summaryrefslogtreecommitdiff
path: root/56770-8.txt
diff options
context:
space:
mode:
Diffstat (limited to '56770-8.txt')
-rw-r--r--56770-8.txt5115
1 files changed, 0 insertions, 5115 deletions
diff --git a/56770-8.txt b/56770-8.txt
deleted file mode 100644
index b66ac51..0000000
--- a/56770-8.txt
+++ /dev/null
@@ -1,5115 +0,0 @@
-The Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Tercera Parte (de 5), by
-Jacinto Benavente
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
-other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
-the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you'll have
-to check the laws of the country where you are located before using this ebook.
-
-Title: De Sobremesa; crónicas, Tercera Parte (de 5)
-
-Author: Jacinto Benavente
-
-Release Date: March 18, 2018 [EBook #56770]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: ISO-8859-1
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; TERCERA PARTE ***
-
-
-
-
-Produced by Josep Cols Canals, Carlos Colón, the University
-of Toronto and the Online Distributed Proofreading Team
-at http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive/Canadian
-Libraries)
-
-
-
-
-
-
-
-
-
- Nota del Transcriptor:
-
-
- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)
- han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.
-
-
-
-
- De sobremesa
-
- CRÓNICAS
-
- Tercera Serie
-
-
-
-
- Jacinto Benavente
-
-
- De sobremesa
-
-
- CRÓNICAS
-
-
- TERCERA SERIE
-
-
- MADRID
- PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA
- SUCESORES DE HERNANDO
- Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33
- 1912
-
-
-
-
- ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS
-
- Artes Gráficas MATEU.--Paseo del Prado, 30.--Madrid.
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-De sobremesa
-
-
-
-
-I
-
-
-Si la propaganda cunde, pueden regocijarse los padres, los maridos y
-todos los paganos de lujos femeninos, cualquiera que sea su grado de
-aproximación masculina. Las damas de los Estados Unidos patrocinan,
-protegen y alientan una huelga de modistas. Tendría que ver, ¡ya
-lo creo!, que un exceso de civilización volviera á las refinadas
-norteamericanas al primitivo atavío de la hoja de parra, y que, por
-evitar la desnudez de las obreras, llegasen sus distinguidas clientes
-á la suya propia. No podía perdirse mayor altruísmo. Pero si contra
-toda moda, con procurar siempre el mejor parecer de la mayoría, hay
-siempre resistencias y rebeldías por parte de las no agraciadas con
-ella, ¡figúrense ustedes si vestidura tan difícil para las feas y las
-mal formadas, como el natural físico, no ha de encontrar protestas!
-
-De temer es que la huelga, alentada en público por las damas, sea
-contrarrestada en privado por ellas mismas, como aquella famosa huelga
-de _Lysistrata_, tan graciosamente dramatizada por Aristófanes. Es
-también un peligro que esta huelga modistil traiga otras muchas
-huelgas de mayor transcendencia. Huelga de señoras: porque ¿en qué
-han de ocuparse muchas de ellas si no se ocupan en andar de modista
-en modista y de tienda en tienda, eligiendo, revolviendo y comprando
-trapos y moños? Huelga de maridos y de amantes: porque ¿parecerán lo
-mismo muchas mujeres sin los encantos artificiales de la _toilette_?
-Huelga de autores dramáticos: porque si las actrices dan en vestir con
-sencillez, ¿qué defensa tendrán muchas comedias? Sabido es que cuando
-en el teatro se llega á la desnudez, sobra toda literatura, con un
-poco de baile basta. Cuando hay mucho que ver, el oído no está para
-nada y el entendimiento mucho menos. Huelga general, en fin, con cierre
-y quiebra de balnearios, hoteles, playas á la moda, teatros, iglesias,
-etc., etc.: porque si las señoras no podían lucir trajes en todos estos
-sitios, sostenidos por ellas, ¿para qué habían de asistir á ninguno de
-ellos?
-
-Véase cómo una sencilla huelga de modistas, que en su origen puede
-parecer cosa de broma, podría ser el principio de una revolución social.
-
- * * * * *
-
-El comienzo de año nos llena siempre de melancolía. ¿Un año más? ¿Un
-año menos? Depende del estado de ánimo. De cualquier modo, es otro año;
-y lo que nos entristece es que, con ser otro, será lo mismo. Los días
-nacen unos de otros, y el nuevo día no amanece nunca. Los que no se
-resignan á vivir sin esperanza la ponen más allá del sol, más allá de
-la vida. Su año nuevo, no es vida nueva; es otra vida.
-
-¡No pensemos en qué nos traerás, año nuevo; ya nos contentaremos con
-que no te lleves algo!
-
-El año pasado nos trajo algunas glorias, ¡bien pagadas con muchas
-inquietudes y tristezas! Se despidió con inundaciones, lo mismo que el
-partido conservador. Bien puede ser generosidad, para que luzca más el
-sol del año nuevo. Hay calamidades fertilizadoras.
-
- * * * * *
-
-Los autores noveles protestan contra la precipitación, reserva y
-sorpresa con que se ha declarado cerrado el concurso de sainetes
-para el teatro Español. Prueba de ello es el escaso número de obras
-presentadas, cuando en cualquier otro concurso, anunciado con la
-necesaria publicidad, se cuentan por millares. ¡Díganmelo á mí, que
-llegué á leerme, en algunos de ellos, «noventa y cuatro comedias»!
-
-Lo mejor que puede hacerse es ampliar el plazo y no dar ocasión, de
-ningún modo, á que nadie pueda sospechar que hubo mala fe en lo que
-sólo pudo haber ligereza. Considérese que estos concursos, con todas
-sus deficiencias, son la esperanza de muchos autores inéditos y la
-mayor probabilidad de verse atendidos y juzgados imparcialmente. Si
-la atención y la justicia de los que han de juzgar se bambolean ó se
-tuercen en ocasiones, culpa es de los propios concursantes, que suelen
-mover una de recomendaciones, influencias y hasta intriguillas á las
-que sólo con gran energía, y á riesgo de enemistarse con muchos, puede
-uno sustraerse. Esto de la recomendación para todo es achaque muy
-nacional. El donoso escritor que en peligro de muerte, al ir uno de sus
-allegados á pedir los últimos Sacramentos, le recomendaba: «Di que son
-para mí; que los traigan buenos», satirizaba esta arraigada costumbre
-española de creer que la recomendación alcanza para todo, hasta en lo
-divino. ¿No es este el país en que más se reza y se pide á una multitud
-de vírgenes, santos, abogados y abogadas celestiales, que á Dios, uno
-y trino; en que se cree necesario pedir por favor lo que es más de
-justicia; en que hasta para comprar en una tienda, por su dinero, se
-cree uno en el caso de decir: «Vengo aquí recomendado por don Fulano,
-que le compra á usted mucho»; en que hasta para morirse le confortan
-á uno con lo que se llama «recomendación del alma»?... Y no digamos,
-después de muertos, la de recomendaciones que son precisas para que le
-entierren á uno en buen sitio y lo más arreglado posible.
-
-Por todo esto, yo me permito recomendar que se atienda la justa queja
-de los autores. En cambio, me comprometo á no recomendar á ninguno en
-particular.
-
-
-
-
-II
-
-
-Parece ser que ahora va de veras: Madrid será agrandado y...
-¿embellecido? Como en las casas cursis, tendremos sala y gabinete
-decentemente amueblados, y lo demás ¿qué importa? Lo demás es para
-vivir. Gran tocado y chico recado. Si la nueva Gran Vía y cuanto se
-mejore y ensanche ha de verse tan mal barrido, tan mal pavimentado, tan
-puerco como lo que ahora tenemos, más valiera dejarlo todo como está.
-¿Pasan ustedes alguna vez por la calle del Barquillo? ¿Y por la de...?
-¿Para qué enumerar? ¿Andan ustedes por esas calles? En las aceras no
-hay losa en su sitio; el arroyo lo es de polvo y papeles y todo género
-de suciedades; ir en coche es ir botando como pelota; ir á pie es ir
-votando como ciudadano. El sistema de barrer las calles es para optar á
-un premio en cualquier Exposición de higiene. ¡Y qué admirable orden
-en la circulación! Carromatos con siete mulas de reata interceptan el
-tránsito á cada paso. ¡Pobres traficantes, no es cosa de molestarles
-con ordenanzas que fijen horas á propósito para sus acarreos! La
-molestia libre en el Estado libre.
-
-Bien está que aplaudamos todas las grandes iniciativas del alcalde y
-del Municipio, pero entretanto tuvieran algunas pequeñas iniciativas...
-Verdad es que la mayor parte de la gente vive tan á gusto. Las malas
-casas les han acostumbrado á las malas calles. ¡Digo! Si las calles
-fueran agradables... Como son, hay quien se pasa la vida trotando por
-ellas, sólo por no estar en su casa.
-
- * * * * *
-
-No puede creerse en la indignación de Rostand al ver destripado su
-gallo por las indiscreciones del _Secolo_, cuando, por indiscreciones
-parciales, muchos sabíamos ya el argumento y aun los chistes y
-cantables que tiene la obra. Aparte de esto, poco tiene que perder una
-obra que todo lo ha perdido con la publicación de su asunto. ¡Pobre de
-nuestro _Don Juan Tenorio_ entonces! ¿Quién iría á verlo, si la novedad
-de su trama fuera su único atractivo? En el mismo París, tan novelero
-en apariencia, sostienen mejor su cartel muchas obras clásicas de
-Corneille, Racine y Molière, que algunas flamantes comedias, más viejas
-al nacer que las otras antiguas. _Chantecler_ ha logrado ya categoría
-de obra clásica, en que el asunto es lo de menos. Muchos que ahora
-asistirán al estreno, tal vez como críticos, no habían nacido cuando
-empezó á hablarse de _Chantecler_.
-
-De las actrices y actores que estrenaron anteriores obras de Rostand,
-sólo por Sarah inmortal, no han pasado los años. ¡Hagan las Musas que
-tan esperada obra interese por tanto tiempo á la posteridad, como á
-la anterioridad ha interesado! Después de todo, la gloria anticipada
-es la más segura, y la cera que va delante es la que alumbra. Y en
-este particular de la luz, parece ser que para el gallo de Rostand
-amaneció hace mucho tiempo. Tal vez ya no quedaba más resquicio por
-donde percibirla que esas indemnizaciones exigidas á los periódicos
-indiscretos. De este modo sí que el gallo no puede ser nunca un albur.
-Todo va copado. ¡Que al estrenarse no le cambien una letra! ¡Pobre
-gallo entonces!
-
- * * * * *
-
-No hay nada más peligroso que un incensario en manos indiscretas.
-Representación de algo divino ó humano, los golpes más peligrosos para
-los ídolos son los de sus fervorosos adoradores. Cuando todo el mundo
-dice: «Está bien», ¿para qué empeñarse en que todos digan: «Está mejor
-que bien». El deber cumplido tiene en sí mismo la mejor recompensa, y
-cuando el deber es tan propio del cargo y por lo elevado de la posición
-trae consigo el conocimiento y la admiración de todos, ¿qué se le añade
-con una recompensa que, por estar tan al alcance de la mano de quien
-ha de obtenerla, pierde todo su valor en este caso? El reconocimiento
-oficial nada añade al reconocimiento nacional. Sería, como dijo
-Shakespeare: «Pintar al lirio, dorar el oro, endulzar lo dulce.»
-
-
-
-
-III
-
-
-El periódico de Buenos Aires _Caras y Caretas_, en circular dirigida
-á personas significadas, solicita un pensamiento con motivo del
-centenario de la Independencia argentina. La circular viene en francés.
-Ya sabemos que por ser el idioma usual en relaciones diplomáticas
-universales, puede serlo también en las literarias. Pero en este caso,
-y tratándose de una República en que nuestro idioma es y será por mucho
-tiempo el oficial, el literario y el vulgar, ¿no hubiera estado mejor
-en castellano la circular dirigida á España? Yo, por mí, sé decir que
-nunca entendí peor un idioma extranjero, y no sabré contestar á lo que
-se me pregunta.
-
-No ya consolarnos, enorgullecernos debemos de la independencia de todas
-las Repúblicas americanas que fueron colonias españolas, mientras en
-ellas impere nuestra lengua, y con ella mucho de nuestro espíritu.
-Comunicarnos en lenguaje extraño, más que independencia nos dice
-desvío. Nuestras relaciones deben ser más que diplomáticas; y esa
-circular en francés tiene toda la frialdad de una nota de Estado. ¿Le
-agradaría al simpático semanario porteño que saludáramos en francés la
-conmemoración de la Independencia argentina?
-
- * * * * *
-
-Los sucesos culminantes de estos días entran en la clasificación de
-podencos, tan respetados por el escarmentado loco de que nos habla
-Cervantes. ¡Guarda, que es podenco! No entremos ni salgamos en pláticas
-de familia, aunque la familia nos sea muy allegada, que siempre
-llevaremos la de perder, mientras no caigamos en la cuenta de que,
-civiles ó militares, todos llevamos el mismo uniforme: el de ciudadanos
-españoles, y á todos nos interesa por igual el respectivo prestigio de
-unos y otros. Malo es dividirse en castas. Todos hemos de ser paisanos,
-en el amplio sentido de compatriotas; todos hemos de ser soldados,
-en paz y en guerra, cada uno en su puesto, para responder siempre al
-¿quién vive? de todo ¡alerta!: ¡España!
-
- * * * * *
-
-¡Oh, admirable público nuestro! Se acostumbra á lo malo; tolera
-indefinidamente lo mediano, y sólo ante lo bueno se cansa su admiración
-y hasta se irrita si alguien se obstina en pretender sostenerla. Este
-es el caso de Titta Ruffo en la actual temporada. Nada en la voz ni
-en el arte del gran barítono justifica un cambio de actitud en el
-público. El artista es el mismo, y eso es lo que parece sentir el
-público, obligado á seguir admirándole todavía. ¡Oh, niño caprichoso, á
-quien hay que retirarle las golosinas antes del enfado y los juguetes
-antes del destrozo! ¡Pocos poseen, como el Guerra, el difícil arte de
-retirarse á tiempo, único recurso del artista que no quiera sentir tus
-rigores!
-
-En ningún público, como en el nuestro, se advierte esa actitud
-defensiva contra la admiración; esos gestos malhumorados al
-soportarla. En cualquier espectáculo parece como si el público fuera
-violentado, por fuerza mayor y no por gusto, á distraerse un rato.
-El autor es como un enemigo personal; el artista, como un acreedor
-molesto. En ninguna parte puede hablarse con tanta razón de «batallas»
-al tratarse de arte.
-
- * * * * *
-
-Por mucho que moralistas y sociólogos prediquen contra el suicidio,
-mientras el ridículo no se atreva con él, por respetos que siempre
-impone la muerte, seguirá siendo poético final de muchas historias
-vulgares. El solo basta para dar grandeza trágica en un momento al más
-chocarrero sainete. ¿Cuántos no habrán reído al ver pasar en vida el
-idilio amoroso del viejo cojo y la niña lozana? Y aquella unión, que
-en vida acaso sólo en el interés tenía explicación para las gentes,
-con la muerte es algo inexplicable, con todos los prestigios del amor
-y de la muerte; deidades poderosas á inmortalizar á sus elegidos,
-como los dioses paganos á sus amadas mortales. Los vulgares amantes,
-que en vida tal vez dieron que reir á las gentes, hoy van en la divina
-poética teoría inmortal de Hero y Leandro, Píramo y Tisbe, Romeo y
-Julieta, Francesca y Paolo, Isabel y Marsilla; sin olvidar á aquellos
-otros amantes madrileños que inmortalizaron la frase suprema: ¡Que los
-entierren juntos! ¡Hallen todos un Ovidio, un Dante, un Shakespeare! Y
-á no poder ser otra cosa, un buen romance de plazuela. Hay que poetizar
-la muerte por amor todo lo posible. Es el mejor medio de evitar muchos
-matrimonios desgraciados.
-
- * * * * *
-
-Los empresarios de _music-halls_ están consternados. Ante la amenaza de
-la subida de la carne, algunas artistas han pedido aumento de sueldo.
-Lo que dirían ellas, si conocieran la célebre canción de _La camisa_,
-de Hood--pero ¿cómo han de conocerla, si las pobres hasta habrán
-olvidado que hay camisas?:--¡Que la carne de vaca sea tan cara y la
-carne humana tan barata!
-
-Por fortuna para los empresarios y traficantes en carne humana, la
-carestía de la primera trae por la mano la baratura de la segunda.
-
-A poca costa podríamos traer buena carne de América cuando aquí nos
-faltara. Preferimos enviar allá carne humana. Dentro de poco sólo
-quedarán aquí los que puedan pagar el solomillo. ¡Qué agradable será
-no ver más que gente bien alimentada por esas calles! ¡Cómo van á
-dulcificarse las relaciones sociales, y sobre todo las políticas!
-
-
-
-
-IV
-
-
-Para los espíritus abatidos, propensos al decaimiento, como nuestro
-espíritu nacional, no importa tanto saber si hay causa para tanta
-alegría como saber que el efecto fué el de una alegría verdadera.
-Cuando hay tales tristezas sin motivo, ¿por qué no entregarnos sin
-discusión á una alegría, que, desde hace mucho tiempo, con ningún
-pretexto hubiéramos podido justificar? En otros tiempos, tan ricos
-éramos en glorias, que, acaso éstas de ahora nos hubieran parecido
-mezquinas. Hoy... bien venidas sean, y mejor si sabemos apreciarlas
-con serenidad y más que de envanecimiento nos sirven de estímulo para
-glorias mayores. De tremenda crisis triunfó el espíritu nacional
-en los principios de la campaña. Por el mundo no faltó quien se
-apresurara á cantar nuestros funerales. El Ejército español ha sabido
-extendernos nueva fe de vida ante el mundo. Tal vez pocas veces fué
-tan depositario del honor y la vida de España como en esta ocasión. No
-quede todo en aclamaciones de entusiasmo. No olvidemos nuestro deber
-en la paz, si queremos tener el derecho de exigirle todo su deber en
-la guerra. Es triste cosa resignarse á tener mártires cuando se puede
-tener héroes. Hoy sustituyamos el grito de ¡Viva España!, que puede
-parecer un deseo, con este otro más afirmativo: ¡Vive España!
-
- * * * * *
-
-Por dichosa casualidad, al mismo tiempo que nuestras armas victoriosas,
-llega de la República Argentina, en la persona de Belisario Roldán,
-mucho de nuestro espíritu triunfante á decirnos cuánto queda en América
-todavía de nuestro Verbo glorioso. Siempre leal amigo de España, no
-puede considerarse ni ser considerado en ella como extranjero. La
-fogosa elocuencia de nuestros grandes oradores, la que fué admiración
-de todo el mundo español, alienta vigorosa en el joven orador
-argentino.
-
-En los oradores de casa, tal vez nos pareciera demasiado vehemente.
-¡Hemos bajado tanto el diapasón para todo! El grito, el rugido, el
-apóstrofe nos asustan. Amamos la discreción sobre todas las cosas en
-política, en arte, en el trato social, ¡La discreción! Triste cosa es
-un pueblo que no tiene mayores glorias que las de sus locuras.
-
- * * * * *
-
-Amable lectora, la que en discretísima carta me consulta sobre el
-mejor sistema de educar á los hijos; sin duda sabe que nadie los
-educa mejor que los que nunca los hemos tenido. ¿Severidad? ¿Dulzura?
-¿Proporcionarles toda la alegría posible ó prepararles con privaciones
-á soportar las tristezas futuras? Hoy... son los padres; pero los
-padres no viven siempre. Mañana... son los extraños sin cariño, ó con
-otro cariño que nada se parece al de los padres... Pero, ¿no será, por
-lo mismo, crueldad en los padres anticipar tristeza á la tristeza?
-¿Y si el hijo muriera antes? Mañana es la vida, pero también es la
-muerte. Los juguetes comprados serán entonces recuerdo triste; pero
-los juguetes que el niño deseó y que le negamos serán un remordimiento
-constante... ¡Oh, sí; dulzura, dulzura para vuestros hijos, que la
-vida es madrastra terrible, como las de los cuentos de hadas; esas
-madrastras que encierran en torres á las princesas delicadas ó las
-envían al bosque á guardar gansos. Peor la vida, que suele traerlas,
-no á guardarlos, sino á casarse con alguno de ellos. Pero, ¿y si
-acostumbrados al mucho mimo no hay fuerza en ellos después para
-conllevar las contrariedades?
-
-La vida es la mejor educadora, y ella sola se basta para enmendar
-errores de educación en los padres... Todos, menos la falta de besos,
-de caricias, de juguetes en los primeros años... La vida puede ser
-madrastra, puede ser maestra, pero no es madre...
-
-En los primeros años del mundo, cuando Adán y Eva, arrojados del
-Paraíso, luchaban contra los rigores de la naturaleza primitiva, Eva
-lloraba por sus hijos, al verlos muchas veces heridos por las fieras,
-desgarradas sus carnes por las asperezas de los troncos y de las
-piedras... ¡Mis hijos! ¡Qué horrible vida! Para ellos no ha habido un
-Paraíso terrenal, como para nosotros... Ellos no sabrán nunca de sus
-delicias... ¡Nosotros hemos sido más felices!
-
---Sí--dijo el primer hombre.--Ellos no han tenido, como yo, un Paraíso;
-pero, ¡yo no he tenido una madre, como ellos! Y al verlos acariciados
-por la madre, en su amor paternal había algo de envidia. ¡Y era el
-hombre que había sido formado por Dios mismo!
-
-
-
-
-V
-
-
-El mes de Enero suele ser fecundo en calamidades. Para que sepamos á
-qué atenernos durante todo el año. Es un modo de anunciarse. Queda
-la duda, en estas primeras calamidades del año, de si pertenecen al
-año entrante ó serán saldo del anterior, que no quiso marcharse sin
-soltarlas. Lo cierto es que la Naturaleza, como una gata cualquiera,
-anda fuera de sí y desatinada en este primer mes del año. Tempestades,
-inundaciones, lluvias torrenciales de gracias, condecoraciones y
-entorchados, y el cometa apocalíptico, y _Chantecler_ en puerta. ¡Vaya
-un añito!
-
-La inundación de París retrasa una vez más el acontecimiento que sólo
-pudiera consolarnos: el estreno de _Chantecler_, antes retrasado por la
-discusión que pudiéramos llamar del huevo de Mme. Simone. Se comprende
-en una actriz recién divorciada y recién vuelta á casarse el escrúpulo
-en poner un huevo, sobre cuya pertenencia pudiera haber dudas.
-
-Por fortuna, el poeta no peleó por el huevo ni por el fuero, y la
-postura se supondrá entre bastidores, lugar más conveniente para
-posturas difíciles, en la vida como en el teatro.
-
- * * * * *
-
-Luego diremos que aquí no hay libertades y que el clericalismo nos
-domina. En Inglaterra, la nación traída siempre á cuento, cuando de
-libertades se trata, no pudo representarse, hasta ahora, la ópera de
-Saint-Saens _Sansón y Dalila_ porque su asunto bíblico escandalizaba
-los sentimientos religiosos. Sobre la _Salomé_, de Strauss y de Wilde,
-creo que todavía pesa la prohibición. Los ingleses sólo han consentido
-en ver la danza de _Salomé_ separada del texto y de la partitura.
-¡Parecen tontos! ¿Verdad?
-
-Aquí, donde nos quejamos á todas horas de la presión clerical, triunfa
-_La corte de Faraón_, opereta del todo bíblica, sin protestas de
-nadie. Yo he visto en primera fila á muchos graves señores de los que
-suelen ser ornato de cofradías y procesiones. En Inglaterra se enseña
-ahora á los niños la Historia por medio de representaciones teatrales.
-¿Por qué no ha de enseñarse la Biblia por el mismo sistema? No hay en
-_La corte de Faraón_ mayores atrevimientos que en el Sagrado libro.
-Los autores han estado muy hábiles en quitar crudezas. A las artistas
-nadie les agradecería que ocultaran las suyas. ¡Admiremos al Señor en
-sus obras! No será tan difícil hallar un sentido místico á la canción
-babilónica, que pronto oiremos en labios de muchos senadores; como al
-_Cantar de los cantares_ y á otros pasajes no menos escabrosos.
-
-Lo malo es que la Iglesia católica haya perdido aquel buen humor y
-aquel sentido artístico que fueron todo el espíritu del Renacimiento.
-¡Ah, el bribón de Lutero, que la obligó á volver á tomar en serio su
-divino papel, que ya empezaba á ser humano!
-
-Ahora llueven imprecaciones y anatemas sobre el Arte y sobre los
-artistas. Los tiempos son difíciles. La competencia comercial es muy
-dura. No hay bastante público para todos. ¡Y el Teatro y la Iglesia son
-espectáculos tan caros! Por fuerza tienen que perjudicarse mutuamente.
-
- * * * * *
-
-Pérez Galdós, el maestro glorioso, consagrado por el monumento inmortal
-de toda su obra, y Ricardo León, escritor joven, con razón estimado
-entre los buenos, coinciden, no en lo exterior, sí en lo interno, en
-sus dos últimas novelas: _El caballero encantado_ y _Alcalá de los
-Zegríes_. Novelas de símbolo, de alegorías, que nos hablan de España,
-de sus glorias pasadas y de su futura gloria posible. Quizás ¡señales
-de los tiempos! con mayor fe en la del viejo maestro que en la del
-poeta joven.
-
-Son los dos libros precioso documento para el estudio de nuestra
-psicología nacional.
-
-Limítome al acuse de recibo y á mi particular aplauso, sin invadir
-la sección «Revista literaria», en la que escritor de toda mi
-consideración y respeto sabe, con admirable acierto y con respeto á
-las personas, que cada vez va siendo más raro, distribuir elogios y
-censuras.
-
- * * * * *
-
-De la excelente acogida al Teatro para los niños y del interés con que
-un público, si no tan numeroso como fuera de desear, todo lo selecto
-que puede pedirse, sigue sus representaciones, nada me satisface tanto
-como el buen éxito obtenido por las lecturas de poesías. ¡Versos,
-poesía! Eran una especie de coco para las empresas teatrales. Hoy
-ya empieza á creerse en ellos, y todo hace presumir un glorioso
-renacimiento de la poesía en el teatro.
-
-¿Por qué en el teatro Español, en el de la Princesa, que cuentan con
-admirables intérpretes de los poetas, no inaugurar una serie de veladas
-poéticas, que seguramente tendrían su público?
-
-Oímos muchas veces quejarse á unos y á otros de que el público no está
-educado; esto sirve de pretexto para rechazar muchas obras de indudable
-mérito. Corriente, el público no está educado; pero ¡si nadie se toma
-el trabajo de educarle! Es mucho más cómodo y provechoso llevarle el
-humor y no luchar con él. Pero los que pueden permitirse ese lujo con
-menos riesgo están más obligado á ello. A todos nos toca un pedacito
-del mundo en que podemos hacer algo útil y provechoso, y no es desde un
-escenario donde menos puede hacerse por la cultura y la educación, que
-es hacer por la Patria.
-
-
-
-
-VI
-
-
-Mariano de Cávia me propone un Teatro para los viejos, que vendría á
-ser, no contraposición, sino complemento del Teatro para los niños. Los
-extremos se tocan, y acaso viniera á suceder, por el humano y natural
-prurito de aniñarse en los ancianos y de hombrear en los infantes, que
-el Teatro dedicado á los primeros fuera el favorito de los segundos,
-y viceversa. Pero ¡ay! ¿es tan necesario el teatro para los viejos?
-¿Llenaríamos con él algún vacío, ni siquiera el del teatro mismo? Si el
-teatro pretendía ser educativo, ya en el más amplio sentido moral ó en
-el puramente artístico, ¿qué provechosa enmienda podría esperarse en
-nuestros venerables? Ninguna. Ya dice la vulgar sabiduría que el árbol
-ha de enderezarse desde pequeñito, y ¿quién es capaz de enderezar, en
-todo ó en parte, á los que ya se rinden al peso de los años? Ni _La
-corte de Faraón_ ni el «Royal Kursaal», con esas admirables artistas,
-cuyo mejor anuncio es el de la pérdida de su equipaje, podrían realizar
-el milagro.
-
-¿Teatro de puro entretenimiento? Basta asistir á los antes citados
-y á otros del mismo género para comprender que nuestros viejos no
-necesitan de un teatro especial en donde solazarse. No de los viejos,
-de los decrépitos, pudieran llamarse esos teatros en que reverdece el
-chiste de Instituto y de café estudiantil, para regocijo de viejos
-más verdes que los chistes. Y no os engañen algunas caras juveniles
-de los espectadores; no está en la cara la edad, sino en el espíritu,
-y por esos teatros, como por los meetings clericales de estos días,
-no busquéis jóvenes de espíritu; el de aspecto más infantil lleva por
-dentro la vetustez de diez siglos.
-
-Grave error es clasificar por edades en jóvenes y viejos. Niños seremos
-tú y yo, querido Mariano, aunque muchos niños viejos ya nos echen del
-corro; porque siempre será para nosotros la vida un buen campo de
-recreo en que saltar, brincar y jugar á todo, por pura expansión de
-nuestro espíritu, sin ninguna utilidad práctica. Jugando y saltando no
-se llega á parte alguna; si bien puede servirnos de consuelo que hay
-partes á las que más conviene no llegar nunca. Para llegar á muchas
-de ellas, suprema ambición de todo hombre serio, ya sabemos que,
-en España, no hay medio mejor que ser viejo ó aparentar serlo. Con
-nuestros doctores Faustos, aquí, Mefistófeles obraría la transformación
-contraria. Hay quien le vendería el alma por transformarse en viejo,
-no en joven. Y en vez de cantar: ¡A mí la juventud, á mí los delirios
-del primer amor!, cantaría: ¡A mí las prebendas y á mí los cargos
-oficiales; á mí las Academias y la respetabilidad, y... llévese el
-demonio mi alma y mi alegría!
-
-Dejemos, pues, á los viejos, que para nada necesitan teatros, cuando
-todo el mundo es teatro, de moda y lucimiento para ellos. Pensemos en
-los niños, en los verdaderos niños, hijos de padres verdaderos jóvenes,
-que sólo de ellos puede esperarse la nueva vida por la nueva escuela.
-¿Religiosa? ¿Laica? Allá unos y otros. El Arte es religión neutral.
-¿No es en el Vaticano donde se guardan las más bellas reliquias del
-Paganismo? ¡Quién sabe si no será en un templo pagano de Arte donde se
-guardará lo más bello del Arte cristiano! Nunca fueron las ideas viejas
-tan respetuosas con las nuevas, como las nuevas lo serán siempre de las
-viejas. Y ¡vive Dios! que hay entre nosotros vejestorios, en todos los
-órdenes de la vida, que no son dignos de ningún respeto.
-
- * * * * *
-
-Fué Balbina Valverde una actriz de la más pura cepa española, y si la
-vanidad regional no temiera empequeñecer su castizo arte, diríamos
-mejor de la más pura cepa madrileña. A la falsa luz de las candilejas,
-en el falseado ambiente de muchas comedias mediocres, nadie supo dar
-tan artística realidad, tan humano aire al tipo de la mujer española
-de nuestra clase media, que viene á ser el tipo medio de la mujer
-española, con su sentido práctico, sanchopancesco, sus vanidades, sus
-ambiciones, su vulgar sentimentalismo... Llegó á tanto la verdad en
-su arte, que llegamos á verlo copiado en la vida. ¡Cuántas veces no
-habremos dicho: Esta señora es una Balbina Valverde! Para los yernos,
-este nombre era como una amenaza joco-seria.
-
-Su dicción era del más puro castellano; inimitable su arte de subrayar;
-única en producir efecto cómico con la sola enunciación de una palabra
-insignificante, que en su boca adquiría el valor de un chiste. ¿Quién
-no recuerda cualquier ¡Mi yerno!, pronunciado por ella? Era el presagio
-de una tormenta familiar.
-
-Fué con todo esto de un amor por su arte, de un celo en el cumplimiento
-de sus deberes artísticos, que ha de recordársela siempre, no sólo como
-ejemplo para las de su profesión, sino como gloria del sexo femenino,
-al que muchos suponen incapacitado para toda profesión seria. ¡Si en
-otras esferas de actividad hubieran cumplido muchos hombres con sus
-deberes como Balbina Valverde cumplió siempre los de su profesión!
-
-Gravemente enferma, durante una temporada en Bilbao, se hizo llevar una
-cama al teatro, y en el cuarto del teatro vivía, levantándose de la
-cama para salir á representar las comedias.
-
-Casi á la fuerza tuvo que obligarla la empresa á regresar á Madrid.
-
-¡Descanse en paz la inolvidable artista! Madrid pierde con ella una de
-las más sanas y castizas notas de su risa.
-
-A este público, que tanto la quiso y al que ella amaba tanto, le ha
-hecho llorar por vez primera. ¿No es esto una envidiable gloria?
-
-
-
-
-VII
-
-
-La carambola no ha sido mala. Esperemos, sin desconfiar de la
-intención, que, por los efectos, no venga á ser de retroceso.
-
-Malo es no salir de nuestro paso, pero... ¡tomar carrerilla tan de
-pronto! No es que dudemos de las energías y buena voluntad de los
-corredores, sino de la firmeza y seguridad del camino. Aun no hace
-mucho tiempo hubo que desandarlo, y no sabemos que se haya trabajado en
-él después lo bastante para conseguir ahora lo que entonces apenas pudo
-intentarse.
-
-El mal camino andarlo pronto, pensará acaso alguien interesado en
-echar por el atajo, para volver pronto al verdadero camino real. Miren
-bien, los que por el atajo andan, de no levantar un pie sin haber
-afirmado antes el otro; no avancen un solo paso sin haberle desbrozado
-cuidadosa, cautelosamente. ¡Cuidado con los tropezones! Considerad
-que tal vez se espera el primero para gritar: ¡Veis cómo ese camino es
-imposible! ¡Nada de prisas, nada de impaciencias! Estábamos dispuestos
-á esperar un quinquenio en el estanque. ¿No podremos esperar otro tanto
-en el agua corriente, por suave que sea su curso?
-
- * * * * *
-
-Sí; _Chantecler_ es todo un símbolo. Es el gallo francés, el mismísimo
-gallo de las Galias que, como el protagonista del poema de Rostand,
-cree orgulloso al lanzar su ¡quiquiriquí! á cada aurora que el Sol
-sale á iluminar al mundo entero, obediente á su evocación. Y no es lo
-malo que él lo cree; son muchos los pobres animales que aun juzgan los
-_quiquiriquíes_ del gallo francés prestigioso encanto, sin el cual el
-Sol no alumbraría la Tierra.
-
-Bien cantó el gallo francés, no hay duda, y si no llega á su poder
-á que el Sol le obedezca, sí llegó muchas veces á despertar á la
-Humanidad con sus gloriosos cantos de libertad, de justicia, de arte...
-No nos trajo el Sol, pero nos avisó siempre de su salida. Por todo
-ello le debemos gratitud y cariño; pero sin olvidar al Sol, que es
-antes que el gallo... y sin despreciar á los humildes gallitos de
-nuestros corrales, que, á su modo, también saben anunciar la aurora.
-
- * * * * *
-
-¡Qué brutos somos, ¿verdad?, podrán decir, como el personaje del
-_Patinillo_, los millonarios _yankis_, acostumbrados á que por
-bárbaros los tenga la culta y refinada Europa! Es verdad que alguna
-vez _apedrean_ con su dinerazo y otras veces insultan; pero... ¡ay!
-ya quisiéramos por aquí, en justas proporciones, millonarios de esos
-que fundan Universidades y Escuelas y Museos, y como éstos que ahora
-acaban de construir un magnífico teatro en Nueva York. ¡Un teatro!
-¡Habrá empecatados! ¡Si hubiera sido una iglesia ó un convento? Pues,
-sí, señores; un teatro modelo, un verdadero templo, inaugurado con la
-representación de una obra de Shakespeare: _Antonio y Cleopatra_. ¡Qué
-brutos son! ¿Verdad?
-
-Aquí, alguna vez, se ha reunido gente de dinero para empresas
-teatrales, y el resultado ha sido... un baile de máscaras, un
-espectáculo de _varietés_ indecentes; algo por el estilo en fantasía
-y en Arte. ¿Se figuran ustedes á nuestros millonarios edificando el
-Teatro Nacional ó un teatro para la música española? ¿Cómo han de
-comprender que el Arte puede ser una religión los que han hecho de la
-religión un arte?
-
- * * * * *
-
-La empresa del teatro Real está tratando á Wágner, en esta temporada,
-poco más ó menos, como por la vecindad están tratando al partido
-liberal: así como si quisieran quitársele de delante lo más pronto
-posible. Todos los cuidados son para el repertorio antiguo; para él
-Titta Ruffo, Anselmi... A Wágner que lo parta un gallo.
-
-Todo se relaciona: naturalmente, la resurrección de _Lucía_ había
-de traer por consecuencia una crisis del mismo tiempo y á la misma
-usanza. A viejas óperas, _divos_ jóvenes. Todo el arte de Anselmi no ha
-bastado á dar apariencias de vida á la momia de Lammermoor. Veremos si
-el otro joven _divo_ tiene mejor fortuna en la vieja ópera de nuestra
-política, tan necesitada de nuevo repertorio como de nuevos cantantes.
-España Brunilda espera á su Sigfredo. Los admiradores de Wágner también
-le esperan. No se dé pretexto á que nadie dude de la buena fe de las
-respectivas empresas. Puede que no haya para el repertorio moderno;
-pero el público no quiere _Lucias_ ni con Anselmi... ¡Qué disparate!
-¿No iba á decir ni con Maura?...
-
-
-
-
-VIII
-
-
-Es la ópera de Strauss, _Salomé_, portentosa obra de arte musical.
-Ahora, pensemos en todo lo que ha sido necesario para que pueda serlo.
-Primeramente, el gran talento de Strauss, no hay duda; después, un
-público que, extrañado ó aburrido, tal vez, en las primeras audiciones,
-prefiere desconfiar de su propia impresión á echar por el camino
-fácil de la chacota y el desprecio y enterrar la obra entre flores de
-ingenio, sin posible apelación. Después, empresas decididas á imponer
-la obra; después, una crítica capaz de hacer también obra creadora,
-inventando... lo que acaso el autor no puso en ella; formando de este
-modo una conciencia de lo inconsciente, que siempre anima en toda obra
-de arte. Después... el Ejército alemán con su formidable poderío.
-
-Ya dijo D. Juan Valera, con su inteligente, supremo humorismo, cómo
-las flotas de la Gran Bretaña habían podido contribuir á la gloria
-de Shakespeare. No hay idea de lo que puede influir el Ejército y la
-Marina, lo mismo para vender agua de Colonia en el Paraguay, que para
-imponer á la admiración de las más recónditas tierras el nombre de un
-poeta.
-
-He aquí por qué vuestra hija es muda, como dice el falso doctor de _El
-médico á palos_ al afligido padre. He aquí por qué nuestros músicos no
-cantan por el mundo. ¿Se figura nadie á _Salomé_ nacida entre nosotros?
-¿Cuál hubiera sido su vida? ¿Quién la hubiera impuesto al respeto?
-¿Quién la hubiera salvado de morir á chistes?
-
-Pero nos la envían dos grandes potencias: el genio de su autor... y
-Alemania. Los que menos la entienden procuran irse enterando; los que
-más se aburren, se aburren con respeto. ¡Ah! ¡Si fuera de alguien de
-casa!
-
-Nuestro indisciplinado individualismo no comprenderá nunca que la obra
-de arte es obra de todos, y que su inmortalidad más depende de todos
-que de la obra misma.
-
-En España, cada uno quisiéramos ser el único grande hombre de un país
-de imbéciles; el único honrado entre una caterva de pillos. ¿Qué buena
-planta puede arraigar en terreno donde las moléculas de la tierra se
-disgregan al recibirla? Ya dice el Evangelio: «¡Ay de la casa desunida!»
-
- * * * * *
-
-Nunca mejor ocasión de mostrarnos unidos, con solidaridad de la grande,
-que en el próximo Centenario de Cervantes. Acabamos de dar lucida fe
-de vida en guerra. Nada valen las funciones bélicas, por gloriosas que
-sean, si no las consolidan inmediatamente fiestas de paz. En recientes
-cuchipandas hispanoamericanas hemos traído y llevado el Verbo y...
-¡ay, también el adjetivo de la raza y de la lengua! ¡Vamos á verlo!,
-como dicen los taurófilos, mejor dicho, los _torerófilos_, sobre todo
-al llegar la hora llamada de la _verdad_. ¿Podrá ser esa hora la del
-Centenario de Cervantes?
-
-¡Oh, mi gran D. Mariano, tenéis razón!, inútil es dirigirse á los
-políticos, porque en tal solicitud, empezada á redactar en lunes,
-habrá que raspar cinco nombres antes de llegar á entregarla el
-sábado. Pero si los Gobiernos pasan, otras cosas quedan. El Ejército
-y los artistas españoles deben bastarse, y por derecho propio, á
-monopolizar para sí toda la gloria de unas fiestas nunca igualadas. Es
-preciso borrar el recuerdo de aquellas lastimosas del Centenario del
-_Quijote_; es preciso... resignarnos á que nos llamen _lateros_, hasta
-conseguir levantar los espíritus. Contad, D. Mariano, con mi humilde
-cooperación para organizar funciones teatrales, para lo que de mi
-negociado dependa. Tiempo hay sobrado; pero el tiempo español vuela.
-Naturalmente: el tiempo nos gobierna y pasa... como nuestros Gobiernos.
-
- * * * * *
-
-El maestro D. José Serrano solicita opiniones en el pleito entablado
-por la Sociedad de Autores sobre el libre aprovechamiento de obras
-extranjeras no garantizadas por tratados internacionales. Voto con
-el maestro Serrano. Por lo mismo que la ley no las ampara, razón de
-más para respetarlas. ¿Con qué razón podremos quejarnos de algunos
-empresarios y editores americanos, si nosotros justificamos su conducta
-con nuestro ejemplo?
-
-Bien está preocuparse por los intereses materiales y saber de sumar
-y multiplicar, y que letras y números no anden divorciados; pero la
-Sociedad de Autores, por honor de su nombre, debe comprender que
-hay también intereses morales que también tienen su valor en una
-suma total. Verdad es que una Sociedad de Autores en donde el dinero
-decide de las votaciones... Claro es que el dinero representa trabajo.
-¿Representa siempre arte? Pero hay quien prefiere ser considerado como
-artista á la hora de estrenar y como negociante á la hora de cobrar...
-¡Véase, cómo en estos tiempos del sufragio universal y del voto
-obligatorio, adónde demonios ha ido á refugiarse el voto restringido y
-el triunfo de la plutocracia!
-
- * * * * *
-
-El buen gusto del público de París no se avenía con la presentación
-escénica de _Chantecler_, ridícula y poco artística, digan lo que
-quieran los reclamos. El afán de realidad en la presentación de una
-obra poética y fantástica ha llevado, como suele suceder, á falsedades
-que una fantasía de artista hubiera evitado. ¡Qué diferencia de esta
-_mise en scene_ á la de _El pájaro azul_, de Maeterlink, representado
-en Londres! Pero la amable crítica francesa para todo tiene remedio,
-hasta para los fracasos menos disimulables. Alguien ha encontrado
-el medio de idealizar, mejor dicho, de _realizar_ las falsedades de
-presentación en _Chantecler_ y las desproporciones evidentes entre lo
-representado y su representación. Mirar al escenario por el revés de
-los gemelos. De este modo, empequeñecidos personajes y decoraciones,
-todo parece la verdad misma. El gran Guitry parece todo lo más un
-gallo cochinchino; Simone, una faisana al natural, y Coquelin hijo, un
-perrillo de buen tamaño.
-
-Achicándolo todo por este procedimiento, la obra quizás se agrande.
-
-Lo contrario de lo que nos sucede aquí con nuestros políticos: ellos
-nos parecen muy grandes, y la obra cada vez más pequeña.
-
-
-
-
-IX
-
-
-Siempre es peligroso ir contra las corrientes populares. En el programa
-del nuevo Gobierno figura, para ser ley muy pronto, el servicio
-obligatorio. Indiscutible en teoría, dentro de esa igualdad que las
-leyes nos reconocen á todos como ciudadanos, aunque la Naturaleza la
-desmienta á cada paso; más atenta que á la igualdad, á la armonía,
-que no es lo mismo; pues á ella contribuyen, como en música bien
-compuesta, tanto como los acordes, las discordancias; ¿es tan
-indiscutible en la práctica? Por acercamos al ideal bruscamente, ¿no
-tropezaremos con duras realidades, cuyo choque, no sólo destruye el
-ideal, sino realidades positivas que debemos alejar de todo peligro
-cuidadosamente? No basta mejorar los cuarteles; no son cuerpos mortales
-solamente los que han de alojarse en ellos y han de acomodarse á
-su disciplina; son espíritus también, que no se disponen tan pronto
-ni tan fielmente como los materiales: alojamientos y provisiones.
-La Religión y la Milicia: «Religión de hombres honrados», que dijo
-Calderón de la Barca, no pueden existir sin una fe ciega, cuyo más
-sólido fundamento sólo puede hallarse en una humilde ignorancia ó en
-una superior filosofía, aparte los casos de predestinada vocación.
-Pero entre las humildes inteligencias y los entendimientos superiores
-capaces de crear objetividades de su propia subjetividad, existen en
-gran mayoría esas inteligencias medias que han dejado de ignorar y no
-han llegado á saber. Estas serían las dominantes en el Ejército con el
-servicio obligatorio; éstas las que llevarían á él todos los fermentos
-de una cultura mal reforzada. En ella abunda la moderna generación
-intelectual, y de ello se resiente todo el organismo social. ¿Tendría
-virtud el servicio obligatorio para disciplinar á esa masa, ó no sería
-ella la que llegaría á contaminar el sano organismo del Ejército?
-
-La ejemplar conducta de distinguidos voluntarios en la última guerra
-de Melilla ha influído, sin duda, en la opinión y en los gobernantes
-para confiar en la virtud del servicio obligatorio. ¡Hermosa es la
-fraternidad de todas las clases sociales en defensa de la Patria y
-en los peligros de una guerra! Pero no son los tiempos de guerra
-norma para presumir las ventajas ó los inconvenientes del servicio
-obligatorio. Lleva la guerra en sus peligros y en sus actividades,
-virtud moralizadora con la que no puede contarse en tiempos de paz.
-
-No olvidemos tampoco, en el país de las recomendaciones y las
-influencias, que la desigualdad, más sensible que palpable de hoy,
-sería la desigualdad que salta á la vista á todas horas, y es más
-irritante.
-
-¿El ejemplo de otras naciones? ¡Ay, si la voz de algunos sabios
-sociólogos lograra sobreponerse á la voz, más clamorosa, de los
-halagadores de muchedumbres!
-
-Preguntadles á los primeros, preguntad á las estadísticas las ventajas
-comerciales, industriales, sociales, en fin, que ha conseguido
-Francia con el servicio obligatorio. Enteraos, ¡oh bien intencionados
-legisladores!, cómo leyes tan democráticas, tan generosas, tan
-animadas de nobles propósitos, como la del servicio obligatorio y la de
-reglamentación del trabajo de los menores, han desatado sobre París y
-otras ciudades de Francia esas bandas de _apaches_, que no son signo,
-ciertamente, de civilización ni de progreso.
-
-No hay nada más peligroso en la realidad que el noble juego de los
-ideales.
-
-Bueno es atender á la opinión popular, para satisfacerla en lo
-justo; pero sobresalga sobre ella la opinión de los contempladores
-desinteresados. Cuando todos crean llegada la hora, ellos sólo sabrán
-decir: «Aun no es tiempo».
-
- * * * * *
-
-Admiremos la dificultad vencida por la señora Bellincioni en su danza
-de Salomé. Es todo lo que puede danzarse ante nuestro público, cuando
-ese público asiste á nuestro Teatro Real. Admirado el arte de la señora
-Bellincioni, convengamos en que si Salomé no danzó de otro modo ante el
-Tetrarca, ó éste era hombre de buen contentar, ó tenía más ganas de
-perder de vista la cabeza del Precursor que Salomé de conseguir la del
-uno y trastornar la del otro.
-
-Me figuro á Pastora Imperio bailando por instinto lo que la señora
-Bellincioni baila por arte. ¿No son nuestro vulgarizado tango y nuestro
-popular garrotín, más propia evocación de lo que debió ser la danza de
-Salomé? ¡Lástima que haya perdido toda nobleza con el roce plebeyo!
-Hay que confesar, ¡oh amplitud de los escenarios populares!, que _La
-Corte de Faraón_, con su garrotín, está más cerca de la verdad bíblica
-que la _Salomé_, de Strauss, con su danza de los siete velos. Y ¡los
-«entradones» que se ha perdido la empresa! _Salomé_, con su buen
-garrotín hubiera llevado á todo el público de Eslava, sin perder el del
-Teatro Real por eso. El pudor de nuestro público está siempre dispuesto
-á dejarse violar. Pero, ¡vale la pena tan pocas veces! Y luego, que uno
-también tiene su pudor y no tan violable.
-
-
-
-
-X
-
-
-Francisco de Curel, uno de los pocos autores dramáticos franceses sin
-ribetes de negociante, aseguraba, en reciente indagatoria sobre la
-llamada «crisis» del teatro, que el teatro, en fuerza de tanto querer
-ser negocio, va dejando de serlo, y acabará por arruinar á cuantos
-empresarios sean ó fueren.
-
-Ya no basta para satisfacer las exigencias del negocio teatral con
-la obra razonable, la obra razonablemente aplaudida y celebrada; es
-preciso la «gran atracción», como en número de circo; la obra que
-avive todas las curiosidades, como crimen misterioso; la obra de «gran
-público», público que pueda llenar durante cien representaciones un
-teatro.
-
-¿Fueron así las tragedias de Esquilo y de Sófloques? ¿Las obras de
-Shakespeare? ¿Las de Lope y Calderón, obligados á una fecundidad sólo
-disculpable por la efímera vida de cada obra en su tiempo? ¿Es posible
-hacer obra de arte sincera, sentida, «nueva», con esa preocupación
-comercial del gran número de representaciones, consecuencia de no
-reparar en los medios de llamar la atención? Mujer y obra de arte que
-andan por el mundo á llamar la atención, ¿no merecen el mismo nombre?
-
-¡Cuánta noble idea de comedia malograda por la consideración: «No
-será obra de público, no dará dinero... No será obra simpática!...
-¿Adónde voy yo con esta obra?» ¡Oh, autores noveles! ¡Envidiáis á
-los que vosotros llamáis consagrados! Vosotros, por lo mismo que las
-empresas no confían en vosotros, podéis atreveros á todo. Si alguna
-obra os admiten, tened por seguro que la empresa ensayará otra al mismo
-tiempo, para sustituir á la vuestra en el caso probable de un fracaso.
-No gastará en ponerla, ni las actrices encargarán á París trajes y
-sombreros, ni los actores esperarán revelarse en la creación de sus
-papeles... Para los autores consagrados, ¡qué enorme responsabilidad
-la suya! ¡La obra de las esperanzas, de las ilusiones, la clave
-fundamental de una temporada, ó por lo menos de gran parte de la
-temporada!... La equivocación de un autor consagrado es la ruina para
-una empresa, la desilusión de actrices y actores, el descrédito de
-un modisto, la zozobra en muchos humildes hogares de tramoyistas,
-acomodadores, etcétera. ¡Legión pavorosa de espectros, presente al
-concebir la obra, al planearla, al escribirla!... ¿Esa frase?... no; es
-peligrosa. ¿Ese chiste?... ¡tremendo! ¿Ese final?... ¡de poco efecto!
-¡Eso es atrevido! ¡Eso no está garantizado por el aplauso! ¡Oh, la
-gloriosa inconsciencia de las primeras obras, las que un empresario
-recibía con displicente desconfianza!...--Tenemos ahí una obra de
-un chico que empieza... Una cosita; no está mal... Allá veremos...
-Mientras llega la obra de...--aquí un gran nombre.--¡La obra de la
-temporada!
-
-¿Comprendéis el lucido papel que podía hacerse cuando, por azares de
-la fortuna, la «cosita» sin importancia pasaba á ser la obra de la
-temporada? ¿Comprendéis la grave responsabilidad cuando la obra de la
-temporada es... una cosa de mucha importancia, que no le importa al
-público? ¿Sabéis de la tristeza de las cumbres, cuando se mira á un
-lado ó al otro y todo es cuesta abajo?
-
-¡Juventud, divino tesoro!, más divino porque puede ser derrochado
-pródigamente, porque es sólo nuestro... En la vejez, nuestro dinero,
-nuestro arte, nuestra vida, todo, ya no es sólo nuestro; hay quien
-puede pedirnos cuenta de todo ello... ¿Es posible un artista con
-consejo de administración? ¿Comprendéis que, por no soportarlo, pueda
-romperse la pluma á lo mejor de la vida, como dirán muchos de los que,
-unos por admirar, por envidiar otros, no supieron nunca compadecer al
-que vieron en alto?
-
- * * * * *
-
-¡Oh, maestro! Leí vuestra carta, en la que adivino toda vuestra
-tristeza. Es la tristeza de Jesús, cuando al aconsejar al joven
-neófito que repartiera toda su hacienda entre los pobres, si pretendía
-seguirle, vió cómo el joven le volvía la espalda, incapaz del
-sacrificio. Así visteis llegar á muchos presuntos discípulos; grandes
-admiradores, á los que abrísteis el raudal de vuestro corazón y de
-vuestra inteligencia... Y los visteis después alejarse desdeñosos,
-malcontentos, murmuradores, porque en vuestra bondad, ellos sólo
-buscaban un elogio, un «bombito» en forma de prólogo ó juicio crítico;
-de vuestro entendimiento, que se hiciera traición para celebrar
-sus errores y sus tonterías, y le ayudáseis al «buen parecer», que
-basta para andar entre las gentes... Ellos, como Esaú, vendieron su
-primogenitura por un plato de lentejas...
-
-¡Cada vez más solo, maestro¡ ¡Es verdad! ¿Quién no ha sentido esa gran
-tristeza de ofrecer lo que mucho valía, y ver cómo ellos preferían lo
-de ningún valor?
-
-Ofrece uno toda la vida, y ellos sólo piden una recomendación, un
-elogio--algo del momento--. Ofrece uno la verdad de su corazón: ellos
-sólo querían una mentira.
-
- * * * * *
-
-Próximo el primer aniversario de la muerte del maestro Chapí, no es
-de temer que empresarios, artistas, la Sociedad de Autores, España
-entera, en fin, necesiten de mejor estímulo que la proximidad de
-esa fecha para conmemorarla de un modo digno. La deuda es grande.
-Suspendida quedó, por la muerte, la función proyectada en honor del
-maestro; contratiempos de todo género impidieron las representaciones
-en esta temporada de _Margarita la Tornera_... Es empeño de honra
-vencer á tanta fatalidad, á la misma inexorable de la muerte, que sólo
-el amor vence... cuando el olvido no es segunda muerte. Pero ¿habremos
-olvidado tan pronto? O ¿será la envidia la única que recuerde? Cosa
-sería entonces de admirarla como una virtud, si ella sola logra vencer
-á la admiración y al cariño de cuantos decían admirar y querer al gran
-artista, al hombre honrado, al que, en tierra de bien nacidos, no es
-posible que hubiera dejado una sombra de odio ni de envidia.
-
-
-
-
-XI
-
-
-Pasó Marta Regnier con su compañía y su ligero repertorio, por el
-escenario de la Comedia, sin dejarnos honda emoción de arte ni de
-belleza. Nos sentimos un poco orgullosos, porque ni actores ni autores
-españoles podíamos temer la comparación. Sólo envidiamos lo selecto
-de la concurrencia y sus manifestaciones de agrado, no tan fáciles de
-obtener para los de casa.
-
-Marta Regnier es... un bonito artículo de París; de esos que entre
-directores de teatro, autores y críticos suelen fabricar allí para
-admiración de provincianos y de extranjeros. Además, en París les
-parece joven, y lo es, comparada con Sarah, la Bartet, la Rèjane, la
-Hayding y demás grandes estrellas del Teatro francés, admirable museo
-de antigüedades.
-
-Los actores franceses tienen el defecto general de ser demasiado
-actores. Todo es estudio y composición en ellos. No os sorprenderán
-nunca con una incorrección, con un desentono. En las actrices es
-también defecto empachoso que siempre han de parecer _cocottes_. Sólo
-Mme. Bartet y Mlle. Reichenberg han tenido aires de gran señora y de
-señorita en la escena. Algo también la Brandés, y en la extraordinaria
-Sarah, el arte supremo lo idealiza todo, dándonos la sensación, como
-dijo Lemaitre, de una mujer extranjera en todas partes, una mujer
-de raro exotismo, que viene nadie sabe de dónde y vuelve á otra
-región que ignoramos. Las demás, la _cocotte_, la eterna _cocotte_,
-creación artificial de una literatura dramática que necesita para sus
-combinaciones, figuras femeninas convencionales, como lo fueron la
-cortesana del teatro latino y la dama de nuestras comedias del teatro
-antiguo.
-
-Al mismo género pertenecen la _jeune fille_ de los ingenuos descocos,
-la casadita de los peligrosos _flirts_, la divorciada andariega y la
-viudita joven y experimentada de casi todas las comedias francesas
-modernas. Triste idea darían de una sociedad, si no supiéramos que el
-teatro fué siempre, en arte, la última y más irreductible trinchera de
-lo falso y lo convencional. Ni Francia, ni París mismo, ni su sociedad,
-ni sus mujeres, ni sus maridos, son eso ni pudieran serlo.
-
-Consolémonos, con la imagen falseada que sus escritores nos ofrecen, de
-la que suelen presentar de nosotros. No es extraño que se equivoquen al
-hablar de lo ajeno, los que se equivocan al hablar de lo propio.
-
- * * * * *
-
-Más que nuestros actores y nuestros autores de los extranjeros,
-tendría que aprender nuestro público en cuanto á consideración y
-respeto al espectáculo y á los espectadores. En una de las últimas
-representaciones de _El oro del Rhin_ era materialmente imposible
-enterarse de la obra, salvo en la parte visible. ¡Y habrá quien diga
-que la música de Wágner es estruendosa! Sí, sí: ¡ya pueden echar los
-compositores trompas, timbales, bombos y platillos á competir con la
-graciosa cháchara de los abonados! ¡Y se tendrán por muy distinguidos!
-No saben que lo más distinguido es... tener educación y que si entre
-todo el numeroso público hubiera un solo espectador, uno sólo, que
-hubiera pagado por oir la ópera y no por contribuir á la general
-algazara, ese solo espectador merece el silencio de todo el público;
-no hablo ya de los artistas y de la obra. Pero ¡sí!, este es el país
-de: «Para eso hemos pagado, para estar como nos convenga.» Váyase
-la poca educación de los que charlan, por la exagerada de los que,
-habiendo pagado para oir la ópera, no protestan ruidosamente y en
-cualquier forma de la mala educación de los charladores. A descortesía,
-descortesía y media. Nunca estaría más justificada. En ningún teatro
-del mundo se toleraría cosa semejante. ¡Y esa es la gente que viaja
-por el extranjero! Verdad es que cuando viaja va á los circos, á los
-_music-halls_. ¡Lástima de dinero, que estaría tan bien empleado en los
-que no se atreven ni á respirar, allá en el paraíso!
-
- * * * * *
-
-En _Juventud de príncipe_, traducción de la comedia alemana _Alte
-Heidelberg_, hay algo que desconcierta al espectador y, sobre todo, á
-la espectadora, en nuestro público: las relaciones del príncipe y de
-Catalina, camarera de una cervecería.
-
-Cuestión de latitud y de razas. Un público latino ¡el latino es pillín!
-no comprende ese buen amor que tiene tanto de buena amistad. Aquella
-muchacha sencilla quiere y se deja querer sin hablar de matrimonio, ni
-de honra... ni siquiera de dinero. ¿Qué especie de mujer es ésta?--se
-diría más de una espectadora.--¿Es buena? ¿Es mala? Es tonta, por de
-contado. Grave defecto en una mujer. Nuestras mujeres no temen nada
-tanto como pasar por tontas. ¡Así es tan raro que las engañe nadie!
-A buen seguro que un príncipe latino, ¡qué un príncipe!, cualquier
-muchacho de regular posición, no encontraría una ganga como la moza de
-Heidelberg. Una muchacha joven, bonita, que ni ama demasiado hasta el
-punto de destrozar el corazón al príncipe, ni de estorbarle siquiera
-en sus estudios, ni le explota hábilmente, haciéndose señalar una
-pensión vitalicia. ¡Un buen camarada de bromas y de excursiones!
-Mujer... cuando es preciso y nada más... ¡Lo ideal para todo hombre de
-ocupaciones! Con mujeres así, no es extraño que los alemanes progresen
-tanto. Los pobres latinos, en cuanto tropiezan con una mujer en su
-camino ¡hombres perdidos! Por eso _Juventud de príncipe_ fué más
-celebrada en su estreno por los espectadores que por las espectadoras.
-
-Por nuestra vida y por nuestras comedias sólo se comprende el amor
-causando estragos. Y sólo así convence á nuestras mujeres.
-
-
-
-
-XII
-
-
-Un distinguido escritor, al patrocinar también el debido homenaje al
-maestro Chapí, lleva su escepticismo hasta dudar de la sinceridad de
-mi admiración por el insigne músico; todo porque olvidé que en esta
-temporada se había representado, por fin, _Margarita la Tornera_ en el
-Teatro Real. Cuatro representaciones, después de tantos aplazamientos
-y suspensiones, no son muchas, y nada tiene de particular que puedan
-pasar inadvertidas para cualquiera, á poco preocupado ó distraído que
-ande uno con sus particulares asuntos.
-
-No soy yo tampoco muy amigo de asistir á representaciones de las
-obras que admiro. Las representaciones son siempre peligrosas para la
-admiración, y si esas representaciones son de óperas españolas y en
-nuestro teatro Real, doblemente. Claro es que una obra musical no puede
-ser admirada en su integridad, como una obra literaria, sin pasar
-por la interpretación, más ó menos edificante. Pero, en este caso, es
-preferible admirar y creer... por fe, ó, si la fe nos falta, aceptando
-como buena la autoridad de los competentes. Después de todo, por fe ó
-por autoridad, creemos en muchas cosas de más importancia: en materias
-de Religión, de Ciencia, etc., etc.
-
-Yo no me permitiría jamás dudar de la ciencia de un Ramón y Cajal,
-aunque nunca haya asistido á sus experimentos. Me basta con que
-personas de gran autoridad científica los den por buenos. ¿Estimaríamos
-muchas cosas en el mundo si á cada una hubiéramos de aplicar la propia,
-casi siempre ignorante, y muchas veces impertinente, investigación? El
-propio juicio ¡es tan falible! y ¡tan variable! Cualquier alteración en
-los humores, en la temperatura, en el bolsillo, basta á trastornarle.
-¿De qué viven las grandes instituciones sociales más que de este
-abandono del criterio individual al criterio social, única suma que
-nunca es resultado de los sumandos?
-
-Si la admiración nacional fuera la suma de admiraciones individuales,
-¿habría español que fuera admirado? Si el catolicismo dependiera del
-número de verdaderos católicos, ¿sería España el país católico por
-excelencia? Aunque sea el país en que haya más _excelencias_ por
-católicos.
-
- * * * * *
-
-Del criterio y de los gustos artísticos de nuestros empresarios puede
-dar idea el que, obras como _Aguila de blasón_ y _Romance de lobos_,
-las admirables tragedias bárbaras de Valle-Inclán, no hayan encontrado
-todavía escenario en que puedan ser, no más admiradas, pero sí
-admiradas por más, como debieran serlo.
-
-Ahora, á fines de temporada--de lo bueno poco,--se nos ofrece _Cuento
-de Abril_. Gentil ofrecimiento de la gentil actriz Matilde Moreno, que
-nunca empleó mejor su estudio y su talento como en esta buena obra de
-purificar el ambiente teatral con aires de poesía.
-
-Es _Cuento de Abril_ todo poesía y arte verdaderos, no de esas
-sobredoradas imitaciones que andan por ahí desacreditando el género.
-
-Me aseguran que _Cuento de Abril_ pasó por otros teatros, en donde sólo
-halló indiferencia ó extrañeza. Extrañeza lo comprendo, por lo raro
-del caso. La indiferencia, ya es menos explicable. No hay razón para
-lamentarse de la falta de obras y de autores, cuando se deja marchar
-una obra como _Cuento de Abril_ y _Aguila de blasón_ y _Romance de
-lobos_, ésta sin representarse.
-
- * * * * *
-
-¡Eterno vaivén de las cosas del mundo! El rompecabezas, el arrinconado
-juguete de los tiempos de nuestra infancia, es ahora el juguete á la
-moda, y no para niños, sino para mayores, y muy mayores, y en tertulias
-de gran señorío y respetabilidad. Verdad es que el juguete viene ahora
-de Inglaterra con el nombre de _Puzzles_.
-
-Yo no sé si será muy divertido, ni de qué otra diversión podrá ser
-pretexto; porque yo no me fío de estos juegos de sociedad, casi
-siempre de carambola y por tabla. Parece que se divierten con una cosa
-y es con otra.
-
-Lo que sí sabré decir es que, este juego del rompecabezas, es de un
-gran simbolismo. ¿Es otra la tarea de nuestra vida, que ésta de ir
-juntando, para componer algo, los pedazos de nuestro corazón, de
-nuestra inteligencia?
-
-Los antiguos rompecabezas llevaban el modelo para facilitar la
-composición; estos de ahora son imprevistos. Y hasta en eso se ve
-cómo procuran simbolizar la vida moderna. Va uno juntando pedazos y
-pedazos, sin saber si será una marina ó un paisaje, un apacible cuadro
-de familia ó una terrible batalla, lo que al fin resulte. La sorpresa
-es el mayor encanto. Así vivimos: juntando pedacitos de nuestra vida,
-sin saber lo que será el cuadro de nuestra vida; sin modelo que pueda
-orientarnos. Rompecabezas es el juguete: si ponemos en él toda nuestra
-ilusión, bien pudiera llamarse ¡rompecorazones!
-
-
-
-
-XIII
-
-
-Somos los españoles como nuestros vinos: ganamos transportados.
-El que aquí malgasta lo mejor de sus energías en luchar contra el
-medio ambiente, fuera de aquí, aun contra las dificultades que á
-todo extranjero se oponen en todas partes, logra vencer y afirmar su
-personalidad. Por eso fuimos pueblo de conquistadores, y si perdimos
-todas nuestras conquistas, no fué por no haber sabido hacer nuestras
-las tierras conquistadas, sino tal vez por haberlas hecho demasiado
-nuestras. Parece paradoja, pero es lo cierto que América dejó de
-pertenecer á España por haberla hecho demasiado española. Somos gente
-poco de casa. Cuando no aspiramos á conquistar el mundo, aspiramos
-á ganar el cielo. De nosotros pude decirse, como en aquella antigua
-canción tan nuestra:
-
- «Fuí al mar,
- vine del mar...
- Mis telitas sin hilar.»
-
-Buen ejemplo de este nuestro espíritu conquistador y buena compensación
-de otras conquistas materiales, hoy más difíciles de emprender,
-tenemos en Pepe Lasalle, quien salió de España, hará unos diez años,
-diciendo: «Seré director de orquesta», y ha realizado su propósito
-tan cumplidamente que, al saludarle de nuevo por esta su tierra, á su
-nombre y su cargo añadimos, por aclamación, todos los adjetivos que su
-modestia callaba al despedirse, pero á los que, sin duda, pretendía en
-su noble ambición de artista. Gran director de una gran orquesta. No
-puede cumplirse mejor el propio vaticinio. Desde los tiempos del Gran
-Emperador, no se unieron Alemania y España en más gloriosa empresa.
-
-Ahora bien, ó, ahora mal, mejor dicho: con el mismo talento, con la
-misma energía, con todo lo personal, en fin; si entre nosotros se
-hubiera propuesto Pepe Lasalle realizar su propósito, ¿hubiera llegado
-á conseguirlo? Contesten tantos verdaderos artistas músicos como andan
-por ahí desperdigados por cafés y orquestas de teatrillo; responda
-nuestro público aristocrático, llenando los palcos del Circo en los
-días de moda y dejando poner en la taquilla de billetes para los
-conciertos: «Sólo quedan palcos y butacas»; hablen el Cuarteto Francés
-y el Cuarteto Vela, luchando contra la indiferencia del público,
-sólo sostenidos por el aplauso de algunos inteligentes que ¡ay! son
-justamente los que van de gorra, y aun hay que agradecérselo. Por
-eso, bien esta que aplaudamos con el mayor entusiasmo á los de fuera,
-y mucho más cuando los dirige uno tan nuestro y que tan alto pone el
-nombre de España en el mundo del Arte; pero estimemos en cuanto merecen
-á los de casa, que, sobre las dificultades de su arte, han de vencer
-las del medio, hostil ó indiferente. El Arte, que es todo simpatía,
-sólo en ambiente de simpatía florece.
-
- * * * * *
-
-¿Quién se atreverá á poner en duda el desinterés de nuestros
-escritores? Cada dos ó tres años, el ministerio de Instrucción pública,
-cuidadoso tutor y curador de los menores y pródigos, que son nuestros
-literatos, ha de conceder graciosamente ampliación del plazo para
-inscribir obras en el Registro de la Propiedad. ¿Es desinterés,
-ignorancia de estas formalidades legales ó triste convencimiento de
-que, para lo poco que ha de producir, no vale la pena de tomarse
-molestia alguna? En los dos últimos casos sería muy triste; en el
-primero sería muy laudable, si ese desprendimiento no redundara
-siempre en beneficio de algún editor _vivo_, siempre dispuesto á
-levantar muertos al amparo de una ley que, por fortuna, no se cumple
-con inexorable rigor. Para todos los efectos de responsabilidad, la
-condición de escritor debiera equipararse en nuestros Códigos á la de
-los menores ó incapacitados. ¿Por qué han de estar tan reñidos números
-y letras que, hasta cuando la realidad de los números se impone al
-escritor, ha de venir en letras... de cambio, aceptadas por él con la
-más divina inconsciencia de números y de fechas?
-
- * * * * *
-
-El descubrimiento del doctor Doyen, prometiéndonos más larga vida,
-no dejará de regocijar á cuantos van á gusto en el machito; para
-ellos lujoso carruaje ó automóvil. A los de á pie nos es indiferente.
-¡Alargar la vida!
-
-¡Como no sea por la ilusioncilla de ver terminadas las obras de la Gran
-Vía; ó por ver si los aeroplanos llegan á establecerse con servicio
-regular, como los transatlánticos; ó por saber del estreno de una obra
-nueva de Rostand; ó por ver las calles de Madrid sin pordioseros!...
-Aunque es de temer que la virtud del descubrimiento del doctor Doyen
-no alcance á la realización de todas estas esperanzas. Entonces, para
-seguir con la misma historia de la vida, «Este cuento de la vida, dos
-veces contado», como dijo Shakespeare, ó «contado por un idiota», que
-dijo el mismo... El descubrimiento del buen doctor no vale lo que una
-botella de buen vino, un poco de morfina, un buen cigarro, una buena
-música ó una buena mentira; de esas mentiras dulces, que parecen amor ó
-gloria... Todo lo que es olvido de esa implacable verdad, cuyo nombre
-más cierto es muerte.
-
-
-
-
-XIV
-
-
-Son las próximas elecciones la mayor preocupación en estos días.
-No--esto es lo triste--por el gran interés que inspiren, en cuanto
-pudieran influir en los destinos futuros de España, sino por los muchos
-pequeños intereses que en ellas se fundan y contra el interés general
-conspiran.
-
-Líbrenos la diosa Democracia de hablar mal del sufragio universal, ni
-del voto obligatorio, preciadas conquistas suyas. Antes era posible que
-un Gobierno regalara, lo que se dice regalar, un distrito á cualquiera
-de sus patrocinados; pero, por lo mismo que se trataba de un regalo,
-los Gobiernos cuidaban, para no dar que murmurar demasiado, que el
-candidato fuera persona de merecimiento. Ahora, como todo el apoyo y la
-protección oficiales no bastan á librar al protegido de ciertos gastos
-indispensables, es preciso buscar ante todo gente de dinero ó que sepa
-sacarlo de donde lo haya. Antes solía decirse: «A Fulano le apoya el
-Gobierno», ó «Cuenta con la protección de éste ó del otro, mayores ó
-menores caciques.» Ahora, las protecciones no significan nada. La única
-probabilidad de triunfo es decir: «Fulano piensa gastarse tanto en la
-elección; Menganito se gastará cuanto.»
-
-Las gentes sencillas, tan incapaces de grandes abnegaciones patrióticas
-como de ambiciosas vanidades, no hayan compensación en el cargo de
-diputado á tan crecidos sacrificios pecuniarios, y con la natural
-desconfianza que despiertan siempre las acciones heroicas, cuando
-su móvil no tiene equivalente, por lo menos «potencial», en nuestro
-espíritu, dan á recelar, con esa suspicacia propia de las gentes
-sencillas, que en lo de ser diputado ha de haber algunas ventajillas
-más que la de sacrificarse por la patria, la de chupar caramelos, la
-franquicia postal y la misma inmunidad parlamentaria.
-
-Esa desconfianza hace que, obligadas al voto, las gentes sencillas
-vayan á la votación con la misma indiferencia con que antes se
-quedaban en casa. Al «qué más da votar que no votar» ha sustituido
-el «qué más da votar á unos que á otros». La consecuencia en uno y
-otro caso es la misma: no triunfa el que triunfa por importarle á
-muchos, sino por no importarle á nadie. Así podemos vanagloriarnos de
-constituir unas Cámaras que no representan la opinión del país, como en
-otros países, sino su falta de opinión.
-
- * * * * *
-
-A consecuencia de una polémica entre autores y críticos, se ha
-discutido en París, entre autores, críticos y actores, sobre la
-eficacia de la crítica, sobre sus derechos y deberes y hasta sobre la
-conveniencia de su desaparición. Los autores y los actores artistas han
-opinado, como era natural, que la supresión de la crítica literaria
-sería tanto como relegar el teatro al terreno puramente industrial de
-especulación. Pero ¿es otra cosa el teatro moderno? ¿No es fantasear
-á costa de la realidad--fantasía muy cara--considerarle de otro
-modo? A no ser en teatros subvencionados con esplendidez, donde los
-directores puedan permitirse el lujo de ofrecer verdaderas obras de
-arte, ¿qué empresario ni qué autor pueden aceptar la responsabilidad
-de comprometer intereses respetables por entregarse á nobles juegos de
-arte?
-
-Hoy se le da al teatro una importancia comercial que nunca tuvo.
-Exigencias del público, de la crítica, de autores y actores--no
-hablemos de los propietarios,--han convertido en negocio
-arriesgadísimo, más propio de capitalistas que de verdaderos
-aficionados al arte, la explotación de un teatro. En estas condiciones,
-¿puede depender del criterio artístico, de la crítica, el éxito de una
-obra? Dejémonos de vanidades. El teatro moderno tiene muy poco que ver
-con el arte. No se interponga ninguna consideración artística entre el
-público y la taquilla, como no se interpone entre el comprador y el
-comerciante una crítica del escaparate. ¿Que esto será el fin de la
-literatura dramática? No, al contrario; quedarán mejor deslindados los
-campos. A un lado el arte y la literatura; al otro lado el teatro. Un
-teatro que sólo aspira al dinero no debe tener más sanción penal que la
-falta de dinero. La crítica literaria es demasiado honor para él. La
-mejor crítica de muchas obras es haber llenado el teatro durante 200
-noches, y que el autor, para curarse de toda vanidad, llegara á conocer
-personalmente á los 200.000 espectadores que le han aplaudido, ¡Ay del
-artista que, cuando más clamoroso oye el aplauso de todos, no sabe
-percibir la voz de la propia censura!
-
- * * * * *
-
-En Berlín se ha fundado una Sociedad, llamada de Calderón, con el
-objeto de representar obras de nuestro autor y algunas de otros
-autores, no menos admirables, nunca representadas en los teatros
-ordinarios. En dicha Sociedad figuran ilustres personajes, y en la
-primera función, con el concurso de los mejores actores de los teatros
-berlineses, se representará _La devoción de la Cruz_.
-
-Esto en Berlín, donde todos los años se representa mayor número de
-obras de Calderón y de Lope de Vega que en nuestros teatros. En cambio,
-nosotros no dejaremos de representar opereta alemana, ni austriaca, en
-justa correspondencia. Schiller y Goethe y el moderno Hauptman bien
-están en su casa. Y que se lleven á Calderón y á Lope. ¡Para lo que
-van á divertirse con ellos! Mejor sería proponerles, ya que en tan
-buena disposición se hallan, que se encargaran de celebrar en Berlín el
-centenario de Cervantes. ¡Fuera cuidados! De aquí les mandaríamos una
-lucida Comisión y todos los toreros que hicieran falta para una buena
-corrida de toros.
-
-
-
-
-XV
-
-
-¡A cualquier hora nos la dan á nosotros de primos! Nos hemos dislocado
-de risa con una porción de _vaudevilles_ sin gracia y sin fantasía; nos
-hemos extasiado ante unos cuantos melodramas policíacos sin novedad y
-sin interés; hemos acogido como armonías celestiales la organillesca
-musiquilla de cuantas operetas vienesas han querido ofrecernos...
-Todo ello por venir de fuera y venir consagrado. Pero esto no podía
-continuar. ¿Qué se diría? ¿Qué éramos público para contentarnos con
-cualquier cosa? Nada, nada de dejarse sugestionar... A la primera
-ocasión... Y la primera ocasión ha sido _Chantecler_. Diríase que,
-á falta de mayores solemnidades, habíamos querido conmemorar en él
-la fecha próxima del Dos de Mayo. Lo que no consiguieron bombos y
-reclamos previos, acabará por conseguirlo la desconsideración de
-algunos públicos con una obra de noble y elevado arte: imponerla, por
-fin, á la admiración de todos. ¡Ya quisiéramos que gallos como ese nos
-cantaran todos los días en nuestros corrales! ¡Para una vez que nos
-hemos sentido carabineros del arte... de las pocas veces que no venía
-contrabando!
-
- * * * * *
-
-La palabra de Dios es el silencio, y, si alguna vez comprendemos en
-toda su grandeza esa divina palabra del silencio, es cuando una mujer
-linda y graciosa nos dice ó nos canta tonterías desde un escenario.
-Para admirar una linda hechura de Dios, ¿qué necesidad hay de
-molestarnos con idioteces? ¿No bastaría con una bien compuesta danza
-para mostrarnos la gracia de las actitudes? ¿No bastaría con pasar y
-sonreir? ¿Es preciso más para que una mujer bella enamore? Y, si algo
-ha de decirnos, sea en una lengua extraña, sólo comprensible como
-una música... No quiebre el ritmo de una bella armonía el desentono
-de las palabras chabacanas. No es la belleza la que ha de acercarse
-á nosotros; somos nosotros los que hemos de acercarnos á ella,
-alejándonos de la realidad... Y no es el mejor puente la letra de algún
-_couplet_ que, sólo se salva de lo canallesco, para caer en lo insulso.
-
- * * * * *
-
-Hasta ahora estuvo considerado el grajo como una de las aves
-beneméritas de la agricultura, por la gran cantidad de insectos y
-de alimañas, perjudiciales á los campos, de que se alimentaba. Pero
-¡no somos nadie! Ni los estómagos, ni las conciencias, ni ¡ay! los
-bolsillos--gran estómago de los racionales civilizados--resisten á
-un minucioso examen. Después de registrado el buche de unos cuantos
-grajos--los bastantes para dar autoridad á la estadística,--el
-implacable análisis viene en exonerar á toda la casta de sus
-preeminencias y consideración sociales como protectora de la
-agricultura. La cantidad de animalitos dañosos engullidos por el grajo
-no guarda proporción con la gran cantidad de semillas y de granos
-que devora. Por lo tanto, no hay para qué respetarle, y, en adelante,
-pasará á la triste categoría de los perseguidos y cazados sin tregua.
-
-Aplicado este mismo análisis estomacal á muchos grandes personajes
-y respetables Corporaciones, hasta ahora considerados y respetadas
-como de utilidad social, ¿no tendríamos el mismo resultado? Lo que
-protegen por una parte, ¿estará compensado por lo que dañan de otra?
-¿No tragarán más grano provechoso que animalillos perjudiciales?
-¡Cuánto grajo no estará viviendo por esos campos, de un respeto mal
-fundamentado! Se impone la autopsia de unos cuantos, á la hora plácida
-de la digestión, para saber á qué atenernos.
-
- * * * * *
-
-Como siempre que se proyectan grandes festejos, de lo proyectado á lo
-realizado va... la distancia que hay de las necesidades de Madrid á los
-cuidados de su Ayuntamiento. No; aquí ni comemos ni nos reímos. Como
-festejo extraordinario, ya nos contentaríamos con que nos lavaran un
-poco.
-
-El problema de la mendicidad--grandes problemas son siempre aquellos
-para cuya resolución hace falta mucho dinero: el problema de la
-vida, el problema de las subsistencias, el problema de la enseñanza,
-etc...--sigue en estudio. Textos en que estudiarle no faltan. Dentro de
-poco, para poder andar tranquilamente por Madrid, habrá que vestirse
-de harapos. Será el único modo de que le dejen á uno tranquilo. Añadan
-ustedes en estos días, á los mendigos de siempre, los electorales:
-¡El voto, por amor de Dios! ¡Esta candidatura, que no he comido en
-todo el año! Ya no sabe uno á quién dice: ¡Perdón, hermano, ó: Estoy
-comprometido con los socialistas.
-
-¡Grandes días estos para disponer de un aeroplano! ¡Feliz el conde
-de Romanones, único español á quien no le preocupan los asuntos
-electorales!
-
-
-
-
-XVI
-
-
-Salvo el género de tropelías, mudanza que los siglos van trayendo, pudo
-compararse al difunto rey Eduardo VII con aquel otro rey de Inglaterra,
-Enrique V, héroe de la batalla de Argincourt, protagonista en varios
-dramas historiales de Shakespeare. Como el alegre y despreocupado amigo
-de Falstaf y Pistol, supo ser, como rey en su día, muy otro que como
-príncipe de Gales.
-
-No podría decirse de él que fué el príncipe que todo lo aprendió en
-los libros. Mucho aprendió en la vida, y no fué desaprovechada la
-enseñanza. Una buena Prensa le prodiga elogios, que no le regateará
-la Historia. Estímanse las virtudes de los grandes, y es justo que
-así sea, por comparación con sus iguales; así no es de extrañar que,
-con las cualidades que apenas librarían á un señor particular, en la
-hora de su muerte, del piadoso comentario de alguna buena amiga: ¡Qué
-descansada se habrá quedado la familia!, la Historia se dé por contenta
-para proclamar: ¡Era un gran rey!
-
- * * * * *
-
-Si en la satisfacción del triunfo cabe siempre una gota de amargura,
-¿habrá dejado de saborear su provechosa medicina el gran D. Benito
-Pérez Galdós? ¿Cómo puede escapar á su observación lo fácil de una
-carrera política y lo difícil de una carrera literaria? La primera
-serie de sus _Episodios Nacionales_ y muchas de sus admirables novelas
-llevaba publicadas don Benito y no podía contar con el número de
-lectores con que, sólo en dos años de republicano, ha podido contar de
-electores.
-
-De lectores á electores hay una sola letra de diferencia; pero ¡qué
-gran diferencia en números!
-
-Y ¿cómo comparar el mérito de la labor literaria de toda una vida con
-los merecimientos de dos años de republicano, aunque contemos como
-literatura y como republicanismo el sinnúmero de cartas de adhesión á
-todas las paellas tricolores, en torno á las cuales se haya reunido
-siquiera media docena de republicanos?
-
-¡Cuarenta mil votos! Una duda: de la primera novela que publique,
-¿venderá tan fácilmente D. Benito 40.000 ejemplares?
-
- * * * * *
-
-Siempre que un Gobierno sale malparado de unas elecciones, le queda
-el consuelo que á las mujeres feas y pobres: atribuir á su honradez
-toda su desgracia. ¡Si yo hubiera sido como otras! ¡Esto me pasa á mí
-por ser honrada! Ninguna dice: ¡Esto me pasa á mí por ser fea! Que
-era el caso de la candidatura monárquica en Madrid. Claro es que ser
-diputado por Madrid significa poco; aquí no hay mangoneo ni caciqueo.
-Las grandes figuras de la política prefieren sus feudos provincianos.
-Para Madrid quedan unos cuantos señores de buena voluntad y mejor fe,
-dispuestos á gastarse muy buenos cuartos. Pero ¡ay! Madrid tiene otras
-teclas que tocar que los distritos rurales. Aquí se fuma y se bebe todo
-el año y no se le asusta á nadie con un apremio, ni con un recibo...
-¿Será verdad que los electores monárquicos hayan andado despegadillos?
-Como entre ellos hay gente de dinero y muchos tienen automóvil y el día
-estaba bueno... Por eso, no será malo, para otra vez, confiar menos en
-los electores y algo más en los elegibles.
-
- * * * * *
-
-Muchas personas de viso, de esas que se abstendrían, por comodidad ó
-por abandono, de votar la candidatura monárquica, han andado en estos
-días poco menos que á media asta con motivo del fallecimiento del rey
-de Inglaterra. Bueno está vestir á la inglesa y vivir á la inglesa y
-pagar á la inglesa, pero ¡entristecerse á la inglesa también! Mucho se
-había divertido el noble difunto, pero no hasta el extremo de que tanta
-y tan buena gente le llore como á un padre.
-
-Los actores franceses son los que han tenido una ocasión más de
-exhibirse. No hay uno que no haya sido gran amigo del rey Eduardo y no
-tenga que contarnos alguna chispeante anécdota. A Febvre, ex socio de
-la Comedia Francesa, le regaló un bastón; á Réjane, una sortija; Sarah
-¡oh, Sarah! le reprendió una vez severamente porque se acercó á ella
-sin quitarse el sombrero. Siempre fué el teatro la mejor escuela de
-buena crianza. Pero todos están inconsolables. Le querían mucho.
-
-Menos mal. Ya dijo Hamlet, príncipe muy aficionado al teatro, que más
-nos valiera tener un mal epitafio que una mala reputación entre los
-comediantes.
-
-
-
-
-XVII
-
-
-Ya nos ha salido el susto del cuerpo. Es posible que á muchos, sobre
-todo á muchas, de las que más se regocijaran en la noche de la temida
-fin del mundo, no les haya salido todavía ó les salga de aquí á unos
-meses, á mayor gloria y perpetuidad de este pícaro mundo.
-
-Si es cierto lo que asegura Renán en su _Abadesa de Juarre_, que, ante
-la muerte próxima, el amor se envalentona y se deja de miramientos
-hasta decir ¡Fuera cuidados!, esperemos que el cometa Halley, en vez de
-acabar con el mundo y sus habitantes, nos habrá dado cuerda para mucho
-tiempo.
-
-La verdad es que, para lo atrasadillos que andamos, según dicen,
-no hemos sido de los que más se han puesto en ridículo por esos
-mundos. ¡Estamos tan hechos á pronósticos de nuestro fin! Y siempre
-es preferible que el mundo se acabe para todos á acabarse uno para
-el mundo. Mundo tenemos en general, y ojalá tuviéramos vida en
-particular hasta la llegada de otro cometa, y aun es posible que
-hasta la terminación de la Gran Vía, y, exagerando un poco, hasta
-el advenimiento de la República. Las revoluciones, lo mismo en las
-celestiales que en las terrenales esferas, nunca las traen cometas
-andariegos y revoltosos, por mucha cola que aparenten. Es preciso algún
-astro de primera magnitud, y por ahora... todo es vía láctea en las
-celestiales y en las terrenales esferas.
-
- * * * * *
-
-Para los que se pagan de nombres--República, Monarquía,--ahí tienen á
-la República Argentina y á su Gobierno viéndose obligados, en plena
-apoteosis de su engrandecimiento y prosperidad, á declarar el estado
-de guerra; medida que, con el interés de los más, acaso baste á
-conseguir una tregua de fiestas patrióticas. Pero el problema queda
-en pie. Y el problema allí es del mundo entero. Digan unos: Patria;
-otros: Humanidad, siempre sientan bien estos nombres sonoros y nobles.
-En realidad, riqueza de un lado, miseria de otro. Más peligroso es
-el conflicto en esos pueblos jóvenes, adonde llegan todos los días
-miles de conquistadores de todas las razas y de todos los pueblos. Y
-conquistadores sin bandera, desarraigados de su patria, á luchar por
-sí, á enriquecerse, si es posible, en provecho propio... ¿Cómo exigir
-á tanto egoísmo humano el sacrificio por una idea nacional? No bastan
-los intereses materiales, opuestos de clase á clase, cuando no de
-individuo á individuo, á unir voluntades y sentimientos en ese algo
-inexplicable que se llama ideal nacional. Es ley fatal humana que, en
-las causas de nuestra grandeza, esté el mayor peligro de nuestra ruina.
-El talento, el valor, la riqueza, la hermosura tienen en sí mismos su
-mayor enemigo. La República Argentina es inmensamente rica y generosa.
-Pero si todos quieren ser inmensamente ricos en ella, ¿bastará toda
-su generosidad? ¿No tendrá á cada paso un conflicto entro su interés
-nacional y tantos intereses de tantos, por desligados de su patria,
-más desligados de una patria extranjera? He aquí el peligro y he aquí
-el problema de la República Argentina. ¿Lo que hoy es un gran pueblo,
-llegará á ser una gran nación? ¿Llegarán á sumarse tantos intereses
-egoístas en un solo egoísmo ideal? Gran cosa es que en un pueblo todos
-procuren ser ricos, á condición de que todos también estén dispuestos á
-morirse de hambre en un día. Con la primera cualidad, dominante en la
-República Argentina, y la segunda, dominante en España... ¡gran nación!
-
- * * * * *
-
-Millones de flores, que representan millones de pesetas, cubrirán la
-tumba del rey Eduardo de Inglaterra. Los economistas republicanos, que
-hallan sus mejores argumentos contra la Monarquía en publicar lo que
-cuesta el sostenimiento diario de unas caballerizas reales, no dejarán
-de filosofar ante ese derroche de flores. No pensarán lo mismo las
-floristas ni los floricultores. Y siempre que un señor de esos que,
-por alardear de modestia, deja dispuesto en su última voluntad que no
-se deposite coronas ni flores sobre su cadáver y que se le entierre con
-la mayor sencillez, pienso en la oración fúnebre que han de dedicarle
-los empresarios de pompas fúnebres y los fabricantes de coronas: ¡Vaya
-con el hombre, á qué hora ha ido á acordarse de ser modesto! Yo creo
-que la mayor modestia es no disponer nada y dejar á los ricos que
-hagan su gusto y su voluntad y á los funerarios su negocio. El que uno
-se muera no es razón para que no vivan los demás. A mí me parece muy
-bien todas esas flores y ese dinero que se gastan los ingleses. Las
-flores nunca son caras. Además, los vivos son lo bastante vivos para no
-dedicar flores al muerto; las flores son á los que quedan.
-
-Recuerdo que á un gran personaje se le murió un sobrinito, y la casa
-se llenó de coronas y de flores y el entierro llevó el más lucido y
-numeroso acompañamiento, y decían los familiares de la casa: Si esto
-es por el sobrino, ¡cuando el señor muera! Pero el señor, al morir,
-no dejaba familia de importancia, ni, de ella, nadie que pudiera
-dar destinos ni dispensar favores, y al entierro... dos peseteros y
-los precisos operarios. Señores muertos: nada de consideración con
-los vivos; admitan ustedes coronas y flores, y á la familia dejarle
-encargado el entierro de primera y con mucho clero: que vivan todos.
-Siempre hace bien ver caras alegres en un entierro.
-
-
-
-
-XVIII
-
-
-Todo Gobierno, al emitir su respectivo discurso de la Corona, bien
-puede disculparse, como el aldeano de Molière:--Si digo siempre lo
-mismo, es porque siempre es lo mismo; que si no fuera siempre lo mismo,
-no diría siempre lo mismo.
-
-Si los anteriores Gobiernos hubieran realizado todas las bellas y
-grandes cosas prometidas en sus sendos discursos, nada quedaría por
-realizar, ni siquiera por prometer, y holgaría un nuevo discurso de
-discursos (revista de revistas).
-
-Si de la vida dijo Shakespeare que era fastidiosa como un cuento oído
-dos veces, ¿qué serán estos discursos tantas veces oídos? Así nos hemos
-acostumbrado á oírlos con el más consecuente escepticismo, reflejo tal
-vez del escepticismo que suele dictarlos.
-
-En fin, como el escepticismo es puerta entornada, ¿por qué no hemos
-de conceder á estos discursos siquiera la confianza que ponemos en la
-lotería? Alguna vez puede tocar. No aspiremos al premio gordo.--El
-programa ideal. ¿No es eso?--¡Si tocara una aproximación!
-
-En lo que no cabe por esta vez escepticismo es en lo del «vigoroso
-llamamiento al crédito». Esa es la eterna subida del vino: que nunca
-mejora de calidad, aunque suba de precio.
-
-Por si no bastaba con un discurso, hemos tenido dos: el de la Corona
-y el de la coronilla, á cargo del jefe del partido conservador, muy
-empeñado en llevar vela en este entierro, que bien puede serlo si no
-hay á tiempo un capirotazo enérgico que apague esas velas y cirios que
-ya han «deslucido» bastante.
-
-Entre los dos discursos nos quedamos... con el Mensaje de la Asamblea
-agrícola; de menor resonancia, pero de más sólida y aplicable doctrina.
-
- * * * * *
-
-Próximas á terminar las representaciones de Novelli en Lara, cerrados
-muchos teatros de invierno--algunos más propios de verano por la
-frescura de obras y artistas,--no queda en Madrid más espectáculo
-atractivo que las sesiones del Congreso y alguna cómica, especial,
-del Senado, que cuenta para el género con eminentes y acreditados
-característicos.
-
-Las distinguidas aficionadas al Parlamento, en todas sus
-manifestaciones, particulares y públicas, ya tienen dónde pasar la
-tarde y en dónde distraerse hasta el veraneo, retrasado, como siempre
-por los deberes políticos de los maridos, padres, etc.
-
-El elemento femenino ha de interesarse mucho en la actual legislatura.
-Hay que evitar la condenación de más de cuatro amigos arriesgados en
-alguna votación peligrosa. ¡Sería una lástima no poder encontrarse con
-ellos en celestiales moradas, como ahora en las más elegantes casas,
-por culpa de un proyecto de ley! Hay liberales muy simpáticos, y hasta
-con dinero; el partido conservador no tiene monopolizadas estas dos
-bellas cualidades para brillar en sociedad.
-
-Yo sé que á estas horas hay quien eleva plegarias y hace ofrecimientos
-por la salvación de algunos ministeriales. No teman las distinguidas
-intercesoras; llegado el caso, todos han de salvarse, más que por
-vuestra intercesión, por propia iniciativa, al grito dispersador de:
-«¡Sálvese el que pueda!» No roguéis por ellos; rogad por vosotras y
-por vuestros hijos, diremos parafraseando palabras de Jesús. Porque
-si pudierais ver, como El, en lo venidero, veríais lo que mejor os
-estaba y les estaba á todos para evitar mayores males. Verdad es que si
-vosotras tuvierais inteligencia y cultura para comprender estas cosas,
-hace mucho tiempo que estarían resueltos muchos problemas por sí solos.
-
- * * * * *
-
-El orgullo nacional de los franceses, irreductible, sobre todo
-tratándose de su arte, se halla muy resignado con ver su París invadido
-por toda clase de espectáculos extranjeros. Opera italiana, comedia
-belga, baile ruso; sin contar innumerables artistas, autores y músicos
-de diferentes nacionalidades repartidos por diferentes teatros.
-
-A mal tiempo amable sonrisa, y ellos venden por generosa hospitalidad
-lo que á regañadientes soportan. Claro es que los comediantes belgas
-son una pobre gente sin pizca de _chic_, aunque sean más espontáneos
-y naturales que los amaneradísimos actores franceses, apestantes á
-Conservatorio y á Comedie Française; que Caruso no puede compararse
-con los admirables tenores de la Gran Opera, con sus voces de gato
-pisado... Sólo ante los bailarines rusos humillan su superioridad,
-y eso porque, según ellos, todo su arte es de la más pura tradición
-francesa.
-
-Como espectáculo propio no han ofrecido, autores y actores franceses,
-en estos últimos tiempos, nada más interesante que la pelotera entre
-Bataille--el nombre obliga, y él se encarga de justificarlo--y la gran
-Sarah, sólo comparable á la guardia napoleónica en lo de dar que hablar
-hasta sucumbir.
-
-En París, como en todas partes, se perecen por estos chismes teatrales.
-Hasta que los Tribunales dieron la razón á Bataille, todo el mundo
-estaba de su parte; en cuanto tuvo á la justicia por suya, consideraron
-que ya tenía bastante, y todo el mundo se puso de parte de Sarah.
-Cuando se atrevió á embargarla sus muebles y los ingresos de su
-teatro... ¡no se diga! Los mayores enemigos de la actriz se aprestaron
-á defenderla contra el autor. Se llegó á decir que Bataille había
-insultado á Francia en la persona de Sarah.
-
-Aquí, por fortuna, no se llevan á punta de embargo estas cosas de
-teatro, que no valen la pena. Sólo sabemos de un empresario capaz de
-embargar á sus autores; pero con el mayor cariño y sin dejar por eso
-de representarles sus obras, para mejor garantía del embargo... Los
-demás, todos buenas personas. Nos peleamos, hacemos las paces, nos
-odiamos, volvemos á querernos; pero todo con la mayor modestia, sin
-indemnizaciones y sin reclamos.
-
-
-
-
-XIX
-
-
-Las mujeres son, por lo general, conservadoras, muy respetuosas
-con lo tradicional y establecido; pero cuando una mujer da en
-revolucionaria... Nada menos que todo el sistema planetario nos ha
-trastornado una distinguida dama, miss Craig, en interesantísima
-conferencia dada en el Ateneo.
-
-No era la flor que más se había presentado hasta ahora, en el ramo
-de la sabiduría femenina, ésta de la astronomía. Bueno es que la
-mujer se vaya poniendo en comunicación con el cielo de mejor modo que
-con importunas plegarias petitorias. La aparición, mejor dicho, la
-desaparición, y para nosotros ¡ay! despedida, sin beneficio, del cometa
-de Halley, á más de su cola natural, se ha traído otra muy larga de
-discusiones entre los astrónomos. A consecuencia de todas ellas, se
-inicia el descrédito de algunas verdades, que ya habían durado lo
-bastante, para obtener, sin que nadie pueda molestarse, su jubilación y
-pase á la escala de reserva. Todo nuestro respeto para estas mentiras
-de hoy, que fueron las verdades de ayer, y aprendamos por ellas á
-respetar las mentiras de hoy, que tal vez sean las verdades de mañana.
-
-Los estudios de miss Craig son muy serios y no deben tomarse á broma.
-Sin llegar á las atrevidas afirmaciones de la conferenciante, otros
-astrónomos de gran renombre han coincidido recientemente en negar
-las teorías de Newton sobre las leyes de gravitación y de atracción
-universales.
-
-Por mi parte, celebraría mucho que se salieran con la suya; porque, con
-todo el respeto á Newton, eso de que cuando uno cae, cae por atracción,
-me pareció siempre una tontería. Es para escamarse el que á Newton se
-le ocurriera viendo caer una manzana; desde los primeros días del mundo
-la manzana fué siempre fruta ocasionada á funestas equivocaciones.
-
-En este caso nada se ha perdido; todo es que los pobres muchachos
-estudiantes del bachillerato tengan que aprenderse una nueva teoría...
-hasta otra. Los licenciados y doctores pueden seguir sirviéndose de la
-que estudiaron en sus libros. Más se ha adelantado en otras materias,
-de aplicación más inmediata, y hay quien se anda en el Fuero Juzgo y
-sus equivalentes.
-
-Entre las afirmaciones de miss Craig, la más alarmante es la de que el
-sol nos ha estado engañando miserablemente. La luz que nos alumbra no
-es cosa suya. Yo no se cómo no habíamos caído antes en ello, cuando
-en el Génesis se habla de la creación del sol y de las estrellas,
-por una parte, y por otra se dice que la luz fué hecha. Con la nueva
-explicación no hay, pues, que temer un nuevo conflicto entre la
-Religión y la Ciencia. Más vale así; que bastantes hemos tenido, sin
-contar con los que esperan al Gobierno con la Nunciatura. Quedan, en
-cambio, inservibles todos los embustes y ponderaciones:--¡Tan verdad
-como el sol que nos alumbra!--Inservibles también una porción de odas y
-de comparaciones. Pero ya verán ustedes cómo el sol continúa viviendo
-del crédito durante mucho tiempo. Hasta en eso va á parecernos más
-español: en vivir de las apariencias.
-
- * * * * *
-
-Ríanse ustedes de imperiales cortejos en Roma, triunfos carnavalescos
-de los Médicis en Florencia, tramoyas del Buen Retiro y pastorales de
-Versalles. Todo es pobretería en parangón con la admirable _carrozada_
-que nos han presentado. Menos mal que sólo estábamos la familia y los
-amigos, como en función casera, y apenas había entre los espectadores
-quien no tuviera en la cabalgata un pedazo de su corazón ó una prenda
-de su guardatrapos.
-
-¿Qué mal aficionado á representar comedias no habrá saludado con
-emoción aquellas trusas y aquellas pelucas? La intención era buena;
-pero ya sabemos que de buenas intenciones está pavimentado el infierno
-y de peores debe estarlo Madrid, según el aspecto de sus calles.
-
-Organizar una cabalgata, presentable á plena luz del día, es cosa
-que requiere mucho dinero y mucho arte. Otro hubiera sido el efecto
-amparándose de las sombras protectoras de la noche y al favorable
-engaño de antorchas y bengalas. Sin contar con que las fiestas
-nocturnas son más agradecidas; como que en ellas sí que puede
-decirse que el espectáculo está en el espectador, mejor dicho, en la
-espectadora, y lo que se ve es lo de menos. Hay función de fuegos
-artificiales que no se olvida nunca, y bien sabe Dios que no es por
-los cohetes. En todo festejo popular hay que atender á estas emociones
-reconcentradas, por si fallan las exteriorizables.
-
- * * * * *
-
-Con excepciones muy contadas, es tan general como deplorable la afición
-de los buenos actores á representar malas comedias. ¡Lo que ellos gozan
-entregándose en cuerpo y alma á la ingrata tarea de levantar muertos!
-¡La de esperpentos dramáticos que gozan honores de obras inmortales
-gracias á la interpretación de algún gran comediante!
-
-Buena prueba es el repertorio que se ha traído Novelli, como para
-examinar de paciencia á sus muchos admiradores. No hay idea de lo
-satisfechos que se quedan algunos actores cuando el público sale del
-teatro diciendo:--Todo muy malo, todo; pero ¡él! ¡El solo! ¡Sólo él!
-El peligro de este inmoderado afán solitario está en que el público
-se canse de decir:--¡El solo! ¡El solo!, y se decida á ponerlo en
-práctica, dejándole solo en efecto. No merece otra cosa la vanidad de
-algunos comediantes que llegan á creerse que ellos solos son una obra y
-un teatro.
-
- * * * * *
-
-Para tranquilizar á los cortadores de cupones, los más alarmados al
-menor síntoma republicano--¡si habrá confianza en la cuadrilla!,--se
-apresta D. Jaime á estrenar un caprichoso uniforme, regalo de sus
-esperanzados creyentes. Es de suponer que al regalito acompañe su buen
-paquete de alcanfor ó su naftalina. De airearse el uniforme habría
-que convenir en que se habían apolillado otras muchas cosas. Que
-hay polvareda es indudable. Confiemos en que el Sr. Canalejas sabrá
-servirse del plumero propio y en ningún modo de los zorros que alguien
-pueda ofrecerle; considere que la opinión está con la escoba levantada
-y en alguna parte tal vez la tengan pajas arriba y detrás de la puerta,
-como se usa entre supersticiosos para despedir visitas molestas.
-
-
-
-
-XX
-
-
-Me preguntan algunos amigos si no diré nada del discurso de D.
-Alejandro Pidal, en contestación al discurso de D. Leopoldo Cano, de
-todas mis simpatías, como autor y como persona. ¿Para qué decir nada?
-Toda la elocuente diatriba contra el teatro moderno, sin demostrar otra
-cosa que no haberse tomado el trabajo de conocerlo, ¿no es la misma con
-que ilustres correligionarios de D. Alejandro Pidal, y quizás él mismo,
-anatematizaron el teatro de Echegaray, el de Sellés y el de Cano? El
-de este último con mayor ensañamiento. ¿Quién no recuerda la crítica
-de _La Pasionaria_, escrita por el buen D. Manuel Cañete, cabeza
-parlante del grupo ultramontano de la Academia Española? ¿Cómo habían
-de perdonarle aquello:
-
- «Y muertos en la trinchera,
- resucitan en Madrid?»
-
-Y aquello otro (cito de memoria; pero no es muy mala, á Dios gracias):
-
- «... Son rezadores maestros
- que, devotos y contritos,
- andan comprando delitos
- á cuenta de Padresnuestros.»
-
-Así como así, D. Leopoldo Cano, cuando otros méritos no tuviera, y
-téngole en muy alto concepto, fué, y esperamos que siga siéndolo, de
-los autores más valientes y más sinceros de la escena española.
-
-Así lo ha reconocido D. Alejandro Pidal, con todas las cualidades
-que en otro tiempo parecieran graves defectos. ¡Oh! La Academia no
-es rencorosa. Basta con dejar de escribir por algún tiempo para que
-los atrevimientos parezcan moralidades, el «verismo», idealidad y la
-cáscara amarga hueso dulce. ¿No sabemos todos que á la Academia no
-llevan las obras que se han escrito, sino las que se han dejado de
-escribir?
-
- * * * * *
-
-Con tantas graves y grandes preocupaciones, no es de extrañar que á lo
-mejor pase inadvertida alguna pequeña enormidad, como la de declarar
-contrabando un encendedor automático, sin más razón ni fundamento que
-el perjuicio á un monopolio del Estado. Ya sabíamos que todo monopolio,
-los hay de muchas formas y clases, era siempre un obstáculo á todo
-progreso; pero nunca se había declarado tan descaradamente. Según eso,
-cada vez que encienda usted su cigarro á una llama que no sea la legal
-de la cerilla monopolizada es usted más contrabandista que los de
-_Carmen_. Los encendedores eléctricos de los Casinos y otros Círculos,
-los mismos aparatos denunciados que, en otra forma, se usan para
-encender los cigarros de sobremesa, contrabando también; cuando pide
-usted lumbre á un transeunte, aparte la impertinencia, incurre usted en
-delito... Con la misma razón pudo declararse contrabando el gas cuando
-vino á sustituir al aceite y al petróleo, y la luz eléctrica después...
-Y las empresas de ferrocarriles debieran declarar contrabando el
-automóvil, porque mucha gente lo prefiere al tren para viajar, con
-perjuicio de las Compañías... Y, por este sistema, también pueden tener
-razón los protestantes, aunque les moleste el nombre, contra la ley
-de los signos exteriores, que también ellos venían disfrutando de un
-monopolio tan respetable como el de las cerillas.
-
-No sabemos si habrán protestado los fabricantes y expendedores del
-aparatito en cuestión; pero no sólo ellos, todo el mundo debiera
-protestar contra esa pequeña enormidad, expresiva muestra de otras
-enormidades cometidas en nombre de _trusts y_ monopolios...
-
- * * * * *
-
-Nuestro Ayuntamiento, con miras más altas que las aceras y arroyos,
-se propone limpiar los rótulos anunciadores de toda incorrección
-gramatical. Por lo pronto, ha ido á fijarse en lo de «carnecería»,
-que les parece anticuado. ¿Anticuado? ¿Por qué? El movimiento se
-demuestra andando, y el mismo uso constante demuestra que no hay tal
-antigüedad. Ya sé yo que suena más fino carnicería, sólo que es otra
-cosa. Ya basta, para los que venden la carne en malas condiciones,
-hacer carnicería en nuestro estómago, sin anunciarlo por adelantado.
-Bien está lo de carnecería cuando de vender carne se trata, y déjese
-la carnicería para luchas de fieras, campos de batalla, operaciones
-quirúrgicas y otros destrozos en carne viva ó muerta. ¿Qué opina el
-_Chico del Instituto_, á cuya autoridad me someto por adelantado?
-
-En cuanto al uso del infinitivo por el imperativo, sí es cosa fea;
-pero yo, que siempre prefiero lo ordinario á lo cursi y creo que el
-vulgo tiene siempre razón al hablar, estoy por decir que hasta cuando
-dice «haiga», hallo el imperativo tan redicho y con un sabor á mandato
-de rey de teatro: «¡Salid! ¡Llegad! ¡Teneos!», que estoy por preferir
-el infinitivo, incorrecto y todo. Lo de «Llevar la izquierda», ya
-sabemos todos que es un modo abreviado de decir: «Hay que llevar la
-izquierda». No es tan grave falta que no llegue á entenderse lo que
-se quiere decir. Escritores de muchas letras, y académico alguno, ha
-escrito: «No reírse, no asustarse». Y, en efecto, nadie se ha reído y
-nadie se ha asustado. Bien están la corrección y limpieza del idioma
-por esas calles, mientras llega la limpieza de las calles mismas; pero
-no vayamos á ponernos tan finos como aquella damisela que, por no usar
-términos vulgares, solía decir: «Mamá, haga usted la vista gruesa».
-
-
-
-
-XXI
-
-
-Saludemos á dos autores noveles, no desconocidos: los Sres. Godoy y
-Alberti, triunfadores en el concurso de obras dramáticas abierto, con
-excelente acuerdo, por el Ayuntamiento y por la empresa del teatro
-Español. El nombre de los autores, vigoroso poeta el uno, literato de
-gran cultura el otro, tanto como el nombre de los jurados, garantiza
-el acierto. Razón hay para esperar la más favorable confirmación por
-parte del público; aunque un público del que han de formar parte
-muchos de los concursantes no favorecidos, no es para deseársele á
-nadie. El teatro Español, por su carácter oficial, por disfrutar de
-una subvención, es el que menos puede excusarse de admitir obras de
-autores noveles. Quédese para los empresarios industriales el creer que
-sólo conviene á su negocio representar obras de autores consagrados,
-que, á veces, en una sola equivocación perjudican más que favorecieron
-con diez aciertos. Hay que convenir en que el público, rutinario
-siempre, es cómplice de las empresas en esto de no interesarse más
-que por las obras de un limitado número de autores. Si el público
-mostrara mayor interés por conocer obras nuevas de nuevos autores,
-yo creo que las empresas procurarían complacerle. Tanto, pues, como
-vencer la resistencia de las empresas y de los autores monopolizadores,
-importa vencer la desconfianza del público. Esto sólo ha de lograrse
-en fuerza de grandes aciertos. Pero es preciso dar facilidades para
-que sean posibles. Según las mejores referencias, á la obra premiada
-hay que añadir otras muy estimables entre las presentadas al concurso.
-Las empresas de los diferentes teatros, en justa proporción, deben
-admitirlas para su representación en la temporada próxima. Conveniente
-sería establecer por costumbre, ya que sobre ello fuera algo tiránico
-legislar, que un mismo autor no pudiera estrenar más de una obra
-por temporada en el mismo teatro. Nadie iría perdiendo. El público
-hallaría mayor novedad, los actores evitarían el amaneramiento que
-trae, sin darse cuenta, el representar obras del mismo corte, y los
-autores más admirados el peligro de fatigar la admiración, lo más
-fatigable que existe.
-
- * * * * *
-
-Siempre que asisto que á un banquete, sea de homenaje, sea de
-confraternidad, aparte la lubina á la mayonesa, que, por lo inmutable,
-representa el elemento filosófico, la figura más interesante para mi
-atención es la del camarero. El camarero también es filosófico. ¡Han
-pasado tantas lubinas patrióticas, políticas y artísticas por sus
-manos! El camarero y la lubina no tienen convicciones. Saben que hay
-un mismo _menu_ de homenaje para todos. ¡Qué indiferencia la suya ante
-las lubinas oratorias, á la hora del Champagne, que tampoco tiene
-secretos para él! La cocina y las atenciones del servicio, como los
-bastidores del escenario á los tramoyistas, le han quitado toda ilusión
-sobre lo que se come y lo que se representa. Suenan magníficas las
-grandes frases de los discursos, y el camarero, mientras pregunta con
-voz discreta por su jurisdicción: ¿Cognac ó Chartreuse?, percibe el
-comentario malicioso de los comensales, que es como el _pizzicato_
-burlón que acompaña en sordina la frase apasionada en la serenata del
-_Don Juan_, de Mozart.--¡Qué gran batata!--oye el camarero.--¿Decía
-usted?--¡Ah! Nada... No es á ti... Chartreuse. Y suena un ¡bravo!
-y no suenan las risitas, ahogadas en un sorbo del licor estomacal.
-Pero el camarero piensa:--¿A quién se engaña aquí?--No; no es á él,
-ciertamente, simbólico y significativo en aquel momento; representación
-de todos los que no tienen puesto en esos banquetes, en donde la
-más brillante representación de las llamadas clases directoras, sin
-engañarse ellos mismos, creen haber convencido á los demás.
-
- * * * * *
-
-No hace muchos días indicaba que el ídolo de oro acaso tenía los pies
-de barro.
-
-El viajero superficial suele deslumbrarse con las brillantes
-apariencias. Dura y tenaz ha de ser la lucha de los Gobiernos en
-la República Argentina para vencer al anarquismo; acaso más de una
-vez peligren en ella sus instituciones democráticas y su generoso
-humanitarismo. Días de prueba aguardan al ilustre hombre que marcha
-á presidir los destinos de un pueblo joven, por transfusión de tanta
-vieja sangre, acaso envejecido antes de tiempo. Salaverría, en su
-admirable libro _Tierra argentina_--tan justo de observación y tan
-artísticamente desapasionado,--celebra y admira la fuerte dignidad
-del trabajador de allá en los más humildes oficios, tan opuestos á su
-servilismo, rastrero en ocasiones, de nuestras viejas tierras. Bien
-estaría esa dignidad si no tocara en desabrimiento. Yo no he conocido
-nada más desagradable que la gente--mal puede llamarse humilde--de
-Buenos Aires. Muy impuestos en sus derechos, eso sí; ni toleran una
-reprensión destemplada ni agradecen tampoco una atención cariñosa. Con
-lo que se les debe les basta. Pero, como dice Bernardo Shaw, ¿qué
-sería del mundo si todos nos diéramos á hacer lo justo?
-
-Con esa violenta disposición de espíritu en los de abajo, causa ó
-efecto de violenta disposición en los de arriba, las ideas anarquistas
-prenden con facilidad y se propagan con rapidez. ¡Cómo andará ello, que
-muchas familias distinguidas de Buenos Aires habían decidido quitar
-casa y hacer vida de hotel por serles imposible tolerar las exigencias
-de los criados! Durante los treinta ó cuarenta días que permanecí en
-un hotel conocí veinte criados distintos sólo en en el servicio de mi
-habitación. En el comedor todos los días veíamos caras nuevas. Un día
-hubo huelga general; no quedó un solo criado en el hotel; en todos
-sucedía lo mismo. En uno de ellos no se contentaron con abandonar el
-servicio, sino que, para causar mayor trastorno, antes de despedirse
-deshicieron las camas, desarreglaron las habitaciones y estropearon la
-comida preparada. Todo en uso de su perfecto derecho. Las huelgas de
-los diferentes gremios no pueden contarse. Ahora empiezan las bombas. A
-la violencia responderá la violencia... Ya verán los que murmuran de
-las Monarquías lo que hace una República cuando llega el caso. Creo que
-el espectáculo y la lección han de ser interesantes, aunque tal vez no
-sean provechosos ni aprovechables.
-
- * * * * *
-
---¿Ha visto usted el sombrero de las mil pesetas?--Aquí no puede
-decirse del ala, suponemos que entrará todo en el precio.
-
---¿Mil pesetas un sombrero? Será una tiara.
-
-Aquí sólo algunas señoras de esas que andan ahora tan ajetreadas y todo
-el año tan trajeadas, puede gastarlos parecidos. Los célebres sombreros
-de la Maison Virot--hoy dividida en dos razones sociales,--una monada
-de sombreros, se han cotizado siempre entre los 300 y 500 francos. De
-esto sé yo una barbaridad; si supiera tanto de otras cosas, hubiera
-llegado á ser algo. Con el tamaño sobrenatural de los de ahora, no es
-extraño que suban el precio. Sólo de plumas hay sombrero que se lleva
-en el adorno un avestruz entero. De modo que, para pagarlo, hay que
-desplumar por lo menos otro ó poner á contribución toda una manada: á
-este una pluma, al de más allá otra... Pero ¡si estaremos desquiciados!
-El otro día, mientras dos señoras iban hablando por la calle, muy
-acaloradas, de las cuestiones políticas y religiosas de actualidad,
-pasaron dos curas, y ¿de qué creen ustedes que iban tratando? Del
-sombrero de Ursula López. ¿Se convencen ustedes, señoras mías, de que
-no peligra nada fundamental?
-
-
-
-
-XXII
-
-
-No es cualidad española el proselitismo. Nos damos tan mala maña al
-sostener nuestras ideas y doctrinas, que sólo sabemos exponer lo
-esquinado con toda su hiriente dureza, en vez de suavizar las aristas
-con blandas redondeces. Más prontos al brusco ataque que á la serena
-defensa, aún no hemos llamado con nuestra voz cuando ya hemos espantado
-con nuestros gritos. Hablamos para los nuestros, que son los que menos
-necesitan oírnos. No es á los que piensan como nosotros á los que
-importa convencer, sino á los que piensan del modo contrario.
-
-Tuvo su mayor enemigo el socialismo en la vulgar opinión obstinada en
-confundirle con el anarquismo. Empezaba á desvanecerse la confusión;
-los más temerosos iban perdiendo el miedo; se presentaba la ocasión
-para no dejar sombra de esos infundados temores. Al socialismo podrá
-faltarle en mucho tiempo, para ser realidad posible, la base de bondad
-humana que presupone su soñada organización social. Esta es su mayor
-equivocación: suponer que una nueva organización social pueda ser causa
-de una nueva condición humana, cuando sin duda es todo lo contrario.
-Sin mejorar al hombre, ¿cómo es posible mejorar la sociedad? Ni las
-instituciones ni las leyes son varas mágicas de virtudes. Pero, en
-fin, cuando los hombres sean mejores, por selección natural ó por
-cultura artificial y científica, el socialismo se impondrá por sí
-solo, que es el modo mejor de imponerse sin imposición. Entretanto,
-y hay tiempo para ello, más conviene que crean en nuestra bondad que
-en la bondad de la idea. El guía de los socialistas en España, al
-sentarse por primera vez en el Congreso, debió procurar ante todo que
-el enemigo, el contrario, esto es, el buen burgués, acabara de perder
-el miedo, tranquilizándose, en comunicación directa con el fantasma,
-que no es cosa del otro mundo, aunque puede serlo de otro mundo...
-Porque, si el buen burgués no se convence, ¿qué piensan hacer con
-él los socialistas en el día del triunfo? ¿Aniquilarle? ¿Someterle
-como á siervo ó esclavo? Siempre vendríamos á parar entonces en que
-media humanidad seguiría fastidiada por la otra media; y el ideal
-socialista es la felicidad para todos, que lo de ser unos felices y
-otros desgraciados, y cada uno á ratos, es ya cosa resuelta desde que
-se organizó la primera tribu. Al socialismo hemos de ir todos sin
-violencia, por inclinación natural; su doctrina ha de ser de amor, y
-no de odio; atrayente, y no repulsiva. Bien está descubrir nuestras
-humanas debilidades ante los amigos y los convencidos. Para algo son
-amigos y están convencidos. Pero ante los contrarios hay que mostrarse
-en la más divina apariencia; de otro modo, más vale seguir oculto entre
-nubes. El socialismo iba ya pareciendo al medroso burgués cosa distinta
-del anarquismo. ¿No ha sido una imprudencia volver á la confusión y
-al equívoco? Mal predicador el que sólo consigue hacerse oir de los
-creyentes; á los descreídos, á los descreídos es á los que hay que
-llamar y convencer. Pero ¡ay!, ya lo dije, el proselitismo no es
-cualidad española.
-
- * * * * *
-
-Un nuevo libro del doctor Gustavo Le Bon--_La Psicología política y
-la Defensa social_--es libro que todos los políticos debieran leer
-con detenimiento. De muy provechosa enseñanza y de más provechosa
-meditación.
-
-«La psicología política--dice Le Bon--enseña á resolver los problemas
-planteados diariamente, á discernir cuándo se debe ceder y cuándo
-oponerse á las exigencias populares. Los hombres de estado, por lo
-general, ceden ó resisten según su temperamento.» Detestable proceder.
-Es preciso resistir ó ceder según las circunstancias. No hay nada más
-difícil ni de más graves consecuencias en la psicología política.
-
-Y más adelante: «¿Es más fácil transformar una sociedad que cualquier
-otro organismo viviente?» La respuesta afirmativa á esta pregunta
-ha dirigido toda nuestra política desde hace un siglo y continúa
-dirigiéndola. La posibilidad de rehacer las sociedades por medio de
-nuevas instituciones fué siempre evidente para los revolucionarios de
-todos los tiempos, para los de nuestra gran revolución sobre todo;
-lo es también para los socialistas. Todos aspiran á reconstruir
-la sociedad según planos trazados por la razón pura. Cuanto más
-progresa la ciencia, más contradice esta doctrina. Apoyándose en la
-biología, en la psicología y en la historia, nos dice «que nuestros
-límites de acción sobre la sociedad son muy restringidos; que ninguna
-transformación profunda se realiza jamás sin la acción del tiempo;
-que las instituciones son la envoltura exterior de un alma interior,
-y toda institución, lejos de ser el punto de partida de una evolución
-política, es solamente el término. La debilidad de los pueblos latinos
-consiste en creer, como dogma, que basta con cambiar las instituciones
-para modificar el espíritu de un pueblo».
-
-Todo ello, y mucho más que trae el libro, no será de gran novedad, y
-de puro sabido, lo tendrán olvidado nuestros políticos y gobernantes;
-pero no vendrá mal un repasillo; el buen doctor Le Bon tiene para
-todos, porque la Ciencia no se casa con nadie, y la Verdad nunca fué
-de una sola pieza: hoy es monárquica, mañana republicana, puede ser
-socialista, puede ser individualista... Por eso los hombres de ciencia,
-son siempre de cuidado en un partido político. Ya se convencerá el
-doctor Salillas, digo, ya le convencerán sus correligionarios, si no
-procura ir olvidando en sus futuros discursos que es hombre de ciencia
-antes que republicano.
-
- * * * * *
-
-Hay crímenes que, en su misma monstruosidad inexplicable, llevan quizás
-la única posible atenuación... No obstante, todos han querido arrojar
-su piedra sobre la madre enloquecida que arrojó á su hijo recién nacido
-por el balcón. ¡Horrible! ¡horrible! Pero todas esas buenas vecinas
-que, llenas de noble indignación, hubieran llegado á arrastrarla al
-salir, después de haber matado á su hijo, ¿están seguras de no haberla
-atormentado con burlas y rechiflas si, unos días después, la hubieran
-visto salir con él en brazos? ¿Saben ellas lo que pudo pesar en la
-infeliz deshonrada, á la hora del delito, la imagen de esas buenas
-vecinas, pequeño mundo, pero ¡un mundo en fin! murmurador y maldiciente.
-
-¡La honra de las mujeres! ¡Pobre honra, que puede olvidarse en el beso
-de un amante y no puede olvidarse con el beso de un hijo!
-
-
-
-
-XXIII
-
-
-Han surgido algunas dificultades para la reedificación del teatro de
-la Zarzuela. Por una vez--una vez no hace costumbre--quiere llevarse á
-punta de lanza lo ordenado sobre construcción de teatros. Aparte de que
-en este caso sólo se trata de reconstruir, reciente está la edificación
-del teatro Lírico, hoy Gran Teatro, sin ajustarse á las rigurosas
-Ordenanzas. No hablemos del sin fin de teatrillos que, á sombra y entre
-sombras, de estar destinados á exhibiciones cinematográficas, donde,
-entre paréntesis, son mayores los riesgos de incendio, han venido á
-parar, por exigencias del negocio, en verdaderos teatros, sin más
-condiciones de seguridad que falta de concurrencia.
-
-Como decía un empresario de un teatro provinciano al gobernador,
-que le ordenaba toda clase de reformas en el teatro, según
-oficio, «para evitar todo peligro ocasionado por las grandes
-aglomeraciones...»:--¡Ay, señor gobernador; deme vuecencia primero esas
-grandes aglomeraciones, y yo haré las reformas!--En efecto, la marcha
-de los negocios teatrales no da para pedir muchas gollerías. Exigir que
-un teatro presente sus cuatro fachadas libres de toda vecindad es tanto
-como prohibir que se edifique ningún nuevo teatro en sitio céntrico de
-las grandes poblaciones. Al precio que están los terrenos, sólo más
-allá de la Ciudad Lineal puede levantarse un teatro con ese requisito.
-
-No son los teatros los únicos locales peligrosos, para que con ellos
-se extremen las precauciones. Su mayor peligro está en la aglomeración
-de que antes hablábamos; peligro, para desgracia de los empresarios,
-tan poco frecuente. Y, dados la aglomeración y el peligro, sin la
-serenidad y cordura del público todas las seguridades y precauciones
-son inútiles. Alocado por un peligro, real ó imaginario, el público,
-tanto vale una puerta como dos docenas, si todos quieren escapar por la
-misma.
-
-Un teatro como la Zarzuela, reedificado con materiales modernos,
-puede ofrecer la suficiente seguridad, en lo humano, sin la condición
-dificultosa de las cuatro fachadas. Con una buena, y con vistas al
-verdadero Arte nacional, podemos contentarnos. Cuatro tiene el teatro
-Real, propiedad del Estado, y de ellas, tres dan á Italia, una á
-Alemania... y la ópera española en el sotabanco.
-
- * * * * *
-
-Si los _trompis_ entre el boxeador negro y el blanco, con el triunfo
-del colosal negrazo por remate, no tuvieran su significación simbólica,
-sería para reir ó para indignarse, según temperamentos ó estado de
-fondos, la agitación promovida en los Estados Unidos á consecuencia de
-la interesante lucha. Pero ¡ay! que esa lucha entre dos campeones de
-las distintas razas puede ser mañana sangrienta lucha general de las
-dos razas. Es natural que el anticipo triunfal del negrazo les haya
-sentado tan mal á los blancos. Malo, si los negros dan en civilizarse;
-peor, si dan en dedicarse á brutos. Cultivando la inteligencia, aun
-podían tardar algunos años en igualarse con los blancos; pero si
-sólo cultivan los puños, pueden adelantarse en muy poco tiempo. Y si
-continúan pagándoles tan bien los puñetazos, reunirán muy pronto dos
-grandes fuerzas: los puños y el dinero. Confiemos en que algún gran
-banquero ó negociante de los Estados Unidos se dé buena maña para
-estafar al negro vencedor el dineral premio de su hazaña, y podremos
-afirmar todavía orgullosos la superioridad de la raza blanca.
-
- * * * * *
-
-En esto de las barbaridades nacionales sucede como con los vicios y
-las ridiculeces: las peores son las de los otros. Para el aficionado
-á toros no hay nada tan estúpidamente cruel como una riña de gallos,
-y viceversa; nosotros nos escandalizamos ante los boxeadores, y por
-ahí se espantan de nuestras corridas de toros. De esa diferencia de
-apreciaciones viven los moralistas, mientras el mundo vive de la
-precisa moral que le basta para no concluirse, que es á lo que se
-tira, y vamos viviendo. Los artistas han convenido en que lo más
-pintoresco y característico de cada pueblo es la roña, sea material ó
-espiritual. Extasis ante unas piedras viejas, transporte místico ante
-una capa parda, deliquio supremo ante una salvajada con mucho carácter.
-Que tienen mucho carácter suele decirse de los que lo tienen malo.
-En los pueblos es lo mismo que en las personas. ¿Un pueblo de mucho
-carácter? Ya saben ustedes lo que les espera: comer mal, dormir peor y
-alguna pedrada. ¡Oh! ¡Pero cómo perdería carácter si la civilización
-descolorida y niveladora llegara hasta allí!...
-
-Por fortuna, hay carácter para mucho tiempo en todas partes, y no somos
-nosotros de los menos favorecidos.
-
- * * * * *
-
-Esta eterna lucha entre un Arte que prefiere para su inspiración lo
-característico tradicional, como si quisiera perpetuarlo, á despecho
-de la misma vida, con un Arte, por más atento á nueva luz quizás mas
-desorientado, sostiene y sostendrá por mucho tiempo en interesante
-actualidad la llamada «cuestión Zuloaga». Sobre ella, como toda
-gran obra de Arte, camino de esa eterna actualidad que se llama
-inmortalidad, está la obra del pintor insigne, cuya gloria nada puede
-temer de las discusiones. Pero entre el Arte que nos dice: «Esto ha
-sido», y aun el que nos dice: «Esto es», y el Arte que nos dice,
-visionario y profético: «Esto será», si los dos pueden ser igualmente
-admirables como Arte, como obra social, ¿cuál será preferible? Sí; aun
-hay otro más admirable y fecundo: el Arte todo voluntad, todo acción,
-de la voz creadora, como voz de Dios, la que sabe y puede decir:
-«¡Sea!»
-
-
-
-
-XXIV
-
-
-Ha sido un brillante torneo oratorio, más cañas que lanzas, la
-contestación al Mensaje de la Corona. Como sucede tantas veces en estas
-discusiones, los árboles no han dejado ver el bosque y las frondas y
-floreos oratorios no han dejado oir la contestación al Mensaje, que,
-siendo de lo que debía tratarse, es de lo que menos se ha tratado.
-
-El Gobierno ha podido decir en esta ocasión: «A salvo está el que
-repica». Los tiros más certeros han pasado sobre su cabeza para ir á
-caer sobre los conservadores. Sólo algún ligero achuchón ha menoscabado
-su flor de azahar. Si los obispos, los rifeños y los huelguistas no se
-alborotan demasiado durante las vacaciones, tenemos virginidad hasta la
-reapertura del Parlamento.
-
- * * * * *
-
-Un corresponsal en Madrid del periódico parisiense _Comedia_, á
-propósito de una velada musical celebrada en el Ateneo, en que,
-según parece, se aplaudió mucho la música española y no tanto la
-francesa, se lamenta de la creciente _galofobia_ de los españoles. Una
-distinguida dama francesa me escribe quejándose de lo mismo; dice que
-ha ido coleccionando en estos últimos tiempos infinidad de textos de
-escritores españoles, patente muestra de nuestra animadversión hacia
-los franceses. Tal vez sea muy voluminosa esa colección de recortes
-_galófobos_; pero; ¡vamos! que si algún español se hubiera entretenido
-en anotar y recortar textos franceses en que se nos ridiculiza, zahiere
-y calumnia... sí que hubiera levantado un buen proceso.
-
-La imaginación de los franceses ve enemigos y espías por todas partes.
-
-No es para tanto nuestra supuesta _galofobia_. De esos mismos
-escritores, citados por mi quejosa dama, podría yo recordar grandes
-elogios y ditirambos de admiración por Francia y por los franceses.
-Yo mismo he defendido el _Chantecler_, como verdadera obra de arte,
-del injusto desprecio con que fué tratado por el público madrileño. Y
-hay que convenir en que las más violentas y despreciativas críticas
-vinieron de París. En más de una ocasión he defendido también á la
-mujer francesa en general, y á la parisiense en particular, de las
-calumnias de sus mismos novelistas y autores dramáticos. ¿Son también
-_galófobos_? Sabido es que el batallador Brieux escribió _La francesa_
-para protestar contra esa falsa atmósfera creada á la mujer por una
-literatura más literaria que verdadera.
-
-Cierto es que las censuras del extraño molestan más que las del
-compatriota, pero no se dirá que aquí hemos llegado nunca á la
-intervención enojosa ni á la invención sin fundamento.
-
-Por mucho que digamos, cronistas y escritores de costumbres, de los
-extranjeros, más decimos de nosotros mismos. No podrá acusársenos
-de parcialidad ni apasionamiento. Tal vez pequemos de exagerar
-nuestros defectos y debilidades, y acaso demos con ello lugar á que
-el extranjero los agrande y divulgue, por aquello de: «¡Cuando
-ellos lo dicen!...» Por lo demás, censuremos á propios ó á extraños,
-loca vanidad sería la del escritor que creyera en la eficacia de sus
-censuras. Como dice Regnard--ya ve usted cómo conozco y admiro á sus
-clásicos:
-
- En vain contre les moeurs la raison vous irrite;
- Par quatre mechants vers, peut-etre déja dits,
- Croyer vous changer l'homme et redresser Paris?
-
-Y quien dice París, dice el mundo entero.
-
- * * * * *
-
-Todos los años, al terminar el concurso para adjudicación de premios
-en el Conservatorio de París, vuelve á plantearse la discusión sobre
-las reformas necesarias, tanto en el sistema de enseñanza como en el
-de concursos. Y de nuestro Conservatorio, ¿no podía decirse algo?
-Nada entiendo de música y no seré tan atrevido para despeñarme por el
-disparate libre, en cuanto á la enseñanza musical se refiere. Doctores,
-licenciados, y aun bachilleres, tiene la Iglesia que sabrán solfear y
-armonizar donde hiciere falta.
-
-Pero la enseñanza de la mal llamada--es decir, por desgracia, bien
-llamada--declamación, no puede ser más deficiente. A gritos, más ó
-menos declamatorios, está pidiendo una reforma. Cualquiera es buena;
-desde la radical de la supresión, por inútil, hasta una nueva y
-completa organización, con vistas á la utilidad y mejor aprovechamiento
-del dinero; supongo que poco, pero hasta ahora mucho, por mal empleado.
-
-Bien sabemos que un Conservatorio, como ningún Centro docente, por
-sabia que sea su organización, no es incubadora de genios, si falta
-la primera materia en la calidad del huevo. Pero como el genio es ave
-rara y él solo se basta para «levantarse, crecer, tocar las nubes»,
-hay que pensar--aparte de que al genio tampoco le sienta mal un poco
-de disciplina y artificial cultura--en los talentos modestos, en las
-medianías discretas, que de ser bien dirigidas á no serlo ó á serlo
-viciosamente, puede ir la diferencia de la absoluta nulidad á una
-perfecta imitación del mismo genio, con la ventaja de ser su talento
-más reposado y consciente; condiciones de gran importancia en un arte
-de interpretación como el arte escénico.
-
-¡El genio es tan peligroso en el teatro que yo me atrevería decir que
-es temible! De los genios me libre Dios, que de los malos cómicos me
-libraré yo.
-
-Ante todo, se impone la selección física. Por espiritualistas que
-seamos, hay que atender á la belleza corporal. Nada de piernas cortas
-y cabezas gordas, por mucha luz intelectual que las ilumine. Nada de
-voces chillonas y gangosas, por mucho que prometan «hacernos de reir»
-en grotescas farsas. Después, cultura general; más que cátedras,
-conferencias variadas de literatura nacional y extranjera, de pintura,
-escultura, elegancia social, etc. Después, práctica, práctica y
-práctica. Nada de maestros actores, que sólo enseñan sus defectos y
-amaneramientos; un buen director de escena, persona competente, de
-buen gusto, y á estudiar y á representar obras. El teatro Español
-como teatro de ensayo, donde los alumnos, en funciones populares, de
-convite ó con rebaja de precios, representen obras del teatro antiguo y
-moderno.
-
-Al estudio de nuestro teatro antiguo debe concedérsele la mayor
-importancia. Nunca se estudiará bastante. Da grima ver que la mayor
-parte de nuestros modernos actores no saben decir un verso con sentido
-del ritmo; y como el ritmo es todo, en arte, en verso, en prosa, en
-lo espiritual y en lo físico, sólo son capaces de decir chuladas y
-vulgaridades.
-
-Ya sé que el ministro de Instrucción pública tiene asuntos más
-importantes á que atender; pero yo sé que el Arte tiene en él un
-enamorado. Si la política le permite algún descanso en este verano...
-acuérdese de sus amores.
-
-
-
-
-XXV
-
-
-De plañideras y de Casandras de pan llevar han motejado conspicuos
-conservadores á los espíritus compasivos que se permitieron llorar por
-los muertos de la última campaña. Y no habían terminado de fulminar su
-indignación contra los compasivos, cuando, á propósito del atentado de
-que ha sido víctima su ilustre jefe, ¡ríanse ustedes de Casandra, de
-Jeremías y de cuantos lloraron calamidades y profetizaron desdichas!
-Esto demuestra que todos somos plañideros á nuestra hora y cuando
-nos duele, y nada más fácil que hacer de héroe impasible cuando los
-almendrazos no son en nuestro barrio.
-
- * * * * *
-
-El Estado sólo tiene un nombre terrible y amenazador para estos
-pueblos: el Fisco. Faltan carreteras y caminos vecinales, faltan
-escuelas, falta higiene, falta policía; pero el Estado exige siempre:
-es la quinta, es la contribución con sus apremios y sus embargos y la
-miseria y la ruina...
-
-Llega el Fisco implacable á coronar el trabajo de la penosa
-recolección. El que nada dejó, se lo lleva todo. ¿Llamaremos también
-á estas madres, llorosas por el pan de sus hijos, Casandras de pan
-llevar? Por fortuna, aquí no amenazan... todavía. Pagan, como trabajan
-y como viven, resignados. Hasta la fuerza necesaria para cobrar lo
-debido le es barata al Estado.
-
- * * * * *
-
-Nos asustamos una vez al año de lo que sucede siempre sin que nadie se
-asuste ni lo advierta. Los buenos burgueses disfrutan de su veraneo
-protegidos por los mausers. Los fusiles protectores y la protesta
-amenazadora están ahora á la vista y frente á frente. Pero ¿es nunca
-otra cosa? Ese el estado natural y permanente de esta sociedad humana.
-Por suerte de los buenos burgueses, la carlanca basta para que unos
-cuantos lobos desconozcan á sus semejantes y se crean perros al
-servicio del amo. ¿Qué piden los huelguistas? Gollerías, de seguro;
-puede que hasta quieran veranear.
-
-El Estado permanece neutral, no cruzado de brazos, sino armas al brazo,
-que es una neutralidad especial. Su papel no es muy airoso. Me recuerda
-á un filosófico sereno que, presenciando á altas horas de la noche una
-acalorada disputa entre una Venus y un Marte, por no sé qué tratos y
-contratos amorosos, sólo les aconsejaba paternalmente á la luz del
-farol colgante de su chuzo: «¡Arreglarsus, chicos, arreglarsus!»
-
- * * * * *
-
-Emilio del Villar, desde las columnas de _Nuevo Mundo_ clama una vez
-más--esperemos que no siempre sea en vano--contra lo que pudiéramos
-llamar obstáculos tradicionales de nuestra Biblioteca Nacional.
-Defendida como fortaleza contra los naturales ataques del ansia de
-cultura y el deseo de ilustración, el denodado asaltante es tratado
-como enemigo, sin consideración alguna. Hay que terminar de una vez con
-tanta rutina y tanta corruptela. ¿Qué significa eso, en pleno siglo
-XX, de dividir las obras en obras de estudio y en obras literarias? ¿Y
-el ocultar los índices, como nefando secreto, y las malas caras y los
-peores modales?...
-
-Ahí tiene ancho y fácil campo donde laborar el ministro de Instrucción
-pública, con aplauso de todos y sin gravar el presupuesto. Las buenas
-maneras van baratas. Y ahora que una Sociedad bienhechora nos abarata
-la luz, ¿no será hora de que la Biblioteca esté abierta por la noche?
-Más se conseguiría con esto, en bien de la cultura y de las costumbres,
-que con la creación del Teatro Nacional, por ejemplo. Pero modernícese
-esa Biblioteca; sea un verdadero salón de lectura á la moderna: con
-periódicos, revistas; todo asequible, todo fácil...
-
-¿Falta personal y al existente sería injusto pedirle más horas de
-trabajo? Yo sé de muchos señoritos, tan intelectuales como desocupados
-y aburridos, que con mucho gusto prestarían servicio voluntario, con
-el mayor gusto y no menor inteligencia. No es menos glorioso ser
-soldado de un ejército de paz y de cultura, que serlo en el campo de
-batalla.
-
-Son tantos los jóvenes de todas las clases sociales á los que oigo
-lamentarse de continuo: «¡Si la Biblioteca estuviera abierta por las
-noches!» ¿Será más difícil que abrir un nuevo _cine_?
-
- * * * * *
-
-Estamos de una castidad escandalosa. ¡Si todo fuera virtud y no falta
-de dinero! Nada menos que ola hay quien llama á la docena de novelas,
-algo subidas de tono, que se publica por término medio un año con otro.
-No es para tanto, y hay que confesar que, hasta ahora, la ciénaga
-es muy vadeable. Como sucede siempre, los mejores propagandistas
-del género son los escandalizados, que vienen á ser los verdaderos
-escandalizadores. Lo malo es que hay quien no distingue y confunde las
-obras esencialmente pornográficas con otras muy estimables en que la
-pornografía es sólo un accidente artístico y necesario.
-
-Con la reputación de las novelas modernas es imposible acompañarse de
-ellas para lectura de viaje, de playa ó balneario. Y es lástima; porque
-no hay nada como un libro para iniciar una conversación, y con una de
-estas novelas siempre hay tema indicado.
-
-Las preferencias literarias, cuando son sinceras, y cuando no lo
-son, doblemente, nos abren de par en par á nuestro interlocutor ó
-interlocutora. Con una viajera que haya leído ciertos libros, se puede
-hablar de todo. Si ha leído los de Felipe Trigo... pues no hay más que
-hablar. Si ha leído á Gabriel D'Annunzio... más vale callarse; ella se
-lo dirá todo. Desconfiad de las señoritas que leen la «Biblioteca Rosa»
-en público; son las mismas que tienen empezada una labor desde hace
-cinco años y sólo dan puntada cuando hay visita de novio probable.
-
-¡Ah! Cuando regaléis un libro á una joven, que sea un libro que pueda
-interesar á su mamá ó á su institutriz.
-
-
-
-
-XXVI
-
-
-El espíritu público es infantilmente novelero; agradece cuanto le
-divierte, le conmueve, le apasiona y hasta le atemoriza por unos días;
-pero no conviene pretender usufructuar su atención durante mucho
-tiempo. Hay que evitar la frase desdeñosa, muestra inequívoca de su
-desvío: «¡Ya es una lata!» Todo esfuerzo para reconquistar después la
-atención es en vano. Aun los espíritus que se juzgan más inquietos
-tienden á la quietud y, más que los accidentes que alteran la monotonía
-de su vida, agradecen esa misma monotonía, que justifica mejor sus
-lamentaciones, por verse obligados á soportar una vida sin accidentes y
-sin inquietudes.
-
-Los huelguistas de Bilbao no han tenido en cuenta, al ejercitar su
-propia resistencia, la escasa resistencia de la atención pública.
-¿Es que no se iba á hablar de otra cosa durante el verano? Es mucha
-pretensión. Por el pudor de los contrastes, teníamos olvidada á la
-mejor sociedad que veranea y luce por esas playas sin otra esperanza de
-mejor recompensa que nuestra envidiosa admiración. Dejen, dejen ya los
-huelguistas su triste papel de aguafiestas ó acabarán por perder hasta
-la simpatía de los más sentimentales. Las bellas y elegantes damas
-ya no dirán: «¡Pobre gente!», los gobernantes empezarán á juzgaros
-como perturbadores, el honrado comercio os culpará de sus pérdidas,
-molestaréis á los buenos aficionados á toros. Recordad la frase de
-Shakespeare: «¡Qué hermoso es tener las fuerzas de un coloso y no usar
-de ellas!» Vosotros diréis que, por ahora, son los patronos los que
-tienen esa fuerza y ellos son los que mejor pueden aplicarse la frase.
-
- * * * * *
-
-El verano es la estación de los milagros financieros más sorprendentes,
-por venir después de los milagros del invierno, ya bastante
-incomprensibles. No es extraño que viaje mucha gente; pero ¡alguna!,
-¡tanta! ¿No podrían hacer el favor de comunicarnos el secreto, como
-esos filántropos que ofrecen un remedio maravilloso con sólo enviar un
-sello para la contestación? ¿De dónde saca el dinero mucha gente? El
-viajar cuesta cada día más caro; los multimillonarios americanos, al
-desperdigarse por este viejo mundo, han vuelto locos á los hosteleros,
-alquiladores de coches, sastres, modistas, joyeros y toda clase de
-comerciantes en frivolidades. Regiones tranquilas, como la pastoral
-Suiza, famosa antes por sus razonables precios, se han puesto, con
-la invasión de los _dollars_, por las cumbres de sus montañas. De
-Francia, de Inglaterra, de Bélgica, no hablemos. En los hoteles todo
-es extraordinario; en los trenes, lo mismo; en los espectáculos, no se
-diga; en cualquier barraca más ó menos decorada con los sonoros títulos
-de _Kursaal_, _Music-Hall_, _Luna-Park_, etcétera, cuesta la entrada
-tanto como costaba en otros tiempos oir á la Patti ó la Lind; eso la
-entrada, que, después, entre guardarropa, programa, propina por aquí
-y socaliñas por todas partes, con sacar dinero durante el espectáculo
-no hay tiempo ni manos para aplaudir, por mucho que nos complazca. Y
-donde no han llegado los americanos, los presienten. Han llegado los
-automovilistas, que es lo mismo para los efectos de ir soltando dinero
-con bocina. ¿Dónde están ya aquellas Arcadias veraniegas que hicieron
-las delicias de nuestros abuelos y adonde llegaban los aldeanos,
-como los pastorcillos de Belén, á ofrecer al forastero toda clase de
-caza y pesca, huevos y laticinios, frutas y hortalizas, por lo que
-tuvieran voluntad ó algo menos? Verdad es que entonces sólo veraneaban
-las gentes en mediana posición. Los ricos se recogían en sus fincas
-de campo ó casas solariegas... Pero ahora los que viajan y corretean
-por el mundo son los que no tienen mucho dinero y los que no tienen
-dos pesetas, que, naturalmente, son los que dan menos importancia al
-dinero. Así lo han puesto todo imposible para las personas modestas.
-Ya es triste vivir; pero viajar sólo con lo preciso, es verdaderamente
-vergonzoso. ¡Eche usted lujo! Menos mal que, si por cada dos familias
-hay una que se arruina, por cada tres hay algún miembro dedicado á la
-usura, que, después, por combinaciones de herencias ó de matrimonios,
-vuelve á hacer la felicidad de dos familias. En el mundo no se pierde
-nada. Donde se hunde una casa suele levantarse una manzana. Es toda la
-amable filosofía de muchos veraneos incomprensibles.
-
-
-
-
-XXVII
-
-
-Nunca ha justificado una Exposición su nombre como la de Bruselas.
-¡Vaya si ha sido exposición! Era lo único que necesitaban las
-Exposiciones para acabar de desacreditarse. Los que de cualquier suceso
-casual deducen rotundas afirmaciones, no dejarán de categorizar toda
-Exposición entre los grandes peligros. ¡No más Exposiciones! Siempre
-nos sucede lo mismo, ahora que andamos en Madrid preparando una, al
-cabo de los años. Los mayores progresos son atrasos cuando llegan á
-nosotros. ¡Es mucho sino! Implantamos instituciones, leyes y reformas
-cuando están desacreditadas por esos mundos. Venimos á ser las Américas
-de Europa--en el mal sentido de la palabra Américas.--Verán ustedes;
-ahora que hemos dado en irreligiosos, es cuando la religión está más á
-la moda en todas partes. En los Estados Unidos se hace gran consumo;
-en algo se ha de conocer el dinero. Con eso y con que el mejor día
-empiecen á encargar Comunidades desde el Japón como antes encargaban
-acorazados... Y es que no debe desecharse nada; todo debe conservarse,
-como los sombreros de copa; las modas vuelven cuando menos se piensa.
-¿Creen ustedes que no volveremos á ver miriñaques?
-
-Algo significativo es que el incendio de Bruselas haya respetado la
-instalación de España. El fuego no es rencoroso. ¡Buena ocasión para
-haberse vengado de las muchas hogueras por nosotros encendidas en
-Flandes! Hogueras con las que pretendimos prolongar el ocaso del sol,
-que se ocultaba ya para España en aquellos dominios... En Flandes se ha
-puesto el sol. ¿No es verdad, amigo Marquina? Pero antes ¡cómo pusimos
-nosotros á Flandes!
-
-Ahora ha sido la electricidad el Felipe II. La civilización es también
-un gran tirano. Ello es que los buenos flamencos, por no perderlo todo,
-se aprestan á reedificar lo destruído; y, si no les fuera posible, ya
-ponderan como gran atractivo la contemplación de las ruinas. Acaso
-tengan razón. ¡De tantas cosas, lo mejor es las ruinas! Sólo que las
-ruinas de los edificios modernos suelen llamarse escombros. Para ser
-admirado como ruina hay que haber tenido vida durante mucho tiempo.
-Esta consideración es de mucho consuelo para algunas naciones y para
-muchas señoras.
-
- * * * * *
-
-Entre los chismes teatrales, precursores de toda temporada cómica,
-el más sabroso es, sin duda alguna, el referente á la rescisión del
-contrato del teatro Español, solicitada por varios concejales y fundada
-en supuesto incumplimiento de algunas bases. Muy loable es el celo del
-Municipio en esta ocasión, y no me atrevo á calificarlo de excepcional
-porque supongo le aplicará con el mismo rigor á todos sus contratistas.
-Pero en este asunto del teatro Español no parece que las raspaduras
-al contrato hayan sido de tanta monta en la temporada última como en
-otras de mangas y capirotes, con mensaje final de gracias y todo, de
-parte del Ayuntamiento complacido. ¿Qué puede decirse? ¿Que las obras
-del teatro antiguo no fueron presentadas tal y como se escribieron?
-¿Tanta prisa corre desacreditarlas? ¿Que no todas las obras clásicas
-representadas fueron precedidas de una conferencia, como se había
-ofrecido? Y ¿para qué vamos á engañarnos? Eso de las conferencias es
-molestar á los vivos sin honrar gran cosa á los muertos. Lo cierto es
-que la temporada, contra los pronósticos de muchos, fué provechosa
-y brillante. Téngase en cuenta que el teatro fué adjudicado con
-sólo un mes de anticipación á su apertura; cualquier falta sería
-muy disculpable en esas condiciones. Fueron estrenadas obras muy
-estimables, decorosamente presentadas; entre ellas, _Casandra_, con
-la que no se hubiera atrevido ninguna otra empresa de las de abono
-aristocrático. Bueno fuera que, después del gran servicio prestado á la
-causa democrática con las representaciones de dicha obra, pudiera decir
-la empresa, con un Ayuntamiento tan republicano y tan socialista, que
-así paga el diablo á quien bien le sirve. Fueron también representadas
-obras de autores jóvenes, como López Pinillos y los hermanos Cuevas;
-Borras obtuvo grandes triunfos en obras de muy distintos géneros. ¿Qué
-más puede pedirse? Mi opinión no puede ser más apasionada. Ni allí
-estrené obras, ni he de estrenarlas en esta temporada, ni la compañía
-cuenta con muchas obras mías en su repertorio. Pero bien está San
-Pedro en Roma--con Merry y todo,--y bien están la Cobeña y Oliver en
-el Español mientras más desapasionada. Ni allí estrené obras, ni he
-de estrenarlas esta temporada, ni la empresario dispuesto á realizar
-maravillas de arte, dígase con franqueza y rómpase el contrato, sin
-buscar más pretexto ni fundamento que la municipalísima gana. Pero si
-no es así, y cuando apenas falta un mes para comenzar la temporada,
-deben moderarse los impacientes y templarse los rigurosos.
-
-Y aunque en algo se hubiera faltado al contrato, recuerde el Municipio,
-al tratar con sus contratistas, las sentidas palabras que pronuncian
-los reyes en el indulto del Viernes Santo, y digan parafraseándolos:
-«¡Los perdono para que Madrid me perdone!»
-
- * * * * *
-
-El correo nuestro de cada día nos trae ruegos y peticiones--diríase el
-conde de Casa Valencia en el Senado.--Diga usted esto, hable usted lo
-otro, proponga usted lo de más allá... No, mis amables sugeridores;
-es muy desagradable el papel de soplón y «acusica», y no es cosa
-tampoco de que el cronista ande hecho siempre un guardia de policía
-urbana. En España todo se espera y para todo se confía en el Gobierno
-y en la Prensa, sin perjuicio de achacar á uno y otra, según sopla
-el viento, la culpa de todos los males. Con el sufragio universal
-y el voto obligatorio, todos tenemos nuestros diputados y nuestros
-ediles á quien dirigir peticiones y quejas. Sin contar con que todos
-tenemos en la lengua un rotativo de tirada ilimitada. Esto de servir de
-libro de reclamaciones sólo ocasiona disgustos y antipatías. Además,
-cuando cree uno haber complacido á la generalidad, haciéndose eco
-de sus pretensiones, como estamos en época de espíritus originales y
-hay que distinguirse á todo trance, saltan en seguida los ofendidos
-en su originalidad. Quéjanse unos vecinos de que en su calle hay un
-charco, foco de infecciones; y cuando se consigue llamar la atención á
-quien corresponde para que desaparezca el charco, no falta un vecino
-que salga protestando; porque, miren ustedes por dónde, aquel charco
-era todo su encanto y, como dice la copla, el espejito en que él se
-miraba. Y en todo, por este orden. Ya ven ustedes: ahora resulta que
-la Biblioteca Nacional era un modelo de organización y es gana de
-chinchorrear el proponer mejoras. Por mi parte todo está bien. Así como
-así, entre personas, animales y cosas, harán docena y media las que
-me interesan particularmente. ¡Y comparándome con la mayoría de las
-gentes, me tengo por altruísta!
-
-
-
-
-XXVIII
-
-
-Es peligroso entregar juguetes á los hombres. Los chicos se contentan
-con destrozar el juguete, manifestándose como grandes protectores de
-la industria y del comercio. Pero los hombres sólo gozan pensando en
-lo que podrán destrozar con el nuevo juguete.--Ahí tenéis un nuevo
-explosivo--se les dice--para que voléis montañas que separan á unos
-pueblos de otros y podáis comunicaros y relacionaros con ellos más
-fácilmente... Y para volar edificios y pueblos enteros--responden y
-piensan.--Ahí tenéis el automóvil: utilidad, ilustración, higiene
-y recreo. Y emocionante peligro y satisfacción de la vanidad y
-atropellos, y caiga el que caiga.--Ahí tenéis el aeroplano, el más
-glorioso triunfo del hombre sobre la materia. ¡Qué servicios puede
-prestar á la civilización y al progreso! ¡Y sobre todo en la guerra!
-¡Podremos aniquilar ejércitos enteros; seremos invencibles!
-
-Si, ante la armoniosa serenidad de la Naturaleza, pensaba el poeta
-Wordsworth tristemente en lo que el hombre ha hecho del hombre, con
-más razón puede pensarse ante cada una de estas conquistas de su
-inteligencia, que debieran significar amor y significan odio. Las
-aclamaciones de Francia á la gloria de sus aeronautas no son un saludo
-á la Humanidad, ofrecimiento de la buena nueva; son un reto á Alemania.
-Para satisfacción del orgullo de raza no les basta con la revancha
-espiritual; es preciso la material revancha. Nada vale el aeroplano
-si no es símbolo del águila imperial, invencible y amenazadora, sobre
-los aires. Los alemanes pondrán toda su inteligencia en lograr nuevas
-perfecciones en los aeroplanos. El odio también es fecundo. Y, por el
-afán de conquistar la tierra, llegaremos á la conquista definitiva del
-cielo. ¿No es esta toda la historia de la Humanidad?
-
- * * * * *
-
-Cristóbal de Castro se lamenta y nos culpa porque entre tantos
-escritores españoles como hemos visitado la República Argentina
-no hallamos logrado obtener lo que monsieur Clemenceau en una sola
-visita: un tratado de propiedad literaria con aquella República. Supone
-Cristóbal de Castro que hemos sido unos egoístas, más atentos al
-lucimiento y al provecho propios que á la general conveniencia. Conste
-que sólo me creo aludido por haber estado en Buenos Aires, no por
-alturas de dramaturgo que el Sr. Castro compara con las del Himalaya.
-No; por mi parte, Cerrillo de los Angeles, y gracias. Nuestra pobre
-tierra no consiente mayores alturas; y si alguien pretendiera locamente
-levantarse hasta ellas, no tardarían en hacerle polvo; y como, al fin,
-en eso hemos de parar todos--_Pulvis eris_, etcétera,--¿qué más da un
-poco antes que un poco después?
-
-No tiene en cuenta Cristóbal de Castro que nuestra misma condición
-de interesados nos obliga á no parecerlo. Monsieur Clemenceau, que
-podrá ser escritor insignificante, pero que tiene gran significación
-política--y no todo ha de ser literatura en el mundo,--podía con mayor
-desinterés particular entablar esas negociaciones. Además, todos
-sabemos, aunque nos pese, que un político goza de mayor prestigio
-entre los políticos que un escritor, por grande que sea. Yo de mí
-sé decir que ni saludé al presidente de la República, ni traté con
-ministros, ni lo procuré tampoco. Fuí de viajero, no todo lo ignorado
-que yo hubiera querido para volver ignorando menos. Así y todo, vi lo
-bastante para no quedar muy ilusionado con las ventajas de un tratado
-de propiedad literaria. No es aquello la mina inexplotada que muchos
-creen. Poco se lee en España, pero allí se lee menos. Existe, como en
-todas partes, el núcleo intelectual al corriente de lo más «nuevo», no
-siempre lo más interesante, que se publica. Hay afán--no es lo mismo
-que amor--por la cultura. Una cultura sin agrado, por aquello de «hay
-que saber»; no porque gocemos con saber. Pero público, lo que se llama
-público de lectores... En primer lugar, hay poca gente desocupada,
-desde las señoras y señoritas que leen novelas francesas, inglesas:
-las inglesas para imponerse en el idioma; las francesas porque...
-¡cómo ha de ser! son más entretenidas para el que lee por distraerse
-que ningunas otras. De lo español se lee... lo que debe leerse, ni
-más ni menos. Hay que convenir en que libros muy interesantes para
-nosotros, á pesar de su mérito no pueden interesar allí en absoluto. No
-es culpa de los autores; es culpa del ambiente. En cuanto á ediciones
-de libros españoles publicados allí, se ha exagerado mucho. Saldrían
-más caros. Con decir que la mayor parte de los autores argentinos
-edita sus libros en París ó en Madrid... Algo más podía venderse,
-desde luego, con una activa propaganda por parte de nuestros editores;
-pero con tratados ó sin ellos, sería lo mismo. Por lo que al teatro
-se refiere... ¡ay! tampoco es la tierra de promisión. Alguna obra de
-género chico llega á un crecido número de representaciones--nunca
-tanto como en Madrid.--En cuanto á las obras grandes, con excepción
-de alguna de autor nacional, como las de Laferrere, con su media
-docena de representaciones van muy bien servidas. El Odeón, en donde
-representan María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, vive del abono
-aristocrático en los días de moda. En los días quebrados hay sus
-medias entradas y sus vacíos, como en cualquier teatro de por acá.
-Los demás teatros están á precios reducidos: tres pesos, dos pesos la
-butaca. Y como el peso, aunque suene á duro, representa allí lo que
-nuestra peseta, resulta que el teatro es allí más barato que en España.
-Todos conocemos á los empresarios y actores que se han hecho ricos
-por aquellas tierras. La compañía de Serrador representa todas las
-obras extranjeras, sobre todo francesas, estrenadas. Es la compañía de
-más extenso repertorio. Las traducciones se pagan á tanto alzado, y,
-naturalmente, no se pagan derechos de traducción. Con el tratado con
-Francia... no se representarán tantas obras francesas, y eso iremos
-ganando... espiritualmente. Bien estaría el tratado... por decoro suyo,
-más que para provecho nuestro. A los políticos corresponde negociarlo.
-A los escritores nos sienta muy bien el desprendimiento de los bienes
-terrenales.
-
- * * * * *
-
-Del veraneo.--En el Casino:
-
---Oye: ¿tú sabes quien es esa rubia que va todas las noches con ese
-extranjero?
-
---No sé; pero me la encuentro en todas partes. El año pasado, en Niza,
-con un ruso; después, en París, con un americano; luego, en Ostende,
-con un turco. En Biarritz con un inglés, y aquí con este que parece
-alemán... Debe ser mujer de historia.
-
---Y de Geografía, por lo visto.
-
- * * * * *
-
-En la sala de recreo.--Entre dos amigos:
-
---Toda la noche estoy perdiendo. No acierto una. (Galante.) Voy á hacer
-el juego de esta señorita, que tiene mucha suerte.
-
-El amigo (aparte).--Se va á enfadar el señor de enfrente.
-
---¿Por qué?
-
---Porque el verdadero juego de esta señorita es... «timarse» con él
-toda la noche.
-
-
-
-
-XXIX
-
-
-Si en la mesa y en el juego es donde mejor se conoce, según dicen, la
-educación de las personas, en las calamidades es donde mejor se revela
-la cultura de un pueblo. Los aldeanos de Rusia y de Italia que, ante la
-invasión del cólera, renuevan episodios de las más terribles pestes de
-la Edad Media, con sus terrores, sus supersticiones, su desconfianza en
-la ciencia y su fe en cualquier brujería, nos dicen claramente que hay
-en las naciones modernas, aunque los salven trenes y automóviles, menos
-kilómetros de distancia de la civilización á la barbarie que siglos
-en la historia de la humanidad. Unas horas de camino valen por muchos
-libros de historia. Sin andar mucho, no es difícil encontrarse todavía
-con el hombre de las cavernas. Cuando el cantor de la civilización
-está más ilusionado, creyendo que ya sólo es cuestión de expulsar á
-los frailes y, dos ó tres pasitos más por este orden, para llegar á
-la reconquista del Paraíso terrenal... ¡cataplum! por donde menos se
-piensa, un retroceso al salvajismo, que si no destruye de golpe, deja
-por lo menos tambaleándose lo mejor de nuestras ilusiones.
-
-Y es que estas epidemias, como tienen su origen en regiones
-incivilizadas, no sólo se traen para acá el microbio de la enfermedad,
-sino el de la barbarie, que aun prende más pronto. Aquí bien puede
-decirse: «Bien vengas mal si vienes solo.» Mejor será que no venga ni
-solo ni acompañado; pero, si como es de temer, aunque no sea más que
-por molestar al Gobierno, como epidemia reaccionaria, nos desfavorece
-con su visita, ¿qué se traerá esta vez por lo de asiático, á más de lo
-que se traiga por lo de morbo?
-
-¿Cómo saldremos del examen? Porque algo de examinador tiene el señor
-cólera. El llega á un punto, se asoma con cierta respetuosa timidez
-primero; pregunta: «¿Cómo están ustedes de higiene, cultura, valor
-cívico y doméstico, etc., etc?... ¿Medianamente? ¡Vaya! Como en mi
-última visita; no han adelantado ustedes nada. Habrá que darles otro
-repasito. La letra con sangre entra...» La verdad es que lo mejor
-que tenemos en material de sanidad á él hay que agradecérselo y á la
-solicitud de sus visitas. El día en que, al asomarse por Europa y al
-enunciar su preguntita, le respondan de todas partes la cultura, la
-higiene, la confianza de todos con un: «Vea usted, amigo, si hemos
-aprovechado sus lecciones», habrán terminado sus visitas.
-
- * * * * *
-
-Al Emperador de Alemania le ha aprovechado por poco tiempo la última y
-sonada reprimenda de su canciller, por irse de la lengua con deplorable
-facilidad. Otra vez ha vuelto á ponerse la imperial corona por montera,
-y terciadita á lo jaque, para decir á sus asombrados súbditos que á
-nadie tiene que agradecerle nada, más que á Dios, que, en sus altos
-designios, le ciñó la corona. De suerte que no le vengan con leyes
-constitucionales, discusiones parlamentarias, ni oposición á sus
-proyectos; que él ha de seguir impertérrito la senda trazada por la
-Providencia, toda de cañones y fusiles. Bien está ¡oh, sir!; pero el
-último de nuestros súbditos tiene también su montera que ponerse por
-corona y las mismas razones para creer en su misión providencial.
-
-¿Es que sólo los emperadores traen misión á este mundo? Como le decía
-el labriego del Toboso á Don Quijote, cuando éste le preguntaba por la
-princesa de aquel lugar: «Yo no sé de ninguna princesa; señoras sí hay,
-y muy principales, que cada una puede ser princesa en su casa». ¿Quién
-no puede ser emperador en la suya? Y si cada uno diera en sentirse
-inspirado por la Providencia para obrar como le conviniere, ¡malo iba
-á ser el gobernar con tantas misiones providenciales! Además, como los
-teólogos están conformes en admitir que hay voces del diablo que pueden
-tomarse por voz de Dios, en la duda bueno es atenerse á las leyes
-humanas; que, por mucho que el demonio quiera enredar en ellas, nunca
-enredará tanto como en la voluntad soberana de un emperador, por muy
-providencial que sea. ¡Dios sobre todo, pero la Constitución al quite!
-
- * * * * *
-
-Mauricio Maeterlink, en el prólogo de unos _Cuentos y leyendas_ de su
-amigo Jorge Maurevert, asegura la bondad del libro por haberlo sometido
-á la «prueba del jardín». Esta prueba consiste en leer á pleno sol y en
-pleno aire; «á la implacable luz de una espléndida primavera», dice M.
-Maeterlink. Y añade: «Esta prueba es siempre decisiva para un libro, y
-muchas veces más dolorosa y desconcertadora que las pruebas del agua
-y del fuego de los antiguos torturadores. Pocos libros la resisten,
-y yo no me atrevo á someter á ella más que los versos ó la prosa que
-desde las primeras líneas me han inspirado confianza. ¿Para qué hacer
-padecer á un pobre libro que, aun con no ser muy bueno, es siempre una
-obra de buena voluntad?» ¡Ay, y qué bien dice M. Maeterlink! La prueba
-del jardín es terrible. ¿Ha probado M. Maeterlink con sus obras?
-Yo sí: con su _Aglavanne y Selysette_. Y el jardín no era un jardín
-urbanamente cultivado; era un jardín rústico, rodeado de un campo de
-trabajo y de pena. La prueba se agravaba. Como en una Exposición de
-pinturas basta la proximidad de una planta cualquiera para destruir el
-efecto del paisaje mejor pintado, pocas obras literarias resisten el
-contacto directo con la Naturaleza. Son obras cerebrales y necesitan
-ir de cerebro á cerebro, sin airearse al pasar, como plantas delicadas
-de invernadero. Libros que en la ciudad, en aquella vida artificiosa,
-parecen la misma vida, en el campo no son más que flores de trapo. ¡La
-vida es tan sencilla! Lo que ella pone es lo que no envejece nunca en
-la obra de arte... Lo demás... es literatura, como dijo Verlaine. Yo
-no aconsejaría á M. Maeterlink que sometiera sus obras á la prueba del
-jardín, excelente para las obras de los amigos.
-
- * * * * *
-
-Estamos á primeros de Septiembre y nada se sabe del arrendamiento del
-teatro Español. Y siempre lo mismo. La temporada debe dar comienzo
-en Octubre. En tan poco tiempo, ¿cómo puede formarse una compañía
-aceptable, ni cómo preparar obras ni organizar un plan de trabajo?
-¿Qué razón tendrá después para quejarse el Ayuntamiento si el contrato
-no se cumple como es debido? ¿No habrá llegado la hora ó de cedérselo
-al Estado para ensayar el Teatro Nacional, ó de arrendarlo buenamente
-como un teatro cualquiera, donde la empresa, con pagar puntualmente
-su arrendamiento, puede hacer lo que mejor le acomode? Por muchas
-vueltas que quieran darle, por lo menos hasta la fundación de un Teatro
-Nacional, el verdadero teatro Español será, por ahora, el teatro de
-la Princesa, y donde estén María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza
-estará la cabecera. Del teatro Español podía hacerse un teatro popular,
-con una compañía modesta y bien dirigida, que permitiera baratura en
-los precios; un teatro de ensayo para autores y actores jóvenes. Lo que
-no puede ser es adjudicarle de prisa y corriendo quince días antes de
-la apertura y pedir que sea una Comedia Francesa. En esas condiciones
-en la temporada pasada se hicieron milagros, y ya hemos visto cómo han
-sido agradecidos. Tan agradecidos por parte del Ayuntamiento como ésta
-y otras defensas por parte de la empresa. ¡Son tan interesadas, que no
-hay para qué agradecerlas!
-
-
-
-
-XXX
-
-
-No sería malo que en los dramas de la vida, como en los del teatro,
-pudiera alguno de los actores dirigirse al público, como era uso y
-costumbre, para suplicarle que reservara su juicio hasta el final de la
-obra. Con la diferencia de que la vida, en sus dramas y en sus novelas,
-lo primero que nos ofrece es el desenlace, y, al contrario que en el
-teatro y en los folletines, el interés no está en saber cómo acabará
-aquello, sino en cómo habrá empezado. La solución es el principio del
-problema. Los antecedentes es lo que importa. Pero si el que más y
-el que menos, uno por uno, somos todo curvas, en cuanto nos reunimos
-como espectadores no entendemos más que de rectas. Para bueno ó para
-malo, el público sólo comprende los caracteres de una pieza, como suele
-decirse, que respondan á una lógica teatral y novelesca. Pero ¡ay!
-que la lógica de la vida, en su aparente complicación, es mucho más
-sencilla. Los locos y los héroes saben solamente de líneas rectas.
-Los demás vamos serpenteando por caminos de luz unas veces, de sombra
-otras; el que parecía más obscurecido, resplandece de pronto; el que
-iba como vestido de sol, se pierde en la sombra. Y todo sin pizca de
-lógica. Esa lógica que necesitamos para explicarnos satisfactoriamente
-las acciones... de los demás. Pero ¡ay tantas lógicas! Los maridos
-calderonianos matan, celosos de su honor. Seguros de la virtud de su
-esposa, les basta con que alguien pueda poner sospecha en ella, para
-condenarla á muerte. A Otelo, más humano, nada le importaría que todos
-sus soldados hubieran compartido el lecho de Desdémona, con tal de no
-saberlo. Es celoso por amor, y por amor mata. Hoy comprendemos mejor al
-moro de Venecia que al médico de su honra. La solidaridad del honor en
-el matrimonio y en la familia ha pasado á la historia, si es que alguna
-vez pasó de la poesía.
-
-En aquella misma época, los escritores satíricos, más inspirados
-siempre en la realidad, nos muestran claramente que no todos los
-maridos eran médicos de su honra. Hoy nadie pone en duda que se pueda
-ser un perfecto caballero aunque se haya tenido la desgracia de casarse
-con una loca. Queda sólo la pasión de los celos como justificante
-de cualquier arrebato sanguinario. Y en esto el buen público es
-intransigente: pide unos celos... de _una vez_, sin blanduras, sin
-desfallecimientos, sin vacilaciones. No sabe comprender que el corazón
-se subleva en una hora contra lo que toleró muchos años; que se mata,
-se perdona, que se insulta y se besa... ¡Pobre corazón humano, sometido
-á esa lógica de espectador de teatro!
-
-Ya se sabe que el público sólo juzga por sentimiento. Ni sería el más
-noble el de la ociosa curiosidad, si no llevara envuelto, aunque en
-menor grado, el de la justicia. Pero á éste, único respetable, sólo
-la justicia puede dar satisfacción cumplida. ¿Será mucho pedir al
-respetable público que suspenda su fallo hasta que la justicia dé el
-suyo?
-
-Los supersticiosos no dejarán de apuntarse un tanto á su favor. Tres
-lidiadores del mismo nombre han sucumbido en las plazas; dos de ellos
-en circunstancias muy parecidas. Extraño es que la gente de coleta,
-que por más insignificantes agüeros suele preocuparse, no haya temido
-la fatalidad de ese nombre: Pepete. Verdad es que por si solo ya es
-un cartel. El torero que quiera llenar las plazas, no tiene más que
-atreverse nuevamente con el nombre fatídico. Un Pepete y seis Miuras,
-y á robar el dinero. Piénsenlo bien los postergados. Aunque más de uno
-ya lo habrá pensado á estas horas, recordando la filosófica sentencia:
-«Más cornadas da el hambre». Añádase á esto la emoción de quebrar
-juego, tan saboreada por los jugadores. Si es verdad que á la tercera
-va la vencida, ese nombre puede ser una seguridad. ¡A él, valientes!
-Ya veis lo que dicen los buenos aficionados. La corrida de Murcia se
-recordará siempre como un acontecimiento. Corridas así son las que
-sostienen el fuego sagrado de la afición durante muchos años. Harán
-bien las señoras católicas en no protestar contra ese espectáculo,
-como contra la política del actual Gobierno. El clericalismo, los
-toros, tienen intereses comunes. Vienen de lo mismo.
-
- * * * * *
-
-Escritores distinguidos lamentan, con sentidas razones, la decadencia
-de la literatura en el periodismo. ¿En el periodismo? Y en todas
-partes. La literatura está llamada á desaparecer, si Apolo (no el
-teatro) no lo remedia. El público tiene sus buenos dientes, y hasta
-sus colmillos bien retorcidos, y no necesita para nada de masticadores
-artificiales, que es lo que venimos á ser los literatos en resumidas
-cuentas. Ni siquiera nos consiente como cocineros, para aliñarle la
-realidad con un poco de fantasía. El se lo guisa y él se lo come, como
-Juan Palomo. Ha aprendido, se lo figura, por lo menos, á pensar por
-sí mismo, y no tolera que nadie se le imponga. Así, en el periódico,
-sólo quiere hechos, hechos como aquel maestro de Dickens. Informaciones
-escuetas, sin comentarios; noticias, telegramas... Ya lo comentará
-todo en el café ó en casa. Aceptemos la realidad, seamos modestos y
-agradezcamos todavía que nos consientan ir viviendo. Por mí sé decir
-que me avergüenza el dinero que cobro de la literatura. Quisiera ser
-muy rico algún día, para descargar mi conciencia devolviéndolo todo
-religiosamente. Sólo vale dinero lo que produce, á su vez, algún
-dinero. Y ¿qué produce la literatura? El periódico no se vende más
-por ella. El periódico... es él, es su nombre, sus informaciones, sus
-noticias, sus anuncios. ¿Qué supone para su venta y su ganancia una
-firma más ó menos? Es la firma la que goza del prestigio del periódico,
-no al contrario. Pruebe el escritor que se juzgue más leído á cambiar
-de sitio.
-
-Lo mismo en el teatro: el teatro es la noche, el abono, las actrices
-bellas y bien vestidas, los actores favoritos del público. ¿Qué
-significa la obra? Un poco más ó un poco menos de literatura. Pruebe
-también el autor que se crea más estimado por sí propio á cambiar de
-teatro. En la Princesa, por ejemplo, todas las obras son lo mismo.
-¿Qué más da una que otra? Hay que salir un poco de los Círculos
-literarios, en donde á fuerza de despellejarnos parece que tenemos
-alguna importancia, para comprender lo poco que significamos. No hay
-vanidad que resista á una de estas enérgicas curaciones al aire libre.
-La vida moderna funciona por una poderosa maquinaria para la que
-cualquier obrero es bueno. Vamos al socialismo más de prisa de lo que
-parece. El mundo será una gran máquina productora de felicidad social.
-¡Hermosa máquina!
-
-Andará sola. Los hombres se habrán muerto todos de hambre ó de
-fastidio.
-
-
-
-
-XXXI
-
-
-Cuando el doctor Lombroso, en los buenos tiempos de su escuela
-antropológica, se propuso demostrar que todo hombre de talento--de
-genio decía él--tenía sus buenas puntas y collar de loco, no había
-detalle insignificante en la vida de un hombre célebre que no fuera
-para el buen doctor señal evidente de chifladura. Yo creo que, aplicado
-el mismo sistema á cualquier individuo, tan locos parecerían los tontos
-como los hombres de talento, salvo el talento.
-
-Del mismo modo es peligroso investigar en preocupaciones de escuela,
-cuando de averiguar culpabilidades se trata. ¿Qué vida de santo
-resistiría la implacable investigación de algunos infatigables
-averiguadores, obstinados en que han de ser tijeretas? Que si los
-padres, que si su abuelo, que si allá por el año 58... Y es que á
-lo mejor, nos creemos asomados á nuestro buen balcón con vistas á
-Europa, y resulta que es al corredor de un patio de vecindad. ¡Tenemos
-tan pocas cosas serias en qué ocuparnos! Pero ¿quién podrá decir que
-tiene una vida privada? Como en danza de la muerte, no hay quien
-escape de hacer su mudanza al son de la moderna publicidad, que cual
-la muerte á todas partes llega y á nadie olvida. ¡Desgraciados de
-los primos segundos de nuestros cuñados si algún día tenemos nuestra
-hora de notoriedad! Desnudados se verán en público para regocijo de
-las gentes. Y no hay que culpar demasiado á los que, en apariencia,
-pudieran parecer los únicos culpables. No puede una enfermedad tan
-fácilmente con un organismo sano. La publicidad tal vez abusa; pero hay
-que confesar con cuánta complacencia nos prestamos al abuso...--Por
-Dios, no diga usted nada de esto... Y lo decimos todo...--No quiero
-que me retraten ustedes. Y llevamos estudiada la postura en que ha de
-sorprendernos el objetivo. Padecemos todos de «exhibicionismo», y quizá
-no andamos descaminados. No hay nada que desarme tanto la indignación
-como la curiosidad satisfecha. Conviene, además, cultivar la amable
-flor de la tolerancia mutua, sin la cual no habría vida de relación
-posible. Hoy me escandalizas tú, mañana te escandalizaré yo; bueno será
-que no nos escandalicemos demasiado.
-
-Por todo esto, no opinaré como los graves señores que ahora una vez
-más van clamando: «¡Qué indignidad! ¿Han visto ustedes á lo que
-hemos llegado?» Sí, señores míos; y la lástima será no ver adónde
-llegarán los que nos sigan, porque no todos son malos. Nunca hubo
-tiempos mejores que los presentes, y es de presumir que aún han de
-aventajarlos los futuros. Siempre habrá más seguridades en estos
-procesos de plaza pública, á la luz y al aire, que en las tenebrosas
-actuaciones inquisitoriales entre negras paredes y bajo obscuras
-bóvedas. No haya miedo, aunque entre el clamoreo de las gentes parezca
-zozobrar la verdad, que pueda anegarse la justicia. Hay una rectitud
-en la conciencia de las multitudes que no le impide rectificar sus
-juicios. No tiene que velar por los prestigios de Cuerpo, como otros
-Tribunales, que alguna vez también se equivocan, pero no pueden
-confesar nunca que se han equivocado.
-
- * * * * *
-
-La lógica de los tablajeros es admirable. Como son muchos y tocan
-á poco, han decidido subir el precio de la carne. Es una lógica
-carnicera. No vamos á devorarnos unos á otros: es preferible devorar al
-consumidor.
-
-«¡Quién pudiera también subir los precios!» Así decía una expendedora
-del mismo enemigo del alma, aunque en otro ramo, donde también es mucha
-la competencia.
-
-Para resolver el conflicto, el Ayuntamiento debe ponerse al habla con
-los patronos de Bilbao, y aun con los de otras partes, por si puede
-aplicarse á la carne animal el sistema por ellos empleado para abaratar
-la carne humana. «¡Oh Dios!--decía Tomás Hood en su Canción de la
-camisa.--¡Que la carne de vaca valga tanto y la de hombre tan poco!»
-
-Sólo nos queda el consuelo de los tontos: lo universal del malestar.
-¿Quién podrá vivir al precio á que se va poniendo la vida? ¡Admirable
-modo! donde, como en la isla encantada de Próspero, con todo lo
-necesario para la vida no hay modo de vivir.
-
- * * * * *
-
-De la pintoresca galería de veraneantes, el más digno de nuestra
-gratitud es el veraneante Robinsón, el descubridor de rincones
-ignorados que tendrán en él propagandista infatigable. ¡Un Paraíso! ¡La
-Suiza de España!
-
-La última ilusión que perderemos será esta de los paisajes. Es
-incalculable el número de Suizas que tenemos en España. Con unos
-peñascos, dos docenas de pinos y un chorro de agua, ya está una
-Suiza. Lo malo es que aquí no sabemos explotarlas. Nuestra tierra es
-un Paraíso. Pero ¡somos tan adanes! Desengáñense los admiradores de
-nuestras bellezas naturales: no hay paisaje posible sin una buena
-fonda.
-
-El viajar no es un apostolado. Bellezas naturales y bellezas artísticas
-son un buen pretexto para pasarlo bien en confortables hoteles, entre
-gentes adineradas y con toda clase de diversiones, por si los paisajes
-y las catedrales fallan. Y no fallan nunca cuando los contemplamos
-después de bien comidos y bien dormidos. En cambio, échese usted por
-malos caminos; llegue usted á una posada, donde toda incomodidad tiene
-su asiento y todo asiento su incomodidad, y tírese usted después su
-buen repechito para ver salir el sol por donde acostumbra ó suba
-usted y baje del coro al campanario, y viceversa, para extasiarse
-ante los santos desnarigados de la gótica catedral, y regresará usted
-para que no vuelvan á mentarle paisajes ni catedrales, como no sea en
-cinematógrafo ó en postales, único modo de admirar bellezas sin fatigas
-y sin desilusiones.
-
-El Robinsón dirá que somos criaturas artificiales, que tenemos
-atrofiado el sentido de la Naturaleza... No tome usted muy en serio á
-los robinsones, que, á lo mejor van á descubrir bellezas naturales muy
-bien acompañados de alguna belleza urbana, y..., naturalmente, ¿qué les
-importa el duro lecho, ni la mala comida, ni las bellezas naturales
-tampoco? Pero el que de buena fe cae en el lazo de la propaganda,
-volverá renegando y creyendo para toda su vida que las mejores
-creaciones de la Naturaleza y del Arte son obra de los fondistas y
-hosteleros, y que en España no tendremos paisajes y catedrales mientras
-no tengamos buenos hoteles y lujosos casinos y... amables bellezas, en
-que se armonicen la Naturaleza y el Arte.
-
-Preguntad á los habituales y acaudalados concurrentes á Niza, Ostende,
-Biarritz, San Sebastián mismo, por las bellezas naturales de los
-respectivos puntos. «Se pasa muy bien», es lo que sabrán deciros.
-
-
-
-
-XXXII
-
-
-Para justificar el actual estado de las calles de Madrid, el alcalde
-ha exhibido unas fotografías de las principales vías de París para
-que en nada tengamos que envidiarles. En efecto; allí, con motivo
-de las obras del metropolitano, han padecido, como nosotros, las
-inevitables molestias que la civilización trae consigo, y allí, como
-aquí, levantamientos y excavaciones en calles y plazas han sido tema
-inagotable de chistes, caricaturas, escenas de revistas, coplillas
-de café-concierto y demás desahogos inofensivos. No tiene por qué
-preocuparse el señor alcalde. A todo lo que podemos aspirar en este
-bajo mundo es á hacer algo bueno; pero á que parezca bien, es loca
-aspiración. Como aquí, por cada uno que hace algo, aunque no sea más
-que jugar al billar ó al tresillo, hay cien mirones, en algo han de
-entretenerse.
-
-Quisiéramos tener una Gran Vía por arte de magia y que la baratura de
-la luz eléctrica no costara la más pequeña molestia. Queremos que todo
-nos lo den hecho; tan hecho... que no haya que hacerlo antes. Pero,
-amigo, como no hay medio de hacer tortillas sin romper huevos, como
-dicen en Francia, y tampoco nos gustan los huevos pasados por agua,
-hay que resignarse con nuestra triste suerte y dejar que los mismos
-que en París habrán admirado los trabajos del metropolitano, como
-obra de progreso, al regresar ahora de su excursión otoñal renieguen
-aquí de todo y por todo. En casa somos de un sibaritismo oriental: no
-toleramos ninguna incomodidad. Verdad es que la mayor parte de las
-viviendas son inhabitables, unas por culpa de los caseros y otras por
-culpa de los mismos vecinos y de sus apreciables familias. ¡Si tampoco
-podemos vivir en la calle! Individuos hay para quien levantarles las
-losas de una acera equivale á un desahucio del propio domicilio. ¿En
-dónde despacharán ahora sus asuntos y recibirán sus visitas? Pueden
-consolarse admirando los planos de la futura gran plaza de España.
-Ellos se encargarán de justificar su nombre, paseando por ella sus
-desocupaciones, perturbadas ahora por una falta de consideración
-imperdonable. En cambio, un respetable jefe de familia, que por
-obsequiar á los suyos con las delicias de un veraneo aristocrático tuvo
-que acudir á la bondad de esa noble institución de los prestamistas,
-decía con gran filosofía, contemplando el estado de nuestras
-calles:--Así como así, yo tendré ahora que andar por los tejados.
-
- * * * * *
-
-Su Santidad ha recomendado encarecidamente á los prelados y sacerdotes
-la más activa predicación contra las actuales modas femeninas, por
-deshonestas y provocativas á deshonestidad, que es lo peor de todo. No
-confiamos mucho en la eficacia de esas predicaciones; que no es tan
-fácil hallar docilidad y obediencia en la grey femenil cuando se trata
-de cosas que le importan particular y directamente, como cuando se
-trata de cosas que en realidad le tienen sin cuidado. No es tan fácil
-derribar una moda como un Gobierno liberal. Sin contar con que, en
-esto de manifestarse contra los Gobiernos liberales, entra por mucho
-también la moda. ¿No son las más á la última trabadas las que más se
-destraban de pies y de lengua cuando hay que bullir y danzar en juntas,
-protestas y manifestaciones? Pero ¡ay! en cuestión de modas, como ellas
-se encuentren á su gusto...
-
-Poco conoce á las mujeres el que se las figure dominadas por las
-predicaciones del clero. ¡Buenas son ellas para dejarse dominar por
-nadie! ¡Pobre clero! El sí que, en la mayoría de los casos, es el
-dominado, el zarandeado y el molestado por el indiscreto fervor de las
-devotas. Cuando á ellas les conviene, lo mismo se entran por el ritual,
-que por los cánones, que por la Suma Teológica, atropellándolo todo.
-¡Hay cada papisa Juana y cada antipapa Luna entre ellas!
-
-Yo sé de cierta junta de señoras, reunida en cierto palacio episcopal,
-bajo la presidencia del señor obispo; y como el buen prelado, con muy
-buenas razones, procuraba convencerlas de la imposibilidad de algo que
-ellas pretendían, en la ordenación de una festividad religiosa, una de
-las más voceadoras no sabía más que repetir: «Pues perdone S. I., pero
-siempre se ha hecho así, siempre se ha hecho así.» A lo que el prelado,
-bondadoso, replicó todavía: «En efecto, era un abuso tolerado; pero
-ahora Su Santidad ha dispuesto que no se permita.» «Pues que me perdone
-Su Santidad, pero á mí me parece un disparate»--fué la contestación. El
-buen obispo se quedó haciéndose cruces; por fortuna, las cruces de los
-obispos son de oro y piedras finas y suelen ser regalo de las mismas
-señoras que tanto les desazonan. Claro es que ellas lo pagan, pero como
-se abonan al teatro, para que las comedias no las molesten. Sí, ¡qué
-van ellas á pagar para oir cosas desagradables!
-
-Por todo esto y otras cosas, verán ustedes cómo por muchos anatemas que
-caigan sobre la moda, como ellas se encuentren á su gusto, sobre sus
-monumentales sombreros se pondrán todavía la cúpula de San Pedro en
-Roma, por montera.
-
- * * * * *
-
-¡El 606! Parece el número del premio gordo en la Lotería de Navidad.
-No se habla de otra cosa. Hasta los niños han dejado sus charlas sobre
-el adulterio y otros sucesos de actualidad, para hacer toda clase de
-preguntas indiscretas sobre el numerito. Ahora nos enteramos de que hay
-más gente interesada en el descubrimiento de la que podía suponerse.
-El reuma que don Fulano, los dolorcillos de don Zutano y hasta el
-fueguecillo de doña Perengana, todas personas muy respetables. ¡Que el
-606 ó el 909, según se lea por arriba ó por abajo, os sea propicio! Los
-médicos son el demonio: un castigo menos para contener á la Humanidad
-en sus depravaciones. Con el 606 y cualquier otro numerito por el
-estilo, esto va á ser el desate.
-
-Admiremos á la clase médica, única en el mundo que trabaja en contra
-de sus intereses, suprimiendo padecimientos. ¡Si muchas otras
-clases sociales encontraran su 606, que nos hiciera innecesarios, ó
-simplificara, por lo menos, sus servicios!
-
-
-
-
-XXXIII
-
-
-Esto de las embajadas de moros parece la procesión del niño perdido;
-llegan unas detrás de otras, y ni el niño parece ni la madre del
-cordero, que este es el toque de la diplomacia morisca: que no parezca
-nunca nada de lo que se ha perdido. De modo que es muy posible que
-haya que ir á buscarlo, y allá iremos con nuestro duro á recuperar la
-peseta. Ante el peligro de posibles y desagradables discrepancias,
-llegado el caso, se invoca, para «hacer opinión», como suele decirse,
-el patriotismo de cuantos pueden influir sobre ella. Bien está si
-ello no puede ser por menos y se quiere que en su día sean muchos
-á repartirse las glorias ó las responsabilidades. No es como hacer
-propaganda de una Exposición ó de un viaje de recreo, cosa en que á
-todos se favorece y á nadie se perjudica.
-
-Pero... pero en esta ocasión el que sinceramente y honradamente no
-crea en la necesidad ó en la conveniencia de nuevas demostraciones
-bélicas, mal haría en pactar con su conciencia por consideraciones
-dudosas. ¡Cualquiera sabe dónde está el verdadero patriotismo en estos
-tiempos! Eso sí; tampoco vale guardarse la malilla para salir después,
-si el asunto se tuerce, con aquello de: «¡Ya lo sabía yo! ¡A mí siempre
-me pareció mal; pero cualquiera va contra la opinión general!» Sobre
-que nunca hay opinión general y sobre que muchas veces la opinión y los
-que influyen en ella se engañan mutuamente por mutuo desconocimiento, y
-luego tenemos aquello de: «Yo hablé así porque creí que era la opinión
-de ustedes» y «Yo creí deber opinar así porque ustedes lo decían».
-
-Sólo hablando cada uno con arreglo á su conciencia puede formarse la
-verdadera conciencia nacional; nacional, sin vistas á humanitarismos
-«inter» ó supernacionales. Nosotros no podemos permitirnos aún esos
-lujos. Eso, como los dramas de Ibsen, según Ramiro de Maeztu, es para
-los que ya tienen resuelto el problema de la mantenencia. Nosotros
-estamos en el caso de ir á buscarlo donde lo haya.
-
- * * * * *
-
-El chiste, la humorada, la ironía, la paradoja, la amenidad, todo
-lo que indigna á muchos graves varones al encontrarlo en artículos
-periodísticos, pueden hallarlo ahora nada menos que en un documento
-oficial; que como documento oficial puede considerarse la medalla
-acuñada para conmemorar el centenario de las Cortes de Cádiz.
-
-Ustedes verán si no es humorismo el de la medallita. Por una cara
-ostenta las consabidas figuras alegóricas en toda su clásica desnudez,
-un par de mundos, que de entonces acá han venido á quedar en uno, y
-alguna otra friolera decorativa. Por esta cara nada de particular.
-Pero por la otra... ¿á quién sino á un gran humorista pudo ocurrírsele
-esculpir y grabar la dulce efigie de Fernando VII en un recuerdo
-de aquellas Cortes y de aquella Constitución que tuvieron en él su
-más encarnizado enemigo? ¿Qué puede hacer en esta galería aquel
-tan deseado antes como después aborrecido, sino dar que reir al
-discreto contemplador? Al que ni supo antes defender su trono ni
-después agradecerlo; al que volvió á llamar á los franceses para
-sacudirse de Constituciones y libertades; á uno de los más siniestros
-mamarrachos que han visto los siglos coronado, y abundan en la serie,
-¿qué Shakespeare de la ironía ha sabido clavarle en la picota de
-esta medalla conmemorativa? No queremos sospechar en ello la menor
-sombra de adulación monárquica. Hay adulaciones ofensivas para la
-discreción de los que están demasiado altos, para no estar sobre tan
-burdas adulaciones. Preferimos atenernos al humorismo, tan desusado
-en gubernamentales esferas, donde toda seriedad y todo empaque tienen
-asiento. Pero el espíritu de aquel gran socarrón no habrá dejado
-de apreciar la ironía de este «trágala» póstumo. «Al que no quiere
-caldo, la taza llena». Al que que odió la Constitución, medallitas
-conmemorativas. La idea ha sido genial y merece el más sincero aplauso.
-
-Terminó el preciso veraneo de los que no disponen de tiempo ni de
-fondos para mayores ausencias. Quede la otoñada para los que de todo
-disponen en abundancia y todo es veranear para ellos.
-
-Vuelven tonificados por los baños de mar, de luz... y de ilusiones.
-El veraneo nos eleva siempre unos grados sobre nuestra ordinaria
-condición social. Las playas, los Casinos, los vestidillos claros y de
-telas ligeras son niveladores. Las amistades y los amores son fáciles,
-aunque ligeros como los vestidos. No suelen llegar al invierno. En
-Madrid vuelve cada uno á estar en su sitio. Ofrecimientos de amistad y
-juramentos de amor se olvidan apenas llegamos. ¡Felices los que logran
-conservar á la marquesa entre sus relaciones y la que no suelta al
-empleado con 3.000 pesetas de sueldo, que en San Sebastián parecían
-20.000 de renta! Verdad es que allí también papá parecía un accionista
-del Banco. ¡Oh, sueños de una temporada de verano! Nunca muy costosos,
-que nunca se paga bastante un poco de ilusión y el hallar á la vuelta
-más sabroso el familiar cocido.
-
-El Teatro Nacional va camino adelante. Ya sólo falta teatro, compañía
-y suponemos que no faltará dinero en el momento oportuno. Ahora, con
-toda seriedad. Dadas las condiciones del teatro en España, ¿conviene
-hacer del Teatro Nacional un teatro museo, sólo para la representación
-de obras consagradas, ó un teatro de ensayo, un teatro juvenil, para
-estrenar obras de autores noveles ó desconocidos? ¿Conviene formar una
-compañía de eminentes, ó una modesta, estudiosa compañía de conjunto?
-¿Conviene que el teatro sea aristocrático, literario ó popular? Yo
-creo que todo es compatible y para todo hay días y para todo debe
-haber autores y actores. Ni debe prescindirse de la aristocracia, ni
-de la intelectualidad, ni del pueblo. Pongan unos el dinero, otros la
-orientación, otros el entusiasmo. Condición primordial: la baratura. No
-es solo cuestión de arte, es cuestión de higiene. No es en el terreno
-artístico, es en el terreno económico en el que hay que combatir contra
-la chabacanería y la suciedad de un teatro que mancha las bocas y las
-almas de los niños y de las mujeres. Es preciso que «la órdiga» y
-«el pálpala» no sean ingeniosidades de salón y bailar el garrotín una
-gracia infantil. Y es preciso que las mismas señoras que en el Español,
-en la Princesa ó en la Comedia se asustan por muy poco, no vayan
-después con sus hijos á la sección vespertina de cualquier teatrillo
-con el pretexto de que los niños se divierten viendo las decoraciones
-y lo demás... Ellos no lo entienden, los pobrecitos. ¡Ni á ustedes
-tampoco hay quien las entienda, señoras mías!
-
-
-
-
-XXXIV
-
-
-Ante el triunfo de la República en Portugal, yo no pienso en si será
-el camino más corto para apresurar la vuelta del dictador Juan Franco,
-ni en la suerte del rey joven, víctima del sino fatal de una familia
-condenada á ser eterno Tántalo de tronos y coronas. ¡Triste rey! Con
-las mejores intenciones y deseos, sin duda; pero al que nunca llegó
-la luz ni el aire de la calle, como á tantos reyes, sino al través de
-aduladores, de ambiciosos y de intrigantes. A los reyes modernos no
-les faltan bufones á su alrededor; pero entre sus cascabeles no suena
-el cascabel de oro de la verdad, como solía en los antiguos hombres de
-placer sonar atrevido sobre los donaires y las chocarrerías. Pero, ya
-digo, en nada de esto pienso: sólo pienso en la alegría de un poeta.
-¡Qué feliz será á estas horas Guerra Junqueiro! Altísimo poeta, que has
-logrado lo que pocos poetas logran: ver realizado en la vida alguno
-de sus sueños; ¡que la realidad de esa República se inspire en tu
-poesía, oración á la luz, al pan, á los humildes de la tierra, al amor
-y á la Humanidad! Pero ¡ay, poeta! ¿No será la realidad el principio
-de la desilusión? Los hombres no se juntan para obras de belleza tan
-dócilmente como las rimas. Verdad es que cuando las rimas son bellas,
-es porque obedecen á un gran poeta, que es un dictador de genio.
-
- * * * * *
-
-Enrique Becque, el autor de _La parisienne_ y de _Los cuervos_ y
-de esos _Polichinelas_ tan traídos y tan llevados en estos días,
-como _Chantecler_ en los suyos, pasa por ser uno de los autores más
-desgraciados en su vida y sus obras. No lo creo yo así; antes me parece
-que ha habido pocos tan bien afortunados. Después de algunas obras
-insignificantes--un _Miguel Pauper_, que es un mal melodrama,--estrena
-_La parisienne_, que fué, en su estreno, lo que allí llaman un _four_
-y por acá un fracaso. Pero había que molestar á Sardou, á Dumas hijo,
-á los autores por entonces señores del teatro, y _La parisienne_ fué
-obra de lucha, alrededor de la cual se agruparon todos los autores
-fracasados y todos los que ni fracasar habían conseguido. No había
-autor silbado que no se condoliera diciendo: «¡También fracasó _La
-parisienne_!» No había aspirante á autor que, al serle rechazada
-una obra, no pensara: «¡Es claro: como fracasó _La parisienne_, las
-empresas no se atreven con una verdadera obra de arte!» Llegó á
-imponerse una reaparición de _La parisienne_. Los actores que habían
-estrenado la obra no habían acertado con el carácter del personaje;
-ahora es cuando se iba á ver la obra. En efecto; la representaron la
-Réjane, después la Després, después ¡qué sé yo! _La parisienne_ llegó
-á ser obra de concurso. La crítica ya no la discutía; daba por sentado
-que se trataba de una obra maestra, una obra clásica; el público se
-aburría siempre y las entradas no eran cosa mayor. En efecto; _La
-parisienne_, cuyo título ya es una calumnia que debiera ofender á las
-mujeres de París, no pasa de ser un buñuelo inflado; un asunto y unos
-personajes de comedianta, tratados con una prosopopeya y un empaque
-como quien dice: «Esto es ahondar en el corazón». Y toda la hondura es
-que una señora tiene tranquilamente un marido y dos amantes; para lo
-cual no hace falta ser _la parisienne_. En cualquier villorrio las hay
-más frescas y todavía dan menos importancia á esas alternativas.
-
-Con _Los cuervos_, dos cuartos de lo mismo. Otra obra maestra para
-los juramentados y otra tabarra para el público. Los intérpretes
-siempre de víctimas, porque siempre consiste en ellos que las pícaras
-obras no acaben de entrar y de imponerse á la admiración. ¡Digo, á la
-admiración! ¡Obras más admiradas! Dígase ahora si autor que con ese
-bagaje consigue ser indiscutible, tener estatua, que todos los años
-le representen las dos joyas--y ¿qué será el día en que, hartos los
-empresarios de probaturas, renuncien á representarlas y sólo por fe se
-le admire? ¡Qué Molière, ni que Racine!--puede llamarse desgraciado.
-Yo no conozco suerte literaria como la suya. Para que nada le falte,
-es casi seguro que, por fin, no se representa _Los polichinelass_. Con
-lo que todos irán ganando: los empresarios, el público y la gloria del
-autor.
-
- * * * * *
-
-Apuntando, apuntando, como los de Lumbiaque templaban, á unas
-Asociaciones, el Gobierno ha disparado sobre otras. Mientras de una
-parte todo son mitins, _aplechs_, procesiones y rogativas--no sabemos
-por qué motivos, pues los más impacientes por determinadas medidas
-bien pueden decir, como el personaje de la comedia: «¿Dónde me han
-besado, que no lo he sentido?»,--sin ruidos y sin amenazas previas,
-todo el rigor ha venido á caer sobre las Asociaciones que pudiéramos
-llamar pecaminosas. Quedan disueltas las comunidades femeninas. Desde
-ahora cada mochuelo á su olivo y un solo mochuelo en cada olivo. Pero
-¿habrá en Madrid bastantes cuartos desalquilados? Si agrupándose, para
-mayor facilidad de la existencia, ya no eran palacios las ordinarias
-viviendas de esas cofradías, ¿dónde irán á refugiarse ahora por
-sus pecados? Mal está el vicio en planta baja; pero mucho peor en
-guardillas y sotabancos. ¡Pobres mujeres! Se pretende librarlas de un
-mal y se las entrega, indefensas, á otros peligros.
-
-El matonismo, el robo, hasta el asesinato, hallarán ahora más
-facilidades para hacer sus víctimas entre esas desventuradas. Se invoca
-el ejemplo de otras grandes capitales. Pero en otras grandes capitales
-esas mujeres gozan de cierta consideración social. Aquí, gracias que
-muchas juntas pudieran defenderse. Aquí, donde no se respeta á las
-mujeres honradas, ¿qué será con esas infelices? El chulo, lo mismo que
-el señorito, tienen por gracia maltratarlas, burlarse de ellas; la
-autoridad siempre está en contra suya. ¡Valor necesita aquí la mujer
-para ser mala! La asociación era para ellas necesaria. Sin contar con
-que la virtud, como la inteligencia, á sí mismas se bastan; pero los
-malos y los tontos son los que necesitan agruparse. ¡Consuela tanto ver
-otros peores y otros más tontos!
-
-
-
-
-XXXV
-
-
-Todas las huelgas mayores ó menores, tan menudeadas en estos últimos
-tiempos por todo el mundo, no son más que ensayos parciales de la
-huelga general que tendremos más tarde ó más temprano y quizás cuando
-menos se piense. Es difícil saberse poseedores de una fuerza y resistir
-al deseo de ejercitarla y de probar hasta dónde alcanza. Unase á esto
-la infantil curiosidad, poderoso móvil de tantas acciones humanas; el
-«¿A ver qué pasa?», capaz por sí solo á desafiar y arrostrar todos
-los peligros que puedan amenazarnos y todos los males que puedan
-sobrevenirnos.
-
-Los síntomas son de que, tanto los amenazadores como los amenazados,
-unos por hacer alarde de su fuerza y otros de su resistencia, están
-deseando saber lo que pasa si la huelga general se declara. Tanto harán
-unos y otros que por fin se saldrán con la suya, y no tardaremos en
-enterarnos. ¡Triste tarea la de los gobernantes modernos, edificando
-sobre terreno movedizo, haciendo cuentas sin contar con lo imprevisto,
-previsores de guerras exteriores y sorprendidos por la guerra íntima!
-Y no hay duda: las huelgas son las guerras modernas, y de ellas deben
-preocuparse los Gobiernos más que de las dudosas conflagraciones
-internacionales. Las luchas futuras serán de clase, no de naciones.
-Un obrero chino será más compatriota de un obrero alemán que de un
-capitalista ó de un letrado de su nación. Un hombre de ciencia francés
-estará más cerca de un sabio japonés que de cualquier espíritu grosero
-entre sus compatriotas. Los espíritus se saludan por afinidades
-espirituales, no por la proximidad material. Como el beso de la dolora
-de Campoamor, injusticias y males repercuten muy lejos y unen en el
-mismo sentimiento de agravio y de dolor á los más distantes. Por eso
-los que aun crean que hay algo que defender, contra los que creen que
-todo hay que destruirlo, deben unirse espiritual y materialmente sobre
-naciones y fronteras; porque el enemigo está en todas partes. La idea
-de patria es valor que caduca, y pronto será tan anacrónico como el
-valor de las ideas religiosas. Razones sentimentales los sostendrán
-todavía sin virtud y sin eficacia. ¡Ay de los que no comprendan á
-tiempo la necesidad de sustituir esos valores por otros más eficaces
-para la defensa social! Suponiendo que la defensa social tenga valor
-alguno.
-
- * * * * *
-
-De las discusiones, protestas, querellas y disgustos promovidos
-por la distribución de premios en la Exposición de Bellas Artes,
-sólo puede deducirse una consecuencia: que las obras de arte no
-son para calificadas y premiadas como niños de colegio.--Por de
-contado que los niños tampoco debieran serlo como los cuadros en las
-Exposiciones.--¿Hay nada más ridículo? Fulanito, el primero; Menganito,
-el segundo de los primeros; después el segundo, el segundo de los
-segundos... ¿Hay quien crea que las obras de arte pueden calificarse
-tan rotundamente? ¿Se figuran ustedes el Museo del Prado sometido á una
-distribución de premios por el estilo? Y no vale argumentar con que
-el mérito extraordinario de casi todos los cuadros haría difícil la
-calificación; porque si es difícil calificar entre iguales por alto,
-tan difícil es calificar entre iguales por bajo. ¡Y no digamos entre
-medianos!
-
-Se dirá que sin esa formalidad de los premios sería difícil conseguir
-el objeto principal de las Exposiciones, que es el de señalar al Estado
-los cuadros que debe adquirir, si la protección á los artistas ha de
-ser efectiva. Yo creo que con las manifestaciones del público y de la
-crítica bastarían para una razonable orientación. En todo caso, sería
-preferible el sorteo; todo menos eso de los primeros, los segundos de
-los primeros y el primero de los segundos. Ya sé que es muy humano y
-satisface mucho á los entendimientos mediocres eso de que nos lo den
-todo numerado por orden de mérito. Hay quien pregunta: «¿Qué obra de
-Shakespeare es la mejor? ¿Cuál es el mejor cuadro de Velázquez?» Y
-¿qué pensarían ustedes del que se atreviera á señalar una sola obra de
-Shakespeare, un solo cuadro de Velázquez como superior en absoluto?
-
-De cualquier modo, y aun aceptando como mal menor ó necesario la
-calificación y numeración por un Jurado inteligente, probo y sincero,
-como lo son todos los Jurados hasta el día, de la adjudicación de
-premios, bueno sería que los jueces se atuvieran al mérito de las
-obras, dejando fuera de juicio las tendencias, el procedimiento y los
-medios de ejecución de las mismas. ¡Bueno fuera que en un concurso
-de obras dramáticas, por ejemplo, entre una mala obra realista y una
-excelentísima obra romántica ó imitación de nuestro teatro clásico, se
-premiara la mala obra por parecer más de nuestro tiempo ó por antipatía
-de escuela! Si la emoción y el sentimiento que inspiran al artista
-son sinceros, ¿ha de censurársele porque aun pretenda espiritualizar
-su obra, desligándola del tiempo y del espacio? ¿Es tan pronto para
-renegar de una tendencia artística que es la mitad del arte moderno?
-Mæterlink, Ibsen mismo, en la dramática; D'Annunzio y Anatole France,
-en la novela; Puvis de Chavannes y los prerrafaelistas ingleses, en la
-pintura... ¿Y en música? Debussy va á inspirarse en la música griega, y
-ya no hay música bastante antigua que pueda servir de refugio á los que
-reniegan de la música moderna.
-
- * * * * *
-
-El Ayuntamiento, como el corazón, según los franceses, tiene razones
-que la razón no explica. Entre tres proposiciones para la concesión del
-teatro Español, ha votado por la que menos esperaba todo el mundo. El
-espectáculo ha sido edificante; solicitado el teatro por el Estado, el
-Ayuntamiento desestima su pretensión, le trata de tramposo y declara
-que no se fía de él para nada. «Dijo la sartén al cazo...» ¡Qué buen
-efecto producirán en el país pagano esta armonía de relaciones y esta
-confianza mutua entre el Estado y el Ayuntamiento! Si el Ayuntamiento
-desconfía del Estado, ¿qué haremos los demás mortales? El que quiere
-honra, que la gane. ¿No es eso? Aparte esta pequeña desconsideración al
-Estado y á las buenas intenciones del ministro de Instrucción pública,
-sabemos que el teatro Español está en buenas manos. Se trata de una
-empresa artística con orientaciones modernas, abierta á la juventud;
-como debe estarlo el teatro Español, de donde debemos alejarnos los
-autores viejos y cansados para dejar paso franco á los que llegan.
-
-
-
-
-XXXVI
-
-
-Quede á salvo la buena intención del Congreso contra la trata de
-blancas. Pero ¿qué podrá una sola institución social para reprimir lo
-que tantas otras instituciones sociales son á fomentar? Medicinaremos
-lo sintomático y la enfermedad esencial continuará consumiendo el
-organismo.
-
-Para combatir la llamada trata de blancas hay que afrontar cara á cara
-la trata de negras, que es la trata de la mujer en general, por todas
-las leyes, instituciones y costumbres sociales. Quizás la trata de
-blancas sea la más dulce y favorable de todas ellas. ¿Qué ofrecemos
-á la mujer que mejor sea? ¿Trabajo? Que emancipe á la mujer de toda
-esclavitud económica, único medio de lograr su emancipación moral, sólo
-hay uno: el trabajo artístico, y para esto es preciso ¡ahí es nada! un
-gran talento y una gran voluntad. Aun así, ¿estamos seguros de que
-nuestro respeto y nuestra admiración acompañen siempre al triunfo del
-talento femenino? Sólo las grandes artistas del teatro consiguen ser
-admiradas por completo; y ¡cuántas veces la admiración á la belleza nos
-hace ser injustos con el talento! ¿No suelen estar mejor pagadas una
-cara bonita y unas lindas piernas que una clara inteligencia y un gran
-corazón?
-
-En las demás profesiones, en la misma profesión artística, cuando
-un poderoso talento no basta á imponerse por sí mismo, ¿qué llega
-á conseguir la mujer por sí sola, sin el favor y la protección del
-hombre, no siempre generoso, más bien tacaño, al remunerar con una
-colocación, á costa ajena, lo que hubiera debido pagar á su propia
-costa? ¿Cuántas serán las mujeres que hayan llegado á la independencia
-de una profesión lucrativa sin haber tenido que pagar servidumbre al
-antojo de un hombre?
-
-¿El matrimonio? Pero ¿quién dirá que se trata de un Sacramento de
-la Iglesia, instituído por Dios, cuando en sociedades que se dicen
-cristianas le vemos perseguido por todos los medios, como un vicio ó
-como un delito?
-
-A él se oponen leyes militares, prohibiendo el matrimonio de millares
-de hombres en lo mejor de su vida, en nombre de conveniencias sociales;
-á él se oponen leyes económicas, que mantienen en pobreza ó en escasez
-á los jóvenes en la edad más conveniente para el matrimonio; á él se
-oponen todos los egoísmos individuales engendrados por el gran egoísmo
-colectivo. Y salvadas estas dificultades, ¿qué es la mujer, con raras
-excepciones para cuentos y comedias morales, en el matrimonio? Animal
-de lujo en las clases altas; animal de cría en la clase media; animal
-de cría, de trabajo y de carga en la clase baja.
-
-¿Y quieren ustedes oponerse á la trata de blancas?
-
-¿En nombre de qué? ¿Qué ofrecen ustedes en cambio? La máquina de coser,
-la aguja y la plancha.
-
---Gracias--dirán las favorecidas.
-
-¿El matrimonio con el empleado con 1.500 pesetas ó el jornalero con
-tres pesetas?
-
---Muchísimas gracias--volverán á decir.
-
-Lo mejor que pueden ustedes ofrecerlas es un convento, como Hamlet á
-Ofelia.
-
-Y estos pícaros Gobiernos democráticos, con eso del «candado», no se
-preocupan más que de cerrar puertas sin abrir otras para dar salida á
-las pobres mujeres. Lo que dirá alguna, parodiando la altiva divisa de
-las Rohan: «Casada no puedo; trabajar no quiero... «blanca» me quedo.»
-Pero se están poniendo las cosas de un modo, que ni ese recurso les va
-á quedar á las pobrecillas.
-
- * * * * *
-
-El Ayuntamiento de Valencia ha desairado á los poetas, oponiéndose
-á la celebración del Congreso de la Poesía. ¡Gran injusticia! Pues
-no sabemos que ese Congreso reuniera menos condiciones de inutilidad
-que cualquiera otro de tantos Congresos como se reunen, á todas horas
-por esos mundos. Y ¿no es la inutilidad la primera y más estimable
-condición de estas juntas?
-
-¡Quién sabe si de éste hubiera salido algo práctico, por andar todo
-al revés en estos tiempos! ¡Tantos Congresos, de los que se esperaban
-grandes resultados prácticos, han venido á diluirse en la más vaporosa
-poesía!
-
-Pero bien empleado os está ¡oh, poetas! ¿Quién os manda poneros al
-habla con Corporaciones oficiales de ninguna clase? Y ¿qué íbais á
-hacer en Valencia, después de los cortesanos? ¿No sabéis que por donde
-ellos pasan ya no quedan flores, ni halagos, ni atenciones para los
-poetas? ¿Sabéis guiar un automóvil? No; porque ni habéis tenido nunca
-dinero para comprar uno, ni tenéis amigos que los posean. La gente
-adinerada no se trata con los poetas. Entonces... ¿qué íbais á pintar
-en Valencia? Ya iréis cuando tengáis más dinero. Para eso, dejaros por
-algún tiempo de hacer versos; haced algo más, como los poetas de...
-otras partes.
-
-
-
-
-XXXVII
-
-
-A la mayor parte de nuestras Juntas benéficas, ya sean de damas ó de
-caballeros, les sucede lo que al devoto del cuento en sus méritos
-para con Dios: lo que ganan por delante lo pierden por detrás. ¿Por
-qué reglamento rigorista ha de ser la Inclusa barrera infranqueable
-entre las madres y los hijos? ¿No debiera ser más bien lazo de unión,
-apartado de las miradas del mundo? No el alejamiento, la proximidad de
-las madres debiera solicitarse. El abandono del hijo es alguna vez,
-por monstruosa sequedad del corazón, cerrado á un instinto que hasta
-en los animales parece con delicadezas de sentimiento espiritual.
-Pero ¡cuántas veces es miseria, vergüenza, miedo!... Y ¿no debe ser
-la sociedad entonces, y las Juntas de damas benéficas sobre todo, las
-que, en vez de apartar á la madre como indigna, porque cedió á esas
-consideraciones sociales, procuren ser piadosos intermediarios, no
-como secuestradores, sino como guardianes de los pobres niños, que no
-serían entonces abandonados del todo y para siempre por sus madres?
-En vez de decirles: «Aquí dejas á tu hijo; no vuelvas á acordarte de
-él», decid: «Aquí tienes á tu hijo; acuérdate siempre; ven cuando
-quieras; defiende tu vida como puedas, nosotras defendemos la de tu
-hijo.» Sea la caridad nodriza, educadora; pero no pretenda ser madre
-mientras la verdadera madre no haya renunciado á serlo por monstruosa
-perversidad. No digáis á los pobres niños: «Vuestras madres fueron
-tan malas mujeres, que no supieron ser madres.» Decidles: «Vuestras
-madres eran tan pobres, que no podían teneros á su lado; compadecedlas
-mucho, como nosotras las compadecimos.» ¿Creéis que no sería mayor su
-gratitud y que no podrán fundarse mayores virtudes si ellos ven que,
-no sólo los guardasteis la vida, sino el amor de la madre? Reformad
-esos reglamentos, nobles señoras; un reglamento de un asilo benéfico
-no debe ser como un Código penal, en que siempre se mira al hombre
-como un presunto delincuente. No todas las madres que dejan sus hijos
-en la Inclusa son malas madres; muchas son madres pobres, y, en la
-duda, todas son ¡pobres madres! Tan difícil como hacer leyes desde
-los salones de un ministerio es difícil hacer reglamentos desde
-gabinetes perfumados. Sobre todo, leyes y reglamentos para los pobres y
-miserables de la tierra, por los que nunca supieron de pobrezas ni de
-miserias.
-
- * * * * *
-
-Las obras de la Gran Vía adelantan hasta el punto de permitirnos á
-los que nacimos á mediados del siglo pasado la esperanza de verlas
-terminadas. Pero he aquí que, al comienzo, surge el primer obstáculo.
-Entre los derribos yérguese altiva, desafiadora y elocuente como un
-símbolo nacional, una pequeña iglesia: la conocida vulgarmente por
-el nombre de Niñas de Leganés. No hay quien pueda con esas niñas. La
-piqueta derriba casas y casas, y el campanario de la iglesia cada vez
-más insolente y fanfarrón. Parece ser que no hay persona apta para
-tomar el dinero precio de la expropiación. ¡Por vida del inconveniente!
-Que se tratara de alguna manda ó donación, y veríamos si había personas
-aptas para embolsarse los cuartos. ¿Para qué están los señores jueces,
-más que para ser depositarios de los dineros dudosos? ¿Van á detenerse
-las obras por ese monumento nacional? A bien que se queda Madrid sin
-iglesias. Nuestros ricachones, por no imitar á los norteamericanos,
-que suelen dejar cuantiosas herencias á Universidades y escuelas, no
-saben cosa mejor que legarnos iglesias. A ninguno se le ocurre dejar
-unos cuantos millones para fundar un buen periódico de la buena Prensa,
-atendiendo las exhortaciones del señor obispo de Jaca, que sabe muy
-bien dónde le aprieta la mitra y que á Dios rogando y con el rotativo
-dando. Además, el mayor número de iglesias no contribuye en nada á la
-conversión de incrédulos; mientras que un buen periódico que diera
-buenos sueldos á los redactores, contribuiría grandemente. Ya sabemos
-que aquí nadie tiene sueldo por tener estas ideas ó las otras; pero
-¡ideas por tener un sueldo!...
-
- * * * * *
-
-El arte moderno se desvive por la originalidad; la acusación más
-ofensiva para un artista es la de plagiario: _Il nous faut du nouveau
-n'en fut il plus au monde_. Y, sin embargo, las novedades apenas llaman
-un día la atención y las obras que se perpetúan son menos que plagios:
-plagios de plagios, imitación de imitaciones. La humanidad, como los
-niños, prefiere el cuento cien veces oído. Las obras inmortales son
-aquellas en que sus autores acertaron á contar del mejor modo las dos
-docenas de cuentos que interesan á todos. ¿Es otro secreto de la gloria
-de Shakespeare? Cuentos sabidos, de una sencillez de asunto y de una
-psicología primitivas. Obras que pueden representarse ante el auditorio
-más ignorante como ante el más docto.
-
-Y nuestro _Don Juan Tenorio_, el de Zorrilla, que acertó á contar
-el cuento al gusto español y popular, ¿no es el mejor ejemplo y la
-mejor lección para los originales y noveleros? Hoy tememos demasiado
-á tocar esos asuntos universales vulgarizados, y renunciamos tal vez
-á escribir las mejores obras. ¿Quién se atreve á escribir otro _Don
-Juan_, otro _Fausto_, otro _Romeo y Julieta_? Verdad es que la crítica,
-interponiéndose á cada paso del arte entre el artista y el público,
-opone la terrible acusación de plagio ó de osadía. Pero hay que tener
-todas las osadías, la del plagio en primer lugar, y la de pasar por
-encima de la crítica, para llegar directamente al alma del público.
-Esta fué la mayor hazaña de _Don Juan Tenorio_; por ella le vemos todos
-los años en escena triunfar de muchas novedades originales, y, cuando
-todas ellas hayan caído en el olvido, _Don Juan Tenorio_, plagio de
-plagios, imitación de imitaciones, sobrevivirá como uno de los pocos
-cuentos interesantes que un gran poeta se atrevió á contar nuevamente
-sin el temor de parecer plagiario.
-
-
-
-
-XXXVIII
-
-
-Es sabido que, á la entrada de todos los inviernos, las señoras hablan
-de los vestidos que han de encargarse; los empresarios de teatros,
-de las obras con que cuentan, y los gobernadores de Madrid, de la
-extinción de la mendicidad. De todos estos programas, el único que
-suele cumplirse, y con creces, es el de la indumentaria femenina, dicho
-sea en honor de la mayor constancia del sexo débil en sus propósitos
-y determinaciones. Los empresarios estrenan lo que pueden, que no es
-siempre lo que quisieran; en cuanto á la extinción de la mendicidad...
-no pasa de conversación en que luce el ingenio de unos cuantos
-arbitristas, verdaderos ángeles de la caridad... con el dinero ajeno.
-Y he aquí la primera dificultad en estas andanzas benéficas: que todos
-piensan el mejor modo de sacar los cuartos á los demás y nadie quiere
-sacar un céntimo de su bolsillo. Por lo pronto, el señor gobernador
-había pensado en añadir un nuevo impuesto sobre las localidades de los
-teatros, por ser cosa de lujo y nada necesaria, en opinión de dicha
-autoridad. En efecto, así como indispensables para la vida... Pero
-si argumentamos en lo necesario, ¿son tantas las cosas, en verdad,
-necesarias? Tal vez no lleguen á la media docena, y tal vez no estén
-entre ellas los gobernadores civiles. Considerando el teatro por la
-parte del público, sí que es un lujo bien innecesario, como tantas
-otras industrias, si sólo atendemos á los que se gastan el dinero en
-disfrutar de los productos y no á los que se ganan la vida trabajando
-para producirlos. De un lado está el lujo; de otro la necesidad...
-¡Habría que ver los apuros del señor gobernador si en un día todos los
-empresarios de Madrid acordaran suprimir ese lujo, cerrando todos los
-teatros! No serían las damas elegantes ni los caballeros distinguidos,
-ciertamente, los que irían en manifestación lujosa á pedirle solución
-al conflicto; la gente adinerada es la que mejor puede pasarse sin
-teatros. La sorpresa del señor gobernador sería muy grande al ver
-miles de hombres y mujeres humildes clamando por el pan de sus hijos.
-Es achaque de los grandes hacendistas que nos gobiernan creer que los
-impuestos sobre los artículos de lujo los pagan los ricos. «Aquí, que
-no peco», se dicen... Los impuestos los paga siempre el que trabaja y
-produce. No es al que gasta y emplea su dinero en lujos ó en caprichos
-al que habéis de castigar con nuevas contribuciones; que esos, al fin,
-dan de comer á mucha gente y hacen circular el dinero, sino á los que
-guardan y atesoran dinero, improductivo y cobarde; dinero antisocial y
-antipatriótico; dinero de vagos, que deben ser tan perseguidos como los
-otros vagos de la mendicidad callejera.
-
- * * * * *
-
-La familia y los admiradores de Tolstoi no ganan para sustos. ¡La
-guerra que dan estos apóstoles! Tantos disgustos trae á las familias
-la extremada virtud de uno de sus miembros, como el vicio más
-desordenado. Cierto que es de mucho gusto para los descendientes
-contar con un santo de la familia en el calendario; pero los infelices
-parientes contemporáneos pasan el sino. Vean ustedes este venerable
-conde de Tolstoi, que acaba su vida como la empezó aquel perdulario de
-Verlaine, escapándose con un amigo. Claro es que los motivos son muy
-diferentes; pero el disgusto para la familia es el mismo. ¡La pobre
-condesa! Ya le decía ella á cierto escritor inglés que fué á visitar
-al conde con intención de escribir un estudio sobre su persona y sus
-obras: «¿Quiere usted saber lo que piensa mi marido? Pues ya tiene
-usted trabajo, porque cada día piensa una cosa.» Y la posteridad será
-tan injusta que acaso cuente en el número de los santos al conde y se
-olvide de la pobre condesa.
-
- * * * * *
-
-Ni el triunfo de una obra de cierto género supone el triunfo de todas
-las obras del mismo género, ni mucho menos el fracaso de todas las
-obras de un género contrario. El Arte es furiosamente individualista,
-y en él sí cada palo aguanta su vela. Hoy ríe el público con una
-obra cómica y mañana llorará con un drama. Lo de «El público lo que
-quiere es reir ó lo que quiere es llorar, ó quiere obras de tesis,
-ó quiere obras ligeras, ó que no quiere el verso, etc., etc.», son
-otras tantas vulgaridades. El público quiere obras de todas clases,
-cuando le divierten ó le emocionan. Ni es una novedad que alternen
-obras serias con obras regocijadas en los carteles. El teatro de la
-Comedia fué siempre de los más eclécticos. Allí se estrenaron los más
-caricaturescos _vaudevilles_ franceses y las obras de Dumas y Sardou,
-última palabra, en sus tiempos, del teatro «serio». Después hemos
-alternado en la mejor armonía autores de las más opuestas tendencias,
-y el público nunca tuvo preferencia por géneros ni por autores, sino
-por obras. Es de esperar que todo seguirá lo mismo. El público aplaude
-y ríe con _Genio y figura_ porque la obra lo merece, y volverá á
-aplaudir y á reírse cuantas veces acierten los autores cómicos, como
-bostezará ó se estará en casa cuando no acierten á interesarle los
-autores serios. Los fracasados son los que creen que cuando su obra
-ha fracasado ha fracasado todo un género... Nada de eso; en Arte no
-hay solidaridad que valga. Cada uno es cada uno. El público no sabe
-de nombres genéricos; sólo sabe de nombres propios. No hay, pues, por
-qué gritar: «¡Al arma, al arma!», y dejen los bien intencionados de
-meter cizaña entre los autores; haga cada cual lo que sepa y pueda, sin
-preocuparse de lo que hace el vecino. El verdadero vecino de enfrente
-es el público. En la Comedia francesa, el teatro más serio del mundo,
-después de una grave tragedia de Corneille, se representa el _Monsieur
-de Pourcegnag_, de Molière, la más grotesca farsa que puede darse, con
-sus boticarios jeringa en ristre corriendo por el patio de las butacas,
-y nadie se alarma y todo está bien, y ni Corneille ni Molière ni la
-seriedad de la Comedia francesa desmerecen por ello.
-
-
-
-
-XXXIX
-
-
-Discusión digna de los mejores tiempos de Bizancio ha sido la originada
-por el aumento del impuesto sobre legados á favor del propio testador;
-sobre todo, si son en provecho de su alma; que si algo deja para
-vanidades corporales, como embalsamamiento, entierro de lujo, mausoleo
-ó erección de cuanto cabe erigírsele á un difunto, allá el demonio ó la
-Hacienda con ello, que eso importa poco; al fin, todo será economizar
-un poco en estas materialidades póstumas. Pero si se trata de misas,
-oraciones y preces, ¡qué terrible responsabilidad la del señor ministro
-de Hacienda si, por disminuir con el impuesto la cantidad que debió
-aplicarse á los sufragios, el alma de algún difunto se ve privada del
-descanso eterno! Nadie mejor que el interesado puede saber el número
-de misas y de responsos que necesita, y es gran maldad entrometerse
-en esta administración que sólo corresponde á lo eclesiástico; que
-por algo cuando se deja á un moribundo bien dispuesto para el último
-trance, suele decirse que le han administrado. Y ahora cuántas almas,
-como la de Garibay famosa, vagarán sin reposo á falta de ese dinerillo
-interceptado por el Fisco. ¡Ay del señor ministro de Hacienda si dan en
-aparecérsele y en atormentarle tantas almas en pena! Ya, por lo pronto,
-anticipándose á los muertos, claman los vivos, precisos intermediarios
-en estas operaciones de salvamento de almas. Es triste cosa que todo
-negociado espiritual haya de traducirse en algo material y palpable.
-Por eso el señor ministro de Hacienda debe tranquilizar su conciencia,
-pensando que todo es cosa de almas, y que el alma de España, ese alma
-tan cantada en discursos y poesías, también tiene sus necesidades y
-que su espiritualidad sólo puede mostrarse por medio de organismos
-materiales que cuesta mucho dinero sostener. Y ¿de dónde sacarlo que
-menos duela que de las almas pecadoras? ¿Qué son unos años más de
-purgatorio ante la eternidad? Sobre que en muchos casos, al cobrar la
-Hacienda el impuesto de estos muertos piadosos, acaso no hará más que
-reparar un olvido de restitución y todo será para bien de las almas. En
-cuanto á los intermediarios, si tanto se preocupan por la salvación del
-difunto, no tienen más que rebajar los precios; después de todo, las
-oraciones no cuestan tanto trabajo. Todo menos que los muertos anden
-por el ministerio de Hacienda; porque los hay que, muertos y todo,
-harían inútiles las habilidades financieras del señor ministro para
-sacarles los cuartos.
-
- * * * * *
-
-Una frase poco meditada, de una obra teatral, ha indignado á los
-estudiantes de Medicina. La frase mortificante era injusta sobremanera,
-y los autores han sido los primeros en declararlo lealmente,
-apresurándose á retirarla de la obra en cuestión. Es de esas frases que
-sólo tienen disculpa en el natural deseo en todo autor de halagar al
-auditorio á quien se dirige. Cierto que más debían meditarse cuando es
-menos ilustrado y menos puede pesar el pro y el contra. Justamente la
-clase médica es la más altruísta y desinteresada. En ninguna profesión
-se prodiga tanto la asistencia gratuita, y no hay médico, alto ni
-bajo, que al cabo del año no haya asistido á mayor número de enfermos,
-por amor á la humanidad, sin estipendio alguno, que á ricos clientes,
-buenos pagadores. Esto sin contar á los médicos de partido, verdadero
-apostolado de la Ciencia, indignamente retribuído. De modo que esos
-cadáveres destrozados no aprovechan solamente á los ricos, ni ¡qué
-mejor empleo puede tener un cuerpo muerto que servir al estudio y á los
-progresos de la Ciencia! Poco tiempo hace que un ilustre profesor de la
-Facultad, con admiración de todos, legó su cuerpo para tan altos fines.
-
-Ahora, que los estudiantes, una vez retirada la frase, no debieron
-extremar su protesta. La frase era poco razonada; bastaba protestar
-contra ella con razones. No es conveniente sentar precedentes para
-otras protestas, que harían imposible toda crítica social en el teatro,
-en el libro y en el periódico. Ello ha sido que el incidente ha venido
-á parar en recordarnos uno de los más graciosos lances de Don Quijote:
-los autores arremetían contra los estudiantes, los estudiantes contra
-la Policía, y el señor Méndez Alanís contra el Gobierno. Por fortuna,
-no hemos llegado á la conflagración europea.
-
- * * * * *
-
-En estos tiempos de mal entendida democracia, en que á duras penas
-se tolera que nadie se distinga, ni sobresalga, ni tenga iniciativa
-propia, y todos pedimos esa modestia que es el uniforme gris de los
-que no pueden ir mejor vestidos, nadie sabe el valor que supone la
-decisión de los hermanos Quintero al proponerse por su cuenta, á costa
-de su trabajo y sin otra cooperación que la del público, levantar un
-monumento al poeta de la Juventud y del Amor; que, por ser el poeta de
-una edad que es de todas las vidas, ha de ser un poeta de todas las
-edades del mundo.
-
-Los que alguna vez hemos proyectado alguna idea generosa y pronto
-nos arrepentimos de ella como de una falta, desalentados ante la
-hostilidad de los unos, la indiferencia de los otros, el comentario
-burlón ó malicioso, que no dejan de suponer miras interesadas ó, por
-lo menos, afán de notoriedad--¡gran pecado para los que no pueden
-significarse á no ser en clase de mosquitos ó cualquier otro insecto
-molesto!,--sabemos lo que supone la ilusión, la valentía de los
-hermanos Quintero en su noble empresa.
-
-El público ha respondido y responderá generosamente en todas partes.
-Alguna lamentable abstención pudiera notarse; esperemos que se
-enmendará á tiempo.
-
-Sólo deseo á los aplaudidos autores que esa fe y esas ilusiones de su
-juventud no les falten nunca y no lleguen á sentir jamás, ante las
-ruindades de tantos tristes del bien ajeno, la tristeza incurable, por
-ser más noble, que produce en los espíritus generosos el mal ajeno.
-
-
-
-
-XL
-
-
-La conferencia de Ramiro de Maeztu, en el Ateneo, ha sido, y será por
-muchos días, tema preferente de discusiones. Inequívoca señal de su
-mérito y de su importancia. Vibrante síntesis de nuestra vida nacional
-fué la conferencia; tal vez con más apasionamiento que serenidad; pero
-¡dice tan bien un noble apasionamiento cuando de algo que mucho nos
-importa se trata! Quede la plena serenidad intelectual para cuando
-hayamos de ser árbitros ó jueces en extraños asuntos; pero ¿cómo no
-poner calor del corazón en asunto tan propio?
-
-Fueron las palabras de Maeztu el mejor espoleo para los espíritus
-dormidos, tardos ó cobardes: el mejor lazo para unir á los que,
-despiertos y fuertes, malogran, no obstante, sus alientos en el
-soberbio individualismo solitario. A los españoles, más que á nadie,
-conviene tener presente aquel apólogo oriental en que un padre muestra
-á sus hijos cómo un haz de mimbres apretado no puede romperse y qué
-fácilmente se quiebra cada mimbre, separado del haz, uno por uno.
-
-Aunque á ratos pudiera dolernos y aunque algo en el fondo de nuestra
-conciencia protestara, bien hizo Ramiro de Maeztu en cargar la mano
-sobre los intelectuales, ya que á ellos se dirigía desde la tribuna del
-Ateneo. Hubiera sido flaqueza impropia de su espíritu independiente y
-concesión que no hubiera admitido su auditorio, incurrir en la fácil
-complacencia de esos predicadores que truenan contra los vicios del
-siglo; pero tienen la dulce oportunidad de tronar contra los pobres en
-iglesia de ricos, y al contrario. Ellos no faltan á la verdad en ningún
-sitio; pero les falta la verdad del sitio, que es un modo de faltar á
-la verdad como si se mintiera.
-
-Los intelectuales oyeron sus verdades, y muy duras verdades. Algo puede
-decirse, y alguien lo dirá, en descargo suyo. Ahora, justo es también
-que los obreros oigan las suyas, y las mujeres, y la aristocracia, y
-que las palabras de verdad no sean perdidas; porque palabras nos vienen
-de todas partes, pero ¿de dónde vendrá el ejemplo? ¿Qué serían los
-Evangelios sin Pasión y sin Muerte? Oratoria, poesía... bellas palabras.
-
- * * * * *
-
-El Manzanares es digno río de la capital de España. Como la vida
-española, no tiene término medio: ó no se le siente vivir, ó da fe de
-vida turbulenta. Los Gobiernos pueden aprender en los ríos el mejor
-modo de gobernar á los pueblos. Canalizar es la mejor política. En lo
-espiritual y en lo material, tan dañosa es la sequía, por infecunda,
-como la inundación, por destructora. La inundación siquiera, como las
-revoluciones, si destruye al pronto, tal vez fecundiza para más tarde.
-Pero ¡pobres tierras las que todo lo esperan de la inundación ó de las
-revoluciones! ¡Dichosas las que ven regar sus campos regularmente por
-encauzadas y tranquilas aguas!
-
- * * * * *
-
-Me parece muy bien que algunos críticos, fervientes devotos de la
-amable bagatela, dediquen columnas de encomiástica prosa á la tiple de
-sus simpatías y al garrotín de sus aspiraciones. Pero no me parecería
-mal, porque no creyéramos tan pronto que el instinto del pudor había
-desaparecido aunque haya venido muy á menos, que á la representación de
-_La vida es sueño_, en el teatro Español, se le concediera un poco de
-atención entretanto.
-
-Se protesta, con la boca chica, contra la invasión de la ola verde y la
-ola que pasa de castaño oscuro, y de si aquí no se hace arte como se
-debe, y de si acá se debe porque se hizo arte; y, para una vez que se
-presenta ocasión de celebrar una noble tentativa artística, silencio ó
-discreción con sordina parecida al silencio.
-
-_La vida es sueño_, no representada en el teatro Español con frecuencia
-desde los tiempos de Rafael Calvo, ha sido ahora muy decorosamente
-presentada, revelando una cuidadosa dirección escénica. Ricardo Calvo
-es el mejor Segismundo que hemos visto, después del inolvidable Rafael
-Calvo, el actor de nuestra juventud y de nuestros entusiasmos. Los
-demás actores componen un excelente y armónico conjunto. La obra... no
-es para morirse de risa; pero puede oirse todavía. Algunas de antes
-de ayer están más viejas. En fin, que por mucho menos, pero muchísimo
-menos, hemos leído sartas de elogios que siempre quisiéramos ver más
-justificados que la parquedad de ellos en esta ocasión.
-
- * * * * *
-
-Nos extrañaba que las calles de Madrid estuvieran tan sucias. Ahora
-nos extrañará verlas alguna vez medio limpias. Nos hemos enterado de
-que, para poner remedio á la suciedad, cuenta el Ayuntamiento con 80
-barrenderos... para todo Madrid. ¡Eso es lujo! ¡Vaya, que si no se
-puede comer sopas en esas calles!... ¿Para cuándo esa subvención á la
-capital? ¿Cuándo se convencerán los Gobiernos de que con calles limpias
-y carreteras bien cuidadas y bonitos paseos, estaríamos tan á gusto,
-aunque nos suprimieran las garantías constitucionales, que no son de
-uso tan constante y necesario?
-
-¡Estas calles de Madrid!... Créalo el Gobierno: hoy por hoy, es la
-única oposición seria con que cuenta. Una vez arregladas y limpias
-¡ríase el Sr. Canalejas de los quinquenios conservadores!
-
-
-
-
-XLI
-
-
-Cuenta Gracián en su _Criticón_--perdone _Azorín_ que me entre por sus
-dominios--que, cuando españoles, portugueses, ingleses y holandeses
-descubrían y se posesionaban de vastos territorios en el Nuevo Mundo,
-acudió Francia en queja al supremo tribunal de la justicia divina,
-lamentándose de haber sido olvidada en el reparto. Y el alto tribunal
-contestó á la querella: «¿Y qué necesidad tienes, ¡oh, Francia! de unas
-Indias? ¿No tienes ya bastantes Indias con España? Toda su riqueza y
-la de sus Indias viene, al fin, á ser tuya; que los españoles te la
-ofrecen gustosos, á cambio de tus baratijas.»
-
-Aparte de que Francia no se halla hoy tan desprovista de territorios
-coloniales, nuestra situación tributaria no ha cambiado mucho, y aun
-somos unas ricas Indias para nuestra buena vecina y no tan buena
-aliada. Hasta el premio «gordo» de Navidad aprendió el camino, y este
-año se pasó á los franceses. ¡Hay para armar otro Dos de Mayo! Tal vez
-más justificado que el otro, que, al fin, entre unos buenos millones
-y unos infantes simples no hay comparación posible. ¡De salud sirvan!
-_¡Bon profit, messieurs!_ Y á ver si alguna de nuestras Oteros de
-exportación es la alcaldesa de Mostóles de esos milloncejos, y algún
-_maquereau_ de casa, que también los exportamos excelentes, se encarga
-de reintegrarnos, en todo ó en parte, de ese renegado premio. Pero ya
-verán ustedes como lo único que nos llega, en compensación, es algún
-artículo de costumbres españolas poniéndonos de vuelta y media por la
-inmoralidad de nuestra lotería.
-
- * * * * *
-
-Nadie más obligado que los tradicionalistas á celebrar las fiestas
-tradicionales, y así la minoría parlamentaria, representante de las
-viejas ideas, no ha querido que se suspendieran las sesiones de Cortes
-sin hacer la Pascua y sin dar su inocentada. La sesión permanente ha
-tenido de una cosa y de otra. Por fortuna, los señores diputados son
-gente de buen humor y se han divertido en la sesión nocturna más que
-un hortera en baile de máscaras. Chirigotas, cuchipanda, amiguitas
-en la tribuna; no han faltado más que las serpentinas. Y los de la
-obstrucción, ¡Jesús, qué graciosos! De público, muy bien: todo el
-de las últimas secciones de los _cines_. Con sesiones nocturnas
-tan divertidas se acababa con la inmoralidad de esos espectáculos,
-corruptores de la ancianidad y que tantas falsas alarmas pueden
-producir en algunos apacibles tálamos. Los de fuera, que en este caso
-es el público que paga, pensando, aunque la ley del «candado» sea muy
-conveniente, que tal vez no fuera malo una ampliación aplicable á
-ciertas agrupaciones y á algunos oradores.
-
- * * * * *
-
-A propósito de inmoralidad y de candados. Distinguidas señoras
-pretenden que los Poderes públicos intervengan en la moralización
-del teatro. ¡Ay, señoras mías! Y ¿quién tiene la culpa de eso que
-ustedes llaman licencia y escándalo? Pues la educación que dan ustedes
-á sus hijos. ¡Cómo!--exclamarán ustedes, indignadas.--¡Una educación
-cristiana, en colegio de Padres religiosos! ¿A eso llama usted mala
-educación? ¿Esa puede ser la causa de que una señora decente no pueda
-siquiera leer los anuncios de la sección de espectáculos? Sí, señoras
-mías, nobles y honestas damas: la Iglesia, que en otro tiempo tuvo
-manga muy ancha con el Arte y era maestra y depositaria de buena
-literatura, hoy más que nunca, asustadiza de la funesta manía de
-pensar, no educa el gusto ni el sentimiento artístico de los jóvenes
-encomendados á sus enseñanzas; anatematiza todo arte, toda literatura
-que no sea de propaganda en favor de sus ideas, cada vez menos amplias,
-más intransigentes. En sus clases de literatura se habla más del Padre
-Coloma que de Cervantes; no se inspira afición y respeto, sino horror
-y desconfianza á los nombres más ilustres y gloriosos. Mientras la
-sujeción y la tutela de los maestros dura... menos mal: no leen á
-Pérez Galdós; pero tampoco van á recrearse con una de esas empecatadas
-obrillas de título equívoco y de inequívoco mal gusto. Pero al verse
-libres, ¿qué tendrá mayor atracción para ellos? ¿Una obra de verdadero
-arte, que no sabrán apreciar porque no les educaron el gusto para ello,
-ó el espectáculo grosero, el de los chistes á su alcance, del que nadie
-les apartó con energía porque una blanda absolución les tranquilizó
-antes por este pecadillo que por la lectura de una obra enemiga?
-¿Qué importa que la carne se turbe si no se turba el pensamiento? Lo
-que los buenos Padres quieren son almas y pensamientos... lo demás
-¿qué importa? Lo demás se lava y se plancha y queda como nuevo para
-un matrimonio ventajoso, para un alto cargo y, sobre todo, para un
-ejemplar testamento con especiales mandas y legados piadosos.
-
-Hay una juventud incapaz de sentir emociones de arte, porque no la
-educaron en el sentimiento de sus delicadezas. No os quejéis á los
-Poderes públicos, señoras mías: tenéis los hijos que os merecéis,
-y vuestros hijos tienen los espectáculos que se merecen. El Arte en
-general, el teatro en particular, no son causa de nada; son el efecto
-natural de muchas causas.
-
-¡Ah! El año pasado tuve, con el concurso de otros autores, el costoso
-capricho de iniciar un teatro para niños. No solicitamos licencia del
-ordinario, ni pedimos el visto bueno de ninguna cofradía, porque no hay
-conciencia, por enlodada que estuviera al roce de las miserias humanas,
-que no sepa por sí misma, bien claramente, el respeto que se debe al
-alma de un niño. Acudieron madres y niños de la clase media y de las
-clases populares... A la sociedad elegante no tuve el gusto de verla
-por allí. Sus automóviles y sus coches lujosos estaban á la puerta de
-otros teatros de garrotín y desvergüenza. Se comprende que acudan á que
-la autoridad les moralice el teatro los que no saben contenerse en su
-curiosidad por las inmoralidades.
-
-
-
-
-XLII
-
-
-Si por bohemia se entiende independencia de nuestro espíritu, amplitud
-de nuestra vida, nunca subordinada á un solo medio social; personalidad
-tan enérgica que pueda comprender mil distintas personalidades, sin
-que nuestra propia personalidad se pierda hasta desaparecer entre
-todas ellas; simpatía por cuanto existe, sin resignación á que todo
-siga existiendo lo mismo, si la bohemia es lucha y rebeldía y fuerza
-y vida... cierto es su encanto. Pero si la bohemia es sólo necesidad
-hecha vicio, que nunca de la necesidad se pudo hacer virtud; si es
-limitación de nuestra vida á un solo medio miserable, desordenadamente
-ordenado en la monotonía de vagar por los mismos lugares, entre las
-mismas gentes; si es flojedad y desmayo y sumisión y abdicaciones y
-miseria, en fin, espiritual y física, no habrá quien nos persuada de
-sus encantos, ni en prosa, ni en verso, ni con música.
-
-Si la realidad es pobreza y fealdad, no es de alma artista someterse
-á ella. Los artistas están obligados á la lucha, á influir sobre la
-realidad hasta transformarla, infundiendo en ella el espíritu de sus
-ideales. Deber es del artista conquistar la riqueza. La vida sólo
-será lo que debe ser cuando la riqueza sea de los poetas. La poesía
-será entonces acción y vida y entonará sus estrofas en ciudades de
-arte, limpias, sanas, alegres, risueñas; en jardines de encanto, en
-monumentos de gloria, con bellas criaturas de selección espiritual y
-física. No despreciéis la riqueza ¡oh, artistas!, que harto tiempo ha
-sido de los bárbaros, muy satisfechos con que vosotros ponderéis los
-encantos de la bohemia mientras ellos gozan de todo, sin compartir sus
-goces más que con unos cuantos artistas domesticados, que se complacen
-en enseñar á sus amigos para darse tono de protectores del Arte. Y
-mientras vosotros no tengáis palacios, ni deis fiestas en ellos, ¿cómo
-vais á convencer á nadie de que no son ellos los que no quieren
-recibiros á vosotros, sino vosotros los que no os dignáis recibirlos á
-ellos?
-
- * * * * *
-
-No recuerdo si lo soñé ó me lo contaron. Fué un escritor, muy discutido
-en sus comienzos, que, por lo mismo, tuvo muchos admiradores: unos,
-jóvenes animosos como él; otros... esos que hallan en lo infructuoso
-de una labor combatida el mejor pretexto para no hacer ellos nada;
-otros, los muchos fracasados, que pretenden justificar con el fracaso
-de una obra ajena el fracaso de toda su obra. Todos estos admiradores
-admiraban más al escritor cuanto más combatido era. Cuando, por
-su trabajo y su constancia, llegó á tener verdadero público, los
-admiradores se desilusionaron: ¡Cómo! ¿Es posible? ¿Le gusta al
-público? ¡Qué indignidad! Es que ha caído en la bajeza de hacerle
-concesiones; ya no es el mismo. Y los admiradores le increparon por
-haberles hecho traición. Si era para todos, ya no podían ellos presumir
-de superiores al admirarlo. Ya no tuvo admiradores fieles más que
-en sus fracasos; cuando no hacía concesiones al público. Si alguna
-vez, por descanso ó por capricho ó por necesidad, escribía una obra,
-sin más pretensiones que la de ganar algún dinero, aunque en ella no
-ofendiera gravemente su sentimiento del arte, los fieles admiradores
-no podían consentirlo y eran los primeros en protestar iracundos: ¡Qué
-indignidad! ¡Viene á buscar dinero! Y ellos, con sus protestas, eran
-los primeros en impedir que tan natural propósito, y por tan inocente
-medio, se lograra. Así, tuvo que resignarse á no tener dinero en su
-vida, para satisfacción de sus admiradores. ¿Buscarlo por otros medios?
-Menos aún; sus admiradores no lo consentirían: su deber era hacer
-Arte, Arte puro... Cuando murió... los admiradores acordaron costearle
-un monumento; se reunió poco dinero, y los admiradores acordaron que
-aquello era una indignidad. Para hacer mal las cosas, más valía no
-hacerlas. El monumento había de ser magnífico, ó no sería... Y no fué,
-en efecto. Los admiradores velaban fielmente su gloria póstuma como la
-velaron en vida.
-
-No sé si lo soñé ó me lo contaron; pero siempre que recibo alguna carta
-firmada por «Un admirador», me echo á temblar recordando la historia de
-aquella víctima de sus admiradores. Todas las cartas así firmadas son
-de alguien que pretende administrarnos la hacienda, la moral, el buen
-humor, lo que ellos llaman nuestros prestigios, nuestra vida pública
-y nuestra vida privada... No ¡por Dios!, señores; yo no quiero ser
-admirado á todas horas ni en todos los actos de mi vida; que descanse
-vuestra admiración y que me deje descansar. No me escriban ustedes
-cartas; porque desde ahora no leeré ninguna que traiga por firma el
-consabido «Un admirador» como no incluya un billete de 1.000 pesetas;
-única prueba de verdadera admiración que me ofrece alguna garantía y
-justa compensación del dinero que me habrán ustedes impedido ganar por
-admirarme demasiado.
-
- * * * * *
-
-Cuando creemos haber hecho todo lo posible por remediar las mayores
-miserias, siempre nos queda el desconsuelo de no haber remediado una:
-la ingratitud. Los bienhechores deben contar con ella y compadecer
-doblemente al ingrato. ¡Qué horrible debe ser la pobreza, cuando así
-llega á entumecer el corazón!
-
-
-
-
-XLIII
-
-
-La regia munificencia ha dado una oportuna lección á la Real Academia
-Española. Arbitro, administradora y dispensadora de premios, padece la
-ilustre Corporación, como vieja tacaña, la manía de hacer comiditas
-con las cantidades confiadas por gentes respetuosas de los prestigios
-oficiales, á los buenos oficios y mejor voluntad, de la sabia y la
-docta del esplendor, el brillo y la fijeza.
-
-¡Dos mil pesetas para un solo escritor!--habrá pensado la vieja
-rica.--¿Para qué necesita tanto dinero un hombre solo? Y ¡literato y
-poeta! Para que se acostumbre mal ó lo eche en vicios, como adquisición
-de libros, viajes ó cualquier otra perturbación de la inteligencia.
-Nada, nada; con 1.000 pesetitas á cada uno, podemos hacer á dos
-felices. Y mucho es que no han repartido la cantidad en bonos de
-á peseta para dar un día feliz á toda la bohemia literaria. Bien
-está que, entre los académicos, haya quien disfrute, por diferentes
-conceptos y prebendas, pingües beneficios, sin pensar en repartir de
-ellos; pero esos otros escritores de la calle... ¿para qué quieren
-el dinero? El dinero embota el entendimiento; lo saben bien muchos
-académicos. La necesidad sirve de espuela al ingenio; el dinero, tal
-vez sólo de albarda.
-
-Recuerda _Parmeno_ en el _Heraldo_ que los académicos están encargados
-también de conceder algunos premios á las mejores obras dramáticas
-escritas ó publicadas cada año, y que este premio no se ha concedido
-desde muy larga fecha. ¿Por qué? La suspicacia de _Parmeno_ señala los
-motivos probables. Fuera ridículo no recoger la alusión á mi persona,
-por la modestia de no aceptar un adjetivo laudatorio. Pero yo creo
-que _Parmeno_ está equivocado. Para optar á esos premios es condición
-precisa que el autor, por sí mismo ó por otra persona, la presente y
-someta al juicio de la Academia. Ni por mí, ni por persona autorizada
-por mí, he presentado yo nunca una obra mía á ese concurso. Primero,
-porque no tuve nunca la presunción de que una obra mía fuera la mejor
-de las representadas en temporada alguna. Después, porque al día
-siguiente de obtener el premio, la obra valdría lo mismo. Ya sabemos
-que los premios oficiales, con muy buen acuerdo, han de atender sobre
-todo á la ortodoxia de la obra. Esos premios han de ser siempre para
-los poetas--como dijo Heine,--que no tienen de poetas más que el ser
-virtuosos. Claro es que se puede ser virtuoso y ser buen poeta; pero
-también se puede lo contrario; porque yo creo que la virtud del poeta
-es... ser poeta. De otro modo, borraríamos de la lista á Cervantes,
-á Lope, á Shakespeare, á Byron, á Shelley--dejo á otros, y no de los
-peores,--todos gente poco disciplinada en su vida y en sus opiniones,
-difíciles de encasillar en partidos políticos, que pueden hacer gloria
-de su fama.
-
-El artista que campa por sus respetos no espera nunca protección
-oficial. Con ese no pueden atarse dos cuartos de cominos--piensa el
-dispensador de mercedes.--Los cintajos y las distinciones son para el
-sometido. ¿Fulano?--dicen.--Sí, gran talento. ¡Si sentara la cabeza!
-Fulano tal vez sienta la cabeza, y aquel día quizás deja de tener
-talento, que el talento no es para sentado.
-
-Cuenta Plutarco, de no sé qué general griego ó romano, quien, viendo
-combatir con furioso denuedo á uno de sus soldados, acercósele al
-terminar de la batalla y, admirado de su valor, quiso informarse
-de quién era. Supo entonces que aquel valiente era el hombre más
-desgraciado del mundo, por carecer de todo, y, que tan desesperada era
-su vida, que sólo buscaba la muerte. Concedióle el general riqueza y
-galardones, dióle mando y honores; y en otra batalla, á pocos días,
-vió cómo, en cobarde fuga, arrojaba las armas y corría á esconderse
-en lugar seguro. Acudió el general á reprenderle por su cobardía, y
-él entonces: ¿Qué te admira?--le dijo.--Ayer estaba desesperado; nada
-tenía que perder, nada me importaba la vida... Hoy soy feliz, soy
-rico... La muerte me asusta.
-
-Y es que todo combatiente, soldado ó poeta, bien está sin premio. El
-valor y la inteligencia han de ser indomables, y las golosinas son
-grandes domesticadoras.
-
- * * * * *
-
-A despecho de los verdaderos aficionados á la buena música, el
-intérprete se sobrepondrá siempre á la obra, y S. M. el Divo se alzará
-sobre Wagner en alas de Pussini. Mejor dicho, Puccini se alzará sobre
-Wagner en alas del divo. Ni estos falsos dioses tendrán nunca su
-ocaso, mientras vayan unidos, ni el Ocaso hallará nunca sus dioses
-mientras divas y divos prefieran la gloria personal á la pura gloria de
-someterse á no brillar como astros teatrales.
-
-¿Por qué esa afición de los grandes actores y de los grandes cantantes
-á las malas comedias y á las malas óperas? ¿Es que su vanidad queda más
-satisfecha no consintiendo que la obra se sobreponga al intérprete?
-¿No será posible hallar un gran artista que se resigne á interpretar
-verdadero arte? Mientras Wagner padece su ocaso, el tenor Anselmi
-impone á la admiración la _Tosca_ y _Romeo y Julieta_. Las abonadas
-sueñan con Mario Cavaradossi, con Romeo, con Des Grieux. Algunas sueñan
-con que Anselmi cante el dúo de los besos de _El conde de Luxemburgo_.
-Pueden pedirle que lo cante en la noche de su beneficio. El beneficio
-del tenor, naturalmente.
-
- * * * * *
-
-Una historieta que refiere un periódico francés. Un padre acaudalado
-satisfacía con esplendidez todos los gastos de su primogénito; pero
-sorprendíale que, sobre la cantidad entregada mensualmente, el mozo le
-pidiera siempre un importante suplemento.
-
---¿No lo tienes todo pagado? ¿Qué significa esto?
-
---Esto significa, papá, que hay gastos... gastos, en fin, cuya
-justificación no debo detallarte, aunque tú debes comprenderla.
-
---Sí, lo comprendo; pero mira, para saber á qué atenerme, me pides lo
-que necesitas y, para justificarlo, me dices: «Gastos de caza, tanto»,
-y no hay más que hablar.
-
---Convenido.
-
-La partida quedó desde luego asentada en esta forma mensualmente. El
-respeto quedaba á salvo.
-
-Con gran sorpresa observó el padre que la partida dejó de figurar en
-cuenta durante dos ó tres meses.
-
---Vaya--pensó.--¿Dónde cazará ahora mi hijo, que no me cuesta nada?
-
-Pero cuál no sería su desencanto al leer, al cabo de cierto tiempo,
-esta nota de gastos suplementarios: «Al armero, 2.000 pesetas».
-
-
-
-
-XLIV
-
-
-Un niño, por travesura ó por desgracia, cae en la fuente de una
-plaza pública y muere ahogado, bajo muy poca agua, en presencia de
-numerosos curiosos y de dos agentes de la autoridad, representación,
-no por modesta menos respetable, del Estado tutelar y protector. Sobre
-los dos infelices guardas han caído todo el rigor de los superiores
-y todas las recriminaciones de la opinión. El señor presidente
-del Consejo dijo muy bien que no debieran ser sólo los guardias
-los castigados. Pero aunque para el Código penal sean delitos las
-omisiones tanto como las acciones, ¿qué medio hay en la ley para
-hacer efectiva la responsabilidad de una multitud indiferente? Y si
-miramos á nuestra conciencia, ¿no hallaremos en la impune omisión de
-los curiosos, lo mismo que en la punible de los guardias, síntomas
-de un estado de conciencia social del que todos participamos? ¡Era
-tan poca el agua! El niño, sin duda, podría levantarse y salir por
-sí solo. Tal vez si alguien se hubiera precipitado á socorrerle los
-curiosos se hubieran reído al verle chapotear en el agua; el regocijo
-hubiera subido de punto si era uno de los guardias. ¡Qué escena de
-película cinematográfica! ¡Estamos tan hechos á reímos de los agentes
-de la autoridad en sainetes y revistas llenas de gracia! Como el
-salvamento se hubiera logrado á poca costa, ¡cuánto nos hubiéramos
-burlado del salvador, si hubiera pretendido hacer valer su pobre
-hazaña! ¡Salvamento de náufragos en el pilón de una fuente! Chistes,
-caricaturas, ingenio... Las tragedias son así: necesitan un final
-trágico para que parezcan tragedias. Cuando se empieza á morir, hay
-que morirse; de otro modo, ¿quién cree que era tanto el peligro? No
-culpemos demasiado á los espectadores y á los guardias, más temerosos
-del ridículo que de un remojón insignificante, ¡Los pantalones de
-la autoridad enfangados! ¡El uniforme prestigioso chorreando! ¿No
-tendremos todos en nuestra vida alguna culpable omisión de que
-acusarnos? ¿No habremos dejado también que alguna criatura, tal vez
-indiferente, tal vez querida, se haya ahogado ante nosotros, en muy
-poca agua, sin que nuestra mano se tendiera protectora, sin que
-diéramos el paso que corre á sostener, sin que de nuestros labios
-saliera la palabra precisa de compasión ó de esperanza? Agua ó llanto
-¡parecían tan poco! Cuando el agua ó el llanto ahogaron, ya era tarde.
-El heroísmo pide grandes empresas: mares embravecidos, batallas,
-dolores trágicos. Ante el peligro de la fuente, ¿no es ridículo el
-gesto heroico? ¡El agua era tan poca! ¡Las fuerzas del niño eran menos!
-¿Cuántas almas de niño no habremos dejado así ahogar, en muy poca agua,
-por no afrontar el heroísmo del ridículo? ¡Si diéramos siempre el paso
-que debemos dar! ¡Si dijéramos siempre la palabra que debemos decir!
-
- * * * * *
-
-La Academia de la Poesía se dispone á festejar el centenario de
-Cervantes, sin olvidar el de Shakespeare; pues tampoco los ingleses,
-según noticias, se olvidarán de nuestro manco, que no lo era para poder
-muy bien andar de mano con su contemporáneo glorioso. Aquí no puede
-decirse que baza mayor quita menor, y nunca estuvo tan en su punto lo
-de «región de los iguales».
-
-Si atendemos al calendario parecerá que se toma con tiempo y que, del
-1911 al 16, hay días sobrados. Pero el tiempo español, entre lo perdido
-y lo matado, y lo que se echa á perder y á morir, entre discusiones y
-discurseos, pasa sin enterarnos. La Academia cuenta con el apoyo de
-los Gobiernos. Digo de los Gobiernos, porque de aquí al 1916--perdone
-el Sr. Canalejas la desconfianza, que no es por él precisamente--¡sabe
-Dios cuántos Gobiernos se habrán sucedido! Es de esperar, no obstante,
-que todos se muestren por igual bien dispuestos á celebrar con todo
-esplendor y esplendidez tan señalada fecha. No es cosa de que se haga
-cuestión política, ni de que unos pretendan ensalzar á Cervantes por
-reaccionario y otros por liberal, y unos miren á Shakespeare como
-católico romano y otros le consideren como protestante. Nos gobiernen
-para entonces el Sr. Maura ó el Sr. Canalejas, creemos que, honras
-fúnebres más ó menos, con sermón del Padre Calpena ó del obispo de Sión
-ó del Padre Maestre ó del doctor Zacarías, lo demás todo será como
-esté proyectado, sin que haya un Sr. Rodríguez Sampedro que procure
-escatimar gasto alguno.
-
-Desde luego ha de procurarse que el festejo sea de todos y para todos.
-Bien están los actos académicos, las ceremonias oficiales; pero sol,
-aire y plaza pública, sobre todo. Cabalgatas espléndidas, en que tomen
-parte nobleza, Ejército, artistas, sin temor al pícaro ridículo del
-disfraz ni de la exhibición. Representaciones callejeras de algunos
-entremeses de Cervantes, representación entre las frondas de la
-Moncloa ó de Aranjuez de alguna comedia de Shakespeare: _El sueño de
-una noche de verano_ ó _Como gustéis_. ¡Tanto puede hacerse con buen
-gusto y con arte! Debe pensarse que, cuanto mejor sea todo ello, será
-más productivo. En estas cosas la tacañería es lo más ruinoso. ¡A
-fantasear, poetas! Y sea la primera fantasía ver cómo se saca el dinero
-á los que lo tienen. No os detengáis ante ningún ditirambo adulador.
-Cervantes y Shakespeare eran los que eran y, ¡ay!, también adularon á
-los poderosos.
-
-
-
-
-XLV
-
-
-Los primeros pantalones femeninos, en su aspecto callejero y visible,
-han tenido un ruidoso fracaso; pero los modistos y modistas franceses,
-como si obedecieran á un alto mandato de la Divinidad, insisten en
-que nada podrá oponerse al triunfo definitivo de los calzones. Peores
-principios tuvieron otras modas, al fin universalmente aceptadas.
-Los primeros miriñaques, los primeros sombreros de copa, no lograron
-mejor éxito en sus comienzos. No podrá decirse que esta moda es señal
-de los tiempos modernos, ni uso impuesto por la vida en los pueblos
-civilizados; pues más que un avance hacia lo porvenir, trae á nuestra
-imaginación el recuerdo de Turquía y de Marruecos, y, ya más cerca
-de nosotros, la evocación teatral de _La conquista de Madrid_ y
-_El tributo de las cien doncellas_, memorias de los buenos tiempos
-zarzueleros, que no son ¡ay! para rejuvenecer á nadie.
-
-Todo será que la vista se acostumbre. La caricatura y el teatro,
-pretendiendo ridiculizar la nueva moda, serán sus mejores
-propagandistas. Después las pastorales de algunos obispos y las
-predicaciones anatematizadoras, acabarán por decidir el éxito. En
-cuanto las mujeres crean que la moda es invención del demonio, no
-dudarán en aceptarla, seguras de que el demonio es muy inteligente en
-tentaciones.
-
-En realidad, la moda nada tiene de impúdica. El aire y la lluvia
-pierden su imperio sobre ella; acabaron los graciosos efectos de falda
-recogida. Es una moda que, por su nombre, pantalones, promete más
-que cumple. Es más; que ha de dejar muchas promesas incumplidas, por
-dificultades de tiempo y de ocasión. A no ser, por lo que tiene de
-ley la moda, que pueda también decirse de ella: «Hecha la ley, hecha
-la trampa». Pero, hasta ahora, la trampa no parece por ninguna parte.
-Los modelos lucidos hasta hoy son de tanta seguridad como una caja
-de caudales. Quizás sea ésta la más clara señal de su modernidad. O
-acaso estén próximos los días, pronosticados por San Pablo, en que
-los hombres se subirán á los árboles por huir de las mujeres; y si
-ellas dan en trepar para perseguirlos, claro está que el pantalón es
-necesario.
-
-Los sastres también pretenden, por su parte, dar algún golpe de
-efecto en la indumentaria masculina. Unos vuelven los ojos al año 30,
-otros reniegan de toda tradición y abren concursos entre dibujantes
-para hallar algo nuevo. Pero lo nuevo no parece; es casi seguro que
-volveremos á las modas del año 30; por lo menos, en los trajes de
-sociedad. Para los trajines de la vida diaria, el automóvil, la caza,
-el aeroplano, impondrán la moda con sus necesidades. Seremos de un
-siglo por el día y de otro por la noche. ¿No es así toda la vida
-moderna? ¿En quién de nosotros no vive, no piensa, no se agita la vida
-de cien generaciones futuras, que nos dice sin cesar: «¡Adelante,
-adelante!»? ¿Sobre quién no pesa la muerte de otras tantas generaciones
-pasadas, que nos dicen: «¿Por qué luchar, por qué inquietarse?» Por
-fortuna, la acción contradice á cada paso á nuestro pensamiento y
-nuestro pensamiento es constante contradicción de nuestras acciones.
-
- * * * * *
-
-El doctor Decref ha informado, con gran conocimiento de causa, en
-la Sociedad de Higiene, sobre la higiene en el teatro. Si grandes
-deficiencias puede advertirse en los teatros mejor acondicionados, en
-la parte destinada al público, que, al fin, es el que paga y puede
-gritar, aunque no grite lo que debiera, ¿qué no será en la parte
-destinada á los artistas y dependencias, que nada pagan y si gritaran
-no cobrarían? De éstos principalmente se ha cuidado el doctor Decref en
-su información, y bien pueden estarle agradecidos los interesados.
-
-Ahora que, si la intención es buena, nunca la mala práctica puede
-oponerse con mayor razón á la generosa teoría. Los teatros por dentro
-son lugares en que toda infección debe tener su natural microbio; pero
-sin duda los que, por necesidad ó por gusto, pasamos lo mejor de
-nuestra vida en ellos, hemos logrado, por el mismo procedimiento, la
-inmunidad que logró Mitridates contra los venenos.
-
-Casos de longevidad extraordinaria, muy frecuentes entre los actores
-dramáticos, son un verdadero escarnio contra todos los preceptos
-higiénicos. Y en cuanto á conservación y buen parecer, ¿en qué
-otra profesión puede llegarse á nada parecido? No ya entre mujeres
-del pueblo, envejecidas á los treinta años, aun entre damas de la
-aristocracia, muy cuidadas y muy bien prendidas, no se observa lo que
-es natural y corriente entre las actrices: una apariencia de juventud
-que llega á confundirse con la juventud misma. Hay actrices que le
-hacen á uno dudar de su fe de bautismo. Y ¡cómo se complacen y se
-recrean en humillarnos, con su invencible naturaleza y un poco de
-colorete por cómplices! Cuantos más años vienen sobre ellas, más los
-desafían invulnerables. Con un vestido blanco de lo más vaporoso y una
-pamelita de paja ornada de capullos de rosa, triscando por la escena,
-con la boquita fruncida y los ojos entornados, ¡cómo saben conmovernos
-llorando sus amores contrariados! ¡Papá! ¡Mamá! ¡Primito! ¡Tiíta!
-
-¿Y los galanes? ¿No es también admirable su estado de conservación?
-
-Sólo en el teatro y en la política se es joven á los cincuenta años.
-Lo que prueba que nada significa el aire que se respira y el ambiente
-en que se vive. Acaso unos teatros muy higienizados y una atmósfera
-política muy purificada no permitieran esas perpetuas juventudes que
-son gala de tantos escenarios y de tantos Gobiernos.
-
-
-FIN
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Tercera Parte
-(de 5), by Jacinto Benavente
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; TERCERA PARTE ***
-
-***** This file should be named 56770-8.txt or 56770-8.zip *****
-This and all associated files of various formats will be found in:
- http://www.gutenberg.org/5/6/7/7/56770/
-
-Produced by Josep Cols Canals, Carlos Colón, the University
-of Toronto and the Online Distributed Proofreading Team
-at http://www.pgdp.net (This file was produced from images
-generously made available by The Internet Archive/Canadian
-Libraries)
-
-Updated editions will replace the previous one--the old editions will
-be renamed.
-
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
-States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive
-specific permission. If you do not charge anything for copies of this
-eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook
-for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports,
-performances and research. They may be modified and printed and given
-away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks
-not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the
-trademark license, especially commercial redistribution.
-
-START: FULL LICENSE
-
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
-
-To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
-Gutenberg-tm electronic works
-
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
-person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
-1.E.8.
-
-1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
-you share it without charge with others.
-
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country outside the United States.
-
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
-on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
-phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
- most other parts of the world at no cost and with almost no
- restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
- under the terms of the Project Gutenberg License included with this
- eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
- United States, you'll have to check the laws of the country where you
- are located before using this ebook.
-
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
-Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
-
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg-tm License.
-
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm web site
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.
-
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
-provided that
-
-* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."
-
-* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.
-
-* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
-
-* You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.
-
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The
-Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm
-trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.
-
-1.F.
-
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause.
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org
-
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
-mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
-volunteers and employees are scattered throughout numerous
-locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
-Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
-date contact information can be found at the Foundation's web site and
-official page at www.gutenberg.org/contact
-
-For additional contact information:
-
- Dr. Gregory B. Newby
- Chief Executive and Director
- gbnewby@pglaf.org
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.
-
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-
-Most people start at our Web site which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
-
-This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-