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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - -Title: De Sobremesa; crónicas, Tercera Parte (de 5) - -Author: Jacinto Benavente - -Release Date: March 18, 2018 [EBook #56770] - -Language: Spanish - -Character set encoding: ISO-8859-1 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; TERCERA PARTE *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals, Carlos Colón, the University -of Toronto and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) - han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal. - - - - - De sobremesa - - CRÓNICAS - - Tercera Serie - - - - - Jacinto Benavente - - - De sobremesa - - - CRÓNICAS - - - TERCERA SERIE - - - MADRID - PERLADO, PÁEZ Y COMPAÑÍA - SUCESORES DE HERNANDO - Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33 - 1912 - - - - - ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS - - Artes Gráficas MATEU.--Paseo del Prado, 30.--Madrid. - - - - -[Ilustración] - - - - -De sobremesa - - - - -I - - -Si la propaganda cunde, pueden regocijarse los padres, los maridos y -todos los paganos de lujos femeninos, cualquiera que sea su grado de -aproximación masculina. Las damas de los Estados Unidos patrocinan, -protegen y alientan una huelga de modistas. Tendría que ver, ¡ya -lo creo!, que un exceso de civilización volviera á las refinadas -norteamericanas al primitivo atavío de la hoja de parra, y que, por -evitar la desnudez de las obreras, llegasen sus distinguidas clientes -á la suya propia. No podía perdirse mayor altruísmo. Pero si contra -toda moda, con procurar siempre el mejor parecer de la mayoría, hay -siempre resistencias y rebeldías por parte de las no agraciadas con -ella, ¡figúrense ustedes si vestidura tan difícil para las feas y las -mal formadas, como el natural físico, no ha de encontrar protestas! - -De temer es que la huelga, alentada en público por las damas, sea -contrarrestada en privado por ellas mismas, como aquella famosa huelga -de _Lysistrata_, tan graciosamente dramatizada por Aristófanes. Es -también un peligro que esta huelga modistil traiga otras muchas -huelgas de mayor transcendencia. Huelga de señoras: porque ¿en qué -han de ocuparse muchas de ellas si no se ocupan en andar de modista -en modista y de tienda en tienda, eligiendo, revolviendo y comprando -trapos y moños? Huelga de maridos y de amantes: porque ¿parecerán lo -mismo muchas mujeres sin los encantos artificiales de la _toilette_? -Huelga de autores dramáticos: porque si las actrices dan en vestir con -sencillez, ¿qué defensa tendrán muchas comedias? Sabido es que cuando -en el teatro se llega á la desnudez, sobra toda literatura, con un -poco de baile basta. Cuando hay mucho que ver, el oído no está para -nada y el entendimiento mucho menos. Huelga general, en fin, con cierre -y quiebra de balnearios, hoteles, playas á la moda, teatros, iglesias, -etc., etc.: porque si las señoras no podían lucir trajes en todos estos -sitios, sostenidos por ellas, ¿para qué habían de asistir á ninguno de -ellos? - -Véase cómo una sencilla huelga de modistas, que en su origen puede -parecer cosa de broma, podría ser el principio de una revolución social. - - * * * * * - -El comienzo de año nos llena siempre de melancolía. ¿Un año más? ¿Un -año menos? Depende del estado de ánimo. De cualquier modo, es otro año; -y lo que nos entristece es que, con ser otro, será lo mismo. Los días -nacen unos de otros, y el nuevo día no amanece nunca. Los que no se -resignan á vivir sin esperanza la ponen más allá del sol, más allá de -la vida. Su año nuevo, no es vida nueva; es otra vida. - -¡No pensemos en qué nos traerás, año nuevo; ya nos contentaremos con -que no te lleves algo! - -El año pasado nos trajo algunas glorias, ¡bien pagadas con muchas -inquietudes y tristezas! Se despidió con inundaciones, lo mismo que el -partido conservador. Bien puede ser generosidad, para que luzca más el -sol del año nuevo. Hay calamidades fertilizadoras. - - * * * * * - -Los autores noveles protestan contra la precipitación, reserva y -sorpresa con que se ha declarado cerrado el concurso de sainetes -para el teatro Español. Prueba de ello es el escaso número de obras -presentadas, cuando en cualquier otro concurso, anunciado con la -necesaria publicidad, se cuentan por millares. ¡Díganmelo á mí, que -llegué á leerme, en algunos de ellos, «noventa y cuatro comedias»! - -Lo mejor que puede hacerse es ampliar el plazo y no dar ocasión, de -ningún modo, á que nadie pueda sospechar que hubo mala fe en lo que -sólo pudo haber ligereza. Considérese que estos concursos, con todas -sus deficiencias, son la esperanza de muchos autores inéditos y la -mayor probabilidad de verse atendidos y juzgados imparcialmente. Si -la atención y la justicia de los que han de juzgar se bambolean ó se -tuercen en ocasiones, culpa es de los propios concursantes, que suelen -mover una de recomendaciones, influencias y hasta intriguillas á las -que sólo con gran energía, y á riesgo de enemistarse con muchos, puede -uno sustraerse. Esto de la recomendación para todo es achaque muy -nacional. El donoso escritor que en peligro de muerte, al ir uno de sus -allegados á pedir los últimos Sacramentos, le recomendaba: «Di que son -para mí; que los traigan buenos», satirizaba esta arraigada costumbre -española de creer que la recomendación alcanza para todo, hasta en lo -divino. ¿No es este el país en que más se reza y se pide á una multitud -de vírgenes, santos, abogados y abogadas celestiales, que á Dios, uno -y trino; en que se cree necesario pedir por favor lo que es más de -justicia; en que hasta para comprar en una tienda, por su dinero, se -cree uno en el caso de decir: «Vengo aquí recomendado por don Fulano, -que le compra á usted mucho»; en que hasta para morirse le confortan -á uno con lo que se llama «recomendación del alma»?... Y no digamos, -después de muertos, la de recomendaciones que son precisas para que le -entierren á uno en buen sitio y lo más arreglado posible. - -Por todo esto, yo me permito recomendar que se atienda la justa queja -de los autores. En cambio, me comprometo á no recomendar á ninguno en -particular. - - - - -II - - -Parece ser que ahora va de veras: Madrid será agrandado y... -¿embellecido? Como en las casas cursis, tendremos sala y gabinete -decentemente amueblados, y lo demás ¿qué importa? Lo demás es para -vivir. Gran tocado y chico recado. Si la nueva Gran Vía y cuanto se -mejore y ensanche ha de verse tan mal barrido, tan mal pavimentado, tan -puerco como lo que ahora tenemos, más valiera dejarlo todo como está. -¿Pasan ustedes alguna vez por la calle del Barquillo? ¿Y por la de...? -¿Para qué enumerar? ¿Andan ustedes por esas calles? En las aceras no -hay losa en su sitio; el arroyo lo es de polvo y papeles y todo género -de suciedades; ir en coche es ir botando como pelota; ir á pie es ir -votando como ciudadano. El sistema de barrer las calles es para optar á -un premio en cualquier Exposición de higiene. ¡Y qué admirable orden -en la circulación! Carromatos con siete mulas de reata interceptan el -tránsito á cada paso. ¡Pobres traficantes, no es cosa de molestarles -con ordenanzas que fijen horas á propósito para sus acarreos! La -molestia libre en el Estado libre. - -Bien está que aplaudamos todas las grandes iniciativas del alcalde y -del Municipio, pero entretanto tuvieran algunas pequeñas iniciativas... -Verdad es que la mayor parte de la gente vive tan á gusto. Las malas -casas les han acostumbrado á las malas calles. ¡Digo! Si las calles -fueran agradables... Como son, hay quien se pasa la vida trotando por -ellas, sólo por no estar en su casa. - - * * * * * - -No puede creerse en la indignación de Rostand al ver destripado su -gallo por las indiscreciones del _Secolo_, cuando, por indiscreciones -parciales, muchos sabíamos ya el argumento y aun los chistes y -cantables que tiene la obra. Aparte de esto, poco tiene que perder una -obra que todo lo ha perdido con la publicación de su asunto. ¡Pobre de -nuestro _Don Juan Tenorio_ entonces! ¿Quién iría á verlo, si la novedad -de su trama fuera su único atractivo? En el mismo París, tan novelero -en apariencia, sostienen mejor su cartel muchas obras clásicas de -Corneille, Racine y Molière, que algunas flamantes comedias, más viejas -al nacer que las otras antiguas. _Chantecler_ ha logrado ya categoría -de obra clásica, en que el asunto es lo de menos. Muchos que ahora -asistirán al estreno, tal vez como críticos, no habían nacido cuando -empezó á hablarse de _Chantecler_. - -De las actrices y actores que estrenaron anteriores obras de Rostand, -sólo por Sarah inmortal, no han pasado los años. ¡Hagan las Musas que -tan esperada obra interese por tanto tiempo á la posteridad, como á -la anterioridad ha interesado! Después de todo, la gloria anticipada -es la más segura, y la cera que va delante es la que alumbra. Y en -este particular de la luz, parece ser que para el gallo de Rostand -amaneció hace mucho tiempo. Tal vez ya no quedaba más resquicio por -donde percibirla que esas indemnizaciones exigidas á los periódicos -indiscretos. De este modo sí que el gallo no puede ser nunca un albur. -Todo va copado. ¡Que al estrenarse no le cambien una letra! ¡Pobre -gallo entonces! - - * * * * * - -No hay nada más peligroso que un incensario en manos indiscretas. -Representación de algo divino ó humano, los golpes más peligrosos para -los ídolos son los de sus fervorosos adoradores. Cuando todo el mundo -dice: «Está bien», ¿para qué empeñarse en que todos digan: «Está mejor -que bien». El deber cumplido tiene en sí mismo la mejor recompensa, y -cuando el deber es tan propio del cargo y por lo elevado de la posición -trae consigo el conocimiento y la admiración de todos, ¿qué se le añade -con una recompensa que, por estar tan al alcance de la mano de quien -ha de obtenerla, pierde todo su valor en este caso? El reconocimiento -oficial nada añade al reconocimiento nacional. Sería, como dijo -Shakespeare: «Pintar al lirio, dorar el oro, endulzar lo dulce.» - - - - -III - - -El periódico de Buenos Aires _Caras y Caretas_, en circular dirigida -á personas significadas, solicita un pensamiento con motivo del -centenario de la Independencia argentina. La circular viene en francés. -Ya sabemos que por ser el idioma usual en relaciones diplomáticas -universales, puede serlo también en las literarias. Pero en este caso, -y tratándose de una República en que nuestro idioma es y será por mucho -tiempo el oficial, el literario y el vulgar, ¿no hubiera estado mejor -en castellano la circular dirigida á España? Yo, por mí, sé decir que -nunca entendí peor un idioma extranjero, y no sabré contestar á lo que -se me pregunta. - -No ya consolarnos, enorgullecernos debemos de la independencia de todas -las Repúblicas americanas que fueron colonias españolas, mientras en -ellas impere nuestra lengua, y con ella mucho de nuestro espíritu. -Comunicarnos en lenguaje extraño, más que independencia nos dice -desvío. Nuestras relaciones deben ser más que diplomáticas; y esa -circular en francés tiene toda la frialdad de una nota de Estado. ¿Le -agradaría al simpático semanario porteño que saludáramos en francés la -conmemoración de la Independencia argentina? - - * * * * * - -Los sucesos culminantes de estos días entran en la clasificación de -podencos, tan respetados por el escarmentado loco de que nos habla -Cervantes. ¡Guarda, que es podenco! No entremos ni salgamos en pláticas -de familia, aunque la familia nos sea muy allegada, que siempre -llevaremos la de perder, mientras no caigamos en la cuenta de que, -civiles ó militares, todos llevamos el mismo uniforme: el de ciudadanos -españoles, y á todos nos interesa por igual el respectivo prestigio de -unos y otros. Malo es dividirse en castas. Todos hemos de ser paisanos, -en el amplio sentido de compatriotas; todos hemos de ser soldados, -en paz y en guerra, cada uno en su puesto, para responder siempre al -¿quién vive? de todo ¡alerta!: ¡España! - - * * * * * - -¡Oh, admirable público nuestro! Se acostumbra á lo malo; tolera -indefinidamente lo mediano, y sólo ante lo bueno se cansa su admiración -y hasta se irrita si alguien se obstina en pretender sostenerla. Este -es el caso de Titta Ruffo en la actual temporada. Nada en la voz ni -en el arte del gran barítono justifica un cambio de actitud en el -público. El artista es el mismo, y eso es lo que parece sentir el -público, obligado á seguir admirándole todavía. ¡Oh, niño caprichoso, á -quien hay que retirarle las golosinas antes del enfado y los juguetes -antes del destrozo! ¡Pocos poseen, como el Guerra, el difícil arte de -retirarse á tiempo, único recurso del artista que no quiera sentir tus -rigores! - -En ningún público, como en el nuestro, se advierte esa actitud -defensiva contra la admiración; esos gestos malhumorados al -soportarla. En cualquier espectáculo parece como si el público fuera -violentado, por fuerza mayor y no por gusto, á distraerse un rato. -El autor es como un enemigo personal; el artista, como un acreedor -molesto. En ninguna parte puede hablarse con tanta razón de «batallas» -al tratarse de arte. - - * * * * * - -Por mucho que moralistas y sociólogos prediquen contra el suicidio, -mientras el ridículo no se atreva con él, por respetos que siempre -impone la muerte, seguirá siendo poético final de muchas historias -vulgares. El solo basta para dar grandeza trágica en un momento al más -chocarrero sainete. ¿Cuántos no habrán reído al ver pasar en vida el -idilio amoroso del viejo cojo y la niña lozana? Y aquella unión, que -en vida acaso sólo en el interés tenía explicación para las gentes, -con la muerte es algo inexplicable, con todos los prestigios del amor -y de la muerte; deidades poderosas á inmortalizar á sus elegidos, -como los dioses paganos á sus amadas mortales. Los vulgares amantes, -que en vida tal vez dieron que reir á las gentes, hoy van en la divina -poética teoría inmortal de Hero y Leandro, Píramo y Tisbe, Romeo y -Julieta, Francesca y Paolo, Isabel y Marsilla; sin olvidar á aquellos -otros amantes madrileños que inmortalizaron la frase suprema: ¡Que los -entierren juntos! ¡Hallen todos un Ovidio, un Dante, un Shakespeare! Y -á no poder ser otra cosa, un buen romance de plazuela. Hay que poetizar -la muerte por amor todo lo posible. Es el mejor medio de evitar muchos -matrimonios desgraciados. - - * * * * * - -Los empresarios de _music-halls_ están consternados. Ante la amenaza de -la subida de la carne, algunas artistas han pedido aumento de sueldo. -Lo que dirían ellas, si conocieran la célebre canción de _La camisa_, -de Hood--pero ¿cómo han de conocerla, si las pobres hasta habrán -olvidado que hay camisas?:--¡Que la carne de vaca sea tan cara y la -carne humana tan barata! - -Por fortuna para los empresarios y traficantes en carne humana, la -carestía de la primera trae por la mano la baratura de la segunda. - -A poca costa podríamos traer buena carne de América cuando aquí nos -faltara. Preferimos enviar allá carne humana. Dentro de poco sólo -quedarán aquí los que puedan pagar el solomillo. ¡Qué agradable será -no ver más que gente bien alimentada por esas calles! ¡Cómo van á -dulcificarse las relaciones sociales, y sobre todo las políticas! - - - - -IV - - -Para los espíritus abatidos, propensos al decaimiento, como nuestro -espíritu nacional, no importa tanto saber si hay causa para tanta -alegría como saber que el efecto fué el de una alegría verdadera. -Cuando hay tales tristezas sin motivo, ¿por qué no entregarnos sin -discusión á una alegría, que, desde hace mucho tiempo, con ningún -pretexto hubiéramos podido justificar? En otros tiempos, tan ricos -éramos en glorias, que, acaso éstas de ahora nos hubieran parecido -mezquinas. Hoy... bien venidas sean, y mejor si sabemos apreciarlas -con serenidad y más que de envanecimiento nos sirven de estímulo para -glorias mayores. De tremenda crisis triunfó el espíritu nacional -en los principios de la campaña. Por el mundo no faltó quien se -apresurara á cantar nuestros funerales. El Ejército español ha sabido -extendernos nueva fe de vida ante el mundo. Tal vez pocas veces fué -tan depositario del honor y la vida de España como en esta ocasión. No -quede todo en aclamaciones de entusiasmo. No olvidemos nuestro deber -en la paz, si queremos tener el derecho de exigirle todo su deber en -la guerra. Es triste cosa resignarse á tener mártires cuando se puede -tener héroes. Hoy sustituyamos el grito de ¡Viva España!, que puede -parecer un deseo, con este otro más afirmativo: ¡Vive España! - - * * * * * - -Por dichosa casualidad, al mismo tiempo que nuestras armas victoriosas, -llega de la República Argentina, en la persona de Belisario Roldán, -mucho de nuestro espíritu triunfante á decirnos cuánto queda en América -todavía de nuestro Verbo glorioso. Siempre leal amigo de España, no -puede considerarse ni ser considerado en ella como extranjero. La -fogosa elocuencia de nuestros grandes oradores, la que fué admiración -de todo el mundo español, alienta vigorosa en el joven orador -argentino. - -En los oradores de casa, tal vez nos pareciera demasiado vehemente. -¡Hemos bajado tanto el diapasón para todo! El grito, el rugido, el -apóstrofe nos asustan. Amamos la discreción sobre todas las cosas en -política, en arte, en el trato social, ¡La discreción! Triste cosa es -un pueblo que no tiene mayores glorias que las de sus locuras. - - * * * * * - -Amable lectora, la que en discretísima carta me consulta sobre el -mejor sistema de educar á los hijos; sin duda sabe que nadie los -educa mejor que los que nunca los hemos tenido. ¿Severidad? ¿Dulzura? -¿Proporcionarles toda la alegría posible ó prepararles con privaciones -á soportar las tristezas futuras? Hoy... son los padres; pero los -padres no viven siempre. Mañana... son los extraños sin cariño, ó con -otro cariño que nada se parece al de los padres... Pero, ¿no será, por -lo mismo, crueldad en los padres anticipar tristeza á la tristeza? -¿Y si el hijo muriera antes? Mañana es la vida, pero también es la -muerte. Los juguetes comprados serán entonces recuerdo triste; pero -los juguetes que el niño deseó y que le negamos serán un remordimiento -constante... ¡Oh, sí; dulzura, dulzura para vuestros hijos, que la -vida es madrastra terrible, como las de los cuentos de hadas; esas -madrastras que encierran en torres á las princesas delicadas ó las -envían al bosque á guardar gansos. Peor la vida, que suele traerlas, -no á guardarlos, sino á casarse con alguno de ellos. Pero, ¿y si -acostumbrados al mucho mimo no hay fuerza en ellos después para -conllevar las contrariedades? - -La vida es la mejor educadora, y ella sola se basta para enmendar -errores de educación en los padres... Todos, menos la falta de besos, -de caricias, de juguetes en los primeros años... La vida puede ser -madrastra, puede ser maestra, pero no es madre... - -En los primeros años del mundo, cuando Adán y Eva, arrojados del -Paraíso, luchaban contra los rigores de la naturaleza primitiva, Eva -lloraba por sus hijos, al verlos muchas veces heridos por las fieras, -desgarradas sus carnes por las asperezas de los troncos y de las -piedras... ¡Mis hijos! ¡Qué horrible vida! Para ellos no ha habido un -Paraíso terrenal, como para nosotros... Ellos no sabrán nunca de sus -delicias... ¡Nosotros hemos sido más felices! - ---Sí--dijo el primer hombre.--Ellos no han tenido, como yo, un Paraíso; -pero, ¡yo no he tenido una madre, como ellos! Y al verlos acariciados -por la madre, en su amor paternal había algo de envidia. ¡Y era el -hombre que había sido formado por Dios mismo! - - - - -V - - -El mes de Enero suele ser fecundo en calamidades. Para que sepamos á -qué atenernos durante todo el año. Es un modo de anunciarse. Queda -la duda, en estas primeras calamidades del año, de si pertenecen al -año entrante ó serán saldo del anterior, que no quiso marcharse sin -soltarlas. Lo cierto es que la Naturaleza, como una gata cualquiera, -anda fuera de sí y desatinada en este primer mes del año. Tempestades, -inundaciones, lluvias torrenciales de gracias, condecoraciones y -entorchados, y el cometa apocalíptico, y _Chantecler_ en puerta. ¡Vaya -un añito! - -La inundación de París retrasa una vez más el acontecimiento que sólo -pudiera consolarnos: el estreno de _Chantecler_, antes retrasado por la -discusión que pudiéramos llamar del huevo de Mme. Simone. Se comprende -en una actriz recién divorciada y recién vuelta á casarse el escrúpulo -en poner un huevo, sobre cuya pertenencia pudiera haber dudas. - -Por fortuna, el poeta no peleó por el huevo ni por el fuero, y la -postura se supondrá entre bastidores, lugar más conveniente para -posturas difíciles, en la vida como en el teatro. - - * * * * * - -Luego diremos que aquí no hay libertades y que el clericalismo nos -domina. En Inglaterra, la nación traída siempre á cuento, cuando de -libertades se trata, no pudo representarse, hasta ahora, la ópera de -Saint-Saens _Sansón y Dalila_ porque su asunto bíblico escandalizaba -los sentimientos religiosos. Sobre la _Salomé_, de Strauss y de Wilde, -creo que todavía pesa la prohibición. Los ingleses sólo han consentido -en ver la danza de _Salomé_ separada del texto y de la partitura. -¡Parecen tontos! ¿Verdad? - -Aquí, donde nos quejamos á todas horas de la presión clerical, triunfa -_La corte de Faraón_, opereta del todo bíblica, sin protestas de -nadie. Yo he visto en primera fila á muchos graves señores de los que -suelen ser ornato de cofradías y procesiones. En Inglaterra se enseña -ahora á los niños la Historia por medio de representaciones teatrales. -¿Por qué no ha de enseñarse la Biblia por el mismo sistema? No hay en -_La corte de Faraón_ mayores atrevimientos que en el Sagrado libro. -Los autores han estado muy hábiles en quitar crudezas. A las artistas -nadie les agradecería que ocultaran las suyas. ¡Admiremos al Señor en -sus obras! No será tan difícil hallar un sentido místico á la canción -babilónica, que pronto oiremos en labios de muchos senadores; como al -_Cantar de los cantares_ y á otros pasajes no menos escabrosos. - -Lo malo es que la Iglesia católica haya perdido aquel buen humor y -aquel sentido artístico que fueron todo el espíritu del Renacimiento. -¡Ah, el bribón de Lutero, que la obligó á volver á tomar en serio su -divino papel, que ya empezaba á ser humano! - -Ahora llueven imprecaciones y anatemas sobre el Arte y sobre los -artistas. Los tiempos son difíciles. La competencia comercial es muy -dura. No hay bastante público para todos. ¡Y el Teatro y la Iglesia son -espectáculos tan caros! Por fuerza tienen que perjudicarse mutuamente. - - * * * * * - -Pérez Galdós, el maestro glorioso, consagrado por el monumento inmortal -de toda su obra, y Ricardo León, escritor joven, con razón estimado -entre los buenos, coinciden, no en lo exterior, sí en lo interno, en -sus dos últimas novelas: _El caballero encantado_ y _Alcalá de los -Zegríes_. Novelas de símbolo, de alegorías, que nos hablan de España, -de sus glorias pasadas y de su futura gloria posible. Quizás ¡señales -de los tiempos! con mayor fe en la del viejo maestro que en la del -poeta joven. - -Son los dos libros precioso documento para el estudio de nuestra -psicología nacional. - -Limítome al acuse de recibo y á mi particular aplauso, sin invadir -la sección «Revista literaria», en la que escritor de toda mi -consideración y respeto sabe, con admirable acierto y con respeto á -las personas, que cada vez va siendo más raro, distribuir elogios y -censuras. - - * * * * * - -De la excelente acogida al Teatro para los niños y del interés con que -un público, si no tan numeroso como fuera de desear, todo lo selecto -que puede pedirse, sigue sus representaciones, nada me satisface tanto -como el buen éxito obtenido por las lecturas de poesías. ¡Versos, -poesía! Eran una especie de coco para las empresas teatrales. Hoy -ya empieza á creerse en ellos, y todo hace presumir un glorioso -renacimiento de la poesía en el teatro. - -¿Por qué en el teatro Español, en el de la Princesa, que cuentan con -admirables intérpretes de los poetas, no inaugurar una serie de veladas -poéticas, que seguramente tendrían su público? - -Oímos muchas veces quejarse á unos y á otros de que el público no está -educado; esto sirve de pretexto para rechazar muchas obras de indudable -mérito. Corriente, el público no está educado; pero ¡si nadie se toma -el trabajo de educarle! Es mucho más cómodo y provechoso llevarle el -humor y no luchar con él. Pero los que pueden permitirse ese lujo con -menos riesgo están más obligado á ello. A todos nos toca un pedacito -del mundo en que podemos hacer algo útil y provechoso, y no es desde un -escenario donde menos puede hacerse por la cultura y la educación, que -es hacer por la Patria. - - - - -VI - - -Mariano de Cávia me propone un Teatro para los viejos, que vendría á -ser, no contraposición, sino complemento del Teatro para los niños. Los -extremos se tocan, y acaso viniera á suceder, por el humano y natural -prurito de aniñarse en los ancianos y de hombrear en los infantes, que -el Teatro dedicado á los primeros fuera el favorito de los segundos, -y viceversa. Pero ¡ay! ¿es tan necesario el teatro para los viejos? -¿Llenaríamos con él algún vacío, ni siquiera el del teatro mismo? Si el -teatro pretendía ser educativo, ya en el más amplio sentido moral ó en -el puramente artístico, ¿qué provechosa enmienda podría esperarse en -nuestros venerables? Ninguna. Ya dice la vulgar sabiduría que el árbol -ha de enderezarse desde pequeñito, y ¿quién es capaz de enderezar, en -todo ó en parte, á los que ya se rinden al peso de los años? Ni _La -corte de Faraón_ ni el «Royal Kursaal», con esas admirables artistas, -cuyo mejor anuncio es el de la pérdida de su equipaje, podrían realizar -el milagro. - -¿Teatro de puro entretenimiento? Basta asistir á los antes citados -y á otros del mismo género para comprender que nuestros viejos no -necesitan de un teatro especial en donde solazarse. No de los viejos, -de los decrépitos, pudieran llamarse esos teatros en que reverdece el -chiste de Instituto y de café estudiantil, para regocijo de viejos -más verdes que los chistes. Y no os engañen algunas caras juveniles -de los espectadores; no está en la cara la edad, sino en el espíritu, -y por esos teatros, como por los meetings clericales de estos días, -no busquéis jóvenes de espíritu; el de aspecto más infantil lleva por -dentro la vetustez de diez siglos. - -Grave error es clasificar por edades en jóvenes y viejos. Niños seremos -tú y yo, querido Mariano, aunque muchos niños viejos ya nos echen del -corro; porque siempre será para nosotros la vida un buen campo de -recreo en que saltar, brincar y jugar á todo, por pura expansión de -nuestro espíritu, sin ninguna utilidad práctica. Jugando y saltando no -se llega á parte alguna; si bien puede servirnos de consuelo que hay -partes á las que más conviene no llegar nunca. Para llegar á muchas -de ellas, suprema ambición de todo hombre serio, ya sabemos que, -en España, no hay medio mejor que ser viejo ó aparentar serlo. Con -nuestros doctores Faustos, aquí, Mefistófeles obraría la transformación -contraria. Hay quien le vendería el alma por transformarse en viejo, -no en joven. Y en vez de cantar: ¡A mí la juventud, á mí los delirios -del primer amor!, cantaría: ¡A mí las prebendas y á mí los cargos -oficiales; á mí las Academias y la respetabilidad, y... llévese el -demonio mi alma y mi alegría! - -Dejemos, pues, á los viejos, que para nada necesitan teatros, cuando -todo el mundo es teatro, de moda y lucimiento para ellos. Pensemos en -los niños, en los verdaderos niños, hijos de padres verdaderos jóvenes, -que sólo de ellos puede esperarse la nueva vida por la nueva escuela. -¿Religiosa? ¿Laica? Allá unos y otros. El Arte es religión neutral. -¿No es en el Vaticano donde se guardan las más bellas reliquias del -Paganismo? ¡Quién sabe si no será en un templo pagano de Arte donde se -guardará lo más bello del Arte cristiano! Nunca fueron las ideas viejas -tan respetuosas con las nuevas, como las nuevas lo serán siempre de las -viejas. Y ¡vive Dios! que hay entre nosotros vejestorios, en todos los -órdenes de la vida, que no son dignos de ningún respeto. - - * * * * * - -Fué Balbina Valverde una actriz de la más pura cepa española, y si la -vanidad regional no temiera empequeñecer su castizo arte, diríamos -mejor de la más pura cepa madrileña. A la falsa luz de las candilejas, -en el falseado ambiente de muchas comedias mediocres, nadie supo dar -tan artística realidad, tan humano aire al tipo de la mujer española -de nuestra clase media, que viene á ser el tipo medio de la mujer -española, con su sentido práctico, sanchopancesco, sus vanidades, sus -ambiciones, su vulgar sentimentalismo... Llegó á tanto la verdad en -su arte, que llegamos á verlo copiado en la vida. ¡Cuántas veces no -habremos dicho: Esta señora es una Balbina Valverde! Para los yernos, -este nombre era como una amenaza joco-seria. - -Su dicción era del más puro castellano; inimitable su arte de subrayar; -única en producir efecto cómico con la sola enunciación de una palabra -insignificante, que en su boca adquiría el valor de un chiste. ¿Quién -no recuerda cualquier ¡Mi yerno!, pronunciado por ella? Era el presagio -de una tormenta familiar. - -Fué con todo esto de un amor por su arte, de un celo en el cumplimiento -de sus deberes artísticos, que ha de recordársela siempre, no sólo como -ejemplo para las de su profesión, sino como gloria del sexo femenino, -al que muchos suponen incapacitado para toda profesión seria. ¡Si en -otras esferas de actividad hubieran cumplido muchos hombres con sus -deberes como Balbina Valverde cumplió siempre los de su profesión! - -Gravemente enferma, durante una temporada en Bilbao, se hizo llevar una -cama al teatro, y en el cuarto del teatro vivía, levantándose de la -cama para salir á representar las comedias. - -Casi á la fuerza tuvo que obligarla la empresa á regresar á Madrid. - -¡Descanse en paz la inolvidable artista! Madrid pierde con ella una de -las más sanas y castizas notas de su risa. - -A este público, que tanto la quiso y al que ella amaba tanto, le ha -hecho llorar por vez primera. ¿No es esto una envidiable gloria? - - - - -VII - - -La carambola no ha sido mala. Esperemos, sin desconfiar de la -intención, que, por los efectos, no venga á ser de retroceso. - -Malo es no salir de nuestro paso, pero... ¡tomar carrerilla tan de -pronto! No es que dudemos de las energías y buena voluntad de los -corredores, sino de la firmeza y seguridad del camino. Aun no hace -mucho tiempo hubo que desandarlo, y no sabemos que se haya trabajado en -él después lo bastante para conseguir ahora lo que entonces apenas pudo -intentarse. - -El mal camino andarlo pronto, pensará acaso alguien interesado en -echar por el atajo, para volver pronto al verdadero camino real. Miren -bien, los que por el atajo andan, de no levantar un pie sin haber -afirmado antes el otro; no avancen un solo paso sin haberle desbrozado -cuidadosa, cautelosamente. ¡Cuidado con los tropezones! Considerad -que tal vez se espera el primero para gritar: ¡Veis cómo ese camino es -imposible! ¡Nada de prisas, nada de impaciencias! Estábamos dispuestos -á esperar un quinquenio en el estanque. ¿No podremos esperar otro tanto -en el agua corriente, por suave que sea su curso? - - * * * * * - -Sí; _Chantecler_ es todo un símbolo. Es el gallo francés, el mismísimo -gallo de las Galias que, como el protagonista del poema de Rostand, -cree orgulloso al lanzar su ¡quiquiriquí! á cada aurora que el Sol -sale á iluminar al mundo entero, obediente á su evocación. Y no es lo -malo que él lo cree; son muchos los pobres animales que aun juzgan los -_quiquiriquíes_ del gallo francés prestigioso encanto, sin el cual el -Sol no alumbraría la Tierra. - -Bien cantó el gallo francés, no hay duda, y si no llega á su poder -á que el Sol le obedezca, sí llegó muchas veces á despertar á la -Humanidad con sus gloriosos cantos de libertad, de justicia, de arte... -No nos trajo el Sol, pero nos avisó siempre de su salida. Por todo -ello le debemos gratitud y cariño; pero sin olvidar al Sol, que es -antes que el gallo... y sin despreciar á los humildes gallitos de -nuestros corrales, que, á su modo, también saben anunciar la aurora. - - * * * * * - -¡Qué brutos somos, ¿verdad?, podrán decir, como el personaje del -_Patinillo_, los millonarios _yankis_, acostumbrados á que por -bárbaros los tenga la culta y refinada Europa! Es verdad que alguna -vez _apedrean_ con su dinerazo y otras veces insultan; pero... ¡ay! -ya quisiéramos por aquí, en justas proporciones, millonarios de esos -que fundan Universidades y Escuelas y Museos, y como éstos que ahora -acaban de construir un magnífico teatro en Nueva York. ¡Un teatro! -¡Habrá empecatados! ¡Si hubiera sido una iglesia ó un convento? Pues, -sí, señores; un teatro modelo, un verdadero templo, inaugurado con la -representación de una obra de Shakespeare: _Antonio y Cleopatra_. ¡Qué -brutos son! ¿Verdad? - -Aquí, alguna vez, se ha reunido gente de dinero para empresas -teatrales, y el resultado ha sido... un baile de máscaras, un -espectáculo de _varietés_ indecentes; algo por el estilo en fantasía -y en Arte. ¿Se figuran ustedes á nuestros millonarios edificando el -Teatro Nacional ó un teatro para la música española? ¿Cómo han de -comprender que el Arte puede ser una religión los que han hecho de la -religión un arte? - - * * * * * - -La empresa del teatro Real está tratando á Wágner, en esta temporada, -poco más ó menos, como por la vecindad están tratando al partido -liberal: así como si quisieran quitársele de delante lo más pronto -posible. Todos los cuidados son para el repertorio antiguo; para él -Titta Ruffo, Anselmi... A Wágner que lo parta un gallo. - -Todo se relaciona: naturalmente, la resurrección de _Lucía_ había -de traer por consecuencia una crisis del mismo tiempo y á la misma -usanza. A viejas óperas, _divos_ jóvenes. Todo el arte de Anselmi no ha -bastado á dar apariencias de vida á la momia de Lammermoor. Veremos si -el otro joven _divo_ tiene mejor fortuna en la vieja ópera de nuestra -política, tan necesitada de nuevo repertorio como de nuevos cantantes. -España Brunilda espera á su Sigfredo. Los admiradores de Wágner también -le esperan. No se dé pretexto á que nadie dude de la buena fe de las -respectivas empresas. Puede que no haya para el repertorio moderno; -pero el público no quiere _Lucias_ ni con Anselmi... ¡Qué disparate! -¿No iba á decir ni con Maura?... - - - - -VIII - - -Es la ópera de Strauss, _Salomé_, portentosa obra de arte musical. -Ahora, pensemos en todo lo que ha sido necesario para que pueda serlo. -Primeramente, el gran talento de Strauss, no hay duda; después, un -público que, extrañado ó aburrido, tal vez, en las primeras audiciones, -prefiere desconfiar de su propia impresión á echar por el camino -fácil de la chacota y el desprecio y enterrar la obra entre flores de -ingenio, sin posible apelación. Después, empresas decididas á imponer -la obra; después, una crítica capaz de hacer también obra creadora, -inventando... lo que acaso el autor no puso en ella; formando de este -modo una conciencia de lo inconsciente, que siempre anima en toda obra -de arte. Después... el Ejército alemán con su formidable poderío. - -Ya dijo D. Juan Valera, con su inteligente, supremo humorismo, cómo -las flotas de la Gran Bretaña habían podido contribuir á la gloria -de Shakespeare. No hay idea de lo que puede influir el Ejército y la -Marina, lo mismo para vender agua de Colonia en el Paraguay, que para -imponer á la admiración de las más recónditas tierras el nombre de un -poeta. - -He aquí por qué vuestra hija es muda, como dice el falso doctor de _El -médico á palos_ al afligido padre. He aquí por qué nuestros músicos no -cantan por el mundo. ¿Se figura nadie á _Salomé_ nacida entre nosotros? -¿Cuál hubiera sido su vida? ¿Quién la hubiera impuesto al respeto? -¿Quién la hubiera salvado de morir á chistes? - -Pero nos la envían dos grandes potencias: el genio de su autor... y -Alemania. Los que menos la entienden procuran irse enterando; los que -más se aburren, se aburren con respeto. ¡Ah! ¡Si fuera de alguien de -casa! - -Nuestro indisciplinado individualismo no comprenderá nunca que la obra -de arte es obra de todos, y que su inmortalidad más depende de todos -que de la obra misma. - -En España, cada uno quisiéramos ser el único grande hombre de un país -de imbéciles; el único honrado entre una caterva de pillos. ¿Qué buena -planta puede arraigar en terreno donde las moléculas de la tierra se -disgregan al recibirla? Ya dice el Evangelio: «¡Ay de la casa desunida!» - - * * * * * - -Nunca mejor ocasión de mostrarnos unidos, con solidaridad de la grande, -que en el próximo Centenario de Cervantes. Acabamos de dar lucida fe -de vida en guerra. Nada valen las funciones bélicas, por gloriosas que -sean, si no las consolidan inmediatamente fiestas de paz. En recientes -cuchipandas hispanoamericanas hemos traído y llevado el Verbo y... -¡ay, también el adjetivo de la raza y de la lengua! ¡Vamos á verlo!, -como dicen los taurófilos, mejor dicho, los _torerófilos_, sobre todo -al llegar la hora llamada de la _verdad_. ¿Podrá ser esa hora la del -Centenario de Cervantes? - -¡Oh, mi gran D. Mariano, tenéis razón!, inútil es dirigirse á los -políticos, porque en tal solicitud, empezada á redactar en lunes, -habrá que raspar cinco nombres antes de llegar á entregarla el -sábado. Pero si los Gobiernos pasan, otras cosas quedan. El Ejército -y los artistas españoles deben bastarse, y por derecho propio, á -monopolizar para sí toda la gloria de unas fiestas nunca igualadas. Es -preciso borrar el recuerdo de aquellas lastimosas del Centenario del -_Quijote_; es preciso... resignarnos á que nos llamen _lateros_, hasta -conseguir levantar los espíritus. Contad, D. Mariano, con mi humilde -cooperación para organizar funciones teatrales, para lo que de mi -negociado dependa. Tiempo hay sobrado; pero el tiempo español vuela. -Naturalmente: el tiempo nos gobierna y pasa... como nuestros Gobiernos. - - * * * * * - -El maestro D. José Serrano solicita opiniones en el pleito entablado -por la Sociedad de Autores sobre el libre aprovechamiento de obras -extranjeras no garantizadas por tratados internacionales. Voto con -el maestro Serrano. Por lo mismo que la ley no las ampara, razón de -más para respetarlas. ¿Con qué razón podremos quejarnos de algunos -empresarios y editores americanos, si nosotros justificamos su conducta -con nuestro ejemplo? - -Bien está preocuparse por los intereses materiales y saber de sumar -y multiplicar, y que letras y números no anden divorciados; pero la -Sociedad de Autores, por honor de su nombre, debe comprender que -hay también intereses morales que también tienen su valor en una -suma total. Verdad es que una Sociedad de Autores en donde el dinero -decide de las votaciones... Claro es que el dinero representa trabajo. -¿Representa siempre arte? Pero hay quien prefiere ser considerado como -artista á la hora de estrenar y como negociante á la hora de cobrar... -¡Véase, cómo en estos tiempos del sufragio universal y del voto -obligatorio, adónde demonios ha ido á refugiarse el voto restringido y -el triunfo de la plutocracia! - - * * * * * - -El buen gusto del público de París no se avenía con la presentación -escénica de _Chantecler_, ridícula y poco artística, digan lo que -quieran los reclamos. El afán de realidad en la presentación de una -obra poética y fantástica ha llevado, como suele suceder, á falsedades -que una fantasía de artista hubiera evitado. ¡Qué diferencia de esta -_mise en scene_ á la de _El pájaro azul_, de Maeterlink, representado -en Londres! Pero la amable crítica francesa para todo tiene remedio, -hasta para los fracasos menos disimulables. Alguien ha encontrado -el medio de idealizar, mejor dicho, de _realizar_ las falsedades de -presentación en _Chantecler_ y las desproporciones evidentes entre lo -representado y su representación. Mirar al escenario por el revés de -los gemelos. De este modo, empequeñecidos personajes y decoraciones, -todo parece la verdad misma. El gran Guitry parece todo lo más un -gallo cochinchino; Simone, una faisana al natural, y Coquelin hijo, un -perrillo de buen tamaño. - -Achicándolo todo por este procedimiento, la obra quizás se agrande. - -Lo contrario de lo que nos sucede aquí con nuestros políticos: ellos -nos parecen muy grandes, y la obra cada vez más pequeña. - - - - -IX - - -Siempre es peligroso ir contra las corrientes populares. En el programa -del nuevo Gobierno figura, para ser ley muy pronto, el servicio -obligatorio. Indiscutible en teoría, dentro de esa igualdad que las -leyes nos reconocen á todos como ciudadanos, aunque la Naturaleza la -desmienta á cada paso; más atenta que á la igualdad, á la armonía, -que no es lo mismo; pues á ella contribuyen, como en música bien -compuesta, tanto como los acordes, las discordancias; ¿es tan -indiscutible en la práctica? Por acercamos al ideal bruscamente, ¿no -tropezaremos con duras realidades, cuyo choque, no sólo destruye el -ideal, sino realidades positivas que debemos alejar de todo peligro -cuidadosamente? No basta mejorar los cuarteles; no son cuerpos mortales -solamente los que han de alojarse en ellos y han de acomodarse á -su disciplina; son espíritus también, que no se disponen tan pronto -ni tan fielmente como los materiales: alojamientos y provisiones. -La Religión y la Milicia: «Religión de hombres honrados», que dijo -Calderón de la Barca, no pueden existir sin una fe ciega, cuyo más -sólido fundamento sólo puede hallarse en una humilde ignorancia ó en -una superior filosofía, aparte los casos de predestinada vocación. -Pero entre las humildes inteligencias y los entendimientos superiores -capaces de crear objetividades de su propia subjetividad, existen en -gran mayoría esas inteligencias medias que han dejado de ignorar y no -han llegado á saber. Estas serían las dominantes en el Ejército con el -servicio obligatorio; éstas las que llevarían á él todos los fermentos -de una cultura mal reforzada. En ella abunda la moderna generación -intelectual, y de ello se resiente todo el organismo social. ¿Tendría -virtud el servicio obligatorio para disciplinar á esa masa, ó no sería -ella la que llegaría á contaminar el sano organismo del Ejército? - -La ejemplar conducta de distinguidos voluntarios en la última guerra -de Melilla ha influído, sin duda, en la opinión y en los gobernantes -para confiar en la virtud del servicio obligatorio. ¡Hermosa es la -fraternidad de todas las clases sociales en defensa de la Patria y -en los peligros de una guerra! Pero no son los tiempos de guerra -norma para presumir las ventajas ó los inconvenientes del servicio -obligatorio. Lleva la guerra en sus peligros y en sus actividades, -virtud moralizadora con la que no puede contarse en tiempos de paz. - -No olvidemos tampoco, en el país de las recomendaciones y las -influencias, que la desigualdad, más sensible que palpable de hoy, -sería la desigualdad que salta á la vista á todas horas, y es más -irritante. - -¿El ejemplo de otras naciones? ¡Ay, si la voz de algunos sabios -sociólogos lograra sobreponerse á la voz, más clamorosa, de los -halagadores de muchedumbres! - -Preguntadles á los primeros, preguntad á las estadísticas las ventajas -comerciales, industriales, sociales, en fin, que ha conseguido -Francia con el servicio obligatorio. Enteraos, ¡oh bien intencionados -legisladores!, cómo leyes tan democráticas, tan generosas, tan -animadas de nobles propósitos, como la del servicio obligatorio y la de -reglamentación del trabajo de los menores, han desatado sobre París y -otras ciudades de Francia esas bandas de _apaches_, que no son signo, -ciertamente, de civilización ni de progreso. - -No hay nada más peligroso en la realidad que el noble juego de los -ideales. - -Bueno es atender á la opinión popular, para satisfacerla en lo -justo; pero sobresalga sobre ella la opinión de los contempladores -desinteresados. Cuando todos crean llegada la hora, ellos sólo sabrán -decir: «Aun no es tiempo». - - * * * * * - -Admiremos la dificultad vencida por la señora Bellincioni en su danza -de Salomé. Es todo lo que puede danzarse ante nuestro público, cuando -ese público asiste á nuestro Teatro Real. Admirado el arte de la señora -Bellincioni, convengamos en que si Salomé no danzó de otro modo ante el -Tetrarca, ó éste era hombre de buen contentar, ó tenía más ganas de -perder de vista la cabeza del Precursor que Salomé de conseguir la del -uno y trastornar la del otro. - -Me figuro á Pastora Imperio bailando por instinto lo que la señora -Bellincioni baila por arte. ¿No son nuestro vulgarizado tango y nuestro -popular garrotín, más propia evocación de lo que debió ser la danza de -Salomé? ¡Lástima que haya perdido toda nobleza con el roce plebeyo! -Hay que confesar, ¡oh amplitud de los escenarios populares!, que _La -Corte de Faraón_, con su garrotín, está más cerca de la verdad bíblica -que la _Salomé_, de Strauss, con su danza de los siete velos. Y ¡los -«entradones» que se ha perdido la empresa! _Salomé_, con su buen -garrotín hubiera llevado á todo el público de Eslava, sin perder el del -Teatro Real por eso. El pudor de nuestro público está siempre dispuesto -á dejarse violar. Pero, ¡vale la pena tan pocas veces! Y luego, que uno -también tiene su pudor y no tan violable. - - - - -X - - -Francisco de Curel, uno de los pocos autores dramáticos franceses sin -ribetes de negociante, aseguraba, en reciente indagatoria sobre la -llamada «crisis» del teatro, que el teatro, en fuerza de tanto querer -ser negocio, va dejando de serlo, y acabará por arruinar á cuantos -empresarios sean ó fueren. - -Ya no basta para satisfacer las exigencias del negocio teatral con -la obra razonable, la obra razonablemente aplaudida y celebrada; es -preciso la «gran atracción», como en número de circo; la obra que -avive todas las curiosidades, como crimen misterioso; la obra de «gran -público», público que pueda llenar durante cien representaciones un -teatro. - -¿Fueron así las tragedias de Esquilo y de Sófloques? ¿Las obras de -Shakespeare? ¿Las de Lope y Calderón, obligados á una fecundidad sólo -disculpable por la efímera vida de cada obra en su tiempo? ¿Es posible -hacer obra de arte sincera, sentida, «nueva», con esa preocupación -comercial del gran número de representaciones, consecuencia de no -reparar en los medios de llamar la atención? Mujer y obra de arte que -andan por el mundo á llamar la atención, ¿no merecen el mismo nombre? - -¡Cuánta noble idea de comedia malograda por la consideración: «No -será obra de público, no dará dinero... No será obra simpática!... -¿Adónde voy yo con esta obra?» ¡Oh, autores noveles! ¡Envidiáis á -los que vosotros llamáis consagrados! Vosotros, por lo mismo que las -empresas no confían en vosotros, podéis atreveros á todo. Si alguna -obra os admiten, tened por seguro que la empresa ensayará otra al mismo -tiempo, para sustituir á la vuestra en el caso probable de un fracaso. -No gastará en ponerla, ni las actrices encargarán á París trajes y -sombreros, ni los actores esperarán revelarse en la creación de sus -papeles... Para los autores consagrados, ¡qué enorme responsabilidad -la suya! ¡La obra de las esperanzas, de las ilusiones, la clave -fundamental de una temporada, ó por lo menos de gran parte de la -temporada!... La equivocación de un autor consagrado es la ruina para -una empresa, la desilusión de actrices y actores, el descrédito de -un modisto, la zozobra en muchos humildes hogares de tramoyistas, -acomodadores, etcétera. ¡Legión pavorosa de espectros, presente al -concebir la obra, al planearla, al escribirla!... ¿Esa frase?... no; es -peligrosa. ¿Ese chiste?... ¡tremendo! ¿Ese final?... ¡de poco efecto! -¡Eso es atrevido! ¡Eso no está garantizado por el aplauso! ¡Oh, la -gloriosa inconsciencia de las primeras obras, las que un empresario -recibía con displicente desconfianza!...--Tenemos ahí una obra de -un chico que empieza... Una cosita; no está mal... Allá veremos... -Mientras llega la obra de...--aquí un gran nombre.--¡La obra de la -temporada! - -¿Comprendéis el lucido papel que podía hacerse cuando, por azares de -la fortuna, la «cosita» sin importancia pasaba á ser la obra de la -temporada? ¿Comprendéis la grave responsabilidad cuando la obra de la -temporada es... una cosa de mucha importancia, que no le importa al -público? ¿Sabéis de la tristeza de las cumbres, cuando se mira á un -lado ó al otro y todo es cuesta abajo? - -¡Juventud, divino tesoro!, más divino porque puede ser derrochado -pródigamente, porque es sólo nuestro... En la vejez, nuestro dinero, -nuestro arte, nuestra vida, todo, ya no es sólo nuestro; hay quien -puede pedirnos cuenta de todo ello... ¿Es posible un artista con -consejo de administración? ¿Comprendéis que, por no soportarlo, pueda -romperse la pluma á lo mejor de la vida, como dirán muchos de los que, -unos por admirar, por envidiar otros, no supieron nunca compadecer al -que vieron en alto? - - * * * * * - -¡Oh, maestro! Leí vuestra carta, en la que adivino toda vuestra -tristeza. Es la tristeza de Jesús, cuando al aconsejar al joven -neófito que repartiera toda su hacienda entre los pobres, si pretendía -seguirle, vió cómo el joven le volvía la espalda, incapaz del -sacrificio. Así visteis llegar á muchos presuntos discípulos; grandes -admiradores, á los que abrísteis el raudal de vuestro corazón y de -vuestra inteligencia... Y los visteis después alejarse desdeñosos, -malcontentos, murmuradores, porque en vuestra bondad, ellos sólo -buscaban un elogio, un «bombito» en forma de prólogo ó juicio crítico; -de vuestro entendimiento, que se hiciera traición para celebrar -sus errores y sus tonterías, y le ayudáseis al «buen parecer», que -basta para andar entre las gentes... Ellos, como Esaú, vendieron su -primogenitura por un plato de lentejas... - -¡Cada vez más solo, maestro¡ ¡Es verdad! ¿Quién no ha sentido esa gran -tristeza de ofrecer lo que mucho valía, y ver cómo ellos preferían lo -de ningún valor? - -Ofrece uno toda la vida, y ellos sólo piden una recomendación, un -elogio--algo del momento--. Ofrece uno la verdad de su corazón: ellos -sólo querían una mentira. - - * * * * * - -Próximo el primer aniversario de la muerte del maestro Chapí, no es -de temer que empresarios, artistas, la Sociedad de Autores, España -entera, en fin, necesiten de mejor estímulo que la proximidad de -esa fecha para conmemorarla de un modo digno. La deuda es grande. -Suspendida quedó, por la muerte, la función proyectada en honor del -maestro; contratiempos de todo género impidieron las representaciones -en esta temporada de _Margarita la Tornera_... Es empeño de honra -vencer á tanta fatalidad, á la misma inexorable de la muerte, que sólo -el amor vence... cuando el olvido no es segunda muerte. Pero ¿habremos -olvidado tan pronto? O ¿será la envidia la única que recuerde? Cosa -sería entonces de admirarla como una virtud, si ella sola logra vencer -á la admiración y al cariño de cuantos decían admirar y querer al gran -artista, al hombre honrado, al que, en tierra de bien nacidos, no es -posible que hubiera dejado una sombra de odio ni de envidia. - - - - -XI - - -Pasó Marta Regnier con su compañía y su ligero repertorio, por el -escenario de la Comedia, sin dejarnos honda emoción de arte ni de -belleza. Nos sentimos un poco orgullosos, porque ni actores ni autores -españoles podíamos temer la comparación. Sólo envidiamos lo selecto -de la concurrencia y sus manifestaciones de agrado, no tan fáciles de -obtener para los de casa. - -Marta Regnier es... un bonito artículo de París; de esos que entre -directores de teatro, autores y críticos suelen fabricar allí para -admiración de provincianos y de extranjeros. Además, en París les -parece joven, y lo es, comparada con Sarah, la Bartet, la Rèjane, la -Hayding y demás grandes estrellas del Teatro francés, admirable museo -de antigüedades. - -Los actores franceses tienen el defecto general de ser demasiado -actores. Todo es estudio y composición en ellos. No os sorprenderán -nunca con una incorrección, con un desentono. En las actrices es -también defecto empachoso que siempre han de parecer _cocottes_. Sólo -Mme. Bartet y Mlle. Reichenberg han tenido aires de gran señora y de -señorita en la escena. Algo también la Brandés, y en la extraordinaria -Sarah, el arte supremo lo idealiza todo, dándonos la sensación, como -dijo Lemaitre, de una mujer extranjera en todas partes, una mujer -de raro exotismo, que viene nadie sabe de dónde y vuelve á otra -región que ignoramos. Las demás, la _cocotte_, la eterna _cocotte_, -creación artificial de una literatura dramática que necesita para sus -combinaciones, figuras femeninas convencionales, como lo fueron la -cortesana del teatro latino y la dama de nuestras comedias del teatro -antiguo. - -Al mismo género pertenecen la _jeune fille_ de los ingenuos descocos, -la casadita de los peligrosos _flirts_, la divorciada andariega y la -viudita joven y experimentada de casi todas las comedias francesas -modernas. Triste idea darían de una sociedad, si no supiéramos que el -teatro fué siempre, en arte, la última y más irreductible trinchera de -lo falso y lo convencional. Ni Francia, ni París mismo, ni su sociedad, -ni sus mujeres, ni sus maridos, son eso ni pudieran serlo. - -Consolémonos, con la imagen falseada que sus escritores nos ofrecen, de -la que suelen presentar de nosotros. No es extraño que se equivoquen al -hablar de lo ajeno, los que se equivocan al hablar de lo propio. - - * * * * * - -Más que nuestros actores y nuestros autores de los extranjeros, -tendría que aprender nuestro público en cuanto á consideración y -respeto al espectáculo y á los espectadores. En una de las últimas -representaciones de _El oro del Rhin_ era materialmente imposible -enterarse de la obra, salvo en la parte visible. ¡Y habrá quien diga -que la música de Wágner es estruendosa! Sí, sí: ¡ya pueden echar los -compositores trompas, timbales, bombos y platillos á competir con la -graciosa cháchara de los abonados! ¡Y se tendrán por muy distinguidos! -No saben que lo más distinguido es... tener educación y que si entre -todo el numeroso público hubiera un solo espectador, uno sólo, que -hubiera pagado por oir la ópera y no por contribuir á la general -algazara, ese solo espectador merece el silencio de todo el público; -no hablo ya de los artistas y de la obra. Pero ¡sí!, este es el país -de: «Para eso hemos pagado, para estar como nos convenga.» Váyase -la poca educación de los que charlan, por la exagerada de los que, -habiendo pagado para oir la ópera, no protestan ruidosamente y en -cualquier forma de la mala educación de los charladores. A descortesía, -descortesía y media. Nunca estaría más justificada. En ningún teatro -del mundo se toleraría cosa semejante. ¡Y esa es la gente que viaja -por el extranjero! Verdad es que cuando viaja va á los circos, á los -_music-halls_. ¡Lástima de dinero, que estaría tan bien empleado en los -que no se atreven ni á respirar, allá en el paraíso! - - * * * * * - -En _Juventud de príncipe_, traducción de la comedia alemana _Alte -Heidelberg_, hay algo que desconcierta al espectador y, sobre todo, á -la espectadora, en nuestro público: las relaciones del príncipe y de -Catalina, camarera de una cervecería. - -Cuestión de latitud y de razas. Un público latino ¡el latino es pillín! -no comprende ese buen amor que tiene tanto de buena amistad. Aquella -muchacha sencilla quiere y se deja querer sin hablar de matrimonio, ni -de honra... ni siquiera de dinero. ¿Qué especie de mujer es ésta?--se -diría más de una espectadora.--¿Es buena? ¿Es mala? Es tonta, por de -contado. Grave defecto en una mujer. Nuestras mujeres no temen nada -tanto como pasar por tontas. ¡Así es tan raro que las engañe nadie! -A buen seguro que un príncipe latino, ¡qué un príncipe!, cualquier -muchacho de regular posición, no encontraría una ganga como la moza de -Heidelberg. Una muchacha joven, bonita, que ni ama demasiado hasta el -punto de destrozar el corazón al príncipe, ni de estorbarle siquiera -en sus estudios, ni le explota hábilmente, haciéndose señalar una -pensión vitalicia. ¡Un buen camarada de bromas y de excursiones! -Mujer... cuando es preciso y nada más... ¡Lo ideal para todo hombre de -ocupaciones! Con mujeres así, no es extraño que los alemanes progresen -tanto. Los pobres latinos, en cuanto tropiezan con una mujer en su -camino ¡hombres perdidos! Por eso _Juventud de príncipe_ fué más -celebrada en su estreno por los espectadores que por las espectadoras. - -Por nuestra vida y por nuestras comedias sólo se comprende el amor -causando estragos. Y sólo así convence á nuestras mujeres. - - - - -XII - - -Un distinguido escritor, al patrocinar también el debido homenaje al -maestro Chapí, lleva su escepticismo hasta dudar de la sinceridad de -mi admiración por el insigne músico; todo porque olvidé que en esta -temporada se había representado, por fin, _Margarita la Tornera_ en el -Teatro Real. Cuatro representaciones, después de tantos aplazamientos -y suspensiones, no son muchas, y nada tiene de particular que puedan -pasar inadvertidas para cualquiera, á poco preocupado ó distraído que -ande uno con sus particulares asuntos. - -No soy yo tampoco muy amigo de asistir á representaciones de las -obras que admiro. Las representaciones son siempre peligrosas para la -admiración, y si esas representaciones son de óperas españolas y en -nuestro teatro Real, doblemente. Claro es que una obra musical no puede -ser admirada en su integridad, como una obra literaria, sin pasar -por la interpretación, más ó menos edificante. Pero, en este caso, es -preferible admirar y creer... por fe, ó, si la fe nos falta, aceptando -como buena la autoridad de los competentes. Después de todo, por fe ó -por autoridad, creemos en muchas cosas de más importancia: en materias -de Religión, de Ciencia, etc., etc. - -Yo no me permitiría jamás dudar de la ciencia de un Ramón y Cajal, -aunque nunca haya asistido á sus experimentos. Me basta con que -personas de gran autoridad científica los den por buenos. ¿Estimaríamos -muchas cosas en el mundo si á cada una hubiéramos de aplicar la propia, -casi siempre ignorante, y muchas veces impertinente, investigación? El -propio juicio ¡es tan falible! y ¡tan variable! Cualquier alteración en -los humores, en la temperatura, en el bolsillo, basta á trastornarle. -¿De qué viven las grandes instituciones sociales más que de este -abandono del criterio individual al criterio social, única suma que -nunca es resultado de los sumandos? - -Si la admiración nacional fuera la suma de admiraciones individuales, -¿habría español que fuera admirado? Si el catolicismo dependiera del -número de verdaderos católicos, ¿sería España el país católico por -excelencia? Aunque sea el país en que haya más _excelencias_ por -católicos. - - * * * * * - -Del criterio y de los gustos artísticos de nuestros empresarios puede -dar idea el que, obras como _Aguila de blasón_ y _Romance de lobos_, -las admirables tragedias bárbaras de Valle-Inclán, no hayan encontrado -todavía escenario en que puedan ser, no más admiradas, pero sí -admiradas por más, como debieran serlo. - -Ahora, á fines de temporada--de lo bueno poco,--se nos ofrece _Cuento -de Abril_. Gentil ofrecimiento de la gentil actriz Matilde Moreno, que -nunca empleó mejor su estudio y su talento como en esta buena obra de -purificar el ambiente teatral con aires de poesía. - -Es _Cuento de Abril_ todo poesía y arte verdaderos, no de esas -sobredoradas imitaciones que andan por ahí desacreditando el género. - -Me aseguran que _Cuento de Abril_ pasó por otros teatros, en donde sólo -halló indiferencia ó extrañeza. Extrañeza lo comprendo, por lo raro -del caso. La indiferencia, ya es menos explicable. No hay razón para -lamentarse de la falta de obras y de autores, cuando se deja marchar -una obra como _Cuento de Abril_ y _Aguila de blasón_ y _Romance de -lobos_, ésta sin representarse. - - * * * * * - -¡Eterno vaivén de las cosas del mundo! El rompecabezas, el arrinconado -juguete de los tiempos de nuestra infancia, es ahora el juguete á la -moda, y no para niños, sino para mayores, y muy mayores, y en tertulias -de gran señorío y respetabilidad. Verdad es que el juguete viene ahora -de Inglaterra con el nombre de _Puzzles_. - -Yo no sé si será muy divertido, ni de qué otra diversión podrá ser -pretexto; porque yo no me fío de estos juegos de sociedad, casi -siempre de carambola y por tabla. Parece que se divierten con una cosa -y es con otra. - -Lo que sí sabré decir es que, este juego del rompecabezas, es de un -gran simbolismo. ¿Es otra la tarea de nuestra vida, que ésta de ir -juntando, para componer algo, los pedazos de nuestro corazón, de -nuestra inteligencia? - -Los antiguos rompecabezas llevaban el modelo para facilitar la -composición; estos de ahora son imprevistos. Y hasta en eso se ve -cómo procuran simbolizar la vida moderna. Va uno juntando pedazos y -pedazos, sin saber si será una marina ó un paisaje, un apacible cuadro -de familia ó una terrible batalla, lo que al fin resulte. La sorpresa -es el mayor encanto. Así vivimos: juntando pedacitos de nuestra vida, -sin saber lo que será el cuadro de nuestra vida; sin modelo que pueda -orientarnos. Rompecabezas es el juguete: si ponemos en él toda nuestra -ilusión, bien pudiera llamarse ¡rompecorazones! - - - - -XIII - - -Somos los españoles como nuestros vinos: ganamos transportados. -El que aquí malgasta lo mejor de sus energías en luchar contra el -medio ambiente, fuera de aquí, aun contra las dificultades que á -todo extranjero se oponen en todas partes, logra vencer y afirmar su -personalidad. Por eso fuimos pueblo de conquistadores, y si perdimos -todas nuestras conquistas, no fué por no haber sabido hacer nuestras -las tierras conquistadas, sino tal vez por haberlas hecho demasiado -nuestras. Parece paradoja, pero es lo cierto que América dejó de -pertenecer á España por haberla hecho demasiado española. Somos gente -poco de casa. Cuando no aspiramos á conquistar el mundo, aspiramos -á ganar el cielo. De nosotros pude decirse, como en aquella antigua -canción tan nuestra: - - «Fuí al mar, - vine del mar... - Mis telitas sin hilar.» - -Buen ejemplo de este nuestro espíritu conquistador y buena compensación -de otras conquistas materiales, hoy más difíciles de emprender, -tenemos en Pepe Lasalle, quien salió de España, hará unos diez años, -diciendo: «Seré director de orquesta», y ha realizado su propósito -tan cumplidamente que, al saludarle de nuevo por esta su tierra, á su -nombre y su cargo añadimos, por aclamación, todos los adjetivos que su -modestia callaba al despedirse, pero á los que, sin duda, pretendía en -su noble ambición de artista. Gran director de una gran orquesta. No -puede cumplirse mejor el propio vaticinio. Desde los tiempos del Gran -Emperador, no se unieron Alemania y España en más gloriosa empresa. - -Ahora bien, ó, ahora mal, mejor dicho: con el mismo talento, con la -misma energía, con todo lo personal, en fin; si entre nosotros se -hubiera propuesto Pepe Lasalle realizar su propósito, ¿hubiera llegado -á conseguirlo? Contesten tantos verdaderos artistas músicos como andan -por ahí desperdigados por cafés y orquestas de teatrillo; responda -nuestro público aristocrático, llenando los palcos del Circo en los -días de moda y dejando poner en la taquilla de billetes para los -conciertos: «Sólo quedan palcos y butacas»; hablen el Cuarteto Francés -y el Cuarteto Vela, luchando contra la indiferencia del público, -sólo sostenidos por el aplauso de algunos inteligentes que ¡ay! son -justamente los que van de gorra, y aun hay que agradecérselo. Por -eso, bien esta que aplaudamos con el mayor entusiasmo á los de fuera, -y mucho más cuando los dirige uno tan nuestro y que tan alto pone el -nombre de España en el mundo del Arte; pero estimemos en cuanto merecen -á los de casa, que, sobre las dificultades de su arte, han de vencer -las del medio, hostil ó indiferente. El Arte, que es todo simpatía, -sólo en ambiente de simpatía florece. - - * * * * * - -¿Quién se atreverá á poner en duda el desinterés de nuestros -escritores? Cada dos ó tres años, el ministerio de Instrucción pública, -cuidadoso tutor y curador de los menores y pródigos, que son nuestros -literatos, ha de conceder graciosamente ampliación del plazo para -inscribir obras en el Registro de la Propiedad. ¿Es desinterés, -ignorancia de estas formalidades legales ó triste convencimiento de -que, para lo poco que ha de producir, no vale la pena de tomarse -molestia alguna? En los dos últimos casos sería muy triste; en el -primero sería muy laudable, si ese desprendimiento no redundara -siempre en beneficio de algún editor _vivo_, siempre dispuesto á -levantar muertos al amparo de una ley que, por fortuna, no se cumple -con inexorable rigor. Para todos los efectos de responsabilidad, la -condición de escritor debiera equipararse en nuestros Códigos á la de -los menores ó incapacitados. ¿Por qué han de estar tan reñidos números -y letras que, hasta cuando la realidad de los números se impone al -escritor, ha de venir en letras... de cambio, aceptadas por él con la -más divina inconsciencia de números y de fechas? - - * * * * * - -El descubrimiento del doctor Doyen, prometiéndonos más larga vida, -no dejará de regocijar á cuantos van á gusto en el machito; para -ellos lujoso carruaje ó automóvil. A los de á pie nos es indiferente. -¡Alargar la vida! - -¡Como no sea por la ilusioncilla de ver terminadas las obras de la Gran -Vía; ó por ver si los aeroplanos llegan á establecerse con servicio -regular, como los transatlánticos; ó por saber del estreno de una obra -nueva de Rostand; ó por ver las calles de Madrid sin pordioseros!... -Aunque es de temer que la virtud del descubrimiento del doctor Doyen -no alcance á la realización de todas estas esperanzas. Entonces, para -seguir con la misma historia de la vida, «Este cuento de la vida, dos -veces contado», como dijo Shakespeare, ó «contado por un idiota», que -dijo el mismo... El descubrimiento del buen doctor no vale lo que una -botella de buen vino, un poco de morfina, un buen cigarro, una buena -música ó una buena mentira; de esas mentiras dulces, que parecen amor ó -gloria... Todo lo que es olvido de esa implacable verdad, cuyo nombre -más cierto es muerte. - - - - -XIV - - -Son las próximas elecciones la mayor preocupación en estos días. -No--esto es lo triste--por el gran interés que inspiren, en cuanto -pudieran influir en los destinos futuros de España, sino por los muchos -pequeños intereses que en ellas se fundan y contra el interés general -conspiran. - -Líbrenos la diosa Democracia de hablar mal del sufragio universal, ni -del voto obligatorio, preciadas conquistas suyas. Antes era posible que -un Gobierno regalara, lo que se dice regalar, un distrito á cualquiera -de sus patrocinados; pero, por lo mismo que se trataba de un regalo, -los Gobiernos cuidaban, para no dar que murmurar demasiado, que el -candidato fuera persona de merecimiento. Ahora, como todo el apoyo y la -protección oficiales no bastan á librar al protegido de ciertos gastos -indispensables, es preciso buscar ante todo gente de dinero ó que sepa -sacarlo de donde lo haya. Antes solía decirse: «A Fulano le apoya el -Gobierno», ó «Cuenta con la protección de éste ó del otro, mayores ó -menores caciques.» Ahora, las protecciones no significan nada. La única -probabilidad de triunfo es decir: «Fulano piensa gastarse tanto en la -elección; Menganito se gastará cuanto.» - -Las gentes sencillas, tan incapaces de grandes abnegaciones patrióticas -como de ambiciosas vanidades, no hayan compensación en el cargo de -diputado á tan crecidos sacrificios pecuniarios, y con la natural -desconfianza que despiertan siempre las acciones heroicas, cuando -su móvil no tiene equivalente, por lo menos «potencial», en nuestro -espíritu, dan á recelar, con esa suspicacia propia de las gentes -sencillas, que en lo de ser diputado ha de haber algunas ventajillas -más que la de sacrificarse por la patria, la de chupar caramelos, la -franquicia postal y la misma inmunidad parlamentaria. - -Esa desconfianza hace que, obligadas al voto, las gentes sencillas -vayan á la votación con la misma indiferencia con que antes se -quedaban en casa. Al «qué más da votar que no votar» ha sustituido -el «qué más da votar á unos que á otros». La consecuencia en uno y -otro caso es la misma: no triunfa el que triunfa por importarle á -muchos, sino por no importarle á nadie. Así podemos vanagloriarnos de -constituir unas Cámaras que no representan la opinión del país, como en -otros países, sino su falta de opinión. - - * * * * * - -A consecuencia de una polémica entre autores y críticos, se ha -discutido en París, entre autores, críticos y actores, sobre la -eficacia de la crítica, sobre sus derechos y deberes y hasta sobre la -conveniencia de su desaparición. Los autores y los actores artistas han -opinado, como era natural, que la supresión de la crítica literaria -sería tanto como relegar el teatro al terreno puramente industrial de -especulación. Pero ¿es otra cosa el teatro moderno? ¿No es fantasear -á costa de la realidad--fantasía muy cara--considerarle de otro -modo? A no ser en teatros subvencionados con esplendidez, donde los -directores puedan permitirse el lujo de ofrecer verdaderas obras de -arte, ¿qué empresario ni qué autor pueden aceptar la responsabilidad -de comprometer intereses respetables por entregarse á nobles juegos de -arte? - -Hoy se le da al teatro una importancia comercial que nunca tuvo. -Exigencias del público, de la crítica, de autores y actores--no -hablemos de los propietarios,--han convertido en negocio -arriesgadísimo, más propio de capitalistas que de verdaderos -aficionados al arte, la explotación de un teatro. En estas condiciones, -¿puede depender del criterio artístico, de la crítica, el éxito de una -obra? Dejémonos de vanidades. El teatro moderno tiene muy poco que ver -con el arte. No se interponga ninguna consideración artística entre el -público y la taquilla, como no se interpone entre el comprador y el -comerciante una crítica del escaparate. ¿Que esto será el fin de la -literatura dramática? No, al contrario; quedarán mejor deslindados los -campos. A un lado el arte y la literatura; al otro lado el teatro. Un -teatro que sólo aspira al dinero no debe tener más sanción penal que la -falta de dinero. La crítica literaria es demasiado honor para él. La -mejor crítica de muchas obras es haber llenado el teatro durante 200 -noches, y que el autor, para curarse de toda vanidad, llegara á conocer -personalmente á los 200.000 espectadores que le han aplaudido, ¡Ay del -artista que, cuando más clamoroso oye el aplauso de todos, no sabe -percibir la voz de la propia censura! - - * * * * * - -En Berlín se ha fundado una Sociedad, llamada de Calderón, con el -objeto de representar obras de nuestro autor y algunas de otros -autores, no menos admirables, nunca representadas en los teatros -ordinarios. En dicha Sociedad figuran ilustres personajes, y en la -primera función, con el concurso de los mejores actores de los teatros -berlineses, se representará _La devoción de la Cruz_. - -Esto en Berlín, donde todos los años se representa mayor número de -obras de Calderón y de Lope de Vega que en nuestros teatros. En cambio, -nosotros no dejaremos de representar opereta alemana, ni austriaca, en -justa correspondencia. Schiller y Goethe y el moderno Hauptman bien -están en su casa. Y que se lleven á Calderón y á Lope. ¡Para lo que -van á divertirse con ellos! Mejor sería proponerles, ya que en tan -buena disposición se hallan, que se encargaran de celebrar en Berlín el -centenario de Cervantes. ¡Fuera cuidados! De aquí les mandaríamos una -lucida Comisión y todos los toreros que hicieran falta para una buena -corrida de toros. - - - - -XV - - -¡A cualquier hora nos la dan á nosotros de primos! Nos hemos dislocado -de risa con una porción de _vaudevilles_ sin gracia y sin fantasía; nos -hemos extasiado ante unos cuantos melodramas policíacos sin novedad y -sin interés; hemos acogido como armonías celestiales la organillesca -musiquilla de cuantas operetas vienesas han querido ofrecernos... -Todo ello por venir de fuera y venir consagrado. Pero esto no podía -continuar. ¿Qué se diría? ¿Qué éramos público para contentarnos con -cualquier cosa? Nada, nada de dejarse sugestionar... A la primera -ocasión... Y la primera ocasión ha sido _Chantecler_. Diríase que, -á falta de mayores solemnidades, habíamos querido conmemorar en él -la fecha próxima del Dos de Mayo. Lo que no consiguieron bombos y -reclamos previos, acabará por conseguirlo la desconsideración de -algunos públicos con una obra de noble y elevado arte: imponerla, por -fin, á la admiración de todos. ¡Ya quisiéramos que gallos como ese nos -cantaran todos los días en nuestros corrales! ¡Para una vez que nos -hemos sentido carabineros del arte... de las pocas veces que no venía -contrabando! - - * * * * * - -La palabra de Dios es el silencio, y, si alguna vez comprendemos en -toda su grandeza esa divina palabra del silencio, es cuando una mujer -linda y graciosa nos dice ó nos canta tonterías desde un escenario. -Para admirar una linda hechura de Dios, ¿qué necesidad hay de -molestarnos con idioteces? ¿No bastaría con una bien compuesta danza -para mostrarnos la gracia de las actitudes? ¿No bastaría con pasar y -sonreir? ¿Es preciso más para que una mujer bella enamore? Y, si algo -ha de decirnos, sea en una lengua extraña, sólo comprensible como -una música... No quiebre el ritmo de una bella armonía el desentono -de las palabras chabacanas. No es la belleza la que ha de acercarse -á nosotros; somos nosotros los que hemos de acercarnos á ella, -alejándonos de la realidad... Y no es el mejor puente la letra de algún -_couplet_ que, sólo se salva de lo canallesco, para caer en lo insulso. - - * * * * * - -Hasta ahora estuvo considerado el grajo como una de las aves -beneméritas de la agricultura, por la gran cantidad de insectos y -de alimañas, perjudiciales á los campos, de que se alimentaba. Pero -¡no somos nadie! Ni los estómagos, ni las conciencias, ni ¡ay! los -bolsillos--gran estómago de los racionales civilizados--resisten á -un minucioso examen. Después de registrado el buche de unos cuantos -grajos--los bastantes para dar autoridad á la estadística,--el -implacable análisis viene en exonerar á toda la casta de sus -preeminencias y consideración sociales como protectora de la -agricultura. La cantidad de animalitos dañosos engullidos por el grajo -no guarda proporción con la gran cantidad de semillas y de granos -que devora. Por lo tanto, no hay para qué respetarle, y, en adelante, -pasará á la triste categoría de los perseguidos y cazados sin tregua. - -Aplicado este mismo análisis estomacal á muchos grandes personajes -y respetables Corporaciones, hasta ahora considerados y respetadas -como de utilidad social, ¿no tendríamos el mismo resultado? Lo que -protegen por una parte, ¿estará compensado por lo que dañan de otra? -¿No tragarán más grano provechoso que animalillos perjudiciales? -¡Cuánto grajo no estará viviendo por esos campos, de un respeto mal -fundamentado! Se impone la autopsia de unos cuantos, á la hora plácida -de la digestión, para saber á qué atenernos. - - * * * * * - -Como siempre que se proyectan grandes festejos, de lo proyectado á lo -realizado va... la distancia que hay de las necesidades de Madrid á los -cuidados de su Ayuntamiento. No; aquí ni comemos ni nos reímos. Como -festejo extraordinario, ya nos contentaríamos con que nos lavaran un -poco. - -El problema de la mendicidad--grandes problemas son siempre aquellos -para cuya resolución hace falta mucho dinero: el problema de la -vida, el problema de las subsistencias, el problema de la enseñanza, -etc...--sigue en estudio. Textos en que estudiarle no faltan. Dentro de -poco, para poder andar tranquilamente por Madrid, habrá que vestirse -de harapos. Será el único modo de que le dejen á uno tranquilo. Añadan -ustedes en estos días, á los mendigos de siempre, los electorales: -¡El voto, por amor de Dios! ¡Esta candidatura, que no he comido en -todo el año! Ya no sabe uno á quién dice: ¡Perdón, hermano, ó: Estoy -comprometido con los socialistas. - -¡Grandes días estos para disponer de un aeroplano! ¡Feliz el conde -de Romanones, único español á quien no le preocupan los asuntos -electorales! - - - - -XVI - - -Salvo el género de tropelías, mudanza que los siglos van trayendo, pudo -compararse al difunto rey Eduardo VII con aquel otro rey de Inglaterra, -Enrique V, héroe de la batalla de Argincourt, protagonista en varios -dramas historiales de Shakespeare. Como el alegre y despreocupado amigo -de Falstaf y Pistol, supo ser, como rey en su día, muy otro que como -príncipe de Gales. - -No podría decirse de él que fué el príncipe que todo lo aprendió en -los libros. Mucho aprendió en la vida, y no fué desaprovechada la -enseñanza. Una buena Prensa le prodiga elogios, que no le regateará -la Historia. Estímanse las virtudes de los grandes, y es justo que -así sea, por comparación con sus iguales; así no es de extrañar que, -con las cualidades que apenas librarían á un señor particular, en la -hora de su muerte, del piadoso comentario de alguna buena amiga: ¡Qué -descansada se habrá quedado la familia!, la Historia se dé por contenta -para proclamar: ¡Era un gran rey! - - * * * * * - -Si en la satisfacción del triunfo cabe siempre una gota de amargura, -¿habrá dejado de saborear su provechosa medicina el gran D. Benito -Pérez Galdós? ¿Cómo puede escapar á su observación lo fácil de una -carrera política y lo difícil de una carrera literaria? La primera -serie de sus _Episodios Nacionales_ y muchas de sus admirables novelas -llevaba publicadas don Benito y no podía contar con el número de -lectores con que, sólo en dos años de republicano, ha podido contar de -electores. - -De lectores á electores hay una sola letra de diferencia; pero ¡qué -gran diferencia en números! - -Y ¿cómo comparar el mérito de la labor literaria de toda una vida con -los merecimientos de dos años de republicano, aunque contemos como -literatura y como republicanismo el sinnúmero de cartas de adhesión á -todas las paellas tricolores, en torno á las cuales se haya reunido -siquiera media docena de republicanos? - -¡Cuarenta mil votos! Una duda: de la primera novela que publique, -¿venderá tan fácilmente D. Benito 40.000 ejemplares? - - * * * * * - -Siempre que un Gobierno sale malparado de unas elecciones, le queda -el consuelo que á las mujeres feas y pobres: atribuir á su honradez -toda su desgracia. ¡Si yo hubiera sido como otras! ¡Esto me pasa á mí -por ser honrada! Ninguna dice: ¡Esto me pasa á mí por ser fea! Que -era el caso de la candidatura monárquica en Madrid. Claro es que ser -diputado por Madrid significa poco; aquí no hay mangoneo ni caciqueo. -Las grandes figuras de la política prefieren sus feudos provincianos. -Para Madrid quedan unos cuantos señores de buena voluntad y mejor fe, -dispuestos á gastarse muy buenos cuartos. Pero ¡ay! Madrid tiene otras -teclas que tocar que los distritos rurales. Aquí se fuma y se bebe todo -el año y no se le asusta á nadie con un apremio, ni con un recibo... -¿Será verdad que los electores monárquicos hayan andado despegadillos? -Como entre ellos hay gente de dinero y muchos tienen automóvil y el día -estaba bueno... Por eso, no será malo, para otra vez, confiar menos en -los electores y algo más en los elegibles. - - * * * * * - -Muchas personas de viso, de esas que se abstendrían, por comodidad ó -por abandono, de votar la candidatura monárquica, han andado en estos -días poco menos que á media asta con motivo del fallecimiento del rey -de Inglaterra. Bueno está vestir á la inglesa y vivir á la inglesa y -pagar á la inglesa, pero ¡entristecerse á la inglesa también! Mucho se -había divertido el noble difunto, pero no hasta el extremo de que tanta -y tan buena gente le llore como á un padre. - -Los actores franceses son los que han tenido una ocasión más de -exhibirse. No hay uno que no haya sido gran amigo del rey Eduardo y no -tenga que contarnos alguna chispeante anécdota. A Febvre, ex socio de -la Comedia Francesa, le regaló un bastón; á Réjane, una sortija; Sarah -¡oh, Sarah! le reprendió una vez severamente porque se acercó á ella -sin quitarse el sombrero. Siempre fué el teatro la mejor escuela de -buena crianza. Pero todos están inconsolables. Le querían mucho. - -Menos mal. Ya dijo Hamlet, príncipe muy aficionado al teatro, que más -nos valiera tener un mal epitafio que una mala reputación entre los -comediantes. - - - - -XVII - - -Ya nos ha salido el susto del cuerpo. Es posible que á muchos, sobre -todo á muchas, de las que más se regocijaran en la noche de la temida -fin del mundo, no les haya salido todavía ó les salga de aquí á unos -meses, á mayor gloria y perpetuidad de este pícaro mundo. - -Si es cierto lo que asegura Renán en su _Abadesa de Juarre_, que, ante -la muerte próxima, el amor se envalentona y se deja de miramientos -hasta decir ¡Fuera cuidados!, esperemos que el cometa Halley, en vez de -acabar con el mundo y sus habitantes, nos habrá dado cuerda para mucho -tiempo. - -La verdad es que, para lo atrasadillos que andamos, según dicen, -no hemos sido de los que más se han puesto en ridículo por esos -mundos. ¡Estamos tan hechos á pronósticos de nuestro fin! Y siempre -es preferible que el mundo se acabe para todos á acabarse uno para -el mundo. Mundo tenemos en general, y ojalá tuviéramos vida en -particular hasta la llegada de otro cometa, y aun es posible que -hasta la terminación de la Gran Vía, y, exagerando un poco, hasta -el advenimiento de la República. Las revoluciones, lo mismo en las -celestiales que en las terrenales esferas, nunca las traen cometas -andariegos y revoltosos, por mucha cola que aparenten. Es preciso algún -astro de primera magnitud, y por ahora... todo es vía láctea en las -celestiales y en las terrenales esferas. - - * * * * * - -Para los que se pagan de nombres--República, Monarquía,--ahí tienen á -la República Argentina y á su Gobierno viéndose obligados, en plena -apoteosis de su engrandecimiento y prosperidad, á declarar el estado -de guerra; medida que, con el interés de los más, acaso baste á -conseguir una tregua de fiestas patrióticas. Pero el problema queda -en pie. Y el problema allí es del mundo entero. Digan unos: Patria; -otros: Humanidad, siempre sientan bien estos nombres sonoros y nobles. -En realidad, riqueza de un lado, miseria de otro. Más peligroso es -el conflicto en esos pueblos jóvenes, adonde llegan todos los días -miles de conquistadores de todas las razas y de todos los pueblos. Y -conquistadores sin bandera, desarraigados de su patria, á luchar por -sí, á enriquecerse, si es posible, en provecho propio... ¿Cómo exigir -á tanto egoísmo humano el sacrificio por una idea nacional? No bastan -los intereses materiales, opuestos de clase á clase, cuando no de -individuo á individuo, á unir voluntades y sentimientos en ese algo -inexplicable que se llama ideal nacional. Es ley fatal humana que, en -las causas de nuestra grandeza, esté el mayor peligro de nuestra ruina. -El talento, el valor, la riqueza, la hermosura tienen en sí mismos su -mayor enemigo. La República Argentina es inmensamente rica y generosa. -Pero si todos quieren ser inmensamente ricos en ella, ¿bastará toda -su generosidad? ¿No tendrá á cada paso un conflicto entro su interés -nacional y tantos intereses de tantos, por desligados de su patria, -más desligados de una patria extranjera? He aquí el peligro y he aquí -el problema de la República Argentina. ¿Lo que hoy es un gran pueblo, -llegará á ser una gran nación? ¿Llegarán á sumarse tantos intereses -egoístas en un solo egoísmo ideal? Gran cosa es que en un pueblo todos -procuren ser ricos, á condición de que todos también estén dispuestos á -morirse de hambre en un día. Con la primera cualidad, dominante en la -República Argentina, y la segunda, dominante en España... ¡gran nación! - - * * * * * - -Millones de flores, que representan millones de pesetas, cubrirán la -tumba del rey Eduardo de Inglaterra. Los economistas republicanos, que -hallan sus mejores argumentos contra la Monarquía en publicar lo que -cuesta el sostenimiento diario de unas caballerizas reales, no dejarán -de filosofar ante ese derroche de flores. No pensarán lo mismo las -floristas ni los floricultores. Y siempre que un señor de esos que, -por alardear de modestia, deja dispuesto en su última voluntad que no -se deposite coronas ni flores sobre su cadáver y que se le entierre con -la mayor sencillez, pienso en la oración fúnebre que han de dedicarle -los empresarios de pompas fúnebres y los fabricantes de coronas: ¡Vaya -con el hombre, á qué hora ha ido á acordarse de ser modesto! Yo creo -que la mayor modestia es no disponer nada y dejar á los ricos que -hagan su gusto y su voluntad y á los funerarios su negocio. El que uno -se muera no es razón para que no vivan los demás. A mí me parece muy -bien todas esas flores y ese dinero que se gastan los ingleses. Las -flores nunca son caras. Además, los vivos son lo bastante vivos para no -dedicar flores al muerto; las flores son á los que quedan. - -Recuerdo que á un gran personaje se le murió un sobrinito, y la casa -se llenó de coronas y de flores y el entierro llevó el más lucido y -numeroso acompañamiento, y decían los familiares de la casa: Si esto -es por el sobrino, ¡cuando el señor muera! Pero el señor, al morir, -no dejaba familia de importancia, ni, de ella, nadie que pudiera -dar destinos ni dispensar favores, y al entierro... dos peseteros y -los precisos operarios. Señores muertos: nada de consideración con -los vivos; admitan ustedes coronas y flores, y á la familia dejarle -encargado el entierro de primera y con mucho clero: que vivan todos. -Siempre hace bien ver caras alegres en un entierro. - - - - -XVIII - - -Todo Gobierno, al emitir su respectivo discurso de la Corona, bien -puede disculparse, como el aldeano de Molière:--Si digo siempre lo -mismo, es porque siempre es lo mismo; que si no fuera siempre lo mismo, -no diría siempre lo mismo. - -Si los anteriores Gobiernos hubieran realizado todas las bellas y -grandes cosas prometidas en sus sendos discursos, nada quedaría por -realizar, ni siquiera por prometer, y holgaría un nuevo discurso de -discursos (revista de revistas). - -Si de la vida dijo Shakespeare que era fastidiosa como un cuento oído -dos veces, ¿qué serán estos discursos tantas veces oídos? Así nos hemos -acostumbrado á oírlos con el más consecuente escepticismo, reflejo tal -vez del escepticismo que suele dictarlos. - -En fin, como el escepticismo es puerta entornada, ¿por qué no hemos -de conceder á estos discursos siquiera la confianza que ponemos en la -lotería? Alguna vez puede tocar. No aspiremos al premio gordo.--El -programa ideal. ¿No es eso?--¡Si tocara una aproximación! - -En lo que no cabe por esta vez escepticismo es en lo del «vigoroso -llamamiento al crédito». Esa es la eterna subida del vino: que nunca -mejora de calidad, aunque suba de precio. - -Por si no bastaba con un discurso, hemos tenido dos: el de la Corona -y el de la coronilla, á cargo del jefe del partido conservador, muy -empeñado en llevar vela en este entierro, que bien puede serlo si no -hay á tiempo un capirotazo enérgico que apague esas velas y cirios que -ya han «deslucido» bastante. - -Entre los dos discursos nos quedamos... con el Mensaje de la Asamblea -agrícola; de menor resonancia, pero de más sólida y aplicable doctrina. - - * * * * * - -Próximas á terminar las representaciones de Novelli en Lara, cerrados -muchos teatros de invierno--algunos más propios de verano por la -frescura de obras y artistas,--no queda en Madrid más espectáculo -atractivo que las sesiones del Congreso y alguna cómica, especial, -del Senado, que cuenta para el género con eminentes y acreditados -característicos. - -Las distinguidas aficionadas al Parlamento, en todas sus -manifestaciones, particulares y públicas, ya tienen dónde pasar la -tarde y en dónde distraerse hasta el veraneo, retrasado, como siempre -por los deberes políticos de los maridos, padres, etc. - -El elemento femenino ha de interesarse mucho en la actual legislatura. -Hay que evitar la condenación de más de cuatro amigos arriesgados en -alguna votación peligrosa. ¡Sería una lástima no poder encontrarse con -ellos en celestiales moradas, como ahora en las más elegantes casas, -por culpa de un proyecto de ley! Hay liberales muy simpáticos, y hasta -con dinero; el partido conservador no tiene monopolizadas estas dos -bellas cualidades para brillar en sociedad. - -Yo sé que á estas horas hay quien eleva plegarias y hace ofrecimientos -por la salvación de algunos ministeriales. No teman las distinguidas -intercesoras; llegado el caso, todos han de salvarse, más que por -vuestra intercesión, por propia iniciativa, al grito dispersador de: -«¡Sálvese el que pueda!» No roguéis por ellos; rogad por vosotras y -por vuestros hijos, diremos parafraseando palabras de Jesús. Porque -si pudierais ver, como El, en lo venidero, veríais lo que mejor os -estaba y les estaba á todos para evitar mayores males. Verdad es que si -vosotras tuvierais inteligencia y cultura para comprender estas cosas, -hace mucho tiempo que estarían resueltos muchos problemas por sí solos. - - * * * * * - -El orgullo nacional de los franceses, irreductible, sobre todo -tratándose de su arte, se halla muy resignado con ver su París invadido -por toda clase de espectáculos extranjeros. Opera italiana, comedia -belga, baile ruso; sin contar innumerables artistas, autores y músicos -de diferentes nacionalidades repartidos por diferentes teatros. - -A mal tiempo amable sonrisa, y ellos venden por generosa hospitalidad -lo que á regañadientes soportan. Claro es que los comediantes belgas -son una pobre gente sin pizca de _chic_, aunque sean más espontáneos -y naturales que los amaneradísimos actores franceses, apestantes á -Conservatorio y á Comedie Française; que Caruso no puede compararse -con los admirables tenores de la Gran Opera, con sus voces de gato -pisado... Sólo ante los bailarines rusos humillan su superioridad, -y eso porque, según ellos, todo su arte es de la más pura tradición -francesa. - -Como espectáculo propio no han ofrecido, autores y actores franceses, -en estos últimos tiempos, nada más interesante que la pelotera entre -Bataille--el nombre obliga, y él se encarga de justificarlo--y la gran -Sarah, sólo comparable á la guardia napoleónica en lo de dar que hablar -hasta sucumbir. - -En París, como en todas partes, se perecen por estos chismes teatrales. -Hasta que los Tribunales dieron la razón á Bataille, todo el mundo -estaba de su parte; en cuanto tuvo á la justicia por suya, consideraron -que ya tenía bastante, y todo el mundo se puso de parte de Sarah. -Cuando se atrevió á embargarla sus muebles y los ingresos de su -teatro... ¡no se diga! Los mayores enemigos de la actriz se aprestaron -á defenderla contra el autor. Se llegó á decir que Bataille había -insultado á Francia en la persona de Sarah. - -Aquí, por fortuna, no se llevan á punta de embargo estas cosas de -teatro, que no valen la pena. Sólo sabemos de un empresario capaz de -embargar á sus autores; pero con el mayor cariño y sin dejar por eso -de representarles sus obras, para mejor garantía del embargo... Los -demás, todos buenas personas. Nos peleamos, hacemos las paces, nos -odiamos, volvemos á querernos; pero todo con la mayor modestia, sin -indemnizaciones y sin reclamos. - - - - -XIX - - -Las mujeres son, por lo general, conservadoras, muy respetuosas -con lo tradicional y establecido; pero cuando una mujer da en -revolucionaria... Nada menos que todo el sistema planetario nos ha -trastornado una distinguida dama, miss Craig, en interesantísima -conferencia dada en el Ateneo. - -No era la flor que más se había presentado hasta ahora, en el ramo -de la sabiduría femenina, ésta de la astronomía. Bueno es que la -mujer se vaya poniendo en comunicación con el cielo de mejor modo que -con importunas plegarias petitorias. La aparición, mejor dicho, la -desaparición, y para nosotros ¡ay! despedida, sin beneficio, del cometa -de Halley, á más de su cola natural, se ha traído otra muy larga de -discusiones entre los astrónomos. A consecuencia de todas ellas, se -inicia el descrédito de algunas verdades, que ya habían durado lo -bastante, para obtener, sin que nadie pueda molestarse, su jubilación y -pase á la escala de reserva. Todo nuestro respeto para estas mentiras -de hoy, que fueron las verdades de ayer, y aprendamos por ellas á -respetar las mentiras de hoy, que tal vez sean las verdades de mañana. - -Los estudios de miss Craig son muy serios y no deben tomarse á broma. -Sin llegar á las atrevidas afirmaciones de la conferenciante, otros -astrónomos de gran renombre han coincidido recientemente en negar -las teorías de Newton sobre las leyes de gravitación y de atracción -universales. - -Por mi parte, celebraría mucho que se salieran con la suya; porque, con -todo el respeto á Newton, eso de que cuando uno cae, cae por atracción, -me pareció siempre una tontería. Es para escamarse el que á Newton se -le ocurriera viendo caer una manzana; desde los primeros días del mundo -la manzana fué siempre fruta ocasionada á funestas equivocaciones. - -En este caso nada se ha perdido; todo es que los pobres muchachos -estudiantes del bachillerato tengan que aprenderse una nueva teoría... -hasta otra. Los licenciados y doctores pueden seguir sirviéndose de la -que estudiaron en sus libros. Más se ha adelantado en otras materias, -de aplicación más inmediata, y hay quien se anda en el Fuero Juzgo y -sus equivalentes. - -Entre las afirmaciones de miss Craig, la más alarmante es la de que el -sol nos ha estado engañando miserablemente. La luz que nos alumbra no -es cosa suya. Yo no se cómo no habíamos caído antes en ello, cuando -en el Génesis se habla de la creación del sol y de las estrellas, -por una parte, y por otra se dice que la luz fué hecha. Con la nueva -explicación no hay, pues, que temer un nuevo conflicto entre la -Religión y la Ciencia. Más vale así; que bastantes hemos tenido, sin -contar con los que esperan al Gobierno con la Nunciatura. Quedan, en -cambio, inservibles todos los embustes y ponderaciones:--¡Tan verdad -como el sol que nos alumbra!--Inservibles también una porción de odas y -de comparaciones. Pero ya verán ustedes cómo el sol continúa viviendo -del crédito durante mucho tiempo. Hasta en eso va á parecernos más -español: en vivir de las apariencias. - - * * * * * - -Ríanse ustedes de imperiales cortejos en Roma, triunfos carnavalescos -de los Médicis en Florencia, tramoyas del Buen Retiro y pastorales de -Versalles. Todo es pobretería en parangón con la admirable _carrozada_ -que nos han presentado. Menos mal que sólo estábamos la familia y los -amigos, como en función casera, y apenas había entre los espectadores -quien no tuviera en la cabalgata un pedazo de su corazón ó una prenda -de su guardatrapos. - -¿Qué mal aficionado á representar comedias no habrá saludado con -emoción aquellas trusas y aquellas pelucas? La intención era buena; -pero ya sabemos que de buenas intenciones está pavimentado el infierno -y de peores debe estarlo Madrid, según el aspecto de sus calles. - -Organizar una cabalgata, presentable á plena luz del día, es cosa -que requiere mucho dinero y mucho arte. Otro hubiera sido el efecto -amparándose de las sombras protectoras de la noche y al favorable -engaño de antorchas y bengalas. Sin contar con que las fiestas -nocturnas son más agradecidas; como que en ellas sí que puede -decirse que el espectáculo está en el espectador, mejor dicho, en la -espectadora, y lo que se ve es lo de menos. Hay función de fuegos -artificiales que no se olvida nunca, y bien sabe Dios que no es por -los cohetes. En todo festejo popular hay que atender á estas emociones -reconcentradas, por si fallan las exteriorizables. - - * * * * * - -Con excepciones muy contadas, es tan general como deplorable la afición -de los buenos actores á representar malas comedias. ¡Lo que ellos gozan -entregándose en cuerpo y alma á la ingrata tarea de levantar muertos! -¡La de esperpentos dramáticos que gozan honores de obras inmortales -gracias á la interpretación de algún gran comediante! - -Buena prueba es el repertorio que se ha traído Novelli, como para -examinar de paciencia á sus muchos admiradores. No hay idea de lo -satisfechos que se quedan algunos actores cuando el público sale del -teatro diciendo:--Todo muy malo, todo; pero ¡él! ¡El solo! ¡Sólo él! -El peligro de este inmoderado afán solitario está en que el público -se canse de decir:--¡El solo! ¡El solo!, y se decida á ponerlo en -práctica, dejándole solo en efecto. No merece otra cosa la vanidad de -algunos comediantes que llegan á creerse que ellos solos son una obra y -un teatro. - - * * * * * - -Para tranquilizar á los cortadores de cupones, los más alarmados al -menor síntoma republicano--¡si habrá confianza en la cuadrilla!,--se -apresta D. Jaime á estrenar un caprichoso uniforme, regalo de sus -esperanzados creyentes. Es de suponer que al regalito acompañe su buen -paquete de alcanfor ó su naftalina. De airearse el uniforme habría -que convenir en que se habían apolillado otras muchas cosas. Que -hay polvareda es indudable. Confiemos en que el Sr. Canalejas sabrá -servirse del plumero propio y en ningún modo de los zorros que alguien -pueda ofrecerle; considere que la opinión está con la escoba levantada -y en alguna parte tal vez la tengan pajas arriba y detrás de la puerta, -como se usa entre supersticiosos para despedir visitas molestas. - - - - -XX - - -Me preguntan algunos amigos si no diré nada del discurso de D. -Alejandro Pidal, en contestación al discurso de D. Leopoldo Cano, de -todas mis simpatías, como autor y como persona. ¿Para qué decir nada? -Toda la elocuente diatriba contra el teatro moderno, sin demostrar otra -cosa que no haberse tomado el trabajo de conocerlo, ¿no es la misma con -que ilustres correligionarios de D. Alejandro Pidal, y quizás él mismo, -anatematizaron el teatro de Echegaray, el de Sellés y el de Cano? El -de este último con mayor ensañamiento. ¿Quién no recuerda la crítica -de _La Pasionaria_, escrita por el buen D. Manuel Cañete, cabeza -parlante del grupo ultramontano de la Academia Española? ¿Cómo habían -de perdonarle aquello: - - «Y muertos en la trinchera, - resucitan en Madrid?» - -Y aquello otro (cito de memoria; pero no es muy mala, á Dios gracias): - - «... Son rezadores maestros - que, devotos y contritos, - andan comprando delitos - á cuenta de Padresnuestros.» - -Así como así, D. Leopoldo Cano, cuando otros méritos no tuviera, y -téngole en muy alto concepto, fué, y esperamos que siga siéndolo, de -los autores más valientes y más sinceros de la escena española. - -Así lo ha reconocido D. Alejandro Pidal, con todas las cualidades -que en otro tiempo parecieran graves defectos. ¡Oh! La Academia no -es rencorosa. Basta con dejar de escribir por algún tiempo para que -los atrevimientos parezcan moralidades, el «verismo», idealidad y la -cáscara amarga hueso dulce. ¿No sabemos todos que á la Academia no -llevan las obras que se han escrito, sino las que se han dejado de -escribir? - - * * * * * - -Con tantas graves y grandes preocupaciones, no es de extrañar que á lo -mejor pase inadvertida alguna pequeña enormidad, como la de declarar -contrabando un encendedor automático, sin más razón ni fundamento que -el perjuicio á un monopolio del Estado. Ya sabíamos que todo monopolio, -los hay de muchas formas y clases, era siempre un obstáculo á todo -progreso; pero nunca se había declarado tan descaradamente. Según eso, -cada vez que encienda usted su cigarro á una llama que no sea la legal -de la cerilla monopolizada es usted más contrabandista que los de -_Carmen_. Los encendedores eléctricos de los Casinos y otros Círculos, -los mismos aparatos denunciados que, en otra forma, se usan para -encender los cigarros de sobremesa, contrabando también; cuando pide -usted lumbre á un transeunte, aparte la impertinencia, incurre usted en -delito... Con la misma razón pudo declararse contrabando el gas cuando -vino á sustituir al aceite y al petróleo, y la luz eléctrica después... -Y las empresas de ferrocarriles debieran declarar contrabando el -automóvil, porque mucha gente lo prefiere al tren para viajar, con -perjuicio de las Compañías... Y, por este sistema, también pueden tener -razón los protestantes, aunque les moleste el nombre, contra la ley -de los signos exteriores, que también ellos venían disfrutando de un -monopolio tan respetable como el de las cerillas. - -No sabemos si habrán protestado los fabricantes y expendedores del -aparatito en cuestión; pero no sólo ellos, todo el mundo debiera -protestar contra esa pequeña enormidad, expresiva muestra de otras -enormidades cometidas en nombre de _trusts y_ monopolios... - - * * * * * - -Nuestro Ayuntamiento, con miras más altas que las aceras y arroyos, -se propone limpiar los rótulos anunciadores de toda incorrección -gramatical. Por lo pronto, ha ido á fijarse en lo de «carnecería», -que les parece anticuado. ¿Anticuado? ¿Por qué? El movimiento se -demuestra andando, y el mismo uso constante demuestra que no hay tal -antigüedad. Ya sé yo que suena más fino carnicería, sólo que es otra -cosa. Ya basta, para los que venden la carne en malas condiciones, -hacer carnicería en nuestro estómago, sin anunciarlo por adelantado. -Bien está lo de carnecería cuando de vender carne se trata, y déjese -la carnicería para luchas de fieras, campos de batalla, operaciones -quirúrgicas y otros destrozos en carne viva ó muerta. ¿Qué opina el -_Chico del Instituto_, á cuya autoridad me someto por adelantado? - -En cuanto al uso del infinitivo por el imperativo, sí es cosa fea; -pero yo, que siempre prefiero lo ordinario á lo cursi y creo que el -vulgo tiene siempre razón al hablar, estoy por decir que hasta cuando -dice «haiga», hallo el imperativo tan redicho y con un sabor á mandato -de rey de teatro: «¡Salid! ¡Llegad! ¡Teneos!», que estoy por preferir -el infinitivo, incorrecto y todo. Lo de «Llevar la izquierda», ya -sabemos todos que es un modo abreviado de decir: «Hay que llevar la -izquierda». No es tan grave falta que no llegue á entenderse lo que -se quiere decir. Escritores de muchas letras, y académico alguno, ha -escrito: «No reírse, no asustarse». Y, en efecto, nadie se ha reído y -nadie se ha asustado. Bien están la corrección y limpieza del idioma -por esas calles, mientras llega la limpieza de las calles mismas; pero -no vayamos á ponernos tan finos como aquella damisela que, por no usar -términos vulgares, solía decir: «Mamá, haga usted la vista gruesa». - - - - -XXI - - -Saludemos á dos autores noveles, no desconocidos: los Sres. Godoy y -Alberti, triunfadores en el concurso de obras dramáticas abierto, con -excelente acuerdo, por el Ayuntamiento y por la empresa del teatro -Español. El nombre de los autores, vigoroso poeta el uno, literato de -gran cultura el otro, tanto como el nombre de los jurados, garantiza -el acierto. Razón hay para esperar la más favorable confirmación por -parte del público; aunque un público del que han de formar parte -muchos de los concursantes no favorecidos, no es para deseársele á -nadie. El teatro Español, por su carácter oficial, por disfrutar de -una subvención, es el que menos puede excusarse de admitir obras de -autores noveles. Quédese para los empresarios industriales el creer que -sólo conviene á su negocio representar obras de autores consagrados, -que, á veces, en una sola equivocación perjudican más que favorecieron -con diez aciertos. Hay que convenir en que el público, rutinario -siempre, es cómplice de las empresas en esto de no interesarse más -que por las obras de un limitado número de autores. Si el público -mostrara mayor interés por conocer obras nuevas de nuevos autores, -yo creo que las empresas procurarían complacerle. Tanto, pues, como -vencer la resistencia de las empresas y de los autores monopolizadores, -importa vencer la desconfianza del público. Esto sólo ha de lograrse -en fuerza de grandes aciertos. Pero es preciso dar facilidades para -que sean posibles. Según las mejores referencias, á la obra premiada -hay que añadir otras muy estimables entre las presentadas al concurso. -Las empresas de los diferentes teatros, en justa proporción, deben -admitirlas para su representación en la temporada próxima. Conveniente -sería establecer por costumbre, ya que sobre ello fuera algo tiránico -legislar, que un mismo autor no pudiera estrenar más de una obra -por temporada en el mismo teatro. Nadie iría perdiendo. El público -hallaría mayor novedad, los actores evitarían el amaneramiento que -trae, sin darse cuenta, el representar obras del mismo corte, y los -autores más admirados el peligro de fatigar la admiración, lo más -fatigable que existe. - - * * * * * - -Siempre que asisto que á un banquete, sea de homenaje, sea de -confraternidad, aparte la lubina á la mayonesa, que, por lo inmutable, -representa el elemento filosófico, la figura más interesante para mi -atención es la del camarero. El camarero también es filosófico. ¡Han -pasado tantas lubinas patrióticas, políticas y artísticas por sus -manos! El camarero y la lubina no tienen convicciones. Saben que hay -un mismo _menu_ de homenaje para todos. ¡Qué indiferencia la suya ante -las lubinas oratorias, á la hora del Champagne, que tampoco tiene -secretos para él! La cocina y las atenciones del servicio, como los -bastidores del escenario á los tramoyistas, le han quitado toda ilusión -sobre lo que se come y lo que se representa. Suenan magníficas las -grandes frases de los discursos, y el camarero, mientras pregunta con -voz discreta por su jurisdicción: ¿Cognac ó Chartreuse?, percibe el -comentario malicioso de los comensales, que es como el _pizzicato_ -burlón que acompaña en sordina la frase apasionada en la serenata del -_Don Juan_, de Mozart.--¡Qué gran batata!--oye el camarero.--¿Decía -usted?--¡Ah! Nada... No es á ti... Chartreuse. Y suena un ¡bravo! -y no suenan las risitas, ahogadas en un sorbo del licor estomacal. -Pero el camarero piensa:--¿A quién se engaña aquí?--No; no es á él, -ciertamente, simbólico y significativo en aquel momento; representación -de todos los que no tienen puesto en esos banquetes, en donde la -más brillante representación de las llamadas clases directoras, sin -engañarse ellos mismos, creen haber convencido á los demás. - - * * * * * - -No hace muchos días indicaba que el ídolo de oro acaso tenía los pies -de barro. - -El viajero superficial suele deslumbrarse con las brillantes -apariencias. Dura y tenaz ha de ser la lucha de los Gobiernos en -la República Argentina para vencer al anarquismo; acaso más de una -vez peligren en ella sus instituciones democráticas y su generoso -humanitarismo. Días de prueba aguardan al ilustre hombre que marcha -á presidir los destinos de un pueblo joven, por transfusión de tanta -vieja sangre, acaso envejecido antes de tiempo. Salaverría, en su -admirable libro _Tierra argentina_--tan justo de observación y tan -artísticamente desapasionado,--celebra y admira la fuerte dignidad -del trabajador de allá en los más humildes oficios, tan opuestos á su -servilismo, rastrero en ocasiones, de nuestras viejas tierras. Bien -estaría esa dignidad si no tocara en desabrimiento. Yo no he conocido -nada más desagradable que la gente--mal puede llamarse humilde--de -Buenos Aires. Muy impuestos en sus derechos, eso sí; ni toleran una -reprensión destemplada ni agradecen tampoco una atención cariñosa. Con -lo que se les debe les basta. Pero, como dice Bernardo Shaw, ¿qué -sería del mundo si todos nos diéramos á hacer lo justo? - -Con esa violenta disposición de espíritu en los de abajo, causa ó -efecto de violenta disposición en los de arriba, las ideas anarquistas -prenden con facilidad y se propagan con rapidez. ¡Cómo andará ello, que -muchas familias distinguidas de Buenos Aires habían decidido quitar -casa y hacer vida de hotel por serles imposible tolerar las exigencias -de los criados! Durante los treinta ó cuarenta días que permanecí en -un hotel conocí veinte criados distintos sólo en en el servicio de mi -habitación. En el comedor todos los días veíamos caras nuevas. Un día -hubo huelga general; no quedó un solo criado en el hotel; en todos -sucedía lo mismo. En uno de ellos no se contentaron con abandonar el -servicio, sino que, para causar mayor trastorno, antes de despedirse -deshicieron las camas, desarreglaron las habitaciones y estropearon la -comida preparada. Todo en uso de su perfecto derecho. Las huelgas de -los diferentes gremios no pueden contarse. Ahora empiezan las bombas. A -la violencia responderá la violencia... Ya verán los que murmuran de -las Monarquías lo que hace una República cuando llega el caso. Creo que -el espectáculo y la lección han de ser interesantes, aunque tal vez no -sean provechosos ni aprovechables. - - * * * * * - ---¿Ha visto usted el sombrero de las mil pesetas?--Aquí no puede -decirse del ala, suponemos que entrará todo en el precio. - ---¿Mil pesetas un sombrero? Será una tiara. - -Aquí sólo algunas señoras de esas que andan ahora tan ajetreadas y todo -el año tan trajeadas, puede gastarlos parecidos. Los célebres sombreros -de la Maison Virot--hoy dividida en dos razones sociales,--una monada -de sombreros, se han cotizado siempre entre los 300 y 500 francos. De -esto sé yo una barbaridad; si supiera tanto de otras cosas, hubiera -llegado á ser algo. Con el tamaño sobrenatural de los de ahora, no es -extraño que suban el precio. Sólo de plumas hay sombrero que se lleva -en el adorno un avestruz entero. De modo que, para pagarlo, hay que -desplumar por lo menos otro ó poner á contribución toda una manada: á -este una pluma, al de más allá otra... Pero ¡si estaremos desquiciados! -El otro día, mientras dos señoras iban hablando por la calle, muy -acaloradas, de las cuestiones políticas y religiosas de actualidad, -pasaron dos curas, y ¿de qué creen ustedes que iban tratando? Del -sombrero de Ursula López. ¿Se convencen ustedes, señoras mías, de que -no peligra nada fundamental? - - - - -XXII - - -No es cualidad española el proselitismo. Nos damos tan mala maña al -sostener nuestras ideas y doctrinas, que sólo sabemos exponer lo -esquinado con toda su hiriente dureza, en vez de suavizar las aristas -con blandas redondeces. Más prontos al brusco ataque que á la serena -defensa, aún no hemos llamado con nuestra voz cuando ya hemos espantado -con nuestros gritos. Hablamos para los nuestros, que son los que menos -necesitan oírnos. No es á los que piensan como nosotros á los que -importa convencer, sino á los que piensan del modo contrario. - -Tuvo su mayor enemigo el socialismo en la vulgar opinión obstinada en -confundirle con el anarquismo. Empezaba á desvanecerse la confusión; -los más temerosos iban perdiendo el miedo; se presentaba la ocasión -para no dejar sombra de esos infundados temores. Al socialismo podrá -faltarle en mucho tiempo, para ser realidad posible, la base de bondad -humana que presupone su soñada organización social. Esta es su mayor -equivocación: suponer que una nueva organización social pueda ser causa -de una nueva condición humana, cuando sin duda es todo lo contrario. -Sin mejorar al hombre, ¿cómo es posible mejorar la sociedad? Ni las -instituciones ni las leyes son varas mágicas de virtudes. Pero, en -fin, cuando los hombres sean mejores, por selección natural ó por -cultura artificial y científica, el socialismo se impondrá por sí -solo, que es el modo mejor de imponerse sin imposición. Entretanto, -y hay tiempo para ello, más conviene que crean en nuestra bondad que -en la bondad de la idea. El guía de los socialistas en España, al -sentarse por primera vez en el Congreso, debió procurar ante todo que -el enemigo, el contrario, esto es, el buen burgués, acabara de perder -el miedo, tranquilizándose, en comunicación directa con el fantasma, -que no es cosa del otro mundo, aunque puede serlo de otro mundo... -Porque, si el buen burgués no se convence, ¿qué piensan hacer con -él los socialistas en el día del triunfo? ¿Aniquilarle? ¿Someterle -como á siervo ó esclavo? Siempre vendríamos á parar entonces en que -media humanidad seguiría fastidiada por la otra media; y el ideal -socialista es la felicidad para todos, que lo de ser unos felices y -otros desgraciados, y cada uno á ratos, es ya cosa resuelta desde que -se organizó la primera tribu. Al socialismo hemos de ir todos sin -violencia, por inclinación natural; su doctrina ha de ser de amor, y -no de odio; atrayente, y no repulsiva. Bien está descubrir nuestras -humanas debilidades ante los amigos y los convencidos. Para algo son -amigos y están convencidos. Pero ante los contrarios hay que mostrarse -en la más divina apariencia; de otro modo, más vale seguir oculto entre -nubes. El socialismo iba ya pareciendo al medroso burgués cosa distinta -del anarquismo. ¿No ha sido una imprudencia volver á la confusión y -al equívoco? Mal predicador el que sólo consigue hacerse oir de los -creyentes; á los descreídos, á los descreídos es á los que hay que -llamar y convencer. Pero ¡ay!, ya lo dije, el proselitismo no es -cualidad española. - - * * * * * - -Un nuevo libro del doctor Gustavo Le Bon--_La Psicología política y -la Defensa social_--es libro que todos los políticos debieran leer -con detenimiento. De muy provechosa enseñanza y de más provechosa -meditación. - -«La psicología política--dice Le Bon--enseña á resolver los problemas -planteados diariamente, á discernir cuándo se debe ceder y cuándo -oponerse á las exigencias populares. Los hombres de estado, por lo -general, ceden ó resisten según su temperamento.» Detestable proceder. -Es preciso resistir ó ceder según las circunstancias. No hay nada más -difícil ni de más graves consecuencias en la psicología política. - -Y más adelante: «¿Es más fácil transformar una sociedad que cualquier -otro organismo viviente?» La respuesta afirmativa á esta pregunta -ha dirigido toda nuestra política desde hace un siglo y continúa -dirigiéndola. La posibilidad de rehacer las sociedades por medio de -nuevas instituciones fué siempre evidente para los revolucionarios de -todos los tiempos, para los de nuestra gran revolución sobre todo; -lo es también para los socialistas. Todos aspiran á reconstruir -la sociedad según planos trazados por la razón pura. Cuanto más -progresa la ciencia, más contradice esta doctrina. Apoyándose en la -biología, en la psicología y en la historia, nos dice «que nuestros -límites de acción sobre la sociedad son muy restringidos; que ninguna -transformación profunda se realiza jamás sin la acción del tiempo; -que las instituciones son la envoltura exterior de un alma interior, -y toda institución, lejos de ser el punto de partida de una evolución -política, es solamente el término. La debilidad de los pueblos latinos -consiste en creer, como dogma, que basta con cambiar las instituciones -para modificar el espíritu de un pueblo». - -Todo ello, y mucho más que trae el libro, no será de gran novedad, y -de puro sabido, lo tendrán olvidado nuestros políticos y gobernantes; -pero no vendrá mal un repasillo; el buen doctor Le Bon tiene para -todos, porque la Ciencia no se casa con nadie, y la Verdad nunca fué -de una sola pieza: hoy es monárquica, mañana republicana, puede ser -socialista, puede ser individualista... Por eso los hombres de ciencia, -son siempre de cuidado en un partido político. Ya se convencerá el -doctor Salillas, digo, ya le convencerán sus correligionarios, si no -procura ir olvidando en sus futuros discursos que es hombre de ciencia -antes que republicano. - - * * * * * - -Hay crímenes que, en su misma monstruosidad inexplicable, llevan quizás -la única posible atenuación... No obstante, todos han querido arrojar -su piedra sobre la madre enloquecida que arrojó á su hijo recién nacido -por el balcón. ¡Horrible! ¡horrible! Pero todas esas buenas vecinas -que, llenas de noble indignación, hubieran llegado á arrastrarla al -salir, después de haber matado á su hijo, ¿están seguras de no haberla -atormentado con burlas y rechiflas si, unos días después, la hubieran -visto salir con él en brazos? ¿Saben ellas lo que pudo pesar en la -infeliz deshonrada, á la hora del delito, la imagen de esas buenas -vecinas, pequeño mundo, pero ¡un mundo en fin! murmurador y maldiciente. - -¡La honra de las mujeres! ¡Pobre honra, que puede olvidarse en el beso -de un amante y no puede olvidarse con el beso de un hijo! - - - - -XXIII - - -Han surgido algunas dificultades para la reedificación del teatro de -la Zarzuela. Por una vez--una vez no hace costumbre--quiere llevarse á -punta de lanza lo ordenado sobre construcción de teatros. Aparte de que -en este caso sólo se trata de reconstruir, reciente está la edificación -del teatro Lírico, hoy Gran Teatro, sin ajustarse á las rigurosas -Ordenanzas. No hablemos del sin fin de teatrillos que, á sombra y entre -sombras, de estar destinados á exhibiciones cinematográficas, donde, -entre paréntesis, son mayores los riesgos de incendio, han venido á -parar, por exigencias del negocio, en verdaderos teatros, sin más -condiciones de seguridad que falta de concurrencia. - -Como decía un empresario de un teatro provinciano al gobernador, -que le ordenaba toda clase de reformas en el teatro, según -oficio, «para evitar todo peligro ocasionado por las grandes -aglomeraciones...»:--¡Ay, señor gobernador; deme vuecencia primero esas -grandes aglomeraciones, y yo haré las reformas!--En efecto, la marcha -de los negocios teatrales no da para pedir muchas gollerías. Exigir que -un teatro presente sus cuatro fachadas libres de toda vecindad es tanto -como prohibir que se edifique ningún nuevo teatro en sitio céntrico de -las grandes poblaciones. Al precio que están los terrenos, sólo más -allá de la Ciudad Lineal puede levantarse un teatro con ese requisito. - -No son los teatros los únicos locales peligrosos, para que con ellos -se extremen las precauciones. Su mayor peligro está en la aglomeración -de que antes hablábamos; peligro, para desgracia de los empresarios, -tan poco frecuente. Y, dados la aglomeración y el peligro, sin la -serenidad y cordura del público todas las seguridades y precauciones -son inútiles. Alocado por un peligro, real ó imaginario, el público, -tanto vale una puerta como dos docenas, si todos quieren escapar por la -misma. - -Un teatro como la Zarzuela, reedificado con materiales modernos, -puede ofrecer la suficiente seguridad, en lo humano, sin la condición -dificultosa de las cuatro fachadas. Con una buena, y con vistas al -verdadero Arte nacional, podemos contentarnos. Cuatro tiene el teatro -Real, propiedad del Estado, y de ellas, tres dan á Italia, una á -Alemania... y la ópera española en el sotabanco. - - * * * * * - -Si los _trompis_ entre el boxeador negro y el blanco, con el triunfo -del colosal negrazo por remate, no tuvieran su significación simbólica, -sería para reir ó para indignarse, según temperamentos ó estado de -fondos, la agitación promovida en los Estados Unidos á consecuencia de -la interesante lucha. Pero ¡ay! que esa lucha entre dos campeones de -las distintas razas puede ser mañana sangrienta lucha general de las -dos razas. Es natural que el anticipo triunfal del negrazo les haya -sentado tan mal á los blancos. Malo, si los negros dan en civilizarse; -peor, si dan en dedicarse á brutos. Cultivando la inteligencia, aun -podían tardar algunos años en igualarse con los blancos; pero si -sólo cultivan los puños, pueden adelantarse en muy poco tiempo. Y si -continúan pagándoles tan bien los puñetazos, reunirán muy pronto dos -grandes fuerzas: los puños y el dinero. Confiemos en que algún gran -banquero ó negociante de los Estados Unidos se dé buena maña para -estafar al negro vencedor el dineral premio de su hazaña, y podremos -afirmar todavía orgullosos la superioridad de la raza blanca. - - * * * * * - -En esto de las barbaridades nacionales sucede como con los vicios y -las ridiculeces: las peores son las de los otros. Para el aficionado -á toros no hay nada tan estúpidamente cruel como una riña de gallos, -y viceversa; nosotros nos escandalizamos ante los boxeadores, y por -ahí se espantan de nuestras corridas de toros. De esa diferencia de -apreciaciones viven los moralistas, mientras el mundo vive de la -precisa moral que le basta para no concluirse, que es á lo que se -tira, y vamos viviendo. Los artistas han convenido en que lo más -pintoresco y característico de cada pueblo es la roña, sea material ó -espiritual. Extasis ante unas piedras viejas, transporte místico ante -una capa parda, deliquio supremo ante una salvajada con mucho carácter. -Que tienen mucho carácter suele decirse de los que lo tienen malo. -En los pueblos es lo mismo que en las personas. ¿Un pueblo de mucho -carácter? Ya saben ustedes lo que les espera: comer mal, dormir peor y -alguna pedrada. ¡Oh! ¡Pero cómo perdería carácter si la civilización -descolorida y niveladora llegara hasta allí!... - -Por fortuna, hay carácter para mucho tiempo en todas partes, y no somos -nosotros de los menos favorecidos. - - * * * * * - -Esta eterna lucha entre un Arte que prefiere para su inspiración lo -característico tradicional, como si quisiera perpetuarlo, á despecho -de la misma vida, con un Arte, por más atento á nueva luz quizás mas -desorientado, sostiene y sostendrá por mucho tiempo en interesante -actualidad la llamada «cuestión Zuloaga». Sobre ella, como toda -gran obra de Arte, camino de esa eterna actualidad que se llama -inmortalidad, está la obra del pintor insigne, cuya gloria nada puede -temer de las discusiones. Pero entre el Arte que nos dice: «Esto ha -sido», y aun el que nos dice: «Esto es», y el Arte que nos dice, -visionario y profético: «Esto será», si los dos pueden ser igualmente -admirables como Arte, como obra social, ¿cuál será preferible? Sí; aun -hay otro más admirable y fecundo: el Arte todo voluntad, todo acción, -de la voz creadora, como voz de Dios, la que sabe y puede decir: -«¡Sea!» - - - - -XXIV - - -Ha sido un brillante torneo oratorio, más cañas que lanzas, la -contestación al Mensaje de la Corona. Como sucede tantas veces en estas -discusiones, los árboles no han dejado ver el bosque y las frondas y -floreos oratorios no han dejado oir la contestación al Mensaje, que, -siendo de lo que debía tratarse, es de lo que menos se ha tratado. - -El Gobierno ha podido decir en esta ocasión: «A salvo está el que -repica». Los tiros más certeros han pasado sobre su cabeza para ir á -caer sobre los conservadores. Sólo algún ligero achuchón ha menoscabado -su flor de azahar. Si los obispos, los rifeños y los huelguistas no se -alborotan demasiado durante las vacaciones, tenemos virginidad hasta la -reapertura del Parlamento. - - * * * * * - -Un corresponsal en Madrid del periódico parisiense _Comedia_, á -propósito de una velada musical celebrada en el Ateneo, en que, -según parece, se aplaudió mucho la música española y no tanto la -francesa, se lamenta de la creciente _galofobia_ de los españoles. Una -distinguida dama francesa me escribe quejándose de lo mismo; dice que -ha ido coleccionando en estos últimos tiempos infinidad de textos de -escritores españoles, patente muestra de nuestra animadversión hacia -los franceses. Tal vez sea muy voluminosa esa colección de recortes -_galófobos_; pero; ¡vamos! que si algún español se hubiera entretenido -en anotar y recortar textos franceses en que se nos ridiculiza, zahiere -y calumnia... sí que hubiera levantado un buen proceso. - -La imaginación de los franceses ve enemigos y espías por todas partes. - -No es para tanto nuestra supuesta _galofobia_. De esos mismos -escritores, citados por mi quejosa dama, podría yo recordar grandes -elogios y ditirambos de admiración por Francia y por los franceses. -Yo mismo he defendido el _Chantecler_, como verdadera obra de arte, -del injusto desprecio con que fué tratado por el público madrileño. Y -hay que convenir en que las más violentas y despreciativas críticas -vinieron de París. En más de una ocasión he defendido también á la -mujer francesa en general, y á la parisiense en particular, de las -calumnias de sus mismos novelistas y autores dramáticos. ¿Son también -_galófobos_? Sabido es que el batallador Brieux escribió _La francesa_ -para protestar contra esa falsa atmósfera creada á la mujer por una -literatura más literaria que verdadera. - -Cierto es que las censuras del extraño molestan más que las del -compatriota, pero no se dirá que aquí hemos llegado nunca á la -intervención enojosa ni á la invención sin fundamento. - -Por mucho que digamos, cronistas y escritores de costumbres, de los -extranjeros, más decimos de nosotros mismos. No podrá acusársenos -de parcialidad ni apasionamiento. Tal vez pequemos de exagerar -nuestros defectos y debilidades, y acaso demos con ello lugar á que -el extranjero los agrande y divulgue, por aquello de: «¡Cuando -ellos lo dicen!...» Por lo demás, censuremos á propios ó á extraños, -loca vanidad sería la del escritor que creyera en la eficacia de sus -censuras. Como dice Regnard--ya ve usted cómo conozco y admiro á sus -clásicos: - - En vain contre les moeurs la raison vous irrite; - Par quatre mechants vers, peut-etre déja dits, - Croyer vous changer l'homme et redresser Paris? - -Y quien dice París, dice el mundo entero. - - * * * * * - -Todos los años, al terminar el concurso para adjudicación de premios -en el Conservatorio de París, vuelve á plantearse la discusión sobre -las reformas necesarias, tanto en el sistema de enseñanza como en el -de concursos. Y de nuestro Conservatorio, ¿no podía decirse algo? -Nada entiendo de música y no seré tan atrevido para despeñarme por el -disparate libre, en cuanto á la enseñanza musical se refiere. Doctores, -licenciados, y aun bachilleres, tiene la Iglesia que sabrán solfear y -armonizar donde hiciere falta. - -Pero la enseñanza de la mal llamada--es decir, por desgracia, bien -llamada--declamación, no puede ser más deficiente. A gritos, más ó -menos declamatorios, está pidiendo una reforma. Cualquiera es buena; -desde la radical de la supresión, por inútil, hasta una nueva y -completa organización, con vistas á la utilidad y mejor aprovechamiento -del dinero; supongo que poco, pero hasta ahora mucho, por mal empleado. - -Bien sabemos que un Conservatorio, como ningún Centro docente, por -sabia que sea su organización, no es incubadora de genios, si falta -la primera materia en la calidad del huevo. Pero como el genio es ave -rara y él solo se basta para «levantarse, crecer, tocar las nubes», -hay que pensar--aparte de que al genio tampoco le sienta mal un poco -de disciplina y artificial cultura--en los talentos modestos, en las -medianías discretas, que de ser bien dirigidas á no serlo ó á serlo -viciosamente, puede ir la diferencia de la absoluta nulidad á una -perfecta imitación del mismo genio, con la ventaja de ser su talento -más reposado y consciente; condiciones de gran importancia en un arte -de interpretación como el arte escénico. - -¡El genio es tan peligroso en el teatro que yo me atrevería decir que -es temible! De los genios me libre Dios, que de los malos cómicos me -libraré yo. - -Ante todo, se impone la selección física. Por espiritualistas que -seamos, hay que atender á la belleza corporal. Nada de piernas cortas -y cabezas gordas, por mucha luz intelectual que las ilumine. Nada de -voces chillonas y gangosas, por mucho que prometan «hacernos de reir» -en grotescas farsas. Después, cultura general; más que cátedras, -conferencias variadas de literatura nacional y extranjera, de pintura, -escultura, elegancia social, etc. Después, práctica, práctica y -práctica. Nada de maestros actores, que sólo enseñan sus defectos y -amaneramientos; un buen director de escena, persona competente, de -buen gusto, y á estudiar y á representar obras. El teatro Español -como teatro de ensayo, donde los alumnos, en funciones populares, de -convite ó con rebaja de precios, representen obras del teatro antiguo y -moderno. - -Al estudio de nuestro teatro antiguo debe concedérsele la mayor -importancia. Nunca se estudiará bastante. Da grima ver que la mayor -parte de nuestros modernos actores no saben decir un verso con sentido -del ritmo; y como el ritmo es todo, en arte, en verso, en prosa, en -lo espiritual y en lo físico, sólo son capaces de decir chuladas y -vulgaridades. - -Ya sé que el ministro de Instrucción pública tiene asuntos más -importantes á que atender; pero yo sé que el Arte tiene en él un -enamorado. Si la política le permite algún descanso en este verano... -acuérdese de sus amores. - - - - -XXV - - -De plañideras y de Casandras de pan llevar han motejado conspicuos -conservadores á los espíritus compasivos que se permitieron llorar por -los muertos de la última campaña. Y no habían terminado de fulminar su -indignación contra los compasivos, cuando, á propósito del atentado de -que ha sido víctima su ilustre jefe, ¡ríanse ustedes de Casandra, de -Jeremías y de cuantos lloraron calamidades y profetizaron desdichas! -Esto demuestra que todos somos plañideros á nuestra hora y cuando -nos duele, y nada más fácil que hacer de héroe impasible cuando los -almendrazos no son en nuestro barrio. - - * * * * * - -El Estado sólo tiene un nombre terrible y amenazador para estos -pueblos: el Fisco. Faltan carreteras y caminos vecinales, faltan -escuelas, falta higiene, falta policía; pero el Estado exige siempre: -es la quinta, es la contribución con sus apremios y sus embargos y la -miseria y la ruina... - -Llega el Fisco implacable á coronar el trabajo de la penosa -recolección. El que nada dejó, se lo lleva todo. ¿Llamaremos también -á estas madres, llorosas por el pan de sus hijos, Casandras de pan -llevar? Por fortuna, aquí no amenazan... todavía. Pagan, como trabajan -y como viven, resignados. Hasta la fuerza necesaria para cobrar lo -debido le es barata al Estado. - - * * * * * - -Nos asustamos una vez al año de lo que sucede siempre sin que nadie se -asuste ni lo advierta. Los buenos burgueses disfrutan de su veraneo -protegidos por los mausers. Los fusiles protectores y la protesta -amenazadora están ahora á la vista y frente á frente. Pero ¿es nunca -otra cosa? Ese el estado natural y permanente de esta sociedad humana. -Por suerte de los buenos burgueses, la carlanca basta para que unos -cuantos lobos desconozcan á sus semejantes y se crean perros al -servicio del amo. ¿Qué piden los huelguistas? Gollerías, de seguro; -puede que hasta quieran veranear. - -El Estado permanece neutral, no cruzado de brazos, sino armas al brazo, -que es una neutralidad especial. Su papel no es muy airoso. Me recuerda -á un filosófico sereno que, presenciando á altas horas de la noche una -acalorada disputa entre una Venus y un Marte, por no sé qué tratos y -contratos amorosos, sólo les aconsejaba paternalmente á la luz del -farol colgante de su chuzo: «¡Arreglarsus, chicos, arreglarsus!» - - * * * * * - -Emilio del Villar, desde las columnas de _Nuevo Mundo_ clama una vez -más--esperemos que no siempre sea en vano--contra lo que pudiéramos -llamar obstáculos tradicionales de nuestra Biblioteca Nacional. -Defendida como fortaleza contra los naturales ataques del ansia de -cultura y el deseo de ilustración, el denodado asaltante es tratado -como enemigo, sin consideración alguna. Hay que terminar de una vez con -tanta rutina y tanta corruptela. ¿Qué significa eso, en pleno siglo -XX, de dividir las obras en obras de estudio y en obras literarias? ¿Y -el ocultar los índices, como nefando secreto, y las malas caras y los -peores modales?... - -Ahí tiene ancho y fácil campo donde laborar el ministro de Instrucción -pública, con aplauso de todos y sin gravar el presupuesto. Las buenas -maneras van baratas. Y ahora que una Sociedad bienhechora nos abarata -la luz, ¿no será hora de que la Biblioteca esté abierta por la noche? -Más se conseguiría con esto, en bien de la cultura y de las costumbres, -que con la creación del Teatro Nacional, por ejemplo. Pero modernícese -esa Biblioteca; sea un verdadero salón de lectura á la moderna: con -periódicos, revistas; todo asequible, todo fácil... - -¿Falta personal y al existente sería injusto pedirle más horas de -trabajo? Yo sé de muchos señoritos, tan intelectuales como desocupados -y aburridos, que con mucho gusto prestarían servicio voluntario, con -el mayor gusto y no menor inteligencia. No es menos glorioso ser -soldado de un ejército de paz y de cultura, que serlo en el campo de -batalla. - -Son tantos los jóvenes de todas las clases sociales á los que oigo -lamentarse de continuo: «¡Si la Biblioteca estuviera abierta por las -noches!» ¿Será más difícil que abrir un nuevo _cine_? - - * * * * * - -Estamos de una castidad escandalosa. ¡Si todo fuera virtud y no falta -de dinero! Nada menos que ola hay quien llama á la docena de novelas, -algo subidas de tono, que se publica por término medio un año con otro. -No es para tanto, y hay que confesar que, hasta ahora, la ciénaga -es muy vadeable. Como sucede siempre, los mejores propagandistas -del género son los escandalizados, que vienen á ser los verdaderos -escandalizadores. Lo malo es que hay quien no distingue y confunde las -obras esencialmente pornográficas con otras muy estimables en que la -pornografía es sólo un accidente artístico y necesario. - -Con la reputación de las novelas modernas es imposible acompañarse de -ellas para lectura de viaje, de playa ó balneario. Y es lástima; porque -no hay nada como un libro para iniciar una conversación, y con una de -estas novelas siempre hay tema indicado. - -Las preferencias literarias, cuando son sinceras, y cuando no lo -son, doblemente, nos abren de par en par á nuestro interlocutor ó -interlocutora. Con una viajera que haya leído ciertos libros, se puede -hablar de todo. Si ha leído los de Felipe Trigo... pues no hay más que -hablar. Si ha leído á Gabriel D'Annunzio... más vale callarse; ella se -lo dirá todo. Desconfiad de las señoritas que leen la «Biblioteca Rosa» -en público; son las mismas que tienen empezada una labor desde hace -cinco años y sólo dan puntada cuando hay visita de novio probable. - -¡Ah! Cuando regaléis un libro á una joven, que sea un libro que pueda -interesar á su mamá ó á su institutriz. - - - - -XXVI - - -El espíritu público es infantilmente novelero; agradece cuanto le -divierte, le conmueve, le apasiona y hasta le atemoriza por unos días; -pero no conviene pretender usufructuar su atención durante mucho -tiempo. Hay que evitar la frase desdeñosa, muestra inequívoca de su -desvío: «¡Ya es una lata!» Todo esfuerzo para reconquistar después la -atención es en vano. Aun los espíritus que se juzgan más inquietos -tienden á la quietud y, más que los accidentes que alteran la monotonía -de su vida, agradecen esa misma monotonía, que justifica mejor sus -lamentaciones, por verse obligados á soportar una vida sin accidentes y -sin inquietudes. - -Los huelguistas de Bilbao no han tenido en cuenta, al ejercitar su -propia resistencia, la escasa resistencia de la atención pública. -¿Es que no se iba á hablar de otra cosa durante el verano? Es mucha -pretensión. Por el pudor de los contrastes, teníamos olvidada á la -mejor sociedad que veranea y luce por esas playas sin otra esperanza de -mejor recompensa que nuestra envidiosa admiración. Dejen, dejen ya los -huelguistas su triste papel de aguafiestas ó acabarán por perder hasta -la simpatía de los más sentimentales. Las bellas y elegantes damas -ya no dirán: «¡Pobre gente!», los gobernantes empezarán á juzgaros -como perturbadores, el honrado comercio os culpará de sus pérdidas, -molestaréis á los buenos aficionados á toros. Recordad la frase de -Shakespeare: «¡Qué hermoso es tener las fuerzas de un coloso y no usar -de ellas!» Vosotros diréis que, por ahora, son los patronos los que -tienen esa fuerza y ellos son los que mejor pueden aplicarse la frase. - - * * * * * - -El verano es la estación de los milagros financieros más sorprendentes, -por venir después de los milagros del invierno, ya bastante -incomprensibles. No es extraño que viaje mucha gente; pero ¡alguna!, -¡tanta! ¿No podrían hacer el favor de comunicarnos el secreto, como -esos filántropos que ofrecen un remedio maravilloso con sólo enviar un -sello para la contestación? ¿De dónde saca el dinero mucha gente? El -viajar cuesta cada día más caro; los multimillonarios americanos, al -desperdigarse por este viejo mundo, han vuelto locos á los hosteleros, -alquiladores de coches, sastres, modistas, joyeros y toda clase de -comerciantes en frivolidades. Regiones tranquilas, como la pastoral -Suiza, famosa antes por sus razonables precios, se han puesto, con -la invasión de los _dollars_, por las cumbres de sus montañas. De -Francia, de Inglaterra, de Bélgica, no hablemos. En los hoteles todo -es extraordinario; en los trenes, lo mismo; en los espectáculos, no se -diga; en cualquier barraca más ó menos decorada con los sonoros títulos -de _Kursaal_, _Music-Hall_, _Luna-Park_, etcétera, cuesta la entrada -tanto como costaba en otros tiempos oir á la Patti ó la Lind; eso la -entrada, que, después, entre guardarropa, programa, propina por aquí -y socaliñas por todas partes, con sacar dinero durante el espectáculo -no hay tiempo ni manos para aplaudir, por mucho que nos complazca. Y -donde no han llegado los americanos, los presienten. Han llegado los -automovilistas, que es lo mismo para los efectos de ir soltando dinero -con bocina. ¿Dónde están ya aquellas Arcadias veraniegas que hicieron -las delicias de nuestros abuelos y adonde llegaban los aldeanos, -como los pastorcillos de Belén, á ofrecer al forastero toda clase de -caza y pesca, huevos y laticinios, frutas y hortalizas, por lo que -tuvieran voluntad ó algo menos? Verdad es que entonces sólo veraneaban -las gentes en mediana posición. Los ricos se recogían en sus fincas -de campo ó casas solariegas... Pero ahora los que viajan y corretean -por el mundo son los que no tienen mucho dinero y los que no tienen -dos pesetas, que, naturalmente, son los que dan menos importancia al -dinero. Así lo han puesto todo imposible para las personas modestas. -Ya es triste vivir; pero viajar sólo con lo preciso, es verdaderamente -vergonzoso. ¡Eche usted lujo! Menos mal que, si por cada dos familias -hay una que se arruina, por cada tres hay algún miembro dedicado á la -usura, que, después, por combinaciones de herencias ó de matrimonios, -vuelve á hacer la felicidad de dos familias. En el mundo no se pierde -nada. Donde se hunde una casa suele levantarse una manzana. Es toda la -amable filosofía de muchos veraneos incomprensibles. - - - - -XXVII - - -Nunca ha justificado una Exposición su nombre como la de Bruselas. -¡Vaya si ha sido exposición! Era lo único que necesitaban las -Exposiciones para acabar de desacreditarse. Los que de cualquier suceso -casual deducen rotundas afirmaciones, no dejarán de categorizar toda -Exposición entre los grandes peligros. ¡No más Exposiciones! Siempre -nos sucede lo mismo, ahora que andamos en Madrid preparando una, al -cabo de los años. Los mayores progresos son atrasos cuando llegan á -nosotros. ¡Es mucho sino! Implantamos instituciones, leyes y reformas -cuando están desacreditadas por esos mundos. Venimos á ser las Américas -de Europa--en el mal sentido de la palabra Américas.--Verán ustedes; -ahora que hemos dado en irreligiosos, es cuando la religión está más á -la moda en todas partes. En los Estados Unidos se hace gran consumo; -en algo se ha de conocer el dinero. Con eso y con que el mejor día -empiecen á encargar Comunidades desde el Japón como antes encargaban -acorazados... Y es que no debe desecharse nada; todo debe conservarse, -como los sombreros de copa; las modas vuelven cuando menos se piensa. -¿Creen ustedes que no volveremos á ver miriñaques? - -Algo significativo es que el incendio de Bruselas haya respetado la -instalación de España. El fuego no es rencoroso. ¡Buena ocasión para -haberse vengado de las muchas hogueras por nosotros encendidas en -Flandes! Hogueras con las que pretendimos prolongar el ocaso del sol, -que se ocultaba ya para España en aquellos dominios... En Flandes se ha -puesto el sol. ¿No es verdad, amigo Marquina? Pero antes ¡cómo pusimos -nosotros á Flandes! - -Ahora ha sido la electricidad el Felipe II. La civilización es también -un gran tirano. Ello es que los buenos flamencos, por no perderlo todo, -se aprestan á reedificar lo destruído; y, si no les fuera posible, ya -ponderan como gran atractivo la contemplación de las ruinas. Acaso -tengan razón. ¡De tantas cosas, lo mejor es las ruinas! Sólo que las -ruinas de los edificios modernos suelen llamarse escombros. Para ser -admirado como ruina hay que haber tenido vida durante mucho tiempo. -Esta consideración es de mucho consuelo para algunas naciones y para -muchas señoras. - - * * * * * - -Entre los chismes teatrales, precursores de toda temporada cómica, -el más sabroso es, sin duda alguna, el referente á la rescisión del -contrato del teatro Español, solicitada por varios concejales y fundada -en supuesto incumplimiento de algunas bases. Muy loable es el celo del -Municipio en esta ocasión, y no me atrevo á calificarlo de excepcional -porque supongo le aplicará con el mismo rigor á todos sus contratistas. -Pero en este asunto del teatro Español no parece que las raspaduras -al contrato hayan sido de tanta monta en la temporada última como en -otras de mangas y capirotes, con mensaje final de gracias y todo, de -parte del Ayuntamiento complacido. ¿Qué puede decirse? ¿Que las obras -del teatro antiguo no fueron presentadas tal y como se escribieron? -¿Tanta prisa corre desacreditarlas? ¿Que no todas las obras clásicas -representadas fueron precedidas de una conferencia, como se había -ofrecido? Y ¿para qué vamos á engañarnos? Eso de las conferencias es -molestar á los vivos sin honrar gran cosa á los muertos. Lo cierto es -que la temporada, contra los pronósticos de muchos, fué provechosa -y brillante. Téngase en cuenta que el teatro fué adjudicado con -sólo un mes de anticipación á su apertura; cualquier falta sería -muy disculpable en esas condiciones. Fueron estrenadas obras muy -estimables, decorosamente presentadas; entre ellas, _Casandra_, con -la que no se hubiera atrevido ninguna otra empresa de las de abono -aristocrático. Bueno fuera que, después del gran servicio prestado á la -causa democrática con las representaciones de dicha obra, pudiera decir -la empresa, con un Ayuntamiento tan republicano y tan socialista, que -así paga el diablo á quien bien le sirve. Fueron también representadas -obras de autores jóvenes, como López Pinillos y los hermanos Cuevas; -Borras obtuvo grandes triunfos en obras de muy distintos géneros. ¿Qué -más puede pedirse? Mi opinión no puede ser más apasionada. Ni allí -estrené obras, ni he de estrenarlas en esta temporada, ni la compañía -cuenta con muchas obras mías en su repertorio. Pero bien está San -Pedro en Roma--con Merry y todo,--y bien están la Cobeña y Oliver en -el Español mientras más desapasionada. Ni allí estrené obras, ni he -de estrenarlas esta temporada, ni la empresario dispuesto á realizar -maravillas de arte, dígase con franqueza y rómpase el contrato, sin -buscar más pretexto ni fundamento que la municipalísima gana. Pero si -no es así, y cuando apenas falta un mes para comenzar la temporada, -deben moderarse los impacientes y templarse los rigurosos. - -Y aunque en algo se hubiera faltado al contrato, recuerde el Municipio, -al tratar con sus contratistas, las sentidas palabras que pronuncian -los reyes en el indulto del Viernes Santo, y digan parafraseándolos: -«¡Los perdono para que Madrid me perdone!» - - * * * * * - -El correo nuestro de cada día nos trae ruegos y peticiones--diríase el -conde de Casa Valencia en el Senado.--Diga usted esto, hable usted lo -otro, proponga usted lo de más allá... No, mis amables sugeridores; -es muy desagradable el papel de soplón y «acusica», y no es cosa -tampoco de que el cronista ande hecho siempre un guardia de policía -urbana. En España todo se espera y para todo se confía en el Gobierno -y en la Prensa, sin perjuicio de achacar á uno y otra, según sopla -el viento, la culpa de todos los males. Con el sufragio universal -y el voto obligatorio, todos tenemos nuestros diputados y nuestros -ediles á quien dirigir peticiones y quejas. Sin contar con que todos -tenemos en la lengua un rotativo de tirada ilimitada. Esto de servir de -libro de reclamaciones sólo ocasiona disgustos y antipatías. Además, -cuando cree uno haber complacido á la generalidad, haciéndose eco -de sus pretensiones, como estamos en época de espíritus originales y -hay que distinguirse á todo trance, saltan en seguida los ofendidos -en su originalidad. Quéjanse unos vecinos de que en su calle hay un -charco, foco de infecciones; y cuando se consigue llamar la atención á -quien corresponde para que desaparezca el charco, no falta un vecino -que salga protestando; porque, miren ustedes por dónde, aquel charco -era todo su encanto y, como dice la copla, el espejito en que él se -miraba. Y en todo, por este orden. Ya ven ustedes: ahora resulta que -la Biblioteca Nacional era un modelo de organización y es gana de -chinchorrear el proponer mejoras. Por mi parte todo está bien. Así como -así, entre personas, animales y cosas, harán docena y media las que -me interesan particularmente. ¡Y comparándome con la mayoría de las -gentes, me tengo por altruísta! - - - - -XXVIII - - -Es peligroso entregar juguetes á los hombres. Los chicos se contentan -con destrozar el juguete, manifestándose como grandes protectores de -la industria y del comercio. Pero los hombres sólo gozan pensando en -lo que podrán destrozar con el nuevo juguete.--Ahí tenéis un nuevo -explosivo--se les dice--para que voléis montañas que separan á unos -pueblos de otros y podáis comunicaros y relacionaros con ellos más -fácilmente... Y para volar edificios y pueblos enteros--responden y -piensan.--Ahí tenéis el automóvil: utilidad, ilustración, higiene -y recreo. Y emocionante peligro y satisfacción de la vanidad y -atropellos, y caiga el que caiga.--Ahí tenéis el aeroplano, el más -glorioso triunfo del hombre sobre la materia. ¡Qué servicios puede -prestar á la civilización y al progreso! ¡Y sobre todo en la guerra! -¡Podremos aniquilar ejércitos enteros; seremos invencibles! - -Si, ante la armoniosa serenidad de la Naturaleza, pensaba el poeta -Wordsworth tristemente en lo que el hombre ha hecho del hombre, con -más razón puede pensarse ante cada una de estas conquistas de su -inteligencia, que debieran significar amor y significan odio. Las -aclamaciones de Francia á la gloria de sus aeronautas no son un saludo -á la Humanidad, ofrecimiento de la buena nueva; son un reto á Alemania. -Para satisfacción del orgullo de raza no les basta con la revancha -espiritual; es preciso la material revancha. Nada vale el aeroplano -si no es símbolo del águila imperial, invencible y amenazadora, sobre -los aires. Los alemanes pondrán toda su inteligencia en lograr nuevas -perfecciones en los aeroplanos. El odio también es fecundo. Y, por el -afán de conquistar la tierra, llegaremos á la conquista definitiva del -cielo. ¿No es esta toda la historia de la Humanidad? - - * * * * * - -Cristóbal de Castro se lamenta y nos culpa porque entre tantos -escritores españoles como hemos visitado la República Argentina -no hallamos logrado obtener lo que monsieur Clemenceau en una sola -visita: un tratado de propiedad literaria con aquella República. Supone -Cristóbal de Castro que hemos sido unos egoístas, más atentos al -lucimiento y al provecho propios que á la general conveniencia. Conste -que sólo me creo aludido por haber estado en Buenos Aires, no por -alturas de dramaturgo que el Sr. Castro compara con las del Himalaya. -No; por mi parte, Cerrillo de los Angeles, y gracias. Nuestra pobre -tierra no consiente mayores alturas; y si alguien pretendiera locamente -levantarse hasta ellas, no tardarían en hacerle polvo; y como, al fin, -en eso hemos de parar todos--_Pulvis eris_, etcétera,--¿qué más da un -poco antes que un poco después? - -No tiene en cuenta Cristóbal de Castro que nuestra misma condición -de interesados nos obliga á no parecerlo. Monsieur Clemenceau, que -podrá ser escritor insignificante, pero que tiene gran significación -política--y no todo ha de ser literatura en el mundo,--podía con mayor -desinterés particular entablar esas negociaciones. Además, todos -sabemos, aunque nos pese, que un político goza de mayor prestigio -entre los políticos que un escritor, por grande que sea. Yo de mí -sé decir que ni saludé al presidente de la República, ni traté con -ministros, ni lo procuré tampoco. Fuí de viajero, no todo lo ignorado -que yo hubiera querido para volver ignorando menos. Así y todo, vi lo -bastante para no quedar muy ilusionado con las ventajas de un tratado -de propiedad literaria. No es aquello la mina inexplotada que muchos -creen. Poco se lee en España, pero allí se lee menos. Existe, como en -todas partes, el núcleo intelectual al corriente de lo más «nuevo», no -siempre lo más interesante, que se publica. Hay afán--no es lo mismo -que amor--por la cultura. Una cultura sin agrado, por aquello de «hay -que saber»; no porque gocemos con saber. Pero público, lo que se llama -público de lectores... En primer lugar, hay poca gente desocupada, -desde las señoras y señoritas que leen novelas francesas, inglesas: -las inglesas para imponerse en el idioma; las francesas porque... -¡cómo ha de ser! son más entretenidas para el que lee por distraerse -que ningunas otras. De lo español se lee... lo que debe leerse, ni -más ni menos. Hay que convenir en que libros muy interesantes para -nosotros, á pesar de su mérito no pueden interesar allí en absoluto. No -es culpa de los autores; es culpa del ambiente. En cuanto á ediciones -de libros españoles publicados allí, se ha exagerado mucho. Saldrían -más caros. Con decir que la mayor parte de los autores argentinos -edita sus libros en París ó en Madrid... Algo más podía venderse, -desde luego, con una activa propaganda por parte de nuestros editores; -pero con tratados ó sin ellos, sería lo mismo. Por lo que al teatro -se refiere... ¡ay! tampoco es la tierra de promisión. Alguna obra de -género chico llega á un crecido número de representaciones--nunca -tanto como en Madrid.--En cuanto á las obras grandes, con excepción -de alguna de autor nacional, como las de Laferrere, con su media -docena de representaciones van muy bien servidas. El Odeón, en donde -representan María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, vive del abono -aristocrático en los días de moda. En los días quebrados hay sus -medias entradas y sus vacíos, como en cualquier teatro de por acá. -Los demás teatros están á precios reducidos: tres pesos, dos pesos la -butaca. Y como el peso, aunque suene á duro, representa allí lo que -nuestra peseta, resulta que el teatro es allí más barato que en España. -Todos conocemos á los empresarios y actores que se han hecho ricos -por aquellas tierras. La compañía de Serrador representa todas las -obras extranjeras, sobre todo francesas, estrenadas. Es la compañía de -más extenso repertorio. Las traducciones se pagan á tanto alzado, y, -naturalmente, no se pagan derechos de traducción. Con el tratado con -Francia... no se representarán tantas obras francesas, y eso iremos -ganando... espiritualmente. Bien estaría el tratado... por decoro suyo, -más que para provecho nuestro. A los políticos corresponde negociarlo. -A los escritores nos sienta muy bien el desprendimiento de los bienes -terrenales. - - * * * * * - -Del veraneo.--En el Casino: - ---Oye: ¿tú sabes quien es esa rubia que va todas las noches con ese -extranjero? - ---No sé; pero me la encuentro en todas partes. El año pasado, en Niza, -con un ruso; después, en París, con un americano; luego, en Ostende, -con un turco. En Biarritz con un inglés, y aquí con este que parece -alemán... Debe ser mujer de historia. - ---Y de Geografía, por lo visto. - - * * * * * - -En la sala de recreo.--Entre dos amigos: - ---Toda la noche estoy perdiendo. No acierto una. (Galante.) Voy á hacer -el juego de esta señorita, que tiene mucha suerte. - -El amigo (aparte).--Se va á enfadar el señor de enfrente. - ---¿Por qué? - ---Porque el verdadero juego de esta señorita es... «timarse» con él -toda la noche. - - - - -XXIX - - -Si en la mesa y en el juego es donde mejor se conoce, según dicen, la -educación de las personas, en las calamidades es donde mejor se revela -la cultura de un pueblo. Los aldeanos de Rusia y de Italia que, ante la -invasión del cólera, renuevan episodios de las más terribles pestes de -la Edad Media, con sus terrores, sus supersticiones, su desconfianza en -la ciencia y su fe en cualquier brujería, nos dicen claramente que hay -en las naciones modernas, aunque los salven trenes y automóviles, menos -kilómetros de distancia de la civilización á la barbarie que siglos -en la historia de la humanidad. Unas horas de camino valen por muchos -libros de historia. Sin andar mucho, no es difícil encontrarse todavía -con el hombre de las cavernas. Cuando el cantor de la civilización -está más ilusionado, creyendo que ya sólo es cuestión de expulsar á -los frailes y, dos ó tres pasitos más por este orden, para llegar á -la reconquista del Paraíso terrenal... ¡cataplum! por donde menos se -piensa, un retroceso al salvajismo, que si no destruye de golpe, deja -por lo menos tambaleándose lo mejor de nuestras ilusiones. - -Y es que estas epidemias, como tienen su origen en regiones -incivilizadas, no sólo se traen para acá el microbio de la enfermedad, -sino el de la barbarie, que aun prende más pronto. Aquí bien puede -decirse: «Bien vengas mal si vienes solo.» Mejor será que no venga ni -solo ni acompañado; pero, si como es de temer, aunque no sea más que -por molestar al Gobierno, como epidemia reaccionaria, nos desfavorece -con su visita, ¿qué se traerá esta vez por lo de asiático, á más de lo -que se traiga por lo de morbo? - -¿Cómo saldremos del examen? Porque algo de examinador tiene el señor -cólera. El llega á un punto, se asoma con cierta respetuosa timidez -primero; pregunta: «¿Cómo están ustedes de higiene, cultura, valor -cívico y doméstico, etc., etc?... ¿Medianamente? ¡Vaya! Como en mi -última visita; no han adelantado ustedes nada. Habrá que darles otro -repasito. La letra con sangre entra...» La verdad es que lo mejor -que tenemos en material de sanidad á él hay que agradecérselo y á la -solicitud de sus visitas. El día en que, al asomarse por Europa y al -enunciar su preguntita, le respondan de todas partes la cultura, la -higiene, la confianza de todos con un: «Vea usted, amigo, si hemos -aprovechado sus lecciones», habrán terminado sus visitas. - - * * * * * - -Al Emperador de Alemania le ha aprovechado por poco tiempo la última y -sonada reprimenda de su canciller, por irse de la lengua con deplorable -facilidad. Otra vez ha vuelto á ponerse la imperial corona por montera, -y terciadita á lo jaque, para decir á sus asombrados súbditos que á -nadie tiene que agradecerle nada, más que á Dios, que, en sus altos -designios, le ciñó la corona. De suerte que no le vengan con leyes -constitucionales, discusiones parlamentarias, ni oposición á sus -proyectos; que él ha de seguir impertérrito la senda trazada por la -Providencia, toda de cañones y fusiles. Bien está ¡oh, sir!; pero el -último de nuestros súbditos tiene también su montera que ponerse por -corona y las mismas razones para creer en su misión providencial. - -¿Es que sólo los emperadores traen misión á este mundo? Como le decía -el labriego del Toboso á Don Quijote, cuando éste le preguntaba por la -princesa de aquel lugar: «Yo no sé de ninguna princesa; señoras sí hay, -y muy principales, que cada una puede ser princesa en su casa». ¿Quién -no puede ser emperador en la suya? Y si cada uno diera en sentirse -inspirado por la Providencia para obrar como le conviniere, ¡malo iba -á ser el gobernar con tantas misiones providenciales! Además, como los -teólogos están conformes en admitir que hay voces del diablo que pueden -tomarse por voz de Dios, en la duda bueno es atenerse á las leyes -humanas; que, por mucho que el demonio quiera enredar en ellas, nunca -enredará tanto como en la voluntad soberana de un emperador, por muy -providencial que sea. ¡Dios sobre todo, pero la Constitución al quite! - - * * * * * - -Mauricio Maeterlink, en el prólogo de unos _Cuentos y leyendas_ de su -amigo Jorge Maurevert, asegura la bondad del libro por haberlo sometido -á la «prueba del jardín». Esta prueba consiste en leer á pleno sol y en -pleno aire; «á la implacable luz de una espléndida primavera», dice M. -Maeterlink. Y añade: «Esta prueba es siempre decisiva para un libro, y -muchas veces más dolorosa y desconcertadora que las pruebas del agua -y del fuego de los antiguos torturadores. Pocos libros la resisten, -y yo no me atrevo á someter á ella más que los versos ó la prosa que -desde las primeras líneas me han inspirado confianza. ¿Para qué hacer -padecer á un pobre libro que, aun con no ser muy bueno, es siempre una -obra de buena voluntad?» ¡Ay, y qué bien dice M. Maeterlink! La prueba -del jardín es terrible. ¿Ha probado M. Maeterlink con sus obras? -Yo sí: con su _Aglavanne y Selysette_. Y el jardín no era un jardín -urbanamente cultivado; era un jardín rústico, rodeado de un campo de -trabajo y de pena. La prueba se agravaba. Como en una Exposición de -pinturas basta la proximidad de una planta cualquiera para destruir el -efecto del paisaje mejor pintado, pocas obras literarias resisten el -contacto directo con la Naturaleza. Son obras cerebrales y necesitan -ir de cerebro á cerebro, sin airearse al pasar, como plantas delicadas -de invernadero. Libros que en la ciudad, en aquella vida artificiosa, -parecen la misma vida, en el campo no son más que flores de trapo. ¡La -vida es tan sencilla! Lo que ella pone es lo que no envejece nunca en -la obra de arte... Lo demás... es literatura, como dijo Verlaine. Yo -no aconsejaría á M. Maeterlink que sometiera sus obras á la prueba del -jardín, excelente para las obras de los amigos. - - * * * * * - -Estamos á primeros de Septiembre y nada se sabe del arrendamiento del -teatro Español. Y siempre lo mismo. La temporada debe dar comienzo -en Octubre. En tan poco tiempo, ¿cómo puede formarse una compañía -aceptable, ni cómo preparar obras ni organizar un plan de trabajo? -¿Qué razón tendrá después para quejarse el Ayuntamiento si el contrato -no se cumple como es debido? ¿No habrá llegado la hora ó de cedérselo -al Estado para ensayar el Teatro Nacional, ó de arrendarlo buenamente -como un teatro cualquiera, donde la empresa, con pagar puntualmente -su arrendamiento, puede hacer lo que mejor le acomode? Por muchas -vueltas que quieran darle, por lo menos hasta la fundación de un Teatro -Nacional, el verdadero teatro Español será, por ahora, el teatro de -la Princesa, y donde estén María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza -estará la cabecera. Del teatro Español podía hacerse un teatro popular, -con una compañía modesta y bien dirigida, que permitiera baratura en -los precios; un teatro de ensayo para autores y actores jóvenes. Lo que -no puede ser es adjudicarle de prisa y corriendo quince días antes de -la apertura y pedir que sea una Comedia Francesa. En esas condiciones -en la temporada pasada se hicieron milagros, y ya hemos visto cómo han -sido agradecidos. Tan agradecidos por parte del Ayuntamiento como ésta -y otras defensas por parte de la empresa. ¡Son tan interesadas, que no -hay para qué agradecerlas! - - - - -XXX - - -No sería malo que en los dramas de la vida, como en los del teatro, -pudiera alguno de los actores dirigirse al público, como era uso y -costumbre, para suplicarle que reservara su juicio hasta el final de la -obra. Con la diferencia de que la vida, en sus dramas y en sus novelas, -lo primero que nos ofrece es el desenlace, y, al contrario que en el -teatro y en los folletines, el interés no está en saber cómo acabará -aquello, sino en cómo habrá empezado. La solución es el principio del -problema. Los antecedentes es lo que importa. Pero si el que más y -el que menos, uno por uno, somos todo curvas, en cuanto nos reunimos -como espectadores no entendemos más que de rectas. Para bueno ó para -malo, el público sólo comprende los caracteres de una pieza, como suele -decirse, que respondan á una lógica teatral y novelesca. Pero ¡ay! -que la lógica de la vida, en su aparente complicación, es mucho más -sencilla. Los locos y los héroes saben solamente de líneas rectas. -Los demás vamos serpenteando por caminos de luz unas veces, de sombra -otras; el que parecía más obscurecido, resplandece de pronto; el que -iba como vestido de sol, se pierde en la sombra. Y todo sin pizca de -lógica. Esa lógica que necesitamos para explicarnos satisfactoriamente -las acciones... de los demás. Pero ¡ay tantas lógicas! Los maridos -calderonianos matan, celosos de su honor. Seguros de la virtud de su -esposa, les basta con que alguien pueda poner sospecha en ella, para -condenarla á muerte. A Otelo, más humano, nada le importaría que todos -sus soldados hubieran compartido el lecho de Desdémona, con tal de no -saberlo. Es celoso por amor, y por amor mata. Hoy comprendemos mejor al -moro de Venecia que al médico de su honra. La solidaridad del honor en -el matrimonio y en la familia ha pasado á la historia, si es que alguna -vez pasó de la poesía. - -En aquella misma época, los escritores satíricos, más inspirados -siempre en la realidad, nos muestran claramente que no todos los -maridos eran médicos de su honra. Hoy nadie pone en duda que se pueda -ser un perfecto caballero aunque se haya tenido la desgracia de casarse -con una loca. Queda sólo la pasión de los celos como justificante -de cualquier arrebato sanguinario. Y en esto el buen público es -intransigente: pide unos celos... de _una vez_, sin blanduras, sin -desfallecimientos, sin vacilaciones. No sabe comprender que el corazón -se subleva en una hora contra lo que toleró muchos años; que se mata, -se perdona, que se insulta y se besa... ¡Pobre corazón humano, sometido -á esa lógica de espectador de teatro! - -Ya se sabe que el público sólo juzga por sentimiento. Ni sería el más -noble el de la ociosa curiosidad, si no llevara envuelto, aunque en -menor grado, el de la justicia. Pero á éste, único respetable, sólo -la justicia puede dar satisfacción cumplida. ¿Será mucho pedir al -respetable público que suspenda su fallo hasta que la justicia dé el -suyo? - -Los supersticiosos no dejarán de apuntarse un tanto á su favor. Tres -lidiadores del mismo nombre han sucumbido en las plazas; dos de ellos -en circunstancias muy parecidas. Extraño es que la gente de coleta, -que por más insignificantes agüeros suele preocuparse, no haya temido -la fatalidad de ese nombre: Pepete. Verdad es que por si solo ya es -un cartel. El torero que quiera llenar las plazas, no tiene más que -atreverse nuevamente con el nombre fatídico. Un Pepete y seis Miuras, -y á robar el dinero. Piénsenlo bien los postergados. Aunque más de uno -ya lo habrá pensado á estas horas, recordando la filosófica sentencia: -«Más cornadas da el hambre». Añádase á esto la emoción de quebrar -juego, tan saboreada por los jugadores. Si es verdad que á la tercera -va la vencida, ese nombre puede ser una seguridad. ¡A él, valientes! -Ya veis lo que dicen los buenos aficionados. La corrida de Murcia se -recordará siempre como un acontecimiento. Corridas así son las que -sostienen el fuego sagrado de la afición durante muchos años. Harán -bien las señoras católicas en no protestar contra ese espectáculo, -como contra la política del actual Gobierno. El clericalismo, los -toros, tienen intereses comunes. Vienen de lo mismo. - - * * * * * - -Escritores distinguidos lamentan, con sentidas razones, la decadencia -de la literatura en el periodismo. ¿En el periodismo? Y en todas -partes. La literatura está llamada á desaparecer, si Apolo (no el -teatro) no lo remedia. El público tiene sus buenos dientes, y hasta -sus colmillos bien retorcidos, y no necesita para nada de masticadores -artificiales, que es lo que venimos á ser los literatos en resumidas -cuentas. Ni siquiera nos consiente como cocineros, para aliñarle la -realidad con un poco de fantasía. El se lo guisa y él se lo come, como -Juan Palomo. Ha aprendido, se lo figura, por lo menos, á pensar por -sí mismo, y no tolera que nadie se le imponga. Así, en el periódico, -sólo quiere hechos, hechos como aquel maestro de Dickens. Informaciones -escuetas, sin comentarios; noticias, telegramas... Ya lo comentará -todo en el café ó en casa. Aceptemos la realidad, seamos modestos y -agradezcamos todavía que nos consientan ir viviendo. Por mí sé decir -que me avergüenza el dinero que cobro de la literatura. Quisiera ser -muy rico algún día, para descargar mi conciencia devolviéndolo todo -religiosamente. Sólo vale dinero lo que produce, á su vez, algún -dinero. Y ¿qué produce la literatura? El periódico no se vende más -por ella. El periódico... es él, es su nombre, sus informaciones, sus -noticias, sus anuncios. ¿Qué supone para su venta y su ganancia una -firma más ó menos? Es la firma la que goza del prestigio del periódico, -no al contrario. Pruebe el escritor que se juzgue más leído á cambiar -de sitio. - -Lo mismo en el teatro: el teatro es la noche, el abono, las actrices -bellas y bien vestidas, los actores favoritos del público. ¿Qué -significa la obra? Un poco más ó un poco menos de literatura. Pruebe -también el autor que se crea más estimado por sí propio á cambiar de -teatro. En la Princesa, por ejemplo, todas las obras son lo mismo. -¿Qué más da una que otra? Hay que salir un poco de los Círculos -literarios, en donde á fuerza de despellejarnos parece que tenemos -alguna importancia, para comprender lo poco que significamos. No hay -vanidad que resista á una de estas enérgicas curaciones al aire libre. -La vida moderna funciona por una poderosa maquinaria para la que -cualquier obrero es bueno. Vamos al socialismo más de prisa de lo que -parece. El mundo será una gran máquina productora de felicidad social. -¡Hermosa máquina! - -Andará sola. Los hombres se habrán muerto todos de hambre ó de -fastidio. - - - - -XXXI - - -Cuando el doctor Lombroso, en los buenos tiempos de su escuela -antropológica, se propuso demostrar que todo hombre de talento--de -genio decía él--tenía sus buenas puntas y collar de loco, no había -detalle insignificante en la vida de un hombre célebre que no fuera -para el buen doctor señal evidente de chifladura. Yo creo que, aplicado -el mismo sistema á cualquier individuo, tan locos parecerían los tontos -como los hombres de talento, salvo el talento. - -Del mismo modo es peligroso investigar en preocupaciones de escuela, -cuando de averiguar culpabilidades se trata. ¿Qué vida de santo -resistiría la implacable investigación de algunos infatigables -averiguadores, obstinados en que han de ser tijeretas? Que si los -padres, que si su abuelo, que si allá por el año 58... Y es que á -lo mejor, nos creemos asomados á nuestro buen balcón con vistas á -Europa, y resulta que es al corredor de un patio de vecindad. ¡Tenemos -tan pocas cosas serias en qué ocuparnos! Pero ¿quién podrá decir que -tiene una vida privada? Como en danza de la muerte, no hay quien -escape de hacer su mudanza al son de la moderna publicidad, que cual -la muerte á todas partes llega y á nadie olvida. ¡Desgraciados de -los primos segundos de nuestros cuñados si algún día tenemos nuestra -hora de notoriedad! Desnudados se verán en público para regocijo de -las gentes. Y no hay que culpar demasiado á los que, en apariencia, -pudieran parecer los únicos culpables. No puede una enfermedad tan -fácilmente con un organismo sano. La publicidad tal vez abusa; pero hay -que confesar con cuánta complacencia nos prestamos al abuso...--Por -Dios, no diga usted nada de esto... Y lo decimos todo...--No quiero -que me retraten ustedes. Y llevamos estudiada la postura en que ha de -sorprendernos el objetivo. Padecemos todos de «exhibicionismo», y quizá -no andamos descaminados. No hay nada que desarme tanto la indignación -como la curiosidad satisfecha. Conviene, además, cultivar la amable -flor de la tolerancia mutua, sin la cual no habría vida de relación -posible. Hoy me escandalizas tú, mañana te escandalizaré yo; bueno será -que no nos escandalicemos demasiado. - -Por todo esto, no opinaré como los graves señores que ahora una vez -más van clamando: «¡Qué indignidad! ¿Han visto ustedes á lo que -hemos llegado?» Sí, señores míos; y la lástima será no ver adónde -llegarán los que nos sigan, porque no todos son malos. Nunca hubo -tiempos mejores que los presentes, y es de presumir que aún han de -aventajarlos los futuros. Siempre habrá más seguridades en estos -procesos de plaza pública, á la luz y al aire, que en las tenebrosas -actuaciones inquisitoriales entre negras paredes y bajo obscuras -bóvedas. No haya miedo, aunque entre el clamoreo de las gentes parezca -zozobrar la verdad, que pueda anegarse la justicia. Hay una rectitud -en la conciencia de las multitudes que no le impide rectificar sus -juicios. No tiene que velar por los prestigios de Cuerpo, como otros -Tribunales, que alguna vez también se equivocan, pero no pueden -confesar nunca que se han equivocado. - - * * * * * - -La lógica de los tablajeros es admirable. Como son muchos y tocan -á poco, han decidido subir el precio de la carne. Es una lógica -carnicera. No vamos á devorarnos unos á otros: es preferible devorar al -consumidor. - -«¡Quién pudiera también subir los precios!» Así decía una expendedora -del mismo enemigo del alma, aunque en otro ramo, donde también es mucha -la competencia. - -Para resolver el conflicto, el Ayuntamiento debe ponerse al habla con -los patronos de Bilbao, y aun con los de otras partes, por si puede -aplicarse á la carne animal el sistema por ellos empleado para abaratar -la carne humana. «¡Oh Dios!--decía Tomás Hood en su Canción de la -camisa.--¡Que la carne de vaca valga tanto y la de hombre tan poco!» - -Sólo nos queda el consuelo de los tontos: lo universal del malestar. -¿Quién podrá vivir al precio á que se va poniendo la vida? ¡Admirable -modo! donde, como en la isla encantada de Próspero, con todo lo -necesario para la vida no hay modo de vivir. - - * * * * * - -De la pintoresca galería de veraneantes, el más digno de nuestra -gratitud es el veraneante Robinsón, el descubridor de rincones -ignorados que tendrán en él propagandista infatigable. ¡Un Paraíso! ¡La -Suiza de España! - -La última ilusión que perderemos será esta de los paisajes. Es -incalculable el número de Suizas que tenemos en España. Con unos -peñascos, dos docenas de pinos y un chorro de agua, ya está una -Suiza. Lo malo es que aquí no sabemos explotarlas. Nuestra tierra es -un Paraíso. Pero ¡somos tan adanes! Desengáñense los admiradores de -nuestras bellezas naturales: no hay paisaje posible sin una buena -fonda. - -El viajar no es un apostolado. Bellezas naturales y bellezas artísticas -son un buen pretexto para pasarlo bien en confortables hoteles, entre -gentes adineradas y con toda clase de diversiones, por si los paisajes -y las catedrales fallan. Y no fallan nunca cuando los contemplamos -después de bien comidos y bien dormidos. En cambio, échese usted por -malos caminos; llegue usted á una posada, donde toda incomodidad tiene -su asiento y todo asiento su incomodidad, y tírese usted después su -buen repechito para ver salir el sol por donde acostumbra ó suba -usted y baje del coro al campanario, y viceversa, para extasiarse -ante los santos desnarigados de la gótica catedral, y regresará usted -para que no vuelvan á mentarle paisajes ni catedrales, como no sea en -cinematógrafo ó en postales, único modo de admirar bellezas sin fatigas -y sin desilusiones. - -El Robinsón dirá que somos criaturas artificiales, que tenemos -atrofiado el sentido de la Naturaleza... No tome usted muy en serio á -los robinsones, que, á lo mejor van á descubrir bellezas naturales muy -bien acompañados de alguna belleza urbana, y..., naturalmente, ¿qué les -importa el duro lecho, ni la mala comida, ni las bellezas naturales -tampoco? Pero el que de buena fe cae en el lazo de la propaganda, -volverá renegando y creyendo para toda su vida que las mejores -creaciones de la Naturaleza y del Arte son obra de los fondistas y -hosteleros, y que en España no tendremos paisajes y catedrales mientras -no tengamos buenos hoteles y lujosos casinos y... amables bellezas, en -que se armonicen la Naturaleza y el Arte. - -Preguntad á los habituales y acaudalados concurrentes á Niza, Ostende, -Biarritz, San Sebastián mismo, por las bellezas naturales de los -respectivos puntos. «Se pasa muy bien», es lo que sabrán deciros. - - - - -XXXII - - -Para justificar el actual estado de las calles de Madrid, el alcalde -ha exhibido unas fotografías de las principales vías de París para -que en nada tengamos que envidiarles. En efecto; allí, con motivo -de las obras del metropolitano, han padecido, como nosotros, las -inevitables molestias que la civilización trae consigo, y allí, como -aquí, levantamientos y excavaciones en calles y plazas han sido tema -inagotable de chistes, caricaturas, escenas de revistas, coplillas -de café-concierto y demás desahogos inofensivos. No tiene por qué -preocuparse el señor alcalde. A todo lo que podemos aspirar en este -bajo mundo es á hacer algo bueno; pero á que parezca bien, es loca -aspiración. Como aquí, por cada uno que hace algo, aunque no sea más -que jugar al billar ó al tresillo, hay cien mirones, en algo han de -entretenerse. - -Quisiéramos tener una Gran Vía por arte de magia y que la baratura de -la luz eléctrica no costara la más pequeña molestia. Queremos que todo -nos lo den hecho; tan hecho... que no haya que hacerlo antes. Pero, -amigo, como no hay medio de hacer tortillas sin romper huevos, como -dicen en Francia, y tampoco nos gustan los huevos pasados por agua, -hay que resignarse con nuestra triste suerte y dejar que los mismos -que en París habrán admirado los trabajos del metropolitano, como -obra de progreso, al regresar ahora de su excursión otoñal renieguen -aquí de todo y por todo. En casa somos de un sibaritismo oriental: no -toleramos ninguna incomodidad. Verdad es que la mayor parte de las -viviendas son inhabitables, unas por culpa de los caseros y otras por -culpa de los mismos vecinos y de sus apreciables familias. ¡Si tampoco -podemos vivir en la calle! Individuos hay para quien levantarles las -losas de una acera equivale á un desahucio del propio domicilio. ¿En -dónde despacharán ahora sus asuntos y recibirán sus visitas? Pueden -consolarse admirando los planos de la futura gran plaza de España. -Ellos se encargarán de justificar su nombre, paseando por ella sus -desocupaciones, perturbadas ahora por una falta de consideración -imperdonable. En cambio, un respetable jefe de familia, que por -obsequiar á los suyos con las delicias de un veraneo aristocrático tuvo -que acudir á la bondad de esa noble institución de los prestamistas, -decía con gran filosofía, contemplando el estado de nuestras -calles:--Así como así, yo tendré ahora que andar por los tejados. - - * * * * * - -Su Santidad ha recomendado encarecidamente á los prelados y sacerdotes -la más activa predicación contra las actuales modas femeninas, por -deshonestas y provocativas á deshonestidad, que es lo peor de todo. No -confiamos mucho en la eficacia de esas predicaciones; que no es tan -fácil hallar docilidad y obediencia en la grey femenil cuando se trata -de cosas que le importan particular y directamente, como cuando se -trata de cosas que en realidad le tienen sin cuidado. No es tan fácil -derribar una moda como un Gobierno liberal. Sin contar con que, en -esto de manifestarse contra los Gobiernos liberales, entra por mucho -también la moda. ¿No son las más á la última trabadas las que más se -destraban de pies y de lengua cuando hay que bullir y danzar en juntas, -protestas y manifestaciones? Pero ¡ay! en cuestión de modas, como ellas -se encuentren á su gusto... - -Poco conoce á las mujeres el que se las figure dominadas por las -predicaciones del clero. ¡Buenas son ellas para dejarse dominar por -nadie! ¡Pobre clero! El sí que, en la mayoría de los casos, es el -dominado, el zarandeado y el molestado por el indiscreto fervor de las -devotas. Cuando á ellas les conviene, lo mismo se entran por el ritual, -que por los cánones, que por la Suma Teológica, atropellándolo todo. -¡Hay cada papisa Juana y cada antipapa Luna entre ellas! - -Yo sé de cierta junta de señoras, reunida en cierto palacio episcopal, -bajo la presidencia del señor obispo; y como el buen prelado, con muy -buenas razones, procuraba convencerlas de la imposibilidad de algo que -ellas pretendían, en la ordenación de una festividad religiosa, una de -las más voceadoras no sabía más que repetir: «Pues perdone S. I., pero -siempre se ha hecho así, siempre se ha hecho así.» A lo que el prelado, -bondadoso, replicó todavía: «En efecto, era un abuso tolerado; pero -ahora Su Santidad ha dispuesto que no se permita.» «Pues que me perdone -Su Santidad, pero á mí me parece un disparate»--fué la contestación. El -buen obispo se quedó haciéndose cruces; por fortuna, las cruces de los -obispos son de oro y piedras finas y suelen ser regalo de las mismas -señoras que tanto les desazonan. Claro es que ellas lo pagan, pero como -se abonan al teatro, para que las comedias no las molesten. Sí, ¡qué -van ellas á pagar para oir cosas desagradables! - -Por todo esto y otras cosas, verán ustedes cómo por muchos anatemas que -caigan sobre la moda, como ellas se encuentren á su gusto, sobre sus -monumentales sombreros se pondrán todavía la cúpula de San Pedro en -Roma, por montera. - - * * * * * - -¡El 606! Parece el número del premio gordo en la Lotería de Navidad. -No se habla de otra cosa. Hasta los niños han dejado sus charlas sobre -el adulterio y otros sucesos de actualidad, para hacer toda clase de -preguntas indiscretas sobre el numerito. Ahora nos enteramos de que hay -más gente interesada en el descubrimiento de la que podía suponerse. -El reuma que don Fulano, los dolorcillos de don Zutano y hasta el -fueguecillo de doña Perengana, todas personas muy respetables. ¡Que el -606 ó el 909, según se lea por arriba ó por abajo, os sea propicio! Los -médicos son el demonio: un castigo menos para contener á la Humanidad -en sus depravaciones. Con el 606 y cualquier otro numerito por el -estilo, esto va á ser el desate. - -Admiremos á la clase médica, única en el mundo que trabaja en contra -de sus intereses, suprimiendo padecimientos. ¡Si muchas otras -clases sociales encontraran su 606, que nos hiciera innecesarios, ó -simplificara, por lo menos, sus servicios! - - - - -XXXIII - - -Esto de las embajadas de moros parece la procesión del niño perdido; -llegan unas detrás de otras, y ni el niño parece ni la madre del -cordero, que este es el toque de la diplomacia morisca: que no parezca -nunca nada de lo que se ha perdido. De modo que es muy posible que -haya que ir á buscarlo, y allá iremos con nuestro duro á recuperar la -peseta. Ante el peligro de posibles y desagradables discrepancias, -llegado el caso, se invoca, para «hacer opinión», como suele decirse, -el patriotismo de cuantos pueden influir sobre ella. Bien está si -ello no puede ser por menos y se quiere que en su día sean muchos -á repartirse las glorias ó las responsabilidades. No es como hacer -propaganda de una Exposición ó de un viaje de recreo, cosa en que á -todos se favorece y á nadie se perjudica. - -Pero... pero en esta ocasión el que sinceramente y honradamente no -crea en la necesidad ó en la conveniencia de nuevas demostraciones -bélicas, mal haría en pactar con su conciencia por consideraciones -dudosas. ¡Cualquiera sabe dónde está el verdadero patriotismo en estos -tiempos! Eso sí; tampoco vale guardarse la malilla para salir después, -si el asunto se tuerce, con aquello de: «¡Ya lo sabía yo! ¡A mí siempre -me pareció mal; pero cualquiera va contra la opinión general!» Sobre -que nunca hay opinión general y sobre que muchas veces la opinión y los -que influyen en ella se engañan mutuamente por mutuo desconocimiento, y -luego tenemos aquello de: «Yo hablé así porque creí que era la opinión -de ustedes» y «Yo creí deber opinar así porque ustedes lo decían». - -Sólo hablando cada uno con arreglo á su conciencia puede formarse la -verdadera conciencia nacional; nacional, sin vistas á humanitarismos -«inter» ó supernacionales. Nosotros no podemos permitirnos aún esos -lujos. Eso, como los dramas de Ibsen, según Ramiro de Maeztu, es para -los que ya tienen resuelto el problema de la mantenencia. Nosotros -estamos en el caso de ir á buscarlo donde lo haya. - - * * * * * - -El chiste, la humorada, la ironía, la paradoja, la amenidad, todo -lo que indigna á muchos graves varones al encontrarlo en artículos -periodísticos, pueden hallarlo ahora nada menos que en un documento -oficial; que como documento oficial puede considerarse la medalla -acuñada para conmemorar el centenario de las Cortes de Cádiz. - -Ustedes verán si no es humorismo el de la medallita. Por una cara -ostenta las consabidas figuras alegóricas en toda su clásica desnudez, -un par de mundos, que de entonces acá han venido á quedar en uno, y -alguna otra friolera decorativa. Por esta cara nada de particular. -Pero por la otra... ¿á quién sino á un gran humorista pudo ocurrírsele -esculpir y grabar la dulce efigie de Fernando VII en un recuerdo -de aquellas Cortes y de aquella Constitución que tuvieron en él su -más encarnizado enemigo? ¿Qué puede hacer en esta galería aquel -tan deseado antes como después aborrecido, sino dar que reir al -discreto contemplador? Al que ni supo antes defender su trono ni -después agradecerlo; al que volvió á llamar á los franceses para -sacudirse de Constituciones y libertades; á uno de los más siniestros -mamarrachos que han visto los siglos coronado, y abundan en la serie, -¿qué Shakespeare de la ironía ha sabido clavarle en la picota de -esta medalla conmemorativa? No queremos sospechar en ello la menor -sombra de adulación monárquica. Hay adulaciones ofensivas para la -discreción de los que están demasiado altos, para no estar sobre tan -burdas adulaciones. Preferimos atenernos al humorismo, tan desusado -en gubernamentales esferas, donde toda seriedad y todo empaque tienen -asiento. Pero el espíritu de aquel gran socarrón no habrá dejado -de apreciar la ironía de este «trágala» póstumo. «Al que no quiere -caldo, la taza llena». Al que que odió la Constitución, medallitas -conmemorativas. La idea ha sido genial y merece el más sincero aplauso. - -Terminó el preciso veraneo de los que no disponen de tiempo ni de -fondos para mayores ausencias. Quede la otoñada para los que de todo -disponen en abundancia y todo es veranear para ellos. - -Vuelven tonificados por los baños de mar, de luz... y de ilusiones. -El veraneo nos eleva siempre unos grados sobre nuestra ordinaria -condición social. Las playas, los Casinos, los vestidillos claros y de -telas ligeras son niveladores. Las amistades y los amores son fáciles, -aunque ligeros como los vestidos. No suelen llegar al invierno. En -Madrid vuelve cada uno á estar en su sitio. Ofrecimientos de amistad y -juramentos de amor se olvidan apenas llegamos. ¡Felices los que logran -conservar á la marquesa entre sus relaciones y la que no suelta al -empleado con 3.000 pesetas de sueldo, que en San Sebastián parecían -20.000 de renta! Verdad es que allí también papá parecía un accionista -del Banco. ¡Oh, sueños de una temporada de verano! Nunca muy costosos, -que nunca se paga bastante un poco de ilusión y el hallar á la vuelta -más sabroso el familiar cocido. - -El Teatro Nacional va camino adelante. Ya sólo falta teatro, compañía -y suponemos que no faltará dinero en el momento oportuno. Ahora, con -toda seriedad. Dadas las condiciones del teatro en España, ¿conviene -hacer del Teatro Nacional un teatro museo, sólo para la representación -de obras consagradas, ó un teatro de ensayo, un teatro juvenil, para -estrenar obras de autores noveles ó desconocidos? ¿Conviene formar una -compañía de eminentes, ó una modesta, estudiosa compañía de conjunto? -¿Conviene que el teatro sea aristocrático, literario ó popular? Yo -creo que todo es compatible y para todo hay días y para todo debe -haber autores y actores. Ni debe prescindirse de la aristocracia, ni -de la intelectualidad, ni del pueblo. Pongan unos el dinero, otros la -orientación, otros el entusiasmo. Condición primordial: la baratura. No -es solo cuestión de arte, es cuestión de higiene. No es en el terreno -artístico, es en el terreno económico en el que hay que combatir contra -la chabacanería y la suciedad de un teatro que mancha las bocas y las -almas de los niños y de las mujeres. Es preciso que «la órdiga» y -«el pálpala» no sean ingeniosidades de salón y bailar el garrotín una -gracia infantil. Y es preciso que las mismas señoras que en el Español, -en la Princesa ó en la Comedia se asustan por muy poco, no vayan -después con sus hijos á la sección vespertina de cualquier teatrillo -con el pretexto de que los niños se divierten viendo las decoraciones -y lo demás... Ellos no lo entienden, los pobrecitos. ¡Ni á ustedes -tampoco hay quien las entienda, señoras mías! - - - - -XXXIV - - -Ante el triunfo de la República en Portugal, yo no pienso en si será -el camino más corto para apresurar la vuelta del dictador Juan Franco, -ni en la suerte del rey joven, víctima del sino fatal de una familia -condenada á ser eterno Tántalo de tronos y coronas. ¡Triste rey! Con -las mejores intenciones y deseos, sin duda; pero al que nunca llegó -la luz ni el aire de la calle, como á tantos reyes, sino al través de -aduladores, de ambiciosos y de intrigantes. A los reyes modernos no -les faltan bufones á su alrededor; pero entre sus cascabeles no suena -el cascabel de oro de la verdad, como solía en los antiguos hombres de -placer sonar atrevido sobre los donaires y las chocarrerías. Pero, ya -digo, en nada de esto pienso: sólo pienso en la alegría de un poeta. -¡Qué feliz será á estas horas Guerra Junqueiro! Altísimo poeta, que has -logrado lo que pocos poetas logran: ver realizado en la vida alguno -de sus sueños; ¡que la realidad de esa República se inspire en tu -poesía, oración á la luz, al pan, á los humildes de la tierra, al amor -y á la Humanidad! Pero ¡ay, poeta! ¿No será la realidad el principio -de la desilusión? Los hombres no se juntan para obras de belleza tan -dócilmente como las rimas. Verdad es que cuando las rimas son bellas, -es porque obedecen á un gran poeta, que es un dictador de genio. - - * * * * * - -Enrique Becque, el autor de _La parisienne_ y de _Los cuervos_ y -de esos _Polichinelas_ tan traídos y tan llevados en estos días, -como _Chantecler_ en los suyos, pasa por ser uno de los autores más -desgraciados en su vida y sus obras. No lo creo yo así; antes me parece -que ha habido pocos tan bien afortunados. Después de algunas obras -insignificantes--un _Miguel Pauper_, que es un mal melodrama,--estrena -_La parisienne_, que fué, en su estreno, lo que allí llaman un _four_ -y por acá un fracaso. Pero había que molestar á Sardou, á Dumas hijo, -á los autores por entonces señores del teatro, y _La parisienne_ fué -obra de lucha, alrededor de la cual se agruparon todos los autores -fracasados y todos los que ni fracasar habían conseguido. No había -autor silbado que no se condoliera diciendo: «¡También fracasó _La -parisienne_!» No había aspirante á autor que, al serle rechazada -una obra, no pensara: «¡Es claro: como fracasó _La parisienne_, las -empresas no se atreven con una verdadera obra de arte!» Llegó á -imponerse una reaparición de _La parisienne_. Los actores que habían -estrenado la obra no habían acertado con el carácter del personaje; -ahora es cuando se iba á ver la obra. En efecto; la representaron la -Réjane, después la Després, después ¡qué sé yo! _La parisienne_ llegó -á ser obra de concurso. La crítica ya no la discutía; daba por sentado -que se trataba de una obra maestra, una obra clásica; el público se -aburría siempre y las entradas no eran cosa mayor. En efecto; _La -parisienne_, cuyo título ya es una calumnia que debiera ofender á las -mujeres de París, no pasa de ser un buñuelo inflado; un asunto y unos -personajes de comedianta, tratados con una prosopopeya y un empaque -como quien dice: «Esto es ahondar en el corazón». Y toda la hondura es -que una señora tiene tranquilamente un marido y dos amantes; para lo -cual no hace falta ser _la parisienne_. En cualquier villorrio las hay -más frescas y todavía dan menos importancia á esas alternativas. - -Con _Los cuervos_, dos cuartos de lo mismo. Otra obra maestra para -los juramentados y otra tabarra para el público. Los intérpretes -siempre de víctimas, porque siempre consiste en ellos que las pícaras -obras no acaben de entrar y de imponerse á la admiración. ¡Digo, á la -admiración! ¡Obras más admiradas! Dígase ahora si autor que con ese -bagaje consigue ser indiscutible, tener estatua, que todos los años -le representen las dos joyas--y ¿qué será el día en que, hartos los -empresarios de probaturas, renuncien á representarlas y sólo por fe se -le admire? ¡Qué Molière, ni que Racine!--puede llamarse desgraciado. -Yo no conozco suerte literaria como la suya. Para que nada le falte, -es casi seguro que, por fin, no se representa _Los polichinelass_. Con -lo que todos irán ganando: los empresarios, el público y la gloria del -autor. - - * * * * * - -Apuntando, apuntando, como los de Lumbiaque templaban, á unas -Asociaciones, el Gobierno ha disparado sobre otras. Mientras de una -parte todo son mitins, _aplechs_, procesiones y rogativas--no sabemos -por qué motivos, pues los más impacientes por determinadas medidas -bien pueden decir, como el personaje de la comedia: «¿Dónde me han -besado, que no lo he sentido?»,--sin ruidos y sin amenazas previas, -todo el rigor ha venido á caer sobre las Asociaciones que pudiéramos -llamar pecaminosas. Quedan disueltas las comunidades femeninas. Desde -ahora cada mochuelo á su olivo y un solo mochuelo en cada olivo. Pero -¿habrá en Madrid bastantes cuartos desalquilados? Si agrupándose, para -mayor facilidad de la existencia, ya no eran palacios las ordinarias -viviendas de esas cofradías, ¿dónde irán á refugiarse ahora por -sus pecados? Mal está el vicio en planta baja; pero mucho peor en -guardillas y sotabancos. ¡Pobres mujeres! Se pretende librarlas de un -mal y se las entrega, indefensas, á otros peligros. - -El matonismo, el robo, hasta el asesinato, hallarán ahora más -facilidades para hacer sus víctimas entre esas desventuradas. Se invoca -el ejemplo de otras grandes capitales. Pero en otras grandes capitales -esas mujeres gozan de cierta consideración social. Aquí, gracias que -muchas juntas pudieran defenderse. Aquí, donde no se respeta á las -mujeres honradas, ¿qué será con esas infelices? El chulo, lo mismo que -el señorito, tienen por gracia maltratarlas, burlarse de ellas; la -autoridad siempre está en contra suya. ¡Valor necesita aquí la mujer -para ser mala! La asociación era para ellas necesaria. Sin contar con -que la virtud, como la inteligencia, á sí mismas se bastan; pero los -malos y los tontos son los que necesitan agruparse. ¡Consuela tanto ver -otros peores y otros más tontos! - - - - -XXXV - - -Todas las huelgas mayores ó menores, tan menudeadas en estos últimos -tiempos por todo el mundo, no son más que ensayos parciales de la -huelga general que tendremos más tarde ó más temprano y quizás cuando -menos se piense. Es difícil saberse poseedores de una fuerza y resistir -al deseo de ejercitarla y de probar hasta dónde alcanza. Unase á esto -la infantil curiosidad, poderoso móvil de tantas acciones humanas; el -«¿A ver qué pasa?», capaz por sí solo á desafiar y arrostrar todos -los peligros que puedan amenazarnos y todos los males que puedan -sobrevenirnos. - -Los síntomas son de que, tanto los amenazadores como los amenazados, -unos por hacer alarde de su fuerza y otros de su resistencia, están -deseando saber lo que pasa si la huelga general se declara. Tanto harán -unos y otros que por fin se saldrán con la suya, y no tardaremos en -enterarnos. ¡Triste tarea la de los gobernantes modernos, edificando -sobre terreno movedizo, haciendo cuentas sin contar con lo imprevisto, -previsores de guerras exteriores y sorprendidos por la guerra íntima! -Y no hay duda: las huelgas son las guerras modernas, y de ellas deben -preocuparse los Gobiernos más que de las dudosas conflagraciones -internacionales. Las luchas futuras serán de clase, no de naciones. -Un obrero chino será más compatriota de un obrero alemán que de un -capitalista ó de un letrado de su nación. Un hombre de ciencia francés -estará más cerca de un sabio japonés que de cualquier espíritu grosero -entre sus compatriotas. Los espíritus se saludan por afinidades -espirituales, no por la proximidad material. Como el beso de la dolora -de Campoamor, injusticias y males repercuten muy lejos y unen en el -mismo sentimiento de agravio y de dolor á los más distantes. Por eso -los que aun crean que hay algo que defender, contra los que creen que -todo hay que destruirlo, deben unirse espiritual y materialmente sobre -naciones y fronteras; porque el enemigo está en todas partes. La idea -de patria es valor que caduca, y pronto será tan anacrónico como el -valor de las ideas religiosas. Razones sentimentales los sostendrán -todavía sin virtud y sin eficacia. ¡Ay de los que no comprendan á -tiempo la necesidad de sustituir esos valores por otros más eficaces -para la defensa social! Suponiendo que la defensa social tenga valor -alguno. - - * * * * * - -De las discusiones, protestas, querellas y disgustos promovidos -por la distribución de premios en la Exposición de Bellas Artes, -sólo puede deducirse una consecuencia: que las obras de arte no -son para calificadas y premiadas como niños de colegio.--Por de -contado que los niños tampoco debieran serlo como los cuadros en las -Exposiciones.--¿Hay nada más ridículo? Fulanito, el primero; Menganito, -el segundo de los primeros; después el segundo, el segundo de los -segundos... ¿Hay quien crea que las obras de arte pueden calificarse -tan rotundamente? ¿Se figuran ustedes el Museo del Prado sometido á una -distribución de premios por el estilo? Y no vale argumentar con que -el mérito extraordinario de casi todos los cuadros haría difícil la -calificación; porque si es difícil calificar entre iguales por alto, -tan difícil es calificar entre iguales por bajo. ¡Y no digamos entre -medianos! - -Se dirá que sin esa formalidad de los premios sería difícil conseguir -el objeto principal de las Exposiciones, que es el de señalar al Estado -los cuadros que debe adquirir, si la protección á los artistas ha de -ser efectiva. Yo creo que con las manifestaciones del público y de la -crítica bastarían para una razonable orientación. En todo caso, sería -preferible el sorteo; todo menos eso de los primeros, los segundos de -los primeros y el primero de los segundos. Ya sé que es muy humano y -satisface mucho á los entendimientos mediocres eso de que nos lo den -todo numerado por orden de mérito. Hay quien pregunta: «¿Qué obra de -Shakespeare es la mejor? ¿Cuál es el mejor cuadro de Velázquez?» Y -¿qué pensarían ustedes del que se atreviera á señalar una sola obra de -Shakespeare, un solo cuadro de Velázquez como superior en absoluto? - -De cualquier modo, y aun aceptando como mal menor ó necesario la -calificación y numeración por un Jurado inteligente, probo y sincero, -como lo son todos los Jurados hasta el día, de la adjudicación de -premios, bueno sería que los jueces se atuvieran al mérito de las -obras, dejando fuera de juicio las tendencias, el procedimiento y los -medios de ejecución de las mismas. ¡Bueno fuera que en un concurso -de obras dramáticas, por ejemplo, entre una mala obra realista y una -excelentísima obra romántica ó imitación de nuestro teatro clásico, se -premiara la mala obra por parecer más de nuestro tiempo ó por antipatía -de escuela! Si la emoción y el sentimiento que inspiran al artista -son sinceros, ¿ha de censurársele porque aun pretenda espiritualizar -su obra, desligándola del tiempo y del espacio? ¿Es tan pronto para -renegar de una tendencia artística que es la mitad del arte moderno? -Mæterlink, Ibsen mismo, en la dramática; D'Annunzio y Anatole France, -en la novela; Puvis de Chavannes y los prerrafaelistas ingleses, en la -pintura... ¿Y en música? Debussy va á inspirarse en la música griega, y -ya no hay música bastante antigua que pueda servir de refugio á los que -reniegan de la música moderna. - - * * * * * - -El Ayuntamiento, como el corazón, según los franceses, tiene razones -que la razón no explica. Entre tres proposiciones para la concesión del -teatro Español, ha votado por la que menos esperaba todo el mundo. El -espectáculo ha sido edificante; solicitado el teatro por el Estado, el -Ayuntamiento desestima su pretensión, le trata de tramposo y declara -que no se fía de él para nada. «Dijo la sartén al cazo...» ¡Qué buen -efecto producirán en el país pagano esta armonía de relaciones y esta -confianza mutua entre el Estado y el Ayuntamiento! Si el Ayuntamiento -desconfía del Estado, ¿qué haremos los demás mortales? El que quiere -honra, que la gane. ¿No es eso? Aparte esta pequeña desconsideración al -Estado y á las buenas intenciones del ministro de Instrucción pública, -sabemos que el teatro Español está en buenas manos. Se trata de una -empresa artística con orientaciones modernas, abierta á la juventud; -como debe estarlo el teatro Español, de donde debemos alejarnos los -autores viejos y cansados para dejar paso franco á los que llegan. - - - - -XXXVI - - -Quede á salvo la buena intención del Congreso contra la trata de -blancas. Pero ¿qué podrá una sola institución social para reprimir lo -que tantas otras instituciones sociales son á fomentar? Medicinaremos -lo sintomático y la enfermedad esencial continuará consumiendo el -organismo. - -Para combatir la llamada trata de blancas hay que afrontar cara á cara -la trata de negras, que es la trata de la mujer en general, por todas -las leyes, instituciones y costumbres sociales. Quizás la trata de -blancas sea la más dulce y favorable de todas ellas. ¿Qué ofrecemos -á la mujer que mejor sea? ¿Trabajo? Que emancipe á la mujer de toda -esclavitud económica, único medio de lograr su emancipación moral, sólo -hay uno: el trabajo artístico, y para esto es preciso ¡ahí es nada! un -gran talento y una gran voluntad. Aun así, ¿estamos seguros de que -nuestro respeto y nuestra admiración acompañen siempre al triunfo del -talento femenino? Sólo las grandes artistas del teatro consiguen ser -admiradas por completo; y ¡cuántas veces la admiración á la belleza nos -hace ser injustos con el talento! ¿No suelen estar mejor pagadas una -cara bonita y unas lindas piernas que una clara inteligencia y un gran -corazón? - -En las demás profesiones, en la misma profesión artística, cuando -un poderoso talento no basta á imponerse por sí mismo, ¿qué llega -á conseguir la mujer por sí sola, sin el favor y la protección del -hombre, no siempre generoso, más bien tacaño, al remunerar con una -colocación, á costa ajena, lo que hubiera debido pagar á su propia -costa? ¿Cuántas serán las mujeres que hayan llegado á la independencia -de una profesión lucrativa sin haber tenido que pagar servidumbre al -antojo de un hombre? - -¿El matrimonio? Pero ¿quién dirá que se trata de un Sacramento de -la Iglesia, instituído por Dios, cuando en sociedades que se dicen -cristianas le vemos perseguido por todos los medios, como un vicio ó -como un delito? - -A él se oponen leyes militares, prohibiendo el matrimonio de millares -de hombres en lo mejor de su vida, en nombre de conveniencias sociales; -á él se oponen leyes económicas, que mantienen en pobreza ó en escasez -á los jóvenes en la edad más conveniente para el matrimonio; á él se -oponen todos los egoísmos individuales engendrados por el gran egoísmo -colectivo. Y salvadas estas dificultades, ¿qué es la mujer, con raras -excepciones para cuentos y comedias morales, en el matrimonio? Animal -de lujo en las clases altas; animal de cría en la clase media; animal -de cría, de trabajo y de carga en la clase baja. - -¿Y quieren ustedes oponerse á la trata de blancas? - -¿En nombre de qué? ¿Qué ofrecen ustedes en cambio? La máquina de coser, -la aguja y la plancha. - ---Gracias--dirán las favorecidas. - -¿El matrimonio con el empleado con 1.500 pesetas ó el jornalero con -tres pesetas? - ---Muchísimas gracias--volverán á decir. - -Lo mejor que pueden ustedes ofrecerlas es un convento, como Hamlet á -Ofelia. - -Y estos pícaros Gobiernos democráticos, con eso del «candado», no se -preocupan más que de cerrar puertas sin abrir otras para dar salida á -las pobres mujeres. Lo que dirá alguna, parodiando la altiva divisa de -las Rohan: «Casada no puedo; trabajar no quiero... «blanca» me quedo.» -Pero se están poniendo las cosas de un modo, que ni ese recurso les va -á quedar á las pobrecillas. - - * * * * * - -El Ayuntamiento de Valencia ha desairado á los poetas, oponiéndose -á la celebración del Congreso de la Poesía. ¡Gran injusticia! Pues -no sabemos que ese Congreso reuniera menos condiciones de inutilidad -que cualquiera otro de tantos Congresos como se reunen, á todas horas -por esos mundos. Y ¿no es la inutilidad la primera y más estimable -condición de estas juntas? - -¡Quién sabe si de éste hubiera salido algo práctico, por andar todo -al revés en estos tiempos! ¡Tantos Congresos, de los que se esperaban -grandes resultados prácticos, han venido á diluirse en la más vaporosa -poesía! - -Pero bien empleado os está ¡oh, poetas! ¿Quién os manda poneros al -habla con Corporaciones oficiales de ninguna clase? Y ¿qué íbais á -hacer en Valencia, después de los cortesanos? ¿No sabéis que por donde -ellos pasan ya no quedan flores, ni halagos, ni atenciones para los -poetas? ¿Sabéis guiar un automóvil? No; porque ni habéis tenido nunca -dinero para comprar uno, ni tenéis amigos que los posean. La gente -adinerada no se trata con los poetas. Entonces... ¿qué íbais á pintar -en Valencia? Ya iréis cuando tengáis más dinero. Para eso, dejaros por -algún tiempo de hacer versos; haced algo más, como los poetas de... -otras partes. - - - - -XXXVII - - -A la mayor parte de nuestras Juntas benéficas, ya sean de damas ó de -caballeros, les sucede lo que al devoto del cuento en sus méritos -para con Dios: lo que ganan por delante lo pierden por detrás. ¿Por -qué reglamento rigorista ha de ser la Inclusa barrera infranqueable -entre las madres y los hijos? ¿No debiera ser más bien lazo de unión, -apartado de las miradas del mundo? No el alejamiento, la proximidad de -las madres debiera solicitarse. El abandono del hijo es alguna vez, -por monstruosa sequedad del corazón, cerrado á un instinto que hasta -en los animales parece con delicadezas de sentimiento espiritual. -Pero ¡cuántas veces es miseria, vergüenza, miedo!... Y ¿no debe ser -la sociedad entonces, y las Juntas de damas benéficas sobre todo, las -que, en vez de apartar á la madre como indigna, porque cedió á esas -consideraciones sociales, procuren ser piadosos intermediarios, no -como secuestradores, sino como guardianes de los pobres niños, que no -serían entonces abandonados del todo y para siempre por sus madres? -En vez de decirles: «Aquí dejas á tu hijo; no vuelvas á acordarte de -él», decid: «Aquí tienes á tu hijo; acuérdate siempre; ven cuando -quieras; defiende tu vida como puedas, nosotras defendemos la de tu -hijo.» Sea la caridad nodriza, educadora; pero no pretenda ser madre -mientras la verdadera madre no haya renunciado á serlo por monstruosa -perversidad. No digáis á los pobres niños: «Vuestras madres fueron -tan malas mujeres, que no supieron ser madres.» Decidles: «Vuestras -madres eran tan pobres, que no podían teneros á su lado; compadecedlas -mucho, como nosotras las compadecimos.» ¿Creéis que no sería mayor su -gratitud y que no podrán fundarse mayores virtudes si ellos ven que, -no sólo los guardasteis la vida, sino el amor de la madre? Reformad -esos reglamentos, nobles señoras; un reglamento de un asilo benéfico -no debe ser como un Código penal, en que siempre se mira al hombre -como un presunto delincuente. No todas las madres que dejan sus hijos -en la Inclusa son malas madres; muchas son madres pobres, y, en la -duda, todas son ¡pobres madres! Tan difícil como hacer leyes desde -los salones de un ministerio es difícil hacer reglamentos desde -gabinetes perfumados. Sobre todo, leyes y reglamentos para los pobres y -miserables de la tierra, por los que nunca supieron de pobrezas ni de -miserias. - - * * * * * - -Las obras de la Gran Vía adelantan hasta el punto de permitirnos á -los que nacimos á mediados del siglo pasado la esperanza de verlas -terminadas. Pero he aquí que, al comienzo, surge el primer obstáculo. -Entre los derribos yérguese altiva, desafiadora y elocuente como un -símbolo nacional, una pequeña iglesia: la conocida vulgarmente por -el nombre de Niñas de Leganés. No hay quien pueda con esas niñas. La -piqueta derriba casas y casas, y el campanario de la iglesia cada vez -más insolente y fanfarrón. Parece ser que no hay persona apta para -tomar el dinero precio de la expropiación. ¡Por vida del inconveniente! -Que se tratara de alguna manda ó donación, y veríamos si había personas -aptas para embolsarse los cuartos. ¿Para qué están los señores jueces, -más que para ser depositarios de los dineros dudosos? ¿Van á detenerse -las obras por ese monumento nacional? A bien que se queda Madrid sin -iglesias. Nuestros ricachones, por no imitar á los norteamericanos, -que suelen dejar cuantiosas herencias á Universidades y escuelas, no -saben cosa mejor que legarnos iglesias. A ninguno se le ocurre dejar -unos cuantos millones para fundar un buen periódico de la buena Prensa, -atendiendo las exhortaciones del señor obispo de Jaca, que sabe muy -bien dónde le aprieta la mitra y que á Dios rogando y con el rotativo -dando. Además, el mayor número de iglesias no contribuye en nada á la -conversión de incrédulos; mientras que un buen periódico que diera -buenos sueldos á los redactores, contribuiría grandemente. Ya sabemos -que aquí nadie tiene sueldo por tener estas ideas ó las otras; pero -¡ideas por tener un sueldo!... - - * * * * * - -El arte moderno se desvive por la originalidad; la acusación más -ofensiva para un artista es la de plagiario: _Il nous faut du nouveau -n'en fut il plus au monde_. Y, sin embargo, las novedades apenas llaman -un día la atención y las obras que se perpetúan son menos que plagios: -plagios de plagios, imitación de imitaciones. La humanidad, como los -niños, prefiere el cuento cien veces oído. Las obras inmortales son -aquellas en que sus autores acertaron á contar del mejor modo las dos -docenas de cuentos que interesan á todos. ¿Es otro secreto de la gloria -de Shakespeare? Cuentos sabidos, de una sencillez de asunto y de una -psicología primitivas. Obras que pueden representarse ante el auditorio -más ignorante como ante el más docto. - -Y nuestro _Don Juan Tenorio_, el de Zorrilla, que acertó á contar -el cuento al gusto español y popular, ¿no es el mejor ejemplo y la -mejor lección para los originales y noveleros? Hoy tememos demasiado -á tocar esos asuntos universales vulgarizados, y renunciamos tal vez -á escribir las mejores obras. ¿Quién se atreve á escribir otro _Don -Juan_, otro _Fausto_, otro _Romeo y Julieta_? Verdad es que la crítica, -interponiéndose á cada paso del arte entre el artista y el público, -opone la terrible acusación de plagio ó de osadía. Pero hay que tener -todas las osadías, la del plagio en primer lugar, y la de pasar por -encima de la crítica, para llegar directamente al alma del público. -Esta fué la mayor hazaña de _Don Juan Tenorio_; por ella le vemos todos -los años en escena triunfar de muchas novedades originales, y, cuando -todas ellas hayan caído en el olvido, _Don Juan Tenorio_, plagio de -plagios, imitación de imitaciones, sobrevivirá como uno de los pocos -cuentos interesantes que un gran poeta se atrevió á contar nuevamente -sin el temor de parecer plagiario. - - - - -XXXVIII - - -Es sabido que, á la entrada de todos los inviernos, las señoras hablan -de los vestidos que han de encargarse; los empresarios de teatros, -de las obras con que cuentan, y los gobernadores de Madrid, de la -extinción de la mendicidad. De todos estos programas, el único que -suele cumplirse, y con creces, es el de la indumentaria femenina, dicho -sea en honor de la mayor constancia del sexo débil en sus propósitos -y determinaciones. Los empresarios estrenan lo que pueden, que no es -siempre lo que quisieran; en cuanto á la extinción de la mendicidad... -no pasa de conversación en que luce el ingenio de unos cuantos -arbitristas, verdaderos ángeles de la caridad... con el dinero ajeno. -Y he aquí la primera dificultad en estas andanzas benéficas: que todos -piensan el mejor modo de sacar los cuartos á los demás y nadie quiere -sacar un céntimo de su bolsillo. Por lo pronto, el señor gobernador -había pensado en añadir un nuevo impuesto sobre las localidades de los -teatros, por ser cosa de lujo y nada necesaria, en opinión de dicha -autoridad. En efecto, así como indispensables para la vida... Pero -si argumentamos en lo necesario, ¿son tantas las cosas, en verdad, -necesarias? Tal vez no lleguen á la media docena, y tal vez no estén -entre ellas los gobernadores civiles. Considerando el teatro por la -parte del público, sí que es un lujo bien innecesario, como tantas -otras industrias, si sólo atendemos á los que se gastan el dinero en -disfrutar de los productos y no á los que se ganan la vida trabajando -para producirlos. De un lado está el lujo; de otro la necesidad... -¡Habría que ver los apuros del señor gobernador si en un día todos los -empresarios de Madrid acordaran suprimir ese lujo, cerrando todos los -teatros! No serían las damas elegantes ni los caballeros distinguidos, -ciertamente, los que irían en manifestación lujosa á pedirle solución -al conflicto; la gente adinerada es la que mejor puede pasarse sin -teatros. La sorpresa del señor gobernador sería muy grande al ver -miles de hombres y mujeres humildes clamando por el pan de sus hijos. -Es achaque de los grandes hacendistas que nos gobiernan creer que los -impuestos sobre los artículos de lujo los pagan los ricos. «Aquí, que -no peco», se dicen... Los impuestos los paga siempre el que trabaja y -produce. No es al que gasta y emplea su dinero en lujos ó en caprichos -al que habéis de castigar con nuevas contribuciones; que esos, al fin, -dan de comer á mucha gente y hacen circular el dinero, sino á los que -guardan y atesoran dinero, improductivo y cobarde; dinero antisocial y -antipatriótico; dinero de vagos, que deben ser tan perseguidos como los -otros vagos de la mendicidad callejera. - - * * * * * - -La familia y los admiradores de Tolstoi no ganan para sustos. ¡La -guerra que dan estos apóstoles! Tantos disgustos trae á las familias -la extremada virtud de uno de sus miembros, como el vicio más -desordenado. Cierto que es de mucho gusto para los descendientes -contar con un santo de la familia en el calendario; pero los infelices -parientes contemporáneos pasan el sino. Vean ustedes este venerable -conde de Tolstoi, que acaba su vida como la empezó aquel perdulario de -Verlaine, escapándose con un amigo. Claro es que los motivos son muy -diferentes; pero el disgusto para la familia es el mismo. ¡La pobre -condesa! Ya le decía ella á cierto escritor inglés que fué á visitar -al conde con intención de escribir un estudio sobre su persona y sus -obras: «¿Quiere usted saber lo que piensa mi marido? Pues ya tiene -usted trabajo, porque cada día piensa una cosa.» Y la posteridad será -tan injusta que acaso cuente en el número de los santos al conde y se -olvide de la pobre condesa. - - * * * * * - -Ni el triunfo de una obra de cierto género supone el triunfo de todas -las obras del mismo género, ni mucho menos el fracaso de todas las -obras de un género contrario. El Arte es furiosamente individualista, -y en él sí cada palo aguanta su vela. Hoy ríe el público con una -obra cómica y mañana llorará con un drama. Lo de «El público lo que -quiere es reir ó lo que quiere es llorar, ó quiere obras de tesis, -ó quiere obras ligeras, ó que no quiere el verso, etc., etc.», son -otras tantas vulgaridades. El público quiere obras de todas clases, -cuando le divierten ó le emocionan. Ni es una novedad que alternen -obras serias con obras regocijadas en los carteles. El teatro de la -Comedia fué siempre de los más eclécticos. Allí se estrenaron los más -caricaturescos _vaudevilles_ franceses y las obras de Dumas y Sardou, -última palabra, en sus tiempos, del teatro «serio». Después hemos -alternado en la mejor armonía autores de las más opuestas tendencias, -y el público nunca tuvo preferencia por géneros ni por autores, sino -por obras. Es de esperar que todo seguirá lo mismo. El público aplaude -y ríe con _Genio y figura_ porque la obra lo merece, y volverá á -aplaudir y á reírse cuantas veces acierten los autores cómicos, como -bostezará ó se estará en casa cuando no acierten á interesarle los -autores serios. Los fracasados son los que creen que cuando su obra -ha fracasado ha fracasado todo un género... Nada de eso; en Arte no -hay solidaridad que valga. Cada uno es cada uno. El público no sabe -de nombres genéricos; sólo sabe de nombres propios. No hay, pues, por -qué gritar: «¡Al arma, al arma!», y dejen los bien intencionados de -meter cizaña entre los autores; haga cada cual lo que sepa y pueda, sin -preocuparse de lo que hace el vecino. El verdadero vecino de enfrente -es el público. En la Comedia francesa, el teatro más serio del mundo, -después de una grave tragedia de Corneille, se representa el _Monsieur -de Pourcegnag_, de Molière, la más grotesca farsa que puede darse, con -sus boticarios jeringa en ristre corriendo por el patio de las butacas, -y nadie se alarma y todo está bien, y ni Corneille ni Molière ni la -seriedad de la Comedia francesa desmerecen por ello. - - - - -XXXIX - - -Discusión digna de los mejores tiempos de Bizancio ha sido la originada -por el aumento del impuesto sobre legados á favor del propio testador; -sobre todo, si son en provecho de su alma; que si algo deja para -vanidades corporales, como embalsamamiento, entierro de lujo, mausoleo -ó erección de cuanto cabe erigírsele á un difunto, allá el demonio ó la -Hacienda con ello, que eso importa poco; al fin, todo será economizar -un poco en estas materialidades póstumas. Pero si se trata de misas, -oraciones y preces, ¡qué terrible responsabilidad la del señor ministro -de Hacienda si, por disminuir con el impuesto la cantidad que debió -aplicarse á los sufragios, el alma de algún difunto se ve privada del -descanso eterno! Nadie mejor que el interesado puede saber el número -de misas y de responsos que necesita, y es gran maldad entrometerse -en esta administración que sólo corresponde á lo eclesiástico; que -por algo cuando se deja á un moribundo bien dispuesto para el último -trance, suele decirse que le han administrado. Y ahora cuántas almas, -como la de Garibay famosa, vagarán sin reposo á falta de ese dinerillo -interceptado por el Fisco. ¡Ay del señor ministro de Hacienda si dan en -aparecérsele y en atormentarle tantas almas en pena! Ya, por lo pronto, -anticipándose á los muertos, claman los vivos, precisos intermediarios -en estas operaciones de salvamento de almas. Es triste cosa que todo -negociado espiritual haya de traducirse en algo material y palpable. -Por eso el señor ministro de Hacienda debe tranquilizar su conciencia, -pensando que todo es cosa de almas, y que el alma de España, ese alma -tan cantada en discursos y poesías, también tiene sus necesidades y -que su espiritualidad sólo puede mostrarse por medio de organismos -materiales que cuesta mucho dinero sostener. Y ¿de dónde sacarlo que -menos duela que de las almas pecadoras? ¿Qué son unos años más de -purgatorio ante la eternidad? Sobre que en muchos casos, al cobrar la -Hacienda el impuesto de estos muertos piadosos, acaso no hará más que -reparar un olvido de restitución y todo será para bien de las almas. En -cuanto á los intermediarios, si tanto se preocupan por la salvación del -difunto, no tienen más que rebajar los precios; después de todo, las -oraciones no cuestan tanto trabajo. Todo menos que los muertos anden -por el ministerio de Hacienda; porque los hay que, muertos y todo, -harían inútiles las habilidades financieras del señor ministro para -sacarles los cuartos. - - * * * * * - -Una frase poco meditada, de una obra teatral, ha indignado á los -estudiantes de Medicina. La frase mortificante era injusta sobremanera, -y los autores han sido los primeros en declararlo lealmente, -apresurándose á retirarla de la obra en cuestión. Es de esas frases que -sólo tienen disculpa en el natural deseo en todo autor de halagar al -auditorio á quien se dirige. Cierto que más debían meditarse cuando es -menos ilustrado y menos puede pesar el pro y el contra. Justamente la -clase médica es la más altruísta y desinteresada. En ninguna profesión -se prodiga tanto la asistencia gratuita, y no hay médico, alto ni -bajo, que al cabo del año no haya asistido á mayor número de enfermos, -por amor á la humanidad, sin estipendio alguno, que á ricos clientes, -buenos pagadores. Esto sin contar á los médicos de partido, verdadero -apostolado de la Ciencia, indignamente retribuído. De modo que esos -cadáveres destrozados no aprovechan solamente á los ricos, ni ¡qué -mejor empleo puede tener un cuerpo muerto que servir al estudio y á los -progresos de la Ciencia! Poco tiempo hace que un ilustre profesor de la -Facultad, con admiración de todos, legó su cuerpo para tan altos fines. - -Ahora, que los estudiantes, una vez retirada la frase, no debieron -extremar su protesta. La frase era poco razonada; bastaba protestar -contra ella con razones. No es conveniente sentar precedentes para -otras protestas, que harían imposible toda crítica social en el teatro, -en el libro y en el periódico. Ello ha sido que el incidente ha venido -á parar en recordarnos uno de los más graciosos lances de Don Quijote: -los autores arremetían contra los estudiantes, los estudiantes contra -la Policía, y el señor Méndez Alanís contra el Gobierno. Por fortuna, -no hemos llegado á la conflagración europea. - - * * * * * - -En estos tiempos de mal entendida democracia, en que á duras penas -se tolera que nadie se distinga, ni sobresalga, ni tenga iniciativa -propia, y todos pedimos esa modestia que es el uniforme gris de los -que no pueden ir mejor vestidos, nadie sabe el valor que supone la -decisión de los hermanos Quintero al proponerse por su cuenta, á costa -de su trabajo y sin otra cooperación que la del público, levantar un -monumento al poeta de la Juventud y del Amor; que, por ser el poeta de -una edad que es de todas las vidas, ha de ser un poeta de todas las -edades del mundo. - -Los que alguna vez hemos proyectado alguna idea generosa y pronto -nos arrepentimos de ella como de una falta, desalentados ante la -hostilidad de los unos, la indiferencia de los otros, el comentario -burlón ó malicioso, que no dejan de suponer miras interesadas ó, por -lo menos, afán de notoriedad--¡gran pecado para los que no pueden -significarse á no ser en clase de mosquitos ó cualquier otro insecto -molesto!,--sabemos lo que supone la ilusión, la valentía de los -hermanos Quintero en su noble empresa. - -El público ha respondido y responderá generosamente en todas partes. -Alguna lamentable abstención pudiera notarse; esperemos que se -enmendará á tiempo. - -Sólo deseo á los aplaudidos autores que esa fe y esas ilusiones de su -juventud no les falten nunca y no lleguen á sentir jamás, ante las -ruindades de tantos tristes del bien ajeno, la tristeza incurable, por -ser más noble, que produce en los espíritus generosos el mal ajeno. - - - - -XL - - -La conferencia de Ramiro de Maeztu, en el Ateneo, ha sido, y será por -muchos días, tema preferente de discusiones. Inequívoca señal de su -mérito y de su importancia. Vibrante síntesis de nuestra vida nacional -fué la conferencia; tal vez con más apasionamiento que serenidad; pero -¡dice tan bien un noble apasionamiento cuando de algo que mucho nos -importa se trata! Quede la plena serenidad intelectual para cuando -hayamos de ser árbitros ó jueces en extraños asuntos; pero ¿cómo no -poner calor del corazón en asunto tan propio? - -Fueron las palabras de Maeztu el mejor espoleo para los espíritus -dormidos, tardos ó cobardes: el mejor lazo para unir á los que, -despiertos y fuertes, malogran, no obstante, sus alientos en el -soberbio individualismo solitario. A los españoles, más que á nadie, -conviene tener presente aquel apólogo oriental en que un padre muestra -á sus hijos cómo un haz de mimbres apretado no puede romperse y qué -fácilmente se quiebra cada mimbre, separado del haz, uno por uno. - -Aunque á ratos pudiera dolernos y aunque algo en el fondo de nuestra -conciencia protestara, bien hizo Ramiro de Maeztu en cargar la mano -sobre los intelectuales, ya que á ellos se dirigía desde la tribuna del -Ateneo. Hubiera sido flaqueza impropia de su espíritu independiente y -concesión que no hubiera admitido su auditorio, incurrir en la fácil -complacencia de esos predicadores que truenan contra los vicios del -siglo; pero tienen la dulce oportunidad de tronar contra los pobres en -iglesia de ricos, y al contrario. Ellos no faltan á la verdad en ningún -sitio; pero les falta la verdad del sitio, que es un modo de faltar á -la verdad como si se mintiera. - -Los intelectuales oyeron sus verdades, y muy duras verdades. Algo puede -decirse, y alguien lo dirá, en descargo suyo. Ahora, justo es también -que los obreros oigan las suyas, y las mujeres, y la aristocracia, y -que las palabras de verdad no sean perdidas; porque palabras nos vienen -de todas partes, pero ¿de dónde vendrá el ejemplo? ¿Qué serían los -Evangelios sin Pasión y sin Muerte? Oratoria, poesía... bellas palabras. - - * * * * * - -El Manzanares es digno río de la capital de España. Como la vida -española, no tiene término medio: ó no se le siente vivir, ó da fe de -vida turbulenta. Los Gobiernos pueden aprender en los ríos el mejor -modo de gobernar á los pueblos. Canalizar es la mejor política. En lo -espiritual y en lo material, tan dañosa es la sequía, por infecunda, -como la inundación, por destructora. La inundación siquiera, como las -revoluciones, si destruye al pronto, tal vez fecundiza para más tarde. -Pero ¡pobres tierras las que todo lo esperan de la inundación ó de las -revoluciones! ¡Dichosas las que ven regar sus campos regularmente por -encauzadas y tranquilas aguas! - - * * * * * - -Me parece muy bien que algunos críticos, fervientes devotos de la -amable bagatela, dediquen columnas de encomiástica prosa á la tiple de -sus simpatías y al garrotín de sus aspiraciones. Pero no me parecería -mal, porque no creyéramos tan pronto que el instinto del pudor había -desaparecido aunque haya venido muy á menos, que á la representación de -_La vida es sueño_, en el teatro Español, se le concediera un poco de -atención entretanto. - -Se protesta, con la boca chica, contra la invasión de la ola verde y la -ola que pasa de castaño oscuro, y de si aquí no se hace arte como se -debe, y de si acá se debe porque se hizo arte; y, para una vez que se -presenta ocasión de celebrar una noble tentativa artística, silencio ó -discreción con sordina parecida al silencio. - -_La vida es sueño_, no representada en el teatro Español con frecuencia -desde los tiempos de Rafael Calvo, ha sido ahora muy decorosamente -presentada, revelando una cuidadosa dirección escénica. Ricardo Calvo -es el mejor Segismundo que hemos visto, después del inolvidable Rafael -Calvo, el actor de nuestra juventud y de nuestros entusiasmos. Los -demás actores componen un excelente y armónico conjunto. La obra... no -es para morirse de risa; pero puede oirse todavía. Algunas de antes -de ayer están más viejas. En fin, que por mucho menos, pero muchísimo -menos, hemos leído sartas de elogios que siempre quisiéramos ver más -justificados que la parquedad de ellos en esta ocasión. - - * * * * * - -Nos extrañaba que las calles de Madrid estuvieran tan sucias. Ahora -nos extrañará verlas alguna vez medio limpias. Nos hemos enterado de -que, para poner remedio á la suciedad, cuenta el Ayuntamiento con 80 -barrenderos... para todo Madrid. ¡Eso es lujo! ¡Vaya, que si no se -puede comer sopas en esas calles!... ¿Para cuándo esa subvención á la -capital? ¿Cuándo se convencerán los Gobiernos de que con calles limpias -y carreteras bien cuidadas y bonitos paseos, estaríamos tan á gusto, -aunque nos suprimieran las garantías constitucionales, que no son de -uso tan constante y necesario? - -¡Estas calles de Madrid!... Créalo el Gobierno: hoy por hoy, es la -única oposición seria con que cuenta. Una vez arregladas y limpias -¡ríase el Sr. Canalejas de los quinquenios conservadores! - - - - -XLI - - -Cuenta Gracián en su _Criticón_--perdone _Azorín_ que me entre por sus -dominios--que, cuando españoles, portugueses, ingleses y holandeses -descubrían y se posesionaban de vastos territorios en el Nuevo Mundo, -acudió Francia en queja al supremo tribunal de la justicia divina, -lamentándose de haber sido olvidada en el reparto. Y el alto tribunal -contestó á la querella: «¿Y qué necesidad tienes, ¡oh, Francia! de unas -Indias? ¿No tienes ya bastantes Indias con España? Toda su riqueza y -la de sus Indias viene, al fin, á ser tuya; que los españoles te la -ofrecen gustosos, á cambio de tus baratijas.» - -Aparte de que Francia no se halla hoy tan desprovista de territorios -coloniales, nuestra situación tributaria no ha cambiado mucho, y aun -somos unas ricas Indias para nuestra buena vecina y no tan buena -aliada. Hasta el premio «gordo» de Navidad aprendió el camino, y este -año se pasó á los franceses. ¡Hay para armar otro Dos de Mayo! Tal vez -más justificado que el otro, que, al fin, entre unos buenos millones -y unos infantes simples no hay comparación posible. ¡De salud sirvan! -_¡Bon profit, messieurs!_ Y á ver si alguna de nuestras Oteros de -exportación es la alcaldesa de Mostóles de esos milloncejos, y algún -_maquereau_ de casa, que también los exportamos excelentes, se encarga -de reintegrarnos, en todo ó en parte, de ese renegado premio. Pero ya -verán ustedes como lo único que nos llega, en compensación, es algún -artículo de costumbres españolas poniéndonos de vuelta y media por la -inmoralidad de nuestra lotería. - - * * * * * - -Nadie más obligado que los tradicionalistas á celebrar las fiestas -tradicionales, y así la minoría parlamentaria, representante de las -viejas ideas, no ha querido que se suspendieran las sesiones de Cortes -sin hacer la Pascua y sin dar su inocentada. La sesión permanente ha -tenido de una cosa y de otra. Por fortuna, los señores diputados son -gente de buen humor y se han divertido en la sesión nocturna más que -un hortera en baile de máscaras. Chirigotas, cuchipanda, amiguitas -en la tribuna; no han faltado más que las serpentinas. Y los de la -obstrucción, ¡Jesús, qué graciosos! De público, muy bien: todo el -de las últimas secciones de los _cines_. Con sesiones nocturnas -tan divertidas se acababa con la inmoralidad de esos espectáculos, -corruptores de la ancianidad y que tantas falsas alarmas pueden -producir en algunos apacibles tálamos. Los de fuera, que en este caso -es el público que paga, pensando, aunque la ley del «candado» sea muy -conveniente, que tal vez no fuera malo una ampliación aplicable á -ciertas agrupaciones y á algunos oradores. - - * * * * * - -A propósito de inmoralidad y de candados. Distinguidas señoras -pretenden que los Poderes públicos intervengan en la moralización -del teatro. ¡Ay, señoras mías! Y ¿quién tiene la culpa de eso que -ustedes llaman licencia y escándalo? Pues la educación que dan ustedes -á sus hijos. ¡Cómo!--exclamarán ustedes, indignadas.--¡Una educación -cristiana, en colegio de Padres religiosos! ¿A eso llama usted mala -educación? ¿Esa puede ser la causa de que una señora decente no pueda -siquiera leer los anuncios de la sección de espectáculos? Sí, señoras -mías, nobles y honestas damas: la Iglesia, que en otro tiempo tuvo -manga muy ancha con el Arte y era maestra y depositaria de buena -literatura, hoy más que nunca, asustadiza de la funesta manía de -pensar, no educa el gusto ni el sentimiento artístico de los jóvenes -encomendados á sus enseñanzas; anatematiza todo arte, toda literatura -que no sea de propaganda en favor de sus ideas, cada vez menos amplias, -más intransigentes. En sus clases de literatura se habla más del Padre -Coloma que de Cervantes; no se inspira afición y respeto, sino horror -y desconfianza á los nombres más ilustres y gloriosos. Mientras la -sujeción y la tutela de los maestros dura... menos mal: no leen á -Pérez Galdós; pero tampoco van á recrearse con una de esas empecatadas -obrillas de título equívoco y de inequívoco mal gusto. Pero al verse -libres, ¿qué tendrá mayor atracción para ellos? ¿Una obra de verdadero -arte, que no sabrán apreciar porque no les educaron el gusto para ello, -ó el espectáculo grosero, el de los chistes á su alcance, del que nadie -les apartó con energía porque una blanda absolución les tranquilizó -antes por este pecadillo que por la lectura de una obra enemiga? -¿Qué importa que la carne se turbe si no se turba el pensamiento? Lo -que los buenos Padres quieren son almas y pensamientos... lo demás -¿qué importa? Lo demás se lava y se plancha y queda como nuevo para -un matrimonio ventajoso, para un alto cargo y, sobre todo, para un -ejemplar testamento con especiales mandas y legados piadosos. - -Hay una juventud incapaz de sentir emociones de arte, porque no la -educaron en el sentimiento de sus delicadezas. No os quejéis á los -Poderes públicos, señoras mías: tenéis los hijos que os merecéis, -y vuestros hijos tienen los espectáculos que se merecen. El Arte en -general, el teatro en particular, no son causa de nada; son el efecto -natural de muchas causas. - -¡Ah! El año pasado tuve, con el concurso de otros autores, el costoso -capricho de iniciar un teatro para niños. No solicitamos licencia del -ordinario, ni pedimos el visto bueno de ninguna cofradía, porque no hay -conciencia, por enlodada que estuviera al roce de las miserias humanas, -que no sepa por sí misma, bien claramente, el respeto que se debe al -alma de un niño. Acudieron madres y niños de la clase media y de las -clases populares... A la sociedad elegante no tuve el gusto de verla -por allí. Sus automóviles y sus coches lujosos estaban á la puerta de -otros teatros de garrotín y desvergüenza. Se comprende que acudan á que -la autoridad les moralice el teatro los que no saben contenerse en su -curiosidad por las inmoralidades. - - - - -XLII - - -Si por bohemia se entiende independencia de nuestro espíritu, amplitud -de nuestra vida, nunca subordinada á un solo medio social; personalidad -tan enérgica que pueda comprender mil distintas personalidades, sin -que nuestra propia personalidad se pierda hasta desaparecer entre -todas ellas; simpatía por cuanto existe, sin resignación á que todo -siga existiendo lo mismo, si la bohemia es lucha y rebeldía y fuerza -y vida... cierto es su encanto. Pero si la bohemia es sólo necesidad -hecha vicio, que nunca de la necesidad se pudo hacer virtud; si es -limitación de nuestra vida á un solo medio miserable, desordenadamente -ordenado en la monotonía de vagar por los mismos lugares, entre las -mismas gentes; si es flojedad y desmayo y sumisión y abdicaciones y -miseria, en fin, espiritual y física, no habrá quien nos persuada de -sus encantos, ni en prosa, ni en verso, ni con música. - -Si la realidad es pobreza y fealdad, no es de alma artista someterse -á ella. Los artistas están obligados á la lucha, á influir sobre la -realidad hasta transformarla, infundiendo en ella el espíritu de sus -ideales. Deber es del artista conquistar la riqueza. La vida sólo -será lo que debe ser cuando la riqueza sea de los poetas. La poesía -será entonces acción y vida y entonará sus estrofas en ciudades de -arte, limpias, sanas, alegres, risueñas; en jardines de encanto, en -monumentos de gloria, con bellas criaturas de selección espiritual y -física. No despreciéis la riqueza ¡oh, artistas!, que harto tiempo ha -sido de los bárbaros, muy satisfechos con que vosotros ponderéis los -encantos de la bohemia mientras ellos gozan de todo, sin compartir sus -goces más que con unos cuantos artistas domesticados, que se complacen -en enseñar á sus amigos para darse tono de protectores del Arte. Y -mientras vosotros no tengáis palacios, ni deis fiestas en ellos, ¿cómo -vais á convencer á nadie de que no son ellos los que no quieren -recibiros á vosotros, sino vosotros los que no os dignáis recibirlos á -ellos? - - * * * * * - -No recuerdo si lo soñé ó me lo contaron. Fué un escritor, muy discutido -en sus comienzos, que, por lo mismo, tuvo muchos admiradores: unos, -jóvenes animosos como él; otros... esos que hallan en lo infructuoso -de una labor combatida el mejor pretexto para no hacer ellos nada; -otros, los muchos fracasados, que pretenden justificar con el fracaso -de una obra ajena el fracaso de toda su obra. Todos estos admiradores -admiraban más al escritor cuanto más combatido era. Cuando, por -su trabajo y su constancia, llegó á tener verdadero público, los -admiradores se desilusionaron: ¡Cómo! ¿Es posible? ¿Le gusta al -público? ¡Qué indignidad! Es que ha caído en la bajeza de hacerle -concesiones; ya no es el mismo. Y los admiradores le increparon por -haberles hecho traición. Si era para todos, ya no podían ellos presumir -de superiores al admirarlo. Ya no tuvo admiradores fieles más que -en sus fracasos; cuando no hacía concesiones al público. Si alguna -vez, por descanso ó por capricho ó por necesidad, escribía una obra, -sin más pretensiones que la de ganar algún dinero, aunque en ella no -ofendiera gravemente su sentimiento del arte, los fieles admiradores -no podían consentirlo y eran los primeros en protestar iracundos: ¡Qué -indignidad! ¡Viene á buscar dinero! Y ellos, con sus protestas, eran -los primeros en impedir que tan natural propósito, y por tan inocente -medio, se lograra. Así, tuvo que resignarse á no tener dinero en su -vida, para satisfacción de sus admiradores. ¿Buscarlo por otros medios? -Menos aún; sus admiradores no lo consentirían: su deber era hacer -Arte, Arte puro... Cuando murió... los admiradores acordaron costearle -un monumento; se reunió poco dinero, y los admiradores acordaron que -aquello era una indignidad. Para hacer mal las cosas, más valía no -hacerlas. El monumento había de ser magnífico, ó no sería... Y no fué, -en efecto. Los admiradores velaban fielmente su gloria póstuma como la -velaron en vida. - -No sé si lo soñé ó me lo contaron; pero siempre que recibo alguna carta -firmada por «Un admirador», me echo á temblar recordando la historia de -aquella víctima de sus admiradores. Todas las cartas así firmadas son -de alguien que pretende administrarnos la hacienda, la moral, el buen -humor, lo que ellos llaman nuestros prestigios, nuestra vida pública -y nuestra vida privada... No ¡por Dios!, señores; yo no quiero ser -admirado á todas horas ni en todos los actos de mi vida; que descanse -vuestra admiración y que me deje descansar. No me escriban ustedes -cartas; porque desde ahora no leeré ninguna que traiga por firma el -consabido «Un admirador» como no incluya un billete de 1.000 pesetas; -única prueba de verdadera admiración que me ofrece alguna garantía y -justa compensación del dinero que me habrán ustedes impedido ganar por -admirarme demasiado. - - * * * * * - -Cuando creemos haber hecho todo lo posible por remediar las mayores -miserias, siempre nos queda el desconsuelo de no haber remediado una: -la ingratitud. Los bienhechores deben contar con ella y compadecer -doblemente al ingrato. ¡Qué horrible debe ser la pobreza, cuando así -llega á entumecer el corazón! - - - - -XLIII - - -La regia munificencia ha dado una oportuna lección á la Real Academia -Española. Arbitro, administradora y dispensadora de premios, padece la -ilustre Corporación, como vieja tacaña, la manía de hacer comiditas -con las cantidades confiadas por gentes respetuosas de los prestigios -oficiales, á los buenos oficios y mejor voluntad, de la sabia y la -docta del esplendor, el brillo y la fijeza. - -¡Dos mil pesetas para un solo escritor!--habrá pensado la vieja -rica.--¿Para qué necesita tanto dinero un hombre solo? Y ¡literato y -poeta! Para que se acostumbre mal ó lo eche en vicios, como adquisición -de libros, viajes ó cualquier otra perturbación de la inteligencia. -Nada, nada; con 1.000 pesetitas á cada uno, podemos hacer á dos -felices. Y mucho es que no han repartido la cantidad en bonos de -á peseta para dar un día feliz á toda la bohemia literaria. Bien -está que, entre los académicos, haya quien disfrute, por diferentes -conceptos y prebendas, pingües beneficios, sin pensar en repartir de -ellos; pero esos otros escritores de la calle... ¿para qué quieren -el dinero? El dinero embota el entendimiento; lo saben bien muchos -académicos. La necesidad sirve de espuela al ingenio; el dinero, tal -vez sólo de albarda. - -Recuerda _Parmeno_ en el _Heraldo_ que los académicos están encargados -también de conceder algunos premios á las mejores obras dramáticas -escritas ó publicadas cada año, y que este premio no se ha concedido -desde muy larga fecha. ¿Por qué? La suspicacia de _Parmeno_ señala los -motivos probables. Fuera ridículo no recoger la alusión á mi persona, -por la modestia de no aceptar un adjetivo laudatorio. Pero yo creo -que _Parmeno_ está equivocado. Para optar á esos premios es condición -precisa que el autor, por sí mismo ó por otra persona, la presente y -someta al juicio de la Academia. Ni por mí, ni por persona autorizada -por mí, he presentado yo nunca una obra mía á ese concurso. Primero, -porque no tuve nunca la presunción de que una obra mía fuera la mejor -de las representadas en temporada alguna. Después, porque al día -siguiente de obtener el premio, la obra valdría lo mismo. Ya sabemos -que los premios oficiales, con muy buen acuerdo, han de atender sobre -todo á la ortodoxia de la obra. Esos premios han de ser siempre para -los poetas--como dijo Heine,--que no tienen de poetas más que el ser -virtuosos. Claro es que se puede ser virtuoso y ser buen poeta; pero -también se puede lo contrario; porque yo creo que la virtud del poeta -es... ser poeta. De otro modo, borraríamos de la lista á Cervantes, -á Lope, á Shakespeare, á Byron, á Shelley--dejo á otros, y no de los -peores,--todos gente poco disciplinada en su vida y en sus opiniones, -difíciles de encasillar en partidos políticos, que pueden hacer gloria -de su fama. - -El artista que campa por sus respetos no espera nunca protección -oficial. Con ese no pueden atarse dos cuartos de cominos--piensa el -dispensador de mercedes.--Los cintajos y las distinciones son para el -sometido. ¿Fulano?--dicen.--Sí, gran talento. ¡Si sentara la cabeza! -Fulano tal vez sienta la cabeza, y aquel día quizás deja de tener -talento, que el talento no es para sentado. - -Cuenta Plutarco, de no sé qué general griego ó romano, quien, viendo -combatir con furioso denuedo á uno de sus soldados, acercósele al -terminar de la batalla y, admirado de su valor, quiso informarse -de quién era. Supo entonces que aquel valiente era el hombre más -desgraciado del mundo, por carecer de todo, y, que tan desesperada era -su vida, que sólo buscaba la muerte. Concedióle el general riqueza y -galardones, dióle mando y honores; y en otra batalla, á pocos días, -vió cómo, en cobarde fuga, arrojaba las armas y corría á esconderse -en lugar seguro. Acudió el general á reprenderle por su cobardía, y -él entonces: ¿Qué te admira?--le dijo.--Ayer estaba desesperado; nada -tenía que perder, nada me importaba la vida... Hoy soy feliz, soy -rico... La muerte me asusta. - -Y es que todo combatiente, soldado ó poeta, bien está sin premio. El -valor y la inteligencia han de ser indomables, y las golosinas son -grandes domesticadoras. - - * * * * * - -A despecho de los verdaderos aficionados á la buena música, el -intérprete se sobrepondrá siempre á la obra, y S. M. el Divo se alzará -sobre Wagner en alas de Pussini. Mejor dicho, Puccini se alzará sobre -Wagner en alas del divo. Ni estos falsos dioses tendrán nunca su -ocaso, mientras vayan unidos, ni el Ocaso hallará nunca sus dioses -mientras divas y divos prefieran la gloria personal á la pura gloria de -someterse á no brillar como astros teatrales. - -¿Por qué esa afición de los grandes actores y de los grandes cantantes -á las malas comedias y á las malas óperas? ¿Es que su vanidad queda más -satisfecha no consintiendo que la obra se sobreponga al intérprete? -¿No será posible hallar un gran artista que se resigne á interpretar -verdadero arte? Mientras Wagner padece su ocaso, el tenor Anselmi -impone á la admiración la _Tosca_ y _Romeo y Julieta_. Las abonadas -sueñan con Mario Cavaradossi, con Romeo, con Des Grieux. Algunas sueñan -con que Anselmi cante el dúo de los besos de _El conde de Luxemburgo_. -Pueden pedirle que lo cante en la noche de su beneficio. El beneficio -del tenor, naturalmente. - - * * * * * - -Una historieta que refiere un periódico francés. Un padre acaudalado -satisfacía con esplendidez todos los gastos de su primogénito; pero -sorprendíale que, sobre la cantidad entregada mensualmente, el mozo le -pidiera siempre un importante suplemento. - ---¿No lo tienes todo pagado? ¿Qué significa esto? - ---Esto significa, papá, que hay gastos... gastos, en fin, cuya -justificación no debo detallarte, aunque tú debes comprenderla. - ---Sí, lo comprendo; pero mira, para saber á qué atenerme, me pides lo -que necesitas y, para justificarlo, me dices: «Gastos de caza, tanto», -y no hay más que hablar. - ---Convenido. - -La partida quedó desde luego asentada en esta forma mensualmente. El -respeto quedaba á salvo. - -Con gran sorpresa observó el padre que la partida dejó de figurar en -cuenta durante dos ó tres meses. - ---Vaya--pensó.--¿Dónde cazará ahora mi hijo, que no me cuesta nada? - -Pero cuál no sería su desencanto al leer, al cabo de cierto tiempo, -esta nota de gastos suplementarios: «Al armero, 2.000 pesetas». - - - - -XLIV - - -Un niño, por travesura ó por desgracia, cae en la fuente de una -plaza pública y muere ahogado, bajo muy poca agua, en presencia de -numerosos curiosos y de dos agentes de la autoridad, representación, -no por modesta menos respetable, del Estado tutelar y protector. Sobre -los dos infelices guardas han caído todo el rigor de los superiores -y todas las recriminaciones de la opinión. El señor presidente -del Consejo dijo muy bien que no debieran ser sólo los guardias -los castigados. Pero aunque para el Código penal sean delitos las -omisiones tanto como las acciones, ¿qué medio hay en la ley para -hacer efectiva la responsabilidad de una multitud indiferente? Y si -miramos á nuestra conciencia, ¿no hallaremos en la impune omisión de -los curiosos, lo mismo que en la punible de los guardias, síntomas -de un estado de conciencia social del que todos participamos? ¡Era -tan poca el agua! El niño, sin duda, podría levantarse y salir por -sí solo. Tal vez si alguien se hubiera precipitado á socorrerle los -curiosos se hubieran reído al verle chapotear en el agua; el regocijo -hubiera subido de punto si era uno de los guardias. ¡Qué escena de -película cinematográfica! ¡Estamos tan hechos á reímos de los agentes -de la autoridad en sainetes y revistas llenas de gracia! Como el -salvamento se hubiera logrado á poca costa, ¡cuánto nos hubiéramos -burlado del salvador, si hubiera pretendido hacer valer su pobre -hazaña! ¡Salvamento de náufragos en el pilón de una fuente! Chistes, -caricaturas, ingenio... Las tragedias son así: necesitan un final -trágico para que parezcan tragedias. Cuando se empieza á morir, hay -que morirse; de otro modo, ¿quién cree que era tanto el peligro? No -culpemos demasiado á los espectadores y á los guardias, más temerosos -del ridículo que de un remojón insignificante, ¡Los pantalones de -la autoridad enfangados! ¡El uniforme prestigioso chorreando! ¿No -tendremos todos en nuestra vida alguna culpable omisión de que -acusarnos? ¿No habremos dejado también que alguna criatura, tal vez -indiferente, tal vez querida, se haya ahogado ante nosotros, en muy -poca agua, sin que nuestra mano se tendiera protectora, sin que -diéramos el paso que corre á sostener, sin que de nuestros labios -saliera la palabra precisa de compasión ó de esperanza? Agua ó llanto -¡parecían tan poco! Cuando el agua ó el llanto ahogaron, ya era tarde. -El heroísmo pide grandes empresas: mares embravecidos, batallas, -dolores trágicos. Ante el peligro de la fuente, ¿no es ridículo el -gesto heroico? ¡El agua era tan poca! ¡Las fuerzas del niño eran menos! -¿Cuántas almas de niño no habremos dejado así ahogar, en muy poca agua, -por no afrontar el heroísmo del ridículo? ¡Si diéramos siempre el paso -que debemos dar! ¡Si dijéramos siempre la palabra que debemos decir! - - * * * * * - -La Academia de la Poesía se dispone á festejar el centenario de -Cervantes, sin olvidar el de Shakespeare; pues tampoco los ingleses, -según noticias, se olvidarán de nuestro manco, que no lo era para poder -muy bien andar de mano con su contemporáneo glorioso. Aquí no puede -decirse que baza mayor quita menor, y nunca estuvo tan en su punto lo -de «región de los iguales». - -Si atendemos al calendario parecerá que se toma con tiempo y que, del -1911 al 16, hay días sobrados. Pero el tiempo español, entre lo perdido -y lo matado, y lo que se echa á perder y á morir, entre discusiones y -discurseos, pasa sin enterarnos. La Academia cuenta con el apoyo de -los Gobiernos. Digo de los Gobiernos, porque de aquí al 1916--perdone -el Sr. Canalejas la desconfianza, que no es por él precisamente--¡sabe -Dios cuántos Gobiernos se habrán sucedido! Es de esperar, no obstante, -que todos se muestren por igual bien dispuestos á celebrar con todo -esplendor y esplendidez tan señalada fecha. No es cosa de que se haga -cuestión política, ni de que unos pretendan ensalzar á Cervantes por -reaccionario y otros por liberal, y unos miren á Shakespeare como -católico romano y otros le consideren como protestante. Nos gobiernen -para entonces el Sr. Maura ó el Sr. Canalejas, creemos que, honras -fúnebres más ó menos, con sermón del Padre Calpena ó del obispo de Sión -ó del Padre Maestre ó del doctor Zacarías, lo demás todo será como -esté proyectado, sin que haya un Sr. Rodríguez Sampedro que procure -escatimar gasto alguno. - -Desde luego ha de procurarse que el festejo sea de todos y para todos. -Bien están los actos académicos, las ceremonias oficiales; pero sol, -aire y plaza pública, sobre todo. Cabalgatas espléndidas, en que tomen -parte nobleza, Ejército, artistas, sin temor al pícaro ridículo del -disfraz ni de la exhibición. Representaciones callejeras de algunos -entremeses de Cervantes, representación entre las frondas de la -Moncloa ó de Aranjuez de alguna comedia de Shakespeare: _El sueño de -una noche de verano_ ó _Como gustéis_. ¡Tanto puede hacerse con buen -gusto y con arte! Debe pensarse que, cuanto mejor sea todo ello, será -más productivo. En estas cosas la tacañería es lo más ruinoso. ¡A -fantasear, poetas! Y sea la primera fantasía ver cómo se saca el dinero -á los que lo tienen. No os detengáis ante ningún ditirambo adulador. -Cervantes y Shakespeare eran los que eran y, ¡ay!, también adularon á -los poderosos. - - - - -XLV - - -Los primeros pantalones femeninos, en su aspecto callejero y visible, -han tenido un ruidoso fracaso; pero los modistos y modistas franceses, -como si obedecieran á un alto mandato de la Divinidad, insisten en -que nada podrá oponerse al triunfo definitivo de los calzones. Peores -principios tuvieron otras modas, al fin universalmente aceptadas. -Los primeros miriñaques, los primeros sombreros de copa, no lograron -mejor éxito en sus comienzos. No podrá decirse que esta moda es señal -de los tiempos modernos, ni uso impuesto por la vida en los pueblos -civilizados; pues más que un avance hacia lo porvenir, trae á nuestra -imaginación el recuerdo de Turquía y de Marruecos, y, ya más cerca -de nosotros, la evocación teatral de _La conquista de Madrid_ y -_El tributo de las cien doncellas_, memorias de los buenos tiempos -zarzueleros, que no son ¡ay! para rejuvenecer á nadie. - -Todo será que la vista se acostumbre. La caricatura y el teatro, -pretendiendo ridiculizar la nueva moda, serán sus mejores -propagandistas. Después las pastorales de algunos obispos y las -predicaciones anatematizadoras, acabarán por decidir el éxito. En -cuanto las mujeres crean que la moda es invención del demonio, no -dudarán en aceptarla, seguras de que el demonio es muy inteligente en -tentaciones. - -En realidad, la moda nada tiene de impúdica. El aire y la lluvia -pierden su imperio sobre ella; acabaron los graciosos efectos de falda -recogida. Es una moda que, por su nombre, pantalones, promete más -que cumple. Es más; que ha de dejar muchas promesas incumplidas, por -dificultades de tiempo y de ocasión. A no ser, por lo que tiene de -ley la moda, que pueda también decirse de ella: «Hecha la ley, hecha -la trampa». Pero, hasta ahora, la trampa no parece por ninguna parte. -Los modelos lucidos hasta hoy son de tanta seguridad como una caja -de caudales. Quizás sea ésta la más clara señal de su modernidad. O -acaso estén próximos los días, pronosticados por San Pablo, en que -los hombres se subirán á los árboles por huir de las mujeres; y si -ellas dan en trepar para perseguirlos, claro está que el pantalón es -necesario. - -Los sastres también pretenden, por su parte, dar algún golpe de -efecto en la indumentaria masculina. Unos vuelven los ojos al año 30, -otros reniegan de toda tradición y abren concursos entre dibujantes -para hallar algo nuevo. Pero lo nuevo no parece; es casi seguro que -volveremos á las modas del año 30; por lo menos, en los trajes de -sociedad. Para los trajines de la vida diaria, el automóvil, la caza, -el aeroplano, impondrán la moda con sus necesidades. Seremos de un -siglo por el día y de otro por la noche. ¿No es así toda la vida -moderna? ¿En quién de nosotros no vive, no piensa, no se agita la vida -de cien generaciones futuras, que nos dice sin cesar: «¡Adelante, -adelante!»? ¿Sobre quién no pesa la muerte de otras tantas generaciones -pasadas, que nos dicen: «¿Por qué luchar, por qué inquietarse?» Por -fortuna, la acción contradice á cada paso á nuestro pensamiento y -nuestro pensamiento es constante contradicción de nuestras acciones. - - * * * * * - -El doctor Decref ha informado, con gran conocimiento de causa, en -la Sociedad de Higiene, sobre la higiene en el teatro. Si grandes -deficiencias puede advertirse en los teatros mejor acondicionados, en -la parte destinada al público, que, al fin, es el que paga y puede -gritar, aunque no grite lo que debiera, ¿qué no será en la parte -destinada á los artistas y dependencias, que nada pagan y si gritaran -no cobrarían? De éstos principalmente se ha cuidado el doctor Decref en -su información, y bien pueden estarle agradecidos los interesados. - -Ahora que, si la intención es buena, nunca la mala práctica puede -oponerse con mayor razón á la generosa teoría. Los teatros por dentro -son lugares en que toda infección debe tener su natural microbio; pero -sin duda los que, por necesidad ó por gusto, pasamos lo mejor de -nuestra vida en ellos, hemos logrado, por el mismo procedimiento, la -inmunidad que logró Mitridates contra los venenos. - -Casos de longevidad extraordinaria, muy frecuentes entre los actores -dramáticos, son un verdadero escarnio contra todos los preceptos -higiénicos. Y en cuanto á conservación y buen parecer, ¿en qué -otra profesión puede llegarse á nada parecido? No ya entre mujeres -del pueblo, envejecidas á los treinta años, aun entre damas de la -aristocracia, muy cuidadas y muy bien prendidas, no se observa lo que -es natural y corriente entre las actrices: una apariencia de juventud -que llega á confundirse con la juventud misma. Hay actrices que le -hacen á uno dudar de su fe de bautismo. Y ¡cómo se complacen y se -recrean en humillarnos, con su invencible naturaleza y un poco de -colorete por cómplices! Cuantos más años vienen sobre ellas, más los -desafían invulnerables. Con un vestido blanco de lo más vaporoso y una -pamelita de paja ornada de capullos de rosa, triscando por la escena, -con la boquita fruncida y los ojos entornados, ¡cómo saben conmovernos -llorando sus amores contrariados! ¡Papá! ¡Mamá! ¡Primito! ¡Tiíta! - -¿Y los galanes? ¿No es también admirable su estado de conservación? - -Sólo en el teatro y en la política se es joven á los cincuenta años. -Lo que prueba que nada significa el aire que se respira y el ambiente -en que se vive. Acaso unos teatros muy higienizados y una atmósfera -política muy purificada no permitieran esas perpetuas juventudes que -son gala de tantos escenarios y de tantos Gobiernos. - - -FIN - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crónicas, Tercera Parte -(de 5), by Jacinto Benavente - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; TERCERA PARTE *** - -***** This file should be named 56770-8.txt or 56770-8.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/6/7/7/56770/ - -Produced by Josep Cols Canals, Carlos Colón, the University -of Toronto and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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