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-The Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias (vol. 4 de 5), by
-Bartolomé de las Casas
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Historia de las Indias (vol. 4 de 5)
-
-Author: Bartolomé de las Casas
-
-Release Date: January 1, 2018 [EBook #56283]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS (VOL. 4/5) ***
-
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-
-Produced by Josep Cols Canals and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images generously made available by The
-Internet Archive/American Libraries.)
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- Nota del Transcriptor:
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- Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.
-
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.
-
- Letras itálicas son denotadas con _líneas_.
-
- Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas)
- han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal.
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-
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-
- HISTORIA
-
- DE
-
- LAS INDIAS.
-
-
-
-
- HISTORIA
-
- DE
-
- LAS INDIAS
-
-
- ESCRITA POR
-
- FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS
-
- OBISPO DE CHIAPA
-
-
- AHORA POR PRIMERA VEZ DADA Á LUZ
-
- POR
-
- EL MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE
-
- Y D. JOSÉ SANCHO RAYON.
-
-
- TOMO IV.
-
-
- MADRID
- IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA
- calle de Campomanes, núm. 8.
- 1876
-
-
-
-
- ADVERTENCIA PRELIMINAR.
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-
-En los primeros capítulos del presente volúmen se da cuenta de la
-entrada de Diego Velazquez en la isla de Cuba, en 1511, y de lo demas
-ocurrido en ella hasta 1513 (capítulos 25 al 32), dando de paso
-curiosas noticias de Hernando Cortés (27). Matan los indios de Cumaná á
-fray Francisco de Córdoba y fray Juan Garcés (33 y 34). Sucesos de la
-isla Española, y en especial lo que ocurrió al obispo don Alonso Manso
-(35) y al primer repartidor de indios independiente del Gobernador, que
-fué nombrado por el Rey, llamado Rodrigo de Alburquerque (36 y 37); á
-quien suceden en dicho cargo de repartidores de indios, el licenciado
-Ibarra, Cristóbal Lebron, y fray Pedro Mexía (38). Lo ocurrido en el
-Darien, en los años 1512 á 1514, á los que estaban bajo las órdenes
-de Vasco Nuñez (39 al 52), quien descubre el mar del Sur en 25 de
-Setiembre de 1513 (48). Nombramiento de Pedrárias Dávila en lugar de
-Vasco Nuñez, y instrucciones que lleva á tierra firme, las cuales
-critica largamente nuestro Autor (52 al 68); sale Pedrárias de Sevilla
-en 1514 (59), y, llegado al Darien, toma residencia á Vasco Nuñez á
-quien da por libre de los cargos que se le hacian (60); siguiéndose
-la narracion de lo hecho por ambos en aquellas tierras, hasta que
-Pedrárias mandó cortar la cabeza á Vasco Nuñez (61 al 77). Vuélvese
-á tratar de Cuba, donde entónces residia el clérigo Casas, quien en
-vista de la despoblacion de la isla, por lo mal que se trataba á los
-naturales, renuncia en Diego Velazquez un repartimiento que tenia, y
-se propone venir á España y emplear en libertar á los indios lo poco
-que le quedaba, y la fortuna de su amigo Juan de la Rentería, quien la
-puso á su disposicion para este objeto (78 al 80). Llegan por entónces
-á Cuba cuatro religiosos, procedentes de la isla Española, y predican
-juntamente con el clérigo Casas en favor de los indios (81), de los
-cuales se ahorcan muchos de desesperacion y otros se envenenan con
-el zumo de la yuca (82). Embárcase Casas para España, por Setiembre
-de 1515 (83), y es bien recibido en Plasencia por el Rey católico,
-quien ofrece oirle en Sevilla para donde estaba de partida; muerto el
-Rey en el camino de Sevilla (84), sigue sus gestiones con el cardenal
-Ximenez de Cisneros, y consigue que se envien á la Española, con nuevas
-instrucciones y amplios poderes, tres religiosos de la órden de San
-Jerónimo (85 al 90), los cuales se embarcan en Sant Lúcar, en 11 de
-Noviembre de 1516 (91), y llegan á Sancto Domingo trece dias ántes
-que Casas; quien convencido en seguida del poco fruto que se podia
-esperar de ellos para el bien de los indios (92 al 94), se embarca de
-nuevo para España (95). Volviendo á tomar el hilo de los sucesos de
-las islas, desde 1516 (93), dáse cuenta del descubrimiento de la isla
-de Cozumel por Francisco Hernandez (96 y 97), y del cabo de Cotoche
-en Yucatán por el mismo (98). Nuevas gestiones de Casas en la corte
-en favor de los indios, hasta el año de 1518 (99 al 105). Sucesos en
-tierra firme bajo la gobernacion de Pedrárias (106 al 108). Continúase
-el descubrimiento de la tierra de Yucatán por Juan de Grijalva, enviado
-por Diego Velazquez (109 al 114), quien nombra despues para seguir
-dicho descubrimiento y poblar á Hernando Cortés (114); salida de éste
-de Cuba en 18 de Noviembre de 1518 (115), y sucesos de su expedicion
-hasta Julio de 1519, en que manda á Castilla por procuradores á Alonso
-Puerto Carrero y Francisco de Montejo, á dar cuenta al Emperador de su
-descubrimiento, en vez de darla á Diego Velazquez, que habia hecho casi
-todos los gastos de la armada (116 al 123).
-
-
- HISTORIA
-
- DE LAS INDIAS.
-
-
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-
- LIBRO TERCERO.
-
-
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-
- CAPÍTULO XXV.
-
-
-Explanado queda lo que tuvimos entendido de la isla de Cuba, y de lo
-que en ella hallamos, y de las gentes que la moraban ó habitaban, resta
-ya referir de la pasada que á ella hicimos los cristianos, puesto que
-yo no pasé con él, sino despues, desde á cuatro ó cinco meses, en
-otro viaje. Partió Diego Velazquez con sus 300 hombres de la villa
-de la Çabana, desta isla Española, en fin, á lo que creo, del año de
-1511, y creo que fué, si no me he olvidado, á desembarcar á un puerto
-llamado de Palmas, que era en la tierra, ó cerca della, donde reinaba
-el señor que dije haberse huido de esta isla y llamarse Hatuey, y que
-habia juntado su gente y mostrádoles lo que amaban los cristianos como
-á señor propio, que era el oro, como pareció en el cap. 21. Sabida
-la llegada de los nuestros, y entendido que de su venida no podia
-resultarles sino la servidumbre y tormentos y perdicion que en esta
-Española habian ya muchos dellos visto y experimentado, acordaron de
-tomar el remedio, que la misma razon dicta en los hombres que deben
-tomar, y la naturaleza áun á los animales y á las cosas insensibles
-que no tienen cognoscimiento alguno enseña, que, contra lo que corrompe
-y deshace su ser, deban tomar, y éste es la defension. Pusiéronse,
-pues, en defensa con sus barrigas desnudas y pocas y débiles armas, que
-eran los arcos y flechas, que poco más son que arcos de niños, donde
-no hay hierba ponzoñosa como allí no la hay, ó no las tiran de cerca
-á cincuenta ó sesenta pasos, lo que pocas veces se les ofrece hacer,
-sino de léjos, porque la mayor arma que ellos tienen es huir de los
-españoles, y así conviéneles siempre no pelear de cerca con ellos. Los
-españoles, los que alcanzaban, no era menester animallos ni mostralles
-lo que habian de hacer. Guarecióles mucho á los indios ser toda la
-provincia montes y por allí sierras, donde no podian servirse de los
-caballos, y porque luégo que los indios hacen una vez cara con una gran
-grita, y son de los españoles lastimados con las espadas, y peor cuando
-de los arcabuces y alcanzados de los caballos, su remedio no está
-sino en huir y desparcirse por los montes donde se pueden esconder,
-así lo hicieron éstos, los cuales, hecha cara en algunos pasos malos,
-esperando á los españoles algunas veces, y tiradas sus flechas sin
-fruto, porque ni mataron ni creo que hirieron jamás alguno, pasados en
-ésto dos ó tres meses, acordaron de se esconder; siguióse luégo, como
-siempre se suele seguir, andar los españoles á cazallos por los montes,
-que llaman ellos ranchear, vocablo entre ellos muy famoso y entre ellos
-muy usado y celebrado, y donde quiera que hallaban manada de indios,
-luégo, como daban en ellos, mataban hombres y mujeres, y áun niños, á
-estocadas y cuchilladas, los que se les antojaba, y los demas ataban,
-y llevados ante Diego Velazquez, repartíaselos á uno tantos y á otro
-tantos, segun él juzgaba, no por esclavos, sino para que le sirviesen
-perpétuamente como esclavos y áun peor que esclavos, sólo era que
-no los podian vender, al ménos á la clara, que de secreto y con sus
-cambalaches hartas veces se há en estas tierras usado. Estos indios así
-dados, llamaban piezas por comun vocablo, diciendo: «yo no tengo sino
-tantas piezas y hé menester para que me sirvan tantas», de la misma
-manera que si fueran ganado. Viendo el cacique Hatuey que pelear contra
-los españoles era en vano, como ya tenia larga experiencia en esta isla
-por sus pecados, acordó de ponerse en recaudo huyendo y escondiéndose
-por las breñas, con hartas angustias y hambres, como las suelen padecer
-los indios cuando de aquella manera andan, si pudiera escaparse. Y
-sabido de los indios que tomaban quién era (porque lo primero que se
-pregunta es por los señores y principales para despachallos, porque,
-aquellos muertos, fácil cosa es á los demas sojuzgallos), dándose
-cuanta priesa y diligencia pudieron en andar tras él muchas cuadrillas
-para tomallo, por mandado de Diego Velazquez, anduvieron muchos dias
-en esta demanda, y á cuantos indios tomaban á vida interrogaban
-con amenazas y con tormentos, que dijesen del cacique Hatuey dónde
-estaba; dellos decian que no sabian, dellos, sufriendo los tormentos,
-negaban, dellos, finalmente, descubrieron por dónde andaba, y al cabo
-lo hallaron. El cual, preso como á hombre que habia cometido crímen?
-_lesæ majestatis_, yéndose huyendo desta isla á aquella, por salvar la
-vida de muerte y persecucion tan horrible, cruel y tiránica, siendo
-Rey y señor en su tierra sin ofender á nadie, despojado de su señorío,
-dignidad y estado, y de sus súbditos y vasallos, sentenciáronlo á que
-vivo lo quemasen, y para que su injusta muerte la divina justicia
-no vengase sino que la olvidase, acaeció en ella una señalada y
-lamentable circunstancia: cuando lo querian quemar, estando atado al
-palo, un religioso de Sant Francisco, le dijo como mejor pudo que
-muriese cristiano y se baptizase; respondió, que ¿para qué habia de
-ser como los cristianos, que eran malos? Replicó el Padre, porque
-los que mueren cristianos van al cielo y allí están viendo siempre
-á Dios y holgándose; tornó á preguntar si iban al cielo cristianos,
-dijo el Padre que sí iban los que eran buenos: concluyó diciendo que
-no queria ir allá, pues ellos allá iban y estaban. Esto acaeció al
-tiempo que lo querian quemar, y así luégo pusieron á la leña fuego y
-lo quemaron. Esta fué la justicia que hicieron de quien tanta contra
-los españoles tenia para destruillos y matallos como á injustísimos y
-crueles enemigos capitales, no por más de porque huia de sus inícuas é
-inhumanas crueldades; y ésta fué tambien la honra que á Dios se dió,
-y la estima de su bienaventuranza que tiene para sus predestinados,
-que con su sangre redimió, que sembraron en aquel infiel, que pudiera
-quizá salvarse, los que se llamaban y arreaban de llamarse cristianos.
-¿Qué otra cosa fué decir que no queria ir al cielo, pues allá iban
-cristianos, sino argüir que no podia ser buen lugar, pues á tan malos
-hombres se les daba por eterna morada? En ésto paró el Hatuey, que,
-cuando supo que para pasar desta isla á aquella los españoles se
-aparejaban, juntó su gente para la avisar por qué causa les eran tan
-crueles y malos, conviene á saber, por haber oro, que era el Dios que
-mucho amaban y adoraban. Bien parece que los cognoscia, y que con
-prudencia y buena razon de hombre temia venir á sus manos, y que no le
-podia venir dellos otra utilidad, otro bien, ni otro consuelo, al cabo,
-sino el que le vino.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XXVI.
-
-
-Quemado el Hatuey, como las gentes de por allí lo tenian por hombre
-y señor esforzado, de miedo puro que se les arraigó en las entrañas,
-debajo de la tierra, si pudieran meterse, trabajaran por huir de las
-manos de los cristianos, y así no habia ya hombre por toda aquella
-provincia, que llamaban de Maycí, la última sílaba luenga, que parase
-ni se juntase con otro, por hacer ménos rastro y no ser tomados, y
-algunos se venian á dar á los españoles, llorando, pidiendo perdon
-y misericordia, y que los servirian porque no les hiciesen mal. En
-este tiempo, sabido en la isla de Jamáica que Diego Velazquez habia
-pasado á poblar y á pacificar, como ellos solian, y hoy áun suelen
-decir, la isla de Cuba, Juan de Esquivel, que allí era Teniente y la
-habia cuasi destruido, acordó enviar, ó ellos mismos se movieron y
-le pidieron licencia para pasar á ella, á ayudar á Diego Velazquez,
-á un Pánfilo de Narvaez, natural de Valladolid, que por parte de
-ser Diego Velazquez, de Cuéllar, que está cerca, le era aficionado,
-con 30 hombres españoles, todos flecheros, con sus arcos y flechas,
-en el ejercicio de las cuales estaban más que indios ejercitados.
-Este Pánfilo de Narvaez era un hombre de persona autorizada, alto de
-cuerpo, algo rubio, que tiraba á ser rojo, honrado, cuerdo, pero no muy
-prudente, de buena conversacion, de buenas costumbres, y tambien para
-pelear con indios esforzado, y debíalo ser quizá para con otras gentes,
-pero sobre todo tenia esta falta, que era muy descuidado, del cual hay
-harto que referir abajo. Este, con su cuadrilla flechera, fué bien
-rescibido de Diego Velazquez, aunque maldito el provecho de su venida
-resultó á los indios, y luégo les dió piezas, como si fueran cabezas de
-ganado, para que les sirviesen, puesto que ellos traian de los indios
-de Jamáica algunos que los servian donde quiera que andaban. A este
-Narvaez hizo Diego Velazquez su Capitan principal, siempre honrándolo,
-de manera que despues dél tuvo en aquella isla el primer lugar. Luégo,
-desde á pocos dias, pasé yo allá habiendo enviado por mí el dicho Diego
-Velazquez, por el amistad que en esta isla habiamos tenido pasada, y
-anduvimos juntos Narvaez y yo, asegurando todo el resto de aquella isla
-para mal de toda ella, como se verá, cerca de dos años. Hostigados y
-atemorizados los indios de aquella provincia de Maycí, como está dicho,
-comenzó Diego Velazquez á pensar en repartir los indios della por los
-españoles, como habia hecho en esta isla el Comendador Mayor, y él
-mismo en las cinco villas de que habia sido Teniente, como arriba queda
-referido, y éste es como ha sido todo su bienaventurado fin, segun
-que por los precedentes libros ha parecido, y para ésto constituyó
-una villa en un puerto en la mar del Norte, cuyo asiento llamaban los
-indios Baracóa, la penúltima luenga, que estaba en comarca de aquella
-provincia de Maycí, la cual fué la primera de aquella isla, á la cual,
-por ser la primera villa, decia que habia de repartir á los vecinos
-della 200.000 indios. Desde la villa de Baracóa, envió á Narvaez con
-25 ó 30 hombres á una provincia llamada el Bayámo, la media sílaba
-luenga, tierra llana y descubierta de montes y harto graciosa, que
-dista de Baracóa, si no me he olvidado, 40 ó 50 leguas, la isla abajo
-hácia el Poniente, para asegurar los indios y gente natural della por
-bien y si nó por guerra, porque miéntras no los tienen seguros, no
-pueden repartillos ni servirse dellos, que es, como dije, su último
-fin; Narvaez sólo llevaba una yegua en que iba, los otros todos á pié.
-Llegado á la provincia, la gente de los pueblos salíanlos á rescibir
-con sus presentes de comida, porque oro ni otras joyas ó riquezas,
-no las estimaban ni cognoscian, espantados de ver aquel animal tan
-grande, que nunca habian visto, y que subido un hombre encima tantas
-cosas en él hiciese, y en especial que aquella yegua que Narvaez tenia
-era brava, y en revolverse de una parte á otra echaba las piernas de
-tal manera que parecia tirar grandes coces. Aposentáronse todos los
-españoles en cierto pueblo de indios, y como habian oido sus nuevas de
-la quema del cacique Hatuey é las muertes y corrimiento de los vecinos
-y gente de la provincia de Maycí, é que no esperaban que ménos harian
-en ellos, y las importunidades que cada hora les hacian, y los ojos
-á las mujeres y á las hijas, y por ventura las manos, que en alguna
-dellas ponian, porque ésta es costumbre en los nuestros usada y en
-estas tierras antigua, acordaron todos los indios de la provincia
-de ahorrar dellos, si pudiesen, lo cual tuvieron por cierto como no
-fuesen más, creo que, de 25. Y aunque Narvaez no era, como dije, muy
-cuidoso, en el bohío ó casa de paja en que estaba aposentado tenia
-tambien su yegua metida, y habia ordenado que hobiese velas de noche
-y espías. Juntáronse de toda la provincia cerca de 7.000 indios con
-sus arcos y flechas, desnudos en cueros, porque, como en esta isla,
-desnudos vivian, segun lo acostumbraban comunmente los de las tierras
-calientes en estas Indias. Vinieron sobre Narvaez y los suyos, una
-noche despues de la media pasada, lo cual pocas veces los indios destas
-islas hacian; hiciéronse sobre dos partes, ordenando que la una entrase
-en el pueblo por un lado, y la otra por otro, y del buen recaudo de los
-españoles hallaron durmiendo las velas ó espías, y fué cosa graciosa
-que, por codicia de robar el hato de los españoles, que no era otro
-sino vestidos (porque siempre los indios desque vieron á los españoles
-vestidos, siempre codiciaron vestirse), no aguardaron el tiempo y
-sazon que concertado habian, y así la una parte ó escuadron dióse más
-priesa por robar que la otra, y entra en el pueblo dando grita sin ser
-sentidos. Despertó Narvaez atónito, que á sueño suelto dormia, y los
-demas que no tenian para dormir ménos brío; entraban los indios en los
-bohíos ó casas de paja, y topaban con los españoles, ni los mataban
-ni los herian, sino curando de apañar ropa, era todo el fin que cada
-uno pretendia. Los españoles topaban con los indios, y como estaban en
-profundo sueño dormidos, y fué súpita la gran grita, que suele ser
-terrible la de los indios, andaban atónitos, no entrando en acuerdo, ni
-advirtiendo lo que era ni si morian ó vivian. Los indios domésticos,
-que Narvaez habia traido de Jamáica, encendieron tizones del fuego que
-allí tenian, y así como los indios de fuera vieron con la lumbre al
-Narvaez, que ya comenzaba á entrar en acuerdo, uno dellos arrójale una
-gran piedra, y dále en los pechos cerca de la boca del estómago, que
-dió con él cuasi muerto en el suelo, y así despertó del todo, y dijo á
-un fraile bueno que allí tenia consigo, de la órden de Sant Francisco:
-«¡Ay padre que me ha muerto!» Consolóle el religioso y esforzóle lo
-mejor que pudo, y, tornado en sí, ensillan la yegua con la priesa
-que pudieron, y enfrénanla con harta dificultad porque era de tal
-hechura, y sube Narvaez en ella descalzo de pié y pierna, y sólo una
-camisa de algodon sobre otra de lienzo de Castilla, y echa un pretal
-de cascabeles en el arzon de la silla, y no hizo más de arremeter por
-la plaza una carrera, sin tocar en ningun indio, porque en sintiendo
-que salia con la yegua, todos se habian por el monte que estaba cerca
-acogido. Fué tanto el temor que de la yegua tuvieron y del sonido de
-los cascabeles, pensando que cada uno era un millar de enemigos (cosa
-maravillosa es de decir), que no pararon, hombre ni mujer ni hijos,
-huyendo hasta otra provincia llamada Camagüéy, la penúltima luenga, que
-distaba de aquella 50 leguas, y áun de despoblado camino. Por manera
-que, por adelantarse á robar la ropa de los españoles, no guardando la
-órden y tiempo y sazon que los Capitanes habian ordenado, perdieron
-su negocio é intento los indios, porque si juntos, á una, dieran en
-el pueblo, hecho fuera de Narvaez y de sus 25; no debe ser aquel caso
-el primero que en el mundo ha acaecido, conviene á saber, perder las
-batallas por robar los despojos la gente de guerra, y así por mala
-cudicia. Hizo luégo mensajeros Narvaez á Diego Velazquez, sobre lo
-acaecido, el cual determinó de ir allá con gente donde residió algunos
-meses; no pareció persona por toda la provincia, sino eran algunos muy
-viejos y enfermos que no pudieron huir, y éstos descubrieron como toda
-la gente habia huido á la provincia de Camagüéy. Siguió el alcance
-Narvaez desque lo supo, pero, como fué tarde y llevaba poca gente, no
-se atrevió á entrar en la provincia de Camagüéy, porque tenia noticia
-que tenia muchos vecinos, y así se tornó sin hallar algun indio.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XXVII.
-
-
-Antes que Diego Velazquez de la villa de Baracóa se moviese, ni supiese
-lo que á Narvaez habia acaecido, sucedió lo que aquí agora diré.
-Entre la gente que allí con Diego Velazquez estaba, habia dél y de su
-gobernacion algunos descontentos, ó porque no les hacia, segun ellos
-estimaban de sí, tan buen tractamiento como quisieran, en especial
-un Francisco de Morales, natural de Sevilla, hombre de auctoridad y
-persona honrada, y que el Almirante habia enviado con Diego Velazquez
-por Capitan en aquella isla, y que el Diego Velazquez no le pudiese
-remover, aunque todavía sujeto á Diego Velazquez, por manera que habia
-entre los que allí estaban ya parcialidad. Diego Velazquez, viendo que
-su gobernacion buena ó mala, se le perturbaba, hizo proceso contra el
-Morales y envióle preso á esta isla al Almirante, el cual ido, ó nació
-de aquí ó de otros principios ó personas, las quejas del teniente
-Diego Velazquez crescian de cada dia. En este tiempo vino á Cuba nueva
-como eran llegados á esta isla Española los jueces de apelacion, y
-acordaron los quejosos de Diego Velazquez de hacer sus informaciones
-secretas y allegar sus memoriales y tomar sus firmas, para se enviar
-á quejar á los dichos jueces, como á justicias superiores que enviaba
-el Rey, y no hallaron otro más á mano y más atrevido á cualquiera
-peligro, porque habia de pasar á esta isla en una canoa ó barquillo
-de los indios, en mar tan alta, y como suele ser tan brava, sino á
-Hernando Cortés, criado y secretario del dicho Diego Velazquez, que
-desta isla lo habia llevado consigo, siendo escribano público en esta
-isla de la villa de Açua. Tenia Diego Velazquez dos secretarios; uno,
-este Hernando Cortés, y Otro Andrés de Duero, tamaño como un codo,
-pero cuerdo y muy callado y escribia bien. Cortés le hacia ventaja
-en ser latino, solamente porque habia estudiado leyes en Salamanca y
-era en ellas Bachiller, en lo demas, era hablador y decia gracias, y
-más dado á comunicar con otros que Duero, y así no tan dispuesto para
-ser secretario. Era muy resabido y recatado, puesto que no mostraba
-saber tanto, ni ser de tanta habilidad como despues lo mostró en cosas
-árduas; era natural de Medellin, hijo de un escudero que yo cognoscí,
-harto pobre y humilde, aunque cristiano viejo y dicen que hidalgo. A
-éste, como comencé á decir, hallaron los quejosos aparejado para llevar
-sus quejas, cartas y despachos, ó porque él lo estaba tambien quejoso
-de su amo Diego Velazquez; estando para se embarcar en una canoa de
-indios con sus papeles, fué Diego Velazquez avisado y hízolo prender
-y quísolo ahorcar. Rogáronle muchas personas por él, mandólo echar en
-un navío para enviallo preso á esta isla Española, soltóse por cierta
-manera del navío y metióse de noche en el batel, y vínose á la iglesia,
-y estuvo allí algun dia; un Juan Escudero, que era alguacil (que él
-despues ahorcó en la Nueva España), aguardó su tiempo, y paseándose
-Cortés fuera de la iglesia, lo tornó á prender. Crecida la ira en
-Diego Velazquez, túvolo muchos dias preso, y al cabo (Diego Velazquez
-era bien acondicionado y durábale poco el enojo), rogándole muchos
-por él que lo perdonase, hóbolo de hacer, pero no le quiso tornar á
-rescebir en su servicio de secretario. Gomara, clérigo, que escribió
-la Historia de Cortés, que vivió con él en Castilla siendo ya Marqués,
-y no vido cosa ninguna, ni jamás estuvo en las Indias, y no escribió
-cosa sino lo que el mismo Cortés le dijo, compone muchas cosas en
-favor dél, que, cierto, no son verdad, y entre otras, dice, hablando
-en el principio de la conquista de Méjico, que no quiso hablar en
-muchos dias de enojado á Diego Velazquez, y que una noche fué armado
-donde Diego Velazquez estaba sólo con solos sus criados, y que entró
-en la casa, y que temió Diego Velazquez cuando lo vido á tal hora y
-armado, y que le rogó que cenase y descansase, y Cortés respondió que
-no venia sino á saber las quejas que tenia dél, y á satisfacerle y á
-ser su amigo y servidor, y que se tocaron las manos por amigos, y que
-durmieron ambos aquella noche en una cama. Esto es todo gran falsedad,
-y cualquiera cuerdo puede fácilmente juzgar áun de las mismas palabras
-que, en su compostura, Gomara, su criado y su historiador, allí dice,
-porque siendo Diego Velazquez, Gobernador de toda la isla, como él
-allí concede, y Cortés un hombre particular, dejado aparte ser su
-criado y secretario, y que le habia tenido preso y querido ahorcar, y
-que lo pudiera hacer justa ó injustamente, ¡qué diga Gomara que no le
-quiso hablar por muchos dias, y que habia ido armado á preguntar que
-qué quejas tenia dél, y que iba á ser su amigo, y que se tocaron las
-manos, y que durmieron aquella noche en una cama! Yo vide á Cortés en
-aquellos dias, ó muy pocos despues, tan bajo y tan humilde, que del más
-chico criado que Diego Velazquez tenia quisiera tener favor; y no era
-Diego Velazquez de tan poca cólera, ni áun de tan poca gravedad, que
-aunque por otra parte cuando estaba en conversacion era muy afable y
-humano, pero cuando era menester, y si se enojaba, temblaban los que
-estaban delante dél, y queria siempre que le tuviesen toda reverencia,
-y ninguno se sentaba en su presencia aunque fuese muy caballero, por
-lo cual, si él sintiera de Cortés una punta de alfiler de cerviguillo
-y presuncion, ó lo ahorcara, ó á lo ménos lo echara de la tierra y lo
-sumiera en ella sin que alzara cabeza en su vida. Así que Gomara mucho
-se alarga imponiendo á Cortés, su amo, lo que en aquellos tiempos, no
-sólo por pensamiento estando despierto, pero ni durmiendo, por sueños,
-parece poder pasarse. Pero como el mismo Cortés, despues de Marqués,
-dictó lo que habia de escribir Gomara, no podia sino fingir de sí
-todo lo que le era favorable; porque como subió tan de súpito de tan
-bajo á tan alto estado, ni áun hijo de hombre, sino de Júpiter desde
-su origen, quisiera ser estimado. Y así, deste jaez y por este camino
-fué toda la historia de Gomara ordenada, porque no escribió otra cosa
-sino lo que Cortés de sí mismo testificaba, con que al mundo, que no
-sabia de su principio medio y fin cosa, Cortés y Gomara encandilaron,
-como abajo, placiendo á Dios amador de verdad, parecerá. Lo cual por
-agora dejado, despues que Diego Velazquez determinó que se hiciesen
-pueblos ó villas de españoles en las provincias de aquella isla,
-y repartió los indios á los tales vecinos, como la historia dirá,
-perdido todo el enojo de Cortés, dióle tambien indios y su vecindad, y
-tractóle bien, y honróle haciéndole Alcalde ordinario en la villa, que
-despues fué ciudad, de Sanctiago, donde lo habia avecindado; porque
-desta condicion era, cierto, Diego Velazquez, que todo lo perdonaba
-pasado el primer ímpetu, como hombre no vindicativo sino que usaba de
-benignidad. Tambien de su parte Cortés no se descuidaba de serville y
-agradalle, y no enojalle en cosa chica ni grande, como era astutísimo,
-de manera que del todo tornó á ganalle, y á descuidalle, como de
-ántes. Tuvo Cortés un hijo ó hija, no sé si en su mujer, y suplicó
-á Diego Velazquez que tuviese por bien de se lo sacar de la pila en
-el baptismo y ser su compadre, lo que Diego Velazquez aceptó, por
-honralle, de buena voluntad. Todas estas honras y favores, que Diego
-Velazquez dió y hizo á Cortés, se le tornaron en daño y perdicion á él
-por el desagradecimiento de Cortés. Dióse buena priesa Cortés, poniendo
-diligencia en que los indios que le habia repartido Diego Velazquez,
-le sacasen mucha cantidad de oro, que era el hipo de todos, y así, le
-sacaron dos ó tres mil pesos de oro, que para en aquellos tiempos era
-gran riqueza; los que por sacarle el oro murieron, Dios habrá tenido
-mejor cuenta que yo. Porque dije que tenia mujer, así fué, que en el
-tiempo de sus disfavores Cortés se casó con una doncella, (aunque
-Gomara parece decir que primero la hobo), hermana de un Juan Suarez,
-natural de Granada, que allí habian pasado con su madre, gente pobre,
-y parece que le debia de haber prometido que se casaria con ella y
-despues lo rehusaba. Y dice Gomara, que porque no queria casarse y
-cumplir la palabra, estuvo Diego Velazquez mal con él, y no era fuera
-de razon ni de justicia, pues era Gobernador, y aunque no lo fuera.
-Así que casóse al cabo, no más rico que su mujer; y en aquellos dias
-de su pobreza, humildad y bajo estado, le oí decir, y estando conmigo
-me lo dijo, que estaba tan contento con ella como si fuera hija de una
-Duquesa.
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- CAPÍTULO XXVIII.
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-Tornando al lugar provincia y pueblo donde dejamos á Diego Velazquez,
-despues de algunos dias, por nuevas de indios, supo Diego Velazquez que
-habia llegado un navío, y en él ciertos españoles al puerto de Xagua,
-que estaba de allí cerca de 200 leguas, por lo cual envió una canoa
-bien esquifada de indios remadores, con una carta en que les decia que
-se viniesen á donde él estaba, quien quiera que fuesen. Llegada la
-carta, holgóse mucho el Capitan, que era Sebastian de Campo, que fué
-al que envió el Comendador Mayor á que bojase aquella isla el año de
-8, segun que arriba, en el libro II, capítulo 41, dijimos; holgáronse
-tambien los que con él venian. Este habia cargado un navío, suyo ó
-con otros en compañía, de vino y mantenimientos para vender á los que
-estaban en el Darien, y, despachada su mercadería, tornábase para esta
-isla, y llegado allí, como sabia aquel puerto y traia muy perdido el
-navío, dejólo allí, y tres pipas de vino y cuatro españoles que las
-guardasen, y embarcóse en la canoa con los españoles marineros que
-traia, que serian 12 ó 15, y vínose á donde Diego Velazquez estaba, el
-cual muy graciosamente recibiólo. Bien pudieran los indios de Xagua
-matarlo á él y á los suyos, sin que dellos memoria hobiera, pero no lo
-hicieron, ántes á todos y á los cuatro tractaron como á hijos. Desde
-á poco tiempo vinieron á Diego Velazquez nuevas como habia llegado al
-pueblo y puerto de Baracóa, Cristóbal de Cuéllar, Tesorero de aquella
-isla, y que habia sido Contador desta, con su hija, doña María de
-Cuéllar, que habia traido consigo, por doncella suya, doña María de
-Toledo, mujer del almirante D. Diego; tenia ya concertado con Diego
-Velazquez, por cartas, de dársela por mujer y él de rescebilla. Este
-Cristóbal de Cuéllar era hombre muy prudente, cuanto á este mundo,
-y habia servido al príncipe D. Juan de darle la copa cuando habia
-de beber. Mostróse siempre en esta isla y en aquella demasiadamente
-servidor del Rey é celador de su hacienda; y dije demasiadamente,
-porque solia decir que por el servicio del Rey daria dos ó tres
-tumbos en el infierno. Bien podia ser que lo dijese por gracia, pero
-gracia era desgraciada y de mal ejemplo para cualquiera cristiano.
-Mucho debemos á los Reyes, y la Escritura Divina nos mandó que los
-honorifiquemos, obedezcamos, temamos, sirvamos, y la honra y tributos
-que se les debe les demos; pero no á tanta costa como es dar por ellos
-tumbos en el infierno, porque no es otra cosa sino posponer á Dios,
-menospreciándolo por los Reyes. Así que, sabida por Diego Velazquez
-la venida del tesorero Cristóbal de Cuéllar y su hija, que traia para
-dársela por mujer, despachóse de allí para ir á celebrar sus bodas, y
-dejó allí con 50 hombres á Juan de Grijalva, por Capitan, mancebo sin
-barbas, aunque mancebo de bien. Este era natural de Cuéllar, hidalgo, y
-tratábalo Diego Velazquez como por deudo; quedó por Capitan hasta que
-Narvaez volviese del alcance que hizo tras la gente de la provincia de
-Bayámo, que lo habian querido matar, hácia la de Camagüéy. Dejó allí
-con él á un clérigo, llamado el licenciado Bartolomé de las Casas,
-natural de Sevilla, de los antiguos desta isla Española, predicador, á
-quien Diego Velazquez amaba y hacia muchas cosas buenas por su parecer,
-mayormente por sus sermones cuando predicaba; dejólo como por padre, y
-quien aconsejase á Juan de Grijalva, el cual siempre obedeció é hizo lo
-que le aconsejaba, el tiempo que le duró el cargo, que no fué mucho,
-porque presto volvió Narvaez. Llegó Diego Velazquez á la villa de
-Baracóa, y un domingo celebró sus bodas con grande regocijo y aparato,
-y el sábado siguiente se halló viudo, porque se le murió la mujer,
-y fué la tristeza y luto, más que la alegría habia sido, doblada.
-Pareció que Dios quiso para sí aquella señora, porque dicen que era
-muy virtuosa, y quiso prevenirla con la intempestiva muerte, porque
-quizá con el tiempo y prosperidad no se trastornara. Estando las cosas
-de Diego Velazquez en este estado, tornó Narvaez de su alcance sin
-hacer nada, y desde á pocos dias comienzan los que se habian huido,
-de miedo de los cascabeles de la yegua de Narvaez, á la provincia de
-Camagüéy, á venir llorando, pidiendo perdon de lo que habian contra
-Narvaez cometido y los cristianos, diciendo que habian sido locos y mal
-considerados, y que les pesaba mucho dello, y que ellos querian servir
-á los cristianos; y en ésto verlos era lástima. Tenian ya noticia de
-que allí estaba el Clérigo, que ellos, como sacerdote ó hechicero de
-los suyos, estimaban, y así lo llamaban Behique, y era y siempre fué
-dellos, y de los demás, como hombre divino temido y reverenciado. Y
-cuando los pobres venian, traian unos sartales de sus cuentas, que
-arriba dejamos dicho ser como muelas podridas, pero dellos por gran
-riqueza estimadas, y daban un sartal al capitan Narvaez (que ya no lo
-era Grijalva), y otro al Padre, los cuales los rescibian con alegría, y
-aseguraban diciéndoles que no tuviesen miedo que ya era aquello pasado,
-que se fuesen cada uno á su pueblo, y que ninguno les haria daño. La
-causa de la vuelta á su provincia y meterse en manos de sus enemigos,
-los españoles, fué, que los vecinos de la provincia de Camagüéy no
-los pudieron sufrir, como eran mucha gente, para dalles de comer de
-sus bastimentos; y la razon es, porque aunque todas estas Indias sean
-abundantísimas de comida, nunca los indios y vecinos de cada provincia
-tienen, porque no lo procuran tener, más de lo que para sí en sus casas
-han menester, y aquello tienen y tenian tan cierto, por los ordinarios
-buenos temporales, que no tienen miedo de que les ha de faltar. De
-aquí tenia colegido, y díjelo en el Consejo del Rey algunas veces ante
-personas notables del Consejo de guerra, que los españoles, siendo
-algun razonable número, no podian estar cercados de indios, por la
-mayor parte de todas estas Indias, arriba de ocho dias, en fortaleza
-ó pueblo que aquel tiempo se pudiesen sin daño defender; la razon que
-yo tenia y tengo y allí dí es, porque cada provincia no tiene más de
-comer de para sí, é la gente de guerra que tiene, aunque sean muchos,
-todavía, siendo los españoles en algun número bastan para defenderse
-de aquellos, y si de otra provincia que esté léjos de aquella, como
-20 ó 30 leguas, quisieren venir á ayudarlos, han de traer á cuestas
-la comida, cada uno lo que ha de comer, como no tengan bestias para
-proveerse de sí mismos y de otras de bastimentos, pues ésto que se
-trujese de tan léjos no puede durar cuatro, ó cinco, ó ocho dias, ni
-en la provincia donde vienen no lo han de haber; luégo, de necesidad,
-la hambre pura los ha de hacer volver, y así, por consiguiente, los
-españoles no pueden estar sino muy poco tiempo cercados comunmente,
-si son en algun número para, entre tanto, sin daño, de que cualquiera
-provincia se defender. Razon fué que se me admitió y concedió por
-personas notables, como dije, del Consejo de la guerra. Así que, por
-causa de que no les comiesen los bastimentos los de la provincia de
-Bayámo, no los quisieron rescibir los de la de Camagüéy, por lo cual,
-constreñidos los de Bayámo, acordaron de se volver á sus pueblos y
-casas y á su menester, aunque les pareció que se ponian en peligro de
-que los españoles podian vengarse dellos; donde se cumplió á la letra,
-el refran: «la hambre y el frio fuerzan al hombre meterse por casa de
-su enemigo.» Puesto que faltaba en aquellos, que venian á sus propias
-casas y no á las de sus enemigos.
-
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-
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- CAPÍTULO XXIX.
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-Restituida la dicha provincia del Bayámo en sus naturales vecinos, y
-estando seguros en sus casas, aunque no mucho la quietud y seguridad y
-áun la vida le duró, avisado de todo Diego Velazquez envió á mandar á
-Pánfilo de Narvaez, que con la gente que habia ido tras los huidos, y
-con los que él habia dejado con Grijalva, que todos serian hasta cien
-hombres, fuese á la provincia de Camagüéy, y por la isla adelante,
-asegurándolas, que fuese aquel padre clérigo Bartolomé de las Casas con
-él, y creo que le escribió á él que lo hiciese. Llegaron á la provincia
-ó pueblo de Cueyba, que estaba en el camino, ántes de Camagüéy, 30
-leguas del Bayámo, donde Alonso de Hojeda y los que con él padecieron
-aquellos grandes trabajos de la ciénaga, hobo aportado y salvádose,
-y donde Hojeda dejó la imágen de Nuestra Señora, muy devota, como se
-refirió en el libro precedente, cap. 60; y porque los españoles que
-habian visto la imágen dicha, porque iban allí algunos de los que con
-Hojeda en la ciénaga se habian hallado, y los que habian ido con el
-susodicho alcance de la gente del Bayámo, loaban mucho la imágen al
-dicho Padre, y él llevaba otra de Flandes, tambien devota, pero no
-tanto, pensó en trocalla con voluntad del Cacique ó señor del pueblo.
-Despues de muy buen rescibimiento que los indios hicieron á los
-españoles, y ofrecida mucha comida, y los niños baptizados, que era lo
-primero que trabajaba hacerse, y todos aposentados, comenzó á tractar
-el Padre con el Cacique, que trocasen las imágenes; el Cacique luégo se
-paró mustio y disimuló cuanto mejor pudo, y en viniendo la noche, toma
-su imágen y váse á los montes con ella, ó á otros pueblos distantes.
-Otro dia, queriendo el Padre decir misa en la iglesia, que la tenian
-los indios muy adornada con cosas hechas de algodon, y un altar donde
-tenian la imágen, enviando á llamar al Cacique para que oyese la misa,
-respondieron los indios que su señor se habia ido y llevado la imágen
-por miedo que no se la tomase el Padre; harto pesar rescibió el Padre
-y todos los españoles, temiendo que la gente que hallaron quieta y
-pacífica no se alborotase, y áun dudando no quisiesen quizá hacer, á
-los españoles y al Padre, guerra por defension de su imágen; proveyó el
-Padre que fuesen mensajeros al Cacique, significándole y certificándole
-que no queria su imágen, ántes le daria la que traia graciosamente y
-de valde; como quiera que ello fué, nunca quiso parecer el Cacique,
-hasta que los españoles se fueron, por la seguridad de su imágen. Era
-maravilla la devocion que todos tenian, el señor y súbditos, con Sancta
-María y su imágen. Tenian compuestas como coplas sus motetes y cosas
-en loor de Nuestra Señora, que en sus bailes y danzas, que llamaban
-areitos, cantaban, dulces, á los oidos bien sonantes; finalmente, lo
-mejor que se pudo hacer, dejados los indios contentos y pacíficos como
-los hallaron, se partieron los españoles para ir adelante. Entraron en
-la provincia de Camagüéy, que es grande y de mucha vecindad de gente,
-que estaria de la Cueyba 20 leguas ó más, los vecinos de la cual, en
-los pueblos donde llegaban los españoles, tenian de la comida, pan
-caçabí, é de la caza que llamaban guaminiquinajes, aparejado segun
-ellos podian, y pescado tambien, si lo alcanzaban. El clérigo Casas,
-luégo, en llegando al pueblo, hacia juntar todos los niños chiquitos, y
-tomaba dos ó tres españoles que le ayudasen, con algunos indios desta
-isla Española, ladinos, que consigo llevaba y alguno que habia él
-criado, baptizaba los niños que en el pueblo se hallaban. Así hizo en
-toda la isla de allí adelante, y fueron muchos á los que Dios proveyó
-de su Sancto baptismo, porque los tenia para su gloria predestinados,
-y proveyólo al tiempo que convenia, porque ninguno ó casi ninguno
-de aquellos niños quedó vivo desde á pocos meses, como abajo será,
-Dios queriendo, declarado. Y porque los españoles llegando al pueblo,
-hallando los indios en sus casas pacíficos, no cesaban de les hacer
-agravios y escandalizallos, tomándoles esa laceria que tenian, no
-contentándose con lo que de su voluntad los indios daban, y algunos,
-pasando más adelante, andaban tras las mujeres y las hijas, porque ésta
-es y ha sido siempre la ordinaria y comun costumbre de los españoles
-en estas Indias, ordenó el capitan Narvaez, por persuasion del dicho
-Padre, que despues que el dicho Padre hobiese apartado todos los
-vecinos del pueblo á la mitad de las casas dél, dejando la otra mitad
-vacía para é aposento de los españoles, ninguno fuese osado de ir á la
-parte del pueblo donde los indios estaban recogidos y allegados; para
-lo cual se iba delante con tres ó cuatro hombres el Padre, y, llegado
-al pueblo, cuando la gente llegaba ya tenia los indios á una parte
-del pueblo recogidos, y la otra parte desembarazada. Por esta vía, y
-porque vian los indios que el Padre hacia por ellos defendiéndolos y
-halagándolos, y tambien baptizando los niños, en lo cual les parecia
-que tenia más imperio y auctoridad que los demas, cobró mucha estima y
-crédito en toda la isla para con los indios, allende que, como á sus
-sacerdotes, ó hechiceros, ó profetas, ó médicos, que todo era uno, lo
-reverenciaban; por este crédito y auctoridad que habia entre ellos
-cobrado no era menester ir delante, sino enviar un indio con un papel
-viejo, puesto en una vara, enviándoles á decir con el mensajero que
-aquellas cartas decian ésto y ésto, conviene á saber, que estuviesen
-todos quietos y ninguno se absentase porque no se les haria mal ni
-daño, y que tuviesen de comer aparejado para los cristianos, y los
-niños para baptizar, ó que se recogiesen á una parte del pueblo, y
-todo lo que parecia envialles á avisar, y que si no lo hacian, que se
-enojaria el Padre, y ésta era la mayor amenaza que se les podia enviar.
-Ellos lo hacian todo de muy buena voluntad, segun su posibilidad,
-y era grande la reverencia y temor que tenian á las cartas, porque
-vian que por ellas se sabia lo que se hacia en otras partes absentes;
-parecíales más que milagro, y así mucho dellas se maravillaban. Pasaron
-así algunos pueblos de aquella provincia por el camino que llevaban,
-y porque la gente de los pueblos que estaban á los lados del camino,
-cudiciosa de ver gente tan nueva, y en especial por ver tres ó cuatro
-yeguas que allí se llevaban, de que toda la tierra estaba espantada,
-y las nuevas dellas por toda la isla volaban, llegáronse muchos á
-verlas en un pueblo grande llamado el Caonáo, la penúltima luenga, y
-el dia que los españoles llegaron al pueblo, en la mañana paráronse á
-almorzar en un arroyo seco, aunque algunos charquillos tenia de agua,
-el cual estaba lleno de piedras amoladeras, y antojóseles á todos de
-afilar en ellas sus espadas; y acabado su almuerzo, dánse á andar su
-camino del Caonáo. En el camino habia dos ó tres leguas de un llano
-sin agua, donde se vieron de sed en algun trabajo, y allí trujeron
-algunos indios de los pueblos algunas calabazas con agua y algunas
-cosas de comer. Llegaron al pueblo Caonáo á hora de vísperas, donde se
-halló mucha gente que tenian aparejada mucha comida del pan caçabí é
-de mucho pescado, porque tenian junto un gran rio y tambien cerca la
-mar. Estaban en una plazuela, obra de 2.000 indios, todos sentados en
-coclillas, porque así lo tienen todos de costumbre, mirando las yeguas
-pasmados. Habia junto un gran bohío ó casa grande, donde estaban más de
-otros 500 indios metidos, amedrentados, que no osaban salir; é cuando
-algunos de los indios domésticos que los españoles por sirvientes
-llevaban (que eran más de 1.000 ánimas, porque siempre andan desta
-manera y con grande compaña, y otros muchos que traian de más de 50
-leguas, y otros de los mismos de Cuba naturales), si querian entrar en
-la casa grande, tenian aparejadas allí gallinas, y decíanles: «toma,
-no entres acá;» porque ya sabian que los indios que servian á los
-españoles, no suelen hacer otras obras sino las de sus amos. Habia
-costumbre entre los españoles, que uno que el Capitan señalaba tuviese
-cargo de repartir la comida y otras cosas que los indios daban á cada
-uno de los españoles, segun era su parte, y estando así el Capitan en
-su yegua, y los demas en las suyas á caballo, y el mismo Padre mirando
-cómo se repartia el pan y pescado, súbitamente sacó un español su
-espada, en quien se creyó que se le revistió el diablo, y luégo todos
-ciento sus espadas, y comienzan á desbarrigar y acuchillar y matar de
-aquellas ovejas y corderos, hombres y mujeres, niños y viejos, que
-estaban sentados, descuidados, mirando las yeguas y los españoles,
-pasmados, y dentro de dos credos no queda hombre vivo de todos cuantos
-allí estaban. Entran en la gran casa, que junto estaba, porque á la
-puerta della ésto pasaba, y comienzan lo mismo á matar á cuchilladas
-y estocadas cuantos allí hallaron, que iba el arroyo, de la sangre
-como si hobieran muerto muchas vacas; algunos de los indios que allí
-pudieron darse priesa, subiéronse por las varas y el enmaderamiento de
-la casa en lo alto y así se escaparon. El Clérigo se habia, un poco
-ántes desta matanza, apartado de donde se hizo á otra plazuela del
-pueblo, junto allí, donde lo habian aposentado, y era una casa grande,
-en que tambien se habian de aposentar todos, y allí estaban obra de
-40 indios de los que habian traido las cargas de los españoles de las
-provincias de atras, tendidos en el suelo descansando; y acaeció estar
-con el Clérigo cinco españoles, los cuales, como oyeron los golpes de
-las espadas y que mataban, sin ver nada, porque habia ciertas casas
-delante, echan mano á las espadas y van á matar los 40 indios que, de
-sus cargas y hatos venian molidos y descansaban, para les pagar el
-corretaje. El Clérigo, movido á ira, vá contra ellos reprendiéndolos
-ásperamente á estorbarlos, y ellos que le tenian alguna reverencia
-cesaron de lo que iban á hacer, y así quedaron vivos los 40, y vánse á
-matar los cinco á donde los otros mataban; y como el Clérigo se detuvo
-en estorbar la muerte á los 40 que habian venido cargados, cuando fué,
-halló hecha una parva de muertos que habian hecho en ellos, que era
-cosa, cierto, de espanto. Como lo vido Narvaez, el Capitan, díjole:
-«¿qué parece á vuestra merced destos nuestro españoles, que han hecho?»
-Respondió el Clérigo, viendo ante sí tantos hechos pedazos, de caso tan
-cruel muy turbado: «que os ofrezco á vos y á ellos al diablo.» Estaba
-el descuidado Narvaez siempre viendo hacer la matanza, sin decir, ni
-hacer, ni moverse más que si fuera un mármol, porque si él quisiera,
-estando á caballo, y una lanza en las manos, como estaba, pudiera
-estorbar los españoles que diez personas no mataran. Entónces déjalo
-el Clérigo, y andaba de aquí para allí, por unas arboledas, buscando
-españoles, que no matasen, porque andaban por las arboledas buscando á
-quien matar, y á chico, niño, ni á mujer, ni viejo perdonaban; y más
-hicieron, que se fueron ciertos españoles al camino del rio, que estaba
-junto, y todos los indios que se escapaban con heridas y cuchilladas y
-estocadas, que podian huir, para irse á echar en el rio por salvarse,
-hallaban á aquellos que los acababan. Acaeció más otra crueldad, no
-digna de ser callada, para que se vea las obras de nuestros cristianos
-en estas partes: que entrando el Clérigo en la casa grande, donde dije
-que estarian obra de 500 ánimas, ó las que habia, que eran muchas, y
-viendo muertos los que en ella estaban, espantado, y los que por las
-varas arriba ó enmaderamiento se habian escapado, díjoles: «no más, no
-más, no hayais miedo, no habrá más, no habrá más.» Con esta seguridad,
-creyendo que así fuera, descendió un indio, harto bien dispuesto,
-mancebo de 25 ó 30 años, llorando, y como el Clérigo no traia reposo,
-por ir á todas partes á estorbar que no matasen, salióse luégo de la
-casa; y así como el mancebo descendió, un español que allí estaba,
-sacó un alfanje, ó media espada, y dále una cuchillada por los hijares
-que le echa las tripas de fuera, como si no hiciera nada. El indio,
-triste, toma sus tripas en las manos, y sale huyendo de la casa; topa
-con el Clérigo y cognosciólo, y dícele allí algunas cosas de la fe,
-segun que el tiempo y angustia lugar daba, mostrándole que si queria
-ser baptizado, iria al cielo á vivir con Dios; el triste, llorando y
-haciendo sentimiento como si ardiera en unas llamas, dijo que sí, é con
-ésto le baptizó, cayendo luégo muerto en el suelo, remitiendo lo demas
-á la misericordia de aquel que lo habia criado, y via la injusticia
-con que aquel y los demás eran tan cruelmente lastimados. Váse luégo á
-la casa el Clérigo y halló al infelice hombre que lo habia destripado,
-y, con grande impaciencia y turbacion poco ménos hizo con él que lo
-que debiera de hacer su descuidado capitan Narvaez, y aquel fué uno
-de los flecheros que trujo consigo Narvaez, que en Jamáica se debia de
-haber en estas obras ejercitado. Ver las heridas que muchos tenian de
-los muertos, y otros que áun no habian espirado, fué una cosa de grima
-y espanto, que como el diablo, que los guiaba, les deparó aquellas
-piedras de amolar, en que afilaron las espadas aquel dia de mañana,
-en el arroyo donde almorzaron, donde quiera que daban el golpe, en
-aquellos cuerpos desnudos, en cueros y delicados, abrian por medio
-todo el hombre de una cuchillada. Entre otros heridos, hobo uno, y áun
-dijeron que era hermano del Rey é señor de aquella provincia, viejo,
-bien alto de cuerpo, y que en su aspecto parecia señor, que de una
-cuchillada que le dieron en el hombro derecho (debíale de acertar en
-la coyuntura), le derrocaron todo el lado hasta la cinta, de manera
-que, estando sentado en el suelo, tenia en tierra caido todo el lado,
-y el asadura y tripas, y cuanto hay en lo hueco se le parecia, como
-si estuviera en una escarpia colgado; y fué cosa de mucho notar, el
-subjecto y complision natural que aquel hombre tuvo, porque siendo
-herido el sábado, cuando se celebró esta matanza, estuvo hasta otro
-sábado sentado en tierra, como dije, con su lado caido, sin comer,
-salvo beber cada momento por la sequedad que causa la sangre, y en
-éste estado, vivo, los españoles que se partieron el siguiente sábado,
-lo dejaron. Quedó mucha lástima en el Clérigo, por no habello, como á
-otros muchos, curado con cierta manteca de tortuga, quemándoles las
-heridas, de que en aquellos ocho dias se pudieron curar, y quedaban
-los que no tenian estocadas cuasi sanos, y aquel no curó por ser la
-herida tan estraña y mortal; creyóse que si le juntaran todo el lado,
-cosiéndosele con una aguja grande, ó almarada, segun la complision
-tan buena que pareció tener, quizá sanara. Finalmente, no se supo más
-dél, y no parecia ser posible dello escapar. De todo lo dicho yo soy
-testigo, que lo vide y estuve presente, y dejo de decir muchas otras
-particularidades por abreviar.
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- CAPÍTULO XXX.
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-Preguntado fué quién fué el primero que sacó el espada, y por qué se
-movió á comenzar tan gran estrago, pero encubrióse y disimulóse la
-persona de quien se sospechó ó se supo; y si fué aquel que se creyó,
-sépase que hobo despues tan desastrado fin, cuanto muchos otros que
-semejantes virtudes en estas Indias han obrado. La causa se platicó
-diciendo, que habian visto indios que se cebaban á ver las yeguas,
-demás de los que estaban, y que era mala señal que nos querian matar;
-y porque algunos traian unas alguirnaldas de unos pescadillos, y de
-los que se llaman agujas, puestas en las cabezas, decian, que para
-darlas con las cabezas y abrazarse luégo con los españoles, y con
-unas cuerdas que algunos traian ceñidas, como suelen, atarlos. Y es
-verdad, que ni arco, ni flecha, ni palo, ni cosa que supiese á arma
-de indios, jamás se vido ni sospechó que trujesen, ni hobiese en casa
-del pueblo, ni en el monte, sino todos desnudos (como dije), sentados
-en coclillas, de la manera de unos corderos, estaban, y de mirar las
-yeguas, que no se hartaban, pasmados; y es tambien verdad, que si sobre
-2.000 indios, que allí pareció que habia, hobiera otros 10.000, sólo
-Narvaez, con su yegua, á todos los matara, como pareció en los indios
-de Bayámo, cuanto más estando con él otros tres ó cuatro á caballo,
-con sus lanzas y adargas en las manos. La causa no fué otra, sino su
-costumbre, que siempre tuvieron en esta isla Española, y pasaron á la
-de Cuba para ejercitarla, de no se hallar sin derramar sangre humana,
-porque sin duda eran regidos y guiados siempre por el diablo. Sabida
-esta matanza por toda la provincia, no quedó mamante ni piante, que,
-dejados sus pueblos, no se fuese huyendo á la mar, y á meterse en las
-isletas, que por aquella costa del Sur hay infinitas, que dijimos
-haberles puesto nombre el Jardin de la Reina, el Almirante; y tanto
-miedo cayó en ellos, y con tan justa razon, que no sólo esconderse
-quisieran en las isletas, pero, si pudieran, debajo de las aguas, por
-huir de gente que con tanta razon juzgaban por crudelísima é más que
-inhumana. Salidos los españoles del pueblo, que dejaron tan sangriento,
-y bañado en sangre humana, llamado el Caonáo, asentaron Real en una
-roca grande, donde habia mucha de la yuca para hacer el pan caçabí;
-hechas su choza cada uno, con las personas, hombres y mujeres que
-llevaban, porque ninguno, ó pocos, traian consigo ménos de ocho ó
-diez personas, puesto que algunos ménos y otros más, que habian, por
-grado ó por fuerza, de los pueblos que quedaban atras tomado, enviaba
-los hombres por la yuca, y ellas hacian el pan, y los hombres tambien
-traian caza y lo demas. Ya se dijo arriba, que el Padre clérigo llevaba
-consigo, entre otros, no tomados por fuerza, sino que ellos se venian
-á él de su voluntad, por el buen tractamiento que les hacia y por el
-crédito que por la isla habia cobrado de que los favorecia, y por
-estar seguros de los españoles y de sus crueldades, llevaba, digo,
-consigo, un indio viejo y principal de esta isla Española, persona
-entre indios cuerda y honrada, y éste tambien era cognoscido por la
-isla por bueno, y por criado del Padre; al cabo de algunos dias que
-estaban en aquel monte ó roca los españoles aposentados, vino un indio
-de hasta veinticinco años, por espía, enviado por las gentes que
-andaban fuera de sus pueblos, huidas y descarriadas, y vínose derecho
-á la choza donde los indios del Padre clérigo estaban, y habló con el
-viejo, que se llamaba Camacho, diciendo queria vivir con el Padre, y
-que tenia otro hermano, muchacho de quince años ó poco más, que se
-lo traerá tambien para que le sirviese. Asegurólo muy bien el viejo
-Camacho, porque lo sabia muy bien hacer, loándole su propósito, y
-que el Padre era bueno, y holgaria de rescibir por sus criados á él
-y á su hermano, y que allí estarian, con el mismo viejo y los demás,
-seguros que ninguno les hiciese mal, etc., etc. Viene luégo Camacho al
-Padre, y dále las buenas nuevas, que por entónces se tenian por tales,
-porque no se deseaba otra cosa más que haber algun indio de los de la
-tierra, para lo halagar y enviar por mensajero á los demas desterrados,
-asegurándolos que se viniesen á sus pueblos y que no rescibirian más
-daño; holgóse mucho el Padre, por el fructo que se esperaba, hace
-llamar al indio, abrázalo, asegúralo, dícele que lo rescibiria con
-su hermano, por sus criados, y que les hará y contecerá. Pregúntales
-por la gente demas, dónde está, y si querrá venir á sus pueblos,
-certificándoles que no se les hará mal ninguno; responde, que sí, é
-que él traerá los vecinos de un pueblo, que de allí estaba cercano,
-cuya era la roca donde los españoles estaban aposentados; promete que
-dentro de ciertos dias traerá la gente y á su hermano. Creo que le
-dió, ó camisa ó algunas cosillas de las que tenia, y el mismo viejo
-Camacho púsole nombre que se llamase Adrianico, porque tenia en poner
-nombres, aunque no estuviesen baptizados, gracia; fuese muy contento
-Adrianico, afirmando que él cumpliria su palabra. Estuvo allá muchos
-más dias de los que dejó asentados, parece que no pudo allegar la
-gente que andaba desparcida y apartada, en tanto que ya el Padre de su
-venida desconfiaba, pero Camacho siempre esperaba; estando, pues, muy
-descuidado el Padre, una tarde, cerca de noche, viene Adrianico con su
-hermano, y traen consigo, creo, que 180 ánimas, hombres y mujeres como
-unos corderos, con sus carguillas de sus cosillas y pobreza á cuestas,
-y muchos con sartales de muy buenas mojarras para el Padre y para los
-cristianos. Verlos, por una parte causaban gozo por venir á poblar sus
-casas, que era lo que por entónces se deseaba, y por otra lástima y
-compasion grande, considerando su mansedumbre, humildad, su pobreza,
-su trabajo, su escandaloso destierro, su cansancio, que tan sin razon
-alguna se les habia causado, dejado ya aparte, como olvidado, el
-estrago y mortandad que en sus padres y hijos, y hermanos, y parientes
-y vecinos, tan cruelmente se habia perpetrado; hobo gran regocijo y
-alegría en el Real, y especialmente Narvaez y el Padre; mostráronles
-todos muchas señales de paz y amistad, y enviáronse luégo á sus casas
-vacías, que estaban junto, que las poblasen, empero, Adrianico y su
-hermano, que parecia un ángel, quedáronse con la familia del Padre, y
-con el viejo Camacho, que la gobernaba, cuyo regocijo y alegría fué
-más que de otros grande. Venidos éstos á su pueblo y casas, luégo se
-sonó por la provincia como los cristianos no les hacian ya mal, y que
-se holgaban, que se tornasen todos á poblar, y así lo hicieron, todo
-perdido el miedo que con tan urgente causa habian cobrado; pero, ¿para
-qué fin, si pensais, los españoles, de que se viniesen á poblar, todos
-se regocijaban, y el Padre clérigo, para qué en traellos y asegurallos
-tanto trabajaba? cierto, no para otro, al cabo, sino para que, poco á
-poco, en las minas y en los trabajos los matasen, como finalmente los
-mataron; puesto que aqueste fin no pretendia el Padre, y los españoles
-no pretendian directamente matallos, sino servirse dellos como de
-animales, posponiendo la salud corporal y espiritual de los indios á
-sus intereses, cudicias y ganancias, á lo cual seguírseles la muerte,
-no era dubitable sino necesario.
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- CAPÍTULO XXXI.
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-Aquí ó por aquí túvose nueva de indios, que lo dijeron, que en la
-provincia de la Habana, que distaba de aquella cien leguas ó cerca
-dellas, que los indios tenian entre sí dos mujeres españolas, y un
-hombre español cristiano, y porque quizá de miedo no los matasen, no
-aguardó el Padre á llegar allí, sino proveyó luégo indios con papeles
-viejos, como se dijo, por cartas, enviándoles á decir, que luégo,
-vistas aquellas cartas, le enviasen las mujeres y aquel cristiano, si
-nó que se enojaria mucho si en hacerlo tardasen. Salieron, pues, de
-aquellos ranchos los españoles para ir adelante, y llegaron á un pueblo
-que estaba en la ribera de la mar del Norte, y dentro las casas, sobre
-horcones en el agua, (pasados otros), llamado Caraháte, la penúltima
-luenga, al cual puso el Padre Casa-harta, porque fué cosa maravillosa
-la abundancia de comidas de muchas cosas que allí tuvieron, de pan, y
-caza, y pescado, y sobre todo de papagayos, que, si no me he olvidado,
-en obra de quince dias que allí estuvieron, se comieron más de diez
-mil papagayos, los más hermosos del mundo, que por alguna manera era
-lástima matallos; y éstos tomaban los niños subidos en los árboles,
-como arriba queda declarado. Algunas veces, todos los españoles en
-este camino, desde la provincia de Camagüéy, navegaron por la mar en
-cincuenta y más canoas, ó pocas ménos, que no parecian sino una flota
-de galeras, las cuales los indios de la tierra de buena gana daban;
-bien creo que por echarnos de su tierra, porque nunca jamás indios, con
-tener cerca de sí españoles, ganaron nada, sino muchas inquietudes,
-agravios, sobresaltos, é al ménos intolerables importunidades. Así que,
-estando muy á sabor del vientre, todos en Caraháte ó Casa-harta, véese
-venir una canoa esquifada de indios remadores, y viene á desembarcar
-junto á la posada del Padre que estaba bien dentro del agua, en la
-cual venia las dos mujeres, desnudas, en cueros, como las parieron sus
-madres, con ciertas hojas cubiertas solamente las partes que suele
-siempre cubrir la honestidad humana; la una era de hasta cuarenta
-años, y la otra de obra de diez y ocho ó veinte cuando más, vellas,
-no era ménos que si se vieran nuestros primeros padres Adan y Eva
-cuando estaban en el Paraíso terrenal. Luégo el Padre clérigo pidió á
-los españoles, lo primero, camisas con que se cubrieran las carnes,
-y despues, de capas y sayas que dieron, se les hicieron faldillas y
-mantos, como mejor se pudieron remediar; grande alegría causó su venida
-en todos por vellas salvas y entre cristianos, y ellas no se hartaban
-de dar gracias por ello á Nuestro Señor. No desde á muchos dias, tractó
-el Padre de casallas, y así se casaron ambas con dos hombres de bien,
-de los que allí andaban, que se concertaron. Contáronos como los indios
-habian muerto á ciertos españoles, con quien ellas venian en aquel
-puerto, que por éste caso se llamó, á lo que creo, de Matanzas, el
-cual es un pedazo de mar, y queriendo pasar los españoles á la otra
-parte, metiéronse con los indios en ciertas canoas, y en medio del
-lago anegáronlas; como sabian pocos nadar se ahogaron, y con los remos
-los ayudaron á salir de esta vida, solas estas dos mujeres, por ser
-mujeres, conservaron; siete españoles que supieron nadar salieron á
-tierra nadando, con sus espadas, que nunca desampararon, y salidos del
-agua fueron á un pueblo, y el Cacique ó señor dél, díjoles que dejasen
-las espadas, dejadas, luégo de un grande árbol que se llama ceíba, la í
-luenga, los mandó ahorcar; bien debia de saber cuánto daño solian hacer
-en los cuerpos desnudos las espadas. Esto luégo parecerá, á los que
-no consideraren las obras de los españoles desta isla Española, y las
-nuevas que de aquí y de las islas de los Lucayos á aquella pasaron, y
-lo que acostumbran á hacer de fuerzas y malos tractamientos, áun donde
-se hallan pocos y los indios muchos, de los cuales quizá algunos de los
-españoles que de ántes habian venido por allí, experimentaron, que
-fué grande aquesta inhumanidad y crueldad, y que por tanto, justamente
-los españoles hicieron en ellos las crueldades y matanzas susodichas,
-etc.; pero los que tal sentencia dieron, acuérdense de reducir á la
-memoria el beneficio y benignidad de que los de la provincia de Cueyba
-usaron con Hojeda y con los que con él venian, y el bueno y humano
-hospedamiento, que al bachiller Anciso, y á su compañía el Cacique
-Comendador y sus gentes hicieron, y no ménos á Sebastian de Campo,
-en el puerto de Xagua, donde perdió el navío y dejó cuatro españoles
-con las tres pipas de vino, y den la vuelta con su consideracion á
-los hechos que de los nuestros toda esta Historia cuenta, y entónces,
-sino quedare por ceguedad del entendimiento ó firmada malicia de la
-voluntad, yo no dudo sino que volvieran en lo contrario su parecer, y
-serán buenos jueces. Tornando al propósito, no me pude acordar cuando
-ésto escribia si les preguntamos, y de creer es que sí, en qué compañía
-ó debajo de qué Capitan ó dónde venian éstos con estas mujeres;
-finalmente, lo que dello supimos llevadómelo há el olvido. Envióse
-una carta ó papel viejo al Cacique que tenia en su poder al español
-que arriba se dijo, que lo guardase muy bien, hasta que á su pueblo
-llegásemos, y así como de ántes lo habia hecho lo hizo, y digo como
-de ántes lo habia hecho, porque muchas veces otros Caciques y señores
-de otros pueblos, sus vecinos, le requerian muchas veces, dellas por
-bien, y dellas por amenazas que lo matase, ó se lo enviase que ellos
-lo matarian, y nunca quiso, ántes no lo dejaba salir de cabe sí, ni
-lo enviaba á parte alguna, tractándolo siempre como si fuera su hijo.
-Salieron, pues, de Caraháte ó de Casa-harta bien hartos de papagayos,
-como dije, los nuestros, por la mar en la flota de las canoas dicha,
-y por la tierra cuando les convenia, y llegaron á la provincia de la
-Habana, donde todos los pueblos vacíos, porque sabida la matanza que
-habian hecho en la provincia de Camagüéy, no paraba hombre que á los
-montes no se fuese; envió el padre Casas sus cartas ó papeles viejos
-con algunos mensajeros á los señores de los pueblos, que viniesen á
-ver los cristianos seguros, y que no hobiesen miedo, como en todas las
-partes donde allegaban hacia; y ésto era lo que traia encomendado de
-Diego Velazquez, que gobernaba, y el capitan Narvaez tambien mandado,
-y en las cartas que le escribia le mandaba que no hiciese guerra ni
-mal á nadie, y que primero los indios tirasen flechas ó varas que los
-españoles sacasen espada. Vistos los papeles del Padre, los Caciques,
-con el crédito que dél concebido habian, luégo vinieron, creo que 18 ó
-19, cada uno con su presente de comida de lo que tenian; venidos así
-sobre seguro y en confianza de lo que el Padre les habia escripto, el
-capitan Narvaez, luégo, hácelos prender con cadenas y grillos por buena
-venida, y otro dia tractaba de que se pusiesen palos para quemallos
-vivos. Sabido por el Padre, rescibió grande angustia, y, dello por
-bien y lo ménos por blandura, y de ello y lo más por rigor, haciéndole
-muchas amenazas que Diego Velazquez y el Rey lo castigarian sobre
-obra tan inícua, si tal cometia, más de miedo que de voluntad, si no
-me engaño, pasó aquel dia y otro, y así se resfrió poco á poco de la
-crueldad que perpetrar queria, y al cabo los soltó á todos, salvo uno
-que era el mayor señor, segun se decia; éste estuvo y anduvo en cadenas
-hasta que Diego Velazquez vino á juntarse con todos ellos, y lo soltó y
-puso en su libertad. Pasando adelante, de pueblo en pueblo, asegurando
-los indios que en ellos hallaban, fueron camino del pueblo donde sabian
-que estaba el cristiano, y como el señor del pueblo supo que los
-españoles á él se acercaban, salió al camino, creo que á obra de media
-legua, con cerca de 300 hombres, todos ó muchos dellos de cuartos de
-tortuga recien pescada cargados; venian todos delante cantando, y el
-Cacique, señor del pueblo, que era un viejo de más de sesenta años,
-de buen gesto y alegre, que mostraba tener sanas entrañas, detras
-con el cristiano de la mano. Topáronse los indios y cristianos en un
-monte, y así como llegaron los indios á los cristianos, pusieron los
-pedazos de tortuga en el suelo, todavía cantando, y luégo sentáronse;
-llegó el Cacique al capitan Narvaez, y al Padre, y hecha su mesura
-preséntales el cristiano por la mano, diciendo, que aquel habia tenido
-como á hijo, y que lo habia él muy bien guardado, y que si por él no
-fuera, ya los otros Caciques le hubieran muerto y maltractado. El
-Capitan y el Padre lo rescibieron con grande alegría, y en señal de
-agradecimiento lo abrazaron y hicieron el cumplimiento que fué posible
-allí, de palabra; el español, ya cuasi no sabia hablar nuestra lengua,
-sino en la de los indios hablaba las más palabras; sentóse luégo en el
-suelo como los indios, y hacia con la boca y con las manos todos los
-meneos que los indios acostumbraban, en lo cual no poca risa en los
-españoles causaba. Creo que se entendia dél que habia tres ó cuatro
-años que allí estaba; y despues, algunos dias andados, que de su
-lengua y nuestra materna se iba acordando, daba larga relacion de las
-cosas que por él habian pasado. Andando por aquella provincia de la
-Habana, de pueblo en pueblo, los españoles, y pasando de la costa del
-Sur á la del Norte, como frecuentes veces llegaban, por ser la isla
-por allí muy angosta, que de 15 leguas no pasa, hallaron un dia en
-la costa de Sur, donde agora está la villa de la Habana, ó por allí,
-un gran pan de cera amarilla dentro del arena, que pesaria como una
-arroba ó poco ménos, acaso; maravilláronse todos de dónde allí hobiese
-aportado, como hasta entónces no se hobiese por aquella mar navegado,
-sino los navíos que del Darien dos ó tres veces á aquella isla habian
-llegado, y parecia que no habia razon de traer cera, como por entónces
-tuviesen otros cuidados. Nunca ésto se determinó hasta que se descubrió
-Yucatán y la Nueva España, porque descubierto Yucatán, cuya primera
-tierra dista de la punta ó cabo occidental de Cuba 50 leguas y no más,
-la cual provincia es, ó era, de miel y cera muy abundante, y la mar
-de entre ambas á dos tierras es baja, debió ser que alguna canoa de
-indios mercaderes, que por toda aquella costa de Yucatán mercadeaban,
-con tormenta se debió de trastornar, y caida la cera en lo hondo, por
-tiempo, poco á poco, la mar debia de allegarla á la costa de Cuba,
-donde la hallaron; hallaron tambien por toda aquella costa del Norte
-de Cuba, por la Habana en especial, mucha pez que la misma mar sobre
-las peñas y ribera echaba, no sabian de dónde viniese, ó cómo la mar la
-criase, como en la verdad sea cierta especie de betumen ó de pez, no de
-pinos, pero pez verdadera, ó que sirve de lo que la verdadera, hasta
-que despues se pobló un pueblo de españoles en el puerto que nombraron
-del Príncipe; allí se halló, y la hay, mina ó fuente della que se saca
-á pedazos dura, y creo que, á las veces debe manar líquida ó derretida,
-por ventura, que el sol la derrite, porque la que se ve por la costa,
-más es algo líquida que dura ó espesa; mezclándola con mucho sebo ó
-aceite sirve de lo mismo que la pez de pinos y brea para los navíos.
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- CAPÍTULO XXXII.
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-Habiendo en este tiempo Diego Velazquez asentado los vecinos españoles
-que le pareció poner en la villa de Baracóa, repartídoles los indios
-de las provincias de Maycí, la última luenga, y de Bayatiquirí, la
-misma luenga, y no olvidando en el repartimiento á sí mismo y á su
-suegro el tesorero Cristóbal de Cuéllar, y á los que allí más queria,
-y todos ellos dándose priesa en buscar y sacar oro con los desnudos
-indios, determinó de venir á juntarse con el capitan Narvaez y el Padre
-y la demas gente, y ver la tierra de entre medias, y considerar los
-lugares donde convernia constituir ó asentar pueblos de españoles,
-para lo cual escribió que de la Habana se acercasen poco á poco hácia
-donde él venia, y parasen en el puerto Xagua, donde Sebastian de
-Campo habia dejado los cuatro españoles con las tres pipas de vino,
-y así lo hicieron, y vinieron á esperalle al puerto de Xagua, donde
-dijimos arriba, en el libro II y en éste, los indios tener corrales de
-inmensidad de lizas, y haber grande abundancia de aves, y señaladamente
-perdices; habia sin ésto copia mucha de todo bastimento. Llegó al fin
-Diego Velazquez con algunos españoles por la tierra, y por la mar en
-canoas, al dicho puerto de Xagua, donde Narvaez y los demas estaban,
-y aposentáronse todos en la una isleta, de tres que tiene el puerto,
-donde habia un buen pueblo de indios, en la cual estuvieron algunos
-meses todos, sirviéndoles los indios como á Dioses cuanto les era
-posible. En este tiempo envió á descubrir minas, por un rio arriba,
-grande y muy gracioso en su ribera, llamado Arimáo, la penúltima
-luenga, que sale á la mar, media ó una legua fuera del puerto; hallaron
-muy ricas minas y de oro muy fino, como el de Cibao desta isla, y áun
-es harto más blando, y por ésto creo que en más, de los plateros,
-tenido. Aquí comenzó Diego Velazquez á pensar en asentar por allí al
-rededor una villa, y á encomendar ó repartir los indios, y entre los
-otros vecinos, que para la poblacion della se asentaron, fué el dicho
-padre Casas, al cual, como á hombre que mucho habia en todos aquellos
-caminos servido y trabajado, asegurando la mayor parte de aquella isla,
-y excusando hartas muertes de indios, le dió un muy buen repartimiento
-dellos, allí cerca del puerto de Xagua, en un pueblo llamado en lengua
-de indios, creo que Canarreo; aquel Padre tenia estrechísima amistad
-de muchos años atras en esta isla Española con un hombre llamado Pedro
-de la Rentería, varon de gran virtud, cristiano, prudente, caritativo,
-devoto, y más dispuesto, segun su inclinacion, para vacar á las cosas
-de Dios y de la religion, que hábil para las del mundo, las cuales él
-tenia en harto poco y se daba poco por ellas, y ni se sabia dar maña
-para las adquirir; era franquísimo, tanto, que se le podia más atribuir
-á vicio y descuido el dar, segun lo poco que tenia, que á discrecion y
-á virtud. Entre las otras sus buenas costumbres, resplandecian en él
-la humildad y castidad, porque era limpísimo y humilísimo, y, para con
-una palabra notificar sus muchas virtudes, habia sido ó criado, ó que
-habia seguido la doctrina del Santo, primero arzobispo de Granada; era
-latino y tenia sus libros de los Evangelios con la exposicion de los
-santos en que leia, era muy buen escribano, siempre donde vivió, en
-esta isla Española y en la de Cuba, tuvo cargo de justicia ó Alcalde
-ordinario, ó Teniente de Diego Velazquez. Fué hijo de un vizcaino de
-la provincia de Guipúzcoa, hombre virtuosísimo, y de una dueña, que
-debia ser labradora, de la villa de Montanches en Extremadura. Entre
-aqueste siervo de Dios y el dicho Padre, allende la amistad estrecha y
-antigua que tenian, no habia cosa partida, sino que todo lo que ambos
-poseian era de cada uno, y ántes todo se podia decir ser del Padre que
-de el Rentería, porque lo gobernaba y ordenaba todo, como fuese más
-ejercitado _in agibilibus_, y en las cosas temporales más entendido,
-porque el oficio de Rentería y ocupacion no era sino rezar, y de su
-recogimiento y soledad muy amigo, y de las haciendas ó bienes no tenian
-más cuidado del que dije. Así que, como Diego Velazquez trujese de
-la villa de Baracóa consigo al Pedro de la Rentería, dióle indios de
-repartimiento juntamente con el Padre, dando á ambos un buen pueblo y
-grande, con los cuales el Padre comenzó á entender en hacer granjerías,
-y en echar parte de ellos en las minas, teniendo harto más cuidado
-dellas que de dar doctrina á los indios, habiendo de ser, como lo era,
-principalmente aquel su oficio; pero, en aquella materia, tan ciego
-estaba por aquel tiempo el buen Padre, como los seglares todos que
-tenia por hijos, puesto que en el tractamiento de los indios siempre
-les fué humano, caritativo y pio, por ser de su naturaleza compasivo,
-y tambien por lo que de la ley de Dios entendia; pero no pasaba ésto
-mucho adelante de lo que tocaba á los cuerpos, que los indios no fuesen
-mucho en los trabajos afligidos, todo lo concerniente á las ánimas
-puesto al rincon, y del todo punto por él y por todos olvidado, plaga
-que Nuestro Señor ha permitido en todo género de personas de nuestra
-España en estas Indias, por sus secretos juicios. Señaló, pues, Diego
-Velazquez el lugar donde se asentase una villa, nueve ó diez leguas del
-puerto de Xagua hácia el Oriente, porque estaba más en comarca de los
-más pueblos de los indios, donde hacia una manera de puerto, harto mal
-puerto, porque allí se perdieron despues algunos navíos; quiso que se
-llamase la villa de la Trinidad, como si la Santísima Trinidad hobiera
-de ser allí servida. Ordenó que se poblase otra villa más dentro en la
-tierra, cuasi en medio de las dos mares del Sur y del Norte, y llamóla
-la villa de _Sancti Spiritus_; otra señaló en el puerto del Príncipe á
-la costa del Norte, y otra en el Bayámo, que creo que se llamó la villa
-de Sant Salvador, y otra en el puerto de Santiago, que despues fué
-ciudad y cabeza del Obispado de aquella isla. Y así, con la primera,
-que fué la de Baracóa, hobo al principio seis villas, despues el tiempo
-andando, se pobló la del puerto de Carenas, que agora se llama la de
-la Habana, y es la que más concurso de naos y gente cada dia tiene,
-por venir allí á juntarse ó á parar y tomar puerto de las más partes
-destas Indias, digo de las partes y puertos de tierra firme, como es de
-Sancta Marta, Cartagena, del Nombre de Dios, de Honduras, y Trujillo, y
-puerto de Caballos, y Yucatán, y de la Nueva España. Esto es por razon
-de las grandes corrientes y vientos brisas que siempre corren entre
-la tierra firme de Paria y toda aquella costa y esta isla Española,
-porque acaecia estar una nao, desde Sancta Marta, ó Cartagena ó Nombre
-de Dios, ocho ó diez meses que no podia tomar este puerto de Sancto
-Domingo, que no son más de 200 ó 300 leguas, y así hallaron ser ménos
-trabajoso y costoso y más breve andar más de 500 (y áun para hasta
-llegar á Castilla, se rodean más de las 600 para las naos que salen de
-Sancta Marta y Cartagena); así que todas las naos se juntan ó vienen á
-tomar puerto á la Habana de los puertos y partes dichas. Señalados los
-lugares para las dichas villas, y para cada una señalados los vecinos
-españoles, y repartídoles los indios de la comarca, dánse priesa los
-españoles á hacer sudar el agua mala á los pobres y delicados indios,
-haciendo las casas del pueblo y labranzas, y cada español que podia
-echarlos á las minas, y si no en todas las otras granjerías que
-podian. De allí envió Diego Velazquez á Narvaez á pacificar, como
-ellos dicen, la provincia última, que está al cabo más occidental de
-aquella isla, que los indios llamaban de Haniguanica; no me acuerdo
-con cuánto derramamiento de sangre humana hizo aquel camino, aunque
-estuve presente á su ida y su venida, por ser el negocio tan antiguo, y
-pudiéralo despues, dél y los que con él fueron, haber muy bien sabido y
-averiguado. Y porque ya todo lo que más hay que decir de aquella isla,
-con parte de lo ya dicho, pertenece al año de 14 y 15 sobre 500, será
-bien dejallo aquí hasta su tiempo, y tornar sobre lo acaecido en el año
-de 512 y 13 y 14 en esta isla, y en las otras partes que por aquellos
-tiempos se trataban destas Indias.
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- CAPÍTULO XXXIII.
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-Ya dijimos en el cap. 19, como el siervo de Dios, padre fray Pedro de
-Córdoba, que trujo la órden de Sancto Domingo primariamente á esta
-isla, fué á Castilla, y lo que allá hizo, y el crédito que el Rey
-católico le dió, y en la veneracion en que lo tuvo, y como, viendo
-que la perdicion de los indios creciendo iba por la ceguedad de los
-que aconsejaban al Rey, letrados, teólogos y juristas, y conociendo
-juntamente, que donde hobiese españoles no era posible haber
-predicacion, doctrina, ni conversion de los indios, suplicó al Rey que
-le diese licencia para se ir con cierta compañía de religiosos de su
-Órden, á tierra firme, la de Paria, y por allí abajo, donde españoles
-no tractaban ni habia, y el Rey, como católico, se holgó mucho dello y
-le mandó proveer de todo lo necesario para su viaje y estada en tierra
-firme á sus oficiales desta isla; conviene agora tractar de cómo tornó
-el venerable Padre con sus provisiones á esta isla, y cómo puso por
-obra su pasada á tierra firme. Presentadas las provisiones Reales á los
-oficiales del Rey, luégo las obedecieron, y, cuanto al cumplimiento, se
-ofrecieron de buena voluntad, cada y cuando que quisiese, á complillas,
-y entretanto que se aparejaba, despachó él todos los religiosos que
-habian de ir, los bastimentos y aparejos para edificar la casa, y
-todo lo demas que habian de llevar, y dónde y cómo habian de poblar;
-deliberó el siervo de Dios de enviar primero tres religiosos á tierra
-firme, como verdaderos Apóstoles, para que, solos entre los indios de
-la parte donde los echasen, comenzasen á predicar y tomasen muestra de
-la gente y de la tierra, para que de todo avisasen, y sobre la relacion
-que aquellos hiciesen lo demas ordenar. Pidió, pues, á los oficiales
-del Rey, el dicho padre, que mandasen ir un navío á echar á aquellos
-tres religiosos en la tierra firme, la más cercana desta isla Española
-y los dejasen allá, y despues, á cabo de seis meses ó un año, tornase
-un navío á los visitar y saber lo que habia sido dellos. Los Oficiales
-lo pusieron luégo por obra, y mandaron aparejar un navío que los
-llevase; dista desta isla, aquella parte de tierra firme, 200 leguas.
-Nombró el siervo de Dios para este apostolado, é impuso, en virtud
-de santa obediencia y remision de sus pecados, al padre fray Anton
-Montesino, de quien arriba hemos hablado, que predicó primero contra
-la tiranía que se usaba con los indios, y anduvo en la corte, como
-queda declarado, y á un religioso llamado fray Francisco de Córdoba,
-presentado en teología, y gran siervo de Dios, natural de Córdoba, y
-que el padre fray Pedro mucho queria; dióles por compañero al fraile
-lego fray Juan Garcés, de quien dijimos arriba, en el cap. 3.º, que
-siendo seglar en esta isla, fué uno de los matadores y asoladores
-della, tambien habia muerto á su mujer, el cual, despues que recibió
-el hábito, habia probado en la religion muy bien, y hecho voluntaria
-gran penitencia. Todos tres, muy contentos y alegres, dispuestos
-y ofrecidos á todos los trabajos y peligros que se les pudiesen
-por Cristo ofrecer, porque confiados y seguros por la virtud de la
-obediencia, que de parte de Dios les era impuesta (que ninguna otra
-mayor seguridad, el religioso en esta vida puede tener para ser cierto
-que hace lo que debe, y que todo lo que le sucediere ha de ser para su
-bien), rescibida la bendicion del santo padre, se partieron; llegados á
-la isla de Sant Juan, el padre fray Antonio Montesino enfermó allí, ó
-por el camino, de peligrosa enfermedad, de manera que pareció haber de
-padecer riesgo su vida, si adelante con aquella indisposicion pasaba,
-por lo cual acordaron que se quedase allí hasta que convaleciese. El
-presentado y padre fray Francisco de Córdoba, y el hermano fray Juan
-Garcés, lego, fueron su viaje, y díjose que con alegría iba cantando
-aquello de David: _Montes Gelboe nec ros nec pluvia cadat super vos,
-ubi ceciderunt fortes Israel_. Llegados á tierra firme, salieron en
-cierto pueblo, que por mi inadvertencia no procure saber, cuando
-pudiera, cómo se llamaba, él debia ser, segun imagino, la costa de
-Cumaná abajo. Los indios los rescibieron con alegría, y les dieron de
-comer y buen hospedaje, á ellos y á los marineros que los llevaron, y
-despues de que los marineros descansaron, tornáronse á esta isla, de
-donde los oficiales del Rey los habian enviado. Pasados algunos dias,
-y quizá meses, como ya comenzaba á bullir en los españoles la cudicia
-de las perlas que por allí se pescaban cerca, vino por allí un navío
-á rescatar perlas y á robar tambien indios, si pudiera, porque ya lo
-mismo se comenzaba, ó queria comenzar, por allí otra vendimia, como
-en las islas de los Lucayos los españoles habian hecho, de que abajo
-se dirá, si Dios quisiere. Saltaron en tierra los españoles que en
-el navío venian, y como vieron los religiosos, holgáronse mucho con
-ellos, y los indios que siempre que vian navíos tenian miedo por los
-daños muchos que, por aquella costa, de los españoles habia recibido
-los años pasados, como en el libro I y II se dijo, por tener la prenda
-que tenian en los religiosos, y la seguridad que los religiosos les
-daban, que no rescibirian daño, no huyeron del pueblo, como solian,
-ántes rescibieron á los españoles, mostrando de verlos contentamiento;
-y así los hospedaron y proveyeron de comida, de todo lo que tenian,
-abundantemente. Estuvieron allí en fiesta y conversacion amigable
-los unos con los otros algunos dias, y uno dellos convidaron al
-señor del pueblo, que se llamaba Alonso, ó D. Alonso (no supe si los
-religiosos aquel nombre le pusieron, ó quizá algunos cristianos que
-por allí habian de ántes pasado, porque los indios comunmente son
-amigos de tener nombres de españoles), convidáronlo, digo, á él y á
-su mujer, que fuesen á ver el navío, y que les darian allá de comer
-y se holgarian; el Cacique ó señor del pueblo aceptó el convite con
-aprobacion de los religiosos, porque creia tener buena prenda en ellos
-teniéndolos en su pueblo, porque de otra manera no se fiara de la
-verdad de los españoles, y con esta seguridad entra en la barca, con
-su mujer y 17 personas, que debian de ser hijos, y deudos, y queridos
-criados. Llévanlos al navío, y entrando dentro y alzando las anclas,
-y desplegando las velas, y echando mano á las espadas para metellos
-debajo de cubierta, porque no se echasen al agua, fué todo uno. Aquí es
-de considerar, qué sintirian la gente del pueblo que desde la ribera
-los estaban mirando, y cuál sería el sobresalto que los religiosos
-rescibirian cuando acudiesen á ellos, que deberian estar en un aposento
-rezando descuidados, todos los vecinos del pueblo alborotados, dando
-voces, preguntándoles que qué podia ser aquello que á su señor con los
-demas llevasen los cristianos. Acométenlos á matar, creyendo que habian
-sido ellos en la maldad de llevalles su señor los españoles, excúsanse
-cuanto pueden lo frailes; los unos y los otros, no hacen sino llorar
-y plantear. Hácenles entender, que, en viniendo por allí otro navío,
-enviarán á decir á los otros cristianos, y Padres que en esta isla
-estaban, que hagan luégo tornarlos, y señálanles que desde á cuatro
-lunas ó meses los tornarán, y otros cumplimientos que pudieron hacer
-para los aplacar y que no los matasen. Estando en esta tribulacion y
-angustia tan acerba y tan grande los indios y lo frailes, para mayor
-condenacion de algunos de lo que en ésto fueron culpados, y para algun
-consuelo de los religiosos y suspender la ira y amargura de los indios
-con alguna esperanza, trujo Dios por allí un navío, que no causó poca
-alegría en ambas á dos partes; saltaron en tierra los del navío,
-hallan los frailes y los indios atribulados, dánles los religiosos,
-del mal tan grande cometido, parte; no se espantaron, porque sabian
-que aquellas obras tales eran propias, dellos mismos quizá tambien
-acostumbradas; ofrécese á los religiosos y á los indios de venir presto
-á esta isla, y dar nueva dello, y trabajar que el Cacique Alonso ó D.
-Alonso, con su mujer y los demas, á su tierra y casa tornasen. Escriben
-los religiosos al padre santo, fray Pedro de Córdoba lo acaecido, y
-el estado y peligro en que quedaban, y que tuviesen por cierto, que si
-dentro de los cuatro meses que habian señalado á los indios, el Cacique
-no era tornado, que los habian los indios de matar; el navío se partió
-para esta isla con este recaudo.
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- CAPÍTULO XXXIV.
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-Llegado el primer navío que habia hecho la traicion, con su cabalgada
-de inocentes, al puerto de Sancto Domingo, ó los vendió el Capitan del
-navío por esclavos, ó se los tomaron los mismos oidores, no creí yo que
-por detestacion del pecado tanto, cuanto porque no lo habia hecho con
-su licencia y autoridad, y ésto, no sabiendo áun que los hobiese tomado
-de la tierra y pueblo donde quedaban los religiosos; y la diligencia
-que hicieron, para restituirlos en su libertad y á sus tierras, fué
-repartillos entre sí los mismos jueces ó oidores, ó por esclavos, ó
-por naborias para perpétuamente servirse dellos. Habia en estas islas,
-entre los españoles, dos maneras de esclavos perpétuos, la una, los
-que podian vender públicamente, como los que tomaban en las guerras, y
-la otra, los que no se podian vender que se supiese, y éstos llamaban
-naborias, puesto que para vendellos, tambien secretamente, buscaban
-y tenian mil mañas y cautelas; comunmente llamaban los indios en su
-lengua naborias los criados y sirvientes ordinarios de casa. Desde á
-pocos dias llegó el otro navío con las cartas de los religiosos y las
-nuevas de la obra que aquellos habian hecho; entónces, el Capitan, que
-principalmente la habia cometido, sintiendo que su insulto y maldad
-era descubierta, acogióse al monasterio que allí se comenzaba de la
-Merced, y tomó el hábito por miedo de la justicia. Vistas las cartas
-de los religiosos los del monasterio de Sancto Domingo, y conocido el
-grande y cierto peligro en que aquellos quedaban, fué el padre fray
-Anton Montesinos, que ya era venido á esta isla de la de Sant Juan, á
-donde habia quedado enfermo, y mostró las dichas cartas á los oidores,
-rogándoles y suplicándoles, y despues muchas veces requiriéndoles,
-proveyesen de poner en libertad al cacique D. Alonso, y á su mujer, y á
-sus 17 personas, y los mandasen meter con toda brevedad en un navío y
-restituillos en su tierra ántes que á los frailes matasen los indios.
-Aprovecharon poco los ruegos y clamores y requerimientos que se les
-hicieron, ni el riesgo y peligro y cierta muerte de los religiosos que
-en tierra firme quedaban, y escándalo de aquellas gentes é infamia de
-la religion cristiana que de allí resultaba, que les representaron,
-porque todo lo pospusieron por no dejar las personas que de aquel
-robo á cada uno habian cabido, cuanto entre sí los repartieron; de
-estas justicias han sido innumerables las que los jueces del Rey han
-ejercitado en estas Indias. Por manera, que así se consumieron el
-cacique D. Alonso y los suyos en los trabajos y provechos temporales
-de aquellos jueces, y los indios de tierra firme, pasadas las cuatro
-lunas ó meses, viendo que los frailes no salian verdaderos en lo que
-les habian dicho, que se les restituiria su Cacique, acordaron de
-matallos y en efecto los mataron; y así, cierto, fué mártir fray Juan
-Garcés, habiendo sido en esta isla uno de los destruidores della, y
-otro diablo; del presentado y felice padre fray Francisco de Córdoba,
-ménos hay que dudar, segun era tenido por religiosísimo y siervo de
-Dios. Del martirio de los semejantes ningun cristiano prudente debe
-titubear, como quiera que allí hubiesen ido mandados por la obediencia
-de su Prelado, y por causa de la predicacion de la fe enviados y
-ellos otro fin no pretendiesen; y esta causa dá forma propiamente
-al martirio, puesto que los indios no los mataron por la fe, sino
-como á españoles de quien sospechaban haber tenido parte ó arte en
-la injuria, injusticia y daño que se les habia hecho llevándoles su
-señor por haberse fiado dellos, ó como á parte y personas de aquella
-nacion contra quien tenian ya justa guerra, ya que á los predones
-é injuriadores no podian haber. Finalmente, cuanto á la razon del
-martirio de parte dellos toca, ellos fueron muertos por la fe y así se
-debe tener por cierto estar reinando con Jesucristo Supimos despues,
-de algunos indios, que primero mataron al fraile lego estando el
-Presentado atado y viéndolo matar, en lo cual parece haber proveido
-la bondad divina á la flaqueza del fraile lego, que pudiera en la fe
-y virtud desmayar, dejando para la postre al que, como más ejercitado
-en la virtud y religion, y tambien en las letras, debia tener mayor
-constancia. Aquí podrá cualquiera pio cristiano y áun discreto varon,
-considerar, quién dará cuenta á Dios y cuánto se les habrá zaherido
-(porque todos son muertos), la muerte de aquellos siervos de Dios, y la
-predicacion de tantas ánimas como hobieran de los indios convertido,
-aunque no fuera más de baptizar los niños, que desde entónces acá,
-que han pasado cuarenta y ocho años largos, que murieron y mueren sin
-bautismo. Dejo de decir el escándalo grande que por toda aquella tierra
-hobo, y aborrecimiento de los cristianos y nombre de Cristo, y por
-consiguiente de los religiosos, por quien habian de ser alumbrados y
-convertidos, lo cual todo, no ha causado chica jactura en la Iglesia
-de Jesucristo, tomando principio de allí la perdicion grande de aquel
-gran pedazo de tierra firme. Añidiéronse luégo á aquellos muchos otros
-escándalos que los españoles, con achaque de ir á sacar perlas de la
-isleta de Cubagua, que allí está junto, á los vecinos y gente que por
-aquella costa vivian, cada y cuando que podian, hacian. Acordaron de
-hacer un pueblo en la misma isleta, y, porque no tiene agua ninguna
-potable, iban en barcos al rio de Cumaná, que está de allí 7 leguas y
-traiánla en pipas, de donde resultaba mil insultos que cometian en los
-indios, como abajo, si Dios quisiere, será dicho; acrecentaron otros
-buenos recaudos, y éstos fueron señalados muy muchos y execrables,
-conviene á saber, que como los indios desta isla se iban del todo
-acabando, y habian tambien acabado los innumerables vecinos de las
-islas de los Lucayos, acordaron de hacer armadas de dos y de tres
-navíos, para ir á saltear las gentes de aquella tierra firme y traerlas
-á esta isla, y hacer dellos lo que de los naturales della hicieron y de
-los que trujeron de las dichas islas de los Lucayos. Los estragos que
-con estas armadas en aquella tierra firme y en las islas comarcanas
-cometieron, si Dios quisiere, parecerán abajo, y así, por toda aquella
-tierra firme quedó el nombre de Jesucristo y de la religion cristiana
-tan infamado, cuanto ninguno lo puede encarecer ni áun imaginallo.
-
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- CAPÍTULO XXXV.
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-El primer Obispo que, de los nombrados arriba y primeros de todas
-las Indias, que fueron señalados para esta isla y para la de Sant
-Juan, vino á ella consagrado, fué el licenciado D. Alonso Manso, que
-dijimos ser canónigo de Salamanca. Este era teólogo y persona de muy
-buena vida, en las cosas del mundo no muy experimentado, hombre recto,
-humilde, simple y llano, y, por estas calidades virtuosas, del Rey y
-de la Reina bien estimado; al cual cometieron que visitase aquella
-Universidad de Salamanca, y porque los doctores y catedráticos salieron
-al recibimiento, creo, del príncipe D. Juan ó de los mismos Reyes, con
-ciertas vestiduras de seda ó raso, á costa del arca de la Universidad,
-los condenó en que de sus casas lo pagasen, y fué aquesta condenacion
-entónces harto notada y nombrada. Venido á su obispado é isla de Sant
-Juan, como en Castilla se tenia en práctica que la granjería principal,
-con que acá se allegaban dineros y adquirian oro los hombres, era tener
-repartimiento de indios para echarlos en las minas, nunca haciéndose
-caso ni boqueándose que los indios cada dia perecian en las minas,
-matándolos, y en los otros trabajos al sacar del oro ordenados, debió
-de pedir el señor Obispo al Rey que le diese su repartimiento como á
-los demas se daba. Finalmente, que tuvo repartimiento de indios, y
-sirviéndose dellos, no sabré decir si los hizo echar á las minas, ó se
-contentó con ocupallos solamente en los otros trabajos, como eran en
-las labranzas donde se hacia el pan y lo demas para mantener la casa,
-pero con todas sus virtudes y teología, no cayó en su ceguedad, y de
-los españoles á quien él era obligado á alumbrar, de como aquellas
-gentes eran opresas y tiranizadas contra toda razon y justicia, y
-perecian sin doctrina, y sin fe y sacramentos eternalmente; y en su
-tiempo, que no fué poco lo que vivió en aquella isla, dentro del cual
-cuasi todos murieron, no hobo más cuidado ni memoria de la obligacion
-que él y los españoles tenian á la enseñanza é instruccion de aquellas
-gentes, y á no se servir dellos donde perecian, que si no fueran
-hombres, y así, con este descuido y simplicidad, murió el buen Obispo,
-aunque no faltó quien, muchos años ántes que muriese, en Castilla, le
-avisase. Pocos meses despues de llegado á aquella isla, quiso llevar
-diezmos personales á los vecinos españoles dellas, dándole el diezmo de
-lo que cada uno, por su persona adquiriese, y creo que debia tambien
-pretender del oro que ganasen y adquiriesen de las minas y de las otras
-granjerías con los indios, pero los españoles resistieron, como sepan
-volver por sí. No sé los comedimientos que el Obispo con ellos hizo,
-ni los que ellos con él hicieron, pero él procedió con sus censuras
-contra ellos, como á pertinaces desobedientes, lo mismo hicieron ellos,
-con harta temeridad y desvergüenza, porque, por escarnio y haciendo
-burla dél, lo descomulgaban ellos; quitábanle, á lo que yo me acuerdo,
-la comida ó parte della, en lo que ellos podian, hiciéronle grandes
-desacatos y molestias, en tanto grado, que, como era manso y humilde,
-no pudiéndolas sufrir ó no sabiendo darse á manos con ellos, acordó
-de se ir á Castilla á quejarse al Rey, ó á tornarse á Salamanca, á
-su canongía. Estuvo en Castilla tres ó cuatro años, y no faltando
-quien le acusase la consciencia, y tambien quien le nombrase para
-Inquisidor en esta isla, hóbose de tornar, y estuvo aquí algun año ó
-dos, entendiendo en las cosas del Santo Oficio, y despues se fué á su
-Obispado, donde, como se dijo, vivió muchos dias. No tractó más de
-los diezmos personales por evitar el escándalo, aunque era escándalo
-de malicia, porque todo hombre cristiano es obligado por derecho á
-pagar los diezmos personales, si la Iglesia lo pide. Los pecados que
-en aquellas desobediencias y menosprecios de las censuras, y afrentas,
-y escarnios que de su Prelado y Obispo cometieron, algunos de los
-culpados los comenzaron á pagar en esta vida; de uno se yo que murió
-malamente, porque, estando en su cama seguro, entró otro y le dió de
-puñaladas, y así, creo yo, que á los demas les vinieron en esta vida
-tribulaciones hartas, como sobrevinieron en aquella isla, sino que
-no hemos mirado en ello, aunque bastaba para provocar la indignacion
-divina y destruillos á todos haber ellos destruido los indios. El
-obispo de la Concepcion y de la Vega desta isla, no vino á ella sino
-despues de algunos años, y entretanto envió un Provisor, llamado D.
-Cárlos de Aragon, doctor de París en teología, solemnísimo predicador,
-que donde predicaba todo el mundo se iba tras él por oirlo. Este
-doctor, como era aragonés, y el tesorero Pasamonte lo era tambien, y
-era persona de tan grande autoridad en esta isla, y en Castilla con
-el Rey, é Conchillos, el Secretario, aragonés, y que rodeaba todo lo
-de estas partes, y el Factor desta isla tambien aragonés, y con ser
-doctor de París y tener grande gracia de predicar, y caballero, que áun
-dijeron ser pariente del Rey, con todos estos adminículos y favores,
-y no haber en esta isla entónces letrados, sino los frailes de Sancto
-Domingo, y éstos, viviendo en su pobreza y humildad, haciendo poco
-estruendo de lo que sabian, el doctor don Cárlos, cierto, daba de sí en
-los sermones grandes y claras señales de arrogancia y presuncion; entre
-otras era, que los briales de su madre vendia para estudiar en París,
-y los estudios y trabajos que en adquirir las letras que sabia habia
-pasado. Alegaba muchas veces á su maestro Joanes Majoris en el púlpito,
-y cuando lo alegaba tiraba el bonete, diciendo con gran reverencia:
-«esto dice el tal doctor Joanes Majoris»; subió más su presuncion,
-á mostrar tener en poco la doctrina de Sancto Tomás, y hablar del
-Santo con una manera de menosprecio, diciendo así cuando tractaba de
-materias: «perdone el señor Sancto Tomás, que en ésto no supo lo que
-dijo,» y cuando esto decia, quitaba el bonete. En este tiempo predicaba
-muy sueltamente proposiciones nuevas y que, oidas por los religiosos
-de Sancto Domingo, que los seglares les iban á referir, juzgaban ser
-escandalosas y mal sonantes, y entre otras, entendieron que cogian los
-seglares, decir D. Cárlos en ciertas materias, no ser pecado mortal
-lo que lo era, por manera que, pareciéndoles que el pueblo comenzaba á
-padecer peligro oyendo doctrina no sana, acordaron de ocurrir á ello,
-y no me acuerdo sobre qué materia, que habia predicado D. Cárlos,
-mandó el Vicario de los frailes á un padre fray Bernardo de Sancto
-Domingo, que era el más docto y habia sido uno de los primeros que
-habian traido la Órden acá, que fuese á fijar ciertas conclusiones
-en el púlpito de la iglesia de la ciudad, contra la doctrina que
-habia predicado D. Cárlos, estando toda la iglesia llena de gente,
-que debia ser dia de fiesta. El tesorero Pasamonte y todos los demas,
-ó con buen celo por impedir escándalo, ó porque la honra, crédito y
-autoridad que habia D. Cárlos adquirido en esta isla, no padesciese
-algun daño, rogando é importunando mucho al padre fray Bernardo, le
-impidieron que las conclusiones no fijase; el cual, visto que aunque
-porfiase á fijarlas no podria salir con ello, porque por bien ó por
-mal no lo dejaran, acordó tornarse á su casa sin hacer más; lo que
-pudieron hacer los religiosos fué, recoger las más proposiciones que
-pudieron haber, que D. Cárlos habia, ó era fama entre los seglares que
-habia predicado, y enviarlas á España al Provincial, para que allá las
-viesen, y lo que conviniese remediasen. Desde á algunos dias, acuerda
-D. Cárlos irse á España; llegó á Sevilla y mudó la color del hábito,
-vistiéndose de paño humilde y pardo. Comienza á predicar en muchas
-iglesias y lugares, y váse toda la ciudad tras él, donde quiera que
-predicaba; ó por el aviso que de acá los religiosos de Sancto Domingo
-dieron, ó porque Dios no se olvidaba de la honra y autoridad de Sancto
-Tomás, comenzaron á le ir á oir é notar los frailes de la Órden lo que
-predicaba. De Sevilla váse á Castilla y á la corte, predica por ella,
-vánle á oir los frailes, colígenle muchas proposiciones no dignas de
-verdadero cristiano, y, segun entendí, el padre fray Diego de Victoria,
-solemnísimo predicador en España, de la misma Órden, y hermano del
-maestro fray Francisco de Victoria, que tanta claridad por su doctrina
-desparció en España, denunció dél á los inquisidores veinticinco ó
-treinta errores y herejías, que habia predicado. Prendiéronlo, y
-al cabo, en Búrgos lo sentenciaron á que se retractase y desdijese,
-y anatematizase, creo que, de veinticinco erróneas proposiciones de
-diversas calidades, dañadas; el cual, en presencia de toda la corte,
-en la iglesia mayor de Búrgos, creo, el año de 513, subido en un
-púlpito, se desdijo y retractó y anatematizó, segun le sentenciaron,
-y retractándose de cierto error, dijo: «en ésto que dije de tal y tal
-materia, digo que dije mal.» Responde el obispo de Búrgos, que era D.
-Juan Rodriguez de Fonseca, del que arriba hemos hablado y hablaremos,
-si place á Dios, áun harto, á alta voz: «decid que mentísteis»; dice
-D. Cárlos, «digo que mentí.» Condenáronlo en privacion perpétua de la
-predicacion, y que todos los dias de su vida estuviese en un monasterio
-haciendo penitencia, encerrado, y, finalmente, nunca él despues jamás
-pareció; y díjose que el Rey católico trabajó mucho de que con él se
-hobiese la Inquisicion piadosamente y no saliese afrentado, así como
-por ser aragonés y más como deudo suyo, pero no pudo acaballo. Y por
-ésta manera hirió y castigó la divina justicia la soberbia y arrogancia
-de D. Cárlos, y volvió por la doctrina y santidad del santo doctor
-Sancto Tomás, á quien habia en sus sermones, cuando dél hablaba,
-irreverenciado.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XXXVI.
-
-
-En el libro I hicimos mencion de cómo el Almirante primero, que estas
-islas é Indias descubrió, entre otras, hizo edificar una fortaleza
-en la Vega, junto al pié del cerro grande donde se puso la cruz que
-dura hasta hoy, con la cual toda esta isla tiene gran devocion; esta
-fortaleza era de tapias y madera, la cual, para se defender pocos
-españoles de indios desnudos, en cueros, sin armas, como éstos eran,
-era más fuerte, mucho, que Salsas para contra franceses. En este tiempo
-de que vamos en este libro hablando, ya la fortaleza se iba cayendo,
-ó lo más della era caido, y ni habia para qué haber fortaleza, como
-fuesen muertos los indios todos, y ni para otros enemigos, porque
-si para otros hobiera de ser, si no eran pájaros, poco aprovechaba
-aquella; con todo ésto no faltó quien diese aviso en Castilla, que se
-pidiese el Alcaidía della, y el Rey la dió con cierta quitacion cada
-año por ella, engañado por los que le servian, llevándole ó haciéndole
-llevar sus dineros, sin fruto y sin provecho, como cada dia vemos que
-inventan oficios sin ser menester, sólo para su interese y provecho y
-para hacer sus casas, y de los que ellos quieren, aquellos de quien
-el Rey más se fia en estas Indias, y aún en Castilla, y ésto no es
-sino robar al Rey, sin temor de Dios y suyo, y lo peor es que se lo
-venden por servicio. Así que, por ésta misma forma fué lo de aquesta
-fortaleza, que estando caida ó que se caia, y en un desierto, como está
-toda aquella Vega, porque muertos los indios, luégo se despobló de
-españoles, y no paró en ella algun vecino, pidiéronla al Rey católico,
-y hizo merced de la Alcaidía della como si fuera la de Fuenterrabía;
-ésta se concedió á un Rodrigo de Alburquerque, hombre de autoridad y
-que tenia manera de caballero, y, segun se dijo, era muy deudo del
-licenciado Zapata, que, segun arriba queda dicho, era el de los
-del Consejo de quien más el Rey caso hacia, por ser de gran seso y
-en el Consejo muy antiguo. Este Rodrigo de Alburquerque vino á esta
-isla, y tuvo la fortaleza ó tapias podridas, pero lo principal era
-repartimiento de indios; estuvo acá no mucho tiempo, y habidos algunos
-dineros, sacados con los sudores de los indios en oro de las minas,
-para tornar con mejor cargo fuese á Castilla, y bien creo que dejó su
-casa é granjerías enhiestas, y para las aumentar los tristes indios.
-Llegado allá, negoció luégo lo que le debia de haber llevado, y ésto
-fué ser repartidor de los indios; y éste fué el primero repartidor
-de indios, sin ser Gobernador, porque hasta entónces siempre anduvo
-con la gobernacion el repartir de los indios. Este oficio, apartado
-de la gobernacion, era el que hacia, hiciera, y hoy haria, señor
-de toda la provincia ó reino al que lo tenia ó tuviese, al cual se
-temeria y adoraria, no se curando ninguno del que fuese Gobernador y
-administrase la justicia, porque poder dar ó quitar indios, ésto es lo
-que se ha estimado, amado y temido por los españoles en estas Indias;
-lo cual, conosciendo bien un docto y sancto religioso de la órden de
-Sancto Domingo, que escribió un tractado breve contra la tiranía del
-repartimiento en esta isla, de que abajo, si Dios quisiere, se hará
-mencion, dijo que los españoles adoraban dos ídolos en estas tierras,
-uno mayor, y otro menor: el mayor era el que repartia los indios, al
-cual, por contentarlo, porque diese ó no quitase los indios, hacian
-mil maneras de cirimonias, lisonjas y mentiras, y honores, en lugar
-de sacrificios; el ídolo menor eran los desventurados indios, á los
-cuales no estimaban ni amaban, y adoraban las personas, sino el uso,
-trabajos y sudores, como se usa del trigo, del pan ó del vino, y si
-queremos podemos no absurdamente decir, que, al cabo, en cada demora ó
-temporada, que duraba el sacar del oro, al mismo oro sacrificaban los
-indios matándolos en las minas. Tornando al propósito, alcanzó Rodrigo
-de Alburquerque, del Rey, fácilmente, por estar de por medio el dicho
-licenciado Zapata, el oficio de repartidor de los indios en esta
-isla, y fué aquel oficio quitado al almirante D. Diego, que gobernaba
-esta isla, y así de la gobernacion distincto; de lo cual el Almirante
-se agravió despues, y sobre ello pedia justicia, puesto que tan poca
-tenia él como Alburquerque para pedillo por la parte que tocaba á la
-injusticia que á los indios en ello se hacia, pero, si fuera otra cosa
-de preeminencia y aprovechamiento de honra ó de hacienda, ninguna
-duda se debe tener sino que, por sus privilegios, muy bien ganados y
-merecidos por su padre, se le debia de justa justicia. Vino, pues, por
-repartidor Rodrigo de Alburquerque á esta isla, y el poder que le dió
-el Rey trujo una cláusula, que hiciese el repartimiento general con
-parecer del tesorero Pasamonte, porque ya está dicho arriba, que el
-tesorero Pasamonte fué una persona muy prudente y de mucha autoridad, y
-de gran crédito para con el Rey, y cuasi todo lo que por entónces habia
-por estas partes poblado de españoles se gobernaba en Castilla por su
-parecer. Tambien queda dicho en el segundo libro, como cuando vino el
-dicho tesorero Pasamonte á esta isla, que fué el año de 508, habian
-quedado en ella de las multitudines de vecinos y gentes que habia,
-60.000 indios, no vecinos, sino chicos y grandes, mujeres y niños, y el
-año de 509, cuando vino el Almirante segundo, D. Diego, habia 40.000;
-pero cuando vino este Rodrigo de Alburquerque por repartidor el año de
-514, habia hasta 13 ó 14.000 indios, por manera que, por estos grados,
-iban matando y destruyendo estas gentes nuestros españoles, con la
-priesa que les daban, echándolos á las minas y á los otros trabajos
-á ellas ordenados, por hacerse ricos, lo cual nunca alcanzaron, sino
-siempre vivian en hambre y sed de oro, y todo se les deshacia entre
-las manos, y al cabo los más morian llenos de deudas, y muchos no
-salian de cárceles, y otros huian por los montes, y, escondidos en
-navíos, se pasaban á otras partes destas Indias los que podian. Esto
-era manifestísimo juicio de Dios, para que se cognosciese la iniquidad,
-injusticia y crueldad que á estas gentes se hacia, y cuán bañado en
-sangre humana era todo lo que adquirian.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XXXVII.
-
- En el cual se contiene cómo se hobo el repartidor Alburquerque en
- el repartimiento que hizo.--Como se dijo que habia vendido los
- repartimientos.--Los clamores y quejas que dieron dél.--Cómo rezaba
- la Cédula de la Encomienda, y lo que proveyó el Rey sobre las
- quejas que dél á Castilla fueron.
-
-
-Venido, pues, Alburquerque con su oficio de repartidor, adobó todo lo
-que hasta entónces se habia errado cerca de los tristes indios por
-esta vía; mandó apregonar con gran solemnidad el repartimiento general
-de toda esta isla, como si fuera desde su primer descubrimiento que
-estaba de gentes plenísima; mandó visitar y contar todos los indios
-que habia en la isla, y en éste comedio, pasando algunos dias, díjose
-que, hablando con los españoles vecinos que tenian dineros, y que
-esperaban repartimiento de indios, y otros quizá que no lo esperaban,
-decia que se habia casado con una doncella de mucho merescimiento y
-que habia menester dineros, que le harian gran placer si le prestasen
-algunos los que los tenian, y por otras vías y cautelas daba á
-entender, que quien quisiese indios, ó más en número que otro, indios
-ó indias, más cercanos de las minas ó más dispuestos al propósito de
-dar mayor provecho al que le cupiesen, que le habia de dar dineros.
-Finalmente, como quiera que ello fué, se publicó y se dieron quejas
-dél grandísimas, que habia vendido los repartimientos de los indios ó
-algunos dellos; pues como los 13.000 ó 14.000 indios estaban repartidos
-en los muchos vecinos que habia en esta isla, que eran el resíduo y
-las heces de los que cada uno habia muerto, y hobo de engrosar los
-repartimientos para darlos á los que le parecia ó queria hacer más
-honra, por amor ó por favor, ó á quien los habia vendido, dejó á
-todos los más, ó á muchos de los vecinos, sin darles algunos indios;
-de aquí fueron terribles los clamores que los que sin indios quedaron
-daban contra él, como contra capital enemigo, diciendo que habia
-destruido la isla. La Cédula que daba del repartimiento y encomienda
-rezaba desta manera: «Yo, Rodrigo de Alburquerque, repartidor de
-los Caciques é indios en esta isla Española, por el Rey é la Reina,
-nuestros señores, por virtud de los poderes Reales que de Sus Altezas
-hé y tengo para hacer el repartimiento y encomendar los dichos Caciques
-é indios é naborias de casa á los vecinos é moradores desta dicha
-isla, con acuerdo y parecer, como lo mandan Sus Altezas, del señor
-Miguel de Pasamonte, Tesorero general en estas islas y tierra firme
-por Sus Altezas; por la presente, encomiendo á vos, Nuño de Guzman,
-vecino de la villa de puerto de Plata, al cacique Andrés Guaybona con
-un Nitayno suyo, que se dice Juan de Barahona, con 38 personas de
-servicio, hombres 22, mujeres 16; encomendósele en el dicho Cacique,
-siete viejos que registro, que no son de servicio, encomendósele en
-el dicho Cacique, cinco niños que no son de servicio, que registro,
-encomendósele asimismo dos naborias de casa, que registro, los
-nombres de los cuales están declarados en el libro de la visitacion
-y manifestacion que se hizo en la dicha villa ante los Visitadores y
-Alcaldes della; los cuales vos encomiendo para que vos sirvais dellos
-en vuestras haciendas, é minas, é granjerías, segun é como Sus Altezas
-lo mandan, conforme á sus ordenanzas, guardándolas en todo y por todo,
-segun é como en ellas se contiene, é guardándolas vos, los encomiendo
-por vuestra vida é por la vida de un heredero hijo é hija si lo
-tuviéredes, porque de otra manera Sus Altezas no vos los encomiendan,
-ni yo en su nombre vos los encomiendo: con apercibimiento que vos hago,
-que, no guardando las dichas ordenanzas, vos serán quitados los dichos
-indios. El cargo de la conciencia del tiempo que los tuviéredes, é
-vos sirviéredes dellos, vaya sobre vuestra consciencia é no sobre las
-de Sus Altezas, demás de caer é incurrir en las otras penas dichas
-é declaradas en las dichas ordenanzas. Fecha en la ciudad de la
-Concepcion, á 7 dias del mes de Diciembre de 1514 años.--Rodrigo de
-Alburquerque.--Por mandado del dicho señor Repartidor, Alonso de Arce.»
-Bien hay que considerar cerca desta encomienda, y de la firma de la
-Cédula, y lo primero, á cuánta infelicidad de diminucion y perdicion
-habia llegado esta isla, que donde habia sobre tres millones de vecinos
-naturales della, y que aquel Cacique y señor Guaybona, por ventura
-tuvo, como todos comunmente los menores señores áun tenian, sobre 30 y
-40.000 personas en su señorío, por súbditos y 500 Nitaynos (Nitaynos
-eran y se llamaban los principales como Centuriones y Decuriones
-ó jurados, que tenian debajo de su gobernacion y regimiento otros
-muchos), le encomendase Alburquerque á Nuño de Guzman un Nitayno y 38
-personas, y tantos viejos inútiles ya para trabajos, aunque nunca los
-jubilaban ni los dejaban de trabajar, y lo mismo los cinco niños; y
-fuera bien que tomara cuenta Rodrigo de Alburquerque á Nuño de Guzman,
-que cuántos habia muerto de la gente de aquel Cacique, desde que la
-primera vez se los encomendaron, pero no tenia él aquel cuidado.
-Lo otro que se debe de considerar, es la sentencia que contra los
-del Consejo del Rey, sin entenderla, daba, manifestando la tiranía
-tan clara, que en tan gran perjuicio é injusticia destas gentes
-sustentaban, diciendo y haciendo, «se os encomienda el Cacique fulano,
-(conviene á saber, el señor y Rey en su tierra), para que os sirvais
-dél y de sus vasallos, en vuestras haciendas y minas, y granjerías,»
-etc. ¿dónde mereció Nuño de Guzman, que era un escudero pobre, que
-le sirviese con su misma persona el Rey y señor de su tierra propia,
-Guaybona, con el cual pudiera vivir, cuanto á la sangre y cuanto á su
-dignidad, dejada la cristiandad á parte, la cual, si á Guaybona se le
-predicara, por ventura y sin ella, fuera mejor que él cristiano, no
-más de porque Nuño de Guzman tuvo armas y caballos, y Guaybona no las
-tenia, y así todos los demas? no hobo más justicia que aquesta, ni
-otro título más justificado para que Guaybona, Rey, sirviese en sus
-haciendas, minas y granjerías, como si fuera un gañan, al escudero
-Nuño de Guzman. Lo mismo ha sido en todo lo que se ha hecho cerca
-destos repartimientos, en perdicion destas gentes, en estas partes,
-y ninguna causa, derecho, título, ni justicia otra ha habido más; la
-cual, los del Consejo del Rey, pues eran letrados, y por ello honrados,
-estimados, encumbrados y adorados, no habian de ignorar. Lo tercero
-que conviene aquí no sin consideracion dejar pasar, es el escarnio de
-las palabras de la Cédula, dignas de todo escarnecimiento, conviene á
-saber: «guardando las ordenanzas de Sus Altezas en todo y por todo,
-porque de otra manera, Sus Altezas no os los encomiendan, ni yo en su
-nombre vos os los encomiendo, con apercibimiento que vos hago, que, no
-guardándolas, vos serán quitados»; item, «el cargo de la conciencia
-del tiempo que los tuviéredes y vos sirviéredes dellos, vaya sobre
-vuestra conciencia, y no sobre las de Sus Altezas», etc. ¿Qué mayor y
-más clara burla, ni más perniciosa mentira y falsedad? poner aquellas
-amenazas no era sino como si á un lobo hambriento le entregaran las
-ovejas, y le dijeran: «mirad, lobo, yo os prometo que si las comeis,
-que os tengo luégo de entregar á los perros, que os hagan pedazos», ó á
-un mancebo muy ciego y apasionado de amor de una doncella, con amenazas
-que le harian y acontecerian, y él jurase y perjurase de nunca llegar á
-ella, pero que los dejasen solos en una cámara, ó, por más propiamente
-hablar, como si á un frenético le dejasen navajas muy afiladas en la
-mano, encerrado con unos niños, hijos de Reyes, confiando en que le
-habian certificado con amenazas, que si los mataba lo habian de matar.
-Así ha sido, con muy mayor verdad que los ejemplos puestos notifican,
-lo que se ha hecho encomendando los indios á los españoles, poniéndoles
-leyes y penas, y haciendo en ellas amenazas ó alharacas, porque nunca
-se quitaron los indios á quien era manifiesto que los mataba, y las
-penas otras no se ejecutaban, y que se ejecutaran, era un castellano
-ó dos, y cosa de escarnio; y si fueran mayores, y aunque les pusieran
-horcas cabe sus casas, que en muriéndosele el indio de hambre ó de
-trabajo los habian de ahorcar, con estas condiciones los tomaran y no
-los dejaran de matar como los mataron, porque la cudicia y ánsia de
-haber oro era y es siempre tanta, que ni la hambre del lobo, ni la
-pasion del mozo enamorado, ni el frenesí del loco se le puede igualar:
-ésto está ya en estas Indias bien averiguado. Y lo más gracioso desta
-Cédula, ó por mejor decir mayor señal de insensibilidad, fué lo que
-dice, que sea á cargo de la conciencia del que los indios matare y
-no de Sus Altezas, como si dando los Reyes, tan contra ley y razon
-natural, los indios libres á los españoles, aunque no los mataran,
-como los mataban y mataron, no fueran reos de todos los trabajos y
-angustias, y privacion de su libertad que los indios padecian, cuanto
-más que veian y era manifiesto, en Castilla como acá, que los indios,
-por dalles á los españoles, perecian y se acababan, y así no eran
-excusables, pues no los libertaban; por este nombre de Reyes, entiendo
-los del Consejo del Rey, los cuales tenian y tuvieron toda la culpa,
-pues tiranía tan extraña sustentaron y aprobaron, poniéndoselo el
-Rey en sus manos, y así, el Rey, sin duda ninguna, quedó deste tan
-horrible y enormísimo pecado libre, como arriba queda declarado. Hecho
-este tan execrable repartimiento, como dejó á muchos de los españoles
-sin indios, por rehacer ó engrosar los repartimientos y darlos á
-quien le pareció, y se tuvieron por agraviados, hobo grande grita y
-escándalo en esta isla, y fueron á Castilla grandes clamores y quejas
-del Rodrigo de Alburquerque, y llegaron á oidos del Rey, pero como él
-se fué luégo á Castilla y tenia al licenciado Zapata, que, como se
-ha dicho, era el supremo del Consejo, y á quien el Rey católico daba
-mayor crédito, de tal manera fué Rodrigo de Alburquerque mamparado y
-excusado, que hicieron hacer al Rey firmar una Cédula harto inícua
-y contra ley natural, conviene á saber, que él aprobaba el dicho
-repartimiento, y de poderío absoluto suplia los defectos que en él
-hobiesen intervenido, y ponia silencio para que dél más no se hablase,
-como si el Rey tuviese poder absoluto para ir contra los preceptos de
-la ley natural, ó aprobar y suplir lo que fuese cometido contra ella,
-que no es otra cosa sino quitar y poner ley natural, lo que el mismo
-Dios no pudo hacer, porque no puede negar á sí mismo, como dice Sant
-Pedro, pero éstos semejantes errores y otros peores, aunque no sé si
-otros peores pueden ser, hacen hacer á los Reyes algunas veces los de
-sus Reales Consejos, de lo cual se quejaba aquel gran rey Artaxerxes,
-como parece en el capítulo final del libro de Esther. Los defectos de
-aquel repartimiento fueron muchos contra razon y ley natural, como fué
-aquel general de dar los hombres inocentes, libres, en tan mortífero
-captiverio, y á los señores naturales de vasallos hacellos siervos
-de los mismos trabajos, sin respecto ni diferencia de los demas; el
-otro, vendellos ó dallos por dineros, si lo que se dijo fué verdad; lo
-otro, no tener respeto alguno al provecho de los indios desmamparados,
-dándolos á quien mejor los tratase, sino á quien más favor tenia ó
-amistad, ó más dineros quizás daba; lo otro, porque supuesta la tupida
-ceguedad que todo género de hombres por entónces tenia, y pluguiese á
-Dios que hasta hoy no durara en muchos, que estimaban y estiman los
-indios ser propia hacienda de los españoles, despues que una vez se los
-repartian, ó porque habian, como ellos dicen, servido en los guerrear,
-sojuzgar, matar y robar, lo cual toman por su muy glorioso título,
-muy gran agravio Alburquerque hizo á los que, por dallos á otros,
-quitaba y dejaba sin indios, y así hacíales injuria é injusticia, y era
-contra ley y razon natural, en la cual, el Rey, dispensar ni suplir
-los defectos no podia. Otros defectos é iniquidades puede cualquiera
-discreto varon, del dicho repartimiento que Alburquerque hizo, colegir.
-
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- CAPÍTULO XXXVIII.
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-
-Y porque viene á propósito de lo dicho, que los Consejos de los Reyes
-hacen muchas veces determinar grandes errores á los Reyes, acaeció
-por este tiempo, que, como el padre Vicario de los Dominicos, fray
-Pedro de Córdoba, de quien habemos hablado arriba, cuando estuvo en
-Castilla informó á algunos religiosos de los daños y perdicion que
-aquestas gentes padecian y habian padecido, y, entre los otros, fué
-informado dél un padre llamado fray Hierónimo de Peñafiel, persona de
-mucha estima y autoridad en la provincia de España, el cual fué á Roma
-por los negocios de la Órden, siendo Maestro general de toda ella el
-Gaetano; éste padre, como informase al dicho Gaetano de aquellas pocas
-cosas que habia oido al dicho padre, fray Pedro de Córdoba, las cuales,
-cierto, eran, y con verdad, pocas en cualidad ó crueldad y cantidad
-ó número, porque no eran sino las desta isla, y destas el padre fray
-Pedro habia oido harto pocas segun las infinitas que despues por todo
-este orbe se cometieron, respondió el Gaetano: _¿Et tu dubitas Regem
-tuum esse in inferno?_ Estas palabras formales me certificó á mí, que
-ésto escribo, el dicho padre fray Hierónimo de Peñafiel, siendo Prior
-de Sant Pablo de Valladolid el año de 517, haberle dicho el Gaetano, y
-porque por aquel tiempo escribia sobre la _Secunda secundæ_ de Santo
-Tomás, acordó de escribir contra esta tiranía en la cuestion 66 sobre
-el art. 8.º, donde halló el propio lugar para la materia; el cual en
-muy pocas palabras, con cierta distincion que de infieles hizo, dió luz
-á toda la ceguedad que hasta entónces se tenia, y áun hoy, por no mirar
-ó por no seguir su doctrina, que es verdadera y católica, se tiene;
-y cerca de lo que dijo el Gaetano, que no habia duda estar el Rey en
-el infierno, por consentir ó permitir tan inhumanas injusticias,
-débese entender, tomando el Rey por su Consejo, porque si el Rey
-voluntariamente, sin Consejo, mandara entrar en estas Indias de la
-manera que los españoles en ellas entraron, y perpetrar en estas gentes
-los males, crueldades, y daños, que en ellas hicieron, ninguna duda se
-debe tener, que, segun la ley de Dios, él estaba en el infierno, si
-penitencia no le valió al tiempo de su muerte; pero porque, como arriba
-queda largamente dicho, el Rey mandó siempre con diligencia juntar
-Consejo una y muchas veces sobre ello, y estaba aparejado para seguir é
-mandar poner en ejecucion lo que determinase su Consejo, si algunos en
-el infierno por esta causa están, no es, cierto, el Rey, sino es los de
-su Consejo, porque no les era lícito ignorar el derecho pues era de su
-oficio, mayormente el natural, y para declararlo el Rey los honraba y
-remuneraba haciéndolos de su Consejo, como arriba tambien se ha dicho;
-y si las diligencias que el Rey hizo el Gaetano supiera, no dudo yo
-sino que al Rey excusara y condenara á los de su Consejo. Tornando á
-los repartidores, despues de ido Alburquerque á Castilla, envió el Rey
-á un licenciado Ibarra, á tomar residencia al Alcalde mayor, Marcos de
-Aguilar, y á los otros sus oficiales del Almirante, que luégo murió,
-como en el cap. 53 del libro II se dijo, y éste creo que trujo poder
-de dar y quitar indios, el cual muerto, envió el Rey al licenciado
-Cristóbal Lebron, y éste trujo el mismo cargo de tomar la dicha
-residencia y de los indios, pero no removió indios algunos de quien los
-tenia, mas de, cuando vacaban, repartíalos ó encomendábalos á quien
-se los pedia ó él darlos queria. Despues de estos repartidores, como
-los indios cada dia se disminuian y no eran ya cuasi en nada tenidos,
-lo uno por ser pocos, y lo otro por estar tan flacos, desventurados,
-que ya no eran sino de poco ó ningun servicio, tuvo cargo de darlos un
-fraile de Sant Francisco, llamado fray Pedro Mexía, que era Provincial
-ó Prelado guardian del monasterio de Sant Francisco, y de la ciudad
-de Sancto Domingo; dije que tuvo cargo de dallos, y lo mismo los
-repartidores ántes dél, pero no curó, como ni curaron los otros, más
-del bien y vida de los indios, y mucho ménos de su doctrina para que
-conociesen á Cristo, que si fueran unos animalitos, y así, murió el
-dicho padre fray Pedro Mexía en su ignorancia cerca de ésto, como los
-predecesores suyos en aquel oficio muerto habian.
-
-
-
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- CAPÍTULO XXXIX.
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-
-Dejamos en el estado que está dicho esta isla y las demas, suponiendo
-siempre que en todas cuatro perecian cada dia, en las minas y en los
-otros trabajos, los indios, sin haber más cuidado un dia que otro de su
-salud espiritual, como tampoco lo habia de sus vidas. Item, que, como
-cada dia creciese la granjería de las perlas, se hacian de continuo
-grandes escándalos é insultos por los nuestros en aquella costa de
-tierra firme; lo mismo que, como los indios yucayos eran grandes
-nadadores, acordaron, los que los tenian en esta isla y los que podian,
-ir á saltear el rebusco que dellos habia quedado en sus islas, ó de
-otra cualquiera manera, comprados ó trocados, ó vendidos, que podian
-habellos, enviallos á la dicha isleta de Cubagua á que sacasen perlas,
-donde todos se consumian y donde fué su final acabamiento, segun que
-arriba, en el libro II y en éste, queda dicho. Esto así supuesto,
-volvamos á contar las cosas que acaescieron por estos años de 12, 13
-y 14, en aquella parte de tierra firme donde quedaron poblados los
-españoles que habian escapado de las armadas de Alonso de Hojeda y
-Diego de Nicuesa, que fueron los primeros Capitanes que pidieron al Rey
-ser Gobernadores en tierra firme, que tan desastrado fin tuvieron, y
-los demas que llevó consigo el bachiller Anciso y un Colmenares, segun
-en los postreros capítulos del libro II queda escrito; en cuyo cap.
-64 referimos como el bachiller Anciso, que habia ido con un navío é
-cierta gente de esta isla Española, en favor y socorro del Gobernador
-Alonso de Hojeda, pobló el pueblo del Darien y lo intituló Sancta María
-del Antigua, por cierto voto que habia prometido. Refirióse más, como
-los españoles que allí estaban le quitaron la obediencia, y eligieron
-Alcaldes y Regidores de entre sí mismos, y los Alcaldes fueron, Vasco
-Nuñez de Balboa, natural de Badajoz, y á un Juan de Çamudio, vizcaino.
-Estos, con todo el pueblo, echaron de la tierra á Diego de Nicuesa, y
-fueron causa que infelicemente feneciese, puesto que Vasco Nuñez á la
-postre remediallo quisiera, como en el capítulo final de aquel libro se
-dijo, el cual, despues de Nicuesa ido, como era de buen entendimiento,
-y mañoso, y animoso, y de muy linda dispusicion, y hermoso de gesto y
-presencia, y tambien por haber acertado en la tierra que habia dicho,
-cuando en el navío de Anciso se perdieron, como en el cap. 63 de aquel
-libro referimos, cobró mucha estima y autoridad y muchos amigos en
-aquella compañía; confiado de todos adminículos, viéndose con vara
-de justicia, (y Dios sabe, y áun los hombres lo podrian juzgar, la
-jurisdiccion que tenia, que ninguna era, como allí se dijo), presumió,
-segun se dijo, de perseguir al bachiller Anciso que lo habia llevado
-en su navío, y vengarse de ciertas palabras que le dijo cuando por
-la mar venian, desque supo Anciso que habia entrado escondido en una
-pipa de harina. Para lo cual hizo proceso contra Anciso, oponiéndole
-que habia usurpado y usado jurisdiccion que no tenia, haciéndose
-Alcalde mayor, como no tuviese poder del Rey, sino de Hojeda, que ya
-era muerto, etc.; echóle prisiones en la cárcel pública, secrestóle y
-confiscóle los bienes, y al cabo, por ruegos de algunos, soltóle dellas
-con apercibimiento y penas que en el primer navío que viniese se fuese
-á Castilla, ó á esta isla, lo que Anciso más que otra cosa queria.
-Acordaron todo el pueblo que se enviasen procuradores á esta isla,
-al Almirante y á los jueces, pidiéndoles socorro de mantenimientos
-y gente, temiendo la hambre que cada dia se les ofrecia, por tener
-turbada y levantada, por sus obras malas, toda la tierra; lo mismo, que
-fuese quien hiciese relacion al Rey, pasando á Castilla. Y considerando
-Vasco Nuñez que las vejaciones que se habian hecho á Diego de Nicuesa,
-y lo mismo las de Anciso, se pagarian algun dia, y tambien quizá por
-se quedar sólo en el mandar y señor de toda aquella tierra, tuvo sus
-maneras de persuadir á su compañero, el alcalde Çamudio que tuviese
-por bien de ir á Castilla, á llevar las nuevas del gran servicio que
-allí habian hecho al Rey en tener hecho aquel pueblo, y tomada posesion
-de aquella tierra firme por Su Alteza, (puesto que no la tomó él sino
-Anciso), y lo que cada dia le esperaban servir, porque estaban en
-la más rica tierra del mundo, de donde á Su Alteza grandes tesoros
-vernian. Trabajó tambien que se enviase á esta isla Valdivia, uno de
-los Regidores y muy amigo suyo, porque lo habian sido ambos, siendo
-vecinos, de la villa de Salvatierra de la Çabana, que estaba en el cabo
-de esta isla, en la punta ó cabo del Tiburon, donde yo á ambos conocí,
-para hacer saber al almirante D. Diego Colon, que la gobernaba, y al
-tesorero Pasamonte, que tenia grande autoridad, como algunas veces he
-dicho, el estado y servicio del Rey en que quedaban, y en tierra muy
-rica, que les enviasen gente, armas y comida, para lo cual envió buena
-cantidad de oro, y secretamente al tesorero Pasamonte un buen presente
-dello, segun se dijo. Embarcáronse, pues, en una chica carabela, el
-Çamudio y Valdivia y el bachiller Anciso, dando Vasco Nuñez al Valdivia
-el proceso que habia hecho contra el dicho Anciso. Todavía, estando ya
-embarcado Anciso, ántes que se hiciesen á la vela, fueron ciertos de
-aquellos vecinos, por ventura movidos por el Vasco Nuñez, á rogalle que
-saliese en tierra, y no se fuese, que ellos se ofrecian de intervenir
-para que fuesen amigos él y Vasco Nuñez, y que lo dejaria usar el
-oficio de Alguacil mayor, como pretendia, y lo demas que le pudieron
-ofrecer, pero él nunca quiso. Los cuales, Çamudio, y Valdivia, y
-Anciso, llegaron á Cuba, y rescibieron las buenas obras de los indios
-vecinos della, como en el cap. 24 referimos; desde allí pasaron todos
-tres á esta isla, donde se quedó Valdivia, y los otros dos pasaron á
-Castilla. En este tiempo venian algunos indios por espías, para ver si
-los cristianos, de quien tanto mal cada dia recibian y temian recibir,
-se iban, ó qué acordaban hacer, y esta venida coloraban con traer maíz
-y cosas de comer, porque les diesen cuentas, y cuchillejos y cosillas
-de Castilla; y, porque se fuesen, decíanles que en la provincia de
-Cueba, que distaba 30 leguas, habia mucho oro y mucha comida. Acordó
-Vasco Nuñez enviar á Francisco Pizarro, con seis hombres, para que
-fuese á descubrir por allí la tierra; salidos por el rio arriba, tres
-leguas, salieron 400 indios con su señor Cemaco, escarmentados de la
-guerra que les habia hecho Anciso, cuando Vasco Nuñez dió el aviso de
-hallar aquel rio y pueblo de aquel señor, como en el cap. 63 dijimos, y
-dan en Francisco Pizarro y en sus seis compañeros, con muchas flechas
-y piedras, de manera que á todos descalabraron y hirieron. Mas como
-las flechas no tenian hierba, porque por allí no hacian ó no sabian
-hacella, no les hicieron mucho daño; los españoles arremeten contra los
-400, y desbarrigan con las espadas, dellos, 150, sin muchos otros que
-hirieron. Viéndose los indios tan maltratados de los siete, volvieron
-las espaldas, que es siempre su más seguro y postrero remedio, como
-gente desnuda en cueros. Dejáronse uno de los seis, llamado Francisco
-Herran, y los demas todos muy heridos volviéronse á su pueblo; desque
-Vasco Nuñez los vido, rescibió pesar grandísimo, y mayor desque le
-dijeron que Francisco Herran aún quedaba vivo, y, en pena de lo haber
-dejado, mando á Francisco Pizarro, no embargante que venia mal herido,
-que tornase por él con cierta gente, y así lo trujo; no supe si murió
-de aquellas heridas. Salió luégo Vasco Nuñez con cien hombres al campo,
-y anduvo ciertas leguas hácia la provincia de Cueba, cuyo Rey tenia por
-nombre Careta, donde tenian nueva que habia mucho de aquel cebo del oro
-que todos pretendian, y no halló persona que le resistiese, ni viese,
-de paz ni de guerra; no porque no supiesen que salia, porque en tener
-espías no se descuidan los indios, sino por el miedo que á Vasco Nuñez
-ya tenian, porque no eran como quiera los estragos que en los indios,
-cuando en ellos daba, hacia. Tornóse desde á pocos dias al pueblo del
-Darien, y dijeron algunos que traia propósito de, si hobiese Nicuesa
-vuelto, dalle la gobernacion y sometérsele, y debia de platicarlo así,
-por reguardo de cumplimiento si acaso volviese, porque su entendimiento
-á ésto y á más que ésto se estendia. Llegado al Darien, visto que
-Nicuesa no volvia, tuvo color de enviar por los españoles pocos que
-de Nicuesa estaban en el Nombre de Dios, con dos bergantines, los
-cuales, viniendo por la costa arriba, y llegando á un puerto de la
-tierra del Cacique y señor de Cueba, llamado Careta, salieron á ellos
-dos españoles, desnudos, en cueros, pintados de colorado, que es la
-color de la que en esta isla llamaban lixa. Estos dos, con otro, que
-fueron tres, habia año y medio que se habian salido huyendo del navío
-de Nicuesa, cuando pasaba en busca de la provincia de Veragua, por
-temor de la pena que Nicuesa quisiera dallos por alguna culpa en que
-debieran de haber incurrido, los cuales se fueron á poner en manos
-del cacique Careta, que pudiera hacerlos pedazos, segun las obras via
-ya que los españoles por aquellas provincias hacian, pero no lo hizo,
-ántes los rescibió como si fueran sus deudos, y los trató siempre
-como á sus hijos. Y, porque los que andan los pasos que andaban todos
-éstos, no pueden dejar de ofender á Dios, y á otros, y á si mismos en
-todas maneras, estando en poder y á peligro de quien pudiera justamente
-destruillos, no siendo más de tres, aún no les faltaban soberbia y
-rencillas, no pudiendo sufrirse; y así, habiendo palabras los dos,
-un dia, echaron mano de las espadas, y el uno, que se llamaba Juan
-Alonso, dejó al otro mal herido. Viendo ésto el Cacique, señor de la
-tierra, llamado Careta, hízolo su Capitan en la guerra, como á hombre
-más valiente, contra ciertos enemigos que tenia, sin el consejo y
-parecer del cual ninguna cosa hacia; del tercero no supe qué se hubiere
-hecho, debió de morirse. Desque vieron los de los bergantines y gente
-de Nicuesa, los dos de su compañía, que eran vivos, fué grandísimo
-el gozo que con ellos rescibieron; á los cuales, platicando en las
-cosas de la tierra, dijeron ser de oro muy rica, certificándoles que,
-si Vasco Nuñez viniese con gente sobre ella, serian todos ricos, y
-para ésto el Juan Alonso se ofreció que él daria el Cacique, y que
-ya era señor suyo, en las manos preso. Esto debia él hacer para le
-pagar el caritativo y humanísimo rescibimiento y tractamiento que el
-cacique Careta les hizo, pudiéndoles dar meritísimamente la muerte,
-y por cumplir con la fidelidad que por ley y razon natural á Careta,
-Rey y señor ya suyo, debia. Finalmente, acordaron que, para efectuar
-todos sus deseos, era bien que se fuese con ellos el uno para informar
-largo de las cosas de la provincia, que, como dijimos, se llamaba
-Cueba, á Vasco Nuñez, y el Juan Alonso se quedase para cuando fuese
-menester hacer la presa. Júzguese aquí si éstos dos, ó á lo ménos el
-Juan Alonso, era traidor á su señor, á quien, al ménos tácitamente,
-habia prometido fidelidad, pues lo habia hecho su Capitan y tomado por
-consejero; item, si eran ambos, en suma ingratitud, desagradecidos, y
-los que tales ofertas les admitian, iniquísimos: pero como estas obras
-han sido las que los indios de nosotros han rescibido.
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- CAPÍTULO XL.
-
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-Llegados los bergantines al Darien, hobo Vasco Nuñez grande alegría
-con ellos, mayormente viendo al compañero de Juan Alonso, y sabidas
-las nuevas que traian de la riqueza de la tierra, y del aparejo que,
-para prender al rey Careta, el Juan Alonso, que allá quedaba, ofrecia;
-informóse muy en particular de la disposicion de la tierra y de la
-gente della, y de todo lo que á su propósito y deseos pertenecia, de
-aquel compañero de Juan Alonso, y tornando á enviar los bergantines,
-para del todo acabar de traer la gente de Nicuesa del Nombre de Dios,
-porque de aquella vez ó viaje no habian en ellos cabido, aparejóse
-muy de propósito para, en siendo venidos, ir á infestar, turbar, y
-angustiar, y robar al cacique Careta, que nunca le habia ofendido;
-los cuales, finalmente, vinieron, y tomó 130 hombres, los más sanos
-y dispuestos, en demanda del rey Careta, señor de la provincia de
-Cueba; creo que debia estar del Darien hasta 30 leguas. Llegado
-Vasco Nuñez con sus 130 apóstoles á la tierra y pueblo, y casa del
-Cacique y señor Careta, donde le esperaba Juan Alonso, y creyendo el
-Cacique, que teniendo á Juan Alonso por su criado, y en su casa, y
-habiéndole hecho las obras de suso dichas, estaba seguro de rescibir
-de cristianos agravios ó daños, no quiso huir ó resistille, sino
-esperalle y rescibille en su casa; Vasco Nuñez, empero, no como quien
-venia á tierra y señorío ageno, ni á casa de señor y debajo de cuya
-jurisdiccion, segun ley natural estaba, y á quien hacer reverencia por
-la misma ley é razon natural era obligado, sino como si viniera á su
-propia casa y á tomar cuenta á su criado y esclavo, con rostro feroz
-y mandando dice al Cacique que haga aparejar comida y bastimentos
-para los cristianos, conviene á saber, para llevar al Darien, y para
-los que allí venian; responde Careta, que las veces que por su casa
-cristianos habian pasado, les habia mandado dar de los bastimentos que
-tenia liberalmente, y que al presente no tenia que dalles, mayormente
-que, por tener como tenia guerra con otro señor, su vecino, llamado
-Ponca, su gente no habia tenido lugar de sembrar, y así estaba gastado,
-y padecia su casa y tierra necesidad. Dada esta respuesta, dice Juan
-Alonso á Vasco Nuñez, que finja quererse luégo tornar con su gente al
-Darien y vuelva aquella noche á dar en ellos desque estén durmiendo,
-descuidados, y que él trabajará de mirar por el Cacique para que
-de sus manos y prision no se escapase. Hízolo así Vasco Nuñez, y
-tórnase con su gente por el camino donde habia venido, del Darien,
-muy disimulado; el triste Cacique y su gente, siempre confiando estar
-seguro por la fidelidad que estimaba tenerle y deberle Juan Alonso,
-y por consiguiente todos los españoles, por las obras buenas dél
-rescibidas, en especial teniéndolo en su servicio y casa, creyó ser
-verdad y sin engaño la maldad que se le coloraba, por lo cual, no
-sospechando mal alguno, echóse á dormir como de ántes, descuidado.
-Vuelve á media noche Vasco Nuñez con los suyos, y dá en el pueblo por
-tres partes, dando grita, llamando á Santiago que en tan buena obra
-les ayudase; cuando la gente con su señor á huir acordaron, estaban ya
-muchos dellos desjarretados y otros desbarrigados con las espadas; el
-traidor de Juan Alonso, tuvo tino de mirar por el Cacique, y échale
-mano abrazándose con él y llamando que viniesen á le ayudar, porque
-allí estaba, acudieron á las voces aquellos bienaventurados, y hállanle
-con el Cacique abrazado. Por esta órden fué preso Careta, en premio de
-las buenas obras que habia hecho á los cristianos; prendieron tambien
-dos mujeres suyas, y hijos, y otras muchas personas, y mandólos á todos
-llevar al Darien, robado todo lo que pudieron hallar en su pueblo y
-casa, y por esta manera cargó los bergantines de bastimento, y tórnase
-al Darien esta grande hazaña hecha. Bien es aquí de considerar,
-cuán casi semejante fué aquesta traicion de Juan Alonso, cometida
-contra este cacique Careta, su señor, cuyo oficio de Capitan habia
-usado, y viviendo en su casa, y de quien se fiaba y á quien tanto
-agradescimiento él debia por no lo matar, como pudiera, de la de
-Judas, ó al ménos, traicion y maldad fué con muchas circunstancias
-muy calificada; deste caso abominable, y salida del Darien para robar
-é inquietar aquellas gentes, hace mencion en su segunda Década, cap.
-3.º, Pedro Mártir, en mucha parte, y la traicion de Juan Alonso, de la
-manera que está certificada, escribió Tobilla en su Historia, que llamó
-Barbárica; Pedro Mártir, dice así: _Duce Vascho Nuñez circiter centum
-triginta viri conveniunt; Vascus aciem suam more gladiatorio instruit.
-Folle tumidior præstites subtitesque sibi ac tergi ductores ad libitum
-eligit: Comitem et collegam ducit secum Colmenarem. Exit rapturus a
-finitimis regulis quicquid fiet obvium, regionem per id littus nomine
-Coibam, de qua mentionem alias fecimus, adit. Caretam, ejus regulum, a
-quo nihil unquam adversi passi fuerant, transeuntes appellat, imperiose
-trucique vultu petit præberi advenientibus cibaria. Careta, regulus,
-posse illis quicquam inpartiri negat, se transeuntibus christianis
-succurrisse sepe numero unde penu habeat exaustum arguit, ex dissidiis
-præterea et simultatibus quas exercuit ab ineunte sua ætate cum
-finitimo regulo, qui Poncha dicitur, laborare domum suam rerum penuria.
-Nihil horum admittit Vascus gladiator miserum Caretam; spoliato ejus
-vico, vinctum jubet duci ad Darienem cum duabus uxoribus et filiis
-universaque familia. Apud Caretam regulum repererunt tres ex socijs
-Nicuescæ, qui, Nicuesa pretereunte, judicium ex malefactis timentes,
-aufugerant e navibus in anchoris stantibus, classe vero abeunte Careiæ
-regulo se crediderunt; Careta hos tractavit amicissime. Agebatur
-jam mensis duodevigessimus, propterea et nudos reperere penitus uti
-reliquos incolas, et saginatos uti capones manu fæminea domi depastos,
-in ob caro obsonia dapesque regias fuisse sibi illo tempore incolarum
-cibaria visa sunt. Ex Caretæ vico ad presentem famem propulsamdam,
-non autem ad necessitatem penitus tollendam, cibaria detulerunt ad
-socios in Dariene relictos_, etc. Esto es lo que dice Pedro Mártir;
-de la traicion de Juan Alonso no dice nada, porque tenia vergüenza
-y confusion, el que aquesta salida de Vasco Nuñez y obra refirió,
-declarársela, pero pónela Tobilla donde arriba fué declarado. Con la
-comida y despojos que á Careta y su pueblo robó Vasco Nuñez, vuelto
-al Darien, Careta debia de sentir mucho su captiverio y destierro de
-su casa, y tierra, mujeres, y familia; rogóle que no le hiciese tanto
-mal, pues no se lo habia merecido, y que él le prometia de hacer
-cuanto pudiese por dalle bastimento para los cristianos, y siempre ser
-su amigo, en señal de lo cual le daba una de sus hijas por mujer, la
-cual era muy hermosa, y que para que su gente tuviese lugar de hacer
-labranzas y sementeras para le proveer, que le ayudase contra el señor
-y cacique Ponca, que era su enemigo. Aceptó Vasco Nuñez la dádiva y las
-promesas, y holgóse mucho con la hija, la cual tuvo por manceba, puesto
-que Careta no entendió dársela sino por mujer, como se acostumbraba
-entre ellos. Esta quiso y amó Vasco Nuñez mucho, y fué parte de causa
-por donde al cabo se le rodeó al triste, como parecerá, la muerte; sin
-culpa, empero, del padre Careta y della, sino por los grandes pecados y
-tiranías dél que habia el juicio de Dios comprendelle algun dia. Esta
-confederacion y amistad de este modo así asentada, suelta Vasco Nuñez á
-Careta, y promete que, desde á ciertos dias, será con él; puesto que no
-soy cierto si Vasco Nuñez quiso que fuese delante Careta, ó si fueron
-juntos, mas que ambos cumplieron sus promesas.
-
-
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- CAPÍTULO XLI.
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-
-Llegado, pues, Vasco Nuñez con 80 hombres á la casa y pueblo de Careta,
-primero, porque fué tiempo de sementeras, mandó á su gente Careta,
-que sembrasen para los cristianos mucha tierra, ésto hecho, aparejan
-para ir á destruir al Cacique y rey Ponca. Ponca, no descuidado,
-sintiendo que los cristianos iban en favor de Careta, no le osó
-esperar y acogióse al último refugio que siempre tuvieron y tienen los
-indios para se guarecer de los cristianos, que es huir á los montes y
-esconderse por las breñas; y, si pudiesen, se meterian en las entrañas
-de la tierra. Van juntos con sus gentes Vasco Nuñez y Careta contra
-Ponca, y, como no lo hallaron ni á gente suya, destruyéronle toda
-la tierra, tomándole todos los bastimentos que pudieron, y el oro
-que hallaron en joyas escondidas, y lo demas abrasado dejaron, como
-siempre los españoles, donde quiera que llegan, suelen hacer. Bien será
-considerar aquí, con qué justicia y con qué conciencia pudo Vasco Nuñez
-y los españoles favorecer y ayudar á Careta, haciendo guerra contra
-Ponca, ni se confederar con él ni con otro en perjuicio de algunos
-de los de la tierra, sin saber y averiguar la justicia ó injusticia
-dello; y si Ponca tenia justa guerra contra Careta, ¿qué responderia
-Vasco Nuñez, cuando al tiempo de su muerte Dios en su juicio le
-pidiese, de haber auyentado y perseguido á Ponca y á sus súbditos, y
-hécholes tantos robos y daños, cuenta? Pero, cierto, destas semejantes
-consideraciones y prevision ó recatamiento para no ofender á Dios y
-dañificar estas gentes, pocas, por nuestros españoles, en estas Indias
-se han hecho. Dejada la tierra de Ponca, como dicho es, destruida,
-determinó Vasco Nuñez dejar de infestar los Caciques y pueblos de la
-tierra dentro, para despues hacello con mejor sazon y más gente, y
-vuélvese á los de la costa ó ribera de la mar; y el más vecino de
-Careta era un gran señor de la provincia llamada Comogra, y el Rey,
-que tenia Comogre por nombre, tenia su asiento al pié de una muy alta
-sierra en un llano ó campiña muy graciosa de 12 leguas. Un deudo del
-cacique Careta, y principal señor en aquella tierra y casa, que á los
-tales llamaban en aquella lengua Jurá, la última sílaba aguda, éste
-fué medianero que atrajo en amor y amistad de los cristianos á aquel
-señor llamado Comogre, y así el Comogre los deseaba ver y cognoscer y
-tener su amistad. Tenia el Comogre siete hijos de diversas mujeres, muy
-gentiles hombres, mancebos de mucha cordura y discrecion, mayormente
-el mayor, dicen que, era dotado de mucha prudencia y más virtuoso;
-sabiendo que venian los españoles, salió á rescibirlos con sus hijos
-y principales y toda su gente, con quien hobo grande alegría en
-vellos, porque los deseaba mucho ver, y hácelos aposentar á todos en
-su pueblo y proveerlos de comida copiosamente, y de hombres y mujeres
-que los sirviesen. Tenia sus casas reales las más señaladas y mejor
-hechas que hasta entónces se habian visto en todas estas islas, y
-en lo poco que se sabia de la tierra firme; la longura della era de
-ciento cincuenta pasos, la anchura y hueco de ochenta, estaba fundada
-sobre unos muy gruesos posteles, cercada de muro hecho de piedra,
-entretejida de madera por lo alto, como zaquizamí, por tan hermosa
-arte labrada, que los españoles quedaron espantados de verla, y no
-sabian dar á entender su artificio y hermosura. Tenia muchas cámaras,
-ó piezas y apartamientos; una, que era como despensa, estaba llena
-de bastimentos de la tierra, de pan y carne de venados y puerco, y
-pescado y otras muchas cosas comestibles; otra gran pieza, como bodega,
-llena de vasos de barro con diversos vinos blanco y tinto, hecho de
-maíz y raíces de frutas, y de cierta especie de palmas, y de otras
-cosas, los cuales vinos loaban los nuestros cuando los bebian. Habia
-una gran sala ó pieza muy secreta, con muchos cuerpos secos de hombres
-muertos, del cumbre colgados, con unos cordones hechos de algodon,
-vestidos ó cubiertos con mantas ricas de lo mismo, todas entretejidas
-con ciertas joyas de oro y algunas perlas y otras piedras que ellos
-tenian por preciosas. Estos eran los cuerpos de sus padres y abuelos y
-visabuelos, y, finalmente, sus pasados deudos, á quien tenia Comogre en
-suma reverencia, y, por ventura, los tenian por dioses. Cómo aquellos
-cuerpos los secasen para los hacer sin corrupcion perpétuos, en nuestra
-Historia Apologética muy en particular lo declaramos, hablando del
-cuidado y ceremonias con que sepultaban sus difuntos estas gentes, que
-de su buen juicio de razon no fué chico argumento. Rescibiendo, pues,
-el rey Comogre á los españoles con la mucha humanidad y alegría que
-está dicha, luégo, como si fueran sus muy caros hermanos y vecinos
-antiguos, amicísimos, los metió en su casa y les mostró todas las
-piezas y particularidades della, hasta el secreto lugar ó sala donde
-tenia sus muertos, que debia tener por oráculo ó por templo; el hijo
-mayor de los siete, que dijimos ser mancebo prudente, dijo allí, «digna
-cosa es que regocijemos á estos hombres extranjeros, y los hagamos
-todo buen tratamiento, porque no tengan causa de hacer en nosotros y
-en nuestra casa lo que en nuestros vecinos han hecho.» Mostrada la
-casa y las cosas della, manda traer Comogre ciertas piezas de oro, muy
-ricas en la hechura y en la fineza, que pesarian 4.000 pesos, y 70
-esclavos, y dáselo á Vasco Nuñez y á Colmenares, conociendo ser los
-principales, por señal de amistad y por presente; este oro rescibido,
-apartaron luégo para el Rey, dello, el quinto, lo demas entre sí lo
-repartieron. Al tiempo que lo repartian comenzaron á reñir entre sí,
-dando grandes voces, sobre, quizá, quién llevaria las mejores y más
-bien hechas piezas; visto por el hijo mayor del rey Comogre, arremete á
-las balanzas del peso con que lo pesaban, dándoles con el puño cerrado
-recio, y echa mano del oro, y despárcelo arrojándolo por aquel suelo,
-y dice así: «¿Qué es ésto, cristianos? ¿por tan poca cosa reñís? si
-tanta gana teneis de oro que por haberlo inquietais y fatigais por
-estas tierras las pacíficas gentes, y con tantos trabajos vuestros,
-os desterrasteis de vuestras tierras, yo os mostraré provincia donde
-podais complir vuestro deseo, pero es menester para ésto que seais
-más en número de los que sois, porque habeis de tener pendencia con
-grandes Reyes, que con mucho esfuerzo y rigor defienden sus tierras, y
-entre aquellos habeis de topar, primero con el rey Tubanamá (la última
-aguda), que abunda deste oro que teneis por riquezas, y dista desta
-nuestra tierra, de andadura, obra de seis soles,» (que son seis dias),
-y señalaba entónces hácia la mar del Sur, que es al Mediodia, con el
-dedo, la cual decia que verian pasando ciertas sierras, donde navegaban
-otras gentes con navíos ó barcos poco ménos que los nuestros, con velas
-y remos; pasado aquel mar, eso mismo añidia, que hallarian de oro gran
-riqueza, y que tenian grandes vasos de oro en que comian y bebian,
-y porque habia entendido de los nuestros que habia gran cantidad de
-hierro en España, de que se hacian las espadas, significaba haber más
-oro que hierro en Vizcaya, de lo cual, parece que tenian estas gentes
-de aquella parte de tierra firme, hácia el Darien, y éstos que estaban
-la costa abajo 30 leguas, mucha noticia de las gentes y riqueza del
-Perú, y de las balsas en que navegaban con remos y con velas. Y éste
-fué el primer indicio que se comenzó á manifestar y á tener de aquella
-grande tierra; y porque tenian nuevas de la grandeza de aquellos reinos
-y del mucho poder de los Reyes dellos, añidió aquel prudente mancebo,
-que habian menester ser los cristianos 1.000 para ir á acometellos;
-ofrecióse tambien el mozo á ir con los españoles, y á ayudalles con la
-gente de su padre. Eran intérpretes desta plática los dos españoles que
-se habian huido de Nicuesa y vivido con el cacique Careta. Oidas por
-Vasco Nuñez y por su compañía tales nuevas, no pecaremos si dijésemos
-ó juzgásemos haber rescibido inestimable alegría, y áun quizás llorado
-de placer, como suelen algunas veces los hombres que mucho desean una
-cosa, si la ven ó tiene esperanza propincua de vella.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XLII.
-
-
-Descansaron allí Vasco Nuñez y su compaña algunos dias, siempre
-informándose y certificándose de que hobiese otra mar, las dichas
-sierras pasadas, y, ántes y despues della, las riquezas tan grandes
-que el mozo cuerdo les significaba, otra cosa sino dello no hablando;
-y porque cada hora se les hacia un año, por verse ya en lo que sobre
-todas las cosas deseaban, creyendo y áun esperando mucho más que se les
-denunciaba, lo que es propio de cudiciosos y avaros, segun su ánsia,
-despacháronse para el Darien con intencion de avisar al Almirante y á
-los que esta isla gobernaban, de las nuevas que habian sabido de la
-otra mar, y de los tesoros de que abundaba, y para que lo escribiesen
-al Rey, porque proveyese de 1.000 hombres y de todo recaudo para la
-ir á buscar. Y aquí no es de callar, sino referir, un desatino, y áun
-sacrilegio, que cometieron, harto notable, semejantes al cual se han
-hecho en estas Indias hartos; éste fué, que, sin más instruccion ni
-doctrina de las cosas de la fe que tenian de ántes, al rey Comogre
-susodicho, y á la gente que con él pudieron haber, baptizaron. Hízose y
-hácese gran ofensa y pecado contra Dios dar el Sacramento del baptismo
-á los infieles idólatras, puesto que muestren voluntad de querello
-y amallo, sin que primero sean enseñados y examinados si con verdad
-renuncian sus ritos y errores con las pompas del diablo, y que sepan
-muy bien lo que resciben, y por qué, y para qué, y qué les prestará
-rescibiéndolo y dándoselo; considérese qué premio rescibirán de Dios
-los que fueron causa que aquel señor y sus súbditos tornasen, por
-ignorancia de no ser informados, á idolatrar despues de baptizados,
-porque es manifiesto, como habemos visto por larga experiencia, que
-cuando á los indios se dice, sin otra informacion de la fe, sé
-cristiano, ó ¿quiéres ser cristiano? no entienden sino que les dicen
-que se llame como cristiano ó que sea amigo de los cristianos; pusieron
-por nombre al Cacique y señor Comogre, D. Cárlos, por el amor del
-Emperador, que por aquel tiempo era príncipe de España. Partiéronse,
-pues, Vasco Nuñez y su gente, para el Darien, muy alegres, con
-propósito de, cuan presto pudiesen, tornar en busca del mar, y áun
-del mal, deseado, porque aquel descubrimiento del dicho, que tanto él
-deseaba, le fué causa de su muerte, segun que parecerá claro abajo.
-Llegados al Darien, hincheron todos los que allí estaban de alegría
-y regocijo con las nuevas buenas de la otra mar, y de las riquezas
-della de que venian llenos; acrecentó el gozo y placer de los unos y
-de los otros haber venido Valdivia, despues de seis meses que de allí
-habia partido para esta isla, y traido bastimentos y larga esperanza
-del Almirante y de los Jueces que luégo en breve les enviarian mas
-bastimentos y gente; excusáronse no haberles proveido ántes, creyendo
-que la nao de Anciso habia llegado en salvo, que iba llena dellos,
-pero, la verdad, aunque llegara salva tambien fuera todo comido,
-porque habia ya cerca de dos años que Anciso habia desta isla partido.
-Finalmente, les enviaron á decir, que dello estuviesen ciertos, que
-habiendo venido navíos de Castilla, les proveerian, porque al presente
-ninguno habia, y que no llevaba más bastimento Valdivia por no caber
-más en aquella carabela que habian traido; y es aquí de saber, que
-aqueste celo que aquestos señores que gobernaban mostraban y tenian de
-proveer á aquellos, era por su provecho del Almirante, porque de allí
-esperaba con el tiempo renta, y de los demas, porque las comidas y
-mercaderías que les enviaban, se las vendian muy bien vendidas, y así,
-todo el oro que aquellos robaban, entre los de esta isla se repartia
-y consumia, y no consideraban los tristes, que aquellos asolaban
-injustamente con tan grandes daños y escándalos á aquellas gentes, y
-que, por les enviar las comidas, y armas, y caballos, y gentes que les
-ayudasen, de todos los males y daños y pecados que cometian, y de la
-obligacion de la restitucion, eran como ellos partícipes; pero éste
-era uno de los efectos, principal, de la ceguedad que Dios permitió en
-todos nosotros, por los pecados de Castilla. Tornando al propósito,
-como lo que Valdivia trujo no fué tanto que presto no se consumiese,
-despues de su venida, pocos dias, comenzaron á hambrear como solian,
-y porque les queria mostrar la divina Providencia, la iniquidad y mal
-estado en que vivian, inquietando, y persiguiendo, y matando aquellas
-gentes que no les habian ofendido, ayudó á ponellos en mayor estrechura
-y angustia de comida, que vino una tan grande tempestad de truenos
-y relámpagos, y, tras ella, de agua tan grande avenida en el rio,
-que todas las sementeras que dejaron sembradas con los indios, que
-habian hecho injusta y tiránicamente esclavos, cuando á la provincia
-de Comogra se partieron, ninguna cosa les dejó que no les ahogase ó
-arrancase, que fué cosa de maravilla; púdose decir por aquellos, lo
-que se dice, que en casa del tahur poco dura la alegría. Viéndose así
-frustrados de sus sementeras, en que tenian toda su esperanza, por
-algun tiempo, y por muchas leguas de al derredor no haber comida,
-porque toda la habian comido, y destruido, y auyentado, sin los muertos
-y captivos de toda aquella comarca, sus naturales vecinos, acordaron
-de salir á inquietar, escandalizar, robar, y captivar, y matar los más
-lejanos, y tomarles su comida, y su oro, con la justicia que á los de
-arriba; la costumbre de Vasco Nuñez y compañía era dar tormentos á los
-indios que prendian, para que descubriesen los pueblos de los señores
-que más oro tenian, y mayor abundancia de comida; iban de noche á dar
-sobre ellos á fuego y á sangre, si no estaban proveidos de espías y
-sobre aviso. Juntamente deliberó Vasco Nuñez que tornase Valdivia á
-esta isla, para hacer saber al Almirante y Jueces las nuevas de la otra
-mar y riquezas della, que del hijo de Comogre y de los demas habian
-sabido, y la grande esperanza que de ser ciertas tenian, pidiéndoles
-que lo escribiesen al Rey porque enviase 1.000 hombres para proseguir
-aquel camino, segun que Comogre habia pedido. Escribió Vasco Nuñez al
-Almirante que habia ahorcado 30 Caciques, y habia de ahorcar cuantos
-prendiese, alegando que porque eran pocos no tenian otro remedio hasta
-que les enviase mucho socorro de gente, y para lo persuadir con mayor
-eficacia, añidió Vasco Nuñez, que mirase su señoría, cuánto servicio
-de su estado allí rescibian Dios y Sus Altezas. ¡Oh tiranos, cuánta es
-vuestra ceguedad y malicia! Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos
-de oro, que son 15.000 castellanos ó pesos de oro, para que enviasen al
-Rey los oficiales de esta isla, que le habian cabido de su quinto; por
-manera que habian los infelices salteadores robado 75.000 pesos de oro,
-de los cuales, sacados 15.000, que fué el quinto, quedaron con ellos
-los 60.000; destos dió cada uno á Valdivia lo que le pareció, para que
-enviase á Castilla á los parientes que tenian. Pero atajó Dios los
-pasos á Valdivia, y á los demas dió á entender, si de entenderlo ellos
-fueran dignos, las obras que hacian ser de todo fuego eterno dignas,
-porque embarcado Valdivia en la misma carabela en que habia venido é
-ido, se hundió con su oro y con sus nuevas en unos bajos ó peñas que
-están cerca ó junto á la isla de Jamáica, que se llaman las Víboras.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XLIII.
-
-
-Despachado Valdivia, determina Vasco Nuñez de entrar la tierra dentro
-á buscar oro y comida, con el daño y escándalo de las gentes naturales
-de la tierra, como queda dicho; y porque trayendo la vida que traian
-no les habian de faltar, por permision de Dios, ocasiones para padecer
-trabajos infernales como padecian, porque sus obras eran tales, que
-no uno, sino ambos infiernos merecian, no faltaron indios de los
-que consigo traian que con verdad ó con mentira, viendo su ansia de
-haber oro, les certificasen que un Cacique y señor de cierto pueblo ó
-provincia, llamado Dabayba, tenia un templo de un Dios suyo, lleno de
-oro, que de muchos años atras él y toda su gente le habian ofrecido y
-cada dia ofrecian; determinan pues de ir en dos bergantines y canoas,
-con gran devocion, en busca de aquel Dios de Dabayba, ó por mejor
-decir del oro á quien ellos sacrificaban su infelice vida, y Vasco
-Nuñez con 160 hombres sale, y Colmenares con él, al cual mandó que
-con la tercia parte dellos subiese por el rio Grande arriba. Este rio
-Grande es mayor dos veces que el del Darien, y dista de aquel nueve
-leguas, á lo que creo, hácia la parte del Oriente; Vasco Nuñez sigue
-por otro camino, por ribera de otro rio arriba, segun le decian las
-guías que podia llegar á la tierra de Dabayba, pero porque el Cacique
-y señor del Darien, Cemaco, que Anciso y Vasco Nuñez y los demas
-habian desbaratado, y hecho dejar su tierra por huir dellos, como en
-el cap. 63, del libro II, fué declarado, se hobiese ido y escondido
-en la tierra de Dabayba, y le hobiese informado de la vida ejemplar y
-obras de aquellos que llamaban cristianos, y tuviese siempre Dabayba
-sus espías, sintiendo que venia, toda la tierra, Dabayba y sus gentes
-naturales, desampararon. Vasco Nuñez y los suyos, andando por ella
-estirpando y robando todo lo que hallaban, entre otras cosas hallaron
-muchas redes, no de pescar peces, sino de cazar animales, éstos eran
-venados y principalmente puercos, de aquella tierra naturales, que
-tienen el ombligo en el espinazo y por allí orinan, y otros animales
-menores que los puercos, cuya cabeza dicen que pesa tanto como todo lo
-demas, los cuales no tienen hiel alguna; por causa de aquellas redes,
-creyendo Vasco Nuñez ser redes para pescar, puso nombre al dicho rio,
-el rio de las Redes. Tomaron allí dos canoas grandes y otras muchas
-menores, hallaron en las casas, que habian sus moradores por huir
-dejado vacías, cien arcos y muchos haces de flechas; en joyas y piezas
-de oro 7.000 castellanos. Con estos 7.000 castellanos, y con alguna
-comida que hallaron, salióse muy alegre Vasco Nuñez del rio á la mar;
-la mar, digo, que se contiene dentro del golfo de Urabá, porque allí
-entran y desaguan aquellos dos grandes rios. Quiso Dios luégo mostrar
-la justicia con que aquellos 7.000 pesos de oro se habian adquirido,
-para testimonio de lo cual, así como en la mar entraron levántase una
-tempestad tan terrible, que todos pensaron ser ahogados, pero dispensó
-la divina Providencia con él, que no quiso que pereciesen más de los
-que iban dentro de las canoas donde llevaban los 7.000 castellanos,
-y así, ni el oro ni los hombres aparecieron más. De donde el alegría
-que del robo Vasco Nuñez habia cobrado, se le convirtió en grande
-tristeza y llanto. Tornando Vasco Nuñez á entrar por el rio Grande
-arriba, llegó en en una tierra cuyo Rey ó señor se nombraba Jurví,
-la i letra luenga, donde halló á Colmenares, y allí se proveyeron de
-alguna comida. Determina Vasco Nuñez que vayan juntos, y yendo por el
-rio Grande arriba, 12 leguas de allí, toparon una isla en el mismo
-rio, que llamaron de la Cañafistola, porque abundaba de cañafistola
-verdadera, pero silvestre. Aquí comenzaron todos á dar en ella, y ella
-dió en ellos de manera que todos pensaron en breve morir, desatadas
-las tripas, tanta fué la que comieron. Viéndose libres deste peligro,
-tornando á su camino, á la mano derecha de la isla, vieron entrar
-en el rio Grande otro rio que traia el agua muy negra, no supieron
-de qué, por lo cual, le nombraron el rio Negro. Siguiendo por él,
-á cinco ó seis leguas de la boca del rio, entraron en los términos
-de un señor Abenamachéi, en la penúltima el acento. Vieron luégo un
-pueblo de obra de quinientas casas, apartadas una de otra; como los
-vecinos dellas vieron los españoles, pusiéronse todos en huida, los
-nuestros corrieron tras ellos, y viendo que los iban alcanzando, y, por
-ventura, con las espadas hiriendo, dan la vuelta como perros rabiosos,
-con sus armas contra los nuestros, como aquellos que sin ofendernos
-eran infestados y echados de sus casas, perdidos sus mujeres y hijos;
-sus armas, eran unas macanas ó espadas de palma, y unas varas largas
-con sus puntas tostadas. ¡Mirad que armas para contra las espadas
-nuestras, que cortan por medio un indio, desnudo, en cueros, como
-todos andaban, y contra las lanzas, y ballestas, y escopetas algunas,
-como algunas veces los nuestros tenian! Arcos, ni flechas, ni hierbas
-venenosas, no las usaban por aquella tierra, y así, segun las armas
-ofensivas y las defensivas, que eran sus desnudos cuerpos, no pudiendo
-sufrir los tristes la matanza que en ellos los españoles hacian,
-presto comenzaron á huir. Siguen los nuestros el alcance, matando y
-despedazando cuantos podian, y haciendo muchos captivos; entre ellos,
-prendieron al Rey ó señor Abenamachéi, é otros hombres principales con
-él; preso el señor Abenamachéi, llega uno de aquellos perdidos á quien
-el Cacique, peleando, habia herido, y dále una cuchillada que le cortó
-el brazo á cercen; á Vasco Nuñez dijeron, que le habia pesado dello,
-pero poco aprovechó su pesar al triste herido tan injustamente. Dejó
-allí Vasco Nuñez á Colmenares, con la mitad de la gente, para guarda
-de la tierra, y él váse en las canoas por el rio arriba, y entra por
-otro rio que desaguaba en aquel, obra de 20 leguas de la isla de la
-Cañafistola, y cerca de la boca del dicho rio hallan el señorío del
-Cacique, llamado Abibeyba, que por ser la region lagunosa y que cubrian
-las aguas la tierra, tenian sus casas, donde moraban, sobre árboles
-grandísimos y altísimos, nueva y nunca oida vivienda; sobre aquellos
-árboles hacian sus casas y aposentos de madera, tan fuertes, y con
-tantos complimientos, cámaras y retretes, donde vivian padres, mujeres
-y hijos, y su parentela, como si las hicieran en el suelo sobre fija
-tierra. Tenian sus escaleras, y dos comunmente, una que llegaba al
-medio del árbol, y la otra del medio hasta la puerta, estas escaleras
-eran de sóla una caña hechas, partida por medio, porque las cañas son
-por allí más que el gordor de un hombre gruesas, y eran levadizas que
-las levantaban de noche, y cada y cuando que querian y estaban seguros
-de hombres, y bestias y tigres, que hay por allí hartos, durmiendo á
-sueño suelto. Todos los mantenimientos tenian arriba consigo, sino sólo
-los vinos que asentaban en sus vasijas abajo en el suelo, porque no se
-les enturbiasen, porque, aunque por la grande altura de los árboles,
-con los vientos que hace, las casas no se pueden caer, menéanse, pero,
-y con el tal movimiento, el vino se les enturbiaria, y por esto lo
-tienen, como se dijo, en el suelo, y al tiempo de su comida ó cena de
-los señores, unos muchachos estaban tan diestros en descender é subir
-con ello, que no tardaban más que si lo sirvieran del aparador á la
-mesa. Tornando al cacique Abibeyba, que estaba en su casa, muy alta,
-encima de los árboles, como en el cielo, llegan los españoles, y dánle
-voces que descienda y que no haya miedo; responde que no quiere, que
-lo dejen vivir en su casa, pues no les ha hecho por qué le ofendan;
-protéstanle que con hachas cortarán los árboles ó le pornán fuego, y
-quemarlo hán con sus mujeres y hijos si no desciende. Torna á decir
-que se vayan de su casa y tierra, y lo dejen, y lo mismo le decian los
-suyos que no descendiese ni se fiase dellos; comienzan con hachas á
-dar en los árboles, y desque vido saltar las astillas y pedazos que se
-cortaban, determina de descender sólo con su mujer y dos de sus hijos,
-en contradiccion de todos los suyos. El puesto abajo, dicen que no haya
-miedo, que les dé oro y que serán siempre sus amigos; responde que él
-que no tiene oro alguno, ni lo ha menester y por eso no tiene cuidado
-de haberlo. Tornan á importunarlo y amenazarlo que dé el oro que
-tiene; responde, «si tanta gana teneis del oro, yo iré á unas sierras
-que están detras de aquella, y habido yo os lo traeré.» Dánle licencia
-que vaya, dejando sus mujeres é hijos en rehenes; dijo que volveria
-dentro de tantos dias, los cuales le esperaron, pero como el oro que
-ellos querian no habia de coger como fruta de los árboles, ni lo tenia
-cogido, de miedo nunca vino. Róbanle toda su casa, y los que de su
-gente pudieron haber le captivan, y, hartos de comida, porque allí
-hallaron abundancia, tórnanse por el rio Grande, arriba, por el cual,
-andando algunas leguas, todas las poblaciones que topaban hallaban
-vacías, porque por toda la tierra estaban ya sus nuevas extendidas,
-y del evangelio que predicaban, y honra que, llamándose cristianos,
-causaban á Jesucristo, tenian ya larga noticia. Visto Vasco Nuñez que
-no hallaba qué robar, dió la vuelta el rio abajo, y por él al rio
-Negro, á juntarse con Colmenares y con los que con él habia dejado en
-la tierra y poblacion del rey Abenamachéi, á quien cortó el brazo uno
-de los españoles despues de preso, como se dijo. Halló Vasco Nuñez que,
-por la gente de Colmenares haber andado desmandada, le habian muerto
-algunos dellos los indios, en especial, que uno llamado Raya, con otros
-nueve españoles, ó por ir á buscar de comer y tomallo á sus propios
-dueños, de quien por sus obras crueles habian desmerecido, ó porque
-queria Dios dalles por ellas luégo el castigo, váse desmandado por la
-tierra dentro á robar, y dan en un pueblo de un señor llamado Abrayba,
-el cual, como estaba sobre aviso, dió sobre ellos y mató al Raya y á
-otros dos de sus compañeros; los siete se escaparon huyendo. De saber
-aqueste desastre Vasco Nuñez no fué muy contento.
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- CAPÍTULO XLIV.
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-Acaeció tambien, ántes que llegase al rio Negro Vasco Nuñez, que como
-el triste y desventurado Cacique y señor Abenamachéi, cortado su brazo,
-anduviese huyendo por los montes por no caer otra vez en manos de los
-españoles, y topase con el otro señor Abibeyba, que vivia en las casas
-de los árboles, á quien tomaron la mujer y hijos por rehenes hasta
-que trujese el oro, que por verse fuera de su poder habia fingido ó
-mentido que traeria, el cual, eso mismo, traia la vida y destierro
-padecia que aquel otro, juntos comenzaron á contarse sus trabajos y
-llorar su desventura, como cada uno puede juzgar qué harán viéndose
-así tan corridos y tan sin razon y justicia lastimados y afligidos;
-acordaron ambos de se ir á guarecer á la tierra y casa de su pariente
-y vecino el Cacique, poco há dicho, Abrayba, el cual, como los vido,
-comienza de llorar con grandes gemidos, y ellos á respondelle con
-abundancia de dolorosas lágrimas; las cuales de ambas partes algo
-aplacadas, díceles Abrayba: «¿Qué desventura es ésta, hermanos, que
-ha venido sobre nosotros y nuestras casas? ¿Qué habemos hecho á esta
-gente que se llaman cristianos, desdichados de nosotros, que viviendo
-en nuestra paz y tranquilidad, y sin ofender á ellos ni á otra persona
-alguna, así nos han turbado y afligido, y, de toda nuestra órden de
-vivir hecho agenos y desbaratados? ¿Hasta cuándo habemos de sufrir la
-crueldad destos, que tan perniciosamente nos tratan y persiguen? ¿No
-será ménos penoso una vez morir, que padecer lo que tú Abibeyba, y tú
-Abenamachéi, y lo que Cemaco, y Careta, y Ponca, y todos los otros
-Reyes y señores desta nuestra tierra, de esta gente tan cruel han
-padecido y con tantos dolores llorado, viendo ante sus propios ojos
-llevar captivos sus mujeres, sus hijos, sus deudos, sus vasallos, y
-de todo cuánto poseian ser privados? A mí áun no han llegado, pero,
-¿qué puedo yo esperar de mí y de mi casa, y de todo lo que poseo,
-sino ser corrido, y perseguido, y muerto, y de todo mi ser y haber
-despojado, de la manera que á vosotros éstos os han tratado? Probemos,
-pues, nuestras fuerzas, y hagamos lo que pudiéremos, especialmente
-comencemos por aquellos que á tí, Abenamachéi, cortaron el brazo, y
-de tu casa desterraron quedándose ellos en ella, y demos en ellos,
-que son pocos, ántes que otros se junten con ellos, porque, aquellos
-muertos, los demas ó se irán ó temerán de nos hacer más daños, y si los
-quisieren acrecentar ternemos aquellos ménos contra quien hobiéremos
-de tener pelea.» Pareció buen consejo á todos; determinan el cuando,
-y juntan obra de 500 ó 600 hombres, desnudos, con sus armas cuasi de
-niños, y así les sucedió como á desarmados y desnudos, porque acaeció
-que la noche ántes, por ventura, que diesen en los del rio Negro,
-llegaron allí 30 españoles que habia enviado Vasco Nuñez delante;
-el dia, pues, que determinaron, en esclareciendo, con una terrible
-grita, la cual, cierto, siempre fué más dura y temerosa de oir que sus
-armas, dieron en ellos, no sabiendo nada de los 30 que habian llegado.
-Hiciéronles de aquel ímpetu poco daño, y los españoles, que no suelen
-estar, andando en estas romerías, muy descuidados, levántanse y dan
-en ellos, y á saetadas, con algunas ballestas que tenian, y lanzas, y
-á priesa llegandóseles con las espadas, hicieron en la triste gente,
-desnuda, tal estrago, que de hechos pedazos y presos, si no fueron
-los señores, muy pocos escaparon, y así enviaron al Darien todos los
-que habian tomado á vida, por esclavos, los cuales ocupaban en hacer
-labranzas y llevar cargas cuando salian fuera los españoles, y en remar
-en las canoas y en todos los otros trabajos; algo se satisficieron
-los que quedaron vivos y no captivos deste rompimiento, pero ningun
-remedio tuvieron los captivos, y mucho ménos los muertos, pues sin
-fe y sacramento se fueron al infierno. Habida esta victoria, los
-españoles que estaban con Rodrigo de Colmenares, y juntado con ellos
-Vasco Nuñez, acordaron venirse al Darien y dejar en aquel pueblo
-de Abenamachéi y rio Negro 30 hombres, para guarda de la tierra,
-porque los indios no se rehiciesen, y por cuadrillero ó Capitan á un
-Bartolomé Hurtado con ellos; y porque no podian estar ociosos, y el
-ejercicio suyo no era ni suele ser en estas Indias sino ir á saltear,
-y robar, y captivar los que están quietos en sus casas, que ellos le
-pusieron por nombre ranchear, prendieron alguna gente que andaba por
-los montes huida; desta gente presa determinaron enviar al Darien 24
-indios por esclavos, y con ellos 21 españoles que debian de estar mal
-dispuestos ó por alguna otra causa, quedándose el Hurtado con los 10 no
-más, creyendo que por él quedaba ya sin peligro todo el campo. Todos
-estos indios y cristianos se metieron en una grande canoa que habian
-tomado, la cual era para tantas personas capaz; los indios lastimados,
-gente del cacique Cemaco, señor del Darien, el primero de aquella
-tierra agraviado, que comian talega tras tomallos descuidados, ó como
-quiera que los hallasen acaballos, salieron con cuatro canoas en pos
-de aquella, bien esquifadas, y dieron en ella con sus lanzas tostadas
-y macanas, que usan en lugar de porras. Mataron parte dellos y los
-demas todos en el rio, sino fueron dos sólos, se ahogaron; éstos dos
-se escaparon en dos palos que traia el rio de avenida, y cubriéndose
-con ciertas ramas que á la mano les vinieron, no mirando los indios
-en ellos, con la priesa que traian en matar, creyendo que era basura
-que traia el agua. Salidos en tierra los dos, como mejor pudieron,
-fueron á dar las nuevas á Bartolomé Hurtado, y á los 10 que con él
-quedaban, los cuales, con harta tristeza y amargura, desmayados,
-comenzaron á platicar en el peligro que tenian, y como en aquel rio
-Negro les iba tan mal, determinaron de se ir al Darien lo más presto
-que pudiesen, si pudiesen escaparse; pero inquiriendo entre los indios
-que consigo presos tenian, y quizá á algunos atormentando sobre que
-les dijesen lo que sabian de la gente de la tierra dónde andaba, y
-qué intencion traia ó qué ordenaban, hallaron quien les dijo, que los
-cinco Reyes ó Caciques, conviene á saber, Abibeyba, cuya mujer y hijos
-le tomaron los nuestros por rehenes, Cemaco, el señor de Darien que
-dijimos primero agraviado, Abrayba, á quien áun no habian llegado, y
-Abenamachéi, señor del rio Negro, á quien cortaron el brazo, y Dabayba,
-el que huyó y no osó esperallos, y á quien tomaron las muchas canoas y
-los 7.000 castellanos, habian determinado y conjurádose para en cierto
-dia venir sobre el Darien, y matar todos cuantos de los españoles allí
-é por la tierra hallasen, para lo cual, tenian maherido y ayuntado
-toda la gente de la tierra de sus vasallos, pero desnudos y con las
-armas que arriba hemos señalado, las cuales, sin hierba mortífera de
-las que algunas provincias usaban, son nada. Con este aviso se fueron
-Hurtado y sus nueve ó diez compañeros al Darien, aunque no sin peligro
-de ser de los indios tomados. Puso esta nueva en todos los españoles
-gran espanto, aunque, como no tenian dello certidumbre, ya lo creian,
-ya no lo creian, ni hallaban persona que les certificase cosa dello,
-como toda la tierra por miedo dellos estuviese sola, y la gente della
-huyendo aventada; pero súpose la conjuracion desta manera: Vasco Nuñez,
-de las muchas mujeres que habia traido captivas de por aquella tierra,
-tenia en su casa una por amiga, de quien hacia tanto caso y tenia
-tanta estima, como si su mujer fuera legítima, ésta tenia un hermano
-que mucho la amaba, y deseaba en gran manera verla libre, vasallo del
-cacique Cemaco, señor natural del Darien, y de aquel pueblo ó pueblos,
-ó provincia, y de los principales privados de su casa, el cual muchas
-veces la visitaba secreta y disimuladamente, so color que era uno de
-los otros comunes indios, y una noche vino á ella y díjole: «Hermana
-muy amada mia, escucha bien lo que agora te quiero decir, y mira que
-guardes secreto, porque en ello nos va á todos la libertad y la vida,
-y si tú deseas tu bien y el de toda nuestra nacion, calla y está sobre
-aviso; ya ves cuánta es la maldad de aquestos cristianos, sábete que
-ya los señores desta tierra determinan de más no sufrírsela, y así
-están concertados cinco señores, fulano y fulano, de, con todas sus
-gentes, para tal dia venir sobre ellos, por agua y por tierra, y para
-efecto desto tienen aparejadas cien canoas y 5.000 indios, con sus
-macanas, y mucha comida ó bastimento allegado en la laguna ó pueblo
-llamado Tichiri ó Tichirico;» y añidió que habian ya dividido entre
-sí aquellos cinco señores, los que cada uno habia de matar de los
-españoles y hacer captivos, y la ropa y despojo de todo lo que tenian
-para sí. Hacian la cuenta sin la huéspeda; siempre los indios, ántes
-que del todo conozcan las fuerzas y esfuerzo, é industria y constancia
-y armas de los españoles, se engañaron con verse á sí tantos y á ellos
-tan pocos. «Por eso (concluyó su plática el hermano á la hermana,
-dijo él) está, hermana mia, sobre aviso de te esconder ó mirar por
-tí, porque con la priesa, y turbacion, y furor y revuelta de la gente
-de guerra, no mirando en tí que eres mujer, no te maten ó maltraten
-á vueltas dellos.» Partido della el indiscreto hermano, luégo ella
-descubre á Vasco Nuñez todo lo que le habia dicho en secreto, ó porque
-amaba á Vasco Nuñez, ó de miedo, olvidada de todo el bien y salud de su
-patria, nacion y parentela; lo cual oido por Vasco Nuñez, ruégale que
-luégo envíe á llamar á su hermano, so color que quiere tractar de irse.
-Dicho y hecho; viene sin tardanza el hermano, préndelo Vasco Nuñez,
-dále tormento, confiesa por fuerza y por órden todo lo que, de grado y
-con vana confianza del secreto, á su hermana habia dicho. Descubrió,
-allende de lo dicho, otro secreto, diciendo que su señor Cemaco, que
-le habia enviado 40 indios para que le hiciesen una labranza, puesto
-que andaba huido, so color que queria ser su amigo, les habia mandado,
-que si viesen que salia á verlos trabajar en ello, trabajasen de lo
-matar si pudiesen, y que una vez que salió encima de una yegua, con
-una lanza en la mano, no lo osaron acometer por miedo della, y que,
-visto Cemaco que por esta particular industria no podia vengarse dél,
-acordó de procurar esta general de todos los Caciques, sus parientes
-y vecinos, para que, defendiendo el bien universal más á su salvo, se
-librasen todos de la persecucion dél y de sus compañeros. Oido ésto,
-luégo Vasco Nuñez tomó 70 hombres, sin decir á nadie nada, mandando que
-le sigan, sólo mandó á Colmenares que por el rio tomase 60 hombres,
-en cuatro canoas, llevando el hermano de la moza por guía, y fuese al
-pueblo llamado Tichiri, donde tenian los bastimentos. Vasco Nuñez,
-con sus 70 hombres, fué á tres leguas de allí, donde pensaba hallar
-á Cemaco, pero no lo halló sino á un pariente suyo, el cual prendió
-con ciertos hombres y mujeres; Colmenares hizo más hacienda, porque
-halló al Capitan general que habia de regir el ejército, y á muchos
-principales señores, con otra gente, bien descuidados de que los
-españoles supiesen sus conceptos y artificio. Prendió los más dellos,
-y halló el pueblo todo lleno de bastimentos, comida y de muchos vinos;
-hizo luégo asaetear al Capitan general, y ahorcar á los principales
-todos de sendos palos, delante todos los captivos, porque ésta fué y
-es regla general de los españoles en estas Indias, observantísima,
-que nunca dan vida á ningun señor, ó Cacique ó principal que á las
-manos les venga, por quedar, sin sospecha, señores de la gente y de la
-tierra, en los señoríos ajenos durmiendo á pierna tendida, como dicen.
-Fué de tanto espanto en toda aquella provincia este inopinable prevenir
-los españoles á su peligro, viendo descubierto los indios todo su gran
-secreto y desbaratado su artificio, que del todo perdieron la esperanza
-de poder prevalecer contra ellos, ni salir de su opresivo yugo, y así
-permanecieron en aquel captiverio hasta que dellos no quedó ni uno.
-Esta victoria, sin trabajo y sin peligro cuasi habida, hizo luégo hacer
-una fortaleza Vasco Nuñez, de muy fuerte madera, ó rehacer y mejorar
-la vieja, por estar más seguro si otra junta ó conjuracion, de los ya
-descorazonados y miserandos indios, sucediese.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XLV.
-
-
-Aquella provincia toda, de la manera de suso dicha sojuzda, opresa y
-fatigada, comenzaron todos á tractar que convenia enviar mensajeros ó
-procuradores á Castilla para referir al Rey el estado que la tierra
-tenia, y las nuevas que el hijo del rey Comogre les habia dado de la
-otra mar y riquezas della, y pedille los 1.000 hombres que afirmaba
-ser menester para pasar allá y alcanzallas; de camino tambien avisasen
-dello al Almirante y á los Jueces desta isla, y les pidiesen socorro
-de gente y bastimentos para entre tanto, porque quizá Valdivia, ó no
-hobiese llegado, ó quizá no se hobiese, como así fué, ahogado. Vasco
-Nuñez pretendió llevar esta embajada, ó por ganar las albricias y
-gracia del Rey, ó por miedo que tuvo del castigo, que sintió merecer
-por la repulsa que dió á Diego de Nicuesa, y lo que contra el bachiller
-Anciso cometió con los agravios de ambos, pero todos sus amigos y
-enemigos le fueron á la mano, no queriendo condescender á que saliese
-de la tierra y los dejase, alegando que, como de los indios fuese tan
-temido que su persona estimaban más que ciento, saliendo él quedaban
-desmamparados. Algunos sospechaban que pretendia no estar allí aislado
-para ser punido, si el Rey de los crímenes susodichos lo sentenciaba, ó
-por no padecer tan continuos peligros é intolerables trabajos, como ya
-tuviese buena pella de oro, queria alzarse á su mano, como creian que
-Valdivia y Çamudio habian hecho, pues habia cerca de un año que habian
-partido y no asomaban; por manera, que Vasco Nuñez no pudo alcanzar
-lo que de su ir á Castilla por Embajador deseaba. Así que, despues
-de muchas alteraciones y votos, unos á otros contrarios, finalmente
-concurrieron en un parecer ó todos ó los más, y eligieron á un Juan de
-Caicedo, de quien arriba, en el libro II, algo hablamos, que habia
-ido con Nicuesa por oficial del Rey en aquel armada, hombre cuerdo y
-de bien, segun las leyes humanas, y que allí tenia su mujer que de
-Castilla consigo habia llevado, de la bondad y auctoridad del cual,
-que trataria los negocios con fidelidad, todos confiaban, y en cuanto
-á la tornada suya con los despachos, por dejar su mujer allí tampoco
-dudaron. Para dalle compañero, comienzan todos otra vez á litigar,
-no porque dél desconfiasen, sino diciendo que como iba de tierra y
-aires tan diferentes de los de España, podria padecer riesgo su vida
-y salud, y si así fuese, como creo que fué, quedarian todos de su
-esperanza defraudados, para remedio y resguardo de lo cual convenia
-dalle quien lo acompañase, y por falta dél al Rey informase, y lo que
-les convenia negociase y suplicase. Sobre quién sería el compañero
-de Caicedo tuvieron grandes contenciones y no se concertaban, por lo
-cual deliberaron que se echasen suertes entre ciertas personas de los
-que allí estaban que eran más estimadas. Cayó la suerte á Rodrigo de
-Colmenares, de quien ya hemos muchas veces hablado, la suerte del
-cual fué á todos ó á los más agradable, lo uno, porque era hombre
-de experiencia en la guerra y en la paz, por mar y por tierra, y se
-habia en las guerras de Italia, contra franceses, hallado, lo otro,
-porque tenia en el Darien muchas haciendas y labranzas; que como era
-Capitan y Vasco Nuñez lo favorecia mucho y ayudaba, de los robos que
-hacian, y de los indios que vivos tomaban y hacian esclavos, llevaba
-Colmenares, despues de Vasco Nuñez, la mejor parte, y así tenia mucha
-gente de la captiva que le labraba, y él que debia ser granjero, quizá
-más que otro, y sabia bien aprovecharse, y por tener tanta hacienda,
-y que de ser muy rico tenia grande esperanza, confiaban todos que
-no dejaria por ninguna cosa de tornar con los despachos buenos que
-todos esperaban. Señalados pues los dos, Juan de Caicedo y Rodrigo
-de Colmenares, por procuradores, que fuesen al Rey á notificarle su
-estado, y representarle sus grandes servicios, y por ellos pedille
-mercedes, que tan justa y dignamente habian merescido y bien ganado,
-acordaron de hacelle un servicio ó presente, contribuyendo cada uno,
-de lo que habia robado con tan gran precio de sangre humana (no supe
-cuanto), para que los procuradores ó embajadores al Rey fuesen más
-gratos. Y es aquí de notar, que, como los indios de todas aquellas
-provincias entendieron que tan sabroso era de oir á los españoles el
-oro, y que todo su fin y negocio no era sino saber dónde habia oro, y
-dónde se sacaba el oro, y quién poseia oro, ya los indios usaban con
-ellos desta industria para les agradar ó suspender sus crueldades, ó
-para se descabullir dellos, conviene á saber, fingir que en tales y
-tales partes habia inmensidad de oro y que habian de hallar las sierras
-y montañas todas doradas. Ellos todo lo creian, porque el cudicioso,
-como arriba en otro lugar se dijo, nunca otra cosa contempla, sino al
-oro y á la plata, y de mejor gana mira el dinero que al sol, y nunca de
-otra cosa tracta, y son palabras de Sant Ambrosio; y porque un indio
-les hizo entender que habia un rio donde con redes se pescaba el oro,
-lo llevaron los procuradores á Castilla para que lo dijese al Rey,
-é, ó porque el indio lo inventó, ó porque ellos lo fingieron, de tal
-manera se extendió por todo el reino la fama de que pescaban el oro en
-la tierra firme, con redes, desque llegaron, que para ir á pescallo
-cuasi toda Castilla se movió, y así, llamaron despues, por Provisiones
-reales, aquella provincia, Castilla del Oro, porque los oficiales que
-el Rey entónces tenia no eran muy enemigos del oro. Aquí se puede
-considerar la liviandad de los hombres y las propiedades de la cudicia
-y avaricia, que aquella fama fuese de tanta eficacia que hiciese creer
-á muy muchos que verdaderamente con redes se sacase el oro de los
-rios; yo oí decir á un clérigo que parecia cuerdo, y de edad no muy
-mozo, de los que, por ésta nueva, de Castilla se movieron á pescar
-oro, estando yo en la isla de Cuba, donde vino él á parar huyendo de
-la tal pesquería, harto hambriento y flaco, y sin un quilate de oro,
-que habia dejado en Castilla 100.000 maravedís de renta en un beneficio
-que tenia, por venir á pescar el oro, y que, si no creyera que habia
-de volverse á Castilla en breves dias, con un arca llena de granos de
-oro, tan gruesos como naranjas y granadas, y mayores, no saliera de su
-casa, dejando lo que tenia por venir á buscar ménos que aquel oro que
-decia; y ésto, con juramento lo afirmaba delante de personas graves,
-y á lo mismo me hallé presente. Tornando al propósito, partiéronse,
-pues, los dichos procuradores del Darien, por en fin de Octubre, año
-de 1512; pasaron muchos trabajos y mil peligros, en un bergantin harto
-chico, en que venian, por tempestades frecuentes y terribles, adversos
-tiempos, y hambres y sed, por lo cual muchas veces pensaron perecer;
-llegaron á la isla de Cuba, á cabo de tres meses, donde los indios
-los rescibieron bien, dándoles ó vendiéndoles la comida, que ellos
-tanto habian menester, por cosillas de poco precio, como contezuelas
-de Castilla, y espejos y cascabeles, y sin ellas lo solian ellos dar y
-proveer; bien creo que llegaron á la tierra y señorío del Cacique que
-el bachiller Anciso hizo baptizar, y llamar por nombre Comendador, como
-arriba en el cap. 24 referimos. Esto no lo averigüé cuando pudiera,
-pero júzgolo, porque de allí se toma, comunmente, la navegacion para
-esta isla, y debian ya tener noticia de la navegacion que por allí
-habia hecho en el primer viaje Valdivia. Finalmente, llegaron á esta
-Española, pasados bien cien dias (siendo camino de ocho, si tiempo, el
-que convenia, hiciese) despues que del Darien habian partido; argumento
-claro de las grandes necesidades y angustias que pasarian. En ésta
-gastaron poco tiempo, porque, con brevedad, dada cuenta al Almirante
-y á los Jueces, hallaron naos aparejadas para volver á Castilla, en
-las cuales se metieron; llegaron á la corte por el mes de Mayo del
-año siguiente de 1513. Por este tiempo ya el bachiller Anciso habia
-dado al Rey sus quejas, de los agravios que decia haberle Vasco Nuñez
-hecho, las cuales oidas y acomulada la perdicion de Nicuesa, de que fué
-causa, y como por fuerza y por maña se habia ingerido en la gobernacion
-de aquella tierra firme, el Rey se indignó mucho contra él y mandó
-que á Anciso se hiciese justicia, y que se procediese contra Vasco
-Nuñez segun la órden de derecho, y creo que fué sentenciado en las
-costas y daños y menoscabos que habian sucedido á Anciso, cuanto á lo
-civil; cuanto á lo criminal, no supe cuál fué la sentencia cuando lo
-pudiera saber. Bien es aquí apuntar la ceguedad de Anciso, y áun mayor
-la de los del Consejo del Rey, que ni Anciso acusó á Vasco Nuñez de
-otros mayores delitos que el que habia cometido contra él, conviene á
-saber, las matanzas que habia hecho y hacia en los indios que estaban
-seguros en sus casas y tierras, sin ofendelles; pero de Anciso no es de
-maravillar, pues fué al principio tan culpado como el más de los del
-Consejo, que eran obligados á lo saber. ¡Qué quisiesen castigar á Vasco
-Nuñez por haber sido causa de la muerte de Nicuesa y de diez ó once
-que perecieron con él, y tuviesen por agravio grande y lo condenasen
-á pagar las costas y pérdidas de hacienda, que Anciso habia incurrido
-por su causa, y no advirtiesen á las tiranías y estragos de muertes
-y captiverios, robos é infamia tan escandalosa de la fe y religion
-cristiana, que hacia y causaba él y los que con él andaban en aquellas
-tantas y tan inculpables gentes! Ya queda en algunos lugares arriba
-dichos cuán culpables los del Consejo de los Reyes siempre fueron cerca
-de esta materia de los indios, por cuya ignorancia todos los daños y
-males perpetrados por los españoles procedieron, y por consiguiente,
-ninguna duda se debe, si no me engaño, tener, que no sean de todos
-ellos culpados y reos.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XLVI.
-
-
-Despues de partidos del Darien los procuradores, Caicedo y Colmenares,
-y hechos á la vela, porque la conformidad y compañía que no está
-fundada sobre amistad de Dios, especialmente la de los avaros y
-cudiciosos, y mucho más la de los tiranos, ladrones y opresores de
-hombres, como eran aquellos, no puede perseverar tiempo mucho, por
-ésto, en los que quedaban en el Darien comenzaron á nacer grandes
-contenciones y discordias, porque así lo permitia Dios para los
-castigar con todo género de infortunios; Bartolomé Hurtado, que era
-muy allegado y favorecido de Vasco Nuñez, presumia con su favor de
-maltratar á los otros que no tenian de sí menor estima y presuncion,
-por lo cual era á todos ó á los más muy odioso, y por él desamaban
-al Vasco Nuñez, por manera que, tomando por caudillo á un Alonso
-Perez de la Rua, que debia ser de los que más sentian ó pretendian
-los pundonores, acordaron de prender al Vasco Nuñez, y quitalle la
-presidencia que tenia sobre ellos, y al Bartolomé Hurtado, como
-principal contendor, pero Vasco Nuñez, que siempre vivia con todos
-recatado, dióse más priesa y prendió al Alonso Perez, que habian tomado
-para que los capitanease. Toman luégo los conjurados sus armas para por
-fuerza venir á libertallo, sale luégo Vasco Nuñez, con los que pudo
-recoger de los amigos que áun no lo habian dejado, con las suyas á la
-plaza. Estando para darse unos á otros y hacerse pedazos, no faltaron
-algunos de ambas partes, que más cuerdamente la cosa considerasen,
-diciendo que ¿por qué querian matarse unos á otros, estando en la
-tierra que estaban, pues, por vencedores que los de cualquiera de las
-partes fuesen, habian de ser luégo de los indios muertos y acabados?; y
-así no rompieron aquel dia, por concierto jurado que hobo que soltase
-Vasco Nuñez á Alonso Perez, y no pasase la reñilla más adelante; pero
-como andaban sin Dios, segun sus pecados tan grandes, díjose que no
-depusieron el odio que se tenian, ni guardaron el juramento, al ménos
-la una parte, lo cual quebrantado, acuerdan de prender otro dia los
-contrarios á Bartolomé Hurtado, puesto que, por algunos medianeros que
-hobo, aquel dia lo soltaron. No paró aquí la maraña de su ceguedad,
-porque aquel, cuya voluntad en todo seguian, andaba solícito para que
-se matasen; acordaron de prender al Vasco Nuñez allegando por causa
-que no repartia, segun los merecimientos de cada uno, el oro y los
-esclavos que robaban y captivaban, y para tomalle 10.000 castellanos
-que estaban por partir, é repartirlos entre sí segun la órden que les
-parecia ser justificada. Fué deste propósito Vasco Nuñez avisado, y, so
-color de ir á caza, se salió del pueblo aquella noche, con confianza
-que le acudirian los que en las partes solia mejorar, y sucedióle así,
-porque tomados los 10.000 castellanos, repartiéronlos de la manera que
-á ellos pareció que se habian de repartir, dando á algunos de la gente
-menuda más de lo que parecia convenirles, y á los de mayor calidad ó
-presuncion ménos de lo que á su parecer pertenecerles estimaban; desto
-quedaron aquellos corridos y afrentados, y así, llaman á Vasco Nuñez,
-y júntanse con él todos armados, con clamores y juramentos que habian
-de matallos; van á ellos y prenden al Alonso Perez y á un bachiller
-Corral y á otros principales, y échanlos en la fortaleza, donde los
-tuvieron bien aprisionados. Estando en estas barahundas y confusiones,
-cada dia para matarse, llegaron dos navíos con 150 españoles, y de
-bastimentos cargados, y por Capitan dellos un Cristóbal Serrano, que,
-desta isla, el Almirante y los Jueces por socorrerlos les enviaron;
-envió, segun se dijo, el tesorero Pasamonte á Vasco Nuñez una provision
-de Capitan general de toda aquella tierra, porque, diz que, tenia poder
-del Rey para constituir Capitanes y Gobernadores en la tierra firme,
-segun que él determinase. A mí es difícil ésto creer, que tan presto
-y tan á la clara el Rey quisiese al Almirante y á sus privilegios
-perjudicar, y, por otra parte, no me maravillo que así fuese, segun el
-Rey fué siempre á las cosas del Almirante poco aficionado, y segun el
-Pasamonte y los Jueces y oficiales desta isla, y los que estaban cabe
-el Rey, trabajaban de deshacer al Almirante, no sé por qué, cierto,
-sino por sus intereses particulares, y porque no querian reconocer
-superior, sino ser ellos los que aquesta isla, y las demas tierras
-destas Indias, mandasen y gozasen; porque en la verdad, no pertenecia
-á ninguno constituir Capitan ni Gobernador sino al Almirante, por
-sus privilegios, tan dignamente, al principio, por su padre ganados,
-al ménos por aquel tiempo, pues hasta entónces no se habia tomado
-resolucion en lo que tocaba á su estado, y fué manifiesto haber sido su
-padre por el comendador Bobadilla, de hecho, de su posesion despojado.
-Fué inestimable el gozo y placer que Vasco Nuñez rescibió de verse ya
-con autoridad del Rey, ó de quien su poder tenia, por Capitan general
-sublimado, porque hasta entónces, por fuerza y por mañas tenia la
-superioridad sobre los españoles usurpada; fué lleno su gozo, segun
-sus buenos deseos de ir á robar é inquietar y sojuzgar las gentes de
-aquellas tierras, venirle gente y mantenimientos de nuevo para mejor
-poder proseguir lo comenzado. Con este gozo y alegría, que de este
-socorro y favor y ayuda rescibió Vasco Nuñez, con poco que le rogaron
-que por albricias los presos soltase, lo concedió, y fueron sueltos
-y reconciliados con él los que le querian mal; no sabré decir si la
-reconciliacion era ficta, ó de verdad, porque los hombres mundanos y
-que andan en pecados, no teniendo paz con Dios, pocas veces la suelen
-tener dentro de sus corazones, por más que la finjan y la quieran en
-la esterior conversacion mostrar. Luégo, desde á pocos dias, segun
-creo, se le aguó á Vasco Nuñez aquel grande placer que con su capitanía
-general y con lo demas hobo, y, por ventura, le vino en aquellos dos
-mismos navíos por vía desta isla, porque por aquellos tiempos no habia
-quien desde Castilla á la tierra firme derecho navegase; fué avisado,
-ó por Çamudio, el que dijimos haber ido por procurador á Castilla
-cuando fué Anciso, ó por cartas de otras personas, como el Rey estaba
-contra él indignado por las quejas que dél dió Anciso, y por la muerte
-de Nicuesa, y que lo habia condenado en los intereses y gastos, etc.,
-por manera, que con aquellas nuevas tuvo buen tártago; y así, desde
-adelante, anduvo más temeroso de su caida y con mayores cuidados que
-tenia de ántes, temiendo cada dia venir de Castilla quien lo depusiese
-de su estado y lastimase.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XLVII.
-
-
-Con estos pensamientos, que no poco le acosaban, y como hombre que
-era de mucho ánimo, determinó de se aventurar á acometer la empresa
-de ir á buscar la otra mar, y las riquezas que ántes y despues della
-se le habian notificado, cosa por entónces tenida (y con razon, pues
-se le habia dicho ser necesarios 1.000 hombres), por muy árdua,
-para que si saliese con prosperidad de la jornada se le contase por
-servicio grande hecho al Rey, é por él le perdonase lo pasado, y si,
-por el contrario, muriese en la demanda, sería suelto de sus temores
-y cuidados temporales, aunque del juicio divino no quedaba muy
-privilegiado. Con este propósito eligió, de los españoles que en la
-tierra estaban y de los que habia traido en los dos navíos Cristóbal
-Serrano, hasta 190 hombres, los que le pareció ser más varones y para
-sufrir mayores trabajos, y un bergantin y diez canoas bien capaces,
-donde consigo los embarcó, con la comida necesaria para por la mar, y
-armas de lanzas, espadas, ballestas, rodelas y algunas escopetas, y
-la principal y que más brava y cruel guerra siempre hizo á los indios
-desdichados, que es los perros bravos amaestrados; destos llevó no sé
-cuantos. Salió en principio de Setiembre de 513, y muchos indios de
-los que tenian por esclavos para que les llevasen las cargas, porque
-sin éstos no saben nuestros españoles en estas Indias andar un paso;
-fué por la mar hasta la tierra del rey Careta, que tenia por amigo
-y le habia dado su hija, creyendo que la casaba, como arriba queda
-declarado. Careta le rescibió como de ántes, haciéndole gran fiesta;
-dejó allí el bergantin é las canoas, y toma el camino de tierra y
-sierras ó montes hácia la tierra de Ponca, con gente que Careta le
-dió que le acompañase. El rey Ponca, que siempre tenia sus espías y
-recaudo, así como supo que subian sus montañas los españoles, acógese á
-su fortaleza acostumbrada, conviene á saber, escondiéndose por lo más
-secreto que en toda su tierra hallaba. Envíale Vasco Nuñez mensajeros
-de los indios, vasallos de Careta, que lo asegurasen y le prometiesen
-de su parte que no rescibiria ningun daño, que fuese su amigo, como
-lo era Careta, dende adelante. Acordó de se poner á sus manos, por no
-andar el triste fuera de su casa y señorío desterrado, y así vino, y
-porque sabia que la mejor causa de querello bien los españoles era
-traelles oro, que tanto ellos amaban, trujóle obra de 110 pesos de
-oro, que no tenia más, diciendo que todo lo que tenia el año pasado
-se lo habian ellos tomado; bien se puede aquí creer, que si tuviera
-muchos millares que no los dejara en casa, pues venia á ponerse en
-sus manos y con temor si le habian de guardar la palabra. Rescibiólo
-Vasco Nuñez y los demas con mucha alegría, y con mejor gana que si les
-diera mucho oro, por dejar las espaldas seguras prosiguiendo su viaje.
-Dióle Vasco Nuñez muchas cuentas, y espejos y cascabeles, y, lo que más
-los indios siempre preciaron y precian, hachas de hierro, las cuales
-hallan, para sus ejercicios y hacer sus casas y cortar madera y otras
-obras, como lo son, más que otra cosa aparejadas. Hecho amigo Ponca,
-pídenle guías y gente que les lleven las cargas para subir las sierras
-y pasar adelante; dáles Ponca todo lo que pidieron, y mantenimiento,
-de todo lo que tenia, muy á la larga. Comienzan su camino por las
-montañas altas, entrando en el señorío y distrito de un gran señor
-llamado Quarequa, el cual hallaron aparejado para resistilles, porque,
-como la fama de los españoles por todas las provincias volaba, cada
-uno de los señores estaba no descuidado, ántes apercibido con sus
-espías y gente armada para se defender, temiendo que cada dia habian
-de venir á ellos y hacerles las obras que dellos habian rescibido sus
-vecinos y comarcanos. Este Quarequa les ocurrió con muy mucha gente
-de guerra, armada de sus arcos y flechas, y unas tiraderas con que
-arrojaban unas varas tostadas del tamaño de dardos, arma que para en
-gente desnuda era muy mala, que como con una ballesta de garrucha
-pasarian un hombre de parte á parte; traian macanas hechas de palma,
-que es como de acero, de que usan, como de porras, á dos manos, puesto
-que son chatas ó llanas. Con este aparato salieron preguntándoles qué
-querian ó á qué venian, y requiriéndoles que no pasasen adelante, y
-como vieron que los españoles no acordaban de se volver, muéstrase el
-señor en la delantera vestido de mantas de algodon, y con él ciertos
-principales, todos los demas en cueros, y dan en los españoles con gran
-grita é ímpetu espantable. Sueltan los españoles ciertas escopetas de
-fuego, y algunas ballestas que llevaban, de los tiros de las cuales
-cayeron muertos luégo no sé cuántos, y como vieron los pobres indios
-salir el fuego y oyeron el trueno, pensaron que eran rayos, y que los
-españoles tenian poder para con rayos matallos; vuelven apriesa las
-espaldas, sin quedar uno que huir pudiese, todos tan espantados, que
-no creian sino que los nuestros eran diablos. Van tras ellos, sueltos
-los perros, como tras una grey de ovejas ó carneros, y á cuchilladas,
-á unos cortaban las piernas y desjarretaban, á otros los brazos, á
-otros alcanzaban y cortaban las nalgas, á otros á estocadas pasaban
-de parte á parte, á otros desbarrigaban, y los perros, por su parte,
-desgarraban y hacian muchos pedazos. Quedó muerto allí el negro Rey
-y señor, con sus principales, que venian, señalados, y hasta 600
-hombres que pudieron alcanzar; prendieron algunos y llegaron al pueblo
-donde captivaron otros, y robaron todo lo que valia algo, no supe qué
-cantidad en él hallaron. Entre los presos que allí tomaron, fué un
-hermano del mismo señor, y otros, no sé cuántos, que, diz que, andaban
-vestidos de hábito de mujeres, á los cuales, juzgando que del pecado
-nefando eran inficionados, los mandó luégo, sin otra indagacion ni
-juicio, aperrear, conviene á saber, echar á los perros bravos, que,
-mirándolos y regocijándose, como si miraran una graciosa montería, en
-un credo los despedazaron. Todas estas obras, que por aquella tierra
-Vasco Nuñez y sus compañeros hacian, era disponer aquellas gentes
-para que amasen el nombre cristiano y se aficionasen para rescibir
-la religion cristiana; bien creo que pensaban los pecadores que
-ofrecian á Dios algun sacrificio agradable, so color que punian ó
-castigaban los quebrantadores de la ley natural, no advirtiendo, con su
-ceguedad, cuántas más veces ellos á cada paso la quebrantaban con muy
-mayores ofensas de Dios, destruyendo aquellos reinos y tantas gentes
-en ellos, y haciendo heder el nombre de Jesucristo entre aquellas
-naciones, con sus obras tan detestables, como dellos dijo Sant Pablo.
-Y que fuera verdad muy bien averiguada que aquellos que traian aquel
-hábito mujeril era por aquel pecado, ¿quien hizo juez á Vasco Nuñez,
-ó con qué autoridad se constituyó Alcalde en señorío y jurisdiccion
-ajena, siendo él súbdito de aquellos naturales señores por estar en su
-tierra, y que de justa justicia, por sus tiranías, invasiones y robos
-tan universales, y por toda ley natural, divina y humana, dañados, si
-fuerzas tuvieran, podian hacerlos cuartos y tajadas? Cuanto más que áun
-traer algunos aquel hábito podia ser por otra causa, sin pensar en cosa
-del pecado nefando; ésto parece poder haber sido, por lo que refiere
-Galeno sobre Hypocras, en el tractado de _Aere et aqua_: Cuenta Galeno
-allí, que muchos de los scythas, naturales de Scythia, region última
-de Europa, porque hay otra en Asia, son como eunucos, inhábiles para
-ser casados, por lo cual hacen todos los oficios de las mujeres, así
-en hablas como en obras, y llámanlos afeminados oficios, digo, no de
-vicios sino honestos, los que las mujeres hacen, á los cuales adoran
-y reverencian los vecinos de aquella tierra, temiendo no les acaezca
-el mismo defecto que aquellos padecen; aquel defecto atribuyen á Dios
-ó á la voluntad de Dios, por sus pecados. La causa de venir ó caer en
-él, dice Galeno que le parece ser la vieja y continua costumbre que
-tienen de andar á caballo, porque les vienen ciertos dolores, y de
-traer las piernas siempre colgadas hácense algo cojos, y, creciendo la
-cojedad, encójenseles las chuecas de los piés ó desencajánseles, para
-cura de lo cual sángranse de ambas á dos venas detras de las orejas,
-y, por la mucha sangre que les sale, sucédeles flaqueza, y luégo tras
-ella el sueño; habiendo dormido, algunos se levantan sanos, y algunos
-no, y porque las venas detras de las orejas son de tal naturaleza,
-que sangrándolas causan esterilidad, de aquí es que, cuando quieren
-tener la secreta conversacion con sus mujeres, se hallan estériles, y
-la primera vez pasan pacientemente, pero á la segunda, ó á la tercera
-creen haber ofendido á Dios, y por consiguiente ser su voluntad en
-aquello castigarlos. Luégo, dice Galeno, que se visten trajes ó
-vestidos de mujeres, y confiesan públicamente ya no ser hombres,
-sino afeminados hechos, y, por tanto, se pasan al consorcio de las
-mujeres para ejercer los oficios y operaciones mujeriles con ellas.
-En este daño é inconveniente incurren los más nobles y más ricos,
-principalmente, por causa de andar á caballo más á la contina, pero los
-pobres y de baja suerte que no alcanzan caballos, en tal oprobio nunca
-se vieron; todo ésto es de Galeno. Luégo posible cosa fué, que no por
-fin de cometer aquel vicio nefando se usase traer los hombres hábito de
-mujeres por aquella tierra firme, y, por consiguiente, haber ofendido
-gravísimamente á Dios Vasco Nuñez y sus consortes, aperreando aquellos
-indios por aquel título, aunque tuviera jurisdiccion y fuera competente
-juez, cuanto más que no lo era sino súbdito, él y todos los que con él
-iban, de aquel Cacique y señor de aquella tierra, como queda dicho.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XLVIII.
-
-
-Ya iban algunos de los españoles, de hambre y cansancio, enfermos,
-á los cuales dejó Vasco Nuñez allí en el pueblo del cacique y señor
-Quarequa, y pidióles gente de guía y para llevar sus cargas, para
-despedir algunos de los de Ponca, y con ésto comienzan á proseguir
-lo que les restaba para llegar á la cumbre de la sierra, de donde
-la otra mar del Sur decian que se habia de ver. Habria, desde el
-pueblo del cacique Ponca hasta la dicha cumbre de aquellas montañas,
-andadura de seis dias, como 40 leguas, y no pudieron llegar á ella
-sino en veinticinco dias, por la aspereza de la tierra, y porque
-siempre padecian penuria de comida, y el poco descanso que de contino
-tenian. Finalmente, llegaron á la cumbre de las más altas sierras á
-25 dias de Setiembre de dicho año de 1513, donde la mar del Sur se
-parecia. Avisaron los indios de Quarequa, un poco ántes que á la cumbre
-subiesen, á Vasco Nuñez, como estaban ya muy cerca; manda que todos
-allí se paren y asienten, sube él sólo en la cumbre de la sierra, y,
-vista la mar del Sur, da consigo luégo en tierra hincado de rodillas,
-y alzadas las manos al cielo da grandes alabanzas á Dios, por la
-merced tan grande que le habia hecho en que fuese el primero que la
-descubriese y viese; llama con la mano á toda la otra su gente, vienen
-todos, torna él otra vez á hincarse de rodillas y á repetir las gracias
-á Dios de aquel beneficio, y lo mismo hacen todos ellos. Los indios
-que llevaban estaban todos como atónitos viendo el regocijo y alegría
-dellos. Comienza luégo á encarecer las buenas nuevas que le habia
-dado el hijo del rey Comogre, y prometíales á todos gran felicidad y
-riquezas, y diciendo: «Veis aquí, señores y hijos mios, cómo se van
-cumpliendo nuestros deseos y el fin de nuestros trabajos, y dello
-debemos estar ciertos, porque, así como ha salido verdad lo que el
-hijo del rey Comogre nos certificó desta mar, que nunca tal pensamos
-ver, así tengo por cierto que se cumplirá lo que nos dijo de haber
-incomparables tesoros en ella, y Dios que nos ha ayudado y su bendita
-Madre, á que hasta aquí llegásemos y la viésemos, nos favorecerán para
-que de todo lo que en ella hobiere gocemos.» Todos se holgaban de
-oillo y todos creian y esperaban lo mismo, porque todos estaban con
-aquel pio de ser ricos, y no era de todos más de un fin, que era su
-grande cudicia. Comienza luégo á tomar por fe y testimonio, como, en
-nombre de los reyes de Castilla, tomaba posesion de aquella mar, y de
-todo lo que en ella habia, y en señal de posesion corta árboles, hace
-cruces, allega piedras y amontona muchas dellas; en árboles grandes,
-con un cuchillo, escribe el nombre de los reyes de Castilla. Cura luégo
-de descender las sierras abajo, y descubrir lo que por ellas y en la
-costa de la mar habia; supo que cerca de allí estaba la poblacion ó
-poblaciones de un otro señor, llamado Chiapes, y que tenia mucha gente.
-Fué siempre sobre aviso, y porque no ménos lo estaba el Chiapes, por
-las nuevas que de los nuestros tenia, salióles al camino con mucha
-gente de guerra á resistilles, haciendo fieros como se ven tantos en
-número y á los nuestros tan poquitos, hasta que por experiencia, con
-daño grande suyo, saben cómo cortan nuestros cuchillos; no por eso
-huyen ni se retraen los nuestros, ántes, lo primero, saludáronlos con
-las escopetas y ballestas, y luégo sueltan los perros. Como los indios
-vieron el fuego que salia de las escopetas, y oyeron los truenos que
-retumbaban por aquellos montes, y el hedor de la pólvora y piedra
-zufre, y que parecia que le salia todo de las bocas, no pensaron sino
-que se les abrian los infiernos, y vistos de sí mismos los caidos
-muertos, y los perros que destripaban á los que acometian, vuelven
-las espaldas todos por salvarse, cada uno huyendo cuanto más podia.
-Siguen los españoles tras los perros, matando algunos de los que
-alcanzaban, para pagar las primicias de su evangelio, puesto que no
-todos los que matar pudieran, porque por entónces no pretendian matar
-muchos sino prender, para por medio de los presos hacer amistad con
-el señor Chiapes, porque no se impidiese su camino que llevaban de
-descubrir lo que por aquella costa y mar habia. Llegan al pueblo, y de
-los muchos que prendieron soltaron algunos, que fuesen por mensajeros
-al señor, y con ellos algunos de los que del señor que quedaba atras,
-Quarequa, traian, avisándole y asegurándolo de no hacelle más mal con
-que fuese su amigo, porque, de otra manera, que le hiciesen cierto
-que ni él ni cosa suya quedarian vivos; el cual, temiendo que no le
-echasen rayos, truenos, ni relámpagos por la boca para consumillos,
-como tenian creido, acuerda de venir y ponerse en manos de sus tan
-molestos enemigos. Trujo consigo 400 pesos de oro, que no debia de
-tener más, porque puesto que lo habia por aquella tierra, pero como
-hacian poco y ningun caudal dello, no curaban de propósito sacallo,
-sino era acaso; recibiólo Vasco Nuñez y todos muy graciosamente, y
-dióle de las cosas de Castilla que tenia, contezuelas de vidrio,
-espejos, cascabeles, tijeras y hachuelas. Despidió de aquí Vasco
-Nuñez los indios que traia del pueblo de atras, y del señor Quarequa,
-dándoles de las mismas cosillas, con que fueron, aunque mal pagados,
-contentos, y envió á llamar los españoles que allí habian quedado mal
-dispuestos; entre tanto que venian estuvo en aquel pueblo de Chiapes
-con él, haciendo y rescibiendo buen tractamiento, y envió desde allí á
-descubrir la costa de la mar y lo que habia por la tierra á Francisco
-Pizarro, y Juan de Escaray, é Alonso Martin, de Don Benito, con cada
-12 hombres, mayormente que buscasen caminos que á la mar saliesen por
-más cerca. El Alonso Martin acertó con el camino más breve, y á los
-dos dias llegó donde halló tres canoas en seco y no vido mar ninguna,
-y estando considerando cómo aquellas canoas estaban tan dentro en la
-tierra sin agua, llega el agua de la mar de presto, y levanta las
-canoas en alto un estado ó poco ménos; la causa es, porque por aquella
-costa cresce y mengua la mar, cada seis horas, dos ó tres estados, de
-manera que los navíos grandes quedan en seco, y no parece agua de
-la mar por buena media legua. Visto las canoas nadar, entra luégo el
-Alonso Martin en una, y dice á sus compañeros, «sedme testigos, como
-yo soy el primero que en la mar del Sur entra», otro, llamado Blas
-de Atienza hizo lo mismo, y dijo que fuesen testigos que él era el
-segundo que aquello hacia; tornaron luégo á Vasco Nuñez con las nuevas,
-con las cuales hobieron todos regocijo nuevo. Venidos los españoles
-que dejó en Quarequa, ruega Vasco Nuñez al señor Chiapes que vaya con
-él y lleve consigo parte de su gente; place á Chiapes hacelle buena
-compañía, y dejado en su pueblo parte de los españoles que, no tan
-bien, por su cansancio é indispusicion, podian ir, llega Vasco Nuñez
-y Chiapes, con 80 españoles y muchos indios, á la mar, y métese hasta
-los muslos en ella con una espada y una rodela, toma luégo testigos
-y pide testimonio, como vé y toca con su persona y toma posesion de
-toda aquella mar del Sur y de todo lo que á ella pertenecia, en nombre
-de los reyes de Castilla, y que esta posesion defenderá contra todos
-los que la contradigan, y hace para ésto muchos actos y diligencias.
-Tomó nueve canoas, que debian ser de Chiapes, y pasa un gran rio
-para ir á la tierra y pueblos de otro señor llamado Coquéra, la
-media luenga: éste, sabido que iban los españoles á su tierra, sale
-con toda su gente á les resistir, el cual llevó, como los de atrás,
-en la cabeza: matáronle alguna gente, y él con los demas toman su
-ordinario remedio. Envia Vasco Nuñez algunos de la gente de Chiapes,
-amonestando que venga á ser su amigo, si nó que hará en ellos lo que
-en los otros suele; hicieron los mensajeros chiapenses su mensaje
-fielmente, loando á los españoles de buenos, y que no querian sino
-oro, y tener á todos por amigos, que viniese á ellos sin miedo, porque
-así lo habian hecho su señor Chiapes y los otros señores de aquella
-tierra, y que si no lo hacian padecerian gran peligro, porque eran los
-cristianos invictísimos, etc.; bien habian entendido las cualidades
-de los nuestros, y cuán seguros creian que los tristes estaban de la
-bondad y justicia de los nuestros, aunque en el fin dellos no iban
-muy aviesos. Finalmente, hizo Quarequa lo mismo que los otros, y vino
-con su ofrenda, que fueron 650 pesos de oro, pocos más ó pocos ménos;
-rescibióle Vasco Nuñez con mucho placer, dále de las cosas de Castilla,
-como á los primeros, ofrecénle amistad y paz, puesto que se les tornó á
-todos en la de Judas, y los cascabeles y cuentas que les daban, en cebo
-de anzuelos y carne de buitrera.
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- CAPÍTULO XLIX.
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-Dejado así el rey Quarequa contento, tórnanse al pueblo de Chiapes,
-donde holgando algun dia, no se les cocia el pan, en especial á Vasco
-Nuñez que no podia estar quieto; deliberó de ir á descubrir algo por
-la mar, un golfo que por allí parecia entrar mucho en la tierra,
-especialmente. Desque Chiapes vido su determinacion, persuadíale y
-rogábale mucho que no lo hiciese por entónces, porque era muy peligroso
-navegar por aquella mar en aquel tiempo, y señalaba tres meses del año,
-conviene á saber, Octubre, y Noviembre, y Diciembre; pero Vasco Nuñez
-no por aquellos miedos y peligros se detiene, diciendo que Dios los
-habia de ayudar, porque de aquel viaje habia de salir mucho servicio
-á Dios y aumento de su fe, por los tesoros grandes que se habian de
-descubrir, para que los reyes de Castilla hiciesen guerra contra
-infieles. Su grande ambicion y cudicia envolvia y aburujaba con el
-servicio de Dios, que nunca pretendió, sino hacerse á sí, de sangre de
-hombres inocentes, rico. El cacique Chiapes, porque no pareciese que no
-le guardaba toda fidelidad, como buen amigo, aunque sabia el peligro
-en que se ponia, todavía quiso acompañalle y seguille. Embarcáronse
-Vasco Nuñez y Chiapes, y 80 españoles de los más sanos de todos los
-que tenia, los demas déjanlos allí en las nueve canoas dichas, y para
-remallas y ayudar en todo lo que se ofreciera muchos indios, y porque
-entraron en el golfo susodicho, dia de Sant Miguel, que es á 29 de
-Setiembre, púsole aquel nombre, como hoy lo tiene. Sucedió luégo, en
-entrando, apartados algo de tierra, tan grandes olas y tan bravas, que
-Vasco Nuñez, por haber tomado el consejo de Chiapes, renunciara todas
-las riquezas del mundo que tuviera. Fué grandísima ventura todos no
-perderse, y los indios, que suelen nadar como peces, mostraban más el
-peligro en que se vian, por las muchas veces que sabian peligrar en
-aquel golfo por experiencia, y este miedo que mostraban los indios
-causaba á los españoles mayor desconfianza de su buena suerte. La
-causa de andar la mar en aquel golfo, sin que haga viento, tan brava
-é inquieta, es las muchas isletas y arracifes, ó peñascos, que hay
-en él. Tomaron por remedio los indios, como maestros en aquello, que
-se juntaron unas canoas con otras, y atáronse con cuerdas, porque
-atadas no se trastornan tan fácilmente; llegáronse al reparo de una
-isleta, y saltaron en tierra, ligando las canoas, ó á las peñas, ó á
-algunos arbolillos mariscos que allí crescen, donde estuvieron toda la
-noche con muy poco ménos tormento que si luégo vieran la muerte, y no
-estuvieron muy léjos della, porque, creciendo la mar, cubrió toda la
-isleta como si no hobiera en ella tierra ó peñas, y ellos en el agua
-hasta la cinta, ó poco ménos. Venido el dia, y tornando á bajar la mar,
-van á ver sus canoas, de las cuales hallan algunas hechas pedazos,
-otras abiertas por muchas partes, y todas llenas de arena y de agua
-salada, y en ninguna hato ni comida, de todo lo que en ellas tenian,
-hallaron. No hay mucho aquí que dudar de cuánta miseria, angustia, y
-tristeza estarian llenos y sobrepujados; viéndose así tan cercanos á
-del todo perecer, comenzaron á socorrerse, desollando cortezas de los
-arbolillos marinos que allí estaban y majándolas, y con ellas y con
-hierbas, tajaban y tupian las hendiduras de las canoas que no estaban
-del todo quebradas, y, como mejor pudieron, tornáronse á embarcar
-con muy grande peligro, y padeciendo terrible hambre. Van en demanda
-de la tierra de un señor llamado Tumaco, que está en un rincon del
-mismo golfo, y éste hallaron, para resistilles, aparejado, el cual
-les dió una batalluela, de las que los desnudos, donde no tenian
-hierba ponzoñosa, solian dar; venciéronlo, aunque flacos de hambre, y
-ahuyentáronlo como á los de atras, quedando los que alcanzaron, por
-los perros y con las espadas, hechos pedazos, y el mismo Cacique bien
-descalabrado. Envió luégo el cacique Chiapes mensajeros de su gente
-al Tumaco, avisándole de la fortaleza de los españoles, y cuán crueles
-eran contra los que no se les daban, y cuán bien trataban los que
-tenian por amigos, como hacian á él y á los otros señores que quedaban
-en los caminos por donde venian. No habia Chiapes aún experimentado
-el tractamiento que despues le hicieron, y como no era oro todo lo
-que relucia en los españoles, y como habian todos de perecer en las
-minas y en los otros trabajos en que los pusieron para hacerse ricos,
-y por ello sacalles la sangre. Tumaco no quiso ser persuadido de los
-mensajeros de Chiapes, y, cierto, en su seso estaba; tórnale á enviar
-otros mensajeros, ó otra vez los mismos, avisándole, como amigo, porque
-tuviese por cierto que, si no venia, no se podia escapar de sus manos,
-donde sería cruelmente muerto, y todo su señorío disipado, y todo lo
-demas que pudo envialle á decir, para movello, le significaron. En
-fin, convencido de las razones y temores que le pusieron, acordó de
-sacar de la necesidad virtud; pero él no quiso venir, mas envió su
-hijo, al cual Vasco Nuñez rescibió muy bien, y creo que le dió una
-camisa y otras cosillas, y tornólo á enviar á su padre, amonestándole
-que le dijese todo el mal y bien que podian los españoles hacerle,
-por eso, que no tardase ni porfiase á perseverar en no querer venir
-á ser su amigo. Viendo Tumaco que así habian tratado á su hijo,
-creyendo que así sería todo y siempre, al tercero dia determinó de
-venir bien acompañado de su gente y principales, pero no quiso traer
-consigo nada que ofreciese para la lámpara que tanto ardia, y aquella
-ofrenda deseaba. Rescibióle con mucha fiesta Vasco Nuñez y los demas,
-y aseguráronlo mucho, hablóles Chiapes, loando mucho á los españoles,
-que eran buenos amigos, y que era razon de los abrigar y ayudar, pues
-eran extranjeros y estaban en sus tierras, y otras cosas para lo
-atraer á la confianza y amistad de los cristianos; él, así aplacado y
-confiado por las palabras de Chiapes y por la conversacion alegre que
-experimentaba, envió de la gente que consigo trujo, ciertos criados
-á su casa, los cuales trujeron ciertas joyas de oro, y, lo que más
-valia y más se estimó, y con razon, trujeron 240 perlas gruesas, muy
-preciosas, y de otras menudas, muchas. Desque Vasco Nuñez y todos las
-vieron, no se podia encarecer el alegría y regocijo que tuvieron,
-creyendo que ya se les acercaban las riquezas inmensas que el hijo del
-rey Comogre les habia denunciado, por lo cual se tenian por los más
-bienaventurados del mundo, y daban ya por bien empleados todos sus
-trabajos, que no eran mucho menores que infernales. Las perlas grandes,
-como dije, eran de mucho valor, salvo, que por echar los indios en el
-fuego las ostias donde ellas están para las abrir, salian ahumadas,
-y no tan blancas como ellas lo eran y son de su natural. Despues, el
-tiempo andando, enseñaron los españoles á los indios como abriesen
-las ostias, sin fuego, más aína y con más cuidado y continuacion que
-la doctrina cristiana, porque no viene alguno dellos por aquel fin
-acá, y ésto, cierto, creo, por lo que habemos largamente visto, que lo
-podemos afirmar sin pecado; pues como viese Tumaco que tanta fiesta
-se hacia por las perlas, y que todos dellas se admiraban, por mostrar
-ser liviandad y que él las tenia en poco, envió luégo ciertos indios,
-mandándoles que fuesen á pescar más, los cuales se dijo que trujeron,
-desde á cuatro dias, dellas tantas que pesaron 12 marcos. Todo ésto
-era materia para que los nuestros no pudiesen tragar la saliva de
-gozo, tanto les crescia la esperanza de su desideratísima felicidad.
-Todos los españoles y indios estaban en grandísimo regocijo; los
-españoles, por los argumentos que juzgaban serles todo aquello de su
-bienandanza, y los indios, mayormente los Caciques, por el amistad de
-los cristianos, creyendo que aquella les habia de durar, y que los
-españoles estimaban en mucho el oro y perlas que ellos tenian en nada,
-y que se contentaran con lo que les daban y no quisieran dellos más,
-y mayormente se holgaba Chiapes por haber sido medianero de la paz y
-amistad de Tumaco y los cristianos. Certificaron Chiapes y Tumaco á
-Vasco Nuñez, estar una isla distante de allí obra de cinco leguas,
-segun por señas señalaban, dentro en aquel golfo, donde señoreaba un
-Rey gran señor, en la cual habia gran multitud de ostias muy grandes,
-en las cuales se criaban perlas tan grandes como aceitunas, y como
-habas, segun por señas significaban. Oido Vasco Nuñez de la isla y
-de la riqueza de las perlas, no podia caber en sí por la excesiva
-alegría, dice que luégo quiere pasar á ella é que aparejen las canoas;
-los dos Caciques amigos le ruegan que no se ponga en aquel peligro en
-tal tiempo, que lo deje para el verano, cuando la mar está en sosiego,
-y entónces podrá ir á su placer y alcanzar cumplimiento de su deseo,
-y que para entónces ellos con su gente le acompañarian. Temió Vasco
-Nuñez no le acaeciese lo que de ántes habia padecido en la isleta, y
-así tuvo por bueno el consejo de aquellos Caciques sus amigos. Díjose
-que aquel cacique Tumaco dió nuevas á Vasco Nuñez, como por aquella
-costa en adelante, señalando hácia el Perú, habia grande cantidad de
-oro, y ciertos animales sobre que ponian sus cargas las gentes della,
-y que de barro hizo una figura como las ovejas de aquella tierra, con
-el pescuezo que tienen, que parece propio de camello; estaban los
-españoles admirados, dellos decian que mentian, dellos pensaban si
-eran camellos, dellos si eran ciervos ó dantas, que las hay en muchas
-partes de tierra firme, que son como terneras chiquitas, pero difieren
-porque tienen las piernas muy chicas, cuasi un palmo del suelo, y creo
-que carecen de grandes cuernos: y éste fué el segundo indicio que Vasco
-Nuñez alcanzó de las riquezas y estado del Perú.
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- CAPÍTULO L.
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-Con todas estas tan nuevas nuevas, cargado de larguísima esperanza
-de las riquezas de oro y perlas que esperaba de descubrir el verano
-venidero, y que nunca gozó aunque las habia mayores que jamás fueron
-imaginadas ni soñadas, Vasco Nuñez acordó, muy contento, y alegre, y
-triunfante, volverse al Darien; despidió allí los caciques Chiapes y
-Tumaco, que se quedasen muy enhorabuena, dándoles gracias por lo que
-por él y los suyos habian hecho, y en especial á Chiapes, que más
-con él habia trabajado y más seguídole, y abrazándolos, y ellos á
-él (mayormente Chiapes lloró mucho apartándose dél, porque, cierto,
-comunmente los indios aman á los que no les hacen mal), y con alguna
-muestra de querellos bien de veras, dejó con él los españoles que
-estaban mal dispuestos y flacos, encomendándoselos tuviese cargo
-dellos, hasta que estuviesen buenos y pudiesen irse tras él, dióle
-todos los indios que hobo menester, que le llevasen las cargas y
-acompañasen hasta donde quisiese servirse dellos. Fueron por otro
-camino que habian venido, y aportaron á la tierra y señorío de un
-otro Cacique llamado Teaocham; éste, sabido que iban y las obras que
-hacian á las gentes donde llegaban, si no les salian á rescibir,
-como no tuviese fuerzas para les resistir, acordó salirles de paz al
-camino, y hacelles todo el rescibimiento de amistad y benevolencia, y
-acogimiento, y servicio en su pueblo que le fué posible; trujo ante
-sí consigo su presente, que ofreció á Vasco Nuñez, 1.000 castellanos
-de oro en piezas labradas por muy lindo artificio, y 200 perlas muy
-finas, puesto que algo turbias por haberlas sacado de las conchas ó
-ostias al fuego. Dióles abundantemente de comer de todo lo que tenia,
-y hospédalos, en todo lo que pudo, como si fueran sus deudos y amigos,
-y á toda la gente que de Chiapes traia; rogó á Vasco Nuñez que diese
-licencia que se tornasen á su tierra los chiapenses, porque estando
-en su casa, no les habia de faltar cosa de lo que tuviese. Fué así,
-é mandóles dar comida para su camino. Holgáronse allí con Teaocham
-dos ó tres dias, y porque el camino para el Darien, desde allí, era
-despoblado mucha parte, y de altísimas y estériles sierras, donde habia
-muchos tigres y leones, proveyóles de mucho bastimento, bizcocho, y
-pescado salado, y otras cosas, y mucha gente que le sirviese y llevase
-las cargas, y hombres de sus principales, y con ellos por Capitan,
-para que mandase y ordenase á todos por el camino, el mayor y más
-amado hijo que tenia, mandándole que no se apartase de los españoles
-un credo, ni se volviese, ni él ni hombre de los que con él iban, sin
-voluntad y mandado de Vasco Nuñez. Guiaron su camino los indios por
-la tierra de un otro señor, mayor que todos los que atras quedaban,
-que debia de ser enemigo dellos, del cual justa ó injustamente se
-quejaban, y quisieran, por ventura, que los españoles á quien tenian ya
-por invencibles, hicieran guerra contra él, que Pacra se llamaba; éste
-Pacra, gran señor, no osó salir de guerra ni de paz, sino escondióse; y
-ántes que aquí llegasen, subiendo por unas aspérrimas sierras, que no
-tenian por mucha parte del camino agua, padecieron tan terrible sed,
-que si no fuera por las guías, que, apartado del camino en un rincon de
-un valle, mostraron una fuente, hombre dellos no escapara. Llegados al
-pueblo de Pacra, halláronlo todo vacío de gente, aunque no faltó que
-robar, porque 3.000 pesos de oro en joyas hallaron; envió Vasco Nuñez
-mensajeros, que por los montes lo buscasen y le dijesen que viniese á
-verlos sin temor, y que sería su amigo, y si no que lo iria á buscar y
-lo haria echar á los perros que le hiciesen pedazos como habia hecho á
-los demas. Pacra, temiendo su severidad y la ferocidad de los perros,
-que ya eran temidos por toda la tierra más que los diablos, acordó
-venir (aunque tarde porque no osaba), é ponerse en sus manos habiéndolo
-asegurado; trujo consigo otros tres señores, que debian quizá ser sus
-vasallos y con gente acompañado. Era, segun escribió Vasco Nuñez
-al Rey, este señor Pacra feísimo de gesto, y de todos los miembros,
-diferente de otros hombres, desproporcionado, que de vello todos se
-admiraron. Dijo Vasco Nuñez, que otros Caciques y señores comarcanos,
-sabido que Pacra habia venido á ver á los españoles, vinieron á
-quejarse dél, que les habia hecho muchos agravios, y que por ésto
-determinó de matarlo; con éste acuerdo, primero preguntóle blandamente,
-como rogándole, que dijese dónde se cogia el oro de aquella tierra,
-que de abundar dello tenia mucha fama; respondió que no sabia;
-hácele muchas amenazas, dále muchos tormentos, no le aprovechó nada.
-Preguntado de dónde habia habido aquellos 3.000 pesos que le tomaron,
-respondió que ya eran muertos los que sabian sacallo en tiempo de sus
-padres y suyo, y que despues que habia crecido en edad, de mandar
-buscar ni sacar oro habia tenido poco cuidado. Hízolo, en fin, echar á
-los perros con los otros tres señores que habian venido á acompañallo,
-que los hicieron pedazos, y despues de muertos por los perros, hízolos
-quemar. Bien es aquí de notar la gran tiranía y ceguedad deste pobre
-Vasco, que, habiéndolo asegurado, y venido confiado del seguro, y sin
-le haber ofendido, dalle tal pago, y tambien ¿qué juez era él en el
-señorío de Pacra, siendo por toda la tierra tirano y haciendo á todos
-los señores della obras de tirano, para conocer de las quejas que los
-otros Caciques, de Pacra daban? Item, ya que tuviera jurisdiccion sobre
-Pacra, á cuya jurisdiccion era él ántes, de ley natural, subjeto,
-¿seguíase que, porque los otros de aquel se quejasen, tuviesen razon
-ni justicia de agraviarse? Item, ¿qué sabia Vasco Nuñez, si aquellos
-eran sus vasallos, como quiera que fuese gran señor, y por rebelársele
-ó querérsele rebelar, viendo la fuerza de los españoles, le levantaban
-achaques? Item, ¿oyó en juicio contradictorio á Pacra, fué convencido
-en él despues de jurídicamente muy examinada la causa y entendido su
-lenguaje, de que apénas entendia tres palabras, para que á él y á los
-otros tristes tres señores, que de su seguridad se fiaron, echase á
-los perros que los despedazasen? Pero, cierto, harto más injusto é más
-infelice y más feo parecia y era Vasco Nuñez, ante el acatamiento
-de Dios, haciendo las injusticias y tiranías é infestaciones que por
-toda aquella tierra cometia él y los demás, teniendo el apellido y
-nombre cristiano, que Pacra aunque más feo é injusto fuese, dado que
-los que dél se quejaban dijesen verdad, cuanto más que quizá no lo
-era, y no era Vasco juez para examinallo, ni lo podia, por falta de
-saber la lengua, examinar, sino el oficio que á él le competiera,
-por ser cristiano, era ser medianero entre ellos, hacellos amigos y
-ponellos á todos en paz, lo cual pudiera muy bien hacello y con mucha
-facilidad. Despues que los españoles que dejó en el pueblo de Chiapes
-se sintieron en breve dispuestos para caminar, siguieron á Vasco
-Nuñez acompañados con gente y bastimentos de Chiapes; viniéronse por
-cierto señorío y casa de un otro Cacique y señor, llamado Bononiáma,
-la penúltima sílaba luenga. Este, como los vido, recibiólos con toda
-alegría y benignidad; hospédalos como si fueran sus hermanos, dáles en
-presente 2.000 castellanos. Descansados un dia ó dos pártense, y el
-mismo señor, con mucha provision de comida y muchos servidores, los
-quiso acompañar hasta ponellos donde Vasco Nuñez estaba; llegado al
-pueblo de Pacra donde áun estaban, toma á algunos por la mano y dice á
-Vasco Nuñez: «Ves aquí, hombre valiente y esforzado, tus compañeros,
-los cuales, así como en mi casa entraron, buenos y sanos, te los
-traigo; el que hace los truenos y relámpagos y nos da los fructos de
-la tierra, y nos mantiene, á tí é á ellos os guarde.» Esta sentencia
-creian que pretendia significar su plática, y cuando decia alzaba
-los ojos al sol, por manera que al sol debian de tener por Dios, ó
-por dador de los bienes temporales; otras muchas palabras dijo, que
-parecian ser de amor, que aunque no se entendian en este sonido las
-interpretaban. Vasco Nuñez, como mejor pudo, le mostró referille
-agradecimiento y muchas gracias por haber hecho tan buen acogimiento y
-hospedaje y compañía á los españoles; dióle muchas cosillas de las de
-Castilla, que allí tenia, que él tuvo por gran favor y riqueza. Supo
-dél muchos secretos del oro de aquellas provincias, y de las tierras
-vecinas, segun Vasco Nuñez escribió al Rey, entre las cuales debió de
-tener aviso de las cosas del Perú, segun en su carta al Rey encarecia.
-Despidióle, para que se volviese á su casa y tierra, con grande amor
-y alegría, quedando ambos confederados en amistad perpétua. Estuvo
-reposando Vasco Nuñez y su compañía en el pueblo de Pacra, que hizo
-despedazar á los perros, treinta dias, donde se rehicieron y cobraron
-todos fuerzas, porque todos venian, y los más sanos, de los grandes
-trabajos, y hambres muchas veces, muy deshechos. Partióse de allí,
-acompañándoles siempre la gente que traia del cacique Teaocham, que
-arriba dijimos salirle á rescibir voluntaria y graciosamente; tomaron
-la ribera en la mano del rio de Comogre, del cual tomó el nombre la
-region y tierra, y el mismo Cacique, cuyo hijo significamos arriba que
-dió á Vasco Nuñez las nuevas del Perú y de sus riquezas. Subieron unas
-sierras terribles y aspérrimas, despobladas, sino fueron dos Caciquejos
-paupérrimos que topó en un poblezuelo, que no debian tener labranzas,
-sino pocas, como hombres muy montañeses; aquestos llevó consigo por
-guías, y tomado de allí algun poco bastimento, yendo de sierra en
-sierra, sin camino, y á veces por ciénagas donde se sumian, si no iban
-sobre aviso, fueron tres dias con trabajo nunca oido, y algunos de los
-indios teaochenses, de hambre, cansancio y flaqueza, y tambien de los
-españoles, desfalleciendo. Era aquella tierra no andada, porque, aunque
-habia algunos pueblos, no comunicaban unos con otros, contentándose
-cada uno con lo que tenia; llegaron á un pueblo de un Cacique,
-nombrado Buchebuca, el cual hallaron todo vacío, porque, sintiendo que
-los españoles venian, huyeron él y toda su gente. Envió á buscallo
-algunos indios de los teaochenses, que todo lo trabajaban y suplian;
-halláronlo por los montes ó sierras, escondido; aseguránlo de parte
-de los españoles, respondió que él no habia huido de miedo, sino de
-vergüenza y tristeza, por no se hallar con tanto bastimento, y comida,
-y aparejo para rescibirlos, segun ellos merecian, pero que, en señal
-de amistad y confederacion con ellos, rescibiesen aquellos vasos y
-piezas de oro que los enviaba, pidiéndoles perdon porque más no podia
-servirles. Salieron de aquel pueblo harto desconsolados y hambrientos
-y con mucha flaqueza, porque como era mucha gente los españoles y
-los indios, que les traian las cargas y les servian por el camino,
-y no traian acémilas ni carretas para traer los bastimentos, donde
-quiera que llegaban, puesto que les diesen mucho, y cuanto bastimento
-tenian, como no podian los indios llevar más de dos ó tres arrobas á
-cuestas y comian todos dello, en dos dias que andaban por despoblado
-no tenian que comer. Viniendo su camino, asomaron ciertos indios por
-un cerro y hicieron señas que los esperasen, que los querian hablar;
-Vasco Nuñez mandó que todos parasen, pregúntales que qué es lo que
-quieren; comienzan: «Nuestro señor Chioriso os envia á saludar, y dice
-que quisiera mucho que fuérades á su pueblo, por mostraros el amor que
-os tiene, aunque no os ha visto, por la fama que teneis de valientes
-hombres; ha oido decir que haceis mal y perseguís á los que hacen mal á
-otros, y él tiene un enemigo, gran señor, de quien rescibe mucho daño,
-y querria que le ayudásedes; éste tiene mucho oro, del cual podríades
-vosotros gozar, pero mi señor, en señal del bien que os quiere y os
-desea, os envia estos 30 platos ó piezas de oro, prometiendo que os
-dará muchas más si teneis por bien de ir á donde él está.» Pesaban, á
-lo que entendí, 1.400 castellanos. Vasco Nuñez mostró agradecérselo á
-su señor, dándoles esperanza que algun dia iria á visitallo, y envióle
-ciertas hachuelas de hierro, que por ellas le dieran de oro diez veces
-más, y pensaran que no se las pagaban. Despidiólos muy alegres y ricos
-con sus hachas, y llenos de esperanza que algun dia los iria á visitar,
-y él con su hueste prosigue por su camino adelante.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LI.
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-Iban todos tan cargados de oro, que más indios con cargas de oro que
-con bastimentos y comida ocupaban; pero, aunque el oro de su propia
-naturaleza tiene virtud de alegrar, la mucha hambre y cansancio que
-padecian los llevaba tan tristes y atribulados, que consuelo ninguno
-en su corazon podia entrar; bien podemos presumir, que si llegaran
-á un bien proveido meson de comida, que ni estuvieran regateando en
-el precio, ni les faltara de que lo pagar. Prosiguiendo su camino,
-llegaron á la tierra y señorío del cacique Pocorosa, el cual luégo
-huyó, pero enviándole mensajeros y asegurándolo que no rescibiria daño
-alguno, luégo tornó; presentó á Vasco Nuñez 1.500 pesos de oro, y
-ciertos indios que debia tener por esclavos, Vasco Nuñez le dió de sus
-diges de Castilla, y algunas hachas con que lo contentó; estuvieron
-allí treinta dias teniendo bien de comer, donde rehicieron las fuerzas
-que traian harto disminuidas y flacas. Queriendo se partir de aquel
-pueblo de Pocorosa, y preguntando por el camino, fuéle dicho que habia
-de pasar, de necesidad, por el señorío del rey Tubanamá, la última
-sílaba aguda; y éste era el gran señor, y á quien temian todos los de
-aquellas regiones por su mucho poder y valor, de quien dió noticia el
-hijo de Comogre, como en el cap. 41 hicimos relacion; llamó á todos
-los españoles Vasco Nuñez, y díceles que conviene ántes que Tubanamá
-tenga noticia dellos irlo á saltear y prendello, lo cual parecia
-deberse hacer así al cacique Pocorosa, que era su capital enemigo.
-Respondieron que se hiciese como le parecia, y que luégo se partiesen
-ántes que por alguna vía Tubanamá fuese avisado. Tomó 60 hombres, los
-más dispuestos, ligeros y sanos, y de mejores ánimos, con cantidad
-de indios que le dió Pocorosa, los demas españoles, que estaban
-indispuestos y flacos, dejó allí para que descansasen y se recreasen;
-partióse Vasco Nuñez con sus 60, trasnochando, y lo que habian de andar
-en dos dias anduvieron en uno, y así una noche, á la prima, dieron en
-él, que estaba bien descuidado, y lo prendieron. Dijeron que tenia 80
-mujeres; á ellas y á toda su familia que tenia en su casa, que era
-muy grande, captivaron; el pueblo teníalo muy desparcido, y así como
-sintieron los españoles, todos huyeron; la gente que llevaba Vasco
-Nuñez de Pocorosa, comenzaron á vengarse dél diciéndole injurias y
-baldones, cuantos sabian y podian, por darle pena. Sabida su prision
-por otros pueblos que tenian dél queja, venian y hacian lo mismo, y
-daban á Vasco Nuñez quejas dél; respondia que mentian y que por envidia
-de que estaban llenos, por verlo más poderoso y no poder contra él
-prevalecer ni sojuzgallo, le levantaban aquellas mentiras y testimonios
-falsos, ántes habia rescibido muchos agravios dellos. Entre aquestas
-disputas, acusaciones, excusas, ó respuestas, finge Vasco Nuñez que
-lo queria echar á los perros, y mandó á los españoles que lo sacasen
-fuera, ó para echallo, píes y manos atadas, en un gran rio que allí
-era; llora terriblemente, y échase á los piés de Vasco Nuñez, alegando
-que nunca le habia ofendido á él ni á los cristianos, ántes siempre los
-tuvo en mucho, aunque no los habia visto, estimándolos por valientes
-hombres y buenos, que por qué á sus enemigos que lo querian mal daba
-crédito, y para en argumento de la estimacion que de los españoles
-tenia, llegóse á Vasco Nuñez, y pónele la mano á la espada diciendo:
-«¿Quién contra ésta macana (ó como allí se llamaba), que de un golpe
-hiende un hombre por medio, desde la cabeza hasta el ombligo, ha de
-pensar prevalecer sino fuere alguno que no tuviere seso? ¿pues quién no
-amará más presto que aborrecerá tal gente? No me mates, yo te lo ruego,
-y traerte hé cuanto oro yo tengo, y cuanto pudiere haber.» Estas y
-otras muchas palabras y razones, con abundancia de lágrimas, que todas
-no se entendian, decia, teniendo ya cuasi tragada la muerte. Macana
-llamaban en esta isla un arma, de que usaban como de espada, en las
-manos, de palo de palma, que es muy recia, como arriba hemos algunas
-veces dicho, allí no sé qué nombre se tenia; Vasco, no queriéndolo
-matar, comenzó á mostrarle el rostro un poco alegre, mostrando que
-se compadecia dél y mandó que lo soltasen; suelto, mandó luégo traer
-3.000 pesos de oro fino en ciertas joyas, como manillas y ajorcas y
-otras piezas para ornato de mujeres. Desde á tres dias le enviaron
-ciertos señores, sus vasallos debian ser, por su mandado, 6.000 pesos;
-preguntado Tubanamá que dónde se sacaba aquel oro, negó que se cogiese
-en su tierra, y que aquello, á sus pasados se habia traido del rio
-de Comogre que desaguaba en la mar del Sur; la gente de Pocorosa, y
-otros sus enemigos, que allí habian venido á vengarse dél, afirmaban
-que mentia, porque todo su reino y señorío era, más que otra tierra,
-de oro muy rico, el contrario decia Tubanamá, conviene á saber, que
-en toda su tierra no sentia que hobiese minas, puesto que algunas
-veces sus vasallos cogian en los rios algunos granillos, pero que no
-hacian cuenta dello, ni ponian cuidado en buscallo, como quiera que
-para lo sacar grandes trabajos se requiriesen. Estando allí, llegaron
-al pueblo de Pocorosa los españoles que habian quedado en los pueblos
-de atras descansando, los cuales traian entre sus hatos y cargas, que
-les traian los indios, ciertos azadones y bateas y otros instrumentos
-para inquirir, por dónde anduviesen, los rios y lugares en que hobiese
-oro. Sabido por Vasco Nuñez, envió por los dichos instrumentos de
-sacar oro, y llegaron dia de Navidad, el cual, con regocijo corporal y
-mundano, festejado, no les sobrando la devocion de las tres misas que
-aquel dia oyeron, porque de oirlas estaban bien descuidados, luégo,
-el dia siguiente de Sant Estéban, fueron con toda su devocion á dar
-catas por los cerros y arroyos, que es hacer hoyos y probar si sacaban
-muestra de aquello que tenian por su principal fin, é por quien tantos
-y tales trabajos y peligros voluntariamente tomaban. En las cuales
-catas hallaron muy buen oro, y entre ello muchos granos como lentejas,
-señal de haber en la tierra minas muy ricas de oro, de donde creyeron
-los nuestros los de Pocorosa decir verdad, que con justa razon Tubanamá
-negaba, porque ya sabia que si en su tierra hallaban oro los españoles,
-que nunca se irian della, y por consiguiente, á él y á su gente y á
-todo su estado, les habia de suceder mucho mayor mal; tambien se creia
-que lo negaba por tener por muy poca cosa, y no de estimar, aquella
-cantidad, pero la primera razon es la verdad, y muy extendida en todas
-estas Indias, y á todas las gentes dellas general, conviene á saber,
-huir siempre de estar cerca de españoles y encubrir las minas del oro,
-porque ya saben ó han oido decir que por el oro los han de consumir
-y en breve acabarlos. Cuando se quiso partir de allí, hizo dar otras
-catas en otros lugares y hallaron mucho mayor señal de ser rica la
-tierra de oro, por lo cual determinó de hacer, andando el tiempo, dos
-pueblos de españoles, uno allí en la tierra de Tubanamá, y otro en la
-de Pocorosa, para dos efectos, el uno, porque hobiese poblacion de
-nuestra gente para la seguridad del tracto que hobiese de la una mar
-á la otra, y el otro por tener cerca las minas para gozar de aquel
-oro que estimaban ser mucho. Llevóle todas sus mujeres y todo cuanto
-pudo llevarle y á un hijo suyo; aunque se dijo que el hijo dió de su
-voluntad, para que, conversando con los españoles, supiese su lengua,
-y quiza por espía, para que de lo que determinasen hacer lo avisase;
-dejóle dicho que hiciese coger á su gente mucho oro y se lo enviase, y
-que siempre sería su amigo y bien tractado. Dieron ciertas calenturas á
-Vasco Nuñez, de los grandes trabajos y hambres que habia pasado, hízose
-llevar á cuestas de indios en una hamaca; llegaron al pueblo y señorío
-de Comogre, cuyo señor, viejo, era muerto, y heredado el hijo mayor,
-discreto mancebo, que habia reprendido á los españoles cuando los vido
-reñir sobre la partija del oro, y dió nuevas las primeras é indicios
-de la gran tierra y riqueza del Perú. Este rescibió á Vasco Nuñez y á
-los demas con grande alegría y fiesta, donde hallaron harto consuelo y
-abrigo; presentó á Vasco Nuñez 2.000 pesos de oro labrado, y él dióle
-una camisa de lienzo que no tuvo en poco el bueno del señor Comogre.
-Despues de haber algunos dias reposado y recobradas algunas fuerzas los
-que más presto se restauraron, y él libre de las calenturas, acordó
-partirse para el Darien con hartas cargas de oro, que bien creo que
-pasarian de 30 y 40.000 castellanos, los cuales, por entónces, valian
-y eran más que hoy 300.000; la infinidad de lo que de sí despues
-dió el Perú, fué la causa. Dejó mucho encargado á Comogre, mandase
-siempre coger á su gente oro y se lo enviase, porque ésta era dél y
-de todos los que en aquella cofradía andaban toda su ansia; llegando
-á la poblacion del cacique ó señor Ponca, de quien arriba en el cap.
-46 hicimos mencion, halló cuatro españoles que salieron del Darien
-en su busca, para le avisar como eran venidos dos navíos, con mucho
-bastimento, de la isla Española; lo cual oido y habida grande alegría,
-tomó 20 hombres, de los más sanos y mejores peones, y váse al Darien de
-presto, y dejó los demas que se fuesen poco á poco. Llegó al Darien á
-19 de Enero, entrante el año de 1514, de donde habia salido primero dia
-de Setiembre del año pasado de 1513; saliéronlo á rescibir todos los
-españoles del Darien, con solemnísima fiesta, pero desque supieron que
-habia descubierto la mar del Sur, y las perlas, y traia tanta carga de
-oro, y tan ricas perlas, no se podria encarecer la excesiva alegría que
-todos rescibieron, estimando ser cada uno dellos, de todos los hombres
-del mundo, el más felice, los desventurados no conociendo el estado
-en que andaban, infamando y haciendo heder por todas aquellas gentes
-el nombre de Cristo, turbando, y afligiendo y echando al infierno
-tantas dellas, haciendo esclavos los libres, usurpándolos y robándolos
-sus naturales señoríos y todo cuanto tenian; no advertian tampoco la
-obligacion en que todos quedaban, _in solidum_, de restituir tanta
-cantidad de oro como robaban, y los daños que por todo aquello hacian,
-restitucion no ménos que infinita, y al cabo no vieron ni gozaron lo
-que tanto desearon, porque cuasi todos los que allí entónces estaban en
-breve murieron ántes, y hobieron mala fin. Repartió Vasco Nuñez todo el
-oro y perlas por los que con él fueron á esta meritoria peregrinacion,
-y por los que quedaron en el Darien, y dejó para sí, quedando todos
-contentos, más con la esperanza de lo que se prometian cada uno, el
-tiempo andado, haber, que con lo que de presente vian, aunque fuera
-doblado de lo que era.
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- CAPÍTULO LII.
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-Determinó luégo Vasco Nuñez de hacer saber al Rey tan señaladas y
-nuevas nuevas, de haber descubierto la mar del Sur y en ella las
-perlas, cosas, cierto ambas, muy nuevas; y si no fueran descubiertas
-con tanto perjuicio é infamia de la ley é honra de Dios, y por modo
-contrario á sus mandamientos, y en tan gran daño de tantos hombres,
-nuestros prójimos, gentes pacíficas que en nada nos ofendieron, y no
-ménos en impedimento de la dilatacion de la universal Iglesia, dignas
-y muy dignas fueran de grande remuneracion. Envió para que las llevase
-un muy amigo suyo, llamado fulano de Arbolanche, vizcaino, que habia
-con él andado en aquellas estaciones; á éste dió todas las mejores y
-más preciosas perlas de todas las que trujo, para que en nombre suyo
-y de los que con él fueron presentase al Rey. Escribió al Rey, muy en
-particular, de todo lo que habia visto y pasado en aquel viaje muy
-larga relacion; entre otras cosas, dijo que de 190 hombres, que del
-Darien sacó, nunca se pudo ayudar sino apénas de 80, porque todos los
-demas, por las hambres y trabajos que padecian, ó de enfermos ó de muy
-flacos y cansados, que no podian en algo ayudar, no escapaban. Escribió
-más, que hobo con diversas gentes batallas, pero que ni él fué jamás
-herido ni hombre de toda su compañía le mataron ni le faltó. Pero,
-cierto, no eran grandes hazañas las que hacia venciendo, como pelease
-con gallinas, que son todos los indios desnudos, donde no alcanzan
-á tener hierba, como puede juzgar por toda esta historia cualquiera
-cuerdo hombre; mayormente, llevando las escopetas que nunca habian
-visto ni oido, ni gente tan extraña y feroz como los nuestros son,
-comparados á aquellos que por armas tienen sus barrigas y pellejos
-desnudos, de los cuales, con justa razon, pudieron pensar que echan
-por la boca rayos y truenos y relámpagos, con vivo fuego, pues vian
-que con los tiros de fuego caian dellos luégo muertos en el suelo.
-Pues, ¿qué diremos de los perros, que, en soltándolos, luégo los
-despedazaban? Así que no eran las que Vasco Nuñez y los suyos á los
-indios daban muy peligrosas batallas para gloriarse. Afirmó al Rey en
-aquella carta, que habia sabido de los Caciques y señores de aquellas
-tierras, que habia penetrado, grandes secretos de haber increibles
-riquezas en aquella mar, las cuales no escribia á Su Alteza, hasta que,
-como esperaba en Dios, las hobiese visto y hollado; y bien creo yo,
-cierto, que le dieron grande noticia de las grandezas del Perú y de lo
-que en él habia, y que por aquella noticia deseó mucho de hacer ciertos
-navíos ó bergantines, que despues hizo en aquella mar del Sur. Despachó
-al dicho Arbolanche con su carta y nuevas nuevas, y presente de perlas
-para el Rey, al principio de Marzo del dicho año de 1514, y, llegando
-á la corte, fué luégo llena de grande alegría, y, desde á poco,
-toda Castilla, cuasi como si entónces se descubrieran estas Indias.
-Rescibiéronle no con menor gozo y placer el obispo de Búrgos D. Juan
-de Fonseca, y el secretario Lope Conchillos, en quien se resolvia todo
-el Consejo y gobernacion dellas. Entónces no habia Consejo determinado
-de las Indias, sino que para las cosas árduas se llamaba el licenciado
-Zapata, y el doctor Palacios Rubios, y el licenciado Santiago, y el
-licenciado Sosa, que despues fué obispo de Almería, todos del Consejo
-Real, con los cuales el obispo de Búrgos comunicaba lo que se habia
-de proveer y aquello se hacia. Llevaron el Obispo y Conchillos al Rey
-á Arbolanche, procurador de Vasco Nuñez y de los del Darien, al cual
-el Rey rescibió graciosamente, holgándose mucho de las buenas nuevas
-que le traia, y del presente de las perlas. Paróse mucho á mirallas
-y á loallas, preguntando cómo y de qué parte las sacaban; y él,
-respondiendo á todo lo que el Rey le preguntaba, dióle larga relacion
-de como en aquel viaje les habia ido, encareciendo los grandes trabajos
-que habian padecido, y las grandes victorias que de los indios habian
-habido, y todo lo demas que hacia en favor de su fin que pretendian,
-porque ni él dijo al Rey los grandes escándalos y violencias que habian
-hecho por todas aquellas tierras, y muertes, y robos, y captiverios
-injustos en aquellas gentes, ni el Rey se lo preguntaba, y mucho
-ménos el Obispo y Conchillos, á quien saberlo más incumbia, sino que
-hablaban, y preguntaban, y respondian en ello, como si hablara de las
-victorias y cosas de Africa ó de Turquía; finalmente, mandó el Rey al
-Obispo, que luégo entendiese en ordenar lo que convenia, y á Vasco
-Nuñez se le hiciesen mercedes, pues tanto le habia servido. Por manera
-que, por aquellas nuevas, no sólo perdonó el Rey á Vasco Nuñez los
-deservicios que tenia entendido haberle hecho en la muerte de Nicuesa,
-de que estaba acusado, y los agravios del bachiller Anciso, y haber
-usurpado la gobernacion y ejercicio de justicia en aquella tierra, pero
-rescibiólo en su gracia, y hízole mercedes. Suplícole Arbolanche, por
-él, lo armase caballero y hiciese merced de algun título; el Rey lo
-hizo y le creó Adelantado de aquella tierra (no supe cómo rezaba el
-título), con otras mercedes, creo yo, de hecho y dicho, con grandes
-blasones, refiriendo sus obras por grandes servicios; y éste fué el
-segundo Adelantado que hobo en todas estas Indias, porque el primero
-fué D. Bartolomé Colon, hermano del Almirante primero, D. Cristóbal
-Colon, que descubrió este mundo nuevo. Despues que Vasco Nuñez despachó
-á Arbolanche, su procurador, con las nuevas para Castilla, quiso saber
-qué distancia de camino habia del Darien á la mar del Sur, yendo por
-vía derecha, para lo cual envió á un Andrés Garavito con 80 hombres que
-lo viesen, y mandóles que de camino hiciesen cuantos esclavos haber
-pudiesen de los pueblos que topasen. Salidos del Darien, subieron por
-la ribera de un rio que llamaban de la Trepadera, hasta la cumbre
-de las sierras muy altas, que Vasco Nuñez habia subido, aunque por
-muy abajo, como queda visto, y de allí descendió Andrés Garavito por
-otro rio cuyas vertientes iban á parar á la dicha mar del Sur; en las
-riberas del cual habia muchas poblaciones, las cuales á fuego y á
-sangre acometia sin habelle hecho más que los otros por qué, y prendió
-á los caciques Chaquina y Chauca, y mucha gente con ellos, y á otro
-llamado Tamahe, que tenia su tierra y señorío más hácia la mar del Sur;
-el cual, como vino la noche, se soltó, pero desque vido que un hermano
-suyo y muchos deudos y criados que más queria se habian prendido,
-vínose de su voluntad á poner en poder del Garavito, y trújole cierto
-presente de oro, y una moza de buen parecer, diciendo que era su hija,
-que se la daba por su mujer (la cual quizá no lo era), por lo cual le
-llamaron los españoles desde adelante el suegro. Soltó al hermano y á
-él, y algunos de los que tenia presos como en arras de su casamiento,
-aunque sin ley y sin bendicion ántes dignísimo de toda maldicion;
-envió con otros 40 satélites á Bartolomé Hurtado, contra los caciques
-Benamachéi é Abrayba, de quien arriba en el cap. 43, hablamos, porque,
-diz que, se le habian alzado ó negado la obediencia, que con tanta
-justicia le debian, como la que se debe al verdadero tirano, como Vasco
-Nuñez era. Entrado en sus tierras Bartolomé Hurtado, no dejó hombre á
-vida de los que al primer furor le ocurriesen, captivó y hizo esclavos
-cuantos pudieron tomar á vida, y robaron todo el oro y otras cosas
-provechosas ó de valor que por toda la tierra habia; despues que no
-hallaron persona alguna de paz ni de guerra, volviéronse los unos y los
-otros al Darien, muy victoriosos, con grandes rengleras de hombres y
-mujeres captivos.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LIII.
-
-
-Dejemos agora por un rato de hablar de Vasco Nuñez y su compañía, que
-toda su ocupacion y ejercicio no era en todo este tiempo otro sino el
-dicho, y comencemos á referir el principio y discurso de cómo se le
-aparejaba su San Martin, é propio dignísimo castigo rodeado por el
-divino juicio. Comenzando pues de su origen, débese saber, que poco
-ántes que llegasen los procuradores Caicedo y Colmenares, enviados por
-Vasco Nuñez, como el Rey hobiese sabido, por relacion del bachiller
-Anciso y Çamudio, la perdicion de Alonso de Hojeda y Juan de la Cosa
-y Diego de Nicuesa, y de sus armadas, y de la disension y bandos de
-la gente española que quedaba en el Darien, y como Vasco Nuñez, por
-maneras ó por fuerza, era dellos guiador, mandó el Rey tratar sobre que
-se enviase de Castilla persona señalada que administrase en su nombre,
-por aquella tierra firme, la gobernacion; para la cual se tractaba de
-la persona de Pedrárias de Avila, hermano del conde de Puñonrostro,
-señalado justador, y adornado de otros naturales dones. Entando en
-ésto, llegaron los dichos procuradores, Caicedo y Colmenares, que
-llevaban las nuevas que habia dado el hijo del rey Comogre, por el cual
-se tuvo esperanza de ver la otra mar, y grandes riquezas en ella, y
-sembraron por la corte y por España que el oro con redes se pescaba;
-las cuales oidas, y que habia dicho el hijo de Comogre ser menester
-1.000 hombres, cresció al Rey, y al Obispo de Búrgos y á los demas de
-su Consejo, la estima de la cosa, y el propósito de enviar más gruesa
-armada de la que se pensaba, y tambien el cuidado y diligencia de
-la despachar muy presto. Resolvióse el Rey una vez que Pedrárias de
-Avila fuese por Gobernador, pero sabido por la corte, teniendo todos
-los oyentes aquella empresa ser la más señalada y de más provecho
-que habia salido de España, cresció el hervor de la cudicia en muchos
-de los que alcanzaban partes y favor para pretendella, por lo cual
-se opusieron á ella contra Pedrárias, y tuvieron sus diligencias y
-negociacion, de tal manera, que ya con el Rey lo tenian casi echado
-fuera; y pluguiera á Dios, que así lo ordenara, y que Pedrárias nunca
-asomara á aquella tierra, porque no fué sino una llama de fuego que
-muchas provincias abrasó y consumió, por cuya causa lo llamábamos
-_Furor Domini_. Yo estimé que el Archángel ó Archángeles que tenia
-cargo de procurallos su bien, y desviallos su mal, sabiendo por
-divina inspiracion lo que Pedrárias habia de obrar en ellas, pusieron
-diligencia en que otros se moviesen á pedir al Rey aquel cargo, de
-los cuales estimaban que no les serian tan desenfrenada y brutalmente
-perniciosos, porque siendo Pedrárias de los entendidos mundanos hombres
-de España, de mucha edad, porque pasaba de sesenta años, y de mucha
-experiencia por consiguiente, hizo cosas en su gobernacion que no las
-hiciera más irracionales un hombre insensible mentecapto; de éstas
-sus cosas, no dignas de hombre cristiano ni áun gentil racional, la
-historia dirá de mucho algo. Pero porque lo tenia la Divina justicia
-elegido para verdugo de aquellas miserandas gentes, como instrumento
-de su rigurosa ira y acerbo furor, ocurrió el obispo de Búrgos al
-Rey en esta manera, en favor y abono de Pedrárias: «Vuestra Alteza
-ya tiene grande noticia del esfuerzo y valor de Pedrárias, y las
-hazañas que por su persona, así como Capitan que vuestro ha sido,
-como particular persona, siempre hizo en las guerras de Africa, donde
-Vuestra Alteza le ha enviado, y como en todas muchas veces se señaló,
-y cuánta experiencia de las cosas de guerra tiene, y para las de la
-paz de cuán buen entendimiento es dotado, allende haberse criado en
-vuestra casa Real desde su niñez, de donde se sigue que más que otro
-procurará vuestro servicio y guardará toda fidelidad; no me parece
-que será cosa justa ni complidera al servicio de Vuestra Alteza, que
-porque otros pretendan este cargo por su propia sola cudicia, que no
-os han servido tanto, ni la mitad, ni tienen tantas ni tales partes,
-Vuestra Alteza lo posponga, pues ya se sabe por la corte que para
-esta empresa lo tiene ya nombrado. En ninguna manera conviene que á
-este negocio vaya otro sino Pedrárias de Avila, y ésto juzgo, segun
-lo que yo siento, lo más cumplidero al servicio de Vuestra Alteza, y
-para que se consiga la prosperidad que deseamos.» El Rey, que en las
-cosas de las Indias, y áun en las del reino de Castilla, solia dar
-gran crédito al obispo Fonseca, determinó de confirmar el nombramiento
-de Pedrárias, y cometió y mandó al Obispo que luégo le despachase
-como mejor le pareciese, y señalase el número de la gente que habia
-de llevar, con todo lo demas que al buen despacho de la armada fuese
-necesario. Determinó el Obispo, con los que llamó del Consejo, que
-fueron el licenciado Zapata y el licenciado Santiago, y el licenciado
-Sosa y el doctor Palacios Rubios, y creo que Hernando de Vega, y no sé
-si más, que pues el hijo del rey Comogre habia dicho ser 1.000 hombres
-necesarios, que fuesen 1.200 para mayor seguridad; y mejor se pudiera
-decir para que más se trabajase en muchos más enterrar. Díjose que
-mandó dar el Rey sueldo á los 1.200 hombres, pero yo creo que no si no
-fué á los marineros y que habian de guiar las naos, porque fué tanta
-la gente que, á las nuevas oidas de que se pescaba el oro con redes,
-se solevantó, que si á 10.000 hombres el Rey quisiera dar licencia, se
-fueran sin blanca ni cornado de su voluntad; y es aquí de saber, que
-por aquellos dias mandó el Rey al Gran Capitan que tornase á Nápoles,
-porque el rey de Francia mostraba querer ir sobre aquel reino y ciudad,
-y, como el Gran Capitan era tan afamado de magnificencia y hacedor de
-grandes hazañas, movióse para ir con él cuasi toda Castilla, mayormente
-gente noble y muchos caballeros, que unos vendian sus haciendas todas,
-otros empeñaban sus mayorazgos, algunos hacian otros buenos ó malos
-recaudos, todo enderezado para se ataviar excesivamente de sedas y
-brocados, creyendo y esperando con harta vanidad, que de aquella hecha,
-yendo á Italia el Gran Capitan, habian de despojar á toda Francia.
-Estando, pues, para se partir el Gran Capitan con grande armada, y
-habiendo hecho él mismo grandes gastos, acordó el Rey, por causas que
-le movieron, ó quizá porque de una tan agregia persona como era el Gran
-Capitan, no habia tanta necesidad, de no envialle, por manera que él
-quedó gastado y no sé si agraviado, y toda la mucha nobleza que iba
-con él muy gastada y burlada, y áun perdida en mucha parte. Pues como
-luégo se sonó el despacho de Padrárias, y las nuevas de las riquezas,
-que se habian con redes de pescar, por toda España volaban, ocurrió
-toda ó la más caballería, que dije perdida ó gastada, á ofrecerse á
-Pedrárias para le acompañar y áun servir en la jornada, doblándoseles
-sin comparacion la esperanza de ser de buena ventura, mucho más que si
-les certificaran que habian de tomar á Francia; tanta es la cudicia y
-áun liviandad de España. Rescibió mucha gente noble Pedrárias en la
-corte, y cuando llegó á Sevilla halló 2.000 hombres nobles y mancebos,
-tan bien dispuestos, lucidos y ataviados, que se le ofrecieron ir con
-él á su propia costa y sin sueldo alguno, que le hizo dolor no poder
-llevar tantos, y aunque tenia limitado el número de la gente por el
-Rey, que no pasasen de 1.200, no pudo estrecharse tanto, que, por
-ruegos, favores y importunidades, 1.500 no llevase. Gastó el Rey en el
-armada 54.000 ducados, segun yo despues supe, y lo que en aquel tiempo
-se hizo y suplió con 54.000 ducados es cierto que hoy no se supliera
-con 158.000 castellanos.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LIV.
-
- En el cual se contiene la Instruccion que el Rey mandó dar á
- Pedrárias, cómo se habia de haber con los indios, atrayéndolos por
- bien á la fe, y no consintiendo que se les hiciese mal alguno.
-
-
-Mandó el Rey al obispo de Búrgos, Fonseca, susodicho, que se tratase
-con mucho acuerdo de la Instruccion que Pedrárias habia de llevar para
-que supiese lo que habia de hacer, y no se errase la gobernacion en
-aquella tierra firme, como se habia errado en esta isla Española. En la
-cual Instruccion se contuvieron, entre otros, los capítulos siguientes:
-
-«Capítulo 1.º--Habeis de procurar por todas maneras y vías, que
-viéredes ó pensáredes que para ello han de aprovechar, y por todas las
-otras vías y formas que se pudiere tener algunas esperanzas que se
-podrá hacer, atraer con buenas obras á que los indios estén con los
-cristianos en amor y amistad, y que por esta vía se haga todo lo que se
-hubiere de hacer con ellos, y para que ello mejor se haga, la principal
-cosa que habeis de procurar es no consentir que por vos ni por otras
-personas no se les quebrante ninguna cosa que les fuere prometida, sino
-que, ántes que se les prometa, se mire con mucho cuidado si se les
-puede guardar, y si no se puede bien hacer que no se les prometa, pero
-prometido se les guarde enteramente, de manera que los pongais en mucha
-confianza de vuestra verdad; y no habeis de consentir que se les haga
-algun mal, ni daño, porque de miedo no se alboroten ni se levanten,
-ántes habeis mucho de castigar á los que les hicieren mal ó daño sin
-vuestro mandado, porque por esta vía vernán ántes á la conversion y al
-cognoscimiento de Dios, y de nuestra sancta fe católica, y más se gana
-en convertir 100 de esta manera que 100.000 por otra vía.
-
-Cap. 2.º--Item, caso que por esta vía no quisieren venir á nuestra
-obediencia y se les hobiere de hacer guerra, habeis de mirar que por
-ninguna cosa se les haga guerra no siendo ellos los agresores, y
-no habiendo hecho ó probado á hacer mal ó daño á nuestra gente, y,
-aunque les hayan acometido, ántes de romper con ellos les hagais de
-nuestra parte los requerimientos necesarios para que vengan á nuestra
-obediencia, una, y dos, y tres y más veces, cuantas viéredes que son
-necesarias conforme á lo que llevais ordenado; y pues allá habrá y
-con vos irán algunos cristianos que sabrán la lengua, con ellos les
-dareis primero á entender el bien que les verná en ponerse debajo de
-nuestra obediencia, y el mal, y el daño, y muertes de hombres que les
-verná de la guerra, especialmente que los que se tomaren en ella vivos
-han de ser esclavos de los cristianos, y haceldes entender qué cosa
-es ser esclavos, y que desto tengan entera noticia, y que no puedan
-pretender ignorancia, porque para que lo pueden ser, y los cristianos
-los puedan tener con sana conciencia, está todo el fundamento en lo
-susodicho. Habeis de estar sobre aviso en una cosa, que todos los
-cristianos, porque los indios se les encomienden, tienen mucha gana
-que sean de guerra y que no sean de paz, y que siempre han de hablar
-en este propósito, y, aunque no se pueda excusar de no lo platicar con
-ellos, es bien estar avisado desto, para el crédito que en ello se les
-debe dar; y parece acá que el más sano parecer para ésto será el del
-reverendo padre fray Juan Cabedo, obispo del Darien, y de los clérigos,
-que están más sin pasion y con ménos esperanza de haber dellos ménos
-interese.
-
-Cap. 3.º--En caso que se hayan de dar los indios encomendados á los
-vecinos ó por naborias, habeis de hacer que se guarden las ordenanzas
-que para ello llevais, porque se han hecho con mucha informacion,
-que de aquella manera serán más conservados, y mejor tractados, y
-más doctrinados en nuestra sancta fe católica, y por eso no se ha de
-disminuir dellas ninguna cosa, ántes, si alguna cosa viéredes, demás
-de lo que en ellas se contiene, que se debe de hacer en provecho de
-los indios y de su salud y conversion, será bien que se haga, porque
-ellos sean mejor tractados y vivan en más contentamiento en compañía
-de los cristianos; la resolucion desto es, que todo lo que aquí y en
-el capítulo ántes de éste se dice es para que con amor, y voluntad,
-y amistad, y buen tractamiento, sean atraidos á nuestra sancta fe
-católica, y se excuse de forzallos y maltratallos para ello cuanto
-fuere posible, porque desta manera se servirá mucho Nuestro Señor, y yo
-me terné de vos por muy servido en ello.
-
-Cap. 4.º--Esto es más necesario que allá se haga ansí que no en la
-isla Española, porque los indios son ménos aplicados al trabajo, y
-han acostumbrado mucho ó siempre á holgar, y habemos visto que en
-la Española se iban huyendo á los montes por no trabajar, y es de
-creer que lo harán muy mejor los de allá, pues se pueden ir la tierra
-adelante, lo que no pueden hacer en la isla Española, y no tienen que
-dejar sino las casas, y por eso parece muy dudoso y dificultoso que
-los indios se puedan encomendar á los cristianos á la manera que los
-tienen en la Española; y á esta causa parece que sería mejor por vía
-de paz y de concierto de los cristianos, aliviándolos lo más que se
-pudiese del trabajo en esta manera: que los que quisiesen estar en paz
-y concierto de los cristianos, y á la obediencia de vasallos, diesen
-y nos sirviesen con cierto número de personas, y que no fuesen todos
-sino una parte dellos, como tercia, cuarta ó quinto de los que hobiere
-en el pueblo, ó de los que tuviere el Cacique principal, si allá están
-debajo de Caciques, como están en la isla Española, y que éstos anden
-un mes ó dos, y que se remuden y se vayan á holgar, y vengan otros
-tantos por otros dos meses, ó por el tiempo que allá os pareciere que
-será mejor los remudar, porque hasta acostumbrallos cuanto más breve se
-remudaren parece mejor, y así se remudando lo sufrirán mejor, y ternán
-ménos peligro de morir. Y si agora en los principios hobiese tanto
-que hacer en coger oro en los rios, como acá dicen que lo hay, que no
-fuese tan necesario meterlos á cavar en las minas, parece acá que sería
-bueno comenzarlos á ocupar en lo de los rios por la órden susodicha;
-y despues de la segunda vuelta se meterian con ménos dificultad en
-las minas, porque ya estarán habituados á servir, aunque será con más
-trabajo.
-
-Cap. 5.º--Prosupuesto que cualquiera de las maneras que arriba se
-dicen, que por vía de encomendarlos ó por vía de concierto se pudiere
-hacer que sirvan, está bien así, y se sacará dellos el servicio y
-provecho que se debe sacar; mas en caso que lo uno ni lo otro se
-pudiese hacer, parece otra tercera cosa, que sería que cada pueblo,
-segun la gente que en él hobiere, ó cada Cacique, segun la gente que
-tuviere, cada uno dé tantos pesos de oro cada mes, ó cada luna como
-ellos lo cuentan, y que dando éstos serán seguros que no se les hará
-mal ni daño, y tengan en sus pueblos señales que sean para conocer que
-son pueblos que están á nuestra obediencia, y tambien traigan en sus
-personas señales como sean cognoscidos como son nuestros vasallos,
-porque no les haga mal nuestra gente, pagando su tributo como con
-ellos fuere asentado. Y ésto, mirad que se asiente de manera que sea
-provechoso, y porque aquí no se puede señalar bien la cantidad, haceldo
-lo más provechoso que os pareciere que se puede bien hacer.
-
-Cap. 6.º--Item, porque soy informado que una de las cosas que más les
-ha alterado en la isla Española, y que más les ha enemistado con los
-cristianos, ha sido tomalles las mujeres y hijas contra su voluntad, y
-usar dellas como de sus mujeres, habéislo de defender que no se haga
-por cuantas vías y maneras pudiéredes, mandándolo apregonar las que os
-pareciere que sean necesarias, y ejecutando las penas en las personas
-que quebrantaren vuestros mandamientos con mucha diligencia. Y así lo
-debeis mandar hacer en todas las cosas que os parecieren necesarias
-para el buen tractamiento de los indios.»
-
-Estos son los capítulos que Pedrárias de Avila llevó en su Instruccion,
-entre otros.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LV.
-
-
-Referida la Instruccion que Pedrárias llevó, firmada del Rey, cómo se
-habia de haber en la gobernacion de los indios, vecinos de aquella
-tierra firme, bien será hacer aquí algunas anotaciones para que se
-entienda la intencion del Rey, y tambien los defectos de ignorancia
-que habia entónces en los del Consejo, y despues, placiendo á Dios, se
-referirá como Pedrárias guardó lo que él por ella le mandó. Cuanto á
-la intencion del Rey, é de los que le aconsejaban, no se puede negar
-sino que fuese buena, _non simpliciter_, sino en alguna manera, y ésta
-principalmente de creer es ser el bien y conservacion de los indios,
-y su conversion, aunque muy poco, para conseguir este último fin en
-aquellos tiempos, se ayudaba, y no sabian darse para ello, como dicen,
-á manos; y ciertamente consistia más ésto en palabras, y áun éstas eran
-pocas, que en obras y cuidado, porque siempre se tuvo, al ménos en las
-cosas que se proveian, más ojo al bien y provecho temporal del Rey,
-que no á la salud de las ánimas. Y ésto acaeció por la ignorancia de
-los del Consejo, y error con que anduvieron siempre ciegos, estimando
-que, porque los reyes de Castilla descubrieron por medio del almirante
-Colon aquestas Indias, tenian ya derecho para por paz ó por guerra,
-por mal ó bien, por fuerza ó por grado, las gentes y señoríos dellas
-sojuzgallas y señoreallas, como si fueran las tierras de Africa; y,
-como arriba se ha tocado algunas veces, ésta ha sido la principal causa
-de la destruccion y perdicion destas gentes, despoblacion de tantas y
-tan luengas y anchas tierras, siendo obligados á saber que estos reinos
-y orbe todo tenian dueño ó dueños, que no eran otros sino sus naturales
-Reyes y señores, y éstos eran Príncipes libres, que á ninguno, fuera
-de sí mismos, de hecho ni de derecho, recognoscian por superior, ni
-eran obligados á recognoscer, ni á la misma Iglesia romana, contra el
-error de Hostiensis y de los que son sus imitadores. Y por consiguiente
-debieran entender los del Consejo, que el título que los reyes de
-Castilla tenian al señorío universal y supremo, y no á particular deste
-orbe de las Indias, no era otro sino la predicacion del Evangelio, y
-conversion destas gentes, y por esta causa, no impulsiva sino final,
-se pudo la Iglesia romana entremeter en concederles el dicho universal
-y soberano ó imperial señorío, sin perjuicio, empero, de los Reyes
-y señores naturales dellas, y sin menoscabo de la libertad de los
-pueblos; porque la predicacion del Evangelio, y la introduccion de la
-fe por ella no priva los Reyes de sus reinos, ni á los particulares
-de sus libertades, tierras y haciendas, ántes los confirma, porque
-de otra manera caro les costaria, y nuestra fe no sería querida ni
-amada, ántes odiosísima y de todo el mundo aborrecida. Y así, erraron
-los del Consejo en la puerta ó entrada de la casa, como dicen, y por
-consiguiente claro está que habian de ignorar los retretes; y supuesto
-aqueste error tan pernicioso, y no poco culpable para ellos, fundaban
-la más horrible y dañada de las tiranías, conviene á saber, que les
-podian hacer guerra solamente si no quisiesen venir á la obediencia
-y sujetarse á los reyes de Castilla, sin otra causa ni otro título;
-¿qué cosa pudo ser de mayor ceguedad, más absurda, ni más inícua?
-Esto, ser verdad, declaró el emperador D. Cárlos, rey de Castilla,
-por muchas leyes y provisiones reales que cerca deste punto hizo,
-conviene á saber, prohibiendo las conquistas; cuándo y cómo se trató
-desta prohibicion, la historia lo dirá, si Nuestro Señor nos diere la
-vida. Y ésto cuanto á la intencion del Rey y del Consejo, que fué,
-como dije, por alguna manera, buena, pero harto mezclada de pretension
-temporal, y en lo que tenia de bueno, muy mal ayudada, sino de palabra.
-Bien tengo por cierto, que si los del Consejo no erraran, que el Rey
-pospusiera todo el provecho temporal suyo, y ni guerra quisiera que
-se les hiciera, si á su obediencia no vinieran, ni en otra cosa les
-perjudicara. Esto parece por las diligencias que siempre mandó hacer
-y juntas de letrados, como queda en los capítulos arriba declarado,
-para cualquiera de los dos fines, conviene á saber, la conversion de
-aquellas gentes, ó para que viniesen á su obediencia temporal; bien
-mandaba en la Instruccion que trabajase Pedrárias por todas las vías y
-maneras, y procurase que los indios por buenas obras fuesen atraidos á
-estar en amor y amistad con los cristianos, no consintiéndoles hacer
-mal ni daño, y, cierto, si así se hiciera, los indios no hubieran todos
-perecido, y aquellos reinos no estuvieran despoblados, y el Rey tuviera
-hoy hartos y áun inestimables provechos y riquezas temporales, más que
-tiene ni terná. Fué tambien provision conveniente y necesaria de que
-se les guardase la fe y palabra sobre lo que con ellos se asentase,
-para ponerlos en confianza de la verdad de los cristianos; sabia ya
-bien el Rey cuánto cerca deste artículo los españoles á estas gentes
-habian faltado, porque, por maravilla, y creo que podria decir que
-nunca, se les guardó fe ni verdad jamás, ántes infinitas veces, sobre
-seguro é habiéndoles asegurado, los saltearon, captivaron y mataron.
-En el segundo capítulo de la Instruccion bien se proveia, mandando que
-por ninguna cosa se les hiciese guerra, si no fuesen primero ellos los
-agresores, supuesta la ceguedad y error en que los del Consejo, como
-dije, estaban, creyendo que se les podia hacer guerra si no viniesen
-por bien á la obediencia del Rey, y que ántes de romper con ellos les
-hiciesen requerimientos una y muchas veces, en lo cual honra y provecho
-se les hacia, y con ellos en esto de benignidad se usaba; pero áun
-todavía, supuesto el dicho error que por no venir á la obediencia de
-los reyes de Castilla se les hobiera de hacer justa guerra, debieran
-de considerar los que al Rey aconsejaban, cuáles habian sido las obras
-de los españoles por estas islas, y preguntar cómo se habian habido
-Cristóbal Guerra, y Hojeda, y Nicuesa, y ultimamente Vasco Nuñez y
-sus secuaces, con los indios del Darien, y con los demas de aquellas
-provincias que estaban quietos en sus tierras y casas. Y estas obras
-el Rey, ó al ménos el Consejo, no las ignoraba, pues por aquel tiempo
-ya estas islas cuasi estaban acabadas, sino era la de Cuba que
-entónces comenzaba; y que no las ignorasen, parece por lo que luégo la
-Instruccion dice: «habeis de estar sobre aviso en una cosa, que todos
-los cristianos, porque los indios se les encomienden, tienen mucha gana
-que sean de guerra, y que no sean de paz y que siempre habian de hablar
-en este propósito,» y ésto era verísima verdad, porque nunca otra
-cosa más pensaban, hablaban, obraban, trabajaban y deseaban. Y pues
-esta noticia tenian, fuera bien que sospecharan que los indios podian
-haber rescibido grandes agravios, y por consiguiente podian estar
-alterados, y tener justa causa y derecho de se defender y perseguir á
-los cristianos hasta matallos, áun supuesto el dicho error que á venir
-á la obediencia de los reyes de Castilla fueran obligados, y así fuera
-cosa justa que á este inconveniente se pusiera algun reguardo, pero
-no lo pusieron porque no hilaban tan delgado. Y es aquí de ponderar
-no ménos lo que la Instruccion en aquel cap. 2.º añide, conviene á
-saber, que los diesen á entender el bien que les vernia en ponerse
-debajo de la obediencia del Rey; pudieran responder callando, mostrando
-con el dedo esta isla Española, que tan llena y rebosante estaba de
-sus naturales Reyes y señores, y sus infinitos vasallos, y las otras
-muchas islas su comarcanas, ¿cuál fué el bien y utilidad que de estar
-en la obediencia de los reyes de Castilla reportaron? Y si viviera
-alguno de los de aquella tierra firme, para donde la dicha Instruccion
-se pintaba, que señalara cuatro y cinco y más, mil leguas, que por la
-misma están despobladas, ¿quién de nosotros, ni alguno que fuera muy
-bárbaro, tuviera cara de redargüillos é increpallos, si reusaran, con
-piedras y armas, someterse á tal obediencia, puesto que áun supieran
-y les constara ser á someterse obligados? ¿Qué bestias hobiera en el
-mundo, que viéndose así entrar y tractar no comieran á bocados, y
-debieran con razon comer, á los que ansí los tractaban, y para así
-tractarlos los querian sujuzgar?; y lo que más es, que á matallos y
-despedazallos eran obligados de ley natural. Por lo dicho se verá
-con qué consciencia tenian los que tenian por esclavos, y la misma
-Informacion lo declara donde dice, «que el fundamento de tenerlos los
-españoles con buena consciencia por esclavos, era justificar la guerra
-con los requerimientos que el Rey mandaba hacer de su parte», pues si
-los requerimientos eran frívolos y llenos de toda vanidad, siendo tan
-justa la defension y guerra que los indios contra los españoles tenian,
-que así los asolaban, ¿con qué consciencia los podian hacer y tener por
-esclavos?
-
-
-
-
- CAPÍTULO LVI.
-
-
-Para entendimiento de lo que resta de la Instruccion, es de saber, que
-como estaban entónces en la corte el bachiller Anciso, y Çamudio, y
-Caicedo, y Colmenares, y despues llegó Arbolanche y otros quizá idos
-destas islas, de todos los cuales no era otra su ansia sino tener
-indios para, por haber oro, desollarlos, y hacerles guerra para á este
-fin los sojuzgar, por la obstinada y ciega cudicia y ambicion que los
-abrasaba, debian de insistir que los indios, despues de sojuzgados
-por bien ó por mal, se los encomendasen; pero el Rey y el Consejo,
-vista la experiencia en la mortandad y despoblacion que en esta isla
-Española y en las demas habia sucedido por encomendallos, y podemos
-decir, cierto, que al diablo, rehusaban mucho conceder tal facultad,
-como parece por las mismas palabras. Por éste temor y causa puso el
-Rey tres maneras de dispusicion ó gobernacion para con los indios,
-para que Pedrárias escogiese la mejor, y que á los indios fuese más
-útil é ménos perjudicial; la primera fué, encomendallos de la manera
-ordinaria que se tuvo en estas islas, y, en caso que Pedrárias hobiese
-de encomendar los indios, mandaba el Rey que hiciese guardar las
-Ordenanzas ó leyes que habia hecho el año pasado de 512 en Búrgos,
-engañados por los tiranos desta Española, que á la sazon entónces en la
-corte se hallaron, y ciegos los del Consejo por sus propios ó ajenos
-pecados. La justicia y rectitud de las dichas leyes, y cuán provechosas
-fueron á los indios, y el remedio que dellas y con ellas alcanzaron,
-en los capítulos 13, 14, 15 y 16, y los siguientes, queda bien á la
-larga explanado. Estas, dijo allí el Rey, que se habian hecho con
-mucha informacion, pudiera añidir de los mismos que los habian muerto
-y al cabo los acabaron; mandaba que ántes se añidiese á ellas algo,
-para el bien de los indios, que en ninguna cosa se menoscabasen. Las
-cuales palabras debieran mover á Pedrárias para cognoscer la voluntad
-del Rey y del Consejo, que era desear que se acertase, tomando el mejor
-camino con que los indios fuesen más útilmente para su conservacion
-gobernados. En esta primera manera ó disposicion, hace mencion el Rey
-de otro engaño que le debian de querer hacer los susodichos, idos de
-tierra firme, y éste era que se los diesen por naborias. Naborias
-eran los indios de quien de contino, noches y dias, perpétuamente se
-servian, que no les faltaba sino sólo el nombre de esclavos, porque
-los de repartimiento, aunque no ménos que esclavos y mucho peormente
-eran tractados, como puede haber arriba parecido, no siempre los tenian
-consigo ni se servian dellos, porque algunos dias ó temporada se iban
-á sus pueblos, por las Ordenanzas, puesto que harto breve, y vivian
-harto malaventurada vida, como ha parecido, los que eran naborias, ni
-aquel poco de tiempo para descansar se les concedia; y en esta manera
-ó especie de servirse de los indios los españoles en estas islas, toda
-la desórden y deshacimiento de sus policías, y concierto que tenian
-en su quieto y suave vivir se perficionaba y complia, porque del todo
-se desmenuzaban y desparcian los pueblos, llevando un español 10 y
-otro 15, y con uno iba el padre y con otro la mujer, y con otro los
-hijos. Esta confusion á los principios pusieron los españoles por su
-autoridad, cuando andaban robando é inquietando estas gentes, cada
-uno segun queria; despues la prosiguieron los tristes Gobernadores ó
-repartidores, que de dar los indios cargo tenian. Esta quisieran que
-se prosiguiera, porque era más sin hueso y sin cuenta ni razon, y
-pudieran mejor trabajallos y matallos á su salvo, sin que se supiera,
-los dichos; que lo procurasen por aquel tiempo, las palabras de la
-Instruccion del Rey lo testifican, la cual, en el cap. 3.º, dice:
-«En caso que se hayan de dar los indios encomendados á los vecinos
-ó por naborias, habeis de hacer que se guarden las Ordenanzas, etc.»
-Este vocablo naborias, ni su significacion, nunca lo adivinaron los
-Reyes ni los de su Consejo, sino dado á entender por los que de acá
-habian ido, y pues el Rey decia que se hayan de dar encomendados ó por
-naborias, parece que debian de insistir aquellos que los indios de
-tierra firme se los diesen por naborias; dando la razon el Rey de que
-Pedrárias debia trabajar de traer á los indios de aquella tierra por
-bien, y dados en encomienda ó por naborias debian ser bien tractados.
-En el capítulo 4.º añade: «Esto es más necesario que allá se haga así
-que no en la isla Española, porque los indios (quiso decir della),
-son ménos aplicados al trabajo, y han acostumbrado mucho ó siempre
-á holgar, y habemos visto que en la Española se iban huyendo á los
-montes por no trabajar, y es de creer que lo harán mejor los de allá,
-etc.» ¡Veis aquí la fama que los que los mataban y mataron divulgaron
-á los Reyes y á los de sus Consejos, por satisfacelles en algo las
-muertes que les causaron, y el jornal de sus servicios! ¡Oh, qué
-terrible juicio se debe creer que aquellos han padecido, forjando tan
-grandes falsedades y mentiras para consumir aquestos inocentes, tan
-infamados, tan afligidos, tan corridos, tan abatidos y menospreciados,
-tan desmamparados y olvidados de todos para su remedio, tan sin
-consuelo y sin abrigo! No huian de los trabajos, sino de los tormentos
-infernales que en las minas y en las otras obras de los nuestros
-padecian; huian de las hambres, de los palos, de los azotes continos,
-de las injurias y denuestos, oyendo llamarse perros cada hora, del
-riguroso y aspérrimo tractamiento que sin interpolacion se les hacia
-de noche y de dia. Huian ciertamente de la muerte, no dudosa, sino
-ciertísima, como en los libros I y II, y en éste III, se puede haber
-visto; por esta causa se huian á los montes, y creo que, si pudieran,
-á los infiernos escogieran, teniéndolos por de menor pena, por huir
-de los españoles, huirse. Por esta causa de huirse, añade Su Alteza
-luégo: «Y por eso parece muy dudoso y dificultoso que los indios se
-puedan encomendar á los cristianos, á la manera que los tienen en
-la Española;» por manera que si no se huyeran permanecieran siempre
-en aquel infierno, y no fuera dudoso ni dificultoso encomendallos á
-los verdugos. Bien habian entendido los del Consejo el derecho que
-los Reyes tenian á estas Indias, y cuál era la justicia que debian
-de guardar á los Reyes y señores naturales de estos reinos, y á los
-pueblos y á sus vecinos indios. Síguese más en lo que añidió el Rey, «y
-á esta causa parece que sería mejor, que por vía de paz y de concierto,
-que los que quisieren estar en paz etc., nos sirviesen con cierto
-número de personas», conviene á saber, en el pescar con redes el oro,
-ó cavándolo en las minas, como allí parece. Esta segunda manera de
-disponer de los indios era ménos injusta que las de las encomiendas,
-puesto que contenia mucha injusticia, si sabiendo el Rey los agravios,
-muertes y robos y captiverios que el Vasco Nuñez y su compañía, y
-los otros ántes dellos, habian cometido por toda aquella tierra, sin
-satisfacerles les impusiera cualquiera servicio; esta satisfaccion
-no pudiera el Rey hacer aunque vendiera á Castilla, si ellos no lo
-remitieran, segun la destruccion que habian hecho los susodichos, y
-baste que todos los vecinos de aquellas provincias tenian contra los
-españoles, desde el tiempo de Hojeda y Nicuesa, guerra justísima. Item,
-contuviera alguna injusticia, aunque cesaran los agravios y daños é
-inconvenientes dichos, porque hacer servir personalmente en sacar oro,
-ó en otros trabajos para los reyes de Castilla, el tercio, ó cuarto,
-ó quinto de la gente de la tierra, siempre, ni justicia ni razon lo
-sufria. Fué la tercera manera de disposicion ó gobernacion, que el Rey
-mandó á Pedrárias que pusiese á los indios en la tierra firme, si las
-dos precedentes no se pudiesen asentar, conviene á saber: «Que cada
-pueblo, ó cada Cacique ó señor, segun el número de la gente tuviere,
-pagase cierta cantidad de pesos de oro, cada mes, etc.» Aquesta manera,
-no habiendo rescibido los indios los daños irrecuperables dichos, sino
-traidos por bien, amor y mansedumbre á vivir en paz y amistad con los
-españoles pudiérase justificar bien, reduciéndola á los límites de
-razon y justicia, conviene á saber, que pagasen al Rey cierta cantidad
-de oro ó de otros provechos lícitos moderados, segun el número de la
-gente que el señor ó Cacique en su señorío tuviese, no cada mes sino
-en ciertas temporadas razonables y convenientes, porque por pesadumbre
-no la tuviesen, y de allí viniesen á sentir que se les vendia la fe,
-y por consiguiente la aborreciesen, porque, en la verdad, no eran ni
-son obligados los señores, y Reyes, y pueblos, y gentes destas Indias
-á servir á los reyes de Castilla, sino con cierta moderada cantidad
-de servicio, en señal y recognoscimiento de su universal y soberano
-señorío, porque con este recognoscimiento, por chica cantidad que sea,
-cumplen, como sean reinos libres, y por sólo respecto de la predicacion
-de la fe, y no por otra razon ni causa son obligados á lo hacer, y por
-consiguiente ha de ser muy liviano y suave, porque la fe no les sea
-molesta y aborrecible, como está dicho. Y ésto há mayor lugar, si los
-mismos Reyes y señores naturales destas tierras concediesen el derecho
-que tienen, en sus reinos y tierras, á las minas de oro y plata, y
-piedras preciosas y perlas, para que dellas los reyes de Castilla
-se aprovechasen, ellos y sus súbditos, los españoles, con otros mil
-aprovechamientos que de sus tierras se pueden seguir, con que sean sin
-perjuicio de la libertad y personas de todos los indios, porque no
-dejan de ser suyos los dichos tesoros ó riquezas por razon de que la fe
-se les predique; lo cual todo se entiende, presupuesto que los Reyes y
-súbditos y gentes no hobiesen ni hobieran sido vejados, y angustiados
-y perjudicados, muertos y captivados, y destruidos, con las guerras
-que los españoles les hicieron, sino que fueran por amor, y paz, y
-buenos tractamientos, atraidos, y éste es, y no otro, para introducir
-nuestra fe católica en estas tierras y gentes, el verdadero y cristiano
-camino. Pero supuestas las guerras é injurias, daños, agravios é
-injusticias, muertes y robos que se les han hecho, que nunca naciones
-del mundo, de otras, tales las rescibieron, no deben un maravedí, ántes
-tienen derecho de hacer justísima guerra contra todo español, hasta
-el dia del juicio inclusive. El postrer capítulo de la Instruccion
-harto testifica parte de las referidas injusticias, aunque, comparado
-á los males y calamidades que de nosotros en todas estas Indias han
-rescibido, es una partecita más chica que mínima.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LVII.
-
-
-Declarada la Instruccion que el Rey mandó dar á Pedrárias de lo que
-habia de hacer en la gobernacion de aquella tierra firme, resta luégo
-aquí decir de otro defecto de ignorancia del Consejo del Rey, cerca
-desta misma materia, gravísimo y perniciosísimo, porque lo que va
-fuera de órden y justicia, y fundado sobre principio inícuo, no en una
-parte ni en un artículo se ha de errar, pero en mil partes, y producir
-mil inconvenientes, hasta corromper y enervar y colocar en el más
-cualificado y consumado estado de malicia el moral ó político edificio;
-éste fué, la forma y órden que Pedrárias habia de tener en requerir
-á los indios que viniesen á obedecer y ser subjectos de los reyes de
-Castilla, el cual se envió despues á todas las Indias. Este decia desta
-manera:
-
-_El Requerimiento._--«De parte del rey D. Fernando, y de la Reina doña
-Juana, su hija, Reina de Castilla y Leon, etc., domadores de las gentes
-bárbaras, nos, sus criados, os notificamos y hacemos saber como mejor
-podemos, que Dios, nuestro Señor, vivo y eterno, crió el cielo y la
-tierra, y un hombre y una mujer, de quien vosotros y nosotros y todos
-los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos
-los que despues de nosotros vinieren. Mas por la muchedumbre de la
-generacion que destos ha salido, desde cinco mil años á esta parte que
-el mundo fué criado, fué necesario que los unos hombres fuesen por una
-parte y otros por otra, é se dividiesen por muchos reinos y provincias,
-que en una sola no se podian sostener ni conservar. De todas estas
-gentes, Dios nuestro Señor dió cargo á uno, que fué llamado Sant Pedro,
-para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior, á
-quien todos obedeciesen, y fuese cabeza de todo el linaje humano, do
-quier que los hombres viviesen y estuviesen, en cualquiera ley, secta
-y creencia, y dióle el mundo por su reino y jurisdiccion; y como quier
-que le mando poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado para
-regir el mundo, mas tambien le permitió que pudiese estar y poner su
-silla en cualquiera otra parte del mundo, y juzgar é gobernar á todas
-las gentes, cristianos, moros, judios, gentiles y de cualquiera otra
-secta ó creencia que fuesen. Este llamaron Papa, porque quiere decir
-admirable, mayor padre y gobernador de todos los hombres. A este Sant
-Pedro obedecieron y tomaron por señor, Rey y superior del Universo,
-los que en aquel tiempo vivian, y asimismo han tenido á todos los
-otros que despues de él fueron al Pontificado elegidos, y así se ha
-continuado hasta agora y se continuará hasta que el mundo se acabe.
-Uno de los Pontífices pasados, que en lugar de éste sucedió en aquella
-dignidad é silla que he dicho, como señor del mundo, hizo donacion
-destas islas y tierra firme del mar Océano á los dichos Rey y Reina,
-é á sus sucesores en estos reinos, nuestros señores, con todo lo que
-en ellas hay, segun se contiene en ciertas escripturas que sobre ello
-pasaron, segun dicho es, que podeis ver si quisiéredes; así que, Sus
-Altezas, son Reyes y señores destas islas y tierra firme, por virtud de
-la dicha donacion, y como á tales Reyes y señores algunas islas más, y
-casi todas á quien ésto ha sido notificado, han recibido á Sus Altezas
-y les han recibido y servido y sirven como súbditos lo deben hacer,
-y con buena voluntad y sin ninguna resistencia, luégo, sin dilacion,
-como fueron informados de lo susodicho, obedecieron y rescibieron los
-varones religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen
-y enseñasen nuestra sancta fe, y todos ellos, de su libre y agradable
-voluntad, sin premia ni condicion alguna, se tornaron cristianos y lo
-son, y Sus Altezas los rescibieron alegre y benignamente, y así los
-mandaron tractar como á los sus súbditos é vasallos, y vosotros sois
-tenudos y obligados á hacer lo mismo. Por ende, como mejor podemos,
-vos rogamos y requerimos que entendais bien ésto que os decimos, y
-tomeis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere
-justo, y reconozcais á la Iglesia por señora y superiora del universo
-mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, y en su nombre al Rey y á
-la Reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como á superiores
-y señores y Reyes desas islas y tierra firme, por virtud de la dicha
-donacion, y consintais y deis lugar que estos padres religiosos os
-declaren y prediquen lo susodicho. Si ansí lo hiciéredes, hareis bien
-y aquello que sois obligados á Sus Altezas, y nos, en su nombre, vos
-recibiremos con todo amor é caridad, é vos dejaremos vuestras mujeres
-é hijos y haciendas, libres, sin servidumbre, para que dellas y de
-vosotros hagais libremente lo que quisiéredes y por bien tuviéredes,
-é no vos compelerán á que vos torneis cristianos, salvo si vosotros,
-informados de la verdad, os quisiéredes convertir á nuestra santa fe
-católica, como lo han hecho cuasi todos los vecinos de las otras islas,
-y, allende desto, Sus Altezas vos darán muchos privilegios y exenciones
-y vos harán muchas mercedes; y si no lo hiciéredes, y en ello dilacion
-maliciosamente pusierdes, certifícoos que, con la ayuda de Dios,
-nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y vos haremos guerra
-por todas las partes y maneras que pudiéremos, y vos subjetaremos al
-yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Altezas, tomaremos vuestras
-personas y de vuestras mujeres é hijos, y los haremos esclavos, y como
-á tales los venderemos y dispornemos dellos como Sus Altezas mandaren,
-é vos tomaremos vuestros bienes y vos haremos todos los daños y males
-que pudiéremos, como á vasallos que no obedecen ni quieren rescibir á
-su señor, y le resisten y contradicen, y protestamos que las muertes y
-daños que dello se recrecieren sea á vuestra culpa y no de Sus Altezas,
-ni nuestra, ni destos caballeros que con nosotros vienen: y de como
-lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé
-por testimonio signado, y á los presentes rogamos que dello nos sean
-testigos, etc.»
-
-Este requerimiento ordenó el venerable doctor Palacios Rubios, bien mi
-amigo, segun el mismo (si no me he olvidado), me dijo, el cual, como
-arriba hé alguna vez tocado, fuera desto, favorecia y se compadecia
-mucho de las angustias y daños de los indios. Bien parece ser suyo
-este requerimiento y amasado de su harina, porque lo funda todo en los
-errores de Hostiensis, cuyo secuaz fué, como largamente hobimos dicho
-en nuestro primer libro, cuyo título es _De unico vocationis modo
-omnium gentiun ad veram religionem_, en latin escrito.
-
-
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-
- CAPÍTULO LVIII.
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-Agora es bien que tornemos sobre la sustancia y partes y eficacia ó
-efecto y justicia del referido requerimiento, cerca del cual, cierto,
-habia mucho que decir, pero anotemos algo brevemente; y lo primero,
-considere cualquier varon prudente, ya que los indios entendieran
-nuestra lengua, y los vocablos y significacion della y dellos, ¿qué
-nuevas les traian y qué señorío en oirlas, diciendo que un Dios habia
-en el mundo, criador del cielo y de la tierra, y que crió el hombre
-ó los hombres, teniendo ellos al sol por Dios, ó otros dioses quien
-creian haber hecho los hombres y las otras cosas? ¿Con qué razones,
-testimonios, ó con cuales milagros les probaban que el Dios de los
-españoles era más Dios que los suyos, ó que hobiese más criado el mundo
-y á los hombres que los que ellos tenian por dioses? ¿Si vinieran los
-moros ó turcos á hacelles el mismo requerimiento, afirmándoles que
-Mahoma era señor y criador del mundo y de los hombres, fueran obligados
-á creerlo? ¿Pues mostraban los españoles mayor testimonio y más
-verdadera probanza de lo que protestaban en su requerimiento, de que el
-Dios suyo habia criado el mundo y los hombres, que mostraran los moros
-de su Mahoma? Item, ¿cómo, ó con qué inconvencibles razones ó milagros,
-les probaban que el Dios de los españoles tuvo más poder que los
-dioses suyos para constituir un hombre, llamado Sant Pedro, por señor
-y gobernador de todos los hombres del mundo, y á quien todos fuesen
-obligados á obedecer, teniendo ellos sus Reyes y naturales señores,
-y creyendo no haber otros sino ellos en el mundo? Y así, ¿qué ánimo
-ternian y qué amor y reverencia se engendraria en sus corazones, y en
-especial los Reyes y señores, al Dios de los españoles, oyendo que por
-su mandado Sant Pedro, ó el Papa su sucesor, daba sus tierras al Rey
-de los españoles, teniéndose por verdaderos Reyes y libres, y de tan
-muchos años atras en antiquísima posesion ellos y sus pasados, y que se
-les pedia que ellos y sus súbditos le rescibiesen por señor, á quien
-nunca vieron ni cognoscieron ni oyeron, y sin saber si era malo ó si
-era bueno, y qué pretendia, si gobernallos, ó roballos, ó destruillos,
-mayormente siendo los mensajeros tan fieros, hombres barbados y con
-tantas y con tales armas? ¿Qué podian ni debian, segun buena razon,
-de los tales presumir ó esperar? Item, ¿pedilles obediencia para Rey
-estraño, sin hacer tratado ni contrato ó concierto entre sí sobre
-la buena y justa manera de los gobernar de parte del Rey, é del
-servicio que se le habia de hacer de parte dellos, el cual tratado, al
-principio, en la eleccion y rescibimiento del nuevo Rey, ó del nuevo
-sucesor si es antiguo aquel estado, se suele y debe hacer y jurar de
-razon y ley natural? Esto debia de entender el Cacique de la provincia
-del Cenú, de la que arriba dejamos ya dicho estar sobre Cartagena, el
-cual, segun escribió el bachiller Anciso, en un tratadillo suyo, que
-está impreso, que llamó «Suma de geografía», á el mismo que le hacia
-este requerimiento respondió, que el Papa, en conceder sus tierras
-al rey de Castilla debia estar fuera de sí cuando las concedió, y el
-rey de Castilla no tuvo buen acuerdo cuando tal gracia rescibió, y
-mayor culpa en venir ó enviar á usurpar los señoríos agenos de los
-suyos tan distantes. Esto no osara yo aquí escribirlo, si escrito y
-de molde, con nombre del mismo Anciso, no lo hallara, aunque él lo
-dice por otros desvergonzados vocablos, como abajo, si Dios quisiere,
-referiremos; y quisiera yo preguntar al Consejo que determinó deberse
-hacer tal requerimiento á estas gentes, que vivian seguras debajo
-de sus señores y Reyes naturales, en sus casas, sin deber ni hacer
-á ninguno mal ni daño, ¿qué fe y crédito eran obligados á dar á las
-escripturas de la tal donacion? y qué fueran las mismas bulas plomadas
-del Papa que allí se las presentaran, ¿merecieran, por no obedecellas,
-que fueran descomulgados ó que les hicieran algun otro mal temporal
-ni espiritual, ó cometieran en ello algun pecado? ¿Todo ésto no les
-habia de parecer ser deliramentos y cosas fuera de razon y de camino,
-y todos desvaríos y disparates, mayormente cuando les dijeran que eran
-obligados de se subjetar á la Iglesia?; veamos, ¿entender qué cosa
-sea Iglesia y ser obligado el hombre á se sujetar á la Iglesia, no
-presupone tener noticia y creer todas las cosas que nos enseña nuestra
-fe cristiana? ¿Por qué creemos haber Iglesia, y la cabeza visible della
-reverenciamos, nos subjetamos y obedecemos, que es el Papa, sino porque
-creemos y tenemos verdadera fe de la Santísima Trinidad, Padre, y Hijo
-y Espíritu y Santo, y tenemos y confesamos todos los otros catorce
-artículos pertenecientes á la Divinidad y humanidad? Pues no teniendo
-fe alguna, y ninguna de la Santísima Trinidad, ni de Jesucristo, que
-constituyó la Iglesia, y de lo demas que tiene y confiesa la religion
-cristiana, ¿cómo puede alguno creer que hay Iglesia, y su cabeza, que
-se llama Papa, padre grande y admirable? y sino puede ni debe creer
-alguno haber Iglesia y Papa, no habiéndole dado noticia de Cristo,
-hijo de Dios verdadero, y rescibídole voluntariamente por tal, ¿cómo,
-ó con qué ó por qué derecho humano, natural ni divino, será obligado
-á creer que hay Iglesia y que hay Papa? Pues si no es obligado, por
-algun derecho ni razon, á creer que hay Iglesia ni Papa, y ésto sin
-alguna culpa, ni pecado, ni venial, ¿cómo ó por qué será obligado á
-creer que el Papa tuvo poder para hacer donacion de las tierras y
-señoríos que poseen gentes que nunca otras cognoscieron, ni tuvieron
-que hacer con otras en bueno ni en malo, tan distantes de todas las
-otras de nuestro mundo viejo, y siendo poseedores y propietarios
-señores de tantos años? Item, si no son obligados á creer que tuvo
-poder aquel, que los españoles llaman Papa, de conceder y donar sus
-tierras y señoríos, y su libertad al Rey de los españoles, ¿cómo ó
-por qué derecho serán obligados á dar la obediencia, y de señores y
-Reyes ó Príncipes libres que nunca recognoscieron algun superior,
-hacerse súbditos y menoscabados de su estado, rescibiendo á un Rey
-que nunca vieron ni cognoscieron, ni oyeron, extraño, y de gente
-fiera, barbada y tan armada, y que, _prima facie_, parece horrible y
-espantosa, rescibiéndolo, digo, por señor? Veamos: si solos los Reyes
-dellos se quisiesen subjetar al Rey de Castilla, sin consentimiento
-de los pueblos, sus súbditos, los súbditos ¿no tenian justo derecho y
-justicia, de ley natural, de quitalles la obediencia y deponellos de su
-Real dignidad, y áun de matallos? Por el contrario, si los súbditos,
-pueblos, sin sus Reyes, lo quisiesen hacer, ¿no incurririan en mal
-caso de traicion? Item, si no son obligados los Reyes por sí, ni los
-súbditos por sí, y tampoco todos juntos á dar la obediencia á Rey
-extraño, por más requerimientos que les hagan, segun queda deducido
-y claramente probado, ¿con qué derecho y justicia les protestan y
-amenazan, que, si no prestan la obediencia que les piden, les harán
-guerra á fuego y á sangre, y les tomarán sus bienes, y sus mujeres y
-sus hijos, con sus personas, captivos, y venderán por esclavos? Y si,
-por esta causa, guerra les hicieron, ó hicieren, ó hacen, ¿con qué
-leyes ó derechos, ó razones, fueron ó serán ó son justificadas? Luégo,
-injustas, é inícuas, y tiránicas y detestables fueron, serán y son,
-donde quiera que por tal causa, y con tal título, á tales infieles,
-como los vecinos y moradores destas Indias, se hicieron ó hicieren,
-condenadas por toda ley natural, humana y divina, luégo, justísima será
-la guerra destos y de los tales infieles, contra todo español y contra
-todo cristiano que tal guerra moviere; y desta manera y jaez han sido
-todas las guerras que de nuestra parte á estas gentes se han movido y
-hecho, y esas pocas que contra nosotros ellas hicieron, y pluguiese á
-Dios que yo muriese por tal justicia como las que estas gentes para nos
-hacer cruda guerra hoy tienen, y siempre, desde que las descubrimos,
-contra nosotros han tenido. Y este derecho, siempre lo tienen y les
-vive, y dura, hasta el dia del juicio; la razon deste durarles es,
-porque desde que le cobraron, ni por paz, ni por tregua, ni por
-satisfaccion de los irreparables daños y agravios que de nosotros
-han rescibido, y ni por remision que ellos dellos nos hayan hecho,
-nunca jamás se ha interrumpido. Queda luégo manifiesta la ignorancia
-del Consejo del Rey, y plega á Dios que les haya sido remisible, y
-cuán injusto, impío, escandaloso, irracional y absurdo fué aquel su
-requerimiento. Dejo de decir la infamia de la fe y religion cristiana,
-y del mismo Jesucristo, que de aquel requerimiento era necesario salir,
-é ha salido; y cosa es de reir, ó de llorar por mejor decir, que
-creyesen los del Consejo del Rey que estas gentes fuesen más obligadas
-á rescibir al Rey por señor, que por Dios y Criador á Cristo, pues
-para rescibir la fe no pueden ser forzadas y con pena ser requeridas,
-y que para que diesen la obediencia al Rey ordenaban los del Consejo
-fuesen constreñidas. Hobo tambien mucha y reprensible falsedad,
-porque se afirmaba en él que algunas islas, y casi todas, á quien lo
-susodicho habia sido notificado, habian rescibido á Sus Altezas y
-obedecido y servido, y servian como súbditos y con buena voluntad, y
-sin ninguna resistencia, luégo, sin dilacion, cómo fueron informados de
-lo susodicho, porque no es verdad que les notificasen é informasen de
-cosa dello á ninguna isla, ni lugar, ni parte, ni gentes destas Indias,
-por aquellos dias, ni jamás rescibieron á los reyes de Castilla, ni
-obedecieron, ni sirvieron de su voluntad, sino por fuerza, y violenta
-y tiránicamente, haciéndoles crudelísimas guerras en su entrada, y
-poniéndolos en servidumbre durísima en que todos perecieron, como Dios
-es buen testigo; rescibieran y sirvieran á los Reyes de muy pronta
-voluntad, si por paz y amor y por vía cristiana hubieran sido inducidos
-y atraidos. Y, por acabar lo que toca aquel requerimiento, de lo dicho
-puede cualquiera prudente inferir, que si, como al principio deste
-capítulo supusimos, entendidos los vocablos y significacion dellos,
-pudieran responder y alegar por sí contra los que les hicieran los
-requerimientos, y los convencieran en juicio y fuera de juicio, ¿qué
-podrá alguno decir en excusa de los que formaron aquel requerimiento
-y de los que á ejecutallo iban, haciéndolo á quien ni palabra dél
-entendian, más que si fuera en latin referido ó en algarabía?; y ya
-saben los que estudiaron derechos, qué valor ó momento tiene el mando
-ó precepto, ó requerimiento, que se hace á gente que la lengua en que
-se dice no entiende, aunque fuese súbdita y tuviese obligacion de oillo
-y complillo, lo que en estas gentes y materia de que hablamos ningun
-lugar tiene, como parece por lo dicho.
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- CAPÍTULO LIX.
-
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-Tornando al despacho de Pedrárias, quiso el Rey que tambien fuese
-con él Obispo de aquella tierra firme, para que lo espiritual y
-eclesiástico se procurase, mayormente la conversion de aquellas gentes,
-con el cual tambien fuesen algunos religiosos de Sant Francisco;
-suplicó al papa Leon X, que en aquel tiempo en la Silla apostólica
-presidia, que criase Obispo á un religioso de Sant Francisco, solemne
-y afamado predicador del Rey, llamado fray Juan Cabedo, y así fué
-consagrado Obispo de la iglesia de Sancta María de la Antigua del
-Darien; y ésta fué la primera iglesia Catedral de la tierra firme, y
-él el primer Obispo. Para que hobiese recaudo en su Real hacienda,
-instituyó el Rey cuatro oficiales, Tesorero, Contador, Factor y
-Veedor, segun habia acostumbrado á proveer en estas islas, Tesorero,
-Alonso de la Puente, Contador, Diego Marque que habia sido en esta
-isla Española Veedor, Juan de Tavira, Factor, y Gonzalo Hernandez de
-Oviedo, Veedor. Llevó por Capitan general, Pedrárias, á un Juan de
-Ayora, hombre experimentado en la guerra, hermano de Gonzalo de Ayora,
-de quien se dijo cuasi lo que del Marqués de Santillana, que las letras
-no embotaban la lanza, y así en el Gonzalo de Ayora concurrieron
-letras muchas, y debian ser humanas, y con ellas fué señalado en la
-guerra; y por Alcalde mayor á un licenciado Gaspar de Espinosa, natural
-de Valladolid, hombre bien entendido, y por Alguacil mayor vino el
-bachiller Anciso. La mujer de Pedrárias era notable dueña, llamada
-Doña Isabel de Bobadilla y tambien de Peñalosa, sobrina de la marquesa
-de Moya, hija de su hermano. Esta señora Marquesa fué muy servidora
-de los católicos Reyes, y que les ayudó mucho á que reinasen, por
-entregalles la fortaleza de Segovia y los tesoros que en ella dejó el
-rey D. Enrique, en tiempo de las guerras de entre Castilla y Portugal,
-pretendiendo el rey D. Alonso de Portugal ser rey de Castilla, por
-haber casado con la que llamaron la Excelente, que decian ser hija
-del dicho rey D. Enrique, hermano de la reina Doña Isabel, y á quien
-sucedió en aquellos reinos; así que la dicha Doña Isabel de Bobadilla,
-determinado Pedrárias de ir aquel viaje sin ella, ella, como matrona
-varonil, no quiso por ninguna manera quedar, sino seguir por mar y por
-tierra su marido. Partido de la corte y de su casa, que la tenia y
-tienen sus sucesores en Segovia, Pedrárias, y de allí con su mujer Doña
-Isabel de Bobadilla, llegados á Sevilla, halló el mundo que allí le
-esperaba de gente, como arriba se dijo, y creo que si quisiera llevar
-todos los que con él querian ir, segun la fama de que el oro se pescaba
-con redes la gente de España habia movido, pasaran de 10.000. Salió,
-pues, finalmente, del rio y barra de Sant Lúcar, con su flota de doce
-ó quince velas, en 12 dias de Abril del año de 1514 de la venida de
-Cristo; á la cual, en saliendo, ventó de través el vendabal terrible,
-como acaece cada dia, y padecieron grande tormento y riesgo, porque se
-le perdieron dos naos, y todas las demas alijaron, que es echar á la
-mar mucha de la ropa y mantenimientos que traian encima de cubiertas,
-por alivianarlas, y así tornaron al puerto con mucho peligro. Tornaron
-á rehacerse y despues á salir, y llegaron á la isla de la Gomera, que
-es una de las Canarias, y en ella tomada agua y leña y lo que más les
-era necesario, fué á tomar la isla de la Dominica, una de las muchas
-que son las primeras que topamos destas Indias, en veinte y siete
-dias. Hay desde la Gomera hasta ella cerca de 800 leguas. Tomada leña
-y agua, y refrescándose la gente allí tres ó cuatro dias, alzaron las
-velas, y tomando el camino de la tierra firme llegaron al puerto de
-Sancta Marta, en el cual entraron y echaron sus anclas; los indios
-del pueblo y pueblos de por allí, como vieron la flota y estaban de
-tantas veces ya muy experimentados de lo que pretendian los españoles,
-y de las obras que dellos siempre rescibian, cada y cuando por allí
-aportaban, salieron como leones fieros de sus casas, con sus arcos
-y flechas enherboladas, y tiran á las naos metiéndose hasta la cinta
-en el agua. Mandó saltar Pedrárias contra ellos cierta gente en los
-bateles de las naos, pero ellos pónense con sus arcos y flechas,
-aunque desnudos en cueros, á defenderles que en tierra no entrasen, y
-de la primera rociada de flechas que les soltaron, les mataron luégo
-dos hombres, por ir las flechas enherboladas, lo cual puso en gran
-temor á toda la gente que iba en las barcas; pero soltando ciertos
-tiros de pólvora desde las naos, creyendo los indios que eran rayos,
-y truenos, y relámpagos, todos volvieron huyendo las espaldas. Los
-españoles estuvieron mucho dudando si saltarian en tierra y seguirian
-tras ellos el alcance, por miedo de la hierba tan mortífera que en
-las flechas echaban; pero pareciéndoles que sería cobardía, y los
-indios los ternian en poco y cobrarian dende adelante mayor ánimo,
-mandó Pedrárias que saltasen 900 hombres en tierra, y fuesen á los
-pueblos y trabajasen de lastimallos ó asegurallos, y creo que fué él
-con ellos. Salidos en tierra los españoles, huyeron los indios; van
-los nuestros al pueblo primero, y roban cuanto hallan, y, en especial,
-captívanles todas las mujeres y hijos que no pudieron haber huido. Los
-indios, viendo llevar sus mujeres y hijos, vuelven como rabiosos perros
-ó tigres contra los españoles, con grandísimo ímpetu, y desarmados
-sus arcos y tiradas sus flechas, tornaron á huir los que pudieron,
-sintiendo el cortar de las espadas y el fuego de las escopetas. No
-supe que desta hecha algun español hiriesen, aunque pocas veces por
-allí solia acaecer no matar ó mal herir, por la ponzoña de la hierba
-y ser en el tirar ellos muy certeros. Entraron algunas cuadrillas
-por la tierra dentro dos y tres leguas, y robaron cuanto hallaron de
-joyas de oro, y algunas esmeraldas ó madres dellas, y gemas, ó ciertas
-piedras preciosas y ámbar, engastonadas en oro, por buen artificio
-hechas. Hicieron los requerimientos que aquellas tierras supiesen
-ser de los reyes de Castilla, y por tanto que le viniesen á dar la
-obediencia, y tornarse cristianos, sino que las dejasen y se fuesen
-dellas. Respondiéronles con una gran nubada de flechas, pero creer que
-entendieron ellos cosa del requerimiento es falsísimo, porque no sabian
-más de nuestra lengua que de la latina; todo ésto es fingir novelas,
-como los nuestros en estas tierras siempre contra estas naciones
-suelen. Y si respondieron con flechas despues de les haber hablado
-las palabras del requerimiento, fué no queriendo oillos ni tener que
-hacer con ellos, viéndose así despojados de sus haciendas, robadas
-sus casas, y llevados captivos sus mujeres y hijos; y puesto que lo
-entendieran, buenas nuevas les daban, y buenas obras les habian hecho
-para esperallos, rescibillos, y ni oillos. Hallaron en las casas los
-nuestros muchas y muy hermosas redes, para pescar en la mar y en los
-rios que allí entran; hallaron muchas mantas y cosas de algodon, y de
-plumas de diversas colores, muy lindas, vasos para agua y para vino,
-y otras muchas vasijas de barro y de diversas formas hechas, pintadas
-y muy lindas. Tornáronse á las naos, con grandes gritas y alegría,
-triunfantes, cargados de las cosas ajenas, los nuestros; díjose que de
-los presos, despues de llevados á las naos, soltaron algunos, dándoles
-algunas cosas de las de Castilla porque fuesen contentos, no pude
-certificarme si los soltaron todos y les restituyeron las mujeres y
-hijos. Salió del puerto de Sancta Marta la flota para el puerto de
-Cartagena, pero por cierta tormentilla que les ocurrió, y por las
-muchas corrientes que por aquella mar siempre andan, fueron forzados
-á pasarlo sin verlo, y fueron á parar á Isla Fuerte; díjose que hizo
-saltar gente allí Pedrárias y prender alguno de los indios della y
-llevólos por esclavos. Está del Darien esta isla 50 leguas. Finalmente,
-llegaron y entraron en el golfo de Urabá y el Darien, cuasi mediado
-el mes de Junio. Acaeció una cosa de notar, salidos de Sancta Marta,
-que no parece haber sido menor señal de lo que habia de suceder que si
-fuera una cometa, y para los gentiles de los siglos antiguos mirárase
-más en ello: salió una ave, que en latin se llama _onocrotalus_, y en
-nuestro romance no sabemos otro vocablo para nombralla, sino creto
-ó onocrótalo, la cual es muy mayor que un buitre, tiene el papo muy
-grande y feo, nunca está sino en las lagunas ó rios grandes, porque
-su mantenimiento no es sino de peces. Salió, digo, de la tierra, y
-visitó volando, primero, la nao Capitana, donde venia Pedrárias, y
-despues rodea toda la flota como visitando todas las naos, y luégo cae
-muerta. Este acaecimiento parece haber sido presagio ó señal que quiso
-Dios mostrar de las matanzas y estragos que Pedrárias y los que con él
-vinieron habian de hacer en aquellas tristes gentes, y tambien amenazas
-de las muertes que habian de padecer de hambre y laceria los mismos
-españoles que con tanta ansia venian á pescar oro, y que luégo en breve
-se les siguieron, como, placiendo á Dios, diremos.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LX.
-
-
-Llegado Pedrárias y su flota al puerto del Darien, que distaba del
-pueblo creo que media legua, envió luégo Pedrárias un criado suyo,
-ántes que ninguno de las naos saliese, á hacer saber á Vasco Nuñez como
-era llegado con su flota al puerto. Tenia Vasco Nuñez entónces consigo
-en el Darien, 450 hombres ó pocos ménos, y, cierto, valian harto más
-por estar en tan grandes trabajos curtidos, que los 1.200 ó 1.500 que
-Pedrárias traia. Llegado el criado de Pedrárias al pueblo, preguntó por
-Vasco Nuñez; dijéronle, véislo allí, el cual estaba mirando y ayudando
-á los que tenia por esclavos, que le hacian ó cubrian de paja una casa,
-vestido de una camisa de algodon ó de angeo, sobre otra de lienzo, y
-calzado de unos alpargates los piés, y en las piernas unos zaragüelles.
-El hombre quedó espantado de ser aquel Vasco Nuñez, de quien tantas
-hazañas y riquezas se decian en Castilla, creyendo que lo habia de
-hallar en algun trono de majestad puesto; llegóse á él diciendo:
-«Señor, Pedrárias ha llegado á esta hora al puerto, con su flota, que
-viene por Gobernador de esta tierra.» Respondió Vasco Nuñez, que le
-dijese de su parte, que fuese muy bien venido y que se holgaba mucho
-(y Dios lo sabe) de su venida, y que él y todos los de aquel pueblo,
-que estaban en servicio del Rey, estaban prestos para rescibillo y
-serville. Oidas las nuevas por todo el pueblo, de haber llegado al
-puerto con tanta flota y armada, no hobo poco bullicio y pláticas en
-corrillos entre todos ellos; trataron cómo sería mejor rescibille, ó
-saliendo con armas, como cuando andaban armados por los indios, ó como
-pueblo, sin ellas. Cerca de lo cual hobo diversos pareceres, pero Vasco
-Nuñez siguió el más seguro, y que ménos podia causar sospecha, y así
-lo salieron á rescibir todos sin armas, y como estaban en sus casas,
-media legua. Pedrárias, como hombre no descuidado, entendido en las
-guerras, ordenó su gente, no del todo confiado que Vasco Nuñez con buen
-ánimo le rescibiese, ni los que con él eran; llegados á donde Pedrárias
-venia con su mujer, Doña Isabel de Bobadilla, de la mano, Vasco Nuñez
-y su compañía les hicieron gran reverencia, y Vasco Nuñez, con buenas
-palabras, se ofreció en nombre suyo y de todos, como Gobernador del
-Rey, á obedecerle siempre y servirle. Fuéronse todos juntos al pueblo
-con exterior regocijo, y Dios sabe si les sobraba á los que estaban
-la interior alegría; repartiéronse los que con Pedrárias venian, que,
-como se dijo, eran 1.200, por las casas que eran todas de paja de los
-que allá estaban, que eran pocos más de 400. Los que estaban proveian
-del pan de maíz y del caçabí, de raíces y frutas de la tierra, de
-agua del rio, y del servicio de los indios que por esclavos tenian,
-habidos con la justicia que arribase ha referido; Pedrárias mandaba
-proveer á cada uno de racion de tocinos y carnes, y pescados salados
-y algun bizcocho, y otras cosas comestibles de bastimentos que el Rey
-mandó, para la armada y gente della, que se trujese de Castilla. Luégo,
-otro dia despues de llegados y aposentados todos, comenzó Pedrárias á
-inquirir é informarse de los que en la tierra estaban, si eran verdad
-las grandezas que Vasco Nuñez habia escrito al Rey, de la mar del Sur
-y de las perlas de las Islas della, y de las minas ricas de oro y de
-todo lo demas; lo cual todo halló ser así, como Vasco Nuñez lo habia
-escrito, sino que el pescar del oro con redes, que no Vasco Nuñez,
-sino la fingida fama ó de Colmenares ó de otros habia publicado, y la
-vanidad y cudicia de Castilla tenia creido, halló no ser así. La gente
-toda, recien venida, no se descuidaba de preguntar dónde y cómo el oro
-con redes se pescaba, y, segun yo creo, comenzó desde luégo á desmayar
-como no via las redes y aparejos con que se pescaba, ni hablar ó tratar
-dello á cada paso; y así fué que, oidos los trabajos que los huéspedes
-les contaban haber pasado, y como el oro que tenian no era pescado
-sino á los indios robado, y puesto que habia muchas minas y muy ricas
-en la tierra, pero que se sacaba con inmenso trabajo, comenzaron luégo
-á se desengañar y hallarse del todo burlados. Luégo mandó Pedrárias
-apregonar residencia contra Vasco Nuñez, la cual le tomó el licenciado
-Espinosa, Alcalde mayor; mandó prenderle y condenó en algunos millares
-de castellanos, por los agravios hechos al bachiller Anciso y á otros,
-y al cabo, teniendo respeto á sus trabajos, que llamaban grandes
-servicios hechos al Rey, de la muerte del triste Nicuesa y de todos
-los mas cargos que le pusieron le dieron por libre y quito; pero de
-los robos, y matanzas, y captiverios y escándalos, que habia hecho á
-muchos señores, y Reyes, y particulares personas de los indios, no hobo
-memoria en la residencia, ni hombre particular, ni fiscal del Rey que
-dello le acusase, porque matar ni robar indios nunca se tuvo en estas
-Indias por crímen, y la más potísima razon que desto dar se puede, no
-es sino la insensibilidad que ha permitido Dios, por los pecados de
-España, en los más de nosotros, sin el juicio secreto divino que ha
-reservado para sí, é para la otra vida, el castigo total de los pecados
-tan inhumanamente cometidos en las gentes destas Indias. Y porque habia
-escrito Vasco Nuñez al Rey, entre las otras cosas, que, para el trato y
-descubrimiento de la mar del Sur, convenia hacerse pueblos de españoles
-en la tierra y señorío de los caciques Comogre, Pocorosa y Tubanamá,
-trató luégo Pedrárias de enviar gente, con parecer de Vasco Nuñez, para
-que en los dichos tres lugares poblasen.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXI.
-
-
-Entre tanto que se trataba y aparejaba de enviar gente, para hacer
-las dichas poblaciones, comenzóse á gastar la comida y bastimentos
-que la flota habia traido de Castilla, como era mucha gente la que
-los gastaba, por lo cual se iban adelgazando las raciones que el Rey
-les mandó dar, y no se comia tanto cuanto habian menester digerir los
-estómagos. Dello por esta causa, dello por ser enfermo el lugar donde
-estaban poblados, por ciertas ciénagas y lugares bajos y sombríos,
-y tambien por la diferencia de los aires más delicados y más claros
-destas tierras, que por la mayor parte y cuasi todas son más que las de
-España sanas, mayormente habiendo tan gran distancia de allá á estas
-partes, comenzaron á enfermar y á morir la gente que habia traido
-Pedrárias; no perdonó á él mismo, aunque tenia mejor refrigerio, que
-no incurriese una grave enfermedad. Salióse del Darien, por parecer
-del médico ó médicos que habia traido, con los demas, y fuese al rio
-de Corobarí, la última luenga, cerca de allí, que se tenia por de
-mejores aires. Con la indisposicion de Pedrárias dilatóse la provision
-y despacho de las dichas poblaciones, pero no la muerte de muchas
-personas, que cada dia de hambre y enfermedades morian, y más de hambre
-y falta de refrigerio que de las enfermedades se interpolaba, cuando
-ya del todo las raciones del Rey se acabaron. Cresció esta calamidad
-de hambre en tanto grado, que morian dando quejidos «dáme pan» muchos
-caballeros, y que dejaban en Castilla empeñados sus mayorazgos, y otros
-que daban un sayon de seda carmesí é otros vestidos ricos porque les
-diesen una libra de pan de maíz ó bizcocho de Castilla, ó caçabí. Una
-persona, hijodalgo, de los principales que habia traido Pedrárias, iba
-un dia clamando por una calle que perecia de hambre, y delante todo
-el pueblo, cayendo en el suelo, se le salió el ánima. Nunca parece
-que se vido cosa igual, que personas tan vestidas de ropas ricas de
-seda y áun parte de brocado, que valian muchos dineros, se cayesen á
-cada paso muertas de pura hambre; otros se salian al campo y pascian
-y comian las hierbas y raíces que más tiernas hallaban, como si
-fueran ganados; otros, que tenian más vigor, traian sin vergüenza del
-monte haces de leña por un pedazo de cualquiera pan que les daban.
-Morian cada dia tantos, que, en un hoyo que se hacia, muchos juntos
-enterraban, y á veces si cavaban una sepultura para uno del todo no la
-querian cerrar, porque se tenia por cierto que pocas horas habian de
-pasar que no muriesen otros que lo acompañasen. Muchos se quedaban sin
-sepulturas un dia y dos, por no tener fuerzas para los enterrar los
-que eran sanos y tenian que comer algo; en todos los casos dichos poco
-cuidado habia de hacerles obsequias, como ni lo habia de amortajarlos.
-Aquí vieron todos bien á la clara, cómo el oro con redes se pescaba.
-En estas angustias puestos, y no ménos Pedrárias y su casa, dió
-licencia á algunos principales caballeros que se volviesen á España,
-de los cuales vinieron á parar á la isla de Cuba una barcada con
-harta necesidad, donde les matamos bien la hambre, por estar nosotros
-en tierra de grande abundancia, cuanto la de donde venian tenia de
-falta, no por ser la tierra estéril, porque no es sino fertilísima y
-de mantenimientos abundaba cuando estaba en su prosperidad, sino por
-haberla los españoles despoblado, dello con muertes innumerables, dello
-por captiverios de vivos, enviando á vender á estas islas muchos por
-esclavos, dello por haber á todas las demas gentes ahuyentado, y así
-estaban aquellas provincias asoladas; porque es cierto que si á los
-Caciques y señores y gentes moradores dellas los españoles les hicieran
-obras de cristianos, aquellos y muchos más pudieran ser proveidos y
-sustentados, y áun ricos de lo que deseaban, pero no fueron dignos
-porque no traian el fin que Dios pretendia desde que se movieron de
-España. Así que, estos efectos parió el creer que el oro se pescaba, y
-venir á pescallo con tanta ansia. Convalesciendo algo Pedrárias, siendo
-avisado de las muchas minas y ricas que habia por aquella provincia
-del Darien, no curando mucho de la sanidad de la tierra, que debiera
-mucho mirar, segun lo que de presente cada dia pasaba, envió á un
-Luis Carrillo, con 60 hombres, para que poblase un pueblo en el rio,
-siete leguas del Darien, que no sé por qué ocasion habian nombrado, en
-tiempo de Vasco Nuñez, el rio de las Anades; no sé con que confianza de
-mantenimientos, pues todos andaban hambreando, y no habia memoria de
-hombre indio en toda la comarca, sino sólo los que tenian algunos de
-los que allí iban por esclavos, y así duró poco el pueblo allí por esta
-causa. En este tiempo, como se le iba asentando la silla de obedecer y
-ser mandado á Vasco Nuñez, estando tan acostumbrado á ser obedecido y á
-mandar, inventó camino para ir por sí á donde sólo gobernase, para lo
-cual envió secretamente á Andrés Garavito á la isla de Cuba para que
-le trujese gente, con la cual por el Nombre de Dios pasase á poblar en
-la mar del Sur. En este propósito no sé sobre qué estribaba, porque
-no creo que le era venido el título de Adelantado de la mar del Sur,
-sino quizá por cartas que tenia que el Rey le habia hecho merced dél,
-porque ya que lo tuviese de presente no parece que habia de pretender,
-ni podia, gobernar sin estar subjeto á Pedrárias; y por ventura, deste
-principio comenzó á tener cosquillas de sospecha dél, Pedrárias, de
-donde al cabo le provino su final daño.
-
-
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- CAPÍTULO LXII.
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-Despachado Luis Carrillo para que poblase el rio de las Anades,
-determinó Pedrárias, con toda la priesa que pudo, de despachar y
-despachó á Juan de Ayora, su Capitan general, con 400 hombres los ménos
-indispuestos de los que habia traido, con parte de los antiguos que
-con Vasco Nuñez estaban, á robar todo el oro que haber pudiese por
-toda la tierra, sin guardar fe ni amistad á los señores y sus gentes
-que Vasco Nuñez tenia confederados, aunque tambien por él robados y
-tiránicamente forzados y agraviados, (puesto que por ventura no mandó
-Pedrárias que á los confederados hiciesen daños, como los hizo su mal
-Capitan), porque ya habia determinado, segun creo, de enviar á su
-mujer, Doña Isabel, á Castilla, y no llevarse vacías las manos. Mandóle
-que hiciese tres pueblos con sus fortalezas, en la tierra de Pocorosa,
-y en la de Comogre, y de Tubanamá. Embarcóse Juan de Ayora, con los
-400 hombres, en una nao y tres ó cuatro carabelas, y fué á desembarcar
-al puerto de la tierra del cacique Comogre, que distaba del Darien 25
-ó 30 leguas, hácia el Poniente; desembarcado en el pueblo de Comogre,
-despachó á un Francisco Becerra con 150 hombres á la mar del Sur, para
-que descubriese algun buen asiento y comarca donde se poblase; fué
-guiado por un camino más breve, que se sabia de ántes, por el cual
-se hallaron haber 26 leguas de mar á mar. Estos despachados, mandó
-Juan de Ayora á Garci-Alvarez, que, con los navíos y alguna gente que
-habia indispuesta, le fuese á esperar al puerto del cacique Pocorosa,
-que estaba más al Poniente, abajo, en tanto que él iba á robar lo que
-hallase. Váse con sus 200, y algunos más hombres, la tierra adentro,
-al cacique Ponca, del cual en el cap. 47 mostramos que habia venido
-á Vasco Nuñez, y Vasco Nuñez, asegurádole y prometídole que nunca
-le vernia daño, y el Ponca le ayudó dándole de su gente que para el
-descubrimiento de la mar del Sur le acompañase. Ponca, pues, como
-estaba seguro, salió á rescibir á Juan de Ayora, de paz, y lo primero
-que hizo fué tomarle, contra su voluntad, el oro que pudo hallar,
-escudriñándole su casa, y diciéndole, riendo, que de los amigos se
-habia de ayudar. De allí vá al Cacique y señor Comogre, que tantas
-caricias y buen rescibimiento y hospedaje habia hecho á Vasco Nuñez,
-y á su compaña, y el primero que dió las nuevas de la otra mar, como
-arriba, en los capítulos 41 y 42 se ha contado, el cual, siendo avisado
-de sus espías que venia, y que su fin era el oro deseado, salióle á
-rescibir al camino con un buen presente de joyas de oro y comida, y
-llegado á su casa les hizo cuantos servicios pudo y regalos; pero ni
-estas buenas obras hechas á él, ni las que Vasco Nuñez rescibió con
-los pasados, ni la fe y seguridad que le prometió de que sería seguro
-y no rescibiria de los españoles nunca jamás daño, bastó á que no le
-tomase por fuerza sus propias mujeres aqueste infelice tirano. Lo
-mismo hizo, segun se escribió, de allí salido, á Pocorosa, en cuanto
-le pudo robar, puesto que su persona, siendo avisado de lo que venia
-haciendo, se fué huyendo á los montes que no lo osó esperar, y lo que
-peor fué que el triste de Pocorosa, Rey de aquella tierra, pensando
-aplacalle y doblalle para que le restituyese las mujeres ó gente y
-otras cosas que le habia robado, y tambien por miedo que buscándolo ó
-haciéndole buscar caerian en sus manos, vínose á él con un presente
-de todo el oro que allegar pudo, que con su persona misma le trajo;
-pero nada le aprovechó, ántes lo prendió y llevó preso á la tierra de
-Tubanamá, diciendo que con la prision de aquel amedrentaria los otros
-señores, para que con oro se rescatasen. Pasando á la tierra y señorío
-de Tubanamá hallóle seguro y quieto en su casa, como habia prometido
-á Vasco Nuñez que siempre lo estaria, y que así lo habian siempre de
-hallar; rescibió á Juan de Ayora con mucha alegría, dále á él y á su
-gente de comer, y hizóle servir con toda su posibilidad; demás desto,
-dióle un presente de oro, no de poca cantidad, pero no le hartó ni
-satisficieron las obras tan buenas de quien no les debia nada; en
-pago de lo cual tómale cuanta de su gente pudo por esclavos, y róbale
-cuanto le pudo robar. Escapóse dél Tubanamá lo mejor que pudo, y fuese
-apellidando su tierra, y tambien quizá sus vecinos, y con la más gente
-que pudo allegar vino sobre Juan de Ayora y sobre los suyos por la
-otra parte del rio, donde él estaba, con gran furia, y echóles una
-nubada de flechas, peleando contra ellos como leones, pero desnudos en
-cueros. Cierto, si las armas les ayudaran, más daño que nunca hicieron
-nos hobieran hecho estas gentes, porque ánimo no les ha faltado y
-menosprecio de la muerte por defension de sus patrias y casas, segun
-habemos visto hartas veces por experiencia. Tornando á Juan de Ayora,
-defendióse del ímpetu de Tubanamá, no supe si ellos hirieron algunos
-españoles con este ímpetu, ni si los españoles mataron algunos, más de
-que se vido bien apretado Juan de Ayora, y con harto miedo, por lo cual
-con mucho trabajo y priesa hizo aquella noche, de rama y tierra, una
-fortaleza, temiendo que al salir del alba serian otra vez sobre él; no
-volvieron porque no pensaron prevalecer, lo cual es argumento que los
-lastimaron las espadas ó los perros. Dejó allí Juan de Ayora en aquella
-fortalecilla un Hernan Perez de Meneses, con 60 hombres, para tener
-las espaldas seguras, y para los yentes y vinientes, ó para enviar de
-sí nuevas y sabellas de Francisco Becerra, y volvióse á Garci-Alvarez,
-que le esperaba con los navíos en un rio que habian nombrado de Sancta
-Cruz, en la tierra de Pocorosa; señaló allí una villa y púsole nombre,
-la villa de Sancta Cruz, y los vecinos que le pareció, criando Alcaldes
-y Regidores, conforme á la instruccion que de Pedrárias llevaba: ésto
-fué á tantos de Mayo del año de 1515. Poblada esta villa de Sancta
-Cruz, aunque no de gente sancta, teniendo noticia Juan de Ayora de que
-más al Poniente habia un señor, de gente y de oro muy rico, llamado
-Secatíva, la penúltima luenga, envió por la mar, en ciertas barcas ó
-bateles, á un fulano Gamarra, con cierta gente, para que, so color de
-que diese la obediencia á los reyes de Castilla, captivase la gente
-que pudiese, y robase la riqueza que estimaba que tenia; pero como sus
-obras fuesen ya por toda la tierra estendidas, y en los oidos de todas
-las gentes de aquellas provincias fuesen, como lo eran, horribles, por
-cuya causa y temor todos los pueblos y señores dellos estaban sobre
-aviso, teniendo sus espías (en lo cual los indios no se duermen),
-temiendo haber de venir sobre ellos aquella pestilencia cada dia, el
-cacique Secatíva con su gente, avisados que por la mar los españoles
-venian, pusieron en cobro sus mujeres y hijos, y vacío el pueblo,
-metidos tras de unas matas, los españoles, dejadas las barcas y salidos
-en tierra, ya que llegaban cerca del pueblo, salen los indios de través
-con un terrible alarido, y dan en ellos, lanzando varas tostadas
-como dardos y no sé si flechas tambien, con las cuales hirieron al
-Capitan y á los más de su compañía, y así se volvieron huyendo, bien
-descalabrados, de donde habian venido. Juan de Ayora, desque los vido
-venir destrozados, lleno de ponzoña de ira determinó de la derramar en
-el pueblo de Pocorosa, y mandó que le robasen toda la tierra que era
-donde habian hecho su negra villa, y prendiesen á él para podelle sacar
-más oro si pudiesen, pero fué avisado Pocorosa por un español llamado
-Eslava, que era su amigo, al cual quiso ahorcar Juan de Ayora desque
-lo supo. Concluida ésta su predicacion y dejada la tierra tan en amor
-de la fe y religion de Cristo, Juan de Ayora deliberó de se volver al
-Darien para se tornar, con ciertos barriles que tenia ya llenos de oro,
-á Castilla, y así lo hizo, pero hurtando un navío que en el puerto
-quedaba, y díjose que el mismo Pedrárias fué sabidor y consentidor del
-hurto, y de su huida con el oro robado, por ser muy amigo de Gonzalo
-de Ayora, su hermano, pudo ser que de lo que traia robado dió su parte
-al quinto del Rey é á Pedrárias, sin lo mucho que se dijo que trujo
-escondido; éste infelice tirano era natural de Córdoba, hijodalgo
-y persona estimada por aquel tiempo, y, sus obras lo claman, de
-insaciable cudicia. Deste tirano cuenta Pedro Mártir, en el cap. 10,
-de su tercera Década, lo siguiente: _Joannes Aiora civis cordubensis
-nobili genere ortus misus pro prætore, uti alias diximus, auri magis
-cupidus quam rei bene gerendæ amator, aut laudis. Nactus occasiones in
-regulos spoliavit multos et contra jus fasque aurum ab eis extorsit,
-et crudeliter (ut aiunt) tractavit; ita ut ex amicis facti sint hostes
-infensissimi, et animis desperatis jam quacumque datur vi aut insidiis
-nostros perimunt. Ubi pacato comertiabantur et volentibus regulis, nunc
-armis agendum est. Multis auri ponderibus hoc modo coactis, uti fertur,
-aufugit sumpto furtim, ut vulgo dicitur, navigio..... Non desunt qui
-Petrum Ariam ipsum gubernatorem ejus fugæ assensisse arbitrentur.....
-Nihil mihi eque displicuit in universis occeaneis agitationibus ac
-istius avaritia quæ pacatos regulorum animos ita perturbaverit._ El
-capitan Garci-Alvarez con los suyos, pobladores de la villa de Sancta
-Cruz, no queriendo estar ociosos, creyendo permanecer en ella, salian
-por los pueblos comarcanos á robar mujeres, y la gente que podian haber
-para traer captiva. Pocorosa, señor tan agraviado de los españoles á
-él tan desagradecidos, junta la gente que pudo, suya y de sus amigos,
-y tambien agraviados y lastimados vecinos, vienen al cuarto del alba
-sobre la villa, y hallando á todos durmiendo, ántes que acordasen para
-tomar las armas, estaban todos heridos; pero como las armas de los
-indios, donde no hay ponzoñosa hierba, no matan luégo, como nuestras
-culebrinas, tornaron los españoles; aunque heridos, sobre sí, é tomadas
-sus armas dan en ellos, y matando con sus espadas, tambien de los
-golpes de los indios con sus macanas morian; y con tanto vigor los
-indios, aunque dellos caian muertos muchos, perseveraron en la pelea,
-que cuando vino á ser claro el dia los tenian todos despachados, con
-su capitan Garci-Alvarez, sino fueron sólos cinco. Estos se escaparon
-escondidos y huyendo noches y dias hasta llegar al Darien, donde dieron
-las nuevas, y así se despobló la buena villa de Sancta Cruz á cabo de
-seis meses de su principio.
-
-
-
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- CAPÍTULO LXIII.
-
-
-Despachados Luis Carrillo y Juan de Ayora para sus romerías, luégo
-envió Pedrárias á Pedrárias, su sobrino, con 200 hombres con dos
-navíos, al rio de la provincia del Cenú, la última sílaba aguda, para
-que descubriese y anduviese aquella tierra y rio, y robase el oro que
-pudiese, porque los indios que habia hecho esclavos en Isla Fuerte,
-como arriba se dijo, decian que en aquella tierra ó provincia habia
-mucha riqueza, como vian á todos por oro tan caninos; y verdad era,
-porque aquella provincia era el fonsario y entierro de muchas gentes de
-la tierra adentro, que venian á enterrar sus muertos de muchas leguas,
-y enterraban con ellos cuanto oro tenian. De aquellas sepulturas se
-hobo despues grande suma de oro y riquezas, aunque todo há poco, como
-el mundo sabe, lucido. Así que fué con su gente Pedrárias, sobrino,
-y navíos al rio de Cenú, que está del Darien 30 ó poco más leguas de
-la parte del Oriente; llegados al puerto y echadas las barcas para
-subir por el rio; y siendo dificultosa la subida por la corriente y
-la gente ser nueva, y la gran multitud de mosquitos que los comian, y
-la esperanza de haber lo que buscaban con tantos trabajos muy fria,
-comenzaron á sentir más el oficio y trabajo del remar que el consuelo
-de conseguir su fin les ofrecia. Por todos estos accidentes comenzaron
-á caer enfermos y á morir; viéndose Pedrárias, sobrino, en mucha
-angustia, y que él tambien padecia el peligro de la vida, y no ver
-aparejo para hacer asiento, que quizá era lo que más queria, por salir
-de tanta tristeza dió luégo la vuelta al Darien con la mitad ménos
-de la compañía. Viéndolo Pedrárias, su tio, más creo que se holgara
-si lo viera que los navíos cargados de oro y de muchos indios hechos
-esclavos traia. Desde á poco, hé aquí viene Luis Carrillo con toda su
-compañía, que habia desmamparado y despoblado la villa de las Anades,
-diciendo que no podian hallar bastimentos para se sustentar por andar
-los indios huidos; con estos recaudos estaba Pedrárias muy afligido,
-y via que no ponia en cosa mano que no se le deshacia, puesto que no
-dejaba de recoger del oro robado, y esclavos hechos tan contra Dios y
-su ley, cuanto para sí aplicar podia; pero el ciego infelice, ser la
-causa de los reveses que padecia el mal estado en que él y todos los
-españoles, que en aquella tierra estaban, vivian, destruyendo aquellas
-inoxias gentes, no advertia. Aquel Luis Carrillo, despues que comenzó á
-asentar su villa de las Anades, puso por obra de hacer catas, con los
-indios esclavos que él y los de su compañía tenian, en aquel rio, para
-ver el oro que habia, y puesto que por aquel y por otros muchos rios,
-y toda aquella tierra es de oro rica, pero como se saca con grandísimo
-trabajo y há menester paciencia y tiempo para cogollo, porque no suele
-salir tan á montones que luégo se alegre y contente y harte la gran
-cudicia, comenzaron á desajenarse los vecinos de la nueva villa; pero
-el Luis Carrillo, por esforzar los vecinos á que no desmayasen, y
-dalles algun contentamiento, acordó de salir, con los que más sanos y
-dispuestos estaban, á captivar indios de los que por sus obras y de los
-demas andaban ahuyentados, y otros que estaban en sus pueblos con temor
-cada dia esperándolos. Fuese por la tierra de Abrayba á la provincia
-nombrada Ceracaná, la última luenga, que vivian en las barbacoas ó
-casas sobre los árboles que estaban en el agua, los cuales, sintiendo
-los españoles, se defendieron con sus varas un buen rato, pero no les
-aprovechó porque los españoles, combatidas siete de aquellas casas
-altas, prendieron al cabo más de 400 ánimas, y queriendo ir adelante
-á buscar más los ya captivos probaron á huir, y escapáranse sino por
-un perro que llevaban que lo soltaron, y aquel los detuvo habiendo
-muchos dellos desgarrado; á aquellos 400 repartió Luis Carrillo entre
-sí mismo y su compaña. Venidos á su pueblo de las Anades, fuese luégo
-al Darien á decir á Pedrárias que era imposible allí perseverar por
-no haber comida y por otras incomodidades, y así luégo lo despoblaron.
-Por este tiempo debia enviar Pedrárias al bachiller Anciso al Cenú,
-como hervia siempre la fama y más la cudicia del abundar en oro aquella
-provincia, como á hombre que tenia experiencia de aquellas tierras y
-que lo haria mejor que Pedrárias su sobrino, y como Anciso era jurista
-debió parecerle que justificaba, con usar del requerimiento, mejor sus
-robos y violencias que iba á hacer á los vecinos del Cenú, que Juan de
-Ayora y Luis Carrillo, sin él, las suyas, y así dice él en su «Suma
-de geografía», cuasi al cabo della, hablando del Cenú, las palabras
-siguientes: «Yo requerí, de parte del rey de Castilla á dos Caciques
-destos del Cenú, que fuesen del rey de Castilla, y que les hacia saber
-como habia un sólo Dios, que era Trino y Uno, y gobernaba el cielo y la
-tierra, y que éste ha venido al mundo y habia dejado en su lugar á Sant
-Pedro, y que Sant Pedro habia dejado por su sucesor, en la tierra, al
-Santo Padre, que era Señor de todo el mundo Universo, en lugar de Dios,
-y que ese Santo Padre, como Señor del Universo, habia hecho merced
-de toda aquella tierra de las Indias y del Cenú al rey de Castilla,
-y que, por virtud de aquella merced que el Papa habia hecho al Rey,
-les requeria que ellos le dejasen aquella tierra, pues le pertenecia;
-y que si quisiesen vivir en ella, como se estaban, que le diesen la
-obediencia como á su señor, y le diesen en señal de obediencia alguna
-cosa cada un año, y que eso fuese lo que ellos quisiesen señalar, y
-que si ésto hacian que el Rey les haria mercedes y les daria ayuda
-contra sus enemigos, y que pornia entre ellos frailes ó clérigos que
-les dijesen las cosas de la fe de Cristo, y que si algunos se quisiesen
-tornar cristianos, que les haria mercedes, y que los que no quisiesen
-ser cristianos, que no les apremiarian á que lo fuesen sino que se
-estuviesen como se estaban.» Respondiéronme, que en lo que decia que
-no habia sino un Dios, y que éste gobernaba al cielo y la tierra y que
-era Señor de todo, que les parecia bien y que así debia ser, pero en lo
-que decia, que el Papa era Señor de todo el Universo, en lugar de Dios,
-y que él habia hecho merced de aquella tierra al Rey de Castilla,
-dijeron que el Papa debia estar borracho cuando lo hizo, pues daba lo
-que no era suyo, y que el Rey, que pedia y tomaba la merced, debia ser
-algun loco pues pedia lo que era de otros, y que fuese allá á tomarla
-que ellos le pornian la cabeza en un palo, como tenian otras, que me
-mostraron de enemigos suyos, puestas encima de sendos palos, cabe el
-lugar, y dijeron que ellos se eran señores de su tierra y que no habian
-menester otro señor. Yo les torné á requerir que lo hiciesen, si no que
-les haria la guerra y les tomaria el lugar, y que mataria á cuantos
-tomase, ó los prenderia y los venderia por esclavos. E respondiéronme,
-que ellos me pornian, primero, la cabeza en un palo, é trabajaron por
-lo hacer, pero no pudieron porque les tomamos el lugar por fuerza,
-aunque nos tiraron infinitas flechas é todas herboladas, é nos hirieron
-dos hombres, con hierba, y entrambos murieron de la hierba aunque las
-heridas eran pequeñas; y despues prendí yo en otro lugar al un Cacique
-dellos, que es el que dije arriba que me habia dicho de las minas del
-Nocri, é hallélo hombre de mucha verdad é que guardaba la palabra, y
-le parecia mal lo malo y bien lo bueno, y cuasi de esta forma se hacen
-allá todas las guerras. Todo ésto es lo que Anciso dice formalmente
-y á la letra en el lugar alegado. ¿Qué mayor argumento ni más claro,
-confesado por su boca, de la ignorancia y ceguedad del bachiller
-Anciso, y de quien ordenó el tal requerimiento, y de todos los que
-creian que por él se excusaban las tan horribles é impías guerras, y
-robos, y calamidades que á aquellas gentes, por ellas, los españoles
-les causaban? ¿Qué evidencia les hizo Anciso en su requerimiento
-para constituillos en culpa de contumacia, y que él tuviese legítima
-causa de invadillos, tomalles el pueblo matándolos y captivándolos?
-¿qué injurias ó daños representaba haber el rey de Castilla, ó
-España, ó el mismo Anciso dellos rescibido? ¿qué tierras ó bienes
-le habian usurpado, que pidiéndoles la restitucion dellas fueron en
-mora constituidos, despues de muchas veces rogados y requeridos? ¿Qué
-bárbaros, incultos y hombres bestialísimos, no escarnecerán de aquel
-requerimiento y de quien lo hizo? ¡Y que afirme Anciso, como testigo de
-vista, que de aquella forma que él hizo la guerra á los vecinos de la
-provincia del Cenú, se hicieron allá todas las guerras! _¿Quid ægemus
-testibus? ex ore tuo, oh bachalarie Anciso, te judico_, y pregúntote
-¿si eran obligados á creerte luégo, que el Dios que les hacia saber era
-Trino y Uno, y así de las otras particularidades de tu requerimiento?
-¿Bastabas tú, quizá, con gente armada, que venias á robar su oro, sus
-haciendas, sus mujeres y hijos, y su libertad, por testigo? ¿Y qué
-sabian qué cosa eran frailes, ni clérigos, que nunca jamás habian
-visto ni oido; fe, ni Cristo, ni qué era ser cristianos, y los demas
-que habian de ser entre ellos por disparates tenidos, puesto que en
-sí fuesen margaritas divinas? Aunque yo para mí por cierto tengo, que
-mucho de lo que Anciso aquí dice fué fingida fábula, y no historia
-del todo allí acaecida, porque parece ser imposible en dos años poder
-aquellos Caciques entender qué cosa era Sant Pedro, ni Papa, ni otros
-términos y sentencia que allí Anciso refiere, como fuese aquella la
-primera vez que españoles entraron allí, y no supiesen vocablo ninguno
-de su lengua, cuanto ménos en una hora que pudieron en aquello tardar,
-y por ésto tengo por incierto que del Papa ni del Rey dijesen aquellas
-palabras los indios.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXIV.
-
-
-Desque los Pedrárias, y los oficiales del Rey é tambien el Obispo,
-vieron que todos los que iban á hacer aquellas entradas siempre traian
-robado mucha cantidad de oro, aunque algunos dejaban las vidas en la
-demanda, comenzaron á tomar gusto en lo que aquellos traian, porque
-á todos cabia, por diversos caminos ó respectos, alguna parte. De
-aquí provino que ya las entradas se aprobaban y hacian por todos,
-áun aquellos que de oficio les incumbia vituperallas, y acusallas, y
-estorballas en cuanto pudiesen, viendo tan manifiestos los grandes
-estragos que en aquellas gentes se hacian, y el daño que de allí
-resultaba, áun para el provecho del Rey, ya que de la honra de Dios
-ni de la infamia de la religion cristiana y de la perdicion de tantas
-ánimas no se hobiera de tener algun cuidado; y así, en cada cuadrilla
-que salia de españoles, y que Pedrárias licenciaba y mandaba que
-fuesen á robar oro y captivar indios para los hacer esclavos, el mismo
-Pedrárias y cada uno de los cuatro oficiales del Rey, y, lo que más
-de llorar era, el mismo reverendo Obispo, enviaban los criados que
-cada uno tenia é queria, y de vuelta repartíase todo el oro que se
-habia robado y los indios que tomaban, condenados por esclavos, y cada
-uno de los Pedrárias, y oficiales, y Obispo, rescibia tantas partes
-cuantos criados habia enviado: y desta manera no se derramaba gota de
-sangre, ni robaba castellano, ni captivaba persona alguna, de que todos
-no fuesen reos, y á la restitucion del todo, _in solidum_, cada uno
-dellos, y el señor Obispo que habia de poner la vida por defension de
-aquellas sus ovejas, no fuese obligado. Entre otras estaciones hizo
-una Vasco Nuñez, por induccion ó mandado de Pedrárias, desta manera:
-él habia escrito al Rey, que en el rio Grande del Darien, por él
-arriba, tenia nuevas que habia grandes riquezas de oro por estar por
-allí el dios ó ídolo de Dabayba, y por esta nueva habia muchos de los
-principales que habia consigo traido Pedrárias, que la empresa de irlo
-á buscar por gran merced le demandaban, pero Pedrárias, segun dijo
-ó se sintió dél, no quiso concedella á ninguno, porque sino saliese
-verdad no culpasen á sus Capitanes, sino al mismo Vasco Nuñez que lo
-habia inventado; y por ésto mandólo que tomase 200 hombres, y fuese
-á buscar el dios de Dabayba y traer la riqueza de que se tractaba.
-Embarcóse con ellos en muchas canoas, porque no habia otro aparejo para
-por aquel rio navegar, y llegando á la tierra y señorío de los que se
-llamaban gugures, que era mucha, saliéronles al encuentro con muchas
-canoas, armados, yendo los españoles descuidados, y diéronles tanta
-priesa que ántes que mirasen por sí tenian la mitad de los españoles
-muertos ahogados, porque los nuestros, y todos, somos en el agua, en
-especial en aquellas canoas, gatos, y los indios, por ser grandes
-nadadores y desnudos en cueros, hácennos grande ventaja, trastornando
-las canoas, lo cual hecho poco trabajo es menester para matarnos.
-Entre los primeros cayó luégo muerto Luis Carrillo, el poblador de
-la villa de las Anades, donde pagó lo que habia hecho en ella y en
-las otras partes, y plegue á Dios que con aquella muerte su divinal
-justicia se haya contentado; Vasco Nuñez, con los que le quedaron,
-acordó de tomar la tierra, los indios tambien dejaron el agua, y van
-tras ellos siguiendo el alcance; plugo á Dios que se sustentaron hasta
-que vino la noche, y con la oscuridad tuvieron lugar de huir por montes
-y valles, porque de otra suerte ninguno dellos escapara. Vino Vasco
-Nuñez herido, y alguno de los restantes maltratados, y díjose que los
-Capitanes nuevos de Pedrárias se holgaron viéndolo venir desbaratado,
-porque se le aguase la fama que tenia de hacer por allí aquellas
-hazañas, y porque si ellos despues errasen no se maravillase nadie;
-Pedrárias más quisiera que viniera de oro cargado, y de no lo venir, é
-cognoscer que perdia mucha gente, no podia no pesalle. En estos dias
-llegó cierto navío al Darien que trujo una Provision real, por la cual
-el Rey daba título á Vasco Nuñez de Adelantado de Coyva y Panamá,
-donde despues se asentó la ciudad así nombrada; Coyva era una isleta
-cerca de por allí, que el mismo Vasco Nuñez envió á suplicar al Rey,
-porque le habian dicho los indios, ó él mal entendido, cuando andaba
-en el descubrimiento del mar del Sur, que habia ó perlas ó oro en
-mucha abundancia. Rescibida la Provision hízose apregonar. Comiénzase
-Vasco Nuñez y los que le amaban á llamar con regocijo Adelantado, no
-dejando de haber murmullo ó corrillos, dellos en bien, dellos en mal,
-porque, segun se dijo y pareció, de la prosperidad de Vasco Nuñez no
-gustaba bien, con los suyos, Pedrárias, viendo que se le iba saliendo
-de las manos; y la fortuna no olvidaba á Vasco Nuñez de levantallo,
-para despues de más alto lo derrocar. Ayudó luégo á lo susodicho, y
-desabrimientos de Pedrárias, que volvió Andrés Garavito de la isla de
-Cuba, con 60 españoles, para seguir á Vasco Nuñez, con armas y otras
-cosas necesarias para pasar por el Nombre de Dios á poblar en la
-mar del Sur, esperando que el Rey le daria la gobernacion de lo que
-poblase. Garavito, surgiendo seis leguas del puerto, envió secretamente
-á avisar á Vasco Nuñez de su venida. No se le encubrió á Pedrárias la
-venida del Garavito, y el propósito de Vasco Nuñez de como pretendia
-sin él gobernar, enviando al Rey por licencia para ello y así salírsele
-de la mano, fuéle oirlo molestísimo, é, mucho, indignado, le mandó
-prender y meter en una jaula de madera; puesto que, á ruego grande del
-obispo, don fray Juan Cabedo, no le metieron en la jaula, y al cabo
-Pedrárias le mandó soltar, con ciertas condiciones que se pusieron
-entre ambos. Posible cosa es creer que nunca las cosquillas de los
-ánimos, secretas, cesaron.
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- CAPÍTULO LXV.
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-Como, despues del oro, la riqueza de las perlas, que Vasco Nuñez habia
-descubierto cuando descubrió la mar del Sur y lo habia escripto al Rey,
-por aquella tierra sonaba, y Pedrárias, no ménos deseoso de henchirse
-dellas que de oro hartarse, no se olvidaba, envió á un Gaspar de
-Morales con 60 hombres, que fuese á la mar del Sur y pasase á las islas
-que llamaban los indios de Terareguí, la última aguda, que despues de
-las Perlas se llamaron, en especial una que llamaban la isla Rica,
-y trabajase de haber cuantas pudiese, porque en Castilla las buenas
-son muy preciadas y oro es lo que oro vale. Yendo su camino por los
-pueblos y señoríos de los Caciques que Vasco Nuñez habia dejado en amor
-y confederacion de los españoles todos quietos, halló que Francisco
-Becerra, siendo rescibido dellos no ménos pacífica y amorosamente que
-si fueran todos sus hermanos, los habia robado y asolado, al cual topó
-en el camino, que se tornaba al Darien cargado de oro y con gran número
-de indios presos por esclavos. Tomó Gaspar de Morales uno de aquellos
-españoles, que Becerra llevaba, por guía, para lo que pretendia ir
-adelante, y los indios y gente que restaba y que sentian irse Francisco
-Becerra, creyendo que ya sin haber más españoles podian salirse de los
-montes seguros, llegaba la langosta de Gaspar de Morales, y prendia y
-robaba lo que Becerra no habia destrozado; y así, robando, matando y
-captivando, llegó á la costa del mar del Sur, á la tierra y señorío
-de un Cacique, Tutibra llamado, el cuál lo recibió de paz, y les dió
-de todo lo que tenia, y les hizo todo buen hospedaje en su casa. No
-tenia más de cuatro canoas, segun pareció, aparejadas, en las cuales no
-pudieron caber todos los españoles y su aparato que siempre llevaban,
-por cuya causa dejó allí la mitad dellos con un Capitan llamado
-Peñalosa, y con los demas, con estas canoas, se fué á un pueblo de
-otro Cacique, nombrado Tunaca, que debia estar para pasar á las islas
-más en paraje. Este los estaba esperando con toda su gente de paz,
-y les tenia aparejado buen rescibimiento, y las cosas comestibles
-en abundancia, y rogóles mucho que se holgasen y descansasen en su
-casa, pero no se lo consintió el ansia de las perlas que esperaban
-haber, que los llevaba y mandaba; así, luégo, el dia siguiente, saltó
-Gaspar de Morales con la mitad de los españoles en ciertas canoas
-grandes, y Francisco Pizarro en otras con los demas, los cuáles dende
-á poco rato, navegando, no quisieran, por cuantas perlas habia en el
-mundo, haber allí entrado. La gente que de indios llevaban, que las
-gobernaban, eran de los Caciques de Chiapes y de Tumaco, de que arriba
-hemos hablado, que siempre guardaron el amistad que con Vasco Nuñez
-pusieron, aunque mil veces tuvieron razon de quebrantársela; levantóse
-tanto la mar, de que vino la noche, que todos pensaron perecer, y las
-canoas una de otra apartadas, que no se vieron, cada uno dellos creia
-ser los otros anegados. Por grande ventura, finalmente, aportaron á
-la mañana todos á una de las islas, que son muchas, lo cual tuvieron
-por milagro que Dios hacia por ellos, como por personas que tanto le
-servian en andar en aquellos pasos santos. Hallaron la gente della,
-toda, en solemnes fiestas ocupada, y porque tenian de costumbre, cuando
-aquellas fiestas celebraban, estar todas las mujeres sin verse con los
-maridos, apartadas, y los maridos lo mismo, sin ellas á otra parte, y
-los españoles llegaron por la parte donde ellas estaban, no hicieron
-ménos que tomallas todas y captivallas y atallas. Hácese mandado á
-los maridos, los cuales, como leones bravos, vienen con sus varas
-tostadas, porque no tienen ni usan flechas, y dan en los españoles muy
-de presto y dellos hirieron algunos, pero no les hicieron heridas de
-lombardas. Sueltan el perro que llevaban y vá á los indios y en ellos
-hace terrible estrago, huyen los tristes asombrados de tal género de
-armas, y aunque muchos murieron y pensaban morir, pero por la rabia
-de ver llevar sus mujeres y hijas, tornaron á ir tras los españoles,
-tirando varas, por librallas; ninguna cosa les aprovechó sino para
-morir más de los que restaban. De allí fueron estos pecadores á la
-isla más grande, donde tenia su asiento y casa real el Rey é señor de
-aquellas islas, ó al ménos de las más, el cual, sabiendo que venian, ó
-porque habia sido ya informado del estrago que en aquella isla primera
-dejaban hecho, ó por la fama de sus ordinarias crueldades, salió con su
-gente á les defender la entrada en su isla, ó por ventura despues de
-entrados echallos; el cual hecho huir, con el perro desgarrados algunos
-de los suyos, no por eso dejó de tornar cuatro veces con la gente que
-más podia recoger, probando si pudiera desterralos de su tierra ó
-matallos. Intervinieron los indios, que llevaban consigo chiapenses y
-tumaquenses, amigos, diciéndoles que los españoles eran muy fuertes y
-que todo lo sojuzgaban (y pudieran añidir que todo lo abrasaban), y que
-sojuzgaron á los señores Ponca, Pocorosa, Quarequa, Chiape, Tumaco, y
-á otros muchos, los cuales al cabo vinieron á se les subjetar, puesto
-que al principio resistieron pero no pudieron prevalecer; con estos
-ejemplos y persuasiones hobo de venir á ellos pacíficamente. Metiólos
-en su casa, la cual dijeron que era maravillosamente hecha, y muy más
-que otras de Caciques señalada, hizo sacar una cesta de vergas muy
-lindas hecha, llena de perlas que pesaron 110 marcos, todas muy ricas,
-y entre ellas una que pocas parece haberse hallado en el mundo tan
-grandes ni tales; era como una nuez pequeña, otros dijeron que como
-una pera cermeña, la cual llevó á España la mujer de Pedrárias y la
-presentó á la Emperatriz, é dijeron que le mandó dar 4.000 ducados por
-ella. Diéronle cuentas, y espejos, y cascabeles, y otras cosillas de
-las nuestras, de que el Cacique fué muy alegre. Toma luégo el Gaspar
-de Morales por la mano, y á otros que entendió ser principales, y
-súbelos á un miradero de madera como torre, de donde se parecia mucho
-espacio de la mar y de tierra, y, vuelta la cara al Oriente, con la
-mano muéstrales la mar y la tierra que va hácia el Perú, diciendo:
-«Mirad qué larga mar y qué de tierra va por allí,» y vuelve la cara
-al Mediodia, y despues al Poniente, y dice lo mismo; despues señala
-las islas, «ved qué de islas á una mano y á otra están por aquí, todas
-están debajo de mi imperio; toda ésta es muy buena y próspera tierra,
-y si vosotros llamais buena tierra la que tiene y abunda en oro y
-perlas, segun me parece que lo buscais, oro entre nosotros poco hay,
-pero de perlas toda la mar destas islas está dellas llena, dellas yo
-os daré cuantas quisiéredes, con tanto que me guardeis la fidelidad y
-amistad que yo os guardaré, y desto estar ciertos que os la guardaré
-y me gozaré siempre de conversar con vosotros.» Estas y otras dulces
-y amigables palabras les dijo, de que ellos quedaron admirados y
-contentos. Cuando ya los nuestros querian partirse, le rogaron que
-para el Rey grande suyo, dellos, rey de Castilla, le hiciese coger
-100 marcos de perlas, lo cual otorgó de muy buena gana, como cosa que
-tenia en poco hacerlo, pero no por eso se tuvo por obligado á hacerlo
-como fuese señor absoluto en aquellas islas y tierras. Habia tantos
-venados y conejos en aquella isla, que se venian á las casas de los
-vecinos, cuantos querian y habian menester, donde mataron los nuestros
-muchos con las ballestas, con que tuvieron muchos dias harta fiesta.
-Dijeron que lo habian baptizado y puesto nombre Pedrárias, siguiendo
-el error que los españoles, y áun clérigos y frailes algunos, siempre
-tuvieron, baptizando á éstos infieles sin darles doctrina alguna, ni
-de Dios tener chico ni grande conocimiento, más del que dél ellos
-se tienen, y así son causa que despues de bautizados los indios y
-rescibido el carácter (si empero no ponen obstáculo, y tienen intencion
-de rescibir lo que los españoles les dicen ser bueno, como de todos
-creemos), que vayan á idolatrar y cometan mil sacrilegios, lo cual
-es certísimo hacerse, porque ni ántes que el bautismo les den los
-enseñan ni pueden enseñarles, ni entender las cosas de la fe en tan
-poco tiempo, ni despues, porque así como de ántes se quedan; y ésta es
-injuria é irreverencia que se hace al Sacramento, tan intenpestiva é
-indiscretamente.
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- CAPÍTULO LXVI.
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-Salidos de la isla Gaspar de Morales y su compañía, dejando muy alegre
-al Cacique y á su gente, y ellos con sus muchas y ricas perlas muy
-contentos, tornáronse á la tierra firme para volverse al Darien con
-sus buenas nuevas; miéntras éstos andaban salteando por las islas y
-tardaron en las de aquel señor de todas ellas, Peñalosa y los que
-con él quedaron en el pueblo de Tutibra hicieron las obras, á los
-vecinos de él y de los otros pueblos, que siempre han acostumbrado á
-hacer, y principalmente son andar tras de las mujeres y escudriñar
-y robar cuanto pudieren. Fueron, parece que, tales los agravios que
-rescibieron, que acordaron de matallos á ellos allí, y despues á Gaspar
-de Morales y á los suyos en el camino cuando volviesen, para lo cual se
-conjuraron los Caciques que al derredor habia, que por agraviados se
-tuvieron. Andaba con el Gaspar de Morales un Cacique llamado Chiruca,
-con un hijo suyo, mancebo, mostrando mucha aficion á los españoles, ó
-por amor verdadero (pero no sé por qué merecimientos), ó por miedo, ó
-por especular bien sus costumbres, fingidamente, como yo más creo, para
-despues, cuando se ofreciese oportunidad, dar en ellos. Llegados, pues,
-y desembarcados de las canoas en la tierra firme, Gaspar de Morales
-envió á un Bernardino de Morales con 10 hombres á llamar al Peñalosa
-y á los que con él habia dejado en Tutibra, para se ir todos, parece
-que, por otro camino al Darien. Estos llegaron al pueblo de un Cacique
-que habia por nombre Chuchama, de los conjurados, el cual los rescibió
-bien, y dióles de comer mostrándose muy amigo, pero á la noche,
-estando bien durmiendo, hizo poner fuego á la casa donde dormian, y
-en ella quemó dellos y ahorcó á los que por el fuego huyendo salian.
-Súpolo luégo el cacique Chiruca, que estaba con Gaspar de Morales y
-su compañía, y fué avisado como los conjurados ya cerca venian, por
-cuya causa, ó porque él era en el conjuro, ó de miedo de los españoles
-no se le imputase algo, huyóse con su hijo aquella noche, pero luégo
-que los hallaron ménos enviaron tras ellos españoles y indios, de
-los que llevaban por amigos, que tambien los seguian de miedo;
-alcanzáronlos, y, por el rastro habidos, trujéronlos presos á padre y
-á hijo. Pusiéronlos luégo á tormentos, que es su primer remedio, los
-cuales les daban y dan hoy, gravísimos, azomándoles el perro que les
-daba sus dentelladas bien recias: descubrieron los que en Chuchama se
-habian muerto y la gente que venia sobre ellos. Fué grandísimo el miedo
-que cayó en Morales y en todos ellos, sabido los que eran muertos,
-esperando verse tambien ellos en aquel peligro. Usó, empero, deste
-aviso, que el cacique Chiruca enviase á llamar secretamente á cada uno
-de los Caciques que venian, que eran 18 ó 19, so color que les querian
-avisar de cosas ántes que acometiesen, protestándole, que si en ésto
-no fuese fiel, que lo habian de echar luégo al perro; él lo hizo así
-de miedo, sin osar pensar en el contrario, por irle más que juramento.
-En viniendo cada uno echábanlo en la cadena, que era un instrumento
-tan usado entre los españoles que nunca andaban sin ella, para prender
-indios y hacer esclavos, y en ella iban los que les llevaban las cargas
-porque no se huyesen, porque aquellos eran sus acémilas donde quiera
-que mudaban el pié. De aquella manera é con aquella industria hobo á
-las manos todos los Caciques, sin que se sintiese cosa dello hasta que
-estaban todos presos. En este tiempo allegó Peñalosa con su compañía,
-que debia escaparse ántes de saber y incurrir el peligro, con que mucho
-Gaspar de Morales y los suyos cobraron esfuerzo, teniéndolos ya por
-perdidos; acordaron de salir contra los que venian, que no estaban muy
-apercibidos esperando á sus Caciques. Llevó la delantera Francisco
-Pizarro, y dando en ellos al cuarto del alba, diciendo Santiago, cuando
-vino del todo la luz del dia contaron muertos sobre 700. Habida esta
-victoria, Morales mandó aperrear todos los 18 Caciques, con Chiruca,
-que fueron 19, para, diz que, meter miedo en toda la tierra. Hecho
-ésto, porque tenia nueva Morales que á la parte oriental del golfo de
-Sant Miguel habia un Cacique gran señor, llamado Birú, que tenia gran
-riqueza de oro y perlas, determinó Morales de ir á acometerle; decíase
-deste ser muy esforzado, y que cuando hacia guerra ninguno tomaba á
-vida, y cercaba su casa de las armas que tomaba á los enemigos. Deste
-nombre Birú, la última luenga, dijeron que llamaron los españoles
-despues á la tierra del Perú, mutada la letra _b_ en la _p_, letra;
-llegados los españoles á su tierra, y al pueblo donde tenia su casa,
-dieron en él al cuarto del alba. La costumbre de los españoles en
-aquella tierra firme fué dar en los indios, que estaban en sus casas
-durmiendo seguros, de aquella manera; pegaban fuego primero á las
-casas, que comunmente en las tierras calientes eran de paja, y quemados
-ó chamuscados los que tenian más profundo sueño, y otros con las
-espadas desbarrigados, y otros presos, huyendo los demas, atónitos
-hechos, volvian despues los nuestros á escarbar la ceniza, muerto
-el fuego, y coger el oro que habia en el pueblo. Así quedado en el
-pueblo de Birú de la manera dicha, y muertos los que matar pudieron,
-escapado el Cacique dellos, junta en breve y anima su gente y viene á
-ellos terriblemente; y con tanto esfuerzo pelearon, que por gran parte
-del dia no pareció quién vencia, pero al cabo habia de caer sobre los
-tristes, como suele, por la ferocidad del perro, y por las ballestas, y
-por las espadas que á los desnudos cortaban por medio, y así huyeron;
-viendo Gaspar de Morales que aquel Cacique y sus vasallos era gente
-recia, no osó esperarlos más, sino volverse al pueblo de Chiruca,
-dejado, así como está dicho, predicado el Evanjelio. Las gentes de los
-19 Caciques aperreados, viéndose así privados de sus naturales señores,
-y el muchacho, hijo de Chiruca, sin su padre, acordaron de juntarse
-para esperar los españoles, cuando del Birú tornasen, si pudiesen
-matallos; de lo cual estuvo ayuno Morales, y así, cuando tornó, dieron
-en él de súbito, y hiriéronle luégo algunos, y á uno atravesaron
-una vara por los pechos, que de repente cayó muerto sin habla. Los
-españoles como leones peleaban, y los ahuyentaban y mataban, pero los
-indios no por eso dejaban de tornar sobre ellos, y así los siguieron
-siete dias arreo, hiriendo algunos españoles, y ellos muchos de los
-indios matando. Viendo que tanto los seguian, los españoles no osaron
-más esperallos, y así una noche diéronles cierta cantonada. Estaba
-herido allí un español, llamado Velazquez, de tal manera tullido,
-que no pudo huir, é, por no morir á manos de los indios, acordó de
-ahorcarse á vista del Capitan y de otros que, con lágrimas, diz que, se
-lo estorbaban al mal aventurado. La manera que tuvieron para huir fué
-hacer muchos fuegos, y dejallos allí encendidos como que todos estaban
-despiertos y se velaban, pero todavía los indios sintieron que se iban,
-y los siguieron, y, venido el dia, los españoles se hallaron entre
-tres escuadrones de indios, cercados; Morales, por no pelear, creyendo
-ya perder mucho y ganar nada, quiso que aquel dia parasen allí hasta
-la noche, al medio de la cual, haciendo y dejando los mismos fuegos,
-tornaron á huir más que de paso; los indios, que tanto como ellos
-velaban, seguian su alcance, hiriendo siempre á los españoles, aunque
-ellos, con el perro, y con las ballestas y á ratos con las espadas,
-dellos mataban. Estaban ya los españoles tan cansados, y apretados, y
-desesperados cuasi de vida, que se metian por las varas de los indios,
-y como atónitos no vian quien los mataba, y ellos mataban terriblemente
-á los indios, cuasi sin sentir ni advertir lo que hacian; tomaron un
-remedio para escaparse, harto indiscreto, lleno de crueldad y de gran
-compasion digno, y éste fué, que, como llevaban muchos indios é indias,
-mujeres y muchachos, captivos, de trecho á trecho mataban á cuchilladas
-y estocadas dellos, á fin, diz que, por que se parasen á llorarlos
-los indios, y así tuviesen más lugar para su huida; como en la verdad
-fuese cosa más razonable de creer que ántes se habian de indignar más
-los indios, y animarse á los perseguir hasta consumillos, viendo la
-crueldad que usaban con sus amigos, y quizá mujeres y hijos que allí
-les traian. Aprovechóles poco crueldad tan inícua, porque siempre los
-indios los seguian, y lo que más los desesperó de escapar con la vida
-fué, que á cabo de nueve dias llevando esta vida, como andaban fuera de
-camino y sin guía yendo de aquí para allí, como mejor para su defensa
-convenia, se hallaron en el lugar, ó cerca dél, donde los escuadrones
-primero les habian acometido. Viéndose allí, cognosciendo el lugar,
-cuasi quedaron sin esfuerzo y sentido. Metiéronse por una gran espesura
-de monte, y fueron á dar en tres guarniciones de gente que los Caciques
-que aperrearon allí tenian, donde se les dobló la miseria y peligro;
-pero como ya no peleaban como hombres, sino como animales feroces y
-personas del todo de la vida despedidos y aborridos, cobran nuevo
-ánimo, como si entónces comenzaran, y dan en ellos y no dejaron hombre
-dellos á vida. Sucedióles otro infortunio y angustia terrible; cuando
-pensaron que tenian algun alivio, dieron en unas ciénagas ó anegadizos,
-donde caminaban por ellos todo el dia, ó nadando ó el agua hasta la
-cinta. Salidos de allí con incomparable trabajo y peligro llegaron á la
-mar, y hallarónse donde el agua tres estados y más, con la creciente,
-sobre la playa y tierra subia, y temiendo que si la marea por allí los
-tomaba, todos sin remedio perecian, diéronse gran priesa á subirse en
-un cerrillo; yendo con este temor y priesa, oyeron murmullo de gente
-de indios: éstos eran que cuatro canoas subian á jorro por un estero
-arriba. Como los indios á los españoles sintieron, debian huir, é los
-españoles las tomaron, y un Diego de Daza, con otros, las sacaron al
-golfo y fué á buscar al Gaspar de Morales, su Capitan, que ya ó de
-cansado, ó de miedo, no parecia; tardó buscándolo sin hallarlo tres
-dias. Visto que no lo podian hallar, envió Diego de Daza á un Nuflo de
-Villalobos, y á otros dos buenos nadadores, que en una balsa saliese
-á buscallo, porque sin las canoas no podian salir de aquella espesura
-y breñas en que estaban metidos. Arrebatólos luégo la menguante, que
-es allí vehementísima, y dá con ellos en el golfo, donde pensaron ser
-perdidos; vídolos Diego Daza cuando pasaban una punta que hacia la
-tierra y fué con una canoa, y así por él fueron socorridos. En fin,
-hallaron al Morales, y tomando el camino del Darien, fueron á la
-tierra y señorío del cacique Toragre, y creyendo de hallar los indios
-durmiendo, estaban sobre aviso, y, sabiendo que venian, sálenles con
-su gente armada por defender que no entrasen en su tierra. Pelearon
-con ellos y mataron muchos, y de los españoles mataron uno y hirieron
-algunos los indios, y al cabo fueron huyendo. De allí los españoles
-todos, harto afligidos, lo más presto que pudieron, fuéronse al pueblo
-del cacique Careta, y de allí al Darien, lo que no pensaron muchas
-veces, segun se vieron tantas muy cercanos de perder las vidas. Aquí
-se puede bien claro conocer, con cuánto descanso y consuelo aquellos,
-nuestros hermanos, ganaban los eternales fuegos; cierto, dellos se
-puede muy bien decir aquello del libro de la Sabiduría, cap. 5.º
-_Ambulavimus vias difficiles_, etc. En este tiempo envió Pedrárias su
-mujer á Castilla; con harta parte debia de ir del oro robado, y la
-perla grande, la cual hizo poner en almoneda y sacóla Pedrárias en
-1.200 castellanos.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXVII.
-
-
-Como no pretendiese Pedrárias y todos los que con él vinieron, y allí
-de ántes con Vasco Nuñez estaban, sino allegar todo el oro que haber
-y robar pudiesen, como por todo lo ya referido queda bien declarado;
-y cerca desto era tanta la ceguedad é imprudencia de Pedrárias y del
-Obispo, y de todos los demas, que no advertian los grandes azotes que
-Dios cada dia les daba, matándole la gente, así de enfermedades como
-por manos de los indios, y de los inmensos trabajos que pasaban, que no
-era todo aquello acaso, sino por mostralles y castigalles la condenada
-é impía negociacion en que andaban, destruyendo aquellas inocentes
-gentes que no les debian nada, y que por fin de convertillas los habian
-enviado, y este fin el señor Obispo, más que otro á adivinarlo era
-obligado; así que, como su fin de todos ellos fuese robar y captivar
-los que estaban seguros en sus casas, y enriquecerse á costa de tanta
-sangre humana, siempre Pedrárias no cesaba de enviar por todas partes
-cuadrillas, donde habia nueva que los pueblos tenian oro que robarles,
-y, para hacer escarnio de la razon natural y ley Divina y áun humana,
-mandaba que les hiciesen primero el requerimiento que traia de Castilla
-ordenado y mandado. Y los tiranos que enviaba por cumplir su mandado, y
-justificar sus entradas, que así llamaban aquellos sus santos viajes,
-iban con gran silencio y cuidado que no fuesen sentidos, y hacian noche
-á una legua, y á media, y á un cuarto, segun la comodidad hallaban, y
-entre sí leian el requerimiento á los árboles diciendo: «Caciques é
-indios de tal pueblo, hacémoos saber, nos, los cristianos de Castilla,
-como hay un Dios y un Papa, etc.,» y pedia luégo el Capitan testimonio
-autorizado al escribano que consigo llevaba, de como se habia requerido
-á los Caciques é indios de aquel pueblo, todo lo que Su Alteza mandaba,
-pero que no habian querido venir á dar la obediencia á Sus Altezas, ni
-á ser cristianos, y luégo al cuarto del alba daban en el pueblo que
-tenia sus vecinos en sus pobres camas, y lo primero, como arriba dije,
-que hacian era poner fuego á las casas donde se quemaban ó chamuscaban
-los indios descuidados, mataban y prendian los que salian asombrados
-y quemados, y despues de apagado el fuego iban á buscar y rebuscar el
-oro, que era toda su felicidad tras que andaban. Y estas fraudes y
-maldades no las podian ignorar el señor Obispo y Pedrárias, á quien
-incumbia más que á otros estorballas y castigallas. Entre los demas
-envió Pedrárias á un Tello de Guzman, mandándole que, con la gente que
-Juan de Ayora en el pueblo de Tubanamá habia dejado, fuese descubriendo
-por la mar del Sur cuanto pudiese, del Poniente abajo. Mandó ir á
-Francisco de Vallejo, con 70 hombres, contra las gentes de Urabá, que
-los infestaban, viniendo, diz que, sobre el Darien y echándoles las
-flechas en las casas; no miraban los pecadores cuánto derecho, cuánta
-justicia, y cuánta razon les sobraba. Llegados hácia los ranchos que
-hoy dicen de Badillo (otro que mejor baila), que distan tres leguas
-de Urabá, dando sobre ellos, segun su costumbre, al cuarto del alba,
-diéronse muy de priesa á robar el mucho oro de que tenian fama, pero
-los indios, que por allí tenian mortífera hierba, dieron en ellos
-y hiriéronles bien cuantos. Los españoles les hicieron ventaja, y
-entrando más en la tierra, júntanse muchos indios, y pelean mucho rato,
-y con la hierba derrocaban muchos que morian rabiando. Retrajéronse
-hácia la costa por donde habian entrado, y, llegando al rio que arriba
-dijimos llamarse de las Redes, acordaron de hacer ciertas balsas para
-por el agua mamparase; éstas se hacian de maderos ó haces de cañas,
-atadas unas sobre otras con ciertas raíces, como correas, de la manera
-de las de la yedra, ó con algunos cordeles, que siempre consigo solian
-llevar para tales necesidades, de cáñamo, que por allí hay; estas
-balsas, con el miedo y la priesa que tenian por salvarse, no fueron
-bien atadas, las cuales, desatándoseles, con los brazos las sostenian
-echados sobre ellas, y así iban el rio abajo, y, porque no podian durar
-sin todos ahogarse, colgábanse de las ramas de los árboles que topaban,
-creyendo de más poder durar, pero cansabánseles los brazos, caíanse y
-allí se ahogaban. Otros, que tenian más vigor, llegábanse á la tierra,
-y allí, con inmensidad de flechas herboladas, eran asaeteados, de
-los cuales ninguno escapaba; los pocos que escaparon, heridos y por
-milagro, pudieron llegar á la costa de la mar y fuéronse al Darien,
-los cuales vistos por Pedrárias, que de 70 quedaban muertos los 48,
-y aquellos que venian heridos de aquella hierba pestilencial, que
-pocos della escapaban, vídose terriblemente angustiado, y de ninguna
-parte podia hallar cosa que le consolase. Pero no por eso dejaba de
-añadir pecados á pecados, y males á males por su insensibilidad, por
-lo cual, para enmendar el avieso camino que andaba y recompensar las
-pérdidas del oro, que muriendo los que á robarlo enviaba, dejaban de
-le traer delante, acuerda enviar á Francisco Becerra en un navío con
-180 hombres, y con muy grande aparato de guerra, conviene á saber,
-tres tiros de artillería, que echaban la pelota de plomo más gruesa
-que un huevo, 40 ballesteros, 25 escopeteros, y de todas las demas
-armas que de allí pudieron haber muy bien guarnecidos, que, cierto,
-bastaban para hundir é destruir á toda la tierra firme. Estos envió
-para que penetrasen en la provincia del Cenú, y del todo rayesen cuanta
-riqueza y oro haber en ella certificaba la fama, porque no creia que
-el bachiller Anciso, segun lo que era, habia robado nada. Desembarcó
-Francisco Becerra y su compañía en la costa de Urabá, porque le mandó
-tambien Pedrárias que de camino destruyese á cuanta gente por allí
-hallase, y entró, descubriendo la tierra por camino que nadie ántes
-supo, ni despues por dónde hobiese entrado, porque nunca jamás pareció,
-ni dél ni de hombre de los que con él fueron hobo ningun rastro, más
-de que todos fueron muertos sin que alguno escapase; y ésto se alcanzó
-por un indio, muchacho, que con ellos iba, que debia ser criado de
-alguno dellos, el cual, escondido por los montes, andando de noche
-y en las breñas metido de dia, se escapó hasta que llegó al Darien
-cuasi, de hambre, sin habla, por gran maravilla. Deste supo Pedrárias,
-que andando Francisco Becerra y su gente por diversos lugares, á
-veces huyendo, á veces dando en los indios, le mataban los hombres á
-flechazos con hierba, para lo cual tuvieron esta industria: que en los
-caminos que iban por montes, cortaban los árboles y embarazaban los
-caminos con ellos, y poníanse detrás dellos y de allí los flechaban
-sin ser dellos vistos, y por aquellas espesuras teníanles gran ventaja
-los indios, porque los españoles por ella son atados, y los indios,
-como desnudos, ligerísimos, y así no podian seguillos. Súpose más,
-que llegados al rio del Cenú, que pasa junto con el principal pueblo,
-hallaron la gente disimuladamente pacífica, y, como el rio es grande
-y hondo, creo que se dejaron pasar dellos en canoas, lo que fué
-harto indiscreto aviso; y en canoas, ó como quieran que los pasaron
-ó ayudaron á pasar, teniendo la mitad dellos de la otra parte del
-rio, salieron por dos partes gente que tenian puesta en celada, y
-no dejaron entónces hombre dellos vivo. Esto, como dije, se supo de
-aquel muchacho indio que con Becerra y su compañía habia ido. Aquí
-pagó Francisco Becerra las muertes, y captiverios, y robos que cometió
-en los pueblos que los rescibian y estaban de paz, por Vasco Nuñez
-confederados, quebrantándoles la fe, y verdad, y seguridad que Vasco
-Nuñez, como dicho queda en el cap. 50, les habia prometido, por y en
-nombre de todos los españoles, que estaban seguros sin rescibir dellos
-daño, y por la misma manera parece que lo castigó Dios, saliéndole
-los vecinos del Cenú de paz, y no la guardando al cabo; puesto que en
-aquel salir de paz, fe ninguna ni paz no violaron, sino que usaron de
-ardid discreto de guerra, y él fué indiscretísimo en creellos: gentes
-que desde Hojeda y Nicuesa, y áun de ántes por Cristóbal Guerra, como
-dijimos en el primer libro, de los españoles habian rescibido tan
-infinitos escándalos, insultos, daños y males. Y plegue á Dios todo
-poderoso, que, con este mal fin, todos los que mal hacian y han hecho á
-los indios, ante el Divino juicio hayan pagado.
-
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- CAPÍTULO LXVIII.
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-Llegado Tello de Guzman al pueblo del cacique Tubanamá, halló á Meneses
-cuasi cercado de los indios y de hambre, que lo guerreaban, que no
-osaban salir á buscar hierbas que comiesen, no esperando remedio de
-alguna parte; y puesto que muchas veces quisieran huir, pero los
-indios luégo eran con ellos y los atajaban, y así pensaron más morir
-de hambre quizá que de los flechazos. Vístolo asomar de nuevo, luégo
-todos huyeron que no osaron parar. De allí fueron todos juntos á las
-tierras de Chepo y Chepancre, Caciques y señores principales, quemando,
-y abrasando, matando, y robando cuanto vivo hallaban; decian que por
-hacer venganza de un español que le mataron á la entrada. Y, porque
-los indios se rehacian para venir á dar sobre ellos, acordó Tello de
-Guzman de enviar mensajeros al Cacique más principal, ofreciéndole
-paz y amistad y dando excusas de los daños que les habia hecho, y que
-no tuviesen temor desde adelante; convencióse aquel señor, y vino á
-vellos de paz, y llevólos á su casa, y hízoles todo buen hospedaje,
-teniendo por cierto que lo que le prometió habia de ser verdad.
-Estando un dia comiendo en mucha buena conversacion y hermandad,
-llegó, segun dijeron, un muchacho á quejarse con ciertos indios que
-le acompañaban, el cual dijo al capitan Tello de Guzman, que aquella
-tierra y señorío era suyo, y no de aquel que allí estaba, porque su
-padre, que era el legítimo señor, al tiempo de su muerte se lo dejó
-por tutor y gobernador de aquel estado, pero que despues se habia con
-él alzado y á él desterrado, y por tanto, que le rogaba que contra él
-le ayudase. Tello de Guzman, como hombre muy justo, y como si fuera
-Alcalde en su tierra y casa, creyendo que el mozo decia verdad, mandó
-luégo ahorcar, al que le tenia y hospedaba con fiesta en su casa,
-de un árbol, aunque, diz que, le pesó por cierto oro que le habia
-dado; porque veais éstos cuán absolutos y libres son para cometer
-todo género de pecados. ¿Quién los hizo á éstos en tierras y señoríos
-agenos Alcaldes? ¿No le pesaba de quebrantar la fe y seguridad que le
-habia dado, y pesábale, por el oro que dél habia rescibido, matallo?
-Item, ¿qué sabia si aquel muchacho decia verdad, ó si el que poseia
-aquel señorío era más legítimo señor que su padre? ¿y con qué testigos
-hizo el muchacho su probanza y el poseedor si fué oido y defendido y
-convencido en juicio contradictorio? Entregó, diz que, Tello de Guzman,
-siete Capitanes que servian al señor ahorcado, los cuales hizo luégo
-el muchacho con gran osadía y rigor hacer pedazos; dió el muchacho en
-señal de agradecimiento á Tello de Guzman 6.000 castellanos: por aquel
-precio ahorcara Tello de Guzman á 400 que le demandaran. Porque Panamá
-era por aquella tierra muy nombrada, propuso Tello de Guzman de ir
-allá, donde no halló sino algunas casas de pescadores, de lo cual, el
-nombre de Panamá, la última luenga, se derivaba, porque Panamá quiere
-decir en aquella lengua, lugar donde se toma mucho pescado. Envió desde
-allí á un Diego Albitez con 80 españoles, con los cuales fuese á robar
-y captivar los vecinos de la provincia de Chagre, que debia estar de
-allí ocho ó diez leguas, el cual entró por los pueblos al cuarto del
-alba, tomándolos todos durmiendo y descuidados, pero no les quiso hacer
-daño, que fué imágen, para ellos, de milagro. El Cacique, viendo que
-los pudieran matar y captivar y roballos, en señal de agradecimiento,
-con grande alegría dió á Diego Albitez 12.000 castellanos. Visto tan
-buena pella de oro, tan á la primera mano, creyendo que quien tan
-fácilmente daba tanto debia tener veinte tanto, pidióle que le hinchese
-de aquel metal un costal grande. Rescibió el Cacique desto mucha pena,
-y algo airado le respondió, «que lo hinchese de piedras del arroyo,
-que él ni tenia más ni criaba el oro;» confuso Diego Albitez de la
-respuesta del Cacique, tuvo por bien de se ir, sin consentir que
-se le hiciese por aquella vez mal ni daño. Tornóse Diego Albitez á
-juntar con Tello de Guzman en la tierra del cacique Pácora, la media
-breve; holgáronse todos mucho con el mucho oro que llevaban, y de
-allí acordaron de se volver al Darien á ofrecer su parte á Pedrárias
-y al señor Obispo, y á los demas que habian de haber sus partes por
-los criados que enviaban. Yendo su camino, y llegados á Tubanamá, que
-tantas veces habia sido corrido, robado y agraviado, vieron mucha gente
-de guerra que los estaba esperando con algunas banderas de camisas
-de lienzo, ensangrentadas de los españoles que habian muerto, y con
-gran gritería, que así los habian de matar, como á los que la villa de
-Sancta Cruz habian poblado, de que arriba se dijo algo; los cuales,
-como venian cansados, y quizá porque Dios los acobardaba, tuvieron
-gran temor, y todos desmayados, no curaron más que de huir haciendo
-acometimientos para su defensa de cuando en cuando. De esta manera
-huyendo, y llegando á la tierra de Pocorosa, á quien Juan de Ayora,
-como arriba fué dicho, quebrantándole la fe y paz y seguridad, hizo
-tantos daños, pensaron perecer de sed por falta de agua; y acaecióles
-aquí una cosa maravillosa, para demostracion de la pena que merecia
-la sed de oro que traian siempre en su ánima, que, como padeciesen
-gran tormento de sed, á trueque del oro que llevaban les vendieron los
-indios el agua. Esto no debian los indios de hacer por cudicia de haber
-el oro, que en tan poco ellos tenian, sino por lastimallos en aquello
-que más amaban y en tanto entendian que estimaban. Finalmente, de dia
-defendiéndose, peleando, y de noche huyendo cuanto más podian los más
-dellos mal heridos, salieron de aquellas comarcas y de sus peligros.
-Llegados al Darien, destrozados y con ménos oro que traian por haber
-dado mucho dello por el agua, cuando de sed perecian, como estaban muy
-tristes de las adversidades que á Vallejo y á su compañía poco ántes
-habia acaecido, y sobre todos Pedrárias angustiado, sobreviniendo
-el desastre de Tello de Guzman, pensaron todos ser ya asolados. La
-tristeza y angustia y miedo que sobre todos los del Darien vino, y
-la desesperacion de Pedrárias, no puede fácilmente ser esplicado; si
-miraban hácia las sierras, ó montañas, ó llanos, las ramas de los
-árboles y las hierbas de las çabanas ó llanos indios armados se les
-antojaban, y si consideraban la mar, les parecia que venia de canoas y
-gente de guerra cuajada. Con estos pensamientos é imaginaciones, que
-les causaban terribles temores, andaban como atónitos, no sólo haciendo
-corrillos, pero cuasi á voces los publicaban clamando. En esto, el buen
-Pedrárias, como desesperado, mandó cerrar la casa de la fundicion,
-donde aquel tan sangriento é inícuo oro se fundia, que entre ellos era
-señal de guerra ó de hambre, como si Pedrárias más claro dijera: «más
-nos vá que juramento perder de ir á robar oro el cuidado, porque más es
-tiempo de buscar remedio para salvar las vidas, que en allegar hacienda
-ocuparnos.» Parece que mandar cerrar la fundicion, Pedrárias, en señal
-de guerra ó de hambre, quiso parecer al Templo de la Paz, que edificó
-Vespasiano en Roma, el cual, los romanos, cuando abrian, era señal de
-guerra, y de paz cuando lo cerraban; entendiendo en nuestro caso los
-fines y significaciones por el contrario. Entre las presentes angustias
-vino tanta devocion á Pedrárias, y en ella le debia el Obispo de
-ayudar, de mandar que se hiciesen oraciones y plegarias para que, diz
-que, Dios quitase su ira de sobre ellos; tanta era su insensibilidad
-que no atendian á que los nefarios crueles é inespiables pecados que,
-contra Dios y sus prójimos, destruyendo é infernando aquellas gentes,
-sólo por roballos y captivallos, cometian, era la causa: parece que
-habian venido en sentido reprobado, del cual habla San Pablo. El
-conocimiento y arrepentimiento que dellos tenian confirmarse há por lo
-que se dijere adelante. Y parece tambien que Diego Albitez, que de ésta
-se escapó, con ambicion de sólo ya gobernar, como se via rico de aquel
-oro descomulgado, envió á Castilla, de secreto, á un marinero llamado
-Andrés Niño, tambien de pensamientos no bajos, para que le trujese del
-Rey una gobernacion de la mar del Sur, á quien dió para que lo fuese á
-negociar 2.000 castellanos; de éste Andrés Niño no es poco lo que queda
-por decir abajo.
-
-
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- CAPÍTULO LXIX.
-
-
-Para enmienda de los pecados presentes y pasados, y por ayudar á las
-oraciones que mandaba hacer Pedrárias y el Obispo, porque Dios dellos
-su indignacion alzase, acordó Pedrárias de enviar otro Capitan, la
-costa abajo, llamado Gonzalo de Badajoz, en un navío con 80 hombres (y
-despues le envió otros 50 ó pocos más), para que desde el Nombre de
-Dios, ó algo más abajo, pasase á la mar del Sur y toda la gente della
-allanase; que no era otra cosa sino roballos, ya que lo sufriesen por
-sus tierras y pueblos entrar, y si les resistiesen, como dellos con
-tanta razon no se fiasen, los guerreasen, matasen y captivasen. Y áun,
-segun su costumbre, á los que quizá los recibieran de paz y les dieran
-todo el oro que tuvieran, no esperaban á tanto, sino comunmente, dando
-en ellos al cuarto del alba, los salteaban y hacian en ellos lo que
-arriba queda declarado. Deste Badajoz hay que decir cosas señaladas.
-Embarcado con su gente en el mes de Marzo de 1515 años, váse la costa
-de la mar abajo, y, llegados al puerto del Nombre de Dios, desque
-vieron la fortalecilla que habia hecho el desafortunado Nicuesa, y
-infinitos huesos y cruces sobre montones de piedra, que cubrian los
-cuerpos de los muchos suyos que allí habian muerto de pura hambre,
-comenzaron todos á temer y á desmayar, y á poner dificultades en la
-pasada adelante. Viendo su desgana, Gonzalo de Badajoz mandó luégo al
-Maestre del navío que sin dilacion se tornase, por quitar la esperanza
-de la gente de se arrepentir de la salida, porque no les quedase otro
-remedio sino pasar adelante; y así se puso por obra, que subieron
-las sierras de Capira, que son muy altas, y de allí á la tierra del
-cacique Totanagua, señor de mucha tierra y gente serrana; al cual, como
-hallasen durmiendo y descuidado, dando de noche sobre él, prendiéronlo
-y robáronle hasta 6.000 castellanos. De allí, ántes que los demas
-fuesen avisados, llevando aqueste señor preso, van á dar al cacique
-Tataracherubí é hacen otro tanto, pero escápasele de sus manos; donde
-tomaron 8.000 pesos de oro, y lo que más pudieron haber á las manos.
-Robaron y destruyeron otros muchos pueblos, y tomaron mucha gente por
-esclavos. Rogó á Badajoz el cacique Tabore que lo soltase, y que lo
-daria por su libertad otros tantos castellanos, y así, rescibidos, lo
-libertó y dejó volver á su casa. El cacique Tataracherubí acordó de
-venir de su voluntad, ántes que lo tomasen, para ver tambien si podia
-fingir alguna cautela para burlarlos, y en su venida trujo tambien su
-ofrenda de oro, porque ya sabian todos, que sin traer aquello no habian
-de ser bien allegados. Este fingió que cerca de allí estaba un Cacique
-llamado Natá, la última luenga, el cual poseia mucha riqueza, y que no
-tenia gente sino poca, porque era señor de poca tierra, y ménos valor
-y autoridad; todo ésto para que Badajoz y sus secuaces se descuidasen.
-Oido ésto, con el ansia de la riqueza (porque el cudicioso todo cree
-que es oro), creyólo, y envió 30 españoles y á Alonso Perez de la Rua,
-por Capitan, y hechos sus requerimientos entre sí, media legua de la
-poblacion, la noche ántes, dan en ellos al cuarto del alba, segun
-su costumbre ordinaria, y cuando comenzó á rayar el dia viéronse en
-medio de grandes pueblos, porque era señor aquel muy grande; y porque
-si atras se tornaran, lo cual hicieran de buena gana por el miedo
-que cobraron de verse así burlados, paresciéndoles que les fuera más
-peligroso, cobraron todos nuevo ánimo, y dan en el pueblo principal que
-estaba descuidado, y no acertaron tan mal que al señor dél luégo no
-tomaron. Porque como llevaban siempre espías, y los atormentaban porque
-dijesen la verdad, lo primero que les preguntaban y ellos declaraban,
-era por los señores y por sus casas, porque de aquellos esperaban más
-de aprovechar, ó porque se rescatasen, ó porque matándoles, entendian
-tener mayor seguridad. Preso el señor, creyeron ya estar en salvo y
-con todo el descuido que pudieran tener en sus casas; dánse solamente
-á robar el oro, que fueron hasta 10.000 castellanos, y prenden las
-mujeres y muchachos, que con la priesa no se pudieron ausentar; pero
-los vecinos de aquel pueblo y los demas, que un credo fueron avisados,
-viendo preso á su señor, y á sus mujeres y hijos presos y encadenados,
-juntáronse con un hermano del señor, y vienen sobre ellos como toros
-bravos, lanzando infinitas varas, tiradas como dardos, y piedras,
-que por allí no tenian flechas, ni hierba, ni otras armas, salvo,
-que por ventura, tenian las, como porras, que habemos dicho en esta
-isla Española llamarse macanas. Viéndose muy apretados, tomaron por
-remedio de se recoger con el mismo Cacique á su casa, poniéndole las
-espadas á la barriga, diciendo que lo habian de matar sino les mandaba
-que cesasen. El cacique Natá, mostrando ira grande, los comenzó á
-reprender diciéndoles, que para qué tomaban armas sin su mandado.
-Oyendo aquellas palabras, al momento, como temblando dellas, todos
-pusieron en el suelo las armas, y cesaron de pelear, luégo, el Alonso
-Perez de la Rua, para justificar su buena obra, requirió al hermano
-del Rey é señor Natá, que viniese á la obediencia y reconocimiento
-del señorío del rey de Castilla, pues todas aquellas tierras eran de
-su corona Real, por título que el Papa, á quien Sant Pedro dejó en su
-lugar, le dió dellas; pudiera confirmar lo que el ciego tirano decia,
-con los milagros que habian hecho, y por los que hicieron adelante.
-Respondióles aquel (que no entendia de sus desvaríos más de algun
-vocablo, que diria Castilla ó hombre de Castilla, ó otra semejante
-palabra), que otro hombre ninguno no habian visto por aquella tierra,
-sino á ellos, y que si por ellas algun dia pasara, de buena voluntad le
-diera del oro que tenian y comida, y tambien le dieran mujeres; ésto le
-respondió á su requerimiento el hermano de Natá, cacique. Finalmente,
-avisado Badajoz de lo que pasaba, fué luégo á se juntar con ellos,
-otro dia; diéronles 15.000 castellanos, y hiciéronles tantos placeres
-y regalos el Cacique, y su hermano, con todos sus indios, y fueron tan
-bien proveidos, que acordaron de parar allí todo el invierno; éste es
-por aquella tierra de muchas aguas pero no de algun frio. El asiento
-y poblacion principal de este señor Natá era junto á la mar del Sur,
-donde se asentó y hoy permanece la villa de españoles llamada Natá, la
-cual creo yo que por muchos años que allí ha estado, ha sido de toda
-ella muy poco servido Dios. Acabadas las aguas, prosiguen su romería,
-y dan de noche, como solian, sobre un Cacique llamado Escolia, el cual
-prendieron con sus mujeres y le robaron 9.000 castellanos; y siempre
-quemaban los pueblos, como se ha dicho, y llevaban cuantos indios
-podian haber captivos. Prosiguiendo su descubrimiento, segun ellos
-llamaban, éstos caminos hácia el Occidente, llegaron á las tierras y
-señoríos de dos Caciques, el uno llamado Periqueten, que estaba cerca
-de la mar, y el otro dentro, cerca, que se nombraba Totonoga, que era
-ciego; éste les dió 6.000 pesos en joyas, y oro por fundir, en grano,
-y grano hobo que pesaba dos pesos, señal de tierra muy rica; y así
-toda aquella tierra, más de 200 leguas del Darien, arriba y abajo dél,
-y áun sobre arriba de las dichas 80, es riquísima de minas. Supieron
-estar otro señor más abajo, nombrado Taracuri, el cual les dió ó le
-robaron 8.000 pesos. Pasaron de aquí á la tierra de un hermano del ya
-dicho, que llamaban Pananome, al cual, como avisado fué que andaban
-por allí, no hallaron, porque no osó esperallos, sabidas sus nuevas,
-y habíase huido; destruyéronle todo su pueblo, y robaron cuanto haber
-pudieron, no supe si captivaron indios. Seis leguas de allí, más al
-Poniente, fueron á otro llamado Tabor, no sé lo que aquí hicieron. De
-allí pasaron al pueblo del cacique Cherú, el cual los esperó y salió
-á rescibir, sabiendo que venian, y les ofreció 4.000 castellanos;
-castellanos y pesos todo es uno. Hasta éste, ú otro por aquí postrero
-lugar y tierra de señor, traia Badajoz robados, y dados por temor, que
-es lo mismo, 80.000 castellanos ó pesos de oro, los cuales en aquel
-tiempo se estimaban y valian más que, despues de descubierto el Perú,
-400 y áun 500.000.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXX.
-
-
-De la tierra y señorío de aquel que dijimos postrer Cacique, segun la
-órden dicha, se partió Gonzalo de Badajoz y sus satélites al señorío y
-tierra llamada Pariza ó Pariba, que despues comunmente los españoles
-llamaron Paris, cuyo Cacique Rey y señor se llamaba Cutara. Este,
-sabiendo que los españoles venian sobre él como habian hecho sobre
-todos los otros, con toda la gente de sus pueblos se fué á los montes,
-poniendo las mujeres y hijos en cobro, como suelen hacer cuando tienen
-aviso que vienen sobre ellos de guerra, robando y matando como estos
-españoles venian. Como llegaron al pueblo principal de Paris ó Cutara,
-y no hallaron hombre, envió Badajoz, de la gente de la tierra que traia
-captiva, (porque hasta este lugar, 400 personas y por ventura más
-traia por esclavos), que lo fuesen á llamar, amenazándole que haria
-y aconteceria como habia hecho y acontecido á los otros. El señor le
-envió cuatro hombres principales y un presente, que ninguno tanto nunca
-á los españoles, ni por fuerza ni de grado habia dado, y éste fué
-cuatro petacas llenas de joyas de oro, que dellas eran como patenas,
-que se ponian en los pechos los hombres, y otras como brazaletes, y
-otras menores para las orejas, y finalmente eran joyas que hombres y
-mujeres, para se adornar, tenian en uso; dijéronle de su parte los
-mensajeros, que su señor les decia que le perdonasen, que no podia
-venir á vellos por estar ocupado, y que rescibiesen aquel presente
-que sus mujeres les enviaban. Estas petacas, que así las llaman en la
-lengua de la Nueva España, suelen ser como unas arquetas de dos palmos
-en ancho, y cuatro al ménos en largo, y uno bueno en alto; son hechas
-de hojas de palma ó de cañas muy delicadas, ó de varillas delgadas,
-enforradas todas por defuera de cueros de venados; destas usan en toda
-la tierra firme los indios, y en ellas tienen y llevan sus alhajas y
-cosas, como nosotros en nuestras arcas. Enviarles hia el Cacique en
-apuellas petacas, segun tuve entendido, 40 ó 50.000 castellanos. Vista
-tan gran copia de oro, enviada tan fácilmente y de gracia, imaginaron
-que alguna gran riqueza debia tener en sus casas; acordaron de hacer un
-embuste harto digno de los que en aquellas obras andaban: respondieron
-que se lo agradescian y que ellos lo ternian por muy amigo de allí
-adelante, y fingen que por donde habian venido se tornaban, é desde
-á dos noches, ó aquella misma, ó estando el Cacique donde á la sazon
-estaba, ó que ya se habia venido al pueblo y á su casa, volvieron
-los españoles á su cuarto del alba, y hallando á todos descuidados,
-diciendo con gran devocion «Santiago», pegan fuego á las casas. Van á
-prender al Cacique y salióseles dentre las manos; róbanle á él y al
-pueblo otros 30 ó 40.000 castellanos, y la gente, mayormente mujeres,
-que pudieron atar algunas, con las espadas hechos pedazos: y esto tengo
-por verdad, porque de los mismos que en ello se hallaron, algunos, que
-estaban en la misma tierra del Darien ó por allí, me lo dijeron. Otros
-lo han contado de otra manera, que creo tener mucha mezcla de falsedad,
-conviene á saber, que Badajoz envió á decir al Cacique, con los cuatro
-principales que le trujeron el presente, que no se habia de ir de
-aquella comarca hasta conocelle por vasallo ó contrario del rey de
-Castilla, y que, oidas tales palabras, el Cacique se indignó mucho, y,
-recogidas sus gentes, vino sobre ellos. Cualquiera destas vías que se
-haya tenido, bien puede juzgar cualquiera discreto, de cúya parte está
-la justicia. Pedro Mártir, como informado de los mismos delincuentes,
-porque fué el mismo Badajoz y otros sus compañeros, dice en su Década
-segunda, cap. 10, que llegando Badajoz descuidado con su gente y los
-80.000 castellanos al pueblo de Paris ó Cutara, cacique, lo acometió y
-dió la guerra que abajo diremos; ésta es gran falsedad que ni áun tiene
-color ni cosa verisímile, porque teniendo derramada la fama de las
-crueldades y robos que venian haciendo por todas aquellas provincias,
-llegando á tierra y pueblos de señor que áun no habia visto ni
-cognoscido y que siempre, á tormentos de los indios que traian presos,
-sabian el ser y poder de los señores que adelante estaban, ¿habian de
-venir tan descuidados que en casas tan agenas habian de pensar estar
-sin aviso, como Pedro Mártir dice? y aunque no dudamos que Pedro Mártir
-refiere con verdad lo que decian en Castilla, y no lo que él por sus
-ojos veia, por eso, en todo lo que dice en sus Décadas, cuando concurre
-favor de los españoles con perjuicio de los indios, ningun crédito
-se le debe dar, porque todo lo más es falsedad y mentira. Manifiesto
-es que Badajoz no le habia de decir la gran maldad y bellaquería que
-á Paris hizo, porque en la frente llevaba escripta su confusion, su
-desvergüenza é injusticia, por cualquiera que fuera hecho de las
-dos vías, y por aquella causa refirió el hecho de los desventurados
-indios, y encubrió el suyo, del cual las obras que de atras venia
-haciendo, que áun el mismo Pedro Mártir refiere, eran verídicos y
-suficientísimos testigos. Que Badajoz fuese el informador de Pedro
-Mártir en lo susodicho, fácil cosa es de creer, porque en Zaragoza de
-Aragon estuvo Badajoz el año de 518, cuando Pedro Mártir fué rescibido
-por del Consejo de las Indias, y yo fuí presente y lo vide. Contando
-el hecho de Paris, fué de esta manera, que vistos y padecidos los
-daños que Badajoz le habia hecho, y el nefario desagradecimiento que
-por tan buena obra le habia tenido, juntó sus gentes todas, y á cabo
-de dos ó tres dias los alcanzó en uno de sus pueblos, que llevaban sus
-130 ó 40.000 pesos de oro, que nunca hasta entónces se habian otros
-tantos, ni con la mitad juntos, visto, y escondidos en un monte, mandó
-el Cacique echar un indio como que á pescar ó cazar iba; ya sabia que
-luégo le habian de prender y preguntar y áun atormentar como solian,
-sino les decian lo que querian. Tomado el indio, preguntáronle cuyo
-era y de dónde y cómo venia; respondió que de tal señor ó Cacique;
-preguntado por las preguntas generales, conviene á saber, si tenia su
-señor oro, respondió que mucho. Acuerda Badajoz de ir con 40 hombres
-á salteallo, y andando toda la noche amaneció encima de unas chozas
-ó casas vacías. Viéndose burlado, de creer es que la guía, como
-siempre lo acostumbraban, lo pagaria. Entre tanto, el cacique Paris,
-entendido que se habian partido, dió sobre los otros, pegando fuego
-á las casas del pueblo, con 3 ó 4.000 indios, y con tanta priesa y
-grita, y alarido, y con ciertos cuernos ó caracoles grandes que hay en
-estas Indias, con los cuales hacen gran estruendo, que ántes que los
-españoles se meneasen, los habian todos ó los más muy mal herido, y
-si no llegara luégo Badajoz, no hallara hombre dellos vivo. Dieron en
-ellos por muchas partes, y así, cuando los españoles á una parte se
-retraian ó recogian, por las espaldas les daban los otros que por allí
-venian. Tomaron por remedio los nuestros de juntarse todos en la plaza
-del pueblo, y aunque se defendian, pero con mucha flaqueza y desmayo,
-por los muchos que caer muertos vian; cércanlos los indios con leña y
-paja, para poner fuego y quemallos vivos, entónces, viéndose tan cerca
-de ser todos perdidos, cércanse como de albarradas con los cuerpos de
-los muertos, españoles é indios; no les ayudaban, por las infinitas
-varas que los españoles tenian en los cuerpos, para escudarse, porque
-estorbaban á las que de nuevo se tiraban á los vivos. Cobró Badajoz
-gran vigor contra los indios, viéndose tan cerca de perderse, y dando
-en ellos, como si de nuevo viniera, y cortando por medio, con su
-espada, los cuerpos desnudos, lo mismo haciendo algunos pocos que no
-estaban heridos, de tal manera que se apartaron los indios. Lleváronles
-todo el oro y 400 indios que llevaban por esclavos, y la ropa con
-todo el fardaje que tenian, de que quedaron más tristes. Quedaron
-allí 70 españoles muertos, y los 80 heridos, todos sin esperanza de
-vida; tenian algunos tres, y cuatro, y hasta once varas metidas en
-los cuerpos. Usó Badajoz de un buen remedio de cirujía, que fué coser
-las heridas, tan bravas eran, no con agujas, ni hilo de lino, sino
-con almaradas y cordeles gruesos, y, de los indios muertos sacado el
-unto, quemólas con ello en lugar de aceite; desnudáronse las camisas,
-y rompidas hicieron vendas dellas, con que las ligaron, y desta manera
-guarecieron muchos que cuasi toda la esperanza de vivir tenian perdida.
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- CAPÍTULO LXXI.
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-Hecha esta cura, como ningun remedio tenian sino huir, tomó por allí
-ciertas canoas, y echó en ellas Badajoz los más peligrosos heridos,
-y él y los ménos lastimados, y algunos del todo sanos, fuéronse por
-la playa junto á la mar para socorrerlos en lo que pudiesen, si les
-ocurriese algun peligro; y aunque ellos, por ir por tierra, parecia
-que iban sin él ó con menor que ellos, todavía se les ofreció peligro
-y trabajo con que fueron harto afligidos. Como por aquella costa del
-Sur crece tanto y mengua el agua de la mar, creció tanto una noche
-que los que pudieron subirse á los árboles tuvieron ménos un poco
-de afliccion y tristeza, y los que no, anduvieron en el agua salada
-hasta la cinta, de donde se les enconaron las heridas y así vinieron á
-morir. Yendo su camino adelante, con tan atribulada y amarga vida como
-cualquiera podrá concebir, sabido su desbarato, el Cacique y señor de
-Natá, que en el capítulo 68 mostramos haber preso á él y á sus mujeres
-Alonso Perez de la Rua, salióles con su gente armada al camino para del
-todo consumillos; al cual envió Badajoz á decir que por qué le salia
-de guerra, pues lo tenia por hermano y amigo, respondió el Cacique:
-«andad, decidle que no es mi hermano ni amigo, porque él y todos los
-cristianos son malos y nuestros enemigos», y junto con las palabras,
-él y su gente comienzan á les echar infinitas varas y piedras que los
-cobrian. Badajoz y los suyos, sacando fuerzas de harta flaqueza que
-traian, como no tenian otro remedio, mostráronles cara, y, por no
-esperar el golpe de las espadas, daban consigo en el rio que por allí
-iba, tornaban luégo á salir é á tirar sus piedras y varas con que los
-afligian y herian; tuvieron por cierto que los acabaran si la noche
-no sobreviniera. No pudiendo tres de los heridos caminar, los sanos
-se los echaron á cuestas y los llevaron hasta que, no pudiendo ir más
-adelante con ellos, hicieron ciertas balsas y por el rio abajo fueron á
-dar á la mar, donde las canoas iban, que no fué poca dicha. Caminando
-adelante, siempre huyendo por mar y á veces y los más por tierra,
-llegaron á tierra del cacique Chame, que como estaba de sus obras
-informado, les ocurrió con su gente desnuda y desarmada, puesto que con
-sus armas de varas y piedras, y hizo una raya jurando y protestando que
-los habia á todos de matar si de allí pasaban, pero que él les mandaria
-dar lo que hobiesen menester y en abundancia. Ellos que traian más
-ganas de comer y descansar que de pelear, recogiéronse á la costa de la
-mar, y él les mandó proveer y fueron proveidos de cuanto en la tierra
-habia, como si estuvieran en sus casas; y porque llegaron en parage de
-la isla llamada Otroque, que está en la mar dentro, creo que 10 ó 12
-leguas, de que habia gran fama ser rica de perlas y oro, como por el
-buen tratamiento y provision que el cacique Chame les hacia, tuviesen
-allí algun poco de reposo, no dejó perder aquel tiempo y pasarlo en
-ócio al Gonzalo de Badajoz su ferviente y desatinada cudicia de robar,
-porque pospuesta la cura y salud de los muchos heridos que iban en las
-canoas, hácelos allí desembarcar y entra en ellas con 40 otros ladrones
-de los más sanos, y pasa á robar y destruir la dicha isla, la cual
-estaba en su paz. Dando de noche sobre ellos, prendió luégo al Cacique;
-los indios, creyendo que eran otros indios sus enemigos, que habian
-pasado de la tierra firme, armáronse contra ellos, pero cuando se
-vieron desbarrigar y cortar por medio con las espadas, cognoscieron que
-otros de mayores ó de más recias armas los maltrataban, y luégo, los
-que pudieron, dieron á huir. Rescatóse el Cacique por cierta cantidad
-de oro, no supe cuanto, y dejólos Badajoz así lastimados, y tornóse á
-donde los heridos habia dejado. Pasando adelante, como luégo voló la
-fama que venian desbaratados, todos se atrevian á ayudar por acaballos,
-y llegando á la tierra de Taboga, salió con obra de 300 hombres, y
-peleó con los nuestros un buen rato, y al fin pasaron adelante, y
-entrando en el señorío de Perequete hizo lo mismo, pero, lastimándolos
-mucho con las espadas, hiriendo y matándolos, desembarazaron la pasada.
-Llegando que llegaron á un ancon que hace por aquella costa la tierra
-en la mar, que llamaron el Ancon de las Almejas, de donde se ve la
-isla de Taboga, la sílaba del medio luenga, que podrá estar ocho ó
-diez leguas en la mar, tomóle su codicia á Badajoz, que lo traia
-atraillado, y determinó de pasar tambien á ella por deshollinar el
-oro y perlas que haber en ella estimaba. Entra en las canoas y saltea
-la isla de Taboga, estando todos los vecinos della, y prende al Rey ó
-señor della, y habidas sus primeras batalluelas con los indios, que
-son como escaramuzas de niños siempre por la mayor parte, al cabo el
-Cacique suelto, y por miedo ó por vergüenza todos asegurados, estúvose
-allí treinta dias á todo su placer holgándose; y allí acabaron de sanar
-los que traia heridos, y, con 7.000 pesos de oro y muchas y finas
-perlas dadas y robadas, se volvió á la tierra firme para proseguir
-é acabar para el Darien su jornada. Deste Badajoz dice Tobilla, que
-escribió parte deste su viaje, siendo seglar, y que despues anduvo en
-los robos y destruccion en parte de aquellas regiones, á los dichos
-semejantes, entre tanto Badajoz con 40 compañeros pasó á robar la
-ínsula de Otroque: «Traian tanto estruendo en robar la riqueza que
-estos insulanos, sin daño de nadie, tenian, que recogidos más de 200
-dellos, creyendo ser sus enemigos de la tierra firme, acudieron á
-herillos.» Dice tambien más abajo: «Cosa brava era la cudicia deste
-caudillo español, pues, en medio de la persecucion con que huia, viendo
-desde el Ancon de las Almejas la ínsula de Taboga, pasó contra ella por
-el maldito oro, etc., etc.» Estas, en forma, son sus palabras, sin las
-añadir ni quitar alguna. Salido á la tierra firme, como dicho es, fué
-á dar en los pueblos del cacique Chepo, en los cuales robó y prendió
-muchas mujeres y hijos de los naturales, y quizá tambien suyos, el
-cual, estando ellos partiendo su cabalgada, vino con su gente y dió
-en ellos con gran ímpetu, y hirió algunos y mató á Alonso Perez de la
-Rua, porque pagase la prision de Natá y las tiranías que por allí
-hizo, como en el cap. 68 queda relatado. Temiendo Badajoz que tornasen
-sobre él, se dió priesa con la cabalgada de salir de aquellos límites,
-dejando los pueblos de allí, por tomalles sus mujeres y hijos, tan
-lastimados; entró en los términos de Tubanamá y Pocorosa, los cuales
-halló todos despoblados, por andar por ellos el licenciado Espinosa,
-haciendo estragos, por mandado del Sr. Pedrárias. Finalmente, llegó al
-Darien Badajoz y el resto de la gente española que le habia quedado, y
-entró en la villa, sin dalle el triunfo de lo que habia ganado, ántes
-con harta vergüenza y áun lástima de su corazon, por la gran suma de
-oro y perlas que Paris con tanto daño le habia tomado, y con no ménos
-tormento de Pedrárias, y de todos los del Darien, desque supieron
-su desastre. Acuérdome que aquel año que dije de 518, que todos nos
-hallamos en Zaragoza, era público entre todos los que idos destas
-Indias allí estaban, que habia dicho el obispo de Búrgos, Fonseca
-(que, como se ha escrito arriba muchas veces, era el que todas las
-Indias meneaba y gobernaba), al Gonzalo de Badajoz, que merecia que
-el Rey le cortara la cabeza, porque habia perdido aquellos 100.000
-y tantos castellanos que habia tomado, los cuales ya pertenecian á
-España. ¡Mirad qué insensibilidad del señor Obispo, D. Juan Rodriguez
-de Fonseca, cómo se dolia de los escándalos, robos, muertes y infamia
-de la fe y religion cristiana que habia hecho en aquel camino con
-perdicion de tantas ánimas!; y ésto bien se lo mostraba el Obispo á
-Badajoz, porque yo le vide andar harto pobre, desfavorecido, arrastrado
-tras el Obispo, y desventurado, y que no osaba mirar al Obispo en la
-cara, ni el Obispo á él lo miraba.
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- CAPÍTULO LXXII.
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-Despues que Pedrárias despachó á Gonzalo de Badajoz, cuya historia
-hemos contado, siempre tenia cuidado de la muerte ó vida de Francisco
-Becerra, y estaba dudoso que fuese verdad lo que dél le habia dicho
-el muchacho, y, con esta duda y deseo de saber la verdad, determinó
-de ir él mismo á buscallo, ó al ménos saber lo cierto de su tardanza;
-pero porque ninguno de los del Darien osaba pensar en ir á Urabá ni
-hácia el Cenú, por miedo de la hierba, que en un momento los heridos
-con ella mataba, por lo cual todos habian de rehusar la jornada, quiso
-por esta cautela engañallos y así sacallos. Mandó apregonar guerra
-contra Pocorosa y otros señores de aquellas provincias, y sus gentes,
-á fuego y á sangre, como á gentes rebeladas, cosa muy al sabor de
-todos los del Darien, y que deseaban. Nótese aquí, por los prudentes
-y que fueren cristianos, con qué título y causa se podia decir ser
-Pocorosa y sus gentes y los demas rebeldes, siendo señores naturales
-de aquellas tierras y no se haber sometido á ninguno del mundo, ni
-áun pudiéndolo hacer sin voluntad de sus pueblos, ni consentimiento
-dellos, que cualquiera de las partes, sin aceptacion de la otra, si
-lo hicieran, caian en mal caso como arriba se ha declarado; y en ésto
-han errado enormísimamente los Consejos del Rey, despachando algunas
-provisiones contra los indios, que, sin haber oido palabra, estando
-de guerra, defendiéndose de los españoles y de sus crueldades, de
-rebeldes los notaban, teniendo en sus mismas leyes comunes y en sus
-doctores legistas que ninguno que no haya sido súbdito puede ser
-dicho rebelde, ni de rebelion notado. Item, se debe notar, que aunque
-fuera cierto que aquellas gentes se hobieran jurídicamente sometido
-al imperio de los reyes de Castilla (lo cual nunca en todas las
-Indias fué verdad), habiendo rescibido el rey Pocorosa y sus gentes,
-y los demas, tan grandes y tan irreparables daños, y males de Juan
-de Ayora y de los otros, sobre haber hecho tantas y tan buenas obras
-á Vasco Nuñez y á sus secuaces, como parece en el cap. 61, ¿porque
-estuviesen puestos en armas y matasen á cuantos españoles pudiesen
-matar, podian llamarse rebeldes y alzados? Pero ya queda dicho en
-muchos lugares la causa de estos hierros, que fué la gran ceguedad del
-Consejo siendo obligados á no lo ignorar. Así que, oido el pregon,
-todos se holgaron por la esperanza, que luégo se prometieron, de robar
-el oro que creian tener aquellos señores, y por hacer esclavos, y así
-se ofrecieron á ir con él 300 y más hombres; y embarcados en tres ó
-cuatro navíos, vueltas las proas hácia el Poniente, hasta que fué de
-noche, porque los pilotos iban de Pedrárias avisados, dieron la vuelta
-donde Pedrárias deseaba, y ántes del dia entraron en Caribana 200
-hombres, con un Capitan llamado fulano Hurtado, que Pedrárias mandó
-desembarcar. Estos dan en los pueblos, poniendo fuego á las casas,
-como se ha dicho que acostumbraban, y saliendo los indios que estaban
-durmiendo, medio quemados ó chamuscados, los mataban, pero los indios
-toman sus arcos y vienen á ellos; ellos, temiendo la hierba, huyen
-con gran celeridad á meterse en las naos. No supe si alguno dellos
-quedó allá, ó de alguna flecha vino inficionado. Ciertas personas
-tomaron presas, de las cuales supo Pedrárias lo cierto de la muerte de
-Francisco Becerra y los demas, la cual acaeció de la misma manera que
-habia contado el muchacho. Perdido el cuidado de Francisco Becerra,
-Pedrárias dió la vuelta para la costa de la tierra firme abajo, y á
-las 60 leguas, que está el puerto de Acla, saltó en tierra con toda
-la gente, y desde allí mandó al licenciado Espinosa que tomase 300
-hombres y los caballos, y fuese á destruir con fuego y sangre la
-provincia de Pocorosa. Partido el licenciado Espinosa, Pedrárias mandó
-hacer una fortaleza de tierra y madera, y él mismo era el primero
-que á los trabajos ponia la mano, por lo cual todos los que con él
-quedaron á hacer lo mismo se animaron. Esta fortaleza hizo para que
-los españoles que anduviesen aquellas estaciones, cuando viniesen
-huyendo, se mamparasen, ó viniendo cansados descansasen y se recreasen.
-Cayó allí mal dispuesto de las partes secretas Pedrárias, por cuya
-causa se volvió al Darien, dejando por Capitan á un Gabriel de Rojas,
-en su lugar, allí en Acla. Llegado Pedrárias al Darien, llegó luégo
-Badajoz, el cual, en velle, rescibió harto mal tártago por tan gran
-suma de oro como perdida dejaba; determinaba de ir él en persona, pero
-á la sazon llegó el Dean de la iglesia Catedral del Darien, que habia
-el licenciado Espinosa consigo llevado, el cual, de partes del dicho
-licenciado, le dijo como iba sin parar á recobrar la tal pérdida, por
-eso que su señoría le enviase más socorro con brevedad, que él esperaba
-en Dios de todo cobrallo. Porque no haya delito ni pecado en que los
-hombres pecadores no presuman de hacer su compañero á Dios, manifiesto
-es como los ladrones y los que van á adulterar se santiguan y hacen la
-cruz, y van tambien con devocion rezando, porque con el hurto ó en los
-delitos no sean tomados. Holgóse dello Pedrárias y proveyó luégo que
-fuesen á alcanzallo 130 hombres, y á un Valenzuela por capitan dellos,
-puesto que Badajoz clamaba que á él pertenecia ir aquella jornada,
-pero no quiso Pedrárias; el cual se fué por la isla que se nombraba de
-Bastimentos y allí salteó cien indios y indias, porque por mal hacer,
-no quedase nada. Mandó Pedrárias que de secreto tocasen con el navío en
-que iban en las peñas, porque saltando en tierra mala quizá la gente
-no se tornase. Va el licenciado Espinosa su camino, para mostrar que
-las letras no embotaban la lanza, y que no sólo letrado pero Capitan
-merecia ser de muchos soldados, y llegado á la tierra de Comogre y
-Pocorosa, que tan bien habian siempre á los españoles hospedado, los
-indios de aquellas provincias entendiendo á lo que iban, procuraron
-para su defensa juntarse; serian hasta 3.000 desnudos, con sus palos
-por armas, los que salieron á resistillos, pero desque vieron los
-caballos que nunca vieron ántes, desmayaron, y desparcidos cada cual
-huyendo tabajaba de salvarse; á los cuales aprovechó poco, porque dan
-tras ellos los de caballo, y dellos á lanzadas, y dellos atajándolos,
-para que llegasen los de pié con las espadas, fueron muy pocos los que
-dellos, de muertos ó captivos, se escaparon. Hicieron más nuestros
-cristianos, que á muchos aperrearon echando á los perros que los
-despedazasen, otros Espinosa mandó ahorcar, á otros cortar las narices,
-y á otros las manos, de manera que en pocos dias que anduvo Espinosa
-por aquella comarca, cuasi toda la destruyó, que no dejó, al ménos no
-parecia, viva alma; fué el espíritu Espinosa de Pedrárias y el furor
-de Dios encerrado en ambos. En esta jornada iba con Espinosa y esta
-gente un religioso de Sant Francisco, llamado fray Francisco de Sant
-Roman; éste escribió una carta al padre fray Pedro de Córdoba que en
-esta isla estaba, de quien arriba queda mucho tratado y se tratará,
-que por amor de Dios hablase é hiciese consciencia á los religiosos de
-Sant Hierónimo, que habian venido á esta isla entónces á reformar estas
-partes, sobre que proveyesen de remedio para aquella tierra firme,
-que la destruian aquellos tiranos, y esta carta me dió á mí el dicho
-Padre, varon sancto, y la llevé á Castilla, para á quien conviniese
-mostralla, y despues, el año de 18, salió de la tierra firme y fué
-á España el dicho padre fray Francisco de Sant Roman, y, llegado á
-Sevilla, afirmó en el colegio de Sancto Tomás, de la órden de Sancto
-Domingo, que allí está, que habia visto por sus ojos meter á espada y
-echar á perros bravos, en este viaje de Espinosa, sobre 40.000 ánimas.
-Y estando la corte en Zaragoza, el año 18, me lo escribieron á mí por
-esta misma manera los dichos colegiales, y llevé la carta á mostrar al
-gran Chanciller, á quien por entónces el Rey D. Cárlos (como placiendo
-á Dios se dirá más largo), habia dado cargo del remedio y reformacion
-destas Indias, y él me encargó que de su parte visitase al obispo de
-Búrgos, que á la sazon estaba enfermo, y le mostrase la dicha carta,
-cuasi como que se cognosciese y áun confundiese por haber mal gobernado
-estas tierras, porque habian pasado muchas y notables cosas sobre esta
-materia. Yo lo hice así, visitélo de su parte y mostréle la carta, y
-respondióme: «Decid á su señoría que ya le hé yo dicho, que es bien que
-echemos aquel hombre de allí.» Esto dijo por Pedrárias. Así que fueron
-extrañas las matanzas y destrucciones y número de esclavos, que aquel
-licenciado Espinosa en aquella su salida hizo; por lo referido y por
-lo que se referirá, será lo dicho bien entendido. Destruido Comogre y
-Pocorosa y todos los demás de aquellas provincias, pasó Espinosa, y con
-él el espíritu de Pedrárias, á la tierra del cacique Chirú, y por tomar
-descuidado al cacique Natá y prendelle, fuese adelante con la mitad
-de la gente, y dió en su pueblo de noche, y huyó el Cacique; recogió
-su gente y vino á resistirles con grande alarido, pero vistos los
-caballos que nunca habian vido, pensando que los habian de despedazar
-y comellos, pónense todos en huida. Mandó luégo hacer Espinosa en la
-plaza del pueblo un palenque de madera, que para contra indios era como
-Salsas para contra franceses; viendo el triste Natá que allí hacian
-asiento y que no bastaban ya sus fuerzas para resistilles, vínose sin
-armas á poner en su poder acompañado con unos pocos de indios. Teniendo
-nuevas de dónde y cómo estaba el cacique Escolia, envió á un Bartolomé
-Hurtado, con 50 hombres, para que de noche lo saltease y prendiese, y
-así lo hizo. Estos ansí tenidos, el uno preso, y el otro á más no poder
-venido, dejó las espaldas seguras, y caminó para la tierra de Cutara ó
-Paris, y llegó á un rio de Cocavira, donde le decian que tenia el oro
-allegado que habian tomado á Badajoz para restituírselo, porque, diz
-que, le decian sus mujeres que, por volver á lo cobrar, los cristianos
-habian de destruille. Iba Diego Albitez, con 90 hombres, delante
-descubriendo la tierra, y vido estar á la entrada de un monte obra de
-20 indios con sus armillas, y arremetió á herillos; los indios pelearon
-contra ellos varonilmente, aunque desgarrados con las espadas. Salen
-luégo del monte, á lo que juzgaban, sobre 4.000 indios, y el cacique
-Paris ó Cutara delante dellos, con grandísima grita; dan los unos en
-los otros y matan dellos con las espadas muchos, y ellos hieren de
-los nuestros no pocos; unas veces los retraian hasta el monte, otras
-los indios ganábanles tierra, hasta que Espinosa con todo su caudal de
-gente vino, pero luégo que vieron los caballos y soltaron los perros,
-no quedó hombre, que como si vieran al mismo diablo, que no huyese.
-
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- CAPÍTULO LXXIII.
-
-
-Siguió Valenzuela con sus 130 hombres tras Espinosa, por montes y
-valles, con grandes trabajos, sin saber dónde andaba, los cuales, yendo
-muy afligidos y desconsolados, un dia en un monte ó çabana toparon
-con estiércol de caballos, el cual, segun se dijo, por la grande
-alegría que de vello rescibieron, todos lo besaron. Desde á pocos dias
-tiraron una noche ciertas escopetas que llevaban, y oyólo Bartolomé
-Hurtado, que habia enviado Espinosa á robar comida y todo lo demas
-que les faltaba, estando la tierra de Paris, como toda la gente de la
-provincia andaba, huyendo y puesta en armas. Fué Hurtado al sonido de
-las escopetas, y finalmente se encontraron, y fué inestimable el gozo
-que unos de otros recobraron. Fueron á juntarse todos con Espinosa,
-donde de principio lo renovaron, estimando que ya eran tan poderosos
-que, para resistirles cosa que quisiesen acometer, toda la gente de
-la tierra firme no bastaba. Tenian nueva que en el pueblo ó tierra
-del cacique Quema, que debia ser vasallo de Paris, tenia el oro que
-habia tomado á Badajoz, guardado, para lo cual mandó Espinosa á Diego
-Albitez que con 60 hombres fuese á buscallo; saliéronles á resistir los
-súbditos de Quema, muy feroces, haciendo de sus alharacas, pero Diego
-Albitez díjoles que no venia á hacelles mal, sino á tratar amistad con
-ellos, por tanto que dejasen las armas. Persuadidos por sus palabras,
-creyéronlo y vinieron luégo dellos tres capitanes sin armas; rescebidos
-con amor y placer, preguntóles que dónde estaba ó tenian el oro que
-Paris á Badajoz habia tomado, dijeron que no sabian y que no tenian
-tal, llevólos consigo á Espinosa, el cual, interrogándolos con dulces
-palabras, y ellos negando, no supe que los atormentasen, pero era
-ésto tan ordinario que ninguna duda me quedó de que á tormentos les
-hicieron decir dónde el oro estaba. Envió con ellos 20 hombres, y, en
-obra de dos horas, tornaron con el oro llenas cinco petacas; díjose
-que cabrian en ellas 80.000 castellanos. Todavía Espinosa, deseoso de
-haber lo que faltaba, pasó adelante á la tierra del cacique Chicacotra,
-donde no ménos estragos creo que hizo, segun la costumbre y fin que
-llevaba. Estuvo por allí hasta que pasaron todas las aguas, que es,
-como se dijo, el invierno de aquella patria, porque hallaron en aquella
-provincia de bastimentos grande abundancia; de donde comenzó á poner
-en obra su tornada para el Darien, con su presa tan deseada y amada.
-Trujo, como dije, 80.000 pesos de oro de lo que Badajoz habia robado, y
-Cutara ó Paris le habia justamente despojado; por entónces bien, segun
-creo, faltaron más de 50.000 castellanos, de los cuales, despues, más
-de los 30.000 se recobraron, como se dirá, y al cabo no dudo todos no
-haberse escapado de nuestras manos. Trujo tambien consigo Espinosa y
-metió en el Darien más de 2.000 esclavos, con la justicia hechos que
-andaba las gentes pacíficas, quietas en sus casas, inquietando, robando
-y cruelmente matando. Y para que ésto ansí parezca, sin que de mí sólo
-salga, quiero aquí referir las palabras que Tobilla dice, seglar, y uno
-dellos, que anduvo despues en aquellos pasos, como dije, y que asaz
-favorece aquellas entradas, en una historia que quiso hacer y llamó
-Barbárica, y que parece haber muerto en aquella simplicidad no sancta.
-Este dice así hablando de Espinosa en aquella jornada, y tocando de
-los esclavos: «Traia largos 2.000 captivos, que, para llevarlos los
-mercadantes á la Española, valian entónces muchos dineros, de donde
-nasció la tan presta como miserable caida que estas infinitas gentes
-dieron, pues, con la cudicia del mucho oro que por ellos en el Darien
-los tractantes les daban, todo el tiempo que fuera de sus muros se
-veian, así al de paz como al de guerra ponian en hierros; andando tan
-sin freno esta osadía entre los compañeros y los mismos Capitanes, que
-así compraban las mercaderías con sus aprisionadas gargantas, como
-si fueran la misma moneda, sin haber ninguno de tanta consciencia
-que se parase á mirar si era esclavo justamente, aunque segun la
-injusticia con que todos lo eran, bastaba saber que la cudicia causaba
-su cautiverio, no embargante que para mí tengo no ser ménos excusa el
-ejemplo que Pedrárias les daba, pues en su mayor contentamiento jugaba
-al ajedrez la libertad de aquellos más que miserables.» Estas son
-palabras de Tobilla formales. Jugaba Pedrárias sus 50 y 100 esclavos, y
-quizá 500, como otros Gobernadores despues hicieron, por ventura por su
-ejemplo, de los que le habian de caber de su parte, que habia de enviar
-á saltear. Llegó pues el licenciado Espinosa con el oro recobrado,
-y tantas gentes hombres y mujeres, niños y muchachos como corderos
-atraillados, al lugar donde se habian al oro ó dinero de sacrificar,
-gimiendo y llorando, que en vellos bien pudiera cualquiera hombre de
-razon tener motivo de llorar, dejando 40.000 ánimas en los infiernos
-plantadas. Llegó Diego Espinosa, de las dichas hazañas autor, al Darien
-muy triunfante; el gozo y alegría que rescibió Pedrárias, y el regocijo
-de todos los demas que tenian en ello todos parte, aunque entrase con
-ellos el señor Obispo y clérigo ó clérigos que iban en la compaña, bien
-se puede adivinar. Sólo el triste de Badajoz debió quedar sin parte,
-pues anduvo en la corte cuando dije con harta necesidad, y entónces, de
-verse quedar con los trabajos solos y del oro tan sin medrar, debiera
-irse á Castilla desganado. Verdad es que tenia con que bien se consolar
-cuando pensase, que no solamente ante el juicio de Dios le habian de
-ser demandados las muertes, escándalos, males y daños, y aborrecimiento
-de la fe y religion cristiana y perdicion de las ánimas, que él con
-los suyos causó, pero tambien todos los que por ir á cobrar el oro que
-él perdió cometió el licenciado Espinosa, porque aunque si él no lo
-hobiera comenzado y sido la dicha causa, otros habian de ir á robar
-y cometer los ya señalados males, segun el ansia é insensibilidad de
-Pedrárias y de todos los que con él estaban, pero quizá no fueran tan
-temprano, ó no hicieran tan enormes daños, y entre tanto Dios quizá
-proveyera de algun obstáculo al mal, y diera remedio para que alguna
-de tan innumerables ánimas que se perdieron se salvara, ó que quiera
-ó como quiera que la cosa acaeciera á él no se le demandara. Cuando
-Espinosa determinó de se volver al Darien, mandó al capitan Hernan
-Ponce, que con 40 hombres entrase en los dos navíos, y fuese la costa
-abajo descubriendo lo que pudiese, el cual, partido de donde estaba,
-llegó en par del golfo de Ossa, que distaba 90 leguas de Natá, y llegó
-á cierta tierra de gentes llamados los cuchires, y hallólos aparejados
-con mucha gente armada para se defender, y los españoles no osaron en
-tierra saltar. Anduvieron más de 50 leguas la costa abajo, y hallaron
-un golfo de más de 20 leguas lleno de islas, y es puerto cerrado
-admirable, llámanlo los indios Chira, y ellos lo llamaron San Lúcar;
-este es el puerto que dicen de Nicoya, que es una provincia muy fértil
-y graciosa de Nicaragua. Allí cercan los navíos gran número de canoas,
-llenas de gente armada, y otra mucha gente que apareció en la costa
-con sus trompetillas ó cornetas haciendo grandes fieros y amenazas,
-pero tirados algunos tiros de pólvora, no quedó hombre en la mar ni en
-la tierra que huyendo no volase. Viendo Hernan Ponce que por allí no
-podia ganar nada, y que la costa iba adelante, tornóse á juntarse con
-Espinosa, el cual, ó era ya ido para el Darien, ó alcanzándole lo dejó
-por mandado de Pedrárias en Panamá.
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- CAPÍTULO LXXIV.
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-Entre tanto que Espinosa andaba obrando las hazañas que habemos
-contado, Vasco Nuñez estábase en el Darien, no poco desfavorecido de
-Pedrárias y cuasi como preso, porque no se debia fiar dél y porque
-no se saliese de la mano, como ya fuese con título de Adelantado
-y admitido á la gracia del Rey. Habíase llegado á la conversacion
-frecuente del Obispo, don fray Juan Cabedo, y trabajado mucho de
-ganalle; ó por induccion propia del mismo Vasco Nuñez, ó que el mismo
-Obispo se moviese á ello de sí mismo, entendió en que Pedrárias
-perdiese los resabios que tenia contra él, y lo honrase y atrajese á
-sí é se ayudase dél, y finalmente de él se fiase como de los demas,
-pues más que otro, así por la experiencia de la tierra, como con las
-fuerzas y autoridad de ser Adelantado, más que ninguno podia servirle
-y ayudarle; y para lo atraer á lo que pretendia, como era el Obispo
-elocuentísimo, representóle lo que Vasco Nuñez habia trabajado y
-padecido en descubrir, diz que, y poblar aquellas tierras y sujetar
-aquellas gentes al señorío del Rey, é dado la vida á los primeros
-españoles que en Urabá llegaron, sobre que se habia fundado su
-catedral iglesia, todo lo cual encareció, como él lo sabia encarecer,
-por grandes y señalados servicios, y certificándole que, segun á él
-parecia, nunca descubriria la tierra, ni sabria los secretos della,
-si de Vasco Nuñez no hacia fiel amigo. Estas y otras razones le
-trujo el Obispo á Pedrárias para persuadirlo, el cual, finalmente,
-se persuadió serle provecho ayudarse de Vasco Nuñez y tenerle por
-amigo, aunque reconciliado como dicen, y, ó fingia, ó realmente para
-tenerle más obligado y más á la mano en lo que cometerle y mandarle
-quisiese, tractó de casarlo con la hija mayor, de dos que en España
-tenia, llamada Doña María. Hízose el desposorio con autoridad del
-Obispo y las demas ceremonias que se requerian. En breve determinó
-Pedrárias de enviar á Vasco Nuñez á que asentase una villa en el
-puerto de Acla, y que de allí adelante procurase de poner por obra
-en la mar del Sur algunos bergantines para descubrir por ella las
-riquezas grandes que haber por aquellas tierras tenian concebido.
-Tomó Vasco Nuñez 80 hombres de los que allí habia, y en un navío fué
-la costa abajo; y, llegado á Acla, halló la fortaleza, que Gabriel de
-Rojas habia hecho, vacía, por haberla desmamparado por temor de los
-indios. Allí constituyó Alcaldes y Regidores, y pusóle nombre la villa
-de Acla; está sobre la mar, el puerto es muy hondable, pero, por las
-grandes corrientes que en él entran y salen, las naos que en él están
-ó entran, por echallas á la tierra, padecen gran peligro. Mandó Vasco
-Nuñez á todos sus compañeros, nuevos vecinos, que, pues ya los indios
-de aquella provincia eran acabados, y no habia ya qué ir á saltear,
-que cada uno, con los esclavos que tenia, que no andaban sin muchos
-dellos, y con sus mismas manos hiciesen sus sementeras para tener
-comida. En ésto él era el primero, porque era hombre de muchas fuerzas
-y sería entónces de cuarenta años, y siempre en todos los trabajos
-llevaba la delantera. En este tiempo llego allí á Acla el licenciado
-Espinosa, con la victoria, y riqueza y esclavería, que de la tierra de
-Paris, robado traia, y hecha por todos grande fiesta, por las buenas
-nuevas, Espinosa con sus satélites se partieron. Vasco Nuñez, como
-hombre de experiencia, sintiendo que despues de llegados al Darien, y
-repartido entre todos el oro y despojo que traian, no podian sufrirse
-allí ociosos muchos dias, metióse en un bergantin y fuese tras ellos
-con intencion de traer consigo la más gente que pudiese para engrosar
-su nueva ó negra villa, y para desde allí entender en hacer navíos en
-la mar del Sur, que era por entónces de todos el principal y último
-fin; holgóse Pedrárias con él y tratándole en lo exterior, y quizá
-en lo interior tambien, como á hijo, dióle 200 hombres y proveyóle
-de todo lo que le pidió y convenia para aquel gran viaje, que todos
-estimaban ser provechoso, con todo lo cual, embarcado en tres navíos
-pequeños, dió á su Acla la vuelta. Llegados á Acla, halló Vasco Nuñez
-haberse venido á esta isla Española Diego Albitez, á quien debia de
-haber dejado en su lugar en la villa; vino á esta isla Diego Albitez,
-con intencion de pedir á los religiosos de Sant Hierónimo, que la
-gobernaban, licencia para hacer un pueblo en el Nombre de Dios, y de
-allí tratar del descubrimiento de la mar del Sur. Todos aquellos que se
-sentian ricos de los grandes robos que habian perpetrado, y destruido
-aquella tierra, siempre aspiraban y sospiraban por ser cabezas por sí,
-é no tener á quien acatar sobre sí, y de éstos era Diego Albitez; los
-Hierónimos no quisieron entrometerse en hacer mudanza, por lo cual lo
-remitian á Pedrárias, pero no andaba por eso, sino por salírsele de
-las manos. Diego Albitez, visto ésto, fletó un navío, y halló hasta 60
-hombres que con él á ganar aquellos perdones quisieron ir; fué derecho
-al Darien, y fingió que habia ido por gente y bastimentos, de lo cual
-Pedrárias mostró rescibir de su ida y vuelta placer, ó de verdad ó
-fingido, porque era hombre muy recatado y entendido, y tambien como
-á él le viniese gente y cosas de bastimento, todo lo demas bien lo
-sufria. Descansando Diego Albitez algunos dias, quiso sacar á ejercitar
-en la religion que habia profesado á sus novicios, y así, pedida
-licencia á Pedrárias, salió á saltear y robar las gentes de Veragua,
-que tenian sobre todas la fama de muy ricas. Vasco Nuñez no poco sintió
-la presuncion de Diego Albitez, pero todos disimulando para en su
-tiempo derramar la ponzoña que del descubrimiento de otros conciben,
-costumbre muy ordinaria de los mundanos que andan fuera de camino,
-envió á Compañon, así llamado, sobrino, segun creo, del mismo Diego
-Albitez, á que viese si en el rio de la Balsa, que ya dijimos salir á
-la mar del Sur, habria dispusicion para hacer navíos. Fué Compañon y
-vido el rio y halló todo buen aparejo en todo él para hacer los navíos
-y naos que quisiesen, y de camino á la tornada fué á saltear y robar y
-hacer esclavos las gentes que por aquella tierra vivian, las cuales le
-resistieron cuanto les fué posible, donde no padesció poco peligro; no
-entendí que él á los indios, ni los indios á él hobiesen muerto alguno
-ó herido. Entre tanto que Compañon iba y venia, comenzó Vasco Nuñez á
-cortar, por su persona primero, madera para principiar los bergantines,
-y así lo hicieron los que estaban con él; donde labraron toda ó la
-mayor parte de la madera de cuatro bergantines, para llevalla despues
-así labrada, al dicho rio de la Balsa, y allí formar los bergantines
-y por él sacarlos á la mar, como al cabo se hizo. Tornó luégo Vasco
-Nuñez á enviar á Compañon con ciertos españoles y 30 negros á la cumbre
-de las sierras, de donde ya las aguas á la mar del Sur vertian, para
-que hiciese una casa donde descansasen los que habian de llevar á
-cuestas la madera labrada, y las anclas y jarcias de los bergantines,
-y se tuviesen los bastimentos y comida y armas y lo demas para su
-defensa. Y es de saber aquí, que nunca salian los españoles de una
-parte á otra que no llevasen muchos indios cada uno, que les llevaban
-las cargas de su ropa en que dormian, y sus armas y la comida, y hasta
-los negros esclavos eran de los indios servidos, y llamados perros
-aporreados y afligidos. Hecha la casa en lo alto de la sierra, puso
-por obra luégo Vasco Nuñez de subir la madera que estaba ya labrada de
-los bergantines, hasta ponella en la casa, que habria sus 12 leguas
-de sierras y rios, que ya se bajaban ya se subian, hasta llegar á la
-sierra muy alta donde se asentó aquella guarida. Esta madera se cargó
-sobre los indios que tenian por esclavos, y los que iban á saltear
-cada dia, y su parte llevaron los negros que no eran sino obra de 30,
-y tambien cada uno de los españoles llevaba la que podia. Los trabajos
-que aquí llevando y subiendo esta madera, y clavazon y herramientas, y
-despues las anclas y la jarcia y todos los demas aparejos necesarios
-á los bergantines, y despues bajándola hasta el rio, que por todos
-se padecieron, no pueden ser creidos, pero no se halló que negro ni
-español muriese dellos, más de los infelices indios no tuvieron número
-los que perecieron y concluyeron sus tristes dias; yo ví firmado de
-su nombre del mismo Obispo, en una relacion que hizo al Emperador en
-Barcelona el año de 519, cuando él de la tierra firme vino, como más
-largo adelante, placiendo á Dios, será referido, que habia muerto el
-Vasco Nuñez, por hacer los bergantines, 500 indios, y el secretario del
-mismo Obispo me dijo que no quiso poner más número porque no pareciese
-cosa increible, pero que la verdad era que llegaban ó pasaban de 2.000;
-y segun el trabajo era, cierto, cualquiera lo debe tener por posible y
-haber pasado con verdad así, porque llevar hombres desnudos en cueros
-24 y 25 leguas de sierras altísimas, subidas y descendidas, á cuestas
-madera labrada para hacer cuatro navíos, y anclas de hierro de tres,
-y cuatro, y cinco, y seis quintales, y cables, que son las maromas
-para las anclas, que pesaban otro tanto y muy poco ménos, y otros mil
-aparejos cuasi tan pesados que los navíos requieren, y todo ésto sin
-comer sino un poco de grano de maíz áun no hecho pan, sino como lo
-comen las aves ó las bestias, ¿qué hombres aunque tuvieran cuerpos
-en parte formados de materia de hierro lo pudieran sufrir sin morir?
-Y porque los indios allí perecian con aquel ejercicio, enviaba Vasco
-Nuñez cuadrillas á cazar indios, donde quiera que se creia que estarian
-escondidos, porque toda la tierra estaba huida por los montes por miedo
-dellos, y se meterian en los abismos; despues que hacian alguna cara
-juntos para resistir á los españoles, y como vian no poder contra ellos
-prevalecer, se desparcian escondiéndose por las montañas á cuadrillas,
-ó á linajes, ó á familias, y destos sabian, porque cuando tomaban algun
-indio á poder de grandes tormentos le hacian descubrir los lugares
-secretos donde se habian metido. Daban en ellos cuando más olvidados
-y secretos creian que estaban, y muertos los primeros que topaban á
-cuchilladas y estocadas, y de los perros desgarrados y despedazados,
-á los demas que tomaban á vida, leíanles el requerimiento, estándolos
-atando en traillas; y puesto que todas ó muchas veces desta manera se
-hacia, en especial se hizo entendiendo Vasco Nuñez en la obra destos
-navíos.
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- CAPÍTULO LXXV.
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-Pasada la madera, que en Acla pudo hacer que se labrase, al rio de
-las Balsas, porque no era para más de los dos bergantines ó navíos, y
-habíase de aparejar para otros dos, repartió Vasco Nuñez toda la gente
-que tenia, españoles, negros é indios, en tres capitanías. A la una
-dió cargo que cortase y asentase madera; á la segunda, que acarrease
-de Acla las anclas, y clavazon y jarcia y todos los demas instrumentos
-y aderezos; á la tercera, que fuese á robar los mantenimientos que
-por toda la tierra de los alrededores hobiese, y, á vueltas, cuantos
-indios pudiesen traer captivos. Comenzóles Dios á mostrar lo que en
-aquellas obras le servian, porque cuanto trabajaron en cortar la
-madera y aserralla en Acla y mar del Norte, y despues en llevalla los
-tristes indios á cuestas por tan aspérrimos é intolerables caminos,
-todo se les convirtió en vacío, por ser la madera de allí en tierra
-que estaba muy cerca de la mar salada, y así fué luégo de gusanos
-comida, de donde sucedió serles necesario cortalla de nuevo en el
-rio; habiendo pues cortado mucha della, y quizá tambien aserrádola,
-ya que querian poner en astillero, que es comenzar los bergantines,
-vinieron de súbito tan grandes avenidas que les llevó el rio parte
-de la madera, y parte soterró la lama y cieno, subiendo el agua dos
-estados encima. No tuvieron todos otro remedio para no se ahogar,
-sino subirse sobre los árboles, á donde puestos no estaban sin mucho
-peligro; aquí desmayó Vasco Nuñez, viendo tanta dificultad en la obra
-de sus negros navíos, por la cual quiso volverse á su villa de Acla,
-y dejarse de aquella demanda, como aborrido. Ayudábale á se volver
-la hambre que padecian; y parece que los de la tercera cuadrilla, á
-quien dió cargo de ir á robar mantenimientos y indios, no acudian.
-Francisco Compañon se ofreció á pasar á la otra banda del rio á buscar
-gente y comida, y pasó con algunos por cierta puente que hicieron de
-ciertos vejucos y raíces, que ataron algunos nadadores de las ramas
-de los árboles; aunque la puente fué tal, que pasaron el agua sobre
-la cinta, y algunas veces llegábales á los pechos. Andaba Vasco Nuñez
-comiendo raíces, de donde se podrá congeturar qué debian de padecer 500
-ó 600 indios que allí tenian, y cuántos de hambre morian; finalmente,
-hobo de irse á Acla, puesto que no con el primer motivo, sino para
-proveer de algun mantenimiento y de gente española, si del Darien ó de
-las islas de nuevo viniese, para lo cual envió al Darien á Hurtado, y
-traer las anclas y jarcia, y dar en todo priesa. En ésto vino Francisco
-Compañon, que habia robado toda la tierra de comida y de indios que
-trujo captivos, en los cuales, como en acémilas, cargó todo lo que
-para llevar tenia, y sobre sus hombros, anclas, y jarcias, y velas, y
-cables, y clavazon y cuanto habia, pusieron en el rio. Volvió Bartolomé
-Hurtado con 60 hombres que le dió Pedrárias y otras cosas que Vasco
-Nuñez le envió á pedir, y tomado nuevo ánimo, torna Vasco Nuñez al rio,
-con la gente de españoles y indios, y todo recaudo para proseguir á la
-obra de sus bergantines, y, con inmensos trabajos y hambre y muerte de
-indios, comenzó y acabó dos dellos; los cuales hechos, y echados al
-agua, y proveidos de lo que les era menester para navegar, metióse con
-los españoles que cupieron en ellos, y navega á la isla mayor de las de
-las Perlas. Y entre tanto que los demas, pocos á pocos, los bergantines
-los traian, trabajó de robar y allegar cuanto bastimento en la isla
-pudo, lo uno, diz que, para subjetar las gentes della por hambre, y lo
-otro para tener con qué los que allí estuviesen sustentarse. Díjose
-que, andando en ésto Vasco Nuñez, rescibió una carta del arzobispo
-de Sevilla, D. Diego de Deza, de quien hobimos en el primer libro
-hablado, que fué alguna parte para el descubrimiento destas Indias,
-siendo el maestro del príncipe D. Juan, en la cual le decia que habia
-sabido haber descubierto la mar del Sur, y que tuviese por cierto,
-que si proseguia por el Poniente la tierra hallarian indios de lanza
-y armaduras de cuerpo, y si corriese hácia el Oriente que toparian
-grandes riquezas y ganados infinitos. Esta creo yo que es patraña,
-porque el arzobispo de Sevilla, siendo tan prudente y tan sabio, no
-podia adevinar lo que nunca leyó, vido ni oyó, ni hombre imaginó de
-todos los pasados, y no habia de poner su gravedad y autoridad en
-boca del vulgo, no saliendo como él denunciaba; porque por revelacion
-tampoco hemos de creer que lo habia alcanzado, porque si así fuera,
-primero y no á otro sino sólo al Rey Católico, que mucho lo amaba, lo
-significara. Así que, Vasco Nuñez, despues de robada la isla grande
-de las Perlas y escandalizada, y quizá muerta y captiva mucha gente
-della, comenzó á navegar hácia la tierra firme, la vuelta del Oriente,
-con ciento y tantos hombres, porque los indios que tenian captivos por
-aquella parte haber mucho oro les señalaban; y ésta fué otra segunda
-ó tercera nueva ó señal de la grandeza de las riquezas del Perú.
-Yendo, pues, sobre un puerto que llamaron despues puerto ó punta de
-Piñas, 25 leguas ó alguna más pasada la punta ó cabo del golfo de Sant
-Miguel, hallaron gran número de ballenas, que parecian punta ó cabo
-de peñas que salia gran trecho á la mar; temieron los marineros de se
-allegar porque venia la noche, y arribaron á otra punta con intencion
-de, siendo de dia, tornar á su viaje, y porque les hizo el viento
-contrario, acordó Vasco Nuñez de ir á dar en la tierra del cacique
-Chucama, por vengar los españoles que allí habian muerto á Gaspar de
-Morales, de que se hizo mencion arriba en el capítulo 64. Salieron
-las gentes de allí á resistillos, pero como siempre ha de caer sobre
-ellos la mala ventura, como en gente desnuda, sólo dan de sí muestra
-que si fuesen armados y las armas tales como las nuestras, otro gallo,
-para su natural defensa y contra nuestra injusticia, les cantaria; así
-que, muertos muchos dellos, los vivos pusiéronse en huida. Anduvo
-algunos dias robando y captivando y destruyendo aquellas provincias.
-Tornóse á la isla, y allí apareja de hacer cortar madera, y comenzar
-los otros dos bergantines ó pequeños navíos; faltábale algun hierro y
-pez y otras cosas para acabar los bergantines, por lo cual acordó de
-enviar á Acla por ello. Y porque tenian ya nueva que el Emperador era
-venido á reinar á Castilla, y que habia proveido á un caballero de
-Córdoba, llamado Lope de Sosa, por Gobernador de tierra firme, quiso
-tambien Vasco Nuñez que supiesen si era venido, ó qué nueva se tenia
-de su venida, porque, quitada la gobernacion á Pedrárias, su suegro,
-consiguiente cosa era quitarle los navíos y dar la empresa á alguno de
-los que traia consigo. Temiendo, pues, ésto, una noche, hablando con un
-Valderrábano y con un clérigo llamado Rodrigo Perez, díjoles: «Segun
-lo mucho que há que vinieron las nuevas, que el Rey tenia proveido por
-Gobernador á Lope de Sosa desta tierra firme, no parece posible que
-ó no sea venido ó no haya nueva de ser cercana su venida, y, si es
-venido, Pedrárias, mi señor, ya no tiene la gobernacion, y así nosotros
-quedamos defraudados de nuestros deseos, y tantos trabajos como en ésto
-habemos puesto quedan perdidos; paréceme, pues, que para haber noticia
-de lo que nos conviene será bien que vaya el capitan Francisco Garavito
-á la villa de Acla, con demanda del hierro y pez que nos falta, y
-sepa si es venido, porque si lo fuere se torne, y nosotros acabaremos
-como pudiéremos estos navíos y proseguiremos nuestra demanda, y, como
-quiera que nos suceda, de creer es que el que gobernare nos rescibirá
-de buena voluntad porque le ayudemos y sirvamos; pero si Pedrárias,
-mi señor, todavía tuviere la gobernacion, dalle hán parte del estado
-en que quedamos y proveerá de lo que pedimos, y partirnos hemos á
-nuestro viaje, del cual espero en Dios que nos ha de suceder lo que
-tanto deseamos.» Díjose, que cuando esto Vasco Nuñez hablaba comenzó á
-llover, y que la guarda, persona que velaba su cuarto, se recogió á la
-sombra y debajo del tejado de la casa donde Vasco Nuñez estaba por no
-mojarse, el cual oyó como decia que convenia irse con los navíos su
-viaje, no entendiendo más de la plática, ni por qué causa; y ampliando
-en su pensamiento que aquello era quererse huir de Pedrárias, y con
-esta opinion ó error, calla y no da parte á nadie, hasta que fué tiempo
-de poder dañar diciéndolo á Pedrárias.
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- CAPÍTULO LXXVI.
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-Pareció bien á los con quien hablaba Vasco Nuñez su intento y palabras,
-y aprobáronselo, y en prosecucion dello llamó á Francisco Garavito,
-y dále dello parte, y con 40 hombres despáchalo para Acla; llegados
-á Acla, hallan que Lope de Sosa no era venido, y que Pedrárias como
-de ántes gobernaba. Díjose que cuando Vasco Nuñez se partió para el
-rio de la Balsa, debia ser la postrera vez, Andrés Garavito escribió
-á Pedrárias que Vasco Nuñez iba como alzado, y con intencion nunca
-más á obedecelle ni estar á su obediencia y mandado, y Pedrárias,
-como siempre dél estuvo sospechoso, que nunca pudo tragallo, poco era
-menester para que lo creyese por verdad, porque corazon que sospecha
-una vez alterado fácil cosa es en aquello que teme del todo derrocallo.
-Dijeron que esta falsedad ó testimonio falso, ó quizá verdad, escribió
-Garavito á Pedrárias, porque Vasco Nuñez, por una india que tenia por
-amiga, que arriba en el cap. 40 dijimos el cacique Careta haberle
-dado, le habia de palabra maltratado. Dos dias ó tres despues de
-llegado Garavito, llega del Darien Pedrárias, el cual, por la carta
-de Garavito, luégo se despachó muy indignado para haber á Vasco Nuñez
-á las manos y acortarle los pasos. Preguntando Pedrárias qué hacia y
-dónde quedaba, díjole Garavito y los que con él vinieron, que en la
-isla, y dando priesa á acabar los bergantines, y quedaba esperando
-ciertas cosas que le enviaba á pedir para acaballos y tambien lo que
-mandaba; con ésto se asosegó algo Pedrárias y disimuló algunos dias
-lo que traia pensado, dentro de los cuales, un Tesorero, que debia
-ser proveido por el tesorero Pasamonte desta isla, llamado Alonso
-Martel de Lapuente, que no estaba bien con Vasco Nuñez porque le pidió
-en la residencia cierto oro que le habia prestado, y el Tesorero
-creyó que habia sido dado, supo de aquel que velaba, cuando Vasco
-Nuñez dijo en la isla las susodichas palabras á Valderrábano, lo que
-habia oido y Vasco Nuñez hablado. Va luégo el dicho Alonso Martel á
-decírselo á Pedrárias; luégo Pedrárias, de súpito, se retificó en
-sus sospechas presentes y pasadas, y hecho muy furibundo, cuasi de
-enojo é indignacion desatinaba, prorrumpiendo en palabras contra
-Vasco Nuñez injuriosas y desmandadas, y con aquella saña escribióle
-una carta mandándole que viniese á Acla, fingiendo que tenia cosas
-que con él comunicar tocantes y necesarias para su viaje. Y cosa es
-aquí de notar, que no hobiese hombre que á Vasco Nuñez avisase de
-la indignacion contra él de Pedrárias, y el peligro que padecer si
-venia esperaba; ciertamente la razon parece que se puede asignar, ó
-que Vasco Nuñez era tan mal quisto de todos, que todos le deseaban
-mal, ó que todos temian tanto á Pedrárias que ninguno se atrevió á
-enojalle, ó que fué juicio de Dios que determinó dalle su pago de
-tantas crueldades como en aquellas gentes habia perpetrado: y ésta
-postrera debió ser y debemos creer que fué la verdadera y eficaz, y
-está harto clara. Y tras la carta, sospechando que no querria venir,
-despachó á Francisco Pizarro con mandamiento y la gente armada que
-pudo enviar para que le prendiese donde quiera que lo hallase. Díjose
-que un italiano, llamado micer Codro, astrólogo, que andaba con
-Vasco Nuñez, hombre que por ver mundo habia venido á estas partes,
-le dijo, estando en el Darien, que el año que viese cierta estrella,
-que señalaba, en tal lugar, correria gran peligro su persona, pero
-si de aquel peligro escapaba sería el mayor señor y más rico que
-hobiese por todas estas tierras indianas; y pocos dias ántes desto,
-dijeron que una noche vido la estrella en aquel lugar, y comenzó á
-mofar de lo que le habia dicho micer Codro, y comenzó á decir á los
-que con él estaban: «donoso estaria el hombre que creyese á hombres
-adivinos, especialmente á micer Codro que me dijo ésto y ésto, y hé
-aquí la veo cuando me hallo con cuatro navíos y 300 hombres y en la
-mar del Sur, y de propíncuo para navegarla, etc.» Esto dicen que pasó
-jactándose mucho Vasco Nuñez de su felicidad; el cual, rescibida la
-carta de Pedrárias, estando en una isleta llamada de Tortugas, dejando
-á Francisco Compañon haciendo los navíos en la grande, puso luégo por
-obra su camino en cumplimiento de lo que le mandaba; dijeron tambien
-que los mensajeros, llegando cerca de Acla, le dijeron que Pedrárias,
-su suegro, estaba de él muy indignado, pero él, hallándose inocente,
-creia que llegando ante Pedrárias y mostrándole no habelle ofendido lo
-aplacara. Topó á Francisco Pizarro con gente, que le iba á prender, y
-díjole: «¿qué es ésto, Francisco Pizarro? no solíades vos así salirme
-á rescibir.» Salieron á rescibirlos del pueblo, y Pedrárias proveyó
-que lo llevasen preso á la casa de un vecino llamado Castañeda; envió
-á Bartolomé Hurtado á las islas para que tomase y tuviese por él los
-navíos y toda la armada. Mandó al licenciado Espinosa que procediese
-contra Vasco Nuñez por todo el rigor de justicia que hallase, porque
-todo su fin era despachalle; y por descuidalle fuéle á ver un dia y
-díjole: «No tengais, hijo, pena por vuestra prision y proceso que yo he
-mandado hacer, porque para satisfacer al tesoro Alonso de Lapuente y
-sacar vuestra fidelidad en limpio lo he hecho.» Despues que Pedrárias
-entendió que el proceso estaba, al ménos coloradamente, fundado para
-cortalle la cabeza, dijeron que fué á donde estaba preso y con rostro
-airado le dijo: «Yo os he tratado como á hijo, porque creia que en
-vos habia la fidelidad que al Rey y á mí en su nombre debíades, pero,
-pues os queríades rebelar contra la corona de Castilla, no es razon de
-tractaros como á hijo, sino como á enemigo, y por tanto de hoy más no
-espereis de mí obras otras sino las que os digo.» Respondió Vasco Nuñez
-que habia sido y era todo falsedad que le habian levantado, porque
-nunca tal pensamiento le vino, porque, si él tal intencion tuviera, no
-tenia necesidad de venir á su llamado, pues tenia 300 hombres consigo
-y cuatro navíos, con los cuales, sin vello ni oillo él, se fuera por
-esa mar adelante donde no le faltara tierra en que asentar pobre ó
-rico; pero como venia con simplicidad y de tales propósitos libre, no
-temió de venir á Acla por su llamado, para verse así preso y publicado
-por infiel á la corona real de Castilla, y á él en su nombre como
-decia. Fuese Pedrárias de la cárcel y mandóle poner más prisiones, y
-el licenciado Espinosa, dando cuenta á Pedrárias de los méritos del
-proceso, dijo que incurrido habia en pena de muerte, pero que por los
-muchos servicios que en aquella tierra habia hecho al Rey, merecia
-que se le otorgase la vida. Respondió Pedrárias muy airado: «Pues si
-pecó muera por ello.» El licenciado Espinosa no quiso sentenciarlo á
-muerte, diciendo que merecia perdon por los señalados servicios que
-habia hecho, protestando que no lo sentenciaria si no se lo mandaba
-espresamente por escrito. Pedrárias, que no via la hora de sacalle
-desta vida, poco tardó en dalle su mandamiento, y ciento le diera sin
-deliberar lo que hacia. Espinosa entónces hace de veras el negocio,
-acumulándole la muerte de Diego de Nicuesa, y la prision y agravios
-del bachiller Anciso, y sobre todo fundó su sentencia; la cual fué
-que le cortasen la cabeza, yendo el pregonero delante diciendo á voz
-alta: «Esta es la justicia que manda hacer el Rey, nuestro señor, y
-Pedrárias su Lugarteniente, en su nombre, á este hombre, por traidor
-y usurpador de las tierras subjetas á su real corona etc.» Lo cual,
-oido por Vasco Nuñez cuando lo sacaban, levantó los ojos y dijo: «Es
-mentira y falsedad que se me levanta, y, para el caso en que voy,
-nunca por el pensamiento me pasó tal cosa ni pensé que de mí tal se
-imaginara, ántes fué siempre mi deseo servir al Rey como fiel vasallo y
-aumentalle sus señoríos con todo mi poder y fuerzas.» No le aprovechó
-nada su afirmacion, y así le cortaron la cabeza sobre un repostero
-harto viejo, habiéndose ántes confesado y comulgado, y ordenado su
-alma segun lo que el tiempo y negocio le daba lugar. Luégo tras él la
-cortaron á Valderrábano, y tras aquel á Botello, y tras éste á Hernan
-Muñoz, y el postrero fué Argüello, todos cinco por una causa viéndose
-unos á otros; y porque para degollar al Argüello quedaba ya poco dia,
-viniendo la noche, hincáronse de rodillas todo el pueblo ante Pedrárias
-pidiéndole por merced que diese la vida á Argüello, pues ya eran
-muertos los cuatro y parecia que Dios, con enviar la noche, aquella
-muerte atajaba. No blandeó Pedrárias en nada, ántes con gran pasion
-les respondió, que si querian que aquel viviese, en sí mismo queria
-se ejecutase la justicia; y desta manera, con grande angustia y dolor
-de todos, y áun lágrimas de algunos, fenecieron todos cinco aquel
-dia, y así quedó Pedrárias sin sospecha de Vasco Nuñez de Balboa que
-tanto trabajó de aumentar los señoríos del Rey, como él dijo, matando
-y destruyendo aquellas gentes, con tan ignominiosa muerte, al tiempo
-que más esperaba subir. E será bien que se coloque Vasco Nuñez en el
-catálogo de los perdidos con Nicuesa y Hojeda, y con los que despues se
-pornán en él, que hicieron mal fin en estas Indias, siendo señalados en
-hacer mal á indios.
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- CAPÍTULO LXXVII.
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-Restan por decir algunas cosas de las que quedan atras, que habemos
-dejado por no interrumpir la historia de Vasco Nuñez, y ántes que
-pasemos adelante, conviene, por no las olvidar, referillas. Despues
-que el licenciado Espinosa fué á la empresa del oro que Cutara, rey de
-la tierra llamada Pariba ó Paris, habia tomado á Badajoz, el factor
-Juan de Tavira, con codicia de la riqueza que decian que habia en el
-templo ó ídolo Dabayba, pidió por señalada merced á Pedrárias, que le
-diese aquella sancta conquista, el cual se la concedió; y alcanzada
-la merced, comenzó á gastar de los muchos dineros que de los robos y
-violencias y captiverios de gentes vendidas, de hasta entónces, le
-habian cabido, y pónese á hacer tres fustas, y comprar muchas canoas
-de las que tenian los otros españoles vecinos, para subir por el rio
-Grande arriba, donde tenian fama que estaba el oro, su ídolo. En el
-aparejo de lo cual no sólo gastó toda su hacienda, mal, ó si alguna
-tenia bien, habida no en aquella tierra, sino quizá traida de Castilla,
-pero mucha otra sacada del oro y arca del Rey. Despachado con su flota
-de tres fustas y muchas canoas, con 160 hombres españoles, y infinitos
-indios de los hechos esclavos con la justicia dicha, todos encadenados,
-para bogar ó remar las canoas y para los otros servicios, sube, con
-gran dificultad por la gran corriente, el rio arriba. Las gentes de
-Dabayba que estaban sobre aviso, sabida su venida, salieron, en no más
-de tres canoas grandes, de través al camino, y hallando las nuestras
-descuidadas, matáronles en un momento un español y quedaron muchos
-heridos; retragéronse luégo las canoas de los españoles al abrigo de
-las fustas ó bergantines. Queriendo ir adelante, acordaron que fuese
-gente por tierra y las canoas y fustas por el rio, el cual vino de
-presto tan de avenida, por lo mucho que en las sierras llovia, que
-muchos árboles del rio no se parecian. Encalló ó tocó la canoa del
-Factor en uno de los que en el agua estaban sumidos, y trastornóse de
-manera que el Factor y el veedor Juan de Virues, sin podellos socorrer,
-se ahogaron, y los que sabian nadar nadando tuvieron remedio. La gente,
-viéndose sin Capitan, eligieron á Francisco Pizarro que los capitanease
-hasta el Darien, y así se volvieron perdido el factor Juan de Tavira
-y Veedor, y los muchos dineros suyos y del Rey que para emprender
-aquella hazaña habia espendido. Hobo Pedrárias grande dolor de aquella
-desdicha, y esforzando á los que maltractados venian, que, pues con
-el Factor no habian llegado á donde tanto esperaban ser ricos, que no
-desmayasen, y que él queria dalles á Francisco Pizarro por capitan, que
-tornasen á la otra demanda, que era tambien rica, conviene á saber,
-de Abrayme, que él esperaba en Dios que habian de hallar de aquella
-hecha con que fuesen sus deseos complidos. Dellos no quisieron ir por
-venir muy heridos, ó de tanto peligro y trabajo aborridos, otros, hasta
-50, tornaron con Francisco Pizarro al ristre. Partidos y llegados por
-tierra al señorío de Abrayme, cuyos vecinos estaban muy lastimados, de
-los agravios, y guerras, y daños en ellas rescibidos, no solamente no
-hallaron gente que captivar (que despues de robar oro no tienen otro
-mayor fin), pero ni cosa que comiesen, y así de hambre perecian; no
-tuvieron otro remedio sino matar y comer siete caballos que llevaban,
-para poder tornarse al Darien, donde llegaron con harto desmayo y
-tristeza, y no ménos que mucho corridos de su tan vano y frustratorio
-camino. Luégo, desde á pocos dias, volvió Diego Albitez con gran
-cantidad de oro, y muchos indios captivos, que robó de la costa del
-Nombre de Dios y provincias de Chagre y de Veragua, las cuales dejó
-todas llenas de amarguras y de gran calamidad, matando todos los que
-le resistian. En una destas entradas que éstos hacian, no me acuerdo
-cuál de los Capitanes fué, acaeció que, llegados los españoles á un
-monte, donde á poder de tormentos habian sacado á indios que tomaban,
-estar mucha gente huida, recogida, por se apartar de tan pestilenciales
-y horribles crueldades, dando de súbito en ellos, tomaron 70 ú 80
-mujeres y hijas doncellas de muchos que mataron y de los que huyeron
-por se escapar; y viniéndose los españoles con su cabalgada, segun lo
-que creian, en paz, otro dia, con la rabia que sentian los indios de
-ver llevar sus mujeres é hijas maniatadas, por esclavas, juntáronse
-cuantos más pudieron y van tras los españoles, y dan de súbito en
-ellos con grande alarido, de manera que los hirieron y lastimaron
-algo. Viéndose los españoles muy apretados, no quisieron soltar la
-cabalgada, sino, como vian que no la podian gozar, acordaron de las
-desbarrigar, metiéndoles las espadas por los cuerpos de las pobres
-mujeres y muchachas, de las cuales todas 70 ú 80 una viva no dejaron.
-Los indios, que se les rasgaban las entrañas de verlas así matar, daban
-gritos y decian: «¡Oh cristianos malos, malos hombres, crueles, á las
-iras matais!» Ira llamaban en aquella tierra á las mujeres; como si
-dijeran, matar las mujeres, señal es de hombres abominables, crueles
-y bestiales. Tenian muchas veces en uso, que, aunque los señores de
-los indios ofreciesen de su propia voluntad oro, y cantidad de oro, no
-se contentaban con ello, sino, creyendo que tenian más, les prendian
-y les daban terribles y inhumanos tormentos, para que si más tuviesen
-lo descubriesen. Una vez dió un Cacique, ó por miedo ó de su voluntad,
-9.000 pesos de oro, no contento con ellos el Capitan y sus compañeros
-acordaron de lo atormentar; atáronlo á un palo sentado en el suelo,
-y estendidas las piernas y piés, pusiéronle fuego junto á ellos,
-diciéndole que diese más oro. Envió alguno de sus indios que trujese
-más, trujeron 3.000 pesos más; continúan todavía el tormento, dice con
-dolorosos gemidos y llantos que no tiene más. No cesaron de dárselo,
-hasta que por las plantas de los piés le salieron los tuétanos, y así
-murió el desventurado; acaeció entre aquestos tan bien morigerados
-españoles que tenian algunas llagas en las piernas, y parece que el
-demonio, en cuyos pasos andaban y voluntad cumplian, les puso en la
-imaginacion que el unto del hombre era buena medicina para curallas,
-por lo cual acordaron de matar indio ó indios de los más gordos que
-habian captivado, y sacáronles el unto, diciendo que más valia que los
-españoles anduviesen sanos, que aquellos perros viviesen, que servian
-al diablo. Esta era la espiacion que hacian para ser inocentes y quedar
-limpios de aquel pecado.
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- CAPÍTULO LXXVIII.
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-Dejemos de proseguir la historia de la tierra firme hasta emparejar con
-el tiempo della la relacion de las islas, que dejamos atrás en el cap.
-39, y tornemos al hilo que llevábamos dellas, contando las cosas que
-acaecieron en el año de 1514, como parece arriba, en el cap. 36 y 37,
-donde referimos de un repartidor de los indios, llamado Alburquerque,
-y otros que despues fueron, que ningun provecho hicieron á los tristes
-desmamparados indios de esta isla, ni estorbaron que no se consumiesen,
-los cuales cada dia en las minas y en los otros trabajos perecian; lo
-mismo se hacia en las otras islas, sin tener una hora de consuelo ni
-alivio dellos, y sin mirar en ello, ni se doler dellos los insensibles
-que la tierra regian. En todo este tiempo, el tesorero Pasamonte, y
-oficiales, y jueces de la Audiencia desta isla, ó algunos dellos que
-lo revolvian y movian al dicho Pasamonte, y lo tomaban por cabeza de
-sus pasiones y envidias, por ser tan favorecido del Rey, perseguian al
-almirante D. Diego con cartas al Rey é á Lope Conchillos, Secretario,
-y al obispo de Búrgos D. Juan Fonseca, que como arriba se ha dicho
-algunas veces, nunca estuvo bien con los Almirantes, padre y hijo. No
-creí ser otra la causa sino por echalle de la gobernacion desta isla
-y de lo demas, y quedarse ellos con ella, no sufriendo superior sobre
-sí; finalmente, tanto, que rodearon que el Rey le mandase llamar, y que
-fuese á Castilla, no supe, aunque lo supiera si mirara en ello, con qué
-color ó debajo de qué título. El cual, obedeciendo el mandado del Rey,
-aparejó su partida y salió del puerto de Sancto Domingo en fin del año
-de 1514, ó al principio del año 15, dejando á su mujer doña María de
-Toledo, matrona de gran merecimiento, con dos hijas en esta isla. Entre
-tanto, quedaron á su placer los jueces y oficiales, mandando y gozando
-de la isla, y no dejaron de hacer algunas molestias y desvergüenzas
-á la casa del Almirante, no teniendo miramiento en muchas cosas á la
-dignidad, persona, y linaje de la dicha señora Doña María de Toledo. En
-este tiempo lo que más se trataba y sonaba, y de donde más esperanza se
-tenia, destas islas y áun de todas estas Indias, era la isla de Cuba,
-por las nuevas de tener mucho oro, y por hallarse la gente della tan
-doméstica y pacífica; y habia ya dos años que á ella los españoles con
-Diego Velazquez á poblar habian venido. Porque de la tierra firme, como
-entónces llegase Pedrárias, cosa de fruto de su llegada no se habia
-visto, pues de todas las otras partes della ninguna noticia se tenia.
-Tornando, pues, á tomar la historia de la isla de Cuba, que en el cap.
-32 contamos, dijimos allí como Diego Velazquez, que gobernaba la isla
-como teniente del Almirante, habia señalado cinco villas, donde todos
-los españoles que en ella habia se avecindasen, con la de Barocoa que
-ya estaba poblada. Repartidos los indios de las comarcas de cada villa
-y entregados á los españoles, cada uno segun el ansia de haber oro
-tenia y más ancho de conciencia se hallaba, sin tener consideracion
-alguna que aquellas gentes eran de carne y de hueso, pusiéronlos
-en los trabajos de las minas, y en los demas que para aquellos se
-enderezaban, tan de golpe y tan sin misericordia, que en breves dias la
-muerte de innumerables dellos manifestó la grande inhumanidad con que
-los trataban. Fué más vehemente y acelerada la perdicion de aquellas
-gentes, por aquella primera temporada, que en otras partes, por causa
-de que, como los españoles andaban por toda la isla, como ellos dicen,
-pacificándolas, y consigo traian muchos de los indios que por los
-pueblos, para se servir dellos, contínuamente tomaban, y todos comian
-y ninguno sembraba, y los de los pueblos, dellos huian, y dellos, de
-alborotados y medrosos, de otra cosa más de que no los matasen, como
-á otros muchos se mataron, no curaban, quedó la tierra toda ó cuasi
-toda de bastimentos vacua y desmamparada. Pues como la cudicia de los
-españoles, segun dije, los ahincaba, no curando de sembrar para tener
-pan, sino de coger el oro que no habian sembrado, como quiera y con
-cualquiera poca cosa que podian haber de bastimento como rebuscándolo,
-ponian los hombres y las mujeres, sin suficiente comida para poder
-vivir cuanto ménos para trabajar, en los susodichos trabajos. Y es
-verdad, como arriba en cierto capítulo dije, que en mi presencia y de
-otras personas nos contó uno, como si refiriera una muy buena industria
-ó hazaña, que con los indios que tenia de su repartimiento habia hecho
-tantos mil montones, que es la labranza de que se hace el pan caçabí,
-enviándolos cada tercer dia, ó de dos á dos dias, por los montes á que
-comiesen las frutas que hallasen, y con lo que traian en los vientres
-les hacia trabajar otros dos ó tres dias en la dicha labranza, sin
-dalles á comer de cosa alguna un sólo bocado; y el trabajo de aquel
-labrar es cavar todo el dia, y mucho mayor que cavar en las viñas y
-huertas en nuestra España, porque es levantar la tierra que cavan
-haciendo della montones, que tienen tres y cuatro piés en cuadro y de
-tres ó cuatro piés ó palmos en alto, y ésto no con azadas ni azadones
-que les daban, sino con unos palos como garrotes, tostados. Así que,
-por esta hambre, no teniendo que comer, y metiéndolos en tan grandes
-trabajos, fué más vehemente y más en breve la muerte de aquella gente
-que en otra parte. Y como llevaban los hombres y mujeres sanos á las
-minas y á los otros trabajos, y quedaban en los pueblos solos los
-viejos y enfermos sin que persona los socorriese y remediase, allí
-perecian todos de angustia y enfermedad sobre la rabiosa hambre; yo
-vide algunas veces, andando camino en aquellos dias por aquella isla,
-entrando en los pueblos, dar voces los que estaban en las casas, y
-entrando á vellos, preguntando qué habian, respondian: hambre, hambre,
-hambre. Y porque no dejaban hombre ni mujer que se pudiese tener sobre
-sus piernas que no llevasen á los trabajos, á las mujeres paridas que
-tenian sus hijos y hijas chiquitas, secándoseles las tetas con la poca
-comida y con el trabajo, no teniendo con que criallas, se les morian;
-por esta causa se murieron en obra de tres meses 7.000 niños y niñas,
-y así se escribió al Rey católico por persona de crédito que lo habia
-inquirido. Tambien acaeció entónces que, habiendo dado en repartimiento
-á oficial del Rey 300 indios, tanta priesa les dió, echándolos á las
-minas y en los demas servicios, que en tres meses no le restaron más
-del diezmo vivos.
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- CAPÍTULO LXXIX.
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-Llevando este camino, y cobrando de cada dia mayor fuerza esta vendimia
-de gentes, segun más crecia la cudicia, y así más número dellas
-pereciendo, el clérigo Bartolomé de las Casas, de quien arriba en
-el cap. 28 y en los siguientes alguna mencion se hizo, andaba bien
-ocupado y muy solícito en sus granjerías, como los otros, enviando
-indios de su repartimiento en las minas á sacar oro y hacer sementeras,
-y aprovechándose dellos cuanto más podia, puesto que siempre tuvo
-respecto á los mantener, cuanto le era posible, y á tratallos
-blandamente, y á compadecerse de sus miserias, pero ningun cuidado
-tuvo más que los otros de acordarse que eran hombres infieles, y de
-la obligacion que tenia de dalles doctrina, y traellos al gremio de
-la Iglesia de Cristo; y porque Diego Velazquez, con la gente española
-que consigo traia, se partió del puerto de Xagua para hacer y asentar
-una villa de españoles en la provincia donde se pobló la que llamó de
-Sancti-Espíritus, y no habia en toda la isla clérigo ni fraile, despues
-de en el pueblo de Baracóa donde tenian uno, sino el dicho Bartolomé
-de las Casas, llegándose la Pascua de Pentecostés, acordó dejar su
-casa que tenia en el rio de Arimáo, la penúltima luenga, una legua de
-Xagua, donde hacia sus haciendas, é ir á decilles misa y predicalles
-aquella Pascua. El cual, estudiando los sermones que les predicó la
-Pascua, ó otros por aquel tiempo, comenzó á considerar consigo mismo
-sobre algunas autoridades de la Sagrada Escritura, y, si no me he
-olvidado, fué aquella la principal y primera del Eclesiástico, capítulo
-34. _Immolantes ex iniquo oblatio est maculata_, etc., comenzó, digo,
-á considerar la miseria y servidumbre que padecian aquellas gentes.
-Aprovechóle para ésto lo que habia oido en esta isla Española decir
-y experimentado, que los religiosos de Sancto Domingo predicaban, que
-no se podian tener con buena conciencia los indios, y que no querian
-confesar ó absolver á los que los tenian, lo cual el dicho Clérigo no
-aceptaba; y queriéndose una vez con un religioso de la dicha Órden,
-que halló en cierto lugar, confesar, teniendo el Clérigo en esta
-isla Española indios, con el mismo descuido y ceguedad que en la de
-Cuba, no quiso el religioso confesalle, y pidiéndole razon por qué,
-y dándosela, se la refutó el Clérigo con frívolos argumentos y vanas
-soluciones, aunque con alguna apariencia, en tanto que el religioso le
-dijo: «Concluí, padre, con que la verdad tuvo siempre muchos contrarios
-y la mentira muchas ayudas.» El Clérigo luégo se le rindió, cuanto
-á la reverencia y honor que se le debia, porque era el religioso
-veneranda persona y bien docto, harto más que el padre Clérigo, pero
-cuanto á dejar los indios no curó de su opinion. Así que, valióle
-mucho acordarse de aquella su disputa y áun confusion que tuvo con el
-religioso, para venir á mejor considerar la ignorancia y peligro en que
-andaba, teniendo los indios como los otros, y confesando sin escrúpulo
-á los que los tenian y pretendian tener, aunque le duró ésto poco; pero
-habia muchos confesado en esta isla Española que estaban en aquella
-damnacion. Pasados, pues, algunos dias en aquesta consideracion, y
-cada dia más y más certificándose, por lo que leia cuanto al derecho
-y vía del hecho, aplicando lo uno á lo otro determinó en sí mismo,
-convencido de la misma verdad, ser injusto y tiránico todo cuanto
-cerca de los indios en estas Indias se cometia. En confirmacion de lo
-cual, todo cuanto leia hallaba favorable, y solia decir é afirmar,
-que, desde la primera hora que comenzó á desechar las tinieblas de
-aquella ignorancia, nunca leyó en libro de latin ó de romance, que
-fueron, en cuarenta y cuatro años, infinitos, en que no hallase ó
-razon ó autoridad para probar y corroborar la justicia de aquestas
-indianas gentes, y para condenacion de las injusticias que se les han
-hecho, y males y daños. Finalmente, se determinó de predicallo; y
-porque, teniendo él los indios que tenia, tenia luégo la reprobacion
-de sus sermones en la mano, acordó, para libremente condenar los
-repartimientos ó encomiendas como injustas y tiránicas, dejar luégo
-los indios y renunciarlos en manos del gobernador Diego Velazquez,
-no porque no estaban mejor en su poder, porque él los tractaba con
-más piedad, y lo hiciera con mayor desde allí adelante, y sabia que
-dejándolos él los habian de dar á quien los habia de oprimir é fatigar
-hasta matallos, como al cabo los mataron, pero porque, aunque les
-hiciera todo el buen tractamiento que padre pudiera hacer á hijos, como
-él predicara no poderse tener con buena conciencia, nunca le faltaran
-calumnias diciendo: «al fin tiene indios, ¿por qué no los deja, pues
-afirma ser tiránico?» acordó totalmente dejallos. Y para que del todo
-ésto mejor se entienda, es bien aquí reducir á la memoria la compañía
-y estrecha amistad que tuvo este Padre con un Pedro de la Rentería,
-hombre prudente y muy buen cristiano, de quien arriba en el cap. 32
-hobimos algo tocado. Y como fuesen no sólo amigos pero compañeros en
-la hacienda, y tuviesen ambos sus repartimientos de indios juntos,
-acordaron entre sí que fuese Pedro de la Rentería á la isla de la
-Jamáica, donde tenia un hermano, para traer puercas para criar y maíz
-para sembrar, y otras cosas que en la de Cuba no habia, como quedase
-del todo gastada, como queda declarado, y para este viaje fletaron una
-carabela del Rey en 2.000 castellanos. Pues como estuviese ausente
-Pedro de la Rentería, y el Padre clérigo determinase dejar los indios,
-y predicar lo que sentia ser obligado para desengañar los que en tan
-profundas tinieblas de ignorancia estaban, fué un dia al gobernador
-Diego Velazquez, y díjole lo que sentia de su propio estado, y dél
-mismo que gobernaba y de los demas, afirmando que en él no se podian
-salvar, y que, por salir de peligro y hacer lo que debia á su oficio
-entendia en predicarlo, por tanto determinaba renunciar en él los
-indios, y no tenellos á su cargo más, por eso que los tuviese por
-vacuos y hiciese dellos á su voluntad; pero que le pedia por merced,
-que aquello fuese secreto y que no los diese á otro hasta que Rentería
-volviese de la isla de Jamáica donde estaba, porque la hacienda y los
-indios, que ambos indivisamente tenian, padecerian detrimento, si,
-ántes que viniese, alguno á quien diese los indios del dicho Padre
-en ella y en ellos entraba. El Gobernador, de oirle cosa tan nueva
-y como monstruosa, lo uno porque siendo clérigo y en las cosas del
-mundo, como los otros, azolvado, fuese de la opinion de los frailes
-dominicos, que aquello habian primero intentado y que se atreviese á
-publicallo, lo otro que tanta justificacion y menosprecio de hacienda
-temporal en él hobiese, que, teniendo tan grande aparejo como tenia
-para ser rico en breve, lo renunciase, mayormente que comenzaba á tener
-fama de cudicioso, por verle ser diligente cerca de las haciendas y
-de las minas, y por otras semejantes señales, quedó en grande manera
-admirado, y díjole, haciendo más cuenta de lo que al Clérigo tocaba
-en la hacienda temporal, que al peligro en que él vivia mismo, como
-cabeza y principal en la tiranía que contra los indios en aquella isla
-se perpetraba: «Mirad, Padre, lo que haceis, no os arrepintais, porque
-por Dios que os querria ver rico y prosperado, y por tanto no admito la
-dejacion que haceis de los indios; y porque mejor lo considereis, yo
-os doy quince dias para bien pensarlo, despues de los cuales me podeis
-tornar á hablar lo que determináredes.» Respondió el Padre clérigo:
-«Señor, yo rescibo gran merced en desear mi prosperidad, con todos los
-demas comedimientos que vuestra merced me hace, pero haced, señor,
-cuenta que los quince dias son pasados, y plega á Dios que, si yo me
-arrepintiere deste propósito que os he manifestado, y quisiere tener
-los indios y por el amor que me teneis quisiéredes dejármelos, ó de
-nuevo dármelos y me oyéredes, aunque llore lágrimas de sangre, Dios sea
-el que rigurosamente os castigue, y no os perdone este pecado. Sólo
-suplico á vuestra merced, que todo ésto sea secreto y los indios no los
-deis á ninguno hasta que Rentería venga, porque su hacienda no reciba
-daño.» Así se lo prometió y lo guardó, y desde adelante tuvo en mucha
-mayor reverencia al dicho Clérigo, y cerca de la gobernacion, en lo que
-tocaba á los indios, y áun á lo del regimiento de su misma persona,
-hacia muchas cosas buenas, por el crédito que cobró dél como si le
-hobiera visto hacer milagros; y todos los demas de la isla comenzaron
-á tener otro nuevo concepto dél que tenian de ántes, desque supieron
-que habia dejado los indios, lo que por entónces y siempre lo ha sido
-estimado por el sumo argumento que de santidad podia mostrarse; tanta
-era y es la ceguedad de los que han venido á estas partes. Publicóse
-aqueste secreto, de esta manera: que predicando el dicho Clérigo,
-dia de la Asuncion de Nuestra Señora, en aquel lugar donde se dijo
-que estaba, tractando de la vida contemplativa y activa, que es la
-materia del Evangelio de aquel dia, tocando en las obras de caridad,
-espirituales y temporales, fuéle necesario mostrarles la obligacion
-que tenian á las complir y ejercitar en aquellas gentes, de quien tan
-cruelmente se servian, y reprender la mision, descuido y olvido en que
-vivian dellas, por lo cual, le vino al propósito descubrir el concierto
-secreto que con el Gobernador puesto tenia, y dijo: «Señor, yo os doy
-licencia que digais á todos los que quisiéredes cuánto en secreto
-concertado habiamos, y yo la tomo para á los presentes decirlo.» Dicho
-ésto, comenzó á declararles su ceguedad, injusticias, y tiranías, y
-crueldades que cometian en aquellas gentes inocentes y mansísimas,
-como no podian salvarse teniéndolos repartidos, ellos y quien se los
-repartia la obligacion á restitucion en que estaban ligados, y que él,
-por conocer el peligro en que vivia, habia dejado los indios, y otras
-muchas cosas que á la materia concernian. Quedaron todos admirados y
-áun espantados de lo que les dijo, y algunos compungidos, y otros como
-si lo soñaran, oyendo cosas tan nuevas como eran decir, que sin pecado
-no podian tener los indios en su servicio, como si dijeran que de las
-bestias del campo no podian servirse no lo creian.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXXX.
-
-
-Esto predicado aquel dia, y despues muchas veces repetido en otros
-sermones, cuando dello hablar ocasion se le ofrecia, viendo que aquella
-isla llevaba el camino que llevó esta Española para ser en breve
-destruida, y que maldad tan tiránica y de tantas gentes vastativa no
-podia estirparse sino dando noticia al Rey, deliberó, como quiera
-que pudiese, aunque no tenia un solo maravedí, ni de donde habello
-sino de una yegua que tenia que podia valer hasta 100 pesos de oro,
-ir á Castilla y hacer relacion al Rey de lo que pasaba, y pedirle
-con instancia el remedio para obviar á tantos males. Asentado este
-propósito, escribió á Pedro de la Rentería, su verdadero amigo y
-compañero en las haciendas, que estaba, segun se dijo, en Jamáica,
-como él tenia determinado de ir á Castilla por cierto negocio de
-grande importancia, el cual era tal que le constreñia en tanto grado,
-que si no se daba prisa en su venida sin esperallo se partiria, cosa
-no imaginable para el bueno de Rentería. Y contaré aquí una cosa de
-consideracion harto digna, ésta es, que como Rentería fuese siervo de
-Dios, y de las calamidades de aquestas gentes muy compasivo, no dejaba
-de pensar algunas veces en ellas y de los remedios que podian venirles;
-el cual, estando toda una Cuaresma en un monasterio de Sant Francisco,
-que á la sazon habia en aquella isla, en tanto que su despacho para
-la de Cuba se concluia, y su ocupacion fuese darse á devocion, de la
-cual era él harto amigo, vínole al pensamiento la aprension de aquellas
-gentes, y la triste vida que padecian, y que sería bien procurarles
-algun remedio del Rey, aunque no fuese á todos, al ménos á los niños
-(porque sacallos á todos del poder de los españoles juzgábalo ser
-imposible), de donde vino á dar en que se debia de pedir al Rey poder
-y autoridad para hacer ciertos colegios, y allí recoger los niños todos
-y doctrinarlos, los cuales al ménos se librarian de aquella perdicion
-y mortandad, y se salvarian los que Dios tuviese para sí determinados.
-Con este propósito y á este fin determinó de, volviendo á la isla de
-Cuba, pasar á Castilla y pedir la dicha facultad al Rey; por manera que
-ambos á dos compañeros, el Clérigo y el buen Rentería, que, cierto, era
-bueno, tuvieron cuasi en un tiempo un motivo de compasion de aquestas
-gentes, y se determinaron de ir á Castilla á procuralles remedio de sus
-calamidades con el Rey, sin que el uno supiese del otro, ántes distando
-200 leguas el uno del otro. Rescibida, pues, la carta del padre Casas,
-Rentería dióse cuanta prisa pudo á se partir de la isla de Jamáica á
-la de Cuba, el cual, llegando una legua ó dos del puerto donde acaeció
-estar el Gobernador y el Padre clérigo con la demas gente, como vieron
-venir la carabela, fué luégo el Clérigo en una canoa á rescibir á su
-Rentería, y subido en la carabela y abrazados, como personas que bien
-se querian, dijo Rentería: «¿Qué fué lo que me escribistes de ir á
-Castilla? no habeis de ir vos sino yo á Castilla, porque á lo que yo
-he determinado de ir es cosa que desque yo os la diga holgareis que
-yo tome aquel camino.» Dijo el Clérigo: «Ahora bien, vamos á tierra y
-desque yo os descubra cuál es el fin por qué deliberé ir á Castilla,
-yo se que vos terneis por bien de no ir, sino que yo vaya.» Idos á
-tierra y rescibido Rentería del Gobernador, y de todos visitado con
-mucho placer, porque de todos era muy amado, llegada la noche, quedando
-solos, acordaron de descubrirse la causa que cada uno pretendia de
-su jornada, y, con una amigable contienda sobre quién diria primero,
-concedió Rentería, como era muy humilde, descubrir su intento y el fin
-dél ántes. «Yo, dijo él, he pensado algunas veces en las miserias y
-angustias y mala vida que estas gentes pasan, y cómo todas cada dia,
-como en la Española, se consumen y acaban, háme parecido que sería
-piedad ir á hacer relacional Rey dello, porque no debe saber nada, y
-pedille que al ménos nos diese licencia para hacer algunos colegios
-donde los niños se criasen y enseñasen, y de tan violenta y vehemente
-muerte los escapásemos.» Oido por el Padre clérigo su motivo y causa,
-quedó admirado y dió gracias á Dios, pareciéndole que debia ser su
-propósito, de ir á procurar el remedio destas gentes, divinalmente
-ordenado, pues por un tan buen hombre como Rentería era, sin saber
-dél, ántes, como se dijo, estando muy apartados, se le confirmaba;
-el cual le respondió: «Pues sabed, señor y hermano, que no es otro
-mi propósito sino ir á buscar el total remedio destos desventurados,
-que así los vemos perecer, no advirtiendo su perdicion y nuestra
-condenacion, insensibles hechos como hombres ciegos é inhumanos, porque
-sabed que yo he mirado mucho y estudiado esta materia desde tal dia,
-que estaba para predicar en tal parte, y hallo que ni el Rey, ni otro
-poder que haya en la tierra, puede justificar en estas Indias nuestra
-tiránica entrada, ni estos repartimientos infernales donde les matamos
-y asolamos estas tierras, como parece en la isla Española, y en la
-de Sant Juan, y Jamáica, y todas las de los Lucayos, y para ésto,
-allende que los mismos efectos que de nuestras obras han salido y cada
-dia salen, condenan nuestra tiranía y maldad, pues á tantas gentes
-inocentes habemos echado en los infiernos sin fe y sin Sacramentos
-con tan grandes estragos, tengo esta razon y ésta, y ved aquí ésta y
-éstas autoridades, y baste decir, en suma, que todo cuanto hacemos y
-habemos hecho es contra la intencion de Jesucristo, y contra la forma
-que de la caridad en su Evangelio nos dejó tan encargada, y á todo
-contradice, si bien lo mirais, toda la Escritura Sagrada; y sabed que
-lo he predicado, y ésto y ésto ha pasado, y Diego Velazquez y muchos de
-los que me han oido están harto suspensos y compunctos algo, mayormente
-viendo que los indios he dejado, por donde juzgan que no me he movido
-en valde.» Lo cual como el bueno de Rentería oyese, fué lleno de todo
-gozo y alegría, y admiracion, y dió gracias á Dios, porque le parecia
-que tambien su buen motivo y deseo abundantemente se le confirmaba, y
-dijo desta manera al Padre: «Agora digo, Padre, que no yo, sino vos,
-habeis de ir, é conviene que vayais á Castilla, y representeis al Rey
-todos los males y perdicion destas gentes, que acá pasan, y pidais el
-remedio necesario, pues sabreis mejor fundar lo que dijéredes como
-letrado, y para ello tomad nuestra hacienda y de todo lo que yo en esa
-carabela traigo, y háganse dineros los que se pudieren haber, y llevad
-con que podais estar en la corte todo el tiempo que fuere necesario
-para remediar estas gentes, y Dios, nuestro Señor, sea el que siempre
-os encamine y mampare.» Traia en la carabela muchos puercos y puercas,
-y pan caçabí, de que habia entónces, como arriba está dicho, en aquella
-isla gran necesidad, y, de maíz y otras cosas que valian, harto;
-de lo cual y de lo que más tenian de presente se hicieron algunos
-dineros que llevó el Padre en buena cantidad, conque pudo estar en la
-corte los años que abajo parecerá, puesto que, con mucho ménos que
-despues, que sucedió la careza en aquellos reinos, podian los hombres
-en ellos pasar. Habíanse descubierto unas minas ricas en la provincia
-Cubanacan, que está á la mar del Norte, que quiere decir en la mitad
-de Cuba, y porque eran ricas, determinó Diego de Velazquez que las
-gozasen sólos los del Consejo del Rey, como el obispo de Búrgos y el
-secretario Conchillos, y los demas, por cuya causa reservó todos los
-pueblos comarcanos de indios de aquellas minas, para dárselos que les
-sacasen oro, y así aplicó á uno 30 y á otro 40, segun más propíncuo ser
-él entendia, donde al cabo todos perecieron. En este tiempo vinieron
-aportar muchos caballeros aquella isla, y donde Diego Velazquez estaba,
-del Darien, de los que habia llevado Pedrárias, hambrientos y perdidos,
-y allí se les dió de comer, algunos de los cuales fueron despues
-crudelísimos para los indios.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXXXI.
-
-
-En estos dias fueron enviados por el reverendo fray Pedro de Córdoba,
-de quien arriba mucho hablamos, desta isla Española á la de Cuba,
-cuatro religiosos, sacerdotes los tres, y el uno diácono de su órden
-de Sancto Domingo, personas señaladas en vida y letras, llamados fray
-Gutierre de Ampudia, por Vicario dellos, persona de gran virtud y
-religion, fray Bernardo de Sancto Domingo, muy docto y muy religioso,
-fray Pedro de Sant Martin, buen predicador, y fray Diego de Alberca,
-diácono, los cuales fueron enviados y ellos iban con gran propósito y
-celo de predicar y convertir las gentes de aquella isla. Fué grande
-el placer que Diego Velazquez, Gobernador, hobo de su venida, pero
-mucho mayor fué el gozo y consolacion que el padre Casas rescibió de
-vellos; lo uno, porque siempre fué devoto de religiosos, y en especial
-de los de Sancto Domingo, y lo otro, por autorizar su doctrina en lo
-que habia predicado contra la opresion y servidumbre que padecian
-aquellas gentes, que por muy nueva y rigurosa se tenia, y esperaba que,
-como letrados y de mucha autoridad, se la favorecerian y aprobarian,
-y si mucho gozo el dicho Padre rescibió con la llegada de los dichos
-religiosos, no ménos fué la que hobieron ellos de hallar clérigo que
-les diese noticia de la tierra, y de las obras de los españoles, y de
-las cosas della, mayormente desque supieron que trataba de defender
-la libertad de los indios, y reprender la servidumbre y tiranía que
-padecian; y, cierto, les pareció que les habia proveido Dios lo que
-habian menester, como si les hobiera enviado un ángel del cielo. Y
-porque llegaron en Cuaresma, cuatro dias ántes del Domingo que dicen
-de Lázaro, ó _Dominica in Passione_, dió el clérigo Casas lugar que
-predicasen los dos de los religiosos, que eran predicadores, y no
-quiso predicar hasta las octavas de Pascua; predicó luégo, otro dia
-que llegaron, el padre fray Bernardo de Sancto Domingo, que era el más
-letrado, y tomó por tema _Operibus credite_, porque aquel Evangelio en
-aquel dia se cantaba, y en el sermon dió á entender á los españoles la
-caridad con que la Órden se habia movido á los enviar, por provecho
-y utilidad espiritual dellos, y en testimonio desto creyesen á las
-obras, que eran venir de España y ir desta isla á aquella con muchos
-trabajos. Predicaron despues por la Semana Santa y la Pascua, y fueron
-sermones que á todos edificaron y contentaron. Para las octavas de
-Pascua, rogaron al Padre clérigo que predicase, porque deseaban oille;
-aceptólo él, y para que la doctrina que por siete ú ocho meses habia
-contra la opresion de los indios predicado se rectificase, porque unos
-no lo creian que oprimir y matar hombres fuese pecado, otros dudaban,
-otros burlaban, otros murmuraban, recogió todas las proposiciones que
-cerca de aquella materia en todo aquel tiempo habia predicado, y las
-más ásperas y rigorosas, y todas juntas las tornó en presencia de los
-religiosos á repetir y afirmar con más vehemencia y libertad que ántes
-las habia dicho. Los religiosos quedaron admirados de su hervor y cuán
-sin temor afirmaba cosa tan nueva, y para ellos tan amarga, diciéndoles
-que en aquel estado no se podian salvar; estuvieron juntamente los
-religiosos gozosos, viendo que hobiese clérigo que, lo que ellos de
-aquella materia sentian y predicaban, predicase tan libremente por
-verdad, y fué grande la estima que dél tuvieron y el amor que le
-mostraron, el cual les informó de las matanzas que habian los nuestros
-en los indios perpetrado, el ansia de la cudicia en que por haber oro,
-con el inestimable daño y riesgo de la vida de los indios, se ocupaban,
-las criaturas, niños y mujeres que, por el hambre y trabajos, cada dia
-perecian, con todo lo demas que al mal estado que la isla tenia tocaba.
-Fuéles aquesta informacion del padre Casas, como de quien lo habia
-todo bien visto, á los religiosos grande ayuda para en breve conocer
-haber sido de su fin, que era la predicacion y conversion de aquellas
-gentes, defraudados, y para lo que de sí debian disponer determinarse.
-Mostró ciertos sermones escritos al dicho padre fray Bernardo, que
-ántes que viniesen habia contra la dicha tiranía predicado, y díjole
-con juramento que si supiera que en aquella isla habia persona que
-aquello predicaba que nunca á ella asomara, porque, pues por aquella
-doctrina no se enmendaban ni dejaban de matar, no esperaba él con sus
-sermones aprovecharles algo. Predicó luégo el siguiente domingo el
-mismo padre fray Bernardo, y tomó por tema _Ego sum pastor bonus_,
-aplicando todo su sermon á dalles á entender que no eran pastores de
-aquellas gentes, sino mercenarios y tiranos y lobos hambrientos que
-las despedazaban y tragaban; quedaron los nuestros españoles de aquel
-sermon harto espantados y turbados, aunque no enmendados. Y como
-viesen y oyesen cada dia los religiosos que con ninguna misericordia
-los indios eran tractados, y que perecian de golpe á manadas, predicó
-el dicho padre fray Bernardo, dia de la Santísima Trinidad, y hizo
-un sermon tan conminatorio y terrible, que hizo áun al mismo Clérigo
-temblar las carnes, diciendo entre otras palabras: «Ya os habemos
-predicado, despues que vinimos, el estado malo en que estais, por
-oprimir, y fatigar, y matar estas gentes; no sólo no os habeis querido
-enmendar, pero, segun tenemos entendido, cada dia lo haceis peor,
-derramando la sangre de tantas gentes sin haberos hecho mal; yo pido
-á Dios que la sangre que por ellos derramó sea juez y testigo contra
-vuestra crueldad, el dia del juicio, donde no terneis excusa alguna,
-pretendiendo ignorancia de que no se os dijo y requirió, declarándoseos
-la injusticia que haceis á estas gentes, y vosotros mismos sois de
-vuestras obras testigos y sereis de las penas que por ellas os están
-por venir.» Añadió otras muchas palabras para exasperacion de aquella
-tiranía, de lo cual quedaron todos harto tristes, las cabezas todas
-caidas, pero no que quedase alguno convertido. Y acaeció allí luégo un
-terrible caso, que el dia de Corpus Christi siguiente, que es cuatro
-dias despues del domingo de la Santísima Trinidad, lidiaron un toro
-ó toros, y entre otros españoles habia uno allí, llamado Salvador,
-muy cruel hombre para con los indios, el cual fué vecino de una villa
-llamada el Bonao, en esta isla, 20 leguas la tierra dentro del puerto
-y ciudad de Sancto Domingo, y tractaba tan mal los indios que tenia
-que lo tenian por diablo; del cual se dijo que estando un fraile de
-Sant Francisco predicando á aquellos sus indios ó á otros, de como Dios
-era Salvador del mundo, y que era bueno, y hacia bien á los hombres,
-comenzaron á escupir é blasfemar del Salvador, afirmando que no era
-sino muy malo y cruel hombre que los afligia y mataba, estimando que
-el religioso les loaba á aquel pecador, Salvador. Así que aqueste
-Salvador pasó desta isla á la de Cuba, donde tambien comenzó á usar de
-sus crueldades con los indios, y se halló aquel dia de Corpus Christi
-con los otros que dije haber lidiado los toros, y viniendo, despues
-de lidiados, todos juntos saltando y holgándose, y él entrando en su
-posada echóse hablando y riendo á descansar sobre una arca, y así como
-se echó dió un grito diciendo ¡ay!, y súbitamente espiró. Muerte fué
-que espantó á muchos, pero ninguno se enmendó, y algunos la tuvieron
-por misterio y señal que quiso Dios mostrar aprobando la protestacion
-del padre fray Bernardo, que el dia de la Santísima Trinidad habia
-hecho, por la sangre humana que habia aquel derramado, y que en dia del
-Cuerpo y Sangre de Jesucristo fuese castigado. Luégo los religiosos
-determinaron que el Vicario suyo y padre fray Gutierre de Ampudia
-volviese á esta isla Española, con el Clérigo que determinaba ir á
-Castilla, para dar noticia y razon á su Prelado mayor que era el dicho
-padre venerando fray Pedro de Córdoba, viendo que ningun provecho
-esperaban hacer en aquella isla á los indios ni á los españoles, á
-los indios por la opresion mortífera que padecian, ni á los españoles
-juzgándolos por de mal estado é indignos de los Santos Sacramentos
-de la Iglesia, pues por sus cudicias consumian la gente de aquella
-isla, y no dudaban que la habian de despoblar como habian hecho,
-algunos dellos y otros, esta. Y porque consideró el dicho Clérigo que
-se ponia en negocio por el cual habia de ser odiosísimo á muchos á
-quienes tocaba, así á los del Consejo del Rey que tenian indios en
-estas islas, como á todos los españoles que vivian en ellas, y por
-consiguiente habian de blasfemar dél y quizá levantarle testimonios
-falsos, mayormente decir que repugnaba al servicio del Rey, hizo una
-peticion á un Alcalde que interpusiese su autoridad á una probanza
-que queria hacer, _ad perpetuam rei memoriam_, de los servicios que
-en aquella isla habia hecho á Dios y al Rey, en tres ó cuatro años
-que en ella habia estado, conviene á saber, apaciguando todas las
-más provincias della cuanto á los indios, predicando, baptizando, y
-confesando y celebrando cuanto á los españoles, para que si en algun
-tiempo quisiese pedir al Rey mercedes sus servicios al Rey constasen;
-la cual hizo muy copiosa y echó fama que se iba á París á estudiar y
-graduar, y con esta disimulacion quedaron todos, Diego Velazquez y los
-demas españoles, descuidados, y así se partieron el dicho padre fray
-Gutierre, con un compañero, que fué fray Diego de Alberca, diácono, y
-con el Clérigo, dejando los otros dos religiosos, fray Bernardo y fray
-Pedro, hasta que otra cosa el Vicario general, fray Pedro de Córdoba,
-proveyese. Llegaron todos tres, los dos religiosos y el Clérigo, al
-puerto de la Yaguana, que es en esta isla, y de allí á villa de la
-Vera Paz, ó Xaraguá, que áun no estaba despoblada, donde el padre
-fray Gutierre se halló algo indispuesto de una calentura, y, porque
-no se hallaron tan presto cabalgaduras para todos tres, acordóse que
-se fuese el padre fray Gutierre, cabalgando, por estar enfermo, y el
-compañero á pié, camino de la villa de Sant Juan de la Maguana, que
-estaba de allí 30 leguas, y que el Clérigo, en hallando cabalgadura,
-iria tras ellos. Y fueron tantos los dias que no se pudo partir, que,
-creyendo que no los podia alcanzar, acordó de ir por otro camino más
-breve, que se llamaba el de Careybana, que iba á se juntar con el otro
-de Sant Juan de la Maguana en la villa de Açua, 20 leguas de la dicha
-villa de Xaraguá ó Vera Paz. Yendo, pues, el padre fray Gutierre con su
-compañero hácia Sant Juan de la Maguana, á dos ó tres jornadas salidos
-de Xaraguá, agravósele el mal, y llegados á una venta ó hato de vacas
-no pudo pasar adelante, y, queriéndole Dios dar el pago de sus trabajos
-y virtud, creciéndole su mal estaba muy penado porque no llegaba el
-clérigo Casas, su compañero, para se confesar. El cual, estando en esta
-tristeza, consólole Dios, con que acaso llegó un clérigo que era cura
-del mismo pueblo de Xaraguá, que venia de la ciudad de Sancto Domingo,
-con el cual se confesó y consoló, y luégo desde á poco dió el ánima á
-quien la crió. Túvose aquella llegada de aquel cura, en tal tiempo y
-necesidad, por obra muy cierta de Dios que le quiso galardonar lo mucho
-que le habia servido en oir confesiones, á lo cual era muy dedicado con
-mucho celo y devocion, y así ordenó nuestro Señor que á aquel, para su
-consuelo en el artículo de la muerte, no faltase quien le confesase; de
-donde parece, que no sólo tiene Dios cuidado de remunerar á sus siervos
-en la otra vida, segun lo que en ésta por su amor trabajan, pero
-tambien consuela en ella por la misma órden que le agradan, como á los
-malos en este y en el otro mundo dá de sus obras la paga. A esta sazon
-envió Diego Velazquez á Pánfilo de Narvaez, por procurador de aquella
-isla, á Castilla, para que les diesen los indios perpétuos, segun creí,
-é alcanzar otras mercedes, y á vueltas dellas que le hiciese Gobernador
-della, _inmediate_ á él y no al Almirante, segun despues se dijo.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXXXII.
-
-
-En este tiempo que bullia la riqueza de aquella isla, presentó el
-Rey para Obispo della á un su predicador, fraile de Sancto Domingo,
-llamado fray Bernardo de Mesa, de quien arriba en los capítulos 9.º
-y siguientes hablamos, el cual nunca fué á ella, ó porque el Rey en
-breve murió, ó porque como habia dado parecer contra los indios no
-acertado, por creerse fácilmente de las falsedades de los tiranos, de
-gozar del gran fructo que allí pudiera hacer, si acertara en defender
-sus ovejas y doctrinallas, fué indigno. Salido el padre fray Gutierre,
-con su compañero y el clérigo Casas, de la isla de Cuba, cresció la
-crueldad inhumana que los nuestros usaban con las gentes della cada dia
-más y más; los opresos indios, viéndose cada dia morir, comenzaron á
-huir de las minas y de los otros trabajos en que los mataban de pura
-hambre, y contino y excesivo tormento y trabajo; los españoles, que
-para los tener siempre en servicio clavados no les faltan medios y
-mañas, procuraron de por muchas maneras irlos á montear, entre otras,
-comenzaron á criar lebreles y perros bravos que los despedazaban,
-de los cuales, por huir é no vellos, vivos se enterraran. Pasábanse
-huyendo á las isletas de que la isla está cercada de una parte y de
-otra, digo de la del Sur y del Norte, que dijimos llamarse el Jardin
-de la Reina y el Jardin del Rey, de donde los traian, y trayendo los
-afligian, angustiaban y amargaban y ejercitaban en ellos, para que
-escarmentasen y no se huyesen, castigos y crueldades estrañas. Viéndose
-los infelices, aunque inocentes, que por ninguna parte podian remediar
-ni obviar á su perdicion, ni de la muerte, y muertes dobladas tan
-ciertas y horrendas, escaparse, acordaron de ahorrar al ménos de la
-una, que por ser tan luenga tenian por más intolerable, y esta era la
-vida, que muriendo vivian, amarga, por salir de la cual comenzáronse
-de ahorcar; y acaeció ahorcarse toda junta una casa, padres y hijos,
-viejos y mozos, chicos y grandes, y unos pueblos convidaban á otros
-que se ahorcasen porque saliesen de tan diuturno tormento y calamidad.
-Creian que iban á vivir á otra parte donde tenian todo descanso, y
-de todas las cosas que habian menester abundancia y felicidad, y así
-sentian y confesaban la inmortalidad del ánima, y esta opinion por
-todas las Indias la habemos hallado, lo que muchos ciegos filósofos
-negaron. De un español, que yo cognoscí bien cognoscido, se dijo
-que por su crueldad se habian muerto en esta isla Española, con el
-agua ó zumo de la yuca (que, segun en nuestra Apologética Historia
-dijimos, es ponzoñosa bebiéndola cruda), cantidad de indios, y despues
-pasado á la de Cuba, por salir de su infernal servidumbre, se habian
-ahorcado muchos más. Tambien por una mujer española, segun era cruel,
-se ahorcaron allí muchos indios, aunque, si no me he olvidado, ántes
-que una manada dellos se ahorcasen la mataron. Era tanta la gente
-que tomaba sabor en ahorcarse por salir de aquellos trabajos, que
-ya los españoles se hallaban burlados, y de sus crueldades les iba
-pesando, porque no les quedaba ya quien, en las minas y en las otras
-sus invenciones de adquirir oro, ellos matasen. Acaeció en estos dias
-un señalado caso y fué aqueste, que saliendo cierto número de indios
-de casa ó estancia, ó de las minas, de cierto español que los tenia
-encomendados, afligidos y desesperados, con determinacion de todos
-en llegando á su pueblo se ahorcar, entendido por él, va corriendo
-tras ellos, y con mucha disimulacion, ya que estaban aparejando sus
-sogas, díceles: «buscáme para mí una buena soga, porque me quiero con
-vosotros ahorcar, porque si vosotros os ahorcais ¿para qué quiero yo
-vivir sin vosotros acá, pues me dais de comer y me sacais oro? quiero
-irme allá con vosotros, por no perder lo que me dais;» los cuales,
-creyendo que áun con la muerte no lo podrian desechar, sino que en
-la otra vida los habia de mandar y fatigarlos, acordaron de no se
-matar, sino por entónces quedarse. Finalmente, destas y otras muchas
-maneras fatigados y trabajados, al cabo los destruyeron y acabaron
-harto más presto que en otras partes, y quedó aquella isla como ésta
-y las otras despoblada como lo está. Viendo los españoles que se les
-iban todos acabando, no tomaron por remedio aflojar en sus cudicias, y
-moderarles las angustias y trabajos, sino el que en aquesta Española
-tomaron, éste fué, del oro que con la sangre de aquella gente habian
-allegado, hacer armadas de dos y de tres navíos para ir á las islas de
-los Lucayos ó Yucayos, y otras cercanas de tierra firme, á saltear,
-y de aquellos inocentes corderos que estaban en sus tierras y casas
-seguros, sin hacer mal á nadie, traer barcadas. Acaecieron en estas
-armadas casos nunca vistos, ántes señalados, por los cuales mostraba
-Dios no ser santos aquellos pasos ni á su divina y rectísima voluntad
-agradables; destos, abajo, placiendo á Dios, algunos se referirán. En
-este año de 1515 partió de Cáliz, ó del Puerto, Juan de Solís, piloto
-y gran marinero, con tres navíos, para ir á descubrir desde el cabo de
-Sant Agustin, que agora llaman la costa del Brasil los portugueses,
-adelante hácia el Mediodia, el cual fué costeando y pasó la línea
-equinoccial 30° y más, descubriendo aquél el rio que agora dicen de la
-Plata, no sé por qué ocasion, el cual nombró el dicho Juan de Solís el
-cabo y rio de Sancta María. Saltó el dicho Juan de Solís con ciertos
-marineros, los que pudieron caber en la barca ó batel del navío en que
-iba, en cierta parte de aquella costa; los indios lo mataron y díjose
-que los comieron. Yo no sé cómo pudieron ver que los habian comido,
-pues no osaron parar los demas por aquella tierra, si quizá no los
-comieron en la misma costa de la mar y que desde los navíos los viesen.
-Por la muerte de aquél piloto siempre oí decir no convenir que fuese
-por Capitan principal de la flota ó navíos que fuesen á descubrir, ó á
-poblar ó á otro algun viaje, marinero, porque, no llevando superior,
-los marineros presumen de se señalar y aventúranse á perderse á sí
-mismos como hizo éste, y por consiguiente á los otros; y creo que nació
-esta murmuracion de que por la muerte de aquel Solís sucedió gran daño
-á todos los otros navíos y gente que iba en ellos, por faltarles la
-cabeza y principal piloto. Cargaron los navíos que restaron de brasil,
-que es cierta madera con que tiñen los paños de rosado ó colorado, y
-tornáronse, no sé cuántos, á España, no muy alegres ni prosperados.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXXXIII.
-
-
-Tornando á proseguir la historia y camino del clérigo Bartolomé de las
-Casas, digamos que, llegado á la ciudad de Sancto Domingo con deseo
-de hablar é dar cuenta de su propósito al egrégio padre fray Pedro de
-Córdoba, halló que era embarcado en un navío y salido del puerto con
-ciertos otros religiosos de su Órden, en prosecucion de la licencia
-y favor que el Rey católico le habia concedido para ir á predicar á
-las gentes de la tierra firme; iban tambien con él ciertos religiosos
-de Sant Francisco, extranjeros, creo que de Picardia, de los cuales
-habian venido algunos á estas islas, con celo de predicar la fe á las
-gentes dellas. Estos le rogaron que les diese lugar para ir con él y
-ayudalle en la dicha conversion ó predicacion; holgó mucho el padre
-fray Pedro de Córdoba de los admitir á aquel su apostolado, porque
-siempre procuró de conservar el amistad caritativa entre ambas á dos
-Órdenes. Salidos del puerto, sucedióles tan grande tormenta de viento
-contrario, que les hizo volver la proa al puerto, pero como del mismo
-puerto ventase otro viento terrible, adverso, y la corriente del rio
-fuese impetuosa, y las olas de la mar con ella peleasen, toda la
-ciudad que los estaba mirando los tenia por ahogados. Acudieron muchas
-barcas y bateles á socorrellos, más para que si el navío se anegase,
-recoger la gente que pudiese llegar á las barcas, que con pensamiento
-de que la nao ó navío se podia escapar. Estando en este peligro, dijo
-el padre fray Pedro al principal de los frailes Franciscos, en latin
-porque no entendia nuestro romance: _Pater, hodie oportet nos hic mori
-pro Christo_. Respondió el buen religioso Francisco: _Sit nomen Domini
-benedictum_. Viendo los religiosos que estaban en el monasterio á su
-padre fray Pedro, que estaba para perecer, hacian grande oracion llena
-de lágrimas delante el Santísimo Sacramento, y toda la ciudad rogaba
-con gran instancia á nuestro Señor que los salvase; finalmente, plugo
-á la bondad y misericordia de Dios, que aflojó algo el viento que
-ventaba del puerto, que los impedia entrar, y entraron con grandísimo
-peligro, teniéndose su entrada por milagro. De los barcos ó bateles
-que salieron á socorrellos, ó de los que habian salido á pescar, creo
-fué uno ó dos los que se perdieron, y ahogáronse algunas personas, ó
-que no sabian nadar, ó que la resaca, que son las olas que quiebran en
-las peñas ó en la ribera, los impidieron que no llegasen á tierra y
-escapasen. Pasados algunos dias fué á visitar el clérigo Casas al dicho
-padre fray Pedro de Córdoba, y á darle parte de su venida de la isla
-de Cuba, y propósito, que era ir á Castilla á informar al Rey de la
-perdicion de las gentes de aquella isla, y de como llevaban el camino,
-para fenecer todos en breve, que llevaron los desta isla Española.
-Cuéntale los estragos y matanzas y opresiones que por sus ojos habia
-visto, y como se habia convertido cayendo en el mal camino que como los
-demas llevaba, y lo que á los españoles habia predicado y el estado de
-perdicion en que los dejaba, y como el padre fray Gutierre de Ampudia,
-viendo la poca esperanza que los religiosos que habia enviado consigo
-á aquella isla tenian de que se enmendarian ni cesarian de matar
-aquellas gentes, acordó de venir á dalle parte dello para ver lo que
-mandaba, el cual en el camino habia fallecido, como ya el compañero
-fray Diego de Alberca le habia dicho. El padre fray Pedro de Córdoba
-le loó mucho su obra y su propósito, y se holgó de cognoscerle, y más
-porque siendo clérigo le hobiese Dios inspirado verdad tan cierta,
-en que tantos de todas profesiones y estados erraban, y animóle á la
-prosecucion de su propósito, y entre otras palabras le dijo estas:
-«Padre, vos no perdereis vuestros trabajos porque Dios terná buena
-cuenta dellos, pero sed cierto, que, miéntras el Rey viviere, no
-habeis de hacer, cerca de lo que deseais y deseamos, nada.» Entendida
-la causa, no se creyó ser otra sino que, como el Rey tenia tanto
-crédito del obispo de Búrgos, y del secretario Lope Conchillos, y éstos
-estaban errados, aunque arraigados en aquel error, que los españoles
-podian sin ningun escrúpulo de conciencia tener los indios repartidos
-y servirse dellos, parecíale ser imposible de aquella falsa opinion
-desarraigallos, mayormente teniendo ellos mismos y otros del Consejo
-del Rey tantos indios. El clérigo Casas, puesto que le pesó de oir tal
-palabra, pero no por eso desmayó, porque pareció que Dios le daba y
-dió celo y deseo de procurar el remedio de aquellos desdichados, y con
-ello gran perseverancia, y así respondió al Padre: «Padre, yo probaré
-todas las vías que pudiere, y me porné á todos los trabajos que se
-me ofrecerán, por alcanzar el fin de lo que he comenzado, y espero
-que nuestro Señor me ayudará, y cuando no lo alcanzase habré hecho lo
-que debia, como cristiano, vuestra reverencia me encomiende á Dios y
-haga siempre encomendar.» Rescibió mucho placer y gozo el padre fray
-Pedro de verle con tan buen ánimo, y desde allí le comenzó á mucho
-amar, y fué creciendo cada dia, como parecerá, en tanto grado, que no
-se cree haber amado más á ninguno de sus frailes; y porque padecian
-grandes necesidades los religiosos en aquella casa, por su mucha
-pobreza, mayormente por no tenerla hecha, sino un pedazo, acordó de
-enviar á Castilla, en el navío que iba el Clérigo, al padre fray Anton
-Montesino, el que arriba dijimos haber predicado primero, contra esta
-tiránica maldad, hombre bueno y de conato y eficacia, para que pidiese
-al Rey limosna para hacer la iglesia y casa, y tambien para que, si se
-le ofreciese ocasion, al Clérigo, pudiendo, ayudase. Y así, por el mes
-de Setiembre del año de 1515 se embarcó el Clérigo, y el dicho Padre,
-con otro compañero suyo, en una misma nao, los cuales, por la gracia
-de Dios, llegaron á Sevilla, con próspero viaje; fuese á su monasterio
-el padre fray Anton Montesino, con su compañero, y el Clérigo á casa
-de sus deudos, por ser de allí natural, y en pocos dias se dió priesa
-y despachó para la corte, que á la sazon en Plasencia estaba. El
-arzobispo de Sevilla, don fray Diego de Deza, de la órden de Sancto
-Domingo, á quien el Rey católico mucho amaba, le habia escripto que se
-fuese Su Alteza á Sevilla, porque era buena tierra para viejos, y como
-el Rey andaba ya muy enfermo, acordó desde Búrgos irse allá. El padre
-fray Anton Montesino dió noticia al Arzobispo del dicho padre clérigo
-Casas, y los buenos deseos que tenia y cuán adelante estaba en la
-defensa de los indios, y de la verdad que los frailes de Sancto Domingo
-defendian, y el mismo padre fray Anton habia primero, de parecer de
-todos los frailes, predicado, como en el cap. 4.º fué declarado.
-Llevólo á que besase al Arzobispo las manos, rescibiólo con alegría, y
-dióle carta para el Rey, acreditando su persona y negocio, suplicándole
-lo oyese, y para otras personas de la Cámara que le diesen lugar y
-favor para que al Rey hablase. Salidos de aquesta isla el Padre dicho
-y el Clérigo, el padre fray Pedro de Córdoba, prosiguió su viaje para
-tierra firme, con cuatro ó cinco religiosos de su Órden, muy buenos
-sacerdotes, y un fraile lego, y tambien con los de Sant Francisco; los
-cuales, puestos en tierra firme, á la punta de Araya, cuasi frontero
-de la Margarita, desembarcáronlos con todo su hato, y dejáronlos allí
-los marineros. Los franciscos y dominicos hicieron muchas y afectuosas
-oraciones, y ayunos y disciplinas, para que nuestro Señor les alumbrase
-dónde pararian ó asentarian, y, finalmente, los franciscos asentaron
-en el pueblo de Cumaná, la última aguda, y los dominicos fueron á
-asentar 10 leguas abajo, al pueblo de Chiribíchi, la penúltima luenga,
-al cual nombraron Sancta Fe. Los indios los rescibieron con grande
-contentamiento y alegría á todos ellos; los dominicos, en especial,
-estuvieron sobre aviso de no ser onerosos en cosa alguna á los indios,
-y así fué admirable el trabajo y trabajos que padecieron en hacer su
-monasterio, cortando la madera y las vigas trayéndolas á cuestas,
-haciendo hornos de cal, y acarreando la piedra, y todo lo demas que
-para su edificio era menester. Creo llevaron un rocin y un carreton que
-les fué harta ayuda; llevaron un chinchorro, que es una red, y con el
-pescado que con él tomaban se mantenian. El pan de maíz les daban los
-indios, los cuales se holgaban con la compañía de los frailes, por el
-pescado que del chinchorro habian, y por el poco enojo que les daban y
-ningun trabajo en que los ponian; llevaron el camino de Sant Pablo, que
-manda Jesucristo, por no poner al Evangelio algun ofendículo.
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- CAPÍTULO LXXXIV.
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-Llegó á Plasencia el Clérigo, donde el rey Católico á la sazon estaba,
-pocos dias ántes de Navidad del año mismo de 1515, y como sabia que el
-obispo de Búrgos y el secretario Conchillos tenian indios, y tantos, en
-todas estas cuatro islas, Española, Cuba, Jamáica y la de Sant Juan,
-creyendo que le habian de contradecir, no curó de hablalles, sino de
-negociar de hablar al Rey y dalle la carta del arzobispo de Sevilla,
-y sobre ella del fin de su venida informalle. Lo cual hobo efecto, y
-una noche, víspera de la víspera de la Natividad de nuestro Redentor,
-habló al Rey bien largo, hízole relacion del fin de su venida, que era
-notificalle la perdicion destas tierras y muertes violentas de las
-gentes naturales dellas, y de las maneras como los españoles por sus
-cudicias las mataban, y como perecian todas sin fe y sin Sacramentos,
-y que, si con brevedad Su Alteza no acudia con el remedio, todas
-en breve quedarian desiertas. Testificando que él habia visto las
-grandes ofensas que á Dios se hacian en ello, y áun en menoscabo no
-comparable de sus rentas, y que, porque este era negocio que mucho
-importaba á su Real consciencia y hacienda y era necesario informar á
-Su Alteza muy en particular cerca dello, para que lo que se arriesgaba
-en no remediarlo á Su Alteza constase copiosamente, le suplicaba que
-cuando fuese servido le diese larga audiencia. Respondióle el Rey,
-que le placia dársela, y que en un dia de aquella Pascua lo oiria; y
-dada la carta del arzobispo de Sevilla, besóle las manos y fuese. La
-cual luégo envió al secretario Conchillos, y, creo, sin vella, como
-cosa que tocaba á los indios, y por ella se descubrió la celada de
-lo que el padre Casas pretendia, de que no rescibió Conchillos ni el
-obispo de Búrgos, á lo que se creyó, mucha alegría. Creyóse tambien
-que Diego Velazquez sospechó de que el dicho Clérigo le podria hacer
-algun daño, diciendo al Rey algo de lo que en aquella isla pasaba,
-y tambien al Almirante, cuyo Teniente él era; escribió al tesorero
-Pasamonte, y el Tesorero á Conchillos, y al obispo de Búrgos, acerca de
-lo que habia predicado contra los que tenian indios ó que favorecian
-las cosas del Almirante (lo cual yo más creo, y en ello mostraba su
-desagradecimiento si ésto escribió, pues el Almirante lo envió á
-aquella isla, y le hizo della su Teniente), de donde sucedió no ser
-grato al Obispo y á Conchillos tambien, aunque lo disimuló mejor
-Conchillos que el Obispo, el dicho clérigo Bartolomé de las Casas.
-Entre tanto acordó de hablar al confesor del Rey, fraile de Sancto
-Domingo, llamado fray Tomás de Matiencio, como arriba queda declarado,
-y dalle parte de la opresion y tiranía que padecian los indios, y
-de sus calamidades, juntamente de la contradiccion que temia que el
-Obispo y Conchillos y los demas del Consejo le harian, por tener
-tantos indios, y con ellos tan gran interese, aunque eran los que
-más cruelmente eran tractados, afirmándole convenir que el Rey sólo
-debia entender este negocio primero y que al Obispo ni á Conchillos,
-ni á los que del Consejo los tenian convenia que se les diese parte.
-Habló el confesor al Rey notificándole los males é injusticias que
-en estas islas se perpetraban, y la disminucion por ellos que venia
-en los indios, y todo lo demas que el Clérigo afirmaba; y porque el
-Rey determinó de se partir para Sevilla el dia de los Inocentes,
-cuarto dia de Pascua de la Natividad, dijo al confesor, que pues
-allí no habia lugar de oille, que le dijese de su parte que se fuese
-á Sevilla, y que allí le oiria despacio, y pornia remedio en todos
-aquellos agravios y daños. Y añidió el confesor, que le parecia que
-debia dar parte al Obispo principalmente, y á Conchillos, é informalles
-de los daños que padecian aquellas gentes, y como aquestas tierras
-se despoblaban y de los remedios como eran tan necesarios; porque al
-fin aqueste negocio habia de venir á las manos dellos, y era bien
-tenellos informados, y quizá con las lástimas que de los indios contaba
-blandearan. El cual, puesto que contra su voluntad, y teniendo por
-cierto que como hubiese interese de por medio padeceria el negocio
-grandes dificultades, todavía, viendo que pues el confesor se rendia,
-era menester al Obispo y á Conchillos hablalles, acordó ir á tentallos.
-Fué primero al secretario Conchillos, el cual como sabia ya á lo que
-venia, por la carta del Arzobispo para el Rey, lo rescibió muy bien,
-y con palabras muy dulces comenzó á hacerle una manera de halagos,
-y en tanto grado con él allanarse, que pudiera el Clérigo bien
-animarse á pedille cualquiera dignidad ó provecho en estas Indias, y
-él dársela; pero, así como la divina misericordia tuvo por bien de
-sacarle de las tinieblas en que como todos los otros, perdido andaba,
-y á lo que despues pareció le eligió Dios para con increible conato
-y perseverancia declarar y detestar aquella pestilencia tan mortal,
-que tanta disminucion y extrago ha hecho en la mayor parte del linaje
-humano, así misericordiosamente obró con él quitándole toda cudicia,
-de cualquiera bien temporal particular suyo: poco le movieron las
-caricias y blanduras de Conchillos, y la esperanza que dellas pudiera
-el Clérigo tomar, para dejar de proseguir el propósito que Dios le
-habia inspirado. Determinóse tambien de hablar al Obispo por seguir el
-parecer de dicho confesor, y una noche, pidiéndole audiencia, refirióle
-por una memoria que llevaba escripta, algunas de las crueldades que
-se habian hecho en la isla de Cuba, en su presencia, entre las cuales
-le leyó la muerte de los 7.000 niños en tres meses, como arriba queda
-relatado; y agraviando mucho el Clérigo la muerte de aquellos inocentes
-por caso extraño, respondió el señor Obispo (siendo el que todo lo
-destas Indias gobernaba): «Mirad qué donoso necio, ¿qué se me dá á mí
-y qué se le dá al Rey?» por estas mismas y formales palabras. Entónces
-el Clérigo alza la voz y dijo: «¿Que ni á vuestra señoría ni al Rey
-que mueran aquellas ánimas no se dá nada? ¡oh gran Dios eterno! y ¿á
-quién se le ha de dar algo?» y diciendo ésto sálese. No faltaron allí
-presentes algunos de sus criados, que habian estado en estas Indias,
-que, en disfavor del Clérigo, al Obispo lisongearon, á los cuales
-permitió Dios despues que se ingiriesen en negocios donde hicieron á
-estas gentes hartos daños, para quizá todo junto, con los disfavores
-que dieron al Clérigo, en la otra vida lo pagasen; y áun en esta fueron
-infelices al cabo. Tornó despues á hablar al secretario Conchillos, y
-hízole entender cuán poco entendian de las Indias y en cuán poco las
-estimaban, y él mismo se lo cognosció no haberlas cognoscido; y ésto es
-cierto, que hasta que el Clérigo vino cuasi en nada las estimaban, y
-despues que él las encareció y dió noticia dellas larga, las comenzaron
-á tener en algo. Fuese, pues, el Clérigo, á Sevilla, como el Rey le
-habia mandado esperallo, para entre tanto informar al arzobispo de
-Sevilla de lo que pasaba, y disponelle para que cuando el Rey llegase
-le suplicase le oyese muy á la larga, y que estuviesen el Obispo y
-Conchillos presentes, para, delante dellos, mostrar al Rey las culpas
-que por la mala gobernacion destas Indias tenian, é imputalles todas
-las matanzas y extragos que en estas gentes se habian cometido, pues
-ellos las gobernaban; pero recien llegado el Clérigo á Sevilla, por la
-desventurada suerte de aquestas infelices indianas gentes, y tambien
-por los desmerecimientos y pecados de España, vino luégo un correo,
-que el católico Rey habia deste mundo al otro pasado. Fué grande su
-pesar y angustia que de la muerte del Rey rescibió, porque por ser el
-Rey viejo y andar á la muerte muy cercano, y de guerras desocupado,
-nacióle muy gran esperanza de que, averiguada su verdad, las Indias se
-remediaran. Y, cierto, parece que no podian concurrir en el Rey, para
-sin mucha dificultad remediarlas, otras más convenientes calidades; y
-así solia decir el Clérigo muchas veces, que para remediar las Indias
-no era menester sino un Rey, de viejo, el pié en la huesa y de guerras
-desocupado. Finalmente recobro nuevo ánimo y determinó de ir á Flandes
-á informar al príncipe D. Cárlos, y pedille remedio de tantos males,
-como á quien sucedia en aquellos y aquestos reinos.
-
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- CAPÍTULO LXXXV.
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-Muerto el rey D. Hernando católico, que haya santa gloria, tomó luégo
-la gobernacion de los reinos de Castilla y Aragon, el egrégio cardenal
-de España, don fray Francisco Ximenez, fraile de la órden de Sant
-Francisco, por el poder que el dicho Rey le dejó para gobernarlos,
-hasta que el príncipe D. Cárlos, su nieto, viniese. Y porque habia
-el príncipe D. Cárlos enviado al Rey, por Embajador, al Dean de la
-universidad de Lobayna, llamado Adriano, que despues fué Papa, y de
-secreto le dió poder para gobernar los reinos, si el Rey muriese, como
-cada dia se esperaba, por ser viejo y cansado y enfermo, juntólo el
-Cardenal consigo, y, juntos en Madrid, comenzaron á gobernar; puesto
-que sólo el Cardenal todo lo gobernaba, y solamente Adriano firmaba con
-el Cardenal las provisiones y despachos, como en la verdad el Adriano,
-sin el Cardenal, ni supiera gobernar á España, aunque doctísimo y
-sapientísimo era, ni pudiera efectuar cosa que al reino aprovechara,
-segun la condicion de la gente de España. Pues como el clérigo Casas
-se dispusiese, oida la muerte del Rey en Sevilla, para ir á Flandes,
-vínose por Madrid para dar cuenta de los males destas Indias y de su
-intento al Cardenal, y á el embajador Adriano (porque así firmaba,
-_Adrianus Ambasiator_), diciéndoles, que si podian poner remedio en
-ellos, quedaríase allí, pero si no, que pasaria adelante. Para lo
-cual, hizo en latin una relacion á Adriano de todo lo que en estas
-islas pasaba, en crueldad contra estas gentes, porque no entendia el
-Adriano cosa de nuestra lengua, sino en latin con él se negociaba.
-Hizo en romance la misma relacion al Cardenal. Como el Adriano leyó
-la relacion, quedó espantado, entendiendo por ella cometerse tan
-grandes y tan extrañas inhumanidades, como fuese pio y sincero, lo
-uno por ser de nacion flamenco, que, segun parece, son gente más que
-otra sencilla, quieta y no cruel, lo otro por su condicion particular,
-benigna y mansueta; fuese luégo al aposento del Cardenal (porque ambos
-posaban en unas casas con el infante D. Hernando, hermano del rey D.
-Cárlos, que despues fué rey de Hungría y rey de Romanos), y mostróle
-la relacion que el Clérigo le habia dado, preguntándole que si era
-posible que aquellas obras crueles en las Indias se perpetrasen. El
-Cardenal que ya sabia muchas cosas dellas por relacion de religiosos
-de su Órden, que habia rescibido de ántes, respondió que sí é muchas
-más eran las crueldades que se habian cometido en las Indias. Respondió
-finalmente al Clérigo el Cardenal, que no tenia necesidad de pasar
-adelante, porque allí se le daria el remedio que venia á buscar. Oyóle
-muchas veces todo lo que quiso decir é informar. Juntaba consigo al
-Cardenal, cuando oia al Clérigo, al Adriano y al licenciado Zapata, y
-al doctor Carabajal, y al doctor Palacios Rubios, y éste era el que
-con verdad favorescia la justicia de los indios, y oia y tractaba muy
-bien al Clérigo y á los que sentia que por los indios alguna buena
-razon alegaban; entraba tambien allí el obispo de Avila, fraile de
-Sant Francisco, compañero del Cardenal. Al obispo de Búrgos excluyó
-el Cardenal del todo de las cosas de las Indias, de que no quedó él
-poco turbado. Un dia acaeció en la dicha Junta, presente el Cardenal y
-Adriano, y los demas, que, mandando el Cardenal leer las leyes hechas
-en Búrgos el año de 1512, de que arriba en el cap. 15 hicimos mencion,
-por las quejas que el Clérigo daba de haber sido injustas por el
-engaño que habian hecho los que tenian indios acá al Rey católico, y
-á los del Consejo del Rey, (aunque habian sido ellos más que debieran
-crédulos, y quizás quisieron ser engañados algunos á sabiendas, por lo
-que esperaban tener de utilidad, como la tuvieron), y leyendo las leyes
-un criado y oficial del secretario Conchillos, llegando, creo que, á
-la ley que mandaba dar de ocho á ocho dias, ó las fiestas, una libreta
-de carne á los indios que trabajaban en las estancias ó granjas,
-quisiera aquel encubrilla, por lo que á él quizá, ó á otros que él bien
-queria, tocaba, y leíala de otra manera que la ley rezaba; pero el
-Clérigo, que la sabia muy bien de coro, y tenia bien estudiada, dijo
-luégo allí en presencia de todos: «no dice tal aquella ley.» Mandóle
-el Cardenal al que la leia tornarla á leer; leyóla de la misma manera.
-Dijo el Clérigo: «no dice tal cosa aquella ley;» el Cardenal, cuasi
-como indignado contra el Clérigo, en favor del lector, dijo, «callad
-ó mirad lo que decís.» Respondió el Clérigo, «mándeme vuestra señoría
-reverendísima cortar la cabeza, si aquello que refiere el escribano
-fulano, es verdad que lo diga aquella ley.» Entónces, tománle las leyes
-de la mano, y hallan lo que el Clérigo afirmaba. Bien se podrá creer
-que aquel fulano (que por su honor no quiero nombrar), por ventura no
-quisiera ser nacido por no rescibir la confusion que allí rescibió. No
-perdió el Clérigo nada desde entónces, cuanto al amor que el Cardenal
-le tuvo, y el crédito que siempre le dió. Informado bien el Cardenal
-de las cosas que acá pasaban, y de las razones que el Clérigo daba,
-y satisfecho no ménos de su intencion, mandóle que se juntase con el
-doctor Palacios Rubios, y que ambos tractasen y ordenasen la libertad
-de los indios y la manera como debian ser gobernados, pero el doctor
-Palacios Rubios, cognosciendo la experiencia del dicho Clérigo, cuanto
-al hecho, y la buena razon que cuanto al derecho asignaba, cometióselo
-todo á él para que en su posada lo escribiese, y despues lo trujese
-á conferirlo con él, y conferido y limado al Cardenal se presentase;
-y porque á la sazon era ya venido á la corte el susodicho padre fray
-Anton Montesino, pidió licencia el dicho Clérigo al Cardenal, para
-que se juntase tambien con el Doctor y con el Clérigo, para que
-juntos lo ordenasen, y porque posó el dicho Padre con el Clérigo, y
-dándole la ventaja por la diuturnidad del tiempo que habia que las
-cosas destas tierras y gentes, y daños que habian de los españoles
-rescibido, experimentaba, tambien se lo cometió á él sólo que lo
-pensase y escribiese, y así hecho ambos lo viesen y firmasen. Hizo
-el Clérigo la traza, segun lo que sintió que para el remedio de los
-indios convenia, el fundamento del cual era ponellos en libertad,
-sacándolos de poder de los españoles, porque ningun remedio podia
-ponérseles para que dejasen de perecer quedando en poder dellos, y así
-se fenecian y estirpaban los repartimientos que llamaron encomiendas,
-como pestilencia mortal que aquellas gentes consumia, como despues fué
-bien averiguado, segun parecerá; y porque convenia dar manera para
-que los españoles se pudiesen sustentar, porque, quitados los indios,
-quedaban desmamparados segun estaban mal vezados, á no saber más de
-mandar á los indios y mantenerse de sus sudores y de su sangre, dió
-tambien remedios como los españoles que hasta entónces estaban en estas
-Indias, que no eran muchos, se pudiesen ocupar, y granjear y vivir
-en la tierra, sin pecado, ayudándose, ó de sus manos los que podian
-y solian en sus tierras trabajar, ó de su industria granjeando, y no
-fuese toda su vida, como lo habia sido, estar holgazanes. Todo lo cual
-pareció primero bien al padre fray Anton Montesino, que estaba en su
-posada, y despues, llevado al doctor Palacios Rubios, tambien lo aprobó
-en su estancia, puesto que él lo mejoró, añidió y puso en el estilo de
-corte, y así lo llevó al Cardenal y al Adriano, teniendo Consejo sobre
-ello. Ya dijimos que no estaban otros en este Consejo por entónces,
-con el Cardenal, sino el Adriano y el obispo de Avila, y el licenciado
-Zapata y el doctor Carabajal, y el doctor Palacios Rubios, y á éste el
-Cardenal, en estos negocios de las Indias, daba más crédito que á todos
-los otros.
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- CAPÍTULO LXXXVI.
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-Despues de haber bien platicado el Cardenal y los demas que en aquel
-Consejo entraban, y considerada y disputada la órden que el Clérigo,
-para que los indios saliesen de tanta calamidad y consiguiesen su
-pristina y natural libertad, y como los españoles tambien pudiesen
-tener manera para en la tierra se sustentar, habia dado, y añadido ó
-quitado algo de las circunstancias, segun mejor les pareció, aunque
-ninguna cosa mudaron de la sustancia, y determinado que se proveyese
-de buscar personas fieles que fuesen á ejecutallo, llamó el Cardenal
-al Clérigo y encomendóle que las buscase cuales convenia para que
-dellas tal obra se confiase. Pensando el Clérigo en quién serian,
-como conociese pocas ó ningunas en Castilla por haber morado tantos
-años en estas Indias, ocurrióle á la memoria un religioso de Sancto
-Domingo, llamado fray Reginaldo Montesino, hermano del mismo padre
-fray Anton Montesino, de la misma órden de Sancto Domingo, hombre
-letrado, predicador prudente y experimentado, y no poco hábil en las
-cosas agibles; y hablando un dia con el obispo de Avila sobre ello,
-y diciéndole que no conocia otro sino aquel Padre, díjole el Obispo:
-«mejor será que la eleccion de las personas que hayan de ir á poner
-por obra este negocio remitais al señor Cardenal, que tiene más
-experiencia que vos de personas en Castilla.» Hízolo así, para lo cual
-escribió una Memoria en que puso las calidades que las personas que á
-poner en ejecucion aquella órden habian de ir debian tener, conviene á
-saber, que fuesen cristianas, religiosas, prudentes y experimentadas,
-rectas y amadoras de justicia, y de las angustias de los pobres y
-desmamparados compasivas, y porque fácilmente su reverendísima señoría
-cognoscería mejor las tales personas, en quien las dichas calidades
-concurriesen, que él en Castilla, le suplicaba tuviese por bien de la
-eleccion dellas tomalla sobre sí. Llevándole aquesta Memoria, díjole
-con graciosa y alegre cara el Cardenal: «Pues padre, ¿tenemos buenas
-personas?» Respondió el Clérigo: «por el papel lo verá vuestra señoría
-reverendísima.» Visto el papel ó memoria, consideró el Cardenal que
-todas aquellas condiciones se hallarian bien, y por la mayor parte, en
-religiosos de Sant Hierónimo, y puesto que tambien se hallaran en los
-de Sancto Domingo y de Sant Francisco, pero porque sabia que los años
-pasados habian ido á la corte los Franciscos, por induccion de los
-seglares, contra los Dominicos, como arriba cuasi en el principio deste
-libro se vido, parece haberse prudentemente movido el Cardenal á no
-tomar de las dichas dos Órdenes, sino de otra, por evitar lo que podia
-en disfavor de la una ó de la otra sentirse ó decirse. Y para efecto
-desto determinó escribir al General de la órden de Sant Hierónimo, que
-en el monasterio llamado Sant Bartolomé de Lupiana siempre reside,
-que porque el Rey determinaba de poner órden y remedio en las Indias,
-y habian menester personas que la ejecutasen de mucha confianza, y
-virtud, y religion, por ser la obra importantísima, y entendia que
-en aquella Órden las habia, le rogaba encarecidamente que le diese
-algunos religiosos della, para que con las provisiones y poderes del
-Rey viniesen á estas tierras á ejecutar lo que se habia determinado,
-para remedio de las gentes dellas, en cuyo viaje y ejercicio supiese
-de cierto que ofrecerian á Dios inestimable sacrificio, y el Rey por
-su parte rescibiria muy señalado servicio. Rescibidas estas letras,
-el General convocó luégo todos los Priores de toda la provincia de
-Castilla para celebrar Capítulo, que ellos llamaron Capítulo privado,
-y juntos en Sant Bartolomé de Lupiana propuso el General á todos la
-demanda y ruego del Cardenal; la cual oida, todos acordaron, que, pues
-la obra era de tanto mérito, cuanto á Dios, y en sí pia, y que el Rey
-lo recibiria por gran servicio, que obedeciese la voluntad y ruego
-del Cardenal, y para ello señalaron 12 frailes escogidos entre todos
-los de la provincia, para que de los 12 tomase el Cardenal cuantos
-le pluguiese, y que fuesen cuatro Priores señalados con este recaudo,
-y á ofrecelle de parte de la Órden todo el restante della, para en
-semejantes obras servirse segun le pluguiese. Vinieron los cuatro
-Priores á Madrid, donde la corte, como se dijo, entónces residia, y
-como el Clérigo desease muy mucho la respuesta buena de la órden de
-Sant Hierónimo, fué un domingo á oir ó á decir misa á Sant Hierónimo,
-que está un rato fuera de la villa, y, andando por la sobre-claustra,
-estaba rezando un religioso viejo y bien viejo, y llegóse á él y
-preguntóle si sabia algo de lo que el Cardenal les habia enviado á
-pedir; respondió que sí, porque él era uno de cuatro Priores que traian
-la respuesta de la Órden, y buen recaudo de lo que el Cardenal les
-pedia. Anoche, dijo él, vinimos, ya lo sabe el señor Cardenal, y á la
-tarde ha de venir acá, donde le diremos y ofreceremos lo que digo. No
-se podria fácilmente pronunciar el alegría que el Clérigo de tales
-nuevas rescibió, y díjole: «Pues yo soy, padre reverendo, un clérigo
-venido de las Indias, que solicita estos remedios por ésto, por ésto y
-por ésto.» Y así le refirió en breve las angustias, muertes, opresiones
-y calamidades y perdicion de los indios, las causas dellas, la cudicia
-de nuestros españoles, con las crueldades que en ellos habian hecho y
-quedaban haciendo, la obra para que el Cardenal los llamaba cuál era, y
-de grandes siervos de Dios cuán digna. Dijo el bueno del Prior, por la
-relacion y espresion de la grandeza y mérito de la obra que el Clérigo
-le significó, con celo de virtud ya rendido: «Pluguiera á Dios que yo
-fuera de algunos años atras, para poderme dedicar á tan sancto camino,
-porque yo me tuviera, muriendo en la demanda, por felicísimo.» Fuese
-el Clérigo á comer lleno de espiritual regocijo, haciéndosele cada
-hora hasta la tarde más que un dia. A la tarde cabalgó el Cardenal y
-el Adriano, y toda la corte con ellos, donde habia muchos caballeros
-y algunos Grandes, y porque era verano tenian los religiosos muy
-aparejada la sacristía, que es cosa muy fresca, y allí entraron el
-Cardenal y el embajador Adriano, y el obispo de Avila, y el licenciado
-Zapata, doctor Carabajal y doctor Palacios Rubios, y los cuatro Priores
-que traian el recaudo; quedóse toda la corte en el coro bajo que
-ante la sacristía está. Ofrecieron los cuatro Priores su respuesta
-por toda su Órden, y los 12 religiosos que habian en su Capítulo
-privado nombrado, con todo lo demas que su señoría reverendísima
-quisiese servirse della, en especial para negocios tan calificados,
-donde concurrian honra y gloria de Dios y servicio del Rey, con tanto
-provecho como se pretendia y esperaba de las ánimas. El Cardenal, de
-parte del Rey y suya, mucho se lo agradesció, y comenzó á engrandecer
-la calidad del negocio, y cuánto en ejercitar ó ejecutar lo que estaba
-acordado servirian á Dios, y de donde habia grandísimo beneficio y
-liberacion para estas gentes de resultar, y á vueltas desto el Cardenal
-encareció muy mucho el celo y solicitud del dicho Clérigo, en haber
-venido de tan lejas tierras, por aquestas océanas mares, sin pretender
-cosa propia temporal, repitiendo algunas veces: «Ahora creed que
-_divinitus_ ha venido acá este Clérigo.» Despues de haber platicado en
-ésto y en lo que se debia hacer para efecto del breve despacho, mandó
-el Cardenal que buscasen y llamasen luégo los porteros al Clérigo, el
-cual estaba en el sobre-cláustro del mismo monasterio, esperando lo
-que habia de salir de aqueste acto, encomendando á Dios los alumbrase,
-y cuasi estaban todas las puertas cerradas; y como no lo hallasen,
-preguntando á todos por el Clérigo de las Indias, de manera que fué
-notorio á todos los caballeros y Grandes y corte que dijimos estar en
-el coro bajo, junto á la sacristía, van corriendo á Madrid á buscallo
-y no lo hallan. El Clérigo, ya cansado de esperar, determinó bajarse y
-no halló puerta abierta; pero descendió por la escalera que descendia á
-la sacristía donde estaba el Cardenal, con los que con él estaban, que
-tenian la puerta cerrada, y oyendo hablar llamó y respondieron diciendo
-si habian visto al Clérigo de las Indias, dijo: «yo soy», dicen que se
-vaya por otra parte porque por aquella puerta no podia entrar. Tórnase
-por donde habia descendido, y finalmente halla puerta para salir al
-cuerpo de la Iglesia, y della pasa por medio del coro donde estaban
-todos los señores y grandes sentados, el cual fué de todos bien mirado,
-y es de creer que el obispo de Búrgos lo miraria más, y quizá con harto
-dolor de su ánima, considerando que le habian excluido del Consejo de
-las Indias, donde tanto habia mandado, por su causa. Y parece que al
-Obispo quiso dar Dios aquel tártago con aquella prosperidad del Clérigo
-en favor de la verdad que el Clérigo tractaba, porque le menospreció y
-trató mal en Plasencia, como en el capítulo 84 se declaró, debiéndole
-rescibir como á un ángel del cielo enviado para despertarlo del sueño
-y ceguedad en que estaba. Entrado, híncase de rodillas el Clérigo ante
-el Cardenal, el cual, con graciosa y benigna cara le dijo: «Dad, padre,
-gracias á Dios que se van aparejando de cumplir los deseos que Dios os
-ha dado; estos padres Priores de la órden de Sant Hierónimo traen doce
-religiosos señalados, para que dellos tomemos los que fueren, para que
-lleveis á poner en órden aquellas Indias, necesarios, há parecido que
-bastan tres, iros heis esta noche á la posada y daros hán cartas del
-crédito que habeis de llevar para su General y dineros que gasteis.
-Llegando allá, representareis al dicho General las calidades que deben
-concurrir en las personas que conviene que vayan á las Indias para este
-negocio tan árduo, y despues de conferido entre él y vos, los tres que
-de los doce que vienen nombrados escogiéredes aquellos se señalen, y
-habido el primero que de los tres más presto halláredes, veníos con él
-á esta corte, y hacerse hán los despachos, y de camino para Sevilla
-los podeis despues llevar.» El Clérigo, con intensísimo gozo y poco
-ménos que llorando, dijo al Cardenal: «Yo, señor reverendísimo, hago
-inmensas gracias á Dios que tan inestimable bien me ha hecho en oir
-tales palabras, y por la esperanza que por ellas concibo de ver en vida
-de vuestra señoría reverendísima aquellas tristes y opresas gentes
-remediadas, y suplico á nuestro Señor remunere á vuestra señoría obra
-tan heróica con gran premio en su bienaventuranza; yo haré con todo
-cuidado lo que vuestra señoría reverendísima me manda, y en cuanto á
-los dineros no los hé menester, porque para gastar y sustentarme en
-este negocio yo tengo hartos.» Dijo el Cardenal sonriéndose: «Andá,
-padre, que soy más rico que vos;» y ésto dicho, el Clérigo sálese, y
-el Cardenal quedó diciendo _multa favorabilia de Joanne_. Desde á poco
-salió el Cardenal y la corte toda con él para su posada, y uno de los
-Priores, llamado fray Cristóbal de Frias, todo cano y de aspecto muy
-venerando, teólogo, y segun se decia el principal en letras que tenia
-entónces su Órden, juntóse con el Clérigo á hablar muy familiarmente,
-queriendo ser informado de las cosas destas Indias, de las cuales oyó
-hartas; y entre otras palabras dijo al Clérigo: «Basta, señor, que
-teneis bien ganado el corazon del Sr. Cardenal,» dándole á entender la
-mucha gracia que con el Cardenal habia alcanzado, y el crédito que en
-los negocios destas Indias le daba.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXXXVII.
-
-
-A la noche fué el Clérigo á la posada del Cardenal y mandóle dar
-los despachos, y con ellos le dieron para su camino 20 ducados, los
-cuales, porque no pareciese tenerlos en poco, los quiso tomar. Luégo
-otro dia se partió para Sant Bartolomé de Lupiana, que está de Madrid
-10 ó 11 leguas, si no me engaño, y dadas las cartas al General, fué
-rescibido muy bien, y habiendo cenado el Clérigo, comenzaron luégo
-á tractar del negocio á que su venida se enderezaba. Y dichas las
-calidades que debian, segun entendia el Clérigo, en los religiosos
-que para el viaje y negocio se enviasen, concurrir, dijo el General:
-«Señor, de los 12 nombrados que traeis, uno está presente aquí de
-los que vinieron á este nuestro Capítulo, que aún no es ido; éste me
-parece que si quereis podeis escoger, porque es hombre cuerdo y algo
-teólogo y buen religioso, y tambien robusto para sufrir trabajos,
-llamado fray Bernardino Manzanedo.» El Clérigo le dijo que lo mandase
-llamar y le propusiese la obra que se queria encargar, y aun que se
-lo mandase, presuponiendo el Clérigo, que, como fuese religioso, y
-por todo el Capítulo entre los doce nombrado, que no podia sino ser
-persona conveniente para llevarle con los demas. Vino al llamado del
-General, fuéle propuesto el negocio arduísimo, aunque muy meritorio,
-que se le queria imponer; dále el Clérigo gran esperanza de servir
-mucho á Dios por le hacer el gran beneficio que en aquel viaje habian
-de conseguir tan infinitos prójimos. Respondió, como cuerdo hombre,
-poniendo delante las pocas fuerzas de virtud y sabiduría que conocia
-en su persona para negocio tan grande, y por tanto que suplicaba á
-su paternidad no le mandase cosa tan árdua y de tanta dificultad, si
-posible era; pero que al fin, como hijo de obediencia, no podia sino
-obedecer referida primero su insuficiencia é inhabilidad. Insiste mucho
-el Clérigo que se lo mandase sin admitille sus excusas, añidiendo
-que el negocio, supuestas las fuerzas y ayuda que Dios daria en obra
-tan manifiestamente justa y sancta, sería fácil, é que no desechase
-de sí tesoro que Dios le ofrecia tan señalado, por pusilanimidad.
-Finalmente se lo mandó, y él lo aceptó, y el Clérigo se contentó y
-alegró, no de la cara, porque la tenia de las feas que hombre tuvo,
-sino de la religion y virtud que tener dél estimaba. Platicaron sobre
-quién serian los otros dos, y referidas las calidades de una y de otra
-parte, acordaron que fuese uno el Prior de la Mejorada, nombrado fray
-Luis de Figueroa, y el otro el Prior de San Hierónimo de Sevilla.
-Pidió el Clérigo las obediencias para los dos, y la del Prior de la
-Mejorada envióla luégo con un mensajero, y escribióle que se fuese á
-Madrid luégo á juntar con él y con el fray Bernardino, y la otra dejóla
-para llevarla él cuando para Sevilla se partiesen. Y por cumplir con
-lo quel Cardenal le habia mandado, de con el primero de los frailes
-que nombrase se fuese luégo para Madrid, partiéronse luégo otro dia,
-el Clérigo, al ménos, muy alegre y regocijado, el cual no veia la
-hora que llevar su negocio adelante. Fué luégo á besar las manos al
-Cardenal, llevando al religioso consigo para que tambien se las besase
-y ofreciese su persona para ir á servir en lo que mandaba. Dióle cuenta
-el Clérigo de lo hecho, y cuáles eran las otras dos personas, segun
-la relacion que el General le habia dado, y cómo habia despachado la
-obediencia para el Prior de la Mejorada, al cual en breve lo esperaba;
-el Cardenal se holgó mucho de ver cuán en breve y cuán bien el Clérigo
-traia su recaudo, y mandó luégo entender en sus despachos. Llevó el
-Clérigo al fray Bernardino á su posada, y en ella recreaba cuanto le
-era posible al dicho Padre. Vino luégo el Prior de la Mejorada, y
-trujólo el Clérigo tambien á su posada; y como si la salvacion ellos le
-hubieran de dar, de lo que tenia, que no era demasiado, los sustentaba,
-y hasta gastar con ellos cuanto tuviera los sustentara. Pero como los
-españoles destas islas y Procuradores que habian ido dellas á España,
-para negociar sus propios intereses con perdicion destas ánimas,
-entendieron los negocios del Clérigo que iban adelante, y venidos los
-dos frailes, de quien poco bien segun imaginaban que el Clérigo habia
-rodeado esperaban, aguardaban á los frailes cuando salian de la posada
-del Clérigo, y en topándolos blasfemaban del Clérigo, diciendo que era
-su enemigo capital, y que los queria destruir como hombre perverso y
-malo, y que no les iban á servir é informar de sus maldades por estar
-con él sus reverencias y paternidades en una posada; estuvieron así
-los frailes con el Clérigo pocos dias, y acordaron de se ir á posar á
-un hospital que hay en Madrid, llamado Sancta Catalina, de su Órden,
-donde vivian unos donados. Fué para los españoles destas Indias, que
-allí á la sazon estaban, apartarse del Clérigo los frailes, alegría
-inestimable; allí, de dia y de noche, todos cuantos ellos eran les
-tenian palacio, y en otra materia no hablaban sino en decir mal del
-Clérigo y de los miserables indios, infamándolos de bestias y que eran
-unos perros, y en todo cuanto podian, para en pago de lo que les habian
-servido y muerto por sus crueldades, y matándoles la hambre, habiendo
-venido á estas tierras andrajosos y llenos de piojos, aniquilándolos.
-Fué de tanta eficacia la conversacion que de noche y de dia tuvieron
-los frailes con ellos, y tan abiertos tuvieron los oidos á todo lo
-que decirles en perjuicio del Clérigo y de los indios querian, que no
-curaban en nada del Clérigo, de vello ni de oillo ni de informarse
-dél, teniéndolo por sospechoso, como si procurara negocio y utilidad
-suya propia, dando crédito á las relaciones que á ellos les hacian,
-todas ordenadas para su temporal interese y en opresion y destruccion
-de los indios, como si fueran hatos de ganados que el Clérigo les
-quitara ó algunas cosas insensibles; y cresció tanto este crédito
-que los frailes tuvieron de lo que aquellos, para en favor de sus
-cudicias y tiranías, les decian, que cuando hablaban los frailes con
-otros no era menester para su defensa que estuviesen ellos presentes,
-y así, acaeció un dia, que, yendo los frailes á hablar al doctor
-Palacios Rubios, tanto dijeron en favor de los españoles contra los
-tristes y desmamparados indios, que les respondió el doctor: «A la
-mi fe, padres, poca caridad me parece que teneis para tractar este
-negocio de tanta importancia á que el Rey os envia.» El cual, desde
-aquella hora, tuvo estima dellos que iba el negocio en sus manos
-perdido, y determinó de impedir en cuanto pudiese su ida. Y porque
-le daban priesa del Consejo Real (y segun se sospechó de industria,
-los que tenian parte ó arte en los intereses de estas Indias, y les
-pesaba del bien y reformacion que el Cardenal enviaba para remedio
-de los indios), que el dicho doctor fuese á la Mesta, que se hace en
-Berlanga por Agosto el dia de Sant Bartolomé, acordó de ir á hablar
-al Cardenal para decille que por ninguna manera convenia que aquellos
-frailes fuesen con aquel cargo á las Indias, porque no habian de hacer
-cosa buena, segun la mala disposicion que por estar imbuidos de los
-seglares ya concebido habian contra los indios. Fué pues el doctor
-Palacios Rubios al Cardenal, puesto que con gran trabajo, por estar de
-gota muy tollido, y, porque el Cardenal á la sazon estaba de cámaras
-enfermo y en mucho peligro, tardó algunas horas esperando en su Cámara
-hablalle y nunca pudo. Tornó otro dia y fué lo mismo, y por no poder
-más esperar partióse harto triste, y el Clérigo, por sentir el daño
-que podrian hacer con su venida de aquella manera dispuestos, quedó
-tristísimo. Plugo á Dios que convalesció el Cardenal y mandó luégo
-concluir las provisiones y despachos para que los frailes y el Clérigo
-aparejasen su partida, los cuales fueron: lo primero, se despachó
-Cédulas para que en llegando se quitasen los indios á los del Consejo
-del Rey y á todos los que residian en Castilla, como fué al secretario
-Conchillos que tenia, segun era público, 1.100 indios, y al obispo de
-Búrgos 800, y á Hernando de Vega otra multitud dellos, al licenciado
-Moxica que no debian ser ménos de 200, y á otros que se sospechaba
-tener en cabeza agena indios. Desde entónces nunca los del Consejo
-tuvieron en las Indias, al ménos públicamente, si quizá no secreta y
-con cautela, indios; de aquí quedó el Clérigo un poquillo sobre lo
-demas de todos aquellos señores poderosos mal quisto. Proveyóse otra
-Cédula, que luégo, en llegando los frailes, se quitasen los indios
-que tenian muchos los Jueces y oficiales del Rey, como arriba queda
-dicho, que tenian, y eran los que peor y más cruelmente los trataban,
-como tambien fué referido; proveyóse tambien que á todos éstos se les
-tomase residencia, porque habian vivido como moro sin Rey, como dicen,
-mayormente despues que fueron causa que anduviese fuera de su casa el
-Almirante, habiendo ido á Castilla. Señalóse un colegial del colegio
-del cardenal de Valladolid, llamado el licenciado Zuazo, hijodalgo
-natural de Segovia, para que se la tomase, por Juez de residencia,
-y tuviese toda la gobernacion entre tanto desta isla. Los frailes
-no vinieron por gobernadores segun algunos creian, sino solamente á
-entender y ejecutar lo que se habia ordenado tocante á los indios.
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXXXVIII.
-
- En el cual se contiene la Instruccion que llevaron los frailes
- Hierónimos, cerca de lo que habian de hacer para poner en libertad
- los indios, y primero se puso cierto preámbulo.
-
-
-«Lo primero que deben hacer los Padres que fueren á las Indias para
-las reformar, en llegando á la isla Española hagan llamar ante sí los
-principales cristianos, viejos pobladores, y decirles que la causa
-principal de su ida es los grandes clamores que acá se han hecho contra
-ellos y contra los otros pobladores, especialmente contra los que han
-tenido y tienen indios encomendados, que los han maltratado y hecho
-muchos males, matando á muchos dellos sin causa y sin razon, tomándoles
-sus mujeres é hijas y haciendo dellas lo que han querido, haciéndolos
-trabajar demasiadamente y dándoles poco mantenimiento, compeliendo á
-las mujeres y á los niños á que trabajasen, y haciendo á las mujeres
-malparir y no dejándolas criar sus criaturas, y otras muchas fuerzas
-y daños de que se dieron grandes memoriales al reverendísimo señor
-Cardenal, los cuales llevan los dichos Padres. Y porque Sus Altezas
-y el reverendísimo señor Cardenal y el señor Embajador quieren saber
-la verdad de todo ésto como pasa, para lo proveer y remediar porque
-las islas no se pierdan del todo, mandaron á los dichos Padres que
-de todo ello se informen para que se proveyese y remediase; que los
-dichos pobladores digan lo que saben de cómo ésto ha pasado y pasa,
-y, si vieren los Padres que conviene, tomalles juramento que dirán la
-verdad, y por otra parte tambien ellos se informen dello. Háganles
-entender como todo ésto se hace para la conservacion dellos, y de los
-indios, y de las dichas islas, y que si de voluntad y consentimiento
-de partes se pudiere hallar y tomar algun buen medio, con que Dios y
-Sus Altezas sean servidos, y ellos y los indios aprovechados, y las
-islas remediadas, que aquel se tomará. Por tanto, que ellos y los otros
-hombres, principales pobladores, se junten y hablen y platiquen en
-ello, y piensen más sobre ello, y con lo que acordaren vuelvan á los
-Padres y se lo digan; ésto y todo lo que más á los Padres pareciere
-díganlo á las personas principales. Despues llamen á los principales
-Caciques de la isla, y díganles como á Sus Altezas, y al reverendísimo
-señor Cardenal, y al señor Embajador ha sido hecha relacion de su
-parte, como en los tiempos pasados han sido muy opresos y agraviados de
-los pobladores que allá han ido, y están en muchas maneras contenidas
-en ciertas peticiones y memoriales, que sobre ello fueron dadas por
-ciertos religiosos y clérigos, y porque la voluntad de Sus Altezas y
-del reverendísimo señor Cardenal y del señor Embajador ha sido y es de
-remediar y castigar los males pasados, y proveer en lo venidero para
-que ellos y sus indios, de aquí adelante, sean bien tratados, pues son
-cristianos, y libres, y súbditos de Sus Altezas, mandaron á los dichos
-Padres que fuesen allá, y se informasen de todo ello, y supiesen la
-verdad de cómo ha pasado, para que se proveyese así en en el castigo
-de lo pasado, como en el remedio de lo venidero. Por tanto, que ellos
-lo debian hacer saber á los otros Caciques y á sus indios, para que
-entre sí platicasen sobre ello y pensasen en lo que se podia y debia
-hacer, así en lo pasado como en lo venidero; y que si algun buen
-medio se hallase, de voluntad de partes, para que Dios y Sus Altezas
-fuesen servidos y los Caciques y sus indios fuesen bien tratados, como
-cristianos y hombres libres, pues lo son, y ellos los otros pobladores
-pudiesen justamente ser aprovechados, que se lo dijesen, que siendo tal
-aquel se tomaria, que pensasen sobre ello, y que sean ciertos que la
-voluntad de Sus Altezas y del reverendísimo señor Cardenal y del señor
-Embajador es que ellos sean tratados como cristianos y hombres libres,
-y que ésta es la causa principal, porque mandaron á los dichos ir á
-aquellas partes. Y porque los Caciques y los indios crean lo que estos
-Padres les dijeren, deben, al tiempo que los hobieren de hablar, tener
-consigo algunos otros religiosos de los que allá están cognoscidos, de
-quien ellos tienen confianza que les dicen verdad y procuran su bien, y
-tambien porque entienden su lengua.»
-
-Aquí es bien que se diga, que como el Clérigo viese tan arraigada la
-tiranía en aquellas islas, y en aquella parte de tierra firme, donde
-habia españoles, que no era otra sino la del Darien y por aquellas
-provincias, y que por ella perecian en aquellas tierras aquestas
-gentes, no osaba decir ni tocar diciendo ni mentando ni alegando
-libertad de los indios, como si huyera de decir alguna cosa que fuese
-absurda ó blasfema, hasta que un dia, hablando con el Cardenal en la
-opresion y servidumbre que padecian, y tocando que con qué justicia
-podian ser así en ella ó con ella afligidos, respondió el Cardenal
-con ímpetu: «Con ninguna justicia; ¿por qué? ¿no son libres? ¿quién
-duda que no sean libres?» Desde allí el Clérigo á boca llena osaba en
-todo lugar alegar que los indios eran libres, y que todo lo que con
-ellos se habia hecho era contra su libertad natural, y todo lo que
-alegaba contra la tiranía de los españoles y por los indios fundaba
-sobre aqueste principio. Así que parece bien que el Cardenal habia
-bien entendido la raíz y fundamento de la justicia que se hacia á los
-indios por la servidumbre horrible que padecian, pues tantas veces en
-el preámbulo recitado los llamaba y afirmaba ser libres.
-
-La Instruccion que los dichos religiosos llevaron, comenzaba desta
-manera:
-
-«Memorial ó Instruccion que han de llevar los Padres que por mandado
-de su reverendísima señoría y del señor Embajador han de ir á reformar
-las Indias.--Primeramente, parece que los religiosos que allá van
-deben visitar la tierra por sí mismos, en cada isla lo que buenamente
-pudieren, é informarse del número de los Caciques y de los indios
-que cada Cacique tiene, y tambien de todos los otros indios que hay
-en cada isla. Item, se han de informar de cómo han sido tractados
-hasta aquí por las personas que los han tenido encomendados, y por
-los Gobernadores y justicias y otros ministros; lo que cerca dello
-hallaren háganlo poner por escripto, para que sobre ello se provea
-lo que convenga. Otrosí, los dichos religiosos, visitando las islas,
-especialmente la Española y Cuba, y Sant Juan y Jamáica, vean la
-disposicion de la tierra, mayormente lo que es cerca de las minas
-donde se saca el oro, y miren dónde se podrán hacer poblaciones de
-lugares, para que de allí puedan ir á las minas con ménos trabajo, y
-conveniente á los indios que allí moraren, y que haya rios cerca para
-sus pesquerías y buena tierra para labranzas. La primera sea la isla
-Española y Jamáica, y despues Sant Juan; la postrera Cuba. Débense
-hacer pueblos de 300 vecinos, pocos más ó ménos, en que se hagan tantas
-casas cuantos fueren los vecinos, como ellos las suelen hacer, de tal
-manera, que, aunque se acreciente la familia, como mediante Dios se
-acrecentará, puedan caber todos en ella, haciendo iglesia la mejor que
-ser pueda, y calles y plaza para que sea lugar en forma, y la casa del
-Cacique cerca de la Plaza, mayor y mejor que las otras, porque allí
-han de concurrir todos los otros. Item, haya un hospital como abajo se
-dirá. Estos pueblos se hagan, cuanto ser pudieren, á voluntad de los
-Caciques y de los indios en cuanto al sitio, porque no resciban pena de
-mudarse, haciéndoles entender como todo ésto se hace para su beneficio,
-y para que sean mejor tractados que hasta aquí; y los que estuvieren
-muy léjos de las minas hagan allá pueblos y crien ganados, y cojan pan,
-y algodon y otras cosas, y dello paguen tributo al Rey, nuestro señor,
-lo que bien visto fuere respecto destos otros; y otro tanto se haga en
-las islas donde no se cogere oro y sean tales que deban estar pobladas,
-porque se les hará de mal venir de léjos, y rescibirian peligro en la
-mudanza, y que la Çabana esté siempre poblada, porque está cerca del
-puerto y muy aparejada para la contratacion de Cuba y tierra firme.
-Débese dar á cada pueblo término conveniente, apropiado, á cada lugar
-ántes más que ménos, por el augmento que se espera, Dios mediante;
-este término debe ser repartido entre los vecinos del lugar, dando
-de lo mejor, á cada uno dellos, parte de tierra donde puedan plantar
-árboles y otras cosas, y hacer montones para él y para toda su familia,
-mas ó ménos, segun la calidad de su persona y cantidad de la familia,
-y al Cacique tanto como á cuatro vecinos. De lo restante quede para el
-pueblo para ejidos y pastos, y estancias de puercos y otros ganados.
-A estos pueblos se deben traer los Caciques é indios más cercanos á
-aquel asiento que se tomare para la poblacion, porque queden en su
-popria tierra y vengan de mejor gana, y negóciese con los Caciques
-que ellos los traigan de su voluntad sin les hacer otra premia, si
-así se pudiere hacer; y estos Caciques tengan cuidado de sus indios
-en regillos y gobernallos, como adelante se dirá. Si los indios de un
-Cacique bastaren para una poblacion, con aquellos se haga, y si no que
-se junten otros Caciques de los más cercanos y que cada Cacique tenga
-superioridad en sus indios como suele; y que estos Caciques inferiores
-obedezcan á su superior como suelen, y el Cacique principal ha de tener
-cargo de todo el pueblo, juntamente con el religioso ó clérigo que
-allí estuviere, y con la persona que para ello fuere nombrada, como
-adelante se dirá. Y si algun castellano español, de los que allá están
-ó fueren á poblar, quisiere casar con alguna Cacique ó hija de Cacique
-á quien pertenece la sucesion por falta de varones, que este casamiento
-se haga con acuerdo y consentimiento del religioso ó clérigo, y de la
-persona que fuere nombrada para la administracion de aquel pueblo, y,
-casándose desta manera, éste sea Cacique y sea tenido y obedecido y
-servido como el Cacique á quien sucedió, segun y como abajo se dirá de
-los otros Caciques, porque desta manera muy presto podrán ser todos los
-Caciques españoles y se excusarán muchos gastos. Item, que cada lugar
-tenga jurisdiccion por sí en sus términos, y que los dichos Caciques
-tengan jurisdiccion para castigar á los indios que delinquieren en el
-lugar donde él fuere superior, no solamente en los suyos, mas tambien
-en los de los otros Caciques inferiores que viven en aquel pueblo;
-ésto se entiende de los delitos que merecen hasta pena de azotes y no
-más, y en éstos, que no lo puedan hacer ni ejecutar ellos solos, sin
-que á lo ménos intervenga el consejo y consentimiento del religioso ó
-clérigo que allí estuviere, lo demas quede á la justicia ordinaria de
-Su Alteza; y si los Caciques hicieren lo que no deben, sean castigados
-por la justicia ordinaria, y si hicieren agravio á los inferiores,
-remédielo la justicia ordinaria. Los oficiales para la gobernacion del
-pueblo, así como Regidores, ó Alguacil ú otros semejantes, sean puestos
-y nombrados por el dicho Cacique mayor, y por el dicho religioso ó
-clérigo que allí estuviere, juntamente con aquella persona que se
-nombrare por Administrador de aquel lugar, y en caso de discordia
-por los dos dellos. Y, porque en cada pueblo se hagan las cosas como
-deben, conviene que se nombre una persona que tenga la administracion
-de uno, ó de dos, ó de tres, ó de más lugares, segun la poblacion
-fuere, el cual viva en un comedio conveniente para hacer su oficio,
-en una casa de piedra, y no dentro en el lugar, porque los indios no
-resciban daño ó alteracion de la conversacion de los suyos; éste ha
-de ser español, de los que allá han estado, siendo hombre de buena
-conciencia y que haya bien tractado los indios que tuvo encomendados,
-que sabrá bien regir é gobernar y hacer lo que conviene á su oficio. Lo
-que éste ha de hacer es, que ha de visitar el lugar ó lugares que le
-fueren encomendados y entender con los Caciques, especialmente con el
-principal de cada lugar, para que los indios vivan en policía, cada uno
-en su casa con su familia, y trabajen en las minas y en las labranzas,
-y en el criar de los ganados, y en las otras cosas que los indios han
-de hacer, segun adelante se dirá, y que no los moleste ni los apremie
-á que trabajen ni hagan más de los que son obligados, sobre lo cual se
-le encargue la conciencia; y que, al tiempo que le fuere dado el cargo,
-jure solemnemente de usar bien de su oficio, y si en algo excediere
-porqué merezca castigo, sea castigado y punido por la justicia de Su
-Alteza. Para hacer su oficio conviene que tenga consigo tres ó cuatro
-españoles castellanos, ó de otros cuales quisiere, y armas las que
-fueren menester, y que no consienta á los Caciques ni á los indios
-tengan armas suyas ni ajenas, salvo aquellas que parecieren que serán
-menester para montear, y si más personas él quisiere tener ó viere que
-le cumple, que las pueda tener pagándoles su justo y debido salario á
-vista del religioso ó clérigo que allí estuviere, y si algunos indios
-con él quisieren vivir, con tanto que de los indios no pueda tener
-más de seis, y con su voluntad, y no de otra manera, pero que á éstos
-no les pueda mandar ir á las minas, salvo servirse dellos en casa
-y en las otras cosas, y que, cada y cuando éstas se descontentaren
-de su compañía, tengan libertad de irse á los pueblos donde son
-naturales. Este Administrador, juntamente con el religioso ó clérigo,
-trabajen cuanto pudieren por poner en policía á los Caciques é indios,
-haciéndoles que anden vestidos, y duerman en camas, y guarden las
-herramientas y las otras cosas que le fueren encomendadas, y que cada
-uno sea contento con tener á su mujer y que no se la consientan dejar,
-y que las mujeres vivan castamente, y la que cometiere adulterio,
-acusándola el marido, sea castigada ella y el adúltero hasta pena de
-azotes por el Cacique, con consejo del Administrador y religioso que
-allí estuviere en el pueblo; asimismo tenga cuidado que los Caciques ni
-sus indios no truequen ni vendan sus cosas, ni las dén ni las jueguen,
-sin licencia del religioso ó clérigo ó del dicho Administrador,
-salvo en cosas de comer y hacer limosnas honestamente, y que no los
-consientan comer en el suelo. A estos administradores se dé salario
-conveniente, segun el cargo y trabajo y costa que han de tener, la
-mitad pague Su Alteza, y la otra mitad pague el pueblo ó pueblos que
-estuvieren á su cargo; y sean casados por quitar los inconvenientes que
-de allí se pueden recrecer, salvo si tal persona se hallare de quien se
-deba confiar aunque no sea casado. Y porque mejor haga su oficio, tenga
-escrito en un libro todos los Caciques é indios vecinos, y personas que
-haya en cada casa y lugar, porque se sepa si se va ó ausenta alguno ó
-deja de hacer lo que es obligado. Para que los indios sean instruidos
-en nuestra sancta fe católica, y para que sean bien tractados en las
-cosas espirituales, debe haber en cada pueblo un religioso ó clérigo
-que tenga cuidado de los enseñar, segun la capacidad de cada uno
-dellos, y administralles los Sacramentos y predicalles los domingos
-y fiestas, y hacelles entender como han de pagar diezmos y primicias
-á Dios, para la Iglesia y sus ministros, porque los confiesan y
-administran los Sacramentos, y los entierren cuando fallecieren, y
-rueguen á Dios por ellos; y hacerles que vengan á misa y se sienten
-por órden, apartados los hombres de las mujeres. Estos clérigos sean
-obligados á decir misa cada fiesta, y entre semana los dias que ellos
-quisieren, y provean como se digan misas en las estancias, las fiestas,
-en la iglesia que allá se ha de hacer, y hayan por su trabajo de
-los diezmos del dicho pueblo la parte que les cupiere, y más el pié
-de altar y las ofrendas, y que impongan á las mujeres y hombres que
-ofrezcan lo que les pluguiere, caçabí ó ajes, y que no puedan llevar
-otra cosa los dichos clérigos, por confesar y administrar los otros
-Sacramentos, ni velar los casados, ni por enterramientos. Y los dias
-de las fiestas, en la tarde, sean llamados por una campana para que se
-junten y sean enseñados en las cosas de la fe, y si no quisieren venir
-sean castigados por ello moderadamente, y que la penitencia que les
-dieren sea pública porque los otros escarmienten. Haya un sacristan,
-si se hallare suficiente de los indios, sino de los otros, que sirva
-en la iglesia, y muestre á los niños á leer y escribir hasta que sean
-de edad de nueve años, especialmente á los hijos de los Caciques y de
-los otros principales del pueblo, y que les muestren á hablar romance
-castellano, y que se trabaje con todos los Caciques y indios, cuanto
-fuere posible, que hablen castellano. Item, que haya casa en medio
-del lugar para hospital, donde sean rescibidos los enfermos y hombres
-viejos que no pudieren trabajar, y niños que no tienen padres que
-allí se quisieren recoger, y para el mantenimiento dellos hagan de
-comun un conuco de 50.000 montones, y que lo hagan desherbar en sus
-tiempos, y esté en el hospital un hombre casado con su mujer y pida
-limosna para ellos, y manténganse dello; y que pues las carnicerías
-han de ser de comun, como adelante se dirá, que se dé para el hombre y
-mujer que allí estuviere, y para cada pobre que allí se recogiere, una
-libra de carne, á vista del Cacique ó del religioso que allí estuviere
-porque no haya fraude. Los vecinos de cada lugar, y los varones de
-veinte años arriba y de cincuenta abajo, sean obligados á trabajar
-desta manera: que siempre anden en las minas la tercia parte dellos,
-y si alguno estuviere enfermo ó impedido en su lugar se ponga otro,
-y salgan de casa para ir á las minas en saliendo el sol ó un poco
-despues, y venidos á comer á sus asientos tengan de recreacion tres
-horas, y vuelvan á las minas hasta que se ponga el sol. Este tiempo
-sea repartido de dos en dos meses, ó como al Cacique pareciere, por
-manera que siempre estén en las minas el tercio de los hombres de
-trabajo. Que las mujeres no han de trabajar en las minas, si ellas de
-su voluntad y de su marido no quisieren, y, en el caso que algunas
-mujeres vayan, sean contadas por varones en el número de la tercia
-parte. Los Caciques envien con los indios que son á su cargo, divididos
-por cuadrillas, los nitainos, que ellos llaman, que fueren menester,
-para que éstos les hagan trabajar en las minas, y cojan el oro, y
-hagan lo que solian hacer los mineros, porque, segun por experiencia
-ha parecido, no conviene que haya mineros ni estancieros castellanos,
-salvo de los mismos indios. Despues que hobieren servido el tiempo
-que fueren obligados en las minas, vénganse á sus casas y trabajen en
-sus haciendas lo que buenamente pudieren y vieren que les cumple, á
-vista de su Cacique y del religioso ó clérigo que allí estuviere ó del
-Administrador. Y porque el Cacique ha de tener más trabajo, y porque
-es superior, sean obligados todos los vecinos y hombres de trabajo de
-dar al Cacique quince dias en cada año, cuando él los quisiere, para
-trabajar en su hacienda, y que no sea obligado á darles de comer ni
-otro salario, y que las mujeres y los niños y los viejos sean obligados
-á desherballe sus conucos todas las veces que sea menester. Los indios
-que quedaren en el pueblo sean compelidos á trabajar lo que justo
-fuere á los conucos y en sus haciendas, y tambien las mujeres y los
-niños. Debe Su Alteza mandar tomar las haciendas que fueren necesarias
-y más convenientes para principiar los pueblos, así de conucos como de
-ganados, estimadas en lo que justamente valieren, para que sean pagadas
-de las primeras fundiciones de la parte que perteneciere á los indios;
-y los conucos se dividan por los vecinos, á cada uno la parte que le
-cupiere entre tanto que hace otra hacienda en la tierra que le fuere
-señalada, y los ganados se pongan en mano del Cacique principal, para
-que dello se provean los indios en la manera que adelante se dirá. Si
-ser pudiere, para cada pueblo de 300 vecinos haya 10 ó 12 yeguas, y 50
-vacas, y 500 puercos de carne, y 100 puercas para criar; éstos sean
-guardados á costa de todos, como bien visto fuere, y ésto se procure de
-sostener de comun hasta que ellos sean hechos hábiles y acostumbrados
-para tenellos propios suyos. Ha de haber un carnicero en el pueblo que
-dé para cada casa medio arrelde de carne, cuando el marido estuviere
-en el pueblo y no esté en las minas, y cuando estuviere en las minas
-le den una libra á su mujer; y si más carne hobiere menester para su
-casa y familia, que la crie con su familia y la procure, y los dias que
-no fueren de carne, que se provean como les pareciere, y al Cacique
-dos arreldes. Para los que estuvieren trabajando en las minas, de sus
-mismos conucos que les cupiere, el Cacique haga que las mujeres de los
-que allá anduvieren amasen el pan que fuere menester, y el Cacique lo
-haga llevar en las dichas yeguas de comun, y ajes y maíz, y axí y todo
-lo otro que fuere menester. Haya un carnicero en las minas y dé á cada
-uno de los que allí trabajaren libra y media ó dos libras de carne,
-como bien visto fuere, y porque en aquella isla hay poco pescado, sería
-bien procurar dispensacion para comer carne algunos dias de cuaresma,
-y los otros dias que no son de carne, y por que sea mejor proveido de
-la carne, conviene que alguna parte del ganado que se hobiere de matar
-para comer ande en las minas, y si de la carne de los ganados comunes
-no hobiere abasto para los que andan en las minas, que se provea como
-otros vendan carne á precio justo, y se dé por tasa para ser pagados
-de la primera fundicion. El oro que se sacare de las minas vaya todo
-á poder del nitaino, que ha de estar como minero cada noche, como se
-suele hacer, y cuando viniere el tiempo de la fundicion, que ha de
-ser de dos en dos meses ó como á los oficiales pareciere, júntese el
-nitaino con el Cacique principal y con el Administrador, y llévenlo á
-la fundicion porque se haga con toda fidelidad; y de lo que saliere de
-la fundicion se haga tres partes, la una para el Rey, y las dos para
-el Cacique y los indios. De las dos partes del oro que perteneciere
-al Cacique y á los indios, se ha de pagar las haciendas y ganados que
-se hobieron para hacer los pueblos, y todos los gastos que se han de
-hacer de comun, lo restante se ha de dividir por casas igualmente, y
-al Cacique seis partes y á los nitainos que andan con los indios dos
-partes á cada uno. De las partes que á cada casa cupieren se han de
-comprar las herramientas y otras cosas que serán menester para sacar
-el oro, y éstas sean propias de cada uno, y escríbanse en un libro
-para que sea obligado á dar cuenta dellas, y de lo que de ésto sobrare
-cómpreles el Cacique y el clérigo y Administrador ropa y camisas,
-y doce gallinas y un gallo para cada casa, y otras cosas que les
-pareciere que hobieren menester para sus casas, poniéndolo por escrito
-para que dén cuenta dello; y si algo sobrare que se ponga en guarda en
-poder de una buena persona que dé cuenta dello cuando se la demandaren,
-escribiéndolo en cuyo poder se pone y lo que á cada uno pertenece,
-como pareciere al clérigo y Administrador. Débense poner 12 españoles
-mineros salariados de comun, la mitad el Rey y la mitad los indios,
-que tengan cargo de descubrir minas, y luégo que las hayan descubierto
-las dejen á los indios para que saquen el oro, y se vayan adelante
-á descubrir otras, y no estén ahí más ellos ni otros españoles, ni
-criados de españoles, porque no les hurten el oro ni les hagan mal,
-y el oro que éstos 12 sacaren, descubriendo las minas, sea comun y
-pártase entre el Rey y los indios, y que sobre ésto se ponga gran
-pena.»
-
-«Remedio para los españoles que allá están.--Algunos dellos se
-remediarán comprándoles las haciendas para los pueblos, como arriba
-está dicho, otros con encomendalles la administracion de los pueblos,
-otros salariándolos para mineros, otros dándoles facultad para que por
-sí y por sus familias puedan sacar oro, pagando solamente el diezmo de
-lo que sacaren siendo casados y teniendo allá sus mujeres, y los que
-no fueren casados paguen de siete uno; otros, dándoles facultad para
-que cada uno dellos pueda meter dos ó tres ó más esclavos la mitad
-varones y la mitad hembras porque multipliquen, y á los que tuvieren
-indios encomendados y otras mercedes, dándoles alguna satisfaccion y
-haciéndoles otras gratificaciones por ella. Asimismo les aprovechará
-mucho que Su Alteza les dé carabelas, aderezadas de bastimentos y otras
-cosas necesarias, para que vayan ellos mismos á tomar los caribes
-que comen hombres y son gente recia, y éstos son esclavos porque
-no han querido rescibir los predicadores, y son muy molestos á los
-cristianos y á los que se convierten á nuestra sancta fe, y los matan
-y los comen, y los que trujeren pártanlos entre sí y sírvanse dellos;
-mas, so color de ir á tomar los caribes, no vayan á otras islas ni
-tierra firme, ni prendan á los hombres que allí moraren, so pena de
-muerte y perdimiento de bienes.--Otro remedio:--Que los españoles que
-están en las islas serán gratificados si quisieren ir á poblar en la
-tierra firme, porque éstos que han sido criados en las islas, y están
-hechos á la tierra, están más aparejados y dispuestos para vivir sin
-peligro en tierra firme, que los que van de nuevo de España. Y porque
-algunos dellos deben á Su Alteza y á otras personas muchas deudas, y no
-ternán de que las pagar quitándoles los indios, que se les haga alguna
-gratificacion en que no sean presos, ni encarcelados, ni detenidos,
-si quisieren pasar á tierra firme ó á otras de las islas. Para que
-los pueblos se pongan en policía, que se muestren oficios á algunos
-de los indios, así como carpinteros, pedreros, herreros, aserradores
-de madera, y sastres, y otros oficios semejantes para servicio de la
-república. Esto es lo que parece que se debe hacer, por ahora, para el
-remedio y conservacion de los indios, hasta que se vea por experiencia
-la utilidad que dello se sigue. Pero para la ejecucion dello conviene
-que haya alguna persona poderosa que lo ejecute, porque esta mudanza
-de quitar los indios á los que los tienen encomendados les será muy
-molesta. Los Padres que allá van, verán lo que más ó ménos se debe
-hacer, y podrán quitar ó poner lo que les pareciere. Los cristianos
-viejos que hicieren mal á los indios sean castigados por las justicias
-de Su Alteza, y los indios sean testigos en la causa, y creidos, segun
-el albedrío del Juez.»
-
-
-
-
- CAPÍTULO LXXXIX.
-
-
-La sustancia y órden de todos estos capítulos é Instruccion, que los
-religiosos de Sant Hierónimo llevaron, dió y ordenó el susodicho
-clérigo Casas, pero muchas cosas en ella el Cardenal y los que,
-del Consejo que arriba se nombraron, para ésto llamó, añidieron y
-alteraron, oidas algunas informaciones de los españoles, que á la
-sazon en la corte se hallaron, y contra el Clérigo y contra los indios
-blasfemaban rabiando, como fué aquello que anduviesen siempre en las
-minas la tercera parte de los hombres de trabajo sacando oro, porque
-debiérase de considerar que estaban los tristes indios molidos y
-deshechos y al cabo de las vidas, de haber andado tantos años atras
-en ellas y en los otros trabajos, donde habian tantos millares y áun
-millones perecido, y sólo el pensamiento de que habian por fuerza de
-andar en las minas, siempre la tercia parte, bastaba para del todo
-acaballos. Manifiesto es que se les habia de dar las haciendas y los
-ganados y lo demas de balde, para que comenzaran á respirar y saber qué
-cosa era libertad, ó á costa del Rey ó de los españoles, que dellos
-con tanto riesgo de sus vidas se habian aprovechado, y así comenzaran
-y multiplicaran en número de gente y hacienda, y despues de muchos
-años sirvieran al Rey con lo que pudieran y fuera cosa tolerable;
-pero túvose respeto á que nunca cesase tener provecho de los indios
-el Rey, lo que, cierto, no debiera, al ménos por mucho años, pues
-tan mala gobernacion se puso (aunque de creer es que siempre fué
-contra su voluntad, é yo así lo tengo por cierto), so la cual tantas
-gentes y tan inhumanamente perecieron. Todavía era el Rey obligado á
-satisfacer á los indios sus grandes agravios, que su gente, que á estas
-partes envió, habian perpetrado, puesto que dello le pesase y fuesen
-cometidos contra su voluntad, al ménos con libertallos, amparallos,
-y bien y justamente gobernallos, despues de sabido en adelante: ésto
-claro está á cualquiera prudente cristiano. Finalmente, con todo lo
-dicho, la intencion del Cardenal fué remediar los tristes indios y
-libertallos, y con ésto creyó de cierto que los remediaba, y en la
-verdad remedio era si los tomara treinta años atras, más en número y
-no tan delgados y fatigados de los trabajos, y saliera de esta manera
-de gobernacion estar toda esta isla restaurada y poblada de infinita
-gente dellos, y el Rey tuviera grandes provechos, y España no perdiera
-nada. Lo que se dijo en los remedios de los españoles que los caribes
-que comian hombres eran esclavos, porque no habian querido rescibir
-los predicadores, ésto fué falsedad y testimonio que les levantaron,
-porque despues que las Indias se descubrieron, hasta hoy, nunca los
-caribes supieron qué cosa era predicadores, ni les resistieron, sino á
-los españoles que tuvieron siempre por hombres crueles salteadores, y
-por eso, cuando podian, hacian en ellos lo que vian que hacian á los
-pacíficos y domésticos indios, y que no comian carne humana; porque
-si los españoles hicieran obras de verdaderos cristianos, tan poca
-dificultad hobiera en traellos á la fe, ó no muy grande, como á los
-demas. Pero este capítulo debió de salir de uno que entró en este
-Consejo, que, cerca deste artículo, erró y fué harto engañado los
-tiempos pasados, dando crédito á los salteadores y tiranos que aquellas
-gentes alborotaron y pusieron con sus crueles obras en odio del nombre
-cristiano, segun que en el libro II desta Historia hemos declarado. Y
-porque todavía estaba, en alguno ó algunos de los que en este Consejo
-entraron, asentado el dicho pernicioso error que estas gentes no eran
-para vivir por sí, ni tenian ni eran hábiles para tener policía,
-como si las halláramos como brutos por las montañas esparcidos, y
-las monteáramos, y no en sus pueblos, y grandes pueblos, pacíficos y
-quietos, y en toda justicia natural, con sus Reyes y señores, ordenados
-y regidos segun su manera natural y policía, harto mejor que en otras
-muchas naciones. Púsose otro segundo remedio para los indios, aunque
-no remedio era, ni lo fué, ni jamás lo será, sino vastacion total de
-aquellas gentes y tierras, como de verdad lo ha sido, y por los pecados
-de nuestra España, el mundo todo della es; este remedio era que se
-estuviesen los repartimientos y encomiendas como se estaban en poder
-de los españoles, con que se moderasen las leyes y ordenanzas inícuas
-que en Búrgos el año de 12 se hicieron, como arriba en el cap. 13
-referimos. Esta es verdad clara y manifiesta entre todos los que no
-pretenden interese en los indios, y áun los mismos que lo pretenden y
-son destruidores dellos lo saben mejor que otros, pues los consumen, y
-sus mismas obras á que lo confiesen les fuerzan, que ninguna ley, ni
-pena, ni amenaza, aunque sea de muerte, aprovecha cosa ninguna para que
-estorbe ó impida que los indios no mueran corporalmente, y para que no
-aborrezcan la fe y religion cristiana ántes que la oigan y resciban, y
-si la rescibieren, no sea milagro no dejalla y apostatar della, si los
-indios repartidos y encomendados á los españoles estuvieren; véanse las
-islas, esta Española y las demas, y 4 ó 5.000 leguas de tierra firme,
-que son lamentables testigos dello. Así que, el Cardenal, como no del
-todo tenia desto experiencia, pasó con lo que allí algunos dijeron, y
-el Clérigo no pudo impedillo más de que trabajó que se limitasen las
-dichas leyes, en caso que la infelicidad de los indios causase que en
-la tiranía susodicha permaneciesen.
-
-Fué, pues, lo segundo, que los Hierónimos llevaban en su Instruccion,
-lo que se sigue:
-
-«En caso que se hallase que el primer remedio de hacer pueblos y poner
-los indios en policía no hobiese lugar, y que todavía pareciese que
-debian estar encomendados, como hasta aquí, deben proveer y remediar
-para adelante en los artículos siguientes. Lo primero en que se guarden
-las siete conclusiones y determinaciones que los letrados, por mandado
-del Rey, nuestro señor (que haya gloria), dieron cerca del tratamiento
-de los indios, y tambien las otras cuatro, en cuanto determinaron que
-las mujeres todas y los niños hasta catorce años no sean obligados á
-servir, salvo en la manera que allí se contiene, pero lo contenido en
-la sexta conclusion no se debe guardar por lo que adelante se dirá.
-Item, en cuanto á lo que la ley primera dice, y tambien la segunda, que
-los indios sean traidos á los pueblos y estancias de los españoles,
-no se debe hacer, porque por experiencia ha parecido que desto se han
-recibido muchos inconvenientes, así en lo que toca á la instruccion de
-la fe como al mal tractamiento de sus personas. La ley 11, que habla
-de llevar cargas los indios, se debe quitar, mandando que ningun cargo
-les hagan llevar á cuestas, mudándose ni de otra manera. La ley 13,
-que habla del trabajo y huelga, parece que se debe de enmendar, porque
-el tiempo del trabajo es mucho, y en el tiempo que se ha de hacer no
-debian ser apremiados á que trabajasen en otra cosa, y en el tiempo
-del trabajo debian holgar tres horas al medio dia, y entrar salido
-el sol en el trabajo, y salir en poniéndose el sol. La ley 15, que
-habla del dar de la carne solamente las fiestas, parece que se debe
-de enmendar y mandar que les dén carne cada dia de la semana, así
-estando en el trabajo como fuera dél, y caçabí, é ajes, y axí abasto,
-y los dias que no fueren de carne les dén pescado ó las otras cosas
-que se pudieren haber. La ley 18, que habla del servicio que han de
-hacer las mujeres preñadas, se debe quitar, y mandar que ninguna mujer
-sea obligada al trabajo, salvo en su hacienda, y como se contiene en
-las cuatro conclusiones postreras. La ley 20, que habla del salario
-que se debe dar á cada uno de los indios que sirven, parece que se
-debe enmendar, porque es muy poco salario un peso de oro en un año,
-y se debe dar mucho más especialmente si dello se ha de dar algo á
-los Caciques. La ley 21, que habla contra los que se sirven de los
-indios que no son suyos, débese agraviar la pena, porque es poca. La
-ley 25, débese enmendar, y mandar que no anden sino la tercia parte
-precisamente, porque los que despues hobieren de ir allá estén holgados
-y puedan trabajar. La ley 26 débese enmendar, que no anden los mineros
-á partido, como suelen, cierta parte del oro que se saque, sino que
-les dén cierto jornal y soldada y sean juramentados por los Visitadores
-que no hagan trabajar á los indios demasiadamente, y que sean hombres
-los mineros de buena consciencia, y no los que hasta agora han sido
-que han agraviado á los indios. La ley 27 débese enmendar, que por
-agora no se traigan los indios de otras islas de los Lucayos, hasta
-que sobre ello sea más visto. La ley 29 y la ley 30 se deben enmendar,
-que los Visitadores ni otros oficiales algunos no tengan indios, sino
-que se les dé salario por Sus Altezas y no por los vecinos, porque no
-hagan lo que ellos quisieren. La ley 31 se debe enmendar, y mandar que
-los Visitadores en todo el año visiten los lugares donde quiera que
-hobiere indios, y debria haber más de dos Visitadores, porque mejor
-hagan sus oficios. Débese mirar la ley postrera, donde se dice que
-si los indios en algun tiempo fueren capaces para vivir en policía y
-regirse por sí mismos, que se les dé facultad que vivan por sí é les
-manden servir en aquellas cosas que los otros vasallos de acá suelen
-servir, para que sirvan y paguen el servicio que los vasallos suelen
-dar y pagar á sus Príncipes, y que miren si alguno de los que agora
-hay son capaces para ésto, y provean sobre ello, y tambien provean en
-cuanto vieren que conviene para alcanzar este fin, y procuren todos los
-medios que hallaren ser convenientes para ésto y para la instruccion de
-la fe en ellos. Y, sobre todo lo ya dicho, debeis proveer y mirar lo
-que más conviene para el servicio de Dios é instruccion de los indios
-en nuestra santa fe, y para el bien dellos y de los pobladores de las
-dichas islas, y aquello que os pareciere que sobre ello se debe proveer
-enviadlo acá, para que, visto, se os envien todas las provisiones que
-para ello fueren necesarias.»
-
-Esta fué la segunda Instruccion que los religiosos de Sant Hierónimo
-llevaron, para poner órden y remedio en la perdicion de los indios, en
-caso que no se pusiesen en libertad por su incapacidad, fundándose en
-el susodicho error y ceguedad grande que hobo por muchos tiempos en el
-Consejo del Rey, por la falsedad y maldad que los tiranos inventaron
-para se sustentar en sus tiranías, como es dicho muchas veces,
-levantando falsísimos testimonios á los inocentes indios, en especial
-éste de que no eran hábiles para vivir por sí. Las siete conclusiones
-que dice la Instruccion que se guarden, en caso que este segundo
-remedio se haya de poner, quedan puestas en el cap. 8.º, y las cuatro
-que tambien mandan que se guarden, se refirieron en el cap. 17; la
-sexta, que dice no deberse guardar, era que se diese órden como siempre
-tuviesen comunicacion con los españoles que acá venian á poblar, porque
-el Clérigo insistió en que ántes, para vivir, ser los indios cristianos
-y de buenas costumbres, convenia que con los españoles no conversasen,
-lo uno, por las vejaciones y robos y males que siempre les hacian, y
-hoy hacen, donde quiera que están con ellos é cerca dellos, y lo otro,
-por sus desordenadas y malas obras, que comunmente han sido en estas
-Indias, á la ley de Jesucristo y á toda razon y virtud, contrarias,
-las cuales viendo los indios, por mucho y bien que los predicadores
-les predicasen la vida cristiana, culpando los vicios y las virtudes
-loando, habian de creer, y por consiguiente hacer, el contrario.
-
-Es bien aquí de considerar, qué tales fueron las dichas treinta y
-tantas leyes que dijimos haberse hecho en Búrgos, pues aquí todas
-las enmendó el Cardenal y los que con él, del Consejo, que habian
-sido en hacellas, se juntaron, y pudiera bien á la clara condenallas
-por más que tiránicas, pero modesta y tácitamente, segun parece,
-las blasfemaron. Tractó aquí tambien el Cardenal que fuera cosa
-conveniente que en la corte hobiese alguna persona que tuviese cuidado
-de procurar lo que cumpliese á los indios, y que aquel habia de ser
-hombre de ciencia y conciencia; tratóse tambien que debian de enviarse
-de Castilla algunos labradores para la poblacion destas islas,
-gratificándolos en algunas cosas; pero destas dos cosas postreras
-no se tractó más, como nunca hobo quien tuviese cuidado de tratar y
-negociar el bien universal destas partes, sino sólo el Clérigo, y,
-cuando él callaba, nunca en él jamás de hecho y con perseverancia se
-habló, y ésto la historia lo mostrará más adelante. En este tiempo,
-muchas más cosas, y mejores provisiones, y más ciertos remedios para
-los indios, (supuesto siempre el primero, que es el verdadero, conviene
-á saber, ponellos en libertad, sin el cual ninguno hay bueno), y para
-que los españoles pudieran vivir sin tener indios en estas islas, se
-despacharan, y el Cardenal los proveyera, si el clérigo Casas hobiera
-más pensado en ello y se las notificara, como despues, andando en los
-negocios, alcanzó, segun el crédito el Cardenal le daba, pero como poco
-habia que lo habia considerado, y la tiranía estaba tan entablada y
-arraigada, y anduvo en el negocio, como en cosa nueva y escandalosa,
-paso á paso y como acobardado, harto pensó que habia bien negociado en
-poner los indios en libertad, sacándolos del poder del diablo, y, ya
-que ésto no se efectuara, ser causa de enmendar todas las dichas leyes,
-para estorbar algo de la opresion que los indios padecian, segun los
-males eran grandes.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XC.
-
-
-Complidos con los despachos que pertenecian á los religiosos de Sant
-Hierónimo, para lo que habian de poner por obra en remedio de los
-indios, á lo cual, y no á otra cosa eran enviados, proveyó y mandó el
-Cardenal al Clérigo que fuese con ellos, y los instruyese, informase
-y aconsejase todo aquello que conviniese para lo que en favor de los
-indios y en asiento de la tierra iban á efectuar, para lo cual le mandó
-dar la siguiente Cédula ó provision.
-
-«La Reina y el Rey.--Bartolomé de las Casas, clérigo, natural de la
-ciudad de Sevilla, vecino de la isla de Cuba, que es en las Indias:
-Por cuanto somos informados que há mucho tiempo que estais en aquellas
-partes é residís en ellas, de donde sabeis y teneis experiencia en
-las cosas dellas, especial en lo que toca al bien y utilidad de los
-indios, y sabeis y teneis noticia de la vida y conversacion dellos
-por haberlos tractado, y porque cognoscemos que teneis buen celo al
-servicio de nuestro Señor y nuestro, de donde esperamos que lo que
-vos encargáremos y mandáremos hareis con toda diligencia y cuidado,
-y mirareis lo que cumple á la salud de las ánimas y cuerpos de los
-españoles é indios que allá residen, por ende, por la presente vos
-mandamos que paseis á aquellas partes de las dichas Indias, así de las
-islas Española, Cuba, Sant Juan y Jamáica, como tierra firme, y aviseis
-é informeis y deis parecer á los devotos padres Hierónimos, que Nos
-enviamos á entender en la reformacion de las Indias, y otras personas
-que con ellos entendieren en ello, de todas las cosas que tocaren á
-la libertad é buen tractamiento é salud de las ánimas y cuerpos de
-los dichos indios de las dichas islas y tierra firme, y para que nos
-escribais é informeis y vengais á informar de todas las cosas que se
-hicieren y convinieren hacerse en las dichas islas, y para que en todo
-hagais lo que conviniere al servicio de nuestro Señor é nuestro, que
-para todo ello vos damos poder complido, con todas sus incidencias y
-dependencias, emergencias, anexidades é conexidades; y mandamos al
-nuestro Almirante é Jueces de apelacion é otras cualesquier justicias
-de las dichas islas y tierra firme, que vos guarden y hagan guardar
-este Poder, é contra el tenor y forma dél vos no vayan, ni pasen, ni
-consientan ir ni pasar en tiempo alguno, ni por alguna manera, so pena
-de la nuestra merced é de 10.000 maravedís á cada uno que lo contrario
-hiciere. Fecha en Madrid, á 17 dias de Setiembre de 1516 años.--F.
-_Cardinalis_.--_Adrianus Ambasiator._--Por mandado de la Reina y del
-Rey, su hijo, nuestros señores, los Gobernadores: en su nombre, George
-de Baracaldo.»
-
-Este fué el poder que mandó dar el Cardenal, y Adriano, Embajador,
-que con el Cardenal, como se dijo arriba, gobernaba, al dicho clérigo
-Casas; constituyéronlo tambien por Procurador ó protector universal
-de todos los indios de las Indias, y diéronle salario por ello 100
-pesos de oro cada año, que entónces no era poco como no se hobiese
-descubierto el infierno del Perú, que con la multitud de quintales
-de oro ha empobrecido y destruido á España. Hiciéronse tambien los
-despachos del licenciado Zuazo, que enviaron por Juez de residencia,
-segun se dijo arriba, los cuales habia ordenado el doctor Palacios
-Rubios como debian de ir muy ampliados y con poder muy complido, segun
-la necesidad que habia de tomar cuenta á los Jueces destas Indias, en
-especial de esta isla Española. Estos despachos llamaron el licenciado
-Zapata y el doctor Carabajal, poderes exorbitantes, alegando que no
-se debia dar tan grandes poderes ni fiar tanto de un hombre; la razon
-que el licenciado Zapata, que era en ésto más antiguo y que más habia
-entendido en las cosas destas Indias, y tras quien iba el doctor
-Carabajal, se creyó que movia, era porque en estas, mayormente en esta
-isla, tenia muchas personas que él favorecia, Jueces y oficiales del
-Rey y de otras cualidades, que trabajaba de sustentar en los oficios,
-y le pesaba que decayesen dellos, por algunos respetos que él se sabia
-y sólo bastaba, porque todo lo que el obispo de Búrgos determinaba y
-hacia, cerca de la gobernacion destas Indias, era por su parecer, y
-como esta Provision nueva era contra lo que ellos con tanta ceguedad
-tantos años habian sustentado, pesábale al Licenciado, como al Obispo
-fué cierto della pesarle. Así que, con este título de que llevaba el
-licenciado Zuazo poderes exorbitantes, no querian los dos firmallos,
-por lo cual le dilataban las provisiones y despachos tanto, que de
-aborrido se queria tornar á su colegio, y envió á decir al clérigo
-Casas, que ya estaba de partida, que le hacia saber, que si se iba sin
-que las Provisiones él hobiese cobrado, se tornaria á Valladolid de
-donde no le tornaria ninguno á sacar si una vez en su colegio entraba.
-El Clérigo va luégo al Cardenal, que ya creia ser el Licenciado
-despachado, y díjole cómo le dilataban los despachos de dia en dia
-con palabras, y como se queria tornar á su casa; luégo el Cardenal,
-como era varon egrégio y que ninguno con él se burlaba, entendiendo la
-cosa por los términos que iba y de dónde se derivaba, mandó llamar al
-licenciado Zapata y al doctor Carabajal, y en su presencia mandóles que
-señalasen todas las provisiones que pertenecian al licenciado Zuazo.
-Los cuales las señalaron y pusieron cierta señal ó rasgo á sus firmas,
-para que, desque viniese el Rey, pudiesen decir que las habian firmado
-contra su voluntad, porque el Cardenal los habia á ello forzado. Con
-ésto fué Zuazo bien despachado, aunque pesó á todos los que dolia que
-á estas tierras viniesen tales despachos. Fuese el clérigo Casas á
-despedir del Cardenal á y besarle las manos, y, por no dejar de hacer
-cosa de todo aquello que le parecia convenir á aquellos negocios tan
-pios en que Dios le habia colocado, animosamente dijo al Cardenal:
-«Señor, no quiero llevar escrúpulo de conciencia sobre mí, pues estoy
-ante quien soy obligado á avisar, y puede los defectos de lo que se
-desea remediar: sepa vuestra señoría reverendísima que estos frailes
-de Sant Hierónimo, en cuyas manos ha puesto la vida y la muerte de
-aquel orbe lleno de infinitas ánimas, han dado muestra que no han
-de hacer cosa buena, ántes mucho mal, porque sepa vuestra señoría
-reverendísima que de tal manera se han mostrado parciales y aficionados
-á los seglares que han destruido aquellas gentes, dándoles crédito á
-sus palabras, dorando y excusando sus tiranías y maldades, infamando,
-vituperando y aniquilando los inocentes indios, que con su muerte y
-angustias y trabajos no pensados, les han dado, y sustentándolos,
-que en cuanto dicen y hablan los excusan y tractan y procuran dar á
-entender que llegados allá converná proveer otra cosa de lo que llevan
-por vuestra señoría reverendísima mandado, y desto es testigo el doctor
-Palacios Rubios, que un dia tanto hablaron con él en favor de los
-dichos seglares, que el Doctor se admiró y escandalizó, y respondióles:
-A la mi fe, padres, sabeis que vo viendo que teneis poca caridad para
-llevar á cargo negocio tan espiritual y de tan inmensa calidad é
-importancia. El cual, ántes que fuese á la Mesta, vino dos veces con
-harto trabajo de su gota á hablar á vuestra señoría, é informalle de la
-mala disposicion que cognoscia dellos para fialles cosa donde tanto,
-si la erraban, podian errar, y de erralla habian dado ciertas señales,
-para que vuestra señoría no los enviase, sino de quien se tuviese
-mejor confianza; pero, como vuestra señoría reverendísima estaba á la
-sazon muy fatigado de la enfermedad que estos dias pasados tuvo, se
-tornó y partió para la Mesta con harta pena y cuidado.» El Cardenal,
-oidas estas palabras, quedó como espantado, y al cabo de un poco
-dijo: «¿Pues de quién lo hemos de fiar? allá vais, mirad por todo.»
-Con ésto, besadas las manos y rescibida su bendicion, se partió para
-Sevilla el clérigo Casas; los frailes ya eran idos para sus conventos:
-el Prior de la Mejorada, llamado fray Luis de Figueroa, hombre harto
-entendido, y el fray Bernardino Manzanedo, y por el de Sevilla, que
-estaba nombrado, acordaron entre sí que fuese un fray Alonso de[1],
-Prior de su monasterio de Búrgos, que llaman Sant Juan de Ortega;
-llevaron consigo otro compañero, fraile viejo, no para más de para que
-los acompañase, buen religioso, porque los tres solos trujeron cargo
-de lo que acá se les mandaba ejecutar. El fray Luis de Figueroa, Prior
-de la Mejorada, vino por superior y Prelado de los demas, en lo que
-tocaba á la obediencia y cosas tocantes á su Órden. Mandóles dar el
-Cardenal muy cumplidamente lo necesario y áun lo que les sobrase para
-su viaje, y provision de vino y harina y otras cosas que acá no habia,
-para miéntras que en estos negocios estuviesen no les faltasen para
-su mantenimiento y recreacion las cosas de Castilla. Mandó asimismo
-proveer de pasaje y de matalotaje y cosas necesarias para su viaje al
-Clérigo, abundantemente, á costa del Rey.
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- [1] En blanco en el original.
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- CAPÍTULO XCI.
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-Llegados á Sevilla, entendióse con diligencia por los oficiales de la
-contratacion en el despacho de los padres Hierónimos y del Clérigo;
-el Juez de residencia no vino en aquel viaje, sino en otro desde
-á tres meses, porque no se despachó de sus cosas más presto. El
-Clérigo comunicaba las veces que via convenir á los padres de Sant
-Hierónimo, y dijo que queria ir con ellos en la nao que ellos iban,
-por informallos á la larga de las cosas destas islas é tierra firme,
-á donde tan nuevos venian, y tanta necesidad de ser informados de la
-verdad, que por ser todos los demas interesados les negaban, tenian;
-y finalmente, por cumplir el oficio que el Cardenal, en nombre del
-Rey, le habia impuesto de informalles, y avisalles y dalles parecer en
-todo lo que hobiesen de hacer. Trabajó cuanto pudo de ir en su navío,
-pero ellos nunca quisieron consentillo, dándole algunas excusas y
-razones, que para su descanso y consuelo (como, que no llevaria en la
-nao dellos tan buen aposento como en otra que allí iba), enderezarlas
-parecia; y ello acaeció así, aunque segun se creia no pretendian
-ellos el consuelo del Clérigo, sino su libertad para hacer lo que
-despues hicieron. Embarcóse, pues, el Clérigo en otra nao mayor que la
-que los Padres llevaban, donde fué asaz muy más bien aposentado que
-fuera con ellos; lo cual, cierto, él pospusiera de buena voluntad y
-escogiera la estrechura, por lo mucho que iba en ello, excusando el
-daño que despues al negocio todo vino; finalmente, se hicieron todos
-juntos en diversas naos á la vela, en el puerto de San Lúcar, dia de
-Sant Martin, que es á 11 de Noviembre año de 1516. Trujeron muy buen
-viaje todos hasta la isla de Sant Juan, y estuvieron en el Puerto-Rico
-cuatro ó cinco dias, y porque la nao en que venia el Clérigo traia
-cierta mercadería para dejar en aquella isla, y se habia de detener
-por esta causa catorce ó quince dias, díjoles que se queria pasar á la
-suya, sóla su persona, para entrar con ellos en este puerto y ciudad
-de Sancto Domingo, que dista de aquel camino de dos ó tres dias,
-asignándoles las causas porque mucho convenia para efecto del oficio y
-negocio que traian, pero nunca quisieron, y así llegaron á esta isla,
-ciudad y puerto de Sancto Domingo, ántes que el Clérigo trece dias.
-Pudieran colegir los dichos Padres, los dias que en aquella isla de
-Sant Juan estuvieron, claros argumentos de las obras que los españoles
-acostumbraban ejercitar en los indios, por dos cosas que allí vieron;
-la una, que un vizcaino, llamado Joan Bono (á quien no le pertenecia
-más el bono que al negro Joan Blanco, famoso pirata y salteador y
-robador de indios), habia pocos dias venido al dicho Puerto-Rico de
-hacer un salto en la isla que llaman de la Trinidad, que está junto á
-la tierra firme de Paria, de la cual mucho dejamos arriba asaz dicho.
-La gente desta isla de la Trinidad era gente muy buena y enemiga de
-los que comian carne humana, que llaman caribes. Y fué desta manera,
-qué llegado á la isla de la Trinidad con un navío, y creo que 50 ó 60
-españoles muy ejercitados en ofrecer á Dios semejantes sacrificios,
-salieron los indios, vecinos de la dicha isla, del pueblo que por allí
-estaba, con sus armas, que eran arcos y flechas, preguntando qué gente
-eran y á qué venian ó qué querian. Respondió Joan Bono, que eran gente
-de paz y buena, y que venian á vivir é morar con ellos. Los indios,
-como gente llana y pacífica, y tambien demasiadamente crédula y no
-recatada, como debiera ser, en especial teniendo noticia de grandes
-crueldades, saltos é insultos que los tiempos pasados, luégo que el
-Almirante primero los descubrió, y despues muchas veces, como arriba
-parece en el primer libro, y pocos dias pasados, sus vecinos habian
-padecido de los españoles, dieron crédito á las palabras de Joan Bono,
-diciendo: «Pues si no venís á más ni quereis otra cosa sino morar
-con nosotros, plácenos dello y luégo haremos casas en que vivais.»
-Ordenan luégo de les hacer casas, pero Joan Bono, para lo que pensado
-y determinado traia, no tenia necesidad de casas sino de sóla una que
-fuese grande, la cual hicieron á su manera, de forma de campana, donde
-cupieran y pudieran vivir cien personas, cuanto al enmaderamiento de
-palos posteles, y varas y latas muy tejidas, en breves dias; restaba
-cubrilla toda de paja muy bien puesta por defuera, la cual hay en estas
-Indias hermosa y odorífera y sana, que es maravilla. Cada dia de los
-que allí estuvieron eran servidos de los indios, de comida, pescado,
-y pan y frutas, y de todo lo que tenian y de cuanto les pedian, como
-si todos fueran sus señores ó sus hijos. Dió priesa, pues, Joan Malo
-que la cubran, y ellos, que de muy buena voluntad lo hacian, se la
-daban en cuanto podian con gran regocijo, y llegando á dos estados
-desde el suelo de cubertura, que ya no podian ver los de dentro á los
-que estaban fuera, tuvo cierta industria Joan Bono y sus consortes, de
-convocar toda la más gente del pueblo, hombres y mujeres, que viniesen
-y entrasen dentro á ver lo que se hacia; los cuales entrados, que
-serian segun estimo más de 400, con mucho placer y alegría, cercan toda
-la casa por defuera algunos de los nuestros con sus espadas sacadas,
-y Joan Bono con ciertos dellos entran por la puerta con las suyas
-desenvainadas, diciéndoles que no se moviesen sino que los matarian.
-Los indios desnudos, en cueros, viendo las espadas, temiendo ménos
-la muerte que el captiverio, arremeten con gran ímpetu á la puerta,
-metiéndose por las espadas, por salvarse como quiera que fuese, y á sus
-mujeres é hijos. Joan Bono, y todos los que con él estaban, desbarrigan
-cuantos podian, á unos tendian con estocadas, á otros cortaban brazos,
-á otros piernas, y á otros lastimaban con terribles heridas. Alguna
-gente de los hombres y de las mujeres y niños que allí estaban, que no
-forcejaron á salir, viendo la sangre de los que allí caian, estuvieron
-tremebundos esperando la muerte, creyendo que en aquello pararian,
-dando terribles alaridos, pero no pararon sino en maniatallos para
-los traer por esclavos, que era el fin de Joan Bono y de su cofradía;
-y creo que fueron los que allí ataron y llevaron al navío 185. De
-los hombres que de la mortandad y cuchillo de la casa se escaparon, y
-de otros que no habian ido á ella que estaban en sus casas ó por el
-pueblo, y serian hasta 100, vista la traicion crudelísima que Joan
-Bono habia urdido, tomaron sus armas y recogiéronse á una casa de
-las suyas (y háse de entender que todas eran de paja, y ellos todos
-en cueros desnudos), para se defender que no los matasen ó llevasen
-captivos; fué á ellos Juan Bono diciéndoles que saliesen, que no los
-matarian, ellos, entendiendo que los habia de captivar, defendieron la
-puerta réciamente, que no entrasen, con sus flechas y arcos. En fin,
-viendo Juan Bono que no tenia remedio para los maniatar, acordó de
-cumplidamente pagalles el hospedaje y buen tratamiento que dellos habia
-rescibido, y así mandó pegar fuego á la casa donde estaban los cien
-hombres, en la cual, con las mujeres y niños que en ella demás habia,
-fueron quemados vivos. Recogióse al navío con los 180 que habia preso,
-tan de buena guerra como queda dicho, y alzadas sus velas vínose por la
-dicha isla de Sant Juan y vendió en ella los que quiso, y de allí con
-los demas á esta isla, donde hizo lo mismo, y cuando allí llegaron los
-padres Hierónimos era él recien llegado desta, y dél supe y de su misma
-boca oí lo que aquí escribo. Sabido ésto por el Clérigo, refiriólo á
-los Padres con harto dolor de su corazon, y mancilla, pero poco los
-movió para lo reprender ni para que despues proveyesen á los males que
-cada dia contra estas tristes gentes se cometian, y es cosa de notar
-y áun de llorar lo que pasó al clérigo Casas con el dicho Juan Bono,
-riñéndole aquel abominable hecho, porque de ántes era su cognoscido.
-Confesaba el mismo Juan Bono que en su vida habia hallado padre y
-madre sino en la isla de la Trinidad, segun el buen acogimiento, y
-hospedaje, y obras, y con tanto amor y voluntad hechas que de aquella
-gente habia rescibido, y reprobándole su inaudita ingratitud el
-Clérigo, díjole: «Pues, hombre perdido, si tales obras de padre y madre
-dellos rescibistes, ¿por qué cometistes en ellos tan ingrata maldad
-y crueldad?» Respondióle Juan Bono: «A la mi fe, padre, porque así
-me lo dieron por destruicion, conviene á saber, que si no los pudiese
-captivar por paz que los captivase por guerra»; llamaba destruicion
-á la Instruccion que los Oidores desta Audiencia desta ciudad le
-dieron para que fuese á saltear indios de las islas y tierra firme. Y
-esta era la justa gobernacion con que los Oidores desta Chancillería
-procuraban el bien universal destas gentes y tierras, y todas las
-otras Chancillerías que despues se pusieron por todas estas Indias
-fueron iniquisísimas, destruyéndolas, como parecerá, por ésta y por
-otras muchas detestables maneras. La otra cosa que acaeció en aquella
-isla de Sant Juan, de donde los padres de Sant Hierónimo pudieran bien
-argüir la tiranía mortífera que de los españoles los pobres indios
-padescian, fué que uno de los que se ponian por Visitadores en cada
-pueblo de españoles para los indios, que arriba en el libro II, ser
-el cruel verdugo que más cruelmente azotaba y afligia los indios,
-dijimos, aunque era el principal vecino del pueblo, porque vino el
-tirano Comendero á quejarse de un indio, ó porque no le servia bien, ó
-porque se le habia huido de los trabajos que se le daba, como huye la
-vaca ó el buey de la carnecería, dióle tan crueles azotes, amarrado á
-un poste, como si los diera á un su cruel enemigo, que cuasi lo dejó
-medio muerto. Oyó los azotes el Clérigo, porque pasaba por allí; fué
-allá luégo, y, con vehemente compasion y autoridad, increpa al cruel
-Visitador la injusticia que hacia, el cual todo confuso ninguna cosa le
-osó decir, pero quitado el Clérigo de allí, creo, si no me he olvidado,
-que tornó á azotar al indio. Todo ésto constó á los Padres, y debiera
-bastar para comenzar á informar sus ánimos y estar sobre aviso para no
-se dejar persuadir de los que, sin ninguna duda, eran ciertos capitales
-enemigos de los indios; cuanto más que sobraba testimonio, pues lo que
-era notorio al mundo ellos ya sabian, conviene á saber, haberse asolado
-estas islas y parte de tierra firme por aquellas obras y caminos.
-
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- CAPÍTULO XCII.
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-
-Por este tiempo y año de 1516, no olvidaban los españoles que tenian
-cargo de consumir la gente mansísima de la isla de Cuba, de procurar
-ir á despoblar otras comarcanas y lejanas, trayendo los vecinos y
-naturales dellas á ella, como vian que con la priesa de sacar oro se
-les iban muriendo los que allí oprimian, por la misma manera que se
-habia usado en esta Española, que, viendo que se acababan los vecinos
-de ella, inventaron hacer armadas para saltear los que llamaban
-Lucayos, de que asaz hemos arriba hablado. Así, los españoles que en
-Cuba vivian, siguieron el dicho trillado camino, juntándose tres ó
-cuatro, más ó ménos, segun los dineros alcanzaban, que, de la sangre
-de los indios que allí habian muerto y mataban, esprimian, y aparejada
-una, ó dos, ó tres carabelas ó navíos, iban y enviaban (y Diego
-Velazquez, que la isla gobernaba, dándoles larga licencia para ello),
-á las islas de los Lucayos y otras, á saltear y traerlos cargados de
-indios, que estaban en sus tierras y casas, quietos y pacíficos. Entre
-otras armadas hicieron una, en la cual acaeció lo siguiente: Salieron
-del puerto de Santiago de Cuba un navío y un bergantin con hasta 70
-ó 80 españoles, por la parte de la isla que llaman del Sur, abajo, y
-navegando hácia la tierra firme, y cuasi al rincon ó ensenada que hace
-la tierra y punta de Yucatán (puesto que no vieron tierra ninguna),
-llegaron á unas isletas que, segun en el segundo libro dijimos,
-descubrió el primer Almirante año de 502 ó de 503 (aunque pensaron
-estos ser dellas los primeros descubridores), que se llamaban Guanajes
-ó de los Guanajes, y creo que son dos isletas ó tres que así se llaman.
-Llegados á ellas, y estando la gente dellas descuidada y segura, saltan
-los españoles en la una, y muertos los que pudieron con las espadas
-y lanzas que llevaban, prenden della toda la gente que pudieron, y
-despues van á la otra y hacen otro tanto, y cargado el navío de gente,
-cuanta haber pudo, vuelvénse á la isla de Cuba con intencion de tornar
-por el resto de la gente que en las dichas islas quedaba. Dejaron 25
-españoles en ellas, con el bergantin, para que rebuscase y guardase la
-gente que más hobiese, hasta la vuelta del navío que aquellos llevaban;
-el cual, llegado á la isla de Cuba y puerto de Carenas, que ahora
-llamamos de la Habana, saliéronse cuasi todos los españoles á holgar en
-tierra, quedando dellos ocho ó nueve á guardar el navío y los indios,
-que debajo de la escotilla y de cubierta sin ver luz ninguna estaban,
-los cuales, como debian sentir su infortunio y no dormir todo el
-tiempo, sino estar sobre aviso, advirtiendo que arriba, sobre cubierta,
-no sonaban tantas pisadas ni oian tanto estruendo, entendieron haberse
-salido la gente á tierra y quedar el navío sólo ó con pocos, por lo
-cual trabajaron de forcejar contra la escotilla, que es la portezuela
-ó agujero cuadrado por donde se sale y entra de abajo arriba, y,
-ó quebraron la cadena delgada que tener suele, ó sin quebrarla la
-quitaron, sin que ocho ó nueve marineros, que habian quedado á
-guardar el navío, porque dormian ó estaban descuidados, lo sintiesen.
-Finalmente, salieron todos los indios que estaban abajo y matan á
-todos los marineros, y como si toda su vida fueran experimentados en
-aquel oficio de navegar, cosa maravillosa, nunca otra así vista en
-una gente desnuda, sin armas, estimada dellos siempre y menospreciada
-por bestial é inculta, alzan á su placer sus anclas del navío, suben
-harto más ligeramente por la jarcia que los marineros, y sueltan sus
-velas y comienzan á navegar derechos á sus islas, que distan de allí
-más de 250 leguas. Los marineros y gente española, que se holgaban
-paseándose por la ribera, desque vieron tan desenvuelta y ardirmente
-alzar las anclas y tender las velas y guiar el navío como si ellos
-todos estuvieran dentro, espantados comienzan á capear y dar voces,
-creyendo ser los compañeros, llamándolos y diciendo si habian perdido
-el seso, pero desque vieron los muchos indios que andaban tan ligeros
-echando mano de las cuerdas y aparejos y guiando el navío por el mismo
-camino donde vinieron, comenzaron á entender que aquello era por mal
-de los compañeros, y que los indios los habian muerto, y se iban para
-su tierra, los cuales estuvieron mirando hasta que desparecieron; los
-cuales, no supimos en cuantos dias, pero llegar á ella, como si fueran
-muy pláticos marineros que se rigieran por el aguja y carta de marear,
-fué cosa cierta. Llegados á su isla, hallaron los 25 españoles bien
-descuidados de ver el navío sin cristianos, dieron los indios en ellos
-con gran esfuerzo, con las lanzas y palos y piedras que en el navío
-estaban, y pelearon los unos con los otros, y, descalabrados muchos de
-ambas partes, al cabo los indios prevaleciendo contra los 25 españoles,
-y los españoles viéndose apretados y que no los podian resistir,
-acordaron de se recoger al bergantin que les habia quedado, y huir la
-costa de la mar abajo, y, para dejar memoria de sí cuando españoles
-viniesen, en un árbol, que estaba junto á la lengua del agua, con un
-cuchillo hicieron una cruz impresa quitando la corteza del árbol, y
-unas letras que decian «Vamos al Darien.» Tornando, pues, atras un poco
-desta historia, como Diego Velazquez supo que los indios habian muerto
-los ocho españoles y alzádose con el navío, proveyó luégo de armar dos
-navíos con los españoles que le pareció que bastaban para que fuesen
-tras los indios alzados, y socorrer á los 25 que habian quedado en
-la isla, que habian puesto por nombre Sancta Marina, y porque desde
-allí descubriesen otras islas y tierras de donde nuestro Señor y Sus
-Altezas, diz que, fuesen servidos, trayendo los indios de ellas al
-cognoscimiento de nuestra fe católica. Estas son palabras del mismo
-Diego Velazquez en una carta que escribió al almirante D. Diego Colon,
-cuyo traslado yo tengo. Con estas palabras y con esta color baptizaba
-Diego Velazquez y los otros tiranos han baptizado sus execrables
-tiranías y ambiciones y cudicias, no haciendo cuenta ni advirtiendo las
-ánimas que echaban de los indios á los infiernos, con las muertes y
-estragos que en ellos hacian, la infamia de la fe y religion cristiana,
-los grandes escándalos y alborotos que por todas aquellas regiones con
-sus violencias sembraban, en las gentes humildes, mansas y pacíficas,
-las injusticias que cometian sacándolas de sus tierras y casas y
-llevándolas á otras tan lejanas y desproporcionadas de las suyas,
-captivas, donde al cabo todos sin escapar uno perecian. Estos eran los
-servicios que á Dios y á Sus Altezas, y la conversion á la fe católica
-de aquellas gentes, con su gran celo Diego Velazquez y los demas
-ofrecian. Así que, sabido el alzamiento con el navío de los dichos
-indios, proveyó Diego Velazquez dos navíos y gente española en ellos,
-los cuales, llegados á la isla, vieron la cruz y letras en el árbol
-esculpidas, y sin más parar fueron en busca de los 25 españoles de isla
-en isla hasta una á que pusieron por nombre Sancta Catalina, cerca
-de la cual, entre unas peñas que llaman arracifes, hallaron quemada
-la carabela ó navío con que se habian alzado los indios. Saltaron en
-la isla para servir á Sancta Catalina, cuyo nombre le habian puesto,
-y pelean con los vecinos y moradores della, y, muertos los que matar
-pudieron, captivan todos los que prender pudieron, y de aquella pasan á
-otra isla que se nombraba Utila y hacen otro tanto, por manera que de
-ambas á dos captivaron hasta 500 personas, y, repartidas en ambos á dos
-navíos, metiéronlas debajo de cubierta, cerrada la puerta ó escotilla.
-Hecha esta egrégia hazaña, y della ellos muy contentos y favorecidos,
-sálense á pasear y holgar en la isleta para luégo se partir para la de
-Cuba no poco ricos; los indios que estaban presos en la una carabela,
-sintiendo que habian quedado en ella pocos españoles, tuvieron manera
-de, urgando y forcejeando, quebrar ó desviar el escotilla, y comenzaron
-á priesa y con ímpetu á salirse por ella. Viéndolos los españoles
-acuden de presto á ellos con sus armas y palos, diciéndoles, y dando
-en ellos golpes, que no saliesen; pero los indios con gran esfuerzo,
-no curando de su consejo y fuerza, salen y dan en ellos con palos y
-piedras que sacaban de debajo de cubierta consigo, y con tanto ánimo
-y fuerzas y perseverancia pelearon con ellos, que, no los pudiendo
-los españoles sufrir, se echaron la mitad dellos á la mar y á la otra
-mitad mataron los indios, quedando el navío del todo por los indios;
-y apoderados dél echan mano luégo de todas las lanzas y rodelas y
-las demas armas que en él habia, y aparéjanse para se defender. La
-gente española que estaba holgándose en tierra, sintiendo y viendo lo
-que pasaba en el navío, diéronse priesa á se recoger en el otro, y
-arribando sobre él comenzáronlo á combatir y pelear con los indios;
-los cuales se defendian y peleaban con tanto esfuerzo y fortaleza, así
-las mujeres como los hombres, con arcos y flechas, lanzas y rodelas, y
-piedras, más de dos grandes horas, que los españoles quedaron admirados
-y harto cansados y descalabrados. Pero prevaleciendo los españoles
-contra los indios, y los indios viéndose maltractar y que caian muertos
-muchos dellos, echáronse todos los hombres y muchas de las mujeres á
-la mar. Recogieron todas las mujeres que pudieron con las barcas, y de
-los hombres algunos se salvarian, é irian á tierra nadando, y tambien
-es de creer que matarian algunos; y finalmente, cobrado el otro navío,
-y con ambos y obra de 400 personas, mujeres y hombres que pudieron
-prender ó retener de los que habian salteado, y más 20.000 pesos de oro
-bajo, dieron la vuelta y llegaron á la Habana. Todo ésto refiere Diego
-Velazquez en la carta que arriba se dijo, que destos casos escribió
-al Almirante. Por estos acaecimientos asaz se convence y confunde la
-malicia y falsedad de los que á estas gentes miserandas de bestias
-infaman, pues por ellos parece de cuánta industria, y sagacidad, y
-prudencia, y esfuerzo en las peleas en ambos á dos casos usaron para
-librarse de tan injusto captiverio, y cómo, si tuvieran tales armas
-como nosotros, aunque desnudos en cueros, de otra manera nos hobiera
-sucedido el entrar en sus tierras y reinos matando y captivando y
-robando, como habemos siempre por nuestros pecados entrado; pero
-porque las hallamos desnudas y sin alguna especie de armas, que para
-contra las nuestras valiesen algo, las habemos así talado y asolado,
-y no por falta de no ser hombres bien capaces y bien racionales y
-esforzados.
-
-
-
-
- CAPÍTULO XCIII.
-
-
-Tornando á proseguir la historia de los padres de Sant Hierónimo,
-partiéronse de la isla de Sant Juan y llegaron á esta isla y puerto
-de Sancto Domingo, trece dias ántes que el Clérigo. Hízoseles gran
-rescibimiento por los Oidores ó Audiencia, y por los oficiales del
-Rey, cuyo principal era el tesorero Miguel de Pasamonte, de quien
-arriba hobimos dicho ser persona de mucha prudencia y autoridad.
-Todos, los unos y los otros, eran personas muy entendidas, marcadas y
-regatadas, y así supieron con lisonjas y artificio de palabras ganar
-la voluntad de los Padres, y, entendido á lo que venian, representando
-sus servicios, como si hobieran sido algunos, sus necesidades, y como
-la tierra no podia sustentarse sin tener los españoles los indios,
-dando para ello muchas razones como las que siempre dar acostumbraron,
-apocando y deshaciendo los indios, diciendo que si los soltaban no
-sabrian trabajar para se sustentar (como si los pecadores los hobieran
-mantenido ántes que á estas tierras viniesen desde España, ó si los
-hallaran cuando á ellas vinieron muriendo de hambre, y no ántes á
-ellos millares de veces se la hobieran matado), los Padres los oian
-de muy buena gana, y les tenian todo buen respecto y hacian todo buen
-acatamiento, y finalmente, les daban y dieron grande crédito, y ellos
-ganaron á los Padres la voluntad; y de tal manera supieron ganársela,
-que ganaron que no se pusiese en ejecucion la Cédula que traian de
-quitarles los indios, que ellos más que otros oprimian y mataban, y
-así se quedaron con ellos hasta que los acabaron. La Cédula en que
-se les mandaba que los quitasen á los del Consejo y otras personas
-que en Castilla ó en la corte residian, no pudieron disimular que no
-la ejecutasen. Llegó, pues, á este puerto y ciudad el Clérigo, trece
-dias pasados, hallando los oidos y áun voluntades de los Padres por
-aquello bien ocupadas y ganadas; visitábalos muchas veces, hablábales
-lo que convenia á la libertad y conservacion de los indios, traíales
-personas que vian los malos tractamientos que á los indios se hacian
-oíanlos los Padres, pero ninguna cosa comenzaban ni se determinaban.
-Una vez vino al clérigo Casas un clérigo que habitaba en las minas que
-llamaron de los Arroyos, cinco ó seis leguas desta ciudad de Sancto
-Domingo, y díjole de lástima que supiese que los indios allí eran
-mal tractados, y que los habia visto enfermos de los trabajos de las
-minas y echados en el monte ó en el campo, cubiertos de moscas, sin
-que ninguno los curase ni hiciese caso dellos, y que así los dejaban
-morir los que los tenian encomendados. El clérigo Casas tomó de la
-mano al otro clérigo que desto le avisaba, y llévalo á que lo dijese
-á los Padres, lo cual oido y bien explicado comenzaron los Padres á
-poner duda en lo que el clérigo les referia, y á dorar y excusar la
-crueldad é inhumanidad de los tiranos que la obraban. El clérigo, que
-parecia bueno y de compasion pura venido habia, ó al ménos mostrábalo,
-á avisar al clérigo Casas, entendiendo que para procurar por los indios
-habia sido enviado, respondió á los Padres algo libremente, más que oir
-quisieran: «¿sabeis Padres reverendos, qué voy viendo? que no habeis
-de hacer á estos tristes indios, más bien que los otros Gobernadores.»
-Dichas éstas palabras, salióse, y ellos quedaron, á lo que pareció,
-harto tristes y aún confusos. Como el clérigo Casas insistiese con
-los Padres que se quitasen los indios á los Jueces y oficiales y á
-los demas, y pusiese en ello todo su conato para que consiguiesen
-su libertad, como traian mandado, pareció que padecia peligro de su
-persona por los muchos enemigos que por esta causa cobraba; por temor
-de lo cual los religiosos de Sancto Domingo se movieron con caridad á
-rogalle que se viniese á posar á su monasterio, y él lo aceptó, donde
-le dieron un buen aposento, segun ellos lo tenian de sanctos pobres,
-llano y moderado, porque así edificaron al principio aquella casa. Allí
-estuvo, al ménos de noche, seguro el padre Casas. Desde á dos ó tres
-meses llegó á esta ciudad el licenciado Zuazo, Juez de residencia,
-presentó sus poderes, fueron rescibidos y obedecidos, mandó apregonar
-la residencia y comenzóla á tomar; y porque el clérigo Casas tenia por
-muy culpados á los dichos Jueces, como en la verdad lo eran, en haber
-consentido destruir las islas de los Lucayos, salteando y prendiendo
-con grandes crueldades las inocentísimas gentes moradores dellas,
-trayendo á esta isla, donde todas perecian, los navíos llenos de
-ellas, muchos años, y no sin sospecha de que tenian los mismos Jueces
-parte en las mismas armadas que para traellos se hacian, púsoles una
-terrible acusacion, hecha su protestacion, como á reos y homicidas y
-causa de todo ello, y, segun ella fué, no se creia por los que bien
-las cosas entendian, sino que fueran condenados á muerte, la cual,
-sin alguna duda, muy bien merecian. Pero pocos de los malos jueces y
-que tiránicamente gobiernan, vemos por los que les toman residencia
-sentenciados á muerte, y en los ménos secutada la sentencia. Desta
-acusacion pesó muy mucho á los padres Hierónimos, y de todo lo que
-cerca desta materia el clérigo Casas hacia, no por otra razon, se
-creyó, sino por el amor que ya les tenia, ó quizá porque no querian que
-se supiesen las crueles tiranías pasadas, porque no pareciese ser mayor
-su obligacion para quitar los indios, lo cual parecia que era lo ménos
-que pretendian, no se supo con qué espíritu; y, empero, por otra causa,
-cierto, acá no venian ni vinieran sino para poner en libertad y remedio
-los indios, como arriba queda visto. Pidieron parecer á los religiosos
-de Sancto Domingo, y creo que tambien á los de Sant Francisco y á los
-dichos Jueces y oficiales del Rey, sobre si quitarian los indios; el
-parecer que darian los Jueces y oficiales del Rey, manifiesto es cuál
-sería; el de los Franciscos, porque habia entre ellos pocos letrados y
-ménos cognoscimiento y advertencia de la gravedad de las injusticias
-que los indios habian padecido y padecian, y disminucion que cada
-hora en ellos habia, y porque los dias pasados fueron contrarios de
-los Dominicos, por favorescer á los españoles, con harta ceguedad que
-tuvieron, como arriba se dijo, no se creyó que fuese cual segun Dios
-ser convenia. El de los Dominicos fué el que se sigue.
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- CAPÍTULO XCIV.
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-El Prelado de la casa que por entónces allí presidia, el cual despues
-fué obispo de Panamá, impuso, y mandólo en virtud de sancta obediencia,
-al padre fray Bernardo de Sancto Domingo, uno de los tres que trujeron
-la Órden á esta isla el año de 10, segun que arriba en el segundo libro
-queda escripto, el cual era el que más entre los otros en las letras
-resplandecia, que escribiese lo más compendiosamente que fuese posible
-aquello que Dios le inspirase cerca de la materia, para complir con
-el parecer que los padres Hierónimos pedian. Este siervo de Dios, que
-cierto lo era, púsose á escribir, y creo que en tres dias comenzó y
-acabó un tractado en latin, de obra de dos pliegos de papel, al ménos,
-que impreso en molde á más no llegaría, en el cual, muy complida,
-puesto que sucinta y compendiosamente, puso la sustancia del negocio,
-la horrenda iniquidad del repartimiento ó encomiendas, y la crueldad
-de los españoles, los daños de los cuerpos y de las ánimas de los
-indios, y los pecados y mal estado de los que los oprimian con toda la
-injusticia y tiranía que contenian; esto comprendió, explanó, probó
-y declaró, moviendo tres cuestiones, tratándolas y disputándolas,
-poniendo los argumentos en contrario, determinando la verdad, y
-respondiendo y evacuando todo aquello que contra ella cualquiera docto
-oponer podia. Fué pues la primera cuestion, si aqueste modo de gobernar
-los indios repartiéndolos y encomendándolos á los españoles fué hasta
-entónces lícito, y si los pudieron tener los españoles sin pecado
-mortal, salva conciencia. La segunda, si añadido el remedio de las
-leyes que se hicieron en Búrgos el año de 12, se hizo más que de ántes
-lícito, ya que se diga que lo primero sin aquellas leyes no era lícito.
-La tercera cuestion era, ya que todavía se dijese que aquellas leyes
-no suplian los defectos y daños que los indios padecian, si añadidas
-todas las otras cosas que pareciesen necesarias y convenientes para
-impedir los agravios y daños de los indios, y poner el total remedio
-para ello, con tanto que siempre quedasen repartidos y en poder de los
-españoles, sería lícito y, salvas las conciencias, podrian sin pecado
-tenellos. A la primera cuestion, supuestos ciertos fundamentos del
-Filósofo y de Sancto Tomás, de que cualquier gobernador debe tener fin
-á hacer sus súbditos buenos, y Cristo fué sobre todos Sumo gobernador,
-y vino á hacer los hombres buenos, y, por consiguiente, cualquiera
-cristiano gobernador es obligado á seguillo en cuatro cosas: la
-primera, en hacer que los súbditos cognozcan á Dios, y sean instruidos
-y ejercitados en su divino culto; la segunda, en que tenga paz; la
-tercera, en que guarden justicia unos con otros; la cuarta, en curar de
-la multiplicacion de los hombres, por lo cual fué instituido y aprobado
-el matrimonio, y prohibidos los homicidios; los cuales supuestos,
-responde con esta conclusion: Aquel modo de gobernar los indios por
-repartimiento y encomiendas fué hasta entónces ilícito, y no se pudo
-tener sin pecado mortal. Prueba la conclusion con una razon general,
-que es, porque pone aquel modo de gobernar en mal estado y en pecado
-mortal á los gobernadores, y á los comenderos, y á los estancieros y
-mineros, y á los confesores que en aquel estado los absolvian. Prueba
-lo de los gobernadores con esta razon: Aquel modo de gobernar hombres
-que disminuye, y consume, y destruye los gobernados y sufre manifiestos
-adulterios, estupros, incestos manifiestos, matrimonios de otros ritos
-contrarios del de Cristo y su Iglesia en los hombres baptizados,
-item, muertes de muchas criaturas que mueren por secársele la leche
-á las madres y otras que las mismas madres las matan en los vientres
-de desesperadas, con otros muchos daños y males, todo lo cual, es
-contra la intencion principal de Jesucristo, Sumo y justo gobernador,
-y contra los mandamientos de su ley; luégo el tal modo de gobernar
-hombres, es y fué, y siempre será, ilícito, y por consiguiente, pone
-los gobernadores en mal estado, que es decir que siempre viven y están
-en pecado mortal, y dignos de la eternal dañacion. La razon es, porque
-los tales gobernadores son obligados, de precepto divino, á quitar tal
-gobernacion como destruidora de los gobernados, y poner la contraria,
-como parece por los supuestos y fundamentos dichos. Que fuese verdad
-que por el repartimiento y encomiendas de los indios, dadas á los
-españoles, pereciesen todos y incurriesen los dichos daños y males,
-probólo desta manera, porque la primera vez que los indios desta isla
-Española se contaron, dijo que se habian hallado haber en ella un
-millon y cien mil vecinos, y que cuando los mismos frailes de Sancto
-Domingo vinieron á esta isla, que fué el año de 10, dijo que se habian
-contado todos dos veces y no se hallaron sino 46.000, y despues pocos
-años adelante, fueron tornados á contar y halláronse 16.000, y que al
-tiempo que este tractado escribia no habia sino 10.000. De las otras
-islas lo mismo probaba, como de la isla de Sant Juan, en la cual dice
-que sin número habian perecido y perecian; lo mismo en la de Jamáica,
-de la cual la mayor parte habian muerto; en la de Cuba, señaladamente,
-dice haber perecido niños sin número, y ésto bien lo sabia él, porque
-estuvo en ella á la sazon. De los traidos de otras partes á esta
-Española, dice haber muerto innumerables millares, dellos de haber
-metido á espada haciéndolos pedazos en sus tierras, salteándolos por
-traellos á ésta; y muertos de hambre, dice, haber sido grande multitud,
-y dijo gran verdad, y lo mismo de niños que no se cuentan y nadie los
-podria contar. Otras muchas islas, vecinas y lejanas desta Española,
-dice ya ser despobladas y asoladas, y en ésta ya no hay que contar. De
-los otros daños y desórdenes, cuenta cómo no curaban los españoles,
-que los tenian encomendados, que estuviesen los indios casados ó
-amancebados ó ayuntados con sus parientas y consanguíneas ó afines,
-ántes ellos mismos se las daban por mujeres, las que, sin ninguna
-diferencia ni escrutinio, segun se les antojaban, y cuando querian,
-se las quitaban y las daban á otros; y así los llama sacerdotes de
-los diablos. Refiere más otros agravios que hacian á los indios,
-tomándoles sus mujeres y sus hijas y las tenian por mancebas, y por
-otras mil vías los oprimian y fatigaban, todo lo cual era notísimo á
-los gobernadores, y ninguna cosa dello ignoraban ni podian ignorar; y
-así concluye, que aquel modo de gobernar los indios, encomendándolos
-á los españoles, era ilícito y tiránico, y por consiguiente los
-gobernadores que lo sostenian estaban fuera del estado de salvacion
-y en pecado mortal, y en este estado metia á los reverendos padres
-Hierónimos. Que estuviesen lo mismo en mal estado los comenderos,
-pruébalo contando diez cosas en que los españoles comenderos eran
-obligados á complir con los indios, las cuales, ni complian, ni les
-era posible aunque se obligaban á complillas. Una era la comida
-necesaria para que pudiesen vivir, y, segun los trabajos grandes en
-que los ponian, que fuese de sustancia, como de carne, y no de hierbas
-ó raíces como les daban, y, segun el número, suficiente, tantas veces
-al dia como convenia para los que todo el dia sin resollar trabajaban.
-Lo segundo, á curallos en sus enfermedades de médico y medicinas. Lo
-tercero, camas en que duerman conforme á la enfermedad. Lo cuarto,
-á dalles la comida guisada, como para enfermos, cuando lo están. Lo
-quinto, á los vestir para cobrir sus carnes, á hombres y mujeres, y á
-los niños y viejos, segun lo que á cada persona conviniere, puesto que
-ellos, por ser la tierra caliente y como infieles, no se vistiesen,
-porque la honestidad cristiana no sufre andar los hombres y mujeres
-desnudos. Lo sexto, á les dar calzado conforme á la necesidad y
-honestidad susodicha. Lo sétimo, á dalles camas conforme á la tierra, y
-no el suelo. Lo octavo, á dalles casas en que se metan, en las minas y
-en las estancias. Lo noveno, á les dar el trabajo moderado, y no como
-le daban noches y dias, fiestas y no fiestas, y no á llevar mujeres
-y viejos y niños á las minas y á los otros trabajos. Lo décimo, á
-dalles cognoscimiento de Dios, y enseñalles la doctrina cristiana,
-y encaminalles en la vida de salvacion, de la cual padecen extrema
-necesidad; y por ser extrema, porque sin ella se iban todos á los
-infiernos, eran obligados á dársela, aunque por dársela hobiesen de
-perder las vidas, si de otra manera no se la pudiesen dar. Todas estas
-diez cosas, pertenecientes á la salud y vida de los cuerpos y ánimas de
-los indios, probó aquel padre fray Bernardo en el dicho tractado, ser
-obligados los españoles, y deudores á darlas á los indios por deuda y
-obligacion de justicia y de caridad, y así, cierto, es verdad. Probó
-tambien serles imposible dárselas, y obligábanse, empero, á se las dar,
-porque puesto que algunas dellas en singular fuesen posibles, pero las
-más ni singularmente ni todas juntas podian dárselas, como eran los
-mantenimientos suficientes para tan grandes trabajos como padecian,
-y los médicos y medicinas, y sobre todo la doctrina cristiana, y
-administracion de los Sacramentos, y ejercicio del culto divino, de
-todo lo cual ellos se constituian curas, no sabiendo para sí de las
-cosas de la fe y religion cristiana lo necesario para su salvacion;
-y así concluyó que los gobernadores y los comenderos eran obligados
-á dejar los indios en su libertad, quitando aquel modo tiránico de
-gobernacion que los habia consumido y consumia, porque no lo dejando
-estaban en estado de eternal dañacion. El tercer género de hombres que
-la dicha manera de gobernar ponia en mal estado eran los mineros, que
-eran los españoles que ponian para que hiciesen trabajar los indios en
-las minas, uno para 30 ó 40 indios, y los estancieros que los hacian
-trabajar en las estancias ó cortijos del campo y todas granjerías.
-Probábalo por esta razon: ninguno puede ganar sueldo, ni ejercitarse ó
-servir á otro en servicio y oficio ilícito y prohibido por la ley de
-Dios, sin que peque mortalmente y así esté en contino pecado mortal;
-puédese poner ejemplo en los que sirven á los logreros en ayudarlos en
-dar los dineros á logro, y los que sirviesen y ayudasen á los ladrones
-y robadores, llevándoles y poniéndoles las escalas y cosas semejantes;
-pues tener los indios de la manera dicha encomendados, es prohibido y
-contra la ley de Dios, y pone los gobernadores y amos, comenderos, en
-estado de eternal damnacion, luégo los mineros y estancieros que los
-sirven en aquel oficio y ministerio, y llevan su parte de aquello mal
-adquirido, pecan mortalmente y están en estado de eternal dañacion.
-Y, cierto, es así, porque aquellos eran los verdugos crueles que
-inmediatamente destruian y destruyeron todos, los indios destas islas,
-por las crueldades con que los tractaban, dándoles incesables trabajos,
-y con ellos azotes y palos, y con otras mil maneras de vejaciones, y
-así fué, y es donde aún en estas Indias los hay, á estima y dicho de
-todos, el más infame género de hombres que jamás se cognosció, que
-parece que Dios, por su divino juicio, quiso en pago de su impiedad
-hacellos á boca y estima de todos vituperables y menospreciables. Dió
-el dicho Padre otra razon de su mal estado, porque trayendo mujeres
-indias en los trabajos se ponian en peligro de pecado mortal, y, por
-consiguiente, pecaban mortalmente solamente por ponerse á peligro de
-con ellas pecar, cuanto más que nunca estaban sino amancebados, no con
-una sino con muchas, donde no faltaban feísimos adulterios y otras
-especies de aquel pecado. El cuarto género de hombres, que aquel modo
-de gobernar los indios, encomendándolos á los españoles, ponia en
-estado de pecado mortal, era los confesores, porque ninguna duda hay
-que el confesor que absuelve al que tiene oficio de pecado mortal, no
-lo dejando, y por él está en estado de dañacion, que peca mortalmente,
-y no enmendándose sino que está aparejado para los tales absolver,
-que está en mal estado; pues muchos confesores, y áun todos en aquel
-tiempo, absolvian á los gobernadores y á los comenderos, y á los
-mineros y estancieros, sin escrúpulo alguno, cuantas veces querian, sin
-los unos ni los otros tener propósito ni pensamiento de se enmendar,
-luégo los confesores de los tales pecaban mortalmente y estaban en
-estado de pecado mortal. Todo ésto trujo el dicho padre fray Bernardo,
-para cumplir con la primera cuestion, que fué, ser aquel repartimiento
-ó encomiendas de indios á los españoles pésima é inícua gobernacion
-y digna de fuego eternal. A las otras dos cuestiones respondió docta
-y cristianamente, probando, que ni con las leyes que se hicieron el
-año de 12, ni con las que demás se pudiesen hacer, por justas que
-fuesen, no se podia la dicha manera de gobernacion justificar que no
-fuese inícua y tiránica, y comprender en sí muchas deformidades, y
-porque teniendo los españoles los indios repartidos y encomendados era
-imposible no los matar, por ser su cudicia del todo insaciable, y por
-consiguiente incurable, para prueba de lo cual trujo muy evidentes y
-eficaces razones y irrefragables autoridades, lo cual dejamos aquí
-de traer por abreviar. Este tractado, compuesto por el dicho padre
-fray Bernardo, firmaron el Prelado y los principales religiosos del
-convento, y lleváronlo á los padres Hierónimos, los cuales hicieron
-poco caso dél. Aunque no eran ellos los mayores letrados del mundo,
-porque el principal dellos era jurista y entendia poco de teología, los
-otros dos habian estudiado algo en ella, pero no se entendió que fuesen
-teólogos demasiados, no les debia de saber bien verse allí, de su error
-ó culpable ignorancia y falta de celo para socorrer á los opresos
-y librar de la muerte á los desventurados, como les era mandado,
-sentenciados.
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- CAPÍTULO XCV.
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-
-Por este tiempo vinieron catorce religiosos de Sant Francisco, todos
-extranjeros, de Picardia, personas muy religiosas, de muchas letras
-y muy principales, y de gran celo para emplearse en la conversion
-destas gentes, y entre ellos vino un hermano de la reina de Escocia,
-segun se decia, varon de gran autoridad, viejo, muy cano, y todos
-ellos de edad madura y que parecian como unos de los que imaginamos
-senadores de Roma. Guiólos y trújolos un padre llamado fray Remigio,
-que habia estado por estas islas predicando segun podia á estas gentes,
-en especial estuvo cierto tiempo en la de Cuba; éste era tambien
-notable persona en religion y virtud, y con el deseo que tenian de
-aprovechar en los indios, tornó á su tierra y persuadió á los dichos
-catorce religiosos, y llegado con ellos á la corte el Cardenal de su
-Órden, don fray Francisco Jimenez, les mandó dar buen despacho para
-su proveimiento, y con él á esta isla consigo los trujo. De aquí se
-repartieron, yendo algunos á la tierra firme, donde habian, los que
-arriba dijimos en el cap. 81, asentado, que fué en la provincia y
-pueblo llamado Cumaná, y otros se quedaron en esta isla. Viendo pues
-el clérigo, Bartolomé de las Casas, el poco y ningun remedio que los
-padres Hierónimos á los indios daban, y que cada dia perecian los pocos
-que ya quedaban, porque como los españoles que tenian indios viesen que
-el Clérigo muy solícito andaba para que se los quitasen, temiendo que
-al cabo se los podian quitar, puesto que nunca los dichos padres se
-los quitaron, hobo español que escribió á su estanciero ó minero que
-se diese prisa en hacer trabajar todos los indios que tenia, y que no
-perdonase á las mujeres chicas ni grandes, preñadas ni paridas, porque
-cuando no se catasen se los habian de quitar segun tenia entendido.
-Así que, viendo el padre Clérigo el poco fruto que de la venida de
-los padres Hierónimos se seguia para los indios, comenzó á tratar
-del remedio con el padre venerable fray Pedro de Córdoba, que habia
-entónces, poco ántes, venido de Castilla, donde habia ido por traer
-religiosos, y como supo de la provision del Cardenal, y que los padres
-de Sant Hierónimo y el clérigo Casas eran para acá, con el remedio de
-los indios, venido, dióse priesa para tornar á esta isla, y tratando
-qué remedio se tomaria para que los padres Hierónimos ejecutasen los
-remedios que para los indios mandados traian, pareció que no habia
-otro sino tornar el Clérigo contra ellos á Castilla; y porque mostraba
-el licenciado Zuazo, juez de residencia, por entónces favorecer á los
-indios y dolerse de los agravios y muertes que padecian, y culpaba
-los padres por ello, puesto que despues no ayudó mucho á los indios,
-diósele parte por el dicho padre vicario, fray Pedro de Córdoba, y
-por el Clérigo, al cual pareció lo mismo. Allegóse á la ignorancia y
-error dellos, que les vinieran ciertos parientes ó deudos y afines,
-á los cuales quisieran, segun se creyó, aprovechar en esta isla con
-los sudores y sangre de los indios, pero no se atrevieron por estar
-el Clérigo presente, de quien sabian que no sufriera disimular cosa
-semejante, sin que se lo acusara públicamente ante todo el pueblo,
-si fuera menester, á gritos; y por ésto hiciéronlo ellos para su
-propósito mejor, que los enviaron á la isla de Cuba, y escribieron á
-Diego Velazquez, que estaba cada dia con temor que le habian de ir á
-tomar residencia y privalle del cargo que tenia, y en la carta que
-le escribieron, en la cortesía que se suele poner ántes de la firma,
-decian; «Capellanes de vuesa merced.» Esto vido por sus mismos ojos el
-clérigo Casas, un dia que acaeció irles á hablar cuando querian cerrar
-la carta. Visto ésto, cognosció que ninguna esperanza se podia tener
-que cosa hiciesen, al ménos cuanto á la libertad y lo sustancial que
-les causaba la muerte, que aprovechase á los indios; por lo cual se
-rectificó en el propósito de ir contra ellos á Castilla, y lo mismo
-concedieron el siervo de Dios, padre fray Pedro de Córdoba y el Juez
-de residencia. ¿Qué se pudo congeturar y áun de cierto esperar que
-habia de hacer Diego Velazquez por los deudos de los padres Hierónimos
-que allá les enviaban, sino dalles los mejores repartimientos que
-hobiese en Cuba de indios? Y ésto, aunque no lo dijesen ellos en su
-carta, pues no habia en Cuba otra cosa en que los enriquecer, cuanto
-más que quizá (como es cosa verosímile para creer), en su carta se lo
-escribieron; y pues los enviaban para que los aprovechase, y no habia
-otra cosa en que les dar dineros sino en los sudores y sangre de los
-indios, ¿qué se podia esperar dellos cerca de la redencion de los
-indios, que en sólo librarlos de los españoles consistia? item, ¿qué
-colegiria Diego Velazquez de la autoridad de los padres Hierónimos,
-en que los ternia, y cuánto los temeria, y cómo se enmendaria de los
-defectos que en la gobernacion de aquella isla hacia escribiéndole
-en sus firmas «Capellanes de vuestra merced», temiendo cada dia que
-le habian de enviar residencia y deponelle del cargo y mando harto
-absoluto que tenia? No parecerá cosa absurda de decir y creerlo, que
-Diego Velazquez les perdió todo el temor que les tenia, y que en su
-estima no hizo de allí adelante más cuenta dellos que hicieron las
-ranas de la viga, segun la fábula dijo; teníales ya el pié sobre el
-pescuezo, porque le habian dado sobre sí señorío, como lo dan los que
-de pretender su propio interese no están libres; de esta lepra pocos
-gobernadores y jueces se han escapado en todas estas Indias. Así que,
-determinado el clérigo Casas, con parecer de los dichos padre fray
-Pedro de Córdoba y Juez de residencia, de volver á Castilla por el
-remedio de los indios, tractóse cómo ó quién á los padres Hierónimos lo
-descubriria; fué acordado que el mismo Juez de residencia se lo dijese,
-disimulada ó como descuidadamente, porque se creia que oyéndolo habian
-de tener mal dia. Lo cual oido, dijo con gran alteracion el principal
-dellos, que era el fray Luis de Figueroa, prior de la Mejorada: «No
-vaya, porque es una candela que todo lo encenderá.» Respondió el
-Juez: «Micé, padres, ¿quién le osará impedir su ida siendo clérigo,
-mayormente teniendo Cédula del Rey en que le dá facultad para cada
-y cuando que bien visto le fuere pueda tornar á informar al Rey, é
-hacer en el cargo que trujo lo que quisiere?» Otro dia fué el Clérigo
-á vellos, y dícenle: «Padre santo, qué nos han dicho que os quereis ir
-á Castilla.» Respondió: «Sí queria, por negociar algunas de las cosas
-que me cumplen;» pasóse lo demas en disimulacion. Y ántes que supiesen
-de su propósito de ir á Castilla, en ciertos navíos que partieron,
-escribieron ellos al Cardenal mal del Clérigo para indignarlo contra
-él, y él tambien contra ellos, como no hacian cosa en favor de los
-indios de lo que á cargo traian, y como ya tenian parientes acá y los
-enviaban á la isla de Cuba para que les diesen indios, y lo que más
-para culpallos en aqueste caso con verdad convenia; fueron sus cartas
-dellos á manos del Cardenal, pero las del Clérigo nunca parecieron;
-no supo si acá ántes que partiesen los navíos á quien las fió, por
-industria ó sin ella de los Hierónimos, las vendió y entregó á ellos,
-ó que llegaron á Castilla y los oficiales de la contratacion las
-quemaron ó rompieron. Porque los negocios del Clérigo, y su persona
-por ellos, fueron siempre, á los que algun interese pretendian en
-estas Indias, odiosísimas, de la cual pretension los oficiales de la
-dicha Casa no mucho carecian. Despues se maravillaban, y lo dijeron al
-Clérigo los con quien comunicó el Cardenal las cartas de los Padres
-Hierónimos, cómo no rescibia el Cardenal cartas dél; por lo cual
-padeció el Clérigo alguna ménos estima en la mente del Cardenal, de
-la mucha que dél concibió y tuvo siempre, como no oido ni defendido,
-y absente, y no haber quien declarase al Cardenal los defectos de
-los Hierónimos y volviese por él. Finalmente, se aparejó para se
-partir á Castilla en los primeros navíos, y los religiosos de Sancto
-Domingo le dieron cartas de crédito, firmadas del padre fray Pedro de
-Córdoba y de los principales del convento, para el Cardenal y para
-el Rey si fuese venido, y lo mismo hicieron los religiosos de Sant
-Francisco, autorizando su persona, loando su celo y sancto fin, é
-dando á entender la gran necesidad que los indios tenian de remedio,
-el cual iba á buscar y traer el dicho Clérigo. Partido deste puerto
-de Sancto Domingo por el mes de Mayo, año de 1517, con próspero viaje
-llegó en breves dias á Sevilla, y en cincuenta, por todos, á Aranda
-de Duero, donde ya estaba el Cardenal enfermo. Besóle las manos, y en
-palabras que le dijo sintió estar mal informado, y porque le arreció la
-enfermedad y murió en breves dias della, no tuvo el Clérigo tiempo de
-dalle cuenta de lo que acá pasaba y satisfacelle. Luégo que desta isla
-el Clérigo salió, acordaron los padres Hierónimos de enviar tras él
-uno de sí mismos, como los que temian que les podia dañar, por conocer
-que no tenian buen juego; éste fué aquel que dijimos llamarse fray
-Bernardino de Manzanedo, del cual y cómo le fué abajo se dirá si á Dios
-pluguiere.
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- CAPÍTULO XCVI.
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-Dejado por agora de contar lo que sucedió al Clérigo con la venida
-del Rey, tornemos á la diligencia que Diego Velazquez y los españoles
-de la isla de Cuba ponian en ir é enviar á saltear indios para traer
-á ella, por la priesa que daban á matar los naturales della con las
-minas y granjerías nefarias que tenian, porque cuanto más oro y riqueza
-adquirian, tantos más indios se les morian, y cuanto mayor número
-dellos perecia y se iba despoblando la isla, tanta mayor prisa se daban
-en hacer armadas para ir á buscar islas y saltear y robar las gentes
-naturales que en ellas vivian, de la manera que se habia hecho en
-esta isla. Tenia intento Diego Velazquez, segun él decia, que si las
-tierras ó islas que se descubriesen fuesen tales y de oro tan ricas,
-que allí hobiesen de ir á poblar españoles, no sacaria dellos para
-traer á la de Cuba los indios, sino que allí los irian á convertir
-de la manera que en esta Española, y en aquella, y en las otras, él
-y los demas lo hicieron, haciéndoles ántes blasfemar el nombre de
-Cristo, matándolos en los trabajos dichos, y por ellos y en ellos,
-muriendo sin fe y sin Sacramentos, ni que tuviesen cognoscimiento de
-Dios ni alcanzasen á saber una jota del culto divino; y éste era su
-propósito, y ésto llamaba ir á sus islas y tierras á convertillos y
-hacer á Sus Altezas servicio. Pero si las tierras no tenian oro, que
-por consiguiente las estimaban por inútiles y perdidas, tenia por
-sacrificio para Dios y servicio para Sus Altezas, saltear y prender
-toda la gente dellas, y traellos por esclavos y consumilla toda en
-las minas y en las otras granjerías, como de las demas de arriba se
-há harto dicho. Para proseguir, pues, sus buenos intentos de Diego
-Velazquez, y de los españoles que allí eran vecinos y tenian indios, y
-se hallaban con dineros sacados de las minas y de las otras granjerías,
-con la justicia que se ha dicho, juntáronse tres dellos, llamados
-Francisco Hernandez de Córdova, harto amigo mio, Cristóbal de Morante
-y Lope Ochoa de Caicedo, y tractaron con Diego Velazquez que les diese
-licencia para ir á saltear indios donde quiera que los hallasen, ó en
-las islas de los Lucayos, aunque ya estaban, como arriba hobo parecido,
-destruidas, pero todavía creian poder topar, rebuscándola, algunos
-escondidos, ó de otras partes de las descubiertas. Dada licencia, puso
-cada uno dellos 1.500 ó 2.000 castellanos; compran ó fletan dos navíos
-y un bergantin, y provéenlo de pan caçabí, tocinos de puerco y carne
-salada, y agua y leña y lo demas necesario, juntan cien hombres, con
-marineros, y todos á sueldo ó á partes, que es decir que tuviesen su
-parte, cada uno, de los indios que salteasen, y del oro y de otros
-provechos que hobiesen. Hace Diego Velazquez Capitan de todos al dicho
-Francisco Hernandez, porque era muy suelto y cuerdo, y harto hábil
-y dispuesto para prender y matar indios; llevaron por piloto á un
-marinero llamado Anton Alaminos, el cual, los tiempos pasados, siendo
-él mozo y grumete, habia navegado y halládose con el Almirante viejo,
-primero que descubrió las Indias, cuando descubrió á Veragua el año
-de 1502. Partiéronse del puerto de Santiago, haciéndose á la vela,
-creo que, por fin del mes de Febrero el año de 1517, por la banda ó
-parte del Norte de la isla de Cuba, y llegaron al puerto que dicen
-del Príncipe, donde tenia hacienda alguno ó algunos de los armadores
-ó sus amigos, para tomar carne, y agua, y leña y otras cosas para su
-viaje; y estando allí, dijo el piloto Alaminos al capitan Francisco
-Hernandez que le parecia que por aquella mar del Poniente, abajo de la
-dicha isla de Cuba, le daba el corazon que habia de haber tierra muy
-rica, porque cuando andaba con el Almirante viejo, siendo él muchacho,
-via que el Almirante se inclinaba mucho á navegar hácia aquella parte,
-con esperanza grande que tenia que habia de hallar tierra muy poblada
-y muy más rica que hasta allí, é que así lo afirmaba, y porque le
-faltaron los navíos no prosiguió aquel camino, y tornó, desde el cabo
-que puso nombre de Gracias á Dios, atras á la provincia de Veragua.
-Dicho ésto, el Francisco Hernandez, que era de buena esperanza y
-buen ánimo, asentándosele aquestas palabras, determinó de enviar por
-licencia á Diego Velazquez para que, puesto que iban á saltear indios
-y traerlos á aquella isla, que, si acaso de camino descubriesen alguna
-tierra nueva, fuese con su autoridad, como Teniente de gobernador que
-allí gobernaba por el Rey; el cual se la envió larga, como Francisco
-Hernandez, que la pidió, deseaba. La licencia venida, luégo, sin más
-se tardar, como si con la misma licencia le enviara la llave de la
-puerta donde estuviera encerrada toda la tierra que habia de hallar
-con toda certidumbre, y hobiera de ir luégo á ella á morar, embarca
-muchas obejas y puercos, y algunas yeguas, todo para comenzar á criar.
-Hiciéronse á la vela, llegan á la punta ó cabo de la isla que se llama
-el cabo de Sant Anton, desde allí andaban de dia lo que podian, y
-bajaban las velas de noche, que llaman estar al reparo, por navegar por
-mar que no sabian, y por no dar en tierra ó bajos ó peñas de noche,
-industria de prudentes marineros; y finalmente, al cabo de cuatro
-dias que habian, segun su parecer, andado, con las paradas dichas,
-70 ó 80 leguas, llegaron á una isla grande que los indios llamaban
-y llaman Cozumel, y los españoles le pusieron Sancta María de los
-Remedios, porque les ayudase á saltear las gentes que en sus casas
-vivian seguras. Llegándose á la isla y costeando por la ribera della,
-buscando puerto donde surgir ó echar anclas, y no lo hallando, mandó
-ir el Capitan con 45 hombres en las barcas, y llegó en ellas cerca de
-un pueblo grande que desde la mar habian visto, y como los indios dél
-vieron que los españoles iban hácia allá, salieron á recibillos muchas
-canoas llenas dellos, todos fajados por la cintura, y de allí abajo
-cubiertos con unos paños ó mantas de algodon, y con sus armas, arcos
-y flechas y rodelas; llegando á las barcas comenzaron á hablar por
-señas á los españoles, como preguntándoles quién eran y qué querian,
-y junto con ésto dánles ciertas calabazas de agua, como entendiendo
-que los que navegan, siempre, lo primero que quieren de tierra es
-agua, diéronles tambien maíz molido en pella y masa, de que suelen
-hacer como unas zahinas ó poleadas, cuasi como bastimento para camino
-y para necesidad: el Capitan les dió una camisa de algodon. Vieron
-los indios en una de las barcas un indio de Cuba que llevaban consigo
-los españoles, al cual por señas pidieron que se lo diesen, para que
-trujese más arina ó masa de maíz y más agua; el Capitan se lo dió y
-metiéronlo en sus canoas y fuéronse. Los españoles llegáronse á un
-estero que por allí estaba, y en ésto llegó el bergantin, que venia más
-llegado á tierra y atras; dijeron los dél que aquellos indios habian
-peleado con él y le habian seguido por aquella costa de mar dos dias.
-Estando platicando en ésto llegaron 16 canoas de indios, los cuales por
-señas les dijeron que se fuesen con ellos al pueblo, lo cual hicieron
-los españoles y concedieron de buena voluntad, y los unos en sus barcas
-y los otros en sus canoas fueron juntos, y en el camino les anocheció
-cerca del pueblo, en una punta que hacia la tierra entrando en la mar;
-saltaron los españoles á dormir en tierra y los indios durmieron junto
-á ella en sus canoas, y como era cerca del pueblo, en toda la noche no
-hicieron sino ir y venir dél indios á hablar y estar con los indios
-de las canoas. A la media noche vinieron dos dellos con sus arcos y
-flechas por tierra, y viéndolos un español que velaba su cuarto y que
-se metian entre ellos, levantóse y arremetió á ellos con la espada
-sacada y dando voces; levántanse todos los españoles, y arremetieron
-con los indios que estaban junto en las canoas. No supe los que
-alcanzaron, mataron ó hirieron, mas de que todos los que pudieron
-huyeron y dejaron 14 canoas con sus arcos y flechas; argumento harto
-claro de que no tenian por entónces pensamiento de acometer ni hacer
-daño á los españoles. Otro dia de mañana vieron venir los españoles dos
-canoas y dentro nueve hombres, y, llegados á tierra, el Capitan de los
-españoles los hizo prender y atar sin por qué ni para qué, sino para
-hacer heder por toda la tierra su nombre. Hízolos interrogar uno á
-uno, apartados, mostrándoles oro de la isla de Cuba, y preguntándoles
-si en aquella tierra habia de aquel metal. ¡Mirad qué evangelio
-comenzaba á predicalles y qué señas les daba que habia en el cielo
-un sólo y verdadero Dios! Todos conformes respondieron que lo habia
-en unas provincias que nombraban Cube y Comi, señalando y nombrando
-los rios donde lo sacaban; ésto sabido, mandó soltar el Capitan el
-uno de los nueve, diciendo que fuese á traer el indio que habian
-llevado el dia pasado, y los ocho envió á los navíos y los echaron en
-cadenas. Esperaron dos dias, y como no volvió, quizá teniendo legítimo
-impedimento, partiéronse los españoles por tierra, la costa abajo, y
-los navíos cerca de tierra por la mar, hasta cerca de un pueblo grande
-que viniendo por la mar habian visto; allí vinieron ciertos indios
-en una canoa, haciendo á los españoles señales de paz, y preguntóles
-á qué venian ó qué era lo que querian en tierras que no eran suyas,
-respondió el Capitan que si les daban oro les daria un indio suyo que
-allí tenia, porque los demas de los nueve iban en los navíos, los
-indios dijeron por sus señas que desde á tres dias se lo traerian.
-Volvieron al tercer dia en una canoa seis indios y trujeron como media
-diadema y una patena de oro bajo, y dos gallinas asadas de las grandes
-de aquella tierra, y maíz hecho pan, lo cual todo dieron al capitan
-Francisco Hernandez y él les dió el indio, los cuales dijeron que otro
-dia volverian por los otros indios que les tenian presos y les traerian
-taquin, que entendieron ser otro oro fino (á lo bajo llaman mazca).
-Los españoles los esperaron, segun dijeron, seis ó siete dias, y como
-no vinieron acordaron de no entrar en aquel pueblo, sino irse por la
-costa abajo del Norte de la isla, llevando las barcas y el bergantin
-junto á tierra; de allí veian la playa y ribera de la mar llena de
-indios. Vieron por el camino muchos ciervos y en unas casas pequeñas
-hallaron muchas piedras labradas de cantería, y ciertas vigas grandes
-labradas de cuatro esquinas. Yendo desta manera descuidáronse los del
-navío, donde iban presos los siete indios, y así quebraron la cadena en
-que tenian los piés ó los pescuezos y echáronse á la mar y fuéronse.
-Pesó mucho al Capitan de la huida de los siete indios, y pareciéndole
-que tenia necesidad de algun indio, para informarse dónde podria desde
-allí ir, trabajó de saltear otros, y viendo dos estar sentados en la
-playa, fué á ellos y prendió el uno, el cual trujo á la isla de Cuba;
-preguntóle luégo allí si sabia que en aquella isla hobiese oro (que
-era toda su predicacion y ánsia de convertir aquellas gentes, como
-todos nuestros hermanos siempre pretendieron), respondió el indio que
-lo habia, dello labrado como arrieles para los dedos, y cadenas tan
-gruesas como una de hierro que allí en el navío vido, y que habia otras
-joyas grandes y diversas.
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- CAPÍTULO XCVII.
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-Alegres con estas para sí tan sabrosas nuevas, hiciéronse á la vela
-por la costa ó ribera de la mar abajo, y entraron en una bahía ó
-ensenada de mar, desde la cual vieron en tierra un pueblo grande con
-muchas casas blancas, de que se admiraron como cosa nunca vista, ni
-pudiendo imaginar lo que era. Llegáronse los navíos hasta media legua
-de la tierra y saltó el Capitan con 85 hombres en ella; los indios,
-desque los vieron, saliéronlos á rescibir hasta 500 dellos sin armas
-algunas, y con señales de mucha benevolencia, entre los cuales venia
-un principal que debia ser Capitan, el cual por señas les dijo que se
-fuesen con ellos al pueblo. Salió tambien otro señor viejo, que á lo
-mismo los indució que fuesen, y éste, por ventura, era el Rey; los
-españoles se fueron al pueblo con el que los convidaba, y el señor
-viejo entra con mucha gente en veinte canoas, que por ventura las
-hinchian más de otros 300, y fuese á ver los navíos. Entraron en el
-pueblo los españoles, y vieron que era muy grande y de muchas casas
-pequeñas cubiertas de paja, y las más dellas cercados los solares y
-circuitos de piedra seca de una vara en el alto y de vara y media en
-ancho, entre los cuales habia muchos árboles de muchas frutas, habia
-tambien una casa de cal y canto, edificada á manera de fortaleza; de
-todo lo cual los españoles se admiraban, en especial viendo casas y
-edificios de cal y canto, como cosa que nunca se habia en estas Indias
-visto. Vuelto el señor viejo, que habia en las canoas ido á ver los
-navíos, convidó á los españoles á que fuesen con él á su casa, el
-cual los metió dentro de un gran corral cercado de la misma manera,
-de piedra, donde estaba en un patio un árbol grueso nascido, y allí
-estaban colgadas nueve coronas blancas, y en cada una una bandera
-pequeña; estaba cerca del dicho árbol una mesa ancha de cal y canto de
-tres ó cuatro gradas en alto, y encima della un hombre de bulto hecho
-de lo mismo, que tenia la cabeza colgada sobre las dichas gradas, é dos
-animales de bulto y cal y canto que lo comian por la barriga, eso mismo
-habia una sierpe muy grande que tenia en la boca atravesada una figura
-de leon; estaban tres palos grandes hincados en el suelo llenos de
-pedernales, lo cual segun pareció, y los indios señalaron tenian para
-cortar encima della, á algunos que justiciaban, las cabezas, porque
-habia en ella sangre fresca. Vieron en el ejido junto al dicho corral,
-muchas cabezas de indios que justiciaban allí, y puesto que parecia y
-se juzgaba entónces ser aquel lugar donde se secutaba justicia, porque
-no se sabia hasta entónces que sacrificasen á los ídolos hombres, como
-lo hacian en la nueva España, pero despues de sabido dijéramos que no
-era lugar de justicia sino de sacrificios, á lo cual decimos que por
-aquella tierra de Yucatán, que está junta, cuatro leguas de mar en
-medio, con la dicha isla, puesto que algunos hombres sacrificaban, pero
-muy pocos, y así aquel lugar debia ser lugar de justicia de malhechores
-y tambien donde sacrificaban los tomados en guerra, á sus dioses.
-Vieron asimismo junto á lo de arriba, una casa de cal y canto hecha,
-como una cámara con una puerta, delante de la cual tenian puesto un
-paño de algodon de muchas colores, dentro de la casa ó cámara estaban
-siete ó ocho bultos de hombres hechos de barro cocido, y junto á ellos
-cosas aromáticas y odoríferas como incienso ó estoraque. Salidos de
-allí, fueron á ver y considerar el pueblo por una calle, donde vieron
-una calzada de piedra, y allí los indios se pusieron delante los
-españoles, poniéndoles las manos en los pechos, diciéndoles por señas
-que no pasasen de allí, pero el Capitan de los españoles decíales que
-los dejasen pasar; y mereciera que luégo allí lo mataran y los echaran
-á todos de su tierra y pueblo, pues porfiaba en tierra y casa ajena
-tomar más licencia de la que el dueño le daba. En fin pasaron aquella
-calzada; hallaron en una calle una casa de cal y canto, á manera de
-fortaleza, de 23 gradas en alto, tan anchas que podian subir diez
-personas juntas hasta lo más alto: ésta vista, no curaron ni osaron
-de subir ni entrar en ella. Fuéronse por otra calle adelante, donde
-hallaron asimismo otra fortaleza de cal y canto, pequeña, de la cual
-vieron salir un indio cargado con una arca de madera, pequeña, á
-cuestas; no supieron lo que en ella iba, más que vieron que un indio
-sólo no la podia llevar y se metió otro debajo della para ayudarle
-á llevarla, puesto que, por las cosas despues vistas por allí y por
-toda la nueva España, las que decian fortalezas eran templos de los
-ídolos, y aquella arca debia ser su _Sancta sanctorum_ ó relicario,
-donde debia estar algun principal de sus dioses, de piedra hecho
-ó de palo. Pasaron los españoles por el pueblo, más adelante, que
-tenia más de 1.000 casas, y como los indios vian que sin acometer ni
-tomarles las fortalezas, que creian que eran, se pasaban, viniéronse
-para ellos sin armas, los rostros alegres, y benévolos, y haciéndoles
-señas de paces, y todos juntos se volvieron, como si fueran de mucho
-tiempo cognoscidos y amigos, al principio del pueblo, por donde habian
-entrado, y fuera se asentaron todos debajo de un grande árbol. Allí,
-un hijo del señor y una mujer trujeron al Capitan de los españoles una
-gallina cocida, de las grandes como pavos, y ciertas carátulas de oro
-fino, y vieron muchos indios con granos de oro por fundir, como de
-la tierra lo sacan, que traian colgados de las orejas; vieron muchas
-colmenas de madera llenas de abejas domésticas y mucha miel, de la
-cual trujeron á los españoles muchas calabazas, y era muy blanca y muy
-excelente. Y es aquí de saber, que en ninguna parte de todas las Indias
-que están descubiertas se ha visto que tengan colmenas domésticas,
-ni las procuren ó cultiven, sino en aquella isla de Cuzumel, y en la
-de Yucatán, que es tierra firme, á la cual está pegada ella. Hecho
-ésto, preguntaron al Capitan, por sus señas, qué era lo que queria,
-respondióles, que agua para beber; los indios les mostraron un pozo
-empedrado y redondo, bien hecho y de muy buena agua, á donde los
-españoles se fueron á dormir, y de allí tomaron toda el agua que para
-sus navíos era necesaria. Veláronse aquella noche los españoles, y no
-ménos los indios su pueblo con mucha vigilancia velaban. Venido el dia,
-salieron todos los indios del pueblo, armados, con sus arcos y flechas,
-rodelas y lanzas; rodearon el pueblo por la parte donde los españoles
-estaban, enviaron tres á decirles que se fuesen á sus navíos ó barcos,
-y así por señas se lo notificaron, con amenazas que si no se iban los
-flecharian y harian daño; los españoles obedecieron su mandado, y
-fuéronse á embarcar á sus barcas y en ellas á los navíos, y alzaron sus
-velas y fueron por la ribera de la isla costeando.
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- CAPÍTULO XCVIII.
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-Los cuales, siempre creyendo que aquella tierra toda era isla, dieron
-en un cabo ó punta de la tierra firme que despues y agora nombramos
-Yucatán; aquel cabo llamaron los nuestros el cabo de Cotoche, por
-cierto vocablo ó vocablos que oyeron á los indios y que ellos
-corruptamente pronunciaron. Aquí vieron mucha gente bien ataviada y
-vestida, cubiertas todas sus carnes con camisetas, y mantas pintadas de
-colores, de tela de algodon; traian plumajes de muchas colores, joyas
-de oro y plata, como zarcillos, en las orejas, y otras de diversas
-hechuras y no poco polidas. De allí pasaron á una ensenada ó puerto
-muy grande que hace la mar, donde queda en seco la ribera cerca de
-una legua, bajándose la mar, lo que no se ha visto hasta hoy en toda
-la mar que llamamos del Norte, que es la destas islas y tierra firme
-que se mira con la de España, sin pasar por la tierra dentro de la
-tierra firme á la mar que nombramos del Sur, por respecto de la ya
-dicha del Norte. Llegaron pues á la ensenada ó puerto muy grande, y
-anclaron, y salió el Capitan con la gente que le pareció en tierra,
-al pueblo que estaba en la ribera, pueblo grande y de multitud de
-gente, llamado Campéche, la penúltima sílaba luenga, al cual puso
-el Capitan nombre, pueblo y puerto de Lázaro, porque entraron en él
-domingo de Lázaro. Los indios vecinos dél salieron todos á recibir los
-españoles con curiosidad, admirados de ver los navíos y las barcas ó
-bateles dellos, los españoles con grandes barbas y de color blancos,
-y de los vestidos y de las espadas y ballestas y lanzas que traian.
-Llegábanles las manos á las barbas, tocábanles la ropa, miraban las
-espadas y todo lo que consigo traian, finalmente, con amor y admiracion
-como cosa nunca vista ni pensada ver, y de que al cabo mostraban
-placer, los tractaban, principalmente el Rey ó señor del pueblo ó de
-la tierra mostró con verlos gran contentamiento; mandóles traer de
-comer, trujéronles mucho de su pan de maíz, mucha carne de venados,
-muchas liebres, perdices, tórtolas, gallinas muchas de las de papada,
-no ménos y quizá más excelentes que pavos, frutas y otras cosas de
-las que ellos tenian y podian traer para en todo agradalles. Trujeron
-muchas piezas y joyas de oro, que por cuentas, y espejos, y tijeras, y
-cuchillos, y cascabeles, y otras bujerías de las que solemos darles,
-rescataron ó conmutaron. En este pueblo vieron una torre, ó como torre,
-cuadrada, de cantería hecha, y blanqueada, con sus gradas; debia ser
-su templo por lo que despues se ha visto en toda la Nueva España y
-Guatemala. Estaba en lo alto della un ídolo grande con dos leones
-ó tigres que parecia comerlo por los ijares, y una sierpe ó animal
-que tenia sobre cuarenta piés en largo, y como un grueso buey que
-tragaba un fiero leon; todo de piedra muy bien labrado. Estaba todo
-asaz ensangrentado de sangre de los hombres que allí ó justiciaban ó
-sacrificaban, como arriba de la isla de Cozumel hablamos. Estuvieron
-aquí los españoles tres dias holgándose, tan espantados de ver los
-edificios de piedra y de las cosas que vian, como los indios de vellos
-barbados, vestidos y blancos, y no poco alegres los nuestros con ver
-las buenas muestras de oro que hallaban, y de lo mucho que la esperanza
-les prometia y multiplicaba. Hiciéronse á la vela el miércoles en la
-tarde, ó el jueves de mañana, ántes de la Semana Santa, dejando á los
-indios de Campéche muy contentos y ellos saliendo bien pagados; fueron
-de allí la costa abajo, 10 ó 12 leguas, á otro puerto y pueblo muy
-grande, llamado Champoton, la última luenga, muy adornado de casas
-de piedra, con sus mármoles della misma, bien señalados, como podian
-ser en España. Saltó el capitan Francisco Hernandez en tierra con la
-más gente que llevaba, y entónces vinieron á ellos muchos indios con
-sus armas y con ciertas hachas de metal, conque debian estar en sus
-rozas y haciendas trabajando; preguntáronles por señas qué querian:
-respondieron los nuestros que buscaban agua. Los indios les señalaron
-que se fuesen hácia el pueblo, y que por el camino hallarian un rio
-y se hartarian de agua. Fueron como les dijeron, y hallaron un pozo
-muy bien empedrado en un gran llano, que llamamos, por vocablo de los
-indios de esta isla Española, çabana; durmieron allí aquella noche sin
-pasar adelante, porque vieron desde allí una gran labranza con una
-casa y muchas gallinas de las de papada. Otro dia de mañana, estando
-áun los españoles en el dicho campo llano ó çabana, vinieron á ellos
-ciertos indios, entre los cuales vino uno que traia un collar de
-cuentas de oro, que debia ser ó el Rey ó señor principal. El Capitan
-le dijo por señas, si se lo queria vender ó trocar, ó como acá usamos
-decir, rescatar, mostrándole ciertas sartas de cuentas de vidrios de
-colores, que poco y nada le agradaron, y así se fué con los otros.
-Desde á poco rato vinieron á los españoles, segun les pareció, hasta
-1.000 indios, por ventura considerando que habiendo bebido y tomado
-agua, que era por lo que preguntaron, no se querian ir de su tierra, y
-parecia que se hacian reacios, y como á gente nueva, extraña y feroz,
-barbada, y que venia en aquellos navíos grandes, (y tambien porque
-habian visto y oido tirar lombardas de fuego, que les parecia echar
-truenos del cielo, y turbar los elementos, no vian la hora que de sí y
-de sus tierras, como peligrosa vencidad, apartallos), con una trompeta
-sonando, y dando gran grita, con sus arcos y flechas y tablachinas de
-las de medias lunas, de oro, y con muchos cascabeles, vinieron con
-ímpetu y ferocidad á echallos. Los españoles que no saben sufrir en
-tales tiempos grita de indios, por mucho que las voces alcen, como los
-conozcan desnudos y al cabo llevar lo peor por la mayor parte, y en
-especial que el capitan Francisco Hernandez era, como arriba dijimos,
-muy suelto y de buen ánimo, sálenles al encuentro, y asiéronse todos,
-los unos y los otros, y con grande ánimo pelearon cuatro horas, cayendo
-de los indios en tierra, muertos, muchos, cuantos podian desjarretar
-y desbarrigar con las espadas y alancear con las lanzas, y á saetadas
-con algunas ballestas que llevaban. Los indios no por eso desmayaban,
-sino con sus arcos y flechas clavan los españoles, y luégo dieron un
-flechazo á uno, que iba sin rodela, por la barriga, del cual luégo
-allí murió; adelantóse otro español algo de los otros, por señalarse,
-al cual tambien mataron, y hirieron á todos los demas. Viéndose los
-españoles todos, ó los más, heridos y mal, comenzáronse á retraer hácia
-las barcas, lo cual fuera mejor hacer al principio, cuando vieron
-venir los indios determinados á echallos de sus tierras, pues ya les
-habian consentido tomar ó beber su agua, por la que preguntaban, y
-no era sino tomar achaque para entrar en tierra y señorío ajeno, y
-los indios no les hacian injuria alguna en no consentir que más en su
-tierra tardasen, pero porque no iban á hacer bien alguno, sino á lo que
-arriba queda bien probado, (y éstas fueron siempre sus obras, entrar
-y estar y tomar las haciendas, y las personas y la libertad dellas,
-y los señoríos que nunca les pertenecieron, á pesar de sus dueños),
-haciáseles de mal dejar el cebo del oro que vian, y quisieran dello
-cargar, y por eso se aventuraron, confiando en los estragos que en
-estas islas habian perpetrado; así que, retrayéndose los españoles,
-todos ó los más heridos, hácia las barcas, y los indios con gran ímpetu
-y vigor tras ellos, hiriéndolos cada paso, como en la playa hobiese
-mucho cieno y las barcas estuviesen poco ménos que atolladas, y los
-heridos fuesen muy lastimados, detuviéronse algo en embarcar, porque
-los marineros no se daban á manos á metellos á cuestas en las barcas;
-finalmente mataron allí 20 de los españoles, y el Capitan con los que
-escaparon quedaron más muertos que vivos, y ninguno quedara con vida
-si un poco más se tardaran. Creo que el Capitan quedó con treinta y
-tantas heridas, muy lastimado, segun él me lo escribió á mí, estando
-yo en la corte que á la sazon estaba en Zaragoza de Aragon entre
-otras cosas. Tornados á los navíos, y allí como pudieron curados,
-desarmaron y quemaron el bergantin porque hacia mucha agua, y porque
-no estaba la gente para trabajar mucho en agotallo por la mar, que no
-es chico trabajo. Con los dos navíos se volvieron á la isla de Cuba,
-y entraron en el puerto de Carenas, que es el de la Habana, de donde
-ultimadamente habian salido, y allí, no pudiendo sostener los ambos
-navíos por la mucha agua que hacian, dieron con ellos al través,
-desamparándolos, donde se anegaron; de allí se fueron á la villa de
-Santiago donde Diego Velazquez estaba, y Francisco Hernandez bien tarde
-por no sanar tan presto de sus muchas heridas, como viniese dellas
-muy lastimado. Diego Velazquez, aunque rescibió pesar de la muerte
-de tantos españoles, y de las heridas de los demas, pero las nuevas
-de ser la tierra tan rica y grande, y de tanta infinidad de gentes,
-y con edificios de cal y canto (lo que nunca se habia visto ántes),
-lo cual todo le ofrecia inestimable esperanza, con alegría inmensa el
-pesar le recompensaron. Comenzó luégo de tractar de hacer otra mayor
-armada, y enviar en ella por Capitan general, un hidalgo, natural de
-Cuéllar, patria tambien propia del mismo Diego Velazquez, llamado Juan
-de Grijalva, mancebo cuerdo y de buenas costumbres, al cual tractaba
-como deudo, puesto que no se creia serlo ni tocarle por ningun grado
-en sangre. Deste nombramiento pesó mucho á Francisco Hernandez, y
-rescibiólo por grande injusticia y agravio que Diego Velazquez le
-hacia, porque como él habia con sus dineros, si suyos eran, hecho el
-armada con la parte que los otros dos, Cristóbal Morante y Lope Ochoa,
-pusieron, y habiéndolo él descubierto y puéstose á tantos peligros de
-mar y de tierra, y al cabo saliendo tan mal herido, tenia por suya la
-dicha empresa y fuera dél pertenecer á nadie; por lo cual, determinó
-de irse á quejar al Rey de Diego Velazquez, y así lo escribió á mí,
-estando yo, como dije, en Zaragoza, porque me tenia por amigo, diciendo
-que Diego Velazquez se le habia tiránicamente alzado con sus trabajos,
-y que no tardaria más de cuanto estuviese bien sano de sus heridas y
-allegase algunos dineros para gastar, rogándome que yo informase al
-Rey, entre tanto, de su agravio. Pero él puso de ir á España, y Dios
-dispuso llevarlo al otro mundo, á que le diese cuenta de otros mayores
-agravios que él hizo á los indios de Cuba, de quien se servia y chupaba
-la sangre, y con ella iba á saltear los inocentes que estaban seguros
-en sus casas, y lo que más que todo lo dicho fué grave, y que no hay
-que dudar sino que delante el juicio de Dios él sintió por más áspero,
-la cuenta, conviene á saber, que en muriendo se le pidió de aquel tan
-grande escándalo que dejó sembrado en aquella tierra de Yucatán, y
-los muchos indios que mató y lanzó en los fuegos infernales, que con
-salirse de la tierra ajena, pues sus dueños no querian que estuviese en
-ella, pudiera todo excusallo. ¿Qué olor de paz, de bondad, de caridad,
-de justicia y de doméstica y amable y deseable vecindad dejó Francisco
-Hernandez en aquella provincia nueva de Yucatán? ¿Qué fama, qué
-opinion, qué estima pudieron aquellas gentes concebir de la religion
-cristiana, entendiendo que los que se llamaban cristianos, porque no
-los consentian estar en su tierra, como á gente sospechosa y peligrosa,
-y de quien razonablemente podian temer que de su estada les viniese
-gran daño, como siempre vino á donde quiera que españoles llegaron,
-pudiéndose retraer hicieron en ellos tan gran estrago? Finalmente,
-con esta inocencia, como otros muchos, murió nuestro amigo Francisco
-Hernandez.
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- CAPÍTULO XCIX.
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-Prosiguiendo el hilo de este año de 17, conviene decir el discurso de
-las cosas que al clérigo Bartolomé de las Casas, despues que habló al
-Cardenal en la villa de Aranda de Duero, sucedieron; el cual, visto
-que el Cardenal estaba muy enfermo y que de negociar con él se podia
-sacar poco fruto, deliberó de irse á Valladolid, y porque la fama de la
-venida del Rey D. Cárlos era frecuentísima, esperar allí el Setiembre
-si el Rey venia, y si nó tomar el camino de Flandes y dar cuenta de
-todo lo pasado y presente destas Indias al Rey. Ofrecióse á ir con
-él un padre llamado fray Reginaldo Montesino, de la órden de Sancto
-Domingo, persona de letras, y predicacion, y autoridad, hermano del
-padre fray Anton Montesino, de quien habemos hablado arriba muchas
-veces, que fué el primero que predicó en esta isla, desengañando á
-los españoles della contra esta execrable tiranía. Este padre fray
-Reginaldo, con celo de virtud y de la verdad, viendo al clérigo Casas
-sólo y clérigo, y metido tanto de veras y con tanta constancia en
-negocios tan árduos y tan pios, parecióle que era cosa de virtud
-de asistir con él y hacelle espaldas, acompañándole y ayudándole,
-para que el negocio, tan digno de sí, cobrase mayor autoridad, y así
-determinó de acompañalle hasta Flandes, y ser con él en todo, adverso
-y próspero, que se le ofreciese, lo cual aceptó con mucho placer y
-gozo el padre Clérigo, y ofreció todo lo que tenia para lo gastar en
-la espensa de ambos á dos. Esto así determinado, envió luégo el padre
-fray Reginaldo por licencia á su Provincial, que era el del Andalucía,
-la cual luégo le envió con su voluntad y beneplácito, entendiendo el
-fin á que su camino enderezaba. Venidos á Valladolid, suena luégo la
-nueva que el Rey era en Villaviciosa desembarcado, de lo cual el
-padre fray Reginaldo y el padre Clérigo fueron alegres mucho, por la
-venida del Rey que en aquellos reinos era bien deseada, y porque su
-camino tan lejano se les habia excusado. Y porque hablando una vez
-con uno de los principales del Consejo que habian entendido en las
-cosas de estas Indias, el padre fray Reginaldo, como mal informado
-de los españoles y por ventura interesal, y por consiguiente no bien
-aficionado al bien de los indios, le dijo que los indios eran incapaces
-de la fe, respondiendo el Padre, como letrado le dijo, que aquello era
-herejía, lo cual, no le fué muy sabroso y quedó muy enojado; por esta
-causa escribió el dicho padre fray Reginaldo á Salamanca, al Prior
-de Santistéban, que á la sazon era el padre fray Juan Hurtado, uno
-de los ilustres religiosos que por aquel tiempo habia en la Órden,
-no sólo en letras, porque era maestro en teología, pero en prudencia
-y mucho más en santidad de vida y fama, que aquel error pernicioso
-que los indios eran incapaces de la fe se osaba por la corte afirmar,
-por tanto que juntase los doctores teólogos de aquella Universidad,
-y tractasen aquella materia y la determinasen, y la resolucion se la
-enviase firmada y autorizada. No puso en olvido el padre maestro fray
-Juan Hurtado, lo que el padre fray Reginaldo le encomendaba; juntó,
-creo que fueron, trece maestros en teología, y pienso que más entre
-catedráticos y no catedráticos, entre eclesiásticos y frailes, los
-cuales, propuesta y disputada y determinada la cuestion, enviaron
-cuatro ó cinco conclusiones con sus corolarios y probanzas, la
-postrera de las cuales fué, que contra los que aquel error tuviesen y
-con pertinacia lo defendiesen, se debia proceder con muerte de fuego
-como contra herejes. Todas vinieron firmadas y autorizadas de los
-susodichos trece maestros, y yo las vide y trasladé, y pusiéralas aquí
-á la letra, sino que con otras escripturas en cierto camino me las
-hurtaron, y así se me perdieron. Tornando á la felice venida del rey
-D. Cárlos, en breves dias, desde el puerto donde desembarcó, llegó
-á Tordesillas á besar las manos y rescibir la bendicion de la reina
-doña Juana, su madre. Sonábase cada hora que el Rey y el Cardenal,
-en el abadía de Balbuena que dista de Valladolid seis ó siete leguas,
-y es de la órden de Sant Bernardo, se vian; sonóse luégo tambien que
-el Cardenal era muerto, y fué así. Vínose luégo el Rey á Valladolid,
-trujo consigo un docto hombre en derechos, flamenco, por Chanciller
-mayor, que segun el uso de flamencos llaman Gran Chanciller, cuyo
-oficio es ser cabeza y presidente de todos los Consejos; éste era varon
-excelentísimo, prudentísimo, capacísimo para negocios, y de grande
-autoridad, y persona que parecia uno de los que imaginamos Senadores
-de Roma, y, á lo que yo siempre entendí, rectísimo. En éste puso el
-Rey toda la justicia y gobernacion de Castilla y de las Indias, y
-no habia necesidad de negociar con el Rey cosa ninguna ni con otra
-persona, sino con el Gran Chanciller. Trujo tambien consigo el Rey á
-su Ayo y Camarero mayor, que llamaron Mosior de Xevres, tambien de muy
-autorizada persona y dotado de gran prudencia, de quien confió todo lo
-que al estado concernia, y las mercedes y todo lo demas que no tocase
-á justicia. Entre los privados, el que más acepto al Rey era, fué un
-Mosior de Laxao, que tenia oficio, segun la costumbre de la casa de
-Borgoña, de Sumiller, que es Camarero inmediato y propinquísimo al
-Rey, y que su cama se ponia junto á la del Rey, la del Rey cubierta
-de seda carmesí y brocado, y la de Mosior de Laxao de damasco negro.
-Cognoscido, pues, por el clérigo Casas, que los negocios el Rey tenia
-puestos en las manos y prudencia del Gran Chanciller, comenzó á tratar
-de informalle, y dióle algunas cartas de las que traia de crédito
-de los religiosos Dominicos y Franciscos, entre las cuales vinieron
-algunas en latin de los frailes de Picardia, que arriba dijimos
-haber llegado á esta isla, poco ántes que el Clérigo se partiese
-para Castilla, y como no sabian hablar en castellano escribieron en
-latin. Acaeció venir firmada la carta de los Franciscos de algunos de
-aquellos de Picardia, que el Gran Chanciller conocia, de que recibió
-mucho placer, y comenzó á ir de buena voluntad á dar crédito al Clérigo
-en lo que le decia. El Clérigo, por muchas y diversas veces, le hizo
-larga relacion de la perdicion destas gentes, despoblacion destas
-islas, y estragos y matanzas crueles que se habian en ellas hecho y
-cada dia se hacian; informábale tambien de los intereses que los del
-Consejo del Rey acá habian tenido y áun tenian, de la ceguedad del
-obispo de Búrgos, principalmente, y de la mala gobernacion que en
-estas Indias habia puesto ó habia consentido poner y permanecer, pues
-tan innumerables gentes por ella habian perecido; y afirmábale que el
-Obispo y el secretario Conchillos, por las dichas causas, destruian
-las Indias, porque aunque no se debe creer que tuviesen intencion mala
-en la provision y gobierno dellas, y que no les pesase que pereciesen
-los indios como perecian, pero al ménos debieran de caer, como eran
-obligados, en la causa que los consumia, que era estar repartidos,
-y mudar tan tiránico gobierno en otra manera razonable y humana de
-regidos, á la consideracion y efecto de lo cual se pudo presumir que su
-propio interes los impedia. Cuando el padre fray Reginaldo, vido que
-iba bien de negocios al padre Clérigo, dejóle y fuese á su provincia y
-casa, que creo que á la sazon moraba en Sancta Cruz, de Granada, ó en
-otro convento del Andalucía.
-
-
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- CAPÍTULO C.
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-En estos dias, como el Rey era tan nuevo, no sólo en su venida, pero
-tambien en la edad, item, asimismo en la nacion, y habia cometido todo
-el gobierno de aquellos reinos á los flamencos susodichos, y ellos no
-cognosciesen las personas grandes y chicas, y oyesen y entendiesen los
-negocios con mucho tiento y tardasen en los despachos, por temor de
-no errar, y no se confiaban de ninguna persona temiendo ser engañados
-con falsas informaciones, (y tenian mucha razon, porque las relaciones
-que oian de muchos eran diversas), por todas éstas razones estaban
-todos los oficios y las cosas de aquellos reinos suspensas, y mucho
-más las cosas tocantes á estas Indias, como más distantes y ménos
-cognoscidas. Sola la noticia que el Clérigo daba al Gran Chanciller
-dellas prevalecia, el cual no curaba de negociar ni informar al
-Rey ni á el Mosior de Xevres ni vellos, sino solamente con el Gran
-Chanciller y á él miraba y acompañaba, y con él hablaba todas las
-veces que convenia, porque, la verdad, de negociar con otro ninguna
-necesidad tenia por la razon dicha. Los españoles que á la sazon en
-la corte habia, procuradores destas islas y tambien de tierra firme,
-y otros particulares que de allá habian por sus negocios venido, de
-que vian el Clérigo allegado al Gran Chanciller, y, á lo que juzgaban
-y era verdad, favorecido, ningun sabor bueno rescibian dello, porque
-bien creian que, para sus cudicias y manutenencia de los indios en
-su tiranía, ningun fructo podia dello venilles, y por tanto, con
-más priesa y solicitud todos acudian como de ántes al Obispo, y al
-secretario Conchillos; aunque sin fructo alguno, porque, como se dijo,
-el Gran Chanciller tenia suspendidos los oficios ó la expedicion de
-los negocios, y no podian despachar cosa de lo que pedian. No del
-todo confesaban el Obispo y Conchillos la falta de su poder, sino
-que disimulaban y cumplian con todo cuanto podian. Ciertos criados
-del Obispo, idos destas islas, ó de sí propios, fingido ó quizá por
-órden del Obispo ó de Conchillos, usaron desta industria, que se
-juntasen todos los españoles que allá estaban destas Indias, y fuesen
-y aguardasen al Rey una y muchas veces, cuando verlo pudiesen, porque
-raro salia, y le suplicasen importuna y quejosamente que ordenase
-como fuesen oidos en sus negocios y expedidos, alegando que estaban
-gastados y que se querian tornar á sus casas que tenian en las Indias.
-Esta industria inventaron para que el Rey, de importunado, mandase
-al Obispo y á Conchillos, que prosiguiesen sus oficios y despachasen
-los negocios de las Indias, como personas que tantos años habia que
-en las manos las tenian. Aguardaron algunas veces que saliese el
-Rey, y hicieron lo que habian determinado, pidiendo y suplicándole
-mandase oir y despachar sus negocios, y lo demas que se les ofrecia
-para provocallo; pero aprovechábales poco, porque el Rey remitia al
-Gran Chanciller, y él disimulaba por estar del Clérigo bien avisado.
-Eran todos sus negocios no otros sino los que siempre, desde que
-éstas Indias se descubrieron, hasta este año de 1560, pretendieron
-por cuantas vías pudieron imaginar, durmiendo y velando y soñando,
-conviene á saber, tener los indios en aquella horrible y mortífera
-servidumbre donde todos han perecido, y perecen hoy los que restan, y
-que en ella se los confirmasen y los tuviesen perpétuos, como si con
-la vida que les daban fuera posible mucho durarles, segun por lo mucho
-que arriba dicho queda se muestra claro. Desque vieron que por esta
-vía no aprovechaban, acuerda el Obispo y el secretario Conchillos,
-despachar algunos negocios de aquellos que los deseaban, y entre sí,
-llamado alguno ó algunos de los del Consejo Real, y de aquellos que
-solia llamar y con quien, desde los principios, destas Indias las cosas
-comunicaba, como á escondidas ó disimuladamente determinallos, y yendo
-un dia el secretario Conchillos, con una libranza de muchas Cédulas y
-provisiones á comunicallas al Gran Chanciller, y para que las firmase,
-alteróse mucho el Gran Chanciller, y muy indignado díjole: «Andá, ios
-de aquí, que vos habeis destruido las Indias», y, si no me he olvidado,
-creo que dijo: «vos y el Obispo, habeis destruido las Indias.» Oido
-ésto, el secretario Conchillos salióse tristísimo, y, viendo que todo
-el gran favor que con el Rey Católico tuvo, se le habia del todo
-acabado, acordó de para siempre dejar la corte y se ir á Toledo, donde
-tenia su casa; y porque tenia muchas rentas en las Indias, sin los
-indios, como eran escribanías, y creo que la fundicion y marcacion del
-oro de alguna de estas partes, ó las escobillas, donde tenia mucho
-interese, y su mujer doña María Niño era persona valerosa, determinó
-á la corte envialla, para que negociase con el Rey la confirmacion de
-aquellos oficios, y, creo yo, tambien para sí pudiese alcanzar que le
-tornasen los repartimientos de los indios, que en cada una destas islas
-tenia, que se le habian quitado. Francisco de los Cobos, que habia
-sido su oficial y criado, y que muerto el Rey Católico se habia ido
-á Flandes, á si pudiese alcanzar estar en servicio del Rey en algun
-oficio, y alcanzó que le rescibiesen por secretario, entre muchos que
-lo mismo allá alcanzaron, (pero excedió su fortuna á todos los demas
-en que Mosior de Xevres se aficionó más á él que á otro, porque, en la
-verdad, tenia más partes que otro por ser muy bien dispuesto de gesto
-y cuerpo, y en su aspecto mostraba ser prudente y asosegado, era eso
-mismo en la voz y habla suave, y así era amable, y ayudóle tambien la
-noticia y experiencia que tenia de todos los negocios del reino, como
-quien de muchos años atras en la expedicion dellos se habia criado),
-éste vino con el Rey, y, como dije, á Mosior de Xevres tan allegado,
-que ninguna cosa con otro sino con él despachaba, mayormente de las
-tocantes al Real Estado; con parecer deste Francisco de los Cobos, se
-salió de la corte Lope Conchillos, y creo que pidió luégo á Mosior de
-Xevres y al Gran Chanciller el oficio de secretario de las Indias,
-ó para servillo en lugar de Conchillos, hasta que otra cosa el Rey
-determinase, y bien sabia él que no le habia de salir de las manos, ó
-quizá desde luégo se lo dieron como á propietario, finalmente, siempre
-lo tuvo y sirvió por muchos años, hasta que lo dió y traspasó ó suplicó
-al Rey que hiciese merced dél á Juan de Samano, de quien abajo, si
-Dios quisiere, se tractará. En aqueste tiempo de las subrecticias ó
-irregulares provisiones, como el obispo de Búrgos y Conchillos amaban y
-favorecian muy de hecho á Diego Velazquez, porque él en Cuba procuraba
-sus haciendas y negocios, asignándoles repartimientos de indios los
-más provechosos y más cercanos de las minas, donde al cabo sus criados
-y hacedores los mataban con excesivos trabajos (y áun díjose que el
-obispo de Búrgos queria casar con una sobrina suya á Diego Velazquez),
-y por el contrario, en cuanto podian, segun se creia, desfavorecian
-las cosas y estado del Almirante, despacháronse ciertas Cédulas y
-provisiones del Rey para Diego Velazquez, intitulándole: «Al nuestro
-Gobernador de la isla de Cuba, Diego Velazquez», siendo teniente del
-Almirante, y enviándole él á ella por lo honrar y levantar, como á
-criado de su tio, D. Bartolomé Colon, ó de su padre. Fué público y
-notorio, al ménos fué así la fama, que el mismo Diego Velazquez, usando
-de ingratitud contra el Almirante, lo pidió al Obispo y á Conchillos
-que le hiciesen Gobernador, inmediato del Rey, de aquella isla, y
-éste descomedimiento de Diego Velazquez fué despues, como parecerá,
-harto celebrado. De aquí parece la grande injusticia que el Obispo
-y Conchillos cometian contra el Almirante, usurpándole su estado y
-mercedes concedidas, y que tan legítimamente y con tantos sudores,
-trabajos y peligros, habia ganado su padre. No faltó quien vido la
-Provision en el escritorio de Conchillos, y avisó al Almirante que
-á la sazon estaba en la corte, y avisado quejóse al Rey y al Gran
-Chanciller, y por aquella vez fué remediado, aunque despues, como
-tornó el Obispo á proseguir el oficio de Presidente del Consejo de las
-Indias, como se dirá, no sé si le dieron Provision para que aunque el
-Almirante quisiese no le pudiese quitar el cargo. Desque los españoles
-que destas islas y de la tierra firme, conviene á saber, del Darien,
-donde presidia Pedrárias, estaban en la corte rabiando por negociar
-que sus tiranías se confirmasen por el Rey nuevo, vieron que sus
-industrias se les deshacian y que el obispo de Búrgos y Conchillos
-no podian nada, y que el Clérigo prevalecia con el favor del Gran
-Chanciller, acordaron de darle peticiones, dellos sin decir mal del
-Clérigo ni quejándose de lo que contra ellos negociaba, sino solamente
-pedir las cosas que les tocaban; otros quejándose del Clérigo que
-los destruia, y diciendo contra los indios lo que se les antojaba,
-las cuales todas y las cartas que para el Rey venian de las Indias
-daba el Gran Chanciller al Clérigo ó se las enviaba: el Clérigo tenia
-éste aviso, que al gran Chanciller mucho agradaba, que ponia en latin
-fielmente toda la sustancia de lo que la peticion ó capítulo de la
-carta decia, ó notificaba, ó queja que daban, y luégo abajo, de la
-misma manera, en latin, decia el Clérigo su parecer en contra ó en
-favor de lo que pedian ó suplicaban. Por este modo desengañó en muchas
-cosas al Gran Chanciller, que le pedian é con falsedad le informaban,
-y dió claridad de mucho de lo tocante á estas partes; llegó á tanto el
-crédito que el Gran Chanciller dió al Clérigo, que hizo relacion al Rey
-larga dél, encareciendo su experiencia y habilidad, y cognoscimiento de
-las cosas destas Indias, y es de creer que tambien lo alabó de bondad
-y rectitud de su intencion y buenos deseos; de donde sucedió que el
-Rey mandó al Gran Chanciller que juntase consigo al Clérigo y ambos á
-dos reformasen y pusiesen remedio á los males y daños destas Indias.
-Por lo cual, un dia que se debia de haber tractado ante el Rey de la
-misma informacion, y cometido el Rey al Gran Chanciller lo susodicho,
-yéndose á comer y el Clérigo con los demas acompañándole, mandó á un
-lacayo que fuese adelante y dijese al Clérigo que se detuviese, que
-le queria hablar; detúvose luégo el Clérigo, y díjole en latin: _Rex
-dominus noster jubet quod vos et ego apponamus remedia Indis, faciatis
-vestra memorialia_. El Rey, nuestro señor, manda que vos y yo pongamos
-remedio á los indios, haced vuestros memoriales. Respondió el Clérigo:
-_Paratissimus sum et libentissime faciam quæ Rex et vestra dominatio
-jubet_. Aparejado estoy é de muy buena voluntad haré lo que el Rey
-y vuestra señoría me mandan. Esta fué la segunda vez que parecia
-poner Dios en manos del Clérigo el remedio y libertad y salud de los
-indios, sino que luégo, por una vía ó por otra, todo se desbarataba,
-como adelante, asaz claro y digno de lamentacion, parecerá; por cuyos
-pecados lo permitiese Dios desbaratar, ó de los indios ó de los
-españoles, para que se cumpliese por ellos lo que está escripto en el
-Apocalipsi, _qui nocet noceat adhuc_, ó por los de ambos á dos géneros
-de hombres, el dia del juicio se nos mostrará.
-
-
-
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- CAPÍTULO CI.
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-
-En estos dias, el Almirante de Flandes, que habia venido con el Rey,
-gran señor y de gran estado, inducido por algunos españoles de los
-que habian ido de acá, y que por cobrar la benevolencia y favor de
-los flamencos andaban solícitos en dalles avisos harto culpables,
-suplicó al Rey le hiciese merced de aquella tierra ó isla grande que se
-habia descubierto, que llamaban Yucatán (y ésta era toda la que agora
-llamamos Nueva España), porque él la queria ir ó enviar á poblar de
-gente flamenca, de su tierra, y se la diese en feudo, recognosciendo
-siempre á Su Alteza, como vasallo á su señor, y para que mejor la
-pudiese poblar y proveer de lo que conviniese, le diese la gobernacion
-de la isla de Cuba; de donde pareció que el que le dió el aviso habia
-ido de Cuba, y sabia bien lo que avisaba. El Rey, libremente, como si
-le hiciera merced de alguna dehesa para meter en ella su ganado, se la
-otorgó, por no saber Mosior de Xevres, que era el consultor principal
-de las mercedes, lo que estas Indias eran y lo que al Rey importaban,
-mayormente tierra nuevamente descubierta, que debiera considerar poder
-ser alguna cosa grande, y de que despues de la haber concedido podia
-mucho al Rey pesarle; como es cierto que le pesara, si por la industria
-del Clérigo no se estorbara, y fué desta manera: que como ya entre
-los flamencos el Clérigo sonaba y comenzaba á tener autoridad, por
-ser clérigo y por su demanda, aconsejaron los caballeros flamencos al
-dicho Almirante de Flandes, que hiciese buscar al Clérigo, y de su
-parte le rogasen que fuese á comer con él (que era manera y uso de
-flamencos cuando querian negociar), y que dél sabria lo que valia y
-era la merced que el Rey le habia hecho de la tierra de Yucatán, y
-cómo para la enviar á poblar de flamencos y para todo lo que á ésto
-perteneciese debia guiarse. Fué al llamado del Almirante convidado el
-Clérigo, y dél rescibido con grande alegría y humanidad y á la mesa
-se le hizo gran fiesta, y la cortesía y favor que suelen hacer por
-aquella tierra de Flandes, cuando dicen, «yo bebo á vos, moyseñor», á
-los amados convidados, le hizo el mismo Almirante; y alzada la mesa,
-quísose mucho informar del Clérigo de lo arriba citado. El Clérigo
-le declaró y encareció con verdad qué cosa eran las Indias, y en
-especial lo que de aquella tierra nuevamente descubierta se esperaba
-de riquezas, segun la muestra que habia dado, y cuán necesaria era la
-gobernacion de la isla de Cuba para quien aquella tierra hobiese de
-tratar y señorear, con todo lo demas que para el fin que el Almirante
-pretendia, con verdad, debia declarársele. Quedó contentísimo y
-gozosísimo el Almirante de Flandes de la relacion tan particular que le
-hizo el clérigo Casas, y por ella el Almirante quedóle muy obligado;
-y como si le hobiera hecho merced el Rey de alguna viña, que de su
-casa estuviera un tiro de ballesta, y en la plaza los cavadores para
-cultivalla, con la misma facilidad despachó á Flandes, y dentro de
-cuatro ó cinco meses vinieron, creo que, cinco navíos al puerto de Sant
-Lúcar de Barrameda, cargados de gente labradora para venir á poblar la
-dicha tierra. Entre tanto, como el Clérigo vido la merced hecha tan á
-ciegas, y en violacion de la justicia que al Almirante de las Indias
-pertenecia por sus privilegios, segun los cuales, no sólo en la tierra
-destas Indias descubierta, pero en las por descubrir pretendia, y
-justamente, derecho, mayormente en lo que no habia duda ninguna, como
-era la isla de Cuba, que su padre personalmente habia descubierto el
-año de 1494, como pareció en el libro I, cuya gobernacion actualmente
-poseia, denunció la dicha merced al Almirante de las Indias el Clérigo,
-doliéndose de aquella manifiesta injusticia. Reclamó luégo el Almirante
-de las Indias al Rey, y á Mosior de Xevres, y al Gran Chanciller, el
-cual iba ya entendiendo los servicios que el Almirante viejo, su padre,
-en el descubrimiento deste orbe á los reyes de Castilla habia hecho,
-y los agravios grandes que habia rescibido, y viendo la justicia, que
-era manifiesta, suspendióse luégo la merced al Almirante de Flandes
-hecha, cumpliendo con él diciéndole: que hasta que se determinase el
-pleito que el Almirante de las Indias traia con el Fiscal real, sobre
-pretender derecho por sus privilegios á todas las tierras que en el
-mar Océano se descubriesen, no podia el Rey hacer merced semejante de
-ninguna dellas; cuanto más que habia sido informado que la isla de
-Cuba, de que ninguna duda se tenia pertenecerle la gobernacion della, y
-cuya posesion pacífica ya tenia, no pudo concederla á otro sin su gran
-perjuicio. Y así se quedó el señor Almirante de Flandes sin Yucatán y
-la Nueva España, que por ventura, si el clérigo Casas no avisara con
-tiempo y ayudara lo que con el Gran Chanciller ayudó, hoy la tuviera
-y el Rey lo ménos della poseyera. Venidos sus cuatro ó cinco navíos,
-cargados de labradores flamencos, á Sant Lúcar, y desbaratado todo su
-fundamento, hallándose burlados, ó de enojo y angustia desto, ó que los
-probó la tierra, murieron mucha parte dellos, y los que escaparon con
-la vida volviéronse á su tierra perdidos; y en ésto pararon los avisos
-que los españoles que á la sazon estaban en la corte, destas Indias,
-por buscar favor contra el Clérigo, daban y dieron al Almirante de
-Flandes y á los otros flamencos. Por este tiempo, en Valladolid, vino
-huyendo de Portugal, ó escondidamente por cierta queja que del Rey
-tenia, un hombre marinero, ó al ménos sabia mucho de la mar, llamado
-Hernando de Magallanes, que en portugués se decia, Magalhāes, y con
-él un bachiller, ó que se decia bachiller, que tenia por nombre Rui
-Faleiro, á lo que mostraba ser, grande astrólogo, pero los portugueses
-afirmaban tener un demonio familiar y que de astrología no sabia nada.
-Estos se ofrecieron á mostrar que las islas de Maluco y las demas, de
-que los portugueses llevan á Portugal la especería, caian ó estaban
-dentro de la demarcacion ó particion que se habia comenzado, aunque
-no acabado, entre los reyes de Castilla, católicos, y el rey D. Juan
-de Portugal, el segundo, de las partes australes y occidentales, y
-que descubririan camino para ir á ellas fuera del camino que llevaban
-los portugueses, y éste sería por cierto estrecho de mar que sabian.
-Vinieron con esta novedad, primero, al obispo de Búrgos, como sabian
-que hasta allí habia gobernado las Indias, aunque por entónces estaba
-como galera desarmada, y el Obispo los llevó al Gran Chanciller, y el
-Gran Chanciller habló al Rey y á Mosior de Xevres. Traia el Magallanes
-un globo bien pintado, en que toda la tierra estaba, y allí señaló el
-camino que habia de llevar, salvo que el estrecho dejó, de industria,
-en blanco, porque alguno no se lo saltease; y yo me hallé aquel dia
-y hora en la cámara del Gran Chanciller, cuando lo trujo el Obispo y
-mostró al Gran Chanciller el viaje que habia de llevar, y hablando yo
-con el Magallanes, diciéndole qué camino pensaba llevar, respondióme
-que habia de ir á tomar el cabo de Sancta María, que nombramos el Rio
-de la Plata, y de allí seguir por la costa arriba, y así pensaba topar
-el estrecho. Díjele más, «¿y si nó hallais estrecho por dónde habeis
-de pasar á la otra mar?» Respondióme que cuando no lo hallase irse ia
-por el camino que los portugueses llevaban. Pero, segun escribió en una
-epístola un caballero italiano, llamado Pigafetta, Vicentin, que fué á
-aquel descubrimiento con Magallanes, cierto iba Magallanes de hallar el
-estrecho, porque, diz que, habia visto en una carta de marear, hecha
-por un Martin de Bohemia, gran piloto ó cosmógrafo, que estaba en la
-Tesorería del rey de Portugal, el estrecho pintado de la manera que lo
-halló, y porque el dicho estrecho estaba en la costa de mar y tierra,
-dentro de los límites de los reyes de Castilla, debió moverse á venir
-é ofrecerse al rey de Castilla, de descubrir camino nuevo para las
-dichas islas de Maluco y las demas. Este Hernando de Magallanes debia
-de ser hombre de ánimo y valeroso en sus pensamientos, y para emprender
-cosas grandes, aunque la persona no la tenia de mucha autoridad, porque
-era pequeño de cuerpo, y en sí no mostraba ser para mucho, puesto que
-tampoco daba á entender ser falto de prudencia, y que quien quiera le
-pudiese fácilmente supeditar, porque parecia ser recatado y de coraje.
-Cuéntase dél, en una historia portuguesa, que partiendo dos naos de la
-India para el reino de Portugal, en una de las cuales Magallanes iba,
-dieron ambas en unos bajos y se perdieron, pero salvóse toda la gente
-y muchos de los mantenimientos en los bateles, yéndose á una isleta
-que estaba cerca de allí; acordaron que en los bateles se fuesen á
-cierto puerto de la India, que distaba algunas leguas, y porque no
-cabian todos en ellos, ni podian ir de una barcada, hobo gran contienda
-sobre quién iria en el primer barcaje; los capitanes y fidalgos y
-personas principales querian ir primero, los marineros y gente baja,
-decian que nó, sino ellos. Visto por Magallanes el peligro y porfía
-peligrosa en que estaban, dijo: «Váyanse los capitanes y fidalgos, y
-yo me quedaré con los marineros y los demas, con tanto que nos jureis
-y deis la palabra de enviar luégo, en llegando, por nosotros.» Dijeron
-los marineros y gente baja, que si con ellos quedaba Magallanes que les
-placia quedar, y en ésto Magallanes estaba en uno de los bateles; ya
-que se queria partir, díjole un marinero de los que quedaban, creyendo
-que disimulaba para irse: «Señor, ¿no nos prometísteis de quedar con
-nosotros?» Respondió él: «Sí,» y diciendo y haciendo salta del batel
-en tierra, y dice: «Véisme aquí.» Y así se quedó con ellos, y mostró
-ser hombre de verdad y de esfuerzo, y tambien parece que debia de ser
-hombre de calidad, pues holgaron de quedarse con él toda la gente baja,
-y se apaciguaron y excusó las pendencias, en que todos peligraran. Lo
-que demás deste Magallanes hay que decir, se dirá, placiendo Dios,
-abajo.
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- CAPÍTULO CII.
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-Tornando á proseguir lo que arriba en el cap. 100 contábamos, que
-el Gran Chanciller, de parte del Rey, mandó al clérigo Casas; lo
-primero que hizo fué ir á los monasterios y dar parte á las personas
-religiosas, Priores y Guardianes, que ya tenian noticia de lo que
-negociaba, del estado en que Dios parecia que ponia su negocio, cuya
-prosperidad todos tambien deseaban, y rogalles suplicasen á nuestro
-Señor le alumbrase á en todo lo que dijese ó escribiese para bien de
-aquestas gentes cumplir su voluntad. Comenzó y acabó sus memoriales y
-dá la traza y órden que habian llevado los frailes de San Hierónimo,
-añidiendo algunas otras cosas para el bien y la vivienda de los
-españoles, y para que los consiguiesen su total libertad, que le
-parecieron haber en aquella faltado; y entre otras dió aviso como
-aquesta isla Española, principalmente, y despues las demas, se poblasen
-de labradores, pues ya estaba de sus infinitos vecinos naturales
-asolada. La órden de la poblacion della hizo desta manera: que el Rey
-diese á cada labrador que quisiese venir á poblar en ella, desde que
-partiese de su pueblo hasta Sevilla, de comer, para lo cual se señaló
-á cada persona, chico con grande, medio real cada dia, y en Sevilla se
-les diese posada en la casa de la Contratacion, y 11 ó 13 maravedís
-para comer cada dia, de manera que tanto se daba al niño de teta como
-á sus padres; de allí, pasaje y matalolaje hasta ésta isla, y en ella
-un año de comer, hasta que ellos lo tuviesen de suyo, y si la tierra
-los probase tanto, que no estuviesen para trabajar más tiempo de un
-año, que lo que demas de un año el Rey les diese, fuese prestado para
-que se lo pagasen cuando pudiesen; y porque el Rey tenia ciertas
-granjas, que acá llamamos estancias, donde habia indios y algunos
-negros, aunque pocos negros, para sus granjerías, que se les diesen á
-los labradores donde se fuesen á aposentar, con todo lo que en ellas
-de valor habia, salvo los indios que se habian de poner en libertad,
-con que sustentasen los indios las dichas labores, ó granjerías algunos
-dias; dábanseles tambien rejas y azadas las que hobiesen menester,
-y de las tierras cuantas y cuan largas las quisiesen. Habíanlos de
-curar y dar las medicinas á costa del Rey, si adolesciesen; item, que
-los beneficios de los pueblos que poblasen fuesen patrimoniales, para
-que los hijos dellos se opusiesen y los llevasen por méritos como
-en el obispado de Valencia. Otras muchas y diversas mercedes se les
-prometieron, harto provocativas, á venir á poblar estas tierras, de
-los que las oian; y porque algunos de los españoles desta isla dijeron
-al clérigo Casas, viendo lo que pretendia y que los religiosos de
-Sancto Domingo no querian absolver á los que tenian indios, si no los
-dejaban, que si les traia licencia del Rey para que pudiesen traer
-de Castilla una docena de negros esclavos, que abririan mano de los
-indios, acordándose desto el Clérigo dijo en sus memoriales, que le
-hiciese merced á los españoles vecinos dellas de darles licencia para
-traer de España una docena, más ó ménos, de esclavos negros, porque
-con ellos se sustentarian en la tierra y dejarian libres los indios.
-Este aviso, de que se diese licencia para traer esclavos negros á estas
-tierras, dió primero el clérigo Casas, no advirtiendo la injusticia
-con que los portugueses los toman y hacen esclavos, el cual, despues
-de que cayó en ello, no lo diera por cuanto habia en el mundo, porque
-siempre los tuvo por injusta y tiránicamente hechos esclavos, porque la
-misma razon es dellos que de los indios. Todos los avisos y medios que
-dió el clérigo Casas para que en estas tierras viviesen los españoles
-sin tener indios, de donde se seguia ponerlos luégo en libertad,
-pluguieron y fueron gratos mucho al Gran Chanciller y al cardenal de
-Tortosa, Adriano, que despues fué Papa, porque de todo se les daba
-parte, y á todos los demas flamencos que dello supieron. Preguntóse al
-Clérigo qué tanto número le parecia que sería bien traer á estas islas
-de esclavos negros: respondió que no sabia, por lo cual se despachó
-Cédula del Rey para los oficiales de la Contratacion de Sevilla, que
-se juntasen y tractasen del número que les parecia; respondieron que
-para estas cuatro islas, Española, Sant Juan, Cuba y Jamáica, era su
-parecer que al presente bastarian 4.000 esclavos negros. Así como vino
-esta respuesta no faltó quien, de los españoles, por ganar gracias, dió
-el aviso al gobernador de Bressa, que era un caballero flamenco, segun
-creo, muy principal, que el Rey habia traido consigo y que era de su
-Consejo, que pidiese aquellas licencias por merced; pidióla, y el Rey
-luégo se la dió, y luégo ginoveses se la compraron por 25.000 ducados,
-y con condicion que por ocho años no diese otra licencia el Rey alguna.
-Fué muy dañosa esta merced para el bien de la poblacion destas islas,
-porque aquel aviso que de los negros el Clérigo habia dado era para el
-bien comun de los españoles, que todos estaban pobres, y convenia que
-aquello se les diese de gracia y de balde, y como despues los ginoveses
-les vendieron las licencias y los negros por muchos castellanos ó
-ducados, que se creyó que ganaron en ello más de 280 y áun 300.000
-ducados, todo aquello se sacó dellos, y para los indios ningun fructo
-dello salió, habiendo sido para su bien y libertad ordenado, porque al
-fin se quedaron en su captiverio hasta que no hobo más que matar. Habló
-el Clérigo al Rey afirmándole que Su Alteza debia de hacer merced al
-dicho gobernador de Bressa de los 25.000 ducados de su Cámara, porque
-les sería muy más barato, segun el daño y deservicio que habia de
-rescibir en no asentar la poblacion destas islas, que por entónces se
-comenzaba, de lo cual necesariamente habian de suceder otros muchos
-inconvenientes y daños; pero como él tenia por entónces poco dinero,
-y no se le podia por entónces dar todo á entender, no aprovechó nada.
-Dió tambien aviso y modo cómo se comenzase á tractar y saber las gentes
-y cosas que habia en toda la tierra firme que por entónces se sabia,
-haciendo en las costas ó riberas de la mar della fortalezas, de
-trecho á trecho, y que estuviesen hasta 30 hombres en ellas con muchos
-rescates y cosas de Castilla para trocar por oro y plata y perlas y
-piedras preciosas, y en cada una ciertos religiosos que tractaran de
-la predicacion del Evangelio, con lo cual se hobiera todo cuanto oro
-y cosas de valor los indios tuvieran, y cobraran con ellos amor y
-amistad, y ganaran las voluntades, y á sus tiempos hicieran fortalezas
-dentro de la tierra, y desta manera se supieran todos los secretos
-della, y con la industria y diligencia y obras de los religiosos las
-gentes se fueran convirtiendo, y, por consiguiente, confirmando en el
-amistad de los españoles, y de allí haber cognoscimiento de la bondad
-y justicia del Rey, y fácilmente se pudieran ganar y atraer á que de
-su popria voluntad se le subyectaran y dieran, sabiendo lo que hacian,
-la obediencia. No se podrá encarecer cuántos tesoros temporales por
-esta vía se hobieran, y, lo que más es, cuán fácil fuera la conversion
-de todas aquellas inmensas naciones, sin que una ni ninguna fuera
-injustamente muerta, y cuán felice hoy y siempre España fuera; pero
-no fuimos dignos de tan precioso é inestimable bien. La causa desta
-indignidad fué, y siempre ha sido, algunos tiempos mayor y otros menor,
-la ceguedad é insensibilidad, y no sé si les será imputada en el juicio
-terrible de Dios, del Consejo del Rey, por señalada é inícua maldad
-en no haber tenido por hito y blanco, como fin principal á que todas
-sus obras y ordenaciones, leyes y mandamientos, y determinaciones se
-habian de ordenar y enderezar, la conversion y utilidad espiritual y
-temporal de aquellas gentes, y no en adquirir hacienda para el Rey
-é para sí ó para sus parientes y amigos. Y pluguiera á Dios que con
-verdad procuraran el provecho y allegamientos de la hacienda real,
-pero ni áun ésta procuraron sino de voz y de palabra, permitiendo Dios
-que, pues no procuraban por su honra y predicacion de su ley y por la
-salud de las ánimas, que así se gastasen, que no cayesen en la forma y
-sustancia de la buena gobernacion que en estas Indias eran obligados á
-poner, ni en cosa á ella conveniente acertasen, y ésta no era otra más
-sustancial que enviar verdaderos pobladores, conviene á saber, gente
-labradora, que viviese de cultivar tierras tan felices como éstas,
-las cuales de su propia voluntad concedieran los mismos naturales
-pobladores y dueños dellas, que eran los indios, y los unos se casaran
-con los otros, y de ambas se hiciera una de las mejores repúblicas, y
-quizá más cristiana y pacífica del mundo, y no enviar indiferentemente
-de todo género de personas desalmadas, que las robaron, escandalizaron,
-destruyeron y asolaron y echaron en los infiernos, con increible
-infamia de la fe y vituperios inespiables del nombre y honor de Dios. Y
-destos estragos y ofensas gravísimas de Dios, y jactura, y disminucion
-tan nunca oida del linaje humano, no tiene ninguna excusa el Consejo,
-ante Dios, porque no se hicieron en un dia, ni en un año, ni en diez,
-ni en veinte, sino en sesenta y más años, y que cada dia lo sabian
-por cartas y por relacion presencial de muchos religiosos y personas
-graves que les informaban, y por las residencias y otros jurídicos y
-autorizados testimonios, y nunca por eso lo remediaron; y, así permitió
-Dios, como dije, que no acertasen en cosa de provecho de los reyes de
-Castilla, habiendo mil vías y cosas en que pudieran ser, sin daño de
-las Reales conciencias, riquísimos, y los más felices Reyes y señores
-del mundo, lo que no han sido sino los más necesitados de dineros que
-hobo jamás Reyes, habiendo entrado en su poder más de 200 millones
-de ducados en oro y plata y perlas y piedras preciosas, lo cual todo
-se les ha consumido, como si fuera humo ó una poca de estopa que se
-quemara; lo cual, todo, no sólo no les bastó para salir de las grandes
-y diuturnas guerras y angustias en que se vieron, pero los reinos de
-Castilla y Leon, ó todos los vendieron ó los empeñaron, y así se les ha
-parecido, la buena gobernacion que su Consejo puso en las Indias, en
-la capa. De todos éstos daños, y pérdidas, y pobreza, y angustia que
-á los Reyes y á sus reinos han venido, y otros mayores, que yo tengo
-por cierto, que han de venir sobre España, son reos y culpables sólo
-los del Consejo que el rey y reyes de Castilla tuvieron, que las cosas
-de las Indias tractasen; y puédese afirmar, sin ofensa de la verdad,
-segun las reglas de la prudencia, que por las cosas pasadas conjetura
-muchas verdades, que nunca Rey del mundo fué tan ofendido ni dañificado
-de los que daba de comer, y constituyéndolos por de su Consejo,
-ensalzaba, como lo han sido de los suyos los reyes de España. Tornando
-al propósito de la historia, en estos dias se comenzó á sonar que el
-obispo de Búrgos, y su hermano, Antonio Fonseca, que era Contador mayor
-de Castilla, dieron dineros ó al Rey ó á Mosior de Xevres, porque los
-oficios que tenian se los confirmasen, y díjose que dieron 16.000
-ducados; y no careció de sospecha, porque al cabo con ellos y en ellos
-quedaron, como, de lo que abajo se refiriere, parecerá.
-
-
-
-
- CAPÍTULO CIII.
-
-
-En este año de 17 salió el Rey de Valladolid para ir á tomar posesion
-de los reinos de Aragon, y de camino, en Aranda de Duero, se comenzó
-á tratar de los medios que el Clérigo habia dado; y como cosa
-señaladamente importante y necesaria para poner los indios en libertad,
-que era el fin del Clérigo, porque cesase la muerte de los indios que
-cada dia en estas islas se celebraba, trabajó que lo primero en que
-se entendiese fuese la poblacion de los labradores. Allí, en Aranda,
-se comenzó á hallar en el negocio el obispo de Búrgos, ó porque los
-oficios habia comprado, si fué verdad, ó porque Mosior de Xevres y
-el Gran Chanciller, por su autoridad y como quien tantos años habia
-estas Indias gobernado, aunque muy mal gobernado, quisieron á los
-negocios llamarle, y, tractándose, cuanto podia resistia el Obispo al
-Clérigo, aunque moderadamente; en especial resistia la poblacion de los
-labradores, diciendo que habia él trabajado á los principios de enviar
-labradores á esta isla, y fueron estas sus palabras: «Ahora veinte años
-quise yo enviar labradores y no hallé 20 que allá pasasen.» El Clérigo
-afirmaba que él llevaria 3.000 labradores, cumpliendo el Rey con ellos
-lo que se habia propuesto de su parte se les habia de notificar, y
-daba la razon el clérigo Casas, que cuando el Obispo queria enviar
-labradores á esta isla, que era sola la tierra destas partes donde
-habia españoles, la mayor pena que á algun malhechor delincuente, fuera
-de la muerte, se podia dar, era desterrallo de Castilla para acá,
-como en el primer libro relatamos que los Reyes habian mandado que se
-desterrasen para esta isla los condenados; pero despues, el tiempo
-adelante, el mayor tormento que á los españoles, sacada la muerte, se
-daba, y, cierto, los atormentaba más que otro, por grande que fuese
-el dolor ó el trabajo, era desterrallos desta isla para España: y ésto
-en el segundo libro, hablando de la gobernacion del Comendador Mayor
-de Alcántara, lo declaramos. Aquí, en Aranda de Duero, cayó enfermo
-el Clérigo, y así cesó de tratarse de los negocios de las Indias en
-los dias pocos que el Rey allí estuvo, y estando el Clérigo en la
-cama enviólo á visitar el Gran Chanchiller con un capellan suyo,
-flamenco, persona de virtud, y con él una peticion que le habian dado
-en perjuicio del Almirante, llena de muy gran falsedad, rogándole
-que la viese y le enviase su parecer; la cual vista, y doliéndose de
-la malicia que por ella el dador significaba, puesto que con gran
-calentura, se asentó en la cama y escribió en latin la sustancia que
-contenia, y desengañó al Gran Chanciller declarándole lo que del caso
-sabia, segun la verdad. Fuese luégo el Rey de Aranda para Zaragoza,
-y muchas veces por el camino hablaba el Gran Chanciller del Clérigo,
-mostrando mucho pesar de su enfermedad, y, como que lo hallase ménos,
-decia: «¡Oh! ¿qué tal estará micer Bartolomé?» Porque micer llaman los
-flamencos á los clérigos, y así comunmente todos los flamencos, y el
-Rey mismo, lo nombraban. Tuvo por bien Dios de darle salud en breves
-dias, y, como el Rey iba despacio, ántes de Zaragoza lo alcanzó, y
-subiendo al aposento del Gran Chanciller, en cierto lugar, fué muy
-grande el alegría que de vello rescibió, y el favor que rescibiéndolo
-le hizo; y cuando el Clérigo subia descendia D. García de Padilla,
-del Consejo del Rey, persona muy eminente, letrado y caballero, y del
-Rey muy estimado, y díjole: «Subí, subí, padre, y consolá al Gran
-Chanciller, porque, por vuestra vida, que os tiene ya llorado,» todo
-ésto era señal de la estima que del Clérigo se tenia, y cuán de gana el
-Gran Chanciller habia tomado los remedios destas Indias en las manos,
-con la confianza que de la industria y avisos del Clérigo rescibido
-habia. Llegado el Rey á Zaragoza y asentada la corte, quisiera luégo
-el Gran Chanciller proseguir en el negocio, hasta acabarlo, destas
-Indias, pero cayó enfermo el obispo de Búrgos, que lo impidió, porque,
-segun pareció, debian tener determinado que el Obispo se hallase en
-los Consejos y expedicion de los negocios destas Indias, ó por los
-dineros que él y su hermano dieron, ó por sola la autoridad de sus
-personas, que siempre fué mucha en aquel reino, y así dilató el Gran
-Chanciller la prosecucion de las cosas comenzadas para la reformacion
-destas Indias, hasta que el Obispo sanase y pudiese hallarse en ellas.
-Entre tanto recibió una carta el Clérigo, de Sevilla, del padre fray
-Reginaldo, de quien arriba en el cap. 99 hicimos mencion, haciéndole
-saber cómo habia llegado allí de la tierra firme un religioso de Sant
-Francisco, llamado fray Francisco de Sant Roman, que afirmaba por
-sus ojos haber visto meter á espada y echar á perros bravos sobre
-40.000 ánimas de indios, y ésto fué lo que arriba referimos en el cap.
-72. Esta carta mostró el Clérigo al Gran Chanciller, de que quedó
-maravillado, y díjole que fuese al Obispo y lo visitase de su parte, y
-le mostrase aquella carta, como si le quisiera enviar á decir que se
-avergonzase y conociese su culpa, pues tan mala gobernacion en estas
-tierras habia puesto, y parecia que la intencion del Gran Chanciller
-era, enviando al Clérigo á visitar de su parte al Obispo, darle ocasion
-para que no lo aborreciese, porque dos veces habia sido causa que le
-quitasen del Consejo, una en tiempo del Cardenal y otra en este tiempo,
-á fin, todo, que en los Ayuntamientos, tractando los medios y avisos
-que habia dado, no le contradijese. Finalmente, lo visitó el Clérigo
-y leyóle la carta, y respondió el Obispo: «Decidle á su señoría que
-le beso las manos, y que ya yo le he dicho que será bien que echemos
-aquel hombre de allí;» éste era Pedrárias, que asoló sobre 300 leguas
-y más de aquella tierra. En estos dias llegó doña María Niño, mujer
-del secretario Conchillos, á Zaragoza, y descendiendo de hablar al
-Gran Chanciller subia el Clérigo, y, como lo vido, cognosciólo,
-aunque pocas veces lo habia visto, y díjole: «¡Ay, padre, Dios os lo
-perdone, que así habeis echado al hospital mis hijos!» El Clérigo
-no paró sino subiendo y diciendo: «Señora, la sangre dellos venga
-sobre mí y sobre los mios.» No sentia la noble dueña cuántos padres,
-y madres, y hijos, y áun muchos linajes juntos, habian perecido de
-hambre y trabajos por enviarle oro los tiranos que acá tenia, con que
-ella triunfaba y allegaba más dineros de los que ella tenia para sus
-hijos, y lloraba y tenia por gran pecado que el Clérigo cometia, en
-procurar que se le quitasen los desventurados indios cuya sangre ella
-y su casa bebian. Convalecido ya el Obispo, despues de veinticinco
-dias, y estando para juntarse con el Gran Chanciller y los demas, que
-eran los que el Gran Chanciller mandaba llamar, y uno era D. García
-de Padilla, de quien arriba se dijo, mañana ú otro dia, un viérnes en
-la noche, haciendo colacion, estando el Clérigo con él, le dijeron
-como era muerto un pajecillo que debia ser sobrino suyo, que tenia en
-casa malo, el cual, como lo oyó, se paró en gran manera triste, y otro
-dia, sábado, se sintió mal dispuesto y no fué á Palacio, y lo mismo
-hizo el domingo y el lúnes con alguna señal de calentura. El lúnes se
-paró á la ventana de su posada con buena disposicion, pero luégo se le
-agravió el mal, como era hombre de muchas carnes y abundaba en sangre,
-y no lo sangraron con tiempo, y así la sangre le ahogó, y el miércoles
-lo enterraron. Muerto el Gran Chanciller, cierto, murió por entónces
-todo el bien y esperanza del remedio de los indios; y ésta fué la vez
-segunda que pareciendo estar muy propincua la salud de aquestas gentes,
-por los juicios de Dios secretos, se les deshizo de tal manera que
-pareció del todo ser la esperanza perdida. Prevaleció luégo el Obispo,
-y pareció subir hasta los cielos, y cayó el Clérigo en los abismos,
-porque como no habia hablado ni informado á Mosior de Xevres ni á otro
-de los que estaban cabe el Rey, porque no tuvo necesidad dello, segun
-está dicho, muerto el Gran Chanciller quedó de todo favor destituido.
-Nombró el Rey á un flamenco, que era Dean de Bizancio, que despues fué,
-segun creo, arzobispo de Mecina, que tuviese cargo de ser Chanciller
-entre tanto que otro venia, pero era tan pesado y flemático, que se
-dormia en los Consejos, y aunque el Clérigo lo informaba y áun lo
-molia, y tanto que lo traia acosado, pero no por eso se enojaba, por
-la abundancia de su flema, y viendo un dia la solicitud del Clérigo,
-que no lo dejaba las mañanas ni las noches, díjole riendo: _Commendamus
-in Domino, domine Bartholomee, vestram diligentiam_, que no le fué al
-Clérigo chico motivo de reir, aunque por otra parte regañaba y lloraba
-la falta que habia en la gobernacion, y, cierto, cuando concurren en
-los negocios, agendo y paciendo, un colérico como el Clérigo lo era,
-y un flemático, mayormente con exceso, como aquel buen Dean tenia el
-ser, no es para ambos chico tormento, puesto que ni áun por eso se
-turbaba ni mataba el Dean, tanta era su flemática paciencia. Todavía
-aprovechaba seguirle algo, para templar la entereza del obispo de
-Búrgos para con el Clérigo, de quien tantos sinsabores habia rescibido.
-El Clérigo no desmayó por la muerte del Gran Chanciller, y por todos
-los disfavores que despues della le sucedieron, puesto que le crecieron
-nuevos trabajos, y así no dejó de proseguir lo comenzado, dando
-peticiones en el Consejo que el obispo de Búrgos ayuntaba, á su pesar,
-aunque el Gran Chanciller le faltaba, pero como no lo admitian en él,
-ni tenia dentro quien le ayudase ó defendiese, no efectuaba nada, sino
-eran cosas que de justicia y áun de vergüenza no podian negar. Entraban
-en el Consejo de las Indias el Obispo, y Hernando de Vega, Comendador
-mayor de Castilla, y don García de Padilla y el licenciado Zapata, y
-en estos dias negoció Pedro Mártir que lo hiciesen del Consejo mismo
-de las Indias, y ansí lo alcanzó y lo fué, y con ellos el secretario
-Francisco de los Cobos, que cada dia crescia en favor y autoridad. Este
-amaba mucho al Obispo y á su hermano, Antonio de Fonseca, y como no se
-apartaba de Mosior de Xevres, y Mosior de Xevres no tenia otra lumbre
-que en los negocios del reino lo guiase, ni de otro así se fiaba, fué
-todo favor y ayuda al obispo de Búrgos; y como no tuvo torcedor alguno
-que tuviese con Mosior de Xevres autoridad, todo cuanto el Obispo decia
-y queria, en cosas de las Indias, se le aprobaba. Y con estas fuerzas,
-se tuvo por cierto que el Obispo pretendió, y lo alcanzó, que hobiese
-Consejo por sí de las Indias, y entrasen en él los que en él entraron,
-al ménos Hernando de Vega, que tenia por estas islas harto interese, y
-el licenciado Zapata que se habia hallado en todos los hierros pasados,
-quedando el señor Obispo por Presidente y cabeza, como siempre lo habia
-sido, en la gobernacion, y mejor diré desgobierno destas Indias; y de
-aquí parece que se entabló ser por sí el Consejo de las Indias, y dura
-hasta el año de 1560, y no sabemos hasta cuando durará. En ésto llegó
-el padre Hierónimo, que enviaron los otros padres, sus compañeros,
-contra el Clérigo el cual, como halló el mundo mudado y al obispo de
-Búrgos en tanta cumbre, que era el mayor contrario que ellos tenian por
-hacer aquella provision el Cardenal, con tanto disfavor suyo, segun
-arriba pareció, no lo quisieron en el Consejo sino mal oir, donde el
-Obispo, que no solia callar cosa, le daba recias reprensiones, tanto
-que aquel Padre blasfemaba dél y dellos, y no tenia otro consuelo
-sino cuando topaba con el Clérigo quejarse dellos á él, y habia sido
-enviado contra él. El cual, viendo cuán mal le iba, sin hablarles,
-como despechado fuese á su monasterio. Lo primero que el Obispo hizo,
-ó entre las cosas primeras, fué despachar Cédula del Rey, mandando ó
-diciendo todos los dichos padres Hierónimos que luégo para aquellos
-reinos se partiesen, y así lo hicieron.
-
-
-
-
- CAPÍTULO CIV.
-
-
-Yendo los negocios por éste paso, comenzó Dios á proveer al Clérigo
-de favor nuevo, desta manera: que como entre los caballeros flamencos
-que servian al Rey se tuviese noticia del Clérigo y de los negocios
-que pretendia, y despues de la muerte del Gran Chanciller no viesen
-que sonaba, hobo hombre dellos, movido por sola virtud y con celo de
-lo que oia decir, que el Clérigo procuraba la libertad y remedio de
-las gentes, que lo deseaba ver y cognoscer y saber dél á la larga
-lo que sus negocios contenian, y así lo andaba á buscar, y rogaba á
-otras personas que si lo viesen le rogasen de su parte se dejase ver
-y cognoscer dél, porque habia dias que lo deseaba; finalmente, un dia
-en Palacio se toparon. Quiso el caballero ser informado del fin que
-pretendia el Clérigo, y de las causas dél, y lo demas que tocaba á
-estas Indias; dióle larga relacion de todo. Quedó espantado de tanta
-maldad y crueldades y disminucion de tantas gentes, y pluguiera á Dios
-que no fueran más y peores las que despues sucedieron; quedó asimismo
-obligado á lo favorecer con cuantas fuerzas tuviese. Cundió toda la
-corte aquesta junta de ambos, cuanto á la gente flamenca que es más
-blanda y más humana que nosotros, porque aquel caballero era discreto,
-pio y buen cristiano, y estimado del Rey y de toda su Casa real, y
-luégo derramó por muchos la causa. Fué de aquí adelante el Clérigo
-cognoscido de muchos más, y, aunque no visto, loado y amado. Este
-caballero se llamaba Mosior de La Mure, sobrino de Mosior de Laxao,
-Sumiller del Rey, muy querido, y más que otro ninguno su privado;
-púsole con su tio, Mosior de Laxao. Hablóle al Clérigo largo, quedó
-tambien de su informacion, como su sobrino, prendado y dispuesto para
-le ayudar y favorecer y resistir á los contrarios. Y es aquí de
-saber, que cognoscida la causa de los negocios y trabajos del Clérigo,
-y la sinceridad con que los negociaba, sin pretender interese suyo
-particular, y que al cabo de todos ellos, grandísimo y inestimable
-servicio y provecho del Rey resultaba, era tanta la estima y el amor
-que todos los flamencos le tenian, que no les parecia sino que en
-estar el Clérigo en la corte y negociar lo que procuraba, consistia
-la salud del Rey y todo el ser y conservacion de todo su Real estado,
-y ésto parecerá más adelante; y no tenia menor opinion del Clérigo el
-Cardenal que despues fué Papa, VI Adriano. Aquí en Zaragoza prosiguió
-Hernando de Magallanes su demanda, y porque vino un embajador de
-Portugal á tractar del casamiento de Madama Leonor, hermana del Rey,
-con el rey don Manuel de Portugal, díjose que andaban por matar á él
-y al bachiller Rui Faleiro los de la parte del dicho Embajador, y así
-andaban ambos á sombra de tejado, y por ésto el Obispo de Búrgos,
-cuando se tardaban en el negociar con él despues del sol puesto,
-enviaba gente de su casa, que hasta su posada los acompañasen. Aquí,
-hablando el Clérigo con el Obispo, delante de algunos á quien tocaban,
-refiriendo las tiranías y estragos que en estas Islas se habian
-perpetrado, por venir acaso la plática, como siempre le pesaba oillas,
-ó cognoscer que en vituperio de su mala gobernacion todo resultaba, ó
-porque su insensibilidad le impedia que no las sintiese ni se doliese
-dellas ni las remediase, dijo con mucha ira, y para que el Clérigo se
-afrentase delante aquellos, y ellos se holgasen. «Pues vos estábades
-en las mismas tiranías y pecados;» lo cual, decia porque habia tenido
-indios el Clérigo repartidos, como arriba queda declarado, y él no lo
-negaba; respondió el Clérigo, no con ménos cólera y coraje; «sí, yo
-los imité ó seguí en aquellas maldades, haga vuestra señoría que me
-sigan ellos á mí en salir de los robos y homicidios y crueldades en que
-perseveran, y cada dia hacen.» Desta respuesta no quedó el Obispo, ni
-los presentes, que con lo que habia dicho al Clérigo, por ultrajalle,
-se habian gozado, quedaron muy favorecidos ni pagados. No dejaba por
-estos disfavores el Clérigo de dar peticiones cuantas queria en aquel
-Consejo, aunque al Obispo pesaba, sobre que se prosiguiese lo que en
-tiempo del Gran Chanciller se habia comenzado. Proveyeron que fuese
-á tomar residencia á los Oidores de la Audiencia de Sancto Domingo,
-y á los jueces del Almirante, á un licenciado Rodrigo de Figueroa, y
-para que la tomase al Teniente del Almirante de la isla de Sant Juan,
-y á Diego Velazquez en la isla de Cuba, á un doctor de la Gama, y
-por Gobernador de tierra firme, y que tomase residencia á Pedrárias,
-un caballero de Córdoba llamado Lope de Sosa; y porque los españoles
-que allí estaban destas islas, habian infamado contra la verdad á los
-vecinos naturales de la isla de la Trinidad, que comian carne humana,
-y determinaba el Consejo que les hiciesen guerra y los que tomasen
-fuesen esclavos, el Clérigo resistió, afirmando que no era verdad, por
-lo cual mandaron que se pusiese en la Instruccion real que llevó el
-licenciado Figueroa, como el clérigo Bartolomé de las Casas afirmaba,
-que los indios naturales vecinos de la isla de la Trinidad no eran
-caribes, conviene á saber, no eran comedores de carne humana; que
-le mandaba que con toda diligencia, en llegando á esta isla, tomase
-sobre ellos informacion y examinase la verdad, el cual así lo hizo con
-muchos marineros, y otros de los mismos que la saltearon algunas veces,
-y halló que no eran caribes, sino muy modestos y ajenos de aquellos
-males, y el mismo licenciado Figueroa me lo afirmó á mí cuando yo torné
-de Castilla á esta isla Española. Y viene aquí bien referir lo que,
-despues que el clérigo Casas se partió desta isla contra los religiosos
-Hierónimos, se hizo en la dicha isla de la Trinidad: fué un navío desta
-isla Española á saltear como solian en la tierra firme de Paria, con la
-ocasion de ir á rescatar perlas, que por allí habia entónces hartas,
-y llegaron á la isla de la Trinidad, y como los indios della vieron
-el navío, salieron á la ribera á resistirles la entrada, como habian
-quedado tan ofendidos y lastimados de Juan Bono en el año pasado, como
-en el cap. 91 queda referido, y porque debieran creer que era el
-mismo Juan Bono, daban voces «Juan Bono, malo, Juan Bono, malo,» ó si
-creian que eran otros sin Juan Bono, quejándose de Juan Bono, malo,
-que tan mala obra les habia hecho, rescibiendo dellos tan buen abrigo
-y hospedaje. Respondieron los españoles desde las barcas que no eran
-ellos Juan Bono ni venia con ellos, porque aquel era malo, y tenian
-razon de decir que era malo, y que por aquella traicion que les habia
-hecho, en Sancto Domingo lo habian ya ahorcado, y que porque ellos eran
-buenos, y no como Juan Bono, malos, venian á denunciárselo y á holgarse
-con ellos y traelles cosas de Castilla, porque los tenian por hermanos;
-con todas las otras palabras, mentirosas y fingidas que pudieron
-decirles para aplacarlos. Los tristes, con su innata simplicidad y
-mansedumbre, creyeron que decian verdad, aunque cuanto á la malicia del
-mundo y la experiencia que de nuestra iniquidad y costumbres ya tenian,
-era su simplicidad y mansedumbre culpable, y su creencia ó credulidad
-fácil y liviana, porque no habian ellos de creer aquellas palabras,
-sino presumir que eran peores que Juan Bono, y más sin verdad tiranos,
-no teniendo más certidumbre y seguridad que su parla. Creyéronlos,
-y rescibiéronlos, y sirviéronlos con todo cuanto tenian y podian,
-y despues de algunos dias en que no les predicaban otro Evangelio
-sino que Juan Bono era muerto, y que era malo, y ellos buenos, para
-los engañar y asegurar, y cuando vieron tiempo y los sintieron más
-descuidados, sacan sus espadas y arremeten á las casas, y muertos y
-acuchillados, los que quisieron ó pudieron, prendieron cuantos les fué
-posible maniatar, y métenlos en el navío y viénense con su presa, con
-tan buena guerra ganada, á este puerto y ciudad. Otro dia sácanlos á
-vender con pregonero por la plaza, y delante de los padres Hierónimos,
-por esclavos, á quién dá más. Sabido por el padre fray Pedro de
-Córdoba tan gran maldad y desvergüenza ó insensibilidad de los mismos
-Hierónimos, que, teniendo cargo de remediar estas gentes, consentian
-venderse en su presencia los inocentes, sabiendo ya las obras de
-nuestros hermanos, sin lo impedir ni castigar, fué á hablalles
-y castigalles la obra de aquellos y omision suya tan culpable y
-execrable; hechos confusos y avergonzados de la culpa, que no pudieron
-negar, mandaron que los quitasen de allí é los llevasen á las posadas
-de los tiranos, los cuales, despues, no con pregonero, sino callando,
-y los frailes Hierónimos disimulando, se cree que los vendieron, y al
-cabo en aquella tiranía se acabaron: estos remedios pusieron á estas
-gentes los Padres. Luégo el padre fray Pedro de Córdoba escribió al
-Clérigo á la corte esta egrégia hazaña cometida en la isla de la
-Trinidad, y áun contra la Santísima Trinidad, y en esta ciudad por
-los padres Hierónimos confirmada, y, entre otras, le escribió estas
-palabras: «Cierto, las cosas veo ir por tales caminos, que yo tengo
-de ser forzado á decir lo que siento: _quicquid inde veniat_.» Quiso
-decir, como él era prudentísimo y moderatísimo, que los Hierónimos eran
-tan infructuosos y ponian tan ningun remedio á la perdicion destas
-gentes, que habia de ser constreñido á predicar contra ellos, y como
-via que con aquellas tales obras que los españoles obraban en la isla
-de la Trinidad, vecina de la tierra donde él tenia los religiosos
-predicando á los indios, y que los escándalos y daños cada hora los
-esperaba ver por allí, mayormente por el concurso de los navíos que
-iban á las perlas, escribió tambien al Clérigo confiando del gran favor
-que tenia entendido por las cartas que el Rey y Gran Chanciller le
-daba, no creyendo que las cosas eran mudadas, que trabajase de traer
-cien leguas en aquella tierra firme, con el pueblo de Cumaná, prohibido
-por el Rey y con graves penas, que ningun español osase en ellas entrar
-ni conversar, sino que las dejasen para donde predicasen sólos los
-frailes Franciscos y Dominicos, porque las obras y escándalos de los
-españoles no los estorbasen. Dijo más: que si cien leguas no pudiese
-alcanzar, alcanzase 10 solas, y si 10 no pudiese, que negociase unas
-isletas que están 15 ó 20 leguas dentro en la mar, apartadas de la
-misma tierra firme, que se llamaban entónces las isletas de Alonso,
-para que pasaran los religiosos á ellas, y allí entendia de recoger
-los indios que huyesen de las persecuciones y vejaciones de los
-españoles, y al ménos de aquellos instruirian y salvarian las ánimas;
-y en caso que ninguna destas cosas pudiese alcanzar, él determinaba
-de revocar todos los frailes suyos á esta isla, y desmamparar del
-todo la tierra firme, pues no tenia remedio de impedir los escándalos
-y turbaciones que los españoles cada dia causaban en los indios, por
-los cuales ningun fructo podian hacer ni sacar de sus trabajos, pues
-de todo lo que predicaban á los indios vian los indios hacer á los
-que se llamaban cristianos todo lo contrario. Vista esta carta, el
-Clérigo se angustió mucho en sentir los impedimentos que ponian á los
-siervos de Dios, que con tanto peligro y trabajo allí á los que tanta
-necesidad tenian predicaban, y mayor tristeza le sobrevino temiendo que
-el padre fray Pedro de Córdoba, que era el Prelado mayor, trayendo los
-frailes de allí, toda aquella tierra firme quedase desmamparada, porque
-en ninguna parte destas Indias habia persona, que á indios algunos
-de todas ellas, dijese cognosce á Dios, ni cosa de la fe y religion
-cristiana enseñase, ni tuviese tal cuidado; y segun el deseo que Dios
-al Clérigo habia dado, rescibia grande consuelo que allí, por aquellos
-Padres, Cristo se predicase, y áun pensaba de se ir allí á trabajar
-con ellos y ayudalles en aquella obra, perseverando en su mismo hábito
-clerical ó eclesiástico. Habló sobre ello al Obispo y á los del
-Consejo, dándoles noticia de la dicha carta, de los estorbos que los
-españoles ponian á la predicacion de aquellos Padres y á la salvacion
-de las ánimas, y el peligro y daño que habia si los religiosos aquella
-tierra desmamparaban, y cuánto en ello se ofenderia Dios, y cuánto
-la conciencia del Rey quedaria cargada; por tanto, que les suplicaba
-señalasen y interdijesen las cien leguas de tierra que el padre fray
-Pedro pedia, que no entrasen españoles que les estorbasen, de donde
-procederian grandes bienes y se impedirian muchos males, y el Rey y
-ellos cumplirian con la obligacion que tenian de procurar que aquellas
-gentes se convirtiesen y salvasen. Respondió el señor Obispo lo que no
-respondiera, por ventura, un Contador muy celoso de la hacienda del
-Rey y cudicioso de aumentársela: «Bien librado estaria el Rey dar
-cien leguas que sin provecho alguno suyo las tuviesen ocupadas los
-frailes.» Estas fueron sus palabras, y aún más descaradas; sentencia
-harto indigna de sucesor de los Apóstoles que pusieron las vidas por
-cumplir lo que á él se le demandaba, y que concedello con estrecho
-precepto divino, y so pena de eternal dañacion era obligado; y es la
-verdad, que de aquellas cien leguas y de otras 8.000 no ha llevado
-el Rey algo, en cuarenta y más años que esto há, sino en habérselas
-destruido, robado y asolado, y de aquí se colegirá cuál podia ser la
-gobernacion del Obispo, que con tan profunda insensibilidad, en el
-fin y fundamento de todo el título y manutenencia del señorío de los
-reyes de Castilla sobre aquellas Indias, erraba. Oido ésto, el Clérigo
-quedó como pasmado, y aunque no dejó de revolvérsela al Obispo, pero
-aprovechó nada, porque no era el señor Obispo tan de fácil tornable,
-y entendido el fin que el Obispo pretendia, que sólo era el interese
-temporal, y de la conversion de aquellas gentes no se daba un cuarto,
-intentó el Clérigo cierta vía para conseguir el fin que los religiosos
-y él deseaban y procuraban, para poder decir al Obispo: _pecunia tua
-tecum vadat in perditionem_, de la cual sucedieron al señor Obispo
-muchas malas cenas é peores tártagos. Esta vía, en los capítulos de más
-abajo, si pluguiere á Dios, se relatará.
-
-
-
-
- CAPÍTULO CV.
-
-
-Prosiguió el Clérigo en que se concluyese la poblacion de las islas,
-de labradores, que se habia comenzado en tiempo del Gran Chanciller,
-y, aunque á pesar del Obispo, lo llegó al cabo, porque el cardenal
-Adriano estaba muy bien en ello y los flamencos de calidad, y que eran
-cercanos al Rey, por lo cual el Obispo no pudo estorballo. Hiciéronse
-muchas cartas y provisiones, cuantas el Clérigo pidió, y diósele
-todo el favor y autoridad y personas que lo acompañasen, y de quien
-se ayudase, y Cédula de aposento por todo el reino, á las cuales dió
-salario el Rey. Llevó cartas comendaticias y preceptivas para todos
-los corregidores, asistentes y justicias del reino, y para todos los
-arzobispos, obispos y abades, priores, guardianes y todo género de
-personas de autoridad, exhortando y encargando á unos, y mandando á
-otros, diesen al Clérigo crédito y favor, y le ayudasen, cada uno segun
-su oficio y dignidad, á que se moviesen los más labradores que pudiesen
-allegarse para venir á poblar estas islas y gozar de las mercedes que
-tenia por bien de concederles. Diéronle provisiones las que habia
-menester para los oficiales de la casa de Sevilla, que los labradores
-que el Clérigo enviase de cualquiera parte del reino los rescibiesen
-con gracia y benignidad, y los aposentasen, y mantuviesen en la dicha
-casa, y aparejasen los navíos en que habian de navegar; item, para
-todos los gobernadores y oficiales destas islas, que los rescibiesen,
-y abrigasen, y aposentasen y entregasen las dichas haciendas y
-estancias del Rey, y curasen si cayesen enfermos. Finalmente, fueron
-muy cumplidos los despachos que pidió, y se le dieron, y entre otras
-personas que escogió el Clérigo para que le acompañasen y ayudasen, fué
-un escudero, hombre honrado, que parecia persona de bien, porque se
-lo rogó el que habia sido maestro del Rey, y que despues fué obispo de
-Palencia. Este escudero, llamado Berrio, criado en Italia (y ésto le
-bastaba), no tenia tanta simplicidad, ni tuvo tanto agradecimiento como
-tuvo el Clérigo, que le nombró y hizo que el Rey le diese salario y de
-comer, lo cual él no tenia de propio suyo. A éste, por más honrallo,
-quiso que cuando le enviase á algun pueblo á hacer apregonar las
-provisiones del Rey, no pareciese que era enviado por el Clérigo sino
-como que lo enviaba el Rey, para lo cual le dió aparte provisiones por
-sí é hizo que le pusiesen en ella nombre de Capitan del Rey, y éstas,
-solamente cuanto á lo que tocaba á publicar las mercedes que hacia el
-Rey á los labradores que quisiesen venir á poblar estas islas, y no las
-demas que hablaban con los oficiales de Sevilla y á los destas islas,
-porque éstas detuvo siempre en sí el Clérigo hasta llegar el número
-conveniente de labradores y despachallos á su tiempo. Con todo, para
-tener sujeto al dicho escudero, hizo poner en la Cédula de su salario,
-que eran 450 maravedís cada dia, por causa dél, «para que vais con
-Bartolomé de las Casas, nuestro capellan, á donde le enviamos y hagais
-en todo lo que él os dijere.» Aqueste sabia muy bien la poca ó ninguna
-afeccion que el Obispo tenia al Clérigo, y cuán contra su voluntad, y
-con cuánto pesar suyo el Clérigo negociaba y habia negociado siempre,
-y mayormente aquello de los labradores, y porque despachado del todo
-el Clérigo, se detuvo tres ó cuatro dias, disponiendo secretamente los
-ánimos de los caballeros flamencos, dándoles á entender la vía que
-queria proponer, que resultaria en gran provecho del Rey para cuando
-del recogimiento de los labradores volviese; váse, no con falta de gran
-malicia, el bueno del escudero, á la posada del Obispo á mostrarse
-como que se andaba paseando por no se haber querido partir el Clérigo.
-El Obispo, como lo vido, díjole, «¿qué haceis aquí? ¿por qué no os
-partís?» Respondió Berrio, escudero, «señor, no se parte ó no se quiere
-partir el Clérigo con quien el Rey me manda ir»; y como el Obispo,
-que fácilmente se alteraba, porque no le sobraba la mansedumbre y
-estaba con el Clérigo tan bien, díjole, «andá, ios vos sólo y haced lo
-que con él habíades de hacer.» Respondió, «señor, no puedo hacer nada
-sin él, porque la Cédula que tengo, reza que vaya con él y que haga
-lo que él me dijere.» Manda luégo el Obispo que se raye la Cédula, y
-que donde decia, «hagais lo que él os dijere,» se pusiese, «hagais
-lo que os pareciere.» El fructo que Dios y el Rey hobo de hacer esta
-falsedad en aquella Cédula, por lo que abajo se refiriere parecerá,
-y aunque en otras materias, por ser el Obispo Presidente de aquel
-Consejo, podia quizá mandar mudar en Cédulas firmadas del Rey, sin
-parecer de todo el Consejo, algunas palabras sin cometer falsedad, y
-áun en todos los casos hay harta duda podello hacer, al ménos en éste,
-porque se hacia con enojo del Clérigo y con malicia no muy menor que
-grande y contra voluntad del Rey, y contra lo muy bien ordenado, y
-platicado y determinado, como cosa muy provechosa para los reinos de
-Castilla y destos, y en perjuicio de todo el bien de acá, no lo pudo
-hacer el Obispo sin muy culpada falsedad. De la mudanza y raedura y
-subrescripcion y falsedad de la dicha Cédula, el Clérigo, por entónces,
-no supo nada. Partióse, finalmente, y con él Berrio, el escudero, y
-los demas; saliendo de Zaragoza para Castilla y llegando á algunos
-lugares, hacia juntar la gente dellos en las iglesias, donde les
-denunciaba, lo primero, la intencion del Rey, que era poblar aquestas
-tierras; lo segundo, la felicidad, fertilidad, sanidad y riqueza
-dellas; lo tercero, las mercedes que el Rey les hacia, con las cuales
-podian ser con verdad, cuanto á los bienes temporales desta vida, sin
-cuasi trabajo, bien aventurados; con lo cual, los corazones de todas
-las gentes levantaba, porque, lo uno, todo lo que afirmaba, decia, y,
-con verdad que lo sabia por vista de ojos y por muchos años lo habia
-experimentado, lo segundo, porque tenia en el hablar gran eficacia.
-Despues de avisados é informados, poco tardaban en venirse á escribir
-para ir á poblar á las Indias, y en breves dias allegó gran número de
-gente, mayormente de Berlanga, que sin entrar en ella, teniendo la
-villa 200 vecinos, se escribieron más de los 70 dellos, y, para se
-escribir, entraron en Cabildo secretamente, por miedo del Condestable,
-y enviaron cuatro regidores que lo buscasen por los pueblos donde
-andaba, y le rogasen de partes de la villa se acercasen más á ella,
-viniéndose una legua de allí, á donde venian todos disimuladamente
-para ser de la demanda que traia informados; y entre los que vinieron
-fueron cuatro, los cuales los subieron á un pajar, en lo más alto de
-la casa donde posaban, cuasi temiendo que las paredes lo habian de
-decir al Condestable, y le dijeron: «Señor, cada uno de nosotros no
-quiere ir á las Indias por falta que tenga acá, porque cada uno tenemos
-100.000 maravedís de hacienda y aún más (lo cual para entónces, y en
-aquella tierra, era mucho caudal), sino vamos por dejar nuestros hijos
-en tierra libre y real.» No lo hicieron tan secreto que lo ignorase
-el Condestable; despacha luégo un escudero, y otro á rogar al Clérigo
-que se saliese de su tierra; el Clérigo hacíase reacio, diciendo que
-él iria luégo á besarle las manos, y así fué, y hallóle á la salida
-de Berlanga, que iba á despedir al obispo de Osma, que con él habia
-pascuado; pasaron muchas pláticas, alegando el Condestable que rescibia
-grande agravio, y que le rogaba que se fuese á sacar labradores de
-otra parte. El Clérigo dijo que así lo haria, por serville, pero que
-queria entrar en Berlanga á hacer apregonar las provisiones. Dijo él:
-«Si quereis entrar como amigo yo me holgaré mucho dello, y haceros
-hé todo buen tractamiento.» Finalmente, se despidió dél, llevando la
-Memoria escrita de los que se habian asentado. Mandó luégo apregonar
-el Condestable que cualquiera que comprase la hacienda de los que se
-habian escripto para las Indias la tuviese perdida, lo cual no mucho
-de tiranía distaba. Anduvo el Clérigo por aquellos lugares de señorío,
-y cuasi todos se movian á la jornada, y en un lugar del conde de
-Coruña, llamado Rello, que era de 30 casas, se escribieron 29 personas,
-y entre ellas dos vecinos, hermanos, viejos de setenta años, con 17
-hijos; diciendo el Clérigo al más viejo: «Vos, padre, ¿á qué quereis
-ir á las Indias siendo tan viejo y tan cansado?» respondió el buen
-viejo: «A la mi fe, señor, dice él, á morirme luégo y dejar mis hijos
-en tierra libre y bienaventurada.» Un poco ántes desto, andando por
-aquellos lugares, el bueno de Berrio pidió muchas veces licencia al
-Clérigo para se ir al Andalucía, donde era casado; el Clérigo decíale
-que no se la podia dar, porque aquel era el negocio por que el Rey le
-daba salario, y por entónces andaban por aquella tierra donde hallaban
-gente propia para estas partes, que, cumplido por aquella tierra lo
-que el Rey mandaba, tiempo vernia cuando fuesen de los puertos abajo,
-porque, en fin, todo se habia de andar. El cual, como vido que pedir
-licencia al Clérigo era por damas, vino un dia con las botas calzadas
-á despedirse del Clérigo, diciendo que viese lo que le queria mandar,
-porque queria ir á la Andalucía, y que allá haria él lo que el Rey
-mandaba. El Clérigo, de su insolencia quedó admirado, y no le quiso
-hablar, pensando luégo quitalle el salario, creyendo que la Cédula
-donde se lo señalaba estaba vírgen como se la habia dado; fuese
-algunos pasos con él un escudero cuerdo, llamado Francisco de Soto,
-de los que con el Clérigo tambien andaban, y diciéndole que cómo se
-iba sin licencia del padre Casas, pues sabia que le podia quitar el
-salario diciendo la Cédula dél que lo acompañase y hiciese lo que él
-le dijese, respondió: Por eso vengo yo bien proveido, que donde decia
-«hagais lo que él os dijere», se puso «hagais lo que os pareciere»,
-donde le constó ésto y creo que lo más. Tornó luégo el Francisco de
-Soto al Clérigo, diciéndole: «Señor, no os quejeis de Berrio, sino
-del obispo de Búrgos y de los demas que son vuestros enemigos, que
-os trabajan desbaratar cuanto sudais y trabajais.» Váse Berrio al
-Andalucía y estáse de reposo en su tierra comiendo á costa del Rey,
-é cuando le pareció váse á Antequera y allega 200 personas, los más
-taberneros, y algunos rufianes y vagabundos y gente holgazana, y
-los ménos labradores, y dá con ellos en Sevilla y en la Casa de la
-Contratacion. Los oficiales de la Casa, como no tenian Cédula ni mando
-del Rey, porque el Clérigo no la habia enviado por no ser tiempo ni
-sazon, segun la órden que llevaba, viendo tanta gente no sabian qué
-se hacer, y al fin acordaron, porque allí no se desbaratasen, porque
-ya sabian en general la poblacion que el Rey hacer mandaba, por otras
-cartas, con esperanza que el Clérigo enviaria las Cédulas, embarcallos
-en unos navíos que para partir estaban y enviallos. Llegaron á esta
-isla y ciudad de Sancto Domingo, donde tuvieron mayores peligros y
-trabajos, porque como los oficiales del rey no habian rescibido Cédula
-tampoco alguna del Rey, ni mandado, porque el Clérigo no la habia
-enviado por la razon dicha, ningun remedio se les dió ni lo tuvieron
-sino morirse muchos dellos y henchir los hospitales de los demas, y
-de los que escapaban y sanaban hiciéronse taberneros, como quizá lo
-eran ántes, y otros vaqueros, y otros irse hian á robar indios á otras
-partes. Súpose tarde: el Clérigo dió voces al Rey y al Chanciller,
-que era venido ya, notificándoles y afeándoles el mal recaudo que el
-Obispo habia causado; mandólo luégo remediar el Rey, puesto que fué
-en balde, y este remedio fué que mandó envialles 3.000 arrobas de
-harina y 1.500 de vino, pero cuando acá llegaron, ya no habia hombre
-dellos á quien se diese ni dello se aprovechase. Aqueste fructo salió
-de haber falseado la Cédula real, despues de firmada, por contradecir
-el Obispo al Clérigo por su propia pasion en negocios que al mismo
-Obispo incumbian, y por ellos debiera mucho amallo. Desque vido el
-Clérigo la mucha gente labradora que se movia, y que los Grandes dello
-se agraviaban, y tambien que Berrio se le habia alzado, acordó de no
-mover más de los movidos y se tornar á la corte para que el Rey en lo
-uno y en lo otro pusiese remedio, como en cosa que tanto le importaba,
-y que solo él convenia poner la mano. Dejó toda la gente movida por
-los lugares, con buena esperanza que volveria presto y que iba por
-recaudo para sacallos. Llegado á Zaragoza, lo primero que hizo fué ir
-al mismo Obispo, por convencello como que queria, dándole buenas nuevas
-del buen suceso del negocio primero que á otro, alcanzar su gracia, y
-diciéndole: «Señor, no sólo 3.000 labradores, á que yo me ofrezco, pero
-10.000 podrá vuestra señoría enviar, si quiere, á poblar las Indias,
-que irán de muy buena gana; la muestra dello traigo, que son 200
-vecinos y personas escripias, y á ir obligadas, y no traigo más por
-no escandalizar los Grandes, hasta dello dar al Rey parte.» Respondió
-el Obispo (Dios sabe con qué ánimo): «¿Cierto, cierto?» «Si señor,
-cierto, cierto.» «Por Dios, dijo él, que es gran cosa, cosa grande es.»
-Besadas las manos, y á lo que parecia ya de lo pasado aplacando, fuese
-el Clérigo al cardenal Adriano, que solia mucho gustar de la poblacion
-y la favorecia y loaba, y hecha la relacion de lo que dejaba comenzado,
-respondió en latin, porque con personas que lo entendiesen siempre lo
-hablaba: _vere vos tribuitis aliud regnum regi_, y áun bien pudiera con
-verdad decir que no sólo reino, pero reinos daba y más que reinos al
-Rey. Pero no mereció el mundo que gustasen dello ni lo entendiesen los
-que lo debieran entender; mas el Cardenal, como no pretendia interese
-y era de ánimo sincero, íbalo entendiendo como quien carecia de
-impedimentos; y porque ya estaba el Rey de camino y la corte mudándose
-para Cataluña y Barcelona, y vacaron los negocios por algunos dias, por
-tanto quédese lo relatado así, hasta que demos la vuelta sobre ello y
-prosigamos lo mucho que miéntras el Rey estuvo en Barcelona sucedió. En
-este año de 18, en Zaragoza, hizo el Rey á Diego Velazquez Adelantado
-y Gobernador de toda la tierra de Yucatán y de la Nueva España, que
-habian descubierto Francisco Hernandez y Juan de Grijalba, como abajo
-parecerá.
-
-
-
-
- CAPÍTULO CVI.
-
-
-Entre tanto que el Rey llega y se asienta la corte en Barcelona,
-tornemos á enhilar las cosas que acaecieron en estas Indias por este
-tiempo, que ya era el año de 1518; y contando primero lo de la tierra
-firme, converná que nos acordemos dónde cesamos de hablar en ella, y
-ésto parece arriba, en el cap. 76, donde referimos la justa muerte de
-Vasco Nuñez, no por lo que lo justiciaron, porque no pareció á todos
-que la causa que le levantaron era verisímile, sino por juicio de Dios,
-que tenia bien contadas las muertes injustas é innumerables que él
-habia perpetrado en los inocentes indios; y en el cap. 77, con ciertas
-y extrañas crueldades cometidas por los nuestros en los indios, aquella
-relacion concluimos. Degollado, pues, Vasco Nuñez, fuese de la villa
-de Acla, Pedrárias, al Darien, donde halló una carta de los padres de
-Sant Hierónimo, en que de parte del Rey le mandaban que no determinase
-por sí sólo cosa alguna, sin parecer del Cabildo del Darien, por haber
-sabido algunas de sus tiranías y como aquella tierra destruia. Pero
-harto poco remedio enviaban los Padres para excusar la destruccion
-della, pues eran tan grandes tiranos como él, y quizá más crueles los
-del Cabildo; mandáronle asimismo que restituyese todo el oro que habia
-robado al Rey y señor Pariba ó Paris, segun se dijo. Debian tener ya
-los padres Hierónimos noticia del robo que Badajoz habia hecho al dicho
-Cacique, y, por ventura, los avisaron dello Diego Albitez, de quien
-habemos hablado harto arriba, ó un Francisco Hernandez, que era Capitan
-de la guardia de Pedrárias, que tambien hizo cortar la cabeza como se
-dirá, que vinieron á esta ciudad de Sancto Domingo. Así que, al Darien
-llegado Pedrárias y vista la carta y mandado de los Padres, ó porque
-la gente toda pedia con instancia que les señalase por Capitan general
-el licenciado Espinosa, su Alcalde mayor, porque robaba mejor y les
-daba para sus crueldades más larga licencia, y Pedrárias no queria que
-tanto amor al dicho Espinosa tuviesen, porque no le viniese algun mal
-ó inobediencia dello, y cognoscia que los del Cabildo habian de dalle
-parecer para que Espinosa fuese elegido, ó porque para todas las cosas
-que pensaba hacer sentia que los del Cabildo no habian de seguille,
-llamólos á todos á su casa la noche que llegó, y quitóles las varas
-y oficios. No por eso dejó la gente de importunar á Pedrárias que
-señalase al licenciado Espinosa, en su ausencia, por Capitan general;
-finalmente, se lo hobo de conceder, aunque no de alegre voluntad.
-Amaban todos la capitanía del Espinosa más que las de los otros, porque
-cuando iban con otros capitanes y traian indios captivados, como él
-era letrado y Alcalde mayor, unas veces los daba por libres, diciendo
-que por no les haber hecho el acostumbrado requerimiento no podian ser
-esclavos, otras veces porque habian sido amigos, y así no le faltaban
-achaques para dar por libres todas las cabalgadas que los otros traian,
-pero en las suyas no se mostraba tan sancto, ántes ninguno que tomasen
-á vida les salia, no vendible á su placer, de las manos, y con ésto
-era Espinosa muy amado. Que tuviese aquesta industria para traer todos
-aquellos siervos de Dios á su amor, porque le siguiesen y ayudasen á
-ser bien aventurado, ya en la otra vida, donde al presente muchos dias
-há que mora, estará determinado. En este tiempo, acordó el obispo don
-fray Juan Cabedo, primer obispo del Darien, irse á Castilla, no supe
-con qué fin ó por qué causa; partióse tambien con él, ó por aquellos
-dias, Gonzalo Hernandez de Oviedo, Veedor del Rey en aquella tierra
-firme, y que via todos aquellos estragos que se hacian en que no tenia,
-como arriba parece, chica ni poca parte. Vínose por la isla de Cuba
-el obispo don fray Juan Cabedo, donde algunos dias estuvo, y como ya
-en aquella isla se sabia lo que pretendia el clérigo Casas, que era
-poner los indios en libertad, Diego Velazquez y los demas comenzaron á
-dar quejas y blasfemar del clérigo Casas, que los destruia, al señor
-Obispo, que áun de sus errores no estaba alumbrado. Díjose que se
-ofreció al Diego Velazquez y á los que presentes algun dia de aquellos
-estaban, de hacer echar al Clérigo de la corte. Tambien le dió cargo
-Diego Velazquez, ó él á ello lo provocó, de negociarle que el Rey le
-diese la gobernacion de tierra firme, y que se obligaba á poner buena
-órden por aquella tierra en indios y en cristianos, en lo cual, de
-su propia hacienda, gastaria 15.000 castellanos. Bien se creyó que
-Diego Velazquez, untó al señor Obispo las manos. Tornando á Pedrárias,
-nombrando por su Capitan general, á importunacion de la gente, al
-licenciado Espinosa, tornóse luégo á la villa de Acla, con intencion
-de hacer un pueblo en la mar del Sur, y mandó al licenciado Espinosa
-que con cierta gente que estaba en Pocorosa, se fuese hácia Panamá,
-donde por ser lo más angosto y estrecho de la tierra, de la una á la
-otra mar, deseaba poblar por aquella comarca. El se fué á entrar en
-los navíos, y navegó hasta la isla de Taboga, con cierta cautela,
-diciendo que fuesen á buscar las riquezas de aquella mar del Sur, y
-era por cansar la gente, para que de cansados, viéndose sin provecho
-alguno de lo que deseaban, deseasen asentar y poblar por allí, puesto
-que como aquella costa de Panamá es sombría de arboledas y algunas
-ciénagas teníanla todos aborrecida. A la sazon llegó Espinosa con
-la gente que traia, cuando Pedrárias tornó de la isla de Taboga, y
-juntos en tierra, los unos y los otros, Pedrárias tornó á tractar de
-que por allí se poblase, mayormente que un Bartolomé fulano dijo que
-habia visto por aquella costa un buen puerto, grande y seguro, que con
-la menguante queda en seco cuasi media legua; donde al fin metieron
-seguramente los navíos, de que no poco Pedrárias fué alegre. No pudo
-entónces con la gente acabarlo, porque dellos se holgaban de andar
-salteando pueblos, robando el oro que hallaban, y haciendo las gentes
-que prendian esclavos, dellos, quizá, porque recogerse á pueblos les
-era como si se metieran en religion y debajo de reglas graves, porque
-tenian más licencia para cada uno vivir segun queria andando como
-andaban. Acordó de los despartir y cansar, dándoles lo que deseaban,
-y mandó á Espinosa que tomase 150 hombres, y con ellos, en un navío
-de aquellos y en las canoas que allí tenian, se embarcasen y fuesen
-á cobrar el resto del oro que á Badajoz habian los indios tomado.
-Fueron de buena gana, y, saltando en tierra, entraron en las canoas,
-subiendo por el rio de Pariba ó de Paris, de que arriba hemos hablado,
-y metiéronse en una espesura de monte, y cuando esclarecia dieron en
-el pueblo, y matando y captivando los que hallaban llegaron á la casa
-del rey é Cacique, llamado Cutara, que estaba muerto, y al rededor de
-él habia puesto, en piezas de diversa hechura, más de 30.000 pesos
-de oro que tenian aparejado para enterrallo con él, dello de lo que
-habia perdido Badajoz, y dello de lo suyo, y aquí cesó la tentacion
-y ánsia que Pedrárias y todos tenian de recobrar el resto de aquella
-gran pérdida que todos lloraban, y no ménos el obispo de Búrgos, haber
-Badajoz causado á Castilla, perdiendo por su culpa ó indiscrecion,
-segun ellos decian, el oro que con tan execrables pecados, robado á
-sus propios y legítimos dueños y poseedores, habia. Recogióse luégo
-Espinosa y sus compañeros á las canoas y volviéronse á la boca del rio,
-donde quedó esperándolos el navío. Desde allí envió Espinosa de los
-indios que llevaba captivos, á llamar al sucesor del Cacique muerto,
-que era un muchacho, el cual, de miedo vino y trujo un presente de oro,
-rogando que le diese su gente, que le llevaba presa, y así dijeron que
-lo hizo; no supe si el número de los presos íntegro restituyó, que
-habia captivado. Con esta victoria, y que por felicidad y buena ventura
-tuvieron, alzó sus velas y fueron á cargar de maíz y bastimentos el
-navío á la tierra del rey Paraqueta, y de allí dió la vuelta á la
-tierra de Panamá, donde Pedrárias con los demas estaba, el cual con
-grande alegría y triunfo fué rescibido. Mandó Pedrárias enterrar el
-oro allí, con intento de hacer algun ademan á la gente, de los que
-solia; tornó á persuadirlos que convenia poblar por allí, y todos,
-como de ántes, resistian. El, movido á ira, dijo, «pues no quereis,
-desentiérrese todo ese oro, y restitúyase á su dueño que es el Cacique
-y gente de Pariba ó de Paris, porque así me lo mandan los padres
-Hierónimos, y vámonos todos á Castilla que á mí no me faltará de comer
-allá.» Como tocó aquí, como si les lastimara en la lumbre, blandearon,
-y el mismo licenciado Espinosa tambien, y dijéronle que poblarian en
-ciertas partes la costa abajo, cerca de allí, donde habia mejor aparejo
-de çabanas herbazales para pasto de cualesquiera ganados, y otras cosas
-para edificar pueblos necesarias; concedióselo Pedrárias por entónces,
-fingidamente, y díjoles: «Pero, entre tanto que se nos ofrece más
-comodidad, depositemos el pueblo, que á donde decís habemos de hacer,
-sobre este puerto, pues poco aventuramos cuando nos hobiéremos de mudar
-en dejar las casas de paja.» Concedido ésto por todos, llamó Pedrárias
-á un escribano que asentase por escrito como allí depositaba una villa
-que se llamase Panamá, en nombre de Dios y de la reina doña Juana y de
-D. Cárlos, su hijo, y protestaba de la defender en el dicho nombre á
-cualesquiera contrarios, la cual, quedó siempre allí desde aquel año,
-que fué de 1519, hasta hoy que se cuenta, y durará cuanto Dios tuviere
-por bien de castigar á todos los que, á robar las tierras ajenas, y
-oprimir y captivar las personas que en sus tierras y reinos pacíficos
-vivian, por allí pasan al Perú y á las otras partes de aquel Ultramar;
-porque en obra de veinticinco ó veintiocho años, más son muertos de
-40.000 hombres idos de España, de malas enfermedades, por ser la tierra
-calidísima y humidísima, en ella y en la villa del Nombre de Dios por
-la misma causa; y es cosa digna de considerar que haya sido tanta la
-ceguedad de los del Consejo del Rey y de todos los que allí envian
-á gobernar, que nunca hayan tractado de mudar aquellas de aquellos
-lugares, habiendo muchas partes en aquellas dos costas de mar y
-puertos buenos en ella, cognosciendo manifiestamente ser ambos lugares
-pestilenciales. Pero por los pecados dellos y de toda España, que van
-por allí á cometer, no permite Dios que vean ni adviertan lo que tanto
-daño hace á España. Repartió Pedrárias todos los pueblos de indios
-entre los españoles que allí se avecindaron, que era y fué siempre el
-fin de su felicidad.
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- CAPÍTULO CVII.
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-Y porque hablando en una historia, Tobilla, que presumió hacer (tan
-ciego como los otros), desta poblacion de Panamá, dice, que esta
-costumbre de repartir y encomendar aquellas gentes á los españoles
-que las conquistaron, nació de cierta relacion que el almirante D.
-Cristóbal Colon dió al rey D. Hernando, diciéndole que los indios que
-en la Española habia hallado eran incapaces para toda doctrina, y que
-para ser instruidos en la fe de Cristo habian menester cada pueblo
-por preceptor un cristiano, por cuya carta el Católico Rey, con celo
-sancto, pidió licencia al Papa Alejandro VI para ello, la cual por él
-le fué concedida, que los encomenderos les mostrasen las cosas á la
-fe debidas. Estas son palabras formales de Tobilla. Es aquí razon de
-desengañar á los que aquel pobre hombre tan falsa y perniciosamente
-quiso dejar engañados, con gran perjuicio de su ánima, levantando al
-Almirante D. Cristóbal Colon tan gran testimonio, que hobiese tan
-malamente de incapaces á los indios infamado, de lo cual se verá claro
-el contrario en el discurso del primer libro desta Historia y en el
-segundo; y mucha mayor blasfemia osó imponer al Papa que hobiese dado
-licencia para que los pueblos y ciudades populatísimos se hobiesen
-de deshacer, y repartirse tanta multitud de gentes, como si fueran
-ganados, entre personas seglares, idiotas, y comunmente viciosas, para
-les enseñar las cosas de la fe que ellos no saben. Como si el Papa
-ignorara ser tal repartimiento, y por tal causa, contra toda razon y en
-deshonor y derogacion de la fe y religion cristiana, y en perjuicio de
-tan inmenso número de ánimas. Y que todo ésto que escribió sea falso,
-y de toda verdad contrario, parecerse há por evidencia clara en la
-Bula de la concesion destas tierras á los reyes de Castilla, que hizo
-el mismo papa Alejandro, donde, refiriendo en su Bula el descubrimiento
-destas Indias, que el dicho Almirante habia referido á los Reyes
-Católicos, y los Reyes Católicos al Papa, dice estas palabras: _In
-quibus quamplurimæ gentes pacifice viventes, et ut asseritur nudi
-incedentes, nec carnibus vescentes, inhabitant, et ut præfati nuncii
-vestri possunt opinari, gentes ipsæ, insulis et terris prædictis
-habitantes, credunt unum Deum creatorem in cælis esse, ac ad fidem
-catholicam amplexandum et bonis moribus imbuendum satis apti videntur;
-spesque habetur quod si erudirentur, nomen salvatoris Domini nostri
-Jesu-Christi in terris et insulis prædictis facile induceretur_. Quiere
-decir, para los que no entienden, que en aquellas islas y tierras
-que el almirante D. Cristóbal Colon habia descubierto, habitaban muy
-muchas gentes que vivian pacíficamente, y andaban desnudas, y que no
-comian carne, y, que, segun el Almirante y los que con él á descubrir
-fueron pudieron entender, las dichas gentes creian un Dios criador
-estar en los cielos, y que para rescibir nuestra fe católica y ser
-enseñadas en buenas costumbres parecian ser bien aparejadas, y que
-se tenia esperanza que si fuesen instruidas y predicadas, fácilmente
-el nombre de nuestro Salvador Jesucristo en ellas se arraigaria.
-Manifiesta cosa es que, diciendo el Papa estas palabras á los católicos
-Reyes, respondia segun la relacion que los Reyes le habian destas
-gentes enviado, y ésta no la hobieron sino del Almirante que las habia
-descubierto; luégo no es verdad lo que Tobilla dijo que el Almirante
-habia dicho al Rey é á los Reyes, que las gentes que habia hallado
-eran incapaces para toda doctrina, y, por consiguiente, falsísimo
-es y sacrílego decir que, á suplicacion de los Reyes, habia el Papa
-dado licencia para que á cada pueblo se pusiese un preceptor seglar
-ignorante, ó, por mejor decir, un tirano. Confírmase lo dicho contra
-Tobilla, por las cláusulas y preceptos que el Papa puso á los Reyes
-sobre la conversion de aquestas gentes, que las enviase á convertir por
-varones buenos, temerosos de Dios, doctos, sabios, espertos, y éstos
-no son los comenderos, que cada uno há menester 20 predicadores para
-metellos en razon y convertillos, sino los ministros del Evangelio, que
-son los prelados, los clérigos y frailes, teólogos y siervos de Dios, y
-que otra cosa ninguna temporal pretendian sino dar á estas gentes y á
-cualesquiera infieles cognoscimiento del verdadero Dios, y enseñarles
-lo que dél han de creer y cómo le han de reverenciar y amar, cumpliendo
-y guardando sus mandamientos. La una cláusula comienza: _Hortamur vos
-in Domino_..... _populos in hujusmodi insulis et terris_..... _ad
-christianam religionem suscipiendum inducere velitis et debeatis_,
-etc. Y la otra comienza: _Et insuper mandamus vobis in virtute sanctæ
-obedientiæ_..... _ad terras firmas et insulas prædictas viros probos
-et Deum timentes, doctos, peritos, et expertos, ad instruendum incolas
-et habitatores præfatos in fide catholica et bonis moribus imbuendum,
-destinare_..... _omnem debitam diligentiam in premisis adhibentes_. Y
-así, queda averiguada la perniciosa falsedad de Tobilla en decir que
-el repartimiento de los indios á los españoles habia sido inventado
-con autoridad y licencia del Papa, por el Rey Católico informado
-y procurado. No fué inventado sino por Satanás y sus ministros y
-oficiales, para echar á los infiernos á los españoles y destruicion
-de toda España, como cada dia se va su destruicion poco á poco, y
-áun mucho á mucho, entablando. El modo y principio que este tiránico
-y execrable repartimiento tuvo, en el libro II, cap. 11, y en los
-siguientes de esta Historia se hablará; y así, queden desengañados y
-cognoscan su mal estado los que tienen indios repartidos, y, como ellos
-dicen, en encomienda, y no sólo los que los tienen, pero los que los
-procuran, y no sólo quien los procura, pero tambien los que los desean
-están en pecado mortal. Y sola esta razon baste, porque tienen á sus
-prójimos, que son libres, en captiverio, privados de toda su libertad,
-de donde se sigue privar los señores y Reyes naturales de sus vasallos
-y señoríos, contra justicia y ley natural, con otras mil desórdenes que
-á esta tiranía se allegan innaturales; y ésto ni procurarse puede ni
-desearse sin pecado mortal. Así que, desengáñesen los tales, s¡ quizá
-hobieren leido la historia de Tobilla, y en ella esta nefanda falsedad,
-y por leella creian quedar seguros en sus consciencias robando y
-oprimiendo sus prójimos desconsolados, aunque los opresores muy más
-malaventurados.
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- CAPÍTULO CVIII.
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-Como Pedrárias supo que estaba ya nombrado Lope de Sosa por Gobernador
-de aquella tierra firme, y á él se lo quitaban, y que por consiguiente
-le habian de tomar residencia, y él habia hecho tales obras que no
-podia ganar por ella nada, ántes, si justicia hobiera, debiera ser
-hecho tajadas, temiendo lo que le podia venir, siempre tuvo fin á
-salir de la tierra con la mejor color que pudiese, porque Lope de
-Sosa en ella no le hallase. Por lo cual, desque hobo asentado la
-villa ó pueblo de Panamá, propuso á todos los que allí estaban que
-sería cosa conveniente á todos enviar procuradores á Castilla, para
-dar noticia al Rey de los servicios que en aquella tierra firme le
-habian hecho, y cómo se la tenian sojuzgada, y pedirle las mercedes
-que á tales y á tantas obras fuesen proporcionadas. Y veis aquí de la
-manera que los tiranos que han destruido estas Indias han tenido á los
-Reyes de Castilla encantados, vendiéndoles por servicios ofensas, y
-pérdidas, y daños, nunca por súbditos á sus Reyes cometidas, despues
-que el mundo fué criado, tales ni tan execrables. Así que, tractando
-de quién nombrarian por procuradores, (y lo que se presumió, que
-Pedrárias deberia de haber negociado), al cabo se concluyó por todos
-que Pedrárias fuese por procurador. Alcanzado lo que deseaba, porque
-de una manera ó de otra siempre se hace lo que quieren los que mandan,
-mayormente siendo tiranos, acordó de se ir al Darien para disponer su
-viaje; mandó al licenciado Espinosa que con la mitad de la gente que
-allí estaba fuese descubriendo y robando la tierra, por el Poniente
-abajo; púsoles condicion que, de todo el oro y cosas de valor que
-robasen, y esclavos que á vida tomasen, partiesen con los vecinos que
-quedaban en Panamá y con 30 hombres que iban con él á acompañalle.
-Llegado al Darien, luégo escribió al Rey que le diese licencia para
-pasar la ciudad del Darien á Panamá y la iglesia catedral, diciendo
-que aquel lugar y sitio del Darien era muy mal sano, y que moria y
-enfermaba mucha gente, y que los niños no se criaban, como si fuera
-mejor y no tan malo el sitio de Panamá. Descubrió Pedrárias su
-eleccion de procurador para Castilla al pueblo y á los oficiales del
-Rey, diciendo que toda la villa de Panamá y gente de guerra que con
-él andaba le habian nombrado que fuese por procurador de todo aquel
-reino á Castilla, para que informase al Rey de sus grandes servicios y
-trabajos, y que él, por aprovechallos y hacerles todo bien, lo habia
-de buena voluntad aceptado. Pidieron tiempo para hablar entre sí y
-respondelle: platicaron entre sí algunos dias y volvieron, alcaldes
-y regidores, y los oficiales del Rey, é los principales del pueblo,
-y un Martin Astete, que habia dejado por su teniente, respondiendo
-por todos díjole: «Que él y todos los presentes, y todo aquel pueblo,
-le besaban las manos y tenian en gran merced en querer acometer tan
-grandes trabajos y peligros, como eran los que se ofrecian en la ida
-de Castilla por ellos; pero que habiendo pensado y conferido entre sí
-cerca de su camino, hallaban muchos inconvenientes que se recrecerian
-por su absencia, y uno era la falta que haria en la conquista y
-subyecion, que ellos llamaban y llaman hoy pacificacion, de los indios
-de aquellas tierras: otro era no ménos principal, conviene á saber, que
-probablemente ido él se seguirian disensiones y pendencias en ellos,
-mayormente quedando el licenciado Espinosa, como quedaba, en la mar
-del Sur con mucha guerra, de quien se presumia que querria mandallos
-á todos con mayor imperio y austeridad que solia, y que aquello no lo
-habian de sufrir, y, por consiguiente, habian de seguirse los daños que
-por semejantes causas se solian en todas partes suceder, y que ya via
-cuántos deservicios se hacian á Sus Altezas.» Respondióles Pedrárias
-«que todas eran buenas consideraciones, como de personas prudentes,
-pero que él dejaria en ello tan buena órden, que con el ayuda de
-Dios no sucediesen inconvenientes, de aquella manera, algunos, y por
-tanto que tuviesen por bien su partida, porque, segun lo que entendia
-serles á ellos y á todo aquel reino provechosa, por ninguna cosa la
-dejaria.» Ellos le replicaron, que le suplicaban no se pusiese en
-querer salir de la tierra, porque le hacian saber que por creer y áun
-tener por cierto, que en su determinacion deservia al Rey en dejar la
-tierra en tanto peligro, que por ningun caso no se lo consentirian.
-Tornando á afirmar que convenia é que así lo habia de hacer, cada uno
-de los del pueblo, como eran muchos, decia su decidero con libertad,
-entre los cuales un Regidor de la ciudad le dijo, más libremente que
-él quizá quisiera: «Que aunque él era el menor de los de aquel pueblo,
-que él bastaba sólo para si porfiase á irse detenello con echalle unos
-grillos, pues el Rey lo habia enviado allí para que los gobernase, y
-en su nombre aquella tierra tuviese y defendiese.» Pedrárias, desque
-vido que cuasi todos se le atrevian, disimuló con su intento y al cabo
-díjoles: «Que pues no consentian en su ida, que por provecho suyo y
-de la tierra hacerla proponia, que á su culpa imputasen lo que por
-no le dejar ir perderian;» y así cesó por entónces el ansia que de
-salir de la tierra cuando viniese Lope de Sosa tenia. Antes que desta
-hecha Pedrárias viniese al Darien, de Panamá, los oficiales del Rey
-dieron licencia á Diego Albitez para que fuese á hacer un pueblo con
-ciertos españoles á la tierra de Veragua, ó porque debian tener poder
-del Rey, ó quizá que los padres Hierónimos se lo habian dado cuando á
-Pedrárias se lo limitaron, como arriba desto se dijo algo; sabido por
-Pedrárias cuando llegó, rescibió grande alteracion, y quisiera luégo
-ir á castigar al Diego Albitez, sino que como era muy sagaz y viejo
-experimentado, sufrióse y disimuló por entónces por no impedirle la
-ida de Castilla, que él tanto deseaba. Salió, pues, Diego Albitez y su
-compañía del puerto del Darien con un bergantin y una carabela, y llegó
-á la isla de los Bastimentos, que muchas veces los indios della habian
-á los españoles hartado la hambre, salió luégo el Cacique y señor
-della, con su gente á rescibillos, mostrándoles haber placer con su
-venida, puesto que más de creer es que no quisieran más vellos que ver
-al diablo. Habidos los bastimentos que allí pudo dalles, partiéronse
-para Veragua, y saltando en tierra, de noche, fueron á dar, sin ser
-sentidos, sobre el pueblo de un Cacique y señor, llamado Quezbore,
-que dormia seguro con su gente, descuidado, sin tal pensamiento;
-sintiendo los enemigos, salió con los suyos que pudieron tomar sus
-armas, ántes que fuesen desbarrigados de las espadas ó heridos, y
-comenzaron á pelear, segun pudieron, los cuales, al cabo, fueron,
-como suelen, fácilmente desbaratados, y el Cacique, con muchos de los
-suyos y mujeres y hijos, captivos. Viéndose el señor preso y todos los
-que bien queria, entendiendo que todo el fin último de los españoles
-era robar oro y tener en más lo más fino, dijo al Diego Albitez que
-los soltase á él y á los suyos, y los dejase en su tierra, pues no le
-habian ofendido, y dalle hia todo cuanto oro tenia; oidas estas nuevas,
-sabrosas para Diego Albitez y á los que con él venian, comenzóle á
-predicar el Evangelio que predicar solia, y díjole: «Sabé, señor y
-hermano Cacique, que sobre el sol y la luna está el gran Dios que nos
-hizo á todos y da la vida, el cual á los reyes de España, que son los
-señores de los cristianos que acá venimos, ha dado todos estos reinos
-y tierras vuestras, y para que os digamos que seais sus vasallos y
-os sometais á su Real dominio acá nos envian.» Oido el sonido destas
-palabras, el Cacique, porque ni entendia qué queria decir Dios, ni Rey,
-ni cristianos, más que todo se resolvia entender que pedia oro, dióle
-3.000 pesos de oro y 30 indios por esclavos, porque tambien sabia que
-aquel, eso mismo, era su fin y su granjería, y como hasta llegar á ésto
-duraba su predicacion, dejó al Cacique y á los suyos algo contentos,
-aunque no bien pagados, y tornó á embarcarse y fuese la costa abajo, y
-entró en el puerto que Diego de Nicuesa puso puerto del Nombre de Dios,
-donde lo hallaron los del Darien, cuando lo fueron á buscar y llamar
-para que los gobernase, como á la larga en el libro II, cap. 66 dejamos
-escrito, allí hallaron que el navío de hacer mucha agua, sin podella
-vencer, se les iba á fondo; forzados desto se tornaron á la dicha isla
-de los Bastimentos, donde luégo se les hundió. El señor, Cacique de la
-dicha isla, llamado Paruráca (la penúltima luenga, segun creo), los
-pasó con su gente en canoas á la tierra firme (que pudiera ó en su
-tierra achocallos ó en la mar ahogallos), y desembarcólos en derecho
-de la tierra del Cacique llamado Capíra, ó señor de la tierra llamada
-Capíra, la penúltima luenga. Este, viéndose corrido y angustiado de los
-españoles, que estaban en Panamá y costa del Sur, y que por la otra
-parte de la costa del Norte sobrevenian otros españoles, de quien no
-esperaba ménos malas obras, constriñóle la necesidad de venirse á poner
-en manos de Diego Albitez y sufrir sus tiranías, esperando que, por
-venir á dársele por amigo y traerle algun presente (que es costumbre
-universal de todos los indios nunca venir las manos vacías), se las
-mitigaria. De allí, hechos algunos saltos é insultos contra las gentes
-que por allí cercanas habia, tornóse hácia el Nombre de Dios; llegados
-allí, acordó el Diego Albitez de asentar en aquel lugar un pueblo, y
-púsole por nombre el que Diego de Nicuesa de ántes habia puesto al
-puerto que allí hay, conviene á saber, Nombre de Dios, el cual, por
-estar cercado de lugares muy bajos y montuosos, y el mismo asiento dél
-y todos por allí humidísimos, no tienen número la gente española que de
-enfermedades han perecido y mueren cada dia, segun arriba quedó dicho.
-Háse allí sustentado por ser buen puerto para los navíos, aunque,
-como arriba tambien dijimos, la cudicia y ansia de las riquezas no ha
-dejado abrir los ojos á pasar la contratacion la costa abajo, donde con
-ménos daños y mucho ménos trabajo se hallara donde poblar, y de donde
-se pasara á la mar del Sur. En el suelo deste pueblo, Nombre de Dios,
-hay una hierba verde, de hasta un geme de altura, con ciertas ramitas
-arpadas, menudas, muy lindas, de una parte y de otra, de hechura de
-una pluma de pájaro, la cual, si le tocamos con un palo ó con otra
-cualquier cosa, ningun movimiento hace, pero si con el dedo, luégo
-todas sus ramitas ó arpaduras y toda ella se encoje, como si fuese una
-cosa sensible, viva. Comenzóse á poblar este dicho pueblo, que ya tiene
-nombre de ciudad, al principio del año 1520, y porque hay mucho que
-decir de las otras partes destas Indias, desde el año de 1518 hasta el
-de 20, paremos aquí en la historia de tierra firme, hasta que, cumplido
-con lo demas, volvamos á ella.
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- CAPÍTULO CIX.
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-Lo que al presente conviene aquí proseguir es el descubrimiento que
-Diego Velazquez prosiguió de la tierra de Yucatán, que Francisco
-Hernandez de Córdoba, de la manera que en el cap. 96 y los siguientes
-referimos, descubrió; y en fin del cap. 98 comenzamos á referir
-cómo Diego Velazquez, que la isla de Cuba gobernaba, cognoscido el
-descubrimiento que habia hecho Francisco Hernandez y las muestras que
-habian visto y traido de la riqueza que la tierra de Yucatán tener en
-sí mostraba, determinó de hacer otra armada y constituir por Capitan
-della á un Juan de Grijalva; y así, llegado Francisco Hernandez á
-la ciudad de Santiago, en canoas de indios, y de sus heridas bien
-lastimado, informándose dél y de algunos indios que de allá trujo bien
-á la larga de todo lo que de la tierra y gente della sentia, con lo
-que por allí habia pasado, hizo aparejar tres navíos y un bergantin
-con todo lo al viaje necesario, y con muchos rescates y cosas de
-Castilla para los trocar por oro, de que habia cierta esperanza. Halló
-voluntarios y bien dispuestos para tornar, y de los que no habian ido
-ántes, hasta 200 hombres, pocos ménos ó pocos más. Envió por piloto
-mayor de la armada al mismo Anton de Alaminos, que habia descubierto
-la tierra con Francisco Hernandez; fueron por capitanes de los tres
-navíos un Francisco de Avila, mancebo de bien, sobrino de Gil Gonzalez
-de Avila, de quien hay que decir adelante, y Pedro de Alvarado, tambien
-mancebo, de quien hay que decir mucho más, y un Francisco de Montejo,
-que al cabo fué el que descubrió á la dicha tierra y reino de Yucatán.
-Entre otras provisiones que aquesta armada (y todas las destas islas se
-hacian de una á otra cuando las iban á sojuzgar) llevaba, era llevar
-muchos indios de los naturales para servicio de los españoles, los
-cuales al cabo perecian que no fué la más chica jactura dellos y plaga.
-Dió su instruccion Diego Velazquez al capitan general Juan de Grijalva,
-que por ninguna manera poblase en parte alguna de la tierra descubierta
-por Francisco Hernandez, ni en la que más descubriese, sino solamente
-que rescatase y dejase las gentes por donde anduviese pacíficas y en
-amor de los cristianos. Despachados, pues, y bien proveidos los cuatro
-navíos, segun que para semejantes caminos se acostumbraba, salieron
-del puerto de Santiago al principio del año de 1518, y fueron á parar
-por la costa del Norte al puerto de Matanzas, que está 20 leguas ántes
-del de Carenas, puesto que todo es la provincia de la Habana. Tomaron
-allí caçabí é puercos y otras cosas de bastimentos de las estancias de
-algunos vecinos españoles que allí moraban, y partidos de aquel puerto
-y de Carenas, donde tambien por tomar más bastimentos entraron, fueron
-á dar en la isla de Cozumel, que está pegada, como arriba se vido, á
-la tierra firme de Yucatán, dia de la Invencion de la Sancta Cruz que
-cae á tres dias de Mayo. Vinieron ciertos indios á los navíos en sus
-canoas, y trujeron unas calabazas de miel, que presentaron al Capitan,
-y él dióles de las cosas de Castilla; traia Grijalva un indio, por
-lengua, de los que de aquella tierra habia llevado consigo á la isla
-de Cuba Francisco Hernandez, con el cual se entendian en preguntas y
-respuestas algo, y porque por aquella parte no parecia pueblo alguno,
-alzaron velas y fueron costeando la isla, de donde vieron muchas casas
-de piedra y edificios de cal y canto, altos y señalados, los cuales,
-segun despues se entendió, eran los templos de sus dioses á quien
-servian y honoraban. Entre los demas estaba un templo grande, muy bien
-labrado, junto á la mar, que parecia una gran fortaleza; surgieron
-allí en derecho dél, y no pudieron salir en tierra, como deseaban,
-por ser ya tarde. Luégo de mañana vino una canoa llena de indios á
-los navíos, y el capitan Juan de Grijalva díjoles, por la lengua que
-traia, que deseaba salir en tierra y ver el pueblo, y hablar con el
-señor dél y comunicalle, si no le pesase. Respondieron, «que no
-pesaria que se desembarcasen,» lo cual hicieron en sus cuatro barcas
-los que pudieron en ellas caber. Llegados al templo, que estaba junto
-al agua, consideraron los edificios dél, que eran admirables, donde
-Grijalva hizo decir misa delante los indios á un clérigo que llevaba;
-harto indiscretamente, porque no convenia, por entónces, en lugar donde
-tantos sacrilegios se cometian ofreciendo sacrificios al demonio, y
-se habian de ofrecer adelante, celebrar el verdadero sacrificio sin
-primero espiallo, y bendecillo, y sanctificallo. Tampoco fué decente
-que delante de los indios infieles celebrase, pues no adoraban ni daban
-el honor debido al Criador de todos que allí se consagraba. Delante
-dellos vino un indio viejo, y, á lo que parecia, hombre de autoridad,
-y debia ser sacerdote de los ídolos, acompañado con otros, no supe
-cuántos, y puso un braserico de barro, bien hecho, lleno de brasa, y
-puso cierta cosa aromática, como incienso, de que salió humo odorífero,
-con el cual incensó ó perfumó á ciertos ídolos ó bultos de hombres
-que allí estaban. Luégo los indios trujeron al Capitan un presente de
-gallinas grandes, que llamamos de papada, y algunas calabazas de miel
-de abejas. El Capitan les dió de las cosas de Castilla, como cuentas,
-cascabeles, peines, espejos y otras bujerías; preguntóles por la lengua
-si tenian oro, y que se lo comprarian ó trocarian por de aquellas
-cosas, y éste fué, como siempre, el principio de su Evangelio, que los
-españoles acostumbraron, y el tema de sus sermones. Mirad qué artículo
-de la fe primero, conviene á saber, que habia en el cielo un Señor y
-Criador de todos, que se llamaba Dios, les mostraban; pero no fué jamás
-otro que si tenian oro, para que los indios entendiesen que aquel era
-el fin y último deseo suyo y causa de su venida á estas tierras, de
-su viaje y trabajos. Los indios trujeron ciertas piezas de oro bajo,
-de las que se ponian en las orejas, por gallardía y adorno de sus
-personas, en unos agujeros que de industria se hacen en ellas y en las
-narices. Allí mandó apregonar el Capitan que ninguno rescatase oro ni
-otra cosa de los indios, sino que lo trujese ante él cuando alguno
-viesen que queria rescatar. Preguntaron por el señor del pueblo, y
-respondieron que no estaba presente, porque habia ido á cierta tierra
-ó pueblo á negociar; bien se pudo creer que presente estaba, porque
-costumbre es de los Caciques y señores de los indios mandar á toda
-su gente que no digan, cuando viene gente nueva, mayormente desque
-cognoscieron los españoles, que están presentes, y ándanse entre sus
-vasallos y populares, disimulados, como uno dellos, viendo y oyendo
-todo lo que pasa. Como vido, pues, Grijalva que por allí no habia oro
-en abundancia, como él y su compañía deseaban, determinó de se volver y
-embarcar en sus navíos y pasar adelante, costeando la isla, é correr á
-la tierra de Yucatán que se parecia, y que tambien juzgaban ser isla,
-y más grande que la dicha Cozumel. Fuéles el viento contrario, que no
-podian resistir ni andar adelante, por lo cual acordaron de se tornar
-al lugar de donde habian salido, junto al susodicho pueblo; desque los
-indios vieron que se volvian y tornaron á surgir é anclar los navíos,
-temiendo quizá que no se hobiesen arrepentido los españoles, por no
-haber saqueado el pueblo, y que tornaban á lo hacer, no quedó persona
-en el pueblo que no huyese, llevando consigo todo lo que pudieron de
-sus alhajuelas llevar. Saltaron en tierra los nuestros y hallaron el
-pueblo todo vacío, aunque con algun maíz y frutas, que no les supieron
-mal, y, tomado lo que dallo quisieron, tornáronse á hacer á la vela y
-proseguir la costa adelante, y, dejada la isla Cozumel, comenzaron á
-costear la ribera de la tierra de Yucatán, y llegaron á ella el dia de
-la Ascension del Señor, que en aquel año cayó á trece dias del mes de
-Mayo, y van en demanda del cacique Lázaro, señor del pueblo llamado
-Campéche, á quien Francisco Hernandez habia puesto Lázaro, como arriba
-se dijo, por haber llegado á aquel puerto Domingo de Lázaro, de quien
-rescibieron buen hospedaje y amigable conversacion; y por el camino
-vian grandes y hermosos edificios de cal y canto, blanqueados todos, y
-torres altas, y éstas eran los templos de sus dioses.
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- CAPÍTULO CX.
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-
-Y porque el piloto mayor de la armada no tuvo buena memoria de la
-tierra que él habia descubierto con Francisco Hernandez, el año pasado,
-y no recognosció el sitio donde el pueblo del cacique Lázaro estaba, y
-así anduvo errado, creyendo que lo habian pasado y quedaba atras, y al
-cabo de vueltas y revueltas vido su yerro, por tanto lo que aquí agora
-se dirá, más creo que les acaeció en el pueblo de Champoton, donde mal
-hirieron á Francisco Hernandez y mataron los 20 españoles, que en el
-pueblo de Lázaro, aunque algunos dijeron el contrario. Llegaron, pues,
-al dicho pueblo (que, como dije, creo que fué Champoton, y no el de
-Lázaro), y surgieron con sus cuatro navíos, cuanto más cerca pudieron
-anclar, una tarde. Los indios, como vieron los navíos, salieron
-infinitos á la playa, y como de la brega que tuvieron con Francisco
-Hernandez quedaron lastimados y escarmentados, aunque ellos tambien
-le hicieron no chico daño, segun quedó arriba declarado, toda aquella
-noche se velaron, haciendo grandes estruendos con sus trompetas y
-atabales, y muchos instrumentos que sonaban; Grijalva, con su gente,
-acordaron de saltar en tierra é ir al pueblo con color de coger agua,
-ó con verdad si tenia necesidad, que fué tambien el tema de Francisco
-Hernandez, y para más seguramente salir, aunque no con discrecion, para
-que fuese sin escándalo y ménos turbacion de los indios que estaban en
-su tierra y casas pacíficos, lo que debieran mucho mirar, saltaron en
-tierra ántes que amaneciese. Manifiesto es que los indios se habian
-de turbar, y tener vehemente sospecha que aquella gente nueva les
-venia á hacer mal, en especial habiendo padecido los daños pasados que
-Francisco Hernandez les hizo, si este pueblo era Champoton, y si era
-el de Lázaro bastaba tener noticia que sus vecinos habian rescibido
-aquellas malas obras para se alterar y recatar, mayormente, saltando
-en su tierra y pueblo, sin su licencia, y de noche. Salieron, pues,
-á tierra y pusieron junto del pueblo, ciertos tiros de artillería, y
-como los indios, que velaban el pueblo y andaban junto á la playa, los
-vieron, vánse para ellos con sus armas, arcos, y flechas, y lanzas,
-y rodelas, diciéndoles por sus meneos y señas que se fuesen de su
-tierra, y haciendo acometimientos, como amenazas que querian dar en
-ellos; entónces el capitan Grijalva comenzó ante los españoles á hacer
-protestaciones y justificar su hecho, diciendo que fuesen testigos,
-como no venia él ni ellos á hacer mal á aquellas gentes, sino á tomar
-agua de que tenian necesidad y pagársela, y otras palabras, harto
-propíncuas al viento, y de ningun efecto para excusar los daños y
-males que despues sucedieron. Mirad á quién ponia por testigos de sus
-protestamientos, y qué aprovechaban no entendiéndolos los indios que
-estaban en sus casas, quietos, viniendo gente tan extraña y belicosa,
-y que tanto daño les habia hecho el año pasado, y no entrando, como
-dicen, por la puerta, pues no les pidieron licencia para entrar en
-su tierra; demás de haber entrado de noche, la cual entrada era
-manifiesto que habian de engendrar en los ánimos de aquellos justo y
-razonable temor y sospecha. Hace decir al indio que traian consigo
-de la isla de Cozumel, Grijalva, que no les queria hacer mal alguno,
-sino tomar agua y salirse de su tierra, ellos les mostraron un pozo,
-que estaba del pueblo un tiro de piedra, diciendo que la tomasen de
-allí y se fuesen luégo; van los marineros y grumetes con las pipas,
-jorrándolas, y hinchen las otras vasijas que tenian; pareciéndoles que
-se tardaban mucho, ó juzgando que se hacian reacios, dábanles, con
-amenazas y acometiendo como que les querian tirar las flechas, priesa
-que se fuesen, y porfiando mucho los indios en ésto, y los españoles
-no yéndose, salieron dos indios de su escuadron y fueron hácia los
-españoles, uno de los cuales llevó una cosa como hacha encendida, y
-púsola encima de una piedra, hablando en su lengua, como poniendo
-término, segun despues pareció, dentro del cual sino se fuesen les
-darian guerra; el término fué hasta que se apagase ó se acabase la
-lumbre, y como apagada ó acabada la lumbre no se fuesen, dan luégo con
-grande alarido los indios en ellos. Los españoles, que no se durmieron,
-disparan primero el artillería, y tras ella, con el ímpetu que suelen,
-mayormente contra gente desnuda, como son éstos, con las escopetas, que
-llevaban algunas, y ballestas, y luégo con las espadas, que son las que
-hacen al caso, que los cuerpos desnudos parten por medio, mataron todos
-cuantos pudieron. Recogiéronse los indios dentro de un albarrada de
-piedra y madera, de un estado en alto, que tenian por cierta parte del
-pueblo, y así no tuvieron tanto lugar los españoles de hacelles tanto
-mal como les hicieran, y tambien porque el mismo capitan Grijalva, que
-de su naturaleza no era cruel, ántes blando, y de condicion buena,
-prohibió á los españoles que los persiguiesen. Los indios mataron con
-una flecha, en aquel ímpetu, un español y muchos hirieron, entre los
-cuales salió tambien Juan de Grijalva herido, quebrado un diente y
-otro del todo perdido, y áun lastimada la lengua de un flechazo que
-le dieron; despues vinieron algunos indios como á pedir treguas ó paz
-y que mostraban querer ser amigos de los españoles, segun parecia, y
-convidaban que fuesen algunos españoles con ellos, como si les dijeran
-que fuesen á tratar la paz con su señor, segun juzgaban los nuestros.
-Envió Grijalva dos ó tres, y llegaron hasta las albarradas, y allí les
-dieron una máscara ó carátula de palo, cubierta de hoja de oro delgada,
-que en señal de paz enviaba al Capitan el Cacique; iban y venian muchos
-indios desarmados á ver los españoles, aunque no se osaban llegar á
-ellos. Recogieron su agua y sus tiros de artillería los españoles,
-y embarcáronse en las barcas, y así fuéronse á los navíos, dejando
-su amor entrañado en aquellas gentes, ó por verdad decir su temor
-horrible, de la manera dicha.
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- CAPÍTULO CXI.
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-Partieron de allí de Champoton, segun yo creo, puesto que algunos
-dijeron que de Lázaro y Campéche, como ya dije, la costa abajo en
-demanda de algun puerto, porque habia muchos dias que no lo habian
-topado en todo lo que habian navegado por la costa de la isla de
-Cozumel, ni de la de Yucatán, por adobar uno de los navíos que les
-hacia mucha agua, y á las 10 leguas de Champoton hallaron un puerto,
-al cual llamaron, por la razon dicha, Puerto Deseado. Aquí adobaron el
-navío, y viniendo una canoa con cuatro indios á hacer sus negocios de
-pescar, ó de mercadercillos, los mandó tomar Grijalva, con color de que
-aprendiesen la lengua nuestra para servirse dellos por lenguas, harto
-inícuamente, no mirando que los hacian esclavos sin se lo merecer, y
-los privaban de sus mujeres, y hijos, y á los hijos y á los padres
-constituian en angustia y tristeza, y no chica calamidad. Desde aqueste
-Puerto Deseado, parecia la gran tierra de la Nueva España, que volvia
-á la mano derecha, como hácia el Norte; creyó el piloto Alaminos que
-fuese otra isla distinta de Yucatán, estimando tambien que Yucatán
-fuese isla. Preguntados los indios que tomaron, qué tierra era la
-que parecia, respondieron que era Coluá, la última sílaba aguda; y
-esta es la que despues llamamos Nueva España, y como á isla ó tierra
-distinta, indució al Capitan que fuesen á ella y tomasen della la
-posesion, como si no bastaran mil posesiones que se habian tomado por
-los reyes de Castilla en todo este orbe. Salieron, pues, del Puerto
-Deseado, por la costa abajo, que corria al Poniente, y vánse mirando
-la tierra, y llegáronse á un rio grande, que creo llamaron de Sant
-Pedro y Sant Pablo, al ménos agora así se llama, 25 leguas del Puerto
-Deseado; por las riberas dél y costa de la mar vieron muchas gentes
-que estaban pasmados, mirando los navíos, cosa nunca dellos vista
-ántes. Dan luégo á cinco leguas más adelante en otro mayor, cuyo ímpetu
-echaba el agua dulce dos leguas y tres en la mar; este rio baptizó
-Grijalva de su nombre, y así se llama hoy el rio de Grijalva, el cual,
-ó el pueblo, ó la misma tierra, se llamaba por los vecinos naturales
-della, Tabasco; es tierra felicísima y abundantísima del cacao, que son
-las almendras de que usan por suave bebida, y por moneda en toda la
-Nueva España, y en más de 800 leguas, como se dirá, y por ésto estaba
-aquella tierra poblatísima y plenísima de mortales. Así que, entraron
-por el rio arriba, hasta media ó cerca de una legua, donde estaba el
-pueblo principal, donde lanzaron sus anclas y pararon, y como la gente
-indiana vido los navíos, todos asombrados de ver barcos tan grandes, y
-gente barbada y vestida, y todo de tan nueva manera y diferente arte,
-salieron á defenderles la salida en su tierra y pueblo, hasta 6.000
-hombres, á lo que se juzgaba, con sus armas, arcos y flechas, y lanzas
-de palos, las puntas tostadas, y rodelas de ciertas mimbres ó varillas
-delgadas, todas ó la mayor parte cubiertas con unas chapas de oro
-fino, de plumas de diversas colores adornadas, y, porque era tarde,
-aquella noche toda se pasó en velarse ambas partes. En esclareciendo,
-vienen sobre cien canoas llenas de hombres armados á ponerse cerca de
-los navíos, y de entre ellas sale una, y acércase más á los navíos,
-para que se pudiese oir más su habla; levántase en ella un hombre de
-autoridad, que debia de ser Capitan ó principal entre ellos, y pregunta
-qué querian ó qué buscaban en tierras y señoríos agenos; esta lengua no
-entendia el indio que traian de Cuba, pero entendíanla los cuatro que
-habian preso en la canoa, en el Puerto Deseado, y el de Cuba entendió á
-éstos, y éstos entendieron á los de Tabasco; y así respondió Grijalva
-que él y los cristianos no venian á hacerles mal alguno, sino á buscar
-oro, y que traian para pagárselo. Vuelve con la respuesta el Capitan
-de la canoa, y da nuevas á su Rey y señor, y á los que las esperaban,
-y dice parécele buena gente los cristianos; torna otra vez, y llégase
-al navío del capitan Grijalva, sin temor, y dice que á su señor place,
-y á todos su súbditos, tener con él y con los cristianos amistad, y
-dalles del oro que tenia y rescibir de lo que traian de su patria; el
-cual trujo una máscara de palo grande dorada muy hermosa, y ciertas
-cosas de pluma de diversas colores y bien vistosas, diciendo que su
-señor vernia otro dia á ver los cristianos. Grijalva le dió unas sartas
-de cuentas verdes de vidrio, y unas tijeras, y cuchillos, y un bonete
-de frisa colorado, y unos alpargates; las tijeras y los cuchillos
-fué lo que hizo al caso, porque con aquello pensó el intervenidor de
-la paz y amistad que iba bienaventurado. Acordó el Cacique y señor
-de la tierra ir á verse con los cristianos, y entra en una canoa,
-esquifada de gente, sin armas, y entra en el navío del capitan
-Grijalva, tan seguro como si fuera de su propio hermano. Grijalva era
-gentil mancebo, de hasta veintiocho años; estaba vestido de un sayon
-de un carmesí-pelo, con lo demas que al sayon respondió, cosas ricas.
-Entrado y rescibido por Grijalva el Cacique con mucho acatamiento, y
-abrazándose, y sentados, comenzóse la plática, de la cual muy poco
-el uno del otro entendian, más que por señas y algunos vocablos que
-declaraban los indios que habian tomado en el Puerto Deseado, que los
-decian al indio que traian de Cuba; todo se creyó que iba á parar
-en que se holgaba de su venida y que queria ser su amigo, y despues
-de hablado un rato, mandó el Cacique á uno de los que con él habian
-venido, que sacase lo que dentro de una que llamamos petaca, segun la
-lengua de Méjico, que es como arca, hecha de palma y cubierta de cuero
-de venado, traia. Comienza á sacar piezas de oro, y algunas de palo
-cubiertas de hoja de oro, como si las hobiera hecho para Grijalva y
-á su medida, y el Cacique, por sus mismas manos, comiénzalo de armar
-desde los piés hasta la cabeza, quitando unas si no venian bien, y
-poniendo otras que con las demas convenian, y así lo armó todo de
-piezas de oro fino, como si lo armara de un arnés cumplido de acero
-hecho en Milan. Sin el armadura le dió muchas otras joyas de oro y de
-pluma, de las cuales algunas abajo se referirán. Cosa digna de ver la
-hermosura que entónces Grijalva tenia, y mucho más digna y encarecible
-considerar la liberalidad y humanidad de aquel infiel Cacique. Grijalva
-se lo agradeció cuanto le fué posible, y recompensó desta manera:
-hace sacar una muy rica camisa y vístesela, despues della desnúdase
-el sayon de carmesí é vísteselo, é pónele una gorra de terciopelo muy
-buena, y hácele calzar zapatos de cuero nuevos, y, finalmente, lo
-vistió y adornó lo mejor que él pudo, y dióles muchas otras cosas de
-los rescates de Castilla á todos los que con él habian venido. Valdria
-el sayon de carmesí, entre los españoles en aquel lugar, obra de 60
-ó 70 ducados ó pesos de oro, cuando más, y las otras cosas que dió
-al Cacique y á los suyos otros 12 ó 15, pero lo que el Cacique dió á
-Grijalva subiria de más de 2 ó 3.000 castellanos ó pesos de oro; entre
-las piezas y armaduras que le dió, fué un casquete de palo cubierto
-de hoja de oro delgada, tres ó cuatro máscaras de palo, parte dellas
-cubiertas de piedras turquesas, que son madre de las esmeraldas,
-puestas á manera de obra mosáica, por muy lindo artificio, y parte
-cubiertas de hoja de oro y otras del todo cubiertas de oro, ciertas
-patenas para armar los pechos, dellas todas de oro, y otras de palo
-cubiertas de oro, y otras de oro, y piedras sembradas muy bien puestas,
-que las hacian más hermosas; muchas armaduras para las rodillas, dellas
-de oro puro, dellas de palo, dellas de corteza de ciertos árboles,
-cubiertas todas de hoja de oro; seis ó siete collares de hoja de oro,
-puestas sobre otras tiras de cuero de venado; ciertas ajorcas de oro de
-tres dedos en ancho, ciertos zarcillos de oro para las orejas, ciertos
-rosarios de cuentas de barro cubiertas de oro, y otras sartas de oro
-puro huecas; una rodela cubierta de pluma de diversas colores, muy
-graciosa; una ropa de pluma y penachos della, vistosa, y otras muchas
-cosas cuya postura y artificio era maravilloso, y que, donde quiera,
-solas las manos y hechura costara mucho. Díjose que de ciertos indios
-que habia tomado Grijalva, cuando comenzó á costear las riberas ó
-costa de Yucatán, dejando la de la isla de Cozumel, vido en el navío
-este Cacique uno y que lo pidió á Grijalva, y que daria por su rescate
-tanto peso de oro cuanto el indio pesase, y que no quiso Grijalva
-dárselo por pensar quizá de haber por él más; pero ésto yo no lo creo,
-lo uno, porque no hervia tan poco la cudicia en él ni en los de su
-compañía que por un indio que hallaron y tomaron con otros en una canoa
-pescando, que probablemente se podia creer no ser señor, ni tener más
-calidad y hacienda que los otros, dejase seis ó siete arrobas de oro
-que podria pesar; lo otro, porque no parece que Grijalva cumpliera con
-el comedimiento que con él tuvo el Cacique, no concediéndole lo que le
-rogaba, mayormente si fué verdad que le ofrecia el rescate. Finalmente,
-como quiera que haya sido, el Cacique quedó contento y los españoles
-tambien lo quedaron, y en tanto grado, que de aquí comenzó el ansia de
-querer poblar, quedándose en aquella tierra, como vieron tan buenas
-señales de su riqueza, y de murmurar de Grijalva porque no lo aceptaba,
-como se dirá.
-
-
-
-
- CAPÍTULO CXII.
-
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-Saliéronse de aquel rio de Tabasco, que llamaron desde allí el rio de
-Grijalva, y fueron costeando lo más cerca de tierra que podian, de
-donde vian toda la costa llena de poblaciones y de gentes que salian
-á mirar los navíos, que nunca otros habian visto. Yendo su camino con
-las barcas, tomaron ciertos indios por fuerza, que iban en una ó en
-dos canoas, que no podian causar poco escándalo ni dejaban de ofender
-á Dios, trayéndolos contra su voluntad; luégo les preguntaron, por
-señas, si habia oro por aquella tierra y respondieron que habia mucho.
-Hizo soltar á algunos dellos, diciéndoles que trujesen oro, y que les
-pagarian en las bujerías que les mostraron de Castilla. Ya tornaba la
-costa de la mar, del Poniente á la parte del Norte, y siguiendo su
-camino fueron á surgir con sus cuatro navíos junto á una isleta, que
-hoy llamamos Sant Juan de Ulúa, donde agora es el puerto de toda la
-Nueva España; ellos le pusieron entónces Sant Juan, y despues, como se
-entendió que los indios llamaban á toda aquella tierra Ulúa, añidióse
-á Sant Juan, Ulúa, y así se llama el puerto y la isleta, Sant Juan de
-Ulúa; el acento tiene la ú segunda. Habia en ella edificios de cal y
-canto, y en especial uno muy alto, que debia de ser templo, donde habia
-un ídolo y muchas cabezas de hombres, y otros cuerpos muertos, de lo
-cual cognoscieron que debian de ofrecer hombres al ídolo, y por esta
-causa pusieron nombre á la isla, la Isla de los Sacrificios. Otro dia
-parecieron en la costa de la mar muchos indios con unas banderas, y
-hacian señas á los españoles que saliesen á tierra; envió el Capitan
-á un Francisco de Montejo, con cierta gente, en una barca, para que
-supiese de qué arte estaban, si de paz ó de guerra, y qué querian ó
-pretendian llamándolos. Llegó á la playa, y vinieron los indios á él
-con mucha alegría, mostrándole señales de paz, y como que holgaban de
-su venida, y luégo le presentaron muchas mantas de algodon, pintadas
-de diversas colores, muy hermosas; pregúntoles por señas, mostrándoles
-cosas de oro, si lo habia por aquella tierra, respondiéronle que sí,
-é que otro dia tornarian con ello. Tornaron como habian dicho, y
-con unas banderas blancas hacian señales y meneos, llamándolos que
-saliesen á tierra; salió Grijalva con alguna de su gente, y hallaron
-hechas unas ramadas de ramos de árboles, muy frescas, y hojas por el
-suelo, donde los españoles se metiesen, por el sol, y en el mismo
-suelo estaba la mesa, que era una manta muy hermosa, y sobre ella
-ciertos vasos de barro, bien hechos, á manera de escudillas hondas,
-llenas de aves, cortadas por menudo, con su caldo oloroso, como hecho
-potaje en cazuela; tenian puesto abundancia de pan de maíz, mezclado
-con masa de frísoles, que son atramuces, como ellos lo suelen hacer, y
-frutas diversas. Ofreciéronles unas mantas de algodon de colores, todo
-con grande placer y alegría, como si fueran sus propios hermanos, y
-entre otros regalos, que suelen hacer á los huéspedes como ya tenemos
-experiencia, dieron á cada español un cañuto encendido, lleno de cosas
-aromáticas, muy odoríferas, á la manera de unos mosquetes hechos de
-papel, de los cuales traen hácia sí el humo con el resuello, y sáleles
-por las narices. Diéronles algunas sartas de cuentas de colores, y dos
-bonetes y unos peines, y otras cosillas por ello. Otro dia vinieron
-cierta cuadrilla de indios, y dos entre ellos principales, uno viejo
-y el otro mozo, que parecian señores, padre y hijo; éstos, ántes que
-llegasen al Capitan, pusieron las manos en el suelo y besáronlas,
-que debia ser ceremonia significativa de paz y amistad y de buen
-hospedamiento, y, ésto hecho, abrazáronle, mostrando grande alegría de
-vello, como si fuera su deudo que hobiera muchos dias que no lo habia
-visto. Hablaban en su lengua muchas palabras, y el Capitan en la suya,
-sin entenderse, pero todo resultaba é iba á parar en mostrar mucho
-amor y alegría los indios con su venida, y no menor era el placer de
-Grijalva y de los suyos en hallar gente tan buena y benigna, por la
-esperanza que de ser ricos de allí se les recrecia. Mandó luégo aquel
-señor viejo á sus indios que trujesen luégo ramos y hojas verdes
-y frescas, para hacer ramadas, donde los españoles se metiesen, y
-en mandar á los indios el viejo y el mozo mostraban, como señores,
-autoridad é imperio. Hizo señas el viejo al Capitan que se asentase y
-á los otros españoles, y lo primero dió al Capitan y á los españoles,
-que bastó, cada sendos cañutos de olores de los sobredichos; iban y
-venian muchos indios, todos sin armas, simplicísimamente, que parece
-que se convidaban unos á otros á que viniesen á ver á los españoles, y
-todos mostraban grande alegría y conversaban con ellos, como si fueran
-sus muy propíncuos deudos ó muy amigos vecinos; y lo que más hacia al
-caso y deseo de los españoles, fué que comenzaron, por mandado del
-señor viejo, á traer muchas y diversas joyas de coral, muy hermosas y
-de maravilloso artificio, un collar de doce piezas de oro con muchos
-pinjantes, y ciertas sartas de cuentas redondas, de barro, doradas, que
-parecian todas oro, y otras de menudas, muy bien doradas; otras piezas
-de zarcillos para las orejas, dos máscaras, de obra mosáica, de piedras
-turquesas, con algunas puntas de oro, un moscador muy rico de plumas de
-diversos colores, como algunas cositas de hoja de oro y otras cosas.
-Dióseles por ésto ciertas sartas de cuentas verdes y otras pintadas
-que llamamos margaritas, y un espejo y un par de servillas para mujer.
-Los indios particulares andaban trocando sus pedacitos de oro y
-joyuelas, con los españoles, cada uno segun tenia que conmutar; aquel
-dia se pasó en ésto con mucho regocijo de los unos y de los otros, y
-abrazando el Cacique al Capitan, rogándole por señas, que otro dia
-tornase al mismo lugar y que ternia traido allí mucho más oro. Luégo,
-en amaneciendo, el dia siguiente, pareció en la playa mucha gente con
-ciertas banderas blancas, que debian ser señales de paz y amistad, los
-cuales, un tiro de piedra dentro en la tierra, y apartado de la mar,
-tenian ciertas ramadas de árboles y hojas grandes, de las que arriba
-dijimos, y desherbado todo alrededor, todo muy fresco y gracioso, para
-donde se metiesen los españoles á comer y recrearse. Salió el capitan
-Grijalva en tierra, con buen número de españoles, y así como el Cacique
-ó señor lo vido, váse á él y pone las manos en el suelo y bésalas, y
-luégo abrazó al Capitan con rostro muy alegre, y tómalo por el brazo y
-llévalo á las ramadas, y llegados y sentados sobre las hierbas y hojas,
-dá de los mosquetes encendidos, llenos de sahumerios, al Capitan y á
-los españoles que á par dél estaban, uno á cada uno. Mandó el Capitan
-hacer allí un altar, y que dijese misa el capellan que llevaban, y
-como el Cacique vido que aquello era señal de religion y ceremonias
-del divino culto, mandó traer ciertos brasericos con ascuas y poner
-dellos debajo del altar, y otros por allí alrededor ó cercanos del
-altar, y echar en ellos incienso y de las cosas aromáticas que solian
-ellos á sus ídolos incensar y sahumar, porque las gentes de aquella
-Nueva España fueron de las más religiosas que hobo jamás entre todas
-las naciones que no tuvieron conocimiento del verdadero Dios. Estuvo
-pasmado, y los indios que con él estaban, clavados los ojos, mirando
-las ceremonias de la misa, como en los indios siempre se halla tener
-grandísima atencion notando los actos y obras que hacer nos ven. Así
-que, acabada la misa, mandó el señor traer de comer, y luégo trujeron
-ciertos altabaques ó cestillos de pan de maíz, de diversas maneras
-hecho y cocido; trujeron frutas de la tierra y muchos platos hondos de
-barro, y quizá eran de las calabazas que llaman jícaras, muy pintadas
-por de fuera, llenas de potaje de carne bien guisada, que no supieron
-qué carne era, y no podia ser sino de aves, las gallinas que llamamos
-de papada, ó de venados. Comieron los guisados de buena gana, y dijeron
-que les supieron muy bien, y que les parecia que fuesen guisados con
-especias. Acabada la comida, mandó traer el Cacique algunas joyas de
-oro en granos grandes, aunque parecia estar fundido; algunos zarcillos
-para las orejas y narices, ciertas sartas de cuentas gruesas y
-menudas, que debian ser la sustancia de madera, pero muy bien doradas;
-otras 15 ó 20 cuentas grandes, doradas, y al cabo una rana de oro muy
-sutilmente labrada; un ajorca de oro, muy rica, de cuatro dedos en
-ancho; otra sarta de cuentas doradas, con una cabeza de leon de puro
-oro, y otras sartas con muchas cuentas, y alguna que tenia 70 y más
-dellas doradas, y al cabo una rana de oro al propio hecha; un rostro de
-piedra, creo que verde, guarnecida de oro, con una corona de oro muy
-rica, y encima una cresta de oro y dos pinjantes de oro; un ídolo ó
-hombre de oro, pequeño, y con un moscador de oro en la mano, con unas
-joyas de oro en las orejas, y en la cabeza unos cuernos de oro, y en la
-barriga una piedra que debia de ser turquesa, muy linda, engastonada
-en oro. Entre estas joyas, aquí ó en otras partes deste viaje, se dijo
-haber rescatado una esmeralda ó piedra preciosa que valia ó que valió
-2.000 ducados. Otras muchas cosas les dió, no tan principales, pero
-estas fueron las de más valor y más hermosas. Valia todo el oro que
-dieron mas de 1.000 ducados, sin el valor de la hechura de algunas
-cosas dellas, que pudiera valer más que el oro que tenian. El Capitan
-le dió, en pago del presente rescibido, no con qué saliese de laceria,
-y fueron las joyas siguientes: un sayo, una caperuza de frisa colorada,
-y en ella una medalla, no de oro, sino de las falsas; una camisa de
-presilla, con algunas gayas ó labores, de hilo y no de seda; un paño de
-tocar; un cinto de cuero, con su bolsa; un cuchillo, y unas tijeras,
-y unos alpargates; unas servillas de mujer, unos zaragüelles, dos
-espejos, dos peines y algunas sartas de cuentas de vidrio de diversos
-colores, todo lo cual valdria en Castilla tres ó cuatro ducados.
-Aquel señor Cacique y su gente, estimándose por muy ricos con lo que
-Grijalva les habia dado, y áun quizá creyendo que habian engañado á
-los españoles en más de la mitad del justo precio, volvieron otro dia
-con más ricas joyas para los tornar á engañar. Trujeron seis granos
-de oro fundido, grandes, no supe cuánto pesaron; siete collares muy
-ricos de oro puro, y otros cuatro collares pequeños de oro, los dos
-con sus arracadas y pinjantes de oro, y tres sartas de cuentas doradas,
-y nueve cuentas de oro: y un cabo, como patron, tambien de oro; otra
-sarta de cuentas de piedras, que ellos tienen por preciosas, y una
-ajorca de oro: ésto lo principal. Dióseles por retorno un sayo azul y
-colorado de frisa ó paño basto, un bonete de lo mismo, una camisa de
-lienzo, un cuchillo y unas tijeras, un espejo y un par de alpargates,
-y algunas sartas de cuentas de vidrio. Otro dia tornaron á su rescate
-y contratacion, y dió el Cacique á Juan de Grijalva dos granos de oro
-que pesaron 12 ó 15 castellanos, un collar de oro de piezas hermosas de
-ver, ciertas sartas de cuentas doradas, y nueve cuentas, todas de oro
-pero huecas, muy bien artificiadas, con un cabo de oro más grueso; una
-máscara de pedrerías, como las que arriba dijimos: pagóle Grijalva con
-obra de 4 á 5 reales de valor, conviene á saber, un par de alpargates,
-un cinto de cuero con su bolsa, un paño de cabeza, unas servillas de
-mujer y dos ó tres sartas de cuentas de vidrio, que llamamos margaritas
-por ser de diversas colores, y cada sarta podia ser de 50 cuentas,
-como acá vienen comunmente y así las solíamos con los indios tratar y
-conmutar.
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- CAPÍTULO CXIII.
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-Visto por los españoles ser todos aquestos rescates y conmutaciones
-señales de haber en aquella tierra mucha cantidad de oro, y la gente
-della tan pacífica, franca y liberal, y por consiguiente, haber grande
-aparejo para henchir las bolsas y ser ricos señores á tan poca costa,
-comenzaron á renovar el clamor que en la tierra de Yucatán habian
-comenzado diciendo á su capitan Grijalva, con gran importunidad y
-murmurio, que pues Dios les mostraba tierra tan rica y gente tan bien
-acondicionada, donde fuesen bienaventurados, tuviese por bien de que
-allí poblasen, y en un navío de aquellos cuatro hiciesen saber á Diego
-Velazquez su bienandanza, enviándole todo el oro y joyas que habian
-rescatado, para que les enviase más gente y rescates, y armas, y otras
-cosas, para su poblacion necesarias; ofreciéndose todos á que lo ternia
-por bueno Diego Velazquez, no embargante que por la instruccion que le
-habia dado trujese prohibido que no poblase, sino que descubriese y
-rescatase. Juan de Grijalva, era de tal condicion de su natural, que no
-hiciera, cuanto á la obediencia y aún cuanto á humildad y otras buenas
-propiedades, mal fraile, y por esta causa, si se juntaran todos los
-del mundo, no quebrantara por su voluntad de un punto ni una letra de
-lo que por la instruccion se le mandaba, aunque supiera que lo habian
-de hacer tajadas. Yo lo cognoscí é conversé harto, y entendí siempre
-dél ser á virtud y obediencia y buenas costumbres inclinado, y muy
-subjeto á lo que los mayores le mandasen. Así que, por más ruegos,
-requirimientos, y razones importunas que le hicieron y representaron,
-no pudieron con él que poblase, alegando que lo traia prohibido por el
-que le habia enviado, y que no para más de descubrir é rescatar tenia
-poder ni mando, y que con cumplir la Instruccion que se le dió haria
-pago. Vista su determinacion, todos comenzaron á blasfemar dél, y á
-tenello en poco, y fué maravilla no perderle la vergüenza, y salirse
-todos en tierra y poblar, dejándolo ó enviándolo en un navío á Diego
-Velazquez; y por que un navío de aquellos hacia mucha agua, y tenia
-necesidad de se adobar, acordó Grijalva de lo enviar á la isla de Cuba,
-con la gente que andaba indispuesta, y que llevase las buenas nuevas
-de la buena tierra rica, y gente pacífica, y el oro y joyas que habian
-rescatado. Con esta embajada envió á Pedro de Alvarado, que debia ser
-el Capitan del mismo navío que tenia necesidad de ser adobado, el cual
-al cabo de ciertos dias llegó á la isla, y dada cuenta de la riqueza
-que habian hallado, y dando quejas todos los que en el navío habian
-ido de Grijalva, porque pidiendóselo todos, no quiso poblar ni dejar
-poblar tan felice y rica tierra, movióse á ira contra Grijalva Diego
-Velazquez, porque no lo habia hecho habiéndolo él mandado y dado por
-instruccion que por ninguna manera poblase. Pero era Diego Velazquez
-de aquella condicion, y terrible para los que le servian y ayudaban,
-y fácilmente se indignaba contra aquellos de quien le decian mal,
-por ser más crédulo de lo que debia. Finalmente, indignado contra
-Grijalva, porque no habia poblado contra su mandado, determinó, ántes
-que Grijalva viniese, de hacer otra armada, y enviar otro Capitan,
-y hobo al cabo de dar en quien no le obedeció tan fielmente como
-Grijalva, que la hacienda y la honra, y que lo que desde allí vivió
-viviese amarga y triste vida, y al fin la perdiese, y el alma sabe
-Dios por aquella causa en qué paró. Y dejado aparte que habia muchas
-razones por las cuales Dios le castigase, por haberse hecho rico de
-la sangre de aquellas gentes de la isla de Cuba, y de las matanzas
-que ayudó á hacer en esta Española, en especial la de la provincia de
-Xaraguá, como en el capítulo 9.º, del libro II, pareció, pero parece
-que quiso nuestro Señor afligille en pago de no agradecer á Grijalva
-la obediencia que le guardaba, cumpliendo estrechamente su mandado,
-en no poblar, de donde al mismo Grijalva le fuera muy mejor, y así
-permitió Dios que enviase á quien áun ántes que partiese se la negó,
-como parecerá. Partido Pedro de Alvarado para Cuba, Grijalva, con los
-tres navíos, fuese la costa abajo, descubriendo por ella muchas leguas,
-y llegó hasta cerca de la provincia de Panuco, y visto que toda era
-una tierra, y estimaban ser tierra firme, acordaron tornarse por el
-camino donde habia venido, y enderezar su viaje para la isla de Cuba
-á dar cuenta á Diego Velazquez de la prosperidad de su descubrimiento
-y camino. A la vuelta, en cierta parte de aquella costa de mar, como
-siempre venian cerca de tierra, salieron al encuentro ciertas canoas
-ó barquillos de los indios, llenas dellos, armados con sus arcos y
-flechas, y comenzaron á tirar á la gente de los navíos, pero como los
-españoles no se solian dormir, sueltan algunos tiros de artillería y
-escopetas, y á saetadas, muertos y heridos algunos de los indios, los
-hicieron huir. Siguieron los navíos la costa arriba, hácia el Levante,
-y llegaron á cierto rio que tenia un razonable puerto, que nombraron
-puerto y rio de Sant Anton, 25 leguas del rio de Grijalva, donde el
-señor de allí armó á Grijalva todo el cuerpo de oro, como dijimos en el
-capítulo 111. Allí vinieron ciertos indios y trujeron ciertas hachuelas
-de oro bajo, y por ellas se les dieron algunas sartas de cuentas y
-otras cosillas de rescates de Castilla, y porque tuvieron necesidad de
-reparar allí el uno ó los dos navíos, acordaron de saltar toda la gente
-dellos en tierra, y estando en ésto, vinieron ciertos indios de la
-otra banda del rio en sus canoas, y trujeron á los cristianos 30 ó más
-hachuelas de oro, que pesaron 1.800 pesos de oro, pocos tomines ménos,
-y una taza labrada, muy hermosa, de oro, que pesó veinte y tantos pesos
-de oro, y algunas mantas de algodon y otras joyas, sin pedir nada por
-ello. Vista la liberalidad destos indios, tornaron los españoles á
-murmurar contra Grijalva, porque no queria en tan rica tierra poblar,
-pues les daba tan buena ventura en las manos, donde podian ser ricos
-y bien aventurados, pero no por eso Grijalva se movia, diciendo que
-no tenia tal comision de Diego Velazquez, por lo cual hizo apregonar,
-poniendo penas, que nadie de poblar tractase ni hablase. Aquí vinieron
-en una canoa ciertos indios, con un señor que parecia mandalles, y
-presentaron ciertas gallinas, y frutas de la tierra, muy buenas, como
-son las que llamamos piñas, porque por de fuera tienen la forma de
-piñas, puesto que no hay melon fino ni otra fruta de las nuestras que
-se le iguale, y otras que llaman zapotes, fruta digna de presentarse
-á los Reyes; dijeron por señas que traerian oro. Dióseles un sayo de
-frisa, hecho de colores, y una camisa y otras cosillas de rescates, por
-convidallos á que bien lo pagasen, como mostraban hacello; vinieron
-despues otros y presentaron al Capitan dos hachas de oro, que pesaron
-150 pesos, dos, ó tres, ó cuatro ménos, y ciento y tantas cuentas
-huecas de oro, muy bien hechas, y docena y media de cuentas de plata ó
-de estaño, y otras piezas de oro menudas; la recompensa que se les dió
-valia hasta 8 ó 10 reales, en cuentas verdes y cuchillos y tijeras.
-Unos marineros que habian ido á pescar, el rio abajo ó arriba, toparon
-á ciertos indios, los cuales les dieron ciertas águilas de oro, y una
-cabeza de no sé qué figura, y un cascabel muy lindo, con unas alas,
-y una hacha, que pesaria todo hasta 70 castellanos. Aquí dijeron que
-habian visto ciertos indios muertos de fresco, metidos en un hoyo;
-entendieron que debian ser indios á los ídolos sacrificados. De aquí
-enderezó su camino y viaje Grijalva para la isla de Cuba; quiso venirse
-por Yucatán, que entónces llamaban la Isla Rica, por no saber que era
-parte de la tierra firme, y llegar al pueblo de Champoton, donde al
-principio hirieron y mataron la gente á Francisco Hernandez de Córdoba,
-primero que todos de aquella tierra descubridor, como en el cap. 98 se
-declaró, y vengar, diz que, aquellas muertes; pero llegados á la costa
-de la mar de Champoton, vieron tan bien apercibidos á los indios y
-tan denodados para los resistir, que habidas algunas refriegas, ántes
-que desembarcasen sobre una isleta que estaba cerca del pueblo, en
-la mar, acordó Grijalba de no se detener á pelear, sino irse en paz
-su camino. Llegados á Campéche, 10 ó 12 leguas de allí, que arriba
-dijimos haberle puesto nombre Francisco Hernandez, el pueblo de Lázaro,
-y donde tan humano y alegre rescibimiento les hicieron, y hospedaje,
-quisieron tomar agua, y saliendo en tierra con sus tiros de pólvora
-y aparejados, donde vieron alguna gente de los indios desarmada,
-preguntándolos dónde podian coger agua, díjose que les señalaron con el
-dedo que hácia tal parte, y llegados allí, señalábanles más adelante,
-y remando más adelante, señalábanles más adelante, donde, diz que,
-hallaron cierta celada de hombres armados con sus arcos y flechas, las
-cuales contra ellos desarmaron; pero los nuestros, con los tiros de
-pólvora y con salir el Capitan con toda la gente de los navíos desque
-los vido revueltos, aunque les pesó, tomaron toda el agua que quisieron
-en abundancia. Esto es de maravillar, que habiendo tratado tan bien
-los de aquel pueblo y tierra á Francisco Hernandez y á su gente al
-principio, como se refirió en el cap. 98, que agora les quisiesen hacer
-mal, y si quizá no es lo que arriba dijimos en el cap. 110, que por
-yerro del piloto lo que acaeció en Champoton creyeron haber acaecido
-en el pueblo de Lázaro, no es verdad debió de suceder aquesta mudanza,
-porque como vecinos y pariente de Champoton, y quizá vasallos de un
-señor, viendo que Francisco Hernandez y su compaña dejaron hecho tan
-grande estrago y muertos tantos, se doliesen, como era cosa natural,
-y, por consiguiente, juzgasen á los españoles por injustos y crueles,
-y á los de Champoton por agraviados, acordaron de no los recibir, mas
-ántes, si pudiesen, á todos matallos. Finalmente, tomaron toda el agua
-que quisieron, á pesar de los indios, porque como gente sin armas ni
-defensa siempre han de caer debajo; desde allí Grijalva y sus navíos
-toman su camino para la isla de Cuba, y despues de muchos y gravísimos
-trabajos, por vientos, y mar, y corrientes contrarias, aportaron á Cuba
-en el puerto que llamábamos de Matanzas, que está cerca del pueblo que
-agora se diz de la Habana, por otro nombre Sant Cristóbal, donde halló
-Grijalva una carta de Diego Velazquez, en la cual decia que se diese
-la priesa que más pudiese para llegar á Santiago, la ciudad donde él
-estaba, y hiciese saber á toda la gente que con él venia, que los que
-quisiesen allí, en la Habana, esperar, para tornar á poblar á la dicha
-tierra é Isla Rica de Yucatán, y la demas tornasen, porque él aparejaba
-para enviar gente á poblallo; mandando que á los tales se les diese
-todo lo que hobiesen menester, en una hacienda como granjería, que él
-por allí tenia, que llamaban Estancia.
-
-
-
-
- CAPÍTULO CXIV.
-
-
-Grijalva se dió la mayor priesa que pudo darse para llegar á la ciudad
-de Santiago, donde Diego Velazquez estaba entendiendo en aparejar
-muchos navíos y gente, para enviar á poblar la tierra que Francisco
-Hernandez y Grijalva descubierto habian, que llamaban la Isla Rica,
-por Yucatán y aquella costa abajo, hasta Tabasco, que es el rio que
-dijeron de Grijalva; llegado Grijalva á la ciudad, y pareciendo ante
-Diego Velazquez, dióle pocas gracias por lo que habia trabajado, y oro
-que con Alvarado le habia enviado y por lo que tambien él le traia,
-ántes riñó mucho con él, afrentándolo de palabra, porque así era su
-condicion, porque no habia quebrantado su instruccion y mandamiento
-en poblar en la tierra, pues toda la gente que llevaba se lo pedia,
-reprension harto digna de otra mayor, reñir á un criado, pariente fiel
-y tan obediente, que no quiso quebrantar un punto de lo que llevaba
-mandado, especialmente que á él le fuera muy provechoso más que á
-nadie, así en riquezas y estado, como en excusar la indignacion que
-toda la gente que llevó contra él tuvo por no haber poblado. Todo
-ésto me refirió á mí el mismo Grijalva en la ciudad de Sancto Domingo
-el año de 1523, viniendo perdido y con harta necesidad, y partido de
-mí en aquella ciudad, se fué para tierra firme, donde gobernaba, ó
-mejor diré, desgobernaba Pedrárias, al cual envió á la provincia de
-Nicaragua, y estando en el valle de Ulanche, sojuzgando y guerreando á
-los indios de aquel valle, lo mataron los mismos indios á él y á otros
-ciertos españoles; donde pagó Grijalva los males que allí hacia y el
-servicio que debia á los indios de la isla de Cuba, y si algunos hizo
-en aquel descubrimiento, puesto que siempre le cognoscí para con los
-indios piadoso y moderado. Y como por la venida de Alvarado, y nuevas
-de la riqueza de la tierra y gran muestra de oro que envió Grijalva,
-Diego Velazquez comenzase otra armada, llegado Grijalva, é informado
-de todo el viaje, y descubrimiento, y gente, y tierras, y abundancia
-dellas, Diego Velazquez dióse mucha más priesa en despacharla y llegó,
-á lo que yo tuve entendido, nueve piezas de navíos, con bergantines y
-naves; y para llevar su poblacion y armada más y mejor fundada, envió
-á esta isla Española á un hidalgo llamado Juan de Saucedo, para que
-pidiese licencia, que enviase á poblar aquella tierra y hacer lo á
-ésto necesario, á los padres de Sant Hierónimo, que á la sazon aquí
-estaban, creyendo que tenian poder de gobernadores; pero no vinieron
-á gobernar, sino á poner las Indias en libertad, como arriba se hizo
-mencion. Envió luégo Diego Velazquez, con las nuevas del descubrimiento
-y riquezas de la tierra, con ciertas piezas ricas de oro de las que
-habia traido Alvarado, á un clérigo llamado Benito Martin, á la corte,
-que áun estaba en Barcelona el rey D. Cárlos; el cual pidió que le
-hiciesen merced del abadía de aquella tierra que parecia adelante, y no
-era ménos que toda la Nueva España, como se dirá. Tornemos al armada ó
-flota que comenzó á hacer Diego Velazquez, donde gastó, de los muchos
-millares de pesos de oro que tenia mal ganados, habidos de los sudores
-y angustias de los indios, gran parte; y porque habia de proveer de
-Capitan, pensó de nombrar un hidalgo llamado Baltasar Bermudez, que,
-segun yo creo, era de su misma tierra, Cuéllar, y así le encargó que lo
-aceptase, lo cual hacia por honralle, porque lo queria bien, y ésto yo
-lo sé porque lo ví muchas veces, mucho, muy bien tratalle. El Baltasar
-Bermudez tenia los pensamientos altos, y parecia tener de sí demasiada
-confianza; representándole el cargo de Capitan, por Diego Velazquez,
-díjose que le habia pedido tales condiciones, que á Diego Velazquez
-desagradaron, y como era muy libre y sacudido, enojóse con él y echóle
-de sí, quizá como solia con desmandadas palabras. Discurriendo despues
-por las personas que habia que pudiese nombrar por Capitan, puso
-sus ojos, y segun se creyó inducido, como luégo se dirá, en Hernando
-Cortés, que habia sido su criado y secretario, y habia tenido para lo
-ahorcar, como arriba se dijo, cap. 27, porque conocia dél ser hábil é
-entendido, y como le habia dado muchos indios y habia hecho Alcalde de
-la misma ciudad de Santiago, y lo favorecia mucho, confiando que le
-obedeceria, siéndole agradecido, y guardaria toda fidelidad. Estaba
-por Contador del Rey de aquella isla, á la sazon, un burgalés llamado
-Amador de Lares, hombre astutísimo, y que habia gastado, yo le oí,
-veintidos años en Italia, y llegó á ser Maestresala del Gran Capitan,
-que es argumento de no ser de entendimiento tardo, pues el Gran Capitan
-se servia dél de Maestresala, siendo aún de cuerpo harto bajo, y sin
-saber leer ni escribir, pero la prudencia y astucia suya suplia las
-otras faltas. Solia yo decir á Diego Velazquez, por sentir lo que
-de Amador de Lares yo sentia: «Señor, guardaos de veintidos años de
-Italia.» Con éste trabajó Hernando Cortés tener grande amistad, que no
-era ménos astuto que él muchos quilates, y díjose, y áun creyóse, que
-se habian confederado ambos en tanto grado, que partirian la hacienda
-y riquezas que Cortés adquiriese y robase yendo aquel viaje; y como
-Diego Velazquez comunicaba con Amador de Lares, como Contador y oficial
-del Rey, las cosas del armada, y las demas que á la gobernacion de
-la isla tocaban, creyóse que le indució que constituyese al Cortés
-por Capitan de aquella demanda. Diego Velazquez, siempre, como le
-conocia, vivia con el Cortés recatado; pero guárdeos Dios cuando los
-que aconsejan tienen crédito ante los aconsejados, y con ésto pretenden
-interese propio, porque una vez que otra han de guiar la resolucion de
-los negocios al fin que les toca, como la saeta se dirige al blanco.
-Finalmente, Diego Velazquez nombró á Hernando Cortés por Capitan de
-su armada, y nombrado, como era orgulloso y alegre, y sabia tratar
-á todos, á cada uno segun le cognoscia inclinado, para lo cual ser
-Alcalde no le desayudaba, súpose dar maña á contentar la gente que para
-el viaje y poblacion se allegaba, la cual era toda voluntaria por
-la cudicia del mucho oro que haber esperaban; y de 2.000 castellanos
-que le habian sacado los indios que le habia dado Diego Velazquez, de
-las minas, con inmensos sudores, hambres y duros trabajos, comenzó á
-adornarse y gastar largo en se proveer de lo necesario para el viaje,
-tractándose como Capitan de 500 hombres que se allegaron y que iban
-donde todos esperaban henchir las manos. Cerca desta ida de Cortés por
-Capitan deste viaje, dice el clérigo Gomara, en su Historia, muchas
-y grandes falsedades, como hombre que ni vido ni oyó cosa della, mas
-de lo que el mismo Hernando Cortés le dijo y dió por escripto siendo
-su capellan y criado despues de Marqués, cuando volvió la postrera
-vez á España; el cual dice que Diego Velazquez habló á Cortés para
-que armasen ambos á medias, porque tenia 2.000 castellanos de oro en
-compañía de Andrés de Duero, mercader, y que le rogó que fuese con la
-flota, y que Cortés aceptó la compañía, etc. ¡Mirad qué hacian 2.000
-castellanos á quien gastaba 20.000 y más en el despacho della! No era
-Diego Velazquez tan humilde ni tan gracioso, que rogase á Cortés que
-fuese por Capitan de su flota, habiendo muchos en la isla á quien
-mandallo pudiera, y que lo rescibieran por muy gran merced y mucha
-honra, é ya que algunos le prestaran dineros no se abatiera á hacer
-compañía con alguno, como fuese señor de todo, y estuviese en su mano,
-como Gobernador, hacer lo uno ó lo otro. Y dice más Gomara, que desque
-llegó Grijalva hubo mudanza en Diego Velazquez y que no quiso gastar
-más en la flota que armaba Cortés, ni quisiera que la acabara de
-armar, por se querer Diego Velazquez quedar con ella y enviar á solas.
-Todo ésto es salido de las mañas de Cortés, su amo, y manifiestas
-falsedades. Mirad quién le podia impedir á Diego Velazquez que no
-hiciera lo que de la flota quisiera, y de enviar ó estorbar que no
-fuera en ella el que le pluguiera, y en especial Cortés, que no osaba
-boquear ante él, y que no sabia, al ménos en lo exterior, qué placer y
-servicio hacelle; y del mismo jaez de falsedad, por lo dicho, parece
-lo que más añide Gomara: «Que Diego Velazquez envió al Amador de
-Lares á que indujese á Cortés que se dejase de la ida y que le pagaria
-lo gastado, pero que Cortés, entendiendo los pensamientos de Diego
-Velazquez, respondió que no la dejaria, ni apartaria compañía, siquiera
-por la vergüenza.» Todo ésto es absurdísimo, y que ni sustancia ni
-color de verdad contiene ante los ojos y consideracion de los que
-conocimos á Diego Velazquez y á Cortés; parecerá tambien claro por
-el suceso que hobo el negocio y lo que adelante se dijere. Dice otra
-insolencia y superba falsedad, que no le pudo Diego Velazquez impedir
-la ida, y que si se pusiera en ello con rigor, hobiera revuelta en
-la ciudad, y áun muertes, y que como no era parte, disimuló; propia
-arrogancia de Hernando Cortés y astucia con que tiene hasta hoy
-engañado el mundo, y los historiadores que escribieron sus hechos en
-lengua española, porque dél y dellos era sólo un fin, y éste no otro
-sino hacerse ricos de la sangre de aquestas míseras, y humildes, y
-pacíficas gentes, como hombres insensibles de los males que loan y
-favorecen; todo lo que escribieron no va enderezado sino á excusar
-las tiranías y abominaciones de Cortés, como de los demas, y en
-abatimiento y condenacion de los tristes y desamparados indios. Mirad
-si siendo Gobernador y teniendo la justicia toda en sí de la isla,
-Diego Velazquez, y que era adorado y obedecido de todos, por el bien ó
-el mal que podia hacerles, dándoles ó quitándoles los repartimientos de
-indios, con que los hacia pobres ó ricos, y estando favorecido del Rey
-é de los que gobernaban por aquel tiempo á Castilla, pudiera impedir á
-Cortés, que era un pobrecillo escudero, criado suyo, y que no comiera
-si Diego Velazquez no se lo diera dándole indios, y que estaba en su
-mano quitárselos y áun la vida, si quisiera, buscándole achaques,
-aunque fuera haciéndole injusticia, que no fuera en su flota ó armada
-que como Gobernador del Rey á su costa hacia, sin que hobiera alboroto
-en la ciudad ni muertes, y sí el contrario desto que dice Gomara, su
-historiador, es verosímil.
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- CAPÍTULO CXV.
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-Agora veamos cómo se despachó de la isla de Cuba Hernando Cortés y con
-cuán justo principio, para que lo dicho mejor se averigüe. Persuadido,
-pues, Diego Velazquez, por Amador de Lares, ó por sí mismo, que
-nombrase á Cortés por Capitan general, y nombrado, como es dicho,
-entendíase por Diego Velazquez con mucha priesa en el despacho de
-Cortés, y el Cortés tampoco se dormia. Iba cada dia Diego Velazquez
-al puerto á caballo, aunque estaba junto, y Cortés y toda la ciudad
-con él, á ver los navíos y dar priesa en todo lo que se debia hacer;
-fué entre las otras una vez, y un truhan que Diego Velazquez tenia,
-llamado Francisquillo, iba delante diciendo gracias, porque las solia
-decir, y entre otras, volvió la cara á Diego Velazquez, y díjole:
-«¡Ah, Diego!» responde Diego Velazquez: «¿Qué quieres, loco?» Añide:
-«Mirá lo que haceis, no hayamos de ir á montear á Cortés.» Diego
-Velazquez da luégo gritos de risa, y dice á Cortés, que iba á su mano
-derecha por ser Alcalde de la ciudad y ya Capitan elegido: «Compadre
-(que así lo llamaba) mirad qué dice aquel bellaco de Francisquillo.»
-Respondió Cortés, aunque lo habia oido, sino que disimuló ir hablando
-con otro que iba cabe él: «¿Qué, señor?» dice Diego Velazquez: «Que si
-os hemos de ir á montear;» respondió Cortés: «Déjelo vuestra merced
-que es un bellaco loco; yo te digo loco, que si te tomo, que te haga
-y acontezca,» dijo Cortés á Francisquillo. Todo ésto pasó, todos
-burlándose y riéndose. Andando en este despacho Diego Velazquez á
-priesa, ó porque le escarbó el alma la locura, ó por mejor decir la
-sentencia discreta y profecía del loco Francisquillo, ó porque sus
-amigos y deudos que allí habia, le hablaron de veras, porque hasta
-entónces no habian mirado así en ello, y dijeron que como no advertia
-el hierro grande que hacia en fiar de Cortés á quien él mejor que otro
-conocia, empresa de tan gran importancia y en que tanto á su honra
-y hacienda iba, y que era cosa probable y áun cierta que Cortés se
-le habia de alzar y quebrar la fe y obediencia que le debia, segun
-sus astucias y mañas, y que se acordase de lo que en Baracóa le
-urdia y otras cosas cuántas pudieron hallar para persuadille; Diego
-Velazquez, tornando sobre sí é viendo que le decian y aconsejaban
-lo que, probablemente y segun reglas de prudencia, de Cortés se
-podia presumir, determinó de quitalle el cargo y no poner su honra y
-hacienda en aquel peligro. Y porque, como queda dicho, Diego Velazquez
-comunicaba las cosas de la gobernacion y de aquellas armadas con
-los oficiales del Rey, mayormente con el contador Amador de Lares,
-no se le guardó la fidelidad que se le debia, y, á lo que se creyó,
-el Amador de Lares lo debió á Cortés de descubrir, é, si fué verdad
-la compañía y confederacion que de entrambos se dijo, por su propio
-interese avisarlo no es cosa de gran maravilla. Finalmente, por una
-ó por otra, ó por alguna vía, Cortés lo alcanzó á saber, y no habia
-menester más para entendello de mirar el gesto á Diego Velazquez,
-segun su astuta viveza y mundana sabiduría; el cual, luégo, la primera
-noche que lo alcanzó á entender, despues de acostado Diego Velazquez
-y todos del palacio idos, que le hacian en todo el silencio de la
-noche más profundo, va Cortés á despertar con suma diligencia á los
-más sus amigos, diciéndoles que luégo convenia embarcarse. Y tomada
-dellos la compañía que le pareció para defensa de su persona, va de
-allí, luégo, á la carnecería, y, aunque pesó al que por obligacion
-habia de dar carne á toda la ciudad, tómala toda sin dejar cosa de
-vacas y puercos y carneros, y hácelo llevar á los navíos, reclamando,
-aunque no á voces, porque si las diera quizá le costara la vida, que
-le llevarian la pena por no dar carne al pueblo, quitóse luégo Cortés
-una cadenilla de oro que traia al cuello, y diósela al obligado ó
-carnicero; y ésto el mismo Cortés á mí me lo dijo. Váse luégo Cortés
-á embarcar con toda la gente que pudo despertar, sin estruendo, á los
-navíos; ya estaba embarcada mucha de la que con él habia de ir y que
-fué. Él ido, ó por los carniceros ó por otras personas que sintieron
-su ida, fué avisado Diego Velazquez como Cortés era ido, y estaba ya
-embarcado en los navíos; levántase Diego Velazquez y cabalga, y toda
-la ciudad espantada, con él, van á la playa de la mar en amaneciendo
-el dia; desque Cortés los vido hace aparejar un batel con artillería
-y escopetas ó arcabuces, ballestas y las armas que le convenian, y la
-gente de quien más confiaba, y con su vara de Alcalde, llégase á tiro
-de ballesta de tierra, y parando allí, dícele Diego Velazquez: «¿Cómo,
-compadre, así os vais? ¿es buena manera ésta de despediros de mí?»
-respondió Cortés: «Señor, perdone vuestra merced, porque éstas cosas
-y las semejantes, ántes han de ser hechas que pensadas, vea vuestra
-merced qué me manda;» no tuvo Diego Velazquez qué responder, viendo
-su infidelidad y desvergüenza. Manda tornar la barca y vuélvese á los
-navíos, y, á mucha priesa, manda alzar las velas á 18 de Noviembre, año
-de 1518, con muy pocos bastimentos porque áun no estaban los navíos
-cargados; fuese de allí á un puerto llamado Macáca, la media sílaba
-luenga, 15 leguas, donde el Rey tenia cierta hacienda, y está ocho dias
-en los cuales mandó hacer todo el pan caçabí que pudieron hacer todos
-los indios é indias del pueblo grande que de indios allí habia, que
-sería más de 300 cargas de pan, cada una de las cuales tiene de peso
-dos arrobas, con las cuales tiene una persona suficientemente que comer
-un mes; tomó los puercos y aves que pudo y todo el más bastimento que
-habia deste jaez, diciendo que aquello lo tomaba prestado ó comprado
-para lo pagar al Rey, y si el estanciero ó mayordomo no se lo quisiera
-dar, bien se puede adivinar cómo le fuera. Dice aquí Gomara, criado y
-capellan é historiador de Cortés, que de las causas que movian á Diego
-Velazquez, una fué pensar que Cortés se le alzaria como él se alzó
-al almirante D. Diego, é oir y creer á Bermudez y á sus deudos, los
-Velazquez, que le decian que no se fiase dél, que era estremeño, mañoso
-y altivo, amador de honras, y hombre que se vengaria en aquello de lo
-pasado. Cuanto á lo primero, bien parece, y parecerá más, que ni él ni
-los que aconsejaban estaban engañados, pero en lo que toca á alzarse
-Diego Velazquez al Almirante, no compara el alzamiento de ambos bien,
-y así habla con ignominia de Diego Velazquez, porque, puesto que Diego
-Velazquez fué descomedido con el Almirante y desagradecido, procurando
-que la gobernacion que tenia, como Teniente dél, se la diese el Rey
-de su mano, para que el Almirante no se la pudiese quitar, lo cual
-fué desagradecimiento harto culpable, pero muy diferente alzamiento
-fué alzársele Cortés con su flota, hacienda y gastos que habia hecho
-tan grandes, y usurparle la jurisdiccion y mando, y, sin tenella,
-ahorcar á los que no consintieron en su alzamiento, lo que es propio
-de tiranos, y finalmente, quitalle la honra y ser causa que gastase
-toda la hacienda que le quedaba, y al cabo hacelle perder la vida y que
-muriese con amargura en pobreza, como todo abajo parecerá; cierto, muy
-diferente fué el alzamiento contra Diego Velazquez, del que tuvo Diego
-Velazquez en perjuicio del Almirante. Aquí parece que debemos notar
-cómo se pudieron excusar de no ser partícipes desta rebelion de Cortés,
-Alonso Hernandez Puerto-Carrero, Francisco de Montejo, Alonso de Avila,
-Pedro de Alvarado, Juan Velazquez y Diego de Ordas, que Diego Velazquez
-habia señalado por capitanes de los otros navíos, pues no parece que
-pudieron ignorar embarcarse Cortés sin licencia de Diego Velazquez y
-de la manera que lo hizo, porque si ellos no estaban embarcados, ¿cómo
-se embarcaron de noche sin despedirse de Diego Velazquez? si estaban
-embarcados, ¿cómo sufrieron que Cortés alzase las velas y ellos las
-alzaron y le siguieron, habiendo Cortés salídose de la ciudad de la
-manera dicha, la cual no pudo ser á toda la flota sino clara? No pude
-averiguallo, ni parece los tales capitanes poderse excusar de ser
-conscios de esta iniquidad, si no fué algun embuste que con su astucia
-pudo Cortés inventar; alguna presuncion se puede tener de algunos
-dellos, por ser de la misma tierra de Cortés, haber sabido algo del
-ensaye.
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- CAPÍTULO CXVI.
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-Hecho el robo que Cortés hizo de la hacienda del Rey, en la estancia ó
-granja de Macáca, y metido el caçabí é puercos y maíz en los navíos,
-hízose á la vela para ir por la costa de Cuba abajo, y por apañar
-lo que en los pueblos y puertos que habia por allí pudiese haber de
-bastimento, que era lo que más él habia menester y su compaña, como por
-ser hurtar ántes de tiempo no se hobiesen podido los mantenimientos
-meter en las naos. En saliendo que salió, vido venir un navío, que
-venia de la isla de Jamáica, cargado de puercos, y tocino, y caçabí,
-para vendello en la isla de Cuba en las minas, porque como allí eran
-recientes las minas, y ricas, y el ansia de coger oro hervia en las
-ánimas de aquellos que por la isla moraban, toda la más de la gente de
-indios que habia en ella ocupaban en sacar oro, donde los mataban, y
-así no los dejaban labrar ni hacer comida, y, por consiguiente, tenian
-necesidad de pan y de bastimentos; y sabido ésto en Jamáica, llevábanlo
-de allí, donde habia mucha abundancia. Visto el navío, va luégo Cortés
-á él y tómalo á su dueño, dello por ruegos y promesas, dello por
-amenazas y por mal; llevólo, en fin, consigo, aunque pesó al dueño que
-lo llevaba. Llegó Cortés con su usurpada flota á la villa de españoles
-que llamaban de la Trinidad, que estaba en aquella costa del Sur 200
-leguas y más de la ciudad y puerto de Santiago; allí tuvo noticia que
-pasaba cerca de allí otro navío cargado de pan caçabí, de tocinos, y
-maíz é otros bastimentos, para las minas de la provincia de Xagua, que
-eran muy ricas y de fino oro; envió luégo una carabela, y con ella á
-Diego de Ordas, que la tomase y la llevase á la punta de la isla ó
-cabo de Sant Anton, y allí lo esperasen. Así lo hizo Ordas, y aunque
-mal pesó al mercader cúya era, la llevó al cabo de la isla, como
-Cortés habia mandado. Todo ésto me dijo el mismo Cortés con otras cosas
-cerca dello, despues de Marqués, en la villa de Monzon, estando allí
-celebrando Córtes el Emperador, año de 1542, riendo y mofando, y con
-estas formales palabras: «A la mi fe, anduve por allí como un gentil
-corsario.» Dije yo, tambien riendo, pero entre mí: «Oigan vuestros
-oidos lo que dice vuestra boca.» Puesto que otras veces hablando con él
-en Méjico en conversacion, diciéndole yo con qué justicia y conciencia
-habia preso aquel tan gran rey Moteczuma y usurpádole sus reinos, me
-concedió al cabo todo, y dijo: _Qui non intrat per ostium fur est et
-latro_. Entónces le dije á la clara, con palabras formales: «Oigan
-vuestros oidos lo que dice vuestra boca», y despues todo se pasó en
-risa, aunque yo lo lloraba dentro de mí, viendo su insensibilidad,
-teniéndole por malaventurado. Allí, en la villa de la Trinidad, tomó
-por fuerza ó por grado el caçabí, é maíz é puercos, y algunos caballos,
-y á todos los dueños apaciguaba con hacerles cognoscimientos y darles
-cédulas que se lo pagaria en tanto precio y tantos castellanos; recibió
-allí más de cien españoles de los que habian venido con Grijalva, que,
-como Diego Velazquez habia escrito, estaban la flota esperando. Todos
-los indios que pudo meter y los españoles que allí iban hurtados y
-involuntarios, y no sé si algunos voluntarios, para servirse dellos,
-era escala franca donde todos, al cabo, con los trabajos, en breve
-perecieron. De allí fué á la villa de Sant Cristóbal, que á la sazon
-estaba en aquella costa del Sur, la cual, despues se pasó á la del
-Norte, donde agora llaman la Habana, y allí cargó de todas las cosas
-que pudo, al precio que en los otros lugares lo habia tomado. En este
-tiempo llegaron mensajeros de Diego Velazquez, avisando que iba Cortés
-alzado, que lo trabajasen de prender; ésto escribió á Diego de Ordas,
-que era su criado, y valiente hombre, y á los que tenia por amigos en
-la dicha villa de Sant Cristóbal; escribió tambien Diego Velazquez,
-rogándole que lo esperase, porque tenia que comunicar con él para el
-bien de aquel su viaje. Nunca vide tan poco saber en Diego Velazquez
-como en esta carta, ¡que le pasase por pensamiento que le habia Cortés
-de esperar, habiéndole hecho la burla y afrenta presente y pasada!
-Quisiérale convidar Diego de Ordas á Cortés al navío de que venia por
-Capitan, por allí apañallo, pero tan ignorante fué Diego de Ordas como
-Diego Velazquez, creyendo que se habia de él confiar; finalmente, allí
-se mostró Cortés como gran señor, y como si naciera en brocados, y
-con tanta autoridad que no se osaba ninguno menear que no le mostrase
-amor, y contentamiento de que él reinase. Partióse de allí con toda la
-flota, mediado el mes de Febrero de 1519 años; iban en ella 550 hombres
-con marineros y todos, 200 ó 300 indios é indias, ciertos negros que
-tenian por esclavos, y 12 ó 15 yeguas y caballos; gobernaba toda la
-flota, en lo que tocaba á las cosas de mar, como piloto mayor, Anton de
-Alaminos, el que indució á Francisco Hernandez de Córdoba que enviase
-por licencia para descubrir á Diego Velazquez cuando iban á saltear
-indios de los Lucayos y de otras islas, y, finalmente, el que se
-halló por piloto en el primer descubrimiento de la tierra de Yucatán,
-como se dijo en el cap. 96, y despues fué y anduvo descubriendo con
-Grijalva. Llegada la flota en el cabo de la isla de Cuba, llamado de
-Sant Anton, y comenzando á atravesar el golfete que hay, é dura 50
-leguas, desde el cabo dicho de Cuba á la punta ó cabo que llaman de
-Cotoche, primera tierra de Yucatán, para de allí volver sobre la isla
-de Cozumel, que fué lo primero que vido y trató Francisco Hernandez, y
-lo primero tambien donde fué á parar Juan de Grijalva, dióles aquella
-noche un terrible temporal, como los suele por aquel golfo y costa de
-Yucatán hacer, que desbarató á todos los navíos, y cuando amaneció se
-halló cada uno sólo. Pero porque Cortés habia dado á todos órden que
-les siguiesen hasta la isla de Cozumel, cada uno, desque abonanzó el
-tiempo, tuvo cargo de guiarse á la isla, donde unos hoy y otros mañana
-todos llegaron, aunque algunos con más peligro que otros, excepto uno
-que no pareció por muchos dias. En especial un navío, donde iba por
-Capitan uno llamado Francisco de Morla, criado y camarero de Diego
-Velazquez; dióle un golpe de mar que le hizo despedir el gobernario,
-que es uno de los mayores peligros que hay en la mar, é anduvieron gran
-parte de la noche sin él, perdida cuasi la esperanza de se salvar;
-pero, siendo de dia, plugo á Dios que lo vieron andar sobre el agua, y
-visto, el mismo capitan Francisco de Morla, por ser gran nadador, se
-lanzó á la mar, atado con cierto cabo ó soga, y trújolo arrastrando
-al navío, donde tornaron á remediarse. Como los indios de un pueblo
-grande, que cerca de la costa de la mar estaba, vieron tantos navíos
-juntos, como no hobiesen visto ántes sino tres ó cuatro, que fueron los
-tres de Francisco Hernandez, y los cuatro de Grijalva, pensaron que
-venia sobre ellos algun diluvio de gente que los anegase, mayormente
-habiendo oido la matanza que Francisco Hernandez en Champoton y el
-denuedo de guerra que Grijalva despues dél habian hecho. Huyó toda la
-vecindad del pueblo á los montes, de miedo, alzado cada uno su hatillo.
-Envió ciertos españoles Cortés al pueblo, y, hallándolo vacío, todavía
-trujeron alguna ropa de algodon y algunas joyuelas de oro. Mandó
-Cortés sacar los caballos para que se recreasen, que venian fatigados
-y habia muy buenos pastos, y, toda la gente y él en tierra, envió
-cierta cuadrilla dellos á buscar gente ó algunas personas de quien
-pudiesen tomar lengua. Hallaron unas mujeres con unos niños, y una que
-parecia principal, en un monte metidas, las cuales trujeron á Cortés,
-llorando ellas y sus niños; Cortés las consoló lo mejor que pudo, y
-halagó á los niños, diciendo por señas, que no hobiesen miedo y dióles
-cosillas de Castilla. Vinieron ciertos á los españoles, que debian
-ser maridos de las mujeres, rogando que les diesen aquellas mujeres,
-y quizá entre ellos debia venir el principal, marido de aquella que
-lo parecia, ó enviados por él; Cortés los aseguró y dió cosas de
-Castilla, rogándoles por señas que trujesen al marido de aquella, y
-que de su parte le diesen ciertas dellas, que aparte les dió. Él vino
-el siguiente dia, ó por ventura envió otro, diciendo que aquel era
-el señor y marido; porque ésto es muy comun entre los indios, no se
-mostrar luégo los señores á los españoles, sino fingir que es aquel
-que envian, como saben que los primeros que los españoles procuran de
-prender, y atormentar, y matarlos, son los señores, y por ésto no tan
-presto se fian. Finalmente, vino el otro por él, acompañado de muchos,
-y trujeron sus presentes de gallinas, pan de maíz, y mucha miel y
-frutas, porque nunca jamás los indios vienen á los españoles manvacíos,
-y es costumbre tambien muy antigua entre sí. Rescibiólos Cortés, y
-los españoles, graciosamente, mandóles dar de los rescates y cosas de
-Castilla, induciéndolos, por señas, que se viniesen los vecinos cada
-uno á su casa y que no rescibirian daño alguno; ellos lo hicieron. El
-señor del pueblo donde estaban ó de la isla, ó el que se fingió ser
-señor, era de los bien hechos y más gentiles hombres de gesto y de
-cuerpo que se habia visto en todas las Indias, y así tenia la gracia
-en las obras y conversacion que con todos tenia, y servicio que á los
-españoles hacia; sólo parecia rescibir pena en no entenderlos, por la
-diversidad de la lengua. Tuvo una industria para nos entender, harto
-provechosa para Cortés y para todos los que con él iban, y fué ésta:
-que envió á la tierra firme de Yucatán, que dista de la isla un golfo
-de cuatro ó cinco leguas, ciertos mensajeros, á un señor de aquella
-provincia que tenia un español captivo, y rogóle que se lo prestase ó
-se lo vendiese, porque habian venido muchos hombres extraños y fuertes,
-barbados como aquel, que le tenian señoreado su tierra, y, para tractar
-y conversar con ellos, no los entendia, y con aquel sabria cómo se
-debia de haber con ellos. Díjose tambien, que aquel señor descubrió á
-Cortés que en Yucatán habia dos hombres barbados como él, y Cortés les
-escribió una carta diciéndoles como venia á poblar en aquella tierra,
-y que si podian que trabajasen de venirse; y que los indios que fueron
-por aquel mandó pasar á la otra banda de Yucatán, en un bergantin, é
-aquellos llevaron la carta fácilmente, aunque con gran dificultad les
-dió el cristiano captivo.
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- CAPÍTULO CXVII.
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-
-Y porque ya Cortés tenia reformados todos los navíos de la tormenta
-pasada, y proveídolos de bastimentos que le dieron en abundancia los
-indios, por mandado del señor de la isla, y recogidos los caballos y
-la gente, y en buena amistad con el señor y vecinos della, se hizo á
-la vela para correr la costa de la tierra firme, y llegó á la punta
-de las Mujeres, que Francisco Hernandez ó Grijalva habia por nombre
-puesto, que es la primera tierra de Yucatán, obra de 10 leguas de la
-isla, y surgió allí toda la flota. De allí tornó á alzar las velas
-para seguir su camino hácia el cabo de Cotoche, y navegando aquel dia,
-descubrióse un agua en uno de los navíos que no podian con dos bombas
-agotalla; hizo señal de tener necesidad, tirando un tiro de pólvora,
-acudió Cortés con su nao y todos á socorrelle, y viendo que crescia
-el agua y que no tenia remedio sino entraba en algun buen puerto, y
-por allí no lo habia, determinó Cortés de tornarse al puerto de la
-isla de donde habian salido. Salieron todos los indios de la isla con
-gran regocijo á rescibillos y servillos; adobaron allí el navío, é,
-ya que querian tornarse á embarcar, revolvióse la mar de manera que
-no pudieron el sábado; y el domingo, que era el primero de cuaresma,
-díjose y oyeron misa. Estando comiendo, vieron venir una canoa que
-atravesaba de Yucatán á la isla, y mandó Cortés á un Andrés de Tapia,
-mancebo bien suelto, y á otros compañeros, que fuesen escondidos á la
-parte de la isla donde iba la canoa dirigida, y salteasen los indios
-y se los trujesen, lo cual así se hizo. Eran cuatro desnudos en
-cueros, cubiertas las partes secretas, los que en la canoa venian, y
-el uno tenia largas barbas. Salió Andrés de Tapia y sus compañeros,
-de súbito, de unas matas de monte, y arremetieron á ellos, que no fué
-chica turbacion para los tres, y queriéndose huir para el agua y tomar
-su canoa, habló el barbado en la lengua de los indios que no se huyesen
-ni hobiesen miedo, y luégo vuelve la cara á los españoles, y dice en
-la lengua de Castilla: «Señores, ¿sois cristianos?» Respondieron:
-«Cristianos somos.» Hincó luégo las rodillas en el suelo, y llorando
-de alegría, comienza á dar gracias á Dios que le habia sacado de entre
-infieles y captiverio, y dejalle ver cristianos con libertad; todos se
-holgaron de velle, y le ayudaron á dar á nuestro Señor muchas gracias.
-Trujéronlo á Cortés que lo rescibió con grande alegría, y todos en
-grande manera se regocijaron, espantados de velle desnudo como indio
-y del sol el cuerpo quemado, que si no fuera por las barbas, ninguna
-diferencia se cognoscia de ser indio ó cristiano. Preguntó luégo si era
-miércoles, dijeron que no, sino domingo, el cual, aunque tenia unas
-horas de rezar, habia en la cuenta de los dias errado; dijo llamarse
-Jerónimo de Aguilar, natural de Écija. Comenzó á contar su pérdida y
-captiverio, é dijo, que salido del Darien con Valdivia, enviado por
-Vasco Nuñez de Balboa á esta isla Española, él y otros con él, en una
-carabela, se perdieron en los bajos y peñas de Jamáica, que llaman las
-Víboras, que fué lo que en el cap. 42 tocamos; metiéronse 20 hombres en
-el batel, sin agua y ninguna cosa de bastimento, muriéronse los 10 ó 12
-de hambre y sed en el camino, y echólos la corriente á cabo de quince
-dias en la costa de Yucatán, y aportaron al señorío de cierto señor ó
-Cacique, que segun Gomara dice que habia dicho, que algunos sacrificó
-dellos á sus ídolos, y los comió, y otros guardó para los sacrificar,
-pero que se huyeron y aportaron á tierra y señorío de otro señor que
-los guardó y conservó sin hacelles mal alguno, ántes siempre los tractó
-bien sirviéndose dellos humanamente. Esto de sacrificar hombres y
-comerlos, como dice Gomara, yo creo que no es verdad, porque siempre
-oí que en aquel reino de Yucatán ni hobo sacrificios de hombres, ni
-se supo qué cosa era comer carne humana, y decirlo Gomara, como ni lo
-vido ni lo oyó sino de boca de Cortés, su amo, y que le daba de comer,
-tiene poca autoridad, como sea en su favor y en excusa de sus maldades,
-sino que ésto es lenguaje de los españoles y de los que escriben sus
-horribles hazañas, infamar todas estas universas naciones para excusar
-las violencias, crueldades, robos y matanzas que les han hecho, y
-cada dia y hoy les hacen; y por ésto Gomara dice en su Historia, que
-la guerra y la gente con armas es el camino verdadero para quitar los
-ídolos y los sacrificios, y otros pecados á los indios, y con ésto,
-dice él, más fácilmente, y más presto, y mejor, resciben, y oyen, y
-creen á los predicadores y toman el Evangelio y el baptismo de su
-propio grado y voluntad. Harto poco sabe Gomara de la predicacion del
-Evangelio, y del fructo que en estas partes han hecho las tiranías y
-estragos con armas, las cuales han obrado en estas gentes tanto, que
-sino son los que Dios ha querido dellas, contra todo poder y saber
-humano, por la predicacion de los buenos religiosos alumbrar, los
-demas no estiman de nuestro verdadero Dios, sino que es malo, injusto
-y abominable, pues tan inícuos hombres envia á que los aflijan y
-destruyan con tan nunca oidos otros tales daños y males. De como esta
-predicacion se debe hacer sin armas, véase, por quien quisiere verlo,
-en nuestro libro en latin, en los capítulos postreros, 5.º, 6.º y 7.º,
-con muchos párrafos, cuyo título es, _De unico vocationis modo omnium
-gentium ad veran religionem_, donde cognoscerán el estado de dañacion
-eterna en que están los que procuraren, mandaren ó aconsejaren lo
-que dice Gomara, que la predicacion destas naciones se deba de hacer
-con guerra y con armas. Dice aquí más Gomara, que Cortés determinó
-de quitar los ídolos de aquel pueblo y poner cruces en aquella isla,
-despues que vino Jerónimo de Aguilar; pero ésto es uno de los errores
-y disparates que muchos han tenido y hecho en estas partes, porque,
-sin primero por mucho tiempo haber á los indios y á cualquiera nacion
-idólatra doctrinado, es gran desvarío quitarles los ídolos, lo cual
-nunca se hace por voluntad, sino contra de los idólatras, porque
-ninguno puede dejar por su voluntad y de buena gana aquello que tiene
-de muchos años por Dios, y en la leche mamado, y autorizado por sus
-mayores, sin que primero tenga entendido que aquello que les dan ó en
-que les conmutan su Dios, sea verdadero Dios. ¡Mirad qué doctrina les
-podian dar en dos, ó en tres, ó en cuatro, ó en diez dias que allí
-estuvieron, (y que más estuvieran), del verdadero Dios, y tampoco les
-supieran dar para desarraigalles la opinion errónea de sus dioses, que
-en yéndose, que se fueron, no tornasen á idolatrar! Primero se han
-de raer de los corazones los ídolos, conviene á saber, el concepto y
-estima que tienen de ser aquellos Dios los idólatras, por diuturna y
-diligente y contina doctrina, y pintalles en ellos el concepto y verdad
-del verdadero Dios, y despues ellos mismos, viendo su engaño y error,
-han de derrocar y destruir con sus mismas manos y de toda su voluntad
-los ídolos que veneraban por Dios ó por dioses; y así lo enseña Sant
-Agustin en el sermon _De puero Centurionis de verbis domini_. Pero no
-fué aqueste el postrero disparate que en estas Indias, cerca desta
-materia se ha hecho; poner cruces, induciendo á los indios á la
-reverencia dellas, si hay tiempo para ello, con significacion alguna
-del fructo que pueden sacar dello si se lo pueden dar á entender,
-parece ser bien hacerse, pero no habiendo tiempo ni lengua, ni sazon,
-cosa supérflua é inútil parece, porque pueden pensar los indios que les
-dan algun ídolo de aquella figura, que tienen por Dios los cristianos,
-y así los harán idolatrar, adorando por Dios aquel palo; la más cierta
-y conveniente regla y doctrina que por estas tierras y otras de
-infieles, semejantes á éstos, los cristianos deben dar y tener, cuando
-van de pasada como estos iban, y cuando tambien quisieren morar entre
-ellas, es dalles muy buen ejemplo de obras virtuosas y cristianas,
-para que, como dice nuestro Redentor, viéndolas alaben y den gloria al
-Dios y padre de los cristianos, y por ellas juzguen que quien tales
-cultores tiene no puede ser sino bueno y verdadero Dios, como Sant
-Crisóstomo, sobre las mismas palabras de nuestro Salvador, dice. De la
-religion, y ritos, é ídolos que en ella tenian las gentes desta isla de
-Cozumel, largamente dijimos en nuestra Apologética Historia.
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- CAPÍTULO CXVIII.
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-Antes que vamos más adelante, conviene aquí referir tres cosas, que
-cuasi han perdido ya su lugar porque un poco atrás parece que debieran
-ser referidas. La una es, que sabidas las nuevas en Castilla de que
-Francisco Hernandez habia descubierto la isla de Cozumel, donde dejamos
-agora á Hernando Cortés y á su compañía (y éstas vinieron á Valladolid
-estando el rey D. Cárlos para Aragon de partida), luégo el obispo
-de Búrgos, D. Juan Rodriguez de Fonseca, procuró, aunque andaba ya
-cerca de las cosas destas Indias un poco caido, pero muerto el Gran
-Chanciller comenzó un poco á revivir, que se nombrase por Obispo de
-la dicha isla de Cozumel un religioso de Sancto Domingo, llamado fray
-Julian Garcés confesor suyo, maestro en teología y notable predicador,
-y señaladamente muy latino, tanto, que se dijo el maestro Antonio
-de Lebrija, viendo su habilidad y pericia en la lengua latina, _me
-oportet minui hunc aut crescere_: creyóse luégo, descubierta la dicha
-isla, en haber hallado edificios de cantería, que debia ser alguna
-gran cosa, especialmente por estar junto á la tierra de Yucatán, que
-cuasi ambas se pensaban ser una isla. La segunda es, que como llevó
-el clérigo Benito Martinez, que envió Diego Velazquez, las nuevas del
-mucho oro que Juan de Grijalva de rescate habia descubierto y traido,
-de lo cual llevó por muestra ciertas piezas para el Rey, muy ricas,
-como tocamos en el cap. 114, y llevó tambien relacion de la tierra que
-habia descubierto adelante de Culuá, estimando tambien que era isla,
-pidió al Rey por merced que le diesen el abadía della, que no salió
-ménos que ser toda la Nueva España, que los indios Culuá llamaban y
-llaman, la que nosotros estimábamos, ó al ménos el clérigo Benito
-Martin, que era isla, y como despues salió ser cosa tan grande, y la
-isla de Cozumel tan chica, hallóse burlado el padre maestro fray Julian
-Garcés en haber sido hecho de cosa tan poca Obispo, y el padre Benito
-Martin con mucho más de lo que habia pensado y pedido. Anduvo despues
-sobre ésto mucha controversia; moderóse de cierta manera, que el padre
-maestro fray Julian fuese primero obispo de Tascala, y al clérigo
-Benito Martin se le hizo cierta recompensa, no me acuerdo en qué, mas
-de que, tornando á la Nueva España por la mar, murió en el camino. Lo
-tercero que aquí conviene decir es, que como se sonó el descubrimiento
-y riqueza de la tierra que Juan de Grijalva habia corrido, Francisco
-de Garay, que gobernaba la isla de Jamáica, por el almirante D. Diego,
-de quien hobimos hablado en el primer libro, y que halló el grano
-grande de oro, que pesó 3.600 pesos de oro, en compañía de Miguel
-Diaz, determinó de enviar á un hidalgo, llamado Diego de Camargo, á
-descubrir é continuar el descubrimiento que Grijalva habia hecho, con
-uno ó con dos navíos; el cual descubrió la provincia de Panuco, ó, por
-mejor decir, comenzó de allí donde Grijalva se habia tornado, que fué
-desde Panuco, y anduvo navegando por la costa cien leguas hácia la
-Florida, y, finalmente, atribuyó á su descubrimiento desde la provincia
-y rio de Panuco, y, tornado Diego de Camargo á Jamáica, Francisco de
-Garay envió á Castilla suplicando al Rey que le hiciese merced de
-aquella gobernacion, y que á su costa conquistaria y poblaria aquellas
-provincias. Pidió que le diese título de Adelantado y ciertas leguas
-de tierra, con jurisdiccion ó sin ella, y otras mercedes; el Rey se
-las concedió el año de 519, estando en Barcelona, electo ya Emperador,
-para ir á rescibir las primeras coronas de partida. Este Francisco de
-Garay fué de los primeros que con el almirante D. Cristóbal Colon,
-que descubrió estas Indias, por criado suyo vino; siempre fué persona
-honrada y siempre tuvo muchos indios que le servian, y así llegó muchas
-riquezas, ó las que por entónces por muchas se tenian. Tuvo muchas
-granjerías, y en especial de ganados, y estos eran puercos, que por
-aquel tiempo eran de mucho provecho; decíase que Francisco de Garay
-tenia ocupados en guardar puercos 5.000 indios; llegó á tener muchos
-dineros. Fué á Castilla por Procurador desta isla Española para que
-les concediese el repartimiento de los indios perpétuos, y alcanzóse
-por tres vidas, puesto que á la media de la primera los tenian todos
-muertos, como en el libro II se dijo. Desta ida vino, ó con voluntad
-del Almirante segundo, D. Diego, ó contra ella, como Diego Velazquez,
-por Teniente de gobernador de Jamáica, donde hizo muchas haciendas, con
-indios hechas y de muchas granjerías, y así se hizo muy rico; y porque
-habia de pagar, en este mundo ó en el otro, haber sido uno de los
-principales que destruyeron las gentes desta isla, permitió Dios que se
-metiese en descubrir é querer poblar (lo que más con verdad se puede y
-debe decir no ir á poblar, sino á despoblar, como la perdicion de tan
-grandes tierras es asaz testigo), á donde gastase toda su hacienda y
-riqueza, y perdiese, como parecerá, la vida. Estos ofrecimientos, que
-ofrecian al Rey, de ir á descubrir conquistar y poblar las tierras y
-provincias destas Indias á su costa, desque se comenzaron, han sido
-causa de grandes despoblaciones, y perdicion de grandísima parte
-dellas, y de haber los Reyes de Castilla inmensos tesoros perdido, y la
-conciencia, por ventura, puéstoles en grande peligro; y ésto causó la
-ceguedad y error que siempre tuvo el Consejo de las Indias, estimando
-que, porque el Papa las concediese á los Reyes para hacer predicar
-el Evangelio y convertir las gentes dellas, que luégo les era lícito
-enviar gente armada y tomar la posesion dellas por guerra, como si
-fuera Túnez, ó Argel, ó Fez, ó otra tierra de la Berbería; é ignorar
-la diferencia desto no tiene alguna excusa ni ante Dios ni ante el
-mundo, porque no les daba el Rey de comer por más gentiles hombres,
-ni por más esforzados para la guerra, sino por letrados juristas, y
-por eso, ignorar el derecho, sin gran culpa suya, no les convenia,
-y así son reos, cuanto á Dios y cuanto al Rey, de todos los males y
-daños espirituales y temporales, y perdicion de tan infinitas ánimas,
-y de infinitos tesoros, que los Reyes tuvieran si ellos hobieran la
-verdad del derecho, como eran obligados, sabido. Pluguiera á Dios que
-á los Reyes hubiera costado cualquiera descubrimiento y poblacion, en
-cualquiera parte destas Indias, tantos dineros, que hobieran de ayunar
-sus personas reales muchos dias, y no admitido á los que á su costa
-descubrir é poblarlas se ofrecian, porque otro pelo tuvieran sus reinos
-del que tienen y que quizá ternán hasta el dia del juicio. Ofrecíase
-un tirano de aquellos, y aún se ofrece hoy, á gastar 20 y 30.000
-ducados en el descubrimiento y poblacion, y áun solian claramente
-decir en la conquista, de algun reino ó provincia, los cuales no eran
-de las viñas y olivares que sus padres le habian dejado por herencia,
-sino robados, y de la destruccion que habian ayudado á hacer en otras
-tierras dellas adquiridos, y sabiendo ésto los del Consejo, y teniendo
-manifiesta probabilidad, y áun ciencia experimental, que no lo pedian
-sino para robar y hacerse ricos, y que para conseguir aquel fin habian
-de asolar, y destruir, y despoblar, con gran infamia é injuria de Dios
-verdadero, y en impedimento eficacísimo de la fe, y que no habian de
-guardar ni cumplir ley, ni razon, ni limitacion, ni órden que les
-pusiesen, dejándose á sabiendas cegar, les daban cuanto pedian; y,
-dejados aparte los pecados que contra Dios cometian, y la infamia de
-su fe y de su nombre, y los daños irreparables que á estas gentes en
-cuerpos y en ánimas hacian, pero áun los deservicios que á los Reyes
-hicieron el matalles tantos cuentos de gentes (que á maravedí que
-les dieran de servicio, los privaron de las mayores y más ciertas
-riquezas que Reyes ni Príncipes jamás en el mundo poseyeron); y lo
-que más agravia el pecado y ceguedad y gravedad de los que para robar
-y matar, licencia y autoridad pedian, y de los que se la concedian,
-aunque en las instrucciones que les daban les pintaban por cumplimiento
-que trabajasen de los tener de paz, por bien, etc., pero parece, y es
-cosa de escarnio y barbarísima, que las matanzas y destrucciones que
-hacian los tiranos representaban ante el Consejo por servicios hechos
-al Rey, y el Consejo por tales los admitia, y daban armas, insignias y
-privilegios de bien servidos. ¿Qué mayor insensibilidad pudo ser otra
-que aquesta, no sentir que dándoles insignias, y armas, y privilegios
-por las muertes violentas, robos, estragos y tiranías que cometian, las
-aprobaban, y, por consiguiente, las hacian propias suyas, como si ellos
-mismos las cometieran? Entre otras mercedes que se les hacian, era
-comunmente hacellos Adelantados, y porque se adelantaban en hacer males
-y daños tan gravísimos á gentes pacíficas, que ni los habian ofendido,
-ni algo les debian con los mismos Adelantamientos que procuraron
-hallaban y hallaron su muerte, como la gallina escarbando el cuchillo.
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- CAPÍTULO CXIX.
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-Tornemos al viaje de Cortés y de su sancta compañía, el cual, saliendo
-de la isla de Cozumel con Jerónimo de Aguilar, muy contento por tener
-persona que supiese alguna lengua para entenderse con aquellas gentes,
-navegó hácia la tierra de Yucatán y pegado á ella, mandando á los
-bergantines que se llegasen más á tierra por si ver hallasen el navío
-que no parecia; finalmente, lo hallaron en un puerto metido, de que
-los unos y los otros rescibieron grande alegría, porque ambas á dos
-partes creian que la otra era perdida. Contaron cierta cosa de notar
-los del navío, y fué, que vieron en llegando un perro andar por la
-playa ladrando y escarbando en la tierra, cuasi llamándolos; saltaron
-en tierra y vínose luégo á ellos haciéndoles con la cola mil halagos,
-como si fuera una persona de razon, y, ésto hecho, váse corriendo al
-monte y trae una ó dos liebres ó conejos, cuasi hospedando bien á los
-huéspedes: no supe si lo recogieron y llevaron al navío, ni quién allí
-le habia dejado de los descubridores de aquella tierra. Recogido su
-navío, vánse todos al rio de Grijalva y provincia ó pueblo de Tabasco,
-donde habia el Cacique vestido desde los piés á la cabeza de piezas de
-oro á Grijalva, segun se dijo arriba en el cap. 111; surgieron echando
-anclas á la boca del rio, porque la entrada es muy baja y combate el
-agua de la mar con la del rio: por eso es muy peligrosa, donde yo tuve
-alguna vez harto peligro. Dejó Cortés los navíos grandes á la boca del
-rio, y entróse para ir á tierra con toda la más de la gente en los
-bergantines y bateles, proveidos de armas y de artillería; desque los
-indios de la tierra vieron los muchos navíos y que iba tanta gente á
-saltar en tierra, salieron de un pueblo grande que allí tenian con
-sus armas, arcos y flechas, para ver quién eran y lo que querian;
-llegando en derecho del pueblo vieron que estaba cercado de una cerca
-de madera muy alta y muy recia; los indios entran en sus canoas con
-sus armas, saliéndoles al camino para impedilles que no saltasen en
-tierra. Cortés les hace señal de paz y hace al Aguilar que les hable en
-la lengua de Yucatán, que él sabia; no sabemos si aquella de Tabasco
-era diversa, y creemos que no la entendia. Los indios les requerian
-que no se llegasen á su pueblo, con sus meneos; Cortés con los suyos,
-pedia de comer y agua; ellos mostrábanles el rio, que la tomasen, que
-subiesen por ella un poco más arriba, donde era dulce; tornaron los
-indios al pueblo y trujéronles ciertas canoas ó barquillos cargadas de
-maíz, é pan, y frutas, y gallinas y de lo que más tenian; dice Cortés
-que aquello no les bastaba, que les trujesen mucho más, porque traia
-mucha gente. Los indios, desque vieron que ponian denuedo los españoles
-á querer entrar en el pueblo, dijéronles que esperasen hasta otro dia,
-porque ya era tarde, y que volverian con más comida; Cortés saltó con
-su gente en una isleta que hacia el rio, donde aquella noche estuvieron
-hasta que fué de dia. Los indios, temiendo que los españoles habian
-de entrarles por fuerza en el pueblo, y que padecerian peligro, toda
-aquella noche gastaron en poner en cobro sus alhajas, y mujeres, y
-hijos, y aparejarse para resistilles. Cortés tampoco dormia toda la
-noche, ántes mandó salir toda la gente de los navíos y envió algunos
-que fuesen rio arriba á ver si hallaban vado; halláronlo no léjos de
-allí, proveen que vaya gente y pase de la otra banda, y que se ponga
-celada en los montes, cuan cerca del pueblo allegarse pudiesen, y
-así lo hicieron. Tornaron los indios en amaneciendo y trujeron más
-comida, diciendo que no tenian más ni podian darles más, porque la
-gente del pueblo, de miedo dellos, se habia huido, y que tomasen
-aquello y se fuesen con Dios de su tierra, ó con quien quisiesen,
-porque se escandalizaba toda la tierra en vellos. Y es placer lo que
-Gomara dice aquí para justificar las obras que Cortés en aquel pueblo
-hizo; dice que respondió Cortés por Aguilar, la lengua, que si le
-escuchasen la causa ó razon de su venida verian cuánto bien y provecho
-se les seguiria, como, en la verdad, ni entendian ellos ni Aguilar,
-como el mismo Gomara en el cap. 4.º de allí abajo dice, que muchas
-cosas entre los nuestros y aquellos indios pasaron, que, como no se
-entendian eran mucho para reir. Estas son sus palabras, y arriba, que
-hablaba Cortés y decíales con Aguilar, la lengua, ésto y ésto. Dice más
-Gomara: «Que replicaron los indios que no querian consejo de gente que
-no cognoscian, ni ménos acogerlos en sus casas, porque les parecian
-hombres terribles y mandones (mirad qué mal decian si ésto que dice
-Gomara es verdad, pero yo creo que ni ésto ni lo demas entendian, como
-él mismo dice allí), demás, que si querian agua, que la cogiesen del
-rio, ó hiciesen pozos en tierra, que así hacian ellos cuando la habian
-menester»; y que viendo Cortés que era por demas palabras, díjoles:
-«Que en ninguna manera podia dejar de entrar en su pueblo y ver aquella
-tierra, para tomar y dar relacion della al mayor señor del mundo que
-allí le enviaba; por eso que lo tuviesen por bueno, pues él lo deseaba
-hacer por bien, y sino que le encomendaria á su Dios, y á sus manos,
-y á las de sus compañeros.» Los indios no decian más de que se fuesen
-y no curasen de bravear en tierra ajena, porque en ninguna manera lo
-consentirian salir á ella ni entrar en su pueblo, ántes le avisaban,
-que si luégo no se iban de allí que le matarian á él y á cuantos con
-él iban. Todo esto dice así formalmente Gomara en la Historia de su
-amo Cortés. ¿Qué mayor insipiencia y disparates que dice aquí Gomara,
-y áun qué más claras mentiras? Que sean claras mentiras y compostura
-de Gomara parece, porque tantas pláticas y tan largas y particulares
-no podian pasar entre gentes que no se entendian, como él confiesa
-no entenderse, segun queda dicho; que sea gran insipiencia la suya,
-tambien se muestra, querer fingir en para justificacion de la tiranía
-é injusticia de Cortés, que hizo á aquellas gentes de aquel pueblo
-y provincia. Justísimas causas y perentorias razones en favor de la
-justicia, de los indios, y del derecho que tenian para los matar por
-echallos de su tierra, que otra cosa no era sino defender y guardar
-su república de gente tan nueva y que con tanta osadía decia que habia
-de entrar en ella, y tomar relacion para dar á un gran señor del
-mundo á su desplacer, ¿con qué milagros y mansedumbre y santa vida, y
-de mucho tiempo experimentada, les probaba Cortés que tenia derecho
-de entrar en tierra tan ajena dellos, y tomar relacion, y darla al
-mayor señor del mundo? Y tambien que lo queria hacer y él venia para
-su bien; ¿qué nacion del mundo oyera tales palabras, que con mucha
-razon y justicia no trabajara y debiera trabajar de hacellos pedazos?
-Luégo insipiencia grande fué la de Gomara fingir razones para excusar
-y justificar las tiranías de Cortés, que las condenan y abominan á la
-clara y que todas las naciones del mundo para contra él las admitirán
-y aprobarán, como sean fundadas en la ley natural; pero, como dije,
-todas son falsas é imprudentemente inventadas, sólo es, y parece ser
-verdad, que los indios le requiriesen muchas veces que se fuesen de su
-tierra y los dejasen en paz, porque de gente tan fiera y tan armada, y
-que así porfiaba entrar en su pueblo por fuerza, contra su voluntad,
-podian presumir é sospechar y áun tener por muy cierto que bien ninguno
-les podia venir, sino muy mucho mal. Dice más Gomara, que no quiso
-Cortés no hacer con aquellos bárbaros todo cumplimiento, segun razon y
-conforme á lo que los reyes de Castilla mandan en sus instrucciones,
-que es requerir una y dos y muchas veces con la paz á los indios, ántes
-de hacelles guerra, ni entrar por fuerzas en sus tierras y lugares,
-é así les tornó, dice él, á requerir con la paz y buena amistad,
-prometiéndoles buen tratamiento y libertad, y ofreciéndoles la noticia
-de cosas tan provechosas para sus cuerpos y almas, que se ternian
-por bien aventurados despues de sabidas, y que si todavía porfiaban
-en no le acoger ni admitir, que los apercibia y emplazaba para la
-tarde, ántes del sol puesto, porque pensaba, con ayuda de su Dios,
-dormir en el pueblo aquella noche, á pesar y daño de los moradores que
-rehusaban su buena amistad, y conversacion, y la paz, etc... Todo ésto
-dice Gomara, y todo es compuesto y falsedad; véase la justificacion
-razonable que tuvieron aquellos requerimientos, y, por mejor decir, la
-insipiencia é insensibilidad de los del Consejo del Rey, que ordenaron
-que se hiciesen requerimientos á los indios, que rescibiesen á los
-españoles, y si no que les pudiesen guerrear, en el cap. 57 y los
-siguientes deste tercer libro, donde asaz largo queda declarado. Del
-buen tratamiento y libertad, y paz y buena conversacion, que Cortés
-y los otros apóstoles á él semejantes prometian y prometieron, ó
-fingieron prometer, esta isla Española y las otras islas, y cuatro y
-cinco mil leguas de tierra firme, que hasta hoy han despoblado, asolado
-y destruido, como todo el mundo sabe y clama, son lamentables testigos.
-La verdad de toda esta violenta invasion y tirano acometimiento de
-Cortés en aquella poblacion grande de Tabasco, que Gomara quiere
-justificar, es que sin dilacion, cuanto él más presto pudo, visto que
-los indios por señas y meneos les decian que se fuesen de su tierra,
-y que no querian que en su pueblo entrasen, pues les habian dado la
-comida que les pidieron, combatió el pueblo con sus tiros de pólvora,
-que nunca los indios habian oido ni visto, y así, de miedo, cayeron en
-tierra, creyendo que venia fuego del cielo, pero no por eso dejaron
-de pelear con mucho ánimo, con aquellas sus flechas harto débiles;
-entráronlos por fuerza, como al cabo estubiesen desnudos, y con las
-espadas desbarrigaron inmensos. Salen del monte los españoles que
-estaban en celada y dan por las espaldas en ellos, y todos juntos, los
-españoles, fueron muy pocos los que huyeron, que no quedaron muertos de
-los que se hallaron en defensa del pueblo. Muertos y huidos todos los
-indios, andan los españoles á su placer á deshollinar y robar las casas
-y lo que en ellas habia, halláronlas llenas de maíz é gallinas y otros
-bastimentos; oro, ninguno, de lo que ellos no rescibieron mucho placer,
-pero quedaron quietos señores del pueblo.
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- CAPÍTULO CXX.
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-De los indios que prendieron envió Cortés algunos para que fuesen á
-decir al Cacique, señor dél, y á la otra gente, que fuesen amigos
-y que no tuviesen miedo de allí adelante, que les harian mal, sino
-buen tractamiento, y que el señor viniese á él porque le queria decir
-muchas cosas de su provecho, y otros disparates y promesas frívolas
-que les quisiera persuadir, é que á cualquiera prudente pudieran mover
-á mayor odio é ira contra él y ellos, de quien tan grandes injurias é
-injusticias y daños habian rescibido. ¡Mirad qué fianzas daban ó qué
-seguridad y satisfaccion ofrecian, para que de los daños padecidos
-fuesen recompensados y de los que les podian hacer pudiesen ser
-seguros, habiéndoles así lastimado y atribulado tan sin culpa, y ofensa
-que les hobiesen hecho ni cometido!; pero el señor y sus capitanes y
-gente de guerra, ó por mejor decir guerrilla, como es toda guerra de
-indios, trabajaron de apedillar toda la tierra y venir sobre ellos, y
-no dejar, si pudiesen, hombre dellos á vida, pero para entretener á los
-españoles hasta que se hobiesen allegado todos los que habian maherido,
-envió el señor ciertos mensajeros á tratar de paz ó de treguas, y
-rogándoles que se contentasen con el mal que les habian hecho, y que
-no le quemasen el pueblo; respondió Cortés así lo haria, pero que les
-trujesen comida. Vinieron otro dia con ella, disculpándose que no
-traian más por estar la gente desparcida y huida; envió Cortés tres ó
-cuatro cuadrillas de españoles por los montes á buscar bastimentos y
-gente, y si pudiesen haber al señor ó Cacique. La una llegó á un pueblo
-donde hallaron mucha gente de guerra, que debian estar esperando que
-se allegase la demas para ir sobre ellos. Vistos los unos á los otros,
-comenzaron á pelear, y los indios con tan gran esfuerzo y denuedo, que
-hirieron, con sus armas y flechas, y lanzas de palos con las puntas
-tostadas, y algunas con algunos huesos de pescado por casquillos,
-muchos de los españoles, hasta que los encerraron en cierta casa, donde
-los españoles se defendieron una buena pieza del dia, temiendo que no
-les prendiesen fuego que los pudieran quemar vivos; y como la grita
-que dan los indios cuando son muchos, que es cosa de grima, se sonase
-por los montes, oyéronla los de las otras cuadrillas, ocurrieron al
-sonido, y llegaron á tiempo, cuando ya los apretados tenian perdida la
-esperanza de vida; llegados, descercáronlos, y juntos todos, dan muy
-fieramente en los indios, pero los indios aunque vieron el socorro de
-fresco venir sobre ellos, que serian por todos, los españoles, cerca de
-200, no dejaron de pelear validísimamente aunque morian muchos dellos.
-Estando los primeros españoles en la casa metidos, y en el estrecho que
-está dicho, ciertos indios de la isla de Cuba, que con ellos habian
-ido, fueron á hacer mandado á Cortés de lo que habian visto; Cortés,
-oidas tales nuevas, tomó cierta gente de la que tenia, y llevó algunos
-tiros de artillería, y partióse á mucha priesa, porque no era hombre
-que se dormia. Cuando llegó venian todos los españoles retrayéndose, y
-los indios dando como leones en ellos, de los cuales muchos herian con
-las flechas, pero en llegando hizo soltar algunos tiros de pólvora, y
-por temor dellos los indios se retrujeron; Cortés no curó de seguillos,
-porque andaban los españoles muy cansados, y muchos dellos mal heridos.
-Volviéronse todos al pueblo, no muy alegres; proveyó Cortés que los
-españoles heridos se fuesen á los navíos, y mandó sacar los caballos y
-la gente que pudo sacarse dellos y toda su artillería; caminó Cortés
-con más de 400 españoles y 12 caballos y su artillería hácia donde
-habian peleado el dia pasado, y toparon á infinitos indios, que,
-como habian sentido la ventaja que habian llevado aquel dia, venian
-muy ufanos en busca dellos. Era toda la tierra llena de acéquias y
-arroyuelos, por ser toda de cacaguatales, que son heredades entre todas
-aquellas provincias muy preciosas, que son las almendras de que usan
-por bebida y por moneda, que han menester cada hora regarse. Fué á los
-españoles gran impedimento para de los caballos ayudarse, y por ésto
-los indios pudieron hacer mucho daño á los españoles, y no rescibillo
-como entónces lo rescibieran, puesto que desque vieron los caballos y
-caballeros fué grande su espanto, creyendo que hombre y caballo era
-todo una cosa, y la lanza no ménos, pero no por eso dejaron de pelear
-contra ellos aunque se vian morir á sus piés; y aunque no mataban á los
-españoles por ser sus armas tan débiles, hirieron muchos y pusiéronlos
-en tanto estrecho que pensaron perecer. Salieron en fin á ciertos
-llanos, sin tantos arroyos y acéquias, donde los de caballo pudieron
-hacelles daño, los cuales alancearon innumerables, y díjose que habian
-muerto en esta entrada sobre 30.000 ánimas; y ésta fué la primera
-predicacion del Evangelio que Cortés introdujo en la Nueva España. Y
-por los merecimientos suyos y de su compaña, dice Gomara, su criado,
-que les apareció Sant Pedro, ó Santiago, encima de un caballo que hizo
-en los indios aquel gran estrago; y, lo que más digno es de confusion
-inmortal y eterno escarnio, dice Gomara, que Cortés hizo soltar algunos
-indios de los presos que fuesen á decir al señor de la tierra y á todos
-los demas, que le pesaba del daño hecho en entrambas partes, por culpa
-y dureza dellos, que de su inocencia y comedimiento Dios le era buen
-testigo, mas, no obstante todo ésto, él los perdonaba de su error, si
-venian luégo ó dentro de dos dias á dar justo descargo y satisfacion
-de su malicia, y tratar con él de paz y amistad, y los otros misterios
-que les queria declarar, apercibiéndolos que, si dentro de aquel plazo
-no viniesen, de entrar por su tierra dentro, destruyéndola, quemándola,
-talándola, y matando cuantos hombres topase, chicos y grandes, armados
-y sin armas. Estas son sus formales palabras. Veis aquí conqué tiene
-Cortés engañado á todo el mundo, y no sin culpa de muchos de los que
-lean su falsa historia, no considerando que aquellos estaban quietos
-en sus casas, sin ofensa nuestra ni de nadie, y que no eran moros ni
-turcos que nos infestan y maltratan, no mirando más del sonido, que
-mató y que venció, y, como ellos dicen, conquistó tantas naciones, y
-robó para sí é envió tanto oro á España, y llegó á ser Marqués del
-Valle; y desta culpa los lectores della no son inmunes, al ménos los
-que son letrados. Los desventurados indios, viéndose así tan disipados
-y apocados de tanto estrago, todos fueron de parecer que, porque
-aquellos hombres eran tan fuertes, y traian tan terribles armas, y
-sobre todo aquellos animales que tanto corrian y alcanzaban, y sobre
-ellos tan mal los trataban y los acabarian de asolar, el señor acordó
-de les enviar ciertos indios viejos, que debian ser principales, á
-tratar de paz y seguridad. Dice Gomara, que vinieron á pedir perdon de
-lo pasado, como si de grandes agravios que les hobieran hecho, porque
-veais la insensibilidad de Gomara, ó por mejor decir, el escarnio
-que de la justicia y de la verdad hace. Rescibiólos bien Cortés, y
-dióles cosillas de rescates de Castilla, diciéndoles por señas, como
-se podia declarar, que tornasen á hablar á su señor y lo induciesen á
-que viniese á verse con él, y que no tuviese miedo que no rescibiria
-mal alguno, y otras señas semejantes; y para más mostrarles seguridad,
-soltó á todos los indios que habian preso en la batalla y hizo curar
-los que de heridas estaban maltratados. Fué, á lo que se juzgaba, el
-señor y muchos principales á ver á Cortés, con mucha compañía, y á los
-españoles, con harto dolor de su corazon, mostrando mucha tristeza y
-no ménos con temor no los burlasen; dije, á lo que se juzgaba fué el
-señor, porque cuasi siempre los señores de los indios no se muestran
-ni van á los españoles cuando no están primero muy seguros, sino que
-envian un indio que tenga persona de autoridad, y fingen que aquel es
-el señor. Trujeron un buen presente de muchas gallinas, de las grandes
-de papada, y pan, y frutas, y cacao, y ciertas joyas de oro, que
-pesarian más de 300 castellanos, y 15 ó 20 mujeres, para que guisasen
-de comer y hiciesen pan de maíz, que es lo más trabajoso de hacer, y
-que sin mujeres no se puede amasar sino mal y con gran dificultad, para
-los aplacar, porque no los acabasen de destruir. Rescibiólos Cortés
-con mucha alegría y abrazó al que se decia ser señor, mostrándole
-haber mucho placer con su venida, y ofreciéndoles seguridad y amistad
-desde adelante todo por señas; porque ninguna cosa se entendian.
-Preguntáronle si de aquel oro habia mucho y si se cogia por aquella
-tierra; respondieron que no se cogia por allí, sino en otras partes,
-señalando con los meneos, que léjos. Dice aquí Gomara, que quebraron
-los ídolos por la doctrina que Cortés les predicó, enseñándoles los
-misterios que contenia y se celebraron en la cruz, y lo que en ella el
-hijo de Dios padeció, y que por estas exhortaciones la adoraron, puesta
-en un templo de sus dioses; añade Gomara, que dieron la obediencia
-y vasallaje al rey de España, en manos de Hernando Cortés, y se
-declararon por amigos de españoles, y que aquestos fueron los primeros
-vasallos que el Emperador tuvo en la Nueva España. Todas éstas son
-falsedades y cosas inventadas por Cortés, ó fingidas por Gomara, su
-criado, para lisonjear y vender su tiranía por servicio grande al Rey
-y engañar al mundo, como lo tienen muchos dias há engañado, porque ni
-los indios los entendian, ni ellos á los indios, como ya queda probado,
-y ya que los entendieran, en siete ú ocho dias que allí estuvieron,
-¿cómo les podian dar á entender los misterios de la Fe, de la Santísima
-Trinidad y de la Pasion del Hijo de Dios, que todo se contiene en el
-misterio de la Cruz, para que los indios sus ídolos derrocasen? Porque
-no son los indios tan fáciles de dejar sus ídolos, cuya religion,
-reverencia, devocion y culto, tienen de tantos años atrás en los
-corazones arraigado, por diez palabras que Cortés les dijese mascadas
-y mal pronunciadas, mayormente, aborreciendo á él y á ellos como á
-capitales enemigos de quien habian ayer rescibido tan irreparables
-daños, y temiendo que del todo no los acabasen. Y de aquí se puede
-inferir la otra falsedad que Gomara dice, que dieron la obediencia y
-vasallaje al rey de España en manos de Cortés; falsísimo es y gran
-maldad, y ésta es la justicia y título y derecho con que Cortés hizo
-la primera guerra y celebró su apostólica entrada en la Nueva España:
-y argumento y testimonio claro, de que luégo, en llegando á Tabasco,
-Cortés y su compañía sancta, hicieron tales obras de que los indios se
-resabiaron, es que pocos meses habia que allí rescibieron á Grijalva
-y á los españoles, con tanta gracia, liberalidad y humano hospedaje,
-que lo vistieron y cubrieron de oro desde los piés hasta la cabeza,
-como queda en el cap. 109, asaz declarado. Y ésto debe bastar, para que
-quien lo leyere no dude haber Cortés entrado en aquellos reinos como
-muy señalado tirano, puesto que por el discurso desta Historia, quedará
-esta verdad muy más y mejor averiguada.
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- CAPÍTULO CXXI.
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-Dejado Tabasco de la dicha manera lastimado, aunque por fuerza y por
-miedo reconciliado, partióse Cortés con su armada la costa de la mar
-adelante, hácia el Poniente ó parte occidental, y fué á parar á la
-isla del Sacrificio, que puso nombre Grijalva, donde halló un abrigo
-de puerto, no muy bueno, y tampoco muy malo, el que agora se llama
-el puerto de la Vera Cruz, y la isleta Sant Juan de Ulúa; y porque
-parecia mucha gente por toda la costa, y no tenga puerta, y ser brava
-y peligrosa, hizo Cortés allí echar todas las anclas. Los indios,
-como Grijalva los habia dejado de paz y contentos, por los rescates
-y conmutaciones que con ellos tuvo, dándoles agujas, y alfileres, y
-cascabeles, y cuentas por oro, luégo vinieron dos canoas llenas de
-gente á ver qué querian ó qué gente era, Cortés los rescibió con gran
-placer, y todos los españoles hicieron gran regocijo, y por señas,
-porque ninguna cosa los unos de los otros entendian, mostráronles
-oro, dándoles á entender que lo amaban, y que si lo trujesen que se
-lo trocarian. Tornáronse á tierra, segun parecia, muy alegres, y otro
-dia vinieron muchas canoas con gente y cargadas de bastimentos, pan y
-gallinas, y frutas, en especial potajes guisados de aves y venados, y
-otras cosas que los nuestros no cognoscian mas de hallallas sabrosas,
-que sin escrúpulo ni temor las comian. Trujeron muchas piezas de
-oro, moscadores y rodelas, y otras cosas muy ricas de pluma, que
-rescataron por de las de Castilla, y por la comida les recompensaron
-con cascabeles, cuentas de diversas colores, agujas, alfileres,
-espejuelos, cuchillos y tijeras, con que se reputaban haber engañado á
-los españoles y quedar muy ricos. Tornados muy alegres á sus pueblos,
-daban nuevas de haber venido cierta gente como la pasada, de quien
-por poco precio, como era el oro, les daban de aquellas cosas tan
-ricas, y así acudia infinita gente, porque á cuatro y cinco leguas,
-y diez, de la costa de la mar, habia grandes y muy grandes pueblos;
-pero aún no habia llegado la nueva de las obras que dejaban hechas
-en Tabasco los nuestros, porque si lo hobieran oido, de creer es
-que más se recataran éstos dellos. Visto Cortés bullir tanta gente,
-y las muestras del oro que traian prometer grandes riquezas, como
-en la verdad las habia, entendió presto la felicidad, y grandeza, y
-poblacion de la tierra; determinóse á no pasar de allí, sino sacar
-todo su poder á tierra y penetrar lo que en ella habia. Desembarcó
-toda el artillería, los caballos y armas, y todo cuanto habia en los
-navíos, y en el mejor lugar que le pareció hizo allí cerca de la mar
-su asiento, luégo los indios que llevó de la isla de Cuba, y los pocos
-negros, hacen de palos, y varas, y hierbas, las chozas que para el Real
-fueron menester. Tenia el Rey de la ciudad de Méjico, que Moteczuma
-se llamaba, por aquella tierra guarniciones y gente de guerra, y un
-Gobernador ó Capitan general sobre toda ella: éste vino con mucha
-gente acompañado, y muchos principales entre ellos, todos los más
-bien vestidos de ciertas mantas de algodon, pintadas de colores, unas
-mejores que otras, segun la dignidad de las personas; trujo muchos
-indios cargados de comida, pan y carne de venado, y pescado, y frutas.
-Dió el capitan á Cortés muchas joyas de diversa hechura, de oro, con
-maravillosas cosas hechas de pluma. Cortés le hizo grandes gracias
-por señas y meneos, y le dió en reagradecimiento una camisa labrada y
-muchas sartas de cuentas, como collares, bien hechas, y otras muchas
-cosillas de Castilla de las dichas. Mandó aquel Gobernador venir luégo
-de los pueblos cercanos muchas mujeres con su aderezo para hacer pan de
-maíz, que son unas piedras, y dejó más de 1.000 hombres, que hicieron
-allí cerca sus chozas, para servir á los españoles, y otros, más de
-1.000, que los proveyesen de los pueblos comarcanos de bastimentos, y
-así estuvo el Real de Cortés más y mejor bastecido que si fueran en sus
-casas, que tenian en Cuba. Hizo Cortés hacer alarde y escaramuzar los
-de á caballo y tirar los tiros, de que los indios quedaron asombrados y
-como atónitos de vello. Luégo, muchos oficiales pintores, por mandado
-de aquel Gobernador, pintaron á los españoles y á los caballos, y á
-los tiros de pólvora y ballestas, y á las espadas y lanzas, y todas
-las otras armas, y no ménos á los navíos, al propio, como si toda su
-vida lo hobieran hecho, y contaron el número cuántos eran, sin que los
-españoles lo sintiesen, y despachó el Gobernador sus postas de indios
-corriendo á la ciudad de Méjico, que desde allí hay 70 leguas, á dar
-relacion al rey Moteczuma de todo lo que habian visto; el cual, dentro
-de veinticuatro horas, tuvo noticia de todo ello, y así la tenia de
-todas la cosas que los españoles hicieron. Hallóse una india, que
-despues se llamó Marina, y los indios la llamaban Malinche, de las
-20 que presentaron á Cortés en la provincia de Tabasco, que sabia la
-lengua mejicana, porque habia sido, segun dijo ella, hurtada de su
-tierra de hácia Xalisco, de esa parte de Méjico que es al Poniente,
-y vendida de mano en mano hasta Tabasco; ésta sabia ya la lengua de
-Tabasco, y aunque aquella lengua era diversa de la de Yucatán, donde
-Aguilar habia estado, todavía entendia algunos vocablos. Visto Cortés
-que la india entendia los mejicanos, dióla á Aguilar, que comunicase
-mucho con ella, tratando de hablar y aprender vocablos para que se
-entendiesen y pudiese por medio della entender los secretos de la
-tierra, y poder dar noticia á los indios de lo que deseaba. Con
-esta india comenzó á hablar con el Gobernador de aquella provincia;
-Cortés hablaba á Aguilar, y Aguilar decia á la india, segun él podia
-declarar por algunos vocablos, puesto que con mucha falta, dello por
-palabras, dello por señas y meneos, con que los indios mucho más que
-otras generaciones se entienden y se dan á entender, por tener muy
-vivos los sentidos exteriores y tambien los interiores, mayormente
-que es admirable su imaginacion. Finalmente, bien ó mal, díjole: «Que
-él y aquellos cristianos venian del otro mundo, muy léjos, dese cabo
-de la mar y que lo enviaba un gran Rey, su señor, para ver aquellas
-tierras y á buscar de aquel metal que relucia, y á dalles de sus cosas
-de Castilla, que eran muy preciosas.» Y, á lo que yo creo, poco se
-pudieron entender por entónces del señorío, que algunos dicen que
-Cortés dijo y encareció al Gobernador, de los reyes de Castilla, ni
-del que pudo el Gobernador engrandecer de su señor y rey Moteczuma,
-sino aquello que por señas bien se podia entender, como era el ansia
-que mostraban de haber oro. Algunas ficciones pone por aquí Gomara,
-que parecen desvaríos, como decir «que le enviaba el Emperador, mayor
-señor del mundo, para visitarlo de su parte y decirle algunas cosas en
-secreto que traia por escrito, y que él y sus compañeros tenian mal
-de corazon, y que el oro era la medicina para lo curar, que enviase á
-decir al rey Moteczuma les enviase dello.» Todas estas son ficciones
-que ellas mismas se manifiestan ser lo que son, y la verdad que
-contienen, con lo demas cuanto se atraviesa decir en favor de Cortés,
-y excusa de lo que obró, porque ni lo entendian ni podian entender,
-sino cuando mucho dos palabras, _daca_ y _toma_, y lo más era por
-señas, mostrándoles oro y las cosas de Castilla que les ofrecian por
-ello dar, y bastaba la aficion que manifestaban tener al oro. Luégo
-que Moteczuma vido las pinturas que le llevaron los mensajeros, y oido
-lo que habian visto que le dijeron, quedaron admirados de los caballos
-y tiros de pólvora, y las armas y lo demas, y temiendo que de gente
-tan proveida y feroz no le podia suceder sino mal, cognoscido que su
-venida era por oro, luégo á mucha priesa mandó sacar de sus riquezas y
-tesoros (grandes cierto y nunca otros se cree ántes de éstos haberse
-visto ni oido), un presente de cosas tan ricas y por tal artificio
-hechas y labradas, que parecia ser sueño y no artificiadas por manos
-de hombres. Estas fueron diversidad de camisetas, y unas telas de
-algodon delicadísimas y de muchas colores, para vestiduras de las que
-ellos usaban vestirse, entregeridas con plumas de aves muy delicadas
-y de diversas colores; un casquete, creo que de madera, muy sotil,
-cubierto de granos de oro por fundir; un capacete de planchas de oro y
-campanillas colgadas, y por encima unas piedras como esmeraldas; muchas
-rodelas hechas de ciertas varas delgadas muy blancas, entregeridas
-con plumas y con unas patenas de oro, y de plata otras, y algunas
-perlas menudas, como aljófar, que no se puede expresar por escrito su
-artificio, ni su lindeza, riqueza y hermosura; ciertos penachos de
-diversas plumas y colores, grandes, con los cabos de argentería, de
-oro, colgando; amoscadores de plumas muy ricas, con mil lindezas de
-oro y plata, y por maravilloso artificio hechos; brazaletes y otras
-armaduras de oro y plata, que debian usar en sus guerras, de tal
-manera, con sus plumas verdes y amarillas, entrepuestas y cueros de
-venados muy adobados y colorados, que no se puede bien su hechura y
-hermosura expresar; alpargates de cueros de venado muy adobado, cosidos
-con hilo de oro, y por suelas una piedra blanca y azul, cosa preciosa,
-muy delgada, sobre suela muy delicada de algodon; espejos hechos de
-margasita, que es un metal hermosísimo como plata muy resplandeciente,
-y éstos, grandes como un puño, redondos, como una pelota, engastonados
-en oro, que dejado el valor del oro, sólo la hechura y hermosura suya
-se pudiera vender muy cara, los cuales se pudieran á cualquier señor
-y Rey grande por cosa digna presentar; muchas mantas y cortinas para
-camas, delgadísimas, de algodon, que parecia ser más ricas que si
-fueran de seda, y de diversas colores; muchas piezas de oro y plata;
-un collar de oro, que tenia más de cien esmeraldas, y muchos más
-rubíes, ó que lo parecian, colgaban muchas campanillas de oro; otro con
-muchas esmeraldas y ciertas perlas ricas y la hechura admirable; otras
-piececitas de oro, como ranas y animalicos, y joyas, como medallas,
-chicas y grandes, que solas las manos, como dicen, ó el primor del
-artificio dellas valian más que el oro y plata, y mucho más; muchos
-granos de oro por fundir, como se saca de las minas, como garbanzos y
-mayores. Sobre todo ésto, envióle dos ruedas, la una de oro, esculpida
-en ella la figura del sol, con sus rayos y follajes, y ciertos animales
-allí señalados, creo que pesaba mas de cien marcos; la otra era de
-plata, con la figura de la luna, de la misma manera que el sol
-labrada, de cincuenta y tantos marcos, ternia de gordor como un toston
-de á 4 reales, macizas todas, muy poco ménos tenian en redondo que una
-rueda de carreta cada una. Estas ruedas eran, cierto, cosas de ver,
-yo las vide con todo lo demas, el año de 520, en Valladolid, el dia
-que las vido el Emperador, porque entónces llegaron allí enviadas por
-Cortés, como abajo, placiendo á Dios, se verá; quedaron todos los que
-vieron aquestas cosas tan ricas y tan bien artificiadas y hermosísimas,
-como de cosas nunca vistas y oidas, mayormente no habiéndose hasta
-entónces visto en estas Indias, en gran manera como suspensos y
-admirados. Dijeron los indios que aqueste presente y dones enviaba
-Moteczuma á los que allí habian venido los dias pasados, que eran Juan
-de Grijalva y su compañía, sino que cuando llegaron con ello á la mar
-eran ya partidos. Valdria el oro y la plata que allí habia 20 ó 25.000
-castellanos, pero la hermosura dellas y la hechura, mucho más valia
-de otro tanto. Dióse priesa Moteczuma en enviar respuesta y aquellos
-dones á los españoles; mandó á su Gobernador que les dijese que se
-fuesen, creyendo que eran niños que fácilmente se contentaban, porque
-se tornasen á su tierra y saliesen de la suya, y teníalo mal pensado,
-porque cuanto más oro les enviara, como despues les envió siempre
-diciéndoles que se fuesen, fuera como fué mayor cebo para que fueran,
-como fueron, á sacárselo de las entrañas. Desta priesa de echarlos era
-la causa porque tenia por cierto, segun sus profetas ó agoreros le
-habian certificado, que su estado, y riquezas, y prosperidad habia de
-perecer dentro de pocos años, por cierta gente que habia de venir en
-sus dias, que de su felicidad lo derrocase, y por ésto vivia siempre
-con temor, y en tristeza, y sobresaltado, y así lo significaba su
-nombre, porque Moteczuma quiere decir, en aquella lengua, hombre triste
-y enojado. Tambien significa hombre grave y de grande autoridad, y que
-es temido, todo lo cual en él se hallaba.
-
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- CAPÍTULO CXXII.
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-Dado el presente de las cosas susodichas por el Gobernador, en nombre
-del rey Moteczuma, su señor, con las más ofertas que pudo ofrecerles de
-comida y bastimentos para su tornaviaje, díjoles por señas y palabras,
-que lo podian entender, que se volviesen á su tierra en buena hora,
-pues ya para tornarse no les faltaba nada, y en todo este tiempo nunca
-les faltó abundancia de comida de venados, y pescado, pan, y frutas,
-y maíz, y hierba para los caballos, y gente hombres y mujeres que
-los sirviesen, tanto que ellos todos estaban admirados. Pero Cortés,
-cuyos pensamientos, cudicia y ambicion iban más adelante, dióle á
-entender que deseaba mucho ir á ver al rey Moteczuma, y hablalle, y
-dióle ciertas cosas de vestir, como camisas bien labradas, y un sayo
-de seda, y gorra, y calzas, y collares hechos de cuentas de diversas
-colores, y otras cosas de las mejores que llevaba para que le enviase.
-El Gobernador las rescibió, aunque no con mucho placer, porque todo
-aquello era estiércol para quien tanta magestad y señorío tenia, y de
-todas las riquezas que se podian en el mundo, por hombre que carecia de
-cognoscimiento de Dios, desear, tanta abundancia. Envió aquella ropa
-el Gobernador á Moteczuma no de muy buena gana, por las malas nuevas
-que le enviaba, de que Cortés y su gente no querian tornarse sino
-pasar adelante. A cabo de seis ó siete dias, tornaron los mensajeros
-que habian llevado el sayo y lo demas, y vinieron cargados de muchas
-mantas muy ricas, de algodon y de pluma, y algunas joyas de oro y de
-plata, para que las diesen á Cortés, pues tanta ánsia tenia de aquellos
-metales, mandando al Gobernador que con toda diligencia les dijese que
-se fuesen de su tierra y que bastase el buen acogimiento que le habia
-hecho, y provisiones que con tanta abundancia les habia mandado dar,
-y que si no se fuesen que no les diese más y los dejase. Lo cual dijo
-por palabras y señas el Gobernador á Cortés, á la clara, despues que el
-presente le hobo dado, conviene saber: «Que decia su señor Moteczuma,
-que si otra cosa queria más de las que le habia dado, que, teniéndola,
-se la daria, pero que luégo se fuesen él y su compaña.» Cortés le dió
-á entender, que todavía queria ir á verlo, el Gobernador respondió:
-«Que no lo habia de hacer, porque su señor así lo mandaba.» Quedando
-así desconcertados, el Gobernador se fué y dejó mandado que toda la
-gente de indios, hombres y mujeres, que allí estaban sirviendo á ellos
-y á sus caballos, y trayéndoles la comida con tanta suficiencia que
-sobraba, en viniendo la noche se fuesen y ninguno quedase. Hiciéronlo
-así, é á la mañana halláronse todos los muchos ranchos que allí
-habian hecho los indios, donde se cogian en tanto que aquel servicio
-y proveimiento duraba, despoblados. Visto ésto, Cortés comenzó á
-proveer su quedada por otra arte; despachó un navío de los pequeños,
-la costa abajo, para que buscase algun mejor puerto, porque parecia
-estar en peligro allí los navíos sí viniese algun temporal, y tambien
-algun buen asiento para donde poblasen; y porque temió por la huida
-de los indios, que les proveian que quizá vernian sobre ellos algun
-ejército de Moteczuma, haciéndoles guerra para de la tierra echallos,
-mandó meter todos los bastimentos y cosas que no eran para pelear en
-los navíos, porque con la priesa no se perdiese algo. Volvió el navío
-sin hallar puerto más de un peñon que entraba en la mar algo, donde
-podia haber para los navíos algun abrigo ó mamparo, que estaba de allí
-hasta siete ú ocho leguas; mandó ir allá todos los navíos, y él con 400
-hombres y los 15 caballos acordó ir á la tierra dentro, y descubrir
-si habia gente de guerra, y los pueblos que por ella hallase, y, como
-no se meneaba que no tuviese mil espías, sintiendo los pueblos que se
-movia para entrar por la tierra, todos huyeron, dejando todas sus casas
-desmamparadas, llevando á cuestas lo que podian y con priesa llevar.
-Llegó á un pueblo que hallaron vacío de gente, pero harto lleno de
-bastimentos y ropas de algodon, y cosas hechas de pluma, muy hermosas,
-y algun oro y plata; las casas eran parte de piedra y parte de adobes,
-y cubiertas de paja, pero muy buenos aposentos. Cortés mandó á todos
-sus compañeros que ninguno tomase cosa de lo que allí habia, porque la
-gente no se agraviase y escandalizase, y no los pusiesen en mayor odio
-del que parecia que á tenerles comenzaban por no tornarse por donde
-habian venido. Lo mismo hallaron en otros pueblos que en torno de cinco
-ó seis leguas hallaron, conviene á saber, vacíos de gente y llenos
-de comida y alhajas, y, sin tocar en ellos, se tornaron por la misma
-causa; y porque luégo, á cabo de dos ó tres dias, y mayormente de diez
-ó doce, que en ésto tardó Cortés despues de llegado, por toda la tierra
-se supo su llegada, y áun de seis horas, porque los indios con tales
-novedades, y en especial, ésta de dar aviso no se tardan, el Rey de la
-ciudad de Cempoal, que de allí por siete ú ocho leguas distaba, envió
-ciertas espías disimuladas, hasta 15 ó 16 hombres muy bien dispuestos,
-para ver qué gente era y que viesen su manera y sus tractos, y quizá
-si eran los dioses que muchos dias habia que sus profetas y adivinos
-ó hechiceros les habian denunciado haber de venir de hácia donde el
-sol sale. Díjose que Cortés barruntó, ó por ventura lo fingió, porque
-segun su astucia bien lo podia fingir, aunque poco le podia excusar su
-tiranía, que aquellos indios le dijeron que Moteczuma, rey de Méjico,
-habia hecho tributario al Rey de aquella ciudad, Cempoal, de donde
-aquellos habian venido, por violencia y tiranía, y que por aquella vía
-tenia subjetos otros muchos señores y señoríos, y le tributaban. Y
-dice Gomara cerca deste punto muchas vanidades y algunas falsedades,
-para colorar las obras que por aquellas tierras hizo su amo Cortés,
-como siempre hizo, como decir que con Marina ó Malinche les preguntó
-por los señores que por aquella tierra habia, y otras muchas cosas que
-por no experto intérprete y que apénas sabia hablar en vocablos de
-aquella lengua comunes, como _daca pan_, _daca de comer_, y _toma ésto
-por ello_, y todo lo demas por señas, no se sufria; y dice asimismo,
-que Cortés se holgó de hallar en aquella tierra unos señores enemigos
-de otros, para poder efectuar mejor su propósito y pensamientos. Que
-fingiese aquesto, conviene á saber, que habia señores enemigos de
-otros, ó que verdad fuese, pensamientos y deseos y fin de propio tirano
-eran, porque fingia ó hallaba oportunidad en las discordias de aquellos
-para mejor poder subjuzgar los unos y los otros tiránicamente, como lo
-hizo. Ser tirano, y con mala consciencia desear y poner por obra lo
-dicho, parece manifiestamente, porque todo tirano, como carezcan de
-razon, de derecho y de justicia, segun el Filósofo en el libro V de la
-Política, cap. 11, huélganse de las discordias, si las tienen los que
-quieren tiranizar, y si no las tienen procuran que las tengan, porque
-estén divididos, y así más fácilmente subjuzguen los unos y los otros;
-saben que si todos fuesen juntos y conformes, con más dificultad, y á
-las veces nunca, podrian subjetar ni tiranizar á ningunos, y si por
-algun tiempo pudiesen prevalescer no duraria tanto su tiránico señorío.
-Por aquesta misma vía Pompeyo, aquel Capitan romano, siendo enviado por
-el pueblo romano contra Tigrano, rey de Armenia, Oscauro, gobernador
-de Siria, como entendiese que habia bandos y disensiones entre dos
-parcialidades, cuyas cabezas eran Aristobulo y Hircano, hermanos,
-pretendiendo cada uno sólo reinar en Hierusalem, cognosció ser tiempo
-aparejado para invadir la ciudad, y por fuerza de armas entralla y
-tiránicamente subjetalla y hacella tributaria del Imperio romano, y
-así lo hizo, y desde entónces, y por aquella vía injusta y tiránica,
-Judea y sus habitadores, los judios, perdieron su libertad: _Pompejus
-missus á Romanis, contra Tygratem regem Armeniæ et Iscaurum miserunt
-præsidem Syriæ; qui, cum audisset dissenssiones fratrum in Judea, ratus
-tempus esse quo de facili Judæam poneret sub tributo, in manu valida
-fines intravit Judeæ_. Así lo testifican Josepho, en el libro de las
-Antigüedades judáicas, Paulo Orosio, libro VI, cap. 6.º _De Ormesta
-mundi_, y Pedro Comestor en la Historia Escolástica, en el libro II,
-de los Machabeos, cap. 7.º, y otros historiadores. Desta manera y por
-esta causa, Cortés se holgó mucho de que hobiese bandos y disensiones
-entre los señores de aquella tierra, para tener color de engañar al
-mundo, diciendo que ayudaba á los unos contra los otros, como si
-hobiera oido á las partes, siendo juez competente, y determinara quién
-tenia la justicia en juicio contradictorio, y no pecara mortalmente
-ayudando á cualquiera de las partes, sin saber primero si tenia
-justicia la parte á quien ayudaba, porque claro está que podian y
-pudieron mentir los indios de Cempoal, diciendo que Moteczuma los
-tenia por fuerza de armas, subjuzgados y hechos tributarios, y que
-justamente pudo tenellos por súbditos y vasallos; luégo ayudando á la
-una parte, poníase en peligro de dañificar contra justicia á la otra
-parte; luégo duda ninguna hay en que pecase mortalmente Cortés y los
-suyos, y fuesen obligados á restitucion de todos los daños que rescibia
-la parte agraviada, y si acaso ayudaba á la que tenia justicia, no
-por eso al ménos evitaba el pecado. Todo ésto cometió el Cortés y los
-que le acompañaron en la provincia de Tlascala, como aparecerá cuando
-della hablaremos, pero, en la verdad, destos escrupulos Cortés poco
-curaba, con que hallase caminos y ayudas y colores para conseguir lo
-que por fin buscaba, que era subjuzgar y tiranizar y robar unos y
-otros, chicos y grandes, justos é injustos, si algunos habia injustos
-poseedores, de lo cual él no era juez ni podia _de jure_ ni _de facto_
-determinallo, ántes era obligado á presumir que cada uno de aquellos
-señores era justo dueño y señor de la posesion en que los hallaba,
-pues el derecho y la razon lo presume; y aunque alguno se quejase del
-otro, no por eso luégo le habia de creer que tuviese de su querella
-justa causa. Aun si Cortés hiciera con los de Cempoal, si con verdad
-fueran del rey Moteczuma contra justicia subjuzgados y opresos, y
-ésto le constara por legítima probanza de que no debiera dudar, lo
-que Tito Quincio, Capitan del pueblo romano, con los de Corinthio y
-otros pueblos y ciudades de Grecia, que teniéndolas Philipo, rey
-de Macedonia, fatigadas y opresas, vencido por Tito, Philipo y sus
-macedones, creyendo aquellos pueblos de Grecia que habian de vivir en
-servidumbre de los romanos, mandó Tito apregonar, estando gran multitud
-de gente presente, que el pueblo romano, y Tito en su nombre, otorgaba
-libertad, como de ántes la tenian, á lo Corinthios, Locros, Phocenses,
-Euboicos, Acheos, Phthiotas, Magnesios, Thesalos y Perthrebos, el cual
-pregon oido y entendido, va la multitud corriendo á besar las manos y
-dar gracias á Tito, clamando y diciendo, «Tito es hoy el salvador y
-defensor de Grecia»; y fué tan grande el estruendo de placer, y voz
-tan sonorosa de la multitud y fuerte el alharido, que como si fuera
-saeta rompió el aire, y los cuervos que volaban por él cayeron sobre
-ellos y en tierra faltándoles sobre que estribar. Desta manera lo
-cuenta Plutarco en la vida del mismo Tito; y si así lo hiciera Cortés
-con los cempoalenses, y si fuera verdad estar injustamente á Moteczuma
-subjetos, perdida su libertad, pudiéransele deber con razon las gracias
-y nombre de salvador y defensor dellos, pero hízolo por el contrario,
-privando á los de Cempoal y tambien al gran Rey y señor dellos y de
-otros muchos, Moteczuma, de todos sus señoríos, de todo su honor, de
-las vidas, y no sólo de su libertad, como dello se gloría y escribe
-Gomara, su criado y su historiador y todo el mundo sabe: y que de aquí
-se siga debérsele nombre de puro tirano y usurpador de reinos ajenos,
-y matador y destruidor de innumerables naciones, júzguelo cualquiera
-hombre prudente, mayormente si es cristiano, y esta historia con verdad
-lo irá más declarando. Llegó finalmente Cortés con su gente cerca de
-la ciudad de Cempoal, muy grande, de más de 20 ó 30.000 vecinos, toda
-de grandes edificios de cal y canto, y en cada casa su huerta, con su
-agua de pié, que toda ella era un vergel y un Paraíso terrenal. Envió
-tres ó cuatro de á caballo, á boca de noche que viesen la ciudad, y
-porque los suelos de los patios hacen los indios de argamasa teñidos
-con almagra y broñidos, que parecen como una taza de plata, y con los
-rayos de las estrellas lucian y relumbraban, creyeron que los suelos
-estaban cubiertos de chapas de oro ó de plata, y vuelven corriendo á
-Cortés, afirmando que toda la ciudad era oro y plata. Entran en ella;
-sale el mundo de gente á rescibillos, y ciertos señores ó personas
-principales, que metieron al Cortés y cristianos por la ciudad, hasta
-llegar á los palacios reales, á donde salió el Rey muy acompañado
-de viejos, personas de autoridad, y habláronse el uno al otro sin
-entenderse palabra; mandólos aposentar en unos aposentos muy grandes,
-donde todos cupieron, y fueron bastecidos y servidos de muchas gentes
-que dello tenian cargo, como si cada uno fuera su padre. Estuvieron
-allí quince dias, muy á su descanso, dentro de los cuales dice Gomara
-que se quejó á Cortés del rey Moteczuma que lo tenia tiranizado, pero
-como está dicho, todo se ha de tener por artificio de Cortés y gran
-maldad, y que el mismo Cortés los debia de alborotar y meter cizañas, y
-decir que no acudiesen con los tributos á Moteczuma, y ellos, por miedo
-de los tiros de pólvora y de los caballos, no osaban hacer cosa en
-contrario, habiendo entendido los estragos que habian hecho en Tabasco.
-¿Y con qué consciencia pudo Cortés persuadir y áun mandar que los
-tributos á Moteczuma no se pagasen? ¿habia examinado la causa, y era
-juez competente para lo averiguar y sentenciar? ¡pero como á ésto sólo
-fué el triste obligado!
-
-
-
-
- CAPÍTULO CXXIII.
-
-
-Conociendo, pues, Cortés la grandeza, y riqueza, y señorío que lo que
-hasta entónces habia visto de aquella tierra le prometia, y como todo
-en lo que ponia la mano se le hacia segun su deseo, acordó de asegurar
-el estado usurpado, en que tan infielmente contra su señor, Diego
-Velazquez, se habia puesto, y proseguir sus intentos comenzados por
-aquel camino que más seguro estimaba, segun via serle posible. Antes
-que se alzase con él armada y saliese de la isla de Cuba, tenia ganados
-algunos amigos, despues de salido, en los puertos y lugares donde
-surgia con la flota, hasta llegado aquí donde le tenemos referido, fué
-ganando de secreto muchos más cada dia, y con los de quien más se fiaba
-trató un muy desvergonzado artificio, aunque su ambicion y cudicia
-no le dejó ver cuán claramente y no por ambajes su maldad descubria;
-ésto fué, que negoció con aquellos que persuadiesen á los demas que
-lo eligiesen todos por Gobernador de aquella, renunciando él primero
-en sus manos dellos el cargo de Capitan que traia, para que del todo
-se desobligasen de acudir á Diego Velazquez ni rescibir mandato ni
-cosa suya, lo cual forjó por esta vía: que él, como Capitan general,
-nombraria Cabildo de una villa que allí poblasen, alcaldes y regidores
-y otros oficiales que para regimiento della nombrar conviniese; despues
-de señalados los alcaldes y Cabildo, como en personas ya públicas, y
-que estaban por el Rey, él renunciaria la Capitanía, y ellos, todos
-de comun consentimiento, por Gobernador lo eligiesen en nombre del
-rey de Castilla, etc. Hízose así, como lo tuviese bien mañeado y
-estuviese seguro que lo habian de elegir. Nombró por alcaldes á un
-Alonso Puerto Carrero, de su misma tierra, que era Medellin, é á un
-Francisco de Montejo, natural de Salamanca, ambos de un jaez con
-él y no de mucho peso; constituyó regidores, escribano y los demas
-oficios. ¡Mirad qué jurisdiccion tenia, viniendo alzado con el armada
-y contra voluntad de cúya era, y que se la queria quitar sino se
-alzara con ella, y qué jurisdiccion pudo dar á los alcaldes y los
-alcaldes tener, y qué autoridad al escribano para que diese fe, y qué
-valor y entidad pudieron tener todos los actos y obras que hacen los
-verdaderos tiranos! Así que, constituidos todos los oficiales como
-dicho es, y puesto nombre á la villa, que fué la Villa Rica de la Vera
-Cruz, hace luégo delante los alcaldes y ante el escribano dejacion
-del oficio de Capitan, diciendo: que por cuanto él habia venido con
-poder de Diego Velazquez, teniente del Almirante en la isla de Cuba y
-de los frailes Hierónimos que en esta isla Española gobernaban, para
-descubrir por aquella costa y en busca de Juan de Grijalva, y que de
-los dichos ninguno en aquella tierra tenia jurisdiccion, renunciaba
-aquel oficio en sus manos como en manos y ante la justicia Real, y
-pidiólo por testimonio. Rescibieron su renunciacion los alcaldes y
-diósele por testimonio, como lo pidió, y luégo entran en su Cabildo y
-tractan de nombrallo y elegillo por Capitan general, Alcalde mayor y
-Gobernador en nombre del Rey, hasta tanto que el Rey proveyese otra
-cosa. Determinado, como ya de dias lo habian platicado y definido con
-él, de lo nombrar y elegir para los oficios dichos, llámanlo al Cabildo
-y hacen una plática larga que contenia lo mucho que iba á Dios y al Rey
-en que hobiese una persona superior que gobernase con todos aquellos
-hidalgos, así en la paz como en la guerra, y que entre todos les habia
-parecido que él lo haria mejor; por tanto, que le rogaban, y áun le
-mandaban, que aceptase los oficios de Justicia mayor y Capitan general
-para la conquista que en aquellas tierras esperaban de hacer, para
-lo cual le daban toda jurisdiccion y autoridad en nombre del rey de
-Castilla. Porque se vea qué y cuánta fué la autoridad y jurisdiccion
-que Cortés tuvo, para todo lo que en aquella tierra ejercitó. Él lo
-aceptó de buena voluntad, y se ofreció á servirlos á todos, y no tuvo
-vergüenza Gomara, su criado é historiador, de decir en su Historia que
-á pocos ruegos lo aceptó, porque no deseaba otra cosa por entónces.
-Estas son sus palabras. Pudiera tambien decir que no habia procurado y
-mañeado más otra cosa hasta entónces. De esta eleccion tan maliciosa
-y absurda blasfemaron mucho muchos de los que allí estaban, en
-especial Diego de Ordas, que habia sido mayordomo de Diego Velazquez,
-y Francisco de Morla, su camarero, y otros principales, y todo género
-de personas, y un Juan Escudero, y otros criados y amigos suyos,
-afirmando ser traicion la que contra Diego Velazquez se cometia, y
-horrenda maldad y fealdad detestable. Cortés acudió luégo y prendió á
-los dichos y á otros muchos, y hízolos llevar al navío más principal, y
-allí aherrojallos y tenellos á buen recaudo. Despues de algunos dias,
-por ruegos de amigos que aquellos tenian, hobo Cortés de soltallos;
-pero algunos dellos, perseverando en el cognoscimiento de la maldad que
-se hacia contra Diego Velazquez, y contra la virtud y la justicia, en
-aqueste artículo acordaron de hurtar uno de los bergantines y huirse
-para la isla de Cuba, y avisar de todo lo que habia pasado y pasaba á
-Diego Velazquez; no faltó algun falsario que lo descubriese. Sabido por
-Cortés, hizo prender á muchos, y á unos ahorcó, y á otros azotó, y á
-otros afrentó, y el Juan Escudero fué uno de los ahorcados; á muchos
-escarmentó que no osaron boquear ni menearse por miedo del tirano.
-Bien creo que parece claro ser aquestas obras, con las de hasta aquí,
-propias de averiguado tirano. Los demas, que eran hombres de calidad,
-y parecian hombres de bien, disimularon y al cabo se hicieron con él,
-no sé si de infidelidad y descognoscimiento de lo que eran obligados á
-hacer para con Diego Velazquez, pudieron ser excusados; y creo que no
-segun lo que sucedió despues. Y porque, como astutísimo, Cortés ninguna
-cosa dejaba de pensar y de hacer que le pareciese convenirle para se
-sustentar en el estado que con sus mañas y astucias usurpó, porque
-no le iba ménos que ser ahorcado por Diego Velazquez y por mandado
-del Rey desque supiese la verdad, ó muerto por los indios, y ésto en
-breve se le podia rodear huyéndose de su tiranía en los navíos alguna
-gente de los que no fueron, mas resistieron, en su eleccion, proveyó
-de que todos los navíos se echasen á fondo, no dejando más de uno en
-que fuesen los procuradores que á Castilla envió; urdiólo desta manera
-para que no le resistiesen, porque si se supiera ninguna duda hobiera
-que la gente, amigos y enemigos, no se lo consistieran hacer. Llamó en
-secreto á los maestres de los navíos, de quien tuvo más confianza, y
-á los contramaestres ó marineros, si de los maestres no se fiaba, y,
-ofreciéndoles promesas y dádivas que los haria bienaventurados, rogóles
-muy encarecidamente que barrenasen los navíos por tantas y por tales
-partes, que por ninguna vía tuviesen sin hundirse remedio, y despues
-de hecho viniesen á él, cuando estuviese mucha gente con él junta, y
-le denunciasen como no podian vencer el agua de los navíos que no se
-fuesen á fondo. Hízose como lo mandó, y mostró cuando se lo dijeron
-mucho sentimiento Cortés, porque sabia bien hacer fingimientos cuando
-le era provechoso, y respondióles que mirasen bien en ello, y que sino
-estaban para navegar, que diesen gracias á Dios por ello, y, pues
-no se podia hacer más, mandó que sacasen todo lo que de provecho en
-ellos hobiese, y lo demas que lo comiese la mar; al cabo lo hobieron
-de sentir la gente, y aína se le amotinaron muchos, y éste fué uno
-de los peligros que pasaron por Cortés de muchos que para matallo de
-los mismos españoles tuvo, pero súpolos aplacar consolándolos con
-la esperanza que de hacellos ricos y bienaventurados les propuso.
-Proveyó luégo enviar á Castilla procuradores, que fueron, á los dichos
-Alonso Puerto Carrero, de Medellin, tierra de Cortés, y á Francisco de
-Montejo, natural de Salamanca, como dije, los cuales llevasen aquel
-presente arriba dicho, y diesen noticia al Rey de aquella tierra,
-gentes y riquezas della, en la cual, por su servicio, habian trabajado
-y esperaban trabajar muy mucho y subjetalle aquel gran Rey y señor muy
-rico della, de que tenian noticia estar la tierra adentro, suplicándole
-que confirmase por gobernador á Cortés, al cual, ellos en su real
-nombre, habian elegido por ser persona de mucho esfuerzo y valor, y
-que habia gastado en aquella armada toda su hacienda, y quejándose de
-Diego Velazquez y aniquilándole cuanto pudieron, negando ó callando
-haber él hecho la dicha armada, fingiendo mil cautelas y afirmando
-muchas otras falsedades y mentiras, y áun dando á entender, que si otro
-alguno enviase á gobernallos no lo rescibirian; grande aunque confitada
-desvergüenza. Esta carta no vido el Emperador, porque, si la viera, no
-les sucederia ni á Cortés ni á sus consortes el negocio tan favorable
-como abajo se parecerá. Partiéronse en aquella nao que de los barrenos
-se escapó, del puerto del Peñon, que llamaron la Villa Rica, por el
-mes de Julio, el año de 1519; llegaron á Sevilla, creo, por Octubre,
-y como allí estuviese el clérigo Benito Martin de vuelta para Cuba,
-hecho Abad de aquella tierra, como se dijo arriba, entendió luégo que
-Cortés se habia alzado á Diego Velazquez, por lo cual los oficiales de
-la Contratacion de Sevilla tomáronles todo el oro que traian, sin lo
-del presente, que era 3.000 castellanos para su gasto, y otros 3.000
-que Cortés enviaba para su padre. Los oficiales de la dicha casa de
-la Contratacion enviaron el presente á Valladolid, para que allí lo
-viese el Rey que venia camino de Barcelona para se ir á la Coruña,
-ya electo Emperador, á embarcar para Flandes. Avisó luégo el clérigo
-Benito Martin y los oficiales de Sevilla al obispo de Búrgos D. Juan de
-Fonseca, que estaba en la Coruña haciendo el armada para en que el Rey
-pasase, el cual escribió luégo una carta al Rey á Barcelona, agraviando
-el alzamiento de Cortés contra Diego Velazquez, y diciendo que debia
-de ahorcar á los procuradores, y que era traidor Cortés y otras cosas
-semejantes; los dichos procuradores y el piloto Alaminos que habia sido
-piloto en todos los dichos tres descubrimientos de Francisco Hernandez,
-Grijalva y Cortés, fueron á Medellin y tomaron á Martin Cortés, padre
-de Cortés, y todos con harta pobreza, porque los oficiales no les
-dieron sino pocos dineros para su gasto, fuéronse hácia Barcelona, y,
-sabiendo en el camino que el Rey era partido, viniéronse con la corte
-hasta llegar á la Coruña, y en este camino los cognoscí yo.
-
-
- FIN DEL TOMO CUARTO.
-
-
-
-
- ÍNDICE.
-
-
- Páginas.
-
-
- ADVERTENCIA PRELIMINAR V
-
- LIBRO TERCERO.--Capítulo XXV 1
-
- Cap. XXVI 5
-
- Cap. XXVII 10
-
- Cap. XXVIII 15
-
- Cap. XXIX 19
-
- Cap. XXX 26
-
- Cap. XXXI 30
-
- Cap. XXXII 36
-
- Cap. XXXIII 40
-
- Cap. XXXIV 45
-
- Cap. XXXV 49
-
- Cap. XXXVI 54
-
- Cap. XXXVII.--En el cual se contiene cómo se hobo el repartidor
- Alburquerque en el repartimiento que hizo.--Como se dijo que
- habia vendido los repartimientos.--Los clamores y quejas que
- dieron dél.--Cómo rezaba la Cédula de la encomienda, y lo que
- proveyó el Rey sobre las quejas que dél á Castilla fueron. 57
-
- Cap. XXXVIII 63
-
- Cap. XXXIX 66
-
- Cap. XL 72
-
- Cap. XLI 76
-
- Cap. XLII 80
-
- Cap. XLIII 84
-
- Cap. XLIV 89
-
- Cap. XLV 95
-
- Cap. XLVI 100
-
- Cap. XLVII 104
-
- Cap. XLVIII 109
-
- Cap. XLIX 114
-
- Cap. L 119
-
- Cap. LI 125
-
- Cap. LII 131
-
- Cap. LIII 135
-
- Cap. LIV.--En el cual se contiene la Instruccion que el Rey
- mandó dar á Pedrárias, cómo se habia de haber con los indios,
- atrayéndolos por bien á la fe, y no consintiendo que se les
- hiciese mal alguno. 139
-
- Cap. LV 143
-
- Cap. LVI 148
-
- Cap. LVII 154
-
- Cap. LVIII 158
-
- Cap. LIX 164
-
- Cap. LX 169
-
- Cap. LXI 172
-
- Cap. LXII 175
-
- Cap. LXIII 180
-
- Cap. LXIV 185
-
- Cap. LXV 188
-
- Cap. LXVI 192
-
- Cap. LXVII 198
-
- Cap. LXVIII 203
-
- Cap. LXIX 207
-
- Cap. LXX 211
-
- Cap. LXXI 216
-
- Cap. LXXII 220
-
- Cap. LXXIII 226
-
- Cap. LXXIV 230
-
- Cap. LXXV 235
-
- Cap. LXXVI 240
-
- Cap. LXXVII 245
-
- Cap. LXXVIII 249
-
- Cap. LXXIX 253
-
- Cap. LXXX 258
-
- Cap. LXXXI 262
-
- Cap. LXXXII 268
-
- Cap. LXXXIII 272
-
- Cap. LXXXIV 277
-
- Cap. LXXXV 281
-
- Cap. LXXXVI 285
-
- Cap. LXXXVII 291
-
- Cap. LXXXVIII.--En el cual se contiene la Instruccion que
- llevaron los frailes Hierónimos, cerca de lo que habian de
- hacer para poner en libertad los indios, y primero se puso
- cierto preámbulo. 296
-
- Cap. LXXXIX 309
-
- Cap. XC 316
-
- Cap. XCI 321
-
- Cap. XCII 326
-
- Cap. XCIII 332
-
- Cap. XCIV 336
-
- Cap. XCV 343
-
- Cap. XCVI 348
-
- Cap. XCVII 354
-
- Cap. XCVIII 358
-
- Cap. XCIX 364
-
- Cap. C 368
-
- Cap. CI 374
-
- Cap. CII 379
-
- Cap. CIII 385
-
- Cap. CIV 391
-
- Cap. CV 398
-
- Cap. CVI 405
-
- Cap. CVII 411
-
- Cap. CVIII 415
-
- Cap. CIX 421
-
- Cap. CX 425
-
- Cap. CXI 428
-
- Cap. CXII 433
-
- Cap. CXIII 439
-
- Cap. CXIV 445
-
- Cap. CXV 450
-
- Cap. CXVI 455
-
- Cap. CXVII 460
-
- Cap. CXVIII 465
-
- Cap. CXIX 470
-
- Cap. CXX 475
-
- Cap. CXXI 481
-
- Cap. CXXII 487
-
- Cap. CXXIII 494
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias (vol. 4 de 5), by
-Bartolomé de las Casas
-
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- The Project Gutenberg eBook of Historia de las Indias, Tomo IV, by Fray Bartolomé De Las Casas.
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-
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-<pre>
-
-The Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias (vol. 4 de 5), by
-Bartolomé de las Casas
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
-almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
-re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
-with this eBook or online at www.gutenberg.org/license
-
-
-Title: Historia de las Indias (vol. 4 de 5)
-
-Author: Bartolomé de las Casas
-
-Release Date: January 1, 2018 [EBook #56283]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS (VOL. 4/5) ***
-
-
-
-
-Produced by Josep Cols Canals and the Online Distributed
-Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was
-produced from images generously made available by The
-Internet Archive/American Libraries.)
-
-
-
-
-
-
-</pre>
-
-
-<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/>
-
-Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br />
- Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br />
-
- Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/>
-La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p>
-<hr class="chap" />
-
-
-
-<div class="chapter">
-<h1>HISTORIA DE LAS INDIAS</h1>
-
-<p class="center">ESCRITA POR</p>
-
-<p class="p2 center">FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS<br />
-OBISPO DE CHIAPA</p>
-
-<p class="p2 center">AHORA POR PRIMERA VEZ DADA Á LUZ<br />
-POR<br />
-EL MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE<br />
-Y D. JOSÉ SANCHO RAYON.</p>
-
-<p class="p4 center">TOMO IV.</p>
-
-<p class="p4 center">MADRID<br />
-IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA<br />
-calle de Campomanes, núm. 8.<br />
-1876</p><hr class="chap" /></div>
-
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_v" id="Page_v">[v]</a></span></p>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<h2 id="PRELIMINAR">ADVERTENCIA PRELIMINAR.</h2></div>
-
-
-
-<p>En los primeros capítulos del presente volúmen
-se da cuenta de la entrada de Diego Velazquez en la
-isla de Cuba, en 1511, y de lo demas ocurrido en
-ella hasta 1513 (capítulos 25 al 32), dando de paso
-curiosas noticias de Hernando Cortés (27). Matan
-los indios de Cumaná á fray Francisco de Córdoba
-y fray Juan Garcés (33 y 34). Sucesos de la isla
-Española, y en especial lo que ocurrió al obispo don
-Alonso Manso (35) y al primer repartidor de indios
-independiente del Gobernador, que fué nombrado por
-el Rey, llamado Rodrigo de Alburquerque (36 y 37);
-á quien suceden en dicho cargo de repartidores de
-indios, el licenciado Ibarra, Cristóbal Lebron, y fray
-Pedro Mexía (38). Lo ocurrido en el Darien, en los
-años 1512 á 1514, á los que estaban bajo las órdenes
-de Vasco Nuñez (39 al 52), quien descubre el mar
-del Sur en 25 de Setiembre de 1513 (48). Nombramiento
-de Pedrárias Dávila en lugar de Vasco<span class="pagenum"><a name="Page_vi" id="Page_vi">[vi]</a></span>
-Nuñez, y instrucciones que lleva á tierra firme, las
-cuales critica largamente nuestro Autor (52 al 68);
-sale Pedrárias de Sevilla en 1514 (59), y, llegado
-al Darien, toma residencia á Vasco Nuñez á quien
-da por libre de los cargos que se le hacian (60); siguiéndose
-la narracion de lo hecho por ambos en
-aquellas tierras, hasta que Pedrárias mandó cortar
-la cabeza á Vasco Nuñez (61 al 77). Vuélvese á
-tratar de Cuba, donde entónces residia el clérigo
-Casas, quien en vista de la despoblacion de la isla,
-por lo mal que se trataba á los naturales, renuncia
-en Diego Velazquez un repartimiento que tenia, y
-se propone venir á España y emplear en libertar á
-los indios lo poco que le quedaba, y la fortuna de su
-amigo Juan de la Rentería, quien la puso á su disposicion
-para este objeto (78 al 80). Llegan por entónces
-á Cuba cuatro religiosos, procedentes de la
-isla Española, y predican juntamente con el clérigo
-Casas en favor de los indios (81), de los cuales se
-ahorcan muchos de desesperacion y otros se envenenan
-con el zumo de la yuca (82). Embárcase
-Casas para España, por Setiembre de 1515 (83), y
-es bien recibido en Plasencia por el Rey católico,
-quien ofrece oirle en Sevilla para donde estaba de
-partida; muerto el Rey en el camino de Sevilla (84),
-sigue sus gestiones con el cardenal Ximenez de Cisneros,
-y consigue que se envien á la Española, con
-nuevas instrucciones y amplios poderes, tres religiosos
-de la órden de San Jerónimo (85 al 90), los
-cuales se embarcan en Sant Lúcar, en 11 de Noviembre
-de 1516 (91), y llegan á Sancto Domingo trece<span class="pagenum"><a name="Page_vii" id="Page_vii">[vii]</a></span>
-dias ántes que Casas; quien convencido en seguida
-del poco fruto que se podia esperar de ellos para el
-bien de los indios (92 al 94), se embarca de nuevo
-para España (95). Volviendo á tomar el hilo de los
-sucesos de las islas, desde 1516 (93), dáse cuenta
-del descubrimiento de la isla de Cozumel por Francisco
-Hernandez (96 y 97), y del cabo de Cotoche
-en Yucatán por el mismo (98). Nuevas gestiones de
-Casas en la corte en favor de los indios, hasta el
-año de 1518 (99 al 105). Sucesos en tierra firme
-bajo la gobernacion de Pedrárias (106 al 108). Continúase
-el descubrimiento de la tierra de Yucatán
-por Juan de Grijalva, enviado por Diego Velazquez
-(109 al 114), quien nombra despues para seguir dicho
-descubrimiento y poblar á Hernando Cortés (114);
-salida de éste de Cuba en 18 de Noviembre de 1518
-(115), y sucesos de su expedicion hasta Julio de 1519,
-en que manda á Castilla por procuradores á Alonso
-Puerto Carrero y Francisco de Montejo, á dar cuenta
-al Emperador de su descubrimiento, en vez de
-darla á Diego Velazquez, que habia hecho casi todos
-los gastos de la armada (116 al 123).</p><hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_1" id="Page_1">[1]</a></span></p>
-
-
-<p class="p6 center large">HISTORIA DE LAS INDIAS.</p>
-
-<h2>LIBRO TERCERO.</h2>
-
-<h2 id="XXV">CAPÍTULO XXV.</h2></div>
-
-
-<p>Explanado queda lo que tuvimos entendido de la isla de
-Cuba, y de lo que en ella hallamos, y de las gentes que la moraban
-ó habitaban, resta ya referir de la pasada que á ella
-hicimos los cristianos, puesto que yo no pasé con él, sino
-despues, desde á cuatro ó cinco meses, en otro viaje. Partió
-Diego Velazquez con sus 300 hombres de la villa de la Çabana,
-desta isla Española, en fin, á lo que creo, del año de 1511, y
-creo que fué, si no me he olvidado, á desembarcar á un puerto
-llamado de Palmas, que era en la tierra, ó cerca della, donde
-reinaba el señor que dije haberse huido de esta isla y llamarse
-Hatuey, y que habia juntado su gente y mostrádoles lo que
-amaban los cristianos como á señor propio, que era el oro,
-como pareció en el cap. 21. Sabida la llegada de los nuestros,
-y entendido que de su venida no podia resultarles sino la servidumbre
-y tormentos y perdicion que en esta Española habian
-ya muchos dellos visto y experimentado, acordaron de
-tomar el remedio, que la misma razon dicta en los hombres
-que deben tomar, y la naturaleza áun á los animales y á las<span class="pagenum"><a name="Page_2" id="Page_2">[2]</a></span>
-cosas insensibles que no tienen cognoscimiento alguno enseña,
-que, contra lo que corrompe y deshace su ser, deban tomar, y
-éste es la defension. Pusiéronse, pues, en defensa con sus barrigas
-desnudas y pocas y débiles armas, que eran los arcos y
-flechas, que poco más son que arcos de niños, donde no hay
-hierba ponzoñosa como allí no la hay, ó no las tiran de cerca
-á cincuenta ó sesenta pasos, lo que pocas veces se les ofrece
-hacer, sino de léjos, porque la mayor arma que ellos tienen
-es huir de los españoles, y así conviéneles siempre no pelear
-de cerca con ellos. Los españoles, los que alcanzaban, no era
-menester animallos ni mostralles lo que habian de hacer. Guarecióles
-mucho á los indios ser toda la provincia montes y por
-allí sierras, donde no podian servirse de los caballos, y porque
-luégo que los indios hacen una vez cara con una gran
-grita, y son de los españoles lastimados con las espadas, y
-peor cuando de los arcabuces y alcanzados de los caballos,
-su remedio no está sino en huir y desparcirse por los montes
-donde se pueden esconder, así lo hicieron éstos, los cuales,
-hecha cara en algunos pasos malos, esperando á los españoles
-algunas veces, y tiradas sus flechas sin fruto, porque ni mataron
-ni creo que hirieron jamás alguno, pasados en ésto dos
-ó tres meses, acordaron de se esconder; siguióse luégo, como
-siempre se suele seguir, andar los españoles á cazallos por
-los montes, que llaman ellos ranchear, vocablo entre ellos
-muy famoso y entre ellos muy usado y celebrado, y donde
-quiera que hallaban manada de indios, luégo, como daban
-en ellos, mataban hombres y mujeres, y áun niños, á estocadas
-y cuchilladas, los que se les antojaba, y los demas ataban,
-y llevados ante Diego Velazquez, repartíaselos á uno tantos y
-á otro tantos, segun él juzgaba, no por esclavos, sino para que
-le sirviesen perpétuamente como esclavos y áun peor que esclavos,
-sólo era que no los podian vender, al ménos á la clara,
-que de secreto y con sus cambalaches hartas veces se há
-en estas tierras usado. Estos indios así dados, llamaban piezas
-por comun vocablo, diciendo: «yo no tengo sino tantas
-piezas y hé menester para que me sirvan tantas», de la misma<span class="pagenum"><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span>
-manera que si fueran ganado. Viendo el cacique Hatuey que
-pelear contra los españoles era en vano, como ya tenia larga
-experiencia en esta isla por sus pecados, acordó de ponerse
-en recaudo huyendo y escondiéndose por las breñas, con hartas
-angustias y hambres, como las suelen padecer los indios
-cuando de aquella manera andan, si pudiera escaparse. Y sabido
-de los indios que tomaban quién era (porque lo primero
-que se pregunta es por los señores y principales para despachallos,
-porque, aquellos muertos, fácil cosa es á los demas
-sojuzgallos), dándose cuanta priesa y diligencia pudieron en
-andar tras él muchas cuadrillas para tomallo, por mandado
-de Diego Velazquez, anduvieron muchos dias en esta demanda,
-y á cuantos indios tomaban á vida interrogaban con amenazas
-y con tormentos, que dijesen del cacique Hatuey dónde
-estaba; dellos decian que no sabian, dellos, sufriendo los tormentos,
-negaban, dellos, finalmente, descubrieron por dónde
-andaba, y al cabo lo hallaron. El cual, preso como á hombre
-que habia cometido crímen? <i>lesæ majestatis</i>, yéndose huyendo
-desta isla á aquella, por salvar la vida de muerte y persecucion
-tan horrible, cruel y tiránica, siendo Rey y señor en su
-tierra sin ofender á nadie, despojado de su señorío, dignidad
-y estado, y de sus súbditos y vasallos, sentenciáronlo á que
-vivo lo quemasen, y para que su injusta muerte la divina justicia
-no vengase sino que la olvidase, acaeció en ella una señalada
-y lamentable circunstancia: cuando lo querian quemar,
-estando atado al palo, un religioso de Sant Francisco, le
-dijo como mejor pudo que muriese cristiano y se baptizase;
-respondió, que ¿para qué habia de ser como los cristianos, que
-eran malos? Replicó el Padre, porque los que mueren cristianos
-van al cielo y allí están viendo siempre á Dios y
-holgándose; tornó á preguntar si iban al cielo cristianos, dijo
-el Padre que sí iban los que eran buenos: concluyó diciendo
-que no queria ir allá, pues ellos allá iban y estaban. Esto
-acaeció al tiempo que lo querian quemar, y así luégo pusieron
-á la leña fuego y lo quemaron. Esta fué la justicia que
-hicieron de quien tanta contra los españoles tenia para des<span class="pagenum"><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span>truillos
-y matallos como á injustísimos y crueles enemigos capitales,
-no por más de porque huia de sus inícuas é inhumanas
-crueldades; y ésta fué tambien la honra que á Dios se dió,
-y la estima de su bienaventuranza que tiene para sus predestinados,
-que con su sangre redimió, que sembraron en aquel
-infiel, que pudiera quizá salvarse, los que se llamaban y arreaban
-de llamarse cristianos. ¿Qué otra cosa fué decir que no
-queria ir al cielo, pues allá iban cristianos, sino argüir que
-no podia ser buen lugar, pues á tan malos hombres se les
-daba por eterna morada? En ésto paró el Hatuey, que, cuando
-supo que para pasar desta isla á aquella los españoles se aparejaban,
-juntó su gente para la avisar por qué causa les eran
-tan crueles y malos, conviene á saber, por haber oro, que era
-el Dios que mucho amaban y adoraban. Bien parece que los
-cognoscia, y que con prudencia y buena razon de hombre
-temia venir á sus manos, y que no le podia venir dellos otra
-utilidad, otro bien, ni otro consuelo, al cabo, sino el que
-le vino.</p>
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span></p>
-
-
-
-
-<h2 id="XXVI">CAPÍTULO XXVI.</h2></div>
-
-<p>Quemado el Hatuey, como las gentes de por allí lo tenian
-por hombre y señor esforzado, de miedo puro que se les
-arraigó en las entrañas, debajo de la tierra, si pudieran meterse,
-trabajaran por huir de las manos de los cristianos, y
-así no habia ya hombre por toda aquella provincia, que llamaban
-de Maycí, la última sílaba luenga, que parase ni se
-juntase con otro, por hacer ménos rastro y no ser tomados,
-y algunos se venian á dar á los españoles, llorando, pidiendo
-perdon y misericordia, y que los servirian porque no les hiciesen
-mal. En este tiempo, sabido en la isla de Jamáica que
-Diego Velazquez habia pasado á poblar y á pacificar, como
-ellos solian, y hoy áun suelen decir, la isla de Cuba, Juan de
-Esquivel, que allí era Teniente y la habia cuasi destruido,
-acordó enviar, ó ellos mismos se movieron y le pidieron licencia
-para pasar á ella, á ayudar á Diego Velazquez, á un
-Pánfilo de Narvaez, natural de Valladolid, que por parte de
-ser Diego Velazquez, de Cuéllar, que está cerca, le era aficionado,
-con 30 hombres españoles, todos flecheros, con sus arcos
-y flechas, en el ejercicio de las cuales estaban más que
-indios ejercitados. Este Pánfilo de Narvaez era un hombre de
-persona autorizada, alto de cuerpo, algo rubio, que tiraba á
-ser rojo, honrado, cuerdo, pero no muy prudente, de buena
-conversacion, de buenas costumbres, y tambien para pelear
-con indios esforzado, y debíalo ser quizá para con otras gentes,
-pero sobre todo tenia esta falta, que era muy descuidado,
-del cual hay harto que referir abajo. Este, con su cuadrilla
-flechera, fué bien rescibido de Diego Velazquez, aunque maldito
-el provecho de su venida resultó á los indios, y luégo les
-dió piezas, como si fueran cabezas de ganado, para que les<span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span>
-sirviesen, puesto que ellos traian de los indios de Jamáica
-algunos que los servian donde quiera que andaban. A este
-Narvaez hizo Diego Velazquez su Capitan principal, siempre
-honrándolo, de manera que despues dél tuvo en aquella isla
-el primer lugar. Luégo, desde á pocos dias, pasé yo allá habiendo
-enviado por mí el dicho Diego Velazquez, por el amistad
-que en esta isla habiamos tenido pasada, y anduvimos
-juntos Narvaez y yo, asegurando todo el resto de aquella isla
-para mal de toda ella, como se verá, cerca de dos años. Hostigados
-y atemorizados los indios de aquella provincia de Maycí,
-como está dicho, comenzó Diego Velazquez á pensar en repartir
-los indios della por los españoles, como habia hecho en
-esta isla el Comendador Mayor, y él mismo en las cinco villas
-de que habia sido Teniente, como arriba queda referido, y
-éste es como ha sido todo su bienaventurado fin, segun que
-por los precedentes libros ha parecido, y para ésto constituyó
-una villa en un puerto en la mar del Norte, cuyo asiento llamaban
-los indios Baracóa, la penúltima luenga, que estaba
-en comarca de aquella provincia de Maycí, la cual fué la primera
-de aquella isla, á la cual, por ser la primera villa, decia
-que habia de repartir á los vecinos della 200.000 indios. Desde
-la villa de Baracóa, envió á Narvaez con 25 ó 30 hombres
-á una provincia llamada el Bayámo, la media sílaba luenga,
-tierra llana y descubierta de montes y harto graciosa, que
-dista de Baracóa, si no me he olvidado, 40 ó 50 leguas, la isla
-abajo hácia el Poniente, para asegurar los indios y gente natural
-della por bien y si nó por guerra, porque miéntras no
-los tienen seguros, no pueden repartillos ni servirse dellos, que
-es, como dije, su último fin; Narvaez sólo llevaba una yegua
-en que iba, los otros todos á pié. Llegado á la provincia, la
-gente de los pueblos salíanlos á rescibir con sus presentes de
-comida, porque oro ni otras joyas ó riquezas, no las estimaban
-ni cognoscian, espantados de ver aquel animal tan grande,
-que nunca habian visto, y que subido un hombre encima
-tantas cosas en él hiciese, y en especial que aquella yegua
-que Narvaez tenia era brava, y en revolverse de una parte á<span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span>
-otra echaba las piernas de tal manera que parecia tirar grandes
-coces. Aposentáronse todos los españoles en cierto pueblo
-de indios, y como habian oido sus nuevas de la quema del
-cacique Hatuey é las muertes y corrimiento de los vecinos y
-gente de la provincia de Maycí, é que no esperaban que ménos
-harian en ellos, y las importunidades que cada hora les hacian,
-y los ojos á las mujeres y á las hijas, y por ventura las
-manos, que en alguna dellas ponian, porque ésta es costumbre
-en los nuestros usada y en estas tierras antigua, acordaron
-todos los indios de la provincia de ahorrar dellos, si pudiesen,
-lo cual tuvieron por cierto como no fuesen más, creo que,
-de 25. Y aunque Narvaez no era, como dije, muy cuidoso, en
-el bohío ó casa de paja en que estaba aposentado tenia tambien
-su yegua metida, y habia ordenado que hobiese velas de
-noche y espías. Juntáronse de toda la provincia cerca de
-7.000 indios con sus arcos y flechas, desnudos en cueros,
-porque, como en esta isla, desnudos vivian, segun lo acostumbraban
-comunmente los de las tierras calientes en estas Indias.
-Vinieron sobre Narvaez y los suyos, una noche despues
-de la media pasada, lo cual pocas veces los indios destas islas
-hacian; hiciéronse sobre dos partes, ordenando que la una entrase
-en el pueblo por un lado, y la otra por otro, y del buen
-recaudo de los españoles hallaron durmiendo las velas ó espías,
-y fué cosa graciosa que, por codicia de robar el hato de
-los españoles, que no era otro sino vestidos (porque siempre
-los indios desque vieron á los españoles vestidos, siempre codiciaron
-vestirse), no aguardaron el tiempo y sazon que concertado
-habian, y así la una parte ó escuadron dióse más
-priesa por robar que la otra, y entra en el pueblo dando grita
-sin ser sentidos. Despertó Narvaez atónito, que á sueño suelto
-dormia, y los demas que no tenian para dormir ménos brío;
-entraban los indios en los bohíos ó casas de paja, y topaban
-con los españoles, ni los mataban ni los herian, sino curando
-de apañar ropa, era todo el fin que cada uno pretendia. Los
-españoles topaban con los indios, y como estaban en profundo
-sueño dormidos, y fué súpita la gran grita, que suele ser<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span>
-terrible la de los indios, andaban atónitos, no entrando en
-acuerdo, ni advirtiendo lo que era ni si morian ó vivian. Los
-indios domésticos, que Narvaez habia traido de Jamáica, encendieron
-tizones del fuego que allí tenian, y así como los
-indios de fuera vieron con la lumbre al Narvaez, que ya comenzaba
-á entrar en acuerdo, uno dellos arrójale una gran
-piedra, y dále en los pechos cerca de la boca del estómago,
-que dió con él cuasi muerto en el suelo, y así despertó del
-todo, y dijo á un fraile bueno que allí tenia consigo, de la órden
-de Sant Francisco: «¡Ay padre que me ha muerto!» Consolóle
-el religioso y esforzóle lo mejor que pudo, y, tornado en
-sí, ensillan la yegua con la priesa que pudieron, y enfrénanla
-con harta dificultad porque era de tal hechura, y sube Narvaez
-en ella descalzo de pié y pierna, y sólo una camisa de algodon
-sobre otra de lienzo de Castilla, y echa un pretal de cascabeles
-en el arzon de la silla, y no hizo más de arremeter por la
-plaza una carrera, sin tocar en ningun indio, porque en sintiendo
-que salia con la yegua, todos se habian por el monte
-que estaba cerca acogido. Fué tanto el temor que de la yegua
-tuvieron y del sonido de los cascabeles, pensando que cada
-uno era un millar de enemigos (cosa maravillosa es de decir),
-que no pararon, hombre ni mujer ni hijos, huyendo hasta otra
-provincia llamada Camagüéy, la penúltima luenga, que distaba
-de aquella 50 leguas, y áun de despoblado camino. Por
-manera que, por adelantarse á robar la ropa de los españoles,
-no guardando la órden y tiempo y sazon que los Capitanes
-habian ordenado, perdieron su negocio é intento los indios,
-porque si juntos, á una, dieran en el pueblo, hecho fuera de
-Narvaez y de sus 25; no debe ser aquel caso el primero que
-en el mundo ha acaecido, conviene á saber, perder las batallas
-por robar los despojos la gente de guerra, y así por mala
-cudicia. Hizo luégo mensajeros Narvaez á Diego Velazquez,
-sobre lo acaecido, el cual determinó de ir allá con gente donde
-residió algunos meses; no pareció persona por toda la provincia,
-sino eran algunos muy viejos y enfermos que no pudieron
-huir, y éstos descubrieron como toda la gente habia<span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span>
-huido á la provincia de Camagüéy. Siguió el alcance Narvaez
-desque lo supo, pero, como fué tarde y llevaba poca gente, no
-se atrevió á entrar en la provincia de Camagüéy, porque tenia
-noticia que tenia muchos vecinos, y así se tornó sin hallar
-algun indio.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span></p>
-
-
-<h2 id="XXVII">CAPÍTULO XXVII.</h2></div>
-
-
-<p>Antes que Diego Velazquez de la villa de Baracóa se moviese,
-ni supiese lo que á Narvaez habia acaecido, sucedió lo
-que aquí agora diré. Entre la gente que allí con Diego Velazquez
-estaba, habia dél y de su gobernacion algunos descontentos,
-ó porque no les hacia, segun ellos estimaban de sí,
-tan buen tractamiento como quisieran, en especial un Francisco
-de Morales, natural de Sevilla, hombre de auctoridad y
-persona honrada, y que el Almirante habia enviado con Diego
-Velazquez por Capitan en aquella isla, y que el Diego Velazquez
-no le pudiese remover, aunque todavía sujeto á Diego
-Velazquez, por manera que habia entre los que allí estaban
-ya parcialidad. Diego Velazquez, viendo que su gobernacion
-buena ó mala, se le perturbaba, hizo proceso contra el Morales
-y envióle preso á esta isla al Almirante, el cual ido, ó nació
-de aquí ó de otros principios ó personas, las quejas del
-teniente Diego Velazquez crescian de cada dia. En este tiempo
-vino á Cuba nueva como eran llegados á esta isla Española
-los jueces de apelacion, y acordaron los quejosos de Diego
-Velazquez de hacer sus informaciones secretas y allegar sus
-memoriales y tomar sus firmas, para se enviar á quejar á los
-dichos jueces, como á justicias superiores que enviaba el Rey,
-y no hallaron otro más á mano y más atrevido á cualquiera
-peligro, porque habia de pasar á esta isla en una canoa ó
-barquillo de los indios, en mar tan alta, y como suele ser tan
-brava, sino á Hernando Cortés, criado y secretario del dicho
-Diego Velazquez, que desta isla lo habia llevado consigo, siendo
-escribano público en esta isla de la villa de Açua. Tenia
-Diego Velazquez dos secretarios; uno, este Hernando Cortés,<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span>
-y Otro Andrés de Duero, tamaño como un codo, pero cuerdo
-y muy callado y escribia bien. Cortés le hacia ventaja en ser
-latino, solamente porque habia estudiado leyes en Salamanca
-y era en ellas Bachiller, en lo demas, era hablador y decia
-gracias, y más dado á comunicar con otros que Duero, y así
-no tan dispuesto para ser secretario. Era muy resabido y recatado,
-puesto que no mostraba saber tanto, ni ser de tanta
-habilidad como despues lo mostró en cosas árduas; era natural
-de Medellin, hijo de un escudero que yo cognoscí, harto
-pobre y humilde, aunque cristiano viejo y dicen que hidalgo.
-A éste, como comencé á decir, hallaron los quejosos aparejado
-para llevar sus quejas, cartas y despachos, ó porque él
-lo estaba tambien quejoso de su amo Diego Velazquez; estando
-para se embarcar en una canoa de indios con sus papeles,
-fué Diego Velazquez avisado y hízolo prender y quísolo ahorcar.
-Rogáronle muchas personas por él, mandólo echar en un
-navío para enviallo preso á esta isla Española, soltóse por
-cierta manera del navío y metióse de noche en el batel, y vínose
-á la iglesia, y estuvo allí algun dia; un Juan Escudero,
-que era alguacil (que él despues ahorcó en la Nueva
-España), aguardó su tiempo, y paseándose Cortés fuera de la
-iglesia, lo tornó á prender. Crecida la ira en Diego Velazquez,
-túvolo muchos dias preso, y al cabo (Diego Velazquez era
-bien acondicionado y durábale poco el enojo), rogándole muchos
-por él que lo perdonase, hóbolo de hacer, pero no le
-quiso tornar á rescebir en su servicio de secretario. Gomara,
-clérigo, que escribió la Historia de Cortés, que vivió con él
-en Castilla siendo ya Marqués, y no vido cosa ninguna, ni jamás
-estuvo en las Indias, y no escribió cosa sino lo que el
-mismo Cortés le dijo, compone muchas cosas en favor dél, que,
-cierto, no son verdad, y entre otras, dice, hablando en el principio
-de la conquista de Méjico, que no quiso hablar en muchos
-dias de enojado á Diego Velazquez, y que una noche
-fué armado donde Diego Velazquez estaba sólo con solos sus
-criados, y que entró en la casa, y que temió Diego Velazquez
-cuando lo vido á tal hora y armado, y que le rogó que cenase<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span>
-y descansase, y Cortés respondió que no venia sino á saber
-las quejas que tenia dél, y á satisfacerle y á ser su amigo y
-servidor, y que se tocaron las manos por amigos, y que durmieron
-ambos aquella noche en una cama. Esto es todo gran
-falsedad, y cualquiera cuerdo puede fácilmente juzgar áun de
-las mismas palabras que, en su compostura, Gomara, su criado
-y su historiador, allí dice, porque siendo Diego Velazquez,
-Gobernador de toda la isla, como él allí concede, y Cortés un
-hombre particular, dejado aparte ser su criado y secretario,
-y que le habia tenido preso y querido ahorcar, y que lo pudiera
-hacer justa ó injustamente, ¡qué diga Gomara que no le
-quiso hablar por muchos dias, y que habia ido armado á preguntar
-que qué quejas tenia dél, y que iba á ser su amigo, y
-que se tocaron las manos, y que durmieron aquella noche en
-una cama! Yo vide á Cortés en aquellos dias, ó muy pocos
-despues, tan bajo y tan humilde, que del más chico criado
-que Diego Velazquez tenia quisiera tener favor; y no era
-Diego Velazquez de tan poca cólera, ni áun de tan poca gravedad,
-que aunque por otra parte cuando estaba en conversacion
-era muy afable y humano, pero cuando era menester,
-y si se enojaba, temblaban los que estaban delante dél, y
-queria siempre que le tuviesen toda reverencia, y ninguno se
-sentaba en su presencia aunque fuese muy caballero, por lo
-cual, si él sintiera de Cortés una punta de alfiler de cerviguillo
-y presuncion, ó lo ahorcara, ó á lo ménos lo echara de la
-tierra y lo sumiera en ella sin que alzara cabeza en su vida.
-Así que Gomara mucho se alarga imponiendo á Cortés, su
-amo, lo que en aquellos tiempos, no sólo por pensamiento
-estando despierto, pero ni durmiendo, por sueños, parece poder
-pasarse. Pero como el mismo Cortés, despues de Marqués,
-dictó lo que habia de escribir Gomara, no podia sino fingir de
-sí todo lo que le era favorable; porque como subió tan de súpito
-de tan bajo á tan alto estado, ni áun hijo de hombre,
-sino de Júpiter desde su origen, quisiera ser estimado. Y así,
-deste jaez y por este camino fué toda la historia de Gomara
-ordenada, porque no escribió otra cosa sino lo que Cortés de<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span>
-sí mismo testificaba, con que al mundo, que no sabia de su
-principio medio y fin cosa, Cortés y Gomara encandilaron,
-como abajo, placiendo á Dios amador de verdad, parecerá. Lo
-cual por agora dejado, despues que Diego Velazquez determinó
-que se hiciesen pueblos ó villas de españoles en las provincias
-de aquella isla, y repartió los indios á los tales vecinos,
-como la historia dirá, perdido todo el enojo de Cortés,
-dióle tambien indios y su vecindad, y tractóle bien, y honróle
-haciéndole Alcalde ordinario en la villa, que despues fué ciudad,
-de Sanctiago, donde lo habia avecindado; porque desta
-condicion era, cierto, Diego Velazquez, que todo lo perdonaba
-pasado el primer ímpetu, como hombre no vindicativo sino
-que usaba de benignidad. Tambien de su parte Cortés no se
-descuidaba de serville y agradalle, y no enojalle en cosa chica
-ni grande, como era astutísimo, de manera que del todo tornó
-á ganalle, y á descuidalle, como de ántes. Tuvo Cortés un
-hijo ó hija, no sé si en su mujer, y suplicó á Diego Velazquez
-que tuviese por bien de se lo sacar de la pila en el baptismo
-y ser su compadre, lo que Diego Velazquez aceptó, por honralle,
-de buena voluntad. Todas estas honras y favores, que
-Diego Velazquez dió y hizo á Cortés, se le tornaron en daño
-y perdicion á él por el desagradecimiento de Cortés. Dióse
-buena priesa Cortés, poniendo diligencia en que los indios que
-le habia repartido Diego Velazquez, le sacasen mucha cantidad
-de oro, que era el hipo de todos, y así, le sacaron dos
-ó tres mil pesos de oro, que para en aquellos tiempos era
-gran riqueza; los que por sacarle el oro murieron, Dios habrá
-tenido mejor cuenta que yo. Porque dije que tenia mujer, así
-fué, que en el tiempo de sus disfavores Cortés se casó con
-una doncella, (aunque Gomara parece decir que primero la
-hobo), hermana de un Juan Suarez, natural de Granada, que
-allí habian pasado con su madre, gente pobre, y parece que
-le debia de haber prometido que se casaria con ella y despues
-lo rehusaba. Y dice Gomara, que porque no queria casarse
-y cumplir la palabra, estuvo Diego Velazquez mal con
-él, y no era fuera de razon ni de justicia, pues era Goberna<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span>dor,
-y aunque no lo fuera. Así que casóse al cabo, no más rico
-que su mujer; y en aquellos dias de su pobreza, humildad y
-bajo estado, le oí decir, y estando conmigo me lo dijo, que
-estaba tan contento con ella como si fuera hija de una Duquesa.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p>
-
-<h2 id="XXVIII">CAPÍTULO XXVIII.</h2></div>
-
-
-<p>Tornando al lugar provincia y pueblo donde dejamos á
-Diego Velazquez, despues de algunos dias, por nuevas de indios,
-supo Diego Velazquez que habia llegado un navío, y en
-él ciertos españoles al puerto de Xagua, que estaba de allí
-cerca de 200 leguas, por lo cual envió una canoa bien esquifada
-de indios remadores, con una carta en que les decia que se
-viniesen á donde él estaba, quien quiera que fuesen. Llegada
-la carta, holgóse mucho el Capitan, que era Sebastian de Campo,
-que fué al que envió el Comendador Mayor á que bojase
-aquella isla el año de 8, segun que arriba, en el libro II, capítulo
-41, dijimos; holgáronse tambien los que con él venian.
-Este habia cargado un navío, suyo ó con otros en compañía,
-de vino y mantenimientos para vender á los que estaban en
-el Darien, y, despachada su mercadería, tornábase para esta
-isla, y llegado allí, como sabia aquel puerto y traia muy perdido
-el navío, dejólo allí, y tres pipas de vino y cuatro españoles
-que las guardasen, y embarcóse en la canoa con los
-españoles marineros que traia, que serian 12 ó 15, y vínose
-á donde Diego Velazquez estaba, el cual muy graciosamente
-recibiólo. Bien pudieran los indios de Xagua matarlo á él y
-á los suyos, sin que dellos memoria hobiera, pero no lo hicieron,
-ántes á todos y á los cuatro tractaron como á hijos. Desde
-á poco tiempo vinieron á Diego Velazquez nuevas como
-habia llegado al pueblo y puerto de Baracóa, Cristóbal de
-Cuéllar, Tesorero de aquella isla, y que habia sido Contador
-desta, con su hija, doña María de Cuéllar, que habia traido
-consigo, por doncella suya, doña María de Toledo, mujer del
-almirante D. Diego; tenia ya concertado con Diego Velazquez,
-por cartas, de dársela por mujer y él de rescebilla. Este<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span>
-Cristóbal de Cuéllar era hombre muy prudente, cuanto á
-este mundo, y habia servido al príncipe D. Juan de darle la
-copa cuando habia de beber. Mostróse siempre en esta isla y
-en aquella demasiadamente servidor del Rey é celador de
-su hacienda; y dije demasiadamente, porque solia decir que
-por el servicio del Rey daria dos ó tres tumbos en el infierno.
-Bien podia ser que lo dijese por gracia, pero gracia era desgraciada
-y de mal ejemplo para cualquiera cristiano. Mucho
-debemos á los Reyes, y la Escritura Divina nos mandó que
-los honorifiquemos, obedezcamos, temamos, sirvamos, y la
-honra y tributos que se les debe les demos; pero no á
-tanta costa como es dar por ellos tumbos en el infierno, porque
-no es otra cosa sino posponer á Dios, menospreciándolo
-por los Reyes. Así que, sabida por Diego Velazquez la venida
-del tesorero Cristóbal de Cuéllar y su hija, que traia para
-dársela por mujer, despachóse de allí para ir á celebrar sus
-bodas, y dejó allí con 50 hombres á Juan de Grijalva, por
-Capitan, mancebo sin barbas, aunque mancebo de bien. Este
-era natural de Cuéllar, hidalgo, y tratábalo Diego Velazquez
-como por deudo; quedó por Capitan hasta que Narvaez volviese
-del alcance que hizo tras la gente de la provincia de
-Bayámo, que lo habian querido matar, hácia la de Camagüéy.
-Dejó allí con él á un clérigo, llamado el licenciado Bartolomé
-de las Casas, natural de Sevilla, de los antiguos desta isla Española,
-predicador, á quien Diego Velazquez amaba y hacia
-muchas cosas buenas por su parecer, mayormente por sus
-sermones cuando predicaba; dejólo como por padre, y quien
-aconsejase á Juan de Grijalva, el cual siempre obedeció é
-hizo lo que le aconsejaba, el tiempo que le duró el cargo, que
-no fué mucho, porque presto volvió Narvaez. Llegó Diego
-Velazquez á la villa de Baracóa, y un domingo celebró sus
-bodas con grande regocijo y aparato, y el sábado siguiente
-se halló viudo, porque se le murió la mujer, y fué la tristeza
-y luto, más que la alegría habia sido, doblada. Pareció que
-Dios quiso para sí aquella señora, porque dicen que era muy
-virtuosa, y quiso prevenirla con la intempestiva muerte, por<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span>que
-quizá con el tiempo y prosperidad no se trastornara. Estando
-las cosas de Diego Velazquez en este estado, tornó Narvaez
-de su alcance sin hacer nada, y desde á pocos dias comienzan
-los que se habian huido, de miedo de los cascabeles
-de la yegua de Narvaez, á la provincia de Camagüéy, á venir
-llorando, pidiendo perdon de lo que habian contra Narvaez
-cometido y los cristianos, diciendo que habian sido locos y
-mal considerados, y que les pesaba mucho dello, y que ellos
-querian servir á los cristianos; y en ésto verlos era lástima.
-Tenian ya noticia de que allí estaba el Clérigo, que ellos, como
-sacerdote ó hechicero de los suyos, estimaban, y así lo llamaban
-Behique, y era y siempre fué dellos, y de los demás,
-como hombre divino temido y reverenciado. Y cuando los
-pobres venian, traian unos sartales de sus cuentas, que arriba
-dejamos dicho ser como muelas podridas, pero dellos por
-gran riqueza estimadas, y daban un sartal al capitan Narvaez
-(que ya no lo era Grijalva), y otro al Padre, los cuales
-los rescibian con alegría, y aseguraban diciéndoles que no
-tuviesen miedo que ya era aquello pasado, que se fuesen cada
-uno á su pueblo, y que ninguno les haria daño. La causa de
-la vuelta á su provincia y meterse en manos de sus enemigos,
-los españoles, fué, que los vecinos de la provincia de Camagüéy
-no los pudieron sufrir, como eran mucha gente, para dalles
-de comer de sus bastimentos; y la razon es, porque aunque
-todas estas Indias sean abundantísimas de comida, nunca
-los indios y vecinos de cada provincia tienen, porque no lo
-procuran tener, más de lo que para sí en sus casas han menester,
-y aquello tienen y tenian tan cierto, por los ordinarios
-buenos temporales, que no tienen miedo de que les ha de
-faltar. De aquí tenia colegido, y díjelo en el Consejo del Rey
-algunas veces ante personas notables del Consejo de guerra,
-que los españoles, siendo algun razonable número, no podian
-estar cercados de indios, por la mayor parte de todas estas Indias,
-arriba de ocho dias, en fortaleza ó pueblo que aquel tiempo
-se pudiesen sin daño defender; la razon que yo tenia y tengo
-y allí dí es, porque cada provincia no tiene más de comer de<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span>
-para sí, é la gente de guerra que tiene, aunque sean muchos,
-todavía, siendo los españoles en algun número bastan para
-defenderse de aquellos, y si de otra provincia que esté léjos
-de aquella, como 20 ó 30 leguas, quisieren venir á ayudarlos,
-han de traer á cuestas la comida, cada uno lo que ha de
-comer, como no tengan bestias para proveerse de sí mismos y
-de otras de bastimentos, pues ésto que se trujese de tan léjos
-no puede durar cuatro, ó cinco, ó ocho dias, ni en la provincia
-donde vienen no lo han de haber; luégo, de necesidad, la
-hambre pura los ha de hacer volver, y así, por consiguiente,
-los españoles no pueden estar sino muy poco tiempo cercados
-comunmente, si son en algun número para, entre tanto,
-sin daño, de que cualquiera provincia se defender. Razon
-fué que se me admitió y concedió por personas notables,
-como dije, del Consejo de la guerra. Así que, por causa de
-que no les comiesen los bastimentos los de la provincia de
-Bayámo, no los quisieron rescibir los de la de Camagüéy,
-por lo cual, constreñidos los de Bayámo, acordaron de se
-volver á sus pueblos y casas y á su menester, aunque les pareció
-que se ponian en peligro de que los españoles podian
-vengarse dellos; donde se cumplió á la letra, el refran: «la
-hambre y el frio fuerzan al hombre meterse por casa de su
-enemigo.» Puesto que faltaba en aquellos, que venian á sus
-propias casas y no á las de sus enemigos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p>
-
-
-
-<h2 id="XXIX">CAPÍTULO XXIX.</h2></div>
-
-
-<p>Restituida la dicha provincia del Bayámo en sus naturales
-vecinos, y estando seguros en sus casas, aunque no mucho
-la quietud y seguridad y áun la vida le duró, avisado de
-todo Diego Velazquez envió á mandar á Pánfilo de Narvaez,
-que con la gente que habia ido tras los huidos, y con los que
-él habia dejado con Grijalva, que todos serian hasta cien hombres,
-fuese á la provincia de Camagüéy, y por la isla adelante,
-asegurándolas, que fuese aquel padre clérigo Bartolomé
-de las Casas con él, y creo que le escribió á él que lo hiciese.
-Llegaron á la provincia ó pueblo de Cueyba, que estaba en el
-camino, ántes de Camagüéy, 30 leguas del Bayámo, donde
-Alonso de Hojeda y los que con él padecieron aquellos grandes
-trabajos de la ciénaga, hobo aportado y salvádose, y donde
-Hojeda dejó la imágen de Nuestra Señora, muy devota,
-como se refirió en el libro precedente, cap. 60; y porque los
-españoles que habian visto la imágen dicha, porque iban allí
-algunos de los que con Hojeda en la ciénaga se habian hallado,
-y los que habian ido con el susodicho alcance de la
-gente del Bayámo, loaban mucho la imágen al dicho Padre, y
-él llevaba otra de Flandes, tambien devota, pero no tanto,
-pensó en trocalla con voluntad del Cacique ó señor del pueblo.
-Despues de muy buen rescibimiento que los indios hicieron
-á los españoles, y ofrecida mucha comida, y los niños
-baptizados, que era lo primero que trabajaba hacerse, y todos
-aposentados, comenzó á tractar el Padre con el Cacique, que
-trocasen las imágenes; el Cacique luégo se paró mustio y disimuló
-cuanto mejor pudo, y en viniendo la noche, toma su
-imágen y váse á los montes con ella, ó á otros pueblos distantes.
-Otro dia, queriendo el Padre decir misa en la iglesia,<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span>
-que la tenian los indios muy adornada con cosas hechas de
-algodon, y un altar donde tenian la imágen, enviando á llamar
-al Cacique para que oyese la misa, respondieron los indios
-que su señor se habia ido y llevado la imágen por miedo
-que no se la tomase el Padre; harto pesar rescibió el Padre y
-todos los españoles, temiendo que la gente que hallaron quieta
-y pacífica no se alborotase, y áun dudando no quisiesen quizá
-hacer, á los españoles y al Padre, guerra por defension de su
-imágen; proveyó el Padre que fuesen mensajeros al Cacique,
-significándole y certificándole que no queria su imágen, ántes
-le daria la que traia graciosamente y de valde; como quiera
-que ello fué, nunca quiso parecer el Cacique, hasta que los
-españoles se fueron, por la seguridad de su imágen. Era maravilla
-la devocion que todos tenian, el señor y súbditos, con
-Sancta María y su imágen. Tenian compuestas como coplas sus
-motetes y cosas en loor de Nuestra Señora, que en sus bailes
-y danzas, que llamaban areitos, cantaban, dulces, á los oidos
-bien sonantes; finalmente, lo mejor que se pudo hacer, dejados
-los indios contentos y pacíficos como los hallaron, se partieron
-los españoles para ir adelante. Entraron en la provincia
-de Camagüéy, que es grande y de mucha vecindad de gente,
-que estaria de la Cueyba 20 leguas ó más, los vecinos de la
-cual, en los pueblos donde llegaban los españoles, tenian de la
-comida, pan caçabí, é de la caza que llamaban guaminiquinajes,
-aparejado segun ellos podian, y pescado tambien, si lo
-alcanzaban. El clérigo Casas, luégo, en llegando al pueblo, hacia
-juntar todos los niños chiquitos, y tomaba dos ó tres españoles
-que le ayudasen, con algunos indios desta isla Española,
-ladinos, que consigo llevaba y alguno que habia él criado,
-baptizaba los niños que en el pueblo se hallaban. Así hizo en
-toda la isla de allí adelante, y fueron muchos á los que Dios
-proveyó de su Sancto baptismo, porque los tenia para su gloria
-predestinados, y proveyólo al tiempo que convenia, porque
-ninguno ó casi ninguno de aquellos niños quedó vivo
-desde á pocos meses, como abajo será, Dios queriendo, declarado.
-Y porque los españoles llegando al pueblo, hallando los<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span>
-indios en sus casas pacíficos, no cesaban de les hacer agravios
-y escandalizallos, tomándoles esa laceria que tenian, no
-contentándose con lo que de su voluntad los indios daban, y algunos,
-pasando más adelante, andaban tras las mujeres y las
-hijas, porque ésta es y ha sido siempre la ordinaria y comun
-costumbre de los españoles en estas Indias, ordenó el capitan
-Narvaez, por persuasion del dicho Padre, que despues que el
-dicho Padre hobiese apartado todos los vecinos del pueblo á
-la mitad de las casas dél, dejando la otra mitad vacía para é
-aposento de los españoles, ninguno fuese osado de ir á la
-parte del pueblo donde los indios estaban recogidos y allegados;
-para lo cual se iba delante con tres ó cuatro hombres el Padre,
-y, llegado al pueblo, cuando la gente llegaba ya tenia los indios
-á una parte del pueblo recogidos, y la otra parte desembarazada.
-Por esta vía, y porque vian los indios que el Padre
-hacia por ellos defendiéndolos y halagándolos, y tambien baptizando
-los niños, en lo cual les parecia que tenia más imperio y
-auctoridad que los demas, cobró mucha estima y crédito en toda
-la isla para con los indios, allende que, como á sus sacerdotes,
-ó hechiceros, ó profetas, ó médicos, que todo era uno, lo reverenciaban;
-por este crédito y auctoridad que habia entre ellos
-cobrado no era menester ir delante, sino enviar un indio con
-un papel viejo, puesto en una vara, enviándoles á decir con el
-mensajero que aquellas cartas decian ésto y ésto, conviene á
-saber, que estuviesen todos quietos y ninguno se absentase
-porque no se les haria mal ni daño, y que tuviesen de comer
-aparejado para los cristianos, y los niños para baptizar, ó que
-se recogiesen á una parte del pueblo, y todo lo que parecia
-envialles á avisar, y que si no lo hacian, que se enojaria el
-Padre, y ésta era la mayor amenaza que se les podia enviar.
-Ellos lo hacian todo de muy buena voluntad, segun su posibilidad,
-y era grande la reverencia y temor que tenian á las
-cartas, porque vian que por ellas se sabia lo que se hacia en
-otras partes absentes; parecíales más que milagro, y así mucho
-dellas se maravillaban. Pasaron así algunos pueblos de
-aquella provincia por el camino que llevaban, y porque la<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span>
-gente de los pueblos que estaban á los lados del camino, cudiciosa
-de ver gente tan nueva, y en especial por ver tres ó
-cuatro yeguas que allí se llevaban, de que toda la tierra estaba
-espantada, y las nuevas dellas por toda la isla volaban,
-llegáronse muchos á verlas en un pueblo grande llamado el
-Caonáo, la penúltima luenga, y el dia que los españoles llegaron
-al pueblo, en la mañana paráronse á almorzar en un
-arroyo seco, aunque algunos charquillos tenia de agua, el cual
-estaba lleno de piedras amoladeras, y antojóseles á todos de
-afilar en ellas sus espadas; y acabado su almuerzo, dánse á
-andar su camino del Caonáo. En el camino habia dos ó tres
-leguas de un llano sin agua, donde se vieron de sed en algun
-trabajo, y allí trujeron algunos indios de los pueblos algunas
-calabazas con agua y algunas cosas de comer. Llegaron al
-pueblo Caonáo á hora de vísperas, donde se halló mucha gente
-que tenian aparejada mucha comida del pan caçabí é de mucho
-pescado, porque tenian junto un gran rio y tambien cerca
-la mar. Estaban en una plazuela, obra de 2.000 indios, todos
-sentados en coclillas, porque así lo tienen todos de costumbre,
-mirando las yeguas pasmados. Habia junto un gran
-bohío ó casa grande, donde estaban más de otros 500 indios
-metidos, amedrentados, que no osaban salir; é cuando algunos
-de los indios domésticos que los españoles por sirvientes llevaban
-(que eran más de 1.000 ánimas, porque siempre andan
-desta manera y con grande compaña, y otros muchos que
-traian de más de 50 leguas, y otros de los mismos de Cuba naturales),
-si querian entrar en la casa grande, tenian aparejadas
-allí gallinas, y decíanles: «toma, no entres acá;» porque ya
-sabian que los indios que servian á los españoles, no suelen
-hacer otras obras sino las de sus amos. Habia costumbre entre
-los españoles, que uno que el Capitan señalaba tuviese cargo
-de repartir la comida y otras cosas que los indios daban á
-cada uno de los españoles, segun era su parte, y estando así
-el Capitan en su yegua, y los demas en las suyas á caballo, y el
-mismo Padre mirando cómo se repartia el pan y pescado, súbitamente
-sacó un español su espada, en quien se creyó que se le<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span>
-revistió el diablo, y luégo todos ciento sus espadas, y comienzan
-á desbarrigar y acuchillar y matar de aquellas ovejas y
-corderos, hombres y mujeres, niños y viejos, que estaban sentados,
-descuidados, mirando las yeguas y los españoles, pasmados,
-y dentro de dos credos no queda hombre vivo de todos
-cuantos allí estaban. Entran en la gran casa, que junto estaba,
-porque á la puerta della ésto pasaba, y comienzan lo mismo á
-matar á cuchilladas y estocadas cuantos allí hallaron, que iba el
-arroyo, de la sangre como si hobieran muerto muchas vacas;
-algunos de los indios que allí pudieron darse priesa, subiéronse
-por las varas y el enmaderamiento de la casa en lo alto
-y así se escaparon. El Clérigo se habia, un poco ántes desta
-matanza, apartado de donde se hizo á otra plazuela del pueblo,
-junto allí, donde lo habian aposentado, y era una casa
-grande, en que tambien se habian de aposentar todos, y allí
-estaban obra de 40 indios de los que habian traido las cargas
-de los españoles de las provincias de atras, tendidos en el suelo
-descansando; y acaeció estar con el Clérigo cinco españoles, los
-cuales, como oyeron los golpes de las espadas y que mataban,
-sin ver nada, porque habia ciertas casas delante, echan mano
-á las espadas y van á matar los 40 indios que, de sus cargas y
-hatos venian molidos y descansaban, para les pagar el corretaje.
-El Clérigo, movido á ira, vá contra ellos reprendiéndolos ásperamente
-á estorbarlos, y ellos que le tenian alguna reverencia
-cesaron de lo que iban á hacer, y así quedaron vivos los
-40, y vánse á matar los cinco á donde los otros mataban; y como
-el Clérigo se detuvo en estorbar la muerte á los 40 que habian
-venido cargados, cuando fué, halló hecha una parva de muertos
-que habian hecho en ellos, que era cosa, cierto, de espanto.
-Como lo vido Narvaez, el Capitan, díjole: «¿qué parece á vuestra
-merced destos nuestro españoles, que han hecho?» Respondió
-el Clérigo, viendo ante sí tantos hechos pedazos, de caso tan
-cruel muy turbado: «que os ofrezco á vos y á ellos al diablo.»
-Estaba el descuidado Narvaez siempre viendo hacer la matanza,
-sin decir, ni hacer, ni moverse más que si fuera un
-mármol, porque si él quisiera, estando á caballo, y una lanza<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span>
-en las manos, como estaba, pudiera estorbar los españoles
-que diez personas no mataran. Entónces déjalo el Clérigo, y
-andaba de aquí para allí, por unas arboledas, buscando españoles,
-que no matasen, porque andaban por las arboledas
-buscando á quien matar, y á chico, niño, ni á mujer, ni viejo
-perdonaban; y más hicieron, que se fueron ciertos españoles
-al camino del rio, que estaba junto, y todos los indios que se
-escapaban con heridas y cuchilladas y estocadas, que podian
-huir, para irse á echar en el rio por salvarse, hallaban á aquellos
-que los acababan. Acaeció más otra crueldad, no digna
-de ser callada, para que se vea las obras de nuestros cristianos
-en estas partes: que entrando el Clérigo en la casa grande,
-donde dije que estarian obra de 500 ánimas, ó las que
-habia, que eran muchas, y viendo muertos los que en ella estaban,
-espantado, y los que por las varas arriba ó enmaderamiento
-se habian escapado, díjoles: «no más, no más, no hayais
-miedo, no habrá más, no habrá más.» Con esta seguridad,
-creyendo que así fuera, descendió un indio, harto bien dispuesto,
-mancebo de 25 ó 30 años, llorando, y como el Clérigo
-no traia reposo, por ir á todas partes á estorbar que no matasen,
-salióse luégo de la casa; y así como el mancebo descendió,
-un español que allí estaba, sacó un alfanje, ó media espada,
-y dále una cuchillada por los hijares que le echa las
-tripas de fuera, como si no hiciera nada. El indio, triste, toma
-sus tripas en las manos, y sale huyendo de la casa; topa con
-el Clérigo y cognosciólo, y dícele allí algunas cosas de la fe,
-segun que el tiempo y angustia lugar daba, mostrándole que
-si queria ser baptizado, iria al cielo á vivir con Dios; el triste,
-llorando y haciendo sentimiento como si ardiera en unas llamas,
-dijo que sí, é con ésto le baptizó, cayendo luégo muerto
-en el suelo, remitiendo lo demas á la misericordia de aquel que
-lo habia criado, y via la injusticia con que aquel y los demás
-eran tan cruelmente lastimados. Váse luégo á la casa el Clérigo
-y halló al infelice hombre que lo habia destripado, y, con
-grande impaciencia y turbacion poco ménos hizo con él que
-lo que debiera de hacer su descuidado capitan Narvaez, y<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span>
-aquel fué uno de los flecheros que trujo consigo Narvaez, que
-en Jamáica se debia de haber en estas obras ejercitado. Ver
-las heridas que muchos tenian de los muertos, y otros que áun
-no habian espirado, fué una cosa de grima y espanto, que
-como el diablo, que los guiaba, les deparó aquellas piedras de
-amolar, en que afilaron las espadas aquel dia de mañana, en
-el arroyo donde almorzaron, donde quiera que daban el golpe,
-en aquellos cuerpos desnudos, en cueros y delicados,
-abrian por medio todo el hombre de una cuchillada. Entre otros
-heridos, hobo uno, y áun dijeron que era hermano del Rey é
-señor de aquella provincia, viejo, bien alto de cuerpo, y que
-en su aspecto parecia señor, que de una cuchillada que le
-dieron en el hombro derecho (debíale de acertar en la coyuntura),
-le derrocaron todo el lado hasta la cinta, de manera
-que, estando sentado en el suelo, tenia en tierra caido todo el
-lado, y el asadura y tripas, y cuanto hay en lo hueco se le
-parecia, como si estuviera en una escarpia colgado; y fué cosa
-de mucho notar, el subjecto y complision natural que aquel
-hombre tuvo, porque siendo herido el sábado, cuando se celebró
-esta matanza, estuvo hasta otro sábado sentado en tierra,
-como dije, con su lado caido, sin comer, salvo beber cada
-momento por la sequedad que causa la sangre, y en éste estado,
-vivo, los españoles que se partieron el siguiente sábado,
-lo dejaron. Quedó mucha lástima en el Clérigo, por no
-habello, como á otros muchos, curado con cierta manteca de
-tortuga, quemándoles las heridas, de que en aquellos ocho
-dias se pudieron curar, y quedaban los que no tenian estocadas
-cuasi sanos, y aquel no curó por ser la herida tan
-estraña y mortal; creyóse que si le juntaran todo el lado, cosiéndosele
-con una aguja grande, ó almarada, segun la complision
-tan buena que pareció tener, quizá sanara. Finalmente,
-no se supo más dél, y no parecia ser posible dello escapar.
-De todo lo dicho yo soy testigo, que lo vide y estuve
-presente, y dejo de decir muchas otras particularidades por
-abreviar.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span></p>
-
-<h2 id="XXX">CAPÍTULO XXX.</h2></div>
-
-
-<p>Preguntado fué quién fué el primero que sacó el espada, y
-por qué se movió á comenzar tan gran estrago, pero encubrióse
-y disimulóse la persona de quien se sospechó ó se supo; y
-si fué aquel que se creyó, sépase que hobo despues tan desastrado
-fin, cuanto muchos otros que semejantes virtudes en
-estas Indias han obrado. La causa se platicó diciendo, que
-habian visto indios que se cebaban á ver las yeguas, demás de
-los que estaban, y que era mala señal que nos querian matar;
-y porque algunos traian unas alguirnaldas de unos pescadillos,
-y de los que se llaman agujas, puestas en las cabezas,
-decian, que para darlas con las cabezas y abrazarse luégo
-con los españoles, y con unas cuerdas que algunos traian ceñidas,
-como suelen, atarlos. Y es verdad, que ni arco, ni flecha,
-ni palo, ni cosa que supiese á arma de indios, jamás se
-vido ni sospechó que trujesen, ni hobiese en casa del pueblo,
-ni en el monte, sino todos desnudos (como dije), sentados
-en coclillas, de la manera de unos corderos, estaban, y de
-mirar las yeguas, que no se hartaban, pasmados; y es tambien
-verdad, que si sobre 2.000 indios, que allí pareció que
-habia, hobiera otros 10.000, sólo Narvaez, con su yegua, á
-todos los matara, como pareció en los indios de Bayámo,
-cuanto más estando con él otros tres ó cuatro á caballo, con
-sus lanzas y adargas en las manos. La causa no fué otra,
-sino su costumbre, que siempre tuvieron en esta isla Española,
-y pasaron á la de Cuba para ejercitarla, de no se hallar
-sin derramar sangre humana, porque sin duda eran regidos
-y guiados siempre por el diablo. Sabida esta matanza por toda
-la provincia, no quedó mamante ni piante, que, dejados sus
-pueblos, no se fuese huyendo á la mar, y á meterse en las<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span>
-isletas, que por aquella costa del Sur hay infinitas, que dijimos
-haberles puesto nombre el Jardin de la Reina, el Almirante;
-y tanto miedo cayó en ellos, y con tan justa razon, que
-no sólo esconderse quisieran en las isletas, pero, si pudieran,
-debajo de las aguas, por huir de gente que con tanta razon
-juzgaban por crudelísima é más que inhumana. Salidos los españoles
-del pueblo, que dejaron tan sangriento, y bañado en
-sangre humana, llamado el Caonáo, asentaron Real en una
-roca grande, donde habia mucha de la yuca para hacer el
-pan caçabí; hechas su choza cada uno, con las personas,
-hombres y mujeres que llevaban, porque ninguno, ó pocos,
-traian consigo ménos de ocho ó diez personas, puesto que
-algunos ménos y otros más, que habian, por grado ó por
-fuerza, de los pueblos que quedaban atras tomado, enviaba
-los hombres por la yuca, y ellas hacian el pan, y los hombres
-tambien traian caza y lo demas. Ya se dijo arriba, que el
-Padre clérigo llevaba consigo, entre otros, no tomados por
-fuerza, sino que ellos se venian á él de su voluntad, por el
-buen tractamiento que les hacia y por el crédito que por la
-isla habia cobrado de que los favorecia, y por estar seguros de
-los españoles y de sus crueldades, llevaba, digo, consigo, un
-indio viejo y principal de esta isla Española, persona entre
-indios cuerda y honrada, y éste tambien era cognoscido por
-la isla por bueno, y por criado del Padre; al cabo de algunos
-dias que estaban en aquel monte ó roca los españoles aposentados,
-vino un indio de hasta veinticinco años, por espía,
-enviado por las gentes que andaban fuera de sus pueblos,
-huidas y descarriadas, y vínose derecho á la choza donde los
-indios del Padre clérigo estaban, y habló con el viejo, que se
-llamaba Camacho, diciendo queria vivir con el Padre, y que
-tenia otro hermano, muchacho de quince años ó poco más,
-que se lo traerá tambien para que le sirviese. Asegurólo muy
-bien el viejo Camacho, porque lo sabia muy bien hacer, loándole
-su propósito, y que el Padre era bueno, y holgaria de
-rescibir por sus criados á él y á su hermano, y que allí estarian,
-con el mismo viejo y los demás, seguros que ninguno les<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span>
-hiciese mal, etc., etc. Viene luégo Camacho al Padre, y dále
-las buenas nuevas, que por entónces se tenian por tales, porque
-no se deseaba otra cosa más que haber algun indio de los
-de la tierra, para lo halagar y enviar por mensajero á los demas
-desterrados, asegurándolos que se viniesen á sus pueblos
-y que no rescibirian más daño; holgóse mucho el Padre, por
-el fructo que se esperaba, hace llamar al indio, abrázalo, asegúralo,
-dícele que lo rescibiria con su hermano, por sus criados,
-y que les hará y contecerá. Pregúntales por la gente demas,
-dónde está, y si querrá venir á sus pueblos, certificándoles
-que no se les hará mal ninguno; responde, que sí, é que él
-traerá los vecinos de un pueblo, que de allí estaba cercano,
-cuya era la roca donde los españoles estaban aposentados;
-promete que dentro de ciertos dias traerá la gente y á
-su hermano. Creo que le dió, ó camisa ó algunas cosillas de
-las que tenia, y el mismo viejo Camacho púsole nombre que
-se llamase Adrianico, porque tenia en poner nombres, aunque
-no estuviesen baptizados, gracia; fuese muy contento Adrianico,
-afirmando que él cumpliria su palabra. Estuvo allá
-muchos más dias de los que dejó asentados, parece que no
-pudo allegar la gente que andaba desparcida y apartada, en
-tanto que ya el Padre de su venida desconfiaba, pero Camacho
-siempre esperaba; estando, pues, muy descuidado el Padre,
-una tarde, cerca de noche, viene Adrianico con su hermano,
-y traen consigo, creo, que 180 ánimas, hombres y mujeres
-como unos corderos, con sus carguillas de sus cosillas y
-pobreza á cuestas, y muchos con sartales de muy buenas mojarras
-para el Padre y para los cristianos. Verlos, por una
-parte causaban gozo por venir á poblar sus casas, que era lo
-que por entónces se deseaba, y por otra lástima y compasion
-grande, considerando su mansedumbre, humildad, su pobreza,
-su trabajo, su escandaloso destierro, su cansancio, que tan
-sin razon alguna se les habia causado, dejado ya aparte,
-como olvidado, el estrago y mortandad que en sus padres y
-hijos, y hermanos, y parientes y vecinos, tan cruelmente se
-habia perpetrado; hobo gran regocijo y alegría en el Real, y<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span>
-especialmente Narvaez y el Padre; mostráronles todos muchas
-señales de paz y amistad, y enviáronse luégo á sus casas
-vacías, que estaban junto, que las poblasen, empero, Adrianico
-y su hermano, que parecia un ángel, quedáronse con la
-familia del Padre, y con el viejo Camacho, que la gobernaba,
-cuyo regocijo y alegría fué más que de otros grande. Venidos
-éstos á su pueblo y casas, luégo se sonó por la provincia
-como los cristianos no les hacian ya mal, y que se holgaban,
-que se tornasen todos á poblar, y así lo hicieron, todo perdido
-el miedo que con tan urgente causa habian cobrado; pero,
-¿para qué fin, si pensais, los españoles, de que se viniesen á
-poblar, todos se regocijaban, y el Padre clérigo, para qué
-en traellos y asegurallos tanto trabajaba? cierto, no para otro,
-al cabo, sino para que, poco á poco, en las minas y en los trabajos
-los matasen, como finalmente los mataron; puesto que
-aqueste fin no pretendia el Padre, y los españoles no pretendian
-directamente matallos, sino servirse dellos como de
-animales, posponiendo la salud corporal y espiritual de los
-indios á sus intereses, cudicias y ganancias, á lo cual seguírseles
-la muerte, no era dubitable sino necesario.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span></p>
-
-<h2 id="XXXI">CAPÍTULO XXXI.</h2></div>
-
-
-<p>Aquí ó por aquí túvose nueva de indios, que lo dijeron,
-que en la provincia de la Habana, que distaba de aquella
-cien leguas ó cerca dellas, que los indios tenian entre sí dos
-mujeres españolas, y un hombre español cristiano, y porque
-quizá de miedo no los matasen, no aguardó el Padre á llegar
-allí, sino proveyó luégo indios con papeles viejos, como se
-dijo, por cartas, enviándoles á decir, que luégo, vistas aquellas
-cartas, le enviasen las mujeres y aquel cristiano, si nó que se
-enojaria mucho si en hacerlo tardasen. Salieron, pues, de
-aquellos ranchos los españoles para ir adelante, y llegaron á
-un pueblo que estaba en la ribera de la mar del Norte, y
-dentro las casas, sobre horcones en el agua, (pasados otros),
-llamado Caraháte, la penúltima luenga, al cual puso el Padre
-Casa-harta, porque fué cosa maravillosa la abundancia de comidas
-de muchas cosas que allí tuvieron, de pan, y caza, y
-pescado, y sobre todo de papagayos, que, si no me he olvidado,
-en obra de quince dias que allí estuvieron, se comieron
-más de diez mil papagayos, los más hermosos del mundo, que
-por alguna manera era lástima matallos; y éstos tomaban los
-niños subidos en los árboles, como arriba queda declarado.
-Algunas veces, todos los españoles en este camino, desde la
-provincia de Camagüéy, navegaron por la mar en cincuenta y
-más canoas, ó pocas ménos, que no parecian sino una flota de
-galeras, las cuales los indios de la tierra de buena gana daban;
-bien creo que por echarnos de su tierra, porque nunca jamás
-indios, con tener cerca de sí españoles, ganaron nada, sino
-muchas inquietudes, agravios, sobresaltos, é al ménos intolerables
-importunidades. Así que, estando muy á sabor del vientre,
-todos en Caraháte ó Casa-harta, véese venir una canoa<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span>
-esquifada de indios remadores, y viene á desembarcar junto á
-la posada del Padre que estaba bien dentro del agua, en la
-cual venia las dos mujeres, desnudas, en cueros, como las parieron
-sus madres, con ciertas hojas cubiertas solamente las
-partes que suele siempre cubrir la honestidad humana; la una
-era de hasta cuarenta años, y la otra de obra de diez y ocho
-ó veinte cuando más, vellas, no era ménos que si se vieran
-nuestros primeros padres Adan y Eva cuando estaban en el
-Paraíso terrenal. Luégo el Padre clérigo pidió á los españoles,
-lo primero, camisas con que se cubrieran las carnes, y
-despues, de capas y sayas que dieron, se les hicieron faldillas
-y mantos, como mejor se pudieron remediar; grande
-alegría causó su venida en todos por vellas salvas y entre
-cristianos, y ellas no se hartaban de dar gracias por ello á Nuestro
-Señor. No desde á muchos dias, tractó el Padre de casallas,
-y así se casaron ambas con dos hombres de bien, de los
-que allí andaban, que se concertaron. Contáronos como los
-indios habian muerto á ciertos españoles, con quien ellas venian
-en aquel puerto, que por éste caso se llamó, á lo que
-creo, de Matanzas, el cual es un pedazo de mar, y queriendo
-pasar los españoles á la otra parte, metiéronse con los indios
-en ciertas canoas, y en medio del lago anegáronlas; como sabian
-pocos nadar se ahogaron, y con los remos los ayudaron
-á salir de esta vida, solas estas dos mujeres, por ser mujeres,
-conservaron; siete españoles que supieron nadar salieron á
-tierra nadando, con sus espadas, que nunca desampararon,
-y salidos del agua fueron á un pueblo, y el Cacique ó señor
-dél, díjoles que dejasen las espadas, dejadas, luégo de un
-grande árbol que se llama ceíba, la í luenga, los mandó
-ahorcar; bien debia de saber cuánto daño solian hacer en los
-cuerpos desnudos las espadas. Esto luégo parecerá, á los que
-no consideraren las obras de los españoles desta isla Española,
-y las nuevas que de aquí y de las islas de los Lucayos á
-aquella pasaron, y lo que acostumbran á hacer de fuerzas y
-malos tractamientos, áun donde se hallan pocos y los indios
-muchos, de los cuales quizá algunos de los españoles que de<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span>
-ántes habian venido por allí, experimentaron, que fué grande
-aquesta inhumanidad y crueldad, y que por tanto, justamente
-los españoles hicieron en ellos las crueldades y matanzas susodichas,
-etc.; pero los que tal sentencia dieron, acuérdense
-de reducir á la memoria el beneficio y benignidad de que los
-de la provincia de Cueyba usaron con Hojeda y con los que
-con él venian, y el bueno y humano hospedamiento, que al
-bachiller Anciso, y á su compañía el Cacique Comendador y
-sus gentes hicieron, y no ménos á Sebastian de Campo, en el
-puerto de Xagua, donde perdió el navío y dejó cuatro españoles
-con las tres pipas de vino, y den la vuelta con su consideracion
-á los hechos que de los nuestros toda esta Historia
-cuenta, y entónces, sino quedare por ceguedad del entendimiento
-ó firmada malicia de la voluntad, yo no dudo sino que
-volvieran en lo contrario su parecer, y serán buenos jueces.
-Tornando al propósito, no me pude acordar cuando ésto escribia
-si les preguntamos, y de creer es que sí, en qué compañía
-ó debajo de qué Capitan ó dónde venian éstos con estas
-mujeres; finalmente, lo que dello supimos llevadómelo há el
-olvido. Envióse una carta ó papel viejo al Cacique que tenia
-en su poder al español que arriba se dijo, que lo guardase
-muy bien, hasta que á su pueblo llegásemos, y así como de
-ántes lo habia hecho lo hizo, y digo como de ántes lo habia
-hecho, porque muchas veces otros Caciques y señores de otros
-pueblos, sus vecinos, le requerian muchas veces, dellas por
-bien, y dellas por amenazas que lo matase, ó se lo enviase que
-ellos lo matarian, y nunca quiso, ántes no lo dejaba salir de
-cabe sí, ni lo enviaba á parte alguna, tractándolo siempre
-como si fuera su hijo. Salieron, pues, de Caraháte ó de Casa-harta
-bien hartos de papagayos, como dije, los nuestros, por la
-mar en la flota de las canoas dicha, y por la tierra cuando les
-convenia, y llegaron á la provincia de la Habana, donde todos
-los pueblos vacíos, porque sabida la matanza que habian
-hecho en la provincia de Camagüéy, no paraba hombre que á
-los montes no se fuese; envió el padre Casas sus cartas ó papeles
-viejos con algunos mensajeros á los señores de los<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span>
-pueblos, que viniesen á ver los cristianos seguros, y que no
-hobiesen miedo, como en todas las partes donde allegaban
-hacia; y ésto era lo que traia encomendado de Diego Velazquez,
-que gobernaba, y el capitan Narvaez tambien mandado, y en
-las cartas que le escribia le mandaba que no hiciese guerra ni
-mal á nadie, y que primero los indios tirasen flechas ó varas
-que los españoles sacasen espada. Vistos los papeles del Padre,
-los Caciques, con el crédito que dél concebido habian,
-luégo vinieron, creo que 18 ó 19, cada uno con su presente de
-comida de lo que tenian; venidos así sobre seguro y en confianza
-de lo que el Padre les habia escripto, el capitan Narvaez,
-luégo, hácelos prender con cadenas y grillos por buena
-venida, y otro dia tractaba de que se pusiesen palos para
-quemallos vivos. Sabido por el Padre, rescibió grande angustia,
-y, dello por bien y lo ménos por blandura, y de ello y lo más
-por rigor, haciéndole muchas amenazas que Diego Velazquez
-y el Rey lo castigarian sobre obra tan inícua, si tal cometia,
-más de miedo que de voluntad, si no me engaño, pasó aquel
-dia y otro, y así se resfrió poco á poco de la crueldad que
-perpetrar queria, y al cabo los soltó á todos, salvo uno que
-era el mayor señor, segun se decia; éste estuvo y anduvo en
-cadenas hasta que Diego Velazquez vino á juntarse con todos
-ellos, y lo soltó y puso en su libertad. Pasando adelante, de
-pueblo en pueblo, asegurando los indios que en ellos hallaban,
-fueron camino del pueblo donde sabian que estaba el
-cristiano, y como el señor del pueblo supo que los españoles
-á él se acercaban, salió al camino, creo que á obra de media
-legua, con cerca de 300 hombres, todos ó muchos dellos de
-cuartos de tortuga recien pescada cargados; venian todos delante
-cantando, y el Cacique, señor del pueblo, que era un
-viejo de más de sesenta años, de buen gesto y alegre, que mostraba
-tener sanas entrañas, detras con el cristiano de la mano.
-Topáronse los indios y cristianos en un monte, y así como llegaron
-los indios á los cristianos, pusieron los pedazos de tortuga
-en el suelo, todavía cantando, y luégo sentáronse; llegó
-el Cacique al capitan Narvaez, y al Padre, y hecha su mesura<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span>
-preséntales el cristiano por la mano, diciendo, que aquel habia
-tenido como á hijo, y que lo habia él muy bien guardado, y
-que si por él no fuera, ya los otros Caciques le hubieran muerto
-y maltractado. El Capitan y el Padre lo rescibieron con
-grande alegría, y en señal de agradecimiento lo abrazaron y
-hicieron el cumplimiento que fué posible allí, de palabra;
-el español, ya cuasi no sabia hablar nuestra lengua, sino en la
-de los indios hablaba las más palabras; sentóse luégo en el
-suelo como los indios, y hacia con la boca y con las manos todos
-los meneos que los indios acostumbraban, en lo cual no
-poca risa en los españoles causaba. Creo que se entendia dél
-que habia tres ó cuatro años que allí estaba; y despues, algunos
-dias andados, que de su lengua y nuestra materna se iba
-acordando, daba larga relacion de las cosas que por él habian
-pasado. Andando por aquella provincia de la Habana, de pueblo
-en pueblo, los españoles, y pasando de la costa del Sur á la
-del Norte, como frecuentes veces llegaban, por ser la isla por
-allí muy angosta, que de 15 leguas no pasa, hallaron un dia
-en la costa de Sur, donde agora está la villa de la Habana, ó
-por allí, un gran pan de cera amarilla dentro del arena, que
-pesaria como una arroba ó poco ménos, acaso; maravilláronse
-todos de dónde allí hobiese aportado, como hasta entónces no
-se hobiese por aquella mar navegado, sino los navíos que del
-Darien dos ó tres veces á aquella isla habian llegado, y parecia
-que no habia razon de traer cera, como por entónces
-tuviesen otros cuidados. Nunca ésto se determinó hasta que
-se descubrió Yucatán y la Nueva España, porque descubierto
-Yucatán, cuya primera tierra dista de la punta ó cabo occidental
-de Cuba 50 leguas y no más, la cual provincia es, ó
-era, de miel y cera muy abundante, y la mar de entre ambas
-á dos tierras es baja, debió ser que alguna canoa de indios
-mercaderes, que por toda aquella costa de Yucatán mercadeaban,
-con tormenta se debió de trastornar, y caida la cera en
-lo hondo, por tiempo, poco á poco, la mar debia de allegarla
-á la costa de Cuba, donde la hallaron; hallaron tambien por
-toda aquella costa del Norte de Cuba, por la Habana en espe<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span>cial,
-mucha pez que la misma mar sobre las peñas y ribera
-echaba, no sabian de dónde viniese, ó cómo la mar la criase,
-como en la verdad sea cierta especie de betumen ó de pez, no
-de pinos, pero pez verdadera, ó que sirve de lo que la verdadera,
-hasta que despues se pobló un pueblo de españoles en
-el puerto que nombraron del Príncipe; allí se halló, y la hay,
-mina ó fuente della que se saca á pedazos dura, y creo que,
-á las veces debe manar líquida ó derretida, por ventura, que
-el sol la derrite, porque la que se ve por la costa, más es algo
-líquida que dura ó espesa; mezclándola con mucho sebo ó
-aceite sirve de lo mismo que la pez de pinos y brea para los
-navíos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p>
-
-<h2 id="XXXII">CAPÍTULO XXXII.</h2></div>
-
-
-<p>Habiendo en este tiempo Diego Velazquez asentado los vecinos
-españoles que le pareció poner en la villa de Baracóa, repartídoles
-los indios de las provincias de Maycí, la última luenga,
-y de Bayatiquirí, la misma luenga, y no olvidando en el
-repartimiento á sí mismo y á su suegro el tesorero Cristóbal
-de Cuéllar, y á los que allí más queria, y todos ellos dándose
-priesa en buscar y sacar oro con los desnudos indios, determinó
-de venir á juntarse con el capitan Narvaez y el Padre y
-la demas gente, y ver la tierra de entre medias, y considerar
-los lugares donde convernia constituir ó asentar pueblos de
-españoles, para lo cual escribió que de la Habana se acercasen
-poco á poco hácia donde él venia, y parasen en el puerto
-Xagua, donde Sebastian de Campo habia dejado los cuatro españoles
-con las tres pipas de vino, y así lo hicieron, y vinieron
-á esperalle al puerto de Xagua, donde dijimos arriba,
-en el libro II y en éste, los indios tener corrales de inmensidad
-de lizas, y haber grande abundancia de aves, y señaladamente
-perdices; habia sin ésto copia mucha de todo
-bastimento. Llegó al fin Diego Velazquez con algunos españoles
-por la tierra, y por la mar en canoas, al dicho puerto de
-Xagua, donde Narvaez y los demas estaban, y aposentáronse
-todos en la una isleta, de tres que tiene el puerto, donde habia
-un buen pueblo de indios, en la cual estuvieron algunos meses
-todos, sirviéndoles los indios como á Dioses cuanto les era posible.
-En este tiempo envió á descubrir minas, por un rio arriba,
-grande y muy gracioso en su ribera, llamado Arimáo, la penúltima
-luenga, que sale á la mar, media ó una legua fuera del
-puerto; hallaron muy ricas minas y de oro muy fino, como el
-de Cibao desta isla, y áun es harto más blando, y por ésto<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span>
-creo que en más, de los plateros, tenido. Aquí comenzó Diego
-Velazquez á pensar en asentar por allí al rededor una villa, y
-á encomendar ó repartir los indios, y entre los otros vecinos,
-que para la poblacion della se asentaron, fué el dicho padre
-Casas, al cual, como á hombre que mucho habia en todos aquellos
-caminos servido y trabajado, asegurando la mayor parte
-de aquella isla, y excusando hartas muertes de indios, le dió
-un muy buen repartimiento dellos, allí cerca del puerto de
-Xagua, en un pueblo llamado en lengua de indios, creo que
-Canarreo; aquel Padre tenia estrechísima amistad de muchos
-años atras en esta isla Española con un hombre llamado
-Pedro de la Rentería, varon de gran virtud, cristiano, prudente,
-caritativo, devoto, y más dispuesto, segun su inclinacion,
-para vacar á las cosas de Dios y de la religion, que hábil para
-las del mundo, las cuales él tenia en harto poco y se daba
-poco por ellas, y ni se sabia dar maña para las adquirir; era
-franquísimo, tanto, que se le podia más atribuir á vicio y descuido
-el dar, segun lo poco que tenia, que á discrecion y á
-virtud. Entre las otras sus buenas costumbres, resplandecian
-en él la humildad y castidad, porque era limpísimo y humilísimo,
-y, para con una palabra notificar sus muchas virtudes, habia
-sido ó criado, ó que habia seguido la doctrina del Santo, primero
-arzobispo de Granada; era latino y tenia sus libros de los
-Evangelios con la exposicion de los santos en que leia, era
-muy buen escribano, siempre donde vivió, en esta isla Española
-y en la de Cuba, tuvo cargo de justicia ó Alcalde ordinario,
-ó Teniente de Diego Velazquez. Fué hijo de un vizcaino de
-la provincia de Guipúzcoa, hombre virtuosísimo, y de una
-dueña, que debia ser labradora, de la villa de Montanches en
-Extremadura. Entre aqueste siervo de Dios y el dicho Padre,
-allende la amistad estrecha y antigua que tenian, no habia
-cosa partida, sino que todo lo que ambos poseian era de cada
-uno, y ántes todo se podia decir ser del Padre que de el
-Rentería, porque lo gobernaba y ordenaba todo, como fuese
-más ejercitado <i>in agibilibus</i>, y en las cosas temporales más entendido,
-porque el oficio de Rentería y ocupacion no era sino<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span>
-rezar, y de su recogimiento y soledad muy amigo, y de las
-haciendas ó bienes no tenian más cuidado del que dije. Así
-que, como Diego Velazquez trujese de la villa de Baracóa consigo
-al Pedro de la Rentería, dióle indios de repartimiento juntamente
-con el Padre, dando á ambos un buen pueblo y
-grande, con los cuales el Padre comenzó á entender en hacer
-granjerías, y en echar parte de ellos en las minas, teniendo
-harto más cuidado dellas que de dar doctrina á los indios, habiendo
-de ser, como lo era, principalmente aquel su oficio; pero,
-en aquella materia, tan ciego estaba por aquel tiempo el buen
-Padre, como los seglares todos que tenia por hijos, puesto que
-en el tractamiento de los indios siempre les fué humano, caritativo
-y pio, por ser de su naturaleza compasivo, y tambien
-por lo que de la ley de Dios entendia; pero no pasaba ésto
-mucho adelante de lo que tocaba á los cuerpos, que los indios
-no fuesen mucho en los trabajos afligidos, todo lo concerniente
-á las ánimas puesto al rincon, y del todo punto por
-él y por todos olvidado, plaga que Nuestro Señor ha permitido
-en todo género de personas de nuestra España en estas
-Indias, por sus secretos juicios. Señaló, pues, Diego Velazquez
-el lugar donde se asentase una villa, nueve ó diez leguas del
-puerto de Xagua hácia el Oriente, porque estaba más en comarca
-de los más pueblos de los indios, donde hacia una manera
-de puerto, harto mal puerto, porque allí se perdieron
-despues algunos navíos; quiso que se llamase la villa de la
-Trinidad, como si la Santísima Trinidad hobiera de ser allí
-servida. Ordenó que se poblase otra villa más dentro en la
-tierra, cuasi en medio de las dos mares del Sur y del Norte, y
-llamóla la villa de <i>Sancti Spiritus</i>; otra señaló en el puerto del
-Príncipe á la costa del Norte, y otra en el Bayámo, que creo
-que se llamó la villa de Sant Salvador, y otra en el puerto de
-Santiago, que despues fué ciudad y cabeza del Obispado de
-aquella isla. Y así, con la primera, que fué la de Baracóa, hobo
-al principio seis villas, despues el tiempo andando, se pobló
-la del puerto de Carenas, que agora se llama la de la Habana,
-y es la que más concurso de naos y gente cada dia tiene, por<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span>
-venir allí á juntarse ó á parar y tomar puerto de las más
-partes destas Indias, digo de las partes y puertos de tierra
-firme, como es de Sancta Marta, Cartagena, del Nombre de
-Dios, de Honduras, y Trujillo, y puerto de Caballos, y Yucatán,
-y de la Nueva España. Esto es por razon de las grandes
-corrientes y vientos brisas que siempre corren entre la tierra
-firme de Paria y toda aquella costa y esta isla Española, porque
-acaecia estar una nao, desde Sancta Marta, ó Cartagena ó
-Nombre de Dios, ocho ó diez meses que no podia tomar este
-puerto de Sancto Domingo, que no son más de 200 ó 300 leguas,
-y así hallaron ser ménos trabajoso y costoso y más breve
-andar más de 500 (y áun para hasta llegar á Castilla, se rodean
-más de las 600 para las naos que salen de Sancta Marta
-y Cartagena); así que todas las naos se juntan ó vienen á tomar
-puerto á la Habana de los puertos y partes dichas. Señalados
-los lugares para las dichas villas, y para cada una señalados
-los vecinos españoles, y repartídoles los indios de la
-comarca, dánse priesa los españoles á hacer sudar el agua
-mala á los pobres y delicados indios, haciendo las casas del
-pueblo y labranzas, y cada español que podia echarlos á las
-minas, y si no en todas las otras granjerías que podian. De allí
-envió Diego Velazquez á Narvaez á pacificar, como ellos dicen,
-la provincia última, que está al cabo más occidental de aquella
-isla, que los indios llamaban de Haniguanica; no me acuerdo
-con cuánto derramamiento de sangre humana hizo aquel camino,
-aunque estuve presente á su ida y su venida, por ser el negocio
-tan antiguo, y pudiéralo despues, dél y los que con él
-fueron, haber muy bien sabido y averiguado. Y porque ya
-todo lo que más hay que decir de aquella isla, con parte de lo
-ya dicho, pertenece al año de 14 y 15 sobre 500, será bien
-dejallo aquí hasta su tiempo, y tornar sobre lo acaecido en el
-año de 512 y 13 y 14 en esta isla, y en las otras partes que
-por aquellos tiempos se trataban destas Indias.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span></p>
-
-<h2 id="XXXIII">CAPÍTULO XXXIII.</h2></div>
-
-
-<p>Ya dijimos en el cap. 19, como el siervo de Dios, padre
-fray Pedro de Córdoba, que trujo la órden de Sancto Domingo
-primariamente á esta isla, fué á Castilla, y lo que allá
-hizo, y el crédito que el Rey católico le dió, y en la veneracion
-en que lo tuvo, y como, viendo que la perdicion de los
-indios creciendo iba por la ceguedad de los que aconsejaban
-al Rey, letrados, teólogos y juristas, y conociendo juntamente,
-que donde hobiese españoles no era posible haber predicacion,
-doctrina, ni conversion de los indios, suplicó al Rey que
-le diese licencia para se ir con cierta compañía de religiosos
-de su Órden, á tierra firme, la de Paria, y por allí abajo, donde
-españoles no tractaban ni habia, y el Rey, como católico,
-se holgó mucho dello y le mandó proveer de todo lo necesario
-para su viaje y estada en tierra firme á sus oficiales desta
-isla; conviene agora tractar de cómo tornó el venerable Padre
-con sus provisiones á esta isla, y cómo puso por obra su pasada
-á tierra firme. Presentadas las provisiones Reales á los
-oficiales del Rey, luégo las obedecieron, y, cuanto al cumplimiento,
-se ofrecieron de buena voluntad, cada y cuando
-que quisiese, á complillas, y entretanto que se aparejaba, despachó
-él todos los religiosos que habian de ir, los bastimentos
-y aparejos para edificar la casa, y todo lo demas que habian
-de llevar, y dónde y cómo habian de poblar; deliberó el siervo
-de Dios de enviar primero tres religiosos á tierra firme,
-como verdaderos Apóstoles, para que, solos entre los indios<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span>
-de la parte donde los echasen, comenzasen á predicar y tomasen
-muestra de la gente y de la tierra, para que de todo avisasen,
-y sobre la relacion que aquellos hiciesen lo demas ordenar.
-Pidió, pues, á los oficiales del Rey, el dicho padre,
-que mandasen ir un navío á echar á aquellos tres religiosos
-en la tierra firme, la más cercana desta isla Española y los dejasen
-allá, y despues, á cabo de seis meses ó un año, tornase
-un navío á los visitar y saber lo que habia sido dellos. Los
-Oficiales lo pusieron luégo por obra, y mandaron aparejar un
-navío que los llevase; dista desta isla, aquella parte de tierra
-firme, 200 leguas. Nombró el siervo de Dios para este apostolado,
-é impuso, en virtud de santa obediencia y remision de
-sus pecados, al padre fray Anton Montesino, de quien arriba
-hemos hablado, que predicó primero contra la tiranía que
-se usaba con los indios, y anduvo en la corte, como queda
-declarado, y á un religioso llamado fray Francisco de Córdoba,
-presentado en teología, y gran siervo de Dios, natural de
-Córdoba, y que el padre fray Pedro mucho queria; dióles
-por compañero al fraile lego fray Juan Garcés, de quien dijimos
-arriba, en el cap. 3.º, que siendo seglar en esta isla, fué
-uno de los matadores y asoladores della, tambien habia muerto
-á su mujer, el cual, despues que recibió el hábito, habia
-probado en la religion muy bien, y hecho voluntaria
-gran penitencia. Todos tres, muy contentos y alegres, dispuestos
-y ofrecidos á todos los trabajos y peligros que se les
-pudiesen por Cristo ofrecer, porque confiados y seguros por
-la virtud de la obediencia, que de parte de Dios les era impuesta
-(que ninguna otra mayor seguridad, el religioso en
-esta vida puede tener para ser cierto que hace lo que debe, y
-que todo lo que le sucediere ha de ser para su bien), rescibida
-la bendicion del santo padre, se partieron; llegados á la
-isla de Sant Juan, el padre fray Antonio Montesino enfermó
-allí, ó por el camino, de peligrosa enfermedad, de manera
-que pareció haber de padecer riesgo su vida, si adelante con
-aquella indisposicion pasaba, por lo cual acordaron que se
-quedase allí hasta que convaleciese. El presentado y padre<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span>
-fray Francisco de Córdoba, y el hermano fray Juan Garcés,
-lego, fueron su viaje, y díjose que con alegría iba cantando
-aquello de David: <i>Montes Gelboe nec ros nec pluvia cadat super
-vos, ubi ceciderunt fortes Israel</i>. Llegados á tierra firme, salieron
-en cierto pueblo, que por mi inadvertencia no procure saber,
-cuando pudiera, cómo se llamaba, él debia ser, segun imagino,
-la costa de Cumaná abajo. Los indios los rescibieron con
-alegría, y les dieron de comer y buen hospedaje, á ellos y á los
-marineros que los llevaron, y despues de que los marineros
-descansaron, tornáronse á esta isla, de donde los oficiales del
-Rey los habian enviado. Pasados algunos dias, y quizá meses,
-como ya comenzaba á bullir en los españoles la cudicia de
-las perlas que por allí se pescaban cerca, vino por allí un
-navío á rescatar perlas y á robar tambien indios, si pudiera,
-porque ya lo mismo se comenzaba, ó queria comenzar, por
-allí otra vendimia, como en las islas de los Lucayos los españoles
-habian hecho, de que abajo se dirá, si Dios quisiere. Saltaron
-en tierra los españoles que en el navío venian, y como
-vieron los religiosos, holgáronse mucho con ellos, y los indios
-que siempre que vian navíos tenian miedo por los daños muchos
-que, por aquella costa, de los españoles habia recibido
-los años pasados, como en el libro I y II se dijo, por tener la
-prenda que tenian en los religiosos, y la seguridad que los religiosos
-les daban, que no rescibirian daño, no huyeron del
-pueblo, como solian, ántes rescibieron á los españoles, mostrando
-de verlos contentamiento; y así los hospedaron y proveyeron
-de comida, de todo lo que tenian, abundantemente.
-Estuvieron allí en fiesta y conversacion amigable los unos con
-los otros algunos dias, y uno dellos convidaron al señor del
-pueblo, que se llamaba Alonso, ó D. Alonso (no supe si los
-religiosos aquel nombre le pusieron, ó quizá algunos cristianos
-que por allí habian de ántes pasado, porque los indios
-comunmente son amigos de tener nombres de españoles), convidáronlo,
-digo, á él y á su mujer, que fuesen á ver el navío,
-y que les darian allá de comer y se holgarian; el Cacique ó
-señor del pueblo aceptó el convite con aprobacion de los<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span>
-religiosos, porque creia tener buena prenda en ellos teniéndolos
-en su pueblo, porque de otra manera no se fiara de
-la verdad de los españoles, y con esta seguridad entra en la
-barca, con su mujer y 17 personas, que debian de ser hijos, y
-deudos, y queridos criados. Llévanlos al navío, y entrando
-dentro y alzando las anclas, y desplegando las velas, y echando
-mano á las espadas para metellos debajo de cubierta,
-porque no se echasen al agua, fué todo uno. Aquí es de considerar,
-qué sintirian la gente del pueblo que desde la ribera
-los estaban mirando, y cuál sería el sobresalto que los religiosos
-rescibirian cuando acudiesen á ellos, que deberian
-estar en un aposento rezando descuidados, todos los vecinos
-del pueblo alborotados, dando voces, preguntándoles que qué
-podia ser aquello que á su señor con los demas llevasen los
-cristianos. Acométenlos á matar, creyendo que habian sido ellos
-en la maldad de llevalles su señor los españoles, excúsanse
-cuanto pueden lo frailes; los unos y los otros, no hacen sino
-llorar y plantear. Hácenles entender, que, en viniendo por allí
-otro navío, enviarán á decir á los otros cristianos, y Padres que
-en esta isla estaban, que hagan luégo tornarlos, y señálanles
-que desde á cuatro lunas ó meses los tornarán, y otros cumplimientos
-que pudieron hacer para los aplacar y que no los
-matasen. Estando en esta tribulacion y angustia tan acerba y
-tan grande los indios y lo frailes, para mayor condenacion
-de algunos de lo que en ésto fueron culpados, y para algun
-consuelo de los religiosos y suspender la ira y amargura de
-los indios con alguna esperanza, trujo Dios por allí un navío,
-que no causó poca alegría en ambas á dos partes; saltaron
-en tierra los del navío, hallan los frailes y los indios atribulados,
-dánles los religiosos, del mal tan grande cometido, parte; no
-se espantaron, porque sabian que aquellas obras tales eran
-propias, dellos mismos quizá tambien acostumbradas; ofrécese
-á los religiosos y á los indios de venir presto á esta isla, y
-dar nueva dello, y trabajar que el Cacique Alonso ó D. Alonso,
-con su mujer y los demas, á su tierra y casa tornasen.
-Escriben los religiosos al padre santo, fray Pedro de Córdo<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>ba
-lo acaecido, y el estado y peligro en que quedaban, y
-que tuviesen por cierto, que si dentro de los cuatro meses que
-habian señalado á los indios, el Cacique no era tornado, que
-los habian los indios de matar; el navío se partió para esta
-isla con este recaudo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span></p>
-
-<h2 id="XXXIV">CAPÍTULO XXXIV.</h2></div>
-
-
-<p>Llegado el primer navío que habia hecho la traicion, con su
-cabalgada de inocentes, al puerto de Sancto Domingo, ó los
-vendió el Capitan del navío por esclavos, ó se los tomaron los
-mismos oidores, no creí yo que por detestacion del pecado
-tanto, cuanto porque no lo habia hecho con su licencia y autoridad,
-y ésto, no sabiendo áun que los hobiese tomado de la
-tierra y pueblo donde quedaban los religiosos; y la diligencia
-que hicieron, para restituirlos en su libertad y á sus tierras, fué
-repartillos entre sí los mismos jueces ó oidores, ó por esclavos,
-ó por naborias para perpétuamente servirse dellos. Habia en
-estas islas, entre los españoles, dos maneras de esclavos perpétuos,
-la una, los que podian vender públicamente, como los
-que tomaban en las guerras, y la otra, los que no se podian
-vender que se supiese, y éstos llamaban naborias, puesto que
-para vendellos, tambien secretamente, buscaban y tenian mil
-mañas y cautelas; comunmente llamaban los indios en su
-lengua naborias los criados y sirvientes ordinarios de casa.
-Desde á pocos dias llegó el otro navío con las cartas de los
-religiosos y las nuevas de la obra que aquellos habian hecho;
-entónces, el Capitan, que principalmente la habia cometido,
-sintiendo que su insulto y maldad era descubierta, acogióse
-al monasterio que allí se comenzaba de la Merced, y tomó el
-hábito por miedo de la justicia. Vistas las cartas de los religiosos
-los del monasterio de Sancto Domingo, y conocido el
-grande y cierto peligro en que aquellos quedaban, fué el padre
-fray Anton Montesinos, que ya era venido á esta isla de la
-de Sant Juan, á donde habia quedado enfermo, y mostró las<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span>
-dichas cartas á los oidores, rogándoles y suplicándoles, y despues
-muchas veces requiriéndoles, proveyesen de poner en libertad
-al cacique D. Alonso, y á su mujer, y á sus 17 personas,
-y los mandasen meter con toda brevedad en un navío y restituillos
-en su tierra ántes que á los frailes matasen los indios.
-Aprovecharon poco los ruegos y clamores y requerimientos
-que se les hicieron, ni el riesgo y peligro y cierta muerte de
-los religiosos que en tierra firme quedaban, y escándalo de
-aquellas gentes é infamia de la religion cristiana que de allí
-resultaba, que les representaron, porque todo lo pospusieron
-por no dejar las personas que de aquel robo á cada uno habian
-cabido, cuanto entre sí los repartieron; de estas justicias han
-sido innumerables las que los jueces del Rey han ejercitado en
-estas Indias. Por manera, que así se consumieron el cacique
-D. Alonso y los suyos en los trabajos y provechos temporales
-de aquellos jueces, y los indios de tierra firme, pasadas las
-cuatro lunas ó meses, viendo que los frailes no salian verdaderos
-en lo que les habian dicho, que se les restituiria su Cacique,
-acordaron de matallos y en efecto los mataron; y así,
-cierto, fué mártir fray Juan Garcés, habiendo sido en esta isla
-uno de los destruidores della, y otro diablo; del presentado y
-felice padre fray Francisco de Córdoba, ménos hay que dudar,
-segun era tenido por religiosísimo y siervo de Dios. Del martirio
-de los semejantes ningun cristiano prudente debe titubear,
-como quiera que allí hubiesen ido mandados por la obediencia
-de su Prelado, y por causa de la predicacion de la fe
-enviados y ellos otro fin no pretendiesen; y esta causa dá forma
-propiamente al martirio, puesto que los indios no los mataron
-por la fe, sino como á españoles de quien sospechaban
-haber tenido parte ó arte en la injuria, injusticia y daño que
-se les habia hecho llevándoles su señor por haberse fiado
-dellos, ó como á parte y personas de aquella nacion contra
-quien tenian ya justa guerra, ya que á los predones é injuriadores
-no podian haber. Finalmente, cuanto á la razon del
-martirio de parte dellos toca, ellos fueron muertos por la fe
-y así se debe tener por cierto estar reinando con Jesucristo<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span>
-Supimos despues, de algunos indios, que primero mataron al
-fraile lego estando el Presentado atado y viéndolo matar, en
-lo cual parece haber proveido la bondad divina á la flaqueza
-del fraile lego, que pudiera en la fe y virtud desmayar, dejando
-para la postre al que, como más ejercitado en la virtud y
-religion, y tambien en las letras, debia tener mayor constancia.
-Aquí podrá cualquiera pio cristiano y áun discreto varon, considerar,
-quién dará cuenta á Dios y cuánto se les habrá zaherido
-(porque todos son muertos), la muerte de aquellos siervos
-de Dios, y la predicacion de tantas ánimas como hobieran de
-los indios convertido, aunque no fuera más de baptizar los
-niños, que desde entónces acá, que han pasado cuarenta y
-ocho años largos, que murieron y mueren sin bautismo. Dejo
-de decir el escándalo grande que por toda aquella tierra hobo,
-y aborrecimiento de los cristianos y nombre de Cristo, y por
-consiguiente de los religiosos, por quien habian de ser alumbrados
-y convertidos, lo cual todo, no ha causado chica jactura
-en la Iglesia de Jesucristo, tomando principio de allí la perdicion
-grande de aquel gran pedazo de tierra firme. Añidiéronse
-luégo á aquellos muchos otros escándalos que los españoles,
-con achaque de ir á sacar perlas de la isleta de
-Cubagua, que allí está junto, á los vecinos y gente que por
-aquella costa vivian, cada y cuando que podian, hacian. Acordaron
-de hacer un pueblo en la misma isleta, y, porque no tiene
-agua ninguna potable, iban en barcos al rio de Cumaná, que
-está de allí 7 leguas y traiánla en pipas, de donde resultaba
-mil insultos que cometian en los indios, como abajo, si Dios
-quisiere, será dicho; acrecentaron otros buenos recaudos, y
-éstos fueron señalados muy muchos y execrables, conviene á
-saber, que como los indios desta isla se iban del todo acabando,
-y habian tambien acabado los innumerables vecinos
-de las islas de los Lucayos, acordaron de hacer armadas de
-dos y de tres navíos, para ir á saltear las gentes de aquella
-tierra firme y traerlas á esta isla, y hacer dellos lo que de
-los naturales della hicieron y de los que trujeron de las dichas
-islas de los Lucayos. Los estragos que con estas armadas<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span>
-en aquella tierra firme y en las islas comarcanas cometieron,
-si Dios quisiere, parecerán abajo, y así, por toda aquella tierra
-firme quedó el nombre de Jesucristo y de la religion cristiana
-tan infamado, cuanto ninguno lo puede encarecer ni áun
-imaginallo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p>
-
-<h2 id="XXXV">CAPÍTULO XXXV.</h2></div>
-
-
-<p>El primer Obispo que, de los nombrados arriba y primeros
-de todas las Indias, que fueron señalados para esta isla y
-para la de Sant Juan, vino á ella consagrado, fué el licenciado
-D. Alonso Manso, que dijimos ser canónigo de Salamanca. Este
-era teólogo y persona de muy buena vida, en las cosas del
-mundo no muy experimentado, hombre recto, humilde, simple
-y llano, y, por estas calidades virtuosas, del Rey y de la
-Reina bien estimado; al cual cometieron que visitase aquella
-Universidad de Salamanca, y porque los doctores y catedráticos
-salieron al recibimiento, creo, del príncipe D. Juan ó de
-los mismos Reyes, con ciertas vestiduras de seda ó raso, á
-costa del arca de la Universidad, los condenó en que de sus
-casas lo pagasen, y fué aquesta condenacion entónces harto
-notada y nombrada. Venido á su obispado é isla de Sant Juan,
-como en Castilla se tenia en práctica que la granjería principal,
-con que acá se allegaban dineros y adquirian oro los
-hombres, era tener repartimiento de indios para echarlos
-en las minas, nunca haciéndose caso ni boqueándose que los
-indios cada dia perecian en las minas, matándolos, y en los
-otros trabajos al sacar del oro ordenados, debió de pedir el
-señor Obispo al Rey que le diese su repartimiento como á los
-demas se daba. Finalmente, que tuvo repartimiento de indios,
-y sirviéndose dellos, no sabré decir si los hizo echar á las minas,
-ó se contentó con ocupallos solamente en los otros trabajos,
-como eran en las labranzas donde se hacia el pan y lo
-demas para mantener la casa, pero con todas sus virtudes y
-teología, no cayó en su ceguedad, y de los españoles á quien
-él era obligado á alumbrar, de como aquellas gentes eran
-opresas y tiranizadas contra toda razon y justicia, y perecian<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span>
-sin doctrina, y sin fe y sacramentos eternalmente; y en su
-tiempo, que no fué poco lo que vivió en aquella isla, dentro
-del cual cuasi todos murieron, no hobo más cuidado ni memoria
-de la obligacion que él y los españoles tenian á la enseñanza
-é instruccion de aquellas gentes, y á no se servir
-dellos donde perecian, que si no fueran hombres, y así, con
-este descuido y simplicidad, murió el buen Obispo, aunque
-no faltó quien, muchos años ántes que muriese, en Castilla,
-le avisase. Pocos meses despues de llegado á aquella
-isla, quiso llevar diezmos personales á los vecinos españoles
-dellas, dándole el diezmo de lo que cada uno, por su persona
-adquiriese, y creo que debia tambien pretender del oro que
-ganasen y adquiriesen de las minas y de las otras granjerías con
-los indios, pero los españoles resistieron, como sepan volver
-por sí. No sé los comedimientos que el Obispo con ellos hizo,
-ni los que ellos con él hicieron, pero él procedió con sus censuras
-contra ellos, como á pertinaces desobedientes, lo mismo
-hicieron ellos, con harta temeridad y desvergüenza, porque,
-por escarnio y haciendo burla dél, lo descomulgaban
-ellos; quitábanle, á lo que yo me acuerdo, la comida ó parte
-della, en lo que ellos podian, hiciéronle grandes desacatos y
-molestias, en tanto grado, que, como era manso y humilde,
-no pudiéndolas sufrir ó no sabiendo darse á manos con ellos,
-acordó de se ir á Castilla á quejarse al Rey, ó á tornarse á Salamanca,
-á su canongía. Estuvo en Castilla tres ó cuatro años, y
-no faltando quien le acusase la consciencia, y tambien quien
-le nombrase para Inquisidor en esta isla, hóbose de tornar, y
-estuvo aquí algun año ó dos, entendiendo en las cosas del
-Santo Oficio, y despues se fué á su Obispado, donde, como se
-dijo, vivió muchos dias. No tractó más de los diezmos personales
-por evitar el escándalo, aunque era escándalo de malicia,
-porque todo hombre cristiano es obligado por derecho á pagar
-los diezmos personales, si la Iglesia lo pide. Los pecados que en
-aquellas desobediencias y menosprecios de las censuras, y afrentas,
-y escarnios que de su Prelado y Obispo cometieron, algunos
-de los culpados los comenzaron á pagar en esta vida; de uno<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span>
-se yo que murió malamente, porque, estando en su cama seguro,
-entró otro y le dió de puñaladas, y así, creo yo, que á los
-demas les vinieron en esta vida tribulaciones hartas, como sobrevinieron
-en aquella isla, sino que no hemos mirado en ello,
-aunque bastaba para provocar la indignacion divina y destruillos
-á todos haber ellos destruido los indios. El obispo de
-la Concepcion y de la Vega desta isla, no vino á ella sino despues
-de algunos años, y entretanto envió un Provisor, llamado
-D. Cárlos de Aragon, doctor de París en teología, solemnísimo
-predicador, que donde predicaba todo el mundo se iba tras él
-por oirlo. Este doctor, como era aragonés, y el tesorero Pasamonte
-lo era tambien, y era persona de tan grande autoridad
-en esta isla, y en Castilla con el Rey, é Conchillos, el Secretario,
-aragonés, y que rodeaba todo lo de estas partes, y el Factor
-desta isla tambien aragonés, y con ser doctor de París
-y tener grande gracia de predicar, y caballero, que áun dijeron
-ser pariente del Rey, con todos estos adminículos y favores,
-y no haber en esta isla entónces letrados, sino los frailes
-de Sancto Domingo, y éstos, viviendo en su pobreza y humildad,
-haciendo poco estruendo de lo que sabian, el doctor don
-Cárlos, cierto, daba de sí en los sermones grandes y claras
-señales de arrogancia y presuncion; entre otras era, que los
-briales de su madre vendia para estudiar en París, y los estudios
-y trabajos que en adquirir las letras que sabia habia pasado.
-Alegaba muchas veces á su maestro Joanes Majoris en el
-púlpito, y cuando lo alegaba tiraba el bonete, diciendo con
-gran reverencia: «esto dice el tal doctor Joanes Majoris»;
-subió más su presuncion, á mostrar tener en poco la doctrina
-de Sancto Tomás, y hablar del Santo con una manera de menosprecio,
-diciendo así cuando tractaba de materias: «perdone
-el señor Sancto Tomás, que en ésto no supo lo que dijo,» y
-cuando esto decia, quitaba el bonete. En este tiempo predicaba
-muy sueltamente proposiciones nuevas y que, oidas por los religiosos
-de Sancto Domingo, que los seglares les iban á referir,
-juzgaban ser escandalosas y mal sonantes, y entre otras, entendieron
-que cogian los seglares, decir D. Cárlos en ciertas<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span>
-materias, no ser pecado mortal lo que lo era, por manera que,
-pareciéndoles que el pueblo comenzaba á padecer peligro
-oyendo doctrina no sana, acordaron de ocurrir á ello, y no me
-acuerdo sobre qué materia, que habia predicado D. Cárlos,
-mandó el Vicario de los frailes á un padre fray Bernardo de
-Sancto Domingo, que era el más docto y habia sido uno de
-los primeros que habian traido la Órden acá, que fuese á fijar
-ciertas conclusiones en el púlpito de la iglesia de la ciudad,
-contra la doctrina que habia predicado D. Cárlos, estando toda
-la iglesia llena de gente, que debia ser dia de fiesta. El tesorero
-Pasamonte y todos los demas, ó con buen celo por impedir
-escándalo, ó porque la honra, crédito y autoridad que
-habia D. Cárlos adquirido en esta isla, no padesciese algun
-daño, rogando é importunando mucho al padre fray Bernardo,
-le impidieron que las conclusiones no fijase; el cual, visto que
-aunque porfiase á fijarlas no podria salir con ello, porque
-por bien ó por mal no lo dejaran, acordó tornarse á su casa
-sin hacer más; lo que pudieron hacer los religiosos fué, recoger
-las más proposiciones que pudieron haber, que D. Cárlos
-habia, ó era fama entre los seglares que habia predicado, y enviarlas
-á España al Provincial, para que allá las viesen, y lo que
-conviniese remediasen. Desde á algunos dias, acuerda D. Cárlos
-irse á España; llegó á Sevilla y mudó la color del hábito, vistiéndose
-de paño humilde y pardo. Comienza á predicar en
-muchas iglesias y lugares, y váse toda la ciudad tras él, donde
-quiera que predicaba; ó por el aviso que de acá los religiosos
-de Sancto Domingo dieron, ó porque Dios no se olvidaba de
-la honra y autoridad de Sancto Tomás, comenzaron á le ir á
-oir é notar los frailes de la Órden lo que predicaba. De Sevilla
-váse á Castilla y á la corte, predica por ella, vánle á oir los
-frailes, colígenle muchas proposiciones no dignas de verdadero
-cristiano, y, segun entendí, el padre fray Diego de Victoria,
-solemnísimo predicador en España, de la misma Órden,
-y hermano del maestro fray Francisco de Victoria, que tanta
-claridad por su doctrina desparció en España, denunció dél
-á los inquisidores veinticinco ó treinta errores y herejías,<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span>
-que habia predicado. Prendiéronlo, y al cabo, en Búrgos lo
-sentenciaron á que se retractase y desdijese, y anatematizase,
-creo que, de veinticinco erróneas proposiciones de diversas
-calidades, dañadas; el cual, en presencia de toda la corte, en
-la iglesia mayor de Búrgos, creo, el año de 513, subido en
-un púlpito, se desdijo y retractó y anatematizó, segun le sentenciaron,
-y retractándose de cierto error, dijo: «en ésto que
-dije de tal y tal materia, digo que dije mal.» Responde
-el obispo de Búrgos, que era D. Juan Rodriguez de Fonseca,
-del que arriba hemos hablado y hablaremos, si place á Dios,
-áun harto, á alta voz: «decid que mentísteis»; dice D. Cárlos,
-«digo que mentí.» Condenáronlo en privacion perpétua de la
-predicacion, y que todos los dias de su vida estuviese en un
-monasterio haciendo penitencia, encerrado, y, finalmente,
-nunca él despues jamás pareció; y díjose que el Rey católico
-trabajó mucho de que con él se hobiese la Inquisicion piadosamente
-y no saliese afrentado, así como por ser aragonés y
-más como deudo suyo, pero no pudo acaballo. Y por ésta
-manera hirió y castigó la divina justicia la soberbia y arrogancia
-de D. Cárlos, y volvió por la doctrina y santidad del
-santo doctor Sancto Tomás, á quien habia en sus sermones,
-cuando dél hablaba, irreverenciado.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p>
-
-<h2 id="XXXVI">CAPÍTULO XXXVI.</h2></div>
-
-
-<p>En el libro I hicimos mencion de cómo el Almirante primero,
-que estas islas é Indias descubrió, entre otras, hizo edificar
-una fortaleza en la Vega, junto al pié del cerro grande
-donde se puso la cruz que dura hasta hoy, con la cual toda
-esta isla tiene gran devocion; esta fortaleza era de tapias y
-madera, la cual, para se defender pocos españoles de indios
-desnudos, en cueros, sin armas, como éstos eran, era más
-fuerte, mucho, que Salsas para contra franceses. En este tiempo
-de que vamos en este libro hablando, ya la fortaleza se iba
-cayendo, ó lo más della era caido, y ni habia para qué haber
-fortaleza, como fuesen muertos los indios todos, y ni para
-otros enemigos, porque si para otros hobiera de ser, si no eran
-pájaros, poco aprovechaba aquella; con todo ésto no faltó
-quien diese aviso en Castilla, que se pidiese el Alcaidía della,
-y el Rey la dió con cierta quitacion cada año por ella, engañado
-por los que le servian, llevándole ó haciéndole llevar
-sus dineros, sin fruto y sin provecho, como cada dia vemos
-que inventan oficios sin ser menester, sólo para su interese y
-provecho y para hacer sus casas, y de los que ellos quieren,
-aquellos de quien el Rey más se fia en estas Indias, y aún en
-Castilla, y ésto no es sino robar al Rey, sin temor de Dios y
-suyo, y lo peor es que se lo venden por servicio. Así que, por
-ésta misma forma fué lo de aquesta fortaleza, que estando caida
-ó que se caia, y en un desierto, como está toda aquella Vega,
-porque muertos los indios, luégo se despobló de españoles, y
-no paró en ella algun vecino, pidiéronla al Rey católico, y hizo
-merced de la Alcaidía della como si fuera la de Fuenterrabía;
-ésta se concedió á un Rodrigo de Alburquerque, hombre de
-autoridad y que tenia manera de caballero, y, segun se dijo,
-era muy deudo del licenciado Zapata, que, segun arriba queda<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span>
-dicho, era el de los del Consejo de quien más el Rey caso
-hacia, por ser de gran seso y en el Consejo muy antiguo.
-Este Rodrigo de Alburquerque vino á esta isla, y tuvo la fortaleza
-ó tapias podridas, pero lo principal era repartimiento
-de indios; estuvo acá no mucho tiempo, y habidos algunos dineros,
-sacados con los sudores de los indios en oro de las
-minas, para tornar con mejor cargo fuese á Castilla, y bien
-creo que dejó su casa é granjerías enhiestas, y para las aumentar
-los tristes indios. Llegado allá, negoció luégo lo que
-le debia de haber llevado, y ésto fué ser repartidor de
-los indios; y éste fué el primero repartidor de indios, sin
-ser Gobernador, porque hasta entónces siempre anduvo con
-la gobernacion el repartir de los indios. Este oficio, apartado
-de la gobernacion, era el que hacia, hiciera, y hoy
-haria, señor de toda la provincia ó reino al que lo tenia
-ó tuviese, al cual se temeria y adoraria, no se curando
-ninguno del que fuese Gobernador y administrase la justicia,
-porque poder dar ó quitar indios, ésto es lo que se ha
-estimado, amado y temido por los españoles en estas Indias;
-lo cual, conosciendo bien un docto y sancto religioso de la
-órden de Sancto Domingo, que escribió un tractado breve contra
-la tiranía del repartimiento en esta isla, de que abajo, si
-Dios quisiere, se hará mencion, dijo que los españoles adoraban
-dos ídolos en estas tierras, uno mayor, y otro menor: el
-mayor era el que repartia los indios, al cual, por contentarlo,
-porque diese ó no quitase los indios, hacian mil maneras de
-cirimonias, lisonjas y mentiras, y honores, en lugar de sacrificios;
-el ídolo menor eran los desventurados indios, á los
-cuales no estimaban ni amaban, y adoraban las personas,
-sino el uso, trabajos y sudores, como se usa del trigo, del
-pan ó del vino, y si queremos podemos no absurdamente
-decir, que, al cabo, en cada demora ó temporada, que duraba
-el sacar del oro, al mismo oro sacrificaban los indios matándolos
-en las minas. Tornando al propósito, alcanzó Rodrigo de
-Alburquerque, del Rey, fácilmente, por estar de por medio el
-dicho licenciado Zapata, el oficio de repartidor de los indios<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span>
-en esta isla, y fué aquel oficio quitado al almirante D. Diego,
-que gobernaba esta isla, y así de la gobernacion distincto; de
-lo cual el Almirante se agravió despues, y sobre ello pedia
-justicia, puesto que tan poca tenia él como Alburquerque
-para pedillo por la parte que tocaba á la injusticia que á los
-indios en ello se hacia, pero, si fuera otra cosa de preeminencia
-y aprovechamiento de honra ó de hacienda, ninguna duda
-se debe tener sino que, por sus privilegios, muy bien ganados
-y merecidos por su padre, se le debia de justa justicia. Vino,
-pues, por repartidor Rodrigo de Alburquerque á esta isla, y
-el poder que le dió el Rey trujo una cláusula, que hiciese el
-repartimiento general con parecer del tesorero Pasamonte,
-porque ya está dicho arriba, que el tesorero Pasamonte fué
-una persona muy prudente y de mucha autoridad, y de gran
-crédito para con el Rey, y cuasi todo lo que por entónces habia
-por estas partes poblado de españoles se gobernaba en
-Castilla por su parecer. Tambien queda dicho en el segundo
-libro, como cuando vino el dicho tesorero Pasamonte á esta
-isla, que fué el año de 508, habian quedado en ella de las multitudines
-de vecinos y gentes que habia, 60.000 indios, no vecinos,
-sino chicos y grandes, mujeres y niños, y el año de 509,
-cuando vino el Almirante segundo, D. Diego, habia 40.000; pero
-cuando vino este Rodrigo de Alburquerque por repartidor el
-año de 514, habia hasta 13 ó 14.000 indios, por manera que, por
-estos grados, iban matando y destruyendo estas gentes nuestros
-españoles, con la priesa que les daban, echándolos á las
-minas y á los otros trabajos á ellas ordenados, por hacerse
-ricos, lo cual nunca alcanzaron, sino siempre vivian en hambre
-y sed de oro, y todo se les deshacia entre las manos, y al
-cabo los más morian llenos de deudas, y muchos no salian de
-cárceles, y otros huian por los montes, y, escondidos en navíos,
-se pasaban á otras partes destas Indias los que podian.
-Esto era manifestísimo juicio de Dios, para que se cognosciese
-la iniquidad, injusticia y crueldad que á estas gentes se hacia,
-y cuán bañado en sangre humana era todo lo que adquirian.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span></p>
-
-<h2 id="XXXVII">CAPÍTULO XXXVII.</h2></div>
-
-
-<p class="i2">En el cual se contiene cómo se hobo el repartidor Alburquerque en el repartimiento que
-hizo.&mdash;Como se dijo que habia vendido los repartimientos.&mdash;Los clamores y quejas que
-dieron dél.&mdash;Cómo rezaba la Cédula de la Encomienda, y lo que proveyó el Rey sobre
-las quejas que dél á Castilla fueron.</p>
-
-
-<p class="p2">Venido, pues, Alburquerque con su oficio de repartidor,
-adobó todo lo que hasta entónces se habia errado cerca de los
-tristes indios por esta vía; mandó apregonar con gran solemnidad
-el repartimiento general de toda esta isla, como si fuera
-desde su primer descubrimiento que estaba de gentes plenísima;
-mandó visitar y contar todos los indios que habia en la
-isla, y en éste comedio, pasando algunos dias, díjose que, hablando
-con los españoles vecinos que tenian dineros, y que
-esperaban repartimiento de indios, y otros quizá que no lo
-esperaban, decia que se habia casado con una doncella de
-mucho merescimiento y que habia menester dineros, que le
-harian gran placer si le prestasen algunos los que los tenian,
-y por otras vías y cautelas daba á entender, que quien quisiese
-indios, ó más en número que otro, indios ó indias, más
-cercanos de las minas ó más dispuestos al propósito de dar
-mayor provecho al que le cupiesen, que le habia de dar dineros.
-Finalmente, como quiera que ello fué, se publicó y se
-dieron quejas dél grandísimas, que habia vendido los repartimientos
-de los indios ó algunos dellos; pues como los 13.000
-ó 14.000 indios estaban repartidos en los muchos vecinos que
-habia en esta isla, que eran el resíduo y las heces de los que
-cada uno habia muerto, y hobo de engrosar los repartimientos
-para darlos á los que le parecia ó queria hacer más honra,
-por amor ó por favor, ó á quien los habia vendido, dejó á<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span>
-todos los más, ó á muchos de los vecinos, sin darles algunos
-indios; de aquí fueron terribles los clamores que los que sin
-indios quedaron daban contra él, como contra capital enemigo,
-diciendo que habia destruido la isla. La Cédula que daba
-del repartimiento y encomienda rezaba desta manera: «Yo,
-Rodrigo de Alburquerque, repartidor de los Caciques é indios
-en esta isla Española, por el Rey é la Reina, nuestros señores,
-por virtud de los poderes Reales que de Sus Altezas hé y tengo
-para hacer el repartimiento y encomendar los dichos Caciques
-é indios é naborias de casa á los vecinos é moradores desta
-dicha isla, con acuerdo y parecer, como lo mandan Sus Altezas,
-del señor Miguel de Pasamonte, Tesorero general en estas
-islas y tierra firme por Sus Altezas; por la presente, encomiendo
-á vos, Nuño de Guzman, vecino de la villa de puerto
-de Plata, al cacique Andrés Guaybona con un Nitayno suyo,
-que se dice Juan de Barahona, con 38 personas de servicio,
-hombres 22, mujeres 16; encomendósele en el dicho
-Cacique, siete viejos que registro, que no son de servicio, encomendósele
-en el dicho Cacique, cinco niños que no son de
-servicio, que registro, encomendósele asimismo dos naborias
-de casa, que registro, los nombres de los cuales están declarados
-en el libro de la visitacion y manifestacion que se hizo en
-la dicha villa ante los Visitadores y Alcaldes della; los cuales
-vos encomiendo para que vos sirvais dellos en vuestras haciendas,
-é minas, é granjerías, segun é como Sus Altezas lo
-mandan, conforme á sus ordenanzas, guardándolas en todo y
-por todo, segun é como en ellas se contiene, é guardándolas
-vos, los encomiendo por vuestra vida é por la vida de un heredero
-hijo é hija si lo tuviéredes, porque de otra manera Sus
-Altezas no vos los encomiendan, ni yo en su nombre vos los
-encomiendo: con apercibimiento que vos hago, que, no guardando
-las dichas ordenanzas, vos serán quitados los dichos
-indios. El cargo de la conciencia del tiempo que los tuviéredes,
-é vos sirviéredes dellos, vaya sobre vuestra consciencia é no
-sobre las de Sus Altezas, demás de caer é incurrir en las otras
-penas dichas é declaradas en las dichas ordenanzas. Fecha en<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span>
-la ciudad de la Concepcion, á 7 dias del mes de Diciembre
-de 1514 años.&mdash;Rodrigo de Alburquerque.&mdash;Por mandado del
-dicho señor Repartidor, Alonso de Arce.» Bien hay que considerar
-cerca desta encomienda, y de la firma de la Cédula, y lo
-primero, á cuánta infelicidad de diminucion y perdicion habia
-llegado esta isla, que donde habia sobre tres millones de vecinos
-naturales della, y que aquel Cacique y señor Guaybona, por
-ventura tuvo, como todos comunmente los menores señores
-áun tenian, sobre 30 y 40.000 personas en su señorío, por
-súbditos y 500 Nitaynos (Nitaynos eran y se llamaban los
-principales como Centuriones y Decuriones ó jurados, que tenian
-debajo de su gobernacion y regimiento otros muchos),
-le encomendase Alburquerque á Nuño de Guzman un Nitayno
-y 38 personas, y tantos viejos inútiles ya para trabajos, aunque
-nunca los jubilaban ni los dejaban de trabajar, y lo mismo los
-cinco niños; y fuera bien que tomara cuenta Rodrigo de Alburquerque
-á Nuño de Guzman, que cuántos habia muerto de la
-gente de aquel Cacique, desde que la primera vez se los encomendaron,
-pero no tenia él aquel cuidado. Lo otro que se
-debe de considerar, es la sentencia que contra los del Consejo
-del Rey, sin entenderla, daba, manifestando la tiranía tan
-clara, que en tan gran perjuicio é injusticia destas gentes sustentaban,
-diciendo y haciendo, «se os encomienda el Cacique
-fulano, (conviene á saber, el señor y Rey en su tierra), para
-que os sirvais dél y de sus vasallos, en vuestras haciendas y
-minas, y granjerías,» etc. ¿dónde mereció Nuño de Guzman,
-que era un escudero pobre, que le sirviese con su misma persona
-el Rey y señor de su tierra propia, Guaybona, con el cual
-pudiera vivir, cuanto á la sangre y cuanto á su dignidad, dejada
-la cristiandad á parte, la cual, si á Guaybona se le predicara,
-por ventura y sin ella, fuera mejor que él cristiano, no más
-de porque Nuño de Guzman tuvo armas y caballos, y Guaybona
-no las tenia, y así todos los demas? no hobo más justicia
-que aquesta, ni otro título más justificado para que Guaybona,
-Rey, sirviese en sus haciendas, minas y granjerías, como si
-fuera un gañan, al escudero Nuño de Guzman. Lo mismo ha<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span>
-sido en todo lo que se ha hecho cerca destos repartimientos,
-en perdicion destas gentes, en estas partes, y ninguna causa,
-derecho, título, ni justicia otra ha habido más; la cual, los
-del Consejo del Rey, pues eran letrados, y por ello honrados,
-estimados, encumbrados y adorados, no habian de ignorar.
-Lo tercero que conviene aquí no sin consideracion dejar
-pasar, es el escarnio de las palabras de la Cédula, dignas de
-todo escarnecimiento, conviene á saber: «guardando las ordenanzas
-de Sus Altezas en todo y por todo, porque de otra manera,
-Sus Altezas no os los encomiendan, ni yo en su nombre
-vos os los encomiendo, con apercibimiento que vos hago,
-que, no guardándolas, vos serán quitados»; item, «el cargo
-de la conciencia del tiempo que los tuviéredes y vos sirviéredes
-dellos, vaya sobre vuestra conciencia, y no sobre las de
-Sus Altezas», etc. ¿Qué mayor y más clara burla, ni más perniciosa
-mentira y falsedad? poner aquellas amenazas no era
-sino como si á un lobo hambriento le entregaran las ovejas, y
-le dijeran: «mirad, lobo, yo os prometo que si las comeis, que
-os tengo luégo de entregar á los perros, que os hagan pedazos»,
-ó á un mancebo muy ciego y apasionado de amor de una
-doncella, con amenazas que le harian y acontecerian, y él
-jurase y perjurase de nunca llegar á ella, pero que los dejasen
-solos en una cámara, ó, por más propiamente hablar,
-como si á un frenético le dejasen navajas muy afiladas en la
-mano, encerrado con unos niños, hijos de Reyes, confiando
-en que le habian certificado con amenazas, que si los mataba
-lo habian de matar. Así ha sido, con muy mayor verdad que
-los ejemplos puestos notifican, lo que se ha hecho encomendando
-los indios á los españoles, poniéndoles leyes y penas,
-y haciendo en ellas amenazas ó alharacas, porque nunca se
-quitaron los indios á quien era manifiesto que los mataba, y
-las penas otras no se ejecutaban, y que se ejecutaran, era un
-castellano ó dos, y cosa de escarnio; y si fueran mayores, y
-aunque les pusieran horcas cabe sus casas, que en muriéndosele
-el indio de hambre ó de trabajo los habian de ahorcar, con
-estas condiciones los tomaran y no los dejaran de matar como<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span>
-los mataron, porque la cudicia y ánsia de haber oro era y es
-siempre tanta, que ni la hambre del lobo, ni la pasion del mozo
-enamorado, ni el frenesí del loco se le puede igualar: ésto está
-ya en estas Indias bien averiguado. Y lo más gracioso desta Cédula,
-ó por mejor decir mayor señal de insensibilidad, fué lo
-que dice, que sea á cargo de la conciencia del que los indios
-matare y no de Sus Altezas, como si dando los Reyes, tan
-contra ley y razon natural, los indios libres á los españoles,
-aunque no los mataran, como los mataban y mataron, no
-fueran reos de todos los trabajos y angustias, y privacion de su
-libertad que los indios padecian, cuanto más que veian y era
-manifiesto, en Castilla como acá, que los indios, por dalles á
-los españoles, perecian y se acababan, y así no eran excusables,
-pues no los libertaban; por este nombre de Reyes, entiendo
-los del Consejo del Rey, los cuales tenian y tuvieron toda la
-culpa, pues tiranía tan extraña sustentaron y aprobaron, poniéndoselo
-el Rey en sus manos, y así, el Rey, sin duda ninguna,
-quedó deste tan horrible y enormísimo pecado libre,
-como arriba queda declarado. Hecho este tan execrable repartimiento,
-como dejó á muchos de los españoles sin indios, por
-rehacer ó engrosar los repartimientos y darlos á quien le pareció,
-y se tuvieron por agraviados, hobo grande grita y escándalo
-en esta isla, y fueron á Castilla grandes clamores y
-quejas del Rodrigo de Alburquerque, y llegaron á oidos del
-Rey, pero como él se fué luégo á Castilla y tenia al licenciado
-Zapata, que, como se ha dicho, era el supremo del Consejo, y
-á quien el Rey católico daba mayor crédito, de tal manera fué
-Rodrigo de Alburquerque mamparado y excusado, que hicieron
-hacer al Rey firmar una Cédula harto inícua y contra
-ley natural, conviene á saber, que él aprobaba el dicho repartimiento,
-y de poderío absoluto suplia los defectos que
-en él hobiesen intervenido, y ponia silencio para que dél más
-no se hablase, como si el Rey tuviese poder absoluto para ir
-contra los preceptos de la ley natural, ó aprobar y suplir lo
-que fuese cometido contra ella, que no es otra cosa sino quitar
-y poner ley natural, lo que el mismo Dios no pudo hacer,<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span>
-porque no puede negar á sí mismo, como dice Sant Pedro, pero
-éstos semejantes errores y otros peores, aunque no sé si otros
-peores pueden ser, hacen hacer á los Reyes algunas veces los
-de sus Reales Consejos, de lo cual se quejaba aquel gran
-rey Artaxerxes, como parece en el capítulo final del libro de
-Esther. Los defectos de aquel repartimiento fueron muchos
-contra razon y ley natural, como fué aquel general de dar los
-hombres inocentes, libres, en tan mortífero captiverio, y á los
-señores naturales de vasallos hacellos siervos de los mismos
-trabajos, sin respecto ni diferencia de los demas; el otro, vendellos
-ó dallos por dineros, si lo que se dijo fué verdad; lo
-otro, no tener respeto alguno al provecho de los indios desmamparados,
-dándolos á quien mejor los tratase, sino á quien
-más favor tenia ó amistad, ó más dineros quizás daba; lo otro,
-porque supuesta la tupida ceguedad que todo género de hombres
-por entónces tenia, y pluguiese á Dios que hasta hoy no
-durara en muchos, que estimaban y estiman los indios ser
-propia hacienda de los españoles, despues que una vez se los
-repartian, ó porque habian, como ellos dicen, servido en los
-guerrear, sojuzgar, matar y robar, lo cual toman por su muy
-glorioso título, muy gran agravio Alburquerque hizo á los
-que, por dallos á otros, quitaba y dejaba sin indios, y así hacíales
-injuria é injusticia, y era contra ley y razon natural,
-en la cual, el Rey, dispensar ni suplir los defectos no podia.
-Otros defectos é iniquidades puede cualquiera discreto varon,
-del dicho repartimiento que Alburquerque hizo, colegir.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span></p>
-
-
-<h2 id="XXXVIII">CAPÍTULO XXXVIII.</h2></div>
-
-
-<p>Y porque viene á propósito de lo dicho, que los Consejos
-de los Reyes hacen muchas veces determinar grandes errores
-á los Reyes, acaeció por este tiempo, que, como el padre Vicario
-de los Dominicos, fray Pedro de Córdoba, de quien habemos
-hablado arriba, cuando estuvo en Castilla informó á algunos
-religiosos de los daños y perdicion que aquestas gentes
-padecian y habian padecido, y, entre los otros, fué informado
-dél un padre llamado fray Hierónimo de Peñafiel, persona de
-mucha estima y autoridad en la provincia de España, el cual
-fué á Roma por los negocios de la Órden, siendo Maestro general
-de toda ella el Gaetano; éste padre, como informase al
-dicho Gaetano de aquellas pocas cosas que habia oido al dicho
-padre, fray Pedro de Córdoba, las cuales, cierto, eran, y con
-verdad, pocas en cualidad ó crueldad y cantidad ó número,
-porque no eran sino las desta isla, y destas el padre fray
-Pedro habia oido harto pocas segun las infinitas que despues
-por todo este orbe se cometieron, respondió el Gaetano: <i>¿Et tu
-dubitas Regem tuum esse in inferno?</i> Estas palabras formales me
-certificó á mí, que ésto escribo, el dicho padre fray Hierónimo
-de Peñafiel, siendo Prior de Sant Pablo de Valladolid el
-año de 517, haberle dicho el Gaetano, y porque por aquel
-tiempo escribia sobre la <i>Secunda secundæ</i> de Santo Tomás,
-acordó de escribir contra esta tiranía en la cuestion 66 sobre
-el art. 8.º, donde halló el propio lugar para la materia; el cual
-en muy pocas palabras, con cierta distincion que de infieles
-hizo, dió luz á toda la ceguedad que hasta entónces se tenia,
-y áun hoy, por no mirar ó por no seguir su doctrina, que es
-verdadera y católica, se tiene; y cerca de lo que dijo el Gaetano,
-que no habia duda estar el Rey en el infierno, por con<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>sentir
-ó permitir tan inhumanas injusticias, débese entender,
-tomando el Rey por su Consejo, porque si el Rey voluntariamente,
-sin Consejo, mandara entrar en estas Indias de la manera
-que los españoles en ellas entraron, y perpetrar en estas
-gentes los males, crueldades, y daños, que en ellas hicieron,
-ninguna duda se debe tener, que, segun la ley de Dios, él estaba
-en el infierno, si penitencia no le valió al tiempo de su
-muerte; pero porque, como arriba queda largamente dicho,
-el Rey mandó siempre con diligencia juntar Consejo una y
-muchas veces sobre ello, y estaba aparejado para seguir é
-mandar poner en ejecucion lo que determinase su Consejo, si
-algunos en el infierno por esta causa están, no es, cierto, el Rey,
-sino es los de su Consejo, porque no les era lícito ignorar el
-derecho pues era de su oficio, mayormente el natural, y para
-declararlo el Rey los honraba y remuneraba haciéndolos de
-su Consejo, como arriba tambien se ha dicho; y si las diligencias
-que el Rey hizo el Gaetano supiera, no dudo yo sino
-que al Rey excusara y condenara á los de su Consejo. Tornando
-á los repartidores, despues de ido Alburquerque á Castilla,
-envió el Rey á un licenciado Ibarra, á tomar residencia
-al Alcalde mayor, Marcos de Aguilar, y á los otros sus oficiales
-del Almirante, que luégo murió, como en el cap. 53 del
-libro II se dijo, y éste creo que trujo poder de dar y quitar
-indios, el cual muerto, envió el Rey al licenciado Cristóbal
-Lebron, y éste trujo el mismo cargo de tomar la dicha residencia
-y de los indios, pero no removió indios algunos de quien
-los tenia, mas de, cuando vacaban, repartíalos ó encomendábalos
-á quien se los pedia ó él darlos queria. Despues de estos
-repartidores, como los indios cada dia se disminuian y no eran
-ya cuasi en nada tenidos, lo uno por ser pocos, y lo otro por
-estar tan flacos, desventurados, que ya no eran sino de poco
-ó ningun servicio, tuvo cargo de darlos un fraile de Sant
-Francisco, llamado fray Pedro Mexía, que era Provincial ó Prelado
-guardian del monasterio de Sant Francisco, y de la ciudad
-de Sancto Domingo; dije que tuvo cargo de dallos, y lo mismo
-los repartidores ántes dél, pero no curó, como ni curaron<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span>
-los otros, más del bien y vida de los indios, y mucho ménos
-de su doctrina para que conociesen á Cristo, que si fueran
-unos animalitos, y así, murió el dicho padre fray Pedro Mexía
-en su ignorancia cerca de ésto, como los predecesores suyos
-en aquel oficio muerto habian.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p>
-
-
-<h2 id="XXXIX">CAPÍTULO XXXIX.</h2></div>
-
-
-<p>Dejamos en el estado que está dicho esta isla y las demas,
-suponiendo siempre que en todas cuatro perecian cada dia, en
-las minas y en los otros trabajos, los indios, sin haber más
-cuidado un dia que otro de su salud espiritual, como tampoco
-lo habia de sus vidas. Item, que, como cada dia creciese la
-granjería de las perlas, se hacian de continuo grandes escándalos
-é insultos por los nuestros en aquella costa de tierra
-firme; lo mismo que, como los indios yucayos eran grandes
-nadadores, acordaron, los que los tenian en esta isla y los que
-podian, ir á saltear el rebusco que dellos habia quedado en
-sus islas, ó de otra cualquiera manera, comprados ó trocados,
-ó vendidos, que podian habellos, enviallos á la dicha isleta de
-Cubagua á que sacasen perlas, donde todos se consumian y
-donde fué su final acabamiento, segun que arriba, en el libro II
-y en éste, queda dicho. Esto así supuesto, volvamos á contar las
-cosas que acaescieron por estos años de 12, 13 y 14, en aquella
-parte de tierra firme donde quedaron poblados los españoles
-que habian escapado de las armadas de Alonso de Hojeda y
-Diego de Nicuesa, que fueron los primeros Capitanes que pidieron
-al Rey ser Gobernadores en tierra firme, que tan desastrado
-fin tuvieron, y los demas que llevó consigo el bachiller
-Anciso y un Colmenares, segun en los postreros capítulos
-del libro II queda escrito; en cuyo cap. 64 referimos como el
-bachiller Anciso, que habia ido con un navío é cierta gente
-de esta isla Española, en favor y socorro del Gobernador
-Alonso de Hojeda, pobló el pueblo del Darien y lo intituló
-Sancta María del Antigua, por cierto voto que habia prometido.
-Refirióse más, como los españoles que allí estaban le quitaron
-la obediencia, y eligieron Alcaldes y Regidores de entre<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span>
-sí mismos, y los Alcaldes fueron, Vasco Nuñez de Balboa, natural
-de Badajoz, y á un Juan de Çamudio, vizcaino. Estos,
-con todo el pueblo, echaron de la tierra á Diego de Nicuesa, y
-fueron causa que infelicemente feneciese, puesto que Vasco
-Nuñez á la postre remediallo quisiera, como en el capítulo final
-de aquel libro se dijo, el cual, despues de Nicuesa ido, como era
-de buen entendimiento, y mañoso, y animoso, y de muy linda
-dispusicion, y hermoso de gesto y presencia, y tambien por
-haber acertado en la tierra que habia dicho, cuando en el
-navío de Anciso se perdieron, como en el cap. 63 de aquel
-libro referimos, cobró mucha estima y autoridad y muchos
-amigos en aquella compañía; confiado de todos adminículos,
-viéndose con vara de justicia, (y Dios sabe, y áun los hombres
-lo podrian juzgar, la jurisdiccion que tenia, que ninguna era,
-como allí se dijo), presumió, segun se dijo, de perseguir al bachiller
-Anciso que lo habia llevado en su navío, y vengarse
-de ciertas palabras que le dijo cuando por la mar venian, desque
-supo Anciso que habia entrado escondido en una pipa de
-harina. Para lo cual hizo proceso contra Anciso, oponiéndole
-que habia usurpado y usado jurisdiccion que no tenia, haciéndose
-Alcalde mayor, como no tuviese poder del Rey, sino
-de Hojeda, que ya era muerto, etc.; echóle prisiones en la
-cárcel pública, secrestóle y confiscóle los bienes, y al cabo,
-por ruegos de algunos, soltóle dellas con apercibimiento y
-penas que en el primer navío que viniese se fuese á Castilla,
-ó á esta isla, lo que Anciso más que otra cosa queria. Acordaron
-todo el pueblo que se enviasen procuradores á esta isla,
-al Almirante y á los jueces, pidiéndoles socorro de mantenimientos
-y gente, temiendo la hambre que cada dia se les
-ofrecia, por tener turbada y levantada, por sus obras malas,
-toda la tierra; lo mismo, que fuese quien hiciese relacion al
-Rey, pasando á Castilla. Y considerando Vasco Nuñez que
-las vejaciones que se habian hecho á Diego de Nicuesa, y lo
-mismo las de Anciso, se pagarian algun dia, y tambien quizá
-por se quedar sólo en el mandar y señor de toda aquella
-tierra, tuvo sus maneras de persuadir á su compañero, el al<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>calde
-Çamudio que tuviese por bien de ir á Castilla, á llevar
-las nuevas del gran servicio que allí habian hecho al Rey
-en tener hecho aquel pueblo, y tomada posesion de aquella
-tierra firme por Su Alteza, (puesto que no la tomó él sino
-Anciso), y lo que cada dia le esperaban servir, porque estaban
-en la más rica tierra del mundo, de donde á Su Alteza grandes
-tesoros vernian. Trabajó tambien que se enviase á esta isla
-Valdivia, uno de los Regidores y muy amigo suyo, porque lo
-habian sido ambos, siendo vecinos, de la villa de Salvatierra
-de la Çabana, que estaba en el cabo de esta isla, en la punta ó
-cabo del Tiburon, donde yo á ambos conocí, para hacer saber
-al almirante D. Diego Colon, que la gobernaba, y al tesorero
-Pasamonte, que tenia grande autoridad, como algunas veces
-he dicho, el estado y servicio del Rey en que quedaban, y en
-tierra muy rica, que les enviasen gente, armas y comida,
-para lo cual envió buena cantidad de oro, y secretamente al
-tesorero Pasamonte un buen presente dello, segun se dijo.
-Embarcáronse, pues, en una chica carabela, el Çamudio y
-Valdivia y el bachiller Anciso, dando Vasco Nuñez al Valdivia
-el proceso que habia hecho contra el dicho Anciso. Todavía,
-estando ya embarcado Anciso, ántes que se hiciesen á la
-vela, fueron ciertos de aquellos vecinos, por ventura movidos
-por el Vasco Nuñez, á rogalle que saliese en tierra, y no se
-fuese, que ellos se ofrecian de intervenir para que fuesen
-amigos él y Vasco Nuñez, y que lo dejaria usar el oficio de
-Alguacil mayor, como pretendia, y lo demas que le pudieron
-ofrecer, pero él nunca quiso. Los cuales, Çamudio, y Valdivia,
-y Anciso, llegaron á Cuba, y rescibieron las buenas obras
-de los indios vecinos della, como en el cap. 24 referimos;
-desde allí pasaron todos tres á esta isla, donde se quedó Valdivia,
-y los otros dos pasaron á Castilla. En este tiempo venian
-algunos indios por espías, para ver si los cristianos, de
-quien tanto mal cada dia recibian y temian recibir, se iban,
-ó qué acordaban hacer, y esta venida coloraban con traer
-maíz y cosas de comer, porque les diesen cuentas, y cuchillejos
-y cosillas de Castilla; y, porque se fuesen, decíanles<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span>
-que en la provincia de Cueba, que distaba 30 leguas, habia
-mucho oro y mucha comida. Acordó Vasco Nuñez enviar á
-Francisco Pizarro, con seis hombres, para que fuese á descubrir
-por allí la tierra; salidos por el rio arriba, tres leguas,
-salieron 400 indios con su señor Cemaco, escarmentados
-de la guerra que les habia hecho Anciso, cuando Vasco
-Nuñez dió el aviso de hallar aquel rio y pueblo de aquel señor,
-como en el cap. 63 dijimos, y dan en Francisco Pizarro y en
-sus seis compañeros, con muchas flechas y piedras, de manera
-que á todos descalabraron y hirieron. Mas como las flechas
-no tenian hierba, porque por allí no hacian ó no sabian
-hacella, no les hicieron mucho daño; los españoles arremeten
-contra los 400, y desbarrigan con las espadas, dellos, 150,
-sin muchos otros que hirieron. Viéndose los indios tan maltratados
-de los siete, volvieron las espaldas, que es siempre
-su más seguro y postrero remedio, como gente desnuda en
-cueros. Dejáronse uno de los seis, llamado Francisco Herran, y
-los demas todos muy heridos volviéronse á su pueblo; desque
-Vasco Nuñez los vido, rescibió pesar grandísimo, y mayor
-desque le dijeron que Francisco Herran aún quedaba vivo,
-y, en pena de lo haber dejado, mando á Francisco Pizarro,
-no embargante que venia mal herido, que tornase por él
-con cierta gente, y así lo trujo; no supe si murió de aquellas
-heridas. Salió luégo Vasco Nuñez con cien hombres al campo,
-y anduvo ciertas leguas hácia la provincia de Cueba, cuyo
-Rey tenia por nombre Careta, donde tenian nueva que habia
-mucho de aquel cebo del oro que todos pretendian, y no halló
-persona que le resistiese, ni viese, de paz ni de guerra; no
-porque no supiesen que salia, porque en tener espías no se
-descuidan los indios, sino por el miedo que á Vasco Nuñez ya
-tenian, porque no eran como quiera los estragos que en los
-indios, cuando en ellos daba, hacia. Tornóse desde á pocos
-dias al pueblo del Darien, y dijeron algunos que traia propósito
-de, si hobiese Nicuesa vuelto, dalle la gobernacion y sometérsele,
-y debia de platicarlo así, por reguardo de cumplimiento
-si acaso volviese, porque su entendimiento á ésto y á<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span>
-más que ésto se estendia. Llegado al Darien, visto que Nicuesa
-no volvia, tuvo color de enviar por los españoles pocos
-que de Nicuesa estaban en el Nombre de Dios, con dos bergantines,
-los cuales, viniendo por la costa arriba, y llegando
-á un puerto de la tierra del Cacique y señor de Cueba, llamado
-Careta, salieron á ellos dos españoles, desnudos, en cueros,
-pintados de colorado, que es la color de la que en esta isla
-llamaban lixa. Estos dos, con otro, que fueron tres, habia año
-y medio que se habian salido huyendo del navío de Nicuesa,
-cuando pasaba en busca de la provincia de Veragua, por
-temor de la pena que Nicuesa quisiera dallos por alguna culpa
-en que debieran de haber incurrido, los cuales se fueron á
-poner en manos del cacique Careta, que pudiera hacerlos pedazos,
-segun las obras via ya que los españoles por aquellas
-provincias hacian, pero no lo hizo, ántes los rescibió como
-si fueran sus deudos, y los trató siempre como á sus hijos.
-Y, porque los que andan los pasos que andaban todos éstos,
-no pueden dejar de ofender á Dios, y á otros, y á si mismos
-en todas maneras, estando en poder y á peligro de quien pudiera
-justamente destruillos, no siendo más de tres, aún no
-les faltaban soberbia y rencillas, no pudiendo sufrirse; y así,
-habiendo palabras los dos, un dia, echaron mano de las espadas,
-y el uno, que se llamaba Juan Alonso, dejó al otro
-mal herido. Viendo ésto el Cacique, señor de la tierra, llamado
-Careta, hízolo su Capitan en la guerra, como á hombre
-más valiente, contra ciertos enemigos que tenia, sin el consejo
-y parecer del cual ninguna cosa hacia; del tercero no supe
-qué se hubiere hecho, debió de morirse. Desque vieron los de
-los bergantines y gente de Nicuesa, los dos de su compañía,
-que eran vivos, fué grandísimo el gozo que con ellos rescibieron;
-á los cuales, platicando en las cosas de la tierra, dijeron
-ser de oro muy rica, certificándoles que, si Vasco Nuñez
-viniese con gente sobre ella, serian todos ricos, y para ésto el
-Juan Alonso se ofreció que él daria el Cacique, y que ya era
-señor suyo, en las manos preso. Esto debia él hacer para le
-pagar el caritativo y humanísimo rescibimiento y tractamien<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>to
-que el cacique Careta les hizo, pudiéndoles dar meritísimamente
-la muerte, y por cumplir con la fidelidad que por
-ley y razon natural á Careta, Rey y señor ya suyo, debia.
-Finalmente, acordaron que, para efectuar todos sus deseos,
-era bien que se fuese con ellos el uno para informar largo
-de las cosas de la provincia, que, como dijimos, se llamaba
-Cueba, á Vasco Nuñez, y el Juan Alonso se quedase para
-cuando fuese menester hacer la presa. Júzguese aquí si éstos
-dos, ó á lo ménos el Juan Alonso, era traidor á su señor, á quien,
-al ménos tácitamente, habia prometido fidelidad, pues lo habia
-hecho su Capitan y tomado por consejero; item, si eran
-ambos, en suma ingratitud, desagradecidos, y los que tales
-ofertas les admitian, iniquísimos: pero como estas obras han
-sido las que los indios de nosotros han rescibido.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span></p>
-
-<h2 id="XL">CAPÍTULO XL.</h2></div>
-
-
-<p>Llegados los bergantines al Darien, hobo Vasco Nuñez
-grande alegría con ellos, mayormente viendo al compañero de
-Juan Alonso, y sabidas las nuevas que traian de la riqueza de
-la tierra, y del aparejo que, para prender al rey Careta, el Juan
-Alonso, que allá quedaba, ofrecia; informóse muy en particular
-de la disposicion de la tierra y de la gente della, y de todo
-lo que á su propósito y deseos pertenecia, de aquel compañero
-de Juan Alonso, y tornando á enviar los bergantines,
-para del todo acabar de traer la gente de Nicuesa del Nombre
-de Dios, porque de aquella vez ó viaje no habian en ellos
-cabido, aparejóse muy de propósito para, en siendo venidos, ir
-á infestar, turbar, y angustiar, y robar al cacique Careta, que
-nunca le habia ofendido; los cuales, finalmente, vinieron, y
-tomó 130 hombres, los más sanos y dispuestos, en demanda
-del rey Careta, señor de la provincia de Cueba; creo que
-debia estar del Darien hasta 30 leguas. Llegado Vasco Nuñez
-con sus 130 apóstoles á la tierra y pueblo, y casa del Cacique
-y señor Careta, donde le esperaba Juan Alonso, y creyendo
-el Cacique, que teniendo á Juan Alonso por su criado, y en su
-casa, y habiéndole hecho las obras de suso dichas, estaba seguro
-de rescibir de cristianos agravios ó daños, no quiso huir
-ó resistille, sino esperalle y rescibille en su casa; Vasco Nuñez,
-empero, no como quien venia á tierra y señorío ageno, ni á
-casa de señor y debajo de cuya jurisdiccion, segun ley natural
-estaba, y á quien hacer reverencia por la misma ley é razon
-natural era obligado, sino como si viniera á su propia casa y á
-tomar cuenta á su criado y esclavo, con rostro feroz y mandando
-dice al Cacique que haga aparejar comida y bastimentos
-para los cristianos, conviene á saber, para llevar al<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span>
-Darien, y para los que allí venian; responde Careta, que las
-veces que por su casa cristianos habian pasado, les habia
-mandado dar de los bastimentos que tenia liberalmente, y que
-al presente no tenia que dalles, mayormente que, por tener
-como tenia guerra con otro señor, su vecino, llamado Ponca,
-su gente no habia tenido lugar de sembrar, y así estaba gastado,
-y padecia su casa y tierra necesidad. Dada esta respuesta,
-dice Juan Alonso á Vasco Nuñez, que finja quererse luégo
-tornar con su gente al Darien y vuelva aquella noche á dar
-en ellos desque estén durmiendo, descuidados, y que él trabajará
-de mirar por el Cacique para que de sus manos y prision
-no se escapase. Hízolo así Vasco Nuñez, y tórnase con su
-gente por el camino donde habia venido, del Darien, muy disimulado;
-el triste Cacique y su gente, siempre confiando estar
-seguro por la fidelidad que estimaba tenerle y deberle
-Juan Alonso, y por consiguiente todos los españoles, por las
-obras buenas dél rescibidas, en especial teniéndolo en su
-servicio y casa, creyó ser verdad y sin engaño la maldad que
-se le coloraba, por lo cual, no sospechando mal alguno, echóse
-á dormir como de ántes, descuidado. Vuelve á media noche
-Vasco Nuñez con los suyos, y dá en el pueblo por tres partes,
-dando grita, llamando á Santiago que en tan buena obra les
-ayudase; cuando la gente con su señor á huir acordaron, estaban
-ya muchos dellos desjarretados y otros desbarrigados
-con las espadas; el traidor de Juan Alonso, tuvo tino de mirar
-por el Cacique, y échale mano abrazándose con él y llamando
-que viniesen á le ayudar, porque allí estaba, acudieron á
-las voces aquellos bienaventurados, y hállanle con el Cacique
-abrazado. Por esta órden fué preso Careta, en premio
-de las buenas obras que habia hecho á los cristianos; prendieron
-tambien dos mujeres suyas, y hijos, y otras muchas
-personas, y mandólos á todos llevar al Darien, robado todo
-lo que pudieron hallar en su pueblo y casa, y por esta manera
-cargó los bergantines de bastimento, y tórnase al Darien
-esta grande hazaña hecha. Bien es aquí de considerar, cuán
-casi semejante fué aquesta traicion de Juan Alonso, cometida<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span>
-contra este cacique Careta, su señor, cuyo oficio de Capitan
-habia usado, y viviendo en su casa, y de quien se fiaba y á
-quien tanto agradescimiento él debia por no lo matar, como pudiera,
-de la de Judas, ó al ménos, traicion y maldad fué con
-muchas circunstancias muy calificada; deste caso abominable,
-y salida del Darien para robar é inquietar aquellas gentes,
-hace mencion en su segunda Década, cap. 3.º, Pedro Mártir,
-en mucha parte, y la traicion de Juan Alonso, de la manera
-que está certificada, escribió Tobilla en su Historia, que llamó
-Barbárica; Pedro Mártir, dice así: <i>Duce Vascho Nuñez circiter
-centum triginta viri conveniunt; Vascus aciem suam more gladiatorio
-instruit. Folle tumidior præstites subtitesque sibi ac tergi ductores
-ad libitum eligit: Comitem et collegam ducit secum Colmenarem.
-Exit rapturus a finitimis regulis quicquid fiet obvium,
-regionem per id littus nomine Coibam, de qua mentionem alias
-fecimus, adit. Caretam, ejus regulum, a quo nihil unquam adversi
-passi fuerant, transeuntes appellat, imperiose trucique vultu petit
-præberi advenientibus cibaria. Careta, regulus, posse illis quicquam
-inpartiri negat, se transeuntibus christianis succurrisse sepe numero
-unde penu habeat exaustum arguit, ex dissidiis præterea
-et simultatibus quas exercuit ab ineunte sua ætate cum finitimo
-regulo, qui Poncha dicitur, laborare domum suam rerum penuria.
-Nihil horum admittit Vascus gladiator miserum Caretam; spoliato
-ejus vico, vinctum jubet duci ad Darienem cum duabus uxoribus
-et filiis universaque familia. Apud Caretam regulum repererunt
-tres ex socijs Nicuescæ, qui, Nicuesa pretereunte, judicium ex malefactis
-timentes, aufugerant e navibus in anchoris stantibus,
-classe vero abeunte Careiæ regulo se crediderunt; Careta hos tractavit
-amicissime. Agebatur jam mensis duodevigessimus, propterea
-et nudos reperere penitus uti reliquos incolas, et saginatos
-uti capones manu fæminea domi depastos, in ob caro obsonia dapesque
-regias fuisse sibi illo tempore incolarum cibaria visa sunt.
-Ex Caretæ vico ad presentem famem propulsamdam, non autem
-ad necessitatem penitus tollendam, cibaria detulerunt ad socios in
-Dariene relictos</i>, etc. Esto es lo que dice Pedro Mártir; de la
-traicion de Juan Alonso no dice nada, porque tenia vergüenza<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span>
-y confusion, el que aquesta salida de Vasco Nuñez y obra refirió,
-declarársela, pero pónela Tobilla donde arriba fué declarado.
-Con la comida y despojos que á Careta y su pueblo robó
-Vasco Nuñez, vuelto al Darien, Careta debia de sentir mucho
-su captiverio y destierro de su casa, y tierra, mujeres, y familia;
-rogóle que no le hiciese tanto mal, pues no se lo habia
-merecido, y que él le prometia de hacer cuanto pudiese por
-dalle bastimento para los cristianos, y siempre ser su amigo,
-en señal de lo cual le daba una de sus hijas por mujer, la cual
-era muy hermosa, y que para que su gente tuviese lugar de
-hacer labranzas y sementeras para le proveer, que le ayudase
-contra el señor y cacique Ponca, que era su enemigo. Aceptó
-Vasco Nuñez la dádiva y las promesas, y holgóse mucho con
-la hija, la cual tuvo por manceba, puesto que Careta no entendió
-dársela sino por mujer, como se acostumbraba entre ellos.
-Esta quiso y amó Vasco Nuñez mucho, y fué parte de causa por
-donde al cabo se le rodeó al triste, como parecerá, la muerte;
-sin culpa, empero, del padre Careta y della, sino por los grandes
-pecados y tiranías dél que habia el juicio de Dios comprendelle
-algun dia. Esta confederacion y amistad de este
-modo así asentada, suelta Vasco Nuñez á Careta, y promete
-que, desde á ciertos dias, será con él; puesto que no soy cierto
-si Vasco Nuñez quiso que fuese delante Careta, ó si fueron juntos,
-mas que ambos cumplieron sus promesas.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span></p>
-
-<h2 id="XLI">CAPÍTULO XLI.</h2></div>
-
-
-<p>Llegado, pues, Vasco Nuñez con 80 hombres á la casa y
-pueblo de Careta, primero, porque fué tiempo de sementeras,
-mandó á su gente Careta, que sembrasen para los cristianos
-mucha tierra, ésto hecho, aparejan para ir á destruir al Cacique
-y rey Ponca. Ponca, no descuidado, sintiendo que los cristianos
-iban en favor de Careta, no le osó esperar y acogióse
-al último refugio que siempre tuvieron y tienen los indios
-para se guarecer de los cristianos, que es huir á los montes y
-esconderse por las breñas; y, si pudiesen, se meterian en las
-entrañas de la tierra. Van juntos con sus gentes Vasco Nuñez y
-Careta contra Ponca, y, como no lo hallaron ni á gente suya,
-destruyéronle toda la tierra, tomándole todos los bastimentos
-que pudieron, y el oro que hallaron en joyas escondidas, y lo
-demas abrasado dejaron, como siempre los españoles, donde
-quiera que llegan, suelen hacer. Bien será considerar aquí, con
-qué justicia y con qué conciencia pudo Vasco Nuñez y los
-españoles favorecer y ayudar á Careta, haciendo guerra contra
-Ponca, ni se confederar con él ni con otro en perjuicio de
-algunos de los de la tierra, sin saber y averiguar la justicia ó
-injusticia dello; y si Ponca tenia justa guerra contra Careta,
-¿qué responderia Vasco Nuñez, cuando al tiempo de su muerte
-Dios en su juicio le pidiese, de haber auyentado y perseguido
-á Ponca y á sus súbditos, y hécholes tantos robos y daños,
-cuenta? Pero, cierto, destas semejantes consideraciones y
-prevision ó recatamiento para no ofender á Dios y dañificar
-estas gentes, pocas, por nuestros españoles, en estas Indias se
-han hecho. Dejada la tierra de Ponca, como dicho es, destruida,
-determinó Vasco Nuñez dejar de infestar los Caciques
-y pueblos de la tierra dentro, para despues hacello con mejor<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span>
-sazon y más gente, y vuélvese á los de la costa ó ribera de la
-mar; y el más vecino de Careta era un gran señor de la provincia
-llamada Comogra, y el Rey, que tenia Comogre por
-nombre, tenia su asiento al pié de una muy alta sierra en un
-llano ó campiña muy graciosa de 12 leguas. Un deudo del cacique
-Careta, y principal señor en aquella tierra y casa, que á
-los tales llamaban en aquella lengua Jurá, la última sílaba
-aguda, éste fué medianero que atrajo en amor y amistad de
-los cristianos á aquel señor llamado Comogre, y así el Comogre
-los deseaba ver y cognoscer y tener su amistad. Tenia el
-Comogre siete hijos de diversas mujeres, muy gentiles hombres,
-mancebos de mucha cordura y discrecion, mayormente
-el mayor, dicen que, era dotado de mucha prudencia y más
-virtuoso; sabiendo que venian los españoles, salió á rescibirlos
-con sus hijos y principales y toda su gente, con quien hobo
-grande alegría en vellos, porque los deseaba mucho ver, y
-hácelos aposentar á todos en su pueblo y proveerlos de comida
-copiosamente, y de hombres y mujeres que los sirviesen. Tenia
-sus casas reales las más señaladas y mejor hechas que hasta
-entónces se habian visto en todas estas islas, y en lo poco que
-se sabia de la tierra firme; la longura della era de ciento cincuenta
-pasos, la anchura y hueco de ochenta, estaba fundada
-sobre unos muy gruesos posteles, cercada de muro hecho de
-piedra, entretejida de madera por lo alto, como zaquizamí,
-por tan hermosa arte labrada, que los españoles quedaron espantados
-de verla, y no sabian dar á entender su artificio y
-hermosura. Tenia muchas cámaras, ó piezas y apartamientos;
-una, que era como despensa, estaba llena de bastimentos de la
-tierra, de pan y carne de venados y puerco, y pescado y otras
-muchas cosas comestibles; otra gran pieza, como bodega, llena
-de vasos de barro con diversos vinos blanco y tinto, hecho de
-maíz y raíces de frutas, y de cierta especie de palmas, y de otras
-cosas, los cuales vinos loaban los nuestros cuando los bebian.
-Habia una gran sala ó pieza muy secreta, con muchos cuerpos
-secos de hombres muertos, del cumbre colgados, con unos
-cordones hechos de algodon, vestidos ó cubiertos con mantas<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span>
-ricas de lo mismo, todas entretejidas con ciertas joyas de oro
-y algunas perlas y otras piedras que ellos tenian por preciosas.
-Estos eran los cuerpos de sus padres y abuelos y visabuelos, y,
-finalmente, sus pasados deudos, á quien tenia Comogre en suma
-reverencia, y, por ventura, los tenian por dioses. Cómo aquellos
-cuerpos los secasen para los hacer sin corrupcion perpétuos, en
-nuestra Historia Apologética muy en particular lo declaramos,
-hablando del cuidado y ceremonias con que sepultaban sus difuntos
-estas gentes, que de su buen juicio de razon no fué chico
-argumento. Rescibiendo, pues, el rey Comogre á los españoles
-con la mucha humanidad y alegría que está dicha, luégo,
-como si fueran sus muy caros hermanos y vecinos antiguos,
-amicísimos, los metió en su casa y les mostró todas las piezas
-y particularidades della, hasta el secreto lugar ó sala donde
-tenia sus muertos, que debia tener por oráculo ó por templo;
-el hijo mayor de los siete, que dijimos ser mancebo prudente,
-dijo allí, «digna cosa es que regocijemos á estos hombres extranjeros,
-y los hagamos todo buen tratamiento, porque no
-tengan causa de hacer en nosotros y en nuestra casa lo que
-en nuestros vecinos han hecho.» Mostrada la casa y las cosas
-della, manda traer Comogre ciertas piezas de oro, muy ricas
-en la hechura y en la fineza, que pesarian 4.000 pesos, y 70
-esclavos, y dáselo á Vasco Nuñez y á Colmenares, conociendo
-ser los principales, por señal de amistad y por presente; este
-oro rescibido, apartaron luégo para el Rey, dello, el quinto, lo
-demas entre sí lo repartieron. Al tiempo que lo repartian comenzaron
-á reñir entre sí, dando grandes voces, sobre, quizá,
-quién llevaria las mejores y más bien hechas piezas; visto
-por el hijo mayor del rey Comogre, arremete á las balanzas
-del peso con que lo pesaban, dándoles con el puño cerrado
-recio, y echa mano del oro, y despárcelo arrojándolo por
-aquel suelo, y dice así: «¿Qué es ésto, cristianos? ¿por tan poca
-cosa reñís? si tanta gana teneis de oro que por haberlo inquietais
-y fatigais por estas tierras las pacíficas gentes, y con
-tantos trabajos vuestros, os desterrasteis de vuestras tierras,
-yo os mostraré provincia donde podais complir vuestro deseo,<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span>
-pero es menester para ésto que seais más en número de los que
-sois, porque habeis de tener pendencia con grandes Reyes,
-que con mucho esfuerzo y rigor defienden sus tierras, y entre
-aquellos habeis de topar, primero con el rey Tubanamá (la
-última aguda), que abunda deste oro que teneis por riquezas,
-y dista desta nuestra tierra, de andadura, obra de seis soles,»
-(que son seis dias), y señalaba entónces hácia la mar del Sur,
-que es al Mediodia, con el dedo, la cual decia que verian
-pasando ciertas sierras, donde navegaban otras gentes con
-navíos ó barcos poco ménos que los nuestros, con velas y remos;
-pasado aquel mar, eso mismo añidia, que hallarian de
-oro gran riqueza, y que tenian grandes vasos de oro en que
-comian y bebian, y porque habia entendido de los nuestros
-que habia gran cantidad de hierro en España, de que se hacian
-las espadas, significaba haber más oro que hierro en Vizcaya,
-de lo cual, parece que tenian estas gentes de aquella parte de
-tierra firme, hácia el Darien, y éstos que estaban la costa
-abajo 30 leguas, mucha noticia de las gentes y riqueza del
-Perú, y de las balsas en que navegaban con remos y con velas.
-Y éste fué el primer indicio que se comenzó á manifestar y á
-tener de aquella grande tierra; y porque tenian nuevas de la
-grandeza de aquellos reinos y del mucho poder de los Reyes
-dellos, añidió aquel prudente mancebo, que habian menester
-ser los cristianos 1.000 para ir á acometellos; ofrecióse tambien
-el mozo á ir con los españoles, y á ayudalles con la gente
-de su padre. Eran intérpretes desta plática los dos españoles
-que se habian huido de Nicuesa y vivido con el cacique Careta.
-Oidas por Vasco Nuñez y por su compañía tales nuevas, no
-pecaremos si dijésemos ó juzgásemos haber rescibido inestimable
-alegría, y áun quizás llorado de placer, como suelen
-algunas veces los hombres que mucho desean una cosa, si la
-ven ó tiene esperanza propincua de vella.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span></p>
-
-<h2 id="XLII">CAPÍTULO XLII.</h2></div>
-
-
-<p>Descansaron allí Vasco Nuñez y su compaña algunos dias,
-siempre informándose y certificándose de que hobiese otra mar,
-las dichas sierras pasadas, y, ántes y despues della, las riquezas
-tan grandes que el mozo cuerdo les significaba, otra
-cosa sino dello no hablando; y porque cada hora se les hacia
-un año, por verse ya en lo que sobre todas las cosas deseaban,
-creyendo y áun esperando mucho más que se les denunciaba,
-lo que es propio de cudiciosos y avaros, segun su
-ánsia, despacháronse para el Darien con intencion de avisar
-al Almirante y á los que esta isla gobernaban, de las nuevas
-que habian sabido de la otra mar, y de los tesoros de que
-abundaba, y para que lo escribiesen al Rey, porque proveyese
-de 1.000 hombres y de todo recaudo para la ir á buscar.
-Y aquí no es de callar, sino referir, un desatino, y áun sacrilegio,
-que cometieron, harto notable, semejantes al cual se
-han hecho en estas Indias hartos; éste fué, que, sin más instruccion
-ni doctrina de las cosas de la fe que tenian de ántes,
-al rey Comogre susodicho, y á la gente que con él pudieron
-haber, baptizaron. Hízose y hácese gran ofensa y pecado contra
-Dios dar el Sacramento del baptismo á los infieles idólatras,
-puesto que muestren voluntad de querello y amallo, sin que
-primero sean enseñados y examinados si con verdad renuncian
-sus ritos y errores con las pompas del diablo, y que sepan
-muy bien lo que resciben, y por qué, y para qué, y qué les
-prestará rescibiéndolo y dándoselo; considérese qué premio
-rescibirán de Dios los que fueron causa que aquel señor y sus
-súbditos tornasen, por ignorancia de no ser informados, á
-idolatrar despues de baptizados, porque es manifiesto, como
-habemos visto por larga experiencia, que cuando á los indios<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span>
-se dice, sin otra informacion de la fe, sé cristiano, ó ¿quiéres
-ser cristiano? no entienden sino que les dicen que se llame
-como cristiano ó que sea amigo de los cristianos; pusieron por
-nombre al Cacique y señor Comogre, D. Cárlos, por el amor
-del Emperador, que por aquel tiempo era príncipe de España.
-Partiéronse, pues, Vasco Nuñez y su gente, para el Darien,
-muy alegres, con propósito de, cuan presto pudiesen, tornar
-en busca del mar, y áun del mal, deseado, porque aquel
-descubrimiento del dicho, que tanto él deseaba, le fué causa
-de su muerte, segun que parecerá claro abajo. Llegados
-al Darien, hincheron todos los que allí estaban de alegría y
-regocijo con las nuevas buenas de la otra mar, y de las riquezas
-della de que venian llenos; acrecentó el gozo y placer
-de los unos y de los otros haber venido Valdivia, despues de
-seis meses que de allí habia partido para esta isla, y traido
-bastimentos y larga esperanza del Almirante y de los Jueces
-que luégo en breve les enviarian mas bastimentos y gente;
-excusáronse no haberles proveido ántes, creyendo que la nao
-de Anciso habia llegado en salvo, que iba llena dellos, pero,
-la verdad, aunque llegara salva tambien fuera todo comido,
-porque habia ya cerca de dos años que Anciso habia desta
-isla partido. Finalmente, les enviaron á decir, que dello estuviesen
-ciertos, que habiendo venido navíos de Castilla, les
-proveerian, porque al presente ninguno habia, y que no llevaba
-más bastimento Valdivia por no caber más en aquella
-carabela que habian traido; y es aquí de saber, que
-aqueste celo que aquestos señores que gobernaban mostraban
-y tenian de proveer á aquellos, era por su provecho
-del Almirante, porque de allí esperaba con el tiempo
-renta, y de los demas, porque las comidas y mercaderías
-que les enviaban, se las vendian muy bien vendidas,
-y así, todo el oro que aquellos robaban, entre los de esta
-isla se repartia y consumia, y no consideraban los tristes,
-que aquellos asolaban injustamente con tan grandes
-daños y escándalos á aquellas gentes, y que, por les enviar las
-comidas, y armas, y caballos, y gentes que les ayudasen, de<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span>
-todos los males y daños y pecados que cometian, y de la obligacion
-de la restitucion, eran como ellos partícipes; pero éste
-era uno de los efectos, principal, de la ceguedad que Dios
-permitió en todos nosotros, por los pecados de Castilla. Tornando
-al propósito, como lo que Valdivia trujo no fué tanto
-que presto no se consumiese, despues de su venida, pocos
-dias, comenzaron á hambrear como solian, y porque les queria
-mostrar la divina Providencia, la iniquidad y mal estado en que
-vivian, inquietando, y persiguiendo, y matando aquellas gentes
-que no les habian ofendido, ayudó á ponellos en mayor
-estrechura y angustia de comida, que vino una tan grande
-tempestad de truenos y relámpagos, y, tras ella, de agua tan
-grande avenida en el rio, que todas las sementeras que dejaron
-sembradas con los indios, que habian hecho injusta y tiránicamente
-esclavos, cuando á la provincia de Comogra se
-partieron, ninguna cosa les dejó que no les ahogase ó arrancase,
-que fué cosa de maravilla; púdose decir por aquellos, lo
-que se dice, que en casa del tahur poco dura la alegría. Viéndose
-así frustrados de sus sementeras, en que tenian toda su esperanza,
-por algun tiempo, y por muchas leguas de al derredor
-no haber comida, porque toda la habian comido, y destruido,
-y auyentado, sin los muertos y captivos de toda aquella comarca,
-sus naturales vecinos, acordaron de salir á inquietar,
-escandalizar, robar, y captivar, y matar los más lejanos, y
-tomarles su comida, y su oro, con la justicia que á los de
-arriba; la costumbre de Vasco Nuñez y compañía era dar
-tormentos á los indios que prendian, para que descubriesen
-los pueblos de los señores que más oro tenian, y mayor abundancia
-de comida; iban de noche á dar sobre ellos á fuego y
-á sangre, si no estaban proveidos de espías y sobre aviso.
-Juntamente deliberó Vasco Nuñez que tornase Valdivia á esta
-isla, para hacer saber al Almirante y Jueces las nuevas
-de la otra mar y riquezas della, que del hijo de Comogre y
-de los demas habian sabido, y la grande esperanza que de
-ser ciertas tenian, pidiéndoles que lo escribiesen al Rey porque
-enviase 1.000 hombres para proseguir aquel camino,<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span>
-segun que Comogre habia pedido. Escribió Vasco Nuñez al Almirante
-que habia ahorcado 30 Caciques, y habia de ahorcar
-cuantos prendiese, alegando que porque eran pocos no tenian
-otro remedio hasta que les enviase mucho socorro de gente,
-y para lo persuadir con mayor eficacia, añidió Vasco Nuñez,
-que mirase su señoría, cuánto servicio de su estado allí rescibian
-Dios y Sus Altezas. ¡Oh tiranos, cuánta es vuestra ceguedad
-y malicia! Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de
-oro, que son 15.000 castellanos ó pesos de oro, para que enviasen
-al Rey los oficiales de esta isla, que le habian cabido de
-su quinto; por manera que habian los infelices salteadores
-robado 75.000 pesos de oro, de los cuales, sacados 15.000,
-que fué el quinto, quedaron con ellos los 60.000; destos dió
-cada uno á Valdivia lo que le pareció, para que enviase á
-Castilla á los parientes que tenian. Pero atajó Dios los pasos á
-Valdivia, y á los demas dió á entender, si de entenderlo ellos
-fueran dignos, las obras que hacian ser de todo fuego eterno
-dignas, porque embarcado Valdivia en la misma carabela en
-que habia venido é ido, se hundió con su oro y con sus nuevas
-en unos bajos ó peñas que están cerca ó junto á la isla de
-Jamáica, que se llaman las Víboras.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p>
-
-<h2 id="XLIII">CAPÍTULO XLIII.</h2></div>
-
-
-<p>Despachado Valdivia, determina Vasco Nuñez de entrar la
-tierra dentro á buscar oro y comida, con el daño y escándalo
-de las gentes naturales de la tierra, como queda dicho; y porque
-trayendo la vida que traian no les habian de faltar, por
-permision de Dios, ocasiones para padecer trabajos infernales
-como padecian, porque sus obras eran tales, que no uno, sino
-ambos infiernos merecian, no faltaron indios de los que consigo
-traian que con verdad ó con mentira, viendo su ansia de
-haber oro, les certificasen que un Cacique y señor de cierto
-pueblo ó provincia, llamado Dabayba, tenia un templo de un
-Dios suyo, lleno de oro, que de muchos años atras él y toda su
-gente le habian ofrecido y cada dia ofrecian; determinan
-pues de ir en dos bergantines y canoas, con gran devocion,
-en busca de aquel Dios de Dabayba, ó por mejor decir del
-oro á quien ellos sacrificaban su infelice vida, y Vasco Nuñez
-con 160 hombres sale, y Colmenares con él, al cual mandó
-que con la tercia parte dellos subiese por el rio Grande arriba.
-Este rio Grande es mayor dos veces que el del Darien, y dista
-de aquel nueve leguas, á lo que creo, hácia la parte del
-Oriente; Vasco Nuñez sigue por otro camino, por ribera de
-otro rio arriba, segun le decian las guías que podia llegar á la
-tierra de Dabayba, pero porque el Cacique y señor del Darien,
-Cemaco, que Anciso y Vasco Nuñez y los demas habian desbaratado,
-y hecho dejar su tierra por huir dellos, como en
-el cap. 63, del libro II, fué declarado, se hobiese ido y escondido
-en la tierra de Dabayba, y le hobiese informado de la
-vida ejemplar y obras de aquellos que llamaban cristianos, y
-tuviese siempre Dabayba sus espías, sintiendo que venia, toda
-la tierra, Dabayba y sus gentes naturales, desampararon. Vasco<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span>
-Nuñez y los suyos, andando por ella estirpando y robando
-todo lo que hallaban, entre otras cosas hallaron muchas redes,
-no de pescar peces, sino de cazar animales, éstos eran venados
-y principalmente puercos, de aquella tierra naturales, que
-tienen el ombligo en el espinazo y por allí orinan, y otros
-animales menores que los puercos, cuya cabeza dicen que
-pesa tanto como todo lo demas, los cuales no tienen hiel alguna;
-por causa de aquellas redes, creyendo Vasco Nuñez ser redes
-para pescar, puso nombre al dicho rio, el rio de las Redes.
-Tomaron allí dos canoas grandes y otras muchas menores, hallaron
-en las casas, que habian sus moradores por huir dejado
-vacías, cien arcos y muchos haces de flechas; en joyas y piezas
-de oro 7.000 castellanos. Con estos 7.000 castellanos, y
-con alguna comida que hallaron, salióse muy alegre Vasco
-Nuñez del rio á la mar; la mar, digo, que se contiene dentro
-del golfo de Urabá, porque allí entran y desaguan aquellos
-dos grandes rios. Quiso Dios luégo mostrar la justicia con que
-aquellos 7.000 pesos de oro se habian adquirido, para testimonio
-de lo cual, así como en la mar entraron levántase una
-tempestad tan terrible, que todos pensaron ser ahogados, pero
-dispensó la divina Providencia con él, que no quiso que pereciesen
-más de los que iban dentro de las canoas donde llevaban
-los 7.000 castellanos, y así, ni el oro ni los hombres aparecieron
-más. De donde el alegría que del robo Vasco Nuñez
-habia cobrado, se le convirtió en grande tristeza y llanto. Tornando
-Vasco Nuñez á entrar por el rio Grande arriba, llegó en
-en una tierra cuyo Rey ó señor se nombraba Jurví, la i letra
-luenga, donde halló á Colmenares, y allí se proveyeron de alguna
-comida. Determina Vasco Nuñez que vayan juntos, y yendo
-por el rio Grande arriba, 12 leguas de allí, toparon una isla
-en el mismo rio, que llamaron de la Cañafistola, porque abundaba
-de cañafistola verdadera, pero silvestre. Aquí comenzaron
-todos á dar en ella, y ella dió en ellos de manera que
-todos pensaron en breve morir, desatadas las tripas, tanta fué
-la que comieron. Viéndose libres deste peligro, tornando á su
-camino, á la mano derecha de la isla, vieron entrar en el rio<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span>
-Grande otro rio que traia el agua muy negra, no supieron de
-qué, por lo cual, le nombraron el rio Negro. Siguiendo por él,
-á cinco ó seis leguas de la boca del rio, entraron en los términos
-de un señor Abenamachéi, en la penúltima el acento. Vieron
-luégo un pueblo de obra de quinientas casas, apartadas
-una de otra; como los vecinos dellas vieron los españoles,
-pusiéronse todos en huida, los nuestros corrieron tras ellos,
-y viendo que los iban alcanzando, y, por ventura, con las espadas
-hiriendo, dan la vuelta como perros rabiosos, con sus
-armas contra los nuestros, como aquellos que sin ofendernos
-eran infestados y echados de sus casas, perdidos sus mujeres
-y hijos; sus armas, eran unas macanas ó espadas de palma,
-y unas varas largas con sus puntas tostadas. ¡Mirad que
-armas para contra las espadas nuestras, que cortan por medio
-un indio, desnudo, en cueros, como todos andaban, y contra
-las lanzas, y ballestas, y escopetas algunas, como algunas
-veces los nuestros tenian! Arcos, ni flechas, ni hierbas venenosas,
-no las usaban por aquella tierra, y así, segun las armas
-ofensivas y las defensivas, que eran sus desnudos cuerpos,
-no pudiendo sufrir los tristes la matanza que en ellos los españoles
-hacian, presto comenzaron á huir. Siguen los nuestros
-el alcance, matando y despedazando cuantos podian, y
-haciendo muchos captivos; entre ellos, prendieron al Rey ó
-señor Abenamachéi, é otros hombres principales con él; preso
-el señor Abenamachéi, llega uno de aquellos perdidos á quien
-el Cacique, peleando, habia herido, y dále una cuchillada
-que le cortó el brazo á cercen; á Vasco Nuñez dijeron, que
-le habia pesado dello, pero poco aprovechó su pesar al triste
-herido tan injustamente. Dejó allí Vasco Nuñez á Colmenares,
-con la mitad de la gente, para guarda de la tierra, y él váse
-en las canoas por el rio arriba, y entra por otro rio que desaguaba
-en aquel, obra de 20 leguas de la isla de la Cañafistola,
-y cerca de la boca del dicho rio hallan el señorío del
-Cacique, llamado Abibeyba, que por ser la region lagunosa
-y que cubrian las aguas la tierra, tenian sus casas, donde moraban,
-sobre árboles grandísimos y altísimos, nueva y nunca<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span>
-oida vivienda; sobre aquellos árboles hacian sus casas y
-aposentos de madera, tan fuertes, y con tantos complimientos,
-cámaras y retretes, donde vivian padres, mujeres y hijos, y su
-parentela, como si las hicieran en el suelo sobre fija tierra.
-Tenian sus escaleras, y dos comunmente, una que llegaba al
-medio del árbol, y la otra del medio hasta la puerta, estas
-escaleras eran de sóla una caña hechas, partida por medio,
-porque las cañas son por allí más que el gordor de un hombre
-gruesas, y eran levadizas que las levantaban de noche, y
-cada y cuando que querian y estaban seguros de hombres, y
-bestias y tigres, que hay por allí hartos, durmiendo á sueño
-suelto. Todos los mantenimientos tenian arriba consigo, sino
-sólo los vinos que asentaban en sus vasijas abajo en el suelo,
-porque no se les enturbiasen, porque, aunque por la grande
-altura de los árboles, con los vientos que hace, las casas no se
-pueden caer, menéanse, pero, y con el tal movimiento, el
-vino se les enturbiaria, y por esto lo tienen, como se dijo, en
-el suelo, y al tiempo de su comida ó cena de los señores,
-unos muchachos estaban tan diestros en descender é subir
-con ello, que no tardaban más que si lo sirvieran del aparador
-á la mesa. Tornando al cacique Abibeyba, que estaba en
-su casa, muy alta, encima de los árboles, como en el cielo,
-llegan los españoles, y dánle voces que descienda y que no
-haya miedo; responde que no quiere, que lo dejen vivir en
-su casa, pues no les ha hecho por qué le ofendan; protéstanle
-que con hachas cortarán los árboles ó le pornán fuego, y quemarlo
-hán con sus mujeres y hijos si no desciende. Torna á
-decir que se vayan de su casa y tierra, y lo dejen, y lo mismo
-le decian los suyos que no descendiese ni se fiase dellos; comienzan
-con hachas á dar en los árboles, y desque vido saltar
-las astillas y pedazos que se cortaban, determina de descender
-sólo con su mujer y dos de sus hijos, en contradiccion de
-todos los suyos. El puesto abajo, dicen que no haya miedo,
-que les dé oro y que serán siempre sus amigos; responde que él
-que no tiene oro alguno, ni lo ha menester y por eso no tiene
-cuidado de haberlo. Tornan á importunarlo y amenazarlo que dé<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span>
-el oro que tiene; responde, «si tanta gana teneis del oro, yo iré
-á unas sierras que están detras de aquella, y habido yo os lo
-traeré.» Dánle licencia que vaya, dejando sus mujeres é hijos en
-rehenes; dijo que volveria dentro de tantos dias, los cuales le
-esperaron, pero como el oro que ellos querian no habia de
-coger como fruta de los árboles, ni lo tenia cogido, de miedo
-nunca vino. Róbanle toda su casa, y los que de su gente pudieron
-haber le captivan, y, hartos de comida, porque allí
-hallaron abundancia, tórnanse por el rio Grande, arriba, por
-el cual, andando algunas leguas, todas las poblaciones que
-topaban hallaban vacías, porque por toda la tierra estaban
-ya sus nuevas extendidas, y del evangelio que predicaban, y
-honra que, llamándose cristianos, causaban á Jesucristo, tenian
-ya larga noticia. Visto Vasco Nuñez que no hallaba qué
-robar, dió la vuelta el rio abajo, y por él al rio Negro, á juntarse
-con Colmenares y con los que con él habia dejado en la
-tierra y poblacion del rey Abenamachéi, á quien cortó el
-brazo uno de los españoles despues de preso, como se dijo.
-Halló Vasco Nuñez que, por la gente de Colmenares haber
-andado desmandada, le habian muerto algunos dellos los indios,
-en especial, que uno llamado Raya, con otros nueve españoles,
-ó por ir á buscar de comer y tomallo á sus propios
-dueños, de quien por sus obras crueles habian desmerecido,
-ó porque queria Dios dalles por ellas luégo el castigo, váse
-desmandado por la tierra dentro á robar, y dan en un pueblo
-de un señor llamado Abrayba, el cual, como estaba sobre
-aviso, dió sobre ellos y mató al Raya y á otros dos de sus
-compañeros; los siete se escaparon huyendo. De saber aqueste
-desastre Vasco Nuñez no fué muy contento.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span></p>
-
-<h2 id="XLIV">CAPÍTULO XLIV.</h2></div>
-
-
-<p>Acaeció tambien, ántes que llegase al rio Negro Vasco Nuñez,
-que como el triste y desventurado Cacique y señor Abenamachéi,
-cortado su brazo, anduviese huyendo por los montes
-por no caer otra vez en manos de los españoles, y topase
-con el otro señor Abibeyba, que vivia en las casas de los árboles,
-á quien tomaron la mujer y hijos por rehenes hasta
-que trujese el oro, que por verse fuera de su poder habia fingido
-ó mentido que traeria, el cual, eso mismo, traia la vida
-y destierro padecia que aquel otro, juntos comenzaron á contarse
-sus trabajos y llorar su desventura, como cada uno puede
-juzgar qué harán viéndose así tan corridos y tan sin razon y
-justicia lastimados y afligidos; acordaron ambos de se ir á guarecer
-á la tierra y casa de su pariente y vecino el Cacique,
-poco há dicho, Abrayba, el cual, como los vido, comienza de
-llorar con grandes gemidos, y ellos á respondelle con abundancia
-de dolorosas lágrimas; las cuales de ambas partes algo
-aplacadas, díceles Abrayba: «¿Qué desventura es ésta, hermanos,
-que ha venido sobre nosotros y nuestras casas? ¿Qué
-habemos hecho á esta gente que se llaman cristianos, desdichados
-de nosotros, que viviendo en nuestra paz y tranquilidad,
-y sin ofender á ellos ni á otra persona alguna, así nos
-han turbado y afligido, y, de toda nuestra órden de vivir hecho
-agenos y desbaratados? ¿Hasta cuándo habemos de sufrir la
-crueldad destos, que tan perniciosamente nos tratan y persiguen?
-¿No será ménos penoso una vez morir, que padecer lo
-que tú Abibeyba, y tú Abenamachéi, y lo que Cemaco, y Careta,
-y Ponca, y todos los otros Reyes y señores desta nuestra tierra,
-de esta gente tan cruel han padecido y con tantos dolores
-llorado, viendo ante sus propios ojos llevar captivos sus muje<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>res,
-sus hijos, sus deudos, sus vasallos, y de todo cuánto poseian
-ser privados? A mí áun no han llegado, pero, ¿qué puedo
-yo esperar de mí y de mi casa, y de todo lo que poseo, sino
-ser corrido, y perseguido, y muerto, y de todo mi ser y haber
-despojado, de la manera que á vosotros éstos os han tratado?
-Probemos, pues, nuestras fuerzas, y hagamos lo que pudiéremos,
-especialmente comencemos por aquellos que á tí, Abenamachéi,
-cortaron el brazo, y de tu casa desterraron quedándose
-ellos en ella, y demos en ellos, que son pocos, ántes que
-otros se junten con ellos, porque, aquellos muertos, los demas
-ó se irán ó temerán de nos hacer más daños, y si los quisieren
-acrecentar ternemos aquellos ménos contra quien hobiéremos
-de tener pelea.» Pareció buen consejo á todos; determinan
-el cuando, y juntan obra de 500 ó 600 hombres, desnudos,
-con sus armas cuasi de niños, y así les sucedió como á desarmados
-y desnudos, porque acaeció que la noche ántes, por
-ventura, que diesen en los del rio Negro, llegaron allí 30 españoles
-que habia enviado Vasco Nuñez delante; el dia, pues,
-que determinaron, en esclareciendo, con una terrible grita, la
-cual, cierto, siempre fué más dura y temerosa de oir que sus
-armas, dieron en ellos, no sabiendo nada de los 30 que habian
-llegado. Hiciéronles de aquel ímpetu poco daño, y los españoles,
-que no suelen estar, andando en estas romerías, muy descuidados,
-levántanse y dan en ellos, y á saetadas, con algunas
-ballestas que tenian, y lanzas, y á priesa llegandóseles con las
-espadas, hicieron en la triste gente, desnuda, tal estrago, que
-de hechos pedazos y presos, si no fueron los señores, muy
-pocos escaparon, y así enviaron al Darien todos los que habian
-tomado á vida, por esclavos, los cuales ocupaban en hacer
-labranzas y llevar cargas cuando salian fuera los españoles, y
-en remar en las canoas y en todos los otros trabajos; algo se
-satisficieron los que quedaron vivos y no captivos deste rompimiento,
-pero ningun remedio tuvieron los captivos, y mucho
-ménos los muertos, pues sin fe y sacramento se fueron al infierno.
-Habida esta victoria, los españoles que estaban con Rodrigo
-de Colmenares, y juntado con ellos Vasco Nuñez, acor<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>daron
-venirse al Darien y dejar en aquel pueblo de Abenamachéi
-y rio Negro 30 hombres, para guarda de la tierra, porque
-los indios no se rehiciesen, y por cuadrillero ó Capitan á un
-Bartolomé Hurtado con ellos; y porque no podian estar ociosos,
-y el ejercicio suyo no era ni suele ser en estas Indias sino ir
-á saltear, y robar, y captivar los que están quietos en sus
-casas, que ellos le pusieron por nombre ranchear, prendieron
-alguna gente que andaba por los montes huida; desta gente
-presa determinaron enviar al Darien 24 indios por esclavos,
-y con ellos 21 españoles que debian de estar mal dispuestos
-ó por alguna otra causa, quedándose el Hurtado con
-los 10 no más, creyendo que por él quedaba ya sin peligro
-todo el campo. Todos estos indios y cristianos se metieron en
-una grande canoa que habian tomado, la cual era para tantas
-personas capaz; los indios lastimados, gente del cacique Cemaco,
-señor del Darien, el primero de aquella tierra agraviado,
-que comian talega tras tomallos descuidados, ó como quiera
-que los hallasen acaballos, salieron con cuatro canoas en
-pos de aquella, bien esquifadas, y dieron en ella con sus lanzas
-tostadas y macanas, que usan en lugar de porras. Mataron
-parte dellos y los demas todos en el rio, sino fueron dos sólos,
-se ahogaron; éstos dos se escaparon en dos palos que traia el rio
-de avenida, y cubriéndose con ciertas ramas que á la mano
-les vinieron, no mirando los indios en ellos, con la priesa que
-traian en matar, creyendo que era basura que traia el agua.
-Salidos en tierra los dos, como mejor pudieron, fueron á dar
-las nuevas á Bartolomé Hurtado, y á los 10 que con él quedaban,
-los cuales, con harta tristeza y amargura, desmayados,
-comenzaron á platicar en el peligro que tenian, y como en
-aquel rio Negro les iba tan mal, determinaron de se ir al Darien
-lo más presto que pudiesen, si pudiesen escaparse; pero inquiriendo
-entre los indios que consigo presos tenian, y quizá á algunos
-atormentando sobre que les dijesen lo que sabian de la gente
-de la tierra dónde andaba, y qué intencion traia ó qué ordenaban,
-hallaron quien les dijo, que los cinco Reyes ó Caciques,
-conviene á saber, Abibeyba, cuya mujer y hijos le tomaron<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span>
-los nuestros por rehenes, Cemaco, el señor de Darien que dijimos
-primero agraviado, Abrayba, á quien áun no habian
-llegado, y Abenamachéi, señor del rio Negro, á quien cortaron
-el brazo, y Dabayba, el que huyó y no osó esperallos, y á
-quien tomaron las muchas canoas y los 7.000 castellanos, habian
-determinado y conjurádose para en cierto dia venir sobre
-el Darien, y matar todos cuantos de los españoles allí é por
-la tierra hallasen, para lo cual, tenian maherido y ayuntado
-toda la gente de la tierra de sus vasallos, pero desnudos y con
-las armas que arriba hemos señalado, las cuales, sin hierba
-mortífera de las que algunas provincias usaban, son nada. Con
-este aviso se fueron Hurtado y sus nueve ó diez compañeros
-al Darien, aunque no sin peligro de ser de los indios tomados.
-Puso esta nueva en todos los españoles gran espanto, aunque,
-como no tenian dello certidumbre, ya lo creian, ya no lo
-creian, ni hallaban persona que les certificase cosa dello, como
-toda la tierra por miedo dellos estuviese sola, y la gente della
-huyendo aventada; pero súpose la conjuracion desta manera:
-Vasco Nuñez, de las muchas mujeres que habia traido captivas
-de por aquella tierra, tenia en su casa una por amiga, de
-quien hacia tanto caso y tenia tanta estima, como si su mujer
-fuera legítima, ésta tenia un hermano que mucho la amaba, y
-deseaba en gran manera verla libre, vasallo del cacique Cemaco,
-señor natural del Darien, y de aquel pueblo ó pueblos,
-ó provincia, y de los principales privados de su casa, el cual
-muchas veces la visitaba secreta y disimuladamente, so color
-que era uno de los otros comunes indios, y una noche vino á
-ella y díjole: «Hermana muy amada mia, escucha bien lo que
-agora te quiero decir, y mira que guardes secreto, porque en
-ello nos va á todos la libertad y la vida, y si tú deseas tu bien
-y el de toda nuestra nacion, calla y está sobre aviso; ya ves
-cuánta es la maldad de aquestos cristianos, sábete que ya los
-señores desta tierra determinan de más no sufrírsela, y así
-están concertados cinco señores, fulano y fulano, de, con todas
-sus gentes, para tal dia venir sobre ellos, por agua y por
-tierra, y para efecto desto tienen aparejadas cien canoas<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span>
-y 5.000 indios, con sus macanas, y mucha comida ó bastimento
-allegado en la laguna ó pueblo llamado Tichiri ó Tichirico;»
-y añidió que habian ya dividido entre sí aquellos cinco
-señores, los que cada uno habia de matar de los españoles y
-hacer captivos, y la ropa y despojo de todo lo que tenian para
-sí. Hacian la cuenta sin la huéspeda; siempre los indios, ántes
-que del todo conozcan las fuerzas y esfuerzo, é industria y
-constancia y armas de los españoles, se engañaron con verse
-á sí tantos y á ellos tan pocos. «Por eso (concluyó su plática
-el hermano á la hermana, dijo él) está, hermana mia, sobre
-aviso de te esconder ó mirar por tí, porque con la priesa, y
-turbacion, y furor y revuelta de la gente de guerra, no mirando
-en tí que eres mujer, no te maten ó maltraten á vueltas
-dellos.» Partido della el indiscreto hermano, luégo ella descubre
-á Vasco Nuñez todo lo que le habia dicho en secreto, ó
-porque amaba á Vasco Nuñez, ó de miedo, olvidada de todo
-el bien y salud de su patria, nacion y parentela; lo cual oido
-por Vasco Nuñez, ruégale que luégo envíe á llamar á su hermano,
-so color que quiere tractar de irse. Dicho y hecho;
-viene sin tardanza el hermano, préndelo Vasco Nuñez, dále
-tormento, confiesa por fuerza y por órden todo lo que, de grado
-y con vana confianza del secreto, á su hermana habia dicho.
-Descubrió, allende de lo dicho, otro secreto, diciendo que su
-señor Cemaco, que le habia enviado 40 indios para que le
-hiciesen una labranza, puesto que andaba huido, so color que
-queria ser su amigo, les habia mandado, que si viesen que
-salia á verlos trabajar en ello, trabajasen de lo matar si pudiesen,
-y que una vez que salió encima de una yegua, con una
-lanza en la mano, no lo osaron acometer por miedo della, y
-que, visto Cemaco que por esta particular industria no podia
-vengarse dél, acordó de procurar esta general de todos los
-Caciques, sus parientes y vecinos, para que, defendiendo el
-bien universal más á su salvo, se librasen todos de la persecucion
-dél y de sus compañeros. Oido ésto, luégo Vasco
-Nuñez tomó 70 hombres, sin decir á nadie nada, mandando
-que le sigan, sólo mandó á Colmenares que por el rio to<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>mase
-60 hombres, en cuatro canoas, llevando el hermano de
-la moza por guía, y fuese al pueblo llamado Tichiri, donde
-tenian los bastimentos. Vasco Nuñez, con sus 70 hombres, fué
-á tres leguas de allí, donde pensaba hallar á Cemaco, pero
-no lo halló sino á un pariente suyo, el cual prendió con ciertos
-hombres y mujeres; Colmenares hizo más hacienda, porque
-halló al Capitan general que habia de regir el ejército, y
-á muchos principales señores, con otra gente, bien descuidados
-de que los españoles supiesen sus conceptos y artificio.
-Prendió los más dellos, y halló el pueblo todo lleno de bastimentos,
-comida y de muchos vinos; hizo luégo asaetear al
-Capitan general, y ahorcar á los principales todos de sendos
-palos, delante todos los captivos, porque ésta fué y es regla general
-de los españoles en estas Indias, observantísima, que
-nunca dan vida á ningun señor, ó Cacique ó principal que á
-las manos les venga, por quedar, sin sospecha, señores de la
-gente y de la tierra, en los señoríos ajenos durmiendo á
-pierna tendida, como dicen. Fué de tanto espanto en toda
-aquella provincia este inopinable prevenir los españoles á su
-peligro, viendo descubierto los indios todo su gran secreto y
-desbaratado su artificio, que del todo perdieron la esperanza
-de poder prevalecer contra ellos, ni salir de su opresivo
-yugo, y así permanecieron en aquel captiverio hasta que dellos
-no quedó ni uno. Esta victoria, sin trabajo y sin peligro cuasi
-habida, hizo luégo hacer una fortaleza Vasco Nuñez, de muy
-fuerte madera, ó rehacer y mejorar la vieja, por estar más
-seguro si otra junta ó conjuracion, de los ya descorazonados y
-miserandos indios, sucediese.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span></p>
-
-<h2 id="XLV">CAPÍTULO XLV.</h2></div>
-
-
-<p>Aquella provincia toda, de la manera de suso dicha sojuzda,
-opresa y fatigada, comenzaron todos á tractar que convenia
-enviar mensajeros ó procuradores á Castilla para referir
-al Rey el estado que la tierra tenia, y las nuevas que el
-hijo del rey Comogre les habia dado de la otra mar y riquezas
-della, y pedille los 1.000 hombres que afirmaba ser menester
-para pasar allá y alcanzallas; de camino tambien avisasen
-dello al Almirante y á los Jueces desta isla, y les pidiesen socorro
-de gente y bastimentos para entre tanto, porque quizá
-Valdivia, ó no hobiese llegado, ó quizá no se hobiese, como
-así fué, ahogado. Vasco Nuñez pretendió llevar esta embajada,
-ó por ganar las albricias y gracia del Rey, ó por miedo que
-tuvo del castigo, que sintió merecer por la repulsa que dió á
-Diego de Nicuesa, y lo que contra el bachiller Anciso cometió
-con los agravios de ambos, pero todos sus amigos y enemigos
-le fueron á la mano, no queriendo condescender á que saliese
-de la tierra y los dejase, alegando que, como de los indios
-fuese tan temido que su persona estimaban más que ciento,
-saliendo él quedaban desmamparados. Algunos sospechaban
-que pretendia no estar allí aislado para ser punido, si el Rey
-de los crímenes susodichos lo sentenciaba, ó por no padecer
-tan continuos peligros é intolerables trabajos, como ya tuviese
-buena pella de oro, queria alzarse á su mano, como creian
-que Valdivia y Çamudio habian hecho, pues habia cerca de
-un año que habian partido y no asomaban; por manera, que
-Vasco Nuñez no pudo alcanzar lo que de su ir á Castilla por
-Embajador deseaba. Así que, despues de muchas alteraciones
-y votos, unos á otros contrarios, finalmente concurrieron en
-un parecer ó todos ó los más, y eligieron á un Juan de Caice<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span>do,
-de quien arriba, en el libro II, algo hablamos, que habia
-ido con Nicuesa por oficial del Rey en aquel armada, hombre
-cuerdo y de bien, segun las leyes humanas, y que allí tenia
-su mujer que de Castilla consigo habia llevado, de la bondad
-y auctoridad del cual, que trataria los negocios con fidelidad,
-todos confiaban, y en cuanto á la tornada suya con los despachos,
-por dejar su mujer allí tampoco dudaron. Para dalle
-compañero, comienzan todos otra vez á litigar, no porque dél
-desconfiasen, sino diciendo que como iba de tierra y aires tan
-diferentes de los de España, podria padecer riesgo su vida y
-salud, y si así fuese, como creo que fué, quedarian todos de
-su esperanza defraudados, para remedio y resguardo de lo
-cual convenia dalle quien lo acompañase, y por falta dél al
-Rey informase, y lo que les convenia negociase y suplicase.
-Sobre quién sería el compañero de Caicedo tuvieron grandes
-contenciones y no se concertaban, por lo cual deliberaron que
-se echasen suertes entre ciertas personas de los que allí estaban
-que eran más estimadas. Cayó la suerte á Rodrigo de
-Colmenares, de quien ya hemos muchas veces hablado, la
-suerte del cual fué á todos ó á los más agradable, lo uno, porque
-era hombre de experiencia en la guerra y en la paz, por mar
-y por tierra, y se habia en las guerras de Italia, contra
-franceses, hallado, lo otro, porque tenia en el Darien muchas
-haciendas y labranzas; que como era Capitan y Vasco Nuñez lo
-favorecia mucho y ayudaba, de los robos que hacian, y de los
-indios que vivos tomaban y hacian esclavos, llevaba Colmenares,
-despues de Vasco Nuñez, la mejor parte, y así tenia
-mucha gente de la captiva que le labraba, y él que debia ser
-granjero, quizá más que otro, y sabia bien aprovecharse, y
-por tener tanta hacienda, y que de ser muy rico tenia grande
-esperanza, confiaban todos que no dejaria por ninguna cosa
-de tornar con los despachos buenos que todos esperaban. Señalados
-pues los dos, Juan de Caicedo y Rodrigo de Colmenares,
-por procuradores, que fuesen al Rey á notificarle su estado, y
-representarle sus grandes servicios, y por ellos pedille mercedes,
-que tan justa y dignamente habian merescido y bien<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span>
-ganado, acordaron de hacelle un servicio ó presente, contribuyendo
-cada uno, de lo que habia robado con tan gran precio
-de sangre humana (no supe cuanto), para que los procuradores
-ó embajadores al Rey fuesen más gratos. Y es aquí de
-notar, que, como los indios de todas aquellas provincias entendieron
-que tan sabroso era de oir á los españoles el oro, y
-que todo su fin y negocio no era sino saber dónde habia oro,
-y dónde se sacaba el oro, y quién poseia oro, ya los indios
-usaban con ellos desta industria para les agradar ó suspender
-sus crueldades, ó para se descabullir dellos, conviene á saber,
-fingir que en tales y tales partes habia inmensidad de oro y
-que habian de hallar las sierras y montañas todas doradas.
-Ellos todo lo creian, porque el cudicioso, como arriba en otro
-lugar se dijo, nunca otra cosa contempla, sino al oro y á la
-plata, y de mejor gana mira el dinero que al sol, y nunca de
-otra cosa tracta, y son palabras de Sant Ambrosio; y porque
-un indio les hizo entender que habia un rio donde con redes
-se pescaba el oro, lo llevaron los procuradores á Castilla para
-que lo dijese al Rey, é, ó porque el indio lo inventó, ó porque
-ellos lo fingieron, de tal manera se extendió por todo el reino
-la fama de que pescaban el oro en la tierra firme, con redes,
-desque llegaron, que para ir á pescallo cuasi toda Castilla se
-movió, y así, llamaron despues, por Provisiones reales, aquella
-provincia, Castilla del Oro, porque los oficiales que el Rey
-entónces tenia no eran muy enemigos del oro. Aquí se puede
-considerar la liviandad de los hombres y las propiedades de
-la cudicia y avaricia, que aquella fama fuese de tanta eficacia
-que hiciese creer á muy muchos que verdaderamente
-con redes se sacase el oro de los rios; yo oí decir á un clérigo
-que parecia cuerdo, y de edad no muy mozo, de los que,
-por ésta nueva, de Castilla se movieron á pescar oro, estando
-yo en la isla de Cuba, donde vino él á parar huyendo de la tal
-pesquería, harto hambriento y flaco, y sin un quilate de oro,
-que habia dejado en Castilla 100.000 maravedís de renta en
-un beneficio que tenia, por venir á pescar el oro, y que, si no
-creyera que habia de volverse á Castilla en breves dias, con<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span>
-un arca llena de granos de oro, tan gruesos como naranjas y
-granadas, y mayores, no saliera de su casa, dejando lo que
-tenia por venir á buscar ménos que aquel oro que decia; y
-ésto, con juramento lo afirmaba delante de personas graves,
-y á lo mismo me hallé presente. Tornando al propósito, partiéronse,
-pues, los dichos procuradores del Darien, por en fin de
-Octubre, año de 1512; pasaron muchos trabajos y mil peligros,
-en un bergantin harto chico, en que venian, por tempestades
-frecuentes y terribles, adversos tiempos, y hambres y sed, por
-lo cual muchas veces pensaron perecer; llegaron á la isla de
-Cuba, á cabo de tres meses, donde los indios los rescibieron
-bien, dándoles ó vendiéndoles la comida, que ellos tanto habian
-menester, por cosillas de poco precio, como contezuelas
-de Castilla, y espejos y cascabeles, y sin ellas lo solian ellos
-dar y proveer; bien creo que llegaron á la tierra y señorío del
-Cacique que el bachiller Anciso hizo baptizar, y llamar por
-nombre Comendador, como arriba en el cap. 24 referimos.
-Esto no lo averigüé cuando pudiera, pero júzgolo, porque de
-allí se toma, comunmente, la navegacion para esta isla, y
-debian ya tener noticia de la navegacion que por allí habia
-hecho en el primer viaje Valdivia. Finalmente, llegaron á esta
-Española, pasados bien cien dias (siendo camino de ocho, si
-tiempo, el que convenia, hiciese) despues que del Darien habian
-partido; argumento claro de las grandes necesidades y
-angustias que pasarian. En ésta gastaron poco tiempo, porque,
-con brevedad, dada cuenta al Almirante y á los Jueces, hallaron
-naos aparejadas para volver á Castilla, en las cuales se
-metieron; llegaron á la corte por el mes de Mayo del año siguiente
-de 1513. Por este tiempo ya el bachiller Anciso habia
-dado al Rey sus quejas, de los agravios que decia haberle
-Vasco Nuñez hecho, las cuales oidas y acomulada la perdicion
-de Nicuesa, de que fué causa, y como por fuerza y por
-maña se habia ingerido en la gobernacion de aquella tierra
-firme, el Rey se indignó mucho contra él y mandó que á Anciso
-se hiciese justicia, y que se procediese contra Vasco Nuñez
-segun la órden de derecho, y creo que fué sentenciado<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span>
-en las costas y daños y menoscabos que habian sucedido á Anciso,
-cuanto á lo civil; cuanto á lo criminal, no supe cuál fué
-la sentencia cuando lo pudiera saber. Bien es aquí apuntar
-la ceguedad de Anciso, y áun mayor la de los del Consejo del
-Rey, que ni Anciso acusó á Vasco Nuñez de otros mayores
-delitos que el que habia cometido contra él, conviene á saber,
-las matanzas que habia hecho y hacia en los indios que estaban
-seguros en sus casas y tierras, sin ofendelles; pero de
-Anciso no es de maravillar, pues fué al principio tan culpado
-como el más de los del Consejo, que eran obligados á lo saber.
-¡Qué quisiesen castigar á Vasco Nuñez por haber sido
-causa de la muerte de Nicuesa y de diez ó once que perecieron
-con él, y tuviesen por agravio grande y lo condenasen á
-pagar las costas y pérdidas de hacienda, que Anciso habia incurrido
-por su causa, y no advirtiesen á las tiranías y estragos
-de muertes y captiverios, robos é infamia tan escandalosa
-de la fe y religion cristiana, que hacia y causaba él y los
-que con él andaban en aquellas tantas y tan inculpables gentes!
-Ya queda en algunos lugares arriba dichos cuán culpables
-los del Consejo de los Reyes siempre fueron cerca de
-esta materia de los indios, por cuya ignorancia todos los daños
-y males perpetrados por los españoles procedieron, y
-por consiguiente, ninguna duda se debe, si no me engaño,
-tener, que no sean de todos ellos culpados y reos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p>
-
-<h2 id="XLVI">CAPÍTULO XLVI.</h2></div>
-
-
-<p>Despues de partidos del Darien los procuradores, Caicedo
-y Colmenares, y hechos á la vela, porque la conformidad y
-compañía que no está fundada sobre amistad de Dios, especialmente
-la de los avaros y cudiciosos, y mucho más la de
-los tiranos, ladrones y opresores de hombres, como eran
-aquellos, no puede perseverar tiempo mucho, por ésto, en los
-que quedaban en el Darien comenzaron á nacer grandes contenciones
-y discordias, porque así lo permitia Dios para los
-castigar con todo género de infortunios; Bartolomé Hurtado,
-que era muy allegado y favorecido de Vasco Nuñez, presumia
-con su favor de maltratar á los otros que no tenian de sí menor
-estima y presuncion, por lo cual era á todos ó á los más
-muy odioso, y por él desamaban al Vasco Nuñez, por manera
-que, tomando por caudillo á un Alonso Perez de la Rua,
-que debia ser de los que más sentian ó pretendian los pundonores,
-acordaron de prender al Vasco Nuñez, y quitalle la
-presidencia que tenia sobre ellos, y al Bartolomé Hurtado,
-como principal contendor, pero Vasco Nuñez, que siempre
-vivia con todos recatado, dióse más priesa y prendió al Alonso
-Perez, que habian tomado para que los capitanease. Toman
-luégo los conjurados sus armas para por fuerza venir á libertallo,
-sale luégo Vasco Nuñez, con los que pudo recoger de
-los amigos que áun no lo habian dejado, con las suyas á la
-plaza. Estando para darse unos á otros y hacerse pedazos, no
-faltaron algunos de ambas partes, que más cuerdamente la
-cosa considerasen, diciendo que ¿por qué querian matarse unos
-á otros, estando en la tierra que estaban, pues, por vencedores
-que los de cualquiera de las partes fuesen, habian de
-ser luégo de los indios muertos y acabados?; y así no rompie<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span>ron
-aquel dia, por concierto jurado que hobo que soltase
-Vasco Nuñez á Alonso Perez, y no pasase la reñilla más adelante;
-pero como andaban sin Dios, segun sus pecados tan
-grandes, díjose que no depusieron el odio que se tenian, ni
-guardaron el juramento, al ménos la una parte, lo cual quebrantado,
-acuerdan de prender otro dia los contrarios á Bartolomé
-Hurtado, puesto que, por algunos medianeros que hobo,
-aquel dia lo soltaron. No paró aquí la maraña de su ceguedad,
-porque aquel, cuya voluntad en todo seguian, andaba solícito
-para que se matasen; acordaron de prender al Vasco Nuñez
-allegando por causa que no repartia, segun los merecimientos
-de cada uno, el oro y los esclavos que robaban y captivaban,
-y para tomalle 10.000 castellanos que estaban por partir, é
-repartirlos entre sí segun la órden que les parecia ser justificada.
-Fué deste propósito Vasco Nuñez avisado, y, so color de
-ir á caza, se salió del pueblo aquella noche, con confianza
-que le acudirian los que en las partes solia mejorar, y sucedióle
-así, porque tomados los 10.000 castellanos, repartiéronlos
-de la manera que á ellos pareció que se habian de repartir,
-dando á algunos de la gente menuda más de lo que parecia
-convenirles, y á los de mayor calidad ó presuncion ménos de
-lo que á su parecer pertenecerles estimaban; desto quedaron
-aquellos corridos y afrentados, y así, llaman á Vasco Nuñez, y
-júntanse con él todos armados, con clamores y juramentos que
-habian de matallos; van á ellos y prenden al Alonso Perez y
-á un bachiller Corral y á otros principales, y échanlos en la
-fortaleza, donde los tuvieron bien aprisionados. Estando en
-estas barahundas y confusiones, cada dia para matarse, llegaron
-dos navíos con 150 españoles, y de bastimentos cargados,
-y por Capitan dellos un Cristóbal Serrano, que, desta isla, el
-Almirante y los Jueces por socorrerlos les enviaron; envió, segun
-se dijo, el tesorero Pasamonte á Vasco Nuñez una provision
-de Capitan general de toda aquella tierra, porque, diz
-que, tenia poder del Rey para constituir Capitanes y Gobernadores
-en la tierra firme, segun que él determinase. A mí es difícil
-ésto creer, que tan presto y tan á la clara el Rey quisiese al<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span>
-Almirante y á sus privilegios perjudicar, y, por otra parte, no
-me maravillo que así fuese, segun el Rey fué siempre á las
-cosas del Almirante poco aficionado, y segun el Pasamonte y
-los Jueces y oficiales desta isla, y los que estaban cabe el
-Rey, trabajaban de deshacer al Almirante, no sé por qué,
-cierto, sino por sus intereses particulares, y porque no querian
-reconocer superior, sino ser ellos los que aquesta isla, y las
-demas tierras destas Indias, mandasen y gozasen; porque en
-la verdad, no pertenecia á ninguno constituir Capitan ni Gobernador
-sino al Almirante, por sus privilegios, tan dignamente,
-al principio, por su padre ganados, al ménos por aquel
-tiempo, pues hasta entónces no se habia tomado resolucion en
-lo que tocaba á su estado, y fué manifiesto haber sido su padre
-por el comendador Bobadilla, de hecho, de su posesion
-despojado. Fué inestimable el gozo y placer que Vasco Nuñez
-rescibió de verse ya con autoridad del Rey, ó de quien su
-poder tenia, por Capitan general sublimado, porque hasta
-entónces, por fuerza y por mañas tenia la superioridad sobre
-los españoles usurpada; fué lleno su gozo, segun sus
-buenos deseos de ir á robar é inquietar y sojuzgar las gentes
-de aquellas tierras, venirle gente y mantenimientos de
-nuevo para mejor poder proseguir lo comenzado. Con este
-gozo y alegría, que de este socorro y favor y ayuda rescibió
-Vasco Nuñez, con poco que le rogaron que por albricias
-los presos soltase, lo concedió, y fueron sueltos y
-reconciliados con él los que le querian mal; no sabré decir
-si la reconciliacion era ficta, ó de verdad, porque los hombres
-mundanos y que andan en pecados, no teniendo paz con Dios,
-pocas veces la suelen tener dentro de sus corazones, por más
-que la finjan y la quieran en la esterior conversacion mostrar.
-Luégo, desde á pocos dias, segun creo, se le aguó á Vasco Nuñez
-aquel grande placer que con su capitanía general y con
-lo demas hobo, y, por ventura, le vino en aquellos dos mismos
-navíos por vía desta isla, porque por aquellos tiempos no habia
-quien desde Castilla á la tierra firme derecho navegase; fué
-avisado, ó por Çamudio, el que dijimos haber ido por procu<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span>rador
-á Castilla cuando fué Anciso, ó por cartas de otras personas,
-como el Rey estaba contra él indignado por las quejas
-que dél dió Anciso, y por la muerte de Nicuesa, y que lo habia
-condenado en los intereses y gastos, etc., por manera, que
-con aquellas nuevas tuvo buen tártago; y así, desde adelante,
-anduvo más temeroso de su caida y con mayores cuidados que
-tenia de ántes, temiendo cada dia venir de Castilla quien lo
-depusiese de su estado y lastimase.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span></p>
-
-<h2 id="XLVII">CAPÍTULO XLVII.</h2></div>
-
-
-<p>Con estos pensamientos, que no poco le acosaban, y como
-hombre que era de mucho ánimo, determinó de se aventurar á
-acometer la empresa de ir á buscar la otra mar, y las riquezas
-que ántes y despues della se le habian notificado, cosa por entónces
-tenida (y con razon, pues se le habia dicho ser necesarios
-1.000 hombres), por muy árdua, para que si saliese con
-prosperidad de la jornada se le contase por servicio grande
-hecho al Rey, é por él le perdonase lo pasado, y si, por el contrario,
-muriese en la demanda, sería suelto de sus temores y
-cuidados temporales, aunque del juicio divino no quedaba muy
-privilegiado. Con este propósito eligió, de los españoles que en
-la tierra estaban y de los que habia traido en los dos navíos
-Cristóbal Serrano, hasta 190 hombres, los que le pareció ser
-más varones y para sufrir mayores trabajos, y un bergantin y
-diez canoas bien capaces, donde consigo los embarcó, con la
-comida necesaria para por la mar, y armas de lanzas, espadas,
-ballestas, rodelas y algunas escopetas, y la principal y
-que más brava y cruel guerra siempre hizo á los indios desdichados,
-que es los perros bravos amaestrados; destos llevó no
-sé cuantos. Salió en principio de Setiembre de 513, y muchos
-indios de los que tenian por esclavos para que les llevasen las
-cargas, porque sin éstos no saben nuestros españoles en estas
-Indias andar un paso; fué por la mar hasta la tierra del rey
-Careta, que tenia por amigo y le habia dado su hija, creyendo
-que la casaba, como arriba queda declarado. Careta le
-rescibió como de ántes, haciéndole gran fiesta; dejó allí el
-bergantin é las canoas, y toma el camino de tierra y sierras ó
-montes hácia la tierra de Ponca, con gente que Careta le dió
-que le acompañase. El rey Ponca, que siempre tenia sus espías<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span>
-y recaudo, así como supo que subian sus montañas los españoles,
-acógese á su fortaleza acostumbrada, conviene á saber,
-escondiéndose por lo más secreto que en toda su tierra hallaba.
-Envíale Vasco Nuñez mensajeros de los indios, vasallos
-de Careta, que lo asegurasen y le prometiesen de su parte que
-no rescibiria ningun daño, que fuese su amigo, como lo era
-Careta, dende adelante. Acordó de se poner á sus manos, por
-no andar el triste fuera de su casa y señorío desterrado, y así
-vino, y porque sabia que la mejor causa de querello bien los
-españoles era traelles oro, que tanto ellos amaban, trujóle obra
-de 110 pesos de oro, que no tenia más, diciendo que todo lo
-que tenia el año pasado se lo habian ellos tomado; bien se
-puede aquí creer, que si tuviera muchos millares que no los
-dejara en casa, pues venia á ponerse en sus manos y con temor
-si le habian de guardar la palabra. Rescibiólo Vasco Nuñez y
-los demas con mucha alegría, y con mejor gana que si les
-diera mucho oro, por dejar las espaldas seguras prosiguiendo
-su viaje. Dióle Vasco Nuñez muchas cuentas, y espejos y cascabeles,
-y, lo que más los indios siempre preciaron y precian,
-hachas de hierro, las cuales hallan, para sus ejercicios y hacer
-sus casas y cortar madera y otras obras, como lo son,
-más que otra cosa aparejadas. Hecho amigo Ponca, pídenle
-guías y gente que les lleven las cargas para subir las sierras y
-pasar adelante; dáles Ponca todo lo que pidieron, y mantenimiento,
-de todo lo que tenia, muy á la larga. Comienzan su camino
-por las montañas altas, entrando en el señorío y distrito
-de un gran señor llamado Quarequa, el cual hallaron aparejado
-para resistilles, porque, como la fama de los españoles por
-todas las provincias volaba, cada uno de los señores estaba
-no descuidado, ántes apercibido con sus espías y gente armada
-para se defender, temiendo que cada dia habian de venir á
-ellos y hacerles las obras que dellos habian rescibido sus vecinos
-y comarcanos. Este Quarequa les ocurrió con muy mucha
-gente de guerra, armada de sus arcos y flechas, y unas
-tiraderas con que arrojaban unas varas tostadas del tamaño de
-dardos, arma que para en gente desnuda era muy mala, que<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span>
-como con una ballesta de garrucha pasarian un hombre de
-parte á parte; traian macanas hechas de palma, que es como
-de acero, de que usan, como de porras, á dos manos, puesto
-que son chatas ó llanas. Con este aparato salieron preguntándoles
-qué querian ó á qué venian, y requiriéndoles que no
-pasasen adelante, y como vieron que los españoles no acordaban
-de se volver, muéstrase el señor en la delantera vestido
-de mantas de algodon, y con él ciertos principales, todos
-los demas en cueros, y dan en los españoles con gran grita é
-ímpetu espantable. Sueltan los españoles ciertas escopetas de
-fuego, y algunas ballestas que llevaban, de los tiros de las
-cuales cayeron muertos luégo no sé cuántos, y como vieron
-los pobres indios salir el fuego y oyeron el trueno, pensaron
-que eran rayos, y que los españoles tenian poder para
-con rayos matallos; vuelven apriesa las espaldas, sin quedar
-uno que huir pudiese, todos tan espantados, que no creian sino
-que los nuestros eran diablos. Van tras ellos, sueltos los perros,
-como tras una grey de ovejas ó carneros, y á cuchilladas, á
-unos cortaban las piernas y desjarretaban, á otros los brazos, á
-otros alcanzaban y cortaban las nalgas, á otros á estocadas
-pasaban de parte á parte, á otros desbarrigaban, y los perros,
-por su parte, desgarraban y hacian muchos pedazos. Quedó
-muerto allí el negro Rey y señor, con sus principales, que venian,
-señalados, y hasta 600 hombres que pudieron alcanzar;
-prendieron algunos y llegaron al pueblo donde captivaron otros,
-y robaron todo lo que valia algo, no supe qué cantidad en él
-hallaron. Entre los presos que allí tomaron, fué un hermano
-del mismo señor, y otros, no sé cuántos, que, diz que, andaban
-vestidos de hábito de mujeres, á los cuales, juzgando que del
-pecado nefando eran inficionados, los mandó luégo, sin otra
-indagacion ni juicio, aperrear, conviene á saber, echar á los
-perros bravos, que, mirándolos y regocijándose, como si miraran
-una graciosa montería, en un credo los despedazaron.
-Todas estas obras, que por aquella tierra Vasco Nuñez y sus
-compañeros hacian, era disponer aquellas gentes para que amasen
-el nombre cristiano y se aficionasen para rescibir la religion<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span>
-cristiana; bien creo que pensaban los pecadores que ofrecian á
-Dios algun sacrificio agradable, so color que punian ó castigaban
-los quebrantadores de la ley natural, no advirtiendo, con
-su ceguedad, cuántas más veces ellos á cada paso la quebrantaban
-con muy mayores ofensas de Dios, destruyendo aquellos
-reinos y tantas gentes en ellos, y haciendo heder el nombre
-de Jesucristo entre aquellas naciones, con sus obras tan detestables,
-como dellos dijo Sant Pablo. Y que fuera verdad muy
-bien averiguada que aquellos que traian aquel hábito mujeril
-era por aquel pecado, ¿quien hizo juez á Vasco Nuñez, ó con
-qué autoridad se constituyó Alcalde en señorío y jurisdiccion
-ajena, siendo él súbdito de aquellos naturales señores por estar
-en su tierra, y que de justa justicia, por sus tiranías, invasiones
-y robos tan universales, y por toda ley natural, divina y
-humana, dañados, si fuerzas tuvieran, podian hacerlos cuartos
-y tajadas? Cuanto más que áun traer algunos aquel hábito
-podia ser por otra causa, sin pensar en cosa del pecado nefando;
-ésto parece poder haber sido, por lo que refiere Galeno
-sobre Hypocras, en el tractado de <i>Aere et aqua</i>: Cuenta
-Galeno allí, que muchos de los scythas, naturales de Scythia,
-region última de Europa, porque hay otra en Asia, son como
-eunucos, inhábiles para ser casados, por lo cual hacen todos
-los oficios de las mujeres, así en hablas como en obras, y
-llámanlos afeminados oficios, digo, no de vicios sino honestos,
-los que las mujeres hacen, á los cuales adoran y reverencian
-los vecinos de aquella tierra, temiendo no les
-acaezca el mismo defecto que aquellos padecen; aquel defecto
-atribuyen á Dios ó á la voluntad de Dios, por sus pecados.
-La causa de venir ó caer en él, dice Galeno que le parece ser
-la vieja y continua costumbre que tienen de andar á caballo,
-porque les vienen ciertos dolores, y de traer las piernas siempre
-colgadas hácense algo cojos, y, creciendo la cojedad, encójenseles
-las chuecas de los piés ó desencajánseles, para cura
-de lo cual sángranse de ambas á dos venas detras de las
-orejas, y, por la mucha sangre que les sale, sucédeles flaqueza,
-y luégo tras ella el sueño; habiendo dormido, algunos se<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span>
-levantan sanos, y algunos no, y porque las venas detras de
-las orejas son de tal naturaleza, que sangrándolas causan esterilidad,
-de aquí es que, cuando quieren tener la secreta
-conversacion con sus mujeres, se hallan estériles, y la primera
-vez pasan pacientemente, pero á la segunda, ó á la tercera
-creen haber ofendido á Dios, y por consiguiente ser su voluntad
-en aquello castigarlos. Luégo, dice Galeno, que se visten
-trajes ó vestidos de mujeres, y confiesan públicamente ya
-no ser hombres, sino afeminados hechos, y, por tanto, se
-pasan al consorcio de las mujeres para ejercer los oficios y
-operaciones mujeriles con ellas. En este daño é inconveniente
-incurren los más nobles y más ricos, principalmente, por
-causa de andar á caballo más á la contina, pero los pobres y de
-baja suerte que no alcanzan caballos, en tal oprobio nunca se
-vieron; todo ésto es de Galeno. Luégo posible cosa fué, que
-no por fin de cometer aquel vicio nefando se usase traer los
-hombres hábito de mujeres por aquella tierra firme, y, por
-consiguiente, haber ofendido gravísimamente á Dios Vasco
-Nuñez y sus consortes, aperreando aquellos indios por aquel
-título, aunque tuviera jurisdiccion y fuera competente juez,
-cuanto más que no lo era sino súbdito, él y todos los que con
-él iban, de aquel Cacique y señor de aquella tierra, como queda
-dicho.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span></p>
-
-<h2 id="XLVIII">CAPÍTULO XLVIII.</h2></div>
-
-
-<p>Ya iban algunos de los españoles, de hambre y cansancio,
-enfermos, á los cuales dejó Vasco Nuñez allí en el pueblo del
-cacique y señor Quarequa, y pidióles gente de guía y para
-llevar sus cargas, para despedir algunos de los de Ponca, y
-con ésto comienzan á proseguir lo que les restaba para llegar
-á la cumbre de la sierra, de donde la otra mar del Sur decian
-que se habia de ver. Habria, desde el pueblo del cacique Ponca
-hasta la dicha cumbre de aquellas montañas, andadura de
-seis dias, como 40 leguas, y no pudieron llegar á ella sino en
-veinticinco dias, por la aspereza de la tierra, y porque siempre
-padecian penuria de comida, y el poco descanso que de contino
-tenian. Finalmente, llegaron á la cumbre de las más altas
-sierras á 25 dias de Setiembre de dicho año de 1513, donde la
-mar del Sur se parecia. Avisaron los indios de Quarequa, un
-poco ántes que á la cumbre subiesen, á Vasco Nuñez, como estaban
-ya muy cerca; manda que todos allí se paren y asienten,
-sube él sólo en la cumbre de la sierra, y, vista la mar del
-Sur, da consigo luégo en tierra hincado de rodillas, y alzadas
-las manos al cielo da grandes alabanzas á Dios, por la merced
-tan grande que le habia hecho en que fuese el primero que
-la descubriese y viese; llama con la mano á toda la otra su
-gente, vienen todos, torna él otra vez á hincarse de rodillas y
-á repetir las gracias á Dios de aquel beneficio, y lo mismo hacen
-todos ellos. Los indios que llevaban estaban todos como atónitos
-viendo el regocijo y alegría dellos. Comienza luégo á encarecer
-las buenas nuevas que le habia dado el hijo del rey Comogre,
-y prometíales á todos gran felicidad y riquezas, y diciendo:
-«Veis aquí, señores y hijos mios, cómo se van cumpliendo
-nuestros deseos y el fin de nuestros trabajos, y dello<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span>
-debemos estar ciertos, porque, así como ha salido verdad lo
-que el hijo del rey Comogre nos certificó desta mar, que nunca
-tal pensamos ver, así tengo por cierto que se cumplirá
-lo que nos dijo de haber incomparables tesoros en ella, y
-Dios que nos ha ayudado y su bendita Madre, á que hasta aquí
-llegásemos y la viésemos, nos favorecerán para que de todo
-lo que en ella hobiere gocemos.» Todos se holgaban de oillo
-y todos creian y esperaban lo mismo, porque todos estaban
-con aquel pio de ser ricos, y no era de todos más de un
-fin, que era su grande cudicia. Comienza luégo á tomar por
-fe y testimonio, como, en nombre de los reyes de Castilla,
-tomaba posesion de aquella mar, y de todo lo que en ella
-habia, y en señal de posesion corta árboles, hace cruces,
-allega piedras y amontona muchas dellas; en árboles grandes,
-con un cuchillo, escribe el nombre de los reyes de Castilla.
-Cura luégo de descender las sierras abajo, y descubrir lo que
-por ellas y en la costa de la mar habia; supo que cerca de
-allí estaba la poblacion ó poblaciones de un otro señor, llamado
-Chiapes, y que tenia mucha gente. Fué siempre sobre
-aviso, y porque no ménos lo estaba el Chiapes, por las nuevas
-que de los nuestros tenia, salióles al camino con mucha gente
-de guerra á resistilles, haciendo fieros como se ven tantos en
-número y á los nuestros tan poquitos, hasta que por experiencia,
-con daño grande suyo, saben cómo cortan nuestros
-cuchillos; no por eso huyen ni se retraen los nuestros, ántes,
-lo primero, saludáronlos con las escopetas y ballestas, y luégo
-sueltan los perros. Como los indios vieron el fuego que salia
-de las escopetas, y oyeron los truenos que retumbaban por
-aquellos montes, y el hedor de la pólvora y piedra zufre, y
-que parecia que le salia todo de las bocas, no pensaron sino
-que se les abrian los infiernos, y vistos de sí mismos los caidos
-muertos, y los perros que destripaban á los que acometian,
-vuelven las espaldas todos por salvarse, cada uno huyendo
-cuanto más podia. Siguen los españoles tras los perros, matando
-algunos de los que alcanzaban, para pagar las primicias
-de su evangelio, puesto que no todos los que matar pudieran,<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span>
-porque por entónces no pretendian matar muchos sino prender,
-para por medio de los presos hacer amistad con el señor
-Chiapes, porque no se impidiese su camino que llevaban
-de descubrir lo que por aquella costa y mar habia. Llegan
-al pueblo, y de los muchos que prendieron soltaron
-algunos, que fuesen por mensajeros al señor, y con ellos
-algunos de los que del señor que quedaba atras, Quarequa,
-traian, avisándole y asegurándolo de no hacelle más mal con
-que fuese su amigo, porque, de otra manera, que le hiciesen
-cierto que ni él ni cosa suya quedarian vivos; el cual, temiendo
-que no le echasen rayos, truenos, ni relámpagos por la boca
-para consumillos, como tenian creido, acuerda de venir y ponerse
-en manos de sus tan molestos enemigos. Trujo consigo
-400 pesos de oro, que no debia de tener más, porque puesto
-que lo habia por aquella tierra, pero como hacian poco y
-ningun caudal dello, no curaban de propósito sacallo, sino era
-acaso; recibiólo Vasco Nuñez y todos muy graciosamente, y dióle
-de las cosas de Castilla que tenia, contezuelas de vidrio, espejos,
-cascabeles, tijeras y hachuelas. Despidió de aquí Vasco
-Nuñez los indios que traia del pueblo de atras, y del señor
-Quarequa, dándoles de las mismas cosillas, con que fueron,
-aunque mal pagados, contentos, y envió á llamar los españoles
-que allí habian quedado mal dispuestos; entre tanto que
-venian estuvo en aquel pueblo de Chiapes con él, haciendo y
-rescibiendo buen tractamiento, y envió desde allí á descubrir
-la costa de la mar y lo que habia por la tierra á Francisco Pizarro,
-y Juan de Escaray, é Alonso Martin, de Don Benito, con
-cada 12 hombres, mayormente que buscasen caminos que á la
-mar saliesen por más cerca. El Alonso Martin acertó con el camino
-más breve, y á los dos dias llegó donde halló tres canoas
-en seco y no vido mar ninguna, y estando considerando cómo
-aquellas canoas estaban tan dentro en la tierra sin agua, llega
-el agua de la mar de presto, y levanta las canoas en alto un
-estado ó poco ménos; la causa es, porque por aquella costa
-cresce y mengua la mar, cada seis horas, dos ó tres estados, de
-manera que los navíos grandes quedan en seco, y no parece<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span>
-agua de la mar por buena media legua. Visto las canoas nadar,
-entra luégo el Alonso Martin en una, y dice á sus compañeros,
-«sedme testigos, como yo soy el primero que en la mar del Sur
-entra», otro, llamado Blas de Atienza hizo lo mismo, y dijo que
-fuesen testigos que él era el segundo que aquello hacia; tornaron
-luégo á Vasco Nuñez con las nuevas, con las cuales hobieron
-todos regocijo nuevo. Venidos los españoles que dejó
-en Quarequa, ruega Vasco Nuñez al señor Chiapes que vaya
-con él y lleve consigo parte de su gente; place á Chiapes hacelle
-buena compañía, y dejado en su pueblo parte de los
-españoles que, no tan bien, por su cansancio é indispusicion,
-podian ir, llega Vasco Nuñez y Chiapes, con 80 españoles y
-muchos indios, á la mar, y métese hasta los muslos en ella con
-una espada y una rodela, toma luégo testigos y pide testimonio,
-como vé y toca con su persona y toma posesion de toda
-aquella mar del Sur y de todo lo que á ella pertenecia, en nombre
-de los reyes de Castilla, y que esta posesion defenderá
-contra todos los que la contradigan, y hace para ésto muchos
-actos y diligencias. Tomó nueve canoas, que debian ser de Chiapes,
-y pasa un gran rio para ir á la tierra y pueblos de
-otro señor llamado Coquéra, la media luenga: éste, sabido que
-iban los españoles á su tierra, sale con toda su gente á les resistir,
-el cual llevó, como los de atrás, en la cabeza: matáronle
-alguna gente, y él con los demas toman su ordinario remedio.
-Envia Vasco Nuñez algunos de la gente de Chiapes, amonestando
-que venga á ser su amigo, si nó que hará en ellos lo que
-en los otros suele; hicieron los mensajeros chiapenses su mensaje
-fielmente, loando á los españoles de buenos, y que no
-querian sino oro, y tener á todos por amigos, que viniese á
-ellos sin miedo, porque así lo habian hecho su señor Chiapes
-y los otros señores de aquella tierra, y que si no lo hacian padecerian
-gran peligro, porque eran los cristianos invictísimos, etc.;
-bien habian entendido las cualidades de los nuestros, y cuán
-seguros creian que los tristes estaban de la bondad y justicia
-de los nuestros, aunque en el fin dellos no iban muy aviesos.
-Finalmente, hizo Quarequa lo mismo que los otros, y vino con<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span>
-su ofrenda, que fueron 650 pesos de oro, pocos más ó pocos
-ménos; rescibióle Vasco Nuñez con mucho placer, dále de las
-cosas de Castilla, como á los primeros, ofrecénle amistad y paz,
-puesto que se les tornó á todos en la de Judas, y los cascabeles
-y cuentas que les daban, en cebo de anzuelos y carne de
-buitrera.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></p>
-
-<h2 id="XLIX">CAPÍTULO XLIX.</h2></div>
-
-<p>Dejado así el rey Quarequa contento, tórnanse al pueblo de
-Chiapes, donde holgando algun dia, no se les cocia el pan, en
-especial á Vasco Nuñez que no podia estar quieto; deliberó
-de ir á descubrir algo por la mar, un golfo que por allí parecia
-entrar mucho en la tierra, especialmente. Desque Chiapes
-vido su determinacion, persuadíale y rogábale mucho que no
-lo hiciese por entónces, porque era muy peligroso navegar
-por aquella mar en aquel tiempo, y señalaba tres meses del
-año, conviene á saber, Octubre, y Noviembre, y Diciembre;
-pero Vasco Nuñez no por aquellos miedos y peligros se detiene,
-diciendo que Dios los habia de ayudar, porque de
-aquel viaje habia de salir mucho servicio á Dios y aumento
-de su fe, por los tesoros grandes que se habian de descubrir,
-para que los reyes de Castilla hiciesen guerra contra infieles.
-Su grande ambicion y cudicia envolvia y aburujaba con el
-servicio de Dios, que nunca pretendió, sino hacerse á sí, de
-sangre de hombres inocentes, rico. El cacique Chiapes, porque
-no pareciese que no le guardaba toda fidelidad, como
-buen amigo, aunque sabia el peligro en que se ponia, todavía
-quiso acompañalle y seguille. Embarcáronse Vasco Nuñez y
-Chiapes, y 80 españoles de los más sanos de todos los que tenia,
-los demas déjanlos allí en las nueve canoas dichas, y
-para remallas y ayudar en todo lo que se ofreciera muchos
-indios, y porque entraron en el golfo susodicho, dia de Sant
-Miguel, que es á 29 de Setiembre, púsole aquel nombre, como
-hoy lo tiene. Sucedió luégo, en entrando, apartados algo de
-tierra, tan grandes olas y tan bravas, que Vasco Nuñez, por
-haber tomado el consejo de Chiapes, renunciara todas las riquezas
-del mundo que tuviera. Fué grandísima ventura todos<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span>
-no perderse, y los indios, que suelen nadar como peces, mostraban
-más el peligro en que se vian, por las muchas veces
-que sabian peligrar en aquel golfo por experiencia, y este
-miedo que mostraban los indios causaba á los españoles mayor
-desconfianza de su buena suerte. La causa de andar la
-mar en aquel golfo, sin que haga viento, tan brava é inquieta,
-es las muchas isletas y arracifes, ó peñascos, que hay en él.
-Tomaron por remedio los indios, como maestros en aquello,
-que se juntaron unas canoas con otras, y atáronse con cuerdas,
-porque atadas no se trastornan tan fácilmente; llegáronse
-al reparo de una isleta, y saltaron en tierra, ligando las canoas,
-ó á las peñas, ó á algunos arbolillos mariscos que allí
-crescen, donde estuvieron toda la noche con muy poco ménos
-tormento que si luégo vieran la muerte, y no estuvieron muy
-léjos della, porque, creciendo la mar, cubrió toda la isleta
-como si no hobiera en ella tierra ó peñas, y ellos en el
-agua hasta la cinta, ó poco ménos. Venido el dia, y tornando
-á bajar la mar, van á ver sus canoas, de las cuales hallan algunas
-hechas pedazos, otras abiertas por muchas partes, y
-todas llenas de arena y de agua salada, y en ninguna hato ni comida,
-de todo lo que en ellas tenian, hallaron. No hay mucho
-aquí que dudar de cuánta miseria, angustia, y tristeza estarian
-llenos y sobrepujados; viéndose así tan cercanos á del todo
-perecer, comenzaron á socorrerse, desollando cortezas de los
-arbolillos marinos que allí estaban y majándolas, y con ellas y
-con hierbas, tajaban y tupian las hendiduras de las canoas que
-no estaban del todo quebradas, y, como mejor pudieron, tornáronse
-á embarcar con muy grande peligro, y padeciendo terrible
-hambre. Van en demanda de la tierra de un señor llamado
-Tumaco, que está en un rincon del mismo golfo, y éste
-hallaron, para resistilles, aparejado, el cual les dió una batalluela,
-de las que los desnudos, donde no tenian hierba ponzoñosa,
-solian dar; venciéronlo, aunque flacos de hambre, y
-ahuyentáronlo como á los de atras, quedando los que alcanzaron,
-por los perros y con las espadas, hechos pedazos, y el
-mismo Cacique bien descalabrado. Envió luégo el cacique<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span>
-Chiapes mensajeros de su gente al Tumaco, avisándole de la
-fortaleza de los españoles, y cuán crueles eran contra los que
-no se les daban, y cuán bien trataban los que tenian por
-amigos, como hacian á él y á los otros señores que quedaban
-en los caminos por donde venian. No habia Chiapes aún experimentado
-el tractamiento que despues le hicieron, y como no
-era oro todo lo que relucia en los españoles, y como habian
-todos de perecer en las minas y en los otros trabajos en que
-los pusieron para hacerse ricos, y por ello sacalles la sangre.
-Tumaco no quiso ser persuadido de los mensajeros de
-Chiapes, y, cierto, en su seso estaba; tórnale á enviar otros
-mensajeros, ó otra vez los mismos, avisándole, como amigo,
-porque tuviese por cierto que, si no venia, no se podia escapar
-de sus manos, donde sería cruelmente muerto, y todo
-su señorío disipado, y todo lo demas que pudo envialle
-á decir, para movello, le significaron. En fin, convencido
-de las razones y temores que le pusieron, acordó de sacar
-de la necesidad virtud; pero él no quiso venir, mas envió
-su hijo, al cual Vasco Nuñez rescibió muy bien, y creo
-que le dió una camisa y otras cosillas, y tornólo á enviar
-á su padre, amonestándole que le dijese todo el mal
-y bien que podian los españoles hacerle, por eso, que
-no tardase ni porfiase á perseverar en no querer venir á
-ser su amigo. Viendo Tumaco que así habian tratado á
-su hijo, creyendo que así sería todo y siempre, al tercero dia
-determinó de venir bien acompañado de su gente y principales,
-pero no quiso traer consigo nada que ofreciese para la
-lámpara que tanto ardia, y aquella ofrenda deseaba. Rescibióle
-con mucha fiesta Vasco Nuñez y los demas, y aseguráronlo
-mucho, hablóles Chiapes, loando mucho á los españoles,
-que eran buenos amigos, y que era razon de los abrigar y
-ayudar, pues eran extranjeros y estaban en sus tierras, y
-otras cosas para lo atraer á la confianza y amistad de los cristianos;
-él, así aplacado y confiado por las palabras de Chiapes
-y por la conversacion alegre que experimentaba, envió de la
-gente que consigo trujo, ciertos criados á su casa, los cuales<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span>
-trujeron ciertas joyas de oro, y, lo que más valia y más se estimó,
-y con razon, trujeron 240 perlas gruesas, muy preciosas,
-y de otras menudas, muchas. Desque Vasco Nuñez y todos
-las vieron, no se podia encarecer el alegría y regocijo que
-tuvieron, creyendo que ya se les acercaban las riquezas inmensas
-que el hijo del rey Comogre les habia denunciado, por
-lo cual se tenian por los más bienaventurados del mundo, y
-daban ya por bien empleados todos sus trabajos, que no eran
-mucho menores que infernales. Las perlas grandes, como dije,
-eran de mucho valor, salvo, que por echar los indios en el
-fuego las ostias donde ellas están para las abrir, salian ahumadas,
-y no tan blancas como ellas lo eran y son de su natural.
-Despues, el tiempo andando, enseñaron los españoles á
-los indios como abriesen las ostias, sin fuego, más aína y
-con más cuidado y continuacion que la doctrina cristiana,
-porque no viene alguno dellos por aquel fin acá, y ésto, cierto,
-creo, por lo que habemos largamente visto, que lo podemos
-afirmar sin pecado; pues como viese Tumaco que tanta fiesta
-se hacia por las perlas, y que todos dellas se admiraban, por
-mostrar ser liviandad y que él las tenia en poco, envió luégo
-ciertos indios, mandándoles que fuesen á pescar más, los cuales
-se dijo que trujeron, desde á cuatro dias, dellas tantas que pesaron
-12 marcos. Todo ésto era materia para que los nuestros
-no pudiesen tragar la saliva de gozo, tanto les crescia la esperanza
-de su desideratísima felicidad. Todos los españoles y
-indios estaban en grandísimo regocijo; los españoles, por los
-argumentos que juzgaban serles todo aquello de su bienandanza,
-y los indios, mayormente los Caciques, por el amistad de los
-cristianos, creyendo que aquella les habia de durar, y que
-los españoles estimaban en mucho el oro y perlas que ellos
-tenian en nada, y que se contentaran con lo que les daban y
-no quisieran dellos más, y mayormente se holgaba Chiapes
-por haber sido medianero de la paz y amistad de Tumaco y
-los cristianos. Certificaron Chiapes y Tumaco á Vasco Nuñez,
-estar una isla distante de allí obra de cinco leguas, segun por
-señas señalaban, dentro en aquel golfo, donde señoreaba un<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span>
-Rey gran señor, en la cual habia gran multitud de ostias
-muy grandes, en las cuales se criaban perlas tan grandes
-como aceitunas, y como habas, segun por señas significaban.
-Oido Vasco Nuñez de la isla y de la riqueza de las perlas, no
-podia caber en sí por la excesiva alegría, dice que luégo quiere
-pasar á ella é que aparejen las canoas; los dos Caciques amigos
-le ruegan que no se ponga en aquel peligro en tal tiempo,
-que lo deje para el verano, cuando la mar está en sosiego, y
-entónces podrá ir á su placer y alcanzar cumplimiento de su
-deseo, y que para entónces ellos con su gente le acompañarian.
-Temió Vasco Nuñez no le acaeciese lo que de ántes habia
-padecido en la isleta, y así tuvo por bueno el consejo de
-aquellos Caciques sus amigos. Díjose que aquel cacique Tumaco
-dió nuevas á Vasco Nuñez, como por aquella costa en adelante,
-señalando hácia el Perú, habia grande cantidad de oro,
-y ciertos animales sobre que ponian sus cargas las gentes
-della, y que de barro hizo una figura como las ovejas de
-aquella tierra, con el pescuezo que tienen, que parece propio
-de camello; estaban los españoles admirados, dellos decian
-que mentian, dellos pensaban si eran camellos, dellos si eran
-ciervos ó dantas, que las hay en muchas partes de tierra firme,
-que son como terneras chiquitas, pero difieren porque
-tienen las piernas muy chicas, cuasi un palmo del suelo, y
-creo que carecen de grandes cuernos: y éste fué el segundo
-indicio que Vasco Nuñez alcanzó de las riquezas y estado
-del Perú.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p>
-
-<h2 id="L">CAPÍTULO L.</h2></div>
-
-<p>Con todas estas tan nuevas nuevas, cargado de larguísima
-esperanza de las riquezas de oro y perlas que esperaba de
-descubrir el verano venidero, y que nunca gozó aunque las
-habia mayores que jamás fueron imaginadas ni soñadas, Vasco
-Nuñez acordó, muy contento, y alegre, y triunfante, volverse al
-Darien; despidió allí los caciques Chiapes y Tumaco, que se
-quedasen muy enhorabuena, dándoles gracias por lo que por
-él y los suyos habian hecho, y en especial á Chiapes, que más
-con él habia trabajado y más seguídole, y abrazándolos, y ellos
-á él (mayormente Chiapes lloró mucho apartándose dél, porque,
-cierto, comunmente los indios aman á los que no les hacen
-mal), y con alguna muestra de querellos bien de veras, dejó
-con él los españoles que estaban mal dispuestos y flacos, encomendándoselos
-tuviese cargo dellos, hasta que estuviesen
-buenos y pudiesen irse tras él, dióle todos los indios que hobo
-menester, que le llevasen las cargas y acompañasen hasta donde
-quisiese servirse dellos. Fueron por otro camino que habian
-venido, y aportaron á la tierra y señorío de un otro Cacique
-llamado Teaocham; éste, sabido que iban y las obras que hacian
-á las gentes donde llegaban, si no les salian á rescibir,
-como no tuviese fuerzas para les resistir, acordó salirles de paz
-al camino, y hacelles todo el rescibimiento de amistad y benevolencia,
-y acogimiento, y servicio en su pueblo que le fué
-posible; trujo ante sí consigo su presente, que ofreció á Vasco
-Nuñez, 1.000 castellanos de oro en piezas labradas por muy
-lindo artificio, y 200 perlas muy finas, puesto que algo turbias
-por haberlas sacado de las conchas ó ostias al fuego. Dióles
-abundantemente de comer de todo lo que tenia, y hospédalos,
-en todo lo que pudo, como si fueran sus deudos y amigos, y á<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span>
-toda la gente que de Chiapes traia; rogó á Vasco Nuñez que
-diese licencia que se tornasen á su tierra los chiapenses, porque
-estando en su casa, no les habia de faltar cosa de lo que
-tuviese. Fué así, é mandóles dar comida para su camino. Holgáronse
-allí con Teaocham dos ó tres dias, y porque el camino
-para el Darien, desde allí, era despoblado mucha parte,
-y de altísimas y estériles sierras, donde habia muchos tigres y
-leones, proveyóles de mucho bastimento, bizcocho, y pescado
-salado, y otras cosas, y mucha gente que le sirviese y llevase las
-cargas, y hombres de sus principales, y con ellos por Capitan,
-para que mandase y ordenase á todos por el camino, el mayor
-y más amado hijo que tenia, mandándole que no se apartase de
-los españoles un credo, ni se volviese, ni él ni hombre de los
-que con él iban, sin voluntad y mandado de Vasco Nuñez.
-Guiaron su camino los indios por la tierra de un otro señor, mayor
-que todos los que atras quedaban, que debia de ser enemigo
-dellos, del cual justa ó injustamente se quejaban, y quisieran,
-por ventura, que los españoles á quien tenian ya por invencibles,
-hicieran guerra contra él, que Pacra se llamaba; éste
-Pacra, gran señor, no osó salir de guerra ni de paz, sino escondióse;
-y ántes que aquí llegasen, subiendo por unas aspérrimas
-sierras, que no tenian por mucha parte del camino agua,
-padecieron tan terrible sed, que si no fuera por las guías, que,
-apartado del camino en un rincon de un valle, mostraron una
-fuente, hombre dellos no escapara. Llegados al pueblo de
-Pacra, halláronlo todo vacío de gente, aunque no faltó que
-robar, porque 3.000 pesos de oro en joyas hallaron; envió
-Vasco Nuñez mensajeros, que por los montes lo buscasen y le
-dijesen que viniese á verlos sin temor, y que sería su amigo,
-y si no que lo iria á buscar y lo haria echar á los perros que
-le hiciesen pedazos como habia hecho á los demas. Pacra, temiendo
-su severidad y la ferocidad de los perros, que ya eran
-temidos por toda la tierra más que los diablos, acordó venir
-(aunque tarde porque no osaba), é ponerse en sus manos habiéndolo
-asegurado; trujo consigo otros tres señores, que debian quizá
-ser sus vasallos y con gente acompañado. Era, segun escribió<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span>
-Vasco Nuñez al Rey, este señor Pacra feísimo de gesto, y de
-todos los miembros, diferente de otros hombres, desproporcionado,
-que de vello todos se admiraron. Dijo Vasco Nuñez, que
-otros Caciques y señores comarcanos, sabido que Pacra habia
-venido á ver á los españoles, vinieron á quejarse dél, que les
-habia hecho muchos agravios, y que por ésto determinó de
-matarlo; con éste acuerdo, primero preguntóle blandamente,
-como rogándole, que dijese dónde se cogia el oro de aquella
-tierra, que de abundar dello tenia mucha fama; respondió que
-no sabia; hácele muchas amenazas, dále muchos tormentos,
-no le aprovechó nada. Preguntado de dónde habia habido
-aquellos 3.000 pesos que le tomaron, respondió que ya eran
-muertos los que sabian sacallo en tiempo de sus padres y suyo,
-y que despues que habia crecido en edad, de mandar buscar
-ni sacar oro habia tenido poco cuidado. Hízolo, en fin, echar
-á los perros con los otros tres señores que habian venido á
-acompañallo, que los hicieron pedazos, y despues de muertos
-por los perros, hízolos quemar. Bien es aquí de notar la gran
-tiranía y ceguedad deste pobre Vasco, que, habiéndolo asegurado,
-y venido confiado del seguro, y sin le haber ofendido,
-dalle tal pago, y tambien ¿qué juez era él en el señorío de
-Pacra, siendo por toda la tierra tirano y haciendo á todos los
-señores della obras de tirano, para conocer de las quejas que
-los otros Caciques, de Pacra daban? Item, ya que tuviera jurisdiccion
-sobre Pacra, á cuya jurisdiccion era él ántes, de ley
-natural, subjeto, ¿seguíase que, porque los otros de aquel se
-quejasen, tuviesen razon ni justicia de agraviarse? Item, ¿qué
-sabia Vasco Nuñez, si aquellos eran sus vasallos, como quiera
-que fuese gran señor, y por rebelársele ó querérsele rebelar,
-viendo la fuerza de los españoles, le levantaban achaques?
-Item, ¿oyó en juicio contradictorio á Pacra, fué convencido
-en él despues de jurídicamente muy examinada la causa y
-entendido su lenguaje, de que apénas entendia tres palabras,
-para que á él y á los otros tristes tres señores, que de su seguridad
-se fiaron, echase á los perros que los despedazasen?
-Pero, cierto, harto más injusto é más infelice y más feo pare<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>cia
-y era Vasco Nuñez, ante el acatamiento de Dios, haciendo
-las injusticias y tiranías é infestaciones que por toda aquella
-tierra cometia él y los demás, teniendo el apellido y nombre
-cristiano, que Pacra aunque más feo é injusto fuese, dado que
-los que dél se quejaban dijesen verdad, cuanto más que
-quizá no lo era, y no era Vasco juez para examinallo, ni lo
-podia, por falta de saber la lengua, examinar, sino el oficio que
-á él le competiera, por ser cristiano, era ser medianero entre
-ellos, hacellos amigos y ponellos á todos en paz, lo cual pudiera
-muy bien hacello y con mucha facilidad. Despues que
-los españoles que dejó en el pueblo de Chiapes se sintieron
-en breve dispuestos para caminar, siguieron á Vasco Nuñez
-acompañados con gente y bastimentos de Chiapes; viniéronse
-por cierto señorío y casa de un otro Cacique y señor, llamado
-Bononiáma, la penúltima sílaba luenga. Este, como los vido,
-recibiólos con toda alegría y benignidad; hospédalos como
-si fueran sus hermanos, dáles en presente 2.000 castellanos.
-Descansados un dia ó dos pártense, y el mismo señor,
-con mucha provision de comida y muchos servidores, los
-quiso acompañar hasta ponellos donde Vasco Nuñez estaba;
-llegado al pueblo de Pacra donde áun estaban, toma á algunos
-por la mano y dice á Vasco Nuñez: «Ves aquí, hombre
-valiente y esforzado, tus compañeros, los cuales, así como en
-mi casa entraron, buenos y sanos, te los traigo; el que hace
-los truenos y relámpagos y nos da los fructos de la tierra, y
-nos mantiene, á tí é á ellos os guarde.» Esta sentencia creian
-que pretendia significar su plática, y cuando decia alzaba
-los ojos al sol, por manera que al sol debian de tener por
-Dios, ó por dador de los bienes temporales; otras muchas
-palabras dijo, que parecian ser de amor, que aunque no se
-entendian en este sonido las interpretaban. Vasco Nuñez, como
-mejor pudo, le mostró referille agradecimiento y muchas
-gracias por haber hecho tan buen acogimiento y hospedaje
-y compañía á los españoles; dióle muchas cosillas de las de
-Castilla, que allí tenia, que él tuvo por gran favor y riqueza.
-Supo dél muchos secretos del oro de aquellas provincias, y<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span>
-de las tierras vecinas, segun Vasco Nuñez escribió al Rey,
-entre las cuales debió de tener aviso de las cosas del Perú,
-segun en su carta al Rey encarecia. Despidióle, para que
-se volviese á su casa y tierra, con grande amor y alegría, quedando
-ambos confederados en amistad perpétua. Estuvo reposando
-Vasco Nuñez y su compañía en el pueblo de Pacra,
-que hizo despedazar á los perros, treinta dias, donde se rehicieron
-y cobraron todos fuerzas, porque todos venian, y los más
-sanos, de los grandes trabajos, y hambres muchas veces, muy
-deshechos. Partióse de allí, acompañándoles siempre la gente
-que traia del cacique Teaocham, que arriba dijimos salirle á
-rescibir voluntaria y graciosamente; tomaron la ribera en la
-mano del rio de Comogre, del cual tomó el nombre la region
-y tierra, y el mismo Cacique, cuyo hijo significamos arriba
-que dió á Vasco Nuñez las nuevas del Perú y de sus riquezas.
-Subieron unas sierras terribles y aspérrimas, despobladas, sino
-fueron dos Caciquejos paupérrimos que topó en un poblezuelo,
-que no debian tener labranzas, sino pocas, como hombres
-muy montañeses; aquestos llevó consigo por guías, y tomado
-de allí algun poco bastimento, yendo de sierra en sierra,
-sin camino, y á veces por ciénagas donde se sumian, si no
-iban sobre aviso, fueron tres dias con trabajo nunca oido, y
-algunos de los indios teaochenses, de hambre, cansancio y flaqueza,
-y tambien de los españoles, desfalleciendo. Era aquella
-tierra no andada, porque, aunque habia algunos pueblos,
-no comunicaban unos con otros, contentándose cada uno con
-lo que tenia; llegaron á un pueblo de un Cacique, nombrado
-Buchebuca, el cual hallaron todo vacío, porque, sintiendo
-que los españoles venian, huyeron él y toda su gente. Envió
-á buscallo algunos indios de los teaochenses, que todo lo trabajaban
-y suplian; halláronlo por los montes ó sierras, escondido;
-aseguránlo de parte de los españoles, respondió que
-él no habia huido de miedo, sino de vergüenza y tristeza, por
-no se hallar con tanto bastimento, y comida, y aparejo para
-rescibirlos, segun ellos merecian, pero que, en señal de amistad
-y confederacion con ellos, rescibiesen aquellos vasos y<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span>
-piezas de oro que los enviaba, pidiéndoles perdon porque
-más no podia servirles. Salieron de aquel pueblo harto desconsolados
-y hambrientos y con mucha flaqueza, porque
-como era mucha gente los españoles y los indios, que les
-traian las cargas y les servian por el camino, y no traian acémilas
-ni carretas para traer los bastimentos, donde quiera que
-llegaban, puesto que les diesen mucho, y cuanto bastimento
-tenian, como no podian los indios llevar más de dos ó tres arrobas
-á cuestas y comian todos dello, en dos dias que andaban
-por despoblado no tenian que comer. Viniendo su camino,
-asomaron ciertos indios por un cerro y hicieron señas que
-los esperasen, que los querian hablar; Vasco Nuñez mandó
-que todos parasen, pregúntales que qué es lo que quieren;
-comienzan: «Nuestro señor Chioriso os envia á saludar, y dice
-que quisiera mucho que fuérades á su pueblo, por mostraros
-el amor que os tiene, aunque no os ha visto, por la fama que
-teneis de valientes hombres; ha oido decir que haceis mal y
-perseguís á los que hacen mal á otros, y él tiene un enemigo,
-gran señor, de quien rescibe mucho daño, y querria que le
-ayudásedes; éste tiene mucho oro, del cual podríades vosotros
-gozar, pero mi señor, en señal del bien que os quiere y
-os desea, os envia estos 30 platos ó piezas de oro, prometiendo
-que os dará muchas más si teneis por bien de ir á
-donde él está.» Pesaban, á lo que entendí, 1.400 castellanos.
-Vasco Nuñez mostró agradecérselo á su señor, dándoles esperanza
-que algun dia iria á visitallo, y envióle ciertas hachuelas
-de hierro, que por ellas le dieran de oro diez veces
-más, y pensaran que no se las pagaban. Despidiólos muy
-alegres y ricos con sus hachas, y llenos de esperanza que algun
-dia los iria á visitar, y él con su hueste prosigue por su camino
-adelante.</p>
-
-<hr class="chap" />
-
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span></p>
-
-<h2 id="LI">CAPÍTULO LI.</h2></div>
-
-<p>Iban todos tan cargados de oro, que más indios con cargas
-de oro que con bastimentos y comida ocupaban; pero, aunque
-el oro de su propia naturaleza tiene virtud de alegrar, la mucha
-hambre y cansancio que padecian los llevaba tan tristes
-y atribulados, que consuelo ninguno en su corazon podia entrar;
-bien podemos presumir, que si llegaran á un bien proveido
-meson de comida, que ni estuvieran regateando en el
-precio, ni les faltara de que lo pagar. Prosiguiendo su camino,
-llegaron á la tierra y señorío del cacique Pocorosa, el cual
-luégo huyó, pero enviándole mensajeros y asegurándolo que
-no rescibiria daño alguno, luégo tornó; presentó á Vasco Nuñez
-1.500 pesos de oro, y ciertos indios que debia tener por
-esclavos, Vasco Nuñez le dió de sus diges de Castilla, y algunas
-hachas con que lo contentó; estuvieron allí treinta dias
-teniendo bien de comer, donde rehicieron las fuerzas que
-traian harto disminuidas y flacas. Queriendo se partir de aquel
-pueblo de Pocorosa, y preguntando por el camino, fuéle dicho
-que habia de pasar, de necesidad, por el señorío del rey Tubanamá,
-la última sílaba aguda; y éste era el gran señor, y á
-quien temian todos los de aquellas regiones por su mucho poder
-y valor, de quien dió noticia el hijo de Comogre, como en el
-cap. 41 hicimos relacion; llamó á todos los españoles Vasco
-Nuñez, y díceles que conviene ántes que Tubanamá tenga noticia
-dellos irlo á saltear y prendello, lo cual parecia deberse
-hacer así al cacique Pocorosa, que era su capital enemigo.
-Respondieron que se hiciese como le parecia, y que luégo se
-partiesen ántes que por alguna vía Tubanamá fuese avisado.
-Tomó 60 hombres, los más dispuestos, ligeros y sanos, y de<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span>
-mejores ánimos, con cantidad de indios que le dió Pocorosa,
-los demas españoles, que estaban indispuestos y flacos, dejó
-allí para que descansasen y se recreasen; partióse Vasco Nuñez
-con sus 60, trasnochando, y lo que habian de andar en dos
-dias anduvieron en uno, y así una noche, á la prima, dieron en
-él, que estaba bien descuidado, y lo prendieron. Dijeron que
-tenia 80 mujeres; á ellas y á toda su familia que tenia en su
-casa, que era muy grande, captivaron; el pueblo teníalo muy
-desparcido, y así como sintieron los españoles, todos huyeron;
-la gente que llevaba Vasco Nuñez de Pocorosa, comenzaron á
-vengarse dél diciéndole injurias y baldones, cuantos sabian y
-podian, por darle pena. Sabida su prision por otros pueblos
-que tenian dél queja, venian y hacian lo mismo, y daban á
-Vasco Nuñez quejas dél; respondia que mentian y que por envidia
-de que estaban llenos, por verlo más poderoso y no poder
-contra él prevalecer ni sojuzgallo, le levantaban aquellas
-mentiras y testimonios falsos, ántes habia rescibido muchos
-agravios dellos. Entre aquestas disputas, acusaciones, excusas,
-ó respuestas, finge Vasco Nuñez que lo queria echar á los
-perros, y mandó á los españoles que lo sacasen fuera, ó para
-echallo, píes y manos atadas, en un gran rio que allí era; llora
-terriblemente, y échase á los piés de Vasco Nuñez, alegando
-que nunca le habia ofendido á él ni á los cristianos, ántes
-siempre los tuvo en mucho, aunque no los habia visto, estimándolos
-por valientes hombres y buenos, que por qué á sus
-enemigos que lo querian mal daba crédito, y para en argumento
-de la estimacion que de los españoles tenia, llegóse á
-Vasco Nuñez, y pónele la mano á la espada diciendo: «¿Quién
-contra ésta macana (ó como allí se llamaba), que de un
-golpe hiende un hombre por medio, desde la cabeza hasta el
-ombligo, ha de pensar prevalecer sino fuere alguno que no tuviere
-seso? ¿pues quién no amará más presto que aborrecerá
-tal gente? No me mates, yo te lo ruego, y traerte hé cuanto
-oro yo tengo, y cuanto pudiere haber.» Estas y otras muchas
-palabras y razones, con abundancia de lágrimas, que todas no
-se entendian, decia, teniendo ya cuasi tragada la muerte. Ma<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span>cana
-llamaban en esta isla un arma, de que usaban como de
-espada, en las manos, de palo de palma, que es muy recia,
-como arriba hemos algunas veces dicho, allí no sé qué nombre
-se tenia; Vasco, no queriéndolo matar, comenzó á mostrarle el
-rostro un poco alegre, mostrando que se compadecia dél y
-mandó que lo soltasen; suelto, mandó luégo traer 3.000 pesos
-de oro fino en ciertas joyas, como manillas y ajorcas y
-otras piezas para ornato de mujeres. Desde á tres dias le enviaron
-ciertos señores, sus vasallos debian ser, por su mandado,
-6.000 pesos; preguntado Tubanamá que dónde se sacaba
-aquel oro, negó que se cogiese en su tierra, y que
-aquello, á sus pasados se habia traido del rio de Comogre
-que desaguaba en la mar del Sur; la gente de Pocorosa, y
-otros sus enemigos, que allí habian venido á vengarse dél,
-afirmaban que mentia, porque todo su reino y señorío era,
-más que otra tierra, de oro muy rico, el contrario decia Tubanamá,
-conviene á saber, que en toda su tierra no sentia que
-hobiese minas, puesto que algunas veces sus vasallos cogian
-en los rios algunos granillos, pero que no hacian cuenta dello,
-ni ponian cuidado en buscallo, como quiera que para lo sacar
-grandes trabajos se requiriesen. Estando allí, llegaron al pueblo
-de Pocorosa los españoles que habian quedado en los pueblos
-de atras descansando, los cuales traian entre sus hatos y cargas,
-que les traian los indios, ciertos azadones y bateas y
-otros instrumentos para inquirir, por dónde anduviesen, los rios
-y lugares en que hobiese oro. Sabido por Vasco Nuñez, envió
-por los dichos instrumentos de sacar oro, y llegaron dia de
-Navidad, el cual, con regocijo corporal y mundano, festejado,
-no les sobrando la devocion de las tres misas que aquel dia
-oyeron, porque de oirlas estaban bien descuidados, luégo, el
-dia siguiente de Sant Estéban, fueron con toda su devocion á
-dar catas por los cerros y arroyos, que es hacer hoyos y probar
-si sacaban muestra de aquello que tenian por su principal
-fin, é por quien tantos y tales trabajos y peligros voluntariamente
-tomaban. En las cuales catas hallaron muy buen
-oro, y entre ello muchos granos como lentejas, señal de ha<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>ber
-en la tierra minas muy ricas de oro, de donde creyeron
-los nuestros los de Pocorosa decir verdad, que con justa
-razon Tubanamá negaba, porque ya sabia que si en su tierra
-hallaban oro los españoles, que nunca se irian della, y por
-consiguiente, á él y á su gente y á todo su estado, les habia
-de suceder mucho mayor mal; tambien se creia que lo negaba
-por tener por muy poca cosa, y no de estimar, aquella cantidad,
-pero la primera razon es la verdad, y muy extendida
-en todas estas Indias, y á todas las gentes dellas general,
-conviene á saber, huir siempre de estar cerca de españoles y
-encubrir las minas del oro, porque ya saben ó han oido decir
-que por el oro los han de consumir y en breve acabarlos.
-Cuando se quiso partir de allí, hizo dar otras catas en otros
-lugares y hallaron mucho mayor señal de ser rica la tierra de
-oro, por lo cual determinó de hacer, andando el tiempo, dos
-pueblos de españoles, uno allí en la tierra de Tubanamá, y
-otro en la de Pocorosa, para dos efectos, el uno, porque hobiese
-poblacion de nuestra gente para la seguridad del tracto
-que hobiese de la una mar á la otra, y el otro por tener cerca
-las minas para gozar de aquel oro que estimaban ser mucho.
-Llevóle todas sus mujeres y todo cuanto pudo llevarle y á un
-hijo suyo; aunque se dijo que el hijo dió de su voluntad, para
-que, conversando con los españoles, supiese su lengua, y
-quiza por espía, para que de lo que determinasen hacer lo
-avisase; dejóle dicho que hiciese coger á su gente mucho oro
-y se lo enviase, y que siempre sería su amigo y bien tractado.
-Dieron ciertas calenturas á Vasco Nuñez, de los grandes trabajos
-y hambres que habia pasado, hízose llevar á cuestas de
-indios en una hamaca; llegaron al pueblo y señorío de Comogre,
-cuyo señor, viejo, era muerto, y heredado el hijo mayor,
-discreto mancebo, que habia reprendido á los españoles
-cuando los vido reñir sobre la partija del oro, y dió nuevas
-las primeras é indicios de la gran tierra y riqueza del Perú.
-Este rescibió á Vasco Nuñez y á los demas con grande alegría
-y fiesta, donde hallaron harto consuelo y abrigo; presentó
-á Vasco Nuñez 2.000 pesos de oro labrado, y él dióle una<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span>
-camisa de lienzo que no tuvo en poco el bueno del señor Comogre.
-Despues de haber algunos dias reposado y recobradas
-algunas fuerzas los que más presto se restauraron, y él libre
-de las calenturas, acordó partirse para el Darien con hartas
-cargas de oro, que bien creo que pasarian de 30 y 40.000 castellanos,
-los cuales, por entónces, valian y eran más que hoy
-300.000; la infinidad de lo que de sí despues dió el Perú, fué
-la causa. Dejó mucho encargado á Comogre, mandase siempre
-coger á su gente oro y se lo enviase, porque ésta era dél y de
-todos los que en aquella cofradía andaban toda su ansia; llegando
-á la poblacion del cacique ó señor Ponca, de quien arriba
-en el cap. 46 hicimos mencion, halló cuatro españoles
-que salieron del Darien en su busca, para le avisar como eran
-venidos dos navíos, con mucho bastimento, de la isla Española;
-lo cual oido y habida grande alegría, tomó 20 hombres,
-de los más sanos y mejores peones, y váse al Darien de presto,
-y dejó los demas que se fuesen poco á poco. Llegó al Darien
-á 19 de Enero, entrante el año de 1514, de donde habia
-salido primero dia de Setiembre del año pasado de 1513; saliéronlo
-á rescibir todos los españoles del Darien, con solemnísima
-fiesta, pero desque supieron que habia descubierto la
-mar del Sur, y las perlas, y traia tanta carga de oro, y tan
-ricas perlas, no se podria encarecer la excesiva alegría que
-todos rescibieron, estimando ser cada uno dellos, de todos
-los hombres del mundo, el más felice, los desventurados no
-conociendo el estado en que andaban, infamando y haciendo
-heder por todas aquellas gentes el nombre de Cristo, turbando,
-y afligiendo y echando al infierno tantas dellas, haciendo
-esclavos los libres, usurpándolos y robándolos sus naturales
-señoríos y todo cuanto tenian; no advertian tampoco
-la obligacion en que todos quedaban, <i>in solidum</i>, de restituir
-tanta cantidad de oro como robaban, y los daños que por
-todo aquello hacian, restitucion no ménos que infinita, y al
-cabo no vieron ni gozaron lo que tanto desearon, porque
-cuasi todos los que allí entónces estaban en breve murieron
-ántes, y hobieron mala fin. Repartió Vasco Nuñez todo el oro<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span>
-y perlas por los que con él fueron á esta meritoria peregrinacion,
-y por los que quedaron en el Darien, y dejó para sí,
-quedando todos contentos, más con la esperanza de lo que se
-prometian cada uno, el tiempo andado, haber, que con lo que
-de presente vian, aunque fuera doblado de lo que era.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span></p>
-
-<h2 id="LII">CAPÍTULO LII.</h2></div>
-
-
-<p>Determinó luégo Vasco Nuñez de hacer saber al Rey tan
-señaladas y nuevas nuevas, de haber descubierto la mar del
-Sur y en ella las perlas, cosas, cierto ambas, muy nuevas; y
-si no fueran descubiertas con tanto perjuicio é infamia de la
-ley é honra de Dios, y por modo contrario á sus mandamientos,
-y en tan gran daño de tantos hombres, nuestros prójimos,
-gentes pacíficas que en nada nos ofendieron, y no ménos en
-impedimento de la dilatacion de la universal Iglesia, dignas y
-muy dignas fueran de grande remuneracion. Envió para que
-las llevase un muy amigo suyo, llamado fulano de Arbolanche,
-vizcaino, que habia con él andado en aquellas estaciones; á
-éste dió todas las mejores y más preciosas perlas de todas las
-que trujo, para que en nombre suyo y de los que con él fueron
-presentase al Rey. Escribió al Rey, muy en particular, de todo
-lo que habia visto y pasado en aquel viaje muy larga relacion;
-entre otras cosas, dijo que de 190 hombres, que del Darien
-sacó, nunca se pudo ayudar sino apénas de 80, porque todos los
-demas, por las hambres y trabajos que padecian, ó de enfermos
-ó de muy flacos y cansados, que no podian en algo ayudar,
-no escapaban. Escribió más, que hobo con diversas gentes
-batallas, pero que ni él fué jamás herido ni hombre de toda
-su compañía le mataron ni le faltó. Pero, cierto, no eran grandes
-hazañas las que hacia venciendo, como pelease con gallinas,
-que son todos los indios desnudos, donde no alcanzan á
-tener hierba, como puede juzgar por toda esta historia cualquiera
-cuerdo hombre; mayormente, llevando las escopetas
-que nunca habian visto ni oido, ni gente tan extraña y feroz
-como los nuestros son, comparados á aquellos que por armas
-tienen sus barrigas y pellejos desnudos, de los cuales, con<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span>
-justa razon, pudieron pensar que echan por la boca rayos y
-truenos y relámpagos, con vivo fuego, pues vian que con los
-tiros de fuego caian dellos luégo muertos en el suelo. Pues,
-¿qué diremos de los perros, que, en soltándolos, luégo los despedazaban?
-Así que no eran las que Vasco Nuñez y los suyos
-á los indios daban muy peligrosas batallas para gloriarse.
-Afirmó al Rey en aquella carta, que habia sabido de los Caciques
-y señores de aquellas tierras, que habia penetrado,
-grandes secretos de haber increibles riquezas en aquella mar,
-las cuales no escribia á Su Alteza, hasta que, como esperaba
-en Dios, las hobiese visto y hollado; y bien creo yo, cierto,
-que le dieron grande noticia de las grandezas del Perú y de
-lo que en él habia, y que por aquella noticia deseó mucho
-de hacer ciertos navíos ó bergantines, que despues hizo en
-aquella mar del Sur. Despachó al dicho Arbolanche con su
-carta y nuevas nuevas, y presente de perlas para el Rey, al
-principio de Marzo del dicho año de 1514, y, llegando á la
-corte, fué luégo llena de grande alegría, y, desde á poco, toda
-Castilla, cuasi como si entónces se descubrieran estas Indias.
-Rescibiéronle no con menor gozo y placer el obispo de Búrgos
-D. Juan de Fonseca, y el secretario Lope Conchillos, en
-quien se resolvia todo el Consejo y gobernacion dellas. Entónces
-no habia Consejo determinado de las Indias, sino que
-para las cosas árduas se llamaba el licenciado Zapata, y el
-doctor Palacios Rubios, y el licenciado Santiago, y el licenciado
-Sosa, que despues fué obispo de Almería, todos del Consejo
-Real, con los cuales el obispo de Búrgos comunicaba lo que
-se habia de proveer y aquello se hacia. Llevaron el Obispo
-y Conchillos al Rey á Arbolanche, procurador de Vasco Nuñez
-y de los del Darien, al cual el Rey rescibió graciosamente,
-holgándose mucho de las buenas nuevas que le traia, y del
-presente de las perlas. Paróse mucho á mirallas y á loallas,
-preguntando cómo y de qué parte las sacaban; y él, respondiendo
-á todo lo que el Rey le preguntaba, dióle larga relacion
-de como en aquel viaje les habia ido, encareciendo los
-grandes trabajos que habian padecido, y las grandes victorias<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span>
-que de los indios habian habido, y todo lo demas que hacia en
-favor de su fin que pretendian, porque ni él dijo al Rey los
-grandes escándalos y violencias que habian hecho por todas
-aquellas tierras, y muertes, y robos, y captiverios injustos en
-aquellas gentes, ni el Rey se lo preguntaba, y mucho ménos
-el Obispo y Conchillos, á quien saberlo más incumbia, sino que
-hablaban, y preguntaban, y respondian en ello, como si hablara
-de las victorias y cosas de Africa ó de Turquía; finalmente,
-mandó el Rey al Obispo, que luégo entendiese en
-ordenar lo que convenia, y á Vasco Nuñez se le hiciesen mercedes,
-pues tanto le habia servido. Por manera que, por aquellas
-nuevas, no sólo perdonó el Rey á Vasco Nuñez los deservicios
-que tenia entendido haberle hecho en la muerte de
-Nicuesa, de que estaba acusado, y los agravios del bachiller
-Anciso, y haber usurpado la gobernacion y ejercicio de justicia
-en aquella tierra, pero rescibiólo en su gracia, y hízole mercedes.
-Suplícole Arbolanche, por él, lo armase caballero y hiciese
-merced de algun título; el Rey lo hizo y le creó Adelantado
-de aquella tierra (no supe cómo rezaba el título), con
-otras mercedes, creo yo, de hecho y dicho, con grandes blasones,
-refiriendo sus obras por grandes servicios; y éste fué el
-segundo Adelantado que hobo en todas estas Indias, porque
-el primero fué D. Bartolomé Colon, hermano del Almirante
-primero, D. Cristóbal Colon, que descubrió este mundo nuevo.
-Despues que Vasco Nuñez despachó á Arbolanche, su procurador,
-con las nuevas para Castilla, quiso saber qué distancia
-de camino habia del Darien á la mar del Sur, yendo por vía
-derecha, para lo cual envió á un Andrés Garavito con 80 hombres
-que lo viesen, y mandóles que de camino hiciesen cuantos
-esclavos haber pudiesen de los pueblos que topasen. Salidos
-del Darien, subieron por la ribera de un rio que llamaban
-de la Trepadera, hasta la cumbre de las sierras muy altas, que
-Vasco Nuñez habia subido, aunque por muy abajo, como queda
-visto, y de allí descendió Andrés Garavito por otro rio cuyas
-vertientes iban á parar á la dicha mar del Sur; en las riberas
-del cual habia muchas poblaciones, las cuales á fuego y á<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span>
-sangre acometia sin habelle hecho más que los otros por qué,
-y prendió á los caciques Chaquina y Chauca, y mucha gente
-con ellos, y á otro llamado Tamahe, que tenia su tierra y señorío
-más hácia la mar del Sur; el cual, como vino la noche,
-se soltó, pero desque vido que un hermano suyo y muchos
-deudos y criados que más queria se habian prendido,
-vínose de su voluntad á poner en poder del Garavito, y trújole
-cierto presente de oro, y una moza de buen parecer, diciendo
-que era su hija, que se la daba por su mujer (la cual quizá no
-lo era), por lo cual le llamaron los españoles desde adelante
-el suegro. Soltó al hermano y á él, y algunos de los que tenia
-presos como en arras de su casamiento, aunque sin ley y sin
-bendicion ántes dignísimo de toda maldicion; envió con otros
-40 satélites á Bartolomé Hurtado, contra los caciques Benamachéi
-é Abrayba, de quien arriba en el cap. 43, hablamos,
-porque, diz que, se le habian alzado ó negado la obediencia,
-que con tanta justicia le debian, como la que se debe al verdadero
-tirano, como Vasco Nuñez era. Entrado en sus tierras
-Bartolomé Hurtado, no dejó hombre á vida de los que al primer
-furor le ocurriesen, captivó y hizo esclavos cuantos pudieron
-tomar á vida, y robaron todo el oro y otras cosas provechosas
-ó de valor que por toda la tierra habia; despues que
-no hallaron persona alguna de paz ni de guerra, volviéronse
-los unos y los otros al Darien, muy victoriosos, con grandes
-rengleras de hombres y mujeres captivos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span></p>
-
-<h2 id="LIII">CAPÍTULO LIII.</h2></div>
-
-
-<p>Dejemos agora por un rato de hablar de Vasco Nuñez y
-su compañía, que toda su ocupacion y ejercicio no era en
-todo este tiempo otro sino el dicho, y comencemos á referir
-el principio y discurso de cómo se le aparejaba su San Martin,
-é propio dignísimo castigo rodeado por el divino juicio.
-Comenzando pues de su origen, débese saber, que poco ántes
-que llegasen los procuradores Caicedo y Colmenares, enviados
-por Vasco Nuñez, como el Rey hobiese sabido, por relacion del
-bachiller Anciso y Çamudio, la perdicion de Alonso de Hojeda
-y Juan de la Cosa y Diego de Nicuesa, y de sus armadas, y de
-la disension y bandos de la gente española que quedaba en
-el Darien, y como Vasco Nuñez, por maneras ó por fuerza, era
-dellos guiador, mandó el Rey tratar sobre que se enviase de
-Castilla persona señalada que administrase en su nombre, por
-aquella tierra firme, la gobernacion; para la cual se tractaba
-de la persona de Pedrárias de Avila, hermano del conde de
-Puñonrostro, señalado justador, y adornado de otros naturales
-dones. Entando en ésto, llegaron los dichos procuradores,
-Caicedo y Colmenares, que llevaban las nuevas que habia dado
-el hijo del rey Comogre, por el cual se tuvo esperanza de ver
-la otra mar, y grandes riquezas en ella, y sembraron por la
-corte y por España que el oro con redes se pescaba; las cuales
-oidas, y que habia dicho el hijo de Comogre ser menester
-1.000 hombres, cresció al Rey, y al Obispo de Búrgos y á los
-demas de su Consejo, la estima de la cosa, y el propósito de
-enviar más gruesa armada de la que se pensaba, y tambien el
-cuidado y diligencia de la despachar muy presto. Resolvióse
-el Rey una vez que Pedrárias de Avila fuese por Gobernador,
-pero sabido por la corte, teniendo todos los oyentes aquella<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span>
-empresa ser la más señalada y de más provecho que habia salido
-de España, cresció el hervor de la cudicia en muchos de
-los que alcanzaban partes y favor para pretendella, por lo
-cual se opusieron á ella contra Pedrárias, y tuvieron sus diligencias
-y negociacion, de tal manera, que ya con el Rey lo
-tenian casi echado fuera; y pluguiera á Dios, que así lo ordenara,
-y que Pedrárias nunca asomara á aquella tierra, porque no
-fué sino una llama de fuego que muchas provincias abrasó y
-consumió, por cuya causa lo llamábamos <i>Furor Domini</i>. Yo
-estimé que el Archángel ó Archángeles que tenia cargo de procurallos
-su bien, y desviallos su mal, sabiendo por divina
-inspiracion lo que Pedrárias habia de obrar en ellas, pusieron
-diligencia en que otros se moviesen á pedir al Rey aquel
-cargo, de los cuales estimaban que no les serian tan desenfrenada
-y brutalmente perniciosos, porque siendo Pedrárias de
-los entendidos mundanos hombres de España, de mucha edad,
-porque pasaba de sesenta años, y de mucha experiencia
-por consiguiente, hizo cosas en su gobernacion que no las
-hiciera más irracionales un hombre insensible mentecapto; de
-éstas sus cosas, no dignas de hombre cristiano ni áun gentil
-racional, la historia dirá de mucho algo. Pero porque lo tenia
-la Divina justicia elegido para verdugo de aquellas miserandas
-gentes, como instrumento de su rigurosa ira y acerbo furor,
-ocurrió el obispo de Búrgos al Rey en esta manera, en favor
-y abono de Pedrárias: «Vuestra Alteza ya tiene grande noticia
-del esfuerzo y valor de Pedrárias, y las hazañas que por
-su persona, así como Capitan que vuestro ha sido, como particular
-persona, siempre hizo en las guerras de Africa, donde
-Vuestra Alteza le ha enviado, y como en todas muchas veces
-se señaló, y cuánta experiencia de las cosas de guerra tiene,
-y para las de la paz de cuán buen entendimiento es dotado,
-allende haberse criado en vuestra casa Real desde su niñez,
-de donde se sigue que más que otro procurará vuestro servicio
-y guardará toda fidelidad; no me parece que será cosa
-justa ni complidera al servicio de Vuestra Alteza, que porque
-otros pretendan este cargo por su propia sola cudicia,<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span>
-que no os han servido tanto, ni la mitad, ni tienen tantas
-ni tales partes, Vuestra Alteza lo posponga, pues ya se sabe
-por la corte que para esta empresa lo tiene ya nombrado. En
-ninguna manera conviene que á este negocio vaya otro sino
-Pedrárias de Avila, y ésto juzgo, segun lo que yo siento, lo más
-cumplidero al servicio de Vuestra Alteza, y para que se consiga
-la prosperidad que deseamos.» El Rey, que en las cosas
-de las Indias, y áun en las del reino de Castilla, solia dar gran
-crédito al obispo Fonseca, determinó de confirmar el nombramiento
-de Pedrárias, y cometió y mandó al Obispo que luégo
-le despachase como mejor le pareciese, y señalase el número
-de la gente que habia de llevar, con todo lo demas que
-al buen despacho de la armada fuese necesario. Determinó el
-Obispo, con los que llamó del Consejo, que fueron el licenciado
-Zapata y el licenciado Santiago, y el licenciado Sosa y el
-doctor Palacios Rubios, y creo que Hernando de Vega, y no sé
-si más, que pues el hijo del rey Comogre habia dicho ser
-1.000 hombres necesarios, que fuesen 1.200 para mayor seguridad;
-y mejor se pudiera decir para que más se trabajase en
-muchos más enterrar. Díjose que mandó dar el Rey sueldo á
-los 1.200 hombres, pero yo creo que no si no fué á los marineros
-y que habian de guiar las naos, porque fué tanta la
-gente que, á las nuevas oidas de que se pescaba el oro con redes,
-se solevantó, que si á 10.000 hombres el Rey quisiera dar
-licencia, se fueran sin blanca ni cornado de su voluntad; y es
-aquí de saber, que por aquellos dias mandó el Rey al Gran Capitan
-que tornase á Nápoles, porque el rey de Francia mostraba
-querer ir sobre aquel reino y ciudad, y, como el Gran
-Capitan era tan afamado de magnificencia y hacedor de grandes
-hazañas, movióse para ir con él cuasi toda Castilla, mayormente
-gente noble y muchos caballeros, que unos vendian
-sus haciendas todas, otros empeñaban sus mayorazgos, algunos
-hacian otros buenos ó malos recaudos, todo enderezado
-para se ataviar excesivamente de sedas y brocados, creyendo
-y esperando con harta vanidad, que de aquella hecha, yendo
-á Italia el Gran Capitan, habian de despojar á toda Francia.<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span>
-Estando, pues, para se partir el Gran Capitan con grande armada,
-y habiendo hecho él mismo grandes gastos, acordó el
-Rey, por causas que le movieron, ó quizá porque de una tan
-agregia persona como era el Gran Capitan, no habia tanta necesidad,
-de no envialle, por manera que él quedó gastado y no
-sé si agraviado, y toda la mucha nobleza que iba con él muy
-gastada y burlada, y áun perdida en mucha parte. Pues como
-luégo se sonó el despacho de Padrárias, y las nuevas de las
-riquezas, que se habian con redes de pescar, por toda España
-volaban, ocurrió toda ó la más caballería, que dije perdida ó
-gastada, á ofrecerse á Pedrárias para le acompañar y áun servir
-en la jornada, doblándoseles sin comparacion la esperanza
-de ser de buena ventura, mucho más que si les certificaran que
-habian de tomar á Francia; tanta es la cudicia y áun liviandad
-de España. Rescibió mucha gente noble Pedrárias en la
-corte, y cuando llegó á Sevilla halló 2.000 hombres nobles y
-mancebos, tan bien dispuestos, lucidos y ataviados, que se le
-ofrecieron ir con él á su propia costa y sin sueldo alguno, que
-le hizo dolor no poder llevar tantos, y aunque tenia limitado
-el número de la gente por el Rey, que no pasasen de 1.200, no
-pudo estrecharse tanto, que, por ruegos, favores y importunidades,
-1.500 no llevase. Gastó el Rey en el armada 54.000
-ducados, segun yo despues supe, y lo que en aquel tiempo se
-hizo y suplió con 54.000 ducados es cierto que hoy no se supliera
-con 158.000 castellanos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p>
-
-<h2 id="LIV">CAPÍTULO LIV.</h2></div>
-
-<p class="i2">En el cual se contiene la Instruccion que el Rey mandó dar á Pedrárias, cómo se habia de
-haber con los indios, atrayéndolos por bien á la fe, y no consintiendo que se les hiciese
-mal alguno.</p>
-
-<p class="p2">Mandó el Rey al obispo de Búrgos, Fonseca, susodicho,
-que se tratase con mucho acuerdo de la Instruccion que Pedrárias
-habia de llevar para que supiese lo que habia de hacer,
-y no se errase la gobernacion en aquella tierra firme, como se
-habia errado en esta isla Española. En la cual Instruccion se
-contuvieron, entre otros, los capítulos siguientes:</p>
-
-<p>«Capítulo 1.º&mdash;Habeis de procurar por todas maneras y
-vías, que viéredes ó pensáredes que para ello han de aprovechar,
-y por todas las otras vías y formas que se pudiere tener
-algunas esperanzas que se podrá hacer, atraer con buenas
-obras á que los indios estén con los cristianos en amor y
-amistad, y que por esta vía se haga todo lo que se hubiere de
-hacer con ellos, y para que ello mejor se haga, la principal
-cosa que habeis de procurar es no consentir que por vos ni
-por otras personas no se les quebrante ninguna cosa que les
-fuere prometida, sino que, ántes que se les prometa, se mire
-con mucho cuidado si se les puede guardar, y si no se puede
-bien hacer que no se les prometa, pero prometido se les guarde
-enteramente, de manera que los pongais en mucha confianza
-de vuestra verdad; y no habeis de consentir que se les
-haga algun mal, ni daño, porque de miedo no se alboroten ni
-se levanten, ántes habeis mucho de castigar á los que les hicieren
-mal ó daño sin vuestro mandado, porque por esta vía
-vernán ántes á la conversion y al cognoscimiento de Dios, y
-de nuestra sancta fe católica, y más se gana en convertir 100
-de esta manera que 100.000 por otra vía.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span></p>
-
-<p>Cap. 2.º&mdash;Item, caso que por esta vía no quisieren venir á
-nuestra obediencia y se les hobiere de hacer guerra, habeis de
-mirar que por ninguna cosa se les haga guerra no siendo ellos
-los agresores, y no habiendo hecho ó probado á hacer mal ó
-daño á nuestra gente, y, aunque les hayan acometido, ántes de
-romper con ellos les hagais de nuestra parte los requerimientos
-necesarios para que vengan á nuestra obediencia, una, y
-dos, y tres y más veces, cuantas viéredes que son necesarias
-conforme á lo que llevais ordenado; y pues allá habrá y
-con vos irán algunos cristianos que sabrán la lengua, con ellos
-les dareis primero á entender el bien que les verná en ponerse
-debajo de nuestra obediencia, y el mal, y el daño, y muertes
-de hombres que les verná de la guerra, especialmente que
-los que se tomaren en ella vivos han de ser esclavos de los
-cristianos, y haceldes entender qué cosa es ser esclavos, y
-que desto tengan entera noticia, y que no puedan pretender
-ignorancia, porque para que lo pueden ser, y los cristianos los
-puedan tener con sana conciencia, está todo el fundamento en
-lo susodicho. Habeis de estar sobre aviso en una cosa, que
-todos los cristianos, porque los indios se les encomienden,
-tienen mucha gana que sean de guerra y que no sean de paz,
-y que siempre han de hablar en este propósito, y, aunque no
-se pueda excusar de no lo platicar con ellos, es bien estar
-avisado desto, para el crédito que en ello se les debe dar;
-y parece acá que el más sano parecer para ésto será el del
-reverendo padre fray Juan Cabedo, obispo del Darien, y de los
-clérigos, que están más sin pasion y con ménos esperanza de
-haber dellos ménos interese.</p>
-
-<p>Cap. 3.º&mdash;En caso que se hayan de dar los indios encomendados
-á los vecinos ó por naborias, habeis de hacer que se
-guarden las ordenanzas que para ello llevais, porque se han
-hecho con mucha informacion, que de aquella manera serán
-más conservados, y mejor tractados, y más doctrinados en nuestra
-sancta fe católica, y por eso no se ha de disminuir dellas
-ninguna cosa, ántes, si alguna cosa viéredes, demás de lo
-que en ellas se contiene, que se debe de hacer en provecho de<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span>
-los indios y de su salud y conversion, será bien que se haga,
-porque ellos sean mejor tractados y vivan en más contentamiento
-en compañía de los cristianos; la resolucion desto es,
-que todo lo que aquí y en el capítulo ántes de éste se dice
-es para que con amor, y voluntad, y amistad, y buen tractamiento,
-sean atraidos á nuestra sancta fe católica, y se excuse
-de forzallos y maltratallos para ello cuanto fuere posible,
-porque desta manera se servirá mucho Nuestro Señor, y yo
-me terné de vos por muy servido en ello.</p>
-
-<p>Cap. 4.º&mdash;Esto es más necesario que allá se haga ansí que
-no en la isla Española, porque los indios son ménos aplicados
-al trabajo, y han acostumbrado mucho ó siempre á holgar, y
-habemos visto que en la Española se iban huyendo á los montes
-por no trabajar, y es de creer que lo harán muy mejor los
-de allá, pues se pueden ir la tierra adelante, lo que no pueden
-hacer en la isla Española, y no tienen que dejar sino las casas,
-y por eso parece muy dudoso y dificultoso que los indios se
-puedan encomendar á los cristianos á la manera que los tienen
-en la Española; y á esta causa parece que sería mejor por
-vía de paz y de concierto de los cristianos, aliviándolos lo más
-que se pudiese del trabajo en esta manera: que los que quisiesen
-estar en paz y concierto de los cristianos, y á la obediencia
-de vasallos, diesen y nos sirviesen con cierto número
-de personas, y que no fuesen todos sino una parte
-dellos, como tercia, cuarta ó quinto de los que hobiere en el
-pueblo, ó de los que tuviere el Cacique principal, si allá están
-debajo de Caciques, como están en la isla Española, y que
-éstos anden un mes ó dos, y que se remuden y se vayan á
-holgar, y vengan otros tantos por otros dos meses, ó por el
-tiempo que allá os pareciere que será mejor los remudar, porque
-hasta acostumbrallos cuanto más breve se remudaren parece
-mejor, y así se remudando lo sufrirán mejor, y ternán ménos
-peligro de morir. Y si agora en los principios hobiese tanto
-que hacer en coger oro en los rios, como acá dicen que lo
-hay, que no fuese tan necesario meterlos á cavar en las minas,
-parece acá que sería bueno comenzarlos á ocupar en lo<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span>
-de los rios por la órden susodicha; y despues de la segunda
-vuelta se meterian con ménos dificultad en las minas, porque
-ya estarán habituados á servir, aunque será con más trabajo.</p>
-
-<p>Cap. 5.º&mdash;Prosupuesto que cualquiera de las maneras que
-arriba se dicen, que por vía de encomendarlos ó por vía de
-concierto se pudiere hacer que sirvan, está bien así, y se sacará
-dellos el servicio y provecho que se debe sacar; mas en
-caso que lo uno ni lo otro se pudiese hacer, parece otra tercera
-cosa, que sería que cada pueblo, segun la gente que
-en él hobiere, ó cada Cacique, segun la gente que tuviere, cada
-uno dé tantos pesos de oro cada mes, ó cada luna como ellos
-lo cuentan, y que dando éstos serán seguros que no se les hará
-mal ni daño, y tengan en sus pueblos señales que sean para conocer
-que son pueblos que están á nuestra obediencia, y tambien
-traigan en sus personas señales como sean cognoscidos
-como son nuestros vasallos, porque no les haga mal nuestra
-gente, pagando su tributo como con ellos fuere asentado. Y
-ésto, mirad que se asiente de manera que sea provechoso, y
-porque aquí no se puede señalar bien la cantidad, haceldo lo
-más provechoso que os pareciere que se puede bien hacer.</p>
-
-<p>Cap. 6.º&mdash;Item, porque soy informado que una de las cosas
-que más les ha alterado en la isla Española, y que más les ha
-enemistado con los cristianos, ha sido tomalles las mujeres y
-hijas contra su voluntad, y usar dellas como de sus mujeres,
-habéislo de defender que no se haga por cuantas vías y maneras
-pudiéredes, mandándolo apregonar las que os pareciere
-que sean necesarias, y ejecutando las penas en las personas
-que quebrantaren vuestros mandamientos con mucha diligencia.
-Y así lo debeis mandar hacer en todas las cosas que os
-parecieren necesarias para el buen tractamiento de los indios.»</p>
-
-<p>Estos son los capítulos que Pedrárias de Avila llevó en su
-Instruccion, entre otros.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span></p>
-
-<h2 id="LV">CAPÍTULO LV.</h2></div>
-
-
-<p>Referida la Instruccion que Pedrárias llevó, firmada del
-Rey, cómo se habia de haber en la gobernacion de los indios,
-vecinos de aquella tierra firme, bien será hacer aquí algunas
-anotaciones para que se entienda la intencion del Rey, y tambien
-los defectos de ignorancia que habia entónces en los del
-Consejo, y despues, placiendo á Dios, se referirá como Pedrárias
-guardó lo que él por ella le mandó. Cuanto á la intencion
-del Rey, é de los que le aconsejaban, no se puede negar sino
-que fuese buena, <i>non simpliciter</i>, sino en alguna manera, y
-ésta principalmente de creer es ser el bien y conservacion
-de los indios, y su conversion, aunque muy poco, para conseguir
-este último fin en aquellos tiempos, se ayudaba, y no
-sabian darse para ello, como dicen, á manos; y ciertamente
-consistia más ésto en palabras, y áun éstas eran pocas, que
-en obras y cuidado, porque siempre se tuvo, al ménos en las
-cosas que se proveian, más ojo al bien y provecho temporal
-del Rey, que no á la salud de las ánimas. Y ésto acaeció por
-la ignorancia de los del Consejo, y error con que anduvieron
-siempre ciegos, estimando que, porque los reyes de Castilla
-descubrieron por medio del almirante Colon aquestas Indias,
-tenian ya derecho para por paz ó por guerra, por mal ó bien,
-por fuerza ó por grado, las gentes y señoríos dellas sojuzgallas
-y señoreallas, como si fueran las tierras de Africa; y, como
-arriba se ha tocado algunas veces, ésta ha sido la principal
-causa de la destruccion y perdicion destas gentes, despoblacion
-de tantas y tan luengas y anchas tierras, siendo obligados
-á saber que estos reinos y orbe todo tenian dueño ó dueños,
-que no eran otros sino sus naturales Reyes y señores, y éstos
-eran Príncipes libres, que á ninguno, fuera de sí mismos, de<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span>
-hecho ni de derecho, recognoscian por superior, ni eran obligados
-á recognoscer, ni á la misma Iglesia romana, contra el error
-de Hostiensis y de los que son sus imitadores. Y por consiguiente
-debieran entender los del Consejo, que el título que
-los reyes de Castilla tenian al señorío universal y supremo, y
-no á particular deste orbe de las Indias, no era otro sino la
-predicacion del Evangelio, y conversion destas gentes, y por
-esta causa, no impulsiva sino final, se pudo la Iglesia romana
-entremeter en concederles el dicho universal y soberano ó imperial
-señorío, sin perjuicio, empero, de los Reyes y señores
-naturales dellas, y sin menoscabo de la libertad de los pueblos;
-porque la predicacion del Evangelio, y la introduccion de la fe
-por ella no priva los Reyes de sus reinos, ni á los particulares
-de sus libertades, tierras y haciendas, ántes los confirma, porque
-de otra manera caro les costaria, y nuestra fe no sería querida
-ni amada, ántes odiosísima y de todo el mundo aborrecida.
-Y así, erraron los del Consejo en la puerta ó entrada de la
-casa, como dicen, y por consiguiente claro está que habian de
-ignorar los retretes; y supuesto aqueste error tan pernicioso, y
-no poco culpable para ellos, fundaban la más horrible y dañada
-de las tiranías, conviene á saber, que les podian hacer
-guerra solamente si no quisiesen venir á la obediencia y sujetarse
-á los reyes de Castilla, sin otra causa ni otro título;
-¿qué cosa pudo ser de mayor ceguedad, más absurda, ni más
-inícua? Esto, ser verdad, declaró el emperador D. Cárlos, rey
-de Castilla, por muchas leyes y provisiones reales que cerca
-deste punto hizo, conviene á saber, prohibiendo las conquistas;
-cuándo y cómo se trató desta prohibicion, la historia lo
-dirá, si Nuestro Señor nos diere la vida. Y ésto cuanto á la intencion
-del Rey y del Consejo, que fué, como dije, por alguna
-manera, buena, pero harto mezclada de pretension temporal,
-y en lo que tenia de bueno, muy mal ayudada, sino de palabra.
-Bien tengo por cierto, que si los del Consejo no erraran,
-que el Rey pospusiera todo el provecho temporal suyo, y ni
-guerra quisiera que se les hiciera, si á su obediencia no vinieran,
-ni en otra cosa les perjudicara. Esto parece por las<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span>
-diligencias que siempre mandó hacer y juntas de letrados,
-como queda en los capítulos arriba declarado, para cualquiera
-de los dos fines, conviene á saber, la conversion de aquellas
-gentes, ó para que viniesen á su obediencia temporal; bien
-mandaba en la Instruccion que trabajase Pedrárias por todas
-las vías y maneras, y procurase que los indios por buenas obras
-fuesen atraidos á estar en amor y amistad con los cristianos, no
-consintiéndoles hacer mal ni daño, y, cierto, si así se hiciera,
-los indios no hubieran todos perecido, y aquellos reinos no estuvieran
-despoblados, y el Rey tuviera hoy hartos y áun inestimables
-provechos y riquezas temporales, más que tiene ni
-terná. Fué tambien provision conveniente y necesaria de que
-se les guardase la fe y palabra sobre lo que con ellos se asentase,
-para ponerlos en confianza de la verdad de los cristianos;
-sabia ya bien el Rey cuánto cerca deste artículo los españoles
-á estas gentes habian faltado, porque, por maravilla, y creo que
-podria decir que nunca, se les guardó fe ni verdad jamás,
-ántes infinitas veces, sobre seguro é habiéndoles asegurado,
-los saltearon, captivaron y mataron. En el segundo capítulo de
-la Instruccion bien se proveia, mandando que por ninguna
-cosa se les hiciese guerra, si no fuesen primero ellos los agresores,
-supuesta la ceguedad y error en que los del Consejo,
-como dije, estaban, creyendo que se les podia hacer guerra
-si no viniesen por bien á la obediencia del Rey, y que ántes de
-romper con ellos les hiciesen requerimientos una y muchas
-veces, en lo cual honra y provecho se les hacia, y con ellos en
-esto de benignidad se usaba; pero áun todavía, supuesto el
-dicho error que por no venir á la obediencia de los reyes de
-Castilla se les hobiera de hacer justa guerra, debieran de considerar
-los que al Rey aconsejaban, cuáles habian sido las obras
-de los españoles por estas islas, y preguntar cómo se habian
-habido Cristóbal Guerra, y Hojeda, y Nicuesa, y ultimamente
-Vasco Nuñez y sus secuaces, con los indios del Darien, y con
-los demas de aquellas provincias que estaban quietos en sus
-tierras y casas. Y estas obras el Rey, ó al ménos el Consejo,
-no las ignoraba, pues por aquel tiempo ya estas islas cuasi<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span>
-estaban acabadas, sino era la de Cuba que entónces comenzaba;
-y que no las ignorasen, parece por lo que luégo la Instruccion
-dice: «habeis de estar sobre aviso en una cosa, que
-todos los cristianos, porque los indios se les encomienden, tienen
-mucha gana que sean de guerra, y que no sean de paz
-y que siempre habian de hablar en este propósito,» y ésto era
-verísima verdad, porque nunca otra cosa más pensaban, hablaban,
-obraban, trabajaban y deseaban. Y pues esta noticia
-tenian, fuera bien que sospecharan que los indios podian haber
-rescibido grandes agravios, y por consiguiente podian
-estar alterados, y tener justa causa y derecho de se defender
-y perseguir á los cristianos hasta matallos, áun supuesto el
-dicho error que á venir á la obediencia de los reyes de Castilla
-fueran obligados, y así fuera cosa justa que á este inconveniente
-se pusiera algun reguardo, pero no lo pusieron porque
-no hilaban tan delgado. Y es aquí de ponderar no ménos lo que
-la Instruccion en aquel cap. 2.º añide, conviene á saber, que los
-diesen á entender el bien que les vernia en ponerse debajo de
-la obediencia del Rey; pudieran responder callando, mostrando
-con el dedo esta isla Española, que tan llena y rebosante
-estaba de sus naturales Reyes y señores, y sus infinitos vasallos,
-y las otras muchas islas su comarcanas, ¿cuál fué el bien y
-utilidad que de estar en la obediencia de los reyes de Castilla
-reportaron? Y si viviera alguno de los de aquella tierra firme,
-para donde la dicha Instruccion se pintaba, que señalara cuatro
-y cinco y más, mil leguas, que por la misma están despobladas,
-¿quién de nosotros, ni alguno que fuera muy bárbaro,
-tuviera cara de redargüillos é increpallos, si reusaran, con
-piedras y armas, someterse á tal obediencia, puesto que áun
-supieran y les constara ser á someterse obligados? ¿Qué bestias
-hobiera en el mundo, que viéndose así entrar y tractar no comieran
-á bocados, y debieran con razon comer, á los que ansí
-los tractaban, y para así tractarlos los querian sujuzgar?; y lo
-que más es, que á matallos y despedazallos eran obligados de
-ley natural. Por lo dicho se verá con qué consciencia tenian
-los que tenian por esclavos, y la misma Informacion lo declara<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span>
-donde dice, «que el fundamento de tenerlos los españoles con
-buena consciencia por esclavos, era justificar la guerra con
-los requerimientos que el Rey mandaba hacer de su parte»,
-pues si los requerimientos eran frívolos y llenos de toda vanidad,
-siendo tan justa la defension y guerra que los indios
-contra los españoles tenian, que así los asolaban, ¿con qué
-consciencia los podian hacer y tener por esclavos?</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p>
-
-<h2 id="LVI">CAPÍTULO LVI.</h2></div>
-
-
-<p>Para entendimiento de lo que resta de la Instruccion, es
-de saber, que como estaban entónces en la corte el bachiller
-Anciso, y Çamudio, y Caicedo, y Colmenares, y despues llegó
-Arbolanche y otros quizá idos destas islas, de todos los cuales
-no era otra su ansia sino tener indios para, por haber oro,
-desollarlos, y hacerles guerra para á este fin los sojuzgar, por la
-obstinada y ciega cudicia y ambicion que los abrasaba, debian
-de insistir que los indios, despues de sojuzgados por bien ó
-por mal, se los encomendasen; pero el Rey y el Consejo, vista
-la experiencia en la mortandad y despoblacion que en esta isla
-Española y en las demas habia sucedido por encomendallos, y
-podemos decir, cierto, que al diablo, rehusaban mucho conceder
-tal facultad, como parece por las mismas palabras. Por
-éste temor y causa puso el Rey tres maneras de dispusicion ó
-gobernacion para con los indios, para que Pedrárias escogiese
-la mejor, y que á los indios fuese más útil é ménos perjudicial;
-la primera fué, encomendallos de la manera ordinaria
-que se tuvo en estas islas, y, en caso que Pedrárias hobiese de
-encomendar los indios, mandaba el Rey que hiciese guardar
-las Ordenanzas ó leyes que habia hecho el año pasado de 512
-en Búrgos, engañados por los tiranos desta Española, que á la
-sazon entónces en la corte se hallaron, y ciegos los del Consejo
-por sus propios ó ajenos pecados. La justicia y rectitud
-de las dichas leyes, y cuán provechosas fueron á los indios, y
-el remedio que dellas y con ellas alcanzaron, en los capítulos
-13, 14, 15 y 16, y los siguientes, queda bien á la larga<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span>
-explanado. Estas, dijo allí el Rey, que se habian hecho con
-mucha informacion, pudiera añidir de los mismos que los habian
-muerto y al cabo los acabaron; mandaba que ántes se
-añidiese á ellas algo, para el bien de los indios, que en ninguna
-cosa se menoscabasen. Las cuales palabras debieran
-mover á Pedrárias para cognoscer la voluntad del Rey y del
-Consejo, que era desear que se acertase, tomando el mejor camino
-con que los indios fuesen más útilmente para su conservacion
-gobernados. En esta primera manera ó disposicion,
-hace mencion el Rey de otro engaño que le debian de querer
-hacer los susodichos, idos de tierra firme, y éste era que se
-los diesen por naborias. Naborias eran los indios de quien de
-contino, noches y dias, perpétuamente se servian, que no les
-faltaba sino sólo el nombre de esclavos, porque los de repartimiento,
-aunque no ménos que esclavos y mucho peormente
-eran tractados, como puede haber arriba parecido, no siempre
-los tenian consigo ni se servian dellos, porque algunos
-dias ó temporada se iban á sus pueblos, por las Ordenanzas,
-puesto que harto breve, y vivian harto malaventurada vida,
-como ha parecido, los que eran naborias, ni aquel poco de
-tiempo para descansar se les concedia; y en esta manera ó especie
-de servirse de los indios los españoles en estas islas, toda
-la desórden y deshacimiento de sus policías, y concierto que
-tenian en su quieto y suave vivir se perficionaba y complia,
-porque del todo se desmenuzaban y desparcian los pueblos,
-llevando un español 10 y otro 15, y con uno iba el padre y con
-otro la mujer, y con otro los hijos. Esta confusion á los principios
-pusieron los españoles por su autoridad, cuando andaban
-robando é inquietando estas gentes, cada uno segun queria;
-despues la prosiguieron los tristes Gobernadores ó repartidores,
-que de dar los indios cargo tenian. Esta quisieran que
-se prosiguiera, porque era más sin hueso y sin cuenta ni razon,
-y pudieran mejor trabajallos y matallos á su salvo, sin
-que se supiera, los dichos; que lo procurasen por aquel tiempo,
-las palabras de la Instruccion del Rey lo testifican, la
-cual, en el cap. 3.º, dice: «En caso que se hayan de dar los<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span>
-indios encomendados á los vecinos ó por naborias, habeis de
-hacer que se guarden las Ordenanzas, etc.» Este vocablo naborias,
-ni su significacion, nunca lo adivinaron los Reyes ni los
-de su Consejo, sino dado á entender por los que de acá habian
-ido, y pues el Rey decia que se hayan de dar encomendados
-ó por naborias, parece que debian de insistir aquellos
-que los indios de tierra firme se los diesen por naborias;
-dando la razon el Rey de que Pedrárias debia trabajar de
-traer á los indios de aquella tierra por bien, y dados en encomienda
-ó por naborias debian ser bien tractados. En el
-capítulo 4.º añade: «Esto es más necesario que allá se haga
-así que no en la isla Española, porque los indios (quiso decir
-della), son ménos aplicados al trabajo, y han acostumbrado
-mucho ó siempre á holgar, y habemos visto que en la Española
-se iban huyendo á los montes por no trabajar, y es de
-creer que lo harán mejor los de allá, etc.» ¡Veis aquí la fama
-que los que los mataban y mataron divulgaron á los Reyes y
-á los de sus Consejos, por satisfacelles en algo las muertes
-que les causaron, y el jornal de sus servicios! ¡Oh, qué terrible
-juicio se debe creer que aquellos han padecido, forjando
-tan grandes falsedades y mentiras para consumir aquestos
-inocentes, tan infamados, tan afligidos, tan corridos, tan abatidos
-y menospreciados, tan desmamparados y olvidados de
-todos para su remedio, tan sin consuelo y sin abrigo! No
-huian de los trabajos, sino de los tormentos infernales que en
-las minas y en las otras obras de los nuestros padecian; huian
-de las hambres, de los palos, de los azotes continos, de las injurias
-y denuestos, oyendo llamarse perros cada hora, del riguroso
-y aspérrimo tractamiento que sin interpolacion se les
-hacia de noche y de dia. Huian ciertamente de la muerte,
-no dudosa, sino ciertísima, como en los libros I y II,
-y en éste III, se puede haber visto; por esta causa se
-huian á los montes, y creo que, si pudieran, á los infiernos
-escogieran, teniéndolos por de menor pena, por huir de los
-españoles, huirse. Por esta causa de huirse, añade Su Alteza
-luégo: «Y por eso parece muy dudoso y dificultoso que los<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span>
-indios se puedan encomendar á los cristianos, á la manera
-que los tienen en la Española;» por manera que si no se
-huyeran permanecieran siempre en aquel infierno, y no fuera
-dudoso ni dificultoso encomendallos á los verdugos. Bien habian
-entendido los del Consejo el derecho que los Reyes tenian
-á estas Indias, y cuál era la justicia que debian de guardar
-á los Reyes y señores naturales de estos reinos, y á los
-pueblos y á sus vecinos indios. Síguese más en lo que añidió el
-Rey, «y á esta causa parece que sería mejor, que por vía de paz
-y de concierto, que los que quisieren estar en paz etc., nos
-sirviesen con cierto número de personas», conviene á saber, en
-el pescar con redes el oro, ó cavándolo en las minas, como
-allí parece. Esta segunda manera de disponer de los indios era
-ménos injusta que las de las encomiendas, puesto que contenia
-mucha injusticia, si sabiendo el Rey los agravios, muertes y
-robos y captiverios que el Vasco Nuñez y su compañía, y los
-otros ántes dellos, habian cometido por toda aquella tierra,
-sin satisfacerles les impusiera cualquiera servicio; esta satisfaccion
-no pudiera el Rey hacer aunque vendiera á Castilla,
-si ellos no lo remitieran, segun la destruccion que habian
-hecho los susodichos, y baste que todos los vecinos de aquellas
-provincias tenian contra los españoles, desde el tiempo
-de Hojeda y Nicuesa, guerra justísima. Item, contuviera alguna
-injusticia, aunque cesaran los agravios y daños é inconvenientes
-dichos, porque hacer servir personalmente en sacar
-oro, ó en otros trabajos para los reyes de Castilla, el tercio, ó
-cuarto, ó quinto de la gente de la tierra, siempre, ni justicia
-ni razon lo sufria. Fué la tercera manera de disposicion ó gobernacion,
-que el Rey mandó á Pedrárias que pusiese á los
-indios en la tierra firme, si las dos precedentes no se pudiesen
-asentar, conviene á saber: «Que cada pueblo, ó cada Cacique
-ó señor, segun el número de la gente tuviere, pagase
-cierta cantidad de pesos de oro, cada mes, etc.» Aquesta manera,
-no habiendo rescibido los indios los daños irrecuperables
-dichos, sino traidos por bien, amor y mansedumbre á
-vivir en paz y amistad con los españoles pudiérase justificar<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span>
-bien, reduciéndola á los límites de razon y justicia, conviene
-á saber, que pagasen al Rey cierta cantidad de oro ó de otros
-provechos lícitos moderados, segun el número de la gente que
-el señor ó Cacique en su señorío tuviese, no cada mes sino
-en ciertas temporadas razonables y convenientes, porque por
-pesadumbre no la tuviesen, y de allí viniesen á sentir que se
-les vendia la fe, y por consiguiente la aborreciesen, porque,
-en la verdad, no eran ni son obligados los señores, y Reyes, y
-pueblos, y gentes destas Indias á servir á los reyes de Castilla,
-sino con cierta moderada cantidad de servicio, en señal y
-recognoscimiento de su universal y soberano señorío, porque
-con este recognoscimiento, por chica cantidad que sea, cumplen,
-como sean reinos libres, y por sólo respecto de la predicacion
-de la fe, y no por otra razon ni causa son obligados
-á lo hacer, y por consiguiente ha de ser muy liviano y
-suave, porque la fe no les sea molesta y aborrecible, como
-está dicho. Y ésto há mayor lugar, si los mismos Reyes y señores
-naturales destas tierras concediesen el derecho que
-tienen, en sus reinos y tierras, á las minas de oro y plata, y
-piedras preciosas y perlas, para que dellas los reyes de Castilla
-se aprovechasen, ellos y sus súbditos, los españoles, con
-otros mil aprovechamientos que de sus tierras se pueden seguir,
-con que sean sin perjuicio de la libertad y personas de
-todos los indios, porque no dejan de ser suyos los dichos tesoros
-ó riquezas por razon de que la fe se les predique; lo
-cual todo se entiende, presupuesto que los Reyes y súbditos y
-gentes no hobiesen ni hobieran sido vejados, y angustiados y
-perjudicados, muertos y captivados, y destruidos, con las
-guerras que los españoles les hicieron, sino que fueran por
-amor, y paz, y buenos tractamientos, atraidos, y éste es, y no
-otro, para introducir nuestra fe católica en estas tierras y
-gentes, el verdadero y cristiano camino. Pero supuestas las
-guerras é injurias, daños, agravios é injusticias, muertes y robos
-que se les han hecho, que nunca naciones del mundo, de
-otras, tales las rescibieron, no deben un maravedí, ántes tienen
-derecho de hacer justísima guerra contra todo español, hasta<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span>
-el dia del juicio inclusive. El postrer capítulo de la Instruccion
-harto testifica parte de las referidas injusticias, aunque, comparado
-á los males y calamidades que de nosotros en todas
-estas Indias han rescibido, es una partecita más chica que
-mínima.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p>
-
-<h2 id="LVII">CAPÍTULO LVII.</h2></div>
-
-
-<p>Declarada la Instruccion que el Rey mandó dar á Pedrárias
-de lo que habia de hacer en la gobernacion de aquella tierra
-firme, resta luégo aquí decir de otro defecto de ignorancia
-del Consejo del Rey, cerca desta misma materia, gravísimo
-y perniciosísimo, porque lo que va fuera de órden y justicia, y
-fundado sobre principio inícuo, no en una parte ni en un artículo
-se ha de errar, pero en mil partes, y producir mil inconvenientes,
-hasta corromper y enervar y colocar en el más
-cualificado y consumado estado de malicia el moral ó político
-edificio; éste fué, la forma y órden que Pedrárias habia de
-tener en requerir á los indios que viniesen á obedecer y ser
-subjectos de los reyes de Castilla, el cual se envió despues á
-todas las Indias. Este decia desta manera:</p>
-
-<p><i>El Requerimiento.</i>&mdash;«De parte del rey D. Fernando, y de la
-Reina doña Juana, su hija, Reina de Castilla y Leon, etc., domadores
-de las gentes bárbaras, nos, sus criados, os notificamos
-y hacemos saber como mejor podemos, que Dios, nuestro
-Señor, vivo y eterno, crió el cielo y la tierra, y un hombre
-y una mujer, de quien vosotros y nosotros y todos los hombres
-del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos
-los que despues de nosotros vinieren. Mas por la muchedumbre
-de la generacion que destos ha salido, desde cinco mil
-años á esta parte que el mundo fué criado, fué necesario que
-los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, é se
-dividiesen por muchos reinos y provincias, que en una sola no
-se podian sostener ni conservar. De todas estas gentes, Dios
-nuestro Señor dió cargo á uno, que fué llamado Sant Pedro,
-para que de todos los hombres del mundo fuese señor y
-superior, á quien todos obedeciesen, y fuese cabeza de todo<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span>
-el linaje humano, do quier que los hombres viviesen y estuviesen,
-en cualquiera ley, secta y creencia, y dióle el
-mundo por su reino y jurisdiccion; y como quier que le mando
-poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado
-para regir el mundo, mas tambien le permitió que pudiese
-estar y poner su silla en cualquiera otra parte del mundo, y
-juzgar é gobernar á todas las gentes, cristianos, moros, judios,
-gentiles y de cualquiera otra secta ó creencia que fuesen.
-Este llamaron Papa, porque quiere decir admirable, mayor
-padre y gobernador de todos los hombres. A este Sant Pedro
-obedecieron y tomaron por señor, Rey y superior del Universo,
-los que en aquel tiempo vivian, y asimismo han tenido á todos
-los otros que despues de él fueron al Pontificado elegidos,
-y así se ha continuado hasta agora y se continuará hasta que
-el mundo se acabe. Uno de los Pontífices pasados, que en
-lugar de éste sucedió en aquella dignidad é silla que he dicho,
-como señor del mundo, hizo donacion destas islas y tierra firme
-del mar Océano á los dichos Rey y Reina, é á sus sucesores
-en estos reinos, nuestros señores, con todo lo que en ellas
-hay, segun se contiene en ciertas escripturas que sobre ello
-pasaron, segun dicho es, que podeis ver si quisiéredes; así que,
-Sus Altezas, son Reyes y señores destas islas y tierra firme,
-por virtud de la dicha donacion, y como á tales Reyes y señores
-algunas islas más, y casi todas á quien ésto ha sido notificado,
-han recibido á Sus Altezas y les han recibido y servido y
-sirven como súbditos lo deben hacer, y con buena voluntad y
-sin ninguna resistencia, luégo, sin dilacion, como fueron informados
-de lo susodicho, obedecieron y rescibieron los varones
-religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen
-y enseñasen nuestra sancta fe, y todos ellos, de su
-libre y agradable voluntad, sin premia ni condicion alguna, se
-tornaron cristianos y lo son, y Sus Altezas los rescibieron alegre
-y benignamente, y así los mandaron tractar como á los
-sus súbditos é vasallos, y vosotros sois tenudos y obligados á
-hacer lo mismo. Por ende, como mejor podemos, vos rogamos
-y requerimos que entendais bien ésto que os decimos, y to<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>meis
-para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que
-fuere justo, y reconozcais á la Iglesia por señora y superiora
-del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, y
-en su nombre al Rey y á la Reina doña Juana, nuestros señores,
-en su lugar, como á superiores y señores y Reyes
-desas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donacion, y
-consintais y deis lugar que estos padres religiosos os declaren
-y prediquen lo susodicho. Si ansí lo hiciéredes, hareis bien
-y aquello que sois obligados á Sus Altezas, y nos, en su nombre,
-vos recibiremos con todo amor é caridad, é vos dejaremos
-vuestras mujeres é hijos y haciendas, libres, sin servidumbre,
-para que dellas y de vosotros hagais libremente lo que
-quisiéredes y por bien tuviéredes, é no vos compelerán á que
-vos torneis cristianos, salvo si vosotros, informados de la verdad,
-os quisiéredes convertir á nuestra santa fe católica, como
-lo han hecho cuasi todos los vecinos de las otras islas, y, allende
-desto, Sus Altezas vos darán muchos privilegios y exenciones
-y vos harán muchas mercedes; y si no lo hiciéredes, y en
-ello dilacion maliciosamente pusierdes, certifícoos que, con la
-ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra
-vosotros, y vos haremos guerra por todas las partes y maneras
-que pudiéremos, y vos subjetaremos al yugo y obediencia de
-la Iglesia y de Sus Altezas, tomaremos vuestras personas y de
-vuestras mujeres é hijos, y los haremos esclavos, y como á
-tales los venderemos y dispornemos dellos como Sus Altezas
-mandaren, é vos tomaremos vuestros bienes y vos haremos
-todos los daños y males que pudiéremos, como á vasallos que
-no obedecen ni quieren rescibir á su señor, y le resisten y
-contradicen, y protestamos que las muertes y daños que dello
-se recrecieren sea á vuestra culpa y no de Sus Altezas, ni
-nuestra, ni destos caballeros que con nosotros vienen: y de
-como lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano
-que nos lo dé por testimonio signado, y á los presentes rogamos
-que dello nos sean testigos, etc.»</p>
-
-<p>Este requerimiento ordenó el venerable doctor Palacios
-Rubios, bien mi amigo, segun el mismo (si no me he olvidado),<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span>
-me dijo, el cual, como arriba hé alguna vez tocado, fuera
-desto, favorecia y se compadecia mucho de las angustias y
-daños de los indios. Bien parece ser suyo este requerimiento
-y amasado de su harina, porque lo funda todo en los errores
-de Hostiensis, cuyo secuaz fué, como largamente hobimos dicho
-en nuestro primer libro, cuyo título es <i>De unico vocationis
-modo omnium gentiun ad veram religionem</i>, en latin escrito.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span></p>
-
-<h2 id="LVIII">CAPÍTULO LVIII.</h2></div>
-
-
-<p>Agora es bien que tornemos sobre la sustancia y partes y
-eficacia ó efecto y justicia del referido requerimiento, cerca del
-cual, cierto, habia mucho que decir, pero anotemos algo brevemente;
-y lo primero, considere cualquier varon prudente, ya
-que los indios entendieran nuestra lengua, y los vocablos y
-significacion della y dellos, ¿qué nuevas les traian y qué señorío
-en oirlas, diciendo que un Dios habia en el mundo, criador
-del cielo y de la tierra, y que crió el hombre ó los hombres, teniendo
-ellos al sol por Dios, ó otros dioses quien creian haber
-hecho los hombres y las otras cosas? ¿Con qué razones, testimonios,
-ó con cuales milagros les probaban que el Dios de los
-españoles era más Dios que los suyos, ó que hobiese más criado
-el mundo y á los hombres que los que ellos tenian por dioses?
-¿Si vinieran los moros ó turcos á hacelles el mismo requerimiento,
-afirmándoles que Mahoma era señor y criador del
-mundo y de los hombres, fueran obligados á creerlo? ¿Pues
-mostraban los españoles mayor testimonio y más verdadera
-probanza de lo que protestaban en su requerimiento, de que
-el Dios suyo habia criado el mundo y los hombres, que mostraran
-los moros de su Mahoma? Item, ¿cómo, ó con qué inconvencibles
-razones ó milagros, les probaban que el Dios
-de los españoles tuvo más poder que los dioses suyos para
-constituir un hombre, llamado Sant Pedro, por señor y gobernador
-de todos los hombres del mundo, y á quien todos
-fuesen obligados á obedecer, teniendo ellos sus Reyes y naturales
-señores, y creyendo no haber otros sino ellos en el
-mundo? Y así, ¿qué ánimo ternian y qué amor y reverencia se
-engendraria en sus corazones, y en especial los Reyes y se<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span>ñores,
-al Dios de los españoles, oyendo que por su mandado
-Sant Pedro, ó el Papa su sucesor, daba sus tierras al Rey de los
-españoles, teniéndose por verdaderos Reyes y libres, y de tan
-muchos años atras en antiquísima posesion ellos y sus pasados,
-y que se les pedia que ellos y sus súbditos le rescibiesen
-por señor, á quien nunca vieron ni cognoscieron ni oyeron,
-y sin saber si era malo ó si era bueno, y qué pretendia, si gobernallos,
-ó roballos, ó destruillos, mayormente siendo los
-mensajeros tan fieros, hombres barbados y con tantas y con
-tales armas? ¿Qué podian ni debian, segun buena razon, de los
-tales presumir ó esperar? Item, ¿pedilles obediencia para Rey
-estraño, sin hacer tratado ni contrato ó concierto entre sí sobre
-la buena y justa manera de los gobernar de parte del Rey,
-é del servicio que se le habia de hacer de parte dellos, el cual
-tratado, al principio, en la eleccion y rescibimiento del nuevo
-Rey, ó del nuevo sucesor si es antiguo aquel estado, se suele
-y debe hacer y jurar de razon y ley natural? Esto debia de
-entender el Cacique de la provincia del Cenú, de la que arriba
-dejamos ya dicho estar sobre Cartagena, el cual, segun
-escribió el bachiller Anciso, en un tratadillo suyo, que
-está impreso, que llamó «Suma de geografía», á el mismo que
-le hacia este requerimiento respondió, que el Papa, en conceder
-sus tierras al rey de Castilla debia estar fuera de sí cuando
-las concedió, y el rey de Castilla no tuvo buen acuerdo
-cuando tal gracia rescibió, y mayor culpa en venir ó enviar á
-usurpar los señoríos agenos de los suyos tan distantes. Esto no
-osara yo aquí escribirlo, si escrito y de molde, con nombre del
-mismo Anciso, no lo hallara, aunque él lo dice por otros desvergonzados
-vocablos, como abajo, si Dios quisiere, referiremos;
-y quisiera yo preguntar al Consejo que determinó deberse
-hacer tal requerimiento á estas gentes, que vivian seguras
-debajo de sus señores y Reyes naturales, en sus casas, sin
-deber ni hacer á ninguno mal ni daño, ¿qué fe y crédito
-eran obligados á dar á las escripturas de la tal donacion?
-y qué fueran las mismas bulas plomadas del Papa que allí se
-las presentaran, ¿merecieran, por no obedecellas, que fueran<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span>
-descomulgados ó que les hicieran algun otro mal temporal ni
-espiritual, ó cometieran en ello algun pecado? ¿Todo ésto no
-les habia de parecer ser deliramentos y cosas fuera de razon
-y de camino, y todos desvaríos y disparates, mayormente
-cuando les dijeran que eran obligados de se subjetar á la
-Iglesia?; veamos, ¿entender qué cosa sea Iglesia y ser obligado
-el hombre á se sujetar á la Iglesia, no presupone tener noticia
-y creer todas las cosas que nos enseña nuestra fe cristiana?
-¿Por qué creemos haber Iglesia, y la cabeza visible della
-reverenciamos, nos subjetamos y obedecemos, que es el Papa,
-sino porque creemos y tenemos verdadera fe de la Santísima
-Trinidad, Padre, y Hijo y Espíritu y Santo, y tenemos y confesamos
-todos los otros catorce artículos pertenecientes á la
-Divinidad y humanidad? Pues no teniendo fe alguna, y ninguna
-de la Santísima Trinidad, ni de Jesucristo, que constituyó
-la Iglesia, y de lo demas que tiene y confiesa la religion
-cristiana, ¿cómo puede alguno creer que hay Iglesia, y su
-cabeza, que se llama Papa, padre grande y admirable? y
-sino puede ni debe creer alguno haber Iglesia y Papa, no
-habiéndole dado noticia de Cristo, hijo de Dios verdadero, y
-rescibídole voluntariamente por tal, ¿cómo, ó con qué ó por
-qué derecho humano, natural ni divino, será obligado á creer
-que hay Iglesia y que hay Papa? Pues si no es obligado, por
-algun derecho ni razon, á creer que hay Iglesia ni Papa, y
-ésto sin alguna culpa, ni pecado, ni venial, ¿cómo ó por
-qué será obligado á creer que el Papa tuvo poder para
-hacer donacion de las tierras y señoríos que poseen gentes
-que nunca otras cognoscieron, ni tuvieron que hacer con
-otras en bueno ni en malo, tan distantes de todas las otras de
-nuestro mundo viejo, y siendo poseedores y propietarios señores
-de tantos años? Item, si no son obligados á creer que
-tuvo poder aquel, que los españoles llaman Papa, de conceder
-y donar sus tierras y señoríos, y su libertad al Rey de los
-españoles, ¿cómo ó por qué derecho serán obligados á dar la
-obediencia, y de señores y Reyes ó Príncipes libres que
-nunca recognoscieron algun superior, hacerse súbditos y<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span>
-menoscabados de su estado, rescibiendo á un Rey que nunca
-vieron ni cognoscieron, ni oyeron, extraño, y de gente fiera,
-barbada y tan armada, y que, <i>prima facie</i>, parece horrible
-y espantosa, rescibiéndolo, digo, por señor? Veamos: si
-solos los Reyes dellos se quisiesen subjetar al Rey de Castilla,
-sin consentimiento de los pueblos, sus súbditos, los súbditos
-¿no tenian justo derecho y justicia, de ley natural, de quitalles
-la obediencia y deponellos de su Real dignidad, y áun de
-matallos? Por el contrario, si los súbditos, pueblos, sin sus
-Reyes, lo quisiesen hacer, ¿no incurririan en mal caso de traicion?
-Item, si no son obligados los Reyes por sí, ni los súbditos
-por sí, y tampoco todos juntos á dar la obediencia á Rey
-extraño, por más requerimientos que les hagan, segun queda
-deducido y claramente probado, ¿con qué derecho y justicia
-les protestan y amenazan, que, si no prestan la obediencia que
-les piden, les harán guerra á fuego y á sangre, y les tomarán
-sus bienes, y sus mujeres y sus hijos, con sus personas,
-captivos, y venderán por esclavos? Y si, por esta causa, guerra
-les hicieron, ó hicieren, ó hacen, ¿con qué leyes ó derechos,
-ó razones, fueron ó serán ó son justificadas? Luégo,
-injustas, é inícuas, y tiránicas y detestables fueron, serán y
-son, donde quiera que por tal causa, y con tal título, á tales
-infieles, como los vecinos y moradores destas Indias, se hicieron
-ó hicieren, condenadas por toda ley natural, humana y
-divina, luégo, justísima será la guerra destos y de los tales
-infieles, contra todo español y contra todo cristiano que tal
-guerra moviere; y desta manera y jaez han sido todas
-las guerras que de nuestra parte á estas gentes se han movido
-y hecho, y esas pocas que contra nosotros ellas hicieron,
-y pluguiese á Dios que yo muriese por tal justicia como las
-que estas gentes para nos hacer cruda guerra hoy tienen, y
-siempre, desde que las descubrimos, contra nosotros han tenido.
-Y este derecho, siempre lo tienen y les vive, y dura,
-hasta el dia del juicio; la razon deste durarles es, porque desde
-que le cobraron, ni por paz, ni por tregua, ni por satisfaccion
-de los irreparables daños y agravios que de nosotros han res<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span>cibido,
-y ni por remision que ellos dellos nos hayan hecho,
-nunca jamás se ha interrumpido. Queda luégo manifiesta la ignorancia
-del Consejo del Rey, y plega á Dios que les haya sido
-remisible, y cuán injusto, impío, escandaloso, irracional y absurdo
-fué aquel su requerimiento. Dejo de decir la infamia de
-la fe y religion cristiana, y del mismo Jesucristo, que de aquel
-requerimiento era necesario salir, é ha salido; y cosa es de
-reir, ó de llorar por mejor decir, que creyesen los del Consejo
-del Rey que estas gentes fuesen más obligadas á rescibir
-al Rey por señor, que por Dios y Criador á Cristo, pues para
-rescibir la fe no pueden ser forzadas y con pena ser requeridas,
-y que para que diesen la obediencia al Rey ordenaban
-los del Consejo fuesen constreñidas. Hobo tambien mucha
-y reprensible falsedad, porque se afirmaba en él que algunas
-islas, y casi todas, á quien lo susodicho habia sido notificado,
-habian rescibido á Sus Altezas y obedecido y servido, y servian
-como súbditos y con buena voluntad, y sin ninguna resistencia,
-luégo, sin dilacion, cómo fueron informados de lo
-susodicho, porque no es verdad que les notificasen é informasen
-de cosa dello á ninguna isla, ni lugar, ni parte, ni
-gentes destas Indias, por aquellos dias, ni jamás rescibieron á
-los reyes de Castilla, ni obedecieron, ni sirvieron de su voluntad,
-sino por fuerza, y violenta y tiránicamente, haciéndoles
-crudelísimas guerras en su entrada, y poniéndolos en servidumbre
-durísima en que todos perecieron, como Dios es
-buen testigo; rescibieran y sirvieran á los Reyes de muy pronta
-voluntad, si por paz y amor y por vía cristiana hubieran
-sido inducidos y atraidos. Y, por acabar lo que toca aquel requerimiento,
-de lo dicho puede cualquiera prudente inferir,
-que si, como al principio deste capítulo supusimos, entendidos
-los vocablos y significacion dellos, pudieran responder y
-alegar por sí contra los que les hicieran los requerimientos, y
-los convencieran en juicio y fuera de juicio, ¿qué podrá alguno
-decir en excusa de los que formaron aquel requerimiento
-y de los que á ejecutallo iban, haciéndolo á quien ni palabra
-dél entendian, más que si fuera en latin referido ó en algara<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>bía?;
-y ya saben los que estudiaron derechos, qué valor ó
-momento tiene el mando ó precepto, ó requerimiento, que se
-hace á gente que la lengua en que se dice no entiende, aunque
-fuese súbdita y tuviese obligacion de oillo y complillo, lo
-que en estas gentes y materia de que hablamos ningun lugar
-tiene, como parece por lo dicho.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p>
-
-<h2 id="LIX">CAPÍTULO LIX.</h2></div>
-
-
-<p>Tornando al despacho de Pedrárias, quiso el Rey que tambien
-fuese con él Obispo de aquella tierra firme, para que lo
-espiritual y eclesiástico se procurase, mayormente la conversion
-de aquellas gentes, con el cual tambien fuesen algunos religiosos
-de Sant Francisco; suplicó al papa Leon X, que en
-aquel tiempo en la Silla apostólica presidia, que criase Obispo
-á un religioso de Sant Francisco, solemne y afamado predicador
-del Rey, llamado fray Juan Cabedo, y así fué consagrado Obispo
-de la iglesia de Sancta María de la Antigua del Darien; y
-ésta fué la primera iglesia Catedral de la tierra firme, y él el
-primer Obispo. Para que hobiese recaudo en su Real hacienda,
-instituyó el Rey cuatro oficiales, Tesorero, Contador, Factor y
-Veedor, segun habia acostumbrado á proveer en estas islas,
-Tesorero, Alonso de la Puente, Contador, Diego Marque que
-habia sido en esta isla Española Veedor, Juan de Tavira, Factor,
-y Gonzalo Hernandez de Oviedo, Veedor. Llevó por Capitan
-general, Pedrárias, á un Juan de Ayora, hombre experimentado
-en la guerra, hermano de Gonzalo de Ayora, de quien se
-dijo cuasi lo que del Marqués de Santillana, que las letras no
-embotaban la lanza, y así en el Gonzalo de Ayora concurrieron
-letras muchas, y debian ser humanas, y con ellas fué señalado
-en la guerra; y por Alcalde mayor á un licenciado
-Gaspar de Espinosa, natural de Valladolid, hombre bien entendido,
-y por Alguacil mayor vino el bachiller Anciso. La mujer
-de Pedrárias era notable dueña, llamada Doña Isabel de Bobadilla
-y tambien de Peñalosa, sobrina de la marquesa de Moya,
-hija de su hermano. Esta señora Marquesa fué muy servidora
-de los católicos Reyes, y que les ayudó mucho á que reinasen,
-por entregalles la fortaleza de Segovia y los tesoros que en<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span>
-ella dejó el rey D. Enrique, en tiempo de las guerras de entre
-Castilla y Portugal, pretendiendo el rey D. Alonso de Portugal
-ser rey de Castilla, por haber casado con la que llamaron
-la Excelente, que decian ser hija del dicho rey D. Enrique,
-hermano de la reina Doña Isabel, y á quien sucedió en
-aquellos reinos; así que la dicha Doña Isabel de Bobadilla,
-determinado Pedrárias de ir aquel viaje sin ella, ella, como
-matrona varonil, no quiso por ninguna manera quedar, sino
-seguir por mar y por tierra su marido. Partido de la corte y de
-su casa, que la tenia y tienen sus sucesores en Segovia, Pedrárias,
-y de allí con su mujer Doña Isabel de Bobadilla, llegados
-á Sevilla, halló el mundo que allí le esperaba de gente,
-como arriba se dijo, y creo que si quisiera llevar todos los que
-con él querian ir, segun la fama de que el oro se pescaba con
-redes la gente de España habia movido, pasaran de 10.000.
-Salió, pues, finalmente, del rio y barra de Sant Lúcar, con su
-flota de doce ó quince velas, en 12 dias de Abril del año
-de 1514 de la venida de Cristo; á la cual, en saliendo, ventó
-de través el vendabal terrible, como acaece cada dia, y padecieron
-grande tormento y riesgo, porque se le perdieron dos
-naos, y todas las demas alijaron, que es echar á la mar mucha
-de la ropa y mantenimientos que traian encima de cubiertas,
-por alivianarlas, y así tornaron al puerto con mucho peligro.
-Tornaron á rehacerse y despues á salir, y llegaron á la isla de
-la Gomera, que es una de las Canarias, y en ella tomada agua
-y leña y lo que más les era necesario, fué á tomar la isla de
-la Dominica, una de las muchas que son las primeras que topamos
-destas Indias, en veinte y siete dias. Hay desde la Gomera
-hasta ella cerca de 800 leguas. Tomada leña y agua, y
-refrescándose la gente allí tres ó cuatro dias, alzaron las velas,
-y tomando el camino de la tierra firme llegaron al puerto de
-Sancta Marta, en el cual entraron y echaron sus anclas; los
-indios del pueblo y pueblos de por allí, como vieron la flota y
-estaban de tantas veces ya muy experimentados de lo que
-pretendian los españoles, y de las obras que dellos siempre
-rescibian, cada y cuando por allí aportaban, salieron como<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span>
-leones fieros de sus casas, con sus arcos y flechas enherboladas,
-y tiran á las naos metiéndose hasta la cinta en el agua. Mandó
-saltar Pedrárias contra ellos cierta gente en los bateles de las
-naos, pero ellos pónense con sus arcos y flechas, aunque desnudos
-en cueros, á defenderles que en tierra no entrasen, y de
-la primera rociada de flechas que les soltaron, les mataron luégo
-dos hombres, por ir las flechas enherboladas, lo cual puso en
-gran temor á toda la gente que iba en las barcas; pero soltando
-ciertos tiros de pólvora desde las naos, creyendo los indios
-que eran rayos, y truenos, y relámpagos, todos volvieron
-huyendo las espaldas. Los españoles estuvieron mucho dudando
-si saltarian en tierra y seguirian tras ellos el alcance,
-por miedo de la hierba tan mortífera que en las flechas echaban;
-pero pareciéndoles que sería cobardía, y los indios los
-ternian en poco y cobrarian dende adelante mayor ánimo,
-mandó Pedrárias que saltasen 900 hombres en tierra, y fuesen
-á los pueblos y trabajasen de lastimallos ó asegurallos, y creo
-que fué él con ellos. Salidos en tierra los españoles, huyeron
-los indios; van los nuestros al pueblo primero, y roban cuanto
-hallan, y, en especial, captívanles todas las mujeres y hijos
-que no pudieron haber huido. Los indios, viendo llevar sus
-mujeres y hijos, vuelven como rabiosos perros ó tigres contra
-los españoles, con grandísimo ímpetu, y desarmados sus arcos y
-tiradas sus flechas, tornaron á huir los que pudieron, sintiendo
-el cortar de las espadas y el fuego de las escopetas. No supe
-que desta hecha algun español hiriesen, aunque pocas veces
-por allí solia acaecer no matar ó mal herir, por la ponzoña de
-la hierba y ser en el tirar ellos muy certeros. Entraron algunas
-cuadrillas por la tierra dentro dos y tres leguas, y robaron
-cuanto hallaron de joyas de oro, y algunas esmeraldas ó madres
-dellas, y gemas, ó ciertas piedras preciosas y ámbar, engastonadas
-en oro, por buen artificio hechas. Hicieron los requerimientos
-que aquellas tierras supiesen ser de los reyes de
-Castilla, y por tanto que le viniesen á dar la obediencia, y
-tornarse cristianos, sino que las dejasen y se fuesen dellas.
-Respondiéronles con una gran nubada de flechas, pero creer<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span>
-que entendieron ellos cosa del requerimiento es falsísimo,
-porque no sabian más de nuestra lengua que de la latina;
-todo ésto es fingir novelas, como los nuestros en estas tierras
-siempre contra estas naciones suelen. Y si respondieron con
-flechas despues de les haber hablado las palabras del requerimiento,
-fué no queriendo oillos ni tener que hacer con ellos,
-viéndose así despojados de sus haciendas, robadas sus casas,
-y llevados captivos sus mujeres y hijos; y puesto que lo entendieran,
-buenas nuevas les daban, y buenas obras les habian
-hecho para esperallos, rescibillos, y ni oillos. Hallaron
-en las casas los nuestros muchas y muy hermosas redes, para
-pescar en la mar y en los rios que allí entran; hallaron muchas
-mantas y cosas de algodon, y de plumas de diversas colores,
-muy lindas, vasos para agua y para vino, y otras muchas
-vasijas de barro y de diversas formas hechas, pintadas y
-muy lindas. Tornáronse á las naos, con grandes gritas y alegría,
-triunfantes, cargados de las cosas ajenas, los nuestros;
-díjose que de los presos, despues de llevados á las naos, soltaron
-algunos, dándoles algunas cosas de las de Castilla
-porque fuesen contentos, no pude certificarme si los soltaron
-todos y les restituyeron las mujeres y hijos. Salió del puerto
-de Sancta Marta la flota para el puerto de Cartagena, pero
-por cierta tormentilla que les ocurrió, y por las muchas corrientes
-que por aquella mar siempre andan, fueron forzados á
-pasarlo sin verlo, y fueron á parar á Isla Fuerte; díjose que
-hizo saltar gente allí Pedrárias y prender alguno de los indios
-della y llevólos por esclavos. Está del Darien esta isla 50 leguas.
-Finalmente, llegaron y entraron en el golfo de Urabá y
-el Darien, cuasi mediado el mes de Junio. Acaeció una cosa
-de notar, salidos de Sancta Marta, que no parece haber sido
-menor señal de lo que habia de suceder que si fuera una cometa,
-y para los gentiles de los siglos antiguos mirárase más
-en ello: salió una ave, que en latin se llama <i>onocrotalus</i>, y en
-nuestro romance no sabemos otro vocablo para nombralla, sino
-creto ó onocrótalo, la cual es muy mayor que un buitre, tiene
-el papo muy grande y feo, nunca está sino en las lagunas ó<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span>
-rios grandes, porque su mantenimiento no es sino de peces.
-Salió, digo, de la tierra, y visitó volando, primero, la nao Capitana,
-donde venia Pedrárias, y despues rodea toda la flota
-como visitando todas las naos, y luégo cae muerta. Este acaecimiento
-parece haber sido presagio ó señal que quiso Dios
-mostrar de las matanzas y estragos que Pedrárias y los que
-con él vinieron habian de hacer en aquellas tristes gentes, y
-tambien amenazas de las muertes que habian de padecer de
-hambre y laceria los mismos españoles que con tanta ansia
-venian á pescar oro, y que luégo en breve se les siguieron,
-como, placiendo á Dios, diremos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p>
-
-<h2 id="LX">CAPÍTULO LX.</h2></div>
-
-
-<p>Llegado Pedrárias y su flota al puerto del Darien, que distaba
-del pueblo creo que media legua, envió luégo Pedrárias
-un criado suyo, ántes que ninguno de las naos saliese, á
-hacer saber á Vasco Nuñez como era llegado con su flota al
-puerto. Tenia Vasco Nuñez entónces consigo en el Darien,
-450 hombres ó pocos ménos, y, cierto, valian harto más por
-estar en tan grandes trabajos curtidos, que los 1.200 ó 1.500
-que Pedrárias traia. Llegado el criado de Pedrárias al pueblo,
-preguntó por Vasco Nuñez; dijéronle, véislo allí, el cual
-estaba mirando y ayudando á los que tenia por esclavos, que
-le hacian ó cubrian de paja una casa, vestido de una camisa
-de algodon ó de angeo, sobre otra de lienzo, y calzado de
-unos alpargates los piés, y en las piernas unos zaragüelles.
-El hombre quedó espantado de ser aquel Vasco Nuñez, de
-quien tantas hazañas y riquezas se decian en Castilla, creyendo
-que lo habia de hallar en algun trono de majestad puesto;
-llegóse á él diciendo: «Señor, Pedrárias ha llegado á esta
-hora al puerto, con su flota, que viene por Gobernador de esta
-tierra.» Respondió Vasco Nuñez, que le dijese de su parte, que
-fuese muy bien venido y que se holgaba mucho (y Dios lo
-sabe) de su venida, y que él y todos los de aquel pueblo, que
-estaban en servicio del Rey, estaban prestos para rescibillo y
-serville. Oidas las nuevas por todo el pueblo, de haber llegado
-al puerto con tanta flota y armada, no hobo poco bullicio y
-pláticas en corrillos entre todos ellos; trataron cómo sería
-mejor rescibille, ó saliendo con armas, como cuando andaban
-armados por los indios, ó como pueblo, sin ellas. Cerca
-de lo cual hobo diversos pareceres, pero Vasco Nuñez siguió
-el más seguro, y que ménos podia causar sospecha, y así lo<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span>
-salieron á rescibir todos sin armas, y como estaban en sus
-casas, media legua. Pedrárias, como hombre no descuidado,
-entendido en las guerras, ordenó su gente, no del todo confiado
-que Vasco Nuñez con buen ánimo le rescibiese, ni los
-que con él eran; llegados á donde Pedrárias venia con su
-mujer, Doña Isabel de Bobadilla, de la mano, Vasco Nuñez y
-su compañía les hicieron gran reverencia, y Vasco Nuñez,
-con buenas palabras, se ofreció en nombre suyo y de todos,
-como Gobernador del Rey, á obedecerle siempre y servirle.
-Fuéronse todos juntos al pueblo con exterior regocijo, y Dios
-sabe si les sobraba á los que estaban la interior alegría; repartiéronse
-los que con Pedrárias venian, que, como se dijo,
-eran 1.200, por las casas que eran todas de paja de los que
-allá estaban, que eran pocos más de 400. Los que estaban
-proveian del pan de maíz y del caçabí, de raíces y frutas de
-la tierra, de agua del rio, y del servicio de los indios que por
-esclavos tenian, habidos con la justicia que arribase ha referido;
-Pedrárias mandaba proveer á cada uno de racion de tocinos
-y carnes, y pescados salados y algun bizcocho, y otras cosas
-comestibles de bastimentos que el Rey mandó, para la armada
-y gente della, que se trujese de Castilla. Luégo, otro dia
-despues de llegados y aposentados todos, comenzó Pedrárias
-á inquirir é informarse de los que en la tierra estaban, si
-eran verdad las grandezas que Vasco Nuñez habia escrito al
-Rey, de la mar del Sur y de las perlas de las Islas della,
-y de las minas ricas de oro y de todo lo demas; lo
-cual todo halló ser así, como Vasco Nuñez lo habia escrito,
-sino que el pescar del oro con redes, que no Vasco Nuñez,
-sino la fingida fama ó de Colmenares ó de otros habia
-publicado, y la vanidad y cudicia de Castilla tenia creido,
-halló no ser así. La gente toda, recien venida, no se descuidaba
-de preguntar dónde y cómo el oro con redes se pescaba,
-y, segun yo creo, comenzó desde luégo á desmayar como
-no via las redes y aparejos con que se pescaba, ni hablar ó
-tratar dello á cada paso; y así fué que, oidos los trabajos que
-los huéspedes les contaban haber pasado, y como el oro que<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span>
-tenian no era pescado sino á los indios robado, y puesto
-que habia muchas minas y muy ricas en la tierra, pero que
-se sacaba con inmenso trabajo, comenzaron luégo á se desengañar
-y hallarse del todo burlados. Luégo mandó Pedrárias
-apregonar residencia contra Vasco Nuñez, la cual le tomó el
-licenciado Espinosa, Alcalde mayor; mandó prenderle y condenó
-en algunos millares de castellanos, por los agravios
-hechos al bachiller Anciso y á otros, y al cabo, teniendo respeto
-á sus trabajos, que llamaban grandes servicios hechos al
-Rey, de la muerte del triste Nicuesa y de todos los mas cargos
-que le pusieron le dieron por libre y quito; pero de los robos,
-y matanzas, y captiverios y escándalos, que habia hecho á
-muchos señores, y Reyes, y particulares personas de los indios,
-no hobo memoria en la residencia, ni hombre particular, ni
-fiscal del Rey que dello le acusase, porque matar ni robar
-indios nunca se tuvo en estas Indias por crímen, y la más
-potísima razon que desto dar se puede, no es sino la insensibilidad
-que ha permitido Dios, por los pecados de España,
-en los más de nosotros, sin el juicio secreto divino que ha reservado
-para sí, é para la otra vida, el castigo total de los
-pecados tan inhumanamente cometidos en las gentes destas
-Indias. Y porque habia escrito Vasco Nuñez al Rey, entre las
-otras cosas, que, para el trato y descubrimiento de la mar del
-Sur, convenia hacerse pueblos de españoles en la tierra y señorío
-de los caciques Comogre, Pocorosa y Tubanamá, trató
-luégo Pedrárias de enviar gente, con parecer de Vasco Nuñez,
-para que en los dichos tres lugares poblasen.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXI">CAPÍTULO LXI.</h2></div>
-
-
-<p>Entre tanto que se trataba y aparejaba de enviar gente,
-para hacer las dichas poblaciones, comenzóse á gastar la comida
-y bastimentos que la flota habia traido de Castilla, como
-era mucha gente la que los gastaba, por lo cual se iban adelgazando
-las raciones que el Rey les mandó dar, y no se comia
-tanto cuanto habian menester digerir los estómagos. Dello por
-esta causa, dello por ser enfermo el lugar donde estaban poblados,
-por ciertas ciénagas y lugares bajos y sombríos, y
-tambien por la diferencia de los aires más delicados y más
-claros destas tierras, que por la mayor parte y cuasi todas
-son más que las de España sanas, mayormente habiendo tan
-gran distancia de allá á estas partes, comenzaron á enfermar
-y á morir la gente que habia traido Pedrárias; no perdonó á
-él mismo, aunque tenia mejor refrigerio, que no incurriese
-una grave enfermedad. Salióse del Darien, por parecer del
-médico ó médicos que habia traido, con los demas, y fuese al
-rio de Corobarí, la última luenga, cerca de allí, que se tenia
-por de mejores aires. Con la indisposicion de Pedrárias dilatóse
-la provision y despacho de las dichas poblaciones, pero
-no la muerte de muchas personas, que cada dia de hambre y
-enfermedades morian, y más de hambre y falta de refrigerio
-que de las enfermedades se interpolaba, cuando ya del todo
-las raciones del Rey se acabaron. Cresció esta calamidad de
-hambre en tanto grado, que morian dando quejidos «dáme
-pan» muchos caballeros, y que dejaban en Castilla empeñados
-sus mayorazgos, y otros que daban un sayon de seda carmesí
-é otros vestidos ricos porque les diesen una libra de pan
-de maíz ó bizcocho de Castilla, ó caçabí. Una persona, hijodalgo,
-de los principales que habia traido Pedrárias, iba un<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span>
-dia clamando por una calle que perecia de hambre, y delante
-todo el pueblo, cayendo en el suelo, se le salió el ánima. Nunca
-parece que se vido cosa igual, que personas tan vestidas de
-ropas ricas de seda y áun parte de brocado, que valian muchos
-dineros, se cayesen á cada paso muertas de pura hambre;
-otros se salian al campo y pascian y comian las hierbas
-y raíces que más tiernas hallaban, como si fueran ganados;
-otros, que tenian más vigor, traian sin vergüenza del monte
-haces de leña por un pedazo de cualquiera pan que les daban.
-Morian cada dia tantos, que, en un hoyo que se hacia, muchos
-juntos enterraban, y á veces si cavaban una sepultura para
-uno del todo no la querian cerrar, porque se tenia por cierto
-que pocas horas habian de pasar que no muriesen otros que
-lo acompañasen. Muchos se quedaban sin sepulturas un dia y
-dos, por no tener fuerzas para los enterrar los que eran sanos
-y tenian que comer algo; en todos los casos dichos poco cuidado
-habia de hacerles obsequias, como ni lo habia de amortajarlos.
-Aquí vieron todos bien á la clara, cómo el oro con
-redes se pescaba. En estas angustias puestos, y no ménos Pedrárias
-y su casa, dió licencia á algunos principales caballeros
-que se volviesen á España, de los cuales vinieron á parar á
-la isla de Cuba una barcada con harta necesidad, donde les
-matamos bien la hambre, por estar nosotros en tierra de
-grande abundancia, cuanto la de donde venian tenia de falta,
-no por ser la tierra estéril, porque no es sino fertilísima y de
-mantenimientos abundaba cuando estaba en su prosperidad,
-sino por haberla los españoles despoblado, dello con muertes
-innumerables, dello por captiverios de vivos, enviando á vender
-á estas islas muchos por esclavos, dello por haber á todas
-las demas gentes ahuyentado, y así estaban aquellas provincias
-asoladas; porque es cierto que si á los Caciques y señores y
-gentes moradores dellas los españoles les hicieran obras de
-cristianos, aquellos y muchos más pudieran ser proveidos y
-sustentados, y áun ricos de lo que deseaban, pero no fueron
-dignos porque no traian el fin que Dios pretendia desde que
-se movieron de España. Así que, estos efectos parió el creer<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span>
-que el oro se pescaba, y venir á pescallo con tanta ansia.
-Convalesciendo algo Pedrárias, siendo avisado de las muchas
-minas y ricas que habia por aquella provincia del Darien, no
-curando mucho de la sanidad de la tierra, que debiera mucho
-mirar, segun lo que de presente cada dia pasaba, envió á un
-Luis Carrillo, con 60 hombres, para que poblase un pueblo en el
-rio, siete leguas del Darien, que no sé por qué ocasion habian
-nombrado, en tiempo de Vasco Nuñez, el rio de las Anades; no
-sé con que confianza de mantenimientos, pues todos andaban
-hambreando, y no habia memoria de hombre indio en toda la
-comarca, sino sólo los que tenian algunos de los que allí iban
-por esclavos, y así duró poco el pueblo allí por esta causa. En
-este tiempo, como se le iba asentando la silla de obedecer y
-ser mandado á Vasco Nuñez, estando tan acostumbrado á ser
-obedecido y á mandar, inventó camino para ir por sí á donde
-sólo gobernase, para lo cual envió secretamente á Andrés Garavito
-á la isla de Cuba para que le trujese gente, con la cual
-por el Nombre de Dios pasase á poblar en la mar del Sur. En
-este propósito no sé sobre qué estribaba, porque no creo que
-le era venido el título de Adelantado de la mar del Sur, sino
-quizá por cartas que tenia que el Rey le habia hecho merced
-dél, porque ya que lo tuviese de presente no parece que habia
-de pretender, ni podia, gobernar sin estar subjeto á Pedrárias;
-y por ventura, deste principio comenzó á tener cosquillas
-de sospecha dél, Pedrárias, de donde al cabo le provino
-su final daño.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXII">CAPÍTULO LXII.</h2></div>
-
-
-<p>Despachado Luis Carrillo para que poblase el rio de las
-Anades, determinó Pedrárias, con toda la priesa que pudo, de
-despachar y despachó á Juan de Ayora, su Capitan general,
-con 400 hombres los ménos indispuestos de los que habia
-traido, con parte de los antiguos que con Vasco Nuñez estaban,
-á robar todo el oro que haber pudiese por toda la tierra,
-sin guardar fe ni amistad á los señores y sus gentes que
-Vasco Nuñez tenia confederados, aunque tambien por él robados
-y tiránicamente forzados y agraviados, (puesto que por
-ventura no mandó Pedrárias que á los confederados hiciesen
-daños, como los hizo su mal Capitan), porque ya habia determinado,
-segun creo, de enviar á su mujer, Doña Isabel, á Castilla,
-y no llevarse vacías las manos. Mandóle que hiciese tres
-pueblos con sus fortalezas, en la tierra de Pocorosa, y en la
-de Comogre, y de Tubanamá. Embarcóse Juan de Ayora,
-con los 400 hombres, en una nao y tres ó cuatro carabelas,
-y fué á desembarcar al puerto de la tierra del cacique Comogre,
-que distaba del Darien 25 ó 30 leguas, hácia el Poniente;
-desembarcado en el pueblo de Comogre, despachó á
-un Francisco Becerra con 150 hombres á la mar del Sur,
-para que descubriese algun buen asiento y comarca donde se
-poblase; fué guiado por un camino más breve, que se sabia
-de ántes, por el cual se hallaron haber 26 leguas de mar á
-mar. Estos despachados, mandó Juan de Ayora á Garci-Alvarez,
-que, con los navíos y alguna gente que habia indispuesta,
-le fuese á esperar al puerto del cacique Pocorosa, que
-estaba más al Poniente, abajo, en tanto que él iba á robar lo
-que hallase. Váse con sus 200, y algunos más hombres, la
-tierra adentro, al cacique Ponca, del cual en el cap. 47<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span>
-mostramos que habia venido á Vasco Nuñez, y Vasco Nuñez,
-asegurádole y prometídole que nunca le vernia daño, y
-el Ponca le ayudó dándole de su gente que para el descubrimiento
-de la mar del Sur le acompañase. Ponca, pues,
-como estaba seguro, salió á rescibir á Juan de Ayora, de paz,
-y lo primero que hizo fué tomarle, contra su voluntad, el oro
-que pudo hallar, escudriñándole su casa, y diciéndole, riendo,
-que de los amigos se habia de ayudar. De allí vá al
-Cacique y señor Comogre, que tantas caricias y buen rescibimiento
-y hospedaje habia hecho á Vasco Nuñez, y á su compaña,
-y el primero que dió las nuevas de la otra mar, como
-arriba, en los capítulos 41 y 42 se ha contado, el cual, siendo
-avisado de sus espías que venia, y que su fin era el oro deseado,
-salióle á rescibir al camino con un buen presente de joyas
-de oro y comida, y llegado á su casa les hizo cuantos servicios
-pudo y regalos; pero ni estas buenas obras hechas á él,
-ni las que Vasco Nuñez rescibió con los pasados, ni la fe y
-seguridad que le prometió de que sería seguro y no rescibiria
-de los españoles nunca jamás daño, bastó á que no le
-tomase por fuerza sus propias mujeres aqueste infelice tirano.
-Lo mismo hizo, segun se escribió, de allí salido, á Pocorosa,
-en cuanto le pudo robar, puesto que su persona, siendo
-avisado de lo que venia haciendo, se fué huyendo á los
-montes que no lo osó esperar, y lo que peor fué que el triste
-de Pocorosa, Rey de aquella tierra, pensando aplacalle y doblalle
-para que le restituyese las mujeres ó gente y otras
-cosas que le habia robado, y tambien por miedo que buscándolo
-ó haciéndole buscar caerian en sus manos, vínose á él
-con un presente de todo el oro que allegar pudo, que con su
-persona misma le trajo; pero nada le aprovechó, ántes lo
-prendió y llevó preso á la tierra de Tubanamá, diciendo
-que con la prision de aquel amedrentaria los otros señores,
-para que con oro se rescatasen. Pasando á la tierra y señorío
-de Tubanamá hallóle seguro y quieto en su casa, como habia
-prometido á Vasco Nuñez que siempre lo estaria, y que así
-lo habian siempre de hallar; rescibió á Juan de Ayora con<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span>
-mucha alegría, dále á él y á su gente de comer, y hizóle servir
-con toda su posibilidad; demás desto, dióle un presente de
-oro, no de poca cantidad, pero no le hartó ni satisficieron
-las obras tan buenas de quien no les debia nada; en pago de
-lo cual tómale cuanta de su gente pudo por esclavos, y
-róbale cuanto le pudo robar. Escapóse dél Tubanamá lo
-mejor que pudo, y fuese apellidando su tierra, y tambien
-quizá sus vecinos, y con la más gente que pudo allegar
-vino sobre Juan de Ayora y sobre los suyos por la otra
-parte del rio, donde él estaba, con gran furia, y echóles una
-nubada de flechas, peleando contra ellos como leones, pero
-desnudos en cueros. Cierto, si las armas les ayudaran, más
-daño que nunca hicieron nos hobieran hecho estas gentes,
-porque ánimo no les ha faltado y menosprecio de la muerte
-por defension de sus patrias y casas, segun habemos visto
-hartas veces por experiencia. Tornando á Juan de Ayora, defendióse
-del ímpetu de Tubanamá, no supe si ellos hirieron
-algunos españoles con este ímpetu, ni si los españoles mataron
-algunos, más de que se vido bien apretado Juan de Ayora,
-y con harto miedo, por lo cual con mucho trabajo y priesa hizo
-aquella noche, de rama y tierra, una fortaleza, temiendo que
-al salir del alba serian otra vez sobre él; no volvieron porque
-no pensaron prevalecer, lo cual es argumento que los lastimaron
-las espadas ó los perros. Dejó allí Juan de Ayora en aquella
-fortalecilla un Hernan Perez de Meneses, con 60 hombres, para
-tener las espaldas seguras, y para los yentes y vinientes, ó para
-enviar de sí nuevas y sabellas de Francisco Becerra, y volvióse
-á Garci-Alvarez, que le esperaba con los navíos en un rio
-que habian nombrado de Sancta Cruz, en la tierra de Pocorosa;
-señaló allí una villa y púsole nombre, la villa de Sancta Cruz,
-y los vecinos que le pareció, criando Alcaldes y Regidores, conforme
-á la instruccion que de Pedrárias llevaba: ésto fué á tantos
-de Mayo del año de 1515. Poblada esta villa de Sancta Cruz,
-aunque no de gente sancta, teniendo noticia Juan de Ayora
-de que más al Poniente habia un señor, de gente y de oro muy
-rico, llamado Secatíva, la penúltima luenga, envió por la mar,<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span>
-en ciertas barcas ó bateles, á un fulano Gamarra, con cierta
-gente, para que, so color de que diese la obediencia á los reyes
-de Castilla, captivase la gente que pudiese, y robase la
-riqueza que estimaba que tenia; pero como sus obras fuesen
-ya por toda la tierra estendidas, y en los oidos de todas las gentes
-de aquellas provincias fuesen, como lo eran, horribles, por
-cuya causa y temor todos los pueblos y señores dellos estaban
-sobre aviso, teniendo sus espías (en lo cual los indios no
-se duermen), temiendo haber de venir sobre ellos aquella pestilencia
-cada dia, el cacique Secatíva con su gente, avisados
-que por la mar los españoles venian, pusieron en cobro sus
-mujeres y hijos, y vacío el pueblo, metidos tras de unas matas,
-los españoles, dejadas las barcas y salidos en tierra, ya
-que llegaban cerca del pueblo, salen los indios de través con
-un terrible alarido, y dan en ellos, lanzando varas tostadas
-como dardos y no sé si flechas tambien, con las cuales hirieron
-al Capitan y á los más de su compañía, y así se volvieron
-huyendo, bien descalabrados, de donde habian venido. Juan
-de Ayora, desque los vido venir destrozados, lleno de ponzoña
-de ira determinó de la derramar en el pueblo de Pocorosa, y
-mandó que le robasen toda la tierra que era donde habian
-hecho su negra villa, y prendiesen á él para podelle sacar más
-oro si pudiesen, pero fué avisado Pocorosa por un español llamado
-Eslava, que era su amigo, al cual quiso ahorcar Juan
-de Ayora desque lo supo. Concluida ésta su predicacion y dejada
-la tierra tan en amor de la fe y religion de Cristo, Juan
-de Ayora deliberó de se volver al Darien para se tornar, con
-ciertos barriles que tenia ya llenos de oro, á Castilla, y así lo
-hizo, pero hurtando un navío que en el puerto quedaba, y díjose
-que el mismo Pedrárias fué sabidor y consentidor del
-hurto, y de su huida con el oro robado, por ser muy amigo
-de Gonzalo de Ayora, su hermano, pudo ser que de lo que
-traia robado dió su parte al quinto del Rey é á Pedrárias, sin
-lo mucho que se dijo que trujo escondido; éste infelice tirano
-era natural de Córdoba, hijodalgo y persona estimada por
-aquel tiempo, y, sus obras lo claman, de insaciable cudicia.<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span>
-Deste tirano cuenta Pedro Mártir, en el cap. 10, de su tercera
-Década, lo siguiente: <i>Joannes Aiora civis cordubensis nobili genere
-ortus misus pro prætore, uti alias diximus, auri magis cupidus
-quam rei bene gerendæ amator, aut laudis. Nactus occasiones
-in regulos spoliavit multos et contra jus fasque aurum ab eis extorsit,
-et crudeliter (ut aiunt) tractavit; ita ut ex amicis facti sint
-hostes infensissimi, et animis desperatis jam quacumque datur vi
-aut insidiis nostros perimunt. Ubi pacato comertiabantur et volentibus
-regulis, nunc armis agendum est. Multis auri ponderibus
-hoc modo coactis, uti fertur, aufugit sumpto furtim, ut vulgo
-dicitur, navigio..... Non desunt qui Petrum Ariam ipsum gubernatorem
-ejus fugæ assensisse arbitrentur..... Nihil mihi eque displicuit
-in universis occeaneis agitationibus ac istius avaritia quæ pacatos
-regulorum animos ita perturbaverit.</i> El capitan Garci-Alvarez
-con los suyos, pobladores de la villa de Sancta Cruz, no queriendo
-estar ociosos, creyendo permanecer en ella, salian por
-los pueblos comarcanos á robar mujeres, y la gente que podian
-haber para traer captiva. Pocorosa, señor tan agraviado
-de los españoles á él tan desagradecidos, junta la gente que
-pudo, suya y de sus amigos, y tambien agraviados y lastimados
-vecinos, vienen al cuarto del alba sobre la villa, y hallando
-á todos durmiendo, ántes que acordasen para tomar las
-armas, estaban todos heridos; pero como las armas de los indios,
-donde no hay ponzoñosa hierba, no matan luégo, como
-nuestras culebrinas, tornaron los españoles; aunque heridos,
-sobre sí, é tomadas sus armas dan en ellos, y matando con
-sus espadas, tambien de los golpes de los indios con sus macanas
-morian; y con tanto vigor los indios, aunque dellos caian
-muertos muchos, perseveraron en la pelea, que cuando vino á
-ser claro el dia los tenian todos despachados, con su capitan
-Garci-Alvarez, sino fueron sólos cinco. Estos se escaparon
-escondidos y huyendo noches y dias hasta llegar al Darien,
-donde dieron las nuevas, y así se despobló la buena villa de
-Sancta Cruz á cabo de seis meses de su principio.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXIII">CAPÍTULO LXIII.</h2></div>
-
-
-<p>Despachados Luis Carrillo y Juan de Ayora para sus romerías,
-luégo envió Pedrárias á Pedrárias, su sobrino, con 200
-hombres con dos navíos, al rio de la provincia del Cenú, la
-última sílaba aguda, para que descubriese y anduviese aquella
-tierra y rio, y robase el oro que pudiese, porque los indios
-que habia hecho esclavos en Isla Fuerte, como arriba se dijo,
-decian que en aquella tierra ó provincia habia mucha riqueza,
-como vian á todos por oro tan caninos; y verdad era, porque
-aquella provincia era el fonsario y entierro de muchas gentes
-de la tierra adentro, que venian á enterrar sus muertos de
-muchas leguas, y enterraban con ellos cuanto oro tenian. De
-aquellas sepulturas se hobo despues grande suma de oro y
-riquezas, aunque todo há poco, como el mundo sabe, lucido.
-Así que fué con su gente Pedrárias, sobrino, y navíos al rio de
-Cenú, que está del Darien 30 ó poco más leguas de la parte
-del Oriente; llegados al puerto y echadas las barcas para
-subir por el rio; y siendo dificultosa la subida por la corriente
-y la gente ser nueva, y la gran multitud de mosquitos que
-los comian, y la esperanza de haber lo que buscaban con
-tantos trabajos muy fria, comenzaron á sentir más el oficio y
-trabajo del remar que el consuelo de conseguir su fin les ofrecia.
-Por todos estos accidentes comenzaron á caer enfermos y á
-morir; viéndose Pedrárias, sobrino, en mucha angustia, y que
-él tambien padecia el peligro de la vida, y no ver aparejo
-para hacer asiento, que quizá era lo que más queria, por salir
-de tanta tristeza dió luégo la vuelta al Darien con la mitad
-ménos de la compañía. Viéndolo Pedrárias, su tio, más creo
-que se holgara si lo viera que los navíos cargados de oro y
-de muchos indios hechos esclavos traia. Desde á poco, hé<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span>
-aquí viene Luis Carrillo con toda su compañía, que habia desmamparado
-y despoblado la villa de las Anades, diciendo que
-no podian hallar bastimentos para se sustentar por andar los
-indios huidos; con estos recaudos estaba Pedrárias muy afligido,
-y via que no ponia en cosa mano que no se le deshacia,
-puesto que no dejaba de recoger del oro robado, y esclavos
-hechos tan contra Dios y su ley, cuanto para sí aplicar
-podia; pero el ciego infelice, ser la causa de los reveses que
-padecia el mal estado en que él y todos los españoles, que en
-aquella tierra estaban, vivian, destruyendo aquellas inoxias
-gentes, no advertia. Aquel Luis Carrillo, despues que comenzó
-á asentar su villa de las Anades, puso por obra de hacer
-catas, con los indios esclavos que él y los de su compañía
-tenian, en aquel rio, para ver el oro que habia, y puesto que
-por aquel y por otros muchos rios, y toda aquella tierra es
-de oro rica, pero como se saca con grandísimo trabajo y há
-menester paciencia y tiempo para cogollo, porque no suele
-salir tan á montones que luégo se alegre y contente y harte
-la gran cudicia, comenzaron á desajenarse los vecinos de la
-nueva villa; pero el Luis Carrillo, por esforzar los vecinos á
-que no desmayasen, y dalles algun contentamiento, acordó de
-salir, con los que más sanos y dispuestos estaban, á captivar
-indios de los que por sus obras y de los demas andaban ahuyentados,
-y otros que estaban en sus pueblos con temor cada
-dia esperándolos. Fuese por la tierra de Abrayba á la provincia
-nombrada Ceracaná, la última luenga, que vivian en las barbacoas
-ó casas sobre los árboles que estaban en el agua, los
-cuales, sintiendo los españoles, se defendieron con sus varas
-un buen rato, pero no les aprovechó porque los españoles,
-combatidas siete de aquellas casas altas, prendieron al cabo más
-de 400 ánimas, y queriendo ir adelante á buscar más los ya
-captivos probaron á huir, y escapáranse sino por un perro que
-llevaban que lo soltaron, y aquel los detuvo habiendo muchos
-dellos desgarrado; á aquellos 400 repartió Luis Carrillo entre
-sí mismo y su compaña. Venidos á su pueblo de las Anades, fuese
-luégo al Darien á decir á Pedrárias que era imposible allí<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span>
-perseverar por no haber comida y por otras incomodidades, y
-así luégo lo despoblaron. Por este tiempo debia enviar Pedrárias
-al bachiller Anciso al Cenú, como hervia siempre la fama y
-más la cudicia del abundar en oro aquella provincia, como á
-hombre que tenia experiencia de aquellas tierras y que lo haria
-mejor que Pedrárias su sobrino, y como Anciso era jurista debió
-parecerle que justificaba, con usar del requerimiento, mejor
-sus robos y violencias que iba á hacer á los vecinos del Cenú,
-que Juan de Ayora y Luis Carrillo, sin él, las suyas, y así
-dice él en su «Suma de geografía», cuasi al cabo della, hablando
-del Cenú, las palabras siguientes: «Yo requerí, de parte del
-rey de Castilla á dos Caciques destos del Cenú, que fuesen
-del rey de Castilla, y que les hacia saber como habia un sólo
-Dios, que era Trino y Uno, y gobernaba el cielo y la tierra, y
-que éste ha venido al mundo y habia dejado en su lugar á
-Sant Pedro, y que Sant Pedro habia dejado por su sucesor,
-en la tierra, al Santo Padre, que era Señor de todo el mundo
-Universo, en lugar de Dios, y que ese Santo Padre, como
-Señor del Universo, habia hecho merced de toda aquella tierra
-de las Indias y del Cenú al rey de Castilla, y que, por
-virtud de aquella merced que el Papa habia hecho al Rey, les
-requeria que ellos le dejasen aquella tierra, pues le pertenecia;
-y que si quisiesen vivir en ella, como se estaban, que le
-diesen la obediencia como á su señor, y le diesen en señal de
-obediencia alguna cosa cada un año, y que eso fuese lo que ellos
-quisiesen señalar, y que si ésto hacian que el Rey les haria
-mercedes y les daria ayuda contra sus enemigos, y que pornia
-entre ellos frailes ó clérigos que les dijesen las cosas de la
-fe de Cristo, y que si algunos se quisiesen tornar cristianos,
-que les haria mercedes, y que los que no quisiesen ser cristianos,
-que no les apremiarian á que lo fuesen sino que se estuviesen
-como se estaban.» Respondiéronme, que en lo que
-decia que no habia sino un Dios, y que éste gobernaba al
-cielo y la tierra y que era Señor de todo, que les parecia bien
-y que así debia ser, pero en lo que decia, que el Papa era
-Señor de todo el Universo, en lugar de Dios, y que él habia<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span>
-hecho merced de aquella tierra al Rey de Castilla, dijeron
-que el Papa debia estar borracho cuando lo hizo, pues daba
-lo que no era suyo, y que el Rey, que pedia y tomaba la
-merced, debia ser algun loco pues pedia lo que era de otros,
-y que fuese allá á tomarla que ellos le pornian la cabeza en
-un palo, como tenian otras, que me mostraron de enemigos
-suyos, puestas encima de sendos palos, cabe el lugar, y dijeron
-que ellos se eran señores de su tierra y que no habian
-menester otro señor. Yo les torné á requerir que lo hiciesen,
-si no que les haria la guerra y les tomaria el lugar, y que mataria
-á cuantos tomase, ó los prenderia y los venderia por esclavos.
-E respondiéronme, que ellos me pornian, primero, la
-cabeza en un palo, é trabajaron por lo hacer, pero no pudieron
-porque les tomamos el lugar por fuerza, aunque nos tiraron
-infinitas flechas é todas herboladas, é nos hirieron dos
-hombres, con hierba, y entrambos murieron de la hierba
-aunque las heridas eran pequeñas; y despues prendí yo en otro
-lugar al un Cacique dellos, que es el que dije arriba que me
-habia dicho de las minas del Nocri, é hallélo hombre de mucha
-verdad é que guardaba la palabra, y le parecia mal lo
-malo y bien lo bueno, y cuasi de esta forma se hacen allá
-todas las guerras. Todo ésto es lo que Anciso dice formalmente
-y á la letra en el lugar alegado. ¿Qué mayor argumento
-ni más claro, confesado por su boca, de la ignorancia y
-ceguedad del bachiller Anciso, y de quien ordenó el tal requerimiento,
-y de todos los que creian que por él se excusaban
-las tan horribles é impías guerras, y robos, y calamidades que
-á aquellas gentes, por ellas, los españoles les causaban? ¿Qué
-evidencia les hizo Anciso en su requerimiento para constituillos
-en culpa de contumacia, y que él tuviese legítima causa
-de invadillos, tomalles el pueblo matándolos y captivándolos?
-¿qué injurias ó daños representaba haber el rey de Castilla,
-ó España, ó el mismo Anciso dellos rescibido? ¿qué
-tierras ó bienes le habian usurpado, que pidiéndoles la restitucion
-dellas fueron en mora constituidos, despues de muchas
-veces rogados y requeridos? ¿Qué bárbaros, incultos y<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span>
-hombres bestialísimos, no escarnecerán de aquel requerimiento
-y de quien lo hizo? ¡Y que afirme Anciso, como testigo de
-vista, que de aquella forma que él hizo la guerra á los vecinos
-de la provincia del Cenú, se hicieron allá todas las guerras!
-<i>¿Quid ægemus testibus? ex ore tuo, oh bachalarie Anciso, te judico</i>,
-y pregúntote ¿si eran obligados á creerte luégo, que el
-Dios que les hacia saber era Trino y Uno, y así de las otras
-particularidades de tu requerimiento? ¿Bastabas tú, quizá,
-con gente armada, que venias á robar su oro, sus haciendas,
-sus mujeres y hijos, y su libertad, por testigo? ¿Y qué sabian
-qué cosa eran frailes, ni clérigos, que nunca jamás habian
-visto ni oido; fe, ni Cristo, ni qué era ser cristianos, y los demas
-que habian de ser entre ellos por disparates tenidos, puesto
-que en sí fuesen margaritas divinas? Aunque yo para mí
-por cierto tengo, que mucho de lo que Anciso aquí dice fué
-fingida fábula, y no historia del todo allí acaecida, porque
-parece ser imposible en dos años poder aquellos Caciques
-entender qué cosa era Sant Pedro, ni Papa, ni otros términos
-y sentencia que allí Anciso refiere, como fuese aquella la primera
-vez que españoles entraron allí, y no supiesen vocablo
-ninguno de su lengua, cuanto ménos en una hora que pudieron
-en aquello tardar, y por ésto tengo por incierto que del
-Papa ni del Rey dijesen aquellas palabras los indios.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXIV">CAPÍTULO LXIV.</h2></div>
-
-<p>Desque los Pedrárias, y los oficiales del Rey é tambien el
-Obispo, vieron que todos los que iban á hacer aquellas entradas
-siempre traian robado mucha cantidad de oro, aunque
-algunos dejaban las vidas en la demanda, comenzaron á tomar
-gusto en lo que aquellos traian, porque á todos cabia, por
-diversos caminos ó respectos, alguna parte. De aquí provino
-que ya las entradas se aprobaban y hacian por todos, áun
-aquellos que de oficio les incumbia vituperallas, y acusallas,
-y estorballas en cuanto pudiesen, viendo tan manifiestos los
-grandes estragos que en aquellas gentes se hacian, y el daño
-que de allí resultaba, áun para el provecho del Rey, ya que
-de la honra de Dios ni de la infamia de la religion cristiana
-y de la perdicion de tantas ánimas no se hobiera de tener
-algun cuidado; y así, en cada cuadrilla que salia de españoles,
-y que Pedrárias licenciaba y mandaba que fuesen á robar
-oro y captivar indios para los hacer esclavos, el mismo Pedrárias
-y cada uno de los cuatro oficiales del Rey, y, lo que más
-de llorar era, el mismo reverendo Obispo, enviaban los criados
-que cada uno tenia é queria, y de vuelta repartíase todo
-el oro que se habia robado y los indios que tomaban, condenados
-por esclavos, y cada uno de los Pedrárias, y oficiales, y
-Obispo, rescibia tantas partes cuantos criados habia enviado:
-y desta manera no se derramaba gota de sangre, ni robaba
-castellano, ni captivaba persona alguna, de que todos no fuesen
-reos, y á la restitucion del todo, <i>in solidum</i>, cada uno
-dellos, y el señor Obispo que habia de poner la vida por defension
-de aquellas sus ovejas, no fuese obligado. Entre otras
-estaciones hizo una Vasco Nuñez, por induccion ó mandado
-de Pedrárias, desta manera: él habia escrito al Rey, que en el<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span>
-rio Grande del Darien, por él arriba, tenia nuevas que habia
-grandes riquezas de oro por estar por allí el dios ó ídolo de
-Dabayba, y por esta nueva habia muchos de los principales
-que habia consigo traido Pedrárias, que la empresa de irlo á
-buscar por gran merced le demandaban, pero Pedrárias, segun
-dijo ó se sintió dél, no quiso concedella á ninguno, porque
-sino saliese verdad no culpasen á sus Capitanes, sino al
-mismo Vasco Nuñez que lo habia inventado; y por ésto mandólo
-que tomase 200 hombres, y fuese á buscar el dios de
-Dabayba y traer la riqueza de que se tractaba. Embarcóse
-con ellos en muchas canoas, porque no habia otro aparejo
-para por aquel rio navegar, y llegando á la tierra y señorío de
-los que se llamaban gugures, que era mucha, saliéronles al
-encuentro con muchas canoas, armados, yendo los españoles
-descuidados, y diéronles tanta priesa que ántes que mirasen
-por sí tenian la mitad de los españoles muertos ahogados,
-porque los nuestros, y todos, somos en el agua, en especial en
-aquellas canoas, gatos, y los indios, por ser grandes nadadores
-y desnudos en cueros, hácennos grande ventaja, trastornando
-las canoas, lo cual hecho poco trabajo es menester para matarnos.
-Entre los primeros cayó luégo muerto Luis Carrillo, el
-poblador de la villa de las Anades, donde pagó lo que habia
-hecho en ella y en las otras partes, y plegue á Dios que con
-aquella muerte su divinal justicia se haya contentado; Vasco
-Nuñez, con los que le quedaron, acordó de tomar la tierra,
-los indios tambien dejaron el agua, y van tras ellos siguiendo
-el alcance; plugo á Dios que se sustentaron hasta que vino la
-noche, y con la oscuridad tuvieron lugar de huir por montes
-y valles, porque de otra suerte ninguno dellos escapara. Vino
-Vasco Nuñez herido, y alguno de los restantes maltratados, y
-díjose que los Capitanes nuevos de Pedrárias se holgaron
-viéndolo venir desbaratado, porque se le aguase la fama que
-tenia de hacer por allí aquellas hazañas, y porque si ellos
-despues errasen no se maravillase nadie; Pedrárias más quisiera
-que viniera de oro cargado, y de no lo venir, é cognoscer
-que perdia mucha gente, no podia no pesalle. En estos dias<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span>
-llegó cierto navío al Darien que trujo una Provision real, por
-la cual el Rey daba título á Vasco Nuñez de Adelantado de
-Coyva y Panamá, donde despues se asentó la ciudad así nombrada;
-Coyva era una isleta cerca de por allí, que el mismo
-Vasco Nuñez envió á suplicar al Rey, porque le habian dicho
-los indios, ó él mal entendido, cuando andaba en el descubrimiento
-del mar del Sur, que habia ó perlas ó oro en mucha
-abundancia. Rescibida la Provision hízose apregonar. Comiénzase
-Vasco Nuñez y los que le amaban á llamar con regocijo
-Adelantado, no dejando de haber murmullo ó corrillos, dellos
-en bien, dellos en mal, porque, segun se dijo y pareció, de la
-prosperidad de Vasco Nuñez no gustaba bien, con los suyos,
-Pedrárias, viendo que se le iba saliendo de las manos; y la
-fortuna no olvidaba á Vasco Nuñez de levantallo, para despues
-de más alto lo derrocar. Ayudó luégo á lo susodicho, y
-desabrimientos de Pedrárias, que volvió Andrés Garavito de la
-isla de Cuba, con 60 españoles, para seguir á Vasco Nuñez,
-con armas y otras cosas necesarias para pasar por el Nombre
-de Dios á poblar en la mar del Sur, esperando que el Rey le
-daria la gobernacion de lo que poblase. Garavito, surgiendo
-seis leguas del puerto, envió secretamente á avisar á Vasco
-Nuñez de su venida. No se le encubrió á Pedrárias la venida
-del Garavito, y el propósito de Vasco Nuñez de como pretendia
-sin él gobernar, enviando al Rey por licencia para ello y
-así salírsele de la mano, fuéle oirlo molestísimo, é, mucho, indignado,
-le mandó prender y meter en una jaula de madera;
-puesto que, á ruego grande del obispo, don fray Juan Cabedo,
-no le metieron en la jaula, y al cabo Pedrárias le mandó soltar,
-con ciertas condiciones que se pusieron entre ambos. Posible
-cosa es creer que nunca las cosquillas de los ánimos, secretas,
-cesaron.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span></p>
-
-
-<h2 id="LXV">CAPÍTULO LXV.</h2></div>
-
-
-<p>Como, despues del oro, la riqueza de las perlas, que Vasco
-Nuñez habia descubierto cuando descubrió la mar del Sur y lo
-habia escripto al Rey, por aquella tierra sonaba, y Pedrárias,
-no ménos deseoso de henchirse dellas que de oro hartarse, no
-se olvidaba, envió á un Gaspar de Morales con 60 hombres,
-que fuese á la mar del Sur y pasase á las islas que llamaban los
-indios de Terareguí, la última aguda, que despues de las Perlas
-se llamaron, en especial una que llamaban la isla Rica, y
-trabajase de haber cuantas pudiese, porque en Castilla las
-buenas son muy preciadas y oro es lo que oro vale. Yendo su
-camino por los pueblos y señoríos de los Caciques que Vasco
-Nuñez habia dejado en amor y confederacion de los españoles
-todos quietos, halló que Francisco Becerra, siendo rescibido
-dellos no ménos pacífica y amorosamente que si fueran todos
-sus hermanos, los habia robado y asolado, al cual topó en el
-camino, que se tornaba al Darien cargado de oro y con gran
-número de indios presos por esclavos. Tomó Gaspar de Morales
-uno de aquellos españoles, que Becerra llevaba, por guía,
-para lo que pretendia ir adelante, y los indios y gente que restaba
-y que sentian irse Francisco Becerra, creyendo que ya
-sin haber más españoles podian salirse de los montes seguros,
-llegaba la langosta de Gaspar de Morales, y prendia y robaba
-lo que Becerra no habia destrozado; y así, robando, matando
-y captivando, llegó á la costa del mar del Sur, á la tierra
-y señorío de un Cacique, Tutibra llamado, el cuál lo recibió
-de paz, y les dió de todo lo que tenia, y les hizo todo buen
-hospedaje en su casa. No tenia más de cuatro canoas, segun
-pareció, aparejadas, en las cuales no pudieron caber todos los
-españoles y su aparato que siempre llevaban, por cuya causa<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span>
-dejó allí la mitad dellos con un Capitan llamado Peñalosa, y
-con los demas, con estas canoas, se fué á un pueblo de otro
-Cacique, nombrado Tunaca, que debia estar para pasar á las
-islas más en paraje. Este los estaba esperando con toda su
-gente de paz, y les tenia aparejado buen rescibimiento, y las
-cosas comestibles en abundancia, y rogóles mucho que se
-holgasen y descansasen en su casa, pero no se lo consintió
-el ansia de las perlas que esperaban haber, que los llevaba y
-mandaba; así, luégo, el dia siguiente, saltó Gaspar de Morales
-con la mitad de los españoles en ciertas canoas grandes, y
-Francisco Pizarro en otras con los demas, los cuáles dende á
-poco rato, navegando, no quisieran, por cuantas perlas habia
-en el mundo, haber allí entrado. La gente que de indios llevaban,
-que las gobernaban, eran de los Caciques de Chiapes y
-de Tumaco, de que arriba hemos hablado, que siempre guardaron
-el amistad que con Vasco Nuñez pusieron, aunque mil
-veces tuvieron razon de quebrantársela; levantóse tanto la
-mar, de que vino la noche, que todos pensaron perecer, y las
-canoas una de otra apartadas, que no se vieron, cada uno
-dellos creia ser los otros anegados. Por grande ventura, finalmente,
-aportaron á la mañana todos á una de las islas, que
-son muchas, lo cual tuvieron por milagro que Dios hacia por
-ellos, como por personas que tanto le servian en andar en
-aquellos pasos santos. Hallaron la gente della, toda, en solemnes
-fiestas ocupada, y porque tenian de costumbre, cuando
-aquellas fiestas celebraban, estar todas las mujeres sin verse
-con los maridos, apartadas, y los maridos lo mismo, sin ellas
-á otra parte, y los españoles llegaron por la parte donde ellas
-estaban, no hicieron ménos que tomallas todas y captivallas y
-atallas. Hácese mandado á los maridos, los cuales, como leones
-bravos, vienen con sus varas tostadas, porque no tienen
-ni usan flechas, y dan en los españoles muy de presto y dellos
-hirieron algunos, pero no les hicieron heridas de lombardas.
-Sueltan el perro que llevaban y vá á los indios y en ellos
-hace terrible estrago, huyen los tristes asombrados de tal género
-de armas, y aunque muchos murieron y pensaban morir,<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span>
-pero por la rabia de ver llevar sus mujeres y hijas, tornaron á
-ir tras los españoles, tirando varas, por librallas; ninguna cosa
-les aprovechó sino para morir más de los que restaban. De
-allí fueron estos pecadores á la isla más grande, donde tenia
-su asiento y casa real el Rey é señor de aquellas islas, ó al
-ménos de las más, el cual, sabiendo que venian, ó porque habia
-sido ya informado del estrago que en aquella isla primera
-dejaban hecho, ó por la fama de sus ordinarias crueldades,
-salió con su gente á les defender la entrada en su isla, ó por
-ventura despues de entrados echallos; el cual hecho huir, con
-el perro desgarrados algunos de los suyos, no por eso dejó de
-tornar cuatro veces con la gente que más podia recoger, probando
-si pudiera desterralos de su tierra ó matallos. Intervinieron
-los indios, que llevaban consigo chiapenses y tumaquenses,
-amigos, diciéndoles que los españoles eran muy
-fuertes y que todo lo sojuzgaban (y pudieran añidir que todo lo
-abrasaban), y que sojuzgaron á los señores Ponca, Pocorosa,
-Quarequa, Chiape, Tumaco, y á otros muchos, los cuales al cabo
-vinieron á se les subjetar, puesto que al principio resistieron
-pero no pudieron prevalecer; con estos ejemplos y persuasiones
-hobo de venir á ellos pacíficamente. Metiólos en su casa,
-la cual dijeron que era maravillosamente hecha, y muy más
-que otras de Caciques señalada, hizo sacar una cesta de vergas
-muy lindas hecha, llena de perlas que pesaron 110 marcos,
-todas muy ricas, y entre ellas una que pocas parece haberse
-hallado en el mundo tan grandes ni tales; era como una
-nuez pequeña, otros dijeron que como una pera cermeña, la
-cual llevó á España la mujer de Pedrárias y la presentó á la
-Emperatriz, é dijeron que le mandó dar 4.000 ducados por
-ella. Diéronle cuentas, y espejos, y cascabeles, y otras cosillas
-de las nuestras, de que el Cacique fué muy alegre. Toma luégo
-el Gaspar de Morales por la mano, y á otros que entendió ser
-principales, y súbelos á un miradero de madera como torre,
-de donde se parecia mucho espacio de la mar y de tierra, y,
-vuelta la cara al Oriente, con la mano muéstrales la mar
-y la tierra que va hácia el Perú, diciendo: «Mirad qué larga<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span>
-mar y qué de tierra va por allí,» y vuelve la cara al Mediodia, y
-despues al Poniente, y dice lo mismo; despues señala las islas,
-«ved qué de islas á una mano y á otra están por aquí, todas
-están debajo de mi imperio; toda ésta es muy buena y próspera
-tierra, y si vosotros llamais buena tierra la que tiene
-y abunda en oro y perlas, segun me parece que lo buscais,
-oro entre nosotros poco hay, pero de perlas toda la
-mar destas islas está dellas llena, dellas yo os daré cuantas
-quisiéredes, con tanto que me guardeis la fidelidad y amistad
-que yo os guardaré, y desto estar ciertos que os la guardaré
-y me gozaré siempre de conversar con vosotros.» Estas y
-otras dulces y amigables palabras les dijo, de que ellos quedaron
-admirados y contentos. Cuando ya los nuestros querian
-partirse, le rogaron que para el Rey grande suyo, dellos, rey
-de Castilla, le hiciese coger 100 marcos de perlas, lo cual otorgó
-de muy buena gana, como cosa que tenia en poco hacerlo,
-pero no por eso se tuvo por obligado á hacerlo como fuese señor
-absoluto en aquellas islas y tierras. Habia tantos venados
-y conejos en aquella isla, que se venian á las casas de los vecinos,
-cuantos querian y habian menester, donde mataron los
-nuestros muchos con las ballestas, con que tuvieron muchos
-dias harta fiesta. Dijeron que lo habian baptizado y puesto
-nombre Pedrárias, siguiendo el error que los españoles, y áun
-clérigos y frailes algunos, siempre tuvieron, baptizando á
-éstos infieles sin darles doctrina alguna, ni de Dios tener chico
-ni grande conocimiento, más del que dél ellos se tienen, y
-así son causa que despues de bautizados los indios y rescibido
-el carácter (si empero no ponen obstáculo, y tienen intencion
-de rescibir lo que los españoles les dicen ser bueno, como de
-todos creemos), que vayan á idolatrar y cometan mil sacrilegios,
-lo cual es certísimo hacerse, porque ni ántes que el bautismo
-les den los enseñan ni pueden enseñarles, ni entender
-las cosas de la fe en tan poco tiempo, ni despues, porque así
-como de ántes se quedan; y ésta es injuria é irreverencia que
-se hace al Sacramento, tan intenpestiva é indiscretamente.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXVI">CAPÍTULO LXVI.</h2></div>
-
-
-<p>Salidos de la isla Gaspar de Morales y su compañía, dejando
-muy alegre al Cacique y á su gente, y ellos con sus
-muchas y ricas perlas muy contentos, tornáronse á la tierra
-firme para volverse al Darien con sus buenas nuevas; miéntras
-éstos andaban salteando por las islas y tardaron en las de
-aquel señor de todas ellas, Peñalosa y los que con él quedaron
-en el pueblo de Tutibra hicieron las obras, á los vecinos
-de él y de los otros pueblos, que siempre han acostumbrado
-á hacer, y principalmente son andar tras de las mujeres y
-escudriñar y robar cuanto pudieren. Fueron, parece que, tales
-los agravios que rescibieron, que acordaron de matallos á ellos
-allí, y despues á Gaspar de Morales y á los suyos en el camino
-cuando volviesen, para lo cual se conjuraron los Caciques
-que al derredor habia, que por agraviados se tuvieron.
-Andaba con el Gaspar de Morales un Cacique llamado Chiruca,
-con un hijo suyo, mancebo, mostrando mucha aficion
-á los españoles, ó por amor verdadero (pero no sé por qué
-merecimientos), ó por miedo, ó por especular bien sus costumbres,
-fingidamente, como yo más creo, para despues, cuando
-se ofreciese oportunidad, dar en ellos. Llegados, pues, y desembarcados
-de las canoas en la tierra firme, Gaspar de Morales
-envió á un Bernardino de Morales con 10 hombres á llamar
-al Peñalosa y á los que con él habia dejado en Tutibra,
-para se ir todos, parece que, por otro camino al Darien. Estos
-llegaron al pueblo de un Cacique que habia por nombre Chuchama,
-de los conjurados, el cual los rescibió bien, y dióles
-de comer mostrándose muy amigo, pero á la noche, estando
-bien durmiendo, hizo poner fuego á la casa donde dormian,
-y en ella quemó dellos y ahorcó á los que por el fuego<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span>
-huyendo salian. Súpolo luégo el cacique Chiruca, que estaba
-con Gaspar de Morales y su compañía, y fué avisado como
-los conjurados ya cerca venian, por cuya causa, ó porque él
-era en el conjuro, ó de miedo de los españoles no se le imputase
-algo, huyóse con su hijo aquella noche, pero luégo que
-los hallaron ménos enviaron tras ellos españoles y indios, de
-los que llevaban por amigos, que tambien los seguian de miedo;
-alcanzáronlos, y, por el rastro habidos, trujéronlos presos
-á padre y á hijo. Pusiéronlos luégo á tormentos, que es su primer
-remedio, los cuales les daban y dan hoy, gravísimos, azomándoles
-el perro que les daba sus dentelladas bien recias:
-descubrieron los que en Chuchama se habian muerto y la gente
-que venia sobre ellos. Fué grandísimo el miedo que cayó en
-Morales y en todos ellos, sabido los que eran muertos, esperando
-verse tambien ellos en aquel peligro. Usó, empero, deste aviso,
-que el cacique Chiruca enviase á llamar secretamente á cada
-uno de los Caciques que venian, que eran 18 ó 19, so color que
-les querian avisar de cosas ántes que acometiesen, protestándole,
-que si en ésto no fuese fiel, que lo habian de echar
-luégo al perro; él lo hizo así de miedo, sin osar pensar en el
-contrario, por irle más que juramento. En viniendo cada uno
-echábanlo en la cadena, que era un instrumento tan usado
-entre los españoles que nunca andaban sin ella, para prender
-indios y hacer esclavos, y en ella iban los que les llevaban
-las cargas porque no se huyesen, porque aquellos eran sus
-acémilas donde quiera que mudaban el pié. De aquella manera
-é con aquella industria hobo á las manos todos los Caciques,
-sin que se sintiese cosa dello hasta que estaban todos presos.
-En este tiempo allegó Peñalosa con su compañía, que debia
-escaparse ántes de saber y incurrir el peligro, con que mucho
-Gaspar de Morales y los suyos cobraron esfuerzo, teniéndolos
-ya por perdidos; acordaron de salir contra los que venian,
-que no estaban muy apercibidos esperando á sus Caciques.
-Llevó la delantera Francisco Pizarro, y dando en ellos al
-cuarto del alba, diciendo Santiago, cuando vino del todo la luz
-del dia contaron muertos sobre 700. Habida esta victoria, Mo<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span>rales
-mandó aperrear todos los 18 Caciques, con Chiruca, que
-fueron 19, para, diz que, meter miedo en toda la tierra. Hecho
-ésto, porque tenia nueva Morales que á la parte oriental del
-golfo de Sant Miguel habia un Cacique gran señor, llamado
-Birú, que tenia gran riqueza de oro y perlas, determinó Morales
-de ir á acometerle; decíase deste ser muy esforzado, y que
-cuando hacia guerra ninguno tomaba á vida, y cercaba su
-casa de las armas que tomaba á los enemigos. Deste nombre
-Birú, la última luenga, dijeron que llamaron los españoles despues
-á la tierra del Perú, mutada la letra <i>b</i> en la <i>p</i>, letra; llegados
-los españoles á su tierra, y al pueblo donde tenia su
-casa, dieron en él al cuarto del alba. La costumbre de los españoles
-en aquella tierra firme fué dar en los indios, que estaban
-en sus casas durmiendo seguros, de aquella manera;
-pegaban fuego primero á las casas, que comunmente en las
-tierras calientes eran de paja, y quemados ó chamuscados
-los que tenian más profundo sueño, y otros con las espadas
-desbarrigados, y otros presos, huyendo los demas, atónitos
-hechos, volvian despues los nuestros á escarbar la ceniza,
-muerto el fuego, y coger el oro que habia en el pueblo. Así
-quedado en el pueblo de Birú de la manera dicha, y muertos
-los que matar pudieron, escapado el Cacique dellos, junta en
-breve y anima su gente y viene á ellos terriblemente; y con
-tanto esfuerzo pelearon, que por gran parte del dia no pareció
-quién vencia, pero al cabo habia de caer sobre los tristes, como
-suele, por la ferocidad del perro, y por las ballestas, y por las
-espadas que á los desnudos cortaban por medio, y así huyeron;
-viendo Gaspar de Morales que aquel Cacique y sus vasallos
-era gente recia, no osó esperarlos más, sino volverse al pueblo
-de Chiruca, dejado, así como está dicho, predicado el
-Evanjelio. Las gentes de los 19 Caciques aperreados, viéndose
-así privados de sus naturales señores, y el muchacho,
-hijo de Chiruca, sin su padre, acordaron de juntarse para esperar
-los españoles, cuando del Birú tornasen, si pudiesen
-matallos; de lo cual estuvo ayuno Morales, y así, cuando
-tornó, dieron en él de súbito, y hiriéronle luégo algunos, y á<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span>
-uno atravesaron una vara por los pechos, que de repente
-cayó muerto sin habla. Los españoles como leones peleaban,
-y los ahuyentaban y mataban, pero los indios no por eso dejaban
-de tornar sobre ellos, y así los siguieron siete dias
-arreo, hiriendo algunos españoles, y ellos muchos de los indios
-matando. Viendo que tanto los seguian, los españoles no
-osaron más esperallos, y así una noche diéronles cierta cantonada.
-Estaba herido allí un español, llamado Velazquez, de
-tal manera tullido, que no pudo huir, é, por no morir á manos
-de los indios, acordó de ahorcarse á vista del Capitan y de
-otros que, con lágrimas, diz que, se lo estorbaban al mal
-aventurado. La manera que tuvieron para huir fué hacer muchos
-fuegos, y dejallos allí encendidos como que todos estaban
-despiertos y se velaban, pero todavía los indios sintieron
-que se iban, y los siguieron, y, venido el dia, los españoles se
-hallaron entre tres escuadrones de indios, cercados; Morales,
-por no pelear, creyendo ya perder mucho y ganar nada, quiso
-que aquel dia parasen allí hasta la noche, al medio de la
-cual, haciendo y dejando los mismos fuegos, tornaron á huir
-más que de paso; los indios, que tanto como ellos velaban, seguian
-su alcance, hiriendo siempre á los españoles, aunque
-ellos, con el perro, y con las ballestas y á ratos con las espadas,
-dellos mataban. Estaban ya los españoles tan cansados,
-y apretados, y desesperados cuasi de vida, que se metian por
-las varas de los indios, y como atónitos no vian quien los mataba,
-y ellos mataban terriblemente á los indios, cuasi sin
-sentir ni advertir lo que hacian; tomaron un remedio para
-escaparse, harto indiscreto, lleno de crueldad y de gran compasion
-digno, y éste fué, que, como llevaban muchos indios é
-indias, mujeres y muchachos, captivos, de trecho á trecho
-mataban á cuchilladas y estocadas dellos, á fin, diz que, por
-que se parasen á llorarlos los indios, y así tuviesen más
-lugar para su huida; como en la verdad fuese cosa más razonable
-de creer que ántes se habian de indignar más los
-indios, y animarse á los perseguir hasta consumillos, viendo
-la crueldad que usaban con sus amigos, y quizá mujeres y<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span>
-hijos que allí les traian. Aprovechóles poco crueldad tan inícua,
-porque siempre los indios los seguian, y lo que más los
-desesperó de escapar con la vida fué, que á cabo de nueve dias
-llevando esta vida, como andaban fuera de camino y sin guía
-yendo de aquí para allí, como mejor para su defensa convenia,
-se hallaron en el lugar, ó cerca dél, donde los escuadrones
-primero les habian acometido. Viéndose allí, cognosciendo
-el lugar, cuasi quedaron sin esfuerzo y sentido. Metiéronse
-por una gran espesura de monte, y fueron á dar en tres
-guarniciones de gente que los Caciques que aperrearon allí
-tenian, donde se les dobló la miseria y peligro; pero como ya
-no peleaban como hombres, sino como animales feroces y
-personas del todo de la vida despedidos y aborridos, cobran
-nuevo ánimo, como si entónces comenzaran, y dan en ellos
-y no dejaron hombre dellos á vida. Sucedióles otro infortunio
-y angustia terrible; cuando pensaron que tenian algun
-alivio, dieron en unas ciénagas ó anegadizos, donde caminaban
-por ellos todo el dia, ó nadando ó el agua hasta la cinta.
-Salidos de allí con incomparable trabajo y peligro llegaron á
-la mar, y hallarónse donde el agua tres estados y más, con la
-creciente, sobre la playa y tierra subia, y temiendo que si la
-marea por allí los tomaba, todos sin remedio perecian, diéronse
-gran priesa á subirse en un cerrillo; yendo con este temor
-y priesa, oyeron murmullo de gente de indios: éstos eran que
-cuatro canoas subian á jorro por un estero arriba. Como los
-indios á los españoles sintieron, debian huir, é los españoles
-las tomaron, y un Diego de Daza, con otros, las sacaron al
-golfo y fué á buscar al Gaspar de Morales, su Capitan, que ya
-ó de cansado, ó de miedo, no parecia; tardó buscándolo sin
-hallarlo tres dias. Visto que no lo podian hallar, envió Diego
-de Daza á un Nuflo de Villalobos, y á otros dos buenos nadadores,
-que en una balsa saliese á buscallo, porque sin las
-canoas no podian salir de aquella espesura y breñas en que
-estaban metidos. Arrebatólos luégo la menguante, que es allí
-vehementísima, y dá con ellos en el golfo, donde pensaron ser
-perdidos; vídolos Diego Daza cuando pasaban una punta que<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span>
-hacia la tierra y fué con una canoa, y así por él fueron
-socorridos. En fin, hallaron al Morales, y tomando el camino
-del Darien, fueron á la tierra y señorío del cacique Toragre,
-y creyendo de hallar los indios durmiendo, estaban sobre
-aviso, y, sabiendo que venian, sálenles con su gente armada
-por defender que no entrasen en su tierra. Pelearon con ellos
-y mataron muchos, y de los españoles mataron uno y hirieron
-algunos los indios, y al cabo fueron huyendo. De allí los
-españoles todos, harto afligidos, lo más presto que pudieron,
-fuéronse al pueblo del cacique Careta, y de allí al Darien, lo
-que no pensaron muchas veces, segun se vieron tantas muy
-cercanos de perder las vidas. Aquí se puede bien claro conocer,
-con cuánto descanso y consuelo aquellos, nuestros hermanos,
-ganaban los eternales fuegos; cierto, dellos se puede
-muy bien decir aquello del libro de la Sabiduría, cap. 5.º <i>Ambulavimus
-vias difficiles</i>, etc. En este tiempo envió Pedrárias su
-mujer á Castilla; con harta parte debia de ir del oro robado,
-y la perla grande, la cual hizo poner en almoneda y sacóla
-Pedrárias en 1.200 castellanos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXVII">CAPÍTULO LXVII.</h2></div>
-
-
-<p>Como no pretendiese Pedrárias y todos los que con él vinieron,
-y allí de ántes con Vasco Nuñez estaban, sino allegar
-todo el oro que haber y robar pudiesen, como por todo lo ya
-referido queda bien declarado; y cerca desto era tanta la ceguedad
-é imprudencia de Pedrárias y del Obispo, y de todos
-los demas, que no advertian los grandes azotes que Dios cada
-dia les daba, matándole la gente, así de enfermedades como por
-manos de los indios, y de los inmensos trabajos que pasaban,
-que no era todo aquello acaso, sino por mostralles y castigalles
-la condenada é impía negociacion en que andaban, destruyendo
-aquellas inocentes gentes que no les debian nada, y
-que por fin de convertillas los habian enviado, y este fin el
-señor Obispo, más que otro á adivinarlo era obligado; así que,
-como su fin de todos ellos fuese robar y captivar los que estaban
-seguros en sus casas, y enriquecerse á costa de tanta
-sangre humana, siempre Pedrárias no cesaba de enviar por
-todas partes cuadrillas, donde habia nueva que los pueblos
-tenian oro que robarles, y, para hacer escarnio de la razon natural
-y ley Divina y áun humana, mandaba que les hiciesen
-primero el requerimiento que traia de Castilla ordenado
-y mandado. Y los tiranos que enviaba por cumplir su mandado,
-y justificar sus entradas, que así llamaban aquellos sus
-santos viajes, iban con gran silencio y cuidado que no fuesen
-sentidos, y hacian noche á una legua, y á media, y á un cuarto,
-segun la comodidad hallaban, y entre sí leian el requerimiento
-á los árboles diciendo: «Caciques é indios de tal pueblo, hacé<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>moos
-saber, nos, los cristianos de Castilla, como hay un Dios y
-un Papa, etc.,» y pedia luégo el Capitan testimonio autorizado
-al escribano que consigo llevaba, de como se habia requerido
-á los Caciques é indios de aquel pueblo, todo lo que Su Alteza
-mandaba, pero que no habian querido venir á dar la obediencia
-á Sus Altezas, ni á ser cristianos, y luégo al cuarto del
-alba daban en el pueblo que tenia sus vecinos en sus pobres
-camas, y lo primero, como arriba dije, que hacian era poner
-fuego á las casas donde se quemaban ó chamuscaban los indios
-descuidados, mataban y prendian los que salian asombrados
-y quemados, y despues de apagado el fuego iban á
-buscar y rebuscar el oro, que era toda su felicidad tras que
-andaban. Y estas fraudes y maldades no las podian ignorar el
-señor Obispo y Pedrárias, á quien incumbia más que á otros
-estorballas y castigallas. Entre los demas envió Pedrárias á un
-Tello de Guzman, mandándole que, con la gente que Juan de
-Ayora en el pueblo de Tubanamá habia dejado, fuese descubriendo
-por la mar del Sur cuanto pudiese, del Poniente abajo.
-Mandó ir á Francisco de Vallejo, con 70 hombres, contra las
-gentes de Urabá, que los infestaban, viniendo, diz que, sobre
-el Darien y echándoles las flechas en las casas; no miraban
-los pecadores cuánto derecho, cuánta justicia, y cuánta razon
-les sobraba. Llegados hácia los ranchos que hoy dicen de Badillo
-(otro que mejor baila), que distan tres leguas de Urabá,
-dando sobre ellos, segun su costumbre, al cuarto del alba,
-diéronse muy de priesa á robar el mucho oro de que tenian
-fama, pero los indios, que por allí tenian mortífera hierba,
-dieron en ellos y hiriéronles bien cuantos. Los españoles les
-hicieron ventaja, y entrando más en la tierra, júntanse muchos
-indios, y pelean mucho rato, y con la hierba derrocaban
-muchos que morian rabiando. Retrajéronse hácia la costa por
-donde habian entrado, y, llegando al rio que arriba dijimos
-llamarse de las Redes, acordaron de hacer ciertas balsas
-para por el agua mamparase; éstas se hacian de maderos ó
-haces de cañas, atadas unas sobre otras con ciertas raíces,
-como correas, de la manera de las de la yedra, ó con<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span>
-algunos cordeles, que siempre consigo solian llevar para tales
-necesidades, de cáñamo, que por allí hay; estas balsas, con el
-miedo y la priesa que tenian por salvarse, no fueron bien atadas,
-las cuales, desatándoseles, con los brazos las sostenian
-echados sobre ellas, y así iban el rio abajo, y, porque no podian
-durar sin todos ahogarse, colgábanse de las ramas de
-los árboles que topaban, creyendo de más poder durar, pero
-cansabánseles los brazos, caíanse y allí se ahogaban. Otros,
-que tenian más vigor, llegábanse á la tierra, y allí, con inmensidad
-de flechas herboladas, eran asaeteados, de los cuales
-ninguno escapaba; los pocos que escaparon, heridos y por
-milagro, pudieron llegar á la costa de la mar y fuéronse al
-Darien, los cuales vistos por Pedrárias, que de 70 quedaban
-muertos los 48, y aquellos que venian heridos de aquella
-hierba pestilencial, que pocos della escapaban, vídose terriblemente
-angustiado, y de ninguna parte podia hallar cosa
-que le consolase. Pero no por eso dejaba de añadir pecados á
-pecados, y males á males por su insensibilidad, por lo cual,
-para enmendar el avieso camino que andaba y recompensar
-las pérdidas del oro, que muriendo los que á robarlo enviaba,
-dejaban de le traer delante, acuerda enviar á Francisco Becerra
-en un navío con 180 hombres, y con muy grande aparato
-de guerra, conviene á saber, tres tiros de artillería, que
-echaban la pelota de plomo más gruesa que un huevo, 40
-ballesteros, 25 escopeteros, y de todas las demas armas que de
-allí pudieron haber muy bien guarnecidos, que, cierto, bastaban
-para hundir é destruir á toda la tierra firme. Estos envió
-para que penetrasen en la provincia del Cenú, y del todo rayesen
-cuanta riqueza y oro haber en ella certificaba la fama,
-porque no creia que el bachiller Anciso, segun lo que era,
-habia robado nada. Desembarcó Francisco Becerra y su compañía
-en la costa de Urabá, porque le mandó tambien Pedrárias
-que de camino destruyese á cuanta gente por allí hallase,
-y entró, descubriendo la tierra por camino que nadie ántes
-supo, ni despues por dónde hobiese entrado, porque nunca
-jamás pareció, ni dél ni de hombre de los que con él fueron<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span>
-hobo ningun rastro, más de que todos fueron muertos sin
-que alguno escapase; y ésto se alcanzó por un indio, muchacho,
-que con ellos iba, que debia ser criado de alguno dellos,
-el cual, escondido por los montes, andando de noche y en
-las breñas metido de dia, se escapó hasta que llegó al Darien
-cuasi, de hambre, sin habla, por gran maravilla. Deste supo
-Pedrárias, que andando Francisco Becerra y su gente por diversos
-lugares, á veces huyendo, á veces dando en los indios,
-le mataban los hombres á flechazos con hierba, para lo cual
-tuvieron esta industria: que en los caminos que iban por montes,
-cortaban los árboles y embarazaban los caminos con ellos,
-y poníanse detrás dellos y de allí los flechaban sin ser dellos
-vistos, y por aquellas espesuras teníanles gran ventaja los indios,
-porque los españoles por ella son atados, y los indios,
-como desnudos, ligerísimos, y así no podian seguillos. Súpose
-más, que llegados al rio del Cenú, que pasa junto con el
-principal pueblo, hallaron la gente disimuladamente pacífica,
-y, como el rio es grande y hondo, creo que se dejaron pasar
-dellos en canoas, lo que fué harto indiscreto aviso; y en canoas,
-ó como quieran que los pasaron ó ayudaron á pasar,
-teniendo la mitad dellos de la otra parte del rio, salieron por
-dos partes gente que tenian puesta en celada, y no dejaron
-entónces hombre dellos vivo. Esto, como dije, se supo de
-aquel muchacho indio que con Becerra y su compañía habia
-ido. Aquí pagó Francisco Becerra las muertes, y captiverios, y
-robos que cometió en los pueblos que los rescibian y estaban
-de paz, por Vasco Nuñez confederados, quebrantándoles la fe,
-y verdad, y seguridad que Vasco Nuñez, como dicho queda en
-el cap. 50, les habia prometido, por y en nombre de todos
-los españoles, que estaban seguros sin rescibir dellos daño, y
-por la misma manera parece que lo castigó Dios, saliéndole
-los vecinos del Cenú de paz, y no la guardando al cabo; puesto
-que en aquel salir de paz, fe ninguna ni paz no violaron,
-sino que usaron de ardid discreto de guerra, y él fué indiscretísimo
-en creellos: gentes que desde Hojeda y Nicuesa,
-y áun de ántes por Cristóbal Guerra, como dijimos en el<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span>
-primer libro, de los españoles habian rescibido tan infinitos
-escándalos, insultos, daños y males. Y plegue á Dios todo
-poderoso, que, con este mal fin, todos los que mal hacian
-y han hecho á los indios, ante el Divino juicio hayan
-pagado.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXVIII">CAPÍTULO LXVIII.</h2></div>
-
-
-<p>Llegado Tello de Guzman al pueblo del cacique Tubanamá,
-halló á Meneses cuasi cercado de los indios y de hambre, que
-lo guerreaban, que no osaban salir á buscar hierbas que comiesen,
-no esperando remedio de alguna parte; y puesto que
-muchas veces quisieran huir, pero los indios luégo eran con
-ellos y los atajaban, y así pensaron más morir de hambre quizá
-que de los flechazos. Vístolo asomar de nuevo, luégo todos
-huyeron que no osaron parar. De allí fueron todos juntos á las
-tierras de Chepo y Chepancre, Caciques y señores principales,
-quemando, y abrasando, matando, y robando cuanto vivo
-hallaban; decian que por hacer venganza de un español que
-le mataron á la entrada. Y, porque los indios se rehacian para
-venir á dar sobre ellos, acordó Tello de Guzman de enviar
-mensajeros al Cacique más principal, ofreciéndole paz y amistad
-y dando excusas de los daños que les habia hecho, y que
-no tuviesen temor desde adelante; convencióse aquel señor,
-y vino á vellos de paz, y llevólos á su casa, y hízoles todo buen
-hospedaje, teniendo por cierto que lo que le prometió habia
-de ser verdad. Estando un dia comiendo en mucha buena
-conversacion y hermandad, llegó, segun dijeron, un muchacho
-á quejarse con ciertos indios que le acompañaban, el cual
-dijo al capitan Tello de Guzman, que aquella tierra y señorío
-era suyo, y no de aquel que allí estaba, porque su padre, que
-era el legítimo señor, al tiempo de su muerte se lo dejó por
-tutor y gobernador de aquel estado, pero que despues se habia
-con él alzado y á él desterrado, y por tanto, que le rogaba
-que contra él le ayudase. Tello de Guzman, como hombre muy
-justo, y como si fuera Alcalde en su tierra y casa, creyendo que
-el mozo decia verdad, mandó luégo ahorcar, al que le tenia y
-hospedaba con fiesta en su casa, de un árbol, aunque, diz que,<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span>
-le pesó por cierto oro que le habia dado; porque veais éstos
-cuán absolutos y libres son para cometer todo género de pecados.
-¿Quién los hizo á éstos en tierras y señoríos agenos Alcaldes?
-¿No le pesaba de quebrantar la fe y seguridad que le
-habia dado, y pesábale, por el oro que dél habia rescibido,
-matallo? Item, ¿qué sabia si aquel muchacho decia verdad, ó
-si el que poseia aquel señorío era más legítimo señor que su
-padre? ¿y con qué testigos hizo el muchacho su probanza y el
-poseedor si fué oido y defendido y convencido en juicio contradictorio?
-Entregó, diz que, Tello de Guzman, siete Capitanes
-que servian al señor ahorcado, los cuales hizo luégo el muchacho
-con gran osadía y rigor hacer pedazos; dió el muchacho
-en señal de agradecimiento á Tello de Guzman 6.000 castellanos:
-por aquel precio ahorcara Tello de Guzman á 400 que
-le demandaran. Porque Panamá era por aquella tierra muy
-nombrada, propuso Tello de Guzman de ir allá, donde no halló
-sino algunas casas de pescadores, de lo cual, el nombre de
-Panamá, la última luenga, se derivaba, porque Panamá quiere
-decir en aquella lengua, lugar donde se toma mucho pescado.
-Envió desde allí á un Diego Albitez con 80 españoles, con los
-cuales fuese á robar y captivar los vecinos de la provincia de
-Chagre, que debia estar de allí ocho ó diez leguas, el cual
-entró por los pueblos al cuarto del alba, tomándolos todos
-durmiendo y descuidados, pero no les quiso hacer daño, que
-fué imágen, para ellos, de milagro. El Cacique, viendo que los
-pudieran matar y captivar y roballos, en señal de agradecimiento,
-con grande alegría dió á Diego Albitez 12.000 castellanos.
-Visto tan buena pella de oro, tan á la primera mano, creyendo
-que quien tan fácilmente daba tanto debia tener veinte
-tanto, pidióle que le hinchese de aquel metal un costal grande.
-Rescibió el Cacique desto mucha pena, y algo airado le
-respondió, «que lo hinchese de piedras del arroyo, que él ni
-tenia más ni criaba el oro;» confuso Diego Albitez de la respuesta
-del Cacique, tuvo por bien de se ir, sin consentir que se
-le hiciese por aquella vez mal ni daño. Tornóse Diego Albitez
-á juntar con Tello de Guzman en la tierra del cacique Pá<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span>cora,
-la media breve; holgáronse todos mucho con el mucho
-oro que llevaban, y de allí acordaron de se volver al Darien
-á ofrecer su parte á Pedrárias y al señor Obispo, y á los
-demas que habian de haber sus partes por los criados que enviaban.
-Yendo su camino, y llegados á Tubanamá, que tantas
-veces habia sido corrido, robado y agraviado, vieron mucha
-gente de guerra que los estaba esperando con algunas banderas
-de camisas de lienzo, ensangrentadas de los españoles que
-habian muerto, y con gran gritería, que así los habian de matar,
-como á los que la villa de Sancta Cruz habian poblado, de
-que arriba se dijo algo; los cuales, como venian cansados, y
-quizá porque Dios los acobardaba, tuvieron gran temor, y todos
-desmayados, no curaron más que de huir haciendo acometimientos
-para su defensa de cuando en cuando. De esta manera
-huyendo, y llegando á la tierra de Pocorosa, á quien
-Juan de Ayora, como arriba fué dicho, quebrantándole la fe
-y paz y seguridad, hizo tantos daños, pensaron perecer de sed
-por falta de agua; y acaecióles aquí una cosa maravillosa,
-para demostracion de la pena que merecia la sed de oro que
-traian siempre en su ánima, que, como padeciesen gran tormento
-de sed, á trueque del oro que llevaban les vendieron
-los indios el agua. Esto no debian los indios de hacer por cudicia
-de haber el oro, que en tan poco ellos tenian, sino por
-lastimallos en aquello que más amaban y en tanto entendian
-que estimaban. Finalmente, de dia defendiéndose, peleando,
-y de noche huyendo cuanto más podian los más dellos mal
-heridos, salieron de aquellas comarcas y de sus peligros. Llegados
-al Darien, destrozados y con ménos oro que traian por
-haber dado mucho dello por el agua, cuando de sed perecian,
-como estaban muy tristes de las adversidades que á Vallejo y
-á su compañía poco ántes habia acaecido, y sobre todos Pedrárias
-angustiado, sobreviniendo el desastre de Tello de
-Guzman, pensaron todos ser ya asolados. La tristeza y angustia
-y miedo que sobre todos los del Darien vino, y la
-desesperacion de Pedrárias, no puede fácilmente ser esplicado;
-si miraban hácia las sierras, ó montañas, ó llanos, las<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span>
-ramas de los árboles y las hierbas de las çabanas ó llanos
-indios armados se les antojaban, y si consideraban la mar, les
-parecia que venia de canoas y gente de guerra cuajada. Con
-estos pensamientos é imaginaciones, que les causaban terribles
-temores, andaban como atónitos, no sólo haciendo corrillos,
-pero cuasi á voces los publicaban clamando. En esto,
-el buen Pedrárias, como desesperado, mandó cerrar la casa
-de la fundicion, donde aquel tan sangriento é inícuo oro se
-fundia, que entre ellos era señal de guerra ó de hambre, como
-si Pedrárias más claro dijera: «más nos vá que juramento
-perder de ir á robar oro el cuidado, porque más es tiempo
-de buscar remedio para salvar las vidas, que en allegar
-hacienda ocuparnos.» Parece que mandar cerrar la fundicion,
-Pedrárias, en señal de guerra ó de hambre, quiso parecer al
-Templo de la Paz, que edificó Vespasiano en Roma, el cual,
-los romanos, cuando abrian, era señal de guerra, y de paz
-cuando lo cerraban; entendiendo en nuestro caso los fines y
-significaciones por el contrario. Entre las presentes angustias
-vino tanta devocion á Pedrárias, y en ella le debia el Obispo
-de ayudar, de mandar que se hiciesen oraciones y plegarias
-para que, diz que, Dios quitase su ira de sobre ellos; tanta era
-su insensibilidad que no atendian á que los nefarios crueles
-é inespiables pecados que, contra Dios y sus prójimos, destruyendo
-é infernando aquellas gentes, sólo por roballos y captivallos,
-cometian, era la causa: parece que habian venido en
-sentido reprobado, del cual habla San Pablo. El conocimiento
-y arrepentimiento que dellos tenian confirmarse há por lo que
-se dijere adelante. Y parece tambien que Diego Albitez, que de
-ésta se escapó, con ambicion de sólo ya gobernar, como se
-via rico de aquel oro descomulgado, envió á Castilla, de secreto,
-á un marinero llamado Andrés Niño, tambien de pensamientos
-no bajos, para que le trujese del Rey una gobernacion
-de la mar del Sur, á quien dió para que lo fuese á negociar
-2.000 castellanos; de éste Andrés Niño no es poco lo
-que queda por decir abajo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXIX">CAPÍTULO LXIX.</h2></div>
-
-
-<p>Para enmienda de los pecados presentes y pasados, y por
-ayudar á las oraciones que mandaba hacer Pedrárias y el
-Obispo, porque Dios dellos su indignacion alzase, acordó Pedrárias
-de enviar otro Capitan, la costa abajo, llamado Gonzalo
-de Badajoz, en un navío con 80 hombres (y despues le envió
-otros 50 ó pocos más), para que desde el Nombre de Dios,
-ó algo más abajo, pasase á la mar del Sur y toda la gente
-della allanase; que no era otra cosa sino roballos, ya que lo
-sufriesen por sus tierras y pueblos entrar, y si les resistiesen,
-como dellos con tanta razon no se fiasen, los guerreasen,
-matasen y captivasen. Y áun, segun su costumbre, á los
-que quizá los recibieran de paz y les dieran todo el oro que
-tuvieran, no esperaban á tanto, sino comunmente, dando en
-ellos al cuarto del alba, los salteaban y hacian en ellos lo que
-arriba queda declarado. Deste Badajoz hay que decir cosas
-señaladas. Embarcado con su gente en el mes de Marzo
-de 1515 años, váse la costa de la mar abajo, y, llegados al
-puerto del Nombre de Dios, desque vieron la fortalecilla que
-habia hecho el desafortunado Nicuesa, y infinitos huesos y
-cruces sobre montones de piedra, que cubrian los cuerpos de
-los muchos suyos que allí habian muerto de pura hambre, comenzaron
-todos á temer y á desmayar, y á poner dificultades
-en la pasada adelante. Viendo su desgana, Gonzalo de Badajoz
-mandó luégo al Maestre del navío que sin dilacion se tornase,
-por quitar la esperanza de la gente de se arrepentir de la salida,
-porque no les quedase otro remedio sino pasar adelante;
-y así se puso por obra, que subieron las sierras de Capira,
-que son muy altas, y de allí á la tierra del cacique Totanagua,
-señor de mucha tierra y gente serrana; al cual, como hallasen
-durmiendo y descuidado, dando de noche sobre él, prendié<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span>ronlo
-y robáronle hasta 6.000 castellanos. De allí, ántes que
-los demas fuesen avisados, llevando aqueste señor preso, van
-á dar al cacique Tataracherubí é hacen otro tanto, pero escápasele
-de sus manos; donde tomaron 8.000 pesos de oro, y
-lo que más pudieron haber á las manos. Robaron y destruyeron
-otros muchos pueblos, y tomaron mucha gente por esclavos.
-Rogó á Badajoz el cacique Tabore que lo soltase, y que lo
-daria por su libertad otros tantos castellanos, y así, rescibidos,
-lo libertó y dejó volver á su casa. El cacique Tataracherubí
-acordó de venir de su voluntad, ántes que lo tomasen, para
-ver tambien si podia fingir alguna cautela para burlarlos, y
-en su venida trujo tambien su ofrenda de oro, porque ya sabian
-todos, que sin traer aquello no habian de ser bien allegados.
-Este fingió que cerca de allí estaba un Cacique llamado
-Natá, la última luenga, el cual poseia mucha riqueza, y que
-no tenia gente sino poca, porque era señor de poca tierra, y
-ménos valor y autoridad; todo ésto para que Badajoz y sus
-secuaces se descuidasen. Oido ésto, con el ansia de la riqueza
-(porque el cudicioso todo cree que es oro), creyólo, y
-envió 30 españoles y á Alonso Perez de la Rua, por Capitan,
-y hechos sus requerimientos entre sí, media legua de la poblacion,
-la noche ántes, dan en ellos al cuarto del alba, segun
-su costumbre ordinaria, y cuando comenzó á rayar el dia
-viéronse en medio de grandes pueblos, porque era señor aquel
-muy grande; y porque si atras se tornaran, lo cual hicieran
-de buena gana por el miedo que cobraron de verse así burlados,
-paresciéndoles que les fuera más peligroso, cobraron
-todos nuevo ánimo, y dan en el pueblo principal que estaba
-descuidado, y no acertaron tan mal que al señor dél luégo no
-tomaron. Porque como llevaban siempre espías, y los atormentaban
-porque dijesen la verdad, lo primero que les preguntaban
-y ellos declaraban, era por los señores y por sus casas,
-porque de aquellos esperaban más de aprovechar, ó porque
-se rescatasen, ó porque matándoles, entendian tener mayor
-seguridad. Preso el señor, creyeron ya estar en salvo y con todo
-el descuido que pudieran tener en sus casas; dánse solamente<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span>
-á robar el oro, que fueron hasta 10.000 castellanos, y prenden
-las mujeres y muchachos, que con la priesa no se
-pudieron ausentar; pero los vecinos de aquel pueblo y los
-demas, que un credo fueron avisados, viendo preso á su
-señor, y á sus mujeres y hijos presos y encadenados, juntáronse
-con un hermano del señor, y vienen sobre ellos como
-toros bravos, lanzando infinitas varas, tiradas como dardos,
-y piedras, que por allí no tenian flechas, ni hierba, ni otras
-armas, salvo, que por ventura, tenian las, como porras, que
-habemos dicho en esta isla Española llamarse macanas. Viéndose
-muy apretados, tomaron por remedio de se recoger con
-el mismo Cacique á su casa, poniéndole las espadas á la barriga,
-diciendo que lo habian de matar sino les mandaba que
-cesasen. El cacique Natá, mostrando ira grande, los comenzó
-á reprender diciéndoles, que para qué tomaban armas sin
-su mandado. Oyendo aquellas palabras, al momento, como
-temblando dellas, todos pusieron en el suelo las armas, y
-cesaron de pelear, luégo, el Alonso Perez de la Rua, para
-justificar su buena obra, requirió al hermano del Rey é señor
-Natá, que viniese á la obediencia y reconocimiento del señorío
-del rey de Castilla, pues todas aquellas tierras eran de su
-corona Real, por título que el Papa, á quien Sant Pedro dejó
-en su lugar, le dió dellas; pudiera confirmar lo que el ciego
-tirano decia, con los milagros que habian hecho, y por los
-que hicieron adelante. Respondióles aquel (que no entendia
-de sus desvaríos más de algun vocablo, que diria Castilla
-ó hombre de Castilla, ó otra semejante palabra), que
-otro hombre ninguno no habian visto por aquella tierra, sino
-á ellos, y que si por ellas algun dia pasara, de buena voluntad
-le diera del oro que tenian y comida, y tambien le
-dieran mujeres; ésto le respondió á su requerimiento el hermano
-de Natá, cacique. Finalmente, avisado Badajoz de lo
-que pasaba, fué luégo á se juntar con ellos, otro dia; diéronles
-15.000 castellanos, y hiciéronles tantos placeres y regalos
-el Cacique, y su hermano, con todos sus indios, y fueron tan
-bien proveidos, que acordaron de parar allí todo el invierno;<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span>
-éste es por aquella tierra de muchas aguas pero no de algun
-frio. El asiento y poblacion principal de este señor Natá era
-junto á la mar del Sur, donde se asentó y hoy permanece la
-villa de españoles llamada Natá, la cual creo yo que por
-muchos años que allí ha estado, ha sido de toda ella muy
-poco servido Dios. Acabadas las aguas, prosiguen su romería,
-y dan de noche, como solian, sobre un Cacique llamado Escolia,
-el cual prendieron con sus mujeres y le robaron 9.000
-castellanos; y siempre quemaban los pueblos, como se ha
-dicho, y llevaban cuantos indios podian haber captivos. Prosiguiendo
-su descubrimiento, segun ellos llamaban, éstos caminos
-hácia el Occidente, llegaron á las tierras y señoríos de
-dos Caciques, el uno llamado Periqueten, que estaba cerca
-de la mar, y el otro dentro, cerca, que se nombraba Totonoga,
-que era ciego; éste les dió 6.000 pesos en joyas, y oro
-por fundir, en grano, y grano hobo que pesaba dos pesos,
-señal de tierra muy rica; y así toda aquella tierra, más de
-200 leguas del Darien, arriba y abajo dél, y áun sobre arriba
-de las dichas 80, es riquísima de minas. Supieron estar otro
-señor más abajo, nombrado Taracuri, el cual les dió ó le robaron
-8.000 pesos. Pasaron de aquí á la tierra de un hermano
-del ya dicho, que llamaban Pananome, al cual, como avisado
-fué que andaban por allí, no hallaron, porque no osó
-esperallos, sabidas sus nuevas, y habíase huido; destruyéronle
-todo su pueblo, y robaron cuanto haber pudieron, no
-supe si captivaron indios. Seis leguas de allí, más al Poniente,
-fueron á otro llamado Tabor, no sé lo que aquí hicieron. De
-allí pasaron al pueblo del cacique Cherú, el cual los esperó y
-salió á rescibir, sabiendo que venian, y les ofreció 4.000 castellanos;
-castellanos y pesos todo es uno. Hasta éste, ú otro
-por aquí postrero lugar y tierra de señor, traia Badajoz robados,
-y dados por temor, que es lo mismo, 80.000 castellanos
-ó pesos de oro, los cuales en aquel tiempo se estimaban
-y valian más que, despues de descubierto el Perú, 400 y
-áun 500.000.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXX">CAPÍTULO LXX.</h2></div>
-
-
-<p>De la tierra y señorío de aquel que dijimos postrer Cacique,
-segun la órden dicha, se partió Gonzalo de Badajoz y sus
-satélites al señorío y tierra llamada Pariza ó Pariba, que despues
-comunmente los españoles llamaron Paris, cuyo Cacique
-Rey y señor se llamaba Cutara. Este, sabiendo que los españoles
-venian sobre él como habian hecho sobre todos los
-otros, con toda la gente de sus pueblos se fué á los montes,
-poniendo las mujeres y hijos en cobro, como suelen hacer
-cuando tienen aviso que vienen sobre ellos de guerra, robando
-y matando como estos españoles venian. Como llegaron al
-pueblo principal de Paris ó Cutara, y no hallaron hombre,
-envió Badajoz, de la gente de la tierra que traia captiva,
-(porque hasta este lugar, 400 personas y por ventura más
-traia por esclavos), que lo fuesen á llamar, amenazándole que
-haria y aconteceria como habia hecho y acontecido á los
-otros. El señor le envió cuatro hombres principales y un presente,
-que ninguno tanto nunca á los españoles, ni por fuerza
-ni de grado habia dado, y éste fué cuatro petacas llenas de
-joyas de oro, que dellas eran como patenas, que se ponian en
-los pechos los hombres, y otras como brazaletes, y otras menores
-para las orejas, y finalmente eran joyas que hombres y
-mujeres, para se adornar, tenian en uso; dijéronle de su parte
-los mensajeros, que su señor les decia que le perdonasen, que
-no podia venir á vellos por estar ocupado, y que rescibiesen
-aquel presente que sus mujeres les enviaban. Estas petacas,
-que así las llaman en la lengua de la Nueva España, suelen<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span>
-ser como unas arquetas de dos palmos en ancho, y cuatro al
-ménos en largo, y uno bueno en alto; son hechas de hojas de
-palma ó de cañas muy delicadas, ó de varillas delgadas, enforradas
-todas por defuera de cueros de venados; destas usan
-en toda la tierra firme los indios, y en ellas tienen y llevan sus
-alhajas y cosas, como nosotros en nuestras arcas. Enviarles
-hia el Cacique en apuellas petacas, segun tuve entendido,
-40 ó 50.000 castellanos. Vista tan gran copia de oro,
-enviada tan fácilmente y de gracia, imaginaron que alguna
-gran riqueza debia tener en sus casas; acordaron de hacer un
-embuste harto digno de los que en aquellas obras andaban:
-respondieron que se lo agradescian y que ellos lo ternian por
-muy amigo de allí adelante, y fingen que por donde habian
-venido se tornaban, é desde á dos noches, ó aquella misma,
-ó estando el Cacique donde á la sazon estaba, ó que ya se
-habia venido al pueblo y á su casa, volvieron los españoles á
-su cuarto del alba, y hallando á todos descuidados, diciendo
-con gran devocion «Santiago», pegan fuego á las casas. Van á
-prender al Cacique y salióseles dentre las manos; róbanle á él
-y al pueblo otros 30 ó 40.000 castellanos, y la gente, mayormente
-mujeres, que pudieron atar algunas, con las espadas
-hechos pedazos: y esto tengo por verdad, porque de los mismos
-que en ello se hallaron, algunos, que estaban en la misma
-tierra del Darien ó por allí, me lo dijeron. Otros lo han contado
-de otra manera, que creo tener mucha mezcla de falsedad,
-conviene á saber, que Badajoz envió á decir al Cacique,
-con los cuatro principales que le trujeron el presente, que no
-se habia de ir de aquella comarca hasta conocelle por vasallo
-ó contrario del rey de Castilla, y que, oidas tales palabras, el
-Cacique se indignó mucho, y, recogidas sus gentes, vino sobre
-ellos. Cualquiera destas vías que se haya tenido, bien puede
-juzgar cualquiera discreto, de cúya parte está la justicia. Pedro
-Mártir, como informado de los mismos delincuentes, porque
-fué el mismo Badajoz y otros sus compañeros, dice en su Década
-segunda, cap. 10, que llegando Badajoz descuidado con
-su gente y los 80.000 castellanos al pueblo de Paris ó Cutara,<span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span>
-cacique, lo acometió y dió la guerra que abajo diremos; ésta
-es gran falsedad que ni áun tiene color ni cosa verisímile,
-porque teniendo derramada la fama de las crueldades y robos
-que venian haciendo por todas aquellas provincias, llegando
-á tierra y pueblos de señor que áun no habia visto ni cognoscido
-y que siempre, á tormentos de los indios que traian presos,
-sabian el ser y poder de los señores que adelante estaban,
-¿habian de venir tan descuidados que en casas tan agenas
-habian de pensar estar sin aviso, como Pedro Mártir dice? y
-aunque no dudamos que Pedro Mártir refiere con verdad lo
-que decian en Castilla, y no lo que él por sus ojos veia, por
-eso, en todo lo que dice en sus Décadas, cuando concurre
-favor de los españoles con perjuicio de los indios, ningun crédito
-se le debe dar, porque todo lo más es falsedad y mentira.
-Manifiesto es que Badajoz no le habia de decir la gran
-maldad y bellaquería que á Paris hizo, porque en la frente
-llevaba escripta su confusion, su desvergüenza é injusticia,
-por cualquiera que fuera hecho de las dos vías, y por aquella
-causa refirió el hecho de los desventurados indios, y encubrió
-el suyo, del cual las obras que de atras venia haciendo, que
-áun el mismo Pedro Mártir refiere, eran verídicos y suficientísimos
-testigos. Que Badajoz fuese el informador de Pedro
-Mártir en lo susodicho, fácil cosa es de creer, porque en Zaragoza
-de Aragon estuvo Badajoz el año de 518, cuando Pedro
-Mártir fué rescibido por del Consejo de las Indias, y yo fuí
-presente y lo vide. Contando el hecho de Paris, fué de esta
-manera, que vistos y padecidos los daños que Badajoz le
-habia hecho, y el nefario desagradecimiento que por tan buena
-obra le habia tenido, juntó sus gentes todas, y á cabo de dos
-ó tres dias los alcanzó en uno de sus pueblos, que llevaban
-sus 130 ó 40.000 pesos de oro, que nunca hasta entónces se
-habian otros tantos, ni con la mitad juntos, visto, y escondidos
-en un monte, mandó el Cacique echar un indio como que á
-pescar ó cazar iba; ya sabia que luégo le habian de prender y
-preguntar y áun atormentar como solian, sino les decian lo que
-querian. Tomado el indio, preguntáronle cuyo era y de dónde y<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span>
-cómo venia; respondió que de tal señor ó Cacique; preguntado
-por las preguntas generales, conviene á saber, si tenia su señor
-oro, respondió que mucho. Acuerda Badajoz de ir con 40 hombres
-á salteallo, y andando toda la noche amaneció encima de
-unas chozas ó casas vacías. Viéndose burlado, de creer es que
-la guía, como siempre lo acostumbraban, lo pagaria. Entre tanto,
-el cacique Paris, entendido que se habian partido, dió sobre los
-otros, pegando fuego á las casas del pueblo, con 3 ó 4.000 indios,
-y con tanta priesa y grita, y alarido, y con ciertos cuernos
-ó caracoles grandes que hay en estas Indias, con los cuales
-hacen gran estruendo, que ántes que los españoles se meneasen,
-los habian todos ó los más muy mal herido, y si no llegara
-luégo Badajoz, no hallara hombre dellos vivo. Dieron en
-ellos por muchas partes, y así, cuando los españoles á una
-parte se retraian ó recogian, por las espaldas les daban los
-otros que por allí venian. Tomaron por remedio los nuestros
-de juntarse todos en la plaza del pueblo, y aunque se defendian,
-pero con mucha flaqueza y desmayo, por los muchos
-que caer muertos vian; cércanlos los indios con leña y paja,
-para poner fuego y quemallos vivos, entónces, viéndose tan
-cerca de ser todos perdidos, cércanse como de albarradas con
-los cuerpos de los muertos, españoles é indios; no les ayudaban,
-por las infinitas varas que los españoles tenian en los
-cuerpos, para escudarse, porque estorbaban á las que de
-nuevo se tiraban á los vivos. Cobró Badajoz gran vigor contra
-los indios, viéndose tan cerca de perderse, y dando en ellos,
-como si de nuevo viniera, y cortando por medio, con su espada,
-los cuerpos desnudos, lo mismo haciendo algunos pocos
-que no estaban heridos, de tal manera que se apartaron los
-indios. Lleváronles todo el oro y 400 indios que llevaban
-por esclavos, y la ropa con todo el fardaje que tenian, de que
-quedaron más tristes. Quedaron allí 70 españoles muertos, y
-los 80 heridos, todos sin esperanza de vida; tenian algunos
-tres, y cuatro, y hasta once varas metidas en los cuerpos.
-Usó Badajoz de un buen remedio de cirujía, que fué coser las
-heridas, tan bravas eran, no con agujas, ni hilo de lino, sino<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span>
-con almaradas y cordeles gruesos, y, de los indios muertos
-sacado el unto, quemólas con ello en lugar de aceite; desnudáronse
-las camisas, y rompidas hicieron vendas dellas, con
-que las ligaron, y desta manera guarecieron muchos que
-cuasi toda la esperanza de vivir tenian perdida.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXI">CAPÍTULO LXXI.</h2></div>
-
-
-<p>Hecha esta cura, como ningun remedio tenian sino huir,
-tomó por allí ciertas canoas, y echó en ellas Badajoz los más
-peligrosos heridos, y él y los ménos lastimados, y algunos del
-todo sanos, fuéronse por la playa junto á la mar para socorrerlos
-en lo que pudiesen, si les ocurriese algun peligro; y aunque
-ellos, por ir por tierra, parecia que iban sin él ó con menor
-que ellos, todavía se les ofreció peligro y trabajo con que
-fueron harto afligidos. Como por aquella costa del Sur crece
-tanto y mengua el agua de la mar, creció tanto una noche que
-los que pudieron subirse á los árboles tuvieron ménos un
-poco de afliccion y tristeza, y los que no, anduvieron en el
-agua salada hasta la cinta, de donde se les enconaron las heridas
-y así vinieron á morir. Yendo su camino adelante, con tan
-atribulada y amarga vida como cualquiera podrá concebir, sabido
-su desbarato, el Cacique y señor de Natá, que en el capítulo
-68 mostramos haber preso á él y á sus mujeres Alonso
-Perez de la Rua, salióles con su gente armada al camino para
-del todo consumillos; al cual envió Badajoz á decir que por qué
-le salia de guerra, pues lo tenia por hermano y amigo, respondió
-el Cacique: «andad, decidle que no es mi hermano ni
-amigo, porque él y todos los cristianos son malos y nuestros
-enemigos», y junto con las palabras, él y su gente comienzan á
-les echar infinitas varas y piedras que los cobrian. Badajoz y
-los suyos, sacando fuerzas de harta flaqueza que traian, como
-no tenian otro remedio, mostráronles cara, y, por no esperar
-el golpe de las espadas, daban consigo en el rio que por allí
-iba, tornaban luégo á salir é á tirar sus piedras y varas con
-que los afligian y herian; tuvieron por cierto que los acabaran
-si la noche no sobreviniera. No pudiendo tres de los heri<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span>dos
-caminar, los sanos se los echaron á cuestas y los llevaron
-hasta que, no pudiendo ir más adelante con ellos, hicieron
-ciertas balsas y por el rio abajo fueron á dar á la mar, donde
-las canoas iban, que no fué poca dicha. Caminando adelante,
-siempre huyendo por mar y á veces y los más por tierra, llegaron
-á tierra del cacique Chame, que como estaba de sus obras
-informado, les ocurrió con su gente desnuda y desarmada,
-puesto que con sus armas de varas y piedras, y hizo una raya
-jurando y protestando que los habia á todos de matar si de
-allí pasaban, pero que él les mandaria dar lo que hobiesen
-menester y en abundancia. Ellos que traian más ganas de comer
-y descansar que de pelear, recogiéronse á la costa de la
-mar, y él les mandó proveer y fueron proveidos de cuanto en
-la tierra habia, como si estuvieran en sus casas; y porque
-llegaron en parage de la isla llamada Otroque, que está en la
-mar dentro, creo que 10 ó 12 leguas, de que habia gran fama
-ser rica de perlas y oro, como por el buen tratamiento y provision
-que el cacique Chame les hacia, tuviesen allí algun poco
-de reposo, no dejó perder aquel tiempo y pasarlo en ócio al
-Gonzalo de Badajoz su ferviente y desatinada cudicia de robar,
-porque pospuesta la cura y salud de los muchos heridos
-que iban en las canoas, hácelos allí desembarcar y entra en
-ellas con 40 otros ladrones de los más sanos, y pasa á robar y
-destruir la dicha isla, la cual estaba en su paz. Dando de
-noche sobre ellos, prendió luégo al Cacique; los indios, creyendo
-que eran otros indios sus enemigos, que habian pasado
-de la tierra firme, armáronse contra ellos, pero cuando se
-vieron desbarrigar y cortar por medio con las espadas, cognoscieron
-que otros de mayores ó de más recias armas los
-maltrataban, y luégo, los que pudieron, dieron á huir. Rescatóse
-el Cacique por cierta cantidad de oro, no supe cuanto, y
-dejólos Badajoz así lastimados, y tornóse á donde los heridos
-habia dejado. Pasando adelante, como luégo voló la fama que
-venian desbaratados, todos se atrevian á ayudar por acaballos,
-y llegando á la tierra de Taboga, salió con obra de 300 hombres,
-y peleó con los nuestros un buen rato, y al fin pasaron<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span>
-adelante, y entrando en el señorío de Perequete hizo lo mismo,
-pero, lastimándolos mucho con las espadas, hiriendo y
-matándolos, desembarazaron la pasada. Llegando que llegaron
-á un ancon que hace por aquella costa la tierra en la mar,
-que llamaron el Ancon de las Almejas, de donde se ve la isla
-de Taboga, la sílaba del medio luenga, que podrá estar ocho ó
-diez leguas en la mar, tomóle su codicia á Badajoz, que lo traia
-atraillado, y determinó de pasar tambien á ella por deshollinar el
-oro y perlas que haber en ella estimaba. Entra en las canoas y
-saltea la isla de Taboga, estando todos los vecinos della, y
-prende al Rey ó señor della, y habidas sus primeras batalluelas
-con los indios, que son como escaramuzas de niños
-siempre por la mayor parte, al cabo el Cacique suelto, y por
-miedo ó por vergüenza todos asegurados, estúvose allí treinta
-dias á todo su placer holgándose; y allí acabaron de sanar los
-que traia heridos, y, con 7.000 pesos de oro y muchas y finas
-perlas dadas y robadas, se volvió á la tierra firme para proseguir
-é acabar para el Darien su jornada. Deste Badajoz dice
-Tobilla, que escribió parte deste su viaje, siendo seglar, y que
-despues anduvo en los robos y destruccion en parte de aquellas
-regiones, á los dichos semejantes, entre tanto Badajoz con
-40 compañeros pasó á robar la ínsula de Otroque: «Traian
-tanto estruendo en robar la riqueza que estos insulanos, sin
-daño de nadie, tenian, que recogidos más de 200 dellos, creyendo
-ser sus enemigos de la tierra firme, acudieron á herillos.»
-Dice tambien más abajo: «Cosa brava era la cudicia
-deste caudillo español, pues, en medio de la persecucion con
-que huia, viendo desde el Ancon de las Almejas la ínsula de
-Taboga, pasó contra ella por el maldito oro, etc., etc.» Estas,
-en forma, son sus palabras, sin las añadir ni quitar alguna.
-Salido á la tierra firme, como dicho es, fué á dar en los pueblos
-del cacique Chepo, en los cuales robó y prendió muchas mujeres
-y hijos de los naturales, y quizá tambien suyos, el
-cual, estando ellos partiendo su cabalgada, vino con su gente
-y dió en ellos con gran ímpetu, y hirió algunos y mató á
-Alonso Perez de la Rua, porque pagase la prision de Natá y<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span>
-las tiranías que por allí hizo, como en el cap. 68 queda relatado.
-Temiendo Badajoz que tornasen sobre él, se dió priesa
-con la cabalgada de salir de aquellos límites, dejando los
-pueblos de allí, por tomalles sus mujeres y hijos, tan lastimados;
-entró en los términos de Tubanamá y Pocorosa, los
-cuales halló todos despoblados, por andar por ellos el licenciado
-Espinosa, haciendo estragos, por mandado del Sr. Pedrárias.
-Finalmente, llegó al Darien Badajoz y el resto de la
-gente española que le habia quedado, y entró en la villa, sin
-dalle el triunfo de lo que habia ganado, ántes con harta vergüenza
-y áun lástima de su corazon, por la gran suma de oro
-y perlas que Paris con tanto daño le habia tomado, y con no
-ménos tormento de Pedrárias, y de todos los del Darien, desque
-supieron su desastre. Acuérdome que aquel año que dije
-de 518, que todos nos hallamos en Zaragoza, era público
-entre todos los que idos destas Indias allí estaban, que habia
-dicho el obispo de Búrgos, Fonseca (que, como se ha escrito
-arriba muchas veces, era el que todas las Indias meneaba y
-gobernaba), al Gonzalo de Badajoz, que merecia que el Rey le
-cortara la cabeza, porque habia perdido aquellos 100.000 y
-tantos castellanos que habia tomado, los cuales ya pertenecian
-á España. ¡Mirad qué insensibilidad del señor Obispo,
-D. Juan Rodriguez de Fonseca, cómo se dolia de los escándalos,
-robos, muertes y infamia de la fe y religion cristiana que
-habia hecho en aquel camino con perdicion de tantas ánimas!;
-y ésto bien se lo mostraba el Obispo á Badajoz, porque yo le
-vide andar harto pobre, desfavorecido, arrastrado tras el
-Obispo, y desventurado, y que no osaba mirar al Obispo en la
-cara, ni el Obispo á él lo miraba.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXII">CAPÍTULO LXXII.</h2></div>
-
-
-<p>Despues que Pedrárias despachó á Gonzalo de Badajoz,
-cuya historia hemos contado, siempre tenia cuidado de la
-muerte ó vida de Francisco Becerra, y estaba dudoso que
-fuese verdad lo que dél le habia dicho el muchacho, y, con
-esta duda y deseo de saber la verdad, determinó de ir él
-mismo á buscallo, ó al ménos saber lo cierto de su tardanza;
-pero porque ninguno de los del Darien osaba pensar en ir á
-Urabá ni hácia el Cenú, por miedo de la hierba, que en un
-momento los heridos con ella mataba, por lo cual todos habian
-de rehusar la jornada, quiso por esta cautela engañallos
-y así sacallos. Mandó apregonar guerra contra Pocorosa y
-otros señores de aquellas provincias, y sus gentes, á fuego y
-á sangre, como á gentes rebeladas, cosa muy al sabor de
-todos los del Darien, y que deseaban. Nótese aquí, por los
-prudentes y que fueren cristianos, con qué título y causa se
-podia decir ser Pocorosa y sus gentes y los demas rebeldes,
-siendo señores naturales de aquellas tierras y no se haber sometido
-á ninguno del mundo, ni áun pudiéndolo hacer sin
-voluntad de sus pueblos, ni consentimiento dellos, que cualquiera
-de las partes, sin aceptacion de la otra, si lo hicieran,
-caian en mal caso como arriba se ha declarado; y en ésto
-han errado enormísimamente los Consejos del Rey, despachando
-algunas provisiones contra los indios, que, sin haber
-oido palabra, estando de guerra, defendiéndose de los españoles
-y de sus crueldades, de rebeldes los notaban, teniendo en
-sus mismas leyes comunes y en sus doctores legistas que ninguno
-que no haya sido súbdito puede ser dicho rebelde, ni de
-rebelion notado. Item, se debe notar, que aunque fuera cierto
-que aquellas gentes se hobieran jurídicamente sometido al im<span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span>perio
-de los reyes de Castilla (lo cual nunca en todas las Indias
-fué verdad), habiendo rescibido el rey Pocorosa y sus gentes,
-y los demas, tan grandes y tan irreparables daños, y males
-de Juan de Ayora y de los otros, sobre haber hecho tantas y
-tan buenas obras á Vasco Nuñez y á sus secuaces, como parece
-en el cap. 61, ¿porque estuviesen puestos en armas y
-matasen á cuantos españoles pudiesen matar, podian llamarse
-rebeldes y alzados? Pero ya queda dicho en muchos lugares
-la causa de estos hierros, que fué la gran ceguedad del
-Consejo siendo obligados á no lo ignorar. Así que, oido el
-pregon, todos se holgaron por la esperanza, que luégo se
-prometieron, de robar el oro que creian tener aquellos señores,
-y por hacer esclavos, y así se ofrecieron á ir con él 300
-y más hombres; y embarcados en tres ó cuatro navíos, vueltas
-las proas hácia el Poniente, hasta que fué de noche,
-porque los pilotos iban de Pedrárias avisados, dieron la
-vuelta donde Pedrárias deseaba, y ántes del dia entraron en
-Caribana 200 hombres, con un Capitan llamado fulano Hurtado,
-que Pedrárias mandó desembarcar. Estos dan en los
-pueblos, poniendo fuego á las casas, como se ha dicho que
-acostumbraban, y saliendo los indios que estaban durmiendo,
-medio quemados ó chamuscados, los mataban, pero los indios
-toman sus arcos y vienen á ellos; ellos, temiendo la hierba,
-huyen con gran celeridad á meterse en las naos. No supe si
-alguno dellos quedó allá, ó de alguna flecha vino inficionado.
-Ciertas personas tomaron presas, de las cuales supo Pedrárias
-lo cierto de la muerte de Francisco Becerra y los demas, la
-cual acaeció de la misma manera que habia contado el muchacho.
-Perdido el cuidado de Francisco Becerra, Pedrárias
-dió la vuelta para la costa de la tierra firme abajo, y á las 60
-leguas, que está el puerto de Acla, saltó en tierra con toda
-la gente, y desde allí mandó al licenciado Espinosa que tomase
-300 hombres y los caballos, y fuese á destruir con
-fuego y sangre la provincia de Pocorosa. Partido el licenciado
-Espinosa, Pedrárias mandó hacer una fortaleza de tierra
-y madera, y él mismo era el primero que á los trabajos ponia<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span>
-la mano, por lo cual todos los que con él quedaron á hacer
-lo mismo se animaron. Esta fortaleza hizo para que los españoles
-que anduviesen aquellas estaciones, cuando viniesen
-huyendo, se mamparasen, ó viniendo cansados descansasen
-y se recreasen. Cayó allí mal dispuesto de las partes secretas
-Pedrárias, por cuya causa se volvió al Darien, dejando
-por Capitan á un Gabriel de Rojas, en su lugar, allí en
-Acla. Llegado Pedrárias al Darien, llegó luégo Badajoz, el
-cual, en velle, rescibió harto mal tártago por tan gran
-suma de oro como perdida dejaba; determinaba de ir él
-en persona, pero á la sazon llegó el Dean de la iglesia Catedral
-del Darien, que habia el licenciado Espinosa consigo
-llevado, el cual, de partes del dicho licenciado, le dijo como
-iba sin parar á recobrar la tal pérdida, por eso que su señoría
-le enviase más socorro con brevedad, que él esperaba en Dios
-de todo cobrallo. Porque no haya delito ni pecado en que los
-hombres pecadores no presuman de hacer su compañero á
-Dios, manifiesto es como los ladrones y los que van á adulterar
-se santiguan y hacen la cruz, y van tambien con devocion
-rezando, porque con el hurto ó en los delitos no sean tomados.
-Holgóse dello Pedrárias y proveyó luégo que fuesen á alcanzallo
-130 hombres, y á un Valenzuela por capitan dellos,
-puesto que Badajoz clamaba que á él pertenecia ir aquella
-jornada, pero no quiso Pedrárias; el cual se fué por la isla
-que se nombraba de Bastimentos y allí salteó cien indios y
-indias, porque por mal hacer, no quedase nada. Mandó Pedrárias
-que de secreto tocasen con el navío en que iban en las
-peñas, porque saltando en tierra mala quizá la gente no se
-tornase. Va el licenciado Espinosa su camino, para mostrar
-que las letras no embotaban la lanza, y que no sólo letrado
-pero Capitan merecia ser de muchos soldados, y llegado á la
-tierra de Comogre y Pocorosa, que tan bien habian siempre á
-los españoles hospedado, los indios de aquellas provincias entendiendo
-á lo que iban, procuraron para su defensa juntarse;
-serian hasta 3.000 desnudos, con sus palos por armas, los que
-salieron á resistillos, pero desque vieron los caballos que<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span>
-nunca vieron ántes, desmayaron, y desparcidos cada cual huyendo
-tabajaba de salvarse; á los cuales aprovechó poco, porque
-dan tras ellos los de caballo, y dellos á lanzadas, y dellos
-atajándolos, para que llegasen los de pié con las espadas,
-fueron muy pocos los que dellos, de muertos ó captivos, se escaparon.
-Hicieron más nuestros cristianos, que á muchos aperrearon
-echando á los perros que los despedazasen, otros Espinosa
-mandó ahorcar, á otros cortar las narices, y á otros las
-manos, de manera que en pocos dias que anduvo Espinosa
-por aquella comarca, cuasi toda la destruyó, que no dejó, al
-ménos no parecia, viva alma; fué el espíritu Espinosa de Pedrárias
-y el furor de Dios encerrado en ambos. En esta jornada
-iba con Espinosa y esta gente un religioso de Sant Francisco,
-llamado fray Francisco de Sant Roman; éste escribió
-una carta al padre fray Pedro de Córdoba que en esta isla estaba,
-de quien arriba queda mucho tratado y se tratará, que
-por amor de Dios hablase é hiciese consciencia á los religiosos
-de Sant Hierónimo, que habian venido á esta isla entónces á
-reformar estas partes, sobre que proveyesen de remedio para
-aquella tierra firme, que la destruian aquellos tiranos, y esta
-carta me dió á mí el dicho Padre, varon sancto, y la llevé á
-Castilla, para á quien conviniese mostralla, y despues, el año
-de 18, salió de la tierra firme y fué á España el dicho padre
-fray Francisco de Sant Roman, y, llegado á Sevilla, afirmó en
-el colegio de Sancto Tomás, de la órden de Sancto Domingo,
-que allí está, que habia visto por sus ojos meter á espada y
-echar á perros bravos, en este viaje de Espinosa, sobre 40.000
-ánimas. Y estando la corte en Zaragoza, el año 18, me lo escribieron
-á mí por esta misma manera los dichos colegiales,
-y llevé la carta á mostrar al gran Chanciller, á quien por entónces
-el Rey D. Cárlos (como placiendo á Dios se dirá más
-largo), habia dado cargo del remedio y reformacion destas
-Indias, y él me encargó que de su parte visitase al obispo de
-Búrgos, que á la sazon estaba enfermo, y le mostrase la dicha
-carta, cuasi como que se cognosciese y áun confundiese por
-haber mal gobernado estas tierras, porque habian pasado mu<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span>chas
-y notables cosas sobre esta materia. Yo lo hice así, visitélo
-de su parte y mostréle la carta, y respondióme: «Decid
-á su señoría que ya le hé yo dicho, que es bien que echemos
-aquel hombre de allí.» Esto dijo por Pedrárias. Así que fueron
-extrañas las matanzas y destrucciones y número de esclavos,
-que aquel licenciado Espinosa en aquella su salida hizo; por lo
-referido y por lo que se referirá, será lo dicho bien entendido.
-Destruido Comogre y Pocorosa y todos los demás de aquellas
-provincias, pasó Espinosa, y con él el espíritu de Pedrárias, á
-la tierra del cacique Chirú, y por tomar descuidado al cacique
-Natá y prendelle, fuese adelante con la mitad de la gente, y
-dió en su pueblo de noche, y huyó el Cacique; recogió su
-gente y vino á resistirles con grande alarido, pero vistos los
-caballos que nunca habian vido, pensando que los habian de
-despedazar y comellos, pónense todos en huida. Mandó luégo
-hacer Espinosa en la plaza del pueblo un palenque de madera,
-que para contra indios era como Salsas para contra franceses;
-viendo el triste Natá que allí hacian asiento y que no
-bastaban ya sus fuerzas para resistilles, vínose sin armas á
-poner en su poder acompañado con unos pocos de indios. Teniendo
-nuevas de dónde y cómo estaba el cacique Escolia,
-envió á un Bartolomé Hurtado, con 50 hombres, para que de
-noche lo saltease y prendiese, y así lo hizo. Estos ansí tenidos,
-el uno preso, y el otro á más no poder venido, dejó las espaldas
-seguras, y caminó para la tierra de Cutara ó Paris, y llegó
-á un rio de Cocavira, donde le decian que tenia el oro allegado
-que habian tomado á Badajoz para restituírselo, porque, diz
-que, le decian sus mujeres que, por volver á lo cobrar, los cristianos
-habian de destruille. Iba Diego Albitez, con 90 hombres,
-delante descubriendo la tierra, y vido estar á la entrada de
-un monte obra de 20 indios con sus armillas, y arremetió á
-herillos; los indios pelearon contra ellos varonilmente, aunque
-desgarrados con las espadas. Salen luégo del monte, á lo que
-juzgaban, sobre 4.000 indios, y el cacique Paris ó Cutara delante
-dellos, con grandísima grita; dan los unos en los otros y
-matan dellos con las espadas muchos, y ellos hieren de los<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span>
-nuestros no pocos; unas veces los retraian hasta el monte,
-otras los indios ganábanles tierra, hasta que Espinosa con todo
-su caudal de gente vino, pero luégo que vieron los caballos y
-soltaron los perros, no quedó hombre, que como si vieran al
-mismo diablo, que no huyese.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXIII">CAPÍTULO LXXIII.</h2></div>
-
-
-<p>Siguió Valenzuela con sus 130 hombres tras Espinosa, por
-montes y valles, con grandes trabajos, sin saber dónde andaba,
-los cuales, yendo muy afligidos y desconsolados, un dia
-en un monte ó çabana toparon con estiércol de caballos, el
-cual, segun se dijo, por la grande alegría que de vello rescibieron,
-todos lo besaron. Desde á pocos dias tiraron una noche
-ciertas escopetas que llevaban, y oyólo Bartolomé Hurtado,
-que habia enviado Espinosa á robar comida y todo lo demas
-que les faltaba, estando la tierra de Paris, como toda la gente
-de la provincia andaba, huyendo y puesta en armas. Fué Hurtado
-al sonido de las escopetas, y finalmente se encontraron,
-y fué inestimable el gozo que unos de otros recobraron. Fueron
-á juntarse todos con Espinosa, donde de principio lo renovaron,
-estimando que ya eran tan poderosos que, para resistirles
-cosa que quisiesen acometer, toda la gente de la tierra
-firme no bastaba. Tenian nueva que en el pueblo ó tierra del
-cacique Quema, que debia ser vasallo de Paris, tenia el oro
-que habia tomado á Badajoz, guardado, para lo cual mandó
-Espinosa á Diego Albitez que con 60 hombres fuese á buscallo;
-saliéronles á resistir los súbditos de Quema, muy feroces, haciendo
-de sus alharacas, pero Diego Albitez díjoles que no venia
-á hacelles mal, sino á tratar amistad con ellos, por tanto que
-dejasen las armas. Persuadidos por sus palabras, creyéronlo
-y vinieron luégo dellos tres capitanes sin armas; rescebidos
-con amor y placer, preguntóles que dónde estaba ó tenian el
-oro que Paris á Badajoz habia tomado, dijeron que no sabian
-y que no tenian tal, llevólos consigo á Espinosa, el cual, interrogándolos
-con dulces palabras, y ellos negando, no supe
-que los atormentasen, pero era ésto tan ordinario que nin<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span>guna
-duda me quedó de que á tormentos les hicieron decir
-dónde el oro estaba. Envió con ellos 20 hombres, y, en obra
-de dos horas, tornaron con el oro llenas cinco petacas; díjose
-que cabrian en ellas 80.000 castellanos. Todavía Espinosa,
-deseoso de haber lo que faltaba, pasó adelante á la tierra del
-cacique Chicacotra, donde no ménos estragos creo que hizo,
-segun la costumbre y fin que llevaba. Estuvo por allí hasta que
-pasaron todas las aguas, que es, como se dijo, el invierno de
-aquella patria, porque hallaron en aquella provincia de bastimentos
-grande abundancia; de donde comenzó á poner en
-obra su tornada para el Darien, con su presa tan deseada y
-amada. Trujo, como dije, 80.000 pesos de oro de lo que Badajoz
-habia robado, y Cutara ó Paris le habia justamente
-despojado; por entónces bien, segun creo, faltaron más de
-50.000 castellanos, de los cuales, despues, más de los 30.000
-se recobraron, como se dirá, y al cabo no dudo todos no
-haberse escapado de nuestras manos. Trujo tambien consigo
-Espinosa y metió en el Darien más de 2.000 esclavos, con la
-justicia hechos que andaba las gentes pacíficas, quietas en
-sus casas, inquietando, robando y cruelmente matando. Y
-para que ésto ansí parezca, sin que de mí sólo salga, quiero
-aquí referir las palabras que Tobilla dice, seglar, y uno dellos,
-que anduvo despues en aquellos pasos, como dije, y que
-asaz favorece aquellas entradas, en una historia que quiso
-hacer y llamó Barbárica, y que parece haber muerto en aquella
-simplicidad no sancta. Este dice así hablando de Espinosa
-en aquella jornada, y tocando de los esclavos: «Traia largos
-2.000 captivos, que, para llevarlos los mercadantes á la
-Española, valian entónces muchos dineros, de donde nasció
-la tan presta como miserable caida que estas infinitas gentes
-dieron, pues, con la cudicia del mucho oro que por ellos en el
-Darien los tractantes les daban, todo el tiempo que fuera de
-sus muros se veian, así al de paz como al de guerra ponian
-en hierros; andando tan sin freno esta osadía entre los compañeros
-y los mismos Capitanes, que así compraban las mercaderías
-con sus aprisionadas gargantas, como si fueran la<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span>
-misma moneda, sin haber ninguno de tanta consciencia que
-se parase á mirar si era esclavo justamente, aunque segun la
-injusticia con que todos lo eran, bastaba saber que la cudicia
-causaba su cautiverio, no embargante que para mí tengo no
-ser ménos excusa el ejemplo que Pedrárias les daba, pues en
-su mayor contentamiento jugaba al ajedrez la libertad de
-aquellos más que miserables.» Estas son palabras de Tobilla
-formales. Jugaba Pedrárias sus 50 y 100 esclavos, y quizá 500,
-como otros Gobernadores despues hicieron, por ventura por su
-ejemplo, de los que le habian de caber de su parte, que habia
-de enviar á saltear. Llegó pues el licenciado Espinosa con el
-oro recobrado, y tantas gentes hombres y mujeres, niños y
-muchachos como corderos atraillados, al lugar donde se habian
-al oro ó dinero de sacrificar, gimiendo y llorando, que en
-vellos bien pudiera cualquiera hombre de razon tener motivo
-de llorar, dejando 40.000 ánimas en los infiernos plantadas.
-Llegó Diego Espinosa, de las dichas hazañas autor, al Darien
-muy triunfante; el gozo y alegría que rescibió Pedrárias, y el
-regocijo de todos los demas que tenian en ello todos parte,
-aunque entrase con ellos el señor Obispo y clérigo ó clérigos
-que iban en la compaña, bien se puede adivinar. Sólo el triste
-de Badajoz debió quedar sin parte, pues anduvo en la corte
-cuando dije con harta necesidad, y entónces, de verse quedar
-con los trabajos solos y del oro tan sin medrar, debiera irse á
-Castilla desganado. Verdad es que tenia con que bien se consolar
-cuando pensase, que no solamente ante el juicio de Dios
-le habian de ser demandados las muertes, escándalos, males
-y daños, y aborrecimiento de la fe y religion cristiana y perdicion
-de las ánimas, que él con los suyos causó, pero tambien
-todos los que por ir á cobrar el oro que él perdió cometió
-el licenciado Espinosa, porque aunque si él no lo hobiera
-comenzado y sido la dicha causa, otros habian de ir á robar y
-cometer los ya señalados males, segun el ansia é insensibilidad
-de Pedrárias y de todos los que con él estaban, pero quizá no
-fueran tan temprano, ó no hicieran tan enormes daños, y entre
-tanto Dios quizá proveyera de algun obstáculo al mal, y<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span>
-diera remedio para que alguna de tan innumerables ánimas
-que se perdieron se salvara, ó que quiera ó como quiera que
-la cosa acaeciera á él no se le demandara. Cuando Espinosa
-determinó de se volver al Darien, mandó al capitan Hernan
-Ponce, que con 40 hombres entrase en los dos navíos, y fuese
-la costa abajo descubriendo lo que pudiese, el cual, partido de
-donde estaba, llegó en par del golfo de Ossa, que distaba 90
-leguas de Natá, y llegó á cierta tierra de gentes llamados los
-cuchires, y hallólos aparejados con mucha gente armada para
-se defender, y los españoles no osaron en tierra saltar. Anduvieron
-más de 50 leguas la costa abajo, y hallaron un golfo
-de más de 20 leguas lleno de islas, y es puerto cerrado admirable,
-llámanlo los indios Chira, y ellos lo llamaron San Lúcar;
-este es el puerto que dicen de Nicoya, que es una provincia
-muy fértil y graciosa de Nicaragua. Allí cercan los navíos gran
-número de canoas, llenas de gente armada, y otra mucha
-gente que apareció en la costa con sus trompetillas ó cornetas
-haciendo grandes fieros y amenazas, pero tirados algunos tiros
-de pólvora, no quedó hombre en la mar ni en la tierra que
-huyendo no volase. Viendo Hernan Ponce que por allí no podia
-ganar nada, y que la costa iba adelante, tornóse á juntarse
-con Espinosa, el cual, ó era ya ido para el Darien, ó alcanzándole
-lo dejó por mandado de Pedrárias en Panamá.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXIV">CAPÍTULO LXXIV.</h2></div>
-
-
-<p>Entre tanto que Espinosa andaba obrando las hazañas que
-habemos contado, Vasco Nuñez estábase en el Darien, no
-poco desfavorecido de Pedrárias y cuasi como preso, porque
-no se debia fiar dél y porque no se saliese de la mano, como
-ya fuese con título de Adelantado y admitido á la gracia del
-Rey. Habíase llegado á la conversacion frecuente del Obispo,
-don fray Juan Cabedo, y trabajado mucho de ganalle; ó
-por induccion propia del mismo Vasco Nuñez, ó que el mismo
-Obispo se moviese á ello de sí mismo, entendió en que Pedrárias
-perdiese los resabios que tenia contra él, y lo honrase
-y atrajese á sí é se ayudase dél, y finalmente de él se fiase
-como de los demas, pues más que otro, así por la experiencia
-de la tierra, como con las fuerzas y autoridad de ser Adelantado,
-más que ninguno podia servirle y ayudarle; y para lo
-atraer á lo que pretendia, como era el Obispo elocuentísimo,
-representóle lo que Vasco Nuñez habia trabajado y padecido
-en descubrir, diz que, y poblar aquellas tierras y sujetar
-aquellas gentes al señorío del Rey, é dado la vida á los primeros
-españoles que en Urabá llegaron, sobre que se habia
-fundado su catedral iglesia, todo lo cual encareció, como él lo
-sabia encarecer, por grandes y señalados servicios, y certificándole
-que, segun á él parecia, nunca descubriria la tierra, ni
-sabria los secretos della, si de Vasco Nuñez no hacia fiel amigo.
-Estas y otras razones le trujo el Obispo á Pedrárias para
-persuadirlo, el cual, finalmente, se persuadió serle provecho
-ayudarse de Vasco Nuñez y tenerle por amigo, aunque reconciliado
-como dicen, y, ó fingia, ó realmente para tenerle más
-obligado y más á la mano en lo que cometerle y mandarle
-quisiese, tractó de casarlo con la hija mayor, de dos que en<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span>
-España tenia, llamada Doña María. Hízose el desposorio con
-autoridad del Obispo y las demas ceremonias que se requerian.
-En breve determinó Pedrárias de enviar á Vasco Nuñez
-á que asentase una villa en el puerto de Acla, y que de allí
-adelante procurase de poner por obra en la mar del Sur algunos
-bergantines para descubrir por ella las riquezas grandes
-que haber por aquellas tierras tenian concebido. Tomó Vasco
-Nuñez 80 hombres de los que allí habia, y en un navío fué
-la costa abajo; y, llegado á Acla, halló la fortaleza, que Gabriel
-de Rojas habia hecho, vacía, por haberla desmamparado por
-temor de los indios. Allí constituyó Alcaldes y Regidores, y pusóle
-nombre la villa de Acla; está sobre la mar, el puerto es
-muy hondable, pero, por las grandes corrientes que en él entran
-y salen, las naos que en él están ó entran, por echallas á la
-tierra, padecen gran peligro. Mandó Vasco Nuñez á todos sus
-compañeros, nuevos vecinos, que, pues ya los indios de aquella
-provincia eran acabados, y no habia ya qué ir á saltear,
-que cada uno, con los esclavos que tenia, que no andaban sin
-muchos dellos, y con sus mismas manos hiciesen sus sementeras
-para tener comida. En ésto él era el primero, porque
-era hombre de muchas fuerzas y sería entónces de cuarenta
-años, y siempre en todos los trabajos llevaba la delantera.
-En este tiempo llego allí á Acla el licenciado Espinosa,
-con la victoria, y riqueza y esclavería, que de la tierra de
-Paris, robado traia, y hecha por todos grande fiesta, por las
-buenas nuevas, Espinosa con sus satélites se partieron.
-Vasco Nuñez, como hombre de experiencia, sintiendo que
-despues de llegados al Darien, y repartido entre todos el oro
-y despojo que traian, no podian sufrirse allí ociosos muchos
-dias, metióse en un bergantin y fuese tras ellos con intencion
-de traer consigo la más gente que pudiese para engrosar su
-nueva ó negra villa, y para desde allí entender en hacer navíos
-en la mar del Sur, que era por entónces de todos el principal
-y último fin; holgóse Pedrárias con él y tratándole en lo
-exterior, y quizá en lo interior tambien, como á hijo, dióle 200
-hombres y proveyóle de todo lo que le pidió y convenia<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span>
-para aquel gran viaje, que todos estimaban ser provechoso,
-con todo lo cual, embarcado en tres navíos pequeños, dió á
-su Acla la vuelta. Llegados á Acla, halló Vasco Nuñez haberse
-venido á esta isla Española Diego Albitez, á quien debia de
-haber dejado en su lugar en la villa; vino á esta isla Diego
-Albitez, con intencion de pedir á los religiosos de Sant Hierónimo,
-que la gobernaban, licencia para hacer un pueblo en el
-Nombre de Dios, y de allí tratar del descubrimiento de la
-mar del Sur. Todos aquellos que se sentian ricos de los grandes
-robos que habian perpetrado, y destruido aquella tierra,
-siempre aspiraban y sospiraban por ser cabezas por sí, é no
-tener á quien acatar sobre sí, y de éstos era Diego Albitez;
-los Hierónimos no quisieron entrometerse en hacer mudanza,
-por lo cual lo remitian á Pedrárias, pero no andaba por
-eso, sino por salírsele de las manos. Diego Albitez, visto ésto,
-fletó un navío, y halló hasta 60 hombres que con él á
-ganar aquellos perdones quisieron ir; fué derecho al Darien,
-y fingió que habia ido por gente y bastimentos, de lo cual
-Pedrárias mostró rescibir de su ida y vuelta placer, ó de
-verdad ó fingido, porque era hombre muy recatado y entendido,
-y tambien como á él le viniese gente y cosas
-de bastimento, todo lo demas bien lo sufria. Descansando
-Diego Albitez algunos dias, quiso sacar á ejercitar en la
-religion que habia profesado á sus novicios, y así, pedida
-licencia á Pedrárias, salió á saltear y robar las gentes de Veragua,
-que tenian sobre todas la fama de muy ricas. Vasco
-Nuñez no poco sintió la presuncion de Diego Albitez, pero
-todos disimulando para en su tiempo derramar la ponzoña
-que del descubrimiento de otros conciben, costumbre muy
-ordinaria de los mundanos que andan fuera de camino, envió á
-Compañon, así llamado, sobrino, segun creo, del mismo Diego
-Albitez, á que viese si en el rio de la Balsa, que ya dijimos salir
-á la mar del Sur, habria dispusicion para hacer navíos. Fué
-Compañon y vido el rio y halló todo buen aparejo en todo él
-para hacer los navíos y naos que quisiesen, y de camino á la
-tornada fué á saltear y robar y hacer esclavos las gentes que<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span>
-por aquella tierra vivian, las cuales le resistieron cuanto les fué
-posible, donde no padesció poco peligro; no entendí que él á
-los indios, ni los indios á él hobiesen muerto alguno ó herido.
-Entre tanto que Compañon iba y venia, comenzó Vasco Nuñez
-á cortar, por su persona primero, madera para principiar los
-bergantines, y así lo hicieron los que estaban con él; donde
-labraron toda ó la mayor parte de la madera de cuatro bergantines,
-para llevalla despues así labrada, al dicho rio de la
-Balsa, y allí formar los bergantines y por él sacarlos á la mar,
-como al cabo se hizo. Tornó luégo Vasco Nuñez á enviar á
-Compañon con ciertos españoles y 30 negros á la cumbre de las
-sierras, de donde ya las aguas á la mar del Sur vertian, para
-que hiciese una casa donde descansasen los que habian de llevar
-á cuestas la madera labrada, y las anclas y jarcias de los
-bergantines, y se tuviesen los bastimentos y comida y armas y
-lo demas para su defensa. Y es de saber aquí, que nunca salian
-los españoles de una parte á otra que no llevasen muchos
-indios cada uno, que les llevaban las cargas de su ropa en que
-dormian, y sus armas y la comida, y hasta los negros esclavos
-eran de los indios servidos, y llamados perros aporreados y
-afligidos. Hecha la casa en lo alto de la sierra, puso por obra
-luégo Vasco Nuñez de subir la madera que estaba ya labrada
-de los bergantines, hasta ponella en la casa, que habria
-sus 12 leguas de sierras y rios, que ya se bajaban ya se subian,
-hasta llegar á la sierra muy alta donde se asentó aquella
-guarida. Esta madera se cargó sobre los indios que tenian por
-esclavos, y los que iban á saltear cada dia, y su parte llevaron
-los negros que no eran sino obra de 30, y tambien cada
-uno de los españoles llevaba la que podia. Los trabajos que
-aquí llevando y subiendo esta madera, y clavazon y herramientas,
-y despues las anclas y la jarcia y todos los demas
-aparejos necesarios á los bergantines, y despues bajándola hasta
-el rio, que por todos se padecieron, no pueden ser creidos, pero
-no se halló que negro ni español muriese dellos, más de los
-infelices indios no tuvieron número los que perecieron y concluyeron
-sus tristes dias; yo ví firmado de su nombre del mis<span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span>mo
-Obispo, en una relacion que hizo al Emperador en Barcelona
-el año de 519, cuando él de la tierra firme vino, como más
-largo adelante, placiendo á Dios, será referido, que habia
-muerto el Vasco Nuñez, por hacer los bergantines, 500 indios,
-y el secretario del mismo Obispo me dijo que no quiso poner
-más número porque no pareciese cosa increible, pero que
-la verdad era que llegaban ó pasaban de 2.000; y segun el
-trabajo era, cierto, cualquiera lo debe tener por posible y
-haber pasado con verdad así, porque llevar hombres desnudos
-en cueros 24 y 25 leguas de sierras altísimas, subidas y descendidas,
-á cuestas madera labrada para hacer cuatro navíos,
-y anclas de hierro de tres, y cuatro, y cinco, y seis quintales,
-y cables, que son las maromas para las anclas, que
-pesaban otro tanto y muy poco ménos, y otros mil aparejos
-cuasi tan pesados que los navíos requieren, y todo ésto sin
-comer sino un poco de grano de maíz áun no hecho pan, sino
-como lo comen las aves ó las bestias, ¿qué hombres aunque
-tuvieran cuerpos en parte formados de materia de hierro lo
-pudieran sufrir sin morir? Y porque los indios allí perecian
-con aquel ejercicio, enviaba Vasco Nuñez cuadrillas á cazar indios,
-donde quiera que se creia que estarian escondidos, porque
-toda la tierra estaba huida por los montes por miedo
-dellos, y se meterian en los abismos; despues que hacian alguna
-cara juntos para resistir á los españoles, y como vian no
-poder contra ellos prevalecer, se desparcian escondiéndose
-por las montañas á cuadrillas, ó á linajes, ó á familias, y destos
-sabian, porque cuando tomaban algun indio á poder de
-grandes tormentos le hacian descubrir los lugares secretos
-donde se habian metido. Daban en ellos cuando más olvidados
-y secretos creian que estaban, y muertos los primeros que
-topaban á cuchilladas y estocadas, y de los perros desgarrados
-y despedazados, á los demas que tomaban á vida, leíanles el
-requerimiento, estándolos atando en traillas; y puesto que
-todas ó muchas veces desta manera se hacia, en especial se
-hizo entendiendo Vasco Nuñez en la obra destos navíos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXV">CAPÍTULO LXXV.</h2></div>
-
-
-<p>Pasada la madera, que en Acla pudo hacer que se labrase,
-al rio de las Balsas, porque no era para más de los dos bergantines
-ó navíos, y habíase de aparejar para otros dos, repartió
-Vasco Nuñez toda la gente que tenia, españoles, negros
-é indios, en tres capitanías. A la una dió cargo que cortase
-y asentase madera; á la segunda, que acarrease de Acla
-las anclas, y clavazon y jarcia y todos los demas instrumentos
-y aderezos; á la tercera, que fuese á robar los mantenimientos
-que por toda la tierra de los alrededores hobiese, y, á
-vueltas, cuantos indios pudiesen traer captivos. Comenzóles
-Dios á mostrar lo que en aquellas obras le servian, porque
-cuanto trabajaron en cortar la madera y aserralla en Acla y
-mar del Norte, y despues en llevalla los tristes indios á cuestas
-por tan aspérrimos é intolerables caminos, todo se les
-convirtió en vacío, por ser la madera de allí en tierra que estaba
-muy cerca de la mar salada, y así fué luégo de gusanos
-comida, de donde sucedió serles necesario cortalla de nuevo
-en el rio; habiendo pues cortado mucha della, y quizá tambien
-aserrádola, ya que querian poner en astillero, que es comenzar
-los bergantines, vinieron de súbito tan grandes avenidas
-que les llevó el rio parte de la madera, y parte soterró
-la lama y cieno, subiendo el agua dos estados encima. No
-tuvieron todos otro remedio para no se ahogar, sino subirse
-sobre los árboles, á donde puestos no estaban sin mucho
-peligro; aquí desmayó Vasco Nuñez, viendo tanta dificultad en
-la obra de sus negros navíos, por la cual quiso volverse á su
-villa de Acla, y dejarse de aquella demanda, como aborrido.<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span>
-Ayudábale á se volver la hambre que padecian; y parece que
-los de la tercera cuadrilla, á quien dió cargo de ir á robar
-mantenimientos y indios, no acudian. Francisco Compañon se
-ofreció á pasar á la otra banda del rio á buscar gente y comida,
-y pasó con algunos por cierta puente que hicieron de
-ciertos vejucos y raíces, que ataron algunos nadadores de las
-ramas de los árboles; aunque la puente fué tal, que pasaron
-el agua sobre la cinta, y algunas veces llegábales á los pechos.
-Andaba Vasco Nuñez comiendo raíces, de donde se podrá
-congeturar qué debian de padecer 500 ó 600 indios que
-allí tenian, y cuántos de hambre morian; finalmente, hobo
-de irse á Acla, puesto que no con el primer motivo, sino para
-proveer de algun mantenimiento y de gente española, si del
-Darien ó de las islas de nuevo viniese, para lo cual envió al
-Darien á Hurtado, y traer las anclas y jarcia, y dar en todo
-priesa. En ésto vino Francisco Compañon, que habia robado
-toda la tierra de comida y de indios que trujo captivos, en los
-cuales, como en acémilas, cargó todo lo que para llevar tenia,
-y sobre sus hombros, anclas, y jarcias, y velas, y cables, y
-clavazon y cuanto habia, pusieron en el rio. Volvió Bartolomé
-Hurtado con 60 hombres que le dió Pedrárias y otras cosas
-que Vasco Nuñez le envió á pedir, y tomado nuevo ánimo,
-torna Vasco Nuñez al rio, con la gente de españoles y indios,
-y todo recaudo para proseguir á la obra de sus bergantines,
-y, con inmensos trabajos y hambre y muerte de indios, comenzó
-y acabó dos dellos; los cuales hechos, y echados al
-agua, y proveidos de lo que les era menester para navegar,
-metióse con los españoles que cupieron en ellos, y navega á la
-isla mayor de las de las Perlas. Y entre tanto que los demas,
-pocos á pocos, los bergantines los traian, trabajó de robar y
-allegar cuanto bastimento en la isla pudo, lo uno, diz que,
-para subjetar las gentes della por hambre, y lo otro para
-tener con qué los que allí estuviesen sustentarse. Díjose que,
-andando en ésto Vasco Nuñez, rescibió una carta del arzobispo
-de Sevilla, D. Diego de Deza, de quien hobimos en el
-primer libro hablado, que fué alguna parte para el descubri<span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span>miento
-destas Indias, siendo el maestro del príncipe D. Juan,
-en la cual le decia que habia sabido haber descubierto la mar
-del Sur, y que tuviese por cierto, que si proseguia por el Poniente
-la tierra hallarian indios de lanza y armaduras de cuerpo,
-y si corriese hácia el Oriente que toparian grandes riquezas
-y ganados infinitos. Esta creo yo que es patraña, porque
-el arzobispo de Sevilla, siendo tan prudente y tan sabio, no
-podia adevinar lo que nunca leyó, vido ni oyó, ni hombre
-imaginó de todos los pasados, y no habia de poner su gravedad
-y autoridad en boca del vulgo, no saliendo como él denunciaba;
-porque por revelacion tampoco hemos de creer
-que lo habia alcanzado, porque si así fuera, primero y no á
-otro sino sólo al Rey Católico, que mucho lo amaba, lo significara.
-Así que, Vasco Nuñez, despues de robada la isla
-grande de las Perlas y escandalizada, y quizá muerta y captiva
-mucha gente della, comenzó á navegar hácia la tierra
-firme, la vuelta del Oriente, con ciento y tantos hombres,
-porque los indios que tenian captivos por aquella parte haber
-mucho oro les señalaban; y ésta fué otra segunda ó tercera
-nueva ó señal de la grandeza de las riquezas del Perú. Yendo,
-pues, sobre un puerto que llamaron despues puerto ó punta
-de Piñas, 25 leguas ó alguna más pasada la punta ó cabo
-del golfo de Sant Miguel, hallaron gran número de ballenas,
-que parecian punta ó cabo de peñas que salia gran trecho á
-la mar; temieron los marineros de se allegar porque venia la
-noche, y arribaron á otra punta con intencion de, siendo de
-dia, tornar á su viaje, y porque les hizo el viento contrario,
-acordó Vasco Nuñez de ir á dar en la tierra del cacique Chucama,
-por vengar los españoles que allí habian muerto á
-Gaspar de Morales, de que se hizo mencion arriba en el capítulo
-64. Salieron las gentes de allí á resistillos, pero como
-siempre ha de caer sobre ellos la mala ventura, como en gente
-desnuda, sólo dan de sí muestra que si fuesen armados y las
-armas tales como las nuestras, otro gallo, para su natural defensa
-y contra nuestra injusticia, les cantaria; así que, muertos
-muchos dellos, los vivos pusiéronse en huida. Anduvo<span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span>
-algunos dias robando y captivando y destruyendo aquellas
-provincias. Tornóse á la isla, y allí apareja de hacer cortar
-madera, y comenzar los otros dos bergantines ó pequeños navíos;
-faltábale algun hierro y pez y otras cosas para acabar los
-bergantines, por lo cual acordó de enviar á Acla por ello. Y
-porque tenian ya nueva que el Emperador era venido á reinar
-á Castilla, y que habia proveido á un caballero de Córdoba,
-llamado Lope de Sosa, por Gobernador de tierra firme, quiso
-tambien Vasco Nuñez que supiesen si era venido, ó qué nueva
-se tenia de su venida, porque, quitada la gobernacion á Pedrárias,
-su suegro, consiguiente cosa era quitarle los navíos y
-dar la empresa á alguno de los que traia consigo. Temiendo,
-pues, ésto, una noche, hablando con un Valderrábano y con
-un clérigo llamado Rodrigo Perez, díjoles: «Segun lo mucho
-que há que vinieron las nuevas, que el Rey tenia proveido por
-Gobernador á Lope de Sosa desta tierra firme, no parece posible
-que ó no sea venido ó no haya nueva de ser cercana su
-venida, y, si es venido, Pedrárias, mi señor, ya no tiene la
-gobernacion, y así nosotros quedamos defraudados de nuestros
-deseos, y tantos trabajos como en ésto habemos puesto quedan
-perdidos; paréceme, pues, que para haber noticia de lo que
-nos conviene será bien que vaya el capitan Francisco Garavito
-á la villa de Acla, con demanda del hierro y pez que nos
-falta, y sepa si es venido, porque si lo fuere se torne, y nosotros
-acabaremos como pudiéremos estos navíos y proseguiremos
-nuestra demanda, y, como quiera que nos suceda, de
-creer es que el que gobernare nos rescibirá de buena voluntad
-porque le ayudemos y sirvamos; pero si Pedrárias, mi
-señor, todavía tuviere la gobernacion, dalle hán parte del
-estado en que quedamos y proveerá de lo que pedimos, y
-partirnos hemos á nuestro viaje, del cual espero en Dios que
-nos ha de suceder lo que tanto deseamos.» Díjose, que cuando
-esto Vasco Nuñez hablaba comenzó á llover, y que la guarda,
-persona que velaba su cuarto, se recogió á la sombra y debajo
-del tejado de la casa donde Vasco Nuñez estaba por no mojarse,
-el cual oyó como decia que convenia irse con los navíos<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span>
-su viaje, no entendiendo más de la plática, ni por qué causa;
-y ampliando en su pensamiento que aquello era quererse huir
-de Pedrárias, y con esta opinion ó error, calla y no da parte
-á nadie, hasta que fué tiempo de poder dañar diciéndolo á
-Pedrárias.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXVI">CAPÍTULO LXXVI.</h2></div>
-
-
-<p>Pareció bien á los con quien hablaba Vasco Nuñez su intento
-y palabras, y aprobáronselo, y en prosecucion dello llamó
-á Francisco Garavito, y dále dello parte, y con 40 hombres
-despáchalo para Acla; llegados á Acla, hallan que Lope de
-Sosa no era venido, y que Pedrárias como de ántes gobernaba.
-Díjose que cuando Vasco Nuñez se partió para el rio de la
-Balsa, debia ser la postrera vez, Andrés Garavito escribió á
-Pedrárias que Vasco Nuñez iba como alzado, y con intencion
-nunca más á obedecelle ni estar á su obediencia y mandado,
-y Pedrárias, como siempre dél estuvo sospechoso, que nunca
-pudo tragallo, poco era menester para que lo creyese por verdad,
-porque corazon que sospecha una vez alterado fácil cosa
-es en aquello que teme del todo derrocallo. Dijeron que esta
-falsedad ó testimonio falso, ó quizá verdad, escribió Garavito
-á Pedrárias, porque Vasco Nuñez, por una india que tenia por
-amiga, que arriba en el cap. 40 dijimos el cacique Careta
-haberle dado, le habia de palabra maltratado. Dos dias ó tres
-despues de llegado Garavito, llega del Darien Pedrárias, el
-cual, por la carta de Garavito, luégo se despachó muy indignado
-para haber á Vasco Nuñez á las manos y acortarle los
-pasos. Preguntando Pedrárias qué hacia y dónde quedaba, díjole
-Garavito y los que con él vinieron, que en la isla, y dando
-priesa á acabar los bergantines, y quedaba esperando ciertas
-cosas que le enviaba á pedir para acaballos y tambien lo que
-mandaba; con ésto se asosegó algo Pedrárias y disimuló algunos
-dias lo que traia pensado, dentro de los cuales, un Tesorero,
-que debia ser proveido por el tesorero Pasamonte desta
-isla, llamado Alonso Martel de Lapuente, que no estaba bien
-con Vasco Nuñez porque le pidió en la residencia cierto oro<span class="pagenum"><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span>
-que le habia prestado, y el Tesorero creyó que habia sido dado,
-supo de aquel que velaba, cuando Vasco Nuñez dijo en la isla
-las susodichas palabras á Valderrábano, lo que habia oido y
-Vasco Nuñez hablado. Va luégo el dicho Alonso Martel á decírselo
-á Pedrárias; luégo Pedrárias, de súpito, se retificó en
-sus sospechas presentes y pasadas, y hecho muy furibundo,
-cuasi de enojo é indignacion desatinaba, prorrumpiendo en
-palabras contra Vasco Nuñez injuriosas y desmandadas, y con
-aquella saña escribióle una carta mandándole que viniese á
-Acla, fingiendo que tenia cosas que con él comunicar tocantes
-y necesarias para su viaje. Y cosa es aquí de notar, que no
-hobiese hombre que á Vasco Nuñez avisase de la indignacion
-contra él de Pedrárias, y el peligro que padecer si venia esperaba;
-ciertamente la razon parece que se puede asignar, ó que
-Vasco Nuñez era tan mal quisto de todos, que todos le deseaban
-mal, ó que todos temian tanto á Pedrárias que ninguno se
-atrevió á enojalle, ó que fué juicio de Dios que determinó dalle
-su pago de tantas crueldades como en aquellas gentes habia
-perpetrado: y ésta postrera debió ser y debemos creer que fué
-la verdadera y eficaz, y está harto clara. Y tras la carta, sospechando
-que no querria venir, despachó á Francisco Pizarro
-con mandamiento y la gente armada que pudo enviar para que
-le prendiese donde quiera que lo hallase. Díjose que un italiano,
-llamado micer Codro, astrólogo, que andaba con Vasco Nuñez,
-hombre que por ver mundo habia venido á estas partes, le
-dijo, estando en el Darien, que el año que viese cierta estrella,
-que señalaba, en tal lugar, correria gran peligro su persona,
-pero si de aquel peligro escapaba sería el mayor señor y más
-rico que hobiese por todas estas tierras indianas; y pocos dias
-ántes desto, dijeron que una noche vido la estrella en aquel lugar,
-y comenzó á mofar de lo que le habia dicho micer Codro,
-y comenzó á decir á los que con él estaban: «donoso estaria el
-hombre que creyese á hombres adivinos, especialmente á micer
-Codro que me dijo ésto y ésto, y hé aquí la veo cuando me hallo
-con cuatro navíos y 300 hombres y en la mar del Sur, y de
-propíncuo para navegarla, etc.» Esto dicen que pasó jactándose<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span>
-mucho Vasco Nuñez de su felicidad; el cual, rescibida la carta
-de Pedrárias, estando en una isleta llamada de Tortugas, dejando
-á Francisco Compañon haciendo los navíos en la grande,
-puso luégo por obra su camino en cumplimiento de lo que le
-mandaba; dijeron tambien que los mensajeros, llegando cerca
-de Acla, le dijeron que Pedrárias, su suegro, estaba de él muy
-indignado, pero él, hallándose inocente, creia que llegando ante
-Pedrárias y mostrándole no habelle ofendido lo aplacara. Topó
-á Francisco Pizarro con gente, que le iba á prender, y díjole:
-«¿qué es ésto, Francisco Pizarro? no solíades vos así salirme á
-rescibir.» Salieron á rescibirlos del pueblo, y Pedrárias proveyó
-que lo llevasen preso á la casa de un vecino llamado Castañeda;
-envió á Bartolomé Hurtado á las islas para que tomase y
-tuviese por él los navíos y toda la armada. Mandó al licenciado
-Espinosa que procediese contra Vasco Nuñez por todo el
-rigor de justicia que hallase, porque todo su fin era despachalle;
-y por descuidalle fuéle á ver un dia y díjole: «No tengais, hijo,
-pena por vuestra prision y proceso que yo he mandado hacer,
-porque para satisfacer al tesoro Alonso de Lapuente y sacar
-vuestra fidelidad en limpio lo he hecho.» Despues que Pedrárias
-entendió que el proceso estaba, al ménos coloradamente,
-fundado para cortalle la cabeza, dijeron que fué á donde estaba
-preso y con rostro airado le dijo: «Yo os he tratado como
-á hijo, porque creia que en vos habia la fidelidad que al Rey
-y á mí en su nombre debíades, pero, pues os queríades rebelar
-contra la corona de Castilla, no es razon de tractaros como
-á hijo, sino como á enemigo, y por tanto de hoy más no espereis
-de mí obras otras sino las que os digo.» Respondió Vasco
-Nuñez que habia sido y era todo falsedad que le habian
-levantado, porque nunca tal pensamiento le vino, porque, si
-él tal intencion tuviera, no tenia necesidad de venir á su llamado,
-pues tenia 300 hombres consigo y cuatro navíos, con
-los cuales, sin vello ni oillo él, se fuera por esa mar adelante
-donde no le faltara tierra en que asentar pobre ó rico; pero
-como venia con simplicidad y de tales propósitos libre, no
-temió de venir á Acla por su llamado, para verse así preso y<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span>
-publicado por infiel á la corona real de Castilla, y á él en su
-nombre como decia. Fuese Pedrárias de la cárcel y mandóle
-poner más prisiones, y el licenciado Espinosa, dando cuenta á
-Pedrárias de los méritos del proceso, dijo que incurrido habia
-en pena de muerte, pero que por los muchos servicios que
-en aquella tierra habia hecho al Rey, merecia que se le otorgase
-la vida. Respondió Pedrárias muy airado: «Pues si pecó
-muera por ello.» El licenciado Espinosa no quiso sentenciarlo
-á muerte, diciendo que merecia perdon por los señalados servicios
-que habia hecho, protestando que no lo sentenciaria si
-no se lo mandaba espresamente por escrito. Pedrárias, que no
-via la hora de sacalle desta vida, poco tardó en dalle su mandamiento,
-y ciento le diera sin deliberar lo que hacia. Espinosa
-entónces hace de veras el negocio, acumulándole la
-muerte de Diego de Nicuesa, y la prision y agravios del bachiller
-Anciso, y sobre todo fundó su sentencia; la cual fué
-que le cortasen la cabeza, yendo el pregonero delante diciendo
-á voz alta: «Esta es la justicia que manda hacer el Rey,
-nuestro señor, y Pedrárias su Lugarteniente, en su nombre,
-á este hombre, por traidor y usurpador de las tierras subjetas á
-su real corona etc.» Lo cual, oido por Vasco Nuñez cuando lo
-sacaban, levantó los ojos y dijo: «Es mentira y falsedad que
-se me levanta, y, para el caso en que voy, nunca por el pensamiento
-me pasó tal cosa ni pensé que de mí tal se imaginara,
-ántes fué siempre mi deseo servir al Rey como fiel vasallo y
-aumentalle sus señoríos con todo mi poder y fuerzas.» No le
-aprovechó nada su afirmacion, y así le cortaron la cabeza sobre
-un repostero harto viejo, habiéndose ántes confesado y comulgado,
-y ordenado su alma segun lo que el tiempo y negocio
-le daba lugar. Luégo tras él la cortaron á Valderrábano, y
-tras aquel á Botello, y tras éste á Hernan Muñoz, y el postrero
-fué Argüello, todos cinco por una causa viéndose unos á
-otros; y porque para degollar al Argüello quedaba ya poco
-dia, viniendo la noche, hincáronse de rodillas todo el pueblo
-ante Pedrárias pidiéndole por merced que diese la vida
-á Argüello, pues ya eran muertos los cuatro y parecia que<span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span>
-Dios, con enviar la noche, aquella muerte atajaba. No blandeó
-Pedrárias en nada, ántes con gran pasion les respondió, que
-si querian que aquel viviese, en sí mismo queria se ejecutase
-la justicia; y desta manera, con grande angustia y dolor de
-todos, y áun lágrimas de algunos, fenecieron todos cinco aquel
-dia, y así quedó Pedrárias sin sospecha de Vasco Nuñez de
-Balboa que tanto trabajó de aumentar los señoríos del Rey,
-como él dijo, matando y destruyendo aquellas gentes, con tan
-ignominiosa muerte, al tiempo que más esperaba subir. E será
-bien que se coloque Vasco Nuñez en el catálogo de los perdidos
-con Nicuesa y Hojeda, y con los que despues se pornán
-en él, que hicieron mal fin en estas Indias, siendo señalados en
-hacer mal á indios.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXVII">CAPÍTULO LXXVII.</h2></div>
-
-
-<p>Restan por decir algunas cosas de las que quedan atras,
-que habemos dejado por no interrumpir la historia de Vasco
-Nuñez, y ántes que pasemos adelante, conviene, por no las
-olvidar, referillas. Despues que el licenciado Espinosa fué á la
-empresa del oro que Cutara, rey de la tierra llamada Pariba
-ó Paris, habia tomado á Badajoz, el factor Juan de Tavira,
-con codicia de la riqueza que decian que habia en el templo
-ó ídolo Dabayba, pidió por señalada merced á Pedrárias,
-que le diese aquella sancta conquista, el cual se la concedió;
-y alcanzada la merced, comenzó á gastar de los muchos dineros
-que de los robos y violencias y captiverios de gentes vendidas,
-de hasta entónces, le habian cabido, y pónese á hacer
-tres fustas, y comprar muchas canoas de las que tenian los
-otros españoles vecinos, para subir por el rio Grande arriba,
-donde tenian fama que estaba el oro, su ídolo. En el aparejo
-de lo cual no sólo gastó toda su hacienda, mal, ó si alguna
-tenia bien, habida no en aquella tierra, sino quizá traida de
-Castilla, pero mucha otra sacada del oro y arca del Rey. Despachado
-con su flota de tres fustas y muchas canoas, con 160
-hombres españoles, y infinitos indios de los hechos esclavos
-con la justicia dicha, todos encadenados, para bogar ó remar
-las canoas y para los otros servicios, sube, con gran dificultad
-por la gran corriente, el rio arriba. Las gentes de Dabayba
-que estaban sobre aviso, sabida su venida, salieron, en no
-más de tres canoas grandes, de través al camino, y hallando
-las nuestras descuidadas, matáronles en un momento un español
-y quedaron muchos heridos; retragéronse luégo las
-canoas de los españoles al abrigo de las fustas ó bergantines.
-Queriendo ir adelante, acordaron que fuese gente por tierra y<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span>
-las canoas y fustas por el rio, el cual vino de presto tan de
-avenida, por lo mucho que en las sierras llovia, que muchos
-árboles del rio no se parecian. Encalló ó tocó la canoa del
-Factor en uno de los que en el agua estaban sumidos, y trastornóse
-de manera que el Factor y el veedor Juan de Virues,
-sin podellos socorrer, se ahogaron, y los que sabian nadar
-nadando tuvieron remedio. La gente, viéndose sin Capitan,
-eligieron á Francisco Pizarro que los capitanease hasta el Darien,
-y así se volvieron perdido el factor Juan de Tavira y
-Veedor, y los muchos dineros suyos y del Rey que para emprender
-aquella hazaña habia espendido. Hobo Pedrárias
-grande dolor de aquella desdicha, y esforzando á los que
-maltractados venian, que, pues con el Factor no habian llegado
-á donde tanto esperaban ser ricos, que no desmayasen,
-y que él queria dalles á Francisco Pizarro por capitan, que
-tornasen á la otra demanda, que era tambien rica, conviene
-á saber, de Abrayme, que él esperaba en Dios que habian de
-hallar de aquella hecha con que fuesen sus deseos complidos.
-Dellos no quisieron ir por venir muy heridos, ó de tanto
-peligro y trabajo aborridos, otros, hasta 50, tornaron con
-Francisco Pizarro al ristre. Partidos y llegados por tierra al
-señorío de Abrayme, cuyos vecinos estaban muy lastimados,
-de los agravios, y guerras, y daños en ellas rescibidos,
-no solamente no hallaron gente que captivar (que despues
-de robar oro no tienen otro mayor fin), pero ni cosa que
-comiesen, y así de hambre perecian; no tuvieron otro remedio
-sino matar y comer siete caballos que llevaban, para
-poder tornarse al Darien, donde llegaron con harto desmayo
-y tristeza, y no ménos que mucho corridos de su tan vano y
-frustratorio camino. Luégo, desde á pocos dias, volvió Diego
-Albitez con gran cantidad de oro, y muchos indios captivos,
-que robó de la costa del Nombre de Dios y provincias de Chagre
-y de Veragua, las cuales dejó todas llenas de amarguras y
-de gran calamidad, matando todos los que le resistian. En una
-destas entradas que éstos hacian, no me acuerdo cuál de los
-Capitanes fué, acaeció que, llegados los españoles á un monte,<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span>
-donde á poder de tormentos habian sacado á indios que tomaban,
-estar mucha gente huida, recogida, por se apartar de
-tan pestilenciales y horribles crueldades, dando de súbito en
-ellos, tomaron 70 ú 80 mujeres y hijas doncellas de muchos que
-mataron y de los que huyeron por se escapar; y viniéndose los
-españoles con su cabalgada, segun lo que creian, en paz, otro
-dia, con la rabia que sentian los indios de ver llevar sus mujeres
-é hijas maniatadas, por esclavas, juntáronse cuantos más pudieron
-y van tras los españoles, y dan de súbito en ellos con grande
-alarido, de manera que los hirieron y lastimaron algo. Viéndose
-los españoles muy apretados, no quisieron soltar la cabalgada,
-sino, como vian que no la podian gozar, acordaron de las
-desbarrigar, metiéndoles las espadas por los cuerpos de las
-pobres mujeres y muchachas, de las cuales todas 70 ú 80
-una viva no dejaron. Los indios, que se les rasgaban las entrañas
-de verlas así matar, daban gritos y decian: «¡Oh cristianos
-malos, malos hombres, crueles, á las iras matais!» Ira
-llamaban en aquella tierra á las mujeres; como si dijeran,
-matar las mujeres, señal es de hombres abominables, crueles
-y bestiales. Tenian muchas veces en uso, que, aunque los señores
-de los indios ofreciesen de su propia voluntad oro, y
-cantidad de oro, no se contentaban con ello, sino, creyendo
-que tenian más, les prendian y les daban terribles y inhumanos
-tormentos, para que si más tuviesen lo descubriesen.
-Una vez dió un Cacique, ó por miedo ó de su voluntad, 9.000
-pesos de oro, no contento con ellos el Capitan y sus compañeros
-acordaron de lo atormentar; atáronlo á un palo sentado
-en el suelo, y estendidas las piernas y piés, pusiéronle
-fuego junto á ellos, diciéndole que diese más oro. Envió alguno
-de sus indios que trujese más, trujeron 3.000 pesos
-más; continúan todavía el tormento, dice con dolorosos gemidos
-y llantos que no tiene más. No cesaron de dárselo,
-hasta que por las plantas de los piés le salieron los tuétanos,
-y así murió el desventurado; acaeció entre aquestos tan bien
-morigerados españoles que tenian algunas llagas en las piernas,
-y parece que el demonio, en cuyos pasos andaban y<span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span>
-voluntad cumplian, les puso en la imaginacion que el unto
-del hombre era buena medicina para curallas, por lo cual
-acordaron de matar indio ó indios de los más gordos que habian
-captivado, y sacáronles el unto, diciendo que más valia
-que los españoles anduviesen sanos, que aquellos perros
-viviesen, que servian al diablo. Esta era la espiacion que
-hacian para ser inocentes y quedar limpios de aquel pecado.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXVIII">CAPÍTULO LXXVIII.</h2></div>
-
-
-<p>Dejemos de proseguir la historia de la tierra firme hasta
-emparejar con el tiempo della la relacion de las islas, que dejamos
-atrás en el cap. 39, y tornemos al hilo que llevábamos
-dellas, contando las cosas que acaecieron en el año de 1514,
-como parece arriba, en el cap. 36 y 37, donde referimos de un
-repartidor de los indios, llamado Alburquerque, y otros que
-despues fueron, que ningun provecho hicieron á los tristes desmamparados
-indios de esta isla, ni estorbaron que no se consumiesen,
-los cuales cada dia en las minas y en los otros trabajos
-perecian; lo mismo se hacia en las otras islas, sin tener
-una hora de consuelo ni alivio dellos, y sin mirar en ello, ni se
-doler dellos los insensibles que la tierra regian. En todo este
-tiempo, el tesorero Pasamonte, y oficiales, y jueces de la Audiencia
-desta isla, ó algunos dellos que lo revolvian y movian
-al dicho Pasamonte, y lo tomaban por cabeza de sus
-pasiones y envidias, por ser tan favorecido del Rey, perseguian
-al almirante D. Diego con cartas al Rey é á Lope Conchillos,
-Secretario, y al obispo de Búrgos D. Juan Fonseca, que como
-arriba se ha dicho algunas veces, nunca estuvo bien con los
-Almirantes, padre y hijo. No creí ser otra la causa sino por
-echalle de la gobernacion desta isla y de lo demas, y quedarse
-ellos con ella, no sufriendo superior sobre sí; finalmente, tanto,
-que rodearon que el Rey le mandase llamar, y que fuese á Castilla,
-no supe, aunque lo supiera si mirara en ello, con qué color
-ó debajo de qué título. El cual, obedeciendo el mandado
-del Rey, aparejó su partida y salió del puerto de Sancto Domingo
-en fin del año de 1514, ó al principio del año 15, dejando
-á su mujer doña María de Toledo, matrona de gran merecimiento,
-con dos hijas en esta isla. Entre tanto, quedaron á su<span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span>
-placer los jueces y oficiales, mandando y gozando de la isla, y
-no dejaron de hacer algunas molestias y desvergüenzas á la
-casa del Almirante, no teniendo miramiento en muchas cosas
-á la dignidad, persona, y linaje de la dicha señora Doña María
-de Toledo. En este tiempo lo que más se trataba y sonaba, y
-de donde más esperanza se tenia, destas islas y áun de todas
-estas Indias, era la isla de Cuba, por las nuevas de tener mucho
-oro, y por hallarse la gente della tan doméstica y pacífica;
-y habia ya dos años que á ella los españoles con Diego Velazquez
-á poblar habian venido. Porque de la tierra firme,
-como entónces llegase Pedrárias, cosa de fruto de su llegada no
-se habia visto, pues de todas las otras partes della ninguna
-noticia se tenia. Tornando, pues, á tomar la historia de la isla
-de Cuba, que en el cap. 32 contamos, dijimos allí como Diego
-Velazquez, que gobernaba la isla como teniente del Almirante,
-habia señalado cinco villas, donde todos los españoles que
-en ella habia se avecindasen, con la de Barocoa que ya estaba
-poblada. Repartidos los indios de las comarcas de cada villa y
-entregados á los españoles, cada uno segun el ansia de haber
-oro tenia y más ancho de conciencia se hallaba, sin tener consideracion
-alguna que aquellas gentes eran de carne y de hueso,
-pusiéronlos en los trabajos de las minas, y en los demas que
-para aquellos se enderezaban, tan de golpe y tan sin misericordia,
-que en breves dias la muerte de innumerables dellos
-manifestó la grande inhumanidad con que los trataban. Fué
-más vehemente y acelerada la perdicion de aquellas gentes,
-por aquella primera temporada, que en otras partes, por causa
-de que, como los españoles andaban por toda la isla, como
-ellos dicen, pacificándolas, y consigo traian muchos de los indios
-que por los pueblos, para se servir dellos, contínuamente
-tomaban, y todos comian y ninguno sembraba, y los de los
-pueblos, dellos huian, y dellos, de alborotados y medrosos, de
-otra cosa más de que no los matasen, como á otros muchos
-se mataron, no curaban, quedó la tierra toda ó cuasi toda de
-bastimentos vacua y desmamparada. Pues como la cudicia de
-los españoles, segun dije, los ahincaba, no curando de sembrar<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span>
-para tener pan, sino de coger el oro que no habian sembrado,
-como quiera y con cualquiera poca cosa que podian haber de
-bastimento como rebuscándolo, ponian los hombres y las mujeres,
-sin suficiente comida para poder vivir cuanto ménos
-para trabajar, en los susodichos trabajos. Y es verdad, como
-arriba en cierto capítulo dije, que en mi presencia y de otras
-personas nos contó uno, como si refiriera una muy buena industria
-ó hazaña, que con los indios que tenia de su repartimiento
-habia hecho tantos mil montones, que es la labranza
-de que se hace el pan caçabí, enviándolos cada tercer dia, ó
-de dos á dos dias, por los montes á que comiesen las frutas que
-hallasen, y con lo que traian en los vientres les hacia trabajar
-otros dos ó tres dias en la dicha labranza, sin dalles á comer
-de cosa alguna un sólo bocado; y el trabajo de aquel labrar
-es cavar todo el dia, y mucho mayor que cavar en las viñas
-y huertas en nuestra España, porque es levantar la tierra que
-cavan haciendo della montones, que tienen tres y cuatro piés
-en cuadro y de tres ó cuatro piés ó palmos en alto, y ésto no
-con azadas ni azadones que les daban, sino con unos palos
-como garrotes, tostados. Así que, por esta hambre, no teniendo
-que comer, y metiéndolos en tan grandes trabajos, fué más
-vehemente y más en breve la muerte de aquella gente que en
-otra parte. Y como llevaban los hombres y mujeres sanos á las
-minas y á los otros trabajos, y quedaban en los pueblos solos
-los viejos y enfermos sin que persona los socorriese y remediase,
-allí perecian todos de angustia y enfermedad sobre la
-rabiosa hambre; yo vide algunas veces, andando camino en
-aquellos dias por aquella isla, entrando en los pueblos, dar voces
-los que estaban en las casas, y entrando á vellos, preguntando
-qué habian, respondian: hambre, hambre, hambre. Y porque
-no dejaban hombre ni mujer que se pudiese tener sobre sus
-piernas que no llevasen á los trabajos, á las mujeres paridas
-que tenian sus hijos y hijas chiquitas, secándoseles las tetas con
-la poca comida y con el trabajo, no teniendo con que criallas,
-se les morian; por esta causa se murieron en obra de tres meses
-7.000 niños y niñas, y así se escribió al Rey católico por<span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span>
-persona de crédito que lo habia inquirido. Tambien acaeció
-entónces que, habiendo dado en repartimiento á oficial del Rey
-300 indios, tanta priesa les dió, echándolos á las minas y en
-los demas servicios, que en tres meses no le restaron más del
-diezmo vivos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXIX">CAPÍTULO LXXIX.</h2></div>
-
-
-<p>Llevando este camino, y cobrando de cada dia mayor
-fuerza esta vendimia de gentes, segun más crecia la cudicia,
-y así más número dellas pereciendo, el clérigo Bartolomé de
-las Casas, de quien arriba en el cap. 28 y en los siguientes
-alguna mencion se hizo, andaba bien ocupado y muy solícito
-en sus granjerías, como los otros, enviando indios de su repartimiento
-en las minas á sacar oro y hacer sementeras, y aprovechándose
-dellos cuanto más podia, puesto que siempre tuvo
-respecto á los mantener, cuanto le era posible, y á tratallos
-blandamente, y á compadecerse de sus miserias, pero ningun
-cuidado tuvo más que los otros de acordarse que eran hombres
-infieles, y de la obligacion que tenia de dalles doctrina,
-y traellos al gremio de la Iglesia de Cristo; y porque Diego
-Velazquez, con la gente española que consigo traia, se partió
-del puerto de Xagua para hacer y asentar una villa de españoles
-en la provincia donde se pobló la que llamó de Sancti-Espíritus,
-y no habia en toda la isla clérigo ni fraile, despues
-de en el pueblo de Baracóa donde tenian uno, sino el dicho
-Bartolomé de las Casas, llegándose la Pascua de Pentecostés,
-acordó dejar su casa que tenia en el rio de Arimáo, la penúltima
-luenga, una legua de Xagua, donde hacia sus haciendas,
-é ir á decilles misa y predicalles aquella Pascua. El cual,
-estudiando los sermones que les predicó la Pascua, ó otros
-por aquel tiempo, comenzó á considerar consigo mismo sobre
-algunas autoridades de la Sagrada Escritura, y, si no me he
-olvidado, fué aquella la principal y primera del Eclesiástico,
-capítulo 34. <i>Immolantes ex iniquo oblatio est maculata</i>, etc., comenzó,
-digo, á considerar la miseria y servidumbre que padecian
-aquellas gentes. Aprovechóle para ésto lo que habia oido<span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span>
-en esta isla Española decir y experimentado, que los religiosos
-de Sancto Domingo predicaban, que no se podian tener con
-buena conciencia los indios, y que no querian confesar ó absolver
-á los que los tenian, lo cual el dicho Clérigo no aceptaba;
-y queriéndose una vez con un religioso de la dicha
-Órden, que halló en cierto lugar, confesar, teniendo el Clérigo
-en esta isla Española indios, con el mismo descuido y ceguedad
-que en la de Cuba, no quiso el religioso confesalle, y pidiéndole
-razon por qué, y dándosela, se la refutó el Clérigo con frívolos
-argumentos y vanas soluciones, aunque con alguna apariencia,
-en tanto que el religioso le dijo: «Concluí, padre, con
-que la verdad tuvo siempre muchos contrarios y la mentira
-muchas ayudas.» El Clérigo luégo se le rindió, cuanto á la
-reverencia y honor que se le debia, porque era el religioso
-veneranda persona y bien docto, harto más que el padre Clérigo,
-pero cuanto á dejar los indios no curó de su opinion. Así
-que, valióle mucho acordarse de aquella su disputa y áun confusion
-que tuvo con el religioso, para venir á mejor considerar
-la ignorancia y peligro en que andaba, teniendo los indios como
-los otros, y confesando sin escrúpulo á los que los tenian y
-pretendian tener, aunque le duró ésto poco; pero habia muchos
-confesado en esta isla Española que estaban en aquella
-damnacion. Pasados, pues, algunos dias en aquesta consideracion,
-y cada dia más y más certificándose, por lo que leia
-cuanto al derecho y vía del hecho, aplicando lo uno á lo otro
-determinó en sí mismo, convencido de la misma verdad, ser
-injusto y tiránico todo cuanto cerca de los indios en estas Indias
-se cometia. En confirmacion de lo cual, todo cuanto leia
-hallaba favorable, y solia decir é afirmar, que, desde la primera
-hora que comenzó á desechar las tinieblas de aquella ignorancia,
-nunca leyó en libro de latin ó de romance, que fueron, en
-cuarenta y cuatro años, infinitos, en que no hallase ó razon ó
-autoridad para probar y corroborar la justicia de aquestas indianas
-gentes, y para condenacion de las injusticias que se les
-han hecho, y males y daños. Finalmente, se determinó de
-predicallo; y porque, teniendo él los indios que tenia, tenia<span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span>
-luégo la reprobacion de sus sermones en la mano, acordó, para
-libremente condenar los repartimientos ó encomiendas como
-injustas y tiránicas, dejar luégo los indios y renunciarlos en
-manos del gobernador Diego Velazquez, no porque no estaban
-mejor en su poder, porque él los tractaba con más piedad, y
-lo hiciera con mayor desde allí adelante, y sabia que dejándolos
-él los habian de dar á quien los habia de oprimir é fatigar
-hasta matallos, como al cabo los mataron, pero porque,
-aunque les hiciera todo el buen tractamiento que padre pudiera
-hacer á hijos, como él predicara no poderse tener con
-buena conciencia, nunca le faltaran calumnias diciendo:
-«al fin tiene indios, ¿por qué no los deja, pues afirma ser tiránico?»
-acordó totalmente dejallos. Y para que del todo ésto
-mejor se entienda, es bien aquí reducir á la memoria la compañía
-y estrecha amistad que tuvo este Padre con un Pedro
-de la Rentería, hombre prudente y muy buen cristiano, de
-quien arriba en el cap. 32 hobimos algo tocado. Y como fuesen
-no sólo amigos pero compañeros en la hacienda, y tuviesen
-ambos sus repartimientos de indios juntos, acordaron entre sí
-que fuese Pedro de la Rentería á la isla de la Jamáica, donde
-tenia un hermano, para traer puercas para criar y maíz
-para sembrar, y otras cosas que en la de Cuba no habia,
-como quedase del todo gastada, como queda declarado, y
-para este viaje fletaron una carabela del Rey en 2.000 castellanos.
-Pues como estuviese ausente Pedro de la Rentería, y
-el Padre clérigo determinase dejar los indios, y predicar lo
-que sentia ser obligado para desengañar los que en tan profundas
-tinieblas de ignorancia estaban, fué un dia al gobernador
-Diego Velazquez, y díjole lo que sentia de su propio
-estado, y dél mismo que gobernaba y de los demas, afirmando
-que en él no se podian salvar, y que, por salir de peligro
-y hacer lo que debia á su oficio entendia en predicarlo, por
-tanto determinaba renunciar en él los indios, y no tenellos á su
-cargo más, por eso que los tuviese por vacuos y hiciese dellos
-á su voluntad; pero que le pedia por merced, que aquello
-fuese secreto y que no los diese á otro hasta que Rentería<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span>
-volviese de la isla de Jamáica donde estaba, porque la hacienda
-y los indios, que ambos indivisamente tenian, padecerian
-detrimento, si, ántes que viniese, alguno á quien diese los
-indios del dicho Padre en ella y en ellos entraba. El Gobernador,
-de oirle cosa tan nueva y como monstruosa, lo uno porque
-siendo clérigo y en las cosas del mundo, como los otros, azolvado,
-fuese de la opinion de los frailes dominicos, que aquello
-habian primero intentado y que se atreviese á publicallo, lo
-otro que tanta justificacion y menosprecio de hacienda temporal
-en él hobiese, que, teniendo tan grande aparejo como tenia
-para ser rico en breve, lo renunciase, mayormente que comenzaba
-á tener fama de cudicioso, por verle ser diligente cerca
-de las haciendas y de las minas, y por otras semejantes señales,
-quedó en grande manera admirado, y díjole, haciendo más
-cuenta de lo que al Clérigo tocaba en la hacienda temporal,
-que al peligro en que él vivia mismo, como cabeza y principal
-en la tiranía que contra los indios en aquella isla se perpetraba:
-«Mirad, Padre, lo que haceis, no os arrepintais,
-porque por Dios que os querria ver rico y prosperado, y por
-tanto no admito la dejacion que haceis de los indios; y porque
-mejor lo considereis, yo os doy quince dias para bien pensarlo,
-despues de los cuales me podeis tornar á hablar lo que
-determináredes.» Respondió el Padre clérigo: «Señor, yo
-rescibo gran merced en desear mi prosperidad, con todos los
-demas comedimientos que vuestra merced me hace, pero haced,
-señor, cuenta que los quince dias son pasados, y plega á
-Dios que, si yo me arrepintiere deste propósito que os he manifestado,
-y quisiere tener los indios y por el amor que me
-teneis quisiéredes dejármelos, ó de nuevo dármelos y me oyéredes,
-aunque llore lágrimas de sangre, Dios sea el que rigurosamente
-os castigue, y no os perdone este pecado. Sólo
-suplico á vuestra merced, que todo ésto sea secreto y los indios
-no los deis á ninguno hasta que Rentería venga, porque
-su hacienda no reciba daño.» Así se lo prometió y lo guardó,
-y desde adelante tuvo en mucha mayor reverencia al dicho
-Clérigo, y cerca de la gobernacion, en lo que tocaba á los<span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span>
-indios, y áun á lo del regimiento de su misma persona, hacia
-muchas cosas buenas, por el crédito que cobró dél como si le
-hobiera visto hacer milagros; y todos los demas de la isla comenzaron
-á tener otro nuevo concepto dél que tenian de
-ántes, desque supieron que habia dejado los indios, lo que
-por entónces y siempre lo ha sido estimado por el sumo argumento
-que de santidad podia mostrarse; tanta era y es la
-ceguedad de los que han venido á estas partes. Publicóse
-aqueste secreto, de esta manera: que predicando el dicho
-Clérigo, dia de la Asuncion de Nuestra Señora, en aquel lugar
-donde se dijo que estaba, tractando de la vida contemplativa
-y activa, que es la materia del Evangelio de aquel dia, tocando
-en las obras de caridad, espirituales y temporales, fuéle
-necesario mostrarles la obligacion que tenian á las complir
-y ejercitar en aquellas gentes, de quien tan cruelmente se
-servian, y reprender la mision, descuido y olvido en que vivian
-dellas, por lo cual, le vino al propósito descubrir el concierto
-secreto que con el Gobernador puesto tenia, y dijo:
-«Señor, yo os doy licencia que digais á todos los que quisiéredes
-cuánto en secreto concertado habiamos, y yo la tomo
-para á los presentes decirlo.» Dicho ésto, comenzó á declararles
-su ceguedad, injusticias, y tiranías, y crueldades que
-cometian en aquellas gentes inocentes y mansísimas, como no
-podian salvarse teniéndolos repartidos, ellos y quien se los repartia
-la obligacion á restitucion en que estaban ligados, y que
-él, por conocer el peligro en que vivia, habia dejado los indios,
-y otras muchas cosas que á la materia concernian. Quedaron
-todos admirados y áun espantados de lo que les dijo, y algunos
-compungidos, y otros como si lo soñaran, oyendo cosas tan
-nuevas como eran decir, que sin pecado no podian tener los
-indios en su servicio, como si dijeran que de las bestias del
-campo no podian servirse no lo creian.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXX">CAPÍTULO LXXX.</h2></div>
-
-
-<p>Esto predicado aquel dia, y despues muchas veces repetido
-en otros sermones, cuando dello hablar ocasion se le ofrecia,
-viendo que aquella isla llevaba el camino que llevó esta Española
-para ser en breve destruida, y que maldad tan tiránica
-y de tantas gentes vastativa no podia estirparse sino dando noticia
-al Rey, deliberó, como quiera que pudiese, aunque no tenia
-un solo maravedí, ni de donde habello sino de una
-yegua que tenia que podia valer hasta 100 pesos de oro, ir á
-Castilla y hacer relacion al Rey de lo que pasaba, y pedirle
-con instancia el remedio para obviar á tantos males. Asentado
-este propósito, escribió á Pedro de la Rentería, su verdadero
-amigo y compañero en las haciendas, que estaba, segun se dijo,
-en Jamáica, como él tenia determinado de ir á Castilla por
-cierto negocio de grande importancia, el cual era tal que le
-constreñia en tanto grado, que si no se daba prisa en su venida
-sin esperallo se partiria, cosa no imaginable para el bueno de
-Rentería. Y contaré aquí una cosa de consideracion harto digna,
-ésta es, que como Rentería fuese siervo de Dios, y de las
-calamidades de aquestas gentes muy compasivo, no dejaba de
-pensar algunas veces en ellas y de los remedios que podian
-venirles; el cual, estando toda una Cuaresma en un monasterio
-de Sant Francisco, que á la sazon habia en aquella isla, en tanto
-que su despacho para la de Cuba se concluia, y su ocupacion
-fuese darse á devocion, de la cual era él harto amigo, vínole
-al pensamiento la aprension de aquellas gentes, y la triste
-vida que padecian, y que sería bien procurarles algun remedio
-del Rey, aunque no fuese á todos, al ménos á los niños
-(porque sacallos á todos del poder de los españoles juzgábalo
-ser imposible), de donde vino á dar en que se debia<span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span>
-de pedir al Rey poder y autoridad para hacer ciertos colegios,
-y allí recoger los niños todos y doctrinarlos, los cuales al ménos
-se librarian de aquella perdicion y mortandad, y se salvarian
-los que Dios tuviese para sí determinados. Con este
-propósito y á este fin determinó de, volviendo á la isla de Cuba,
-pasar á Castilla y pedir la dicha facultad al Rey; por manera
-que ambos á dos compañeros, el Clérigo y el buen Rentería,
-que, cierto, era bueno, tuvieron cuasi en un tiempo un motivo
-de compasion de aquestas gentes, y se determinaron de ir á
-Castilla á procuralles remedio de sus calamidades con el Rey,
-sin que el uno supiese del otro, ántes distando 200 leguas el
-uno del otro. Rescibida, pues, la carta del padre Casas, Rentería
-dióse cuanta prisa pudo á se partir de la isla de Jamáica á
-la de Cuba, el cual, llegando una legua ó dos del puerto donde
-acaeció estar el Gobernador y el Padre clérigo con la demas
-gente, como vieron venir la carabela, fué luégo el Clérigo en
-una canoa á rescibir á su Rentería, y subido en la carabela y
-abrazados, como personas que bien se querian, dijo Rentería:
-«¿Qué fué lo que me escribistes de ir á Castilla? no habeis de
-ir vos sino yo á Castilla, porque á lo que yo he determinado
-de ir es cosa que desque yo os la diga holgareis que yo tome
-aquel camino.» Dijo el Clérigo: «Ahora bien, vamos á tierra y
-desque yo os descubra cuál es el fin por qué deliberé ir á
-Castilla, yo se que vos terneis por bien de no ir, sino que yo
-vaya.» Idos á tierra y rescibido Rentería del Gobernador, y de
-todos visitado con mucho placer, porque de todos era muy
-amado, llegada la noche, quedando solos, acordaron de descubrirse
-la causa que cada uno pretendia de su jornada, y, con
-una amigable contienda sobre quién diria primero, concedió
-Rentería, como era muy humilde, descubrir su intento y el fin
-dél ántes. «Yo, dijo él, he pensado algunas veces en las miserias
-y angustias y mala vida que estas gentes pasan, y cómo
-todas cada dia, como en la Española, se consumen y acaban,
-háme parecido que sería piedad ir á hacer relacional Rey dello,
-porque no debe saber nada, y pedille que al ménos nos diese
-licencia para hacer algunos colegios donde los niños se criasen<span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span>
-y enseñasen, y de tan violenta y vehemente muerte los escapásemos.»
-Oido por el Padre clérigo su motivo y causa, quedó
-admirado y dió gracias á Dios, pareciéndole que debia ser su
-propósito, de ir á procurar el remedio destas gentes, divinalmente
-ordenado, pues por un tan buen hombre como Rentería
-era, sin saber dél, ántes, como se dijo, estando muy apartados,
-se le confirmaba; el cual le respondió: «Pues sabed, señor y
-hermano, que no es otro mi propósito sino ir á buscar el total
-remedio destos desventurados, que así los vemos perecer, no
-advirtiendo su perdicion y nuestra condenacion, insensibles
-hechos como hombres ciegos é inhumanos, porque sabed que
-yo he mirado mucho y estudiado esta materia desde tal
-dia, que estaba para predicar en tal parte, y hallo que ni el
-Rey, ni otro poder que haya en la tierra, puede justificar en
-estas Indias nuestra tiránica entrada, ni estos repartimientos
-infernales donde les matamos y asolamos estas tierras, como
-parece en la isla Española, y en la de Sant Juan, y Jamáica, y
-todas las de los Lucayos, y para ésto, allende que los mismos
-efectos que de nuestras obras han salido y cada dia salen,
-condenan nuestra tiranía y maldad, pues á tantas gentes inocentes
-habemos echado en los infiernos sin fe y sin Sacramentos
-con tan grandes estragos, tengo esta razon y ésta, y
-ved aquí ésta y éstas autoridades, y baste decir, en suma, que
-todo cuanto hacemos y habemos hecho es contra la intencion
-de Jesucristo, y contra la forma que de la caridad en su Evangelio
-nos dejó tan encargada, y á todo contradice, si bien lo
-mirais, toda la Escritura Sagrada; y sabed que lo he predicado,
-y ésto y ésto ha pasado, y Diego Velazquez y muchos de
-los que me han oido están harto suspensos y compunctos algo,
-mayormente viendo que los indios he dejado, por donde juzgan
-que no me he movido en valde.» Lo cual como el bueno
-de Rentería oyese, fué lleno de todo gozo y alegría, y admiracion,
-y dió gracias á Dios, porque le parecia que tambien
-su buen motivo y deseo abundantemente se le confirmaba, y
-dijo desta manera al Padre: «Agora digo, Padre, que no yo,
-sino vos, habeis de ir, é conviene que vayais á Castilla, y re<span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span>presenteis
-al Rey todos los males y perdicion destas gentes,
-que acá pasan, y pidais el remedio necesario, pues sabreis
-mejor fundar lo que dijéredes como letrado, y para ello tomad
-nuestra hacienda y de todo lo que yo en esa carabela
-traigo, y háganse dineros los que se pudieren haber, y llevad
-con que podais estar en la corte todo el tiempo que fuere necesario
-para remediar estas gentes, y Dios, nuestro Señor, sea
-el que siempre os encamine y mampare.» Traia en la carabela
-muchos puercos y puercas, y pan caçabí, de que habia
-entónces, como arriba está dicho, en aquella isla gran necesidad,
-y, de maíz y otras cosas que valian, harto; de lo cual y
-de lo que más tenian de presente se hicieron algunos dineros
-que llevó el Padre en buena cantidad, conque pudo estar en
-la corte los años que abajo parecerá, puesto que, con mucho
-ménos que despues, que sucedió la careza en aquellos reinos,
-podian los hombres en ellos pasar. Habíanse descubierto unas
-minas ricas en la provincia Cubanacan, que está á la mar del
-Norte, que quiere decir en la mitad de Cuba, y porque eran
-ricas, determinó Diego de Velazquez que las gozasen sólos los
-del Consejo del Rey, como el obispo de Búrgos y el secretario
-Conchillos, y los demas, por cuya causa reservó todos los
-pueblos comarcanos de indios de aquellas minas, para dárselos
-que les sacasen oro, y así aplicó á uno 30 y á otro 40, segun
-más propíncuo ser él entendia, donde al cabo todos perecieron.
-En este tiempo vinieron aportar muchos caballeros
-aquella isla, y donde Diego Velazquez estaba, del Darien, de
-los que habia llevado Pedrárias, hambrientos y perdidos, y
-allí se les dió de comer, algunos de los cuales fueron despues
-crudelísimos para los indios.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXXI">CAPÍTULO LXXXI.</h2></div>
-
-
-<p>En estos dias fueron enviados por el reverendo fray Pedro
-de Córdoba, de quien arriba mucho hablamos, desta isla Española
-á la de Cuba, cuatro religiosos, sacerdotes los tres, y
-el uno diácono de su órden de Sancto Domingo, personas
-señaladas en vida y letras, llamados fray Gutierre de Ampudia,
-por Vicario dellos, persona de gran virtud y religion, fray
-Bernardo de Sancto Domingo, muy docto y muy religioso, fray
-Pedro de Sant Martin, buen predicador, y fray Diego de Alberca,
-diácono, los cuales fueron enviados y ellos iban con gran
-propósito y celo de predicar y convertir las gentes de aquella
-isla. Fué grande el placer que Diego Velazquez, Gobernador,
-hobo de su venida, pero mucho mayor fué el gozo y consolacion
-que el padre Casas rescibió de vellos; lo uno, porque siempre
-fué devoto de religiosos, y en especial de los de Sancto Domingo,
-y lo otro, por autorizar su doctrina en lo que habia
-predicado contra la opresion y servidumbre que padecian
-aquellas gentes, que por muy nueva y rigurosa se tenia, y
-esperaba que, como letrados y de mucha autoridad, se la
-favorecerian y aprobarian, y si mucho gozo el dicho Padre
-rescibió con la llegada de los dichos religiosos, no ménos fué
-la que hobieron ellos de hallar clérigo que les diese noticia
-de la tierra, y de las obras de los españoles, y de las cosas
-della, mayormente desque supieron que trataba de defender
-la libertad de los indios, y reprender la servidumbre y tiranía
-que padecian; y, cierto, les pareció que les habia proveido
-Dios lo que habian menester, como si les hobiera enviado un
-ángel del cielo. Y porque llegaron en Cuaresma, cuatro dias
-ántes del Domingo que dicen de Lázaro, ó <i>Dominica in Passione</i>,
-dió el clérigo Casas lugar que predicasen los dos de<span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span>
-los religiosos, que eran predicadores, y no quiso predicar
-hasta las octavas de Pascua; predicó luégo, otro dia que llegaron,
-el padre fray Bernardo de Sancto Domingo, que era el
-más letrado, y tomó por tema <i>Operibus credite</i>, porque aquel
-Evangelio en aquel dia se cantaba, y en el sermon dió á entender
-á los españoles la caridad con que la Órden se habia
-movido á los enviar, por provecho y utilidad espiritual dellos,
-y en testimonio desto creyesen á las obras, que eran venir
-de España y ir desta isla á aquella con muchos trabajos. Predicaron
-despues por la Semana Santa y la Pascua, y fueron
-sermones que á todos edificaron y contentaron. Para las octavas
-de Pascua, rogaron al Padre clérigo que predicase, porque
-deseaban oille; aceptólo él, y para que la doctrina que
-por siete ú ocho meses habia contra la opresion de los indios
-predicado se rectificase, porque unos no lo creian que oprimir
-y matar hombres fuese pecado, otros dudaban, otros burlaban,
-otros murmuraban, recogió todas las proposiciones
-que cerca de aquella materia en todo aquel tiempo habia predicado,
-y las más ásperas y rigorosas, y todas juntas las
-tornó en presencia de los religiosos á repetir y afirmar con
-más vehemencia y libertad que ántes las habia dicho. Los religiosos
-quedaron admirados de su hervor y cuán sin temor
-afirmaba cosa tan nueva, y para ellos tan amarga, diciéndoles
-que en aquel estado no se podian salvar; estuvieron juntamente
-los religiosos gozosos, viendo que hobiese clérigo que, lo que
-ellos de aquella materia sentian y predicaban, predicase tan
-libremente por verdad, y fué grande la estima que dél tuvieron
-y el amor que le mostraron, el cual les informó de las matanzas
-que habian los nuestros en los indios perpetrado, el ansia
-de la cudicia en que por haber oro, con el inestimable daño
-y riesgo de la vida de los indios, se ocupaban, las criaturas,
-niños y mujeres que, por el hambre y trabajos, cada dia perecian,
-con todo lo demas que al mal estado que la isla tenia
-tocaba. Fuéles aquesta informacion del padre Casas, como de
-quien lo habia todo bien visto, á los religiosos grande ayuda para
-en breve conocer haber sido de su fin, que era la predicacion y<span class="pagenum"><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span>
-conversion de aquellas gentes, defraudados, y para lo que de
-sí debian disponer determinarse. Mostró ciertos sermones escritos
-al dicho padre fray Bernardo, que ántes que viniesen
-habia contra la dicha tiranía predicado, y díjole con juramento
-que si supiera que en aquella isla habia persona que
-aquello predicaba que nunca á ella asomara, porque, pues por
-aquella doctrina no se enmendaban ni dejaban de matar, no
-esperaba él con sus sermones aprovecharles algo. Predicó
-luégo el siguiente domingo el mismo padre fray Bernardo, y
-tomó por tema <i>Ego sum pastor bonus</i>, aplicando todo su sermon
-á dalles á entender que no eran pastores de aquellas
-gentes, sino mercenarios y tiranos y lobos hambrientos que
-las despedazaban y tragaban; quedaron los nuestros españoles
-de aquel sermon harto espantados y turbados, aunque no enmendados.
-Y como viesen y oyesen cada dia los religiosos que
-con ninguna misericordia los indios eran tractados, y que perecian
-de golpe á manadas, predicó el dicho padre fray Bernardo,
-dia de la Santísima Trinidad, y hizo un sermon tan
-conminatorio y terrible, que hizo áun al mismo Clérigo temblar
-las carnes, diciendo entre otras palabras: «Ya os habemos
-predicado, despues que vinimos, el estado malo en que estais,
-por oprimir, y fatigar, y matar estas gentes; no sólo no os
-habeis querido enmendar, pero, segun tenemos entendido, cada
-dia lo haceis peor, derramando la sangre de tantas gentes sin
-haberos hecho mal; yo pido á Dios que la sangre que por
-ellos derramó sea juez y testigo contra vuestra crueldad, el
-dia del juicio, donde no terneis excusa alguna, pretendiendo
-ignorancia de que no se os dijo y requirió, declarándoseos la
-injusticia que haceis á estas gentes, y vosotros mismos sois de
-vuestras obras testigos y sereis de las penas que por ellas os
-están por venir.» Añadió otras muchas palabras para exasperacion
-de aquella tiranía, de lo cual quedaron todos harto
-tristes, las cabezas todas caidas, pero no que quedase alguno
-convertido. Y acaeció allí luégo un terrible caso, que el dia
-de Corpus Christi siguiente, que es cuatro dias despues del
-domingo de la Santísima Trinidad, lidiaron un toro ó toros, y<span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span>
-entre otros españoles habia uno allí, llamado Salvador, muy
-cruel hombre para con los indios, el cual fué vecino de una
-villa llamada el Bonao, en esta isla, 20 leguas la tierra dentro
-del puerto y ciudad de Sancto Domingo, y tractaba tan mal los
-indios que tenia que lo tenian por diablo; del cual se dijo que
-estando un fraile de Sant Francisco predicando á aquellos sus
-indios ó á otros, de como Dios era Salvador del mundo, y que
-era bueno, y hacia bien á los hombres, comenzaron á escupir é
-blasfemar del Salvador, afirmando que no era sino muy malo
-y cruel hombre que los afligia y mataba, estimando que el
-religioso les loaba á aquel pecador, Salvador. Así que aqueste
-Salvador pasó desta isla á la de Cuba, donde tambien comenzó
-á usar de sus crueldades con los indios, y se halló aquel dia de
-Corpus Christi con los otros que dije haber lidiado los toros, y
-viniendo, despues de lidiados, todos juntos saltando y holgándose,
-y él entrando en su posada echóse hablando y riendo á
-descansar sobre una arca, y así como se echó dió un grito diciendo
-¡ay!, y súbitamente espiró. Muerte fué que espantó á
-muchos, pero ninguno se enmendó, y algunos la tuvieron por
-misterio y señal que quiso Dios mostrar aprobando la protestacion
-del padre fray Bernardo, que el dia de la Santísima
-Trinidad habia hecho, por la sangre humana que habia aquel
-derramado, y que en dia del Cuerpo y Sangre de Jesucristo
-fuese castigado. Luégo los religiosos determinaron que el Vicario
-suyo y padre fray Gutierre de Ampudia volviese á esta
-isla Española, con el Clérigo que determinaba ir á Castilla,
-para dar noticia y razon á su Prelado mayor que era el dicho
-padre venerando fray Pedro de Córdoba, viendo que ningun
-provecho esperaban hacer en aquella isla á los indios ni á los
-españoles, á los indios por la opresion mortífera que padecian,
-ni á los españoles juzgándolos por de mal estado é indignos
-de los Santos Sacramentos de la Iglesia, pues por sus cudicias
-consumian la gente de aquella isla, y no dudaban que la habian
-de despoblar como habian hecho, algunos dellos y otros, esta.
-Y porque consideró el dicho Clérigo que se ponia en negocio
-por el cual habia de ser odiosísimo á muchos á quienes toca<span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span>ba,
-así á los del Consejo del Rey que tenian indios en estas
-islas, como á todos los españoles que vivian en ellas, y por
-consiguiente habian de blasfemar dél y quizá levantarle testimonios
-falsos, mayormente decir que repugnaba al servicio
-del Rey, hizo una peticion á un Alcalde que interpusiese su
-autoridad á una probanza que queria hacer, <i>ad perpetuam rei
-memoriam</i>, de los servicios que en aquella isla habia hecho á
-Dios y al Rey, en tres ó cuatro años que en ella habia estado,
-conviene á saber, apaciguando todas las más provincias della
-cuanto á los indios, predicando, baptizando, y confesando y
-celebrando cuanto á los españoles, para que si en algun tiempo
-quisiese pedir al Rey mercedes sus servicios al Rey constasen;
-la cual hizo muy copiosa y echó fama que se iba á
-París á estudiar y graduar, y con esta disimulacion quedaron
-todos, Diego Velazquez y los demas españoles, descuidados,
-y así se partieron el dicho padre fray Gutierre, con un compañero,
-que fué fray Diego de Alberca, diácono, y con el Clérigo,
-dejando los otros dos religiosos, fray Bernardo y fray
-Pedro, hasta que otra cosa el Vicario general, fray Pedro de
-Córdoba, proveyese. Llegaron todos tres, los dos religiosos y
-el Clérigo, al puerto de la Yaguana, que es en esta isla, y de
-allí á villa de la Vera Paz, ó Xaraguá, que áun no estaba despoblada,
-donde el padre fray Gutierre se halló algo indispuesto
-de una calentura, y, porque no se hallaron tan presto
-cabalgaduras para todos tres, acordóse que se fuese el padre
-fray Gutierre, cabalgando, por estar enfermo, y el compañero
-á pié, camino de la villa de Sant Juan de la Maguana,
-que estaba de allí 30 leguas, y que el Clérigo, en hallando
-cabalgadura, iria tras ellos. Y fueron tantos los dias que no se
-pudo partir, que, creyendo que no los podia alcanzar, acordó
-de ir por otro camino más breve, que se llamaba el de Careybana,
-que iba á se juntar con el otro de Sant Juan de la
-Maguana en la villa de Açua, 20 leguas de la dicha villa de
-Xaraguá ó Vera Paz. Yendo, pues, el padre fray Gutierre
-con su compañero hácia Sant Juan de la Maguana, á dos ó
-tres jornadas salidos de Xaraguá, agravósele el mal, y llegados<span class="pagenum"><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span>
-á una venta ó hato de vacas no pudo pasar adelante, y, queriéndole
-Dios dar el pago de sus trabajos y virtud, creciéndole
-su mal estaba muy penado porque no llegaba el clérigo
-Casas, su compañero, para se confesar. El cual, estando en
-esta tristeza, consólole Dios, con que acaso llegó un clérigo
-que era cura del mismo pueblo de Xaraguá, que venia de la
-ciudad de Sancto Domingo, con el cual se confesó y consoló,
-y luégo desde á poco dió el ánima á quien la crió. Túvose
-aquella llegada de aquel cura, en tal tiempo y necesidad, por
-obra muy cierta de Dios que le quiso galardonar lo mucho
-que le habia servido en oir confesiones, á lo cual era muy
-dedicado con mucho celo y devocion, y así ordenó nuestro
-Señor que á aquel, para su consuelo en el artículo de la muerte,
-no faltase quien le confesase; de donde parece, que no sólo
-tiene Dios cuidado de remunerar á sus siervos en la otra vida,
-segun lo que en ésta por su amor trabajan, pero tambien consuela
-en ella por la misma órden que le agradan, como á los
-malos en este y en el otro mundo dá de sus obras la paga. A
-esta sazon envió Diego Velazquez á Pánfilo de Narvaez, por
-procurador de aquella isla, á Castilla, para que les diesen los
-indios perpétuos, segun creí, é alcanzar otras mercedes, y á
-vueltas dellas que le hiciese Gobernador della, <i>inmediate</i> á él
-y no al Almirante, segun despues se dijo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXXII">CAPÍTULO LXXXII.</h2></div>
-
-
-<p>En este tiempo que bullia la riqueza de aquella isla, presentó
-el Rey para Obispo della á un su predicador, fraile de
-Sancto Domingo, llamado fray Bernardo de Mesa, de quien
-arriba en los capítulos 9.º y siguientes hablamos, el cual nunca
-fué á ella, ó porque el Rey en breve murió, ó porque como
-habia dado parecer contra los indios no acertado, por creerse
-fácilmente de las falsedades de los tiranos, de gozar del gran
-fructo que allí pudiera hacer, si acertara en defender sus ovejas
-y doctrinallas, fué indigno. Salido el padre fray Gutierre, con
-su compañero y el clérigo Casas, de la isla de Cuba, cresció
-la crueldad inhumana que los nuestros usaban con las gentes
-della cada dia más y más; los opresos indios, viéndose cada
-dia morir, comenzaron á huir de las minas y de los otros trabajos
-en que los mataban de pura hambre, y contino y excesivo
-tormento y trabajo; los españoles, que para los tener
-siempre en servicio clavados no les faltan medios y mañas,
-procuraron de por muchas maneras irlos á montear, entre
-otras, comenzaron á criar lebreles y perros bravos que los
-despedazaban, de los cuales, por huir é no vellos, vivos se enterraran.
-Pasábanse huyendo á las isletas de que la isla está
-cercada de una parte y de otra, digo de la del Sur y del
-Norte, que dijimos llamarse el Jardin de la Reina y el Jardin
-del Rey, de donde los traian, y trayendo los afligian, angustiaban
-y amargaban y ejercitaban en ellos, para que escarmentasen
-y no se huyesen, castigos y crueldades estrañas.
-Viéndose los infelices, aunque inocentes, que por ninguna
-parte podian remediar ni obviar á su perdicion, ni de la muerte,
-y muertes dobladas tan ciertas y horrendas, escaparse,
-acordaron de ahorrar al ménos de la una, que por ser tan<span class="pagenum"><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span>
-luenga tenian por más intolerable, y esta era la vida, que
-muriendo vivian, amarga, por salir de la cual comenzáronse
-de ahorcar; y acaeció ahorcarse toda junta una casa, padres y
-hijos, viejos y mozos, chicos y grandes, y unos pueblos convidaban
-á otros que se ahorcasen porque saliesen de tan diuturno
-tormento y calamidad. Creian que iban á vivir á otra parte
-donde tenian todo descanso, y de todas las cosas que habian
-menester abundancia y felicidad, y así sentian y confesaban la
-inmortalidad del ánima, y esta opinion por todas las Indias la
-habemos hallado, lo que muchos ciegos filósofos negaron. De
-un español, que yo cognoscí bien cognoscido, se dijo que por
-su crueldad se habian muerto en esta isla Española, con el
-agua ó zumo de la yuca (que, segun en nuestra Apologética
-Historia dijimos, es ponzoñosa bebiéndola cruda), cantidad
-de indios, y despues pasado á la de Cuba, por salir de su
-infernal servidumbre, se habian ahorcado muchos más. Tambien
-por una mujer española, segun era cruel, se ahorcaron
-allí muchos indios, aunque, si no me he olvidado, ántes que
-una manada dellos se ahorcasen la mataron. Era tanta la gente
-que tomaba sabor en ahorcarse por salir de aquellos trabajos,
-que ya los españoles se hallaban burlados, y de sus crueldades
-les iba pesando, porque no les quedaba ya quien, en las
-minas y en las otras sus invenciones de adquirir oro, ellos matasen.
-Acaeció en estos dias un señalado caso y fué aqueste,
-que saliendo cierto número de indios de casa ó estancia, ó de
-las minas, de cierto español que los tenia encomendados, afligidos
-y desesperados, con determinacion de todos en llegando
-á su pueblo se ahorcar, entendido por él, va corriendo tras
-ellos, y con mucha disimulacion, ya que estaban aparejando
-sus sogas, díceles: «buscáme para mí una buena soga, porque
-me quiero con vosotros ahorcar, porque si vosotros os ahorcais
-¿para qué quiero yo vivir sin vosotros acá, pues me
-dais de comer y me sacais oro? quiero irme allá con vosotros,
-por no perder lo que me dais;» los cuales, creyendo
-que áun con la muerte no lo podrian desechar, sino que en
-la otra vida los habia de mandar y fatigarlos, acordaron de no<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span>
-se matar, sino por entónces quedarse. Finalmente, destas y
-otras muchas maneras fatigados y trabajados, al cabo los
-destruyeron y acabaron harto más presto que en otras partes,
-y quedó aquella isla como ésta y las otras despoblada como
-lo está. Viendo los españoles que se les iban todos acabando,
-no tomaron por remedio aflojar en sus cudicias, y moderarles
-las angustias y trabajos, sino el que en aquesta Española tomaron,
-éste fué, del oro que con la sangre de aquella gente
-habian allegado, hacer armadas de dos y de tres navíos para
-ir á las islas de los Lucayos ó Yucayos, y otras cercanas de
-tierra firme, á saltear, y de aquellos inocentes corderos que
-estaban en sus tierras y casas seguros, sin hacer mal á nadie,
-traer barcadas. Acaecieron en estas armadas casos nunca vistos,
-ántes señalados, por los cuales mostraba Dios no ser santos
-aquellos pasos ni á su divina y rectísima voluntad agradables;
-destos, abajo, placiendo á Dios, algunos se referirán. En este
-año de 1515 partió de Cáliz, ó del Puerto, Juan de Solís, piloto
-y gran marinero, con tres navíos, para ir á descubrir
-desde el cabo de Sant Agustin, que agora llaman la costa del
-Brasil los portugueses, adelante hácia el Mediodia, el cual fué
-costeando y pasó la línea equinoccial 30° y más, descubriendo
-aquél el rio que agora dicen de la Plata, no sé por qué
-ocasion, el cual nombró el dicho Juan de Solís el cabo y
-rio de Sancta María. Saltó el dicho Juan de Solís con ciertos
-marineros, los que pudieron caber en la barca ó batel del
-navío en que iba, en cierta parte de aquella costa; los indios
-lo mataron y díjose que los comieron. Yo no sé cómo pudieron
-ver que los habian comido, pues no osaron parar los demas
-por aquella tierra, si quizá no los comieron en la misma
-costa de la mar y que desde los navíos los viesen. Por la muerte
-de aquél piloto siempre oí decir no convenir que fuese por
-Capitan principal de la flota ó navíos que fuesen á descubrir,
-ó á poblar ó á otro algun viaje, marinero, porque, no llevando
-superior, los marineros presumen de se señalar y aventúranse
-á perderse á sí mismos como hizo éste, y por consiguiente
-á los otros; y creo que nació esta murmuracion de que por la<span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span>
-muerte de aquel Solís sucedió gran daño á todos los otros
-navíos y gente que iba en ellos, por faltarles la cabeza y principal
-piloto. Cargaron los navíos que restaron de brasil, que es
-cierta madera con que tiñen los paños de rosado ó colorado, y
-tornáronse, no sé cuántos, á España, no muy alegres ni prosperados.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXXIII">CAPÍTULO LXXXIII.</h2></div>
-
-
-<p>Tornando á proseguir la historia y camino del clérigo Bartolomé
-de las Casas, digamos que, llegado á la ciudad de
-Sancto Domingo con deseo de hablar é dar cuenta de su propósito
-al egrégio padre fray Pedro de Córdoba, halló que era
-embarcado en un navío y salido del puerto con ciertos otros
-religiosos de su Órden, en prosecucion de la licencia y favor
-que el Rey católico le habia concedido para ir á predicar á las
-gentes de la tierra firme; iban tambien con él ciertos religiosos
-de Sant Francisco, extranjeros, creo que de Picardia, de
-los cuales habian venido algunos á estas islas, con celo de
-predicar la fe á las gentes dellas. Estos le rogaron que les diese
-lugar para ir con él y ayudalle en la dicha conversion ó
-predicacion; holgó mucho el padre fray Pedro de Córdoba de
-los admitir á aquel su apostolado, porque siempre procuró de
-conservar el amistad caritativa entre ambas á dos Órdenes. Salidos
-del puerto, sucedióles tan grande tormenta de viento
-contrario, que les hizo volver la proa al puerto, pero como
-del mismo puerto ventase otro viento terrible, adverso, y la
-corriente del rio fuese impetuosa, y las olas de la mar con
-ella peleasen, toda la ciudad que los estaba mirando los tenia
-por ahogados. Acudieron muchas barcas y bateles á socorrellos,
-más para que si el navío se anegase, recoger la gente
-que pudiese llegar á las barcas, que con pensamiento de que
-la nao ó navío se podia escapar. Estando en este peligro, dijo
-el padre fray Pedro al principal de los frailes Franciscos, en
-latin porque no entendia nuestro romance: <i>Pater, hodie
-oportet nos hic mori pro Christo</i>. Respondió el buen religioso
-Francisco: <i>Sit nomen Domini benedictum</i>. Viendo los religiosos
-que estaban en el monasterio á su padre fray Pedro, que estaba<span class="pagenum"><a name="Page_273" id="Page_273">[273]</a></span>
-para perecer, hacian grande oracion llena de lágrimas delante
-el Santísimo Sacramento, y toda la ciudad rogaba con
-gran instancia á nuestro Señor que los salvase; finalmente,
-plugo á la bondad y misericordia de Dios, que aflojó algo el
-viento que ventaba del puerto, que los impedia entrar, y entraron
-con grandísimo peligro, teniéndose su entrada por milagro.
-De los barcos ó bateles que salieron á socorrellos, ó de
-los que habian salido á pescar, creo fué uno ó dos los que se
-perdieron, y ahogáronse algunas personas, ó que no sabian
-nadar, ó que la resaca, que son las olas que quiebran en las
-peñas ó en la ribera, los impidieron que no llegasen á tierra
-y escapasen. Pasados algunos dias fué á visitar el clérigo Casas
-al dicho padre fray Pedro de Córdoba, y á darle parte de su
-venida de la isla de Cuba, y propósito, que era ir á Castilla á
-informar al Rey de la perdicion de las gentes de aquella isla,
-y de como llevaban el camino, para fenecer todos en breve,
-que llevaron los desta isla Española. Cuéntale los estragos y
-matanzas y opresiones que por sus ojos habia visto, y como
-se habia convertido cayendo en el mal camino que como los
-demas llevaba, y lo que á los españoles habia predicado y el
-estado de perdicion en que los dejaba, y como el padre fray
-Gutierre de Ampudia, viendo la poca esperanza que los religiosos
-que habia enviado consigo á aquella isla tenian de que
-se enmendarian ni cesarian de matar aquellas gentes, acordó
-de venir á dalle parte dello para ver lo que mandaba, el
-cual en el camino habia fallecido, como ya el compañero fray
-Diego de Alberca le habia dicho. El padre fray Pedro de
-Córdoba le loó mucho su obra y su propósito, y se holgó de
-cognoscerle, y más porque siendo clérigo le hobiese Dios inspirado
-verdad tan cierta, en que tantos de todas profesiones
-y estados erraban, y animóle á la prosecucion de su propósito,
-y entre otras palabras le dijo estas: «Padre, vos no
-perdereis vuestros trabajos porque Dios terná buena cuenta
-dellos, pero sed cierto, que, miéntras el Rey viviere, no
-habeis de hacer, cerca de lo que deseais y deseamos, nada.»
-Entendida la causa, no se creyó ser otra sino que, como el Rey<span class="pagenum"><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span>
-tenia tanto crédito del obispo de Búrgos, y del secretario
-Lope Conchillos, y éstos estaban errados, aunque arraigados
-en aquel error, que los españoles podian sin ningun escrúpulo
-de conciencia tener los indios repartidos y servirse dellos,
-parecíale ser imposible de aquella falsa opinion desarraigallos,
-mayormente teniendo ellos mismos y otros del Consejo del
-Rey tantos indios. El clérigo Casas, puesto que le pesó de oir
-tal palabra, pero no por eso desmayó, porque pareció que
-Dios le daba y dió celo y deseo de procurar el remedio de
-aquellos desdichados, y con ello gran perseverancia, y así
-respondió al Padre: «Padre, yo probaré todas las vías que pudiere,
-y me porné á todos los trabajos que se me ofrecerán,
-por alcanzar el fin de lo que he comenzado, y espero que
-nuestro Señor me ayudará, y cuando no lo alcanzase habré
-hecho lo que debia, como cristiano, vuestra reverencia me encomiende
-á Dios y haga siempre encomendar.» Rescibió mucho
-placer y gozo el padre fray Pedro de verle con tan buen
-ánimo, y desde allí le comenzó á mucho amar, y fué creciendo
-cada dia, como parecerá, en tanto grado, que no se cree haber
-amado más á ninguno de sus frailes; y porque padecian grandes
-necesidades los religiosos en aquella casa, por su mucha
-pobreza, mayormente por no tenerla hecha, sino un pedazo,
-acordó de enviar á Castilla, en el navío que iba el Clérigo, al
-padre fray Anton Montesino, el que arriba dijimos haber predicado
-primero, contra esta tiránica maldad, hombre bueno
-y de conato y eficacia, para que pidiese al Rey limosna para
-hacer la iglesia y casa, y tambien para que, si se le ofreciese
-ocasion, al Clérigo, pudiendo, ayudase. Y así, por el mes de
-Setiembre del año de 1515 se embarcó el Clérigo, y el dicho
-Padre, con otro compañero suyo, en una misma nao, los
-cuales, por la gracia de Dios, llegaron á Sevilla, con próspero
-viaje; fuese á su monasterio el padre fray Anton Montesino,
-con su compañero, y el Clérigo á casa de sus deudos,
-por ser de allí natural, y en pocos dias se dió priesa y despachó
-para la corte, que á la sazon en Plasencia estaba. El
-arzobispo de Sevilla, don fray Diego de Deza, de la órden de<span class="pagenum"><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span>
-Sancto Domingo, á quien el Rey católico mucho amaba, le
-habia escripto que se fuese Su Alteza á Sevilla, porque era
-buena tierra para viejos, y como el Rey andaba ya muy enfermo,
-acordó desde Búrgos irse allá. El padre fray Anton
-Montesino dió noticia al Arzobispo del dicho padre clérigo
-Casas, y los buenos deseos que tenia y cuán adelante estaba
-en la defensa de los indios, y de la verdad que los frailes
-de Sancto Domingo defendian, y el mismo padre fray Anton
-habia primero, de parecer de todos los frailes, predicado,
-como en el cap. 4.º fué declarado. Llevólo á que besase al
-Arzobispo las manos, rescibiólo con alegría, y dióle carta
-para el Rey, acreditando su persona y negocio, suplicándole
-lo oyese, y para otras personas de la Cámara que le diesen
-lugar y favor para que al Rey hablase. Salidos de aquesta isla
-el Padre dicho y el Clérigo, el padre fray Pedro de Córdoba,
-prosiguió su viaje para tierra firme, con cuatro ó cinco religiosos
-de su Órden, muy buenos sacerdotes, y un fraile lego,
-y tambien con los de Sant Francisco; los cuales, puestos en
-tierra firme, á la punta de Araya, cuasi frontero de la Margarita,
-desembarcáronlos con todo su hato, y dejáronlos allí los
-marineros. Los franciscos y dominicos hicieron muchas y
-afectuosas oraciones, y ayunos y disciplinas, para que nuestro
-Señor les alumbrase dónde pararian ó asentarian, y, finalmente,
-los franciscos asentaron en el pueblo de Cumaná, la
-última aguda, y los dominicos fueron á asentar 10 leguas abajo,
-al pueblo de Chiribíchi, la penúltima luenga, al cual nombraron
-Sancta Fe. Los indios los rescibieron con grande contentamiento
-y alegría á todos ellos; los dominicos, en especial,
-estuvieron sobre aviso de no ser onerosos en cosa alguna
-á los indios, y así fué admirable el trabajo y trabajos
-que padecieron en hacer su monasterio, cortando la madera
-y las vigas trayéndolas á cuestas, haciendo hornos de cal, y
-acarreando la piedra, y todo lo demas que para su edificio era
-menester. Creo llevaron un rocin y un carreton que les fué
-harta ayuda; llevaron un chinchorro, que es una red, y con
-el pescado que con él tomaban se mantenian. El pan de<span class="pagenum"><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span>
-maíz les daban los indios, los cuales se holgaban con la compañía
-de los frailes, por el pescado que del chinchorro habian,
-y por el poco enojo que les daban y ningun trabajo en que
-los ponian; llevaron el camino de Sant Pablo, que manda Jesucristo,
-por no poner al Evangelio algun ofendículo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXXIV">CAPÍTULO LXXXIV.</h2></div>
-
-
-<p>Llegó á Plasencia el Clérigo, donde el rey Católico á la
-sazon estaba, pocos dias ántes de Navidad del año mismo
-de 1515, y como sabia que el obispo de Búrgos y el secretario
-Conchillos tenian indios, y tantos, en todas estas cuatro
-islas, Española, Cuba, Jamáica y la de Sant Juan, creyendo
-que le habian de contradecir, no curó de hablalles, sino
-de negociar de hablar al Rey y dalle la carta del arzobispo de
-Sevilla, y sobre ella del fin de su venida informalle. Lo cual
-hobo efecto, y una noche, víspera de la víspera de la Natividad
-de nuestro Redentor, habló al Rey bien largo, hízole relacion
-del fin de su venida, que era notificalle la perdicion destas
-tierras y muertes violentas de las gentes naturales dellas, y
-de las maneras como los españoles por sus cudicias las mataban,
-y como perecian todas sin fe y sin Sacramentos, y que, si
-con brevedad Su Alteza no acudia con el remedio, todas en
-breve quedarian desiertas. Testificando que él habia visto las
-grandes ofensas que á Dios se hacian en ello, y áun en menoscabo
-no comparable de sus rentas, y que, porque este era
-negocio que mucho importaba á su Real consciencia y hacienda
-y era necesario informar á Su Alteza muy en particular cerca
-dello, para que lo que se arriesgaba en no remediarlo á Su
-Alteza constase copiosamente, le suplicaba que cuando fuese
-servido le diese larga audiencia. Respondióle el Rey, que le
-placia dársela, y que en un dia de aquella Pascua lo oiria; y
-dada la carta del arzobispo de Sevilla, besóle las manos y fuese.
-La cual luégo envió al secretario Conchillos, y, creo, sin vella,
-como cosa que tocaba á los indios, y por ella se descubrió la
-celada de lo que el padre Casas pretendia, de que no rescibió
-Conchillos ni el obispo de Búrgos, á lo que se creyó, mucha<span class="pagenum"><a name="Page_278" id="Page_278">[278]</a></span>
-alegría. Creyóse tambien que Diego Velazquez sospechó de
-que el dicho Clérigo le podria hacer algun daño, diciendo al
-Rey algo de lo que en aquella isla pasaba, y tambien al Almirante,
-cuyo Teniente él era; escribió al tesorero Pasamonte,
-y el Tesorero á Conchillos, y al obispo de Búrgos, acerca de lo
-que habia predicado contra los que tenian indios ó que favorecian
-las cosas del Almirante (lo cual yo más creo, y en ello
-mostraba su desagradecimiento si ésto escribió, pues el Almirante
-lo envió á aquella isla, y le hizo della su Teniente), de
-donde sucedió no ser grato al Obispo y á Conchillos tambien,
-aunque lo disimuló mejor Conchillos que el Obispo, el dicho
-clérigo Bartolomé de las Casas. Entre tanto acordó de hablar
-al confesor del Rey, fraile de Sancto Domingo, llamado fray
-Tomás de Matiencio, como arriba queda declarado, y dalle
-parte de la opresion y tiranía que padecian los indios, y de sus
-calamidades, juntamente de la contradiccion que temia que el
-Obispo y Conchillos y los demas del Consejo le harian, por tener
-tantos indios, y con ellos tan gran interese, aunque eran los que
-más cruelmente eran tractados, afirmándole convenir que el
-Rey sólo debia entender este negocio primero y que al Obispo
-ni á Conchillos, ni á los que del Consejo los tenian convenia
-que se les diese parte. Habló el confesor al Rey notificándole
-los males é injusticias que en estas islas se perpetraban, y la
-disminucion por ellos que venia en los indios, y todo lo demas
-que el Clérigo afirmaba; y porque el Rey determinó de se partir
-para Sevilla el dia de los Inocentes, cuarto dia de Pascua
-de la Natividad, dijo al confesor, que pues allí no habia lugar
-de oille, que le dijese de su parte que se fuese á Sevilla, y
-que allí le oiria despacio, y pornia remedio en todos aquellos
-agravios y daños. Y añidió el confesor, que le parecia que
-debia dar parte al Obispo principalmente, y á Conchillos, é informalles
-de los daños que padecian aquellas gentes, y como
-aquestas tierras se despoblaban y de los remedios como eran
-tan necesarios; porque al fin aqueste negocio habia de venir
-á las manos dellos, y era bien tenellos informados, y quizá
-con las lástimas que de los indios contaba blandearan. El<span class="pagenum"><a name="Page_279" id="Page_279">[279]</a></span>
-cual, puesto que contra su voluntad, y teniendo por cierto
-que como hubiese interese de por medio padeceria el negocio
-grandes dificultades, todavía, viendo que pues el confesor se
-rendia, era menester al Obispo y á Conchillos hablalles, acordó
-ir á tentallos. Fué primero al secretario Conchillos, el cual
-como sabia ya á lo que venia, por la carta del Arzobispo para
-el Rey, lo rescibió muy bien, y con palabras muy dulces comenzó
-á hacerle una manera de halagos, y en tanto grado
-con él allanarse, que pudiera el Clérigo bien animarse á pedille
-cualquiera dignidad ó provecho en estas Indias, y él dársela;
-pero, así como la divina misericordia tuvo por bien de sacarle
-de las tinieblas en que como todos los otros, perdido
-andaba, y á lo que despues pareció le eligió Dios para con
-increible conato y perseverancia declarar y detestar aquella
-pestilencia tan mortal, que tanta disminucion y extrago ha
-hecho en la mayor parte del linaje humano, así misericordiosamente
-obró con él quitándole toda cudicia, de cualquiera
-bien temporal particular suyo: poco le movieron las caricias
-y blanduras de Conchillos, y la esperanza que dellas pudiera
-el Clérigo tomar, para dejar de proseguir el propósito que
-Dios le habia inspirado. Determinóse tambien de hablar al
-Obispo por seguir el parecer de dicho confesor, y una noche,
-pidiéndole audiencia, refirióle por una memoria que llevaba
-escripta, algunas de las crueldades que se habian hecho en
-la isla de Cuba, en su presencia, entre las cuales le leyó la
-muerte de los 7.000 niños en tres meses, como arriba queda
-relatado; y agraviando mucho el Clérigo la muerte de aquellos
-inocentes por caso extraño, respondió el señor Obispo
-(siendo el que todo lo destas Indias gobernaba): «Mirad qué
-donoso necio, ¿qué se me dá á mí y qué se le dá al Rey?»
-por estas mismas y formales palabras. Entónces el Clérigo alza
-la voz y dijo: «¿Que ni á vuestra señoría ni al Rey que mueran
-aquellas ánimas no se dá nada? ¡oh gran Dios eterno! y
-¿á quién se le ha de dar algo?» y diciendo ésto sálese. No
-faltaron allí presentes algunos de sus criados, que habian estado
-en estas Indias, que, en disfavor del Clérigo, al Obispo<span class="pagenum"><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span>
-lisongearon, á los cuales permitió Dios despues que se ingiriesen
-en negocios donde hicieron á estas gentes hartos
-daños, para quizá todo junto, con los disfavores que dieron
-al Clérigo, en la otra vida lo pagasen; y áun en esta fueron
-infelices al cabo. Tornó despues á hablar al secretario Conchillos,
-y hízole entender cuán poco entendian de las Indias y
-en cuán poco las estimaban, y él mismo se lo cognosció no
-haberlas cognoscido; y ésto es cierto, que hasta que el Clérigo
-vino cuasi en nada las estimaban, y despues que él las encareció
-y dió noticia dellas larga, las comenzaron á tener en
-algo. Fuese, pues, el Clérigo, á Sevilla, como el Rey le habia
-mandado esperallo, para entre tanto informar al arzobispo de
-Sevilla de lo que pasaba, y disponelle para que cuando el Rey
-llegase le suplicase le oyese muy á la larga, y que estuviesen
-el Obispo y Conchillos presentes, para, delante dellos, mostrar
-al Rey las culpas que por la mala gobernacion destas
-Indias tenian, é imputalles todas las matanzas y extragos que
-en estas gentes se habian cometido, pues ellos las gobernaban;
-pero recien llegado el Clérigo á Sevilla, por la desventurada
-suerte de aquestas infelices indianas gentes, y tambien
-por los desmerecimientos y pecados de España, vino luégo un
-correo, que el católico Rey habia deste mundo al otro pasado.
-Fué grande su pesar y angustia que de la muerte del Rey
-rescibió, porque por ser el Rey viejo y andar á la muerte
-muy cercano, y de guerras desocupado, nacióle muy gran
-esperanza de que, averiguada su verdad, las Indias se remediaran.
-Y, cierto, parece que no podian concurrir en el Rey,
-para sin mucha dificultad remediarlas, otras más convenientes
-calidades; y así solia decir el Clérigo muchas veces, que
-para remediar las Indias no era menester sino un Rey, de
-viejo, el pié en la huesa y de guerras desocupado. Finalmente
-recobro nuevo ánimo y determinó de ir á Flandes á informar
-al príncipe D. Cárlos, y pedille remedio de tantos males, como
-á quien sucedia en aquellos y aquestos reinos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXXV">CAPÍTULO LXXXV.</h2></div>
-
-
-<p>Muerto el rey D. Hernando católico, que haya santa gloria,
-tomó luégo la gobernacion de los reinos de Castilla y
-Aragon, el egrégio cardenal de España, don fray Francisco
-Ximenez, fraile de la órden de Sant Francisco, por el poder
-que el dicho Rey le dejó para gobernarlos, hasta que el príncipe
-D. Cárlos, su nieto, viniese. Y porque habia el príncipe
-D. Cárlos enviado al Rey, por Embajador, al Dean de la universidad
-de Lobayna, llamado Adriano, que despues fué
-Papa, y de secreto le dió poder para gobernar los reinos, si
-el Rey muriese, como cada dia se esperaba, por ser viejo y
-cansado y enfermo, juntólo el Cardenal consigo, y, juntos en
-Madrid, comenzaron á gobernar; puesto que sólo el Cardenal
-todo lo gobernaba, y solamente Adriano firmaba con el Cardenal
-las provisiones y despachos, como en la verdad el
-Adriano, sin el Cardenal, ni supiera gobernar á España, aunque
-doctísimo y sapientísimo era, ni pudiera efectuar cosa
-que al reino aprovechara, segun la condicion de la gente de
-España. Pues como el clérigo Casas se dispusiese, oida la
-muerte del Rey en Sevilla, para ir á Flandes, vínose por
-Madrid para dar cuenta de los males destas Indias y de su
-intento al Cardenal, y á el embajador Adriano (porque así
-firmaba, <i>Adrianus Ambasiator</i>), diciéndoles, que si podian
-poner remedio en ellos, quedaríase allí, pero si no,
-que pasaria adelante. Para lo cual, hizo en latin una relacion
-á Adriano de todo lo que en estas islas pasaba, en crueldad
-contra estas gentes, porque no entendia el Adriano cosa de
-nuestra lengua, sino en latin con él se negociaba. Hizo en
-romance la misma relacion al Cardenal. Como el Adriano leyó
-la relacion, quedó espantado, entendiendo por ella cometerse<span class="pagenum"><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span>
-tan grandes y tan extrañas inhumanidades, como fuese pio y
-sincero, lo uno por ser de nacion flamenco, que, segun parece,
-son gente más que otra sencilla, quieta y no cruel, lo otro
-por su condicion particular, benigna y mansueta; fuese luégo
-al aposento del Cardenal (porque ambos posaban en unas
-casas con el infante D. Hernando, hermano del rey D. Cárlos,
-que despues fué rey de Hungría y rey de Romanos), y mostróle
-la relacion que el Clérigo le habia dado, preguntándole que
-si era posible que aquellas obras crueles en las Indias se perpetrasen.
-El Cardenal que ya sabia muchas cosas dellas por
-relacion de religiosos de su Órden, que habia rescibido de
-ántes, respondió que sí é muchas más eran las crueldades
-que se habian cometido en las Indias. Respondió finalmente
-al Clérigo el Cardenal, que no tenia necesidad de pasar adelante,
-porque allí se le daria el remedio que venia á buscar.
-Oyóle muchas veces todo lo que quiso decir é informar. Juntaba
-consigo al Cardenal, cuando oia al Clérigo, al Adriano y
-al licenciado Zapata, y al doctor Carabajal, y al doctor Palacios
-Rubios, y éste era el que con verdad favorescia la justicia de los
-indios, y oia y tractaba muy bien al Clérigo y á los que sentia
-que por los indios alguna buena razon alegaban; entraba
-tambien allí el obispo de Avila, fraile de Sant Francisco, compañero
-del Cardenal. Al obispo de Búrgos excluyó el Cardenal
-del todo de las cosas de las Indias, de que no quedó él
-poco turbado. Un dia acaeció en la dicha Junta, presente el
-Cardenal y Adriano, y los demas, que, mandando el Cardenal
-leer las leyes hechas en Búrgos el año de 1512, de que arriba
-en el cap. 15 hicimos mencion, por las quejas que el Clérigo
-daba de haber sido injustas por el engaño que habian hecho
-los que tenian indios acá al Rey católico, y á los del Consejo
-del Rey, (aunque habian sido ellos más que debieran crédulos,
-y quizás quisieron ser engañados algunos á sabiendas, por
-lo que esperaban tener de utilidad, como la tuvieron), y leyendo
-las leyes un criado y oficial del secretario Conchillos,
-llegando, creo que, á la ley que mandaba dar de ocho á
-ocho dias, ó las fiestas, una libreta de carne á los indios<span class="pagenum"><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span>
-que trabajaban en las estancias ó granjas, quisiera aquel encubrilla,
-por lo que á él quizá, ó á otros que él bien queria,
-tocaba, y leíala de otra manera que la ley rezaba; pero el
-Clérigo, que la sabia muy bien de coro, y tenia bien estudiada,
-dijo luégo allí en presencia de todos: «no dice tal aquella
-ley.» Mandóle el Cardenal al que la leia tornarla á leer; leyóla
-de la misma manera. Dijo el Clérigo: «no dice tal cosa aquella
-ley;» el Cardenal, cuasi como indignado contra el Clérigo, en
-favor del lector, dijo, «callad ó mirad lo que decís.» Respondió
-el Clérigo, «mándeme vuestra señoría reverendísima cortar la
-cabeza, si aquello que refiere el escribano fulano, es verdad
-que lo diga aquella ley.» Entónces, tománle las leyes de la
-mano, y hallan lo que el Clérigo afirmaba. Bien se podrá
-creer que aquel fulano (que por su honor no quiero nombrar),
-por ventura no quisiera ser nacido por no rescibir la confusion
-que allí rescibió. No perdió el Clérigo nada desde entónces,
-cuanto al amor que el Cardenal le tuvo, y el crédito
-que siempre le dió. Informado bien el Cardenal de las cosas
-que acá pasaban, y de las razones que el Clérigo daba, y
-satisfecho no ménos de su intencion, mandóle que se juntase
-con el doctor Palacios Rubios, y que ambos tractasen y ordenasen
-la libertad de los indios y la manera como debian ser
-gobernados, pero el doctor Palacios Rubios, cognosciendo la
-experiencia del dicho Clérigo, cuanto al hecho, y la buena
-razon que cuanto al derecho asignaba, cometióselo todo á él
-para que en su posada lo escribiese, y despues lo trujese á
-conferirlo con él, y conferido y limado al Cardenal se presentase;
-y porque á la sazon era ya venido á la corte el susodicho
-padre fray Anton Montesino, pidió licencia el dicho Clérigo
-al Cardenal, para que se juntase tambien con el Doctor
-y con el Clérigo, para que juntos lo ordenasen, y porque posó
-el dicho Padre con el Clérigo, y dándole la ventaja por la
-diuturnidad del tiempo que habia que las cosas destas tierras
-y gentes, y daños que habian de los españoles rescibido, experimentaba,
-tambien se lo cometió á él sólo que lo pensase
-y escribiese, y así hecho ambos lo viesen y firmasen. Hizo<span class="pagenum"><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span>
-el Clérigo la traza, segun lo que sintió que para el remedio
-de los indios convenia, el fundamento del cual era ponellos
-en libertad, sacándolos de poder de los españoles, porque
-ningun remedio podia ponérseles para que dejasen de perecer
-quedando en poder dellos, y así se fenecian y estirpaban los
-repartimientos que llamaron encomiendas, como pestilencia
-mortal que aquellas gentes consumia, como despues fué bien
-averiguado, segun parecerá; y porque convenia dar manera
-para que los españoles se pudiesen sustentar, porque, quitados
-los indios, quedaban desmamparados segun estaban mal vezados,
-á no saber más de mandar á los indios y mantenerse
-de sus sudores y de su sangre, dió tambien remedios como los
-españoles que hasta entónces estaban en estas Indias, que no
-eran muchos, se pudiesen ocupar, y granjear y vivir en la
-tierra, sin pecado, ayudándose, ó de sus manos los que podian
-y solian en sus tierras trabajar, ó de su industria granjeando,
-y no fuese toda su vida, como lo habia sido, estar holgazanes.
-Todo lo cual pareció primero bien al padre fray Anton
-Montesino, que estaba en su posada, y despues, llevado al
-doctor Palacios Rubios, tambien lo aprobó en su estancia, puesto
-que él lo mejoró, añidió y puso en el estilo de corte, y así
-lo llevó al Cardenal y al Adriano, teniendo Consejo sobre ello.
-Ya dijimos que no estaban otros en este Consejo por entónces,
-con el Cardenal, sino el Adriano y el obispo de Avila, y el
-licenciado Zapata y el doctor Carabajal, y el doctor Palacios
-Rubios, y á éste el Cardenal, en estos negocios de las Indias,
-daba más crédito que á todos los otros.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_285" id="Page_285">[285]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXXVI">CAPÍTULO LXXXVI.</h2></div>
-
-
-<p>Despues de haber bien platicado el Cardenal y los demas
-que en aquel Consejo entraban, y considerada y disputada la
-órden que el Clérigo, para que los indios saliesen de tanta
-calamidad y consiguiesen su pristina y natural libertad, y
-como los españoles tambien pudiesen tener manera para en la
-tierra se sustentar, habia dado, y añadido ó quitado algo de
-las circunstancias, segun mejor les pareció, aunque ninguna
-cosa mudaron de la sustancia, y determinado que se proveyese
-de buscar personas fieles que fuesen á ejecutallo, llamó
-el Cardenal al Clérigo y encomendóle que las buscase cuales
-convenia para que dellas tal obra se confiase. Pensando el
-Clérigo en quién serian, como conociese pocas ó ningunas en
-Castilla por haber morado tantos años en estas Indias, ocurrióle
-á la memoria un religioso de Sancto Domingo, llamado fray
-Reginaldo Montesino, hermano del mismo padre fray Anton
-Montesino, de la misma órden de Sancto Domingo, hombre
-letrado, predicador prudente y experimentado, y no poco
-hábil en las cosas agibles; y hablando un dia con el obispo
-de Avila sobre ello, y diciéndole que no conocia otro sino
-aquel Padre, díjole el Obispo: «mejor será que la eleccion de
-las personas que hayan de ir á poner por obra este negocio
-remitais al señor Cardenal, que tiene más experiencia que vos
-de personas en Castilla.» Hízolo así, para lo cual escribió una
-Memoria en que puso las calidades que las personas que á poner
-en ejecucion aquella órden habian de ir debian tener, conviene
-á saber, que fuesen cristianas, religiosas, prudentes y experimentadas,
-rectas y amadoras de justicia, y de las angustias
-de los pobres y desmamparados compasivas, y porque fácilmente
-su reverendísima señoría cognoscería mejor las tales<span class="pagenum"><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span>
-personas, en quien las dichas calidades concurriesen, que él
-en Castilla, le suplicaba tuviese por bien de la eleccion dellas
-tomalla sobre sí. Llevándole aquesta Memoria, díjole con graciosa
-y alegre cara el Cardenal: «Pues padre, ¿tenemos buenas
-personas?» Respondió el Clérigo: «por el papel lo verá vuestra
-señoría reverendísima.» Visto el papel ó memoria, consideró
-el Cardenal que todas aquellas condiciones se hallarian
-bien, y por la mayor parte, en religiosos de Sant Hierónimo, y
-puesto que tambien se hallaran en los de Sancto Domingo y
-de Sant Francisco, pero porque sabia que los años pasados
-habian ido á la corte los Franciscos, por induccion de los seglares,
-contra los Dominicos, como arriba cuasi en el principio
-deste libro se vido, parece haberse prudentemente movido
-el Cardenal á no tomar de las dichas dos Órdenes, sino de
-otra, por evitar lo que podia en disfavor de la una ó de la
-otra sentirse ó decirse. Y para efecto desto determinó escribir al
-General de la órden de Sant Hierónimo, que en el monasterio
-llamado Sant Bartolomé de Lupiana siempre reside, que
-porque el Rey determinaba de poner órden y remedio en las
-Indias, y habian menester personas que la ejecutasen de mucha
-confianza, y virtud, y religion, por ser la obra importantísima,
-y entendia que en aquella Órden las habia, le rogaba
-encarecidamente que le diese algunos religiosos della,
-para que con las provisiones y poderes del Rey viniesen á
-estas tierras á ejecutar lo que se habia determinado, para
-remedio de las gentes dellas, en cuyo viaje y ejercicio supiese
-de cierto que ofrecerian á Dios inestimable sacrificio, y el Rey
-por su parte rescibiria muy señalado servicio. Rescibidas estas
-letras, el General convocó luégo todos los Priores de toda la
-provincia de Castilla para celebrar Capítulo, que ellos llamaron
-Capítulo privado, y juntos en Sant Bartolomé de Lupiana
-propuso el General á todos la demanda y ruego del Cardenal;
-la cual oida, todos acordaron, que, pues la obra era de tanto
-mérito, cuanto á Dios, y en sí pia, y que el Rey lo recibiria por
-gran servicio, que obedeciese la voluntad y ruego del Cardenal,
-y para ello señalaron 12 frailes escogidos entre todos los<span class="pagenum"><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span>
-de la provincia, para que de los 12 tomase el Cardenal cuantos
-le pluguiese, y que fuesen cuatro Priores señalados con
-este recaudo, y á ofrecelle de parte de la Órden todo el restante
-della, para en semejantes obras servirse segun le pluguiese.
-Vinieron los cuatro Priores á Madrid, donde la corte,
-como se dijo, entónces residia, y como el Clérigo desease muy
-mucho la respuesta buena de la órden de Sant Hierónimo, fué
-un domingo á oir ó á decir misa á Sant Hierónimo, que está un
-rato fuera de la villa, y, andando por la sobre-claustra, estaba
-rezando un religioso viejo y bien viejo, y llegóse á él y preguntóle
-si sabia algo de lo que el Cardenal les habia enviado
-á pedir; respondió que sí, porque él era uno de cuatro
-Priores que traian la respuesta de la Órden, y buen recaudo
-de lo que el Cardenal les pedia. Anoche, dijo él, vinimos, ya
-lo sabe el señor Cardenal, y á la tarde ha de venir acá, donde
-le diremos y ofreceremos lo que digo. No se podria fácilmente
-pronunciar el alegría que el Clérigo de tales nuevas rescibió,
-y díjole: «Pues yo soy, padre reverendo, un clérigo venido
-de las Indias, que solicita estos remedios por ésto, por
-ésto y por ésto.» Y así le refirió en breve las angustias,
-muertes, opresiones y calamidades y perdicion de los indios,
-las causas dellas, la cudicia de nuestros españoles, con las
-crueldades que en ellos habian hecho y quedaban haciendo,
-la obra para que el Cardenal los llamaba cuál era, y de
-grandes siervos de Dios cuán digna. Dijo el bueno del Prior,
-por la relacion y espresion de la grandeza y mérito de
-la obra que el Clérigo le significó, con celo de virtud ya
-rendido: «Pluguiera á Dios que yo fuera de algunos años atras,
-para poderme dedicar á tan sancto camino, porque yo me
-tuviera, muriendo en la demanda, por felicísimo.» Fuese
-el Clérigo á comer lleno de espiritual regocijo, haciéndosele
-cada hora hasta la tarde más que un dia. A la tarde cabalgó
-el Cardenal y el Adriano, y toda la corte con ellos, donde
-habia muchos caballeros y algunos Grandes, y porque era
-verano tenian los religiosos muy aparejada la sacristía, que
-es cosa muy fresca, y allí entraron el Cardenal y el emba<span class="pagenum"><a name="Page_288" id="Page_288">[288]</a></span>jador
-Adriano, y el obispo de Avila, y el licenciado Zapata,
-doctor Carabajal y doctor Palacios Rubios, y los cuatro Priores
-que traian el recaudo; quedóse toda la corte en el coro bajo
-que ante la sacristía está. Ofrecieron los cuatro Priores su
-respuesta por toda su Órden, y los 12 religiosos que habian
-en su Capítulo privado nombrado, con todo lo demas que su
-señoría reverendísima quisiese servirse della, en especial
-para negocios tan calificados, donde concurrian honra y gloria
-de Dios y servicio del Rey, con tanto provecho como se pretendia
-y esperaba de las ánimas. El Cardenal, de parte del
-Rey y suya, mucho se lo agradesció, y comenzó á engrandecer
-la calidad del negocio, y cuánto en ejercitar ó ejecutar
-lo que estaba acordado servirian á Dios, y de donde habia
-grandísimo beneficio y liberacion para estas gentes de resultar,
-y á vueltas desto el Cardenal encareció muy mucho el
-celo y solicitud del dicho Clérigo, en haber venido de tan
-lejas tierras, por aquestas océanas mares, sin pretender cosa
-propia temporal, repitiendo algunas veces: «Ahora creed que
-<i>divinitus</i> ha venido acá este Clérigo.» Despues de haber platicado
-en ésto y en lo que se debia hacer para efecto del breve
-despacho, mandó el Cardenal que buscasen y llamasen luégo
-los porteros al Clérigo, el cual estaba en el sobre-cláustro del
-mismo monasterio, esperando lo que habia de salir de aqueste
-acto, encomendando á Dios los alumbrase, y cuasi estaban
-todas las puertas cerradas; y como no lo hallasen, preguntando
-á todos por el Clérigo de las Indias, de manera que fué
-notorio á todos los caballeros y Grandes y corte que dijimos
-estar en el coro bajo, junto á la sacristía, van corriendo á
-Madrid á buscallo y no lo hallan. El Clérigo, ya cansado de
-esperar, determinó bajarse y no halló puerta abierta; pero
-descendió por la escalera que descendia á la sacristía donde
-estaba el Cardenal, con los que con él estaban, que tenian la
-puerta cerrada, y oyendo hablar llamó y respondieron diciendo
-si habian visto al Clérigo de las Indias, dijo: «yo soy», dicen
-que se vaya por otra parte porque por aquella puerta no podia
-entrar. Tórnase por donde habia descendido, y finalmente<span class="pagenum"><a name="Page_289" id="Page_289">[289]</a></span>
-halla puerta para salir al cuerpo de la Iglesia, y della pasa
-por medio del coro donde estaban todos los señores y grandes
-sentados, el cual fué de todos bien mirado, y es de creer
-que el obispo de Búrgos lo miraria más, y quizá con harto
-dolor de su ánima, considerando que le habian excluido del
-Consejo de las Indias, donde tanto habia mandado, por su
-causa. Y parece que al Obispo quiso dar Dios aquel tártago
-con aquella prosperidad del Clérigo en favor de la verdad
-que el Clérigo tractaba, porque le menospreció y trató mal
-en Plasencia, como en el capítulo 84 se declaró, debiéndole
-rescibir como á un ángel del cielo enviado para despertarlo
-del sueño y ceguedad en que estaba. Entrado, híncase de
-rodillas el Clérigo ante el Cardenal, el cual, con graciosa y
-benigna cara le dijo: «Dad, padre, gracias á Dios que se van
-aparejando de cumplir los deseos que Dios os ha dado; estos
-padres Priores de la órden de Sant Hierónimo traen doce religiosos
-señalados, para que dellos tomemos los que fueren,
-para que lleveis á poner en órden aquellas Indias, necesarios,
-há parecido que bastan tres, iros heis esta noche á la posada
-y daros hán cartas del crédito que habeis de llevar para su General
-y dineros que gasteis. Llegando allá, representareis al
-dicho General las calidades que deben concurrir en las personas
-que conviene que vayan á las Indias para este negocio tan
-árduo, y despues de conferido entre él y vos, los tres que de
-los doce que vienen nombrados escogiéredes aquellos se señalen,
-y habido el primero que de los tres más presto halláredes,
-veníos con él á esta corte, y hacerse hán los despachos, y de
-camino para Sevilla los podeis despues llevar.» El Clérigo,
-con intensísimo gozo y poco ménos que llorando, dijo al Cardenal:
-«Yo, señor reverendísimo, hago inmensas gracias á
-Dios que tan inestimable bien me ha hecho en oir tales palabras,
-y por la esperanza que por ellas concibo de ver en vida
-de vuestra señoría reverendísima aquellas tristes y opresas
-gentes remediadas, y suplico á nuestro Señor remunere á vuestra
-señoría obra tan heróica con gran premio en su bienaventuranza;
-yo haré con todo cuidado lo que vuestra señoría<span class="pagenum"><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span>
-reverendísima me manda, y en cuanto á los dineros no los
-hé menester, porque para gastar y sustentarme en este negocio
-yo tengo hartos.» Dijo el Cardenal sonriéndose: «Andá, padre,
-que soy más rico que vos;» y ésto dicho, el Clérigo sálese, y
-el Cardenal quedó diciendo <i>multa favorabilia de Joanne</i>. Desde
-á poco salió el Cardenal y la corte toda con él para su posada,
-y uno de los Priores, llamado fray Cristóbal de Frias, todo
-cano y de aspecto muy venerando, teólogo, y segun se decia
-el principal en letras que tenia entónces su Órden, juntóse con
-el Clérigo á hablar muy familiarmente, queriendo ser informado
-de las cosas destas Indias, de las cuales oyó hartas; y entre
-otras palabras dijo al Clérigo: «Basta, señor, que teneis bien
-ganado el corazon del Sr. Cardenal,» dándole á entender la
-mucha gracia que con el Cardenal habia alcanzado, y el crédito
-que en los negocios destas Indias le daba.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_291" id="Page_291">[291]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXXVII">CAPÍTULO LXXXVII.</h2></div>
-
-
-<p>A la noche fué el Clérigo á la posada del Cardenal y mandóle
-dar los despachos, y con ellos le dieron para su camino
-20 ducados, los cuales, porque no pareciese tenerlos en poco,
-los quiso tomar. Luégo otro dia se partió para Sant Bartolomé
-de Lupiana, que está de Madrid 10 ó 11 leguas, si no me engaño,
-y dadas las cartas al General, fué rescibido muy bien,
-y habiendo cenado el Clérigo, comenzaron luégo á tractar del
-negocio á que su venida se enderezaba. Y dichas las calidades
-que debian, segun entendia el Clérigo, en los religiosos
-que para el viaje y negocio se enviasen, concurrir, dijo el
-General: «Señor, de los 12 nombrados que traeis, uno está
-presente aquí de los que vinieron á este nuestro Capítulo, que
-aún no es ido; éste me parece que si quereis podeis escoger,
-porque es hombre cuerdo y algo teólogo y buen religioso, y
-tambien robusto para sufrir trabajos, llamado fray Bernardino
-Manzanedo.» El Clérigo le dijo que lo mandase llamar y le propusiese
-la obra que se queria encargar, y aun que se lo mandase,
-presuponiendo el Clérigo, que, como fuese religioso, y por
-todo el Capítulo entre los doce nombrado, que no podia sino ser
-persona conveniente para llevarle con los demas. Vino al llamado
-del General, fuéle propuesto el negocio arduísimo,
-aunque muy meritorio, que se le queria imponer; dále el
-Clérigo gran esperanza de servir mucho á Dios por le hacer el
-gran beneficio que en aquel viaje habian de conseguir tan infinitos
-prójimos. Respondió, como cuerdo hombre, poniendo
-delante las pocas fuerzas de virtud y sabiduría que conocia
-en su persona para negocio tan grande, y por tanto que suplicaba
-á su paternidad no le mandase cosa tan árdua y de
-tanta dificultad, si posible era; pero que al fin, como hijo de<span class="pagenum"><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span>
-obediencia, no podia sino obedecer referida primero su insuficiencia
-é inhabilidad. Insiste mucho el Clérigo que se lo
-mandase sin admitille sus excusas, añidiendo que el negocio,
-supuestas las fuerzas y ayuda que Dios daria en obra tan
-manifiestamente justa y sancta, sería fácil, é que no desechase
-de sí tesoro que Dios le ofrecia tan señalado, por pusilanimidad.
-Finalmente se lo mandó, y él lo aceptó, y el Clérigo
-se contentó y alegró, no de la cara, porque la tenia de las
-feas que hombre tuvo, sino de la religion y virtud que tener
-dél estimaba. Platicaron sobre quién serian los otros dos, y
-referidas las calidades de una y de otra parte, acordaron que
-fuese uno el Prior de la Mejorada, nombrado fray Luis de
-Figueroa, y el otro el Prior de San Hierónimo de Sevilla.
-Pidió el Clérigo las obediencias para los dos, y la del Prior de la
-Mejorada envióla luégo con un mensajero, y escribióle que se
-fuese á Madrid luégo á juntar con él y con el fray Bernardino,
-y la otra dejóla para llevarla él cuando para Sevilla se partiesen.
-Y por cumplir con lo quel Cardenal le habia mandado, de
-con el primero de los frailes que nombrase se fuese luégo para
-Madrid, partiéronse luégo otro dia, el Clérigo, al ménos, muy
-alegre y regocijado, el cual no veia la hora que llevar su negocio
-adelante. Fué luégo á besar las manos al Cardenal, llevando
-al religioso consigo para que tambien se las besase
-y ofreciese su persona para ir á servir en lo que mandaba.
-Dióle cuenta el Clérigo de lo hecho, y cuáles eran las otras
-dos personas, segun la relacion que el General le habia dado,
-y cómo habia despachado la obediencia para el Prior de la
-Mejorada, al cual en breve lo esperaba; el Cardenal se holgó
-mucho de ver cuán en breve y cuán bien el Clérigo traia su
-recaudo, y mandó luégo entender en sus despachos. Llevó el
-Clérigo al fray Bernardino á su posada, y en ella recreaba
-cuanto le era posible al dicho Padre. Vino luégo el Prior de la
-Mejorada, y trujólo el Clérigo tambien á su posada; y como
-si la salvacion ellos le hubieran de dar, de lo que tenia, que
-no era demasiado, los sustentaba, y hasta gastar con ellos
-cuanto tuviera los sustentara. Pero como los españoles destas<span class="pagenum"><a name="Page_293" id="Page_293">[293]</a></span>
-islas y Procuradores que habian ido dellas á España, para negociar
-sus propios intereses con perdicion destas ánimas, entendieron
-los negocios del Clérigo que iban adelante, y venidos
-los dos frailes, de quien poco bien segun imaginaban que
-el Clérigo habia rodeado esperaban, aguardaban á los frailes
-cuando salian de la posada del Clérigo, y en topándolos blasfemaban
-del Clérigo, diciendo que era su enemigo capital, y
-que los queria destruir como hombre perverso y malo, y que
-no les iban á servir é informar de sus maldades por estar con
-él sus reverencias y paternidades en una posada; estuvieron
-así los frailes con el Clérigo pocos dias, y acordaron de se ir á
-posar á un hospital que hay en Madrid, llamado Sancta Catalina,
-de su Órden, donde vivian unos donados. Fué para los
-españoles destas Indias, que allí á la sazon estaban, apartarse
-del Clérigo los frailes, alegría inestimable; allí, de dia y de
-noche, todos cuantos ellos eran les tenian palacio, y en otra
-materia no hablaban sino en decir mal del Clérigo y de los
-miserables indios, infamándolos de bestias y que eran unos
-perros, y en todo cuanto podian, para en pago de lo que les
-habian servido y muerto por sus crueldades, y matándoles la
-hambre, habiendo venido á estas tierras andrajosos y llenos
-de piojos, aniquilándolos. Fué de tanta eficacia la conversacion
-que de noche y de dia tuvieron los frailes con ellos, y
-tan abiertos tuvieron los oidos á todo lo que decirles en perjuicio
-del Clérigo y de los indios querian, que no curaban en
-nada del Clérigo, de vello ni de oillo ni de informarse dél,
-teniéndolo por sospechoso, como si procurara negocio y utilidad
-suya propia, dando crédito á las relaciones que á ellos
-les hacian, todas ordenadas para su temporal interese y en
-opresion y destruccion de los indios, como si fueran hatos de
-ganados que el Clérigo les quitara ó algunas cosas insensibles;
-y cresció tanto este crédito que los frailes tuvieron de lo que
-aquellos, para en favor de sus cudicias y tiranías, les decian,
-que cuando hablaban los frailes con otros no era menester
-para su defensa que estuviesen ellos presentes, y así, acaeció
-un dia, que, yendo los frailes á hablar al doctor Palacios<span class="pagenum"><a name="Page_294" id="Page_294">[294]</a></span>
-Rubios, tanto dijeron en favor de los españoles contra los
-tristes y desmamparados indios, que les respondió el doctor:
-«A la mi fe, padres, poca caridad me parece que teneis
-para tractar este negocio de tanta importancia á que el Rey
-os envia.» El cual, desde aquella hora, tuvo estima dellos que
-iba el negocio en sus manos perdido, y determinó de impedir
-en cuanto pudiese su ida. Y porque le daban priesa del
-Consejo Real (y segun se sospechó de industria, los que
-tenian parte ó arte en los intereses de estas Indias, y les
-pesaba del bien y reformacion que el Cardenal enviaba para
-remedio de los indios), que el dicho doctor fuese á la Mesta, que
-se hace en Berlanga por Agosto el dia de Sant Bartolomé,
-acordó de ir á hablar al Cardenal para decille que por ninguna
-manera convenia que aquellos frailes fuesen con aquel cargo
-á las Indias, porque no habian de hacer cosa buena, segun la
-mala disposicion que por estar imbuidos de los seglares ya
-concebido habian contra los indios. Fué pues el doctor Palacios
-Rubios al Cardenal, puesto que con gran trabajo, por
-estar de gota muy tollido, y, porque el Cardenal á la sazon
-estaba de cámaras enfermo y en mucho peligro, tardó algunas
-horas esperando en su Cámara hablalle y nunca pudo. Tornó
-otro dia y fué lo mismo, y por no poder más esperar partióse
-harto triste, y el Clérigo, por sentir el daño que podrian hacer
-con su venida de aquella manera dispuestos, quedó tristísimo.
-Plugo á Dios que convalesció el Cardenal y mandó luégo concluir
-las provisiones y despachos para que los frailes y el Clérigo
-aparejasen su partida, los cuales fueron: lo primero, se
-despachó Cédulas para que en llegando se quitasen los indios
-á los del Consejo del Rey y á todos los que residian en
-Castilla, como fué al secretario Conchillos que tenia, segun era
-público, 1.100 indios, y al obispo de Búrgos 800, y á Hernando
-de Vega otra multitud dellos, al licenciado Moxica que no
-debian ser ménos de 200, y á otros que se sospechaba tener en
-cabeza agena indios. Desde entónces nunca los del Consejo
-tuvieron en las Indias, al ménos públicamente, si quizá no secreta
-y con cautela, indios; de aquí quedó el Clérigo un po<span class="pagenum"><a name="Page_295" id="Page_295">[295]</a></span>quillo
-sobre lo demas de todos aquellos señores poderosos mal
-quisto. Proveyóse otra Cédula, que luégo, en llegando los
-frailes, se quitasen los indios que tenian muchos los Jueces y
-oficiales del Rey, como arriba queda dicho, que tenian, y
-eran los que peor y más cruelmente los trataban, como tambien
-fué referido; proveyóse tambien que á todos éstos se les
-tomase residencia, porque habian vivido como moro sin Rey,
-como dicen, mayormente despues que fueron causa que anduviese
-fuera de su casa el Almirante, habiendo ido á Castilla.
-Señalóse un colegial del colegio del cardenal de Valladolid,
-llamado el licenciado Zuazo, hijodalgo natural de
-Segovia, para que se la tomase, por Juez de residencia, y tuviese
-toda la gobernacion entre tanto desta isla. Los frailes no
-vinieron por gobernadores segun algunos creian, sino solamente
-á entender y ejecutar lo que se habia ordenado tocante
-á los indios.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_296" id="Page_296">[296]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXXVIII">CAPÍTULO LXXXVIII.</h2></div>
-
-<p class="i2">En el cual se contiene la Instruccion que llevaron los frailes Hierónimos, cerca de lo que
-habian de hacer para poner en libertad los indios, y primero se puso cierto preámbulo.</p>
-
-<p class="p2">«Lo primero que deben hacer los Padres que fueren á las
-Indias para las reformar, en llegando á la isla Española hagan
-llamar ante sí los principales cristianos, viejos pobladores,
-y decirles que la causa principal de su ida es los grandes clamores
-que acá se han hecho contra ellos y contra los otros
-pobladores, especialmente contra los que han tenido y tienen
-indios encomendados, que los han maltratado y hecho muchos
-males, matando á muchos dellos sin causa y sin razon,
-tomándoles sus mujeres é hijas y haciendo dellas lo que han
-querido, haciéndolos trabajar demasiadamente y dándoles poco
-mantenimiento, compeliendo á las mujeres y á los niños á
-que trabajasen, y haciendo á las mujeres malparir y no dejándolas
-criar sus criaturas, y otras muchas fuerzas y daños
-de que se dieron grandes memoriales al reverendísimo señor
-Cardenal, los cuales llevan los dichos Padres. Y porque Sus
-Altezas y el reverendísimo señor Cardenal y el señor Embajador
-quieren saber la verdad de todo ésto como pasa, para lo
-proveer y remediar porque las islas no se pierdan del todo,
-mandaron á los dichos Padres que de todo ello se informen
-para que se proveyese y remediase; que los dichos pobladores
-digan lo que saben de cómo ésto ha pasado y pasa,
-y, si vieren los Padres que conviene, tomalles juramento que
-dirán la verdad, y por otra parte tambien ellos se informen
-dello. Háganles entender como todo ésto se hace para la conservacion
-dellos, y de los indios, y de las dichas islas, y que
-si de voluntad y consentimiento de partes se pudiere hallar y<span class="pagenum"><a name="Page_297" id="Page_297">[297]</a></span>
-tomar algun buen medio, con que Dios y Sus Altezas sean
-servidos, y ellos y los indios aprovechados, y las islas remediadas,
-que aquel se tomará. Por tanto, que ellos y los otros
-hombres, principales pobladores, se junten y hablen y platiquen
-en ello, y piensen más sobre ello, y con lo que acordaren
-vuelvan á los Padres y se lo digan; ésto y todo lo que
-más á los Padres pareciere díganlo á las personas principales.
-Despues llamen á los principales Caciques de la isla, y
-díganles como á Sus Altezas, y al reverendísimo señor Cardenal,
-y al señor Embajador ha sido hecha relacion de su parte,
-como en los tiempos pasados han sido muy opresos y agraviados
-de los pobladores que allá han ido, y están en muchas
-maneras contenidas en ciertas peticiones y memoriales, que
-sobre ello fueron dadas por ciertos religiosos y clérigos, y
-porque la voluntad de Sus Altezas y del reverendísimo señor
-Cardenal y del señor Embajador ha sido y es de remediar y
-castigar los males pasados, y proveer en lo venidero para que
-ellos y sus indios, de aquí adelante, sean bien tratados, pues
-son cristianos, y libres, y súbditos de Sus Altezas, mandaron á
-los dichos Padres que fuesen allá, y se informasen de todo ello,
-y supiesen la verdad de cómo ha pasado, para que se proveyese
-así en en el castigo de lo pasado, como en el remedio de
-lo venidero. Por tanto, que ellos lo debian hacer saber á los
-otros Caciques y á sus indios, para que entre sí platicasen sobre
-ello y pensasen en lo que se podia y debia hacer, así en lo
-pasado como en lo venidero; y que si algun buen medio se
-hallase, de voluntad de partes, para que Dios y Sus Altezas
-fuesen servidos y los Caciques y sus indios fuesen bien tratados,
-como cristianos y hombres libres, pues lo son, y ellos los
-otros pobladores pudiesen justamente ser aprovechados, que
-se lo dijesen, que siendo tal aquel se tomaria, que pensasen
-sobre ello, y que sean ciertos que la voluntad de Sus Altezas
-y del reverendísimo señor Cardenal y del señor Embajador es
-que ellos sean tratados como cristianos y hombres libres, y
-que ésta es la causa principal, porque mandaron á los dichos
-ir á aquellas partes. Y porque los Caciques y los indios crean<span class="pagenum"><a name="Page_298" id="Page_298">[298]</a></span>
-lo que estos Padres les dijeren, deben, al tiempo que los hobieren
-de hablar, tener consigo algunos otros religiosos de los
-que allá están cognoscidos, de quien ellos tienen confianza
-que les dicen verdad y procuran su bien, y tambien porque
-entienden su lengua.»</p>
-
-<p>Aquí es bien que se diga, que como el Clérigo viese tan
-arraigada la tiranía en aquellas islas, y en aquella parte de
-tierra firme, donde habia españoles, que no era otra sino la
-del Darien y por aquellas provincias, y que por ella perecian
-en aquellas tierras aquestas gentes, no osaba decir ni tocar
-diciendo ni mentando ni alegando libertad de los indios, como
-si huyera de decir alguna cosa que fuese absurda ó blasfema,
-hasta que un dia, hablando con el Cardenal en la opresion y
-servidumbre que padecian, y tocando que con qué justicia
-podian ser así en ella ó con ella afligidos, respondió el Cardenal
-con ímpetu: «Con ninguna justicia; ¿por qué? ¿no son
-libres? ¿quién duda que no sean libres?» Desde allí el Clérigo
-á boca llena osaba en todo lugar alegar que los indios eran
-libres, y que todo lo que con ellos se habia hecho era contra su
-libertad natural, y todo lo que alegaba contra la tiranía de
-los españoles y por los indios fundaba sobre aqueste principio.
-Así que parece bien que el Cardenal habia bien entendido
-la raíz y fundamento de la justicia que se hacia á los
-indios por la servidumbre horrible que padecian, pues tantas
-veces en el preámbulo recitado los llamaba y afirmaba ser
-libres.</p>
-
-<p>La Instruccion que los dichos religiosos llevaron, comenzaba
-desta manera:</p>
-
-<p>«Memorial ó Instruccion que han de llevar los Padres que
-por mandado de su reverendísima señoría y del señor Embajador
-han de ir á reformar las Indias.&mdash;Primeramente, parece
-que los religiosos que allá van deben visitar la tierra por sí
-mismos, en cada isla lo que buenamente pudieren, é informarse
-del número de los Caciques y de los indios que cada
-Cacique tiene, y tambien de todos los otros indios que hay en
-cada isla. Item, se han de informar de cómo han sido tractados<span class="pagenum"><a name="Page_299" id="Page_299">[299]</a></span>
-hasta aquí por las personas que los han tenido encomendados,
-y por los Gobernadores y justicias y otros ministros; lo
-que cerca dello hallaren háganlo poner por escripto, para que
-sobre ello se provea lo que convenga. Otrosí, los dichos religiosos,
-visitando las islas, especialmente la Española y Cuba,
-y Sant Juan y Jamáica, vean la disposicion de la tierra, mayormente
-lo que es cerca de las minas donde se saca el oro,
-y miren dónde se podrán hacer poblaciones de lugares, para
-que de allí puedan ir á las minas con ménos trabajo, y conveniente
-á los indios que allí moraren, y que haya rios cerca
-para sus pesquerías y buena tierra para labranzas. La primera
-sea la isla Española y Jamáica, y despues Sant Juan;
-la postrera Cuba. Débense hacer pueblos de 300 vecinos,
-pocos más ó ménos, en que se hagan tantas casas cuantos
-fueren los vecinos, como ellos las suelen hacer, de tal manera,
-que, aunque se acreciente la familia, como mediante
-Dios se acrecentará, puedan caber todos en ella, haciendo
-iglesia la mejor que ser pueda, y calles y plaza para que
-sea lugar en forma, y la casa del Cacique cerca de la Plaza,
-mayor y mejor que las otras, porque allí han de concurrir
-todos los otros. Item, haya un hospital como abajo se
-dirá. Estos pueblos se hagan, cuanto ser pudieren, á voluntad
-de los Caciques y de los indios en cuanto al sitio, porque no
-resciban pena de mudarse, haciéndoles entender como todo
-ésto se hace para su beneficio, y para que sean mejor tractados
-que hasta aquí; y los que estuvieren muy léjos de las
-minas hagan allá pueblos y crien ganados, y cojan pan, y
-algodon y otras cosas, y dello paguen tributo al Rey, nuestro
-señor, lo que bien visto fuere respecto destos otros; y otro
-tanto se haga en las islas donde no se cogere oro y sean tales
-que deban estar pobladas, porque se les hará de mal venir de
-léjos, y rescibirian peligro en la mudanza, y que la Çabana
-esté siempre poblada, porque está cerca del puerto y muy
-aparejada para la contratacion de Cuba y tierra firme. Débese
-dar á cada pueblo término conveniente, apropiado, á cada
-lugar ántes más que ménos, por el augmento que se espera,<span class="pagenum"><a name="Page_300" id="Page_300">[300]</a></span>
-Dios mediante; este término debe ser repartido entre los vecinos
-del lugar, dando de lo mejor, á cada uno dellos, parte de
-tierra donde puedan plantar árboles y otras cosas, y hacer
-montones para él y para toda su familia, mas ó ménos, segun
-la calidad de su persona y cantidad de la familia, y al Cacique
-tanto como á cuatro vecinos. De lo restante quede para el
-pueblo para ejidos y pastos, y estancias de puercos y otros
-ganados. A estos pueblos se deben traer los Caciques é indios
-más cercanos á aquel asiento que se tomare para la poblacion,
-porque queden en su popria tierra y vengan de mejor gana, y
-negóciese con los Caciques que ellos los traigan de su voluntad
-sin les hacer otra premia, si así se pudiere hacer; y estos Caciques
-tengan cuidado de sus indios en regillos y gobernallos,
-como adelante se dirá. Si los indios de un Cacique bastaren
-para una poblacion, con aquellos se haga, y si no que se junten
-otros Caciques de los más cercanos y que cada Cacique
-tenga superioridad en sus indios como suele; y que estos Caciques
-inferiores obedezcan á su superior como suelen, y el
-Cacique principal ha de tener cargo de todo el pueblo, juntamente
-con el religioso ó clérigo que allí estuviere, y con la
-persona que para ello fuere nombrada, como adelante se dirá.
-Y si algun castellano español, de los que allá están ó fueren
-á poblar, quisiere casar con alguna Cacique ó hija de Cacique
-á quien pertenece la sucesion por falta de varones, que este
-casamiento se haga con acuerdo y consentimiento del religioso
-ó clérigo, y de la persona que fuere nombrada para la administracion
-de aquel pueblo, y, casándose desta manera, éste
-sea Cacique y sea tenido y obedecido y servido como el Cacique
-á quien sucedió, segun y como abajo se dirá de los otros
-Caciques, porque desta manera muy presto podrán ser todos
-los Caciques españoles y se excusarán muchos gastos. Item,
-que cada lugar tenga jurisdiccion por sí en sus términos, y que
-los dichos Caciques tengan jurisdiccion para castigar á los
-indios que delinquieren en el lugar donde él fuere superior,
-no solamente en los suyos, mas tambien en los de los otros
-Caciques inferiores que viven en aquel pueblo; ésto se entiende<span class="pagenum"><a name="Page_301" id="Page_301">[301]</a></span>
-de los delitos que merecen hasta pena de azotes y no más, y
-en éstos, que no lo puedan hacer ni ejecutar ellos solos, sin que
-á lo ménos intervenga el consejo y consentimiento del religioso
-ó clérigo que allí estuviere, lo demas quede á la justicia
-ordinaria de Su Alteza; y si los Caciques hicieren lo que no
-deben, sean castigados por la justicia ordinaria, y si hicieren
-agravio á los inferiores, remédielo la justicia ordinaria. Los
-oficiales para la gobernacion del pueblo, así como Regidores,
-ó Alguacil ú otros semejantes, sean puestos y nombrados por
-el dicho Cacique mayor, y por el dicho religioso ó clérigo que
-allí estuviere, juntamente con aquella persona que se nombrare
-por Administrador de aquel lugar, y en caso de discordia
-por los dos dellos. Y, porque en cada pueblo se hagan las
-cosas como deben, conviene que se nombre una persona que
-tenga la administracion de uno, ó de dos, ó de tres, ó de más
-lugares, segun la poblacion fuere, el cual viva en un comedio
-conveniente para hacer su oficio, en una casa de piedra, y no
-dentro en el lugar, porque los indios no resciban daño ó alteracion
-de la conversacion de los suyos; éste ha de ser español, de
-los que allá han estado, siendo hombre de buena conciencia y
-que haya bien tractado los indios que tuvo encomendados, que
-sabrá bien regir é gobernar y hacer lo que conviene á su
-oficio. Lo que éste ha de hacer es, que ha de visitar el lugar ó
-lugares que le fueren encomendados y entender con los Caciques,
-especialmente con el principal de cada lugar, para que
-los indios vivan en policía, cada uno en su casa con su familia,
-y trabajen en las minas y en las labranzas, y en el criar
-de los ganados, y en las otras cosas que los indios han de
-hacer, segun adelante se dirá, y que no los moleste ni los
-apremie á que trabajen ni hagan más de los que son obligados,
-sobre lo cual se le encargue la conciencia; y que, al
-tiempo que le fuere dado el cargo, jure solemnemente de
-usar bien de su oficio, y si en algo excediere porqué merezca
-castigo, sea castigado y punido por la justicia de Su Alteza.
-Para hacer su oficio conviene que tenga consigo tres ó cuatro
-españoles castellanos, ó de otros cuales quisiere, y armas las que<span class="pagenum"><a name="Page_302" id="Page_302">[302]</a></span>
-fueren menester, y que no consienta á los Caciques ni á los indios
-tengan armas suyas ni ajenas, salvo aquellas que parecieren
-que serán menester para montear, y si más personas
-él quisiere tener ó viere que le cumple, que las pueda
-tener pagándoles su justo y debido salario á vista del religioso
-ó clérigo que allí estuviere, y si algunos indios con él quisieren
-vivir, con tanto que de los indios no pueda tener más de seis,
-y con su voluntad, y no de otra manera, pero que á éstos no
-les pueda mandar ir á las minas, salvo servirse dellos en
-casa y en las otras cosas, y que, cada y cuando éstas se descontentaren
-de su compañía, tengan libertad de irse á los pueblos
-donde son naturales. Este Administrador, juntamente con
-el religioso ó clérigo, trabajen cuanto pudieren por poner en
-policía á los Caciques é indios, haciéndoles que anden vestidos,
-y duerman en camas, y guarden las herramientas y las
-otras cosas que le fueren encomendadas, y que cada uno sea
-contento con tener á su mujer y que no se la consientan dejar,
-y que las mujeres vivan castamente, y la que cometiere adulterio,
-acusándola el marido, sea castigada ella y el adúltero
-hasta pena de azotes por el Cacique, con consejo del Administrador
-y religioso que allí estuviere en el pueblo; asimismo
-tenga cuidado que los Caciques ni sus indios no truequen ni
-vendan sus cosas, ni las dén ni las jueguen, sin licencia del religioso
-ó clérigo ó del dicho Administrador, salvo en cosas de
-comer y hacer limosnas honestamente, y que no los consientan
-comer en el suelo. A estos administradores se dé salario conveniente,
-segun el cargo y trabajo y costa que han de tener, la
-mitad pague Su Alteza, y la otra mitad pague el pueblo ó pueblos
-que estuvieren á su cargo; y sean casados por quitar los
-inconvenientes que de allí se pueden recrecer, salvo si tal persona
-se hallare de quien se deba confiar aunque no sea casado.
-Y porque mejor haga su oficio, tenga escrito en un libro
-todos los Caciques é indios vecinos, y personas que haya en
-cada casa y lugar, porque se sepa si se va ó ausenta alguno
-ó deja de hacer lo que es obligado. Para que los indios sean
-instruidos en nuestra sancta fe católica, y para que sean bien<span class="pagenum"><a name="Page_303" id="Page_303">[303]</a></span>
-tractados en las cosas espirituales, debe haber en cada pueblo
-un religioso ó clérigo que tenga cuidado de los enseñar,
-segun la capacidad de cada uno dellos, y administralles los
-Sacramentos y predicalles los domingos y fiestas, y hacelles
-entender como han de pagar diezmos y primicias á Dios, para
-la Iglesia y sus ministros, porque los confiesan y administran
-los Sacramentos, y los entierren cuando fallecieren, y rueguen
-á Dios por ellos; y hacerles que vengan á misa y se sienten
-por órden, apartados los hombres de las mujeres. Estos clérigos
-sean obligados á decir misa cada fiesta, y entre semana los
-dias que ellos quisieren, y provean como se digan misas en
-las estancias, las fiestas, en la iglesia que allá se ha de hacer,
-y hayan por su trabajo de los diezmos del dicho pueblo la
-parte que les cupiere, y más el pié de altar y las ofrendas,
-y que impongan á las mujeres y hombres que ofrezcan lo que
-les pluguiere, caçabí ó ajes, y que no puedan llevar otra cosa
-los dichos clérigos, por confesar y administrar los otros Sacramentos,
-ni velar los casados, ni por enterramientos. Y los dias
-de las fiestas, en la tarde, sean llamados por una campana
-para que se junten y sean enseñados en las cosas de la fe, y
-si no quisieren venir sean castigados por ello moderadamente,
-y que la penitencia que les dieren sea pública porque los otros
-escarmienten. Haya un sacristan, si se hallare suficiente de los
-indios, sino de los otros, que sirva en la iglesia, y muestre á los
-niños á leer y escribir hasta que sean de edad de nueve años,
-especialmente á los hijos de los Caciques y de los otros principales
-del pueblo, y que les muestren á hablar romance
-castellano, y que se trabaje con todos los Caciques y indios,
-cuanto fuere posible, que hablen castellano. Item, que
-haya casa en medio del lugar para hospital, donde sean rescibidos
-los enfermos y hombres viejos que no pudieren trabajar,
-y niños que no tienen padres que allí se quisieren
-recoger, y para el mantenimiento dellos hagan de comun un
-conuco de 50.000 montones, y que lo hagan desherbar en
-sus tiempos, y esté en el hospital un hombre casado con su
-mujer y pida limosna para ellos, y manténganse dello; y que<span class="pagenum"><a name="Page_304" id="Page_304">[304]</a></span>
-pues las carnicerías han de ser de comun, como adelante se
-dirá, que se dé para el hombre y mujer que allí estuviere, y
-para cada pobre que allí se recogiere, una libra de carne, á
-vista del Cacique ó del religioso que allí estuviere porque no
-haya fraude. Los vecinos de cada lugar, y los varones de veinte
-años arriba y de cincuenta abajo, sean obligados á trabajar
-desta manera: que siempre anden en las minas la tercia
-parte dellos, y si alguno estuviere enfermo ó impedido en su
-lugar se ponga otro, y salgan de casa para ir á las minas en
-saliendo el sol ó un poco despues, y venidos á comer á sus
-asientos tengan de recreacion tres horas, y vuelvan á las
-minas hasta que se ponga el sol. Este tiempo sea repartido de
-dos en dos meses, ó como al Cacique pareciere, por manera
-que siempre estén en las minas el tercio de los hombres de
-trabajo. Que las mujeres no han de trabajar en las minas, si
-ellas de su voluntad y de su marido no quisieren, y, en el caso
-que algunas mujeres vayan, sean contadas por varones en el
-número de la tercia parte. Los Caciques envien con los indios
-que son á su cargo, divididos por cuadrillas, los nitainos, que
-ellos llaman, que fueren menester, para que éstos les hagan trabajar
-en las minas, y cojan el oro, y hagan lo que solian hacer
-los mineros, porque, segun por experiencia ha parecido, no
-conviene que haya mineros ni estancieros castellanos, salvo
-de los mismos indios. Despues que hobieren servido el tiempo
-que fueren obligados en las minas, vénganse á sus casas y
-trabajen en sus haciendas lo que buenamente pudieren y vieren
-que les cumple, á vista de su Cacique y del religioso ó
-clérigo que allí estuviere ó del Administrador. Y porque el
-Cacique ha de tener más trabajo, y porque es superior, sean
-obligados todos los vecinos y hombres de trabajo de dar al
-Cacique quince dias en cada año, cuando él los quisiere, para
-trabajar en su hacienda, y que no sea obligado á darles de
-comer ni otro salario, y que las mujeres y los niños y los
-viejos sean obligados á desherballe sus conucos todas las
-veces que sea menester. Los indios que quedaren en el pueblo
-sean compelidos á trabajar lo que justo fuere á los conucos y<span class="pagenum"><a name="Page_305" id="Page_305">[305]</a></span>
-en sus haciendas, y tambien las mujeres y los niños. Debe Su
-Alteza mandar tomar las haciendas que fueren necesarias y
-más convenientes para principiar los pueblos, así de conucos
-como de ganados, estimadas en lo que justamente valieren,
-para que sean pagadas de las primeras fundiciones de la parte
-que perteneciere á los indios; y los conucos se dividan por
-los vecinos, á cada uno la parte que le cupiere entre tanto
-que hace otra hacienda en la tierra que le fuere señalada, y
-los ganados se pongan en mano del Cacique principal, para
-que dello se provean los indios en la manera que adelante se
-dirá. Si ser pudiere, para cada pueblo de 300 vecinos haya
-10 ó 12 yeguas, y 50 vacas, y 500 puercos de carne, y 100
-puercas para criar; éstos sean guardados á costa de todos, como
-bien visto fuere, y ésto se procure de sostener de comun hasta
-que ellos sean hechos hábiles y acostumbrados para tenellos
-propios suyos. Ha de haber un carnicero en el pueblo que dé
-para cada casa medio arrelde de carne, cuando el marido estuviere
-en el pueblo y no esté en las minas, y cuando estuviere en
-las minas le den una libra á su mujer; y si más carne hobiere
-menester para su casa y familia, que la crie con su familia
-y la procure, y los dias que no fueren de carne, que se provean
-como les pareciere, y al Cacique dos arreldes. Para los
-que estuvieren trabajando en las minas, de sus mismos conucos
-que les cupiere, el Cacique haga que las mujeres de los que allá
-anduvieren amasen el pan que fuere menester, y el Cacique lo
-haga llevar en las dichas yeguas de comun, y ajes y maíz, y
-axí y todo lo otro que fuere menester. Haya un carnicero en
-las minas y dé á cada uno de los que allí trabajaren libra y
-media ó dos libras de carne, como bien visto fuere, y porque
-en aquella isla hay poco pescado, sería bien procurar dispensacion
-para comer carne algunos dias de cuaresma, y los otros
-dias que no son de carne, y por que sea mejor proveido de la
-carne, conviene que alguna parte del ganado que se hobiere de
-matar para comer ande en las minas, y si de la carne de los
-ganados comunes no hobiere abasto para los que andan en las
-minas, que se provea como otros vendan carne á precio justo,<span class="pagenum"><a name="Page_306" id="Page_306">[306]</a></span>
-y se dé por tasa para ser pagados de la primera fundicion.
-El oro que se sacare de las minas vaya todo á poder del nitaino,
-que ha de estar como minero cada noche, como se suele
-hacer, y cuando viniere el tiempo de la fundicion, que ha de
-ser de dos en dos meses ó como á los oficiales pareciere, júntese
-el nitaino con el Cacique principal y con el Administrador,
-y llévenlo á la fundicion porque se haga con toda fidelidad;
-y de lo que saliere de la fundicion se haga tres partes,
-la una para el Rey, y las dos para el Cacique y los indios.
-De las dos partes del oro que perteneciere al Cacique y á los
-indios, se ha de pagar las haciendas y ganados que se hobieron
-para hacer los pueblos, y todos los gastos que se han de
-hacer de comun, lo restante se ha de dividir por casas igualmente,
-y al Cacique seis partes y á los nitainos que andan
-con los indios dos partes á cada uno. De las partes que á
-cada casa cupieren se han de comprar las herramientas y
-otras cosas que serán menester para sacar el oro, y éstas sean
-propias de cada uno, y escríbanse en un libro para que sea
-obligado á dar cuenta dellas, y de lo que de ésto sobrare
-cómpreles el Cacique y el clérigo y Administrador ropa y camisas,
-y doce gallinas y un gallo para cada casa, y otras cosas
-que les pareciere que hobieren menester para sus casas, poniéndolo
-por escrito para que dén cuenta dello; y si algo sobrare
-que se ponga en guarda en poder de una buena persona
-que dé cuenta dello cuando se la demandaren, escribiéndolo
-en cuyo poder se pone y lo que á cada uno pertenece, como
-pareciere al clérigo y Administrador. Débense poner 12 españoles
-mineros salariados de comun, la mitad el Rey y la mitad
-los indios, que tengan cargo de descubrir minas, y luégo
-que las hayan descubierto las dejen á los indios para que
-saquen el oro, y se vayan adelante á descubrir otras, y no
-estén ahí más ellos ni otros españoles, ni criados de españoles,
-porque no les hurten el oro ni les hagan mal, y el oro
-que éstos 12 sacaren, descubriendo las minas, sea comun y
-pártase entre el Rey y los indios, y que sobre ésto se ponga
-gran pena.»</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="Page_307" id="Page_307">[307]</a></span></p>
-
-<p>«Remedio para los españoles que allá están.&mdash;Algunos dellos
-se remediarán comprándoles las haciendas para los pueblos,
-como arriba está dicho, otros con encomendalles la administracion
-de los pueblos, otros salariándolos para mineros,
-otros dándoles facultad para que por sí y por sus familias
-puedan sacar oro, pagando solamente el diezmo de lo que
-sacaren siendo casados y teniendo allá sus mujeres, y los
-que no fueren casados paguen de siete uno; otros, dándoles
-facultad para que cada uno dellos pueda meter dos ó tres ó
-más esclavos la mitad varones y la mitad hembras porque
-multipliquen, y á los que tuvieren indios encomendados y
-otras mercedes, dándoles alguna satisfaccion y haciéndoles
-otras gratificaciones por ella. Asimismo les aprovechará mucho
-que Su Alteza les dé carabelas, aderezadas de bastimentos
-y otras cosas necesarias, para que vayan ellos mismos á
-tomar los caribes que comen hombres y son gente recia, y
-éstos son esclavos porque no han querido rescibir los predicadores,
-y son muy molestos á los cristianos y á los que se
-convierten á nuestra sancta fe, y los matan y los comen, y los
-que trujeren pártanlos entre sí y sírvanse dellos; mas, so color
-de ir á tomar los caribes, no vayan á otras islas ni tierra
-firme, ni prendan á los hombres que allí moraren, so pena
-de muerte y perdimiento de bienes.&mdash;Otro remedio:&mdash;Que los
-españoles que están en las islas serán gratificados si quisieren
-ir á poblar en la tierra firme, porque éstos que han sido criados
-en las islas, y están hechos á la tierra, están más aparejados
-y dispuestos para vivir sin peligro en tierra firme, que
-los que van de nuevo de España. Y porque algunos dellos
-deben á Su Alteza y á otras personas muchas deudas, y no
-ternán de que las pagar quitándoles los indios, que se les
-haga alguna gratificacion en que no sean presos, ni encarcelados,
-ni detenidos, si quisieren pasar á tierra firme ó á otras
-de las islas. Para que los pueblos se pongan en policía, que se
-muestren oficios á algunos de los indios, así como carpinteros,
-pedreros, herreros, aserradores de madera, y sastres, y otros
-oficios semejantes para servicio de la república. Esto es lo que<span class="pagenum"><a name="Page_308" id="Page_308">[308]</a></span>
-parece que se debe hacer, por ahora, para el remedio y conservacion
-de los indios, hasta que se vea por experiencia la
-utilidad que dello se sigue. Pero para la ejecucion dello conviene
-que haya alguna persona poderosa que lo ejecute, porque
-esta mudanza de quitar los indios á los que los tienen
-encomendados les será muy molesta. Los Padres que allá van,
-verán lo que más ó ménos se debe hacer, y podrán quitar ó poner
-lo que les pareciere. Los cristianos viejos que hicieren
-mal á los indios sean castigados por las justicias de Su Alteza,
-y los indios sean testigos en la causa, y creidos, segun el albedrío
-del Juez.»</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_309" id="Page_309">[309]</a></span></p>
-
-<h2 id="LXXXIX">CAPÍTULO LXXXIX.</h2></div>
-
-
-<p>La sustancia y órden de todos estos capítulos é Instruccion,
-que los religiosos de Sant Hierónimo llevaron, dió y
-ordenó el susodicho clérigo Casas, pero muchas cosas en
-ella el Cardenal y los que, del Consejo que arriba se nombraron,
-para ésto llamó, añidieron y alteraron, oidas algunas informaciones
-de los españoles, que á la sazon en la corte se
-hallaron, y contra el Clérigo y contra los indios blasfemaban
-rabiando, como fué aquello que anduviesen siempre en las
-minas la tercera parte de los hombres de trabajo sacando oro,
-porque debiérase de considerar que estaban los tristes indios
-molidos y deshechos y al cabo de las vidas, de haber andado
-tantos años atras en ellas y en los otros trabajos, donde habian
-tantos millares y áun millones perecido, y sólo el pensamiento
-de que habian por fuerza de andar en las minas,
-siempre la tercia parte, bastaba para del todo acaballos. Manifiesto
-es que se les habia de dar las haciendas y los ganados
-y lo demas de balde, para que comenzaran á respirar y
-saber qué cosa era libertad, ó á costa del Rey ó de los españoles,
-que dellos con tanto riesgo de sus vidas se habian
-aprovechado, y así comenzaran y multiplicaran en número
-de gente y hacienda, y despues de muchos años sirvieran al
-Rey con lo que pudieran y fuera cosa tolerable; pero túvose
-respeto á que nunca cesase tener provecho de los indios el
-Rey, lo que, cierto, no debiera, al ménos por mucho años, pues
-tan mala gobernacion se puso (aunque de creer es que siempre
-fué contra su voluntad, é yo así lo tengo por cierto), so la
-cual tantas gentes y tan inhumanamente perecieron. Todavía
-era el Rey obligado á satisfacer á los indios sus grandes agravios,
-que su gente, que á estas partes envió, habian perpe<span class="pagenum"><a name="Page_310" id="Page_310">[310]</a></span>trado,
-puesto que dello le pesase y fuesen cometidos contra
-su voluntad, al ménos con libertallos, amparallos, y bien y
-justamente gobernallos, despues de sabido en adelante: ésto
-claro está á cualquiera prudente cristiano. Finalmente, con
-todo lo dicho, la intencion del Cardenal fué remediar los
-tristes indios y libertallos, y con ésto creyó de cierto que los
-remediaba, y en la verdad remedio era si los tomara treinta años
-atras, más en número y no tan delgados y fatigados de los
-trabajos, y saliera de esta manera de gobernacion estar toda
-esta isla restaurada y poblada de infinita gente dellos, y el
-Rey tuviera grandes provechos, y España no perdiera nada.
-Lo que se dijo en los remedios de los españoles que los caribes
-que comian hombres eran esclavos, porque no habian querido
-rescibir los predicadores, ésto fué falsedad y testimonio
-que les levantaron, porque despues que las Indias se descubrieron,
-hasta hoy, nunca los caribes supieron qué cosa era
-predicadores, ni les resistieron, sino á los españoles que tuvieron
-siempre por hombres crueles salteadores, y por eso, cuando
-podian, hacian en ellos lo que vian que hacian á los pacíficos
-y domésticos indios, y que no comian carne humana;
-porque si los españoles hicieran obras de verdaderos cristianos,
-tan poca dificultad hobiera en traellos á la fe, ó no muy
-grande, como á los demas. Pero este capítulo debió de salir de
-uno que entró en este Consejo, que, cerca deste artículo, erró
-y fué harto engañado los tiempos pasados, dando crédito á los
-salteadores y tiranos que aquellas gentes alborotaron y pusieron
-con sus crueles obras en odio del nombre cristiano, segun
-que en el libro II desta Historia hemos declarado. Y porque
-todavía estaba, en alguno ó algunos de los que en este Consejo
-entraron, asentado el dicho pernicioso error que estas gentes
-no eran para vivir por sí, ni tenian ni eran hábiles para tener
-policía, como si las halláramos como brutos por las montañas
-esparcidos, y las monteáramos, y no en sus pueblos, y grandes
-pueblos, pacíficos y quietos, y en toda justicia natural, con
-sus Reyes y señores, ordenados y regidos segun su manera
-natural y policía, harto mejor que en otras muchas naciones.<span class="pagenum"><a name="Page_311" id="Page_311">[311]</a></span>
-Púsose otro segundo remedio para los indios, aunque no remedio
-era, ni lo fué, ni jamás lo será, sino vastacion total de
-aquellas gentes y tierras, como de verdad lo ha sido, y por
-los pecados de nuestra España, el mundo todo della es; este
-remedio era que se estuviesen los repartimientos y encomiendas
-como se estaban en poder de los españoles, con que se
-moderasen las leyes y ordenanzas inícuas que en Búrgos el
-año de 12 se hicieron, como arriba en el cap. 13 referimos.
-Esta es verdad clara y manifiesta entre todos los que no
-pretenden interese en los indios, y áun los mismos que lo
-pretenden y son destruidores dellos lo saben mejor que otros,
-pues los consumen, y sus mismas obras á que lo confiesen les
-fuerzan, que ninguna ley, ni pena, ni amenaza, aunque sea
-de muerte, aprovecha cosa ninguna para que estorbe ó impida
-que los indios no mueran corporalmente, y para que no
-aborrezcan la fe y religion cristiana ántes que la oigan y resciban,
-y si la rescibieren, no sea milagro no dejalla y apostatar
-della, si los indios repartidos y encomendados á los españoles
-estuvieren; véanse las islas, esta Española y las demas,
-y 4 ó 5.000 leguas de tierra firme, que son lamentables testigos
-dello. Así que, el Cardenal, como no del todo tenia desto
-experiencia, pasó con lo que allí algunos dijeron, y el Clérigo
-no pudo impedillo más de que trabajó que se limitasen las
-dichas leyes, en caso que la infelicidad de los indios causase
-que en la tiranía susodicha permaneciesen.</p>
-
-<p>Fué, pues, lo segundo, que los Hierónimos llevaban en su
-Instruccion, lo que se sigue:</p>
-
-<p>«En caso que se hallase que el primer remedio de hacer
-pueblos y poner los indios en policía no hobiese lugar, y que
-todavía pareciese que debian estar encomendados, como hasta
-aquí, deben proveer y remediar para adelante en los artículos
-siguientes. Lo primero en que se guarden las siete conclusiones
-y determinaciones que los letrados, por mandado del Rey,
-nuestro señor (que haya gloria), dieron cerca del tratamiento
-de los indios, y tambien las otras cuatro, en cuanto determinaron
-que las mujeres todas y los niños hasta catorce años no<span class="pagenum"><a name="Page_312" id="Page_312">[312]</a></span>
-sean obligados á servir, salvo en la manera que allí se contiene,
-pero lo contenido en la sexta conclusion no se debe guardar
-por lo que adelante se dirá. Item, en cuanto á lo que la
-ley primera dice, y tambien la segunda, que los indios sean
-traidos á los pueblos y estancias de los españoles, no se debe
-hacer, porque por experiencia ha parecido que desto se han
-recibido muchos inconvenientes, así en lo que toca á la instruccion
-de la fe como al mal tractamiento de sus personas.
-La ley 11, que habla de llevar cargas los indios, se debe
-quitar, mandando que ningun cargo les hagan llevar á
-cuestas, mudándose ni de otra manera. La ley 13, que habla
-del trabajo y huelga, parece que se debe de enmendar, porque
-el tiempo del trabajo es mucho, y en el tiempo que se
-ha de hacer no debian ser apremiados á que trabajasen en
-otra cosa, y en el tiempo del trabajo debian holgar tres horas
-al medio dia, y entrar salido el sol en el trabajo, y salir en
-poniéndose el sol. La ley 15, que habla del dar de la carne
-solamente las fiestas, parece que se debe de enmendar y
-mandar que les dén carne cada dia de la semana, así estando
-en el trabajo como fuera dél, y caçabí, é ajes, y axí abasto, y
-los dias que no fueren de carne les dén pescado ó las otras
-cosas que se pudieren haber. La ley 18, que habla del servicio
-que han de hacer las mujeres preñadas, se debe quitar,
-y mandar que ninguna mujer sea obligada al trabajo, salvo
-en su hacienda, y como se contiene en las cuatro conclusiones
-postreras. La ley 20, que habla del salario que se debe
-dar á cada uno de los indios que sirven, parece que se debe
-enmendar, porque es muy poco salario un peso de oro en
-un año, y se debe dar mucho más especialmente si dello se
-ha de dar algo á los Caciques. La ley 21, que habla contra
-los que se sirven de los indios que no son suyos, débese
-agraviar la pena, porque es poca. La ley 25, débese enmendar,
-y mandar que no anden sino la tercia parte precisamente,
-porque los que despues hobieren de ir allá estén
-holgados y puedan trabajar. La ley 26 débese enmendar, que
-no anden los mineros á partido, como suelen, cierta parte del<span class="pagenum"><a name="Page_313" id="Page_313">[313]</a></span>
-oro que se saque, sino que les dén cierto jornal y soldada y
-sean juramentados por los Visitadores que no hagan trabajar á
-los indios demasiadamente, y que sean hombres los mineros de
-buena consciencia, y no los que hasta agora han sido que han
-agraviado á los indios. La ley 27 débese enmendar, que por
-agora no se traigan los indios de otras islas de los Lucayos, hasta
-que sobre ello sea más visto. La ley 29 y la ley 30 se deben enmendar,
-que los Visitadores ni otros oficiales algunos no tengan
-indios, sino que se les dé salario por Sus Altezas y no por los
-vecinos, porque no hagan lo que ellos quisieren. La ley 31 se
-debe enmendar, y mandar que los Visitadores en todo el año
-visiten los lugares donde quiera que hobiere indios, y debria
-haber más de dos Visitadores, porque mejor hagan sus oficios.
-Débese mirar la ley postrera, donde se dice que si los indios en
-algun tiempo fueren capaces para vivir en policía y regirse por
-sí mismos, que se les dé facultad que vivan por sí é les manden
-servir en aquellas cosas que los otros vasallos de acá suelen
-servir, para que sirvan y paguen el servicio que los vasallos
-suelen dar y pagar á sus Príncipes, y que miren si alguno de
-los que agora hay son capaces para ésto, y provean sobre
-ello, y tambien provean en cuanto vieren que conviene para
-alcanzar este fin, y procuren todos los medios que hallaren ser
-convenientes para ésto y para la instruccion de la fe en ellos.
-Y, sobre todo lo ya dicho, debeis proveer y mirar lo que más
-conviene para el servicio de Dios é instruccion de los indios
-en nuestra santa fe, y para el bien dellos y de los pobladores
-de las dichas islas, y aquello que os pareciere que sobre ello
-se debe proveer enviadlo acá, para que, visto, se os envien
-todas las provisiones que para ello fueren necesarias.»</p>
-
-<p>Esta fué la segunda Instruccion que los religiosos de Sant
-Hierónimo llevaron, para poner órden y remedio en la perdicion
-de los indios, en caso que no se pusiesen en libertad
-por su incapacidad, fundándose en el susodicho error y ceguedad
-grande que hobo por muchos tiempos en el Consejo
-del Rey, por la falsedad y maldad que los tiranos inventaron
-para se sustentar en sus tiranías, como es dicho muchas<span class="pagenum"><a name="Page_314" id="Page_314">[314]</a></span>
-veces, levantando falsísimos testimonios á los inocentes indios,
-en especial éste de que no eran hábiles para vivir por
-sí. Las siete conclusiones que dice la Instruccion que se guarden,
-en caso que este segundo remedio se haya de poner,
-quedan puestas en el cap. 8.º, y las cuatro que tambien mandan
-que se guarden, se refirieron en el cap. 17; la sexta, que
-dice no deberse guardar, era que se diese órden como siempre
-tuviesen comunicacion con los españoles que acá venian á
-poblar, porque el Clérigo insistió en que ántes, para vivir, ser
-los indios cristianos y de buenas costumbres, convenia que
-con los españoles no conversasen, lo uno, por las vejaciones
-y robos y males que siempre les hacian, y hoy hacen,
-donde quiera que están con ellos é cerca dellos, y lo otro,
-por sus desordenadas y malas obras, que comunmente han
-sido en estas Indias, á la ley de Jesucristo y á toda razon y
-virtud, contrarias, las cuales viendo los indios, por mucho y
-bien que los predicadores les predicasen la vida cristiana, culpando
-los vicios y las virtudes loando, habian de creer, y por
-consiguiente hacer, el contrario.</p>
-
-<p>Es bien aquí de considerar, qué tales fueron las dichas
-treinta y tantas leyes que dijimos haberse hecho en Búrgos,
-pues aquí todas las enmendó el Cardenal y los que con él,
-del Consejo, que habian sido en hacellas, se juntaron, y pudiera
-bien á la clara condenallas por más que tiránicas, pero
-modesta y tácitamente, segun parece, las blasfemaron. Tractó
-aquí tambien el Cardenal que fuera cosa conveniente que en
-la corte hobiese alguna persona que tuviese cuidado de procurar
-lo que cumpliese á los indios, y que aquel habia de ser
-hombre de ciencia y conciencia; tratóse tambien que debian de
-enviarse de Castilla algunos labradores para la poblacion destas
-islas, gratificándolos en algunas cosas; pero destas dos cosas postreras
-no se tractó más, como nunca hobo quien tuviese cuidado
-de tratar y negociar el bien universal destas partes, sino sólo el
-Clérigo, y, cuando él callaba, nunca en él jamás de hecho y
-con perseverancia se habló, y ésto la historia lo mostrará más
-adelante. En este tiempo, muchas más cosas, y mejores pro<span class="pagenum"><a name="Page_315" id="Page_315">[315]</a></span>visiones,
-y más ciertos remedios para los indios, (supuesto
-siempre el primero, que es el verdadero, conviene á saber,
-ponellos en libertad, sin el cual ninguno hay bueno), y para
-que los españoles pudieran vivir sin tener indios en estas
-islas, se despacharan, y el Cardenal los proveyera, si el clérigo
-Casas hobiera más pensado en ello y se las notificara,
-como despues, andando en los negocios, alcanzó, segun el
-crédito el Cardenal le daba, pero como poco habia que lo
-habia considerado, y la tiranía estaba tan entablada y arraigada,
-y anduvo en el negocio, como en cosa nueva y escandalosa,
-paso á paso y como acobardado, harto pensó que
-habia bien negociado en poner los indios en libertad, sacándolos
-del poder del diablo, y, ya que ésto no se efectuara,
-ser causa de enmendar todas las dichas leyes, para estorbar
-algo de la opresion que los indios padecian, segun los males
-eran grandes.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_316" id="Page_316">[316]</a></span></p>
-
-<h2 id="XC">CAPÍTULO XC.</h2></div>
-
-
-<p>Complidos con los despachos que pertenecian á los religiosos
-de Sant Hierónimo, para lo que habian de poner por
-obra en remedio de los indios, á lo cual, y no á otra cosa
-eran enviados, proveyó y mandó el Cardenal al Clérigo que
-fuese con ellos, y los instruyese, informase y aconsejase todo
-aquello que conviniese para lo que en favor de los indios y
-en asiento de la tierra iban á efectuar, para lo cual le mandó
-dar la siguiente Cédula ó provision.</p>
-
-<p>«La Reina y el Rey.&mdash;Bartolomé de las Casas, clérigo, natural
-de la ciudad de Sevilla, vecino de la isla de Cuba, que
-es en las Indias: Por cuanto somos informados que há mucho
-tiempo que estais en aquellas partes é residís en ellas, de
-donde sabeis y teneis experiencia en las cosas dellas, especial
-en lo que toca al bien y utilidad de los indios, y sabeis y
-teneis noticia de la vida y conversacion dellos por haberlos
-tractado, y porque cognoscemos que teneis buen celo al servicio
-de nuestro Señor y nuestro, de donde esperamos que lo
-que vos encargáremos y mandáremos hareis con toda diligencia
-y cuidado, y mirareis lo que cumple á la salud de las
-ánimas y cuerpos de los españoles é indios que allá residen,
-por ende, por la presente vos mandamos que paseis á aquellas
-partes de las dichas Indias, así de las islas Española, Cuba, Sant
-Juan y Jamáica, como tierra firme, y aviseis é informeis y
-deis parecer á los devotos padres Hierónimos, que Nos enviamos
-á entender en la reformacion de las Indias, y otras personas
-que con ellos entendieren en ello, de todas las cosas
-que tocaren á la libertad é buen tractamiento é salud de las
-ánimas y cuerpos de los dichos indios de las dichas islas y
-tierra firme, y para que nos escribais é informeis y vengais á<span class="pagenum"><a name="Page_317" id="Page_317">[317]</a></span>
-informar de todas las cosas que se hicieren y convinieren hacerse
-en las dichas islas, y para que en todo hagais lo que
-conviniere al servicio de nuestro Señor é nuestro, que para
-todo ello vos damos poder complido, con todas sus incidencias
-y dependencias, emergencias, anexidades é conexidades; y
-mandamos al nuestro Almirante é Jueces de apelacion é otras
-cualesquier justicias de las dichas islas y tierra firme, que vos
-guarden y hagan guardar este Poder, é contra el tenor y forma
-dél vos no vayan, ni pasen, ni consientan ir ni pasar en tiempo
-alguno, ni por alguna manera, so pena de la nuestra merced é
-de 10.000 maravedís á cada uno que lo contrario hiciere. Fecha
-en Madrid, á 17 dias de Setiembre de 1516 años.&mdash;F. <i>Cardinalis</i>.&mdash;<i>Adrianus
-Ambasiator.</i>&mdash;Por mandado de la Reina
-y del Rey, su hijo, nuestros señores, los Gobernadores: en su
-nombre, George de Baracaldo.»</p>
-
-<p>Este fué el poder que mandó dar el Cardenal, y Adriano,
-Embajador, que con el Cardenal, como se dijo arriba, gobernaba,
-al dicho clérigo Casas; constituyéronlo tambien por
-Procurador ó protector universal de todos los indios de las Indias,
-y diéronle salario por ello 100 pesos de oro cada año,
-que entónces no era poco como no se hobiese descubierto el
-infierno del Perú, que con la multitud de quintales de oro
-ha empobrecido y destruido á España. Hiciéronse tambien los
-despachos del licenciado Zuazo, que enviaron por Juez de residencia,
-segun se dijo arriba, los cuales habia ordenado el
-doctor Palacios Rubios como debian de ir muy ampliados y
-con poder muy complido, segun la necesidad que habia de
-tomar cuenta á los Jueces destas Indias, en especial de esta
-isla Española. Estos despachos llamaron el licenciado Zapata
-y el doctor Carabajal, poderes exorbitantes, alegando que no
-se debia dar tan grandes poderes ni fiar tanto de un hombre;
-la razon que el licenciado Zapata, que era en ésto más antiguo
-y que más habia entendido en las cosas destas Indias, y
-tras quien iba el doctor Carabajal, se creyó que movia, era
-porque en estas, mayormente en esta isla, tenia muchas personas
-que él favorecia, Jueces y oficiales del Rey y de otras<span class="pagenum"><a name="Page_318" id="Page_318">[318]</a></span>
-cualidades, que trabajaba de sustentar en los oficios, y le pesaba
-que decayesen dellos, por algunos respetos que él se
-sabia y sólo bastaba, porque todo lo que el obispo de Búrgos
-determinaba y hacia, cerca de la gobernacion destas Indias, era
-por su parecer, y como esta Provision nueva era contra lo que
-ellos con tanta ceguedad tantos años habian sustentado, pesábale
-al Licenciado, como al Obispo fué cierto della pesarle. Así
-que, con este título de que llevaba el licenciado Zuazo poderes
-exorbitantes, no querian los dos firmallos, por lo cual le dilataban
-las provisiones y despachos tanto, que de aborrido se
-queria tornar á su colegio, y envió á decir al clérigo Casas, que
-ya estaba de partida, que le hacia saber, que si se iba sin que
-las Provisiones él hobiese cobrado, se tornaria á Valladolid de
-donde no le tornaria ninguno á sacar si una vez en su colegio
-entraba. El Clérigo va luégo al Cardenal, que ya creia
-ser el Licenciado despachado, y díjole cómo le dilataban los
-despachos de dia en dia con palabras, y como se queria
-tornar á su casa; luégo el Cardenal, como era varon egrégio
-y que ninguno con él se burlaba, entendiendo la cosa por los
-términos que iba y de dónde se derivaba, mandó llamar al
-licenciado Zapata y al doctor Carabajal, y en su presencia
-mandóles que señalasen todas las provisiones que pertenecian
-al licenciado Zuazo. Los cuales las señalaron y pusieron cierta
-señal ó rasgo á sus firmas, para que, desque viniese el
-Rey, pudiesen decir que las habian firmado contra su voluntad,
-porque el Cardenal los habia á ello forzado. Con ésto fué
-Zuazo bien despachado, aunque pesó á todos los que dolia
-que á estas tierras viniesen tales despachos. Fuese el clérigo
-Casas á despedir del Cardenal á y besarle las manos, y, por no
-dejar de hacer cosa de todo aquello que le parecia convenir
-á aquellos negocios tan pios en que Dios le habia colocado,
-animosamente dijo al Cardenal: «Señor, no quiero llevar escrúpulo
-de conciencia sobre mí, pues estoy ante quien soy
-obligado á avisar, y puede los defectos de lo que se desea remediar:
-sepa vuestra señoría reverendísima que estos frailes de
-Sant Hierónimo, en cuyas manos ha puesto la vida y la muerte<span class="pagenum"><a name="Page_319" id="Page_319">[319]</a></span>
-de aquel orbe lleno de infinitas ánimas, han dado muestra
-que no han de hacer cosa buena, ántes mucho mal, porque
-sepa vuestra señoría reverendísima que de tal manera se han
-mostrado parciales y aficionados á los seglares que han destruido
-aquellas gentes, dándoles crédito á sus palabras, dorando
-y excusando sus tiranías y maldades, infamando, vituperando
-y aniquilando los inocentes indios, que con su muerte
-y angustias y trabajos no pensados, les han dado, y sustentándolos,
-que en cuanto dicen y hablan los excusan y tractan y
-procuran dar á entender que llegados allá converná proveer
-otra cosa de lo que llevan por vuestra señoría reverendísima
-mandado, y desto es testigo el doctor Palacios Rubios, que un
-dia tanto hablaron con él en favor de los dichos seglares,
-que el Doctor se admiró y escandalizó, y respondióles: A la
-mi fe, padres, sabeis que vo viendo que teneis poca caridad
-para llevar á cargo negocio tan espiritual y de tan inmensa
-calidad é importancia. El cual, ántes que fuese á la Mesta,
-vino dos veces con harto trabajo de su gota á hablar á vuestra
-señoría, é informalle de la mala disposicion que cognoscia
-dellos para fialles cosa donde tanto, si la erraban, podian
-errar, y de erralla habian dado ciertas señales, para que vuestra
-señoría no los enviase, sino de quien se tuviese mejor
-confianza; pero, como vuestra señoría reverendísima estaba
-á la sazon muy fatigado de la enfermedad que estos dias pasados
-tuvo, se tornó y partió para la Mesta con harta pena y
-cuidado.» El Cardenal, oidas estas palabras, quedó como espantado,
-y al cabo de un poco dijo: «¿Pues de quién lo
-hemos de fiar? allá vais, mirad por todo.» Con ésto, besadas
-las manos y rescibida su bendicion, se partió para Sevilla el
-clérigo Casas; los frailes ya eran idos para sus conventos: el
-Prior de la Mejorada, llamado fray Luis de Figueroa, hombre
-harto entendido, y el fray Bernardino Manzanedo, y por el de
-Sevilla, que estaba nombrado, acordaron entre sí que fuese un
-fray Alonso de<a name="FNanchor_1" id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>, Prior de su monasterio de Búrgos, que<span class="pagenum"><a name="Page_320" id="Page_320">[320]</a></span>
-llaman Sant Juan de Ortega; llevaron consigo otro compañero,
-fraile viejo, no para más de para que los acompañase, buen
-religioso, porque los tres solos trujeron cargo de lo que acá se
-les mandaba ejecutar. El fray Luis de Figueroa, Prior de la Mejorada,
-vino por superior y Prelado de los demas, en lo que
-tocaba á la obediencia y cosas tocantes á su Órden. Mandóles
-dar el Cardenal muy cumplidamente lo necesario y áun lo que
-les sobrase para su viaje, y provision de vino y harina y otras
-cosas que acá no habia, para miéntras que en estos negocios
-estuviesen no les faltasen para su mantenimiento y recreacion
-las cosas de Castilla. Mandó asimismo proveer de pasaje y de
-matalotaje y cosas necesarias para su viaje al Clérigo, abundantemente,
-á costa del Rey.</p>
-
-<div class="footnote">
-<p><a name="Footnote_1" id="Footnote_1" href="#FNanchor_1"><span class="label">[1]</span></a> En blanco en el original.</p>
-</div>
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_321" id="Page_321">[321]</a></span></p>
-
-<h2 id="XCI">CAPÍTULO XCI.</h2></div>
-
-
-<p>Llegados á Sevilla, entendióse con diligencia por los oficiales
-de la contratacion en el despacho de los padres Hierónimos
-y del Clérigo; el Juez de residencia no vino en aquel
-viaje, sino en otro desde á tres meses, porque no se despachó
-de sus cosas más presto. El Clérigo comunicaba las veces que
-via convenir á los padres de Sant Hierónimo, y dijo que queria
-ir con ellos en la nao que ellos iban, por informallos á la
-larga de las cosas destas islas é tierra firme, á donde tan
-nuevos venian, y tanta necesidad de ser informados de la
-verdad, que por ser todos los demas interesados les negaban,
-tenian; y finalmente, por cumplir el oficio que el Cardenal, en
-nombre del Rey, le habia impuesto de informalles, y avisalles
-y dalles parecer en todo lo que hobiesen de hacer. Trabajó
-cuanto pudo de ir en su navío, pero ellos nunca quisieron
-consentillo, dándole algunas excusas y razones, que para su
-descanso y consuelo (como, que no llevaria en la nao dellos
-tan buen aposento como en otra que allí iba), enderezarlas
-parecia; y ello acaeció así, aunque segun se creia no pretendian
-ellos el consuelo del Clérigo, sino su libertad para hacer
-lo que despues hicieron. Embarcóse, pues, el Clérigo en otra
-nao mayor que la que los Padres llevaban, donde fué asaz muy
-más bien aposentado que fuera con ellos; lo cual, cierto, él
-pospusiera de buena voluntad y escogiera la estrechura, por
-lo mucho que iba en ello, excusando el daño que despues al
-negocio todo vino; finalmente, se hicieron todos juntos en diversas
-naos á la vela, en el puerto de San Lúcar, dia de Sant
-Martin, que es á 11 de Noviembre año de 1516. Trujeron muy
-buen viaje todos hasta la isla de Sant Juan, y estuvieron en el
-Puerto-Rico cuatro ó cinco dias, y porque la nao en que venia<span class="pagenum"><a name="Page_322" id="Page_322">[322]</a></span>
-el Clérigo traia cierta mercadería para dejar en aquella isla,
-y se habia de detener por esta causa catorce ó quince dias,
-díjoles que se queria pasar á la suya, sóla su persona, para
-entrar con ellos en este puerto y ciudad de Sancto Domingo,
-que dista de aquel camino de dos ó tres dias, asignándoles las
-causas porque mucho convenia para efecto del oficio y negocio
-que traian, pero nunca quisieron, y así llegaron á esta isla,
-ciudad y puerto de Sancto Domingo, ántes que el Clérigo trece
-dias. Pudieran colegir los dichos Padres, los dias que en aquella
-isla de Sant Juan estuvieron, claros argumentos de las obras
-que los españoles acostumbraban ejercitar en los indios, por
-dos cosas que allí vieron; la una, que un vizcaino, llamado
-Joan Bono (á quien no le pertenecia más el bono que al negro
-Joan Blanco, famoso pirata y salteador y robador de indios),
-habia pocos dias venido al dicho Puerto-Rico de hacer un
-salto en la isla que llaman de la Trinidad, que está junto á la
-tierra firme de Paria, de la cual mucho dejamos arriba asaz
-dicho. La gente desta isla de la Trinidad era gente muy buena
-y enemiga de los que comian carne humana, que llaman caribes.
-Y fué desta manera, qué llegado á la isla de la Trinidad
-con un navío, y creo que 50 ó 60 españoles muy ejercitados
-en ofrecer á Dios semejantes sacrificios, salieron los
-indios, vecinos de la dicha isla, del pueblo que por allí estaba,
-con sus armas, que eran arcos y flechas, preguntando qué
-gente eran y á qué venian ó qué querian. Respondió Joan
-Bono, que eran gente de paz y buena, y que venian á vivir é
-morar con ellos. Los indios, como gente llana y pacífica, y
-tambien demasiadamente crédula y no recatada, como debiera
-ser, en especial teniendo noticia de grandes crueldades,
-saltos é insultos que los tiempos pasados, luégo que el Almirante
-primero los descubrió, y despues muchas veces, como
-arriba parece en el primer libro, y pocos dias pasados, sus
-vecinos habian padecido de los españoles, dieron crédito á las
-palabras de Joan Bono, diciendo: «Pues si no venís á más ni
-quereis otra cosa sino morar con nosotros, plácenos dello y
-luégo haremos casas en que vivais.» Ordenan luégo de les<span class="pagenum"><a name="Page_323" id="Page_323">[323]</a></span>
-hacer casas, pero Joan Bono, para lo que pensado y determinado
-traia, no tenia necesidad de casas sino de sóla una que
-fuese grande, la cual hicieron á su manera, de forma de campana,
-donde cupieran y pudieran vivir cien personas, cuanto
-al enmaderamiento de palos posteles, y varas y latas muy
-tejidas, en breves dias; restaba cubrilla toda de paja muy bien
-puesta por defuera, la cual hay en estas Indias hermosa y
-odorífera y sana, que es maravilla. Cada dia de los que allí
-estuvieron eran servidos de los indios, de comida, pescado, y
-pan y frutas, y de todo lo que tenian y de cuanto les pedian,
-como si todos fueran sus señores ó sus hijos. Dió priesa, pues,
-Joan Malo que la cubran, y ellos, que de muy buena voluntad
-lo hacian, se la daban en cuanto podian con gran regocijo, y
-llegando á dos estados desde el suelo de cubertura, que ya
-no podian ver los de dentro á los que estaban fuera, tuvo
-cierta industria Joan Bono y sus consortes, de convocar toda
-la más gente del pueblo, hombres y mujeres, que viniesen y
-entrasen dentro á ver lo que se hacia; los cuales entrados,
-que serian segun estimo más de 400, con mucho placer y
-alegría, cercan toda la casa por defuera algunos de los nuestros
-con sus espadas sacadas, y Joan Bono con ciertos dellos entran
-por la puerta con las suyas desenvainadas, diciéndoles que
-no se moviesen sino que los matarian. Los indios desnudos,
-en cueros, viendo las espadas, temiendo ménos la muerte
-que el captiverio, arremeten con gran ímpetu á la puerta,
-metiéndose por las espadas, por salvarse como quiera que
-fuese, y á sus mujeres é hijos. Joan Bono, y todos los que con
-él estaban, desbarrigan cuantos podian, á unos tendian con
-estocadas, á otros cortaban brazos, á otros piernas, y á otros
-lastimaban con terribles heridas. Alguna gente de los hombres
-y de las mujeres y niños que allí estaban, que no forcejaron
-á salir, viendo la sangre de los que allí caian, estuvieron
-tremebundos esperando la muerte, creyendo que en aquello
-pararian, dando terribles alaridos, pero no pararon sino
-en maniatallos para los traer por esclavos, que era el fin de
-Joan Bono y de su cofradía; y creo que fueron los que allí<span class="pagenum"><a name="Page_324" id="Page_324">[324]</a></span>
-ataron y llevaron al navío 185. De los hombres que de la mortandad
-y cuchillo de la casa se escaparon, y de otros que no
-habian ido á ella que estaban en sus casas ó por el pueblo, y
-serian hasta 100, vista la traicion crudelísima que Joan Bono
-habia urdido, tomaron sus armas y recogiéronse á una casa de
-las suyas (y háse de entender que todas eran de paja, y ellos
-todos en cueros desnudos), para se defender que no los matasen
-ó llevasen captivos; fué á ellos Juan Bono diciéndoles
-que saliesen, que no los matarian, ellos, entendiendo que los
-habia de captivar, defendieron la puerta réciamente, que no
-entrasen, con sus flechas y arcos. En fin, viendo Juan Bono
-que no tenia remedio para los maniatar, acordó de cumplidamente
-pagalles el hospedaje y buen tratamiento que dellos
-habia rescibido, y así mandó pegar fuego á la casa donde estaban
-los cien hombres, en la cual, con las mujeres y niños
-que en ella demás habia, fueron quemados vivos. Recogióse
-al navío con los 180 que habia preso, tan de buena guerra
-como queda dicho, y alzadas sus velas vínose por la dicha isla
-de Sant Juan y vendió en ella los que quiso, y de allí con los
-demas á esta isla, donde hizo lo mismo, y cuando allí llegaron
-los padres Hierónimos era él recien llegado desta, y dél
-supe y de su misma boca oí lo que aquí escribo. Sabido ésto
-por el Clérigo, refiriólo á los Padres con harto dolor de su
-corazon, y mancilla, pero poco los movió para lo reprender
-ni para que despues proveyesen á los males que cada dia contra
-estas tristes gentes se cometian, y es cosa de notar y áun
-de llorar lo que pasó al clérigo Casas con el dicho Juan Bono,
-riñéndole aquel abominable hecho, porque de ántes era su
-cognoscido. Confesaba el mismo Juan Bono que en su vida
-habia hallado padre y madre sino en la isla de la Trinidad,
-segun el buen acogimiento, y hospedaje, y obras, y con tanto
-amor y voluntad hechas que de aquella gente habia rescibido,
-y reprobándole su inaudita ingratitud el Clérigo, díjole: «Pues,
-hombre perdido, si tales obras de padre y madre dellos rescibistes,
-¿por qué cometistes en ellos tan ingrata maldad y
-crueldad?» Respondióle Juan Bono: «A la mi fe, padre, por<span class="pagenum"><a name="Page_325" id="Page_325">[325]</a></span>que
-así me lo dieron por destruicion, conviene á saber, que
-si no los pudiese captivar por paz que los captivase por guerra»;
-llamaba destruicion á la Instruccion que los Oidores desta
-Audiencia desta ciudad le dieron para que fuese á saltear indios
-de las islas y tierra firme. Y esta era la justa gobernacion
-con que los Oidores desta Chancillería procuraban el
-bien universal destas gentes y tierras, y todas las otras Chancillerías
-que despues se pusieron por todas estas Indias fueron
-iniquisísimas, destruyéndolas, como parecerá, por ésta y por
-otras muchas detestables maneras. La otra cosa que acaeció
-en aquella isla de Sant Juan, de donde los padres de Sant
-Hierónimo pudieran bien argüir la tiranía mortífera que de
-los españoles los pobres indios padescian, fué que uno de los
-que se ponian por Visitadores en cada pueblo de españoles
-para los indios, que arriba en el libro II, ser el cruel
-verdugo que más cruelmente azotaba y afligia los indios, dijimos,
-aunque era el principal vecino del pueblo, porque vino
-el tirano Comendero á quejarse de un indio, ó porque no le
-servia bien, ó porque se le habia huido de los trabajos que se
-le daba, como huye la vaca ó el buey de la carnecería, dióle
-tan crueles azotes, amarrado á un poste, como si los diera á
-un su cruel enemigo, que cuasi lo dejó medio muerto. Oyó los
-azotes el Clérigo, porque pasaba por allí; fué allá luégo, y,
-con vehemente compasion y autoridad, increpa al cruel Visitador
-la injusticia que hacia, el cual todo confuso ninguna
-cosa le osó decir, pero quitado el Clérigo de allí, creo, si no
-me he olvidado, que tornó á azotar al indio. Todo ésto constó
-á los Padres, y debiera bastar para comenzar á informar sus
-ánimos y estar sobre aviso para no se dejar persuadir de los
-que, sin ninguna duda, eran ciertos capitales enemigos de los
-indios; cuanto más que sobraba testimonio, pues lo que era
-notorio al mundo ellos ya sabian, conviene á saber, haberse
-asolado estas islas y parte de tierra firme por aquellas obras y
-caminos.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_326" id="Page_326">[326]</a></span></p>
-
-<h2 id="XCII">CAPÍTULO XCII.</h2></div>
-
-
-<p>Por este tiempo y año de 1516, no olvidaban los españoles
-que tenian cargo de consumir la gente mansísima de la isla
-de Cuba, de procurar ir á despoblar otras comarcanas y lejanas,
-trayendo los vecinos y naturales dellas á ella, como vian
-que con la priesa de sacar oro se les iban muriendo los que
-allí oprimian, por la misma manera que se habia usado en
-esta Española, que, viendo que se acababan los vecinos de
-ella, inventaron hacer armadas para saltear los que llamaban
-Lucayos, de que asaz hemos arriba hablado. Así, los españoles
-que en Cuba vivian, siguieron el dicho trillado camino,
-juntándose tres ó cuatro, más ó ménos, segun los dineros alcanzaban,
-que, de la sangre de los indios que allí habian
-muerto y mataban, esprimian, y aparejada una, ó dos, ó tres
-carabelas ó navíos, iban y enviaban (y Diego Velazquez, que
-la isla gobernaba, dándoles larga licencia para ello), á las islas
-de los Lucayos y otras, á saltear y traerlos cargados de indios,
-que estaban en sus tierras y casas, quietos y pacíficos. Entre
-otras armadas hicieron una, en la cual acaeció lo siguiente:
-Salieron del puerto de Santiago de Cuba un navío y un bergantin
-con hasta 70 ó 80 españoles, por la parte de la isla
-que llaman del Sur, abajo, y navegando hácia la tierra firme,
-y cuasi al rincon ó ensenada que hace la tierra y punta de
-Yucatán (puesto que no vieron tierra ninguna), llegaron á
-unas isletas que, segun en el segundo libro dijimos, descubrió
-el primer Almirante año de 502 ó de 503 (aunque pensaron
-estos ser dellas los primeros descubridores), que se llama<span class="pagenum"><a name="Page_327" id="Page_327">[327]</a></span>ban
-Guanajes ó de los Guanajes, y creo que son dos isletas ó
-tres que así se llaman. Llegados á ellas, y estando la gente
-dellas descuidada y segura, saltan los españoles en la una, y
-muertos los que pudieron con las espadas y lanzas que llevaban,
-prenden della toda la gente que pudieron, y despues
-van á la otra y hacen otro tanto, y cargado el navío de gente,
-cuanta haber pudo, vuelvénse á la isla de Cuba con intencion
-de tornar por el resto de la gente que en las dichas islas quedaba.
-Dejaron 25 españoles en ellas, con el bergantin, para
-que rebuscase y guardase la gente que más hobiese, hasta la
-vuelta del navío que aquellos llevaban; el cual, llegado á la
-isla de Cuba y puerto de Carenas, que ahora llamamos de la
-Habana, saliéronse cuasi todos los españoles á holgar en tierra,
-quedando dellos ocho ó nueve á guardar el navío y los
-indios, que debajo de la escotilla y de cubierta sin ver luz
-ninguna estaban, los cuales, como debian sentir su infortunio
-y no dormir todo el tiempo, sino estar sobre aviso, advirtiendo
-que arriba, sobre cubierta, no sonaban tantas pisadas
-ni oian tanto estruendo, entendieron haberse salido la gente
-á tierra y quedar el navío sólo ó con pocos, por lo cual trabajaron
-de forcejar contra la escotilla, que es la portezuela ó
-agujero cuadrado por donde se sale y entra de abajo arriba,
-y, ó quebraron la cadena delgada que tener suele, ó sin quebrarla
-la quitaron, sin que ocho ó nueve marineros, que habian
-quedado á guardar el navío, porque dormian ó estaban
-descuidados, lo sintiesen. Finalmente, salieron todos los indios
-que estaban abajo y matan á todos los marineros, y como si
-toda su vida fueran experimentados en aquel oficio de navegar,
-cosa maravillosa, nunca otra así vista en una gente desnuda,
-sin armas, estimada dellos siempre y menospreciada
-por bestial é inculta, alzan á su placer sus anclas del navío,
-suben harto más ligeramente por la jarcia que los marineros,
-y sueltan sus velas y comienzan á navegar derechos á sus
-islas, que distan de allí más de 250 leguas. Los marineros y
-gente española, que se holgaban paseándose por la ribera,
-desque vieron tan desenvuelta y ardirmente alzar las anclas<span class="pagenum"><a name="Page_328" id="Page_328">[328]</a></span>
-y tender las velas y guiar el navío como si ellos todos estuvieran
-dentro, espantados comienzan á capear y dar voces,
-creyendo ser los compañeros, llamándolos y diciendo si habian
-perdido el seso, pero desque vieron los muchos indios
-que andaban tan ligeros echando mano de las cuerdas y aparejos
-y guiando el navío por el mismo camino donde vinieron,
-comenzaron á entender que aquello era por mal de los
-compañeros, y que los indios los habian muerto, y se iban
-para su tierra, los cuales estuvieron mirando hasta que desparecieron;
-los cuales, no supimos en cuantos dias, pero llegar
-á ella, como si fueran muy pláticos marineros que se rigieran
-por el aguja y carta de marear, fué cosa cierta. Llegados á
-su isla, hallaron los 25 españoles bien descuidados de ver
-el navío sin cristianos, dieron los indios en ellos con gran
-esfuerzo, con las lanzas y palos y piedras que en el navío
-estaban, y pelearon los unos con los otros, y, descalabrados
-muchos de ambas partes, al cabo los indios prevaleciendo
-contra los 25 españoles, y los españoles viéndose
-apretados y que no los podian resistir, acordaron de
-se recoger al bergantin que les habia quedado, y huir la costa
-de la mar abajo, y, para dejar memoria de sí cuando españoles
-viniesen, en un árbol, que estaba junto á la lengua del
-agua, con un cuchillo hicieron una cruz impresa quitando la
-corteza del árbol, y unas letras que decian «Vamos al Darien.»
-Tornando, pues, atras un poco desta historia, como
-Diego Velazquez supo que los indios habian muerto los ocho
-españoles y alzádose con el navío, proveyó luégo de armar
-dos navíos con los españoles que le pareció que bastaban
-para que fuesen tras los indios alzados, y socorrer á los 25
-que habian quedado en la isla, que habian puesto por nombre
-Sancta Marina, y porque desde allí descubriesen otras
-islas y tierras de donde nuestro Señor y Sus Altezas, diz que,
-fuesen servidos, trayendo los indios de ellas al cognoscimiento
-de nuestra fe católica. Estas son palabras del mismo Diego
-Velazquez en una carta que escribió al almirante D. Diego
-Colon, cuyo traslado yo tengo. Con estas palabras y con esta<span class="pagenum"><a name="Page_329" id="Page_329">[329]</a></span>
-color baptizaba Diego Velazquez y los otros tiranos han baptizado
-sus execrables tiranías y ambiciones y cudicias, no haciendo
-cuenta ni advirtiendo las ánimas que echaban de
-los indios á los infiernos, con las muertes y estragos que en
-ellos hacian, la infamia de la fe y religion cristiana, los grandes
-escándalos y alborotos que por todas aquellas regiones
-con sus violencias sembraban, en las gentes humildes, mansas
-y pacíficas, las injusticias que cometian sacándolas de sus
-tierras y casas y llevándolas á otras tan lejanas y desproporcionadas
-de las suyas, captivas, donde al cabo todos sin escapar
-uno perecian. Estos eran los servicios que á Dios y á Sus
-Altezas, y la conversion á la fe católica de aquellas gentes, con
-su gran celo Diego Velazquez y los demas ofrecian. Así que,
-sabido el alzamiento con el navío de los dichos indios, proveyó
-Diego Velazquez dos navíos y gente española en ellos, los
-cuales, llegados á la isla, vieron la cruz y letras en el árbol
-esculpidas, y sin más parar fueron en busca de los 25 españoles
-de isla en isla hasta una á que pusieron por nombre
-Sancta Catalina, cerca de la cual, entre unas peñas que llaman
-arracifes, hallaron quemada la carabela ó navío con que
-se habian alzado los indios. Saltaron en la isla para servir á
-Sancta Catalina, cuyo nombre le habian puesto, y pelean
-con los vecinos y moradores della, y, muertos los que matar
-pudieron, captivan todos los que prender pudieron, y de
-aquella pasan á otra isla que se nombraba Utila y hacen otro
-tanto, por manera que de ambas á dos captivaron hasta 500
-personas, y, repartidas en ambos á dos navíos, metiéronlas
-debajo de cubierta, cerrada la puerta ó escotilla. Hecha esta
-egrégia hazaña, y della ellos muy contentos y favorecidos, sálense
-á pasear y holgar en la isleta para luégo se partir para
-la de Cuba no poco ricos; los indios que estaban presos en la
-una carabela, sintiendo que habian quedado en ella pocos españoles,
-tuvieron manera de, urgando y forcejeando, quebrar
-ó desviar el escotilla, y comenzaron á priesa y con ímpetu á
-salirse por ella. Viéndolos los españoles acuden de presto á
-ellos con sus armas y palos, diciéndoles, y dando en ellos<span class="pagenum"><a name="Page_330" id="Page_330">[330]</a></span>
-golpes, que no saliesen; pero los indios con gran esfuerzo, no
-curando de su consejo y fuerza, salen y dan en ellos con palos
-y piedras que sacaban de debajo de cubierta consigo, y con
-tanto ánimo y fuerzas y perseverancia pelearon con ellos, que,
-no los pudiendo los españoles sufrir, se echaron la mitad
-dellos á la mar y á la otra mitad mataron los indios, quedando
-el navío del todo por los indios; y apoderados dél echan
-mano luégo de todas las lanzas y rodelas y las demas armas
-que en él habia, y aparéjanse para se defender. La gente española
-que estaba holgándose en tierra, sintiendo y viendo lo
-que pasaba en el navío, diéronse priesa á se recoger en el
-otro, y arribando sobre él comenzáronlo á combatir y pelear
-con los indios; los cuales se defendian y peleaban con tanto
-esfuerzo y fortaleza, así las mujeres como los hombres, con
-arcos y flechas, lanzas y rodelas, y piedras, más de dos grandes
-horas, que los españoles quedaron admirados y harto cansados
-y descalabrados. Pero prevaleciendo los españoles contra
-los indios, y los indios viéndose maltractar y que caian
-muertos muchos dellos, echáronse todos los hombres y muchas
-de las mujeres á la mar. Recogieron todas las mujeres que pudieron
-con las barcas, y de los hombres algunos se salvarian,
-é irian á tierra nadando, y tambien es de creer que matarian
-algunos; y finalmente, cobrado el otro navío, y con ambos y
-obra de 400 personas, mujeres y hombres que pudieron prender
-ó retener de los que habian salteado, y más 20.000 pesos
-de oro bajo, dieron la vuelta y llegaron á la Habana. Todo
-ésto refiere Diego Velazquez en la carta que arriba se dijo, que
-destos casos escribió al Almirante. Por estos acaecimientos
-asaz se convence y confunde la malicia y falsedad de los que
-á estas gentes miserandas de bestias infaman, pues por ellos
-parece de cuánta industria, y sagacidad, y prudencia, y esfuerzo
-en las peleas en ambos á dos casos usaron para librarse
-de tan injusto captiverio, y cómo, si tuvieran tales armas
-como nosotros, aunque desnudos en cueros, de otra manera
-nos hobiera sucedido el entrar en sus tierras y reinos matando
-y captivando y robando, como habemos siempre por nues<span class="pagenum"><a name="Page_331" id="Page_331">[331]</a></span>tros
-pecados entrado; pero porque las hallamos desnudas
-y sin alguna especie de armas, que para contra las nuestras
-valiesen algo, las habemos así talado y asolado, y no por
-falta de no ser hombres bien capaces y bien racionales y
-esforzados.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_332" id="Page_332">[332]</a></span></p>
-
-<h2 id="XCIII">CAPÍTULO XCIII.</h2></div>
-
-
-<p>Tornando á proseguir la historia de los padres de Sant Hierónimo,
-partiéronse de la isla de Sant Juan y llegaron á esta
-isla y puerto de Sancto Domingo, trece dias ántes que el Clérigo.
-Hízoseles gran rescibimiento por los Oidores ó Audiencia,
-y por los oficiales del Rey, cuyo principal era el tesorero
-Miguel de Pasamonte, de quien arriba hobimos dicho ser
-persona de mucha prudencia y autoridad. Todos, los unos y
-los otros, eran personas muy entendidas, marcadas y regatadas,
-y así supieron con lisonjas y artificio de palabras ganar
-la voluntad de los Padres, y, entendido á lo que venian, representando
-sus servicios, como si hobieran sido algunos, sus
-necesidades, y como la tierra no podia sustentarse sin tener
-los españoles los indios, dando para ello muchas razones como
-las que siempre dar acostumbraron, apocando y deshaciendo
-los indios, diciendo que si los soltaban no sabrian trabajar
-para se sustentar (como si los pecadores los hobieran mantenido
-ántes que á estas tierras viniesen desde España, ó si los
-hallaran cuando á ellas vinieron muriendo de hambre, y no
-ántes á ellos millares de veces se la hobieran matado), los
-Padres los oian de muy buena gana, y les tenian todo buen
-respecto y hacian todo buen acatamiento, y finalmente, les
-daban y dieron grande crédito, y ellos ganaron á los Padres
-la voluntad; y de tal manera supieron ganársela, que ganaron
-que no se pusiese en ejecucion la Cédula que traian de
-quitarles los indios, que ellos más que otros oprimian y mataban,
-y así se quedaron con ellos hasta que los acabaron. La
-Cédula en que se les mandaba que los quitasen á los del Con<span class="pagenum"><a name="Page_333" id="Page_333">[333]</a></span>sejo
-y otras personas que en Castilla ó en la corte residian,
-no pudieron disimular que no la ejecutasen. Llegó, pues, á
-este puerto y ciudad el Clérigo, trece dias pasados, hallando
-los oidos y áun voluntades de los Padres por aquello bien
-ocupadas y ganadas; visitábalos muchas veces, hablábales lo
-que convenia á la libertad y conservacion de los indios, traíales
-personas que vian los malos tractamientos que á los indios se
-hacian oíanlos los Padres, pero ninguna cosa comenzaban ni
-se determinaban. Una vez vino al clérigo Casas un clérigo que
-habitaba en las minas que llamaron de los Arroyos, cinco ó
-seis leguas desta ciudad de Sancto Domingo, y díjole de lástima
-que supiese que los indios allí eran mal tractados, y que
-los habia visto enfermos de los trabajos de las minas y echados
-en el monte ó en el campo, cubiertos de moscas, sin que
-ninguno los curase ni hiciese caso dellos, y que así los dejaban
-morir los que los tenian encomendados. El clérigo Casas
-tomó de la mano al otro clérigo que desto le avisaba, y llévalo
-á que lo dijese á los Padres, lo cual oido y bien explicado
-comenzaron los Padres á poner duda en lo que el clérigo les
-referia, y á dorar y excusar la crueldad é inhumanidad de los
-tiranos que la obraban. El clérigo, que parecia bueno y de
-compasion pura venido habia, ó al ménos mostrábalo, á avisar
-al clérigo Casas, entendiendo que para procurar por los
-indios habia sido enviado, respondió á los Padres algo libremente,
-más que oir quisieran: «¿sabeis Padres reverendos, qué
-voy viendo? que no habeis de hacer á estos tristes indios, más
-bien que los otros Gobernadores.» Dichas éstas palabras, salióse,
-y ellos quedaron, á lo que pareció, harto tristes y aún confusos.
-Como el clérigo Casas insistiese con los Padres que se
-quitasen los indios á los Jueces y oficiales y á los demas, y
-pusiese en ello todo su conato para que consiguiesen su libertad,
-como traian mandado, pareció que padecia peligro de su
-persona por los muchos enemigos que por esta causa cobraba;
-por temor de lo cual los religiosos de Sancto Domingo
-se movieron con caridad á rogalle que se viniese á posar á su
-monasterio, y él lo aceptó, donde le dieron un buen aposento,<span class="pagenum"><a name="Page_334" id="Page_334">[334]</a></span>
-segun ellos lo tenian de sanctos pobres, llano y moderado,
-porque así edificaron al principio aquella casa. Allí estuvo, al
-ménos de noche, seguro el padre Casas. Desde á dos ó tres
-meses llegó á esta ciudad el licenciado Zuazo, Juez de residencia,
-presentó sus poderes, fueron rescibidos y obedecidos,
-mandó apregonar la residencia y comenzóla á tomar; y porque
-el clérigo Casas tenia por muy culpados á los dichos
-Jueces, como en la verdad lo eran, en haber consentido destruir
-las islas de los Lucayos, salteando y prendiendo con
-grandes crueldades las inocentísimas gentes moradores dellas,
-trayendo á esta isla, donde todas perecian, los navíos
-llenos de ellas, muchos años, y no sin sospecha de que tenian
-los mismos Jueces parte en las mismas armadas que para
-traellos se hacian, púsoles una terrible acusacion, hecha su
-protestacion, como á reos y homicidas y causa de todo ello, y,
-segun ella fué, no se creia por los que bien las cosas entendian,
-sino que fueran condenados á muerte, la cual, sin alguna
-duda, muy bien merecian. Pero pocos de los malos jueces
-y que tiránicamente gobiernan, vemos por los que les toman
-residencia sentenciados á muerte, y en los ménos secutada
-la sentencia. Desta acusacion pesó muy mucho á los padres
-Hierónimos, y de todo lo que cerca desta materia el clérigo
-Casas hacia, no por otra razon, se creyó, sino por el amor
-que ya les tenia, ó quizá porque no querian que se supiesen
-las crueles tiranías pasadas, porque no pareciese ser mayor
-su obligacion para quitar los indios, lo cual parecia que era
-lo ménos que pretendian, no se supo con qué espíritu; y, empero,
-por otra causa, cierto, acá no venian ni vinieran sino para
-poner en libertad y remedio los indios, como arriba queda
-visto. Pidieron parecer á los religiosos de Sancto Domingo, y
-creo que tambien á los de Sant Francisco y á los dichos Jueces
-y oficiales del Rey, sobre si quitarian los indios; el parecer
-que darian los Jueces y oficiales del Rey, manifiesto es
-cuál sería; el de los Franciscos, porque habia entre ellos
-pocos letrados y ménos cognoscimiento y advertencia de la
-gravedad de las injusticias que los indios habian padecido y<span class="pagenum"><a name="Page_335" id="Page_335">[335]</a></span>
-padecian, y disminucion que cada hora en ellos habia, y
-porque los dias pasados fueron contrarios de los Dominicos,
-por favorescer á los españoles, con harta ceguedad que tuvieron,
-como arriba se dijo, no se creyó que fuese cual segun
-Dios ser convenia. El de los Dominicos fué el que se sigue.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_336" id="Page_336">[336]</a></span></p>
-
-<h2 id="XCIV">CAPÍTULO XCIV.</h2></div>
-
-
-<p>El Prelado de la casa que por entónces allí presidia, el
-cual despues fué obispo de Panamá, impuso, y mandólo en
-virtud de sancta obediencia, al padre fray Bernardo de Sancto
-Domingo, uno de los tres que trujeron la Órden á esta isla el
-año de 10, segun que arriba en el segundo libro queda escripto,
-el cual era el que más entre los otros en las letras resplandecia,
-que escribiese lo más compendiosamente que fuese
-posible aquello que Dios le inspirase cerca de la materia, para
-complir con el parecer que los padres Hierónimos pedian.
-Este siervo de Dios, que cierto lo era, púsose á escribir, y creo
-que en tres dias comenzó y acabó un tractado en latin, de
-obra de dos pliegos de papel, al ménos, que impreso en molde
-á más no llegaría, en el cual, muy complida, puesto que sucinta
-y compendiosamente, puso la sustancia del negocio, la
-horrenda iniquidad del repartimiento ó encomiendas, y la
-crueldad de los españoles, los daños de los cuerpos y de las
-ánimas de los indios, y los pecados y mal estado de los que
-los oprimian con toda la injusticia y tiranía que contenian;
-esto comprendió, explanó, probó y declaró, moviendo tres
-cuestiones, tratándolas y disputándolas, poniendo los argumentos
-en contrario, determinando la verdad, y respondiendo
-y evacuando todo aquello que contra ella cualquiera docto
-oponer podia. Fué pues la primera cuestion, si aqueste modo
-de gobernar los indios repartiéndolos y encomendándolos á
-los españoles fué hasta entónces lícito, y si los pudieron tener
-los españoles sin pecado mortal, salva conciencia. La segunda,
-si añadido el remedio de las leyes que se hicieron en Búrgos
-el año de 12, se hizo más que de ántes lícito, ya que se diga
-que lo primero sin aquellas leyes no era lícito. La tercera<span class="pagenum"><a name="Page_337" id="Page_337">[337]</a></span>
-cuestion era, ya que todavía se dijese que aquellas leyes no
-suplian los defectos y daños que los indios padecian, si añadidas
-todas las otras cosas que pareciesen necesarias y convenientes
-para impedir los agravios y daños de los indios, y
-poner el total remedio para ello, con tanto que siempre quedasen
-repartidos y en poder de los españoles, sería lícito y,
-salvas las conciencias, podrian sin pecado tenellos. A la primera
-cuestion, supuestos ciertos fundamentos del Filósofo y
-de Sancto Tomás, de que cualquier gobernador debe tener
-fin á hacer sus súbditos buenos, y Cristo fué sobre todos Sumo
-gobernador, y vino á hacer los hombres buenos, y, por consiguiente,
-cualquiera cristiano gobernador es obligado á seguillo
-en cuatro cosas: la primera, en hacer que los súbditos
-cognozcan á Dios, y sean instruidos y ejercitados en su divino
-culto; la segunda, en que tenga paz; la tercera, en que guarden
-justicia unos con otros; la cuarta, en curar de la multiplicacion
-de los hombres, por lo cual fué instituido y aprobado
-el matrimonio, y prohibidos los homicidios; los cuales
-supuestos, responde con esta conclusion: Aquel modo de gobernar
-los indios por repartimiento y encomiendas fué hasta
-entónces ilícito, y no se pudo tener sin pecado mortal. Prueba
-la conclusion con una razon general, que es, porque pone
-aquel modo de gobernar en mal estado y en pecado mortal á
-los gobernadores, y á los comenderos, y á los estancieros y
-mineros, y á los confesores que en aquel estado los absolvian.
-Prueba lo de los gobernadores con esta razon: Aquel modo de
-gobernar hombres que disminuye, y consume, y destruye los
-gobernados y sufre manifiestos adulterios, estupros, incestos
-manifiestos, matrimonios de otros ritos contrarios del de Cristo
-y su Iglesia en los hombres baptizados, item, muertes de muchas
-criaturas que mueren por secársele la leche á las madres
-y otras que las mismas madres las matan en los vientres de
-desesperadas, con otros muchos daños y males, todo lo cual,
-es contra la intencion principal de Jesucristo, Sumo y justo
-gobernador, y contra los mandamientos de su ley; luégo el tal
-modo de gobernar hombres, es y fué, y siempre será, ilícito,<span class="pagenum"><a name="Page_338" id="Page_338">[338]</a></span>
-y por consiguiente, pone los gobernadores en mal estado, que
-es decir que siempre viven y están en pecado mortal, y dignos
-de la eternal dañacion. La razon es, porque los tales gobernadores
-son obligados, de precepto divino, á quitar tal gobernacion
-como destruidora de los gobernados, y poner la contraria,
-como parece por los supuestos y fundamentos dichos. Que fuese
-verdad que por el repartimiento y encomiendas de los indios,
-dadas á los españoles, pereciesen todos y incurriesen los dichos
-daños y males, probólo desta manera, porque la primera vez
-que los indios desta isla Española se contaron, dijo que se
-habian hallado haber en ella un millon y cien mil vecinos, y
-que cuando los mismos frailes de Sancto Domingo vinieron á
-esta isla, que fué el año de 10, dijo que se habian contado
-todos dos veces y no se hallaron sino 46.000, y despues pocos
-años adelante, fueron tornados á contar y halláronse 16.000,
-y que al tiempo que este tractado escribia no habia sino
-10.000. De las otras islas lo mismo probaba, como de la isla
-de Sant Juan, en la cual dice que sin número habian perecido
-y perecian; lo mismo en la de Jamáica, de la cual la mayor
-parte habian muerto; en la de Cuba, señaladamente, dice haber
-perecido niños sin número, y ésto bien lo sabia él, porque
-estuvo en ella á la sazon. De los traidos de otras partes á esta
-Española, dice haber muerto innumerables millares, dellos de
-haber metido á espada haciéndolos pedazos en sus tierras, salteándolos
-por traellos á ésta; y muertos de hambre, dice, haber
-sido grande multitud, y dijo gran verdad, y lo mismo de niños
-que no se cuentan y nadie los podria contar. Otras muchas islas,
-vecinas y lejanas desta Española, dice ya ser despobladas y
-asoladas, y en ésta ya no hay que contar. De los otros daños
-y desórdenes, cuenta cómo no curaban los españoles, que los
-tenian encomendados, que estuviesen los indios casados ó
-amancebados ó ayuntados con sus parientas y consanguíneas
-ó afines, ántes ellos mismos se las daban por mujeres, las que,
-sin ninguna diferencia ni escrutinio, segun se les antojaban, y
-cuando querian, se las quitaban y las daban á otros; y así los
-llama sacerdotes de los diablos. Refiere más otros agravios<span class="pagenum"><a name="Page_339" id="Page_339">[339]</a></span>
-que hacian á los indios, tomándoles sus mujeres y sus hijas y
-las tenian por mancebas, y por otras mil vías los oprimian y
-fatigaban, todo lo cual era notísimo á los gobernadores, y ninguna
-cosa dello ignoraban ni podian ignorar; y así concluye,
-que aquel modo de gobernar los indios, encomendándolos á
-los españoles, era ilícito y tiránico, y por consiguiente los gobernadores
-que lo sostenian estaban fuera del estado de salvacion
-y en pecado mortal, y en este estado metia á los reverendos
-padres Hierónimos. Que estuviesen lo mismo en
-mal estado los comenderos, pruébalo contando diez cosas
-en que los españoles comenderos eran obligados á complir
-con los indios, las cuales, ni complian, ni les era posible
-aunque se obligaban á complillas. Una era la comida necesaria
-para que pudiesen vivir, y, segun los trabajos grandes en
-que los ponian, que fuese de sustancia, como de carne, y no
-de hierbas ó raíces como les daban, y, segun el número, suficiente,
-tantas veces al dia como convenia para los que
-todo el dia sin resollar trabajaban. Lo segundo, á curallos en
-sus enfermedades de médico y medicinas. Lo tercero, camas
-en que duerman conforme á la enfermedad. Lo cuarto, á dalles
-la comida guisada, como para enfermos, cuando lo están.
-Lo quinto, á los vestir para cobrir sus carnes, á hombres y
-mujeres, y á los niños y viejos, segun lo que á cada persona
-conviniere, puesto que ellos, por ser la tierra caliente y como
-infieles, no se vistiesen, porque la honestidad cristiana no
-sufre andar los hombres y mujeres desnudos. Lo sexto, á les
-dar calzado conforme á la necesidad y honestidad susodicha.
-Lo sétimo, á dalles camas conforme á la tierra, y no el suelo.
-Lo octavo, á dalles casas en que se metan, en las minas y en
-las estancias. Lo noveno, á les dar el trabajo moderado, y no
-como le daban noches y dias, fiestas y no fiestas, y no á llevar
-mujeres y viejos y niños á las minas y á los otros trabajos. Lo
-décimo, á dalles cognoscimiento de Dios, y enseñalles la doctrina
-cristiana, y encaminalles en la vida de salvacion, de la
-cual padecen extrema necesidad; y por ser extrema, porque
-sin ella se iban todos á los infiernos, eran obligados á dárse<span class="pagenum"><a name="Page_340" id="Page_340">[340]</a></span>la,
-aunque por dársela hobiesen de perder las vidas, si de
-otra manera no se la pudiesen dar. Todas estas diez cosas,
-pertenecientes á la salud y vida de los cuerpos y ánimas de
-los indios, probó aquel padre fray Bernardo en el dicho tractado,
-ser obligados los españoles, y deudores á darlas á los indios
-por deuda y obligacion de justicia y de caridad, y así,
-cierto, es verdad. Probó tambien serles imposible dárselas, y
-obligábanse, empero, á se las dar, porque puesto que algunas
-dellas en singular fuesen posibles, pero las más ni singularmente
-ni todas juntas podian dárselas, como eran los mantenimientos
-suficientes para tan grandes trabajos como padecian,
-y los médicos y medicinas, y sobre todo la doctrina cristiana,
-y administracion de los Sacramentos, y ejercicio del
-culto divino, de todo lo cual ellos se constituian curas, no
-sabiendo para sí de las cosas de la fe y religion cristiana lo
-necesario para su salvacion; y así concluyó que los gobernadores
-y los comenderos eran obligados á dejar los indios en
-su libertad, quitando aquel modo tiránico de gobernacion
-que los habia consumido y consumia, porque no lo dejando
-estaban en estado de eternal dañacion. El tercer género de
-hombres que la dicha manera de gobernar ponia en mal estado
-eran los mineros, que eran los españoles que ponian para
-que hiciesen trabajar los indios en las minas, uno para 30
-ó 40 indios, y los estancieros que los hacian trabajar en las
-estancias ó cortijos del campo y todas granjerías. Probábalo
-por esta razon: ninguno puede ganar sueldo, ni ejercitarse ó
-servir á otro en servicio y oficio ilícito y prohibido por la ley
-de Dios, sin que peque mortalmente y así esté en contino pecado
-mortal; puédese poner ejemplo en los que sirven á los
-logreros en ayudarlos en dar los dineros á logro, y los que
-sirviesen y ayudasen á los ladrones y robadores, llevándoles
-y poniéndoles las escalas y cosas semejantes; pues tener los
-indios de la manera dicha encomendados, es prohibido y
-contra la ley de Dios, y pone los gobernadores y amos, comenderos,
-en estado de eternal damnacion, luégo los mineros
-y estancieros que los sirven en aquel oficio y ministerio, y<span class="pagenum"><a name="Page_341" id="Page_341">[341]</a></span>
-llevan su parte de aquello mal adquirido, pecan mortalmente
-y están en estado de eternal dañacion. Y, cierto, es así, porque
-aquellos eran los verdugos crueles que inmediatamente destruian
-y destruyeron todos, los indios destas islas, por las
-crueldades con que los tractaban, dándoles incesables trabajos,
-y con ellos azotes y palos, y con otras mil maneras de
-vejaciones, y así fué, y es donde aún en estas Indias los
-hay, á estima y dicho de todos, el más infame género de
-hombres que jamás se cognosció, que parece que Dios, por su
-divino juicio, quiso en pago de su impiedad hacellos á boca y
-estima de todos vituperables y menospreciables. Dió el dicho
-Padre otra razon de su mal estado, porque trayendo mujeres
-indias en los trabajos se ponian en peligro de pecado mortal,
-y, por consiguiente, pecaban mortalmente solamente por ponerse
-á peligro de con ellas pecar, cuanto más que nunca estaban
-sino amancebados, no con una sino con muchas, donde
-no faltaban feísimos adulterios y otras especies de aquel pecado.
-El cuarto género de hombres, que aquel modo de gobernar
-los indios, encomendándolos á los españoles, ponia en
-estado de pecado mortal, era los confesores, porque ninguna
-duda hay que el confesor que absuelve al que tiene oficio de
-pecado mortal, no lo dejando, y por él está en estado de dañacion,
-que peca mortalmente, y no enmendándose sino que
-está aparejado para los tales absolver, que está en mal estado;
-pues muchos confesores, y áun todos en aquel tiempo, absolvian
-á los gobernadores y á los comenderos, y á los mineros
-y estancieros, sin escrúpulo alguno, cuantas veces querian,
-sin los unos ni los otros tener propósito ni pensamiento de se
-enmendar, luégo los confesores de los tales pecaban mortalmente
-y estaban en estado de pecado mortal. Todo ésto trujo
-el dicho padre fray Bernardo, para cumplir con la primera
-cuestion, que fué, ser aquel repartimiento ó encomiendas de
-indios á los españoles pésima é inícua gobernacion y digna de
-fuego eternal. A las otras dos cuestiones respondió docta y
-cristianamente, probando, que ni con las leyes que se hicieron
-el año de 12, ni con las que demás se pudiesen hacer, por<span class="pagenum"><a name="Page_342" id="Page_342">[342]</a></span>
-justas que fuesen, no se podia la dicha manera de gobernacion
-justificar que no fuese inícua y tiránica, y comprender en sí
-muchas deformidades, y porque teniendo los españoles los indios
-repartidos y encomendados era imposible no los matar,
-por ser su cudicia del todo insaciable, y por consiguiente incurable,
-para prueba de lo cual trujo muy evidentes y eficaces
-razones y irrefragables autoridades, lo cual dejamos aquí de
-traer por abreviar. Este tractado, compuesto por el dicho padre
-fray Bernardo, firmaron el Prelado y los principales religiosos
-del convento, y lleváronlo á los padres Hierónimos, los
-cuales hicieron poco caso dél. Aunque no eran ellos los mayores
-letrados del mundo, porque el principal dellos era jurista
-y entendia poco de teología, los otros dos habian estudiado
-algo en ella, pero no se entendió que fuesen teólogos demasiados,
-no les debia de saber bien verse allí, de su error ó culpable
-ignorancia y falta de celo para socorrer á los opresos y
-librar de la muerte á los desventurados, como les era mandado,
-sentenciados.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_343" id="Page_343">[343]</a></span></p>
-
-<h2 id="XCV">CAPÍTULO XCV.</h2></div>
-
-
-<p>Por este tiempo vinieron catorce religiosos de Sant Francisco,
-todos extranjeros, de Picardia, personas muy religiosas, de
-muchas letras y muy principales, y de gran celo para emplearse
-en la conversion destas gentes, y entre ellos vino un hermano
-de la reina de Escocia, segun se decia, varon de gran
-autoridad, viejo, muy cano, y todos ellos de edad madura y
-que parecian como unos de los que imaginamos senadores de
-Roma. Guiólos y trújolos un padre llamado fray Remigio, que
-habia estado por estas islas predicando segun podia á estas
-gentes, en especial estuvo cierto tiempo en la de Cuba; éste
-era tambien notable persona en religion y virtud, y con el
-deseo que tenian de aprovechar en los indios, tornó á su tierra
-y persuadió á los dichos catorce religiosos, y llegado con ellos
-á la corte el Cardenal de su Órden, don fray Francisco Jimenez,
-les mandó dar buen despacho para su proveimiento, y
-con él á esta isla consigo los trujo. De aquí se repartieron,
-yendo algunos á la tierra firme, donde habian, los que arriba
-dijimos en el cap. 81, asentado, que fué en la provincia y pueblo
-llamado Cumaná, y otros se quedaron en esta isla. Viendo
-pues el clérigo, Bartolomé de las Casas, el poco y ningun
-remedio que los padres Hierónimos á los indios daban, y que
-cada dia perecian los pocos que ya quedaban, porque como
-los españoles que tenian indios viesen que el Clérigo muy
-solícito andaba para que se los quitasen, temiendo que al cabo
-se los podian quitar, puesto que nunca los dichos padres se
-los quitaron, hobo español que escribió á su estanciero ó minero
-que se diese prisa en hacer trabajar todos los indios que
-tenia, y que no perdonase á las mujeres chicas ni grandes,
-preñadas ni paridas, porque cuando no se catasen se los ha<span class="pagenum"><a name="Page_344" id="Page_344">[344]</a></span>bian
-de quitar segun tenia entendido. Así que, viendo el padre
-Clérigo el poco fruto que de la venida de los padres Hierónimos
-se seguia para los indios, comenzó á tratar del remedio
-con el padre venerable fray Pedro de Córdoba, que habia entónces,
-poco ántes, venido de Castilla, donde habia ido por
-traer religiosos, y como supo de la provision del Cardenal,
-y que los padres de Sant Hierónimo y el clérigo Casas eran
-para acá, con el remedio de los indios, venido, dióse priesa para
-tornar á esta isla, y tratando qué remedio se tomaria para que
-los padres Hierónimos ejecutasen los remedios que para los
-indios mandados traian, pareció que no habia otro sino tornar
-el Clérigo contra ellos á Castilla; y porque mostraba el licenciado
-Zuazo, juez de residencia, por entónces favorecer á los
-indios y dolerse de los agravios y muertes que padecian, y
-culpaba los padres por ello, puesto que despues no ayudó
-mucho á los indios, diósele parte por el dicho padre vicario,
-fray Pedro de Córdoba, y por el Clérigo, al cual pareció lo
-mismo. Allegóse á la ignorancia y error dellos, que les vinieran
-ciertos parientes ó deudos y afines, á los cuales quisieran,
-segun se creyó, aprovechar en esta isla con los sudores y
-sangre de los indios, pero no se atrevieron por estar el Clérigo
-presente, de quien sabian que no sufriera disimular cosa semejante,
-sin que se lo acusara públicamente ante todo el
-pueblo, si fuera menester, á gritos; y por ésto hiciéronlo
-ellos para su propósito mejor, que los enviaron á la isla de
-Cuba, y escribieron á Diego Velazquez, que estaba cada dia
-con temor que le habian de ir á tomar residencia y privalle
-del cargo que tenia, y en la carta que le escribieron, en la
-cortesía que se suele poner ántes de la firma, decian; «Capellanes
-de vuesa merced.» Esto vido por sus mismos ojos el clérigo
-Casas, un dia que acaeció irles á hablar cuando querian
-cerrar la carta. Visto ésto, cognosció que ninguna esperanza
-se podia tener que cosa hiciesen, al ménos cuanto á la libertad
-y lo sustancial que les causaba la muerte, que aprovechase
-á los indios; por lo cual se rectificó en el propósito de
-ir contra ellos á Castilla, y lo mismo concedieron el siervo de<span class="pagenum"><a name="Page_345" id="Page_345">[345]</a></span>
-Dios, padre fray Pedro de Córdoba y el Juez de residencia.
-¿Qué se pudo congeturar y áun de cierto esperar que habia
-de hacer Diego Velazquez por los deudos de los padres
-Hierónimos que allá les enviaban, sino dalles los mejores repartimientos
-que hobiese en Cuba de indios? Y ésto, aunque
-no lo dijesen ellos en su carta, pues no habia en Cuba otra
-cosa en que los enriquecer, cuanto más que quizá (como es
-cosa verosímile para creer), en su carta se lo escribieron; y
-pues los enviaban para que los aprovechase, y no habia otra
-cosa en que les dar dineros sino en los sudores y sangre de
-los indios, ¿qué se podia esperar dellos cerca de la redencion
-de los indios, que en sólo librarlos de los españoles consistia?
-item, ¿qué colegiria Diego Velazquez de la autoridad de los
-padres Hierónimos, en que los ternia, y cuánto los temeria, y
-cómo se enmendaria de los defectos que en la gobernacion de
-aquella isla hacia escribiéndole en sus firmas «Capellanes de
-vuestra merced», temiendo cada dia que le habian de enviar
-residencia y deponelle del cargo y mando harto absoluto que
-tenia? No parecerá cosa absurda de decir y creerlo, que Diego
-Velazquez les perdió todo el temor que les tenia, y que en su
-estima no hizo de allí adelante más cuenta dellos que hicieron
-las ranas de la viga, segun la fábula dijo; teníales ya el pié sobre
-el pescuezo, porque le habian dado sobre sí señorío, como
-lo dan los que de pretender su propio interese no están libres;
-de esta lepra pocos gobernadores y jueces se han escapado en
-todas estas Indias. Así que, determinado el clérigo Casas, con
-parecer de los dichos padre fray Pedro de Córdoba y Juez de
-residencia, de volver á Castilla por el remedio de los indios,
-tractóse cómo ó quién á los padres Hierónimos lo descubriria;
-fué acordado que el mismo Juez de residencia se lo dijese, disimulada
-ó como descuidadamente, porque se creia que oyéndolo
-habian de tener mal dia. Lo cual oido, dijo con gran alteracion
-el principal dellos, que era el fray Luis de Figueroa, prior
-de la Mejorada: «No vaya, porque es una candela que todo lo
-encenderá.» Respondió el Juez: «Micé, padres, ¿quién le osará
-impedir su ida siendo clérigo, mayormente teniendo Cédula<span class="pagenum"><a name="Page_346" id="Page_346">[346]</a></span>
-del Rey en que le dá facultad para cada y cuando que bien
-visto le fuere pueda tornar á informar al Rey, é hacer en el
-cargo que trujo lo que quisiere?» Otro dia fué el Clérigo á
-vellos, y dícenle: «Padre santo, qué nos han dicho que os quereis
-ir á Castilla.» Respondió: «Sí queria, por negociar algunas
-de las cosas que me cumplen;» pasóse lo demas en disimulacion.
-Y ántes que supiesen de su propósito de ir á Castilla,
-en ciertos navíos que partieron, escribieron ellos al Cardenal
-mal del Clérigo para indignarlo contra él, y él tambien contra
-ellos, como no hacian cosa en favor de los indios de lo
-que á cargo traian, y como ya tenian parientes acá y los enviaban
-á la isla de Cuba para que les diesen indios, y lo que
-más para culpallos en aqueste caso con verdad convenia;
-fueron sus cartas dellos á manos del Cardenal, pero las del Clérigo
-nunca parecieron; no supo si acá ántes que partiesen los
-navíos á quien las fió, por industria ó sin ella de los Hierónimos,
-las vendió y entregó á ellos, ó que llegaron á Castilla y
-los oficiales de la contratacion las quemaron ó rompieron.
-Porque los negocios del Clérigo, y su persona por ellos, fueron
-siempre, á los que algun interese pretendian en estas Indias,
-odiosísimas, de la cual pretension los oficiales de la dicha
-Casa no mucho carecian. Despues se maravillaban, y lo dijeron
-al Clérigo los con quien comunicó el Cardenal las cartas
-de los Padres Hierónimos, cómo no rescibia el Cardenal cartas
-dél; por lo cual padeció el Clérigo alguna ménos estima en la
-mente del Cardenal, de la mucha que dél concibió y tuvo
-siempre, como no oido ni defendido, y absente, y no haber
-quien declarase al Cardenal los defectos de los Hierónimos y
-volviese por él. Finalmente, se aparejó para se partir á Castilla
-en los primeros navíos, y los religiosos de Sancto Domingo le
-dieron cartas de crédito, firmadas del padre fray Pedro de
-Córdoba y de los principales del convento, para el Cardenal
-y para el Rey si fuese venido, y lo mismo hicieron los religiosos
-de Sant Francisco, autorizando su persona, loando su
-celo y sancto fin, é dando á entender la gran necesidad que
-los indios tenian de remedio, el cual iba á buscar y traer el<span class="pagenum"><a name="Page_347" id="Page_347">[347]</a></span>
-dicho Clérigo. Partido deste puerto de Sancto Domingo por el
-mes de Mayo, año de 1517, con próspero viaje llegó en breves
-dias á Sevilla, y en cincuenta, por todos, á Aranda de Duero,
-donde ya estaba el Cardenal enfermo. Besóle las manos, y en
-palabras que le dijo sintió estar mal informado, y porque le
-arreció la enfermedad y murió en breves dias della, no tuvo
-el Clérigo tiempo de dalle cuenta de lo que acá pasaba y satisfacelle.
-Luégo que desta isla el Clérigo salió, acordaron los
-padres Hierónimos de enviar tras él uno de sí mismos, como
-los que temian que les podia dañar, por conocer que no tenian
-buen juego; éste fué aquel que dijimos llamarse fray Bernardino
-de Manzanedo, del cual y cómo le fué abajo se dirá si
-á Dios pluguiere.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_348" id="Page_348">[348]</a></span></p>
-
-<h2 id="XCVI">CAPÍTULO XCVI.</h2></div>
-
-
-<p>Dejado por agora de contar lo que sucedió al Clérigo con
-la venida del Rey, tornemos á la diligencia que Diego Velazquez
-y los españoles de la isla de Cuba ponian en ir é enviar
-á saltear indios para traer á ella, por la priesa que daban á
-matar los naturales della con las minas y granjerías nefarias
-que tenian, porque cuanto más oro y riqueza adquirian, tantos
-más indios se les morian, y cuanto mayor número dellos perecia
-y se iba despoblando la isla, tanta mayor prisa se daban
-en hacer armadas para ir á buscar islas y saltear y robar las
-gentes naturales que en ellas vivian, de la manera que se habia
-hecho en esta isla. Tenia intento Diego Velazquez, segun
-él decia, que si las tierras ó islas que se descubriesen fuesen
-tales y de oro tan ricas, que allí hobiesen de ir á poblar españoles,
-no sacaria dellos para traer á la de Cuba los indios,
-sino que allí los irian á convertir de la manera que en esta Española,
-y en aquella, y en las otras, él y los demas lo hicieron,
-haciéndoles ántes blasfemar el nombre de Cristo, matándolos
-en los trabajos dichos, y por ellos y en ellos,
-muriendo sin fe y sin Sacramentos, ni que tuviesen cognoscimiento
-de Dios ni alcanzasen á saber una jota del culto divino;
-y éste era su propósito, y ésto llamaba ir á sus islas y
-tierras á convertillos y hacer á Sus Altezas servicio. Pero si las
-tierras no tenian oro, que por consiguiente las estimaban por
-inútiles y perdidas, tenia por sacrificio para Dios y servicio
-para Sus Altezas, saltear y prender toda la gente dellas, y
-traellos por esclavos y consumilla toda en las minas y en las
-otras granjerías, como de las demas de arriba se há harto
-dicho. Para proseguir, pues, sus buenos intentos de Diego
-Velazquez, y de los españoles que allí eran vecinos y tenian<span class="pagenum"><a name="Page_349" id="Page_349">[349]</a></span>
-indios, y se hallaban con dineros sacados de las minas y de
-las otras granjerías, con la justicia que se ha dicho, juntáronse
-tres dellos, llamados Francisco Hernandez de Córdova,
-harto amigo mio, Cristóbal de Morante y Lope Ochoa de Caicedo,
-y tractaron con Diego Velazquez que les diese licencia
-para ir á saltear indios donde quiera que los hallasen, ó en las
-islas de los Lucayos, aunque ya estaban, como arriba hobo parecido,
-destruidas, pero todavía creian poder topar, rebuscándola,
-algunos escondidos, ó de otras partes de las descubiertas.
-Dada licencia, puso cada uno dellos 1.500 ó 2.000 castellanos;
-compran ó fletan dos navíos y un bergantin, y provéenlo
-de pan caçabí, tocinos de puerco y carne salada, y agua y
-leña y lo demas necesario, juntan cien hombres, con marineros,
-y todos á sueldo ó á partes, que es decir que tuviesen
-su parte, cada uno, de los indios que salteasen, y del oro y de
-otros provechos que hobiesen. Hace Diego Velazquez Capitan
-de todos al dicho Francisco Hernandez, porque era muy
-suelto y cuerdo, y harto hábil y dispuesto para prender y
-matar indios; llevaron por piloto á un marinero llamado Anton
-Alaminos, el cual, los tiempos pasados, siendo él mozo
-y grumete, habia navegado y halládose con el Almirante
-viejo, primero que descubrió las Indias, cuando descubrió á
-Veragua el año de 1502. Partiéronse del puerto de Santiago,
-haciéndose á la vela, creo que, por fin del mes de Febrero el
-año de 1517, por la banda ó parte del Norte de la isla de
-Cuba, y llegaron al puerto que dicen del Príncipe, donde tenia
-hacienda alguno ó algunos de los armadores ó sus amigos,
-para tomar carne, y agua, y leña y otras cosas para su
-viaje; y estando allí, dijo el piloto Alaminos al capitan Francisco
-Hernandez que le parecia que por aquella mar del Poniente,
-abajo de la dicha isla de Cuba, le daba el corazon
-que habia de haber tierra muy rica, porque cuando andaba
-con el Almirante viejo, siendo él muchacho, via que el Almirante
-se inclinaba mucho á navegar hácia aquella parte, con
-esperanza grande que tenia que habia de hallar tierra muy
-poblada y muy más rica que hasta allí, é que así lo afirmaba,<span class="pagenum"><a name="Page_350" id="Page_350">[350]</a></span>
-y porque le faltaron los navíos no prosiguió aquel camino, y
-tornó, desde el cabo que puso nombre de Gracias á Dios,
-atras á la provincia de Veragua. Dicho ésto, el Francisco
-Hernandez, que era de buena esperanza y buen ánimo, asentándosele
-aquestas palabras, determinó de enviar por licencia
-á Diego Velazquez para que, puesto que iban á saltear indios
-y traerlos á aquella isla, que, si acaso de camino descubriesen
-alguna tierra nueva, fuese con su autoridad, como
-Teniente de gobernador que allí gobernaba por el Rey; el cual
-se la envió larga, como Francisco Hernandez, que la pidió,
-deseaba. La licencia venida, luégo, sin más se tardar, como si
-con la misma licencia le enviara la llave de la puerta donde
-estuviera encerrada toda la tierra que habia de hallar con
-toda certidumbre, y hobiera de ir luégo á ella á morar, embarca
-muchas obejas y puercos, y algunas yeguas, todo para
-comenzar á criar. Hiciéronse á la vela, llegan á la punta ó
-cabo de la isla que se llama el cabo de Sant Anton, desde
-allí andaban de dia lo que podian, y bajaban las velas de
-noche, que llaman estar al reparo, por navegar por mar que
-no sabian, y por no dar en tierra ó bajos ó peñas de noche,
-industria de prudentes marineros; y finalmente, al cabo de
-cuatro dias que habian, segun su parecer, andado, con las
-paradas dichas, 70 ó 80 leguas, llegaron á una isla grande
-que los indios llamaban y llaman Cozumel, y los españoles le
-pusieron Sancta María de los Remedios, porque les ayudase
-á saltear las gentes que en sus casas vivian seguras. Llegándose
-á la isla y costeando por la ribera della, buscando
-puerto donde surgir ó echar anclas, y no lo hallando, mandó
-ir el Capitan con 45 hombres en las barcas, y llegó en ellas
-cerca de un pueblo grande que desde la mar habian visto, y
-como los indios dél vieron que los españoles iban hácia allá,
-salieron á recibillos muchas canoas llenas dellos, todos fajados
-por la cintura, y de allí abajo cubiertos con unos paños
-ó mantas de algodon, y con sus armas, arcos y flechas y rodelas;
-llegando á las barcas comenzaron á hablar por señas
-á los españoles, como preguntándoles quién eran y qué que<span class="pagenum"><a name="Page_351" id="Page_351">[351]</a></span>rian,
-y junto con ésto dánles ciertas calabazas de agua, como
-entendiendo que los que navegan, siempre, lo primero que
-quieren de tierra es agua, diéronles tambien maíz molido en
-pella y masa, de que suelen hacer como unas zahinas ó poleadas,
-cuasi como bastimento para camino y para necesidad:
-el Capitan les dió una camisa de algodon. Vieron los indios
-en una de las barcas un indio de Cuba que llevaban consigo
-los españoles, al cual por señas pidieron que se lo diesen, para
-que trujese más arina ó masa de maíz y más agua; el Capitan
-se lo dió y metiéronlo en sus canoas y fuéronse. Los españoles
-llegáronse á un estero que por allí estaba, y en ésto llegó el
-bergantin, que venia más llegado á tierra y atras; dijeron los
-dél que aquellos indios habian peleado con él y le habian seguido
-por aquella costa de mar dos dias. Estando platicando
-en ésto llegaron 16 canoas de indios, los cuales por señas les
-dijeron que se fuesen con ellos al pueblo, lo cual hicieron los
-españoles y concedieron de buena voluntad, y los unos en sus
-barcas y los otros en sus canoas fueron juntos, y en el camino
-les anocheció cerca del pueblo, en una punta que hacia la
-tierra entrando en la mar; saltaron los españoles á dormir en
-tierra y los indios durmieron junto á ella en sus canoas, y
-como era cerca del pueblo, en toda la noche no hicieron sino
-ir y venir dél indios á hablar y estar con los indios de las
-canoas. A la media noche vinieron dos dellos con sus arcos y
-flechas por tierra, y viéndolos un español que velaba su cuarto
-y que se metian entre ellos, levantóse y arremetió á ellos
-con la espada sacada y dando voces; levántanse todos los españoles,
-y arremetieron con los indios que estaban junto en
-las canoas. No supe los que alcanzaron, mataron ó hirieron,
-mas de que todos los que pudieron huyeron y dejaron 14
-canoas con sus arcos y flechas; argumento harto claro de que
-no tenian por entónces pensamiento de acometer ni hacer
-daño á los españoles. Otro dia de mañana vieron venir los españoles
-dos canoas y dentro nueve hombres, y, llegados á
-tierra, el Capitan de los españoles los hizo prender y atar sin
-por qué ni para qué, sino para hacer heder por toda la tierra<span class="pagenum"><a name="Page_352" id="Page_352">[352]</a></span>
-su nombre. Hízolos interrogar uno á uno, apartados, mostrándoles
-oro de la isla de Cuba, y preguntándoles si en aquella
-tierra habia de aquel metal. ¡Mirad qué evangelio comenzaba
-á predicalles y qué señas les daba que habia en el cielo un
-sólo y verdadero Dios! Todos conformes respondieron que lo
-habia en unas provincias que nombraban Cube y Comi, señalando
-y nombrando los rios donde lo sacaban; ésto sabido,
-mandó soltar el Capitan el uno de los nueve, diciendo que
-fuese á traer el indio que habian llevado el dia pasado, y los
-ocho envió á los navíos y los echaron en cadenas. Esperaron
-dos dias, y como no volvió, quizá teniendo legítimo impedimento,
-partiéronse los españoles por tierra, la costa abajo, y los
-navíos cerca de tierra por la mar, hasta cerca de un pueblo
-grande que viniendo por la mar habian visto; allí vinieron
-ciertos indios en una canoa, haciendo á los españoles señales
-de paz, y preguntóles á qué venian ó qué era lo que querian
-en tierras que no eran suyas, respondió el Capitan que si les
-daban oro les daria un indio suyo que allí tenia, porque los
-demas de los nueve iban en los navíos, los indios dijeron por
-sus señas que desde á tres dias se lo traerian. Volvieron al
-tercer dia en una canoa seis indios y trujeron como media
-diadema y una patena de oro bajo, y dos gallinas asadas de
-las grandes de aquella tierra, y maíz hecho pan, lo cual todo
-dieron al capitan Francisco Hernandez y él les dió el indio,
-los cuales dijeron que otro dia volverian por los otros indios
-que les tenian presos y les traerian taquin, que entendieron
-ser otro oro fino (á lo bajo llaman mazca). Los españoles los
-esperaron, segun dijeron, seis ó siete dias, y como no vinieron
-acordaron de no entrar en aquel pueblo, sino irse por la
-costa abajo del Norte de la isla, llevando las barcas y el
-bergantin junto á tierra; de allí veian la playa y ribera de la
-mar llena de indios. Vieron por el camino muchos ciervos y
-en unas casas pequeñas hallaron muchas piedras labradas de
-cantería, y ciertas vigas grandes labradas de cuatro esquinas.
-Yendo desta manera descuidáronse los del navío, donde iban
-presos los siete indios, y así quebraron la cadena en que<span class="pagenum"><a name="Page_353" id="Page_353">[353]</a></span>
-tenian los piés ó los pescuezos y echáronse á la mar y fuéronse.
-Pesó mucho al Capitan de la huida de los siete indios, y
-pareciéndole que tenia necesidad de algun indio, para informarse
-dónde podria desde allí ir, trabajó de saltear otros,
-y viendo dos estar sentados en la playa, fué á ellos y prendió
-el uno, el cual trujo á la isla de Cuba; preguntóle luégo allí
-si sabia que en aquella isla hobiese oro (que era toda su predicacion
-y ánsia de convertir aquellas gentes, como todos
-nuestros hermanos siempre pretendieron), respondió el indio
-que lo habia, dello labrado como arrieles para los dedos, y cadenas
-tan gruesas como una de hierro que allí en el navío
-vido, y que habia otras joyas grandes y diversas.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_354" id="Page_354">[354]</a></span></p>
-
-<h2 id="XCVII">CAPÍTULO XCVII.</h2></div>
-
-
-<p>Alegres con estas para sí tan sabrosas nuevas, hiciéronse
-á la vela por la costa ó ribera de la mar abajo, y entraron en
-una bahía ó ensenada de mar, desde la cual vieron en tierra
-un pueblo grande con muchas casas blancas, de que se admiraron
-como cosa nunca vista, ni pudiendo imaginar lo que
-era. Llegáronse los navíos hasta media legua de la tierra y saltó
-el Capitan con 85 hombres en ella; los indios, desque los vieron,
-saliéronlos á rescibir hasta 500 dellos sin armas algunas,
-y con señales de mucha benevolencia, entre los cuales venia
-un principal que debia ser Capitan, el cual por señas les dijo
-que se fuesen con ellos al pueblo. Salió tambien otro señor
-viejo, que á lo mismo los indució que fuesen, y éste, por ventura,
-era el Rey; los españoles se fueron al pueblo con el que
-los convidaba, y el señor viejo entra con mucha gente en
-veinte canoas, que por ventura las hinchian más de otros 300,
-y fuese á ver los navíos. Entraron en el pueblo los españoles,
-y vieron que era muy grande y de muchas casas pequeñas
-cubiertas de paja, y las más dellas cercados los solares y circuitos
-de piedra seca de una vara en el alto y de vara y media
-en ancho, entre los cuales habia muchos árboles de muchas
-frutas, habia tambien una casa de cal y canto, edificada
-á manera de fortaleza; de todo lo cual los españoles se admiraban,
-en especial viendo casas y edificios de cal y canto,
-como cosa que nunca se habia en estas Indias visto. Vuelto el
-señor viejo, que habia en las canoas ido á ver los navíos, convidó
-á los españoles á que fuesen con él á su casa, el cual los
-metió dentro de un gran corral cercado de la misma manera,
-de piedra, donde estaba en un patio un árbol grueso nascido,
-y allí estaban colgadas nueve coronas blancas, y en cada una<span class="pagenum"><a name="Page_355" id="Page_355">[355]</a></span>
-una bandera pequeña; estaba cerca del dicho árbol una mesa
-ancha de cal y canto de tres ó cuatro gradas en alto, y encima
-della un hombre de bulto hecho de lo mismo, que tenia
-la cabeza colgada sobre las dichas gradas, é dos animales de
-bulto y cal y canto que lo comian por la barriga, eso mismo
-habia una sierpe muy grande que tenia en la boca atravesada
-una figura de leon; estaban tres palos grandes hincados en el
-suelo llenos de pedernales, lo cual segun pareció, y los indios
-señalaron tenian para cortar encima della, á algunos que justiciaban,
-las cabezas, porque habia en ella sangre fresca. Vieron
-en el ejido junto al dicho corral, muchas cabezas de indios
-que justiciaban allí, y puesto que parecia y se juzgaba
-entónces ser aquel lugar donde se secutaba justicia, porque no
-se sabia hasta entónces que sacrificasen á los ídolos hombres,
-como lo hacian en la nueva España, pero despues de sabido
-dijéramos que no era lugar de justicia sino de sacrificios, á lo
-cual decimos que por aquella tierra de Yucatán, que está junta,
-cuatro leguas de mar en medio, con la dicha isla, puesto que
-algunos hombres sacrificaban, pero muy pocos, y así aquel
-lugar debia ser lugar de justicia de malhechores y tambien
-donde sacrificaban los tomados en guerra, á sus dioses. Vieron
-asimismo junto á lo de arriba, una casa de cal y canto hecha,
-como una cámara con una puerta, delante de la cual tenian
-puesto un paño de algodon de muchas colores, dentro de la
-casa ó cámara estaban siete ó ocho bultos de hombres hechos
-de barro cocido, y junto á ellos cosas aromáticas y odoríferas
-como incienso ó estoraque. Salidos de allí, fueron á ver y
-considerar el pueblo por una calle, donde vieron una calzada
-de piedra, y allí los indios se pusieron delante los españoles,
-poniéndoles las manos en los pechos, diciéndoles por señas
-que no pasasen de allí, pero el Capitan de los españoles decíales
-que los dejasen pasar; y mereciera que luégo allí lo
-mataran y los echaran á todos de su tierra y pueblo, pues
-porfiaba en tierra y casa ajena tomar más licencia de la que
-el dueño le daba. En fin pasaron aquella calzada; hallaron
-en una calle una casa de cal y canto, á manera de fortaleza,<span class="pagenum"><a name="Page_356" id="Page_356">[356]</a></span>
-de 23 gradas en alto, tan anchas que podian subir diez personas
-juntas hasta lo más alto: ésta vista, no curaron ni osaron
-de subir ni entrar en ella. Fuéronse por otra calle adelante,
-donde hallaron asimismo otra fortaleza de cal y canto,
-pequeña, de la cual vieron salir un indio cargado con una
-arca de madera, pequeña, á cuestas; no supieron lo que en
-ella iba, más que vieron que un indio sólo no la podia llevar y
-se metió otro debajo della para ayudarle á llevarla, puesto que,
-por las cosas despues vistas por allí y por toda la nueva España,
-las que decian fortalezas eran templos de los ídolos, y
-aquella arca debia ser su <i>Sancta sanctorum</i> ó relicario, donde
-debia estar algun principal de sus dioses, de piedra hecho ó
-de palo. Pasaron los españoles por el pueblo, más adelante,
-que tenia más de 1.000 casas, y como los indios vian que sin
-acometer ni tomarles las fortalezas, que creian que eran, se
-pasaban, viniéronse para ellos sin armas, los rostros alegres,
-y benévolos, y haciéndoles señas de paces, y todos juntos se
-volvieron, como si fueran de mucho tiempo cognoscidos y
-amigos, al principio del pueblo, por donde habian entrado, y
-fuera se asentaron todos debajo de un grande árbol. Allí, un
-hijo del señor y una mujer trujeron al Capitan de los españoles
-una gallina cocida, de las grandes como pavos, y ciertas
-carátulas de oro fino, y vieron muchos indios con granos de
-oro por fundir, como de la tierra lo sacan, que traian colgados
-de las orejas; vieron muchas colmenas de madera llenas de
-abejas domésticas y mucha miel, de la cual trujeron á los españoles
-muchas calabazas, y era muy blanca y muy excelente.
-Y es aquí de saber, que en ninguna parte de todas las Indias
-que están descubiertas se ha visto que tengan colmenas
-domésticas, ni las procuren ó cultiven, sino en aquella isla
-de Cuzumel, y en la de Yucatán, que es tierra firme, á la cual
-está pegada ella. Hecho ésto, preguntaron al Capitan, por sus
-señas, qué era lo que queria, respondióles, que agua para
-beber; los indios les mostraron un pozo empedrado y redondo,
-bien hecho y de muy buena agua, á donde los españoles
-se fueron á dormir, y de allí tomaron toda el agua que para<span class="pagenum"><a name="Page_357" id="Page_357">[357]</a></span>
-sus navíos era necesaria. Veláronse aquella noche los españoles,
-y no ménos los indios su pueblo con mucha vigilancia
-velaban. Venido el dia, salieron todos los indios del pueblo,
-armados, con sus arcos y flechas, rodelas y lanzas; rodearon
-el pueblo por la parte donde los españoles estaban, enviaron
-tres á decirles que se fuesen á sus navíos ó barcos, y así por
-señas se lo notificaron, con amenazas que si no se iban los
-flecharian y harian daño; los españoles obedecieron su mandado,
-y fuéronse á embarcar á sus barcas y en ellas á los
-navíos, y alzaron sus velas y fueron por la ribera de la isla
-costeando.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_358" id="Page_358">[358]</a></span></p>
-
-<h2 id="XCVIII">CAPÍTULO XCVIII.</h2></div>
-
-
-<p>Los cuales, siempre creyendo que aquella tierra toda era
-isla, dieron en un cabo ó punta de la tierra firme que despues
-y agora nombramos Yucatán; aquel cabo llamaron los nuestros
-el cabo de Cotoche, por cierto vocablo ó vocablos que
-oyeron á los indios y que ellos corruptamente pronunciaron.
-Aquí vieron mucha gente bien ataviada y vestida, cubiertas
-todas sus carnes con camisetas, y mantas pintadas de colores,
-de tela de algodon; traian plumajes de muchas colores, joyas
-de oro y plata, como zarcillos, en las orejas, y otras de diversas
-hechuras y no poco polidas. De allí pasaron á una ensenada
-ó puerto muy grande que hace la mar, donde queda en seco la
-ribera cerca de una legua, bajándose la mar, lo que no se ha
-visto hasta hoy en toda la mar que llamamos del Norte, que es
-la destas islas y tierra firme que se mira con la de España, sin
-pasar por la tierra dentro de la tierra firme á la mar que nombramos
-del Sur, por respecto de la ya dicha del Norte. Llegaron
-pues á la ensenada ó puerto muy grande, y anclaron, y salió el
-Capitan con la gente que le pareció en tierra, al pueblo que
-estaba en la ribera, pueblo grande y de multitud de gente, llamado
-Campéche, la penúltima sílaba luenga, al cual puso el
-Capitan nombre, pueblo y puerto de Lázaro, porque entraron
-en él domingo de Lázaro. Los indios vecinos dél salieron todos
-á recibir los españoles con curiosidad, admirados de ver los
-navíos y las barcas ó bateles dellos, los españoles con grandes
-barbas y de color blancos, y de los vestidos y de las espadas
-y ballestas y lanzas que traian. Llegábanles las manos á las
-barbas, tocábanles la ropa, miraban las espadas y todo lo que
-consigo traian, finalmente, con amor y admiracion como cosa
-nunca vista ni pensada ver, y de que al cabo mostraban pla<span class="pagenum"><a name="Page_359" id="Page_359">[359]</a></span>cer,
-los tractaban, principalmente el Rey ó señor del pueblo ó
-de la tierra mostró con verlos gran contentamiento; mandóles
-traer de comer, trujéronles mucho de su pan de maíz, mucha
-carne de venados, muchas liebres, perdices, tórtolas, gallinas
-muchas de las de papada, no ménos y quizá más excelentes
-que pavos, frutas y otras cosas de las que ellos tenian y podian
-traer para en todo agradalles. Trujeron muchas piezas y joyas
-de oro, que por cuentas, y espejos, y tijeras, y cuchillos, y
-cascabeles, y otras bujerías de las que solemos darles, rescataron
-ó conmutaron. En este pueblo vieron una torre, ó como
-torre, cuadrada, de cantería hecha, y blanqueada, con sus gradas;
-debia ser su templo por lo que despues se ha visto en
-toda la Nueva España y Guatemala. Estaba en lo alto della un
-ídolo grande con dos leones ó tigres que parecia comerlo
-por los ijares, y una sierpe ó animal que tenia sobre cuarenta
-piés en largo, y como un grueso buey que tragaba un fiero
-leon; todo de piedra muy bien labrado. Estaba todo asaz ensangrentado
-de sangre de los hombres que allí ó justiciaban ó
-sacrificaban, como arriba de la isla de Cozumel hablamos. Estuvieron
-aquí los españoles tres dias holgándose, tan espantados
-de ver los edificios de piedra y de las cosas que vian,
-como los indios de vellos barbados, vestidos y blancos, y no
-poco alegres los nuestros con ver las buenas muestras de oro
-que hallaban, y de lo mucho que la esperanza les prometia y
-multiplicaba. Hiciéronse á la vela el miércoles en la tarde, ó el
-jueves de mañana, ántes de la Semana Santa, dejando á los
-indios de Campéche muy contentos y ellos saliendo bien pagados;
-fueron de allí la costa abajo, 10 ó 12 leguas, á otro
-puerto y pueblo muy grande, llamado Champoton, la última
-luenga, muy adornado de casas de piedra, con sus mármoles
-della misma, bien señalados, como podian ser en España. Saltó
-el capitan Francisco Hernandez en tierra con la más gente que
-llevaba, y entónces vinieron á ellos muchos indios con sus
-armas y con ciertas hachas de metal, conque debian estar en
-sus rozas y haciendas trabajando; preguntáronles por señas
-qué querian: respondieron los nuestros que buscaban agua.<span class="pagenum"><a name="Page_360" id="Page_360">[360]</a></span>
-Los indios les señalaron que se fuesen hácia el pueblo, y que
-por el camino hallarian un rio y se hartarian de agua. Fueron
-como les dijeron, y hallaron un pozo muy bien empedrado
-en un gran llano, que llamamos, por vocablo de los indios de
-esta isla Española, çabana; durmieron allí aquella noche sin
-pasar adelante, porque vieron desde allí una gran labranza
-con una casa y muchas gallinas de las de papada. Otro dia
-de mañana, estando áun los españoles en el dicho campo
-llano ó çabana, vinieron á ellos ciertos indios, entre los cuales
-vino uno que traia un collar de cuentas de oro, que debia ser
-ó el Rey ó señor principal. El Capitan le dijo por señas, si se
-lo queria vender ó trocar, ó como acá usamos decir, rescatar,
-mostrándole ciertas sartas de cuentas de vidrios de colores,
-que poco y nada le agradaron, y así se fué con los otros.
-Desde á poco rato vinieron á los españoles, segun les pareció,
-hasta 1.000 indios, por ventura considerando que habiendo
-bebido y tomado agua, que era por lo que preguntaron, no se
-querian ir de su tierra, y parecia que se hacian reacios, y
-como á gente nueva, extraña y feroz, barbada, y que venia en
-aquellos navíos grandes, (y tambien porque habian visto y
-oido tirar lombardas de fuego, que les parecia echar truenos
-del cielo, y turbar los elementos, no vian la hora que de sí y
-de sus tierras, como peligrosa vencidad, apartallos), con una
-trompeta sonando, y dando gran grita, con sus arcos y flechas
-y tablachinas de las de medias lunas, de oro, y con muchos
-cascabeles, vinieron con ímpetu y ferocidad á echallos.
-Los españoles que no saben sufrir en tales tiempos grita de
-indios, por mucho que las voces alcen, como los conozcan
-desnudos y al cabo llevar lo peor por la mayor parte, y en
-especial que el capitan Francisco Hernandez era, como arriba
-dijimos, muy suelto y de buen ánimo, sálenles al encuentro,
-y asiéronse todos, los unos y los otros, y con grande ánimo
-pelearon cuatro horas, cayendo de los indios en tierra, muertos,
-muchos, cuantos podian desjarretar y desbarrigar con las
-espadas y alancear con las lanzas, y á saetadas con algunas
-ballestas que llevaban. Los indios no por eso desmayaban,<span class="pagenum"><a name="Page_361" id="Page_361">[361]</a></span>
-sino con sus arcos y flechas clavan los españoles, y luégo dieron
-un flechazo á uno, que iba sin rodela, por la barriga, del
-cual luégo allí murió; adelantóse otro español algo de los
-otros, por señalarse, al cual tambien mataron, y hirieron á
-todos los demas. Viéndose los españoles todos, ó los más, heridos
-y mal, comenzáronse á retraer hácia las barcas, lo cual
-fuera mejor hacer al principio, cuando vieron venir los indios
-determinados á echallos de sus tierras, pues ya les habian
-consentido tomar ó beber su agua, por la que preguntaban,
-y no era sino tomar achaque para entrar en tierra y
-señorío ajeno, y los indios no les hacian injuria alguna en no
-consentir que más en su tierra tardasen, pero porque no iban
-á hacer bien alguno, sino á lo que arriba queda bien probado,
-(y éstas fueron siempre sus obras, entrar y estar y tomar las
-haciendas, y las personas y la libertad dellas, y los señoríos
-que nunca les pertenecieron, á pesar de sus dueños), haciáseles
-de mal dejar el cebo del oro que vian, y quisieran dello
-cargar, y por eso se aventuraron, confiando en los estragos que
-en estas islas habian perpetrado; así que, retrayéndose los españoles,
-todos ó los más heridos, hácia las barcas, y los indios
-con gran ímpetu y vigor tras ellos, hiriéndolos cada paso,
-como en la playa hobiese mucho cieno y las barcas estuviesen
-poco ménos que atolladas, y los heridos fuesen muy lastimados,
-detuviéronse algo en embarcar, porque los marineros
-no se daban á manos á metellos á cuestas en las barcas; finalmente
-mataron allí 20 de los españoles, y el Capitan con los
-que escaparon quedaron más muertos que vivos, y ninguno
-quedara con vida si un poco más se tardaran. Creo que el Capitan
-quedó con treinta y tantas heridas, muy lastimado, segun
-él me lo escribió á mí, estando yo en la corte que á la sazon estaba
-en Zaragoza de Aragon entre otras cosas. Tornados á los
-navíos, y allí como pudieron curados, desarmaron y quemaron
-el bergantin porque hacia mucha agua, y porque no estaba la
-gente para trabajar mucho en agotallo por la mar, que no es
-chico trabajo. Con los dos navíos se volvieron á la isla de
-Cuba, y entraron en el puerto de Carenas, que es el de la<span class="pagenum"><a name="Page_362" id="Page_362">[362]</a></span>
-Habana, de donde ultimadamente habian salido, y allí, no pudiendo
-sostener los ambos navíos por la mucha agua que hacian,
-dieron con ellos al través, desamparándolos, donde se anegaron;
-de allí se fueron á la villa de Santiago donde Diego Velazquez
-estaba, y Francisco Hernandez bien tarde por no sanar
-tan presto de sus muchas heridas, como viniese dellas muy
-lastimado. Diego Velazquez, aunque rescibió pesar de la muerte
-de tantos españoles, y de las heridas de los demas, pero las
-nuevas de ser la tierra tan rica y grande, y de tanta infinidad
-de gentes, y con edificios de cal y canto (lo que nunca se habia
-visto ántes), lo cual todo le ofrecia inestimable esperanza, con
-alegría inmensa el pesar le recompensaron. Comenzó luégo de
-tractar de hacer otra mayor armada, y enviar en ella por Capitan
-general, un hidalgo, natural de Cuéllar, patria tambien
-propia del mismo Diego Velazquez, llamado Juan de Grijalva,
-mancebo cuerdo y de buenas costumbres, al cual tractaba como
-deudo, puesto que no se creia serlo ni tocarle por ningun
-grado en sangre. Deste nombramiento pesó mucho á Francisco
-Hernandez, y rescibiólo por grande injusticia y agravio que
-Diego Velazquez le hacia, porque como él habia con sus dineros,
-si suyos eran, hecho el armada con la parte que los otros
-dos, Cristóbal Morante y Lope Ochoa, pusieron, y habiéndolo
-él descubierto y puéstose á tantos peligros de mar y de tierra,
-y al cabo saliendo tan mal herido, tenia por suya la dicha empresa
-y fuera dél pertenecer á nadie; por lo cual, determinó
-de irse á quejar al Rey de Diego Velazquez, y así lo escribió
-á mí, estando yo, como dije, en Zaragoza, porque me tenia
-por amigo, diciendo que Diego Velazquez se le habia tiránicamente
-alzado con sus trabajos, y que no tardaria más de cuanto
-estuviese bien sano de sus heridas y allegase algunos dineros
-para gastar, rogándome que yo informase al Rey, entre
-tanto, de su agravio. Pero él puso de ir á España, y Dios dispuso
-llevarlo al otro mundo, á que le diese cuenta de otros
-mayores agravios que él hizo á los indios de Cuba, de quien se
-servia y chupaba la sangre, y con ella iba á saltear los inocentes
-que estaban seguros en sus casas, y lo que más que<span class="pagenum"><a name="Page_363" id="Page_363">[363]</a></span>
-todo lo dicho fué grave, y que no hay que dudar sino que
-delante el juicio de Dios él sintió por más áspero, la cuenta,
-conviene á saber, que en muriendo se le pidió de aquel tan
-grande escándalo que dejó sembrado en aquella tierra de
-Yucatán, y los muchos indios que mató y lanzó en los fuegos
-infernales, que con salirse de la tierra ajena, pues sus dueños
-no querian que estuviese en ella, pudiera todo excusallo.
-¿Qué olor de paz, de bondad, de caridad, de justicia y de
-doméstica y amable y deseable vecindad dejó Francisco Hernandez
-en aquella provincia nueva de Yucatán? ¿Qué fama,
-qué opinion, qué estima pudieron aquellas gentes concebir de
-la religion cristiana, entendiendo que los que se llamaban cristianos,
-porque no los consentian estar en su tierra, como á
-gente sospechosa y peligrosa, y de quien razonablemente
-podian temer que de su estada les viniese gran daño, como
-siempre vino á donde quiera que españoles llegaron, pudiéndose
-retraer hicieron en ellos tan gran estrago? Finalmente,
-con esta inocencia, como otros muchos, murió nuestro amigo
-Francisco Hernandez.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_364" id="Page_364">[364]</a></span></p>
-
-<h2 id="XCIX">CAPÍTULO XCIX.</h2></div>
-
-
-<p>Prosiguiendo el hilo de este año de 17, conviene decir el
-discurso de las cosas que al clérigo Bartolomé de las Casas,
-despues que habló al Cardenal en la villa de Aranda de Duero,
-sucedieron; el cual, visto que el Cardenal estaba muy enfermo
-y que de negociar con él se podia sacar poco fruto, deliberó
-de irse á Valladolid, y porque la fama de la venida del Rey
-D. Cárlos era frecuentísima, esperar allí el Setiembre si el Rey
-venia, y si nó tomar el camino de Flandes y dar cuenta de
-todo lo pasado y presente destas Indias al Rey. Ofrecióse á ir
-con él un padre llamado fray Reginaldo Montesino, de la órden
-de Sancto Domingo, persona de letras, y predicacion, y
-autoridad, hermano del padre fray Anton Montesino, de quien
-habemos hablado arriba muchas veces, que fué el primero
-que predicó en esta isla, desengañando á los españoles della
-contra esta execrable tiranía. Este padre fray Reginaldo, con
-celo de virtud y de la verdad, viendo al clérigo Casas sólo y
-clérigo, y metido tanto de veras y con tanta constancia en negocios
-tan árduos y tan pios, parecióle que era cosa de virtud
-de asistir con él y hacelle espaldas, acompañándole y ayudándole,
-para que el negocio, tan digno de sí, cobrase mayor
-autoridad, y así determinó de acompañalle hasta Flandes, y ser
-con él en todo, adverso y próspero, que se le ofreciese, lo cual
-aceptó con mucho placer y gozo el padre Clérigo, y ofreció
-todo lo que tenia para lo gastar en la espensa de ambos á dos.
-Esto así determinado, envió luégo el padre fray Reginaldo por
-licencia á su Provincial, que era el del Andalucía, la cual
-luégo le envió con su voluntad y beneplácito, entendiendo el
-fin á que su camino enderezaba. Venidos á Valladolid, suena
-luégo la nueva que el Rey era en Villaviciosa desembarcado, de<span class="pagenum"><a name="Page_365" id="Page_365">[365]</a></span>
-lo cual el padre fray Reginaldo y el padre Clérigo fueron alegres
-mucho, por la venida del Rey que en aquellos reinos era
-bien deseada, y porque su camino tan lejano se les habia excusado.
-Y porque hablando una vez con uno de los principales
-del Consejo que habian entendido en las cosas de estas
-Indias, el padre fray Reginaldo, como mal informado de los
-españoles y por ventura interesal, y por consiguiente no bien
-aficionado al bien de los indios, le dijo que los indios eran
-incapaces de la fe, respondiendo el Padre, como letrado
-le dijo, que aquello era herejía, lo cual, no le fué muy
-sabroso y quedó muy enojado; por esta causa escribió el
-dicho padre fray Reginaldo á Salamanca, al Prior de Santistéban,
-que á la sazon era el padre fray Juan Hurtado,
-uno de los ilustres religiosos que por aquel tiempo habia en la
-Órden, no sólo en letras, porque era maestro en teología,
-pero en prudencia y mucho más en santidad de vida y fama,
-que aquel error pernicioso que los indios eran incapaces de la
-fe se osaba por la corte afirmar, por tanto que juntase los
-doctores teólogos de aquella Universidad, y tractasen aquella
-materia y la determinasen, y la resolucion se la enviase firmada
-y autorizada. No puso en olvido el padre maestro fray
-Juan Hurtado, lo que el padre fray Reginaldo le encomendaba;
-juntó, creo que fueron, trece maestros en teología, y pienso
-que más entre catedráticos y no catedráticos, entre eclesiásticos
-y frailes, los cuales, propuesta y disputada y determinada
-la cuestion, enviaron cuatro ó cinco conclusiones con sus corolarios
-y probanzas, la postrera de las cuales fué, que contra
-los que aquel error tuviesen y con pertinacia lo defendiesen,
-se debia proceder con muerte de fuego como contra
-herejes. Todas vinieron firmadas y autorizadas de los susodichos
-trece maestros, y yo las vide y trasladé, y pusiéralas
-aquí á la letra, sino que con otras escripturas en cierto camino
-me las hurtaron, y así se me perdieron. Tornando á la felice
-venida del rey D. Cárlos, en breves dias, desde el puerto donde
-desembarcó, llegó á Tordesillas á besar las manos y rescibir la
-bendicion de la reina doña Juana, su madre. Sonábase cada<span class="pagenum"><a name="Page_366" id="Page_366">[366]</a></span>
-hora que el Rey y el Cardenal, en el abadía de Balbuena
-que dista de Valladolid seis ó siete leguas, y es de la órden de
-Sant Bernardo, se vian; sonóse luégo tambien que el Cardenal
-era muerto, y fué así. Vínose luégo el Rey á Valladolid,
-trujo consigo un docto hombre en derechos, flamenco, por
-Chanciller mayor, que segun el uso de flamencos llaman Gran
-Chanciller, cuyo oficio es ser cabeza y presidente de todos
-los Consejos; éste era varon excelentísimo, prudentísimo, capacísimo
-para negocios, y de grande autoridad, y persona que
-parecia uno de los que imaginamos Senadores de Roma, y, á lo
-que yo siempre entendí, rectísimo. En éste puso el Rey toda la
-justicia y gobernacion de Castilla y de las Indias, y no habia
-necesidad de negociar con el Rey cosa ninguna ni con otra
-persona, sino con el Gran Chanciller. Trujo tambien consigo
-el Rey á su Ayo y Camarero mayor, que llamaron Mosior de
-Xevres, tambien de muy autorizada persona y dotado de
-gran prudencia, de quien confió todo lo que al estado concernia,
-y las mercedes y todo lo demas que no tocase á justicia.
-Entre los privados, el que más acepto al Rey era, fué un Mosior
-de Laxao, que tenia oficio, segun la costumbre de la casa
-de Borgoña, de Sumiller, que es Camarero inmediato y propinquísimo
-al Rey, y que su cama se ponia junto á la del Rey,
-la del Rey cubierta de seda carmesí y brocado, y la de Mosior
-de Laxao de damasco negro. Cognoscido, pues, por el
-clérigo Casas, que los negocios el Rey tenia puestos en las
-manos y prudencia del Gran Chanciller, comenzó á tratar de
-informalle, y dióle algunas cartas de las que traia de crédito
-de los religiosos Dominicos y Franciscos, entre las cuales vinieron
-algunas en latin de los frailes de Picardia, que arriba
-dijimos haber llegado á esta isla, poco ántes que el Clérigo se
-partiese para Castilla, y como no sabian hablar en castellano
-escribieron en latin. Acaeció venir firmada la carta de los
-Franciscos de algunos de aquellos de Picardia, que el Gran
-Chanciller conocia, de que recibió mucho placer, y comenzó á
-ir de buena voluntad á dar crédito al Clérigo en lo que le decia.
-El Clérigo, por muchas y diversas veces, le hizo larga<span class="pagenum"><a name="Page_367" id="Page_367">[367]</a></span>
-relacion de la perdicion destas gentes, despoblacion destas
-islas, y estragos y matanzas crueles que se habian en ellas
-hecho y cada dia se hacian; informábale tambien de los intereses
-que los del Consejo del Rey acá habian tenido y áun
-tenian, de la ceguedad del obispo de Búrgos, principalmente,
-y de la mala gobernacion que en estas Indias habia puesto ó
-habia consentido poner y permanecer, pues tan innumerables
-gentes por ella habian perecido; y afirmábale que el Obispo
-y el secretario Conchillos, por las dichas causas, destruian las
-Indias, porque aunque no se debe creer que tuviesen intencion
-mala en la provision y gobierno dellas, y que no les
-pesase que pereciesen los indios como perecian, pero al ménos
-debieran de caer, como eran obligados, en la causa que
-los consumia, que era estar repartidos, y mudar tan tiránico
-gobierno en otra manera razonable y humana de regidos, á la
-consideracion y efecto de lo cual se pudo presumir que su
-propio interes los impedia. Cuando el padre fray Reginaldo,
-vido que iba bien de negocios al padre Clérigo, dejóle y fuese
-á su provincia y casa, que creo que á la sazon moraba en
-Sancta Cruz, de Granada, ó en otro convento del Andalucía.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_368" id="Page_368">[368]</a></span></p>
-
-<h2 id="C">CAPÍTULO C.</h2></div>
-
-
-<p>En estos dias, como el Rey era tan nuevo, no sólo en su
-venida, pero tambien en la edad, item, asimismo en la nacion,
-y habia cometido todo el gobierno de aquellos reinos
-á los flamencos susodichos, y ellos no cognosciesen las personas
-grandes y chicas, y oyesen y entendiesen los negocios
-con mucho tiento y tardasen en los despachos, por temor de
-no errar, y no se confiaban de ninguna persona temiendo
-ser engañados con falsas informaciones, (y tenian mucha razon,
-porque las relaciones que oian de muchos eran diversas),
-por todas éstas razones estaban todos los oficios y las cosas
-de aquellos reinos suspensas, y mucho más las cosas tocantes
-á estas Indias, como más distantes y ménos cognoscidas. Sola
-la noticia que el Clérigo daba al Gran Chanciller dellas prevalecia,
-el cual no curaba de negociar ni informar al Rey ni á el
-Mosior de Xevres ni vellos, sino solamente con el Gran Chanciller
-y á él miraba y acompañaba, y con él hablaba todas las
-veces que convenia, porque, la verdad, de negociar con otro
-ninguna necesidad tenia por la razon dicha. Los españoles que
-á la sazon en la corte habia, procuradores destas islas y tambien
-de tierra firme, y otros particulares que de allá habian
-por sus negocios venido, de que vian el Clérigo allegado al
-Gran Chanciller, y, á lo que juzgaban y era verdad, favorecido,
-ningun sabor bueno rescibian dello, porque bien creian que,
-para sus cudicias y manutenencia de los indios en su tiranía,
-ningun fructo podia dello venilles, y por tanto, con más
-priesa y solicitud todos acudian como de ántes al Obispo, y
-al secretario Conchillos; aunque sin fructo alguno, porque,
-como se dijo, el Gran Chanciller tenia suspendidos los oficios ó
-la expedicion de los negocios, y no podian despachar cosa de<span class="pagenum"><a name="Page_369" id="Page_369">[369]</a></span>
-lo que pedian. No del todo confesaban el Obispo y Conchillos
-la falta de su poder, sino que disimulaban y cumplian con
-todo cuanto podian. Ciertos criados del Obispo, idos destas
-islas, ó de sí propios, fingido ó quizá por órden del Obispo ó de
-Conchillos, usaron desta industria, que se juntasen todos los
-españoles que allá estaban destas Indias, y fuesen y aguardasen
-al Rey una y muchas veces, cuando verlo pudiesen,
-porque raro salia, y le suplicasen importuna y quejosamente
-que ordenase como fuesen oidos en sus negocios y expedidos,
-alegando que estaban gastados y que se querian tornar á sus
-casas que tenian en las Indias. Esta industria inventaron para
-que el Rey, de importunado, mandase al Obispo y á Conchillos,
-que prosiguiesen sus oficios y despachasen los negocios de las
-Indias, como personas que tantos años habia que en las manos
-las tenian. Aguardaron algunas veces que saliese el Rey, y
-hicieron lo que habian determinado, pidiendo y suplicándole
-mandase oir y despachar sus negocios, y lo demas que
-se les ofrecia para provocallo; pero aprovechábales poco, porque
-el Rey remitia al Gran Chanciller, y él disimulaba por estar
-del Clérigo bien avisado. Eran todos sus negocios no otros sino
-los que siempre, desde que éstas Indias se descubrieron, hasta
-este año de 1560, pretendieron por cuantas vías pudieron imaginar,
-durmiendo y velando y soñando, conviene á saber, tener
-los indios en aquella horrible y mortífera servidumbre donde
-todos han perecido, y perecen hoy los que restan, y que en
-ella se los confirmasen y los tuviesen perpétuos, como si con la
-vida que les daban fuera posible mucho durarles, segun por lo
-mucho que arriba dicho queda se muestra claro. Desque vieron
-que por esta vía no aprovechaban, acuerda el Obispo y el
-secretario Conchillos, despachar algunos negocios de aquellos
-que los deseaban, y entre sí, llamado alguno ó algunos de los
-del Consejo Real, y de aquellos que solia llamar y con quien,
-desde los principios, destas Indias las cosas comunicaba,
-como á escondidas ó disimuladamente determinallos, y yendo
-un dia el secretario Conchillos, con una libranza de muchas
-Cédulas y provisiones á comunicallas al Gran Chanciller, y<span class="pagenum"><a name="Page_370" id="Page_370">[370]</a></span>
-para que las firmase, alteróse mucho el Gran Chanciller, y
-muy indignado díjole: «Andá, ios de aquí, que vos habeis
-destruido las Indias», y, si no me he olvidado, creo que dijo:
-«vos y el Obispo, habeis destruido las Indias.» Oido ésto, el
-secretario Conchillos salióse tristísimo, y, viendo que todo el
-gran favor que con el Rey Católico tuvo, se le habia del todo
-acabado, acordó de para siempre dejar la corte y se ir á Toledo,
-donde tenia su casa; y porque tenia muchas rentas en
-las Indias, sin los indios, como eran escribanías, y creo que
-la fundicion y marcacion del oro de alguna de estas partes,
-ó las escobillas, donde tenia mucho interese, y su mujer doña
-María Niño era persona valerosa, determinó á la corte envialla,
-para que negociase con el Rey la confirmacion de
-aquellos oficios, y, creo yo, tambien para sí pudiese alcanzar
-que le tornasen los repartimientos de los indios, que en cada
-una destas islas tenia, que se le habian quitado. Francisco
-de los Cobos, que habia sido su oficial y criado, y que muerto
-el Rey Católico se habia ido á Flandes, á si pudiese alcanzar
-estar en servicio del Rey en algun oficio, y alcanzó que le
-rescibiesen por secretario, entre muchos que lo mismo allá
-alcanzaron, (pero excedió su fortuna á todos los demas en
-que Mosior de Xevres se aficionó más á él que á otro, porque,
-en la verdad, tenia más partes que otro por ser muy bien dispuesto
-de gesto y cuerpo, y en su aspecto mostraba ser prudente
-y asosegado, era eso mismo en la voz y habla suave, y
-así era amable, y ayudóle tambien la noticia y experiencia
-que tenia de todos los negocios del reino, como quien de muchos
-años atras en la expedicion dellos se habia criado), éste
-vino con el Rey, y, como dije, á Mosior de Xevres tan allegado,
-que ninguna cosa con otro sino con él despachaba,
-mayormente de las tocantes al Real Estado; con parecer deste
-Francisco de los Cobos, se salió de la corte Lope Conchillos,
-y creo que pidió luégo á Mosior de Xevres y al Gran Chanciller
-el oficio de secretario de las Indias, ó para servillo en
-lugar de Conchillos, hasta que otra cosa el Rey determinase,
-y bien sabia él que no le habia de salir de las manos, ó quizá<span class="pagenum"><a name="Page_371" id="Page_371">[371]</a></span>
-desde luégo se lo dieron como á propietario, finalmente,
-siempre lo tuvo y sirvió por muchos años, hasta que lo dió y
-traspasó ó suplicó al Rey que hiciese merced dél á Juan de
-Samano, de quien abajo, si Dios quisiere, se tractará. En
-aqueste tiempo de las subrecticias ó irregulares provisiones,
-como el obispo de Búrgos y Conchillos amaban y favorecian
-muy de hecho á Diego Velazquez, porque él en Cuba procuraba
-sus haciendas y negocios, asignándoles repartimientos
-de indios los más provechosos y más cercanos de las minas,
-donde al cabo sus criados y hacedores los mataban con excesivos
-trabajos (y áun díjose que el obispo de Búrgos queria
-casar con una sobrina suya á Diego Velazquez), y por el contrario,
-en cuanto podian, segun se creia, desfavorecian las
-cosas y estado del Almirante, despacháronse ciertas Cédulas
-y provisiones del Rey para Diego Velazquez, intitulándole: «Al
-nuestro Gobernador de la isla de Cuba, Diego Velazquez»,
-siendo teniente del Almirante, y enviándole él á ella por lo
-honrar y levantar, como á criado de su tio, D. Bartolomé Colon,
-ó de su padre. Fué público y notorio, al ménos fué así la
-fama, que el mismo Diego Velazquez, usando de ingratitud
-contra el Almirante, lo pidió al Obispo y á Conchillos que le
-hiciesen Gobernador, inmediato del Rey, de aquella isla, y éste
-descomedimiento de Diego Velazquez fué despues, como parecerá,
-harto celebrado. De aquí parece la grande injusticia
-que el Obispo y Conchillos cometian contra el Almirante,
-usurpándole su estado y mercedes concedidas, y que tan legítimamente
-y con tantos sudores, trabajos y peligros, habia
-ganado su padre. No faltó quien vido la Provision en el escritorio
-de Conchillos, y avisó al Almirante que á la sazon estaba
-en la corte, y avisado quejóse al Rey y al Gran Chanciller,
-y por aquella vez fué remediado, aunque despues, como tornó
-el Obispo á proseguir el oficio de Presidente del Consejo de
-las Indias, como se dirá, no sé si le dieron Provision para que
-aunque el Almirante quisiese no le pudiese quitar el cargo.
-Desque los españoles que destas islas y de la tierra firme,
-conviene á saber, del Darien, donde presidia Pedrárias, esta<span class="pagenum"><a name="Page_372" id="Page_372">[372]</a></span>ban
-en la corte rabiando por negociar que sus tiranías se confirmasen
-por el Rey nuevo, vieron que sus industrias se les
-deshacian y que el obispo de Búrgos y Conchillos no podian
-nada, y que el Clérigo prevalecia con el favor del Gran Chanciller,
-acordaron de darle peticiones, dellos sin decir mal del
-Clérigo ni quejándose de lo que contra ellos negociaba, sino
-solamente pedir las cosas que les tocaban; otros quejándose
-del Clérigo que los destruia, y diciendo contra los indios lo
-que se les antojaba, las cuales todas y las cartas que para el
-Rey venian de las Indias daba el Gran Chanciller al Clérigo ó se
-las enviaba: el Clérigo tenia éste aviso, que al gran Chanciller
-mucho agradaba, que ponia en latin fielmente toda la sustancia
-de lo que la peticion ó capítulo de la carta decia, ó
-notificaba, ó queja que daban, y luégo abajo, de la misma
-manera, en latin, decia el Clérigo su parecer en contra ó en
-favor de lo que pedian ó suplicaban. Por este modo desengañó
-en muchas cosas al Gran Chanciller, que le pedian é con
-falsedad le informaban, y dió claridad de mucho de lo tocante
-á estas partes; llegó á tanto el crédito que el Gran Chanciller
-dió al Clérigo, que hizo relacion al Rey larga dél, encareciendo
-su experiencia y habilidad, y cognoscimiento de las
-cosas destas Indias, y es de creer que tambien lo alabó de bondad
-y rectitud de su intencion y buenos deseos; de donde sucedió
-que el Rey mandó al Gran Chanciller que juntase consigo
-al Clérigo y ambos á dos reformasen y pusiesen remedio á los
-males y daños destas Indias. Por lo cual, un dia que se debia
-de haber tractado ante el Rey de la misma informacion, y cometido
-el Rey al Gran Chanciller lo susodicho, yéndose á comer
-y el Clérigo con los demas acompañándole, mandó á un lacayo
-que fuese adelante y dijese al Clérigo que se detuviese, que
-le queria hablar; detúvose luégo el Clérigo, y díjole en latin:
-<i>Rex dominus noster jubet quod vos et ego apponamus remedia Indis,
-faciatis vestra memorialia</i>. El Rey, nuestro señor, manda
-que vos y yo pongamos remedio á los indios, haced vuestros
-memoriales. Respondió el Clérigo: <i>Paratissimus sum et libentissime
-faciam quæ Rex et vestra dominatio jubet</i>. Aparejado estoy<span class="pagenum"><a name="Page_373" id="Page_373">[373]</a></span>
-é de muy buena voluntad haré lo que el Rey y vuestra señoría
-me mandan. Esta fué la segunda vez que parecia poner Dios en
-manos del Clérigo el remedio y libertad y salud de los indios,
-sino que luégo, por una vía ó por otra, todo se desbarataba,
-como adelante, asaz claro y digno de lamentacion, parecerá;
-por cuyos pecados lo permitiese Dios desbaratar, ó de los
-indios ó de los españoles, para que se cumpliese por ellos lo
-que está escripto en el Apocalipsi, <i>qui nocet noceat adhuc</i>, ó
-por los de ambos á dos géneros de hombres, el dia del juicio
-se nos mostrará.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_374" id="Page_374">[374]</a></span></p>
-
-<h2 id="CI">CAPÍTULO CI.</h2></div>
-
-
-<p>En estos dias, el Almirante de Flandes, que habia venido
-con el Rey, gran señor y de gran estado, inducido por algunos
-españoles de los que habian ido de acá, y que por cobrar
-la benevolencia y favor de los flamencos andaban solícitos
-en dalles avisos harto culpables, suplicó al Rey le hiciese
-merced de aquella tierra ó isla grande que se habia descubierto,
-que llamaban Yucatán (y ésta era toda la que agora
-llamamos Nueva España), porque él la queria ir ó enviar á
-poblar de gente flamenca, de su tierra, y se la diese en feudo,
-recognosciendo siempre á Su Alteza, como vasallo á su señor,
-y para que mejor la pudiese poblar y proveer de lo que conviniese,
-le diese la gobernacion de la isla de Cuba; de donde
-pareció que el que le dió el aviso habia ido de Cuba, y sabia
-bien lo que avisaba. El Rey, libremente, como si le hiciera
-merced de alguna dehesa para meter en ella su ganado, se la
-otorgó, por no saber Mosior de Xevres, que era el consultor
-principal de las mercedes, lo que estas Indias eran y lo que
-al Rey importaban, mayormente tierra nuevamente descubierta,
-que debiera considerar poder ser alguna cosa grande,
-y de que despues de la haber concedido podia mucho al Rey
-pesarle; como es cierto que le pesara, si por la industria del
-Clérigo no se estorbara, y fué desta manera: que como ya
-entre los flamencos el Clérigo sonaba y comenzaba á tener
-autoridad, por ser clérigo y por su demanda, aconsejaron los
-caballeros flamencos al dicho Almirante de Flandes, que hiciese
-buscar al Clérigo, y de su parte le rogasen que fuese á
-comer con él (que era manera y uso de flamencos cuando
-querian negociar), y que dél sabria lo que valia y era la merced
-que el Rey le habia hecho de la tierra de Yucatán, y<span class="pagenum"><a name="Page_375" id="Page_375">[375]</a></span>
-cómo para la enviar á poblar de flamencos y para todo lo que
-á ésto perteneciese debia guiarse. Fué al llamado del Almirante
-convidado el Clérigo, y dél rescibido con grande alegría
-y humanidad y á la mesa se le hizo gran fiesta, y la cortesía
-y favor que suelen hacer por aquella tierra de Flandes,
-cuando dicen, «yo bebo á vos, moyseñor», á los amados convidados,
-le hizo el mismo Almirante; y alzada la mesa, quísose
-mucho informar del Clérigo de lo arriba citado. El Clérigo le
-declaró y encareció con verdad qué cosa eran las Indias, y
-en especial lo que de aquella tierra nuevamente descubierta
-se esperaba de riquezas, segun la muestra que habia dado, y
-cuán necesaria era la gobernacion de la isla de Cuba para quien
-aquella tierra hobiese de tratar y señorear, con todo lo demas
-que para el fin que el Almirante pretendia, con verdad, debia
-declarársele. Quedó contentísimo y gozosísimo el Almirante de
-Flandes de la relacion tan particular que le hizo el clérigo
-Casas, y por ella el Almirante quedóle muy obligado; y
-como si le hobiera hecho merced el Rey de alguna viña, que
-de su casa estuviera un tiro de ballesta, y en la plaza los cavadores
-para cultivalla, con la misma facilidad despachó á
-Flandes, y dentro de cuatro ó cinco meses vinieron, creo
-que, cinco navíos al puerto de Sant Lúcar de Barrameda,
-cargados de gente labradora para venir á poblar la dicha
-tierra. Entre tanto, como el Clérigo vido la merced hecha tan
-á ciegas, y en violacion de la justicia que al Almirante de las
-Indias pertenecia por sus privilegios, segun los cuales, no sólo
-en la tierra destas Indias descubierta, pero en las por descubrir
-pretendia, y justamente, derecho, mayormente en lo
-que no habia duda ninguna, como era la isla de Cuba, que
-su padre personalmente habia descubierto el año de 1494,
-como pareció en el libro I, cuya gobernacion actualmente
-poseia, denunció la dicha merced al Almirante de las Indias
-el Clérigo, doliéndose de aquella manifiesta injusticia. Reclamó
-luégo el Almirante de las Indias al Rey, y á Mosior de
-Xevres, y al Gran Chanciller, el cual iba ya entendiendo los
-servicios que el Almirante viejo, su padre, en el descubri<span class="pagenum"><a name="Page_376" id="Page_376">[376]</a></span>miento
-deste orbe á los reyes de Castilla habia hecho, y los
-agravios grandes que habia rescibido, y viendo la justicia,
-que era manifiesta, suspendióse luégo la merced al Almirante
-de Flandes hecha, cumpliendo con él diciéndole: que hasta
-que se determinase el pleito que el Almirante de las Indias
-traia con el Fiscal real, sobre pretender derecho por sus privilegios
-á todas las tierras que en el mar Océano se descubriesen,
-no podia el Rey hacer merced semejante de ninguna
-dellas; cuanto más que habia sido informado que la isla
-de Cuba, de que ninguna duda se tenia pertenecerle la gobernacion
-della, y cuya posesion pacífica ya tenia, no pudo
-concederla á otro sin su gran perjuicio. Y así se quedó el
-señor Almirante de Flandes sin Yucatán y la Nueva España,
-que por ventura, si el clérigo Casas no avisara con tiempo y
-ayudara lo que con el Gran Chanciller ayudó, hoy la tuviera
-y el Rey lo ménos della poseyera. Venidos sus cuatro ó cinco
-navíos, cargados de labradores flamencos, á Sant Lúcar, y
-desbaratado todo su fundamento, hallándose burlados, ó de
-enojo y angustia desto, ó que los probó la tierra, murieron
-mucha parte dellos, y los que escaparon con la vida volviéronse
-á su tierra perdidos; y en ésto pararon los avisos que
-los españoles que á la sazon estaban en la corte, destas Indias,
-por buscar favor contra el Clérigo, daban y dieron al
-Almirante de Flandes y á los otros flamencos. Por este tiempo,
-en Valladolid, vino huyendo de Portugal, ó escondidamente
-por cierta queja que del Rey tenia, un hombre marinero, ó al
-ménos sabia mucho de la mar, llamado Hernando de Magallanes,
-que en portugués se decia, Magalhāes, y con él un bachiller,
-ó que se decia bachiller, que tenia por nombre Rui Faleiro,
-á lo que mostraba ser, grande astrólogo, pero los portugueses
-afirmaban tener un demonio familiar y que de astrología no
-sabia nada. Estos se ofrecieron á mostrar que las islas de Maluco
-y las demas, de que los portugueses llevan á Portugal la
-especería, caian ó estaban dentro de la demarcacion ó particion
-que se habia comenzado, aunque no acabado, entre los
-reyes de Castilla, católicos, y el rey D. Juan de Portugal, el<span class="pagenum"><a name="Page_377" id="Page_377">[377]</a></span>
-segundo, de las partes australes y occidentales, y que descubririan
-camino para ir á ellas fuera del camino que llevaban
-los portugueses, y éste sería por cierto estrecho de mar que
-sabian. Vinieron con esta novedad, primero, al obispo de
-Búrgos, como sabian que hasta allí habia gobernado las Indias,
-aunque por entónces estaba como galera desarmada, y
-el Obispo los llevó al Gran Chanciller, y el Gran Chanciller
-habló al Rey y á Mosior de Xevres. Traia el Magallanes un
-globo bien pintado, en que toda la tierra estaba, y allí señaló
-el camino que habia de llevar, salvo que el estrecho
-dejó, de industria, en blanco, porque alguno no se lo saltease;
-y yo me hallé aquel dia y hora en la cámara del Gran Chanciller,
-cuando lo trujo el Obispo y mostró al Gran Chanciller
-el viaje que habia de llevar, y hablando yo con el Magallanes,
-diciéndole qué camino pensaba llevar, respondióme que
-habia de ir á tomar el cabo de Sancta María, que nombramos
-el Rio de la Plata, y de allí seguir por la costa arriba, y así
-pensaba topar el estrecho. Díjele más, «¿y si nó hallais estrecho
-por dónde habeis de pasar á la otra mar?» Respondióme que
-cuando no lo hallase irse ia por el camino que los portugueses
-llevaban. Pero, segun escribió en una epístola un caballero
-italiano, llamado Pigafetta, Vicentin, que fué á aquel descubrimiento
-con Magallanes, cierto iba Magallanes de hallar el
-estrecho, porque, diz que, habia visto en una carta de marear,
-hecha por un Martin de Bohemia, gran piloto ó cosmógrafo,
-que estaba en la Tesorería del rey de Portugal, el estrecho
-pintado de la manera que lo halló, y porque el dicho estrecho
-estaba en la costa de mar y tierra, dentro de los límites de los
-reyes de Castilla, debió moverse á venir é ofrecerse al rey de
-Castilla, de descubrir camino nuevo para las dichas islas de
-Maluco y las demas. Este Hernando de Magallanes debia de ser
-hombre de ánimo y valeroso en sus pensamientos, y para emprender
-cosas grandes, aunque la persona no la tenia de mucha
-autoridad, porque era pequeño de cuerpo, y en sí no mostraba
-ser para mucho, puesto que tampoco daba á entender
-ser falto de prudencia, y que quien quiera le pudiese fácilmente<span class="pagenum"><a name="Page_378" id="Page_378">[378]</a></span>
-supeditar, porque parecia ser recatado y de coraje. Cuéntase
-dél, en una historia portuguesa, que partiendo dos naos de
-la India para el reino de Portugal, en una de las cuales Magallanes
-iba, dieron ambas en unos bajos y se perdieron,
-pero salvóse toda la gente y muchos de los mantenimientos
-en los bateles, yéndose á una isleta que estaba cerca de allí;
-acordaron que en los bateles se fuesen á cierto puerto de la
-India, que distaba algunas leguas, y porque no cabian todos
-en ellos, ni podian ir de una barcada, hobo gran contienda
-sobre quién iria en el primer barcaje; los capitanes y fidalgos
-y personas principales querian ir primero, los marineros y
-gente baja, decian que nó, sino ellos. Visto por Magallanes el
-peligro y porfía peligrosa en que estaban, dijo: «Váyanse los
-capitanes y fidalgos, y yo me quedaré con los marineros y los
-demas, con tanto que nos jureis y deis la palabra de enviar
-luégo, en llegando, por nosotros.» Dijeron los marineros y
-gente baja, que si con ellos quedaba Magallanes que les placia
-quedar, y en ésto Magallanes estaba en uno de los bateles;
-ya que se queria partir, díjole un marinero de los que
-quedaban, creyendo que disimulaba para irse: «Señor, ¿no
-nos prometísteis de quedar con nosotros?» Respondió él: «Sí,»
-y diciendo y haciendo salta del batel en tierra, y dice: «Véisme
-aquí.» Y así se quedó con ellos, y mostró ser hombre
-de verdad y de esfuerzo, y tambien parece que debia de ser
-hombre de calidad, pues holgaron de quedarse con él toda la
-gente baja, y se apaciguaron y excusó las pendencias, en que
-todos peligraran. Lo que demás deste Magallanes hay que decir,
-se dirá, placiendo Dios, abajo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_379" id="Page_379">[379]</a></span></p>
-
-<h2 id="CII">CAPÍTULO CII.</h2></div>
-
-<p>Tornando á proseguir lo que arriba en el cap. 100 contábamos,
-que el Gran Chanciller, de parte del Rey, mandó al
-clérigo Casas; lo primero que hizo fué ir á los monasterios y
-dar parte á las personas religiosas, Priores y Guardianes, que
-ya tenian noticia de lo que negociaba, del estado en que Dios
-parecia que ponia su negocio, cuya prosperidad todos tambien
-deseaban, y rogalles suplicasen á nuestro Señor le alumbrase á
-en todo lo que dijese ó escribiese para bien de aquestas gentes
-cumplir su voluntad. Comenzó y acabó sus memoriales y dá
-la traza y órden que habian llevado los frailes de San Hierónimo,
-añidiendo algunas otras cosas para el bien y la vivienda
-de los españoles, y para que los consiguiesen su total libertad,
-que le parecieron haber en aquella faltado; y entre
-otras dió aviso como aquesta isla Española, principalmente,
-y despues las demas, se poblasen de labradores, pues ya estaba
-de sus infinitos vecinos naturales asolada. La órden de
-la poblacion della hizo desta manera: que el Rey diese á
-cada labrador que quisiese venir á poblar en ella, desde que
-partiese de su pueblo hasta Sevilla, de comer, para lo cual se
-señaló á cada persona, chico con grande, medio real cada
-dia, y en Sevilla se les diese posada en la casa de la Contratacion,
-y 11 ó 13 maravedís para comer cada dia, de manera
-que tanto se daba al niño de teta como á sus padres;
-de allí, pasaje y matalolaje hasta ésta isla, y en ella un
-año de comer, hasta que ellos lo tuviesen de suyo, y si la
-tierra los probase tanto, que no estuviesen para trabajar más
-tiempo de un año, que lo que demas de un año el Rey les
-diese, fuese prestado para que se lo pagasen cuando pudiesen;
-y porque el Rey tenia ciertas granjas, que acá llamamos<span class="pagenum"><a name="Page_380" id="Page_380">[380]</a></span>
-estancias, donde habia indios y algunos negros, aunque pocos
-negros, para sus granjerías, que se les diesen á los labradores
-donde se fuesen á aposentar, con todo lo que en ellas de
-valor habia, salvo los indios que se habian de poner en libertad,
-con que sustentasen los indios las dichas labores, ó granjerías
-algunos dias; dábanseles tambien rejas y azadas las
-que hobiesen menester, y de las tierras cuantas y cuan largas
-las quisiesen. Habíanlos de curar y dar las medicinas á costa
-del Rey, si adolesciesen; item, que los beneficios de los pueblos
-que poblasen fuesen patrimoniales, para que los hijos
-dellos se opusiesen y los llevasen por méritos como en el
-obispado de Valencia. Otras muchas y diversas mercedes se
-les prometieron, harto provocativas, á venir á poblar estas
-tierras, de los que las oian; y porque algunos de los españoles
-desta isla dijeron al clérigo Casas, viendo lo que pretendia y
-que los religiosos de Sancto Domingo no querian absolver á
-los que tenian indios, si no los dejaban, que si les traia licencia
-del Rey para que pudiesen traer de Castilla una docena
-de negros esclavos, que abririan mano de los indios, acordándose
-desto el Clérigo dijo en sus memoriales, que le hiciese
-merced á los españoles vecinos dellas de darles licencia
-para traer de España una docena, más ó ménos, de esclavos
-negros, porque con ellos se sustentarian en la tierra y dejarian
-libres los indios. Este aviso, de que se diese licencia
-para traer esclavos negros á estas tierras, dió primero el clérigo
-Casas, no advirtiendo la injusticia con que los portugueses
-los toman y hacen esclavos, el cual, despues de que cayó
-en ello, no lo diera por cuanto habia en el mundo, porque
-siempre los tuvo por injusta y tiránicamente hechos
-esclavos, porque la misma razon es dellos que de los indios.
-Todos los avisos y medios que dió el clérigo Casas
-para que en estas tierras viviesen los españoles sin
-tener indios, de donde se seguia ponerlos luégo en libertad,
-pluguieron y fueron gratos mucho al Gran Chanciller y al
-cardenal de Tortosa, Adriano, que despues fué Papa, porque
-de todo se les daba parte, y á todos los demas flamencos que<span class="pagenum"><a name="Page_381" id="Page_381">[381]</a></span>
-dello supieron. Preguntóse al Clérigo qué tanto número le
-parecia que sería bien traer á estas islas de esclavos negros:
-respondió que no sabia, por lo cual se despachó Cédula del
-Rey para los oficiales de la Contratacion de Sevilla, que se
-juntasen y tractasen del número que les parecia; respondieron
-que para estas cuatro islas, Española, Sant Juan, Cuba y
-Jamáica, era su parecer que al presente bastarian 4.000 esclavos
-negros. Así como vino esta respuesta no faltó quien, de
-los españoles, por ganar gracias, dió el aviso al gobernador
-de Bressa, que era un caballero flamenco, segun creo, muy
-principal, que el Rey habia traido consigo y que era de su
-Consejo, que pidiese aquellas licencias por merced; pidióla,
-y el Rey luégo se la dió, y luégo ginoveses se la compraron
-por 25.000 ducados, y con condicion que por ocho años no
-diese otra licencia el Rey alguna. Fué muy dañosa esta merced
-para el bien de la poblacion destas islas, porque aquel
-aviso que de los negros el Clérigo habia dado era para el bien
-comun de los españoles, que todos estaban pobres, y convenia
-que aquello se les diese de gracia y de balde, y como
-despues los ginoveses les vendieron las licencias y los negros
-por muchos castellanos ó ducados, que se creyó que ganaron
-en ello más de 280 y áun 300.000 ducados, todo aquello se
-sacó dellos, y para los indios ningun fructo dello salió, habiendo
-sido para su bien y libertad ordenado, porque al fin
-se quedaron en su captiverio hasta que no hobo más que
-matar. Habló el Clérigo al Rey afirmándole que Su Alteza
-debia de hacer merced al dicho gobernador de Bressa de
-los 25.000 ducados de su Cámara, porque les sería muy más
-barato, segun el daño y deservicio que habia de rescibir en no
-asentar la poblacion destas islas, que por entónces se comenzaba,
-de lo cual necesariamente habian de suceder otros muchos
-inconvenientes y daños; pero como él tenia por entónces
-poco dinero, y no se le podia por entónces dar todo á entender,
-no aprovechó nada. Dió tambien aviso y modo cómo se
-comenzase á tractar y saber las gentes y cosas que habia en
-toda la tierra firme que por entónces se sabia, haciendo en<span class="pagenum"><a name="Page_382" id="Page_382">[382]</a></span>
-las costas ó riberas de la mar della fortalezas, de trecho á
-trecho, y que estuviesen hasta 30 hombres en ellas con muchos
-rescates y cosas de Castilla para trocar por oro y plata y
-perlas y piedras preciosas, y en cada una ciertos religiosos que
-tractaran de la predicacion del Evangelio, con lo cual se hobiera
-todo cuanto oro y cosas de valor los indios tuvieran, y
-cobraran con ellos amor y amistad, y ganaran las voluntades,
-y á sus tiempos hicieran fortalezas dentro de la tierra, y desta
-manera se supieran todos los secretos della, y con la industria
-y diligencia y obras de los religiosos las gentes se fueran convirtiendo,
-y, por consiguiente, confirmando en el amistad de
-los españoles, y de allí haber cognoscimiento de la bondad y
-justicia del Rey, y fácilmente se pudieran ganar y atraer á
-que de su popria voluntad se le subyectaran y dieran, sabiendo
-lo que hacian, la obediencia. No se podrá encarecer cuántos
-tesoros temporales por esta vía se hobieran, y, lo que más
-es, cuán fácil fuera la conversion de todas aquellas inmensas
-naciones, sin que una ni ninguna fuera injustamente muerta,
-y cuán felice hoy y siempre España fuera; pero no fuimos
-dignos de tan precioso é inestimable bien. La causa desta indignidad
-fué, y siempre ha sido, algunos tiempos mayor y
-otros menor, la ceguedad é insensibilidad, y no sé si les será
-imputada en el juicio terrible de Dios, del Consejo del Rey,
-por señalada é inícua maldad en no haber tenido por hito y
-blanco, como fin principal á que todas sus obras y ordenaciones,
-leyes y mandamientos, y determinaciones se habian de
-ordenar y enderezar, la conversion y utilidad espiritual y
-temporal de aquellas gentes, y no en adquirir hacienda para
-el Rey é para sí ó para sus parientes y amigos. Y pluguiera á
-Dios que con verdad procuraran el provecho y allegamientos
-de la hacienda real, pero ni áun ésta procuraron sino de voz
-y de palabra, permitiendo Dios que, pues no procuraban por su
-honra y predicacion de su ley y por la salud de las ánimas,
-que así se gastasen, que no cayesen en la forma y sustancia
-de la buena gobernacion que en estas Indias eran obligados
-á poner, ni en cosa á ella conveniente acertasen, y ésta no<span class="pagenum"><a name="Page_383" id="Page_383">[383]</a></span>
-era otra más sustancial que enviar verdaderos pobladores,
-conviene á saber, gente labradora, que viviese de cultivar
-tierras tan felices como éstas, las cuales de su propia voluntad
-concedieran los mismos naturales pobladores y dueños
-dellas, que eran los indios, y los unos se casaran con los otros,
-y de ambas se hiciera una de las mejores repúblicas, y quizá
-más cristiana y pacífica del mundo, y no enviar indiferentemente
-de todo género de personas desalmadas, que las robaron,
-escandalizaron, destruyeron y asolaron y echaron en
-los infiernos, con increible infamia de la fe y vituperios inespiables
-del nombre y honor de Dios. Y destos estragos y ofensas
-gravísimas de Dios, y jactura, y disminucion tan nunca
-oida del linaje humano, no tiene ninguna excusa el Consejo,
-ante Dios, porque no se hicieron en un dia, ni en un año, ni
-en diez, ni en veinte, sino en sesenta y más años, y que
-cada dia lo sabian por cartas y por relacion presencial de
-muchos religiosos y personas graves que les informaban, y
-por las residencias y otros jurídicos y autorizados testimonios,
-y nunca por eso lo remediaron; y, así permitió Dios, como dije,
-que no acertasen en cosa de provecho de los reyes de Castilla,
-habiendo mil vías y cosas en que pudieran ser, sin daño de las
-Reales conciencias, riquísimos, y los más felices Reyes y señores
-del mundo, lo que no han sido sino los más necesitados
-de dineros que hobo jamás Reyes, habiendo entrado en su poder
-más de 200 millones de ducados en oro y plata y perlas y
-piedras preciosas, lo cual todo se les ha consumido, como si
-fuera humo ó una poca de estopa que se quemara; lo cual,
-todo, no sólo no les bastó para salir de las grandes y diuturnas
-guerras y angustias en que se vieron, pero los reinos de
-Castilla y Leon, ó todos los vendieron ó los empeñaron, y así se
-les ha parecido, la buena gobernacion que su Consejo puso en
-las Indias, en la capa. De todos éstos daños, y pérdidas, y pobreza,
-y angustia que á los Reyes y á sus reinos han venido, y
-otros mayores, que yo tengo por cierto, que han de venir sobre
-España, son reos y culpables sólo los del Consejo que el rey
-y reyes de Castilla tuvieron, que las cosas de las Indias tracta<span class="pagenum"><a name="Page_384" id="Page_384">[384]</a></span>sen;
-y puédese afirmar, sin ofensa de la verdad, segun las reglas
-de la prudencia, que por las cosas pasadas conjetura
-muchas verdades, que nunca Rey del mundo fué tan ofendido
-ni dañificado de los que daba de comer, y constituyéndolos
-por de su Consejo, ensalzaba, como lo han sido de los
-suyos los reyes de España. Tornando al propósito de la historia,
-en estos dias se comenzó á sonar que el obispo de Búrgos,
-y su hermano, Antonio Fonseca, que era Contador mayor de
-Castilla, dieron dineros ó al Rey ó á Mosior de Xevres, porque
-los oficios que tenian se los confirmasen, y díjose que dieron
-16.000 ducados; y no careció de sospecha, porque al cabo
-con ellos y en ellos quedaron, como, de lo que abajo se refiriere,
-parecerá.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_385" id="Page_385">[385]</a></span></p>
-
-<h2 id="CIII">CAPÍTULO CIII.</h2></div>
-
-<p>En este año de 17 salió el Rey de Valladolid para ir á
-tomar posesion de los reinos de Aragon, y de camino, en
-Aranda de Duero, se comenzó á tratar de los medios que el
-Clérigo habia dado; y como cosa señaladamente importante y
-necesaria para poner los indios en libertad, que era el fin del
-Clérigo, porque cesase la muerte de los indios que cada dia en
-estas islas se celebraba, trabajó que lo primero en que se entendiese
-fuese la poblacion de los labradores. Allí, en Aranda, se
-comenzó á hallar en el negocio el obispo de Búrgos, ó porque
-los oficios habia comprado, si fué verdad, ó porque Mosior de
-Xevres y el Gran Chanciller, por su autoridad y como quien
-tantos años habia estas Indias gobernado, aunque muy mal
-gobernado, quisieron á los negocios llamarle, y, tractándose,
-cuanto podia resistia el Obispo al Clérigo, aunque moderadamente;
-en especial resistia la poblacion de los labradores, diciendo
-que habia él trabajado á los principios de enviar labradores
-á esta isla, y fueron estas sus palabras: «Ahora veinte
-años quise yo enviar labradores y no hallé 20 que allá pasasen.»
-El Clérigo afirmaba que él llevaria 3.000 labradores, cumpliendo
-el Rey con ellos lo que se habia propuesto de su parte se les
-habia de notificar, y daba la razon el clérigo Casas, que cuando
-el Obispo queria enviar labradores á esta isla, que era sola
-la tierra destas partes donde habia españoles, la mayor pena
-que á algun malhechor delincuente, fuera de la muerte, se podia
-dar, era desterrallo de Castilla para acá, como en el primer
-libro relatamos que los Reyes habian mandado que se desterrasen
-para esta isla los condenados; pero despues, el tiempo
-adelante, el mayor tormento que á los españoles, sacada la
-muerte, se daba, y, cierto, los atormentaba más que otro, por<span class="pagenum"><a name="Page_386" id="Page_386">[386]</a></span>
-grande que fuese el dolor ó el trabajo, era desterrallos desta
-isla para España: y ésto en el segundo libro, hablando de la
-gobernacion del Comendador Mayor de Alcántara, lo declaramos.
-Aquí, en Aranda de Duero, cayó enfermo el Clérigo, y así
-cesó de tratarse de los negocios de las Indias en los dias pocos
-que el Rey allí estuvo, y estando el Clérigo en la cama enviólo
-á visitar el Gran Chanchiller con un capellan suyo, flamenco,
-persona de virtud, y con él una peticion que le habian
-dado en perjuicio del Almirante, llena de muy gran
-falsedad, rogándole que la viese y le enviase su parecer; la
-cual vista, y doliéndose de la malicia que por ella el dador
-significaba, puesto que con gran calentura, se asentó en la
-cama y escribió en latin la sustancia que contenia, y desengañó
-al Gran Chanciller declarándole lo que del caso sabia,
-segun la verdad. Fuese luégo el Rey de Aranda para Zaragoza,
-y muchas veces por el camino hablaba el Gran Chanciller
-del Clérigo, mostrando mucho pesar de su enfermedad, y,
-como que lo hallase ménos, decia: «¡Oh! ¿qué tal estará
-micer Bartolomé?» Porque micer llaman los flamencos á los
-clérigos, y así comunmente todos los flamencos, y el Rey
-mismo, lo nombraban. Tuvo por bien Dios de darle salud en
-breves dias, y, como el Rey iba despacio, ántes de Zaragoza
-lo alcanzó, y subiendo al aposento del Gran Chanciller, en
-cierto lugar, fué muy grande el alegría que de vello rescibió,
-y el favor que rescibiéndolo le hizo; y cuando el Clérigo subia
-descendia D. García de Padilla, del Consejo del Rey, persona
-muy eminente, letrado y caballero, y del Rey muy estimado,
-y díjole: «Subí, subí, padre, y consolá al Gran Chanciller,
-porque, por vuestra vida, que os tiene ya llorado,» todo ésto
-era señal de la estima que del Clérigo se tenia, y cuán de gana
-el Gran Chanciller habia tomado los remedios destas Indias en
-las manos, con la confianza que de la industria y avisos del
-Clérigo rescibido habia. Llegado el Rey á Zaragoza y asentada
-la corte, quisiera luégo el Gran Chanciller proseguir en el
-negocio, hasta acabarlo, destas Indias, pero cayó enfermo el
-obispo de Búrgos, que lo impidió, porque, segun pareció, de<span class="pagenum"><a name="Page_387" id="Page_387">[387]</a></span>bian
-tener determinado que el Obispo se hallase en los Consejos
-y expedicion de los negocios destas Indias, ó por los
-dineros que él y su hermano dieron, ó por sola la autoridad
-de sus personas, que siempre fué mucha en aquel reino, y
-así dilató el Gran Chanciller la prosecucion de las cosas comenzadas
-para la reformacion destas Indias, hasta que el
-Obispo sanase y pudiese hallarse en ellas. Entre tanto recibió
-una carta el Clérigo, de Sevilla, del padre fray Reginaldo, de
-quien arriba en el cap. 99 hicimos mencion, haciéndole saber
-cómo habia llegado allí de la tierra firme un religioso de Sant
-Francisco, llamado fray Francisco de Sant Roman, que afirmaba
-por sus ojos haber visto meter á espada y echar á perros
-bravos sobre 40.000 ánimas de indios, y ésto fué lo que
-arriba referimos en el cap. 72. Esta carta mostró el Clérigo al
-Gran Chanciller, de que quedó maravillado, y díjole que fuese
-al Obispo y lo visitase de su parte, y le mostrase aquella
-carta, como si le quisiera enviar á decir que se avergonzase y
-conociese su culpa, pues tan mala gobernacion en estas tierras
-habia puesto, y parecia que la intencion del Gran Chanciller
-era, enviando al Clérigo á visitar de su parte al Obispo,
-darle ocasion para que no lo aborreciese, porque dos veces
-habia sido causa que le quitasen del Consejo, una en tiempo
-del Cardenal y otra en este tiempo, á fin, todo, que en los
-Ayuntamientos, tractando los medios y avisos que habia dado,
-no le contradijese. Finalmente, lo visitó el Clérigo y leyóle
-la carta, y respondió el Obispo: «Decidle á su señoría que le
-beso las manos, y que ya yo le he dicho que será bien que
-echemos aquel hombre de allí;» éste era Pedrárias, que asoló
-sobre 300 leguas y más de aquella tierra. En estos dias llegó
-doña María Niño, mujer del secretario Conchillos, á Zaragoza,
-y descendiendo de hablar al Gran Chanciller subia el Clérigo,
-y, como lo vido, cognosciólo, aunque pocas veces lo habia
-visto, y díjole: «¡Ay, padre, Dios os lo perdone, que así habeis
-echado al hospital mis hijos!» El Clérigo no paró sino
-subiendo y diciendo: «Señora, la sangre dellos venga sobre mí
-y sobre los mios.» No sentia la noble dueña cuántos padres, y<span class="pagenum"><a name="Page_388" id="Page_388">[388]</a></span>
-madres, y hijos, y áun muchos linajes juntos, habian perecido
-de hambre y trabajos por enviarle oro los tiranos que
-acá tenia, con que ella triunfaba y allegaba más dineros de los
-que ella tenia para sus hijos, y lloraba y tenia por gran pecado
-que el Clérigo cometia, en procurar que se le quitasen los
-desventurados indios cuya sangre ella y su casa bebian. Convalecido
-ya el Obispo, despues de veinticinco dias, y estando
-para juntarse con el Gran Chanciller y los demas, que eran los
-que el Gran Chanciller mandaba llamar, y uno era D. García
-de Padilla, de quien arriba se dijo, mañana ú otro dia, un
-viérnes en la noche, haciendo colacion, estando el Clérigo con
-él, le dijeron como era muerto un pajecillo que debia ser sobrino
-suyo, que tenia en casa malo, el cual, como lo oyó, se
-paró en gran manera triste, y otro dia, sábado, se sintió mal
-dispuesto y no fué á Palacio, y lo mismo hizo el domingo y el
-lúnes con alguna señal de calentura. El lúnes se paró á la
-ventana de su posada con buena disposicion, pero luégo se
-le agravió el mal, como era hombre de muchas carnes y
-abundaba en sangre, y no lo sangraron con tiempo, y así la
-sangre le ahogó, y el miércoles lo enterraron. Muerto el Gran
-Chanciller, cierto, murió por entónces todo el bien y esperanza
-del remedio de los indios; y ésta fué la vez segunda
-que pareciendo estar muy propincua la salud de aquestas
-gentes, por los juicios de Dios secretos, se les deshizo de tal
-manera que pareció del todo ser la esperanza perdida. Prevaleció
-luégo el Obispo, y pareció subir hasta los cielos, y
-cayó el Clérigo en los abismos, porque como no habia hablado
-ni informado á Mosior de Xevres ni á otro de los que
-estaban cabe el Rey, porque no tuvo necesidad dello, segun
-está dicho, muerto el Gran Chanciller quedó de todo
-favor destituido. Nombró el Rey á un flamenco, que era
-Dean de Bizancio, que despues fué, segun creo, arzobispo
-de Mecina, que tuviese cargo de ser Chanciller entre tanto
-que otro venia, pero era tan pesado y flemático, que se dormia
-en los Consejos, y aunque el Clérigo lo informaba y áun
-lo molia, y tanto que lo traia acosado, pero no por eso se<span class="pagenum"><a name="Page_389" id="Page_389">[389]</a></span>
-enojaba, por la abundancia de su flema, y viendo un dia la
-solicitud del Clérigo, que no lo dejaba las mañanas ni las noches,
-díjole riendo: <i>Commendamus in Domino, domine Bartholomee,
-vestram diligentiam</i>, que no le fué al Clérigo chico motivo
-de reir, aunque por otra parte regañaba y lloraba la falta
-que habia en la gobernacion, y, cierto, cuando concurren en
-los negocios, agendo y paciendo, un colérico como el Clérigo
-lo era, y un flemático, mayormente con exceso, como aquel
-buen Dean tenia el ser, no es para ambos chico tormento,
-puesto que ni áun por eso se turbaba ni mataba el Dean,
-tanta era su flemática paciencia. Todavía aprovechaba seguirle
-algo, para templar la entereza del obispo de Búrgos para
-con el Clérigo, de quien tantos sinsabores habia rescibido. El
-Clérigo no desmayó por la muerte del Gran Chanciller, y por
-todos los disfavores que despues della le sucedieron, puesto
-que le crecieron nuevos trabajos, y así no dejó de proseguir
-lo comenzado, dando peticiones en el Consejo que el obispo
-de Búrgos ayuntaba, á su pesar, aunque el Gran Chanciller
-le faltaba, pero como no lo admitian en él, ni tenia
-dentro quien le ayudase ó defendiese, no efectuaba nada,
-sino eran cosas que de justicia y áun de vergüenza no podian
-negar. Entraban en el Consejo de las Indias el Obispo, y
-Hernando de Vega, Comendador mayor de Castilla, y don
-García de Padilla y el licenciado Zapata, y en estos dias negoció
-Pedro Mártir que lo hiciesen del Consejo mismo de
-las Indias, y ansí lo alcanzó y lo fué, y con ellos el secretario
-Francisco de los Cobos, que cada dia crescia en favor y autoridad.
-Este amaba mucho al Obispo y á su hermano, Antonio
-de Fonseca, y como no se apartaba de Mosior de Xevres,
-y Mosior de Xevres no tenia otra lumbre que en los negocios
-del reino lo guiase, ni de otro así se fiaba, fué todo favor y
-ayuda al obispo de Búrgos; y como no tuvo torcedor alguno
-que tuviese con Mosior de Xevres autoridad, todo cuanto el
-Obispo decia y queria, en cosas de las Indias, se le aprobaba.
-Y con estas fuerzas, se tuvo por cierto que el Obispo pretendió,
-y lo alcanzó, que hobiese Consejo por sí de las Indias, y<span class="pagenum"><a name="Page_390" id="Page_390">[390]</a></span>
-entrasen en él los que en él entraron, al ménos Hernando de
-Vega, que tenia por estas islas harto interese, y el licenciado
-Zapata que se habia hallado en todos los hierros pasados,
-quedando el señor Obispo por Presidente y cabeza, como
-siempre lo habia sido, en la gobernacion, y mejor diré desgobierno
-destas Indias; y de aquí parece que se entabló ser
-por sí el Consejo de las Indias, y dura hasta el año de 1560, y
-no sabemos hasta cuando durará. En ésto llegó el padre Hierónimo,
-que enviaron los otros padres, sus compañeros, contra
-el Clérigo el cual, como halló el mundo mudado y al obispo
-de Búrgos en tanta cumbre, que era el mayor contrario que
-ellos tenian por hacer aquella provision el Cardenal, con
-tanto disfavor suyo, segun arriba pareció, no lo quisieron en
-el Consejo sino mal oir, donde el Obispo, que no solia callar
-cosa, le daba recias reprensiones, tanto que aquel Padre
-blasfemaba dél y dellos, y no tenia otro consuelo sino cuando
-topaba con el Clérigo quejarse dellos á él, y habia sido enviado
-contra él. El cual, viendo cuán mal le iba, sin hablarles,
-como despechado fuese á su monasterio. Lo primero que
-el Obispo hizo, ó entre las cosas primeras, fué despachar Cédula
-del Rey, mandando ó diciendo todos los dichos padres
-Hierónimos que luégo para aquellos reinos se partiesen, y
-así lo hicieron.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_391" id="Page_391">[391]</a></span></p>
-
-<h2 id="CIV">CAPÍTULO CIV.</h2></div>
-
-<p>Yendo los negocios por éste paso, comenzó Dios á proveer
-al Clérigo de favor nuevo, desta manera: que como entre los
-caballeros flamencos que servian al Rey se tuviese noticia del
-Clérigo y de los negocios que pretendia, y despues de la
-muerte del Gran Chanciller no viesen que sonaba, hobo
-hombre dellos, movido por sola virtud y con celo de lo que
-oia decir, que el Clérigo procuraba la libertad y remedio de
-las gentes, que lo deseaba ver y cognoscer y saber dél á la
-larga lo que sus negocios contenian, y así lo andaba á buscar,
-y rogaba á otras personas que si lo viesen le rogasen de su
-parte se dejase ver y cognoscer dél, porque habia dias que lo
-deseaba; finalmente, un dia en Palacio se toparon. Quiso el
-caballero ser informado del fin que pretendia el Clérigo, y de
-las causas dél, y lo demas que tocaba á estas Indias; dióle
-larga relacion de todo. Quedó espantado de tanta maldad y
-crueldades y disminucion de tantas gentes, y pluguiera á Dios
-que no fueran más y peores las que despues sucedieron;
-quedó asimismo obligado á lo favorecer con cuantas fuerzas
-tuviese. Cundió toda la corte aquesta junta de ambos, cuanto
-á la gente flamenca que es más blanda y más humana que
-nosotros, porque aquel caballero era discreto, pio y buen
-cristiano, y estimado del Rey y de toda su Casa real, y luégo
-derramó por muchos la causa. Fué de aquí adelante el Clérigo
-cognoscido de muchos más, y, aunque no visto, loado y
-amado. Este caballero se llamaba Mosior de La Mure, sobrino
-de Mosior de Laxao, Sumiller del Rey, muy querido, y más
-que otro ninguno su privado; púsole con su tio, Mosior de
-Laxao. Hablóle al Clérigo largo, quedó tambien de su informacion,
-como su sobrino, prendado y dispuesto para le<span class="pagenum"><a name="Page_392" id="Page_392">[392]</a></span>
-ayudar y favorecer y resistir á los contrarios. Y es aquí de
-saber, que cognoscida la causa de los negocios y trabajos del
-Clérigo, y la sinceridad con que los negociaba, sin pretender
-interese suyo particular, y que al cabo de todos ellos, grandísimo
-y inestimable servicio y provecho del Rey resultaba,
-era tanta la estima y el amor que todos los flamencos le tenian,
-que no les parecia sino que en estar el Clérigo en la
-corte y negociar lo que procuraba, consistia la salud del Rey
-y todo el ser y conservacion de todo su Real estado, y ésto
-parecerá más adelante; y no tenia menor opinion del Clérigo
-el Cardenal que despues fué Papa, VI Adriano. Aquí en
-Zaragoza prosiguió Hernando de Magallanes su demanda, y
-porque vino un embajador de Portugal á tractar del casamiento
-de Madama Leonor, hermana del Rey, con el rey don
-Manuel de Portugal, díjose que andaban por matar á él y al
-bachiller Rui Faleiro los de la parte del dicho Embajador, y
-así andaban ambos á sombra de tejado, y por ésto el Obispo
-de Búrgos, cuando se tardaban en el negociar con él despues
-del sol puesto, enviaba gente de su casa, que hasta su posada
-los acompañasen. Aquí, hablando el Clérigo con el Obispo,
-delante de algunos á quien tocaban, refiriendo las tiranías y
-estragos que en estas Islas se habian perpetrado, por venir
-acaso la plática, como siempre le pesaba oillas, ó cognoscer
-que en vituperio de su mala gobernacion todo resultaba, ó
-porque su insensibilidad le impedia que no las sintiese ni se
-doliese dellas ni las remediase, dijo con mucha ira, y para
-que el Clérigo se afrentase delante aquellos, y ellos se holgasen.
-«Pues vos estábades en las mismas tiranías y pecados;»
-lo cual, decia porque habia tenido indios el Clérigo repartidos,
-como arriba queda declarado, y él no lo negaba; respondió
-el Clérigo, no con ménos cólera y coraje; «sí, yo los
-imité ó seguí en aquellas maldades, haga vuestra señoría
-que me sigan ellos á mí en salir de los robos y homicidios y
-crueldades en que perseveran, y cada dia hacen.» Desta respuesta
-no quedó el Obispo, ni los presentes, que con lo
-que habia dicho al Clérigo, por ultrajalle, se habian goza<span class="pagenum"><a name="Page_393" id="Page_393">[393]</a></span>do,
-quedaron muy favorecidos ni pagados. No dejaba por
-estos disfavores el Clérigo de dar peticiones cuantas queria
-en aquel Consejo, aunque al Obispo pesaba, sobre que
-se prosiguiese lo que en tiempo del Gran Chanciller se habia
-comenzado. Proveyeron que fuese á tomar residencia
-á los Oidores de la Audiencia de Sancto Domingo, y á los
-jueces del Almirante, á un licenciado Rodrigo de Figueroa,
-y para que la tomase al Teniente del Almirante de
-la isla de Sant Juan, y á Diego Velazquez en la isla de Cuba,
-á un doctor de la Gama, y por Gobernador de tierra firme, y
-que tomase residencia á Pedrárias, un caballero de Córdoba
-llamado Lope de Sosa; y porque los españoles que allí estaban
-destas islas, habian infamado contra la verdad á los vecinos
-naturales de la isla de la Trinidad, que comian carne
-humana, y determinaba el Consejo que les hiciesen guerra y
-los que tomasen fuesen esclavos, el Clérigo resistió, afirmando
-que no era verdad, por lo cual mandaron que se pusiese en la
-Instruccion real que llevó el licenciado Figueroa, como el
-clérigo Bartolomé de las Casas afirmaba, que los indios naturales
-vecinos de la isla de la Trinidad no eran caribes, conviene
-á saber, no eran comedores de carne humana; que le
-mandaba que con toda diligencia, en llegando á esta isla, tomase
-sobre ellos informacion y examinase la verdad, el cual
-así lo hizo con muchos marineros, y otros de los mismos que
-la saltearon algunas veces, y halló que no eran caribes, sino
-muy modestos y ajenos de aquellos males, y el mismo licenciado
-Figueroa me lo afirmó á mí cuando yo torné de Castilla
-á esta isla Española. Y viene aquí bien referir lo que, despues
-que el clérigo Casas se partió desta isla contra los religiosos Hierónimos,
-se hizo en la dicha isla de la Trinidad: fué un navío
-desta isla Española á saltear como solian en la tierra firme de
-Paria, con la ocasion de ir á rescatar perlas, que por allí habia
-entónces hartas, y llegaron á la isla de la Trinidad, y como
-los indios della vieron el navío, salieron á la ribera á resistirles
-la entrada, como habian quedado tan ofendidos y lastimados
-de Juan Bono en el año pasado, como en el cap. 91<span class="pagenum"><a name="Page_394" id="Page_394">[394]</a></span>
-queda referido, y porque debieran creer que era el mismo
-Juan Bono, daban voces «Juan Bono, malo, Juan Bono, malo,»
-ó si creian que eran otros sin Juan Bono, quejándose de Juan
-Bono, malo, que tan mala obra les habia hecho, rescibiendo
-dellos tan buen abrigo y hospedaje. Respondieron los españoles
-desde las barcas que no eran ellos Juan Bono ni venia
-con ellos, porque aquel era malo, y tenian razon de decir que
-era malo, y que por aquella traicion que les habia hecho, en
-Sancto Domingo lo habian ya ahorcado, y que porque ellos eran
-buenos, y no como Juan Bono, malos, venian á denunciárselo
-y á holgarse con ellos y traelles cosas de Castilla, porque
-los tenian por hermanos; con todas las otras palabras, mentirosas
-y fingidas que pudieron decirles para aplacarlos. Los
-tristes, con su innata simplicidad y mansedumbre, creyeron
-que decian verdad, aunque cuanto á la malicia del mundo y
-la experiencia que de nuestra iniquidad y costumbres ya tenian,
-era su simplicidad y mansedumbre culpable, y su creencia
-ó credulidad fácil y liviana, porque no habian ellos de
-creer aquellas palabras, sino presumir que eran peores que
-Juan Bono, y más sin verdad tiranos, no teniendo más certidumbre
-y seguridad que su parla. Creyéronlos, y rescibiéronlos,
-y sirviéronlos con todo cuanto tenian y podian, y despues
-de algunos dias en que no les predicaban otro Evangelio
-sino que Juan Bono era muerto, y que era malo, y ellos buenos,
-para los engañar y asegurar, y cuando vieron tiempo y
-los sintieron más descuidados, sacan sus espadas y arremeten
-á las casas, y muertos y acuchillados, los que quisieron ó pudieron,
-prendieron cuantos les fué posible maniatar, y métenlos
-en el navío y viénense con su presa, con tan buena guerra
-ganada, á este puerto y ciudad. Otro dia sácanlos á vender
-con pregonero por la plaza, y delante de los padres Hierónimos,
-por esclavos, á quién dá más. Sabido por el padre fray
-Pedro de Córdoba tan gran maldad y desvergüenza ó insensibilidad
-de los mismos Hierónimos, que, teniendo cargo de
-remediar estas gentes, consentian venderse en su presencia los
-inocentes, sabiendo ya las obras de nuestros hermanos, sin lo<span class="pagenum"><a name="Page_395" id="Page_395">[395]</a></span>
-impedir ni castigar, fué á hablalles y castigalles la obra de
-aquellos y omision suya tan culpable y execrable; hechos
-confusos y avergonzados de la culpa, que no pudieron negar,
-mandaron que los quitasen de allí é los llevasen á las posadas
-de los tiranos, los cuales, despues, no con pregonero, sino callando,
-y los frailes Hierónimos disimulando, se cree que los
-vendieron, y al cabo en aquella tiranía se acabaron: estos remedios
-pusieron á estas gentes los Padres. Luégo el padre fray
-Pedro de Córdoba escribió al Clérigo á la corte esta egrégia
-hazaña cometida en la isla de la Trinidad, y áun contra la
-Santísima Trinidad, y en esta ciudad por los padres Hierónimos
-confirmada, y, entre otras, le escribió estas palabras:
-«Cierto, las cosas veo ir por tales caminos, que yo tengo de
-ser forzado á decir lo que siento: <i>quicquid inde veniat</i>.» Quiso
-decir, como él era prudentísimo y moderatísimo, que los Hierónimos
-eran tan infructuosos y ponian tan ningun remedio á
-la perdicion destas gentes, que habia de ser constreñido á
-predicar contra ellos, y como via que con aquellas tales obras
-que los españoles obraban en la isla de la Trinidad, vecina de
-la tierra donde él tenia los religiosos predicando á los indios,
-y que los escándalos y daños cada hora los esperaba ver por
-allí, mayormente por el concurso de los navíos que iban á las
-perlas, escribió tambien al Clérigo confiando del gran favor
-que tenia entendido por las cartas que el Rey y Gran Chanciller
-le daba, no creyendo que las cosas eran mudadas, que
-trabajase de traer cien leguas en aquella tierra firme, con el
-pueblo de Cumaná, prohibido por el Rey y con graves penas,
-que ningun español osase en ellas entrar ni conversar,
-sino que las dejasen para donde predicasen sólos los frailes
-Franciscos y Dominicos, porque las obras y escándalos de los
-españoles no los estorbasen. Dijo más: que si cien leguas no
-pudiese alcanzar, alcanzase 10 solas, y si 10 no pudiese, que
-negociase unas isletas que están 15 ó 20 leguas dentro en la
-mar, apartadas de la misma tierra firme, que se llamaban
-entónces las isletas de Alonso, para que pasaran los religiosos
-á ellas, y allí entendia de recoger los indios que huyesen de<span class="pagenum"><a name="Page_396" id="Page_396">[396]</a></span>
-las persecuciones y vejaciones de los españoles, y al ménos
-de aquellos instruirian y salvarian las ánimas; y en caso que
-ninguna destas cosas pudiese alcanzar, él determinaba de revocar
-todos los frailes suyos á esta isla, y desmamparar del
-todo la tierra firme, pues no tenia remedio de impedir los escándalos
-y turbaciones que los españoles cada dia causaban en
-los indios, por los cuales ningun fructo podian hacer ni sacar
-de sus trabajos, pues de todo lo que predicaban á los indios
-vian los indios hacer á los que se llamaban cristianos todo lo
-contrario. Vista esta carta, el Clérigo se angustió mucho en
-sentir los impedimentos que ponian á los siervos de Dios, que
-con tanto peligro y trabajo allí á los que tanta necesidad tenian
-predicaban, y mayor tristeza le sobrevino temiendo que
-el padre fray Pedro de Córdoba, que era el Prelado mayor,
-trayendo los frailes de allí, toda aquella tierra firme quedase
-desmamparada, porque en ninguna parte destas Indias habia
-persona, que á indios algunos de todas ellas, dijese cognosce á
-Dios, ni cosa de la fe y religion cristiana enseñase, ni tuviese
-tal cuidado; y segun el deseo que Dios al Clérigo habia dado,
-rescibia grande consuelo que allí, por aquellos Padres, Cristo
-se predicase, y áun pensaba de se ir allí á trabajar con ellos y
-ayudalles en aquella obra, perseverando en su mismo hábito
-clerical ó eclesiástico. Habló sobre ello al Obispo y á los del
-Consejo, dándoles noticia de la dicha carta, de los estorbos
-que los españoles ponian á la predicacion de aquellos Padres
-y á la salvacion de las ánimas, y el peligro y daño que habia
-si los religiosos aquella tierra desmamparaban, y cuánto en
-ello se ofenderia Dios, y cuánto la conciencia del Rey quedaria
-cargada; por tanto, que les suplicaba señalasen y interdijesen
-las cien leguas de tierra que el padre fray Pedro
-pedia, que no entrasen españoles que les estorbasen, de donde
-procederian grandes bienes y se impedirian muchos males, y
-el Rey y ellos cumplirian con la obligacion que tenian de procurar
-que aquellas gentes se convirtiesen y salvasen. Respondió
-el señor Obispo lo que no respondiera, por ventura, un
-Contador muy celoso de la hacienda del Rey y cudicioso de<span class="pagenum"><a name="Page_397" id="Page_397">[397]</a></span>
-aumentársela: «Bien librado estaria el Rey dar cien leguas
-que sin provecho alguno suyo las tuviesen ocupadas los frailes.»
-Estas fueron sus palabras, y aún más descaradas; sentencia
-harto indigna de sucesor de los Apóstoles que pusieron
-las vidas por cumplir lo que á él se le demandaba, y que
-concedello con estrecho precepto divino, y so pena de eternal
-dañacion era obligado; y es la verdad, que de aquellas cien
-leguas y de otras 8.000 no ha llevado el Rey algo, en cuarenta
-y más años que esto há, sino en habérselas destruido, robado
-y asolado, y de aquí se colegirá cuál podia ser la gobernacion
-del Obispo, que con tan profunda insensibilidad, en
-el fin y fundamento de todo el título y manutenencia del
-señorío de los reyes de Castilla sobre aquellas Indias, erraba.
-Oido ésto, el Clérigo quedó como pasmado, y aunque no dejó
-de revolvérsela al Obispo, pero aprovechó nada, porque no
-era el señor Obispo tan de fácil tornable, y entendido el fin
-que el Obispo pretendia, que sólo era el interese temporal, y
-de la conversion de aquellas gentes no se daba un cuarto,
-intentó el Clérigo cierta vía para conseguir el fin que los religiosos
-y él deseaban y procuraban, para poder decir al Obispo:
-<i>pecunia tua tecum vadat in perditionem</i>, de la cual sucedieron
-al señor Obispo muchas malas cenas é peores tártagos.
-Esta vía, en los capítulos de más abajo, si pluguiere á Dios, se
-relatará.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_398" id="Page_398">[398]</a></span></p>
-
-<h2 id="CV">CAPÍTULO CV.</h2></div>
-
-<p>Prosiguió el Clérigo en que se concluyese la poblacion de
-las islas, de labradores, que se habia comenzado en tiempo
-del Gran Chanciller, y, aunque á pesar del Obispo, lo llegó al
-cabo, porque el cardenal Adriano estaba muy bien en ello y
-los flamencos de calidad, y que eran cercanos al Rey, por lo
-cual el Obispo no pudo estorballo. Hiciéronse muchas cartas
-y provisiones, cuantas el Clérigo pidió, y diósele todo el favor
-y autoridad y personas que lo acompañasen, y de quien se
-ayudase, y Cédula de aposento por todo el reino, á las cuales
-dió salario el Rey. Llevó cartas comendaticias y preceptivas
-para todos los corregidores, asistentes y justicias del reino, y
-para todos los arzobispos, obispos y abades, priores, guardianes
-y todo género de personas de autoridad, exhortando y
-encargando á unos, y mandando á otros, diesen al Clérigo
-crédito y favor, y le ayudasen, cada uno segun su oficio y
-dignidad, á que se moviesen los más labradores que pudiesen
-allegarse para venir á poblar estas islas y gozar de las
-mercedes que tenia por bien de concederles. Diéronle provisiones
-las que habia menester para los oficiales de la casa de
-Sevilla, que los labradores que el Clérigo enviase de cualquiera
-parte del reino los rescibiesen con gracia y benignidad,
-y los aposentasen, y mantuviesen en la dicha casa, y aparejasen
-los navíos en que habian de navegar; item, para todos
-los gobernadores y oficiales destas islas, que los rescibiesen,
-y abrigasen, y aposentasen y entregasen las dichas haciendas
-y estancias del Rey, y curasen si cayesen enfermos. Finalmente,
-fueron muy cumplidos los despachos que pidió, y se
-le dieron, y entre otras personas que escogió el Clérigo para
-que le acompañasen y ayudasen, fué un escudero, hombre<span class="pagenum"><a name="Page_399" id="Page_399">[399]</a></span>
-honrado, que parecia persona de bien, porque se lo rogó el
-que habia sido maestro del Rey, y que despues fué obispo de
-Palencia. Este escudero, llamado Berrio, criado en Italia (y ésto
-le bastaba), no tenia tanta simplicidad, ni tuvo tanto agradecimiento
-como tuvo el Clérigo, que le nombró y hizo que el Rey
-le diese salario y de comer, lo cual él no tenia de propio suyo.
-A éste, por más honrallo, quiso que cuando le enviase á algun
-pueblo á hacer apregonar las provisiones del Rey, no pareciese
-que era enviado por el Clérigo sino como que lo enviaba
-el Rey, para lo cual le dió aparte provisiones por sí é hizo que
-le pusiesen en ella nombre de Capitan del Rey, y éstas, solamente
-cuanto á lo que tocaba á publicar las mercedes que hacia
-el Rey á los labradores que quisiesen venir á poblar estas islas,
-y no las demas que hablaban con los oficiales de Sevilla y á
-los destas islas, porque éstas detuvo siempre en sí el Clérigo
-hasta llegar el número conveniente de labradores y despachallos
-á su tiempo. Con todo, para tener sujeto al dicho escudero,
-hizo poner en la Cédula de su salario, que eran 450 maravedís
-cada dia, por causa dél, «para que vais con Bartolomé de las
-Casas, nuestro capellan, á donde le enviamos y hagais en todo
-lo que él os dijere.» Aqueste sabia muy bien la poca ó ninguna
-afeccion que el Obispo tenia al Clérigo, y cuán contra su voluntad,
-y con cuánto pesar suyo el Clérigo negociaba y habia
-negociado siempre, y mayormente aquello de los labradores,
-y porque despachado del todo el Clérigo, se detuvo tres ó
-cuatro dias, disponiendo secretamente los ánimos de los caballeros
-flamencos, dándoles á entender la vía que queria
-proponer, que resultaria en gran provecho del Rey para cuando
-del recogimiento de los labradores volviese; váse, no con
-falta de gran malicia, el bueno del escudero, á la posada del
-Obispo á mostrarse como que se andaba paseando por no se
-haber querido partir el Clérigo. El Obispo, como lo vido, díjole,
-«¿qué haceis aquí? ¿por qué no os partís?» Respondió Berrio,
-escudero, «señor, no se parte ó no se quiere partir el Clérigo
-con quien el Rey me manda ir»; y como el Obispo, que
-fácilmente se alteraba, porque no le sobraba la mansedumbre<span class="pagenum"><a name="Page_400" id="Page_400">[400]</a></span>
-y estaba con el Clérigo tan bien, díjole, «andá, ios vos sólo y
-haced lo que con él habíades de hacer.» Respondió, «señor, no
-puedo hacer nada sin él, porque la Cédula que tengo, reza que
-vaya con él y que haga lo que él me dijere.» Manda luégo el
-Obispo que se raye la Cédula, y que donde decia, «hagais lo
-que él os dijere,» se pusiese, «hagais lo que os pareciere.» El
-fructo que Dios y el Rey hobo de hacer esta falsedad en
-aquella Cédula, por lo que abajo se refiriere parecerá, y aunque
-en otras materias, por ser el Obispo Presidente de aquel
-Consejo, podia quizá mandar mudar en Cédulas firmadas del
-Rey, sin parecer de todo el Consejo, algunas palabras sin cometer
-falsedad, y áun en todos los casos hay harta duda podello
-hacer, al ménos en éste, porque se hacia con enojo del
-Clérigo y con malicia no muy menor que grande y contra voluntad
-del Rey, y contra lo muy bien ordenado, y platicado
-y determinado, como cosa muy provechosa para los reinos
-de Castilla y destos, y en perjuicio de todo el bien de acá, no
-lo pudo hacer el Obispo sin muy culpada falsedad. De la mudanza
-y raedura y subrescripcion y falsedad de la dicha Cédula,
-el Clérigo, por entónces, no supo nada. Partióse, finalmente, y
-con él Berrio, el escudero, y los demas; saliendo de Zaragoza
-para Castilla y llegando á algunos lugares, hacia juntar la gente
-dellos en las iglesias, donde les denunciaba, lo primero, la intencion
-del Rey, que era poblar aquestas tierras; lo segundo, la
-felicidad, fertilidad, sanidad y riqueza dellas; lo tercero, las
-mercedes que el Rey les hacia, con las cuales podian ser con
-verdad, cuanto á los bienes temporales desta vida, sin cuasi
-trabajo, bien aventurados; con lo cual, los corazones de todas
-las gentes levantaba, porque, lo uno, todo lo que afirmaba,
-decia, y, con verdad que lo sabia por vista de ojos y por muchos
-años lo habia experimentado, lo segundo, porque tenia
-en el hablar gran eficacia. Despues de avisados é informados,
-poco tardaban en venirse á escribir para ir á poblar á las
-Indias, y en breves dias allegó gran número de gente, mayormente
-de Berlanga, que sin entrar en ella, teniendo la villa
-200 vecinos, se escribieron más de los 70 dellos, y, para se<span class="pagenum"><a name="Page_401" id="Page_401">[401]</a></span>
-escribir, entraron en Cabildo secretamente, por miedo del
-Condestable, y enviaron cuatro regidores que lo buscasen por
-los pueblos donde andaba, y le rogasen de partes de la villa se
-acercasen más á ella, viniéndose una legua de allí, á donde
-venian todos disimuladamente para ser de la demanda que
-traia informados; y entre los que vinieron fueron cuatro, los
-cuales los subieron á un pajar, en lo más alto de la casa donde
-posaban, cuasi temiendo que las paredes lo habian de decir al
-Condestable, y le dijeron: «Señor, cada uno de nosotros no
-quiere ir á las Indias por falta que tenga acá, porque cada
-uno tenemos 100.000 maravedís de hacienda y aún más (lo
-cual para entónces, y en aquella tierra, era mucho caudal),
-sino vamos por dejar nuestros hijos en tierra libre y real.» No
-lo hicieron tan secreto que lo ignorase el Condestable; despacha
-luégo un escudero, y otro á rogar al Clérigo que se saliese
-de su tierra; el Clérigo hacíase reacio, diciendo que él
-iria luégo á besarle las manos, y así fué, y hallóle á la salida
-de Berlanga, que iba á despedir al obispo de Osma, que con
-él habia pascuado; pasaron muchas pláticas, alegando el Condestable
-que rescibia grande agravio, y que le rogaba que se
-fuese á sacar labradores de otra parte. El Clérigo dijo que así
-lo haria, por serville, pero que queria entrar en Berlanga á
-hacer apregonar las provisiones. Dijo él: «Si quereis entrar
-como amigo yo me holgaré mucho dello, y haceros hé todo
-buen tractamiento.» Finalmente, se despidió dél, llevando la
-Memoria escrita de los que se habian asentado. Mandó luégo
-apregonar el Condestable que cualquiera que comprase la
-hacienda de los que se habian escripto para las Indias la tuviese
-perdida, lo cual no mucho de tiranía distaba. Anduvo
-el Clérigo por aquellos lugares de señorío, y cuasi todos se
-movian á la jornada, y en un lugar del conde de Coruña, llamado
-Rello, que era de 30 casas, se escribieron 29 personas,
-y entre ellas dos vecinos, hermanos, viejos de setenta años,
-con 17 hijos; diciendo el Clérigo al más viejo: «Vos, padre,
-¿á qué quereis ir á las Indias siendo tan viejo y tan cansado?»
-respondió el buen viejo: «A la mi fe, señor, dice él, á morir<span class="pagenum"><a name="Page_402" id="Page_402">[402]</a></span>me
-luégo y dejar mis hijos en tierra libre y bienaventurada.»
-Un poco ántes desto, andando por aquellos lugares, el bueno
-de Berrio pidió muchas veces licencia al Clérigo para se ir al
-Andalucía, donde era casado; el Clérigo decíale que no se
-la podia dar, porque aquel era el negocio por que el Rey le
-daba salario, y por entónces andaban por aquella tierra donde
-hallaban gente propia para estas partes, que, cumplido por
-aquella tierra lo que el Rey mandaba, tiempo vernia cuando
-fuesen de los puertos abajo, porque, en fin, todo se habia de
-andar. El cual, como vido que pedir licencia al Clérigo era
-por damas, vino un dia con las botas calzadas á despedirse
-del Clérigo, diciendo que viese lo que le queria mandar, porque
-queria ir á la Andalucía, y que allá haria él lo que el
-Rey mandaba. El Clérigo, de su insolencia quedó admirado,
-y no le quiso hablar, pensando luégo quitalle el salario, creyendo
-que la Cédula donde se lo señalaba estaba vírgen como
-se la habia dado; fuese algunos pasos con él un escudero
-cuerdo, llamado Francisco de Soto, de los que con el Clérigo
-tambien andaban, y diciéndole que cómo se iba sin licencia
-del padre Casas, pues sabia que le podia quitar el salario diciendo
-la Cédula dél que lo acompañase y hiciese lo que él
-le dijese, respondió: Por eso vengo yo bien proveido, que
-donde decia «hagais lo que él os dijere», se puso «hagais lo que
-os pareciere», donde le constó ésto y creo que lo más. Tornó
-luégo el Francisco de Soto al Clérigo, diciéndole: «Señor, no
-os quejeis de Berrio, sino del obispo de Búrgos y de los demas
-que son vuestros enemigos, que os trabajan desbaratar
-cuanto sudais y trabajais.» Váse Berrio al Andalucía y estáse
-de reposo en su tierra comiendo á costa del Rey, é cuando
-le pareció váse á Antequera y allega 200 personas, los más
-taberneros, y algunos rufianes y vagabundos y gente holgazana,
-y los ménos labradores, y dá con ellos en Sevilla y en
-la Casa de la Contratacion. Los oficiales de la Casa, como no
-tenian Cédula ni mando del Rey, porque el Clérigo no la habia
-enviado por no ser tiempo ni sazon, segun la órden que
-llevaba, viendo tanta gente no sabian qué se hacer, y al fin<span class="pagenum"><a name="Page_403" id="Page_403">[403]</a></span>
-acordaron, porque allí no se desbaratasen, porque ya sabian
-en general la poblacion que el Rey hacer mandaba, por otras
-cartas, con esperanza que el Clérigo enviaria las Cédulas, embarcallos
-en unos navíos que para partir estaban y enviallos.
-Llegaron á esta isla y ciudad de Sancto Domingo, donde tuvieron
-mayores peligros y trabajos, porque como los oficiales
-del rey no habian rescibido Cédula tampoco alguna del Rey,
-ni mandado, porque el Clérigo no la habia enviado por la
-razon dicha, ningun remedio se les dió ni lo tuvieron sino
-morirse muchos dellos y henchir los hospitales de los demas,
-y de los que escapaban y sanaban hiciéronse taberneros, como
-quizá lo eran ántes, y otros vaqueros, y otros irse hian á robar
-indios á otras partes. Súpose tarde: el Clérigo dió voces al
-Rey y al Chanciller, que era venido ya, notificándoles y
-afeándoles el mal recaudo que el Obispo habia causado; mandólo
-luégo remediar el Rey, puesto que fué en balde, y
-este remedio fué que mandó envialles 3.000 arrobas de harina
-y 1.500 de vino, pero cuando acá llegaron, ya no habia
-hombre dellos á quien se diese ni dello se aprovechase. Aqueste
-fructo salió de haber falseado la Cédula real, despues de firmada,
-por contradecir el Obispo al Clérigo por su propia
-pasion en negocios que al mismo Obispo incumbian, y por
-ellos debiera mucho amallo. Desque vido el Clérigo la mucha
-gente labradora que se movia, y que los Grandes dello se
-agraviaban, y tambien que Berrio se le habia alzado, acordó
-de no mover más de los movidos y se tornar á la corte para
-que el Rey en lo uno y en lo otro pusiese remedio, como
-en cosa que tanto le importaba, y que solo él convenia poner
-la mano. Dejó toda la gente movida por los lugares, con buena
-esperanza que volveria presto y que iba por recaudo para sacallos.
-Llegado á Zaragoza, lo primero que hizo fué ir al mismo
-Obispo, por convencello como que queria, dándole buenas
-nuevas del buen suceso del negocio primero que á otro, alcanzar
-su gracia, y diciéndole: «Señor, no sólo 3.000 labradores,
-á que yo me ofrezco, pero 10.000 podrá vuestra señoría
-enviar, si quiere, á poblar las Indias, que irán de muy<span class="pagenum"><a name="Page_404" id="Page_404">[404]</a></span>
-buena gana; la muestra dello traigo, que son 200 vecinos y
-personas escripias, y á ir obligadas, y no traigo más por no
-escandalizar los Grandes, hasta dello dar al Rey parte.» Respondió
-el Obispo (Dios sabe con qué ánimo): «¿Cierto, cierto?»
-«Si señor, cierto, cierto.» «Por Dios, dijo él, que es gran
-cosa, cosa grande es.» Besadas las manos, y á lo que parecia
-ya de lo pasado aplacando, fuese el Clérigo al cardenal Adriano,
-que solia mucho gustar de la poblacion y la favorecia y loaba,
-y hecha la relacion de lo que dejaba comenzado, respondió
-en latin, porque con personas que lo entendiesen siempre lo
-hablaba: <i>vere vos tribuitis aliud regnum regi</i>, y áun bien pudiera
-con verdad decir que no sólo reino, pero reinos daba y
-más que reinos al Rey. Pero no mereció el mundo que gustasen
-dello ni lo entendiesen los que lo debieran entender; mas
-el Cardenal, como no pretendia interese y era de ánimo sincero,
-íbalo entendiendo como quien carecia de impedimentos;
-y porque ya estaba el Rey de camino y la corte mudándose
-para Cataluña y Barcelona, y vacaron los negocios por algunos
-dias, por tanto quédese lo relatado así, hasta que demos
-la vuelta sobre ello y prosigamos lo mucho que miéntras el
-Rey estuvo en Barcelona sucedió. En este año de 18, en Zaragoza,
-hizo el Rey á Diego Velazquez Adelantado y Gobernador
-de toda la tierra de Yucatán y de la Nueva España, que
-habian descubierto Francisco Hernandez y Juan de Grijalba,
-como abajo parecerá.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_405" id="Page_405">[405]</a></span></p>
-
-<h2 id="CVI">CAPÍTULO CVI.</h2></div>
-
-<p>Entre tanto que el Rey llega y se asienta la corte en Barcelona,
-tornemos á enhilar las cosas que acaecieron en estas
-Indias por este tiempo, que ya era el año de 1518; y contando
-primero lo de la tierra firme, converná que nos acordemos
-dónde cesamos de hablar en ella, y ésto parece arriba,
-en el cap. 76, donde referimos la justa muerte de Vasco
-Nuñez, no por lo que lo justiciaron, porque no pareció á
-todos que la causa que le levantaron era verisímile, sino por
-juicio de Dios, que tenia bien contadas las muertes injustas é
-innumerables que él habia perpetrado en los inocentes indios;
-y en el cap. 77, con ciertas y extrañas crueldades cometidas
-por los nuestros en los indios, aquella relacion concluimos.
-Degollado, pues, Vasco Nuñez, fuese de la villa de
-Acla, Pedrárias, al Darien, donde halló una carta de los
-padres de Sant Hierónimo, en que de parte del Rey le mandaban
-que no determinase por sí sólo cosa alguna, sin parecer
-del Cabildo del Darien, por haber sabido algunas de sus tiranías
-y como aquella tierra destruia. Pero harto poco remedio
-enviaban los Padres para excusar la destruccion della, pues
-eran tan grandes tiranos como él, y quizá más crueles los del
-Cabildo; mandáronle asimismo que restituyese todo el oro que
-habia robado al Rey y señor Pariba ó Paris, segun se dijo.
-Debian tener ya los padres Hierónimos noticia del robo que
-Badajoz habia hecho al dicho Cacique, y, por ventura, los avisaron
-dello Diego Albitez, de quien habemos hablado harto
-arriba, ó un Francisco Hernandez, que era Capitan de la guardia
-de Pedrárias, que tambien hizo cortar la cabeza como se<span class="pagenum"><a name="Page_406" id="Page_406">[406]</a></span>
-dirá, que vinieron á esta ciudad de Sancto Domingo. Así que,
-al Darien llegado Pedrárias y vista la carta y mandado de los
-Padres, ó porque la gente toda pedia con instancia que les
-señalase por Capitan general el licenciado Espinosa, su Alcalde
-mayor, porque robaba mejor y les daba para sus crueldades
-más larga licencia, y Pedrárias no queria que tanto amor
-al dicho Espinosa tuviesen, porque no le viniese algun mal ó
-inobediencia dello, y cognoscia que los del Cabildo habian de
-dalle parecer para que Espinosa fuese elegido, ó porque para
-todas las cosas que pensaba hacer sentia que los del Cabildo
-no habian de seguille, llamólos á todos á su casa la noche
-que llegó, y quitóles las varas y oficios. No por eso dejó la
-gente de importunar á Pedrárias que señalase al licenciado
-Espinosa, en su ausencia, por Capitan general; finalmente, se
-lo hobo de conceder, aunque no de alegre voluntad. Amaban
-todos la capitanía del Espinosa más que las de los otros,
-porque cuando iban con otros capitanes y traian indios captivados,
-como él era letrado y Alcalde mayor, unas veces los
-daba por libres, diciendo que por no les haber hecho el
-acostumbrado requerimiento no podian ser esclavos, otras
-veces porque habian sido amigos, y así no le faltaban achaques
-para dar por libres todas las cabalgadas que los otros
-traian, pero en las suyas no se mostraba tan sancto, ántes
-ninguno que tomasen á vida les salia, no vendible á su placer,
-de las manos, y con ésto era Espinosa muy amado. Que
-tuviese aquesta industria para traer todos aquellos siervos de
-Dios á su amor, porque le siguiesen y ayudasen á ser bien
-aventurado, ya en la otra vida, donde al presente muchos
-dias há que mora, estará determinado. En este tiempo, acordó
-el obispo don fray Juan Cabedo, primer obispo del Darien,
-irse á Castilla, no supe con qué fin ó por qué causa; partióse
-tambien con él, ó por aquellos dias, Gonzalo Hernandez de
-Oviedo, Veedor del Rey en aquella tierra firme, y que via
-todos aquellos estragos que se hacian en que no tenia, como
-arriba parece, chica ni poca parte. Vínose por la isla de Cuba
-el obispo don fray Juan Cabedo, donde algunos dias estuvo,<span class="pagenum"><a name="Page_407" id="Page_407">[407]</a></span>
-y como ya en aquella isla se sabia lo que pretendia el clérigo
-Casas, que era poner los indios en libertad, Diego Velazquez
-y los demas comenzaron á dar quejas y blasfemar del clérigo
-Casas, que los destruia, al señor Obispo, que áun de sus errores
-no estaba alumbrado. Díjose que se ofreció al Diego Velazquez
-y á los que presentes algun dia de aquellos estaban,
-de hacer echar al Clérigo de la corte. Tambien le
-dió cargo Diego Velazquez, ó él á ello lo provocó, de negociarle
-que el Rey le diese la gobernacion de tierra firme, y
-que se obligaba á poner buena órden por aquella tierra en
-indios y en cristianos, en lo cual, de su propia hacienda, gastaria
-15.000 castellanos. Bien se creyó que Diego Velazquez,
-untó al señor Obispo las manos. Tornando á Pedrárias, nombrando
-por su Capitan general, á importunacion de la gente,
-al licenciado Espinosa, tornóse luégo á la villa de Acla, con
-intencion de hacer un pueblo en la mar del Sur, y mandó al
-licenciado Espinosa que con cierta gente que estaba en Pocorosa,
-se fuese hácia Panamá, donde por ser lo más angosto y
-estrecho de la tierra, de la una á la otra mar, deseaba poblar
-por aquella comarca. El se fué á entrar en los navíos, y navegó
-hasta la isla de Taboga, con cierta cautela, diciendo que
-fuesen á buscar las riquezas de aquella mar del Sur, y era por
-cansar la gente, para que de cansados, viéndose sin provecho
-alguno de lo que deseaban, deseasen asentar y poblar
-por allí, puesto que como aquella costa de Panamá es sombría
-de arboledas y algunas ciénagas teníanla todos aborrecida.
-A la sazon llegó Espinosa con la gente que traia, cuando
-Pedrárias tornó de la isla de Taboga, y juntos en tierra,
-los unos y los otros, Pedrárias tornó á tractar de que por allí
-se poblase, mayormente que un Bartolomé fulano dijo que
-habia visto por aquella costa un buen puerto, grande y seguro,
-que con la menguante queda en seco cuasi media legua;
-donde al fin metieron seguramente los navíos, de que
-no poco Pedrárias fué alegre. No pudo entónces con la gente
-acabarlo, porque dellos se holgaban de andar salteando pueblos,
-robando el oro que hallaban, y haciendo las gentes que<span class="pagenum"><a name="Page_408" id="Page_408">[408]</a></span>
-prendian esclavos, dellos, quizá, porque recogerse á pueblos
-les era como si se metieran en religion y debajo de reglas
-graves, porque tenian más licencia para cada uno vivir segun
-queria andando como andaban. Acordó de los despartir y
-cansar, dándoles lo que deseaban, y mandó á Espinosa que
-tomase 150 hombres, y con ellos, en un navío de aquellos y
-en las canoas que allí tenian, se embarcasen y fuesen á cobrar
-el resto del oro que á Badajoz habian los indios tomado.
-Fueron de buena gana, y, saltando en tierra, entraron en las
-canoas, subiendo por el rio de Pariba ó de Paris, de que arriba
-hemos hablado, y metiéronse en una espesura de monte,
-y cuando esclarecia dieron en el pueblo, y matando y captivando
-los que hallaban llegaron á la casa del rey é Cacique,
-llamado Cutara, que estaba muerto, y al rededor de él habia
-puesto, en piezas de diversa hechura, más de 30.000 pesos de
-oro que tenian aparejado para enterrallo con él, dello de lo
-que habia perdido Badajoz, y dello de lo suyo, y aquí cesó
-la tentacion y ánsia que Pedrárias y todos tenian de recobrar
-el resto de aquella gran pérdida que todos lloraban, y no
-ménos el obispo de Búrgos, haber Badajoz causado á Castilla,
-perdiendo por su culpa ó indiscrecion, segun ellos decian,
-el oro que con tan execrables pecados, robado á sus propios y
-legítimos dueños y poseedores, habia. Recogióse luégo Espinosa
-y sus compañeros á las canoas y volviéronse á la boca del
-rio, donde quedó esperándolos el navío. Desde allí envió Espinosa
-de los indios que llevaba captivos, á llamar al sucesor
-del Cacique muerto, que era un muchacho, el cual, de
-miedo vino y trujo un presente de oro, rogando que le diese
-su gente, que le llevaba presa, y así dijeron que lo hizo;
-no supe si el número de los presos íntegro restituyó, que
-habia captivado. Con esta victoria, y que por felicidad y
-buena ventura tuvieron, alzó sus velas y fueron á cargar de
-maíz y bastimentos el navío á la tierra del rey Paraqueta, y
-de allí dió la vuelta á la tierra de Panamá, donde Pedrárias
-con los demas estaba, el cual con grande alegría y triunfo
-fué rescibido. Mandó Pedrárias enterrar el oro allí, con in<span class="pagenum"><a name="Page_409" id="Page_409">[409]</a></span>tento
-de hacer algun ademan á la gente, de los que solia;
-tornó á persuadirlos que convenia poblar por allí, y todos,
-como de ántes, resistian. El, movido á ira, dijo, «pues no quereis,
-desentiérrese todo ese oro, y restitúyase á su dueño que
-es el Cacique y gente de Pariba ó de Paris, porque así me lo
-mandan los padres Hierónimos, y vámonos todos á Castilla
-que á mí no me faltará de comer allá.» Como tocó aquí, como
-si les lastimara en la lumbre, blandearon, y el mismo licenciado
-Espinosa tambien, y dijéronle que poblarian en ciertas
-partes la costa abajo, cerca de allí, donde habia mejor aparejo
-de çabanas herbazales para pasto de cualesquiera ganados,
-y otras cosas para edificar pueblos necesarias; concedióselo
-Pedrárias por entónces, fingidamente, y díjoles: «Pero, entre
-tanto que se nos ofrece más comodidad, depositemos el pueblo,
-que á donde decís habemos de hacer, sobre este puerto,
-pues poco aventuramos cuando nos hobiéremos de mudar en
-dejar las casas de paja.» Concedido ésto por todos, llamó Pedrárias
-á un escribano que asentase por escrito como allí
-depositaba una villa que se llamase Panamá, en nombre de
-Dios y de la reina doña Juana y de D. Cárlos, su hijo, y protestaba
-de la defender en el dicho nombre á cualesquiera contrarios,
-la cual, quedó siempre allí desde aquel año, que fué
-de 1519, hasta hoy que se cuenta, y durará cuanto Dios tuviere
-por bien de castigar á todos los que, á robar las tierras ajenas,
-y oprimir y captivar las personas que en sus tierras y reinos
-pacíficos vivian, por allí pasan al Perú y á las otras partes de
-aquel Ultramar; porque en obra de veinticinco ó veintiocho
-años, más son muertos de 40.000 hombres idos de España, de
-malas enfermedades, por ser la tierra calidísima y humidísima,
-en ella y en la villa del Nombre de Dios por la misma causa;
-y es cosa digna de considerar que haya sido tanta la ceguedad
-de los del Consejo del Rey y de todos los que allí envian
-á gobernar, que nunca hayan tractado de mudar aquellas
-de aquellos lugares, habiendo muchas partes en aquellas
-dos costas de mar y puertos buenos en ella, cognosciendo
-manifiestamente ser ambos lugares pestilenciales. Pero por los<span class="pagenum"><a name="Page_410" id="Page_410">[410]</a></span>
-pecados dellos y de toda España, que van por allí á cometer,
-no permite Dios que vean ni adviertan lo que tanto daño hace
-á España. Repartió Pedrárias todos los pueblos de indios entre
-los españoles que allí se avecindaron, que era y fué siempre
-el fin de su felicidad.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_411" id="Page_411">[411]</a></span></p>
-
-<h2 id="CVII">CAPÍTULO CVII.</h2></div>
-
-<p>Y porque hablando en una historia, Tobilla, que presumió
-hacer (tan ciego como los otros), desta poblacion de Panamá,
-dice, que esta costumbre de repartir y encomendar aquellas
-gentes á los españoles que las conquistaron, nació de
-cierta relacion que el almirante D. Cristóbal Colon dió al
-rey D. Hernando, diciéndole que los indios que en la Española
-habia hallado eran incapaces para toda doctrina, y que para
-ser instruidos en la fe de Cristo habian menester cada pueblo
-por preceptor un cristiano, por cuya carta el Católico Rey,
-con celo sancto, pidió licencia al Papa Alejandro VI para ello,
-la cual por él le fué concedida, que los encomenderos les
-mostrasen las cosas á la fe debidas. Estas son palabras formales
-de Tobilla. Es aquí razon de desengañar á los que aquel
-pobre hombre tan falsa y perniciosamente quiso dejar engañados,
-con gran perjuicio de su ánima, levantando al Almirante
-D. Cristóbal Colon tan gran testimonio, que hobiese tan
-malamente de incapaces á los indios infamado, de lo cual se
-verá claro el contrario en el discurso del primer libro desta
-Historia y en el segundo; y mucha mayor blasfemia osó imponer
-al Papa que hobiese dado licencia para que los pueblos
-y ciudades populatísimos se hobiesen de deshacer, y repartirse
-tanta multitud de gentes, como si fueran ganados, entre personas
-seglares, idiotas, y comunmente viciosas, para les enseñar
-las cosas de la fe que ellos no saben. Como si el Papa
-ignorara ser tal repartimiento, y por tal causa, contra toda
-razon y en deshonor y derogacion de la fe y religion cristiana,
-y en perjuicio de tan inmenso número de ánimas. Y que todo
-ésto que escribió sea falso, y de toda verdad contrario, pare<span class="pagenum"><a name="Page_412" id="Page_412">[412]</a></span>cerse
-há por evidencia clara en la Bula de la concesion destas
-tierras á los reyes de Castilla, que hizo el mismo papa Alejandro,
-donde, refiriendo en su Bula el descubrimiento destas
-Indias, que el dicho Almirante habia referido á los Reyes
-Católicos, y los Reyes Católicos al Papa, dice estas palabras:
-<i>In quibus quamplurimæ gentes pacifice viventes, et ut asseritur
-nudi incedentes, nec carnibus vescentes, inhabitant, et ut præfati
-nuncii vestri possunt opinari, gentes ipsæ, insulis et terris prædictis
-habitantes, credunt unum Deum creatorem in cælis esse, ac
-ad fidem catholicam amplexandum et bonis moribus imbuendum
-satis apti videntur; spesque habetur quod si erudirentur, nomen
-salvatoris Domini nostri Jesu-Christi in terris et insulis prædictis
-facile induceretur</i>. Quiere decir, para los que no entienden,
-que en aquellas islas y tierras que el almirante D. Cristóbal
-Colon habia descubierto, habitaban muy muchas gentes que
-vivian pacíficamente, y andaban desnudas, y que no comian
-carne, y, que, segun el Almirante y los que con él á descubrir
-fueron pudieron entender, las dichas gentes creian un
-Dios criador estar en los cielos, y que para rescibir nuestra
-fe católica y ser enseñadas en buenas costumbres parecian
-ser bien aparejadas, y que se tenia esperanza que si fuesen
-instruidas y predicadas, fácilmente el nombre de nuestro
-Salvador Jesucristo en ellas se arraigaria. Manifiesta cosa es
-que, diciendo el Papa estas palabras á los católicos Reyes, respondia
-segun la relacion que los Reyes le habian destas gentes
-enviado, y ésta no la hobieron sino del Almirante que las
-habia descubierto; luégo no es verdad lo que Tobilla dijo que
-el Almirante habia dicho al Rey é á los Reyes, que las gentes
-que habia hallado eran incapaces para toda doctrina, y, por
-consiguiente, falsísimo es y sacrílego decir que, á suplicacion
-de los Reyes, habia el Papa dado licencia para que á cada
-pueblo se pusiese un preceptor seglar ignorante, ó, por mejor
-decir, un tirano. Confírmase lo dicho contra Tobilla, por las
-cláusulas y preceptos que el Papa puso á los Reyes sobre la
-conversion de aquestas gentes, que las enviase á convertir por
-varones buenos, temerosos de Dios, doctos, sabios, espertos,<span class="pagenum"><a name="Page_413" id="Page_413">[413]</a></span>
-y éstos no son los comenderos, que cada uno há menester 20
-predicadores para metellos en razon y convertillos, sino los
-ministros del Evangelio, que son los prelados, los clérigos y
-frailes, teólogos y siervos de Dios, y que otra cosa ninguna
-temporal pretendian sino dar á estas gentes y á cualesquiera
-infieles cognoscimiento del verdadero Dios, y enseñarles lo
-que dél han de creer y cómo le han de reverenciar y amar,
-cumpliendo y guardando sus mandamientos. La una cláusula
-comienza: <i>Hortamur vos in Domino</i>..... <i>populos in hujusmodi
-insulis et terris</i>..... <i>ad christianam religionem suscipiendum
-inducere velitis et debeatis</i>, etc. Y la otra comienza: <i>Et insuper
-mandamus vobis in virtute sanctæ obedientiæ</i>..... <i>ad terras
-firmas et insulas prædictas viros probos et Deum timentes, doctos,
-peritos, et expertos, ad instruendum incolas et habitatores
-præfatos in fide catholica et bonis moribus imbuendum, destinare</i>.....
-<i>omnem debitam diligentiam in premisis adhibentes</i>.
-Y así, queda averiguada la perniciosa falsedad de Tobilla
-en decir que el repartimiento de los indios á los españoles
-habia sido inventado con autoridad y licencia del Papa, por
-el Rey Católico informado y procurado. No fué inventado
-sino por Satanás y sus ministros y oficiales, para echar á los
-infiernos á los españoles y destruicion de toda España, como
-cada dia se va su destruicion poco á poco, y áun mucho á
-mucho, entablando. El modo y principio que este tiránico y
-execrable repartimiento tuvo, en el libro II, cap. 11, y en los
-siguientes de esta Historia se hablará; y así, queden desengañados
-y cognoscan su mal estado los que tienen indios repartidos,
-y, como ellos dicen, en encomienda, y no sólo los que
-los tienen, pero los que los procuran, y no sólo quien los procura,
-pero tambien los que los desean están en pecado mortal.
-Y sola esta razon baste, porque tienen á sus prójimos, que
-son libres, en captiverio, privados de toda su libertad, de
-donde se sigue privar los señores y Reyes naturales de sus
-vasallos y señoríos, contra justicia y ley natural, con otras
-mil desórdenes que á esta tiranía se allegan innaturales; y
-ésto ni procurarse puede ni desearse sin pecado mortal. Así<span class="pagenum"><a name="Page_414" id="Page_414">[414]</a></span>
-que, desengáñesen los tales, s¡ quizá hobieren leido la historia
-de Tobilla, y en ella esta nefanda falsedad, y por leella creian
-quedar seguros en sus consciencias robando y oprimiendo
-sus prójimos desconsolados, aunque los opresores muy más
-malaventurados.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_415" id="Page_415">[415]</a></span></p>
-
-<h2 id="CVIII">CAPÍTULO CVIII.</h2></div>
-
-<p>Como Pedrárias supo que estaba ya nombrado Lope de
-Sosa por Gobernador de aquella tierra firme, y á él se lo quitaban,
-y que por consiguiente le habian de tomar residencia,
-y él habia hecho tales obras que no podia ganar por ella
-nada, ántes, si justicia hobiera, debiera ser hecho tajadas,
-temiendo lo que le podia venir, siempre tuvo fin á salir de la
-tierra con la mejor color que pudiese, porque Lope de Sosa
-en ella no le hallase. Por lo cual, desque hobo asentado
-la villa ó pueblo de Panamá, propuso á todos los que allí
-estaban que sería cosa conveniente á todos enviar procuradores
-á Castilla, para dar noticia al Rey de los servicios que
-en aquella tierra firme le habian hecho, y cómo se la tenian
-sojuzgada, y pedirle las mercedes que á tales y á tantas obras
-fuesen proporcionadas. Y veis aquí de la manera que los tiranos
-que han destruido estas Indias han tenido á los Reyes
-de Castilla encantados, vendiéndoles por servicios ofensas, y
-pérdidas, y daños, nunca por súbditos á sus Reyes cometidas,
-despues que el mundo fué criado, tales ni tan execrables. Así
-que, tractando de quién nombrarian por procuradores, (y lo
-que se presumió, que Pedrárias deberia de haber negociado),
-al cabo se concluyó por todos que Pedrárias fuese por procurador.
-Alcanzado lo que deseaba, porque de una manera ó de
-otra siempre se hace lo que quieren los que mandan, mayormente
-siendo tiranos, acordó de se ir al Darien para disponer
-su viaje; mandó al licenciado Espinosa que con la mitad de la
-gente que allí estaba fuese descubriendo y robando la tierra,
-por el Poniente abajo; púsoles condicion que, de todo el oro
-y cosas de valor que robasen, y esclavos que á vida tomasen,
-partiesen con los vecinos que quedaban en Panamá y con 30<span class="pagenum"><a name="Page_416" id="Page_416">[416]</a></span>
-hombres que iban con él á acompañalle. Llegado al Darien,
-luégo escribió al Rey que le diese licencia para pasar la ciudad
-del Darien á Panamá y la iglesia catedral, diciendo que
-aquel lugar y sitio del Darien era muy mal sano, y que moria
-y enfermaba mucha gente, y que los niños no se criaban,
-como si fuera mejor y no tan malo el sitio de Panamá. Descubrió
-Pedrárias su eleccion de procurador para Castilla al
-pueblo y á los oficiales del Rey, diciendo que toda la villa
-de Panamá y gente de guerra que con él andaba le habian
-nombrado que fuese por procurador de todo aquel reino á
-Castilla, para que informase al Rey de sus grandes servicios
-y trabajos, y que él, por aprovechallos y hacerles todo bien,
-lo habia de buena voluntad aceptado. Pidieron tiempo para
-hablar entre sí y respondelle: platicaron entre sí algunos dias
-y volvieron, alcaldes y regidores, y los oficiales del Rey, é los
-principales del pueblo, y un Martin Astete, que habia dejado
-por su teniente, respondiendo por todos díjole: «Que él y
-todos los presentes, y todo aquel pueblo, le besaban las manos
-y tenian en gran merced en querer acometer tan grandes
-trabajos y peligros, como eran los que se ofrecian en la ida
-de Castilla por ellos; pero que habiendo pensado y conferido
-entre sí cerca de su camino, hallaban muchos inconvenientes
-que se recrecerian por su absencia, y uno era la falta que
-haria en la conquista y subyecion, que ellos llamaban y llaman
-hoy pacificacion, de los indios de aquellas tierras: otro
-era no ménos principal, conviene á saber, que probablemente
-ido él se seguirian disensiones y pendencias en ellos, mayormente
-quedando el licenciado Espinosa, como quedaba, en la
-mar del Sur con mucha guerra, de quien se presumia que
-querria mandallos á todos con mayor imperio y austeridad
-que solia, y que aquello no lo habian de sufrir, y, por consiguiente,
-habian de seguirse los daños que por semejantes
-causas se solian en todas partes suceder, y que ya via cuántos
-deservicios se hacian á Sus Altezas.» Respondióles Pedrárias
-«que todas eran buenas consideraciones, como de personas
-prudentes, pero que él dejaria en ello tan buena órden,<span class="pagenum"><a name="Page_417" id="Page_417">[417]</a></span>
-que con el ayuda de Dios no sucediesen inconvenientes, de
-aquella manera, algunos, y por tanto que tuviesen por bien
-su partida, porque, segun lo que entendia serles á ellos y á
-todo aquel reino provechosa, por ninguna cosa la dejaria.»
-Ellos le replicaron, que le suplicaban no se pusiese en querer
-salir de la tierra, porque le hacian saber que por creer y
-áun tener por cierto, que en su determinacion deservia al Rey
-en dejar la tierra en tanto peligro, que por ningun caso no se
-lo consentirian. Tornando á afirmar que convenia é que así lo
-habia de hacer, cada uno de los del pueblo, como eran muchos,
-decia su decidero con libertad, entre los cuales un Regidor
-de la ciudad le dijo, más libremente que él quizá quisiera:
-«Que aunque él era el menor de los de aquel pueblo,
-que él bastaba sólo para si porfiase á irse detenello con
-echalle unos grillos, pues el Rey lo habia enviado allí para
-que los gobernase, y en su nombre aquella tierra tuviese y
-defendiese.» Pedrárias, desque vido que cuasi todos se le atrevian,
-disimuló con su intento y al cabo díjoles: «Que pues no
-consentian en su ida, que por provecho suyo y de la tierra
-hacerla proponia, que á su culpa imputasen lo que por no le
-dejar ir perderian;» y así cesó por entónces el ansia que de
-salir de la tierra cuando viniese Lope de Sosa tenia. Antes que
-desta hecha Pedrárias viniese al Darien, de Panamá, los oficiales
-del Rey dieron licencia á Diego Albitez para que fuese
-á hacer un pueblo con ciertos españoles á la tierra de Veragua,
-ó porque debian tener poder del Rey, ó quizá que los
-padres Hierónimos se lo habian dado cuando á Pedrárias se lo
-limitaron, como arriba desto se dijo algo; sabido por Pedrárias
-cuando llegó, rescibió grande alteracion, y quisiera luégo
-ir á castigar al Diego Albitez, sino que como era muy sagaz
-y viejo experimentado, sufrióse y disimuló por entónces por
-no impedirle la ida de Castilla, que él tanto deseaba. Salió,
-pues, Diego Albitez y su compañía del puerto del Darien con
-un bergantin y una carabela, y llegó á la isla de los Bastimentos,
-que muchas veces los indios della habian á los españoles
-hartado la hambre, salió luégo el Cacique y señor della,<span class="pagenum"><a name="Page_418" id="Page_418">[418]</a></span>
-con su gente á rescibillos, mostrándoles haber placer con su
-venida, puesto que más de creer es que no quisieran más vellos
-que ver al diablo. Habidos los bastimentos que allí pudo
-dalles, partiéronse para Veragua, y saltando en tierra, de
-noche, fueron á dar, sin ser sentidos, sobre el pueblo de un
-Cacique y señor, llamado Quezbore, que dormia seguro con
-su gente, descuidado, sin tal pensamiento; sintiendo los enemigos,
-salió con los suyos que pudieron tomar sus armas,
-ántes que fuesen desbarrigados de las espadas ó heridos, y
-comenzaron á pelear, segun pudieron, los cuales, al cabo, fueron,
-como suelen, fácilmente desbaratados, y el Cacique, con
-muchos de los suyos y mujeres y hijos, captivos. Viéndose el
-señor preso y todos los que bien queria, entendiendo que
-todo el fin último de los españoles era robar oro y tener en
-más lo más fino, dijo al Diego Albitez que los soltase á él y á
-los suyos, y los dejase en su tierra, pues no le habian ofendido,
-y dalle hia todo cuanto oro tenia; oidas estas nuevas, sabrosas
-para Diego Albitez y á los que con él venian, comenzóle
-á predicar el Evangelio que predicar solia, y díjole:
-«Sabé, señor y hermano Cacique, que sobre el sol y la luna
-está el gran Dios que nos hizo á todos y da la vida, el cual
-á los reyes de España, que son los señores de los cristianos
-que acá venimos, ha dado todos estos reinos y tierras vuestras,
-y para que os digamos que seais sus vasallos y os sometais
-á su Real dominio acá nos envian.» Oido el sonido destas palabras,
-el Cacique, porque ni entendia qué queria decir Dios,
-ni Rey, ni cristianos, más que todo se resolvia entender que
-pedia oro, dióle 3.000 pesos de oro y 30 indios por esclavos,
-porque tambien sabia que aquel, eso mismo, era su fin y su
-granjería, y como hasta llegar á ésto duraba su predicacion,
-dejó al Cacique y á los suyos algo contentos, aunque no bien
-pagados, y tornó á embarcarse y fuese la costa abajo, y entró
-en el puerto que Diego de Nicuesa puso puerto del Nombre
-de Dios, donde lo hallaron los del Darien, cuando lo fueron
-á buscar y llamar para que los gobernase, como á la larga en
-el libro II, cap. 66 dejamos escrito, allí hallaron que el na<span class="pagenum"><a name="Page_419" id="Page_419">[419]</a></span>vío
-de hacer mucha agua, sin podella vencer, se les iba á fondo;
-forzados desto se tornaron á la dicha isla de los Bastimentos,
-donde luégo se les hundió. El señor, Cacique de la
-dicha isla, llamado Paruráca (la penúltima luenga, segun
-creo), los pasó con su gente en canoas á la tierra firme (que
-pudiera ó en su tierra achocallos ó en la mar ahogallos), y
-desembarcólos en derecho de la tierra del Cacique llamado
-Capíra, ó señor de la tierra llamada Capíra, la penúltima
-luenga. Este, viéndose corrido y angustiado de los españoles,
-que estaban en Panamá y costa del Sur, y que por la otra
-parte de la costa del Norte sobrevenian otros españoles, de
-quien no esperaba ménos malas obras, constriñóle la necesidad
-de venirse á poner en manos de Diego Albitez y sufrir
-sus tiranías, esperando que, por venir á dársele por amigo y
-traerle algun presente (que es costumbre universal de todos
-los indios nunca venir las manos vacías), se las mitigaria. De
-allí, hechos algunos saltos é insultos contra las gentes que por
-allí cercanas habia, tornóse hácia el Nombre de Dios; llegados
-allí, acordó el Diego Albitez de asentar en aquel lugar un
-pueblo, y púsole por nombre el que Diego de Nicuesa de
-ántes habia puesto al puerto que allí hay, conviene á saber,
-Nombre de Dios, el cual, por estar cercado de lugares muy
-bajos y montuosos, y el mismo asiento dél y todos por allí
-humidísimos, no tienen número la gente española que de enfermedades
-han perecido y mueren cada dia, segun arriba
-quedó dicho. Háse allí sustentado por ser buen puerto para
-los navíos, aunque, como arriba tambien dijimos, la cudicia
-y ansia de las riquezas no ha dejado abrir los ojos á
-pasar la contratacion la costa abajo, donde con ménos daños
-y mucho ménos trabajo se hallara donde poblar, y de
-donde se pasara á la mar del Sur. En el suelo deste pueblo,
-Nombre de Dios, hay una hierba verde, de hasta un geme de
-altura, con ciertas ramitas arpadas, menudas, muy lindas, de
-una parte y de otra, de hechura de una pluma de pájaro, la
-cual, si le tocamos con un palo ó con otra cualquier cosa,
-ningun movimiento hace, pero si con el dedo, luégo todas sus<span class="pagenum"><a name="Page_420" id="Page_420">[420]</a></span>
-ramitas ó arpaduras y toda ella se encoje, como si fuese una
-cosa sensible, viva. Comenzóse á poblar este dicho pueblo,
-que ya tiene nombre de ciudad, al principio del año 1520, y
-porque hay mucho que decir de las otras partes destas Indias,
-desde el año de 1518 hasta el de 20, paremos aquí en la historia
-de tierra firme, hasta que, cumplido con lo demas, volvamos
-á ella.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_421" id="Page_421">[421]</a></span></p>
-
-<h2 id="CIX">CAPÍTULO CIX.</h2></div>
-
-<p>Lo que al presente conviene aquí proseguir es el descubrimiento
-que Diego Velazquez prosiguió de la tierra de Yucatán,
-que Francisco Hernandez de Córdoba, de la manera que
-en el cap. 96 y los siguientes referimos, descubrió; y en fin
-del cap. 98 comenzamos á referir cómo Diego Velazquez, que
-la isla de Cuba gobernaba, cognoscido el descubrimiento que
-habia hecho Francisco Hernandez y las muestras que habian
-visto y traido de la riqueza que la tierra de Yucatán tener en
-sí mostraba, determinó de hacer otra armada y constituir por
-Capitan della á un Juan de Grijalva; y así, llegado Francisco
-Hernandez á la ciudad de Santiago, en canoas de indios, y de
-sus heridas bien lastimado, informándose dél y de algunos
-indios que de allá trujo bien á la larga de todo lo que de la
-tierra y gente della sentia, con lo que por allí habia pasado,
-hizo aparejar tres navíos y un bergantin con todo lo al viaje
-necesario, y con muchos rescates y cosas de Castilla para los
-trocar por oro, de que habia cierta esperanza. Halló voluntarios
-y bien dispuestos para tornar, y de los que no habian ido
-ántes, hasta 200 hombres, pocos ménos ó pocos más. Envió por
-piloto mayor de la armada al mismo Anton de Alaminos, que
-habia descubierto la tierra con Francisco Hernandez; fueron por
-capitanes de los tres navíos un Francisco de Avila, mancebo
-de bien, sobrino de Gil Gonzalez de Avila, de quien hay que
-decir adelante, y Pedro de Alvarado, tambien mancebo, de
-quien hay que decir mucho más, y un Francisco de Montejo,
-que al cabo fué el que descubrió á la dicha tierra y reino de
-Yucatán. Entre otras provisiones que aquesta armada (y todas
-las destas islas se hacian de una á otra cuando las iban á sojuzgar)
-llevaba, era llevar muchos indios de los naturales<span class="pagenum"><a name="Page_422" id="Page_422">[422]</a></span>
-para servicio de los españoles, los cuales al cabo perecian
-que no fué la más chica jactura dellos y plaga. Dió su instruccion
-Diego Velazquez al capitan general Juan de Grijalva,
-que por ninguna manera poblase en parte alguna de la tierra
-descubierta por Francisco Hernandez, ni en la que más descubriese,
-sino solamente que rescatase y dejase las gentes por
-donde anduviese pacíficas y en amor de los cristianos. Despachados,
-pues, y bien proveidos los cuatro navíos, segun
-que para semejantes caminos se acostumbraba, salieron del
-puerto de Santiago al principio del año de 1518, y fueron á
-parar por la costa del Norte al puerto de Matanzas, que está
-20 leguas ántes del de Carenas, puesto que todo es la
-provincia de la Habana. Tomaron allí caçabí é puercos y otras
-cosas de bastimentos de las estancias de algunos vecinos españoles
-que allí moraban, y partidos de aquel puerto y de
-Carenas, donde tambien por tomar más bastimentos entraron,
-fueron á dar en la isla de Cozumel, que está pegada, como
-arriba se vido, á la tierra firme de Yucatán, dia de la Invencion
-de la Sancta Cruz que cae á tres dias de Mayo. Vinieron
-ciertos indios á los navíos en sus canoas, y trujeron unas calabazas
-de miel, que presentaron al Capitan, y él dióles de las
-cosas de Castilla; traia Grijalva un indio, por lengua, de los que
-de aquella tierra habia llevado consigo á la isla de Cuba Francisco
-Hernandez, con el cual se entendian en preguntas y
-respuestas algo, y porque por aquella parte no parecia pueblo
-alguno, alzaron velas y fueron costeando la isla, de donde
-vieron muchas casas de piedra y edificios de cal y canto, altos
-y señalados, los cuales, segun despues se entendió, eran los
-templos de sus dioses á quien servian y honoraban. Entre los
-demas estaba un templo grande, muy bien labrado, junto á la
-mar, que parecia una gran fortaleza; surgieron allí en derecho
-dél, y no pudieron salir en tierra, como deseaban, por
-ser ya tarde. Luégo de mañana vino una canoa llena de indios á
-los navíos, y el capitan Juan de Grijalva díjoles, por la lengua
-que traia, que deseaba salir en tierra y ver el pueblo, y hablar
-con el señor dél y comunicalle, si no le pesase. Respondie<span class="pagenum"><a name="Page_423" id="Page_423">[423]</a></span>ron,
-«que no pesaria que se desembarcasen,» lo cual hicieron
-en sus cuatro barcas los que pudieron en ellas caber. Llegados
-al templo, que estaba junto al agua, consideraron los edificios
-dél, que eran admirables, donde Grijalva hizo decir misa
-delante los indios á un clérigo que llevaba; harto indiscretamente,
-porque no convenia, por entónces, en lugar donde
-tantos sacrilegios se cometian ofreciendo sacrificios al demonio,
-y se habian de ofrecer adelante, celebrar el verdadero
-sacrificio sin primero espiallo, y bendecillo, y sanctificallo.
-Tampoco fué decente que delante de los indios infieles celebrase,
-pues no adoraban ni daban el honor debido al Criador
-de todos que allí se consagraba. Delante dellos vino un indio
-viejo, y, á lo que parecia, hombre de autoridad, y debia ser
-sacerdote de los ídolos, acompañado con otros, no supe cuántos,
-y puso un braserico de barro, bien hecho, lleno de brasa,
-y puso cierta cosa aromática, como incienso, de que salió humo
-odorífero, con el cual incensó ó perfumó á ciertos ídolos ó
-bultos de hombres que allí estaban. Luégo los indios trujeron
-al Capitan un presente de gallinas grandes, que llamamos de
-papada, y algunas calabazas de miel de abejas. El Capitan les
-dió de las cosas de Castilla, como cuentas, cascabeles, peines,
-espejos y otras bujerías; preguntóles por la lengua si tenian
-oro, y que se lo comprarian ó trocarian por de aquellas cosas,
-y éste fué, como siempre, el principio de su Evangelio, que
-los españoles acostumbraron, y el tema de sus sermones.
-Mirad qué artículo de la fe primero, conviene á saber, que
-habia en el cielo un Señor y Criador de todos, que se llamaba
-Dios, les mostraban; pero no fué jamás otro que si tenian oro,
-para que los indios entendiesen que aquel era el fin y último
-deseo suyo y causa de su venida á estas tierras, de su viaje y
-trabajos. Los indios trujeron ciertas piezas de oro bajo, de las
-que se ponian en las orejas, por gallardía y adorno de sus
-personas, en unos agujeros que de industria se hacen en ellas
-y en las narices. Allí mandó apregonar el Capitan que ninguno
-rescatase oro ni otra cosa de los indios, sino que lo trujese
-ante él cuando alguno viesen que queria rescatar. Pre<span class="pagenum"><a name="Page_424" id="Page_424">[424]</a></span>guntaron
-por el señor del pueblo, y respondieron que no
-estaba presente, porque habia ido á cierta tierra ó pueblo á
-negociar; bien se pudo creer que presente estaba, porque
-costumbre es de los Caciques y señores de los indios mandar
-á toda su gente que no digan, cuando viene gente nueva,
-mayormente desque cognoscieron los españoles, que están
-presentes, y ándanse entre sus vasallos y populares, disimulados,
-como uno dellos, viendo y oyendo todo lo que pasa.
-Como vido, pues, Grijalva que por allí no habia oro en abundancia,
-como él y su compañía deseaban, determinó de se
-volver y embarcar en sus navíos y pasar adelante, costeando
-la isla, é correr á la tierra de Yucatán que se parecia, y que
-tambien juzgaban ser isla, y más grande que la dicha Cozumel.
-Fuéles el viento contrario, que no podian resistir ni andar
-adelante, por lo cual acordaron de se tornar al lugar de
-donde habian salido, junto al susodicho pueblo; desque los
-indios vieron que se volvian y tornaron á surgir é anclar los
-navíos, temiendo quizá que no se hobiesen arrepentido los españoles,
-por no haber saqueado el pueblo, y que tornaban á
-lo hacer, no quedó persona en el pueblo que no huyese, llevando
-consigo todo lo que pudieron de sus alhajuelas llevar.
-Saltaron en tierra los nuestros y hallaron el pueblo todo vacío,
-aunque con algun maíz y frutas, que no les supieron mal,
-y, tomado lo que dallo quisieron, tornáronse á hacer á la vela y
-proseguir la costa adelante, y, dejada la isla Cozumel, comenzaron
-á costear la ribera de la tierra de Yucatán, y llegaron á
-ella el dia de la Ascension del Señor, que en aquel año cayó á
-trece dias del mes de Mayo, y van en demanda del cacique
-Lázaro, señor del pueblo llamado Campéche, á quien Francisco
-Hernandez habia puesto Lázaro, como arriba se dijo, por haber
-llegado á aquel puerto Domingo de Lázaro, de quien rescibieron
-buen hospedaje y amigable conversacion; y por el camino
-vian grandes y hermosos edificios de cal y canto, blanqueados
-todos, y torres altas, y éstas eran los templos de sus
-dioses.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_425" id="Page_425">[425]</a></span></p>
-
-<h2 id="CX">CAPÍTULO CX.</h2></div>
-
-<p>Y porque el piloto mayor de la armada no tuvo buena
-memoria de la tierra que él habia descubierto con Francisco
-Hernandez, el año pasado, y no recognosció el sitio donde el
-pueblo del cacique Lázaro estaba, y así anduvo errado, creyendo
-que lo habian pasado y quedaba atras, y al cabo de vueltas
-y revueltas vido su yerro, por tanto lo que aquí agora se
-dirá, más creo que les acaeció en el pueblo de Champoton,
-donde mal hirieron á Francisco Hernandez y mataron los 20
-españoles, que en el pueblo de Lázaro, aunque algunos dijeron
-el contrario. Llegaron, pues, al dicho pueblo (que, como
-dije, creo que fué Champoton, y no el de Lázaro), y surgieron
-con sus cuatro navíos, cuanto más cerca pudieron anclar,
-una tarde. Los indios, como vieron los navíos, salieron
-infinitos á la playa, y como de la brega que tuvieron con
-Francisco Hernandez quedaron lastimados y escarmentados,
-aunque ellos tambien le hicieron no chico daño, segun quedó
-arriba declarado, toda aquella noche se velaron, haciendo
-grandes estruendos con sus trompetas y atabales, y muchos
-instrumentos que sonaban; Grijalva, con su gente, acordaron
-de saltar en tierra é ir al pueblo con color de coger agua, ó
-con verdad si tenia necesidad, que fué tambien el tema de
-Francisco Hernandez, y para más seguramente salir, aunque no
-con discrecion, para que fuese sin escándalo y ménos turbacion
-de los indios que estaban en su tierra y casas pacíficos, lo
-que debieran mucho mirar, saltaron en tierra ántes que amaneciese.
-Manifiesto es que los indios se habian de turbar, y
-tener vehemente sospecha que aquella gente nueva les venia
-á hacer mal, en especial habiendo padecido los daños pasados
-que Francisco Hernandez les hizo, si este pueblo era Cham<span class="pagenum"><a name="Page_426" id="Page_426">[426]</a></span>poton,
-y si era el de Lázaro bastaba tener noticia que sus
-vecinos habian rescibido aquellas malas obras para se alterar
-y recatar, mayormente, saltando en su tierra y pueblo, sin su
-licencia, y de noche. Salieron, pues, á tierra y pusieron junto
-del pueblo, ciertos tiros de artillería, y como los indios, que
-velaban el pueblo y andaban junto á la playa, los vieron,
-vánse para ellos con sus armas, arcos, y flechas, y lanzas, y
-rodelas, diciéndoles por sus meneos y señas que se fuesen de
-su tierra, y haciendo acometimientos, como amenazas que
-querian dar en ellos; entónces el capitan Grijalva comenzó
-ante los españoles á hacer protestaciones y justificar su hecho,
-diciendo que fuesen testigos, como no venia él ni ellos á
-hacer mal á aquellas gentes, sino á tomar agua de que tenian
-necesidad y pagársela, y otras palabras, harto propíncuas
-al viento, y de ningun efecto para excusar los daños y males
-que despues sucedieron. Mirad á quién ponia por testigos de
-sus protestamientos, y qué aprovechaban no entendiéndolos
-los indios que estaban en sus casas, quietos, viniendo gente
-tan extraña y belicosa, y que tanto daño les habia hecho el
-año pasado, y no entrando, como dicen, por la puerta, pues
-no les pidieron licencia para entrar en su tierra; demás de
-haber entrado de noche, la cual entrada era manifiesto que
-habian de engendrar en los ánimos de aquellos justo y razonable
-temor y sospecha. Hace decir al indio que traian consigo
-de la isla de Cozumel, Grijalva, que no les queria hacer
-mal alguno, sino tomar agua y salirse de su tierra, ellos les
-mostraron un pozo, que estaba del pueblo un tiro de piedra,
-diciendo que la tomasen de allí y se fuesen luégo; van
-los marineros y grumetes con las pipas, jorrándolas, y hinchen
-las otras vasijas que tenian; pareciéndoles que se tardaban
-mucho, ó juzgando que se hacian reacios, dábanles,
-con amenazas y acometiendo como que les querian tirar las
-flechas, priesa que se fuesen, y porfiando mucho los indios en
-ésto, y los españoles no yéndose, salieron dos indios de su
-escuadron y fueron hácia los españoles, uno de los cuales
-llevó una cosa como hacha encendida, y púsola encima de<span class="pagenum"><a name="Page_427" id="Page_427">[427]</a></span>
-una piedra, hablando en su lengua, como poniendo término,
-segun despues pareció, dentro del cual sino se fuesen les darian
-guerra; el término fué hasta que se apagase ó se acabase
-la lumbre, y como apagada ó acabada la lumbre no se fuesen,
-dan luégo con grande alarido los indios en ellos. Los españoles,
-que no se durmieron, disparan primero el artillería, y
-tras ella, con el ímpetu que suelen, mayormente contra gente
-desnuda, como son éstos, con las escopetas, que llevaban
-algunas, y ballestas, y luégo con las espadas, que son
-las que hacen al caso, que los cuerpos desnudos parten por
-medio, mataron todos cuantos pudieron. Recogiéronse los
-indios dentro de un albarrada de piedra y madera, de un
-estado en alto, que tenian por cierta parte del pueblo, y así
-no tuvieron tanto lugar los españoles de hacelles tanto mal
-como les hicieran, y tambien porque el mismo capitan Grijalva,
-que de su naturaleza no era cruel, ántes blando, y de
-condicion buena, prohibió á los españoles que los persiguiesen.
-Los indios mataron con una flecha, en aquel ímpetu,
-un español y muchos hirieron, entre los cuales salió tambien
-Juan de Grijalva herido, quebrado un diente y otro del todo
-perdido, y áun lastimada la lengua de un flechazo que le
-dieron; despues vinieron algunos indios como á pedir treguas
-ó paz y que mostraban querer ser amigos de los españoles,
-segun parecia, y convidaban que fuesen algunos españoles
-con ellos, como si les dijeran que fuesen á tratar la paz con
-su señor, segun juzgaban los nuestros. Envió Grijalva dos ó
-tres, y llegaron hasta las albarradas, y allí les dieron una
-máscara ó carátula de palo, cubierta de hoja de oro delgada,
-que en señal de paz enviaba al Capitan el Cacique; iban y
-venian muchos indios desarmados á ver los españoles, aunque
-no se osaban llegar á ellos. Recogieron su agua y sus
-tiros de artillería los españoles, y embarcáronse en las barcas,
-y así fuéronse á los navíos, dejando su amor entrañado en
-aquellas gentes, ó por verdad decir su temor horrible, de la
-manera dicha.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_428" id="Page_428">[428]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXI">CAPÍTULO CXI.</h2></div>
-
-<p>Partieron de allí de Champoton, segun yo creo, puesto que
-algunos dijeron que de Lázaro y Campéche, como ya dije, la
-costa abajo en demanda de algun puerto, porque habia muchos
-dias que no lo habian topado en todo lo que habian
-navegado por la costa de la isla de Cozumel, ni de la de Yucatán,
-por adobar uno de los navíos que les hacia mucha agua,
-y á las 10 leguas de Champoton hallaron un puerto, al cual
-llamaron, por la razon dicha, Puerto Deseado. Aquí adobaron
-el navío, y viniendo una canoa con cuatro indios á hacer
-sus negocios de pescar, ó de mercadercillos, los mandó tomar
-Grijalva, con color de que aprendiesen la lengua nuestra para
-servirse dellos por lenguas, harto inícuamente, no mirando
-que los hacian esclavos sin se lo merecer, y los privaban de
-sus mujeres, y hijos, y á los hijos y á los padres constituian
-en angustia y tristeza, y no chica calamidad. Desde
-aqueste Puerto Deseado, parecia la gran tierra de la Nueva
-España, que volvia á la mano derecha, como hácia el Norte;
-creyó el piloto Alaminos que fuese otra isla distinta de Yucatán,
-estimando tambien que Yucatán fuese isla. Preguntados
-los indios que tomaron, qué tierra era la que parecia,
-respondieron que era Coluá, la última sílaba aguda; y esta es
-la que despues llamamos Nueva España, y como á isla ó tierra
-distinta, indució al Capitan que fuesen á ella y tomasen della
-la posesion, como si no bastaran mil posesiones que se habian
-tomado por los reyes de Castilla en todo este orbe. Salieron,
-pues, del Puerto Deseado, por la costa abajo, que corria al
-Poniente, y vánse mirando la tierra, y llegáronse á un rio
-grande, que creo llamaron de Sant Pedro y Sant Pablo, al
-ménos agora así se llama, 25 leguas del Puerto Deseado; por<span class="pagenum"><a name="Page_429" id="Page_429">[429]</a></span>
-las riberas dél y costa de la mar vieron muchas gentes que
-estaban pasmados, mirando los navíos, cosa nunca dellos vista
-ántes. Dan luégo á cinco leguas más adelante en otro mayor,
-cuyo ímpetu echaba el agua dulce dos leguas y tres en la
-mar; este rio baptizó Grijalva de su nombre, y así se llama
-hoy el rio de Grijalva, el cual, ó el pueblo, ó la misma tierra,
-se llamaba por los vecinos naturales della, Tabasco; es tierra
-felicísima y abundantísima del cacao, que son las almendras
-de que usan por suave bebida, y por moneda en toda la
-Nueva España, y en más de 800 leguas, como se dirá, y por
-ésto estaba aquella tierra poblatísima y plenísima de mortales.
-Así que, entraron por el rio arriba, hasta media ó cerca de
-una legua, donde estaba el pueblo principal, donde lanzaron
-sus anclas y pararon, y como la gente indiana vido los navíos,
-todos asombrados de ver barcos tan grandes, y gente barbada
-y vestida, y todo de tan nueva manera y diferente arte, salieron
-á defenderles la salida en su tierra y pueblo, hasta
-6.000 hombres, á lo que se juzgaba, con sus armas, arcos y
-flechas, y lanzas de palos, las puntas tostadas, y rodelas de
-ciertas mimbres ó varillas delgadas, todas ó la mayor parte cubiertas
-con unas chapas de oro fino, de plumas de diversas
-colores adornadas, y, porque era tarde, aquella noche toda se
-pasó en velarse ambas partes. En esclareciendo, vienen sobre
-cien canoas llenas de hombres armados á ponerse cerca de
-los navíos, y de entre ellas sale una, y acércase más á los
-navíos, para que se pudiese oir más su habla; levántase en
-ella un hombre de autoridad, que debia de ser Capitan ó
-principal entre ellos, y pregunta qué querian ó qué buscaban
-en tierras y señoríos agenos; esta lengua no entendia el
-indio que traian de Cuba, pero entendíanla los cuatro que
-habian preso en la canoa, en el Puerto Deseado, y el de Cuba
-entendió á éstos, y éstos entendieron á los de Tabasco; y así
-respondió Grijalva que él y los cristianos no venian á hacerles
-mal alguno, sino á buscar oro, y que traian para pagárselo.
-Vuelve con la respuesta el Capitan de la canoa, y da
-nuevas á su Rey y señor, y á los que las esperaban, y dice<span class="pagenum"><a name="Page_430" id="Page_430">[430]</a></span>
-parécele buena gente los cristianos; torna otra vez, y llégase
-al navío del capitan Grijalva, sin temor, y dice que á su señor
-place, y á todos su súbditos, tener con él y con los cristianos
-amistad, y dalles del oro que tenia y rescibir de lo que
-traian de su patria; el cual trujo una máscara de palo grande
-dorada muy hermosa, y ciertas cosas de pluma de diversas
-colores y bien vistosas, diciendo que su señor vernia otro dia
-á ver los cristianos. Grijalva le dió unas sartas de cuentas verdes
-de vidrio, y unas tijeras, y cuchillos, y un bonete de frisa
-colorado, y unos alpargates; las tijeras y los cuchillos fué lo
-que hizo al caso, porque con aquello pensó el intervenidor
-de la paz y amistad que iba bienaventurado. Acordó el Cacique
-y señor de la tierra ir á verse con los cristianos, y entra
-en una canoa, esquifada de gente, sin armas, y entra en el
-navío del capitan Grijalva, tan seguro como si fuera de su
-propio hermano. Grijalva era gentil mancebo, de hasta veintiocho
-años; estaba vestido de un sayon de un carmesí-pelo,
-con lo demas que al sayon respondió, cosas ricas. Entrado y
-rescibido por Grijalva el Cacique con mucho acatamiento, y
-abrazándose, y sentados, comenzóse la plática, de la cual muy
-poco el uno del otro entendian, más que por señas y algunos
-vocablos que declaraban los indios que habian tomado en el
-Puerto Deseado, que los decian al indio que traian de Cuba;
-todo se creyó que iba á parar en que se holgaba de su venida
-y que queria ser su amigo, y despues de hablado un rato,
-mandó el Cacique á uno de los que con él habian venido, que
-sacase lo que dentro de una que llamamos petaca, segun la
-lengua de Méjico, que es como arca, hecha de palma y cubierta
-de cuero de venado, traia. Comienza á sacar piezas de
-oro, y algunas de palo cubiertas de hoja de oro, como si las
-hobiera hecho para Grijalva y á su medida, y el Cacique, por
-sus mismas manos, comiénzalo de armar desde los piés hasta
-la cabeza, quitando unas si no venian bien, y poniendo otras
-que con las demas convenian, y así lo armó todo de piezas de
-oro fino, como si lo armara de un arnés cumplido de acero hecho
-en Milan. Sin el armadura le dió muchas otras joyas de oro<span class="pagenum"><a name="Page_431" id="Page_431">[431]</a></span>
-y de pluma, de las cuales algunas abajo se referirán. Cosa digna
-de ver la hermosura que entónces Grijalva tenia, y mucho más
-digna y encarecible considerar la liberalidad y humanidad de
-aquel infiel Cacique. Grijalva se lo agradeció cuanto le fué posible,
-y recompensó desta manera: hace sacar una muy rica camisa
-y vístesela, despues della desnúdase el sayon de carmesí é
-vísteselo, é pónele una gorra de terciopelo muy buena, y hácele
-calzar zapatos de cuero nuevos, y, finalmente, lo vistió y adornó
-lo mejor que él pudo, y dióles muchas otras cosas de los rescates
-de Castilla á todos los que con él habian venido. Valdria
-el sayon de carmesí, entre los españoles en aquel lugar, obra
-de 60 ó 70 ducados ó pesos de oro, cuando más, y las otras
-cosas que dió al Cacique y á los suyos otros 12 ó 15, pero lo
-que el Cacique dió á Grijalva subiria de más de 2 ó 3.000
-castellanos ó pesos de oro; entre las piezas y armaduras que
-le dió, fué un casquete de palo cubierto de hoja de oro delgada,
-tres ó cuatro máscaras de palo, parte dellas cubiertas
-de piedras turquesas, que son madre de las esmeraldas,
-puestas á manera de obra mosáica, por muy lindo artificio, y
-parte cubiertas de hoja de oro y otras del todo cubiertas de
-oro, ciertas patenas para armar los pechos, dellas todas de
-oro, y otras de palo cubiertas de oro, y otras de oro, y piedras
-sembradas muy bien puestas, que las hacian más hermosas;
-muchas armaduras para las rodillas, dellas de oro
-puro, dellas de palo, dellas de corteza de ciertos árboles, cubiertas
-todas de hoja de oro; seis ó siete collares de hoja de
-oro, puestas sobre otras tiras de cuero de venado; ciertas
-ajorcas de oro de tres dedos en ancho, ciertos zarcillos de
-oro para las orejas, ciertos rosarios de cuentas de barro cubiertas
-de oro, y otras sartas de oro puro huecas; una rodela
-cubierta de pluma de diversas colores, muy graciosa; una
-ropa de pluma y penachos della, vistosa, y otras muchas
-cosas cuya postura y artificio era maravilloso, y que, donde
-quiera, solas las manos y hechura costara mucho. Díjose que
-de ciertos indios que habia tomado Grijalva, cuando comenzó
-á costear las riberas ó costa de Yucatán, dejando la de la isla<span class="pagenum"><a name="Page_432" id="Page_432">[432]</a></span>
-de Cozumel, vido en el navío este Cacique uno y que lo pidió
-á Grijalva, y que daria por su rescate tanto peso de oro
-cuanto el indio pesase, y que no quiso Grijalva dárselo por
-pensar quizá de haber por él más; pero ésto yo no lo creo, lo
-uno, porque no hervia tan poco la cudicia en él ni en los
-de su compañía que por un indio que hallaron y tomaron con
-otros en una canoa pescando, que probablemente se podia
-creer no ser señor, ni tener más calidad y hacienda que los
-otros, dejase seis ó siete arrobas de oro que podria pesar; lo
-otro, porque no parece que Grijalva cumpliera con el comedimiento
-que con él tuvo el Cacique, no concediéndole lo que
-le rogaba, mayormente si fué verdad que le ofrecia el rescate.
-Finalmente, como quiera que haya sido, el Cacique quedó
-contento y los españoles tambien lo quedaron, y en tanto
-grado, que de aquí comenzó el ansia de querer poblar, quedándose
-en aquella tierra, como vieron tan buenas señales de
-su riqueza, y de murmurar de Grijalva porque no lo aceptaba,
-como se dirá.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_433" id="Page_433">[433]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXII">CAPÍTULO CXII.</h2></div>
-
-<p>Saliéronse de aquel rio de Tabasco, que llamaron desde
-allí el rio de Grijalva, y fueron costeando lo más cerca de
-tierra que podian, de donde vian toda la costa llena de poblaciones
-y de gentes que salian á mirar los navíos, que nunca
-otros habian visto. Yendo su camino con las barcas, tomaron
-ciertos indios por fuerza, que iban en una ó en dos canoas,
-que no podian causar poco escándalo ni dejaban de ofender
-á Dios, trayéndolos contra su voluntad; luégo les preguntaron,
-por señas, si habia oro por aquella tierra y respondieron
-que habia mucho. Hizo soltar á algunos dellos, diciéndoles
-que trujesen oro, y que les pagarian en las bujerías que les
-mostraron de Castilla. Ya tornaba la costa de la mar, del Poniente
-á la parte del Norte, y siguiendo su camino fueron á
-surgir con sus cuatro navíos junto á una isleta, que hoy llamamos
-Sant Juan de Ulúa, donde agora es el puerto de toda
-la Nueva España; ellos le pusieron entónces Sant Juan, y
-despues, como se entendió que los indios llamaban á toda
-aquella tierra Ulúa, añidióse á Sant Juan, Ulúa, y así se
-llama el puerto y la isleta, Sant Juan de Ulúa; el acento tiene
-la ú segunda. Habia en ella edificios de cal y canto, y en especial
-uno muy alto, que debia de ser templo, donde habia
-un ídolo y muchas cabezas de hombres, y otros cuerpos
-muertos, de lo cual cognoscieron que debian de ofrecer
-hombres al ídolo, y por esta causa pusieron nombre á la isla,
-la Isla de los Sacrificios. Otro dia parecieron en la costa de la
-mar muchos indios con unas banderas, y hacian señas á los
-españoles que saliesen á tierra; envió el Capitan á un Francisco
-de Montejo, con cierta gente, en una barca, para que
-supiese de qué arte estaban, si de paz ó de guerra, y qué<span class="pagenum"><a name="Page_434" id="Page_434">[434]</a></span>
-querian ó pretendian llamándolos. Llegó á la playa, y vinieron
-los indios á él con mucha alegría, mostrándole señales de
-paz, y como que holgaban de su venida, y luégo le presentaron
-muchas mantas de algodon, pintadas de diversas colores,
-muy hermosas; pregúntoles por señas, mostrándoles
-cosas de oro, si lo habia por aquella tierra, respondiéronle
-que sí, é que otro dia tornarian con ello. Tornaron como habian
-dicho, y con unas banderas blancas hacian señales y
-meneos, llamándolos que saliesen á tierra; salió Grijalva con
-alguna de su gente, y hallaron hechas unas ramadas de ramos
-de árboles, muy frescas, y hojas por el suelo, donde los
-españoles se metiesen, por el sol, y en el mismo suelo estaba
-la mesa, que era una manta muy hermosa, y sobre ella ciertos
-vasos de barro, bien hechos, á manera de escudillas hondas,
-llenas de aves, cortadas por menudo, con su caldo oloroso,
-como hecho potaje en cazuela; tenian puesto abundancia
-de pan de maíz, mezclado con masa de frísoles, que son
-atramuces, como ellos lo suelen hacer, y frutas diversas.
-Ofreciéronles unas mantas de algodon de colores, todo con
-grande placer y alegría, como si fueran sus propios hermanos,
-y entre otros regalos, que suelen hacer á los huéspedes
-como ya tenemos experiencia, dieron á cada español un cañuto
-encendido, lleno de cosas aromáticas, muy odoríferas, á
-la manera de unos mosquetes hechos de papel, de los cuales
-traen hácia sí el humo con el resuello, y sáleles por las narices.
-Diéronles algunas sartas de cuentas de colores, y dos
-bonetes y unos peines, y otras cosillas por ello. Otro dia vinieron
-cierta cuadrilla de indios, y dos entre ellos principales,
-uno viejo y el otro mozo, que parecian señores,
-padre y hijo; éstos, ántes que llegasen al Capitan, pusieron
-las manos en el suelo y besáronlas, que debia ser ceremonia
-significativa de paz y amistad y de buen hospedamiento,
-y, ésto hecho, abrazáronle, mostrando grande alegría de
-vello, como si fuera su deudo que hobiera muchos dias que
-no lo habia visto. Hablaban en su lengua muchas palabras, y
-el Capitan en la suya, sin entenderse, pero todo resultaba é<span class="pagenum"><a name="Page_435" id="Page_435">[435]</a></span>
-iba á parar en mostrar mucho amor y alegría los indios con
-su venida, y no menor era el placer de Grijalva y de los suyos
-en hallar gente tan buena y benigna, por la esperanza que de
-ser ricos de allí se les recrecia. Mandó luégo aquel señor
-viejo á sus indios que trujesen luégo ramos y hojas verdes y
-frescas, para hacer ramadas, donde los españoles se metiesen,
-y en mandar á los indios el viejo y el mozo mostraban, como
-señores, autoridad é imperio. Hizo señas el viejo al Capitan
-que se asentase y á los otros españoles, y lo primero dió al
-Capitan y á los españoles, que bastó, cada sendos cañutos de
-olores de los sobredichos; iban y venian muchos indios, todos
-sin armas, simplicísimamente, que parece que se convidaban
-unos á otros á que viniesen á ver á los españoles, y todos mostraban
-grande alegría y conversaban con ellos, como si fueran
-sus muy propíncuos deudos ó muy amigos vecinos; y lo
-que más hacia al caso y deseo de los españoles, fué que comenzaron,
-por mandado del señor viejo, á traer muchas y
-diversas joyas de coral, muy hermosas y de maravilloso artificio,
-un collar de doce piezas de oro con muchos pinjantes,
-y ciertas sartas de cuentas redondas, de barro, doradas, que
-parecian todas oro, y otras de menudas, muy bien doradas;
-otras piezas de zarcillos para las orejas, dos máscaras,
-de obra mosáica, de piedras turquesas, con algunas puntas de
-oro, un moscador muy rico de plumas de diversos colores,
-como algunas cositas de hoja de oro y otras cosas. Dióseles
-por ésto ciertas sartas de cuentas verdes y otras pintadas que
-llamamos margaritas, y un espejo y un par de servillas para
-mujer. Los indios particulares andaban trocando sus pedacitos
-de oro y joyuelas, con los españoles, cada uno segun
-tenia que conmutar; aquel dia se pasó en ésto con mucho
-regocijo de los unos y de los otros, y abrazando el Cacique
-al Capitan, rogándole por señas, que otro dia tornase
-al mismo lugar y que ternia traido allí mucho más oro.
-Luégo, en amaneciendo, el dia siguiente, pareció en la
-playa mucha gente con ciertas banderas blancas, que debian
-ser señales de paz y amistad, los cuales, un tiro de piedra<span class="pagenum"><a name="Page_436" id="Page_436">[436]</a></span>
-dentro en la tierra, y apartado de la mar, tenian ciertas ramadas
-de árboles y hojas grandes, de las que arriba dijimos,
-y desherbado todo alrededor, todo muy fresco y gracioso,
-para donde se metiesen los españoles á comer y recrearse.
-Salió el capitan Grijalva en tierra, con buen número de españoles,
-y así como el Cacique ó señor lo vido, váse á él y
-pone las manos en el suelo y bésalas, y luégo abrazó al
-Capitan con rostro muy alegre, y tómalo por el brazo y llévalo
-á las ramadas, y llegados y sentados sobre las hierbas y
-hojas, dá de los mosquetes encendidos, llenos de sahumerios,
-al Capitan y á los españoles que á par dél estaban, uno á
-cada uno. Mandó el Capitan hacer allí un altar, y que dijese
-misa el capellan que llevaban, y como el Cacique vido que
-aquello era señal de religion y ceremonias del divino culto,
-mandó traer ciertos brasericos con ascuas y poner dellos debajo
-del altar, y otros por allí alrededor ó cercanos del altar,
-y echar en ellos incienso y de las cosas aromáticas que solian
-ellos á sus ídolos incensar y sahumar, porque las gentes de
-aquella Nueva España fueron de las más religiosas que hobo
-jamás entre todas las naciones que no tuvieron conocimiento
-del verdadero Dios. Estuvo pasmado, y los indios que con
-él estaban, clavados los ojos, mirando las ceremonias de la
-misa, como en los indios siempre se halla tener grandísima
-atencion notando los actos y obras que hacer nos ven. Así
-que, acabada la misa, mandó el señor traer de comer, y luégo
-trujeron ciertos altabaques ó cestillos de pan de maíz, de diversas
-maneras hecho y cocido; trujeron frutas de la tierra y
-muchos platos hondos de barro, y quizá eran de las calabazas
-que llaman jícaras, muy pintadas por de fuera, llenas de potaje
-de carne bien guisada, que no supieron qué carne era, y
-no podia ser sino de aves, las gallinas que llamamos de papada,
-ó de venados. Comieron los guisados de buena gana, y
-dijeron que les supieron muy bien, y que les parecia que
-fuesen guisados con especias. Acabada la comida, mandó traer
-el Cacique algunas joyas de oro en granos grandes, aunque
-parecia estar fundido; algunos zarcillos para las orejas y na<span class="pagenum"><a name="Page_437" id="Page_437">[437]</a></span>rices,
-ciertas sartas de cuentas gruesas y menudas, que debian
-ser la sustancia de madera, pero muy bien doradas; otras 15
-ó 20 cuentas grandes, doradas, y al cabo una rana de oro muy
-sutilmente labrada; un ajorca de oro, muy rica, de cuatro
-dedos en ancho; otra sarta de cuentas doradas, con una cabeza
-de leon de puro oro, y otras sartas con muchas cuentas,
-y alguna que tenia 70 y más dellas doradas, y al cabo
-una rana de oro al propio hecha; un rostro de piedra, creo
-que verde, guarnecida de oro, con una corona de oro muy
-rica, y encima una cresta de oro y dos pinjantes de oro; un
-ídolo ó hombre de oro, pequeño, y con un moscador de oro
-en la mano, con unas joyas de oro en las orejas, y en la cabeza
-unos cuernos de oro, y en la barriga una piedra que
-debia de ser turquesa, muy linda, engastonada en oro. Entre
-estas joyas, aquí ó en otras partes deste viaje, se dijo haber
-rescatado una esmeralda ó piedra preciosa que valia ó que
-valió 2.000 ducados. Otras muchas cosas les dió, no tan principales,
-pero estas fueron las de más valor y más hermosas.
-Valia todo el oro que dieron mas de 1.000 ducados, sin el valor
-de la hechura de algunas cosas dellas, que pudiera valer más
-que el oro que tenian. El Capitan le dió, en pago del presente
-rescibido, no con qué saliese de laceria, y fueron las joyas
-siguientes: un sayo, una caperuza de frisa colorada, y en ella
-una medalla, no de oro, sino de las falsas; una camisa de
-presilla, con algunas gayas ó labores, de hilo y no de seda;
-un paño de tocar; un cinto de cuero, con su bolsa; un cuchillo,
-y unas tijeras, y unos alpargates; unas servillas de
-mujer, unos zaragüelles, dos espejos, dos peines y algunas
-sartas de cuentas de vidrio de diversos colores, todo lo cual
-valdria en Castilla tres ó cuatro ducados. Aquel señor Cacique
-y su gente, estimándose por muy ricos con lo que Grijalva les
-habia dado, y áun quizá creyendo que habian engañado á
-los españoles en más de la mitad del justo precio, volvieron
-otro dia con más ricas joyas para los tornar á engañar. Trujeron
-seis granos de oro fundido, grandes, no supe cuánto
-pesaron; siete collares muy ricos de oro puro, y otros cuatro<span class="pagenum"><a name="Page_438" id="Page_438">[438]</a></span>
-collares pequeños de oro, los dos con sus arracadas y pinjantes
-de oro, y tres sartas de cuentas doradas, y nueve cuentas
-de oro: y un cabo, como patron, tambien de oro; otra sarta
-de cuentas de piedras, que ellos tienen por preciosas, y una
-ajorca de oro: ésto lo principal. Dióseles por retorno un sayo
-azul y colorado de frisa ó paño basto, un bonete de lo mismo,
-una camisa de lienzo, un cuchillo y unas tijeras, un espejo y un
-par de alpargates, y algunas sartas de cuentas de vidrio. Otro
-dia tornaron á su rescate y contratacion, y dió el Cacique á
-Juan de Grijalva dos granos de oro que pesaron 12 ó 15
-castellanos, un collar de oro de piezas hermosas de ver, ciertas
-sartas de cuentas doradas, y nueve cuentas, todas de oro
-pero huecas, muy bien artificiadas, con un cabo de oro más
-grueso; una máscara de pedrerías, como las que arriba dijimos:
-pagóle Grijalva con obra de 4 á 5 reales de valor, conviene
-á saber, un par de alpargates, un cinto de cuero con
-su bolsa, un paño de cabeza, unas servillas de mujer y dos
-ó tres sartas de cuentas de vidrio, que llamamos margaritas
-por ser de diversas colores, y cada sarta podia ser de 50
-cuentas, como acá vienen comunmente y así las solíamos con
-los indios tratar y conmutar.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_439" id="Page_439">[439]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXIII">CAPÍTULO CXIII.</h2></div>
-
-<p>Visto por los españoles ser todos aquestos rescates y conmutaciones
-señales de haber en aquella tierra mucha cantidad
-de oro, y la gente della tan pacífica, franca y liberal, y
-por consiguiente, haber grande aparejo para henchir las bolsas
-y ser ricos señores á tan poca costa, comenzaron á renovar
-el clamor que en la tierra de Yucatán habian comenzado
-diciendo á su capitan Grijalva, con gran importunidad y murmurio,
-que pues Dios les mostraba tierra tan rica y gente
-tan bien acondicionada, donde fuesen bienaventurados, tuviese
-por bien de que allí poblasen, y en un navío de aquellos
-cuatro hiciesen saber á Diego Velazquez su bienandanza,
-enviándole todo el oro y joyas que habian rescatado, para que
-les enviase más gente y rescates, y armas, y otras cosas, para
-su poblacion necesarias; ofreciéndose todos á que lo ternia
-por bueno Diego Velazquez, no embargante que por la instruccion
-que le habia dado trujese prohibido que no poblase,
-sino que descubriese y rescatase. Juan de Grijalva, era
-de tal condicion de su natural, que no hiciera, cuanto á la
-obediencia y aún cuanto á humildad y otras buenas propiedades,
-mal fraile, y por esta causa, si se juntaran todos los
-del mundo, no quebrantara por su voluntad de un punto ni
-una letra de lo que por la instruccion se le mandaba, aunque
-supiera que lo habian de hacer tajadas. Yo lo cognoscí é conversé
-harto, y entendí siempre dél ser á virtud y obediencia
-y buenas costumbres inclinado, y muy subjeto á lo que los
-mayores le mandasen. Así que, por más ruegos, requirimientos,
-y razones importunas que le hicieron y representaron,
-no pudieron con él que poblase, alegando que lo traia prohibido
-por el que le habia enviado, y que no para más de des<span class="pagenum"><a name="Page_440" id="Page_440">[440]</a></span>cubrir
-é rescatar tenia poder ni mando, y que con cumplir la
-Instruccion que se le dió haria pago. Vista su determinacion,
-todos comenzaron á blasfemar dél, y á tenello en poco, y fué
-maravilla no perderle la vergüenza, y salirse todos en tierra y
-poblar, dejándolo ó enviándolo en un navío á Diego Velazquez;
-y por que un navío de aquellos hacia mucha agua, y
-tenia necesidad de se adobar, acordó Grijalva de lo enviar á
-la isla de Cuba, con la gente que andaba indispuesta, y que
-llevase las buenas nuevas de la buena tierra rica, y gente pacífica,
-y el oro y joyas que habian rescatado. Con esta embajada
-envió á Pedro de Alvarado, que debia ser el Capitan del
-mismo navío que tenia necesidad de ser adobado, el cual al
-cabo de ciertos dias llegó á la isla, y dada cuenta de la riqueza
-que habian hallado, y dando quejas todos los que en
-el navío habian ido de Grijalva, porque pidiendóselo todos, no
-quiso poblar ni dejar poblar tan felice y rica tierra, movióse
-á ira contra Grijalva Diego Velazquez, porque no lo habia
-hecho habiéndolo él mandado y dado por instruccion que por
-ninguna manera poblase. Pero era Diego Velazquez de aquella
-condicion, y terrible para los que le servian y ayudaban,
-y fácilmente se indignaba contra aquellos de quien le decian
-mal, por ser más crédulo de lo que debia. Finalmente, indignado
-contra Grijalva, porque no habia poblado contra su
-mandado, determinó, ántes que Grijalva viniese, de hacer
-otra armada, y enviar otro Capitan, y hobo al cabo de dar en
-quien no le obedeció tan fielmente como Grijalva, que la
-hacienda y la honra, y que lo que desde allí vivió viviese
-amarga y triste vida, y al fin la perdiese, y el alma sabe
-Dios por aquella causa en qué paró. Y dejado aparte que habia
-muchas razones por las cuales Dios le castigase, por haberse
-hecho rico de la sangre de aquellas gentes de la isla de
-Cuba, y de las matanzas que ayudó á hacer en esta Española,
-en especial la de la provincia de Xaraguá, como en el capítulo
-9.º, del libro II, pareció, pero parece que quiso nuestro
-Señor afligille en pago de no agradecer á Grijalva la obediencia
-que le guardaba, cumpliendo estrechamente su manda<span class="pagenum"><a name="Page_441" id="Page_441">[441]</a></span>do,
-en no poblar, de donde al mismo Grijalva le fuera muy
-mejor, y así permitió Dios que enviase á quien áun ántes
-que partiese se la negó, como parecerá. Partido Pedro de Alvarado
-para Cuba, Grijalva, con los tres navíos, fuese la costa
-abajo, descubriendo por ella muchas leguas, y llegó hasta
-cerca de la provincia de Panuco, y visto que toda era una
-tierra, y estimaban ser tierra firme, acordaron tornarse por
-el camino donde habia venido, y enderezar su viaje para la
-isla de Cuba á dar cuenta á Diego Velazquez de la prosperidad
-de su descubrimiento y camino. A la vuelta, en cierta parte
-de aquella costa de mar, como siempre venian cerca de tierra,
-salieron al encuentro ciertas canoas ó barquillos de los
-indios, llenas dellos, armados con sus arcos y flechas, y comenzaron
-á tirar á la gente de los navíos, pero como los
-españoles no se solian dormir, sueltan algunos tiros de artillería
-y escopetas, y á saetadas, muertos y heridos algunos de
-los indios, los hicieron huir. Siguieron los navíos la costa arriba,
-hácia el Levante, y llegaron á cierto rio que tenia un
-razonable puerto, que nombraron puerto y rio de Sant Anton,
-25 leguas del rio de Grijalva, donde el señor de allí
-armó á Grijalva todo el cuerpo de oro, como dijimos en el
-capítulo 111. Allí vinieron ciertos indios y trujeron ciertas
-hachuelas de oro bajo, y por ellas se les dieron algunas
-sartas de cuentas y otras cosillas de rescates de Castilla, y
-porque tuvieron necesidad de reparar allí el uno ó los dos
-navíos, acordaron de saltar toda la gente dellos en tierra, y
-estando en ésto, vinieron ciertos indios de la otra banda del
-rio en sus canoas, y trujeron á los cristianos 30 ó más hachuelas
-de oro, que pesaron 1.800 pesos de oro, pocos tomines
-ménos, y una taza labrada, muy hermosa, de oro, que pesó
-veinte y tantos pesos de oro, y algunas mantas de algodon y
-otras joyas, sin pedir nada por ello. Vista la liberalidad destos
-indios, tornaron los españoles á murmurar contra Grijalva,
-porque no queria en tan rica tierra poblar, pues les daba tan
-buena ventura en las manos, donde podian ser ricos y bien
-aventurados, pero no por eso Grijalva se movia, diciendo que<span class="pagenum"><a name="Page_442" id="Page_442">[442]</a></span>
-no tenia tal comision de Diego Velazquez, por lo cual hizo
-apregonar, poniendo penas, que nadie de poblar tractase ni
-hablase. Aquí vinieron en una canoa ciertos indios, con un
-señor que parecia mandalles, y presentaron ciertas gallinas,
-y frutas de la tierra, muy buenas, como son las que llamamos
-piñas, porque por de fuera tienen la forma de piñas, puesto
-que no hay melon fino ni otra fruta de las nuestras que se le
-iguale, y otras que llaman zapotes, fruta digna de presentarse
-á los Reyes; dijeron por señas que traerian oro. Dióseles un
-sayo de frisa, hecho de colores, y una camisa y otras cosillas
-de rescates, por convidallos á que bien lo pagasen, como
-mostraban hacello; vinieron despues otros y presentaron al
-Capitan dos hachas de oro, que pesaron 150 pesos, dos, ó
-tres, ó cuatro ménos, y ciento y tantas cuentas huecas de oro,
-muy bien hechas, y docena y media de cuentas de plata ó de
-estaño, y otras piezas de oro menudas; la recompensa que se
-les dió valia hasta 8 ó 10 reales, en cuentas verdes y cuchillos
-y tijeras. Unos marineros que habian ido á pescar, el
-rio abajo ó arriba, toparon á ciertos indios, los cuales les
-dieron ciertas águilas de oro, y una cabeza de no sé qué figura,
-y un cascabel muy lindo, con unas alas, y una hacha,
-que pesaria todo hasta 70 castellanos. Aquí dijeron que habian
-visto ciertos indios muertos de fresco, metidos en un
-hoyo; entendieron que debian ser indios á los ídolos sacrificados.
-De aquí enderezó su camino y viaje Grijalva para la
-isla de Cuba; quiso venirse por Yucatán, que entónces llamaban
-la Isla Rica, por no saber que era parte de la tierra
-firme, y llegar al pueblo de Champoton, donde al principio
-hirieron y mataron la gente á Francisco Hernandez de Córdoba,
-primero que todos de aquella tierra descubridor, como
-en el cap. 98 se declaró, y vengar, diz que, aquellas muertes;
-pero llegados á la costa de la mar de Champoton, vieron tan
-bien apercibidos á los indios y tan denodados para los resistir,
-que habidas algunas refriegas, ántes que desembarcasen
-sobre una isleta que estaba cerca del pueblo, en la mar,
-acordó Grijalba de no se detener á pelear, sino irse en paz su<span class="pagenum"><a name="Page_443" id="Page_443">[443]</a></span>
-camino. Llegados á Campéche, 10 ó 12 leguas de allí, que
-arriba dijimos haberle puesto nombre Francisco Hernandez,
-el pueblo de Lázaro, y donde tan humano y alegre rescibimiento
-les hicieron, y hospedaje, quisieron tomar agua, y
-saliendo en tierra con sus tiros de pólvora y aparejados, donde
-vieron alguna gente de los indios desarmada, preguntándolos
-dónde podian coger agua, díjose que les señalaron con
-el dedo que hácia tal parte, y llegados allí, señalábanles más
-adelante, y remando más adelante, señalábanles más adelante,
-donde, diz que, hallaron cierta celada de hombres armados
-con sus arcos y flechas, las cuales contra ellos desarmaron;
-pero los nuestros, con los tiros de pólvora y con salir el
-Capitan con toda la gente de los navíos desque los vido revueltos,
-aunque les pesó, tomaron toda el agua que quisieron en
-abundancia. Esto es de maravillar, que habiendo tratado tan
-bien los de aquel pueblo y tierra á Francisco Hernandez y á su
-gente al principio, como se refirió en el cap. 98, que agora les
-quisiesen hacer mal, y si quizá no es lo que arriba dijimos en
-el cap. 110, que por yerro del piloto lo que acaeció en
-Champoton creyeron haber acaecido en el pueblo de Lázaro,
-no es verdad debió de suceder aquesta mudanza, porque como
-vecinos y pariente de Champoton, y quizá vasallos de un
-señor, viendo que Francisco Hernandez y su compaña dejaron
-hecho tan grande estrago y muertos tantos, se doliesen, como
-era cosa natural, y, por consiguiente, juzgasen á los españoles
-por injustos y crueles, y á los de Champoton por agraviados,
-acordaron de no los recibir, mas ántes, si pudiesen, á todos
-matallos. Finalmente, tomaron toda el agua que quisieron, á
-pesar de los indios, porque como gente sin armas ni defensa
-siempre han de caer debajo; desde allí Grijalva y sus navíos
-toman su camino para la isla de Cuba, y despues de muchos
-y gravísimos trabajos, por vientos, y mar, y corrientes contrarias,
-aportaron á Cuba en el puerto que llamábamos de Matanzas,
-que está cerca del pueblo que agora se diz de la Habana,
-por otro nombre Sant Cristóbal, donde halló Grijalva
-una carta de Diego Velazquez, en la cual decia que se diese la<span class="pagenum"><a name="Page_444" id="Page_444">[444]</a></span>
-priesa que más pudiese para llegar á Santiago, la ciudad donde
-él estaba, y hiciese saber á toda la gente que con él venia,
-que los que quisiesen allí, en la Habana, esperar, para tornar
-á poblar á la dicha tierra é Isla Rica de Yucatán, y la demas
-tornasen, porque él aparejaba para enviar gente á poblallo;
-mandando que á los tales se les diese todo lo que hobiesen
-menester, en una hacienda como granjería, que él por allí
-tenia, que llamaban Estancia.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_445" id="Page_445">[445]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXIV">CAPÍTULO CXIV.</h2></div>
-
-<p>Grijalva se dió la mayor priesa que pudo darse para llegar
-á la ciudad de Santiago, donde Diego Velazquez estaba entendiendo
-en aparejar muchos navíos y gente, para enviar á
-poblar la tierra que Francisco Hernandez y Grijalva descubierto
-habian, que llamaban la Isla Rica, por Yucatán y
-aquella costa abajo, hasta Tabasco, que es el rio que dijeron
-de Grijalva; llegado Grijalva á la ciudad, y pareciendo ante
-Diego Velazquez, dióle pocas gracias por lo que habia trabajado,
-y oro que con Alvarado le habia enviado y por lo
-que tambien él le traia, ántes riñó mucho con él, afrentándolo
-de palabra, porque así era su condicion, porque
-no habia quebrantado su instruccion y mandamiento en poblar
-en la tierra, pues toda la gente que llevaba se lo
-pedia, reprension harto digna de otra mayor, reñir á un
-criado, pariente fiel y tan obediente, que no quiso quebrantar
-un punto de lo que llevaba mandado, especialmente que á
-él le fuera muy provechoso más que á nadie, así en riquezas
-y estado, como en excusar la indignacion que toda la gente
-que llevó contra él tuvo por no haber poblado. Todo ésto me
-refirió á mí el mismo Grijalva en la ciudad de Sancto Domingo
-el año de 1523, viniendo perdido y con harta necesidad,
-y partido de mí en aquella ciudad, se fué para tierra firme,
-donde gobernaba, ó mejor diré, desgobernaba Pedrárias, al
-cual envió á la provincia de Nicaragua, y estando en el valle
-de Ulanche, sojuzgando y guerreando á los indios de aquel
-valle, lo mataron los mismos indios á él y á otros ciertos españoles;
-donde pagó Grijalva los males que allí hacia y el
-servicio que debia á los indios de la isla de Cuba, y si algunos
-hizo en aquel descubrimiento, puesto que siempre le<span class="pagenum"><a name="Page_446" id="Page_446">[446]</a></span>
-cognoscí para con los indios piadoso y moderado. Y como
-por la venida de Alvarado, y nuevas de la riqueza de la tierra
-y gran muestra de oro que envió Grijalva, Diego Velazquez
-comenzase otra armada, llegado Grijalva, é informado
-de todo el viaje, y descubrimiento, y gente, y tierras, y abundancia
-dellas, Diego Velazquez dióse mucha más priesa en
-despacharla y llegó, á lo que yo tuve entendido, nueve piezas
-de navíos, con bergantines y naves; y para llevar su poblacion
-y armada más y mejor fundada, envió á esta isla Española
-á un hidalgo llamado Juan de Saucedo, para que pidiese
-licencia, que enviase á poblar aquella tierra y hacer lo á
-ésto necesario, á los padres de Sant Hierónimo, que á la sazon
-aquí estaban, creyendo que tenian poder de gobernadores;
-pero no vinieron á gobernar, sino á poner las Indias en libertad,
-como arriba se hizo mencion. Envió luégo Diego Velazquez,
-con las nuevas del descubrimiento y riquezas de la
-tierra, con ciertas piezas ricas de oro de las que habia traido
-Alvarado, á un clérigo llamado Benito Martin, á la corte, que
-áun estaba en Barcelona el rey D. Cárlos; el cual pidió que
-le hiciesen merced del abadía de aquella tierra que parecia
-adelante, y no era ménos que toda la Nueva España, como se
-dirá. Tornemos al armada ó flota que comenzó á hacer Diego
-Velazquez, donde gastó, de los muchos millares de pesos de
-oro que tenia mal ganados, habidos de los sudores y angustias
-de los indios, gran parte; y porque habia de proveer de
-Capitan, pensó de nombrar un hidalgo llamado Baltasar Bermudez,
-que, segun yo creo, era de su misma tierra, Cuéllar,
-y así le encargó que lo aceptase, lo cual hacia por honralle,
-porque lo queria bien, y ésto yo lo sé porque lo ví muchas
-veces, mucho, muy bien tratalle. El Baltasar Bermudez tenia
-los pensamientos altos, y parecia tener de sí demasiada confianza;
-representándole el cargo de Capitan, por Diego Velazquez,
-díjose que le habia pedido tales condiciones, que á Diego
-Velazquez desagradaron, y como era muy libre y sacudido,
-enojóse con él y echóle de sí, quizá como solia con desmandadas
-palabras. Discurriendo despues por las personas que<span class="pagenum"><a name="Page_447" id="Page_447">[447]</a></span>
-habia que pudiese nombrar por Capitan, puso sus ojos, y
-segun se creyó inducido, como luégo se dirá, en Hernando
-Cortés, que habia sido su criado y secretario, y habia tenido
-para lo ahorcar, como arriba se dijo, cap. 27, porque conocia
-dél ser hábil é entendido, y como le habia dado muchos indios
-y habia hecho Alcalde de la misma ciudad de Santiago,
-y lo favorecia mucho, confiando que le obedeceria, siéndole
-agradecido, y guardaria toda fidelidad. Estaba por Contador
-del Rey de aquella isla, á la sazon, un burgalés llamado
-Amador de Lares, hombre astutísimo, y que habia
-gastado, yo le oí, veintidos años en Italia, y llegó á ser Maestresala
-del Gran Capitan, que es argumento de no ser de entendimiento
-tardo, pues el Gran Capitan se servia dél de Maestresala,
-siendo aún de cuerpo harto bajo, y sin saber leer ni
-escribir, pero la prudencia y astucia suya suplia las otras faltas.
-Solia yo decir á Diego Velazquez, por sentir lo que de
-Amador de Lares yo sentia: «Señor, guardaos de veintidos
-años de Italia.» Con éste trabajó Hernando Cortés tener grande
-amistad, que no era ménos astuto que él muchos quilates, y
-díjose, y áun creyóse, que se habian confederado ambos en
-tanto grado, que partirian la hacienda y riquezas que Cortés
-adquiriese y robase yendo aquel viaje; y como Diego Velazquez
-comunicaba con Amador de Lares, como Contador y
-oficial del Rey, las cosas del armada, y las demas que á la
-gobernacion de la isla tocaban, creyóse que le indució que
-constituyese al Cortés por Capitan de aquella demanda. Diego
-Velazquez, siempre, como le conocia, vivia con el Cortés recatado;
-pero guárdeos Dios cuando los que aconsejan tienen
-crédito ante los aconsejados, y con ésto pretenden interese
-propio, porque una vez que otra han de guiar la resolucion
-de los negocios al fin que les toca, como la saeta se dirige al
-blanco. Finalmente, Diego Velazquez nombró á Hernando
-Cortés por Capitan de su armada, y nombrado, como era orgulloso
-y alegre, y sabia tratar á todos, á cada uno segun le
-cognoscia inclinado, para lo cual ser Alcalde no le desayudaba,
-súpose dar maña á contentar la gente que para el viaje y<span class="pagenum"><a name="Page_448" id="Page_448">[448]</a></span>
-poblacion se allegaba, la cual era toda voluntaria por la
-cudicia del mucho oro que haber esperaban; y de 2.000 castellanos
-que le habian sacado los indios que le habia dado
-Diego Velazquez, de las minas, con inmensos sudores, hambres
-y duros trabajos, comenzó á adornarse y gastar largo en
-se proveer de lo necesario para el viaje, tractándose como
-Capitan de 500 hombres que se allegaron y que iban donde
-todos esperaban henchir las manos. Cerca desta ida de Cortés
-por Capitan deste viaje, dice el clérigo Gomara, en su Historia,
-muchas y grandes falsedades, como hombre que ni vido ni
-oyó cosa della, mas de lo que el mismo Hernando Cortés le dijo
-y dió por escripto siendo su capellan y criado despues de Marqués,
-cuando volvió la postrera vez á España; el cual dice
-que Diego Velazquez habló á Cortés para que armasen ambos
-á medias, porque tenia 2.000 castellanos de oro en compañía
-de Andrés de Duero, mercader, y que le rogó que fuese con
-la flota, y que Cortés aceptó la compañía, etc. ¡Mirad qué
-hacian 2.000 castellanos á quien gastaba 20.000 y más en el
-despacho della! No era Diego Velazquez tan humilde ni tan
-gracioso, que rogase á Cortés que fuese por Capitan de su
-flota, habiendo muchos en la isla á quien mandallo pudiera,
-y que lo rescibieran por muy gran merced y mucha honra, é
-ya que algunos le prestaran dineros no se abatiera á hacer
-compañía con alguno, como fuese señor de todo, y estuviese
-en su mano, como Gobernador, hacer lo uno ó lo otro. Y dice
-más Gomara, que desque llegó Grijalva hubo mudanza en
-Diego Velazquez y que no quiso gastar más en la flota que
-armaba Cortés, ni quisiera que la acabara de armar, por se
-querer Diego Velazquez quedar con ella y enviar á solas. Todo
-ésto es salido de las mañas de Cortés, su amo, y manifiestas
-falsedades. Mirad quién le podia impedir á Diego Velazquez
-que no hiciera lo que de la flota quisiera, y de enviar ó estorbar
-que no fuera en ella el que le pluguiera, y en especial
-Cortés, que no osaba boquear ante él, y que no sabia, al
-ménos en lo exterior, qué placer y servicio hacelle; y del
-mismo jaez de falsedad, por lo dicho, parece lo que más<span class="pagenum"><a name="Page_449" id="Page_449">[449]</a></span>
-añide Gomara: «Que Diego Velazquez envió al Amador de
-Lares á que indujese á Cortés que se dejase de la ida y que
-le pagaria lo gastado, pero que Cortés, entendiendo los pensamientos
-de Diego Velazquez, respondió que no la dejaria,
-ni apartaria compañía, siquiera por la vergüenza.» Todo ésto
-es absurdísimo, y que ni sustancia ni color de verdad contiene
-ante los ojos y consideracion de los que conocimos á
-Diego Velazquez y á Cortés; parecerá tambien claro por el
-suceso que hobo el negocio y lo que adelante se dijere. Dice
-otra insolencia y superba falsedad, que no le pudo Diego Velazquez
-impedir la ida, y que si se pusiera en ello con rigor,
-hobiera revuelta en la ciudad, y áun muertes, y que como
-no era parte, disimuló; propia arrogancia de Hernando Cortés
-y astucia con que tiene hasta hoy engañado el mundo, y los
-historiadores que escribieron sus hechos en lengua española,
-porque dél y dellos era sólo un fin, y éste no otro sino hacerse
-ricos de la sangre de aquestas míseras, y humildes, y
-pacíficas gentes, como hombres insensibles de los males que
-loan y favorecen; todo lo que escribieron no va enderezado
-sino á excusar las tiranías y abominaciones de Cortés, como
-de los demas, y en abatimiento y condenacion de los tristes
-y desamparados indios. Mirad si siendo Gobernador y teniendo
-la justicia toda en sí de la isla, Diego Velazquez, y que era
-adorado y obedecido de todos, por el bien ó el mal que podia
-hacerles, dándoles ó quitándoles los repartimientos de indios,
-con que los hacia pobres ó ricos, y estando favorecido del
-Rey é de los que gobernaban por aquel tiempo á Castilla, pudiera
-impedir á Cortés, que era un pobrecillo escudero, criado
-suyo, y que no comiera si Diego Velazquez no se lo diera
-dándole indios, y que estaba en su mano quitárselos y áun
-la vida, si quisiera, buscándole achaques, aunque fuera haciéndole
-injusticia, que no fuera en su flota ó armada que
-como Gobernador del Rey á su costa hacia, sin que hobiera
-alboroto en la ciudad ni muertes, y sí el contrario desto que
-dice Gomara, su historiador, es verosímil.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_450" id="Page_450">[450]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXV">CAPÍTULO CXV.</h2></div>
-
-<p>Agora veamos cómo se despachó de la isla de Cuba Hernando
-Cortés y con cuán justo principio, para que lo dicho
-mejor se averigüe. Persuadido, pues, Diego Velazquez, por
-Amador de Lares, ó por sí mismo, que nombrase á Cortés por
-Capitan general, y nombrado, como es dicho, entendíase por
-Diego Velazquez con mucha priesa en el despacho de Cortés, y
-el Cortés tampoco se dormia. Iba cada dia Diego Velazquez al
-puerto á caballo, aunque estaba junto, y Cortés y toda la
-ciudad con él, á ver los navíos y dar priesa en todo lo que
-se debia hacer; fué entre las otras una vez, y un truhan que
-Diego Velazquez tenia, llamado Francisquillo, iba delante diciendo
-gracias, porque las solia decir, y entre otras, volvió la
-cara á Diego Velazquez, y díjole: «¡Ah, Diego!» responde Diego
-Velazquez: «¿Qué quieres, loco?» Añide: «Mirá lo que haceis,
-no hayamos de ir á montear á Cortés.» Diego Velazquez
-da luégo gritos de risa, y dice á Cortés, que iba á su mano
-derecha por ser Alcalde de la ciudad y ya Capitan elegido:
-«Compadre (que así lo llamaba) mirad qué dice aquel bellaco
-de Francisquillo.» Respondió Cortés, aunque lo habia
-oido, sino que disimuló ir hablando con otro que iba cabe
-él: «¿Qué, señor?» dice Diego Velazquez: «Que si os hemos
-de ir á montear;» respondió Cortés: «Déjelo vuestra merced
-que es un bellaco loco; yo te digo loco, que si te
-tomo, que te haga y acontezca,» dijo Cortés á Francisquillo.
-Todo ésto pasó, todos burlándose y riéndose. Andando en
-este despacho Diego Velazquez á priesa, ó porque le escarbó<span class="pagenum"><a name="Page_451" id="Page_451">[451]</a></span>
-el alma la locura, ó por mejor decir la sentencia discreta y
-profecía del loco Francisquillo, ó porque sus amigos y deudos
-que allí habia, le hablaron de veras, porque hasta entónces
-no habian mirado así en ello, y dijeron que como no advertia
-el hierro grande que hacia en fiar de Cortés á quien
-él mejor que otro conocia, empresa de tan gran importancia
-y en que tanto á su honra y hacienda iba, y que era cosa
-probable y áun cierta que Cortés se le habia de alzar y quebrar
-la fe y obediencia que le debia, segun sus astucias y mañas,
-y que se acordase de lo que en Baracóa le urdia y otras cosas
-cuántas pudieron hallar para persuadille; Diego Velazquez,
-tornando sobre sí é viendo que le decian y aconsejaban lo
-que, probablemente y segun reglas de prudencia, de Cortés
-se podia presumir, determinó de quitalle el cargo y no poner
-su honra y hacienda en aquel peligro. Y porque, como queda
-dicho, Diego Velazquez comunicaba las cosas de la gobernacion
-y de aquellas armadas con los oficiales del Rey, mayormente
-con el contador Amador de Lares, no se le guardó la
-fidelidad que se le debia, y, á lo que se creyó, el Amador de
-Lares lo debió á Cortés de descubrir, é, si fué verdad la compañía
-y confederacion que de entrambos se dijo, por su propio
-interese avisarlo no es cosa de gran maravilla. Finalmente,
-por una ó por otra, ó por alguna vía, Cortés lo alcanzó
-á saber, y no habia menester más para entendello de mirar el
-gesto á Diego Velazquez, segun su astuta viveza y mundana
-sabiduría; el cual, luégo, la primera noche que lo alcanzó
-á entender, despues de acostado Diego Velazquez y
-todos del palacio idos, que le hacian en todo el silencio
-de la noche más profundo, va Cortés á despertar con suma
-diligencia á los más sus amigos, diciéndoles que luégo convenia
-embarcarse. Y tomada dellos la compañía que le pareció
-para defensa de su persona, va de allí, luégo, á la carnecería,
-y, aunque pesó al que por obligacion habia de dar
-carne á toda la ciudad, tómala toda sin dejar cosa de vacas
-y puercos y carneros, y hácelo llevar á los navíos, reclamando,
-aunque no á voces, porque si las diera quizá le costara<span class="pagenum"><a name="Page_452" id="Page_452">[452]</a></span>
-la vida, que le llevarian la pena por no dar carne al pueblo,
-quitóse luégo Cortés una cadenilla de oro que traia al cuello,
-y diósela al obligado ó carnicero; y ésto el mismo Cortés á
-mí me lo dijo. Váse luégo Cortés á embarcar con toda la gente
-que pudo despertar, sin estruendo, á los navíos; ya estaba
-embarcada mucha de la que con él habia de ir y que fué.
-Él ido, ó por los carniceros ó por otras personas que sintieron
-su ida, fué avisado Diego Velazquez como Cortés era ido,
-y estaba ya embarcado en los navíos; levántase Diego Velazquez
-y cabalga, y toda la ciudad espantada, con él, van á la
-playa de la mar en amaneciendo el dia; desque Cortés los
-vido hace aparejar un batel con artillería y escopetas ó arcabuces,
-ballestas y las armas que le convenian, y la gente
-de quien más confiaba, y con su vara de Alcalde, llégase á
-tiro de ballesta de tierra, y parando allí, dícele Diego Velazquez:
-«¿Cómo, compadre, así os vais? ¿es buena manera ésta
-de despediros de mí?» respondió Cortés: «Señor, perdone
-vuestra merced, porque éstas cosas y las semejantes, ántes
-han de ser hechas que pensadas, vea vuestra merced qué me
-manda;» no tuvo Diego Velazquez qué responder, viendo su
-infidelidad y desvergüenza. Manda tornar la barca y vuélvese
-á los navíos, y, á mucha priesa, manda alzar las velas á 18 de
-Noviembre, año de 1518, con muy pocos bastimentos porque
-áun no estaban los navíos cargados; fuese de allí á un puerto
-llamado Macáca, la media sílaba luenga, 15 leguas, donde el
-Rey tenia cierta hacienda, y está ocho dias en los cuales mandó
-hacer todo el pan caçabí que pudieron hacer todos los indios é
-indias del pueblo grande que de indios allí habia, que sería
-más de 300 cargas de pan, cada una de las cuales tiene de peso
-dos arrobas, con las cuales tiene una persona suficientemente
-que comer un mes; tomó los puercos y aves que pudo y todo
-el más bastimento que habia deste jaez, diciendo que aquello
-lo tomaba prestado ó comprado para lo pagar al Rey, y si
-el estanciero ó mayordomo no se lo quisiera dar, bien se puede
-adivinar cómo le fuera. Dice aquí Gomara, criado y capellan
-é historiador de Cortés, que de las causas que movian á Diego<span class="pagenum"><a name="Page_453" id="Page_453">[453]</a></span>
-Velazquez, una fué pensar que Cortés se le alzaria como él
-se alzó al almirante D. Diego, é oir y creer á Bermudez y á
-sus deudos, los Velazquez, que le decian que no se fiase dél,
-que era estremeño, mañoso y altivo, amador de honras, y
-hombre que se vengaria en aquello de lo pasado. Cuanto á lo
-primero, bien parece, y parecerá más, que ni él ni los que
-aconsejaban estaban engañados, pero en lo que toca á alzarse
-Diego Velazquez al Almirante, no compara el alzamiento de
-ambos bien, y así habla con ignominia de Diego Velazquez,
-porque, puesto que Diego Velazquez fué descomedido con el
-Almirante y desagradecido, procurando que la gobernacion
-que tenia, como Teniente dél, se la diese el Rey de su mano,
-para que el Almirante no se la pudiese quitar, lo cual fué
-desagradecimiento harto culpable, pero muy diferente alzamiento
-fué alzársele Cortés con su flota, hacienda y gastos que
-habia hecho tan grandes, y usurparle la jurisdiccion y mando,
-y, sin tenella, ahorcar á los que no consintieron en su alzamiento,
-lo que es propio de tiranos, y finalmente, quitalle la
-honra y ser causa que gastase toda la hacienda que le quedaba,
-y al cabo hacelle perder la vida y que muriese con amargura
-en pobreza, como todo abajo parecerá; cierto, muy diferente
-fué el alzamiento contra Diego Velazquez, del
-que tuvo Diego Velazquez en perjuicio del Almirante. Aquí
-parece que debemos notar cómo se pudieron excusar de no
-ser partícipes desta rebelion de Cortés, Alonso Hernandez
-Puerto-Carrero, Francisco de Montejo, Alonso de Avila, Pedro
-de Alvarado, Juan Velazquez y Diego de Ordas, que Diego
-Velazquez habia señalado por capitanes de los otros navíos,
-pues no parece que pudieron ignorar embarcarse Cortés sin
-licencia de Diego Velazquez y de la manera que lo hizo, porque
-si ellos no estaban embarcados, ¿cómo se embarcaron de
-noche sin despedirse de Diego Velazquez? si estaban embarcados,
-¿cómo sufrieron que Cortés alzase las velas y ellos las
-alzaron y le siguieron, habiendo Cortés salídose de la ciudad de
-la manera dicha, la cual no pudo ser á toda la flota sino
-clara? No pude averiguallo, ni parece los tales capitanes<span class="pagenum"><a name="Page_454" id="Page_454">[454]</a></span>
-poderse excusar de ser conscios de esta iniquidad, si no
-fué algun embuste que con su astucia pudo Cortés inventar;
-alguna presuncion se puede tener de algunos dellos,
-por ser de la misma tierra de Cortés, haber sabido algo del
-ensaye.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_455" id="Page_455">[455]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXVI">CAPÍTULO CXVI.</h2></div>
-
-<p>Hecho el robo que Cortés hizo de la hacienda del Rey,
-en la estancia ó granja de Macáca, y metido el caçabí é puercos
-y maíz en los navíos, hízose á la vela para ir por la costa
-de Cuba abajo, y por apañar lo que en los pueblos y puertos
-que habia por allí pudiese haber de bastimento, que era lo
-que más él habia menester y su compaña, como por ser hurtar
-ántes de tiempo no se hobiesen podido los mantenimientos
-meter en las naos. En saliendo que salió, vido venir un navío,
-que venia de la isla de Jamáica, cargado de puercos, y tocino,
-y caçabí, para vendello en la isla de Cuba en las minas,
-porque como allí eran recientes las minas, y ricas, y el ansia
-de coger oro hervia en las ánimas de aquellos que por la isla
-moraban, toda la más de la gente de indios que habia en ella
-ocupaban en sacar oro, donde los mataban, y así no los dejaban
-labrar ni hacer comida, y, por consiguiente, tenian necesidad
-de pan y de bastimentos; y sabido ésto en Jamáica,
-llevábanlo de allí, donde habia mucha abundancia. Visto el
-navío, va luégo Cortés á él y tómalo á su dueño, dello por
-ruegos y promesas, dello por amenazas y por mal; llevólo,
-en fin, consigo, aunque pesó al dueño que lo llevaba. Llegó
-Cortés con su usurpada flota á la villa de españoles que llamaban
-de la Trinidad, que estaba en aquella costa del Sur
-200 leguas y más de la ciudad y puerto de Santiago; allí tuvo
-noticia que pasaba cerca de allí otro navío cargado de pan
-caçabí, de tocinos, y maíz é otros bastimentos, para las minas
-de la provincia de Xagua, que eran muy ricas y de fino oro;
-envió luégo una carabela, y con ella á Diego de Ordas, que la
-tomase y la llevase á la punta de la isla ó cabo de Sant Anton,
-y allí lo esperasen. Así lo hizo Ordas, y aunque mal pesó al<span class="pagenum"><a name="Page_456" id="Page_456">[456]</a></span>
-mercader cúya era, la llevó al cabo de la isla, como Cortés
-habia mandado. Todo ésto me dijo el mismo Cortés con otras
-cosas cerca dello, despues de Marqués, en la villa de Monzon,
-estando allí celebrando Córtes el Emperador, año de 1542,
-riendo y mofando, y con estas formales palabras: «A la mi fe,
-anduve por allí como un gentil corsario.» Dije yo, tambien
-riendo, pero entre mí: «Oigan vuestros oidos lo que dice
-vuestra boca.» Puesto que otras veces hablando con él en
-Méjico en conversacion, diciéndole yo con qué justicia y conciencia
-habia preso aquel tan gran rey Moteczuma y usurpádole
-sus reinos, me concedió al cabo todo, y dijo: <i>Qui non
-intrat per ostium fur est et latro</i>. Entónces le dije á la clara,
-con palabras formales: «Oigan vuestros oidos lo que dice
-vuestra boca», y despues todo se pasó en risa, aunque yo lo
-lloraba dentro de mí, viendo su insensibilidad, teniéndole
-por malaventurado. Allí, en la villa de la Trinidad, tomó por
-fuerza ó por grado el caçabí, é maíz é puercos, y algunos
-caballos, y á todos los dueños apaciguaba con hacerles cognoscimientos
-y darles cédulas que se lo pagaria en tanto precio
-y tantos castellanos; recibió allí más de cien españoles de
-los que habian venido con Grijalva, que, como Diego Velazquez
-habia escrito, estaban la flota esperando. Todos los indios que
-pudo meter y los españoles que allí iban hurtados y involuntarios,
-y no sé si algunos voluntarios, para servirse dellos,
-era escala franca donde todos, al cabo, con los trabajos, en
-breve perecieron. De allí fué á la villa de Sant Cristóbal,
-que á la sazon estaba en aquella costa del Sur, la cual, despues
-se pasó á la del Norte, donde agora llaman la Habana,
-y allí cargó de todas las cosas que pudo, al precio que en los
-otros lugares lo habia tomado. En este tiempo llegaron mensajeros
-de Diego Velazquez, avisando que iba Cortés alzado,
-que lo trabajasen de prender; ésto escribió á Diego de Ordas,
-que era su criado, y valiente hombre, y á los que tenia por
-amigos en la dicha villa de Sant Cristóbal; escribió tambien
-Diego Velazquez, rogándole que lo esperase, porque tenia
-que comunicar con él para el bien de aquel su viaje. Nunca vide<span class="pagenum"><a name="Page_457" id="Page_457">[457]</a></span>
-tan poco saber en Diego Velazquez como en esta carta, ¡que le
-pasase por pensamiento que le habia Cortés de esperar, habiéndole
-hecho la burla y afrenta presente y pasada! Quisiérale
-convidar Diego de Ordas á Cortés al navío de que venia
-por Capitan, por allí apañallo, pero tan ignorante fué Diego
-de Ordas como Diego Velazquez, creyendo que se habia de él
-confiar; finalmente, allí se mostró Cortés como gran señor, y
-como si naciera en brocados, y con tanta autoridad que no
-se osaba ninguno menear que no le mostrase amor, y contentamiento
-de que él reinase. Partióse de allí con toda la flota,
-mediado el mes de Febrero de 1519 años; iban en ella 550
-hombres con marineros y todos, 200 ó 300 indios é indias,
-ciertos negros que tenian por esclavos, y 12 ó 15 yeguas y
-caballos; gobernaba toda la flota, en lo que tocaba á las cosas
-de mar, como piloto mayor, Anton de Alaminos, el que indució
-á Francisco Hernandez de Córdoba que enviase por licencia
-para descubrir á Diego Velazquez cuando iban á saltear
-indios de los Lucayos y de otras islas, y, finalmente, el que
-se halló por piloto en el primer descubrimiento de la tierra de
-Yucatán, como se dijo en el cap. 96, y despues fué y anduvo
-descubriendo con Grijalva. Llegada la flota en el cabo de la
-isla de Cuba, llamado de Sant Anton, y comenzando á atravesar
-el golfete que hay, é dura 50 leguas, desde el cabo dicho
-de Cuba á la punta ó cabo que llaman de Cotoche, primera
-tierra de Yucatán, para de allí volver sobre la isla de
-Cozumel, que fué lo primero que vido y trató Francisco Hernandez,
-y lo primero tambien donde fué á parar Juan de Grijalva,
-dióles aquella noche un terrible temporal, como los
-suele por aquel golfo y costa de Yucatán hacer, que desbarató
-á todos los navíos, y cuando amaneció se halló cada uno sólo.
-Pero porque Cortés habia dado á todos órden que les siguiesen
-hasta la isla de Cozumel, cada uno, desque abonanzó el
-tiempo, tuvo cargo de guiarse á la isla, donde unos hoy y
-otros mañana todos llegaron, aunque algunos con más peligro
-que otros, excepto uno que no pareció por muchos dias. En
-especial un navío, donde iba por Capitan uno llamado Fran<span class="pagenum"><a name="Page_458" id="Page_458">[458]</a></span>cisco
-de Morla, criado y camarero de Diego Velazquez; dióle
-un golpe de mar que le hizo despedir el gobernario, que es
-uno de los mayores peligros que hay en la mar, é anduvieron
-gran parte de la noche sin él, perdida cuasi la esperanza de
-se salvar; pero, siendo de dia, plugo á Dios que lo vieron andar
-sobre el agua, y visto, el mismo capitan Francisco de Morla,
-por ser gran nadador, se lanzó á la mar, atado con cierto cabo
-ó soga, y trújolo arrastrando al navío, donde tornaron á remediarse.
-Como los indios de un pueblo grande, que cerca de
-la costa de la mar estaba, vieron tantos navíos juntos, como
-no hobiesen visto ántes sino tres ó cuatro, que fueron los tres
-de Francisco Hernandez, y los cuatro de Grijalva, pensaron
-que venia sobre ellos algun diluvio de gente que los anegase,
-mayormente habiendo oido la matanza que Francisco Hernandez
-en Champoton y el denuedo de guerra que Grijalva
-despues dél habian hecho. Huyó toda la vecindad del pueblo
-á los montes, de miedo, alzado cada uno su hatillo. Envió ciertos
-españoles Cortés al pueblo, y, hallándolo vacío, todavía
-trujeron alguna ropa de algodon y algunas joyuelas de oro.
-Mandó Cortés sacar los caballos para que se recreasen, que
-venian fatigados y habia muy buenos pastos, y, toda la gente
-y él en tierra, envió cierta cuadrilla dellos á buscar gente ó
-algunas personas de quien pudiesen tomar lengua. Hallaron
-unas mujeres con unos niños, y una que parecia principal, en
-un monte metidas, las cuales trujeron á Cortés, llorando ellas
-y sus niños; Cortés las consoló lo mejor que pudo, y halagó
-á los niños, diciendo por señas, que no hobiesen miedo y dióles
-cosillas de Castilla. Vinieron ciertos á los españoles, que
-debian ser maridos de las mujeres, rogando que les diesen
-aquellas mujeres, y quizá entre ellos debia venir el principal,
-marido de aquella que lo parecia, ó enviados por él; Cortés
-los aseguró y dió cosas de Castilla, rogándoles por señas que
-trujesen al marido de aquella, y que de su parte le diesen
-ciertas dellas, que aparte les dió. Él vino el siguiente dia, ó
-por ventura envió otro, diciendo que aquel era el señor y
-marido; porque ésto es muy comun entre los indios, no se<span class="pagenum"><a name="Page_459" id="Page_459">[459]</a></span>
-mostrar luégo los señores á los españoles, sino fingir que es
-aquel que envian, como saben que los primeros que los españoles
-procuran de prender, y atormentar, y matarlos, son
-los señores, y por ésto no tan presto se fian. Finalmente, vino
-el otro por él, acompañado de muchos, y trujeron sus presentes
-de gallinas, pan de maíz, y mucha miel y frutas, porque
-nunca jamás los indios vienen á los españoles manvacíos, y es
-costumbre tambien muy antigua entre sí. Rescibiólos Cortés,
-y los españoles, graciosamente, mandóles dar de los rescates
-y cosas de Castilla, induciéndolos, por señas, que se viniesen
-los vecinos cada uno á su casa y que no rescibirian daño alguno;
-ellos lo hicieron. El señor del pueblo donde estaban ó
-de la isla, ó el que se fingió ser señor, era de los bien hechos
-y más gentiles hombres de gesto y de cuerpo que se habia
-visto en todas las Indias, y así tenia la gracia en las obras y
-conversacion que con todos tenia, y servicio que á los españoles
-hacia; sólo parecia rescibir pena en no entenderlos, por
-la diversidad de la lengua. Tuvo una industria para nos entender,
-harto provechosa para Cortés y para todos los que con él
-iban, y fué ésta: que envió á la tierra firme de Yucatán, que
-dista de la isla un golfo de cuatro ó cinco leguas, ciertos mensajeros,
-á un señor de aquella provincia que tenia un español
-captivo, y rogóle que se lo prestase ó se lo vendiese, porque
-habian venido muchos hombres extraños y fuertes, barbados
-como aquel, que le tenian señoreado su tierra, y, para tractar
-y conversar con ellos, no los entendia, y con aquel sabria
-cómo se debia de haber con ellos. Díjose tambien, que aquel
-señor descubrió á Cortés que en Yucatán habia dos hombres
-barbados como él, y Cortés les escribió una carta diciéndoles
-como venia á poblar en aquella tierra, y que si podian que
-trabajasen de venirse; y que los indios que fueron por aquel
-mandó pasar á la otra banda de Yucatán, en un bergantin, é
-aquellos llevaron la carta fácilmente, aunque con gran dificultad
-les dió el cristiano captivo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_460" id="Page_460">[460]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXVII">CAPÍTULO CXVII.</h2></div>
-
-<p>Y porque ya Cortés tenia reformados todos los navíos de
-la tormenta pasada, y proveídolos de bastimentos que le dieron
-en abundancia los indios, por mandado del señor de la
-isla, y recogidos los caballos y la gente, y en buena amistad con
-el señor y vecinos della, se hizo á la vela para correr la costa
-de la tierra firme, y llegó á la punta de las Mujeres, que
-Francisco Hernandez ó Grijalva habia por nombre puesto, que
-es la primera tierra de Yucatán, obra de 10 leguas de la isla,
-y surgió allí toda la flota. De allí tornó á alzar las velas para
-seguir su camino hácia el cabo de Cotoche, y navegando
-aquel dia, descubrióse un agua en uno de los navíos que no
-podian con dos bombas agotalla; hizo señal de tener necesidad,
-tirando un tiro de pólvora, acudió Cortés con su nao y todos
-á socorrelle, y viendo que crescia el agua y que no tenia remedio
-sino entraba en algun buen puerto, y por allí no lo
-habia, determinó Cortés de tornarse al puerto de la isla de
-donde habian salido. Salieron todos los indios de la isla con
-gran regocijo á rescibillos y servillos; adobaron allí el navío,
-é, ya que querian tornarse á embarcar, revolvióse la mar de
-manera que no pudieron el sábado; y el domingo, que era el
-primero de cuaresma, díjose y oyeron misa. Estando comiendo,
-vieron venir una canoa que atravesaba de Yucatán á la isla,
-y mandó Cortés á un Andrés de Tapia, mancebo bien suelto,
-y á otros compañeros, que fuesen escondidos á la parte de
-la isla donde iba la canoa dirigida, y salteasen los indios y<span class="pagenum"><a name="Page_461" id="Page_461">[461]</a></span>
-se los trujesen, lo cual así se hizo. Eran cuatro desnudos en
-cueros, cubiertas las partes secretas, los que en la canoa venian,
-y el uno tenia largas barbas. Salió Andrés de Tapia y
-sus compañeros, de súbito, de unas matas de monte, y arremetieron
-á ellos, que no fué chica turbacion para los tres, y
-queriéndose huir para el agua y tomar su canoa, habló el
-barbado en la lengua de los indios que no se huyesen ni hobiesen
-miedo, y luégo vuelve la cara á los españoles, y dice
-en la lengua de Castilla: «Señores, ¿sois cristianos?» Respondieron:
-«Cristianos somos.» Hincó luégo las rodillas en el
-suelo, y llorando de alegría, comienza á dar gracias á Dios
-que le habia sacado de entre infieles y captiverio, y dejalle
-ver cristianos con libertad; todos se holgaron de velle, y le
-ayudaron á dar á nuestro Señor muchas gracias. Trujéronlo á
-Cortés que lo rescibió con grande alegría, y todos en grande
-manera se regocijaron, espantados de velle desnudo como
-indio y del sol el cuerpo quemado, que si no fuera por las
-barbas, ninguna diferencia se cognoscia de ser indio ó cristiano.
-Preguntó luégo si era miércoles, dijeron que no, sino
-domingo, el cual, aunque tenia unas horas de rezar, habia en
-la cuenta de los dias errado; dijo llamarse Jerónimo de Aguilar,
-natural de Écija. Comenzó á contar su pérdida y captiverio,
-é dijo, que salido del Darien con Valdivia, enviado por
-Vasco Nuñez de Balboa á esta isla Española, él y otros
-con él, en una carabela, se perdieron en los bajos y peñas de
-Jamáica, que llaman las Víboras, que fué lo que en el cap. 42
-tocamos; metiéronse 20 hombres en el batel, sin agua y ninguna
-cosa de bastimento, muriéronse los 10 ó 12 de hambre
-y sed en el camino, y echólos la corriente á cabo de quince
-dias en la costa de Yucatán, y aportaron al señorío de cierto
-señor ó Cacique, que segun Gomara dice que habia dicho,
-que algunos sacrificó dellos á sus ídolos, y los comió, y otros
-guardó para los sacrificar, pero que se huyeron y aportaron
-á tierra y señorío de otro señor que los guardó y conservó sin
-hacelles mal alguno, ántes siempre los tractó bien sirviéndose
-dellos humanamente. Esto de sacrificar hombres y co<span class="pagenum"><a name="Page_462" id="Page_462">[462]</a></span>merlos,
-como dice Gomara, yo creo que no es verdad, porque
-siempre oí que en aquel reino de Yucatán ni hobo sacrificios
-de hombres, ni se supo qué cosa era comer carne humana, y
-decirlo Gomara, como ni lo vido ni lo oyó sino de boca de
-Cortés, su amo, y que le daba de comer, tiene poca autoridad,
-como sea en su favor y en excusa de sus maldades, sino que
-ésto es lenguaje de los españoles y de los que escriben sus
-horribles hazañas, infamar todas estas universas naciones para
-excusar las violencias, crueldades, robos y matanzas que les
-han hecho, y cada dia y hoy les hacen; y por ésto Gomara
-dice en su Historia, que la guerra y la gente con armas es el
-camino verdadero para quitar los ídolos y los sacrificios, y
-otros pecados á los indios, y con ésto, dice él, más fácilmente,
-y más presto, y mejor, resciben, y oyen, y creen á los predicadores
-y toman el Evangelio y el baptismo de su propio
-grado y voluntad. Harto poco sabe Gomara de la predicacion
-del Evangelio, y del fructo que en estas partes han hecho las
-tiranías y estragos con armas, las cuales han obrado en estas
-gentes tanto, que sino son los que Dios ha querido dellas,
-contra todo poder y saber humano, por la predicacion de los
-buenos religiosos alumbrar, los demas no estiman de nuestro
-verdadero Dios, sino que es malo, injusto y abominable, pues
-tan inícuos hombres envia á que los aflijan y destruyan con
-tan nunca oidos otros tales daños y males. De como esta predicacion
-se debe hacer sin armas, véase, por quien quisiere
-verlo, en nuestro libro en latin, en los capítulos postreros, 5.º,
-6.º y 7.º, con muchos párrafos, cuyo título es, <i>De unico vocationis
-modo omnium gentium ad veran religionem</i>, donde cognoscerán
-el estado de dañacion eterna en que están los que
-procuraren, mandaren ó aconsejaren lo que dice Gomara,
-que la predicacion destas naciones se deba de hacer con
-guerra y con armas. Dice aquí más Gomara, que Cortés determinó
-de quitar los ídolos de aquel pueblo y poner cruces
-en aquella isla, despues que vino Jerónimo de Aguilar; pero
-ésto es uno de los errores y disparates que muchos han tenido
-y hecho en estas partes, porque, sin primero por mucho tiempo<span class="pagenum"><a name="Page_463" id="Page_463">[463]</a></span>
-haber á los indios y á cualquiera nacion idólatra doctrinado,
-es gran desvarío quitarles los ídolos, lo cual nunca se hace
-por voluntad, sino contra de los idólatras, porque ninguno
-puede dejar por su voluntad y de buena gana aquello que
-tiene de muchos años por Dios, y en la leche mamado,
-y autorizado por sus mayores, sin que primero tenga entendido
-que aquello que les dan ó en que les conmutan su Dios,
-sea verdadero Dios. ¡Mirad qué doctrina les podian dar en
-dos, ó en tres, ó en cuatro, ó en diez dias que allí estuvieron,
-(y que más estuvieran), del verdadero Dios, y tampoco les
-supieran dar para desarraigalles la opinion errónea de sus dioses,
-que en yéndose, que se fueron, no tornasen á idolatrar!
-Primero se han de raer de los corazones los ídolos, conviene á
-saber, el concepto y estima que tienen de ser aquellos Dios
-los idólatras, por diuturna y diligente y contina doctrina, y
-pintalles en ellos el concepto y verdad del verdadero Dios, y
-despues ellos mismos, viendo su engaño y error, han de derrocar
-y destruir con sus mismas manos y de toda su voluntad
-los ídolos que veneraban por Dios ó por dioses; y así lo enseña
-Sant Agustin en el sermon <i>De puero Centurionis de
-verbis domini</i>. Pero no fué aqueste el postrero disparate que
-en estas Indias, cerca desta materia se ha hecho; poner cruces,
-induciendo á los indios á la reverencia dellas, si hay tiempo
-para ello, con significacion alguna del fructo que pueden
-sacar dello si se lo pueden dar á entender, parece ser bien
-hacerse, pero no habiendo tiempo ni lengua, ni sazon, cosa
-supérflua é inútil parece, porque pueden pensar los indios que
-les dan algun ídolo de aquella figura, que tienen por Dios los
-cristianos, y así los harán idolatrar, adorando por Dios aquel
-palo; la más cierta y conveniente regla y doctrina que por
-estas tierras y otras de infieles, semejantes á éstos, los cristianos
-deben dar y tener, cuando van de pasada como estos
-iban, y cuando tambien quisieren morar entre ellas, es dalles
-muy buen ejemplo de obras virtuosas y cristianas, para que,
-como dice nuestro Redentor, viéndolas alaben y den gloria al
-Dios y padre de los cristianos, y por ellas juzguen que quien<span class="pagenum"><a name="Page_464" id="Page_464">[464]</a></span>
-tales cultores tiene no puede ser sino bueno y verdadero
-Dios, como Sant Crisóstomo, sobre las mismas palabras de
-nuestro Salvador, dice. De la religion, y ritos, é ídolos que en
-ella tenian las gentes desta isla de Cozumel, largamente dijimos
-en nuestra Apologética Historia.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_465" id="Page_465">[465]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXVIII">CAPÍTULO CXVIII.</h2></div>
-
-<p>Antes que vamos más adelante, conviene aquí referir tres
-cosas, que cuasi han perdido ya su lugar porque un poco
-atrás parece que debieran ser referidas. La una es, que sabidas
-las nuevas en Castilla de que Francisco Hernandez habia
-descubierto la isla de Cozumel, donde dejamos agora á Hernando
-Cortés y á su compañía (y éstas vinieron á Valladolid estando
-el rey D. Cárlos para Aragon de partida), luégo el obispo
-de Búrgos, D. Juan Rodriguez de Fonseca, procuró, aunque
-andaba ya cerca de las cosas destas Indias un poco caido, pero
-muerto el Gran Chanciller comenzó un poco á revivir, que
-se nombrase por Obispo de la dicha isla de Cozumel un religioso
-de Sancto Domingo, llamado fray Julian Garcés confesor
-suyo, maestro en teología y notable predicador, y señaladamente
-muy latino, tanto, que se dijo el maestro Antonio
-de Lebrija, viendo su habilidad y pericia en la lengua latina,
-<i>me oportet minui hunc aut crescere</i>: creyóse luégo, descubierta
-la dicha isla, en haber hallado edificios de cantería, que debia
-ser alguna gran cosa, especialmente por estar junto á la tierra
-de Yucatán, que cuasi ambas se pensaban ser una isla. La
-segunda es, que como llevó el clérigo Benito Martinez, que
-envió Diego Velazquez, las nuevas del mucho oro que Juan
-de Grijalva de rescate habia descubierto y traido, de lo cual
-llevó por muestra ciertas piezas para el Rey, muy ricas, como
-tocamos en el cap. 114, y llevó tambien relacion de la tierra
-que habia descubierto adelante de Culuá, estimando tambien
-que era isla, pidió al Rey por merced que le diesen el abadía
-della, que no salió ménos que ser toda la Nueva España, que
-los indios Culuá llamaban y llaman, la que nosotros estimábamos,
-ó al ménos el clérigo Benito Martin, que era isla, y<span class="pagenum"><a name="Page_466" id="Page_466">[466]</a></span>
-como despues salió ser cosa tan grande, y la isla de Cozumel
-tan chica, hallóse burlado el padre maestro fray Julian Garcés
-en haber sido hecho de cosa tan poca Obispo, y el padre Benito
-Martin con mucho más de lo que habia pensado y pedido.
-Anduvo despues sobre ésto mucha controversia; moderóse de
-cierta manera, que el padre maestro fray Julian fuese primero
-obispo de Tascala, y al clérigo Benito Martin se le hizo cierta
-recompensa, no me acuerdo en qué, mas de que, tornando á
-la Nueva España por la mar, murió en el camino. Lo tercero
-que aquí conviene decir es, que como se sonó el descubrimiento
-y riqueza de la tierra que Juan de Grijalva habia corrido,
-Francisco de Garay, que gobernaba la isla de Jamáica,
-por el almirante D. Diego, de quien hobimos hablado en el
-primer libro, y que halló el grano grande de oro, que pesó
-3.600 pesos de oro, en compañía de Miguel Diaz, determinó
-de enviar á un hidalgo, llamado Diego de Camargo, á descubrir
-é continuar el descubrimiento que Grijalva habia hecho,
-con uno ó con dos navíos; el cual descubrió la provincia de
-Panuco, ó, por mejor decir, comenzó de allí donde Grijalva
-se habia tornado, que fué desde Panuco, y anduvo navegando
-por la costa cien leguas hácia la Florida, y, finalmente, atribuyó
-á su descubrimiento desde la provincia y rio de Panuco,
-y, tornado Diego de Camargo á Jamáica, Francisco de Garay
-envió á Castilla suplicando al Rey que le hiciese merced de
-aquella gobernacion, y que á su costa conquistaria y poblaria
-aquellas provincias. Pidió que le diese título de Adelantado y
-ciertas leguas de tierra, con jurisdiccion ó sin ella, y otras
-mercedes; el Rey se las concedió el año de 519, estando en
-Barcelona, electo ya Emperador, para ir á rescibir las primeras
-coronas de partida. Este Francisco de Garay fué de los
-primeros que con el almirante D. Cristóbal Colon, que descubrió
-estas Indias, por criado suyo vino; siempre fué persona
-honrada y siempre tuvo muchos indios que le servian, y
-así llegó muchas riquezas, ó las que por entónces por muchas
-se tenian. Tuvo muchas granjerías, y en especial de ganados,
-y estos eran puercos, que por aquel tiempo eran de mucho<span class="pagenum"><a name="Page_467" id="Page_467">[467]</a></span>
-provecho; decíase que Francisco de Garay tenia ocupados en
-guardar puercos 5.000 indios; llegó á tener muchos dineros.
-Fué á Castilla por Procurador desta isla Española para que les
-concediese el repartimiento de los indios perpétuos, y alcanzóse
-por tres vidas, puesto que á la media de la primera los
-tenian todos muertos, como en el libro II se dijo. Desta ida
-vino, ó con voluntad del Almirante segundo, D. Diego, ó contra
-ella, como Diego Velazquez, por Teniente de gobernador
-de Jamáica, donde hizo muchas haciendas, con indios hechas
-y de muchas granjerías, y así se hizo muy rico; y porque
-habia de pagar, en este mundo ó en el otro, haber sido uno
-de los principales que destruyeron las gentes desta isla, permitió
-Dios que se metiese en descubrir é querer poblar (lo
-que más con verdad se puede y debe decir no ir á poblar,
-sino á despoblar, como la perdicion de tan grandes tierras es
-asaz testigo), á donde gastase toda su hacienda y riqueza, y
-perdiese, como parecerá, la vida. Estos ofrecimientos, que
-ofrecian al Rey, de ir á descubrir conquistar y poblar las
-tierras y provincias destas Indias á su costa, desque se comenzaron,
-han sido causa de grandes despoblaciones, y perdicion
-de grandísima parte dellas, y de haber los Reyes de
-Castilla inmensos tesoros perdido, y la conciencia, por ventura,
-puéstoles en grande peligro; y ésto causó la ceguedad y
-error que siempre tuvo el Consejo de las Indias, estimando
-que, porque el Papa las concediese á los Reyes para hacer
-predicar el Evangelio y convertir las gentes dellas, que luégo
-les era lícito enviar gente armada y tomar la posesion dellas
-por guerra, como si fuera Túnez, ó Argel, ó Fez, ó otra tierra
-de la Berbería; é ignorar la diferencia desto no tiene alguna
-excusa ni ante Dios ni ante el mundo, porque no les daba el
-Rey de comer por más gentiles hombres, ni por más esforzados
-para la guerra, sino por letrados juristas, y por eso, ignorar
-el derecho, sin gran culpa suya, no les convenia, y así
-son reos, cuanto á Dios y cuanto al Rey, de todos los males
-y daños espirituales y temporales, y perdicion de tan infinitas
-ánimas, y de infinitos tesoros, que los Reyes tuvieran si ellos<span class="pagenum"><a name="Page_468" id="Page_468">[468]</a></span>
-hobieran la verdad del derecho, como eran obligados, sabido.
-Pluguiera á Dios que á los Reyes hubiera costado cualquiera
-descubrimiento y poblacion, en cualquiera parte destas Indias,
-tantos dineros, que hobieran de ayunar sus personas
-reales muchos dias, y no admitido á los que á su costa descubrir
-é poblarlas se ofrecian, porque otro pelo tuvieran sus
-reinos del que tienen y que quizá ternán hasta el dia del juicio.
-Ofrecíase un tirano de aquellos, y aún se ofrece hoy, á gastar
-20 y 30.000 ducados en el descubrimiento y poblacion, y
-áun solian claramente decir en la conquista, de algun reino ó
-provincia, los cuales no eran de las viñas y olivares que sus
-padres le habian dejado por herencia, sino robados, y de la
-destruccion que habian ayudado á hacer en otras tierras dellas
-adquiridos, y sabiendo ésto los del Consejo, y teniendo manifiesta
-probabilidad, y áun ciencia experimental, que no lo
-pedian sino para robar y hacerse ricos, y que para conseguir
-aquel fin habian de asolar, y destruir, y despoblar, con gran
-infamia é injuria de Dios verdadero, y en impedimento eficacísimo
-de la fe, y que no habian de guardar ni cumplir ley,
-ni razon, ni limitacion, ni órden que les pusiesen, dejándose
-á sabiendas cegar, les daban cuanto pedian; y, dejados aparte
-los pecados que contra Dios cometian, y la infamia de su fe y
-de su nombre, y los daños irreparables que á estas gentes en
-cuerpos y en ánimas hacian, pero áun los deservicios que á
-los Reyes hicieron el matalles tantos cuentos de gentes (que á
-maravedí que les dieran de servicio, los privaron de las mayores
-y más ciertas riquezas que Reyes ni Príncipes jamás en
-el mundo poseyeron); y lo que más agravia el pecado y ceguedad
-y gravedad de los que para robar y matar, licencia y
-autoridad pedian, y de los que se la concedian, aunque en
-las instrucciones que les daban les pintaban por cumplimiento
-que trabajasen de los tener de paz, por bien, etc., pero parece,
-y es cosa de escarnio y barbarísima, que las matanzas
-y destrucciones que hacian los tiranos representaban ante el
-Consejo por servicios hechos al Rey, y el Consejo por tales
-los admitia, y daban armas, insignias y privilegios de bien<span class="pagenum"><a name="Page_469" id="Page_469">[469]</a></span>
-servidos. ¿Qué mayor insensibilidad pudo ser otra que aquesta,
-no sentir que dándoles insignias, y armas, y privilegios
-por las muertes violentas, robos, estragos y tiranías que cometian,
-las aprobaban, y, por consiguiente, las hacian propias
-suyas, como si ellos mismos las cometieran? Entre otras
-mercedes que se les hacian, era comunmente hacellos Adelantados,
-y porque se adelantaban en hacer males y daños
-tan gravísimos á gentes pacíficas, que ni los habian ofendido,
-ni algo les debian con los mismos Adelantamientos que procuraron
-hallaban y hallaron su muerte, como la gallina escarbando
-el cuchillo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_470" id="Page_470">[470]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXIX">CAPÍTULO CXIX.</h2></div>
-
-<p>Tornemos al viaje de Cortés y de su sancta compañía, el
-cual, saliendo de la isla de Cozumel con Jerónimo de Aguilar,
-muy contento por tener persona que supiese alguna
-lengua para entenderse con aquellas gentes, navegó hácia la
-tierra de Yucatán y pegado á ella, mandando á los bergantines
-que se llegasen más á tierra por si ver hallasen el navío que no
-parecia; finalmente, lo hallaron en un puerto metido, de que
-los unos y los otros rescibieron grande alegría, porque ambas
-á dos partes creian que la otra era perdida. Contaron cierta
-cosa de notar los del navío, y fué, que vieron en llegando un
-perro andar por la playa ladrando y escarbando en la tierra,
-cuasi llamándolos; saltaron en tierra y vínose luégo á ellos
-haciéndoles con la cola mil halagos, como si fuera una persona
-de razon, y, ésto hecho, váse corriendo al monte y trae
-una ó dos liebres ó conejos, cuasi hospedando bien á los
-huéspedes: no supe si lo recogieron y llevaron al navío, ni
-quién allí le habia dejado de los descubridores de aquella
-tierra. Recogido su navío, vánse todos al rio de Grijalva y
-provincia ó pueblo de Tabasco, donde habia el Cacique vestido
-desde los piés á la cabeza de piezas de oro á Grijalva,
-segun se dijo arriba en el cap. 111; surgieron echando anclas
-á la boca del rio, porque la entrada es muy baja y combate
-el agua de la mar con la del rio: por eso es muy peligrosa,
-donde yo tuve alguna vez harto peligro. Dejó Cortés los navíos
-grandes á la boca del rio, y entróse para ir á tierra con toda
-la más de la gente en los bergantines y bateles, proveidos de
-armas y de artillería; desque los indios de la tierra vieron los
-muchos navíos y que iba tanta gente á saltar en tierra, salieron
-de un pueblo grande que allí tenian con sus armas, arcos<span class="pagenum"><a name="Page_471" id="Page_471">[471]</a></span>
-y flechas, para ver quién eran y lo que querian; llegando en
-derecho del pueblo vieron que estaba cercado de una cerca
-de madera muy alta y muy recia; los indios entran en sus
-canoas con sus armas, saliéndoles al camino para impedilles
-que no saltasen en tierra. Cortés les hace señal de paz y hace
-al Aguilar que les hable en la lengua de Yucatán, que él sabia;
-no sabemos si aquella de Tabasco era diversa, y creemos
-que no la entendia. Los indios les requerian que no se llegasen
-á su pueblo, con sus meneos; Cortés con los suyos, pedia de
-comer y agua; ellos mostrábanles el rio, que la tomasen, que
-subiesen por ella un poco más arriba, donde era dulce; tornaron
-los indios al pueblo y trujéronles ciertas canoas ó barquillos
-cargadas de maíz, é pan, y frutas, y gallinas y de lo
-que más tenian; dice Cortés que aquello no les bastaba, que
-les trujesen mucho más, porque traia mucha gente. Los indios,
-desque vieron que ponian denuedo los españoles á querer
-entrar en el pueblo, dijéronles que esperasen hasta otro
-dia, porque ya era tarde, y que volverian con más comida;
-Cortés saltó con su gente en una isleta que hacia el rio,
-donde aquella noche estuvieron hasta que fué de dia. Los indios,
-temiendo que los españoles habian de entrarles por
-fuerza en el pueblo, y que padecerian peligro, toda aquella
-noche gastaron en poner en cobro sus alhajas, y mujeres, y
-hijos, y aparejarse para resistilles. Cortés tampoco dormia
-toda la noche, ántes mandó salir toda la gente de los navíos
-y envió algunos que fuesen rio arriba á ver si hallaban vado;
-halláronlo no léjos de allí, proveen que vaya gente y pase de
-la otra banda, y que se ponga celada en los montes, cuan cerca
-del pueblo allegarse pudiesen, y así lo hicieron. Tornaron los
-indios en amaneciendo y trujeron más comida, diciendo que
-no tenian más ni podian darles más, porque la gente del
-pueblo, de miedo dellos, se habia huido, y que tomasen aquello
-y se fuesen con Dios de su tierra, ó con quien quisiesen, porque
-se escandalizaba toda la tierra en vellos. Y es placer lo
-que Gomara dice aquí para justificar las obras que Cortés en
-aquel pueblo hizo; dice que respondió Cortés por Aguilar, la<span class="pagenum"><a name="Page_472" id="Page_472">[472]</a></span>
-lengua, que si le escuchasen la causa ó razon de su venida
-verian cuánto bien y provecho se les seguiria, como, en la
-verdad, ni entendian ellos ni Aguilar, como el mismo Gomara
-en el cap. 4.º de allí abajo dice, que muchas cosas entre los
-nuestros y aquellos indios pasaron, que, como no se entendian
-eran mucho para reir. Estas son sus palabras, y arriba,
-que hablaba Cortés y decíales con Aguilar, la lengua, ésto
-y ésto. Dice más Gomara: «Que replicaron los indios que no
-querian consejo de gente que no cognoscian, ni ménos acogerlos
-en sus casas, porque les parecian hombres terribles y
-mandones (mirad qué mal decian si ésto que dice Gomara es
-verdad, pero yo creo que ni ésto ni lo demas entendian, como
-él mismo dice allí), demás, que si querian agua, que la cogiesen
-del rio, ó hiciesen pozos en tierra, que así hacian ellos
-cuando la habian menester»; y que viendo Cortés que era por
-demas palabras, díjoles: «Que en ninguna manera podia dejar
-de entrar en su pueblo y ver aquella tierra, para tomar y dar
-relacion della al mayor señor del mundo que allí le enviaba;
-por eso que lo tuviesen por bueno, pues él lo deseaba hacer
-por bien, y sino que le encomendaria á su Dios, y á sus manos,
-y á las de sus compañeros.» Los indios no decian más de que
-se fuesen y no curasen de bravear en tierra ajena, porque en
-ninguna manera lo consentirian salir á ella ni entrar en su
-pueblo, ántes le avisaban, que si luégo no se iban de allí que
-le matarian á él y á cuantos con él iban. Todo esto dice así
-formalmente Gomara en la Historia de su amo Cortés. ¿Qué
-mayor insipiencia y disparates que dice aquí Gomara, y áun
-qué más claras mentiras? Que sean claras mentiras y compostura
-de Gomara parece, porque tantas pláticas y tan largas y
-particulares no podian pasar entre gentes que no se entendian,
-como él confiesa no entenderse, segun queda dicho; que sea
-gran insipiencia la suya, tambien se muestra, querer fingir en
-para justificacion de la tiranía é injusticia de Cortés, que hizo á
-aquellas gentes de aquel pueblo y provincia. Justísimas causas
-y perentorias razones en favor de la justicia, de los indios, y
-del derecho que tenian para los matar por echallos de su tier<span class="pagenum"><a name="Page_473" id="Page_473">[473]</a></span>ra,
-que otra cosa no era sino defender y guardar su república
-de gente tan nueva y que con tanta osadía decia que habia de
-entrar en ella, y tomar relacion para dar á un gran señor del
-mundo á su desplacer, ¿con qué milagros y mansedumbre y
-santa vida, y de mucho tiempo experimentada, les probaba
-Cortés que tenia derecho de entrar en tierra tan ajena dellos,
-y tomar relacion, y darla al mayor señor del mundo? Y tambien
-que lo queria hacer y él venia para su bien; ¿qué nacion
-del mundo oyera tales palabras, que con mucha razon y justicia
-no trabajara y debiera trabajar de hacellos pedazos? Luégo
-insipiencia grande fué la de Gomara fingir razones para excusar
-y justificar las tiranías de Cortés, que las condenan y abominan
-á la clara y que todas las naciones del mundo para contra
-él las admitirán y aprobarán, como sean fundadas en la
-ley natural; pero, como dije, todas son falsas é imprudentemente
-inventadas, sólo es, y parece ser verdad, que los indios
-le requiriesen muchas veces que se fuesen de su tierra y los
-dejasen en paz, porque de gente tan fiera y tan armada, y que
-así porfiaba entrar en su pueblo por fuerza, contra su voluntad,
-podian presumir é sospechar y áun tener por muy cierto
-que bien ninguno les podia venir, sino muy mucho mal. Dice
-más Gomara, que no quiso Cortés no hacer con aquellos bárbaros
-todo cumplimiento, segun razon y conforme á lo que los
-reyes de Castilla mandan en sus instrucciones, que es requerir
-una y dos y muchas veces con la paz á los indios, ántes
-de hacelles guerra, ni entrar por fuerzas en sus tierras y lugares,
-é así les tornó, dice él, á requerir con la paz y buena
-amistad, prometiéndoles buen tratamiento y libertad, y ofreciéndoles
-la noticia de cosas tan provechosas para sus cuerpos
-y almas, que se ternian por bien aventurados despues de
-sabidas, y que si todavía porfiaban en no le acoger ni admitir,
-que los apercibia y emplazaba para la tarde, ántes del sol
-puesto, porque pensaba, con ayuda de su Dios, dormir en el
-pueblo aquella noche, á pesar y daño de los moradores que
-rehusaban su buena amistad, y conversacion, y la paz, etc...
-Todo ésto dice Gomara, y todo es compuesto y falsedad;<span class="pagenum"><a name="Page_474" id="Page_474">[474]</a></span>
-véase la justificacion razonable que tuvieron aquellos requerimientos,
-y, por mejor decir, la insipiencia é insensibilidad
-de los del Consejo del Rey, que ordenaron que se hiciesen requerimientos
-á los indios, que rescibiesen á los españoles, y
-si no que les pudiesen guerrear, en el cap. 57 y los siguientes
-deste tercer libro, donde asaz largo queda declarado. Del buen
-tratamiento y libertad, y paz y buena conversacion, que Cortés
-y los otros apóstoles á él semejantes prometian y prometieron,
-ó fingieron prometer, esta isla Española y las otras
-islas, y cuatro y cinco mil leguas de tierra firme, que hasta
-hoy han despoblado, asolado y destruido, como todo el mundo
-sabe y clama, son lamentables testigos. La verdad de toda esta
-violenta invasion y tirano acometimiento de Cortés en aquella
-poblacion grande de Tabasco, que Gomara quiere justificar,
-es que sin dilacion, cuanto él más presto pudo, visto que los
-indios por señas y meneos les decian que se fuesen de su
-tierra, y que no querian que en su pueblo entrasen, pues les
-habian dado la comida que les pidieron, combatió el pueblo
-con sus tiros de pólvora, que nunca los indios habian oido ni
-visto, y así, de miedo, cayeron en tierra, creyendo que
-venia fuego del cielo, pero no por eso dejaron de pelear con
-mucho ánimo, con aquellas sus flechas harto débiles; entráronlos
-por fuerza, como al cabo estubiesen desnudos, y con
-las espadas desbarrigaron inmensos. Salen del monte los españoles
-que estaban en celada y dan por las espaldas en ellos,
-y todos juntos, los españoles, fueron muy pocos los que huyeron,
-que no quedaron muertos de los que se hallaron en defensa
-del pueblo. Muertos y huidos todos los indios, andan los
-españoles á su placer á deshollinar y robar las casas y lo que
-en ellas habia, halláronlas llenas de maíz é gallinas y otros
-bastimentos; oro, ninguno, de lo que ellos no rescibieron mucho
-placer, pero quedaron quietos señores del pueblo.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_475" id="Page_475">[475]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXX">CAPÍTULO CXX.</h2></div>
-
-<p>De los indios que prendieron envió Cortés algunos para
-que fuesen á decir al Cacique, señor dél, y á la otra gente, que
-fuesen amigos y que no tuviesen miedo de allí adelante, que
-les harian mal, sino buen tractamiento, y que el señor viniese
-á él porque le queria decir muchas cosas de su provecho, y
-otros disparates y promesas frívolas que les quisiera persuadir,
-é que á cualquiera prudente pudieran mover á mayor
-odio é ira contra él y ellos, de quien tan grandes injurias é
-injusticias y daños habian rescibido. ¡Mirad qué fianzas daban
-ó qué seguridad y satisfaccion ofrecian, para que de los daños
-padecidos fuesen recompensados y de los que les podian hacer
-pudiesen ser seguros, habiéndoles así lastimado y atribulado
-tan sin culpa, y ofensa que les hobiesen hecho ni cometido!;
-pero el señor y sus capitanes y gente de guerra, ó por mejor
-decir guerrilla, como es toda guerra de indios, trabajaron de
-apedillar toda la tierra y venir sobre ellos, y no dejar, si pudiesen,
-hombre dellos á vida, pero para entretener á los españoles
-hasta que se hobiesen allegado todos los que habian
-maherido, envió el señor ciertos mensajeros á tratar de paz ó
-de treguas, y rogándoles que se contentasen con el mal que
-les habian hecho, y que no le quemasen el pueblo; respondió
-Cortés así lo haria, pero que les trujesen comida. Vinieron otro
-dia con ella, disculpándose que no traian más por estar la
-gente desparcida y huida; envió Cortés tres ó cuatro cuadrillas
-de españoles por los montes á buscar bastimentos y gente, y si
-pudiesen haber al señor ó Cacique. La una llegó á un pueblo
-donde hallaron mucha gente de guerra, que debian estar esperando
-que se allegase la demas para ir sobre ellos. Vistos los
-unos á los otros, comenzaron á pelear, y los indios con tan gran<span class="pagenum"><a name="Page_476" id="Page_476">[476]</a></span>
-esfuerzo y denuedo, que hirieron, con sus armas y flechas, y
-lanzas de palos con las puntas tostadas, y algunas con algunos
-huesos de pescado por casquillos, muchos de los españoles,
-hasta que los encerraron en cierta casa, donde los españoles se
-defendieron una buena pieza del dia, temiendo que no les prendiesen
-fuego que los pudieran quemar vivos; y como la grita
-que dan los indios cuando son muchos, que es cosa de grima,
-se sonase por los montes, oyéronla los de las otras cuadrillas,
-ocurrieron al sonido, y llegaron á tiempo, cuando ya los apretados
-tenian perdida la esperanza de vida; llegados, descercáronlos,
-y juntos todos, dan muy fieramente en los indios, pero
-los indios aunque vieron el socorro de fresco venir sobre
-ellos, que serian por todos, los españoles, cerca de 200, no
-dejaron de pelear validísimamente aunque morian muchos
-dellos. Estando los primeros españoles en la casa metidos, y
-en el estrecho que está dicho, ciertos indios de la isla de
-Cuba, que con ellos habian ido, fueron á hacer mandado á
-Cortés de lo que habian visto; Cortés, oidas tales nuevas,
-tomó cierta gente de la que tenia, y llevó algunos tiros de
-artillería, y partióse á mucha priesa, porque no era hombre
-que se dormia. Cuando llegó venian todos los españoles retrayéndose,
-y los indios dando como leones en ellos, de los
-cuales muchos herian con las flechas, pero en llegando hizo
-soltar algunos tiros de pólvora, y por temor dellos los indios
-se retrujeron; Cortés no curó de seguillos, porque andaban
-los españoles muy cansados, y muchos dellos mal heridos.
-Volviéronse todos al pueblo, no muy alegres; proveyó Cortés
-que los españoles heridos se fuesen á los navíos, y mandó
-sacar los caballos y la gente que pudo sacarse dellos y toda
-su artillería; caminó Cortés con más de 400 españoles y 12
-caballos y su artillería hácia donde habian peleado el dia
-pasado, y toparon á infinitos indios, que, como habian sentido
-la ventaja que habian llevado aquel dia, venian muy ufanos
-en busca dellos. Era toda la tierra llena de acéquias y
-arroyuelos, por ser toda de cacaguatales, que son heredades
-entre todas aquellas provincias muy preciosas, que son las<span class="pagenum"><a name="Page_477" id="Page_477">[477]</a></span>
-almendras de que usan por bebida y por moneda, que han
-menester cada hora regarse. Fué á los españoles gran impedimento
-para de los caballos ayudarse, y por ésto los indios
-pudieron hacer mucho daño á los españoles, y no rescibillo
-como entónces lo rescibieran, puesto que desque vieron los
-caballos y caballeros fué grande su espanto, creyendo que
-hombre y caballo era todo una cosa, y la lanza no ménos,
-pero no por eso dejaron de pelear contra ellos aunque se vian
-morir á sus piés; y aunque no mataban á los españoles por
-ser sus armas tan débiles, hirieron muchos y pusiéronlos en
-tanto estrecho que pensaron perecer. Salieron en fin á ciertos
-llanos, sin tantos arroyos y acéquias, donde los de caballo
-pudieron hacelles daño, los cuales alancearon innumerables,
-y díjose que habian muerto en esta entrada sobre
-30.000 ánimas; y ésta fué la primera predicacion del Evangelio
-que Cortés introdujo en la Nueva España. Y por los merecimientos
-suyos y de su compaña, dice Gomara, su criado, que
-les apareció Sant Pedro, ó Santiago, encima de un caballo que
-hizo en los indios aquel gran estrago; y, lo que más digno es
-de confusion inmortal y eterno escarnio, dice Gomara, que
-Cortés hizo soltar algunos indios de los presos que fuesen á
-decir al señor de la tierra y á todos los demas, que le pesaba
-del daño hecho en entrambas partes, por culpa y dureza
-dellos, que de su inocencia y comedimiento Dios le era buen
-testigo, mas, no obstante todo ésto, él los perdonaba de su
-error, si venian luégo ó dentro de dos dias á dar justo descargo
-y satisfacion de su malicia, y tratar con él de paz y
-amistad, y los otros misterios que les queria declarar, apercibiéndolos
-que, si dentro de aquel plazo no viniesen, de entrar
-por su tierra dentro, destruyéndola, quemándola, talándola,
-y matando cuantos hombres topase, chicos y grandes, armados
-y sin armas. Estas son sus formales palabras. Veis aquí conqué
-tiene Cortés engañado á todo el mundo, y no sin culpa de
-muchos de los que lean su falsa historia, no considerando que
-aquellos estaban quietos en sus casas, sin ofensa nuestra ni de
-nadie, y que no eran moros ni turcos que nos infestan y mal<span class="pagenum"><a name="Page_478" id="Page_478">[478]</a></span>tratan,
-no mirando más del sonido, que mató y que venció, y,
-como ellos dicen, conquistó tantas naciones, y robó para sí é
-envió tanto oro á España, y llegó á ser Marqués del Valle; y
-desta culpa los lectores della no son inmunes, al ménos los que
-son letrados. Los desventurados indios, viéndose así tan disipados
-y apocados de tanto estrago, todos fueron de parecer que,
-porque aquellos hombres eran tan fuertes, y traian tan terribles
-armas, y sobre todo aquellos animales que tanto corrian
-y alcanzaban, y sobre ellos tan mal los trataban y los
-acabarian de asolar, el señor acordó de les enviar ciertos indios
-viejos, que debian ser principales, á tratar de paz y seguridad.
-Dice Gomara, que vinieron á pedir perdon de lo pasado,
-como si de grandes agravios que les hobieran hecho,
-porque veais la insensibilidad de Gomara, ó por mejor decir,
-el escarnio que de la justicia y de la verdad hace. Rescibiólos
-bien Cortés, y dióles cosillas de rescates de Castilla, diciéndoles
-por señas, como se podia declarar, que tornasen á
-hablar á su señor y lo induciesen á que viniese á verse con él,
-y que no tuviese miedo que no rescibiria mal alguno, y otras
-señas semejantes; y para más mostrarles seguridad, soltó á
-todos los indios que habian preso en la batalla y hizo curar
-los que de heridas estaban maltratados. Fué, á lo que se juzgaba,
-el señor y muchos principales á ver á Cortés, con mucha
-compañía, y á los españoles, con harto dolor de su corazon,
-mostrando mucha tristeza y no ménos con temor no los burlasen;
-dije, á lo que se juzgaba fué el señor, porque cuasi siempre
-los señores de los indios no se muestran ni van á los españoles
-cuando no están primero muy seguros, sino que envian un
-indio que tenga persona de autoridad, y fingen que aquel es
-el señor. Trujeron un buen presente de muchas gallinas, de las
-grandes de papada, y pan, y frutas, y cacao, y ciertas joyas de
-oro, que pesarian más de 300 castellanos, y 15 ó 20 mujeres,
-para que guisasen de comer y hiciesen pan de maíz, que es
-lo más trabajoso de hacer, y que sin mujeres no se puede
-amasar sino mal y con gran dificultad, para los aplacar,
-porque no los acabasen de destruir. Rescibiólos Cortés con<span class="pagenum"><a name="Page_479" id="Page_479">[479]</a></span>
-mucha alegría y abrazó al que se decia ser señor, mostrándole
-haber mucho placer con su venida, y ofreciéndoles seguridad
-y amistad desde adelante todo por señas; porque
-ninguna cosa se entendian. Preguntáronle si de aquel oro
-habia mucho y si se cogia por aquella tierra; respondieron
-que no se cogia por allí, sino en otras partes, señalando con
-los meneos, que léjos. Dice aquí Gomara, que quebraron los
-ídolos por la doctrina que Cortés les predicó, enseñándoles
-los misterios que contenia y se celebraron en la cruz, y lo
-que en ella el hijo de Dios padeció, y que por estas exhortaciones
-la adoraron, puesta en un templo de sus dioses; añade
-Gomara, que dieron la obediencia y vasallaje al rey de España,
-en manos de Hernando Cortés, y se declararon por
-amigos de españoles, y que aquestos fueron los primeros vasallos
-que el Emperador tuvo en la Nueva España. Todas
-éstas son falsedades y cosas inventadas por Cortés, ó fingidas
-por Gomara, su criado, para lisonjear y vender su tiranía por
-servicio grande al Rey y engañar al mundo, como lo tienen
-muchos dias há engañado, porque ni los indios los entendian, ni
-ellos á los indios, como ya queda probado, y ya que los entendieran,
-en siete ú ocho dias que allí estuvieron, ¿cómo les podian
-dar á entender los misterios de la Fe, de la Santísima Trinidad
-y de la Pasion del Hijo de Dios, que todo se contiene en
-el misterio de la Cruz, para que los indios sus ídolos derrocasen?
-Porque no son los indios tan fáciles de dejar sus ídolos,
-cuya religion, reverencia, devocion y culto, tienen de
-tantos años atrás en los corazones arraigado, por diez palabras
-que Cortés les dijese mascadas y mal pronunciadas, mayormente,
-aborreciendo á él y á ellos como á capitales enemigos
-de quien habian ayer rescibido tan irreparables daños,
-y temiendo que del todo no los acabasen. Y de aquí se
-puede inferir la otra falsedad que Gomara dice, que dieron la
-obediencia y vasallaje al rey de España en manos de Cortés;
-falsísimo es y gran maldad, y ésta es la justicia y título y derecho
-con que Cortés hizo la primera guerra y celebró su
-apostólica entrada en la Nueva España: y argumento y testi<span class="pagenum"><a name="Page_480" id="Page_480">[480]</a></span>monio
-claro, de que luégo, en llegando á Tabasco, Cortés y
-su compañía sancta, hicieron tales obras de que los indios se
-resabiaron, es que pocos meses habia que allí rescibieron á
-Grijalva y á los españoles, con tanta gracia, liberalidad y
-humano hospedaje, que lo vistieron y cubrieron de oro desde
-los piés hasta la cabeza, como queda en el cap. 109, asaz
-declarado. Y ésto debe bastar, para que quien lo leyere no
-dude haber Cortés entrado en aquellos reinos como muy señalado
-tirano, puesto que por el discurso desta Historia, quedará
-esta verdad muy más y mejor averiguada.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_481" id="Page_481">[481]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXXI">CAPÍTULO CXXI.</h2></div>
-
-<p>Dejado Tabasco de la dicha manera lastimado, aunque por
-fuerza y por miedo reconciliado, partióse Cortés con su armada
-la costa de la mar adelante, hácia el Poniente ó parte
-occidental, y fué á parar á la isla del Sacrificio, que puso
-nombre Grijalva, donde halló un abrigo de puerto, no muy
-bueno, y tampoco muy malo, el que agora se llama el puerto
-de la Vera Cruz, y la isleta Sant Juan de Ulúa; y porque
-parecia mucha gente por toda la costa, y no tenga puerta, y
-ser brava y peligrosa, hizo Cortés allí echar todas las anclas.
-Los indios, como Grijalva los habia dejado de paz y contentos,
-por los rescates y conmutaciones que con ellos tuvo,
-dándoles agujas, y alfileres, y cascabeles, y cuentas por oro,
-luégo vinieron dos canoas llenas de gente á ver qué querian
-ó qué gente era, Cortés los rescibió con gran placer, y todos
-los españoles hicieron gran regocijo, y por señas, porque
-ninguna cosa los unos de los otros entendian, mostráronles
-oro, dándoles á entender que lo amaban, y que si lo trujesen
-que se lo trocarian. Tornáronse á tierra, segun parecia, muy
-alegres, y otro dia vinieron muchas canoas con gente y cargadas
-de bastimentos, pan y gallinas, y frutas, en especial
-potajes guisados de aves y venados, y otras cosas que los
-nuestros no cognoscian mas de hallallas sabrosas, que sin escrúpulo
-ni temor las comian. Trujeron muchas piezas de oro,
-moscadores y rodelas, y otras cosas muy ricas de pluma, que
-rescataron por de las de Castilla, y por la comida les recompensaron
-con cascabeles, cuentas de diversas colores, agujas,
-alfileres, espejuelos, cuchillos y tijeras, con que se reputaban
-haber engañado á los españoles y quedar muy ricos. Tornados
-muy alegres á sus pueblos, daban nuevas de haber venido<span class="pagenum"><a name="Page_482" id="Page_482">[482]</a></span>
-cierta gente como la pasada, de quien por poco precio, como
-era el oro, les daban de aquellas cosas tan ricas, y así acudia
-infinita gente, porque á cuatro y cinco leguas, y diez, de la
-costa de la mar, habia grandes y muy grandes pueblos; pero
-aún no habia llegado la nueva de las obras que dejaban hechas
-en Tabasco los nuestros, porque si lo hobieran oido, de
-creer es que más se recataran éstos dellos. Visto Cortés bullir
-tanta gente, y las muestras del oro que traian prometer grandes
-riquezas, como en la verdad las habia, entendió presto la
-felicidad, y grandeza, y poblacion de la tierra; determinóse á
-no pasar de allí, sino sacar todo su poder á tierra y penetrar
-lo que en ella habia. Desembarcó toda el artillería, los caballos
-y armas, y todo cuanto habia en los navíos, y en el mejor
-lugar que le pareció hizo allí cerca de la mar su asiento, luégo
-los indios que llevó de la isla de Cuba, y los pocos negros,
-hacen de palos, y varas, y hierbas, las chozas que para el
-Real fueron menester. Tenia el Rey de la ciudad de Méjico,
-que Moteczuma se llamaba, por aquella tierra guarniciones y
-gente de guerra, y un Gobernador ó Capitan general sobre
-toda ella: éste vino con mucha gente acompañado, y muchos
-principales entre ellos, todos los más bien vestidos de ciertas
-mantas de algodon, pintadas de colores, unas mejores que
-otras, segun la dignidad de las personas; trujo muchos indios
-cargados de comida, pan y carne de venado, y pescado, y
-frutas. Dió el capitan á Cortés muchas joyas de diversa hechura,
-de oro, con maravillosas cosas hechas de pluma. Cortés le
-hizo grandes gracias por señas y meneos, y le dió en reagradecimiento
-una camisa labrada y muchas sartas de cuentas,
-como collares, bien hechas, y otras muchas cosillas de Castilla
-de las dichas. Mandó aquel Gobernador venir luégo de
-los pueblos cercanos muchas mujeres con su aderezo para
-hacer pan de maíz, que son unas piedras, y dejó más de 1.000
-hombres, que hicieron allí cerca sus chozas, para servir á los
-españoles, y otros, más de 1.000, que los proveyesen de los
-pueblos comarcanos de bastimentos, y así estuvo el Real de
-Cortés más y mejor bastecido que si fueran en sus casas, que<span class="pagenum"><a name="Page_483" id="Page_483">[483]</a></span>
-tenian en Cuba. Hizo Cortés hacer alarde y escaramuzar los
-de á caballo y tirar los tiros, de que los indios quedaron asombrados
-y como atónitos de vello. Luégo, muchos oficiales pintores,
-por mandado de aquel Gobernador, pintaron á los españoles
-y á los caballos, y á los tiros de pólvora y ballestas,
-y á las espadas y lanzas, y todas las otras armas, y no ménos
-á los navíos, al propio, como si toda su vida lo hobieran
-hecho, y contaron el número cuántos eran, sin que los españoles
-lo sintiesen, y despachó el Gobernador sus postas de
-indios corriendo á la ciudad de Méjico, que desde allí hay 70
-leguas, á dar relacion al rey Moteczuma de todo lo que habian
-visto; el cual, dentro de veinticuatro horas, tuvo noticia de
-todo ello, y así la tenia de todas la cosas que los españoles
-hicieron. Hallóse una india, que despues se llamó Marina, y
-los indios la llamaban Malinche, de las 20 que presentaron
-á Cortés en la provincia de Tabasco, que sabia la lengua mejicana,
-porque habia sido, segun dijo ella, hurtada de su tierra
-de hácia Xalisco, de esa parte de Méjico que es al Poniente, y
-vendida de mano en mano hasta Tabasco; ésta sabia ya la
-lengua de Tabasco, y aunque aquella lengua era diversa de
-la de Yucatán, donde Aguilar habia estado, todavía entendia
-algunos vocablos. Visto Cortés que la india entendia los mejicanos,
-dióla á Aguilar, que comunicase mucho con ella, tratando
-de hablar y aprender vocablos para que se entendiesen
-y pudiese por medio della entender los secretos de la tierra,
-y poder dar noticia á los indios de lo que deseaba. Con esta
-india comenzó á hablar con el Gobernador de aquella provincia;
-Cortés hablaba á Aguilar, y Aguilar decia á la india,
-segun él podia declarar por algunos vocablos, puesto que con
-mucha falta, dello por palabras, dello por señas y meneos,
-con que los indios mucho más que otras generaciones se entienden
-y se dan á entender, por tener muy vivos los sentidos
-exteriores y tambien los interiores, mayormente que es
-admirable su imaginacion. Finalmente, bien ó mal, díjole:
-«Que él y aquellos cristianos venian del otro mundo, muy
-léjos, dese cabo de la mar y que lo enviaba un gran Rey, su<span class="pagenum"><a name="Page_484" id="Page_484">[484]</a></span>
-señor, para ver aquellas tierras y á buscar de aquel metal que
-relucia, y á dalles de sus cosas de Castilla, que eran muy
-preciosas.» Y, á lo que yo creo, poco se pudieron entender por
-entónces del señorío, que algunos dicen que Cortés dijo y encareció
-al Gobernador, de los reyes de Castilla, ni del que
-pudo el Gobernador engrandecer de su señor y rey Moteczuma,
-sino aquello que por señas bien se podia entender, como
-era el ansia que mostraban de haber oro. Algunas ficciones
-pone por aquí Gomara, que parecen desvaríos, como decir
-«que le enviaba el Emperador, mayor señor del mundo, para
-visitarlo de su parte y decirle algunas cosas en secreto que
-traia por escrito, y que él y sus compañeros tenian mal de
-corazon, y que el oro era la medicina para lo curar, que enviase
-á decir al rey Moteczuma les enviase dello.» Todas estas
-son ficciones que ellas mismas se manifiestan ser lo que son, y
-la verdad que contienen, con lo demas cuanto se atraviesa
-decir en favor de Cortés, y excusa de lo que obró, porque ni
-lo entendian ni podian entender, sino cuando mucho dos palabras,
-<i>daca</i> y <i>toma</i>, y lo más era por señas, mostrándoles oro
-y las cosas de Castilla que les ofrecian por ello dar, y bastaba
-la aficion que manifestaban tener al oro. Luégo que
-Moteczuma vido las pinturas que le llevaron los mensajeros,
-y oido lo que habian visto que le dijeron, quedaron admirados
-de los caballos y tiros de pólvora, y las armas y lo demas,
-y temiendo que de gente tan proveida y feroz no le podia
-suceder sino mal, cognoscido que su venida era por oro,
-luégo á mucha priesa mandó sacar de sus riquezas y tesoros
-(grandes cierto y nunca otros se cree ántes de éstos
-haberse visto ni oido), un presente de cosas tan ricas y por
-tal artificio hechas y labradas, que parecia ser sueño y no artificiadas
-por manos de hombres. Estas fueron diversidad de
-camisetas, y unas telas de algodon delicadísimas y de muchas
-colores, para vestiduras de las que ellos usaban vestirse, entregeridas
-con plumas de aves muy delicadas y de diversas
-colores; un casquete, creo que de madera, muy sotil, cubierto
-de granos de oro por fundir; un capacete de planchas de<span class="pagenum"><a name="Page_485" id="Page_485">[485]</a></span>
-oro y campanillas colgadas, y por encima unas piedras como
-esmeraldas; muchas rodelas hechas de ciertas varas delgadas
-muy blancas, entregeridas con plumas y con unas patenas
-de oro, y de plata otras, y algunas perlas menudas, como
-aljófar, que no se puede expresar por escrito su artificio, ni
-su lindeza, riqueza y hermosura; ciertos penachos de diversas
-plumas y colores, grandes, con los cabos de argentería, de
-oro, colgando; amoscadores de plumas muy ricas, con mil
-lindezas de oro y plata, y por maravilloso artificio hechos; brazaletes
-y otras armaduras de oro y plata, que debian usar en
-sus guerras, de tal manera, con sus plumas verdes y amarillas,
-entrepuestas y cueros de venados muy adobados y colorados,
-que no se puede bien su hechura y hermosura expresar; alpargates
-de cueros de venado muy adobado, cosidos con hilo
-de oro, y por suelas una piedra blanca y azul, cosa preciosa,
-muy delgada, sobre suela muy delicada de algodon; espejos
-hechos de margasita, que es un metal hermosísimo como plata
-muy resplandeciente, y éstos, grandes como un puño, redondos,
-como una pelota, engastonados en oro, que dejado el valor
-del oro, sólo la hechura y hermosura suya se pudiera vender
-muy cara, los cuales se pudieran á cualquier señor y Rey
-grande por cosa digna presentar; muchas mantas y cortinas
-para camas, delgadísimas, de algodon, que parecia ser más
-ricas que si fueran de seda, y de diversas colores; muchas piezas
-de oro y plata; un collar de oro, que tenia más de cien esmeraldas,
-y muchos más rubíes, ó que lo parecian, colgaban
-muchas campanillas de oro; otro con muchas esmeraldas y
-ciertas perlas ricas y la hechura admirable; otras piececitas
-de oro, como ranas y animalicos, y joyas, como medallas,
-chicas y grandes, que solas las manos, como dicen, ó el primor
-del artificio dellas valian más que el oro y plata, y mucho
-más; muchos granos de oro por fundir, como se saca de
-las minas, como garbanzos y mayores. Sobre todo ésto, envióle
-dos ruedas, la una de oro, esculpida en ella la figura del
-sol, con sus rayos y follajes, y ciertos animales allí señalados,
-creo que pesaba mas de cien marcos; la otra era de plata,<span class="pagenum"><a name="Page_486" id="Page_486">[486]</a></span>
-con la figura de la luna, de la misma manera que el sol labrada,
-de cincuenta y tantos marcos, ternia de gordor como un
-toston de á 4 reales, macizas todas, muy poco ménos tenian
-en redondo que una rueda de carreta cada una. Estas ruedas
-eran, cierto, cosas de ver, yo las vide con todo lo demas, el
-año de 520, en Valladolid, el dia que las vido el Emperador,
-porque entónces llegaron allí enviadas por Cortés, como abajo,
-placiendo á Dios, se verá; quedaron todos los que vieron
-aquestas cosas tan ricas y tan bien artificiadas y hermosísimas,
-como de cosas nunca vistas y oidas, mayormente no habiéndose
-hasta entónces visto en estas Indias, en gran manera
-como suspensos y admirados. Dijeron los indios que aqueste
-presente y dones enviaba Moteczuma á los que allí habian
-venido los dias pasados, que eran Juan de Grijalva y su compañía,
-sino que cuando llegaron con ello á la mar eran ya
-partidos. Valdria el oro y la plata que allí habia 20 ó 25.000
-castellanos, pero la hermosura dellas y la hechura, mucho más
-valia de otro tanto. Dióse priesa Moteczuma en enviar respuesta
-y aquellos dones á los españoles; mandó á su Gobernador que
-les dijese que se fuesen, creyendo que eran niños que fácilmente
-se contentaban, porque se tornasen á su tierra y saliesen
-de la suya, y teníalo mal pensado, porque cuanto más
-oro les enviara, como despues les envió siempre diciéndoles
-que se fuesen, fuera como fué mayor cebo para que fueran,
-como fueron, á sacárselo de las entrañas. Desta priesa de
-echarlos era la causa porque tenia por cierto, segun sus profetas
-ó agoreros le habian certificado, que su estado, y riquezas,
-y prosperidad habia de perecer dentro de pocos años,
-por cierta gente que habia de venir en sus dias, que de su
-felicidad lo derrocase, y por ésto vivia siempre con temor, y
-en tristeza, y sobresaltado, y así lo significaba su nombre,
-porque Moteczuma quiere decir, en aquella lengua, hombre
-triste y enojado. Tambien significa hombre grave y de grande
-autoridad, y que es temido, todo lo cual en él se hallaba.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_487" id="Page_487">[487]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXXII">CAPÍTULO CXXII.</h2></div>
-
-<p>Dado el presente de las cosas susodichas por el Gobernador,
-en nombre del rey Moteczuma, su señor, con las más
-ofertas que pudo ofrecerles de comida y bastimentos para su
-tornaviaje, díjoles por señas y palabras, que lo podian entender,
-que se volviesen á su tierra en buena hora, pues ya
-para tornarse no les faltaba nada, y en todo este tiempo
-nunca les faltó abundancia de comida de venados, y pescado,
-pan, y frutas, y maíz, y hierba para los caballos, y gente
-hombres y mujeres que los sirviesen, tanto que ellos todos
-estaban admirados. Pero Cortés, cuyos pensamientos, cudicia
-y ambicion iban más adelante, dióle á entender que deseaba
-mucho ir á ver al rey Moteczuma, y hablalle, y dióle ciertas
-cosas de vestir, como camisas bien labradas, y un sayo de
-seda, y gorra, y calzas, y collares hechos de cuentas de diversas
-colores, y otras cosas de las mejores que llevaba para
-que le enviase. El Gobernador las rescibió, aunque no con
-mucho placer, porque todo aquello era estiércol para quien
-tanta magestad y señorío tenia, y de todas las riquezas que
-se podian en el mundo, por hombre que carecia de cognoscimiento
-de Dios, desear, tanta abundancia. Envió aquella
-ropa el Gobernador á Moteczuma no de muy buena gana,
-por las malas nuevas que le enviaba, de que Cortés y su
-gente no querian tornarse sino pasar adelante. A cabo de seis
-ó siete dias, tornaron los mensajeros que habian llevado el
-sayo y lo demas, y vinieron cargados de muchas mantas muy
-ricas, de algodon y de pluma, y algunas joyas de oro y de
-plata, para que las diesen á Cortés, pues tanta ánsia tenia de
-aquellos metales, mandando al Gobernador que con toda diligencia
-les dijese que se fuesen de su tierra y que bastase el<span class="pagenum"><a name="Page_488" id="Page_488">[488]</a></span>
-buen acogimiento que le habia hecho, y provisiones que con
-tanta abundancia les habia mandado dar, y que si no se fuesen
-que no les diese más y los dejase. Lo cual dijo por palabras y
-señas el Gobernador á Cortés, á la clara, despues que el presente
-le hobo dado, conviene saber: «Que decia su señor Moteczuma,
-que si otra cosa queria más de las que le habia dado,
-que, teniéndola, se la daria, pero que luégo se fuesen él y su
-compaña.» Cortés le dió á entender, que todavía queria ir á
-verlo, el Gobernador respondió: «Que no lo habia de hacer,
-porque su señor así lo mandaba.» Quedando así desconcertados,
-el Gobernador se fué y dejó mandado que toda la
-gente de indios, hombres y mujeres, que allí estaban sirviendo
-á ellos y á sus caballos, y trayéndoles la comida con tanta
-suficiencia que sobraba, en viniendo la noche se fuesen
-y ninguno quedase. Hiciéronlo así, é á la mañana halláronse
-todos los muchos ranchos que allí habian hecho los indios,
-donde se cogian en tanto que aquel servicio y proveimiento
-duraba, despoblados. Visto ésto, Cortés comenzó á proveer su
-quedada por otra arte; despachó un navío de los pequeños,
-la costa abajo, para que buscase algun mejor puerto, porque
-parecia estar en peligro allí los navíos sí viniese algun temporal,
-y tambien algun buen asiento para donde poblasen; y
-porque temió por la huida de los indios, que les proveian
-que quizá vernian sobre ellos algun ejército de Moteczuma,
-haciéndoles guerra para de la tierra echallos, mandó meter
-todos los bastimentos y cosas que no eran para pelear en los
-navíos, porque con la priesa no se perdiese algo. Volvió el
-navío sin hallar puerto más de un peñon que entraba en la
-mar algo, donde podia haber para los navíos algun abrigo ó
-mamparo, que estaba de allí hasta siete ú ocho leguas; mandó
-ir allá todos los navíos, y él con 400 hombres y los 15 caballos
-acordó ir á la tierra dentro, y descubrir si habia gente
-de guerra, y los pueblos que por ella hallase, y, como no se
-meneaba que no tuviese mil espías, sintiendo los pueblos
-que se movia para entrar por la tierra, todos huyeron, dejando
-todas sus casas desmamparadas, llevando á cuestas lo<span class="pagenum"><a name="Page_489" id="Page_489">[489]</a></span>
-que podian y con priesa llevar. Llegó á un pueblo que hallaron
-vacío de gente, pero harto lleno de bastimentos y ropas
-de algodon, y cosas hechas de pluma, muy hermosas, y algun
-oro y plata; las casas eran parte de piedra y parte de adobes,
-y cubiertas de paja, pero muy buenos aposentos. Cortés
-mandó á todos sus compañeros que ninguno tomase cosa de
-lo que allí habia, porque la gente no se agraviase y escandalizase,
-y no los pusiesen en mayor odio del que parecia que á
-tenerles comenzaban por no tornarse por donde habian venido.
-Lo mismo hallaron en otros pueblos que en torno de cinco ó
-seis leguas hallaron, conviene á saber, vacíos de gente y
-llenos de comida y alhajas, y, sin tocar en ellos, se tornaron
-por la misma causa; y porque luégo, á cabo de dos ó tres
-dias, y mayormente de diez ó doce, que en ésto tardó Cortés
-despues de llegado, por toda la tierra se supo su llegada, y
-áun de seis horas, porque los indios con tales novedades, y
-en especial, ésta de dar aviso no se tardan, el Rey de la
-ciudad de Cempoal, que de allí por siete ú ocho leguas distaba,
-envió ciertas espías disimuladas, hasta 15 ó 16 hombres
-muy bien dispuestos, para ver qué gente era y que viesen su
-manera y sus tractos, y quizá si eran los dioses que muchos
-dias habia que sus profetas y adivinos ó hechiceros les
-habian denunciado haber de venir de hácia donde el sol sale.
-Díjose que Cortés barruntó, ó por ventura lo fingió, porque
-segun su astucia bien lo podia fingir, aunque poco le podia
-excusar su tiranía, que aquellos indios le dijeron que
-Moteczuma, rey de Méjico, habia hecho tributario al Rey
-de aquella ciudad, Cempoal, de donde aquellos habian venido,
-por violencia y tiranía, y que por aquella vía tenia
-subjetos otros muchos señores y señoríos, y le tributaban.
-Y dice Gomara cerca deste punto muchas vanidades y
-algunas falsedades, para colorar las obras que por aquellas
-tierras hizo su amo Cortés, como siempre hizo, como decir
-que con Marina ó Malinche les preguntó por los señores que por
-aquella tierra habia, y otras muchas cosas que por no experto
-intérprete y que apénas sabia hablar en vocablos de aquella<span class="pagenum"><a name="Page_490" id="Page_490">[490]</a></span>
-lengua comunes, como <i>daca pan</i>, <i>daca de comer</i>, y <i>toma ésto
-por ello</i>, y todo lo demas por señas, no se sufria; y dice asimismo,
-que Cortés se holgó de hallar en aquella tierra unos
-señores enemigos de otros, para poder efectuar mejor su propósito
-y pensamientos. Que fingiese aquesto, conviene á saber,
-que habia señores enemigos de otros, ó que verdad
-fuese, pensamientos y deseos y fin de propio tirano eran, porque
-fingia ó hallaba oportunidad en las discordias de aquellos
-para mejor poder subjuzgar los unos y los otros tiránicamente,
-como lo hizo. Ser tirano, y con mala consciencia desear y
-poner por obra lo dicho, parece manifiestamente, porque
-todo tirano, como carezcan de razon, de derecho y de justicia,
-segun el Filósofo en el libro V de la Política, cap. 11,
-huélganse de las discordias, si las tienen los que quieren tiranizar,
-y si no las tienen procuran que las tengan, porque
-estén divididos, y así más fácilmente subjuzguen los unos y los
-otros; saben que si todos fuesen juntos y conformes, con más
-dificultad, y á las veces nunca, podrian subjetar ni tiranizar
-á ningunos, y si por algun tiempo pudiesen prevalescer no
-duraria tanto su tiránico señorío. Por aquesta misma vía Pompeyo,
-aquel Capitan romano, siendo enviado por el pueblo
-romano contra Tigrano, rey de Armenia, Oscauro, gobernador
-de Siria, como entendiese que habia bandos y disensiones
-entre dos parcialidades, cuyas cabezas eran Aristobulo
-y Hircano, hermanos, pretendiendo cada uno sólo
-reinar en Hierusalem, cognosció ser tiempo aparejado para
-invadir la ciudad, y por fuerza de armas entralla y tiránicamente
-subjetalla y hacella tributaria del Imperio romano,
-y así lo hizo, y desde entónces, y por aquella vía injusta
-y tiránica, Judea y sus habitadores, los judios, perdieron
-su libertad: <i>Pompejus missus á Romanis, contra Tygratem
-regem Armeniæ et Iscaurum miserunt præsidem Syriæ; qui, cum
-audisset dissenssiones fratrum in Judea, ratus tempus esse quo
-de facili Judæam poneret sub tributo, in manu valida fines intravit
-Judeæ</i>. Así lo testifican Josepho, en el libro de las Antigüedades
-judáicas, Paulo Orosio, libro VI, cap. 6.º <i>De Or<span class="pagenum"><a name="Page_491" id="Page_491">[491]</a></span>mesta
-mundi</i>, y Pedro Comestor en la Historia Escolástica, en
-el libro II, de los Machabeos, cap. 7.º, y otros historiadores.
-Desta manera y por esta causa, Cortés se holgó mucho de que
-hobiese bandos y disensiones entre los señores de aquella
-tierra, para tener color de engañar al mundo, diciendo que
-ayudaba á los unos contra los otros, como si hobiera oido á
-las partes, siendo juez competente, y determinara quién tenia
-la justicia en juicio contradictorio, y no pecara mortalmente
-ayudando á cualquiera de las partes, sin saber primero si tenia
-justicia la parte á quien ayudaba, porque claro está que
-podian y pudieron mentir los indios de Cempoal, diciendo
-que Moteczuma los tenia por fuerza de armas, subjuzgados y
-hechos tributarios, y que justamente pudo tenellos por súbditos
-y vasallos; luégo ayudando á la una parte, poníase en peligro
-de dañificar contra justicia á la otra parte; luégo duda
-ninguna hay en que pecase mortalmente Cortés y los suyos,
-y fuesen obligados á restitucion de todos los daños que rescibia
-la parte agraviada, y si acaso ayudaba á la que tenia justicia,
-no por eso al ménos evitaba el pecado. Todo ésto cometió
-el Cortés y los que le acompañaron en la provincia de
-Tlascala, como aparecerá cuando della hablaremos, pero, en
-la verdad, destos escrupulos Cortés poco curaba, con que hallase
-caminos y ayudas y colores para conseguir lo que por
-fin buscaba, que era subjuzgar y tiranizar y robar unos y
-otros, chicos y grandes, justos é injustos, si algunos habia injustos
-poseedores, de lo cual él no era juez ni podia <i>de jure</i> ni
-<i>de facto</i> determinallo, ántes era obligado á presumir que cada
-uno de aquellos señores era justo dueño y señor de la posesion
-en que los hallaba, pues el derecho y la razon lo presume;
-y aunque alguno se quejase del otro, no por eso luégo
-le habia de creer que tuviese de su querella justa causa. Aun
-si Cortés hiciera con los de Cempoal, si con verdad fueran del
-rey Moteczuma contra justicia subjuzgados y opresos, y ésto
-le constara por legítima probanza de que no debiera dudar,
-lo que Tito Quincio, Capitan del pueblo romano, con los de
-Corinthio y otros pueblos y ciudades de Grecia, que teniéndo<span class="pagenum"><a name="Page_492" id="Page_492">[492]</a></span>las
-Philipo, rey de Macedonia, fatigadas y opresas, vencido
-por Tito, Philipo y sus macedones, creyendo aquellos pueblos
-de Grecia que habian de vivir en servidumbre de los romanos,
-mandó Tito apregonar, estando gran multitud de gente presente,
-que el pueblo romano, y Tito en su nombre, otorgaba
-libertad, como de ántes la tenian, á lo Corinthios, Locros,
-Phocenses, Euboicos, Acheos, Phthiotas, Magnesios, Thesalos
-y Perthrebos, el cual pregon oido y entendido, va la multitud
-corriendo á besar las manos y dar gracias á Tito, clamando y
-diciendo, «Tito es hoy el salvador y defensor de Grecia»; y fué
-tan grande el estruendo de placer, y voz tan sonorosa de la
-multitud y fuerte el alharido, que como si fuera saeta rompió
-el aire, y los cuervos que volaban por él cayeron sobre
-ellos y en tierra faltándoles sobre que estribar. Desta manera
-lo cuenta Plutarco en la vida del mismo Tito; y si así lo hiciera
-Cortés con los cempoalenses, y si fuera verdad estar injustamente
-á Moteczuma subjetos, perdida su libertad, pudiéransele
-deber con razon las gracias y nombre de salvador y defensor
-dellos, pero hízolo por el contrario, privando á los de
-Cempoal y tambien al gran Rey y señor dellos y de otros
-muchos, Moteczuma, de todos sus señoríos, de todo su honor,
-de las vidas, y no sólo de su libertad, como dello se gloría y
-escribe Gomara, su criado y su historiador y todo el mundo
-sabe: y que de aquí se siga debérsele nombre de puro tirano
-y usurpador de reinos ajenos, y matador y destruidor de innumerables
-naciones, júzguelo cualquiera hombre prudente,
-mayormente si es cristiano, y esta historia con verdad lo irá más
-declarando. Llegó finalmente Cortés con su gente cerca de la
-ciudad de Cempoal, muy grande, de más de 20 ó 30.000 vecinos,
-toda de grandes edificios de cal y canto, y en cada casa
-su huerta, con su agua de pié, que toda ella era un vergel y
-un Paraíso terrenal. Envió tres ó cuatro de á caballo, á boca
-de noche que viesen la ciudad, y porque los suelos de los patios
-hacen los indios de argamasa teñidos con almagra y broñidos,
-que parecen como una taza de plata, y con los rayos de
-las estrellas lucian y relumbraban, creyeron que los suelos<span class="pagenum"><a name="Page_493" id="Page_493">[493]</a></span>
-estaban cubiertos de chapas de oro ó de plata, y vuelven corriendo
-á Cortés, afirmando que toda la ciudad era oro y plata.
-Entran en ella; sale el mundo de gente á rescibillos, y ciertos
-señores ó personas principales, que metieron al Cortés y cristianos
-por la ciudad, hasta llegar á los palacios reales, á donde
-salió el Rey muy acompañado de viejos, personas de autoridad,
-y habláronse el uno al otro sin entenderse palabra; mandólos
-aposentar en unos aposentos muy grandes, donde todos
-cupieron, y fueron bastecidos y servidos de muchas gentes que
-dello tenian cargo, como si cada uno fuera su padre. Estuvieron
-allí quince dias, muy á su descanso, dentro de los cuales
-dice Gomara que se quejó á Cortés del rey Moteczuma que lo
-tenia tiranizado, pero como está dicho, todo se ha de tener por
-artificio de Cortés y gran maldad, y que el mismo Cortés los
-debia de alborotar y meter cizañas, y decir que no acudiesen
-con los tributos á Moteczuma, y ellos, por miedo de los tiros
-de pólvora y de los caballos, no osaban hacer cosa en contrario,
-habiendo entendido los estragos que habian hecho en Tabasco.
-¿Y con qué consciencia pudo Cortés persuadir y áun
-mandar que los tributos á Moteczuma no se pagasen? ¿habia
-examinado la causa, y era juez competente para lo averiguar
-y sentenciar? ¡pero como á ésto sólo fué el triste obligado!</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_494" id="Page_494">[494]</a></span></p>
-
-<h2 id="CXXIII">CAPÍTULO CXXIII.</h2></div>
-
-<p>Conociendo, pues, Cortés la grandeza, y riqueza, y señorío
-que lo que hasta entónces habia visto de aquella tierra le
-prometia, y como todo en lo que ponia la mano se le hacia
-segun su deseo, acordó de asegurar el estado usurpado, en que
-tan infielmente contra su señor, Diego Velazquez, se habia
-puesto, y proseguir sus intentos comenzados por aquel camino
-que más seguro estimaba, segun via serle posible. Antes
-que se alzase con él armada y saliese de la isla de Cuba, tenia
-ganados algunos amigos, despues de salido, en los puertos y
-lugares donde surgia con la flota, hasta llegado aquí donde
-le tenemos referido, fué ganando de secreto muchos más cada
-dia, y con los de quien más se fiaba trató un muy desvergonzado
-artificio, aunque su ambicion y cudicia no le dejó ver
-cuán claramente y no por ambajes su maldad descubria; ésto
-fué, que negoció con aquellos que persuadiesen á los demas
-que lo eligiesen todos por Gobernador de aquella, renunciando
-él primero en sus manos dellos el cargo de Capitan
-que traia, para que del todo se desobligasen de acudir á
-Diego Velazquez ni rescibir mandato ni cosa suya, lo cual
-forjó por esta vía: que él, como Capitan general, nombraria
-Cabildo de una villa que allí poblasen, alcaldes y regidores
-y otros oficiales que para regimiento della nombrar conviniese;
-despues de señalados los alcaldes y Cabildo, como en
-personas ya públicas, y que estaban por el Rey, él renunciaria
-la Capitanía, y ellos, todos de comun consentimiento, por
-Gobernador lo eligiesen en nombre del rey de Castilla, etc.
-Hízose así, como lo tuviese bien mañeado y estuviese seguro<span class="pagenum"><a name="Page_495" id="Page_495">[495]</a></span>
-que lo habian de elegir. Nombró por alcaldes á un Alonso
-Puerto Carrero, de su misma tierra, que era Medellin, é á un
-Francisco de Montejo, natural de Salamanca, ambos de un
-jaez con él y no de mucho peso; constituyó regidores, escribano
-y los demas oficios. ¡Mirad qué jurisdiccion tenia, viniendo
-alzado con el armada y contra voluntad de cúya era,
-y que se la queria quitar sino se alzara con ella, y qué jurisdiccion
-pudo dar á los alcaldes y los alcaldes tener, y qué
-autoridad al escribano para que diese fe, y qué valor y entidad
-pudieron tener todos los actos y obras que hacen los verdaderos
-tiranos! Así que, constituidos todos los oficiales como
-dicho es, y puesto nombre á la villa, que fué la Villa Rica de la
-Vera Cruz, hace luégo delante los alcaldes y ante el escribano
-dejacion del oficio de Capitan, diciendo: que por cuanto él
-habia venido con poder de Diego Velazquez, teniente del Almirante
-en la isla de Cuba y de los frailes Hierónimos que en
-esta isla Española gobernaban, para descubrir por aquella
-costa y en busca de Juan de Grijalva, y que de los dichos ninguno
-en aquella tierra tenia jurisdiccion, renunciaba aquel
-oficio en sus manos como en manos y ante la justicia Real, y
-pidiólo por testimonio. Rescibieron su renunciacion los alcaldes
-y diósele por testimonio, como lo pidió, y luégo entran
-en su Cabildo y tractan de nombrallo y elegillo por Capitan
-general, Alcalde mayor y Gobernador en nombre del Rey,
-hasta tanto que el Rey proveyese otra cosa. Determinado,
-como ya de dias lo habian platicado y definido con él, de lo
-nombrar y elegir para los oficios dichos, llámanlo al Cabildo
-y hacen una plática larga que contenia lo mucho que iba á
-Dios y al Rey en que hobiese una persona superior que gobernase
-con todos aquellos hidalgos, así en la paz como en la
-guerra, y que entre todos les habia parecido que él lo haria
-mejor; por tanto, que le rogaban, y áun le mandaban, que
-aceptase los oficios de Justicia mayor y Capitan general para
-la conquista que en aquellas tierras esperaban de hacer, para
-lo cual le daban toda jurisdiccion y autoridad en nombre del
-rey de Castilla. Porque se vea qué y cuánta fué la autoridad<span class="pagenum"><a name="Page_496" id="Page_496">[496]</a></span>
-y jurisdiccion que Cortés tuvo, para todo lo que en aquella
-tierra ejercitó. Él lo aceptó de buena voluntad, y se ofreció
-á servirlos á todos, y no tuvo vergüenza Gomara, su criado é
-historiador, de decir en su Historia que á pocos ruegos lo
-aceptó, porque no deseaba otra cosa por entónces. Estas son
-sus palabras. Pudiera tambien decir que no habia procurado
-y mañeado más otra cosa hasta entónces. De esta eleccion tan
-maliciosa y absurda blasfemaron mucho muchos de los que
-allí estaban, en especial Diego de Ordas, que habia sido mayordomo
-de Diego Velazquez, y Francisco de Morla, su camarero,
-y otros principales, y todo género de personas, y un
-Juan Escudero, y otros criados y amigos suyos, afirmando
-ser traicion la que contra Diego Velazquez se cometia, y horrenda
-maldad y fealdad detestable. Cortés acudió luégo y
-prendió á los dichos y á otros muchos, y hízolos llevar al
-navío más principal, y allí aherrojallos y tenellos á buen recaudo.
-Despues de algunos dias, por ruegos de amigos que
-aquellos tenian, hobo Cortés de soltallos; pero algunos dellos,
-perseverando en el cognoscimiento de la maldad que se hacia
-contra Diego Velazquez, y contra la virtud y la justicia, en
-aqueste artículo acordaron de hurtar uno de los bergantines
-y huirse para la isla de Cuba, y avisar de todo lo que habia
-pasado y pasaba á Diego Velazquez; no faltó algun falsario
-que lo descubriese. Sabido por Cortés, hizo prender á muchos,
-y á unos ahorcó, y á otros azotó, y á otros afrentó, y el
-Juan Escudero fué uno de los ahorcados; á muchos escarmentó
-que no osaron boquear ni menearse por miedo del tirano.
-Bien creo que parece claro ser aquestas obras, con las
-de hasta aquí, propias de averiguado tirano. Los demas, que
-eran hombres de calidad, y parecian hombres de bien, disimularon
-y al cabo se hicieron con él, no sé si de infidelidad
-y descognoscimiento de lo que eran obligados á hacer
-para con Diego Velazquez, pudieron ser excusados; y
-creo que no segun lo que sucedió despues. Y porque, como
-astutísimo, Cortés ninguna cosa dejaba de pensar y de
-hacer que le pareciese convenirle para se sustentar en el<span class="pagenum"><a name="Page_497" id="Page_497">[497]</a></span>
-estado que con sus mañas y astucias usurpó, porque no
-le iba ménos que ser ahorcado por Diego Velazquez y por
-mandado del Rey desque supiese la verdad, ó muerto por
-los indios, y ésto en breve se le podia rodear huyéndose de
-su tiranía en los navíos alguna gente de los que no fueron,
-mas resistieron, en su eleccion, proveyó de que todos los navíos
-se echasen á fondo, no dejando más de uno en que
-fuesen los procuradores que á Castilla envió; urdiólo desta
-manera para que no le resistiesen, porque si se supiera ninguna
-duda hobiera que la gente, amigos y enemigos, no se lo
-consistieran hacer. Llamó en secreto á los maestres de los
-navíos, de quien tuvo más confianza, y á los contramaestres
-ó marineros, si de los maestres no se fiaba, y, ofreciéndoles
-promesas y dádivas que los haria bienaventurados, rogóles
-muy encarecidamente que barrenasen los navíos por tantas
-y por tales partes, que por ninguna vía tuviesen sin hundirse
-remedio, y despues de hecho viniesen á él, cuando estuviese
-mucha gente con él junta, y le denunciasen como no podian
-vencer el agua de los navíos que no se fuesen á fondo. Hízose
-como lo mandó, y mostró cuando se lo dijeron mucho
-sentimiento Cortés, porque sabia bien hacer fingimientos
-cuando le era provechoso, y respondióles que mirasen bien
-en ello, y que sino estaban para navegar, que diesen gracias
-á Dios por ello, y, pues no se podia hacer más, mandó que
-sacasen todo lo que de provecho en ellos hobiese, y lo demas
-que lo comiese la mar; al cabo lo hobieron de sentir la gente,
-y aína se le amotinaron muchos, y éste fué uno de los peligros
-que pasaron por Cortés de muchos que para matallo de
-los mismos españoles tuvo, pero súpolos aplacar consolándolos
-con la esperanza que de hacellos ricos y bienaventurados
-les propuso. Proveyó luégo enviar á Castilla procuradores,
-que fueron, á los dichos Alonso Puerto Carrero, de Medellin,
-tierra de Cortés, y á Francisco de Montejo, natural de Salamanca,
-como dije, los cuales llevasen aquel presente arriba
-dicho, y diesen noticia al Rey de aquella tierra, gentes y
-riquezas della, en la cual, por su servicio, habian trabajado<span class="pagenum"><a name="Page_498" id="Page_498">[498]</a></span>
-y esperaban trabajar muy mucho y subjetalle aquel gran Rey
-y señor muy rico della, de que tenian noticia estar la tierra
-adentro, suplicándole que confirmase por gobernador á Cortés,
-al cual, ellos en su real nombre, habian elegido por ser
-persona de mucho esfuerzo y valor, y que habia gastado en
-aquella armada toda su hacienda, y quejándose de Diego Velazquez
-y aniquilándole cuanto pudieron, negando ó callando
-haber él hecho la dicha armada, fingiendo mil cautelas y
-afirmando muchas otras falsedades y mentiras, y áun dando
-á entender, que si otro alguno enviase á gobernallos no lo
-rescibirian; grande aunque confitada desvergüenza. Esta carta
-no vido el Emperador, porque, si la viera, no les sucederia ni
-á Cortés ni á sus consortes el negocio tan favorable como
-abajo se parecerá. Partiéronse en aquella nao que de los barrenos
-se escapó, del puerto del Peñon, que llamaron la Villa
-Rica, por el mes de Julio, el año de 1519; llegaron á Sevilla,
-creo, por Octubre, y como allí estuviese el clérigo Benito
-Martin de vuelta para Cuba, hecho Abad de aquella tierra,
-como se dijo arriba, entendió luégo que Cortés se habia alzado
-á Diego Velazquez, por lo cual los oficiales de la Contratacion
-de Sevilla tomáronles todo el oro que traian, sin lo del
-presente, que era 3.000 castellanos para su gasto, y otros 3.000
-que Cortés enviaba para su padre. Los oficiales de la dicha
-casa de la Contratacion enviaron el presente á Valladolid,
-para que allí lo viese el Rey que venia camino de Barcelona
-para se ir á la Coruña, ya electo Emperador, á embarcar
-para Flandes. Avisó luégo el clérigo Benito Martin y los oficiales
-de Sevilla al obispo de Búrgos D. Juan de Fonseca, que
-estaba en la Coruña haciendo el armada para en que el Rey
-pasase, el cual escribió luégo una carta al Rey á Barcelona,
-agraviando el alzamiento de Cortés contra Diego Velazquez,
-y diciendo que debia de ahorcar á los procuradores, y que
-era traidor Cortés y otras cosas semejantes; los dichos procuradores
-y el piloto Alaminos que habia sido piloto en todos los
-dichos tres descubrimientos de Francisco Hernandez, Grijalva
-y Cortés, fueron á Medellin y tomaron á Martin Cortés, padre<span class="pagenum"><a name="Page_499" id="Page_499">[499]</a></span>
-de Cortés, y todos con harta pobreza, porque los oficiales no
-les dieron sino pocos dineros para su gasto, fuéronse hácia
-Barcelona, y, sabiendo en el camino que el Rey era partido,
-viniéronse con la corte hasta llegar á la Coruña, y en este
-camino los cognoscí yo.</p>
-
-<p class="center p4">FIN DEL TOMO CUARTO.</p>
-
-<hr class="chap" />
-<div class="chapter">
-
-<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_501" id="Page_501">[501]</a></span></p>
-
-<h2>ÍNDICE.</h2></div>
-
-<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="indice">
-
-<tr>
- <td class="tdrb" colspan="2">Páginas.</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl smcap"><a href="#PRELIMINAR">Advertencia preliminar</a></td>
-<td class="tdrb">v</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl smcap"><a href="#XXV"><span class="smcap">Libro tercero</span>.&mdash;Capítulo XXV</a></td>
-<td class="tdrb">1</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXVI">Cap. XXVI</a></td>
-<td class="tdrb">5</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXVII">Cap. XXVII</a></td>
-<td class="tdrb">10</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXVIII">Cap. XXVIII</a></td>
-<td class="tdrb">15</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXIX">Cap. XXIX</a></td>
-<td class="tdrb">19</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXX">Cap. XXX</a></td>
-<td class="tdrb">26</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXXI">Cap. XXXI</a></td>
-<td class="tdrb">30</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXXII">Cap. XXXII</a></td>
-<td class="tdrb">36</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXXIII">Cap. XXXIII</a></td>
-<td class="tdrb">40</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXXIV">Cap. XXXIV</a></td>
-<td class="tdrb">45</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXXV">Cap. XXXV</a></td>
-<td class="tdrb">49</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXXVI">Cap. XXXVI</a></td>
-<td class="tdrb">54</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXXVII">Cap. XXXVII</a>&mdash;En el cual se contiene cómo se hobo el repartidor
-Alburquerque en el repartimiento que hizo.&mdash;Como se dijo que
-habia vendido los repartimientos.&mdash;Los clamores y quejas que
-dieron dél.&mdash;Cómo rezaba la Cédula de la encomienda, y lo que
-proveyó el Rey sobre las quejas que dél á Castilla fueron.</td>
-<td class="tdrb">57</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXXVIII">Cap. XXXVIII</a></td>
-<td class="tdrb">63</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XXXIX">Cap. XXXIX</a></td>
-<td class="tdrb">66</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XL">Cap. XL</a></td>
-<td class="tdrb">72</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XLI">Cap. XLI</a></td>
-<td class="tdrb">76</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XLII">Cap. XLII</a></td>
-<td class="tdrb">80</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XLIII">Cap. XLIII</a></td>
-<td class="tdrb">84</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XLIV">Cap. XLIV</a></td>
-<td class="tdrb">89</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XLV">Cap. XLV</a></td>
-<td class="tdrb">95</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XLVI">Cap. XLVI</a></td>
-<td class="tdrb">100</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XLVII">Cap. XLVII</a></td>
-<td class="tdrb">104</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XLVIII">Cap. XLVIII</a></td>
-<td class="tdrb">109<span class="pagenum"><a name="Page_502" id="Page_502">[502]</a></span></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XLIX">Cap. XLIX</a></td>
-<td class="tdrb">114</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#L">Cap. L</a></td>
-<td class="tdrb">119</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LI">Cap. LI</a></td>
-<td class="tdrb">125</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LII">Cap. LII</a></td>
-<td class="tdrb">131</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LIII">Cap. LIII</a></td>
-<td class="tdrb">135</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LIV">Cap. LIV</a>&mdash;En el cual se contiene la Instruccion que el Rey
-mandó dar á Pedrárias, cómo se habia de haber con los indios,
-atrayéndolos por bien á la fe, y no consintiendo que se les
-hiciese mal alguno.</td>
-<td class="tdrb">139</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LV">Cap. LV</a></td>
-<td class="tdrb">143</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LVI">Cap. LVI</a></td>
-<td class="tdrb">148</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LVII">Cap. LVII</a></td>
-<td class="tdrb">154</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LVIII">Cap. LVIII</a></td>
-<td class="tdrb">158</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LIX">Cap. LIX</a></td>
-<td class="tdrb">164</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LX">Cap. LX</a></td>
-<td class="tdrb">169</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXI">Cap. LXI</a></td>
-<td class="tdrb">172</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXII">Cap. LXII</a></td>
-<td class="tdrb">175</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXIII">Cap. LXIII</a></td>
-<td class="tdrb">180</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXIV">Cap. LXIV</a></td>
-<td class="tdrb">185</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXV">Cap. LXV</a></td>
-<td class="tdrb">188</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXVI">Cap. LXVI</a></td>
-<td class="tdrb">192</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXVII">Cap. LXVII</a></td>
-<td class="tdrb">198</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXVIII">Cap. LXVIII</a></td>
-<td class="tdrb">203</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXIX">Cap. LXIX</a></td>
-<td class="tdrb">207</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXX">Cap. LXX</a></td>
-<td class="tdrb">211</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXI">Cap. LXXI</a></td>
-<td class="tdrb">216</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXII">Cap. LXXII</a></td>
-<td class="tdrb">220</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXIII">Cap. LXXIII</a></td>
-<td class="tdrb">226</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXIV">Cap. LXXIV</a></td>
-<td class="tdrb">230</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXV">Cap. LXXV</a></td>
-<td class="tdrb">235</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXVI">Cap. LXXVI</a></td>
-<td class="tdrb">240</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXVII">Cap. LXXVII</a></td>
-<td class="tdrb">245</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXVIII">Cap. LXXVIII</a></td>
-<td class="tdrb">249</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXIX">Cap. LXXIX</a></td>
-<td class="tdrb">253</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXX">Cap. LXXX</a></td>
-<td class="tdrb">258</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXXI">Cap. LXXXI</a></td>
-<td class="tdrb">262</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXXII">Cap. LXXXII</a></td>
-<td class="tdrb">268</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXXIII">Cap. LXXXIII</a></td>
-<td class="tdrb">272<span class="pagenum"><a name="Page_503" id="Page_503">[503]</a></span></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXXIV">Cap. LXXXIV</a></td>
-<td class="tdrb">277</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXXV">Cap. LXXXV</a></td>
-<td class="tdrb">281</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXXVI">Cap. LXXXVI</a></td>
-<td class="tdrb">285</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXXVII">Cap. LXXXVII</a></td>
-<td class="tdrb">291</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXXVIII">Cap. LXXXVIII</a>&mdash;En el cual se contiene la Instruccion que
-llevaron los frailes Hierónimos, cerca de lo que habian de
-hacer para poner en libertad los indios, y primero se puso
-cierto preámbulo.</td>
-<td class="tdrb">296</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#LXXXIX">Cap. LXXXIX</a></td>
-<td class="tdrb">309</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XC">Cap. XC</a></td>
-<td class="tdrb">316</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XCI">Cap. XCI</a></td>
-<td class="tdrb">321</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XCII">Cap. XCII</a></td>
-<td class="tdrb">326</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XCIII">Cap. XCIII</a></td>
-<td class="tdrb">332</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XCIV">Cap. XCIV</a></td>
-<td class="tdrb">336</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XCV">Cap. XCV</a></td>
-<td class="tdrb">343</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XCVI">Cap. XCVI</a></td>
-<td class="tdrb">348</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XCVII">Cap. XCVII</a></td>
-<td class="tdrb">354</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XCVIII">Cap. XCVIII</a></td>
-<td class="tdrb">358</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#XCIX">Cap. XCIX</a></td>
-<td class="tdrb">364</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#C">Cap. C</a></td>
-<td class="tdrb">368</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CI">Cap. CI</a></td>
-<td class="tdrb">374</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CII">Cap. CII</a></td>
-<td class="tdrb">379</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CIII">Cap. CIII</a></td>
-<td class="tdrb">385</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CIV">Cap. CIV</a></td>
-<td class="tdrb">391</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CV">Cap. CV</a></td>
-<td class="tdrb">398</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CVI">Cap. CVI</a></td>
-<td class="tdrb">405</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CVII">Cap. CVII</a></td>
-<td class="tdrb">411</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CVIII">Cap. CVIII</a></td>
-<td class="tdrb">415</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CIX">Cap. CIX</a></td>
-<td class="tdrb">421</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CX">Cap. CX</a></td>
-<td class="tdrb">425</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXI">Cap. CXI</a></td>
-<td class="tdrb">428</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXII">Cap. CXII</a></td>
-<td class="tdrb">433</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXIII">Cap. CXIII</a></td>
-<td class="tdrb">439</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXIV">Cap. CXIV</a></td>
-<td class="tdrb">445</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXV">Cap. CXV</a></td>
-<td class="tdrb">450</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXVI">Cap. CXVI</a></td>
-<td class="tdrb">455</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXVII">Cap. CXVII</a></td>
-<td class="tdrb">460</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXVIII">Cap. CXVIII</a></td>
-<td class="tdrb">465<span class="pagenum"><a name="Page_504" id="Page_504">[504]</a></span></td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXIX">Cap. CXIX</a></td>
-<td class="tdrb">470</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXX">Cap. CXX</a></td>
-<td class="tdrb">475</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXXI">Cap. CXXI</a></td>
-<td class="tdrb">481</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXXII">Cap. CXXII</a></td>
-<td class="tdrb">487</td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><a href="#CXXIII">Cap. CXXIII</a></td>
-<td class="tdrb">494</td>
-</tr>
-
-</table>
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-<pre>
-
-
-
-
-
-End of the Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias (vol. 4 de 5), by
-Bartolomé de las Casas
-
-*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS (VOL. 4/5) ***
-
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-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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-including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
-because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
-people in all walks of life.
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-assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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-To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
-and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
-
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
-Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
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-Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
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-
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-
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
-spread public support and donations to carry out its mission of
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-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
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-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
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-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
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-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
-works.
-
-Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
-concept of a library of electronic works that could be freely shared
-with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
-Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
-
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
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-
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