienen los hierros y marcas de las ganaderías á que dice el asentista -que pertenecen, para que no engañen al público, como sucede todos los -dias anunciando toros de castas acreditadas ú oriundos de ellas, y -corriéndoles luego cuneros. Deberá tambien este hombre examinar si los -toros tienen edad y fuerza suficiente, y por último, si la vista y demas -requisitos necesarios se hallan como se desea, para desechar los que -carezcan de las proporciones oportunas para la lidia. Tambien deberá el -mismo fiel dirigir cuanto corresponda á la conduccion de los toros, y -muy par<span class="pagenum"><a name="page_267" id="page_267">{267}</a></span>ticularmente los encierros, para que se hagan sin deterioro del -ganado, y sin que la multitud y bullicio que en todas partes va á -presenciarlos pueda hacerlos desmandar. Sería igualmente de desear que -el descanso estuviera dispuesto de modo que las gentes no pudieran estar -incomodando á los toros todo el tiempo que media entre el encierro y la -corrida.</p> - -<p>El diputado del festejo deberá concurrir acompañado del <i>fiel</i> á lo que -llaman la prueba de los caballos: tambien cuidará de que haya el número -suficiente para cubrir la corrida, y que todos sean buenos, y probados -de antemano. En seguida deberá hacer que le presenten las monturas, para -ver si hay el número suficiente y estan en buen estado, como tambien -examinar las puyas y medirlas, arreglándolas á la marca que pida la -estacion, y asegurarlas con los topes ó casquillos para que no puedan -desliarse mas. Tambien si el tiempo es muy seco deberá hacer que -humedezcan las varas de detener, para que no se quiebren á cada momento, -como sucede con mucha frecuencia por no tener esta precaucion.</p> - -<p>Despues de haber dispuesto y hecho ejecutar estas cosas, dará orden de -que se componga y humedezca lo suficiente el terreno de la plaza, y que -arreglen todos los demas útiles que se puedan necesitar, tanto para la<span class="pagenum"><a name="page_268" id="page_268">{268}</a></span> -policía de la plaza y seguridad de los espectadores, como para el -servicio de la lidia y socorro de los toreros cuando por una casualidad -hubiese algun herido, por lo que habrá un cuarto preparado con camas, y -un cirujano con cuanto pueda necesitar.</p> - -<p>Hemos dicho que corresponde al <i>fiel</i> de las corridas hacer un -reconocimiento prolijo de los toros para desechar los que no deban -lidiarse, y añado que este mismo hombre deberá avisar á la autoridad si -se presenta entre los toreros, asi á pie como á caballo, alguno que por -su ignorancia no esté en el caso de cumplir con su obligacion, y pueda -ocasionar un disgusto á los espectadores, para no permitir su salida. He -presenciado muchas cogidas por la poca escrupulosidad que tienen á veces -los asentistas de las plazas en escoger los toreros, poniéndonos como -picadores hombres que ni aun saben tenerse á caballo, y como matadores -algunos muy malos chulos: de ahí nacen los disgustos y desgracias, y de -aqui que se pierda la aficion á este espectáculo, que no puede agradar -siendo malos los lidiadores.</p> - -<p>Los elementos ó la base del espectáculo, que son los toreros, los toros -y los caballos, elegidos de esta manera no podrian dejar de llenar -completamente la satisfaccion de los espectadores, y llevarian la lidia -hasta la cima de su perfectibilidad. No obstante, si con res<span class="pagenum"><a name="page_269" id="page_269">{269}</a></span>pecto á la -parte científica, si es propia la espresion, no cabe ya mejora despues -de practicado lo dicho, con relacion al orden ó la marcha del -espectáculo resta mucho que enmendar. Asi es, que para no dejar nada -olvidado, y seguir mejor el orden que deseamos se establezca en estas -funciones, iremos hablando segun la marcha que ellas siguen ahora.</p> - -<p>Hecho el despejo de la plaza, y despues de ocupar cada uno de los -espectadores su asiento, y colocarse entre barreras los empleados y -soldados que deben estar abajo para cuidar que nadie se eche á la plaza, -y que no esten embarazados los portillos de las contra-barreras donde -han de guarecerse los toreros, harán estos el correspondiente saludo á -las autoridades, y los picadores se situarán, el mas moderno el primero, -y el mas antiguo el último, el cual orden de antigüedad no se -interrumpirá, á no ser cuando uno de ellos se desmonte y vaya por otro -caballo: en esta operacion solo deben tardar lo que baste para llegar á -la cuadra y montarse, pues que en ella deberán estar siempre ensillados -y listos á lo menos tres caballos, y si el picador se tarda mas del -tiempo dicho será efecto de holgazanería, lo cual se deberá castigar, lo -mismo que todas las faltas que cometan los demas toreros, haciéndoles -una rebaja en el estipendio segun lo merezca la falta, pues no<span class="pagenum"><a name="page_270" id="page_270">{270}</a></span> se les -puede imponer pena mas suave ni mas eficaz; y se puede aumentar en -cierto modo el estímulo dando como gratificacion al que mejor haya -cumplido lo que como castigo se exigió al que cumplió mal. Los picadores -esperimentados suelen usar algunas raterías para trabajar poco y sacar -partido de su trabajo: una de estas es ponerse á picar á un toro boyante -y blando, y darle dos ó tres puyazos seguidos en los tercios, y aun en -los medios de la plaza, sin dejar casi trabajar á los compañeros, y -atravesándose siempre como si estuvieran entusiasmados y con muchas -ganas de picar; pero si en seguida sale un toro pegajoso, ya no hacen -por él, ó bien el caballo no anda, ó en fin, se apean para tomar otro y -dejar pasar el tiempo: esto es una infamia, porque no dejan lucir á los -otros cuando el toro es á propósito para ello, y luego los dejan que -trabajen con el que los puede deslucir y lastimar: por esto dije arriba -que no debia alterarse el orden de los puyazos, y solo en el caso de -recargar el toro es cuando dará el picador dos ó mas: <i>el fiel</i> de la -plaza informará de esto á la autoridad para el efecto conveniente, como -tambien cuando deben ir á buscar al toro, y cuando la calidad de éste no -permita sino picarlo cerca de los tableros.</p> - -<p>Con respecto á los banderilleros solo tengo que decir que no deberán -quitar las pier<span class="pagenum"><a name="page_271" id="page_271">{271}</a></span>nas á los toros mientras se esten picando, ni deben -hacer nada con ellos sino por orden de las espadas, que deberán estar -muy prontos para sacarlos de los caballos cuando recarguen, y no mas; y -que si el picador cae deberán llevarse al toro con ligereza y -conocimiento, echándole siempre el capote á los ojos para que obedezca -mejor. Cuando llegue el caso de banderillear saldrá primero el mas -antiguo, y si vuelve á tener suerte antes que el otro la verificará sin -guardar consideracion, porque si el segundo no la consiguió por haber -hecho salidas falsas, justo es que pague su torpeza, y logre el primero -el premio de su habilidad. Sería de desear que se detuviesen mas tiempo -en banderillear, porque no hay razon para que á una suerte tan linda se -le dé tan poco lugar en la lidia.</p> - -<p>Cuando se toque á matar al toro deberá hacerlo primero el mas antiguo, -que lo brindará segun costumbre á la autoridad, y no podrá cederlo á -ningun otro matador, y mucho menos á ningun chulo. La suerte de muerte, -que es la mas dificil y lucida, no debe ser ejecutada sino por las -primeras espadas, las cuales no tienen derecho alguno para cederla á -ningun otro torero, porque el público, que es lo mas respetable y lo que -primero debe atenderse, va al cerco en la inteligencia de que á cada una -de ellas les toca matar tales y tales toros, segun se infiera de la -papeleta<span class="pagenum"><a name="page_272" id="page_272">{272}</a></span> ó cartel en que se anunció la funcion: el no cumplir con esto -es un engaño manifiesto, y tanto mas cuanto sea menos diestro el que por -cesion de la primera espada vaya á matar al toro. Este abuso es tan -frecuente, que yo he visto corridas en que la primera espada, que era de -conocida destreza, debia matar, segun se inferia del cartel, cuatro -toros, la otra espada tres, y el media espada el último; y luego solo -mató uno la primera, dos la segunda, y los restantes entre la media -espada, dos chulos, y otro que ni aun estaba en la cuadrilla. ¿Qué razon -hay para estas variaciones? El aficionado que va á los toros por ver -matar á los mas diestros, que sale de su casa y aun de su pueblo robando -el tiempo á sus ocupaciones, y posponiendo todo á su favorita diversion, -¡con cuánto derecho podrá acusar de injusticia y arbitrariedad al que -autorice semejante abuso!</p> - -<p>Ya que hemos tocado este punto, bueno será esponer las razones en que me -fundo para decir que ningun torero debe ceder á otro la suerte que le -toca. Prescindiendo ya de la principal, cual es la de cumplir con lo que -se anuncia al público, que es el deber mas fuerte y sagrado, me asisten -otras, que si por una parte no tienen la fuerza incontrastable que la -anterior, influyen sin embargo de un modo mas inmediato y directo en el -buen suceso de las lidias. Sabemos que por desgra<span class="pagenum"><a name="page_273" id="page_273">{273}</a></span>cia son muy frecuentes -entre los toreros las rencillas y enemistades que los espectadores -parciales é imprudentes fomentan con sus determinados aplausos y gritos: -de aqui es que muchas veces cuando el partido de un torero es el -dominante en la plaza, y se va á matar un toro boyante, por el que sea -su émulo se forme aquella especie de motin, en que atropellando por lo -justo y por el orden establecido, se oponen á que haga la suerte el que -debe, y le obliguen á dar la espada al favorito de la plebe, que siempre -es la que asi se conduce, para que luzca con un toro que la casualidad -habia prevenido al otro, y con el que probablemente hubiera lucido su -destreza. Hay ademas otra razon para que no se permitan estas cesiones, -y es que los toreros son generalmente fatalistas, es decir, que tienen -sus aprensiones á ciertos toros, porque se les figura que los han de -coger; unos los temen por la pinta, otros por la calidad, algunos por la -casta, y muchos porque sean corni-apretados, cornaloneo, capachos &c.; -si en unos de estos cambios se añade al disgusto de recibir un desaire -de parte del público, tener luego que matar uno de estos toros, ó que -sea realmente de sentido, es mas probable la cogida, y si pierde la vida -el diestro será una desgracia doblemente digna de sentimiento.</p> - -<p>Sería, pues, de desear que la autoridad<span class="pagenum"><a name="page_274" id="page_274">{274}</a></span> hiciese saber al público que no -se concederian de manera alguna semejantes permutas, y mucho menos -cuando son para empeorar, por recaer en sugetos poco hábiles, y que se -castigaria como perturbador del orden del espectáculo al que la -solicitase y pidiese, asi como se haria en un teatro si alzase uno la -voz pidiendo que un parte de por medio hiciese de primer galan.</p> - -<p>Tambien es muy frecuente pedir el pueblo que salga á malar ó -banderillear algun torero que esté viendo la funcion, porque el vulgo -novelero mas gusta de ver matar cada toro por un torero diferente, -aunque sea malo, que todos por el mas diestro: tampoco debe esto -permitirse por las razones dichas, y mucho mas si se empeora; pero si el -torero á quien solicita el pueblo ver matar es de una destreza conocida, -superior, ó al menos igual al mejor que haya en la plaza, y este se -conviene espontáneamente en cederle la espada, se podrá permitir, puesto -que no es perjuicio para los demas toreros, y sí beneficio para el -público. Sin embargo, solo alguna rara vez, y siendo contento en ello el -que ceda la suerte, se tendrá esta complacencia.</p> - -<p>Del mismo modo se debe prohibir la salida de cualquier picador intruso ó -aventurero que se ofreciese gratuitamente á picar, y de cualquiera que -se brindase á hacer alguna especie de suerte.<span class="pagenum"><a name="page_275" id="page_275">{275}</a></span></p> - -<p>Estos son los vicios de que adolece el espectáculo, cuyos medios de -correccion dejo espuestos, igualmente que las razones que me asisten -para proponerlos; pero no consiste en esto solo la reforma que él exige. -¿Por qué razon se han de limitar las funciones de toros tan solo á unas -clases de suertes, mientras que otras que en nada ceden á las que se -usan estan enteramente desterradas del cerco? ¿Por qué cuando salen los -toros de una corrida malos para las varas y no las toman se ha de salir -el público sin verlos lidiar, y con particularidad si son de regocijos? -No puedo alcanzar la razon; pero nada hay mas frecuente que ir á los -toros, y si son de los que no quieren los caballos, y la corrida no es -de muerte, acabarse la funcion sin haberse hecho mas en ella que poner -algunas banderillas. Con el objeto de remediar esto en cuanto sea -posible, voy á proponer los medios de que yo usaria para amenizar la -diversion, y no dejarla en cierto modo casual y advenediza, como sucede -hoy.</p> - -<p>Los toros que fueren bravos para los caballos se torearian como de -costumbre, haciéndoles las suertes de picar á caballo levantado, y la -del señor Zaonero. Los que fuesen cobardes y rehusasen tomar las varas -deberian ser acosados por los picadores y derribados, ya de este, ya de -aquel modo, con lo cual se pararian y harian suerte, siendo ademas muy<span class="pagenum"><a name="page_276" id="page_276">{276}</a></span> -bonito ver estas operaciones, que son otras tantas suertes muy lucidas y -brillantes. Concluidas las de á caballo deberian los toreros de á pie -hacer los muchos juguetes que se le hacen á los toros, ya con la capa, -ya saltándolos, parcheando &c., y no dedicarse esclusivamente á la de -banderillas. Esta segunda época, digámoslo asi, que se consagraria á las -suertes de á pie, sería de mas ó menos duracion, segun el estado y poder -del toro; todo lo cual haria el <i>fiel</i> hacer saber al diputado para que -marcase con oportunidad y con el debido conocimiento. Con esto se -conseguiria ver una multitud de suertes cuya variedad embelesaria, y no -habria toro, por malo y cobarde que fuese, de quien no se sacase recreo -y novedad.</p> - -<p>La suerte de muerte, la mas dificil que se ejecuta, y cuyas dificultades -se multiplican por la circunstancia de ser la última, y estar ya el toro -con mas conocimiento y picardía, es peculiar, como ya hemos dicho, de -las espadas; pero sería de desear que cuando llega el caso de matar un -toro que por haber sido ya placeado, ó por haber aprendido en la lidia, -ó por ser naturalmente de sentido, dé mucho recelo, y pueda esponer con -mucha probabilidad al torero, se le mandase echar perros, en vez de -tocar á matarle con la espada; de este modo se escusaria el disgusto que -la mucha intencion del toro pu<span class="pagenum"><a name="page_277" id="page_277">{277}</a></span>diera ocasionar, y se ofrecia á los -espectadores una nueva lucha muy divertida y curiosa.</p> - -<p>Tengo que hacer una advertencia con respecto á las corridas de novillos, -porque como en ellas salen los toros vivos, y luego se van al campo, -pueden volver á la plaza y traer demasiada intencion, como la -esperiencia lo ha probado ya tristemente en las cocidas que ellos han -dado: esto se podria evitar haciendo marcar al toro en la plaza con un -hierro que fuese conocido de todos, con lo que se conseguiria que no -pudiesen volver á correr semejantes reses, pues conforme se presentasen -para la venta, el <i>fiel</i> de la plaza los desecharia como inútiles. Esta -sencilla precaucion no solo evitaba completamente el fraude en esta -materia, sino que proporcionaba una diversion nueva á todos los -concurrentes.</p> - -<p>La reforma que á mi parecer reclama el espectáculo estriba -principalmente en los puntos dichos: no dudo que se me habrá escapado -alguno, y acaso muy interesante: tampoco desconozco el trabajo y el -tiempo que se necesitarian para desarraigar tan inveterados abusos, y la -constancia y prudencia que esta empresa necesita; pero su utilidad exige -cualquier sacrificio. Desterrar lo que tiene de incivil y sanguinaria; -amenizar y multiplicar su perspectiva, y combinar la destreza y la -seguridad; hé aqui lo que forma su objeto. Si<span class="pagenum"><a name="page_278" id="page_278">{278}</a></span> el haber fijado la -atencion sobre esta importante materia contribuye algo á impulsar hácia -la perfeccion la fiesta de toros, me creeré feliz, y habrá conseguido -este pequeño trabajo, el premio que merece tan solo mi buena intencion.</p> - -<p class="fint">FIN.<span class="pagenum"><a name="page_279" id="page_279">{279}</a></span></p> - -<h2><a name="INDICE" id="INDICE"></a>INDICE<br /><br /> -DE LAS MATERIAS QUE CONTIENE ESTA OBRA.</h2> - -<table border="0" cellpadding="2" cellspacing="0" summary=""> - -<tr><td valign="top"><i><a href="#PROLOGO_DEL_EDITOR">Prólogo del editor.</a></i></td></tr> - -<tr><td valign="top"><i><a href="#TABLA_ALFABETICA">Tabla alfabética de algunas voces y frases cuyo conocimiento es indispensable para inteligencia de esta obra.</a></i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_1">Pág. I</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><i><a href="#DISCURSO">Discurso histórico apologético de las fiestas de toros.</a></i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_1">1</a></td></tr> - -<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">PARTE PRIMERA.</th></tr> - -<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">Arte de torear á pie.</th></tr> - -<tr><td valign="top">CAPITULO I. <i>De las condiciones que indispensablemente debe tener un torero.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_78">78</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. II. <i>Requisitos que deben tener los toros para lidiarse.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_82">82</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. III. <i>De las querencias.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_88">88</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. IV. <i>De los tres estados que tienen los toros en la plaza.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_92">92</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. V. <i>De las diferentes clases de toros.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_94">94</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. VI. <i>De las suertes de capa.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_100">100</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Artículo I.</span> <i>Del modo de correr los toros.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_101">101</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. II.</span> <i>De la suerte á la verónica, ó sea de frente.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_107">107</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. III.</span> <i>De la suerte á la navarra.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_117">117</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. IV.</span> <i>Suerte de tijerilla, ó sea á lo chatre.</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_120">120</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. v.</span> <i>Suerte al costado</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_121">121</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. vi.</span> <i>Suerte de frente por detras</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_123">123</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. VII. <i>De los recortes y galleos</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_124">124</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. VIII. <i>De los cambios</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_129">129</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. IX. <i>De la suerte de banderillas</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_132">132</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Artículo i.</span> <i>Suerte de banderillas á cuarteo</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_133">133</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. ii.</span> <i>Suerte de las banderillas á media vuelta</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_142">142</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iii.</span> <i>De las banderillas á topa carnero</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_145">145</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iv.</span> <i>Suerte de banderillas al sesgo, ó á la carrera, ó á tras-cuerno</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_148">148</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. v.</span> <i>Suerte de banderillas al recorte</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_149">149</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. X. <i>Del modo de parchear</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_151">151</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. XI. <i>De la suerte de muerte</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_156">156</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">PRIMERA PARTE. <i>De los pases de muleta</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_156"> id.</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">SEGUNDA PARTE. <i>De la estocada de muerte</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_170">170</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Artículo i.</span> <i>Del modo de matar los toros, recibiéndolos</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_171">171</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. ii.</span> <i>De la estocada á vuela pies</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_184">184</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iii.</span> <i>De la estocada á la carrera</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_193">193</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iv.</span> <i>De la suerte á media vuelta</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_194">194</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. v.</span> <i>De la estocada á paso de banderillas</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_195">195</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. XII. <i>Consecuencias de la estocada de muerte</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_197">197</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. XIII. <i>Del ver llegar los toros</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_204">204</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. XIV. <i>De algunas otras suertes de á pie</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_208">208</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Artículo i.</span> <i>Del salto á tras-cuerno</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_209">209</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. ii.</span> <i>Del salto sobre el testuz</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_210">210</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iii.</span> <i>Del salto de la garrocha</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_211">211</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iv.</span> <i>De la lanzada de á pie</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_212">212</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. v.</span> <i>Del modo de capear entre dos</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_213">213</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. vi.</span> <i>Del modo de picar los toros, montado sobre otro hombre</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_214">214</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. vii.</span> <i>Del modo de mancornar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_214">id.</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. XV. <i>De algunas particularidades que debe tener el torero</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_216">216</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. XVI. <i>Modo de cachetar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_222">222</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. XVII. <i>Modo de desgarretar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_223">223</a></td></tr> - -<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">PARTE SEGUNDA.</th></tr> - -<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">Arte de torear á caballo.</th></tr> - -<tr><td valign="top">CAPITULO I. <i>De las cualidades que debe tener el torero de á caballo</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_224">224</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. II. <i>Del modo de dividir los toros para la suerte de picar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_229">229</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. III. <i>En que se dan algunas nociones preliminares á la suerte de picar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_232">232</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. IV. <i>Suerte de picar al toro levantado</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_236">236</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. V. <i>Suerte de picar al toro en su rectitud</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_240">240</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. VI. <i>Del modo de picar al toro atravesado</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_244">244</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. VII. <i>Del modo de picar á caballo levantado</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_245">245</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. VIII. <i>De la suerte del señor Zaonero</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_246">246</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. IX. <i>De algunas particularidades que deben saberse, relativas á las suertes de picar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_251">251</a></td></tr> - -<tr><td valign="top">CAP. X. <i>De algunas otras suertes de á caballo</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_256">256</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. i.</span> <i>Del modo de acosar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_256">id.</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. ii.</span> <i>Del modo de derribar</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_257">257</a></td></tr> - -<tr><td valign="top"><span class="smcap">Art. iii.</span> <i>Del modo de enlazar los toros desde el caballo</i></td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_260">260</a></td></tr> - -<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">PARTE TERCERA.</th></tr> - -<tr><th valign="top" class="c" colspan="2">Reforma del espectáculo.</th></tr> - -<tr><td valign="top">CAPITULO ÚNICO</td><td class="rt" valign="bottom"><a href="#page_261">261</a></td></tr> -</table> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_283" id="page_283">{283}</a></span></p> - -<div class="blockquot"><p><i>Se vende en Madrid en la librería de Escamilla, calle de Carretas, -y en las provincias donde se encuentran las nuevas publicaciones -siguientes.</i></p></div> - -<p>Coleccion de novelas históricas originales españolas: 29 tomos, á 8 -reales cada uno en rústica y 10 en pasta.</p> - -<p>Fígaro: coleccion de artículos dramáticos, literarios, políticos y de -costumbres, por D. Mariano José de Larra: 3 tomos, su precio 42 reales -en rústica y 48 en pasta.</p> - -<p>1.ª 2.ª. y 3.ª cartas de Fígaro, 3 folletos, á 2 reales cada una.</p> - -<p>El Pobrecito Hablador: 15 folletos, por D. Mariano José de Larra, á 2 -reales.</p> - -<p>Coleccion de comedias del teatro moderno, cuyos títulos espresan los -catálogos que se dan gratis en la indicada librería á los sugetos que -gusten adquirirlos.</p> - -<p>Panorama Matritense: cuadros de costumbres de la capital, observados y -descritos por un Curioso Parlante: 2 tomos en octavo marquilla con -cuatro bellas láminas, su precio 40 reales en rústica y 46 en pasta.</p> - -<p>El Dogma de los hombres libres. Palabras de un creyente, por M. F. la -Mennais, traducidas de la última edicion por D. Mariano José de Larra: -un tomo en octavo, su precio 10 reales en rústica y 12 en pasta.</p> - -<p>Alvarez: Derecho real de España, 2 tomos en cuarto á 44 reales en -rústica, 52 en pasta, y 46 en un tomo tambien en pasta.</p> - -<p>Sátiras de varios autores.<span class="pagenum"><a name="page_284" id="page_284">{284}</a></span></p> - -<p class="fint"><i>Esta obra es propiedad del Editor, quien perseguirá ante la ley al que -la reimprima.</i></p> - -<div class="footnotes"><p class="cb">NOTAS:</p> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_1_1" id="Footnote_1_1"></a><a href="#FNanchor_1_1"><span class="label">[1]</span></a> Segun otros, VIII.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_2_2" id="Footnote_2_2"></a><a href="#FNanchor_2_2"><span class="label">[2]</span></a> Crónica de don Pedro Niño, part. 1. cap. 7.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_3_3" id="Footnote_3_3"></a><a href="#FNanchor_3_3"><span class="label">[3]</span></a> Jovellanos: memorias sobre las diversiones públicas.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_4_4" id="Footnote_4_4"></a><a href="#FNanchor_4_4"><span class="label">[4]</span></a> Buffon.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_5_5" id="Footnote_5_5"></a><a href="#FNanchor_5_5"><span class="label">[5]</span></a> An Essay on the history of civil society: part. 1. sect. -4.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_6_6" id="Footnote_6_6"></a><a href="#FNanchor_6_6"><span class="label">[6]</span></a> Memoria sobre las diversiones públicas.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_7_7" id="Footnote_7_7"></a><a href="#FNanchor_7_7"><span class="label">[7]</span></a> Véase la crónica de don Alvaro de Luna, cap. 52.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_8_8" id="Footnote_8_8"></a><a href="#FNanchor_8_8"><span class="label">[8]</span></a> Véase su crónica.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_9_9" id="Footnote_9_9"></a><a href="#FNanchor_9_9"><span class="label">[9]</span></a> Plinio.</p></div> - -<div class="footnote"><p><a name="Footnote_10_10" id="Footnote_10_10"></a><a href="#FNanchor_10_10"><span class="label">[10]</span></a> Suponiendo que sea el del lado de la huida.</p></div> - -</div> -<hr class="full" /> - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of Project Gutenberg's Tauromaquia completa, by Francisco Montes - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK TAUROMAQUIA COMPLETA *** - -***** This file should be named 63030-h.htm or 63030-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/3/0/3/63030/ - -Produced by Chuck Greif, Biblioteca Digital de la Comunidad -de Madrid and the Online Distributed Proofreading Team at -https://www.pgdp.net - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. Special rules, -set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to -copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to -protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project -Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you -charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you -do not charge anything for copies of this eBook, complying with the -rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose -such as creation of derivative works, reports, performances and -research. They may be modified and printed and given away--you may do -practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy -all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession. -If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project -Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the -terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or -entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement -and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic -works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation" -or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project -Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the -collection are in the public domain in the United States. If an -individual work is in the public domain in the United States and you are -located in the United States, we do not claim a right to prevent you from -copying, distributing, performing, displaying or creating derivative -works based on the work as long as all references to Project Gutenberg -are removed. 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If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived -from the public domain (does not contain a notice indicating that it is -posted with permission of the copyright holder), the work can be copied -and distributed to anyone in the United States without paying any fees -or charges. If you are redistributing or providing access to a work -with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the -work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1 -through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the -Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or -1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional -terms imposed by the copyright holder. 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INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance -with this agreement, and any volunteers associated with the production, -promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works, -harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees, -that arise directly or indirectly from any of the following which you do -or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm -work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any -Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause. - - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of computers -including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 -and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at -http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at -809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email -business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. -To donate, please visit: http://pglaf.org/donate - - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic -works. - -Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm -concept of a library of electronic works that could be freely shared -with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project -Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. - - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. -unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily -keep eBooks in compliance with any particular paper edition. - - -Most people start at our Web site which has the main PG search facility: - - http://www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - - -</pre> - -</body> -</html> diff --git a/old/63030-h/images/cover.jpg b/old/63030-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 7072308..0000000 --- a/old/63030-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/63030-h/images/end.jpg b/old/63030-h/images/end.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f0344ba..0000000 --- a/old/63030-h/images/end.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/63030-h/images/montes.jpg b/old/63030-h/images/montes.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f64078d..0000000 --- a/old/63030-h/images/montes.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/63030-h/images/tauro.jpg b/old/63030-h/images/tauro.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1a33460..0000000 --- a/old/63030-h/images/tauro.jpg +++ /dev/null |
