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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 05:26:38 -0700
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+The Project Gutenberg EBook of Zadig, by Voltaire
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Zadig
+
+Author: Voltaire
+
+Posting Date: June 4, 2012 [EBook #5985]
+Release Date: June, 2004
+First Posted: October 7, 2002
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZADIG ***
+
+
+
+
+Produced by Juliet Sutherland, Charles Franks and the
+Online Distributed Proofreading Team.
+
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+
+
+
+
+NOVELAS
+
+DE
+
+VOLTAIRE,
+
+TRADUCIDAS
+
+POR J. MARCHENA.
+
+
+BURDEOS,
+
+IMPRENTA DE PEDRO BEAUME,
+
+ALLÉES DE TOURNY, NO. 5.
+
+1819.
+
+
+
+
+ZADIG,
+
+
+EL DESTINO,
+
+HISTORIA ORIENTAL.
+
+
+
+
+DEDICATORIA DE ZADIG
+
+A LA SULTANA CHERAAH, POR SADI.
+
+
+A 18 del mes de Cheval, año 837 de la hegira.
+
+Embeleso de las niñas de los ojos, tormento del corazon, luz del
+ánimo, no beso yo el polvo de tus piés, porque ó no andas á pié, ó si
+andas, pisas ó rosas ó tapetes de Iran. Ofrézcote la version de un
+libro de un sabio de la antigüedad, que siendo tan feliz que nada
+tenia que hacer, gozó la dicha mayor de divertirse con escribir la
+historia de Zadig, libro que dice mas de lo que parece. Ruégote que le
+leas y le aprecies en lo que valiere; pues aunque todavía está tu vida
+en su primavera, aunque te embisten de rondon los pasatiempos todos,
+aunque eres hermosa, y tu talento da á tu hermosura mayor realce,
+aunque te elogian de dia y de noche, motivos concomitantes que son mas
+que suficientes para que no tengas pizca de sentido comun, con todo
+eso tienes agudeza, discrecion, y finísimo gusto, y te he oido
+discurrir con mas tino que ciertos derviches viejos de luenga barba, y
+gorra piramidal. Eres prudente sin ser desconfiada, piadosa sin
+flaqueza, benéfica con acierto, amiga de tus amigos, sin colrar
+enemigos. Nunca cifras en decir pullas el chiste de tus agudezas, ni
+dices mal de nadie, ni á nadie se le haces, puesto que tan fácil cosa
+te seria lo uno y lo otro. Tu alma siempre me ha parecido tan perfecta
+como tu hermosura. Ni te falta cierto caudalejo de filosofía, que me
+ha persuadido á que te agradaria mas que á otra este escrito de un
+sabio.
+
+Escribióse primero en el antiguo caldeo, que ni tú ni yo sabemos, y
+fué traducido en árabe para recreacion del nombrado sultan Ulug-beg,
+en los tiempos que Arabes y Persianos se daban á escribir las Mil y
+una Noches, los Mil y un Dias, etc. Ulug mas gustaba de leer á Zadig,
+pero las sultanas se divertian mas con los Mil y uno. Deciales el
+sabio Ulug, que como podian llevar en paciencia unos cuentos sin piés
+ni cabeza, que nada querian decir. Pues por eso mismo son de nuestro
+gusto, respondiéron las sultanas.
+
+Espero que tú no te parezcas á ellas, y que seas un verdadero Ulug; y
+no desconfío de que quando te halles fatigada de conversaciones tan
+instructivas como los Mil y uno, aunque mucho ménos recreativas, podré
+yo tener la honra de que te ocupes algunos minutos de vagar en oirme
+cosas dichas en razon.
+
+Si en tiempo de Scander, hijo de Filipo, hubieras sido Talestris, ó la
+reyna de Sabea en tiempo de Soleyman, estos reyes hubieran sido los
+que hubieran peregrinado por verte.
+
+Ruego á las virtudes celestiales que tus deleytes no lleven acibar,
+que sea duradera tu hermosura, y tu ventura perpetua.
+
+SADI.
+
+
+
+
+CAPITULO PRIMERO.
+
+El tuerto.
+
+
+Reynando el rey Moabdar, vivia en Babilonia un mozo llamado Zadig, de
+buena índole, que con la educacion se habia mejorado. Sabia enfrenar
+sus pasiones, aunque mozo y rico; ni gastaba afectacion, ni se
+empeñaba en que le dieran siempre la razon, y respetaba la flaqueza
+humana. Pasmábanse todos viendo que puesto que le sobraba agudeza,
+nunca se mofaba con chufletas de los desconciertos mal hilados, de las
+murmuraciones sin fundamento, de los disparatados fallos, de las
+burlas de juglares, que llamaban conversacion los Babilonios. En el
+libro primero de Zoroastro habia visto que es el amor propio una
+pelota llena de viento, y que salen de ella borrascas así, que la
+pican. No se alababa Zadig de que no hacia aprecio de las mugeres, y
+de que las dominaba. Era liberal, sin que le arredrase el temor de
+hacer bien á desagradecidos, cumpliendo con aquel gran mandamiento de
+Zoroastro, que dice: "Da de comer á los perros" quando tú comieres,
+aunque te muerdan "luego." Era sabio quanto puede serlo el hombre,
+pues procuraba vivir en compañía de los sabios: habia aprendido las
+ciencias de los Caldeos, y estaba instruido en quanto acerca de los
+principios físicos de la naturaleza en su tiempo se conocia; y de
+metafísica sabia todo quanto en todos tiempos se ha sabido, que es
+decir muy poca cosa. Creía firmísimamente que un año tiene trecientos
+sesenta y cinco dias y un quarto, contra lo que enseñaba la moderna
+filosofía de su tiempo, y que estaba el sol en el centro del mundo; y
+quando los principales magos le decian en tono de improperio, y
+mirándole de reojo, que sustentaba principios sapientes haeresim, y
+que solo un enemigo de Dios y del estado podia decir que giraba el sol
+sobre su exe, y que era el año de doce meses, se callaba Zadig, sin
+fruncir las cejas ni encogerse de hombros.
+
+Opulento, y por tanto no faltándole amigos, disfrutando salud, siendo
+buen mozo, prudente y moderado, con pecho ingenuo, y elevado ánimo,
+creyó que podia aspirar á ser feliz. Estaba apalabrado su matrimonio
+con Semira, que por su hermosura, su dote, y su cuna, era el mejor
+casamiento de Babilonia. Profesábale Zadig un sincero y virtuoso
+cariño, y Semira le amaba con pasion. Rayaba ya el venturoso dia que á
+enlazarlos iba, quando paseándose ámbos amantes fuera de las puertas
+de Babilonia, baxo unas palmas que daban sombra á las riberas del
+Eufrates, viéron acercarse unos hombres armados con alfanges y
+flechas. Eran estos unos sayones del mancebo Orcan, sobrino de un
+ministro, y en calidad de tal los aduladores de su tio le habian
+persuadido á que podia hacer quanto se le antojase. Ninguna de las
+prendas y virtudes de Zadig poseía; pero creído que se le aventajaba
+mucho, estaba desesperado por no ser el preferido. Estos zelos, meros
+hijos de su vanidad, le hiciéron creer que estaba enamorado de Semira,
+y quiso robarla. Habíanla cogido los robadores, y con el arrebato de
+su violencia la habian herido, vertiendo la sangre de una persona que
+con su presencia los tigres del monte Imao habria amansado. Traspasaba
+Semira el cielo con sus lamentos, gritando: ¡Querido esposo, que me
+llevan de aquel á quien adoro! No la movia el peligro en que se veía,
+que solo en su caro Zadig pensaba. Defendíala este con todo el denuedo
+del amor y la valentía, y con ayuda de solos dos esclavos ahuyentó á
+los robadores, y se traxo á Semira ensangrentada y desmayada, que al
+abrir los ojos conoció à su libertador. ¡O Zadig! le dixo, os queria
+como á mi esposo, y ahora os quiero como aquel á quien de vida y honra
+soy deudora. Nunca rebosó un pecho en mas tiernos afectos que el de
+Semira, nunca tan linda boca pronunció con tanta viveza de aquellas
+inflamadas expresiones que de la gratitud del mas alto beneficio y de
+los mas tiernos raptos del cariño mas legitimo son hijas. Era leve su
+herida, y sanó en breve. Zadig estaba herido de mas peligro, porque
+una flecha le habia hecho una honda llaga junto al ojo. Semira
+importunaba á los Dioses por la cura de su amante: dia y noche bañados
+los ojos en llanto, aguardaba con impaciencia el instante que los de
+Zadig se pudieran gozar en mirarla; pero una apostema que se formó en
+el ojo herido causó el mayor temor. Enviáron á llamar á Menfis al
+célebre médico Hermes, que vino con una crecida comitiva; y habiendo
+visitado al enfermo declaró que irremediablemente perdia el ojo,
+pronosticando hasta el dia y la hora que habia de suceder tan fatal
+desman. Si hubiera sido, dixo, el ojo derecho, yo le curaria; pero las
+heridas del izquierdo no tienen cura. Toda Babilonia se dolió de la
+suerte de Zadig, al paso que quedó asombrada con la profunda ciencia
+de Hermes. Dos dias despues reventó naturalmente la apostema, y sanó
+Zadig. Hermes escribió un libro, probándole que no debia haber sanado,
+el qual Zadig no leyó; pero luego que pudo salir, fué á ver á aquella
+de quien esperaba su felicidad, y por quien únicamente queria tener
+ojos, Hallábase Semira en su quinta, tres dias hacia, y supo Zadig en
+el camino, que despues de declarar resueltamente que tenia una
+invencible antipatia á los tuertos, la hermosa dama se habia casado
+con Orcan aquella misma noche. Desmayóse al oir esta nueva, y estuvo
+en poco que su dolor le conduxera al sepulcro; mas despues de una
+larga enfermedad pudo mas la razon que el sentimiento, y fué no poca
+parte de su consuelo la misma atrocidad del agravio. Pues he sido
+víctima, dixo, de tan cruel antojo de una muger criada en palacio, me
+casaré con una hija de un honrado vecino. Escogió pues por muger á
+Azora, doncella muy cuerda y de la mejor índole, en quien no notó mas
+defecto que alguna insustancialidad, y no poca inclinacion á creer que
+los mozos mas lindos eran siempre los mas cuerdos y virtuosos.
+
+
+
+
+CAPITULO II
+
+Las narices.
+
+
+Un dia que volvia del paseo Azora toda inmutada, y haciendo
+descompuestos ademanes: ¿Qué tienes, querida? le dixo Zadig; ¿qué es
+lo que tan fuera de tí te ha puesto? ¡Ay! le respondió Azora, lo mismo
+hicieras tú, si hubieses visto la escena que acabo yo de presenciar,
+Habia ido á consolár á Cosrúa, la viuda jóven que ha erigido, dos días
+ha, un mausoleo al difunto mancebo, marido suyo, cabe el arroyo que
+baña esta pradera, jurando á los Dioses, en su dolor, que no se
+apartaria de las inmediaciones de este sepulcro, miéntras el arroyo no
+mudara su corriente. Bien está, dixo Zadig; eso es señal de que es una
+muger de bien, que amaba de veras á su marido. Ha, replico Azora, si
+tú supieras qual era su ocupacion quando entré á verla.--¿Qual era,
+hermosa Azora?--Dar otro cauce al arroyo. Añadió luego Azora tantas
+invectivas, prorumpió en tan agrias acusaciones contra la viuda moza,
+que disgustó mucho á Zadig virtud tan jactanciosa. Un amigo suyo,
+llamado Cador, era uno de los mozos que reputaba Azora por de mayor
+mérito y probidad que otros; Zadig le fió su secreto, afianzando, en
+quanto le fué posible, su fidelidad con quantiosas dádivas. Despues de
+haber pasado Azora dos dias en una quinta de una amiga suya, se volvió
+á su casa al tercero. Los criados le anunciáron llorando que aquella
+misma noche se habia caido muerto de repente su marido, que no se
+habian atrevido á llevarle tan mala noticia, y que acababan de
+enterrar á Zadig en el sepulcro de sus padres al cabo del jardin.
+Lloraba Azora, mesábase los cabellos, y juraba que no queria vivir.
+Aquella noche pidió Cador licencia para hablar con ella, y lloráron,
+ámbos. El siguiente dia lloráron ménos, y comiéron juntos. Fióle Cador
+que le habia dexado su amigo la mayor parte de su caudal, y le dió á
+entender que su mayor dicha seria poder partirle con ella. Lloró con
+esto la dama, enojóse, y se apaciguó luego; y como la cena fué mas
+larga que la comida, habláron ámbos con mas confianza. Hizo Azora el
+panegírico del difunto, confesando empero que adolecia de ciertos
+defectillos que en Cador no se hallaban.
+
+En mitad de la cena se quejó Cador de un vehemente dolor en el bazo, y
+la dama inquieta y asustada mandó le traxeran todas las esencias con
+que se sahumaba, para probar si alguna era un remedio contra los
+dolores de bazo; sintiendo mucho que se hubiera ido ya de Babilonia el
+sapientísimo Hermes, y dignándose hasta de tocar el lado donde sentia
+Cador tan fuertes dolores. ¿Suele daros este dolor tan cruel? le dixo
+compasiva. A dos dedos de la sepultura me pone á veces, le respondió
+Cador, y no hay mas que un remedio para aliviarme, que es aplicarme al
+costado las narices de un hombre que haya muerto el dia ántes. ¡Raro
+remedio! dixo Azora. No es mas raro, respondió Cador, que los cuernos
+de ciervo que ponen á los niños para preservarlos del mal de ojos.
+Esta última razon con el mucho mérito del mozo determináron al cabo á
+la Señora. Por fin, dixo, si las narices de mi marido son un poco mas
+cortas en la segunda vida que en la primera, no por eso le ha de
+impedir el paso el ángel Asrael, quando atraviese el puente Sebinavar,
+para transitar del mundo de ayer al de mañana. Diciendo esto, cogió
+una navaja, llegóse al sepulcro de su esposo bañándole en llanto, y se
+baxó para cortarle las narices; pero Zadig que estaba tendido en el
+sepulcro, agarrando con una mano sus narices, y desviando la navaja
+con la otra, se alzó de repente exclamando; Otra vez no digas tanto
+mal de Cosrúa, que la idea de cortarme las narices bien se las puede
+apostar á la de mudar la corriente de un arroyo.
+
+
+
+
+CAPITULO III.
+
+El perro y el caballo.
+
+
+En breve experimentó Zadig que, como dice el libro de Zenda-Vesta, si
+el primer mes de matrimonio es la luna de miel, el segundo es la de
+acibar. Vióse muy presto precisado á repudiar á Azora, que se habia
+tornado inaguantable, y procuró ser feliz estudiando la naturaleza. No
+hay ser mas venturoso, decia, que el filósofo que estudia el gran
+libro abierto por Dios á los ojos de los hombres. Las verdades que
+descubre son propiedad suya: sustenta y enaltece su ánimo, y vive con
+sosiego, sin temor de los demas, y sin que venga su tierna esposa á
+cortarle las narices.
+
+Empapado en estas ideas, se retiró á una quinta á orillas del
+Eufrates, donde no se ocupaba en calcular quantas pulgadas de agua
+pasan cada segundo baxo los arcos de un puente, ni si el mes del raton
+llueve una línea cúbica de agua mas que el del carnero; ni ideaba
+hacer seda con telarañas, ó porcelana con botellas quebradas;
+estudiaba, sí, las propiedades de los animales y las plantas, y en
+poco tiempo grangeó una sagacidad que le hacia tocar millares de
+diferencias donde los otros solo uniformidad veían.
+
+Paseándose un dia junto á un bosquecillo, vió venir corriendo un
+eunuco de la reyna, acompañado de varios empleados de palacio: todos
+parecian llenos de zozobra, y corrian á todas partes como locos que
+andan buscando lo mas precioso que han perdido. Mancebo, le dixo el
+principal eunuco, ¿vísteis al perro de la reyna? Respondióle Zadig con
+modestia: Es perra que no perro. Teneis razon, replicó el primer
+eunuco. Es una perra fina muy chiquita, continuó Zadig, que ha parido
+poco ha, coxa del pié izquierdo delantero, y que tiene las orejas muy
+largas. ¿Con que la habeis visto? dixo el primer eunuco fuera de sí.
+No por cierto, respondió Zadig; ni la he visto, ni sabia que la reyna
+tuviese perra ninguna.
+
+Aconteció que por un capricho del acaso se hubiese escapado al mismo
+tiempo de manos de un palafrenero del rey el mejor caballo de las
+caballerizas reales, y andaba corriendo por la vega de Babilonia. Iban
+tras de él el caballerizo mayor y todos sus subalternos con no ménos
+premura que el primer eunuco tras de la perra, Dirigióse el
+caballerizo á Zadig, preguntándole si habia visto el caballo del rey.
+Ese es un caballo, dixo Zadig, que tiene el mejor galope, dos varas de
+alto, la pesuña muy pequeña, la cola de vara y quarta de largo; el
+bocado del freno es de oro de veinte y tres quilates, y las herraduras
+de plata de once dineros. ¿Y por donde ha ido? ¿donde está? preguntó
+el caballerizo mayor. Ni le he visto, repuso Zadig, ni he oido nunca
+hablar de él.
+
+Ni al caballerizo mayor ni al primer eunuco les quedó duda de que
+habia robado Zadig el caballo del rey y la perra de la reyna;
+conduxeronle pues á la asamblea del gran Desterham, que le condenó á
+doscientos azotes y seis años de presidio. No bien hubiéron dado la
+sentencia, quando pareciéron el caballo y la perra, de suerte que se
+viéron los jueces en la dolorosa precision de anular su sentencia;
+condenaron empero á Zadig á una multa de quatrocientas onzas de oro,
+porque habia dicho queno habia visto habiendo visto. Primero pagó la
+multa, y luego se le permitió defender su pleyto ante el consejo del
+gran Desterliam, donde dixo así:
+
+Astros de justicia, pozos de ciencia, espejos de la verdad, que con la
+gravedad del plomo unís la dureza del hierro, el brillo del diamante,
+y no poca afinidad con el oro, siéndome permítido hablar ante esta
+augusta asamblea, juro por Orosmades, que nunca ví ni la respetable
+perra de la reyna, ni el sagrado caballo del rey de reyes. El suceso
+ha sido como voy á contar. Andaba paseando por el bosquecillo donde
+luego encontré al venerable eunuco, y al ilustrísimo caballerizo
+mayor. Observé en la arena las huellas de un animal, y fácilmente
+conocí que era un perro chico. Unos surcos largos y ligeros, impresos
+en montoncillos de arena entre las huellas de las patas, me diéron á
+conocer que era una perra, y que le colgaban las tetas, de donde
+colegí que habia parido pocos dias hacia. Otros vestigios en otra
+direccion, que se dexaban ver siempre al ras de la arena al lado de
+los piés delanteros, me demostráron que tenia las orejas largas; y
+como las pisadas del un pié eran ménos hondas en la arena que las de
+los otros tres, saqué por conseqüencia que era, si soy osado á
+decirlo, algo coxa la perra de nuestra augusta reyna.
+
+En quanto al caballo del rey de reyes, la verdad es que paseándome por
+las veredas de dicho bosque, noté las señales de las herraduras de un
+caballo, que estaban todas á igual distancia. Este caballo, dixe,
+tiene el galope perfecto. En una senda angosta que no tiene mas de dos
+varas y media de ancho, estaba á izquierda y á derecha barrido el
+polvo en algunos parages. El caballo, conjeturé yo, tiene una cola de
+vara y quarta, que con sus movimientos á derecha y á izquierda ha
+barrido este polvo. Debaxo de los árboles que formaban una enramada de
+dos varas de alto, estaban recien caidas las hojas de las ramas, y
+conocí que las habia dexado caer el caballo, que por tanto tenia dos
+yaras. Su freno ha de ser de oro de veinte y tres quilates, porque
+habiendo estregado la cabeza del bocado contra una piedra que he visto
+que era de toque, hice la prueba. Por fin, las marcas que han dexado
+las herraduras en piedras de otra especie me han probado que eran de
+plata de once dineros.
+
+Quedáronse pasmados todos los jueces con el profundo y sagaz tino de
+Zadig, y llegó la noticia al rey y la reyna. En antesalas, salas, y
+gabinetes no se hablaba mas que de Zadig, y el rey mandó que se le
+restituyese la multa de quatrocientas onzas de oro á que habia sido
+sentenciado, puesto que no pocos magos eran de dictámen de quemarle
+como hechicero. Fuéron con mucho aparato á su casa el escribano de la
+causa, los alguaciles y los procuradores, á llevarle sus quatrocientas
+onzas, sin guardar por las costas mas que trecientas noventa y ocho;
+verdad es que los escribientes pidiéron una gratificacion.
+
+Viendo Zadig que era cosa muy peligrosa el saber en demasía, hizo
+propósito firme de no decir en otra ocasion lo que hubiese visto, y la
+ocasion no tardó en presentarse. Un reo de estado se escapó, y pasó
+por debaxo de los balcones de Zadig. Tomáronle declaracion á este, no
+declaró nada; y habiéndole probado que se habia asomado al balcon, por
+tamaño delito fué condenado á pagar quinientas onzas do oro, y dió las
+gracias á los jueces por su mucha benignidad, que así era costumbre en
+Babilonia, ¡Gran Dios, decia Zadig entre sí, qué desgraciado es quien
+se pasea en un bosque por donde haya pasado el caballo del rey, ó la
+perrita de la reyna! ¡Qué de peligros corre quien á su balcon se
+asoma! ¡Qué cosa tan difícil es ser dichoso en esta vida!
+
+
+
+
+CAPITULO IV.
+
+El envidioso.
+
+
+Apeló Zadig á la amistad y á la filosofia para consolarse de los males
+que le habia hecho la fortuna. En un arrabal de Babilonia tenia una
+casa alhajada con mucho gusto, y allí reunia las artes y las
+recreaciones dignas de un hombre fino. Por la mañana estaba su
+biblioteca abierta para todos los sabios, y por la tarde su mesa á
+personas de buena educacion. Pero muy presto echó de ver que era muy
+peligroso tratar con sabios. Suscitóse una fuerte disputa acerca de
+una ley de Zoroastro, que prohibe comer grifo. ¿Como está prohibido el
+grifo, decian unos, si no hay tal animal? Fuerza es que le haya,
+decian otros, quando no quiere Zoroastro que le comamos. Zadig, por
+ponerlos conformes, les dixo: Pues no comamos grifo, si grifos hay; y
+si no los hay, ménos los comerémos, y así obedecerémos á Zoroastro.
+
+Habia un sabio escritor que habia compuesto una obra en trece tomos en
+folio acerca de las propiedades de los grifos, gran teurgista, que á
+toda priesa se fué á presentar ante el archimago Drastanés, el mas
+necio, y á conseqüencia el mas fanático de los Caldeos de aquellos
+remotos tiempos. En honra y gloria del Sol, habria este mandado
+empalar á Zadig, y rezado luego el breviario de Zoroastro con mas
+devota compuncion. Su amigo Cador (que un amigo vale mas que un ciento
+de clérigos) fué á ver al viejo Drastanés, y le dixo así: Gloria al
+Sol y á los grifos; nadie toque al pelo á Zadig, que es un santo, y
+mantiene grifos en su corral, sin comérselos: su acusador sí, que es
+herege. ¿Pues no ha sustentado que no son ni solípedos ni inmundos los
+conejos? Bien, bien, dixo Drastanés, meneando la temblona cabeza: á
+Zadig se le ha de empalar, porque tiene ideas erróneas sobre los
+glifos; y al otro, porque ha hablado sin miramiento de los conejos.
+Apaciguólo Cador todo por medio de una moza de retrete de palacio, á
+quien habia hecho un chiquillo, la qual tenia mucho influxo con el
+colegio de los magos, y no empaláron á nadie; cosa que la murmuráron
+muchos doctores, y por ello pronosticáron la próxîma decadencia de
+Babilonia. Decia Zadig: ¿En qué se cifra la felicidad? Todo me
+persigue en la tierra, hasta los seres imaginarios; y maldiciendo de
+los sabios, resolvió ceñirse á vivir con la gente fina.
+
+Reuníanse en su casa los sugetos de mas fino trato de Babilonia, y las
+mas amables damas; servíanse exquisitas cenas, precedidas las mas
+veces de academias, y que animaban conversaciones amables, en que
+nadie aspiraba á echarlo de agudo, que es medio certísimo de ser un
+majadero, y deslustrar la mas brillante tertulia. Los platos y los
+amigos no eran los que escogia la vanagloria, que en todo preferia á
+la apariencia la realidad, y así se grangeaba una estimacion sólida,
+por eso mismo que ménos á ella aspiraba.
+
+Vivia en frente de su casa un tal Arimazo, sugeto que llevaba la
+perversidad de su ánimo en la fisonomía grabada: corroíale la envidia,
+y reventaba de vanidad, dexando aparte que era un presumido de saber
+fastidioso. Como las personas finas se burlaban de él, él se vengaba
+hablando mal de ellas. Con dificultad reunia en su casa aduladores,
+puesto que era rico. Importunábale el ruido de los coches que entraban
+de noche en casa de Zadig, pero mas le enfadaba el de las alabanzas
+que de él oía. Iba algunas veces á su casa, y se sentaba á la mesa sin
+que le convidaran, corrompiendo el júbilo de la compañía entera, como
+dicen que inficionan las arpías los manjares que tocan. Sucedióle un
+dia que quiso dar un banquete á una dama, que, en vez de admitirle, se
+fué á cenar con Zadig; y otra vez, estando ámbos hablando en palacio,
+se llegó un ministro que convidó á Zadig á cenar, y no le dixo nada á
+Arimazo. En tan flacos cimientos estriban á veces las mas crueles
+enemigas. Este hombre, que apellidaba Babilonia el envidioso, quiso
+dar al traste con Zadig, porque le llamaban el dichoso. Cien veces al
+dia, dice Zoroastro, se halla ocasion para hacer daño, y para hacer
+bien apénas una vez al año.
+
+Fuése el envidioso á casa de Zadig, el qual se estaba paseando por sus
+jardines con dos amigos, y una señora á quien decia algunas flores,
+sin otro ánimo que decirlas. Tratábase de una guerra que acababa de
+concluir con felicidad el rey contra el príncipe de Hircania,
+feudatario suyo. Zadig que en esta corta guerra habia dado repetidas
+pruebas de valor, hacia muchos elogios del rey, y mas todavía de la
+dama. Cogió su libro de memoria, y escribió en él quatro versos de
+repente, que dió á leer á su hermosa huéspeda; pero aunque sus amigos
+le suplicáron que se los leyese, por modestia, ó acaso por un amor
+propio muy discreto, no quiso hacerlo: que bien sabia que los versos
+de repente hechos solo son buenos para aquella para quien se hacen.
+Rasgó pues en dos la hoja del librillo de memoria en que los habia
+escrito, y tiró los dos pedazos á una enramada de rosales, donde fué
+en balde buscarlos. Empezó en breve á lloviznar, y se volviéron todos
+á los salones; pero el envidioso que se habia quedado en el jardin,
+tanto registró que dió con una mitad de la hoja, la qual de tal manera
+estaba rasgada, que la mitad de cada verso que llenaba un renglon
+formaba sentido, y aun un verso corto; y lo mas extraño es que, por un
+acaso todavía mas extraordinario, el sentido que formaban los tales
+versos cortos era una atroz infectiva contra el rey. Leíase en ellos:
+
+ Un monstruo detestable
+ Hoy rige la Caldea;
+ Su trono incontrastable
+ El poder mismo afea,
+
+Por la vez primera de su vida se creyó feliz el envidioso, teniendo
+con que perder á un hombre de bien y amable. Embriagado en tan
+horrible júbilo, dirigió al mismo rey esta sátira escrita de pluma de
+Zadig, el qual, con sus dos amigos y la dama, fué llevado á la cárcel,
+y se le formó causa, sin que se dignaran de oirle. Púsose el
+envidioso, quando le hubiéron sentenciado, en el camino por donde
+habia de pasar, y le dixo que no valian nada sus versos. No lo echaba
+Zadig de poeta; sentia empero en el alma verse condenado como reo de
+lesa-magestad, y dexar dos amigos y una hermosa dama en la cárcel por
+un delito que no habia cometido. No lo permitiéron alegar nada en su
+defensa, porque el libro de memoria estaba claro, y que así era estilo
+en Babilonia. Caminaba pues al cadahalso, atravesando inmensas filas
+de gentes curiosas; ninguno se atrevia á condolerse de él, pero sí se
+agolpaban para exâminar qué cara ponia, y si iba á morir con aliento.
+Sus parientes eran los únicos afligidos, porque no heredaban,
+habiéndose confiscado las tres quartas partes de su caudal á beneficio
+del erario, y la restante al del envidioso.
+
+Miéntras que se estaba disponiendo á morir, se voló del balcon el loro
+del rey, y fué á posarse en los rosales del jardin de Zadig. Habia
+derribado el viento un melocoton de un árbol inmediato, que habia
+caido sobre un pedazo de un librillo de memoria escrito, y se le habia
+pegado. Agarró el loro el melocoton con lo escrito, y se lo llevó todo
+á las rodillas del rey. Curioso esta leyó unas palabras que no
+significaban nada, y parecian fines de verso. Como era aficionado á la
+poesía, y que siempre se puede sacar algo con los príncipes que gustan
+de coplas, le dió en que pensar la aventura del papagayo. Acordándose
+entónces la reyna de lo que habia en el trozo del libro de memoria de
+Zadig, mandó que se le traxesen, y confrontando ámbos trozos se vió
+que venia uno con otro; y los versos de Zadig, leidos como él los
+habia escrito, eran los siguientes:
+
+ Un monstruo detestable es la sangrienta guerra;
+ Hoy rige la Caldea en paz el rey sin sustos:
+ Su trono incontrastable amor tiene en la tierra;
+ El poder mismo afea quien no goza sus gustos.
+
+Al punto mandó el rey que traxeran á Zadig á su presencia, y que
+sacaran de la cárcel á sus dos amigos y la hermosa dama. Postróse el
+rostro por el suelo Zadig á las plantas del rey y la reyna; pidióles
+rendidamente perdon por los malos versos que habia compuesto, y habló
+con tal donayre, tino y agudeza, que los monarcas quisiéron volver á
+verle: volvió, y gustó mas. Le adjudicáron los bienes del envidioso
+que injustamente le habia acusado: Zadig se los restituyó todos, y el
+único afecto del corazon de su acusador fué el gozo de no perder lo
+que tenia. De dia en dia se aumentaba el aprecio que el rey de Zadig
+hacia: convidábale á todas sus recreaciones, y le consultaba en todos
+asuntos. Desde entónces la reyna empezó á mirarle con una complacencia
+que podia acarrear graves peligros á ella, á su augusto esposo, á
+Zadig y al reyno entero, y Zadig á creer que no es cosa tan
+dificultosa vivir feliz.
+
+
+
+
+CAPITULO V.
+
+El generoso.
+
+
+Vino la época de la celebridad de una solemne fiesta que se hacia cada
+cinco años, porque era estilo en Babilonia declarar con solemnidad, al
+cabo de cinco años, qual de los ciudadanos habia hecho la mas generosa
+accion. Los jueces eran los grandes y los magos. Exponia el primer
+satrapa encargado del gobierno de la ciudad, las acciones mas ilustres
+hechas en el tiempo de su gobierno; los jueces votaban, y el rey
+pronunciaba la decision. De los extremos de la tierra acudian
+espectadores á esta solemnidad. Recibia el vencedor de mano del
+monarca una copa de oro guarnecida de piedras preciosas, y le decia el
+rey estas palabras: "Recibid este premio de la generosidad, y oxalá me
+concedan los Dioses muchos vasallos que á vos se parezcan."
+
+Llegado este memorable dia, se dexó ver el rey en su trono, rodeado de
+grandes, magos y diputados de todas las naciones, que venian, á unos
+juegos donde no con la ligereza de los caballos, ni con la fuerza
+corporal, sino con la virtud se grangeaba la gloria. Recitó en voz
+alta el satrapa las acciones por las quales podian sus autores merecer
+el inestimable premio, y no habló siquiera de la magnanimidad con que
+habia restituido Zadig todo su caudal al envidioso: que no era esta
+accion que mereciera disputar el premio.
+
+Primero presentó á un juez que habiendo, en virtud de una equivocacion
+de que no era responsable, fallado un pleyto importante contra un
+ciudadano, le habia dado todo su caudal, que era lo equivalente de la
+perdida del litigante.
+
+Luego produxo un mancebo que perdido de amor por una doncella con
+quien se iba á casar, se la cedió no obstante á un amigo suyo, que
+estaba á la muerte por amores de la misma, y ademas dotó la doncella.
+
+Hizo luego comparecer á un militar que en la guerra de Hircania habia
+dado exemplo todavía de mayor generosidad. Llevábanse á suamada unos
+soldados enemigos, y miéntras la estaba defendiendo contra ellos, le
+viniéron á decir que otros Hircanos se llevaban de allí cerca á su
+madre; y abandonó llorando á su querida, por libertar á la madre.
+Quando volvió á tomar la defensa de su dama, la encontró expirando, y
+se quiso dar la muerte; pero le representó su madre que no tenia mas
+apoyo que él, y tuvo ánimo para sufrir la vida.
+
+Inclinábanse los jueces por este soldado; pero el rey tomando la
+palabra, dixo: Accion es noble la suya, y tambien lo son las de los
+otros, pero no me pasman; y ayer hizo Zadig una que me ha pasmado.
+Pocos dias ha que ha caido de mi gracia Coreb, mi ministro y valido.
+Quejábame de él con vehemencia, y todos los palaciegos me decian que
+era yo demasiadamente misericordioso; todos decian á porfía mal de
+Coreb. Pregunté su dictámen á Zadig, y se atrevió á alaharle. Confieso
+qne en nuestras historias he visto exemplos de haber pagado un yerro
+con su caudal, cedido su dama, ó antepuesto su madre al objeto de su
+amor; pero nunca he leido que un palaciego haya dicho bien de un
+ministro caido con quien estaba enojado su soberano. A cada uno de
+aquellos cuyas acciones se han recitado le doy veinte mil monedas de
+oro; pero la copa se la doy á Zadig.
+
+Señor, replicó este, vuestra magestad es el único que la merece, y
+quien ha hecho la mas inaudita accion, pues siendo rey no se ha
+indignado contra su esclavo que contradecia su pasion. Todos
+celebráron admirados al rey y á Zadig. Recibiéron las dádivas del
+monarca el juez qus habia dado su caudal, el amante que habia casado á
+su amada con su amigo, y el soldado que ántes quiso librar á su madre
+que á su dama; y Zadig obtuvo la copa. Grangeóse el rey la reputacion
+de buen príncipe, que no conservó mucho tiempo; y se consagró el dia
+con fiestas que duráron mas de lo que prescribia la ley, conservándose
+aun su memoria en el Asia. Decia Zadig: ¡con que en fin soy feliz!
+pero Zadig se engañaba.
+
+
+
+
+CAPITULO VI.
+
+El ministro.
+
+
+Habiendo perdido el rey á su primer ministro, escogió á Zadig para
+desempeñar este cargo. Todas las hermosas damas de Babilonia
+aplaudiéron esta eleccion, porque nunca habia habido ministro tan mozo
+desde la fundacion del imperio: todos los palaciegos la sintiéron; al
+envidioso le dió un vómito de sangre, y se le hincháron
+extraordinariamente las narices. Dió Zadig las gracias al rey y á la
+reyna, y fué luego á dárselas al loro. Precioso páxaro, le dixo, tú
+has sido quien me has librado la vida, y quien me has hecho primer
+ministro. Mucho mal me habian hecho la perra y el caballo de sus
+magestades, pero tú me has hecho mucho bien. ¡En qué cosas estriba la
+suerte de los humanos! Pero puede ser que mi dicha se desvanezca
+dentro de pocos instantes. El loro respondió: ántes. Dió golpe á Zadig
+esta palabra; puesto que á fuer de buen físico que no creía que fuesen
+los loros profetas, se sosegó luego, y empezó á servir su cargo lo
+mejor que supo.
+
+Hizo que á todo el mundo alcanzara el sagrado poder de las leyes, y
+que á ninguno abrumara el peso de su dignidad. No impidió la libertad
+de votos en el divan, y cada visir podia, sin disgustarle, exponer su
+dictámen. Quando fallaba de un asunto, la ley, no él, era quien
+fallaba; pero quando esta era muy severa, la suavízaba; y quando
+faltaba ley, la hacia su equidad tal, que se hubiera podido atribuir á
+Zoroastro. El fué quien dexó vinculado en las naciones el gran
+principio de que vale mas libertar un reo, que condenar un inocente.
+Pensaba que era destino de las leyes no ménos socorrer á los
+ciudadanos que amedrentarlos. Cifrábase su principal habilidad en
+desenmarañar la verdad que procuran todos obscurecer. Sirvióse de esta
+habilidad desde los primeros dias de su administracion. Habia muerto
+en las Indias un comerciante muy nombrado de Babilonia: y habiendo
+dexado su caudal por iguales partes á sus dos hijos, despues de dotar
+á su hija, dexaba ademas un legado de treinta mil monedas de oro á
+aquel de sus hijos que se decidiese que le habia querido mas. El mayor
+le erigió un sepulcro, y el menor dió á su hermana parte de su
+herencia en aumento de su dote. La gente decia: El mayor queria mas á
+su padre, y el menor quiere mas á su hermana: las treinta mil monedas
+se deben dar al mayor. Llamó Zadig sucesivamente á los dos, y le dixo
+al mayor: No ha muerto vuestro padre, que ha sanado de su última
+enfermedad, y vuelve á Babilonia. Loado sea Dios, respondió el
+mancebo; pero su sepulcro me habia costado harto caro. Lo mismo dixo
+luego Zadig al menor. Loado sea Dios, respondió, voy á restituir á mi
+padre todo quanto tengo, pero quisiera que dexase á mi hermana lo que
+le he dado. No restituiréis nada, dixo Zadig, y se os darán las
+treinta mil monedas, que vos sois el que mas á vuestro padre queríais.
+
+Habia dado una doncella muy rica palabra de matrimonio á dos magos, y
+despues de haber recibido algunos meses instrucciones de ámbos, se
+encontró en cinta. Ambos querian casarse con ella. La doncella dixo
+que seria su marido el que la habia puesto en estado de dar un
+ciudadano al imperio. Uno decia: Yo he sido quien he hecho esta buena
+obra; el otro: No, que soy yo quien he tenido tanta dicha. Está bien,
+respondió la doncella, reconozco por padre de la criatura el que le
+pueda dar mejor educacion. Parió un chico, y quiso educarle uno y otro
+mago. Llevada la instancia ante Zadig, los llamó á entrámbos, y dixo
+al primero: ¿Qué has de enseñar á tu alumno? Enseñaréle, respondió el
+doctor, las ocho partes de la oracion, la dialéctica, la astrologia,
+la demonología, qué cosa es la sustancia y el accidente, lo abstracto
+y lo concreto, las monadas y la harmonía preestablecida. Pues yo, dixo
+el segundo, procuraré hacerle justo y digno de tener amigos. Zadig
+falló: Ora seas ó no su padre, tú te casarás con su madre.
+
+Todos los dias venian quejas á la corte contra el Itimadulet de Media,
+llamado Irax, gran potentado, que no era de perversa índole, pero que
+la vanidad y el deleyte le habian estragado. Raras veces permitia que
+le hablasen, y nunca que se atreviesen á contradecirle. No son tan
+vanos los pavones, ni mas voluptuosas las palomas, ni ménos perezosos
+los galápagos; solo respiraba vanagloria y deleytes vanos.
+
+Probóse Zadig á corregirle, y le envió de parte del rey un maestro de
+música, con doce cantores y veinte y quatro violines, un mayordomo con
+seis cocineros y quatro gentiles-hombres, que no le dexaban nunca.
+Decia la órden del rey que se siguiese puntualísimamente el siguiente
+ceremonial, como aquí se pone.
+
+El dia primero, así que se despertó el voluptuoso Irax, entró el
+maestro de música acompañado de los cantores y violines, y cantáron
+una cantata que duró dos horas, y de tres en tres minutos era el
+estribillo:
+
+ ¡Quanto merecimiento!
+ ¡Qué gracia, qué nobleza!
+ ¡Que ufano, que contento
+ Debe estar de sí propio su grandeza!
+
+Concluida la cantata, le recitó un gentil-hombre una arenga que duró
+tres quartos de hora, pintándole como un dechado perfecto de quantas
+prendas le faltaban; y acabada, le lleváron á la mesa al toque de los
+instrumentos. Duró tres horas la comida; y así que abria la boca para
+decir algo, exclamaba el gentil-hombre: Su Excelencia tendra razon.
+Apénas decia quatro palabras; interrumpia el segundo gentil-hombre,
+diciendo: Su Excelencia tiene razon. Los otros dos seltaban la
+carcajada en aplauso de los chistes que habia dicho ó debido decir
+Irax. Servidos que fuéron los postres, se repitió la cantata.
+
+Parecióle delicioso el primer dia, y quedó persuadido de que le
+honraba el rey de reyes conforme á su mérito. El segundo le fué algo
+ménos grato; el tercero estuvo incomodado; el quarto no le pudo
+aguantar; el quinto fué un tormento; finalmente, aburrido de oir
+cantar sin cesar: ¡qué ufano, qué contento dele estar de sí propio su
+grandeza! de que siempre le dixeran que tenia razon, y de que le
+repitieran la misma arenga todos los dias á la propia hora, escribió á
+la corte suplicando al rey que fuese dignado de llamar á sus
+gentiles-hombres, sus músicos y su mayordomo, prometiendo tener mas
+aplicacion y ménos vanidad. Luego gustó ménos de aduladores, dió ménos
+fiestas, y fué mas feliz; porque, como dice el Sader, sin cesar
+placeres no son placeres.
+
+
+
+
+CAPITULO VII.
+
+Disputas y audiencias.
+
+
+De este modo acreditaba Zadig cada dia su agudo ingenío y su buen
+corazon; todos le miraban con admiracion, y le amaban empero. Era
+reputado el mas venturoso de los hombres; lleno estaba todo el imperio
+de su nombre; guiñábanle á hurtadillas todas las mugeres; ensalzaban
+su justificacion los ciudadanos todos; los sabios le miraban como un
+oráculo, y hasta los mismos magos confesaban que sabia punto mas que
+el viejo archi-mago Siara, tan léjos entónces de formarle cansa acerca
+de los grifos, que solo se creía lo que á él le parecia creible.
+
+Reynaba de mil y quinientos años atras una gran contienda en
+Babilonia, que tenia dividido el imperio en dos irreconciliables
+sectas: la una sustentaba que siempre se debia entrar en el templo de
+Mitras el pié izquierdo por delante; y la otra miraba con abominacion
+semejante estilo, y llevaba siempre el pié derecho delantero. Todo el
+mundo aguardaba con ansia el dia de la fiesta solemne del fuego
+sagrado, para saber qué secta favorecia Zadig: todos tenian clavados
+los ojos en sus dos piés; toda la ciudad estaba suspensa y agitada.
+Entró Zadig en el templo saltando á pié-juntilla, y luego en un
+eloqüente discurso hizo ver que el Dios del cielo y la tierra, que no
+mira con privilegio á nadie, el mismo caso hace del pié izquierdo que
+del derecho. Dixo el envidioso y su muger que no habia suficientes
+figuras en su arenga, donde no se vían baylar las montañas ni las
+colinas. Decian que no habia en ella ni xugo ni talento, que no se vía
+la mar ahuyentada, las estrellas por tierra, y el sol derretido como
+cera vírgen; por fin, que no estaba en buen estilo oriental. Zadig no
+aspiraba mas que á que fuese su estilo el de la razon. Todo el mundo
+se declaró en su favor, no porque estaba en el camino de la verdad, ni
+porque era discreto, ni porque era amable, sino porque era primer
+visir.
+
+No dió ménos felice cima á otro intrincadísimo pleyto de los magos
+blancos con los negros. Los blancos decian que era impiedad dirigirse
+al oriente del hibierno, quando los ficles oraban á Dios; y los negros
+afirmaban que miraba Dios con horror á los hombres que se dirígian al
+poniente del verano. Zadig mandó que se volviera cada uno hácia donde
+quisiese.
+
+Encontró medio para despachar por la mañana los asuntos particulares y
+generales, y lo demas del dia se ocupaba en hermosear á Babilonia.
+Hacia representar tragedias para llorar, y comedias para reir; cosa
+que habia dexado de estilarse mucho tiempo hacia, y que él
+restableció, porque era sugeto de gusto fino. No tenia la manía de
+querer entender mas que los pentos en las artes, los quales los
+remuneraba con dádivas y condecoraciones, sin envidiar en secreto su
+habilidad. Por la noche divertia mucho al rey, y mas á la reyna. Decia
+el rey: ¡Qué gran ministro! y la reyna: ¡Qué amable ministro! y ambos
+añadian: Lástima fuera que le hubieran ahorcado.
+
+Nunca otro en tan alto cargo se vió precisado á dar tantas audiencias
+á las damas: las mas venian á hablarle de algún negocio que no les
+importaba, para probarse á hacerle con él. Una de las primeras que se
+presentó fué la muger del envidioso, juándole por Mitras, por
+Zenda-Vesta, y por el fuego sagrado, que siempre habia mirado con
+detestacion la conducta de su marido. Luego le fió que era el tal
+marida zeloso y mal criado, y le dió á entender que le castigaban los
+Dioses privándole de los preciosos efectos de aquel sacro fuego, el
+único que hace á los hombres semejantes á los inmortales; por fin dexó
+caer una liga. Cogióla Zadig con su acostumbrada cortesanía, pero no
+se la ató á la dama á la pierna; y este leve yerro, si por tal puede
+tenerse, fué orígen de las desventuras mas horrendas. Zadig no pensó
+en ello, pero la muger del envidioso pensó mas de lo que decirse
+puede.
+
+Cada dia se le presentaban nuevas damas. Aseguran los anales secretos
+de Babilonia, que cayó una vez en la tentacion, pero que quedó pasmado
+de gozar sin deleyte, y de tener su dama en sus brazos distraido. Era
+aquella á quien sin pensar dió pruebas de su proteccion, una camarista
+de la reyna Astarte. Por consolarse decia para sí esta enamorada
+Babilonia: Menester es que tenga este hombre atestada la cabeza de
+negocios, pues aun en el lance de gozar de su amor piensa en ellos.
+Escapósele á Zadig en aquellos instantes en que los mas no dicen
+palabra, ó solo dicen palabras sagradas, clamar de repente: LA REYNA;
+y creyó la Babilonia, que vuelto en sí en un instante delicioso le
+habia dicho REYNA MIA. Mas Zadig, distraido siempre, pronunció el
+nombre de Astarte; y la dama, que en tan feliz situacion todo lo
+interpretaba á su favor, se figuró que queria decir que era mas
+hermosa que la reyna Astarte. Salió del serrallo de Zadig habiendo
+recibido espléndidos regalos, y fué á contar esta aventura á la
+envidiosa, que era su íntima amiga, la qual quedó penetrada de dolor
+por la preferencia. Ni siquiera se ha dignado, decia, de atarme esta
+malhadada liga, que no quiero que me vuelva á servir, ¡Ha, ha! dixo la
+afortunada á la envidiosa, las mismas ligas llevais que la reyna: ¿las
+tomais en la misma tienda? Sumióse en sus ideas la envidiosa, no
+respondió, y se fué á consultar con el envidioso su marido.
+
+Entretanto Zadig conocia que estaba distraido quando daba audiencia, y
+quando juzgaba; y no sabia á qué atribuirlo: esta era su única
+pesadumbre. Soñó una noche que estaba acostado primero encima de unas
+yerbas secas, entre las quales habia algunas punzantes que le
+incomodaban; que luego reposaba blandamente sobre un lecho de rosas,
+del qual salia una sierpe que con su venenosa y acerada lengua le
+heria el corazon. ¡Ay! decia, mucho tiempo he estado acostado encima
+de las secas y punzantes yerbas; ahora lo estoy en el lecho de rosas:
+¿mas qual será la serpiente?
+
+
+
+
+CAPITULO VIII.
+
+Los zelos.
+
+
+De su misma dicha vino la desgracia de Zadig, pero mas aun de su
+mérito. Todos los dias conversaba con el rey, y con su augusta esposa
+Astarte, y aumentaba el embeleso de su conversacion aquel deseo de
+gustar, que, con respecto al entendimiento, es como el arreo á la
+hermosura; y poco á poco hicieron su mocedad y sus gracias una
+impresion en Astarte, que á los principios no conoció ella propia.
+Crecia esta pasion en el regazo de la inocencia, abandonándose Astarte
+sin escrúpulo ni rezelo al gusto de ver y de oir á un hombre amado de
+su esposo y del reyno entero. Alababásele sin cesar al rey, hablaba de
+él con sus damas, que ponderaban mas aun sus prendas, y iodo así
+ahondaba en su pecho la flecha que no sentia. Hacia regalos á Zadig,
+en que tenia mas parte el amor de lo que ella se pensaba; y muchas
+veces, quando se figuraba que le hablaba como reyna, satisfecha se
+expresaba como muger enamorada.
+
+Muy mas hermosa era Astarte que la Semira que tanta ojeriza tenia con
+los tuertos, y que la otra que habia querido cortar á su esposo las
+narices. Con la llaneza de Astarte, con sus tiernas razones de que
+empezaba á sonrojarse, con sus miradas que procuraba apartar de él, y
+que en las suyas se clavaban, se encendió en el pecho de Zadig un
+fuego que á él propio le pasmaba. Combatió, llamo á su auxîlio la
+filosofía que siempre le habia socorrido; pero esta ni alumbró su
+entendimiento, ni alivió su ánimo. Ofrecíanse ante él, como otros
+tantos dioses vengadores, la obligacion, la gratitud, la magestad
+suprema violadas: combatia y vencia; pero una victoria á cada instante
+disputada, le costaba lágrimas y suspiros. Ya no se atrevia á
+conversar con la reyna con aquella serena libertad que tanto á
+entrámbos habia embelesado; cubríanse de una nube sus ojos; eran sus
+razones confusas y mal hiladas; baxaba los ojos; y quando
+involuntariamente en Astarte los ponia, encontraba los suyos bañados
+en lágrimas, de donde salian inflamados rayos. Parece quese decian uno
+á otro: Nos adoramos, y tememos amarnos; ámbos ardemos en un fuego que
+condenamos. De la conversacion de la reyna salia Zadig fuera de sí,
+desatentado, y como abrumado con una caiga con la qual no podia. En
+medio de la violencia de su agitacion, dexó que su amigo Cador
+columbrara su secreto, como uno que habiendo largo tiempo aguantado
+las punzadas de un vehemente dolor, descubre al fin su dolencia por un
+grito lastimero que vencido de sus tormentos levanta, y por el sudor
+frio que por su semblante corre.
+
+Díxole Cador: Ya habia yo distinguido los afectos que de vos mismo os
+esforzábais á ocultar: que tienen las pasiones señales infalibles; y
+si yo he leido en vuestro corazon, contemplad, amado Zadig, si
+descubrirá el rey un amor que le agravia; él que no tiene otro defecto
+que ser el mas zeloso de los mortales. Vos resistís á vuestra pasion
+con mas vigor que combate Astarte la suya, porque sois filósofo y sois
+Zadig. Astarte es muger, y eso mas dexa que se expliquen sus ojos con
+imprudencia que no piensa ser culpada: satisfecha por desgracia con su
+inocencia, no se cura de las apariencias necesarias. Miéntras que no
+le remuerda en nada la conciencia, tendré miedo de que se pierda. Si
+ámbos estuviéseis acordes, frustraríais los ojos mas linces: una
+pasion en su cuna y contrarestada rompe afuera; el amor satisfecho se
+sabe ocultar. Estremecióse Zadig con la propuesta de engañar al
+monarca su bienhechor, y nunca fué mas fiel á su príncipe que quando
+culpado de un involuntario delito. En tanto la reyna repetia con tal
+freqüencia el nombre de Zadig; colorábanse de manera sus mexillas al
+pronunciarle; quando le hablaba delante del rey, estaba unas veces tan
+animada y otras tan confusa; parábase tan pensativa quando se iba, que
+turbado el rey creyó todo quanto vía, y se figuró lo que no vía.
+Observó sobre todo que las babuchas de su muger eran azules, y azules
+las de Zadig; que los lazos de su muger eran pajizos, y pajizo el
+turbante de Zadig: tremendos indicios para un príncipe delicado. En
+breve se tornáron en su ánimo exâsperado en certeza las sospechas.
+
+Los esclavos de los reyes y las reynas son otras tantas espías de sus
+mas escondidos afectos, y en breve descubriéron que estaba Astarte
+enamorada, y Moabdar zeloso. Persuadió el envidioso á la envidiosa á
+que enviara al rey su liga que se parecia á la de la reyna; y para
+mayor desgracia, era azul dicha liga. El monarca solo pensó entónces
+en el modo de vengarse. Una noche se resolvió á dar un veneno á la
+reyna, y á enviar un lazo á Zadig al rayar del alba, y dió esta órden
+á un despiadado eunuco, executor de sus venganzas. Hallábase á la
+sazon en el aposento del rey un enanillo mudo, pero no sordo, que
+dexaban allí como un animalejo doméstico, y era testigo de los mas
+recónditos secretos. Era el tal mudo muy afecto á la reyna y á Zadig,
+y escuchó con no ménos asombro que horror dar la órden de matarlos
+ámbos. ¿Mas cómo haria para precaver la execucion de tan espantosa
+órden, que se iba á cumplir destro de pocas horas? No sabia escribir,
+pero sí pintar, y especialmente retratar al vivo los objetos. Una
+parte de la noche la pasó dibuxando lo que queria que supiera la
+reyna: representaba su dibuxo, en un rincon del quadro, al rey
+enfurecido dando órdenes á su eunuco; en otro rincon una cuerda azul y
+un vaso sobre una mesa, con unas ligas azules, y unas cintas pajizas;
+y en medio del quadro la reyna moribunda en brazos de sus damas, y á
+sus plantas Zadig ahorcado. Figuraba el horizonte el nacimiento del
+sol, como para denotar que esta horrenda catástrofe debia executarse
+al rayar de la aurora. Luego que hubo acabado, se fué corriendo al
+aposento de una dama de Astarte, la despertó, y le dixo por señas que
+era menester que llevara al instante aquel quadro á la reyna.
+
+Hete pues que á media noche llaman á la puerta de Zadig, le
+despiertan, y le entregan una esquela de la reyna: dudando Zadig si es
+sueño, rompe el nema con trémula mano. ¡Qué pasmo no fué el suyo, ni
+quien puede pintar la consternacion y el horror que le sobrecogiéron,
+quando leyó las siguientes palabras! "Huid sin tardanza, ó van á
+quitaros la vida. Huid, Zadig, que yo os lo mando en nombre de nuestro
+amor, y de mis cintas pajizas. No era culpada, pero veo que voy á
+morir delinquente."
+
+Apénas tuyo Zadig fuerza para articular una palabra. Mandó llamar á
+Cador, y sin decirle nada le dió la esquela; y Cador le forzó á que
+obedeciese, y á que tomase sin detenerse el camino de Menfis. Si os
+aventurais á ir á ver á la reyna, le dixo, acelerais su muerte; y si
+hablais con el rey, tambien es perdida. Yo me encargo de su suerte,
+seguid vos la vuestra: esparciré la voz de que os habeis encaminado
+hácia la India, iré pronto á buscaros, y os diré lo que hubiere
+sucedido en Babilonia.
+
+Sin perder un minuto, hizo Cador llevar á una salida excusada de
+palacio dos dromedarios ensillados de los mas andariegos; en uno montó
+Zadig, que no se podia tener, y estaba á punto de muerte, y en otro el
+único criado que le acompañaba. A poco rato Cador sumido en dolor y
+asombro hubo perdido á su amigo de vista.
+
+Llegó el ilustre prófugo á la cima de un collado de donde se descubria
+á Babilonia, y clavando los ojos en el palacio de la reyna se cayó
+desmayado. Quando recobró el sentido, vertió abundante llanto,
+invocando la muerte. Al fin despues de haber lamentado la deplorable
+estrella de la mas amable de las mugeres, y la primera reyna del
+mundo, reflexîonando un instante en su propia suerte, dixo: ¡Válame
+Dios; y lo que es la vida humana! ¡O virtud, para que me has valido!
+Indignamente me han engañado dos mugeres; y la tercera, que no es
+culpada, y es mas hermosa que las otras, va á morir. Todo quanto bien
+he hecho ha sido un manantial de maldiciones para mí; y si me he visto
+exâltado al ápice de la grandeza, ha sido para despeñarme en la mas
+honda sima de la desventura. Si como tantos hubiera sido malo, seria,
+como ellos, dichoso. Abrumado con tan fatales ideas, cubiertos los
+ojos de un velo de dolor, pálido de color de muerte el semblante, y
+sumido el ánimo en el abismo de una tenebrosa desesperacion, siguió su
+viage hácia el Egipto.
+
+
+
+
+CAPITULO IX.
+
+La muger aporreada.
+
+
+Encaminabase Zadig en la direccion de las estrellas, y le guiaban la
+constelacion de Orion y el luciente astro de Sirio hácia el polo de
+Canopo. Contemplaba admirado estos vastos globos de luz que parecen
+imperceptibles chispas á nuestra vista, al paso que la tierra que
+realmente es un punto infinitamente pequeño en la naturaleza, la mira
+nuestra codicia como tan grande y tan noble. Representábase entónces á
+los hombres como realmente son, unos insectos que unos á otros se
+devoran sobre un mezquino átomo de cieno; imágen verdadera que
+acallaba al parecer sus cuitas, retratándole la nada de su ser y de
+Babilonia misma. Lanzábase su ánimo en lo infinito, y desprendido de
+sus sentidos contemplaba el inmutable órden, del universo. Mas quando
+luego tornando en sí, y entrando dentro de su corazon, pensaba en
+Astarte, muerta acaso á causa de él, todo el universo desaparecia, y
+no vía mas que á la moribunda Astarte y al malhadado Zadig. Agitado de
+este fluxo y refluxo de sublime filosofía y de acerbo duelo, caminaba
+hácia las fronteras de Egipto, y ya habia llegado su fiel criado al
+primer pueblo, y le buscaba alojamiento. Paseábase en tanto Zadig por
+los jardines que ornaban las inmediaciones del lugar, quando á corta
+distancia del camino real vió una muger llorando, que invocaba cielos
+y tierra en su auxîlio, y un hombre enfurecido en seguimiento suyo.
+Alcanzábala ya; abrazaba ella sus rodillas, y el hombre la cargaba de
+golpes y denuestos. Por la saña del Egipcio, y los reiterados perdones
+que le pedia la dama, coligió que él era zeloso y ella infiel; pero
+habiendo contemplado á la muger, que era una beldad peregrina, y que
+ademas se parecia algo á la desventurada Astarte, se sintió movido de
+compasion en favor de ella, y de horror contra el Egipcio. Socorredme,
+exclamó la dama á Zadig entre sollozos, y sacadme de poder del mas
+inhumano de los mortales; libradme la vida. Oyendo estas voces, fué
+Zadig á interponerse entre ella y este cruel. Entendia algo la lengua
+egipcia, y le dixo en este idioma: Si teneis humanidad, ruégoos que
+respeteis la flaqueza y la hermosura. ¿Cómo agraviáis un dechado de
+perfecciones de la naturaleza, postrado á vuestras plantas, sin mas
+defensa que sus lágrimas? Ha, ha, le dixo el hombre colérico: ¿con que
+tambien tú la quieres? pues en tí me voy á vengar. Dichas estas
+razones, dexa á la dama que tenia asida por los cabellos, y cogiendo
+la lanza va á pasársela por el pecho al extrangero. Este que estaba
+sosegado paró con facilidad el encuentro de aquel frenético, agarrando
+la lanza por junto al hierro de que estaba armada. Forcejando uno por
+retirarla, y otro por quitársela, se hizo pedazos. Saca entónces el
+Egipcio su espada, ármase Zadig con la suya, y se embisten uno y otro.
+Da aquel mil precipitados golpes; páralos este con maña: y la dama
+sentada sobre el césped los mira, y compone su vestido y su tocado.
+Era el Egipcia mas forzudo que su contrario, Zadig era mas mañoso:
+este peleaba como un hombre que guiaba el brazo por su inteligencia, y
+aquel como un loco que ciego con los arrebatos de su saña le movia á
+la aventura. Va Zadig á él, le desarma; y quando mas enfurecido el
+Egipcio se quiere tirar á él, le agarra, le aprieta entre sus brazos,
+le derriba por tierra, y poniéndole la espada al pecho, le quiere
+dexar la vida. Desatinado el Egipcio saca un puñal, y hiere á Zadig,
+quando vencedor este le perdonaba; y Zadig indignado le pasa con su
+espada el corazon. Lanza el Egipcio un horrendo grito, y muere
+convulso y desesperado, Volvióse entonces Zadig á la dama, y con voz
+rendida le dixo: Me ha forzado á que le mate; ya estais vengada, y
+libre del hombre mas furibundo que he visto: ¿qué quereis, Señora, que
+haga? Que mueras, infame, replicó ella, que has quitado la vida á mi
+amante: ¡oxalá pudiera yo despedazarte el corazon! Por cierto, Señora,
+respondió Zadig, que era raro sugeto vuestro amante; os aporreaba con
+todas sus fuerzas, y me queria dar la muerte, porque me habíais
+suplicado que os socorriese. ¡Pluguiera al cielo, repuso la dama en
+descompasados gritos, que me estuviera aporreando todavía, que bien me
+lo teniamerecido, por haberle dado zelos! ¡Pluguiera al cielo, repito,
+que él me aporreara, y que estuvieras tú como él! Mas pasmado y mas
+enojado Zadig que nunca en toda, su vida, le dixo: Bien mereciérais,
+puesto que sois linda, que os aporreara yo como él hacia, tanta es
+vuestra locura; pero no me tomaré ese trabajo. Subió luego en su
+camello, y se encaminó al pueblo. Pocos pasos habia andado, quando
+volvió la cara al ruido que metian quatro correos de Babilonia, que á
+carrera tendida venian. Dixo uno de ellos al ver á la muger: Esta
+misma es, que se parece á las señas que nos han dado; y sin curarse
+del muerto, echáron mano de la dama. Daba esta gritos á Zadig
+diciendo: Socorredme, generoso extrangero; perdonadme si os he
+agraviado: socorredme, y soy vuestra hasta el sepulcro. Pero á Zadig
+se le habia pasado la manía de pelear otra vez por favorecerla. Para
+el tonto, respondió, que se dexare engañar. Ademas estabaherido, iba
+perdiendo la sangre, necesitaba de que le diesen socorro; y le
+asustaba la vista de los quatro Babilonios despachados, segun toda
+apariencia, por el rey Moabdar. Aguijó pues el paso hácia el lugar, no
+pudiendo almar porque venian quatro coricos de Babilonia á prender á
+esta Egipcia, pero mas pasmado todavía de la condicion de la tal dama.
+
+
+
+
+CAPITULO X.
+
+La esclavitud.
+
+
+Entrando en la aldea egipcia, se vió cercado de gente que decia á
+gritos: Este es el robador de la hermosa Misuf, y el que acaba de
+asesinar á Cletofis. Señores, les respondió, líbreme Dios de robar en
+mi vida á vuestra hermosa Misuf, que es antojadiza en demasía; y á ese
+Cletofis no le he asesinado, sino que me he defendido de él, porque me
+queria matar, por haberle rendidamente suplicado que perdonase á la
+hermosa Misuf, á quien daba desaforados golpes. Yo soy extrangero,
+vengo á refugiarme en Egipto; y no es presumible que uno que viene á
+pedir vuestro amparo, empiece robando á una muger y asesinando á un
+hombre.
+
+Eran en aquel tiempo los Egipcios justos y humanos. Conduxo la gente á
+Zadig á la casa de cabildo, donde primero le curáron la herida, y
+luego tomáron separadamente declaracion á él y á su criado para
+averiguar la verdad, de la qual resultó notorio que no era asesino;
+pero habiendo derramado la sangre de un hombre, le condenaba la ley á
+ser esclavo. Vendiéronse en beneficio del pueblo los dos camellos, y
+se repartió entre los vecinos todo el oro que traía; él mismo fué
+puesto á pública subhasta en la plaza del mercado, junto con su
+compañero de viage, y se remató la venta en un mercader árabe, llamado
+Setoc; pero como el criado era mas apto para la faena que el amo, fué
+vendido mucho mas caro, porque no habia comparacion entre uno y otro.
+Fué pues esclavo Zadig, y subordinado á su propio criado: atáronlos
+juntos con un grillete, y en este estado siguiéron á su casa al
+mercader árabe. En el camino consolaba Zadig á su criado exhortándole
+á tener paciencia, y haciendo, según acostumbraba, reflexîones sobre
+las humanas vicisitudes. Bien veo que la fatalidad de mi estrella se
+ha comunicado á la tuya. Hasta ahora todas mis cosas han tomado raro
+giro: me han condenado á una multa por haber visto pasar una perra; ha
+estado en poco que me empalaran por un grifo; he sido condenado á
+muerte por haber compuesto unos versos en alabanza del rey; me he
+huido á uña de caballo de la horca, porque gastaba la reyna cintas
+amarillas; y ahora soy esclavo contigo, porque un zafio ha aporreado á
+su dama. Vamos, no perdamos ánimo, que acaso todo esto tendrá fin:
+fuerza es que los mercaderes árabes tengan esclavos; ¿y por qué no lo
+he de ser yo lo mismo que otro, siendo hombre lo mismo que otro? No ha
+de ser ningun inhumano este mercader; y si quiere sacar fruto de las
+faenas de sus esclavos, menester es que los trate bien. Así decia, y
+en lo interior de su corazon no pensaba mas que en el destino de la
+reyna de Babilonia.
+
+Dos dias despues se partió el mercader Setoc con sus esclavos y sus
+camellos á la Arabia desierta. Residia su tribu en el desierto de
+Oreb, y era arduo y largo el camino. Durante la marcha hacia Setoc
+mucho mas aprecio del criado que del amo, y le daba mucho mejor trato
+porque sabia cargar mas bien los camellos.
+
+Dos jornadas de Oreb murió un camello, y la carga se repartió sobre
+los hombros de los esclavos, cabiéndole su parte á Zadig. Echóse á
+reir Setoc, al ver que todos iban encorvados; y se tomó Zadig la
+libertad de explicarle la razon, enseñándole las leyes del equilibrio.
+Pasmado el mercader le empozó á tratar con mas miramiento; y viendo
+Zadig que habia despertado su curiosidad, se la aumentó instruyéndole
+de varias cosas que no eran agenas de su comercio; de la gravedad
+específica de los metales y otras materias en igual volúmen, de las
+propiedades de muchos animales útiles, y de los medios de sacar fruto
+de los que no lo eran: por fin, le pareció un sabio, y en adelante le
+apreció en mas que á su camarada que tanto habia estimado, le dió buen
+trato, y le salió bien la cuenta.
+
+Así que llegó Setoc á su tribu, reclamó de un hebreo quinientas onzas
+de plata que le habia prestado á presencia de dos testigos; pero
+habian muerto ámbos, y el hebreo que no podia ser convencido, se
+guardaba la plata del mercader, dando gracias á Dios porque le habia
+proporcionado modo de engañar á un árabe. Comunicó Setoc el negocio
+con Zadig de quien habia hecho su consejero. ¿Qué condicion tiene
+vuestro deudor? le dixo Zadig. La condicion de un bribon, replicó
+Setoc. Lo que yo pregunto es si es vivo ó flemático, imprudente ó
+discreto. De quantos malos pagadores conozco, dixo Setoc, es el mas
+vivo. Está bien, repuso Zadig, permitidme que abogue yo en vuestra
+demanda ante el juez. Con efecto citó al tribunal al hebreo, y habló
+al juez en estos términos: Almohada del trono de equidad, yo soy
+venido para reclamar, en nombre de mi amo, quinientas onzas de plata
+que prestó á este hombre, y que no le quiere pagar. ¿Teneis testigos?
+dixo el juez. No, porque se han muerto; mas queda una ancha piedra
+sobre la qual se contó el dinero; y si gusta vuestra grandeza mandar
+que vayan á buscar la piedra, espero que ella dará testimonio de la
+verdad. Aquí nos quedarémos el hebreo y yo, hasta que llegue la
+piedra, que enviaré á buscar á costa de mi amo Setoc. Me place, dixo
+el juez; y paso á despachar otros asuntos.
+
+Al fin de la audiencia dixo á Zadig: ¿Con que no ha llegado esa piedra
+todavía? Respondió el hebreo soltando la risa: Aquí se estaria vuestra
+grandeza hasta mañana, esperando la piedra, porque está mas de seis
+millas de aquí, y son necesarios quince hombres para menearla. Bueno
+está, exclamó Zadig, ¿no habia dicho yo que la piedra daria
+testimonio? una vez que sabe ese hombre donde está, confiesa que se
+contó el dinero sobre ella. Confuso el hebreo se vió precisado á
+declarar la verdad, y el juez mandó que le pusiesen atado á la piedra,
+sin comer ni beber, hasta que restituyese las quinientas onzas de
+plata que pagó al instante; yel esclavo Zadig y la piedra se
+grangeáron mucha reputacion en toda la Arabia.
+
+
+
+
+CAPITULO XI.
+
+La hoguera.
+
+
+Embelesado Setoc hizo de sti esclavo su mas íntimo amigo, y no podia
+vivir sin él, como habia sucedido al rey de Babilonia: fué la fortuna
+de Zadig que Setoc no era casado. Descubrió este en su amo excelente
+índole, mucha rectitud y una sana razon, y sentia ver que adorase el
+exército celestial, quiero decir el sol, la luna y las estrellas, como
+era costumbre antigua en la Arabia; y le hablaba á veces de este
+culto, aunque con mucha reserva. Un dia por fin le dixo que eran unos
+cuerpos como los demas, y no mas acreedores á su veneracion que un
+árbol ó un peñasco. Sí tal, replicó Setoc, que son seres eternos que
+nos hacen mil bienes, animan la naturaleza, arreglan las estaciones;
+aparte de que distan tanto de nosotros que no es posible ménos de
+reverenciarlos. Mas provecho sacais, respondió Zadig, de las ondas del
+mar Roxo, que conduce vuestros géneros á la India: ¿y por qué no ha de
+ser tan antiguo como las estrellas? Si adorais lo que dista de vos,
+tambien habeis de adorar la tierra de los Gangaridas, que está al cabo
+del mundo. No, decia Setoc; mas el brillo de las estrellas es tanto,
+que es menester adorarlas. Aquella noche encendió Zadig muchas hachas
+en la tienda donde cenaba con Setoc; y luego que se presentó su amo,
+se hincó de rodillas ante los cirios que ardian, diciéndoles: Eternas
+y brillantes lumbreras, sedme propicias. Pronunciadas estas palabras,
+se sentó á la mesa sin mirar á Setoc. ¿Qué haceis? le dixo este
+admirado. Lo que vos, respondió Zadig; adoro esas luces, y no hago
+caso de su amo y mio. Setoc entendió lo profundo del apólogo, albergó
+en su alma la sabiduria de su esclavo, dexó de tributar homenage á las
+criaturas, y adoró el Ser eterno que las ha formado.
+
+Reynaba entónces en la Arabia un horroroso estilo, cuyo orígen venia
+de la Escitia, y establecido luego en las Indias á influxo de los
+bracmanes, amenazaba todo el Oriente. Quando moria un casado, y queria
+ser santa su cara esposa, se quemaba públicamente sobre el cadáver de
+su marido, en una solemne fiesta, que llamaban la hoguera de la
+viudez; y la tribu mas estimada era aquella en que mas mugeres se
+quemaban. Murió un árabe de la tribu de Setoc, y la viuda, por nombre
+Almona, persona muy devota, anunció el dia y la hora que se habia do
+tirar al fuego, al son da atambores y trompetas. Representó Zadig á
+Setoc quan opuesto era tan horrible estilo al bien del humano linage;
+que cada dia dexaban quemar á viudas mozas que podian dar hijos al
+estado, ó criar á lo ménos los que tenian; y convino Setoc en que era
+preciso hacer quanto para abolir tan inhumano estilo fuese posible.
+Pero añadió luego: Mas de mil años ha que estan las mugeres en
+posesion de quemarse vivas. ¿Quién se ha de atrever á mudar una lej
+consagrada pur el tiempo? ¿ni qué cosa hay mas respetable que un abuso
+antiguo? Mas antigua es todavía la razon, replicó Zadig; hablad vos
+con los caudillos de las tribus, miéntras yo voy á verme con la viuda
+moza.
+
+Presentóse á ella; y despues de hacerse buen lugar encareciendo su
+hermosura, y de haberle dicho quan lastimosa cosa era que tantas
+perfecciones fuesen pasto de las llamas, tambien exâltó su constancia
+y su esfuerzo. ¿Tanto queríais á vuestro marido? le dixo. ¿Quererle?
+no por cierto, respondió la dama árabe: si era un zafio, un zeloso,
+hombre inaguantable; pero tongo hecho propósito firme de tirarme á su
+hoguera. Sin duda, dixo Zadig, que debe ser un gusto exquisito esto de
+quemarse viva. Ha, la naturaleza se estremece, dixo la dama, pero no
+tiene remedio. Soy devota, y perderia la reputacion que por tal he
+grangeado, y todos se reirian de mí si no me quemara. Habiéndola hecho
+confesar Zadig que se quemaba por el que dirán y por mera vanidad,
+conversó largo rato con ella, de modo que le inspiró algun apego á la
+vida, y cierta buena voluntad á quien con ella razonaba, ¿Qué
+hiciérais, le dixo en fin, si no estuviérais poseida de la vanidad de
+quemaros? Ha, dixo la dama, creo que os brindaria con mi mano. Lleno
+Zadig de la idea de Astarte, no respondió á esta declaracion, pero fué
+al punto á ver á los caudillos de las tribus, y les contó lo sucedido,
+aconsejándoles que promulgaran una ley por la qual no seria permitido
+á ninguna viuda quemarse ántes de haber hablado á solas con un mancebo
+por espacio de una hora entera; y desde entónces ninguna dama se quemó
+en toda Arabia, debiéndose así á Zadig la obligacion de ver abolido en
+solo ua dia estilo tan cruel, que reynaba tantos siglos habia: por
+donde merece ser nombrado el bienhechor de la Arabia.
+
+
+
+
+CAPITULO XII.
+
+La cena.
+
+
+No pudiendo Setoc apartarse de este hombre en quien residia la
+sabiduría, le llevó consigoá la gran feria de Basora, donde se
+juntaban los principales traficantes del globo habitable. Zadig se
+alegró mucho viendo en un mismo sitio juntos tantos hombres de tan
+varios paises, y le pareció que era el universo una vasta familia que
+se hallaba reunida en Basora. Comió el segundo dia á la misma mesa con
+un Egipcio, un Indio gangarida, un morador del Catay, un Griego, un
+Celta, y otra muchedumbre de extrangeros, que en sus viages freqüentes
+al seno Arábigo habian aprendido el suficiente árabe para darse á
+entender. El Egipcío no cabia en sí de enojo. ¡Qué abominable pais es
+Basora! mil onzas de oro no me han querido dar sobre la alhaja mas
+preciosa del mundo. ¿Cómo así? dixo Setoc; ¿sobre qué alhaja? Sobre el
+cuerpo de mi tia, respondió el Egipcio, la mas honrada muger de
+Egipto, que siempre me acompañaba, y se ha muerto en el camino; he
+hecho de ella una de las mas hermosas mómias que pueden verse, y en mi
+tierra encontraria todo quanto dinero pidiese sobre esta prenda. Buena
+cosa es que no me quieran dar siquiera mil onzas de oro, empeñando un
+efecto de tanto precio. Lleno de furor todavía iba á comerse la
+pechuga de un excelente pollo guisado, quando cogiéndole el Indio de
+la mano, le dixo en tono compungido: Ha ¿qué vais á hacer? A comer de
+ese pollo, le respondió el hombre de la mómia. No hagáis tal, replicó
+el Gangarida, que pudiera ser que hubiese pasado el alma de la difunta
+al cuerpo de este pollo, y no os habeis de aventurar á comeros á
+vuestra tia. Guisar los pollos es un agravio manifiesto contra la
+naturaleza. ¿Qué nos traeis aquí con vuestra naturaleza, y vuestros
+pollos? repuso el iracundo Egipcio: nosotros adoramos un buey, y
+comemos vaca. ¡Un buey adorais! ¿es posible? dixo el hombre del
+Ganges. ¿Y cómo si es posible? continuó el otro: ciento treinta y
+cinco mil años ha que así lo hacemos, y nadie entre nosotros lo lleva
+á mal. Ha, en eso de ciento treinta y cinco mil, dixo el Indio, hay su
+poco de ponderacion, porque no ha mas de ochenta mil que está poblada
+la India, y nosotros somos los mas antiguos; y Brama nos habia
+prohibido que nos comiéramos á los bueyes, ántes que vosotros los
+pusiérais en los altares y en las parrillas. Valiente animal es
+vuestro Brama comparado con Apis, dixo el Egipcio; ¿qué cosas tan
+portentosas ha hecho ese Brama? El bracman le replicó: ha enseñado á
+los hombres á leer y escribir, y la tierra le debe el juego de
+axedrez. Estais equivocado, dixo un Caldeo que á su lado estaba; el
+pez Oanes es el autor de tan señalados beneficios, y á él solo se le
+debe de justicia tributar homenage. Todo el mundo sabe que era un ser
+divino, que tenia la cola de oro, y una cabeza humana muy hermosa, y
+salia del mar para predicar en la tierra tres horas al dia. Tuvo
+muchos hijos, que todos fuéron reyes, como es notorio. En mi casa
+tengo su imágen, y la adoro como es debido. Lícito es comer vaca hasta
+no querer mas, pero es accion impía sobre manera guisar pescado.
+Dexando esto aparte, ámbos sois de orígen muy bastarda y reciente, y
+no podeis disputar conmigo. La nacion egipcia no pasa de ciento
+treinta y cinco mil años, y los Indios no se dan arriba de ochenta
+mil, miéntras que conservamos nosotros calendarios de quatro mil
+siglos. Creedme, y dexaos de desatinos, y os daré á cada uno una
+efigia muy hermosa de Oanes. Tomando entónces la palabra el hombre de
+Cambalu, dixo: Mucho respeto á los Egipcios, á los Caldeos, á los
+Griegos, á los Celtas, á Brama, al buey Apis, y al hermoso pez Oanes;
+pero el Li ó el Tien, como le quieran llamar [P. D.: Voces chinas,
+que quieren decir Li, la luz natural, la razon; y Tien, el cielo; y
+tambien significan á Dios.], no valen ménos acaso que los bueyes y los
+peces. No mentaré mi pais, que es tamaño como el Egipto, la Caldea y
+las Indias juntas, ni disputare acerca de su antigüedad, porque lo que
+importa es ser feliz, y sirve de poco ser antiguo; pero si se trata de
+almanaques, diré que en toda el Asia corren los nuestros, y que los
+poseíamos aventajados, ántes que supieran los Caldeos la arismética.
+
+Todos sois unos ignorantes, todos sin excepcion, exclamó el Griego.
+¿Pues qué, no sabeis que el padre de todo es el caos, y que el estado
+en que vemos el mundo es obra de la forma y la materia? Habló el tal
+Griego largo rato, hasta que le interrumpió el Celta, el qual habia
+bebido miéntras que altercaban los demas, y que creyéndose entónces
+mas instruido que todos, dixo echando por vidas, que solo Teutates y
+las agallas de roble merecian mentarse; que él llevaba siempre agallas
+en el bolsillo; que sus ascendientes los Escitas eran los únicos
+sugetos honrados que habia habido en el universo, puesto que de verdad
+comian á veces carne humana, pero que eso no quitaba que fuesen una
+nacion muy respetable; por fin, que si alguien decia mal de Teutates,
+él le enseñaria á no ser mal hablado. Encendióse entónces la
+contienda, y vió Setoc la hora en que se iba á ensangrentar la mesa.
+Zadig, que no habia desplegado los labios durante la altercacion, se
+levantó, y dirigiéndose primero al Celta, que era el mas furioso, le
+dixo que tenia mucha razon, y le pidió agallas; alabó luego la
+eloqüencia del Griego, y calmó todos los ánimos irritados. Poco dixo
+al del Catay, que habia hablado con mas juicio que los demas; y al
+cabo se explicó así: Amigos mios, íbais á enojaros sin motivo, porque
+todos sois del mismo dictámen. Todos se alborotáron al oir tal. ¿No es
+verdad, dixo al Celta, que no adoráis esta agalla, mas sí al que crió
+el roble y las agallas? Así es la verdad, respondió el Celta. Y vos,
+Señor Egipcio, de presumir es que en un buey tributais homenage al que
+os ha dado los bueyes. Eso es, dixo el Egipcio. El pez Oanes,
+continuó, le debe ceder á aquel que formó la mar y los peces. Estamos
+conformes, dixo el Caldeo. El Indio y el Catayés reconocen igualmente
+que vosotros, añadió, un principio primitivo. No he entendido muy bien
+las maravillosas lindezas que ha dicho el Griego, pero estoy cierto de
+que tambien admite un ser superior del qual depende la forma y la
+materia. El Griego, que se vía celebrado, dixo que Zadig habia
+comprendido perfectamente su idea. Con que todos estais conformes,
+repuso Zadig, y no hay motivo de contienda. Abrazóle todo el mundo; y
+Setoc, despues de haber vendido muy caros sus géneros, se volvió con
+su amigo Zadig á su tribu. Así que llegó, supo Zadig que se le habia
+formado causa en su ausencia, y que le iban á quemar vivo.
+
+
+
+
+CAPITULO XIII.
+
+Las citas.
+
+
+Miéntras este viage á Basora, concertáron los sacerdotes de las
+estrellas el castigo de Zadig. Pertenecíanles por derecho divino las
+piedras preciosas y demas joyas de las viudas mozas que morian en la
+hoguera; y lo ménos que podian hacer con Zadig era quemarle por el
+flaco servicio que les habia hecho. Acusáronle por tanto de que
+llevaba opiniones erróneas acerca del exército celestial, y declaráron
+con juramento solemne que le habian oido decir que las estrellas no se
+ponian en la mar. Estremeciéronse los jueces de tan horrenda
+blasfemia; poco faltó para que rasgaran sus vestiduras al oir palabras
+tan impías, y las hubieran rasgado sin duda, si hubiera tenido Zadig
+con que pagarlas; mas se moderáron en la violencia de su dolor, y se
+ciñéron á condenar al reo á ser quemado vivo. Desesperado Setoc usó
+todo su crédito para librar á su amigo, pero en breve le impusiéron
+silencio. Almona, la viuda moza que habia cobrado mucha aficion á la
+vida, y se la debia á Zadig, se resolvió á sacarle de la hoguera, que
+como tan abusiva se la habia él presentado; y formando su plan en su
+cabeza, no dió parte de él á nadie. Al otro dia iba á ser ajusticiado
+Zadig: solamente aquella noche le quedaba para libertarle, y la
+aprovechó como muger caritativa y discreta.
+
+Sahumóse, atildóse, aumentó el lucimiento de su hermosura con el mas
+bizarro y pomposo trage, y pidió audiencia secreta al sumo sacerdote
+de las estrellas. Así que se halló en presencia de este venerable
+anciano, le habló de esta manera: Hijo primogénito de la Osa mayor,
+hermano del toro, primo del can celeste (que tales eran los dictados
+de este pontífice), os vengo á fiar mis escrúpulos. Mucho temo haber
+cometido un gravísimo pecado no quemándome en la hoguera de mi amado
+marido. Y en efecto, ¿qué es lo que he conservado? una carne
+perecedera, y ya marchita. Al decir esto, sacó de unos luengos mitones
+de seda unos brazos de maravillosa forma, y de la blancura del mas
+puro alabastro. Ya veis, dixo, quan poco vale todo esto. Al pontífice
+se le figuró que esto valia mucho: aseguráronlo sus ojos, y lo
+confirmó su lengua, haciendo mil juramentos de que no habia en toda su
+vida visto tan hermosos brazos. ¡Ay! dixo la viuda, acaso los brazos
+no son tan malos; pero confesad que el pecho no merece ser mirado.
+Diciendo esto, desabrochó el mas lindo seno que pudo formar
+naturaleza; un capullo de rosa sobre una bola de marfil parecia junto
+á él un poco de rubia que colora un palo de box, y la lana de los
+albos corderos que salen de la alberca era amarilla á su lado. Este
+pecho, dos ojos negros rasgados que suaves y muelles de amoroso fuego
+brillaban, las mexillas animadas en púrpura con la mas cándida leche
+mezclada, una nariz que no se semejaba á la torre del monte Libano,
+sus labios que así se parecian como dos hilos de coral que las mas
+bellas perlas de la mar de Arabia ensartaban; todo este conjunto en
+fin persuadió al viejo á que se habia vuelto á sus veinte años.
+Tartamudo declaró su amor; y viéndole Almona inflamado, le pidió el
+perdon de Zadig. ¡Ay! respondió él, hermosa dama, con toda mi ánima se
+le concediera, mas para nada valdria mi indulgencia, porque es
+menester que firmen otros tres de mis colegas. Firmad vos una por una,
+dixo Almona, Con mucho gusto, respondió el sacerdote, con la condicion
+de que sean vuestros favores premio de mi condescendencia. Mucho me
+honrais, replicó Almona; pero tomaos el trabajo de venir á mi quarto
+despues de puesto el sol, quando raye sobre el horizonte la luciente
+estrella de Scheat; en un sofá color de rosa me hallaréis, y haréis
+con vuestra sierva lo que fuere de vuestro agrado. Salió sin tardanza
+con la firma, dexando al viejo no ménos que enamorado desronfiándose
+de sus fuerzas; el qual lo restante del dia lo gastó en bañarse, y
+bebió un licor compuesto con canela de Ceylan y con preciosas especias
+de Tidor y Tornate, aguardando con ansia que saliese la estrella de
+Scheat.
+
+En tanto la hermosa Almona fué á ver al segundo pontífice, que le dixo
+que comparados con sos ojos eran fuegos fatuos el sol, la luna, y
+todos los astros del firmamento. Solicitó ella la misma gracia, y él
+le propuso el mismo premio. Dexóse vencer Almona, y citó al segundo
+pontífice para quando nace la estrella Algenib. Fué de allí á casa del
+tercero y quarto sacerdote, llevándose de cada uno su firma, y
+citándolos de estrella á estrella. Avisó entónces á los jueces que
+vinieran á su casa para un asunto de la mayor gravedad. Fuéron en
+efecto, y ella les enseñó las quatro firmas, y les dió parte del
+precio á que habian vendido los sacerdotes el perdon de Zadig. Llegó
+cada uno á la hora señalada, y quedó pasmado de encontrarse con sus
+colegas, y todavía mas con los jueces que fuéron testigos de su
+ignominia. Fué puesto en libertad Zadig, y Setoc tan prendado de la
+maña de Almona, que la tomó por su muger propia.
+
+
+
+
+CAPITULO XIV.
+
+El bayle.
+
+
+Tenia que ir Setoc para negocios de su tráfico á la isla de Serendib;
+pero el primer mes de casados, que, como ya llevamos dicho, es la luna
+de miel, no le dexó ni separarse de su muger, ni aun presumir que
+podria separarse un dia de ella. Rogó por tanto á su amigo Zadig que
+hiciera por el este viage. ¡Ay! decia Zadig: ¿con que aun he de poner
+mas tierra entre la hermosa Astarte y yo? Pero es fuerza que sirva á
+mis bienhechores. Así dixo, lloró, y se partió.
+
+A poco tiempo de haber aportado á la isla de Serendib, era tenido por
+hombre muy superior. Escogiéronle los negociantes por su árbitro, los
+sabios por su amigo, y el corto número de aquellos que piden consejo
+por su consejero. Quiso el rey verle y oirle, y conoció en breve
+quanto valia Zadig; se fió de su discrecion, y le hizo amigo suyo.
+Temblaba Zadig de la llaneza y la estimacion con que le trataba el
+rey, pensando de noche y de dia en las desventuras que le habia
+acarreado la amistad de Moabdar. El rey me quiere, decia; ¿seré un
+hombre perdido? Con todo no se podia zafar de los halagos de su
+magestad, porque debemos confesar que era uno de los mas cumplidos
+príncipes del Asia Nabuzan, rey de Serendib, hijo de Nuzanah, hijo de
+Nabuzan, hijo de Sambusna; y era difícil que á quien le trataba, de
+cerca no le prendase.
+
+Sin cesar elogiaban, engañaban y robaban á este buen príncipe; y cada
+qual metia la mano como á porfía en el erario. El principal ministro
+de hacienda de la isla de Serendib daba este precioso exemplo, y todos
+los subalternos le imitaban con fervor. El rey, que lo sabia, habia
+mudado varias veces de ministro, pero nunca habia podido mudar el
+estilo admitido de dividir las rentas reales en dos partes desiguales;
+la mas pequeña para su magestad, y la mayor para sus administradores.
+
+Fió el buen rey Nabuzan su cuita del sabio Zadig. Vos que tantas cosas
+sabeis, le dixo, ¿no sabríais modo para que tope yo con un tesorero
+que no me robe? Sí por cierto, respondió Zadig; un modo infalible sé
+de buscaros uno que tenga las manos limpias. Contentísimo el rey le
+preguntó, dándole un abrazo, como haria. No hay mas, replicó Zadig,
+que hacer baylar á quantos pretenden la dignidad de tesorero; y el que
+con mas ligereza baylare, será infaliblemente el mas hombre de bien.
+Os estais burlando, dixo el rey: ¡donoso modo por cierto de elegir un
+ministro de hacienda! ¿Con que el que mas listo fuere para dar
+cabriolas en el ayre ha de ser el mas integro y mas hábil
+administrador? No digo yo que haya de ser el mas hábil, replicó Zadig,
+pero lo que sí aseguro es que indubitablemente ha de ser el mas
+honrado. Tanta era la confianza con que lo decia Zadig, que se
+persuadió el rey á que poseía algun secreto sobrenatural para conocer
+á los administradores. Yo no gusto de cosas sobrenaturales, dixo
+Zadig, ni he podido nunca llevar en paciencia ni los hombres que hacen
+milagros, ni los libros que los mentan: y si quiere vuestra magestad
+permitir que haga la prueba, quedará convencido de que mi secreto es
+tan fácil como sencillo. Mas se pasmó Nabuzan, rey de Serendib, al oir
+que era sencillo el secreto, que si le hubiera dicho que era
+milagroso. Está bien, le dixo, haced lo que os parezca. Dexadlo estar,
+que ganaréis con esta prueba mas de lo que pensais. Aquel mismo dia
+mandó pregonar en nombre del rey, que todos quantos aspiraban al
+empleo de principal ministro de las rentas de su sacra magestad
+Nabuzan, hijo de Nuzanab, viniesen con vestidos ligeros de seda á la
+antecámara del rey, el primer dia de la luna del crocodílo. Acudiéron
+en número de sesenta y quatro. Estaban los músicos en una sala
+inmediata, y dispuesto todo para un bayle; pero estaba cerrada la
+puerta de la sala, y para entrar en ella habia que atravesar una
+galería bastante obscura. Vino un uxier á conducir uno tras de otro á
+cada candidato por este pasadizo, donde le dexaba solo algunos
+minutos. El rey que estaba avisado, habia hecho poner todos sus
+tesoros en la galería. Quando llegáron los pretendientes á la sala,
+mandó su magestad que baylaran, y nunca se habian visto baylarines mas
+topos ni con ménos desenvoltura; todos andaban la cabeza baxa, las
+espaldas corvas, y las manos pegadas al cuerpo. ¡Qué bribones! decia
+en voz baxa Zadig. Uno solo hacia con agilidad las mudanzas, levantada
+la cabeza, sereno el mirar, derecho el cuerpo, y firmes las rodillas.
+¡Qué hombre tan de bien, qué honrado sugeto! dixo Zadig. Dió el rey un
+abrazo á este buen baylarin, y le nombró su tesorero: todos los demas
+fuéron justamente castigados y multados, porque miéntras que habian
+estado en la galería, habia llenado cada uno sus bolsillos, y apénas
+podia dar paso. Compadecióse el rey de la humana naturaleza,
+contemplando que de sesenta y quatro baylarines los sesenta y tres
+eran ladrones rateros, y se dió á la galería obscura el título de
+corredor de la tentacion. En Persia hubieran empalado á los sesenta y
+tres magnates; en otros paises, hubieran nombrado un juzgado, que
+hubiera consumido en costas el triplo del dinero robado, y no hubiera
+puesto un maravedí en las arcas reales; en otros, se hubieran
+justificado plenamente, y hubiera caido de la gracia el ágil baylirin:
+en Serendib fuéron condenados á aumentar el fisco, porque era Nabuzan
+muy elemente.
+
+No era ménos agradecido, y dió á Zadig una suma mas quantiosa que
+nunra habia robado tesorero ninguno al rey su amo. Valióse de este
+dinero Zadig para enviar á Babilonia expresos que le informaran de la
+suerte de Astarte. Al dar esta órden le tembló la voz, se le agolpó la
+sangre hácia el corazon, se cubriéron de un tenebroso velo sus ojos, y
+se paró á punto de muerte. Partióse el correo, vióle embarcar Zadig, y
+se volvió á palacio, donde sin ver á nadie, y creyendo que estaba en
+su aposento, pronunció el nombre de amor. Si, el amor, dixo el rey; de
+eso justamente se trata, y habeis adivinado la causa de mi pena. ¡Qué
+grande hombre sois! Espero que me enseñeis á conocer una muger firme,
+como me habeis hecho hallar un tesorero desinteresado. Volviendo en sí
+Zadig le prometió servirle en su amor como habia hecho en real
+hacienda, aunque parecia la empresa mas ardua todavía.
+
+
+
+
+CAPITULO XV.
+
+Los ojos azules.
+
+
+Mi cuerpo y mi corazon, dixo el rey á Zadig... Oyendo estas palabras
+no pudo ménos el Babilonio de interrumpir á su magestad, y de decirle:
+¡Ouanto celebro que no hayáis dicho mi alma y mi corazon, porque no
+oimos mas voces que estas en las conversaciones de Babilonia, ni
+leemos libros que no traten del corazon y el alma, escritos por
+autores que ni uno ni otra tienen; pero perdonadme, Señor, y
+proseguid. Nabuzan continuó: Mi cuerpo y mi corazon son propensos al
+amor; á la primera de estas dos potencias le sobran satisfacciones,
+que tengo cien mugeres á mi disposicion, hermosas todas,
+complacientes, obsequiosas, y voluptuosas, ó fingiendo que lo son
+conmigo. No es empero mi corazon tan afortunado, porque tengo sobrada
+experiencia de que el halagado es el rey de Serendib, y que hacen
+poquisimo aprecio de Nabuzan. No por eso digo que sean infieles mis
+mugeres, puesto que quisiera encontrar una que me quisiera por mí
+propio, y diera por ella las cien beldades que poseo. Decidme si en
+mis cien sultanas hay una que de veras me quiera.
+
+Respondióle Zadig lo mismo que acerca del ministro de hacienda. Señor,
+dexadlo á mi cargo; pero permitidme primero que disponga de todas las
+riquezas que se expusiéron en la galería de la tentacion, y no dudeis
+de que os daré buena cuenta de ellas, y no perderéis un ardite. Dióle
+el rey amplías facultades, y escogió Zadig treinta y tres jorobados de
+los mas feos de Serendib, treinta y tres pages de los mas lindos, y
+treinta y tres de los mas eloqüentes y forzudos bonzos. Dexóles á
+todos facultad de introducirse en los retretes de las sultanas; dió á
+cada jorobado quatro mil monedas de oro que regalar, y el primer dia
+fuéron todos felices. Los pages que no tenian otra dádiva que hacer
+que la de su persona, tardáron dos ó tres dias en conseguir lo que
+solicitaban; y tuviéron mas dificultad en salir non la suya los
+bonzos; pero al cabo se les rindiéron treinta y tres devotas.
+Presenció el rey todas estas pruebas por unas celosías que daban en
+los aposentos de las sultanas, y se quedó atónito, que de sus cien
+mugeres las noventa y nueve se rindiéron á su presencia. Quedaba una
+muy jóven y muy novicia, á la qual nunca habia tocado su magestad:
+arrimáronse á ella uno, dos y tres jorobados, ofrecréndole hasta
+veinte mil monedas; pero se mantuvo incorruptible, riéndose de la idea
+de los jorobados que creían que su dinero los hacia mas bonitos.
+Presentáronse los dos mas lindos pages, y les dixo que le parecia el
+rey mas lindo. Acometióla luego el bonzo mas eloqüente, y despues el
+mas intrépido: al primero le trató de parlanchin, y no pudo entender
+qual fuese el mérito del segundo. Todo se cifra en el corazon, dixo:
+yo no he de ceder ni al oro de un jorobado, ni á la hermosura de un
+page, ni á las artes de un bonzo; ni he de querer á nadie mas que á
+Nabuzan; hijo de Nuzanab, esperando á que él me corresponda. Quedó el
+rey embargado en júbilo, cariño y admiracion. Volvió á tomar todo el
+dinero con que habian comprado los jorobados su buena ventura, y se le
+regaló á la hermosa Falida, que así se llamaba esta beldad. Dióle con
+él su corazon, que merecia de sobra, porque nunca se vió juventud mas
+brillante y mas florida que la suya, nunca hermosura que mas digna de
+prendar fuese. Verdad es que no calla la historia que hacia mal una
+cortesía; pero confiesa que baylaba como las hadas, cantaba como las
+sirenas, y hablaba como las Gracias, y estaba colmada de habilidades y
+virtud.
+
+Adorábala el amado Nabuzan; pero tenia Falida ojos azules, lo qual
+causó las mas funestas desgracias. Estaba prohibido por una antigua
+ley de Serendib, que se enamoraran de una de las mugeres que llamáron
+luego los Griegos BOOPES; y hacia mas de cinco mil años que habia
+promulgado esta ley el sumo bonzo, por apropiarse para sí la dama del
+primer rey de la isla de Serendib; de suerte que el anatema de los
+ojos azules se habia hecho ley fundamental del estado. Todas las
+clases del estado hiciéron enérgicas representaciones á Nabuzan; y
+públicamente se decia que era llegada la fatal catástrofe del reyno,
+que estaba colmada la medida de la abominacion, que un siniestro
+suceso amenazaba la naturaleza; en una palabra, que Nabuzan, hijo de
+Nuzanab, estaba enamorado de dos ojos azules rasgados. Los jorobados,
+los bonzos, los asentistas, y las ojinegras inficionáron de
+mal-contentos el reyno entero.
+
+El descontento universal animó á los pueblos salvages que viven al
+norte de Serendib á invadir los estados del buen Nabuzan. Pidió
+subsidios á sus vasallos, y los bonzos que eran dueños de la mìtad de
+las rentas del estado, se contentáron con levantar las manos al cielo,
+y se negáron á llevar su dinero al erario para sacar de ahogo al rey.
+Cantáron lindas oraciones en música, y dexáron que los bárbaros
+asolaran el estado.
+
+Querido Zadig, ¿me sacarás de este horrible apuro? le dixo en
+lastimoso tono Nabuzan. Con mucho gusto, respondió Zadig; los bonzos
+os darán quanto dinero querais. Abandonad las tierras donde tienen
+levantados sus palacios, y no defendais mas que las vuestras. Hízolo
+así Nabuzan; y quando viniéron los bonzos á echarse á sus plantas,
+implorando su asistencia, les respondió el rey con una soberbia música
+cuya letra eran oraciones al cielo, rogando por la conservacion de sus
+tierras. Entónces los bonzos diéron dinero, y se concluyó con
+felicidad la guerra. De esta suerte por sus prudentes y dichosos
+consejos, y por los mas señalados servicios, se habia acarreado Zadig
+la irreconciliable enemiga de los mas poderosos del estado: juráron su
+pérdida los bonzos y las oji-negras, desacreditáronle jorobados y
+asentistas, y le hiciéron sospechoso al buen Nabuzan. Los servicios
+que el hombre hace se quedan en la antesala, y las sospechas penetran
+al gabinete, segun dice Zoroastro. Todos los dias eran acusaciones
+nuevas; la primera se repele, la segunda hace mella, la tercera hiere,
+y la quarta mata.
+
+Asustado Zadig, que habia puesto en auge los asuntos de su amigo, y
+enviádole su dinero, no pensó mas que en partirse de la isla, y en ir
+á saber en persona noticias de Astarte; porque si permanezco en
+Serendib, decia, me harán empalar los bonzos. ¿Pero adonde iré? en
+Egipto seré esclavo, en Arabia segun las apariencias quemado, y
+ahorcado en Babilonia. Con todo menester es saber qué ha sido de
+Astarte: partámonos, y apuremos lo que me destina mi suerte fatal.
+
+
+
+
+CAPITULO XVI.
+
+El bandolero.
+
+
+Al llegar á las fronteras que separan la Arabia petrea de la Syria, y
+al pasar por junto á un fuerte castillo, saliéron de él unos Arabes
+armados. Vióse rodeado de hombres que le gritaban: Ríndete; todo
+quanto traes es nuestro, y tu persona pertenece á nuestro amo. En
+respuesta sacó Zadig la espada; lo mismo hizo su criado que era
+valiente, y dexáron sin vida á los primeros Arabes que los habian
+embestido: dobló el número de enemigos, mas ellos no se desalentáron,
+y se resolviéron á morir en la pelea. Víanse dos hombres que se
+defendian contra una muchedumbre; tan desigual contienda poco podia
+durar. Viendo desde una ventana el dueño del castillo, que se llamaba
+Arbogad, los portentos de valor que hacia Zadig, le cobró estimacion.
+Baxó por tanto, y vino en persona á contener á los sujos, y librar á
+los dos caminantes. Quanto por mis tierras pasa es mio, dixo, no ménos
+que lo que en tierras agenas encuentro; pero me pareceis tan valeroso,
+que os exîmo de la comun ley. Hízole entrar en el castillo, mandando á
+su tropa que le tratase bien; y aquella noche quiso cenar con Zadig.
+
+Era el amo de este castillo uno de aquellos Arabes que llaman
+ladrones, el qual entre mil atrocidades solia hacer alguna accion
+buena; robaba con una furiosa rapacidad, y daba con prodigalidad:
+intrépido en una accion, de buen genio en el trato de la vida, bebedor
+en la mesa, de buen humor quando habia bebido, y sobretodo sin solapa
+ninguna. Gustóle mucho Zadig, y con la conversacion que se animó duró
+mucho el banquete. Díxole en fin Arbogad: Aconsejoos que tomeis
+partido conmigo, no podeis hacer cosa mejor; no es tan malo el oficio,
+y un dia podeis llegar á ser lo que yo soy. ¿Se puede saber, respondió
+Zádig, desde quando exercitais tan hidalga profesion? Desde niño,
+replicó el señor. Era criado de un Arabe muy hábil, y no podia
+acostumbrarme á mi estado, desesperado de ver que perteneciendo
+igualmente la tierra á todos, no me hubiera cabido á mí la porcion
+correspondiente. Fiéle mi pena á un Arabe viejo, el qual me dixo: Hijo
+mio, no te desesperes; sábete que en tiempos antiguos habia un grano
+de arena que se dolia de ser un átomo desconocido en un desierto;
+andando años, se convirtió en diamante, y es hoy el mas precioso joyel
+de la corona del rey de las Indias. Dióme tanto golpe esta respuesta,
+que siendo grano de arena me determiné á volverme diamante. Robé
+primero dos caballos, me junté con otros compañeros, púseme en breve
+en estado de robar caravanas poco crecidas; y así fué disminuyéndose
+la desproporcion que de mi á los demás habia. Participé de los bienes
+de este mundo, v me resarcí con usura: tuviéronme en mucho, llegué á
+ser señor bandolero, y gané este castillo tomándole por fuerza. Quiso
+quitármele el sátrapa de Syria, pero era ya tan rico que nada tenia
+que temer: dí dinero al sátrapa, y conservé así el castillo, y agrandé
+mis tierras, añadiendo á ellas el cargo que me confirió el sátrapa de
+tesorero de los tributos que pagaba la Arabia petrea al rey de reyes.
+Yo hice las cobranzas, y me exîmé de hacer pagos.
+
+Envió aquí el gran Desterham de Babilonia, en nombre del rey Moabdar,
+á un satrapilla para mandarme ahorcar. Quando él llegó con la órden,
+estaba yo informado de todo; hice ahorcar en su presencia las quatro
+personas que traía consigo para apretarme el lazo al cuello, y le
+pregunté luego quanto le podia valer la comision de ahorcarme.
+Respondióme que podria su gratificacion subir á trecientas monedas de
+oro, y yo le hice ver con evidencia que ganaria mas conmigo: le creé
+bandolero inferior, y hoy es uno de los mejores y mas ricos oficiales
+que tengo; y si me quereis creer, haréis vos lo mismo. Nunca ha
+corrido tiempo mejor para robar, desde que ha sido muerto Moabdar, y
+que anda en Babilonia todo alborotado. ¡Moabdar ha sido muerto! dixo
+Zadig: ¿y que se ha hecho la reyna Astarte? Yo no lo sé, replicó
+Arbogad; lo que sí sé, es que Moabdar se volvió loco, que fué muerto,
+que Babilonia esta hecha una cueva de ladrones, todo el imperio en la
+desolacion, que se pueden dar buenos golpes, y que yo por mi parte he
+dado algunos ballantes. Pero la reyna, dixo Zadig, ¿por vida vuestra
+nada sabeis de la suerte de la reyna? De un príncipe de Hircania me
+han hablado, replicó; es de presumir que sea una de sus concubinas, á
+ménos que en el alboroto la hayan muerto; pero á mí lo que me importa
+es avenguar donde hay que robar, y no noticias. Muchas mugeres he
+cogido en mis correrías, pero á ninguna conservo; quando son bonitas,
+las vendo caras, sin informarme de lo que son, porque nadie compra la
+dignidad, y para una reyna fea no se encuentra despacho. Posible es
+que haya yo vendido á la reyna Astarte, y posible es que haya muerto;
+poco me importa, y me parece que tampoco debe de importaros mucho á
+vos. Diciendo esto bebia con tanto aliento, y de tal manera confundia
+las ideas todas, que no pudo Zadig sacar de él cosa ninguna mas.
+
+Estaba confuso, pensativo y sin movimiento, miéntras que bebia Arbogad
+y contaba mil historietas, repitiendo sin cesar que era el mas
+venturoso de los hombres, y exhortando á Zadig á que fuera tan dichoso
+como él era. Finalmente embargados los sentidos con los vapores del
+vino, se fué á dormir un sosegado sueño. Zadig pasó aquella noche en
+la mas violenta zozobra. ¡Con que se ha vuelto loco el rey, y ha sido
+muerto! decia; no puedo ménos de compadecerle. ¡Está despedazado el
+imperio, y este bandolero es feliz! ¡O fortuna, o destino! ¡un
+bandolero feliz, y la mas amable produccion de la naturaleza ha muerto
+acaso de un modo horrible, ó vive en peor condicion que la misma
+muerte! ¡O Astarte! ¿qué te has hecho?
+
+Desde que amaneció el dia, hizo preguntas á todos quantos habia en el
+castillo, pero estaban todos ocupados, y nadie le respondió: aquella
+noche habian hecho nuevas conquistas, y se estaban repartiendo los
+despojos. Quanto en esta tumultuaria confusion pudo conseguir, fué
+licencia para irse, que aprovechó sin tardanza, mas sumido que nunca
+en sus tristes pensamientos.
+
+Caminaba Zadig inquieto y agitado, preocupado su ánimo con la
+malhadada Astarte, con el rey de Babilonia, can su fiel Cador, con el
+dichoso bandolero Arbogad, con aquella tan antojadiza muger que babian
+robado unos Babilonios en la frontera de Egipto, finalmente con todos
+los contratiempos y azares que habia sufrido.
+
+
+
+
+CAPITULO XVII.
+
+El pescador.
+
+
+A pocas leguas del castillo de Arbogad, se encontró á orillas de un
+ríachuelo, lamentando siempre su suerte, y mirándose como el epilogo
+de las desdichas humanas. Vió un pescador acostado á la orilla, que
+con desmayada mano retenia apénas sus redes que iba á dexar escapar, y
+alzaba los ojos al cielo.
+
+Por cierto que yo soy el mas desdichado de todos los hombres, decia el
+pescador. Por confesion de todo el mundo he sido el mas célebre
+mercader de requesones de toda Babilonia, y lo he perdido todo. Tenia
+la muger mas linda que pueda poseer hombre, y me ha engañado. Me
+quedaba una mala casuca, y la he visto talar y derribar, Refugiado á
+una cabaña, sin mas recurso que la pesca, no saco ni un pescado. No
+quiero tirarte al agua, red mia, yo soy quien me he de tirar. Diciendo
+estas palabras se levantó en postura de un hombre resuelto á dar fin á
+su vida en el rio.
+
+¡Así, dixo Zadig para sí, hay otros hombres tan desdichados como yo!
+Tan pronto como esta idea fué la de acudir á librar de la muerte al
+pescador. Corre á él, le detiene, y le hace preguntas en ademan
+enternecido y consolador. Dicen que es uno ménos desdichado quando no
+es él solo; pero segun Zoroastro no es por malicia, que es por
+necesidad, porque se siente uno entónces atraído por otro desventurado
+como por un semejante suyo. La alegría de un dichoso fuera insulto; y
+son dos desventurados como dos flacos arbolillos que, apoyándose uno
+en otro, contra la borrasca se fortalecen.
+
+¿Porqué os rendis á vuestra desgracia? dixo Zadig al pescador. Porque
+no veo remedio á ella, le respondió. He sido el vecino mas pudiente de
+la aldea de Derlback, cerca de Babilonia, y con ayuda de mi muger
+hacia los mejores requesones del imperio, que gustaban infinito á la
+reyna Astarte y al célebre ministro Zadig. Habla suministrado para
+entrámbas casas seiscientos requesones: fuí un dia á Babilonia á que
+me pagaran, y supe que aquella misma noche se habian desaparecido
+Zadig y la reyna. Fuí corriendo á casa del señor Zadig, á quien nunca
+habia visto, y encontré á los alguaciles del gran Desterham, que con
+un papel del rey en la mano robaban con mucho órden y sosiego toda la
+casa. Púseme en volandas en la cocina de la reyna; algunos de los
+gentiles-hombres de beca me dixéron que habia muerto, otros que estaba
+presa, y otros afirmáron que se habia escapado; pero todos estaviéron
+contestes en que no se me pagarian mis requesones. Fuíme con mi muger
+á casa del señor Orcan, que era uno de mis parroquianos; le pedímos su
+amparo en nuestra cuita, y se le otorgó á mi muger, y á mí no. Era mi
+muger mas blanca que los requesones que fuéron el orígen de mi
+desventura, y no brilla mas la púrpura de Tyro que el color que su
+blancura animaba: por eso se la guardó Orcan, y me echó de su casa.
+Escribí á mi esposa desesperado una carta, y respondió al portador:
+Sí, ya, ya sé quien me escribe, ya me han hablado de él; dicen que
+hace requesones excelentes: que me trayga, y que se los paguen.
+
+Quise acudir á la justicia en mi desdicha. Quedábanme seis onzas de
+oro: fué menester dar dos al jurisperito que consulté, otras dos al
+procurador que se encargó de mi asunto, y dos al escribiente del
+primer juez. Hecho esto, aun no se habia empezado mi pleyto, y ya
+llevaba mas dinero gastado que lo que mis requesones y mi muger de
+añadidura valian. Volvíme al pueblo con ánimo de vender mi casa por
+recobrar á mi muger. Valia esta unas sesenta onzas de oro; pero me
+vían pobre, y con premura de vender. El primero á quien me dirigí me
+ofreció treinta, el segundo veinte, y el tercero diez; y la iba á dar
+por este precio, segun estaba ciego. Vino á la sazon á Babilonia un
+príncipe de Hircania, asolando todo el pais por donde pasaba, el qual
+saqueó mi casa, y despues le puso fuego. Habiendo perdido de esta
+manera dinero, muger y casa, me retiré al pais donde me veis,
+procurando ganar mi vida con la pesca. Los peces hacen burla de mí lo
+mismo que los hombres: no saco ningunos, y me muero de hambre; y sin
+vos, consolador augusto, iba á tirarme al rio.
+
+No contó su historia el pescador sin hacer muchas pausas, y á cada una
+le decia Zadig, arrebatado y fuera de sí: ¿Con que nada sabeis de la
+suerte de la reyna? No, señor, respondia el pescador; lo que sé, es
+que ni la reyna ni Zadig me han pagado mis requesones, que me han
+robado á mi muger, y que estoy desesperado. Yo espero, dixo Zadig, que
+no habeis de perder todo vuestro dinero. He oido hablar de ese Zadig,
+como de un hombre honrado; y si vuelve á Babilonia, mas de lo que os
+debe os dará; mas por lo que hace á vuestra muger, que no es tan
+honrada, aconsejoos que no hagais diligencias por volver con ella.
+Tomad mi consejo, id á Babilonia, adonde ántes que vos llegaré yo,
+porque vais á pié y yo voy á caballo; veos con el ilustre Cador,
+decidle que habeis encontrado á su amigo, y esperadme en su casa: id
+en paz, que acaso no seréis siempre desdichado.
+
+Poderoso Orosmades, siguió, de mí os habeis valido para consolar á
+este hombre: ¿de quién os valdréis para darme á mí consuelo? Así decia
+dando al pescador la mitad de todo el dinero que traía de Arabia; y el
+pescador atónito y confuso besaba las plantas del amigo de Cador, y le
+apellidaba su ángel tutelar.
+
+Zadig no cesaba de preguntarle noticias, y de verter llanto. ¿Cómo,
+señor, exclamó el pescador, tambien sois desdichado siendo benéfico?
+Cien veces mas infeliz que tú, respondió Zadig. ¿Cómo puede ser, decia
+el buen hombre, que sea el que da mas digno de lástima que el que
+recibe? Porque tu mayor desgracia, replicó Zadig, era la necesidad, y
+la mia pende del coraron. ¿Os ha robado Orcan á vuestra muger? dixo el
+pescador. Esta pregunta traxo á la memoria á Zadig todas sus
+aventuras, y le hizo repasar la lista de todos sus infortunios,
+empezando por la perra de la reyna hasta su arribo á casa del
+bandolero Arbogad. Ha, dixo al pescador, Orcan es digno de castigo;
+pero por lo comun esos son los hombres que estan en privanza del
+destino. Sea como fuere, vete á casa del señor Cador, y espérame.
+Separáronse con esto: el pescador se fúe dando gracias á su estrella,
+y Zadig maldiciendo sin cesar la suya.
+
+
+
+
+CAPITULO XVIII.
+
+El basilisco.
+
+
+Llegó Zadig á un hermoso prado, donde vió una muchedumbre de mugeres
+que andaban buscando solícitas cosa que parecia que habian perdido.
+Acercóse á una de ellas, y le preguntó si queria que las ayudara á
+buscar lo que querían hallar. Dios nos libre, respondió la Syria; lo
+que nosotras buscamos solo las mugeres pueden tocarlo. Raro es eso,
+dixo Zadig: ¿me haréis el favor de decirme qué cosa es esa que solo
+las mugeres pueden tocarla? Un basilisco, respondió ella. ¡Un
+basilisco, señora! ¿y por qué motivo buscais un basilisco? Para
+nuestro señor y dueño Ogul, cuyo palacio estais viendo á orillas del
+rio, y al cabo de este prado, que somos sus mas humildes esclavas. El
+señor Ogul está malo, y le ha recetado su médico que coma un basilisco
+hervido en agua de rosas; y como es animal muy raro, y que solo de las
+mugeres se dexa coger, ha prometido el señor Ogul que escogerá por su
+querida esposa á la que le lleve un basilisco: con que así dexádmele
+buscar; que ya veis lo mucho que yo perderia, si una de mis compañeras
+ántes que yo le topara.
+
+Dexó Zadig á esta Syria y á todas las demas que buscaran su basilisco,
+y siguió su camino por la pradera. Al llegar á la orilla de un
+arroyuelo, encontró á otra dama acostada sobre los céspedes, que no
+buscaba nada. Parecia magestuosa su estatura, aunque tenia cubierto el
+rostro de un velo. Estaba inclinada la cabeza al anoyo; exhalaba de
+rato en rato hondos sollozos, y tenia en la mano una varita con la
+qual estaba esciibiendo letras en una fina arena que entre los
+céspedes y el arrojo mediaba. Quiso ver Zadig qué era lo que escribia:
+arrimóse, y vió una Z, luego una A, y se maravilló: despues leyó una
+D, y le dió un vuelco el corazon; mas nunca fué tanto su pasmo, como
+quando leyó las dos postreras letras de su nombre. Permaneció inmoble
+un rato; rompiendo al fin el silencio, con voz mal segura, dixo:
+Generosa dama, perdonad á un extrangero desventurado, que á preguntar
+se atreve ¿por qué extraño acaso encuentro aquí el nombre de Zadig,
+por vuestra divina mano escrito? Al oir esta voz y estas palabras,
+alzó con trémula mano su velo la dama, mitó á Zadig, dió un grito de
+temura, de asombro y de alborozo, y rindiéndose á los diversos afectos
+que de consuno embatian su alma, cayó desmayada en sus brazos. Era
+Astarte, era la reyna de Babilonia, la misma que idolatraba Zadig, y
+de cuyo amor le acusaba su conciencia; aquella cuya suerte tantas
+lágrimas le habia costado. Estuvo un rato privado del uso de sus
+sentidos; y quando cluvó sus miradas en los ojos de Astarte que
+lentamente se abrian de nuevo entre desmayados, confusos y amorosos:
+¡O potencias inmortales! exclamó, ¿me restitais á mi Astarte? ¿en qué
+tiempo, en qué sitio, en qué estado torno á verla? Hincóse de rodillas
+ante Astarte, inclinando su fiente baxo del polvo de sus pies. Alzale
+la reyna de Babilonia, y le sienta cabe sí en la orilla del arroyo,
+enxugando una y mil veces sus ojos que siempre en frescas lágrimas se
+bañaban. Veinte veces añudaba ci hilo de razones que interrumpian sus
+gemidos; hacíale preguntas acerca del acaso que los habia reunido, y
+no daba lugar á que respondiese con preguntas nuevas; empezaba á
+contar sus desventuras, y queria saber las de Zadig. Habiendo
+finalmente ámbos sosegado un poco el alboroto de su pecho, dixo en
+breves palabras Zadig por qué acaso se encontraba en esta pradera.
+¿Pero como os hallo, o reyna respetable y desdichada, en este desviado
+sitio, vestida de esclava, y acompañada de otras esclavas que buscan
+un basilisco, para hervirle, en virtud de una receta de médico, en
+agua de rosas?
+
+Miéntras que andan buscando su basilisco, voy á informaros, dixo la
+hermosa Astarte, de todo lo que he padecido, y que perdono al cielo
+una vez que vuelvo á veros. Ya sabeis que el rey mi esposo llevó á mal
+que fuéseis el mas amable de todos los hombres, y acaso por este
+motivo tomó una noche la determinacion de mandaros ahorcar, y darme un
+tósigo; y tambien sabeis que los cielos compasivos dispusiéron que me
+avisara mi enano mudo de las órdenes de su sublime magestad. Apénas os
+hubo precisado el fiel Cador á obedecerme y partiros, se atrevió á
+penetrar por una puerta excusada en mi quarto á media noche, me sacó
+de palacio, y me llevó al templo de Orosmades, donde me encerró su
+hermano el mago dentro de una estatua colosal cuya basa se apoya en
+los cimientos del templo, y la cabeza toca con la bóveda. Aquí quedé
+como enterrada, puesto que el mago que me servia cuidó de que nada me
+faltase. Al rayar el dia, entró en mi quarto el boticario de su
+magestad con una pócima de beleño, opio, cicuta, eléboro negro, y
+anapelo; y otro oficial se encaminó á vuestra casa con un cordon de
+seda azul; nias no halláron á nadie. Por engañar mas al rey, le hizo
+Cador una falsa denuncia contra nosotros dos, fingiendo que llevábais
+vos el camino de la India, y yo el de Menfis; y enviáron gente en
+nuestro seguimiento.
+
+No me conocian los mensageros que fuéron en busca riña, porque casi
+nunca habia mostrado mi semblante, como no fuese á vos, delante de mi
+marido y por órden suya. Ibanme persiguiendo por las señas que de mi
+persona les habian dado; y se encontráron á la raya de Egipto con otra
+de mi estatura misma, y que acaso era mas hermosa. Estaba bañada en
+llanto, y andaba desatentada, de suerte que no dudáron de que era la
+reyna de Babilonia, y la conduxéron á Moabdar. Enojóse violentamente
+el rey por la equivocacion; mas habiendo luego contemplado mas
+atentamente á esta muger, vió que era muy hermosa, y se consoló.
+Llamábase Misuf, nombre que, segun despues me han dicho, significa en
+egipcíaco la bella antojadiza, y lo era efectivamente; pero no iban en
+zaga sus artes á sus antojos, tanto que habiendo gustado á Moabdar, le
+cautivó de manera que la declaró su legítima esposa. Manifestóse
+entónces su índole sin rebozo, entregándose sin freno á todas las
+extravagancias de su imaginacion. Quiso precisar al sumo mago, viejo y
+gotoso, á que baylase en su presencia; y habiéndose negado este, le
+persiguió de muerte. A su caballerizo mayor le mandó hacer una tarta
+de dulce; y puesto que representó que no era repostero, todo fué en
+balde: tuvo que hacer la tarta, y le despidió porque estaba muy
+tostada. El cargo de caballerizo mayor se le dió á su enano, y á un
+page le hizo fiscal del consejo: de esta suerte gobernó á Babilonia.
+Llorábame todo el mundo; y el rey, que hasta que habia mandado
+ahorcaros y darme veneno habia sido bastante bueno, dexó que sus
+virtudes corriesen naufragio en su amor á la bella antojadiza. El dia
+del fuego sagrado vino al templo, y le ví implorar á los Dioses por
+Misuf, postrado ante la estatua donde estaba yo metida. Alzando
+entónces la voz, le dixe: "Los Dioses desechan las súplicas de un rey
+convertido en tirano, y que ha querido quitar la vida á una muger de
+juicio, por casarse con una loca." Pusiéron estas palabras en tamaña
+confusion á Moabdar, que se le fué la cabeza. Con el oráculo que habia
+yo pronunciado, y con la tiranía de Misuf sobraba para que perdiera la
+razon; y con efecto en pocos dias se volvió loco.
+
+Esta locura, que se atribuyó á castigo del cielo, fué la señal de
+rebelion: amotinóse el pueblo, y tomó armas; Babilonia, donde reynaba
+tanto tiempo hacia una muelle ociosidad, se convirtió en teatro de una
+horrorosa guerra civil. Sacáronme del hueco de mi estatua; pusiéronme
+al frente de un partido, y fué Cador corriendo á Menfis, para traeros
+á Babilonia. Noticioso de tan fatales nuevas acudió el príncipe de
+Hircania con su exército á formar tercer partido en la Caldea, y vino
+á embestir al rey que le salió al encuentro con su desatinada
+egipcíaca. Murió Moabdar, traspasado de mil heridas, y cayó Misuf en
+poder del vencedor. Quiso mi desventura que yo tambien fuera cogida
+por una partida de guerrilla hircana, que me conduxo á presencia del
+príncipe, al mismo tiempo que le llevaban á Misuf. Sin duda sabréis
+con satisfaccion que me tuvo este por mas hermosa que la egipcia, pero
+no será de ménos sentimiento para vos qué os diga que me destinó para
+su serrallo, diciéndome sin andarse con rodeos, que luego que
+concluyese una expedicion militar para la qual iba á partirse, vendria
+á mí. Figúraos qual fué mi quebranto: rotos los vínculos que con
+Moabdar me estrechaban, podia ser de Zadig, y caía en los hierros de
+un bárbaro. Respondíle con toda la altivez que me inspiraban mi alta
+gerarquía y mis afectos, habiendo oido decir toda mi vida que las
+personas de mi dignidad las habian dotado los cielos de tal grandeza,
+que con una palabra y un mirar de ojos confundian en el polvo de la
+nada á quantos temerarios eran osados á apartarse un punto del mas
+reverente acatamiento. Hablé como reyna, pero fuí tratada como una
+moza de cántaro: el Hircano, sin dignarse siquiera de responderme, le
+dixo á su eunuco negro que yo era mal hablada, pero que le parecia
+linda. Mandóle que me cuidase y me diera el trato que á las que
+estaban en su privanza, para que me volviesen los colores, y fuese mas
+digna de sus caricias el dia que le pareciese oportuno honrarme con
+ellas. Díxele que me mataria, y me respondió riéndose que ninguna se
+mataba por esas cosas, y que estaba acostumbrado á semejantes
+melindres, y se fué dexándome como un xilguero en jaula. ¡Qué
+situacion para la primera reyiia del universo, y mas para un corazon
+que era de Zadig!
+
+El qual se hincó de rodillas al oir estas razones, regando con sus
+lágrimas las plantas de Astarte. Alzóle esta cariñosamente, y
+prosiguió diciendo: Víame en poder de un bárbaro, y en competencia con
+una loca con quien estaba encerrada. Contóme Misuf su aventura de
+Egipto; y por la pintura que de vos hizo, por el tiempo, por el
+dromedario en que ibais montado, y por las demas circunstancias vine
+en conocimiento de que era Zadig quien habia peleado en su defensa; y
+no dudando de que estuviérais en Menfis, me determiné á refugiarme en
+esta ciudad. Bella Misuf, le dixe, vos sois mucho mas donosa que yo, y
+divertiréis mas bien al príncipe de Hircania: procuradme medio para
+escapar; reynaréis vos sola, y me haréis feliz, librándoos de una
+rival. Misuf me ayudó á efectuar mi fuga, y me partí secretamente con
+una esclava egipcia.
+
+Ya tocaba con la Arabia, quando me robó un bandolero muy nombrado,
+llamado Arbogad, el qual me vendió á unos mercaderes que me traxéron á
+este palacio, donde reside el señor Ogul, que me compró sin saber
+quien yo fuese. Es este un gloton, que solo piensa en atracarse bien,
+y cree que le ha echado Dios al mundo para disfrutar de una bueua
+mesa. Está tan excesivamente gordo, que á cada instante parece que va
+á reventar. Su médico poco influxo tiene con él quando hace buena
+digestion, pero le manda despóticamente quando tiene ahitera; y ahora
+le ha hecho creer que le habia de sanar con un basilisco hervido en
+agua de rosas. Ha prometido dar su mano á la esclava que le traxere un
+basilisco, y ya veis que yo las dexo que se merezcan tan alta honra,
+no habiendo nunca tenido ménos ganas de topar el tal basilisco que
+desde que han querido los cielos que volviese á veros.
+
+Dixéronse entónces Astarte y Zadig quanto á los mas generosos y
+apasionados pechos pudiéron inspirar afectos tanto tiempo
+contrarestados, y tanto amor, y tanta desdicha; y los genios que al
+amor presiden lleváron las razones de ámbos á la esfera de Vénus.
+
+Tornáronse á la quinta de Ogul las mugeres sin haber hallado nada.
+Zadig se presentó á él, y le habló así: Descienda del cielo la
+inmortal Hygia para dilatar vuestros años. Yo soy médico; he venido
+habiendo oido hablar de vuestra dolencia, y os traygo un basilisco
+hervido en agua de rosas; no porque aspire á casarme con vos, que solo
+os pido la libertad de una esclava jóven de Babilonia, que os
+vendiéron pocos dias hace; y me allano á permanecer esclavo en su
+lugar, si no tengo la dicha de sanar al magnifico señor Ogul.
+
+Fué admitida la propuesta, y se partió Astarte para Babilonia en
+compañía del criado de Zadig, prometiéndole que le despacharia sin
+tardanza un mensagero, para informarle de quanto hubiese sucedido. No
+ménos que su reconocimiento fuéron amorosos sus vales: porque, como
+está escrito en el gran libro del Zenda, las dos épocas mas solemnes
+de la vida son el instante en que nos volvemos á ver, y aquel en que
+nos separamos. Queria Zadig á la reyna tanto como se lo juraba, y la
+reyna queria á Zadig mas de lo que decia.
+
+Zadig habló de esta suerte á Ogul: Señor, mi basilisco no se come, que
+toda su virtud se os ha de introducir por los poros; yo le he puesto
+dentro de una odre bien henchida de viento, y cubierta de un cuero muy
+fino; es menester que empujeis hácia mí dicha odre en el ayre con toda
+vuestra fuerza, y que yo os la tire muchas veces; y con pocos dias de
+dieta y de este exercicio veréis la eficacia de mi arte. Al primer dia
+se hubo de ahogar Ogul, y creyó que iba á exhalar el alma; al segundo
+se cansó ménos, y durmió mas bien: por fin á los ocho dias recobró
+toda la fuerza, la salud, la ligereza, y el buen humor de sus mas
+floridos años. Zadig le dixo: Habeis jugado á la pelota, y no os
+habeis hartado: sabed que no hay tal basilisco en el mundo; que un
+hombre sobrio y que hace exercicio siempre vive sano, y que tan
+imaginado es el arte de amalgamar la gula con la salud como la piedra
+filosofal, la astrología judiciaria, y la teología de los magos.
+
+Conociendo el primer médico de Ogul quan peligroso para la medicina
+era semejante hombre, se coligó con el boticario del gremio para
+enviarle á buscar basiliscos al otro mundo: de suerte que habiendo
+sido castigado siempre por sus buenas acciones, iba á morir por haber
+dado la salud á un señor gloton. Convidáronle á un espléndido
+banquete, donde le debian dar veneno al segundo servicio; pero estando
+en el primero, recibió un parte de la hermosa reyna, y se levantó de
+la mesa, partiéndose sin tardanza. El que es amado de una hermosa,
+dice el gran Zoroastro, de todo sale bien en este mundo.
+
+
+
+
+CAPITULO XIX.
+
+Las justas.
+
+
+Fué recibida la reyna en Babilonia con aquel júbilo con que se recibe
+siempre una princesa hermosa y desdichada. Entónces Babilonia parecia
+algo mas quieta: el príncipe de Hircania habia perdido la vida en una
+batalla, y los Babilonios vencedores declaráron que Astarte se casaria
+con el que fuera elegido por soberano. Mas no quisiéron que el primer
+puesto del mundo, que era el de esposo de Astarte y monarca de
+Babilonia, pendiese de enredos y partidos; y juráron reconocer por rey
+al mas valiente y discreto. Levantáron á pocas leguas de la ciudad un
+vasto palenque cercado de anfiteatros magníficamente adornados; los
+mantenedores se habian de presentar armados de punta en blanco, y se
+le habia señalado á cada uno un aposento separado, donde no podia ver
+ni hablar á nadie. Se habian de correr quatro lanzas; y los que
+tuviesen la dicha de vencer á quatro caballeros, habian luego de
+pelear unos con otros: de suerte que el postrero por quien quedara el
+campo fuese proclamado vencedor del torneo. Quatro dias despues habia
+de volver con las mismas armas, y acertar las adivinanzas que
+propusiesen los magos; y si no las acertase, no habia de ser rey, mas
+se habian de volver á correr lanzas, hasta que se diese con un hombre
+que saliese con victoria en ámbas pruebas; porque estaban resueltos á
+no reconocer por rey á quien no fuese el mas valiente y mas discreto.
+En todo este tiempo no se permitia á la reyna comunicar con nadie:
+solo se le daba licencia para que asistiera á los juegos cubierta de
+un velo; pero no se le consentia hablar con ninguno de los
+pretendientes, porque no hubiese injusticia ni valimiento.
+
+Este aviso daba Astarte á su amante, esperando que acreditada por ella
+mas valor y discrecion que nadie. Partióse Zadig, suplicando á Venus
+que fortaleciera su ánimo y alumbrara su entendimiento, y llegó á las
+riberas del Eufrates la víspera del solemne dia. Hizo asentar luego su
+mote entre los de los demas combatientes, escondiendo su nombre y su
+rostro, como mandaba la ley, y se fué á descansar al aposento que le
+habia cabido eu suerte. Su amigo Cador que estaba de vuelta en
+Babilonia, habiéndole buscado en Egipto, mandó llevar á su quarto una
+armadura completa que le enviaba la reyna, y tambien con ella el
+caballo mas lozano de la Persia. Bien vió Zadig que estas dádivas eran
+de mano de Astarte, y adquirió nuevo vigor, y esperanzas nuevas su
+amor y su denuedo.
+
+Al dia siguiente, sentada la reyna baxo un dosel guarnecido de piedras
+preciosas, y llenos los anfiteatros de todas las damas y de gente de
+todos estados de Babilonia, se dexáron ver en el circo los
+mantenedores. Puso cada uno su mote á los piés del sumo mago:
+sorteáronse, y el de Zadig fué el postrero. Presentóse el primero un
+señor muy rico, llamado Itobad, tan lleno de vanidad como falto de
+valor, de habilidad, y de entendimiento. Habíanle persuadido sus
+sirvientes á que un hombre como el debia de ser rey, y él les habia
+respondido: Un hombre como yo debe reynar. Habíanle armado pues de
+piés á cabeza: llevaba unas armas de oro con esmaltes verdes, un
+penacho verde, y la lanza colgada con cintas verdes. Por el modo de
+gobernar Itobad su caballo, se echó luego de ver que no habia
+destinado el cetro de Babilonia á un hombre como él el cielo. El
+primer caballero que corrió lanza le hizo perder los estribos, y el
+segundo le tiró por las ancas del caballo á tierra, las piernas
+arriba, y los brazos abiertos. Volvió á montar Itobad, pero haciendo
+tan triste figura, que todo el anfiteatro soltó la risa. No se dignó
+el tercero de tocarle con la lanza; sino que al pasar junto á él le
+agarró por la pierna derecha, y haciéndole dar media-vuelta, le
+derribó en la arena; los escuderos de los juegos acudiéron á
+levantarle riéndose: el quarto combatiente le coge por la pierna
+izquierda, y le tira del otro lado. Conduxéronle con mil baldones á su
+aposento, donde conforme á la ley habia de pasar aquella noche: y
+decia, pudiendo apénas menearse: ¡Qué aventura para un hombre como yo!
+
+Mejor desempeñáron su obligacion los demas adalides: hubo algunos que
+venciéron á dos combatientes, y unos pocos llegáron hasta tres. Solo
+el príncipe Otames venció á quatro. Presentóse el postrero Zadig, y
+con mucho donayre sacó de los estribos á quatro ginetes uno en pos de
+otro; con esto empezó la lid entre Zadig y Otames. Este traía armas de
+azul y oro con un penacho de lo mismo; las de Zadig eran blancas. Los
+ánimos de los asistentes estaban dividídos entre el caballero azul y
+el blanco: á la reyna le palpitaba el corazon, haciendo fervientes
+ruegos al ciclo por el color blanco.
+
+Diéron ámbos campeones repetidas vueltas y revueltas con tanta
+ligereza, asentáronse y esquiváron tales botes con las lanzas, y tan
+fuertes se mantenian en sus estribos, que todos, ménos la reyna,
+deseaban que hubiese dos reyes en Babilonia. Cansados ya los caballos,
+y rotas las lanzas, usó Zadig esta treta: pasa por detras del príncipe
+azul, se abalanza á las ancas de su caballo, le coge por la mitad del
+cuerpo, le derriba en tierra: monta en la silla vacía, y empieza á dar
+vueltas al rededor de Otames tendido en el suelo. Clama todo el
+anfiteatro: Victoria por el caballero blanco. Alzase enfurecido
+Otames, saca la espada; da Zadig un salto del caballo el alfange
+desnudo. Ambos empiezan en la arena nueva y mas peligrosa batalla; ora
+triunfa la agilidad, ora la fuerza. Vuelan al viento heridos de
+menudeados golpes el plumage de sus yelmos, los clavos de sus
+braceletes, la malla de sus armas. De punta y de filo se hieren á
+izquierda, á derecha, la cabeza, el pecho: retiranse, acométense; se
+apartan, se agarran de nuevo; dóblanse como serpientes, embísterise
+como leones: á cada instante salfan chispas de los golpes que se
+pegan. Zadig cobra en fin algún aliento, se para, esquiva un golpe de
+Otames, no le da vagar, le derriba, le desarma, y Otames exclama:
+Caballero blanco, á vos es debido el trono de Babilonia. No cabia en
+sí la reyna de alborozo. Lleváron al caballero azul y al caballero
+blanco, á cada uno á su aposento, como habian hecho con todos los
+demas, cumpliendo con lo que mandaba la ley. Unos mudos los viniéron á
+servir, y les traxéron de comer. Bien se puede presumir si seria el
+mudo de la reyna el que sirvió á Zadig. Dexáronlos dormir solos hasta
+el otro dia por la mañana, que era quando habia de llevar el vencedor
+su mote al sumo mago, para cotejarle y darse á conocer.
+
+Tan cansado estaba Zadig que durmió profundamente, puesto que
+enamorado; mas no dormia Itobad que estaba acostado en el quarto
+inmediato: y levantándose por la noche entró en el de Zadig, cogió sus
+armas blancas y su mote, y puso las suyas verdes en lugar de ellas.
+Apénas rayaba el alba, quando se presentó ufano al sumo mago,
+declarándole que un hombre como él era el vencedor. Nadie lo esperaba,
+pero fué proclamado, miéntras que aun estaba durmiendo Zadig. Volvióse
+Astarte á Babilonia atónita y desesperada. Casi vacío estaba todo el
+anfiteatro quando despertó Zadig, y buscando sus armas se encontró con
+las verdes en su lugar. Vióse precisado á revestirse de ellas, no
+teniendo otra cosa de que echar mano. Armase atónito, indignado y
+enfurecido, y sale con este arreo. Toda quanta gente aun habia en el
+anfiteatro y el circo le acogió con mil baldones; todos so le
+arrimaban, y le daban vaya en su cara: nunca hombre sufrió tan
+afrentoso desayre. Faltóle la paciencia, y desvió á sablazos el
+populacho que se atrevió á denostarle; pero no sabia que hacerse, no
+pudiendo ni ver á la reyna, ni reclamar las armas blancas que esta le
+habia enviado, por no aventurar su reputacion: y miéntras que estaba
+Astarte sumida en un piélago de dolor, fluctuaba él entre furores y
+zozobras. Paseábase por las orillas del Eufrates, persuadido á que le
+habia destinado su estrella á irremediable desdicha, y recapitulaba en
+su mente todas sus desgracias, desde la muger que no podia ver á los
+tuertos, hasta la de su armadura. Eso he grangeado, decia, con haber
+despertado tarde; si no hubiera dormido tanto, fuera rey de Babilonia,
+y posesor de Astarte. Así el saber, las buenas costumbres, el esfuerzo
+nunca para mas que para mi desdicha me han valido. Exhalóse al cabo en
+murmuraciones contra, la Providencia, y le vino la tentacion de creer
+que todo lo regia un destino cruel que á los buenos oprimia, y hacia
+que prosperasen los caballeros verdes: que uno de sus mayores
+sentimientos era verse con aquellas armas verdes que tanta mofa le
+habian acarreado. Pasó un mercader, á quien se las--vendió muy
+baratas, y le compró una bata y una gorra larga. En este trage iba
+siguiendo la corriente del Eufrates, desesperado, y acusando en su
+corazon á la Providencia que no se cansaba de perseguirle.
+
+
+
+
+CAPITULO XX.
+
+El ermitaño.
+
+
+Caminando, como hemos dicho, se encontró con un ermitaño cuya luenga
+barba descendia hasta el estómago. Llevaba este un libro que iba
+leyendo muy atentamente. Paróse Zadig y le hizo una profunda
+reverencia, á que correspondió el ermitaño de manera tan afable y tan
+noble, que á Zadig le vino la curiosidad de razonar con él. Preguntóle
+qué libro era el que leía. El libro del destino, dixo el ermitaño:
+¿quereis leer algun trozo? Pusosele en las manos; mas aunque fuese
+Zadig vorsado en muchos idiomas, no pudo conocer ni una letra, con lo
+qual se aumentó su curiosidad. Muy triste pareceis, le dixo el buen
+padre. ¡Tanto motivo tengo para estarlo! respondió Zadig. Si me dais
+licencia para que os acompañe, repuso el anciano, acaso podré serviros
+en algo; que á veces he hecho baxar el consuelo á las almas de los
+desventurados. La traza, la barba y el libro del ermitaño infundiéron
+respeto en Zadig, y en su conversacion encontró superiores luces.
+Hablaba el ermitaño del destino, de la justicia, de la moral, del sumo
+bien, de la humana flaqueza, de las virtudes y los vicios con tan viva
+y penetrante eloqüencia, que Zadig por un irresistible embeleso se
+sentia atraído hácia él, y le rogó con ahinco que no le dexara hasta
+que estuviesen de vuelta en Babilonia. Ese mismo favor os pido yo;
+juradme por Orosmades, que sea lo que fuere lo que me veais hacer, no
+os habeis de separar de mí en algunos dias. Jurólo Zadig, y siguiéron
+juntos ámbos su camino.
+
+Aquella misma tarde llegáron á una magnifica quinta, y pidió el
+ermitaño hospedage para sí y para el mozo que le acompañaba.
+Introdúxolos en casa, con ademan de desdeñosa generosidad, un portero
+que parecia un gran señor, y los presentó á un criado principal, que
+les enseñó los aposentos de su amo. Sentáronlos al cabo de la mesa,
+sin que se dignara el dueño de aquel palacio de honrarlos con una
+mirada; pero los sirviéron, como á todos los demas, con opulencia y
+delicadeza. Diéronles luego agua á manos en una palangana de oro,
+guarnecida de esmeraldas y rubíes; lleváronlos á acostar á un suntuoso
+aposento, y la mañana siguiente traxo el criado á cada uno una moneda
+de oro, y despues los despidiéron.
+
+El amo de esta casa, dixo Zadig en el camino, me parece que es hombre
+generoso, aunque algo altivo, y que exercita con nobleza la
+hospitalidad. Al decir estas palabras, advirtió que parecia tieso y
+henchido una especie de costal muy largo que traía el ermitaño, y vió
+dentro la palangana de oro guarnecida de piedras preciosas, que habia
+hurtado. No se atrevió á decirle nada, pero estaba confuso y perplexo.
+
+A la hora de mediodia se presentó el ermitaño á la puerta de una
+casuca muy mezquina, donde vivia un rico avariento, y pidió que le
+hospedaran por pocas lloras. Recibióle con áspero rostro un criado
+viejo mal vestido, y llevó á Zadig con el ermitaño á la caballeriza,
+donde les sirviéron unas aceytunas podridas, un poco de pan bazo, y de
+vino avinagrado. Comió y bebió el ermitaño con tan buen humor como el
+dia ántes; y dirigiéndose luego al criado viejo que no quitaba la
+vista de uno y otro porque no hurtaran nada, y que les daba priesa
+para que se fuesen, le dió las dos monedas de oro que habia recibido
+aquella mañana, y agradeciéndole su cortesía, añadió: Ruégoos que me
+permitais hablar con vuestro amo. Atónito el criado le presentó los
+dos caminantes. Magnífico señor, dixo el ermitaño, no puedo ménos de
+daros las mas rendidas gracias por el agasajo tan noble con que nos
+habeis hospedado; dignaos de admitir esta palangana de oro en corta
+paga de mi gratitud. Poco faltó para desmayarse con el gozo el
+avariento; y el ermitaño, sin darle tiempo para volver de su asombro,
+se partió á toda priesa con su compañero jóven. Padre mio, le dixo
+Zadig, ¿qué quiere decir lo que estoy viendo? paréceme que no os
+semejais in nada á los demas: ¡robais una palangana de oro guarnecida
+de piedras preciosas á un señor que os hospeda con magnificencia, y se
+la dais á un avariento que indignamente os trata! Hijo, respondió el
+anciano, el hombre magnífico que solo por vanidad, y por hacer alarde
+de sus riquezas, hospeda á los forasteros, se tornará mas cuerdo; y
+aprenderá el avariento á exercitar la hospitalidad. No os dé pasmo
+nada, y seguidme. Todavía no atinaba Zadig si iba con el mas loco ó
+con el mas cuerdo de los hombres; pero tanto era el dominio que se
+habia grangeado en su ánimo el ermitaño, que obligado tambien por su
+juramento no pudo ménos de seguirle.
+
+Aquella tarde llegáron á una casa aseada, pero sencilla, y donde nada
+respiraba prodigalidad ni parsimonia. Era su dueño un filósofo
+retirado del tráfago del mundo, que cultivaba en paz la sabiduría y la
+virtud, y que nunca se aburria. Habia tenido gusto especial en
+edificar este retirado albergue, donde recibia á los forasteros con
+una dignidad que en nada se parecia á la ostentacion. El mismo salió
+al encuentro á los dos caminantes, los hizo descansar en un aposento
+muy cómodo; y poco despues vino él en persona á convidarlos á un
+banquete aseado y bien servido, durante el qual habló con mucho tino
+de las últimas revoluciones de Babilonia. Pareció adicto de corazon á
+la reyna, y hubiera deseado que Zadig se hubiera hallado entre los
+competidores á la corona; pero no merecen los hombres, añadió, tener
+un rey como Zadig. Abochornado este sentia crecer su dolor. En la
+conversacion estuviéron todos conformes en decir que no siempre iban
+las cosas de este mundo á gusto de los sabios; pero sustento el
+ermitaño que no conocíamos las vias de la Providencia, y que era
+desacierto en los hombres fallar acerca de un todo, quando no vían mas
+que una pequeñísima parte.
+
+Tratóse de las pasiones. ¡Quan fatales son! dixo Zadig. Son, replicó
+el ermitaño, los vientos que hinchen las velas del navío; algunas
+veces le sumergen, pero sin ellas no es posible navegar. La bílis hace
+iracundo, y causa enfermedades; mas sin bílis no pudiera uno vivir. En
+la tierra todo es peligroso, y todo necesario.
+
+Tratóse del deleyte, y probó el ermitaño que era una dádiva de la
+divinidad; porque el hombre, dixo, por sí propio no puede tener
+sensaciones ni ideas: todo en él es prestado, y la pena y el deleyte
+le vienen de otro, como su mismo ser.
+
+Pasmábase Zadig de que un hombre que tantos desatinos habia cometido,
+discurriese con tanto acierto. Finalmente despues de una conversacion
+no ménos grata que instructiva, llevó su huésped á los dos caminantes
+á un aposento, dando gracias al cielo que le habia enviado dos hombres
+tan sabios y virtuosos. Brindóles con dinero de un modo ingenuo y
+noble que no podia disgustar: rehusóle el ermitaño, y le dixo que se
+despedia de él, porque hacia ánimo de partirse para Babilonia ántes
+del amanecer. Fué afectuosa su separacion, y con especialidad Zadig se
+quedó penetrado de estimacion y cariño á tan amable huésped.
+
+Quando estuvo con el ermitaño en su aposento, hiciéron ámbos un
+pomposo elogio de su huésped. Al rayar el alba, despertó el anciano á
+su camarada. Vámonos, le dixo; quiero empero, miéntras que duerme todo
+el mundo, dexar á este buen hombre una prueba de mi estimacion y mi
+cariño. Diciendo esto, cogió una tea, y pegó fuego á la casa. Asustado
+Zadig dió gritos, y le quiso estorbar que cometiese accion tan
+horrenda; pero se le llevaba tras sí con superior fuerza el ermitaño.
+Ardia la casa, y el ermitaño que junto con su compañero ya estaba
+desviado, la miraba arder con mucho sosiego. Loado sea Dios, dixo, ya
+está la casa de mi buen huésped quemada hasta los cimientos, ¡Qué
+hombre tan feliz! Al oir estas palabras le viniéron tentaciones á
+Zadig de soltar la risa, de decir mil picardías al padre reverendo, de
+darle de palos, y de escaparse; pero las reprimió todas, siempre
+dominado por la superioridad del ermitaño, y le siguió hasta la última
+jornada.
+
+Alojáronse en casa de una caritativa y virtuosa viuda, la qual tenia
+un sobrino de catorce años, muchacho graciosísimo, y que era su única
+esperanza. Agasajólos lo mejor que pudo en su casa, y al siguiente dia
+mandó á su sobrino que fuera acompañando á los dos caminantes hasta un
+puente que se habia roto poco tiempo hacia, y era un paso peligroso.
+Precedíalos muy solícito el muchacho; y quando hubiéron, llegado al
+puente, le dixo el ermitaño: Ven acá, hijo mio, que quiero manifestar
+mi agradecimiento á tu tia; y agarrándole de los cabellos le tira al
+rio. Cae el chico, nada un instante encima del agua, y se le lleva la
+corriente. ¡O monstruo, o hombre el mas perverso de los hombres!
+exclamó Zadig. De tener mas paciencia me habíais dado palabra,
+interrumpió el ermitaño: sabed que debaxo de los escombros de aquella
+casa á que ha pegado fuego la Providencía, ha encontrado su dueño un
+inmenso tesoro; sabed que este mancebo ahogado por la Providencia
+habia de asesinar á su tia de aquí á un año, y de aquí á dos á vos
+mismo. ¿Quién te lo ha dicho, inhumano? clamó Zadig; ¿y aun quando
+hubieses leido ese suceso en tú libro de los destinos, qué derecho
+tienes para ahogar á un muchacho que no te ha hecho mal ninguno?
+
+Todavía estaba hablando el Babilonio, quando advirtió que no tenia ya
+barba el anciano, y que se remozaba su semblante. Luego desapareció su
+trage de ermitaño, y quatro hermosas alas cubriéron un cuerpo
+magestuoso y resplandeciente. ¡O paraninfo del cielo, ó ángel divino,
+exclamó postrado Zadig, con que has baxado del empíreo para enseñar á
+un flaco mortal á que se someta á sus eternos decretos! Los humanos,
+dixo el ángel Jesrad, sin saber de nada fallan de todo: entre todos
+los mortales tú eras el que mas ser ilustrado merecias. Pidióle Zadig
+licencia para hablar, y le dixo: No me fío de mi entendimiento; pero
+si he de ser osado á suplicarte que disipes una duda mia, dime ¿si no
+valia mas haber enmendado á ese muchacho, y héchole virtuoso, que
+ahogarle? Si hubiese sido virtuoso y vivido, respondió Jesrad, era su
+suerte ser asesinado con la muger con quien se habia de casar, y el
+hijo que de este matrimonio habia de nacer. ¿Con que es indispensable,
+dixo Zadig, que haya atrocidades y desventures, y que estas recaygan
+en los hombres virtuosos? Los malos, replicó Jesrad, siempre son
+desdichados, y sirven para probar un corto número de justos sembrado
+sobre la haz de la tierra, sin que haya mal de donde no resulte un
+bien. Empero, dixo Zadig, ¿si solo hubiese bienes sin mezcla de males?
+La tierra entónces, replicó Jesrad, fuera otra tierra; la cadena de
+los sucesos otro órden de sabiduría; y este órden, que seria perfecto,
+solo en la mansion del Ser Supremo, donde no puede caber mal ninguno,
+puede exîstir. Millones de mundos ha criado, y no hay dos que puedan
+parecerse uno á otro: que esta variedad inmensa es un atributo de su
+inmenso poder. No hay en la tierra dos hojas de árbol, ni en los
+infinitos campos del cielo dos globos enteramente parecidos; y quanto
+ves en el pequeñisimo átomo donde has nacido forzosamente, habia de
+exîstir en su tiempo y lugar determinado, conforme á las inmutables
+órdenes de aquel que todo lo abraza. Piensan los hombres que este niño
+que acaba de morir se ha caido por casualidad en el rio, y que aquella
+casa se quemó por casualidad; mas no hay casualidad, que todo es
+prueba ó castigo, remuneracion ó providencia. Acuérdate de aquel
+pescador que se tenia por el mas desventurado de los mortales, y
+Orosmades te envió para mudar su suerte. Dexa, flaco mortal, de
+disputar contra lo que debes adorar. Empero, dixo Zadig.... Miéntras
+él decia EMPERO, ya dirigia el ángel su raudo vuelo á la décima
+esfera. Zadig veneró arrodillado la Providencia, y se sometió. De lo
+alto de los ciclos le gritó el ángel: Encaminate á Babilonia.
+
+
+
+
+CAPITULO XXI.
+
+Las adivinanzas.
+
+
+Fuera de sí Zadig, como uno que ha visto caer junto á sí un rayo,
+caminaba desatentado. Llegó á Babilonia el dia que para acertar las
+adivinanzas, y responder á las preguntas del sumo mago, estaban ya
+reunidos en el principal atrio del palacio todos quantos habian
+combatido en el palenque; y habian llegado todos los mantenedores de
+la justa, ménos el de las armas verdes. Luego que entró Zadig en la
+ciudad, se agolpó en torno de él la gente, sin que se cansaran sus
+ojos de mirarle, su lengua de darle bendiciones, ni su corazon de
+desear que se ciñese la corona. El envidioso que le vió pasar se
+esquivó despechado, y le llevó en volandas la muchedumbre al sitio de
+la asamblea. La reyna, á quien informáron de su arribo, vacilaba
+agitada de temor y esperanza; y llena de desasosiego no podia entender
+porque venia Zadig desarmado, ó como llevaba Itobad las armas blancas.
+Alzóse un confuso murmullo así que columbráron á Zadig: todos estaban
+pasmados y llenos de alborozo de verle; pero solamente los caballeros
+que habian peleado tenian derecho á presentarse en la asamblea.--Yo
+tambien he peleado, dixo, pero otro ha usurpado mis armas; y hasta que
+tenga la honra de acreditarlo, pido licencia para presentarme á
+acertar los enigmas. Votáron; y estaba tan grabada aun en todos los
+ánimos la reputacion de su probidad, que unánimemente fué admitido.
+
+La primera qüestion que propuso el sumo mago fué: ¿qual es la mas
+larga y mas corta de todas las cosas del mundo, la mas breve y mas
+lenta, la mas divisible y mas extensa, la que mas se desperdicia y mas
+se llora haber perdido, sin la que nada se puede hacer, que se traga
+todo lo mezquino, y da vida á todo lo grande? Tocaba á Itobad
+responder, y dixo que él no entendia de adivinanzas, y que le bastaba
+haber sido vencedor lanza en ristre. Unos dixéron que era la fortuna,
+otros que la tierra, y otros que la luz. Zadig dixo que era el tiempo.
+No hay cosa mas larga, añadió, pues mide la eternidad; ni mas corta,
+pues falta para todos nuestros planes: ni mas lenta para el que
+espera, ni mas veloz para el que disfruta; se extiende á lo
+infinitamente grande, y se divide hasta lo infinitamente pequeño;
+ninguno hace aprecio de él, y todos lloran su pérdida; sin él nada se
+hace; sepulta en el olvido quanto es indigno de la posteridad, y hace
+inmortales las glandes acciones. La asamblea confesó que tenia razon
+Zadig.
+
+Preguntáron luego: ¿Qué es lo que recibimos sin agradecerlo,
+disfrutamos sin saber cómo, damos á otros sin saber donde estamos, y
+perdemos sin echarlo de ver? Cada uno dixo su cosa; solo Zadig adivinó
+que era la vida, y con la misma facilidad acertó los demas enigmas.
+Itobad decia al fin que no habia cosa mas fácil, y que con la mayor
+facilidad habria él dado con ello, si hubiera querido tomarse el
+trabajo. Propusiéronse luego qüestiones acerca de la justicia, del
+sumo bien, del arte de reynar; y las respuestas de Zadig se reputáron
+por las mas sólidas. Lástima es, decian todos, que sugeto de tanto
+talento sea tan mal ginete.
+
+Ilustres señores, dixo en fin Zadig, yo he tenido la honra de vencer
+en el palenque, que soy el que tenia las armas blancas. El señor
+Itobad se revistió de ellas miéntras que yo estaba durmiendo, creyendo
+que sin duda le sentarian mas bien que las verdes. Le reto para
+probarle delante de todos vosotros, con mi bata y mi espada, contra
+toda su luciente armadura blanca que me ha quitado, que fuí yo quien
+tuve la honra de vencer al valiente Otames.
+
+Admitió Itobad el duelo con mucha confianza, no dudando de que con su
+yelmo, su coraza y sus braceletes, acabaria fácilmente con un campeon
+que se presentaba en bata y con su gorro de dormir. Desnudó Zadig su
+espada despues de hacer una cortesia á la reyna, que agitada de temor
+y alborozo le miraba; Itobad desenvaynó la suya sin saludar á nadie, y
+acometió á Zadig como quien nada tenia que temer. Ibale á hender la
+cabeza de una estocada, quando paró Zadig el golpe, haciendo que la
+espada de su contrario pegase en falso, y se hiciese pedazos.
+Abrazándose entónces con su enemigo le derribó al suelo, y poniéndole
+la punta de la espada por entre la coraza y el espaldar: Dexaos
+desarmar, le dixo, si no quereis perder la vida. Pasmado Itobad, como
+era su costumbre, de las desgracias que á un hombre como él sucedian,
+no hizo resistencia á Zadig, que muy á su sabor le quitó su magnífico
+yelmo, su soberbia coraza, sus hermosos braceletes, sus lucidas
+escarcelas, y así armado fué á postrarse á las plantas de Astarte. Sin
+dificultad probó Cador que pertenecian estas armas á Zadig, el qual
+por consentimiento unánime fué alzado por rey, con sumo beneplácito de
+Astarte, que despues de tantas desventuras disfrutaba la satisfaccion
+de contemplar á su amante digno de ser su esposo á vista del universo.
+Fuése Itobad á su casa á que le llamaran Su Excelencia. Zadig fué rey
+y feliz, no olvidándose de quanto le habia enseñado el ángel Jesrad, y
+acordándose del grano de arena convertido en diamante: y él y la reyna
+adoráron la Providencia. Dexó Zadig correr por el mundo á la bella
+antojadiza Misuf; envió á llamar al bandolero Arbogad, á quien dió un
+honroso puesto en el exército, prometiéndole que le adelantaria hasta
+las primeras dignidades militares si se portaba como valiente militar,
+y que le mandaria ahorcar si hacia el oficio de ladron. Setoc, llamado
+de lo interior de la Arabia, vino con la hermosa Almona, y fué
+nombrado superintendente del comercio de Babilonia. Cador, colocado y
+estimado como merecian sus servicios, fué amigo del rey, y este ha
+sido el único monarca en la tierra que haya tenido un amigo. No se
+olvidó Zadig del mudo, ni del pescador, á quien dió una casa muy
+hermosa. Orcan fué condenado á pagarle una fuerte cantidad de dinero,
+y á restituirle su muger; pero el pescador, que se habia hecho hombre
+cuerdo, no quiso mas que el dinero.
+
+La hermosa Semira no se podia consolar de haberse persuadido á que
+hubiese quedado Zadig tuerto, ni se hartaba Azora de llorar por haber
+querido cortarle las narices. Calmó el rey su dolor con dádivas; pero
+el envidioso se cayó muerto de pesar y vergüenza. Disfrutó el imperio
+la paz, la gloria y la abundancia; y este fué el mas floreciente siglo
+del mundo, gobernado por el amor y la justicia. Todos bendecian á
+Zadig, y Zadig bendecia el cielo.
+
+(Nota.) Aquí se concluye el manuscrito que de la historia de Zadig
+hemos hallado. Sabemos que le sucediéron luego otras muchas aventuras
+que se conservan en los anales contemporáneos, y suplicamos á los
+eruditos intérpretes de lenguas orientales, que nos las comuniquen si
+á su noticia llegaren.
+
+FIN DE LA HISTORIA DE ZADIG.
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Zadig, by Voltaire
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ZADIG ***
+
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+Produced by Juliet Sutherland, Charles Franks and the
+Online Distributed Proofreading Team.
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+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
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+Creating the works from public domain print editions means that no
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+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
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+The Project Gutenberg EBook of Zadig, by Voltaire
+#13 in our series by Voltaire
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+Title: Zadig
+
+Author: Voltaire
+
+Release Date: June, 2004 [EBook #5985]
+[Yes, we are more than one year ahead of schedule]
+[This file was first posted on October 7, 2002]
+
+Edition: 10
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+Language: Spanish
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+Character set encoding: ISO-8859-1
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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK ZADIG ***
+
+
+
+
+Produced by Juliet Sutherland, Charles Franks
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+
+
+
+NOVELAS
+
+DE
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+VOLTAIRE,
+
+TRADUCIDAS
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+POR J. MARCHENA.
+
+
+BURDEOS,
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+IMPRENTA DE PEDRO BEAUME,
+
+ALLÉES DE TOURNY, NO. 5.
+
+1819.
+
+
+
+
+ZADIG,
+
+
+EL DESTINO,
+
+HISTORIA ORIENTAL.
+
+
+
+
+DEDICATORIA DE ZADIG
+
+A LA SULTANA CHERAAH, POR SADI.
+
+
+A 18 del mes de Cheval, año 837 de la hegira.
+
+Embeleso de las niñas de los ojos, tormento del corazon, luz del
+ánimo, no beso yo el polvo de tus piés, porque ó no andas á pié, ó si
+andas, pisas ó rosas ó tapetes de Iran. Ofrézcote la version de un
+libro de un sabio de la antigüedad, que siendo tan feliz que nada
+tenia que hacer, gozó la dicha mayor de divertirse con escribir la
+historia de Zadig, libro que dice mas de lo que parece. Ruégote que le
+leas y le aprecies en lo que valiere; pues aunque todavía está tu vida
+en su primavera, aunque te embisten de rondon los pasatiempos todos,
+aunque eres hermosa, y tu talento da á tu hermosura mayor realce,
+aunque te elogian de dia y de noche, motivos concomitantes que son mas
+que suficientes para que no tengas pizca de sentido comun, con todo
+eso tienes agudeza, discrecion, y finísimo gusto, y te he oido
+discurrir con mas tino que ciertos derviches viejos de luenga barba, y
+gorra piramidal. Eres prudente sin ser desconfiada, piadosa sin
+flaqueza, benéfica con acierto, amiga de tus amigos, sin colrar
+enemigos. Nunca cifras en decir pullas el chiste de tus agudezas, ni
+dices mal de nadie, ni á nadie se le haces, puesto que tan fácil cosa
+te seria lo uno y lo otro. Tu alma siempre me ha parecido tan perfecta
+como tu hermosura. Ni te falta cierto caudalejo de filosofía, que me
+ha persuadido á que te agradaria mas que á otra este escrito de un
+sabio.
+
+Escribióse primero en el antiguo caldeo, que ni tú ni yo sabemos, y
+fué traducido en árabe para recreacion del nombrado sultan Ulug-beg,
+en los tiempos que Arabes y Persianos se daban á escribir las Mil y
+una Noches, los Mil y un Dias, etc. Ulug mas gustaba de leer á Zadig,
+pero las sultanas se divertian mas con los Mil y uno. Deciales el
+sabio Ulug, que como podian llevar en paciencia unos cuentos sin piés
+ni cabeza, que nada querian decir. Pues por eso mismo son de nuestro
+gusto, respondiéron las sultanas.
+
+Espero que tú no te parezcas á ellas, y que seas un verdadero Ulug; y
+no desconfío de que quando te halles fatigada de conversaciones tan
+instructivas como los Mil y uno, aunque mucho ménos recreativas, podré
+yo tener la honra de que te ocupes algunos minutos de vagar en oirme
+cosas dichas en razon.
+
+Si en tiempo de Scander, hijo de Filipo, hubieras sido Talestris, ó la
+reyna de Sabea en tiempo de Soleyman, estos reyes hubieran sido los
+que hubieran peregrinado por verte.
+
+Ruego á las virtudes celestiales que tus deleytes no lleven acibar,
+que sea duradera tu hermosura, y tu ventura perpetua.
+
+SADI.
+
+
+
+
+CAPITULO PRIMERO.
+
+El tuerto.
+
+
+Reynando el rey Moabdar, vivia en Babilonia un mozo llamado Zadig, de
+buena índole, que con la educacion se habia mejorado. Sabia enfrenar
+sus pasiones, aunque mozo y rico; ni gastaba afectacion, ni se
+empeñaba en que le dieran siempre la razon, y respetaba la flaqueza
+humana. Pasmábanse todos viendo que puesto que le sobraba agudeza,
+nunca se mofaba con chufletas de los desconciertos mal hilados, de las
+murmuraciones sin fundamento, de los disparatados fallos, de las
+burlas de juglares, que llamaban conversacion los Babilonios. En el
+libro primero de Zoroastro habia visto que es el amor propio una
+pelota llena de viento, y que salen de ella borrascas así, que la
+pican. No se alababa Zadig de que no hacia aprecio de las mugeres, y
+de que las dominaba. Era liberal, sin que le arredrase el temor de
+hacer bien á desagradecidos, cumpliendo con aquel gran mandamiento de
+Zoroastro, que dice: "Da de comer á los perros" quando tú comieres,
+aunque te muerdan "luego." Era sabio quanto puede serlo el hombre,
+pues procuraba vivir en compañía de los sabios: habia aprendido las
+ciencias de los Caldeos, y estaba instruido en quanto acerca de los
+principios físicos de la naturaleza en su tiempo se conocia; y de
+metafísica sabia todo quanto en todos tiempos se ha sabido, que es
+decir muy poca cosa. Creía firmísimamente que un año tiene trecientos
+sesenta y cinco dias y un quarto, contra lo que enseñaba la moderna
+filosofía de su tiempo, y que estaba el sol en el centro del mundo; y
+quando los principales magos le decian en tono de improperio, y
+mirándole de reojo, que sustentaba principios sapientes haeresim, y
+que solo un enemigo de Dios y del estado podia decir que giraba el sol
+sobre su exe, y que era el año de doce meses, se callaba Zadig, sin
+fruncir las cejas ni encogerse de hombros.
+
+Opulento, y por tanto no faltándole amigos, disfrutando salud, siendo
+buen mozo, prudente y moderado, con pecho ingenuo, y elevado ánimo,
+creyó que podia aspirar á ser feliz. Estaba apalabrado su matrimonio
+con Semira, que por su hermosura, su dote, y su cuna, era el mejor
+casamiento de Babilonia. Profesábale Zadig un sincero y virtuoso
+cariño, y Semira le amaba con pasion. Rayaba ya el venturoso dia que á
+enlazarlos iba, quando paseándose ámbos amantes fuera de las puertas
+de Babilonia, baxo unas palmas que daban sombra á las riberas del
+Eufrates, viéron acercarse unos hombres armados con alfanges y
+flechas. Eran estos unos sayones del mancebo Orcan, sobrino de un
+ministro, y en calidad de tal los aduladores de su tio le habian
+persuadido á que podia hacer quanto se le antojase. Ninguna de las
+prendas y virtudes de Zadig poseía; pero creído que se le aventajaba
+mucho, estaba desesperado por no ser el preferido. Estos zelos, meros
+hijos de su vanidad, le hiciéron creer que estaba enamorado de Semira,
+y quiso robarla. Habíanla cogido los robadores, y con el arrebato de
+su violencia la habian herido, vertiendo la sangre de una persona que
+con su presencia los tigres del monte Imao habria amansado. Traspasaba
+Semira el cielo con sus lamentos, gritando: ¡Querido esposo, que me
+llevan de aquel á quien adoro! No la movia el peligro en que se veía,
+que solo en su caro Zadig pensaba. Defendíala este con todo el denuedo
+del amor y la valentía, y con ayuda de solos dos esclavos ahuyentó á
+los robadores, y se traxo á Semira ensangrentada y desmayada, que al
+abrir los ojos conoció à su libertador. ¡O Zadig! le dixo, os queria
+como á mi esposo, y ahora os quiero como aquel á quien de vida y honra
+soy deudora. Nunca rebosó un pecho en mas tiernos afectos que el de
+Semira, nunca tan linda boca pronunció con tanta viveza de aquellas
+inflamadas expresiones que de la gratitud del mas alto beneficio y de
+los mas tiernos raptos del cariño mas legitimo son hijas. Era leve su
+herida, y sanó en breve. Zadig estaba herido de mas peligro, porque
+una flecha le habia hecho una honda llaga junto al ojo. Semira
+importunaba á los Dioses por la cura de su amante: dia y noche bañados
+los ojos en llanto, aguardaba con impaciencia el instante que los de
+Zadig se pudieran gozar en mirarla; pero una apostema que se formó en
+el ojo herido causó el mayor temor. Enviáron á llamar á Menfis al
+célebre médico Hermes, que vino con una crecida comitiva; y habiendo
+visitado al enfermo declaró que irremediablemente perdia el ojo,
+pronosticando hasta el dia y la hora que habia de suceder tan fatal
+desman. Si hubiera sido, dixo, el ojo derecho, yo le curaria; pero las
+heridas del izquierdo no tienen cura. Toda Babilonia se dolió de la
+suerte de Zadig, al paso que quedó asombrada con la profunda ciencia
+de Hermes. Dos dias despues reventó naturalmente la apostema, y sanó
+Zadig. Hermes escribió un libro, probándole que no debia haber sanado,
+el qual Zadig no leyó; pero luego que pudo salir, fué á ver á aquella
+de quien esperaba su felicidad, y por quien únicamente queria tener
+ojos, Hallábase Semira en su quinta, tres dias hacia, y supo Zadig en
+el camino, que despues de declarar resueltamente que tenia una
+invencible antipatia á los tuertos, la hermosa dama se habia casado
+con Orcan aquella misma noche. Desmayóse al oir esta nueva, y estuvo
+en poco que su dolor le conduxera al sepulcro; mas despues de una
+larga enfermedad pudo mas la razon que el sentimiento, y fué no poca
+parte de su consuelo la misma atrocidad del agravio. Pues he sido
+víctima, dixo, de tan cruel antojo de una muger criada en palacio, me
+casaré con una hija de un honrado vecino. Escogió pues por muger á
+Azora, doncella muy cuerda y de la mejor índole, en quien no notó mas
+defecto que alguna insustancialidad, y no poca inclinacion á creer que
+los mozos mas lindos eran siempre los mas cuerdos y virtuosos.
+
+
+
+
+CAPITULO II
+
+Las narices.
+
+
+Un dia que volvia del paseo Azora toda inmutada, y haciendo
+descompuestos ademanes: ¿Qué tienes, querida? le dixo Zadig; ¿qué es
+lo que tan fuera de tí te ha puesto? ¡Ay! le respondió Azora, lo mismo
+hicieras tú, si hubieses visto la escena que acabo yo de presenciar,
+Habia ido á consolár á Cosrúa, la viuda jóven que ha erigido, dos días
+ha, un mausoleo al difunto mancebo, marido suyo, cabe el arroyo que
+baña esta pradera, jurando á los Dioses, en su dolor, que no se
+apartaria de las inmediaciones de este sepulcro, miéntras el arroyo no
+mudara su corriente. Bien está, dixo Zadig; eso es señal de que es una
+muger de bien, que amaba de veras á su marido. Ha, replico Azora, si
+tú supieras qual era su ocupacion quando entré á verla.--¿Qual era,
+hermosa Azora?--Dar otro cauce al arroyo. Añadió luego Azora tantas
+invectivas, prorumpió en tan agrias acusaciones contra la viuda moza,
+que disgustó mucho á Zadig virtud tan jactanciosa. Un amigo suyo,
+llamado Cador, era uno de los mozos que reputaba Azora por de mayor
+mérito y probidad que otros; Zadig le fió su secreto, afianzando, en
+quanto le fué posible, su fidelidad con quantiosas dádivas. Despues de
+haber pasado Azora dos dias en una quinta de una amiga suya, se volvió
+á su casa al tercero. Los criados le anunciáron llorando que aquella
+misma noche se habia caido muerto de repente su marido, que no se
+habian atrevido á llevarle tan mala noticia, y que acababan de
+enterrar á Zadig en el sepulcro de sus padres al cabo del jardin.
+Lloraba Azora, mesábase los cabellos, y juraba que no queria vivir.
+Aquella noche pidió Cador licencia para hablar con ella, y lloráron,
+ámbos. El siguiente dia lloráron ménos, y comiéron juntos. Fióle Cador
+que le habia dexado su amigo la mayor parte de su caudal, y le dió á
+entender que su mayor dicha seria poder partirle con ella. Lloró con
+esto la dama, enojóse, y se apaciguó luego; y como la cena fué mas
+larga que la comida, habláron ámbos con mas confianza. Hizo Azora el
+panegírico del difunto, confesando empero que adolecia de ciertos
+defectillos que en Cador no se hallaban.
+
+En mitad de la cena se quejó Cador de un vehemente dolor en el bazo, y
+la dama inquieta y asustada mandó le traxeran todas las esencias con
+que se sahumaba, para probar si alguna era un remedio contra los
+dolores de bazo; sintiendo mucho que se hubiera ido ya de Babilonia el
+sapientísimo Hermes, y dignándose hasta de tocar el lado donde sentia
+Cador tan fuertes dolores. ¿Suele daros este dolor tan cruel? le dixo
+compasiva. A dos dedos de la sepultura me pone á veces, le respondió
+Cador, y no hay mas que un remedio para aliviarme, que es aplicarme al
+costado las narices de un hombre que haya muerto el dia ántes. ¡Raro
+remedio! dixo Azora. No es mas raro, respondió Cador, que los cuernos
+de ciervo que ponen á los niños para preservarlos del mal de ojos.
+Esta última razon con el mucho mérito del mozo determináron al cabo á
+la Señora. Por fin, dixo, si las narices de mi marido son un poco mas
+cortas en la segunda vida que en la primera, no por eso le ha de
+impedir el paso el ángel Asrael, quando atraviese el puente Sebinavar,
+para transitar del mundo de ayer al de mañana. Diciendo esto, cogió
+una navaja, llegóse al sepulcro de su esposo bañándole en llanto, y se
+baxó para cortarle las narices; pero Zadig que estaba tendido en el
+sepulcro, agarrando con una mano sus narices, y desviando la navaja
+con la otra, se alzó de repente exclamando; Otra vez no digas tanto
+mal de Cosrúa, que la idea de cortarme las narices bien se las puede
+apostar á la de mudar la corriente de un arroyo.
+
+
+
+
+CAPITULO III.
+
+El perro y el caballo.
+
+
+En breve experimentó Zadig que, como dice el libro de Zenda-Vesta, si
+el primer mes de matrimonio es la luna de miel, el segundo es la de
+acibar. Vióse muy presto precisado á repudiar á Azora, que se habia
+tornado inaguantable, y procuró ser feliz estudiando la naturaleza. No
+hay ser mas venturoso, decia, que el filósofo que estudia el gran
+libro abierto por Dios á los ojos de los hombres. Las verdades que
+descubre son propiedad suya: sustenta y enaltece su ánimo, y vive con
+sosiego, sin temor de los demas, y sin que venga su tierna esposa á
+cortarle las narices.
+
+Empapado en estas ideas, se retiró á una quinta á orillas del
+Eufrates, donde no se ocupaba en calcular quantas pulgadas de agua
+pasan cada segundo baxo los arcos de un puente, ni si el mes del raton
+llueve una línea cúbica de agua mas que el del carnero; ni ideaba
+hacer seda con telarañas, ó porcelana con botellas quebradas;
+estudiaba, sí, las propiedades de los animales y las plantas, y en
+poco tiempo grangeó una sagacidad que le hacia tocar millares de
+diferencias donde los otros solo uniformidad veían.
+
+Paseándose un dia junto á un bosquecillo, vió venir corriendo un
+eunuco de la reyna, acompañado de varios empleados de palacio: todos
+parecian llenos de zozobra, y corrian á todas partes como locos que
+andan buscando lo mas precioso que han perdido. Mancebo, le dixo el
+principal eunuco, ¿vísteis al perro de la reyna? Respondióle Zadig con
+modestia: Es perra que no perro. Teneis razon, replicó el primer
+eunuco. Es una perra fina muy chiquita, continuó Zadig, que ha parido
+poco ha, coxa del pié izquierdo delantero, y que tiene las orejas muy
+largas. ¿Con que la habeis visto? dixo el primer eunuco fuera de sí.
+No por cierto, respondió Zadig; ni la he visto, ni sabia que la reyna
+tuviese perra ninguna.
+
+Aconteció que por un capricho del acaso se hubiese escapado al mismo
+tiempo de manos de un palafrenero del rey el mejor caballo de las
+caballerizas reales, y andaba corriendo por la vega de Babilonia. Iban
+tras de él el caballerizo mayor y todos sus subalternos con no ménos
+premura que el primer eunuco tras de la perra, Dirigióse el
+caballerizo á Zadig, preguntándole si habia visto el caballo del rey.
+Ese es un caballo, dixo Zadig, que tiene el mejor galope, dos varas de
+alto, la pesuña muy pequeña, la cola de vara y quarta de largo; el
+bocado del freno es de oro de veinte y tres quilates, y las herraduras
+de plata de once dineros. ¿Y por donde ha ido? ¿donde está? preguntó
+el caballerizo mayor. Ni le he visto, repuso Zadig, ni he oido nunca
+hablar de él.
+
+Ni al caballerizo mayor ni al primer eunuco les quedó duda de que
+habia robado Zadig el caballo del rey y la perra de la reyna;
+conduxeronle pues á la asamblea del gran Desterham, que le condenó á
+doscientos azotes y seis años de presidio. No bien hubiéron dado la
+sentencia, quando pareciéron el caballo y la perra, de suerte que se
+viéron los jueces en la dolorosa precision de anular su sentencia;
+condenaron empero á Zadig á una multa de quatrocientas onzas de oro,
+porque habia dicho queno habia visto habiendo visto. Primero pagó la
+multa, y luego se le permitió defender su pleyto ante el consejo del
+gran Desterliam, donde dixo así:
+
+Astros de justicia, pozos de ciencia, espejos de la verdad, que con la
+gravedad del plomo unís la dureza del hierro, el brillo del diamante,
+y no poca afinidad con el oro, siéndome permítido hablar ante esta
+augusta asamblea, juro por Orosmades, que nunca ví ni la respetable
+perra de la reyna, ni el sagrado caballo del rey de reyes. El suceso
+ha sido como voy á contar. Andaba paseando por el bosquecillo donde
+luego encontré al venerable eunuco, y al ilustrísimo caballerizo
+mayor. Observé en la arena las huellas de un animal, y fácilmente
+conocí que era un perro chico. Unos surcos largos y ligeros, impresos
+en montoncillos de arena entre las huellas de las patas, me diéron á
+conocer que era una perra, y que le colgaban las tetas, de donde
+colegí que habia parido pocos dias hacia. Otros vestigios en otra
+direccion, que se dexaban ver siempre al ras de la arena al lado de
+los piés delanteros, me demostráron que tenia las orejas largas; y
+como las pisadas del un pié eran ménos hondas en la arena que las de
+los otros tres, saqué por conseqüencia que era, si soy osado á
+decirlo, algo coxa la perra de nuestra augusta reyna.
+
+En quanto al caballo del rey de reyes, la verdad es que paseándome por
+las veredas de dicho bosque, noté las señales de las herraduras de un
+caballo, que estaban todas á igual distancia. Este caballo, dixe,
+tiene el galope perfecto. En una senda angosta que no tiene mas de dos
+varas y media de ancho, estaba á izquierda y á derecha barrido el
+polvo en algunos parages. El caballo, conjeturé yo, tiene una cola de
+vara y quarta, que con sus movimientos á derecha y á izquierda ha
+barrido este polvo. Debaxo de los árboles que formaban una enramada de
+dos varas de alto, estaban recien caidas las hojas de las ramas, y
+conocí que las habia dexado caer el caballo, que por tanto tenia dos
+yaras. Su freno ha de ser de oro de veinte y tres quilates, porque
+habiendo estregado la cabeza del bocado contra una piedra que he visto
+que era de toque, hice la prueba. Por fin, las marcas que han dexado
+las herraduras en piedras de otra especie me han probado que eran de
+plata de once dineros.
+
+Quedáronse pasmados todos los jueces con el profundo y sagaz tino de
+Zadig, y llegó la noticia al rey y la reyna. En antesalas, salas, y
+gabinetes no se hablaba mas que de Zadig, y el rey mandó que se le
+restituyese la multa de quatrocientas onzas de oro á que habia sido
+sentenciado, puesto que no pocos magos eran de dictámen de quemarle
+como hechicero. Fuéron con mucho aparato á su casa el escribano de la
+causa, los alguaciles y los procuradores, á llevarle sus quatrocientas
+onzas, sin guardar por las costas mas que trecientas noventa y ocho;
+verdad es que los escribientes pidiéron una gratificacion.
+
+Viendo Zadig que era cosa muy peligrosa el saber en demasía, hizo
+propósito firme de no decir en otra ocasion lo que hubiese visto, y la
+ocasion no tardó en presentarse. Un reo de estado se escapó, y pasó
+por debaxo de los balcones de Zadig. Tomáronle declaracion á este, no
+declaró nada; y habiéndole probado que se habia asomado al balcon, por
+tamaño delito fué condenado á pagar quinientas onzas do oro, y dió las
+gracias á los jueces por su mucha benignidad, que así era costumbre en
+Babilonia, ¡Gran Dios, decia Zadig entre sí, qué desgraciado es quien
+se pasea en un bosque por donde haya pasado el caballo del rey, ó la
+perrita de la reyna! ¡Qué de peligros corre quien á su balcon se
+asoma! ¡Qué cosa tan difícil es ser dichoso en esta vida!
+
+
+
+
+CAPITULO IV.
+
+El envidioso.
+
+
+Apeló Zadig á la amistad y á la filosofia para consolarse de los males
+que le habia hecho la fortuna. En un arrabal de Babilonia tenia una
+casa alhajada con mucho gusto, y allí reunia las artes y las
+recreaciones dignas de un hombre fino. Por la mañana estaba su
+biblioteca abierta para todos los sabios, y por la tarde su mesa á
+personas de buena educacion. Pero muy presto echó de ver que era muy
+peligroso tratar con sabios. Suscitóse una fuerte disputa acerca de
+una ley de Zoroastro, que prohibe comer grifo. ¿Como está prohibido el
+grifo, decian unos, si no hay tal animal? Fuerza es que le haya,
+decian otros, quando no quiere Zoroastro que le comamos. Zadig, por
+ponerlos conformes, les dixo: Pues no comamos grifo, si grifos hay; y
+si no los hay, ménos los comerémos, y así obedecerémos á Zoroastro.
+
+Habia un sabio escritor que habia compuesto una obra en trece tomos en
+folio acerca de las propiedades de los grifos, gran teurgista, que á
+toda priesa se fué á presentar ante el archimago Drastanés, el mas
+necio, y á conseqüencia el mas fanático de los Caldeos de aquellos
+remotos tiempos. En honra y gloria del Sol, habria este mandado
+empalar á Zadig, y rezado luego el breviario de Zoroastro con mas
+devota compuncion. Su amigo Cador (que un amigo vale mas que un ciento
+de clérigos) fué á ver al viejo Drastanés, y le dixo así: Gloria al
+Sol y á los grifos; nadie toque al pelo á Zadig, que es un santo, y
+mantiene grifos en su corral, sin comérselos: su acusador sí, que es
+herege. ¿Pues no ha sustentado que no son ni solípedos ni inmundos los
+conejos? Bien, bien, dixo Drastanés, meneando la temblona cabeza: á
+Zadig se le ha de empalar, porque tiene ideas erróneas sobre los
+glifos; y al otro, porque ha hablado sin miramiento de los conejos.
+Apaciguólo Cador todo por medio de una moza de retrete de palacio, á
+quien habia hecho un chiquillo, la qual tenia mucho influxo con el
+colegio de los magos, y no empaláron á nadie; cosa que la murmuráron
+muchos doctores, y por ello pronosticáron la próxîma decadencia de
+Babilonia. Decia Zadig: ¿En qué se cifra la felicidad? Todo me
+persigue en la tierra, hasta los seres imaginarios; y maldiciendo de
+los sabios, resolvió ceñirse á vivir con la gente fina.
+
+Reuníanse en su casa los sugetos de mas fino trato de Babilonia, y las
+mas amables damas; servíanse exquisitas cenas, precedidas las mas
+veces de academias, y que animaban conversaciones amables, en que
+nadie aspiraba á echarlo de agudo, que es medio certísimo de ser un
+majadero, y deslustrar la mas brillante tertulia. Los platos y los
+amigos no eran los que escogia la vanagloria, que en todo preferia á
+la apariencia la realidad, y así se grangeaba una estimacion sólida,
+por eso mismo que ménos á ella aspiraba.
+
+Vivia en frente de su casa un tal Arimazo, sugeto que llevaba la
+perversidad de su ánimo en la fisonomía grabada: corroíale la envidia,
+y reventaba de vanidad, dexando aparte que era un presumido de saber
+fastidioso. Como las personas finas se burlaban de él, él se vengaba
+hablando mal de ellas. Con dificultad reunia en su casa aduladores,
+puesto que era rico. Importunábale el ruido de los coches que entraban
+de noche en casa de Zadig, pero mas le enfadaba el de las alabanzas
+que de él oía. Iba algunas veces á su casa, y se sentaba á la mesa sin
+que le convidaran, corrompiendo el júbilo de la compañía entera, como
+dicen que inficionan las arpías los manjares que tocan. Sucedióle un
+dia que quiso dar un banquete á una dama, que, en vez de admitirle, se
+fué á cenar con Zadig; y otra vez, estando ámbos hablando en palacio,
+se llegó un ministro que convidó á Zadig á cenar, y no le dixo nada á
+Arimazo. En tan flacos cimientos estriban á veces las mas crueles
+enemigas. Este hombre, que apellidaba Babilonia el envidioso, quiso
+dar al traste con Zadig, porque le llamaban el dichoso. Cien veces al
+dia, dice Zoroastro, se halla ocasion para hacer daño, y para hacer
+bien apénas una vez al año.
+
+Fuése el envidioso á casa de Zadig, el qual se estaba paseando por sus
+jardines con dos amigos, y una señora á quien decia algunas flores,
+sin otro ánimo que decirlas. Tratábase de una guerra que acababa de
+concluir con felicidad el rey contra el príncipe de Hircania,
+feudatario suyo. Zadig que en esta corta guerra habia dado repetidas
+pruebas de valor, hacia muchos elogios del rey, y mas todavía de la
+dama. Cogió su libro de memoria, y escribió en él quatro versos de
+repente, que dió á leer á su hermosa huéspeda; pero aunque sus amigos
+le suplicáron que se los leyese, por modestia, ó acaso por un amor
+propio muy discreto, no quiso hacerlo: que bien sabia que los versos
+de repente hechos solo son buenos para aquella para quien se hacen.
+Rasgó pues en dos la hoja del librillo de memoria en que los habia
+escrito, y tiró los dos pedazos á una enramada de rosales, donde fué
+en balde buscarlos. Empezó en breve á lloviznar, y se volviéron todos
+á los salones; pero el envidioso que se habia quedado en el jardin,
+tanto registró que dió con una mitad de la hoja, la qual de tal manera
+estaba rasgada, que la mitad de cada verso que llenaba un renglon
+formaba sentido, y aun un verso corto; y lo mas extraño es que, por un
+acaso todavía mas extraordinario, el sentido que formaban los tales
+versos cortos era una atroz infectiva contra el rey. Leíase en ellos:
+
+ Un monstruo detestable
+ Hoy rige la Caldea;
+ Su trono incontrastable
+ El poder mismo afea,
+
+Por la vez primera de su vida se creyó feliz el envidioso, teniendo
+con que perder á un hombre de bien y amable. Embriagado en tan
+horrible júbilo, dirigió al mismo rey esta sátira escrita de pluma de
+Zadig, el qual, con sus dos amigos y la dama, fué llevado á la cárcel,
+y se le formó causa, sin que se dignaran de oirle. Púsose el
+envidioso, quando le hubiéron sentenciado, en el camino por donde
+habia de pasar, y le dixo que no valian nada sus versos. No lo echaba
+Zadig de poeta; sentia empero en el alma verse condenado como reo de
+lesa-magestad, y dexar dos amigos y una hermosa dama en la cárcel por
+un delito que no habia cometido. No lo permitiéron alegar nada en su
+defensa, porque el libro de memoria estaba claro, y que así era estilo
+en Babilonia. Caminaba pues al cadahalso, atravesando inmensas filas
+de gentes curiosas; ninguno se atrevia á condolerse de él, pero sí se
+agolpaban para exâminar qué cara ponia, y si iba á morir con aliento.
+Sus parientes eran los únicos afligidos, porque no heredaban,
+habiéndose confiscado las tres quartas partes de su caudal á beneficio
+del erario, y la restante al del envidioso.
+
+Miéntras que se estaba disponiendo á morir, se voló del balcon el loro
+del rey, y fué á posarse en los rosales del jardin de Zadig. Habia
+derribado el viento un melocoton de un árbol inmediato, que habia
+caido sobre un pedazo de un librillo de memoria escrito, y se le habia
+pegado. Agarró el loro el melocoton con lo escrito, y se lo llevó todo
+á las rodillas del rey. Curioso esta leyó unas palabras que no
+significaban nada, y parecian fines de verso. Como era aficionado á la
+poesía, y que siempre se puede sacar algo con los príncipes que gustan
+de coplas, le dió en que pensar la aventura del papagayo. Acordándose
+entónces la reyna de lo que habia en el trozo del libro de memoria de
+Zadig, mandó que se le traxesen, y confrontando ámbos trozos se vió
+que venia uno con otro; y los versos de Zadig, leidos como él los
+habia escrito, eran los siguientes:
+
+ Un monstruo detestable es la sangrienta guerra;
+ Hoy rige la Caldea en paz el rey sin sustos:
+ Su trono incontrastable amor tiene en la tierra;
+ El poder mismo afea quien no goza sus gustos.
+
+Al punto mandó el rey que traxeran á Zadig á su presencia, y que
+sacaran de la cárcel á sus dos amigos y la hermosa dama. Postróse el
+rostro por el suelo Zadig á las plantas del rey y la reyna; pidióles
+rendidamente perdon por los malos versos que habia compuesto, y habló
+con tal donayre, tino y agudeza, que los monarcas quisiéron volver á
+verle: volvió, y gustó mas. Le adjudicáron los bienes del envidioso
+que injustamente le habia acusado: Zadig se los restituyó todos, y el
+único afecto del corazon de su acusador fué el gozo de no perder lo
+que tenia. De dia en dia se aumentaba el aprecio que el rey de Zadig
+hacia: convidábale á todas sus recreaciones, y le consultaba en todos
+asuntos. Desde entónces la reyna empezó á mirarle con una complacencia
+que podia acarrear graves peligros á ella, á su augusto esposo, á
+Zadig y al reyno entero, y Zadig á creer que no es cosa tan
+dificultosa vivir feliz.
+
+
+
+
+CAPITULO V.
+
+El generoso.
+
+
+Vino la época de la celebridad de una solemne fiesta que se hacia cada
+cinco años, porque era estilo en Babilonia declarar con solemnidad, al
+cabo de cinco años, qual de los ciudadanos habia hecho la mas generosa
+accion. Los jueces eran los grandes y los magos. Exponia el primer
+satrapa encargado del gobierno de la ciudad, las acciones mas ilustres
+hechas en el tiempo de su gobierno; los jueces votaban, y el rey
+pronunciaba la decision. De los extremos de la tierra acudian
+espectadores á esta solemnidad. Recibia el vencedor de mano del
+monarca una copa de oro guarnecida de piedras preciosas, y le decia el
+rey estas palabras: "Recibid este premio de la generosidad, y oxalá me
+concedan los Dioses muchos vasallos que á vos se parezcan."
+
+Llegado este memorable dia, se dexó ver el rey en su trono, rodeado de
+grandes, magos y diputados de todas las naciones, que venian, á unos
+juegos donde no con la ligereza de los caballos, ni con la fuerza
+corporal, sino con la virtud se grangeaba la gloria. Recitó en voz
+alta el satrapa las acciones por las quales podian sus autores merecer
+el inestimable premio, y no habló siquiera de la magnanimidad con que
+habia restituido Zadig todo su caudal al envidioso: que no era esta
+accion que mereciera disputar el premio.
+
+Primero presentó á un juez que habiendo, en virtud de una equivocacion
+de que no era responsable, fallado un pleyto importante contra un
+ciudadano, le habia dado todo su caudal, que era lo equivalente de la
+perdida del litigante.
+
+Luego produxo un mancebo que perdido de amor por una doncella con
+quien se iba á casar, se la cedió no obstante á un amigo suyo, que
+estaba á la muerte por amores de la misma, y ademas dotó la doncella.
+
+Hizo luego comparecer á un militar que en la guerra de Hircania habia
+dado exemplo todavía de mayor generosidad. Llevábanse á suamada unos
+soldados enemigos, y miéntras la estaba defendiendo contra ellos, le
+viniéron á decir que otros Hircanos se llevaban de allí cerca á su
+madre; y abandonó llorando á su querida, por libertar á la madre.
+Quando volvió á tomar la defensa de su dama, la encontró expirando, y
+se quiso dar la muerte; pero le representó su madre que no tenia mas
+apoyo que él, y tuvo ánimo para sufrir la vida.
+
+Inclinábanse los jueces por este soldado; pero el rey tomando la
+palabra, dixo: Accion es noble la suya, y tambien lo son las de los
+otros, pero no me pasman; y ayer hizo Zadig una que me ha pasmado.
+Pocos dias ha que ha caido de mi gracia Coreb, mi ministro y valido.
+Quejábame de él con vehemencia, y todos los palaciegos me decian que
+era yo demasiadamente misericordioso; todos decian á porfía mal de
+Coreb. Pregunté su dictámen á Zadig, y se atrevió á alaharle. Confieso
+qne en nuestras historias he visto exemplos de haber pagado un yerro
+con su caudal, cedido su dama, ó antepuesto su madre al objeto de su
+amor; pero nunca he leido que un palaciego haya dicho bien de un
+ministro caido con quien estaba enojado su soberano. A cada uno de
+aquellos cuyas acciones se han recitado le doy veinte mil monedas de
+oro; pero la copa se la doy á Zadig.
+
+Señor, replicó este, vuestra magestad es el único que la merece, y
+quien ha hecho la mas inaudita accion, pues siendo rey no se ha
+indignado contra su esclavo que contradecia su pasion. Todos
+celebráron admirados al rey y á Zadig. Recibiéron las dádivas del
+monarca el juez qus habia dado su caudal, el amante que habia casado á
+su amada con su amigo, y el soldado que ántes quiso librar á su madre
+que á su dama; y Zadig obtuvo la copa. Grangeóse el rey la reputacion
+de buen príncipe, que no conservó mucho tiempo; y se consagró el dia
+con fiestas que duráron mas de lo que prescribia la ley, conservándose
+aun su memoria en el Asia. Decia Zadig: ¡con que en fin soy feliz!
+pero Zadig se engañaba.
+
+
+
+
+CAPITULO VI.
+
+El ministro.
+
+
+Habiendo perdido el rey á su primer ministro, escogió á Zadig para
+desempeñar este cargo. Todas las hermosas damas de Babilonia
+aplaudiéron esta eleccion, porque nunca habia habido ministro tan mozo
+desde la fundacion del imperio: todos los palaciegos la sintiéron; al
+envidioso le dió un vómito de sangre, y se le hincháron
+extraordinariamente las narices. Dió Zadig las gracias al rey y á la
+reyna, y fué luego á dárselas al loro. Precioso páxaro, le dixo, tú
+has sido quien me has librado la vida, y quien me has hecho primer
+ministro. Mucho mal me habian hecho la perra y el caballo de sus
+magestades, pero tú me has hecho mucho bien. ¡En qué cosas estriba la
+suerte de los humanos! Pero puede ser que mi dicha se desvanezca
+dentro de pocos instantes. El loro respondió: ántes. Dió golpe á Zadig
+esta palabra; puesto que á fuer de buen físico que no creía que fuesen
+los loros profetas, se sosegó luego, y empezó á servir su cargo lo
+mejor que supo.
+
+Hizo que á todo el mundo alcanzara el sagrado poder de las leyes, y
+que á ninguno abrumara el peso de su dignidad. No impidió la libertad
+de votos en el divan, y cada visir podia, sin disgustarle, exponer su
+dictámen. Quando fallaba de un asunto, la ley, no él, era quien
+fallaba; pero quando esta era muy severa, la suavízaba; y quando
+faltaba ley, la hacia su equidad tal, que se hubiera podido atribuir á
+Zoroastro. El fué quien dexó vinculado en las naciones el gran
+principio de que vale mas libertar un reo, que condenar un inocente.
+Pensaba que era destino de las leyes no ménos socorrer á los
+ciudadanos que amedrentarlos. Cifrábase su principal habilidad en
+desenmarañar la verdad que procuran todos obscurecer. Sirvióse de esta
+habilidad desde los primeros dias de su administracion. Habia muerto
+en las Indias un comerciante muy nombrado de Babilonia: y habiendo
+dexado su caudal por iguales partes á sus dos hijos, despues de dotar
+á su hija, dexaba ademas un legado de treinta mil monedas de oro á
+aquel de sus hijos que se decidiese que le habia querido mas. El mayor
+le erigió un sepulcro, y el menor dió á su hermana parte de su
+herencia en aumento de su dote. La gente decia: El mayor queria mas á
+su padre, y el menor quiere mas á su hermana: las treinta mil monedas
+se deben dar al mayor. Llamó Zadig sucesivamente á los dos, y le dixo
+al mayor: No ha muerto vuestro padre, que ha sanado de su última
+enfermedad, y vuelve á Babilonia. Loado sea Dios, respondió el
+mancebo; pero su sepulcro me habia costado harto caro. Lo mismo dixo
+luego Zadig al menor. Loado sea Dios, respondió, voy á restituir á mi
+padre todo quanto tengo, pero quisiera que dexase á mi hermana lo que
+le he dado. No restituiréis nada, dixo Zadig, y se os darán las
+treinta mil monedas, que vos sois el que mas á vuestro padre queríais.
+
+Habia dado una doncella muy rica palabra de matrimonio á dos magos, y
+despues de haber recibido algunos meses instrucciones de ámbos, se
+encontró en cinta. Ambos querian casarse con ella. La doncella dixo
+que seria su marido el que la habia puesto en estado de dar un
+ciudadano al imperio. Uno decia: Yo he sido quien he hecho esta buena
+obra; el otro: No, que soy yo quien he tenido tanta dicha. Está bien,
+respondió la doncella, reconozco por padre de la criatura el que le
+pueda dar mejor educacion. Parió un chico, y quiso educarle uno y otro
+mago. Llevada la instancia ante Zadig, los llamó á entrámbos, y dixo
+al primero: ¿Qué has de enseñar á tu alumno? Enseñaréle, respondió el
+doctor, las ocho partes de la oracion, la dialéctica, la astrologia,
+la demonología, qué cosa es la sustancia y el accidente, lo abstracto
+y lo concreto, las monadas y la harmonía preestablecida. Pues yo, dixo
+el segundo, procuraré hacerle justo y digno de tener amigos. Zadig
+falló: Ora seas ó no su padre, tú te casarás con su madre.
+
+Todos los dias venian quejas á la corte contra el Itimadulet de Media,
+llamado Irax, gran potentado, que no era de perversa índole, pero que
+la vanidad y el deleyte le habian estragado. Raras veces permitia que
+le hablasen, y nunca que se atreviesen á contradecirle. No son tan
+vanos los pavones, ni mas voluptuosas las palomas, ni ménos perezosos
+los galápagos; solo respiraba vanagloria y deleytes vanos.
+
+Probóse Zadig á corregirle, y le envió de parte del rey un maestro de
+música, con doce cantores y veinte y quatro violines, un mayordomo con
+seis cocineros y quatro gentiles-hombres, que no le dexaban nunca.
+Decia la órden del rey que se siguiese puntualísimamente el siguiente
+ceremonial, como aquí se pone.
+
+El dia primero, así que se despertó el voluptuoso Irax, entró el
+maestro de música acompañado de los cantores y violines, y cantáron
+una cantata que duró dos horas, y de tres en tres minutos era el
+estribillo:
+
+ ¡Quanto merecimiento!
+ ¡Qué gracia, qué nobleza!
+ ¡Que ufano, que contento
+ Debe estar de sí propio su grandeza!
+
+Concluida la cantata, le recitó un gentil-hombre una arenga que duró
+tres quartos de hora, pintándole como un dechado perfecto de quantas
+prendas le faltaban; y acabada, le lleváron á la mesa al toque de los
+instrumentos. Duró tres horas la comida; y así que abria la boca para
+decir algo, exclamaba el gentil-hombre: Su Excelencia tendra razon.
+Apénas decia quatro palabras; interrumpia el segundo gentil-hombre,
+diciendo: Su Excelencia tiene razon. Los otros dos seltaban la
+carcajada en aplauso de los chistes que habia dicho ó debido decir
+Irax. Servidos que fuéron los postres, se repitió la cantata.
+
+Parecióle delicioso el primer dia, y quedó persuadido de que le
+honraba el rey de reyes conforme á su mérito. El segundo le fué algo
+ménos grato; el tercero estuvo incomodado; el quarto no le pudo
+aguantar; el quinto fué un tormento; finalmente, aburrido de oir
+cantar sin cesar: ¡qué ufano, qué contento dele estar de sí propio su
+grandeza! de que siempre le dixeran que tenia razon, y de que le
+repitieran la misma arenga todos los dias á la propia hora, escribió á
+la corte suplicando al rey que fuese dignado de llamar á sus gentiles-
+hombres, sus músicos y su mayordomo, prometiendo tener mas aplicacion
+y ménos vanidad. Luego gustó ménos de aduladores, dió ménos fiestas, y
+fué mas feliz; porque, como dice el Sader, sin cesar placeres no son
+placeres.
+
+
+
+
+CAPITULO VII.
+
+Disputas y audiencias.
+
+
+De este modo acreditaba Zadig cada dia su agudo ingenío y su buen
+corazon; todos le miraban con admiracion, y le amaban empero. Era
+reputado el mas venturoso de los hombres; lleno estaba todo el imperio
+de su nombre; guiñábanle á hurtadillas todas las mugeres; ensalzaban
+su justificacion los ciudadanos todos; los sabios le miraban como un
+oráculo, y hasta los mismos magos confesaban que sabia punto mas que
+el viejo archi-mago Siara, tan léjos entónces de formarle cansa acerca
+de los grifos, que solo se creía lo que á él le parecia creible.
+
+Reynaba de mil y quinientos años atras una gran contienda en
+Babilonia, que tenia dividido el imperio en dos irreconciliables
+sectas: la una sustentaba que siempre se debia entrar en el templo de
+Mitras el pié izquierdo por delante; y la otra miraba con abominacion
+semejante estilo, y llevaba siempre el pié derecho delantero. Todo el
+mundo aguardaba con ansia el dia de la fiesta solemne del fuego
+sagrado, para saber qué secta favorecia Zadig: todos tenian clavados
+los ojos en sus dos piés; toda la ciudad estaba suspensa y agitada.
+Entró Zadig en el templo saltando á pié-juntilla, y luego en un
+eloqüente discurso hizo ver que el Dios del cielo y la tierra, que no
+mira con privilegio á nadie, el mismo caso hace del pié izquierdo que
+del derecho. Dixo el envidioso y su muger que no habia suficientes
+figuras en su arenga, donde no se vían baylar las montañas ni las
+colinas. Decian que no habia en ella ni xugo ni talento, que no se vía
+la mar ahuyentada, las estrellas por tierra, y el sol derretido como
+cera vírgen; por fin, que no estaba en buen estilo oriental. Zadig no
+aspiraba mas que á que fuese su estilo el de la razon. Todo el mundo
+se declaró en su favor, no porque estaba en el camino de la verdad, ni
+porque era discreto, ni porque era amable, sino porque era primer
+visir.
+
+No dió ménos felice cima á otro intrincadísimo pleyto de los magos
+blancos con los negros. Los blancos decian que era impiedad dirigirse
+al oriente del hibierno, quando los ficles oraban á Dios; y los negros
+afirmaban que miraba Dios con horror á los hombres que se dirígian al
+poniente del verano. Zadig mandó que se volviera cada uno hácia donde
+quisiese.
+
+Encontró medio para despachar por la mañana los asuntos particulares y
+generales, y lo demas del dia se ocupaba en hermosear á Babilonia.
+Hacia representar tragedias para llorar, y comedias para reir; cosa
+que habia dexado de estilarse mucho tiempo hacia, y que él
+restableció, porque era sugeto de gusto fino. No tenia la manía de
+querer entender mas que los pentos en las artes, los quales los
+remuneraba con dádivas y condecoraciones, sin envidiar en secreto su
+habilidad. Por la noche divertia mucho al rey, y mas á la reyna. Decia
+el rey: ¡Qué gran ministro! y la reyna: ¡Qué amable ministro! y ambos
+añadian: Lástima fuera que le hubieran ahorcado.
+
+Nunca otro en tan alto cargo se vió precisado á dar tantas audiencias
+á las damas: las mas venian á hablarle de algún negocio que no les
+importaba, para probarse á hacerle con él. Una de las primeras que se
+presentó fué la muger del envidioso, juándole por Mitras, por Zenda-
+Vesta, y por el fuego sagrado, que siempre habia mirado con
+detestacion la conducta de su marido. Luego le fió que era el tal
+marida zeloso y mal criado, y le dió á entender que le castigaban los
+Dioses privándole de los preciosos efectos de aquel sacro fuego, el
+único que hace á los hombres semejantes á los inmortales; por fin dexó
+caer una liga. Cogióla Zadig con su acostumbrada cortesanía, pero no
+se la ató á la dama á la pierna; y este leve yerro, si por tal puede
+tenerse, fué orígen de las desventuras mas horrendas. Zadig no pensó
+en ello, pero la muger del envidioso pensó mas de lo que decirse
+puede.
+
+Cada dia se le presentaban nuevas damas. Aseguran los anales secretos
+de Babilonia, que cayó una vez en la tentacion, pero que quedó pasmado
+de gozar sin deleyte, y de tener su dama en sus brazos distraido. Era
+aquella á quien sin pensar dió pruebas de su proteccion, una camarista
+de la reyna Astarte. Por consolarse decia para sí esta enamorada
+Babilonia: Menester es que tenga este hombre atestada la cabeza de
+negocios, pues aun en el lance de gozar de su amor piensa en ellos.
+Escapósele á Zadig en aquellos instantes en que los mas no dicen
+palabra, ó solo dicen palabras sagradas, clamar de repente: LA REYNA;
+y creyó la Babilonia, que vuelto en sí en un instante delicioso le
+habia dicho REYNA MIA. Mas Zadig, distraido siempre, pronunció el
+nombre de Astarte; y la dama, que en tan feliz situacion todo lo
+interpretaba á su favor, se figuró que queria decir que era mas
+hermosa que la reyna Astarte. Salió del serrallo de Zadig habiendo
+recibido espléndidos regalos, y fué á contar esta aventura á la
+envidiosa, que era su íntima amiga, la qual quedó penetrada de dolor
+por la preferencia. Ni siquiera se ha dignado, decia, de atarme esta
+malhadada liga, que no quiero que me vuelva á servir, ¡Ha, ha! dixo la
+afortunada á la envidiosa, las mismas ligas llevais que la reyna: ¿las
+tomais en la misma tienda? Sumióse en sus ideas la envidiosa, no
+respondió, y se fué á consultar con el envidioso su marido.
+
+Entretanto Zadig conocia que estaba distraido quando daba audiencia, y
+quando juzgaba; y no sabia á qué atribuirlo: esta era su única
+pesadumbre. Soñó una noche que estaba acostado primero encima de unas
+yerbas secas, entre las quales habia algunas punzantes que le
+incomodaban; que luego reposaba blandamente sobre un lecho de rosas,
+del qual salia una sierpe que con su venenosa y acerada lengua le
+heria el corazon. ¡Ay! decia, mucho tiempo he estado acostado encima
+de las secas y punzantes yerbas; ahora lo estoy en el lecho de rosas:
+¿mas qual será la serpiente?
+
+
+
+
+CAPITULO VIII.
+
+Los zelos.
+
+
+De su misma dicha vino la desgracia de Zadig, pero mas aun de su
+mérito. Todos los dias conversaba con el rey, y con su augusta esposa
+Astarte, y aumentaba el embeleso de su conversacion aquel deseo de
+gustar, que, con respecto al entendimiento, es como el arreo á la
+hermosura; y poco á poco hicieron su mocedad y sus gracias una
+impresion en Astarte, que á los principios no conoció ella propia.
+Crecia esta pasion en el regazo de la inocencia, abandonándose Astarte
+sin escrúpulo ni rezelo al gusto de ver y de oir á un hombre amado de
+su esposo y del reyno entero. Alababásele sin cesar al rey, hablaba de
+él con sus damas, que ponderaban mas aun sus prendas, y iodo así
+ahondaba en su pecho la flecha que no sentia. Hacia regalos á Zadig,
+en que tenia mas parte el amor de lo que ella se pensaba; y muchas
+veces, quando se figuraba que le hablaba como reyna, satisfecha se
+expresaba como muger enamorada.
+
+Muy mas hermosa era Astarte que la Semira que tanta ojeriza tenia con
+los tuertos, y que la otra que habia querido cortar á su esposo las
+narices. Con la llaneza de Astarte, con sus tiernas razones de que
+empezaba á sonrojarse, con sus miradas que procuraba apartar de él, y
+que en las suyas se clavaban, se encendió en el pecho de Zadig un
+fuego que á él propio le pasmaba. Combatió, llamo á su auxîlio la
+filosofía que siempre le habia socorrido; pero esta ni alumbró su
+entendimiento, ni alivió su ánimo. Ofrecíanse ante él, como otros
+tantos dioses vengadores, la obligacion, la gratitud, la magestad
+suprema violadas: combatia y vencia; pero una victoria á cada instante
+disputada, le costaba lágrimas y suspiros. Ya no se atrevia á
+conversar con la reyna con aquella serena libertad que tanto á
+entrámbos habia embelesado; cubríanse de una nube sus ojos; eran sus
+razones confusas y mal hiladas; baxaba los ojos; y quando
+involuntariamente en Astarte los ponia, encontraba los suyos bañados
+en lágrimas, de donde salian inflamados rayos. Parece quese decian uno
+á otro: Nos adoramos, y tememos amarnos; ámbos ardemos en un fuego que
+condenamos. De la conversacion de la reyna salia Zadig fuera de sí,
+desatentado, y como abrumado con una caiga con la qual no podia. En
+medio de la violencia de su agitacion, dexó que su amigo Cador
+columbrara su secreto, como uno que habiendo largo tiempo aguantado
+las punzadas de un vehemente dolor, descubre al fin su dolencia por un
+grito lastimero que vencido de sus tormentos levanta, y por el sudor
+frio que por su semblante corre.
+
+Díxole Cador: Ya habia yo distinguido los afectos que de vos mismo os
+esforzábais á ocultar: que tienen las pasiones señales infalibles; y
+si yo he leido en vuestro corazon, contemplad, amado Zadig, si
+descubrirá el rey un amor que le agravia; él que no tiene otro defecto
+que ser el mas zeloso de los mortales. Vos resistís á vuestra pasion
+con mas vigor que combate Astarte la suya, porque sois filósofo y sois
+Zadig. Astarte es muger, y eso mas dexa que se expliquen sus ojos con
+imprudencia que no piensa ser culpada: satisfecha por desgracia con su
+inocencia, no se cura de las apariencias necesarias. Miéntras que no
+le remuerda en nada la conciencia, tendré miedo de que se pierda. Si
+ámbos estuviéseis acordes, frustraríais los ojos mas linces: una
+pasion en su cuna y contrarestada rompe afuera; el amor satisfecho se
+sabe ocultar. Estremecióse Zadig con la propuesta de engañar al
+monarca su bienhechor, y nunca fué mas fiel á su príncipe que quando
+culpado de un involuntario delito. En tanto la reyna repetia con tal
+freqüencia el nombre de Zadig; colorábanse de manera sus mexillas al
+pronunciarle; quando le hablaba delante del rey, estaba unas veces tan
+animada y otras tan confusa; parábase tan pensativa quando se iba, que
+turbado el rey creyó todo quanto vía, y se figuró lo que no vía.
+Observó sobre todo que las babuchas de su muger eran azules, y azules
+las de Zadig; que los lazos de su muger eran pajizos, y pajizo el
+turbante de Zadig: tremendos indicios para un príncipe delicado. En
+breve se tornáron en su ánimo exâsperado en certeza las sospechas.
+
+Los esclavos de los reyes y las reynas son otras tantas espías de sus
+mas escondidos afectos, y en breve descubriéron que estaba Astarte
+enamorada, y Moabdar zeloso. Persuadió el envidioso á la envidiosa á
+que enviara al rey su liga que se parecia á la de la reyna; y para
+mayor desgracia, era azul dicha liga. El monarca solo pensó entónces
+en el modo de vengarse. Una noche se resolvió á dar un veneno á la
+reyna, y á enviar un lazo á Zadig al rayar del alba, y dió esta órden
+á un despiadado eunuco, executor de sus venganzas. Hallábase á la
+sazon en el aposento del rey un enanillo mudo, pero no sordo, que
+dexaban allí como un animalejo doméstico, y era testigo de los mas
+recónditos secretos. Era el tal mudo muy afecto á la reyna y á Zadig,
+y escuchó con no ménos asombro que horror dar la órden de matarlos
+ámbos. ¿Mas cómo haria para precaver la execucion de tan espantosa
+órden, que se iba á cumplir destro de pocas horas? No sabia escribir,
+pero sí pintar, y especialmente retratar al vivo los objetos. Una
+parte de la noche la pasó dibuxando lo que queria que supiera la
+reyna: representaba su dibuxo, en un rincon del quadro, al rey
+enfurecido dando órdenes á su eunuco; en otro rincon una cuerda azul y
+un vaso sobre una mesa, con unas ligas azules, y unas cintas pajizas;
+y en medio del quadro la reyna moribunda en brazos de sus damas, y á
+sus plantas Zadig ahorcado. Figuraba el horizonte el nacimiento del
+sol, como para denotar que esta horrenda catástrofe debia executarse
+al rayar de la aurora. Luego que hubo acabado, se fué corriendo al
+aposento de una dama de Astarte, la despertó, y le dixo por señas que
+era menester que llevara al instante aquel quadro á la reyna.
+
+Hete pues que á media noche llaman á la puerta de Zadig, le
+despiertan, y le entregan una esquela de la reyna: dudando Zadig si es
+sueño, rompe el nema con trémula mano. ¡Qué pasmo no fué el suyo, ni
+quien puede pintar la consternacion y el horror que le sobrecogiéron,
+quando leyó las siguientes palabras! "Huid sin tardanza, ó van á
+quitaros la vida. Huid, Zadig, que yo os lo mando en nombre de nuestro
+amor, y de mis cintas pajizas. No era culpada, pero veo que voy á
+morir delinquente."
+
+Apénas tuyo Zadig fuerza para articular una palabra. Mandó llamar á
+Cador, y sin decirle nada le dió la esquela; y Cador le forzó á que
+obedeciese, y á que tomase sin detenerse el camino de Menfis. Si os
+aventurais á ir á ver á la reyna, le dixo, acelerais su muerte; y si
+hablais con el rey, tambien es perdida. Yo me encargo de su suerte,
+seguid vos la vuestra: esparciré la voz de que os habeis encaminado
+hácia la India, iré pronto á buscaros, y os diré lo que hubiere
+sucedido en Babilonia.
+
+Sin perder un minuto, hizo Cador llevar á una salida excusada de
+palacio dos dromedarios ensillados de los mas andariegos; en uno montó
+Zadig, que no se podia tener, y estaba á punto de muerte, y en otro el
+único criado que le acompañaba. A poco rato Cador sumido en dolor y
+asombro hubo perdido á su amigo de vista.
+
+Llegó el ilustre prófugo á la cima de un collado de donde se descubria
+á Babilonia, y clavando los ojos en el palacio de la reyna se cayó
+desmayado. Quando recobró el sentido, vertió abundante llanto,
+invocando la muerte. Al fin despues de haber lamentado la deplorable
+estrella de la mas amable de las mugeres, y la primera reyna del
+mundo, reflexîonando un instante en su propia suerte, dixo: ¡Válame
+Dios; y lo que es la vida humana! ¡O virtud, para que me has valido!
+Indignamente me han engañado dos mugeres; y la tercera, que no es
+culpada, y es mas hermosa que las otras, va á morir. Todo quanto bien
+he hecho ha sido un manantial de maldiciones para mí; y si me he visto
+exâltado al ápice de la grandeza, ha sido para despeñarme en la mas
+honda sima de la desventura. Si como tantos hubiera sido malo, seria,
+como ellos, dichoso. Abrumado con tan fatales ideas, cubiertos los
+ojos de un velo de dolor, pálido de color de muerte el semblante, y
+sumido el ánimo en el abismo de una tenebrosa desesperacion, siguió su
+viage hácia el Egipto.
+
+
+
+
+CAPITULO IX.
+
+La muger aporreada.
+
+
+Encaminabase Zadig en la direccion de las estrellas, y le guiaban la
+constelacion de Orion y el luciente astro de Sirio hácia el polo de
+Canopo. Contemplaba admirado estos vastos globos de luz que parecen
+imperceptibles chispas á nuestra vista, al paso que la tierra que
+realmente es un punto infinitamente pequeño en la naturaleza, la mira
+nuestra codicia como tan grande y tan noble. Representábase entónces á
+los hombres como realmente son, unos insectos que unos á otros se
+devoran sobre un mezquino átomo de cieno; imágen verdadera que
+acallaba al parecer sus cuitas, retratándole la nada de su ser y de
+Babilonia misma. Lanzábase su ánimo en lo infinito, y desprendido de
+sus sentidos contemplaba el inmutable órden, del universo. Mas quando
+luego tornando en sí, y entrando dentro de su corazon, pensaba en
+Astarte, muerta acaso á causa de él, todo el universo desaparecia, y
+no vía mas que á la moribunda Astarte y al malhadado Zadig. Agitado de
+este fluxo y refluxo de sublime filosofía y de acerbo duelo, caminaba
+hácia las fronteras de Egipto, y ya habia llegado su fiel criado al
+primer pueblo, y le buscaba alojamiento. Paseábase en tanto Zadig por
+los jardines que ornaban las inmediaciones del lugar, quando á corta
+distancia del camino real vió una muger llorando, que invocaba cielos
+y tierra en su auxîlio, y un hombre enfurecido en seguimiento suyo.
+Alcanzábala ya; abrazaba ella sus rodillas, y el hombre la cargaba de
+golpes y denuestos. Por la saña del Egipcio, y los reiterados perdones
+que le pedia la dama, coligió que él era zeloso y ella infiel; pero
+habiendo contemplado á la muger, que era una beldad peregrina, y que
+ademas se parecia algo á la desventurada Astarte, se sintió movido de
+compasion en favor de ella, y de horror contra el Egipcio. Socorredme,
+exclamó la dama á Zadig entre sollozos, y sacadme de poder del mas
+inhumano de los mortales; libradme la vida. Oyendo estas voces, fué
+Zadig á interponerse entre ella y este cruel. Entendia algo la lengua
+egipcia, y le dixo en este idioma: Si teneis humanidad, ruégoos que
+respeteis la flaqueza y la hermosura. ¿Cómo agraviáis un dechado de
+perfecciones de la naturaleza, postrado á vuestras plantas, sin mas
+defensa que sus lágrimas? Ha, ha, le dixo el hombre colérico: ¿con que
+tambien tú la quieres? pues en tí me voy á vengar. Dichas estas
+razones, dexa á la dama que tenia asida por los cabellos, y cogiendo
+la lanza va á pasársela por el pecho al extrangero. Este que estaba
+sosegado paró con facilidad el encuentro de aquel frenético, agarrando
+la lanza por junto al hierro de que estaba armada. Forcejando uno por
+retirarla, y otro por quitársela, se hizo pedazos. Saca entónces el
+Egipcio su espada, ármase Zadig con la suya, y se embisten uno y otro.
+Da aquel mil precipitados golpes; páralos este con maña: y la dama
+sentada sobre el césped los mira, y compone su vestido y su tocado.
+Era el Egipcia mas forzudo que su contrario, Zadig era mas mañoso:
+este peleaba como un hombre que guiaba el brazo por su inteligencia, y
+aquel como un loco que ciego con los arrebatos de su saña le movia á
+la aventura. Va Zadig á él, le desarma; y quando mas enfurecido el
+Egipcio se quiere tirar á él, le agarra, le aprieta entre sus brazos,
+le derriba por tierra, y poniéndole la espada al pecho, le quiere
+dexar la vida. Desatinado el Egipcio saca un puñal, y hiere á Zadig,
+quando vencedor este le perdonaba; y Zadig indignado le pasa con su
+espada el corazon. Lanza el Egipcio un horrendo grito, y muere
+convulso y desesperado, Volvióse entonces Zadig á la dama, y con voz
+rendida le dixo: Me ha forzado á que le mate; ya estais vengada, y
+libre del hombre mas furibundo que he visto: ¿qué quereis, Señora, que
+haga? Que mueras, infame, replicó ella, que has quitado la vida á mi
+amante: ¡oxalá pudiera yo despedazarte el corazon! Por cierto, Señora,
+respondió Zadig, que era raro sugeto vuestro amante; os aporreaba con
+todas sus fuerzas, y me queria dar la muerte, porque me habíais
+suplicado que os socorriese. ¡Pluguiera al cielo, repuso la dama en
+descompasados gritos, que me estuviera aporreando todavía, que bien me
+lo teniamerecido, por haberle dado zelos! ¡Pluguiera al cielo, repito,
+que él me aporreara, y que estuvieras tú como él! Mas pasmado y mas
+enojado Zadig que nunca en toda, su vida, le dixo: Bien mereciérais,
+puesto que sois linda, que os aporreara yo como él hacia, tanta es
+vuestra locura; pero no me tomaré ese trabajo. Subió luego en su
+camello, y se encaminó al pueblo. Pocos pasos habia andado, quando
+volvió la cara al ruido que metian quatro correos de Babilonia, que á
+carrera tendida venian. Dixo uno de ellos al ver á la muger: Esta
+misma es, que se parece á las señas que nos han dado; y sin curarse
+del muerto, echáron mano de la dama. Daba esta gritos á Zadig
+diciendo: Socorredme, generoso extrangero; perdonadme si os he
+agraviado: socorredme, y soy vuestra hasta el sepulcro. Pero á Zadig
+se le habia pasado la manía de pelear otra vez por favorecerla. Para
+el tonto, respondió, que se dexare engañar. Ademas estabaherido, iba
+perdiendo la sangre, necesitaba de que le diesen socorro; y le
+asustaba la vista de los quatro Babilonios despachados, segun toda
+apariencia, por el rey Moabdar. Aguijó pues el paso hácia el lugar, no
+pudiendo almar porque venian quatro coricos de Babilonia á prender á
+esta Egipcia, pero mas pasmado todavía de la condicion de la tal dama.
+
+
+
+
+CAPITULO X.
+
+La esclavitud.
+
+
+Entrando en la aldea egipcia, se vió cercado de gente que decia á
+gritos: Este es el robador de la hermosa Misuf, y el que acaba de
+asesinar á Cletofis. Señores, les respondió, líbreme Dios de robar en
+mi vida á vuestra hermosa Misuf, que es antojadiza en demasía; y á ese
+Cletofis no le he asesinado, sino que me he defendido de él, porque me
+queria matar, por haberle rendidamente suplicado que perdonase á la
+hermosa Misuf, á quien daba desaforados golpes. Yo soy extrangero,
+vengo á refugiarme en Egipto; y no es presumible que uno que viene á
+pedir vuestro amparo, empiece robando á una muger y asesinando á un
+hombre.
+
+Eran en aquel tiempo los Egipcios justos y humanos. Conduxo la gente á
+Zadig á la casa de cabildo, donde primero le curáron la herida, y
+luego tomáron separadamente declaracion á él y á su criado para
+averiguar la verdad, de la qual resultó notorio que no era asesino;
+pero habiendo derramado la sangre de un hombre, le condenaba la ley á
+ser esclavo. Vendiéronse en beneficio del pueblo los dos camellos, y
+se repartió entre los vecinos todo el oro que traía; él mismo fué
+puesto á pública subhasta en la plaza del mercado, junto con su
+compañero de viage, y se remató la venta en un mercader árabe, llamado
+Setoc; pero como el criado era mas apto para la faena que el amo, fué
+vendido mucho mas caro, porque no habia comparacion entre uno y otro.
+Fué pues esclavo Zadig, y subordinado á su propio criado: atáronlos
+juntos con un grillete, y en este estado siguiéron á su casa al
+mercader árabe. En el camino consolaba Zadig á su criado exhortándole
+á tener paciencia, y haciendo, según acostumbraba, reflexîones sobre
+las humanas vicisitudes. Bien veo que la fatalidad de mi estrella se
+ha comunicado á la tuya. Hasta ahora todas mis cosas han tomado raro
+giro: me han condenado á una multa por haber visto pasar una perra; ha
+estado en poco que me empalaran por un grifo; he sido condenado á
+muerte por haber compuesto unos versos en alabanza del rey; me he
+huido á uña de caballo de la horca, porque gastaba la reyna cintas
+amarillas; y ahora soy esclavo contigo, porque un zafio ha aporreado á
+su dama. Vamos, no perdamos ánimo, que acaso todo esto tendrá fin:
+fuerza es que los mercaderes árabes tengan esclavos; ¿y por qué no lo
+he de ser yo lo mismo que otro, siendo hombre lo mismo que otro? No ha
+de ser ningun inhumano este mercader; y si quiere sacar fruto de las
+faenas de sus esclavos, menester es que los trate bien. Así decia, y
+en lo interior de su corazon no pensaba mas que en el destino de la
+reyna de Babilonia.
+
+Dos dias despues se partió el mercader Setoc con sus esclavos y sus
+camellos á la Arabia desierta. Residia su tribu en el desierto de
+Oreb, y era arduo y largo el camino. Durante la marcha hacia Setoc
+mucho mas aprecio del criado que del amo, y le daba mucho mejor trato
+porque sabia cargar mas bien los camellos.
+
+Dos jornadas de Oreb murió un camello, y la carga se repartió sobre
+los hombros de los esclavos, cabiéndole su parte á Zadig. Echóse á
+reir Setoc, al ver que todos iban encorvados; y se tomó Zadig la
+libertad de explicarle la razon, enseñándole las leyes del equilibrio.
+Pasmado el mercader le empozó á tratar con mas miramiento; y viendo
+Zadig que habia despertado su curiosidad, se la aumentó instruyéndole
+de varias cosas que no eran agenas de su comercio; de la gravedad
+específica de los metales y otras materias en igual volúmen, de las
+propiedades de muchos animales útiles, y de los medios de sacar fruto
+de los que no lo eran: por fin, le pareció un sabio, y en adelante le
+apreció en mas que á su camarada que tanto habia estimado, le dió buen
+trato, y le salió bien la cuenta.
+
+Así que llegó Setoc á su tribu, reclamó de un hebreo quinientas onzas
+de plata que le habia prestado á presencia de dos testigos; pero
+habian muerto ámbos, y el hebreo que no podia ser convencido, se
+guardaba la plata del mercader, dando gracias á Dios porque le habia
+proporcionado modo de engañar á un árabe. Comunicó Setoc el negocio
+con Zadig de quien habia hecho su consejero. ¿Qué condicion tiene
+vuestro deudor? le dixo Zadig. La condicion de un bribon, replicó
+Setoc. Lo que yo pregunto es si es vivo ó flemático, imprudente ó
+discreto. De quantos malos pagadores conozco, dixo Setoc, es el mas
+vivo. Está bien, repuso Zadig, permitidme que abogue yo en vuestra
+demanda ante el juez. Con efecto citó al tribunal al hebreo, y habló
+al juez en estos términos: Almohada del trono de equidad, yo soy
+venido para reclamar, en nombre de mi amo, quinientas onzas de plata
+que prestó á este hombre, y que no le quiere pagar. ¿Teneis testigos?
+dixo el juez. No, porque se han muerto; mas queda una ancha piedra
+sobre la qual se contó el dinero; y si gusta vuestra grandeza mandar
+que vayan á buscar la piedra, espero que ella dará testimonio de la
+verdad. Aquí nos quedarémos el hebreo y yo, hasta que llegue la
+piedra, que enviaré á buscar á costa de mi amo Setoc. Me place, dixo
+el juez; y paso á despachar otros asuntos.
+
+Al fin de la audiencia dixo á Zadig: ¿Con que no ha llegado esa piedra
+todavía? Respondió el hebreo soltando la risa: Aquí se estaria vuestra
+grandeza hasta mañana, esperando la piedra, porque está mas de seis
+millas de aquí, y son necesarios quince hombres para menearla. Bueno
+está, exclamó Zadig, ¿no habia dicho yo que la piedra daria
+testimonio? una vez que sabe ese hombre donde está, confiesa que se
+contó el dinero sobre ella. Confuso el hebreo se vió precisado á
+declarar la verdad, y el juez mandó que le pusiesen atado á la piedra,
+sin comer ni beber, hasta que restituyese las quinientas onzas de
+plata que pagó al instante; yel esclavo Zadig y la piedra se
+grangeáron mucha reputacion en toda la Arabia.
+
+
+
+
+CAPITULO XI.
+
+La hoguera.
+
+
+Embelesado Setoc hizo de sti esclavo su mas íntimo amigo, y no podia
+vivir sin él, como habia sucedido al rey de Babilonia: fué la fortuna
+de Zadig que Setoc no era casado. Descubrió este en su amo excelente
+índole, mucha rectitud y una sana razon, y sentia ver que adorase el
+exército celestial, quiero decir el sol, la luna y las estrellas, como
+era costumbre antigua en la Arabia; y le hablaba á veces de este
+culto, aunque con mucha reserva. Un dia por fin le dixo que eran unos
+cuerpos como los demas, y no mas acreedores á su veneracion que un
+árbol ó un peñasco. Sí tal, replicó Setoc, que son seres eternos que
+nos hacen mil bienes, animan la naturaleza, arreglan las estaciones;
+aparte de que distan tanto de nosotros que no es posible ménos de
+reverenciarlos. Mas provecho sacais, respondió Zadig, de las ondas del
+mar Roxo, que conduce vuestros géneros á la India: ¿y por qué no ha de
+ser tan antiguo como las estrellas? Si adorais lo que dista de vos,
+tambien habeis de adorar la tierra de los Gangaridas, que está al cabo
+del mundo. No, decia Setoc; mas el brillo de las estrellas es tanto,
+que es menester adorarlas. Aquella noche encendió Zadig muchas hachas
+en la tienda donde cenaba con Setoc; y luego que se presentó su amo,
+se hincó de rodillas ante los cirios que ardian, diciéndoles: Eternas
+y brillantes lumbreras, sedme propicias. Pronunciadas estas palabras,
+se sentó á la mesa sin mirar á Setoc. ¿Qué haceis? le dixo este
+admirado. Lo que vos, respondió Zadig; adoro esas luces, y no hago
+caso de su amo y mio. Setoc entendió lo profundo del apólogo, albergó
+en su alma la sabiduria de su esclavo, dexó de tributar homenage á las
+criaturas, y adoró el Ser eterno que las ha formado.
+
+Reynaba entónces en la Arabia un horroroso estilo, cuyo orígen venia
+de la Escitia, y establecido luego en las Indias á influxo de los
+bracmanes, amenazaba todo el Oriente. Quando moria un casado, y queria
+ser santa su cara esposa, se quemaba públicamente sobre el cadáver de
+su marido, en una solemne fiesta, que llamaban la hoguera de la
+viudez; y la tribu mas estimada era aquella en que mas mugeres se
+quemaban. Murió un árabe de la tribu de Setoc, y la viuda, por nombre
+Almona, persona muy devota, anunció el dia y la hora que se habia do
+tirar al fuego, al son da atambores y trompetas. Representó Zadig á
+Setoc quan opuesto era tan horrible estilo al bien del humano linage;
+que cada dia dexaban quemar á viudas mozas que podian dar hijos al
+estado, ó criar á lo ménos los que tenian; y convino Setoc en que era
+preciso hacer quanto para abolir tan inhumano estilo fuese posible.
+Pero añadió luego: Mas de mil años ha que estan las mugeres en
+posesion de quemarse vivas. ¿Quién se ha de atrever á mudar una lej
+consagrada pur el tiempo? ¿ni qué cosa hay mas respetable que un abuso
+antiguo? Mas antigua es todavía la razon, replicó Zadig; hablad vos
+con los caudillos de las tribus, miéntras yo voy á verme con la viuda
+moza.
+
+Presentóse á ella; y despues de hacerse buen lugar encareciendo su
+hermosura, y de haberle dicho quan lastimosa cosa era que tantas
+perfecciones fuesen pasto de las llamas, tambien exâltó su constancia
+y su esfuerzo. ¿Tanto queríais á vuestro marido? le dixo. ¿Quererle?
+no por cierto, respondió la dama árabe: si era un zafio, un zeloso,
+hombre inaguantable; pero tongo hecho propósito firme de tirarme á su
+hoguera. Sin duda, dixo Zadig, que debe ser un gusto exquisito esto de
+quemarse viva. Ha, la naturaleza se estremece, dixo la dama, pero no
+tiene remedio. Soy devota, y perderia la reputacion que por tal he
+grangeado, y todos se reirian de mí si no me quemara. Habiéndola hecho
+confesar Zadig que se quemaba por el que dirán y por mera vanidad,
+conversó largo rato con ella, de modo que le inspiró algun apego á la
+vida, y cierta buena voluntad á quien con ella razonaba, ¿Qué
+hiciérais, le dixo en fin, si no estuviérais poseida de la vanidad de
+quemaros? Ha, dixo la dama, creo que os brindaria con mi mano. Lleno
+Zadig de la idea de Astarte, no respondió á esta declaracion, pero fué
+al punto á ver á los caudillos de las tribus, y les contó lo sucedido,
+aconsejándoles que promulgaran una ley por la qual no seria permitido
+á ninguna viuda quemarse ántes de haber hablado á solas con un mancebo
+por espacio de una hora entera; y desde entónces ninguna dama se quemó
+en toda Arabia, debiéndose así á Zadig la obligacion de ver abolido en
+solo ua dia estilo tan cruel, que reynaba tantos siglos habia: por
+donde merece ser nombrado el bienhechor de la Arabia.
+
+
+
+
+CAPITULO XII.
+
+La cena.
+
+
+No pudiendo Setoc apartarse de este hombre en quien residia la
+sabiduría, le llevó consigoá la gran feria de Basora, donde se
+juntaban los principales traficantes del globo habitable. Zadig se
+alegró mucho viendo en un mismo sitio juntos tantos hombres de tan
+varios paises, y le pareció que era el universo una vasta familia que
+se hallaba reunida en Basora. Comió el segundo dia á la misma mesa con
+un Egipcio, un Indio gangarida, un morador del Catay, un Griego, un
+Celta, y otra muchedumbre de extrangeros, que en sus viages freqüentes
+al seno Arábigo habian aprendido el suficiente árabe para darse á
+entender. El Egipcío no cabia en sí de enojo. ¡Qué abominable pais es
+Basora! mil onzas de oro no me han querido dar sobre la alhaja mas
+preciosa del mundo. ¿Cómo así? dixo Setoc; ¿sobre qué alhaja? Sobre el
+cuerpo de mi tia, respondió el Egipcio, la mas honrada muger de
+Egipto, que siempre me acompañaba, y se ha muerto en el camino; he
+hecho de ella una de las mas hermosas mómias que pueden verse, y en mi
+tierra encontraria todo quanto dinero pidiese sobre esta prenda. Buena
+cosa es que no me quieran dar siquiera mil onzas de oro, empeñando un
+efecto de tanto precio. Lleno de furor todavía iba á comerse la
+pechuga de un excelente pollo guisado, quando cogiéndole el Indio de
+la mano, le dixo en tono compungido: Ha ¿qué vais á hacer? A comer de
+ese pollo, le respondió el hombre de la mómia. No hagáis tal, replicó
+el Gangarida, que pudiera ser que hubiese pasado el alma de la difunta
+al cuerpo de este pollo, y no os habeis de aventurar á comeros á
+vuestra tia. Guisar los pollos es un agravio manifiesto contra la
+naturaleza. ¿Qué nos traeis aquí con vuestra naturaleza, y vuestros
+pollos? repuso el iracundo Egipcio: nosotros adoramos un buey, y
+comemos vaca. ¡Un buey adorais! ¿es posible? dixo el hombre del
+Ganges. ¿Y cómo si es posible? continuó el otro: ciento treinta y
+cinco mil años ha que así lo hacemos, y nadie entre nosotros lo lleva
+á mal. Ha, en eso de ciento treinta y cinco mil, dixo el Indio, hay su
+poco de ponderacion, porque no ha mas de ochenta mil que está poblada
+la India, y nosotros somos los mas antiguos; y Brama nos habia
+prohibido que nos comiéramos á los bueyes, ántes que vosotros los
+pusiérais en los altares y en las parrillas. Valiente animal es
+vuestro Brama comparado con Apis, dixo el Egipcio; ¿qué cosas tan
+portentosas ha hecho ese Brama? El bracman le replicó: ha enseñado á
+los hombres á leer y escribir, y la tierra le debe el juego de
+axedrez. Estais equivocado, dixo un Caldeo que á su lado estaba; el
+pez Oanes es el autor de tan señalados beneficios, y á él solo se le
+debe de justicia tributar homenage. Todo el mundo sabe que era un ser
+divino, que tenia la cola de oro, y una cabeza humana muy hermosa, y
+salia del mar para predicar en la tierra tres horas al dia. Tuvo
+muchos hijos, que todos fuéron reyes, como es notorio. En mi casa
+tengo su imágen, y la adoro como es debido. Lícito es comer vaca hasta
+no querer mas, pero es accion impía sobre manera guisar pescado.
+Dexando esto aparte, ámbos sois de orígen muy bastarda y reciente, y
+no podeis disputar conmigo. La nacion egipcia no pasa de ciento
+treinta y cinco mil años, y los Indios no se dan arriba de ochenta
+mil, miéntras que conservamos nosotros calendarios de quatro mil
+siglos. Creedme, y dexaos de desatinos, y os daré á cada uno una
+efigia muy hermosa de Oanes. Tomando entónces la palabra el hombre de
+Cambalu, dixo: Mucho respeto á los Egipcios, á los Caldeos, á los
+Griegos, á los Celtas, á Brama, al buey Apis, y al hermoso pez Oanes;
+pero el Li ó el Tien, como le quieran llamar [P. D.: Voces chinas,
+que quieren decir Li, la luz natural, la razon; y Tien, el cielo; y
+tambien significan á Dios.], no valen ménos acaso que los bueyes y los
+peces. No mentaré mi pais, que es tamaño como el Egipto, la Caldea y
+las Indias juntas, ni disputare acerca de su antigüedad, porque lo que
+importa es ser feliz, y sirve de poco ser antiguo; pero si se trata de
+almanaques, diré que en toda el Asia corren los nuestros, y que los
+poseíamos aventajados, ántes que supieran los Caldeos la arismética.
+
+Todos sois unos ignorantes, todos sin excepcion, exclamó el Griego.
+¿Pues qué, no sabeis que el padre de todo es el caos, y que el estado
+en que vemos el mundo es obra de la forma y la materia? Habló el tal
+Griego largo rato, hasta que le interrumpió el Celta, el qual habia
+bebido miéntras que altercaban los demas, y que creyéndose entónces
+mas instruido que todos, dixo echando por vidas, que solo Teutates y
+las agallas de roble merecian mentarse; que él llevaba siempre agallas
+en el bolsillo; que sus ascendientes los Escitas eran los únicos
+sugetos honrados que habia habido en el universo, puesto que de verdad
+comian á veces carne humana, pero que eso no quitaba que fuesen una
+nacion muy respetable; por fin, que si alguien decia mal de Teutates,
+él le enseñaria á no ser mal hablado. Encendióse entónces la
+contienda, y vió Setoc la hora en que se iba á ensangrentar la mesa.
+Zadig, que no habia desplegado los labios durante la altercacion, se
+levantó, y dirigiéndose primero al Celta, que era el mas furioso, le
+dixo que tenia mucha razon, y le pidió agallas; alabó luego la
+eloqüencia del Griego, y calmó todos los ánimos irritados. Poco dixo
+al del Catay, que habia hablado con mas juicio que los demas; y al
+cabo se explicó así: Amigos mios, íbais á enojaros sin motivo, porque
+todos sois del mismo dictámen. Todos se alborotáron al oir tal. ¿No es
+verdad, dixo al Celta, que no adoráis esta agalla, mas sí al que crió
+el roble y las agallas? Así es la verdad, respondió el Celta. Y vos,
+Señor Egipcio, de presumir es que en un buey tributais homenage al que
+os ha dado los bueyes. Eso es, dixo el Egipcio. El pez Oanes,
+continuó, le debe ceder á aquel que formó la mar y los peces. Estamos
+conformes, dixo el Caldeo. El Indio y el Catayés reconocen igualmente
+que vosotros, añadió, un principio primitivo. No he entendido muy bien
+las maravillosas lindezas que ha dicho el Griego, pero estoy cierto de
+que tambien admite un ser superior del qual depende la forma y la
+materia. El Griego, que se vía celebrado, dixo que Zadig habia
+comprendido perfectamente su idea. Con que todos estais conformes,
+repuso Zadig, y no hay motivo de contienda. Abrazóle todo el mundo; y
+Setoc, despues de haber vendido muy caros sus géneros, se volvió con
+su amigo Zadig á su tribu. Así que llegó, supo Zadig que se le habia
+formado causa en su ausencia, y que le iban á quemar vivo.
+
+
+
+
+CAPITULO XIII.
+
+Las citas.
+
+
+Miéntras este viage á Basora, concertáron los sacerdotes de las
+estrellas el castigo de Zadig. Pertenecíanles por derecho divino las
+piedras preciosas y demas joyas de las viudas mozas que morian en la
+hoguera; y lo ménos que podian hacer con Zadig era quemarle por el
+flaco servicio que les habia hecho. Acusáronle por tanto de que
+llevaba opiniones erróneas acerca del exército celestial, y declaráron
+con juramento solemne que le habian oido decir que las estrellas no se
+ponian en la mar. Estremeciéronse los jueces de tan horrenda
+blasfemia; poco faltó para que rasgaran sus vestiduras al oir palabras
+tan impías, y las hubieran rasgado sin duda, si hubiera tenido Zadig
+con que pagarlas; mas se moderáron en la violencia de su dolor, y se
+ciñéron á condenar al reo á ser quemado vivo. Desesperado Setoc usó
+todo su crédito para librar á su amigo, pero en breve le impusiéron
+silencio. Almona, la viuda moza que habia cobrado mucha aficion á la
+vida, y se la debia á Zadig, se resolvió á sacarle de la hoguera, que
+como tan abusiva se la habia él presentado; y formando su plan en su
+cabeza, no dió parte de él á nadie. Al otro dia iba á ser ajusticiado
+Zadig: solamente aquella noche le quedaba para libertarle, y la
+aprovechó como muger caritativa y discreta.
+
+Sahumóse, atildóse, aumentó el lucimiento de su hermosura con el mas
+bizarro y pomposo trage, y pidió audiencia secreta al sumo sacerdote
+de las estrellas. Así que se halló en presencia de este venerable
+anciano, le habló de esta manera: Hijo primogénito de la Osa mayor,
+hermano del toro, primo del can celeste (que tales eran los dictados
+de este pontífice), os vengo á fiar mis escrúpulos. Mucho temo haber
+cometido un gravísimo pecado no quemándome en la hoguera de mi amado
+marido. Y en efecto, ¿qué es lo que he conservado? una carne
+perecedera, y ya marchita. Al decir esto, sacó de unos luengos mitones
+de seda unos brazos de maravillosa forma, y de la blancura del mas
+puro alabastro. Ya veis, dixo, quan poco vale todo esto. Al pontífice
+se le figuró que esto valia mucho: aseguráronlo sus ojos, y lo
+confirmó su lengua, haciendo mil juramentos de que no habia en toda su
+vida visto tan hermosos brazos. ¡Ay! dixo la viuda, acaso los brazos
+no son tan malos; pero confesad que el pecho no merece ser mirado.
+Diciendo esto, desabrochó el mas lindo seno que pudo formar
+naturaleza; un capullo de rosa sobre una bola de marfil parecia junto
+á él un poco de rubia que colora un palo de box, y la lana de los
+albos corderos que salen de la alberca era amarilla á su lado. Este
+pecho, dos ojos negros rasgados que suaves y muelles de amoroso fuego
+brillaban, las mexillas animadas en púrpura con la mas cándida leche
+mezclada, una nariz que no se semejaba á la torre del monte Libano,
+sus labios que así se parecian como dos hilos de coral que las mas
+bellas perlas de la mar de Arabia ensartaban; todo este conjunto en
+fin persuadió al viejo á que se habia vuelto á sus veinte años.
+Tartamudo declaró su amor; y viéndole Almona inflamado, le pidió el
+perdon de Zadig. ¡Ay! respondió él, hermosa dama, con toda mi ánima se
+le concediera, mas para nada valdria mi indulgencia, porque es
+menester que firmen otros tres de mis colegas. Firmad vos una por una,
+dixo Almona, Con mucho gusto, respondió el sacerdote, con la condicion
+de que sean vuestros favores premio de mi condescendencia. Mucho me
+honrais, replicó Almona; pero tomaos el trabajo de venir á mi quarto
+despues de puesto el sol, quando raye sobre el horizonte la luciente
+estrella de Scheat; en un sofá color de rosa me hallaréis, y haréis
+con vuestra sierva lo que fuere de vuestro agrado. Salió sin tardanza
+con la firma, dexando al viejo no ménos que enamorado desronfiándose
+de sus fuerzas; el qual lo restante del dia lo gastó en bañarse, y
+bebió un licor compuesto con canela de Ceylan y con preciosas especias
+de Tidor y Tornate, aguardando con ansia que saliese la estrella de
+Scheat.
+
+En tanto la hermosa Almona fué á ver al segundo pontífice, que le dixo
+que comparados con sos ojos eran fuegos fatuos el sol, la luna, y
+todos los astros del firmamento. Solicitó ella la misma gracia, y él
+le propuso el mismo premio. Dexóse vencer Almona, y citó al segundo
+pontífice para quando nace la estrella Algenib. Fué de allí á casa del
+tercero y quarto sacerdote, llevándose de cada uno su firma, y
+citándolos de estrella á estrella. Avisó entónces á los jueces que
+vinieran á su casa para un asunto de la mayor gravedad. Fuéron en
+efecto, y ella les enseñó las quatro firmas, y les dió parte del
+precio á que habian vendido los sacerdotes el perdon de Zadig. Llegó
+cada uno á la hora señalada, y quedó pasmado de encontrarse con sus
+colegas, y todavía mas con los jueces que fuéron testigos de su
+ignominia. Fué puesto en libertad Zadig, y Setoc tan prendado de la
+maña de Almona, que la tomó por su muger propia.
+
+
+
+
+CAPITULO XIV.
+
+El bayle.
+
+
+Tenia que ir Setoc para negocios de su tráfico á la isla de Serendib;
+pero el primer mes de casados, que, como ya llevamos dicho, es la luna
+de miel, no le dexó ni separarse de su muger, ni aun presumir que
+podria separarse un dia de ella. Rogó por tanto á su amigo Zadig que
+hiciera por el este viage. ¡Ay! decia Zadig: ¿con que aun he de poner
+mas tierra entre la hermosa Astarte y yo? Pero es fuerza que sirva á
+mis bienhechores. Así dixo, lloró, y se partió.
+
+A poco tiempo de haber aportado á la isla de Serendib, era tenido por
+hombre muy superior. Escogiéronle los negociantes por su árbitro, los
+sabios por su amigo, y el corto número de aquellos que piden consejo
+por su consejero. Quiso el rey verle y oirle, y conoció en breve
+quanto valia Zadig; se fió de su discrecion, y le hizo amigo suyo.
+Temblaba Zadig de la llaneza y la estimacion con que le trataba el
+rey, pensando de noche y de dia en las desventuras que le habia
+acarreado la amistad de Moabdar. El rey me quiere, decia; ¿seré un
+hombre perdido? Con todo no se podia zafar de los halagos de su
+magestad, porque debemos confesar que era uno de los mas cumplidos
+príncipes del Asia Nabuzan, rey de Serendib, hijo de Nuzanah, hijo de
+Nabuzan, hijo de Sambusna; y era difícil que á quien le trataba, de
+cerca no le prendase.
+
+Sin cesar elogiaban, engañaban y robaban á este buen príncipe; y cada
+qual metia la mano como á porfía en el erario. El principal ministro
+de hacienda de la isla de Serendib daba este precioso exemplo, y todos
+los subalternos le imitaban con fervor. El rey, que lo sabia, habia
+mudado varias veces de ministro, pero nunca habia podido mudar el
+estilo admitido de dividir las rentas reales en dos partes desiguales;
+la mas pequeña para su magestad, y la mayor para sus administradores.
+
+Fió el buen rey Nabuzan su cuita del sabio Zadig. Vos que tantas cosas
+sabeis, le dixo, ¿no sabríais modo para que tope yo con un tesorero
+que no me robe? Sí por cierto, respondió Zadig; un modo infalible sé
+de buscaros uno que tenga las manos limpias. Contentísimo el rey le
+preguntó, dándole un abrazo, como haria. No hay mas, replicó Zadig,
+que hacer baylar á quantos pretenden la dignidad de tesorero; y el que
+con mas ligereza baylare, será infaliblemente el mas hombre de bien.
+Os estais burlando, dixo el rey: ¡donoso modo por cierto de elegir un
+ministro de hacienda! ¿Con que el que mas listo fuere para dar
+cabriolas en el ayre ha de ser el mas integro y mas hábil
+administrador? No digo yo que haya de ser el mas hábil, replicó Zadig,
+pero lo que sí aseguro es que indubitablemente ha de ser el mas
+honrado. Tanta era la confianza con que lo decia Zadig, que se
+persuadió el rey á que poseía algun secreto sobrenatural para conocer
+á los administradores. Yo no gusto de cosas sobrenaturales, dixo
+Zadig, ni he podido nunca llevar en paciencia ni los hombres que hacen
+milagros, ni los libros que los mentan: y si quiere vuestra magestad
+permitir que haga la prueba, quedará convencido de que mi secreto es
+tan fácil como sencillo. Mas se pasmó Nabuzan, rey de Serendib, al oir
+que era sencillo el secreto, que si le hubiera dicho que era
+milagroso. Está bien, le dixo, haced lo que os parezca. Dexadlo estar,
+que ganaréis con esta prueba mas de lo que pensais. Aquel mismo dia
+mandó pregonar en nombre del rey, que todos quantos aspiraban al
+empleo de principal ministro de las rentas de su sacra magestad
+Nabuzan, hijo de Nuzanab, viniesen con vestidos ligeros de seda á la
+antecámara del rey, el primer dia de la luna del crocodílo. Acudiéron
+en número de sesenta y quatro. Estaban los músicos en una sala
+inmediata, y dispuesto todo para un bayle; pero estaba cerrada la
+puerta de la sala, y para entrar en ella habia que atravesar una
+galería bastante obscura. Vino un uxier á conducir uno tras de otro á
+cada candidato por este pasadizo, donde le dexaba solo algunos
+minutos. El rey que estaba avisado, habia hecho poner todos sus
+tesoros en la galería. Quando llegáron los pretendientes á la sala,
+mandó su magestad que baylaran, y nunca se habian visto baylarines mas
+topos ni con ménos desenvoltura; todos andaban la cabeza baxa, las
+espaldas corvas, y las manos pegadas al cuerpo. ¡Qué bribones! decia
+en voz baxa Zadig. Uno solo hacia con agilidad las mudanzas, levantada
+la cabeza, sereno el mirar, derecho el cuerpo, y firmes las rodillas.
+¡Qué hombre tan de bien, qué honrado sugeto! dixo Zadig. Dió el rey un
+abrazo á este buen baylarin, y le nombró su tesorero: todos los demas
+fuéron justamente castigados y multados, porque miéntras que habian
+estado en la galería, habia llenado cada uno sus bolsillos, y apénas
+podia dar paso. Compadecióse el rey de la humana naturaleza,
+contemplando que de sesenta y quatro baylarines los sesenta y tres
+eran ladrones rateros, y se dió á la galería obscura el título de
+corredor de la tentacion. En Persia hubieran empalado á los sesenta y
+tres magnates; en otros paises, hubieran nombrado un juzgado, que
+hubiera consumido en costas el triplo del dinero robado, y no hubiera
+puesto un maravedí en las arcas reales; en otros, se hubieran
+justificado plenamente, y hubiera caido de la gracia el ágil baylirin:
+en Serendib fuéron condenados á aumentar el fisco, porque era Nabuzan
+muy elemente.
+
+No era ménos agradecido, y dió á Zadig una suma mas quantiosa que
+nunra habia robado tesorero ninguno al rey su amo. Valióse de este
+dinero Zadig para enviar á Babilonia expresos que le informaran de la
+suerte de Astarte. Al dar esta órden le tembló la voz, se le agolpó la
+sangre hácia el corazon, se cubriéron de un tenebroso velo sus ojos, y
+se paró á punto de muerte. Partióse el correo, vióle embarcar Zadig, y
+se volvió á palacio, donde sin ver á nadie, y creyendo que estaba en
+su aposento, pronunció el nombre de amor. Si, el amor, dixo el rey; de
+eso justamente se trata, y habeis adivinado la causa de mi pena. ¡Qué
+grande hombre sois! Espero que me enseñeis á conocer una muger firme,
+como me habeis hecho hallar un tesorero desinteresado. Volviendo en sí
+Zadig le prometió servirle en su amor como habia hecho en real
+hacienda, aunque parecia la empresa mas ardua todavía.
+
+
+
+
+CAPITULO XV.
+
+Los ojos azules.
+
+
+Mi cuerpo y mi corazon, dixo el rey á Zadig... Oyendo estas palabras
+no pudo ménos el Babilonio de interrumpir á su magestad, y de decirle:
+¡Ouanto celebro que no hayáis dicho mi alma y mi corazon, porque no
+oimos mas voces que estas en las conversaciones de Babilonia, ni
+leemos libros que no traten del corazon y el alma, escritos por
+autores que ni uno ni otra tienen; pero perdonadme, Señor, y
+proseguid. Nabuzan continuó: Mi cuerpo y mi corazon son propensos al
+amor; á la primera de estas dos potencias le sobran satisfacciones,
+que tengo cien mugeres á mi disposicion, hermosas todas,
+complacientes, obsequiosas, y voluptuosas, ó fingiendo que lo son
+conmigo. No es empero mi corazon tan afortunado, porque tengo sobrada
+experiencia de que el halagado es el rey de Serendib, y que hacen
+poquisimo aprecio de Nabuzan. No por eso digo que sean infieles mis
+mugeres, puesto que quisiera encontrar una que me quisiera por mí
+propio, y diera por ella las cien beldades que poseo. Decidme si en
+mis cien sultanas hay una que de veras me quiera.
+
+Respondióle Zadig lo mismo que acerca del ministro de hacienda. Señor,
+dexadlo á mi cargo; pero permitidme primero que disponga de todas las
+riquezas que se expusiéron en la galería de la tentacion, y no dudeis
+de que os daré buena cuenta de ellas, y no perderéis un ardite. Dióle
+el rey amplías facultades, y escogió Zadig treinta y tres jorobados de
+los mas feos de Serendib, treinta y tres pages de los mas lindos, y
+treinta y tres de los mas eloqüentes y forzudos bonzos. Dexóles á
+todos facultad de introducirse en los retretes de las sultanas; dió á
+cada jorobado quatro mil monedas de oro que regalar, y el primer dia
+fuéron todos felices. Los pages que no tenian otra dádiva que hacer
+que la de su persona, tardáron dos ó tres dias en conseguir lo que
+solicitaban; y tuviéron mas dificultad en salir non la suya los
+bonzos; pero al cabo se les rindiéron treinta y tres devotas.
+Presenció el rey todas estas pruebas por unas celosías que daban en
+los aposentos de las sultanas, y se quedó atónito, que de sus cien
+mugeres las noventa y nueve se rindiéron á su presencia. Quedaba una
+muy jóven y muy novicia, á la qual nunca habia tocado su magestad:
+arrimáronse á ella uno, dos y tres jorobados, ofrecréndole hasta
+veinte mil monedas; pero se mantuvo incorruptible, riéndose de la idea
+de los jorobados que creían que su dinero los hacia mas bonitos.
+Presentáronse los dos mas lindos pages, y les dixo que le parecia el
+rey mas lindo. Acometióla luego el bonzo mas eloqüente, y despues el
+mas intrépido: al primero le trató de parlanchin, y no pudo entender
+qual fuese el mérito del segundo. Todo se cifra en el corazon, dixo:
+yo no he de ceder ni al oro de un jorobado, ni á la hermosura de un
+page, ni á las artes de un bonzo; ni he de querer á nadie mas que á
+Nabuzan; hijo de Nuzanab, esperando á que él me corresponda. Quedó el
+rey embargado en júbilo, cariño y admiracion. Volvió á tomar todo el
+dinero con que habian comprado los jorobados su buena ventura, y se le
+regaló á la hermosa Falida, que así se llamaba esta beldad. Dióle con
+él su corazon, que merecia de sobra, porque nunca se vió juventud mas
+brillante y mas florida que la suya, nunca hermosura que mas digna de
+prendar fuese. Verdad es que no calla la historia que hacia mal una
+cortesía; pero confiesa que baylaba como las hadas, cantaba como las
+sirenas, y hablaba como las Gracias, y estaba colmada de habilidades y
+virtud.
+
+Adorábala el amado Nabuzan; pero tenia Falida ojos azules, lo qual
+causó las mas funestas desgracias. Estaba prohibido por una antigua
+ley de Serendib, que se enamoraran de una de las mugeres que llamáron
+luego los Griegos BOOPES; y hacia mas de cinco mil años que habia
+promulgado esta ley el sumo bonzo, por apropiarse para sí la dama del
+primer rey de la isla de Serendib; de suerte que el anatema de los
+ojos azules se habia hecho ley fundamental del estado. Todas las
+clases del estado hiciéron enérgicas representaciones á Nabuzan; y
+públicamente se decia que era llegada la fatal catástrofe del reyno,
+que estaba colmada la medida de la abominacion, que un siniestro
+suceso amenazaba la naturaleza; en una palabra, que Nabuzan, hijo de
+Nuzanab, estaba enamorado de dos ojos azules rasgados. Los jorobados,
+los bonzos, los asentistas, y las ojinegras inficionáron de mal-
+contentos el reyno entero.
+
+El descontento universal animó á los pueblos salvages que viven al
+norte de Serendib á invadir los estados del buen Nabuzan. Pidió
+subsidios á sus vasallos, y los bonzos que eran dueños de la mìtad de
+las rentas del estado, se contentáron con levantar las manos al cielo,
+y se negáron á llevar su dinero al erario para sacar de ahogo al rey.
+Cantáron lindas oraciones en música, y dexáron que los bárbaros
+asolaran el estado.
+
+Querido Zadig, ¿me sacarás de este horrible apuro? le dixo en
+lastimoso tono Nabuzan. Con mucho gusto, respondió Zadig; los bonzos
+os darán quanto dinero querais. Abandonad las tierras donde tienen
+levantados sus palacios, y no defendais mas que las vuestras. Hízolo
+así Nabuzan; y quando viniéron los bonzos á echarse á sus plantas,
+implorando su asistencia, les respondió el rey con una soberbia música
+cuya letra eran oraciones al cielo, rogando por la conservacion de sus
+tierras. Entónces los bonzos diéron dinero, y se concluyó con
+felicidad la guerra. De esta suerte por sus prudentes y dichosos
+consejos, y por los mas señalados servicios, se habia acarreado Zadig
+la irreconciliable enemiga de los mas poderosos del estado: juráron su
+pérdida los bonzos y las oji-negras, desacreditáronle jorobados y
+asentistas, y le hiciéron sospechoso al buen Nabuzan. Los servicios
+que el hombre hace se quedan en la antesala, y las sospechas penetran
+al gabinete, segun dice Zoroastro. Todos los dias eran acusaciones
+nuevas; la primera se repele, la segunda hace mella, la tercera hiere,
+y la quarta mata.
+
+Asustado Zadig, que habia puesto en auge los asuntos de su amigo, y
+enviádole su dinero, no pensó mas que en partirse de la isla, y en ir
+á saber en persona noticias de Astarte; porque si permanezco en
+Serendib, decia, me harán empalar los bonzos. ¿Pero adonde iré? en
+Egipto seré esclavo, en Arabia segun las apariencias quemado, y
+ahorcado en Babilonia. Con todo menester es saber qué ha sido de
+Astarte: partámonos, y apuremos lo que me destina mi suerte fatal.
+
+
+
+
+CAPITULO XVI.
+
+El bandolero.
+
+
+Al llegar á las fronteras que separan la Arabia petrea de la Syria, y
+al pasar por junto á un fuerte castillo, saliéron de él unos Arabes
+armados. Vióse rodeado de hombres que le gritaban: Ríndete; todo
+quanto traes es nuestro, y tu persona pertenece á nuestro amo. En
+respuesta sacó Zadig la espada; lo mismo hizo su criado que era
+valiente, y dexáron sin vida á los primeros Arabes que los habian
+embestido: dobló el número de enemigos, mas ellos no se desalentáron,
+y se resolviéron á morir en la pelea. Víanse dos hombres que se
+defendian contra una muchedumbre; tan desigual contienda poco podia
+durar. Viendo desde una ventana el dueño del castillo, que se llamaba
+Arbogad, los portentos de valor que hacia Zadig, le cobró estimacion.
+Baxó por tanto, y vino en persona á contener á los sujos, y librar á
+los dos caminantes. Quanto por mis tierras pasa es mio, dixo, no ménos
+que lo que en tierras agenas encuentro; pero me pareceis tan valeroso,
+que os exîmo de la comun ley. Hízole entrar en el castillo, mandando á
+su tropa que le tratase bien; y aquella noche quiso cenar con Zadig.
+
+Era el amo de este castillo uno de aquellos Arabes que llaman
+ladrones, el qual entre mil atrocidades solia hacer alguna accion
+buena; robaba con una furiosa rapacidad, y daba con prodigalidad:
+intrépido en una accion, de buen genio en el trato de la vida, bebedor
+en la mesa, de buen humor quando habia bebido, y sobretodo sin solapa
+ninguna. Gustóle mucho Zadig, y con la conversacion que se animó duró
+mucho el banquete. Díxole en fin Arbogad: Aconsejoos que tomeis
+partido conmigo, no podeis hacer cosa mejor; no es tan malo el oficio,
+y un dia podeis llegar á ser lo que yo soy. ¿Se puede saber, respondió
+Zádig, desde quando exercitais tan hidalga profesion? Desde niño,
+replicó el señor. Era criado de un Arabe muy hábil, y no podia
+acostumbrarme á mi estado, desesperado de ver que perteneciendo
+igualmente la tierra á todos, no me hubiera cabido á mí la porcion
+correspondiente. Fiéle mi pena á un Arabe viejo, el qual me dixo: Hijo
+mio, no te desesperes; sábete que en tiempos antiguos habia un grano
+de arena que se dolia de ser un átomo desconocido en un desierto;
+andando años, se convirtió en diamante, y es hoy el mas precioso joyel
+de la corona del rey de las Indias. Dióme tanto golpe esta respuesta,
+que siendo grano de arena me determiné á volverme diamante. Robé
+primero dos caballos, me junté con otros compañeros, púseme en breve
+en estado de robar caravanas poco crecidas; y así fué disminuyéndose
+la desproporcion que de mi á los demás habia. Participé de los bienes
+de este mundo, v me resarcí con usura: tuviéronme en mucho, llegué á
+ser señor bandolero, y gané este castillo tomándole por fuerza. Quiso
+quitármele el sátrapa de Syria, pero era ya tan rico que nada tenia
+que temer: dí dinero al sátrapa, y conservé así el castillo, y agrandé
+mis tierras, añadiendo á ellas el cargo que me confirió el sátrapa de
+tesorero de los tributos que pagaba la Arabia petrea al rey de reyes.
+Yo hice las cobranzas, y me exîmé de hacer pagos.
+
+Envió aquí el gran Desterham de Babilonia, en nombre del rey Moabdar,
+á un satrapilla para mandarme ahorcar. Quando él llegó con la órden,
+estaba yo informado de todo; hice ahorcar en su presencia las quatro
+personas que traía consigo para apretarme el lazo al cuello, y le
+pregunté luego quanto le podia valer la comision de ahorcarme.
+Respondióme que podria su gratificacion subir á trecientas monedas de
+oro, y yo le hice ver con evidencia que ganaria mas conmigo: le creé
+bandolero inferior, y hoy es uno de los mejores y mas ricos oficiales
+que tengo; y si me quereis creer, haréis vos lo mismo. Nunca ha
+corrido tiempo mejor para robar, desde que ha sido muerto Moabdar, y
+que anda en Babilonia todo alborotado. ¡Moabdar ha sido muerto! dixo
+Zadig: ¿y que se ha hecho la reyna Astarte? Yo no lo sé, replicó
+Arbogad; lo que sí sé, es que Moabdar se volvió loco, que fué muerto,
+que Babilonia esta hecha una cueva de ladrones, todo el imperio en la
+desolacion, que se pueden dar buenos golpes, y que yo por mi parte he
+dado algunos ballantes. Pero la reyna, dixo Zadig, ¿por vida vuestra
+nada sabeis de la suerte de la reyna? De un príncipe de Hircania me
+han hablado, replicó; es de presumir que sea una de sus concubinas, á
+ménos que en el alboroto la hayan muerto; pero á mí lo que me importa
+es avenguar donde hay que robar, y no noticias. Muchas mugeres he
+cogido en mis correrías, pero á ninguna conservo; quando son bonitas,
+las vendo caras, sin informarme de lo que son, porque nadie compra la
+dignidad, y para una reyna fea no se encuentra despacho. Posible es
+que haya yo vendido á la reyna Astarte, y posible es que haya muerto;
+poco me importa, y me parece que tampoco debe de importaros mucho á
+vos. Diciendo esto bebia con tanto aliento, y de tal manera confundia
+las ideas todas, que no pudo Zadig sacar de él cosa ninguna mas.
+
+Estaba confuso, pensativo y sin movimiento, miéntras que bebia Arbogad
+y contaba mil historietas, repitiendo sin cesar que era el mas
+venturoso de los hombres, y exhortando á Zadig á que fuera tan dichoso
+como él era. Finalmente embargados los sentidos con los vapores del
+vino, se fué á dormir un sosegado sueño. Zadig pasó aquella noche en
+la mas violenta zozobra. ¡Con que se ha vuelto loco el rey, y ha sido
+muerto! decia; no puedo ménos de compadecerle. ¡Está despedazado el
+imperio, y este bandolero es feliz! ¡O fortuna, o destino! ¡un
+bandolero feliz, y la mas amable produccion de la naturaleza ha muerto
+acaso de un modo horrible, ó vive en peor condicion que la misma
+muerte! ¡O Astarte! ¿qué te has hecho?
+
+Desde que amaneció el dia, hizo preguntas á todos quantos habia en el
+castillo, pero estaban todos ocupados, y nadie le respondió: aquella
+noche habian hecho nuevas conquistas, y se estaban repartiendo los
+despojos. Quanto en esta tumultuaria confusion pudo conseguir, fué
+licencia para irse, que aprovechó sin tardanza, mas sumido que nunca
+en sus tristes pensamientos.
+
+Caminaba Zadig inquieto y agitado, preocupado su ánimo con la
+malhadada Astarte, con el rey de Babilonia, can su fiel Cador, con el
+dichoso bandolero Arbogad, con aquella tan antojadiza muger que babian
+robado unos Babilonios en la frontera de Egipto, finalmente con todos
+los contratiempos y azares que habia sufrido.
+
+
+
+
+CAPITULO XVII.
+
+El pescador.
+
+
+A pocas leguas del castillo de Arbogad, se encontró á orillas de un
+ríachuelo, lamentando siempre su suerte, y mirándose como el epilogo
+de las desdichas humanas. Vió un pescador acostado á la orilla, que
+con desmayada mano retenia apénas sus redes que iba á dexar escapar, y
+alzaba los ojos al cielo.
+
+Por cierto que yo soy el mas desdichado de todos los hombres, decia el
+pescador. Por confesion de todo el mundo he sido el mas célebre
+mercader de requesones de toda Babilonia, y lo he perdido todo. Tenia
+la muger mas linda que pueda poseer hombre, y me ha engañado. Me
+quedaba una mala casuca, y la he visto talar y derribar, Refugiado á
+una cabaña, sin mas recurso que la pesca, no saco ni un pescado. No
+quiero tirarte al agua, red mia, yo soy quien me he de tirar. Diciendo
+estas palabras se levantó en postura de un hombre resuelto á dar fin á
+su vida en el rio.
+
+¡Así, dixo Zadig para sí, hay otros hombres tan desdichados como yo!
+Tan pronto como esta idea fué la de acudir á librar de la muerte al
+pescador. Corre á él, le detiene, y le hace preguntas en ademan
+enternecido y consolador. Dicen que es uno ménos desdichado quando no
+es él solo; pero segun Zoroastro no es por malicia, que es por
+necesidad, porque se siente uno entónces atraído por otro desventurado
+como por un semejante suyo. La alegría de un dichoso fuera insulto; y
+son dos desventurados como dos flacos arbolillos que, apoyándose uno
+en otro, contra la borrasca se fortalecen.
+
+¿Porqué os rendis á vuestra desgracia? dixo Zadig al pescador. Porque
+no veo remedio á ella, le respondió. He sido el vecino mas pudiente de
+la aldea de Derlback, cerca de Babilonia, y con ayuda de mi muger
+hacia los mejores requesones del imperio, que gustaban infinito á la
+reyna Astarte y al célebre ministro Zadig. Habla suministrado para
+entrámbas casas seiscientos requesones: fuí un dia á Babilonia á que
+me pagaran, y supe que aquella misma noche se habian desaparecido
+Zadig y la reyna. Fuí corriendo á casa del señor Zadig, á quien nunca
+habia visto, y encontré á los alguaciles del gran Desterham, que con
+un papel del rey en la mano robaban con mucho órden y sosiego toda la
+casa. Púseme en volandas en la cocina de la reyna; algunos de los
+gentiles-hombres de beca me dixéron que habia muerto, otros que estaba
+presa, y otros afirmáron que se habia escapado; pero todos estaviéron
+contestes en que no se me pagarian mis requesones. Fuíme con mi muger
+á casa del señor Orcan, que era uno de mis parroquianos; le pedímos su
+amparo en nuestra cuita, y se le otorgó á mi muger, y á mí no. Era mi
+muger mas blanca que los requesones que fuéron el orígen de mi
+desventura, y no brilla mas la púrpura de Tyro que el color que su
+blancura animaba: por eso se la guardó Orcan, y me echó de su casa.
+Escribí á mi esposa desesperado una carta, y respondió al portador:
+Sí, ya, ya sé quien me escribe, ya me han hablado de él; dicen que
+hace requesones excelentes: que me trayga, y que se los paguen.
+
+Quise acudir á la justicia en mi desdicha. Quedábanme seis onzas de
+oro: fué menester dar dos al jurisperito que consulté, otras dos al
+procurador que se encargó de mi asunto, y dos al escribiente del
+primer juez. Hecho esto, aun no se habia empezado mi pleyto, y ya
+llevaba mas dinero gastado que lo que mis requesones y mi muger de
+añadidura valian. Volvíme al pueblo con ánimo de vender mi casa por
+recobrar á mi muger. Valia esta unas sesenta onzas de oro; pero me
+vían pobre, y con premura de vender. El primero á quien me dirigí me
+ofreció treinta, el segundo veinte, y el tercero diez; y la iba á dar
+por este precio, segun estaba ciego. Vino á la sazon á Babilonia un
+príncipe de Hircania, asolando todo el pais por donde pasaba, el qual
+saqueó mi casa, y despues le puso fuego. Habiendo perdido de esta
+manera dinero, muger y casa, me retiré al pais donde me veis,
+procurando ganar mi vida con la pesca. Los peces hacen burla de mí lo
+mismo que los hombres: no saco ningunos, y me muero de hambre; y sin
+vos, consolador augusto, iba á tirarme al rio.
+
+No contó su historia el pescador sin hacer muchas pausas, y á cada una
+le decia Zadig, arrebatado y fuera de sí: ¿Con que nada sabeis de la
+suerte de la reyna? No, señor, respondia el pescador; lo que sé, es
+que ni la reyna ni Zadig me han pagado mis requesones, que me han
+robado á mi muger, y que estoy desesperado. Yo espero, dixo Zadig, que
+no habeis de perder todo vuestro dinero. He oido hablar de ese Zadig,
+como de un hombre honrado; y si vuelve á Babilonia, mas de lo que os
+debe os dará; mas por lo que hace á vuestra muger, que no es tan
+honrada, aconsejoos que no hagais diligencias por volver con ella.
+Tomad mi consejo, id á Babilonia, adonde ántes que vos llegaré yo,
+porque vais á pié y yo voy á caballo; veos con el ilustre Cador,
+decidle que habeis encontrado á su amigo, y esperadme en su casa: id
+en paz, que acaso no seréis siempre desdichado.
+
+Poderoso Orosmades, siguió, de mí os habeis valido para consolar á
+este hombre: ¿de quién os valdréis para darme á mí consuelo? Así decia
+dando al pescador la mitad de todo el dinero que traía de Arabia; y el
+pescador atónito y confuso besaba las plantas del amigo de Cador, y le
+apellidaba su ángel tutelar.
+
+Zadig no cesaba de preguntarle noticias, y de verter llanto. ¿Cómo,
+señor, exclamó el pescador, tambien sois desdichado siendo benéfico?
+Cien veces mas infeliz que tú, respondió Zadig. ¿Cómo puede ser, decia
+el buen hombre, que sea el que da mas digno de lástima que el que
+recibe? Porque tu mayor desgracia, replicó Zadig, era la necesidad, y
+la mia pende del coraron. ¿Os ha robado Orcan á vuestra muger? dixo el
+pescador. Esta pregunta traxo á la memoria á Zadig todas sus
+aventuras, y le hizo repasar la lista de todos sus infortunios,
+empezando por la perra de la reyna hasta su arribo á casa del
+bandolero Arbogad. Ha, dixo al pescador, Orcan es digno de castigo;
+pero por lo comun esos son los hombres que estan en privanza del
+destino. Sea como fuere, vete á casa del señor Cador, y espérame.
+Separáronse con esto: el pescador se fúe dando gracias á su estrella,
+y Zadig maldiciendo sin cesar la suya.
+
+
+
+
+CAPITULO XVIII.
+
+El basilisco.
+
+
+Llegó Zadig á un hermoso prado, donde vió una muchedumbre de mugeres
+que andaban buscando solícitas cosa que parecia que habian perdido.
+Acercóse á una de ellas, y le preguntó si queria que las ayudara á
+buscar lo que querían hallar. Dios nos libre, respondió la Syria; lo
+que nosotras buscamos solo las mugeres pueden tocarlo. Raro es eso,
+dixo Zadig: ¿me haréis el favor de decirme qué cosa es esa que solo
+las mugeres pueden tocarla? Un basilisco, respondió ella. ¡Un
+basilisco, señora! ¿y por qué motivo buscais un basilisco? Para
+nuestro señor y dueño Ogul, cuyo palacio estais viendo á orillas del
+rio, y al cabo de este prado, que somos sus mas humildes esclavas. El
+señor Ogul está malo, y le ha recetado su médico que coma un basilisco
+hervido en agua de rosas; y como es animal muy raro, y que solo de las
+mugeres se dexa coger, ha prometido el señor Ogul que escogerá por su
+querida esposa á la que le lleve un basilisco: con que así dexádmele
+buscar; que ya veis lo mucho que yo perderia, si una de mis compañeras
+ántes que yo le topara.
+
+Dexó Zadig á esta Syria y á todas las demas que buscaran su basilisco,
+y siguió su camino por la pradera. Al llegar á la orilla de un
+arroyuelo, encontró á otra dama acostada sobre los céspedes, que no
+buscaba nada. Parecia magestuosa su estatura, aunque tenia cubierto el
+rostro de un velo. Estaba inclinada la cabeza al anoyo; exhalaba de
+rato en rato hondos sollozos, y tenia en la mano una varita con la
+qual estaba esciibiendo letras en una fina arena que entre los
+céspedes y el arrojo mediaba. Quiso ver Zadig qué era lo que escribia:
+arrimóse, y vió una Z, luego una A, y se maravilló: despues leyó una
+D, y le dió un vuelco el corazon; mas nunca fué tanto su pasmo, como
+quando leyó las dos postreras letras de su nombre. Permaneció inmoble
+un rato; rompiendo al fin el silencio, con voz mal segura, dixo:
+Generosa dama, perdonad á un extrangero desventurado, que á preguntar
+se atreve ¿por qué extraño acaso encuentro aquí el nombre de Zadig,
+por vuestra divina mano escrito? Al oir esta voz y estas palabras,
+alzó con trémula mano su velo la dama, mitó á Zadig, dió un grito de
+temura, de asombro y de alborozo, y rindiéndose á los diversos afectos
+que de consuno embatian su alma, cayó desmayada en sus brazos. Era
+Astarte, era la reyna de Babilonia, la misma que idolatraba Zadig, y
+de cuyo amor le acusaba su conciencia; aquella cuya suerte tantas
+lágrimas le habia costado. Estuvo un rato privado del uso de sus
+sentidos; y quando cluvó sus miradas en los ojos de Astarte que
+lentamente se abrian de nuevo entre desmayados, confusos y amorosos:
+¡O potencias inmortales! exclamó, ¿me restitais á mi Astarte? ¿en qué
+tiempo, en qué sitio, en qué estado torno á verla? Hincóse de rodillas
+ante Astarte, inclinando su fiente baxo del polvo de sus pies. Alzale
+la reyna de Babilonia, y le sienta cabe sí en la orilla del arroyo,
+enxugando una y mil veces sus ojos que siempre en frescas lágrimas se
+bañaban. Veinte veces añudaba ci hilo de razones que interrumpian sus
+gemidos; hacíale preguntas acerca del acaso que los habia reunido, y
+no daba lugar á que respondiese con preguntas nuevas; empezaba á
+contar sus desventuras, y queria saber las de Zadig. Habiendo
+finalmente ámbos sosegado un poco el alboroto de su pecho, dixo en
+breves palabras Zadig por qué acaso se encontraba en esta pradera.
+¿Pero como os hallo, o reyna respetable y desdichada, en este desviado
+sitio, vestida de esclava, y acompañada de otras esclavas que buscan
+un basilisco, para hervirle, en virtud de una receta de médico, en
+agua de rosas?
+
+Miéntras que andan buscando su basilisco, voy á informaros, dixo la
+hermosa Astarte, de todo lo que he padecido, y que perdono al cielo
+una vez que vuelvo á veros. Ya sabeis que el rey mi esposo llevó á mal
+que fuéseis el mas amable de todos los hombres, y acaso por este
+motivo tomó una noche la determinacion de mandaros ahorcar, y darme un
+tósigo; y tambien sabeis que los cielos compasivos dispusiéron que me
+avisara mi enano mudo de las órdenes de su sublime magestad. Apénas os
+hubo precisado el fiel Cador á obedecerme y partiros, se atrevió á
+penetrar por una puerta excusada en mi quarto á media noche, me sacó
+de palacio, y me llevó al templo de Orosmades, donde me encerró su
+hermano el mago dentro de una estatua colosal cuya basa se apoya en
+los cimientos del templo, y la cabeza toca con la bóveda. Aquí quedé
+como enterrada, puesto que el mago que me servia cuidó de que nada me
+faltase. Al rayar el dia, entró en mi quarto el boticario de su
+magestad con una pócima de beleño, opio, cicuta, eléboro negro, y
+anapelo; y otro oficial se encaminó á vuestra casa con un cordon de
+seda azul; nias no halláron á nadie. Por engañar mas al rey, le hizo
+Cador una falsa denuncia contra nosotros dos, fingiendo que llevábais
+vos el camino de la India, y yo el de Menfis; y enviáron gente en
+nuestro seguimiento.
+
+No me conocian los mensageros que fuéron en busca riña, porque casi
+nunca habia mostrado mi semblante, como no fuese á vos, delante de mi
+marido y por órden suya. Ibanme persiguiendo por las señas que de mi
+persona les habian dado; y se encontráron á la raya de Egipto con otra
+de mi estatura misma, y que acaso era mas hermosa. Estaba bañada en
+llanto, y andaba desatentada, de suerte que no dudáron de que era la
+reyna de Babilonia, y la conduxéron á Moabdar. Enojóse violentamente
+el rey por la equivocacion; mas habiendo luego contemplado mas
+atentamente á esta muger, vió que era muy hermosa, y se consoló.
+Llamábase Misuf, nombre que, segun despues me han dicho, significa en
+egipcíaco la bella antojadiza, y lo era efectivamente; pero no iban en
+zaga sus artes á sus antojos, tanto que habiendo gustado á Moabdar, le
+cautivó de manera que la declaró su legítima esposa. Manifestóse
+entónces su índole sin rebozo, entregándose sin freno á todas las
+extravagancias de su imaginacion. Quiso precisar al sumo mago, viejo y
+gotoso, á que baylase en su presencia; y habiéndose negado este, le
+persiguió de muerte. A su caballerizo mayor le mandó hacer una tarta
+de dulce; y puesto que representó que no era repostero, todo fué en
+balde: tuvo que hacer la tarta, y le despidió porque estaba muy
+tostada. El cargo de caballerizo mayor se le dió á su enano, y á un
+page le hizo fiscal del consejo: de esta suerte gobernó á Babilonia.
+Llorábame todo el mundo; y el rey, que hasta que habia mandado
+ahorcaros y darme veneno habia sido bastante bueno, dexó que sus
+virtudes corriesen naufragio en su amor á la bella antojadiza. El dia
+del fuego sagrado vino al templo, y le ví implorar á los Dioses por
+Misuf, postrado ante la estatua donde estaba yo metida. Alzando
+entónces la voz, le dixe: "Los Dioses desechan las súplicas de un rey
+convertido en tirano, y que ha querido quitar la vida á una muger de
+juicio, por casarse con una loca." Pusiéron estas palabras en tamaña
+confusion á Moabdar, que se le fué la cabeza. Con el oráculo que habia
+yo pronunciado, y con la tiranía de Misuf sobraba para que perdiera la
+razon; y con efecto en pocos dias se volvió loco.
+
+Esta locura, que se atribuyó á castigo del cielo, fué la señal de
+rebelion: amotinóse el pueblo, y tomó armas; Babilonia, donde reynaba
+tanto tiempo hacia una muelle ociosidad, se convirtió en teatro de una
+horrorosa guerra civil. Sacáronme del hueco de mi estatua; pusiéronme
+al frente de un partido, y fué Cador corriendo á Menfis, para traeros
+á Babilonia. Noticioso de tan fatales nuevas acudió el príncipe de
+Hircania con su exército á formar tercer partido en la Caldea, y vino
+á embestir al rey que le salió al encuentro con su desatinada
+egipcíaca. Murió Moabdar, traspasado de mil heridas, y cayó Misuf en
+poder del vencedor. Quiso mi desventura que yo tambien fuera cogida
+por una partida de guerrilla hircana, que me conduxo á presencia del
+príncipe, al mismo tiempo que le llevaban á Misuf. Sin duda sabréis
+con satisfaccion que me tuvo este por mas hermosa que la egipcia, pero
+no será de ménos sentimiento para vos qué os diga que me destinó para
+su serrallo, diciéndome sin andarse con rodeos, que luego que
+concluyese una expedicion militar para la qual iba á partirse, vendria
+á mí. Figúraos qual fué mi quebranto: rotos los vínculos que con
+Moabdar me estrechaban, podia ser de Zadig, y caía en los hierros de
+un bárbaro. Respondíle con toda la altivez que me inspiraban mi alta
+gerarquía y mis afectos, habiendo oido decir toda mi vida que las
+personas de mi dignidad las habian dotado los cielos de tal grandeza,
+que con una palabra y un mirar de ojos confundian en el polvo de la
+nada á quantos temerarios eran osados á apartarse un punto del mas
+reverente acatamiento. Hablé como reyna, pero fuí tratada como una
+moza de cántaro: el Hircano, sin dignarse siquiera de responderme, le
+dixo á su eunuco negro que yo era mal hablada, pero que le parecia
+linda. Mandóle que me cuidase y me diera el trato que á las que
+estaban en su privanza, para que me volviesen los colores, y fuese mas
+digna de sus caricias el dia que le pareciese oportuno honrarme con
+ellas. Díxele que me mataria, y me respondió riéndose que ninguna se
+mataba por esas cosas, y que estaba acostumbrado á semejantes
+melindres, y se fué dexándome como un xilguero en jaula. ¡Qué
+situacion para la primera reyiia del universo, y mas para un corazon
+que era de Zadig!
+
+El qual se hincó de rodillas al oir estas razones, regando con sus
+lágrimas las plantas de Astarte. Alzóle esta cariñosamente, y
+prosiguió diciendo: Víame en poder de un bárbaro, y en competencia con
+una loca con quien estaba encerrada. Contóme Misuf su aventura de
+Egipto; y por la pintura que de vos hizo, por el tiempo, por el
+dromedario en que ibais montado, y por las demas circunstancias vine
+en conocimiento de que era Zadig quien habia peleado en su defensa; y
+no dudando de que estuviérais en Menfis, me determiné á refugiarme en
+esta ciudad. Bella Misuf, le dixe, vos sois mucho mas donosa que yo, y
+divertiréis mas bien al príncipe de Hircania: procuradme medio para
+escapar; reynaréis vos sola, y me haréis feliz, librándoos de una
+rival. Misuf me ayudó á efectuar mi fuga, y me partí secretamente con
+una esclava egipcia.
+
+Ya tocaba con la Arabia, quando me robó un bandolero muy nombrado,
+llamado Arbogad, el qual me vendió á unos mercaderes que me traxéron á
+este palacio, donde reside el señor Ogul, que me compró sin saber
+quien yo fuese. Es este un gloton, que solo piensa en atracarse bien,
+y cree que le ha echado Dios al mundo para disfrutar de una bueua
+mesa. Está tan excesivamente gordo, que á cada instante parece que va
+á reventar. Su médico poco influxo tiene con él quando hace buena
+digestion, pero le manda despóticamente quando tiene ahitera; y ahora
+le ha hecho creer que le habia de sanar con un basilisco hervido en
+agua de rosas. Ha prometido dar su mano á la esclava que le traxere un
+basilisco, y ya veis que yo las dexo que se merezcan tan alta honra,
+no habiendo nunca tenido ménos ganas de topar el tal basilisco que
+desde que han querido los cielos que volviese á veros.
+
+Dixéronse entónces Astarte y Zadig quanto á los mas generosos y
+apasionados pechos pudiéron inspirar afectos tanto tiempo
+contrarestados, y tanto amor, y tanta desdicha; y los genios que al
+amor presiden lleváron las razones de ámbos á la esfera de Vénus.
+
+Tornáronse á la quinta de Ogul las mugeres sin haber hallado nada.
+Zadig se presentó á él, y le habló así: Descienda del cielo la
+inmortal Hygia para dilatar vuestros años. Yo soy médico; he venido
+habiendo oido hablar de vuestra dolencia, y os traygo un basilisco
+hervido en agua de rosas; no porque aspire á casarme con vos, que solo
+os pido la libertad de una esclava jóven de Babilonia, que os
+vendiéron pocos dias hace; y me allano á permanecer esclavo en su
+lugar, si no tengo la dicha de sanar al magnifico señor Ogul.
+
+Fué admitida la propuesta, y se partió Astarte para Babilonia en
+compañía del criado de Zadig, prometiéndole que le despacharia sin
+tardanza un mensagero, para informarle de quanto hubiese sucedido. No
+ménos que su reconocimiento fuéron amorosos sus vales: porque, como
+está escrito en el gran libro del Zenda, las dos épocas mas solemnes
+de la vida son el instante en que nos volvemos á ver, y aquel en que
+nos separamos. Queria Zadig á la reyna tanto como se lo juraba, y la
+reyna queria á Zadig mas de lo que decia.
+
+Zadig habló de esta suerte á Ogul: Señor, mi basilisco no se come, que
+toda su virtud se os ha de introducir por los poros; yo le he puesto
+dentro de una odre bien henchida de viento, y cubierta de un cuero muy
+fino; es menester que empujeis hácia mí dicha odre en el ayre con toda
+vuestra fuerza, y que yo os la tire muchas veces; y con pocos dias de
+dieta y de este exercicio veréis la eficacia de mi arte. Al primer dia
+se hubo de ahogar Ogul, y creyó que iba á exhalar el alma; al segundo
+se cansó ménos, y durmió mas bien: por fin á los ocho dias recobró
+toda la fuerza, la salud, la ligereza, y el buen humor de sus mas
+floridos años. Zadig le dixo: Habeis jugado á la pelota, y no os
+habeis hartado: sabed que no hay tal basilisco en el mundo; que un
+hombre sobrio y que hace exercicio siempre vive sano, y que tan
+imaginado es el arte de amalgamar la gula con la salud como la piedra
+filosofal, la astrología judiciaria, y la teología de los magos.
+
+Conociendo el primer médico de Ogul quan peligroso para la medicina
+era semejante hombre, se coligó con el boticario del gremio para
+enviarle á buscar basiliscos al otro mundo: de suerte que habiendo
+sido castigado siempre por sus buenas acciones, iba á morir por haber
+dado la salud á un señor gloton. Convidáronle á un espléndido
+banquete, donde le debian dar veneno al segundo servicio; pero estando
+en el primero, recibió un parte de la hermosa reyna, y se levantó de
+la mesa, partiéndose sin tardanza. El que es amado de una hermosa,
+dice el gran Zoroastro, de todo sale bien en este mundo.
+
+
+
+
+CAPITULO XIX.
+
+Las justas.
+
+
+Fué recibida la reyna en Babilonia con aquel júbilo con que se recibe
+siempre una princesa hermosa y desdichada. Entónces Babilonia parecia
+algo mas quieta: el príncipe de Hircania habia perdido la vida en una
+batalla, y los Babilonios vencedores declaráron que Astarte se casaria
+con el que fuera elegido por soberano. Mas no quisiéron que el primer
+puesto del mundo, que era el de esposo de Astarte y monarca de
+Babilonia, pendiese de enredos y partidos; y juráron reconocer por rey
+al mas valiente y discreto. Levantáron á pocas leguas de la ciudad un
+vasto palenque cercado de anfiteatros magníficamente adornados; los
+mantenedores se habian de presentar armados de punta en blanco, y se
+le habia señalado á cada uno un aposento separado, donde no podia ver
+ni hablar á nadie. Se habian de correr quatro lanzas; y los que
+tuviesen la dicha de vencer á quatro caballeros, habian luego de
+pelear unos con otros: de suerte que el postrero por quien quedara el
+campo fuese proclamado vencedor del torneo. Quatro dias despues habia
+de volver con las mismas armas, y acertar las adivinanzas que
+propusiesen los magos; y si no las acertase, no habia de ser rey, mas
+se habian de volver á correr lanzas, hasta que se diese con un hombre
+que saliese con victoria en ámbas pruebas; porque estaban resueltos á
+no reconocer por rey á quien no fuese el mas valiente y mas discreto.
+En todo este tiempo no se permitia á la reyna comunicar con nadie:
+solo se le daba licencia para que asistiera á los juegos cubierta de
+un velo; pero no se le consentia hablar con ninguno de los
+pretendientes, porque no hubiese injusticia ni valimiento.
+
+Este aviso daba Astarte á su amante, esperando que acreditada por ella
+mas valor y discrecion que nadie. Partióse Zadig, suplicando á Venus
+que fortaleciera su ánimo y alumbrara su entendimiento, y llegó á las
+riberas del Eufrates la víspera del solemne dia. Hizo asentar luego su
+mote entre los de los demas combatientes, escondiendo su nombre y su
+rostro, como mandaba la ley, y se fué á descansar al aposento que le
+habia cabido eu suerte. Su amigo Cador que estaba de vuelta en
+Babilonia, habiéndole buscado en Egipto, mandó llevar á su quarto una
+armadura completa que le enviaba la reyna, y tambien con ella el
+caballo mas lozano de la Persia. Bien vió Zadig que estas dádivas eran
+de mano de Astarte, y adquirió nuevo vigor, y esperanzas nuevas su
+amor y su denuedo.
+
+Al dia siguiente, sentada la reyna baxo un dosel guarnecido de piedras
+preciosas, y llenos los anfiteatros de todas las damas y de gente de
+todos estados de Babilonia, se dexáron ver en el circo los
+mantenedores. Puso cada uno su mote á los piés del sumo mago:
+sorteáronse, y el de Zadig fué el postrero. Presentóse el primero un
+señor muy rico, llamado Itobad, tan lleno de vanidad como falto de
+valor, de habilidad, y de entendimiento. Habíanle persuadido sus
+sirvientes á que un hombre como el debia de ser rey, y él les habia
+respondido: Un hombre como yo debe reynar. Habíanle armado pues de
+piés á cabeza: llevaba unas armas de oro con esmaltes verdes, un
+penacho verde, y la lanza colgada con cintas verdes. Por el modo de
+gobernar Itobad su caballo, se echó luego de ver que no habia
+destinado el cetro de Babilonia á un hombre como él el cielo. El
+primer caballero que corrió lanza le hizo perder los estribos, y el
+segundo le tiró por las ancas del caballo á tierra, las piernas
+arriba, y los brazos abiertos. Volvió á montar Itobad, pero haciendo
+tan triste figura, que todo el anfiteatro soltó la risa. No se dignó
+el tercero de tocarle con la lanza; sino que al pasar junto á él le
+agarró por la pierna derecha, y haciéndole dar media-vuelta, le
+derribó en la arena; los escuderos de los juegos acudiéron á
+levantarle riéndose: el quarto combatiente le coge por la pierna
+izquierda, y le tira del otro lado. Conduxéronle con mil baldones á su
+aposento, donde conforme á la ley habia de pasar aquella noche: y
+decia, pudiendo apénas menearse: ¡Qué aventura para un hombre como yo!
+
+Mejor desempeñáron su obligacion los demas adalides: hubo algunos que
+venciéron á dos combatientes, y unos pocos llegáron hasta tres. Solo
+el príncipe Otames venció á quatro. Presentóse el postrero Zadig, y
+con mucho donayre sacó de los estribos á quatro ginetes uno en pos de
+otro; con esto empezó la lid entre Zadig y Otames. Este traía armas de
+azul y oro con un penacho de lo mismo; las de Zadig eran blancas. Los
+ánimos de los asistentes estaban dividídos entre el caballero azul y
+el blanco: á la reyna le palpitaba el corazon, haciendo fervientes
+ruegos al ciclo por el color blanco.
+
+Diéron ámbos campeones repetidas vueltas y revueltas con tanta
+ligereza, asentáronse y esquiváron tales botes con las lanzas, y tan
+fuertes se mantenian en sus estribos, que todos, ménos la reyna,
+deseaban que hubiese dos reyes en Babilonia. Cansados ya los caballos,
+y rotas las lanzas, usó Zadig esta treta: pasa por detras del príncipe
+azul, se abalanza á las ancas de su caballo, le coge por la mitad del
+cuerpo, le derriba en tierra: monta en la silla vacía, y empieza á dar
+vueltas al rededor de Otames tendido en el suelo. Clama todo el
+anfiteatro: Victoria por el caballero blanco. Alzase enfurecido
+Otames, saca la espada; da Zadig un salto del caballo el alfange
+desnudo. Ambos empiezan en la arena nueva y mas peligrosa batalla; ora
+triunfa la agilidad, ora la fuerza. Vuelan al viento heridos de
+menudeados golpes el plumage de sus yelmos, los clavos de sus
+braceletes, la malla de sus armas. De punta y de filo se hieren á
+izquierda, á derecha, la cabeza, el pecho: retiranse, acométense; se
+apartan, se agarran de nuevo; dóblanse como serpientes, embísterise
+como leones: á cada instante salfan chispas de los golpes que se
+pegan. Zadig cobra en fin algún aliento, se para, esquiva un golpe de
+Otames, no le da vagar, le derriba, le desarma, y Otames exclama:
+Caballero blanco, á vos es debido el trono de Babilonia. No cabia en
+sí la reyna de alborozo. Lleváron al caballero azul y al caballero
+blanco, á cada uno á su aposento, como habian hecho con todos los
+demas, cumpliendo con lo que mandaba la ley. Unos mudos los viniéron á
+servir, y les traxéron de comer. Bien se puede presumir si seria el
+mudo de la reyna el que sirvió á Zadig. Dexáronlos dormir solos hasta
+el otro dia por la mañana, que era quando habia de llevar el vencedor
+su mote al sumo mago, para cotejarle y darse á conocer.
+
+Tan cansado estaba Zadig que durmió profundamente, puesto que
+enamorado; mas no dormia Itobad que estaba acostado en el quarto
+inmediato: y levantándose por la noche entró en el de Zadig, cogió sus
+armas blancas y su mote, y puso las suyas verdes en lugar de ellas.
+Apénas rayaba el alba, quando se presentó ufano al sumo mago,
+declarándole que un hombre como él era el vencedor. Nadie lo esperaba,
+pero fué proclamado, miéntras que aun estaba durmiendo Zadig. Volvióse
+Astarte á Babilonia atónita y desesperada. Casi vacío estaba todo el
+anfiteatro quando despertó Zadig, y buscando sus armas se encontró con
+las verdes en su lugar. Vióse precisado á revestirse de ellas, no
+teniendo otra cosa de que echar mano. Armase atónito, indignado y
+enfurecido, y sale con este arreo. Toda quanta gente aun habia en el
+anfiteatro y el circo le acogió con mil baldones; todos so le
+arrimaban, y le daban vaya en su cara: nunca hombre sufrió tan
+afrentoso desayre. Faltóle la paciencia, y desvió á sablazos el
+populacho que se atrevió á denostarle; pero no sabia que hacerse, no
+pudiendo ni ver á la reyna, ni reclamar las armas blancas que esta le
+habia enviado, por no aventurar su reputacion: y miéntras que estaba
+Astarte sumida en un piélago de dolor, fluctuaba él entre furores y
+zozobras. Paseábase por las orillas del Eufrates, persuadido á que le
+habia destinado su estrella á irremediable desdicha, y recapitulaba en
+su mente todas sus desgracias, desde la muger que no podia ver á los
+tuertos, hasta la de su armadura. Eso he grangeado, decia, con haber
+despertado tarde; si no hubiera dormido tanto, fuera rey de Babilonia,
+y posesor de Astarte. Así el saber, las buenas costumbres, el esfuerzo
+nunca para mas que para mi desdicha me han valido. Exhalóse al cabo en
+murmuraciones contra, la Providencia, y le vino la tentacion de creer
+que todo lo regia un destino cruel que á los buenos oprimia, y hacia
+que prosperasen los caballeros verdes: que uno de sus mayores
+sentimientos era verse con aquellas armas verdes que tanta mofa le
+habian acarreado. Pasó un mercader, á quien se las--vendió muy
+baratas, y le compró una bata y una gorra larga. En este trage iba
+siguiendo la corriente del Eufrates, desesperado, y acusando en su
+corazon á la Providencia que no se cansaba de perseguirle.
+
+
+
+
+CAPITULO XX.
+
+El ermitaño.
+
+
+Caminando, como hemos dicho, se encontró con un ermitaño cuya luenga
+barba descendia hasta el estómago. Llevaba este un libro que iba
+leyendo muy atentamente. Paróse Zadig y le hizo una profunda
+reverencia, á que correspondió el ermitaño de manera tan afable y tan
+noble, que á Zadig le vino la curiosidad de razonar con él. Preguntóle
+qué libro era el que leía. El libro del destino, dixo el ermitaño:
+¿quereis leer algun trozo? Pusosele en las manos; mas aunque fuese
+Zadig vorsado en muchos idiomas, no pudo conocer ni una letra, con lo
+qual se aumentó su curiosidad. Muy triste pareceis, le dixo el buen
+padre. ¡Tanto motivo tengo para estarlo! respondió Zadig. Si me dais
+licencia para que os acompañe, repuso el anciano, acaso podré serviros
+en algo; que á veces he hecho baxar el consuelo á las almas de los
+desventurados. La traza, la barba y el libro del ermitaño infundiéron
+respeto en Zadig, y en su conversacion encontró superiores luces.
+Hablaba el ermitaño del destino, de la justicia, de la moral, del sumo
+bien, de la humana flaqueza, de las virtudes y los vicios con tan viva
+y penetrante eloqüencia, que Zadig por un irresistible embeleso se
+sentia atraído hácia él, y le rogó con ahinco que no le dexara hasta
+que estuviesen de vuelta en Babilonia. Ese mismo favor os pido yo;
+juradme por Orosmades, que sea lo que fuere lo que me veais hacer, no
+os habeis de separar de mí en algunos dias. Jurólo Zadig, y siguiéron
+juntos ámbos su camino.
+
+Aquella misma tarde llegáron á una magnifica quinta, y pidió el
+ermitaño hospedage para sí y para el mozo que le acompañaba.
+Introdúxolos en casa, con ademan de desdeñosa generosidad, un portero
+que parecia un gran señor, y los presentó á un criado principal, que
+les enseñó los aposentos de su amo. Sentáronlos al cabo de la mesa,
+sin que se dignara el dueño de aquel palacio de honrarlos con una
+mirada; pero los sirviéron, como á todos los demas, con opulencia y
+delicadeza. Diéronles luego agua á manos en una palangana de oro,
+guarnecida de esmeraldas y rubíes; lleváronlos á acostar á un suntuoso
+aposento, y la mañana siguiente traxo el criado á cada uno una moneda
+de oro, y despues los despidiéron.
+
+El amo de esta casa, dixo Zadig en el camino, me parece que es hombre
+generoso, aunque algo altivo, y que exercita con nobleza la
+hospitalidad. Al decir estas palabras, advirtió que parecia tieso y
+henchido una especie de costal muy largo que traía el ermitaño, y vió
+dentro la palangana de oro guarnecida de piedras preciosas, que habia
+hurtado. No se atrevió á decirle nada, pero estaba confuso y perplexo.
+
+A la hora de mediodia se presentó el ermitaño á la puerta de una
+casuca muy mezquina, donde vivia un rico avariento, y pidió que le
+hospedaran por pocas lloras. Recibióle con áspero rostro un criado
+viejo mal vestido, y llevó á Zadig con el ermitaño á la caballeriza,
+donde les sirviéron unas aceytunas podridas, un poco de pan bazo, y de
+vino avinagrado. Comió y bebió el ermitaño con tan buen humor como el
+dia ántes; y dirigiéndose luego al criado viejo que no quitaba la
+vista de uno y otro porque no hurtaran nada, y que les daba priesa
+para que se fuesen, le dió las dos monedas de oro que habia recibido
+aquella mañana, y agradeciéndole su cortesía, añadió: Ruégoos que me
+permitais hablar con vuestro amo. Atónito el criado le presentó los
+dos caminantes. Magnífico señor, dixo el ermitaño, no puedo ménos de
+daros las mas rendidas gracias por el agasajo tan noble con que nos
+habeis hospedado; dignaos de admitir esta palangana de oro en corta
+paga de mi gratitud. Poco faltó para desmayarse con el gozo el
+avariento; y el ermitaño, sin darle tiempo para volver de su asombro,
+se partió á toda priesa con su compañero jóven. Padre mio, le dixo
+Zadig, ¿qué quiere decir lo que estoy viendo? paréceme que no os
+semejais in nada á los demas: ¡robais una palangana de oro guarnecida
+de piedras preciosas á un señor que os hospeda con magnificencia, y se
+la dais á un avariento que indignamente os trata! Hijo, respondió el
+anciano, el hombre magnífico que solo por vanidad, y por hacer alarde
+de sus riquezas, hospeda á los forasteros, se tornará mas cuerdo; y
+aprenderá el avariento á exercitar la hospitalidad. No os dé pasmo
+nada, y seguidme. Todavía no atinaba Zadig si iba con el mas loco ó
+con el mas cuerdo de los hombres; pero tanto era el dominio que se
+habia grangeado en su ánimo el ermitaño, que obligado tambien por su
+juramento no pudo ménos de seguirle.
+
+Aquella tarde llegáron á una casa aseada, pero sencilla, y donde nada
+respiraba prodigalidad ni parsimonia. Era su dueño un filósofo
+retirado del tráfago del mundo, que cultivaba en paz la sabiduría y la
+virtud, y que nunca se aburria. Habia tenido gusto especial en
+edificar este retirado albergue, donde recibia á los forasteros con
+una dignidad que en nada se parecia á la ostentacion. El mismo salió
+al encuentro á los dos caminantes, los hizo descansar en un aposento
+muy cómodo; y poco despues vino él en persona á convidarlos á un
+banquete aseado y bien servido, durante el qual habló con mucho tino
+de las últimas revoluciones de Babilonia. Pareció adicto de corazon á
+la reyna, y hubiera deseado que Zadig se hubiera hallado entre los
+competidores á la corona; pero no merecen los hombres, añadió, tener
+un rey como Zadig. Abochornado este sentia crecer su dolor. En la
+conversacion estuviéron todos conformes en decir que no siempre iban
+las cosas de este mundo á gusto de los sabios; pero sustento el
+ermitaño que no conocíamos las vias de la Providencia, y que era
+desacierto en los hombres fallar acerca de un todo, quando no vían mas
+que una pequeñísima parte.
+
+Tratóse de las pasiones. ¡Quan fatales son! dixo Zadig. Son, replicó
+el ermitaño, los vientos que hinchen las velas del navío; algunas
+veces le sumergen, pero sin ellas no es posible navegar. La bílis hace
+iracundo, y causa enfermedades; mas sin bílis no pudiera uno vivir. En
+la tierra todo es peligroso, y todo necesario.
+
+Tratóse del deleyte, y probó el ermitaño que era una dádiva de la
+divinidad; porque el hombre, dixo, por sí propio no puede tener
+sensaciones ni ideas: todo en él es prestado, y la pena y el deleyte
+le vienen de otro, como su mismo ser.
+
+Pasmábase Zadig de que un hombre que tantos desatinos habia cometido,
+discurriese con tanto acierto. Finalmente despues de una conversacion
+no ménos grata que instructiva, llevó su huésped á los dos caminantes
+á un aposento, dando gracias al cielo que le habia enviado dos hombres
+tan sabios y virtuosos. Brindóles con dinero de un modo ingenuo y
+noble que no podia disgustar: rehusóle el ermitaño, y le dixo que se
+despedia de él, porque hacia ánimo de partirse para Babilonia ántes
+del amanecer. Fué afectuosa su separacion, y con especialidad Zadig se
+quedó penetrado de estimacion y cariño á tan amable huésped.
+
+Quando estuvo con el ermitaño en su aposento, hiciéron ámbos un
+pomposo elogio de su huésped. Al rayar el alba, despertó el anciano á
+su camarada. Vámonos, le dixo; quiero empero, miéntras que duerme todo
+el mundo, dexar á este buen hombre una prueba de mi estimacion y mi
+cariño. Diciendo esto, cogió una tea, y pegó fuego á la casa. Asustado
+Zadig dió gritos, y le quiso estorbar que cometiese accion tan
+horrenda; pero se le llevaba tras sí con superior fuerza el ermitaño.
+Ardia la casa, y el ermitaño que junto con su compañero ya estaba
+desviado, la miraba arder con mucho sosiego. Loado sea Dios, dixo, ya
+está la casa de mi buen huésped quemada hasta los cimientos, ¡Qué
+hombre tan feliz! Al oir estas palabras le viniéron tentaciones á
+Zadig de soltar la risa, de decir mil picardías al padre reverendo, de
+darle de palos, y de escaparse; pero las reprimió todas, siempre
+dominado por la superioridad del ermitaño, y le siguió hasta la última
+jornada.
+
+Alojáronse en casa de una caritativa y virtuosa viuda, la qual tenia
+un sobrino de catorce años, muchacho graciosísimo, y que era su única
+esperanza. Agasajólos lo mejor que pudo en su casa, y al siguiente dia
+mandó á su sobrino que fuera acompañando á los dos caminantes hasta un
+puente que se habia roto poco tiempo hacia, y era un paso peligroso.
+Precedíalos muy solícito el muchacho; y quando hubiéron, llegado al
+puente, le dixo el ermitaño: Ven acá, hijo mio, que quiero manifestar
+mi agradecimiento á tu tia; y agarrándole de los cabellos le tira al
+rio. Cae el chico, nada un instante encima del agua, y se le lleva la
+corriente. ¡O monstruo, o hombre el mas perverso de los hombres!
+exclamó Zadig. De tener mas paciencia me habíais dado palabra,
+interrumpió el ermitaño: sabed que debaxo de los escombros de aquella
+casa á que ha pegado fuego la Providencía, ha encontrado su dueño un
+inmenso tesoro; sabed que este mancebo ahogado por la Providencia
+habia de asesinar á su tia de aquí á un año, y de aquí á dos á vos
+mismo. ¿Quién te lo ha dicho, inhumano? clamó Zadig; ¿y aun quando
+hubieses leido ese suceso en tú libro de los destinos, qué derecho
+tienes para ahogar á un muchacho que no te ha hecho mal ninguno?
+
+Todavía estaba hablando el Babilonio, quando advirtió que no tenia ya
+barba el anciano, y que se remozaba su semblante. Luego desapareció su
+trage de ermitaño, y quatro hermosas alas cubriéron un cuerpo
+magestuoso y resplandeciente. ¡O paraninfo del cielo, ó ángel divino,
+exclamó postrado Zadig, con que has baxado del empíreo para enseñar á
+un flaco mortal á que se someta á sus eternos decretos! Los humanos,
+dixo el ángel Jesrad, sin saber de nada fallan de todo: entre todos
+los mortales tú eras el que mas ser ilustrado merecias. Pidióle Zadig
+licencia para hablar, y le dixo: No me fío de mi entendimiento; pero
+si he de ser osado á suplicarte que disipes una duda mia, dime ¿si no
+valia mas haber enmendado á ese muchacho, y héchole virtuoso, que
+ahogarle? Si hubiese sido virtuoso y vivido, respondió Jesrad, era su
+suerte ser asesinado con la muger con quien se habia de casar, y el
+hijo que de este matrimonio habia de nacer. ¿Con que es indispensable,
+dixo Zadig, que haya atrocidades y desventures, y que estas recaygan
+en los hombres virtuosos? Los malos, replicó Jesrad, siempre son
+desdichados, y sirven para probar un corto número de justos sembrado
+sobre la haz de la tierra, sin que haya mal de donde no resulte un
+bien. Empero, dixo Zadig, ¿si solo hubiese bienes sin mezcla de males?
+La tierra entónces, replicó Jesrad, fuera otra tierra; la cadena de
+los sucesos otro órden de sabiduría; y este órden, que seria perfecto,
+solo en la mansion del Ser Supremo, donde no puede caber mal ninguno,
+puede exîstir. Millones de mundos ha criado, y no hay dos que puedan
+parecerse uno á otro: que esta variedad inmensa es un atributo de su
+inmenso poder. No hay en la tierra dos hojas de árbol, ni en los
+infinitos campos del cielo dos globos enteramente parecidos; y quanto
+ves en el pequeñisimo átomo donde has nacido forzosamente, habia de
+exîstir en su tiempo y lugar determinado, conforme á las inmutables
+órdenes de aquel que todo lo abraza. Piensan los hombres que este niño
+que acaba de morir se ha caido por casualidad en el rio, y que aquella
+casa se quemó por casualidad; mas no hay casualidad, que todo es
+prueba ó castigo, remuneracion ó providencia. Acuérdate de aquel
+pescador que se tenia por el mas desventurado de los mortales, y
+Orosmades te envió para mudar su suerte. Dexa, flaco mortal, de
+disputar contra lo que debes adorar. Empero, dixo Zadig.... Miéntras
+él decia EMPERO, ya dirigia el ángel su raudo vuelo á la décima
+esfera. Zadig veneró arrodillado la Providencia, y se sometió. De lo
+alto de los ciclos le gritó el ángel: Encaminate á Babilonia.
+
+
+
+
+CAPITULO XXI.
+
+Las adivinanzas.
+
+
+Fuera de sí Zadig, como uno que ha visto caer junto á sí un rayo,
+caminaba desatentado. Llegó á Babilonia el dia que para acertar las
+adivinanzas, y responder á las preguntas del sumo mago, estaban ya
+reunidos en el principal atrio del palacio todos quantos habian
+combatido en el palenque; y habian llegado todos los mantenedores de
+la justa, ménos el de las armas verdes. Luego que entró Zadig en la
+ciudad, se agolpó en torno de él la gente, sin que se cansaran sus
+ojos de mirarle, su lengua de darle bendiciones, ni su corazon de
+desear que se ciñese la corona. El envidioso que le vió pasar se
+esquivó despechado, y le llevó en volandas la muchedumbre al sitio de
+la asamblea. La reyna, á quien informáron de su arribo, vacilaba
+agitada de temor y esperanza; y llena de desasosiego no podia entender
+porque venia Zadig desarmado, ó como llevaba Itobad las armas blancas.
+Alzóse un confuso murmullo así que columbráron á Zadig: todos estaban
+pasmados y llenos de alborozo de verle; pero solamente los caballeros
+que habian peleado tenian derecho á presentarse en la asamblea.--Yo
+tambien he peleado, dixo, pero otro ha usurpado mis armas; y hasta que
+tenga la honra de acreditarlo, pido licencia para presentarme á
+acertar los enigmas. Votáron; y estaba tan grabada aun en todos los
+ánimos la reputacion de su probidad, que unánimemente fué admitido.
+
+La primera qüestion que propuso el sumo mago fué: ¿qual es la mas
+larga y mas corta de todas las cosas del mundo, la mas breve y mas
+lenta, la mas divisible y mas extensa, la que mas se desperdicia y mas
+se llora haber perdido, sin la que nada se puede hacer, que se traga
+todo lo mezquino, y da vida á todo lo grande? Tocaba á Itobad
+responder, y dixo que él no entendia de adivinanzas, y que le bastaba
+haber sido vencedor lanza en ristre. Unos dixéron que era la fortuna,
+otros que la tierra, y otros que la luz. Zadig dixo que era el tiempo.
+No hay cosa mas larga, añadió, pues mide la eternidad; ni mas corta,
+pues falta para todos nuestros planes: ni mas lenta para el que
+espera, ni mas veloz para el que disfruta; se extiende á lo
+infinitamente grande, y se divide hasta lo infinitamente pequeño;
+ninguno hace aprecio de él, y todos lloran su pérdida; sin él nada se
+hace; sepulta en el olvido quanto es indigno de la posteridad, y hace
+inmortales las glandes acciones. La asamblea confesó que tenia razon
+Zadig.
+
+Preguntáron luego: ¿Qué es lo que recibimos sin agradecerlo,
+disfrutamos sin saber cómo, damos á otros sin saber donde estamos, y
+perdemos sin echarlo de ver? Cada uno dixo su cosa; solo Zadig adivinó
+que era la vida, y con la misma facilidad acertó los demas enigmas.
+Itobad decia al fin que no habia cosa mas fácil, y que con la mayor
+facilidad habria él dado con ello, si hubiera querido tomarse el
+trabajo. Propusiéronse luego qüestiones acerca de la justicia, del
+sumo bien, del arte de reynar; y las respuestas de Zadig se reputáron
+por las mas sólidas. Lástima es, decian todos, que sugeto de tanto
+talento sea tan mal ginete.
+
+Ilustres señores, dixo en fin Zadig, yo he tenido la honra de vencer
+en el palenque, que soy el que tenia las armas blancas. El señor
+Itobad se revistió de ellas miéntras que yo estaba durmiendo, creyendo
+que sin duda le sentarian mas bien que las verdes. Le reto para
+probarle delante de todos vosotros, con mi bata y mi espada, contra
+toda su luciente armadura blanca que me ha quitado, que fuí yo quien
+tuve la honra de vencer al valiente Otames.
+
+Admitió Itobad el duelo con mucha confianza, no dudando de que con su
+yelmo, su coraza y sus braceletes, acabaria fácilmente con un campeon
+que se presentaba en bata y con su gorro de dormir. Desnudó Zadig su
+espada despues de hacer una cortesia á la reyna, que agitada de temor
+y alborozo le miraba; Itobad desenvaynó la suya sin saludar á nadie, y
+acometió á Zadig como quien nada tenia que temer. Ibale á hender la
+cabeza de una estocada, quando paró Zadig el golpe, haciendo que la
+espada de su contrario pegase en falso, y se hiciese pedazos.
+Abrazándose entónces con su enemigo le derribó al suelo, y poniéndole
+la punta de la espada por entre la coraza y el espaldar: Dexaos
+desarmar, le dixo, si no quereis perder la vida. Pasmado Itobad, como
+era su costumbre, de las desgracias que á un hombre como él sucedian,
+no hizo resistencia á Zadig, que muy á su sabor le quitó su magnífico
+yelmo, su soberbia coraza, sus hermosos braceletes, sus lucidas
+escarcelas, y así armado fué á postrarse á las plantas de Astarte. Sin
+dificultad probó Cador que pertenecian estas armas á Zadig, el qual
+por consentimiento unánime fué alzado por rey, con sumo beneplácito de
+Astarte, que despues de tantas desventuras disfrutaba la satisfaccion
+de contemplar á su amante digno de ser su esposo á vista del universo.
+Fuése Itobad á su casa á que le llamaran Su Excelencia. Zadig fué rey
+y feliz, no olvidándose de quanto le habia enseñado el ángel Jesrad, y
+acordándose del grano de arena convertido en diamante: y él y la reyna
+adoráron la Providencia. Dexó Zadig correr por el mundo á la bella
+antojadiza Misuf; envió á llamar al bandolero Arbogad, á quien dió un
+honroso puesto en el exército, prometiéndole que le adelantaria hasta
+las primeras dignidades militares si se portaba como valiente militar,
+y que le mandaria ahorcar si hacia el oficio de ladron. Setoc, llamado
+de lo interior de la Arabia, vino con la hermosa Almona, y fué
+nombrado superintendente del comercio de Babilonia. Cador, colocado y
+estimado como merecian sus servicios, fué amigo del rey, y este ha
+sido el único monarca en la tierra que haya tenido un amigo. No se
+olvidó Zadig del mudo, ni del pescador, á quien dió una casa muy
+hermosa. Orcan fué condenado á pagarle una fuerte cantidad de dinero,
+y á restituirle su muger; pero el pescador, que se habia hecho hombre
+cuerdo, no quiso mas que el dinero.
+
+La hermosa Semira no se podia consolar de haberse persuadido á que
+hubiese quedado Zadig tuerto, ni se hartaba Azora de llorar por haber
+querido cortarle las narices. Calmó el rey su dolor con dádivas; pero
+el envidioso se cayó muerto de pesar y vergüenza. Disfrutó el imperio
+la paz, la gloria y la abundancia; y este fué el mas floreciente siglo
+del mundo, gobernado por el amor y la justicia. Todos bendecian á
+Zadig, y Zadig bendecia el cielo.
+
+(Nota.) Aquí se concluye el manuscrito que de la historia de Zadig
+hemos hallado. Sabemos que le sucediéron luego otras muchas aventuras
+que se conservan en los anales contemporáneos, y suplicamos á los
+eruditos intérpretes de lenguas orientales, que nos las comuniquen si
+á su noticia llegaren.
+
+FIN DE LA HISTORIA DE ZADIG.
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Zadig, by Voltaire
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK ZADIG ***
+
+This file should be named zadig10a.txt or zadig10a.zip
+Corrected EDITIONS of our eBooks get a new NUMBER, zadig11a.txt
+VERSIONS based on separate sources get new LETTER, zadig10b.txt
+
+Produced by Juliet Sutherland, Charles Franks
+and the Online Distributed Proofreading Team.
+
+Project Gutenberg eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the US
+unless a copyright notice is included. Thus, we usually do not
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+We are now trying to release all our eBooks one year in advance
+of the official release dates, leaving time for better editing.
+Please be encouraged to tell us about any error or corrections,
+even years after the official publication date.
+
+Please note neither this listing nor its contents are final til
+midnight of the last day of the month of any such announcement.
+The official release date of all Project Gutenberg eBooks is at
+Midnight, Central Time, of the last day of the stated month. A
+preliminary version may often be posted for suggestion, comment
+and editing by those who wish to do so.
+
+Most people start at our Web sites at:
+http://gutenberg.net or
+http://promo.net/pg
+
+These Web sites include award-winning information about Project
+Gutenberg, including how to donate, how to help produce our new
+eBooks, and how to subscribe to our email newsletter (free!).
+
+
+Those of you who want to download any eBook before announcement
+can get to them as follows, and just download by date. This is
+also a good way to get them instantly upon announcement, as the
+indexes our cataloguers produce obviously take a while after an
+announcement goes out in the Project Gutenberg Newsletter.
+
+http://www.ibiblio.org/gutenberg/etext03 or
+ftp://ftp.ibiblio.org/pub/docs/books/gutenberg/etext03
+
+Or /etext02, 01, 00, 99, 98, 97, 96, 95, 94, 93, 92, 92, 91 or 90
+
+Just search by the first five letters of the filename you want,
+as it appears in our Newsletters.
+
+
+Information about Project Gutenberg (one page)
+
+We produce about two million dollars for each hour we work. The
+time it takes us, a rather conservative estimate, is fifty hours
+to get any eBook selected, entered, proofread, edited, copyright
+searched and analyzed, the copyright letters written, etc. Our
+projected audience is one hundred million readers. If the value
+per text is nominally estimated at one dollar then we produce $2
+million dollars per hour in 2002 as we release over 100 new text
+files per month: 1240 more eBooks in 2001 for a total of 4000+
+We are already on our way to trying for 2000 more eBooks in 2002
+If they reach just 1-2% of the world's population then the total
+will reach over half a trillion eBooks given away by year's end.
+
+The Goal of Project Gutenberg is to Give Away 1 Trillion eBooks!
+This is ten thousand titles each to one hundred million readers,
+which is only about 4% of the present number of computer users.
+
+Here is the briefest record of our progress (* means estimated):
+
+eBooks Year Month
+
+ 1 1971 July
+ 10 1991 January
+ 100 1994 January
+ 1000 1997 August
+ 1500 1998 October
+ 2000 1999 December
+ 2500 2000 December
+ 3000 2001 November
+ 4000 2001 October/November
+ 6000 2002 December*
+ 9000 2003 November*
+10000 2004 January*
+
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation has been created
+to secure a future for Project Gutenberg into the next millennium.
+
+We need your donations more than ever!
+
+As of February, 2002, contributions are being solicited from people
+and organizations in: Alabama, Alaska, Arkansas, Connecticut,
+Delaware, District of Columbia, Florida, Georgia, Hawaii, Illinois,
+Indiana, Iowa, Kansas, Kentucky, Louisiana, Maine, Massachusetts,
+Michigan, Mississippi, Missouri, Montana, Nebraska, Nevada, New
+Hampshire, New Jersey, New Mexico, New York, North Carolina, Ohio,
+Oklahoma, Oregon, Pennsylvania, Rhode Island, South Carolina, South
+Dakota, Tennessee, Texas, Utah, Vermont, Virginia, Washington, West
+Virginia, Wisconsin, and Wyoming.
+
+We have filed in all 50 states now, but these are the only ones
+that have responded.
+
+As the requirements for other states are met, additions to this list
+will be made and fund raising will begin in the additional states.
+Please feel free to ask to check the status of your state.
+
+In answer to various questions we have received on this:
+
+We are constantly working on finishing the paperwork to legally
+request donations in all 50 states. If your state is not listed and
+you would like to know if we have added it since the list you have,
+just ask.
+
+While we cannot solicit donations from people in states where we are
+not yet registered, we know of no prohibition against accepting
+donations from donors in these states who approach us with an offer to
+donate.
+
+International donations are accepted, but we don't know ANYTHING about
+how to make them tax-deductible, or even if they CAN be made
+deductible, and don't have the staff to handle it even if there are
+ways.
+
+Donations by check or money order may be sent to:
+
+Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+PMB 113
+1739 University Ave.
+Oxford, MS 38655-4109
+
+Contact us if you want to arrange for a wire transfer or payment
+method other than by check or money order.
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation has been approved by
+the US Internal Revenue Service as a 501(c)(3) organization with EIN
+[Employee Identification Number] 64-622154. Donations are
+tax-deductible to the maximum extent permitted by law. As fund-raising
+requirements for other states are met, additions to this list will be
+made and fund-raising will begin in the additional states.
+
+We need your donations more than ever!
+
+You can get up to date donation information online at:
+
+http://www.gutenberg.net/donation.html
+
+
+***
+
+If you can't reach Project Gutenberg,
+you can always email directly to:
+
+Michael S. Hart <hart@pobox.com>
+
+Prof. Hart will answer or forward your message.
+
+We would prefer to send you information by email.
+
+
+**The Legal Small Print**
+
+
+(Three Pages)
+
+***START**THE SMALL PRINT!**FOR PUBLIC DOMAIN EBOOKS**START***
+Why is this "Small Print!" statement here? You know: lawyers.
+They tell us you might sue us if there is something wrong with
+your copy of this eBook, even if you got it for free from
+someone other than us, and even if what's wrong is not our
+fault. So, among other things, this "Small Print!" statement
+disclaims most of our liability to you. It also tells you how
+you may distribute copies of this eBook if you want to.
+
+*BEFORE!* YOU USE OR READ THIS EBOOK
+By using or reading any part of this PROJECT GUTENBERG-tm
+eBook, you indicate that you understand, agree to and accept
+this "Small Print!" statement. If you do not, you can receive
+a refund of the money (if any) you paid for this eBook by
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+ABOUT PROJECT GUTENBERG-TM EBOOKS
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+is a "public domain" work distributed by Professor Michael S. Hart
+through the Project Gutenberg Association (the "Project").
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+below, apply if you wish to copy and distribute this eBook
+under the "PROJECT GUTENBERG" trademark.
+
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+things, Defects may take the form of incomplete, inaccurate or
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+intellectual property infringement, a defective or damaged
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+codes that damage or cannot be read by your equipment.
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+But for the "Right of Replacement or Refund" described below,
+[1] Michael Hart and the Foundation (and any other party you may
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+legal fees, and [2] YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE OR
+UNDER STRICT LIABILITY, OR FOR BREACH OF WARRANTY OR CONTRACT,
+INCLUDING BUT NOT LIMITED TO INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE
+OR INCIDENTAL DAMAGES, EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE
+POSSIBILITY OF SUCH DAMAGES.
+
+If you discover a Defect in this eBook within 90 days of
+receiving it, you can receive a refund of the money (if any)
+you paid for it by sending an explanatory note within that
+time to the person you received it from. If you received it
+on a physical medium, you must return it with your note, and
+such person may choose to alternatively give you a replacement
+copy. If you received it electronically, such person may
+choose to alternatively give you a second opportunity to
+receive it electronically.
+
+THIS EBOOK IS OTHERWISE PROVIDED TO YOU "AS-IS". NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, ARE MADE TO YOU AS
+TO THE EBOOK OR ANY MEDIUM IT MAY BE ON, INCLUDING BUT NOT
+LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR A
+PARTICULAR PURPOSE.
+
+Some states do not allow disclaimers of implied warranties or
+the exclusion or limitation of consequential damages, so the
+above disclaimers and exclusions may not apply to you, and you
+may have other legal rights.
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+and its trustees and agents, and any volunteers associated
+with the production and distribution of Project Gutenberg-tm
+texts harmless, from all liability, cost and expense, including
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+[2] alteration, modification, or addition to the eBook,
+or [3] any Defect.
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+disk, book or any other medium if you either delete this
+"Small Print!" and all other references to Project Gutenberg,
+or:
+
+[1] Only give exact copies of it. Among other things, this
+ requires that you do not remove, alter or modify the
+ eBook or this "small print!" statement. You may however,
+ if you wish, distribute this eBook in machine readable
+ binary, compressed, mark-up, or proprietary form,
+ including any form resulting from conversion by word
+ processing or hypertext software, but only so long as
+ *EITHER*:
+
+ [*] The eBook, when displayed, is clearly readable, and
+ does *not* contain characters other than those
+ intended by the author of the work, although tilde
+ (~), asterisk (*) and underline (_) characters may
+ be used to convey punctuation intended by the
+ author, and additional characters may be used to
+ indicate hypertext links; OR
+
+ [*] The eBook may be readily converted by the reader at
+ no expense into plain ASCII, EBCDIC or equivalent
+ form by the program that displays the eBook (as is
+ the case, for instance, with most word processors);
+ OR
+
+ [*] You provide, or agree to also provide on request at
+ no additional cost, fee or expense, a copy of the
+ eBook in its original plain ASCII form (or in EBCDIC
+ or other equivalent proprietary form).
+
+[2] Honor the eBook refund and replacement provisions of this
+ "Small Print!" statement.
+
+[3] Pay a trademark license fee to the Foundation of 20% of the
+ gross profits you derive calculated using the method you
+ already use to calculate your applicable taxes. If you
+ don't derive profits, no royalty is due. Royalties are
+ payable to "Project Gutenberg Literary Archive Foundation"
+ the 60 days following each date you prepare (or were
+ legally required to prepare) your annual (or equivalent
+ periodic) tax return. Please contact us beforehand to
+ let us know your plans and to work out the details.
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+WHAT IF YOU *WANT* TO SEND MONEY EVEN IF YOU DON'T HAVE TO?
+Project Gutenberg is dedicated to increasing the number of
+public domain and licensed works that can be freely distributed
+in machine readable form.
+
+The Project gratefully accepts contributions of money, time,
+public domain materials, or royalty free copyright licenses.
+Money should be paid to the:
+"Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+If you are interested in contributing scanning equipment or
+software or other items, please contact Michael Hart at:
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+[Portions of this eBook's header and trailer may be reprinted only
+when distributed free of all fees. Copyright (C) 2001, 2002 by
+Michael S. Hart. Project Gutenberg is a TradeMark and may not be
+used in any sales of Project Gutenberg eBooks or other materials be
+they hardware or software or any other related product without
+express permission.]
+
+*END THE SMALL PRINT! FOR PUBLIC DOMAIN EBOOKS*Ver.02/11/02*END*
+
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Binary files differ