diff options
Diffstat (limited to 'old/62952-h/62952-h.htm')
| -rw-r--r-- | old/62952-h/62952-h.htm | 3085 |
1 files changed, 0 insertions, 3085 deletions
diff --git a/old/62952-h/62952-h.htm b/old/62952-h/62952-h.htm deleted file mode 100644 index b652c86..0000000 --- a/old/62952-h/62952-h.htm +++ /dev/null @@ -1,3085 +0,0 @@ -<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" - "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> -<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es"> - <head> - <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> - <meta http-equiv="Content-Style-Type" content="text/css" /> - <title> - The Project Gutenberg eBook of El casamiento de Laucha, by Roberto Payró. - </title> - <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> - <style type="text/css"> - -body { - margin-left: 10%; - margin-right: 10%; -} - - h2 { - text-align: center; /* all headings centered */ - clear: both; - margin-top: 4em; - margin-bottom: 2em; - font-weight: normal; -} - - h1 { text-align: center; font-weight: normal; font-size: 1em; } -p { - margin-top: .51em; - text-align: justify; - margin-bottom: .49em; -} - -.p2 {margin-top: 2em;} -.p4 {margin-top: 4em;} - -.big1 {font-size: 110%; } - -.big2 {font-size: 130%; } - -hr.tb {width: 35%; margin-right: 32.5%; margin-left: 32.5%; margin-top: 2em; margin-bottom: 2em; } - -div.chapter {page-break-before: always; } - -.pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ - visibility: hidden; - position: absolute; - left: 92%; - font-size: smaller; - text-align: right; -} /* page numbers */ - -hr.r5 {width: 5%; margin-right: 47.5%; margin-left: 47.5%; margin-top: 2em; } - - -table.toc1 {width: 50%; margin-right: 25%; margin-left: 25%; } - -.center {text-align: center;} - -.right {text-align: right;} - -.smcap {font-variant: small-caps;} - - -.caption {font-weight: bold; text-align: center; font-size: 0.9em; margin-bottom: 1.5em; } - -/* Images */ -.figcenter { - margin: auto; - text-align: center; -} - - -/* Transcriber's notes */ -.tnote {border: dashed 1px; margin-left: 10%; - margin-right: 10%;padding-bottom: .5em; padding-top: .5em; - padding-left: .5em; padding-right: .5em; margin-top: 2em; } - </style> - - </head> -<body> - - -<pre> - -The Project Gutenberg EBook of El casamiento de Laucha, by Roberto Payró - -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most -other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of -the Project Gutenberg License included with this eBook or online at -www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: El casamiento de Laucha - -Author: Roberto Payró - -Release Date: August 17, 2020 [EBook #62952] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CASAMIENTO DE LAUCHA *** - - - - -Produced by Andrés V. Galia, MWS, Sanly Bowitts and the -Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - - - - - - -</pre> - - -<div class="figcenter" style="width: 793px;"> -<img src="images/cover.jpg" width="793" height="1200" alt="" title="cubierta" /> -</div> - -<div class="tnote"> - <p class="p2 center big1">NOTAS DEL TRANSCRIPTOR</p> - -<p>Ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano cuando la -presente edición de esta obra fue publicada, en 1906, eran diferentes a -las existentes cuando se realizó la transcripción. Palabras como vió, -fué, dió, lo mismo que la preposición "á", y las conjunciones "é", "ó", -"ú", por ejemplo, en esa época llevaban acento ortográfico. Eso ha sido -respetado.</p> - -<p>El lenguaje utilizado es peculiar al modo de hablar de los argentinos. -Es oportuno agregar que el autor, además, hace hablar a algunos de los -personajes en un lenguaje con expresiones y manerismos que son típicos del -interior de la Argentina.</p> - -<p>Por lo demás, el criterio utilizado para llevar a cabo esta -transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia -Española vigentes en ese entonces. El lector interesado puede consultar -el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.</p> - -<p>Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.</p> - -<p>La cubierta del libro en la versión HTML fue modificada por el -Transcriptor y ha sido puesta en el dominio público.</p> - -<p>El Índice de capítulos presentado al principio de la obra ha sido -construido por el Transcriptor.</p> -</div> - -<hr class="tb" /> - -<div class="chapter"> - - - -<div class="figcenter" style="width: 388px;"> -<img src="images/ilo-titlep.jpg" width="388" height="600" alt="" /> -</div> -<p class="center">ROBERTO PAYRÓ</p> -<h1>EL CASAMIENTO DE LAUCHA</h1> -<p class="center">BUENOS AIRES<br /> -COMPAÑÍA SUD-AMERICANA DE BILLETES DE BANCO<br /> -Calle Chile, 263 y Cangallo, 557-59<br /> -1906<br /></p> -</div> - - -<div class="chapter"> -<p class="center p4 big2">ÍNDICE</p> -</div> - -<div class="center"> -<table class="toc1" border="0" cellpadding="4" cellspacing="0" summary=""> - -<tr> -<td align="left"> </td> -<td align="right">Pág.</td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left">Introducción</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_5">5</a></td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 3em; ">I</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_7">7</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.7em; ">II</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_11">11</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.5em; ">III</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_17">17</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.5em; ">IV</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_25">25</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.7em; ">V</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_35">35</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.4em; ">VI</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_43">43</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.2em; ">VII</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_55">55</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 1.9em; ">VIII</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_67">67</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.4em; ">IX</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_77">77</a> </td> -</tr> - -<tr> - -<td align="left" style="padding-left: 2.7em; ">X</td> -<td align="right" style="padding-right: 1em; "><a href="#Page_95">95</a> </td> -</tr> -</table></div> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[Pg 5]</a></span></p> -</div> - -<h2>INTRODUCCIÓN</h2> - - -<p>El nombre de Laucha,—apodo y no apellido—le -sentaba á las mil maravillas.</p> - -<p>Era pequeñito, delgado, receloso, móvil; la -boca parecía un hociquillo orlado de poco -y rígido bigote; los ojos negros, como cuentas -de azabache, algo saltones, sin blanco -casi, añadían á la semejanza, completada por -la cara angostita, la frente fugitiva y estrecha, -el cabello descolorido, arratonado...</p> - -<p>Laucha era, por otra parte, su único nombre -posible. Laucha le llamaron cuando niño -en la provincia del interior donde naciera; -Laucha comenzaron á apodarle después, allí<span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[Pg 6]</a></span> -donde lo llevó la suerte de su vida, desde -temprano aventurera; por Laucha se le conoció -en Buenos Aires, llegado apenas, sin que -á nadie se pudiese atribuir la invención del -sobrenombre, y Laucha le han dicho grandes -y pequeños durante un período de treinta y -un años, desde que cumplió los cinco, hasta -que murió á los treinta y seis...</p> - -<p>De sus mismos labios oí la narración de la -aventura culminante de su vida, y, en estas -páginas me he esforzado por reproducirla -tal como se la escuché. Desgraciadamente -Laucha ya no está aquí para corregirme, si -incurro en error; pero puedo afirmar que no -me aparto de la verdad muchos centímetros.</p> - -<hr class="r5" /> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[Pg 7]</a></span></p> - -</div> - - - -<h2>I</h2> - - -<p>Pues, señor, después de andar unos años -por Tucumán, Salta, Jujuy y Santiago, ganándome -la vida perra como Dios me daba -á entender, unas veces de bolichero, otras -de mercachifle, de repente de peón, de repente -de maestro de escuela, aquí en un pueblo, -allí en una ciudad, allá en una estancia, -más allá en un ingenio, siempre pobre, -siempre rotoso, algunos días con hambre, -todos los días sin plata,—comencé por fin á -temar con que puede ser que me fuera mejor -en Buenos Aires, en donde nunca me podría<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[Pg 8]</a></span> -ir peor, porque esas provincias nunca son -buenas para hombres así, como yo, sin un -peso, ni mucha letra menuda, ni mucha fuerza... -ni muchas ganas de trabajar tampoco... -Y tanto temí, que al fin resolví largarme y -principié á hacer economías de á centavo—¡yo -que nunca había juntado plata!—hasta -que reuní todo lo que necesitaba para el viaje... -lo preciso y nada más.</p> - -<p>No he de contar los milagros y otras vivezas -que tuve que hacer para juntar la platita: -ya se lo imaginarán, y de no, poco importa. -El caso es que un día me acomodé en el -tren,—claro que en segunda, ¡porque no había -boleto de perro!—llegué hasta Córdoba, -subí al Central Argentino, y en el Rosario -me embarqué para Campana en el vapor de -la carrera, porque la cosa salía más barata... -Campana era entonces el puerto de salida y -de llegada de los vapores del Paraná, y ahí -mismo se tomaba el tren para Buenos Aires.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[Pg 9]</a></span></p> - -<p>Desembarqué con mi equipaje, que era un -poncho grueso de lana, criollo, de los tejidos -á lleno de colorines, y que le había -ganado á la taba á un peón catamarqueño -en Tucumán: se lo había hecho la mujer qué -sé yo en qué punta de años...</p> - -<p>¡Ah! ya había volado hasta el último cobre -en las comidas y copetines del viaje, así es -que me encontré en Campana con que para -seguir á Buenos Aires tenía que empeñar ó -vender alguna prenda... y á no ser el poncho... -Creerán que esto no tiene nada que ver con -mi casamiento; pero esperen un poco... La -miseria, como buena vieja brava, hace con el -hombre lo que se le antoja... Á mí me hizo -llegar hasta el casorio, ya verán...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[Pg 10]</a><br /><a name="Page_11" id="Page_11">[Pg 11]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>II</h2> - - -<p>Bueno, pues, anduve de tienda en tienda -queriendo vender el poncho y sacar boleto -con la platita, pero sin suerte porque no encontraba -ningún aficionado.</p> - -<p>—Esos ponchos no se usan por acá,—me -decía uno.</p> - -<p>—Ya tengo demasiados ponchos—me decía -otro.</p> - -<p>—No compro ropa usada,—me gritó furioso -un tendero gallego que no tenía más -que clavos del tiempo de ñaupa.</p> - -<p>Por fin un bolichero me dió por él cuatro<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[Pg 12]</a></span> -nacionales,—y digo nacionales porque ya -habían cambiado la moneda corriente, tan -linda y tan rendidora.</p> - -<p>El boleto de segunda de Campana á Buenos -Aires valía entonces alrededor de peso y -medio ó dos pesos, y no como ahora que -cobran cerca de cinco. Así es que yo estaba -bien, al fin y al cabo, gracias al ponchito catamarqueño... -Pero mi maldita suerte, que no -me va á dejar en la pucha vida, quiso que -mientras andaba entretenido en el cambalache -del poncho, el tren se mandara mudar -sin esperarme... ya ven, no tenía reloj, y aunque -tuviera no me iba á ir sin boleto y sin -plata.</p> - -<p>Lo peor es que para ese tiempo no había -más que un tren al día, y me tuve que quedar -en Campana, y comer y dormir en un bodegón -y posada en que sabían parar los reseros -que llevaban hacienda para el saladero, que -después se hizo frigorífico. La historia me<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[Pg 13]</a></span> -costó peso y medio, así es que me quedé tecleando. -¡Miren qué polaina!</p> - -<p>Á la noche anduve ronciando la mesa de -los reseros, que despuntaban el vicio al mus. -Los ojos se me iban, pero jugaban muy fuerte—cinco -pesos la caja... ¡Figúrense! yo no -iba á pedir media caja, está claro... Me quedé -con las ganas y me fuí á dormir.</p> - -<p>Al otro día me clavé en la estación media -hora antes que el tren... y no lo perdí esa vez. -Pero ¡vean si no me sobra razón para hablar -de mi suerte perra! Bajé en una estación -para tomar una copa, y cuando acordé el tren -iba pita que te pita, ¡á cinco cuadras!</p> - -<p>No, no se me rían: no estaba ni alegrón -siquiera, aunque otro pasajero llevaba un frasco -de ginebra marca Llave (que no es como la -de ahora) y de vez en cuando me convidara á -pegarle un beso... ¡Bueno, bueno! sea como -sea, el caso es que me quedé en la estación -Benavídez, que no tenía, ¡qué iba á tener! ni<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[Pg 14]</a></span> -sombra de los pobladores que tiene hoy. -Volví bastante tristón á la pulpería de frente -al tren, donde había estado antes, y que era -un boliche con cuatro botellas locas, un queso -viejo del país, un pedazo de dulce de -membrillo amohosado, y media docena de -salchichones entre una pila de cajas de sardinas...</p> - -<p>Me puse á conversar con el pulpero, y al -rato éramos amigotes. Lo convidé con una -copa—porque todavía me quedaban unos -centavos,—y cuando le hablé de lo pobre y -apurado que estaba, me dijo que por las chacras -de ahí cerca andaban necesitando peones -para el maíz y que era fácil que me conchabaran -si no era muy mulita y no me rendía de -estarme al sol el día en peso. Yo, la verdad, -no he nacido sino para trabajos de escritorio, -de ésos de no hacer nada, sentadito á la sombra,—pero -la necesidad tiene cara de hereje, -y ese mismo día me conchabé con un chaca<span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[Pg 15]</a></span>rero -que, del partido de las Conchas, donde -está la estación Benavídez, me llevó para el -Pilar, á recoger maíz.</p> - -<p>¡Qué quieren! Á los dos días ya no podía -más, charqueado por el sol, y trasijado por el -trabajo bruto. Le cobré los dos jornales al chacarero, -que me raboneó unos cuantos centavos -como buen gringo, me largué á Belén, -que estaba cerquita, á buscar otro acomodo -más conveniente, y ahí fué donde empezó el -baile... ó donde siguió, porque ya hacía rato -que había principiado...</p> - -<p>No hice huesos viejos en Belén. Antes de -la semana ya me había ido sin rumbo, y seguí -de pueblo en pueblo y de chacra en -estancia, alejándome cada vez más de Buenos -Aires, como si en mi perra vida hubiera -pensado ver á los porteños. Válgale á la -suerte que juega con el hombre como el viento -con la paja voladora.</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[Pg 16]</a><br /><a name="Page_17" id="Page_17">[Pg 17]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>III</h2> - - -<p>Una mañanita que estaba en una esquina, -muy lejos para el suroeste, matando el bicho -con una copa de caña paraguaya, me puse á -conversarle al patrón, porque yo era el único -marchante y él se aburría como yo, del otro -lado de la reja, medio echado de barriga sobre -el mostrador y con la cara muerta de -sueño entre las manos. Yo andaba otra vez -sin trabajo y con poquitos cobres en el bolsillo... -Es que no me puedo conformar con -que me manden, ni con echar los bofes como -una mula...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[Pg 18]</a></span></p> - -<p>—¿Para dónde va ese camino?—le pregunté -entre otras cosas al pulpero, mostrándole -con la zurda—en la otra tenía el vaso,—una -huella que agarraba para el sur.</p> - -<p>—Á Pago Chico. Esa huella sigue derechito -como unas seis leguas, y va á dar á la -misma estación del ferrocarril del Pago...</p> - -<p>Yo había oído las mentas de ese partido, -y me entraron ganas de ir, por puro gusto: al -fin y al cabo, lo mismo era trabajar allí que -en cualquier otra parte, y el mismo gusto tiene -una copa de ginebra legítima. Pero como -no tenía caballo ni de dónde sacarlo, y seis -leguas á pie son mucha música, le pregunté -al pulpero si no caería alguna carreta ó algún -carro que me llevara.</p> - -<p>—No, amigo, me contestó:—esas huellas -son de las tropas que pasaban antes con lana -para Buenos Aires, pero desde hace un año -ya no andan, porque todo se lo lleva el tren.</p> - -<p>—¡Caramba, amigo, qué lástima!</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[Pg 19]</a></span></p> -</div> - -<div class="figcenter" style="width: 432px;"> -<img src="images/pag19.jpg" width="432" height="654" alt="p19ilo" /> -</div> -<p class="caption">—¿Para dónde va ese camino?—le pregunté.</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[Pg 20]</a><br /><a name="Page_21" id="Page_21">[Pg 21]</a></span></p> -</div> - -<p>—¡Mire qué casualidad!—siguió el pulpero -al ratito.—¡No me acordaba, hombre! Tiene -suerte, porque hoy mismo, y cuando más mañana, -va á venir la jardinera del almacén del -pueblo que trae surtido para todas las esquinas -del camino al Pago, y para mi casa también.</p> - -<p>—¿Y de ahí?</p> - -<p>—El repartidor lo llevará, si se le hace -amigo.</p> - -<p>—¡Oh!, ¿y cómo no? Lo voy á esperar no más, -porque de veras que tengo muchas ganas de -conocer Pago Chico. Es un pueblo grande, -¿no?</p> - -<p>—Bastante.</p> - -<p>—¿Y tiene escritorios y tiendas?</p> - -<p>—¡Ya lo creo!</p> - -<p>—¡Magnífico!</p> - -<p>Y me quedé tomando una que otra copita -con el pulpero que era un buen gallego acriollado, -hasta que á eso de la diez de la maña<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[Pg 22]</a></span>na, -apareció sobre un albardón una manchita -negra que iba agrandándose despacio entre el -verde del campo.</p> - -<p>—¿Ve eso?—me preguntó el pulpero.—¿Y -sabe lo que es?</p> - -<p>—¡Sí, la jardinera! La cuestión será que me -quiera llevar el almacenero...</p> - -<p>—Por eso pierda cuidado, porque es un -muchacho bueno y servicial, y á más, si usted -sabe ganarle el lado de las casas, hará lo que -quiera con él...</p> - -<p>Con esta seguridad, y aunque me quedara -tecleando la platita, le compré provisiones -para el viaje, salchichón, queso, galleta, cigarros, -fósforos, y... nada más... Aunque también -me parece que le pedí dos cuartas de -vino carlón...</p> - -<p>Llegó el repartidor del almacén, y después -de unas cuantas copas y un poco de jarana, -no tuvo inconveniente en llevarme, como me -había dicho el pulpero.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[Pg 23]</a></span></p> - -<p>El hombre era conversador, yo nunca he -sido manco, así es que la charla empezó en -cuanto salimos de la pulpería... eso sin contar -el aperital de adentro.</p> - -<p>Volvía de vacío, los caballos eran buenos, -obscurecía tarde, y de consiguiente podíamos -llegar ese mismo día á Pago Chico.</p> - -<p>Le conté mi vida; él me contó la suya desde -que vino de España: siempre detrás del mostrador, -sin salir ni los días de su santo, hasta -que lo hicieron repartidor, y andaba como -bola sin manija, trotando en la jardinera y tardándose -dos y tres días para volver al Pago. -Cuando le hablé que buscaba conchabo, me -dijo:</p> - -<p>—Si usted quiere trabajar sin deslomarse, -ya sé lo que le conviene. Lo dejaré á una legua -de Pago Chico, en la pulpería de doña -Carolina, que allí encontrará en qué pichulear -algo.</p> - -<p>—¡Magnífico, amigo! Yo para todo estoy<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[Pg 24]</a></span> -pronto, en tratándose de trabajar, y más cuando -ya casi no me queda ni un centavo, como -ahora...</p> - -<p>—Entonces, doña Carolina anda buscando -un dependiente que le convenga... Pero es -muy delicada, y una punta han tenido que -volverse sin que los tomase... Por eso ahora -ya nadie va. En fin: de todos modos, usted -encontrará trabajo, porque ahí cerquita está -el campo de los Torres, y siempre necesitan -peones.</p> - -<p>Almorzamos, sin dejar el trote y galope; yo -pesqué un rato despertándome con los barquinazos; -volvimos á charlar, á fumar, á tomar -unos traguitos; por fin, á la tardecita llegamos -al destino de que hablaba el hombre, -y nos apeamos.</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[Pg 25]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>IV</h2> - - -<p>La casa era bastante grandecita, con negocio -de almacén, tienda, y un poco de ferretería. -Tenía también un despacho de bebidas, -con gran reja de fierro adelante del mostradorcito, -y sin mesas, ni bancos, ni menos sillas, -para que el paisanaje y el gringaje, no -teniendo en qué sentarse, se largara en cuantito -tomaba la tarde ó la mañana.</p> - -<p>Entramos á la ramada, y del otro lado de -la reja se nos apareció una mujer de más de -treinta años,—después supe que tenía treinta y -cuatro,—bastante buena moza todavía, alta, -muy blanca, de pelo negro y ojos obscuros. -<span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[Pg 26]</a></span> -Cuando nos contestó las buenas tardes, conocí -que era italiana.</p> - -<p>—Doña Carolina,—le dijo el repartidor—aquí -le traigo un forastero que anda medio -en desgracia, y como el hombre busca trabajo, -yo le he dicho que aquí puede ser que encuentre. -¿Qué le parece?</p> - -<p>—Sí,—contestó la mujer, mirándome con -atención;—si se queda por acá, luego ó mañana -no más, han de venir del establecimiento -de Torres... Lo pueden conchabar...</p> - -<p>—Y usted, doña Carolina, ¿por qué no lo -toma de dependiente? Es mozo vivo y capaz -de ayudarla.</p> - -<p>—¡Oh, yo!—dijo la gringa suspirando,—ya -no pienso en eso. Se me ha ido la idea.</p> - -<p>—No importa,—le dije,—me quedaré á esperar -á los de Torres. Y, de mientras, sírvanos -dos vasos de vino que sea bueno, que -estoy galgueando de sed, y este compañero -no le digo nada.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[Pg 27]</a></span></p> - -<p>Tomamos el vino, que era bastante rico, y -el repartidor se despidió porque tenía apuro -de llegar al pueblo. Yo me quedé á la espera, -mirando la casa, para matar el tiempo. El -almacén estaba regularcito de surtido, con -muchas bebidas, latas de conservas en un -estante, salchichones y tocino colgados del -techo, queso y dulce de membrillo en una -vidriera, junto con masas de facturería, caramelos -largos, pan viejo y galleta.</p> - -<p>Había también cosas de ferretería, frenos, -facones, cuchillos, tijeras de esquilar, hachas, -lebrillos y cacerolas y una punta de -chirimbolos más, pero del otro lado de la reja, -lo mismo que las cosas de tienda, bramante, -zaraza, coleta, ponchos, camisetas, -pañoletas, calzoncillos, chiripás, hilo, canutillo, -pañuelos de seda celestes y colorados, y -qué sé yo qué cosas más.</p> - -<p>La casa era un galpón grande con techo -de fierro, y al fondo tenía un cuartito que me<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[Pg 28]</a></span> -pareció el dormitorio de doña Carolina. Afuera, -á unas diez varas y como cuadrando la -especie de patio de tierra pisoteada, que -quedaba entre la ramada y el palenque, había -otro galpón más chico, pelado, sin otra -cosa que un fogón en el medio, hecho con -una llanta de carro, y lleno de ceniza: no había -cama, ni en qué sentarse, pero era la <em>comodidad</em> -de los forasteros que se quedaban -á dormir en el negocio. Eso no es nada para -cualquier hombre de campo, que arma cama -con el recado; pero yo, sin más que lo puesto, -ni una pilcha para abrigo, lo iba á pasar muy -mal si no llegaban á tiempo los de Torres...</p> - -<p>Me llamó muchísimo la atención no ver á -nadie más que á doña Carolina, ni en las -casas, ni en el galpón, ni por ahí cerca. Los -animales que andaban en un pastizal medio -alambrado, eran cinco ó seis guachitos y un -overo rosado que, por la pinta, debía ser -viejón y manso y de la silla de doña Carolina.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[Pg 29]</a></span></p> - -<p>Afuera de la ramada había colgado un -cuarto de carne, y una nube de moscas revoloteaban -al rededor, mientras que otras, paradas, -estaban acresándolo. Pero de balde -miré á todos lados á ver si había gente: no vi -á nadie.</p> - -<p>—¿Cómo puede vivir esta pobre mujer, en -tanta soledad?—pensé.—Los perros no bastan -para cuidarla, porque cualquier malevo -los achura, y después á ella, y le roba hasta -la última hilacha... ¡Se necesita ser guapa!... -Sólo que la gente haya ido al pueblo...</p> - -<p>Ya me empezaba á interesar la gringa, así -es que me volví á las casas y le pregunté:</p> - -<p>—Perdone, misia Carolina; pero ¿usted está -sola aquí, en esta casa?</p> - -<p>—Sí,—me contestó—no somos más que -yo, y un viejito que está ahí, en el bajo del -arroyo, cuidando los chanchos. Es el que me -ayuda un poco.</p> - -<p>—¡Caramba, señora! ¿Y no tiene miedo de<span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[Pg 30]</a></span> -vivir tan retirada del pueblo, en esta soledad? -Porque el viejo poco ha de servir para compañía...</p> - -<p>—¡Así es, el pobre ya está muy viejo!... Y -aunque yo tengo una escopeta, y soy capaz -de usarla, á veces me da miedo... Por eso -pensaba tomar alguno para que me acompañara -y me ayudara á despachar... ¡pero, qué -quiere!...</p> - -<p>Al decir esto, me miró muy seria, muy -atenta, y después se quedó callada.</p> - -<p>—¿Y por qué no lo ha hecho?—le pregunté -por fin.</p> - -<p>—¡Eh! ¡por qué! por qué... Porque los que -querían conchabarse no me convenían... y -como no puedo pagar más que quince pesos -al mes... Por ese sueldo hoy no se acomodan -nada más que los que no sirven, aunque se -les dé la casa y la comida...</p> - -<p>Yo, entonces, medio serio, medio riéndome, -le dije:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[Pg 31]</a></span></p> - -<p>—¿Y yo también soy de los que no sirven?</p> - -<p>—¡Oh!, ¡usted no!—me contestó mirándome -á los ojos.</p> - -<p>—¿Y entonces? ¿no le dijo mi amigo el repartidor?...</p> - -<p>—Sí, son cosas que se dicen, y después...</p> - -<p>—Pues mire, señora, lo que es yo, trabajaría -con usted, no digo por esa plata... hasta -por mucho menos... Estoy cansado de andar -rodando... Lo que tiene, que no traigo recomendaciones... -ni tengo en el Pago más conocido -que el repartidor...</p> - -<p>Doña Carolina me volvió á mirar un rato, -sin abrir la boca, como para verme las intenciones -en la cara. Yo no soy un buen mozo, -ya lo sé, pero tengo algo, algo que me hace -simpático, sobre todo á las mujeres. ¿Se ríen? -¡Oh!... pues si yo les contara... El caso es que -á doña Carolina le debí parecer buen muchacho, -porque en seguida me dijo:</p> - -<p>—¡Si fuera sólo por eso de las recomenda<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[Pg 32]</a></span>ciones, -no importaría, porque usted no tiene -laya de ser mala persona, al contrario!... Pero, -¡qué ha de querer una colocación así, cuando -hasta de peón puede ganar dos ó tres -pesos diarios, cuando menos!</p> - -<p>Le conté entonces que yo era más pueblero -que hombre de campo, y que no me gustaba -trabajar al viento y al sol, como tenía -que hacerlo para no morirme de hambre -desde que principié á andar en la mala y -perdí lo poco mío que tenía. Le dije que me -quitaron un empleíto en Buenos Aires, por -intrigas de un compañero traidor que me -quería sustituir; que después anduve por las -provincias del interior, corriendo tierras y -buscando la suerte, pero que todo me salió -mal hasta que tuve que volverme con una -mano atrás y otra adelante. En fin, le hice -un cuento de los que no se empardan; y ella -me escuchaba con mucho interés y atención: -hasta me parece que lagrimeó un poco...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[Pg 33]</a></span></p> - -<p>En esto, entraron unos carreros á tomar la -copa y yo me salí para el patio.</p> - -<p>Los carreros andaban apurados y se fueron -en seguida. Doña Carolina me chistó:</p> - -<p>—Bueno—me dijo,—si quiere, quédese -aquí unos días para probar...</p> - -<p>—¡Qué probar ni qué probar! ¡Si me quedo -aquí, será para toda la vida!—dije entusiasmado.</p> - -<p>—¡Quién sabe!... En fin, le pagaré por -ahora los quince pesos, y después... si los -negocios andan bien, veremos... Le daré un -poco de ropa, tiene la comida asegurada, y -puede dormir en el galpón, que yo le prestaré -unas jergas para blandura y un ponchito -para que se tape.</p> - -<p>Ahí no más cepillé un gato de puro contento.</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[Pg 34]</a><br /><a name="Page_35" id="Page_35">[Pg 35]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>V</h2> - - -<p>Cuando volví á salir al patio ya era casi -noche, y me encontré al viejo de los chanchos -que había vuelto al entrarse el sol. Estaba -pitando un cigarro negro, sentado en -una cabeza de vaca, á la puerta del galpón, -por la que se veían las llamaradas de una fogata -de leña y un humazo terrible que no -dejaba divisar las paredes.</p> - -<p>—¿Tomando el fresco, paisano?—le pregunté, -para entrar en conversación.</p> - -<p>—Ansina mesmo es, don—me contestó;—demientras -se calienta l'agua y medio si asa<span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[Pg 36]</a></span> -el churrasco. ¿Quiere dentrar y prenderle á -un verde?</p> - -<p>—Con mucho gusto, amigo don...</p> - -<p>—Cipriano, p'a servirlo,—añadió el viejo, -que se sacó el pucho negro de la boca, mirándolo -y remirándolo, como con pena de -que se acabara tan pronto.</p> - -<p>Entramos en el galpón. Al lado del fuego, -que ardía con grandes llamas y chisporroteo -de leña verde, echando un humo espeso y -agrio que hacía lagrimear, hervía una inmensa -pava, negra de ollín; al lado estaba la -enorme yerbera cuadrada, de palo, mediada -de yerba parnanguá, entre la que se asentaba -el mate, una galleta muy bien retobada -con vejiga. Al calor de la llama, se iba asando -un pedazo de carne de la que vi colgada, -y ahí no más, cerquita, el porrón de la salmuera. -El viejo era amigo de su comodidad. -Entró la cabeza de vaca, yo me senté en otra, -y comenzamos á matear y á menearle taba.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[Pg 37]</a></span></p> - -<p>—¿Y p'ande va, amigo?—me preguntó -don Cipriano, brindándome un amargo.—Porque -usted no es del Pago, ¿no?</p> - -<p>—No; no soy del Pago, pero voy á ser—le -dije.</p> - -<p>—¡Ajá, está bueno! ¿Y ande piensa trabajar?... -si me permite la pregunta.</p> - -<p>—Aquí mismo. Me quedo á ayudar á la -patrona.</p> - -<p>—¡Bien haiga! Falta le hacía á la pobrecita, -dende que murió el finao, aura hará un año -p'a la yerra... La mujer no ha di andar sola, -dispués de haber tirao en yunta... Solita, se -hace mañera, y no sirve ni p'a noria.</p> - -<p>Al principio no entendí bien lo que me -quería decir el viejo, pero la agachada era -demasiado clara, para que al fin no cayese -en cuenta. Refregándome los ojos que me -ardían con el humo, le dije con retintín:</p> - -<p>—¡Sola!... tan sola no vivía, desde que estaba -con usted.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[Pg 38]</a></span></p> - -<p>—Se mi hace que l'incomoda la humadera, -amigo, y que no ve lo maceta que mi -han puesto los años... ¡Y cómo será cuando -tuavía no gastábamos más leña que la de -oveja, ni pitábamos más que naco ó cuerda, -y yo era viejón y duro de coyunturas!... No -friegue pues, mocito.</p> - -<p>Yo me eché á reir. El viejo, después de -estarse callado un rato, siguió con los cuentos -de la patrona.</p> - -<p>—Dende que murió el finau, que Dios -tenga en gloria, doña Carolina anda como -pan que no se vende. ¡Á esa moza—porqu'es -moza tuavía,—le falta algo, está claro! Y la -verdá que anqu'es trabajadora y se levanta -al alba, la esquina suele ser de mucho trajín -p'a ella sola, pobrecita...</p> - -<p>Chupó tranquilamente el mate, y después -siguió:</p> - -<p>—Y es buenaza la patroncita... Cuando vivía -el finau, todo era mimos y comiditas... -<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[Pg 39]</a></span> -Aura, rejunta cuanto guacho encuentra y los trata como -á hijos... Á mí, á su lau no me falta nada, y eso que soy un viejo -deslomao que no vale ni una sé di agua... Y hace mucha caridá, y no -hay rancho de pobre por ahí cerca, en que no la quieran como al pan -bendito...</p> - -<p>—Me alegro de tener una patrona así,—le dije—de ese modo me voy á -quedar aquí toda la vida.</p> - -<p>Me miró con una risita fregona, y después de un rato agregó, mientras -encendía un candil de sebo de carnero:</p> - -<p>—¡Mire!... usté, lo que debe hacer, mocito, es endilgarselé derecho -no más, y ronciarla de lo lindo, pero sin faltarle, eso sí... Usté -no me parece lerdo, más que para lo que sea cosa'e sudar, y ella, la -pobre, necesita compañía... Oigalé á este viejo que no ha visto al -ñudo tanta madrugada, y siga su mal consejo, que le ha d'ir bien... Y -aura, vamos á tender -<span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[Pg 40]</a></span> -el asador y á echarle la salmuera p'a qui -acabe de asarse al rescoldito... ¡Ya verá qué -charrusco! También ya no sirvo p'a otra -cosa.</p> - -<p>Saqué el cuchillo y busqué donde afilarlo, -pensando en lo que me había dicho el viejo -ño Cipriano, que no dejó de interesarme mucho. -La verdad que allí podían acabar mis -penurias, sin hacer mal á nadie, y principiar -una vida tranquila y honrada, con una buena -mujer, unos pesos siempre listos en el bolsillo, -trabajo descansado y divertido, una copita -cuando se me antojara, comida abundante, -cama blanda...</p> - -<p>—Á naides ha querido conchabar de todos -los que han venido á ofrecerse,—dijo ño Cipriano.—Y -si lo ha tomau á usté, es porque -ya tiene más de la mitá del camino andau. -¡Arriejesé sin miedo, mozo!</p> - -<p>Le iba á contestar, cuando oí que doña -Carolina me llamaba desde la ramada:</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[Pg 41]</a></span></p> - -<p>—¡Eh! ¡joven, eh! Venga aquí, haga el favor.</p> - -<p>Todavía no le había dicho mi nombre.</p> - -<p>Salí y fuí á la ramada.</p> - -<p>—¡No!,—gritó doña Carolina.—Entre nomás -por el patio, que los dos vamos á comer -aquí adentro, en esta mesa.</p> - -<p>Había puesto un mantel limpito, dos cubiertos, -una pila de platos, pan con grasa, -queso fresco, una caja de sardinas abierta, -y un gran platazo de nueces y pasas.</p> - -<p>—Aquí se come á lo pobre, y usté dispensará -porque no hay cómo hacer muchas cosas.</p> - -<p>—¡No diga, señora!—le contesté.—Si viera -los gofios que he comido todo este tiempo, -y el maíz cocido de las provincias del norte, -no pensaría eso. Muchos días me lo he pasado -con una galleta y un traguito de aguardiente, -y otros, sin galleta...</p> - -<p>—¡Pobre mozo!—dijo doña Carolina, que -se había puesto tristona, y medio lagrimeaba,<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[Pg 42]</a></span> -como yo en el galpón con el humo—Pero -ahora, siempre tendrá lo más preciso, porque -aquí, gracias á Dios, nunca falta que comer...</p> - -<p>Y aquella noche, al menos, era verdad, -porque comimos sopa de fideos, las sardinas, -una ensalada de carne, asado, el queso, las -pasas y nueces, y qué sé yo, hasta que tuve -que decir que no quería más, al servirme la -segunda botella del vino que habíamos probado -con el repartidor...</p> - -<p>¿Á qué contarles la conversación, mientras -cenamos, ni lo alegre que me acosté, ni lo -bien que dormí esa noche en un montón de -bajeras y cueros de carnero bien lavados y -blandísimos?... ¡¡y hasta con sábanas!!</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[Pg 43]</a></span></p> - -</div> - -<h2>VI</h2> - - -<p>Me levanté al alba, agarré una escoba y -me puse á barrer la ramada y el corredor de -la casa, porque misia Carolina todavía estaba -durmiendo encerrada adentro.</p> - -<p>De repente se me apareció, me quitó la -escoba de las manos, como si estuviese muy -enojada, y me dijo:</p> - -<p>—¡No quiero que haga eso! Más bien entre -al negocio; arrégleme las bebidas y después... -¿Sabe escribir?</p> - -<p>—¡Cómo no, señora! y tengo bastante linda -letra.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[Pg 44]</a></span></p> - -<p>—Bueno, me alegro. Entonces, me va á -poner en limpio la libreta de cuentas.</p> - -<p>—¡Perfectamente, señora: yo haré todo lo -que me mande! Pero tampoco me incomoda -lo de barrer, así es que si usted quiere, puedo -hacer las tres cosas, porque las mañanas -son muy largas todavía.</p> - -<p>—¡No, no! Vaya al negocio nomás; yo le -iré á ayudar en seguida.</p> - -<p>¿Eh? ¿qué tal? ¿qué me dicen? Me parece -que los primeros golpes estaban bien dados, -¿eh?</p> - -<p>Entré al almacén, tomé mi mañana, más -abundante y mejor que de costumbre, y me -puse á arreglar las botellas, que en su mayor -parte eran falsificadas en la licorería de Pago -Chico y unas misturas asquerosas. Al ver -esto, se me ocurrió una invención que debía -dar muy buenos resultados. Cuando acabé -con las botellas busqué una libreta nueva, y -principié á copiar la vieja toda ajada y mu<span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[Pg 45]</a></span>grienta -de tanto manoseo, llena de garabatos -y rayas y borrones. Escribí que era un primor, -y ya estaba acabando cuando entró -misia Carolina, que se quedó embobada al -ver mi trabajo y me miró con admiración, -casi con susto de que me le fuera á ir. Para -admirarla todavía más, le dije sobre el pucho:</p> - -<p>—¿Sabe, señora, lo que se me ha ocurrido? -Que, como yo sé fabricar coñac, hacer dos -cuarterolas de vino de una sola, falsificar el -biter, el ajenjo, el anís, y todo lo demás, lo -mismo que misturar la yerba buena con la -mala sin que se conozca—podemos hacer -aquí todas esas cosas. Usté ganaría muchísimo -más que ahora, que está regalando la -platita al licorero falsificador de Pago Chico.</p> - -<p>Misia Carolina abrió tamaños ojos, se rió -un poquito, pero no consintió en seguida.</p> - -<p>—¡Eso es tan difícil! ¡se necesitan tantas -cosas!</p> - -<p>—No crea, señora, con poco se hace.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[Pg 46]</a></span></p> - -<p>—No importa, por ahora no; después veremos. -¡Hay tiempo!</p> - -<p>Pero yo ya le había ganado la voluntad y -medio se me recostó en el hombro, para volver -á ver la primorosa libreta.</p> - -<p>Tan bien iban las cosas, que esa mañana -el almuerzo fué mejor todavía que la cena -de la noche antes, porque, además de puchero, -hubo gallina con arroz, tortilla, mazamorra -con leche y dulce de membrillo. La -patrona echaba el resto ó poco menos.</p> - -<p>Entonces principié la vida gorda, las grandes -charlas y beberaje con los marchantes, -las jugadas al mus, al truco y á la taba, las -payadas y guitarreos, los viajes de todo un -día, hasta el Pago, en el overo maceta.</p> - -<p>—Diviertasé, divirtasé nomás,—decía misia -Carolina,—que para eso es joven; y -mientras no me falte al trabajo...</p> - -<p>La verdad es que la gringa no hablaba del -todo así, como he dicho yo. Se conocía que -era italiana, y decía <em>coven</em>, <em>trabaco</em>... Pero eso -<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[Pg 47]</a></span> - -no le hace. Al fin yo me divertía y gozaba -sin tener que pensar en nada. ¿Qué importa -la habla entonces? Yo también suelo ser fino -cuando quiero—¡oh! ¿y de no?—pero me -gusta que todos me entiendan...</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[Pg 49]</a></span></p> -</div> - -<div class="figcenter" style="width: 395px;"> -<img src="images/pag46.jpg" width="395" height="630" alt="p47ilo" /> -</div> -<p class="caption">Pero yo ya le había ganado la voluntad y medio -se me recostó en el hombro.</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[Pg 48]</a></span></p> -</div> - -<p>Bueno, pues: como las cosas iban tan bien, -me le animé á la gringa. Ya hacía tiempo -que la andaba pastoreando para eso, pero no -hallaba cómo principiar la declaración y me -daba miedo de pegar una rodada... En fin, -aquella tardecita me dije: "Amigo Laucha," -(Yo también me he acostumbrado á lo de -Laucha). "Amigo Laucha, lo que es de esta -hecha, que no se te escape". Y así fué nomás...</p> - - -<p>Cuando ya estábamos acabando de comer, -le busqué la vuelta y le dije:</p> - -<p>—¿Conque desde que enviudó, misia Carolina, -ha estado solita... solita y su alma?</p> - -<p>Le hablé con la voz tembleque y mirándola -medio al soslayo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[Pg 50]</a></span></p> - -<p>—¡Hace más de un año!—y suspiró la -gringa.</p> - -<p>Yo aproveché la bolada:</p> - -<p>—¡Qué lástima, tan joven!—y en seguida -le soplé, más despacito:—¡Y tan hermosa!</p> - -<p>Á la verdad, doña Carolina no tenía entonces -nada de fea, y era grande y gorda, -como á mí me gustan, puede ser por lo que -soy así flacón y bajito.</p> - -<p>—¡Qué quiere! ¡así son las cosas de la vida!—dijo -suspirando otra vez, y como si no -hubiese oído el piropo.—Y sola y mi alma me -he de morir, porque ¿quién me va á querer -á mí, vieja y fea como soy?...</p> - -<p>La gringa había esperado para retrucarme -el cumplimiento, pero con toda baquía me -dejaba un juego lindazo para mis intenciones... -y las de ella.</p> - -<p>—¡Señora!—le contesté, sobre el pucho y -muy estirado,—usted está en una posición -mejor que la mía, que si no, y perdone el<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[Pg 51]</a></span> -atrevimiento,—yo me comprometería á hacerla -feliz,—y que se olvidara del finadito. Y -¿sabe por qué?... porque á gatas la vi, me fué -muy simpática, y hoy ya la quiero de alma...</p> - -<p>Doña Carolina se agachó al plato, como -para seguir comiendo—pero no comió,—y al -rato me dijo despacio, como con miedo de -que le hiciera caso á lo que me decía:</p> - -<p>—No hablemos más de esas cosas.</p> - -<p>Yo me quedé callado, porque no había -para qué estirar mucho la prima, y era mejor -pasar por corto de genio... Ella fué la que -habló primero, mientras estaba sirviendo el -postre:</p> - -<p>—Cuentemé algo de lo suyo,... de su vida—me dijo.—Ya -sabe que me gusta mucho -oirlo hablar.</p> - -<p>—¡Mi vida ha sido tan triste hasta ahora, -misia Carolina!... Puras penas no más... He -sufrido mucho y no quisiera molestarla con -mis recuerdos...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[Pg 52]</a></span></p> - -<p>—Bueno,—contestó, medio afligida.—No -quiero que se vuelva á entristecer.—Y -entusiasmándose, siguió:—Ya no ha de pasar más -penurias, porque no va á estar toda la vida -conmigo como un dependiente... Usté es trabajador, -aunque le gusta divertirse á veces... -Lo voy á hacer entrar como socio: ya sabe -que en este boliche se gana platita. ¡Ya ve que -todas las noches saco treinta ó treinta y cinco -pesos del cajón, y hay, también, que contar -los fiados y las libretas!... Pero, si usté mismo -hace las bebidas, que son lo más caro, tenemos -que ganar mucho más.</p> - -<p>—¡Así es, señora!—le dije con los ojos -como patacón.</p> - -<p>—Digamé entonces lo que necesita,—siguió -ella,—y yo le daré la plata, para que se -vaya á Chivilcoy, ó al mismo Buenos Aires, -si es mejor, y se traiga todo...</p> - -<p>—¡Mire, doña Carolina, me hace llorar de -buena que es! ¡y créame, que no favorece á -un desagradecido!</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[Pg 53]</a></span></p> - -<p>É hice la farsa de limpiarme los ojos con -un pañuelo de seda celeste,—¡ah criollo!—que -ella me había regalado en los primeros -días y que tenía limpito y muy planchado. -Después seguí:</p> - -<p>—¡Bueno, señora! me iré mañana mismo, si -le parece, y con doscientos pesos haré el viaje -y compraré las cosas y las misturas que me -hacen falta. Y en un año, no habrá que -comprarle al indino del licorero más que la -soda y la cerveza...</p> - -<p>—¡Está bueno! mañana mismo irá.</p> - -<p>Pensé acercármele al ver que le brillaban -los ojos, pero en seguida me pareció que -quién sabe si no corcoveaba...</p> - -<p>Yo al fin, soy un poco corto de genio... -¡aunque no tanto!...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[Pg 54]</a><br /><a name="Page_55" id="Page_55">[Pg 55]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>VII</h2> - - -<p>Esa noche quedó arreglado y convenido -todo lo de la fabricación, y en buen camino -las otras cosas, que por lo visto no le habían -disgustado mucho á la gringa. ¡Ah! ¡me olvidaba! -también me dijo:</p> - -<p>—Usté no tiene capital, y aquí en el boliche -hay un capitalito de unos pocos miles -de pesos. Pero haremos cuenta que la mitá -es de usté, para no andar con embrollos.</p> - -<p>Yo me largué contentísimo al galpón, donde -tenía mi cama, pero aunque era blandita, -casi me pasé toda la noche revolviéndome, -sin poder pegar los ojos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[Pg 56]</a></span></p> - -<p>Pues en cuantito principió á clarear, ya estaba -con los huesos de punta y con todo -aprontado para el viaje...</p> - -<p>Tomé unos cimarrones con ño Cipriano, -que dormía en la otra punta del galpón sobre -unas pilchas viejas, y con quien nos habíamos -hecho amigazos. Cuando le conté lo de -la sociedad y el viaje, bailando de gusto, me -dijo muy serio:</p> - -<p>—Tenga mucho cuidau, paisano, con lo qui -hac'en la ciudá; no vay'á dejar qu'el asau si -arda antes de qu'esté en su punto. Usté va -lejos, pero más lejos van las mujeres... De -puro desconfiadas y ladinas, cuand'uno va, -ya están de güelta. ¡No se me descuide, y -se me quede di á pie cuando ya está estribando!</p> - -<p>Me hice el desentendido y me reí, brindándole -el mate que cebábamos una vez cada -uno, á lo resero. Después me levanté para -irme.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[Pg 57]</a></span></p> - -<p>—Bueno, hasta la vuelta, amigo don Cipriano.</p> - -<p>—Que le vaya bien y hasta la güelta mozo: -no se tarde, que el güay lerdo... ya sabe...</p> - -<p>Me fuí á despedir de la gringa que me dió -tres ó cuatro sacudones de manos, con los -ojos aguachentos, monté el sotreta overo -que ya había ensillado, y con su galope de -ratón seguí hasta un almacén de al lado de -la estación de Pago Chico. Ahí dejé el mancarrón, -muy recomendado, y me entretuve -tomando unas cañitas, porque todavía faltaba -rato para el tren...</p> - -<p>En Buenos Aires compré etiquetas con todos -los nombres y todas las marcas de las bebidas, -corchos, lacre, cápsulas de lata, esencias -de todo, y unas damajuanas de aguardiente -muy fuerte, que es lo principal para los -licores. No me olvidé tampoco de los polvitos -de anilina para dar color, ni de una pun<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[Pg 58]</a></span>ta -de yerbas y palos de droguería que necesitaba. -Compré también por si acaso un «Manual -del Licorista» y sin perder tiempo, acordándome -del buen consejo de ño Cipriano, -me volví á Pago Chico, y enderecé en seguida -para la esquina «La Polvadera», como le -sabían decir á la casa de negocio.</p> - -<p>No se me da la gana decirles, cómo me recibió -doña Carolina, pero les aseguro que no -fué mal... ¡No! ¡lo que es eso no! hasta ahí -no llegaba la broma todavía...</p> - -<p>Bueno, pues, al otro día mismo, ya me puse -á hacer mis menjunjes, y de ahí salió anís, -coñac, ginebra, guindado, hasta vermouth; rebajé -todo el vino que había (dejando unas -damajuanas aparte para nuestro uso) le eché -mucho aguardiente, un poco de anilina, y de -cada cuarterola alcancé á hacer más de dos, -como se lo había prometido á mi gringa. Y -todavía me acuerdo que, entusiasmado con -el trabajo, hasta inventé licores, ó más bien di<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[Pg 59]</a></span>cho, -el color, y así hice caña de duraznos -azul, ginebra amarilla como de oro, biter de -naranjas, verde y colorado, y un licorcito muy -dulce de vainilla, color violeta claro, que los -reseros sabían llevarle á la novia de regalo, -por lo rico, y sobre todo por lo lindo que era.</p> - -<p>La cosa resultó magnífica, y á los marchantes -les gustaban más algunas bebidas hechas -por mí, que las legítimas—puede ser que -porque eran más fuertes.—Y decían al pedirlas:</p> - -<p>—¡Eh, mozo! una caña... de la que toma -el patrón, ¡eh!</p> - -<p>Carolina estaba muerta de contenta y un -día me dijo:</p> - -<p>—Usté tiene unas manos de ángel (decía -<em>anquel</em>) y estamos ganando mucha plata. Y... -¿quiere que le diga? Lo que yo necesitaba era -un joven (<em>coven</em>) como usté... Y ahora que lo -conozco bien... ya le puedo prometer que... -que vamos á ser felices en todo sentido...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[Pg 60]</a></span></p> - -<p>Yo no había vuelto á hablarle del asunto -serio, pero en todo aquel tiempo, la miraba -con ojos de carnero degollado, ronciándola y -pensando: «¡Ya has de caer! ¡ya has de -caer, mi vida!» seguro de que no se me iba -á escapar. Y todavía haciéndome el sonso, le -salí con esta agachada:</p> - -<p>—¿Qué quiere decirme, señora, con <em>felices -en todo sentido</em>?</p> - -<p>La gringa se desentendió, contestándome -colorada:</p> - -<p>—Conversaremos esta noche, después de -cerrar el negocio... Entonces le diré la contestación...</p> - -<p>Yo hubiera bailado en una pata, de puro -contento.</p> - -<p>Y efectivamente... Cuando acabamos de -comer, cerré la puerta de la ramada—que se -cerraba por afuera,—entré al negocio por la -del patio, y me encontré á Carolina que me -estaba esperando.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[Pg 61]</a></span></p> - -<p>—Ahora puede decirme—principié despacito, -para quitarle los últimos recelos.</p> - -<p>Pero ya no había necesidad de tantas -historias.</p> - -<p>—Bueno, conversemos,—dijo muy seria.—Pero -antes digamé la verdad... ¿Usted se -casaría conmigo?...</p> - -<p>Le iba á contestar, pero no me dejó.</p> - -<p>—Soy un poco vieja y fea—siguió con una -especie de coqueteo que hoy me da risa—pero -lo quiero mucho, y como le dije hoy, -podemos ser felices en todo sentido... La cosa -es, que hay que casarse, si no, <em>¡niente!</em></p> - -<p>Yo nunca había pensado en semejante -cosa, pero comprendí que la gringa no iba á -aflojar ni por un queso, y conseguí ponerle -buena cara.</p> - -<p>—¡Oh, misia Carolina! Nunca creí otra cosa, -y casarme con usted será mi felicidá—le -dije.</p> - -<p>Se rió muy contenta, y me dió la mano<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[Pg 62]</a></span> -que me apretó mucho, con los ojos medio -llorosos.</p> - -<p>—¡Bueno, bueno!—siguió.—Entonces -yo le daré lo que quiera, y si no tiene inconveniente, -mañana mismo se va á Pago Chico, -á comprar todo lo que haga falta para casarnos -en cuanto pasen las amonestaciones...</p> - -<p>Y como para ensartarme más de lo que -estaba, me dijo que el negocio no era más -que una parte de su fortunita, porque tenía -un campito ahí cerca, arrendado á unos vascos, -unos pesitos puestos en Buenos Aires, -en el Banco de Italia, y algunas cositas más -que yo vería después.</p> - -<p>—¡Aunque no tuviera en qué caerse muerta, -misia Carolina!—le dije contentísimo.—¡Sería -lo mismo para mí, y me casaría con -usté inmediatamente!... ¡Sí! Mañana mismo -me voy al Pago, á hacer las compras, á ver al -cura, á buscar los padrinos y mandarme hacer -una ropita decente, porque no me he de -casar como un zaparrastroso.</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[Pg 63]</a></span></p> -</div> - -<div class="figcenter" style="width: 420px;"> -<img src="images/pag63.jpg" width="420" height="630" alt="p63ilo" /> -</div> - -<p class="caption">Se rió muy contenta y me dió la mano.</p> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[Pg 64]</a></span></p> -</div> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[Pg 65]</a></span></p> -<p>Y agarrándola por la cintura, como para -bailar, le grité:</p> - - -<p>—¡Ya verás, m'hijita, qué felices vamos á -ser!...</p> - -<p>Pero aunque el negocio me conviniera -mucho, yo no dejaba de tener un poco -de vergüenza, por las relaciones y la familia, -que no iban á dejar de saber mi casamiento, -porque al fin y al cabo yo no soy -un cualquiera, aunque anduviese más pobre -que las ratas... ¡Y se me ocurrió una idea -macanuda!</p> - -<p>—Mirá, hijita—le dije sobre el pucho:—como -vos sos viuda y yo soy un poquito más -joven, como no tengo un real ni para remedio, -afuera de lo que vos me das,—será mejor -que tratemos de no dar que hablar á las -lenguas largas: ya sabés lo mala y enredadora -que es la gente, sobre todo en Pago<span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[Pg 66]</a></span> -Chico. Casémonos, pero sin fiesta, que para -fiesta bastante somos los dos...</p> - -<p>—¿Y de ahí?—me preguntó medio alarmada.</p> - -<p>—¡Mirá! Arreglamos con el cura Papagna -la dispensa de las amonestaciones; viene -aquí mismo, nos casa, con algún vecino, ó el -mismo ño Cipriano, y una amiga de confianza, -de padrinos, y después, cuando todo el -mundo sepa y se haya acostumbrado, si se -nos antoja, podemos dar cuanta farra se nos -dé la gana, sin que nadie se ría de nosotros, -ni ande con habladurías, ni levantadas...</p> - -<p>—¡Hacé lo que querás!—me dijo por fin -la gringa, que estaba más contenta que cuzco -recién desatado.—Con tal de que nos case el -cura, y nos eche la bendición adelante de los -padrinos, á mí no me importa nada. ¡Hacé lo -que querás!...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[Pg 67]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>VIII</h2> - - -<p>¡Pues, señor! Echo en saco roto una punta -de menudencias para contarles lo del cura, -que es realmente divertido, como que á mí -mismo me dejó pasmado, y medio sonso, -aunque haya visto tantas cosas raras en la -vida.</p> - -<p>Este cura, que era un napolitano cerrado -de lo que no hay, hacía poco que estaba en -el Pago, pero por las mentas ya se había -puesto riquísimo y pensaba irse pronto á su -tierra. ¡Rico! Díganme, háganme el favor, -cómo puede ponerse rico un cura, en un<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[Pg 68]</a></span> -pueblo de campo, aunque le lluevan las limosnas -y le goteen las velas para los santos, y -haga como el sacristán de Nuestra Señora de -la Estrella: «la mitá p'a mí, la mitá p'a ella». -Yo no creía, ni muchos creían tampoco, que -el cura Papagna estuviese regularón siquiera; -pero es que era un verdadero pillo, un gran -canalla, un fraile como no he visto otro en -todas mis recorridas por esta tierra, en que -he hallado unos muy buenos, otros regular -no más, y otros muy malos... ¡No, lo que es -como aquél!...</p> - -<p>El cura Papagna era bajito, gordinflón, -muy narigueta, bastante canoso, con unas -manos peludas y como patas de carancho, -¡pero más gruesas, natural! Andaba siempre -con la sotana perdida de lamparones, y la -barba sin afeitar de muchos días, así es que -parecía—y era—¡un sucio! Yo no sé si han -notado que hay gente que se diría que no -se afeita nunca; pero entonces ¿cómo es<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[Pg 69]</a></span> -que siempre tienen cortos los pelitos de la -barba?...</p> - -<p>Bueno, pues, cuando salía al campo, á casar -y á bautizar, iba en un bayo tan peludo y -tan sucio como él. Por el pueblo poco se le -veía, sino en la misma iglesia y á la hora de la -misa, ó cuando había rosario, novenas, ó qué -sé yo. Según decían los comerciantes del -Pago, nunca gastaba un cobre, y hasta vendía -las gallinitas y pollitos que le llevaban de -regalo las beatas. Siempre andaba llorando -miseria aunque el cuerpo le destilara grasa -por todos lados. ¡Corrían unos cuentos de -él!... Muchos vecinos se habían quejado varias -veces al arzobispo, no me acuerdo bien -por qué, pero el arzobispo se hizo la chancha -renga, y el cura Papagna siguió tan suelto de -cuerpo en la parroquia, casando, bautizando, -diciendo misa y predicando... ¡Vieran los sermones!... -Era cosa de perecer de risa. No se -oían más que las mentas de las barbaridades<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[Pg 70]</a></span> -y bolazos que largaba medio en napolitano, -porque ni el italiano sabía bien. Cuando fuí -á hablar con él, estaba en la sacristía, sentado -cerca de una mesa mugrienta, con las manos -cruzadas sobre la barriga, redonda como un -tremendo queso de bola.</p> - -<p>—¿Qué vulite?—me preguntó.</p> - -<p>—Yo, señor cura... venía... venía porque -me voy á casar...</p> - -<p>—¡Va bene! ¡va bene! Songo diechi nachonale... -¿É un qui se ne casa?... Bisoña pagá -andichipate pei publicazione... amonestazione... -¿Á mushash é de cá?... ¡Eh!... ¡vedite!... -¡diechi nachonale é poca roba!</p> - -<p>—¡Espere un poco, señor cura!... Es que -yo quisiera la ¿cómo se dice? ¡ah! ¡sí! la despensa -de las amonestaciones...</p> - -<p>—¡Allora so tranta!</p> - -<p>—Y que nos casara en casa de la novia...</p> - -<p>—Allora so sesanta... Un pozo fá de meno.</p> - -<p>—¡Oh! por eso no importa, señor cura: se<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[Pg 71]</a></span> -le pagarán los sesenta pesos... Pero, ¿y cuándo -nos podrá casar?</p> - -<p>—Cuanne vulite... ¿E qui é á compromesa?</p> - -<p>—¿La qué, dice?</p> - -<p>—La mushás...</p> - -<p>—¡Ah! ¡Sí! Doña Carolina, la viuda, ¿sabe? -la de la pulpería de la Polvadera...</p> - -<p>—Va bene, va bene.</p> - -<p>Y el cura se quedó un rato callado, como -pensando. Después, medio riéndose, se levantó -de la silla, se me acercó, y agarrándome -la solapa de la chapona, me dijo despacito, -como para que nadie lo pudiese oir...</p> - -<p>¡Ah! Como me parece que alguno de ustedes -no entiende el nápoli, lo voy á hacer hablar -en castilla.</p> - -<p>—¿Pero usté quiere casarse de veras?... -¿en el libro de la parroquia?—me dijo.</p> - -<p>Al principio no le entendí lo que quería -decirme y lo miré azorado.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[Pg 72]</a></span></p> - -<p>—¿Por qué me dice eso?—le pregunté -por fin.</p> - -<p>—¿Eh?—me contestó el muy sinvergüenza.—Porque -hay algunos que quieren casarse, -sí, pero que no les pongan el casamiento en -el libro... Entonces, yo les hago un certificado -en un papel suelto, y se lo doy para que -lo guarden. Entonces... ¿pero no va á decir -nada, eh?</p> - -<p>—¡Qué esperanzas, padre!</p> - -<p>—¿De veras?</p> - -<p>—¡Mire: por éstas!</p> - -<p>—Entonces, si la mujer es buena, ellos lo -guardan; pero si no es buena, lo rompen y se -mandan mudar si quieren, y la mujer no puede -hacer nada, ¡eh!... Yo tengo permiso para -casar así, pero nadie tiene que saberlo, porque -es un secreto de la iglesia... y también es mucho -más caro que el otro casamiento...</p> - -<p>¡Qué iba á tener permiso el cura picarón! -Era una historia que había inventado para <em>far<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[Pg 73]</a></span> -l'América</em>, y llenar pronto el bolsillo aunque -se fuera al infierno derechito,—tantas ganas -tenía de volverse á su tierra á comer pulenta -y macarrones.</p> - -<p>Pero, después de un rato... la verdá... pensé -que no sería malo casarse así, como él decía, -aunque nunca, ni menos entonces, se me -había pasado por la cabeza engañar á la gringa, -tan buena y tan cariñosa... El diablo del -cura me tentó, yo no tenía la culpa, al fin y al -cabo, y como lo que era por plata no había -que echarse atrás, porque Carolina tenía bastante, -pisé el palito, me pareció que ésa era -una gran seguridad para mí, y le dije al cura:</p> - -<p>—¿Y cuánto sería el gasto de ese modo, -padre Papagna?</p> - -<p>—Trechento pesi.</p> - -<p>—¿No puede algo menos?—le pregunté, -porque para rebajar siempre hay tiempo.</p> - -<p>—¡Ni un chentavo!... Y además, usté me va -jurar, por el santo Dios y la santísima Virgen, -<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[Pg 74]</a></span> -¡que no le va á decir nada á nadie, de mientras -yo esté en <em>cuest'América</em>!...</p> - -<p>—¡Qué quiere, padre! No puedo darle -tanto... Y ni le pago, ni juro,—añadí, para -obligarlo á rebajar.</p> - -<p>Él medio se me asustó, y palmeándome el -hombro, comenzó á ver si me amansaba. Pero -no aflojé, ni él tampoco, y así estuvimos -un rato largo regateando. ¡Miren qué negocio -para regatear! ¡Hoy mismo me estoy haciendo -cruces!... En fin, cuando me dejó la cosa -en ciento cincuenta pesos, le dije:</p> - -<p>—Bueno, le pagaré y juraré,—pegándole -una palmadita en la panza, porque ya le había -perdido el respeto. ¡Y de no!</p> - -<p>Saqué el rollo que me había dado Carolina -y me puse á contar. ¡Le vieran los ojos al -fraile! ¡Parecía que se quería tragar la plata!</p> - -<p>Cuando le di los ciento cincuenta, los agarró -con sus uñas de carancho, de medio luto -<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[Pg 75]</a></span> -por la mugre, los contó él también, y los volvió -á contar. Se alzó la sotana y se los metió -bien al fondo del bolsillo del pantalón que tenía -abajo, como para que no se le escapasen.</p> - -<p>¡Y qué agarrado! Mientras estaba guardándolos, -temblaba todo, como si fuera perlático. -¡Nunca he visto cosa igual!... Después -se sosegó un poco y me dijo:</p> - -<p>—Bueno, ahora vamos á jurar.</p> - -<p>Me llevó á la iglesia por la puerta de la sacristía, -me hizo hincar enfrente del altar mayor, -y con mucha seriedad, principió:</p> - -<p>—¿Jura por Dios y por el Santísimo Sacramento -y por la Santa Virgen, no decir nunca -á nadie cómo lo he casado, mientras yo -esté en Pago Chico y en América?</p> - -<p>—¡Sí, juro!—contesté fuerte.</p> - -<p>—¡Ponga la mano sobre este libro, que -es el Evangelio, y de esta cruz, y jure otra -vez!... ¡Y si falta al juramento, los diablos lo -perseguirán en esta vida, y lo harán arder en -la otra!...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[Pg 76]</a></span></p> - -<p>Puse la mano como él decía, y volví á jurar.</p> - -<p>—¡Bueno! ahora levántese, dígame cuándo -quiere casarse, y se puede ir no más.</p> - -<p>—Hoy es jueves. El lunes á la noche, ¿no -le parece?</p> - -<p>—¡Benissimo! á la nove, ¿no?</p> - -<p>—Muy bien;... y ¿no tenemos que confesarnos?</p> - -<p>—¡Eh! ¡qué confesarnos, ni confesarnos!... -¡para esta clase de casamiento no se prechisa!...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[Pg 77]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>IX</h2> - - -<p>Figúrense lo contento que me iría á comprar -los muebles, aunque hubiesen mermado -tanto los pesitos que me dió la gringa Carolina. -Los gasté todos y todavía quedé debiendo -á nombre de la gringa, para pagar á los -dos ó tres meses; el mueblero no tuvo inconveniente -en fiarme, porque ya se sabía en el -Pago que yo era socio de la pulpería y algunos -me la achacaban de querida á la gringa. -¡La gente es tan mala!...</p> - -<p>¡Bueno, pues! nos casamos el lunes que -habíamos dicho con el cura, y salieron de<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[Pg 78]</a></span> -padrinos el viejo ño Cipriano, y una parda -medio adivina que vivía en un ranchito cerca -del negocio, y siempre andaba descalza y de -pañuelo colorado en la cabeza.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[Pg 79]</a></span></p> - -<p>Carolina se había encajado un gran traje -de seda negra, con pollera de volados y bata -de cadera, y se había puesto una manteleta -en la cabeza, que le pasaba por detrás de las -orejas y se ataba debajo de la barba, unas -caravanas larguísimas de oro que le zangoloteaban -á los lados de la cara redonda y colorada, -y un tremendo medallón con el retrato -del finadito, de medio cuerpo. Después se -puso el mío...</p> - - -<p>El cura, que fué en su bayo peludo, sin -sacristán ni nada, nos echó sus jerigonzas, -en dos minutos, hizo firmar la partida de casamiento, -la firmó él también, salió al patio -<span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[Pg 80]</a></span> -conmigo, me dió el papel sin que nadie lo -viera, montó el sotreta, y se largó al trotecito -para el pueblo, gritando:</p> - - -<p>—¡Eh! ¡Que siano feliche!...</p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[Pg 81]</a></span></p> - -</div> - -<div class="figcenter" style="width: 419px;"> -<img src="images/pag79.jpg" width="419" height="630" alt="p79ilo" /> -</div> -<p class="caption">—¡Eh! ¡Que siano feliche!</p> - - -<div class="chapter"> -<p>No se quedó á comer como lo había invitado -Carolina—y eso que era un gran tragaldabas,—seguramente -porque en el Pago no -se fuera á maliciar la cosa del casorio falluto.</p> -</div> - - -<p>Pero se llevó un pollo asado, una botella -de Chianti y otras cositas más...</p> - -<p>Carolina, que se pintaba sola para esas -cosas, había hecho una cenita de regular -arriba,—y los cuatro,—yo, ella, ño Cipriano -y la parda,—nos sentamos á comer y á chupar -en grande. ¡No, si era chacota!... El -viejo se le prendió al vino como guacho hambriento -á leche recién ordeñada. La parda, de -consiguiente. Carolina se puso medio alegrona, -y yo... ¡no les digo nada!... Á los postres -ño Cipriano, para rematar la fiesta se le -prendió á la caña de durazno y soltando refranes -y dando consejos, se mamó tan fiero, -¡que tuvimos que llevarlo al galpón entre -los tres!...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[Pg 82]</a></span></p> - -<p>—¡Cosas de la vida! ¡Cosas de la vida!—decía -la parda, trastabillando, lagrimeando y -babosa con la tranca.</p> - -<p>Al rato se enloqueció del todo, y como ni -podía estarse parada, se tuvo que quedar -aquella noche. Al otro día le dijo á Carolina -que había soñado que un ángel bajaba del -cielo para venir á bendecirla á ella y á mí, y que -ésa era seña segura de que íbamos á ser lo -más felices. Que también soñó que le regalaban -unas gallinitas, y un corte de vestido... ¡Miren -la parda ladina!...</p> - -<p>La gringa de puro contenta, porque yo no -le había mezquinado aquella noche,—y si no -¡jueguenlé risa no más! ¡después de andar -galgueando tanto tiempo!—le regaló efectivamente -las gallinas y el generito y hasta me -parece que un par de pesos de yapa, con lo -que la parda se fué contentísima, blanqueándole -los dientes y relampagueándole los ojos.</p> - -<p>Yo la atajé cerca del palenque, para pedir<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[Pg 83]</a></span>le -que no fuera á decir nada del casamiento, -que tenía que ser cosa muy secreta.</p> - -<p>—¿Y á quién l'he d'ecir?—me contestó,—si -pronto vo á dirme del pago!...</p> - -<p>Y era verdad, porque á los dos meses -se fué.</p> - -<p>Pero ¡miren lo que son las cosas! Habíamos -empezado tan bien cuando ¡zás-trás! -¡no faltó quien viniera á descomponer el -baile! En esta vida no hay fiesta completa.</p> - -<p>Ño Cipriano, que dejamos tumbado en el -galpón, no aparecía aunque el sol ya estuviese -alto. Al principio no nos fijamos, pero -Carolina me preguntó de repente:</p> - -<p>—¿Che, lo has visto al viejo?</p> - -<p>—No, ¿y vos?—le contesté.</p> - -<p>—Yo tampoco.</p> - -<p>—Se habrá ido p'al arroyo con los chanchos.</p> - -<p>—¿Que no ves los chanchos encerrados en<span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[Pg 84]</a></span> -el chiquero? ¡quién sabe si no le ha pasado -algo!...</p> - -<p>—Estará durmiendo la mona; pero, no le -hace, vamos á ver.</p> - -<p>Fuimos al galpón ¡y qué les cuento! nos -encontramos al viejo ño Cipriano tendido -panza arriba, todo como acalambrado, con -la cara color violeta, y frío, helado. Carolina, -asustada, comenzó á darle <em>fletaciones</em>, pero -¡qué caray! al divino botón: el pobre viejo -con la mamúa, había cantado para el carnero. -La gringa se me puso á llorar como una -Magdalena.</p> - -<p>—Pero ¿qué te da, hijita, para llorar de -ese modo?—le pregunté.</p> - -<p>—Es que... ¡es que ño Cipriano era tan -bueno! Y además...</p> - -<p>—¿Además, qué?</p> - -<p>—¡Que me parece que tenemos que ser muy -desgraciados! ¡Miren qué casamiento, con -un difunto en la casa, desde el primer día!...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[Pg 85]</a></span></p> - -<p>—¡Bah! ¡no seas pava!—le dije, enojado.—¡Ño -Cipriano estaba muy viejo, y cualquier -día tenía que estirar la pata!... ¡Eso no quiere -decir nada; ya sabés... muertos no hablan!... -¡Y, fuera de eso, acordate de lo del ángel y -no llorés, sonsa!</p> - -<p>Medio se calmó con lo que le dije, pero ya -quedó sentida para siempre, y asustadiza y -tristona. ¡Así son las mujeres, compañeros: -llenas de agüerías!</p> - -<p>Yo tuve que costearme al pueblo, á avisar á -la autoridad. Á la tarde se presentaron el comisario -Barraba, el doctor Carbonero, que -era médico de policía, y dos milicos. Después -de mucho registrar y molernos á preguntas, -de cómo había sido, y cómo no, se -llevaron á ño Cipriano en un carrito, para -abrirlo y ver de qué espichó, y me quedé solo -con Carolina, todavía más triste y asustada.</p> - -<p>—¡Lo van á achurar al pobre!... ¡Qué desgracia!... -¡<em>Maledetta sorte!</em></p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[Pg 86]</a></span></p> - -<p>Y volvió á llorar á sollozos.</p> - -<p>—¡Miren, la mujer tan grande y tan pazguata!... -Déjese de llanto misia Carolina, que -eso es de criaturas,—le dije en broma.—¡Para -lo que va á sufrir ño Cipriano con que le -anden adentro á estas horas! ¡Vaya! vamos á -tratar de divertirnos un poco. Los muertos -no quieren andar estorbando á los vivos, -sino que los dejen quietos. Récele si gusta, -pero ahora vamos á ver si comemos, ¡y -bien!</p> - -<p>¿No les parece natural? ¡Natural!</p> - -<p>Carolina se sosegó un poco, fué á cocinar, -comimos después de cerrar la pulpería, yo -traté de alegrarla con una punta de dichos y -hasta milongas, y tempranito no más nos -acostamos... Desde el otro día, principió la -vidorria y la farra, después de enterrar á ño -Cipriano que resultó bien muerto y sin culpa -de nadie.</p> - -<p>Los amigos—y ya tenía una punta—caían<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[Pg 87]</a></span> -como moscas á La Polvadera y yo los obsequiaba -lo mejor que podía.</p> - -<p>Carolina se pasaba la vida con las ollas y -acomodando la casa. Nosotros, para matar -el tiempo, y menudeándole á las copas, armábamos -jugarretas de truco y taba; después -hicimos riñas de gallos, y hasta dimos -bailongos en el patio, entre el palenque y la -ramada.</p> - -<p>En la taba y las riñas, el comisario—que me -había dado permiso, aunque el juego estuviera -prohibido en toda la provincia,—no se -llevaba más que la mitad de la coima, así es -que todo me hubiera salido perfectamente, si -no me da la loca por jugar fuerte á mí también.</p> - -<p>Como siempre perdía, Carolina principió á -rezongar.</p> - -<p>—¡Ya decía yo, cuando encontramos al -pobre ño Cipriano, que eso había de traer -desgracia! ¡Ya todo empieza á andar mal! -¡Oh, Madona, Madona mía!</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[Pg 88]</a></span></p> - -<p>Y estos lloriqueos y rezongos fueron empeorando, -empeorando. La gringa echó un -genio de la gran perra. Se me quería imponer -y teníamos un sin fin de peloteras, pero -¡qué había de poder conmigo, ni qué se iba -á poner mis pantalones, que tengo tan bien -puestos!... ¡Á cada zafarrancho, yo, de gusto, -lo hacía peor, cataba una mona, y el vino de -reserva era el que pagaba el pato!</p> - -<p>Por consejo de un amigote, y aunque rabiara -la gringa, hice arreglar bien el camino -real, en el retazo que estaba frente á La Polvadera, -que quedó parejito como un billar. Y -ahí no más armé carreras los domingos, también -con permiso del comisario Barraba, que -sabía á veces presentarse á cobrar la coima -en persona, para que no hubiese barullo, ni -peleas—decía.</p> - -<p>¡Vieran qué lindas farras! Los paisanos -caían que era un gusto, y el beberaje y el -fandango duraban desde la mañana hasta<span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[Pg 89]</a></span> -ya anochecido, el cajón se nos llenaba de -cobres, y yo tenía negocio y diversión á un -tiempo.</p> - -<p>Pero compré un potrillo zaino, parejero, y -ésa fué mi perdición...</p> - -<p>Una suerte perra me perseguía sin darme -alce. Agarraba una taba y ¡zas! culo sin fallar -una vez. Al mus siempre había quien se desemporotara -primero y ¡á pagar! Al truco -¡parecía cosa del diablo! los compañeros me -embromaban con que era capaz de perder -el envido con treinta y tres de mano. Si cantaba -flor, me echaban el contraflor el resto, -y si caía el bicho de parra, ya podía estar seguro -de que el contrario empacaba el de -amansar locos para darme en el mate. Mis -gallos, cuando no me resultaban juidos, tenían -que clavar el pico á las primeras de cambio. -«¡Pucha que había sido mulita, amigo!»—me -sabían decir los camaradas. Era una maldición, -y yo, como es natural, me calentaba<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[Pg 90]</a></span> -más cada vez y buscaba el desquite como un -toro furioso.</p> - -<p>Y como de uvita á uvita se acaba un parral, -los pesos volaban que era un contento. -Pero tenía una gran esperanza, que era el potrillo -zaino, lindo animal, fino de patas, de -pescuezo largo y cabeza chica, delgado, sin -ni esto de barriga, voluntario como él solo, y -más manso que el overo rosado de Laguna. -Yo mismo le daba de comer, lo bañaba, lo -rasqueteaba, y todas las mañanitas salía á varearlo -donde no me vieran. Y en unas cuantas -largadas que hicimos de balde y en secreto -con unos amigos, el pingo resultó de -mi flor. ¡Qué parejero! ¡Con él no me habían -de ganar ni por chiripa!</p> - -<p>Carolina á todo esto, viendo que la platita -se le iba como el agua de una tina sin arcos, -comenzó á armarme camorra peor que nunca.</p> - -<p>—¡Así no podemos seguir! ¡Estás tirando -todo lo que he ganado con mi <em>trabaco</em>, ca<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[Pg 91]</a></span>nalla!—me -decía medio rabiando, medio llorando.</p> - -<p>Cuando me hacía enojar mucho, yo gritaba -también y más fuerte que ella.</p> - -<p>—¡Dejáme en paz! ¡sos una gringa de porra! -¡No me incomodés que te puede costar -muy caro! ¡Calláte la boca, y más que ligero! -¿eh? ¿me has entendido?... ¡Si no te callás, te -va á pesar!</p> - -<p>¡Era que entonces me acordaba de lo del -casamiento y del papel que me había dado -el cura, pero sin intención de largarla, pobrecita!...</p> - -<p>Quiso esconder la plata, pero, ¡por donde -no la iba á encontrar yo, cuando me entraban -ganas de echar una talladita al monte -ó hacer un truco de cuatro! Y Carolina, al -ver que se la había pispado, gritaba y maldecía -primero, y después se metía á llorar en un -rincón.</p> - -<p>—¡No es por la plata! ¡no es por la plata!<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[Pg 92]</a></span> -¡Es que veo que no me querés y que no pensás -en mañana!</p> - -<p>—Dejá, hijita—le contestaba yo entonces, -amansado por sus lloriqueos.—¡Ya verás cómo -nos desquitamos! ¡No te aflijás, sonsa! ¡si -hemos de ser muy felices!</p> - -<p>—¡Ah, Madona, Madona mía!—suspiraba -la gringa.</p> - -<p>... En cuanto creí que el zaino estaba en -punto de caramelo, me apronté á dar el gran -golpe. Lo había tenido tapado, como ya les -dije, y no lo conocían más que dos ó tres -amigos, que pensaban jugar fuerte á sus patas, -y que no me iban á descubrir ni por un -queso.</p> - -<p>Un domingo por la madrugada agarré y lo -tusé desparejo, lo entrepelé, le llené la cola -de barro y abrojos, y lo puse, en fin, que parecía -el último matungo de una chacra de gallegos. -Después le puse un apero viejo, y -encargué á un peón de lo de Torres, que te<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[Pg 93]</a></span>nía -comprado, que á la hora de las carreras -cayese montándolo, á la pulpería. El peón se -llevó el parejero.</p> - -<p>—Hoy voy á correr con el zaino,—le dije á -Carolina.</p> - -<p>—Dejáte de esas cosas—me contestó.—¡Qué -carreras, ni carreras! El juego es la -perdición del cristiano.</p> - -<p>—¡Esta vez estoy seguro de ganar! Al zaino -lo he puesto desconocido, lo van á tomar por -un sotreta, ¡y ya verás la ponchada de pesos -que nos ganamos!</p> - -<p>—Prometéme, al menos,—dijo la gringa, -aprovechándose al verme blandito;—prometéme, -al menos, que si de esta hecha perdés, -no vas á volver á jugar.</p> - -<p>—¡Mirá, por éstas!—le contesté besando la -cruz de los dedos...</p> - - - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[Pg 94]</a></span></p> - -<div class="chapter"> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[Pg 95]</a></span></p> - -</div> - - -<h2>X</h2> - - -<p>¡Qué quieren que les diga! Principió á caer -gente y La Polvadera se llenó como la misma -plaza de Pago Chico, para un veinticinco de -mayo. Se largaron varias carreras. Corrió el -coperío, que no dábamos abasto para despachar. -El paisanaje se calentaba ya de lo -lindo, cuando llegó el peón con mi zaino.</p> - -<p>Había un tal Contreras, que le tenía mucha -fe á su crédito, un tordillo, ligerón, es cierto, -pero no gran cosa. Mi parejero no tenía ni -para empezar.</p> - -<p>Contreras era diablón, mal intencionado,<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[Pg 96]</a></span> -peleador de alma atravesada, y jugaba platales -que se agenciaba no sé cómo: dicen -que se los daba el pillo del escribano Ferreiro, -para que le guardara las espaldas, y -para que asustara á sus contrarios políticos... -¡con nada! palizas y hasta puñaladas y tajos -si á mal no venía.</p> - -<p>—¡Lindo su tordillo!—le dije, eligiéndolo -de ahijado, porque era hombre de meterle -un cien y es lo que me convenía.—¡Lástima -que se haya puesto tan gordo!</p> - -<p>—¿Gordo? ¡No embrome! Está en carnes, -compadre, y es capaz de tragarse al más -pintau. Y eso, que venimos de lejos...</p> - -<p>¡Mentira! Hacía una semana que lo tenía -descansadito en el Pago, preparándolo.</p> - -<p>—¡Bah!—le volví á decir para calentarlo -más.—En cuanto principian á echar panza...</p> - -<p>Me miró riéndose para que no le conocieran -la rabia.</p> - -<p>—¡No cargue, que no hay quien lave, pai<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[Pg 97]</a></span>sano! -Si quiere verle la panza, tiene que ponerse -antiojos. Y, barrigón ó no,—siguió -gritando:—¿á ver quién es el mozo guapo que -quiere perder cien pesos?</p> - -<p>Muchos se acercaron y nos rodearon.</p> - -<p>—En ese estau del caballo,—le contesté -sobre el pucho, medio riéndome,—yo le corro -con cualquier maceta.</p> - -<p>—¡Oiganlé! ¿Y con cuál?</p> - -<p>—Con este zaino abrojudo, sin ir más lejos. -¿Me lo empriesta, paisano?</p> - -<p>—¡Cómo no!—contestó el peón que lo había -llevado.—¡Corra no más!</p> - -<p>Contreras miró con atención el caballo, lo -palmeó, lo hizo andar un poquito.</p> - -<p>—Este mancarrón no es lo que parece,—me -dijo.—¡Á mí con l'uña! Pero... porque no -se diga... le corro, ¡bah!</p> - -<p>—¿Por los cien pesos?</p> - -<p>—¡Y entonces!</p> - -<p>—¡Depositemos!</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[Pg 98]</a></span></p> - -<p>—¿Depositemos? ¡Avise, compadre!—rezongó, -revolviéndome los ojos.</p> - -<p>Yo, sabiendo que aquello quería decir pelea, -me callé la boca, desensillé el zaino, le -puse bocado y una jerguita, me saqué el saco -y el chaleco, me hice una vincha con un pañuelo -colorado, y ¡ya estuvo!</p> - -<p>El paisanaje, caliente, jugaba á raja cincha. -Muchos ofrecían doble á sencillo contra mi -zaino. Yo agarré una punta de paradas, los -amigos que sabían la cosa, de consiguiente.</p> - -<p>El tiro era de dos cuadras. Después de unas -cuantas partidas, largamos, y mi potrillo principió -á sacar su ventajita, primero la cabeza, -después un pescuezo, después medio cuerpo, -¡sin castigar!... ¡Contreras venía á dos rebenques, -lonja y lonja!... Claro que el tordillo se -le iba á aplastar, pero estaba ciego de rabia -con la fumada... Yo vi mía la carrera, y por -no dar á conocer todo el juego del animalito, -lo llevaba sobre la rienda... Asimismo<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[Pg 99]</a></span> -saqué un cuerpo de ventaja, cuando ¡malhaya! -medio matando su tordillo, Contreras me -alcanza, le mete pierna al zaino, que rueda -largándome por las orejas y pasa como un -refusilo sin parar hasta la raya. ¡Hijuna!...</p> - -<p>Por suerte yo caí parado, pero, ¡vieran el -avispero que se armó! El paisanaje gritaba, -se insultaba, hasta zangoloteaba al juez de la -carrera... Salieron á relucir cuchillos, y si no -se mete el comisario Barraba, la cosa hubiera -acabado mal.</p> - -<p>Contreras volvía al tranquito, golpeándose -la boca, muy contento... ¡Me dió una rabia!...</p> - -<p>En cuanto me alcanzó—yo iba á juntarme -con los otros frente á la pulpería, cabrestiando -al zaino rengo,—no pude más y le grité:</p> - -<p>—¡Canalla! ¡Tramposo, sinvergüenza! Me -has metido pierna, ¡hijuna gran!...</p> - -<p>Ahí no más se tiró del caballo pelando el -fiyingo. Yo me eché atrás para desenvainar -también.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[Pg 100]</a></span></p> - -<p>Á mí no me gustan mucho esas cosas, ¿á -que decir? Soy bajito, bastante delgadón, no -tengo gran fuerza, y á más, no entiendo -mucho de cuchillo. Pero el hombre me apuraba, -los paisanos habían corrido á ver, y -había que hacer la pata ancha...</p> - -<p>Me tiró dos puñaladas que conseguí atajarme, -mal que mal. ¡Pero las papas quemaban, -compañeros!...</p> - -<p>—Á la larga no hay cotejo,—me gritaba -Contreras, bailándome alrededor y con unas -risitas calentadoras, como chungueándome.</p> - -<p>Yo ya me encomendaba á la Virgen viendo -la cosa mal parada, y el bárbaro aquél de seguro -me achura, si no llega Carolina, corriendo -y chillando, hecha una loca, y no sé cómo, -con la desesperación, ¡seguro! le arranca el -cuchillo de la mano.</p> - -<p>—¡Y ustedes lo <em>decan</em>, y ustedes lo <em>decan</em>!—les -gritaba á los mirones.</p> - -<div class="chapter"> -<div class="figcenter" style="width: 423px;"> -<img src="images/pag101.jpg" width="423" height="630" alt="p101ilo" /> -</div> -<p class="caption">Me tiró dos puñaladas que conseguí atajarme.</p> -</div> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[Pg 101]</a><br /><a name="Page_102" id="Page_102">[Pg 102]</a><br /> -<a name="Page_103" id="Page_103">[Pg 103]</a></span></p> -</div> - -<p>Los gauchos nos rodearon, desapartándonos -y recién entonces se acercó el comisario -Barraba. Yo había hecho la chambonada de -no decirle la cosa del zaino, y él le jugó al -tordillo... ¡Se necesita andar en la mala!...</p> - - - -<p>Contreras, y la mayor parte de los paisanos -alegaban que el tordillo había ganado en -buena ley, y que la rodada fué porque el -zaino mancarrón, flojo de patas, no era para -correr... El juez de la carrera se desgañitaba -al cuete; no le llevaban el apunte, ni á mí, ni -á mis amigos tampoco.</p> - -<p>—¡Qué resuelva el señor Comisario!—gritaron -algunos, de repente.</p> - -<p>—¡Sí, eso es!... ¡eso es!—rebuznaron todos -los que habían jugado al tordillo.</p> - -<p>El gran pillo de Barraba dió la sentencia:</p> - -<p>—La carrera es legal. ¡Ha ganau Contreras!</p> - -<p>Contra la fuerza no hay resistencia.</p> - -<p>—Pero, señor comisario...—principié.</p> - -<p>—¡Calláte y pelá! Tenés que pagar á todo -el mundo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[Pg 104]</a></span></p> - -<p>Y tuve que pagar no más, calladito la boca, -y ahí se me fueron los últimos pesos guardaditos... -¡y hasta los del cajón del mostrador!...</p> - -<p>Carolina me miraba con los ojos saltones y -de veras que la cosa no era para menos.</p> - -<p>—¡Mi alma! ¡te debo la vida!—le dije.</p> - -<p>—¡Sí, sí!—contestó medio llorando.—¡Pero -no <em>cugués</em>, <em>no cugués</em> más, por Dios!</p> - -<p>—¡Sí, perdé cuidau!</p> - -<p>Y me puse á despachar copas y á chupar -yo también, para olvidarme de tanta pena, y -¡qué quieren! el ginebrón me hizo voracear y -empecé á las convidadas. ¡Miren qué momento -para darme corte!</p> - -<p>—¡Eh, paisanos, tomen lo que gusten!</p> - -<p>Y al ratito, no más, dale, otra vuelta y -otra...</p> - -<p>—¿Qué gustan servirse, caballeros?</p> - -<p>Carolina se había puesto furiosa.</p> - -<p>—¡Ma!... ¡Ma!...—me decía atorada de -rabia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[Pg 105]</a></span></p> - -<p>—La patrona está llamando á la mama, -decía un paisano.</p> - -<p>—¡Ó á la ma... múa del patrón!—retrucó -otro.</p> - -<p>¡Después, nunca me pude acordar!—Creo -que hubo payada y baile, y que repartí -cuanto había de comer y de chupar en la -casa.</p> - -<p>Lo cierto es que la pulpería quedó tecleando. -Pero también, ¡qué farra!...</p> - -<p>Á la otra mañana, me encontré tirado en -un zanjón que había junto al palenque. Se me -está haciendo que allí dormí, pero no sé cómo -fuí á parar á semejante cama. ¡Cuando -uno agarra uno de esos de P. P. y W.!...</p> - -<p>La gringa estaba encerrada en su cuarto, -no me quería abrir ni á cañón, y según me -dijo después, se había pasado la noche llorando -desesperada. Cuando conseguí que -me abriera, tanto lloró y suplicó que me -ablandé, y le prometí que aquélla era la <em>última vez</em>, -y le dije que me iba á poner á trabajar -de veras, como un burro si era necesario, -para desquitarnos de todo lo que habíamos -perdido, sin volver á pensar en jugar, ni en -gallos, ni en carreras.</p> - -<p>—¿Te crés que m'he olvidar que te debo la -vida?—le dije—porque si no sos vos, ¡Contreras -me achuraba!...</p> - -<p>Pero el hombre propone y Dios dispone...</p> - -<p>¡Bueno! ¿y qué hay con eso? Me parece -que no hay que asustarse por tan poco... Yo -no soy el primero que haya olvidado sus juramentos -por seguir sus gustos. Ni el último, -tampoco... Así es el hombre, caballeros, y -hasta el más pintado, si no es un hipócrita, -confesará que ha sabido olvidarse muchas -veces de sus buenas intenciones,—de las que -no había desembuchado por lo menos—para -dar satisfacción á lo que le tiraba más.</p> - -<p>Esto es sin vuelta. Lo que hay, es que algunos -saben pararse á tiempo, ó tienen ma<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[Pg 107]</a></span>ña -ó baquía para hacer lo que les da la gana -á lo mosca muerta, sin que nadie diga nada. -¡No, y de no!</p> - -<p>Unos juegan y se maman en los clubs, sin -dar que hablar, y pelean en los duelos, á vista -y paciencia de los policianos, y hacen lo -mismo que hice yo, y peor, que, como ellos -lo hacen, no parece tan malo y nadie les -saca el cuero...</p> - -<p>En fin, ¡qué tanto servir á usted p'a decir -cómo le va!—El caso es, que el droguis y la -jugarreta, me volvieron á agarrar de lo lindo, y -como, de sonso, sabía jugar bastante en trinquis, -¡todo el mundo me aprovechaba como -á una criatura! Así se fué, detrás de la platita -guardada, el campito de Carolina. ¡Pero qué -agarrada la de ese día, santo Dios! La gringa,—¿querrán -creer?—hasta me arañó la cara, que -anduve una punta de días medio cebruno...</p> - -<p>—¡Mirá, gringa!—le grité—¡No sabés lo -que hacés! ¡El día menos pensado, ya verás!...</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[Pg 108]</a></span></p> - -<p>Le iba á soltar lo de que no estábamos -casados, pero caí en cuenta de que con la -rabia era capaz de no firmar la escritura y -hasta de echarme de la pulpería... y ¡como -un poste!</p> - -<p>—¡Si yo hubiera sabido!—gritaba la gringa.—¡Si -yo hubiera sabido! <em>¡porca la...!</em></p> - -<p>Y se agarraba los pelos. Pero firmó...</p> - -<p>¿Á qué decirles que los pesos del Banco -de Italia ya se habían ido por un camino? -Quedaba la pulpería... pero casi tan pelada -como la misma palma de la mano... ni un -frasco, ni una pilcha. Yo me preguntaba -muchas veces cómo se lo había llevado -todo pateta, sin atinar con tanto bochinche, -hasta que caí en la cuenta de que la Carolina, -con sus lloriqueos y rabietas al botón, -descuidaba el negocio y lo dejaba ir barranca -abajo...</p> - -<p>Entonces quise remediar yo solo las cosas, -compré mucho al fiado, y principié á medio<span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[Pg 109]</a></span> -querer arreglar el boliche... Pero, la verdad: -el ginebrón y las barajas, con la yapa de la -taba y los gallos, hicieron que de repente -comenzaran á llover demandas y más demandas, -toda una papelería. El aguacil no -hacía más que viajar del Pago á la Polvadera, -como conchabado... Y no teníamos adónde -buscar madre que nos envolviera ¡ni el zaino, -que de la rodada quedó manco del encuentro!... -Entonces me acordé de lo que -sabía decir el viejo ño Cipriano:</p> - -<p>—¿Ande irá el güay?, ¡que nu are!</p> - -<p>La desgracia me había perseguido siempre, -¿por qué me había de dejar entonces?</p> - -<p>Carolina comprendió que estábamos más -fregados que unos atorrantes, que nos iban á -vender la pulpería para cobrarse, que no nos -quedaba ni un cobre, y un día me armó una -zafacoca. ¡Cristo santo! ¡ni me quiero acordar!... -Cebada con lo de los arañones, hasta -agarró un palo, y principió á darme de garro<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[Pg 110]</a></span>tazos... -¡Como que éstas son cruces! ¡Una -paliza!... ¡Á mí!...</p> - -<p>¡Yo, qué quieren! pelé el cuchillo, naturalmente -sin intención de lastimarla; y sólo cuando -me vió con él en la mano, se me separó, -pero saltándosele los ojos, y echando espuma -por la boca. ¡Nunca la había visto tan rabiosa!... -¡Parecía una tigra!...</p> - -<p>—¡Canalla! ¡Bandido! ¡Ladrón!... ¿De ese -modo te acordás que me debés la vida? -Devolvéme mi plata, ¡<em>birbante</em>, <em>canaglia</em>!</p> - -<p>Y yo, ¿cómo iba á dejar que siguiera diciéndome -esas cosas, y hasta zurrándome -como á una criatura?</p> - -<p>—¡Mirá, Carolina!—le dije sin soltar el cuchillo.—Yo -ahora mismo me mando mudar -y para siempre, ¿entendés? ¡Ya no te puedo -aguantar más!</p> - -<p>Se le cambió la cara, pero todavía siguió -gritando é insultándome.</p> - -<p>—¡Qué! ¿Te pensás ir?, ¡Madona, después<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[Pg 111]</a></span> -de haberme dejado desnuda y en la calle, -canalla, sinvergüenza, ladrón! ¡Ah, no, <em>per -Dio</em>! sos mi marido, y tenés que quedarte -aquí, á <em>trabacar</em> como yo, <em>porca la</em>...</p> - -<p>Yo me reía á carcajadas.</p> - -<p>—¿Y quién te ha dicho que soy tu marido?—le -dije—¡Pues no hay tal! No sos más que -mi querida.</p> - -<p>—¡Mentís, canalla!</p> - -<p>—¿Que es mentira? ¡Sí! andá preguntaseló -al cura y verás...</p> - -<p>—El cura Papagna...</p> - -<p>—¡Qué! tu nápolis se ha ido hace un mes -á <em>mangiar macaroni</em> en tu tierra... Andá, preguntaseló -al nuevo, si hay apunte de tu casamiento -en la iglesia...</p> - -<p>Me miraba con tamaña boca abierta, sin -querer creer lo que le decía... De repente, -le pareció que debía ser cierto... Asustada, -desesperada, loca, salió corriendo. Vi que se -largaba á pie camino del Pago, en cabeza,<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[Pg 112]</a></span> -con la ropa de entre casa... Seguro que iría á -averiguar...</p> - -<p>Yo saqué los pocos pesos que por casualidad -había en el cajón, ensillé el maceta, ¡y -si te he visto no me acuerdo! Agarré para -otro lado, después de hacer pedazos el papel -de Papagna, muy tranquilo y segurito de que -no me iban á perseguir... ¡Qué! ¿y se afligen -por tan poco?... Pero fíjense, y verán que era -muchísimo mejor para mí... y también para -Carolina...</p> - -<p>¿Que si tengo noticias? Sí. Ayer supe que -estaba perfectamente; de enfermera en el -hospital del Pago.</p> - - -<blockquote> - -<p>Buenos Aires, 1905.</p></blockquote> - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of Project Gutenberg's El casamiento de Laucha, by Roberto Payró - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CASAMIENTO DE LAUCHA *** - -***** This file should be named 62952-h.htm or 62952-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/6/2/9/5/62952/ - -Produced by Andrés V. Galia, MWS, Sanly Bowitts and the -Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net -(This file was produced from images generously made -available by The Internet Archive) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive -specific permission. If you do not charge anything for copies of this -eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook -for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports, -performances and research. They may be modified and printed and given -away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks -not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the -trademark license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the -person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph -1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this -agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm -electronic works. See paragraph 1.E below. - -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the -Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection -of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual -works in the collection are in the public domain in the United -States. If an individual work is unprotected by copyright law in the -United States and you are located in the United States, we do not -claim a right to prevent you from copying, distributing, performing, -displaying or creating derivative works based on the work as long as -all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope -that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting -free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm -works in compliance with the terms of this agreement for keeping the -Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily -comply with the terms of this agreement by keeping this work in the -same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when -you share it without charge with others. - -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. Copyright laws in most countries are -in a constant state of change. If you are outside the United States, -check the laws of your country in addition to the terms of this -agreement before downloading, copying, displaying, performing, -distributing or creating derivative works based on this work or any -other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no -representations concerning the copyright status of any work in any -country outside the United States. - -1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: - -1.E.1. The following sentence, with active links to, or other -immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear -prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work -on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the -phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, -performed, viewed, copied or distributed: - - This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and - most other parts of the world at no cost and with almost no - restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it - under the terms of the Project Gutenberg License included with this - eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the - United States, you'll have to check the laws of the country where you - are located before using this ebook. - -1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is -derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not -contain a notice indicating that it is posted with permission of the -copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in -the United States without paying any fees or charges. If you are -redistributing or providing access to a work with the phrase "Project -Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply -either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or -obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm -trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any -additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms -will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works -posted with the permission of the copyright holder found at the -beginning of this work. - -1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. - -1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this -electronic work, or any part of this electronic work, without -prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with -active links or immediate access to the full terms of the Project -Gutenberg-tm License. - -1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, -compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including -any word processing or hypertext form. However, if you provide access -to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format -other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official -version posted on the official Project Gutenberg-tm web site -(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense -to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means -of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain -Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the -full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1. - -1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, -performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works -unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. - -1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing -access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works -provided that - -* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from - the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method - you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed - to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has - agreed to donate royalties under this paragraph to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid - within 60 days following each date on which you prepare (or are - legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty - payments should be clearly marked as such and sent to the Project - Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in - Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg - Literary Archive Foundation." - -* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies - you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he - does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm - License. You must require such a user to return or destroy all - copies of the works possessed in a physical medium and discontinue - all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm - works. - -* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of - any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the - electronic work is discovered and reported to you within 90 days of - receipt of the work. - -* You comply with all other terms of this agreement for free - distribution of Project Gutenberg-tm works. - -1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project -Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than -are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing -from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The -Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm -trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below. - -1.F. - -1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable -effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread -works not protected by U.S. copyright law in creating the Project -Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm -electronic works, and the medium on which they may be stored, may -contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate -or corrupt data, transcription errors, a copyright or other -intellectual property infringement, a defective or damaged disk or -other medium, a computer virus, or computer codes that damage or -cannot be read by your equipment. - -1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right -of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project -Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project -Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all -liability to you for damages, costs and expenses, including legal -fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT -LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE -PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE -TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE -LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR -INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH -DAMAGE. - -1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a -defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can -receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a -written explanation to the person you received the work from. If you -received the work on a physical medium, you must return the medium -with your written explanation. The person or entity that provided you -with the defective work may elect to provide a replacement copy in -lieu of a refund. If you received the work electronically, the person -or entity providing it to you may choose to give you a second -opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If -the second copy is also defective, you may demand a refund in writing -without further opportunities to fix the problem. - -1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth -in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO -OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT -LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. - -1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied -warranties or the exclusion or limitation of certain types of -damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement -violates the law of the state applicable to this agreement, the -agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or -limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or -unenforceability of any provision of this agreement shall not void the -remaining provisions. - -1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in -accordance with this agreement, and any volunteers associated with the -production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm -electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, -including legal fees, that arise directly or indirectly from any of -the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this -or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or -additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any -Defect you cause. - -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm - -Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at -www.gutenberg.org - - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the -mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its -volunteers and employees are scattered throughout numerous -locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt -Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to -date contact information can be found at the Foundation's web site and -official page at www.gutenberg.org/contact - -For additional contact information: - - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular -state visit www.gutenberg.org/donate - -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. - -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. - -Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. To -donate, please visit: www.gutenberg.org/donate - -Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works. - -Professor Michael S. Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our Web site which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. - - - -</pre> - -</body> -</html> |
