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-The Project Gutenberg EBook of El Marqués de Brandomín: Coloquios
-Románticos, by Valle-Inclán Ramón Del
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
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-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
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-
-Title: El Marqués de Brandomín: Coloquios Románticos
-
-Author: Ramón Del Valle-Inclán
-
-Release Date: October 7, 2018 [EBook #58049]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL MARQUÉS DE BRANDOMÍN: ***
-
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-
-Produced by Carlos Colón, University of Toronto and the
-Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net
-(This file was produced from images generously made
-available by The Internet Archive)
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- Nota del Transcriptor:
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- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)
- han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.
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-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
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-
-OBRAS DEL AUTOR
-
-
- FEMENINAS (_agotada_).
-
- EPITALAMIO (_agotada_).
-
- CENIZAS (_agotada_).
-
- JARDÍN NOVELESCO (_segunda edición_).
-
- CORTE DE AMOR (_segunda edición_).
-
- SONATA DE PRIMAVERA, I, (_tercera edición_).
-
- SONATA DE ESTÍO, II, (_tercera edición_).
-
- SONATA DE OTOÑO, III, (_tercera edición_).
-
- SONATA DE INVIERNO, IV, (_tercera edición_).
-
- FLOR DE SANTIDAD (_segunda edición_).
-
- AGUILA DE BLASÓN.
-
- AROMAS DE LEYENDA.
-
- EL MARQUÉS DE BRADOMÍN.
-
- ROMANCE DE LOBOS.
-
-
-EN PRENSA
-
- HERNÁN CORTÉS.
-
-
-
-
- EL MARQUES DE BRADOMIN:
-
- COLOQUIOS ROMANTICOS:
-
- POR DON RAMON DEL VALLE-INCLAN
-
- PUEYO: EDITOR:
- AÑO MCMVII: MADRID
-
-
-
-
-Tipografía de Archivos. Infantas. 42.
-
-
-
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
- _Estos diálogos tuvieron hace
- tiempo vida en el teatro. Es un
- recuerdo que me sonríe al releer
- estas páginas: Con ellas envío
- á Matilde Moreno y á Francisco
- García Ortega mi saludo de
- reconocimiento, de admiración y de
- amistad._
-
-
-
-
-JORNADA PRIMERA
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
- Un jardín y en el fondo un palacio: El jardín y el palacio tienen
- esa vejez señorial y melancólica de los lugares por donde en
- otro tiempo pasó la vida amable de la galantería y del amor.
- Sentado en la escalinata, donde verdea el musgo, un zagal de pocos
- años amaestra con los sones de su flauta, una nidada de mirlos
- prisionera en rústica jaula de cañas. Aquel niño de fabla casi
- visigótica y ojos de cabra triscadora, con su sayo de estameña y
- sus guedejas trasquiladas sobre la frente por tonsura casi monacal,
- parece el hijo de un antiguo siervo de la gleba. La dama pálida
- y triste, que vive retirada en el palacio, le llama con lánguido
- capricho Florisel. Por la húmeda avenida de cipreses aparece una
- vieja de aldea: Tiene los cabellos blancos, los ojos conqueridores
- y la color bermeja. El manteo, de paño sedán, que sólo luce en las
- fiestas, lo trae doblado con primor y puesto como una birreta sobre
- la cofia blanca: Se llama Madre Cruces.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¿Estás adeprendiéndole la lección á los mirlos?
-
-FLORISEL
-
-Ya la tienen adeprendida.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¿Cuántos son?
-
-FLORISEL
-
-Agora son tres. La señora mi ama echó á volar el que mejor cantaba.
-Gusto que tiene de verlos libres por los aires.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¡Para eso es la señora! ¿Y cómo está de sus males?
-
-FLORISEL
-
-¡Siempre suspirando! ¡Agora la he visto pasar por aquella vereda
-cogiendo rosas!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Solamente por saludar á esa reina he venido al palacio. A encontrarla
-voy. ¿Por dónde dices que la has visto pasar?
-
-FLORISEL
-
-Por allí abajo.
-
-
- La Madre Cruces se aleja en busca de la señora, y torna á requerir
- su flauta Florisel. El sol otoñal y matinal deja un reflejo dorado
- entre el verde sombrío, casi negro, de los árboles venerables. Los
- castaños y los cipreses que cuentan la edad del palacio. La Quemada
- y Minguiña, dos mujerucas mendigas, asoman en la puerta del jardín,
- una puerta de arco que tiene, labrados en la piedra sobre la
- cornisa, cuatro escudos con las armas de cuatro linajes diferentes.
- Los linajes del fundador, noble por todos sus abuelos. Las dos
- mendigas asoman medrosas.
-
-LA QUEMADA
-
-¡A la santa paz de Dios Nuestro Señor!
-
-MINGUIÑA
-
-¡Ave María Purísima!
-
-LA QUEMADA
-
-¡Todas las veces que vine á esta puerta, todas, me han socorrido!
-
-MINGUIÑA
-
-¡Dicen que es casa de mucha caridad!
-
-LA QUEMADA
-
-No se ve á nadie...
-
-MINGUIÑA
-
-¿Por qué no entramos?
-
-LA QUEMADA
-
-¡Y si están sueltos los perros!
-
-MINGUIÑA
-
-¿Tienen perros?
-
-LA QUEMADA
-
-Tienen dos, y un lobicán muy fiero...
-
-FLORISEL
-
-¡Santos y buenos días! ¿Qué deseaban?
-
-LA QUEMADA
-
-Venimos á la limosna. ¿Tú agora sirves aquí? Buena casa has encontrado.
-En los palacios del Rey no estarías mejor.
-
-FLORISEL
-
-¡Eso dícenme todos!
-
-LA QUEMADA
-
-Pues no te engañan.
-
-FLORISEL
-
-¡Por sabido que no!
-
-MINGUIÑA
-
-¡Tal acomodo quisiera yo para un nieto que tengo!
-
-FLORISEL
-
-No todos sirven para esta casa. Lo primero que hace falta es muy bien
-saludar.
-
-MINGUIÑA
-
-Mi nieto es pobre, pero como enseñado lo está.
-
-FLORISEL
-
-Y hace falta lavarse la cara casi que todos los días.
-
-MINGUIÑA
-
-En un caso también sabría dar gusto.
-
-FLORISEL
-
-Y dentro del palacio tener siempre la montera quitada, aun cuando la
-señora no se halle presente, y no meter ruido con las madreñas ni
-silbar por divertimiento, salvo que no sea á los mirlos.
-
-LA QUEMADA
-
-¿Tú aquí sirves por el vestido?
-
-FLORISEL
-
-Por el vestido y por la soldada. Gano media onza cada año, y á cuenta
-ya tengo recibido los dineros para mercar esta flauta. ¿Vostedes es la
-primera vez que vienen á la limosna?
-
-LA QUEMADA
-
-¡Yo hace muchos años!
-
-MINGUIÑA
-
-Yo es la primera vez. Nunca creí verme en tanta necesidad. Fuí criada
-con el regalo de una reina, y agora no me queda otro triste remedio que
-andar por las puertas. Un hijo tenía, luz de mi tristes ojos, amparo de
-mis años, y murió en el servicio del Rey, adonde fué por un rico.
-
-FLORISEL
-
-¿Y vienen de muy lejos?
-
-MINGUIÑA
-
-De San Clemente de Bradomín.
-
-LA QUEMADA
-
-¡Todo por monte!
-
-FLORISEL
-
-Ya sé dónde queda. Allí tiene un palacio el más grande caballero de
-estos contornos.
-
-MINGUIÑA
-
-¡También es puerta aquella de mucha caridad! Agora poco hace, llegó el
-señor mi Marqués, al cabo de muchos años. Dicen que viene para hacer
-una nueva guerra por el Rey Don Carlos, á quien le robaron la corona
-cuando los franceses.
-
-LA QUEMADA
-
-Aquél murió. El de agora es un hijo.
-
-MINGUIÑA
-
-Hijo ó nieto, es de aquella sangre real.
-
-
- En la puerta del jardín asoma una hueste de mendigos. Patriarcas
- haraposos, mujeres escuálidas, mozos lisiados. Racimo de gusanos
- que se arrastra por el polvo de los caminos y se desgrana en
- los mercados y feriales de las villas salmodiando cuitas y
- padrenuestros, caravana que descansa al pie de los cruceros, y
- recuenta la limosna de mazorcas y mendrugos de borona, á la sombra
- de los valladares floridos donde cantan los pájaros del cielo á
- quienes da nido y pan Dios Nuestro Señor. En todos los casales los
- conocen, y ellos conocen todas las puertas de caridad. Son siempre
- los mismos: El Manco de Gondar; el Tullido de Céltigos; Paula la
- Reina, que da de mamar á un niño; la Inocente de Brandeso; Dominga
- de Gómez; el señor Amaro, el señor Cidrán el Morcego y la mujer del
- Morcego. Llegan por el camino aldeano, fragante y riente bajo el
- sol matinal.
-
-
-EL MANCO DE GONDAR
-
-Rapaz, avisa en la cocina que está aquí el manco de Gondar, que viene
-por la limosna.
-
-EL TULLIDO DE CELTIGOS
-
-Y el tullido de Céltigos.
-
-FLORISEL
-
-Tiene dicho Doña Malvina, el ama de llaves, que esperen á reunirse
-todos.
-
-EL MANCO DE GONDAR
-
-Dile que tenemos de recorrer otras puertas.
-
-EL TULLIDO DE CELTIGOS
-
-No basta una sola para llenar las alforjas.
-
-EL MORCEGO
-
-Los ricos, como no pasan trabajos...
-
-LA MUJER DEL MORCEGO
-
-Padre nuestro, que estáis en los cielos...
-
-
- Por un sendero del jardín aparece la Señora del palacio, que viene
- cogiendo rosas. A su lado la Madre Cruces habla conqueridora, y la
- dama suspira con desmayo. Es una figura pálida y blanca, con aquel
- encanto de melancolía que los amores muertos ponen en los ojos y en
- la sonrisa de algunas mujeres.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¡Y cómo me place ver á mi señora con las colores de una rosa!
-
-LA DAMA
-
-De una rosa sin color, Madre Cruces.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Y todavía no la dije algo que habrá de alegrarla. ¡Esperando que me
-preguntase!
-
-LA DAMA
-
-¡Sin preguntarte lo sé!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¿Que lo sabe?
-
-LA DAMA
-
-¡Ojalá pudiera equivocarme!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-No es cosa para que suspire. Son nuevas de un caballero muy galán.
-
-
- Viendo llegar á la Señora la hueste de mendigos, que derramada
- por la escalinata espera la limosna, se incorpora y junta con un
- murmullo de bendiciones. En el sendero la dama se detiene para oir
- á la vieja conqueridora, y torna á suspirar. Sus ojos tienen esa
- dulzura sentimental que dejan los recuerdos cuando son removidos,
- una vaga nostalgia de lágrimas y sonrisas, algo como el aroma de
- esas flores marchitas que guardan los enamorados.
-
-LA QUEMADA
-
-Aquí está la señora.
-
-MINGUIÑA
-
-¡Bendígala Dios!
-
-PAULA
-
-Y le dé la recompensa de tanto bien como hace á los pobres.
-
-EL TULLIDO DE CELTIGOS
-
-¡Parece una reina!
-
-LA QUEMADA
-
-¡Parece una santa del cielo!
-
-MINGUIÑA
-
-¡Es la misma Nuestra Señora de los Ojos Grandes que está en Céltigos!
-
-LA DAMA
-
-¿Cómo sigue tu marido, Liberata?
-
-LA QUEMADA
-
-¡Siempre lo mismo, mi señora! ¡Siempre lo mismo!
-
-LA DAMA
-
-¿Es tuyo ese niño, Paula?
-
-PAULA
-
-No, mi señora. Era de una curmana que se ha muerto. Tres ha dejado la
-pobre: éste es el más pequeño.
-
-LA DAMA
-
-¿Y tú lo has recogido?
-
-PAULA
-
-La madre me lo recomendó al morir.
-
-LA DAMA
-
-¿Y qué es de los otros dos?
-
-PAULA
-
-Por esos caminos andan. El uno tiene siete años, el otro nueve... Pena
-da mirarlos desnudos como ángeles del cielo.
-
-LA DAMA
-
-Vuelve mañana, y pregunta por Doña Malvina.
-
-PAULA
-
-¡Gracias, mi señora! ¡Mi gran señora! ¡La pobre madre se lo agradecerá
-en el cielo!
-
-LA DAMA
-
-Y á los otros pequeños tráelos también contigo.
-
-PAULA
-
-Los otros, mañana no sé dónde poder hallarlos.
-
-EL SEÑOR CIDRAN
-
-Los otros, aunque cativo, también tienen amparo. Los ha recogido
-Bárbara la Prisca, una viuda lavandera que también á mí me tiene
-recogido.
-
-LA DAMA
-
-¡Pobre mujer!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Bárbara la Prisca casó con un sobrino de mi difunto. ¡Es una santa de
-Dios!
-
-LA DAMA
-
-La conozco, Madre Cruces.
-
-
- Seguida de la vieja conqueridora la Señora del palacio se aleja
- lentamente, y á los pocos pasos, suspirando con fatiga, se sienta
- á la sombra de los rosales, en un banco de piedra cubierto de
- hojas secas. En frente se abre la puerta del laberinto misterioso
- y verde. Sobre la clave del arco se alzan dos quimeras manchadas
- de musgo y un sendero sombrío, un solo sendero, ondula entre los
- mirtos. Muy lejano, se oye el canto de los mirlos guiados por la
- flauta que tañe Florisel.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Y tornando al cuento pasado. ¿Dice que sabe la nueva?
-
-LA DAMA
-
-¡Ojalá me equivocase! Tú traes una carta para mí, Madre Cruces.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¿Cómo lo sabe?
-
-LA DAMA
-
-¡No me preguntes cómo lo sé! ¡Lo sé!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¿Quién ha podido decírselo? ¡Si fué una misma cosa entregarme la carta
-el señor mi Marqués y ponerme en camino!
-
-LA DAMA
-
-No me lo ha dicho nadie. Yo lo sentí dentro del corazón, como una gran
-angustia, cuando te vi llegar. ¡Y no me atrevía á preguntarte!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¡Como una gran angustia! Yo presumo que el señor mi Marqués viene de
-tan lejanas tierras solamente por ver á mi señora.
-
-LA DAMA
-
-Viene porque yo le llamé, y ahora me arrepiento. A mí me basta con
-saber que me quiere. Temía que me hubiese olvidado y le escribí, y
-ahora que estoy segura de su cariño temo verle.
-
-
- La Señora del palacio queda un momento con la carta entre sus
- manos cruzadas contemplando el jardín. En la rosa pálida de su
- boca tiembla una sonrisa, y los ojos brillaban con dos lágrimas
- rotas en el fondo. Las flores esparcidas sobre su falda aroman
- aquellas manos blancas y transparentes. ¡Divinas manos de enferma!
- Suspirando abre la carta. Mientras lee asoma en la puerta del
- jardín una niña desgreñada, con ojos de poseída, que clama llena
- de un terror profético, al mismo tiempo que se estremece bajo sus
- harapos: Es Adega la Inocente.
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-¡Ay de la gente que no tiene caridad! Los canes y los rapaces córrenme
-á lo largo de los senderos. Mozos y viejos asoman tras de las cercas y
-de los valladares para decirme denuestos. ¡Ay de la gente que no tiene
-caridad! ¡Cómo ha de castigarla Dios Nuestro Señor!
-
-MINGUIÑA
-
-Ya la castiga. Mira cómo secan los castañares, mira cómo perecen las
-vides. Esas plagas vienen de muy alto.
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-Otras peores tienen de venir. ¡Se morirán los rebaños sin quedar una
-triste oveja, y su carne se volverá ponzoña! ¡Tanta ponzoña que habrá
-para envenenar siete reinos!
-
-EL SEÑOR CIDRAN
-
-¡La cuitada es inocente! No tiene sentido.
-
-MINGUIÑA
-
-Entra, rapaza, que aquí nadie te hará mal. Dame dolor de corazón el
-verla.
-
-
- Adega la Inocente responde levantando los brazos, como si evocase
- un lejano pensamiento profético, y los vuelve á dejar caer.
- Después, cubierta la cabeza con el manteo, entra en el jardín lenta
- y llena de misterio. Así, arrebujada, parece una sombra milenaria.
- Tiembla su carne y los ojos fulguran calenturientos bajo el capuz
- del manteo. En la mano trae un manojo de yerbas que esconde en el
- seno con vago gesto de hechicería. Estremeciéndose va á sentarse
- entre las dos abuelas mendigas Minguiña y la Quemada. En tanto,
- la Señora del palacio, allá en el fondo del jardín, sentada en el
- banco que tiene florido espaldar de rosales, termina de leer la
- carta.
-
-LA DAMA
-
-¡Qué tortura!
-
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Bien se me alcanza lo que á mi señora le acontece. Como no puede
-retenerle largo tiempo, teme el dolor de la ausencia.
-
-LA DAMA
-
-¡Lo que yo temo es ofender á Dios! ¡Sólo de pensar que puede aparecerse
-ahora mismo tiemblo y desfallezco! ¡Y la idea de no verle me horroriza!
-Cuéntame qué te dijo. ¿Cómo fué el darte esta carta?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Esta mañana llegó al molino como de cacería. Yo, al pronto, le
-desconocí. Tiene todos los cabellos blancos, que parecen de plata.
-Quedóse parado en la puerta mirándome muy fijo. Ante un caballero tan
-lleno de majestad, me puse de pie, y ha sido cuando me habló y le
-reconocí.
-
-LA DAMA
-
-¿Y qué te dijo?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Pues, díjome estas mismas palabras: Madre Cruces, hace mucho que
-has visto á mi pobre Concha? Toda asombrada quedéme sin acertar á
-responderle. Entonces sacó del bolsillo la carta y me la entregó.
-
-LA DAMA
-
-¿No te habló más?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Nada más, mi reina.
-
-LA DAMA
-
-¿No te dijo que yo le esperaba?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Nada me dijo.
-
-LA DAMA
-
-¿Ni de dónde venía?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Nada.
-
-LA DAMA
-
-¿Y tú no le preguntaste?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-No me atreví. El verle aparecer de aquella manera habíame impuesto. Eso
-sí, parecióme más triste.
-
-LA DAMA
-
-¡Dos años hace que no le veo! Fué aquí, en este mismo jardín, donde nos
-dijimos adiós. Yo creí morir, pero no es cierto que maten las penas.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-No mata ningún mal de este mundo. Es que Dios elige á los suyos.
-
-LA DAMA
-
-Di, Madre Cruces, ¿por qué te ha parecido triste?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Yo no sé si será aquella cabellera toda blanca. Y agora recuerdo otras
-palabras del señor mi Marqués. ¡Fueron tan pocas!
-
-LA DAMA
-
-¡Tan pocas y aún las olvidas! Repíteme todo lo que él te dijo.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Pues díjome: ¿Mi pobre Concha sigue siempre triste? ¿Conserva aquella
-mirada de criatura enferma que estuviese pensando en la otra vida?
-
-LA DAMA
-
-¡Sigue llamándome su pobre Concha!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Siempre que habla de mi señora la nombra así.
-
-LA DAMA
-
-¡Su pobre Concha!.. Y bien pobre, y bien digna de lástima. Le quise
-desde niña, y crecí, y fuí mujer y me casaron con otro hombre, sin
-que él hubiese sospechado nada. ¡Aquellos ojos eran á la vez ciegos y
-crueles!.. Después, cuando se fijaron en mí, ya sólo podían hacerme más
-desgraciada.
-
- Hay un silencio largo donde se oye el zumbar de un tábano entre
- los rosales. La Señora del palacio, con la carta entre las manos,
- ha quedado como abstraída: sus ojos, sus hermosos ojos de enferma,
- miran á lo lejos y miran sin ver. El tábano revolotea mareante y
- soñoliento. La vieja conqueridora le sigue con la mirada. Muchas
- veces deja de verle, pero el zumbido constante de sus alas le
- anuncia. La Madre Cruces, un momento persigue con la mano el vuelo
- que pasa ante sus ojos y sonríe.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Este tábano rojo algo bueno anuncia.
-
-LA DAMA
-
-Yo creía que era mal agüero, Madre Cruces.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-No, mi reina. Mal agüero si fuese negro. Ese mismo lo vide antes.
-
-LA DAMA
-
-¿Y qué puede anunciarme?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Que presto llegará el galán que consuele ese corazón.
-
-LA DAMA
-
-¡Consuelo! Yo no sé qué es mayor angustia, si saber que está cerca, si
-llorarle lejos. ¿Por dónde viene?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Por seguro que caminando adonde le esperan.
-
-LA DAMA
-
-Si cierro los ojos, le veo en medio de un camino, pero su cara no la
-distingo. ¿Dices que está triste?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¡Menos lo estaría si tanto no recordase á quien le quiere!
-
-LA DAMA
-
-¿Tú crees que me haya recordado siempre?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Claramente. ¿Pues no ha venido apenas fué llamado? ¡Y cómo suspiró al
-darme la carta!
-
-LA DAMA
-
-¡No suspirará más tristemente que suspiro yo!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Pues hace mal mi señora cuando sabe que es tan bien querida. Y siempre
-vale mejor que pene uno solo. Viendo triste al buen caballero decíame
-entre mí: Suspira, enamorado galán, suspira, que todo lo merece aquella
-paloma blanca.
-
-LA DAMA
-
-¡Cuánto tarda! ¿Cómo el corazón no le dice todo mi afán?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-El corazón es por veces tan traidor.
-
-LA DAMA
-
-¡El mío es tan leal!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¡Cuitado pajarillo! ¿Mas qué tiene mi reina que tiembla toda?
-
-LA DAMA
-
-No es nada, madre Cruces.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Vamos al palacio.
-
-LA DAMA
-
-Quería esperarle aquí, en el jardín donde nos separamos.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Antaño, cuando niños, algunas veces los he visto jugar bajo estas
-sombras. Apenas si recordará.
-
-LA DAMA
-
-¡Me acuerdo tanto! No jugaba conmigo, jugaba con mis hermanas mayores,
-que tenían su edad. Solía traerlo mi abuelo en su yegua, cuando volvía
-de Viana del Prior, donde estaba con su tío. El viejo Marqués era tu
-padrino, verdad, Madre Cruces?
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Sí, mi reina. Padrino como cumple, de bautizo y de boda. Un caballero
-de aquellos cual no quedan, un gran caballero, como lo era su primo, el
-señor de este palacio.
-
-LA DAMA
-
-¡Pobre abuelo!
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Mejor está que nosotros, allá en el mundo de la verdad.
-
-LA DAMA
-
-Si viviese no sería yo tan desgraciada.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Nuestras tribulaciones son obra de Dios, y nadie en este mundo tiene
-poder para hacerlas cesar.
-
-LA DAMA
-
-Porque nosotros somos cobardes, porque tememos la muerte.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Yo, mi señora, no la temo. Tengo ya tantos años que la espero todos los
-días, porque mi corazón sabe que no puede tardar.
-
-LA DAMA
-
-Yo también la llamo, madre Cruces.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Mi señora, yo llamarla, jamás. Podría llegar cuando mi alma estuviese
-negra de pecados.
-
-LA DAMA
-
-Yo la llamo, pero le tengo miedo. Si no le tuviese miedo, la buscaría.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-¡No diga tal, mi señora, no diga tal!
-
- En la escalinata, donde verdean yerbajos desmedrados que las
- palomas picotean, asoma una vieja ama de llaves vestida con hábito
- del Carmelo. Se llama Doña Malvina. Aventa un puñado de maíz, y
- las palomas acuden á ella. Doña Malvina ríe con gritos de damisela
- y llevando una paloma en cada hombro, baja al jardín, alzada muy
- pulcramente la falda para caminar por los senderos, y llega adonde
- está la Señora.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Que la humedad de esos árboles no puede serle buena!
-
-LA DAMA
-
-¡Dentro de un momento acaso llegue aquel á quien espero hace tanto
-tiempo!..
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡El señor Marqués!
-
-LA DAMA
-
-Tú nunca dudaste que viniese.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Nunca!
-
-LA DAMA
-
-Yo lo dudé, é hice mal.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¿Cuándo ha tenido usted noticia de su llegada?
-
-LA DAMA
-
-Ahora.
-
-LA MADRE CRUCES
-
-Yo la truje, Doña Malvina.
-
-LA DAMA
-
-Quería esperarle aquí. Me mata la impaciencia.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Tiene las manos heladas!
-
- La dama calla y parece soñar. En medio de aquel silencio leve y
- romántico, resuena en el jardín festivo ladrar de perros y música
- de cascabeles, al mismo tiempo que una voz grave y eclesiástica
- se eleva desde el fondo de mirtos como un canto gregoriano. Es la
- voz del Abad de Brandeso. El tonsurado solía recaer por el palacio,
- terminada la misa, para tomar chocolate con la Señora. Sus dos
- galgos le precedían siempre.
-
-EL ABAD
-
-Excelentísima señora doña María de la Concepción Montenegro y Bendaña,
-Gayoso y Ponte de Andrade.
-
-LA DAMA
-
-¡Señor Abad, qué olvidado tiene usted el camino de esta casa!
-
-EL ABAD
-
-No crea eso, mi buena amiga, pero estuve de viaje. Una consulta á Su
-Ilustrísima. Por cierto que el señor Provisor me ha dicho que estaba
-de vuelta nuestro gran Marqués. El señor Provisor, que le ha saludado
-en Roma cuando fué con la peregrinación, me contó que el pelo le ha
-blanqueado completamente. ¡Pues no tiene años para eso!
-
-LA DAMA
-
-¡Oh, no!
-
-EL ABAD
-
-Es un muchacho. ¿Y qué magna empresa le habrá traído?
-
-LA DAMA
-
-¡Señor Abad!
-
-EL ABAD
-
-Yo me la figuro. Nuestro ilustre Marqués trae una misión secreta del
-Rey.
-
-LA DAMA
-
-No creo...
-
-EL ABAD
-
-A mí no me extrañaría que volviese á estallar una nueva guerra. Yo
-confieso que la espero hace mucho tiempo. ¡Quieto, Carabel! ¡Quieto,
-Capitán!
-
-LA DAMA
-
-Usted tomará chocolate, señor Abad. Ya lo sabes, Malvina.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¿Prefiere bollos de Viana, ó bizcochos de las monjas de Velvis?
-
-EL ABAD
-
-Hay que pensarlo, Doña Malvina: ¡Es un caso de conciencia!
-
-LA DAMA
-
-Las dos cosas.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¿Y cabello de ángel ó dulce de guindas?
-
-EL ABAD
-
-También le haré honor á los dos. No le dije que he tenido el gusto de
-ver á las niñas. Ya sé que la visitarán muy pronto.
-
- Después de cambiar una mirada, se alejan discretas, hacia el
- palacio la dueña y la Madre Cruces. Van comentando en voz baja,
- y de tiempo en tiempo se detienen en el sendero de mirtos, para
- arrancar una brizna de yerba ó enderezar un rosal que se deshoja
- al paso. Los mendigos que esperan sentados en la escalinata se
- incorporan lentamente y tienen una salutación de salmodia al verlas
- llegar. Doña Malvina, con movimientos de cabeza, esos movimientos
- graves y pausados de las dueñas gobernadoras, les recomienda
- paciencia, paciencia, paciencia.
-
-LA DAMA
-
-¿Vió usted á mis hijas, señor Abad?
-
-EL ABAD
-
-Usted no sabe que yo tengo una hermana monja en el Convento de la
-Enseñanza. Precisamente al entrar en el locutorio lo primero que
-descubrí tras de las rejas fué á las dos pequeñas. No sabía que se
-educasen allí. Su padre estaba visitándolas. ¡Aquí, Carabel! ¡Aquí,
-Capitán! Le hallé muy viejo, y sobre todo desmemoriado. No creía que
-hubiese quedado tan mal de este último ataque. Hemos hablado de usted.
-
-LA DAMA
-
-¿Sabía la aparición del Marqués?
-
-EL ABAD
-
-Si lo sabía, nada me ha dicho, y yo nada he podido colegir. Si algo me
-hubiese dicho, le habría contestado, como era mi deber, que el señor
-Marqués de Bradomín es un leal defensor del Rey, y que sólo ha venido
-aquí por la causa de la Religión y de la Patria.
-
-LA DAMA
-
-Señor Abad, cree usted que haya venido por eso?
-
-EL ABAD
-
-Yo, ciertamente.
-
-LA DAMA
-
-Pero usted no ignora...
-
-EL ABAD
-
-No, no ignoro.
-
-LA DAMA
-
-Y usted, qué me aconseja?
-
-EL ABAD
-
-Es tan grave el caso...
-
-LA DAMA
-
-Sólo le veré para suplicarle que vuelva á su destierro, lejos, muy
-lejos de mí.
-
-EL ABAD
-
-¿Y tiene usted derecho para hacerlo? Si, como yo creo, le trae el
-interés supremo de una causa santa...
-
-LA DAMA
-
-¿Otra guerra?
-
-EL ABAD
-
-Sí, otra guerra. Eso que algunos juzgan imposible, eso que hasta á
-los mismos Gobiernos liberales hace sonreir, y que, á despecho de la
-incredulidad de unos y de las burlas de otros, será.
-
-LA DAMA
-
-Y yo, qué debo hacer?
-
-EL ABAD
-
-Rezar. Prescindir de cualquier interés mundano. Busque usted ejemplo
-en la vida de los santos. María Egipciaca, mirando al piadoso objeto
-llegar á Jerusalén, no teniendo al pasar un río moneda que dar al
-barquero, le ofreció el don de su cuerpo. ¡Quieto, Carabel! ¡Quieto,
-Capitán!
-
-LA DAMA
-
-¡Qué gran consuelo me da usted, señor Abad!
-
-EL ABAD
-
-¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán!
-
- Los perros van y vienen con carreras locas, persiguiendo sobre la
- yerba la sombra de un largo bando de palomas que vuela en torno de
- la torre señorial. La dama y el clérigo conversan en un banco de
- piedra, sostenidos por dos grifantes toscamente labrados, á los
- cuales da un encanto de arte el musgo que los cubre. La Señora
- escucha con los ojos bajos, entretenida en hacer un gran ramo con
- las rosas. Algunas quedan deshojadas en su falda, y las remueve
- lentamente, hundiendo en ellas sus manos de enferma, que parecen
- más pálidas entre la sangre de las rosas. La dama solía buscar
- aquel paraje del jardín para llorar sus penas. Le placía aquel
- retiro donde mirtos seculares dibujaban los cuatro escudos del
- fundador en torno de una fuente abandonada. Con lánguido desmayo
- se incorpora, y por la húmeda avenida de castaños se retorna al
- palacio, seguida del Abad. En la puerta del jardín asoma un ciego
- sin lazarillo, y los mendigos, al verle, hacen comentos.
-
-MINGUIÑA
-
-Ahí está Electus, el ciego de Gondar.
-
-LA QUEMADA
-
-¡Famoso prosero!
-
-ELECTUS
-
-¡Santa Lucía bendita vos conserve la amable vista y salud en el mundo
-para ganarlo! Dios vos otorgue que dar y que tener. Salud y suerte en
-el mundo para ganarlo. ¡Buenas almas del Señor, haced al pobre ciego un
-bien de caridad!
-
-EL MORCEGO
-
-Somos otros pobres, Electus.
-
-ELECTUS
-
-¡Mía fe que os tuve por indianos!
-
-LA QUEMADA
-
-¡Qué gran raposo!
-
-EL MANCO DE GONDAR
-
-¿Cómo vienes sin criado?
-
-ELECTUS
-
-Muy poco á poco. Como tengo de irme para no tropezar.
-
-MINGUIÑA
-
-Oye una fabla, Electus.
-
-ELECTUS
-
-Considera que bajo este peso me doblo. Deja tú que llegue adonde pueda
-reposarme.
-
- El ciego sacude las alforjas escuetas, y algún mendigo, escondida
- la mano entre los harapos, se rasca y ríe. El ciego pone una
- atención sagaz, procurando reconocer las voces y las risas.
- Tanteando con el bordón, busca sitio en el corro. Es un viejo
- jocundo y ladino, que arrastra luenga capa, y cubre su cabeza con
- parda y puntiaguda montera.
-
-LA QUEMADA
-
-Aquí estamos esperándote con un dosel.
-
-ELECTUS
-
-Pues agora voy á sentarme debajo.
-
-MINGUIÑA
-
-Tú que andas por los caminos y tienes conocimiento en todas las aldeas,
-para un nieto mío, no podrás darme razón de una casa donde me lo miren
-con blandura, pues nunca ha servido?
-
-ELECTUS
-
-¿Qué tiempo tiene?
-
-MINGUIÑA
-
-El tiempo de ganarlo. Nueve años hizo por el mes de Santiago.
-
-ELECTUS
-
-Como él sea despierto, amo que le mire bien no faltará.
-
-MINGUIÑA
-
-Dios te oiga.
-
-ELECTUS
-
-Sí que me oirá. Aun cuando es muy viejo no está sordo.
-
-MINGUIÑA
-
-Deja las burlerías, Electus.
-
- Aquel mendicante prosero, tiene un grave perfil monástico, pero
- el pico de su montera parda, y su boca rasurada y aldeana,
- semejante á una gran sandía abierta, guardan todavía más malicia
- que sus decires, esos añejos decires de los jocundos arciprestes
- aficionados al vino, y á las vaqueras, y á rimar las coplas. Sucede
- un momento de silencio, y el ciego, que está sentado á par de la
- vieja mendiga, alarga el brazo hacia el lado opuesto, y palpa,
- queriendo alcanzar á la Inocente.
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-Esté quedo, señor Electus.
-
-ELECTUS
-
-¿Quién es?
-
-MINGUIÑA
-
-¡Buen cazallo estás! Ya has venteado que es una rapaza.
-
-ELECTUS
-
-Y la rapaza, qué hace?
-
-MINGUIÑA
-
-¿Esta rapaza? Esta rapaza no es sangre mía.
-
-ELECTUS
-
-¿No tienes padres, rapaza?
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-No, señor.
-
-ELECTUS
-
-¿Y qué haces?
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-Ando á pedir.
-
-ELECTUS
-
-¿Por qué no buscas un amo?
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-Ya lo busco, mas no le atopo.
-
-LA QUEMADA
-
-Los amos no se atopan andando por los caminos. Así atópanse solamente
-moras en los zarzales.
-
-ELECTUS
-
-Válate Dios. Pues hay que sacarse de andar por las puertas. Eso es
-bueno para nosotros los viejos, que al cabo de haber trabajado toda la
-vida no tenemos otro triste remedio. Los mozos débense al trabajo.
-
-LA QUEMADA
-
-Y no deben sacar la limosna á los verdaderos pobres.
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-¡Pobres! Pronto lo serán todos los nacidos. Las tierras cansaránse de
-dar pan.
-
-MINGUIÑA
-
-Electus, no eches en olvido á mi rapaz.
-
-ELECTUS
-
-El rapaz, como sea despierto, acomodo habrá de tener, y buen acomodo.
-Al criado que tenía enantes abriéronle la cabeza en la romería de
-Santa Baya, y está que loquea. Aunque yo conozco los caminos mejor que
-muchos que tienen vista, un criado siempre es menester. ¡Y ser criado
-de ciego es acomodo que muchos quisieran!
-
-LA QUEMADA
-
-Y ser ciego con vista mejor acomodo.
-
-ELECTUS
-
-¿Quién habla por ahí?
-
-LA QUEMADA
-
-Una buena moza.
-
-ELECTUS
-
-Para el señor Abade.
-
-LA QUEMADA
-
-Para folgar contigo. El señor Abade ya está muy acabado.
-
-EL MANCO DE GONDAR
-
-¿Y para mí no sabes de ningún acomodo?
-
-EL TULLIDO DE CELTIGOS
-
-¿Y para mí?
-
-ELECTUS
-
-Tal que pueda convenirvos, solamente sé de uno.
-
-EL TULLIDO DE CELTIGOS
-
-¿Dónde?
-
-ELECTUS
-
-En la villa. Las dos nietas del señor mi Conde. Dos rosas frescas y
-galanas. Para cada uno de vosotros la suya.
-
- Se alboroza la hueste y el ciego permanece atento y malicioso,
- gustando el rumor de las risas como los ecos de un culto, con los
- ojos abiertos, inmóviles, semejante á un dios primitivo, aldeano
- y jovial. En este tiempo baja la escalinata y cruza por entre los
- mendigos, el señor Abad de Brandeso.
-
-EL ABAD
-
-¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán!
-
-MINGUIÑA
-
-¡Nuestro señor le acompañe!
-
-EL ABAD
-
-¡Adiós!
-
-LA QUEMADA
-
-¡Vaya muy dichoso!
-
-EL ABAD
-
-¡Adiós!
-
-EL MANCO DE GONDAR
-
-¡Páselo muy bien!
-
-EL ABAD
-
-¡Adiós!
-
-ELECTUS
-
-¡Vaya muy dichoso el señor abade y la su compaña!
-
-LA QUEMADA
-
-No lleva compaña.
-
-ELECTUS
-
-¿Cómo no lleva compaña?
-
-MINGUIÑA
-
-No la lleva.
-
-ELECTUS
-
-Vos queréis burlar del ciego. ¿Pues no lleva los canes?
-
-LA QUEMADA
-
-¡Válate un diaño!
-
-EL MANCO DE GONDAR
-
-¿Pues no dice?..
-
- Florisel sale del palacio acompañando á la dueña de los cabellos
- blancos, cargado con una cesta, de donde desbordan las espigas del
- maíz. Aquella es la limosna que habrá de repartirse entre la hueste
- de mendicantes, y todos se atropellan por acudir á cobrarla. Doña
- Malvina alza los brazos con un susto pueril.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Despacio! ¡Despacio!
-
-ELECTUS
-
-Primero deberíais rezar por todos los difuntos de la señora.
-
-EL MANCO DE GONDAR
-
-Eso dices porque te dejemos ir delantero.
-
-LA QUEMADA
-
-¡Condenado raposo, cuántas mañas sabe!
-
-ELECTUS
-
-¿Quién habla que parece el canto de un pájaro del cielo?
-
-LA QUEMADA
-
-Ya te dije enantes que una buena moza.
-
-ELECTUS
-
-Y yo te dije que fueses adonde el señor Abade.
-
-LA QUEMADA
-
-Déjame reposar primero.
-
-ELECTUS
-
-Vas á perder las colores.
-
- Nuevamente ríen los mendigos. El ciego recibe la limosna antes que
- ninguno, y entona su prosa de benditas gracias, con la montera
- colgada en el bordón. De aquella salmodia sólo se percibe un grave
- murmullo que tiene algo de eclesiástico. La Inocente, olvidada de
- la limosna, vaga por el jardín cogiendo rosas. Doña Malvina alza
- los brazos y la voz.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Eh!.. Tú, rapaza, no arranques las flores.
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-¡No! ¡No!
-
-DOÑA MALVINA
-
-Luego se enoja la señora.
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-Sí... sí... La señora las cuida con las sus manos blancas, y solamente
-ella puédelas coger.
-
-EL TULLIDO DE CELTIGOS
-
-¡Pobre rapaza! A la cuitada acúdela por veces un ramo cativo, y mete
-dolor de corazón verla correr por los caminos, cubierta de polvo, con
-los pies sangrando.
-
- Doña Malvina, desde lo alto de la escalinata, vigila el reparto de
- la limosna. Los mendigos, después de recibirla, salmodian un rezo.
- Florisel va de uno en otro llenando las alforjas. Las dos viejas,
- Minguiña y la Quemada, la reciben juntas y besan las espigas.
-
-MINGUIÑA
-
-Sé buen cristiano, mi hijo; que en buena casa estás.
-
-FLORISEL
-
-A mí paréceme que la conozco. ¿Vostede no me dijo que era de San
-Clemente?
-
-MINGUIÑA
-
-De allí soy, y allí tengo todos mis difuntos.
-
-FLORISEL
-
-Yo soy poco desviado.
-
-MINGUIÑA
-
-¿Y cómo has venido á servir en el palacio?
-
-FLORISEL
-
-La señora es mi madrina. Yo me llamo Florisel.
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-¡Florisel! ¡Qué lindo pudo ser el santo que tuvo ese nombre, que mismo
-parece cogido en los jardines del cielo!
-
- El Marqués de Bradomín, llega á caballo, y se detiene en la puerta
- bajo el arco que tiene cimeros cuatro blasones de piedra. Piafa
- el potro que monta, y sobre la losa del umbral, que parece una
- sepultura, los herrados cascos resuenan fanfarrones, valientes
- y marciales, con el noble estrépito de las espadas y de los
- broqueles. La hidalga figura del jinete desaparece bajo un capote
- de cazador, y una boína de terciopelo cubre su guedeja romántica,
- que comienza á ser de plata.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡El señor Marqués! Tenle el estribo, Florisel.
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-¡Quiera Dios que encuentre á la señora con los colores de una rosa!
-¡Así la encuentre como una rosa en su rosal!
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Páguele Dios el haber venido! Ahora verá á la señorita. ¡Cuánto tiempo
-la pobre suspirando por verle! No quería escribirle. Pensaba que ya la
-tendría olvidada. Yo he sido quien la convenció de que no. ¿Verdad que
-no, señor Marqués?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No... Pero dónde está?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Quiso esperarle en el jardín. Es como los niños, ya el señor lo sabe.
-Con la impaciencia temblaba hasta batir los dientes, y tuvo que
-echarse.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Tan enferma está?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Muy enferma, señor. No se la conoce.
-
-ADEGA LA INOCENTE
-
-Cuando se halle con la señora mi Condesa póngale, sin que ella lo vea,
-estas yerbas bajo la almohada. Con ellas sanará. Las almas son como los
-ruiseñores, todas quieren volar. Los ruiseñores cantan en los jardines,
-pero en los palacios del rey se mueren poco á poco.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡No haga caso, señor! ¡La pobre es inocente!
-
-ELECTUS
-
-Rapaces, que tocan las doce, y es cuando Nuestro Señor se sienta á la
-mesa y bendice á toda la Cristiandad.
-
- Bajo los viejos árboles, que cuentan la edad del palacio, los
- mendigos se arrodillan y rezan á coro. Las campanas de la aldea
- tocan á lo lejos, y pasa su anuncio sobre la fronda del jardín como
- un vuelo de tórtolas. Una sombra blanca aparece en lo alto de la
- escalinata.
-
-LA DAMA
-
-¡Ya llegas! ¡Ya llegas, mi vida! ¡Temí que no vinieses, y no verte más!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y ahora?
-
-LA DAMA
-
-¡Ahora soy feliz!
-
-
-ASÍ TERMINA LA JORNADA PRIMERA
-
-
-
-
-JORNADA SEGUNDA
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
- El sol poniente dora los cristales del mirador. Es un mirador tibio
- y fragante: Gentiles arcos cerrados por vidrieras de colores le
- flanquean con ese artificio del siglo galante, que imaginó las
- pavanas y las gavotas. En cada arco las vidrieras forman tríptico,
- y puede verse el jardín en medio de una tormenta, en medio de una
- nevada y en medio de un aguacero. Aquella tarde el sol de otoño
- penetra hasta el centro, triunfante, como la lanza de un arcángel.
- El Marqués de Bradomín lee un libro. Florisel, con la montera entre
- ambas manos, asoma en la puerta.
-
-FLORISEL
-
-¿Da su permiso?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Adelante.
-
-FLORISEL
-
-Dice la señorita mi ama que me mande en cuanto se le ofrezca.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Tú sirves aquí en el palacio?
-
-FLORISEL
-
-Sí, señor.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Hace mucho tiempo?
-
-FLORISEL
-
-Va para dos años.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y qué haces?
-
-FLORISEL
-
-Pues hago todo lo que me mandan.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Pareces un filósofo estoico!
-
-FLORISEL
-
-Y puede que lo parezca, sí, señor.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Fué la señorita quien te ha mandado venir?
-
-FLORISEL
-
-Sí, señor. Hallábame yo en la solana adeprendiéndole la riveirana á los
-mirlos nuevos, que los otros ya la tienen bien adeprendida, cuando la
-señorita bajó al jardín y me mandó venir.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Tú aquí eres el maestro de los mirlos?
-
-FLORISEL
-
-Sí, señor.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y ahora, además, eres mi paje?
-
-FLORISEL
-
-Sí, señor.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Altos cargos!
-
-FLORISEL
-
-Sí, señor.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y cuántos años tienes?
-
-FLORISEL
-
-Paréceme, paréceme que han de ser doce, pero no estoy cierto.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Antes de venir al palacio, ¿dónde estabas?
-
-FLORISEL
-
-Servía en la casa de Don Juan Manuel Montenegro, que es tío de la
-señorita.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y qué hacías allí?
-
-FLORISEL
-
-Allí enseñaba al hurón.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Otro cargo palatino!
-
-FLORISEL
-
-Sí, señor.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y cuántos mirlos tiene la señorita?
-
-FLORISEL
-
-Tan siquiera uno. Son míos... Cuando los tengo bien adeprendidos, se
-los vendo.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿A quién se los vendes?
-
-FLORISEL
-
-Pues á la señorita, que me los merca todos. ¿No sabe que los quiere
-para echarlos á volar? La señorita desearía que silbasen la riveirana
-sueltos en el jardín, pero ellos se van lejos. Un domingo, por el mes
-de San Juan, venía yo acompañando á la señorita. Pasados los prados
-de Lantañón, vimos un mirlo que muy puesto en las ramas de un cerezo,
-estaba cantando la riveirana. Acuérdame que entonces dijo la señorita:
-Míralo, adónde se ha venido el caballero.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Es una historia digna de un romance. Tú mereces ser paje de una reina y
-cronista de un reinado.
-
-FLORISEL
-
-Hace falta suerte, que yo no tengo.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Di, ¿qué es más honroso, enseñar hurones, ó mirlos?
-
-FLORISEL
-
-Todo es igual.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y cómo has dejado el servicio de Don Juan Manuel Montenegro?
-
-FLORISEL
-
-Porque ya tiene muchos criados. ¡Qué gran caballero es Don Juan Manuel!
-Dígole, que en el Pazo todos los criados le tenían miedo. Don Juan
-Manuel es mi padrino, y fué quien me trujo al palacio para que sirviese
-á la señorita.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y dónde te iba mejor?
-
-FLORISEL
-
-Al que sabe ser humilde, en todas partes le va bien.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Es una réplica calderoniana! ¡También sabes decir sentencias! Ya no
-puede dudarse de tu destino: Has nacido para vivir en un palacio,
-educar mirlos, amaestrar los hurones, ser ayo de un príncipe y formar
-el corazón de un gran rey.
-
-FLORISEL
-
-Para eso, además de suerte, hacen falta muchos estudios.
-
- Por la avenida de mirtos llega una sombra blanca: sus manos de
- fantasma tocan en los cristales del mirador. El jardín se esfuma en
- la vaga luz del crepúsculo. Los cipreses y los laureles cimbrean
- con augusta melancolía sobre las fuentes abandonadas, algún
- tritón cubierto de hojas borbotea á intervalos su risa quimérica,
- y el agua tiembla en la sombra con latido de vida misteriosa y
- encantada. Se oye una risa de plata que parece timbarse con el
- rumor de la fuente.
-
-LA DAMA
-
-¿Tienes ahí á Florisel?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Florisel es el paje?
-
-LA DAMA
-
-Sí.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Parece bautizado por las hadas.
-
-LA DAMA
-
-Yo soy su madrina.
-
-FLORISEL
-
-¿Qué me mandaba?
-
-LA DAMA
-
-Que subas estas rosas. Todas son para ti, Xavier.
-
- La sombra, que se esfuma detrás de los cristales, muestra su falda
- donde las rosas desbordan como el fruto ideal de unos amores que
- sólo floreciesen en los besos.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Estás desnudando el jardín.
-
-LA DAMA
-
-Algunas se han deshojado. ¡Míralas, qué lástima!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Es el otoño que llega.
-
-LA DAMA
-
-¡Ah, qué fragancia!
-
- Hunde en aquella frescura aterciopelada sus mejillas pálidas,
- y alza la cabeza y respira con delicia, cerrando los ojos y
- sonriendo, cubierto el rostro de rocío, como otra rosa, una rosa
- blanca. A modo de lluvia arroja sobre el Marqués de Bradomín las
- rosas deshojadas en su falda.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Volveremos á recorrer juntos el jardín y el Palacio.
-
-LA DAMA
-
-Como en otro tiempo, cuando éramos niños.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Hermosos y lejanos recuerdos!
-
-LA DAMA
-
-Cuando te fuiste, yo elegí este retiro para toda mi vida.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Es más poético que un convento.
-
-LA DAMA
-
-No te burles de mi pena, Xavier.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No me burlo, Concha: solamente me sonrío, y una sonrisa es á veces más
-triste que las lágrimas.
-
-LA DAMA
-
-Yo sé eso. En esta hora de la tarde el jardín parece lleno de
-recogimiento.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-El jardín y el palacio tienen esa vejez señorial y melancólica de los
-lugares por donde en otro tiempo pasó la vida amable de la galantería
-y del amor. Bajo la fronda del laberinto, sobre las terrazas y en los
-salones, han florecido las risas y los madrigales, cuando las manos
-blancas que en los viejos retratos sostienen apenas los pañolitos de
-encaje iban deshojando las margaritas que guardan el cándido secreto de
-los corazones.
-
-LA DAMA
-
-¡Mis manos también las han deshojado!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y las hojas, al volar, te han dicho cuánto yo te quería.
-
-LA DAMA
-
-Me han engañado.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Divinas manos de Dolorosa!
-
-LA DAMA
-
-Manos de muerta.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Manos de princesa encantada, que han de guiarme en una amorosa
-peregrinación á través del palacio y del jardín.
-
-LA DAMA
-
-Como en otro tiempo, cuando yo te guiaba para que jugásemos, unas
-veces en la torre, otras en la biblioteca, otras en aquel mirador ya
-derruído que daba sobre las tres fuentes. ¡Tiempos aquellos en que
-nuestras risas locas y felices turbaban el recogimiento del palacio,
-y se desvanecían por los corredores oscuros, por los salones, por las
-antesalas!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y al abrirse lentamente las puertas de floreados herrajes, exhalábase
-del fondo de los salones el aroma lejano de otras vidas.
-
-LA DAMA
-
-¡Tú también te acuerdas! ¿Y te acuerdas de un salón que tiene de corcho
-el estrado? Allí nuestras pisadas no despertaban rumor alguno.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-En el fondo de los espejos el salón se prolongaba hasta el ensueño,
-como en un lago encantado, y los personajes de los retratos parecían
-vivir olvidados en una paz de siglos.
-
-LA DAMA
-
-¿Te acuerdas? ¿Y te acuerdas cuando nos cogíamos de la mano para saltar
-delante de las consolas y ver estremecerse los floreros cargados de
-rosas, y los fanales adornados con viejos ramajes y los candelabros?..
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡También me acuerdo, Concha! Mi alma está cubierta de recuerdos, como
-ese viejo jardín está cubierto de hojas. Es el otoño que llega para
-todos. Concha, tú sonríes y en tu sonrisa siento el pasado, como un
-aroma entrañable de flores marchitas que trae alegres y confusas
-memorias.
-
- Hay un silencio. En la penumbra de la tarde las voces apagadas
- tienen un profundo encanto sentimental, y en la oscuridad crece el
- misterio de los rostros y de las sonrisas. Lentamente la dama alza
- su mano diáfana como mano de fantasma y toca la mano del Marqués de
- Bradomín.
-
-LA DAMA
-
-¿En qué piensas, Xavier?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-En el pasado, Concha.
-
-LA DAMA
-
-Tengo celos de él.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Es el pasado de nuestros amores.
-
-LA DAMA
-
-¡Qué triste pasado! Fué allá, en el fondo del laberinto, donde nos
-dijimos adiós.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y, como ahora, los tritones de la fuente borboteaban su risa, aunque
-entonces tal vez nos haya parecido que lloraban.
-
-LA DAMA
-
-Todo el jardín estaba cubierto de hojas y el viento las arrastraba
-delante de nosotros con un largo susurro. Las últimas rosas de otoño
-empezaban á marchitarse y esparcían ese aroma indeciso que tiene la
-melancolía de los recuerdos. Nos sentamos en un banco de piedra. Ante
-nosotros se abría la puerta del laberinto, y un sendero, un solo
-sendero, ondulaba entre los mirtos como el camino de una vida solitaria
-y triste. ¡Mi vida desde entonces!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Nuestra vida!
-
-LA DAMA
-
-Y todo permanece lo mismo y sólo nosotros hemos cambiado.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No hemos podido ser como los tritones de la fuente, que en el fondo del
-laberinto aún ríen, con su risa de cristal, sin alma y sin edad.
-
-LA DAMA
-
-Te escribí que vinieses, porque entre nosotros ya no puede haber más
-que un cariño ideal... Y enferma como estoy, deseaba verte antes de
-morir. Y ahora me parece una felicidad estar enferma. ¿No lo crees? Es
-que tú no sabes cómo yo te quiero.
-
- Exhala las últimas palabras como si fuesen suspiros, y con una mano
- se cubre los ojos. El Marqués de Bradomín besa aquella mano sobre
- el rostro, y después la aparta dulcemente. Los ojos, los hermosos
- ojos de enferma, llenos de amor, le miran sin hablar, con una larga
- mirada. Por la vieja avenida de mirtos que parece flotar en el
- rosado vapor del ocaso se ve venir al señor Abad de Brandeso.
-
-EL ABAD
-
-¡Vamos, Carabel! ¡Vamos, Capitán!
-
-LA DAMA
-
-Aquí tenemos al Abad de Brandeso.
-
-EL ABAD
-
-Saludo á mi ilustre feligresa y al no menos ilustre Marqués de Bradomín.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Señor Abad, cuántos años sin vernos. Yo le hacía á usted cuando menos
-canónigo.
-
-EL ABAD
-
-De esta madera se hacen, señor Marqués.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y los papas también.
-
-EL ABAD
-
-Los papas yo no diré tanto. ¡Quieto, Carabel! ¡Quieto, Capitán!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y qué, hay todavía muchas perdices por esta tierra?
-
-EL ABAD
-
-Todavía hay algunas.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Usted siempre tan incansable cazador.
-
-EL ABAD
-
-Ya no soy aquel que era. Los años quebrantan peñas: Cuatro anduve por
-las montañas de Navarra con el fusil al hombro, y hoy me canso apenas
-salgo á dar un paseo con la escopeta y los perros. ¿Y qué se ha hecho
-el señor Marqués durante tantos años por esas tierras extranjeras?
-¿Cómo no ha pensado en escribir un libro de sus viajes?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Ya escribo mis memorias.
-
-EL ABAD
-
-¿Serán muy interesantes?
-
-LA DAMA
-
-Lo más interesante no lo dirá.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Digo sólo mis pecados.
-
-EL ABAD
-
-De nuestro ilustre Marqués se cuentan cosas verdaderamente
-extraordinarias. Las confesiones, cuando son sinceras, encierran
-siempre una gran enseñanza: recordemos las de San Agustín.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Yo no aspiro á enseñar, sino á divertir, señor Abad. Toda mi doctrina
-está en una sola frase. ¡Viva la bagatela! Para mí la mayor conquista
-de la humanidad es haber aprendido á sonreir.
-
-LA DAMA
-
-Yo creo que habremos sonreído siempre.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Es una conquista. Durante muchos siglos, los hombres fueron
-absolutamente serios. En la Historia hay épocas enteras en las cuales
-no se recuerda ni una sola sonrisa célebre. En la Biblia, Jehová no
-sonríe, y los patriarcas y los profetas tampoco.
-
-EL ABAD
-
-Ni falta que les hacía. Los patriarcas y los profetas por seguro que no
-habrían dicho Viva la bagatela, como nuestro ilustre Marqués.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y en cambio cuando llegaba la ocasión, cantaban, bailaban y tocaban el
-arpa.
-
-EL ABAD
-
-Señor Marqués de Bradomín, procure usted no condenarse por bagatela.
-
-LA DAMA
-
-En el infierno debió haberse sonreído siempre. ¿No se dice sonrisa
-mefistofélica?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-El diablo ha sido siempre un ser superior.
-
-LA DAMA
-
-No le admiremos demasiado señor Marqués. Ese es el maniqueísmo. Ya se
-me alcanza que usted adopta ese hablar ligero para ocultar mejor sus
-propósitos.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Mis propósitos?
-
-EL ABAD
-
-La misión secreta que trae del Rey nuestro señor.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Una misión secreta? ¿De veras sospecha usted eso?
-
-EL ABAD
-
-Y conmigo, muchos. Yo comprendo que ciertas negociaciones deben ser
-reservadas, pero, á fe, no creía que eso rezase con un viejo veterano.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Pero, señor Abad! ¿cómo imagina usted que yo ande en una aventura tan
-loca?
-
-LA DAMA
-
-Por lo mismo que es loca.
-
-EL ABAD
-
-¿No sigue usted fiel á la Causa?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Sí.
-
-EL ABAD
-
-Pues entonces...
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Señor Abad, yo soy carlista por estética. El carlismo tiene para mí la
-belleza de las grandes catedrales. Me contentaría con que lo declarasen
-monumento nacional.
-
-EL ABAD
-
-Confieso que no conocía esa clase de carlistas.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Los carlistas se dividen en dos grandes bandos: uno, yo, y el otro, los
-demás.
-
-LA DAMA
-
-¡Uno, tú!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y tú...
-
-EL ABAD
-
-Señor Marqués, usted está tocado de ese terrible gusano de la burla.
-¡Volterianismos! ¡Volterianismos de la Francia! Palabra de honor,
-señor Marqués, ¿no trae usted una misión del Rey?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Palabra de honor, señor Abad, no la traigo.
-
-EL ABAD
-
-Sin duda tienen razón los que dicen que el Abad de Brandeso es un iluso.
-
- Sonríe tristemente el blanco fantasma de la enferma. Se aparece
- allá en el fondo del mirador, con las manos cruzadas: Mira hacia
- el camino, un camino aldeano, solitario y luminoso bajo el sol que
- muere. Con romántica fatiga levanta su mano de sombra y señala á lo
- lejos.
-
-LA DAMA
-
-Xavier, mira allá un jinete.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No veo nada.
-
-LA DAMA
-
-Ahora pasa La Fontela.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Sí, ya le veo.
-
-LA DAMA
-
-Es el tío Don Juan Manuel.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡El magnífico hidalgo del Pazo de Lantañón!
-
-LA DAMA
-
-¡Pobre señor! Estoy segura que viene á verte.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Se ha detenido y nos saluda quitándose el chambergo.
-
- La figura del hidalgo se alza en medio del camino con el
- montecristo flotante. El caballo relincha noblemente, y el viento
- mueve sus crines venerables. Es un caballo viejo, prudente,
- reflexivo y grave como un pontífice. Don Juan Manuel se levanta
- sobre los estribos y deja oir su voz de tronante fanfarria que
- despierta un eco lejano.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¡Sobrina! ¡Sobrina! Manda abrir la cancela del jardín.
-
-LA DAMA
-
-Xavier, dile tú que ya van.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Ya van! ¡Ya van!.. No me ha oído.
-
-EL ABAD
-
-El privilegio de hacerse entender á tal distancia es suyo no más.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Ya van!
-
-LA DAMA
-
-Calla, porque jamás confesará que te oye.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Ya van!
-
-EL ABAD
-
-Es inútil.
-
-LA DAMA
-
-Míralo, se inclina acariciando el cuello del caballo.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¡Sobrina! ¡Sobrina!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Es magnífico!
-
-LA DAMA
-
-Vuelve el caballo hacia el camino, y se va...
-
-EL ABAD
-
-Sin duda le ha parecido que no acudían á franquearle la entrada con
-toda la presteza requerida.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¡Sobrina! No puedo detenerme... Voy á Viana del Prior... Tengo que
-apalear á un escribano.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡De veras que es magnífico! Ya le tenía casi olvidado. ¡Y qué
-arrogante, á pesar de los años!
-
-EL ABAD
-
-Se conserva como cuando servía en la Guardia Noble de la Real Persona.
-
-LA DAMA
-
-Y si supieses qué existencia arrastra: Está casi en la miseria.
-
-EL ABAD
-
-Pero es siempre un gran señor. Vive rodeado de criados que no puede
-pagar, haciendo la vida de todos los mayorazgos campesinos: Chalaneando
-en las ferias, jugando en las villas y sentándose á la mesa de los
-curas en todas las fiestas.
-
-LA DAMA
-
-Desde que yo habito en este destierro es frecuente verle aparecer...
-
-EL ABAD
-
-También hace sus visitas á la rectoral. Ata su caballo á la puerta, y
-éntrase dando voces. Se hace servir vino, y bebe hasta dormirse en el
-sillón. Cuando se despierta, sea día ó noche, pide el caballo, y dando
-cabeceos sobre la silla, se vuelve á su Pazo de Lantañón.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Don Juan Manuel Montenegro es el último superviviente de una gran raza.
-
-EL ABAD
-
-Sí que lo es.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Hermano espiritual de aquellos aventureros hidalgos que se enganchaban
-en los tercios de Flandes ó de Italia por buscar lances de amor, de
-espada y de fortuna.
-
-LA DAMA
-
-Tú también eres de aquéllos.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Yo pude serlo, si no hubiera tenido la manía de leer. Los muchos libros
-son como los muchos desengaños: no dejan nada en el corazón.
-
-LA DAMA
-
-Dejan al menos los recuerdos, porque tú estás aquí.
-
-EL ABAD
-
-¡Carabel! ¡Capitán!
-
-LA DAMA
-
-¿Nos abandona usted, señor Abad?
-
-EL ABAD
-
-Por breves momentos, contando con su venia. Esta visita no es solamente
-para saludar á nuestro ilustre Marqués, lo es también para tomar un
-libro que recuerdo haber visto en la biblioteca del Palacio: «El
-Florilegio de Nuestra Señora»: una colección de sermones. Tengo
-encargo de predicar en la fiesta de Santa María de Andrade, que este
-año se celebra con gran solemnidad.
-
-LA DAMA
-
-La biblioteca entera está á su disposición.
-
-EL ABAD
-
-¡Gracias! ¡Mil gracias!
-
- El Abad sale seguido de sus galgos como de dos acólitos, y en
- el corredor, ya oscuro, se desvanecen el balandrán y el cloqueo
- campesino de sus zuecos. Un reloj de cuco da las seis.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Ese reloj, sin duda, acuerda el tiempo del fundador.
-
-LA DAMA
-
-¡Qué temprano anochece! Las seis todavía.
-
- El Marqués de Bradomín se acerca á la sombra romántica que se
- destaca sobre el fondo luminoso de una vidriera, y en silencio le
- besa una mano. Se oye un tenue suspirar.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Lloras!
-
-LA DAMA
-
-No debimos volver á vernos.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Lo que nunca debimos fué separarnos.
-
-LA DAMA
-
-Tú, cuándo tienes que irte?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Yo? ¡Cuando tú me dejes!
-
-LA DAMA
-
-¡Ay!.. Cuando yo te deje. No te dejaría nunca. Si supieses la soledad
-de mi vida durante esos años tan largos que estuvimos sin vernos.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Mi pobre Concha! Una de esas vidas silenciosas y resignadas que
-miran pasar los días con una sonrisa triste y lloran de noche en la
-oscuridad.
-
-LA DAMA
-
-¡Es cierto!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y si yo te contase la mía.
-
-LA DAMA
-
-Tú no tienes que contarme la tuya. Mis ojos la han seguido desde lejos,
-y la saben toda. ¡Qué vida, Dios mío! Aquel pelo tan negro ya es todo
-blanco.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Ay, Concha, son las penas!
-
-LA DAMA
-
-No, ¡no son las penas!.. Otras cosas son! Tus penas no pueden igualarse
-á las mías, y yo no tengo blanca la cabeza.
-
- Con una blandura lenta, de caricia sensual, la mano del Marqués de
- Bradomín retira el alfilerón de oro que sujeta la crencha de la
- dama, y la ola de seda olorosa y negra rueda sobre los hombros.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Ahora tu frente brilla como un astro bajo la crencha negra. ¿Te
-acuerdas cuando quería que me azotases con la madeja de tu pelo?
-
-LA DAMA
-
-Me acuerdo de todas tus locuras... Xavier, he recibido una carta, tengo
-que enseñártela.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Una carta? ¿De quién?
-
-LA DAMA
-
-De tu prima Isabel. Viene con las niñas.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Isabel Bendaña?
-
-LA DAMA
-
-Sí.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Pero tiene hijas Isabel?
-
-LA DAMA
-
-No, son mis hijas.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Tus hijas! En otro tiempo me querían mucho.
-
-LA DAMA
-
-Y tú también las querías.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Qué tienes?
-
-LA DAMA
-
-Nada.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Lloras?
-
-LA DAMA
-
-No.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Las pequeñas están con su padre.
-
-LA DAMA
-
-No. Las tengo educándose en el convento de la Enseñanza.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Ya serán unas mujeres.
-
-LA DAMA
-
-Sí, están muy altas.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Antes eran preciosas. No sé ahora.
-
-LA DAMA
-
-Como su madre.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No, como su madre, nunca.
-
-LA DAMA
-
-Tienes razón. No quiera Dios hacerlas tan desgraciadas.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Qué distinta pudo haber sido nuestra vida! Hoy siento un cruel
-remordimiento por haberte escuchado cuando me suplicaste que te
-olvidase y que no te viese más. No comprendo cómo obedecí tu ruego. Fué
-sin duda porque vi tus lágrimas.
-
-LA DAMA
-
-No quieras engañarme una vez más. Yo creí siempre que volverías.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Por qué entonces me suplicaste que me fuese?
-
-LA DAMA
-
-No sé... Tal vez por eso.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y no volví porque esperaba que tú me llamases. ¡Ah!.. El demonio del
-orgullo.
-
-LA DAMA
-
-No, no fué el orgullo. Fué otra mujer. Hacía mucho tiempo que me
-traicionabas con ella. ¡Cuando lo supe creí morir!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Sin embargo, qué segura has estado siempre de mi cariño y cómo lo dice
-la carta con que me has llamado!
-
-LA DAMA
-
-No era de tu cariño, era de tu compasión. ¡Qué pena cuando adiviné por
-qué no habías vuelto! Pero no he tenido para ti un solo día de rencor.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Ya nada podrá separarnos.
-
-LA DAMA
-
-Nada... Pero tenemos que ser prudentes, Xavier. Si viene Isabel con mis
-hijas, soló te pido que á su llegada no te hallen aquí. Yo les diré
-que estás en Lantañón cazando con nuestro tío. Tú vienes una tarde, y
-sea porque hay tormenta, ó porque le tenemos miedo á los ladrones, te
-quedas aquí, como nuestro caballero. No te ofendes, ¿verdad?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No.
-
-LA DAMA
-
-Sí que te ofendes. Desde ayer estoy dudando, sin atreverme á decírtelo.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y tú crees que engañaremos á Isabel?
-
-LA DAMA
-
-No lo hago por Isabel, lo hago por mis pequeñas, que son unas
-mujercitas.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Y después, qué será lo que nos separe?
-
-LA DAMA
-
-¡Mi muerte! ¡Nada más que mi muerte! Tu amor tiene en mi alma raíces
-tan profundas como esos árboles que vemos desde aquí. Nada podrá
-separarnos, Xavier, nada, si no es tu olvido.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Desgraciadamente no sé olvidar.
-
- Sus manos se estrechan en silencio. Están sentados en el fondo del
- mirador, desde donde distinguen el jardín iluminado por la luna,
- los cipreses mustios destacándose en el azul heráldico, coronados
- de estrellas, y una fuente negra con aguas de plata. En medio
- de aquel recogimiento resuenan en el corredor las madreñas de
- Florisel. El paje entra con una lámpara encendida.
-
-FLORISEL
-
-Santas y buenas noches.
-
-LA DAMA
-
-¡Ay!.. Llévate esa luz.
-
-FLORISEL
-
-Consideren que es malo tomar la luna.
-
- En el fondo del jardín la fuente canta como un pájaro escondido y
- le cuenta á la luna su prisión en el laberinto. Una sombra cruza
- por delante de los cristales y la voz poderosa del hidalgo de
- Lantañón se eleva sobre el rumor de la fuente, despertando los ecos
- del jardín.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¡Sobrina! ¡Sobrina!
-
-LA DAMA
-
-¡Ahí está!.. Verás cómo viene á invitarnos para la fiesta, que es
-mañana.
-
- Sale presurosa por una puerta de vieja tracería. Sobre el dintel,
- prisioneros en su jaula de cañas, silban una vieja riveirana los
- mirlos que cuida Florisel. En el silencio del anochecer aquel
- ritmo, alegre y campesino, evoca el recuerdo de las felices danzas
- célticas á la sombra de los robles.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Por qué es malo tomar la luna, Florisel?
-
-FLORISEL
-
-Ya lo sabe el señor mi Marqués.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No lo sé.
-
-FLORISEL
-
-Por las brujas.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Deja entonces la luz. Oye, ¿quieres acompañarme al Pazo de Lantañón?
-
-FLORISEL
-
-¿Tiene pensado ir allá el señor mi Marqués?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Hoy mismo.
-
-FLORISEL
-
-¡No estará como en el Pazo de Brandeso! Cierto que en toda esta tierra
-no se halla un caballero como el señor padrino.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Pues entonces?..
-
-FLORISEL
-
-Pero no hay allí un horno de pan siempre lleno.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Eres un sabio, Florisel. Vete.
-
- El Marqués de Bradomín, con una vaga sonrisa en los labios
- irónicos, coge el libro donde leía al comienzo de la tarde, y se
- sienta cerca de la lámpara. Florisel, sale apagando el ruido de sus
- madreñas, y al abrir la puerta surge en la sombra la prócer figura
- del viejo Mayorazgo de Lantañón.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¿Dónde se halla el Marqués de Bradomín? Mala tarde, sobrino.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Mala, tío!
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¿Tú leyendo? Sobrino, lo mejor para quedarse ciego. ¡Sabes que es nieve
-lo que cae!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Llegó usted hasta Viana?
-
-DON JUAN MANUEL
-
-No. Llegué hasta mis molinos, que están ahí cerca. Recordé que tenía
-que sacar de pila á uno de los hijos del molinero. Con ese son
-cincuenta y siete los ahijados que tengo.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Al escribano de Viana no le ha visto usted?
-
-DON JUAN MANUEL
-
-No... Pero está sentenciado. ¿Y qué librote es ese? Sobrino, has
-heredado la manía de tu abuelo, que también se pasaba los días leyendo.
-¡Así se volvió loco!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Yo por ahora me defiendo.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-Pero no hay que fiarse. Vive Dios que vengo aterido. ¡Marqués de
-Bradomín, se acabó la sangre de Cristo en el palacio de Brandeso?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Presumo que no. Voy á llamar.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-No te muevas. Andará por ahí algún criado. ¡Arnelas!.. ¡Florisel!..
-¡Brión!.. Uno cualquiera.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No habrán oído.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¡Cómo! ¿Crees tú eso posible?
-
-FLORISEL
-
-¿Qué mandaba, señor padrino?
-
- Florisel posa en el suelo del umbral su monterilla de paño pardo, y
- presuroso y humilde corre á besar la mano del viejo linajudo que,
- con empaque de protección soberana, acaricia la tonsurada cabeza
- del rapaz.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-Súbeme del tinto que se coge en La Fontela. Ya ves cómo habían oído,
-Marqués de Bradomín... Te aseguro que ese vino de La Fontela es el
-mejor vino de la comarca. ¿Tú conoces el del Condado? El de La Fontela
-es mejor. Y si lo hiciesen escogiendo la uva, sería el mejor del mundo.
-¡Ese vino! ¿O acaso están haciendo la vendimia?
-
-FLORISEL
-
-Voy, señor padrino.
-
- Vuelven á resonar en el corredor las madreñas del paje, que aparece
- todo trémulo, con un jarro talavereño que coloca sobre la mesa. Don
- Juan Manuel se despoja del montecristo, y toma asiento en un sillón.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¿Tú vas á catarlo?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Ya lo he catado.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¿Y cuál es tu opinión?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡La de usted!
-
-DON JUAN MANUEL
-
-Muchos así debía beberse mi sobrina. No estaría entonces como está. ¿La
-habrás hallado muy acabada?
-
- El Marqués de Bradomín insinúa un gesto sentimental, y el viejo
- linajudo vuelve á llenarse el vaso. Casi al mismo tiempo una mano
- invisible empuja la puerta, que se abre lentamente, y sobre la
- negrura del fondo albea el ropón monacal de la Señora del Palacio.
-
-LA DAMA
-
-El tío Don Juan Manuel quiere que le acompañes. ¿Te lo ha dicho? Mañana
-es la fiesta del Pazo, San Rosendo de Lantañón. Dice el tío que te
-recibirán con palio.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-Ya sabes que desde hace tres siglos es privilegio de los Marqueses de
-Bradomín ser recibido con palio en las feligresías de San Rosendo de
-Lantañón, Santa Baya de Cristanilde y San Miguel de Deiro. Los tres
-curatos son presentación de tu casa. ¿Me equivoco, sobrino?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No se equivoca usted, tío.
-
-LA DAMA
-
-No le pregunte usted. Es un dolor, pero el último Marqués de Bradomín
-no sabe una palabra de esas cosas.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-Eso lo sabe. Debe saberlo.
-
-LA DAMA
-
-Estoy segura que ni siquiera conoce el origen de la casa de Bradomín.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-No hagas caso. Tu prima quiere indignarte.
-
-LA DAMA
-
-¡Supiera al menos cómo se compone el blasón de la noble casa de
-Montenegro!
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¡Eso lo saben los niños más pequeños!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Como que es el más ilustre de los linajes españoles!
-
-DON JUAN MANUEL
-
-Españoles y tudescos, sobrino. Los Montenegros de Galicia descendemos
-de una emperatriz alemana. Es el único blasón español que lleva metal
-sobre metal: espuelas de oro en campo de plata. El linaje de Bradomín
-también es muy antiguo. Pero entre todos los títulos de tu casa,
-Marquesado de San Miguel, Condado de Barbanzón y Señorío de Padín,
-el más antiguo y esclarecido es el señorío. Se remonta hasta Don
-Roldán, uno de los doce pares. Don Roldán ya sabéis que no murió en
-Roncesvalles, como dicen las Historias.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Yo confieso que no sabía nada.
-
-LA DAMA
-
-Sí, señor.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Ah! ¿Tú lo sabías? Es sin duda un secreto de familia.
-
-LA DAMA
-
-¡Naturalmente!
-
-DON JUAN MANUEL
-
-Como yo también desciendo de Don Roldán, por eso conozco bien esas
-cosas. Don Roldán pudo salvarse, y en una barca llegó hasta la Isla de
-Sálvora, y atraído por una Sirena, naufragó en aquella playa, y tuvo
-de la Sirena un hijo que, por serlo de Don Roldán, se llamó Padín, y
-viene á ser lo mismo que Paladín. Ahí tienes por qué una Sirena abraza
-y sostiene tu escudo en la iglesia de Lantañón. Puesto que tienes la
-manía de leer, en el Pazo te daré un libro antiguo, pero de letra
-grande y clara, donde todas estas historias están contadas muy por
-largo. Pero, si hemos de irnos, vámonos aprovechando este claro del
-tiempo.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No sé si está mi yegua ensillada. ¿Usted monta un caballo?
-
-DON JUAN MANUEL
-
-Sí, pero no te asustes por eso. Mi caballo lo tuvo catorce años el Abad
-de Andrade, y cumple el voto de castidad mejor que su antiguo amo.
-¡Adiós, sobrina!
-
-LA DAMA
-
-¡Adiós, tío! ¡Xavier! ¿hasta cuándo?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Tú que me destierras debes decirme cuándo puedo volver.
-
-LA DAMA
-
-Si ellos llegan hoy, tú mañana mismo. Ya lo sabes.
-
- Había salido el viejo linajudo, y la dama, furtiva y amorosa, se
- alza en la punta de los pies para alcanzar los labios del Marqués
- de Bradomín.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Mi vida!
-
-LA DAMA
-
-¿Vendrás mañana, Xavier?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Sí.
-
-LA DAMA
-
-¿Me lo juras?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Sí.
-
- Tras los cristales del mirador, el jardín aparece lleno de sombra,
- y en el cielo, triste y otoñal, se perfila la luna como borrosa
- moneda de plata. Al pie de la fuente, un criado espera con los
- caballos del diestro. Se ve la figura de Don Juan Manuel que
- baja por un tortuoso camino de mirtos. El Marqués de Bradomín se
- desprende blandamente de la dama y sale. La dama, apoyada en el
- arco de la puerta, le despide agitando su mano blanca. Después,
- cuando la sombra se desvanece en la noche del jardín, sale á la
- escalinata para seguir viéndola un momento más. En la otra puerta,
- aquella que comunica con el palacio, aparece el Abad de Brandeso.
-
-EL ABAD
-
-¿Da su permiso mi ilustre amiga doña María de la Concepción? ¿Da su
-permiso mi ilustre..?
-
-LA DAMA
-
-Adelante, señor Abad. ¿Por qué se detiene en la puerta? ¿Ha encontrado
-usted el libro que buscaba?
-
-EL ABAD
-
-Después de mucho revolver, al cabo di con él.
-
-LA DAMA
-
-¿No se lo lleva usted?
-
-EL ABAD
-
-Solamente quería compulsar una cita.
-
-LA DAMA
-
-¡Yo suponía que se había usted ido cuánto hace!
-
-EL ABAD
-
-¡Cómo, sin despedirme de usted y de nuestro Marqués!
-
-LA DAMA
-
-¡Nuestro Marqués es el que acaba de irse! Mañana es San Rosendo de
-Lantañón, y el tío Don Juan Manuel vino á invitarle.
-
-EL ABAD
-
-¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán! Ese viaje me afirma en mis sospechas,
-porque yo creo siempre que trae una misión del Rey.
-
-LA DAMA
-
-¿No le ha oído usted?
-
-EL ABAD
-
-A pesar de sus protestas. ¿Usted lo duda?
-
-LA DAMA
-
-No lo dudo... Lo sé.
-
-EL ABAD
-
-¡Que la trae!
-
-LA DAMA
-
-Que no, señor Abad.
-
-EL ABAD
-
-En tal supuesto...
-
-LA DAMA
-
-Sé todo lo que va usted á decirme.
-
-EL ABAD
-
-Ya no es un caso de conciencia donde el bien de la Iglesia debe
-considerarse antes que ninguna otra cosa. La estancia del señor Marqués
-de Bradomín en el palacio de Brandeso...
-
-LA DAMA
-
-Cuanto usted pueda decirme, cuanto me he dicho yo. Pero le quiero, él
-es mi vida, y su ausencia me mataba. He procurado olvidarle. Hubiera
-querido envejecer en una noche, despertarme un día arrugada, caduca, de
-cien años, con el corazón frío! Y mi pobre corazón, cada amanecer más
-lleno de su amor, sólo vivía de recuerdos!..
-
-EL ABAD
-
-Y después de haber sufrido y resistido tanto, bastó una hora de
-depresión aprovechada por Satanás...
-
-LA DAMA
-
-No, después de haber sufrido tanto, quise ser feliz, y ahora nada hay
-que pueda hacerme renunciar á mi amor.
-
-DOÑA MALVINA
-
-Señorita, la noche se queda muy oscura. ¿Le parece que vaya alguno de
-los criados con un farol al desembarcadero del río, para esperar á las
-niñas?
-
-LA DAMA
-
-¿A qué hora llegará la barca?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Ayer llegó muy de noche.
-
-EL ABAD
-
-Tiene mejor viento que ayer. ¿Vienen hoy las niñas?
-
-LA DAMA
-
-Hoy las espero. Hace ya dos días que están en Viana con su padre.
-
- Se oyen los ladridos de un perro, y se divisa una sombra que
- adelanta por el jardín. Trae un faro en la mano, y la humosa llama
- de aceite tras los vidrios empañados, ilumina con temblona claridad
- aquel sendero entre viejos mirtos, y los pies descalzos del hombre
- que llega. Es una figura negra que apenas se destaca sobre el fondo
- misterioso del jardín. Los ladridos del perro le hacen detenerse, y
- explora en torno con el farol en alto. Toda la figura se ilumina:
- El traje de aguas y el sudeste con que cubre su cabeza le anuncian
- como un marinero.
-
-EL MARINERO
-
-¡Hagan favor de atar el perro!
-
-DOÑA MALVINA
-
-¿Quién es?
-
-EL MARINERO
-
-Abelardo, el patrón de la barca.
-
-LA DAMA
-
-¿Quién ha dicho? ¡Ya están ahí!..
-
-DOÑA MALVINA
-
-No vienen las niñas.
-
-EL ABAD
-
-Habrán temido al mal tiempo.
-
-EL MARINERO
-
-¡Santas y buenas noches tenga la señora y la compañía!
-
-LA DAMA
-
-¿Cómo no han venido mis hijas?
-
-EL MARINERO
-
-Cuando ya ibamos á largar llegó un criado mozo con esta carta.
-
- Al mismo tiempo que habla, el marinero se descubre y del sudeste
- saca la carta que entrega á la señora. Doña Malvina acerca el
- velón, y alumbra mientras lee la dama.
-
-LA DAMA
-
-«Mamá Concha: No vamos, porque está papá muy grave, que le ha repetido
-el ataque y dicen que no debemos abandonarlo en estos momentos.
-Nosotras, las dos, tenemos muchos deseos de verte. Como aquí estamos
-solas, y ni siquiera conocemos á los criados, no hacemos sino llorar.
-Papá no habla, y dicen que no conoce á nadie; pero á nosotras nos mira
-con unos ojos tan tristes que parece que nos conoce.» ¡Pobres hijas!
-¡Lo que estarán sufriendo, allí solas las dos! ¡Mis ángeles queridos!
-¿Cuándo sales con la barca?
-
-EL MARINERO
-
-Ahora. Apenas si nos queda marea.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¿Quiere usted que vaya yo al lado de las niñas?
-
-LA DAMA
-
-Quiero ir yo.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Usted, señorita!
-
-EL ABAD
-
-Es un deber de madre, y también de esposa.
-
-LA DAMA
-
-¿Y acaso puedo yo volver á entrar en aquella casa? ¡Qué hacer, Dios
-mío!.. ¡Pobres hijas, solas al lado de su padre que se muere! ¡Y tal
-vez maldiciéndome! Iré, iré, aun cuando hayan de arrojarme los criados.
-
- Sale en medio de un aguacero, cubierta con largo capuchón. Todos la
- siguen, y como una procesión de sombras se les ve alejarse por el
- jardín, entre los altos mirtos. Desaparecen con la luz del farol, y
- el perro sigue ladrando en la noche.
-
-
-ASÍ TERMINA LA JORNADA SEGUNDA
-
-
-
-
-JORNADA TERCERA
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
- El viejo jardín en una tarde otoñal y dorada. Dos palomas se
- arrullan posadas en la piedra de armas, y los vencejos, que
- revolotean sobre la torre señorial, trazan en el azul signos
- de quimera con la punta negra del ala. De tiempo en tiempo, un
- estremecimiento recorre el jardín y luego todo vuelve á quedar en
- silencio de misterio: El misterio de los mirtos centenarios, de las
- fuentes abandonadas, de las rosas que se deshojan en los rosales...
- Doña Malvina, la dueña, hace calceta sentada en un banco de piedra
- y atisba por encima de los espejuelos hacia la puerta del jardín,
- donde acaba de aparecerse el señor Abad de Brandeso.
-
-EL ABAD
-
-Acaban de contarme que llegó esta mañana toda la familia. ¿Cómo han
-sido esas paces, Doña Malvina?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Dios Nuestro Señor que dispone todas las cosas. Ya conoce aquella
-súbita resolución que tomó la señorita al leer la carta de las niñas.
-Llegamos á Viana caladas de agua y muertas de miedo. Yo durante el
-camino no hice otra cosa que rezar... Las olas montaban por encima de
-la barca. ¡Y qué serenidad la señorita! Solamente la vi temblar cuando
-llegamos á la puerta de su casa. Estaba pálida como una muerta. Pensé
-que iba á caerse. Sin pronunciar una sola palabra subió las escaleras
-y abrazó á las niñas, que salieron á recibirla. Crea que me daba miedo
-verla tan pálida, con los ojos secos. Tomó á las niñas de la mano y
-siguió con ellas...
-
-EL ABAD
-
-¡El trance habrá sido al entrar en la alcoba donde estaba el marido
-enfermo!
-
-DOÑA MALVINA
-
-Llegó, le besó las manos de rodillas, y entonces por primera
-vez lloró... Las niñas también lloraban, como si las inocentes
-comprendiesen.
-
-EL ABAD
-
-¿Y el marido?
-
-DOÑA MALVINA
-
-No la conoció.
-
-EL ABAD
-
-¿Y ahora?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Lo mismo. Solamente conoce al criado que le acompañaba siempre.
-
-EL ABAD
-
-Ya llevaba mucho tiempo desmemoriado. Ultimamente habrá tenido noticia
-de la llegada del ilustre Marqués de Bradomín.
-
-DOÑA MALVINA
-
-Aun cuando no lo dice, ese remordimiento tiene la señorita. Siete
-días estuvo á su cabecera, día y noche, velándole. A todos nos tenía
-pasmados que tuviese fuerzas estando como está tan delicada. ¡Y ahora
-le cuida y sirve con un amor!
-
-EL ABAD
-
-¿Y el ilustre Marqués, no ha vuelto á mostrarse?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Mis ojos no le han visto más.
-
-EL ABAD
-
-Hace dos días continuaba en el Pazo de Lantañón.
-
-DOÑA MALVINA
-
-Entonces allí seguirá.
-
-EL ABAD
-
-¿Y si vuelve?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Si vuelve... Como ahora no hacen sufrir á nadie.
-
-EL ABAD
-
-Pero ofenden á Dios, Doña Malvina.
-
- Por un sendero del jardín vienen dos niñas que parecen dos
- princesas infantiles, pintadas por el Tiziano en la vejez. Las dos
- son muy semejantes, rubias y con los ojos de oro. La mayor se llama
- María Fernanda, la pequeña María Isabel. Llegaban sofocadas de sus
- juegos, y la onda primaveral de sus risas se levantaba armónica
- entre los viejos mirtos.
-
-MARIA ISABEL
-
-¡Señor abad!
-
-MARIA FERNANDA
-
-¡Don Benicio!
-
-EL ABAD
-
-¡Señoritas! ¡Qué altas y qué preciosas!
-
-MARIA FERNANDA
-
-María Isabel no ha crecido. ¡Yo sí!
-
-MARIA ISABEL
-
-Tú has crecido más, pero yo también crecí.
-
-MARIA FERNANDA
-
-Te sirven todos los vestidos que tenías.
-
-EL ABAD
-
-Yo á las dos las encuentro hechas unas mujeres.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Todavía han de pasar muchos años!
-
-EL ABAD
-
-¿Cuál es la más aplicada?
-
-MARIA FERNANDA
-
-Yo las cuentas no las entiendo, pero la Historia Sagrada la sé toda.
-
-EL ABAD
-
-¿Y tú María Isabel?
-
-MARIA ISABEL
-
-¡Yo también!
-
-EL ABAD
-
-¿Y además entiendes las cuentas?
-
-MARIA ISABEL
-
-Eso no...
-
-MARIA FERNANDA
-
-Las cuentas no las entiende ninguna niña. En el convento somos quince
-educandas y sólo una las entiende.
-
-EL ABAD
-
-Pues ya hay una.
-
-MARIA ISABEL
-
-Pero en cambio, Sor María Salomé, que tiene cerca de ochenta años,
-siempre que nos castigan por no saberlas, nos trae dulces á escondidas.
-
-MARIA FERNANDA
-
-Porque dice que á ella las cuentas tampoco le han entrado nunca en la
-cabeza. ¡Y tiene cerca de ochenta años!
-
-EL ABAD
-
-¿Y la doctrina, la sabéis?
-
-MARIA FERNANDA
-
-Sí, señor.
-
-EL ABAD
-
-¿Cuántos son los mandamientos de la ley de Dios?
-
-MARIA FERNANDA
-
-Los mandamientos de la ley de Dios, son diez: El primero, amar á Dios
-sobre todas las cosas; el segundo, no jurar su santo nombre en vano; el
-tercero, santificar las fiestas; el cuarto, honrar padre y madre; el
-quinto, no matar; el sexto, ¡larán! ¡larán!
-
-EL ABAD
-
-¿Cómo larán, larán?
-
-MARIA ISABEL
-
-¡Larán! ¡larán!
-
-EL ABAD
-
-¡Ah! Sí, el sexto, ¡larán! ¡larán! ¿Y vuestra madre, dónde está?
-
-MARIA FERNANDA
-
-Antes estaba en la capilla.
-
-EL ABAD
-
-¿Y ahora?
-
-MARIA FERNANDA
-
-Ahora...
-
-DOÑA MALVINA
-
-Véala allí, caminando detrás de la litera donde pasean al enfermo.
-
-EL ABAD
-
-¿Una litera?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Una litera que había en el palacio, del tiempo de los abuelos... Fué
-idea del señor Marqués para que la señorita pasease por el jardín, una
-vez que estuvo muy delicada.
-
-EL ABAD
-
-Vamos á saludarla.
-
- El Abad se aleja por la honda avenida de castaños que comienza á
- cubrirse de hojas, y allá en el fondo, donde casi se desvanece su
- balandrán flotante, tropiézase con una dama que baja la escalinata
- del palacio. Es una dama alta y rubia, de buen donaire y de buen
- seso, que ostenta un hermoso nombre de rica-hembra. Se llama Isabel
- Bendaña.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¡Señor Abad de Brandeso!
-
-EL ABAD
-
-¡Doña Isabel de Bendaña, mi buena amiga! No sabía que se hospedase aquí
-tan ilustre señora. ¿Cuándo ha llegado usted?
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Hoy he llegado acompañando á mi prima Concha.
-
-EL ABAD
-
-A saludarla iba.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-En el jardín está. Siempre al lado de su marido, no se aparta un
-momento, y le cuida con una especie de fiebre amorosa. El está que
-parece un niño...
-
-EL ABAD
-
-Es edificante... Pero temo...
-
- Se alejan juntos, por los senderos del abandonado jardín, y se
- pierden entre el follaje dorado y otoñal de los castaños. Los
- mirlos cantan en las ramas y sus cantos se responden encadenándose
- en un ritmo remoto, como el murmullo de las fuentes que en la
- sombra de los viejos mirtos repiten el comentario voluptuoso
- que parecen hacer á todos los pensamientos de amor, sus voces
- eternas y juveniles. El sol poniente deja un reflejo dorado sobre
- los cristales de la torre, cubierta de negros vencejos, y en el
- silencio de la tarde aquel jardín lleno de verdor umbrío y de
- reposo señorial, junta la voz de sus fuentes con la voz de las
- niñas que rodean el banco donde hace calceta la dueña de los
- espejuelos doctorales.
-
-MARIA FERNANDA
-
-Pues si no sabes el cuento de las tres princesas encantadas, cuéntanos
-el de los siete enanos, que ése lo sabes.
-
-MARIA ISABEL
-
-Y sino, cuéntanos el del gigante moro.
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Dios me dé paciencia con vosotras! Os contaré la historia de una dama
-encantada que se aparece al borde de una fuente que hay cerca de aquí.
-
-MARIA FERNANDA
-
-¿Tú la viste?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Yo la vi siendo una niña como vosotras. La dama estaba sentada al pie
-de la fuente, peinando los largos cabellos con peine de oro.
-
- Próximo al banco se ha detenido Florisel, que pasaba con la jaula
- de sus mirlos. Al oir las palabras de la dueña, sus ojos brillan
- llenos de curiosidad.
-
-FLORISEL
-
-Sería una princesa encantada.
-
-DOÑA MALVINA
-
-Era la reina mora que un gigante tiene prisionera.
-
-MARIA ISABEL
-
-¿Y era muy guapa?
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Muy guapa, muy guapa!
-
-MARIA FERNANDA
-
-¿Así como mamá?
-
-DOÑA MALVINA
-
-Muy semejante. A su lado, sobre la yerba, tenía abierto un cofre de
-plata lleno de ricas joyas que rebrillaban al sol. El camino iba muy
-desviado, y la dama, dejándose el peine de oro preso en los cabellos,
-me llamó con su mano blanca que parecía una paloma en el aire. Yo, como
-era una niña, tomé miedo, y dime á correr, á correr...
-
-FLORISEL
-
-¡Si á mí quisiese aparecerse!
-
-DOÑA MALVINA
-
-Cuántos se acercan, cuántos perecen encantados. Vosotras no sabéis que
-para encantar á los caminantes, con su gran hermosura los atrae, y con
-la riqueza de las joyas que les muestra, los engaña: Les pregunta cuál
-de entre todas sus joyas les place más, y ellos, deslumbrados al ver
-tantos broches y cintillos y ajorcas, pónense á elegir, y así quedan
-presos en el encanto. Para desencantar á la reina, y casarse con ella,
-bastaría con decir: Entre tantas joyas, sólo á vos quiero, señora
-reina. Muchos saben esto, pero cegados por la avaricia, se olvidan de
-decirlo, y pónense á elegir entre las joyas.
-
-FLORISEL
-
-¡Si á mí quisiese aparecerse!
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Desgraciado de ti! El que ha de romper el encanto no ha nacido todavía.
-
- Isabel Bendaña y el tonsurado, reaparecen dando compañía á la
- Señora del Palacio. Caminan lentamente, acompasando su andar al de
- la dama que de tiempo en tiempo se detiene y alienta con fatiga.
- Ante la escalinata, cerca del banco donde la dueña refiere á las
- dos niñas sus cuentos de abuela, hacen el último alto.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿No pasa usted Don Benicio?
-
-EL ABAD
-
-Perdonen que no les haga más larga visita.
-
-LA DAMA
-
-Señor Abad, que mañana celebra usted la misa en nuestra capilla. No lo
-eche usted en olvido.
-
-EL ABAD
-
-No lo echo en olvido, no lo echo en olvido. ¡Aquí, Carabel! ¡Aquí,
-Capitán! Díganle al ilustre Marqués de Bradomín...
-
-LA DAMA
-
-El Marqués de Bradomín, no está en el palacio de Brandeso.
-
-DOÑA MALVINA
-
-Ya lo sabe.
-
-EL ABAD
-
-En el supuesto de que recaiga por aquí, díganle que hace pocos días,
-cazando con el Sumiller, descubrimos un bando de perdices. Díganle que
-á ver cuándo le caemos encima. Resérvenlo al Sumiller si viniese por el
-palacio. Me ha encargado el secreto. ¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán!
-
-DOÑA MALVINA
-
-¡Qué gran raposo! Sóbrale de saber dónde está el señor Marqués. ¿Adónde
-vais, niñas?
-
-MARIA FERNANDA
-
-Vamos con Florisel á ver los otros mirlos.
-
- Doña Malvina sube la escalinata con las dos niñas de la mano. El
- Abad desaparece en el fondo de la avenida silbando á sus galgos,
- con el balandrán flotante y el chambergo en la mano por refrescar
- la asoleada y varonil cabeza, donde la tonsura apenas se esboza
- sobre el gris acerado del cabello. Las dos primas quedan solas.
-
-LA DAMA
-
-Xavier llegará dentro de un momento.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¡Xavier!
-
-LA DAMA
-
-¡Temo tanto verle! Temo el encanto de sus palabras, temo que sus ojos
-me miren, temo que sus manos se apoderen de las mías...
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Pero no...
-
-LA DAMA
-
-¡Volverá á enloquecerme y volveré á caer en sus brazos! Tú, ¿qué me
-aconsejas Isabel?
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Si es así que no le veas...
-
-LA DAMA
-
-¿Y puedo negarme á decirle adiós? ¡cuando es por toda la vida!
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Xavier no intentará separarte de tu marido. Xavier, mejor que nadie,
-debe comprender la grandeza de tu sacrificio.
-
-LA DAMA
-
-No la comprenderá... Y yo quiero ser fiel á esa pobre sombra, detenida
-por un milagro delante de la muerte. Quiero ser su esclava, ahora
-que nada puede exigir de mí. Cuando me sonríe, con su sonrisa de
-enfermo que vuelve á ser niño, cuando posa sobre mí sus ojos llenos de
-indecisión, tristes ojos sin pensamiento, el dolor de haberle ofendido
-se levanta dentro de mí como una ola, como un gran sollozo. Algunas
-veces cuando estoy sola con él, temo que de pronto tenga un momento de
-lucidez, y me maldiga, y me arroje de su lado. ¡Tú no sabes cómo esa
-idea me hace sufrir!
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿Y Xavier te ha escrito que venía?
-
-LA DAMA
-
-No.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿Cómo lo sabes?
-
-LA DAMA
-
-Lo presiento. Xavier vendrá, y yo volveré á caer en sus brazos, sin que
-nada pueda salvarme.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Tú debes luchar contra esa idea.
-
-LA DAMA
-
-¡No puedo! ¡Y el remordimiento me matará! ¡Mi falta, mi adulterio
-ahora, sería más cobarde, más infame que nunca!
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Yo en tu caso no vería á Xavier.
-
-LA DAMA
-
-No le conoces. Se aparecería cuando yo menos lo esperase.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Es algo fatal.
-
-LA DAMA
-
-¡Fatal! Y prefiero estar prevenida. Yo sé cómo puedo defenderme, y cómo
-puedo conseguir que se aleje de mí para siempre. Me bastaría pronunciar
-algunas palabras, pero me falta valor para hacerlo. Yo puedo renunciar
-á Xavier, no á que me recuerde sin cariño. Quiero vivir siempre en su
-corazón.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¡Me das pena!..
-
-LA DAMA
-
-Si le dijese: Xavier, tuve otro amante.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿Cuándo?
-
-LA DAMA
-
-¡Nunca! ¿Quién has creído que soy yo? Ni otro amante, ni otro amor que
-Xavier.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Pues no se lo digas.
-
-LA DAMA
-
-¿A ti te asusta?
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Sí. Es un sacrificio demasiado cruel. Y, además, quién sabe si eso le
-alejaría para siempre.
-
- En la puerta del jardín aparecen dos sombras. Se las distingue,
- como á través de larga sucesión de pórticos, en el fondo de la
- avenida de castaños. Bajo la bóveda de ramajes resuena la voz
- engolada y fanfarrona del Mayorazgo de Lantañón. La otra sombra es
- el Marqués de Bradomín.
-
-DON JUAN MANUEL
-
-Llego hasta mis molinos. Volveré á buscarte.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Adiós tío!
-
-DON JUAN MANUEL
-
-¡Adiós sobrino! Que me tengan avillado un jarro de La Arnela.
-
-LA DAMA
-
-¡Ahí está!
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿Adónde vas?
-
-LA DAMA
-
-¡Adonde mi ánimo se fortalezca! ¡Adonde está vivo mi remordimiento!
-
- Se aleja hacia la puerta del laberinto, donde vigilan dos quimeras
- manchadas de musgo, y en el tortuoso sendero que se desenvuelve
- entre los mirtos centenarios desaparece. El Marqués de Bradomín se
- acerca, camina lentamente bajo los cipreses que dejan caer de sus
- cimas un velo de sombra.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Prima y señora.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-No esperaba verte aquí. ¿Don Juan Manuel no venía contigo?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Sí, pero no ha querido detenerse. Está muriéndose uno de sus cien
-ahijados, y le han llamado para que le eche su bendición.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Es verdad, que entre los aldeanos existe la creencia de que la
-bendición del padrino abrevia la agonía. Tú, en cambio, vienes aquí
-para hacerla más lenta y más cruel.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Hablas de Concha? Eres injusta conmigo, bien que en eso no haces más
-que seguir las tradiciones de la familia. ¡Cómo me apena esa idea que
-todos tenéis de mí! ¡Dios que lee en los corazones!..
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Mira, calla. Eres el más admirable de los Don Juanes: Feo, sentimental
-y católico.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Isabel, eres injusta conmigo, mi presencia aquí es tan sólo una prueba
-de mi amor por Concha. Con la cabeza llena de canas no puede serse Don
-Juan. Hoy sólo me está bien con las mujeres la actitud amable de un
-santo prelado confesor de princesas y teólogo de amor. La pobre Concha
-es la única que me quiere todavía: ¡Sólo su amor me queda en el mundo!
-Lleno de desengaños, estaba en Roma pensando en hacerme fraile, cuando
-recibí una carta suya: Era una carta llena de afán y de tristeza,
-perfumada de violetas, y de un antiguo amor. Sin concluir de leerla, la
-besé: Concha, al cabo de tantos años, me escribía, me llamaba á su lado
-con súplicas dolorosas y ardientes. Los tres pliegos traían la huella
-de sus lágrimas: Me hablaba de la tristeza de su vida en el retiro de
-este viejo palacio, y me llamaba suspirando. Aquellas manos pálidas,
-olorosas, ideales, sus manos, que yo amé siempre tanto, volvían á
-escribirme como otras veces. Sentí que los ojos se me llenaban de
-lágrimas. Yo siempre había esperado en la resurrección de nuestros
-amores, era una esperanza que llenaba mi vida con un aroma de fe. ¡Era
-la quimera del porvenir!
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿Y si Concha te suplicase ahora?..
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Que me fuese? Sería entristecer dos vidas. Concha tampoco tiene otro
-amor que yo.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿Y sus hijas?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Pobres niñas!
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿Y su marido?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No existió jamás... Isabel, tú bien sabes que hay tálamos fríos como
-los sepulcros, y maridos que duermen como las estatuas yacentes de
-granito, maridos que ni siquiera pueden servirnos de precursores, y
-bien sabe Dios que la perversidad, esa rosa sangrienta, es una flor que
-nunca se abrió en mis amores. Yo he preferido siempre ser el Marqués
-de Bradomín á ser ese divino Marqués de Sade. Esa ha sido la causa de
-pasar por soberbio entre algunas mujeres.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Xavier, yo te suplico que te vayas.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Tú?
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-En nombre de Concha.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Creía merecer que ella me lo dijese.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿Y ella, pobre mujer, no merece que le evites ese dolor?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Si hoy atendiese su ruego, mañana volvería á llamarme. ¿Crees que esa
-piedad cristiana que ahora la arrastra hacia su marido, durará siempre?
-¿Crees que después de martirizarse un día y otro día no hará estéril
-ese martirio otra carta suya? Tú sabes que también fué una ola de
-misticismo lo que antes nos separó. ¿Recuerdas sus terrores religiosos
-y la celeste aparición que le fué acordada hallándose dormida? Concha
-estaba en el laberinto, sentada al pie de la fuente y llorando sin
-consuelo: En esto se le apareció un Arcángel: no llevaba espada ni
-broquel, era cándido y melancólico como un lirio. Concha comprendió
-que aquel adolescente no venía á pelear con Satanás, y le sonrió á
-través de las lágrimas, y el Arcángel extendió sobre ella sus alas
-de luz y la guió. El laberinto, según parece, era el pecado en que
-Concha estaba perdida, y el agua de la fuente eran todas las lágrimas
-que había de llorar en el Purgatorio. A pesar de nuestros amores,
-Concha no se condenaría; yo sí. El Arcángel, después de guiarla á
-través del laberinto, en la puerta agitó las alas para volar. Concha,
-arrodillándose, le preguntó si debía entrar en un convento; el Arcángel
-no respondió. Concha, retorciéndose las manos, le preguntó si iba
-á morir; el Arcángel no respondió. Concha, arrastrándose sobre las
-piedras, le preguntó si debía deshojar en el viento la flor de nuestros
-amores; el Arcángel tampoco respondió; pero Concha sintió caer dos
-lágrimas en sus manos: Las lágrimas le rodaban entre los dedos como dos
-diamantes. Entonces Concha comprendió el misterio de aquel sueño. ¡Era
-preciso separarnos!
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-¿Y os separasteis?
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Sí: estaba como loca.
-
-ISABEL BENDAÑA
-
-Acaso ahora lo esté también, pero su locura es bien hermosa.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Y tú crees que durará siempre?
-
- El blanco fantasma de la dama solloza en la puerta del laberinto.
- Está allí desde hace un momento, y por sus labios pasa el temblor
- de un rezo, al mismo tiempo que sus ojos y su alma vuelan hacia el
- Marqués de Bradomín.
-
-LA DAMA
-
-Sí, Xavier. ¡Siempre!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Más que mi amor?
-
-LA DAMA
-
-Tanto como tu amor. ¡Xavier, tú no sabes cuánto he sufrido desde
-aquella noche en que nos separamos!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Con la promesa de volver á vernos.
-
- Los dos se contemplan mirándose en el fondo de los ojos, con esa
- intensidad atrayente y dolorosa que tienen los abismos y los
- destinos trágicos. Isabel Bendaña se aleja lentamente, y cuando
- desaparece bajo la dorada y otoñal avenida de viejos castaños, el
- Marqués de Bradomín intenta besar las manos de la dama, aquellas
- manos olorosas y ardientes que deshojan el amor como un lirio
- rústico. La dama retrocede, y sus ojos brillan con dos lágrimas
- rotas en el fondo.
-
-LA DAMA
-
-¿Tú vienes á exigirme que abandone á un pobre ser enfermo? ¡Tú quieres
-que le deje en manos mercenarias, y eso, jamás, jamás, jamás! ¡Sería en
-mí una infamia!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Son las infamias que impone el amor, pero desgraciadamente ya soy viejo
-para que ninguna mujer las cometa por mí.
-
-LA DAMA
-
-¿Por qué me dices eso cuando sabes que no puedo dejar de quererte?
-Xavier, si tuvieses un duelo, te batirías á pesar de mis súplicas, á
-pesar de mis lágrimas, aunque me vieses morir. Lo que á mí me sucede
-es algo parecido. Hay momentos en que una mujer no debe retroceder, ni
-siquiera dudar. ¡Las mujeres no se baten, pero se sacrifican!..
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Hay sacrificios tardíos, Concha.
-
-LA DAMA
-
-¡Eres cruel!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Cruel?
-
-LA DAMA
-
-Tú quieres decirme que el sacrificio debió ser para no engañarle.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Acaso hubiera sido mejor, pero al culparte á ti, me culpo á mí también.
-Eramos jóvenes y ninguno de los dos supo sacrificarse... ¡Esa ciencia
-sólo se aprende con los años, cuando se hiela el corazón!
-
-LA DAMA
-
-¡Xavier, es la última vez que nos vemos, y qué recuerdo tan amargo me
-dejarán tus palabras!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Tú crees que es la última vez? Yo creo que no. Mi pobre Concha, si
-accediese á tu ruego, volverías á llamarme.
-
-LA DAMA
-
-¡Por qué me lo dices! Y si yo fuese tan cobarde que volviera á
-llamarte, tú no vendrías. Este amor nuestro es imposible ya.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Yo vendría siempre.
-
-LA DAMA
-
-¡Dios mío, y acaso llegará un día en que mi voluntad desfallezca, en
-que mi cruz me canse!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Ya llegó.
-
-LA DAMA
-
-¡Nunca! ¡Nunca! ¡Antes que eso sucediese..! ¡No! ¡No!..
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Por qué tiemblas? ¿Qué dudas? Ya llegó.
-
-LA DAMA
-
-¡Vete, Xavier..! ¡Vete!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Mi pobre Concha, cuánto sufres y cuánto me haces sufrir con tus
-escrúpulos.
-
-LA DAMA
-
-¡Vete! ¡Vete..! ¡No me digas nada! ¡No quiero oirte!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Divinos escrúpulos de santa! ¡Cuántas noches, al entrar en tu tocador,
-donde me dabas cita, te hallé llorando de rodillas..! Sin hablar,
-levantabas los ojos hacia mí indicándome silencio, y las cuentas del
-rosario pasaban con lentitud devota entre tus dedos pálidos.
-
-LA DAMA
-
-¡Calla!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Algunas veces, sin esperar á que concluyeras, me acercaba y te
-sorprendía, y tú, volviéndote más blanca, te tapabas los ojos con
-las manos. Yo amaba locamente aquella boca dolorosa, aquellos labios
-trémulos y contraídos, helados como los de una muerta.
-
-LA DAMA
-
-..¡Calla! Xavier, voy á causarte una gran pena. Yo ambicioné que tú
-me quisieses como á esas novias de los quince años. ¡Pobre loca! Y te
-oculté mi vida, y todo te lo negué cuando me has preguntado, y ahora,
-ahora..! Tú me adivinas, Xavier, tú me adivinas, y no me dices que me
-perdonas!..
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Te adivino. ¿Has querido á otros?..
-
-LA DAMA
-
-Sí.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Y me lo dices!
-
-LA DAMA
-
-¡Para que me desprecies!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Quiénes fueron tus amantes?
-
-LA DAMA
-
-Se ha muerto ya.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Uno nada más?
-
-LA DAMA
-
-Nada más.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Y conmigo, dos. Ese amante, mi sucesor, sin duda...
-
-LA DAMA
-
-No.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Siempre es un consuelo. Hay quien prefiere ser el primer amor, yo he
-preferido siempre ser el último. ¡Pero, acaso lo seré?
-
-LA DAMA
-
-¡Xavier, mi Xavier, el último y el único!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿Por qué reniegas del pasado? ¿Imaginas que eso puede consolarme? Más
-piadosa hubieras sido callando.
-
-LA DAMA
-
-¿Qué hice yo? Xavier, olvida cuanto dije... Perdóname... ¡No, no debes
-olvidar ni perdonarme!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¿He de ser menos generoso que tu marido?
-
-LA DAMA
-
-¡Qué crueles son tus palabras!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Qué cruel es la vida cuando no caminamos por ella como niños ciegos!
-
-LA DAMA
-
-¡Cuánto me desprecias! ¡Es mi penitencia!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Despreciarte, no. Tú fuiste como todas las mujeres, ni mejor ni peor.
-¡Adiós, Concha!
-
-LA DAMA
-
-Si todas las mujeres son como tú me juzgas, yo tal vez no haya sido
-como ellas. ¡Xavier, mi Xavier, déjame que me vea en tus ojos! ¡Es la
-última vez! ¡Compadéceme, no me guardes rencor!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-No es rencor lo que siento, es la melancolía del desengaño, una
-melancolía como si el crepúsculo cayese sobre mi vida, y mi vida,
-semejante á un triste día de otoño, se acabase para volver á empezar
-con un amanecer sin sol.
-
-LA DAMA
-
-Tú tendrás el amor de otras mujeres.
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-Temo que reparen demasiado en mis cabellos blancos.
-
-LA DAMA
-
-¿Qué importan tus cabellos blancos? Yo los buscaría para quererlos más.
-¡Xavier, adiós para toda la vida!
-
-EL MARQUES DE BRADOMIN
-
-¡Quién sabe lo que guarda la vida! ¡Adiós, Concha!
-
- El Marqués de Bradomín se aleja, y la dama tiende hacia él los ojos
- mudos y desesperados. En el silencio de aquel jardín de mirtos
- lleno de gracia gentilicia, y de la tarde azul llena de gracia
- mística, los tritones de las fuentes borbotean su risa quimérica,
- y las aguas de plata corren con juvenil murmullo por las barbas
- limosas de los viejos monstruos marinos, que se inclinan para
- besar á las sirenas presas en sus brazos. La dama, desfallecida,
- se sienta en el banco que tiene florido espaldar de rosales, y
- ante sus ojos se abre la puerta del laberinto coronada por las dos
- quimeras, y el sendero umbrío, un solo sendero, ondula entre los
- mirtos como el camino misterioso de una vida.
-
-LA DAMA
-
-¡Qué hice yo, Dios mío!.. ¡Y si á pesar de todo volviese!
-
-
-ASÍ TERMINA LA JORNADA TERCERA
-
-
-
-
- ELOGIO DE DON RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN LO ESCRIBIÓ VARGAS VILA EN
- ESTE AÑO DE MCMVII
-
-
-
-
-SEGUROS _de que serán gratas á nuestros lectores, publicamos aquí las
-páginas donde el admirable escritor americano loa al admirable escritor
-de Castilla_.
-
- (NOTA DEL EDITOR.)
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
---Lo ilimitado está en el Arte, como en el Espacio;
-
-una condensación de Infinito, eso es una: Obra de Arte;
-
-crear, es condensar el Misterio, en formas visibles á los ojos
-espirituales;
-
-inextricablemente complexo, el Arte, es, como un Universo en gestación:
-creador eterno de bellezas;
-
-las formas varían: el Arte, es, Uno;
-
-llenar estas formas en Armonía y Belleza Superior es, ser: Artista;
-
-encarnar musicalmente la Vida Interior de una época y de un país;
-
-ser el Poeta y el Profeta, incompatible con su tiempo, é incomprensible
-para su tiempo;
-
-aislarse en el Evangelio de la Belleza y de la Verdad, que guarda la
-gran palabra inarticulada que ha de salvar la Tierra;
-
-decir las cosas profundas en el canto insondable de un pensamiento
-musical, raro, como una revelación de Gloria;
-
-dar á la frase inusitada la intensidad y el poder pictural de un fresco
-eterno, que no han de afrentar los siglos;--porque la Eternidad no se
-hizo para el insulto del Genio, sino para su consagración;--
-
-ser la omnividencia maravillosa y la expresión armónica de una
-hora ciega y áfona, de un momento histórico brutal, de uno de esos
-momentos en que el pensamiento humano sufre la cecidad y la mudez
-producidas por la lejanía del Ideal, y, el olvido de la comunión con lo
-Bello-Infinito;--única Eucaristía de las almas;
-
-ser la profundidad inagotable, donde mañana, las generaciones
-sitibundas vengan á apagar su sed de Belleza, apurando la onda negra,
-permanecida pura en la Soledad;
-
-ser un gran Evocador y un gran Creador;
-
-ser el Sacerdote melodioso de un culto que la apostasía condenó al
-Olvido, y, la Gloria volverá al sereno esplendor de su Belleza;
-
-he ahí el Deber, he ahí la Misión de esa Personalidad Exótica, de ese
-Hijo del Misterio, de esa Figura Heroica del Dolor, que es, un: ARTISTA.
-
- * * * * *
-
-... El corazón del Artista, no es el corazón de _un_ hombre: es, el
-corazón del Hombre;
-
-el corazón de todos gime en ese corazón único, hecho de sinceridades
-radiosas;
-
-el corazón del Artista, es hecho de fraternidades; y, ningún Simulacro
-turba su voz confusa, que viene del profundo Infinito;
-
-su misma teatralidad, es sincera, porque es la exteriorización de su
-fastuoso sueño;
-
-el Artista, no finge: expresa;
-
-su Visión, es vivida;
-
-el más absurdo sueño, fué Vida,
-
-en él;
-
-porque su vida es una centuplicación de siglos;
-
-lo Eterno, está en él;
-
-su palabra es un viático misericordioso, que alimenta las almas en su
-peregrinación á lo Desconocido;
-
-todo Genio es un Profeta;
-
-la lapidación es su destino;
-
-hoy, la vil Estulticia, la enemiga del Genio, no se llama: Muchedumbre;
-se llama: la Crítica;
-
-ya no se lapida al Genio con guijarros: se le lapida con vocablos;
-
-los semi-intelectuales verbalizan contra él, sentencias de
-proscripción, y, en nombre del Diccionario, insultan lo Sublime
-Extraordinario;
-
-cuando el salvaje elemento de la Envidia, cree haberlo consumido,
-organiza en su honor, los grandes funerales del Silencio;
-
-pero, el Genio, como el Mar, es más grande que el Silencio; y, lo ahoga
-con sus clamores;
-
-y, hace sonoro al Silencio; sonoro, como la Fama;
-
-y, hace que el alma invisible y gigante del Silencio, toque para él,
-las mil trompetas del Renombre;
-
-el Genio, es siempre vencido por la Suerte; no es nunca vencido por la
-Crítica;
-
-puede ser reducido á la impotencia; no es nunca reducido al Silencio;
-
-la voz del Genio es la pesadilla de los mediocres;
-
-¿qué no daría, la afonía, cenagosa de los pantanos, por reducir al
-silencio la gloria estruendosa de los Mares?
-
-¿qué no darían los mediocres, por reducir el Genio á la mudez?
-
-el pantano es el eterno envidioso del Océano, como el crítico, es el
-eterno enemigo del Genio;
-
-su cólera viene de su impotencia; el alma de ambos es verde, verde como
-el limo, lleno de reptiles enormes;...
-
- * * * * *
-
-...Toda creación de Arte, es una Palabra, dicha;
-
-de mármol, de lienzo, de hierro, de cristal, toda obra del Genio, es
-Verbo;
-
-en manos del Artista todo canta; El, mismo es un cántico;
-
-el Artista excelso, es, el Artista raro, aquel, cuya maravilla de
-creación, escapa á la comprensión de la Muchedumbre, al gusto del
-rebaño letrado de su tiempo;
-
-la antimonia entre su individualismo y, el medio ambiente, es lo que
-caracteriza al Genio;
-
-el Artista Verdadero, el Artista raro, no es tolerado nunca, y, atrae
-la execración, del colectivo animal que lo rodea;
-
-su grandeza lo aisla tanto como su voluntad;
-
-el Grande escritor de quien vengo á hablaros, es un Extraño y un
-Aislado;
-
-en el Pórtico del Ideal, que es su templo, aparece así, Enigmático y
-Taciturno, escoltado por dos efigies: el Silencio y el Ensueño;
-
-Valle-Inclán, no es un escritor popular, ni siquiera un escritor,
-célebre, es simplemente, un escritor glorioso;
-
-la Gloria no se dicierne, la Gloria se posee;
-
-Valle-Inclán, no colinda por ningún lado con la popularidad;
-
-no cultiva el género chico, que hace veinte años triunfa en España, y,
-educa y divierte el alma heroica y triste de ese pueblo;
-
-no es un profesor de hilaridad;
-
-no cultiva tampoco el enojo, que los escritores graves de su país,
-estilan en sus libros, ese enojo mortal, capaz de hacer dormir de pie,
-á un neurótico en cólera;
-
-los libros de Valle-Inclán, no son un éxito de librería, son
-simplemente una victoria del Arte;
-
-él, no cultiva el Suceso, cultiva la Belleza;
-
-he ahí por qué, en la literatura de su tiempo, es un Extraño y un
-Aislado;
-
-cuando se es un Artista puro, un Artista apasionado y verdadero, se
-tiene el derecho de estar orgulloso de esa forma sagrada del suplicio,
-que es: la Soledad;
-
-la aparente Iniquidad de los hombres, llena una tarea divina: aislando
-al Artista, lo sublimiza;
-
-confinándolo en su Reino, le vuelve su Soberanía Absoluta; y, extasiado
-por su Belleza, el Artista entra en el Heroísmo de su Destino, y cumple
-su Misión: _Crear en Belleza_;
-
-así la Obra de ese gran Solitario, de ese Excelso Impopular, que es
-Valle-Inclán.
-
- * * * * *
-
-¿Habéis visto el toro Farnesio, alzarse bajo la luz pausilípea, en su
-simplicidad descomunal?
-
-¿no os parece al mirarlo en la vastitud de la sala blanca, sin
-penumbras, que las entrañas del Pentélico se han abierto para dar paso
-á ese cornúpeto enorme, pronto á lanzar sus mugidos contra el cielo y
-á escalar los astros para pisotearlos, con sus pezuñas, vírgenes del
-polvo de la Tierra?
-
-se diría que en la obscura virilidad de sus ojos ausentes, duerme
-todo el vértigo enloquecido, de la Noche; que en su garganta duerme
-el crepitamiento de un mar y se le miran los lomos enormes, por ver
-si brotan de ellos las alas descomunales, que se despliegan bajo las
-crineras de oro de los bueyes taciturnos del Apocalipsis;
-
-es la Fuerza, la Fuerza enorme de la Naturaleza, poderosa, arrogante y
-terrible;
-
-leyendo á Homero, decía Miguel Angel, se mira uno, para ver si tiene
-quince codos de alto, como los héroes del Poema;
-
-la familiaridad con lo grande; engrandece;
-
-es un fenómeno de óptica moral;
-
-saliendo de las representaciones de Esquilo, donde las mujeres en cinta
-daban á luz y la epilepsia, se desarrollaba en los niños; los mozos
-golpeaban enardecidos, sus escudos contra las estatuas, gritando:
-¡Patria! ¡Patria!..
-
-una fiebre heroica los poseía, como si los muertos de Maratón, gritasen
-todos, por sus bocas;
-
-el contagio del Genio los ganaba;
-
-es lo propio de toda Obra de Arte: insuflaron un soplo, haceros vivir
-su vida, daros su propio espíritu;
-
-y, ese contagio de emoción, intenso y comunicativo, lo sentiréis,
-leyendo los extraños libros de don Ramón del Valle-Inclán, llenos del
-vértigo enloquecido del Dolor y de la Muerte:
-
-este raro Escritor posee como nadie ese privilegio misterioso de
-captación del ánimo, de hipnotización sortíleja, imperativa y vidente;
-
-bajo el influjo de aquel espíritu de monje soñador y legendario,
-sentiréis revivir en vosotros, los ya olvidados miedos de la infancia...
-
-muertos y aparecidos, brujas y endriagos, toman bajo aquella pluma
-medio-eval y cabalística, nuevas formas de vida, de una persistencia
-enorme, y, pueblan y obsesionan y torturan el ánimo, moviéndose en un
-campo caliginoso de Visión;
-
-yo, no he leído, otro escritor peninsular, que represente en más alto
-grado y más perfectamente, el alma de su Patria, y cuyos cuadros tengan
-en tonos más acentuados: _el color del Alma Española_;
-
-_¿el color del Alma?_
-
-Sí;
-
-el alma española es, negra y roja;
-
-tiene el color de sus grandes cuadros, el color querido á sus pintores,
-que más profundamente la han interpretado: negro con Goya; rojo y negro
-con Velázquez; negro-lívido, con Rivera;
-
-negro y rojo, como sus poemas, sus dramas, toda su poesía y su prosa
-heroica, antes de la anemia claustral que la enervó y de la aparición
-de esa literatura delicuescente y pálida, que marcó el cenit de su
-decadencia, en la postrera mitad del siglo último;
-
-el alma española, es, heroica y claustral;
-
-monástica y bélica;
-
-el poema rojo de la guerra y el salmo negro del monasterio, se unen en
-ella y la modelan;
-
-su Epopeya, es, un grito enorme de Violencia y de Fe;
-
-lo heroico reside en ella en dosis inverosímiles, y, lo piadoso es una
-inmensidad;
-
-lo trágico está en el fondo de su vida, un trágico de Atridas, que
-hace retroceder el alma asombrada, á los más remotos horizontes de la
-Historia;
-
-Dios, llena toda la historia de aquel pueblo, con el mismo soplo de
-Heroicidad y de Ferocidad, con que llena Jehová las páginas sonoras de
-la Biblia;
-
-hay una extraña similitud, entre estos dos pueblos, guerreros tenaces
-y rapaces, fanatizados por un terrible Ideal, impulsados por el
-fanatismo religioso y llevados por él á través de la Historia, como por
-un huracán, estéril y fatal;
-
-esa supervivencia de idolatría árabe, ha sido el Alfa y el Omega de
-la Historia de ese pueblo á través de los siglos, y ha hecho el alma
-nacional, roja, como las arenas del desierto, negra, como la sombra de
-una montaña, en la noche;
-
-alma de Kalifa y de Monje;
-
-Sacerdotal y marcial;
-
-Omar y Loyola;
-
-bajo cada héroe hay un fraile, bajo cada fraile hay un héroe;
-
-en todos esos guerreros y esos monjes, que llenan las historias, las
-comedias y las pinturas, de los siglos florecientes del alma española,
-¿qué nota impera? la nota roja; la nota negra;
-
-esos Señores, con gorguilla y ferreruelos que en el Museo del Prado,
-emergen de las telas negras, sus cabezas pálidas y anormales, como
-obsesionados de un tenaz sueño de rapiña y de gloria, tuvieron el alma
-roja, roja como las manos: fueron los hombres de Flandes y de América;
-guerreros y conquistadores; hombres de presa; hombres de sangre;
-
-y, esos obispos, esos abades, esos frailes, que en el Silencio de las
-sacristías, destacan de las telas mal pintadas y del gris opaco de
-sus sayales, sus cabezas de buitres pensativos, con miradas torvas de
-asesinos: todos ellos tuvieron el alma negra; fueron los hombres de la
-Inquisición;
-
-el rojo de la espada;
-
-lo negro de la cruz;
-
-he ahí el alma hispana;
-
-yo no he visto alma más dolorosa, que esa grande y noble alma española;
-
-toda la tristeza árida de sus campos castellanos se conglomera en ella,
-inconsolable y austera;
-
-aun en su carcajada es triste;
-
-¿hay algo más melancólico, que la alegría que se desprende del Quijote?
-
-el Quijote, bien leído, hace llorar;
-
-y, en él reside el alma española, toda el alma española, heroica y
-creyente; desmesuradamente triste...
-
-esa es el alma que gime y canta y pasa como un fantasma en campos de
-desolación por los libros de Valle-Inclán;
-
-¡alma radiosa y misteriosa, en paisajes de opacidad!;
-
-es verdad, que un ligero azul, tiñe á veces los cielos, de esos
-cuadros, llenos de una mansedumbre de Infinito, diáfanos al nacer el
-Alba:
-
-pero, pronto se obscurecen;
-
-el azul, es un color italiano;
-
-sus campos esmeraldean en ocasiones, con un frescor de primavera, donde
-florece una alegría de rosas;
-
-pero, pronto se descoloran, se entenebrecen, entran en la sombra;
-
-el verde es un color holandés;
-
-Su cultura varía, su pasión de Arte, da á veces á esos cielos tonos
-delicuescentes de un lila pálido;
-
-pero pronto se diluyen y se esfuman; mueren bajo la noche;
-
-el lila, es un color francés;
-
- * * * * *
-
-¿cuál es el alma del _Marqués de Bradomín_?
-
-el alma de un monje conquistador: roja y negra;
-
-pasead por el _Jardín novelesco_; los muertos os hablan, los duendes os
-persiguen, las brujas os acechan, como en Shakespeare; hasta los niños
-que mueren en la cuna, parecen expirar bajo una maldición;
-
-los campesinos que allí hablan, no saben sino de leyendas medrosas, de
-historias de asesinatos, de cuentos de aparecidos, de narraciones de
-milagros;
-
-hablan en el silencio de la noche, con voces miedosas, en torno á la
-hoguera intermitente que finge alucinaciones; y, tiemblan, como bajo el
-resplandor de un puñal;
-
-aquellas almas, no ven sino rojo y negro; lo negro de su ignorancia, lo
-rojo de su pasión salvaje:
-
-en: _Flor de Santidad_, el paisaje se aclara á veces, hasta ese
-gris verdoso-acuático, que priva en los cuadros del Grecco, y, bajo
-ese cielo con las tonalidades de un sayal, las figuras, se mueven,
-espectrales y difusas, en una vaguedad de limbo, inconsolables ó
-siniestras, criminales ó miserables: negras y rojas;
-
-cuando habéis leído este Escritor, extraño y prodigioso, sentís, tal
-tristeza en el ánimo, tal bruma de desolación, que vuestra alma, parece
-como hundida en esos mismos paisajes muertos, en que aquella fantasía,
-hosca y genial, evocó é hizo gritar, la taciturna é inconsolable alma
-española;
-
-y, es, que, Valle-Inclán, como todos los escritores de raza, pone toda
-su alma en sus libros;
-
-y, su alma es: negra y roja;
-
-¡negra y roja! como la agonía de un crepúsculo en el mar;
-
-alma de meditación y alma de acción;
-
-porque ya os lo he dicho: el alma de Valle-Inclán, es la de un monje
-guerrero;
-
-es un místico-bélico;
-
-místico, quiere decir: del Misterio;
-
-en ese sentido, Valle-Inclán, es, un místico;
-
-y, con él, todos los poetas obsesionados de Infinito;
-
-pero, místico, no quiere decir, precisamente, católico;
-
-el misticismo y, el catolicismo, pueden hermanarse y se hermanan, como
-en el Dante, con una violencia sombría, que es como una epilepsia del
-Dogma;
-
-pero, se puede ser místico y anti-católico, como Hugo; místico y
-panteísta, como Goethe, porque esas almas, inquietas y tenebrosas,
-volotean en el dintel del Misterio, como las águilas del polo, en las
-riberas del mar glacial, insondable, impenetrable;
-
-el Misterio, será siempre la atracción suprema de las grandes almas;
-
-el Arte, es como un culto del Misterio, del cual la Belleza, es la
-Esencia Revelatriz;
-
-la Ortodojia, no implica el Misticismo, ni la Heterodojia lo excluye;
-porque ninguna de las dos, es fin y esencia del Arte; ni indican formas
-aproximativas, reales ni metafísicas de la Belleza, que se transparenta
-del fondo del Misterio;
-
-Valle-Inclán, es un místico, como Huysman, pero, sin ardores de
-sectario;
-
-es, uno, como _Revenant_ del Renacimiento, un hermano de Vinci, con el
-cual guarda múltiples puntos de contacto;
-
-y, como todos los artistas de aquella época iluminada y bravía, es tan
-pronto á la inspiración como al combate; y, cerca á su pluma austera,
-está su sable desnudo;
-
-hay de ascetismo puro, en la vida intelectual de Valle-Inclán, en su
-amor fosco y apasionado por la Belleza, en su culto al Arte, en el
-ardor con que lo defiende; en la devoción con que trabaja la hermosura
-arquitectural de sus frases, su modo maravilloso de expresión, y, el
-grito de su elocuencia veraz y difusa, llena de un sublime dolor,
-noblemente cantado, como en el motivo de una sinfonía coral: dolor de
-Humanidad, enorme, sereno, diáfano como un cielo de Estío;
-
-Valle-Inclán, como toda la juventud intelectual de España, desprecia
-la política y los políticos y se aisla de ellos, como de una lepra
-contagiosa;
-
-y, yo, hallaría razón, á aquellos Caballeros del Ideal, desarzonados
-por el huracán del pesimismo, si no viera, que confunden
-lamentablemente, los hombres, con las ideas, y, castigan, á éstas, que
-son inocentes, con el odio que merecen aquéllos, que son culpables...
-
-en la osatura moral, alta y recia de Valle-Inclán, no hay elementos
-para un político: carece de vértebras;
-
-es un idealista, meditativo y tenaz, casi un iluminado, consciente
-de su sagrado deber de Iniciador, seguro de que todo Artista, es un
-Apóstol, por el esfuerzo profundo, y el candor colérico de su Fe;
-
-para mí, el Trinomio del Arte Latino, en Europa, lo forman hoy, estos
-tres nombres: D'Annunzzio, en Italia; Mæterlinck,[A] en Francia; y,
-Valle-Inclán, en España;
-
- [A] Se me dirá que Mæterlinck es belga. Sea. Pero tiene un
- alma latina. Escribe en francés y su arte y su cultura,
- francesas son.
-
-leed la prosa impecable de este último, esa prosa lapidada y
-abrillantada, prosa de un benedictino que fuese un Poeta, y, decidme si
-la hay más perfecta y, más sonora;
-
-siendo por su esfuerzo de indagación, un amador de frases arcaicas y un
-hacedor maravilloso de ellas, sabe sin embargo, tomar del modernismo
-una tersura de ritmos y una elasticidad de prosodia, que dan á su
-estilo, una novedad dentro de la tradición, que no se ve, en escritor
-algotro de su lengua;
-
-él, ha logrado hacer, con lingotes de viejo oro español, el más bello
-sagrario á la modernidad;
-
- * * * * *
-
-... Si sois un espíritu fatigado, en ansia de reposo, no leáis los
-libros de Valle-Inclán: su tumulto extraño exasperará vuestras neurosis;
-
-en aquel torrente, negro como la noche, las estrellas no brillan
-fraternales, sino como rostros de Ménades, vistas en el antro profundo;
-
-Valle-Inclán, como todos los escritores, geniales y profundos, es un
-gran Incitador;
-
-su mérito mayor no está en lo que os dice, sino en lo que os sugiere;
-
-simbolista nato, y, de alta escuela, él, os entrega á lo Ignoto, abre
-con mano violenta, las puertas del Misterio; y, os hace entrar en El;
-
-vuestros ojos, ávidos, buscan; y, seguís el alma del Autor, y, esa alma
-se os escapa, como una sombra, borrada en la vetusta palidez de un
-muro; ella, también es, un Símbolo;
-
-y, vuestro sueño, comienza, donde el Sueño del Autor acaba;
-
-el último esfuerzo del Arte, es, este sugerimiento de la Belleza
-Interior, este don de poner alas en los espíritus, esta facultad de
-abrir en lo desconocido, horizontes incitativos al vuelo;
-
-esa ampliación ilimitada, de la óptica espiritual, es privilegio
-exclusivo de aquellos seres raros y fugitivos, que tienen en su mano la
-antorcha del Genio, esa antorcha inseparable, que termina por arder y
-calcinar la misma mano que la levanta en la noche;
-
-esa facultad de hacernos sentir, lo que no nos han dicho, y, no nos
-dirán jamás, y, de hacernos prosternar ante el Verbo virgen, que yace
-en el labio mudo, es, la más alta aptitud de los Escritores Optimos,
-de aquellos cuyo pensamiento vive en la nube vertiginosa del Símbolo,
-cercano á la tenebrosa obscuridad del Misterio;
-
-y, Valle-Inclán, posee esa aptitud, en enormidad;
-
-el pavor que se siente, mirando ese río de tinieblas, que es la Poesía
-Hebraica, os asalta leyendo los vastos poemas de Valle-Inclán, llenos
-de un espiritualismo vehemente; de un acre deseo de Infinito;
-
-es como un Isaías, sin cóleras, coronado de rosas de Israël;
-
-los nardos de sus prosas, os embriagan, os sumen en soñaciones y
-añoranzas;
-
-la emoción personal, intensa y dolorosa, se oculta bajo la frase
-altanera, como el rostro de un hidalgo, bajo el embozo de la capa;
-pero, los ojos, los terribles ojos obsesionantes del espíritu, quedaban
-allí, brillando como soles:
-
-sólo Mæterlinck tiene ese poder de ideación, y, os deja esta impresión
-inaccesible é inexplicable despótica y dulce á la vez, que os dejan los
-libros de Valle-Inclán;
-
-libros de Iniciación; libros de Vida espiritual, donde el miraje se
-cristaliza, y la Visión, se hace cíclica;
-
-imperiosa y singular, compleja y luminosa la Obra de Valle-Inclán, es
-como su alma: una de las más raras y más grandes, que hayan aparecido
-en la agonía lamentable del siglo último y brillado en el alba incierta
-de este nuevo siglo, lleno de misteriosas renovaciones;
-
-y, es, por su rareza, que me atrae;
-
-por su rareza, y por su profundidad;
-
-ondulante, cambiante, borrascoso; pesado de Misterio; un lago en la
-montaña; negro bajo las estrellas;...
-
-esa alma medio-eval, mezcla de Vinci y de Savonarola, llena de
-germinaciones de Arte, y, de Obsesiones de Muerte;
-
-ese escritor con alma de conquistador; tan apto para manejar la
-pluma de Dante, como para ceñirse la espada del Cid; monje letrado y
-turbulento, muy superior á Tolstoy, del cual no tiene la mentirosa
-simplicidad, y, muy semejante á Josephin Peládan, del cual no tiene, la
-desesperante comicidad;
-
-ese soñador brumoso y audaz, lleno de prestigios interiores, rico en
-la maravilla de sus creaciones superiores, ha de atraer sobre sí, en
-hora no muy remota, la entusiasta é imperativa admiración, del mundo
-latino-intelectual, de las almas de _êlite_, enamoradas de la pura
-Belleza Espiritual, y del encanto infinitamente subtil de las ideas;
-
-actuando en un campo absolutamente rebelde al Arte, Nuevo,
-Valle-Inclán, no triunfará en España, pero, está llamado á triunfar en
-América, y, á regir el imperio de la bella prosa hispana, más allá del
-mar;
-
-Cautivo de su Libertad, Valle-Inclán, es como todos los grandes
-escritores, un Soberano de la Impopularidad;
-
-el vulgo iletrado lo ignora, el vulgo letrado, quisiera ignorarlo;
-
-el gusto profano y profanador de la burguesía intelectual, no ama, no
-puede amar, la noble Metafísica y la elegante estética, de este Novalis
-peninsular, tan lleno de misterioso encanto;
-
-la prueba de la Soledad, esa prueba que consagra al Genio, la ha
-sufrido Valle-Inclán, en España, y, ha de sufrirla en América, por
-parte de aquellos atrofiados, sin otro prestigio que el de su propia
-incapacidad;
-
-pero, hallará allí, un grupo mayor de almas, mejor preparadas para
-percibir y recibir esa irradiación de Belleza que surge de las obras
-singulares, las obras inquietantes, que escapan á la comprensión de
-los mediocres;
-
-la juventud intelectual de América, ya tan exquisitamente cultivada,
-esa juventud innovadora, que ha hecho del Arte, una como Teología de la
-Belleza, esa, acogerá á Valle-Inclán, aclamará á Valle-Inclán, seguirá
-á Valle-Inclán, como á un Maestro, como al más alto y puro Maestro, que
-el Renacimiento de la España literaria, puede ofrecer á la inquietud
-ávida de sus almas, enamoradas de un severo Ideal.
-
- VARGAS VILA.
-
- París, 1907.
-
-
-
-
-INDICE
-
-
- Págs.
-
- DEDICATORIA. 8
-
-
- EL MARQUES DE BRADOMIN
-
- JORNADA PRIMERA. 9
-
- JORNADA SEGUNDA. 63
-
- JORNADA TERCERA. 125
-
- ELOGIO DEL AUTOR. 169
-
-
-
-
- CATÁLOGO
- DE
- Obras modernas
- EN PROSA Y VERSO
- DE
- Autores españoles é hispano-americanos
-
- OBRAS DE ESPERANTO
-
- [Ilustración]
-
- MADRID
- Librería de Pueyo
- Mesonero Romanos, 10
- 1908
-
-
-
-
-Imprenta de Arróyave y González, Pizarro, 15.
-
-
-
-
- OBRAS MODERNAS EN PROSA
-
- DE
-
- INTERESANTE LECTURA
-
-
- Pesetas
-
-ACEBAL (Francisco)
-
- Huella de Almas (novela)
- 2
- De mi rincón 0 75
-
-
-ALARCÓN (Mariano)
- Obras de teatro.--Tomo I: _Moisés contemporáneo._
- Contiene este tomo las siguientes obras: El éxodo
- (drama en cuatro actos).--En el desierto (drama en
- cuatro actos).--La tierra de promisión (drama en
- cuatro actos). 5
-
- Tomo II.--_Del dolor al olvido._ Contiene este
- tomo las siguientes obras: Rescatada (drama en tres
- actos).--Rayo de sol (drama en un acto).--La fuerza de
- la corriente (La sinfonía de las aguas), drama en
- cuatro actos. 5
-
-
-ARCE (Francisco de)
-
- Pasionales (cuentos) 2
-
- La calatrava (novela) 3
-
-
-ARÉVALO (Joaquín)
-
- Misterios del lupanar (novela) 1
-
-
-BARK (Ernesto)
-
- Filosofía del placer 3
-
- La Invisible (novela contemporánea) 3
-
-
-BARRIOBERO Y HERRÁN (Eduardo)
-
- Cervantes de levita (crítica social) 1
-
- Misterios del mundo (Filosofía del suicidio) 1
-
- Don Quijote de la Mancha (comedia lírica sobre la base
- de la obra del inmortal Cervantes) 3
-
- Guerrero y algunos episodios de su vida milagrosa
- (novela documentaria) 2
-
-
-BUENO (Manuel)
-
- Almas y paisajes (cuentos) 2 50
-
- A ras de tierra 1
-
-
-CAMBA (Francisco)
-
- Camino adelante (novela) 2
-
-
-DARIO (Rubén)
-
- Azul 1
- Tierras solares 3 50
-
-
-DICENTA (Joaquín)
-
- De piedra á piedra (cuentos) 3
- Crónicas 2
-
-
-D'ORS (Eugenio)
-
- La muerte de Isidro Nonell (Narraciones arbitrarias) 3
-
-
-GONZÁLEZ ANAYA (Salvador)
-
- Rebelión (novela) 3 50
-
- Los alquimistas. Estudio sobre la alquimia y sus
- adeptos 2
-
-
-GONZÁLEZ BLANCO (Edmundo)
-
- Las iglesias del Estado 1
-
-
-HÉCTOR ABREU (Manuel)
-
- Aves de paso (novela) 3 50
-
- Novelerías 3
-
- Amazona (novela) 3
-
- El Espada (novela del toreo) 3
-
- Dominio de faldas (psicología masculina) 2
-
-
-HEREDIA (Rafael)
-
- A toda máquina 1 50
-
-
-HOYOS Y VINENT (Antonio)
-
- Frivolidad (novela) 3 50
-
- Mors in vita (novela) 4
-
-
-HUERTOS (Luis G.)
-
- Hampa (novela) 2
-
- Rerum (prosas) 2
-
-
-IGLESIA VARO (Antonio de la)
-
- Angustias Salazar (novela) 3
-
-
-LARRUBIERA (Alejandro)
-
- Camino del pecado (novela) 2
-
-
-LEYVA (Nicolás)
-
- Cuentos en papel de oficio 3
-
-
-LÓPEZ DE HARO (Rafael)
-
- En un lugar de la Mancha (novela manchega) 2
-
- Dominadoras (novela madrileña) 3
-
-
-MARTIN RUIZ (Leocadio)
-
- Tierra sultana (prosas) 1 50
-
-
-MARTINEZ-RUIZ (José) «Azorín»
-
- Los hidalgos (La vida en el siglo XVII) 1 50
-
-
-MARTINEZ SIERRA (Gregorio)
-
- Teatro de Ensueño 4
-
- Motivos 5
-
- La tristeza del Quijote 4
-
- Sol de la tarde 3 50
-
- Hamlet y el cuerpo de Sarah Bernard 2
-
- Pascua Florida 2
-
- Diálogos fantásticos 2
-
- La feria de Neuilly 4
-
- Aldea ilusoria 4
-
-
-MUÑOZ (Isaac)
-
- Vida (novela) 1
-
- Voluptuosidad (ídem) 3
-
- Alma infanzona (ídem) 3
-
-
-MURGER Y BARRIERE
-
- La bohemia (comedia en cuatro actos) 2
-
-
-NERVO (Amado)
-
- Almas que pasan (últimas prosas) 3 50
-
- Otras vidas (novelas cortas) 3 50
-
-
-RAMOS (Fernando) y BRAVO (Marcelino)
-
- Alma y carne (novela extremeña) 2
-
-
-RÉPIDE (Pedro de)
-
- La enamorada indiscreta.--Agua en cestillo.--No hay
- fuerza contra el amor (Tres novelas en un tomo) 3
-
-
-RÓDENAS (Miguel A )
-
- Tierras de paz 3
-
-
-RUSIÑOL (Santiago)
-
- Pájaros de barro 5
-
- Desde el molino (impresiones de arte) 5
-
- Desde el molino (edición económica) 1
-
- Vida y dulzura (comedia) 2
-
- Buena gente (comedia en cuatro actos).--El enfermo
- crónico (comedia en un acto) 5
-
- La fea (drama en tres actos).--El buen policía
- (comedia en dos actos) 5
-
-
-SALAZAR (Rodolfo)
-
- Remediets y Frasquiteta (novela alicantina) 0 50
-
- Risas y lágrimas (novela en cuatro capítulos) 0 50
-
-
-SASSONE (Felipe)
-
- Malos amores (novela) 1
-
- Almas de fuego (novelas cortas) 3
-
- De mi cariño (prosas íntimas) 1
-
-
-SAWA (Miguel).
-
- Ave fémina 1
-
-
-SILES (José de)
-
- La novia de Luzbel 1
-
- La casa de la alegría 1
-
- El lobo y la oveja 1
-
- El drama del Calvario (leyendas místicas) 1
-
- Boda buena y boda mala 1
-
- El cincel y la paleta 1
-
- Acuarelas del redondel (narraciones taurinas) 1
-
- Cielos y abismos 1
-
- Memorias de un patriota 1
-
- La estatua de nieve 1
-
- La copa de veneno 1
-
- El paraíso de los pobres 1
-
- La hija del fango (novela) 1
-
- Historias de amor 1
-
- El asesino de Lázara 1
-
- La pícara Cornelia (novela picaresca) 1
-
- El barón de Chicha y nabo (íd.) 1
-
- La niña del fraile (íd.) 1
-
-
-SUAREZ DE PUGA (Antonio)
-
- Pan de centeno (novela gallega) 2
-
-
-TRIGO (Felipe)
-
- Las ingenuas (novela pasional), dos tomos 7
-
- La sed de amar (novela) 3 50
-
- Alma en los labios (novela) 3 50
-
- Del frío al fuego (ellas á bordo), novela 3 50
-
- La altísima (novela) 3 50
-
- El amor en la vida y en los libros 3
-
- Socialismo individualista 3
-
-
-VALLE-INCLAN (Ramón del)
-
- Sonata de Primavera (novela) 2
-
- Sonata de Estío (íd.) 3 50
-
- Sonata de Otoño (íd.) 3 50
-
- Sonata de Invierno (íd.) 3 50
-
- Flor de Santidad (íd.) 2
-
- Aguila de Blasón (íd.) 3 50
-
- Jardín novelesco.--Historias de santos: de almas en
- pena: de duendes y de ladrones 3 50
-
- Jardín umbrío 0 75
-
- El Marqués de Bradomín (novela) 3 50
-
- Historias perversas 2
-
-
-VIDAL (Pepita)
-
- Cosas que pasan (prosa ligera) 2 50
-
-
-ZAMACOIS (Eduardo)
-
- Río abajo 3
-
- Punto negro (novela) 3
-
- Desde el arroyo 1
-
- Tik-Nay El payaso inimitable 3
-
- La cita (novela de _El Cuento Semanal_) 0 30
-
-
-ZAYAS (Antonio)
-
- Ensayos de crítica histórica y literaria 3 50
-
-
-
-
-OBRAS MODERNAS EN VERSO
-
-
- Pesetas
-
-
-ABRIL (Manuel)
-
- Canciones del corazón y de la vida 2
-
-
-BACHILLER CANTA CLARO (El)
-
- Los señores diputados, 400 semblanzas en verso, con un
- prólogo de Galdós 2
-
-
-BARRANTES (Pedro)
-
- Tierra y cielo 3
-
-
-BRENES MESEN (Roberto)
-
- En el silencio 3
-
-
-BRIGA (Augusto)
-
- Mundanas 3
-
-
-CARRERE (Emilio)
-
- Románticas 1
-
- El caballero de la muerte 3
-
-
-CASTRO (Cristóbal de)
-
- El amor que pasa 3
-
-
-CATARINEU
-
- Estrofas 2
-
-
-CUQUERELLA (Félix)
-
- Del amor 2
-
-
-CHOCANO (José Santos)
-
- Los conquistadores (drama heroico en tres actos) 2
-
-
-DARIO (Rubén)
-
- Cantos de vida y esperanza 5
-
- Prosas profanas 5
-
-
-DIEZ CANEDO (Enrique)
-
- Versos de las horas 2
-
-
-FABRA (Nilo)
-
- Interior 3
-
- Ingenuamente 2
-
-
-FORTUN (Fernando)
-
- La hora romántica 2
-
-
-GARCÍA VALENZUELA (G.)
-
- Rumor de notas 2
-
-
-GIL ASENSIO (Federico)
-
- Como la vida 1
-
-
-GODOY Y SOLA (Ramón de)
-
- Aspiraciones 2
-
-
-GONZÁLEZ ANAYA (Salvador)
-
- Medallones 2
-
- Cantos sin eco (prólogo de Manuel Reina) 2 50
-
-
-JIMÉNEZ (Juan R.)
-
- Ninfeas 5
-
- Jardines lejanos 3 50
-
- Rimas 3
-
- Almas de violeta 2 50
-
-
-LÓPEZ ALARCÓN (Enrique)
-
- Constelaciones 3
-
-
-LLANOS (Américo)
-
- A flor de alma 2
-
-
-MACHADO (Antonio)
-
-
- Soledades-Galerías-Otros poemas 3
-
-
-MACHADO (Manuel)
-
- Alma-Museo-Los cantares 3
-
- Caprichos 3
-
- La fiesta nacional 0 75
-
-
-CAMPO (Marqués de)
-
- Estampas 2
-
-
-NERVO (Amado)
-
- Poemas 5
-
- Perlas negras 5
-
-
-ORTIZ DE PINEDO (José)
-
-
- Dolorosas 2
-
- Poemas breves 2
-
- Huerto humilde 3
-
-
-ORY (Eduardo de)
-
- La primavera canta 1 50
-
- El pájaro Azul 1 50
-
-
-PUJOL (Juan)
-
- Ofrenda á Astartea 2
-
-
-RÉPIDE (Pedro de)
-
- Las canciones 3
-
- Libertad 1
-
- Las canciones de la sombre 3
-
-
-ROSADO VEGA (Luis)
-
- Alma y sangre 8
-
- Sensaciones 3
-
- Libro de ensueño y de dolor 6
-
-
-SALAZAR (Rodolfo de)
-
- Ecos del alma 2
-
-
-SÁNCHEZ RODRIGUEZ (José)
-
- Alma andaluza 2
-
-
-SHERIF (Leonardo)
-
- Versos de Abril 2
-
-
-SILES (José de)
-
- Los fantasmas del mundo 1
-
- El diario de un poeta 1
-
- Musa retozona 1
-
- El carnaval eterno 1
-
-
-VAL (Mariano Miguel de)
-
- Edad dorada 3 50
-
-
-VALENZUELA (José de)
-
- Almas y Cármenes 6
-
-
-VALLE-INCLAN (Ramón del)
-
- Aromas de leyenda 3
-
-
-VARIOS AUTORES.
-
- La corte de los poetas.--Florilegio de ritmas
- modernas.--Forma un elegante tomo de 348 páginas y
- contiene 173 composiciones en verso de los mejores
- poetas modernos españoles é hispano-americanos 4
-
-
-VERDUGO (Manuel)
-
- Hojas 2
-
-
-VIDAL (Pepita)
-
- Lira andaluza 3 50
-
- Cosas que pasan 2 50
-
- Vibraciones 1
-
-
-VILLAESPESA (Francisco)
-
- Tristitiæ rerum 3
-
- Las canciones del camino 2
-
- Carmen 2
-
- Rapsodias 2
-
-
-ZAYAS (Antonio de)
-
- Joyeles bizantinos 4
-
- Retratos antiguos 3
-
- Paisajes 3
-
- Noches blancas 4
-
- Leyenda 4
-
-
-
-
-OBRAS DE ESPERANTO
-
-
- Pesetas
-
-
-ZAMENHOF
-
- Fundamenta krestomatio de la linguo Esperanto 6
-
-
-INGLADA Y VILLANUEVA
-
- Vocabulario Esperanto-Español y Español-Esperanto 6
-
-
-INGLADA Y VILLANUEVA
-
- Manual y ejercicios de la lengua internacional
- Esperanto 3
-
-
-DUYOS SEDÓ é INGLADA ORS
-
- Curso práctico de Esperanto, lecciones graduadas y
- ejercicios para aprender sencillamente la lengua
- internacional 3
-
-
-DUYOS SEDÓ é INGLADA ORS
-
- Clave de los temas y ejercicios contenidos en el curso
- práctico de Esperanto 0 75
-
-
-GUINART
-
- Gramática de la lengua internacional auxiliar
- Esperanto 0 75
-
- Diccionario Esperanto-Español de Raíces 1
-
-
-CART
-
- Primeras lecciones de Esperanto 0 75
-
- Hispana Jarlibro Esperantista (anuario esperantista)
- para 1907 0 50
-
- Verba amuzajo 0 15
-
- Enumeración y significado de los afijos 0 25
-
- Ekzerco je tradukado, ejercicio de traducción 0 50
-
- Cent dek Tri humorajoj verkitaj au Esperantigitaj 0 40
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- Provo de Esperanta Nomigado de personaj nomoj 0 75
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- Clave Esperanto 0 10
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-volunteers and employees are scattered throughout numerous
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-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
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-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
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-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
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