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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Zadig + +Author: Voltaire + +Posting Date: June 4, 2012 [EBook #5985] +Release Date: June, 2004 +First Posted: October 7, 2002 + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZADIG *** + + + + +Produced by Juliet Sutherland, Charles Franks and the +Online Distributed Proofreading Team. + + + + + + + + + + +NOVELAS + +DE + +VOLTAIRE, + +TRADUCIDAS + +POR J. MARCHENA. + + +BURDEOS, + +IMPRENTA DE PEDRO BEAUME, + +ALLÉES DE TOURNY, NO. 5. + +1819. + + + + +ZADIG, + +ó + +EL DESTINO, + +HISTORIA ORIENTAL. + + + + +DEDICATORIA DE ZADIG + +A LA SULTANA CHERAAH, POR SADI. + + +A 18 del mes de Cheval, año 837 de la hegira. + +Embeleso de las niñas de los ojos, tormento del corazon, luz del +ánimo, no beso yo el polvo de tus piés, porque ó no andas á pié, ó si +andas, pisas ó rosas ó tapetes de Iran. Ofrézcote la version de un +libro de un sabio de la antigüedad, que siendo tan feliz que nada +tenia que hacer, gozó la dicha mayor de divertirse con escribir la +historia de Zadig, libro que dice mas de lo que parece. Ruégote que le +leas y le aprecies en lo que valiere; pues aunque todavía está tu vida +en su primavera, aunque te embisten de rondon los pasatiempos todos, +aunque eres hermosa, y tu talento da á tu hermosura mayor realce, +aunque te elogian de dia y de noche, motivos concomitantes que son mas +que suficientes para que no tengas pizca de sentido comun, con todo +eso tienes agudeza, discrecion, y finísimo gusto, y te he oido +discurrir con mas tino que ciertos derviches viejos de luenga barba, y +gorra piramidal. Eres prudente sin ser desconfiada, piadosa sin +flaqueza, benéfica con acierto, amiga de tus amigos, sin colrar +enemigos. Nunca cifras en decir pullas el chiste de tus agudezas, ni +dices mal de nadie, ni á nadie se le haces, puesto que tan fácil cosa +te seria lo uno y lo otro. Tu alma siempre me ha parecido tan perfecta +como tu hermosura. Ni te falta cierto caudalejo de filosofía, que me +ha persuadido á que te agradaria mas que á otra este escrito de un +sabio. + +Escribióse primero en el antiguo caldeo, que ni tú ni yo sabemos, y +fué traducido en árabe para recreacion del nombrado sultan Ulug-beg, +en los tiempos que Arabes y Persianos se daban á escribir las Mil y +una Noches, los Mil y un Dias, etc. Ulug mas gustaba de leer á Zadig, +pero las sultanas se divertian mas con los Mil y uno. Deciales el +sabio Ulug, que como podian llevar en paciencia unos cuentos sin piés +ni cabeza, que nada querian decir. Pues por eso mismo son de nuestro +gusto, respondiéron las sultanas. + +Espero que tú no te parezcas á ellas, y que seas un verdadero Ulug; y +no desconfío de que quando te halles fatigada de conversaciones tan +instructivas como los Mil y uno, aunque mucho ménos recreativas, podré +yo tener la honra de que te ocupes algunos minutos de vagar en oirme +cosas dichas en razon. + +Si en tiempo de Scander, hijo de Filipo, hubieras sido Talestris, ó la +reyna de Sabea en tiempo de Soleyman, estos reyes hubieran sido los +que hubieran peregrinado por verte. + +Ruego á las virtudes celestiales que tus deleytes no lleven acibar, +que sea duradera tu hermosura, y tu ventura perpetua. + +SADI. + + + + +CAPITULO PRIMERO. + +El tuerto. + + +Reynando el rey Moabdar, vivia en Babilonia un mozo llamado Zadig, de +buena índole, que con la educacion se habia mejorado. Sabia enfrenar +sus pasiones, aunque mozo y rico; ni gastaba afectacion, ni se +empeñaba en que le dieran siempre la razon, y respetaba la flaqueza +humana. Pasmábanse todos viendo que puesto que le sobraba agudeza, +nunca se mofaba con chufletas de los desconciertos mal hilados, de las +murmuraciones sin fundamento, de los disparatados fallos, de las +burlas de juglares, que llamaban conversacion los Babilonios. En el +libro primero de Zoroastro habia visto que es el amor propio una +pelota llena de viento, y que salen de ella borrascas así, que la +pican. No se alababa Zadig de que no hacia aprecio de las mugeres, y +de que las dominaba. Era liberal, sin que le arredrase el temor de +hacer bien á desagradecidos, cumpliendo con aquel gran mandamiento de +Zoroastro, que dice: "Da de comer á los perros" quando tú comieres, +aunque te muerdan "luego." Era sabio quanto puede serlo el hombre, +pues procuraba vivir en compañía de los sabios: habia aprendido las +ciencias de los Caldeos, y estaba instruido en quanto acerca de los +principios físicos de la naturaleza en su tiempo se conocia; y de +metafísica sabia todo quanto en todos tiempos se ha sabido, que es +decir muy poca cosa. Creía firmísimamente que un año tiene trecientos +sesenta y cinco dias y un quarto, contra lo que enseñaba la moderna +filosofía de su tiempo, y que estaba el sol en el centro del mundo; y +quando los principales magos le decian en tono de improperio, y +mirándole de reojo, que sustentaba principios sapientes haeresim, y +que solo un enemigo de Dios y del estado podia decir que giraba el sol +sobre su exe, y que era el año de doce meses, se callaba Zadig, sin +fruncir las cejas ni encogerse de hombros. + +Opulento, y por tanto no faltándole amigos, disfrutando salud, siendo +buen mozo, prudente y moderado, con pecho ingenuo, y elevado ánimo, +creyó que podia aspirar á ser feliz. Estaba apalabrado su matrimonio +con Semira, que por su hermosura, su dote, y su cuna, era el mejor +casamiento de Babilonia. Profesábale Zadig un sincero y virtuoso +cariño, y Semira le amaba con pasion. Rayaba ya el venturoso dia que á +enlazarlos iba, quando paseándose ámbos amantes fuera de las puertas +de Babilonia, baxo unas palmas que daban sombra á las riberas del +Eufrates, viéron acercarse unos hombres armados con alfanges y +flechas. Eran estos unos sayones del mancebo Orcan, sobrino de un +ministro, y en calidad de tal los aduladores de su tio le habian +persuadido á que podia hacer quanto se le antojase. Ninguna de las +prendas y virtudes de Zadig poseía; pero creído que se le aventajaba +mucho, estaba desesperado por no ser el preferido. Estos zelos, meros +hijos de su vanidad, le hiciéron creer que estaba enamorado de Semira, +y quiso robarla. Habíanla cogido los robadores, y con el arrebato de +su violencia la habian herido, vertiendo la sangre de una persona que +con su presencia los tigres del monte Imao habria amansado. Traspasaba +Semira el cielo con sus lamentos, gritando: ¡Querido esposo, que me +llevan de aquel á quien adoro! No la movia el peligro en que se veía, +que solo en su caro Zadig pensaba. Defendíala este con todo el denuedo +del amor y la valentía, y con ayuda de solos dos esclavos ahuyentó á +los robadores, y se traxo á Semira ensangrentada y desmayada, que al +abrir los ojos conoció à su libertador. ¡O Zadig! le dixo, os queria +como á mi esposo, y ahora os quiero como aquel á quien de vida y honra +soy deudora. Nunca rebosó un pecho en mas tiernos afectos que el de +Semira, nunca tan linda boca pronunció con tanta viveza de aquellas +inflamadas expresiones que de la gratitud del mas alto beneficio y de +los mas tiernos raptos del cariño mas legitimo son hijas. Era leve su +herida, y sanó en breve. Zadig estaba herido de mas peligro, porque +una flecha le habia hecho una honda llaga junto al ojo. Semira +importunaba á los Dioses por la cura de su amante: dia y noche bañados +los ojos en llanto, aguardaba con impaciencia el instante que los de +Zadig se pudieran gozar en mirarla; pero una apostema que se formó en +el ojo herido causó el mayor temor. Enviáron á llamar á Menfis al +célebre médico Hermes, que vino con una crecida comitiva; y habiendo +visitado al enfermo declaró que irremediablemente perdia el ojo, +pronosticando hasta el dia y la hora que habia de suceder tan fatal +desman. Si hubiera sido, dixo, el ojo derecho, yo le curaria; pero las +heridas del izquierdo no tienen cura. Toda Babilonia se dolió de la +suerte de Zadig, al paso que quedó asombrada con la profunda ciencia +de Hermes. Dos dias despues reventó naturalmente la apostema, y sanó +Zadig. Hermes escribió un libro, probándole que no debia haber sanado, +el qual Zadig no leyó; pero luego que pudo salir, fué á ver á aquella +de quien esperaba su felicidad, y por quien únicamente queria tener +ojos, Hallábase Semira en su quinta, tres dias hacia, y supo Zadig en +el camino, que despues de declarar resueltamente que tenia una +invencible antipatia á los tuertos, la hermosa dama se habia casado +con Orcan aquella misma noche. Desmayóse al oir esta nueva, y estuvo +en poco que su dolor le conduxera al sepulcro; mas despues de una +larga enfermedad pudo mas la razon que el sentimiento, y fué no poca +parte de su consuelo la misma atrocidad del agravio. Pues he sido +víctima, dixo, de tan cruel antojo de una muger criada en palacio, me +casaré con una hija de un honrado vecino. Escogió pues por muger á +Azora, doncella muy cuerda y de la mejor índole, en quien no notó mas +defecto que alguna insustancialidad, y no poca inclinacion á creer que +los mozos mas lindos eran siempre los mas cuerdos y virtuosos. + + + + +CAPITULO II + +Las narices. + + +Un dia que volvia del paseo Azora toda inmutada, y haciendo +descompuestos ademanes: ¿Qué tienes, querida? le dixo Zadig; ¿qué es +lo que tan fuera de tí te ha puesto? ¡Ay! le respondió Azora, lo mismo +hicieras tú, si hubieses visto la escena que acabo yo de presenciar, +Habia ido á consolár á Cosrúa, la viuda jóven que ha erigido, dos días +ha, un mausoleo al difunto mancebo, marido suyo, cabe el arroyo que +baña esta pradera, jurando á los Dioses, en su dolor, que no se +apartaria de las inmediaciones de este sepulcro, miéntras el arroyo no +mudara su corriente. Bien está, dixo Zadig; eso es señal de que es una +muger de bien, que amaba de veras á su marido. Ha, replico Azora, si +tú supieras qual era su ocupacion quando entré á verla.--¿Qual era, +hermosa Azora?--Dar otro cauce al arroyo. Añadió luego Azora tantas +invectivas, prorumpió en tan agrias acusaciones contra la viuda moza, +que disgustó mucho á Zadig virtud tan jactanciosa. Un amigo suyo, +llamado Cador, era uno de los mozos que reputaba Azora por de mayor +mérito y probidad que otros; Zadig le fió su secreto, afianzando, en +quanto le fué posible, su fidelidad con quantiosas dádivas. Despues de +haber pasado Azora dos dias en una quinta de una amiga suya, se volvió +á su casa al tercero. Los criados le anunciáron llorando que aquella +misma noche se habia caido muerto de repente su marido, que no se +habian atrevido á llevarle tan mala noticia, y que acababan de +enterrar á Zadig en el sepulcro de sus padres al cabo del jardin. +Lloraba Azora, mesábase los cabellos, y juraba que no queria vivir. +Aquella noche pidió Cador licencia para hablar con ella, y lloráron, +ámbos. El siguiente dia lloráron ménos, y comiéron juntos. Fióle Cador +que le habia dexado su amigo la mayor parte de su caudal, y le dió á +entender que su mayor dicha seria poder partirle con ella. Lloró con +esto la dama, enojóse, y se apaciguó luego; y como la cena fué mas +larga que la comida, habláron ámbos con mas confianza. Hizo Azora el +panegírico del difunto, confesando empero que adolecia de ciertos +defectillos que en Cador no se hallaban. + +En mitad de la cena se quejó Cador de un vehemente dolor en el bazo, y +la dama inquieta y asustada mandó le traxeran todas las esencias con +que se sahumaba, para probar si alguna era un remedio contra los +dolores de bazo; sintiendo mucho que se hubiera ido ya de Babilonia el +sapientísimo Hermes, y dignándose hasta de tocar el lado donde sentia +Cador tan fuertes dolores. ¿Suele daros este dolor tan cruel? le dixo +compasiva. A dos dedos de la sepultura me pone á veces, le respondió +Cador, y no hay mas que un remedio para aliviarme, que es aplicarme al +costado las narices de un hombre que haya muerto el dia ántes. ¡Raro +remedio! dixo Azora. No es mas raro, respondió Cador, que los cuernos +de ciervo que ponen á los niños para preservarlos del mal de ojos. +Esta última razon con el mucho mérito del mozo determináron al cabo á +la Señora. Por fin, dixo, si las narices de mi marido son un poco mas +cortas en la segunda vida que en la primera, no por eso le ha de +impedir el paso el ángel Asrael, quando atraviese el puente Sebinavar, +para transitar del mundo de ayer al de mañana. Diciendo esto, cogió +una navaja, llegóse al sepulcro de su esposo bañándole en llanto, y se +baxó para cortarle las narices; pero Zadig que estaba tendido en el +sepulcro, agarrando con una mano sus narices, y desviando la navaja +con la otra, se alzó de repente exclamando; Otra vez no digas tanto +mal de Cosrúa, que la idea de cortarme las narices bien se las puede +apostar á la de mudar la corriente de un arroyo. + + + + +CAPITULO III. + +El perro y el caballo. + + +En breve experimentó Zadig que, como dice el libro de Zenda-Vesta, si +el primer mes de matrimonio es la luna de miel, el segundo es la de +acibar. Vióse muy presto precisado á repudiar á Azora, que se habia +tornado inaguantable, y procuró ser feliz estudiando la naturaleza. No +hay ser mas venturoso, decia, que el filósofo que estudia el gran +libro abierto por Dios á los ojos de los hombres. Las verdades que +descubre son propiedad suya: sustenta y enaltece su ánimo, y vive con +sosiego, sin temor de los demas, y sin que venga su tierna esposa á +cortarle las narices. + +Empapado en estas ideas, se retiró á una quinta á orillas del +Eufrates, donde no se ocupaba en calcular quantas pulgadas de agua +pasan cada segundo baxo los arcos de un puente, ni si el mes del raton +llueve una línea cúbica de agua mas que el del carnero; ni ideaba +hacer seda con telarañas, ó porcelana con botellas quebradas; +estudiaba, sí, las propiedades de los animales y las plantas, y en +poco tiempo grangeó una sagacidad que le hacia tocar millares de +diferencias donde los otros solo uniformidad veían. + +Paseándose un dia junto á un bosquecillo, vió venir corriendo un +eunuco de la reyna, acompañado de varios empleados de palacio: todos +parecian llenos de zozobra, y corrian á todas partes como locos que +andan buscando lo mas precioso que han perdido. Mancebo, le dixo el +principal eunuco, ¿vísteis al perro de la reyna? Respondióle Zadig con +modestia: Es perra que no perro. Teneis razon, replicó el primer +eunuco. Es una perra fina muy chiquita, continuó Zadig, que ha parido +poco ha, coxa del pié izquierdo delantero, y que tiene las orejas muy +largas. ¿Con que la habeis visto? dixo el primer eunuco fuera de sí. +No por cierto, respondió Zadig; ni la he visto, ni sabia que la reyna +tuviese perra ninguna. + +Aconteció que por un capricho del acaso se hubiese escapado al mismo +tiempo de manos de un palafrenero del rey el mejor caballo de las +caballerizas reales, y andaba corriendo por la vega de Babilonia. Iban +tras de él el caballerizo mayor y todos sus subalternos con no ménos +premura que el primer eunuco tras de la perra, Dirigióse el +caballerizo á Zadig, preguntándole si habia visto el caballo del rey. +Ese es un caballo, dixo Zadig, que tiene el mejor galope, dos varas de +alto, la pesuña muy pequeña, la cola de vara y quarta de largo; el +bocado del freno es de oro de veinte y tres quilates, y las herraduras +de plata de once dineros. ¿Y por donde ha ido? ¿donde está? preguntó +el caballerizo mayor. Ni le he visto, repuso Zadig, ni he oido nunca +hablar de él. + +Ni al caballerizo mayor ni al primer eunuco les quedó duda de que +habia robado Zadig el caballo del rey y la perra de la reyna; +conduxeronle pues á la asamblea del gran Desterham, que le condenó á +doscientos azotes y seis años de presidio. No bien hubiéron dado la +sentencia, quando pareciéron el caballo y la perra, de suerte que se +viéron los jueces en la dolorosa precision de anular su sentencia; +condenaron empero á Zadig á una multa de quatrocientas onzas de oro, +porque habia dicho queno habia visto habiendo visto. Primero pagó la +multa, y luego se le permitió defender su pleyto ante el consejo del +gran Desterliam, donde dixo así: + +Astros de justicia, pozos de ciencia, espejos de la verdad, que con la +gravedad del plomo unís la dureza del hierro, el brillo del diamante, +y no poca afinidad con el oro, siéndome permítido hablar ante esta +augusta asamblea, juro por Orosmades, que nunca ví ni la respetable +perra de la reyna, ni el sagrado caballo del rey de reyes. El suceso +ha sido como voy á contar. Andaba paseando por el bosquecillo donde +luego encontré al venerable eunuco, y al ilustrísimo caballerizo +mayor. Observé en la arena las huellas de un animal, y fácilmente +conocí que era un perro chico. Unos surcos largos y ligeros, impresos +en montoncillos de arena entre las huellas de las patas, me diéron á +conocer que era una perra, y que le colgaban las tetas, de donde +colegí que habia parido pocos dias hacia. Otros vestigios en otra +direccion, que se dexaban ver siempre al ras de la arena al lado de +los piés delanteros, me demostráron que tenia las orejas largas; y +como las pisadas del un pié eran ménos hondas en la arena que las de +los otros tres, saqué por conseqüencia que era, si soy osado á +decirlo, algo coxa la perra de nuestra augusta reyna. + +En quanto al caballo del rey de reyes, la verdad es que paseándome por +las veredas de dicho bosque, noté las señales de las herraduras de un +caballo, que estaban todas á igual distancia. Este caballo, dixe, +tiene el galope perfecto. En una senda angosta que no tiene mas de dos +varas y media de ancho, estaba á izquierda y á derecha barrido el +polvo en algunos parages. El caballo, conjeturé yo, tiene una cola de +vara y quarta, que con sus movimientos á derecha y á izquierda ha +barrido este polvo. Debaxo de los árboles que formaban una enramada de +dos varas de alto, estaban recien caidas las hojas de las ramas, y +conocí que las habia dexado caer el caballo, que por tanto tenia dos +yaras. Su freno ha de ser de oro de veinte y tres quilates, porque +habiendo estregado la cabeza del bocado contra una piedra que he visto +que era de toque, hice la prueba. Por fin, las marcas que han dexado +las herraduras en piedras de otra especie me han probado que eran de +plata de once dineros. + +Quedáronse pasmados todos los jueces con el profundo y sagaz tino de +Zadig, y llegó la noticia al rey y la reyna. En antesalas, salas, y +gabinetes no se hablaba mas que de Zadig, y el rey mandó que se le +restituyese la multa de quatrocientas onzas de oro á que habia sido +sentenciado, puesto que no pocos magos eran de dictámen de quemarle +como hechicero. Fuéron con mucho aparato á su casa el escribano de la +causa, los alguaciles y los procuradores, á llevarle sus quatrocientas +onzas, sin guardar por las costas mas que trecientas noventa y ocho; +verdad es que los escribientes pidiéron una gratificacion. + +Viendo Zadig que era cosa muy peligrosa el saber en demasía, hizo +propósito firme de no decir en otra ocasion lo que hubiese visto, y la +ocasion no tardó en presentarse. Un reo de estado se escapó, y pasó +por debaxo de los balcones de Zadig. Tomáronle declaracion á este, no +declaró nada; y habiéndole probado que se habia asomado al balcon, por +tamaño delito fué condenado á pagar quinientas onzas do oro, y dió las +gracias á los jueces por su mucha benignidad, que así era costumbre en +Babilonia, ¡Gran Dios, decia Zadig entre sí, qué desgraciado es quien +se pasea en un bosque por donde haya pasado el caballo del rey, ó la +perrita de la reyna! ¡Qué de peligros corre quien á su balcon se +asoma! ¡Qué cosa tan difícil es ser dichoso en esta vida! + + + + +CAPITULO IV. + +El envidioso. + + +Apeló Zadig á la amistad y á la filosofia para consolarse de los males +que le habia hecho la fortuna. En un arrabal de Babilonia tenia una +casa alhajada con mucho gusto, y allí reunia las artes y las +recreaciones dignas de un hombre fino. Por la mañana estaba su +biblioteca abierta para todos los sabios, y por la tarde su mesa á +personas de buena educacion. Pero muy presto echó de ver que era muy +peligroso tratar con sabios. Suscitóse una fuerte disputa acerca de +una ley de Zoroastro, que prohibe comer grifo. ¿Como está prohibido el +grifo, decian unos, si no hay tal animal? Fuerza es que le haya, +decian otros, quando no quiere Zoroastro que le comamos. Zadig, por +ponerlos conformes, les dixo: Pues no comamos grifo, si grifos hay; y +si no los hay, ménos los comerémos, y así obedecerémos á Zoroastro. + +Habia un sabio escritor que habia compuesto una obra en trece tomos en +folio acerca de las propiedades de los grifos, gran teurgista, que á +toda priesa se fué á presentar ante el archimago Drastanés, el mas +necio, y á conseqüencia el mas fanático de los Caldeos de aquellos +remotos tiempos. En honra y gloria del Sol, habria este mandado +empalar á Zadig, y rezado luego el breviario de Zoroastro con mas +devota compuncion. Su amigo Cador (que un amigo vale mas que un ciento +de clérigos) fué á ver al viejo Drastanés, y le dixo así: Gloria al +Sol y á los grifos; nadie toque al pelo á Zadig, que es un santo, y +mantiene grifos en su corral, sin comérselos: su acusador sí, que es +herege. ¿Pues no ha sustentado que no son ni solípedos ni inmundos los +conejos? Bien, bien, dixo Drastanés, meneando la temblona cabeza: á +Zadig se le ha de empalar, porque tiene ideas erróneas sobre los +glifos; y al otro, porque ha hablado sin miramiento de los conejos. +Apaciguólo Cador todo por medio de una moza de retrete de palacio, á +quien habia hecho un chiquillo, la qual tenia mucho influxo con el +colegio de los magos, y no empaláron á nadie; cosa que la murmuráron +muchos doctores, y por ello pronosticáron la próxîma decadencia de +Babilonia. Decia Zadig: ¿En qué se cifra la felicidad? Todo me +persigue en la tierra, hasta los seres imaginarios; y maldiciendo de +los sabios, resolvió ceñirse á vivir con la gente fina. + +Reuníanse en su casa los sugetos de mas fino trato de Babilonia, y las +mas amables damas; servíanse exquisitas cenas, precedidas las mas +veces de academias, y que animaban conversaciones amables, en que +nadie aspiraba á echarlo de agudo, que es medio certísimo de ser un +majadero, y deslustrar la mas brillante tertulia. Los platos y los +amigos no eran los que escogia la vanagloria, que en todo preferia á +la apariencia la realidad, y así se grangeaba una estimacion sólida, +por eso mismo que ménos á ella aspiraba. + +Vivia en frente de su casa un tal Arimazo, sugeto que llevaba la +perversidad de su ánimo en la fisonomía grabada: corroíale la envidia, +y reventaba de vanidad, dexando aparte que era un presumido de saber +fastidioso. Como las personas finas se burlaban de él, él se vengaba +hablando mal de ellas. Con dificultad reunia en su casa aduladores, +puesto que era rico. Importunábale el ruido de los coches que entraban +de noche en casa de Zadig, pero mas le enfadaba el de las alabanzas +que de él oía. Iba algunas veces á su casa, y se sentaba á la mesa sin +que le convidaran, corrompiendo el júbilo de la compañía entera, como +dicen que inficionan las arpías los manjares que tocan. Sucedióle un +dia que quiso dar un banquete á una dama, que, en vez de admitirle, se +fué á cenar con Zadig; y otra vez, estando ámbos hablando en palacio, +se llegó un ministro que convidó á Zadig á cenar, y no le dixo nada á +Arimazo. En tan flacos cimientos estriban á veces las mas crueles +enemigas. Este hombre, que apellidaba Babilonia el envidioso, quiso +dar al traste con Zadig, porque le llamaban el dichoso. Cien veces al +dia, dice Zoroastro, se halla ocasion para hacer daño, y para hacer +bien apénas una vez al año. + +Fuése el envidioso á casa de Zadig, el qual se estaba paseando por sus +jardines con dos amigos, y una señora á quien decia algunas flores, +sin otro ánimo que decirlas. Tratábase de una guerra que acababa de +concluir con felicidad el rey contra el príncipe de Hircania, +feudatario suyo. Zadig que en esta corta guerra habia dado repetidas +pruebas de valor, hacia muchos elogios del rey, y mas todavía de la +dama. Cogió su libro de memoria, y escribió en él quatro versos de +repente, que dió á leer á su hermosa huéspeda; pero aunque sus amigos +le suplicáron que se los leyese, por modestia, ó acaso por un amor +propio muy discreto, no quiso hacerlo: que bien sabia que los versos +de repente hechos solo son buenos para aquella para quien se hacen. +Rasgó pues en dos la hoja del librillo de memoria en que los habia +escrito, y tiró los dos pedazos á una enramada de rosales, donde fué +en balde buscarlos. Empezó en breve á lloviznar, y se volviéron todos +á los salones; pero el envidioso que se habia quedado en el jardin, +tanto registró que dió con una mitad de la hoja, la qual de tal manera +estaba rasgada, que la mitad de cada verso que llenaba un renglon +formaba sentido, y aun un verso corto; y lo mas extraño es que, por un +acaso todavía mas extraordinario, el sentido que formaban los tales +versos cortos era una atroz infectiva contra el rey. Leíase en ellos: + + Un monstruo detestable + Hoy rige la Caldea; + Su trono incontrastable + El poder mismo afea, + +Por la vez primera de su vida se creyó feliz el envidioso, teniendo +con que perder á un hombre de bien y amable. Embriagado en tan +horrible júbilo, dirigió al mismo rey esta sátira escrita de pluma de +Zadig, el qual, con sus dos amigos y la dama, fué llevado á la cárcel, +y se le formó causa, sin que se dignaran de oirle. Púsose el +envidioso, quando le hubiéron sentenciado, en el camino por donde +habia de pasar, y le dixo que no valian nada sus versos. No lo echaba +Zadig de poeta; sentia empero en el alma verse condenado como reo de +lesa-magestad, y dexar dos amigos y una hermosa dama en la cárcel por +un delito que no habia cometido. No lo permitiéron alegar nada en su +defensa, porque el libro de memoria estaba claro, y que así era estilo +en Babilonia. Caminaba pues al cadahalso, atravesando inmensas filas +de gentes curiosas; ninguno se atrevia á condolerse de él, pero sí se +agolpaban para exâminar qué cara ponia, y si iba á morir con aliento. +Sus parientes eran los únicos afligidos, porque no heredaban, +habiéndose confiscado las tres quartas partes de su caudal á beneficio +del erario, y la restante al del envidioso. + +Miéntras que se estaba disponiendo á morir, se voló del balcon el loro +del rey, y fué á posarse en los rosales del jardin de Zadig. Habia +derribado el viento un melocoton de un árbol inmediato, que habia +caido sobre un pedazo de un librillo de memoria escrito, y se le habia +pegado. Agarró el loro el melocoton con lo escrito, y se lo llevó todo +á las rodillas del rey. Curioso esta leyó unas palabras que no +significaban nada, y parecian fines de verso. Como era aficionado á la +poesía, y que siempre se puede sacar algo con los príncipes que gustan +de coplas, le dió en que pensar la aventura del papagayo. Acordándose +entónces la reyna de lo que habia en el trozo del libro de memoria de +Zadig, mandó que se le traxesen, y confrontando ámbos trozos se vió +que venia uno con otro; y los versos de Zadig, leidos como él los +habia escrito, eran los siguientes: + + Un monstruo detestable es la sangrienta guerra; + Hoy rige la Caldea en paz el rey sin sustos: + Su trono incontrastable amor tiene en la tierra; + El poder mismo afea quien no goza sus gustos. + +Al punto mandó el rey que traxeran á Zadig á su presencia, y que +sacaran de la cárcel á sus dos amigos y la hermosa dama. Postróse el +rostro por el suelo Zadig á las plantas del rey y la reyna; pidióles +rendidamente perdon por los malos versos que habia compuesto, y habló +con tal donayre, tino y agudeza, que los monarcas quisiéron volver á +verle: volvió, y gustó mas. Le adjudicáron los bienes del envidioso +que injustamente le habia acusado: Zadig se los restituyó todos, y el +único afecto del corazon de su acusador fué el gozo de no perder lo +que tenia. De dia en dia se aumentaba el aprecio que el rey de Zadig +hacia: convidábale á todas sus recreaciones, y le consultaba en todos +asuntos. Desde entónces la reyna empezó á mirarle con una complacencia +que podia acarrear graves peligros á ella, á su augusto esposo, á +Zadig y al reyno entero, y Zadig á creer que no es cosa tan +dificultosa vivir feliz. + + + + +CAPITULO V. + +El generoso. + + +Vino la época de la celebridad de una solemne fiesta que se hacia cada +cinco años, porque era estilo en Babilonia declarar con solemnidad, al +cabo de cinco años, qual de los ciudadanos habia hecho la mas generosa +accion. Los jueces eran los grandes y los magos. Exponia el primer +satrapa encargado del gobierno de la ciudad, las acciones mas ilustres +hechas en el tiempo de su gobierno; los jueces votaban, y el rey +pronunciaba la decision. De los extremos de la tierra acudian +espectadores á esta solemnidad. Recibia el vencedor de mano del +monarca una copa de oro guarnecida de piedras preciosas, y le decia el +rey estas palabras: "Recibid este premio de la generosidad, y oxalá me +concedan los Dioses muchos vasallos que á vos se parezcan." + +Llegado este memorable dia, se dexó ver el rey en su trono, rodeado de +grandes, magos y diputados de todas las naciones, que venian, á unos +juegos donde no con la ligereza de los caballos, ni con la fuerza +corporal, sino con la virtud se grangeaba la gloria. Recitó en voz +alta el satrapa las acciones por las quales podian sus autores merecer +el inestimable premio, y no habló siquiera de la magnanimidad con que +habia restituido Zadig todo su caudal al envidioso: que no era esta +accion que mereciera disputar el premio. + +Primero presentó á un juez que habiendo, en virtud de una equivocacion +de que no era responsable, fallado un pleyto importante contra un +ciudadano, le habia dado todo su caudal, que era lo equivalente de la +perdida del litigante. + +Luego produxo un mancebo que perdido de amor por una doncella con +quien se iba á casar, se la cedió no obstante á un amigo suyo, que +estaba á la muerte por amores de la misma, y ademas dotó la doncella. + +Hizo luego comparecer á un militar que en la guerra de Hircania habia +dado exemplo todavía de mayor generosidad. Llevábanse á suamada unos +soldados enemigos, y miéntras la estaba defendiendo contra ellos, le +viniéron á decir que otros Hircanos se llevaban de allí cerca á su +madre; y abandonó llorando á su querida, por libertar á la madre. +Quando volvió á tomar la defensa de su dama, la encontró expirando, y +se quiso dar la muerte; pero le representó su madre que no tenia mas +apoyo que él, y tuvo ánimo para sufrir la vida. + +Inclinábanse los jueces por este soldado; pero el rey tomando la +palabra, dixo: Accion es noble la suya, y tambien lo son las de los +otros, pero no me pasman; y ayer hizo Zadig una que me ha pasmado. +Pocos dias ha que ha caido de mi gracia Coreb, mi ministro y valido. +Quejábame de él con vehemencia, y todos los palaciegos me decian que +era yo demasiadamente misericordioso; todos decian á porfía mal de +Coreb. Pregunté su dictámen á Zadig, y se atrevió á alaharle. Confieso +qne en nuestras historias he visto exemplos de haber pagado un yerro +con su caudal, cedido su dama, ó antepuesto su madre al objeto de su +amor; pero nunca he leido que un palaciego haya dicho bien de un +ministro caido con quien estaba enojado su soberano. A cada uno de +aquellos cuyas acciones se han recitado le doy veinte mil monedas de +oro; pero la copa se la doy á Zadig. + +Señor, replicó este, vuestra magestad es el único que la merece, y +quien ha hecho la mas inaudita accion, pues siendo rey no se ha +indignado contra su esclavo que contradecia su pasion. Todos +celebráron admirados al rey y á Zadig. Recibiéron las dádivas del +monarca el juez qus habia dado su caudal, el amante que habia casado á +su amada con su amigo, y el soldado que ántes quiso librar á su madre +que á su dama; y Zadig obtuvo la copa. Grangeóse el rey la reputacion +de buen príncipe, que no conservó mucho tiempo; y se consagró el dia +con fiestas que duráron mas de lo que prescribia la ley, conservándose +aun su memoria en el Asia. Decia Zadig: ¡con que en fin soy feliz! +pero Zadig se engañaba. + + + + +CAPITULO VI. + +El ministro. + + +Habiendo perdido el rey á su primer ministro, escogió á Zadig para +desempeñar este cargo. Todas las hermosas damas de Babilonia +aplaudiéron esta eleccion, porque nunca habia habido ministro tan mozo +desde la fundacion del imperio: todos los palaciegos la sintiéron; al +envidioso le dió un vómito de sangre, y se le hincháron +extraordinariamente las narices. Dió Zadig las gracias al rey y á la +reyna, y fué luego á dárselas al loro. Precioso páxaro, le dixo, tú +has sido quien me has librado la vida, y quien me has hecho primer +ministro. Mucho mal me habian hecho la perra y el caballo de sus +magestades, pero tú me has hecho mucho bien. ¡En qué cosas estriba la +suerte de los humanos! Pero puede ser que mi dicha se desvanezca +dentro de pocos instantes. El loro respondió: ántes. Dió golpe á Zadig +esta palabra; puesto que á fuer de buen físico que no creía que fuesen +los loros profetas, se sosegó luego, y empezó á servir su cargo lo +mejor que supo. + +Hizo que á todo el mundo alcanzara el sagrado poder de las leyes, y +que á ninguno abrumara el peso de su dignidad. No impidió la libertad +de votos en el divan, y cada visir podia, sin disgustarle, exponer su +dictámen. Quando fallaba de un asunto, la ley, no él, era quien +fallaba; pero quando esta era muy severa, la suavízaba; y quando +faltaba ley, la hacia su equidad tal, que se hubiera podido atribuir á +Zoroastro. El fué quien dexó vinculado en las naciones el gran +principio de que vale mas libertar un reo, que condenar un inocente. +Pensaba que era destino de las leyes no ménos socorrer á los +ciudadanos que amedrentarlos. Cifrábase su principal habilidad en +desenmarañar la verdad que procuran todos obscurecer. Sirvióse de esta +habilidad desde los primeros dias de su administracion. Habia muerto +en las Indias un comerciante muy nombrado de Babilonia: y habiendo +dexado su caudal por iguales partes á sus dos hijos, despues de dotar +á su hija, dexaba ademas un legado de treinta mil monedas de oro á +aquel de sus hijos que se decidiese que le habia querido mas. El mayor +le erigió un sepulcro, y el menor dió á su hermana parte de su +herencia en aumento de su dote. La gente decia: El mayor queria mas á +su padre, y el menor quiere mas á su hermana: las treinta mil monedas +se deben dar al mayor. Llamó Zadig sucesivamente á los dos, y le dixo +al mayor: No ha muerto vuestro padre, que ha sanado de su última +enfermedad, y vuelve á Babilonia. Loado sea Dios, respondió el +mancebo; pero su sepulcro me habia costado harto caro. Lo mismo dixo +luego Zadig al menor. Loado sea Dios, respondió, voy á restituir á mi +padre todo quanto tengo, pero quisiera que dexase á mi hermana lo que +le he dado. No restituiréis nada, dixo Zadig, y se os darán las +treinta mil monedas, que vos sois el que mas á vuestro padre queríais. + +Habia dado una doncella muy rica palabra de matrimonio á dos magos, y +despues de haber recibido algunos meses instrucciones de ámbos, se +encontró en cinta. Ambos querian casarse con ella. La doncella dixo +que seria su marido el que la habia puesto en estado de dar un +ciudadano al imperio. Uno decia: Yo he sido quien he hecho esta buena +obra; el otro: No, que soy yo quien he tenido tanta dicha. Está bien, +respondió la doncella, reconozco por padre de la criatura el que le +pueda dar mejor educacion. Parió un chico, y quiso educarle uno y otro +mago. Llevada la instancia ante Zadig, los llamó á entrámbos, y dixo +al primero: ¿Qué has de enseñar á tu alumno? Enseñaréle, respondió el +doctor, las ocho partes de la oracion, la dialéctica, la astrologia, +la demonología, qué cosa es la sustancia y el accidente, lo abstracto +y lo concreto, las monadas y la harmonía preestablecida. Pues yo, dixo +el segundo, procuraré hacerle justo y digno de tener amigos. Zadig +falló: Ora seas ó no su padre, tú te casarás con su madre. + +Todos los dias venian quejas á la corte contra el Itimadulet de Media, +llamado Irax, gran potentado, que no era de perversa índole, pero que +la vanidad y el deleyte le habian estragado. Raras veces permitia que +le hablasen, y nunca que se atreviesen á contradecirle. No son tan +vanos los pavones, ni mas voluptuosas las palomas, ni ménos perezosos +los galápagos; solo respiraba vanagloria y deleytes vanos. + +Probóse Zadig á corregirle, y le envió de parte del rey un maestro de +música, con doce cantores y veinte y quatro violines, un mayordomo con +seis cocineros y quatro gentiles-hombres, que no le dexaban nunca. +Decia la órden del rey que se siguiese puntualísimamente el siguiente +ceremonial, como aquí se pone. + +El dia primero, así que se despertó el voluptuoso Irax, entró el +maestro de música acompañado de los cantores y violines, y cantáron +una cantata que duró dos horas, y de tres en tres minutos era el +estribillo: + + ¡Quanto merecimiento! + ¡Qué gracia, qué nobleza! + ¡Que ufano, que contento + Debe estar de sí propio su grandeza! + +Concluida la cantata, le recitó un gentil-hombre una arenga que duró +tres quartos de hora, pintándole como un dechado perfecto de quantas +prendas le faltaban; y acabada, le lleváron á la mesa al toque de los +instrumentos. Duró tres horas la comida; y así que abria la boca para +decir algo, exclamaba el gentil-hombre: Su Excelencia tendra razon. +Apénas decia quatro palabras; interrumpia el segundo gentil-hombre, +diciendo: Su Excelencia tiene razon. Los otros dos seltaban la +carcajada en aplauso de los chistes que habia dicho ó debido decir +Irax. Servidos que fuéron los postres, se repitió la cantata. + +Parecióle delicioso el primer dia, y quedó persuadido de que le +honraba el rey de reyes conforme á su mérito. El segundo le fué algo +ménos grato; el tercero estuvo incomodado; el quarto no le pudo +aguantar; el quinto fué un tormento; finalmente, aburrido de oir +cantar sin cesar: ¡qué ufano, qué contento dele estar de sí propio su +grandeza! de que siempre le dixeran que tenia razon, y de que le +repitieran la misma arenga todos los dias á la propia hora, escribió á +la corte suplicando al rey que fuese dignado de llamar á sus +gentiles-hombres, sus músicos y su mayordomo, prometiendo tener mas +aplicacion y ménos vanidad. Luego gustó ménos de aduladores, dió ménos +fiestas, y fué mas feliz; porque, como dice el Sader, sin cesar +placeres no son placeres. + + + + +CAPITULO VII. + +Disputas y audiencias. + + +De este modo acreditaba Zadig cada dia su agudo ingenío y su buen +corazon; todos le miraban con admiracion, y le amaban empero. Era +reputado el mas venturoso de los hombres; lleno estaba todo el imperio +de su nombre; guiñábanle á hurtadillas todas las mugeres; ensalzaban +su justificacion los ciudadanos todos; los sabios le miraban como un +oráculo, y hasta los mismos magos confesaban que sabia punto mas que +el viejo archi-mago Siara, tan léjos entónces de formarle cansa acerca +de los grifos, que solo se creía lo que á él le parecia creible. + +Reynaba de mil y quinientos años atras una gran contienda en +Babilonia, que tenia dividido el imperio en dos irreconciliables +sectas: la una sustentaba que siempre se debia entrar en el templo de +Mitras el pié izquierdo por delante; y la otra miraba con abominacion +semejante estilo, y llevaba siempre el pié derecho delantero. Todo el +mundo aguardaba con ansia el dia de la fiesta solemne del fuego +sagrado, para saber qué secta favorecia Zadig: todos tenian clavados +los ojos en sus dos piés; toda la ciudad estaba suspensa y agitada. +Entró Zadig en el templo saltando á pié-juntilla, y luego en un +eloqüente discurso hizo ver que el Dios del cielo y la tierra, que no +mira con privilegio á nadie, el mismo caso hace del pié izquierdo que +del derecho. Dixo el envidioso y su muger que no habia suficientes +figuras en su arenga, donde no se vían baylar las montañas ni las +colinas. Decian que no habia en ella ni xugo ni talento, que no se vía +la mar ahuyentada, las estrellas por tierra, y el sol derretido como +cera vírgen; por fin, que no estaba en buen estilo oriental. Zadig no +aspiraba mas que á que fuese su estilo el de la razon. Todo el mundo +se declaró en su favor, no porque estaba en el camino de la verdad, ni +porque era discreto, ni porque era amable, sino porque era primer +visir. + +No dió ménos felice cima á otro intrincadísimo pleyto de los magos +blancos con los negros. Los blancos decian que era impiedad dirigirse +al oriente del hibierno, quando los ficles oraban á Dios; y los negros +afirmaban que miraba Dios con horror á los hombres que se dirígian al +poniente del verano. Zadig mandó que se volviera cada uno hácia donde +quisiese. + +Encontró medio para despachar por la mañana los asuntos particulares y +generales, y lo demas del dia se ocupaba en hermosear á Babilonia. +Hacia representar tragedias para llorar, y comedias para reir; cosa +que habia dexado de estilarse mucho tiempo hacia, y que él +restableció, porque era sugeto de gusto fino. No tenia la manía de +querer entender mas que los pentos en las artes, los quales los +remuneraba con dádivas y condecoraciones, sin envidiar en secreto su +habilidad. Por la noche divertia mucho al rey, y mas á la reyna. Decia +el rey: ¡Qué gran ministro! y la reyna: ¡Qué amable ministro! y ambos +añadian: Lástima fuera que le hubieran ahorcado. + +Nunca otro en tan alto cargo se vió precisado á dar tantas audiencias +á las damas: las mas venian á hablarle de algún negocio que no les +importaba, para probarse á hacerle con él. Una de las primeras que se +presentó fué la muger del envidioso, juándole por Mitras, por +Zenda-Vesta, y por el fuego sagrado, que siempre habia mirado con +detestacion la conducta de su marido. Luego le fió que era el tal +marida zeloso y mal criado, y le dió á entender que le castigaban los +Dioses privándole de los preciosos efectos de aquel sacro fuego, el +único que hace á los hombres semejantes á los inmortales; por fin dexó +caer una liga. Cogióla Zadig con su acostumbrada cortesanía, pero no +se la ató á la dama á la pierna; y este leve yerro, si por tal puede +tenerse, fué orígen de las desventuras mas horrendas. Zadig no pensó +en ello, pero la muger del envidioso pensó mas de lo que decirse +puede. + +Cada dia se le presentaban nuevas damas. Aseguran los anales secretos +de Babilonia, que cayó una vez en la tentacion, pero que quedó pasmado +de gozar sin deleyte, y de tener su dama en sus brazos distraido. Era +aquella á quien sin pensar dió pruebas de su proteccion, una camarista +de la reyna Astarte. Por consolarse decia para sí esta enamorada +Babilonia: Menester es que tenga este hombre atestada la cabeza de +negocios, pues aun en el lance de gozar de su amor piensa en ellos. +Escapósele á Zadig en aquellos instantes en que los mas no dicen +palabra, ó solo dicen palabras sagradas, clamar de repente: LA REYNA; +y creyó la Babilonia, que vuelto en sí en un instante delicioso le +habia dicho REYNA MIA. Mas Zadig, distraido siempre, pronunció el +nombre de Astarte; y la dama, que en tan feliz situacion todo lo +interpretaba á su favor, se figuró que queria decir que era mas +hermosa que la reyna Astarte. Salió del serrallo de Zadig habiendo +recibido espléndidos regalos, y fué á contar esta aventura á la +envidiosa, que era su íntima amiga, la qual quedó penetrada de dolor +por la preferencia. Ni siquiera se ha dignado, decia, de atarme esta +malhadada liga, que no quiero que me vuelva á servir, ¡Ha, ha! dixo la +afortunada á la envidiosa, las mismas ligas llevais que la reyna: ¿las +tomais en la misma tienda? Sumióse en sus ideas la envidiosa, no +respondió, y se fué á consultar con el envidioso su marido. + +Entretanto Zadig conocia que estaba distraido quando daba audiencia, y +quando juzgaba; y no sabia á qué atribuirlo: esta era su única +pesadumbre. Soñó una noche que estaba acostado primero encima de unas +yerbas secas, entre las quales habia algunas punzantes que le +incomodaban; que luego reposaba blandamente sobre un lecho de rosas, +del qual salia una sierpe que con su venenosa y acerada lengua le +heria el corazon. ¡Ay! decia, mucho tiempo he estado acostado encima +de las secas y punzantes yerbas; ahora lo estoy en el lecho de rosas: +¿mas qual será la serpiente? + + + + +CAPITULO VIII. + +Los zelos. + + +De su misma dicha vino la desgracia de Zadig, pero mas aun de su +mérito. Todos los dias conversaba con el rey, y con su augusta esposa +Astarte, y aumentaba el embeleso de su conversacion aquel deseo de +gustar, que, con respecto al entendimiento, es como el arreo á la +hermosura; y poco á poco hicieron su mocedad y sus gracias una +impresion en Astarte, que á los principios no conoció ella propia. +Crecia esta pasion en el regazo de la inocencia, abandonándose Astarte +sin escrúpulo ni rezelo al gusto de ver y de oir á un hombre amado de +su esposo y del reyno entero. Alababásele sin cesar al rey, hablaba de +él con sus damas, que ponderaban mas aun sus prendas, y iodo así +ahondaba en su pecho la flecha que no sentia. Hacia regalos á Zadig, +en que tenia mas parte el amor de lo que ella se pensaba; y muchas +veces, quando se figuraba que le hablaba como reyna, satisfecha se +expresaba como muger enamorada. + +Muy mas hermosa era Astarte que la Semira que tanta ojeriza tenia con +los tuertos, y que la otra que habia querido cortar á su esposo las +narices. Con la llaneza de Astarte, con sus tiernas razones de que +empezaba á sonrojarse, con sus miradas que procuraba apartar de él, y +que en las suyas se clavaban, se encendió en el pecho de Zadig un +fuego que á él propio le pasmaba. Combatió, llamo á su auxîlio la +filosofía que siempre le habia socorrido; pero esta ni alumbró su +entendimiento, ni alivió su ánimo. Ofrecíanse ante él, como otros +tantos dioses vengadores, la obligacion, la gratitud, la magestad +suprema violadas: combatia y vencia; pero una victoria á cada instante +disputada, le costaba lágrimas y suspiros. Ya no se atrevia á +conversar con la reyna con aquella serena libertad que tanto á +entrámbos habia embelesado; cubríanse de una nube sus ojos; eran sus +razones confusas y mal hiladas; baxaba los ojos; y quando +involuntariamente en Astarte los ponia, encontraba los suyos bañados +en lágrimas, de donde salian inflamados rayos. Parece quese decian uno +á otro: Nos adoramos, y tememos amarnos; ámbos ardemos en un fuego que +condenamos. De la conversacion de la reyna salia Zadig fuera de sí, +desatentado, y como abrumado con una caiga con la qual no podia. En +medio de la violencia de su agitacion, dexó que su amigo Cador +columbrara su secreto, como uno que habiendo largo tiempo aguantado +las punzadas de un vehemente dolor, descubre al fin su dolencia por un +grito lastimero que vencido de sus tormentos levanta, y por el sudor +frio que por su semblante corre. + +Díxole Cador: Ya habia yo distinguido los afectos que de vos mismo os +esforzábais á ocultar: que tienen las pasiones señales infalibles; y +si yo he leido en vuestro corazon, contemplad, amado Zadig, si +descubrirá el rey un amor que le agravia; él que no tiene otro defecto +que ser el mas zeloso de los mortales. Vos resistís á vuestra pasion +con mas vigor que combate Astarte la suya, porque sois filósofo y sois +Zadig. Astarte es muger, y eso mas dexa que se expliquen sus ojos con +imprudencia que no piensa ser culpada: satisfecha por desgracia con su +inocencia, no se cura de las apariencias necesarias. Miéntras que no +le remuerda en nada la conciencia, tendré miedo de que se pierda. Si +ámbos estuviéseis acordes, frustraríais los ojos mas linces: una +pasion en su cuna y contrarestada rompe afuera; el amor satisfecho se +sabe ocultar. Estremecióse Zadig con la propuesta de engañar al +monarca su bienhechor, y nunca fué mas fiel á su príncipe que quando +culpado de un involuntario delito. En tanto la reyna repetia con tal +freqüencia el nombre de Zadig; colorábanse de manera sus mexillas al +pronunciarle; quando le hablaba delante del rey, estaba unas veces tan +animada y otras tan confusa; parábase tan pensativa quando se iba, que +turbado el rey creyó todo quanto vía, y se figuró lo que no vía. +Observó sobre todo que las babuchas de su muger eran azules, y azules +las de Zadig; que los lazos de su muger eran pajizos, y pajizo el +turbante de Zadig: tremendos indicios para un príncipe delicado. En +breve se tornáron en su ánimo exâsperado en certeza las sospechas. + +Los esclavos de los reyes y las reynas son otras tantas espías de sus +mas escondidos afectos, y en breve descubriéron que estaba Astarte +enamorada, y Moabdar zeloso. Persuadió el envidioso á la envidiosa á +que enviara al rey su liga que se parecia á la de la reyna; y para +mayor desgracia, era azul dicha liga. El monarca solo pensó entónces +en el modo de vengarse. Una noche se resolvió á dar un veneno á la +reyna, y á enviar un lazo á Zadig al rayar del alba, y dió esta órden +á un despiadado eunuco, executor de sus venganzas. Hallábase á la +sazon en el aposento del rey un enanillo mudo, pero no sordo, que +dexaban allí como un animalejo doméstico, y era testigo de los mas +recónditos secretos. Era el tal mudo muy afecto á la reyna y á Zadig, +y escuchó con no ménos asombro que horror dar la órden de matarlos +ámbos. ¿Mas cómo haria para precaver la execucion de tan espantosa +órden, que se iba á cumplir destro de pocas horas? No sabia escribir, +pero sí pintar, y especialmente retratar al vivo los objetos. Una +parte de la noche la pasó dibuxando lo que queria que supiera la +reyna: representaba su dibuxo, en un rincon del quadro, al rey +enfurecido dando órdenes á su eunuco; en otro rincon una cuerda azul y +un vaso sobre una mesa, con unas ligas azules, y unas cintas pajizas; +y en medio del quadro la reyna moribunda en brazos de sus damas, y á +sus plantas Zadig ahorcado. Figuraba el horizonte el nacimiento del +sol, como para denotar que esta horrenda catástrofe debia executarse +al rayar de la aurora. Luego que hubo acabado, se fué corriendo al +aposento de una dama de Astarte, la despertó, y le dixo por señas que +era menester que llevara al instante aquel quadro á la reyna. + +Hete pues que á media noche llaman á la puerta de Zadig, le +despiertan, y le entregan una esquela de la reyna: dudando Zadig si es +sueño, rompe el nema con trémula mano. ¡Qué pasmo no fué el suyo, ni +quien puede pintar la consternacion y el horror que le sobrecogiéron, +quando leyó las siguientes palabras! "Huid sin tardanza, ó van á +quitaros la vida. Huid, Zadig, que yo os lo mando en nombre de nuestro +amor, y de mis cintas pajizas. No era culpada, pero veo que voy á +morir delinquente." + +Apénas tuyo Zadig fuerza para articular una palabra. Mandó llamar á +Cador, y sin decirle nada le dió la esquela; y Cador le forzó á que +obedeciese, y á que tomase sin detenerse el camino de Menfis. Si os +aventurais á ir á ver á la reyna, le dixo, acelerais su muerte; y si +hablais con el rey, tambien es perdida. Yo me encargo de su suerte, +seguid vos la vuestra: esparciré la voz de que os habeis encaminado +hácia la India, iré pronto á buscaros, y os diré lo que hubiere +sucedido en Babilonia. + +Sin perder un minuto, hizo Cador llevar á una salida excusada de +palacio dos dromedarios ensillados de los mas andariegos; en uno montó +Zadig, que no se podia tener, y estaba á punto de muerte, y en otro el +único criado que le acompañaba. A poco rato Cador sumido en dolor y +asombro hubo perdido á su amigo de vista. + +Llegó el ilustre prófugo á la cima de un collado de donde se descubria +á Babilonia, y clavando los ojos en el palacio de la reyna se cayó +desmayado. Quando recobró el sentido, vertió abundante llanto, +invocando la muerte. Al fin despues de haber lamentado la deplorable +estrella de la mas amable de las mugeres, y la primera reyna del +mundo, reflexîonando un instante en su propia suerte, dixo: ¡Válame +Dios; y lo que es la vida humana! ¡O virtud, para que me has valido! +Indignamente me han engañado dos mugeres; y la tercera, que no es +culpada, y es mas hermosa que las otras, va á morir. Todo quanto bien +he hecho ha sido un manantial de maldiciones para mí; y si me he visto +exâltado al ápice de la grandeza, ha sido para despeñarme en la mas +honda sima de la desventura. Si como tantos hubiera sido malo, seria, +como ellos, dichoso. Abrumado con tan fatales ideas, cubiertos los +ojos de un velo de dolor, pálido de color de muerte el semblante, y +sumido el ánimo en el abismo de una tenebrosa desesperacion, siguió su +viage hácia el Egipto. + + + + +CAPITULO IX. + +La muger aporreada. + + +Encaminabase Zadig en la direccion de las estrellas, y le guiaban la +constelacion de Orion y el luciente astro de Sirio hácia el polo de +Canopo. Contemplaba admirado estos vastos globos de luz que parecen +imperceptibles chispas á nuestra vista, al paso que la tierra que +realmente es un punto infinitamente pequeño en la naturaleza, la mira +nuestra codicia como tan grande y tan noble. Representábase entónces á +los hombres como realmente son, unos insectos que unos á otros se +devoran sobre un mezquino átomo de cieno; imágen verdadera que +acallaba al parecer sus cuitas, retratándole la nada de su ser y de +Babilonia misma. Lanzábase su ánimo en lo infinito, y desprendido de +sus sentidos contemplaba el inmutable órden, del universo. Mas quando +luego tornando en sí, y entrando dentro de su corazon, pensaba en +Astarte, muerta acaso á causa de él, todo el universo desaparecia, y +no vía mas que á la moribunda Astarte y al malhadado Zadig. Agitado de +este fluxo y refluxo de sublime filosofía y de acerbo duelo, caminaba +hácia las fronteras de Egipto, y ya habia llegado su fiel criado al +primer pueblo, y le buscaba alojamiento. Paseábase en tanto Zadig por +los jardines que ornaban las inmediaciones del lugar, quando á corta +distancia del camino real vió una muger llorando, que invocaba cielos +y tierra en su auxîlio, y un hombre enfurecido en seguimiento suyo. +Alcanzábala ya; abrazaba ella sus rodillas, y el hombre la cargaba de +golpes y denuestos. Por la saña del Egipcio, y los reiterados perdones +que le pedia la dama, coligió que él era zeloso y ella infiel; pero +habiendo contemplado á la muger, que era una beldad peregrina, y que +ademas se parecia algo á la desventurada Astarte, se sintió movido de +compasion en favor de ella, y de horror contra el Egipcio. Socorredme, +exclamó la dama á Zadig entre sollozos, y sacadme de poder del mas +inhumano de los mortales; libradme la vida. Oyendo estas voces, fué +Zadig á interponerse entre ella y este cruel. Entendia algo la lengua +egipcia, y le dixo en este idioma: Si teneis humanidad, ruégoos que +respeteis la flaqueza y la hermosura. ¿Cómo agraviáis un dechado de +perfecciones de la naturaleza, postrado á vuestras plantas, sin mas +defensa que sus lágrimas? Ha, ha, le dixo el hombre colérico: ¿con que +tambien tú la quieres? pues en tí me voy á vengar. Dichas estas +razones, dexa á la dama que tenia asida por los cabellos, y cogiendo +la lanza va á pasársela por el pecho al extrangero. Este que estaba +sosegado paró con facilidad el encuentro de aquel frenético, agarrando +la lanza por junto al hierro de que estaba armada. Forcejando uno por +retirarla, y otro por quitársela, se hizo pedazos. Saca entónces el +Egipcio su espada, ármase Zadig con la suya, y se embisten uno y otro. +Da aquel mil precipitados golpes; páralos este con maña: y la dama +sentada sobre el césped los mira, y compone su vestido y su tocado. +Era el Egipcia mas forzudo que su contrario, Zadig era mas mañoso: +este peleaba como un hombre que guiaba el brazo por su inteligencia, y +aquel como un loco que ciego con los arrebatos de su saña le movia á +la aventura. Va Zadig á él, le desarma; y quando mas enfurecido el +Egipcio se quiere tirar á él, le agarra, le aprieta entre sus brazos, +le derriba por tierra, y poniéndole la espada al pecho, le quiere +dexar la vida. Desatinado el Egipcio saca un puñal, y hiere á Zadig, +quando vencedor este le perdonaba; y Zadig indignado le pasa con su +espada el corazon. Lanza el Egipcio un horrendo grito, y muere +convulso y desesperado, Volvióse entonces Zadig á la dama, y con voz +rendida le dixo: Me ha forzado á que le mate; ya estais vengada, y +libre del hombre mas furibundo que he visto: ¿qué quereis, Señora, que +haga? Que mueras, infame, replicó ella, que has quitado la vida á mi +amante: ¡oxalá pudiera yo despedazarte el corazon! Por cierto, Señora, +respondió Zadig, que era raro sugeto vuestro amante; os aporreaba con +todas sus fuerzas, y me queria dar la muerte, porque me habíais +suplicado que os socorriese. ¡Pluguiera al cielo, repuso la dama en +descompasados gritos, que me estuviera aporreando todavía, que bien me +lo teniamerecido, por haberle dado zelos! ¡Pluguiera al cielo, repito, +que él me aporreara, y que estuvieras tú como él! Mas pasmado y mas +enojado Zadig que nunca en toda, su vida, le dixo: Bien mereciérais, +puesto que sois linda, que os aporreara yo como él hacia, tanta es +vuestra locura; pero no me tomaré ese trabajo. Subió luego en su +camello, y se encaminó al pueblo. Pocos pasos habia andado, quando +volvió la cara al ruido que metian quatro correos de Babilonia, que á +carrera tendida venian. Dixo uno de ellos al ver á la muger: Esta +misma es, que se parece á las señas que nos han dado; y sin curarse +del muerto, echáron mano de la dama. Daba esta gritos á Zadig +diciendo: Socorredme, generoso extrangero; perdonadme si os he +agraviado: socorredme, y soy vuestra hasta el sepulcro. Pero á Zadig +se le habia pasado la manía de pelear otra vez por favorecerla. Para +el tonto, respondió, que se dexare engañar. Ademas estabaherido, iba +perdiendo la sangre, necesitaba de que le diesen socorro; y le +asustaba la vista de los quatro Babilonios despachados, segun toda +apariencia, por el rey Moabdar. Aguijó pues el paso hácia el lugar, no +pudiendo almar porque venian quatro coricos de Babilonia á prender á +esta Egipcia, pero mas pasmado todavía de la condicion de la tal dama. + + + + +CAPITULO X. + +La esclavitud. + + +Entrando en la aldea egipcia, se vió cercado de gente que decia á +gritos: Este es el robador de la hermosa Misuf, y el que acaba de +asesinar á Cletofis. Señores, les respondió, líbreme Dios de robar en +mi vida á vuestra hermosa Misuf, que es antojadiza en demasía; y á ese +Cletofis no le he asesinado, sino que me he defendido de él, porque me +queria matar, por haberle rendidamente suplicado que perdonase á la +hermosa Misuf, á quien daba desaforados golpes. Yo soy extrangero, +vengo á refugiarme en Egipto; y no es presumible que uno que viene á +pedir vuestro amparo, empiece robando á una muger y asesinando á un +hombre. + +Eran en aquel tiempo los Egipcios justos y humanos. Conduxo la gente á +Zadig á la casa de cabildo, donde primero le curáron la herida, y +luego tomáron separadamente declaracion á él y á su criado para +averiguar la verdad, de la qual resultó notorio que no era asesino; +pero habiendo derramado la sangre de un hombre, le condenaba la ley á +ser esclavo. Vendiéronse en beneficio del pueblo los dos camellos, y +se repartió entre los vecinos todo el oro que traía; él mismo fué +puesto á pública subhasta en la plaza del mercado, junto con su +compañero de viage, y se remató la venta en un mercader árabe, llamado +Setoc; pero como el criado era mas apto para la faena que el amo, fué +vendido mucho mas caro, porque no habia comparacion entre uno y otro. +Fué pues esclavo Zadig, y subordinado á su propio criado: atáronlos +juntos con un grillete, y en este estado siguiéron á su casa al +mercader árabe. En el camino consolaba Zadig á su criado exhortándole +á tener paciencia, y haciendo, según acostumbraba, reflexîones sobre +las humanas vicisitudes. Bien veo que la fatalidad de mi estrella se +ha comunicado á la tuya. Hasta ahora todas mis cosas han tomado raro +giro: me han condenado á una multa por haber visto pasar una perra; ha +estado en poco que me empalaran por un grifo; he sido condenado á +muerte por haber compuesto unos versos en alabanza del rey; me he +huido á uña de caballo de la horca, porque gastaba la reyna cintas +amarillas; y ahora soy esclavo contigo, porque un zafio ha aporreado á +su dama. Vamos, no perdamos ánimo, que acaso todo esto tendrá fin: +fuerza es que los mercaderes árabes tengan esclavos; ¿y por qué no lo +he de ser yo lo mismo que otro, siendo hombre lo mismo que otro? No ha +de ser ningun inhumano este mercader; y si quiere sacar fruto de las +faenas de sus esclavos, menester es que los trate bien. Así decia, y +en lo interior de su corazon no pensaba mas que en el destino de la +reyna de Babilonia. + +Dos dias despues se partió el mercader Setoc con sus esclavos y sus +camellos á la Arabia desierta. Residia su tribu en el desierto de +Oreb, y era arduo y largo el camino. Durante la marcha hacia Setoc +mucho mas aprecio del criado que del amo, y le daba mucho mejor trato +porque sabia cargar mas bien los camellos. + +Dos jornadas de Oreb murió un camello, y la carga se repartió sobre +los hombros de los esclavos, cabiéndole su parte á Zadig. Echóse á +reir Setoc, al ver que todos iban encorvados; y se tomó Zadig la +libertad de explicarle la razon, enseñándole las leyes del equilibrio. +Pasmado el mercader le empozó á tratar con mas miramiento; y viendo +Zadig que habia despertado su curiosidad, se la aumentó instruyéndole +de varias cosas que no eran agenas de su comercio; de la gravedad +específica de los metales y otras materias en igual volúmen, de las +propiedades de muchos animales útiles, y de los medios de sacar fruto +de los que no lo eran: por fin, le pareció un sabio, y en adelante le +apreció en mas que á su camarada que tanto habia estimado, le dió buen +trato, y le salió bien la cuenta. + +Así que llegó Setoc á su tribu, reclamó de un hebreo quinientas onzas +de plata que le habia prestado á presencia de dos testigos; pero +habian muerto ámbos, y el hebreo que no podia ser convencido, se +guardaba la plata del mercader, dando gracias á Dios porque le habia +proporcionado modo de engañar á un árabe. Comunicó Setoc el negocio +con Zadig de quien habia hecho su consejero. ¿Qué condicion tiene +vuestro deudor? le dixo Zadig. La condicion de un bribon, replicó +Setoc. Lo que yo pregunto es si es vivo ó flemático, imprudente ó +discreto. De quantos malos pagadores conozco, dixo Setoc, es el mas +vivo. Está bien, repuso Zadig, permitidme que abogue yo en vuestra +demanda ante el juez. Con efecto citó al tribunal al hebreo, y habló +al juez en estos términos: Almohada del trono de equidad, yo soy +venido para reclamar, en nombre de mi amo, quinientas onzas de plata +que prestó á este hombre, y que no le quiere pagar. ¿Teneis testigos? +dixo el juez. No, porque se han muerto; mas queda una ancha piedra +sobre la qual se contó el dinero; y si gusta vuestra grandeza mandar +que vayan á buscar la piedra, espero que ella dará testimonio de la +verdad. Aquí nos quedarémos el hebreo y yo, hasta que llegue la +piedra, que enviaré á buscar á costa de mi amo Setoc. Me place, dixo +el juez; y paso á despachar otros asuntos. + +Al fin de la audiencia dixo á Zadig: ¿Con que no ha llegado esa piedra +todavía? Respondió el hebreo soltando la risa: Aquí se estaria vuestra +grandeza hasta mañana, esperando la piedra, porque está mas de seis +millas de aquí, y son necesarios quince hombres para menearla. Bueno +está, exclamó Zadig, ¿no habia dicho yo que la piedra daria +testimonio? una vez que sabe ese hombre donde está, confiesa que se +contó el dinero sobre ella. Confuso el hebreo se vió precisado á +declarar la verdad, y el juez mandó que le pusiesen atado á la piedra, +sin comer ni beber, hasta que restituyese las quinientas onzas de +plata que pagó al instante; yel esclavo Zadig y la piedra se +grangeáron mucha reputacion en toda la Arabia. + + + + +CAPITULO XI. + +La hoguera. + + +Embelesado Setoc hizo de sti esclavo su mas íntimo amigo, y no podia +vivir sin él, como habia sucedido al rey de Babilonia: fué la fortuna +de Zadig que Setoc no era casado. Descubrió este en su amo excelente +índole, mucha rectitud y una sana razon, y sentia ver que adorase el +exército celestial, quiero decir el sol, la luna y las estrellas, como +era costumbre antigua en la Arabia; y le hablaba á veces de este +culto, aunque con mucha reserva. Un dia por fin le dixo que eran unos +cuerpos como los demas, y no mas acreedores á su veneracion que un +árbol ó un peñasco. Sí tal, replicó Setoc, que son seres eternos que +nos hacen mil bienes, animan la naturaleza, arreglan las estaciones; +aparte de que distan tanto de nosotros que no es posible ménos de +reverenciarlos. Mas provecho sacais, respondió Zadig, de las ondas del +mar Roxo, que conduce vuestros géneros á la India: ¿y por qué no ha de +ser tan antiguo como las estrellas? Si adorais lo que dista de vos, +tambien habeis de adorar la tierra de los Gangaridas, que está al cabo +del mundo. No, decia Setoc; mas el brillo de las estrellas es tanto, +que es menester adorarlas. Aquella noche encendió Zadig muchas hachas +en la tienda donde cenaba con Setoc; y luego que se presentó su amo, +se hincó de rodillas ante los cirios que ardian, diciéndoles: Eternas +y brillantes lumbreras, sedme propicias. Pronunciadas estas palabras, +se sentó á la mesa sin mirar á Setoc. ¿Qué haceis? le dixo este +admirado. Lo que vos, respondió Zadig; adoro esas luces, y no hago +caso de su amo y mio. Setoc entendió lo profundo del apólogo, albergó +en su alma la sabiduria de su esclavo, dexó de tributar homenage á las +criaturas, y adoró el Ser eterno que las ha formado. + +Reynaba entónces en la Arabia un horroroso estilo, cuyo orígen venia +de la Escitia, y establecido luego en las Indias á influxo de los +bracmanes, amenazaba todo el Oriente. Quando moria un casado, y queria +ser santa su cara esposa, se quemaba públicamente sobre el cadáver de +su marido, en una solemne fiesta, que llamaban la hoguera de la +viudez; y la tribu mas estimada era aquella en que mas mugeres se +quemaban. Murió un árabe de la tribu de Setoc, y la viuda, por nombre +Almona, persona muy devota, anunció el dia y la hora que se habia do +tirar al fuego, al son da atambores y trompetas. Representó Zadig á +Setoc quan opuesto era tan horrible estilo al bien del humano linage; +que cada dia dexaban quemar á viudas mozas que podian dar hijos al +estado, ó criar á lo ménos los que tenian; y convino Setoc en que era +preciso hacer quanto para abolir tan inhumano estilo fuese posible. +Pero añadió luego: Mas de mil años ha que estan las mugeres en +posesion de quemarse vivas. ¿Quién se ha de atrever á mudar una lej +consagrada pur el tiempo? ¿ni qué cosa hay mas respetable que un abuso +antiguo? Mas antigua es todavía la razon, replicó Zadig; hablad vos +con los caudillos de las tribus, miéntras yo voy á verme con la viuda +moza. + +Presentóse á ella; y despues de hacerse buen lugar encareciendo su +hermosura, y de haberle dicho quan lastimosa cosa era que tantas +perfecciones fuesen pasto de las llamas, tambien exâltó su constancia +y su esfuerzo. ¿Tanto queríais á vuestro marido? le dixo. ¿Quererle? +no por cierto, respondió la dama árabe: si era un zafio, un zeloso, +hombre inaguantable; pero tongo hecho propósito firme de tirarme á su +hoguera. Sin duda, dixo Zadig, que debe ser un gusto exquisito esto de +quemarse viva. Ha, la naturaleza se estremece, dixo la dama, pero no +tiene remedio. Soy devota, y perderia la reputacion que por tal he +grangeado, y todos se reirian de mí si no me quemara. Habiéndola hecho +confesar Zadig que se quemaba por el que dirán y por mera vanidad, +conversó largo rato con ella, de modo que le inspiró algun apego á la +vida, y cierta buena voluntad á quien con ella razonaba, ¿Qué +hiciérais, le dixo en fin, si no estuviérais poseida de la vanidad de +quemaros? Ha, dixo la dama, creo que os brindaria con mi mano. Lleno +Zadig de la idea de Astarte, no respondió á esta declaracion, pero fué +al punto á ver á los caudillos de las tribus, y les contó lo sucedido, +aconsejándoles que promulgaran una ley por la qual no seria permitido +á ninguna viuda quemarse ántes de haber hablado á solas con un mancebo +por espacio de una hora entera; y desde entónces ninguna dama se quemó +en toda Arabia, debiéndose así á Zadig la obligacion de ver abolido en +solo ua dia estilo tan cruel, que reynaba tantos siglos habia: por +donde merece ser nombrado el bienhechor de la Arabia. + + + + +CAPITULO XII. + +La cena. + + +No pudiendo Setoc apartarse de este hombre en quien residia la +sabiduría, le llevó consigoá la gran feria de Basora, donde se +juntaban los principales traficantes del globo habitable. Zadig se +alegró mucho viendo en un mismo sitio juntos tantos hombres de tan +varios paises, y le pareció que era el universo una vasta familia que +se hallaba reunida en Basora. Comió el segundo dia á la misma mesa con +un Egipcio, un Indio gangarida, un morador del Catay, un Griego, un +Celta, y otra muchedumbre de extrangeros, que en sus viages freqüentes +al seno Arábigo habian aprendido el suficiente árabe para darse á +entender. El Egipcío no cabia en sí de enojo. ¡Qué abominable pais es +Basora! mil onzas de oro no me han querido dar sobre la alhaja mas +preciosa del mundo. ¿Cómo así? dixo Setoc; ¿sobre qué alhaja? Sobre el +cuerpo de mi tia, respondió el Egipcio, la mas honrada muger de +Egipto, que siempre me acompañaba, y se ha muerto en el camino; he +hecho de ella una de las mas hermosas mómias que pueden verse, y en mi +tierra encontraria todo quanto dinero pidiese sobre esta prenda. Buena +cosa es que no me quieran dar siquiera mil onzas de oro, empeñando un +efecto de tanto precio. Lleno de furor todavía iba á comerse la +pechuga de un excelente pollo guisado, quando cogiéndole el Indio de +la mano, le dixo en tono compungido: Ha ¿qué vais á hacer? A comer de +ese pollo, le respondió el hombre de la mómia. No hagáis tal, replicó +el Gangarida, que pudiera ser que hubiese pasado el alma de la difunta +al cuerpo de este pollo, y no os habeis de aventurar á comeros á +vuestra tia. Guisar los pollos es un agravio manifiesto contra la +naturaleza. ¿Qué nos traeis aquí con vuestra naturaleza, y vuestros +pollos? repuso el iracundo Egipcio: nosotros adoramos un buey, y +comemos vaca. ¡Un buey adorais! ¿es posible? dixo el hombre del +Ganges. ¿Y cómo si es posible? continuó el otro: ciento treinta y +cinco mil años ha que así lo hacemos, y nadie entre nosotros lo lleva +á mal. Ha, en eso de ciento treinta y cinco mil, dixo el Indio, hay su +poco de ponderacion, porque no ha mas de ochenta mil que está poblada +la India, y nosotros somos los mas antiguos; y Brama nos habia +prohibido que nos comiéramos á los bueyes, ántes que vosotros los +pusiérais en los altares y en las parrillas. Valiente animal es +vuestro Brama comparado con Apis, dixo el Egipcio; ¿qué cosas tan +portentosas ha hecho ese Brama? El bracman le replicó: ha enseñado á +los hombres á leer y escribir, y la tierra le debe el juego de +axedrez. Estais equivocado, dixo un Caldeo que á su lado estaba; el +pez Oanes es el autor de tan señalados beneficios, y á él solo se le +debe de justicia tributar homenage. Todo el mundo sabe que era un ser +divino, que tenia la cola de oro, y una cabeza humana muy hermosa, y +salia del mar para predicar en la tierra tres horas al dia. Tuvo +muchos hijos, que todos fuéron reyes, como es notorio. En mi casa +tengo su imágen, y la adoro como es debido. Lícito es comer vaca hasta +no querer mas, pero es accion impía sobre manera guisar pescado. +Dexando esto aparte, ámbos sois de orígen muy bastarda y reciente, y +no podeis disputar conmigo. La nacion egipcia no pasa de ciento +treinta y cinco mil años, y los Indios no se dan arriba de ochenta +mil, miéntras que conservamos nosotros calendarios de quatro mil +siglos. Creedme, y dexaos de desatinos, y os daré á cada uno una +efigia muy hermosa de Oanes. Tomando entónces la palabra el hombre de +Cambalu, dixo: Mucho respeto á los Egipcios, á los Caldeos, á los +Griegos, á los Celtas, á Brama, al buey Apis, y al hermoso pez Oanes; +pero el Li ó el Tien, como le quieran llamar [P. D.: Voces chinas, +que quieren decir Li, la luz natural, la razon; y Tien, el cielo; y +tambien significan á Dios.], no valen ménos acaso que los bueyes y los +peces. No mentaré mi pais, que es tamaño como el Egipto, la Caldea y +las Indias juntas, ni disputare acerca de su antigüedad, porque lo que +importa es ser feliz, y sirve de poco ser antiguo; pero si se trata de +almanaques, diré que en toda el Asia corren los nuestros, y que los +poseíamos aventajados, ántes que supieran los Caldeos la arismética. + +Todos sois unos ignorantes, todos sin excepcion, exclamó el Griego. +¿Pues qué, no sabeis que el padre de todo es el caos, y que el estado +en que vemos el mundo es obra de la forma y la materia? Habló el tal +Griego largo rato, hasta que le interrumpió el Celta, el qual habia +bebido miéntras que altercaban los demas, y que creyéndose entónces +mas instruido que todos, dixo echando por vidas, que solo Teutates y +las agallas de roble merecian mentarse; que él llevaba siempre agallas +en el bolsillo; que sus ascendientes los Escitas eran los únicos +sugetos honrados que habia habido en el universo, puesto que de verdad +comian á veces carne humana, pero que eso no quitaba que fuesen una +nacion muy respetable; por fin, que si alguien decia mal de Teutates, +él le enseñaria á no ser mal hablado. Encendióse entónces la +contienda, y vió Setoc la hora en que se iba á ensangrentar la mesa. +Zadig, que no habia desplegado los labios durante la altercacion, se +levantó, y dirigiéndose primero al Celta, que era el mas furioso, le +dixo que tenia mucha razon, y le pidió agallas; alabó luego la +eloqüencia del Griego, y calmó todos los ánimos irritados. Poco dixo +al del Catay, que habia hablado con mas juicio que los demas; y al +cabo se explicó así: Amigos mios, íbais á enojaros sin motivo, porque +todos sois del mismo dictámen. Todos se alborotáron al oir tal. ¿No es +verdad, dixo al Celta, que no adoráis esta agalla, mas sí al que crió +el roble y las agallas? Así es la verdad, respondió el Celta. Y vos, +Señor Egipcio, de presumir es que en un buey tributais homenage al que +os ha dado los bueyes. Eso es, dixo el Egipcio. El pez Oanes, +continuó, le debe ceder á aquel que formó la mar y los peces. Estamos +conformes, dixo el Caldeo. El Indio y el Catayés reconocen igualmente +que vosotros, añadió, un principio primitivo. No he entendido muy bien +las maravillosas lindezas que ha dicho el Griego, pero estoy cierto de +que tambien admite un ser superior del qual depende la forma y la +materia. El Griego, que se vía celebrado, dixo que Zadig habia +comprendido perfectamente su idea. Con que todos estais conformes, +repuso Zadig, y no hay motivo de contienda. Abrazóle todo el mundo; y +Setoc, despues de haber vendido muy caros sus géneros, se volvió con +su amigo Zadig á su tribu. Así que llegó, supo Zadig que se le habia +formado causa en su ausencia, y que le iban á quemar vivo. + + + + +CAPITULO XIII. + +Las citas. + + +Miéntras este viage á Basora, concertáron los sacerdotes de las +estrellas el castigo de Zadig. Pertenecíanles por derecho divino las +piedras preciosas y demas joyas de las viudas mozas que morian en la +hoguera; y lo ménos que podian hacer con Zadig era quemarle por el +flaco servicio que les habia hecho. Acusáronle por tanto de que +llevaba opiniones erróneas acerca del exército celestial, y declaráron +con juramento solemne que le habian oido decir que las estrellas no se +ponian en la mar. Estremeciéronse los jueces de tan horrenda +blasfemia; poco faltó para que rasgaran sus vestiduras al oir palabras +tan impías, y las hubieran rasgado sin duda, si hubiera tenido Zadig +con que pagarlas; mas se moderáron en la violencia de su dolor, y se +ciñéron á condenar al reo á ser quemado vivo. Desesperado Setoc usó +todo su crédito para librar á su amigo, pero en breve le impusiéron +silencio. Almona, la viuda moza que habia cobrado mucha aficion á la +vida, y se la debia á Zadig, se resolvió á sacarle de la hoguera, que +como tan abusiva se la habia él presentado; y formando su plan en su +cabeza, no dió parte de él á nadie. Al otro dia iba á ser ajusticiado +Zadig: solamente aquella noche le quedaba para libertarle, y la +aprovechó como muger caritativa y discreta. + +Sahumóse, atildóse, aumentó el lucimiento de su hermosura con el mas +bizarro y pomposo trage, y pidió audiencia secreta al sumo sacerdote +de las estrellas. Así que se halló en presencia de este venerable +anciano, le habló de esta manera: Hijo primogénito de la Osa mayor, +hermano del toro, primo del can celeste (que tales eran los dictados +de este pontífice), os vengo á fiar mis escrúpulos. Mucho temo haber +cometido un gravísimo pecado no quemándome en la hoguera de mi amado +marido. Y en efecto, ¿qué es lo que he conservado? una carne +perecedera, y ya marchita. Al decir esto, sacó de unos luengos mitones +de seda unos brazos de maravillosa forma, y de la blancura del mas +puro alabastro. Ya veis, dixo, quan poco vale todo esto. Al pontífice +se le figuró que esto valia mucho: aseguráronlo sus ojos, y lo +confirmó su lengua, haciendo mil juramentos de que no habia en toda su +vida visto tan hermosos brazos. ¡Ay! dixo la viuda, acaso los brazos +no son tan malos; pero confesad que el pecho no merece ser mirado. +Diciendo esto, desabrochó el mas lindo seno que pudo formar +naturaleza; un capullo de rosa sobre una bola de marfil parecia junto +á él un poco de rubia que colora un palo de box, y la lana de los +albos corderos que salen de la alberca era amarilla á su lado. Este +pecho, dos ojos negros rasgados que suaves y muelles de amoroso fuego +brillaban, las mexillas animadas en púrpura con la mas cándida leche +mezclada, una nariz que no se semejaba á la torre del monte Libano, +sus labios que así se parecian como dos hilos de coral que las mas +bellas perlas de la mar de Arabia ensartaban; todo este conjunto en +fin persuadió al viejo á que se habia vuelto á sus veinte años. +Tartamudo declaró su amor; y viéndole Almona inflamado, le pidió el +perdon de Zadig. ¡Ay! respondió él, hermosa dama, con toda mi ánima se +le concediera, mas para nada valdria mi indulgencia, porque es +menester que firmen otros tres de mis colegas. Firmad vos una por una, +dixo Almona, Con mucho gusto, respondió el sacerdote, con la condicion +de que sean vuestros favores premio de mi condescendencia. Mucho me +honrais, replicó Almona; pero tomaos el trabajo de venir á mi quarto +despues de puesto el sol, quando raye sobre el horizonte la luciente +estrella de Scheat; en un sofá color de rosa me hallaréis, y haréis +con vuestra sierva lo que fuere de vuestro agrado. Salió sin tardanza +con la firma, dexando al viejo no ménos que enamorado desronfiándose +de sus fuerzas; el qual lo restante del dia lo gastó en bañarse, y +bebió un licor compuesto con canela de Ceylan y con preciosas especias +de Tidor y Tornate, aguardando con ansia que saliese la estrella de +Scheat. + +En tanto la hermosa Almona fué á ver al segundo pontífice, que le dixo +que comparados con sos ojos eran fuegos fatuos el sol, la luna, y +todos los astros del firmamento. Solicitó ella la misma gracia, y él +le propuso el mismo premio. Dexóse vencer Almona, y citó al segundo +pontífice para quando nace la estrella Algenib. Fué de allí á casa del +tercero y quarto sacerdote, llevándose de cada uno su firma, y +citándolos de estrella á estrella. Avisó entónces á los jueces que +vinieran á su casa para un asunto de la mayor gravedad. Fuéron en +efecto, y ella les enseñó las quatro firmas, y les dió parte del +precio á que habian vendido los sacerdotes el perdon de Zadig. Llegó +cada uno á la hora señalada, y quedó pasmado de encontrarse con sus +colegas, y todavía mas con los jueces que fuéron testigos de su +ignominia. Fué puesto en libertad Zadig, y Setoc tan prendado de la +maña de Almona, que la tomó por su muger propia. + + + + +CAPITULO XIV. + +El bayle. + + +Tenia que ir Setoc para negocios de su tráfico á la isla de Serendib; +pero el primer mes de casados, que, como ya llevamos dicho, es la luna +de miel, no le dexó ni separarse de su muger, ni aun presumir que +podria separarse un dia de ella. Rogó por tanto á su amigo Zadig que +hiciera por el este viage. ¡Ay! decia Zadig: ¿con que aun he de poner +mas tierra entre la hermosa Astarte y yo? Pero es fuerza que sirva á +mis bienhechores. Así dixo, lloró, y se partió. + +A poco tiempo de haber aportado á la isla de Serendib, era tenido por +hombre muy superior. Escogiéronle los negociantes por su árbitro, los +sabios por su amigo, y el corto número de aquellos que piden consejo +por su consejero. Quiso el rey verle y oirle, y conoció en breve +quanto valia Zadig; se fió de su discrecion, y le hizo amigo suyo. +Temblaba Zadig de la llaneza y la estimacion con que le trataba el +rey, pensando de noche y de dia en las desventuras que le habia +acarreado la amistad de Moabdar. El rey me quiere, decia; ¿seré un +hombre perdido? Con todo no se podia zafar de los halagos de su +magestad, porque debemos confesar que era uno de los mas cumplidos +príncipes del Asia Nabuzan, rey de Serendib, hijo de Nuzanah, hijo de +Nabuzan, hijo de Sambusna; y era difícil que á quien le trataba, de +cerca no le prendase. + +Sin cesar elogiaban, engañaban y robaban á este buen príncipe; y cada +qual metia la mano como á porfía en el erario. El principal ministro +de hacienda de la isla de Serendib daba este precioso exemplo, y todos +los subalternos le imitaban con fervor. El rey, que lo sabia, habia +mudado varias veces de ministro, pero nunca habia podido mudar el +estilo admitido de dividir las rentas reales en dos partes desiguales; +la mas pequeña para su magestad, y la mayor para sus administradores. + +Fió el buen rey Nabuzan su cuita del sabio Zadig. Vos que tantas cosas +sabeis, le dixo, ¿no sabríais modo para que tope yo con un tesorero +que no me robe? Sí por cierto, respondió Zadig; un modo infalible sé +de buscaros uno que tenga las manos limpias. Contentísimo el rey le +preguntó, dándole un abrazo, como haria. No hay mas, replicó Zadig, +que hacer baylar á quantos pretenden la dignidad de tesorero; y el que +con mas ligereza baylare, será infaliblemente el mas hombre de bien. +Os estais burlando, dixo el rey: ¡donoso modo por cierto de elegir un +ministro de hacienda! ¿Con que el que mas listo fuere para dar +cabriolas en el ayre ha de ser el mas integro y mas hábil +administrador? No digo yo que haya de ser el mas hábil, replicó Zadig, +pero lo que sí aseguro es que indubitablemente ha de ser el mas +honrado. Tanta era la confianza con que lo decia Zadig, que se +persuadió el rey á que poseía algun secreto sobrenatural para conocer +á los administradores. Yo no gusto de cosas sobrenaturales, dixo +Zadig, ni he podido nunca llevar en paciencia ni los hombres que hacen +milagros, ni los libros que los mentan: y si quiere vuestra magestad +permitir que haga la prueba, quedará convencido de que mi secreto es +tan fácil como sencillo. Mas se pasmó Nabuzan, rey de Serendib, al oir +que era sencillo el secreto, que si le hubiera dicho que era +milagroso. Está bien, le dixo, haced lo que os parezca. Dexadlo estar, +que ganaréis con esta prueba mas de lo que pensais. Aquel mismo dia +mandó pregonar en nombre del rey, que todos quantos aspiraban al +empleo de principal ministro de las rentas de su sacra magestad +Nabuzan, hijo de Nuzanab, viniesen con vestidos ligeros de seda á la +antecámara del rey, el primer dia de la luna del crocodílo. Acudiéron +en número de sesenta y quatro. Estaban los músicos en una sala +inmediata, y dispuesto todo para un bayle; pero estaba cerrada la +puerta de la sala, y para entrar en ella habia que atravesar una +galería bastante obscura. Vino un uxier á conducir uno tras de otro á +cada candidato por este pasadizo, donde le dexaba solo algunos +minutos. El rey que estaba avisado, habia hecho poner todos sus +tesoros en la galería. Quando llegáron los pretendientes á la sala, +mandó su magestad que baylaran, y nunca se habian visto baylarines mas +topos ni con ménos desenvoltura; todos andaban la cabeza baxa, las +espaldas corvas, y las manos pegadas al cuerpo. ¡Qué bribones! decia +en voz baxa Zadig. Uno solo hacia con agilidad las mudanzas, levantada +la cabeza, sereno el mirar, derecho el cuerpo, y firmes las rodillas. +¡Qué hombre tan de bien, qué honrado sugeto! dixo Zadig. Dió el rey un +abrazo á este buen baylarin, y le nombró su tesorero: todos los demas +fuéron justamente castigados y multados, porque miéntras que habian +estado en la galería, habia llenado cada uno sus bolsillos, y apénas +podia dar paso. Compadecióse el rey de la humana naturaleza, +contemplando que de sesenta y quatro baylarines los sesenta y tres +eran ladrones rateros, y se dió á la galería obscura el título de +corredor de la tentacion. En Persia hubieran empalado á los sesenta y +tres magnates; en otros paises, hubieran nombrado un juzgado, que +hubiera consumido en costas el triplo del dinero robado, y no hubiera +puesto un maravedí en las arcas reales; en otros, se hubieran +justificado plenamente, y hubiera caido de la gracia el ágil baylirin: +en Serendib fuéron condenados á aumentar el fisco, porque era Nabuzan +muy elemente. + +No era ménos agradecido, y dió á Zadig una suma mas quantiosa que +nunra habia robado tesorero ninguno al rey su amo. Valióse de este +dinero Zadig para enviar á Babilonia expresos que le informaran de la +suerte de Astarte. Al dar esta órden le tembló la voz, se le agolpó la +sangre hácia el corazon, se cubriéron de un tenebroso velo sus ojos, y +se paró á punto de muerte. Partióse el correo, vióle embarcar Zadig, y +se volvió á palacio, donde sin ver á nadie, y creyendo que estaba en +su aposento, pronunció el nombre de amor. Si, el amor, dixo el rey; de +eso justamente se trata, y habeis adivinado la causa de mi pena. ¡Qué +grande hombre sois! Espero que me enseñeis á conocer una muger firme, +como me habeis hecho hallar un tesorero desinteresado. Volviendo en sí +Zadig le prometió servirle en su amor como habia hecho en real +hacienda, aunque parecia la empresa mas ardua todavía. + + + + +CAPITULO XV. + +Los ojos azules. + + +Mi cuerpo y mi corazon, dixo el rey á Zadig... Oyendo estas palabras +no pudo ménos el Babilonio de interrumpir á su magestad, y de decirle: +¡Ouanto celebro que no hayáis dicho mi alma y mi corazon, porque no +oimos mas voces que estas en las conversaciones de Babilonia, ni +leemos libros que no traten del corazon y el alma, escritos por +autores que ni uno ni otra tienen; pero perdonadme, Señor, y +proseguid. Nabuzan continuó: Mi cuerpo y mi corazon son propensos al +amor; á la primera de estas dos potencias le sobran satisfacciones, +que tengo cien mugeres á mi disposicion, hermosas todas, +complacientes, obsequiosas, y voluptuosas, ó fingiendo que lo son +conmigo. No es empero mi corazon tan afortunado, porque tengo sobrada +experiencia de que el halagado es el rey de Serendib, y que hacen +poquisimo aprecio de Nabuzan. No por eso digo que sean infieles mis +mugeres, puesto que quisiera encontrar una que me quisiera por mí +propio, y diera por ella las cien beldades que poseo. Decidme si en +mis cien sultanas hay una que de veras me quiera. + +Respondióle Zadig lo mismo que acerca del ministro de hacienda. Señor, +dexadlo á mi cargo; pero permitidme primero que disponga de todas las +riquezas que se expusiéron en la galería de la tentacion, y no dudeis +de que os daré buena cuenta de ellas, y no perderéis un ardite. Dióle +el rey amplías facultades, y escogió Zadig treinta y tres jorobados de +los mas feos de Serendib, treinta y tres pages de los mas lindos, y +treinta y tres de los mas eloqüentes y forzudos bonzos. Dexóles á +todos facultad de introducirse en los retretes de las sultanas; dió á +cada jorobado quatro mil monedas de oro que regalar, y el primer dia +fuéron todos felices. Los pages que no tenian otra dádiva que hacer +que la de su persona, tardáron dos ó tres dias en conseguir lo que +solicitaban; y tuviéron mas dificultad en salir non la suya los +bonzos; pero al cabo se les rindiéron treinta y tres devotas. +Presenció el rey todas estas pruebas por unas celosías que daban en +los aposentos de las sultanas, y se quedó atónito, que de sus cien +mugeres las noventa y nueve se rindiéron á su presencia. Quedaba una +muy jóven y muy novicia, á la qual nunca habia tocado su magestad: +arrimáronse á ella uno, dos y tres jorobados, ofrecréndole hasta +veinte mil monedas; pero se mantuvo incorruptible, riéndose de la idea +de los jorobados que creían que su dinero los hacia mas bonitos. +Presentáronse los dos mas lindos pages, y les dixo que le parecia el +rey mas lindo. Acometióla luego el bonzo mas eloqüente, y despues el +mas intrépido: al primero le trató de parlanchin, y no pudo entender +qual fuese el mérito del segundo. Todo se cifra en el corazon, dixo: +yo no he de ceder ni al oro de un jorobado, ni á la hermosura de un +page, ni á las artes de un bonzo; ni he de querer á nadie mas que á +Nabuzan; hijo de Nuzanab, esperando á que él me corresponda. Quedó el +rey embargado en júbilo, cariño y admiracion. Volvió á tomar todo el +dinero con que habian comprado los jorobados su buena ventura, y se le +regaló á la hermosa Falida, que así se llamaba esta beldad. Dióle con +él su corazon, que merecia de sobra, porque nunca se vió juventud mas +brillante y mas florida que la suya, nunca hermosura que mas digna de +prendar fuese. Verdad es que no calla la historia que hacia mal una +cortesía; pero confiesa que baylaba como las hadas, cantaba como las +sirenas, y hablaba como las Gracias, y estaba colmada de habilidades y +virtud. + +Adorábala el amado Nabuzan; pero tenia Falida ojos azules, lo qual +causó las mas funestas desgracias. Estaba prohibido por una antigua +ley de Serendib, que se enamoraran de una de las mugeres que llamáron +luego los Griegos BOOPES; y hacia mas de cinco mil años que habia +promulgado esta ley el sumo bonzo, por apropiarse para sí la dama del +primer rey de la isla de Serendib; de suerte que el anatema de los +ojos azules se habia hecho ley fundamental del estado. Todas las +clases del estado hiciéron enérgicas representaciones á Nabuzan; y +públicamente se decia que era llegada la fatal catástrofe del reyno, +que estaba colmada la medida de la abominacion, que un siniestro +suceso amenazaba la naturaleza; en una palabra, que Nabuzan, hijo de +Nuzanab, estaba enamorado de dos ojos azules rasgados. Los jorobados, +los bonzos, los asentistas, y las ojinegras inficionáron de +mal-contentos el reyno entero. + +El descontento universal animó á los pueblos salvages que viven al +norte de Serendib á invadir los estados del buen Nabuzan. Pidió +subsidios á sus vasallos, y los bonzos que eran dueños de la mìtad de +las rentas del estado, se contentáron con levantar las manos al cielo, +y se negáron á llevar su dinero al erario para sacar de ahogo al rey. +Cantáron lindas oraciones en música, y dexáron que los bárbaros +asolaran el estado. + +Querido Zadig, ¿me sacarás de este horrible apuro? le dixo en +lastimoso tono Nabuzan. Con mucho gusto, respondió Zadig; los bonzos +os darán quanto dinero querais. Abandonad las tierras donde tienen +levantados sus palacios, y no defendais mas que las vuestras. Hízolo +así Nabuzan; y quando viniéron los bonzos á echarse á sus plantas, +implorando su asistencia, les respondió el rey con una soberbia música +cuya letra eran oraciones al cielo, rogando por la conservacion de sus +tierras. Entónces los bonzos diéron dinero, y se concluyó con +felicidad la guerra. De esta suerte por sus prudentes y dichosos +consejos, y por los mas señalados servicios, se habia acarreado Zadig +la irreconciliable enemiga de los mas poderosos del estado: juráron su +pérdida los bonzos y las oji-negras, desacreditáronle jorobados y +asentistas, y le hiciéron sospechoso al buen Nabuzan. Los servicios +que el hombre hace se quedan en la antesala, y las sospechas penetran +al gabinete, segun dice Zoroastro. Todos los dias eran acusaciones +nuevas; la primera se repele, la segunda hace mella, la tercera hiere, +y la quarta mata. + +Asustado Zadig, que habia puesto en auge los asuntos de su amigo, y +enviádole su dinero, no pensó mas que en partirse de la isla, y en ir +á saber en persona noticias de Astarte; porque si permanezco en +Serendib, decia, me harán empalar los bonzos. ¿Pero adonde iré? en +Egipto seré esclavo, en Arabia segun las apariencias quemado, y +ahorcado en Babilonia. Con todo menester es saber qué ha sido de +Astarte: partámonos, y apuremos lo que me destina mi suerte fatal. + + + + +CAPITULO XVI. + +El bandolero. + + +Al llegar á las fronteras que separan la Arabia petrea de la Syria, y +al pasar por junto á un fuerte castillo, saliéron de él unos Arabes +armados. Vióse rodeado de hombres que le gritaban: Ríndete; todo +quanto traes es nuestro, y tu persona pertenece á nuestro amo. En +respuesta sacó Zadig la espada; lo mismo hizo su criado que era +valiente, y dexáron sin vida á los primeros Arabes que los habian +embestido: dobló el número de enemigos, mas ellos no se desalentáron, +y se resolviéron á morir en la pelea. Víanse dos hombres que se +defendian contra una muchedumbre; tan desigual contienda poco podia +durar. Viendo desde una ventana el dueño del castillo, que se llamaba +Arbogad, los portentos de valor que hacia Zadig, le cobró estimacion. +Baxó por tanto, y vino en persona á contener á los sujos, y librar á +los dos caminantes. Quanto por mis tierras pasa es mio, dixo, no ménos +que lo que en tierras agenas encuentro; pero me pareceis tan valeroso, +que os exîmo de la comun ley. Hízole entrar en el castillo, mandando á +su tropa que le tratase bien; y aquella noche quiso cenar con Zadig. + +Era el amo de este castillo uno de aquellos Arabes que llaman +ladrones, el qual entre mil atrocidades solia hacer alguna accion +buena; robaba con una furiosa rapacidad, y daba con prodigalidad: +intrépido en una accion, de buen genio en el trato de la vida, bebedor +en la mesa, de buen humor quando habia bebido, y sobretodo sin solapa +ninguna. Gustóle mucho Zadig, y con la conversacion que se animó duró +mucho el banquete. Díxole en fin Arbogad: Aconsejoos que tomeis +partido conmigo, no podeis hacer cosa mejor; no es tan malo el oficio, +y un dia podeis llegar á ser lo que yo soy. ¿Se puede saber, respondió +Zádig, desde quando exercitais tan hidalga profesion? Desde niño, +replicó el señor. Era criado de un Arabe muy hábil, y no podia +acostumbrarme á mi estado, desesperado de ver que perteneciendo +igualmente la tierra á todos, no me hubiera cabido á mí la porcion +correspondiente. Fiéle mi pena á un Arabe viejo, el qual me dixo: Hijo +mio, no te desesperes; sábete que en tiempos antiguos habia un grano +de arena que se dolia de ser un átomo desconocido en un desierto; +andando años, se convirtió en diamante, y es hoy el mas precioso joyel +de la corona del rey de las Indias. Dióme tanto golpe esta respuesta, +que siendo grano de arena me determiné á volverme diamante. Robé +primero dos caballos, me junté con otros compañeros, púseme en breve +en estado de robar caravanas poco crecidas; y así fué disminuyéndose +la desproporcion que de mi á los demás habia. Participé de los bienes +de este mundo, v me resarcí con usura: tuviéronme en mucho, llegué á +ser señor bandolero, y gané este castillo tomándole por fuerza. Quiso +quitármele el sátrapa de Syria, pero era ya tan rico que nada tenia +que temer: dí dinero al sátrapa, y conservé así el castillo, y agrandé +mis tierras, añadiendo á ellas el cargo que me confirió el sátrapa de +tesorero de los tributos que pagaba la Arabia petrea al rey de reyes. +Yo hice las cobranzas, y me exîmé de hacer pagos. + +Envió aquí el gran Desterham de Babilonia, en nombre del rey Moabdar, +á un satrapilla para mandarme ahorcar. Quando él llegó con la órden, +estaba yo informado de todo; hice ahorcar en su presencia las quatro +personas que traía consigo para apretarme el lazo al cuello, y le +pregunté luego quanto le podia valer la comision de ahorcarme. +Respondióme que podria su gratificacion subir á trecientas monedas de +oro, y yo le hice ver con evidencia que ganaria mas conmigo: le creé +bandolero inferior, y hoy es uno de los mejores y mas ricos oficiales +que tengo; y si me quereis creer, haréis vos lo mismo. Nunca ha +corrido tiempo mejor para robar, desde que ha sido muerto Moabdar, y +que anda en Babilonia todo alborotado. ¡Moabdar ha sido muerto! dixo +Zadig: ¿y que se ha hecho la reyna Astarte? Yo no lo sé, replicó +Arbogad; lo que sí sé, es que Moabdar se volvió loco, que fué muerto, +que Babilonia esta hecha una cueva de ladrones, todo el imperio en la +desolacion, que se pueden dar buenos golpes, y que yo por mi parte he +dado algunos ballantes. Pero la reyna, dixo Zadig, ¿por vida vuestra +nada sabeis de la suerte de la reyna? De un príncipe de Hircania me +han hablado, replicó; es de presumir que sea una de sus concubinas, á +ménos que en el alboroto la hayan muerto; pero á mí lo que me importa +es avenguar donde hay que robar, y no noticias. Muchas mugeres he +cogido en mis correrías, pero á ninguna conservo; quando son bonitas, +las vendo caras, sin informarme de lo que son, porque nadie compra la +dignidad, y para una reyna fea no se encuentra despacho. Posible es +que haya yo vendido á la reyna Astarte, y posible es que haya muerto; +poco me importa, y me parece que tampoco debe de importaros mucho á +vos. Diciendo esto bebia con tanto aliento, y de tal manera confundia +las ideas todas, que no pudo Zadig sacar de él cosa ninguna mas. + +Estaba confuso, pensativo y sin movimiento, miéntras que bebia Arbogad +y contaba mil historietas, repitiendo sin cesar que era el mas +venturoso de los hombres, y exhortando á Zadig á que fuera tan dichoso +como él era. Finalmente embargados los sentidos con los vapores del +vino, se fué á dormir un sosegado sueño. Zadig pasó aquella noche en +la mas violenta zozobra. ¡Con que se ha vuelto loco el rey, y ha sido +muerto! decia; no puedo ménos de compadecerle. ¡Está despedazado el +imperio, y este bandolero es feliz! ¡O fortuna, o destino! ¡un +bandolero feliz, y la mas amable produccion de la naturaleza ha muerto +acaso de un modo horrible, ó vive en peor condicion que la misma +muerte! ¡O Astarte! ¿qué te has hecho? + +Desde que amaneció el dia, hizo preguntas á todos quantos habia en el +castillo, pero estaban todos ocupados, y nadie le respondió: aquella +noche habian hecho nuevas conquistas, y se estaban repartiendo los +despojos. Quanto en esta tumultuaria confusion pudo conseguir, fué +licencia para irse, que aprovechó sin tardanza, mas sumido que nunca +en sus tristes pensamientos. + +Caminaba Zadig inquieto y agitado, preocupado su ánimo con la +malhadada Astarte, con el rey de Babilonia, can su fiel Cador, con el +dichoso bandolero Arbogad, con aquella tan antojadiza muger que babian +robado unos Babilonios en la frontera de Egipto, finalmente con todos +los contratiempos y azares que habia sufrido. + + + + +CAPITULO XVII. + +El pescador. + + +A pocas leguas del castillo de Arbogad, se encontró á orillas de un +ríachuelo, lamentando siempre su suerte, y mirándose como el epilogo +de las desdichas humanas. Vió un pescador acostado á la orilla, que +con desmayada mano retenia apénas sus redes que iba á dexar escapar, y +alzaba los ojos al cielo. + +Por cierto que yo soy el mas desdichado de todos los hombres, decia el +pescador. Por confesion de todo el mundo he sido el mas célebre +mercader de requesones de toda Babilonia, y lo he perdido todo. Tenia +la muger mas linda que pueda poseer hombre, y me ha engañado. Me +quedaba una mala casuca, y la he visto talar y derribar, Refugiado á +una cabaña, sin mas recurso que la pesca, no saco ni un pescado. No +quiero tirarte al agua, red mia, yo soy quien me he de tirar. Diciendo +estas palabras se levantó en postura de un hombre resuelto á dar fin á +su vida en el rio. + +¡Así, dixo Zadig para sí, hay otros hombres tan desdichados como yo! +Tan pronto como esta idea fué la de acudir á librar de la muerte al +pescador. Corre á él, le detiene, y le hace preguntas en ademan +enternecido y consolador. Dicen que es uno ménos desdichado quando no +es él solo; pero segun Zoroastro no es por malicia, que es por +necesidad, porque se siente uno entónces atraído por otro desventurado +como por un semejante suyo. La alegría de un dichoso fuera insulto; y +son dos desventurados como dos flacos arbolillos que, apoyándose uno +en otro, contra la borrasca se fortalecen. + +¿Porqué os rendis á vuestra desgracia? dixo Zadig al pescador. Porque +no veo remedio á ella, le respondió. He sido el vecino mas pudiente de +la aldea de Derlback, cerca de Babilonia, y con ayuda de mi muger +hacia los mejores requesones del imperio, que gustaban infinito á la +reyna Astarte y al célebre ministro Zadig. Habla suministrado para +entrámbas casas seiscientos requesones: fuí un dia á Babilonia á que +me pagaran, y supe que aquella misma noche se habian desaparecido +Zadig y la reyna. Fuí corriendo á casa del señor Zadig, á quien nunca +habia visto, y encontré á los alguaciles del gran Desterham, que con +un papel del rey en la mano robaban con mucho órden y sosiego toda la +casa. Púseme en volandas en la cocina de la reyna; algunos de los +gentiles-hombres de beca me dixéron que habia muerto, otros que estaba +presa, y otros afirmáron que se habia escapado; pero todos estaviéron +contestes en que no se me pagarian mis requesones. Fuíme con mi muger +á casa del señor Orcan, que era uno de mis parroquianos; le pedímos su +amparo en nuestra cuita, y se le otorgó á mi muger, y á mí no. Era mi +muger mas blanca que los requesones que fuéron el orígen de mi +desventura, y no brilla mas la púrpura de Tyro que el color que su +blancura animaba: por eso se la guardó Orcan, y me echó de su casa. +Escribí á mi esposa desesperado una carta, y respondió al portador: +Sí, ya, ya sé quien me escribe, ya me han hablado de él; dicen que +hace requesones excelentes: que me trayga, y que se los paguen. + +Quise acudir á la justicia en mi desdicha. Quedábanme seis onzas de +oro: fué menester dar dos al jurisperito que consulté, otras dos al +procurador que se encargó de mi asunto, y dos al escribiente del +primer juez. Hecho esto, aun no se habia empezado mi pleyto, y ya +llevaba mas dinero gastado que lo que mis requesones y mi muger de +añadidura valian. Volvíme al pueblo con ánimo de vender mi casa por +recobrar á mi muger. Valia esta unas sesenta onzas de oro; pero me +vían pobre, y con premura de vender. El primero á quien me dirigí me +ofreció treinta, el segundo veinte, y el tercero diez; y la iba á dar +por este precio, segun estaba ciego. Vino á la sazon á Babilonia un +príncipe de Hircania, asolando todo el pais por donde pasaba, el qual +saqueó mi casa, y despues le puso fuego. Habiendo perdido de esta +manera dinero, muger y casa, me retiré al pais donde me veis, +procurando ganar mi vida con la pesca. Los peces hacen burla de mí lo +mismo que los hombres: no saco ningunos, y me muero de hambre; y sin +vos, consolador augusto, iba á tirarme al rio. + +No contó su historia el pescador sin hacer muchas pausas, y á cada una +le decia Zadig, arrebatado y fuera de sí: ¿Con que nada sabeis de la +suerte de la reyna? No, señor, respondia el pescador; lo que sé, es +que ni la reyna ni Zadig me han pagado mis requesones, que me han +robado á mi muger, y que estoy desesperado. Yo espero, dixo Zadig, que +no habeis de perder todo vuestro dinero. He oido hablar de ese Zadig, +como de un hombre honrado; y si vuelve á Babilonia, mas de lo que os +debe os dará; mas por lo que hace á vuestra muger, que no es tan +honrada, aconsejoos que no hagais diligencias por volver con ella. +Tomad mi consejo, id á Babilonia, adonde ántes que vos llegaré yo, +porque vais á pié y yo voy á caballo; veos con el ilustre Cador, +decidle que habeis encontrado á su amigo, y esperadme en su casa: id +en paz, que acaso no seréis siempre desdichado. + +Poderoso Orosmades, siguió, de mí os habeis valido para consolar á +este hombre: ¿de quién os valdréis para darme á mí consuelo? Así decia +dando al pescador la mitad de todo el dinero que traía de Arabia; y el +pescador atónito y confuso besaba las plantas del amigo de Cador, y le +apellidaba su ángel tutelar. + +Zadig no cesaba de preguntarle noticias, y de verter llanto. ¿Cómo, +señor, exclamó el pescador, tambien sois desdichado siendo benéfico? +Cien veces mas infeliz que tú, respondió Zadig. ¿Cómo puede ser, decia +el buen hombre, que sea el que da mas digno de lástima que el que +recibe? Porque tu mayor desgracia, replicó Zadig, era la necesidad, y +la mia pende del coraron. ¿Os ha robado Orcan á vuestra muger? dixo el +pescador. Esta pregunta traxo á la memoria á Zadig todas sus +aventuras, y le hizo repasar la lista de todos sus infortunios, +empezando por la perra de la reyna hasta su arribo á casa del +bandolero Arbogad. Ha, dixo al pescador, Orcan es digno de castigo; +pero por lo comun esos son los hombres que estan en privanza del +destino. Sea como fuere, vete á casa del señor Cador, y espérame. +Separáronse con esto: el pescador se fúe dando gracias á su estrella, +y Zadig maldiciendo sin cesar la suya. + + + + +CAPITULO XVIII. + +El basilisco. + + +Llegó Zadig á un hermoso prado, donde vió una muchedumbre de mugeres +que andaban buscando solícitas cosa que parecia que habian perdido. +Acercóse á una de ellas, y le preguntó si queria que las ayudara á +buscar lo que querían hallar. Dios nos libre, respondió la Syria; lo +que nosotras buscamos solo las mugeres pueden tocarlo. Raro es eso, +dixo Zadig: ¿me haréis el favor de decirme qué cosa es esa que solo +las mugeres pueden tocarla? Un basilisco, respondió ella. ¡Un +basilisco, señora! ¿y por qué motivo buscais un basilisco? Para +nuestro señor y dueño Ogul, cuyo palacio estais viendo á orillas del +rio, y al cabo de este prado, que somos sus mas humildes esclavas. El +señor Ogul está malo, y le ha recetado su médico que coma un basilisco +hervido en agua de rosas; y como es animal muy raro, y que solo de las +mugeres se dexa coger, ha prometido el señor Ogul que escogerá por su +querida esposa á la que le lleve un basilisco: con que así dexádmele +buscar; que ya veis lo mucho que yo perderia, si una de mis compañeras +ántes que yo le topara. + +Dexó Zadig á esta Syria y á todas las demas que buscaran su basilisco, +y siguió su camino por la pradera. Al llegar á la orilla de un +arroyuelo, encontró á otra dama acostada sobre los céspedes, que no +buscaba nada. Parecia magestuosa su estatura, aunque tenia cubierto el +rostro de un velo. Estaba inclinada la cabeza al anoyo; exhalaba de +rato en rato hondos sollozos, y tenia en la mano una varita con la +qual estaba esciibiendo letras en una fina arena que entre los +céspedes y el arrojo mediaba. Quiso ver Zadig qué era lo que escribia: +arrimóse, y vió una Z, luego una A, y se maravilló: despues leyó una +D, y le dió un vuelco el corazon; mas nunca fué tanto su pasmo, como +quando leyó las dos postreras letras de su nombre. Permaneció inmoble +un rato; rompiendo al fin el silencio, con voz mal segura, dixo: +Generosa dama, perdonad á un extrangero desventurado, que á preguntar +se atreve ¿por qué extraño acaso encuentro aquí el nombre de Zadig, +por vuestra divina mano escrito? Al oir esta voz y estas palabras, +alzó con trémula mano su velo la dama, mitó á Zadig, dió un grito de +temura, de asombro y de alborozo, y rindiéndose á los diversos afectos +que de consuno embatian su alma, cayó desmayada en sus brazos. Era +Astarte, era la reyna de Babilonia, la misma que idolatraba Zadig, y +de cuyo amor le acusaba su conciencia; aquella cuya suerte tantas +lágrimas le habia costado. Estuvo un rato privado del uso de sus +sentidos; y quando cluvó sus miradas en los ojos de Astarte que +lentamente se abrian de nuevo entre desmayados, confusos y amorosos: +¡O potencias inmortales! exclamó, ¿me restitais á mi Astarte? ¿en qué +tiempo, en qué sitio, en qué estado torno á verla? Hincóse de rodillas +ante Astarte, inclinando su fiente baxo del polvo de sus pies. Alzale +la reyna de Babilonia, y le sienta cabe sí en la orilla del arroyo, +enxugando una y mil veces sus ojos que siempre en frescas lágrimas se +bañaban. Veinte veces añudaba ci hilo de razones que interrumpian sus +gemidos; hacíale preguntas acerca del acaso que los habia reunido, y +no daba lugar á que respondiese con preguntas nuevas; empezaba á +contar sus desventuras, y queria saber las de Zadig. Habiendo +finalmente ámbos sosegado un poco el alboroto de su pecho, dixo en +breves palabras Zadig por qué acaso se encontraba en esta pradera. +¿Pero como os hallo, o reyna respetable y desdichada, en este desviado +sitio, vestida de esclava, y acompañada de otras esclavas que buscan +un basilisco, para hervirle, en virtud de una receta de médico, en +agua de rosas? + +Miéntras que andan buscando su basilisco, voy á informaros, dixo la +hermosa Astarte, de todo lo que he padecido, y que perdono al cielo +una vez que vuelvo á veros. Ya sabeis que el rey mi esposo llevó á mal +que fuéseis el mas amable de todos los hombres, y acaso por este +motivo tomó una noche la determinacion de mandaros ahorcar, y darme un +tósigo; y tambien sabeis que los cielos compasivos dispusiéron que me +avisara mi enano mudo de las órdenes de su sublime magestad. Apénas os +hubo precisado el fiel Cador á obedecerme y partiros, se atrevió á +penetrar por una puerta excusada en mi quarto á media noche, me sacó +de palacio, y me llevó al templo de Orosmades, donde me encerró su +hermano el mago dentro de una estatua colosal cuya basa se apoya en +los cimientos del templo, y la cabeza toca con la bóveda. Aquí quedé +como enterrada, puesto que el mago que me servia cuidó de que nada me +faltase. Al rayar el dia, entró en mi quarto el boticario de su +magestad con una pócima de beleño, opio, cicuta, eléboro negro, y +anapelo; y otro oficial se encaminó á vuestra casa con un cordon de +seda azul; nias no halláron á nadie. Por engañar mas al rey, le hizo +Cador una falsa denuncia contra nosotros dos, fingiendo que llevábais +vos el camino de la India, y yo el de Menfis; y enviáron gente en +nuestro seguimiento. + +No me conocian los mensageros que fuéron en busca riña, porque casi +nunca habia mostrado mi semblante, como no fuese á vos, delante de mi +marido y por órden suya. Ibanme persiguiendo por las señas que de mi +persona les habian dado; y se encontráron á la raya de Egipto con otra +de mi estatura misma, y que acaso era mas hermosa. Estaba bañada en +llanto, y andaba desatentada, de suerte que no dudáron de que era la +reyna de Babilonia, y la conduxéron á Moabdar. Enojóse violentamente +el rey por la equivocacion; mas habiendo luego contemplado mas +atentamente á esta muger, vió que era muy hermosa, y se consoló. +Llamábase Misuf, nombre que, segun despues me han dicho, significa en +egipcíaco la bella antojadiza, y lo era efectivamente; pero no iban en +zaga sus artes á sus antojos, tanto que habiendo gustado á Moabdar, le +cautivó de manera que la declaró su legítima esposa. Manifestóse +entónces su índole sin rebozo, entregándose sin freno á todas las +extravagancias de su imaginacion. Quiso precisar al sumo mago, viejo y +gotoso, á que baylase en su presencia; y habiéndose negado este, le +persiguió de muerte. A su caballerizo mayor le mandó hacer una tarta +de dulce; y puesto que representó que no era repostero, todo fué en +balde: tuvo que hacer la tarta, y le despidió porque estaba muy +tostada. El cargo de caballerizo mayor se le dió á su enano, y á un +page le hizo fiscal del consejo: de esta suerte gobernó á Babilonia. +Llorábame todo el mundo; y el rey, que hasta que habia mandado +ahorcaros y darme veneno habia sido bastante bueno, dexó que sus +virtudes corriesen naufragio en su amor á la bella antojadiza. El dia +del fuego sagrado vino al templo, y le ví implorar á los Dioses por +Misuf, postrado ante la estatua donde estaba yo metida. Alzando +entónces la voz, le dixe: "Los Dioses desechan las súplicas de un rey +convertido en tirano, y que ha querido quitar la vida á una muger de +juicio, por casarse con una loca." Pusiéron estas palabras en tamaña +confusion á Moabdar, que se le fué la cabeza. Con el oráculo que habia +yo pronunciado, y con la tiranía de Misuf sobraba para que perdiera la +razon; y con efecto en pocos dias se volvió loco. + +Esta locura, que se atribuyó á castigo del cielo, fué la señal de +rebelion: amotinóse el pueblo, y tomó armas; Babilonia, donde reynaba +tanto tiempo hacia una muelle ociosidad, se convirtió en teatro de una +horrorosa guerra civil. Sacáronme del hueco de mi estatua; pusiéronme +al frente de un partido, y fué Cador corriendo á Menfis, para traeros +á Babilonia. Noticioso de tan fatales nuevas acudió el príncipe de +Hircania con su exército á formar tercer partido en la Caldea, y vino +á embestir al rey que le salió al encuentro con su desatinada +egipcíaca. Murió Moabdar, traspasado de mil heridas, y cayó Misuf en +poder del vencedor. Quiso mi desventura que yo tambien fuera cogida +por una partida de guerrilla hircana, que me conduxo á presencia del +príncipe, al mismo tiempo que le llevaban á Misuf. Sin duda sabréis +con satisfaccion que me tuvo este por mas hermosa que la egipcia, pero +no será de ménos sentimiento para vos qué os diga que me destinó para +su serrallo, diciéndome sin andarse con rodeos, que luego que +concluyese una expedicion militar para la qual iba á partirse, vendria +á mí. Figúraos qual fué mi quebranto: rotos los vínculos que con +Moabdar me estrechaban, podia ser de Zadig, y caía en los hierros de +un bárbaro. Respondíle con toda la altivez que me inspiraban mi alta +gerarquía y mis afectos, habiendo oido decir toda mi vida que las +personas de mi dignidad las habian dotado los cielos de tal grandeza, +que con una palabra y un mirar de ojos confundian en el polvo de la +nada á quantos temerarios eran osados á apartarse un punto del mas +reverente acatamiento. Hablé como reyna, pero fuí tratada como una +moza de cántaro: el Hircano, sin dignarse siquiera de responderme, le +dixo á su eunuco negro que yo era mal hablada, pero que le parecia +linda. Mandóle que me cuidase y me diera el trato que á las que +estaban en su privanza, para que me volviesen los colores, y fuese mas +digna de sus caricias el dia que le pareciese oportuno honrarme con +ellas. Díxele que me mataria, y me respondió riéndose que ninguna se +mataba por esas cosas, y que estaba acostumbrado á semejantes +melindres, y se fué dexándome como un xilguero en jaula. ¡Qué +situacion para la primera reyiia del universo, y mas para un corazon +que era de Zadig! + +El qual se hincó de rodillas al oir estas razones, regando con sus +lágrimas las plantas de Astarte. Alzóle esta cariñosamente, y +prosiguió diciendo: Víame en poder de un bárbaro, y en competencia con +una loca con quien estaba encerrada. Contóme Misuf su aventura de +Egipto; y por la pintura que de vos hizo, por el tiempo, por el +dromedario en que ibais montado, y por las demas circunstancias vine +en conocimiento de que era Zadig quien habia peleado en su defensa; y +no dudando de que estuviérais en Menfis, me determiné á refugiarme en +esta ciudad. Bella Misuf, le dixe, vos sois mucho mas donosa que yo, y +divertiréis mas bien al príncipe de Hircania: procuradme medio para +escapar; reynaréis vos sola, y me haréis feliz, librándoos de una +rival. Misuf me ayudó á efectuar mi fuga, y me partí secretamente con +una esclava egipcia. + +Ya tocaba con la Arabia, quando me robó un bandolero muy nombrado, +llamado Arbogad, el qual me vendió á unos mercaderes que me traxéron á +este palacio, donde reside el señor Ogul, que me compró sin saber +quien yo fuese. Es este un gloton, que solo piensa en atracarse bien, +y cree que le ha echado Dios al mundo para disfrutar de una bueua +mesa. Está tan excesivamente gordo, que á cada instante parece que va +á reventar. Su médico poco influxo tiene con él quando hace buena +digestion, pero le manda despóticamente quando tiene ahitera; y ahora +le ha hecho creer que le habia de sanar con un basilisco hervido en +agua de rosas. Ha prometido dar su mano á la esclava que le traxere un +basilisco, y ya veis que yo las dexo que se merezcan tan alta honra, +no habiendo nunca tenido ménos ganas de topar el tal basilisco que +desde que han querido los cielos que volviese á veros. + +Dixéronse entónces Astarte y Zadig quanto á los mas generosos y +apasionados pechos pudiéron inspirar afectos tanto tiempo +contrarestados, y tanto amor, y tanta desdicha; y los genios que al +amor presiden lleváron las razones de ámbos á la esfera de Vénus. + +Tornáronse á la quinta de Ogul las mugeres sin haber hallado nada. +Zadig se presentó á él, y le habló así: Descienda del cielo la +inmortal Hygia para dilatar vuestros años. Yo soy médico; he venido +habiendo oido hablar de vuestra dolencia, y os traygo un basilisco +hervido en agua de rosas; no porque aspire á casarme con vos, que solo +os pido la libertad de una esclava jóven de Babilonia, que os +vendiéron pocos dias hace; y me allano á permanecer esclavo en su +lugar, si no tengo la dicha de sanar al magnifico señor Ogul. + +Fué admitida la propuesta, y se partió Astarte para Babilonia en +compañía del criado de Zadig, prometiéndole que le despacharia sin +tardanza un mensagero, para informarle de quanto hubiese sucedido. No +ménos que su reconocimiento fuéron amorosos sus vales: porque, como +está escrito en el gran libro del Zenda, las dos épocas mas solemnes +de la vida son el instante en que nos volvemos á ver, y aquel en que +nos separamos. Queria Zadig á la reyna tanto como se lo juraba, y la +reyna queria á Zadig mas de lo que decia. + +Zadig habló de esta suerte á Ogul: Señor, mi basilisco no se come, que +toda su virtud se os ha de introducir por los poros; yo le he puesto +dentro de una odre bien henchida de viento, y cubierta de un cuero muy +fino; es menester que empujeis hácia mí dicha odre en el ayre con toda +vuestra fuerza, y que yo os la tire muchas veces; y con pocos dias de +dieta y de este exercicio veréis la eficacia de mi arte. Al primer dia +se hubo de ahogar Ogul, y creyó que iba á exhalar el alma; al segundo +se cansó ménos, y durmió mas bien: por fin á los ocho dias recobró +toda la fuerza, la salud, la ligereza, y el buen humor de sus mas +floridos años. Zadig le dixo: Habeis jugado á la pelota, y no os +habeis hartado: sabed que no hay tal basilisco en el mundo; que un +hombre sobrio y que hace exercicio siempre vive sano, y que tan +imaginado es el arte de amalgamar la gula con la salud como la piedra +filosofal, la astrología judiciaria, y la teología de los magos. + +Conociendo el primer médico de Ogul quan peligroso para la medicina +era semejante hombre, se coligó con el boticario del gremio para +enviarle á buscar basiliscos al otro mundo: de suerte que habiendo +sido castigado siempre por sus buenas acciones, iba á morir por haber +dado la salud á un señor gloton. Convidáronle á un espléndido +banquete, donde le debian dar veneno al segundo servicio; pero estando +en el primero, recibió un parte de la hermosa reyna, y se levantó de +la mesa, partiéndose sin tardanza. El que es amado de una hermosa, +dice el gran Zoroastro, de todo sale bien en este mundo. + + + + +CAPITULO XIX. + +Las justas. + + +Fué recibida la reyna en Babilonia con aquel júbilo con que se recibe +siempre una princesa hermosa y desdichada. Entónces Babilonia parecia +algo mas quieta: el príncipe de Hircania habia perdido la vida en una +batalla, y los Babilonios vencedores declaráron que Astarte se casaria +con el que fuera elegido por soberano. Mas no quisiéron que el primer +puesto del mundo, que era el de esposo de Astarte y monarca de +Babilonia, pendiese de enredos y partidos; y juráron reconocer por rey +al mas valiente y discreto. Levantáron á pocas leguas de la ciudad un +vasto palenque cercado de anfiteatros magníficamente adornados; los +mantenedores se habian de presentar armados de punta en blanco, y se +le habia señalado á cada uno un aposento separado, donde no podia ver +ni hablar á nadie. Se habian de correr quatro lanzas; y los que +tuviesen la dicha de vencer á quatro caballeros, habian luego de +pelear unos con otros: de suerte que el postrero por quien quedara el +campo fuese proclamado vencedor del torneo. Quatro dias despues habia +de volver con las mismas armas, y acertar las adivinanzas que +propusiesen los magos; y si no las acertase, no habia de ser rey, mas +se habian de volver á correr lanzas, hasta que se diese con un hombre +que saliese con victoria en ámbas pruebas; porque estaban resueltos á +no reconocer por rey á quien no fuese el mas valiente y mas discreto. +En todo este tiempo no se permitia á la reyna comunicar con nadie: +solo se le daba licencia para que asistiera á los juegos cubierta de +un velo; pero no se le consentia hablar con ninguno de los +pretendientes, porque no hubiese injusticia ni valimiento. + +Este aviso daba Astarte á su amante, esperando que acreditada por ella +mas valor y discrecion que nadie. Partióse Zadig, suplicando á Venus +que fortaleciera su ánimo y alumbrara su entendimiento, y llegó á las +riberas del Eufrates la víspera del solemne dia. Hizo asentar luego su +mote entre los de los demas combatientes, escondiendo su nombre y su +rostro, como mandaba la ley, y se fué á descansar al aposento que le +habia cabido eu suerte. Su amigo Cador que estaba de vuelta en +Babilonia, habiéndole buscado en Egipto, mandó llevar á su quarto una +armadura completa que le enviaba la reyna, y tambien con ella el +caballo mas lozano de la Persia. Bien vió Zadig que estas dádivas eran +de mano de Astarte, y adquirió nuevo vigor, y esperanzas nuevas su +amor y su denuedo. + +Al dia siguiente, sentada la reyna baxo un dosel guarnecido de piedras +preciosas, y llenos los anfiteatros de todas las damas y de gente de +todos estados de Babilonia, se dexáron ver en el circo los +mantenedores. Puso cada uno su mote á los piés del sumo mago: +sorteáronse, y el de Zadig fué el postrero. Presentóse el primero un +señor muy rico, llamado Itobad, tan lleno de vanidad como falto de +valor, de habilidad, y de entendimiento. Habíanle persuadido sus +sirvientes á que un hombre como el debia de ser rey, y él les habia +respondido: Un hombre como yo debe reynar. Habíanle armado pues de +piés á cabeza: llevaba unas armas de oro con esmaltes verdes, un +penacho verde, y la lanza colgada con cintas verdes. Por el modo de +gobernar Itobad su caballo, se echó luego de ver que no habia +destinado el cetro de Babilonia á un hombre como él el cielo. El +primer caballero que corrió lanza le hizo perder los estribos, y el +segundo le tiró por las ancas del caballo á tierra, las piernas +arriba, y los brazos abiertos. Volvió á montar Itobad, pero haciendo +tan triste figura, que todo el anfiteatro soltó la risa. No se dignó +el tercero de tocarle con la lanza; sino que al pasar junto á él le +agarró por la pierna derecha, y haciéndole dar media-vuelta, le +derribó en la arena; los escuderos de los juegos acudiéron á +levantarle riéndose: el quarto combatiente le coge por la pierna +izquierda, y le tira del otro lado. Conduxéronle con mil baldones á su +aposento, donde conforme á la ley habia de pasar aquella noche: y +decia, pudiendo apénas menearse: ¡Qué aventura para un hombre como yo! + +Mejor desempeñáron su obligacion los demas adalides: hubo algunos que +venciéron á dos combatientes, y unos pocos llegáron hasta tres. Solo +el príncipe Otames venció á quatro. Presentóse el postrero Zadig, y +con mucho donayre sacó de los estribos á quatro ginetes uno en pos de +otro; con esto empezó la lid entre Zadig y Otames. Este traía armas de +azul y oro con un penacho de lo mismo; las de Zadig eran blancas. Los +ánimos de los asistentes estaban dividídos entre el caballero azul y +el blanco: á la reyna le palpitaba el corazon, haciendo fervientes +ruegos al ciclo por el color blanco. + +Diéron ámbos campeones repetidas vueltas y revueltas con tanta +ligereza, asentáronse y esquiváron tales botes con las lanzas, y tan +fuertes se mantenian en sus estribos, que todos, ménos la reyna, +deseaban que hubiese dos reyes en Babilonia. Cansados ya los caballos, +y rotas las lanzas, usó Zadig esta treta: pasa por detras del príncipe +azul, se abalanza á las ancas de su caballo, le coge por la mitad del +cuerpo, le derriba en tierra: monta en la silla vacía, y empieza á dar +vueltas al rededor de Otames tendido en el suelo. Clama todo el +anfiteatro: Victoria por el caballero blanco. Alzase enfurecido +Otames, saca la espada; da Zadig un salto del caballo el alfange +desnudo. Ambos empiezan en la arena nueva y mas peligrosa batalla; ora +triunfa la agilidad, ora la fuerza. Vuelan al viento heridos de +menudeados golpes el plumage de sus yelmos, los clavos de sus +braceletes, la malla de sus armas. De punta y de filo se hieren á +izquierda, á derecha, la cabeza, el pecho: retiranse, acométense; se +apartan, se agarran de nuevo; dóblanse como serpientes, embísterise +como leones: á cada instante salfan chispas de los golpes que se +pegan. Zadig cobra en fin algún aliento, se para, esquiva un golpe de +Otames, no le da vagar, le derriba, le desarma, y Otames exclama: +Caballero blanco, á vos es debido el trono de Babilonia. No cabia en +sí la reyna de alborozo. Lleváron al caballero azul y al caballero +blanco, á cada uno á su aposento, como habian hecho con todos los +demas, cumpliendo con lo que mandaba la ley. Unos mudos los viniéron á +servir, y les traxéron de comer. Bien se puede presumir si seria el +mudo de la reyna el que sirvió á Zadig. Dexáronlos dormir solos hasta +el otro dia por la mañana, que era quando habia de llevar el vencedor +su mote al sumo mago, para cotejarle y darse á conocer. + +Tan cansado estaba Zadig que durmió profundamente, puesto que +enamorado; mas no dormia Itobad que estaba acostado en el quarto +inmediato: y levantándose por la noche entró en el de Zadig, cogió sus +armas blancas y su mote, y puso las suyas verdes en lugar de ellas. +Apénas rayaba el alba, quando se presentó ufano al sumo mago, +declarándole que un hombre como él era el vencedor. Nadie lo esperaba, +pero fué proclamado, miéntras que aun estaba durmiendo Zadig. Volvióse +Astarte á Babilonia atónita y desesperada. Casi vacío estaba todo el +anfiteatro quando despertó Zadig, y buscando sus armas se encontró con +las verdes en su lugar. Vióse precisado á revestirse de ellas, no +teniendo otra cosa de que echar mano. Armase atónito, indignado y +enfurecido, y sale con este arreo. Toda quanta gente aun habia en el +anfiteatro y el circo le acogió con mil baldones; todos so le +arrimaban, y le daban vaya en su cara: nunca hombre sufrió tan +afrentoso desayre. Faltóle la paciencia, y desvió á sablazos el +populacho que se atrevió á denostarle; pero no sabia que hacerse, no +pudiendo ni ver á la reyna, ni reclamar las armas blancas que esta le +habia enviado, por no aventurar su reputacion: y miéntras que estaba +Astarte sumida en un piélago de dolor, fluctuaba él entre furores y +zozobras. Paseábase por las orillas del Eufrates, persuadido á que le +habia destinado su estrella á irremediable desdicha, y recapitulaba en +su mente todas sus desgracias, desde la muger que no podia ver á los +tuertos, hasta la de su armadura. Eso he grangeado, decia, con haber +despertado tarde; si no hubiera dormido tanto, fuera rey de Babilonia, +y posesor de Astarte. Así el saber, las buenas costumbres, el esfuerzo +nunca para mas que para mi desdicha me han valido. Exhalóse al cabo en +murmuraciones contra, la Providencia, y le vino la tentacion de creer +que todo lo regia un destino cruel que á los buenos oprimia, y hacia +que prosperasen los caballeros verdes: que uno de sus mayores +sentimientos era verse con aquellas armas verdes que tanta mofa le +habian acarreado. Pasó un mercader, á quien se las--vendió muy +baratas, y le compró una bata y una gorra larga. En este trage iba +siguiendo la corriente del Eufrates, desesperado, y acusando en su +corazon á la Providencia que no se cansaba de perseguirle. + + + + +CAPITULO XX. + +El ermitaño. + + +Caminando, como hemos dicho, se encontró con un ermitaño cuya luenga +barba descendia hasta el estómago. Llevaba este un libro que iba +leyendo muy atentamente. Paróse Zadig y le hizo una profunda +reverencia, á que correspondió el ermitaño de manera tan afable y tan +noble, que á Zadig le vino la curiosidad de razonar con él. Preguntóle +qué libro era el que leía. El libro del destino, dixo el ermitaño: +¿quereis leer algun trozo? Pusosele en las manos; mas aunque fuese +Zadig vorsado en muchos idiomas, no pudo conocer ni una letra, con lo +qual se aumentó su curiosidad. Muy triste pareceis, le dixo el buen +padre. ¡Tanto motivo tengo para estarlo! respondió Zadig. Si me dais +licencia para que os acompañe, repuso el anciano, acaso podré serviros +en algo; que á veces he hecho baxar el consuelo á las almas de los +desventurados. La traza, la barba y el libro del ermitaño infundiéron +respeto en Zadig, y en su conversacion encontró superiores luces. +Hablaba el ermitaño del destino, de la justicia, de la moral, del sumo +bien, de la humana flaqueza, de las virtudes y los vicios con tan viva +y penetrante eloqüencia, que Zadig por un irresistible embeleso se +sentia atraído hácia él, y le rogó con ahinco que no le dexara hasta +que estuviesen de vuelta en Babilonia. Ese mismo favor os pido yo; +juradme por Orosmades, que sea lo que fuere lo que me veais hacer, no +os habeis de separar de mí en algunos dias. Jurólo Zadig, y siguiéron +juntos ámbos su camino. + +Aquella misma tarde llegáron á una magnifica quinta, y pidió el +ermitaño hospedage para sí y para el mozo que le acompañaba. +Introdúxolos en casa, con ademan de desdeñosa generosidad, un portero +que parecia un gran señor, y los presentó á un criado principal, que +les enseñó los aposentos de su amo. Sentáronlos al cabo de la mesa, +sin que se dignara el dueño de aquel palacio de honrarlos con una +mirada; pero los sirviéron, como á todos los demas, con opulencia y +delicadeza. Diéronles luego agua á manos en una palangana de oro, +guarnecida de esmeraldas y rubíes; lleváronlos á acostar á un suntuoso +aposento, y la mañana siguiente traxo el criado á cada uno una moneda +de oro, y despues los despidiéron. + +El amo de esta casa, dixo Zadig en el camino, me parece que es hombre +generoso, aunque algo altivo, y que exercita con nobleza la +hospitalidad. Al decir estas palabras, advirtió que parecia tieso y +henchido una especie de costal muy largo que traía el ermitaño, y vió +dentro la palangana de oro guarnecida de piedras preciosas, que habia +hurtado. No se atrevió á decirle nada, pero estaba confuso y perplexo. + +A la hora de mediodia se presentó el ermitaño á la puerta de una +casuca muy mezquina, donde vivia un rico avariento, y pidió que le +hospedaran por pocas lloras. Recibióle con áspero rostro un criado +viejo mal vestido, y llevó á Zadig con el ermitaño á la caballeriza, +donde les sirviéron unas aceytunas podridas, un poco de pan bazo, y de +vino avinagrado. Comió y bebió el ermitaño con tan buen humor como el +dia ántes; y dirigiéndose luego al criado viejo que no quitaba la +vista de uno y otro porque no hurtaran nada, y que les daba priesa +para que se fuesen, le dió las dos monedas de oro que habia recibido +aquella mañana, y agradeciéndole su cortesía, añadió: Ruégoos que me +permitais hablar con vuestro amo. Atónito el criado le presentó los +dos caminantes. Magnífico señor, dixo el ermitaño, no puedo ménos de +daros las mas rendidas gracias por el agasajo tan noble con que nos +habeis hospedado; dignaos de admitir esta palangana de oro en corta +paga de mi gratitud. Poco faltó para desmayarse con el gozo el +avariento; y el ermitaño, sin darle tiempo para volver de su asombro, +se partió á toda priesa con su compañero jóven. Padre mio, le dixo +Zadig, ¿qué quiere decir lo que estoy viendo? paréceme que no os +semejais in nada á los demas: ¡robais una palangana de oro guarnecida +de piedras preciosas á un señor que os hospeda con magnificencia, y se +la dais á un avariento que indignamente os trata! Hijo, respondió el +anciano, el hombre magnífico que solo por vanidad, y por hacer alarde +de sus riquezas, hospeda á los forasteros, se tornará mas cuerdo; y +aprenderá el avariento á exercitar la hospitalidad. No os dé pasmo +nada, y seguidme. Todavía no atinaba Zadig si iba con el mas loco ó +con el mas cuerdo de los hombres; pero tanto era el dominio que se +habia grangeado en su ánimo el ermitaño, que obligado tambien por su +juramento no pudo ménos de seguirle. + +Aquella tarde llegáron á una casa aseada, pero sencilla, y donde nada +respiraba prodigalidad ni parsimonia. Era su dueño un filósofo +retirado del tráfago del mundo, que cultivaba en paz la sabiduría y la +virtud, y que nunca se aburria. Habia tenido gusto especial en +edificar este retirado albergue, donde recibia á los forasteros con +una dignidad que en nada se parecia á la ostentacion. El mismo salió +al encuentro á los dos caminantes, los hizo descansar en un aposento +muy cómodo; y poco despues vino él en persona á convidarlos á un +banquete aseado y bien servido, durante el qual habló con mucho tino +de las últimas revoluciones de Babilonia. Pareció adicto de corazon á +la reyna, y hubiera deseado que Zadig se hubiera hallado entre los +competidores á la corona; pero no merecen los hombres, añadió, tener +un rey como Zadig. Abochornado este sentia crecer su dolor. En la +conversacion estuviéron todos conformes en decir que no siempre iban +las cosas de este mundo á gusto de los sabios; pero sustento el +ermitaño que no conocíamos las vias de la Providencia, y que era +desacierto en los hombres fallar acerca de un todo, quando no vían mas +que una pequeñísima parte. + +Tratóse de las pasiones. ¡Quan fatales son! dixo Zadig. Son, replicó +el ermitaño, los vientos que hinchen las velas del navío; algunas +veces le sumergen, pero sin ellas no es posible navegar. La bílis hace +iracundo, y causa enfermedades; mas sin bílis no pudiera uno vivir. En +la tierra todo es peligroso, y todo necesario. + +Tratóse del deleyte, y probó el ermitaño que era una dádiva de la +divinidad; porque el hombre, dixo, por sí propio no puede tener +sensaciones ni ideas: todo en él es prestado, y la pena y el deleyte +le vienen de otro, como su mismo ser. + +Pasmábase Zadig de que un hombre que tantos desatinos habia cometido, +discurriese con tanto acierto. Finalmente despues de una conversacion +no ménos grata que instructiva, llevó su huésped á los dos caminantes +á un aposento, dando gracias al cielo que le habia enviado dos hombres +tan sabios y virtuosos. Brindóles con dinero de un modo ingenuo y +noble que no podia disgustar: rehusóle el ermitaño, y le dixo que se +despedia de él, porque hacia ánimo de partirse para Babilonia ántes +del amanecer. Fué afectuosa su separacion, y con especialidad Zadig se +quedó penetrado de estimacion y cariño á tan amable huésped. + +Quando estuvo con el ermitaño en su aposento, hiciéron ámbos un +pomposo elogio de su huésped. Al rayar el alba, despertó el anciano á +su camarada. Vámonos, le dixo; quiero empero, miéntras que duerme todo +el mundo, dexar á este buen hombre una prueba de mi estimacion y mi +cariño. Diciendo esto, cogió una tea, y pegó fuego á la casa. Asustado +Zadig dió gritos, y le quiso estorbar que cometiese accion tan +horrenda; pero se le llevaba tras sí con superior fuerza el ermitaño. +Ardia la casa, y el ermitaño que junto con su compañero ya estaba +desviado, la miraba arder con mucho sosiego. Loado sea Dios, dixo, ya +está la casa de mi buen huésped quemada hasta los cimientos, ¡Qué +hombre tan feliz! Al oir estas palabras le viniéron tentaciones á +Zadig de soltar la risa, de decir mil picardías al padre reverendo, de +darle de palos, y de escaparse; pero las reprimió todas, siempre +dominado por la superioridad del ermitaño, y le siguió hasta la última +jornada. + +Alojáronse en casa de una caritativa y virtuosa viuda, la qual tenia +un sobrino de catorce años, muchacho graciosísimo, y que era su única +esperanza. Agasajólos lo mejor que pudo en su casa, y al siguiente dia +mandó á su sobrino que fuera acompañando á los dos caminantes hasta un +puente que se habia roto poco tiempo hacia, y era un paso peligroso. +Precedíalos muy solícito el muchacho; y quando hubiéron, llegado al +puente, le dixo el ermitaño: Ven acá, hijo mio, que quiero manifestar +mi agradecimiento á tu tia; y agarrándole de los cabellos le tira al +rio. Cae el chico, nada un instante encima del agua, y se le lleva la +corriente. ¡O monstruo, o hombre el mas perverso de los hombres! +exclamó Zadig. De tener mas paciencia me habíais dado palabra, +interrumpió el ermitaño: sabed que debaxo de los escombros de aquella +casa á que ha pegado fuego la Providencía, ha encontrado su dueño un +inmenso tesoro; sabed que este mancebo ahogado por la Providencia +habia de asesinar á su tia de aquí á un año, y de aquí á dos á vos +mismo. ¿Quién te lo ha dicho, inhumano? clamó Zadig; ¿y aun quando +hubieses leido ese suceso en tú libro de los destinos, qué derecho +tienes para ahogar á un muchacho que no te ha hecho mal ninguno? + +Todavía estaba hablando el Babilonio, quando advirtió que no tenia ya +barba el anciano, y que se remozaba su semblante. Luego desapareció su +trage de ermitaño, y quatro hermosas alas cubriéron un cuerpo +magestuoso y resplandeciente. ¡O paraninfo del cielo, ó ángel divino, +exclamó postrado Zadig, con que has baxado del empíreo para enseñar á +un flaco mortal á que se someta á sus eternos decretos! Los humanos, +dixo el ángel Jesrad, sin saber de nada fallan de todo: entre todos +los mortales tú eras el que mas ser ilustrado merecias. Pidióle Zadig +licencia para hablar, y le dixo: No me fío de mi entendimiento; pero +si he de ser osado á suplicarte que disipes una duda mia, dime ¿si no +valia mas haber enmendado á ese muchacho, y héchole virtuoso, que +ahogarle? Si hubiese sido virtuoso y vivido, respondió Jesrad, era su +suerte ser asesinado con la muger con quien se habia de casar, y el +hijo que de este matrimonio habia de nacer. ¿Con que es indispensable, +dixo Zadig, que haya atrocidades y desventures, y que estas recaygan +en los hombres virtuosos? Los malos, replicó Jesrad, siempre son +desdichados, y sirven para probar un corto número de justos sembrado +sobre la haz de la tierra, sin que haya mal de donde no resulte un +bien. Empero, dixo Zadig, ¿si solo hubiese bienes sin mezcla de males? +La tierra entónces, replicó Jesrad, fuera otra tierra; la cadena de +los sucesos otro órden de sabiduría; y este órden, que seria perfecto, +solo en la mansion del Ser Supremo, donde no puede caber mal ninguno, +puede exîstir. Millones de mundos ha criado, y no hay dos que puedan +parecerse uno á otro: que esta variedad inmensa es un atributo de su +inmenso poder. No hay en la tierra dos hojas de árbol, ni en los +infinitos campos del cielo dos globos enteramente parecidos; y quanto +ves en el pequeñisimo átomo donde has nacido forzosamente, habia de +exîstir en su tiempo y lugar determinado, conforme á las inmutables +órdenes de aquel que todo lo abraza. Piensan los hombres que este niño +que acaba de morir se ha caido por casualidad en el rio, y que aquella +casa se quemó por casualidad; mas no hay casualidad, que todo es +prueba ó castigo, remuneracion ó providencia. Acuérdate de aquel +pescador que se tenia por el mas desventurado de los mortales, y +Orosmades te envió para mudar su suerte. Dexa, flaco mortal, de +disputar contra lo que debes adorar. Empero, dixo Zadig.... Miéntras +él decia EMPERO, ya dirigia el ángel su raudo vuelo á la décima +esfera. Zadig veneró arrodillado la Providencia, y se sometió. De lo +alto de los ciclos le gritó el ángel: Encaminate á Babilonia. + + + + +CAPITULO XXI. + +Las adivinanzas. + + +Fuera de sí Zadig, como uno que ha visto caer junto á sí un rayo, +caminaba desatentado. Llegó á Babilonia el dia que para acertar las +adivinanzas, y responder á las preguntas del sumo mago, estaban ya +reunidos en el principal atrio del palacio todos quantos habian +combatido en el palenque; y habian llegado todos los mantenedores de +la justa, ménos el de las armas verdes. Luego que entró Zadig en la +ciudad, se agolpó en torno de él la gente, sin que se cansaran sus +ojos de mirarle, su lengua de darle bendiciones, ni su corazon de +desear que se ciñese la corona. El envidioso que le vió pasar se +esquivó despechado, y le llevó en volandas la muchedumbre al sitio de +la asamblea. La reyna, á quien informáron de su arribo, vacilaba +agitada de temor y esperanza; y llena de desasosiego no podia entender +porque venia Zadig desarmado, ó como llevaba Itobad las armas blancas. +Alzóse un confuso murmullo así que columbráron á Zadig: todos estaban +pasmados y llenos de alborozo de verle; pero solamente los caballeros +que habian peleado tenian derecho á presentarse en la asamblea.--Yo +tambien he peleado, dixo, pero otro ha usurpado mis armas; y hasta que +tenga la honra de acreditarlo, pido licencia para presentarme á +acertar los enigmas. Votáron; y estaba tan grabada aun en todos los +ánimos la reputacion de su probidad, que unánimemente fué admitido. + +La primera qüestion que propuso el sumo mago fué: ¿qual es la mas +larga y mas corta de todas las cosas del mundo, la mas breve y mas +lenta, la mas divisible y mas extensa, la que mas se desperdicia y mas +se llora haber perdido, sin la que nada se puede hacer, que se traga +todo lo mezquino, y da vida á todo lo grande? Tocaba á Itobad +responder, y dixo que él no entendia de adivinanzas, y que le bastaba +haber sido vencedor lanza en ristre. Unos dixéron que era la fortuna, +otros que la tierra, y otros que la luz. Zadig dixo que era el tiempo. +No hay cosa mas larga, añadió, pues mide la eternidad; ni mas corta, +pues falta para todos nuestros planes: ni mas lenta para el que +espera, ni mas veloz para el que disfruta; se extiende á lo +infinitamente grande, y se divide hasta lo infinitamente pequeño; +ninguno hace aprecio de él, y todos lloran su pérdida; sin él nada se +hace; sepulta en el olvido quanto es indigno de la posteridad, y hace +inmortales las glandes acciones. La asamblea confesó que tenia razon +Zadig. + +Preguntáron luego: ¿Qué es lo que recibimos sin agradecerlo, +disfrutamos sin saber cómo, damos á otros sin saber donde estamos, y +perdemos sin echarlo de ver? Cada uno dixo su cosa; solo Zadig adivinó +que era la vida, y con la misma facilidad acertó los demas enigmas. +Itobad decia al fin que no habia cosa mas fácil, y que con la mayor +facilidad habria él dado con ello, si hubiera querido tomarse el +trabajo. Propusiéronse luego qüestiones acerca de la justicia, del +sumo bien, del arte de reynar; y las respuestas de Zadig se reputáron +por las mas sólidas. Lástima es, decian todos, que sugeto de tanto +talento sea tan mal ginete. + +Ilustres señores, dixo en fin Zadig, yo he tenido la honra de vencer +en el palenque, que soy el que tenia las armas blancas. El señor +Itobad se revistió de ellas miéntras que yo estaba durmiendo, creyendo +que sin duda le sentarian mas bien que las verdes. Le reto para +probarle delante de todos vosotros, con mi bata y mi espada, contra +toda su luciente armadura blanca que me ha quitado, que fuí yo quien +tuve la honra de vencer al valiente Otames. + +Admitió Itobad el duelo con mucha confianza, no dudando de que con su +yelmo, su coraza y sus braceletes, acabaria fácilmente con un campeon +que se presentaba en bata y con su gorro de dormir. Desnudó Zadig su +espada despues de hacer una cortesia á la reyna, que agitada de temor +y alborozo le miraba; Itobad desenvaynó la suya sin saludar á nadie, y +acometió á Zadig como quien nada tenia que temer. Ibale á hender la +cabeza de una estocada, quando paró Zadig el golpe, haciendo que la +espada de su contrario pegase en falso, y se hiciese pedazos. +Abrazándose entónces con su enemigo le derribó al suelo, y poniéndole +la punta de la espada por entre la coraza y el espaldar: Dexaos +desarmar, le dixo, si no quereis perder la vida. Pasmado Itobad, como +era su costumbre, de las desgracias que á un hombre como él sucedian, +no hizo resistencia á Zadig, que muy á su sabor le quitó su magnífico +yelmo, su soberbia coraza, sus hermosos braceletes, sus lucidas +escarcelas, y así armado fué á postrarse á las plantas de Astarte. Sin +dificultad probó Cador que pertenecian estas armas á Zadig, el qual +por consentimiento unánime fué alzado por rey, con sumo beneplácito de +Astarte, que despues de tantas desventuras disfrutaba la satisfaccion +de contemplar á su amante digno de ser su esposo á vista del universo. +Fuése Itobad á su casa á que le llamaran Su Excelencia. Zadig fué rey +y feliz, no olvidándose de quanto le habia enseñado el ángel Jesrad, y +acordándose del grano de arena convertido en diamante: y él y la reyna +adoráron la Providencia. Dexó Zadig correr por el mundo á la bella +antojadiza Misuf; envió á llamar al bandolero Arbogad, á quien dió un +honroso puesto en el exército, prometiéndole que le adelantaria hasta +las primeras dignidades militares si se portaba como valiente militar, +y que le mandaria ahorcar si hacia el oficio de ladron. Setoc, llamado +de lo interior de la Arabia, vino con la hermosa Almona, y fué +nombrado superintendente del comercio de Babilonia. Cador, colocado y +estimado como merecian sus servicios, fué amigo del rey, y este ha +sido el único monarca en la tierra que haya tenido un amigo. No se +olvidó Zadig del mudo, ni del pescador, á quien dió una casa muy +hermosa. Orcan fué condenado á pagarle una fuerte cantidad de dinero, +y á restituirle su muger; pero el pescador, que se habia hecho hombre +cuerdo, no quiso mas que el dinero. + +La hermosa Semira no se podia consolar de haberse persuadido á que +hubiese quedado Zadig tuerto, ni se hartaba Azora de llorar por haber +querido cortarle las narices. Calmó el rey su dolor con dádivas; pero +el envidioso se cayó muerto de pesar y vergüenza. Disfrutó el imperio +la paz, la gloria y la abundancia; y este fué el mas floreciente siglo +del mundo, gobernado por el amor y la justicia. Todos bendecian á +Zadig, y Zadig bendecia el cielo. + +(Nota.) Aquí se concluye el manuscrito que de la historia de Zadig +hemos hallado. Sabemos que le sucediéron luego otras muchas aventuras +que se conservan en los anales contemporáneos, y suplicamos á los +eruditos intérpretes de lenguas orientales, que nos las comuniquen si +á su noticia llegaren. + +FIN DE LA HISTORIA DE ZADIG. + + + + + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Zadig, by Voltaire + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZADIG *** + +***** This file should be named 5985-8.txt or 5985-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/5/9/8/5985/ + +Produced by Juliet Sutherland, Charles Franks and the +Online Distributed Proofreading Team. + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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MARCHENA. + + +BURDEOS, + +IMPRENTA DE PEDRO BEAUME, + +ALLÉES DE TOURNY, NO. 5. + +1819. + + + + +ZADIG, + +ó + +EL DESTINO, + +HISTORIA ORIENTAL. + + + + +DEDICATORIA DE ZADIG + +A LA SULTANA CHERAAH, POR SADI. + + +A 18 del mes de Cheval, año 837 de la hegira. + +Embeleso de las niñas de los ojos, tormento del corazon, luz del +ánimo, no beso yo el polvo de tus piés, porque ó no andas á pié, ó si +andas, pisas ó rosas ó tapetes de Iran. Ofrézcote la version de un +libro de un sabio de la antigüedad, que siendo tan feliz que nada +tenia que hacer, gozó la dicha mayor de divertirse con escribir la +historia de Zadig, libro que dice mas de lo que parece. Ruégote que le +leas y le aprecies en lo que valiere; pues aunque todavía está tu vida +en su primavera, aunque te embisten de rondon los pasatiempos todos, +aunque eres hermosa, y tu talento da á tu hermosura mayor realce, +aunque te elogian de dia y de noche, motivos concomitantes que son mas +que suficientes para que no tengas pizca de sentido comun, con todo +eso tienes agudeza, discrecion, y finísimo gusto, y te he oido +discurrir con mas tino que ciertos derviches viejos de luenga barba, y +gorra piramidal. Eres prudente sin ser desconfiada, piadosa sin +flaqueza, benéfica con acierto, amiga de tus amigos, sin colrar +enemigos. Nunca cifras en decir pullas el chiste de tus agudezas, ni +dices mal de nadie, ni á nadie se le haces, puesto que tan fácil cosa +te seria lo uno y lo otro. Tu alma siempre me ha parecido tan perfecta +como tu hermosura. Ni te falta cierto caudalejo de filosofía, que me +ha persuadido á que te agradaria mas que á otra este escrito de un +sabio. + +Escribióse primero en el antiguo caldeo, que ni tú ni yo sabemos, y +fué traducido en árabe para recreacion del nombrado sultan Ulug-beg, +en los tiempos que Arabes y Persianos se daban á escribir las Mil y +una Noches, los Mil y un Dias, etc. Ulug mas gustaba de leer á Zadig, +pero las sultanas se divertian mas con los Mil y uno. Deciales el +sabio Ulug, que como podian llevar en paciencia unos cuentos sin piés +ni cabeza, que nada querian decir. Pues por eso mismo son de nuestro +gusto, respondiéron las sultanas. + +Espero que tú no te parezcas á ellas, y que seas un verdadero Ulug; y +no desconfío de que quando te halles fatigada de conversaciones tan +instructivas como los Mil y uno, aunque mucho ménos recreativas, podré +yo tener la honra de que te ocupes algunos minutos de vagar en oirme +cosas dichas en razon. + +Si en tiempo de Scander, hijo de Filipo, hubieras sido Talestris, ó la +reyna de Sabea en tiempo de Soleyman, estos reyes hubieran sido los +que hubieran peregrinado por verte. + +Ruego á las virtudes celestiales que tus deleytes no lleven acibar, +que sea duradera tu hermosura, y tu ventura perpetua. + +SADI. + + + + +CAPITULO PRIMERO. + +El tuerto. + + +Reynando el rey Moabdar, vivia en Babilonia un mozo llamado Zadig, de +buena índole, que con la educacion se habia mejorado. Sabia enfrenar +sus pasiones, aunque mozo y rico; ni gastaba afectacion, ni se +empeñaba en que le dieran siempre la razon, y respetaba la flaqueza +humana. Pasmábanse todos viendo que puesto que le sobraba agudeza, +nunca se mofaba con chufletas de los desconciertos mal hilados, de las +murmuraciones sin fundamento, de los disparatados fallos, de las +burlas de juglares, que llamaban conversacion los Babilonios. En el +libro primero de Zoroastro habia visto que es el amor propio una +pelota llena de viento, y que salen de ella borrascas así, que la +pican. No se alababa Zadig de que no hacia aprecio de las mugeres, y +de que las dominaba. Era liberal, sin que le arredrase el temor de +hacer bien á desagradecidos, cumpliendo con aquel gran mandamiento de +Zoroastro, que dice: "Da de comer á los perros" quando tú comieres, +aunque te muerdan "luego." Era sabio quanto puede serlo el hombre, +pues procuraba vivir en compañía de los sabios: habia aprendido las +ciencias de los Caldeos, y estaba instruido en quanto acerca de los +principios físicos de la naturaleza en su tiempo se conocia; y de +metafísica sabia todo quanto en todos tiempos se ha sabido, que es +decir muy poca cosa. Creía firmísimamente que un año tiene trecientos +sesenta y cinco dias y un quarto, contra lo que enseñaba la moderna +filosofía de su tiempo, y que estaba el sol en el centro del mundo; y +quando los principales magos le decian en tono de improperio, y +mirándole de reojo, que sustentaba principios sapientes haeresim, y +que solo un enemigo de Dios y del estado podia decir que giraba el sol +sobre su exe, y que era el año de doce meses, se callaba Zadig, sin +fruncir las cejas ni encogerse de hombros. + +Opulento, y por tanto no faltándole amigos, disfrutando salud, siendo +buen mozo, prudente y moderado, con pecho ingenuo, y elevado ánimo, +creyó que podia aspirar á ser feliz. Estaba apalabrado su matrimonio +con Semira, que por su hermosura, su dote, y su cuna, era el mejor +casamiento de Babilonia. Profesábale Zadig un sincero y virtuoso +cariño, y Semira le amaba con pasion. Rayaba ya el venturoso dia que á +enlazarlos iba, quando paseándose ámbos amantes fuera de las puertas +de Babilonia, baxo unas palmas que daban sombra á las riberas del +Eufrates, viéron acercarse unos hombres armados con alfanges y +flechas. Eran estos unos sayones del mancebo Orcan, sobrino de un +ministro, y en calidad de tal los aduladores de su tio le habian +persuadido á que podia hacer quanto se le antojase. Ninguna de las +prendas y virtudes de Zadig poseía; pero creído que se le aventajaba +mucho, estaba desesperado por no ser el preferido. Estos zelos, meros +hijos de su vanidad, le hiciéron creer que estaba enamorado de Semira, +y quiso robarla. Habíanla cogido los robadores, y con el arrebato de +su violencia la habian herido, vertiendo la sangre de una persona que +con su presencia los tigres del monte Imao habria amansado. Traspasaba +Semira el cielo con sus lamentos, gritando: ¡Querido esposo, que me +llevan de aquel á quien adoro! No la movia el peligro en que se veía, +que solo en su caro Zadig pensaba. Defendíala este con todo el denuedo +del amor y la valentía, y con ayuda de solos dos esclavos ahuyentó á +los robadores, y se traxo á Semira ensangrentada y desmayada, que al +abrir los ojos conoció à su libertador. ¡O Zadig! le dixo, os queria +como á mi esposo, y ahora os quiero como aquel á quien de vida y honra +soy deudora. Nunca rebosó un pecho en mas tiernos afectos que el de +Semira, nunca tan linda boca pronunció con tanta viveza de aquellas +inflamadas expresiones que de la gratitud del mas alto beneficio y de +los mas tiernos raptos del cariño mas legitimo son hijas. Era leve su +herida, y sanó en breve. Zadig estaba herido de mas peligro, porque +una flecha le habia hecho una honda llaga junto al ojo. Semira +importunaba á los Dioses por la cura de su amante: dia y noche bañados +los ojos en llanto, aguardaba con impaciencia el instante que los de +Zadig se pudieran gozar en mirarla; pero una apostema que se formó en +el ojo herido causó el mayor temor. Enviáron á llamar á Menfis al +célebre médico Hermes, que vino con una crecida comitiva; y habiendo +visitado al enfermo declaró que irremediablemente perdia el ojo, +pronosticando hasta el dia y la hora que habia de suceder tan fatal +desman. Si hubiera sido, dixo, el ojo derecho, yo le curaria; pero las +heridas del izquierdo no tienen cura. Toda Babilonia se dolió de la +suerte de Zadig, al paso que quedó asombrada con la profunda ciencia +de Hermes. Dos dias despues reventó naturalmente la apostema, y sanó +Zadig. Hermes escribió un libro, probándole que no debia haber sanado, +el qual Zadig no leyó; pero luego que pudo salir, fué á ver á aquella +de quien esperaba su felicidad, y por quien únicamente queria tener +ojos, Hallábase Semira en su quinta, tres dias hacia, y supo Zadig en +el camino, que despues de declarar resueltamente que tenia una +invencible antipatia á los tuertos, la hermosa dama se habia casado +con Orcan aquella misma noche. Desmayóse al oir esta nueva, y estuvo +en poco que su dolor le conduxera al sepulcro; mas despues de una +larga enfermedad pudo mas la razon que el sentimiento, y fué no poca +parte de su consuelo la misma atrocidad del agravio. Pues he sido +víctima, dixo, de tan cruel antojo de una muger criada en palacio, me +casaré con una hija de un honrado vecino. Escogió pues por muger á +Azora, doncella muy cuerda y de la mejor índole, en quien no notó mas +defecto que alguna insustancialidad, y no poca inclinacion á creer que +los mozos mas lindos eran siempre los mas cuerdos y virtuosos. + + + + +CAPITULO II + +Las narices. + + +Un dia que volvia del paseo Azora toda inmutada, y haciendo +descompuestos ademanes: ¿Qué tienes, querida? le dixo Zadig; ¿qué es +lo que tan fuera de tí te ha puesto? ¡Ay! le respondió Azora, lo mismo +hicieras tú, si hubieses visto la escena que acabo yo de presenciar, +Habia ido á consolár á Cosrúa, la viuda jóven que ha erigido, dos días +ha, un mausoleo al difunto mancebo, marido suyo, cabe el arroyo que +baña esta pradera, jurando á los Dioses, en su dolor, que no se +apartaria de las inmediaciones de este sepulcro, miéntras el arroyo no +mudara su corriente. Bien está, dixo Zadig; eso es señal de que es una +muger de bien, que amaba de veras á su marido. Ha, replico Azora, si +tú supieras qual era su ocupacion quando entré á verla.--¿Qual era, +hermosa Azora?--Dar otro cauce al arroyo. Añadió luego Azora tantas +invectivas, prorumpió en tan agrias acusaciones contra la viuda moza, +que disgustó mucho á Zadig virtud tan jactanciosa. Un amigo suyo, +llamado Cador, era uno de los mozos que reputaba Azora por de mayor +mérito y probidad que otros; Zadig le fió su secreto, afianzando, en +quanto le fué posible, su fidelidad con quantiosas dádivas. Despues de +haber pasado Azora dos dias en una quinta de una amiga suya, se volvió +á su casa al tercero. Los criados le anunciáron llorando que aquella +misma noche se habia caido muerto de repente su marido, que no se +habian atrevido á llevarle tan mala noticia, y que acababan de +enterrar á Zadig en el sepulcro de sus padres al cabo del jardin. +Lloraba Azora, mesábase los cabellos, y juraba que no queria vivir. +Aquella noche pidió Cador licencia para hablar con ella, y lloráron, +ámbos. El siguiente dia lloráron ménos, y comiéron juntos. Fióle Cador +que le habia dexado su amigo la mayor parte de su caudal, y le dió á +entender que su mayor dicha seria poder partirle con ella. Lloró con +esto la dama, enojóse, y se apaciguó luego; y como la cena fué mas +larga que la comida, habláron ámbos con mas confianza. Hizo Azora el +panegírico del difunto, confesando empero que adolecia de ciertos +defectillos que en Cador no se hallaban. + +En mitad de la cena se quejó Cador de un vehemente dolor en el bazo, y +la dama inquieta y asustada mandó le traxeran todas las esencias con +que se sahumaba, para probar si alguna era un remedio contra los +dolores de bazo; sintiendo mucho que se hubiera ido ya de Babilonia el +sapientísimo Hermes, y dignándose hasta de tocar el lado donde sentia +Cador tan fuertes dolores. ¿Suele daros este dolor tan cruel? le dixo +compasiva. A dos dedos de la sepultura me pone á veces, le respondió +Cador, y no hay mas que un remedio para aliviarme, que es aplicarme al +costado las narices de un hombre que haya muerto el dia ántes. ¡Raro +remedio! dixo Azora. No es mas raro, respondió Cador, que los cuernos +de ciervo que ponen á los niños para preservarlos del mal de ojos. +Esta última razon con el mucho mérito del mozo determináron al cabo á +la Señora. Por fin, dixo, si las narices de mi marido son un poco mas +cortas en la segunda vida que en la primera, no por eso le ha de +impedir el paso el ángel Asrael, quando atraviese el puente Sebinavar, +para transitar del mundo de ayer al de mañana. Diciendo esto, cogió +una navaja, llegóse al sepulcro de su esposo bañándole en llanto, y se +baxó para cortarle las narices; pero Zadig que estaba tendido en el +sepulcro, agarrando con una mano sus narices, y desviando la navaja +con la otra, se alzó de repente exclamando; Otra vez no digas tanto +mal de Cosrúa, que la idea de cortarme las narices bien se las puede +apostar á la de mudar la corriente de un arroyo. + + + + +CAPITULO III. + +El perro y el caballo. + + +En breve experimentó Zadig que, como dice el libro de Zenda-Vesta, si +el primer mes de matrimonio es la luna de miel, el segundo es la de +acibar. Vióse muy presto precisado á repudiar á Azora, que se habia +tornado inaguantable, y procuró ser feliz estudiando la naturaleza. No +hay ser mas venturoso, decia, que el filósofo que estudia el gran +libro abierto por Dios á los ojos de los hombres. Las verdades que +descubre son propiedad suya: sustenta y enaltece su ánimo, y vive con +sosiego, sin temor de los demas, y sin que venga su tierna esposa á +cortarle las narices. + +Empapado en estas ideas, se retiró á una quinta á orillas del +Eufrates, donde no se ocupaba en calcular quantas pulgadas de agua +pasan cada segundo baxo los arcos de un puente, ni si el mes del raton +llueve una línea cúbica de agua mas que el del carnero; ni ideaba +hacer seda con telarañas, ó porcelana con botellas quebradas; +estudiaba, sí, las propiedades de los animales y las plantas, y en +poco tiempo grangeó una sagacidad que le hacia tocar millares de +diferencias donde los otros solo uniformidad veían. + +Paseándose un dia junto á un bosquecillo, vió venir corriendo un +eunuco de la reyna, acompañado de varios empleados de palacio: todos +parecian llenos de zozobra, y corrian á todas partes como locos que +andan buscando lo mas precioso que han perdido. Mancebo, le dixo el +principal eunuco, ¿vísteis al perro de la reyna? Respondióle Zadig con +modestia: Es perra que no perro. Teneis razon, replicó el primer +eunuco. Es una perra fina muy chiquita, continuó Zadig, que ha parido +poco ha, coxa del pié izquierdo delantero, y que tiene las orejas muy +largas. ¿Con que la habeis visto? dixo el primer eunuco fuera de sí. +No por cierto, respondió Zadig; ni la he visto, ni sabia que la reyna +tuviese perra ninguna. + +Aconteció que por un capricho del acaso se hubiese escapado al mismo +tiempo de manos de un palafrenero del rey el mejor caballo de las +caballerizas reales, y andaba corriendo por la vega de Babilonia. Iban +tras de él el caballerizo mayor y todos sus subalternos con no ménos +premura que el primer eunuco tras de la perra, Dirigióse el +caballerizo á Zadig, preguntándole si habia visto el caballo del rey. +Ese es un caballo, dixo Zadig, que tiene el mejor galope, dos varas de +alto, la pesuña muy pequeña, la cola de vara y quarta de largo; el +bocado del freno es de oro de veinte y tres quilates, y las herraduras +de plata de once dineros. ¿Y por donde ha ido? ¿donde está? preguntó +el caballerizo mayor. Ni le he visto, repuso Zadig, ni he oido nunca +hablar de él. + +Ni al caballerizo mayor ni al primer eunuco les quedó duda de que +habia robado Zadig el caballo del rey y la perra de la reyna; +conduxeronle pues á la asamblea del gran Desterham, que le condenó á +doscientos azotes y seis años de presidio. No bien hubiéron dado la +sentencia, quando pareciéron el caballo y la perra, de suerte que se +viéron los jueces en la dolorosa precision de anular su sentencia; +condenaron empero á Zadig á una multa de quatrocientas onzas de oro, +porque habia dicho queno habia visto habiendo visto. Primero pagó la +multa, y luego se le permitió defender su pleyto ante el consejo del +gran Desterliam, donde dixo así: + +Astros de justicia, pozos de ciencia, espejos de la verdad, que con la +gravedad del plomo unís la dureza del hierro, el brillo del diamante, +y no poca afinidad con el oro, siéndome permítido hablar ante esta +augusta asamblea, juro por Orosmades, que nunca ví ni la respetable +perra de la reyna, ni el sagrado caballo del rey de reyes. El suceso +ha sido como voy á contar. Andaba paseando por el bosquecillo donde +luego encontré al venerable eunuco, y al ilustrísimo caballerizo +mayor. Observé en la arena las huellas de un animal, y fácilmente +conocí que era un perro chico. Unos surcos largos y ligeros, impresos +en montoncillos de arena entre las huellas de las patas, me diéron á +conocer que era una perra, y que le colgaban las tetas, de donde +colegí que habia parido pocos dias hacia. Otros vestigios en otra +direccion, que se dexaban ver siempre al ras de la arena al lado de +los piés delanteros, me demostráron que tenia las orejas largas; y +como las pisadas del un pié eran ménos hondas en la arena que las de +los otros tres, saqué por conseqüencia que era, si soy osado á +decirlo, algo coxa la perra de nuestra augusta reyna. + +En quanto al caballo del rey de reyes, la verdad es que paseándome por +las veredas de dicho bosque, noté las señales de las herraduras de un +caballo, que estaban todas á igual distancia. Este caballo, dixe, +tiene el galope perfecto. En una senda angosta que no tiene mas de dos +varas y media de ancho, estaba á izquierda y á derecha barrido el +polvo en algunos parages. El caballo, conjeturé yo, tiene una cola de +vara y quarta, que con sus movimientos á derecha y á izquierda ha +barrido este polvo. Debaxo de los árboles que formaban una enramada de +dos varas de alto, estaban recien caidas las hojas de las ramas, y +conocí que las habia dexado caer el caballo, que por tanto tenia dos +yaras. Su freno ha de ser de oro de veinte y tres quilates, porque +habiendo estregado la cabeza del bocado contra una piedra que he visto +que era de toque, hice la prueba. Por fin, las marcas que han dexado +las herraduras en piedras de otra especie me han probado que eran de +plata de once dineros. + +Quedáronse pasmados todos los jueces con el profundo y sagaz tino de +Zadig, y llegó la noticia al rey y la reyna. En antesalas, salas, y +gabinetes no se hablaba mas que de Zadig, y el rey mandó que se le +restituyese la multa de quatrocientas onzas de oro á que habia sido +sentenciado, puesto que no pocos magos eran de dictámen de quemarle +como hechicero. Fuéron con mucho aparato á su casa el escribano de la +causa, los alguaciles y los procuradores, á llevarle sus quatrocientas +onzas, sin guardar por las costas mas que trecientas noventa y ocho; +verdad es que los escribientes pidiéron una gratificacion. + +Viendo Zadig que era cosa muy peligrosa el saber en demasía, hizo +propósito firme de no decir en otra ocasion lo que hubiese visto, y la +ocasion no tardó en presentarse. Un reo de estado se escapó, y pasó +por debaxo de los balcones de Zadig. Tomáronle declaracion á este, no +declaró nada; y habiéndole probado que se habia asomado al balcon, por +tamaño delito fué condenado á pagar quinientas onzas do oro, y dió las +gracias á los jueces por su mucha benignidad, que así era costumbre en +Babilonia, ¡Gran Dios, decia Zadig entre sí, qué desgraciado es quien +se pasea en un bosque por donde haya pasado el caballo del rey, ó la +perrita de la reyna! ¡Qué de peligros corre quien á su balcon se +asoma! ¡Qué cosa tan difícil es ser dichoso en esta vida! + + + + +CAPITULO IV. + +El envidioso. + + +Apeló Zadig á la amistad y á la filosofia para consolarse de los males +que le habia hecho la fortuna. En un arrabal de Babilonia tenia una +casa alhajada con mucho gusto, y allí reunia las artes y las +recreaciones dignas de un hombre fino. Por la mañana estaba su +biblioteca abierta para todos los sabios, y por la tarde su mesa á +personas de buena educacion. Pero muy presto echó de ver que era muy +peligroso tratar con sabios. Suscitóse una fuerte disputa acerca de +una ley de Zoroastro, que prohibe comer grifo. ¿Como está prohibido el +grifo, decian unos, si no hay tal animal? Fuerza es que le haya, +decian otros, quando no quiere Zoroastro que le comamos. Zadig, por +ponerlos conformes, les dixo: Pues no comamos grifo, si grifos hay; y +si no los hay, ménos los comerémos, y así obedecerémos á Zoroastro. + +Habia un sabio escritor que habia compuesto una obra en trece tomos en +folio acerca de las propiedades de los grifos, gran teurgista, que á +toda priesa se fué á presentar ante el archimago Drastanés, el mas +necio, y á conseqüencia el mas fanático de los Caldeos de aquellos +remotos tiempos. En honra y gloria del Sol, habria este mandado +empalar á Zadig, y rezado luego el breviario de Zoroastro con mas +devota compuncion. Su amigo Cador (que un amigo vale mas que un ciento +de clérigos) fué á ver al viejo Drastanés, y le dixo así: Gloria al +Sol y á los grifos; nadie toque al pelo á Zadig, que es un santo, y +mantiene grifos en su corral, sin comérselos: su acusador sí, que es +herege. ¿Pues no ha sustentado que no son ni solípedos ni inmundos los +conejos? Bien, bien, dixo Drastanés, meneando la temblona cabeza: á +Zadig se le ha de empalar, porque tiene ideas erróneas sobre los +glifos; y al otro, porque ha hablado sin miramiento de los conejos. +Apaciguólo Cador todo por medio de una moza de retrete de palacio, á +quien habia hecho un chiquillo, la qual tenia mucho influxo con el +colegio de los magos, y no empaláron á nadie; cosa que la murmuráron +muchos doctores, y por ello pronosticáron la próxîma decadencia de +Babilonia. Decia Zadig: ¿En qué se cifra la felicidad? Todo me +persigue en la tierra, hasta los seres imaginarios; y maldiciendo de +los sabios, resolvió ceñirse á vivir con la gente fina. + +Reuníanse en su casa los sugetos de mas fino trato de Babilonia, y las +mas amables damas; servíanse exquisitas cenas, precedidas las mas +veces de academias, y que animaban conversaciones amables, en que +nadie aspiraba á echarlo de agudo, que es medio certísimo de ser un +majadero, y deslustrar la mas brillante tertulia. Los platos y los +amigos no eran los que escogia la vanagloria, que en todo preferia á +la apariencia la realidad, y así se grangeaba una estimacion sólida, +por eso mismo que ménos á ella aspiraba. + +Vivia en frente de su casa un tal Arimazo, sugeto que llevaba la +perversidad de su ánimo en la fisonomía grabada: corroíale la envidia, +y reventaba de vanidad, dexando aparte que era un presumido de saber +fastidioso. Como las personas finas se burlaban de él, él se vengaba +hablando mal de ellas. Con dificultad reunia en su casa aduladores, +puesto que era rico. Importunábale el ruido de los coches que entraban +de noche en casa de Zadig, pero mas le enfadaba el de las alabanzas +que de él oía. Iba algunas veces á su casa, y se sentaba á la mesa sin +que le convidaran, corrompiendo el júbilo de la compañía entera, como +dicen que inficionan las arpías los manjares que tocan. Sucedióle un +dia que quiso dar un banquete á una dama, que, en vez de admitirle, se +fué á cenar con Zadig; y otra vez, estando ámbos hablando en palacio, +se llegó un ministro que convidó á Zadig á cenar, y no le dixo nada á +Arimazo. En tan flacos cimientos estriban á veces las mas crueles +enemigas. Este hombre, que apellidaba Babilonia el envidioso, quiso +dar al traste con Zadig, porque le llamaban el dichoso. Cien veces al +dia, dice Zoroastro, se halla ocasion para hacer daño, y para hacer +bien apénas una vez al año. + +Fuése el envidioso á casa de Zadig, el qual se estaba paseando por sus +jardines con dos amigos, y una señora á quien decia algunas flores, +sin otro ánimo que decirlas. Tratábase de una guerra que acababa de +concluir con felicidad el rey contra el príncipe de Hircania, +feudatario suyo. Zadig que en esta corta guerra habia dado repetidas +pruebas de valor, hacia muchos elogios del rey, y mas todavía de la +dama. Cogió su libro de memoria, y escribió en él quatro versos de +repente, que dió á leer á su hermosa huéspeda; pero aunque sus amigos +le suplicáron que se los leyese, por modestia, ó acaso por un amor +propio muy discreto, no quiso hacerlo: que bien sabia que los versos +de repente hechos solo son buenos para aquella para quien se hacen. +Rasgó pues en dos la hoja del librillo de memoria en que los habia +escrito, y tiró los dos pedazos á una enramada de rosales, donde fué +en balde buscarlos. Empezó en breve á lloviznar, y se volviéron todos +á los salones; pero el envidioso que se habia quedado en el jardin, +tanto registró que dió con una mitad de la hoja, la qual de tal manera +estaba rasgada, que la mitad de cada verso que llenaba un renglon +formaba sentido, y aun un verso corto; y lo mas extraño es que, por un +acaso todavía mas extraordinario, el sentido que formaban los tales +versos cortos era una atroz infectiva contra el rey. Leíase en ellos: + + Un monstruo detestable + Hoy rige la Caldea; + Su trono incontrastable + El poder mismo afea, + +Por la vez primera de su vida se creyó feliz el envidioso, teniendo +con que perder á un hombre de bien y amable. Embriagado en tan +horrible júbilo, dirigió al mismo rey esta sátira escrita de pluma de +Zadig, el qual, con sus dos amigos y la dama, fué llevado á la cárcel, +y se le formó causa, sin que se dignaran de oirle. Púsose el +envidioso, quando le hubiéron sentenciado, en el camino por donde +habia de pasar, y le dixo que no valian nada sus versos. No lo echaba +Zadig de poeta; sentia empero en el alma verse condenado como reo de +lesa-magestad, y dexar dos amigos y una hermosa dama en la cárcel por +un delito que no habia cometido. No lo permitiéron alegar nada en su +defensa, porque el libro de memoria estaba claro, y que así era estilo +en Babilonia. Caminaba pues al cadahalso, atravesando inmensas filas +de gentes curiosas; ninguno se atrevia á condolerse de él, pero sí se +agolpaban para exâminar qué cara ponia, y si iba á morir con aliento. +Sus parientes eran los únicos afligidos, porque no heredaban, +habiéndose confiscado las tres quartas partes de su caudal á beneficio +del erario, y la restante al del envidioso. + +Miéntras que se estaba disponiendo á morir, se voló del balcon el loro +del rey, y fué á posarse en los rosales del jardin de Zadig. Habia +derribado el viento un melocoton de un árbol inmediato, que habia +caido sobre un pedazo de un librillo de memoria escrito, y se le habia +pegado. Agarró el loro el melocoton con lo escrito, y se lo llevó todo +á las rodillas del rey. Curioso esta leyó unas palabras que no +significaban nada, y parecian fines de verso. Como era aficionado á la +poesía, y que siempre se puede sacar algo con los príncipes que gustan +de coplas, le dió en que pensar la aventura del papagayo. Acordándose +entónces la reyna de lo que habia en el trozo del libro de memoria de +Zadig, mandó que se le traxesen, y confrontando ámbos trozos se vió +que venia uno con otro; y los versos de Zadig, leidos como él los +habia escrito, eran los siguientes: + + Un monstruo detestable es la sangrienta guerra; + Hoy rige la Caldea en paz el rey sin sustos: + Su trono incontrastable amor tiene en la tierra; + El poder mismo afea quien no goza sus gustos. + +Al punto mandó el rey que traxeran á Zadig á su presencia, y que +sacaran de la cárcel á sus dos amigos y la hermosa dama. Postróse el +rostro por el suelo Zadig á las plantas del rey y la reyna; pidióles +rendidamente perdon por los malos versos que habia compuesto, y habló +con tal donayre, tino y agudeza, que los monarcas quisiéron volver á +verle: volvió, y gustó mas. Le adjudicáron los bienes del envidioso +que injustamente le habia acusado: Zadig se los restituyó todos, y el +único afecto del corazon de su acusador fué el gozo de no perder lo +que tenia. De dia en dia se aumentaba el aprecio que el rey de Zadig +hacia: convidábale á todas sus recreaciones, y le consultaba en todos +asuntos. Desde entónces la reyna empezó á mirarle con una complacencia +que podia acarrear graves peligros á ella, á su augusto esposo, á +Zadig y al reyno entero, y Zadig á creer que no es cosa tan +dificultosa vivir feliz. + + + + +CAPITULO V. + +El generoso. + + +Vino la época de la celebridad de una solemne fiesta que se hacia cada +cinco años, porque era estilo en Babilonia declarar con solemnidad, al +cabo de cinco años, qual de los ciudadanos habia hecho la mas generosa +accion. Los jueces eran los grandes y los magos. Exponia el primer +satrapa encargado del gobierno de la ciudad, las acciones mas ilustres +hechas en el tiempo de su gobierno; los jueces votaban, y el rey +pronunciaba la decision. De los extremos de la tierra acudian +espectadores á esta solemnidad. Recibia el vencedor de mano del +monarca una copa de oro guarnecida de piedras preciosas, y le decia el +rey estas palabras: "Recibid este premio de la generosidad, y oxalá me +concedan los Dioses muchos vasallos que á vos se parezcan." + +Llegado este memorable dia, se dexó ver el rey en su trono, rodeado de +grandes, magos y diputados de todas las naciones, que venian, á unos +juegos donde no con la ligereza de los caballos, ni con la fuerza +corporal, sino con la virtud se grangeaba la gloria. Recitó en voz +alta el satrapa las acciones por las quales podian sus autores merecer +el inestimable premio, y no habló siquiera de la magnanimidad con que +habia restituido Zadig todo su caudal al envidioso: que no era esta +accion que mereciera disputar el premio. + +Primero presentó á un juez que habiendo, en virtud de una equivocacion +de que no era responsable, fallado un pleyto importante contra un +ciudadano, le habia dado todo su caudal, que era lo equivalente de la +perdida del litigante. + +Luego produxo un mancebo que perdido de amor por una doncella con +quien se iba á casar, se la cedió no obstante á un amigo suyo, que +estaba á la muerte por amores de la misma, y ademas dotó la doncella. + +Hizo luego comparecer á un militar que en la guerra de Hircania habia +dado exemplo todavía de mayor generosidad. Llevábanse á suamada unos +soldados enemigos, y miéntras la estaba defendiendo contra ellos, le +viniéron á decir que otros Hircanos se llevaban de allí cerca á su +madre; y abandonó llorando á su querida, por libertar á la madre. +Quando volvió á tomar la defensa de su dama, la encontró expirando, y +se quiso dar la muerte; pero le representó su madre que no tenia mas +apoyo que él, y tuvo ánimo para sufrir la vida. + +Inclinábanse los jueces por este soldado; pero el rey tomando la +palabra, dixo: Accion es noble la suya, y tambien lo son las de los +otros, pero no me pasman; y ayer hizo Zadig una que me ha pasmado. +Pocos dias ha que ha caido de mi gracia Coreb, mi ministro y valido. +Quejábame de él con vehemencia, y todos los palaciegos me decian que +era yo demasiadamente misericordioso; todos decian á porfía mal de +Coreb. Pregunté su dictámen á Zadig, y se atrevió á alaharle. Confieso +qne en nuestras historias he visto exemplos de haber pagado un yerro +con su caudal, cedido su dama, ó antepuesto su madre al objeto de su +amor; pero nunca he leido que un palaciego haya dicho bien de un +ministro caido con quien estaba enojado su soberano. A cada uno de +aquellos cuyas acciones se han recitado le doy veinte mil monedas de +oro; pero la copa se la doy á Zadig. + +Señor, replicó este, vuestra magestad es el único que la merece, y +quien ha hecho la mas inaudita accion, pues siendo rey no se ha +indignado contra su esclavo que contradecia su pasion. Todos +celebráron admirados al rey y á Zadig. Recibiéron las dádivas del +monarca el juez qus habia dado su caudal, el amante que habia casado á +su amada con su amigo, y el soldado que ántes quiso librar á su madre +que á su dama; y Zadig obtuvo la copa. Grangeóse el rey la reputacion +de buen príncipe, que no conservó mucho tiempo; y se consagró el dia +con fiestas que duráron mas de lo que prescribia la ley, conservándose +aun su memoria en el Asia. Decia Zadig: ¡con que en fin soy feliz! +pero Zadig se engañaba. + + + + +CAPITULO VI. + +El ministro. + + +Habiendo perdido el rey á su primer ministro, escogió á Zadig para +desempeñar este cargo. Todas las hermosas damas de Babilonia +aplaudiéron esta eleccion, porque nunca habia habido ministro tan mozo +desde la fundacion del imperio: todos los palaciegos la sintiéron; al +envidioso le dió un vómito de sangre, y se le hincháron +extraordinariamente las narices. Dió Zadig las gracias al rey y á la +reyna, y fué luego á dárselas al loro. Precioso páxaro, le dixo, tú +has sido quien me has librado la vida, y quien me has hecho primer +ministro. Mucho mal me habian hecho la perra y el caballo de sus +magestades, pero tú me has hecho mucho bien. ¡En qué cosas estriba la +suerte de los humanos! Pero puede ser que mi dicha se desvanezca +dentro de pocos instantes. El loro respondió: ántes. Dió golpe á Zadig +esta palabra; puesto que á fuer de buen físico que no creía que fuesen +los loros profetas, se sosegó luego, y empezó á servir su cargo lo +mejor que supo. + +Hizo que á todo el mundo alcanzara el sagrado poder de las leyes, y +que á ninguno abrumara el peso de su dignidad. No impidió la libertad +de votos en el divan, y cada visir podia, sin disgustarle, exponer su +dictámen. Quando fallaba de un asunto, la ley, no él, era quien +fallaba; pero quando esta era muy severa, la suavízaba; y quando +faltaba ley, la hacia su equidad tal, que se hubiera podido atribuir á +Zoroastro. El fué quien dexó vinculado en las naciones el gran +principio de que vale mas libertar un reo, que condenar un inocente. +Pensaba que era destino de las leyes no ménos socorrer á los +ciudadanos que amedrentarlos. Cifrábase su principal habilidad en +desenmarañar la verdad que procuran todos obscurecer. Sirvióse de esta +habilidad desde los primeros dias de su administracion. Habia muerto +en las Indias un comerciante muy nombrado de Babilonia: y habiendo +dexado su caudal por iguales partes á sus dos hijos, despues de dotar +á su hija, dexaba ademas un legado de treinta mil monedas de oro á +aquel de sus hijos que se decidiese que le habia querido mas. El mayor +le erigió un sepulcro, y el menor dió á su hermana parte de su +herencia en aumento de su dote. La gente decia: El mayor queria mas á +su padre, y el menor quiere mas á su hermana: las treinta mil monedas +se deben dar al mayor. Llamó Zadig sucesivamente á los dos, y le dixo +al mayor: No ha muerto vuestro padre, que ha sanado de su última +enfermedad, y vuelve á Babilonia. Loado sea Dios, respondió el +mancebo; pero su sepulcro me habia costado harto caro. Lo mismo dixo +luego Zadig al menor. Loado sea Dios, respondió, voy á restituir á mi +padre todo quanto tengo, pero quisiera que dexase á mi hermana lo que +le he dado. No restituiréis nada, dixo Zadig, y se os darán las +treinta mil monedas, que vos sois el que mas á vuestro padre queríais. + +Habia dado una doncella muy rica palabra de matrimonio á dos magos, y +despues de haber recibido algunos meses instrucciones de ámbos, se +encontró en cinta. Ambos querian casarse con ella. La doncella dixo +que seria su marido el que la habia puesto en estado de dar un +ciudadano al imperio. Uno decia: Yo he sido quien he hecho esta buena +obra; el otro: No, que soy yo quien he tenido tanta dicha. Está bien, +respondió la doncella, reconozco por padre de la criatura el que le +pueda dar mejor educacion. Parió un chico, y quiso educarle uno y otro +mago. Llevada la instancia ante Zadig, los llamó á entrámbos, y dixo +al primero: ¿Qué has de enseñar á tu alumno? Enseñaréle, respondió el +doctor, las ocho partes de la oracion, la dialéctica, la astrologia, +la demonología, qué cosa es la sustancia y el accidente, lo abstracto +y lo concreto, las monadas y la harmonía preestablecida. Pues yo, dixo +el segundo, procuraré hacerle justo y digno de tener amigos. Zadig +falló: Ora seas ó no su padre, tú te casarás con su madre. + +Todos los dias venian quejas á la corte contra el Itimadulet de Media, +llamado Irax, gran potentado, que no era de perversa índole, pero que +la vanidad y el deleyte le habian estragado. Raras veces permitia que +le hablasen, y nunca que se atreviesen á contradecirle. No son tan +vanos los pavones, ni mas voluptuosas las palomas, ni ménos perezosos +los galápagos; solo respiraba vanagloria y deleytes vanos. + +Probóse Zadig á corregirle, y le envió de parte del rey un maestro de +música, con doce cantores y veinte y quatro violines, un mayordomo con +seis cocineros y quatro gentiles-hombres, que no le dexaban nunca. +Decia la órden del rey que se siguiese puntualísimamente el siguiente +ceremonial, como aquí se pone. + +El dia primero, así que se despertó el voluptuoso Irax, entró el +maestro de música acompañado de los cantores y violines, y cantáron +una cantata que duró dos horas, y de tres en tres minutos era el +estribillo: + + ¡Quanto merecimiento! + ¡Qué gracia, qué nobleza! + ¡Que ufano, que contento + Debe estar de sí propio su grandeza! + +Concluida la cantata, le recitó un gentil-hombre una arenga que duró +tres quartos de hora, pintándole como un dechado perfecto de quantas +prendas le faltaban; y acabada, le lleváron á la mesa al toque de los +instrumentos. Duró tres horas la comida; y así que abria la boca para +decir algo, exclamaba el gentil-hombre: Su Excelencia tendra razon. +Apénas decia quatro palabras; interrumpia el segundo gentil-hombre, +diciendo: Su Excelencia tiene razon. Los otros dos seltaban la +carcajada en aplauso de los chistes que habia dicho ó debido decir +Irax. Servidos que fuéron los postres, se repitió la cantata. + +Parecióle delicioso el primer dia, y quedó persuadido de que le +honraba el rey de reyes conforme á su mérito. El segundo le fué algo +ménos grato; el tercero estuvo incomodado; el quarto no le pudo +aguantar; el quinto fué un tormento; finalmente, aburrido de oir +cantar sin cesar: ¡qué ufano, qué contento dele estar de sí propio su +grandeza! de que siempre le dixeran que tenia razon, y de que le +repitieran la misma arenga todos los dias á la propia hora, escribió á +la corte suplicando al rey que fuese dignado de llamar á sus gentiles- +hombres, sus músicos y su mayordomo, prometiendo tener mas aplicacion +y ménos vanidad. Luego gustó ménos de aduladores, dió ménos fiestas, y +fué mas feliz; porque, como dice el Sader, sin cesar placeres no son +placeres. + + + + +CAPITULO VII. + +Disputas y audiencias. + + +De este modo acreditaba Zadig cada dia su agudo ingenío y su buen +corazon; todos le miraban con admiracion, y le amaban empero. Era +reputado el mas venturoso de los hombres; lleno estaba todo el imperio +de su nombre; guiñábanle á hurtadillas todas las mugeres; ensalzaban +su justificacion los ciudadanos todos; los sabios le miraban como un +oráculo, y hasta los mismos magos confesaban que sabia punto mas que +el viejo archi-mago Siara, tan léjos entónces de formarle cansa acerca +de los grifos, que solo se creía lo que á él le parecia creible. + +Reynaba de mil y quinientos años atras una gran contienda en +Babilonia, que tenia dividido el imperio en dos irreconciliables +sectas: la una sustentaba que siempre se debia entrar en el templo de +Mitras el pié izquierdo por delante; y la otra miraba con abominacion +semejante estilo, y llevaba siempre el pié derecho delantero. Todo el +mundo aguardaba con ansia el dia de la fiesta solemne del fuego +sagrado, para saber qué secta favorecia Zadig: todos tenian clavados +los ojos en sus dos piés; toda la ciudad estaba suspensa y agitada. +Entró Zadig en el templo saltando á pié-juntilla, y luego en un +eloqüente discurso hizo ver que el Dios del cielo y la tierra, que no +mira con privilegio á nadie, el mismo caso hace del pié izquierdo que +del derecho. Dixo el envidioso y su muger que no habia suficientes +figuras en su arenga, donde no se vían baylar las montañas ni las +colinas. Decian que no habia en ella ni xugo ni talento, que no se vía +la mar ahuyentada, las estrellas por tierra, y el sol derretido como +cera vírgen; por fin, que no estaba en buen estilo oriental. Zadig no +aspiraba mas que á que fuese su estilo el de la razon. Todo el mundo +se declaró en su favor, no porque estaba en el camino de la verdad, ni +porque era discreto, ni porque era amable, sino porque era primer +visir. + +No dió ménos felice cima á otro intrincadísimo pleyto de los magos +blancos con los negros. Los blancos decian que era impiedad dirigirse +al oriente del hibierno, quando los ficles oraban á Dios; y los negros +afirmaban que miraba Dios con horror á los hombres que se dirígian al +poniente del verano. Zadig mandó que se volviera cada uno hácia donde +quisiese. + +Encontró medio para despachar por la mañana los asuntos particulares y +generales, y lo demas del dia se ocupaba en hermosear á Babilonia. +Hacia representar tragedias para llorar, y comedias para reir; cosa +que habia dexado de estilarse mucho tiempo hacia, y que él +restableció, porque era sugeto de gusto fino. No tenia la manía de +querer entender mas que los pentos en las artes, los quales los +remuneraba con dádivas y condecoraciones, sin envidiar en secreto su +habilidad. Por la noche divertia mucho al rey, y mas á la reyna. Decia +el rey: ¡Qué gran ministro! y la reyna: ¡Qué amable ministro! y ambos +añadian: Lástima fuera que le hubieran ahorcado. + +Nunca otro en tan alto cargo se vió precisado á dar tantas audiencias +á las damas: las mas venian á hablarle de algún negocio que no les +importaba, para probarse á hacerle con él. Una de las primeras que se +presentó fué la muger del envidioso, juándole por Mitras, por Zenda- +Vesta, y por el fuego sagrado, que siempre habia mirado con +detestacion la conducta de su marido. Luego le fió que era el tal +marida zeloso y mal criado, y le dió á entender que le castigaban los +Dioses privándole de los preciosos efectos de aquel sacro fuego, el +único que hace á los hombres semejantes á los inmortales; por fin dexó +caer una liga. Cogióla Zadig con su acostumbrada cortesanía, pero no +se la ató á la dama á la pierna; y este leve yerro, si por tal puede +tenerse, fué orígen de las desventuras mas horrendas. Zadig no pensó +en ello, pero la muger del envidioso pensó mas de lo que decirse +puede. + +Cada dia se le presentaban nuevas damas. Aseguran los anales secretos +de Babilonia, que cayó una vez en la tentacion, pero que quedó pasmado +de gozar sin deleyte, y de tener su dama en sus brazos distraido. Era +aquella á quien sin pensar dió pruebas de su proteccion, una camarista +de la reyna Astarte. Por consolarse decia para sí esta enamorada +Babilonia: Menester es que tenga este hombre atestada la cabeza de +negocios, pues aun en el lance de gozar de su amor piensa en ellos. +Escapósele á Zadig en aquellos instantes en que los mas no dicen +palabra, ó solo dicen palabras sagradas, clamar de repente: LA REYNA; +y creyó la Babilonia, que vuelto en sí en un instante delicioso le +habia dicho REYNA MIA. Mas Zadig, distraido siempre, pronunció el +nombre de Astarte; y la dama, que en tan feliz situacion todo lo +interpretaba á su favor, se figuró que queria decir que era mas +hermosa que la reyna Astarte. Salió del serrallo de Zadig habiendo +recibido espléndidos regalos, y fué á contar esta aventura á la +envidiosa, que era su íntima amiga, la qual quedó penetrada de dolor +por la preferencia. Ni siquiera se ha dignado, decia, de atarme esta +malhadada liga, que no quiero que me vuelva á servir, ¡Ha, ha! dixo la +afortunada á la envidiosa, las mismas ligas llevais que la reyna: ¿las +tomais en la misma tienda? Sumióse en sus ideas la envidiosa, no +respondió, y se fué á consultar con el envidioso su marido. + +Entretanto Zadig conocia que estaba distraido quando daba audiencia, y +quando juzgaba; y no sabia á qué atribuirlo: esta era su única +pesadumbre. Soñó una noche que estaba acostado primero encima de unas +yerbas secas, entre las quales habia algunas punzantes que le +incomodaban; que luego reposaba blandamente sobre un lecho de rosas, +del qual salia una sierpe que con su venenosa y acerada lengua le +heria el corazon. ¡Ay! decia, mucho tiempo he estado acostado encima +de las secas y punzantes yerbas; ahora lo estoy en el lecho de rosas: +¿mas qual será la serpiente? + + + + +CAPITULO VIII. + +Los zelos. + + +De su misma dicha vino la desgracia de Zadig, pero mas aun de su +mérito. Todos los dias conversaba con el rey, y con su augusta esposa +Astarte, y aumentaba el embeleso de su conversacion aquel deseo de +gustar, que, con respecto al entendimiento, es como el arreo á la +hermosura; y poco á poco hicieron su mocedad y sus gracias una +impresion en Astarte, que á los principios no conoció ella propia. +Crecia esta pasion en el regazo de la inocencia, abandonándose Astarte +sin escrúpulo ni rezelo al gusto de ver y de oir á un hombre amado de +su esposo y del reyno entero. Alababásele sin cesar al rey, hablaba de +él con sus damas, que ponderaban mas aun sus prendas, y iodo así +ahondaba en su pecho la flecha que no sentia. Hacia regalos á Zadig, +en que tenia mas parte el amor de lo que ella se pensaba; y muchas +veces, quando se figuraba que le hablaba como reyna, satisfecha se +expresaba como muger enamorada. + +Muy mas hermosa era Astarte que la Semira que tanta ojeriza tenia con +los tuertos, y que la otra que habia querido cortar á su esposo las +narices. Con la llaneza de Astarte, con sus tiernas razones de que +empezaba á sonrojarse, con sus miradas que procuraba apartar de él, y +que en las suyas se clavaban, se encendió en el pecho de Zadig un +fuego que á él propio le pasmaba. Combatió, llamo á su auxîlio la +filosofía que siempre le habia socorrido; pero esta ni alumbró su +entendimiento, ni alivió su ánimo. Ofrecíanse ante él, como otros +tantos dioses vengadores, la obligacion, la gratitud, la magestad +suprema violadas: combatia y vencia; pero una victoria á cada instante +disputada, le costaba lágrimas y suspiros. Ya no se atrevia á +conversar con la reyna con aquella serena libertad que tanto á +entrámbos habia embelesado; cubríanse de una nube sus ojos; eran sus +razones confusas y mal hiladas; baxaba los ojos; y quando +involuntariamente en Astarte los ponia, encontraba los suyos bañados +en lágrimas, de donde salian inflamados rayos. Parece quese decian uno +á otro: Nos adoramos, y tememos amarnos; ámbos ardemos en un fuego que +condenamos. De la conversacion de la reyna salia Zadig fuera de sí, +desatentado, y como abrumado con una caiga con la qual no podia. En +medio de la violencia de su agitacion, dexó que su amigo Cador +columbrara su secreto, como uno que habiendo largo tiempo aguantado +las punzadas de un vehemente dolor, descubre al fin su dolencia por un +grito lastimero que vencido de sus tormentos levanta, y por el sudor +frio que por su semblante corre. + +Díxole Cador: Ya habia yo distinguido los afectos que de vos mismo os +esforzábais á ocultar: que tienen las pasiones señales infalibles; y +si yo he leido en vuestro corazon, contemplad, amado Zadig, si +descubrirá el rey un amor que le agravia; él que no tiene otro defecto +que ser el mas zeloso de los mortales. Vos resistís á vuestra pasion +con mas vigor que combate Astarte la suya, porque sois filósofo y sois +Zadig. Astarte es muger, y eso mas dexa que se expliquen sus ojos con +imprudencia que no piensa ser culpada: satisfecha por desgracia con su +inocencia, no se cura de las apariencias necesarias. Miéntras que no +le remuerda en nada la conciencia, tendré miedo de que se pierda. Si +ámbos estuviéseis acordes, frustraríais los ojos mas linces: una +pasion en su cuna y contrarestada rompe afuera; el amor satisfecho se +sabe ocultar. Estremecióse Zadig con la propuesta de engañar al +monarca su bienhechor, y nunca fué mas fiel á su príncipe que quando +culpado de un involuntario delito. En tanto la reyna repetia con tal +freqüencia el nombre de Zadig; colorábanse de manera sus mexillas al +pronunciarle; quando le hablaba delante del rey, estaba unas veces tan +animada y otras tan confusa; parábase tan pensativa quando se iba, que +turbado el rey creyó todo quanto vía, y se figuró lo que no vía. +Observó sobre todo que las babuchas de su muger eran azules, y azules +las de Zadig; que los lazos de su muger eran pajizos, y pajizo el +turbante de Zadig: tremendos indicios para un príncipe delicado. En +breve se tornáron en su ánimo exâsperado en certeza las sospechas. + +Los esclavos de los reyes y las reynas son otras tantas espías de sus +mas escondidos afectos, y en breve descubriéron que estaba Astarte +enamorada, y Moabdar zeloso. Persuadió el envidioso á la envidiosa á +que enviara al rey su liga que se parecia á la de la reyna; y para +mayor desgracia, era azul dicha liga. El monarca solo pensó entónces +en el modo de vengarse. Una noche se resolvió á dar un veneno á la +reyna, y á enviar un lazo á Zadig al rayar del alba, y dió esta órden +á un despiadado eunuco, executor de sus venganzas. Hallábase á la +sazon en el aposento del rey un enanillo mudo, pero no sordo, que +dexaban allí como un animalejo doméstico, y era testigo de los mas +recónditos secretos. Era el tal mudo muy afecto á la reyna y á Zadig, +y escuchó con no ménos asombro que horror dar la órden de matarlos +ámbos. ¿Mas cómo haria para precaver la execucion de tan espantosa +órden, que se iba á cumplir destro de pocas horas? No sabia escribir, +pero sí pintar, y especialmente retratar al vivo los objetos. Una +parte de la noche la pasó dibuxando lo que queria que supiera la +reyna: representaba su dibuxo, en un rincon del quadro, al rey +enfurecido dando órdenes á su eunuco; en otro rincon una cuerda azul y +un vaso sobre una mesa, con unas ligas azules, y unas cintas pajizas; +y en medio del quadro la reyna moribunda en brazos de sus damas, y á +sus plantas Zadig ahorcado. Figuraba el horizonte el nacimiento del +sol, como para denotar que esta horrenda catástrofe debia executarse +al rayar de la aurora. Luego que hubo acabado, se fué corriendo al +aposento de una dama de Astarte, la despertó, y le dixo por señas que +era menester que llevara al instante aquel quadro á la reyna. + +Hete pues que á media noche llaman á la puerta de Zadig, le +despiertan, y le entregan una esquela de la reyna: dudando Zadig si es +sueño, rompe el nema con trémula mano. ¡Qué pasmo no fué el suyo, ni +quien puede pintar la consternacion y el horror que le sobrecogiéron, +quando leyó las siguientes palabras! "Huid sin tardanza, ó van á +quitaros la vida. Huid, Zadig, que yo os lo mando en nombre de nuestro +amor, y de mis cintas pajizas. No era culpada, pero veo que voy á +morir delinquente." + +Apénas tuyo Zadig fuerza para articular una palabra. Mandó llamar á +Cador, y sin decirle nada le dió la esquela; y Cador le forzó á que +obedeciese, y á que tomase sin detenerse el camino de Menfis. Si os +aventurais á ir á ver á la reyna, le dixo, acelerais su muerte; y si +hablais con el rey, tambien es perdida. Yo me encargo de su suerte, +seguid vos la vuestra: esparciré la voz de que os habeis encaminado +hácia la India, iré pronto á buscaros, y os diré lo que hubiere +sucedido en Babilonia. + +Sin perder un minuto, hizo Cador llevar á una salida excusada de +palacio dos dromedarios ensillados de los mas andariegos; en uno montó +Zadig, que no se podia tener, y estaba á punto de muerte, y en otro el +único criado que le acompañaba. A poco rato Cador sumido en dolor y +asombro hubo perdido á su amigo de vista. + +Llegó el ilustre prófugo á la cima de un collado de donde se descubria +á Babilonia, y clavando los ojos en el palacio de la reyna se cayó +desmayado. Quando recobró el sentido, vertió abundante llanto, +invocando la muerte. Al fin despues de haber lamentado la deplorable +estrella de la mas amable de las mugeres, y la primera reyna del +mundo, reflexîonando un instante en su propia suerte, dixo: ¡Válame +Dios; y lo que es la vida humana! ¡O virtud, para que me has valido! +Indignamente me han engañado dos mugeres; y la tercera, que no es +culpada, y es mas hermosa que las otras, va á morir. Todo quanto bien +he hecho ha sido un manantial de maldiciones para mí; y si me he visto +exâltado al ápice de la grandeza, ha sido para despeñarme en la mas +honda sima de la desventura. Si como tantos hubiera sido malo, seria, +como ellos, dichoso. Abrumado con tan fatales ideas, cubiertos los +ojos de un velo de dolor, pálido de color de muerte el semblante, y +sumido el ánimo en el abismo de una tenebrosa desesperacion, siguió su +viage hácia el Egipto. + + + + +CAPITULO IX. + +La muger aporreada. + + +Encaminabase Zadig en la direccion de las estrellas, y le guiaban la +constelacion de Orion y el luciente astro de Sirio hácia el polo de +Canopo. Contemplaba admirado estos vastos globos de luz que parecen +imperceptibles chispas á nuestra vista, al paso que la tierra que +realmente es un punto infinitamente pequeño en la naturaleza, la mira +nuestra codicia como tan grande y tan noble. Representábase entónces á +los hombres como realmente son, unos insectos que unos á otros se +devoran sobre un mezquino átomo de cieno; imágen verdadera que +acallaba al parecer sus cuitas, retratándole la nada de su ser y de +Babilonia misma. Lanzábase su ánimo en lo infinito, y desprendido de +sus sentidos contemplaba el inmutable órden, del universo. Mas quando +luego tornando en sí, y entrando dentro de su corazon, pensaba en +Astarte, muerta acaso á causa de él, todo el universo desaparecia, y +no vía mas que á la moribunda Astarte y al malhadado Zadig. Agitado de +este fluxo y refluxo de sublime filosofía y de acerbo duelo, caminaba +hácia las fronteras de Egipto, y ya habia llegado su fiel criado al +primer pueblo, y le buscaba alojamiento. Paseábase en tanto Zadig por +los jardines que ornaban las inmediaciones del lugar, quando á corta +distancia del camino real vió una muger llorando, que invocaba cielos +y tierra en su auxîlio, y un hombre enfurecido en seguimiento suyo. +Alcanzábala ya; abrazaba ella sus rodillas, y el hombre la cargaba de +golpes y denuestos. Por la saña del Egipcio, y los reiterados perdones +que le pedia la dama, coligió que él era zeloso y ella infiel; pero +habiendo contemplado á la muger, que era una beldad peregrina, y que +ademas se parecia algo á la desventurada Astarte, se sintió movido de +compasion en favor de ella, y de horror contra el Egipcio. Socorredme, +exclamó la dama á Zadig entre sollozos, y sacadme de poder del mas +inhumano de los mortales; libradme la vida. Oyendo estas voces, fué +Zadig á interponerse entre ella y este cruel. Entendia algo la lengua +egipcia, y le dixo en este idioma: Si teneis humanidad, ruégoos que +respeteis la flaqueza y la hermosura. ¿Cómo agraviáis un dechado de +perfecciones de la naturaleza, postrado á vuestras plantas, sin mas +defensa que sus lágrimas? Ha, ha, le dixo el hombre colérico: ¿con que +tambien tú la quieres? pues en tí me voy á vengar. Dichas estas +razones, dexa á la dama que tenia asida por los cabellos, y cogiendo +la lanza va á pasársela por el pecho al extrangero. Este que estaba +sosegado paró con facilidad el encuentro de aquel frenético, agarrando +la lanza por junto al hierro de que estaba armada. Forcejando uno por +retirarla, y otro por quitársela, se hizo pedazos. Saca entónces el +Egipcio su espada, ármase Zadig con la suya, y se embisten uno y otro. +Da aquel mil precipitados golpes; páralos este con maña: y la dama +sentada sobre el césped los mira, y compone su vestido y su tocado. +Era el Egipcia mas forzudo que su contrario, Zadig era mas mañoso: +este peleaba como un hombre que guiaba el brazo por su inteligencia, y +aquel como un loco que ciego con los arrebatos de su saña le movia á +la aventura. Va Zadig á él, le desarma; y quando mas enfurecido el +Egipcio se quiere tirar á él, le agarra, le aprieta entre sus brazos, +le derriba por tierra, y poniéndole la espada al pecho, le quiere +dexar la vida. Desatinado el Egipcio saca un puñal, y hiere á Zadig, +quando vencedor este le perdonaba; y Zadig indignado le pasa con su +espada el corazon. Lanza el Egipcio un horrendo grito, y muere +convulso y desesperado, Volvióse entonces Zadig á la dama, y con voz +rendida le dixo: Me ha forzado á que le mate; ya estais vengada, y +libre del hombre mas furibundo que he visto: ¿qué quereis, Señora, que +haga? Que mueras, infame, replicó ella, que has quitado la vida á mi +amante: ¡oxalá pudiera yo despedazarte el corazon! Por cierto, Señora, +respondió Zadig, que era raro sugeto vuestro amante; os aporreaba con +todas sus fuerzas, y me queria dar la muerte, porque me habíais +suplicado que os socorriese. ¡Pluguiera al cielo, repuso la dama en +descompasados gritos, que me estuviera aporreando todavía, que bien me +lo teniamerecido, por haberle dado zelos! ¡Pluguiera al cielo, repito, +que él me aporreara, y que estuvieras tú como él! Mas pasmado y mas +enojado Zadig que nunca en toda, su vida, le dixo: Bien mereciérais, +puesto que sois linda, que os aporreara yo como él hacia, tanta es +vuestra locura; pero no me tomaré ese trabajo. Subió luego en su +camello, y se encaminó al pueblo. Pocos pasos habia andado, quando +volvió la cara al ruido que metian quatro correos de Babilonia, que á +carrera tendida venian. Dixo uno de ellos al ver á la muger: Esta +misma es, que se parece á las señas que nos han dado; y sin curarse +del muerto, echáron mano de la dama. Daba esta gritos á Zadig +diciendo: Socorredme, generoso extrangero; perdonadme si os he +agraviado: socorredme, y soy vuestra hasta el sepulcro. Pero á Zadig +se le habia pasado la manía de pelear otra vez por favorecerla. Para +el tonto, respondió, que se dexare engañar. Ademas estabaherido, iba +perdiendo la sangre, necesitaba de que le diesen socorro; y le +asustaba la vista de los quatro Babilonios despachados, segun toda +apariencia, por el rey Moabdar. Aguijó pues el paso hácia el lugar, no +pudiendo almar porque venian quatro coricos de Babilonia á prender á +esta Egipcia, pero mas pasmado todavía de la condicion de la tal dama. + + + + +CAPITULO X. + +La esclavitud. + + +Entrando en la aldea egipcia, se vió cercado de gente que decia á +gritos: Este es el robador de la hermosa Misuf, y el que acaba de +asesinar á Cletofis. Señores, les respondió, líbreme Dios de robar en +mi vida á vuestra hermosa Misuf, que es antojadiza en demasía; y á ese +Cletofis no le he asesinado, sino que me he defendido de él, porque me +queria matar, por haberle rendidamente suplicado que perdonase á la +hermosa Misuf, á quien daba desaforados golpes. Yo soy extrangero, +vengo á refugiarme en Egipto; y no es presumible que uno que viene á +pedir vuestro amparo, empiece robando á una muger y asesinando á un +hombre. + +Eran en aquel tiempo los Egipcios justos y humanos. Conduxo la gente á +Zadig á la casa de cabildo, donde primero le curáron la herida, y +luego tomáron separadamente declaracion á él y á su criado para +averiguar la verdad, de la qual resultó notorio que no era asesino; +pero habiendo derramado la sangre de un hombre, le condenaba la ley á +ser esclavo. Vendiéronse en beneficio del pueblo los dos camellos, y +se repartió entre los vecinos todo el oro que traía; él mismo fué +puesto á pública subhasta en la plaza del mercado, junto con su +compañero de viage, y se remató la venta en un mercader árabe, llamado +Setoc; pero como el criado era mas apto para la faena que el amo, fué +vendido mucho mas caro, porque no habia comparacion entre uno y otro. +Fué pues esclavo Zadig, y subordinado á su propio criado: atáronlos +juntos con un grillete, y en este estado siguiéron á su casa al +mercader árabe. En el camino consolaba Zadig á su criado exhortándole +á tener paciencia, y haciendo, según acostumbraba, reflexîones sobre +las humanas vicisitudes. Bien veo que la fatalidad de mi estrella se +ha comunicado á la tuya. Hasta ahora todas mis cosas han tomado raro +giro: me han condenado á una multa por haber visto pasar una perra; ha +estado en poco que me empalaran por un grifo; he sido condenado á +muerte por haber compuesto unos versos en alabanza del rey; me he +huido á uña de caballo de la horca, porque gastaba la reyna cintas +amarillas; y ahora soy esclavo contigo, porque un zafio ha aporreado á +su dama. Vamos, no perdamos ánimo, que acaso todo esto tendrá fin: +fuerza es que los mercaderes árabes tengan esclavos; ¿y por qué no lo +he de ser yo lo mismo que otro, siendo hombre lo mismo que otro? No ha +de ser ningun inhumano este mercader; y si quiere sacar fruto de las +faenas de sus esclavos, menester es que los trate bien. Así decia, y +en lo interior de su corazon no pensaba mas que en el destino de la +reyna de Babilonia. + +Dos dias despues se partió el mercader Setoc con sus esclavos y sus +camellos á la Arabia desierta. Residia su tribu en el desierto de +Oreb, y era arduo y largo el camino. Durante la marcha hacia Setoc +mucho mas aprecio del criado que del amo, y le daba mucho mejor trato +porque sabia cargar mas bien los camellos. + +Dos jornadas de Oreb murió un camello, y la carga se repartió sobre +los hombros de los esclavos, cabiéndole su parte á Zadig. Echóse á +reir Setoc, al ver que todos iban encorvados; y se tomó Zadig la +libertad de explicarle la razon, enseñándole las leyes del equilibrio. +Pasmado el mercader le empozó á tratar con mas miramiento; y viendo +Zadig que habia despertado su curiosidad, se la aumentó instruyéndole +de varias cosas que no eran agenas de su comercio; de la gravedad +específica de los metales y otras materias en igual volúmen, de las +propiedades de muchos animales útiles, y de los medios de sacar fruto +de los que no lo eran: por fin, le pareció un sabio, y en adelante le +apreció en mas que á su camarada que tanto habia estimado, le dió buen +trato, y le salió bien la cuenta. + +Así que llegó Setoc á su tribu, reclamó de un hebreo quinientas onzas +de plata que le habia prestado á presencia de dos testigos; pero +habian muerto ámbos, y el hebreo que no podia ser convencido, se +guardaba la plata del mercader, dando gracias á Dios porque le habia +proporcionado modo de engañar á un árabe. Comunicó Setoc el negocio +con Zadig de quien habia hecho su consejero. ¿Qué condicion tiene +vuestro deudor? le dixo Zadig. La condicion de un bribon, replicó +Setoc. Lo que yo pregunto es si es vivo ó flemático, imprudente ó +discreto. De quantos malos pagadores conozco, dixo Setoc, es el mas +vivo. Está bien, repuso Zadig, permitidme que abogue yo en vuestra +demanda ante el juez. Con efecto citó al tribunal al hebreo, y habló +al juez en estos términos: Almohada del trono de equidad, yo soy +venido para reclamar, en nombre de mi amo, quinientas onzas de plata +que prestó á este hombre, y que no le quiere pagar. ¿Teneis testigos? +dixo el juez. No, porque se han muerto; mas queda una ancha piedra +sobre la qual se contó el dinero; y si gusta vuestra grandeza mandar +que vayan á buscar la piedra, espero que ella dará testimonio de la +verdad. Aquí nos quedarémos el hebreo y yo, hasta que llegue la +piedra, que enviaré á buscar á costa de mi amo Setoc. Me place, dixo +el juez; y paso á despachar otros asuntos. + +Al fin de la audiencia dixo á Zadig: ¿Con que no ha llegado esa piedra +todavía? Respondió el hebreo soltando la risa: Aquí se estaria vuestra +grandeza hasta mañana, esperando la piedra, porque está mas de seis +millas de aquí, y son necesarios quince hombres para menearla. Bueno +está, exclamó Zadig, ¿no habia dicho yo que la piedra daria +testimonio? una vez que sabe ese hombre donde está, confiesa que se +contó el dinero sobre ella. Confuso el hebreo se vió precisado á +declarar la verdad, y el juez mandó que le pusiesen atado á la piedra, +sin comer ni beber, hasta que restituyese las quinientas onzas de +plata que pagó al instante; yel esclavo Zadig y la piedra se +grangeáron mucha reputacion en toda la Arabia. + + + + +CAPITULO XI. + +La hoguera. + + +Embelesado Setoc hizo de sti esclavo su mas íntimo amigo, y no podia +vivir sin él, como habia sucedido al rey de Babilonia: fué la fortuna +de Zadig que Setoc no era casado. Descubrió este en su amo excelente +índole, mucha rectitud y una sana razon, y sentia ver que adorase el +exército celestial, quiero decir el sol, la luna y las estrellas, como +era costumbre antigua en la Arabia; y le hablaba á veces de este +culto, aunque con mucha reserva. Un dia por fin le dixo que eran unos +cuerpos como los demas, y no mas acreedores á su veneracion que un +árbol ó un peñasco. Sí tal, replicó Setoc, que son seres eternos que +nos hacen mil bienes, animan la naturaleza, arreglan las estaciones; +aparte de que distan tanto de nosotros que no es posible ménos de +reverenciarlos. Mas provecho sacais, respondió Zadig, de las ondas del +mar Roxo, que conduce vuestros géneros á la India: ¿y por qué no ha de +ser tan antiguo como las estrellas? Si adorais lo que dista de vos, +tambien habeis de adorar la tierra de los Gangaridas, que está al cabo +del mundo. No, decia Setoc; mas el brillo de las estrellas es tanto, +que es menester adorarlas. Aquella noche encendió Zadig muchas hachas +en la tienda donde cenaba con Setoc; y luego que se presentó su amo, +se hincó de rodillas ante los cirios que ardian, diciéndoles: Eternas +y brillantes lumbreras, sedme propicias. Pronunciadas estas palabras, +se sentó á la mesa sin mirar á Setoc. ¿Qué haceis? le dixo este +admirado. Lo que vos, respondió Zadig; adoro esas luces, y no hago +caso de su amo y mio. Setoc entendió lo profundo del apólogo, albergó +en su alma la sabiduria de su esclavo, dexó de tributar homenage á las +criaturas, y adoró el Ser eterno que las ha formado. + +Reynaba entónces en la Arabia un horroroso estilo, cuyo orígen venia +de la Escitia, y establecido luego en las Indias á influxo de los +bracmanes, amenazaba todo el Oriente. Quando moria un casado, y queria +ser santa su cara esposa, se quemaba públicamente sobre el cadáver de +su marido, en una solemne fiesta, que llamaban la hoguera de la +viudez; y la tribu mas estimada era aquella en que mas mugeres se +quemaban. Murió un árabe de la tribu de Setoc, y la viuda, por nombre +Almona, persona muy devota, anunció el dia y la hora que se habia do +tirar al fuego, al son da atambores y trompetas. Representó Zadig á +Setoc quan opuesto era tan horrible estilo al bien del humano linage; +que cada dia dexaban quemar á viudas mozas que podian dar hijos al +estado, ó criar á lo ménos los que tenian; y convino Setoc en que era +preciso hacer quanto para abolir tan inhumano estilo fuese posible. +Pero añadió luego: Mas de mil años ha que estan las mugeres en +posesion de quemarse vivas. ¿Quién se ha de atrever á mudar una lej +consagrada pur el tiempo? ¿ni qué cosa hay mas respetable que un abuso +antiguo? Mas antigua es todavía la razon, replicó Zadig; hablad vos +con los caudillos de las tribus, miéntras yo voy á verme con la viuda +moza. + +Presentóse á ella; y despues de hacerse buen lugar encareciendo su +hermosura, y de haberle dicho quan lastimosa cosa era que tantas +perfecciones fuesen pasto de las llamas, tambien exâltó su constancia +y su esfuerzo. ¿Tanto queríais á vuestro marido? le dixo. ¿Quererle? +no por cierto, respondió la dama árabe: si era un zafio, un zeloso, +hombre inaguantable; pero tongo hecho propósito firme de tirarme á su +hoguera. Sin duda, dixo Zadig, que debe ser un gusto exquisito esto de +quemarse viva. Ha, la naturaleza se estremece, dixo la dama, pero no +tiene remedio. Soy devota, y perderia la reputacion que por tal he +grangeado, y todos se reirian de mí si no me quemara. Habiéndola hecho +confesar Zadig que se quemaba por el que dirán y por mera vanidad, +conversó largo rato con ella, de modo que le inspiró algun apego á la +vida, y cierta buena voluntad á quien con ella razonaba, ¿Qué +hiciérais, le dixo en fin, si no estuviérais poseida de la vanidad de +quemaros? Ha, dixo la dama, creo que os brindaria con mi mano. Lleno +Zadig de la idea de Astarte, no respondió á esta declaracion, pero fué +al punto á ver á los caudillos de las tribus, y les contó lo sucedido, +aconsejándoles que promulgaran una ley por la qual no seria permitido +á ninguna viuda quemarse ántes de haber hablado á solas con un mancebo +por espacio de una hora entera; y desde entónces ninguna dama se quemó +en toda Arabia, debiéndose así á Zadig la obligacion de ver abolido en +solo ua dia estilo tan cruel, que reynaba tantos siglos habia: por +donde merece ser nombrado el bienhechor de la Arabia. + + + + +CAPITULO XII. + +La cena. + + +No pudiendo Setoc apartarse de este hombre en quien residia la +sabiduría, le llevó consigoá la gran feria de Basora, donde se +juntaban los principales traficantes del globo habitable. Zadig se +alegró mucho viendo en un mismo sitio juntos tantos hombres de tan +varios paises, y le pareció que era el universo una vasta familia que +se hallaba reunida en Basora. Comió el segundo dia á la misma mesa con +un Egipcio, un Indio gangarida, un morador del Catay, un Griego, un +Celta, y otra muchedumbre de extrangeros, que en sus viages freqüentes +al seno Arábigo habian aprendido el suficiente árabe para darse á +entender. El Egipcío no cabia en sí de enojo. ¡Qué abominable pais es +Basora! mil onzas de oro no me han querido dar sobre la alhaja mas +preciosa del mundo. ¿Cómo así? dixo Setoc; ¿sobre qué alhaja? Sobre el +cuerpo de mi tia, respondió el Egipcio, la mas honrada muger de +Egipto, que siempre me acompañaba, y se ha muerto en el camino; he +hecho de ella una de las mas hermosas mómias que pueden verse, y en mi +tierra encontraria todo quanto dinero pidiese sobre esta prenda. Buena +cosa es que no me quieran dar siquiera mil onzas de oro, empeñando un +efecto de tanto precio. Lleno de furor todavía iba á comerse la +pechuga de un excelente pollo guisado, quando cogiéndole el Indio de +la mano, le dixo en tono compungido: Ha ¿qué vais á hacer? A comer de +ese pollo, le respondió el hombre de la mómia. No hagáis tal, replicó +el Gangarida, que pudiera ser que hubiese pasado el alma de la difunta +al cuerpo de este pollo, y no os habeis de aventurar á comeros á +vuestra tia. Guisar los pollos es un agravio manifiesto contra la +naturaleza. ¿Qué nos traeis aquí con vuestra naturaleza, y vuestros +pollos? repuso el iracundo Egipcio: nosotros adoramos un buey, y +comemos vaca. ¡Un buey adorais! ¿es posible? dixo el hombre del +Ganges. ¿Y cómo si es posible? continuó el otro: ciento treinta y +cinco mil años ha que así lo hacemos, y nadie entre nosotros lo lleva +á mal. Ha, en eso de ciento treinta y cinco mil, dixo el Indio, hay su +poco de ponderacion, porque no ha mas de ochenta mil que está poblada +la India, y nosotros somos los mas antiguos; y Brama nos habia +prohibido que nos comiéramos á los bueyes, ántes que vosotros los +pusiérais en los altares y en las parrillas. Valiente animal es +vuestro Brama comparado con Apis, dixo el Egipcio; ¿qué cosas tan +portentosas ha hecho ese Brama? El bracman le replicó: ha enseñado á +los hombres á leer y escribir, y la tierra le debe el juego de +axedrez. Estais equivocado, dixo un Caldeo que á su lado estaba; el +pez Oanes es el autor de tan señalados beneficios, y á él solo se le +debe de justicia tributar homenage. Todo el mundo sabe que era un ser +divino, que tenia la cola de oro, y una cabeza humana muy hermosa, y +salia del mar para predicar en la tierra tres horas al dia. Tuvo +muchos hijos, que todos fuéron reyes, como es notorio. En mi casa +tengo su imágen, y la adoro como es debido. Lícito es comer vaca hasta +no querer mas, pero es accion impía sobre manera guisar pescado. +Dexando esto aparte, ámbos sois de orígen muy bastarda y reciente, y +no podeis disputar conmigo. La nacion egipcia no pasa de ciento +treinta y cinco mil años, y los Indios no se dan arriba de ochenta +mil, miéntras que conservamos nosotros calendarios de quatro mil +siglos. Creedme, y dexaos de desatinos, y os daré á cada uno una +efigia muy hermosa de Oanes. Tomando entónces la palabra el hombre de +Cambalu, dixo: Mucho respeto á los Egipcios, á los Caldeos, á los +Griegos, á los Celtas, á Brama, al buey Apis, y al hermoso pez Oanes; +pero el Li ó el Tien, como le quieran llamar [P. D.: Voces chinas, +que quieren decir Li, la luz natural, la razon; y Tien, el cielo; y +tambien significan á Dios.], no valen ménos acaso que los bueyes y los +peces. No mentaré mi pais, que es tamaño como el Egipto, la Caldea y +las Indias juntas, ni disputare acerca de su antigüedad, porque lo que +importa es ser feliz, y sirve de poco ser antiguo; pero si se trata de +almanaques, diré que en toda el Asia corren los nuestros, y que los +poseíamos aventajados, ántes que supieran los Caldeos la arismética. + +Todos sois unos ignorantes, todos sin excepcion, exclamó el Griego. +¿Pues qué, no sabeis que el padre de todo es el caos, y que el estado +en que vemos el mundo es obra de la forma y la materia? Habló el tal +Griego largo rato, hasta que le interrumpió el Celta, el qual habia +bebido miéntras que altercaban los demas, y que creyéndose entónces +mas instruido que todos, dixo echando por vidas, que solo Teutates y +las agallas de roble merecian mentarse; que él llevaba siempre agallas +en el bolsillo; que sus ascendientes los Escitas eran los únicos +sugetos honrados que habia habido en el universo, puesto que de verdad +comian á veces carne humana, pero que eso no quitaba que fuesen una +nacion muy respetable; por fin, que si alguien decia mal de Teutates, +él le enseñaria á no ser mal hablado. Encendióse entónces la +contienda, y vió Setoc la hora en que se iba á ensangrentar la mesa. +Zadig, que no habia desplegado los labios durante la altercacion, se +levantó, y dirigiéndose primero al Celta, que era el mas furioso, le +dixo que tenia mucha razon, y le pidió agallas; alabó luego la +eloqüencia del Griego, y calmó todos los ánimos irritados. Poco dixo +al del Catay, que habia hablado con mas juicio que los demas; y al +cabo se explicó así: Amigos mios, íbais á enojaros sin motivo, porque +todos sois del mismo dictámen. Todos se alborotáron al oir tal. ¿No es +verdad, dixo al Celta, que no adoráis esta agalla, mas sí al que crió +el roble y las agallas? Así es la verdad, respondió el Celta. Y vos, +Señor Egipcio, de presumir es que en un buey tributais homenage al que +os ha dado los bueyes. Eso es, dixo el Egipcio. El pez Oanes, +continuó, le debe ceder á aquel que formó la mar y los peces. Estamos +conformes, dixo el Caldeo. El Indio y el Catayés reconocen igualmente +que vosotros, añadió, un principio primitivo. No he entendido muy bien +las maravillosas lindezas que ha dicho el Griego, pero estoy cierto de +que tambien admite un ser superior del qual depende la forma y la +materia. El Griego, que se vía celebrado, dixo que Zadig habia +comprendido perfectamente su idea. Con que todos estais conformes, +repuso Zadig, y no hay motivo de contienda. Abrazóle todo el mundo; y +Setoc, despues de haber vendido muy caros sus géneros, se volvió con +su amigo Zadig á su tribu. Así que llegó, supo Zadig que se le habia +formado causa en su ausencia, y que le iban á quemar vivo. + + + + +CAPITULO XIII. + +Las citas. + + +Miéntras este viage á Basora, concertáron los sacerdotes de las +estrellas el castigo de Zadig. Pertenecíanles por derecho divino las +piedras preciosas y demas joyas de las viudas mozas que morian en la +hoguera; y lo ménos que podian hacer con Zadig era quemarle por el +flaco servicio que les habia hecho. Acusáronle por tanto de que +llevaba opiniones erróneas acerca del exército celestial, y declaráron +con juramento solemne que le habian oido decir que las estrellas no se +ponian en la mar. Estremeciéronse los jueces de tan horrenda +blasfemia; poco faltó para que rasgaran sus vestiduras al oir palabras +tan impías, y las hubieran rasgado sin duda, si hubiera tenido Zadig +con que pagarlas; mas se moderáron en la violencia de su dolor, y se +ciñéron á condenar al reo á ser quemado vivo. Desesperado Setoc usó +todo su crédito para librar á su amigo, pero en breve le impusiéron +silencio. Almona, la viuda moza que habia cobrado mucha aficion á la +vida, y se la debia á Zadig, se resolvió á sacarle de la hoguera, que +como tan abusiva se la habia él presentado; y formando su plan en su +cabeza, no dió parte de él á nadie. Al otro dia iba á ser ajusticiado +Zadig: solamente aquella noche le quedaba para libertarle, y la +aprovechó como muger caritativa y discreta. + +Sahumóse, atildóse, aumentó el lucimiento de su hermosura con el mas +bizarro y pomposo trage, y pidió audiencia secreta al sumo sacerdote +de las estrellas. Así que se halló en presencia de este venerable +anciano, le habló de esta manera: Hijo primogénito de la Osa mayor, +hermano del toro, primo del can celeste (que tales eran los dictados +de este pontífice), os vengo á fiar mis escrúpulos. Mucho temo haber +cometido un gravísimo pecado no quemándome en la hoguera de mi amado +marido. Y en efecto, ¿qué es lo que he conservado? una carne +perecedera, y ya marchita. Al decir esto, sacó de unos luengos mitones +de seda unos brazos de maravillosa forma, y de la blancura del mas +puro alabastro. Ya veis, dixo, quan poco vale todo esto. Al pontífice +se le figuró que esto valia mucho: aseguráronlo sus ojos, y lo +confirmó su lengua, haciendo mil juramentos de que no habia en toda su +vida visto tan hermosos brazos. ¡Ay! dixo la viuda, acaso los brazos +no son tan malos; pero confesad que el pecho no merece ser mirado. +Diciendo esto, desabrochó el mas lindo seno que pudo formar +naturaleza; un capullo de rosa sobre una bola de marfil parecia junto +á él un poco de rubia que colora un palo de box, y la lana de los +albos corderos que salen de la alberca era amarilla á su lado. Este +pecho, dos ojos negros rasgados que suaves y muelles de amoroso fuego +brillaban, las mexillas animadas en púrpura con la mas cándida leche +mezclada, una nariz que no se semejaba á la torre del monte Libano, +sus labios que así se parecian como dos hilos de coral que las mas +bellas perlas de la mar de Arabia ensartaban; todo este conjunto en +fin persuadió al viejo á que se habia vuelto á sus veinte años. +Tartamudo declaró su amor; y viéndole Almona inflamado, le pidió el +perdon de Zadig. ¡Ay! respondió él, hermosa dama, con toda mi ánima se +le concediera, mas para nada valdria mi indulgencia, porque es +menester que firmen otros tres de mis colegas. Firmad vos una por una, +dixo Almona, Con mucho gusto, respondió el sacerdote, con la condicion +de que sean vuestros favores premio de mi condescendencia. Mucho me +honrais, replicó Almona; pero tomaos el trabajo de venir á mi quarto +despues de puesto el sol, quando raye sobre el horizonte la luciente +estrella de Scheat; en un sofá color de rosa me hallaréis, y haréis +con vuestra sierva lo que fuere de vuestro agrado. Salió sin tardanza +con la firma, dexando al viejo no ménos que enamorado desronfiándose +de sus fuerzas; el qual lo restante del dia lo gastó en bañarse, y +bebió un licor compuesto con canela de Ceylan y con preciosas especias +de Tidor y Tornate, aguardando con ansia que saliese la estrella de +Scheat. + +En tanto la hermosa Almona fué á ver al segundo pontífice, que le dixo +que comparados con sos ojos eran fuegos fatuos el sol, la luna, y +todos los astros del firmamento. Solicitó ella la misma gracia, y él +le propuso el mismo premio. Dexóse vencer Almona, y citó al segundo +pontífice para quando nace la estrella Algenib. Fué de allí á casa del +tercero y quarto sacerdote, llevándose de cada uno su firma, y +citándolos de estrella á estrella. Avisó entónces á los jueces que +vinieran á su casa para un asunto de la mayor gravedad. Fuéron en +efecto, y ella les enseñó las quatro firmas, y les dió parte del +precio á que habian vendido los sacerdotes el perdon de Zadig. Llegó +cada uno á la hora señalada, y quedó pasmado de encontrarse con sus +colegas, y todavía mas con los jueces que fuéron testigos de su +ignominia. Fué puesto en libertad Zadig, y Setoc tan prendado de la +maña de Almona, que la tomó por su muger propia. + + + + +CAPITULO XIV. + +El bayle. + + +Tenia que ir Setoc para negocios de su tráfico á la isla de Serendib; +pero el primer mes de casados, que, como ya llevamos dicho, es la luna +de miel, no le dexó ni separarse de su muger, ni aun presumir que +podria separarse un dia de ella. Rogó por tanto á su amigo Zadig que +hiciera por el este viage. ¡Ay! decia Zadig: ¿con que aun he de poner +mas tierra entre la hermosa Astarte y yo? Pero es fuerza que sirva á +mis bienhechores. Así dixo, lloró, y se partió. + +A poco tiempo de haber aportado á la isla de Serendib, era tenido por +hombre muy superior. Escogiéronle los negociantes por su árbitro, los +sabios por su amigo, y el corto número de aquellos que piden consejo +por su consejero. Quiso el rey verle y oirle, y conoció en breve +quanto valia Zadig; se fió de su discrecion, y le hizo amigo suyo. +Temblaba Zadig de la llaneza y la estimacion con que le trataba el +rey, pensando de noche y de dia en las desventuras que le habia +acarreado la amistad de Moabdar. El rey me quiere, decia; ¿seré un +hombre perdido? Con todo no se podia zafar de los halagos de su +magestad, porque debemos confesar que era uno de los mas cumplidos +príncipes del Asia Nabuzan, rey de Serendib, hijo de Nuzanah, hijo de +Nabuzan, hijo de Sambusna; y era difícil que á quien le trataba, de +cerca no le prendase. + +Sin cesar elogiaban, engañaban y robaban á este buen príncipe; y cada +qual metia la mano como á porfía en el erario. El principal ministro +de hacienda de la isla de Serendib daba este precioso exemplo, y todos +los subalternos le imitaban con fervor. El rey, que lo sabia, habia +mudado varias veces de ministro, pero nunca habia podido mudar el +estilo admitido de dividir las rentas reales en dos partes desiguales; +la mas pequeña para su magestad, y la mayor para sus administradores. + +Fió el buen rey Nabuzan su cuita del sabio Zadig. Vos que tantas cosas +sabeis, le dixo, ¿no sabríais modo para que tope yo con un tesorero +que no me robe? Sí por cierto, respondió Zadig; un modo infalible sé +de buscaros uno que tenga las manos limpias. Contentísimo el rey le +preguntó, dándole un abrazo, como haria. No hay mas, replicó Zadig, +que hacer baylar á quantos pretenden la dignidad de tesorero; y el que +con mas ligereza baylare, será infaliblemente el mas hombre de bien. +Os estais burlando, dixo el rey: ¡donoso modo por cierto de elegir un +ministro de hacienda! ¿Con que el que mas listo fuere para dar +cabriolas en el ayre ha de ser el mas integro y mas hábil +administrador? No digo yo que haya de ser el mas hábil, replicó Zadig, +pero lo que sí aseguro es que indubitablemente ha de ser el mas +honrado. Tanta era la confianza con que lo decia Zadig, que se +persuadió el rey á que poseía algun secreto sobrenatural para conocer +á los administradores. Yo no gusto de cosas sobrenaturales, dixo +Zadig, ni he podido nunca llevar en paciencia ni los hombres que hacen +milagros, ni los libros que los mentan: y si quiere vuestra magestad +permitir que haga la prueba, quedará convencido de que mi secreto es +tan fácil como sencillo. Mas se pasmó Nabuzan, rey de Serendib, al oir +que era sencillo el secreto, que si le hubiera dicho que era +milagroso. Está bien, le dixo, haced lo que os parezca. Dexadlo estar, +que ganaréis con esta prueba mas de lo que pensais. Aquel mismo dia +mandó pregonar en nombre del rey, que todos quantos aspiraban al +empleo de principal ministro de las rentas de su sacra magestad +Nabuzan, hijo de Nuzanab, viniesen con vestidos ligeros de seda á la +antecámara del rey, el primer dia de la luna del crocodílo. Acudiéron +en número de sesenta y quatro. Estaban los músicos en una sala +inmediata, y dispuesto todo para un bayle; pero estaba cerrada la +puerta de la sala, y para entrar en ella habia que atravesar una +galería bastante obscura. Vino un uxier á conducir uno tras de otro á +cada candidato por este pasadizo, donde le dexaba solo algunos +minutos. El rey que estaba avisado, habia hecho poner todos sus +tesoros en la galería. Quando llegáron los pretendientes á la sala, +mandó su magestad que baylaran, y nunca se habian visto baylarines mas +topos ni con ménos desenvoltura; todos andaban la cabeza baxa, las +espaldas corvas, y las manos pegadas al cuerpo. ¡Qué bribones! decia +en voz baxa Zadig. Uno solo hacia con agilidad las mudanzas, levantada +la cabeza, sereno el mirar, derecho el cuerpo, y firmes las rodillas. +¡Qué hombre tan de bien, qué honrado sugeto! dixo Zadig. Dió el rey un +abrazo á este buen baylarin, y le nombró su tesorero: todos los demas +fuéron justamente castigados y multados, porque miéntras que habian +estado en la galería, habia llenado cada uno sus bolsillos, y apénas +podia dar paso. Compadecióse el rey de la humana naturaleza, +contemplando que de sesenta y quatro baylarines los sesenta y tres +eran ladrones rateros, y se dió á la galería obscura el título de +corredor de la tentacion. En Persia hubieran empalado á los sesenta y +tres magnates; en otros paises, hubieran nombrado un juzgado, que +hubiera consumido en costas el triplo del dinero robado, y no hubiera +puesto un maravedí en las arcas reales; en otros, se hubieran +justificado plenamente, y hubiera caido de la gracia el ágil baylirin: +en Serendib fuéron condenados á aumentar el fisco, porque era Nabuzan +muy elemente. + +No era ménos agradecido, y dió á Zadig una suma mas quantiosa que +nunra habia robado tesorero ninguno al rey su amo. Valióse de este +dinero Zadig para enviar á Babilonia expresos que le informaran de la +suerte de Astarte. Al dar esta órden le tembló la voz, se le agolpó la +sangre hácia el corazon, se cubriéron de un tenebroso velo sus ojos, y +se paró á punto de muerte. Partióse el correo, vióle embarcar Zadig, y +se volvió á palacio, donde sin ver á nadie, y creyendo que estaba en +su aposento, pronunció el nombre de amor. Si, el amor, dixo el rey; de +eso justamente se trata, y habeis adivinado la causa de mi pena. ¡Qué +grande hombre sois! Espero que me enseñeis á conocer una muger firme, +como me habeis hecho hallar un tesorero desinteresado. Volviendo en sí +Zadig le prometió servirle en su amor como habia hecho en real +hacienda, aunque parecia la empresa mas ardua todavía. + + + + +CAPITULO XV. + +Los ojos azules. + + +Mi cuerpo y mi corazon, dixo el rey á Zadig... Oyendo estas palabras +no pudo ménos el Babilonio de interrumpir á su magestad, y de decirle: +¡Ouanto celebro que no hayáis dicho mi alma y mi corazon, porque no +oimos mas voces que estas en las conversaciones de Babilonia, ni +leemos libros que no traten del corazon y el alma, escritos por +autores que ni uno ni otra tienen; pero perdonadme, Señor, y +proseguid. Nabuzan continuó: Mi cuerpo y mi corazon son propensos al +amor; á la primera de estas dos potencias le sobran satisfacciones, +que tengo cien mugeres á mi disposicion, hermosas todas, +complacientes, obsequiosas, y voluptuosas, ó fingiendo que lo son +conmigo. No es empero mi corazon tan afortunado, porque tengo sobrada +experiencia de que el halagado es el rey de Serendib, y que hacen +poquisimo aprecio de Nabuzan. No por eso digo que sean infieles mis +mugeres, puesto que quisiera encontrar una que me quisiera por mí +propio, y diera por ella las cien beldades que poseo. Decidme si en +mis cien sultanas hay una que de veras me quiera. + +Respondióle Zadig lo mismo que acerca del ministro de hacienda. Señor, +dexadlo á mi cargo; pero permitidme primero que disponga de todas las +riquezas que se expusiéron en la galería de la tentacion, y no dudeis +de que os daré buena cuenta de ellas, y no perderéis un ardite. Dióle +el rey amplías facultades, y escogió Zadig treinta y tres jorobados de +los mas feos de Serendib, treinta y tres pages de los mas lindos, y +treinta y tres de los mas eloqüentes y forzudos bonzos. Dexóles á +todos facultad de introducirse en los retretes de las sultanas; dió á +cada jorobado quatro mil monedas de oro que regalar, y el primer dia +fuéron todos felices. Los pages que no tenian otra dádiva que hacer +que la de su persona, tardáron dos ó tres dias en conseguir lo que +solicitaban; y tuviéron mas dificultad en salir non la suya los +bonzos; pero al cabo se les rindiéron treinta y tres devotas. +Presenció el rey todas estas pruebas por unas celosías que daban en +los aposentos de las sultanas, y se quedó atónito, que de sus cien +mugeres las noventa y nueve se rindiéron á su presencia. Quedaba una +muy jóven y muy novicia, á la qual nunca habia tocado su magestad: +arrimáronse á ella uno, dos y tres jorobados, ofrecréndole hasta +veinte mil monedas; pero se mantuvo incorruptible, riéndose de la idea +de los jorobados que creían que su dinero los hacia mas bonitos. +Presentáronse los dos mas lindos pages, y les dixo que le parecia el +rey mas lindo. Acometióla luego el bonzo mas eloqüente, y despues el +mas intrépido: al primero le trató de parlanchin, y no pudo entender +qual fuese el mérito del segundo. Todo se cifra en el corazon, dixo: +yo no he de ceder ni al oro de un jorobado, ni á la hermosura de un +page, ni á las artes de un bonzo; ni he de querer á nadie mas que á +Nabuzan; hijo de Nuzanab, esperando á que él me corresponda. Quedó el +rey embargado en júbilo, cariño y admiracion. Volvió á tomar todo el +dinero con que habian comprado los jorobados su buena ventura, y se le +regaló á la hermosa Falida, que así se llamaba esta beldad. Dióle con +él su corazon, que merecia de sobra, porque nunca se vió juventud mas +brillante y mas florida que la suya, nunca hermosura que mas digna de +prendar fuese. Verdad es que no calla la historia que hacia mal una +cortesía; pero confiesa que baylaba como las hadas, cantaba como las +sirenas, y hablaba como las Gracias, y estaba colmada de habilidades y +virtud. + +Adorábala el amado Nabuzan; pero tenia Falida ojos azules, lo qual +causó las mas funestas desgracias. Estaba prohibido por una antigua +ley de Serendib, que se enamoraran de una de las mugeres que llamáron +luego los Griegos BOOPES; y hacia mas de cinco mil años que habia +promulgado esta ley el sumo bonzo, por apropiarse para sí la dama del +primer rey de la isla de Serendib; de suerte que el anatema de los +ojos azules se habia hecho ley fundamental del estado. Todas las +clases del estado hiciéron enérgicas representaciones á Nabuzan; y +públicamente se decia que era llegada la fatal catástrofe del reyno, +que estaba colmada la medida de la abominacion, que un siniestro +suceso amenazaba la naturaleza; en una palabra, que Nabuzan, hijo de +Nuzanab, estaba enamorado de dos ojos azules rasgados. Los jorobados, +los bonzos, los asentistas, y las ojinegras inficionáron de mal- +contentos el reyno entero. + +El descontento universal animó á los pueblos salvages que viven al +norte de Serendib á invadir los estados del buen Nabuzan. Pidió +subsidios á sus vasallos, y los bonzos que eran dueños de la mìtad de +las rentas del estado, se contentáron con levantar las manos al cielo, +y se negáron á llevar su dinero al erario para sacar de ahogo al rey. +Cantáron lindas oraciones en música, y dexáron que los bárbaros +asolaran el estado. + +Querido Zadig, ¿me sacarás de este horrible apuro? le dixo en +lastimoso tono Nabuzan. Con mucho gusto, respondió Zadig; los bonzos +os darán quanto dinero querais. Abandonad las tierras donde tienen +levantados sus palacios, y no defendais mas que las vuestras. Hízolo +así Nabuzan; y quando viniéron los bonzos á echarse á sus plantas, +implorando su asistencia, les respondió el rey con una soberbia música +cuya letra eran oraciones al cielo, rogando por la conservacion de sus +tierras. Entónces los bonzos diéron dinero, y se concluyó con +felicidad la guerra. De esta suerte por sus prudentes y dichosos +consejos, y por los mas señalados servicios, se habia acarreado Zadig +la irreconciliable enemiga de los mas poderosos del estado: juráron su +pérdida los bonzos y las oji-negras, desacreditáronle jorobados y +asentistas, y le hiciéron sospechoso al buen Nabuzan. Los servicios +que el hombre hace se quedan en la antesala, y las sospechas penetran +al gabinete, segun dice Zoroastro. Todos los dias eran acusaciones +nuevas; la primera se repele, la segunda hace mella, la tercera hiere, +y la quarta mata. + +Asustado Zadig, que habia puesto en auge los asuntos de su amigo, y +enviádole su dinero, no pensó mas que en partirse de la isla, y en ir +á saber en persona noticias de Astarte; porque si permanezco en +Serendib, decia, me harán empalar los bonzos. ¿Pero adonde iré? en +Egipto seré esclavo, en Arabia segun las apariencias quemado, y +ahorcado en Babilonia. Con todo menester es saber qué ha sido de +Astarte: partámonos, y apuremos lo que me destina mi suerte fatal. + + + + +CAPITULO XVI. + +El bandolero. + + +Al llegar á las fronteras que separan la Arabia petrea de la Syria, y +al pasar por junto á un fuerte castillo, saliéron de él unos Arabes +armados. Vióse rodeado de hombres que le gritaban: Ríndete; todo +quanto traes es nuestro, y tu persona pertenece á nuestro amo. En +respuesta sacó Zadig la espada; lo mismo hizo su criado que era +valiente, y dexáron sin vida á los primeros Arabes que los habian +embestido: dobló el número de enemigos, mas ellos no se desalentáron, +y se resolviéron á morir en la pelea. Víanse dos hombres que se +defendian contra una muchedumbre; tan desigual contienda poco podia +durar. Viendo desde una ventana el dueño del castillo, que se llamaba +Arbogad, los portentos de valor que hacia Zadig, le cobró estimacion. +Baxó por tanto, y vino en persona á contener á los sujos, y librar á +los dos caminantes. Quanto por mis tierras pasa es mio, dixo, no ménos +que lo que en tierras agenas encuentro; pero me pareceis tan valeroso, +que os exîmo de la comun ley. Hízole entrar en el castillo, mandando á +su tropa que le tratase bien; y aquella noche quiso cenar con Zadig. + +Era el amo de este castillo uno de aquellos Arabes que llaman +ladrones, el qual entre mil atrocidades solia hacer alguna accion +buena; robaba con una furiosa rapacidad, y daba con prodigalidad: +intrépido en una accion, de buen genio en el trato de la vida, bebedor +en la mesa, de buen humor quando habia bebido, y sobretodo sin solapa +ninguna. Gustóle mucho Zadig, y con la conversacion que se animó duró +mucho el banquete. Díxole en fin Arbogad: Aconsejoos que tomeis +partido conmigo, no podeis hacer cosa mejor; no es tan malo el oficio, +y un dia podeis llegar á ser lo que yo soy. ¿Se puede saber, respondió +Zádig, desde quando exercitais tan hidalga profesion? Desde niño, +replicó el señor. Era criado de un Arabe muy hábil, y no podia +acostumbrarme á mi estado, desesperado de ver que perteneciendo +igualmente la tierra á todos, no me hubiera cabido á mí la porcion +correspondiente. Fiéle mi pena á un Arabe viejo, el qual me dixo: Hijo +mio, no te desesperes; sábete que en tiempos antiguos habia un grano +de arena que se dolia de ser un átomo desconocido en un desierto; +andando años, se convirtió en diamante, y es hoy el mas precioso joyel +de la corona del rey de las Indias. Dióme tanto golpe esta respuesta, +que siendo grano de arena me determiné á volverme diamante. Robé +primero dos caballos, me junté con otros compañeros, púseme en breve +en estado de robar caravanas poco crecidas; y así fué disminuyéndose +la desproporcion que de mi á los demás habia. Participé de los bienes +de este mundo, v me resarcí con usura: tuviéronme en mucho, llegué á +ser señor bandolero, y gané este castillo tomándole por fuerza. Quiso +quitármele el sátrapa de Syria, pero era ya tan rico que nada tenia +que temer: dí dinero al sátrapa, y conservé así el castillo, y agrandé +mis tierras, añadiendo á ellas el cargo que me confirió el sátrapa de +tesorero de los tributos que pagaba la Arabia petrea al rey de reyes. +Yo hice las cobranzas, y me exîmé de hacer pagos. + +Envió aquí el gran Desterham de Babilonia, en nombre del rey Moabdar, +á un satrapilla para mandarme ahorcar. Quando él llegó con la órden, +estaba yo informado de todo; hice ahorcar en su presencia las quatro +personas que traía consigo para apretarme el lazo al cuello, y le +pregunté luego quanto le podia valer la comision de ahorcarme. +Respondióme que podria su gratificacion subir á trecientas monedas de +oro, y yo le hice ver con evidencia que ganaria mas conmigo: le creé +bandolero inferior, y hoy es uno de los mejores y mas ricos oficiales +que tengo; y si me quereis creer, haréis vos lo mismo. Nunca ha +corrido tiempo mejor para robar, desde que ha sido muerto Moabdar, y +que anda en Babilonia todo alborotado. ¡Moabdar ha sido muerto! dixo +Zadig: ¿y que se ha hecho la reyna Astarte? Yo no lo sé, replicó +Arbogad; lo que sí sé, es que Moabdar se volvió loco, que fué muerto, +que Babilonia esta hecha una cueva de ladrones, todo el imperio en la +desolacion, que se pueden dar buenos golpes, y que yo por mi parte he +dado algunos ballantes. Pero la reyna, dixo Zadig, ¿por vida vuestra +nada sabeis de la suerte de la reyna? De un príncipe de Hircania me +han hablado, replicó; es de presumir que sea una de sus concubinas, á +ménos que en el alboroto la hayan muerto; pero á mí lo que me importa +es avenguar donde hay que robar, y no noticias. Muchas mugeres he +cogido en mis correrías, pero á ninguna conservo; quando son bonitas, +las vendo caras, sin informarme de lo que son, porque nadie compra la +dignidad, y para una reyna fea no se encuentra despacho. Posible es +que haya yo vendido á la reyna Astarte, y posible es que haya muerto; +poco me importa, y me parece que tampoco debe de importaros mucho á +vos. Diciendo esto bebia con tanto aliento, y de tal manera confundia +las ideas todas, que no pudo Zadig sacar de él cosa ninguna mas. + +Estaba confuso, pensativo y sin movimiento, miéntras que bebia Arbogad +y contaba mil historietas, repitiendo sin cesar que era el mas +venturoso de los hombres, y exhortando á Zadig á que fuera tan dichoso +como él era. Finalmente embargados los sentidos con los vapores del +vino, se fué á dormir un sosegado sueño. Zadig pasó aquella noche en +la mas violenta zozobra. ¡Con que se ha vuelto loco el rey, y ha sido +muerto! decia; no puedo ménos de compadecerle. ¡Está despedazado el +imperio, y este bandolero es feliz! ¡O fortuna, o destino! ¡un +bandolero feliz, y la mas amable produccion de la naturaleza ha muerto +acaso de un modo horrible, ó vive en peor condicion que la misma +muerte! ¡O Astarte! ¿qué te has hecho? + +Desde que amaneció el dia, hizo preguntas á todos quantos habia en el +castillo, pero estaban todos ocupados, y nadie le respondió: aquella +noche habian hecho nuevas conquistas, y se estaban repartiendo los +despojos. Quanto en esta tumultuaria confusion pudo conseguir, fué +licencia para irse, que aprovechó sin tardanza, mas sumido que nunca +en sus tristes pensamientos. + +Caminaba Zadig inquieto y agitado, preocupado su ánimo con la +malhadada Astarte, con el rey de Babilonia, can su fiel Cador, con el +dichoso bandolero Arbogad, con aquella tan antojadiza muger que babian +robado unos Babilonios en la frontera de Egipto, finalmente con todos +los contratiempos y azares que habia sufrido. + + + + +CAPITULO XVII. + +El pescador. + + +A pocas leguas del castillo de Arbogad, se encontró á orillas de un +ríachuelo, lamentando siempre su suerte, y mirándose como el epilogo +de las desdichas humanas. Vió un pescador acostado á la orilla, que +con desmayada mano retenia apénas sus redes que iba á dexar escapar, y +alzaba los ojos al cielo. + +Por cierto que yo soy el mas desdichado de todos los hombres, decia el +pescador. Por confesion de todo el mundo he sido el mas célebre +mercader de requesones de toda Babilonia, y lo he perdido todo. Tenia +la muger mas linda que pueda poseer hombre, y me ha engañado. Me +quedaba una mala casuca, y la he visto talar y derribar, Refugiado á +una cabaña, sin mas recurso que la pesca, no saco ni un pescado. No +quiero tirarte al agua, red mia, yo soy quien me he de tirar. Diciendo +estas palabras se levantó en postura de un hombre resuelto á dar fin á +su vida en el rio. + +¡Así, dixo Zadig para sí, hay otros hombres tan desdichados como yo! +Tan pronto como esta idea fué la de acudir á librar de la muerte al +pescador. Corre á él, le detiene, y le hace preguntas en ademan +enternecido y consolador. Dicen que es uno ménos desdichado quando no +es él solo; pero segun Zoroastro no es por malicia, que es por +necesidad, porque se siente uno entónces atraído por otro desventurado +como por un semejante suyo. La alegría de un dichoso fuera insulto; y +son dos desventurados como dos flacos arbolillos que, apoyándose uno +en otro, contra la borrasca se fortalecen. + +¿Porqué os rendis á vuestra desgracia? dixo Zadig al pescador. Porque +no veo remedio á ella, le respondió. He sido el vecino mas pudiente de +la aldea de Derlback, cerca de Babilonia, y con ayuda de mi muger +hacia los mejores requesones del imperio, que gustaban infinito á la +reyna Astarte y al célebre ministro Zadig. Habla suministrado para +entrámbas casas seiscientos requesones: fuí un dia á Babilonia á que +me pagaran, y supe que aquella misma noche se habian desaparecido +Zadig y la reyna. Fuí corriendo á casa del señor Zadig, á quien nunca +habia visto, y encontré á los alguaciles del gran Desterham, que con +un papel del rey en la mano robaban con mucho órden y sosiego toda la +casa. Púseme en volandas en la cocina de la reyna; algunos de los +gentiles-hombres de beca me dixéron que habia muerto, otros que estaba +presa, y otros afirmáron que se habia escapado; pero todos estaviéron +contestes en que no se me pagarian mis requesones. Fuíme con mi muger +á casa del señor Orcan, que era uno de mis parroquianos; le pedímos su +amparo en nuestra cuita, y se le otorgó á mi muger, y á mí no. Era mi +muger mas blanca que los requesones que fuéron el orígen de mi +desventura, y no brilla mas la púrpura de Tyro que el color que su +blancura animaba: por eso se la guardó Orcan, y me echó de su casa. +Escribí á mi esposa desesperado una carta, y respondió al portador: +Sí, ya, ya sé quien me escribe, ya me han hablado de él; dicen que +hace requesones excelentes: que me trayga, y que se los paguen. + +Quise acudir á la justicia en mi desdicha. Quedábanme seis onzas de +oro: fué menester dar dos al jurisperito que consulté, otras dos al +procurador que se encargó de mi asunto, y dos al escribiente del +primer juez. Hecho esto, aun no se habia empezado mi pleyto, y ya +llevaba mas dinero gastado que lo que mis requesones y mi muger de +añadidura valian. Volvíme al pueblo con ánimo de vender mi casa por +recobrar á mi muger. Valia esta unas sesenta onzas de oro; pero me +vían pobre, y con premura de vender. El primero á quien me dirigí me +ofreció treinta, el segundo veinte, y el tercero diez; y la iba á dar +por este precio, segun estaba ciego. Vino á la sazon á Babilonia un +príncipe de Hircania, asolando todo el pais por donde pasaba, el qual +saqueó mi casa, y despues le puso fuego. Habiendo perdido de esta +manera dinero, muger y casa, me retiré al pais donde me veis, +procurando ganar mi vida con la pesca. Los peces hacen burla de mí lo +mismo que los hombres: no saco ningunos, y me muero de hambre; y sin +vos, consolador augusto, iba á tirarme al rio. + +No contó su historia el pescador sin hacer muchas pausas, y á cada una +le decia Zadig, arrebatado y fuera de sí: ¿Con que nada sabeis de la +suerte de la reyna? No, señor, respondia el pescador; lo que sé, es +que ni la reyna ni Zadig me han pagado mis requesones, que me han +robado á mi muger, y que estoy desesperado. Yo espero, dixo Zadig, que +no habeis de perder todo vuestro dinero. He oido hablar de ese Zadig, +como de un hombre honrado; y si vuelve á Babilonia, mas de lo que os +debe os dará; mas por lo que hace á vuestra muger, que no es tan +honrada, aconsejoos que no hagais diligencias por volver con ella. +Tomad mi consejo, id á Babilonia, adonde ántes que vos llegaré yo, +porque vais á pié y yo voy á caballo; veos con el ilustre Cador, +decidle que habeis encontrado á su amigo, y esperadme en su casa: id +en paz, que acaso no seréis siempre desdichado. + +Poderoso Orosmades, siguió, de mí os habeis valido para consolar á +este hombre: ¿de quién os valdréis para darme á mí consuelo? Así decia +dando al pescador la mitad de todo el dinero que traía de Arabia; y el +pescador atónito y confuso besaba las plantas del amigo de Cador, y le +apellidaba su ángel tutelar. + +Zadig no cesaba de preguntarle noticias, y de verter llanto. ¿Cómo, +señor, exclamó el pescador, tambien sois desdichado siendo benéfico? +Cien veces mas infeliz que tú, respondió Zadig. ¿Cómo puede ser, decia +el buen hombre, que sea el que da mas digno de lástima que el que +recibe? Porque tu mayor desgracia, replicó Zadig, era la necesidad, y +la mia pende del coraron. ¿Os ha robado Orcan á vuestra muger? dixo el +pescador. Esta pregunta traxo á la memoria á Zadig todas sus +aventuras, y le hizo repasar la lista de todos sus infortunios, +empezando por la perra de la reyna hasta su arribo á casa del +bandolero Arbogad. Ha, dixo al pescador, Orcan es digno de castigo; +pero por lo comun esos son los hombres que estan en privanza del +destino. Sea como fuere, vete á casa del señor Cador, y espérame. +Separáronse con esto: el pescador se fúe dando gracias á su estrella, +y Zadig maldiciendo sin cesar la suya. + + + + +CAPITULO XVIII. + +El basilisco. + + +Llegó Zadig á un hermoso prado, donde vió una muchedumbre de mugeres +que andaban buscando solícitas cosa que parecia que habian perdido. +Acercóse á una de ellas, y le preguntó si queria que las ayudara á +buscar lo que querían hallar. Dios nos libre, respondió la Syria; lo +que nosotras buscamos solo las mugeres pueden tocarlo. Raro es eso, +dixo Zadig: ¿me haréis el favor de decirme qué cosa es esa que solo +las mugeres pueden tocarla? Un basilisco, respondió ella. ¡Un +basilisco, señora! ¿y por qué motivo buscais un basilisco? Para +nuestro señor y dueño Ogul, cuyo palacio estais viendo á orillas del +rio, y al cabo de este prado, que somos sus mas humildes esclavas. El +señor Ogul está malo, y le ha recetado su médico que coma un basilisco +hervido en agua de rosas; y como es animal muy raro, y que solo de las +mugeres se dexa coger, ha prometido el señor Ogul que escogerá por su +querida esposa á la que le lleve un basilisco: con que así dexádmele +buscar; que ya veis lo mucho que yo perderia, si una de mis compañeras +ántes que yo le topara. + +Dexó Zadig á esta Syria y á todas las demas que buscaran su basilisco, +y siguió su camino por la pradera. Al llegar á la orilla de un +arroyuelo, encontró á otra dama acostada sobre los céspedes, que no +buscaba nada. Parecia magestuosa su estatura, aunque tenia cubierto el +rostro de un velo. Estaba inclinada la cabeza al anoyo; exhalaba de +rato en rato hondos sollozos, y tenia en la mano una varita con la +qual estaba esciibiendo letras en una fina arena que entre los +céspedes y el arrojo mediaba. Quiso ver Zadig qué era lo que escribia: +arrimóse, y vió una Z, luego una A, y se maravilló: despues leyó una +D, y le dió un vuelco el corazon; mas nunca fué tanto su pasmo, como +quando leyó las dos postreras letras de su nombre. Permaneció inmoble +un rato; rompiendo al fin el silencio, con voz mal segura, dixo: +Generosa dama, perdonad á un extrangero desventurado, que á preguntar +se atreve ¿por qué extraño acaso encuentro aquí el nombre de Zadig, +por vuestra divina mano escrito? Al oir esta voz y estas palabras, +alzó con trémula mano su velo la dama, mitó á Zadig, dió un grito de +temura, de asombro y de alborozo, y rindiéndose á los diversos afectos +que de consuno embatian su alma, cayó desmayada en sus brazos. Era +Astarte, era la reyna de Babilonia, la misma que idolatraba Zadig, y +de cuyo amor le acusaba su conciencia; aquella cuya suerte tantas +lágrimas le habia costado. Estuvo un rato privado del uso de sus +sentidos; y quando cluvó sus miradas en los ojos de Astarte que +lentamente se abrian de nuevo entre desmayados, confusos y amorosos: +¡O potencias inmortales! exclamó, ¿me restitais á mi Astarte? ¿en qué +tiempo, en qué sitio, en qué estado torno á verla? Hincóse de rodillas +ante Astarte, inclinando su fiente baxo del polvo de sus pies. Alzale +la reyna de Babilonia, y le sienta cabe sí en la orilla del arroyo, +enxugando una y mil veces sus ojos que siempre en frescas lágrimas se +bañaban. Veinte veces añudaba ci hilo de razones que interrumpian sus +gemidos; hacíale preguntas acerca del acaso que los habia reunido, y +no daba lugar á que respondiese con preguntas nuevas; empezaba á +contar sus desventuras, y queria saber las de Zadig. Habiendo +finalmente ámbos sosegado un poco el alboroto de su pecho, dixo en +breves palabras Zadig por qué acaso se encontraba en esta pradera. +¿Pero como os hallo, o reyna respetable y desdichada, en este desviado +sitio, vestida de esclava, y acompañada de otras esclavas que buscan +un basilisco, para hervirle, en virtud de una receta de médico, en +agua de rosas? + +Miéntras que andan buscando su basilisco, voy á informaros, dixo la +hermosa Astarte, de todo lo que he padecido, y que perdono al cielo +una vez que vuelvo á veros. Ya sabeis que el rey mi esposo llevó á mal +que fuéseis el mas amable de todos los hombres, y acaso por este +motivo tomó una noche la determinacion de mandaros ahorcar, y darme un +tósigo; y tambien sabeis que los cielos compasivos dispusiéron que me +avisara mi enano mudo de las órdenes de su sublime magestad. Apénas os +hubo precisado el fiel Cador á obedecerme y partiros, se atrevió á +penetrar por una puerta excusada en mi quarto á media noche, me sacó +de palacio, y me llevó al templo de Orosmades, donde me encerró su +hermano el mago dentro de una estatua colosal cuya basa se apoya en +los cimientos del templo, y la cabeza toca con la bóveda. Aquí quedé +como enterrada, puesto que el mago que me servia cuidó de que nada me +faltase. Al rayar el dia, entró en mi quarto el boticario de su +magestad con una pócima de beleño, opio, cicuta, eléboro negro, y +anapelo; y otro oficial se encaminó á vuestra casa con un cordon de +seda azul; nias no halláron á nadie. Por engañar mas al rey, le hizo +Cador una falsa denuncia contra nosotros dos, fingiendo que llevábais +vos el camino de la India, y yo el de Menfis; y enviáron gente en +nuestro seguimiento. + +No me conocian los mensageros que fuéron en busca riña, porque casi +nunca habia mostrado mi semblante, como no fuese á vos, delante de mi +marido y por órden suya. Ibanme persiguiendo por las señas que de mi +persona les habian dado; y se encontráron á la raya de Egipto con otra +de mi estatura misma, y que acaso era mas hermosa. Estaba bañada en +llanto, y andaba desatentada, de suerte que no dudáron de que era la +reyna de Babilonia, y la conduxéron á Moabdar. Enojóse violentamente +el rey por la equivocacion; mas habiendo luego contemplado mas +atentamente á esta muger, vió que era muy hermosa, y se consoló. +Llamábase Misuf, nombre que, segun despues me han dicho, significa en +egipcíaco la bella antojadiza, y lo era efectivamente; pero no iban en +zaga sus artes á sus antojos, tanto que habiendo gustado á Moabdar, le +cautivó de manera que la declaró su legítima esposa. Manifestóse +entónces su índole sin rebozo, entregándose sin freno á todas las +extravagancias de su imaginacion. Quiso precisar al sumo mago, viejo y +gotoso, á que baylase en su presencia; y habiéndose negado este, le +persiguió de muerte. A su caballerizo mayor le mandó hacer una tarta +de dulce; y puesto que representó que no era repostero, todo fué en +balde: tuvo que hacer la tarta, y le despidió porque estaba muy +tostada. El cargo de caballerizo mayor se le dió á su enano, y á un +page le hizo fiscal del consejo: de esta suerte gobernó á Babilonia. +Llorábame todo el mundo; y el rey, que hasta que habia mandado +ahorcaros y darme veneno habia sido bastante bueno, dexó que sus +virtudes corriesen naufragio en su amor á la bella antojadiza. El dia +del fuego sagrado vino al templo, y le ví implorar á los Dioses por +Misuf, postrado ante la estatua donde estaba yo metida. Alzando +entónces la voz, le dixe: "Los Dioses desechan las súplicas de un rey +convertido en tirano, y que ha querido quitar la vida á una muger de +juicio, por casarse con una loca." Pusiéron estas palabras en tamaña +confusion á Moabdar, que se le fué la cabeza. Con el oráculo que habia +yo pronunciado, y con la tiranía de Misuf sobraba para que perdiera la +razon; y con efecto en pocos dias se volvió loco. + +Esta locura, que se atribuyó á castigo del cielo, fué la señal de +rebelion: amotinóse el pueblo, y tomó armas; Babilonia, donde reynaba +tanto tiempo hacia una muelle ociosidad, se convirtió en teatro de una +horrorosa guerra civil. Sacáronme del hueco de mi estatua; pusiéronme +al frente de un partido, y fué Cador corriendo á Menfis, para traeros +á Babilonia. Noticioso de tan fatales nuevas acudió el príncipe de +Hircania con su exército á formar tercer partido en la Caldea, y vino +á embestir al rey que le salió al encuentro con su desatinada +egipcíaca. Murió Moabdar, traspasado de mil heridas, y cayó Misuf en +poder del vencedor. Quiso mi desventura que yo tambien fuera cogida +por una partida de guerrilla hircana, que me conduxo á presencia del +príncipe, al mismo tiempo que le llevaban á Misuf. Sin duda sabréis +con satisfaccion que me tuvo este por mas hermosa que la egipcia, pero +no será de ménos sentimiento para vos qué os diga que me destinó para +su serrallo, diciéndome sin andarse con rodeos, que luego que +concluyese una expedicion militar para la qual iba á partirse, vendria +á mí. Figúraos qual fué mi quebranto: rotos los vínculos que con +Moabdar me estrechaban, podia ser de Zadig, y caía en los hierros de +un bárbaro. Respondíle con toda la altivez que me inspiraban mi alta +gerarquía y mis afectos, habiendo oido decir toda mi vida que las +personas de mi dignidad las habian dotado los cielos de tal grandeza, +que con una palabra y un mirar de ojos confundian en el polvo de la +nada á quantos temerarios eran osados á apartarse un punto del mas +reverente acatamiento. Hablé como reyna, pero fuí tratada como una +moza de cántaro: el Hircano, sin dignarse siquiera de responderme, le +dixo á su eunuco negro que yo era mal hablada, pero que le parecia +linda. Mandóle que me cuidase y me diera el trato que á las que +estaban en su privanza, para que me volviesen los colores, y fuese mas +digna de sus caricias el dia que le pareciese oportuno honrarme con +ellas. Díxele que me mataria, y me respondió riéndose que ninguna se +mataba por esas cosas, y que estaba acostumbrado á semejantes +melindres, y se fué dexándome como un xilguero en jaula. ¡Qué +situacion para la primera reyiia del universo, y mas para un corazon +que era de Zadig! + +El qual se hincó de rodillas al oir estas razones, regando con sus +lágrimas las plantas de Astarte. Alzóle esta cariñosamente, y +prosiguió diciendo: Víame en poder de un bárbaro, y en competencia con +una loca con quien estaba encerrada. Contóme Misuf su aventura de +Egipto; y por la pintura que de vos hizo, por el tiempo, por el +dromedario en que ibais montado, y por las demas circunstancias vine +en conocimiento de que era Zadig quien habia peleado en su defensa; y +no dudando de que estuviérais en Menfis, me determiné á refugiarme en +esta ciudad. Bella Misuf, le dixe, vos sois mucho mas donosa que yo, y +divertiréis mas bien al príncipe de Hircania: procuradme medio para +escapar; reynaréis vos sola, y me haréis feliz, librándoos de una +rival. Misuf me ayudó á efectuar mi fuga, y me partí secretamente con +una esclava egipcia. + +Ya tocaba con la Arabia, quando me robó un bandolero muy nombrado, +llamado Arbogad, el qual me vendió á unos mercaderes que me traxéron á +este palacio, donde reside el señor Ogul, que me compró sin saber +quien yo fuese. Es este un gloton, que solo piensa en atracarse bien, +y cree que le ha echado Dios al mundo para disfrutar de una bueua +mesa. Está tan excesivamente gordo, que á cada instante parece que va +á reventar. Su médico poco influxo tiene con él quando hace buena +digestion, pero le manda despóticamente quando tiene ahitera; y ahora +le ha hecho creer que le habia de sanar con un basilisco hervido en +agua de rosas. Ha prometido dar su mano á la esclava que le traxere un +basilisco, y ya veis que yo las dexo que se merezcan tan alta honra, +no habiendo nunca tenido ménos ganas de topar el tal basilisco que +desde que han querido los cielos que volviese á veros. + +Dixéronse entónces Astarte y Zadig quanto á los mas generosos y +apasionados pechos pudiéron inspirar afectos tanto tiempo +contrarestados, y tanto amor, y tanta desdicha; y los genios que al +amor presiden lleváron las razones de ámbos á la esfera de Vénus. + +Tornáronse á la quinta de Ogul las mugeres sin haber hallado nada. +Zadig se presentó á él, y le habló así: Descienda del cielo la +inmortal Hygia para dilatar vuestros años. Yo soy médico; he venido +habiendo oido hablar de vuestra dolencia, y os traygo un basilisco +hervido en agua de rosas; no porque aspire á casarme con vos, que solo +os pido la libertad de una esclava jóven de Babilonia, que os +vendiéron pocos dias hace; y me allano á permanecer esclavo en su +lugar, si no tengo la dicha de sanar al magnifico señor Ogul. + +Fué admitida la propuesta, y se partió Astarte para Babilonia en +compañía del criado de Zadig, prometiéndole que le despacharia sin +tardanza un mensagero, para informarle de quanto hubiese sucedido. No +ménos que su reconocimiento fuéron amorosos sus vales: porque, como +está escrito en el gran libro del Zenda, las dos épocas mas solemnes +de la vida son el instante en que nos volvemos á ver, y aquel en que +nos separamos. Queria Zadig á la reyna tanto como se lo juraba, y la +reyna queria á Zadig mas de lo que decia. + +Zadig habló de esta suerte á Ogul: Señor, mi basilisco no se come, que +toda su virtud se os ha de introducir por los poros; yo le he puesto +dentro de una odre bien henchida de viento, y cubierta de un cuero muy +fino; es menester que empujeis hácia mí dicha odre en el ayre con toda +vuestra fuerza, y que yo os la tire muchas veces; y con pocos dias de +dieta y de este exercicio veréis la eficacia de mi arte. Al primer dia +se hubo de ahogar Ogul, y creyó que iba á exhalar el alma; al segundo +se cansó ménos, y durmió mas bien: por fin á los ocho dias recobró +toda la fuerza, la salud, la ligereza, y el buen humor de sus mas +floridos años. Zadig le dixo: Habeis jugado á la pelota, y no os +habeis hartado: sabed que no hay tal basilisco en el mundo; que un +hombre sobrio y que hace exercicio siempre vive sano, y que tan +imaginado es el arte de amalgamar la gula con la salud como la piedra +filosofal, la astrología judiciaria, y la teología de los magos. + +Conociendo el primer médico de Ogul quan peligroso para la medicina +era semejante hombre, se coligó con el boticario del gremio para +enviarle á buscar basiliscos al otro mundo: de suerte que habiendo +sido castigado siempre por sus buenas acciones, iba á morir por haber +dado la salud á un señor gloton. Convidáronle á un espléndido +banquete, donde le debian dar veneno al segundo servicio; pero estando +en el primero, recibió un parte de la hermosa reyna, y se levantó de +la mesa, partiéndose sin tardanza. El que es amado de una hermosa, +dice el gran Zoroastro, de todo sale bien en este mundo. + + + + +CAPITULO XIX. + +Las justas. + + +Fué recibida la reyna en Babilonia con aquel júbilo con que se recibe +siempre una princesa hermosa y desdichada. Entónces Babilonia parecia +algo mas quieta: el príncipe de Hircania habia perdido la vida en una +batalla, y los Babilonios vencedores declaráron que Astarte se casaria +con el que fuera elegido por soberano. Mas no quisiéron que el primer +puesto del mundo, que era el de esposo de Astarte y monarca de +Babilonia, pendiese de enredos y partidos; y juráron reconocer por rey +al mas valiente y discreto. Levantáron á pocas leguas de la ciudad un +vasto palenque cercado de anfiteatros magníficamente adornados; los +mantenedores se habian de presentar armados de punta en blanco, y se +le habia señalado á cada uno un aposento separado, donde no podia ver +ni hablar á nadie. Se habian de correr quatro lanzas; y los que +tuviesen la dicha de vencer á quatro caballeros, habian luego de +pelear unos con otros: de suerte que el postrero por quien quedara el +campo fuese proclamado vencedor del torneo. Quatro dias despues habia +de volver con las mismas armas, y acertar las adivinanzas que +propusiesen los magos; y si no las acertase, no habia de ser rey, mas +se habian de volver á correr lanzas, hasta que se diese con un hombre +que saliese con victoria en ámbas pruebas; porque estaban resueltos á +no reconocer por rey á quien no fuese el mas valiente y mas discreto. +En todo este tiempo no se permitia á la reyna comunicar con nadie: +solo se le daba licencia para que asistiera á los juegos cubierta de +un velo; pero no se le consentia hablar con ninguno de los +pretendientes, porque no hubiese injusticia ni valimiento. + +Este aviso daba Astarte á su amante, esperando que acreditada por ella +mas valor y discrecion que nadie. Partióse Zadig, suplicando á Venus +que fortaleciera su ánimo y alumbrara su entendimiento, y llegó á las +riberas del Eufrates la víspera del solemne dia. Hizo asentar luego su +mote entre los de los demas combatientes, escondiendo su nombre y su +rostro, como mandaba la ley, y se fué á descansar al aposento que le +habia cabido eu suerte. Su amigo Cador que estaba de vuelta en +Babilonia, habiéndole buscado en Egipto, mandó llevar á su quarto una +armadura completa que le enviaba la reyna, y tambien con ella el +caballo mas lozano de la Persia. Bien vió Zadig que estas dádivas eran +de mano de Astarte, y adquirió nuevo vigor, y esperanzas nuevas su +amor y su denuedo. + +Al dia siguiente, sentada la reyna baxo un dosel guarnecido de piedras +preciosas, y llenos los anfiteatros de todas las damas y de gente de +todos estados de Babilonia, se dexáron ver en el circo los +mantenedores. Puso cada uno su mote á los piés del sumo mago: +sorteáronse, y el de Zadig fué el postrero. Presentóse el primero un +señor muy rico, llamado Itobad, tan lleno de vanidad como falto de +valor, de habilidad, y de entendimiento. Habíanle persuadido sus +sirvientes á que un hombre como el debia de ser rey, y él les habia +respondido: Un hombre como yo debe reynar. Habíanle armado pues de +piés á cabeza: llevaba unas armas de oro con esmaltes verdes, un +penacho verde, y la lanza colgada con cintas verdes. Por el modo de +gobernar Itobad su caballo, se echó luego de ver que no habia +destinado el cetro de Babilonia á un hombre como él el cielo. El +primer caballero que corrió lanza le hizo perder los estribos, y el +segundo le tiró por las ancas del caballo á tierra, las piernas +arriba, y los brazos abiertos. Volvió á montar Itobad, pero haciendo +tan triste figura, que todo el anfiteatro soltó la risa. No se dignó +el tercero de tocarle con la lanza; sino que al pasar junto á él le +agarró por la pierna derecha, y haciéndole dar media-vuelta, le +derribó en la arena; los escuderos de los juegos acudiéron á +levantarle riéndose: el quarto combatiente le coge por la pierna +izquierda, y le tira del otro lado. Conduxéronle con mil baldones á su +aposento, donde conforme á la ley habia de pasar aquella noche: y +decia, pudiendo apénas menearse: ¡Qué aventura para un hombre como yo! + +Mejor desempeñáron su obligacion los demas adalides: hubo algunos que +venciéron á dos combatientes, y unos pocos llegáron hasta tres. Solo +el príncipe Otames venció á quatro. Presentóse el postrero Zadig, y +con mucho donayre sacó de los estribos á quatro ginetes uno en pos de +otro; con esto empezó la lid entre Zadig y Otames. Este traía armas de +azul y oro con un penacho de lo mismo; las de Zadig eran blancas. Los +ánimos de los asistentes estaban dividídos entre el caballero azul y +el blanco: á la reyna le palpitaba el corazon, haciendo fervientes +ruegos al ciclo por el color blanco. + +Diéron ámbos campeones repetidas vueltas y revueltas con tanta +ligereza, asentáronse y esquiváron tales botes con las lanzas, y tan +fuertes se mantenian en sus estribos, que todos, ménos la reyna, +deseaban que hubiese dos reyes en Babilonia. Cansados ya los caballos, +y rotas las lanzas, usó Zadig esta treta: pasa por detras del príncipe +azul, se abalanza á las ancas de su caballo, le coge por la mitad del +cuerpo, le derriba en tierra: monta en la silla vacía, y empieza á dar +vueltas al rededor de Otames tendido en el suelo. Clama todo el +anfiteatro: Victoria por el caballero blanco. Alzase enfurecido +Otames, saca la espada; da Zadig un salto del caballo el alfange +desnudo. Ambos empiezan en la arena nueva y mas peligrosa batalla; ora +triunfa la agilidad, ora la fuerza. Vuelan al viento heridos de +menudeados golpes el plumage de sus yelmos, los clavos de sus +braceletes, la malla de sus armas. De punta y de filo se hieren á +izquierda, á derecha, la cabeza, el pecho: retiranse, acométense; se +apartan, se agarran de nuevo; dóblanse como serpientes, embísterise +como leones: á cada instante salfan chispas de los golpes que se +pegan. Zadig cobra en fin algún aliento, se para, esquiva un golpe de +Otames, no le da vagar, le derriba, le desarma, y Otames exclama: +Caballero blanco, á vos es debido el trono de Babilonia. No cabia en +sí la reyna de alborozo. Lleváron al caballero azul y al caballero +blanco, á cada uno á su aposento, como habian hecho con todos los +demas, cumpliendo con lo que mandaba la ley. Unos mudos los viniéron á +servir, y les traxéron de comer. Bien se puede presumir si seria el +mudo de la reyna el que sirvió á Zadig. Dexáronlos dormir solos hasta +el otro dia por la mañana, que era quando habia de llevar el vencedor +su mote al sumo mago, para cotejarle y darse á conocer. + +Tan cansado estaba Zadig que durmió profundamente, puesto que +enamorado; mas no dormia Itobad que estaba acostado en el quarto +inmediato: y levantándose por la noche entró en el de Zadig, cogió sus +armas blancas y su mote, y puso las suyas verdes en lugar de ellas. +Apénas rayaba el alba, quando se presentó ufano al sumo mago, +declarándole que un hombre como él era el vencedor. Nadie lo esperaba, +pero fué proclamado, miéntras que aun estaba durmiendo Zadig. Volvióse +Astarte á Babilonia atónita y desesperada. Casi vacío estaba todo el +anfiteatro quando despertó Zadig, y buscando sus armas se encontró con +las verdes en su lugar. Vióse precisado á revestirse de ellas, no +teniendo otra cosa de que echar mano. Armase atónito, indignado y +enfurecido, y sale con este arreo. Toda quanta gente aun habia en el +anfiteatro y el circo le acogió con mil baldones; todos so le +arrimaban, y le daban vaya en su cara: nunca hombre sufrió tan +afrentoso desayre. Faltóle la paciencia, y desvió á sablazos el +populacho que se atrevió á denostarle; pero no sabia que hacerse, no +pudiendo ni ver á la reyna, ni reclamar las armas blancas que esta le +habia enviado, por no aventurar su reputacion: y miéntras que estaba +Astarte sumida en un piélago de dolor, fluctuaba él entre furores y +zozobras. Paseábase por las orillas del Eufrates, persuadido á que le +habia destinado su estrella á irremediable desdicha, y recapitulaba en +su mente todas sus desgracias, desde la muger que no podia ver á los +tuertos, hasta la de su armadura. Eso he grangeado, decia, con haber +despertado tarde; si no hubiera dormido tanto, fuera rey de Babilonia, +y posesor de Astarte. Así el saber, las buenas costumbres, el esfuerzo +nunca para mas que para mi desdicha me han valido. Exhalóse al cabo en +murmuraciones contra, la Providencia, y le vino la tentacion de creer +que todo lo regia un destino cruel que á los buenos oprimia, y hacia +que prosperasen los caballeros verdes: que uno de sus mayores +sentimientos era verse con aquellas armas verdes que tanta mofa le +habian acarreado. Pasó un mercader, á quien se las--vendió muy +baratas, y le compró una bata y una gorra larga. En este trage iba +siguiendo la corriente del Eufrates, desesperado, y acusando en su +corazon á la Providencia que no se cansaba de perseguirle. + + + + +CAPITULO XX. + +El ermitaño. + + +Caminando, como hemos dicho, se encontró con un ermitaño cuya luenga +barba descendia hasta el estómago. Llevaba este un libro que iba +leyendo muy atentamente. Paróse Zadig y le hizo una profunda +reverencia, á que correspondió el ermitaño de manera tan afable y tan +noble, que á Zadig le vino la curiosidad de razonar con él. Preguntóle +qué libro era el que leía. El libro del destino, dixo el ermitaño: +¿quereis leer algun trozo? Pusosele en las manos; mas aunque fuese +Zadig vorsado en muchos idiomas, no pudo conocer ni una letra, con lo +qual se aumentó su curiosidad. Muy triste pareceis, le dixo el buen +padre. ¡Tanto motivo tengo para estarlo! respondió Zadig. Si me dais +licencia para que os acompañe, repuso el anciano, acaso podré serviros +en algo; que á veces he hecho baxar el consuelo á las almas de los +desventurados. La traza, la barba y el libro del ermitaño infundiéron +respeto en Zadig, y en su conversacion encontró superiores luces. +Hablaba el ermitaño del destino, de la justicia, de la moral, del sumo +bien, de la humana flaqueza, de las virtudes y los vicios con tan viva +y penetrante eloqüencia, que Zadig por un irresistible embeleso se +sentia atraído hácia él, y le rogó con ahinco que no le dexara hasta +que estuviesen de vuelta en Babilonia. Ese mismo favor os pido yo; +juradme por Orosmades, que sea lo que fuere lo que me veais hacer, no +os habeis de separar de mí en algunos dias. Jurólo Zadig, y siguiéron +juntos ámbos su camino. + +Aquella misma tarde llegáron á una magnifica quinta, y pidió el +ermitaño hospedage para sí y para el mozo que le acompañaba. +Introdúxolos en casa, con ademan de desdeñosa generosidad, un portero +que parecia un gran señor, y los presentó á un criado principal, que +les enseñó los aposentos de su amo. Sentáronlos al cabo de la mesa, +sin que se dignara el dueño de aquel palacio de honrarlos con una +mirada; pero los sirviéron, como á todos los demas, con opulencia y +delicadeza. Diéronles luego agua á manos en una palangana de oro, +guarnecida de esmeraldas y rubíes; lleváronlos á acostar á un suntuoso +aposento, y la mañana siguiente traxo el criado á cada uno una moneda +de oro, y despues los despidiéron. + +El amo de esta casa, dixo Zadig en el camino, me parece que es hombre +generoso, aunque algo altivo, y que exercita con nobleza la +hospitalidad. Al decir estas palabras, advirtió que parecia tieso y +henchido una especie de costal muy largo que traía el ermitaño, y vió +dentro la palangana de oro guarnecida de piedras preciosas, que habia +hurtado. No se atrevió á decirle nada, pero estaba confuso y perplexo. + +A la hora de mediodia se presentó el ermitaño á la puerta de una +casuca muy mezquina, donde vivia un rico avariento, y pidió que le +hospedaran por pocas lloras. Recibióle con áspero rostro un criado +viejo mal vestido, y llevó á Zadig con el ermitaño á la caballeriza, +donde les sirviéron unas aceytunas podridas, un poco de pan bazo, y de +vino avinagrado. Comió y bebió el ermitaño con tan buen humor como el +dia ántes; y dirigiéndose luego al criado viejo que no quitaba la +vista de uno y otro porque no hurtaran nada, y que les daba priesa +para que se fuesen, le dió las dos monedas de oro que habia recibido +aquella mañana, y agradeciéndole su cortesía, añadió: Ruégoos que me +permitais hablar con vuestro amo. Atónito el criado le presentó los +dos caminantes. Magnífico señor, dixo el ermitaño, no puedo ménos de +daros las mas rendidas gracias por el agasajo tan noble con que nos +habeis hospedado; dignaos de admitir esta palangana de oro en corta +paga de mi gratitud. Poco faltó para desmayarse con el gozo el +avariento; y el ermitaño, sin darle tiempo para volver de su asombro, +se partió á toda priesa con su compañero jóven. Padre mio, le dixo +Zadig, ¿qué quiere decir lo que estoy viendo? paréceme que no os +semejais in nada á los demas: ¡robais una palangana de oro guarnecida +de piedras preciosas á un señor que os hospeda con magnificencia, y se +la dais á un avariento que indignamente os trata! Hijo, respondió el +anciano, el hombre magnífico que solo por vanidad, y por hacer alarde +de sus riquezas, hospeda á los forasteros, se tornará mas cuerdo; y +aprenderá el avariento á exercitar la hospitalidad. No os dé pasmo +nada, y seguidme. Todavía no atinaba Zadig si iba con el mas loco ó +con el mas cuerdo de los hombres; pero tanto era el dominio que se +habia grangeado en su ánimo el ermitaño, que obligado tambien por su +juramento no pudo ménos de seguirle. + +Aquella tarde llegáron á una casa aseada, pero sencilla, y donde nada +respiraba prodigalidad ni parsimonia. Era su dueño un filósofo +retirado del tráfago del mundo, que cultivaba en paz la sabiduría y la +virtud, y que nunca se aburria. Habia tenido gusto especial en +edificar este retirado albergue, donde recibia á los forasteros con +una dignidad que en nada se parecia á la ostentacion. El mismo salió +al encuentro á los dos caminantes, los hizo descansar en un aposento +muy cómodo; y poco despues vino él en persona á convidarlos á un +banquete aseado y bien servido, durante el qual habló con mucho tino +de las últimas revoluciones de Babilonia. Pareció adicto de corazon á +la reyna, y hubiera deseado que Zadig se hubiera hallado entre los +competidores á la corona; pero no merecen los hombres, añadió, tener +un rey como Zadig. Abochornado este sentia crecer su dolor. En la +conversacion estuviéron todos conformes en decir que no siempre iban +las cosas de este mundo á gusto de los sabios; pero sustento el +ermitaño que no conocíamos las vias de la Providencia, y que era +desacierto en los hombres fallar acerca de un todo, quando no vían mas +que una pequeñísima parte. + +Tratóse de las pasiones. ¡Quan fatales son! dixo Zadig. Son, replicó +el ermitaño, los vientos que hinchen las velas del navío; algunas +veces le sumergen, pero sin ellas no es posible navegar. La bílis hace +iracundo, y causa enfermedades; mas sin bílis no pudiera uno vivir. En +la tierra todo es peligroso, y todo necesario. + +Tratóse del deleyte, y probó el ermitaño que era una dádiva de la +divinidad; porque el hombre, dixo, por sí propio no puede tener +sensaciones ni ideas: todo en él es prestado, y la pena y el deleyte +le vienen de otro, como su mismo ser. + +Pasmábase Zadig de que un hombre que tantos desatinos habia cometido, +discurriese con tanto acierto. Finalmente despues de una conversacion +no ménos grata que instructiva, llevó su huésped á los dos caminantes +á un aposento, dando gracias al cielo que le habia enviado dos hombres +tan sabios y virtuosos. Brindóles con dinero de un modo ingenuo y +noble que no podia disgustar: rehusóle el ermitaño, y le dixo que se +despedia de él, porque hacia ánimo de partirse para Babilonia ántes +del amanecer. Fué afectuosa su separacion, y con especialidad Zadig se +quedó penetrado de estimacion y cariño á tan amable huésped. + +Quando estuvo con el ermitaño en su aposento, hiciéron ámbos un +pomposo elogio de su huésped. Al rayar el alba, despertó el anciano á +su camarada. Vámonos, le dixo; quiero empero, miéntras que duerme todo +el mundo, dexar á este buen hombre una prueba de mi estimacion y mi +cariño. Diciendo esto, cogió una tea, y pegó fuego á la casa. Asustado +Zadig dió gritos, y le quiso estorbar que cometiese accion tan +horrenda; pero se le llevaba tras sí con superior fuerza el ermitaño. +Ardia la casa, y el ermitaño que junto con su compañero ya estaba +desviado, la miraba arder con mucho sosiego. Loado sea Dios, dixo, ya +está la casa de mi buen huésped quemada hasta los cimientos, ¡Qué +hombre tan feliz! Al oir estas palabras le viniéron tentaciones á +Zadig de soltar la risa, de decir mil picardías al padre reverendo, de +darle de palos, y de escaparse; pero las reprimió todas, siempre +dominado por la superioridad del ermitaño, y le siguió hasta la última +jornada. + +Alojáronse en casa de una caritativa y virtuosa viuda, la qual tenia +un sobrino de catorce años, muchacho graciosísimo, y que era su única +esperanza. Agasajólos lo mejor que pudo en su casa, y al siguiente dia +mandó á su sobrino que fuera acompañando á los dos caminantes hasta un +puente que se habia roto poco tiempo hacia, y era un paso peligroso. +Precedíalos muy solícito el muchacho; y quando hubiéron, llegado al +puente, le dixo el ermitaño: Ven acá, hijo mio, que quiero manifestar +mi agradecimiento á tu tia; y agarrándole de los cabellos le tira al +rio. Cae el chico, nada un instante encima del agua, y se le lleva la +corriente. ¡O monstruo, o hombre el mas perverso de los hombres! +exclamó Zadig. De tener mas paciencia me habíais dado palabra, +interrumpió el ermitaño: sabed que debaxo de los escombros de aquella +casa á que ha pegado fuego la Providencía, ha encontrado su dueño un +inmenso tesoro; sabed que este mancebo ahogado por la Providencia +habia de asesinar á su tia de aquí á un año, y de aquí á dos á vos +mismo. ¿Quién te lo ha dicho, inhumano? clamó Zadig; ¿y aun quando +hubieses leido ese suceso en tú libro de los destinos, qué derecho +tienes para ahogar á un muchacho que no te ha hecho mal ninguno? + +Todavía estaba hablando el Babilonio, quando advirtió que no tenia ya +barba el anciano, y que se remozaba su semblante. Luego desapareció su +trage de ermitaño, y quatro hermosas alas cubriéron un cuerpo +magestuoso y resplandeciente. ¡O paraninfo del cielo, ó ángel divino, +exclamó postrado Zadig, con que has baxado del empíreo para enseñar á +un flaco mortal á que se someta á sus eternos decretos! Los humanos, +dixo el ángel Jesrad, sin saber de nada fallan de todo: entre todos +los mortales tú eras el que mas ser ilustrado merecias. Pidióle Zadig +licencia para hablar, y le dixo: No me fío de mi entendimiento; pero +si he de ser osado á suplicarte que disipes una duda mia, dime ¿si no +valia mas haber enmendado á ese muchacho, y héchole virtuoso, que +ahogarle? Si hubiese sido virtuoso y vivido, respondió Jesrad, era su +suerte ser asesinado con la muger con quien se habia de casar, y el +hijo que de este matrimonio habia de nacer. ¿Con que es indispensable, +dixo Zadig, que haya atrocidades y desventures, y que estas recaygan +en los hombres virtuosos? Los malos, replicó Jesrad, siempre son +desdichados, y sirven para probar un corto número de justos sembrado +sobre la haz de la tierra, sin que haya mal de donde no resulte un +bien. Empero, dixo Zadig, ¿si solo hubiese bienes sin mezcla de males? +La tierra entónces, replicó Jesrad, fuera otra tierra; la cadena de +los sucesos otro órden de sabiduría; y este órden, que seria perfecto, +solo en la mansion del Ser Supremo, donde no puede caber mal ninguno, +puede exîstir. Millones de mundos ha criado, y no hay dos que puedan +parecerse uno á otro: que esta variedad inmensa es un atributo de su +inmenso poder. No hay en la tierra dos hojas de árbol, ni en los +infinitos campos del cielo dos globos enteramente parecidos; y quanto +ves en el pequeñisimo átomo donde has nacido forzosamente, habia de +exîstir en su tiempo y lugar determinado, conforme á las inmutables +órdenes de aquel que todo lo abraza. Piensan los hombres que este niño +que acaba de morir se ha caido por casualidad en el rio, y que aquella +casa se quemó por casualidad; mas no hay casualidad, que todo es +prueba ó castigo, remuneracion ó providencia. Acuérdate de aquel +pescador que se tenia por el mas desventurado de los mortales, y +Orosmades te envió para mudar su suerte. Dexa, flaco mortal, de +disputar contra lo que debes adorar. Empero, dixo Zadig.... Miéntras +él decia EMPERO, ya dirigia el ángel su raudo vuelo á la décima +esfera. Zadig veneró arrodillado la Providencia, y se sometió. De lo +alto de los ciclos le gritó el ángel: Encaminate á Babilonia. + + + + +CAPITULO XXI. + +Las adivinanzas. + + +Fuera de sí Zadig, como uno que ha visto caer junto á sí un rayo, +caminaba desatentado. Llegó á Babilonia el dia que para acertar las +adivinanzas, y responder á las preguntas del sumo mago, estaban ya +reunidos en el principal atrio del palacio todos quantos habian +combatido en el palenque; y habian llegado todos los mantenedores de +la justa, ménos el de las armas verdes. Luego que entró Zadig en la +ciudad, se agolpó en torno de él la gente, sin que se cansaran sus +ojos de mirarle, su lengua de darle bendiciones, ni su corazon de +desear que se ciñese la corona. El envidioso que le vió pasar se +esquivó despechado, y le llevó en volandas la muchedumbre al sitio de +la asamblea. La reyna, á quien informáron de su arribo, vacilaba +agitada de temor y esperanza; y llena de desasosiego no podia entender +porque venia Zadig desarmado, ó como llevaba Itobad las armas blancas. +Alzóse un confuso murmullo así que columbráron á Zadig: todos estaban +pasmados y llenos de alborozo de verle; pero solamente los caballeros +que habian peleado tenian derecho á presentarse en la asamblea.--Yo +tambien he peleado, dixo, pero otro ha usurpado mis armas; y hasta que +tenga la honra de acreditarlo, pido licencia para presentarme á +acertar los enigmas. Votáron; y estaba tan grabada aun en todos los +ánimos la reputacion de su probidad, que unánimemente fué admitido. + +La primera qüestion que propuso el sumo mago fué: ¿qual es la mas +larga y mas corta de todas las cosas del mundo, la mas breve y mas +lenta, la mas divisible y mas extensa, la que mas se desperdicia y mas +se llora haber perdido, sin la que nada se puede hacer, que se traga +todo lo mezquino, y da vida á todo lo grande? Tocaba á Itobad +responder, y dixo que él no entendia de adivinanzas, y que le bastaba +haber sido vencedor lanza en ristre. Unos dixéron que era la fortuna, +otros que la tierra, y otros que la luz. Zadig dixo que era el tiempo. +No hay cosa mas larga, añadió, pues mide la eternidad; ni mas corta, +pues falta para todos nuestros planes: ni mas lenta para el que +espera, ni mas veloz para el que disfruta; se extiende á lo +infinitamente grande, y se divide hasta lo infinitamente pequeño; +ninguno hace aprecio de él, y todos lloran su pérdida; sin él nada se +hace; sepulta en el olvido quanto es indigno de la posteridad, y hace +inmortales las glandes acciones. La asamblea confesó que tenia razon +Zadig. + +Preguntáron luego: ¿Qué es lo que recibimos sin agradecerlo, +disfrutamos sin saber cómo, damos á otros sin saber donde estamos, y +perdemos sin echarlo de ver? Cada uno dixo su cosa; solo Zadig adivinó +que era la vida, y con la misma facilidad acertó los demas enigmas. +Itobad decia al fin que no habia cosa mas fácil, y que con la mayor +facilidad habria él dado con ello, si hubiera querido tomarse el +trabajo. Propusiéronse luego qüestiones acerca de la justicia, del +sumo bien, del arte de reynar; y las respuestas de Zadig se reputáron +por las mas sólidas. Lástima es, decian todos, que sugeto de tanto +talento sea tan mal ginete. + +Ilustres señores, dixo en fin Zadig, yo he tenido la honra de vencer +en el palenque, que soy el que tenia las armas blancas. El señor +Itobad se revistió de ellas miéntras que yo estaba durmiendo, creyendo +que sin duda le sentarian mas bien que las verdes. Le reto para +probarle delante de todos vosotros, con mi bata y mi espada, contra +toda su luciente armadura blanca que me ha quitado, que fuí yo quien +tuve la honra de vencer al valiente Otames. + +Admitió Itobad el duelo con mucha confianza, no dudando de que con su +yelmo, su coraza y sus braceletes, acabaria fácilmente con un campeon +que se presentaba en bata y con su gorro de dormir. Desnudó Zadig su +espada despues de hacer una cortesia á la reyna, que agitada de temor +y alborozo le miraba; Itobad desenvaynó la suya sin saludar á nadie, y +acometió á Zadig como quien nada tenia que temer. Ibale á hender la +cabeza de una estocada, quando paró Zadig el golpe, haciendo que la +espada de su contrario pegase en falso, y se hiciese pedazos. +Abrazándose entónces con su enemigo le derribó al suelo, y poniéndole +la punta de la espada por entre la coraza y el espaldar: Dexaos +desarmar, le dixo, si no quereis perder la vida. Pasmado Itobad, como +era su costumbre, de las desgracias que á un hombre como él sucedian, +no hizo resistencia á Zadig, que muy á su sabor le quitó su magnífico +yelmo, su soberbia coraza, sus hermosos braceletes, sus lucidas +escarcelas, y así armado fué á postrarse á las plantas de Astarte. Sin +dificultad probó Cador que pertenecian estas armas á Zadig, el qual +por consentimiento unánime fué alzado por rey, con sumo beneplácito de +Astarte, que despues de tantas desventuras disfrutaba la satisfaccion +de contemplar á su amante digno de ser su esposo á vista del universo. +Fuése Itobad á su casa á que le llamaran Su Excelencia. Zadig fué rey +y feliz, no olvidándose de quanto le habia enseñado el ángel Jesrad, y +acordándose del grano de arena convertido en diamante: y él y la reyna +adoráron la Providencia. Dexó Zadig correr por el mundo á la bella +antojadiza Misuf; envió á llamar al bandolero Arbogad, á quien dió un +honroso puesto en el exército, prometiéndole que le adelantaria hasta +las primeras dignidades militares si se portaba como valiente militar, +y que le mandaria ahorcar si hacia el oficio de ladron. Setoc, llamado +de lo interior de la Arabia, vino con la hermosa Almona, y fué +nombrado superintendente del comercio de Babilonia. Cador, colocado y +estimado como merecian sus servicios, fué amigo del rey, y este ha +sido el único monarca en la tierra que haya tenido un amigo. No se +olvidó Zadig del mudo, ni del pescador, á quien dió una casa muy +hermosa. Orcan fué condenado á pagarle una fuerte cantidad de dinero, +y á restituirle su muger; pero el pescador, que se habia hecho hombre +cuerdo, no quiso mas que el dinero. + +La hermosa Semira no se podia consolar de haberse persuadido á que +hubiese quedado Zadig tuerto, ni se hartaba Azora de llorar por haber +querido cortarle las narices. Calmó el rey su dolor con dádivas; pero +el envidioso se cayó muerto de pesar y vergüenza. Disfrutó el imperio +la paz, la gloria y la abundancia; y este fué el mas floreciente siglo +del mundo, gobernado por el amor y la justicia. Todos bendecian á +Zadig, y Zadig bendecia el cielo. + +(Nota.) Aquí se concluye el manuscrito que de la historia de Zadig +hemos hallado. Sabemos que le sucediéron luego otras muchas aventuras +que se conservan en los anales contemporáneos, y suplicamos á los +eruditos intérpretes de lenguas orientales, que nos las comuniquen si +á su noticia llegaren. + +FIN DE LA HISTORIA DE ZADIG. + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Zadig, by Voltaire + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK ZADIG *** + +This file should be named zadig10a.txt or zadig10a.zip +Corrected EDITIONS of our eBooks get a new NUMBER, zadig11a.txt +VERSIONS based on separate sources get new LETTER, zadig10b.txt + +Produced by Juliet Sutherland, Charles Franks +and the Online Distributed Proofreading Team. + +Project Gutenberg eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the US +unless a copyright notice is included. Thus, we usually do not +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + +We are now trying to release all our eBooks one year in advance +of the official release dates, leaving time for better editing. +Please be encouraged to tell us about any error or corrections, +even years after the official publication date. + +Please note neither this listing nor its contents are final til +midnight of the last day of the month of any such announcement. +The official release date of all Project Gutenberg eBooks is at +Midnight, Central Time, of the last day of the stated month. 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If the value +per text is nominally estimated at one dollar then we produce $2 +million dollars per hour in 2002 as we release over 100 new text +files per month: 1240 more eBooks in 2001 for a total of 4000+ +We are already on our way to trying for 2000 more eBooks in 2002 +If they reach just 1-2% of the world's population then the total +will reach over half a trillion eBooks given away by year's end. + +The Goal of Project Gutenberg is to Give Away 1 Trillion eBooks! +This is ten thousand titles each to one hundred million readers, +which is only about 4% of the present number of computer users. + +Here is the briefest record of our progress (* means estimated): + +eBooks Year Month + + 1 1971 July + 10 1991 January + 100 1994 January + 1000 1997 August + 1500 1998 October + 2000 1999 December + 2500 2000 December + 3000 2001 November + 4000 2001 October/November + 6000 2002 December* + 9000 2003 November* +10000 2004 January* + + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation has been created +to secure a future for Project Gutenberg into the next millennium. + +We need your donations more than ever! + +As of February, 2002, contributions are being solicited from people +and organizations in: Alabama, Alaska, Arkansas, Connecticut, +Delaware, District of Columbia, Florida, Georgia, Hawaii, Illinois, +Indiana, Iowa, Kansas, Kentucky, Louisiana, Maine, Massachusetts, +Michigan, Mississippi, Missouri, Montana, Nebraska, Nevada, New +Hampshire, New Jersey, New Mexico, New York, North Carolina, Ohio, +Oklahoma, Oregon, Pennsylvania, Rhode Island, South Carolina, South +Dakota, Tennessee, Texas, Utah, Vermont, Virginia, Washington, West +Virginia, Wisconsin, and Wyoming. + +We have filed in all 50 states now, but these are the only ones +that have responded. + +As the requirements for other states are met, additions to this list +will be made and fund raising will begin in the additional states. +Please feel free to ask to check the status of your state. + +In answer to various questions we have received on this: + +We are constantly working on finishing the paperwork to legally +request donations in all 50 states. 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