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You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Historia de las Indias (vol. 4 de 5) - -Author: Bartolomé de las Casas - -Release Date: January 1, 2018 [EBook #56283] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS (VOL. 4/5) *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images generously made available by The -Internet Archive/American Libraries.) - - - - - - - - - - Nota del Transcriptor: - - - Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - - Errores obvios de imprenta han sido corregidos. - - Páginas en blanco han sido eliminadas. - - Letras itálicas son denotadas con _líneas_. - - Las versalitas (letras mayúsculas de tamaño igual a las minúsculas) - han sido sustituidas por letras mayúsculas de tamaño normal. - - - - - HISTORIA - - DE - - LAS INDIAS. - - - - - HISTORIA - - DE - - LAS INDIAS - - - ESCRITA POR - - FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS - - OBISPO DE CHIAPA - - - AHORA POR PRIMERA VEZ DADA Á LUZ - - POR - - EL MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE - - Y D. JOSÉ SANCHO RAYON. - - - TOMO IV. - - - MADRID - IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA - calle de Campomanes, núm. 8. - 1876 - - - - - ADVERTENCIA PRELIMINAR. - - -En los primeros capítulos del presente volúmen se da cuenta de la -entrada de Diego Velazquez en la isla de Cuba, en 1511, y de lo demas -ocurrido en ella hasta 1513 (capítulos 25 al 32), dando de paso -curiosas noticias de Hernando Cortés (27). Matan los indios de Cumaná á -fray Francisco de Córdoba y fray Juan Garcés (33 y 34). Sucesos de la -isla Española, y en especial lo que ocurrió al obispo don Alonso Manso -(35) y al primer repartidor de indios independiente del Gobernador, que -fué nombrado por el Rey, llamado Rodrigo de Alburquerque (36 y 37); á -quien suceden en dicho cargo de repartidores de indios, el licenciado -Ibarra, Cristóbal Lebron, y fray Pedro Mexía (38). Lo ocurrido en el -Darien, en los años 1512 á 1514, á los que estaban bajo las órdenes -de Vasco Nuñez (39 al 52), quien descubre el mar del Sur en 25 de -Setiembre de 1513 (48). Nombramiento de Pedrárias Dávila en lugar de -Vasco Nuñez, y instrucciones que lleva á tierra firme, las cuales -critica largamente nuestro Autor (52 al 68); sale Pedrárias de Sevilla -en 1514 (59), y, llegado al Darien, toma residencia á Vasco Nuñez á -quien da por libre de los cargos que se le hacian (60); siguiéndose -la narracion de lo hecho por ambos en aquellas tierras, hasta que -Pedrárias mandó cortar la cabeza á Vasco Nuñez (61 al 77). Vuélvese -á tratar de Cuba, donde entónces residia el clérigo Casas, quien en -vista de la despoblacion de la isla, por lo mal que se trataba á los -naturales, renuncia en Diego Velazquez un repartimiento que tenia, y -se propone venir á España y emplear en libertar á los indios lo poco -que le quedaba, y la fortuna de su amigo Juan de la Rentería, quien la -puso á su disposicion para este objeto (78 al 80). Llegan por entónces -á Cuba cuatro religiosos, procedentes de la isla Española, y predican -juntamente con el clérigo Casas en favor de los indios (81), de los -cuales se ahorcan muchos de desesperacion y otros se envenenan con -el zumo de la yuca (82). Embárcase Casas para España, por Setiembre -de 1515 (83), y es bien recibido en Plasencia por el Rey católico, -quien ofrece oirle en Sevilla para donde estaba de partida; muerto el -Rey en el camino de Sevilla (84), sigue sus gestiones con el cardenal -Ximenez de Cisneros, y consigue que se envien á la Española, con nuevas -instrucciones y amplios poderes, tres religiosos de la órden de San -Jerónimo (85 al 90), los cuales se embarcan en Sant Lúcar, en 11 de -Noviembre de 1516 (91), y llegan á Sancto Domingo trece dias ántes -que Casas; quien convencido en seguida del poco fruto que se podia -esperar de ellos para el bien de los indios (92 al 94), se embarca de -nuevo para España (95). Volviendo á tomar el hilo de los sucesos de -las islas, desde 1516 (93), dáse cuenta del descubrimiento de la isla -de Cozumel por Francisco Hernandez (96 y 97), y del cabo de Cotoche -en Yucatán por el mismo (98). Nuevas gestiones de Casas en la corte -en favor de los indios, hasta el año de 1518 (99 al 105). Sucesos en -tierra firme bajo la gobernacion de Pedrárias (106 al 108). Continúase -el descubrimiento de la tierra de Yucatán por Juan de Grijalva, enviado -por Diego Velazquez (109 al 114), quien nombra despues para seguir -dicho descubrimiento y poblar á Hernando Cortés (114); salida de éste -de Cuba en 18 de Noviembre de 1518 (115), y sucesos de su expedicion -hasta Julio de 1519, en que manda á Castilla por procuradores á Alonso -Puerto Carrero y Francisco de Montejo, á dar cuenta al Emperador de su -descubrimiento, en vez de darla á Diego Velazquez, que habia hecho casi -todos los gastos de la armada (116 al 123). - - - HISTORIA - - DE LAS INDIAS. - - - - - LIBRO TERCERO. - - - - - CAPÍTULO XXV. - - -Explanado queda lo que tuvimos entendido de la isla de Cuba, y de lo -que en ella hallamos, y de las gentes que la moraban ó habitaban, resta -ya referir de la pasada que á ella hicimos los cristianos, puesto que -yo no pasé con él, sino despues, desde á cuatro ó cinco meses, en -otro viaje. Partió Diego Velazquez con sus 300 hombres de la villa -de la Çabana, desta isla Española, en fin, á lo que creo, del año de -1511, y creo que fué, si no me he olvidado, á desembarcar á un puerto -llamado de Palmas, que era en la tierra, ó cerca della, donde reinaba -el señor que dije haberse huido de esta isla y llamarse Hatuey, y que -habia juntado su gente y mostrádoles lo que amaban los cristianos como -á señor propio, que era el oro, como pareció en el cap. 21. Sabida -la llegada de los nuestros, y entendido que de su venida no podia -resultarles sino la servidumbre y tormentos y perdicion que en esta -Española habian ya muchos dellos visto y experimentado, acordaron de -tomar el remedio, que la misma razon dicta en los hombres que deben -tomar, y la naturaleza áun á los animales y á las cosas insensibles -que no tienen cognoscimiento alguno enseña, que, contra lo que corrompe -y deshace su ser, deban tomar, y éste es la defension. Pusiéronse, -pues, en defensa con sus barrigas desnudas y pocas y débiles armas, que -eran los arcos y flechas, que poco más son que arcos de niños, donde -no hay hierba ponzoñosa como allí no la hay, ó no las tiran de cerca -á cincuenta ó sesenta pasos, lo que pocas veces se les ofrece hacer, -sino de léjos, porque la mayor arma que ellos tienen es huir de los -españoles, y así conviéneles siempre no pelear de cerca con ellos. Los -españoles, los que alcanzaban, no era menester animallos ni mostralles -lo que habian de hacer. Guarecióles mucho á los indios ser toda la -provincia montes y por allí sierras, donde no podian servirse de los -caballos, y porque luégo que los indios hacen una vez cara con una gran -grita, y son de los españoles lastimados con las espadas, y peor cuando -de los arcabuces y alcanzados de los caballos, su remedio no está -sino en huir y desparcirse por los montes donde se pueden esconder, -así lo hicieron éstos, los cuales, hecha cara en algunos pasos malos, -esperando á los españoles algunas veces, y tiradas sus flechas sin -fruto, porque ni mataron ni creo que hirieron jamás alguno, pasados en -ésto dos ó tres meses, acordaron de se esconder; siguióse luégo, como -siempre se suele seguir, andar los españoles á cazallos por los montes, -que llaman ellos ranchear, vocablo entre ellos muy famoso y entre ellos -muy usado y celebrado, y donde quiera que hallaban manada de indios, -luégo, como daban en ellos, mataban hombres y mujeres, y áun niños, á -estocadas y cuchilladas, los que se les antojaba, y los demas ataban, -y llevados ante Diego Velazquez, repartíaselos á uno tantos y á otro -tantos, segun él juzgaba, no por esclavos, sino para que le sirviesen -perpétuamente como esclavos y áun peor que esclavos, sólo era que -no los podian vender, al ménos á la clara, que de secreto y con sus -cambalaches hartas veces se há en estas tierras usado. Estos indios así -dados, llamaban piezas por comun vocablo, diciendo: «yo no tengo sino -tantas piezas y hé menester para que me sirvan tantas», de la misma -manera que si fueran ganado. Viendo el cacique Hatuey que pelear contra -los españoles era en vano, como ya tenia larga experiencia en esta isla -por sus pecados, acordó de ponerse en recaudo huyendo y escondiéndose -por las breñas, con hartas angustias y hambres, como las suelen padecer -los indios cuando de aquella manera andan, si pudiera escaparse. Y -sabido de los indios que tomaban quién era (porque lo primero que se -pregunta es por los señores y principales para despachallos, porque, -aquellos muertos, fácil cosa es á los demas sojuzgallos), dándose -cuanta priesa y diligencia pudieron en andar tras él muchas cuadrillas -para tomallo, por mandado de Diego Velazquez, anduvieron muchos dias -en esta demanda, y á cuantos indios tomaban á vida interrogaban -con amenazas y con tormentos, que dijesen del cacique Hatuey dónde -estaba; dellos decian que no sabian, dellos, sufriendo los tormentos, -negaban, dellos, finalmente, descubrieron por dónde andaba, y al cabo -lo hallaron. El cual, preso como á hombre que habia cometido crímen? -_lesæ majestatis_, yéndose huyendo desta isla á aquella, por salvar la -vida de muerte y persecucion tan horrible, cruel y tiránica, siendo -Rey y señor en su tierra sin ofender á nadie, despojado de su señorío, -dignidad y estado, y de sus súbditos y vasallos, sentenciáronlo á que -vivo lo quemasen, y para que su injusta muerte la divina justicia -no vengase sino que la olvidase, acaeció en ella una señalada y -lamentable circunstancia: cuando lo querian quemar, estando atado al -palo, un religioso de Sant Francisco, le dijo como mejor pudo que -muriese cristiano y se baptizase; respondió, que ¿para qué habia de -ser como los cristianos, que eran malos? Replicó el Padre, porque -los que mueren cristianos van al cielo y allí están viendo siempre -á Dios y holgándose; tornó á preguntar si iban al cielo cristianos, -dijo el Padre que sí iban los que eran buenos: concluyó diciendo que -no queria ir allá, pues ellos allá iban y estaban. Esto acaeció al -tiempo que lo querian quemar, y así luégo pusieron á la leña fuego y -lo quemaron. Esta fué la justicia que hicieron de quien tanta contra -los españoles tenia para destruillos y matallos como á injustísimos y -crueles enemigos capitales, no por más de porque huia de sus inícuas é -inhumanas crueldades; y ésta fué tambien la honra que á Dios se dió, -y la estima de su bienaventuranza que tiene para sus predestinados, -que con su sangre redimió, que sembraron en aquel infiel, que pudiera -quizá salvarse, los que se llamaban y arreaban de llamarse cristianos. -¿Qué otra cosa fué decir que no queria ir al cielo, pues allá iban -cristianos, sino argüir que no podia ser buen lugar, pues á tan malos -hombres se les daba por eterna morada? En ésto paró el Hatuey, que, -cuando supo que para pasar desta isla á aquella los españoles se -aparejaban, juntó su gente para la avisar por qué causa les eran tan -crueles y malos, conviene á saber, por haber oro, que era el Dios que -mucho amaban y adoraban. Bien parece que los cognoscia, y que con -prudencia y buena razon de hombre temia venir á sus manos, y que no le -podia venir dellos otra utilidad, otro bien, ni otro consuelo, al cabo, -sino el que le vino. - - - - - CAPÍTULO XXVI. - - -Quemado el Hatuey, como las gentes de por allí lo tenian por hombre -y señor esforzado, de miedo puro que se les arraigó en las entrañas, -debajo de la tierra, si pudieran meterse, trabajaran por huir de las -manos de los cristianos, y así no habia ya hombre por toda aquella -provincia, que llamaban de Maycí, la última sílaba luenga, que parase -ni se juntase con otro, por hacer ménos rastro y no ser tomados, y -algunos se venian á dar á los españoles, llorando, pidiendo perdon -y misericordia, y que los servirian porque no les hiciesen mal. En -este tiempo, sabido en la isla de Jamáica que Diego Velazquez habia -pasado á poblar y á pacificar, como ellos solian, y hoy áun suelen -decir, la isla de Cuba, Juan de Esquivel, que allí era Teniente y la -habia cuasi destruido, acordó enviar, ó ellos mismos se movieron y -le pidieron licencia para pasar á ella, á ayudar á Diego Velazquez, -á un Pánfilo de Narvaez, natural de Valladolid, que por parte de -ser Diego Velazquez, de Cuéllar, que está cerca, le era aficionado, -con 30 hombres españoles, todos flecheros, con sus arcos y flechas, -en el ejercicio de las cuales estaban más que indios ejercitados. -Este Pánfilo de Narvaez era un hombre de persona autorizada, alto de -cuerpo, algo rubio, que tiraba á ser rojo, honrado, cuerdo, pero no muy -prudente, de buena conversacion, de buenas costumbres, y tambien para -pelear con indios esforzado, y debíalo ser quizá para con otras gentes, -pero sobre todo tenia esta falta, que era muy descuidado, del cual hay -harto que referir abajo. Este, con su cuadrilla flechera, fué bien -rescibido de Diego Velazquez, aunque maldito el provecho de su venida -resultó á los indios, y luégo les dió piezas, como si fueran cabezas de -ganado, para que les sirviesen, puesto que ellos traian de los indios -de Jamáica algunos que los servian donde quiera que andaban. A este -Narvaez hizo Diego Velazquez su Capitan principal, siempre honrándolo, -de manera que despues dél tuvo en aquella isla el primer lugar. Luégo, -desde á pocos dias, pasé yo allá habiendo enviado por mí el dicho Diego -Velazquez, por el amistad que en esta isla habiamos tenido pasada, y -anduvimos juntos Narvaez y yo, asegurando todo el resto de aquella isla -para mal de toda ella, como se verá, cerca de dos años. Hostigados y -atemorizados los indios de aquella provincia de Maycí, como está dicho, -comenzó Diego Velazquez á pensar en repartir los indios della por los -españoles, como habia hecho en esta isla el Comendador Mayor, y él -mismo en las cinco villas de que habia sido Teniente, como arriba queda -referido, y éste es como ha sido todo su bienaventurado fin, segun -que por los precedentes libros ha parecido, y para ésto constituyó -una villa en un puerto en la mar del Norte, cuyo asiento llamaban los -indios Baracóa, la penúltima luenga, que estaba en comarca de aquella -provincia de Maycí, la cual fué la primera de aquella isla, á la cual, -por ser la primera villa, decia que habia de repartir á los vecinos -della 200.000 indios. Desde la villa de Baracóa, envió á Narvaez con -25 ó 30 hombres á una provincia llamada el Bayámo, la media sílaba -luenga, tierra llana y descubierta de montes y harto graciosa, que -dista de Baracóa, si no me he olvidado, 40 ó 50 leguas, la isla abajo -hácia el Poniente, para asegurar los indios y gente natural della por -bien y si nó por guerra, porque miéntras no los tienen seguros, no -pueden repartillos ni servirse dellos, que es, como dije, su último -fin; Narvaez sólo llevaba una yegua en que iba, los otros todos á pié. -Llegado á la provincia, la gente de los pueblos salíanlos á rescibir -con sus presentes de comida, porque oro ni otras joyas ó riquezas, -no las estimaban ni cognoscian, espantados de ver aquel animal tan -grande, que nunca habian visto, y que subido un hombre encima tantas -cosas en él hiciese, y en especial que aquella yegua que Narvaez tenia -era brava, y en revolverse de una parte á otra echaba las piernas de -tal manera que parecia tirar grandes coces. Aposentáronse todos los -españoles en cierto pueblo de indios, y como habian oido sus nuevas de -la quema del cacique Hatuey é las muertes y corrimiento de los vecinos -y gente de la provincia de Maycí, é que no esperaban que ménos harian -en ellos, y las importunidades que cada hora les hacian, y los ojos -á las mujeres y á las hijas, y por ventura las manos, que en alguna -dellas ponian, porque ésta es costumbre en los nuestros usada y en -estas tierras antigua, acordaron todos los indios de la provincia -de ahorrar dellos, si pudiesen, lo cual tuvieron por cierto como no -fuesen más, creo que, de 25. Y aunque Narvaez no era, como dije, muy -cuidoso, en el bohío ó casa de paja en que estaba aposentado tenia -tambien su yegua metida, y habia ordenado que hobiese velas de noche -y espías. Juntáronse de toda la provincia cerca de 7.000 indios con -sus arcos y flechas, desnudos en cueros, porque, como en esta isla, -desnudos vivian, segun lo acostumbraban comunmente los de las tierras -calientes en estas Indias. Vinieron sobre Narvaez y los suyos, una -noche despues de la media pasada, lo cual pocas veces los indios destas -islas hacian; hiciéronse sobre dos partes, ordenando que la una entrase -en el pueblo por un lado, y la otra por otro, y del buen recaudo de los -españoles hallaron durmiendo las velas ó espías, y fué cosa graciosa -que, por codicia de robar el hato de los españoles, que no era otro -sino vestidos (porque siempre los indios desque vieron á los españoles -vestidos, siempre codiciaron vestirse), no aguardaron el tiempo y -sazon que concertado habian, y así la una parte ó escuadron dióse más -priesa por robar que la otra, y entra en el pueblo dando grita sin ser -sentidos. Despertó Narvaez atónito, que á sueño suelto dormia, y los -demas que no tenian para dormir ménos brío; entraban los indios en los -bohíos ó casas de paja, y topaban con los españoles, ni los mataban -ni los herian, sino curando de apañar ropa, era todo el fin que cada -uno pretendia. Los españoles topaban con los indios, y como estaban en -profundo sueño dormidos, y fué súpita la gran grita, que suele ser -terrible la de los indios, andaban atónitos, no entrando en acuerdo, ni -advirtiendo lo que era ni si morian ó vivian. Los indios domésticos, -que Narvaez habia traido de Jamáica, encendieron tizones del fuego que -allí tenian, y así como los indios de fuera vieron con la lumbre al -Narvaez, que ya comenzaba á entrar en acuerdo, uno dellos arrójale una -gran piedra, y dále en los pechos cerca de la boca del estómago, que -dió con él cuasi muerto en el suelo, y así despertó del todo, y dijo á -un fraile bueno que allí tenia consigo, de la órden de Sant Francisco: -«¡Ay padre que me ha muerto!» Consolóle el religioso y esforzóle lo -mejor que pudo, y, tornado en sí, ensillan la yegua con la priesa -que pudieron, y enfrénanla con harta dificultad porque era de tal -hechura, y sube Narvaez en ella descalzo de pié y pierna, y sólo una -camisa de algodon sobre otra de lienzo de Castilla, y echa un pretal -de cascabeles en el arzon de la silla, y no hizo más de arremeter por -la plaza una carrera, sin tocar en ningun indio, porque en sintiendo -que salia con la yegua, todos se habian por el monte que estaba cerca -acogido. Fué tanto el temor que de la yegua tuvieron y del sonido de -los cascabeles, pensando que cada uno era un millar de enemigos (cosa -maravillosa es de decir), que no pararon, hombre ni mujer ni hijos, -huyendo hasta otra provincia llamada Camagüéy, la penúltima luenga, que -distaba de aquella 50 leguas, y áun de despoblado camino. Por manera -que, por adelantarse á robar la ropa de los españoles, no guardando la -órden y tiempo y sazon que los Capitanes habian ordenado, perdieron -su negocio é intento los indios, porque si juntos, á una, dieran en -el pueblo, hecho fuera de Narvaez y de sus 25; no debe ser aquel caso -el primero que en el mundo ha acaecido, conviene á saber, perder las -batallas por robar los despojos la gente de guerra, y así por mala -cudicia. Hizo luégo mensajeros Narvaez á Diego Velazquez, sobre lo -acaecido, el cual determinó de ir allá con gente donde residió algunos -meses; no pareció persona por toda la provincia, sino eran algunos muy -viejos y enfermos que no pudieron huir, y éstos descubrieron como toda -la gente habia huido á la provincia de Camagüéy. Siguió el alcance -Narvaez desque lo supo, pero, como fué tarde y llevaba poca gente, no -se atrevió á entrar en la provincia de Camagüéy, porque tenia noticia -que tenia muchos vecinos, y así se tornó sin hallar algun indio. - - - - - CAPÍTULO XXVII. - - -Antes que Diego Velazquez de la villa de Baracóa se moviese, ni supiese -lo que á Narvaez habia acaecido, sucedió lo que aquí agora diré. -Entre la gente que allí con Diego Velazquez estaba, habia dél y de su -gobernacion algunos descontentos, ó porque no les hacia, segun ellos -estimaban de sí, tan buen tractamiento como quisieran, en especial -un Francisco de Morales, natural de Sevilla, hombre de auctoridad y -persona honrada, y que el Almirante habia enviado con Diego Velazquez -por Capitan en aquella isla, y que el Diego Velazquez no le pudiese -remover, aunque todavía sujeto á Diego Velazquez, por manera que habia -entre los que allí estaban ya parcialidad. Diego Velazquez, viendo que -su gobernacion buena ó mala, se le perturbaba, hizo proceso contra el -Morales y envióle preso á esta isla al Almirante, el cual ido, ó nació -de aquí ó de otros principios ó personas, las quejas del teniente -Diego Velazquez crescian de cada dia. En este tiempo vino á Cuba nueva -como eran llegados á esta isla Española los jueces de apelacion, y -acordaron los quejosos de Diego Velazquez de hacer sus informaciones -secretas y allegar sus memoriales y tomar sus firmas, para se enviar -á quejar á los dichos jueces, como á justicias superiores que enviaba -el Rey, y no hallaron otro más á mano y más atrevido á cualquiera -peligro, porque habia de pasar á esta isla en una canoa ó barquillo -de los indios, en mar tan alta, y como suele ser tan brava, sino á -Hernando Cortés, criado y secretario del dicho Diego Velazquez, que -desta isla lo habia llevado consigo, siendo escribano público en esta -isla de la villa de Açua. Tenia Diego Velazquez dos secretarios; uno, -este Hernando Cortés, y Otro Andrés de Duero, tamaño como un codo, -pero cuerdo y muy callado y escribia bien. Cortés le hacia ventaja -en ser latino, solamente porque habia estudiado leyes en Salamanca y -era en ellas Bachiller, en lo demas, era hablador y decia gracias, y -más dado á comunicar con otros que Duero, y así no tan dispuesto para -ser secretario. Era muy resabido y recatado, puesto que no mostraba -saber tanto, ni ser de tanta habilidad como despues lo mostró en cosas -árduas; era natural de Medellin, hijo de un escudero que yo cognoscí, -harto pobre y humilde, aunque cristiano viejo y dicen que hidalgo. A -éste, como comencé á decir, hallaron los quejosos aparejado para llevar -sus quejas, cartas y despachos, ó porque él lo estaba tambien quejoso -de su amo Diego Velazquez; estando para se embarcar en una canoa de -indios con sus papeles, fué Diego Velazquez avisado y hízolo prender -y quísolo ahorcar. Rogáronle muchas personas por él, mandólo echar en -un navío para enviallo preso á esta isla Española, soltóse por cierta -manera del navío y metióse de noche en el batel, y vínose á la iglesia, -y estuvo allí algun dia; un Juan Escudero, que era alguacil (que él -despues ahorcó en la Nueva España), aguardó su tiempo, y paseándose -Cortés fuera de la iglesia, lo tornó á prender. Crecida la ira en -Diego Velazquez, túvolo muchos dias preso, y al cabo (Diego Velazquez -era bien acondicionado y durábale poco el enojo), rogándole muchos -por él que lo perdonase, hóbolo de hacer, pero no le quiso tornar á -rescebir en su servicio de secretario. Gomara, clérigo, que escribió -la Historia de Cortés, que vivió con él en Castilla siendo ya Marqués, -y no vido cosa ninguna, ni jamás estuvo en las Indias, y no escribió -cosa sino lo que el mismo Cortés le dijo, compone muchas cosas en -favor dél, que, cierto, no son verdad, y entre otras, dice, hablando -en el principio de la conquista de Méjico, que no quiso hablar en -muchos dias de enojado á Diego Velazquez, y que una noche fué armado -donde Diego Velazquez estaba sólo con solos sus criados, y que entró -en la casa, y que temió Diego Velazquez cuando lo vido á tal hora y -armado, y que le rogó que cenase y descansase, y Cortés respondió que -no venia sino á saber las quejas que tenia dél, y á satisfacerle y á -ser su amigo y servidor, y que se tocaron las manos por amigos, y que -durmieron ambos aquella noche en una cama. Esto es todo gran falsedad, -y cualquiera cuerdo puede fácilmente juzgar áun de las mismas palabras -que, en su compostura, Gomara, su criado y su historiador, allí dice, -porque siendo Diego Velazquez, Gobernador de toda la isla, como él -allí concede, y Cortés un hombre particular, dejado aparte ser su -criado y secretario, y que le habia tenido preso y querido ahorcar, y -que lo pudiera hacer justa ó injustamente, ¡qué diga Gomara que no le -quiso hablar por muchos dias, y que habia ido armado á preguntar que -qué quejas tenia dél, y que iba á ser su amigo, y que se tocaron las -manos, y que durmieron aquella noche en una cama! Yo vide á Cortés en -aquellos dias, ó muy pocos despues, tan bajo y tan humilde, que del más -chico criado que Diego Velazquez tenia quisiera tener favor; y no era -Diego Velazquez de tan poca cólera, ni áun de tan poca gravedad, que -aunque por otra parte cuando estaba en conversacion era muy afable y -humano, pero cuando era menester, y si se enojaba, temblaban los que -estaban delante dél, y queria siempre que le tuviesen toda reverencia, -y ninguno se sentaba en su presencia aunque fuese muy caballero, por -lo cual, si él sintiera de Cortés una punta de alfiler de cerviguillo -y presuncion, ó lo ahorcara, ó á lo ménos lo echara de la tierra y lo -sumiera en ella sin que alzara cabeza en su vida. Así que Gomara mucho -se alarga imponiendo á Cortés, su amo, lo que en aquellos tiempos, no -sólo por pensamiento estando despierto, pero ni durmiendo, por sueños, -parece poder pasarse. Pero como el mismo Cortés, despues de Marqués, -dictó lo que habia de escribir Gomara, no podia sino fingir de sí -todo lo que le era favorable; porque como subió tan de súpito de tan -bajo á tan alto estado, ni áun hijo de hombre, sino de Júpiter desde -su origen, quisiera ser estimado. Y así, deste jaez y por este camino -fué toda la historia de Gomara ordenada, porque no escribió otra cosa -sino lo que Cortés de sí mismo testificaba, con que al mundo, que no -sabia de su principio medio y fin cosa, Cortés y Gomara encandilaron, -como abajo, placiendo á Dios amador de verdad, parecerá. Lo cual por -agora dejado, despues que Diego Velazquez determinó que se hiciesen -pueblos ó villas de españoles en las provincias de aquella isla, -y repartió los indios á los tales vecinos, como la historia dirá, -perdido todo el enojo de Cortés, dióle tambien indios y su vecindad, y -tractóle bien, y honróle haciéndole Alcalde ordinario en la villa, que -despues fué ciudad, de Sanctiago, donde lo habia avecindado; porque -desta condicion era, cierto, Diego Velazquez, que todo lo perdonaba -pasado el primer ímpetu, como hombre no vindicativo sino que usaba de -benignidad. Tambien de su parte Cortés no se descuidaba de serville y -agradalle, y no enojalle en cosa chica ni grande, como era astutísimo, -de manera que del todo tornó á ganalle, y á descuidalle, como de -ántes. Tuvo Cortés un hijo ó hija, no sé si en su mujer, y suplicó -á Diego Velazquez que tuviese por bien de se lo sacar de la pila en -el baptismo y ser su compadre, lo que Diego Velazquez aceptó, por -honralle, de buena voluntad. Todas estas honras y favores, que Diego -Velazquez dió y hizo á Cortés, se le tornaron en daño y perdicion á él -por el desagradecimiento de Cortés. Dióse buena priesa Cortés, poniendo -diligencia en que los indios que le habia repartido Diego Velazquez, -le sacasen mucha cantidad de oro, que era el hipo de todos, y así, le -sacaron dos ó tres mil pesos de oro, que para en aquellos tiempos era -gran riqueza; los que por sacarle el oro murieron, Dios habrá tenido -mejor cuenta que yo. Porque dije que tenia mujer, así fué, que en el -tiempo de sus disfavores Cortés se casó con una doncella, (aunque -Gomara parece decir que primero la hobo), hermana de un Juan Suarez, -natural de Granada, que allí habian pasado con su madre, gente pobre, -y parece que le debia de haber prometido que se casaria con ella y -despues lo rehusaba. Y dice Gomara, que porque no queria casarse y -cumplir la palabra, estuvo Diego Velazquez mal con él, y no era fuera -de razon ni de justicia, pues era Gobernador, y aunque no lo fuera. -Así que casóse al cabo, no más rico que su mujer; y en aquellos dias -de su pobreza, humildad y bajo estado, le oí decir, y estando conmigo -me lo dijo, que estaba tan contento con ella como si fuera hija de una -Duquesa. - - - - - CAPÍTULO XXVIII. - - -Tornando al lugar provincia y pueblo donde dejamos á Diego Velazquez, -despues de algunos dias, por nuevas de indios, supo Diego Velazquez que -habia llegado un navío, y en él ciertos españoles al puerto de Xagua, -que estaba de allí cerca de 200 leguas, por lo cual envió una canoa -bien esquifada de indios remadores, con una carta en que les decia que -se viniesen á donde él estaba, quien quiera que fuesen. Llegada la -carta, holgóse mucho el Capitan, que era Sebastian de Campo, que fué -al que envió el Comendador Mayor á que bojase aquella isla el año de -8, segun que arriba, en el libro II, capítulo 41, dijimos; holgáronse -tambien los que con él venian. Este habia cargado un navío, suyo ó -con otros en compañía, de vino y mantenimientos para vender á los que -estaban en el Darien, y, despachada su mercadería, tornábase para esta -isla, y llegado allí, como sabia aquel puerto y traia muy perdido el -navío, dejólo allí, y tres pipas de vino y cuatro españoles que las -guardasen, y embarcóse en la canoa con los españoles marineros que -traia, que serian 12 ó 15, y vínose á donde Diego Velazquez estaba, el -cual muy graciosamente recibiólo. Bien pudieran los indios de Xagua -matarlo á él y á los suyos, sin que dellos memoria hobiera, pero no lo -hicieron, ántes á todos y á los cuatro tractaron como á hijos. Desde -á poco tiempo vinieron á Diego Velazquez nuevas como habia llegado al -pueblo y puerto de Baracóa, Cristóbal de Cuéllar, Tesorero de aquella -isla, y que habia sido Contador desta, con su hija, doña María de -Cuéllar, que habia traido consigo, por doncella suya, doña María de -Toledo, mujer del almirante D. Diego; tenia ya concertado con Diego -Velazquez, por cartas, de dársela por mujer y él de rescebilla. Este -Cristóbal de Cuéllar era hombre muy prudente, cuanto á este mundo, -y habia servido al príncipe D. Juan de darle la copa cuando habia -de beber. Mostróse siempre en esta isla y en aquella demasiadamente -servidor del Rey é celador de su hacienda; y dije demasiadamente, -porque solia decir que por el servicio del Rey daria dos ó tres -tumbos en el infierno. Bien podia ser que lo dijese por gracia, pero -gracia era desgraciada y de mal ejemplo para cualquiera cristiano. -Mucho debemos á los Reyes, y la Escritura Divina nos mandó que los -honorifiquemos, obedezcamos, temamos, sirvamos, y la honra y tributos -que se les debe les demos; pero no á tanta costa como es dar por ellos -tumbos en el infierno, porque no es otra cosa sino posponer á Dios, -menospreciándolo por los Reyes. Así que, sabida por Diego Velazquez -la venida del tesorero Cristóbal de Cuéllar y su hija, que traia para -dársela por mujer, despachóse de allí para ir á celebrar sus bodas, y -dejó allí con 50 hombres á Juan de Grijalva, por Capitan, mancebo sin -barbas, aunque mancebo de bien. Este era natural de Cuéllar, hidalgo, y -tratábalo Diego Velazquez como por deudo; quedó por Capitan hasta que -Narvaez volviese del alcance que hizo tras la gente de la provincia de -Bayámo, que lo habian querido matar, hácia la de Camagüéy. Dejó allí -con él á un clérigo, llamado el licenciado Bartolomé de las Casas, -natural de Sevilla, de los antiguos desta isla Española, predicador, á -quien Diego Velazquez amaba y hacia muchas cosas buenas por su parecer, -mayormente por sus sermones cuando predicaba; dejólo como por padre, y -quien aconsejase á Juan de Grijalva, el cual siempre obedeció é hizo lo -que le aconsejaba, el tiempo que le duró el cargo, que no fué mucho, -porque presto volvió Narvaez. Llegó Diego Velazquez á la villa de -Baracóa, y un domingo celebró sus bodas con grande regocijo y aparato, -y el sábado siguiente se halló viudo, porque se le murió la mujer, -y fué la tristeza y luto, más que la alegría habia sido, doblada. -Pareció que Dios quiso para sí aquella señora, porque dicen que era -muy virtuosa, y quiso prevenirla con la intempestiva muerte, porque -quizá con el tiempo y prosperidad no se trastornara. Estando las cosas -de Diego Velazquez en este estado, tornó Narvaez de su alcance sin -hacer nada, y desde á pocos dias comienzan los que se habian huido, -de miedo de los cascabeles de la yegua de Narvaez, á la provincia de -Camagüéy, á venir llorando, pidiendo perdon de lo que habian contra -Narvaez cometido y los cristianos, diciendo que habian sido locos y mal -considerados, y que les pesaba mucho dello, y que ellos querian servir -á los cristianos; y en ésto verlos era lástima. Tenian ya noticia de -que allí estaba el Clérigo, que ellos, como sacerdote ó hechicero de -los suyos, estimaban, y así lo llamaban Behique, y era y siempre fué -dellos, y de los demás, como hombre divino temido y reverenciado. Y -cuando los pobres venian, traian unos sartales de sus cuentas, que -arriba dejamos dicho ser como muelas podridas, pero dellos por gran -riqueza estimadas, y daban un sartal al capitan Narvaez (que ya no lo -era Grijalva), y otro al Padre, los cuales los rescibian con alegría, y -aseguraban diciéndoles que no tuviesen miedo que ya era aquello pasado, -que se fuesen cada uno á su pueblo, y que ninguno les haria daño. La -causa de la vuelta á su provincia y meterse en manos de sus enemigos, -los españoles, fué, que los vecinos de la provincia de Camagüéy no -los pudieron sufrir, como eran mucha gente, para dalles de comer de -sus bastimentos; y la razon es, porque aunque todas estas Indias sean -abundantísimas de comida, nunca los indios y vecinos de cada provincia -tienen, porque no lo procuran tener, más de lo que para sí en sus casas -han menester, y aquello tienen y tenian tan cierto, por los ordinarios -buenos temporales, que no tienen miedo de que les ha de faltar. De -aquí tenia colegido, y díjelo en el Consejo del Rey algunas veces ante -personas notables del Consejo de guerra, que los españoles, siendo -algun razonable número, no podian estar cercados de indios, por la -mayor parte de todas estas Indias, arriba de ocho dias, en fortaleza -ó pueblo que aquel tiempo se pudiesen sin daño defender; la razon que -yo tenia y tengo y allí dí es, porque cada provincia no tiene más de -comer de para sí, é la gente de guerra que tiene, aunque sean muchos, -todavía, siendo los españoles en algun número bastan para defenderse -de aquellos, y si de otra provincia que esté léjos de aquella, como -20 ó 30 leguas, quisieren venir á ayudarlos, han de traer á cuestas -la comida, cada uno lo que ha de comer, como no tengan bestias para -proveerse de sí mismos y de otras de bastimentos, pues ésto que se -trujese de tan léjos no puede durar cuatro, ó cinco, ó ocho dias, ni -en la provincia donde vienen no lo han de haber; luégo, de necesidad, -la hambre pura los ha de hacer volver, y así, por consiguiente, los -españoles no pueden estar sino muy poco tiempo cercados comunmente, -si son en algun número para, entre tanto, sin daño, de que cualquiera -provincia se defender. Razon fué que se me admitió y concedió por -personas notables, como dije, del Consejo de la guerra. Así que, por -causa de que no les comiesen los bastimentos los de la provincia de -Bayámo, no los quisieron rescibir los de la de Camagüéy, por lo cual, -constreñidos los de Bayámo, acordaron de se volver á sus pueblos y -casas y á su menester, aunque les pareció que se ponian en peligro de -que los españoles podian vengarse dellos; donde se cumplió á la letra, -el refran: «la hambre y el frio fuerzan al hombre meterse por casa de -su enemigo.» Puesto que faltaba en aquellos, que venian á sus propias -casas y no á las de sus enemigos. - - - - - CAPÍTULO XXIX. - - -Restituida la dicha provincia del Bayámo en sus naturales vecinos, y -estando seguros en sus casas, aunque no mucho la quietud y seguridad y -áun la vida le duró, avisado de todo Diego Velazquez envió á mandar á -Pánfilo de Narvaez, que con la gente que habia ido tras los huidos, y -con los que él habia dejado con Grijalva, que todos serian hasta cien -hombres, fuese á la provincia de Camagüéy, y por la isla adelante, -asegurándolas, que fuese aquel padre clérigo Bartolomé de las Casas con -él, y creo que le escribió á él que lo hiciese. Llegaron á la provincia -ó pueblo de Cueyba, que estaba en el camino, ántes de Camagüéy, 30 -leguas del Bayámo, donde Alonso de Hojeda y los que con él padecieron -aquellos grandes trabajos de la ciénaga, hobo aportado y salvádose, -y donde Hojeda dejó la imágen de Nuestra Señora, muy devota, como se -refirió en el libro precedente, cap. 60; y porque los españoles que -habian visto la imágen dicha, porque iban allí algunos de los que con -Hojeda en la ciénaga se habian hallado, y los que habian ido con el -susodicho alcance de la gente del Bayámo, loaban mucho la imágen al -dicho Padre, y él llevaba otra de Flandes, tambien devota, pero no -tanto, pensó en trocalla con voluntad del Cacique ó señor del pueblo. -Despues de muy buen rescibimiento que los indios hicieron á los -españoles, y ofrecida mucha comida, y los niños baptizados, que era lo -primero que trabajaba hacerse, y todos aposentados, comenzó á tractar -el Padre con el Cacique, que trocasen las imágenes; el Cacique luégo se -paró mustio y disimuló cuanto mejor pudo, y en viniendo la noche, toma -su imágen y váse á los montes con ella, ó á otros pueblos distantes. -Otro dia, queriendo el Padre decir misa en la iglesia, que la tenian -los indios muy adornada con cosas hechas de algodon, y un altar donde -tenian la imágen, enviando á llamar al Cacique para que oyese la misa, -respondieron los indios que su señor se habia ido y llevado la imágen -por miedo que no se la tomase el Padre; harto pesar rescibió el Padre -y todos los españoles, temiendo que la gente que hallaron quieta y -pacífica no se alborotase, y áun dudando no quisiesen quizá hacer, á -los españoles y al Padre, guerra por defension de su imágen; proveyó el -Padre que fuesen mensajeros al Cacique, significándole y certificándole -que no queria su imágen, ántes le daria la que traia graciosamente y -de valde; como quiera que ello fué, nunca quiso parecer el Cacique, -hasta que los españoles se fueron, por la seguridad de su imágen. Era -maravilla la devocion que todos tenian, el señor y súbditos, con Sancta -María y su imágen. Tenian compuestas como coplas sus motetes y cosas -en loor de Nuestra Señora, que en sus bailes y danzas, que llamaban -areitos, cantaban, dulces, á los oidos bien sonantes; finalmente, lo -mejor que se pudo hacer, dejados los indios contentos y pacíficos como -los hallaron, se partieron los españoles para ir adelante. Entraron en -la provincia de Camagüéy, que es grande y de mucha vecindad de gente, -que estaria de la Cueyba 20 leguas ó más, los vecinos de la cual, en -los pueblos donde llegaban los españoles, tenian de la comida, pan -caçabí, é de la caza que llamaban guaminiquinajes, aparejado segun -ellos podian, y pescado tambien, si lo alcanzaban. El clérigo Casas, -luégo, en llegando al pueblo, hacia juntar todos los niños chiquitos, y -tomaba dos ó tres españoles que le ayudasen, con algunos indios desta -isla Española, ladinos, que consigo llevaba y alguno que habia él -criado, baptizaba los niños que en el pueblo se hallaban. Así hizo en -toda la isla de allí adelante, y fueron muchos á los que Dios proveyó -de su Sancto baptismo, porque los tenia para su gloria predestinados, -y proveyólo al tiempo que convenia, porque ninguno ó casi ninguno -de aquellos niños quedó vivo desde á pocos meses, como abajo será, -Dios queriendo, declarado. Y porque los españoles llegando al pueblo, -hallando los indios en sus casas pacíficos, no cesaban de les hacer -agravios y escandalizallos, tomándoles esa laceria que tenian, no -contentándose con lo que de su voluntad los indios daban, y algunos, -pasando más adelante, andaban tras las mujeres y las hijas, porque ésta -es y ha sido siempre la ordinaria y comun costumbre de los españoles -en estas Indias, ordenó el capitan Narvaez, por persuasion del dicho -Padre, que despues que el dicho Padre hobiese apartado todos los -vecinos del pueblo á la mitad de las casas dél, dejando la otra mitad -vacía para é aposento de los españoles, ninguno fuese osado de ir á la -parte del pueblo donde los indios estaban recogidos y allegados; para -lo cual se iba delante con tres ó cuatro hombres el Padre, y, llegado -al pueblo, cuando la gente llegaba ya tenia los indios á una parte -del pueblo recogidos, y la otra parte desembarazada. Por esta vía, y -porque vian los indios que el Padre hacia por ellos defendiéndolos y -halagándolos, y tambien baptizando los niños, en lo cual les parecia -que tenia más imperio y auctoridad que los demas, cobró mucha estima y -crédito en toda la isla para con los indios, allende que, como á sus -sacerdotes, ó hechiceros, ó profetas, ó médicos, que todo era uno, lo -reverenciaban; por este crédito y auctoridad que habia entre ellos -cobrado no era menester ir delante, sino enviar un indio con un papel -viejo, puesto en una vara, enviándoles á decir con el mensajero que -aquellas cartas decian ésto y ésto, conviene á saber, que estuviesen -todos quietos y ninguno se absentase porque no se les haria mal ni -daño, y que tuviesen de comer aparejado para los cristianos, y los -niños para baptizar, ó que se recogiesen á una parte del pueblo, y -todo lo que parecia envialles á avisar, y que si no lo hacian, que se -enojaria el Padre, y ésta era la mayor amenaza que se les podia enviar. -Ellos lo hacian todo de muy buena voluntad, segun su posibilidad, -y era grande la reverencia y temor que tenian á las cartas, porque -vian que por ellas se sabia lo que se hacia en otras partes absentes; -parecíales más que milagro, y así mucho dellas se maravillaban. Pasaron -así algunos pueblos de aquella provincia por el camino que llevaban, -y porque la gente de los pueblos que estaban á los lados del camino, -cudiciosa de ver gente tan nueva, y en especial por ver tres ó cuatro -yeguas que allí se llevaban, de que toda la tierra estaba espantada, -y las nuevas dellas por toda la isla volaban, llegáronse muchos á -verlas en un pueblo grande llamado el Caonáo, la penúltima luenga, y -el dia que los españoles llegaron al pueblo, en la mañana paráronse á -almorzar en un arroyo seco, aunque algunos charquillos tenia de agua, -el cual estaba lleno de piedras amoladeras, y antojóseles á todos de -afilar en ellas sus espadas; y acabado su almuerzo, dánse á andar su -camino del Caonáo. En el camino habia dos ó tres leguas de un llano -sin agua, donde se vieron de sed en algun trabajo, y allí trujeron -algunos indios de los pueblos algunas calabazas con agua y algunas -cosas de comer. Llegaron al pueblo Caonáo á hora de vísperas, donde se -halló mucha gente que tenian aparejada mucha comida del pan caçabí é -de mucho pescado, porque tenian junto un gran rio y tambien cerca la -mar. Estaban en una plazuela, obra de 2.000 indios, todos sentados en -coclillas, porque así lo tienen todos de costumbre, mirando las yeguas -pasmados. Habia junto un gran bohío ó casa grande, donde estaban más de -otros 500 indios metidos, amedrentados, que no osaban salir; é cuando -algunos de los indios domésticos que los españoles por sirvientes -llevaban (que eran más de 1.000 ánimas, porque siempre andan desta -manera y con grande compaña, y otros muchos que traian de más de 50 -leguas, y otros de los mismos de Cuba naturales), si querian entrar en -la casa grande, tenian aparejadas allí gallinas, y decíanles: «toma, -no entres acá;» porque ya sabian que los indios que servian á los -españoles, no suelen hacer otras obras sino las de sus amos. Habia -costumbre entre los españoles, que uno que el Capitan señalaba tuviese -cargo de repartir la comida y otras cosas que los indios daban á cada -uno de los españoles, segun era su parte, y estando así el Capitan en -su yegua, y los demas en las suyas á caballo, y el mismo Padre mirando -cómo se repartia el pan y pescado, súbitamente sacó un español su -espada, en quien se creyó que se le revistió el diablo, y luégo todos -ciento sus espadas, y comienzan á desbarrigar y acuchillar y matar de -aquellas ovejas y corderos, hombres y mujeres, niños y viejos, que -estaban sentados, descuidados, mirando las yeguas y los españoles, -pasmados, y dentro de dos credos no queda hombre vivo de todos cuantos -allí estaban. Entran en la gran casa, que junto estaba, porque á la -puerta della ésto pasaba, y comienzan lo mismo á matar á cuchilladas -y estocadas cuantos allí hallaron, que iba el arroyo, de la sangre -como si hobieran muerto muchas vacas; algunos de los indios que allí -pudieron darse priesa, subiéronse por las varas y el enmaderamiento de -la casa en lo alto y así se escaparon. El Clérigo se habia, un poco -ántes desta matanza, apartado de donde se hizo á otra plazuela del -pueblo, junto allí, donde lo habian aposentado, y era una casa grande, -en que tambien se habian de aposentar todos, y allí estaban obra de -40 indios de los que habian traido las cargas de los españoles de las -provincias de atras, tendidos en el suelo descansando; y acaeció estar -con el Clérigo cinco españoles, los cuales, como oyeron los golpes de -las espadas y que mataban, sin ver nada, porque habia ciertas casas -delante, echan mano á las espadas y van á matar los 40 indios que, de -sus cargas y hatos venian molidos y descansaban, para les pagar el -corretaje. El Clérigo, movido á ira, vá contra ellos reprendiéndolos -ásperamente á estorbarlos, y ellos que le tenian alguna reverencia -cesaron de lo que iban á hacer, y así quedaron vivos los 40, y vánse á -matar los cinco á donde los otros mataban; y como el Clérigo se detuvo -en estorbar la muerte á los 40 que habian venido cargados, cuando fué, -halló hecha una parva de muertos que habian hecho en ellos, que era -cosa, cierto, de espanto. Como lo vido Narvaez, el Capitan, díjole: -«¿qué parece á vuestra merced destos nuestro españoles, que han hecho?» -Respondió el Clérigo, viendo ante sí tantos hechos pedazos, de caso tan -cruel muy turbado: «que os ofrezco á vos y á ellos al diablo.» Estaba -el descuidado Narvaez siempre viendo hacer la matanza, sin decir, ni -hacer, ni moverse más que si fuera un mármol, porque si él quisiera, -estando á caballo, y una lanza en las manos, como estaba, pudiera -estorbar los españoles que diez personas no mataran. Entónces déjalo -el Clérigo, y andaba de aquí para allí, por unas arboledas, buscando -españoles, que no matasen, porque andaban por las arboledas buscando á -quien matar, y á chico, niño, ni á mujer, ni viejo perdonaban; y más -hicieron, que se fueron ciertos españoles al camino del rio, que estaba -junto, y todos los indios que se escapaban con heridas y cuchilladas y -estocadas, que podian huir, para irse á echar en el rio por salvarse, -hallaban á aquellos que los acababan. Acaeció más otra crueldad, no -digna de ser callada, para que se vea las obras de nuestros cristianos -en estas partes: que entrando el Clérigo en la casa grande, donde dije -que estarian obra de 500 ánimas, ó las que habia, que eran muchas, y -viendo muertos los que en ella estaban, espantado, y los que por las -varas arriba ó enmaderamiento se habian escapado, díjoles: «no más, no -más, no hayais miedo, no habrá más, no habrá más.» Con esta seguridad, -creyendo que así fuera, descendió un indio, harto bien dispuesto, -mancebo de 25 ó 30 años, llorando, y como el Clérigo no traia reposo, -por ir á todas partes á estorbar que no matasen, salióse luégo de la -casa; y así como el mancebo descendió, un español que allí estaba, -sacó un alfanje, ó media espada, y dále una cuchillada por los hijares -que le echa las tripas de fuera, como si no hiciera nada. El indio, -triste, toma sus tripas en las manos, y sale huyendo de la casa; topa -con el Clérigo y cognosciólo, y dícele allí algunas cosas de la fe, -segun que el tiempo y angustia lugar daba, mostrándole que si queria -ser baptizado, iria al cielo á vivir con Dios; el triste, llorando y -haciendo sentimiento como si ardiera en unas llamas, dijo que sí, é con -ésto le baptizó, cayendo luégo muerto en el suelo, remitiendo lo demas -á la misericordia de aquel que lo habia criado, y via la injusticia -con que aquel y los demás eran tan cruelmente lastimados. Váse luégo á -la casa el Clérigo y halló al infelice hombre que lo habia destripado, -y, con grande impaciencia y turbacion poco ménos hizo con él que lo -que debiera de hacer su descuidado capitan Narvaez, y aquel fué uno -de los flecheros que trujo consigo Narvaez, que en Jamáica se debia de -haber en estas obras ejercitado. Ver las heridas que muchos tenian de -los muertos, y otros que áun no habian espirado, fué una cosa de grima -y espanto, que como el diablo, que los guiaba, les deparó aquellas -piedras de amolar, en que afilaron las espadas aquel dia de mañana, -en el arroyo donde almorzaron, donde quiera que daban el golpe, en -aquellos cuerpos desnudos, en cueros y delicados, abrian por medio -todo el hombre de una cuchillada. Entre otros heridos, hobo uno, y áun -dijeron que era hermano del Rey é señor de aquella provincia, viejo, -bien alto de cuerpo, y que en su aspecto parecia señor, que de una -cuchillada que le dieron en el hombro derecho (debíale de acertar en -la coyuntura), le derrocaron todo el lado hasta la cinta, de manera -que, estando sentado en el suelo, tenia en tierra caido todo el lado, -y el asadura y tripas, y cuanto hay en lo hueco se le parecia, como -si estuviera en una escarpia colgado; y fué cosa de mucho notar, el -subjecto y complision natural que aquel hombre tuvo, porque siendo -herido el sábado, cuando se celebró esta matanza, estuvo hasta otro -sábado sentado en tierra, como dije, con su lado caido, sin comer, -salvo beber cada momento por la sequedad que causa la sangre, y en -éste estado, vivo, los españoles que se partieron el siguiente sábado, -lo dejaron. Quedó mucha lástima en el Clérigo, por no habello, como á -otros muchos, curado con cierta manteca de tortuga, quemándoles las -heridas, de que en aquellos ocho dias se pudieron curar, y quedaban -los que no tenian estocadas cuasi sanos, y aquel no curó por ser la -herida tan estraña y mortal; creyóse que si le juntaran todo el lado, -cosiéndosele con una aguja grande, ó almarada, segun la complision -tan buena que pareció tener, quizá sanara. Finalmente, no se supo más -dél, y no parecia ser posible dello escapar. De todo lo dicho yo soy -testigo, que lo vide y estuve presente, y dejo de decir muchas otras -particularidades por abreviar. - - - - - CAPÍTULO XXX. - - -Preguntado fué quién fué el primero que sacó el espada, y por qué se -movió á comenzar tan gran estrago, pero encubrióse y disimulóse la -persona de quien se sospechó ó se supo; y si fué aquel que se creyó, -sépase que hobo despues tan desastrado fin, cuanto muchos otros que -semejantes virtudes en estas Indias han obrado. La causa se platicó -diciendo, que habian visto indios que se cebaban á ver las yeguas, -demás de los que estaban, y que era mala señal que nos querian matar; -y porque algunos traian unas alguirnaldas de unos pescadillos, y de -los que se llaman agujas, puestas en las cabezas, decian, que para -darlas con las cabezas y abrazarse luégo con los españoles, y con -unas cuerdas que algunos traian ceñidas, como suelen, atarlos. Y es -verdad, que ni arco, ni flecha, ni palo, ni cosa que supiese á arma -de indios, jamás se vido ni sospechó que trujesen, ni hobiese en casa -del pueblo, ni en el monte, sino todos desnudos (como dije), sentados -en coclillas, de la manera de unos corderos, estaban, y de mirar las -yeguas, que no se hartaban, pasmados; y es tambien verdad, que si sobre -2.000 indios, que allí pareció que habia, hobiera otros 10.000, sólo -Narvaez, con su yegua, á todos los matara, como pareció en los indios -de Bayámo, cuanto más estando con él otros tres ó cuatro á caballo, -con sus lanzas y adargas en las manos. La causa no fué otra, sino su -costumbre, que siempre tuvieron en esta isla Española, y pasaron á la -de Cuba para ejercitarla, de no se hallar sin derramar sangre humana, -porque sin duda eran regidos y guiados siempre por el diablo. Sabida -esta matanza por toda la provincia, no quedó mamante ni piante, que, -dejados sus pueblos, no se fuese huyendo á la mar, y á meterse en las -isletas, que por aquella costa del Sur hay infinitas, que dijimos -haberles puesto nombre el Jardin de la Reina, el Almirante; y tanto -miedo cayó en ellos, y con tan justa razon, que no sólo esconderse -quisieran en las isletas, pero, si pudieran, debajo de las aguas, por -huir de gente que con tanta razon juzgaban por crudelísima é más que -inhumana. Salidos los españoles del pueblo, que dejaron tan sangriento, -y bañado en sangre humana, llamado el Caonáo, asentaron Real en una -roca grande, donde habia mucha de la yuca para hacer el pan caçabí; -hechas su choza cada uno, con las personas, hombres y mujeres que -llevaban, porque ninguno, ó pocos, traian consigo ménos de ocho ó -diez personas, puesto que algunos ménos y otros más, que habian, por -grado ó por fuerza, de los pueblos que quedaban atras tomado, enviaba -los hombres por la yuca, y ellas hacian el pan, y los hombres tambien -traian caza y lo demas. Ya se dijo arriba, que el Padre clérigo llevaba -consigo, entre otros, no tomados por fuerza, sino que ellos se venian -á él de su voluntad, por el buen tractamiento que les hacia y por el -crédito que por la isla habia cobrado de que los favorecia, y por -estar seguros de los españoles y de sus crueldades, llevaba, digo, -consigo, un indio viejo y principal de esta isla Española, persona -entre indios cuerda y honrada, y éste tambien era cognoscido por la -isla por bueno, y por criado del Padre; al cabo de algunos dias que -estaban en aquel monte ó roca los españoles aposentados, vino un indio -de hasta veinticinco años, por espía, enviado por las gentes que -andaban fuera de sus pueblos, huidas y descarriadas, y vínose derecho -á la choza donde los indios del Padre clérigo estaban, y habló con el -viejo, que se llamaba Camacho, diciendo queria vivir con el Padre, y -que tenia otro hermano, muchacho de quince años ó poco más, que se -lo traerá tambien para que le sirviese. Asegurólo muy bien el viejo -Camacho, porque lo sabia muy bien hacer, loándole su propósito, y -que el Padre era bueno, y holgaria de rescibir por sus criados á él -y á su hermano, y que allí estarian, con el mismo viejo y los demás, -seguros que ninguno les hiciese mal, etc., etc. Viene luégo Camacho al -Padre, y dále las buenas nuevas, que por entónces se tenian por tales, -porque no se deseaba otra cosa más que haber algun indio de los de la -tierra, para lo halagar y enviar por mensajero á los demas desterrados, -asegurándolos que se viniesen á sus pueblos y que no rescibirian más -daño; holgóse mucho el Padre, por el fructo que se esperaba, hace -llamar al indio, abrázalo, asegúralo, dícele que lo rescibiria con -su hermano, por sus criados, y que les hará y contecerá. Pregúntales -por la gente demas, dónde está, y si querrá venir á sus pueblos, -certificándoles que no se les hará mal ninguno; responde, que sí, é -que él traerá los vecinos de un pueblo, que de allí estaba cercano, -cuya era la roca donde los españoles estaban aposentados; promete que -dentro de ciertos dias traerá la gente y á su hermano. Creo que le -dió, ó camisa ó algunas cosillas de las que tenia, y el mismo viejo -Camacho púsole nombre que se llamase Adrianico, porque tenia en poner -nombres, aunque no estuviesen baptizados, gracia; fuese muy contento -Adrianico, afirmando que él cumpliria su palabra. Estuvo allá muchos -más dias de los que dejó asentados, parece que no pudo allegar la -gente que andaba desparcida y apartada, en tanto que ya el Padre de su -venida desconfiaba, pero Camacho siempre esperaba; estando, pues, muy -descuidado el Padre, una tarde, cerca de noche, viene Adrianico con su -hermano, y traen consigo, creo, que 180 ánimas, hombres y mujeres como -unos corderos, con sus carguillas de sus cosillas y pobreza á cuestas, -y muchos con sartales de muy buenas mojarras para el Padre y para los -cristianos. Verlos, por una parte causaban gozo por venir á poblar sus -casas, que era lo que por entónces se deseaba, y por otra lástima y -compasion grande, considerando su mansedumbre, humildad, su pobreza, -su trabajo, su escandaloso destierro, su cansancio, que tan sin razon -alguna se les habia causado, dejado ya aparte, como olvidado, el -estrago y mortandad que en sus padres y hijos, y hermanos, y parientes -y vecinos, tan cruelmente se habia perpetrado; hobo gran regocijo y -alegría en el Real, y especialmente Narvaez y el Padre; mostráronles -todos muchas señales de paz y amistad, y enviáronse luégo á sus casas -vacías, que estaban junto, que las poblasen, empero, Adrianico y su -hermano, que parecia un ángel, quedáronse con la familia del Padre, y -con el viejo Camacho, que la gobernaba, cuyo regocijo y alegría fué -más que de otros grande. Venidos éstos á su pueblo y casas, luégo se -sonó por la provincia como los cristianos no les hacian ya mal, y que -se holgaban, que se tornasen todos á poblar, y así lo hicieron, todo -perdido el miedo que con tan urgente causa habian cobrado; pero, ¿para -qué fin, si pensais, los españoles, de que se viniesen á poblar, todos -se regocijaban, y el Padre clérigo, para qué en traellos y asegurallos -tanto trabajaba? cierto, no para otro, al cabo, sino para que, poco á -poco, en las minas y en los trabajos los matasen, como finalmente los -mataron; puesto que aqueste fin no pretendia el Padre, y los españoles -no pretendian directamente matallos, sino servirse dellos como de -animales, posponiendo la salud corporal y espiritual de los indios á -sus intereses, cudicias y ganancias, á lo cual seguírseles la muerte, -no era dubitable sino necesario. - - - - - CAPÍTULO XXXI. - - -Aquí ó por aquí túvose nueva de indios, que lo dijeron, que en la -provincia de la Habana, que distaba de aquella cien leguas ó cerca -dellas, que los indios tenian entre sí dos mujeres españolas, y un -hombre español cristiano, y porque quizá de miedo no los matasen, no -aguardó el Padre á llegar allí, sino proveyó luégo indios con papeles -viejos, como se dijo, por cartas, enviándoles á decir, que luégo, -vistas aquellas cartas, le enviasen las mujeres y aquel cristiano, si -nó que se enojaria mucho si en hacerlo tardasen. Salieron, pues, de -aquellos ranchos los españoles para ir adelante, y llegaron á un pueblo -que estaba en la ribera de la mar del Norte, y dentro las casas, sobre -horcones en el agua, (pasados otros), llamado Caraháte, la penúltima -luenga, al cual puso el Padre Casa-harta, porque fué cosa maravillosa -la abundancia de comidas de muchas cosas que allí tuvieron, de pan, y -caza, y pescado, y sobre todo de papagayos, que, si no me he olvidado, -en obra de quince dias que allí estuvieron, se comieron más de diez -mil papagayos, los más hermosos del mundo, que por alguna manera era -lástima matallos; y éstos tomaban los niños subidos en los árboles, -como arriba queda declarado. Algunas veces, todos los españoles en -este camino, desde la provincia de Camagüéy, navegaron por la mar en -cincuenta y más canoas, ó pocas ménos, que no parecian sino una flota -de galeras, las cuales los indios de la tierra de buena gana daban; -bien creo que por echarnos de su tierra, porque nunca jamás indios, con -tener cerca de sí españoles, ganaron nada, sino muchas inquietudes, -agravios, sobresaltos, é al ménos intolerables importunidades. Así que, -estando muy á sabor del vientre, todos en Caraháte ó Casa-harta, véese -venir una canoa esquifada de indios remadores, y viene á desembarcar -junto á la posada del Padre que estaba bien dentro del agua, en la -cual venia las dos mujeres, desnudas, en cueros, como las parieron sus -madres, con ciertas hojas cubiertas solamente las partes que suele -siempre cubrir la honestidad humana; la una era de hasta cuarenta -años, y la otra de obra de diez y ocho ó veinte cuando más, vellas, -no era ménos que si se vieran nuestros primeros padres Adan y Eva -cuando estaban en el Paraíso terrenal. Luégo el Padre clérigo pidió á -los españoles, lo primero, camisas con que se cubrieran las carnes, -y despues, de capas y sayas que dieron, se les hicieron faldillas y -mantos, como mejor se pudieron remediar; grande alegría causó su venida -en todos por vellas salvas y entre cristianos, y ellas no se hartaban -de dar gracias por ello á Nuestro Señor. No desde á muchos dias, tractó -el Padre de casallas, y así se casaron ambas con dos hombres de bien, -de los que allí andaban, que se concertaron. Contáronos como los indios -habian muerto á ciertos españoles, con quien ellas venian en aquel -puerto, que por éste caso se llamó, á lo que creo, de Matanzas, el -cual es un pedazo de mar, y queriendo pasar los españoles á la otra -parte, metiéronse con los indios en ciertas canoas, y en medio del -lago anegáronlas; como sabian pocos nadar se ahogaron, y con los remos -los ayudaron á salir de esta vida, solas estas dos mujeres, por ser -mujeres, conservaron; siete españoles que supieron nadar salieron á -tierra nadando, con sus espadas, que nunca desampararon, y salidos del -agua fueron á un pueblo, y el Cacique ó señor dél, díjoles que dejasen -las espadas, dejadas, luégo de un grande árbol que se llama ceíba, la í -luenga, los mandó ahorcar; bien debia de saber cuánto daño solian hacer -en los cuerpos desnudos las espadas. Esto luégo parecerá, á los que -no consideraren las obras de los españoles desta isla Española, y las -nuevas que de aquí y de las islas de los Lucayos á aquella pasaron, y -lo que acostumbran á hacer de fuerzas y malos tractamientos, áun donde -se hallan pocos y los indios muchos, de los cuales quizá algunos de los -españoles que de ántes habian venido por allí, experimentaron, que -fué grande aquesta inhumanidad y crueldad, y que por tanto, justamente -los españoles hicieron en ellos las crueldades y matanzas susodichas, -etc.; pero los que tal sentencia dieron, acuérdense de reducir á la -memoria el beneficio y benignidad de que los de la provincia de Cueyba -usaron con Hojeda y con los que con él venian, y el bueno y humano -hospedamiento, que al bachiller Anciso, y á su compañía el Cacique -Comendador y sus gentes hicieron, y no ménos á Sebastian de Campo, -en el puerto de Xagua, donde perdió el navío y dejó cuatro españoles -con las tres pipas de vino, y den la vuelta con su consideracion á -los hechos que de los nuestros toda esta Historia cuenta, y entónces, -sino quedare por ceguedad del entendimiento ó firmada malicia de la -voluntad, yo no dudo sino que volvieran en lo contrario su parecer, y -serán buenos jueces. Tornando al propósito, no me pude acordar cuando -ésto escribia si les preguntamos, y de creer es que sí, en qué compañía -ó debajo de qué Capitan ó dónde venian éstos con estas mujeres; -finalmente, lo que dello supimos llevadómelo há el olvido. Envióse -una carta ó papel viejo al Cacique que tenia en su poder al español -que arriba se dijo, que lo guardase muy bien, hasta que á su pueblo -llegásemos, y así como de ántes lo habia hecho lo hizo, y digo como -de ántes lo habia hecho, porque muchas veces otros Caciques y señores -de otros pueblos, sus vecinos, le requerian muchas veces, dellas por -bien, y dellas por amenazas que lo matase, ó se lo enviase que ellos -lo matarian, y nunca quiso, ántes no lo dejaba salir de cabe sí, ni -lo enviaba á parte alguna, tractándolo siempre como si fuera su hijo. -Salieron, pues, de Caraháte ó de Casa-harta bien hartos de papagayos, -como dije, los nuestros, por la mar en la flota de las canoas dicha, -y por la tierra cuando les convenia, y llegaron á la provincia de la -Habana, donde todos los pueblos vacíos, porque sabida la matanza que -habian hecho en la provincia de Camagüéy, no paraba hombre que á los -montes no se fuese; envió el padre Casas sus cartas ó papeles viejos -con algunos mensajeros á los señores de los pueblos, que viniesen á -ver los cristianos seguros, y que no hobiesen miedo, como en todas las -partes donde allegaban hacia; y ésto era lo que traia encomendado de -Diego Velazquez, que gobernaba, y el capitan Narvaez tambien mandado, -y en las cartas que le escribia le mandaba que no hiciese guerra ni -mal á nadie, y que primero los indios tirasen flechas ó varas que los -españoles sacasen espada. Vistos los papeles del Padre, los Caciques, -con el crédito que dél concebido habian, luégo vinieron, creo que 18 ó -19, cada uno con su presente de comida de lo que tenian; venidos así -sobre seguro y en confianza de lo que el Padre les habia escripto, el -capitan Narvaez, luégo, hácelos prender con cadenas y grillos por buena -venida, y otro dia tractaba de que se pusiesen palos para quemallos -vivos. Sabido por el Padre, rescibió grande angustia, y, dello por -bien y lo ménos por blandura, y de ello y lo más por rigor, haciéndole -muchas amenazas que Diego Velazquez y el Rey lo castigarian sobre -obra tan inícua, si tal cometia, más de miedo que de voluntad, si no -me engaño, pasó aquel dia y otro, y así se resfrió poco á poco de la -crueldad que perpetrar queria, y al cabo los soltó á todos, salvo uno -que era el mayor señor, segun se decia; éste estuvo y anduvo en cadenas -hasta que Diego Velazquez vino á juntarse con todos ellos, y lo soltó y -puso en su libertad. Pasando adelante, de pueblo en pueblo, asegurando -los indios que en ellos hallaban, fueron camino del pueblo donde sabian -que estaba el cristiano, y como el señor del pueblo supo que los -españoles á él se acercaban, salió al camino, creo que á obra de media -legua, con cerca de 300 hombres, todos ó muchos dellos de cuartos de -tortuga recien pescada cargados; venian todos delante cantando, y el -Cacique, señor del pueblo, que era un viejo de más de sesenta años, -de buen gesto y alegre, que mostraba tener sanas entrañas, detras -con el cristiano de la mano. Topáronse los indios y cristianos en un -monte, y así como llegaron los indios á los cristianos, pusieron los -pedazos de tortuga en el suelo, todavía cantando, y luégo sentáronse; -llegó el Cacique al capitan Narvaez, y al Padre, y hecha su mesura -preséntales el cristiano por la mano, diciendo, que aquel habia tenido -como á hijo, y que lo habia él muy bien guardado, y que si por él no -fuera, ya los otros Caciques le hubieran muerto y maltractado. El -Capitan y el Padre lo rescibieron con grande alegría, y en señal de -agradecimiento lo abrazaron y hicieron el cumplimiento que fué posible -allí, de palabra; el español, ya cuasi no sabia hablar nuestra lengua, -sino en la de los indios hablaba las más palabras; sentóse luégo en el -suelo como los indios, y hacia con la boca y con las manos todos los -meneos que los indios acostumbraban, en lo cual no poca risa en los -españoles causaba. Creo que se entendia dél que habia tres ó cuatro -años que allí estaba; y despues, algunos dias andados, que de su -lengua y nuestra materna se iba acordando, daba larga relacion de las -cosas que por él habian pasado. Andando por aquella provincia de la -Habana, de pueblo en pueblo, los españoles, y pasando de la costa del -Sur á la del Norte, como frecuentes veces llegaban, por ser la isla -por allí muy angosta, que de 15 leguas no pasa, hallaron un dia en -la costa de Sur, donde agora está la villa de la Habana, ó por allí, -un gran pan de cera amarilla dentro del arena, que pesaria como una -arroba ó poco ménos, acaso; maravilláronse todos de dónde allí hobiese -aportado, como hasta entónces no se hobiese por aquella mar navegado, -sino los navíos que del Darien dos ó tres veces á aquella isla habian -llegado, y parecia que no habia razon de traer cera, como por entónces -tuviesen otros cuidados. Nunca ésto se determinó hasta que se descubrió -Yucatán y la Nueva España, porque descubierto Yucatán, cuya primera -tierra dista de la punta ó cabo occidental de Cuba 50 leguas y no más, -la cual provincia es, ó era, de miel y cera muy abundante, y la mar -de entre ambas á dos tierras es baja, debió ser que alguna canoa de -indios mercaderes, que por toda aquella costa de Yucatán mercadeaban, -con tormenta se debió de trastornar, y caida la cera en lo hondo, por -tiempo, poco á poco, la mar debia de allegarla á la costa de Cuba, -donde la hallaron; hallaron tambien por toda aquella costa del Norte -de Cuba, por la Habana en especial, mucha pez que la misma mar sobre -las peñas y ribera echaba, no sabian de dónde viniese, ó cómo la mar la -criase, como en la verdad sea cierta especie de betumen ó de pez, no de -pinos, pero pez verdadera, ó que sirve de lo que la verdadera, hasta -que despues se pobló un pueblo de españoles en el puerto que nombraron -del Príncipe; allí se halló, y la hay, mina ó fuente della que se saca -á pedazos dura, y creo que, á las veces debe manar líquida ó derretida, -por ventura, que el sol la derrite, porque la que se ve por la costa, -más es algo líquida que dura ó espesa; mezclándola con mucho sebo ó -aceite sirve de lo mismo que la pez de pinos y brea para los navíos. - - - - - CAPÍTULO XXXII. - - -Habiendo en este tiempo Diego Velazquez asentado los vecinos españoles -que le pareció poner en la villa de Baracóa, repartídoles los indios -de las provincias de Maycí, la última luenga, y de Bayatiquirí, la -misma luenga, y no olvidando en el repartimiento á sí mismo y á su -suegro el tesorero Cristóbal de Cuéllar, y á los que allí más queria, -y todos ellos dándose priesa en buscar y sacar oro con los desnudos -indios, determinó de venir á juntarse con el capitan Narvaez y el Padre -y la demas gente, y ver la tierra de entre medias, y considerar los -lugares donde convernia constituir ó asentar pueblos de españoles, -para lo cual escribió que de la Habana se acercasen poco á poco hácia -donde él venia, y parasen en el puerto Xagua, donde Sebastian de -Campo habia dejado los cuatro españoles con las tres pipas de vino, -y así lo hicieron, y vinieron á esperalle al puerto de Xagua, donde -dijimos arriba, en el libro II y en éste, los indios tener corrales de -inmensidad de lizas, y haber grande abundancia de aves, y señaladamente -perdices; habia sin ésto copia mucha de todo bastimento. Llegó al fin -Diego Velazquez con algunos españoles por la tierra, y por la mar en -canoas, al dicho puerto de Xagua, donde Narvaez y los demas estaban, -y aposentáronse todos en la una isleta, de tres que tiene el puerto, -donde habia un buen pueblo de indios, en la cual estuvieron algunos -meses todos, sirviéndoles los indios como á Dioses cuanto les era -posible. En este tiempo envió á descubrir minas, por un rio arriba, -grande y muy gracioso en su ribera, llamado Arimáo, la penúltima -luenga, que sale á la mar, media ó una legua fuera del puerto; hallaron -muy ricas minas y de oro muy fino, como el de Cibao desta isla, y áun -es harto más blando, y por ésto creo que en más, de los plateros, -tenido. Aquí comenzó Diego Velazquez á pensar en asentar por allí al -rededor una villa, y á encomendar ó repartir los indios, y entre los -otros vecinos, que para la poblacion della se asentaron, fué el dicho -padre Casas, al cual, como á hombre que mucho habia en todos aquellos -caminos servido y trabajado, asegurando la mayor parte de aquella isla, -y excusando hartas muertes de indios, le dió un muy buen repartimiento -dellos, allí cerca del puerto de Xagua, en un pueblo llamado en lengua -de indios, creo que Canarreo; aquel Padre tenia estrechísima amistad -de muchos años atras en esta isla Española con un hombre llamado Pedro -de la Rentería, varon de gran virtud, cristiano, prudente, caritativo, -devoto, y más dispuesto, segun su inclinacion, para vacar á las cosas -de Dios y de la religion, que hábil para las del mundo, las cuales él -tenia en harto poco y se daba poco por ellas, y ni se sabia dar maña -para las adquirir; era franquísimo, tanto, que se le podia más atribuir -á vicio y descuido el dar, segun lo poco que tenia, que á discrecion y -á virtud. Entre las otras sus buenas costumbres, resplandecian en él -la humildad y castidad, porque era limpísimo y humilísimo, y, para con -una palabra notificar sus muchas virtudes, habia sido ó criado, ó que -habia seguido la doctrina del Santo, primero arzobispo de Granada; era -latino y tenia sus libros de los Evangelios con la exposicion de los -santos en que leia, era muy buen escribano, siempre donde vivió, en -esta isla Española y en la de Cuba, tuvo cargo de justicia ó Alcalde -ordinario, ó Teniente de Diego Velazquez. Fué hijo de un vizcaino de -la provincia de Guipúzcoa, hombre virtuosísimo, y de una dueña, que -debia ser labradora, de la villa de Montanches en Extremadura. Entre -aqueste siervo de Dios y el dicho Padre, allende la amistad estrecha y -antigua que tenian, no habia cosa partida, sino que todo lo que ambos -poseian era de cada uno, y ántes todo se podia decir ser del Padre que -de el Rentería, porque lo gobernaba y ordenaba todo, como fuese más -ejercitado _in agibilibus_, y en las cosas temporales más entendido, -porque el oficio de Rentería y ocupacion no era sino rezar, y de su -recogimiento y soledad muy amigo, y de las haciendas ó bienes no tenian -más cuidado del que dije. Así que, como Diego Velazquez trujese de -la villa de Baracóa consigo al Pedro de la Rentería, dióle indios de -repartimiento juntamente con el Padre, dando á ambos un buen pueblo y -grande, con los cuales el Padre comenzó á entender en hacer granjerías, -y en echar parte de ellos en las minas, teniendo harto más cuidado -dellas que de dar doctrina á los indios, habiendo de ser, como lo era, -principalmente aquel su oficio; pero, en aquella materia, tan ciego -estaba por aquel tiempo el buen Padre, como los seglares todos que -tenia por hijos, puesto que en el tractamiento de los indios siempre -les fué humano, caritativo y pio, por ser de su naturaleza compasivo, -y tambien por lo que de la ley de Dios entendia; pero no pasaba ésto -mucho adelante de lo que tocaba á los cuerpos, que los indios no fuesen -mucho en los trabajos afligidos, todo lo concerniente á las ánimas -puesto al rincon, y del todo punto por él y por todos olvidado, plaga -que Nuestro Señor ha permitido en todo género de personas de nuestra -España en estas Indias, por sus secretos juicios. Señaló, pues, Diego -Velazquez el lugar donde se asentase una villa, nueve ó diez leguas del -puerto de Xagua hácia el Oriente, porque estaba más en comarca de los -más pueblos de los indios, donde hacia una manera de puerto, harto mal -puerto, porque allí se perdieron despues algunos navíos; quiso que se -llamase la villa de la Trinidad, como si la Santísima Trinidad hobiera -de ser allí servida. Ordenó que se poblase otra villa más dentro en la -tierra, cuasi en medio de las dos mares del Sur y del Norte, y llamóla -la villa de _Sancti Spiritus_; otra señaló en el puerto del Príncipe á -la costa del Norte, y otra en el Bayámo, que creo que se llamó la villa -de Sant Salvador, y otra en el puerto de Santiago, que despues fué -ciudad y cabeza del Obispado de aquella isla. Y así, con la primera, -que fué la de Baracóa, hobo al principio seis villas, despues el tiempo -andando, se pobló la del puerto de Carenas, que agora se llama la de -la Habana, y es la que más concurso de naos y gente cada dia tiene, -por venir allí á juntarse ó á parar y tomar puerto de las más partes -destas Indias, digo de las partes y puertos de tierra firme, como es de -Sancta Marta, Cartagena, del Nombre de Dios, de Honduras, y Trujillo, y -puerto de Caballos, y Yucatán, y de la Nueva España. Esto es por razon -de las grandes corrientes y vientos brisas que siempre corren entre -la tierra firme de Paria y toda aquella costa y esta isla Española, -porque acaecia estar una nao, desde Sancta Marta, ó Cartagena ó Nombre -de Dios, ocho ó diez meses que no podia tomar este puerto de Sancto -Domingo, que no son más de 200 ó 300 leguas, y así hallaron ser ménos -trabajoso y costoso y más breve andar más de 500 (y áun para hasta -llegar á Castilla, se rodean más de las 600 para las naos que salen de -Sancta Marta y Cartagena); así que todas las naos se juntan ó vienen á -tomar puerto á la Habana de los puertos y partes dichas. Señalados los -lugares para las dichas villas, y para cada una señalados los vecinos -españoles, y repartídoles los indios de la comarca, dánse priesa los -españoles á hacer sudar el agua mala á los pobres y delicados indios, -haciendo las casas del pueblo y labranzas, y cada español que podia -echarlos á las minas, y si no en todas las otras granjerías que -podian. De allí envió Diego Velazquez á Narvaez á pacificar, como -ellos dicen, la provincia última, que está al cabo más occidental de -aquella isla, que los indios llamaban de Haniguanica; no me acuerdo -con cuánto derramamiento de sangre humana hizo aquel camino, aunque -estuve presente á su ida y su venida, por ser el negocio tan antiguo, y -pudiéralo despues, dél y los que con él fueron, haber muy bien sabido y -averiguado. Y porque ya todo lo que más hay que decir de aquella isla, -con parte de lo ya dicho, pertenece al año de 14 y 15 sobre 500, será -bien dejallo aquí hasta su tiempo, y tornar sobre lo acaecido en el año -de 512 y 13 y 14 en esta isla, y en las otras partes que por aquellos -tiempos se trataban destas Indias. - - - - - CAPÍTULO XXXIII. - - -Ya dijimos en el cap. 19, como el siervo de Dios, padre fray Pedro de -Córdoba, que trujo la órden de Sancto Domingo primariamente á esta -isla, fué á Castilla, y lo que allá hizo, y el crédito que el Rey -católico le dió, y en la veneracion en que lo tuvo, y como, viendo -que la perdicion de los indios creciendo iba por la ceguedad de los -que aconsejaban al Rey, letrados, teólogos y juristas, y conociendo -juntamente, que donde hobiese españoles no era posible haber -predicacion, doctrina, ni conversion de los indios, suplicó al Rey que -le diese licencia para se ir con cierta compañía de religiosos de su -Órden, á tierra firme, la de Paria, y por allí abajo, donde españoles -no tractaban ni habia, y el Rey, como católico, se holgó mucho dello y -le mandó proveer de todo lo necesario para su viaje y estada en tierra -firme á sus oficiales desta isla; conviene agora tractar de cómo tornó -el venerable Padre con sus provisiones á esta isla, y cómo puso por -obra su pasada á tierra firme. Presentadas las provisiones Reales á los -oficiales del Rey, luégo las obedecieron, y, cuanto al cumplimiento, se -ofrecieron de buena voluntad, cada y cuando que quisiese, á complillas, -y entretanto que se aparejaba, despachó él todos los religiosos que -habian de ir, los bastimentos y aparejos para edificar la casa, y -todo lo demas que habian de llevar, y dónde y cómo habian de poblar; -deliberó el siervo de Dios de enviar primero tres religiosos á tierra -firme, como verdaderos Apóstoles, para que, solos entre los indios de -la parte donde los echasen, comenzasen á predicar y tomasen muestra de -la gente y de la tierra, para que de todo avisasen, y sobre la relacion -que aquellos hiciesen lo demas ordenar. Pidió, pues, á los oficiales -del Rey, el dicho padre, que mandasen ir un navío á echar á aquellos -tres religiosos en la tierra firme, la más cercana desta isla Española -y los dejasen allá, y despues, á cabo de seis meses ó un año, tornase -un navío á los visitar y saber lo que habia sido dellos. Los Oficiales -lo pusieron luégo por obra, y mandaron aparejar un navío que los -llevase; dista desta isla, aquella parte de tierra firme, 200 leguas. -Nombró el siervo de Dios para este apostolado, é impuso, en virtud -de santa obediencia y remision de sus pecados, al padre fray Anton -Montesino, de quien arriba hemos hablado, que predicó primero contra -la tiranía que se usaba con los indios, y anduvo en la corte, como -queda declarado, y á un religioso llamado fray Francisco de Córdoba, -presentado en teología, y gran siervo de Dios, natural de Córdoba, y -que el padre fray Pedro mucho queria; dióles por compañero al fraile -lego fray Juan Garcés, de quien dijimos arriba, en el cap. 3.º, que -siendo seglar en esta isla, fué uno de los matadores y asoladores -della, tambien habia muerto á su mujer, el cual, despues que recibió -el hábito, habia probado en la religion muy bien, y hecho voluntaria -gran penitencia. Todos tres, muy contentos y alegres, dispuestos -y ofrecidos á todos los trabajos y peligros que se les pudiesen -por Cristo ofrecer, porque confiados y seguros por la virtud de la -obediencia, que de parte de Dios les era impuesta (que ninguna otra -mayor seguridad, el religioso en esta vida puede tener para ser cierto -que hace lo que debe, y que todo lo que le sucediere ha de ser para su -bien), rescibida la bendicion del santo padre, se partieron; llegados á -la isla de Sant Juan, el padre fray Antonio Montesino enfermó allí, ó -por el camino, de peligrosa enfermedad, de manera que pareció haber de -padecer riesgo su vida, si adelante con aquella indisposicion pasaba, -por lo cual acordaron que se quedase allí hasta que convaleciese. El -presentado y padre fray Francisco de Córdoba, y el hermano fray Juan -Garcés, lego, fueron su viaje, y díjose que con alegría iba cantando -aquello de David: _Montes Gelboe nec ros nec pluvia cadat super vos, -ubi ceciderunt fortes Israel_. Llegados á tierra firme, salieron en -cierto pueblo, que por mi inadvertencia no procure saber, cuando -pudiera, cómo se llamaba, él debia ser, segun imagino, la costa de -Cumaná abajo. Los indios los rescibieron con alegría, y les dieron de -comer y buen hospedaje, á ellos y á los marineros que los llevaron, y -despues de que los marineros descansaron, tornáronse á esta isla, de -donde los oficiales del Rey los habian enviado. Pasados algunos dias, -y quizá meses, como ya comenzaba á bullir en los españoles la cudicia -de las perlas que por allí se pescaban cerca, vino por allí un navío -á rescatar perlas y á robar tambien indios, si pudiera, porque ya lo -mismo se comenzaba, ó queria comenzar, por allí otra vendimia, como -en las islas de los Lucayos los españoles habian hecho, de que abajo -se dirá, si Dios quisiere. Saltaron en tierra los españoles que en -el navío venian, y como vieron los religiosos, holgáronse mucho con -ellos, y los indios que siempre que vian navíos tenian miedo por los -daños muchos que, por aquella costa, de los españoles habia recibido -los años pasados, como en el libro I y II se dijo, por tener la prenda -que tenian en los religiosos, y la seguridad que los religiosos les -daban, que no rescibirian daño, no huyeron del pueblo, como solian, -ántes rescibieron á los españoles, mostrando de verlos contentamiento; -y así los hospedaron y proveyeron de comida, de todo lo que tenian, -abundantemente. Estuvieron allí en fiesta y conversacion amigable -los unos con los otros algunos dias, y uno dellos convidaron al -señor del pueblo, que se llamaba Alonso, ó D. Alonso (no supe si los -religiosos aquel nombre le pusieron, ó quizá algunos cristianos que -por allí habian de ántes pasado, porque los indios comunmente son -amigos de tener nombres de españoles), convidáronlo, digo, á él y á -su mujer, que fuesen á ver el navío, y que les darian allá de comer -y se holgarian; el Cacique ó señor del pueblo aceptó el convite con -aprobacion de los religiosos, porque creia tener buena prenda en ellos -teniéndolos en su pueblo, porque de otra manera no se fiara de la -verdad de los españoles, y con esta seguridad entra en la barca, con -su mujer y 17 personas, que debian de ser hijos, y deudos, y queridos -criados. Llévanlos al navío, y entrando dentro y alzando las anclas, -y desplegando las velas, y echando mano á las espadas para metellos -debajo de cubierta, porque no se echasen al agua, fué todo uno. Aquí es -de considerar, qué sintirian la gente del pueblo que desde la ribera -los estaban mirando, y cuál sería el sobresalto que los religiosos -rescibirian cuando acudiesen á ellos, que deberian estar en un aposento -rezando descuidados, todos los vecinos del pueblo alborotados, dando -voces, preguntándoles que qué podia ser aquello que á su señor con los -demas llevasen los cristianos. Acométenlos á matar, creyendo que habian -sido ellos en la maldad de llevalles su señor los españoles, excúsanse -cuanto pueden lo frailes; los unos y los otros, no hacen sino llorar -y plantear. Hácenles entender, que, en viniendo por allí otro navío, -enviarán á decir á los otros cristianos, y Padres que en esta isla -estaban, que hagan luégo tornarlos, y señálanles que desde á cuatro -lunas ó meses los tornarán, y otros cumplimientos que pudieron hacer -para los aplacar y que no los matasen. Estando en esta tribulacion y -angustia tan acerba y tan grande los indios y lo frailes, para mayor -condenacion de algunos de lo que en ésto fueron culpados, y para algun -consuelo de los religiosos y suspender la ira y amargura de los indios -con alguna esperanza, trujo Dios por allí un navío, que no causó poca -alegría en ambas á dos partes; saltaron en tierra los del navío, -hallan los frailes y los indios atribulados, dánles los religiosos, -del mal tan grande cometido, parte; no se espantaron, porque sabian -que aquellas obras tales eran propias, dellos mismos quizá tambien -acostumbradas; ofrécese á los religiosos y á los indios de venir presto -á esta isla, y dar nueva dello, y trabajar que el Cacique Alonso ó D. -Alonso, con su mujer y los demas, á su tierra y casa tornasen. Escriben -los religiosos al padre santo, fray Pedro de Córdoba lo acaecido, y -el estado y peligro en que quedaban, y que tuviesen por cierto, que si -dentro de los cuatro meses que habian señalado á los indios, el Cacique -no era tornado, que los habian los indios de matar; el navío se partió -para esta isla con este recaudo. - - - - - CAPÍTULO XXXIV. - - -Llegado el primer navío que habia hecho la traicion, con su cabalgada -de inocentes, al puerto de Sancto Domingo, ó los vendió el Capitan del -navío por esclavos, ó se los tomaron los mismos oidores, no creí yo que -por detestacion del pecado tanto, cuanto porque no lo habia hecho con -su licencia y autoridad, y ésto, no sabiendo áun que los hobiese tomado -de la tierra y pueblo donde quedaban los religiosos; y la diligencia -que hicieron, para restituirlos en su libertad y á sus tierras, fué -repartillos entre sí los mismos jueces ó oidores, ó por esclavos, ó -por naborias para perpétuamente servirse dellos. Habia en estas islas, -entre los españoles, dos maneras de esclavos perpétuos, la una, los -que podian vender públicamente, como los que tomaban en las guerras, y -la otra, los que no se podian vender que se supiese, y éstos llamaban -naborias, puesto que para vendellos, tambien secretamente, buscaban -y tenian mil mañas y cautelas; comunmente llamaban los indios en su -lengua naborias los criados y sirvientes ordinarios de casa. Desde á -pocos dias llegó el otro navío con las cartas de los religiosos y las -nuevas de la obra que aquellos habian hecho; entónces, el Capitan, que -principalmente la habia cometido, sintiendo que su insulto y maldad -era descubierta, acogióse al monasterio que allí se comenzaba de la -Merced, y tomó el hábito por miedo de la justicia. Vistas las cartas -de los religiosos los del monasterio de Sancto Domingo, y conocido el -grande y cierto peligro en que aquellos quedaban, fué el padre fray -Anton Montesinos, que ya era venido á esta isla de la de Sant Juan, á -donde habia quedado enfermo, y mostró las dichas cartas á los oidores, -rogándoles y suplicándoles, y despues muchas veces requiriéndoles, -proveyesen de poner en libertad al cacique D. Alonso, y á su mujer, y á -sus 17 personas, y los mandasen meter con toda brevedad en un navío y -restituillos en su tierra ántes que á los frailes matasen los indios. -Aprovecharon poco los ruegos y clamores y requerimientos que se les -hicieron, ni el riesgo y peligro y cierta muerte de los religiosos que -en tierra firme quedaban, y escándalo de aquellas gentes é infamia de -la religion cristiana que de allí resultaba, que les representaron, -porque todo lo pospusieron por no dejar las personas que de aquel -robo á cada uno habian cabido, cuanto entre sí los repartieron; de -estas justicias han sido innumerables las que los jueces del Rey han -ejercitado en estas Indias. Por manera, que así se consumieron el -cacique D. Alonso y los suyos en los trabajos y provechos temporales -de aquellos jueces, y los indios de tierra firme, pasadas las cuatro -lunas ó meses, viendo que los frailes no salian verdaderos en lo que -les habian dicho, que se les restituiria su Cacique, acordaron de -matallos y en efecto los mataron; y así, cierto, fué mártir fray Juan -Garcés, habiendo sido en esta isla uno de los destruidores della, y -otro diablo; del presentado y felice padre fray Francisco de Córdoba, -ménos hay que dudar, segun era tenido por religiosísimo y siervo de -Dios. Del martirio de los semejantes ningun cristiano prudente debe -titubear, como quiera que allí hubiesen ido mandados por la obediencia -de su Prelado, y por causa de la predicacion de la fe enviados y -ellos otro fin no pretendiesen; y esta causa dá forma propiamente -al martirio, puesto que los indios no los mataron por la fe, sino -como á españoles de quien sospechaban haber tenido parte ó arte en -la injuria, injusticia y daño que se les habia hecho llevándoles su -señor por haberse fiado dellos, ó como á parte y personas de aquella -nacion contra quien tenian ya justa guerra, ya que á los predones -é injuriadores no podian haber. Finalmente, cuanto á la razon del -martirio de parte dellos toca, ellos fueron muertos por la fe y así se -debe tener por cierto estar reinando con Jesucristo Supimos despues, -de algunos indios, que primero mataron al fraile lego estando el -Presentado atado y viéndolo matar, en lo cual parece haber proveido -la bondad divina á la flaqueza del fraile lego, que pudiera en la fe -y virtud desmayar, dejando para la postre al que, como más ejercitado -en la virtud y religion, y tambien en las letras, debia tener mayor -constancia. Aquí podrá cualquiera pio cristiano y áun discreto varon, -considerar, quién dará cuenta á Dios y cuánto se les habrá zaherido -(porque todos son muertos), la muerte de aquellos siervos de Dios, y la -predicacion de tantas ánimas como hobieran de los indios convertido, -aunque no fuera más de baptizar los niños, que desde entónces acá, -que han pasado cuarenta y ocho años largos, que murieron y mueren sin -bautismo. Dejo de decir el escándalo grande que por toda aquella tierra -hobo, y aborrecimiento de los cristianos y nombre de Cristo, y por -consiguiente de los religiosos, por quien habian de ser alumbrados y -convertidos, lo cual todo, no ha causado chica jactura en la Iglesia -de Jesucristo, tomando principio de allí la perdicion grande de aquel -gran pedazo de tierra firme. Añidiéronse luégo á aquellos muchos otros -escándalos que los españoles, con achaque de ir á sacar perlas de la -isleta de Cubagua, que allí está junto, á los vecinos y gente que por -aquella costa vivian, cada y cuando que podian, hacian. Acordaron de -hacer un pueblo en la misma isleta, y, porque no tiene agua ninguna -potable, iban en barcos al rio de Cumaná, que está de allí 7 leguas y -traiánla en pipas, de donde resultaba mil insultos que cometian en los -indios, como abajo, si Dios quisiere, será dicho; acrecentaron otros -buenos recaudos, y éstos fueron señalados muy muchos y execrables, -conviene á saber, que como los indios desta isla se iban del todo -acabando, y habian tambien acabado los innumerables vecinos de las -islas de los Lucayos, acordaron de hacer armadas de dos y de tres -navíos, para ir á saltear las gentes de aquella tierra firme y traerlas -á esta isla, y hacer dellos lo que de los naturales della hicieron y de -los que trujeron de las dichas islas de los Lucayos. Los estragos que -con estas armadas en aquella tierra firme y en las islas comarcanas -cometieron, si Dios quisiere, parecerán abajo, y así, por toda aquella -tierra firme quedó el nombre de Jesucristo y de la religion cristiana -tan infamado, cuanto ninguno lo puede encarecer ni áun imaginallo. - - - - - CAPÍTULO XXXV. - - -El primer Obispo que, de los nombrados arriba y primeros de todas -las Indias, que fueron señalados para esta isla y para la de Sant -Juan, vino á ella consagrado, fué el licenciado D. Alonso Manso, que -dijimos ser canónigo de Salamanca. Este era teólogo y persona de muy -buena vida, en las cosas del mundo no muy experimentado, hombre recto, -humilde, simple y llano, y, por estas calidades virtuosas, del Rey y -de la Reina bien estimado; al cual cometieron que visitase aquella -Universidad de Salamanca, y porque los doctores y catedráticos salieron -al recibimiento, creo, del príncipe D. Juan ó de los mismos Reyes, con -ciertas vestiduras de seda ó raso, á costa del arca de la Universidad, -los condenó en que de sus casas lo pagasen, y fué aquesta condenacion -entónces harto notada y nombrada. Venido á su obispado é isla de Sant -Juan, como en Castilla se tenia en práctica que la granjería principal, -con que acá se allegaban dineros y adquirian oro los hombres, era tener -repartimiento de indios para echarlos en las minas, nunca haciéndose -caso ni boqueándose que los indios cada dia perecian en las minas, -matándolos, y en los otros trabajos al sacar del oro ordenados, debió -de pedir el señor Obispo al Rey que le diese su repartimiento como á -los demas se daba. Finalmente, que tuvo repartimiento de indios, y -sirviéndose dellos, no sabré decir si los hizo echar á las minas, ó se -contentó con ocupallos solamente en los otros trabajos, como eran en -las labranzas donde se hacia el pan y lo demas para mantener la casa, -pero con todas sus virtudes y teología, no cayó en su ceguedad, y de -los españoles á quien él era obligado á alumbrar, de como aquellas -gentes eran opresas y tiranizadas contra toda razon y justicia, y -perecian sin doctrina, y sin fe y sacramentos eternalmente; y en su -tiempo, que no fué poco lo que vivió en aquella isla, dentro del cual -cuasi todos murieron, no hobo más cuidado ni memoria de la obligacion -que él y los españoles tenian á la enseñanza é instruccion de aquellas -gentes, y á no se servir dellos donde perecian, que si no fueran -hombres, y así, con este descuido y simplicidad, murió el buen Obispo, -aunque no faltó quien, muchos años ántes que muriese, en Castilla, le -avisase. Pocos meses despues de llegado á aquella isla, quiso llevar -diezmos personales á los vecinos españoles dellas, dándole el diezmo de -lo que cada uno, por su persona adquiriese, y creo que debia tambien -pretender del oro que ganasen y adquiriesen de las minas y de las otras -granjerías con los indios, pero los españoles resistieron, como sepan -volver por sí. No sé los comedimientos que el Obispo con ellos hizo, -ni los que ellos con él hicieron, pero él procedió con sus censuras -contra ellos, como á pertinaces desobedientes, lo mismo hicieron ellos, -con harta temeridad y desvergüenza, porque, por escarnio y haciendo -burla dél, lo descomulgaban ellos; quitábanle, á lo que yo me acuerdo, -la comida ó parte della, en lo que ellos podian, hiciéronle grandes -desacatos y molestias, en tanto grado, que, como era manso y humilde, -no pudiéndolas sufrir ó no sabiendo darse á manos con ellos, acordó -de se ir á Castilla á quejarse al Rey, ó á tornarse á Salamanca, á -su canongía. Estuvo en Castilla tres ó cuatro años, y no faltando -quien le acusase la consciencia, y tambien quien le nombrase para -Inquisidor en esta isla, hóbose de tornar, y estuvo aquí algun año ó -dos, entendiendo en las cosas del Santo Oficio, y despues se fué á su -Obispado, donde, como se dijo, vivió muchos dias. No tractó más de -los diezmos personales por evitar el escándalo, aunque era escándalo -de malicia, porque todo hombre cristiano es obligado por derecho á -pagar los diezmos personales, si la Iglesia lo pide. Los pecados que -en aquellas desobediencias y menosprecios de las censuras, y afrentas, -y escarnios que de su Prelado y Obispo cometieron, algunos de los -culpados los comenzaron á pagar en esta vida; de uno se yo que murió -malamente, porque, estando en su cama seguro, entró otro y le dió de -puñaladas, y así, creo yo, que á los demas les vinieron en esta vida -tribulaciones hartas, como sobrevinieron en aquella isla, sino que -no hemos mirado en ello, aunque bastaba para provocar la indignacion -divina y destruillos á todos haber ellos destruido los indios. El -obispo de la Concepcion y de la Vega desta isla, no vino á ella sino -despues de algunos años, y entretanto envió un Provisor, llamado D. -Cárlos de Aragon, doctor de París en teología, solemnísimo predicador, -que donde predicaba todo el mundo se iba tras él por oirlo. Este -doctor, como era aragonés, y el tesorero Pasamonte lo era tambien, y -era persona de tan grande autoridad en esta isla, y en Castilla con -el Rey, é Conchillos, el Secretario, aragonés, y que rodeaba todo lo -de estas partes, y el Factor desta isla tambien aragonés, y con ser -doctor de París y tener grande gracia de predicar, y caballero, que áun -dijeron ser pariente del Rey, con todos estos adminículos y favores, -y no haber en esta isla entónces letrados, sino los frailes de Sancto -Domingo, y éstos, viviendo en su pobreza y humildad, haciendo poco -estruendo de lo que sabian, el doctor don Cárlos, cierto, daba de sí en -los sermones grandes y claras señales de arrogancia y presuncion; entre -otras era, que los briales de su madre vendia para estudiar en París, -y los estudios y trabajos que en adquirir las letras que sabia habia -pasado. Alegaba muchas veces á su maestro Joanes Majoris en el púlpito, -y cuando lo alegaba tiraba el bonete, diciendo con gran reverencia: -«esto dice el tal doctor Joanes Majoris»; subió más su presuncion, -á mostrar tener en poco la doctrina de Sancto Tomás, y hablar del -Santo con una manera de menosprecio, diciendo así cuando tractaba de -materias: «perdone el señor Sancto Tomás, que en ésto no supo lo que -dijo,» y cuando esto decia, quitaba el bonete. En este tiempo predicaba -muy sueltamente proposiciones nuevas y que, oidas por los religiosos -de Sancto Domingo, que los seglares les iban á referir, juzgaban ser -escandalosas y mal sonantes, y entre otras, entendieron que cogian los -seglares, decir D. Cárlos en ciertas materias, no ser pecado mortal -lo que lo era, por manera que, pareciéndoles que el pueblo comenzaba á -padecer peligro oyendo doctrina no sana, acordaron de ocurrir á ello, -y no me acuerdo sobre qué materia, que habia predicado D. Cárlos, -mandó el Vicario de los frailes á un padre fray Bernardo de Sancto -Domingo, que era el más docto y habia sido uno de los primeros que -habian traido la Órden acá, que fuese á fijar ciertas conclusiones -en el púlpito de la iglesia de la ciudad, contra la doctrina que -habia predicado D. Cárlos, estando toda la iglesia llena de gente, -que debia ser dia de fiesta. El tesorero Pasamonte y todos los demas, -ó con buen celo por impedir escándalo, ó porque la honra, crédito y -autoridad que habia D. Cárlos adquirido en esta isla, no padesciese -algun daño, rogando é importunando mucho al padre fray Bernardo, le -impidieron que las conclusiones no fijase; el cual, visto que aunque -porfiase á fijarlas no podria salir con ello, porque por bien ó por -mal no lo dejaran, acordó tornarse á su casa sin hacer más; lo que -pudieron hacer los religiosos fué, recoger las más proposiciones que -pudieron haber, que D. Cárlos habia, ó era fama entre los seglares que -habia predicado, y enviarlas á España al Provincial, para que allá las -viesen, y lo que conviniese remediasen. Desde á algunos dias, acuerda -D. Cárlos irse á España; llegó á Sevilla y mudó la color del hábito, -vistiéndose de paño humilde y pardo. Comienza á predicar en muchas -iglesias y lugares, y váse toda la ciudad tras él, donde quiera que -predicaba; ó por el aviso que de acá los religiosos de Sancto Domingo -dieron, ó porque Dios no se olvidaba de la honra y autoridad de Sancto -Tomás, comenzaron á le ir á oir é notar los frailes de la Órden lo que -predicaba. De Sevilla váse á Castilla y á la corte, predica por ella, -vánle á oir los frailes, colígenle muchas proposiciones no dignas de -verdadero cristiano, y, segun entendí, el padre fray Diego de Victoria, -solemnísimo predicador en España, de la misma Órden, y hermano del -maestro fray Francisco de Victoria, que tanta claridad por su doctrina -desparció en España, denunció dél á los inquisidores veinticinco ó -treinta errores y herejías, que habia predicado. Prendiéronlo, y -al cabo, en Búrgos lo sentenciaron á que se retractase y desdijese, -y anatematizase, creo que, de veinticinco erróneas proposiciones de -diversas calidades, dañadas; el cual, en presencia de toda la corte, -en la iglesia mayor de Búrgos, creo, el año de 513, subido en un -púlpito, se desdijo y retractó y anatematizó, segun le sentenciaron, -y retractándose de cierto error, dijo: «en ésto que dije de tal y tal -materia, digo que dije mal.» Responde el obispo de Búrgos, que era D. -Juan Rodriguez de Fonseca, del que arriba hemos hablado y hablaremos, -si place á Dios, áun harto, á alta voz: «decid que mentísteis»; dice -D. Cárlos, «digo que mentí.» Condenáronlo en privacion perpétua de la -predicacion, y que todos los dias de su vida estuviese en un monasterio -haciendo penitencia, encerrado, y, finalmente, nunca él despues jamás -pareció; y díjose que el Rey católico trabajó mucho de que con él se -hobiese la Inquisicion piadosamente y no saliese afrentado, así como -por ser aragonés y más como deudo suyo, pero no pudo acaballo. Y por -ésta manera hirió y castigó la divina justicia la soberbia y arrogancia -de D. Cárlos, y volvió por la doctrina y santidad del santo doctor -Sancto Tomás, á quien habia en sus sermones, cuando dél hablaba, -irreverenciado. - - - - - CAPÍTULO XXXVI. - - -En el libro I hicimos mencion de cómo el Almirante primero, que estas -islas é Indias descubrió, entre otras, hizo edificar una fortaleza -en la Vega, junto al pié del cerro grande donde se puso la cruz que -dura hasta hoy, con la cual toda esta isla tiene gran devocion; esta -fortaleza era de tapias y madera, la cual, para se defender pocos -españoles de indios desnudos, en cueros, sin armas, como éstos eran, -era más fuerte, mucho, que Salsas para contra franceses. En este tiempo -de que vamos en este libro hablando, ya la fortaleza se iba cayendo, -ó lo más della era caido, y ni habia para qué haber fortaleza, como -fuesen muertos los indios todos, y ni para otros enemigos, porque -si para otros hobiera de ser, si no eran pájaros, poco aprovechaba -aquella; con todo ésto no faltó quien diese aviso en Castilla, que se -pidiese el Alcaidía della, y el Rey la dió con cierta quitacion cada -año por ella, engañado por los que le servian, llevándole ó haciéndole -llevar sus dineros, sin fruto y sin provecho, como cada dia vemos que -inventan oficios sin ser menester, sólo para su interese y provecho y -para hacer sus casas, y de los que ellos quieren, aquellos de quien -el Rey más se fia en estas Indias, y aún en Castilla, y ésto no es -sino robar al Rey, sin temor de Dios y suyo, y lo peor es que se lo -venden por servicio. Así que, por ésta misma forma fué lo de aquesta -fortaleza, que estando caida ó que se caia, y en un desierto, como está -toda aquella Vega, porque muertos los indios, luégo se despobló de -españoles, y no paró en ella algun vecino, pidiéronla al Rey católico, -y hizo merced de la Alcaidía della como si fuera la de Fuenterrabía; -ésta se concedió á un Rodrigo de Alburquerque, hombre de autoridad y -que tenia manera de caballero, y, segun se dijo, era muy deudo del -licenciado Zapata, que, segun arriba queda dicho, era el de los -del Consejo de quien más el Rey caso hacia, por ser de gran seso y -en el Consejo muy antiguo. Este Rodrigo de Alburquerque vino á esta -isla, y tuvo la fortaleza ó tapias podridas, pero lo principal era -repartimiento de indios; estuvo acá no mucho tiempo, y habidos algunos -dineros, sacados con los sudores de los indios en oro de las minas, -para tornar con mejor cargo fuese á Castilla, y bien creo que dejó su -casa é granjerías enhiestas, y para las aumentar los tristes indios. -Llegado allá, negoció luégo lo que le debia de haber llevado, y ésto -fué ser repartidor de los indios; y éste fué el primero repartidor -de indios, sin ser Gobernador, porque hasta entónces siempre anduvo -con la gobernacion el repartir de los indios. Este oficio, apartado -de la gobernacion, era el que hacia, hiciera, y hoy haria, señor -de toda la provincia ó reino al que lo tenia ó tuviese, al cual se -temeria y adoraria, no se curando ninguno del que fuese Gobernador y -administrase la justicia, porque poder dar ó quitar indios, ésto es lo -que se ha estimado, amado y temido por los españoles en estas Indias; -lo cual, conosciendo bien un docto y sancto religioso de la órden de -Sancto Domingo, que escribió un tractado breve contra la tiranía del -repartimiento en esta isla, de que abajo, si Dios quisiere, se hará -mencion, dijo que los españoles adoraban dos ídolos en estas tierras, -uno mayor, y otro menor: el mayor era el que repartia los indios, al -cual, por contentarlo, porque diese ó no quitase los indios, hacian -mil maneras de cirimonias, lisonjas y mentiras, y honores, en lugar -de sacrificios; el ídolo menor eran los desventurados indios, á los -cuales no estimaban ni amaban, y adoraban las personas, sino el uso, -trabajos y sudores, como se usa del trigo, del pan ó del vino, y si -queremos podemos no absurdamente decir, que, al cabo, en cada demora ó -temporada, que duraba el sacar del oro, al mismo oro sacrificaban los -indios matándolos en las minas. Tornando al propósito, alcanzó Rodrigo -de Alburquerque, del Rey, fácilmente, por estar de por medio el dicho -licenciado Zapata, el oficio de repartidor de los indios en esta -isla, y fué aquel oficio quitado al almirante D. Diego, que gobernaba -esta isla, y así de la gobernacion distincto; de lo cual el Almirante -se agravió despues, y sobre ello pedia justicia, puesto que tan poca -tenia él como Alburquerque para pedillo por la parte que tocaba á la -injusticia que á los indios en ello se hacia, pero, si fuera otra cosa -de preeminencia y aprovechamiento de honra ó de hacienda, ninguna -duda se debe tener sino que, por sus privilegios, muy bien ganados y -merecidos por su padre, se le debia de justa justicia. Vino, pues, por -repartidor Rodrigo de Alburquerque á esta isla, y el poder que le dió -el Rey trujo una cláusula, que hiciese el repartimiento general con -parecer del tesorero Pasamonte, porque ya está dicho arriba, que el -tesorero Pasamonte fué una persona muy prudente y de mucha autoridad, y -de gran crédito para con el Rey, y cuasi todo lo que por entónces habia -por estas partes poblado de españoles se gobernaba en Castilla por su -parecer. Tambien queda dicho en el segundo libro, como cuando vino el -dicho tesorero Pasamonte á esta isla, que fué el año de 508, habian -quedado en ella de las multitudines de vecinos y gentes que habia, -60.000 indios, no vecinos, sino chicos y grandes, mujeres y niños, y el -año de 509, cuando vino el Almirante segundo, D. Diego, habia 40.000; -pero cuando vino este Rodrigo de Alburquerque por repartidor el año de -514, habia hasta 13 ó 14.000 indios, por manera que, por estos grados, -iban matando y destruyendo estas gentes nuestros españoles, con la -priesa que les daban, echándolos á las minas y á los otros trabajos -á ellas ordenados, por hacerse ricos, lo cual nunca alcanzaron, sino -siempre vivian en hambre y sed de oro, y todo se les deshacia entre -las manos, y al cabo los más morian llenos de deudas, y muchos no -salian de cárceles, y otros huian por los montes, y, escondidos en -navíos, se pasaban á otras partes destas Indias los que podian. Esto -era manifestísimo juicio de Dios, para que se cognosciese la iniquidad, -injusticia y crueldad que á estas gentes se hacia, y cuán bañado en -sangre humana era todo lo que adquirian. - - - - - CAPÍTULO XXXVII. - - En el cual se contiene cómo se hobo el repartidor Alburquerque en - el repartimiento que hizo.--Como se dijo que habia vendido los - repartimientos.--Los clamores y quejas que dieron dél.--Cómo rezaba - la Cédula de la Encomienda, y lo que proveyó el Rey sobre las - quejas que dél á Castilla fueron. - - -Venido, pues, Alburquerque con su oficio de repartidor, adobó todo lo -que hasta entónces se habia errado cerca de los tristes indios por -esta vía; mandó apregonar con gran solemnidad el repartimiento general -de toda esta isla, como si fuera desde su primer descubrimiento que -estaba de gentes plenísima; mandó visitar y contar todos los indios -que habia en la isla, y en éste comedio, pasando algunos dias, díjose -que, hablando con los españoles vecinos que tenian dineros, y que -esperaban repartimiento de indios, y otros quizá que no lo esperaban, -decia que se habia casado con una doncella de mucho merescimiento y -que habia menester dineros, que le harian gran placer si le prestasen -algunos los que los tenian, y por otras vías y cautelas daba á -entender, que quien quisiese indios, ó más en número que otro, indios -ó indias, más cercanos de las minas ó más dispuestos al propósito de -dar mayor provecho al que le cupiesen, que le habia de dar dineros. -Finalmente, como quiera que ello fué, se publicó y se dieron quejas -dél grandísimas, que habia vendido los repartimientos de los indios ó -algunos dellos; pues como los 13.000 ó 14.000 indios estaban repartidos -en los muchos vecinos que habia en esta isla, que eran el resíduo y -las heces de los que cada uno habia muerto, y hobo de engrosar los -repartimientos para darlos á los que le parecia ó queria hacer más -honra, por amor ó por favor, ó á quien los habia vendido, dejó á -todos los más, ó á muchos de los vecinos, sin darles algunos indios; -de aquí fueron terribles los clamores que los que sin indios quedaron -daban contra él, como contra capital enemigo, diciendo que habia -destruido la isla. La Cédula que daba del repartimiento y encomienda -rezaba desta manera: «Yo, Rodrigo de Alburquerque, repartidor de -los Caciques é indios en esta isla Española, por el Rey é la Reina, -nuestros señores, por virtud de los poderes Reales que de Sus Altezas -hé y tengo para hacer el repartimiento y encomendar los dichos Caciques -é indios é naborias de casa á los vecinos é moradores desta dicha -isla, con acuerdo y parecer, como lo mandan Sus Altezas, del señor -Miguel de Pasamonte, Tesorero general en estas islas y tierra firme -por Sus Altezas; por la presente, encomiendo á vos, Nuño de Guzman, -vecino de la villa de puerto de Plata, al cacique Andrés Guaybona con -un Nitayno suyo, que se dice Juan de Barahona, con 38 personas de -servicio, hombres 22, mujeres 16; encomendósele en el dicho Cacique, -siete viejos que registro, que no son de servicio, encomendósele en -el dicho Cacique, cinco niños que no son de servicio, que registro, -encomendósele asimismo dos naborias de casa, que registro, los -nombres de los cuales están declarados en el libro de la visitacion -y manifestacion que se hizo en la dicha villa ante los Visitadores y -Alcaldes della; los cuales vos encomiendo para que vos sirvais dellos -en vuestras haciendas, é minas, é granjerías, segun é como Sus Altezas -lo mandan, conforme á sus ordenanzas, guardándolas en todo y por todo, -segun é como en ellas se contiene, é guardándolas vos, los encomiendo -por vuestra vida é por la vida de un heredero hijo é hija si lo -tuviéredes, porque de otra manera Sus Altezas no vos los encomiendan, -ni yo en su nombre vos los encomiendo: con apercibimiento que vos hago, -que, no guardando las dichas ordenanzas, vos serán quitados los dichos -indios. El cargo de la conciencia del tiempo que los tuviéredes, é -vos sirviéredes dellos, vaya sobre vuestra consciencia é no sobre las -de Sus Altezas, demás de caer é incurrir en las otras penas dichas -é declaradas en las dichas ordenanzas. Fecha en la ciudad de la -Concepcion, á 7 dias del mes de Diciembre de 1514 años.--Rodrigo de -Alburquerque.--Por mandado del dicho señor Repartidor, Alonso de Arce.» -Bien hay que considerar cerca desta encomienda, y de la firma de la -Cédula, y lo primero, á cuánta infelicidad de diminucion y perdicion -habia llegado esta isla, que donde habia sobre tres millones de vecinos -naturales della, y que aquel Cacique y señor Guaybona, por ventura -tuvo, como todos comunmente los menores señores áun tenian, sobre 30 y -40.000 personas en su señorío, por súbditos y 500 Nitaynos (Nitaynos -eran y se llamaban los principales como Centuriones y Decuriones -ó jurados, que tenian debajo de su gobernacion y regimiento otros -muchos), le encomendase Alburquerque á Nuño de Guzman un Nitayno y 38 -personas, y tantos viejos inútiles ya para trabajos, aunque nunca los -jubilaban ni los dejaban de trabajar, y lo mismo los cinco niños; y -fuera bien que tomara cuenta Rodrigo de Alburquerque á Nuño de Guzman, -que cuántos habia muerto de la gente de aquel Cacique, desde que la -primera vez se los encomendaron, pero no tenia él aquel cuidado. -Lo otro que se debe de considerar, es la sentencia que contra los -del Consejo del Rey, sin entenderla, daba, manifestando la tiranía -tan clara, que en tan gran perjuicio é injusticia destas gentes -sustentaban, diciendo y haciendo, «se os encomienda el Cacique fulano, -(conviene á saber, el señor y Rey en su tierra), para que os sirvais -dél y de sus vasallos, en vuestras haciendas y minas, y granjerías,» -etc. ¿dónde mereció Nuño de Guzman, que era un escudero pobre, que -le sirviese con su misma persona el Rey y señor de su tierra propia, -Guaybona, con el cual pudiera vivir, cuanto á la sangre y cuanto á su -dignidad, dejada la cristiandad á parte, la cual, si á Guaybona se le -predicara, por ventura y sin ella, fuera mejor que él cristiano, no -más de porque Nuño de Guzman tuvo armas y caballos, y Guaybona no las -tenia, y así todos los demas? no hobo más justicia que aquesta, ni -otro título más justificado para que Guaybona, Rey, sirviese en sus -haciendas, minas y granjerías, como si fuera un gañan, al escudero -Nuño de Guzman. Lo mismo ha sido en todo lo que se ha hecho cerca -destos repartimientos, en perdicion destas gentes, en estas partes, -y ninguna causa, derecho, título, ni justicia otra ha habido más; la -cual, los del Consejo del Rey, pues eran letrados, y por ello honrados, -estimados, encumbrados y adorados, no habian de ignorar. Lo tercero -que conviene aquí no sin consideracion dejar pasar, es el escarnio de -las palabras de la Cédula, dignas de todo escarnecimiento, conviene á -saber: «guardando las ordenanzas de Sus Altezas en todo y por todo, -porque de otra manera, Sus Altezas no os los encomiendan, ni yo en su -nombre vos os los encomiendo, con apercibimiento que vos hago, que, no -guardándolas, vos serán quitados»; item, «el cargo de la conciencia -del tiempo que los tuviéredes y vos sirviéredes dellos, vaya sobre -vuestra conciencia, y no sobre las de Sus Altezas», etc. ¿Qué mayor y -más clara burla, ni más perniciosa mentira y falsedad? poner aquellas -amenazas no era sino como si á un lobo hambriento le entregaran las -ovejas, y le dijeran: «mirad, lobo, yo os prometo que si las comeis, -que os tengo luégo de entregar á los perros, que os hagan pedazos», ó á -un mancebo muy ciego y apasionado de amor de una doncella, con amenazas -que le harian y acontecerian, y él jurase y perjurase de nunca llegar á -ella, pero que los dejasen solos en una cámara, ó, por más propiamente -hablar, como si á un frenético le dejasen navajas muy afiladas en la -mano, encerrado con unos niños, hijos de Reyes, confiando en que le -habian certificado con amenazas, que si los mataba lo habian de matar. -Así ha sido, con muy mayor verdad que los ejemplos puestos notifican, -lo que se ha hecho encomendando los indios á los españoles, poniéndoles -leyes y penas, y haciendo en ellas amenazas ó alharacas, porque nunca -se quitaron los indios á quien era manifiesto que los mataba, y las -penas otras no se ejecutaban, y que se ejecutaran, era un castellano -ó dos, y cosa de escarnio; y si fueran mayores, y aunque les pusieran -horcas cabe sus casas, que en muriéndosele el indio de hambre ó de -trabajo los habian de ahorcar, con estas condiciones los tomaran y no -los dejaran de matar como los mataron, porque la cudicia y ánsia de -haber oro era y es siempre tanta, que ni la hambre del lobo, ni la -pasion del mozo enamorado, ni el frenesí del loco se le puede igualar: -ésto está ya en estas Indias bien averiguado. Y lo más gracioso desta -Cédula, ó por mejor decir mayor señal de insensibilidad, fué lo que -dice, que sea á cargo de la conciencia del que los indios matare y -no de Sus Altezas, como si dando los Reyes, tan contra ley y razon -natural, los indios libres á los españoles, aunque no los mataran, -como los mataban y mataron, no fueran reos de todos los trabajos y -angustias, y privacion de su libertad que los indios padecian, cuanto -más que veian y era manifiesto, en Castilla como acá, que los indios, -por dalles á los españoles, perecian y se acababan, y así no eran -excusables, pues no los libertaban; por este nombre de Reyes, entiendo -los del Consejo del Rey, los cuales tenian y tuvieron toda la culpa, -pues tiranía tan extraña sustentaron y aprobaron, poniéndoselo el -Rey en sus manos, y así, el Rey, sin duda ninguna, quedó deste tan -horrible y enormísimo pecado libre, como arriba queda declarado. Hecho -este tan execrable repartimiento, como dejó á muchos de los españoles -sin indios, por rehacer ó engrosar los repartimientos y darlos á -quien le pareció, y se tuvieron por agraviados, hobo grande grita y -escándalo en esta isla, y fueron á Castilla grandes clamores y quejas -del Rodrigo de Alburquerque, y llegaron á oidos del Rey, pero como él -se fué luégo á Castilla y tenia al licenciado Zapata, que, como se -ha dicho, era el supremo del Consejo, y á quien el Rey católico daba -mayor crédito, de tal manera fué Rodrigo de Alburquerque mamparado y -excusado, que hicieron hacer al Rey firmar una Cédula harto inícua -y contra ley natural, conviene á saber, que él aprobaba el dicho -repartimiento, y de poderío absoluto suplia los defectos que en él -hobiesen intervenido, y ponia silencio para que dél más no se hablase, -como si el Rey tuviese poder absoluto para ir contra los preceptos de -la ley natural, ó aprobar y suplir lo que fuese cometido contra ella, -que no es otra cosa sino quitar y poner ley natural, lo que el mismo -Dios no pudo hacer, porque no puede negar á sí mismo, como dice Sant -Pedro, pero éstos semejantes errores y otros peores, aunque no sé si -otros peores pueden ser, hacen hacer á los Reyes algunas veces los de -sus Reales Consejos, de lo cual se quejaba aquel gran rey Artaxerxes, -como parece en el capítulo final del libro de Esther. Los defectos de -aquel repartimiento fueron muchos contra razon y ley natural, como fué -aquel general de dar los hombres inocentes, libres, en tan mortífero -captiverio, y á los señores naturales de vasallos hacellos siervos -de los mismos trabajos, sin respecto ni diferencia de los demas; el -otro, vendellos ó dallos por dineros, si lo que se dijo fué verdad; lo -otro, no tener respeto alguno al provecho de los indios desmamparados, -dándolos á quien mejor los tratase, sino á quien más favor tenia ó -amistad, ó más dineros quizás daba; lo otro, porque supuesta la tupida -ceguedad que todo género de hombres por entónces tenia, y pluguiese á -Dios que hasta hoy no durara en muchos, que estimaban y estiman los -indios ser propia hacienda de los españoles, despues que una vez se los -repartian, ó porque habian, como ellos dicen, servido en los guerrear, -sojuzgar, matar y robar, lo cual toman por su muy glorioso título, -muy gran agravio Alburquerque hizo á los que, por dallos á otros, -quitaba y dejaba sin indios, y así hacíales injuria é injusticia, y era -contra ley y razon natural, en la cual, el Rey, dispensar ni suplir -los defectos no podia. Otros defectos é iniquidades puede cualquiera -discreto varon, del dicho repartimiento que Alburquerque hizo, colegir. - - - - - CAPÍTULO XXXVIII. - - -Y porque viene á propósito de lo dicho, que los Consejos de los Reyes -hacen muchas veces determinar grandes errores á los Reyes, acaeció -por este tiempo, que, como el padre Vicario de los Dominicos, fray -Pedro de Córdoba, de quien habemos hablado arriba, cuando estuvo en -Castilla informó á algunos religiosos de los daños y perdicion que -aquestas gentes padecian y habian padecido, y, entre los otros, fué -informado dél un padre llamado fray Hierónimo de Peñafiel, persona de -mucha estima y autoridad en la provincia de España, el cual fué á Roma -por los negocios de la Órden, siendo Maestro general de toda ella el -Gaetano; éste padre, como informase al dicho Gaetano de aquellas pocas -cosas que habia oido al dicho padre, fray Pedro de Córdoba, las cuales, -cierto, eran, y con verdad, pocas en cualidad ó crueldad y cantidad -ó número, porque no eran sino las desta isla, y destas el padre fray -Pedro habia oido harto pocas segun las infinitas que despues por todo -este orbe se cometieron, respondió el Gaetano: _¿Et tu dubitas Regem -tuum esse in inferno?_ Estas palabras formales me certificó á mí, que -ésto escribo, el dicho padre fray Hierónimo de Peñafiel, siendo Prior -de Sant Pablo de Valladolid el año de 517, haberle dicho el Gaetano, y -porque por aquel tiempo escribia sobre la _Secunda secundæ_ de Santo -Tomás, acordó de escribir contra esta tiranía en la cuestion 66 sobre -el art. 8.º, donde halló el propio lugar para la materia; el cual en -muy pocas palabras, con cierta distincion que de infieles hizo, dió luz -á toda la ceguedad que hasta entónces se tenia, y áun hoy, por no mirar -ó por no seguir su doctrina, que es verdadera y católica, se tiene; -y cerca de lo que dijo el Gaetano, que no habia duda estar el Rey en -el infierno, por consentir ó permitir tan inhumanas injusticias, -débese entender, tomando el Rey por su Consejo, porque si el Rey -voluntariamente, sin Consejo, mandara entrar en estas Indias de la -manera que los españoles en ellas entraron, y perpetrar en estas gentes -los males, crueldades, y daños, que en ellas hicieron, ninguna duda se -debe tener, que, segun la ley de Dios, él estaba en el infierno, si -penitencia no le valió al tiempo de su muerte; pero porque, como arriba -queda largamente dicho, el Rey mandó siempre con diligencia juntar -Consejo una y muchas veces sobre ello, y estaba aparejado para seguir é -mandar poner en ejecucion lo que determinase su Consejo, si algunos en -el infierno por esta causa están, no es, cierto, el Rey, sino es los de -su Consejo, porque no les era lícito ignorar el derecho pues era de su -oficio, mayormente el natural, y para declararlo el Rey los honraba y -remuneraba haciéndolos de su Consejo, como arriba tambien se ha dicho; -y si las diligencias que el Rey hizo el Gaetano supiera, no dudo yo -sino que al Rey excusara y condenara á los de su Consejo. Tornando á -los repartidores, despues de ido Alburquerque á Castilla, envió el Rey -á un licenciado Ibarra, á tomar residencia al Alcalde mayor, Marcos de -Aguilar, y á los otros sus oficiales del Almirante, que luégo murió, -como en el cap. 53 del libro II se dijo, y éste creo que trujo poder -de dar y quitar indios, el cual muerto, envió el Rey al licenciado -Cristóbal Lebron, y éste trujo el mismo cargo de tomar la dicha -residencia y de los indios, pero no removió indios algunos de quien los -tenia, mas de, cuando vacaban, repartíalos ó encomendábalos á quien -se los pedia ó él darlos queria. Despues de estos repartidores, como -los indios cada dia se disminuian y no eran ya cuasi en nada tenidos, -lo uno por ser pocos, y lo otro por estar tan flacos, desventurados, -que ya no eran sino de poco ó ningun servicio, tuvo cargo de darlos un -fraile de Sant Francisco, llamado fray Pedro Mexía, que era Provincial -ó Prelado guardian del monasterio de Sant Francisco, y de la ciudad -de Sancto Domingo; dije que tuvo cargo de dallos, y lo mismo los -repartidores ántes dél, pero no curó, como ni curaron los otros, más -del bien y vida de los indios, y mucho ménos de su doctrina para que -conociesen á Cristo, que si fueran unos animalitos, y así, murió el -dicho padre fray Pedro Mexía en su ignorancia cerca de ésto, como los -predecesores suyos en aquel oficio muerto habian. - - - - - CAPÍTULO XXXIX. - - -Dejamos en el estado que está dicho esta isla y las demas, suponiendo -siempre que en todas cuatro perecian cada dia, en las minas y en los -otros trabajos, los indios, sin haber más cuidado un dia que otro de su -salud espiritual, como tampoco lo habia de sus vidas. Item, que, como -cada dia creciese la granjería de las perlas, se hacian de continuo -grandes escándalos é insultos por los nuestros en aquella costa de -tierra firme; lo mismo que, como los indios yucayos eran grandes -nadadores, acordaron, los que los tenian en esta isla y los que podian, -ir á saltear el rebusco que dellos habia quedado en sus islas, ó de -otra cualquiera manera, comprados ó trocados, ó vendidos, que podian -habellos, enviallos á la dicha isleta de Cubagua á que sacasen perlas, -donde todos se consumian y donde fué su final acabamiento, segun que -arriba, en el libro II y en éste, queda dicho. Esto así supuesto, -volvamos á contar las cosas que acaescieron por estos años de 12, 13 -y 14, en aquella parte de tierra firme donde quedaron poblados los -españoles que habian escapado de las armadas de Alonso de Hojeda y -Diego de Nicuesa, que fueron los primeros Capitanes que pidieron al Rey -ser Gobernadores en tierra firme, que tan desastrado fin tuvieron, y -los demas que llevó consigo el bachiller Anciso y un Colmenares, segun -en los postreros capítulos del libro II queda escrito; en cuyo cap. -64 referimos como el bachiller Anciso, que habia ido con un navío é -cierta gente de esta isla Española, en favor y socorro del Gobernador -Alonso de Hojeda, pobló el pueblo del Darien y lo intituló Sancta María -del Antigua, por cierto voto que habia prometido. Refirióse más, como -los españoles que allí estaban le quitaron la obediencia, y eligieron -Alcaldes y Regidores de entre sí mismos, y los Alcaldes fueron, Vasco -Nuñez de Balboa, natural de Badajoz, y á un Juan de Çamudio, vizcaino. -Estos, con todo el pueblo, echaron de la tierra á Diego de Nicuesa, y -fueron causa que infelicemente feneciese, puesto que Vasco Nuñez á la -postre remediallo quisiera, como en el capítulo final de aquel libro se -dijo, el cual, despues de Nicuesa ido, como era de buen entendimiento, -y mañoso, y animoso, y de muy linda dispusicion, y hermoso de gesto y -presencia, y tambien por haber acertado en la tierra que habia dicho, -cuando en el navío de Anciso se perdieron, como en el cap. 63 de aquel -libro referimos, cobró mucha estima y autoridad y muchos amigos en -aquella compañía; confiado de todos adminículos, viéndose con vara -de justicia, (y Dios sabe, y áun los hombres lo podrian juzgar, la -jurisdiccion que tenia, que ninguna era, como allí se dijo), presumió, -segun se dijo, de perseguir al bachiller Anciso que lo habia llevado -en su navío, y vengarse de ciertas palabras que le dijo cuando por -la mar venian, desque supo Anciso que habia entrado escondido en una -pipa de harina. Para lo cual hizo proceso contra Anciso, oponiéndole -que habia usurpado y usado jurisdiccion que no tenia, haciéndose -Alcalde mayor, como no tuviese poder del Rey, sino de Hojeda, que ya -era muerto, etc.; echóle prisiones en la cárcel pública, secrestóle y -confiscóle los bienes, y al cabo, por ruegos de algunos, soltóle dellas -con apercibimiento y penas que en el primer navío que viniese se fuese -á Castilla, ó á esta isla, lo que Anciso más que otra cosa queria. -Acordaron todo el pueblo que se enviasen procuradores á esta isla, -al Almirante y á los jueces, pidiéndoles socorro de mantenimientos -y gente, temiendo la hambre que cada dia se les ofrecia, por tener -turbada y levantada, por sus obras malas, toda la tierra; lo mismo, que -fuese quien hiciese relacion al Rey, pasando á Castilla. Y considerando -Vasco Nuñez que las vejaciones que se habian hecho á Diego de Nicuesa, -y lo mismo las de Anciso, se pagarian algun dia, y tambien quizá por -se quedar sólo en el mandar y señor de toda aquella tierra, tuvo sus -maneras de persuadir á su compañero, el alcalde Çamudio que tuviese -por bien de ir á Castilla, á llevar las nuevas del gran servicio que -allí habian hecho al Rey en tener hecho aquel pueblo, y tomada posesion -de aquella tierra firme por Su Alteza, (puesto que no la tomó él sino -Anciso), y lo que cada dia le esperaban servir, porque estaban en -la más rica tierra del mundo, de donde á Su Alteza grandes tesoros -vernian. Trabajó tambien que se enviase á esta isla Valdivia, uno de -los Regidores y muy amigo suyo, porque lo habian sido ambos, siendo -vecinos, de la villa de Salvatierra de la Çabana, que estaba en el cabo -de esta isla, en la punta ó cabo del Tiburon, donde yo á ambos conocí, -para hacer saber al almirante D. Diego Colon, que la gobernaba, y al -tesorero Pasamonte, que tenia grande autoridad, como algunas veces he -dicho, el estado y servicio del Rey en que quedaban, y en tierra muy -rica, que les enviasen gente, armas y comida, para lo cual envió buena -cantidad de oro, y secretamente al tesorero Pasamonte un buen presente -dello, segun se dijo. Embarcáronse, pues, en una chica carabela, el -Çamudio y Valdivia y el bachiller Anciso, dando Vasco Nuñez al Valdivia -el proceso que habia hecho contra el dicho Anciso. Todavía, estando ya -embarcado Anciso, ántes que se hiciesen á la vela, fueron ciertos de -aquellos vecinos, por ventura movidos por el Vasco Nuñez, á rogalle que -saliese en tierra, y no se fuese, que ellos se ofrecian de intervenir -para que fuesen amigos él y Vasco Nuñez, y que lo dejaria usar el -oficio de Alguacil mayor, como pretendia, y lo demas que le pudieron -ofrecer, pero él nunca quiso. Los cuales, Çamudio, y Valdivia, y -Anciso, llegaron á Cuba, y rescibieron las buenas obras de los indios -vecinos della, como en el cap. 24 referimos; desde allí pasaron todos -tres á esta isla, donde se quedó Valdivia, y los otros dos pasaron á -Castilla. En este tiempo venian algunos indios por espías, para ver si -los cristianos, de quien tanto mal cada dia recibian y temian recibir, -se iban, ó qué acordaban hacer, y esta venida coloraban con traer maíz -y cosas de comer, porque les diesen cuentas, y cuchillejos y cosillas -de Castilla; y, porque se fuesen, decíanles que en la provincia de -Cueba, que distaba 30 leguas, habia mucho oro y mucha comida. Acordó -Vasco Nuñez enviar á Francisco Pizarro, con seis hombres, para que -fuese á descubrir por allí la tierra; salidos por el rio arriba, tres -leguas, salieron 400 indios con su señor Cemaco, escarmentados de la -guerra que les habia hecho Anciso, cuando Vasco Nuñez dió el aviso de -hallar aquel rio y pueblo de aquel señor, como en el cap. 63 dijimos, y -dan en Francisco Pizarro y en sus seis compañeros, con muchas flechas -y piedras, de manera que á todos descalabraron y hirieron. Mas como -las flechas no tenian hierba, porque por allí no hacian ó no sabian -hacella, no les hicieron mucho daño; los españoles arremeten contra los -400, y desbarrigan con las espadas, dellos, 150, sin muchos otros que -hirieron. Viéndose los indios tan maltratados de los siete, volvieron -las espaldas, que es siempre su más seguro y postrero remedio, como -gente desnuda en cueros. Dejáronse uno de los seis, llamado Francisco -Herran, y los demas todos muy heridos volviéronse á su pueblo; desque -Vasco Nuñez los vido, rescibió pesar grandísimo, y mayor desque le -dijeron que Francisco Herran aún quedaba vivo, y, en pena de lo haber -dejado, mando á Francisco Pizarro, no embargante que venia mal herido, -que tornase por él con cierta gente, y así lo trujo; no supe si murió -de aquellas heridas. Salió luégo Vasco Nuñez con cien hombres al campo, -y anduvo ciertas leguas hácia la provincia de Cueba, cuyo Rey tenia por -nombre Careta, donde tenian nueva que habia mucho de aquel cebo del oro -que todos pretendian, y no halló persona que le resistiese, ni viese, -de paz ni de guerra; no porque no supiesen que salia, porque en tener -espías no se descuidan los indios, sino por el miedo que á Vasco Nuñez -ya tenian, porque no eran como quiera los estragos que en los indios, -cuando en ellos daba, hacia. Tornóse desde á pocos dias al pueblo del -Darien, y dijeron algunos que traia propósito de, si hobiese Nicuesa -vuelto, dalle la gobernacion y sometérsele, y debia de platicarlo así, -por reguardo de cumplimiento si acaso volviese, porque su entendimiento -á ésto y á más que ésto se estendia. Llegado al Darien, visto que -Nicuesa no volvia, tuvo color de enviar por los españoles pocos que -de Nicuesa estaban en el Nombre de Dios, con dos bergantines, los -cuales, viniendo por la costa arriba, y llegando á un puerto de la -tierra del Cacique y señor de Cueba, llamado Careta, salieron á ellos -dos españoles, desnudos, en cueros, pintados de colorado, que es la -color de la que en esta isla llamaban lixa. Estos dos, con otro, que -fueron tres, habia año y medio que se habian salido huyendo del navío -de Nicuesa, cuando pasaba en busca de la provincia de Veragua, por -temor de la pena que Nicuesa quisiera dallos por alguna culpa en que -debieran de haber incurrido, los cuales se fueron á poner en manos -del cacique Careta, que pudiera hacerlos pedazos, segun las obras via -ya que los españoles por aquellas provincias hacian, pero no lo hizo, -ántes los rescibió como si fueran sus deudos, y los trató siempre -como á sus hijos. Y, porque los que andan los pasos que andaban todos -éstos, no pueden dejar de ofender á Dios, y á otros, y á si mismos en -todas maneras, estando en poder y á peligro de quien pudiera justamente -destruillos, no siendo más de tres, aún no les faltaban soberbia y -rencillas, no pudiendo sufrirse; y así, habiendo palabras los dos, -un dia, echaron mano de las espadas, y el uno, que se llamaba Juan -Alonso, dejó al otro mal herido. Viendo ésto el Cacique, señor de la -tierra, llamado Careta, hízolo su Capitan en la guerra, como á hombre -más valiente, contra ciertos enemigos que tenia, sin el consejo y -parecer del cual ninguna cosa hacia; del tercero no supe qué se hubiere -hecho, debió de morirse. Desque vieron los de los bergantines y gente -de Nicuesa, los dos de su compañía, que eran vivos, fué grandísimo -el gozo que con ellos rescibieron; á los cuales, platicando en las -cosas de la tierra, dijeron ser de oro muy rica, certificándoles que, -si Vasco Nuñez viniese con gente sobre ella, serian todos ricos, y -para ésto el Juan Alonso se ofreció que él daria el Cacique, y que -ya era señor suyo, en las manos preso. Esto debia él hacer para le -pagar el caritativo y humanísimo rescibimiento y tractamiento que el -cacique Careta les hizo, pudiéndoles dar meritísimamente la muerte, -y por cumplir con la fidelidad que por ley y razon natural á Careta, -Rey y señor ya suyo, debia. Finalmente, acordaron que, para efectuar -todos sus deseos, era bien que se fuese con ellos el uno para informar -largo de las cosas de la provincia, que, como dijimos, se llamaba -Cueba, á Vasco Nuñez, y el Juan Alonso se quedase para cuando fuese -menester hacer la presa. Júzguese aquí si éstos dos, ó á lo ménos el -Juan Alonso, era traidor á su señor, á quien, al ménos tácitamente, -habia prometido fidelidad, pues lo habia hecho su Capitan y tomado por -consejero; item, si eran ambos, en suma ingratitud, desagradecidos, y -los que tales ofertas les admitian, iniquísimos: pero como estas obras -han sido las que los indios de nosotros han rescibido. - - - - - CAPÍTULO XL. - - -Llegados los bergantines al Darien, hobo Vasco Nuñez grande alegría -con ellos, mayormente viendo al compañero de Juan Alonso, y sabidas -las nuevas que traian de la riqueza de la tierra, y del aparejo que, -para prender al rey Careta, el Juan Alonso, que allá quedaba, ofrecia; -informóse muy en particular de la disposicion de la tierra y de la -gente della, y de todo lo que á su propósito y deseos pertenecia, de -aquel compañero de Juan Alonso, y tornando á enviar los bergantines, -para del todo acabar de traer la gente de Nicuesa del Nombre de Dios, -porque de aquella vez ó viaje no habian en ellos cabido, aparejóse -muy de propósito para, en siendo venidos, ir á infestar, turbar, y -angustiar, y robar al cacique Careta, que nunca le habia ofendido; -los cuales, finalmente, vinieron, y tomó 130 hombres, los más sanos -y dispuestos, en demanda del rey Careta, señor de la provincia de -Cueba; creo que debia estar del Darien hasta 30 leguas. Llegado -Vasco Nuñez con sus 130 apóstoles á la tierra y pueblo, y casa del -Cacique y señor Careta, donde le esperaba Juan Alonso, y creyendo el -Cacique, que teniendo á Juan Alonso por su criado, y en su casa, y -habiéndole hecho las obras de suso dichas, estaba seguro de rescibir -de cristianos agravios ó daños, no quiso huir ó resistille, sino -esperalle y rescibille en su casa; Vasco Nuñez, empero, no como quien -venia á tierra y señorío ageno, ni á casa de señor y debajo de cuya -jurisdiccion, segun ley natural estaba, y á quien hacer reverencia por -la misma ley é razon natural era obligado, sino como si viniera á su -propia casa y á tomar cuenta á su criado y esclavo, con rostro feroz -y mandando dice al Cacique que haga aparejar comida y bastimentos -para los cristianos, conviene á saber, para llevar al Darien, y para -los que allí venian; responde Careta, que las veces que por su casa -cristianos habian pasado, les habia mandado dar de los bastimentos que -tenia liberalmente, y que al presente no tenia que dalles, mayormente -que, por tener como tenia guerra con otro señor, su vecino, llamado -Ponca, su gente no habia tenido lugar de sembrar, y así estaba gastado, -y padecia su casa y tierra necesidad. Dada esta respuesta, dice Juan -Alonso á Vasco Nuñez, que finja quererse luégo tornar con su gente al -Darien y vuelva aquella noche á dar en ellos desque estén durmiendo, -descuidados, y que él trabajará de mirar por el Cacique para que -de sus manos y prision no se escapase. Hízolo así Vasco Nuñez, y -tórnase con su gente por el camino donde habia venido, del Darien, -muy disimulado; el triste Cacique y su gente, siempre confiando estar -seguro por la fidelidad que estimaba tenerle y deberle Juan Alonso, -y por consiguiente todos los españoles, por las obras buenas dél -rescibidas, en especial teniéndolo en su servicio y casa, creyó ser -verdad y sin engaño la maldad que se le coloraba, por lo cual, no -sospechando mal alguno, echóse á dormir como de ántes, descuidado. -Vuelve á media noche Vasco Nuñez con los suyos, y dá en el pueblo por -tres partes, dando grita, llamando á Santiago que en tan buena obra -les ayudase; cuando la gente con su señor á huir acordaron, estaban ya -muchos dellos desjarretados y otros desbarrigados con las espadas; el -traidor de Juan Alonso, tuvo tino de mirar por el Cacique, y échale -mano abrazándose con él y llamando que viniesen á le ayudar, porque -allí estaba, acudieron á las voces aquellos bienaventurados, y hállanle -con el Cacique abrazado. Por esta órden fué preso Careta, en premio de -las buenas obras que habia hecho á los cristianos; prendieron tambien -dos mujeres suyas, y hijos, y otras muchas personas, y mandólos á todos -llevar al Darien, robado todo lo que pudieron hallar en su pueblo y -casa, y por esta manera cargó los bergantines de bastimento, y tórnase -al Darien esta grande hazaña hecha. Bien es aquí de considerar, -cuán casi semejante fué aquesta traicion de Juan Alonso, cometida -contra este cacique Careta, su señor, cuyo oficio de Capitan habia -usado, y viviendo en su casa, y de quien se fiaba y á quien tanto -agradescimiento él debia por no lo matar, como pudiera, de la de -Judas, ó al ménos, traicion y maldad fué con muchas circunstancias -muy calificada; deste caso abominable, y salida del Darien para robar -é inquietar aquellas gentes, hace mencion en su segunda Década, cap. -3.º, Pedro Mártir, en mucha parte, y la traicion de Juan Alonso, de la -manera que está certificada, escribió Tobilla en su Historia, que llamó -Barbárica; Pedro Mártir, dice así: _Duce Vascho Nuñez circiter centum -triginta viri conveniunt; Vascus aciem suam more gladiatorio instruit. -Folle tumidior præstites subtitesque sibi ac tergi ductores ad libitum -eligit: Comitem et collegam ducit secum Colmenarem. Exit rapturus a -finitimis regulis quicquid fiet obvium, regionem per id littus nomine -Coibam, de qua mentionem alias fecimus, adit. Caretam, ejus regulum, a -quo nihil unquam adversi passi fuerant, transeuntes appellat, imperiose -trucique vultu petit præberi advenientibus cibaria. Careta, regulus, -posse illis quicquam inpartiri negat, se transeuntibus christianis -succurrisse sepe numero unde penu habeat exaustum arguit, ex dissidiis -præterea et simultatibus quas exercuit ab ineunte sua ætate cum -finitimo regulo, qui Poncha dicitur, laborare domum suam rerum penuria. -Nihil horum admittit Vascus gladiator miserum Caretam; spoliato ejus -vico, vinctum jubet duci ad Darienem cum duabus uxoribus et filiis -universaque familia. Apud Caretam regulum repererunt tres ex socijs -Nicuescæ, qui, Nicuesa pretereunte, judicium ex malefactis timentes, -aufugerant e navibus in anchoris stantibus, classe vero abeunte Careiæ -regulo se crediderunt; Careta hos tractavit amicissime. Agebatur -jam mensis duodevigessimus, propterea et nudos reperere penitus uti -reliquos incolas, et saginatos uti capones manu fæminea domi depastos, -in ob caro obsonia dapesque regias fuisse sibi illo tempore incolarum -cibaria visa sunt. Ex Caretæ vico ad presentem famem propulsamdam, -non autem ad necessitatem penitus tollendam, cibaria detulerunt ad -socios in Dariene relictos_, etc. Esto es lo que dice Pedro Mártir; -de la traicion de Juan Alonso no dice nada, porque tenia vergüenza -y confusion, el que aquesta salida de Vasco Nuñez y obra refirió, -declarársela, pero pónela Tobilla donde arriba fué declarado. Con la -comida y despojos que á Careta y su pueblo robó Vasco Nuñez, vuelto -al Darien, Careta debia de sentir mucho su captiverio y destierro de -su casa, y tierra, mujeres, y familia; rogóle que no le hiciese tanto -mal, pues no se lo habia merecido, y que él le prometia de hacer -cuanto pudiese por dalle bastimento para los cristianos, y siempre ser -su amigo, en señal de lo cual le daba una de sus hijas por mujer, la -cual era muy hermosa, y que para que su gente tuviese lugar de hacer -labranzas y sementeras para le proveer, que le ayudase contra el señor -y cacique Ponca, que era su enemigo. Aceptó Vasco Nuñez la dádiva y las -promesas, y holgóse mucho con la hija, la cual tuvo por manceba, puesto -que Careta no entendió dársela sino por mujer, como se acostumbraba -entre ellos. Esta quiso y amó Vasco Nuñez mucho, y fué parte de causa -por donde al cabo se le rodeó al triste, como parecerá, la muerte; sin -culpa, empero, del padre Careta y della, sino por los grandes pecados y -tiranías dél que habia el juicio de Dios comprendelle algun dia. Esta -confederacion y amistad de este modo así asentada, suelta Vasco Nuñez á -Careta, y promete que, desde á ciertos dias, será con él; puesto que no -soy cierto si Vasco Nuñez quiso que fuese delante Careta, ó si fueron -juntos, mas que ambos cumplieron sus promesas. - - - - - CAPÍTULO XLI. - - -Llegado, pues, Vasco Nuñez con 80 hombres á la casa y pueblo de Careta, -primero, porque fué tiempo de sementeras, mandó á su gente Careta, -que sembrasen para los cristianos mucha tierra, ésto hecho, aparejan -para ir á destruir al Cacique y rey Ponca. Ponca, no descuidado, -sintiendo que los cristianos iban en favor de Careta, no le osó -esperar y acogióse al último refugio que siempre tuvieron y tienen los -indios para se guarecer de los cristianos, que es huir á los montes y -esconderse por las breñas; y, si pudiesen, se meterian en las entrañas -de la tierra. Van juntos con sus gentes Vasco Nuñez y Careta contra -Ponca, y, como no lo hallaron ni á gente suya, destruyéronle toda -la tierra, tomándole todos los bastimentos que pudieron, y el oro -que hallaron en joyas escondidas, y lo demas abrasado dejaron, como -siempre los españoles, donde quiera que llegan, suelen hacer. Bien será -considerar aquí, con qué justicia y con qué conciencia pudo Vasco Nuñez -y los españoles favorecer y ayudar á Careta, haciendo guerra contra -Ponca, ni se confederar con él ni con otro en perjuicio de algunos -de los de la tierra, sin saber y averiguar la justicia ó injusticia -dello; y si Ponca tenia justa guerra contra Careta, ¿qué responderia -Vasco Nuñez, cuando al tiempo de su muerte Dios en su juicio le -pidiese, de haber auyentado y perseguido á Ponca y á sus súbditos, y -hécholes tantos robos y daños, cuenta? Pero, cierto, destas semejantes -consideraciones y prevision ó recatamiento para no ofender á Dios y -dañificar estas gentes, pocas, por nuestros españoles, en estas Indias -se han hecho. Dejada la tierra de Ponca, como dicho es, destruida, -determinó Vasco Nuñez dejar de infestar los Caciques y pueblos de la -tierra dentro, para despues hacello con mejor sazon y más gente, y -vuélvese á los de la costa ó ribera de la mar; y el más vecino de -Careta era un gran señor de la provincia llamada Comogra, y el Rey, -que tenia Comogre por nombre, tenia su asiento al pié de una muy alta -sierra en un llano ó campiña muy graciosa de 12 leguas. Un deudo del -cacique Careta, y principal señor en aquella tierra y casa, que á los -tales llamaban en aquella lengua Jurá, la última sílaba aguda, éste -fué medianero que atrajo en amor y amistad de los cristianos á aquel -señor llamado Comogre, y así el Comogre los deseaba ver y cognoscer y -tener su amistad. Tenia el Comogre siete hijos de diversas mujeres, muy -gentiles hombres, mancebos de mucha cordura y discrecion, mayormente -el mayor, dicen que, era dotado de mucha prudencia y más virtuoso; -sabiendo que venian los españoles, salió á rescibirlos con sus hijos -y principales y toda su gente, con quien hobo grande alegría en -vellos, porque los deseaba mucho ver, y hácelos aposentar á todos en -su pueblo y proveerlos de comida copiosamente, y de hombres y mujeres -que los sirviesen. Tenia sus casas reales las más señaladas y mejor -hechas que hasta entónces se habian visto en todas estas islas, y -en lo poco que se sabia de la tierra firme; la longura della era de -ciento cincuenta pasos, la anchura y hueco de ochenta, estaba fundada -sobre unos muy gruesos posteles, cercada de muro hecho de piedra, -entretejida de madera por lo alto, como zaquizamí, por tan hermosa -arte labrada, que los españoles quedaron espantados de verla, y no -sabian dar á entender su artificio y hermosura. Tenia muchas cámaras, -ó piezas y apartamientos; una, que era como despensa, estaba llena -de bastimentos de la tierra, de pan y carne de venados y puerco, y -pescado y otras muchas cosas comestibles; otra gran pieza, como bodega, -llena de vasos de barro con diversos vinos blanco y tinto, hecho de -maíz y raíces de frutas, y de cierta especie de palmas, y de otras -cosas, los cuales vinos loaban los nuestros cuando los bebian. Habia -una gran sala ó pieza muy secreta, con muchos cuerpos secos de hombres -muertos, del cumbre colgados, con unos cordones hechos de algodon, -vestidos ó cubiertos con mantas ricas de lo mismo, todas entretejidas -con ciertas joyas de oro y algunas perlas y otras piedras que ellos -tenian por preciosas. Estos eran los cuerpos de sus padres y abuelos y -visabuelos, y, finalmente, sus pasados deudos, á quien tenia Comogre en -suma reverencia, y, por ventura, los tenian por dioses. Cómo aquellos -cuerpos los secasen para los hacer sin corrupcion perpétuos, en nuestra -Historia Apologética muy en particular lo declaramos, hablando del -cuidado y ceremonias con que sepultaban sus difuntos estas gentes, que -de su buen juicio de razon no fué chico argumento. Rescibiendo, pues, -el rey Comogre á los españoles con la mucha humanidad y alegría que -está dicha, luégo, como si fueran sus muy caros hermanos y vecinos -antiguos, amicísimos, los metió en su casa y les mostró todas las -piezas y particularidades della, hasta el secreto lugar ó sala donde -tenia sus muertos, que debia tener por oráculo ó por templo; el hijo -mayor de los siete, que dijimos ser mancebo prudente, dijo allí, «digna -cosa es que regocijemos á estos hombres extranjeros, y los hagamos -todo buen tratamiento, porque no tengan causa de hacer en nosotros y -en nuestra casa lo que en nuestros vecinos han hecho.» Mostrada la -casa y las cosas della, manda traer Comogre ciertas piezas de oro, muy -ricas en la hechura y en la fineza, que pesarian 4.000 pesos, y 70 -esclavos, y dáselo á Vasco Nuñez y á Colmenares, conociendo ser los -principales, por señal de amistad y por presente; este oro rescibido, -apartaron luégo para el Rey, dello, el quinto, lo demas entre sí lo -repartieron. Al tiempo que lo repartian comenzaron á reñir entre sí, -dando grandes voces, sobre, quizá, quién llevaria las mejores y más -bien hechas piezas; visto por el hijo mayor del rey Comogre, arremete á -las balanzas del peso con que lo pesaban, dándoles con el puño cerrado -recio, y echa mano del oro, y despárcelo arrojándolo por aquel suelo, -y dice así: «¿Qué es ésto, cristianos? ¿por tan poca cosa reñís? si -tanta gana teneis de oro que por haberlo inquietais y fatigais por -estas tierras las pacíficas gentes, y con tantos trabajos vuestros, -os desterrasteis de vuestras tierras, yo os mostraré provincia donde -podais complir vuestro deseo, pero es menester para ésto que seais -más en número de los que sois, porque habeis de tener pendencia con -grandes Reyes, que con mucho esfuerzo y rigor defienden sus tierras, y -entre aquellos habeis de topar, primero con el rey Tubanamá (la última -aguda), que abunda deste oro que teneis por riquezas, y dista desta -nuestra tierra, de andadura, obra de seis soles,» (que son seis dias), -y señalaba entónces hácia la mar del Sur, que es al Mediodia, con el -dedo, la cual decia que verian pasando ciertas sierras, donde navegaban -otras gentes con navíos ó barcos poco ménos que los nuestros, con velas -y remos; pasado aquel mar, eso mismo añidia, que hallarian de oro gran -riqueza, y que tenian grandes vasos de oro en que comian y bebian, -y porque habia entendido de los nuestros que habia gran cantidad de -hierro en España, de que se hacian las espadas, significaba haber más -oro que hierro en Vizcaya, de lo cual, parece que tenian estas gentes -de aquella parte de tierra firme, hácia el Darien, y éstos que estaban -la costa abajo 30 leguas, mucha noticia de las gentes y riqueza del -Perú, y de las balsas en que navegaban con remos y con velas. Y éste -fué el primer indicio que se comenzó á manifestar y á tener de aquella -grande tierra; y porque tenian nuevas de la grandeza de aquellos reinos -y del mucho poder de los Reyes dellos, añidió aquel prudente mancebo, -que habian menester ser los cristianos 1.000 para ir á acometellos; -ofrecióse tambien el mozo á ir con los españoles, y á ayudalles con la -gente de su padre. Eran intérpretes desta plática los dos españoles que -se habian huido de Nicuesa y vivido con el cacique Careta. Oidas por -Vasco Nuñez y por su compañía tales nuevas, no pecaremos si dijésemos -ó juzgásemos haber rescibido inestimable alegría, y áun quizás llorado -de placer, como suelen algunas veces los hombres que mucho desean una -cosa, si la ven ó tiene esperanza propincua de vella. - - - - - CAPÍTULO XLII. - - -Descansaron allí Vasco Nuñez y su compaña algunos dias, siempre -informándose y certificándose de que hobiese otra mar, las dichas -sierras pasadas, y, ántes y despues della, las riquezas tan grandes -que el mozo cuerdo les significaba, otra cosa sino dello no hablando; -y porque cada hora se les hacia un año, por verse ya en lo que sobre -todas las cosas deseaban, creyendo y áun esperando mucho más que se les -denunciaba, lo que es propio de cudiciosos y avaros, segun su ánsia, -despacháronse para el Darien con intencion de avisar al Almirante y á -los que esta isla gobernaban, de las nuevas que habian sabido de la -otra mar, y de los tesoros de que abundaba, y para que lo escribiesen -al Rey, porque proveyese de 1.000 hombres y de todo recaudo para la -ir á buscar. Y aquí no es de callar, sino referir, un desatino, y áun -sacrilegio, que cometieron, harto notable, semejantes al cual se han -hecho en estas Indias hartos; éste fué, que, sin más instruccion ni -doctrina de las cosas de la fe que tenian de ántes, al rey Comogre -susodicho, y á la gente que con él pudieron haber, baptizaron. Hízose y -hácese gran ofensa y pecado contra Dios dar el Sacramento del baptismo -á los infieles idólatras, puesto que muestren voluntad de querello -y amallo, sin que primero sean enseñados y examinados si con verdad -renuncian sus ritos y errores con las pompas del diablo, y que sepan -muy bien lo que resciben, y por qué, y para qué, y qué les prestará -rescibiéndolo y dándoselo; considérese qué premio rescibirán de Dios -los que fueron causa que aquel señor y sus súbditos tornasen, por -ignorancia de no ser informados, á idolatrar despues de baptizados, -porque es manifiesto, como habemos visto por larga experiencia, que -cuando á los indios se dice, sin otra informacion de la fe, sé -cristiano, ó ¿quiéres ser cristiano? no entienden sino que les dicen -que se llame como cristiano ó que sea amigo de los cristianos; pusieron -por nombre al Cacique y señor Comogre, D. Cárlos, por el amor del -Emperador, que por aquel tiempo era príncipe de España. Partiéronse, -pues, Vasco Nuñez y su gente, para el Darien, muy alegres, con -propósito de, cuan presto pudiesen, tornar en busca del mar, y áun -del mal, deseado, porque aquel descubrimiento del dicho, que tanto él -deseaba, le fué causa de su muerte, segun que parecerá claro abajo. -Llegados al Darien, hincheron todos los que allí estaban de alegría -y regocijo con las nuevas buenas de la otra mar, y de las riquezas -della de que venian llenos; acrecentó el gozo y placer de los unos y -de los otros haber venido Valdivia, despues de seis meses que de allí -habia partido para esta isla, y traido bastimentos y larga esperanza -del Almirante y de los Jueces que luégo en breve les enviarian mas -bastimentos y gente; excusáronse no haberles proveido ántes, creyendo -que la nao de Anciso habia llegado en salvo, que iba llena dellos, -pero, la verdad, aunque llegara salva tambien fuera todo comido, -porque habia ya cerca de dos años que Anciso habia desta isla partido. -Finalmente, les enviaron á decir, que dello estuviesen ciertos, que -habiendo venido navíos de Castilla, les proveerian, porque al presente -ninguno habia, y que no llevaba más bastimento Valdivia por no caber -más en aquella carabela que habian traido; y es aquí de saber, que -aqueste celo que aquestos señores que gobernaban mostraban y tenian de -proveer á aquellos, era por su provecho del Almirante, porque de allí -esperaba con el tiempo renta, y de los demas, porque las comidas y -mercaderías que les enviaban, se las vendian muy bien vendidas, y así, -todo el oro que aquellos robaban, entre los de esta isla se repartia -y consumia, y no consideraban los tristes, que aquellos asolaban -injustamente con tan grandes daños y escándalos á aquellas gentes, y -que, por les enviar las comidas, y armas, y caballos, y gentes que les -ayudasen, de todos los males y daños y pecados que cometian, y de la -obligacion de la restitucion, eran como ellos partícipes; pero éste -era uno de los efectos, principal, de la ceguedad que Dios permitió en -todos nosotros, por los pecados de Castilla. Tornando al propósito, -como lo que Valdivia trujo no fué tanto que presto no se consumiese, -despues de su venida, pocos dias, comenzaron á hambrear como solian, -y porque les queria mostrar la divina Providencia, la iniquidad y mal -estado en que vivian, inquietando, y persiguiendo, y matando aquellas -gentes que no les habian ofendido, ayudó á ponellos en mayor estrechura -y angustia de comida, que vino una tan grande tempestad de truenos -y relámpagos, y, tras ella, de agua tan grande avenida en el rio, -que todas las sementeras que dejaron sembradas con los indios, que -habian hecho injusta y tiránicamente esclavos, cuando á la provincia -de Comogra se partieron, ninguna cosa les dejó que no les ahogase ó -arrancase, que fué cosa de maravilla; púdose decir por aquellos, lo -que se dice, que en casa del tahur poco dura la alegría. Viéndose así -frustrados de sus sementeras, en que tenian toda su esperanza, por -algun tiempo, y por muchas leguas de al derredor no haber comida, -porque toda la habian comido, y destruido, y auyentado, sin los muertos -y captivos de toda aquella comarca, sus naturales vecinos, acordaron -de salir á inquietar, escandalizar, robar, y captivar, y matar los más -lejanos, y tomarles su comida, y su oro, con la justicia que á los de -arriba; la costumbre de Vasco Nuñez y compañía era dar tormentos á los -indios que prendian, para que descubriesen los pueblos de los señores -que más oro tenian, y mayor abundancia de comida; iban de noche á dar -sobre ellos á fuego y á sangre, si no estaban proveidos de espías y -sobre aviso. Juntamente deliberó Vasco Nuñez que tornase Valdivia á -esta isla, para hacer saber al Almirante y Jueces las nuevas de la otra -mar y riquezas della, que del hijo de Comogre y de los demas habian -sabido, y la grande esperanza que de ser ciertas tenian, pidiéndoles -que lo escribiesen al Rey porque enviase 1.000 hombres para proseguir -aquel camino, segun que Comogre habia pedido. Escribió Vasco Nuñez al -Almirante que habia ahorcado 30 Caciques, y habia de ahorcar cuantos -prendiese, alegando que porque eran pocos no tenian otro remedio hasta -que les enviase mucho socorro de gente, y para lo persuadir con mayor -eficacia, añidió Vasco Nuñez, que mirase su señoría, cuánto servicio -de su estado allí rescibian Dios y Sus Altezas. ¡Oh tiranos, cuánta es -vuestra ceguedad y malicia! Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos -de oro, que son 15.000 castellanos ó pesos de oro, para que enviasen al -Rey los oficiales de esta isla, que le habian cabido de su quinto; por -manera que habian los infelices salteadores robado 75.000 pesos de oro, -de los cuales, sacados 15.000, que fué el quinto, quedaron con ellos -los 60.000; destos dió cada uno á Valdivia lo que le pareció, para que -enviase á Castilla á los parientes que tenian. Pero atajó Dios los -pasos á Valdivia, y á los demas dió á entender, si de entenderlo ellos -fueran dignos, las obras que hacian ser de todo fuego eterno dignas, -porque embarcado Valdivia en la misma carabela en que habia venido é -ido, se hundió con su oro y con sus nuevas en unos bajos ó peñas que -están cerca ó junto á la isla de Jamáica, que se llaman las Víboras. - - - - - CAPÍTULO XLIII. - - -Despachado Valdivia, determina Vasco Nuñez de entrar la tierra dentro -á buscar oro y comida, con el daño y escándalo de las gentes naturales -de la tierra, como queda dicho; y porque trayendo la vida que traian -no les habian de faltar, por permision de Dios, ocasiones para padecer -trabajos infernales como padecian, porque sus obras eran tales, que -no uno, sino ambos infiernos merecian, no faltaron indios de los -que consigo traian que con verdad ó con mentira, viendo su ansia de -haber oro, les certificasen que un Cacique y señor de cierto pueblo ó -provincia, llamado Dabayba, tenia un templo de un Dios suyo, lleno de -oro, que de muchos años atras él y toda su gente le habian ofrecido y -cada dia ofrecian; determinan pues de ir en dos bergantines y canoas, -con gran devocion, en busca de aquel Dios de Dabayba, ó por mejor -decir del oro á quien ellos sacrificaban su infelice vida, y Vasco -Nuñez con 160 hombres sale, y Colmenares con él, al cual mandó que -con la tercia parte dellos subiese por el rio Grande arriba. Este rio -Grande es mayor dos veces que el del Darien, y dista de aquel nueve -leguas, á lo que creo, hácia la parte del Oriente; Vasco Nuñez sigue -por otro camino, por ribera de otro rio arriba, segun le decian las -guías que podia llegar á la tierra de Dabayba, pero porque el Cacique -y señor del Darien, Cemaco, que Anciso y Vasco Nuñez y los demas -habian desbaratado, y hecho dejar su tierra por huir dellos, como en -el cap. 63, del libro II, fué declarado, se hobiese ido y escondido -en la tierra de Dabayba, y le hobiese informado de la vida ejemplar y -obras de aquellos que llamaban cristianos, y tuviese siempre Dabayba -sus espías, sintiendo que venia, toda la tierra, Dabayba y sus gentes -naturales, desampararon. Vasco Nuñez y los suyos, andando por ella -estirpando y robando todo lo que hallaban, entre otras cosas hallaron -muchas redes, no de pescar peces, sino de cazar animales, éstos eran -venados y principalmente puercos, de aquella tierra naturales, que -tienen el ombligo en el espinazo y por allí orinan, y otros animales -menores que los puercos, cuya cabeza dicen que pesa tanto como todo lo -demas, los cuales no tienen hiel alguna; por causa de aquellas redes, -creyendo Vasco Nuñez ser redes para pescar, puso nombre al dicho rio, -el rio de las Redes. Tomaron allí dos canoas grandes y otras muchas -menores, hallaron en las casas, que habian sus moradores por huir -dejado vacías, cien arcos y muchos haces de flechas; en joyas y piezas -de oro 7.000 castellanos. Con estos 7.000 castellanos, y con alguna -comida que hallaron, salióse muy alegre Vasco Nuñez del rio á la mar; -la mar, digo, que se contiene dentro del golfo de Urabá, porque allí -entran y desaguan aquellos dos grandes rios. Quiso Dios luégo mostrar -la justicia con que aquellos 7.000 pesos de oro se habian adquirido, -para testimonio de lo cual, así como en la mar entraron levántase una -tempestad tan terrible, que todos pensaron ser ahogados, pero dispensó -la divina Providencia con él, que no quiso que pereciesen más de los -que iban dentro de las canoas donde llevaban los 7.000 castellanos, -y así, ni el oro ni los hombres aparecieron más. De donde el alegría -que del robo Vasco Nuñez habia cobrado, se le convirtió en grande -tristeza y llanto. Tornando Vasco Nuñez á entrar por el rio Grande -arriba, llegó en en una tierra cuyo Rey ó señor se nombraba Jurví, -la i letra luenga, donde halló á Colmenares, y allí se proveyeron de -alguna comida. Determina Vasco Nuñez que vayan juntos, y yendo por el -rio Grande arriba, 12 leguas de allí, toparon una isla en el mismo -rio, que llamaron de la Cañafistola, porque abundaba de cañafistola -verdadera, pero silvestre. Aquí comenzaron todos á dar en ella, y ella -dió en ellos de manera que todos pensaron en breve morir, desatadas -las tripas, tanta fué la que comieron. Viéndose libres deste peligro, -tornando á su camino, á la mano derecha de la isla, vieron entrar -en el rio Grande otro rio que traia el agua muy negra, no supieron -de qué, por lo cual, le nombraron el rio Negro. Siguiendo por él, -á cinco ó seis leguas de la boca del rio, entraron en los términos -de un señor Abenamachéi, en la penúltima el acento. Vieron luégo un -pueblo de obra de quinientas casas, apartadas una de otra; como los -vecinos dellas vieron los españoles, pusiéronse todos en huida, los -nuestros corrieron tras ellos, y viendo que los iban alcanzando, y, por -ventura, con las espadas hiriendo, dan la vuelta como perros rabiosos, -con sus armas contra los nuestros, como aquellos que sin ofendernos -eran infestados y echados de sus casas, perdidos sus mujeres y hijos; -sus armas, eran unas macanas ó espadas de palma, y unas varas largas -con sus puntas tostadas. ¡Mirad que armas para contra las espadas -nuestras, que cortan por medio un indio, desnudo, en cueros, como -todos andaban, y contra las lanzas, y ballestas, y escopetas algunas, -como algunas veces los nuestros tenian! Arcos, ni flechas, ni hierbas -venenosas, no las usaban por aquella tierra, y así, segun las armas -ofensivas y las defensivas, que eran sus desnudos cuerpos, no pudiendo -sufrir los tristes la matanza que en ellos los españoles hacian, -presto comenzaron á huir. Siguen los nuestros el alcance, matando y -despedazando cuantos podian, y haciendo muchos captivos; entre ellos, -prendieron al Rey ó señor Abenamachéi, é otros hombres principales con -él; preso el señor Abenamachéi, llega uno de aquellos perdidos á quien -el Cacique, peleando, habia herido, y dále una cuchillada que le cortó -el brazo á cercen; á Vasco Nuñez dijeron, que le habia pesado dello, -pero poco aprovechó su pesar al triste herido tan injustamente. Dejó -allí Vasco Nuñez á Colmenares, con la mitad de la gente, para guarda -de la tierra, y él váse en las canoas por el rio arriba, y entra por -otro rio que desaguaba en aquel, obra de 20 leguas de la isla de la -Cañafistola, y cerca de la boca del dicho rio hallan el señorío del -Cacique, llamado Abibeyba, que por ser la region lagunosa y que cubrian -las aguas la tierra, tenian sus casas, donde moraban, sobre árboles -grandísimos y altísimos, nueva y nunca oida vivienda; sobre aquellos -árboles hacian sus casas y aposentos de madera, tan fuertes, y con -tantos complimientos, cámaras y retretes, donde vivian padres, mujeres -y hijos, y su parentela, como si las hicieran en el suelo sobre fija -tierra. Tenian sus escaleras, y dos comunmente, una que llegaba al -medio del árbol, y la otra del medio hasta la puerta, estas escaleras -eran de sóla una caña hechas, partida por medio, porque las cañas son -por allí más que el gordor de un hombre gruesas, y eran levadizas que -las levantaban de noche, y cada y cuando que querian y estaban seguros -de hombres, y bestias y tigres, que hay por allí hartos, durmiendo á -sueño suelto. Todos los mantenimientos tenian arriba consigo, sino sólo -los vinos que asentaban en sus vasijas abajo en el suelo, porque no se -les enturbiasen, porque, aunque por la grande altura de los árboles, -con los vientos que hace, las casas no se pueden caer, menéanse, pero, -y con el tal movimiento, el vino se les enturbiaria, y por esto lo -tienen, como se dijo, en el suelo, y al tiempo de su comida ó cena de -los señores, unos muchachos estaban tan diestros en descender é subir -con ello, que no tardaban más que si lo sirvieran del aparador á la -mesa. Tornando al cacique Abibeyba, que estaba en su casa, muy alta, -encima de los árboles, como en el cielo, llegan los españoles, y dánle -voces que descienda y que no haya miedo; responde que no quiere, que -lo dejen vivir en su casa, pues no les ha hecho por qué le ofendan; -protéstanle que con hachas cortarán los árboles ó le pornán fuego, y -quemarlo hán con sus mujeres y hijos si no desciende. Torna á decir -que se vayan de su casa y tierra, y lo dejen, y lo mismo le decian los -suyos que no descendiese ni se fiase dellos; comienzan con hachas á -dar en los árboles, y desque vido saltar las astillas y pedazos que se -cortaban, determina de descender sólo con su mujer y dos de sus hijos, -en contradiccion de todos los suyos. El puesto abajo, dicen que no haya -miedo, que les dé oro y que serán siempre sus amigos; responde que él -que no tiene oro alguno, ni lo ha menester y por eso no tiene cuidado -de haberlo. Tornan á importunarlo y amenazarlo que dé el oro que -tiene; responde, «si tanta gana teneis del oro, yo iré á unas sierras -que están detras de aquella, y habido yo os lo traeré.» Dánle licencia -que vaya, dejando sus mujeres é hijos en rehenes; dijo que volveria -dentro de tantos dias, los cuales le esperaron, pero como el oro que -ellos querian no habia de coger como fruta de los árboles, ni lo tenia -cogido, de miedo nunca vino. Róbanle toda su casa, y los que de su -gente pudieron haber le captivan, y, hartos de comida, porque allí -hallaron abundancia, tórnanse por el rio Grande, arriba, por el cual, -andando algunas leguas, todas las poblaciones que topaban hallaban -vacías, porque por toda la tierra estaban ya sus nuevas extendidas, -y del evangelio que predicaban, y honra que, llamándose cristianos, -causaban á Jesucristo, tenian ya larga noticia. Visto Vasco Nuñez que -no hallaba qué robar, dió la vuelta el rio abajo, y por él al rio -Negro, á juntarse con Colmenares y con los que con él habia dejado en -la tierra y poblacion del rey Abenamachéi, á quien cortó el brazo uno -de los españoles despues de preso, como se dijo. Halló Vasco Nuñez que, -por la gente de Colmenares haber andado desmandada, le habian muerto -algunos dellos los indios, en especial, que uno llamado Raya, con otros -nueve españoles, ó por ir á buscar de comer y tomallo á sus propios -dueños, de quien por sus obras crueles habian desmerecido, ó porque -queria Dios dalles por ellas luégo el castigo, váse desmandado por la -tierra dentro á robar, y dan en un pueblo de un señor llamado Abrayba, -el cual, como estaba sobre aviso, dió sobre ellos y mató al Raya y á -otros dos de sus compañeros; los siete se escaparon huyendo. De saber -aqueste desastre Vasco Nuñez no fué muy contento. - - - - - CAPÍTULO XLIV. - - -Acaeció tambien, ántes que llegase al rio Negro Vasco Nuñez, que como -el triste y desventurado Cacique y señor Abenamachéi, cortado su brazo, -anduviese huyendo por los montes por no caer otra vez en manos de los -españoles, y topase con el otro señor Abibeyba, que vivia en las casas -de los árboles, á quien tomaron la mujer y hijos por rehenes hasta -que trujese el oro, que por verse fuera de su poder habia fingido ó -mentido que traeria, el cual, eso mismo, traia la vida y destierro -padecia que aquel otro, juntos comenzaron á contarse sus trabajos y -llorar su desventura, como cada uno puede juzgar qué harán viéndose -así tan corridos y tan sin razon y justicia lastimados y afligidos; -acordaron ambos de se ir á guarecer á la tierra y casa de su pariente -y vecino el Cacique, poco há dicho, Abrayba, el cual, como los vido, -comienza de llorar con grandes gemidos, y ellos á respondelle con -abundancia de dolorosas lágrimas; las cuales de ambas partes algo -aplacadas, díceles Abrayba: «¿Qué desventura es ésta, hermanos, que -ha venido sobre nosotros y nuestras casas? ¿Qué habemos hecho á esta -gente que se llaman cristianos, desdichados de nosotros, que viviendo -en nuestra paz y tranquilidad, y sin ofender á ellos ni á otra persona -alguna, así nos han turbado y afligido, y, de toda nuestra órden de -vivir hecho agenos y desbaratados? ¿Hasta cuándo habemos de sufrir la -crueldad destos, que tan perniciosamente nos tratan y persiguen? ¿No -será ménos penoso una vez morir, que padecer lo que tú Abibeyba, y tú -Abenamachéi, y lo que Cemaco, y Careta, y Ponca, y todos los otros -Reyes y señores desta nuestra tierra, de esta gente tan cruel han -padecido y con tantos dolores llorado, viendo ante sus propios ojos -llevar captivos sus mujeres, sus hijos, sus deudos, sus vasallos, y -de todo cuánto poseian ser privados? A mí áun no han llegado, pero, -¿qué puedo yo esperar de mí y de mi casa, y de todo lo que poseo, -sino ser corrido, y perseguido, y muerto, y de todo mi ser y haber -despojado, de la manera que á vosotros éstos os han tratado? Probemos, -pues, nuestras fuerzas, y hagamos lo que pudiéremos, especialmente -comencemos por aquellos que á tí, Abenamachéi, cortaron el brazo, y -de tu casa desterraron quedándose ellos en ella, y demos en ellos, -que son pocos, ántes que otros se junten con ellos, porque, aquellos -muertos, los demas ó se irán ó temerán de nos hacer más daños, y si los -quisieren acrecentar ternemos aquellos ménos contra quien hobiéremos -de tener pelea.» Pareció buen consejo á todos; determinan el cuando, -y juntan obra de 500 ó 600 hombres, desnudos, con sus armas cuasi de -niños, y así les sucedió como á desarmados y desnudos, porque acaeció -que la noche ántes, por ventura, que diesen en los del rio Negro, -llegaron allí 30 españoles que habia enviado Vasco Nuñez delante; -el dia, pues, que determinaron, en esclareciendo, con una terrible -grita, la cual, cierto, siempre fué más dura y temerosa de oir que sus -armas, dieron en ellos, no sabiendo nada de los 30 que habian llegado. -Hiciéronles de aquel ímpetu poco daño, y los españoles, que no suelen -estar, andando en estas romerías, muy descuidados, levántanse y dan -en ellos, y á saetadas, con algunas ballestas que tenian, y lanzas, y -á priesa llegandóseles con las espadas, hicieron en la triste gente, -desnuda, tal estrago, que de hechos pedazos y presos, si no fueron -los señores, muy pocos escaparon, y así enviaron al Darien todos los -que habian tomado á vida, por esclavos, los cuales ocupaban en hacer -labranzas y llevar cargas cuando salian fuera los españoles, y en remar -en las canoas y en todos los otros trabajos; algo se satisficieron -los que quedaron vivos y no captivos deste rompimiento, pero ningun -remedio tuvieron los captivos, y mucho ménos los muertos, pues sin -fe y sacramento se fueron al infierno. Habida esta victoria, los -españoles que estaban con Rodrigo de Colmenares, y juntado con ellos -Vasco Nuñez, acordaron venirse al Darien y dejar en aquel pueblo -de Abenamachéi y rio Negro 30 hombres, para guarda de la tierra, -porque los indios no se rehiciesen, y por cuadrillero ó Capitan á un -Bartolomé Hurtado con ellos; y porque no podian estar ociosos, y el -ejercicio suyo no era ni suele ser en estas Indias sino ir á saltear, -y robar, y captivar los que están quietos en sus casas, que ellos le -pusieron por nombre ranchear, prendieron alguna gente que andaba por -los montes huida; desta gente presa determinaron enviar al Darien 24 -indios por esclavos, y con ellos 21 españoles que debian de estar mal -dispuestos ó por alguna otra causa, quedándose el Hurtado con los 10 no -más, creyendo que por él quedaba ya sin peligro todo el campo. Todos -estos indios y cristianos se metieron en una grande canoa que habian -tomado, la cual era para tantas personas capaz; los indios lastimados, -gente del cacique Cemaco, señor del Darien, el primero de aquella -tierra agraviado, que comian talega tras tomallos descuidados, ó como -quiera que los hallasen acaballos, salieron con cuatro canoas en pos -de aquella, bien esquifadas, y dieron en ella con sus lanzas tostadas -y macanas, que usan en lugar de porras. Mataron parte dellos y los -demas todos en el rio, sino fueron dos sólos, se ahogaron; éstos dos -se escaparon en dos palos que traia el rio de avenida, y cubriéndose -con ciertas ramas que á la mano les vinieron, no mirando los indios -en ellos, con la priesa que traian en matar, creyendo que era basura -que traia el agua. Salidos en tierra los dos, como mejor pudieron, -fueron á dar las nuevas á Bartolomé Hurtado, y á los 10 que con él -quedaban, los cuales, con harta tristeza y amargura, desmayados, -comenzaron á platicar en el peligro que tenian, y como en aquel rio -Negro les iba tan mal, determinaron de se ir al Darien lo más presto -que pudiesen, si pudiesen escaparse; pero inquiriendo entre los indios -que consigo presos tenian, y quizá á algunos atormentando sobre que -les dijesen lo que sabian de la gente de la tierra dónde andaba, y -qué intencion traia ó qué ordenaban, hallaron quien les dijo, que los -cinco Reyes ó Caciques, conviene á saber, Abibeyba, cuya mujer y hijos -le tomaron los nuestros por rehenes, Cemaco, el señor de Darien que -dijimos primero agraviado, Abrayba, á quien áun no habian llegado, y -Abenamachéi, señor del rio Negro, á quien cortaron el brazo, y Dabayba, -el que huyó y no osó esperallos, y á quien tomaron las muchas canoas y -los 7.000 castellanos, habian determinado y conjurádose para en cierto -dia venir sobre el Darien, y matar todos cuantos de los españoles allí -é por la tierra hallasen, para lo cual, tenian maherido y ayuntado -toda la gente de la tierra de sus vasallos, pero desnudos y con las -armas que arriba hemos señalado, las cuales, sin hierba mortífera de -las que algunas provincias usaban, son nada. Con este aviso se fueron -Hurtado y sus nueve ó diez compañeros al Darien, aunque no sin peligro -de ser de los indios tomados. Puso esta nueva en todos los españoles -gran espanto, aunque, como no tenian dello certidumbre, ya lo creian, -ya no lo creian, ni hallaban persona que les certificase cosa dello, -como toda la tierra por miedo dellos estuviese sola, y la gente della -huyendo aventada; pero súpose la conjuracion desta manera: Vasco Nuñez, -de las muchas mujeres que habia traido captivas de por aquella tierra, -tenia en su casa una por amiga, de quien hacia tanto caso y tenia -tanta estima, como si su mujer fuera legítima, ésta tenia un hermano -que mucho la amaba, y deseaba en gran manera verla libre, vasallo del -cacique Cemaco, señor natural del Darien, y de aquel pueblo ó pueblos, -ó provincia, y de los principales privados de su casa, el cual muchas -veces la visitaba secreta y disimuladamente, so color que era uno de -los otros comunes indios, y una noche vino á ella y díjole: «Hermana -muy amada mia, escucha bien lo que agora te quiero decir, y mira que -guardes secreto, porque en ello nos va á todos la libertad y la vida, -y si tú deseas tu bien y el de toda nuestra nacion, calla y está sobre -aviso; ya ves cuánta es la maldad de aquestos cristianos, sábete que -ya los señores desta tierra determinan de más no sufrírsela, y así -están concertados cinco señores, fulano y fulano, de, con todas sus -gentes, para tal dia venir sobre ellos, por agua y por tierra, y para -efecto desto tienen aparejadas cien canoas y 5.000 indios, con sus -macanas, y mucha comida ó bastimento allegado en la laguna ó pueblo -llamado Tichiri ó Tichirico;» y añidió que habian ya dividido entre -sí aquellos cinco señores, los que cada uno habia de matar de los -españoles y hacer captivos, y la ropa y despojo de todo lo que tenian -para sí. Hacian la cuenta sin la huéspeda; siempre los indios, ántes -que del todo conozcan las fuerzas y esfuerzo, é industria y constancia -y armas de los españoles, se engañaron con verse á sí tantos y á ellos -tan pocos. «Por eso (concluyó su plática el hermano á la hermana, -dijo él) está, hermana mia, sobre aviso de te esconder ó mirar por -tí, porque con la priesa, y turbacion, y furor y revuelta de la gente -de guerra, no mirando en tí que eres mujer, no te maten ó maltraten -á vueltas dellos.» Partido della el indiscreto hermano, luégo ella -descubre á Vasco Nuñez todo lo que le habia dicho en secreto, ó porque -amaba á Vasco Nuñez, ó de miedo, olvidada de todo el bien y salud de su -patria, nacion y parentela; lo cual oido por Vasco Nuñez, ruégale que -luégo envíe á llamar á su hermano, so color que quiere tractar de irse. -Dicho y hecho; viene sin tardanza el hermano, préndelo Vasco Nuñez, -dále tormento, confiesa por fuerza y por órden todo lo que, de grado y -con vana confianza del secreto, á su hermana habia dicho. Descubrió, -allende de lo dicho, otro secreto, diciendo que su señor Cemaco, que -le habia enviado 40 indios para que le hiciesen una labranza, puesto -que andaba huido, so color que queria ser su amigo, les habia mandado, -que si viesen que salia á verlos trabajar en ello, trabajasen de lo -matar si pudiesen, y que una vez que salió encima de una yegua, con -una lanza en la mano, no lo osaron acometer por miedo della, y que, -visto Cemaco que por esta particular industria no podia vengarse dél, -acordó de procurar esta general de todos los Caciques, sus parientes -y vecinos, para que, defendiendo el bien universal más á su salvo, se -librasen todos de la persecucion dél y de sus compañeros. Oido ésto, -luégo Vasco Nuñez tomó 70 hombres, sin decir á nadie nada, mandando que -le sigan, sólo mandó á Colmenares que por el rio tomase 60 hombres, -en cuatro canoas, llevando el hermano de la moza por guía, y fuese al -pueblo llamado Tichiri, donde tenian los bastimentos. Vasco Nuñez, -con sus 70 hombres, fué á tres leguas de allí, donde pensaba hallar -á Cemaco, pero no lo halló sino á un pariente suyo, el cual prendió -con ciertos hombres y mujeres; Colmenares hizo más hacienda, porque -halló al Capitan general que habia de regir el ejército, y á muchos -principales señores, con otra gente, bien descuidados de que los -españoles supiesen sus conceptos y artificio. Prendió los más dellos, -y halló el pueblo todo lleno de bastimentos, comida y de muchos vinos; -hizo luégo asaetear al Capitan general, y ahorcar á los principales -todos de sendos palos, delante todos los captivos, porque ésta fué y -es regla general de los españoles en estas Indias, observantísima, -que nunca dan vida á ningun señor, ó Cacique ó principal que á las -manos les venga, por quedar, sin sospecha, señores de la gente y de la -tierra, en los señoríos ajenos durmiendo á pierna tendida, como dicen. -Fué de tanto espanto en toda aquella provincia este inopinable prevenir -los españoles á su peligro, viendo descubierto los indios todo su gran -secreto y desbaratado su artificio, que del todo perdieron la esperanza -de poder prevalecer contra ellos, ni salir de su opresivo yugo, y así -permanecieron en aquel captiverio hasta que dellos no quedó ni uno. -Esta victoria, sin trabajo y sin peligro cuasi habida, hizo luégo hacer -una fortaleza Vasco Nuñez, de muy fuerte madera, ó rehacer y mejorar -la vieja, por estar más seguro si otra junta ó conjuracion, de los ya -descorazonados y miserandos indios, sucediese. - - - - - CAPÍTULO XLV. - - -Aquella provincia toda, de la manera de suso dicha sojuzda, opresa y -fatigada, comenzaron todos á tractar que convenia enviar mensajeros ó -procuradores á Castilla para referir al Rey el estado que la tierra -tenia, y las nuevas que el hijo del rey Comogre les habia dado de la -otra mar y riquezas della, y pedille los 1.000 hombres que afirmaba -ser menester para pasar allá y alcanzallas; de camino tambien avisasen -dello al Almirante y á los Jueces desta isla, y les pidiesen socorro -de gente y bastimentos para entre tanto, porque quizá Valdivia, ó no -hobiese llegado, ó quizá no se hobiese, como así fué, ahogado. Vasco -Nuñez pretendió llevar esta embajada, ó por ganar las albricias y -gracia del Rey, ó por miedo que tuvo del castigo, que sintió merecer -por la repulsa que dió á Diego de Nicuesa, y lo que contra el bachiller -Anciso cometió con los agravios de ambos, pero todos sus amigos y -enemigos le fueron á la mano, no queriendo condescender á que saliese -de la tierra y los dejase, alegando que, como de los indios fuese tan -temido que su persona estimaban más que ciento, saliendo él quedaban -desmamparados. Algunos sospechaban que pretendia no estar allí aislado -para ser punido, si el Rey de los crímenes susodichos lo sentenciaba, ó -por no padecer tan continuos peligros é intolerables trabajos, como ya -tuviese buena pella de oro, queria alzarse á su mano, como creian que -Valdivia y Çamudio habian hecho, pues habia cerca de un año que habian -partido y no asomaban; por manera, que Vasco Nuñez no pudo alcanzar -lo que de su ir á Castilla por Embajador deseaba. Así que, despues -de muchas alteraciones y votos, unos á otros contrarios, finalmente -concurrieron en un parecer ó todos ó los más, y eligieron á un Juan de -Caicedo, de quien arriba, en el libro II, algo hablamos, que habia -ido con Nicuesa por oficial del Rey en aquel armada, hombre cuerdo y -de bien, segun las leyes humanas, y que allí tenia su mujer que de -Castilla consigo habia llevado, de la bondad y auctoridad del cual, -que trataria los negocios con fidelidad, todos confiaban, y en cuanto -á la tornada suya con los despachos, por dejar su mujer allí tampoco -dudaron. Para dalle compañero, comienzan todos otra vez á litigar, -no porque dél desconfiasen, sino diciendo que como iba de tierra y -aires tan diferentes de los de España, podria padecer riesgo su vida -y salud, y si así fuese, como creo que fué, quedarian todos de su -esperanza defraudados, para remedio y resguardo de lo cual convenia -dalle quien lo acompañase, y por falta dél al Rey informase, y lo que -les convenia negociase y suplicase. Sobre quién sería el compañero -de Caicedo tuvieron grandes contenciones y no se concertaban, por lo -cual deliberaron que se echasen suertes entre ciertas personas de los -que allí estaban que eran más estimadas. Cayó la suerte á Rodrigo de -Colmenares, de quien ya hemos muchas veces hablado, la suerte del -cual fué á todos ó á los más agradable, lo uno, porque era hombre -de experiencia en la guerra y en la paz, por mar y por tierra, y se -habia en las guerras de Italia, contra franceses, hallado, lo otro, -porque tenia en el Darien muchas haciendas y labranzas; que como era -Capitan y Vasco Nuñez lo favorecia mucho y ayudaba, de los robos que -hacian, y de los indios que vivos tomaban y hacian esclavos, llevaba -Colmenares, despues de Vasco Nuñez, la mejor parte, y así tenia mucha -gente de la captiva que le labraba, y él que debia ser granjero, quizá -más que otro, y sabia bien aprovecharse, y por tener tanta hacienda, -y que de ser muy rico tenia grande esperanza, confiaban todos que -no dejaria por ninguna cosa de tornar con los despachos buenos que -todos esperaban. Señalados pues los dos, Juan de Caicedo y Rodrigo -de Colmenares, por procuradores, que fuesen al Rey á notificarle su -estado, y representarle sus grandes servicios, y por ellos pedille -mercedes, que tan justa y dignamente habian merescido y bien ganado, -acordaron de hacelle un servicio ó presente, contribuyendo cada uno, -de lo que habia robado con tan gran precio de sangre humana (no supe -cuanto), para que los procuradores ó embajadores al Rey fuesen más -gratos. Y es aquí de notar, que, como los indios de todas aquellas -provincias entendieron que tan sabroso era de oir á los españoles el -oro, y que todo su fin y negocio no era sino saber dónde habia oro, y -dónde se sacaba el oro, y quién poseia oro, ya los indios usaban con -ellos desta industria para les agradar ó suspender sus crueldades, ó -para se descabullir dellos, conviene á saber, fingir que en tales y -tales partes habia inmensidad de oro y que habian de hallar las sierras -y montañas todas doradas. Ellos todo lo creian, porque el cudicioso, -como arriba en otro lugar se dijo, nunca otra cosa contempla, sino al -oro y á la plata, y de mejor gana mira el dinero que al sol, y nunca de -otra cosa tracta, y son palabras de Sant Ambrosio; y porque un indio -les hizo entender que habia un rio donde con redes se pescaba el oro, -lo llevaron los procuradores á Castilla para que lo dijese al Rey, -é, ó porque el indio lo inventó, ó porque ellos lo fingieron, de tal -manera se extendió por todo el reino la fama de que pescaban el oro en -la tierra firme, con redes, desque llegaron, que para ir á pescallo -cuasi toda Castilla se movió, y así, llamaron despues, por Provisiones -reales, aquella provincia, Castilla del Oro, porque los oficiales que -el Rey entónces tenia no eran muy enemigos del oro. Aquí se puede -considerar la liviandad de los hombres y las propiedades de la cudicia -y avaricia, que aquella fama fuese de tanta eficacia que hiciese creer -á muy muchos que verdaderamente con redes se sacase el oro de los -rios; yo oí decir á un clérigo que parecia cuerdo, y de edad no muy -mozo, de los que, por ésta nueva, de Castilla se movieron á pescar -oro, estando yo en la isla de Cuba, donde vino él á parar huyendo de -la tal pesquería, harto hambriento y flaco, y sin un quilate de oro, -que habia dejado en Castilla 100.000 maravedís de renta en un beneficio -que tenia, por venir á pescar el oro, y que, si no creyera que habia -de volverse á Castilla en breves dias, con un arca llena de granos de -oro, tan gruesos como naranjas y granadas, y mayores, no saliera de su -casa, dejando lo que tenia por venir á buscar ménos que aquel oro que -decia; y ésto, con juramento lo afirmaba delante de personas graves, -y á lo mismo me hallé presente. Tornando al propósito, partiéronse, -pues, los dichos procuradores del Darien, por en fin de Octubre, año -de 1512; pasaron muchos trabajos y mil peligros, en un bergantin harto -chico, en que venian, por tempestades frecuentes y terribles, adversos -tiempos, y hambres y sed, por lo cual muchas veces pensaron perecer; -llegaron á la isla de Cuba, á cabo de tres meses, donde los indios -los rescibieron bien, dándoles ó vendiéndoles la comida, que ellos -tanto habian menester, por cosillas de poco precio, como contezuelas -de Castilla, y espejos y cascabeles, y sin ellas lo solian ellos dar y -proveer; bien creo que llegaron á la tierra y señorío del Cacique que -el bachiller Anciso hizo baptizar, y llamar por nombre Comendador, como -arriba en el cap. 24 referimos. Esto no lo averigüé cuando pudiera, -pero júzgolo, porque de allí se toma, comunmente, la navegacion para -esta isla, y debian ya tener noticia de la navegacion que por allí -habia hecho en el primer viaje Valdivia. Finalmente, llegaron á esta -Española, pasados bien cien dias (siendo camino de ocho, si tiempo, el -que convenia, hiciese) despues que del Darien habian partido; argumento -claro de las grandes necesidades y angustias que pasarian. En ésta -gastaron poco tiempo, porque, con brevedad, dada cuenta al Almirante -y á los Jueces, hallaron naos aparejadas para volver á Castilla, en -las cuales se metieron; llegaron á la corte por el mes de Mayo del -año siguiente de 1513. Por este tiempo ya el bachiller Anciso habia -dado al Rey sus quejas, de los agravios que decia haberle Vasco Nuñez -hecho, las cuales oidas y acomulada la perdicion de Nicuesa, de que fué -causa, y como por fuerza y por maña se habia ingerido en la gobernacion -de aquella tierra firme, el Rey se indignó mucho contra él y mandó -que á Anciso se hiciese justicia, y que se procediese contra Vasco -Nuñez segun la órden de derecho, y creo que fué sentenciado en las -costas y daños y menoscabos que habian sucedido á Anciso, cuanto á lo -civil; cuanto á lo criminal, no supe cuál fué la sentencia cuando lo -pudiera saber. Bien es aquí apuntar la ceguedad de Anciso, y áun mayor -la de los del Consejo del Rey, que ni Anciso acusó á Vasco Nuñez de -otros mayores delitos que el que habia cometido contra él, conviene á -saber, las matanzas que habia hecho y hacia en los indios que estaban -seguros en sus casas y tierras, sin ofendelles; pero de Anciso no es de -maravillar, pues fué al principio tan culpado como el más de los del -Consejo, que eran obligados á lo saber. ¡Qué quisiesen castigar á Vasco -Nuñez por haber sido causa de la muerte de Nicuesa y de diez ó once -que perecieron con él, y tuviesen por agravio grande y lo condenasen -á pagar las costas y pérdidas de hacienda, que Anciso habia incurrido -por su causa, y no advirtiesen á las tiranías y estragos de muertes -y captiverios, robos é infamia tan escandalosa de la fe y religion -cristiana, que hacia y causaba él y los que con él andaban en aquellas -tantas y tan inculpables gentes! Ya queda en algunos lugares arriba -dichos cuán culpables los del Consejo de los Reyes siempre fueron cerca -de esta materia de los indios, por cuya ignorancia todos los daños y -males perpetrados por los españoles procedieron, y por consiguiente, -ninguna duda se debe, si no me engaño, tener, que no sean de todos -ellos culpados y reos. - - - - - CAPÍTULO XLVI. - - -Despues de partidos del Darien los procuradores, Caicedo y Colmenares, -y hechos á la vela, porque la conformidad y compañía que no está -fundada sobre amistad de Dios, especialmente la de los avaros y -cudiciosos, y mucho más la de los tiranos, ladrones y opresores de -hombres, como eran aquellos, no puede perseverar tiempo mucho, por -ésto, en los que quedaban en el Darien comenzaron á nacer grandes -contenciones y discordias, porque así lo permitia Dios para los -castigar con todo género de infortunios; Bartolomé Hurtado, que era -muy allegado y favorecido de Vasco Nuñez, presumia con su favor de -maltratar á los otros que no tenian de sí menor estima y presuncion, -por lo cual era á todos ó á los más muy odioso, y por él desamaban -al Vasco Nuñez, por manera que, tomando por caudillo á un Alonso -Perez de la Rua, que debia ser de los que más sentian ó pretendian -los pundonores, acordaron de prender al Vasco Nuñez, y quitalle la -presidencia que tenia sobre ellos, y al Bartolomé Hurtado, como -principal contendor, pero Vasco Nuñez, que siempre vivia con todos -recatado, dióse más priesa y prendió al Alonso Perez, que habian tomado -para que los capitanease. Toman luégo los conjurados sus armas para por -fuerza venir á libertallo, sale luégo Vasco Nuñez, con los que pudo -recoger de los amigos que áun no lo habian dejado, con las suyas á la -plaza. Estando para darse unos á otros y hacerse pedazos, no faltaron -algunos de ambas partes, que más cuerdamente la cosa considerasen, -diciendo que ¿por qué querian matarse unos á otros, estando en la -tierra que estaban, pues, por vencedores que los de cualquiera de las -partes fuesen, habian de ser luégo de los indios muertos y acabados?; y -así no rompieron aquel dia, por concierto jurado que hobo que soltase -Vasco Nuñez á Alonso Perez, y no pasase la reñilla más adelante; pero -como andaban sin Dios, segun sus pecados tan grandes, díjose que no -depusieron el odio que se tenian, ni guardaron el juramento, al ménos -la una parte, lo cual quebrantado, acuerdan de prender otro dia los -contrarios á Bartolomé Hurtado, puesto que, por algunos medianeros que -hobo, aquel dia lo soltaron. No paró aquí la maraña de su ceguedad, -porque aquel, cuya voluntad en todo seguian, andaba solícito para que -se matasen; acordaron de prender al Vasco Nuñez allegando por causa -que no repartia, segun los merecimientos de cada uno, el oro y los -esclavos que robaban y captivaban, y para tomalle 10.000 castellanos -que estaban por partir, é repartirlos entre sí segun la órden que les -parecia ser justificada. Fué deste propósito Vasco Nuñez avisado, y, so -color de ir á caza, se salió del pueblo aquella noche, con confianza -que le acudirian los que en las partes solia mejorar, y sucedióle así, -porque tomados los 10.000 castellanos, repartiéronlos de la manera que -á ellos pareció que se habian de repartir, dando á algunos de la gente -menuda más de lo que parecia convenirles, y á los de mayor calidad ó -presuncion ménos de lo que á su parecer pertenecerles estimaban; desto -quedaron aquellos corridos y afrentados, y así, llaman á Vasco Nuñez, -y júntanse con él todos armados, con clamores y juramentos que habian -de matallos; van á ellos y prenden al Alonso Perez y á un bachiller -Corral y á otros principales, y échanlos en la fortaleza, donde los -tuvieron bien aprisionados. Estando en estas barahundas y confusiones, -cada dia para matarse, llegaron dos navíos con 150 españoles, y de -bastimentos cargados, y por Capitan dellos un Cristóbal Serrano, que, -desta isla, el Almirante y los Jueces por socorrerlos les enviaron; -envió, segun se dijo, el tesorero Pasamonte á Vasco Nuñez una provision -de Capitan general de toda aquella tierra, porque, diz que, tenia poder -del Rey para constituir Capitanes y Gobernadores en la tierra firme, -segun que él determinase. A mí es difícil ésto creer, que tan presto -y tan á la clara el Rey quisiese al Almirante y á sus privilegios -perjudicar, y, por otra parte, no me maravillo que así fuese, segun el -Rey fué siempre á las cosas del Almirante poco aficionado, y segun el -Pasamonte y los Jueces y oficiales desta isla, y los que estaban cabe -el Rey, trabajaban de deshacer al Almirante, no sé por qué, cierto, -sino por sus intereses particulares, y porque no querian reconocer -superior, sino ser ellos los que aquesta isla, y las demas tierras -destas Indias, mandasen y gozasen; porque en la verdad, no pertenecia -á ninguno constituir Capitan ni Gobernador sino al Almirante, por -sus privilegios, tan dignamente, al principio, por su padre ganados, -al ménos por aquel tiempo, pues hasta entónces no se habia tomado -resolucion en lo que tocaba á su estado, y fué manifiesto haber sido su -padre por el comendador Bobadilla, de hecho, de su posesion despojado. -Fué inestimable el gozo y placer que Vasco Nuñez rescibió de verse ya -con autoridad del Rey, ó de quien su poder tenia, por Capitan general -sublimado, porque hasta entónces, por fuerza y por mañas tenia la -superioridad sobre los españoles usurpada; fué lleno su gozo, segun -sus buenos deseos de ir á robar é inquietar y sojuzgar las gentes de -aquellas tierras, venirle gente y mantenimientos de nuevo para mejor -poder proseguir lo comenzado. Con este gozo y alegría, que de este -socorro y favor y ayuda rescibió Vasco Nuñez, con poco que le rogaron -que por albricias los presos soltase, lo concedió, y fueron sueltos -y reconciliados con él los que le querian mal; no sabré decir si la -reconciliacion era ficta, ó de verdad, porque los hombres mundanos y -que andan en pecados, no teniendo paz con Dios, pocas veces la suelen -tener dentro de sus corazones, por más que la finjan y la quieran en -la esterior conversacion mostrar. Luégo, desde á pocos dias, segun -creo, se le aguó á Vasco Nuñez aquel grande placer que con su capitanía -general y con lo demas hobo, y, por ventura, le vino en aquellos dos -mismos navíos por vía desta isla, porque por aquellos tiempos no habia -quien desde Castilla á la tierra firme derecho navegase; fué avisado, -ó por Çamudio, el que dijimos haber ido por procurador á Castilla -cuando fué Anciso, ó por cartas de otras personas, como el Rey estaba -contra él indignado por las quejas que dél dió Anciso, y por la muerte -de Nicuesa, y que lo habia condenado en los intereses y gastos, etc., -por manera, que con aquellas nuevas tuvo buen tártago; y así, desde -adelante, anduvo más temeroso de su caida y con mayores cuidados que -tenia de ántes, temiendo cada dia venir de Castilla quien lo depusiese -de su estado y lastimase. - - - - - CAPÍTULO XLVII. - - -Con estos pensamientos, que no poco le acosaban, y como hombre que -era de mucho ánimo, determinó de se aventurar á acometer la empresa -de ir á buscar la otra mar, y las riquezas que ántes y despues della -se le habian notificado, cosa por entónces tenida (y con razon, pues -se le habia dicho ser necesarios 1.000 hombres), por muy árdua, -para que si saliese con prosperidad de la jornada se le contase por -servicio grande hecho al Rey, é por él le perdonase lo pasado, y si, -por el contrario, muriese en la demanda, sería suelto de sus temores -y cuidados temporales, aunque del juicio divino no quedaba muy -privilegiado. Con este propósito eligió, de los españoles que en la -tierra estaban y de los que habia traido en los dos navíos Cristóbal -Serrano, hasta 190 hombres, los que le pareció ser más varones y para -sufrir mayores trabajos, y un bergantin y diez canoas bien capaces, -donde consigo los embarcó, con la comida necesaria para por la mar, y -armas de lanzas, espadas, ballestas, rodelas y algunas escopetas, y -la principal y que más brava y cruel guerra siempre hizo á los indios -desdichados, que es los perros bravos amaestrados; destos llevó no sé -cuantos. Salió en principio de Setiembre de 513, y muchos indios de -los que tenian por esclavos para que les llevasen las cargas, porque -sin éstos no saben nuestros españoles en estas Indias andar un paso; -fué por la mar hasta la tierra del rey Careta, que tenia por amigo -y le habia dado su hija, creyendo que la casaba, como arriba queda -declarado. Careta le rescibió como de ántes, haciéndole gran fiesta; -dejó allí el bergantin é las canoas, y toma el camino de tierra y -sierras ó montes hácia la tierra de Ponca, con gente que Careta le -dió que le acompañase. El rey Ponca, que siempre tenia sus espías y -recaudo, así como supo que subian sus montañas los españoles, acógese á -su fortaleza acostumbrada, conviene á saber, escondiéndose por lo más -secreto que en toda su tierra hallaba. Envíale Vasco Nuñez mensajeros -de los indios, vasallos de Careta, que lo asegurasen y le prometiesen -de su parte que no rescibiria ningun daño, que fuese su amigo, como -lo era Careta, dende adelante. Acordó de se poner á sus manos, por no -andar el triste fuera de su casa y señorío desterrado, y así vino, y -porque sabia que la mejor causa de querello bien los españoles era -traelles oro, que tanto ellos amaban, trujóle obra de 110 pesos de -oro, que no tenia más, diciendo que todo lo que tenia el año pasado -se lo habian ellos tomado; bien se puede aquí creer, que si tuviera -muchos millares que no los dejara en casa, pues venia á ponerse en -sus manos y con temor si le habian de guardar la palabra. Rescibiólo -Vasco Nuñez y los demas con mucha alegría, y con mejor gana que si les -diera mucho oro, por dejar las espaldas seguras prosiguiendo su viaje. -Dióle Vasco Nuñez muchas cuentas, y espejos y cascabeles, y, lo que más -los indios siempre preciaron y precian, hachas de hierro, las cuales -hallan, para sus ejercicios y hacer sus casas y cortar madera y otras -obras, como lo son, más que otra cosa aparejadas. Hecho amigo Ponca, -pídenle guías y gente que les lleven las cargas para subir las sierras -y pasar adelante; dáles Ponca todo lo que pidieron, y mantenimiento, -de todo lo que tenia, muy á la larga. Comienzan su camino por las -montañas altas, entrando en el señorío y distrito de un gran señor -llamado Quarequa, el cual hallaron aparejado para resistilles, porque, -como la fama de los españoles por todas las provincias volaba, cada -uno de los señores estaba no descuidado, ántes apercibido con sus -espías y gente armada para se defender, temiendo que cada dia habian -de venir á ellos y hacerles las obras que dellos habian rescibido sus -vecinos y comarcanos. Este Quarequa les ocurrió con muy mucha gente -de guerra, armada de sus arcos y flechas, y unas tiraderas con que -arrojaban unas varas tostadas del tamaño de dardos, arma que para en -gente desnuda era muy mala, que como con una ballesta de garrucha -pasarian un hombre de parte á parte; traian macanas hechas de palma, -que es como de acero, de que usan, como de porras, á dos manos, puesto -que son chatas ó llanas. Con este aparato salieron preguntándoles qué -querian ó á qué venian, y requiriéndoles que no pasasen adelante, y -como vieron que los españoles no acordaban de se volver, muéstrase el -señor en la delantera vestido de mantas de algodon, y con él ciertos -principales, todos los demas en cueros, y dan en los españoles con gran -grita é ímpetu espantable. Sueltan los españoles ciertas escopetas de -fuego, y algunas ballestas que llevaban, de los tiros de las cuales -cayeron muertos luégo no sé cuántos, y como vieron los pobres indios -salir el fuego y oyeron el trueno, pensaron que eran rayos, y que los -españoles tenian poder para con rayos matallos; vuelven apriesa las -espaldas, sin quedar uno que huir pudiese, todos tan espantados, que -no creian sino que los nuestros eran diablos. Van tras ellos, sueltos -los perros, como tras una grey de ovejas ó carneros, y á cuchilladas, -á unos cortaban las piernas y desjarretaban, á otros los brazos, á -otros alcanzaban y cortaban las nalgas, á otros á estocadas pasaban -de parte á parte, á otros desbarrigaban, y los perros, por su parte, -desgarraban y hacian muchos pedazos. Quedó muerto allí el negro Rey -y señor, con sus principales, que venian, señalados, y hasta 600 -hombres que pudieron alcanzar; prendieron algunos y llegaron al pueblo -donde captivaron otros, y robaron todo lo que valia algo, no supe qué -cantidad en él hallaron. Entre los presos que allí tomaron, fué un -hermano del mismo señor, y otros, no sé cuántos, que, diz que, andaban -vestidos de hábito de mujeres, á los cuales, juzgando que del pecado -nefando eran inficionados, los mandó luégo, sin otra indagacion ni -juicio, aperrear, conviene á saber, echar á los perros bravos, que, -mirándolos y regocijándose, como si miraran una graciosa montería, en -un credo los despedazaron. Todas estas obras, que por aquella tierra -Vasco Nuñez y sus compañeros hacian, era disponer aquellas gentes -para que amasen el nombre cristiano y se aficionasen para rescibir -la religion cristiana; bien creo que pensaban los pecadores que -ofrecian á Dios algun sacrificio agradable, so color que punian ó -castigaban los quebrantadores de la ley natural, no advirtiendo, con su -ceguedad, cuántas más veces ellos á cada paso la quebrantaban con muy -mayores ofensas de Dios, destruyendo aquellos reinos y tantas gentes -en ellos, y haciendo heder el nombre de Jesucristo entre aquellas -naciones, con sus obras tan detestables, como dellos dijo Sant Pablo. -Y que fuera verdad muy bien averiguada que aquellos que traian aquel -hábito mujeril era por aquel pecado, ¿quien hizo juez á Vasco Nuñez, -ó con qué autoridad se constituyó Alcalde en señorío y jurisdiccion -ajena, siendo él súbdito de aquellos naturales señores por estar en su -tierra, y que de justa justicia, por sus tiranías, invasiones y robos -tan universales, y por toda ley natural, divina y humana, dañados, si -fuerzas tuvieran, podian hacerlos cuartos y tajadas? Cuanto más que áun -traer algunos aquel hábito podia ser por otra causa, sin pensar en cosa -del pecado nefando; ésto parece poder haber sido, por lo que refiere -Galeno sobre Hypocras, en el tractado de _Aere et aqua_: Cuenta Galeno -allí, que muchos de los scythas, naturales de Scythia, region última -de Europa, porque hay otra en Asia, son como eunucos, inhábiles para -ser casados, por lo cual hacen todos los oficios de las mujeres, así -en hablas como en obras, y llámanlos afeminados oficios, digo, no de -vicios sino honestos, los que las mujeres hacen, á los cuales adoran -y reverencian los vecinos de aquella tierra, temiendo no les acaezca -el mismo defecto que aquellos padecen; aquel defecto atribuyen á Dios -ó á la voluntad de Dios, por sus pecados. La causa de venir ó caer en -él, dice Galeno que le parece ser la vieja y continua costumbre que -tienen de andar á caballo, porque les vienen ciertos dolores, y de -traer las piernas siempre colgadas hácense algo cojos, y, creciendo la -cojedad, encójenseles las chuecas de los piés ó desencajánseles, para -cura de lo cual sángranse de ambas á dos venas detras de las orejas, -y, por la mucha sangre que les sale, sucédeles flaqueza, y luégo tras -ella el sueño; habiendo dormido, algunos se levantan sanos, y algunos -no, y porque las venas detras de las orejas son de tal naturaleza, -que sangrándolas causan esterilidad, de aquí es que, cuando quieren -tener la secreta conversacion con sus mujeres, se hallan estériles, y -la primera vez pasan pacientemente, pero á la segunda, ó á la tercera -creen haber ofendido á Dios, y por consiguiente ser su voluntad en -aquello castigarlos. Luégo, dice Galeno, que se visten trajes ó -vestidos de mujeres, y confiesan públicamente ya no ser hombres, -sino afeminados hechos, y, por tanto, se pasan al consorcio de las -mujeres para ejercer los oficios y operaciones mujeriles con ellas. -En este daño é inconveniente incurren los más nobles y más ricos, -principalmente, por causa de andar á caballo más á la contina, pero los -pobres y de baja suerte que no alcanzan caballos, en tal oprobio nunca -se vieron; todo ésto es de Galeno. Luégo posible cosa fué, que no por -fin de cometer aquel vicio nefando se usase traer los hombres hábito de -mujeres por aquella tierra firme, y, por consiguiente, haber ofendido -gravísimamente á Dios Vasco Nuñez y sus consortes, aperreando aquellos -indios por aquel título, aunque tuviera jurisdiccion y fuera competente -juez, cuanto más que no lo era sino súbdito, él y todos los que con él -iban, de aquel Cacique y señor de aquella tierra, como queda dicho. - - - - - CAPÍTULO XLVIII. - - -Ya iban algunos de los españoles, de hambre y cansancio, enfermos, -á los cuales dejó Vasco Nuñez allí en el pueblo del cacique y señor -Quarequa, y pidióles gente de guía y para llevar sus cargas, para -despedir algunos de los de Ponca, y con ésto comienzan á proseguir -lo que les restaba para llegar á la cumbre de la sierra, de donde -la otra mar del Sur decian que se habia de ver. Habria, desde el -pueblo del cacique Ponca hasta la dicha cumbre de aquellas montañas, -andadura de seis dias, como 40 leguas, y no pudieron llegar á ella -sino en veinticinco dias, por la aspereza de la tierra, y porque -siempre padecian penuria de comida, y el poco descanso que de contino -tenian. Finalmente, llegaron á la cumbre de las más altas sierras á -25 dias de Setiembre de dicho año de 1513, donde la mar del Sur se -parecia. Avisaron los indios de Quarequa, un poco ántes que á la cumbre -subiesen, á Vasco Nuñez, como estaban ya muy cerca; manda que todos -allí se paren y asienten, sube él sólo en la cumbre de la sierra, y, -vista la mar del Sur, da consigo luégo en tierra hincado de rodillas, -y alzadas las manos al cielo da grandes alabanzas á Dios, por la -merced tan grande que le habia hecho en que fuese el primero que la -descubriese y viese; llama con la mano á toda la otra su gente, vienen -todos, torna él otra vez á hincarse de rodillas y á repetir las gracias -á Dios de aquel beneficio, y lo mismo hacen todos ellos. Los indios -que llevaban estaban todos como atónitos viendo el regocijo y alegría -dellos. Comienza luégo á encarecer las buenas nuevas que le habia -dado el hijo del rey Comogre, y prometíales á todos gran felicidad y -riquezas, y diciendo: «Veis aquí, señores y hijos mios, cómo se van -cumpliendo nuestros deseos y el fin de nuestros trabajos, y dello -debemos estar ciertos, porque, así como ha salido verdad lo que el -hijo del rey Comogre nos certificó desta mar, que nunca tal pensamos -ver, así tengo por cierto que se cumplirá lo que nos dijo de haber -incomparables tesoros en ella, y Dios que nos ha ayudado y su bendita -Madre, á que hasta aquí llegásemos y la viésemos, nos favorecerán para -que de todo lo que en ella hobiere gocemos.» Todos se holgaban de -oillo y todos creian y esperaban lo mismo, porque todos estaban con -aquel pio de ser ricos, y no era de todos más de un fin, que era su -grande cudicia. Comienza luégo á tomar por fe y testimonio, como, en -nombre de los reyes de Castilla, tomaba posesion de aquella mar, y de -todo lo que en ella habia, y en señal de posesion corta árboles, hace -cruces, allega piedras y amontona muchas dellas; en árboles grandes, -con un cuchillo, escribe el nombre de los reyes de Castilla. Cura luégo -de descender las sierras abajo, y descubrir lo que por ellas y en la -costa de la mar habia; supo que cerca de allí estaba la poblacion ó -poblaciones de un otro señor, llamado Chiapes, y que tenia mucha gente. -Fué siempre sobre aviso, y porque no ménos lo estaba el Chiapes, por -las nuevas que de los nuestros tenia, salióles al camino con mucha -gente de guerra á resistilles, haciendo fieros como se ven tantos en -número y á los nuestros tan poquitos, hasta que por experiencia, con -daño grande suyo, saben cómo cortan nuestros cuchillos; no por eso -huyen ni se retraen los nuestros, ántes, lo primero, saludáronlos con -las escopetas y ballestas, y luégo sueltan los perros. Como los indios -vieron el fuego que salia de las escopetas, y oyeron los truenos que -retumbaban por aquellos montes, y el hedor de la pólvora y piedra -zufre, y que parecia que le salia todo de las bocas, no pensaron sino -que se les abrian los infiernos, y vistos de sí mismos los caidos -muertos, y los perros que destripaban á los que acometian, vuelven -las espaldas todos por salvarse, cada uno huyendo cuanto más podia. -Siguen los españoles tras los perros, matando algunos de los que -alcanzaban, para pagar las primicias de su evangelio, puesto que no -todos los que matar pudieran, porque por entónces no pretendian matar -muchos sino prender, para por medio de los presos hacer amistad con -el señor Chiapes, porque no se impidiese su camino que llevaban de -descubrir lo que por aquella costa y mar habia. Llegan al pueblo, y de -los muchos que prendieron soltaron algunos, que fuesen por mensajeros -al señor, y con ellos algunos de los que del señor que quedaba atras, -Quarequa, traian, avisándole y asegurándolo de no hacelle más mal con -que fuese su amigo, porque, de otra manera, que le hiciesen cierto -que ni él ni cosa suya quedarian vivos; el cual, temiendo que no le -echasen rayos, truenos, ni relámpagos por la boca para consumillos, -como tenian creido, acuerda de venir y ponerse en manos de sus tan -molestos enemigos. Trujo consigo 400 pesos de oro, que no debia de -tener más, porque puesto que lo habia por aquella tierra, pero como -hacian poco y ningun caudal dello, no curaban de propósito sacallo, -sino era acaso; recibiólo Vasco Nuñez y todos muy graciosamente, y -dióle de las cosas de Castilla que tenia, contezuelas de vidrio, -espejos, cascabeles, tijeras y hachuelas. Despidió de aquí Vasco -Nuñez los indios que traia del pueblo de atras, y del señor Quarequa, -dándoles de las mismas cosillas, con que fueron, aunque mal pagados, -contentos, y envió á llamar los españoles que allí habian quedado mal -dispuestos; entre tanto que venian estuvo en aquel pueblo de Chiapes -con él, haciendo y rescibiendo buen tractamiento, y envió desde allí á -descubrir la costa de la mar y lo que habia por la tierra á Francisco -Pizarro, y Juan de Escaray, é Alonso Martin, de Don Benito, con cada -12 hombres, mayormente que buscasen caminos que á la mar saliesen por -más cerca. El Alonso Martin acertó con el camino más breve, y á los -dos dias llegó donde halló tres canoas en seco y no vido mar ninguna, -y estando considerando cómo aquellas canoas estaban tan dentro en la -tierra sin agua, llega el agua de la mar de presto, y levanta las -canoas en alto un estado ó poco ménos; la causa es, porque por aquella -costa cresce y mengua la mar, cada seis horas, dos ó tres estados, de -manera que los navíos grandes quedan en seco, y no parece agua de -la mar por buena media legua. Visto las canoas nadar, entra luégo el -Alonso Martin en una, y dice á sus compañeros, «sedme testigos, como -yo soy el primero que en la mar del Sur entra», otro, llamado Blas -de Atienza hizo lo mismo, y dijo que fuesen testigos que él era el -segundo que aquello hacia; tornaron luégo á Vasco Nuñez con las nuevas, -con las cuales hobieron todos regocijo nuevo. Venidos los españoles -que dejó en Quarequa, ruega Vasco Nuñez al señor Chiapes que vaya con -él y lleve consigo parte de su gente; place á Chiapes hacelle buena -compañía, y dejado en su pueblo parte de los españoles que, no tan -bien, por su cansancio é indispusicion, podian ir, llega Vasco Nuñez -y Chiapes, con 80 españoles y muchos indios, á la mar, y métese hasta -los muslos en ella con una espada y una rodela, toma luégo testigos -y pide testimonio, como vé y toca con su persona y toma posesion de -toda aquella mar del Sur y de todo lo que á ella pertenecia, en nombre -de los reyes de Castilla, y que esta posesion defenderá contra todos -los que la contradigan, y hace para ésto muchos actos y diligencias. -Tomó nueve canoas, que debian ser de Chiapes, y pasa un gran rio -para ir á la tierra y pueblos de otro señor llamado Coquéra, la -media luenga: éste, sabido que iban los españoles á su tierra, sale -con toda su gente á les resistir, el cual llevó, como los de atrás, -en la cabeza: matáronle alguna gente, y él con los demas toman su -ordinario remedio. Envia Vasco Nuñez algunos de la gente de Chiapes, -amonestando que venga á ser su amigo, si nó que hará en ellos lo que -en los otros suele; hicieron los mensajeros chiapenses su mensaje -fielmente, loando á los españoles de buenos, y que no querian sino -oro, y tener á todos por amigos, que viniese á ellos sin miedo, porque -así lo habian hecho su señor Chiapes y los otros señores de aquella -tierra, y que si no lo hacian padecerian gran peligro, porque eran los -cristianos invictísimos, etc.; bien habian entendido las cualidades -de los nuestros, y cuán seguros creian que los tristes estaban de la -bondad y justicia de los nuestros, aunque en el fin dellos no iban -muy aviesos. Finalmente, hizo Quarequa lo mismo que los otros, y vino -con su ofrenda, que fueron 650 pesos de oro, pocos más ó pocos ménos; -rescibióle Vasco Nuñez con mucho placer, dále de las cosas de Castilla, -como á los primeros, ofrecénle amistad y paz, puesto que se les tornó á -todos en la de Judas, y los cascabeles y cuentas que les daban, en cebo -de anzuelos y carne de buitrera. - - - - - CAPÍTULO XLIX. - - -Dejado así el rey Quarequa contento, tórnanse al pueblo de Chiapes, -donde holgando algun dia, no se les cocia el pan, en especial á Vasco -Nuñez que no podia estar quieto; deliberó de ir á descubrir algo por -la mar, un golfo que por allí parecia entrar mucho en la tierra, -especialmente. Desque Chiapes vido su determinacion, persuadíale y -rogábale mucho que no lo hiciese por entónces, porque era muy peligroso -navegar por aquella mar en aquel tiempo, y señalaba tres meses del año, -conviene á saber, Octubre, y Noviembre, y Diciembre; pero Vasco Nuñez -no por aquellos miedos y peligros se detiene, diciendo que Dios los -habia de ayudar, porque de aquel viaje habia de salir mucho servicio -á Dios y aumento de su fe, por los tesoros grandes que se habian de -descubrir, para que los reyes de Castilla hiciesen guerra contra -infieles. Su grande ambicion y cudicia envolvia y aburujaba con el -servicio de Dios, que nunca pretendió, sino hacerse á sí, de sangre de -hombres inocentes, rico. El cacique Chiapes, porque no pareciese que no -le guardaba toda fidelidad, como buen amigo, aunque sabia el peligro -en que se ponia, todavía quiso acompañalle y seguille. Embarcáronse -Vasco Nuñez y Chiapes, y 80 españoles de los más sanos de todos los -que tenia, los demas déjanlos allí en las nueve canoas dichas, y para -remallas y ayudar en todo lo que se ofreciera muchos indios, y porque -entraron en el golfo susodicho, dia de Sant Miguel, que es á 29 de -Setiembre, púsole aquel nombre, como hoy lo tiene. Sucedió luégo, en -entrando, apartados algo de tierra, tan grandes olas y tan bravas, que -Vasco Nuñez, por haber tomado el consejo de Chiapes, renunciara todas -las riquezas del mundo que tuviera. Fué grandísima ventura todos no -perderse, y los indios, que suelen nadar como peces, mostraban más el -peligro en que se vian, por las muchas veces que sabian peligrar en -aquel golfo por experiencia, y este miedo que mostraban los indios -causaba á los españoles mayor desconfianza de su buena suerte. La -causa de andar la mar en aquel golfo, sin que haga viento, tan brava -é inquieta, es las muchas isletas y arracifes, ó peñascos, que hay -en él. Tomaron por remedio los indios, como maestros en aquello, que -se juntaron unas canoas con otras, y atáronse con cuerdas, porque -atadas no se trastornan tan fácilmente; llegáronse al reparo de una -isleta, y saltaron en tierra, ligando las canoas, ó á las peñas, ó á -algunos arbolillos mariscos que allí crescen, donde estuvieron toda la -noche con muy poco ménos tormento que si luégo vieran la muerte, y no -estuvieron muy léjos della, porque, creciendo la mar, cubrió toda la -isleta como si no hobiera en ella tierra ó peñas, y ellos en el agua -hasta la cinta, ó poco ménos. Venido el dia, y tornando á bajar la mar, -van á ver sus canoas, de las cuales hallan algunas hechas pedazos, -otras abiertas por muchas partes, y todas llenas de arena y de agua -salada, y en ninguna hato ni comida, de todo lo que en ellas tenian, -hallaron. No hay mucho aquí que dudar de cuánta miseria, angustia, y -tristeza estarian llenos y sobrepujados; viéndose así tan cercanos á -del todo perecer, comenzaron á socorrerse, desollando cortezas de los -arbolillos marinos que allí estaban y majándolas, y con ellas y con -hierbas, tajaban y tupian las hendiduras de las canoas que no estaban -del todo quebradas, y, como mejor pudieron, tornáronse á embarcar -con muy grande peligro, y padeciendo terrible hambre. Van en demanda -de la tierra de un señor llamado Tumaco, que está en un rincon del -mismo golfo, y éste hallaron, para resistilles, aparejado, el cual -les dió una batalluela, de las que los desnudos, donde no tenian -hierba ponzoñosa, solian dar; venciéronlo, aunque flacos de hambre, y -ahuyentáronlo como á los de atras, quedando los que alcanzaron, por -los perros y con las espadas, hechos pedazos, y el mismo Cacique bien -descalabrado. Envió luégo el cacique Chiapes mensajeros de su gente -al Tumaco, avisándole de la fortaleza de los españoles, y cuán crueles -eran contra los que no se les daban, y cuán bien trataban los que -tenian por amigos, como hacian á él y á los otros señores que quedaban -en los caminos por donde venian. No habia Chiapes aún experimentado -el tractamiento que despues le hicieron, y como no era oro todo lo -que relucia en los españoles, y como habian todos de perecer en las -minas y en los otros trabajos en que los pusieron para hacerse ricos, -y por ello sacalles la sangre. Tumaco no quiso ser persuadido de los -mensajeros de Chiapes, y, cierto, en su seso estaba; tórnale á enviar -otros mensajeros, ó otra vez los mismos, avisándole, como amigo, porque -tuviese por cierto que, si no venia, no se podia escapar de sus manos, -donde sería cruelmente muerto, y todo su señorío disipado, y todo lo -demas que pudo envialle á decir, para movello, le significaron. En -fin, convencido de las razones y temores que le pusieron, acordó de -sacar de la necesidad virtud; pero él no quiso venir, mas envió su -hijo, al cual Vasco Nuñez rescibió muy bien, y creo que le dió una -camisa y otras cosillas, y tornólo á enviar á su padre, amonestándole -que le dijese todo el mal y bien que podian los españoles hacerle, -por eso, que no tardase ni porfiase á perseverar en no querer venir -á ser su amigo. Viendo Tumaco que así habian tratado á su hijo, -creyendo que así sería todo y siempre, al tercero dia determinó de -venir bien acompañado de su gente y principales, pero no quiso traer -consigo nada que ofreciese para la lámpara que tanto ardia, y aquella -ofrenda deseaba. Rescibióle con mucha fiesta Vasco Nuñez y los demas, -y aseguráronlo mucho, hablóles Chiapes, loando mucho á los españoles, -que eran buenos amigos, y que era razon de los abrigar y ayudar, pues -eran extranjeros y estaban en sus tierras, y otras cosas para lo -atraer á la confianza y amistad de los cristianos; él, así aplacado y -confiado por las palabras de Chiapes y por la conversacion alegre que -experimentaba, envió de la gente que consigo trujo, ciertos criados -á su casa, los cuales trujeron ciertas joyas de oro, y, lo que más -valia y más se estimó, y con razon, trujeron 240 perlas gruesas, muy -preciosas, y de otras menudas, muchas. Desque Vasco Nuñez y todos las -vieron, no se podia encarecer el alegría y regocijo que tuvieron, -creyendo que ya se les acercaban las riquezas inmensas que el hijo del -rey Comogre les habia denunciado, por lo cual se tenian por los más -bienaventurados del mundo, y daban ya por bien empleados todos sus -trabajos, que no eran mucho menores que infernales. Las perlas grandes, -como dije, eran de mucho valor, salvo, que por echar los indios en el -fuego las ostias donde ellas están para las abrir, salian ahumadas, -y no tan blancas como ellas lo eran y son de su natural. Despues, el -tiempo andando, enseñaron los españoles á los indios como abriesen -las ostias, sin fuego, más aína y con más cuidado y continuacion que -la doctrina cristiana, porque no viene alguno dellos por aquel fin -acá, y ésto, cierto, creo, por lo que habemos largamente visto, que lo -podemos afirmar sin pecado; pues como viese Tumaco que tanta fiesta -se hacia por las perlas, y que todos dellas se admiraban, por mostrar -ser liviandad y que él las tenia en poco, envió luégo ciertos indios, -mandándoles que fuesen á pescar más, los cuales se dijo que trujeron, -desde á cuatro dias, dellas tantas que pesaron 12 marcos. Todo ésto -era materia para que los nuestros no pudiesen tragar la saliva de -gozo, tanto les crescia la esperanza de su desideratísima felicidad. -Todos los españoles y indios estaban en grandísimo regocijo; los -españoles, por los argumentos que juzgaban serles todo aquello de su -bienandanza, y los indios, mayormente los Caciques, por el amistad de -los cristianos, creyendo que aquella les habia de durar, y que los -españoles estimaban en mucho el oro y perlas que ellos tenian en nada, -y que se contentaran con lo que les daban y no quisieran dellos más, -y mayormente se holgaba Chiapes por haber sido medianero de la paz y -amistad de Tumaco y los cristianos. Certificaron Chiapes y Tumaco á -Vasco Nuñez, estar una isla distante de allí obra de cinco leguas, -segun por señas señalaban, dentro en aquel golfo, donde señoreaba un -Rey gran señor, en la cual habia gran multitud de ostias muy grandes, -en las cuales se criaban perlas tan grandes como aceitunas, y como -habas, segun por señas significaban. Oido Vasco Nuñez de la isla y -de la riqueza de las perlas, no podia caber en sí por la excesiva -alegría, dice que luégo quiere pasar á ella é que aparejen las canoas; -los dos Caciques amigos le ruegan que no se ponga en aquel peligro en -tal tiempo, que lo deje para el verano, cuando la mar está en sosiego, -y entónces podrá ir á su placer y alcanzar cumplimiento de su deseo, -y que para entónces ellos con su gente le acompañarian. Temió Vasco -Nuñez no le acaeciese lo que de ántes habia padecido en la isleta, y -así tuvo por bueno el consejo de aquellos Caciques sus amigos. Díjose -que aquel cacique Tumaco dió nuevas á Vasco Nuñez, como por aquella -costa en adelante, señalando hácia el Perú, habia grande cantidad de -oro, y ciertos animales sobre que ponian sus cargas las gentes della, -y que de barro hizo una figura como las ovejas de aquella tierra, con -el pescuezo que tienen, que parece propio de camello; estaban los -españoles admirados, dellos decian que mentian, dellos pensaban si -eran camellos, dellos si eran ciervos ó dantas, que las hay en muchas -partes de tierra firme, que son como terneras chiquitas, pero difieren -porque tienen las piernas muy chicas, cuasi un palmo del suelo, y creo -que carecen de grandes cuernos: y éste fué el segundo indicio que Vasco -Nuñez alcanzó de las riquezas y estado del Perú. - - - - - CAPÍTULO L. - - -Con todas estas tan nuevas nuevas, cargado de larguísima esperanza -de las riquezas de oro y perlas que esperaba de descubrir el verano -venidero, y que nunca gozó aunque las habia mayores que jamás fueron -imaginadas ni soñadas, Vasco Nuñez acordó, muy contento, y alegre, y -triunfante, volverse al Darien; despidió allí los caciques Chiapes y -Tumaco, que se quedasen muy enhorabuena, dándoles gracias por lo que -por él y los suyos habian hecho, y en especial á Chiapes, que más -con él habia trabajado y más seguídole, y abrazándolos, y ellos á -él (mayormente Chiapes lloró mucho apartándose dél, porque, cierto, -comunmente los indios aman á los que no les hacen mal), y con alguna -muestra de querellos bien de veras, dejó con él los españoles que -estaban mal dispuestos y flacos, encomendándoselos tuviese cargo -dellos, hasta que estuviesen buenos y pudiesen irse tras él, dióle -todos los indios que hobo menester, que le llevasen las cargas y -acompañasen hasta donde quisiese servirse dellos. Fueron por otro -camino que habian venido, y aportaron á la tierra y señorío de un -otro Cacique llamado Teaocham; éste, sabido que iban y las obras que -hacian á las gentes donde llegaban, si no les salian á rescibir, -como no tuviese fuerzas para les resistir, acordó salirles de paz al -camino, y hacelles todo el rescibimiento de amistad y benevolencia, y -acogimiento, y servicio en su pueblo que le fué posible; trujo ante -sí consigo su presente, que ofreció á Vasco Nuñez, 1.000 castellanos -de oro en piezas labradas por muy lindo artificio, y 200 perlas muy -finas, puesto que algo turbias por haberlas sacado de las conchas ó -ostias al fuego. Dióles abundantemente de comer de todo lo que tenia, -y hospédalos, en todo lo que pudo, como si fueran sus deudos y amigos, -y á toda la gente que de Chiapes traia; rogó á Vasco Nuñez que diese -licencia que se tornasen á su tierra los chiapenses, porque estando -en su casa, no les habia de faltar cosa de lo que tuviese. Fué así, -é mandóles dar comida para su camino. Holgáronse allí con Teaocham -dos ó tres dias, y porque el camino para el Darien, desde allí, era -despoblado mucha parte, y de altísimas y estériles sierras, donde habia -muchos tigres y leones, proveyóles de mucho bastimento, bizcocho, y -pescado salado, y otras cosas, y mucha gente que le sirviese y llevase -las cargas, y hombres de sus principales, y con ellos por Capitan, -para que mandase y ordenase á todos por el camino, el mayor y más -amado hijo que tenia, mandándole que no se apartase de los españoles -un credo, ni se volviese, ni él ni hombre de los que con él iban, sin -voluntad y mandado de Vasco Nuñez. Guiaron su camino los indios por -la tierra de un otro señor, mayor que todos los que atras quedaban, -que debia de ser enemigo dellos, del cual justa ó injustamente se -quejaban, y quisieran, por ventura, que los españoles á quien tenian ya -por invencibles, hicieran guerra contra él, que Pacra se llamaba; éste -Pacra, gran señor, no osó salir de guerra ni de paz, sino escondióse; y -ántes que aquí llegasen, subiendo por unas aspérrimas sierras, que no -tenian por mucha parte del camino agua, padecieron tan terrible sed, -que si no fuera por las guías, que, apartado del camino en un rincon de -un valle, mostraron una fuente, hombre dellos no escapara. Llegados al -pueblo de Pacra, halláronlo todo vacío de gente, aunque no faltó que -robar, porque 3.000 pesos de oro en joyas hallaron; envió Vasco Nuñez -mensajeros, que por los montes lo buscasen y le dijesen que viniese á -verlos sin temor, y que sería su amigo, y si no que lo iria á buscar y -lo haria echar á los perros que le hiciesen pedazos como habia hecho á -los demas. Pacra, temiendo su severidad y la ferocidad de los perros, -que ya eran temidos por toda la tierra más que los diablos, acordó -venir (aunque tarde porque no osaba), é ponerse en sus manos habiéndolo -asegurado; trujo consigo otros tres señores, que debian quizá ser sus -vasallos y con gente acompañado. Era, segun escribió Vasco Nuñez -al Rey, este señor Pacra feísimo de gesto, y de todos los miembros, -diferente de otros hombres, desproporcionado, que de vello todos se -admiraron. Dijo Vasco Nuñez, que otros Caciques y señores comarcanos, -sabido que Pacra habia venido á ver á los españoles, vinieron á -quejarse dél, que les habia hecho muchos agravios, y que por ésto -determinó de matarlo; con éste acuerdo, primero preguntóle blandamente, -como rogándole, que dijese dónde se cogia el oro de aquella tierra, -que de abundar dello tenia mucha fama; respondió que no sabia; -hácele muchas amenazas, dále muchos tormentos, no le aprovechó nada. -Preguntado de dónde habia habido aquellos 3.000 pesos que le tomaron, -respondió que ya eran muertos los que sabian sacallo en tiempo de sus -padres y suyo, y que despues que habia crecido en edad, de mandar -buscar ni sacar oro habia tenido poco cuidado. Hízolo, en fin, echar á -los perros con los otros tres señores que habian venido á acompañallo, -que los hicieron pedazos, y despues de muertos por los perros, hízolos -quemar. Bien es aquí de notar la gran tiranía y ceguedad deste pobre -Vasco, que, habiéndolo asegurado, y venido confiado del seguro, y sin -le haber ofendido, dalle tal pago, y tambien ¿qué juez era él en el -señorío de Pacra, siendo por toda la tierra tirano y haciendo á todos -los señores della obras de tirano, para conocer de las quejas que los -otros Caciques, de Pacra daban? Item, ya que tuviera jurisdiccion sobre -Pacra, á cuya jurisdiccion era él ántes, de ley natural, subjeto, -¿seguíase que, porque los otros de aquel se quejasen, tuviesen razon -ni justicia de agraviarse? Item, ¿qué sabia Vasco Nuñez, si aquellos -eran sus vasallos, como quiera que fuese gran señor, y por rebelársele -ó querérsele rebelar, viendo la fuerza de los españoles, le levantaban -achaques? Item, ¿oyó en juicio contradictorio á Pacra, fué convencido -en él despues de jurídicamente muy examinada la causa y entendido su -lenguaje, de que apénas entendia tres palabras, para que á él y á los -otros tristes tres señores, que de su seguridad se fiaron, echase á -los perros que los despedazasen? Pero, cierto, harto más injusto é más -infelice y más feo parecia y era Vasco Nuñez, ante el acatamiento -de Dios, haciendo las injusticias y tiranías é infestaciones que por -toda aquella tierra cometia él y los demás, teniendo el apellido y -nombre cristiano, que Pacra aunque más feo é injusto fuese, dado que -los que dél se quejaban dijesen verdad, cuanto más que quizá no lo -era, y no era Vasco juez para examinallo, ni lo podia, por falta de -saber la lengua, examinar, sino el oficio que á él le competiera, -por ser cristiano, era ser medianero entre ellos, hacellos amigos y -ponellos á todos en paz, lo cual pudiera muy bien hacello y con mucha -facilidad. Despues que los españoles que dejó en el pueblo de Chiapes -se sintieron en breve dispuestos para caminar, siguieron á Vasco -Nuñez acompañados con gente y bastimentos de Chiapes; viniéronse por -cierto señorío y casa de un otro Cacique y señor, llamado Bononiáma, -la penúltima sílaba luenga. Este, como los vido, recibiólos con toda -alegría y benignidad; hospédalos como si fueran sus hermanos, dáles en -presente 2.000 castellanos. Descansados un dia ó dos pártense, y el -mismo señor, con mucha provision de comida y muchos servidores, los -quiso acompañar hasta ponellos donde Vasco Nuñez estaba; llegado al -pueblo de Pacra donde áun estaban, toma á algunos por la mano y dice á -Vasco Nuñez: «Ves aquí, hombre valiente y esforzado, tus compañeros, -los cuales, así como en mi casa entraron, buenos y sanos, te los -traigo; el que hace los truenos y relámpagos y nos da los fructos de -la tierra, y nos mantiene, á tí é á ellos os guarde.» Esta sentencia -creian que pretendia significar su plática, y cuando decia alzaba -los ojos al sol, por manera que al sol debian de tener por Dios, ó -por dador de los bienes temporales; otras muchas palabras dijo, que -parecian ser de amor, que aunque no se entendian en este sonido las -interpretaban. Vasco Nuñez, como mejor pudo, le mostró referille -agradecimiento y muchas gracias por haber hecho tan buen acogimiento y -hospedaje y compañía á los españoles; dióle muchas cosillas de las de -Castilla, que allí tenia, que él tuvo por gran favor y riqueza. Supo -dél muchos secretos del oro de aquellas provincias, y de las tierras -vecinas, segun Vasco Nuñez escribió al Rey, entre las cuales debió de -tener aviso de las cosas del Perú, segun en su carta al Rey encarecia. -Despidióle, para que se volviese á su casa y tierra, con grande amor -y alegría, quedando ambos confederados en amistad perpétua. Estuvo -reposando Vasco Nuñez y su compañía en el pueblo de Pacra, que hizo -despedazar á los perros, treinta dias, donde se rehicieron y cobraron -todos fuerzas, porque todos venian, y los más sanos, de los grandes -trabajos, y hambres muchas veces, muy deshechos. Partióse de allí, -acompañándoles siempre la gente que traia del cacique Teaocham, que -arriba dijimos salirle á rescibir voluntaria y graciosamente; tomaron -la ribera en la mano del rio de Comogre, del cual tomó el nombre la -region y tierra, y el mismo Cacique, cuyo hijo significamos arriba que -dió á Vasco Nuñez las nuevas del Perú y de sus riquezas. Subieron unas -sierras terribles y aspérrimas, despobladas, sino fueron dos Caciquejos -paupérrimos que topó en un poblezuelo, que no debian tener labranzas, -sino pocas, como hombres muy montañeses; aquestos llevó consigo por -guías, y tomado de allí algun poco bastimento, yendo de sierra en -sierra, sin camino, y á veces por ciénagas donde se sumian, si no iban -sobre aviso, fueron tres dias con trabajo nunca oido, y algunos de los -indios teaochenses, de hambre, cansancio y flaqueza, y tambien de los -españoles, desfalleciendo. Era aquella tierra no andada, porque, aunque -habia algunos pueblos, no comunicaban unos con otros, contentándose -cada uno con lo que tenia; llegaron á un pueblo de un Cacique, -nombrado Buchebuca, el cual hallaron todo vacío, porque, sintiendo que -los españoles venian, huyeron él y toda su gente. Envió á buscallo -algunos indios de los teaochenses, que todo lo trabajaban y suplian; -halláronlo por los montes ó sierras, escondido; aseguránlo de parte -de los españoles, respondió que él no habia huido de miedo, sino de -vergüenza y tristeza, por no se hallar con tanto bastimento, y comida, -y aparejo para rescibirlos, segun ellos merecian, pero que, en señal -de amistad y confederacion con ellos, rescibiesen aquellos vasos y -piezas de oro que los enviaba, pidiéndoles perdon porque más no podia -servirles. Salieron de aquel pueblo harto desconsolados y hambrientos -y con mucha flaqueza, porque como era mucha gente los españoles y -los indios, que les traian las cargas y les servian por el camino, -y no traian acémilas ni carretas para traer los bastimentos, donde -quiera que llegaban, puesto que les diesen mucho, y cuanto bastimento -tenian, como no podian los indios llevar más de dos ó tres arrobas á -cuestas y comian todos dello, en dos dias que andaban por despoblado -no tenian que comer. Viniendo su camino, asomaron ciertos indios por -un cerro y hicieron señas que los esperasen, que los querian hablar; -Vasco Nuñez mandó que todos parasen, pregúntales que qué es lo que -quieren; comienzan: «Nuestro señor Chioriso os envia á saludar, y dice -que quisiera mucho que fuérades á su pueblo, por mostraros el amor que -os tiene, aunque no os ha visto, por la fama que teneis de valientes -hombres; ha oido decir que haceis mal y perseguís á los que hacen mal á -otros, y él tiene un enemigo, gran señor, de quien rescibe mucho daño, -y querria que le ayudásedes; éste tiene mucho oro, del cual podríades -vosotros gozar, pero mi señor, en señal del bien que os quiere y os -desea, os envia estos 30 platos ó piezas de oro, prometiendo que os -dará muchas más si teneis por bien de ir á donde él está.» Pesaban, á -lo que entendí, 1.400 castellanos. Vasco Nuñez mostró agradecérselo á -su señor, dándoles esperanza que algun dia iria á visitallo, y envióle -ciertas hachuelas de hierro, que por ellas le dieran de oro diez veces -más, y pensaran que no se las pagaban. Despidiólos muy alegres y ricos -con sus hachas, y llenos de esperanza que algun dia los iria á visitar, -y él con su hueste prosigue por su camino adelante. - - - - - CAPÍTULO LI. - - -Iban todos tan cargados de oro, que más indios con cargas de oro que -con bastimentos y comida ocupaban; pero, aunque el oro de su propia -naturaleza tiene virtud de alegrar, la mucha hambre y cansancio que -padecian los llevaba tan tristes y atribulados, que consuelo ninguno -en su corazon podia entrar; bien podemos presumir, que si llegaran -á un bien proveido meson de comida, que ni estuvieran regateando en -el precio, ni les faltara de que lo pagar. Prosiguiendo su camino, -llegaron á la tierra y señorío del cacique Pocorosa, el cual luégo -huyó, pero enviándole mensajeros y asegurándolo que no rescibiria daño -alguno, luégo tornó; presentó á Vasco Nuñez 1.500 pesos de oro, y -ciertos indios que debia tener por esclavos, Vasco Nuñez le dió de sus -diges de Castilla, y algunas hachas con que lo contentó; estuvieron -allí treinta dias teniendo bien de comer, donde rehicieron las fuerzas -que traian harto disminuidas y flacas. Queriendo se partir de aquel -pueblo de Pocorosa, y preguntando por el camino, fuéle dicho que habia -de pasar, de necesidad, por el señorío del rey Tubanamá, la última -sílaba aguda; y éste era el gran señor, y á quien temian todos los de -aquellas regiones por su mucho poder y valor, de quien dió noticia el -hijo de Comogre, como en el cap. 41 hicimos relacion; llamó á todos -los españoles Vasco Nuñez, y díceles que conviene ántes que Tubanamá -tenga noticia dellos irlo á saltear y prendello, lo cual parecia -deberse hacer así al cacique Pocorosa, que era su capital enemigo. -Respondieron que se hiciese como le parecia, y que luégo se partiesen -ántes que por alguna vía Tubanamá fuese avisado. Tomó 60 hombres, los -más dispuestos, ligeros y sanos, y de mejores ánimos, con cantidad -de indios que le dió Pocorosa, los demas españoles, que estaban -indispuestos y flacos, dejó allí para que descansasen y se recreasen; -partióse Vasco Nuñez con sus 60, trasnochando, y lo que habian de andar -en dos dias anduvieron en uno, y así una noche, á la prima, dieron en -él, que estaba bien descuidado, y lo prendieron. Dijeron que tenia 80 -mujeres; á ellas y á toda su familia que tenia en su casa, que era -muy grande, captivaron; el pueblo teníalo muy desparcido, y así como -sintieron los españoles, todos huyeron; la gente que llevaba Vasco -Nuñez de Pocorosa, comenzaron á vengarse dél diciéndole injurias y -baldones, cuantos sabian y podian, por darle pena. Sabida su prision -por otros pueblos que tenian dél queja, venian y hacian lo mismo, y -daban á Vasco Nuñez quejas dél; respondia que mentian y que por envidia -de que estaban llenos, por verlo más poderoso y no poder contra él -prevalecer ni sojuzgallo, le levantaban aquellas mentiras y testimonios -falsos, ántes habia rescibido muchos agravios dellos. Entre aquestas -disputas, acusaciones, excusas, ó respuestas, finge Vasco Nuñez que -lo queria echar á los perros, y mandó á los españoles que lo sacasen -fuera, ó para echallo, píes y manos atadas, en un gran rio que allí -era; llora terriblemente, y échase á los piés de Vasco Nuñez, alegando -que nunca le habia ofendido á él ni á los cristianos, ántes siempre los -tuvo en mucho, aunque no los habia visto, estimándolos por valientes -hombres y buenos, que por qué á sus enemigos que lo querian mal daba -crédito, y para en argumento de la estimacion que de los españoles -tenia, llegóse á Vasco Nuñez, y pónele la mano á la espada diciendo: -«¿Quién contra ésta macana (ó como allí se llamaba), que de un golpe -hiende un hombre por medio, desde la cabeza hasta el ombligo, ha de -pensar prevalecer sino fuere alguno que no tuviere seso? ¿pues quién no -amará más presto que aborrecerá tal gente? No me mates, yo te lo ruego, -y traerte hé cuanto oro yo tengo, y cuanto pudiere haber.» Estas y -otras muchas palabras y razones, con abundancia de lágrimas, que todas -no se entendian, decia, teniendo ya cuasi tragada la muerte. Macana -llamaban en esta isla un arma, de que usaban como de espada, en las -manos, de palo de palma, que es muy recia, como arriba hemos algunas -veces dicho, allí no sé qué nombre se tenia; Vasco, no queriéndolo -matar, comenzó á mostrarle el rostro un poco alegre, mostrando que -se compadecia dél y mandó que lo soltasen; suelto, mandó luégo traer -3.000 pesos de oro fino en ciertas joyas, como manillas y ajorcas y -otras piezas para ornato de mujeres. Desde á tres dias le enviaron -ciertos señores, sus vasallos debian ser, por su mandado, 6.000 pesos; -preguntado Tubanamá que dónde se sacaba aquel oro, negó que se cogiese -en su tierra, y que aquello, á sus pasados se habia traido del rio -de Comogre que desaguaba en la mar del Sur; la gente de Pocorosa, y -otros sus enemigos, que allí habian venido á vengarse dél, afirmaban -que mentia, porque todo su reino y señorío era, más que otra tierra, -de oro muy rico, el contrario decia Tubanamá, conviene á saber, que -en toda su tierra no sentia que hobiese minas, puesto que algunas -veces sus vasallos cogian en los rios algunos granillos, pero que no -hacian cuenta dello, ni ponian cuidado en buscallo, como quiera que -para lo sacar grandes trabajos se requiriesen. Estando allí, llegaron -al pueblo de Pocorosa los españoles que habian quedado en los pueblos -de atras descansando, los cuales traian entre sus hatos y cargas, que -les traian los indios, ciertos azadones y bateas y otros instrumentos -para inquirir, por dónde anduviesen, los rios y lugares en que hobiese -oro. Sabido por Vasco Nuñez, envió por los dichos instrumentos de -sacar oro, y llegaron dia de Navidad, el cual, con regocijo corporal y -mundano, festejado, no les sobrando la devocion de las tres misas que -aquel dia oyeron, porque de oirlas estaban bien descuidados, luégo, -el dia siguiente de Sant Estéban, fueron con toda su devocion á dar -catas por los cerros y arroyos, que es hacer hoyos y probar si sacaban -muestra de aquello que tenian por su principal fin, é por quien tantos -y tales trabajos y peligros voluntariamente tomaban. En las cuales -catas hallaron muy buen oro, y entre ello muchos granos como lentejas, -señal de haber en la tierra minas muy ricas de oro, de donde creyeron -los nuestros los de Pocorosa decir verdad, que con justa razon Tubanamá -negaba, porque ya sabia que si en su tierra hallaban oro los españoles, -que nunca se irian della, y por consiguiente, á él y á su gente y á -todo su estado, les habia de suceder mucho mayor mal; tambien se creia -que lo negaba por tener por muy poca cosa, y no de estimar, aquella -cantidad, pero la primera razon es la verdad, y muy extendida en todas -estas Indias, y á todas las gentes dellas general, conviene á saber, -huir siempre de estar cerca de españoles y encubrir las minas del oro, -porque ya saben ó han oido decir que por el oro los han de consumir -y en breve acabarlos. Cuando se quiso partir de allí, hizo dar otras -catas en otros lugares y hallaron mucho mayor señal de ser rica la -tierra de oro, por lo cual determinó de hacer, andando el tiempo, dos -pueblos de españoles, uno allí en la tierra de Tubanamá, y otro en la -de Pocorosa, para dos efectos, el uno, porque hobiese poblacion de -nuestra gente para la seguridad del tracto que hobiese de la una mar -á la otra, y el otro por tener cerca las minas para gozar de aquel -oro que estimaban ser mucho. Llevóle todas sus mujeres y todo cuanto -pudo llevarle y á un hijo suyo; aunque se dijo que el hijo dió de su -voluntad, para que, conversando con los españoles, supiese su lengua, -y quiza por espía, para que de lo que determinasen hacer lo avisase; -dejóle dicho que hiciese coger á su gente mucho oro y se lo enviase, y -que siempre sería su amigo y bien tractado. Dieron ciertas calenturas á -Vasco Nuñez, de los grandes trabajos y hambres que habia pasado, hízose -llevar á cuestas de indios en una hamaca; llegaron al pueblo y señorío -de Comogre, cuyo señor, viejo, era muerto, y heredado el hijo mayor, -discreto mancebo, que habia reprendido á los españoles cuando los vido -reñir sobre la partija del oro, y dió nuevas las primeras é indicios -de la gran tierra y riqueza del Perú. Este rescibió á Vasco Nuñez y á -los demas con grande alegría y fiesta, donde hallaron harto consuelo y -abrigo; presentó á Vasco Nuñez 2.000 pesos de oro labrado, y él dióle -una camisa de lienzo que no tuvo en poco el bueno del señor Comogre. -Despues de haber algunos dias reposado y recobradas algunas fuerzas los -que más presto se restauraron, y él libre de las calenturas, acordó -partirse para el Darien con hartas cargas de oro, que bien creo que -pasarian de 30 y 40.000 castellanos, los cuales, por entónces, valian -y eran más que hoy 300.000; la infinidad de lo que de sí despues -dió el Perú, fué la causa. Dejó mucho encargado á Comogre, mandase -siempre coger á su gente oro y se lo enviase, porque ésta era dél y -de todos los que en aquella cofradía andaban toda su ansia; llegando -á la poblacion del cacique ó señor Ponca, de quien arriba en el cap. -46 hicimos mencion, halló cuatro españoles que salieron del Darien -en su busca, para le avisar como eran venidos dos navíos, con mucho -bastimento, de la isla Española; lo cual oido y habida grande alegría, -tomó 20 hombres, de los más sanos y mejores peones, y váse al Darien de -presto, y dejó los demas que se fuesen poco á poco. Llegó al Darien á -19 de Enero, entrante el año de 1514, de donde habia salido primero dia -de Setiembre del año pasado de 1513; saliéronlo á rescibir todos los -españoles del Darien, con solemnísima fiesta, pero desque supieron que -habia descubierto la mar del Sur, y las perlas, y traia tanta carga de -oro, y tan ricas perlas, no se podria encarecer la excesiva alegría que -todos rescibieron, estimando ser cada uno dellos, de todos los hombres -del mundo, el más felice, los desventurados no conociendo el estado -en que andaban, infamando y haciendo heder por todas aquellas gentes -el nombre de Cristo, turbando, y afligiendo y echando al infierno -tantas dellas, haciendo esclavos los libres, usurpándolos y robándolos -sus naturales señoríos y todo cuanto tenian; no advertian tampoco la -obligacion en que todos quedaban, _in solidum_, de restituir tanta -cantidad de oro como robaban, y los daños que por todo aquello hacian, -restitucion no ménos que infinita, y al cabo no vieron ni gozaron lo -que tanto desearon, porque cuasi todos los que allí entónces estaban en -breve murieron ántes, y hobieron mala fin. Repartió Vasco Nuñez todo el -oro y perlas por los que con él fueron á esta meritoria peregrinacion, -y por los que quedaron en el Darien, y dejó para sí, quedando todos -contentos, más con la esperanza de lo que se prometian cada uno, el -tiempo andado, haber, que con lo que de presente vian, aunque fuera -doblado de lo que era. - - - - - CAPÍTULO LII. - - -Determinó luégo Vasco Nuñez de hacer saber al Rey tan señaladas y -nuevas nuevas, de haber descubierto la mar del Sur y en ella las -perlas, cosas, cierto ambas, muy nuevas; y si no fueran descubiertas -con tanto perjuicio é infamia de la ley é honra de Dios, y por modo -contrario á sus mandamientos, y en tan gran daño de tantos hombres, -nuestros prójimos, gentes pacíficas que en nada nos ofendieron, y no -ménos en impedimento de la dilatacion de la universal Iglesia, dignas -y muy dignas fueran de grande remuneracion. Envió para que las llevase -un muy amigo suyo, llamado fulano de Arbolanche, vizcaino, que habia -con él andado en aquellas estaciones; á éste dió todas las mejores y -más preciosas perlas de todas las que trujo, para que en nombre suyo -y de los que con él fueron presentase al Rey. Escribió al Rey, muy en -particular, de todo lo que habia visto y pasado en aquel viaje muy -larga relacion; entre otras cosas, dijo que de 190 hombres, que del -Darien sacó, nunca se pudo ayudar sino apénas de 80, porque todos los -demas, por las hambres y trabajos que padecian, ó de enfermos ó de muy -flacos y cansados, que no podian en algo ayudar, no escapaban. Escribió -más, que hobo con diversas gentes batallas, pero que ni él fué jamás -herido ni hombre de toda su compañía le mataron ni le faltó. Pero, -cierto, no eran grandes hazañas las que hacia venciendo, como pelease -con gallinas, que son todos los indios desnudos, donde no alcanzan -á tener hierba, como puede juzgar por toda esta historia cualquiera -cuerdo hombre; mayormente, llevando las escopetas que nunca habian -visto ni oido, ni gente tan extraña y feroz como los nuestros son, -comparados á aquellos que por armas tienen sus barrigas y pellejos -desnudos, de los cuales, con justa razon, pudieron pensar que echan -por la boca rayos y truenos y relámpagos, con vivo fuego, pues vian -que con los tiros de fuego caian dellos luégo muertos en el suelo. -Pues, ¿qué diremos de los perros, que, en soltándolos, luégo los -despedazaban? Así que no eran las que Vasco Nuñez y los suyos á los -indios daban muy peligrosas batallas para gloriarse. Afirmó al Rey en -aquella carta, que habia sabido de los Caciques y señores de aquellas -tierras, que habia penetrado, grandes secretos de haber increibles -riquezas en aquella mar, las cuales no escribia á Su Alteza, hasta que, -como esperaba en Dios, las hobiese visto y hollado; y bien creo yo, -cierto, que le dieron grande noticia de las grandezas del Perú y de lo -que en él habia, y que por aquella noticia deseó mucho de hacer ciertos -navíos ó bergantines, que despues hizo en aquella mar del Sur. Despachó -al dicho Arbolanche con su carta y nuevas nuevas, y presente de perlas -para el Rey, al principio de Marzo del dicho año de 1514, y, llegando -á la corte, fué luégo llena de grande alegría, y, desde á poco, -toda Castilla, cuasi como si entónces se descubrieran estas Indias. -Rescibiéronle no con menor gozo y placer el obispo de Búrgos D. Juan -de Fonseca, y el secretario Lope Conchillos, en quien se resolvia todo -el Consejo y gobernacion dellas. Entónces no habia Consejo determinado -de las Indias, sino que para las cosas árduas se llamaba el licenciado -Zapata, y el doctor Palacios Rubios, y el licenciado Santiago, y el -licenciado Sosa, que despues fué obispo de Almería, todos del Consejo -Real, con los cuales el obispo de Búrgos comunicaba lo que se habia -de proveer y aquello se hacia. Llevaron el Obispo y Conchillos al Rey -á Arbolanche, procurador de Vasco Nuñez y de los del Darien, al cual -el Rey rescibió graciosamente, holgándose mucho de las buenas nuevas -que le traia, y del presente de las perlas. Paróse mucho á mirallas -y á loallas, preguntando cómo y de qué parte las sacaban; y él, -respondiendo á todo lo que el Rey le preguntaba, dióle larga relacion -de como en aquel viaje les habia ido, encareciendo los grandes trabajos -que habian padecido, y las grandes victorias que de los indios habian -habido, y todo lo demas que hacia en favor de su fin que pretendian, -porque ni él dijo al Rey los grandes escándalos y violencias que habian -hecho por todas aquellas tierras, y muertes, y robos, y captiverios -injustos en aquellas gentes, ni el Rey se lo preguntaba, y mucho -ménos el Obispo y Conchillos, á quien saberlo más incumbia, sino que -hablaban, y preguntaban, y respondian en ello, como si hablara de las -victorias y cosas de Africa ó de Turquía; finalmente, mandó el Rey al -Obispo, que luégo entendiese en ordenar lo que convenia, y á Vasco -Nuñez se le hiciesen mercedes, pues tanto le habia servido. Por manera -que, por aquellas nuevas, no sólo perdonó el Rey á Vasco Nuñez los -deservicios que tenia entendido haberle hecho en la muerte de Nicuesa, -de que estaba acusado, y los agravios del bachiller Anciso, y haber -usurpado la gobernacion y ejercicio de justicia en aquella tierra, pero -rescibiólo en su gracia, y hízole mercedes. Suplícole Arbolanche, por -él, lo armase caballero y hiciese merced de algun título; el Rey lo -hizo y le creó Adelantado de aquella tierra (no supe cómo rezaba el -título), con otras mercedes, creo yo, de hecho y dicho, con grandes -blasones, refiriendo sus obras por grandes servicios; y éste fué el -segundo Adelantado que hobo en todas estas Indias, porque el primero -fué D. Bartolomé Colon, hermano del Almirante primero, D. Cristóbal -Colon, que descubrió este mundo nuevo. Despues que Vasco Nuñez despachó -á Arbolanche, su procurador, con las nuevas para Castilla, quiso saber -qué distancia de camino habia del Darien á la mar del Sur, yendo por -vía derecha, para lo cual envió á un Andrés Garavito con 80 hombres que -lo viesen, y mandóles que de camino hiciesen cuantos esclavos haber -pudiesen de los pueblos que topasen. Salidos del Darien, subieron por -la ribera de un rio que llamaban de la Trepadera, hasta la cumbre -de las sierras muy altas, que Vasco Nuñez habia subido, aunque por -muy abajo, como queda visto, y de allí descendió Andrés Garavito por -otro rio cuyas vertientes iban á parar á la dicha mar del Sur; en las -riberas del cual habia muchas poblaciones, las cuales á fuego y á -sangre acometia sin habelle hecho más que los otros por qué, y prendió -á los caciques Chaquina y Chauca, y mucha gente con ellos, y á otro -llamado Tamahe, que tenia su tierra y señorío más hácia la mar del Sur; -el cual, como vino la noche, se soltó, pero desque vido que un hermano -suyo y muchos deudos y criados que más queria se habian prendido, -vínose de su voluntad á poner en poder del Garavito, y trújole cierto -presente de oro, y una moza de buen parecer, diciendo que era su hija, -que se la daba por su mujer (la cual quizá no lo era), por lo cual le -llamaron los españoles desde adelante el suegro. Soltó al hermano y á -él, y algunos de los que tenia presos como en arras de su casamiento, -aunque sin ley y sin bendicion ántes dignísimo de toda maldicion; -envió con otros 40 satélites á Bartolomé Hurtado, contra los caciques -Benamachéi é Abrayba, de quien arriba en el cap. 43, hablamos, porque, -diz que, se le habian alzado ó negado la obediencia, que con tanta -justicia le debian, como la que se debe al verdadero tirano, como Vasco -Nuñez era. Entrado en sus tierras Bartolomé Hurtado, no dejó hombre á -vida de los que al primer furor le ocurriesen, captivó y hizo esclavos -cuantos pudieron tomar á vida, y robaron todo el oro y otras cosas -provechosas ó de valor que por toda la tierra habia; despues que no -hallaron persona alguna de paz ni de guerra, volviéronse los unos y los -otros al Darien, muy victoriosos, con grandes rengleras de hombres y -mujeres captivos. - - - - - CAPÍTULO LIII. - - -Dejemos agora por un rato de hablar de Vasco Nuñez y su compañía, que -toda su ocupacion y ejercicio no era en todo este tiempo otro sino el -dicho, y comencemos á referir el principio y discurso de cómo se le -aparejaba su San Martin, é propio dignísimo castigo rodeado por el -divino juicio. Comenzando pues de su origen, débese saber, que poco -ántes que llegasen los procuradores Caicedo y Colmenares, enviados por -Vasco Nuñez, como el Rey hobiese sabido, por relacion del bachiller -Anciso y Çamudio, la perdicion de Alonso de Hojeda y Juan de la Cosa -y Diego de Nicuesa, y de sus armadas, y de la disension y bandos de -la gente española que quedaba en el Darien, y como Vasco Nuñez, por -maneras ó por fuerza, era dellos guiador, mandó el Rey tratar sobre que -se enviase de Castilla persona señalada que administrase en su nombre, -por aquella tierra firme, la gobernacion; para la cual se tractaba de -la persona de Pedrárias de Avila, hermano del conde de Puñonrostro, -señalado justador, y adornado de otros naturales dones. Entando en -ésto, llegaron los dichos procuradores, Caicedo y Colmenares, que -llevaban las nuevas que habia dado el hijo del rey Comogre, por el cual -se tuvo esperanza de ver la otra mar, y grandes riquezas en ella, y -sembraron por la corte y por España que el oro con redes se pescaba; -las cuales oidas, y que habia dicho el hijo de Comogre ser menester -1.000 hombres, cresció al Rey, y al Obispo de Búrgos y á los demas de -su Consejo, la estima de la cosa, y el propósito de enviar más gruesa -armada de la que se pensaba, y tambien el cuidado y diligencia de -la despachar muy presto. Resolvióse el Rey una vez que Pedrárias de -Avila fuese por Gobernador, pero sabido por la corte, teniendo todos -los oyentes aquella empresa ser la más señalada y de más provecho -que habia salido de España, cresció el hervor de la cudicia en muchos -de los que alcanzaban partes y favor para pretendella, por lo cual -se opusieron á ella contra Pedrárias, y tuvieron sus diligencias y -negociacion, de tal manera, que ya con el Rey lo tenian casi echado -fuera; y pluguiera á Dios, que así lo ordenara, y que Pedrárias nunca -asomara á aquella tierra, porque no fué sino una llama de fuego que -muchas provincias abrasó y consumió, por cuya causa lo llamábamos -_Furor Domini_. Yo estimé que el Archángel ó Archángeles que tenia -cargo de procurallos su bien, y desviallos su mal, sabiendo por -divina inspiracion lo que Pedrárias habia de obrar en ellas, pusieron -diligencia en que otros se moviesen á pedir al Rey aquel cargo, de -los cuales estimaban que no les serian tan desenfrenada y brutalmente -perniciosos, porque siendo Pedrárias de los entendidos mundanos hombres -de España, de mucha edad, porque pasaba de sesenta años, y de mucha -experiencia por consiguiente, hizo cosas en su gobernacion que no las -hiciera más irracionales un hombre insensible mentecapto; de éstas -sus cosas, no dignas de hombre cristiano ni áun gentil racional, la -historia dirá de mucho algo. Pero porque lo tenia la Divina justicia -elegido para verdugo de aquellas miserandas gentes, como instrumento -de su rigurosa ira y acerbo furor, ocurrió el obispo de Búrgos al -Rey en esta manera, en favor y abono de Pedrárias: «Vuestra Alteza -ya tiene grande noticia del esfuerzo y valor de Pedrárias, y las -hazañas que por su persona, así como Capitan que vuestro ha sido, -como particular persona, siempre hizo en las guerras de Africa, donde -Vuestra Alteza le ha enviado, y como en todas muchas veces se señaló, -y cuánta experiencia de las cosas de guerra tiene, y para las de la -paz de cuán buen entendimiento es dotado, allende haberse criado en -vuestra casa Real desde su niñez, de donde se sigue que más que otro -procurará vuestro servicio y guardará toda fidelidad; no me parece -que será cosa justa ni complidera al servicio de Vuestra Alteza, que -porque otros pretendan este cargo por su propia sola cudicia, que no -os han servido tanto, ni la mitad, ni tienen tantas ni tales partes, -Vuestra Alteza lo posponga, pues ya se sabe por la corte que para -esta empresa lo tiene ya nombrado. En ninguna manera conviene que á -este negocio vaya otro sino Pedrárias de Avila, y ésto juzgo, segun -lo que yo siento, lo más cumplidero al servicio de Vuestra Alteza, y -para que se consiga la prosperidad que deseamos.» El Rey, que en las -cosas de las Indias, y áun en las del reino de Castilla, solia dar -gran crédito al obispo Fonseca, determinó de confirmar el nombramiento -de Pedrárias, y cometió y mandó al Obispo que luégo le despachase -como mejor le pareciese, y señalase el número de la gente que habia -de llevar, con todo lo demas que al buen despacho de la armada fuese -necesario. Determinó el Obispo, con los que llamó del Consejo, que -fueron el licenciado Zapata y el licenciado Santiago, y el licenciado -Sosa y el doctor Palacios Rubios, y creo que Hernando de Vega, y no sé -si más, que pues el hijo del rey Comogre habia dicho ser 1.000 hombres -necesarios, que fuesen 1.200 para mayor seguridad; y mejor se pudiera -decir para que más se trabajase en muchos más enterrar. Díjose que -mandó dar el Rey sueldo á los 1.200 hombres, pero yo creo que no si no -fué á los marineros y que habian de guiar las naos, porque fué tanta -la gente que, á las nuevas oidas de que se pescaba el oro con redes, -se solevantó, que si á 10.000 hombres el Rey quisiera dar licencia, se -fueran sin blanca ni cornado de su voluntad; y es aquí de saber, que -por aquellos dias mandó el Rey al Gran Capitan que tornase á Nápoles, -porque el rey de Francia mostraba querer ir sobre aquel reino y ciudad, -y, como el Gran Capitan era tan afamado de magnificencia y hacedor de -grandes hazañas, movióse para ir con él cuasi toda Castilla, mayormente -gente noble y muchos caballeros, que unos vendian sus haciendas todas, -otros empeñaban sus mayorazgos, algunos hacian otros buenos ó malos -recaudos, todo enderezado para se ataviar excesivamente de sedas y -brocados, creyendo y esperando con harta vanidad, que de aquella hecha, -yendo á Italia el Gran Capitan, habian de despojar á toda Francia. -Estando, pues, para se partir el Gran Capitan con grande armada, y -habiendo hecho él mismo grandes gastos, acordó el Rey, por causas que -le movieron, ó quizá porque de una tan agregia persona como era el Gran -Capitan, no habia tanta necesidad, de no envialle, por manera que él -quedó gastado y no sé si agraviado, y toda la mucha nobleza que iba -con él muy gastada y burlada, y áun perdida en mucha parte. Pues como -luégo se sonó el despacho de Padrárias, y las nuevas de las riquezas, -que se habian con redes de pescar, por toda España volaban, ocurrió -toda ó la más caballería, que dije perdida ó gastada, á ofrecerse á -Pedrárias para le acompañar y áun servir en la jornada, doblándoseles -sin comparacion la esperanza de ser de buena ventura, mucho más que si -les certificaran que habian de tomar á Francia; tanta es la cudicia y -áun liviandad de España. Rescibió mucha gente noble Pedrárias en la -corte, y cuando llegó á Sevilla halló 2.000 hombres nobles y mancebos, -tan bien dispuestos, lucidos y ataviados, que se le ofrecieron ir con -él á su propia costa y sin sueldo alguno, que le hizo dolor no poder -llevar tantos, y aunque tenia limitado el número de la gente por el -Rey, que no pasasen de 1.200, no pudo estrecharse tanto, que, por -ruegos, favores y importunidades, 1.500 no llevase. Gastó el Rey en el -armada 54.000 ducados, segun yo despues supe, y lo que en aquel tiempo -se hizo y suplió con 54.000 ducados es cierto que hoy no se supliera -con 158.000 castellanos. - - - - - CAPÍTULO LIV. - - En el cual se contiene la Instruccion que el Rey mandó dar á - Pedrárias, cómo se habia de haber con los indios, atrayéndolos por - bien á la fe, y no consintiendo que se les hiciese mal alguno. - - -Mandó el Rey al obispo de Búrgos, Fonseca, susodicho, que se tratase -con mucho acuerdo de la Instruccion que Pedrárias habia de llevar para -que supiese lo que habia de hacer, y no se errase la gobernacion en -aquella tierra firme, como se habia errado en esta isla Española. En la -cual Instruccion se contuvieron, entre otros, los capítulos siguientes: - -«Capítulo 1.º--Habeis de procurar por todas maneras y vías, que -viéredes ó pensáredes que para ello han de aprovechar, y por todas las -otras vías y formas que se pudiere tener algunas esperanzas que se -podrá hacer, atraer con buenas obras á que los indios estén con los -cristianos en amor y amistad, y que por esta vía se haga todo lo que se -hubiere de hacer con ellos, y para que ello mejor se haga, la principal -cosa que habeis de procurar es no consentir que por vos ni por otras -personas no se les quebrante ninguna cosa que les fuere prometida, sino -que, ántes que se les prometa, se mire con mucho cuidado si se les -puede guardar, y si no se puede bien hacer que no se les prometa, pero -prometido se les guarde enteramente, de manera que los pongais en mucha -confianza de vuestra verdad; y no habeis de consentir que se les haga -algun mal, ni daño, porque de miedo no se alboroten ni se levanten, -ántes habeis mucho de castigar á los que les hicieren mal ó daño sin -vuestro mandado, porque por esta vía vernán ántes á la conversion y al -cognoscimiento de Dios, y de nuestra sancta fe católica, y más se gana -en convertir 100 de esta manera que 100.000 por otra vía. - -Cap. 2.º--Item, caso que por esta vía no quisieren venir á nuestra -obediencia y se les hobiere de hacer guerra, habeis de mirar que por -ninguna cosa se les haga guerra no siendo ellos los agresores, y -no habiendo hecho ó probado á hacer mal ó daño á nuestra gente, y, -aunque les hayan acometido, ántes de romper con ellos les hagais de -nuestra parte los requerimientos necesarios para que vengan á nuestra -obediencia, una, y dos, y tres y más veces, cuantas viéredes que son -necesarias conforme á lo que llevais ordenado; y pues allá habrá y -con vos irán algunos cristianos que sabrán la lengua, con ellos les -dareis primero á entender el bien que les verná en ponerse debajo de -nuestra obediencia, y el mal, y el daño, y muertes de hombres que les -verná de la guerra, especialmente que los que se tomaren en ella vivos -han de ser esclavos de los cristianos, y haceldes entender qué cosa -es ser esclavos, y que desto tengan entera noticia, y que no puedan -pretender ignorancia, porque para que lo pueden ser, y los cristianos -los puedan tener con sana conciencia, está todo el fundamento en lo -susodicho. Habeis de estar sobre aviso en una cosa, que todos los -cristianos, porque los indios se les encomienden, tienen mucha gana -que sean de guerra y que no sean de paz, y que siempre han de hablar -en este propósito, y, aunque no se pueda excusar de no lo platicar con -ellos, es bien estar avisado desto, para el crédito que en ello se les -debe dar; y parece acá que el más sano parecer para ésto será el del -reverendo padre fray Juan Cabedo, obispo del Darien, y de los clérigos, -que están más sin pasion y con ménos esperanza de haber dellos ménos -interese. - -Cap. 3.º--En caso que se hayan de dar los indios encomendados á los -vecinos ó por naborias, habeis de hacer que se guarden las ordenanzas -que para ello llevais, porque se han hecho con mucha informacion, -que de aquella manera serán más conservados, y mejor tractados, y -más doctrinados en nuestra sancta fe católica, y por eso no se ha de -disminuir dellas ninguna cosa, ántes, si alguna cosa viéredes, demás -de lo que en ellas se contiene, que se debe de hacer en provecho de -los indios y de su salud y conversion, será bien que se haga, porque -ellos sean mejor tractados y vivan en más contentamiento en compañía -de los cristianos; la resolucion desto es, que todo lo que aquí y en -el capítulo ántes de éste se dice es para que con amor, y voluntad, -y amistad, y buen tractamiento, sean atraidos á nuestra sancta fe -católica, y se excuse de forzallos y maltratallos para ello cuanto -fuere posible, porque desta manera se servirá mucho Nuestro Señor, y yo -me terné de vos por muy servido en ello. - -Cap. 4.º--Esto es más necesario que allá se haga ansí que no en la -isla Española, porque los indios son ménos aplicados al trabajo, y -han acostumbrado mucho ó siempre á holgar, y habemos visto que en -la Española se iban huyendo á los montes por no trabajar, y es de -creer que lo harán muy mejor los de allá, pues se pueden ir la tierra -adelante, lo que no pueden hacer en la isla Española, y no tienen que -dejar sino las casas, y por eso parece muy dudoso y dificultoso que -los indios se puedan encomendar á los cristianos á la manera que los -tienen en la Española; y á esta causa parece que sería mejor por vía -de paz y de concierto de los cristianos, aliviándolos lo más que se -pudiese del trabajo en esta manera: que los que quisiesen estar en paz -y concierto de los cristianos, y á la obediencia de vasallos, diesen -y nos sirviesen con cierto número de personas, y que no fuesen todos -sino una parte dellos, como tercia, cuarta ó quinto de los que hobiere -en el pueblo, ó de los que tuviere el Cacique principal, si allá están -debajo de Caciques, como están en la isla Española, y que éstos anden -un mes ó dos, y que se remuden y se vayan á holgar, y vengan otros -tantos por otros dos meses, ó por el tiempo que allá os pareciere que -será mejor los remudar, porque hasta acostumbrallos cuanto más breve se -remudaren parece mejor, y así se remudando lo sufrirán mejor, y ternán -ménos peligro de morir. Y si agora en los principios hobiese tanto -que hacer en coger oro en los rios, como acá dicen que lo hay, que no -fuese tan necesario meterlos á cavar en las minas, parece acá que sería -bueno comenzarlos á ocupar en lo de los rios por la órden susodicha; -y despues de la segunda vuelta se meterian con ménos dificultad en -las minas, porque ya estarán habituados á servir, aunque será con más -trabajo. - -Cap. 5.º--Prosupuesto que cualquiera de las maneras que arriba se -dicen, que por vía de encomendarlos ó por vía de concierto se pudiere -hacer que sirvan, está bien así, y se sacará dellos el servicio y -provecho que se debe sacar; mas en caso que lo uno ni lo otro se -pudiese hacer, parece otra tercera cosa, que sería que cada pueblo, -segun la gente que en él hobiere, ó cada Cacique, segun la gente que -tuviere, cada uno dé tantos pesos de oro cada mes, ó cada luna como -ellos lo cuentan, y que dando éstos serán seguros que no se les hará -mal ni daño, y tengan en sus pueblos señales que sean para conocer que -son pueblos que están á nuestra obediencia, y tambien traigan en sus -personas señales como sean cognoscidos como son nuestros vasallos, -porque no les haga mal nuestra gente, pagando su tributo como con -ellos fuere asentado. Y ésto, mirad que se asiente de manera que sea -provechoso, y porque aquí no se puede señalar bien la cantidad, haceldo -lo más provechoso que os pareciere que se puede bien hacer. - -Cap. 6.º--Item, porque soy informado que una de las cosas que más les -ha alterado en la isla Española, y que más les ha enemistado con los -cristianos, ha sido tomalles las mujeres y hijas contra su voluntad, y -usar dellas como de sus mujeres, habéislo de defender que no se haga -por cuantas vías y maneras pudiéredes, mandándolo apregonar las que os -pareciere que sean necesarias, y ejecutando las penas en las personas -que quebrantaren vuestros mandamientos con mucha diligencia. Y así lo -debeis mandar hacer en todas las cosas que os parecieren necesarias -para el buen tractamiento de los indios.» - -Estos son los capítulos que Pedrárias de Avila llevó en su Instruccion, -entre otros. - - - - - CAPÍTULO LV. - - -Referida la Instruccion que Pedrárias llevó, firmada del Rey, cómo se -habia de haber en la gobernacion de los indios, vecinos de aquella -tierra firme, bien será hacer aquí algunas anotaciones para que se -entienda la intencion del Rey, y tambien los defectos de ignorancia -que habia entónces en los del Consejo, y despues, placiendo á Dios, se -referirá como Pedrárias guardó lo que él por ella le mandó. Cuanto á -la intencion del Rey, é de los que le aconsejaban, no se puede negar -sino que fuese buena, _non simpliciter_, sino en alguna manera, y ésta -principalmente de creer es ser el bien y conservacion de los indios, -y su conversion, aunque muy poco, para conseguir este último fin en -aquellos tiempos, se ayudaba, y no sabian darse para ello, como dicen, -á manos; y ciertamente consistia más ésto en palabras, y áun éstas eran -pocas, que en obras y cuidado, porque siempre se tuvo, al ménos en las -cosas que se proveian, más ojo al bien y provecho temporal del Rey, -que no á la salud de las ánimas. Y ésto acaeció por la ignorancia de -los del Consejo, y error con que anduvieron siempre ciegos, estimando -que, porque los reyes de Castilla descubrieron por medio del almirante -Colon aquestas Indias, tenian ya derecho para por paz ó por guerra, -por mal ó bien, por fuerza ó por grado, las gentes y señoríos dellas -sojuzgallas y señoreallas, como si fueran las tierras de Africa; y, -como arriba se ha tocado algunas veces, ésta ha sido la principal causa -de la destruccion y perdicion destas gentes, despoblacion de tantas y -tan luengas y anchas tierras, siendo obligados á saber que estos reinos -y orbe todo tenian dueño ó dueños, que no eran otros sino sus naturales -Reyes y señores, y éstos eran Príncipes libres, que á ninguno, fuera -de sí mismos, de hecho ni de derecho, recognoscian por superior, ni -eran obligados á recognoscer, ni á la misma Iglesia romana, contra el -error de Hostiensis y de los que son sus imitadores. Y por consiguiente -debieran entender los del Consejo, que el título que los reyes de -Castilla tenian al señorío universal y supremo, y no á particular deste -orbe de las Indias, no era otro sino la predicacion del Evangelio, y -conversion destas gentes, y por esta causa, no impulsiva sino final, -se pudo la Iglesia romana entremeter en concederles el dicho universal -y soberano ó imperial señorío, sin perjuicio, empero, de los Reyes -y señores naturales dellas, y sin menoscabo de la libertad de los -pueblos; porque la predicacion del Evangelio, y la introduccion de la -fe por ella no priva los Reyes de sus reinos, ni á los particulares -de sus libertades, tierras y haciendas, ántes los confirma, porque -de otra manera caro les costaria, y nuestra fe no sería querida ni -amada, ántes odiosísima y de todo el mundo aborrecida. Y así, erraron -los del Consejo en la puerta ó entrada de la casa, como dicen, y por -consiguiente claro está que habian de ignorar los retretes; y supuesto -aqueste error tan pernicioso, y no poco culpable para ellos, fundaban -la más horrible y dañada de las tiranías, conviene á saber, que les -podian hacer guerra solamente si no quisiesen venir á la obediencia -y sujetarse á los reyes de Castilla, sin otra causa ni otro título; -¿qué cosa pudo ser de mayor ceguedad, más absurda, ni más inícua? -Esto, ser verdad, declaró el emperador D. Cárlos, rey de Castilla, -por muchas leyes y provisiones reales que cerca deste punto hizo, -conviene á saber, prohibiendo las conquistas; cuándo y cómo se trató -desta prohibicion, la historia lo dirá, si Nuestro Señor nos diere la -vida. Y ésto cuanto á la intencion del Rey y del Consejo, que fué, -como dije, por alguna manera, buena, pero harto mezclada de pretension -temporal, y en lo que tenia de bueno, muy mal ayudada, sino de palabra. -Bien tengo por cierto, que si los del Consejo no erraran, que el Rey -pospusiera todo el provecho temporal suyo, y ni guerra quisiera que -se les hiciera, si á su obediencia no vinieran, ni en otra cosa les -perjudicara. Esto parece por las diligencias que siempre mandó hacer -y juntas de letrados, como queda en los capítulos arriba declarado, -para cualquiera de los dos fines, conviene á saber, la conversion de -aquellas gentes, ó para que viniesen á su obediencia temporal; bien -mandaba en la Instruccion que trabajase Pedrárias por todas las vías y -maneras, y procurase que los indios por buenas obras fuesen atraidos á -estar en amor y amistad con los cristianos, no consintiéndoles hacer -mal ni daño, y, cierto, si así se hiciera, los indios no hubieran todos -perecido, y aquellos reinos no estuvieran despoblados, y el Rey tuviera -hoy hartos y áun inestimables provechos y riquezas temporales, más que -tiene ni terná. Fué tambien provision conveniente y necesaria de que -se les guardase la fe y palabra sobre lo que con ellos se asentase, -para ponerlos en confianza de la verdad de los cristianos; sabia ya -bien el Rey cuánto cerca deste artículo los españoles á estas gentes -habian faltado, porque, por maravilla, y creo que podria decir que -nunca, se les guardó fe ni verdad jamás, ántes infinitas veces, sobre -seguro é habiéndoles asegurado, los saltearon, captivaron y mataron. -En el segundo capítulo de la Instruccion bien se proveia, mandando que -por ninguna cosa se les hiciese guerra, si no fuesen primero ellos los -agresores, supuesta la ceguedad y error en que los del Consejo, como -dije, estaban, creyendo que se les podia hacer guerra si no viniesen -por bien á la obediencia del Rey, y que ántes de romper con ellos les -hiciesen requerimientos una y muchas veces, en lo cual honra y provecho -se les hacia, y con ellos en esto de benignidad se usaba; pero áun -todavía, supuesto el dicho error que por no venir á la obediencia de -los reyes de Castilla se les hobiera de hacer justa guerra, debieran -de considerar los que al Rey aconsejaban, cuáles habian sido las obras -de los españoles por estas islas, y preguntar cómo se habian habido -Cristóbal Guerra, y Hojeda, y Nicuesa, y ultimamente Vasco Nuñez y -sus secuaces, con los indios del Darien, y con los demas de aquellas -provincias que estaban quietos en sus tierras y casas. Y estas obras -el Rey, ó al ménos el Consejo, no las ignoraba, pues por aquel tiempo -ya estas islas cuasi estaban acabadas, sino era la de Cuba que -entónces comenzaba; y que no las ignorasen, parece por lo que luégo la -Instruccion dice: «habeis de estar sobre aviso en una cosa, que todos -los cristianos, porque los indios se les encomienden, tienen mucha gana -que sean de guerra, y que no sean de paz y que siempre habian de hablar -en este propósito,» y ésto era verísima verdad, porque nunca otra -cosa más pensaban, hablaban, obraban, trabajaban y deseaban. Y pues -esta noticia tenian, fuera bien que sospecharan que los indios podian -haber rescibido grandes agravios, y por consiguiente podian estar -alterados, y tener justa causa y derecho de se defender y perseguir á -los cristianos hasta matallos, áun supuesto el dicho error que á venir -á la obediencia de los reyes de Castilla fueran obligados, y así fuera -cosa justa que á este inconveniente se pusiera algun reguardo, pero -no lo pusieron porque no hilaban tan delgado. Y es aquí de ponderar -no ménos lo que la Instruccion en aquel cap. 2.º añide, conviene á -saber, que los diesen á entender el bien que les vernia en ponerse -debajo de la obediencia del Rey; pudieran responder callando, mostrando -con el dedo esta isla Española, que tan llena y rebosante estaba de -sus naturales Reyes y señores, y sus infinitos vasallos, y las otras -muchas islas su comarcanas, ¿cuál fué el bien y utilidad que de estar -en la obediencia de los reyes de Castilla reportaron? Y si viviera -alguno de los de aquella tierra firme, para donde la dicha Instruccion -se pintaba, que señalara cuatro y cinco y más, mil leguas, que por la -misma están despobladas, ¿quién de nosotros, ni alguno que fuera muy -bárbaro, tuviera cara de redargüillos é increpallos, si reusaran, con -piedras y armas, someterse á tal obediencia, puesto que áun supieran -y les constara ser á someterse obligados? ¿Qué bestias hobiera en el -mundo, que viéndose así entrar y tractar no comieran á bocados, y -debieran con razon comer, á los que ansí los tractaban, y para así -tractarlos los querian sujuzgar?; y lo que más es, que á matallos y -despedazallos eran obligados de ley natural. Por lo dicho se verá -con qué consciencia tenian los que tenian por esclavos, y la misma -Informacion lo declara donde dice, «que el fundamento de tenerlos los -españoles con buena consciencia por esclavos, era justificar la guerra -con los requerimientos que el Rey mandaba hacer de su parte», pues si -los requerimientos eran frívolos y llenos de toda vanidad, siendo tan -justa la defension y guerra que los indios contra los españoles tenian, -que así los asolaban, ¿con qué consciencia los podian hacer y tener por -esclavos? - - - - - CAPÍTULO LVI. - - -Para entendimiento de lo que resta de la Instruccion, es de saber, que -como estaban entónces en la corte el bachiller Anciso, y Çamudio, y -Caicedo, y Colmenares, y despues llegó Arbolanche y otros quizá idos -destas islas, de todos los cuales no era otra su ansia sino tener -indios para, por haber oro, desollarlos, y hacerles guerra para á este -fin los sojuzgar, por la obstinada y ciega cudicia y ambicion que los -abrasaba, debian de insistir que los indios, despues de sojuzgados -por bien ó por mal, se los encomendasen; pero el Rey y el Consejo, -vista la experiencia en la mortandad y despoblacion que en esta isla -Española y en las demas habia sucedido por encomendallos, y podemos -decir, cierto, que al diablo, rehusaban mucho conceder tal facultad, -como parece por las mismas palabras. Por éste temor y causa puso el -Rey tres maneras de dispusicion ó gobernacion para con los indios, -para que Pedrárias escogiese la mejor, y que á los indios fuese más -útil é ménos perjudicial; la primera fué, encomendallos de la manera -ordinaria que se tuvo en estas islas, y, en caso que Pedrárias hobiese -de encomendar los indios, mandaba el Rey que hiciese guardar las -Ordenanzas ó leyes que habia hecho el año pasado de 512 en Búrgos, -engañados por los tiranos desta Española, que á la sazon entónces en la -corte se hallaron, y ciegos los del Consejo por sus propios ó ajenos -pecados. La justicia y rectitud de las dichas leyes, y cuán provechosas -fueron á los indios, y el remedio que dellas y con ellas alcanzaron, -en los capítulos 13, 14, 15 y 16, y los siguientes, queda bien á la -larga explanado. Estas, dijo allí el Rey, que se habian hecho con -mucha informacion, pudiera añidir de los mismos que los habian muerto -y al cabo los acabaron; mandaba que ántes se añidiese á ellas algo, -para el bien de los indios, que en ninguna cosa se menoscabasen. Las -cuales palabras debieran mover á Pedrárias para cognoscer la voluntad -del Rey y del Consejo, que era desear que se acertase, tomando el mejor -camino con que los indios fuesen más útilmente para su conservacion -gobernados. En esta primera manera ó disposicion, hace mencion el Rey -de otro engaño que le debian de querer hacer los susodichos, idos de -tierra firme, y éste era que se los diesen por naborias. Naborias -eran los indios de quien de contino, noches y dias, perpétuamente se -servian, que no les faltaba sino sólo el nombre de esclavos, porque -los de repartimiento, aunque no ménos que esclavos y mucho peormente -eran tractados, como puede haber arriba parecido, no siempre los tenian -consigo ni se servian dellos, porque algunos dias ó temporada se iban -á sus pueblos, por las Ordenanzas, puesto que harto breve, y vivian -harto malaventurada vida, como ha parecido, los que eran naborias, ni -aquel poco de tiempo para descansar se les concedia; y en esta manera -ó especie de servirse de los indios los españoles en estas islas, toda -la desórden y deshacimiento de sus policías, y concierto que tenian -en su quieto y suave vivir se perficionaba y complia, porque del todo -se desmenuzaban y desparcian los pueblos, llevando un español 10 y -otro 15, y con uno iba el padre y con otro la mujer, y con otro los -hijos. Esta confusion á los principios pusieron los españoles por su -autoridad, cuando andaban robando é inquietando estas gentes, cada -uno segun queria; despues la prosiguieron los tristes Gobernadores ó -repartidores, que de dar los indios cargo tenian. Esta quisieran que -se prosiguiera, porque era más sin hueso y sin cuenta ni razon, y -pudieran mejor trabajallos y matallos á su salvo, sin que se supiera, -los dichos; que lo procurasen por aquel tiempo, las palabras de la -Instruccion del Rey lo testifican, la cual, en el cap. 3.º, dice: -«En caso que se hayan de dar los indios encomendados á los vecinos -ó por naborias, habeis de hacer que se guarden las Ordenanzas, etc.» -Este vocablo naborias, ni su significacion, nunca lo adivinaron los -Reyes ni los de su Consejo, sino dado á entender por los que de acá -habian ido, y pues el Rey decia que se hayan de dar encomendados ó por -naborias, parece que debian de insistir aquellos que los indios de -tierra firme se los diesen por naborias; dando la razon el Rey de que -Pedrárias debia trabajar de traer á los indios de aquella tierra por -bien, y dados en encomienda ó por naborias debian ser bien tractados. -En el capítulo 4.º añade: «Esto es más necesario que allá se haga así -que no en la isla Española, porque los indios (quiso decir della), -son ménos aplicados al trabajo, y han acostumbrado mucho ó siempre -á holgar, y habemos visto que en la Española se iban huyendo á los -montes por no trabajar, y es de creer que lo harán mejor los de allá, -etc.» ¡Veis aquí la fama que los que los mataban y mataron divulgaron -á los Reyes y á los de sus Consejos, por satisfacelles en algo las -muertes que les causaron, y el jornal de sus servicios! ¡Oh, qué -terrible juicio se debe creer que aquellos han padecido, forjando tan -grandes falsedades y mentiras para consumir aquestos inocentes, tan -infamados, tan afligidos, tan corridos, tan abatidos y menospreciados, -tan desmamparados y olvidados de todos para su remedio, tan sin -consuelo y sin abrigo! No huian de los trabajos, sino de los tormentos -infernales que en las minas y en las otras obras de los nuestros -padecian; huian de las hambres, de los palos, de los azotes continos, -de las injurias y denuestos, oyendo llamarse perros cada hora, del -riguroso y aspérrimo tractamiento que sin interpolacion se les hacia -de noche y de dia. Huian ciertamente de la muerte, no dudosa, sino -ciertísima, como en los libros I y II, y en éste III, se puede haber -visto; por esta causa se huian á los montes, y creo que, si pudieran, -á los infiernos escogieran, teniéndolos por de menor pena, por huir -de los españoles, huirse. Por esta causa de huirse, añade Su Alteza -luégo: «Y por eso parece muy dudoso y dificultoso que los indios se -puedan encomendar á los cristianos, á la manera que los tienen en -la Española;» por manera que si no se huyeran permanecieran siempre -en aquel infierno, y no fuera dudoso ni dificultoso encomendallos á -los verdugos. Bien habian entendido los del Consejo el derecho que -los Reyes tenian á estas Indias, y cuál era la justicia que debian -de guardar á los Reyes y señores naturales de estos reinos, y á los -pueblos y á sus vecinos indios. Síguese más en lo que añidió el Rey, «y -á esta causa parece que sería mejor, que por vía de paz y de concierto, -que los que quisieren estar en paz etc., nos sirviesen con cierto -número de personas», conviene á saber, en el pescar con redes el oro, -ó cavándolo en las minas, como allí parece. Esta segunda manera de -disponer de los indios era ménos injusta que las de las encomiendas, -puesto que contenia mucha injusticia, si sabiendo el Rey los agravios, -muertes y robos y captiverios que el Vasco Nuñez y su compañía, y -los otros ántes dellos, habian cometido por toda aquella tierra, sin -satisfacerles les impusiera cualquiera servicio; esta satisfaccion -no pudiera el Rey hacer aunque vendiera á Castilla, si ellos no lo -remitieran, segun la destruccion que habian hecho los susodichos, y -baste que todos los vecinos de aquellas provincias tenian contra los -españoles, desde el tiempo de Hojeda y Nicuesa, guerra justísima. Item, -contuviera alguna injusticia, aunque cesaran los agravios y daños é -inconvenientes dichos, porque hacer servir personalmente en sacar oro, -ó en otros trabajos para los reyes de Castilla, el tercio, ó cuarto, -ó quinto de la gente de la tierra, siempre, ni justicia ni razon lo -sufria. Fué la tercera manera de disposicion ó gobernacion, que el Rey -mandó á Pedrárias que pusiese á los indios en la tierra firme, si las -dos precedentes no se pudiesen asentar, conviene á saber: «Que cada -pueblo, ó cada Cacique ó señor, segun el número de la gente tuviere, -pagase cierta cantidad de pesos de oro, cada mes, etc.» Aquesta manera, -no habiendo rescibido los indios los daños irrecuperables dichos, sino -traidos por bien, amor y mansedumbre á vivir en paz y amistad con los -españoles pudiérase justificar bien, reduciéndola á los límites de -razon y justicia, conviene á saber, que pagasen al Rey cierta cantidad -de oro ó de otros provechos lícitos moderados, segun el número de la -gente que el señor ó Cacique en su señorío tuviese, no cada mes sino -en ciertas temporadas razonables y convenientes, porque por pesadumbre -no la tuviesen, y de allí viniesen á sentir que se les vendia la fe, -y por consiguiente la aborreciesen, porque, en la verdad, no eran ni -son obligados los señores, y Reyes, y pueblos, y gentes destas Indias -á servir á los reyes de Castilla, sino con cierta moderada cantidad -de servicio, en señal y recognoscimiento de su universal y soberano -señorío, porque con este recognoscimiento, por chica cantidad que sea, -cumplen, como sean reinos libres, y por sólo respecto de la predicacion -de la fe, y no por otra razon ni causa son obligados á lo hacer, y por -consiguiente ha de ser muy liviano y suave, porque la fe no les sea -molesta y aborrecible, como está dicho. Y ésto há mayor lugar, si los -mismos Reyes y señores naturales destas tierras concediesen el derecho -que tienen, en sus reinos y tierras, á las minas de oro y plata, y -piedras preciosas y perlas, para que dellas los reyes de Castilla -se aprovechasen, ellos y sus súbditos, los españoles, con otros mil -aprovechamientos que de sus tierras se pueden seguir, con que sean sin -perjuicio de la libertad y personas de todos los indios, porque no -dejan de ser suyos los dichos tesoros ó riquezas por razon de que la fe -se les predique; lo cual todo se entiende, presupuesto que los Reyes y -súbditos y gentes no hobiesen ni hobieran sido vejados, y angustiados -y perjudicados, muertos y captivados, y destruidos, con las guerras -que los españoles les hicieron, sino que fueran por amor, y paz, y -buenos tractamientos, atraidos, y éste es, y no otro, para introducir -nuestra fe católica en estas tierras y gentes, el verdadero y cristiano -camino. Pero supuestas las guerras é injurias, daños, agravios é -injusticias, muertes y robos que se les han hecho, que nunca naciones -del mundo, de otras, tales las rescibieron, no deben un maravedí, ántes -tienen derecho de hacer justísima guerra contra todo español, hasta -el dia del juicio inclusive. El postrer capítulo de la Instruccion -harto testifica parte de las referidas injusticias, aunque, comparado -á los males y calamidades que de nosotros en todas estas Indias han -rescibido, es una partecita más chica que mínima. - - - - - CAPÍTULO LVII. - - -Declarada la Instruccion que el Rey mandó dar á Pedrárias de lo que -habia de hacer en la gobernacion de aquella tierra firme, resta luégo -aquí decir de otro defecto de ignorancia del Consejo del Rey, cerca -desta misma materia, gravísimo y perniciosísimo, porque lo que va -fuera de órden y justicia, y fundado sobre principio inícuo, no en una -parte ni en un artículo se ha de errar, pero en mil partes, y producir -mil inconvenientes, hasta corromper y enervar y colocar en el más -cualificado y consumado estado de malicia el moral ó político edificio; -éste fué, la forma y órden que Pedrárias habia de tener en requerir -á los indios que viniesen á obedecer y ser subjectos de los reyes de -Castilla, el cual se envió despues á todas las Indias. Este decia desta -manera: - -_El Requerimiento._--«De parte del rey D. Fernando, y de la Reina doña -Juana, su hija, Reina de Castilla y Leon, etc., domadores de las gentes -bárbaras, nos, sus criados, os notificamos y hacemos saber como mejor -podemos, que Dios, nuestro Señor, vivo y eterno, crió el cielo y la -tierra, y un hombre y una mujer, de quien vosotros y nosotros y todos -los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos -los que despues de nosotros vinieren. Mas por la muchedumbre de la -generacion que destos ha salido, desde cinco mil años á esta parte que -el mundo fué criado, fué necesario que los unos hombres fuesen por una -parte y otros por otra, é se dividiesen por muchos reinos y provincias, -que en una sola no se podian sostener ni conservar. De todas estas -gentes, Dios nuestro Señor dió cargo á uno, que fué llamado Sant Pedro, -para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior, á -quien todos obedeciesen, y fuese cabeza de todo el linaje humano, do -quier que los hombres viviesen y estuviesen, en cualquiera ley, secta -y creencia, y dióle el mundo por su reino y jurisdiccion; y como quier -que le mando poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado para -regir el mundo, mas tambien le permitió que pudiese estar y poner su -silla en cualquiera otra parte del mundo, y juzgar é gobernar á todas -las gentes, cristianos, moros, judios, gentiles y de cualquiera otra -secta ó creencia que fuesen. Este llamaron Papa, porque quiere decir -admirable, mayor padre y gobernador de todos los hombres. A este Sant -Pedro obedecieron y tomaron por señor, Rey y superior del Universo, -los que en aquel tiempo vivian, y asimismo han tenido á todos los -otros que despues de él fueron al Pontificado elegidos, y así se ha -continuado hasta agora y se continuará hasta que el mundo se acabe. -Uno de los Pontífices pasados, que en lugar de éste sucedió en aquella -dignidad é silla que he dicho, como señor del mundo, hizo donacion -destas islas y tierra firme del mar Océano á los dichos Rey y Reina, -é á sus sucesores en estos reinos, nuestros señores, con todo lo que -en ellas hay, segun se contiene en ciertas escripturas que sobre ello -pasaron, segun dicho es, que podeis ver si quisiéredes; así que, Sus -Altezas, son Reyes y señores destas islas y tierra firme, por virtud de -la dicha donacion, y como á tales Reyes y señores algunas islas más, y -casi todas á quien ésto ha sido notificado, han recibido á Sus Altezas -y les han recibido y servido y sirven como súbditos lo deben hacer, -y con buena voluntad y sin ninguna resistencia, luégo, sin dilacion, -como fueron informados de lo susodicho, obedecieron y rescibieron los -varones religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen -y enseñasen nuestra sancta fe, y todos ellos, de su libre y agradable -voluntad, sin premia ni condicion alguna, se tornaron cristianos y lo -son, y Sus Altezas los rescibieron alegre y benignamente, y así los -mandaron tractar como á los sus súbditos é vasallos, y vosotros sois -tenudos y obligados á hacer lo mismo. Por ende, como mejor podemos, -vos rogamos y requerimos que entendais bien ésto que os decimos, y -tomeis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere -justo, y reconozcais á la Iglesia por señora y superiora del universo -mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, y en su nombre al Rey y á -la Reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como á superiores -y señores y Reyes desas islas y tierra firme, por virtud de la dicha -donacion, y consintais y deis lugar que estos padres religiosos os -declaren y prediquen lo susodicho. Si ansí lo hiciéredes, hareis bien -y aquello que sois obligados á Sus Altezas, y nos, en su nombre, vos -recibiremos con todo amor é caridad, é vos dejaremos vuestras mujeres -é hijos y haciendas, libres, sin servidumbre, para que dellas y de -vosotros hagais libremente lo que quisiéredes y por bien tuviéredes, -é no vos compelerán á que vos torneis cristianos, salvo si vosotros, -informados de la verdad, os quisiéredes convertir á nuestra santa fe -católica, como lo han hecho cuasi todos los vecinos de las otras islas, -y, allende desto, Sus Altezas vos darán muchos privilegios y exenciones -y vos harán muchas mercedes; y si no lo hiciéredes, y en ello dilacion -maliciosamente pusierdes, certifícoos que, con la ayuda de Dios, -nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y vos haremos guerra -por todas las partes y maneras que pudiéremos, y vos subjetaremos al -yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Altezas, tomaremos vuestras -personas y de vuestras mujeres é hijos, y los haremos esclavos, y como -á tales los venderemos y dispornemos dellos como Sus Altezas mandaren, -é vos tomaremos vuestros bienes y vos haremos todos los daños y males -que pudiéremos, como á vasallos que no obedecen ni quieren rescibir á -su señor, y le resisten y contradicen, y protestamos que las muertes y -daños que dello se recrecieren sea á vuestra culpa y no de Sus Altezas, -ni nuestra, ni destos caballeros que con nosotros vienen: y de como -lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé -por testimonio signado, y á los presentes rogamos que dello nos sean -testigos, etc.» - -Este requerimiento ordenó el venerable doctor Palacios Rubios, bien mi -amigo, segun el mismo (si no me he olvidado), me dijo, el cual, como -arriba hé alguna vez tocado, fuera desto, favorecia y se compadecia -mucho de las angustias y daños de los indios. Bien parece ser suyo -este requerimiento y amasado de su harina, porque lo funda todo en los -errores de Hostiensis, cuyo secuaz fué, como largamente hobimos dicho -en nuestro primer libro, cuyo título es _De unico vocationis modo -omnium gentiun ad veram religionem_, en latin escrito. - - - - - CAPÍTULO LVIII. - - -Agora es bien que tornemos sobre la sustancia y partes y eficacia ó -efecto y justicia del referido requerimiento, cerca del cual, cierto, -habia mucho que decir, pero anotemos algo brevemente; y lo primero, -considere cualquier varon prudente, ya que los indios entendieran -nuestra lengua, y los vocablos y significacion della y dellos, ¿qué -nuevas les traian y qué señorío en oirlas, diciendo que un Dios habia -en el mundo, criador del cielo y de la tierra, y que crió el hombre -ó los hombres, teniendo ellos al sol por Dios, ó otros dioses quien -creian haber hecho los hombres y las otras cosas? ¿Con qué razones, -testimonios, ó con cuales milagros les probaban que el Dios de los -españoles era más Dios que los suyos, ó que hobiese más criado el mundo -y á los hombres que los que ellos tenian por dioses? ¿Si vinieran los -moros ó turcos á hacelles el mismo requerimiento, afirmándoles que -Mahoma era señor y criador del mundo y de los hombres, fueran obligados -á creerlo? ¿Pues mostraban los españoles mayor testimonio y más -verdadera probanza de lo que protestaban en su requerimiento, de que el -Dios suyo habia criado el mundo y los hombres, que mostraran los moros -de su Mahoma? Item, ¿cómo, ó con qué inconvencibles razones ó milagros, -les probaban que el Dios de los españoles tuvo más poder que los -dioses suyos para constituir un hombre, llamado Sant Pedro, por señor -y gobernador de todos los hombres del mundo, y á quien todos fuesen -obligados á obedecer, teniendo ellos sus Reyes y naturales señores, -y creyendo no haber otros sino ellos en el mundo? Y así, ¿qué ánimo -ternian y qué amor y reverencia se engendraria en sus corazones, y en -especial los Reyes y señores, al Dios de los españoles, oyendo que por -su mandado Sant Pedro, ó el Papa su sucesor, daba sus tierras al Rey -de los españoles, teniéndose por verdaderos Reyes y libres, y de tan -muchos años atras en antiquísima posesion ellos y sus pasados, y que se -les pedia que ellos y sus súbditos le rescibiesen por señor, á quien -nunca vieron ni cognoscieron ni oyeron, y sin saber si era malo ó si -era bueno, y qué pretendia, si gobernallos, ó roballos, ó destruillos, -mayormente siendo los mensajeros tan fieros, hombres barbados y con -tantas y con tales armas? ¿Qué podian ni debian, segun buena razon, -de los tales presumir ó esperar? Item, ¿pedilles obediencia para Rey -estraño, sin hacer tratado ni contrato ó concierto entre sí sobre -la buena y justa manera de los gobernar de parte del Rey, é del -servicio que se le habia de hacer de parte dellos, el cual tratado, al -principio, en la eleccion y rescibimiento del nuevo Rey, ó del nuevo -sucesor si es antiguo aquel estado, se suele y debe hacer y jurar de -razon y ley natural? Esto debia de entender el Cacique de la provincia -del Cenú, de la que arriba dejamos ya dicho estar sobre Cartagena, el -cual, segun escribió el bachiller Anciso, en un tratadillo suyo, que -está impreso, que llamó «Suma de geografía», á el mismo que le hacia -este requerimiento respondió, que el Papa, en conceder sus tierras -al rey de Castilla debia estar fuera de sí cuando las concedió, y el -rey de Castilla no tuvo buen acuerdo cuando tal gracia rescibió, y -mayor culpa en venir ó enviar á usurpar los señoríos agenos de los -suyos tan distantes. Esto no osara yo aquí escribirlo, si escrito y -de molde, con nombre del mismo Anciso, no lo hallara, aunque él lo -dice por otros desvergonzados vocablos, como abajo, si Dios quisiere, -referiremos; y quisiera yo preguntar al Consejo que determinó deberse -hacer tal requerimiento á estas gentes, que vivian seguras debajo -de sus señores y Reyes naturales, en sus casas, sin deber ni hacer -á ninguno mal ni daño, ¿qué fe y crédito eran obligados á dar á las -escripturas de la tal donacion? y qué fueran las mismas bulas plomadas -del Papa que allí se las presentaran, ¿merecieran, por no obedecellas, -que fueran descomulgados ó que les hicieran algun otro mal temporal -ni espiritual, ó cometieran en ello algun pecado? ¿Todo ésto no les -habia de parecer ser deliramentos y cosas fuera de razon y de camino, -y todos desvaríos y disparates, mayormente cuando les dijeran que eran -obligados de se subjetar á la Iglesia?; veamos, ¿entender qué cosa -sea Iglesia y ser obligado el hombre á se sujetar á la Iglesia, no -presupone tener noticia y creer todas las cosas que nos enseña nuestra -fe cristiana? ¿Por qué creemos haber Iglesia, y la cabeza visible della -reverenciamos, nos subjetamos y obedecemos, que es el Papa, sino porque -creemos y tenemos verdadera fe de la Santísima Trinidad, Padre, y Hijo -y Espíritu y Santo, y tenemos y confesamos todos los otros catorce -artículos pertenecientes á la Divinidad y humanidad? Pues no teniendo -fe alguna, y ninguna de la Santísima Trinidad, ni de Jesucristo, que -constituyó la Iglesia, y de lo demas que tiene y confiesa la religion -cristiana, ¿cómo puede alguno creer que hay Iglesia, y su cabeza, que -se llama Papa, padre grande y admirable? y sino puede ni debe creer -alguno haber Iglesia y Papa, no habiéndole dado noticia de Cristo, -hijo de Dios verdadero, y rescibídole voluntariamente por tal, ¿cómo, -ó con qué ó por qué derecho humano, natural ni divino, será obligado -á creer que hay Iglesia y que hay Papa? Pues si no es obligado, por -algun derecho ni razon, á creer que hay Iglesia ni Papa, y ésto sin -alguna culpa, ni pecado, ni venial, ¿cómo ó por qué será obligado á -creer que el Papa tuvo poder para hacer donacion de las tierras y -señoríos que poseen gentes que nunca otras cognoscieron, ni tuvieron -que hacer con otras en bueno ni en malo, tan distantes de todas las -otras de nuestro mundo viejo, y siendo poseedores y propietarios -señores de tantos años? Item, si no son obligados á creer que tuvo -poder aquel, que los españoles llaman Papa, de conceder y donar sus -tierras y señoríos, y su libertad al Rey de los españoles, ¿cómo ó -por qué derecho serán obligados á dar la obediencia, y de señores y -Reyes ó Príncipes libres que nunca recognoscieron algun superior, -hacerse súbditos y menoscabados de su estado, rescibiendo á un Rey -que nunca vieron ni cognoscieron, ni oyeron, extraño, y de gente -fiera, barbada y tan armada, y que, _prima facie_, parece horrible y -espantosa, rescibiéndolo, digo, por señor? Veamos: si solos los Reyes -dellos se quisiesen subjetar al Rey de Castilla, sin consentimiento -de los pueblos, sus súbditos, los súbditos ¿no tenian justo derecho y -justicia, de ley natural, de quitalles la obediencia y deponellos de su -Real dignidad, y áun de matallos? Por el contrario, si los súbditos, -pueblos, sin sus Reyes, lo quisiesen hacer, ¿no incurririan en mal -caso de traicion? Item, si no son obligados los Reyes por sí, ni los -súbditos por sí, y tampoco todos juntos á dar la obediencia á Rey -extraño, por más requerimientos que les hagan, segun queda deducido -y claramente probado, ¿con qué derecho y justicia les protestan y -amenazan, que, si no prestan la obediencia que les piden, les harán -guerra á fuego y á sangre, y les tomarán sus bienes, y sus mujeres y -sus hijos, con sus personas, captivos, y venderán por esclavos? Y si, -por esta causa, guerra les hicieron, ó hicieren, ó hacen, ¿con qué -leyes ó derechos, ó razones, fueron ó serán ó son justificadas? Luégo, -injustas, é inícuas, y tiránicas y detestables fueron, serán y son, -donde quiera que por tal causa, y con tal título, á tales infieles, -como los vecinos y moradores destas Indias, se hicieron ó hicieren, -condenadas por toda ley natural, humana y divina, luégo, justísima será -la guerra destos y de los tales infieles, contra todo español y contra -todo cristiano que tal guerra moviere; y desta manera y jaez han sido -todas las guerras que de nuestra parte á estas gentes se han movido y -hecho, y esas pocas que contra nosotros ellas hicieron, y pluguiese á -Dios que yo muriese por tal justicia como las que estas gentes para nos -hacer cruda guerra hoy tienen, y siempre, desde que las descubrimos, -contra nosotros han tenido. Y este derecho, siempre lo tienen y les -vive, y dura, hasta el dia del juicio; la razon deste durarles es, -porque desde que le cobraron, ni por paz, ni por tregua, ni por -satisfaccion de los irreparables daños y agravios que de nosotros -han rescibido, y ni por remision que ellos dellos nos hayan hecho, -nunca jamás se ha interrumpido. Queda luégo manifiesta la ignorancia -del Consejo del Rey, y plega á Dios que les haya sido remisible, y -cuán injusto, impío, escandaloso, irracional y absurdo fué aquel su -requerimiento. Dejo de decir la infamia de la fe y religion cristiana, -y del mismo Jesucristo, que de aquel requerimiento era necesario salir, -é ha salido; y cosa es de reir, ó de llorar por mejor decir, que -creyesen los del Consejo del Rey que estas gentes fuesen más obligadas -á rescibir al Rey por señor, que por Dios y Criador á Cristo, pues -para rescibir la fe no pueden ser forzadas y con pena ser requeridas, -y que para que diesen la obediencia al Rey ordenaban los del Consejo -fuesen constreñidas. Hobo tambien mucha y reprensible falsedad, -porque se afirmaba en él que algunas islas, y casi todas, á quien lo -susodicho habia sido notificado, habian rescibido á Sus Altezas y -obedecido y servido, y servian como súbditos y con buena voluntad, y -sin ninguna resistencia, luégo, sin dilacion, cómo fueron informados de -lo susodicho, porque no es verdad que les notificasen é informasen de -cosa dello á ninguna isla, ni lugar, ni parte, ni gentes destas Indias, -por aquellos dias, ni jamás rescibieron á los reyes de Castilla, ni -obedecieron, ni sirvieron de su voluntad, sino por fuerza, y violenta -y tiránicamente, haciéndoles crudelísimas guerras en su entrada, y -poniéndolos en servidumbre durísima en que todos perecieron, como Dios -es buen testigo; rescibieran y sirvieran á los Reyes de muy pronta -voluntad, si por paz y amor y por vía cristiana hubieran sido inducidos -y atraidos. Y, por acabar lo que toca aquel requerimiento, de lo dicho -puede cualquiera prudente inferir, que si, como al principio deste -capítulo supusimos, entendidos los vocablos y significacion dellos, -pudieran responder y alegar por sí contra los que les hicieran los -requerimientos, y los convencieran en juicio y fuera de juicio, ¿qué -podrá alguno decir en excusa de los que formaron aquel requerimiento -y de los que á ejecutallo iban, haciéndolo á quien ni palabra dél -entendian, más que si fuera en latin referido ó en algarabía?; y ya -saben los que estudiaron derechos, qué valor ó momento tiene el mando -ó precepto, ó requerimiento, que se hace á gente que la lengua en que -se dice no entiende, aunque fuese súbdita y tuviese obligacion de oillo -y complillo, lo que en estas gentes y materia de que hablamos ningun -lugar tiene, como parece por lo dicho. - - - - - CAPÍTULO LIX. - - -Tornando al despacho de Pedrárias, quiso el Rey que tambien fuese -con él Obispo de aquella tierra firme, para que lo espiritual y -eclesiástico se procurase, mayormente la conversion de aquellas gentes, -con el cual tambien fuesen algunos religiosos de Sant Francisco; -suplicó al papa Leon X, que en aquel tiempo en la Silla apostólica -presidia, que criase Obispo á un religioso de Sant Francisco, solemne -y afamado predicador del Rey, llamado fray Juan Cabedo, y así fué -consagrado Obispo de la iglesia de Sancta María de la Antigua del -Darien; y ésta fué la primera iglesia Catedral de la tierra firme, y -él el primer Obispo. Para que hobiese recaudo en su Real hacienda, -instituyó el Rey cuatro oficiales, Tesorero, Contador, Factor y -Veedor, segun habia acostumbrado á proveer en estas islas, Tesorero, -Alonso de la Puente, Contador, Diego Marque que habia sido en esta -isla Española Veedor, Juan de Tavira, Factor, y Gonzalo Hernandez de -Oviedo, Veedor. Llevó por Capitan general, Pedrárias, á un Juan de -Ayora, hombre experimentado en la guerra, hermano de Gonzalo de Ayora, -de quien se dijo cuasi lo que del Marqués de Santillana, que las letras -no embotaban la lanza, y así en el Gonzalo de Ayora concurrieron -letras muchas, y debian ser humanas, y con ellas fué señalado en la -guerra; y por Alcalde mayor á un licenciado Gaspar de Espinosa, natural -de Valladolid, hombre bien entendido, y por Alguacil mayor vino el -bachiller Anciso. La mujer de Pedrárias era notable dueña, llamada -Doña Isabel de Bobadilla y tambien de Peñalosa, sobrina de la marquesa -de Moya, hija de su hermano. Esta señora Marquesa fué muy servidora -de los católicos Reyes, y que les ayudó mucho á que reinasen, por -entregalles la fortaleza de Segovia y los tesoros que en ella dejó el -rey D. Enrique, en tiempo de las guerras de entre Castilla y Portugal, -pretendiendo el rey D. Alonso de Portugal ser rey de Castilla, por -haber casado con la que llamaron la Excelente, que decian ser hija -del dicho rey D. Enrique, hermano de la reina Doña Isabel, y á quien -sucedió en aquellos reinos; así que la dicha Doña Isabel de Bobadilla, -determinado Pedrárias de ir aquel viaje sin ella, ella, como matrona -varonil, no quiso por ninguna manera quedar, sino seguir por mar y por -tierra su marido. Partido de la corte y de su casa, que la tenia y -tienen sus sucesores en Segovia, Pedrárias, y de allí con su mujer Doña -Isabel de Bobadilla, llegados á Sevilla, halló el mundo que allí le -esperaba de gente, como arriba se dijo, y creo que si quisiera llevar -todos los que con él querian ir, segun la fama de que el oro se pescaba -con redes la gente de España habia movido, pasaran de 10.000. Salió, -pues, finalmente, del rio y barra de Sant Lúcar, con su flota de doce -ó quince velas, en 12 dias de Abril del año de 1514 de la venida de -Cristo; á la cual, en saliendo, ventó de través el vendabal terrible, -como acaece cada dia, y padecieron grande tormento y riesgo, porque se -le perdieron dos naos, y todas las demas alijaron, que es echar á la -mar mucha de la ropa y mantenimientos que traian encima de cubiertas, -por alivianarlas, y así tornaron al puerto con mucho peligro. Tornaron -á rehacerse y despues á salir, y llegaron á la isla de la Gomera, que -es una de las Canarias, y en ella tomada agua y leña y lo que más les -era necesario, fué á tomar la isla de la Dominica, una de las muchas -que son las primeras que topamos destas Indias, en veinte y siete -dias. Hay desde la Gomera hasta ella cerca de 800 leguas. Tomada leña -y agua, y refrescándose la gente allí tres ó cuatro dias, alzaron las -velas, y tomando el camino de la tierra firme llegaron al puerto de -Sancta Marta, en el cual entraron y echaron sus anclas; los indios -del pueblo y pueblos de por allí, como vieron la flota y estaban de -tantas veces ya muy experimentados de lo que pretendian los españoles, -y de las obras que dellos siempre rescibian, cada y cuando por allí -aportaban, salieron como leones fieros de sus casas, con sus arcos -y flechas enherboladas, y tiran á las naos metiéndose hasta la cinta -en el agua. Mandó saltar Pedrárias contra ellos cierta gente en los -bateles de las naos, pero ellos pónense con sus arcos y flechas, -aunque desnudos en cueros, á defenderles que en tierra no entrasen, y -de la primera rociada de flechas que les soltaron, les mataron luégo -dos hombres, por ir las flechas enherboladas, lo cual puso en gran -temor á toda la gente que iba en las barcas; pero soltando ciertos -tiros de pólvora desde las naos, creyendo los indios que eran rayos, -y truenos, y relámpagos, todos volvieron huyendo las espaldas. Los -españoles estuvieron mucho dudando si saltarian en tierra y seguirian -tras ellos el alcance, por miedo de la hierba tan mortífera que en -las flechas echaban; pero pareciéndoles que sería cobardía, y los -indios los ternian en poco y cobrarian dende adelante mayor ánimo, -mandó Pedrárias que saltasen 900 hombres en tierra, y fuesen á los -pueblos y trabajasen de lastimallos ó asegurallos, y creo que fué él -con ellos. Salidos en tierra los españoles, huyeron los indios; van -los nuestros al pueblo primero, y roban cuanto hallan, y, en especial, -captívanles todas las mujeres y hijos que no pudieron haber huido. Los -indios, viendo llevar sus mujeres y hijos, vuelven como rabiosos perros -ó tigres contra los españoles, con grandísimo ímpetu, y desarmados -sus arcos y tiradas sus flechas, tornaron á huir los que pudieron, -sintiendo el cortar de las espadas y el fuego de las escopetas. No -supe que desta hecha algun español hiriesen, aunque pocas veces por -allí solia acaecer no matar ó mal herir, por la ponzoña de la hierba -y ser en el tirar ellos muy certeros. Entraron algunas cuadrillas -por la tierra dentro dos y tres leguas, y robaron cuanto hallaron de -joyas de oro, y algunas esmeraldas ó madres dellas, y gemas, ó ciertas -piedras preciosas y ámbar, engastonadas en oro, por buen artificio -hechas. Hicieron los requerimientos que aquellas tierras supiesen -ser de los reyes de Castilla, y por tanto que le viniesen á dar la -obediencia, y tornarse cristianos, sino que las dejasen y se fuesen -dellas. Respondiéronles con una gran nubada de flechas, pero creer que -entendieron ellos cosa del requerimiento es falsísimo, porque no sabian -más de nuestra lengua que de la latina; todo ésto es fingir novelas, -como los nuestros en estas tierras siempre contra estas naciones -suelen. Y si respondieron con flechas despues de les haber hablado -las palabras del requerimiento, fué no queriendo oillos ni tener que -hacer con ellos, viéndose así despojados de sus haciendas, robadas -sus casas, y llevados captivos sus mujeres y hijos; y puesto que lo -entendieran, buenas nuevas les daban, y buenas obras les habian hecho -para esperallos, rescibillos, y ni oillos. Hallaron en las casas los -nuestros muchas y muy hermosas redes, para pescar en la mar y en los -rios que allí entran; hallaron muchas mantas y cosas de algodon, y de -plumas de diversas colores, muy lindas, vasos para agua y para vino, -y otras muchas vasijas de barro y de diversas formas hechas, pintadas -y muy lindas. Tornáronse á las naos, con grandes gritas y alegría, -triunfantes, cargados de las cosas ajenas, los nuestros; díjose que de -los presos, despues de llevados á las naos, soltaron algunos, dándoles -algunas cosas de las de Castilla porque fuesen contentos, no pude -certificarme si los soltaron todos y les restituyeron las mujeres y -hijos. Salió del puerto de Sancta Marta la flota para el puerto de -Cartagena, pero por cierta tormentilla que les ocurrió, y por las -muchas corrientes que por aquella mar siempre andan, fueron forzados -á pasarlo sin verlo, y fueron á parar á Isla Fuerte; díjose que hizo -saltar gente allí Pedrárias y prender alguno de los indios della y -llevólos por esclavos. Está del Darien esta isla 50 leguas. Finalmente, -llegaron y entraron en el golfo de Urabá y el Darien, cuasi mediado -el mes de Junio. Acaeció una cosa de notar, salidos de Sancta Marta, -que no parece haber sido menor señal de lo que habia de suceder que si -fuera una cometa, y para los gentiles de los siglos antiguos mirárase -más en ello: salió una ave, que en latin se llama _onocrotalus_, y en -nuestro romance no sabemos otro vocablo para nombralla, sino creto -ó onocrótalo, la cual es muy mayor que un buitre, tiene el papo muy -grande y feo, nunca está sino en las lagunas ó rios grandes, porque -su mantenimiento no es sino de peces. Salió, digo, de la tierra, y -visitó volando, primero, la nao Capitana, donde venia Pedrárias, y -despues rodea toda la flota como visitando todas las naos, y luégo cae -muerta. Este acaecimiento parece haber sido presagio ó señal que quiso -Dios mostrar de las matanzas y estragos que Pedrárias y los que con él -vinieron habian de hacer en aquellas tristes gentes, y tambien amenazas -de las muertes que habian de padecer de hambre y laceria los mismos -españoles que con tanta ansia venian á pescar oro, y que luégo en breve -se les siguieron, como, placiendo á Dios, diremos. - - - - - CAPÍTULO LX. - - -Llegado Pedrárias y su flota al puerto del Darien, que distaba del -pueblo creo que media legua, envió luégo Pedrárias un criado suyo, -ántes que ninguno de las naos saliese, á hacer saber á Vasco Nuñez como -era llegado con su flota al puerto. Tenia Vasco Nuñez entónces consigo -en el Darien, 450 hombres ó pocos ménos, y, cierto, valian harto más -por estar en tan grandes trabajos curtidos, que los 1.200 ó 1.500 que -Pedrárias traia. Llegado el criado de Pedrárias al pueblo, preguntó por -Vasco Nuñez; dijéronle, véislo allí, el cual estaba mirando y ayudando -á los que tenia por esclavos, que le hacian ó cubrian de paja una casa, -vestido de una camisa de algodon ó de angeo, sobre otra de lienzo, y -calzado de unos alpargates los piés, y en las piernas unos zaragüelles. -El hombre quedó espantado de ser aquel Vasco Nuñez, de quien tantas -hazañas y riquezas se decian en Castilla, creyendo que lo habia de -hallar en algun trono de majestad puesto; llegóse á él diciendo: -«Señor, Pedrárias ha llegado á esta hora al puerto, con su flota, que -viene por Gobernador de esta tierra.» Respondió Vasco Nuñez, que le -dijese de su parte, que fuese muy bien venido y que se holgaba mucho -(y Dios lo sabe) de su venida, y que él y todos los de aquel pueblo, -que estaban en servicio del Rey, estaban prestos para rescibillo y -serville. Oidas las nuevas por todo el pueblo, de haber llegado al -puerto con tanta flota y armada, no hobo poco bullicio y pláticas en -corrillos entre todos ellos; trataron cómo sería mejor rescibille, ó -saliendo con armas, como cuando andaban armados por los indios, ó como -pueblo, sin ellas. Cerca de lo cual hobo diversos pareceres, pero Vasco -Nuñez siguió el más seguro, y que ménos podia causar sospecha, y así -lo salieron á rescibir todos sin armas, y como estaban en sus casas, -media legua. Pedrárias, como hombre no descuidado, entendido en las -guerras, ordenó su gente, no del todo confiado que Vasco Nuñez con buen -ánimo le rescibiese, ni los que con él eran; llegados á donde Pedrárias -venia con su mujer, Doña Isabel de Bobadilla, de la mano, Vasco Nuñez -y su compañía les hicieron gran reverencia, y Vasco Nuñez, con buenas -palabras, se ofreció en nombre suyo y de todos, como Gobernador del -Rey, á obedecerle siempre y servirle. Fuéronse todos juntos al pueblo -con exterior regocijo, y Dios sabe si les sobraba á los que estaban -la interior alegría; repartiéronse los que con Pedrárias venian, que, -como se dijo, eran 1.200, por las casas que eran todas de paja de los -que allá estaban, que eran pocos más de 400. Los que estaban proveian -del pan de maíz y del caçabí, de raíces y frutas de la tierra, de -agua del rio, y del servicio de los indios que por esclavos tenian, -habidos con la justicia que arribase ha referido; Pedrárias mandaba -proveer á cada uno de racion de tocinos y carnes, y pescados salados -y algun bizcocho, y otras cosas comestibles de bastimentos que el Rey -mandó, para la armada y gente della, que se trujese de Castilla. Luégo, -otro dia despues de llegados y aposentados todos, comenzó Pedrárias á -inquirir é informarse de los que en la tierra estaban, si eran verdad -las grandezas que Vasco Nuñez habia escrito al Rey, de la mar del Sur -y de las perlas de las Islas della, y de las minas ricas de oro y de -todo lo demas; lo cual todo halló ser así, como Vasco Nuñez lo habia -escrito, sino que el pescar del oro con redes, que no Vasco Nuñez, -sino la fingida fama ó de Colmenares ó de otros habia publicado, y la -vanidad y cudicia de Castilla tenia creido, halló no ser así. La gente -toda, recien venida, no se descuidaba de preguntar dónde y cómo el oro -con redes se pescaba, y, segun yo creo, comenzó desde luégo á desmayar -como no via las redes y aparejos con que se pescaba, ni hablar ó tratar -dello á cada paso; y así fué que, oidos los trabajos que los huéspedes -les contaban haber pasado, y como el oro que tenian no era pescado -sino á los indios robado, y puesto que habia muchas minas y muy ricas -en la tierra, pero que se sacaba con inmenso trabajo, comenzaron luégo -á se desengañar y hallarse del todo burlados. Luégo mandó Pedrárias -apregonar residencia contra Vasco Nuñez, la cual le tomó el licenciado -Espinosa, Alcalde mayor; mandó prenderle y condenó en algunos millares -de castellanos, por los agravios hechos al bachiller Anciso y á otros, -y al cabo, teniendo respeto á sus trabajos, que llamaban grandes -servicios hechos al Rey, de la muerte del triste Nicuesa y de todos -los mas cargos que le pusieron le dieron por libre y quito; pero de -los robos, y matanzas, y captiverios y escándalos, que habia hecho á -muchos señores, y Reyes, y particulares personas de los indios, no hobo -memoria en la residencia, ni hombre particular, ni fiscal del Rey que -dello le acusase, porque matar ni robar indios nunca se tuvo en estas -Indias por crímen, y la más potísima razon que desto dar se puede, no -es sino la insensibilidad que ha permitido Dios, por los pecados de -España, en los más de nosotros, sin el juicio secreto divino que ha -reservado para sí, é para la otra vida, el castigo total de los pecados -tan inhumanamente cometidos en las gentes destas Indias. Y porque habia -escrito Vasco Nuñez al Rey, entre las otras cosas, que, para el trato y -descubrimiento de la mar del Sur, convenia hacerse pueblos de españoles -en la tierra y señorío de los caciques Comogre, Pocorosa y Tubanamá, -trató luégo Pedrárias de enviar gente, con parecer de Vasco Nuñez, para -que en los dichos tres lugares poblasen. - - - - - CAPÍTULO LXI. - - -Entre tanto que se trataba y aparejaba de enviar gente, para hacer -las dichas poblaciones, comenzóse á gastar la comida y bastimentos -que la flota habia traido de Castilla, como era mucha gente la que -los gastaba, por lo cual se iban adelgazando las raciones que el Rey -les mandó dar, y no se comia tanto cuanto habian menester digerir los -estómagos. Dello por esta causa, dello por ser enfermo el lugar donde -estaban poblados, por ciertas ciénagas y lugares bajos y sombríos, -y tambien por la diferencia de los aires más delicados y más claros -destas tierras, que por la mayor parte y cuasi todas son más que las de -España sanas, mayormente habiendo tan gran distancia de allá á estas -partes, comenzaron á enfermar y á morir la gente que habia traido -Pedrárias; no perdonó á él mismo, aunque tenia mejor refrigerio, que -no incurriese una grave enfermedad. Salióse del Darien, por parecer -del médico ó médicos que habia traido, con los demas, y fuese al rio -de Corobarí, la última luenga, cerca de allí, que se tenia por de -mejores aires. Con la indisposicion de Pedrárias dilatóse la provision -y despacho de las dichas poblaciones, pero no la muerte de muchas -personas, que cada dia de hambre y enfermedades morian, y más de hambre -y falta de refrigerio que de las enfermedades se interpolaba, cuando -ya del todo las raciones del Rey se acabaron. Cresció esta calamidad -de hambre en tanto grado, que morian dando quejidos «dáme pan» muchos -caballeros, y que dejaban en Castilla empeñados sus mayorazgos, y otros -que daban un sayon de seda carmesí é otros vestidos ricos porque les -diesen una libra de pan de maíz ó bizcocho de Castilla, ó caçabí. Una -persona, hijodalgo, de los principales que habia traido Pedrárias, iba -un dia clamando por una calle que perecia de hambre, y delante todo -el pueblo, cayendo en el suelo, se le salió el ánima. Nunca parece -que se vido cosa igual, que personas tan vestidas de ropas ricas de -seda y áun parte de brocado, que valian muchos dineros, se cayesen á -cada paso muertas de pura hambre; otros se salian al campo y pascian -y comian las hierbas y raíces que más tiernas hallaban, como si -fueran ganados; otros, que tenian más vigor, traian sin vergüenza del -monte haces de leña por un pedazo de cualquiera pan que les daban. -Morian cada dia tantos, que, en un hoyo que se hacia, muchos juntos -enterraban, y á veces si cavaban una sepultura para uno del todo no la -querian cerrar, porque se tenia por cierto que pocas horas habian de -pasar que no muriesen otros que lo acompañasen. Muchos se quedaban sin -sepulturas un dia y dos, por no tener fuerzas para los enterrar los -que eran sanos y tenian que comer algo; en todos los casos dichos poco -cuidado habia de hacerles obsequias, como ni lo habia de amortajarlos. -Aquí vieron todos bien á la clara, cómo el oro con redes se pescaba. -En estas angustias puestos, y no ménos Pedrárias y su casa, dió -licencia á algunos principales caballeros que se volviesen á España, -de los cuales vinieron á parar á la isla de Cuba una barcada con -harta necesidad, donde les matamos bien la hambre, por estar nosotros -en tierra de grande abundancia, cuanto la de donde venian tenia de -falta, no por ser la tierra estéril, porque no es sino fertilísima y -de mantenimientos abundaba cuando estaba en su prosperidad, sino por -haberla los españoles despoblado, dello con muertes innumerables, dello -por captiverios de vivos, enviando á vender á estas islas muchos por -esclavos, dello por haber á todas las demas gentes ahuyentado, y así -estaban aquellas provincias asoladas; porque es cierto que si á los -Caciques y señores y gentes moradores dellas los españoles les hicieran -obras de cristianos, aquellos y muchos más pudieran ser proveidos y -sustentados, y áun ricos de lo que deseaban, pero no fueron dignos -porque no traian el fin que Dios pretendia desde que se movieron de -España. Así que, estos efectos parió el creer que el oro se pescaba, y -venir á pescallo con tanta ansia. Convalesciendo algo Pedrárias, siendo -avisado de las muchas minas y ricas que habia por aquella provincia -del Darien, no curando mucho de la sanidad de la tierra, que debiera -mucho mirar, segun lo que de presente cada dia pasaba, envió á un -Luis Carrillo, con 60 hombres, para que poblase un pueblo en el rio, -siete leguas del Darien, que no sé por qué ocasion habian nombrado, en -tiempo de Vasco Nuñez, el rio de las Anades; no sé con que confianza de -mantenimientos, pues todos andaban hambreando, y no habia memoria de -hombre indio en toda la comarca, sino sólo los que tenian algunos de -los que allí iban por esclavos, y así duró poco el pueblo allí por esta -causa. En este tiempo, como se le iba asentando la silla de obedecer y -ser mandado á Vasco Nuñez, estando tan acostumbrado á ser obedecido y á -mandar, inventó camino para ir por sí á donde sólo gobernase, para lo -cual envió secretamente á Andrés Garavito á la isla de Cuba para que -le trujese gente, con la cual por el Nombre de Dios pasase á poblar en -la mar del Sur. En este propósito no sé sobre qué estribaba, porque -no creo que le era venido el título de Adelantado de la mar del Sur, -sino quizá por cartas que tenia que el Rey le habia hecho merced dél, -porque ya que lo tuviese de presente no parece que habia de pretender, -ni podia, gobernar sin estar subjeto á Pedrárias; y por ventura, deste -principio comenzó á tener cosquillas de sospecha dél, Pedrárias, de -donde al cabo le provino su final daño. - - - - - CAPÍTULO LXII. - - -Despachado Luis Carrillo para que poblase el rio de las Anades, -determinó Pedrárias, con toda la priesa que pudo, de despachar y -despachó á Juan de Ayora, su Capitan general, con 400 hombres los ménos -indispuestos de los que habia traido, con parte de los antiguos que -con Vasco Nuñez estaban, á robar todo el oro que haber pudiese por -toda la tierra, sin guardar fe ni amistad á los señores y sus gentes -que Vasco Nuñez tenia confederados, aunque tambien por él robados y -tiránicamente forzados y agraviados, (puesto que por ventura no mandó -Pedrárias que á los confederados hiciesen daños, como los hizo su mal -Capitan), porque ya habia determinado, segun creo, de enviar á su -mujer, Doña Isabel, á Castilla, y no llevarse vacías las manos. Mandóle -que hiciese tres pueblos con sus fortalezas, en la tierra de Pocorosa, -y en la de Comogre, y de Tubanamá. Embarcóse Juan de Ayora, con los -400 hombres, en una nao y tres ó cuatro carabelas, y fué á desembarcar -al puerto de la tierra del cacique Comogre, que distaba del Darien 25 -ó 30 leguas, hácia el Poniente; desembarcado en el pueblo de Comogre, -despachó á un Francisco Becerra con 150 hombres á la mar del Sur, para -que descubriese algun buen asiento y comarca donde se poblase; fué -guiado por un camino más breve, que se sabia de ántes, por el cual -se hallaron haber 26 leguas de mar á mar. Estos despachados, mandó -Juan de Ayora á Garci-Alvarez, que, con los navíos y alguna gente que -habia indispuesta, le fuese á esperar al puerto del cacique Pocorosa, -que estaba más al Poniente, abajo, en tanto que él iba á robar lo que -hallase. Váse con sus 200, y algunos más hombres, la tierra adentro, -al cacique Ponca, del cual en el cap. 47 mostramos que habia venido -á Vasco Nuñez, y Vasco Nuñez, asegurádole y prometídole que nunca -le vernia daño, y el Ponca le ayudó dándole de su gente que para el -descubrimiento de la mar del Sur le acompañase. Ponca, pues, como -estaba seguro, salió á rescibir á Juan de Ayora, de paz, y lo primero -que hizo fué tomarle, contra su voluntad, el oro que pudo hallar, -escudriñándole su casa, y diciéndole, riendo, que de los amigos se -habia de ayudar. De allí vá al Cacique y señor Comogre, que tantas -caricias y buen rescibimiento y hospedaje habia hecho á Vasco Nuñez, -y á su compaña, y el primero que dió las nuevas de la otra mar, como -arriba, en los capítulos 41 y 42 se ha contado, el cual, siendo avisado -de sus espías que venia, y que su fin era el oro deseado, salióle á -rescibir al camino con un buen presente de joyas de oro y comida, y -llegado á su casa les hizo cuantos servicios pudo y regalos; pero ni -estas buenas obras hechas á él, ni las que Vasco Nuñez rescibió con -los pasados, ni la fe y seguridad que le prometió de que sería seguro -y no rescibiria de los españoles nunca jamás daño, bastó á que no le -tomase por fuerza sus propias mujeres aqueste infelice tirano. Lo -mismo hizo, segun se escribió, de allí salido, á Pocorosa, en cuanto -le pudo robar, puesto que su persona, siendo avisado de lo que venia -haciendo, se fué huyendo á los montes que no lo osó esperar, y lo que -peor fué que el triste de Pocorosa, Rey de aquella tierra, pensando -aplacalle y doblalle para que le restituyese las mujeres ó gente y -otras cosas que le habia robado, y tambien por miedo que buscándolo ó -haciéndole buscar caerian en sus manos, vínose á él con un presente -de todo el oro que allegar pudo, que con su persona misma le trajo; -pero nada le aprovechó, ántes lo prendió y llevó preso á la tierra de -Tubanamá, diciendo que con la prision de aquel amedrentaria los otros -señores, para que con oro se rescatasen. Pasando á la tierra y señorío -de Tubanamá hallóle seguro y quieto en su casa, como habia prometido -á Vasco Nuñez que siempre lo estaria, y que así lo habian siempre de -hallar; rescibió á Juan de Ayora con mucha alegría, dále á él y á su -gente de comer, y hizóle servir con toda su posibilidad; demás desto, -dióle un presente de oro, no de poca cantidad, pero no le hartó ni -satisficieron las obras tan buenas de quien no les debia nada; en -pago de lo cual tómale cuanta de su gente pudo por esclavos, y róbale -cuanto le pudo robar. Escapóse dél Tubanamá lo mejor que pudo, y fuese -apellidando su tierra, y tambien quizá sus vecinos, y con la más gente -que pudo allegar vino sobre Juan de Ayora y sobre los suyos por la -otra parte del rio, donde él estaba, con gran furia, y echóles una -nubada de flechas, peleando contra ellos como leones, pero desnudos en -cueros. Cierto, si las armas les ayudaran, más daño que nunca hicieron -nos hobieran hecho estas gentes, porque ánimo no les ha faltado y -menosprecio de la muerte por defension de sus patrias y casas, segun -habemos visto hartas veces por experiencia. Tornando á Juan de Ayora, -defendióse del ímpetu de Tubanamá, no supe si ellos hirieron algunos -españoles con este ímpetu, ni si los españoles mataron algunos, más de -que se vido bien apretado Juan de Ayora, y con harto miedo, por lo cual -con mucho trabajo y priesa hizo aquella noche, de rama y tierra, una -fortaleza, temiendo que al salir del alba serian otra vez sobre él; no -volvieron porque no pensaron prevalecer, lo cual es argumento que los -lastimaron las espadas ó los perros. Dejó allí Juan de Ayora en aquella -fortalecilla un Hernan Perez de Meneses, con 60 hombres, para tener -las espaldas seguras, y para los yentes y vinientes, ó para enviar de -sí nuevas y sabellas de Francisco Becerra, y volvióse á Garci-Alvarez, -que le esperaba con los navíos en un rio que habian nombrado de Sancta -Cruz, en la tierra de Pocorosa; señaló allí una villa y púsole nombre, -la villa de Sancta Cruz, y los vecinos que le pareció, criando Alcaldes -y Regidores, conforme á la instruccion que de Pedrárias llevaba: ésto -fué á tantos de Mayo del año de 1515. Poblada esta villa de Sancta -Cruz, aunque no de gente sancta, teniendo noticia Juan de Ayora de que -más al Poniente habia un señor, de gente y de oro muy rico, llamado -Secatíva, la penúltima luenga, envió por la mar, en ciertas barcas ó -bateles, á un fulano Gamarra, con cierta gente, para que, so color de -que diese la obediencia á los reyes de Castilla, captivase la gente -que pudiese, y robase la riqueza que estimaba que tenia; pero como sus -obras fuesen ya por toda la tierra estendidas, y en los oidos de todas -las gentes de aquellas provincias fuesen, como lo eran, horribles, por -cuya causa y temor todos los pueblos y señores dellos estaban sobre -aviso, teniendo sus espías (en lo cual los indios no se duermen), -temiendo haber de venir sobre ellos aquella pestilencia cada dia, el -cacique Secatíva con su gente, avisados que por la mar los españoles -venian, pusieron en cobro sus mujeres y hijos, y vacío el pueblo, -metidos tras de unas matas, los españoles, dejadas las barcas y salidos -en tierra, ya que llegaban cerca del pueblo, salen los indios de través -con un terrible alarido, y dan en ellos, lanzando varas tostadas -como dardos y no sé si flechas tambien, con las cuales hirieron al -Capitan y á los más de su compañía, y así se volvieron huyendo, bien -descalabrados, de donde habian venido. Juan de Ayora, desque los vido -venir destrozados, lleno de ponzoña de ira determinó de la derramar en -el pueblo de Pocorosa, y mandó que le robasen toda la tierra que era -donde habian hecho su negra villa, y prendiesen á él para podelle sacar -más oro si pudiesen, pero fué avisado Pocorosa por un español llamado -Eslava, que era su amigo, al cual quiso ahorcar Juan de Ayora desque -lo supo. Concluida ésta su predicacion y dejada la tierra tan en amor -de la fe y religion de Cristo, Juan de Ayora deliberó de se volver al -Darien para se tornar, con ciertos barriles que tenia ya llenos de oro, -á Castilla, y así lo hizo, pero hurtando un navío que en el puerto -quedaba, y díjose que el mismo Pedrárias fué sabidor y consentidor del -hurto, y de su huida con el oro robado, por ser muy amigo de Gonzalo -de Ayora, su hermano, pudo ser que de lo que traia robado dió su parte -al quinto del Rey é á Pedrárias, sin lo mucho que se dijo que trujo -escondido; éste infelice tirano era natural de Córdoba, hijodalgo -y persona estimada por aquel tiempo, y, sus obras lo claman, de -insaciable cudicia. Deste tirano cuenta Pedro Mártir, en el cap. 10, -de su tercera Década, lo siguiente: _Joannes Aiora civis cordubensis -nobili genere ortus misus pro prætore, uti alias diximus, auri magis -cupidus quam rei bene gerendæ amator, aut laudis. Nactus occasiones in -regulos spoliavit multos et contra jus fasque aurum ab eis extorsit, -et crudeliter (ut aiunt) tractavit; ita ut ex amicis facti sint hostes -infensissimi, et animis desperatis jam quacumque datur vi aut insidiis -nostros perimunt. Ubi pacato comertiabantur et volentibus regulis, nunc -armis agendum est. Multis auri ponderibus hoc modo coactis, uti fertur, -aufugit sumpto furtim, ut vulgo dicitur, navigio..... Non desunt qui -Petrum Ariam ipsum gubernatorem ejus fugæ assensisse arbitrentur..... -Nihil mihi eque displicuit in universis occeaneis agitationibus ac -istius avaritia quæ pacatos regulorum animos ita perturbaverit._ El -capitan Garci-Alvarez con los suyos, pobladores de la villa de Sancta -Cruz, no queriendo estar ociosos, creyendo permanecer en ella, salian -por los pueblos comarcanos á robar mujeres, y la gente que podian haber -para traer captiva. Pocorosa, señor tan agraviado de los españoles á -él tan desagradecidos, junta la gente que pudo, suya y de sus amigos, -y tambien agraviados y lastimados vecinos, vienen al cuarto del alba -sobre la villa, y hallando á todos durmiendo, ántes que acordasen para -tomar las armas, estaban todos heridos; pero como las armas de los -indios, donde no hay ponzoñosa hierba, no matan luégo, como nuestras -culebrinas, tornaron los españoles; aunque heridos, sobre sí, é tomadas -sus armas dan en ellos, y matando con sus espadas, tambien de los -golpes de los indios con sus macanas morian; y con tanto vigor los -indios, aunque dellos caian muertos muchos, perseveraron en la pelea, -que cuando vino á ser claro el dia los tenian todos despachados, con -su capitan Garci-Alvarez, sino fueron sólos cinco. Estos se escaparon -escondidos y huyendo noches y dias hasta llegar al Darien, donde dieron -las nuevas, y así se despobló la buena villa de Sancta Cruz á cabo de -seis meses de su principio. - - - - - CAPÍTULO LXIII. - - -Despachados Luis Carrillo y Juan de Ayora para sus romerías, luégo -envió Pedrárias á Pedrárias, su sobrino, con 200 hombres con dos -navíos, al rio de la provincia del Cenú, la última sílaba aguda, para -que descubriese y anduviese aquella tierra y rio, y robase el oro que -pudiese, porque los indios que habia hecho esclavos en Isla Fuerte, -como arriba se dijo, decian que en aquella tierra ó provincia habia -mucha riqueza, como vian á todos por oro tan caninos; y verdad era, -porque aquella provincia era el fonsario y entierro de muchas gentes de -la tierra adentro, que venian á enterrar sus muertos de muchas leguas, -y enterraban con ellos cuanto oro tenian. De aquellas sepulturas se -hobo despues grande suma de oro y riquezas, aunque todo há poco, como -el mundo sabe, lucido. Así que fué con su gente Pedrárias, sobrino, -y navíos al rio de Cenú, que está del Darien 30 ó poco más leguas de -la parte del Oriente; llegados al puerto y echadas las barcas para -subir por el rio; y siendo dificultosa la subida por la corriente y -la gente ser nueva, y la gran multitud de mosquitos que los comian, y -la esperanza de haber lo que buscaban con tantos trabajos muy fria, -comenzaron á sentir más el oficio y trabajo del remar que el consuelo -de conseguir su fin les ofrecia. Por todos estos accidentes comenzaron -á caer enfermos y á morir; viéndose Pedrárias, sobrino, en mucha -angustia, y que él tambien padecia el peligro de la vida, y no ver -aparejo para hacer asiento, que quizá era lo que más queria, por salir -de tanta tristeza dió luégo la vuelta al Darien con la mitad ménos -de la compañía. Viéndolo Pedrárias, su tio, más creo que se holgara -si lo viera que los navíos cargados de oro y de muchos indios hechos -esclavos traia. Desde á poco, hé aquí viene Luis Carrillo con toda su -compañía, que habia desmamparado y despoblado la villa de las Anades, -diciendo que no podian hallar bastimentos para se sustentar por andar -los indios huidos; con estos recaudos estaba Pedrárias muy afligido, -y via que no ponia en cosa mano que no se le deshacia, puesto que no -dejaba de recoger del oro robado, y esclavos hechos tan contra Dios y -su ley, cuanto para sí aplicar podia; pero el ciego infelice, ser la -causa de los reveses que padecia el mal estado en que él y todos los -españoles, que en aquella tierra estaban, vivian, destruyendo aquellas -inoxias gentes, no advertia. Aquel Luis Carrillo, despues que comenzó á -asentar su villa de las Anades, puso por obra de hacer catas, con los -indios esclavos que él y los de su compañía tenian, en aquel rio, para -ver el oro que habia, y puesto que por aquel y por otros muchos rios, -y toda aquella tierra es de oro rica, pero como se saca con grandísimo -trabajo y há menester paciencia y tiempo para cogollo, porque no suele -salir tan á montones que luégo se alegre y contente y harte la gran -cudicia, comenzaron á desajenarse los vecinos de la nueva villa; pero -el Luis Carrillo, por esforzar los vecinos á que no desmayasen, y -dalles algun contentamiento, acordó de salir, con los que más sanos y -dispuestos estaban, á captivar indios de los que por sus obras y de los -demas andaban ahuyentados, y otros que estaban en sus pueblos con temor -cada dia esperándolos. Fuese por la tierra de Abrayba á la provincia -nombrada Ceracaná, la última luenga, que vivian en las barbacoas ó -casas sobre los árboles que estaban en el agua, los cuales, sintiendo -los españoles, se defendieron con sus varas un buen rato, pero no les -aprovechó porque los españoles, combatidas siete de aquellas casas -altas, prendieron al cabo más de 400 ánimas, y queriendo ir adelante -á buscar más los ya captivos probaron á huir, y escapáranse sino por -un perro que llevaban que lo soltaron, y aquel los detuvo habiendo -muchos dellos desgarrado; á aquellos 400 repartió Luis Carrillo entre -sí mismo y su compaña. Venidos á su pueblo de las Anades, fuese luégo -al Darien á decir á Pedrárias que era imposible allí perseverar por -no haber comida y por otras incomodidades, y así luégo lo despoblaron. -Por este tiempo debia enviar Pedrárias al bachiller Anciso al Cenú, -como hervia siempre la fama y más la cudicia del abundar en oro aquella -provincia, como á hombre que tenia experiencia de aquellas tierras y -que lo haria mejor que Pedrárias su sobrino, y como Anciso era jurista -debió parecerle que justificaba, con usar del requerimiento, mejor sus -robos y violencias que iba á hacer á los vecinos del Cenú, que Juan de -Ayora y Luis Carrillo, sin él, las suyas, y así dice él en su «Suma -de geografía», cuasi al cabo della, hablando del Cenú, las palabras -siguientes: «Yo requerí, de parte del rey de Castilla á dos Caciques -destos del Cenú, que fuesen del rey de Castilla, y que les hacia saber -como habia un sólo Dios, que era Trino y Uno, y gobernaba el cielo y la -tierra, y que éste ha venido al mundo y habia dejado en su lugar á Sant -Pedro, y que Sant Pedro habia dejado por su sucesor, en la tierra, al -Santo Padre, que era Señor de todo el mundo Universo, en lugar de Dios, -y que ese Santo Padre, como Señor del Universo, habia hecho merced -de toda aquella tierra de las Indias y del Cenú al rey de Castilla, -y que, por virtud de aquella merced que el Papa habia hecho al Rey, -les requeria que ellos le dejasen aquella tierra, pues le pertenecia; -y que si quisiesen vivir en ella, como se estaban, que le diesen la -obediencia como á su señor, y le diesen en señal de obediencia alguna -cosa cada un año, y que eso fuese lo que ellos quisiesen señalar, y -que si ésto hacian que el Rey les haria mercedes y les daria ayuda -contra sus enemigos, y que pornia entre ellos frailes ó clérigos que -les dijesen las cosas de la fe de Cristo, y que si algunos se quisiesen -tornar cristianos, que les haria mercedes, y que los que no quisiesen -ser cristianos, que no les apremiarian á que lo fuesen sino que se -estuviesen como se estaban.» Respondiéronme, que en lo que decia que -no habia sino un Dios, y que éste gobernaba al cielo y la tierra y que -era Señor de todo, que les parecia bien y que así debia ser, pero en lo -que decia, que el Papa era Señor de todo el Universo, en lugar de Dios, -y que él habia hecho merced de aquella tierra al Rey de Castilla, -dijeron que el Papa debia estar borracho cuando lo hizo, pues daba lo -que no era suyo, y que el Rey, que pedia y tomaba la merced, debia ser -algun loco pues pedia lo que era de otros, y que fuese allá á tomarla -que ellos le pornian la cabeza en un palo, como tenian otras, que me -mostraron de enemigos suyos, puestas encima de sendos palos, cabe el -lugar, y dijeron que ellos se eran señores de su tierra y que no habian -menester otro señor. Yo les torné á requerir que lo hiciesen, si no que -les haria la guerra y les tomaria el lugar, y que mataria á cuantos -tomase, ó los prenderia y los venderia por esclavos. E respondiéronme, -que ellos me pornian, primero, la cabeza en un palo, é trabajaron por -lo hacer, pero no pudieron porque les tomamos el lugar por fuerza, -aunque nos tiraron infinitas flechas é todas herboladas, é nos hirieron -dos hombres, con hierba, y entrambos murieron de la hierba aunque las -heridas eran pequeñas; y despues prendí yo en otro lugar al un Cacique -dellos, que es el que dije arriba que me habia dicho de las minas del -Nocri, é hallélo hombre de mucha verdad é que guardaba la palabra, y -le parecia mal lo malo y bien lo bueno, y cuasi de esta forma se hacen -allá todas las guerras. Todo ésto es lo que Anciso dice formalmente -y á la letra en el lugar alegado. ¿Qué mayor argumento ni más claro, -confesado por su boca, de la ignorancia y ceguedad del bachiller -Anciso, y de quien ordenó el tal requerimiento, y de todos los que -creian que por él se excusaban las tan horribles é impías guerras, y -robos, y calamidades que á aquellas gentes, por ellas, los españoles -les causaban? ¿Qué evidencia les hizo Anciso en su requerimiento -para constituillos en culpa de contumacia, y que él tuviese legítima -causa de invadillos, tomalles el pueblo matándolos y captivándolos? -¿qué injurias ó daños representaba haber el rey de Castilla, ó -España, ó el mismo Anciso dellos rescibido? ¿qué tierras ó bienes -le habian usurpado, que pidiéndoles la restitucion dellas fueron en -mora constituidos, despues de muchas veces rogados y requeridos? ¿Qué -bárbaros, incultos y hombres bestialísimos, no escarnecerán de aquel -requerimiento y de quien lo hizo? ¡Y que afirme Anciso, como testigo de -vista, que de aquella forma que él hizo la guerra á los vecinos de la -provincia del Cenú, se hicieron allá todas las guerras! _¿Quid ægemus -testibus? ex ore tuo, oh bachalarie Anciso, te judico_, y pregúntote -¿si eran obligados á creerte luégo, que el Dios que les hacia saber era -Trino y Uno, y así de las otras particularidades de tu requerimiento? -¿Bastabas tú, quizá, con gente armada, que venias á robar su oro, sus -haciendas, sus mujeres y hijos, y su libertad, por testigo? ¿Y qué -sabian qué cosa eran frailes, ni clérigos, que nunca jamás habian -visto ni oido; fe, ni Cristo, ni qué era ser cristianos, y los demas -que habian de ser entre ellos por disparates tenidos, puesto que en -sí fuesen margaritas divinas? Aunque yo para mí por cierto tengo, que -mucho de lo que Anciso aquí dice fué fingida fábula, y no historia -del todo allí acaecida, porque parece ser imposible en dos años poder -aquellos Caciques entender qué cosa era Sant Pedro, ni Papa, ni otros -términos y sentencia que allí Anciso refiere, como fuese aquella la -primera vez que españoles entraron allí, y no supiesen vocablo ninguno -de su lengua, cuanto ménos en una hora que pudieron en aquello tardar, -y por ésto tengo por incierto que del Papa ni del Rey dijesen aquellas -palabras los indios. - - - - - CAPÍTULO LXIV. - - -Desque los Pedrárias, y los oficiales del Rey é tambien el Obispo, -vieron que todos los que iban á hacer aquellas entradas siempre traian -robado mucha cantidad de oro, aunque algunos dejaban las vidas en la -demanda, comenzaron á tomar gusto en lo que aquellos traian, porque -á todos cabia, por diversos caminos ó respectos, alguna parte. De -aquí provino que ya las entradas se aprobaban y hacian por todos, -áun aquellos que de oficio les incumbia vituperallas, y acusallas, y -estorballas en cuanto pudiesen, viendo tan manifiestos los grandes -estragos que en aquellas gentes se hacian, y el daño que de allí -resultaba, áun para el provecho del Rey, ya que de la honra de Dios -ni de la infamia de la religion cristiana y de la perdicion de tantas -ánimas no se hobiera de tener algun cuidado; y así, en cada cuadrilla -que salia de españoles, y que Pedrárias licenciaba y mandaba que -fuesen á robar oro y captivar indios para los hacer esclavos, el mismo -Pedrárias y cada uno de los cuatro oficiales del Rey, y, lo que más -de llorar era, el mismo reverendo Obispo, enviaban los criados que -cada uno tenia é queria, y de vuelta repartíase todo el oro que se -habia robado y los indios que tomaban, condenados por esclavos, y cada -uno de los Pedrárias, y oficiales, y Obispo, rescibia tantas partes -cuantos criados habia enviado: y desta manera no se derramaba gota de -sangre, ni robaba castellano, ni captivaba persona alguna, de que todos -no fuesen reos, y á la restitucion del todo, _in solidum_, cada uno -dellos, y el señor Obispo que habia de poner la vida por defension de -aquellas sus ovejas, no fuese obligado. Entre otras estaciones hizo -una Vasco Nuñez, por induccion ó mandado de Pedrárias, desta manera: -él habia escrito al Rey, que en el rio Grande del Darien, por él -arriba, tenia nuevas que habia grandes riquezas de oro por estar por -allí el dios ó ídolo de Dabayba, y por esta nueva habia muchos de los -principales que habia consigo traido Pedrárias, que la empresa de irlo -á buscar por gran merced le demandaban, pero Pedrárias, segun dijo -ó se sintió dél, no quiso concedella á ninguno, porque sino saliese -verdad no culpasen á sus Capitanes, sino al mismo Vasco Nuñez que lo -habia inventado; y por ésto mandólo que tomase 200 hombres, y fuese -á buscar el dios de Dabayba y traer la riqueza de que se tractaba. -Embarcóse con ellos en muchas canoas, porque no habia otro aparejo para -por aquel rio navegar, y llegando á la tierra y señorío de los que se -llamaban gugures, que era mucha, saliéronles al encuentro con muchas -canoas, armados, yendo los españoles descuidados, y diéronles tanta -priesa que ántes que mirasen por sí tenian la mitad de los españoles -muertos ahogados, porque los nuestros, y todos, somos en el agua, en -especial en aquellas canoas, gatos, y los indios, por ser grandes -nadadores y desnudos en cueros, hácennos grande ventaja, trastornando -las canoas, lo cual hecho poco trabajo es menester para matarnos. -Entre los primeros cayó luégo muerto Luis Carrillo, el poblador de -la villa de las Anades, donde pagó lo que habia hecho en ella y en -las otras partes, y plegue á Dios que con aquella muerte su divinal -justicia se haya contentado; Vasco Nuñez, con los que le quedaron, -acordó de tomar la tierra, los indios tambien dejaron el agua, y van -tras ellos siguiendo el alcance; plugo á Dios que se sustentaron hasta -que vino la noche, y con la oscuridad tuvieron lugar de huir por montes -y valles, porque de otra suerte ninguno dellos escapara. Vino Vasco -Nuñez herido, y alguno de los restantes maltratados, y díjose que los -Capitanes nuevos de Pedrárias se holgaron viéndolo venir desbaratado, -porque se le aguase la fama que tenia de hacer por allí aquellas -hazañas, y porque si ellos despues errasen no se maravillase nadie; -Pedrárias más quisiera que viniera de oro cargado, y de no lo venir, é -cognoscer que perdia mucha gente, no podia no pesalle. En estos dias -llegó cierto navío al Darien que trujo una Provision real, por la cual -el Rey daba título á Vasco Nuñez de Adelantado de Coyva y Panamá, -donde despues se asentó la ciudad así nombrada; Coyva era una isleta -cerca de por allí, que el mismo Vasco Nuñez envió á suplicar al Rey, -porque le habian dicho los indios, ó él mal entendido, cuando andaba -en el descubrimiento del mar del Sur, que habia ó perlas ó oro en -mucha abundancia. Rescibida la Provision hízose apregonar. Comiénzase -Vasco Nuñez y los que le amaban á llamar con regocijo Adelantado, no -dejando de haber murmullo ó corrillos, dellos en bien, dellos en mal, -porque, segun se dijo y pareció, de la prosperidad de Vasco Nuñez no -gustaba bien, con los suyos, Pedrárias, viendo que se le iba saliendo -de las manos; y la fortuna no olvidaba á Vasco Nuñez de levantallo, -para despues de más alto lo derrocar. Ayudó luégo á lo susodicho, y -desabrimientos de Pedrárias, que volvió Andrés Garavito de la isla de -Cuba, con 60 españoles, para seguir á Vasco Nuñez, con armas y otras -cosas necesarias para pasar por el Nombre de Dios á poblar en la -mar del Sur, esperando que el Rey le daria la gobernacion de lo que -poblase. Garavito, surgiendo seis leguas del puerto, envió secretamente -á avisar á Vasco Nuñez de su venida. No se le encubrió á Pedrárias la -venida del Garavito, y el propósito de Vasco Nuñez de como pretendia -sin él gobernar, enviando al Rey por licencia para ello y así salírsele -de la mano, fuéle oirlo molestísimo, é, mucho, indignado, le mandó -prender y meter en una jaula de madera; puesto que, á ruego grande del -obispo, don fray Juan Cabedo, no le metieron en la jaula, y al cabo -Pedrárias le mandó soltar, con ciertas condiciones que se pusieron -entre ambos. Posible cosa es creer que nunca las cosquillas de los -ánimos, secretas, cesaron. - - - - - CAPÍTULO LXV. - - -Como, despues del oro, la riqueza de las perlas, que Vasco Nuñez habia -descubierto cuando descubrió la mar del Sur y lo habia escripto al Rey, -por aquella tierra sonaba, y Pedrárias, no ménos deseoso de henchirse -dellas que de oro hartarse, no se olvidaba, envió á un Gaspar de -Morales con 60 hombres, que fuese á la mar del Sur y pasase á las islas -que llamaban los indios de Terareguí, la última aguda, que despues de -las Perlas se llamaron, en especial una que llamaban la isla Rica, -y trabajase de haber cuantas pudiese, porque en Castilla las buenas -son muy preciadas y oro es lo que oro vale. Yendo su camino por los -pueblos y señoríos de los Caciques que Vasco Nuñez habia dejado en amor -y confederacion de los españoles todos quietos, halló que Francisco -Becerra, siendo rescibido dellos no ménos pacífica y amorosamente que -si fueran todos sus hermanos, los habia robado y asolado, al cual topó -en el camino, que se tornaba al Darien cargado de oro y con gran número -de indios presos por esclavos. Tomó Gaspar de Morales uno de aquellos -españoles, que Becerra llevaba, por guía, para lo que pretendia ir -adelante, y los indios y gente que restaba y que sentian irse Francisco -Becerra, creyendo que ya sin haber más españoles podian salirse de los -montes seguros, llegaba la langosta de Gaspar de Morales, y prendia y -robaba lo que Becerra no habia destrozado; y así, robando, matando y -captivando, llegó á la costa del mar del Sur, á la tierra y señorío -de un Cacique, Tutibra llamado, el cuál lo recibió de paz, y les dió -de todo lo que tenia, y les hizo todo buen hospedaje en su casa. No -tenia más de cuatro canoas, segun pareció, aparejadas, en las cuales no -pudieron caber todos los españoles y su aparato que siempre llevaban, -por cuya causa dejó allí la mitad dellos con un Capitan llamado -Peñalosa, y con los demas, con estas canoas, se fué á un pueblo de -otro Cacique, nombrado Tunaca, que debia estar para pasar á las islas -más en paraje. Este los estaba esperando con toda su gente de paz, -y les tenia aparejado buen rescibimiento, y las cosas comestibles -en abundancia, y rogóles mucho que se holgasen y descansasen en su -casa, pero no se lo consintió el ansia de las perlas que esperaban -haber, que los llevaba y mandaba; así, luégo, el dia siguiente, saltó -Gaspar de Morales con la mitad de los españoles en ciertas canoas -grandes, y Francisco Pizarro en otras con los demas, los cuáles dende -á poco rato, navegando, no quisieran, por cuantas perlas habia en el -mundo, haber allí entrado. La gente que de indios llevaban, que las -gobernaban, eran de los Caciques de Chiapes y de Tumaco, de que arriba -hemos hablado, que siempre guardaron el amistad que con Vasco Nuñez -pusieron, aunque mil veces tuvieron razon de quebrantársela; levantóse -tanto la mar, de que vino la noche, que todos pensaron perecer, y las -canoas una de otra apartadas, que no se vieron, cada uno dellos creia -ser los otros anegados. Por grande ventura, finalmente, aportaron á -la mañana todos á una de las islas, que son muchas, lo cual tuvieron -por milagro que Dios hacia por ellos, como por personas que tanto le -servian en andar en aquellos pasos santos. Hallaron la gente della, -toda, en solemnes fiestas ocupada, y porque tenian de costumbre, cuando -aquellas fiestas celebraban, estar todas las mujeres sin verse con los -maridos, apartadas, y los maridos lo mismo, sin ellas á otra parte, y -los españoles llegaron por la parte donde ellas estaban, no hicieron -ménos que tomallas todas y captivallas y atallas. Hácese mandado á -los maridos, los cuales, como leones bravos, vienen con sus varas -tostadas, porque no tienen ni usan flechas, y dan en los españoles muy -de presto y dellos hirieron algunos, pero no les hicieron heridas de -lombardas. Sueltan el perro que llevaban y vá á los indios y en ellos -hace terrible estrago, huyen los tristes asombrados de tal género de -armas, y aunque muchos murieron y pensaban morir, pero por la rabia -de ver llevar sus mujeres y hijas, tornaron á ir tras los españoles, -tirando varas, por librallas; ninguna cosa les aprovechó sino para -morir más de los que restaban. De allí fueron estos pecadores á la -isla más grande, donde tenia su asiento y casa real el Rey é señor de -aquellas islas, ó al ménos de las más, el cual, sabiendo que venian, ó -porque habia sido ya informado del estrago que en aquella isla primera -dejaban hecho, ó por la fama de sus ordinarias crueldades, salió con su -gente á les defender la entrada en su isla, ó por ventura despues de -entrados echallos; el cual hecho huir, con el perro desgarrados algunos -de los suyos, no por eso dejó de tornar cuatro veces con la gente que -más podia recoger, probando si pudiera desterralos de su tierra ó -matallos. Intervinieron los indios, que llevaban consigo chiapenses y -tumaquenses, amigos, diciéndoles que los españoles eran muy fuertes y -que todo lo sojuzgaban (y pudieran añidir que todo lo abrasaban), y que -sojuzgaron á los señores Ponca, Pocorosa, Quarequa, Chiape, Tumaco, y -á otros muchos, los cuales al cabo vinieron á se les subjetar, puesto -que al principio resistieron pero no pudieron prevalecer; con estos -ejemplos y persuasiones hobo de venir á ellos pacíficamente. Metiólos -en su casa, la cual dijeron que era maravillosamente hecha, y muy más -que otras de Caciques señalada, hizo sacar una cesta de vergas muy -lindas hecha, llena de perlas que pesaron 110 marcos, todas muy ricas, -y entre ellas una que pocas parece haberse hallado en el mundo tan -grandes ni tales; era como una nuez pequeña, otros dijeron que como -una pera cermeña, la cual llevó á España la mujer de Pedrárias y la -presentó á la Emperatriz, é dijeron que le mandó dar 4.000 ducados por -ella. Diéronle cuentas, y espejos, y cascabeles, y otras cosillas de -las nuestras, de que el Cacique fué muy alegre. Toma luégo el Gaspar -de Morales por la mano, y á otros que entendió ser principales, y -súbelos á un miradero de madera como torre, de donde se parecia mucho -espacio de la mar y de tierra, y, vuelta la cara al Oriente, con la -mano muéstrales la mar y la tierra que va hácia el Perú, diciendo: -«Mirad qué larga mar y qué de tierra va por allí,» y vuelve la cara -al Mediodia, y despues al Poniente, y dice lo mismo; despues señala -las islas, «ved qué de islas á una mano y á otra están por aquí, todas -están debajo de mi imperio; toda ésta es muy buena y próspera tierra, -y si vosotros llamais buena tierra la que tiene y abunda en oro y -perlas, segun me parece que lo buscais, oro entre nosotros poco hay, -pero de perlas toda la mar destas islas está dellas llena, dellas yo -os daré cuantas quisiéredes, con tanto que me guardeis la fidelidad y -amistad que yo os guardaré, y desto estar ciertos que os la guardaré -y me gozaré siempre de conversar con vosotros.» Estas y otras dulces -y amigables palabras les dijo, de que ellos quedaron admirados y -contentos. Cuando ya los nuestros querian partirse, le rogaron que -para el Rey grande suyo, dellos, rey de Castilla, le hiciese coger -100 marcos de perlas, lo cual otorgó de muy buena gana, como cosa que -tenia en poco hacerlo, pero no por eso se tuvo por obligado á hacerlo -como fuese señor absoluto en aquellas islas y tierras. Habia tantos -venados y conejos en aquella isla, que se venian á las casas de los -vecinos, cuantos querian y habian menester, donde mataron los nuestros -muchos con las ballestas, con que tuvieron muchos dias harta fiesta. -Dijeron que lo habian baptizado y puesto nombre Pedrárias, siguiendo -el error que los españoles, y áun clérigos y frailes algunos, siempre -tuvieron, baptizando á éstos infieles sin darles doctrina alguna, ni -de Dios tener chico ni grande conocimiento, más del que dél ellos -se tienen, y así son causa que despues de bautizados los indios y -rescibido el carácter (si empero no ponen obstáculo, y tienen intencion -de rescibir lo que los españoles les dicen ser bueno, como de todos -creemos), que vayan á idolatrar y cometan mil sacrilegios, lo cual -es certísimo hacerse, porque ni ántes que el bautismo les den los -enseñan ni pueden enseñarles, ni entender las cosas de la fe en tan -poco tiempo, ni despues, porque así como de ántes se quedan; y ésta es -injuria é irreverencia que se hace al Sacramento, tan intenpestiva é -indiscretamente. - - - - - CAPÍTULO LXVI. - - -Salidos de la isla Gaspar de Morales y su compañía, dejando muy alegre -al Cacique y á su gente, y ellos con sus muchas y ricas perlas muy -contentos, tornáronse á la tierra firme para volverse al Darien con -sus buenas nuevas; miéntras éstos andaban salteando por las islas y -tardaron en las de aquel señor de todas ellas, Peñalosa y los que -con él quedaron en el pueblo de Tutibra hicieron las obras, á los -vecinos de él y de los otros pueblos, que siempre han acostumbrado á -hacer, y principalmente son andar tras de las mujeres y escudriñar -y robar cuanto pudieren. Fueron, parece que, tales los agravios que -rescibieron, que acordaron de matallos á ellos allí, y despues á Gaspar -de Morales y á los suyos en el camino cuando volviesen, para lo cual se -conjuraron los Caciques que al derredor habia, que por agraviados se -tuvieron. Andaba con el Gaspar de Morales un Cacique llamado Chiruca, -con un hijo suyo, mancebo, mostrando mucha aficion á los españoles, ó -por amor verdadero (pero no sé por qué merecimientos), ó por miedo, ó -por especular bien sus costumbres, fingidamente, como yo más creo, para -despues, cuando se ofreciese oportunidad, dar en ellos. Llegados, pues, -y desembarcados de las canoas en la tierra firme, Gaspar de Morales -envió á un Bernardino de Morales con 10 hombres á llamar al Peñalosa -y á los que con él habia dejado en Tutibra, para se ir todos, parece -que, por otro camino al Darien. Estos llegaron al pueblo de un Cacique -que habia por nombre Chuchama, de los conjurados, el cual los rescibió -bien, y dióles de comer mostrándose muy amigo, pero á la noche, -estando bien durmiendo, hizo poner fuego á la casa donde dormian, y -en ella quemó dellos y ahorcó á los que por el fuego huyendo salian. -Súpolo luégo el cacique Chiruca, que estaba con Gaspar de Morales y -su compañía, y fué avisado como los conjurados ya cerca venian, por -cuya causa, ó porque él era en el conjuro, ó de miedo de los españoles -no se le imputase algo, huyóse con su hijo aquella noche, pero luégo -que los hallaron ménos enviaron tras ellos españoles y indios, de -los que llevaban por amigos, que tambien los seguian de miedo; -alcanzáronlos, y, por el rastro habidos, trujéronlos presos á padre y -á hijo. Pusiéronlos luégo á tormentos, que es su primer remedio, los -cuales les daban y dan hoy, gravísimos, azomándoles el perro que les -daba sus dentelladas bien recias: descubrieron los que en Chuchama se -habian muerto y la gente que venia sobre ellos. Fué grandísimo el miedo -que cayó en Morales y en todos ellos, sabido los que eran muertos, -esperando verse tambien ellos en aquel peligro. Usó, empero, deste -aviso, que el cacique Chiruca enviase á llamar secretamente á cada uno -de los Caciques que venian, que eran 18 ó 19, so color que les querian -avisar de cosas ántes que acometiesen, protestándole, que si en ésto -no fuese fiel, que lo habian de echar luégo al perro; él lo hizo así -de miedo, sin osar pensar en el contrario, por irle más que juramento. -En viniendo cada uno echábanlo en la cadena, que era un instrumento -tan usado entre los españoles que nunca andaban sin ella, para prender -indios y hacer esclavos, y en ella iban los que les llevaban las cargas -porque no se huyesen, porque aquellos eran sus acémilas donde quiera -que mudaban el pié. De aquella manera é con aquella industria hobo á -las manos todos los Caciques, sin que se sintiese cosa dello hasta que -estaban todos presos. En este tiempo allegó Peñalosa con su compañía, -que debia escaparse ántes de saber y incurrir el peligro, con que mucho -Gaspar de Morales y los suyos cobraron esfuerzo, teniéndolos ya por -perdidos; acordaron de salir contra los que venian, que no estaban muy -apercibidos esperando á sus Caciques. Llevó la delantera Francisco -Pizarro, y dando en ellos al cuarto del alba, diciendo Santiago, cuando -vino del todo la luz del dia contaron muertos sobre 700. Habida esta -victoria, Morales mandó aperrear todos los 18 Caciques, con Chiruca, -que fueron 19, para, diz que, meter miedo en toda la tierra. Hecho -ésto, porque tenia nueva Morales que á la parte oriental del golfo de -Sant Miguel habia un Cacique gran señor, llamado Birú, que tenia gran -riqueza de oro y perlas, determinó Morales de ir á acometerle; decíase -deste ser muy esforzado, y que cuando hacia guerra ninguno tomaba á -vida, y cercaba su casa de las armas que tomaba á los enemigos. Deste -nombre Birú, la última luenga, dijeron que llamaron los españoles -despues á la tierra del Perú, mutada la letra _b_ en la _p_, letra; -llegados los españoles á su tierra, y al pueblo donde tenia su casa, -dieron en él al cuarto del alba. La costumbre de los españoles en -aquella tierra firme fué dar en los indios, que estaban en sus casas -durmiendo seguros, de aquella manera; pegaban fuego primero á las -casas, que comunmente en las tierras calientes eran de paja, y quemados -ó chamuscados los que tenian más profundo sueño, y otros con las -espadas desbarrigados, y otros presos, huyendo los demas, atónitos -hechos, volvian despues los nuestros á escarbar la ceniza, muerto -el fuego, y coger el oro que habia en el pueblo. Así quedado en el -pueblo de Birú de la manera dicha, y muertos los que matar pudieron, -escapado el Cacique dellos, junta en breve y anima su gente y viene á -ellos terriblemente; y con tanto esfuerzo pelearon, que por gran parte -del dia no pareció quién vencia, pero al cabo habia de caer sobre los -tristes, como suele, por la ferocidad del perro, y por las ballestas, y -por las espadas que á los desnudos cortaban por medio, y así huyeron; -viendo Gaspar de Morales que aquel Cacique y sus vasallos era gente -recia, no osó esperarlos más, sino volverse al pueblo de Chiruca, -dejado, así como está dicho, predicado el Evanjelio. Las gentes de los -19 Caciques aperreados, viéndose así privados de sus naturales señores, -y el muchacho, hijo de Chiruca, sin su padre, acordaron de juntarse -para esperar los españoles, cuando del Birú tornasen, si pudiesen -matallos; de lo cual estuvo ayuno Morales, y así, cuando tornó, dieron -en él de súbito, y hiriéronle luégo algunos, y á uno atravesaron -una vara por los pechos, que de repente cayó muerto sin habla. Los -españoles como leones peleaban, y los ahuyentaban y mataban, pero los -indios no por eso dejaban de tornar sobre ellos, y así los siguieron -siete dias arreo, hiriendo algunos españoles, y ellos muchos de los -indios matando. Viendo que tanto los seguian, los españoles no osaron -más esperallos, y así una noche diéronles cierta cantonada. Estaba -herido allí un español, llamado Velazquez, de tal manera tullido, -que no pudo huir, é, por no morir á manos de los indios, acordó de -ahorcarse á vista del Capitan y de otros que, con lágrimas, diz que, se -lo estorbaban al mal aventurado. La manera que tuvieron para huir fué -hacer muchos fuegos, y dejallos allí encendidos como que todos estaban -despiertos y se velaban, pero todavía los indios sintieron que se iban, -y los siguieron, y, venido el dia, los españoles se hallaron entre -tres escuadrones de indios, cercados; Morales, por no pelear, creyendo -ya perder mucho y ganar nada, quiso que aquel dia parasen allí hasta -la noche, al medio de la cual, haciendo y dejando los mismos fuegos, -tornaron á huir más que de paso; los indios, que tanto como ellos -velaban, seguian su alcance, hiriendo siempre á los españoles, aunque -ellos, con el perro, y con las ballestas y á ratos con las espadas, -dellos mataban. Estaban ya los españoles tan cansados, y apretados, y -desesperados cuasi de vida, que se metian por las varas de los indios, -y como atónitos no vian quien los mataba, y ellos mataban terriblemente -á los indios, cuasi sin sentir ni advertir lo que hacian; tomaron un -remedio para escaparse, harto indiscreto, lleno de crueldad y de gran -compasion digno, y éste fué, que, como llevaban muchos indios é indias, -mujeres y muchachos, captivos, de trecho á trecho mataban á cuchilladas -y estocadas dellos, á fin, diz que, por que se parasen á llorarlos -los indios, y así tuviesen más lugar para su huida; como en la verdad -fuese cosa más razonable de creer que ántes se habian de indignar más -los indios, y animarse á los perseguir hasta consumillos, viendo la -crueldad que usaban con sus amigos, y quizá mujeres y hijos que allí -les traian. Aprovechóles poco crueldad tan inícua, porque siempre los -indios los seguian, y lo que más los desesperó de escapar con la vida -fué, que á cabo de nueve dias llevando esta vida, como andaban fuera de -camino y sin guía yendo de aquí para allí, como mejor para su defensa -convenia, se hallaron en el lugar, ó cerca dél, donde los escuadrones -primero les habian acometido. Viéndose allí, cognosciendo el lugar, -cuasi quedaron sin esfuerzo y sentido. Metiéronse por una gran espesura -de monte, y fueron á dar en tres guarniciones de gente que los Caciques -que aperrearon allí tenian, donde se les dobló la miseria y peligro; -pero como ya no peleaban como hombres, sino como animales feroces y -personas del todo de la vida despedidos y aborridos, cobran nuevo -ánimo, como si entónces comenzaran, y dan en ellos y no dejaron hombre -dellos á vida. Sucedióles otro infortunio y angustia terrible; cuando -pensaron que tenian algun alivio, dieron en unas ciénagas ó anegadizos, -donde caminaban por ellos todo el dia, ó nadando ó el agua hasta la -cinta. Salidos de allí con incomparable trabajo y peligro llegaron á la -mar, y hallarónse donde el agua tres estados y más, con la creciente, -sobre la playa y tierra subia, y temiendo que si la marea por allí los -tomaba, todos sin remedio perecian, diéronse gran priesa á subirse en -un cerrillo; yendo con este temor y priesa, oyeron murmullo de gente -de indios: éstos eran que cuatro canoas subian á jorro por un estero -arriba. Como los indios á los españoles sintieron, debian huir, é los -españoles las tomaron, y un Diego de Daza, con otros, las sacaron al -golfo y fué á buscar al Gaspar de Morales, su Capitan, que ya ó de -cansado, ó de miedo, no parecia; tardó buscándolo sin hallarlo tres -dias. Visto que no lo podian hallar, envió Diego de Daza á un Nuflo de -Villalobos, y á otros dos buenos nadadores, que en una balsa saliese -á buscallo, porque sin las canoas no podian salir de aquella espesura -y breñas en que estaban metidos. Arrebatólos luégo la menguante, que -es allí vehementísima, y dá con ellos en el golfo, donde pensaron ser -perdidos; vídolos Diego Daza cuando pasaban una punta que hacia la -tierra y fué con una canoa, y así por él fueron socorridos. En fin, -hallaron al Morales, y tomando el camino del Darien, fueron á la -tierra y señorío del cacique Toragre, y creyendo de hallar los indios -durmiendo, estaban sobre aviso, y, sabiendo que venian, sálenles con -su gente armada por defender que no entrasen en su tierra. Pelearon -con ellos y mataron muchos, y de los españoles mataron uno y hirieron -algunos los indios, y al cabo fueron huyendo. De allí los españoles -todos, harto afligidos, lo más presto que pudieron, fuéronse al pueblo -del cacique Careta, y de allí al Darien, lo que no pensaron muchas -veces, segun se vieron tantas muy cercanos de perder las vidas. Aquí -se puede bien claro conocer, con cuánto descanso y consuelo aquellos, -nuestros hermanos, ganaban los eternales fuegos; cierto, dellos se -puede muy bien decir aquello del libro de la Sabiduría, cap. 5.º -_Ambulavimus vias difficiles_, etc. En este tiempo envió Pedrárias su -mujer á Castilla; con harta parte debia de ir del oro robado, y la -perla grande, la cual hizo poner en almoneda y sacóla Pedrárias en -1.200 castellanos. - - - - - CAPÍTULO LXVII. - - -Como no pretendiese Pedrárias y todos los que con él vinieron, y allí -de ántes con Vasco Nuñez estaban, sino allegar todo el oro que haber -y robar pudiesen, como por todo lo ya referido queda bien declarado; -y cerca desto era tanta la ceguedad é imprudencia de Pedrárias y del -Obispo, y de todos los demas, que no advertian los grandes azotes que -Dios cada dia les daba, matándole la gente, así de enfermedades como -por manos de los indios, y de los inmensos trabajos que pasaban, que no -era todo aquello acaso, sino por mostralles y castigalles la condenada -é impía negociacion en que andaban, destruyendo aquellas inocentes -gentes que no les debian nada, y que por fin de convertillas los habian -enviado, y este fin el señor Obispo, más que otro á adivinarlo era -obligado; así que, como su fin de todos ellos fuese robar y captivar -los que estaban seguros en sus casas, y enriquecerse á costa de tanta -sangre humana, siempre Pedrárias no cesaba de enviar por todas partes -cuadrillas, donde habia nueva que los pueblos tenian oro que robarles, -y, para hacer escarnio de la razon natural y ley Divina y áun humana, -mandaba que les hiciesen primero el requerimiento que traia de Castilla -ordenado y mandado. Y los tiranos que enviaba por cumplir su mandado, y -justificar sus entradas, que así llamaban aquellos sus santos viajes, -iban con gran silencio y cuidado que no fuesen sentidos, y hacian noche -á una legua, y á media, y á un cuarto, segun la comodidad hallaban, y -entre sí leian el requerimiento á los árboles diciendo: «Caciques é -indios de tal pueblo, hacémoos saber, nos, los cristianos de Castilla, -como hay un Dios y un Papa, etc.,» y pedia luégo el Capitan testimonio -autorizado al escribano que consigo llevaba, de como se habia requerido -á los Caciques é indios de aquel pueblo, todo lo que Su Alteza mandaba, -pero que no habian querido venir á dar la obediencia á Sus Altezas, ni -á ser cristianos, y luégo al cuarto del alba daban en el pueblo que -tenia sus vecinos en sus pobres camas, y lo primero, como arriba dije, -que hacian era poner fuego á las casas donde se quemaban ó chamuscaban -los indios descuidados, mataban y prendian los que salian asombrados -y quemados, y despues de apagado el fuego iban á buscar y rebuscar el -oro, que era toda su felicidad tras que andaban. Y estas fraudes y -maldades no las podian ignorar el señor Obispo y Pedrárias, á quien -incumbia más que á otros estorballas y castigallas. Entre los demas -envió Pedrárias á un Tello de Guzman, mandándole que, con la gente que -Juan de Ayora en el pueblo de Tubanamá habia dejado, fuese descubriendo -por la mar del Sur cuanto pudiese, del Poniente abajo. Mandó ir á -Francisco de Vallejo, con 70 hombres, contra las gentes de Urabá, que -los infestaban, viniendo, diz que, sobre el Darien y echándoles las -flechas en las casas; no miraban los pecadores cuánto derecho, cuánta -justicia, y cuánta razon les sobraba. Llegados hácia los ranchos que -hoy dicen de Badillo (otro que mejor baila), que distan tres leguas -de Urabá, dando sobre ellos, segun su costumbre, al cuarto del alba, -diéronse muy de priesa á robar el mucho oro de que tenian fama, pero -los indios, que por allí tenian mortífera hierba, dieron en ellos -y hiriéronles bien cuantos. Los españoles les hicieron ventaja, y -entrando más en la tierra, júntanse muchos indios, y pelean mucho rato, -y con la hierba derrocaban muchos que morian rabiando. Retrajéronse -hácia la costa por donde habian entrado, y, llegando al rio que arriba -dijimos llamarse de las Redes, acordaron de hacer ciertas balsas para -por el agua mamparase; éstas se hacian de maderos ó haces de cañas, -atadas unas sobre otras con ciertas raíces, como correas, de la manera -de las de la yedra, ó con algunos cordeles, que siempre consigo solian -llevar para tales necesidades, de cáñamo, que por allí hay; estas -balsas, con el miedo y la priesa que tenian por salvarse, no fueron -bien atadas, las cuales, desatándoseles, con los brazos las sostenian -echados sobre ellas, y así iban el rio abajo, y, porque no podian durar -sin todos ahogarse, colgábanse de las ramas de los árboles que topaban, -creyendo de más poder durar, pero cansabánseles los brazos, caíanse y -allí se ahogaban. Otros, que tenian más vigor, llegábanse á la tierra, -y allí, con inmensidad de flechas herboladas, eran asaeteados, de -los cuales ninguno escapaba; los pocos que escaparon, heridos y por -milagro, pudieron llegar á la costa de la mar y fuéronse al Darien, -los cuales vistos por Pedrárias, que de 70 quedaban muertos los 48, -y aquellos que venian heridos de aquella hierba pestilencial, que -pocos della escapaban, vídose terriblemente angustiado, y de ninguna -parte podia hallar cosa que le consolase. Pero no por eso dejaba de -añadir pecados á pecados, y males á males por su insensibilidad, por -lo cual, para enmendar el avieso camino que andaba y recompensar las -pérdidas del oro, que muriendo los que á robarlo enviaba, dejaban de -le traer delante, acuerda enviar á Francisco Becerra en un navío con -180 hombres, y con muy grande aparato de guerra, conviene á saber, -tres tiros de artillería, que echaban la pelota de plomo más gruesa -que un huevo, 40 ballesteros, 25 escopeteros, y de todas las demas -armas que de allí pudieron haber muy bien guarnecidos, que, cierto, -bastaban para hundir é destruir á toda la tierra firme. Estos envió -para que penetrasen en la provincia del Cenú, y del todo rayesen cuanta -riqueza y oro haber en ella certificaba la fama, porque no creia que -el bachiller Anciso, segun lo que era, habia robado nada. Desembarcó -Francisco Becerra y su compañía en la costa de Urabá, porque le mandó -tambien Pedrárias que de camino destruyese á cuanta gente por allí -hallase, y entró, descubriendo la tierra por camino que nadie ántes -supo, ni despues por dónde hobiese entrado, porque nunca jamás pareció, -ni dél ni de hombre de los que con él fueron hobo ningun rastro, más -de que todos fueron muertos sin que alguno escapase; y ésto se alcanzó -por un indio, muchacho, que con ellos iba, que debia ser criado de -alguno dellos, el cual, escondido por los montes, andando de noche -y en las breñas metido de dia, se escapó hasta que llegó al Darien -cuasi, de hambre, sin habla, por gran maravilla. Deste supo Pedrárias, -que andando Francisco Becerra y su gente por diversos lugares, á -veces huyendo, á veces dando en los indios, le mataban los hombres á -flechazos con hierba, para lo cual tuvieron esta industria: que en los -caminos que iban por montes, cortaban los árboles y embarazaban los -caminos con ellos, y poníanse detrás dellos y de allí los flechaban -sin ser dellos vistos, y por aquellas espesuras teníanles gran ventaja -los indios, porque los españoles por ella son atados, y los indios, -como desnudos, ligerísimos, y así no podian seguillos. Súpose más, -que llegados al rio del Cenú, que pasa junto con el principal pueblo, -hallaron la gente disimuladamente pacífica, y, como el rio es grande -y hondo, creo que se dejaron pasar dellos en canoas, lo que fué -harto indiscreto aviso; y en canoas, ó como quieran que los pasaron -ó ayudaron á pasar, teniendo la mitad dellos de la otra parte del -rio, salieron por dos partes gente que tenian puesta en celada, y -no dejaron entónces hombre dellos vivo. Esto, como dije, se supo de -aquel muchacho indio que con Becerra y su compañía habia ido. Aquí -pagó Francisco Becerra las muertes, y captiverios, y robos que cometió -en los pueblos que los rescibian y estaban de paz, por Vasco Nuñez -confederados, quebrantándoles la fe, y verdad, y seguridad que Vasco -Nuñez, como dicho queda en el cap. 50, les habia prometido, por y en -nombre de todos los españoles, que estaban seguros sin rescibir dellos -daño, y por la misma manera parece que lo castigó Dios, saliéndole -los vecinos del Cenú de paz, y no la guardando al cabo; puesto que en -aquel salir de paz, fe ninguna ni paz no violaron, sino que usaron de -ardid discreto de guerra, y él fué indiscretísimo en creellos: gentes -que desde Hojeda y Nicuesa, y áun de ántes por Cristóbal Guerra, como -dijimos en el primer libro, de los españoles habian rescibido tan -infinitos escándalos, insultos, daños y males. Y plegue á Dios todo -poderoso, que, con este mal fin, todos los que mal hacian y han hecho á -los indios, ante el Divino juicio hayan pagado. - - - - - CAPÍTULO LXVIII. - - -Llegado Tello de Guzman al pueblo del cacique Tubanamá, halló á Meneses -cuasi cercado de los indios y de hambre, que lo guerreaban, que no -osaban salir á buscar hierbas que comiesen, no esperando remedio de -alguna parte; y puesto que muchas veces quisieran huir, pero los -indios luégo eran con ellos y los atajaban, y así pensaron más morir -de hambre quizá que de los flechazos. Vístolo asomar de nuevo, luégo -todos huyeron que no osaron parar. De allí fueron todos juntos á las -tierras de Chepo y Chepancre, Caciques y señores principales, quemando, -y abrasando, matando, y robando cuanto vivo hallaban; decian que por -hacer venganza de un español que le mataron á la entrada. Y, porque -los indios se rehacian para venir á dar sobre ellos, acordó Tello de -Guzman de enviar mensajeros al Cacique más principal, ofreciéndole -paz y amistad y dando excusas de los daños que les habia hecho, y que -no tuviesen temor desde adelante; convencióse aquel señor, y vino á -vellos de paz, y llevólos á su casa, y hízoles todo buen hospedaje, -teniendo por cierto que lo que le prometió habia de ser verdad. -Estando un dia comiendo en mucha buena conversacion y hermandad, -llegó, segun dijeron, un muchacho á quejarse con ciertos indios que -le acompañaban, el cual dijo al capitan Tello de Guzman, que aquella -tierra y señorío era suyo, y no de aquel que allí estaba, porque su -padre, que era el legítimo señor, al tiempo de su muerte se lo dejó -por tutor y gobernador de aquel estado, pero que despues se habia con -él alzado y á él desterrado, y por tanto, que le rogaba que contra él -le ayudase. Tello de Guzman, como hombre muy justo, y como si fuera -Alcalde en su tierra y casa, creyendo que el mozo decia verdad, mandó -luégo ahorcar, al que le tenia y hospedaba con fiesta en su casa, -de un árbol, aunque, diz que, le pesó por cierto oro que le habia -dado; porque veais éstos cuán absolutos y libres son para cometer -todo género de pecados. ¿Quién los hizo á éstos en tierras y señoríos -agenos Alcaldes? ¿No le pesaba de quebrantar la fe y seguridad que le -habia dado, y pesábale, por el oro que dél habia rescibido, matallo? -Item, ¿qué sabia si aquel muchacho decia verdad, ó si el que poseia -aquel señorío era más legítimo señor que su padre? ¿y con qué testigos -hizo el muchacho su probanza y el poseedor si fué oido y defendido y -convencido en juicio contradictorio? Entregó, diz que, Tello de Guzman, -siete Capitanes que servian al señor ahorcado, los cuales hizo luégo -el muchacho con gran osadía y rigor hacer pedazos; dió el muchacho en -señal de agradecimiento á Tello de Guzman 6.000 castellanos: por aquel -precio ahorcara Tello de Guzman á 400 que le demandaran. Porque Panamá -era por aquella tierra muy nombrada, propuso Tello de Guzman de ir -allá, donde no halló sino algunas casas de pescadores, de lo cual, el -nombre de Panamá, la última luenga, se derivaba, porque Panamá quiere -decir en aquella lengua, lugar donde se toma mucho pescado. Envió desde -allí á un Diego Albitez con 80 españoles, con los cuales fuese á robar -y captivar los vecinos de la provincia de Chagre, que debia estar de -allí ocho ó diez leguas, el cual entró por los pueblos al cuarto del -alba, tomándolos todos durmiendo y descuidados, pero no les quiso hacer -daño, que fué imágen, para ellos, de milagro. El Cacique, viendo que -los pudieran matar y captivar y roballos, en señal de agradecimiento, -con grande alegría dió á Diego Albitez 12.000 castellanos. Visto tan -buena pella de oro, tan á la primera mano, creyendo que quien tan -fácilmente daba tanto debia tener veinte tanto, pidióle que le hinchese -de aquel metal un costal grande. Rescibió el Cacique desto mucha pena, -y algo airado le respondió, «que lo hinchese de piedras del arroyo, -que él ni tenia más ni criaba el oro;» confuso Diego Albitez de la -respuesta del Cacique, tuvo por bien de se ir, sin consentir que -se le hiciese por aquella vez mal ni daño. Tornóse Diego Albitez á -juntar con Tello de Guzman en la tierra del cacique Pácora, la media -breve; holgáronse todos mucho con el mucho oro que llevaban, y de -allí acordaron de se volver al Darien á ofrecer su parte á Pedrárias -y al señor Obispo, y á los demas que habian de haber sus partes por -los criados que enviaban. Yendo su camino, y llegados á Tubanamá, que -tantas veces habia sido corrido, robado y agraviado, vieron mucha gente -de guerra que los estaba esperando con algunas banderas de camisas -de lienzo, ensangrentadas de los españoles que habian muerto, y con -gran gritería, que así los habian de matar, como á los que la villa de -Sancta Cruz habian poblado, de que arriba se dijo algo; los cuales, -como venian cansados, y quizá porque Dios los acobardaba, tuvieron -gran temor, y todos desmayados, no curaron más que de huir haciendo -acometimientos para su defensa de cuando en cuando. De esta manera -huyendo, y llegando á la tierra de Pocorosa, á quien Juan de Ayora, -como arriba fué dicho, quebrantándole la fe y paz y seguridad, hizo -tantos daños, pensaron perecer de sed por falta de agua; y acaecióles -aquí una cosa maravillosa, para demostracion de la pena que merecia -la sed de oro que traian siempre en su ánima, que, como padeciesen -gran tormento de sed, á trueque del oro que llevaban les vendieron los -indios el agua. Esto no debian los indios de hacer por cudicia de haber -el oro, que en tan poco ellos tenian, sino por lastimallos en aquello -que más amaban y en tanto entendian que estimaban. Finalmente, de dia -defendiéndose, peleando, y de noche huyendo cuanto más podian los más -dellos mal heridos, salieron de aquellas comarcas y de sus peligros. -Llegados al Darien, destrozados y con ménos oro que traian por haber -dado mucho dello por el agua, cuando de sed perecian, como estaban muy -tristes de las adversidades que á Vallejo y á su compañía poco ántes -habia acaecido, y sobre todos Pedrárias angustiado, sobreviniendo -el desastre de Tello de Guzman, pensaron todos ser ya asolados. La -tristeza y angustia y miedo que sobre todos los del Darien vino, y -la desesperacion de Pedrárias, no puede fácilmente ser esplicado; si -miraban hácia las sierras, ó montañas, ó llanos, las ramas de los -árboles y las hierbas de las çabanas ó llanos indios armados se les -antojaban, y si consideraban la mar, les parecia que venia de canoas y -gente de guerra cuajada. Con estos pensamientos é imaginaciones, que -les causaban terribles temores, andaban como atónitos, no sólo haciendo -corrillos, pero cuasi á voces los publicaban clamando. En esto, el buen -Pedrárias, como desesperado, mandó cerrar la casa de la fundicion, -donde aquel tan sangriento é inícuo oro se fundia, que entre ellos era -señal de guerra ó de hambre, como si Pedrárias más claro dijera: «más -nos vá que juramento perder de ir á robar oro el cuidado, porque más es -tiempo de buscar remedio para salvar las vidas, que en allegar hacienda -ocuparnos.» Parece que mandar cerrar la fundicion, Pedrárias, en señal -de guerra ó de hambre, quiso parecer al Templo de la Paz, que edificó -Vespasiano en Roma, el cual, los romanos, cuando abrian, era señal de -guerra, y de paz cuando lo cerraban; entendiendo en nuestro caso los -fines y significaciones por el contrario. Entre las presentes angustias -vino tanta devocion á Pedrárias, y en ella le debia el Obispo de -ayudar, de mandar que se hiciesen oraciones y plegarias para que, diz -que, Dios quitase su ira de sobre ellos; tanta era su insensibilidad -que no atendian á que los nefarios crueles é inespiables pecados que, -contra Dios y sus prójimos, destruyendo é infernando aquellas gentes, -sólo por roballos y captivallos, cometian, era la causa: parece que -habian venido en sentido reprobado, del cual habla San Pablo. El -conocimiento y arrepentimiento que dellos tenian confirmarse há por lo -que se dijere adelante. Y parece tambien que Diego Albitez, que de ésta -se escapó, con ambicion de sólo ya gobernar, como se via rico de aquel -oro descomulgado, envió á Castilla, de secreto, á un marinero llamado -Andrés Niño, tambien de pensamientos no bajos, para que le trujese del -Rey una gobernacion de la mar del Sur, á quien dió para que lo fuese á -negociar 2.000 castellanos; de éste Andrés Niño no es poco lo que queda -por decir abajo. - - - - - CAPÍTULO LXIX. - - -Para enmienda de los pecados presentes y pasados, y por ayudar á las -oraciones que mandaba hacer Pedrárias y el Obispo, porque Dios dellos -su indignacion alzase, acordó Pedrárias de enviar otro Capitan, la -costa abajo, llamado Gonzalo de Badajoz, en un navío con 80 hombres (y -despues le envió otros 50 ó pocos más), para que desde el Nombre de -Dios, ó algo más abajo, pasase á la mar del Sur y toda la gente della -allanase; que no era otra cosa sino roballos, ya que lo sufriesen por -sus tierras y pueblos entrar, y si les resistiesen, como dellos con -tanta razon no se fiasen, los guerreasen, matasen y captivasen. Y áun, -segun su costumbre, á los que quizá los recibieran de paz y les dieran -todo el oro que tuvieran, no esperaban á tanto, sino comunmente, dando -en ellos al cuarto del alba, los salteaban y hacian en ellos lo que -arriba queda declarado. Deste Badajoz hay que decir cosas señaladas. -Embarcado con su gente en el mes de Marzo de 1515 años, váse la costa -de la mar abajo, y, llegados al puerto del Nombre de Dios, desque -vieron la fortalecilla que habia hecho el desafortunado Nicuesa, y -infinitos huesos y cruces sobre montones de piedra, que cubrian los -cuerpos de los muchos suyos que allí habian muerto de pura hambre, -comenzaron todos á temer y á desmayar, y á poner dificultades en la -pasada adelante. Viendo su desgana, Gonzalo de Badajoz mandó luégo al -Maestre del navío que sin dilacion se tornase, por quitar la esperanza -de la gente de se arrepentir de la salida, porque no les quedase otro -remedio sino pasar adelante; y así se puso por obra, que subieron -las sierras de Capira, que son muy altas, y de allí á la tierra del -cacique Totanagua, señor de mucha tierra y gente serrana; al cual, como -hallasen durmiendo y descuidado, dando de noche sobre él, prendiéronlo -y robáronle hasta 6.000 castellanos. De allí, ántes que los demas -fuesen avisados, llevando aqueste señor preso, van á dar al cacique -Tataracherubí é hacen otro tanto, pero escápasele de sus manos; donde -tomaron 8.000 pesos de oro, y lo que más pudieron haber á las manos. -Robaron y destruyeron otros muchos pueblos, y tomaron mucha gente por -esclavos. Rogó á Badajoz el cacique Tabore que lo soltase, y que lo -daria por su libertad otros tantos castellanos, y así, rescibidos, lo -libertó y dejó volver á su casa. El cacique Tataracherubí acordó de -venir de su voluntad, ántes que lo tomasen, para ver tambien si podia -fingir alguna cautela para burlarlos, y en su venida trujo tambien su -ofrenda de oro, porque ya sabian todos, que sin traer aquello no habian -de ser bien allegados. Este fingió que cerca de allí estaba un Cacique -llamado Natá, la última luenga, el cual poseia mucha riqueza, y que no -tenia gente sino poca, porque era señor de poca tierra, y ménos valor -y autoridad; todo ésto para que Badajoz y sus secuaces se descuidasen. -Oido ésto, con el ansia de la riqueza (porque el cudicioso todo cree -que es oro), creyólo, y envió 30 españoles y á Alonso Perez de la Rua, -por Capitan, y hechos sus requerimientos entre sí, media legua de la -poblacion, la noche ántes, dan en ellos al cuarto del alba, segun -su costumbre ordinaria, y cuando comenzó á rayar el dia viéronse en -medio de grandes pueblos, porque era señor aquel muy grande; y porque -si atras se tornaran, lo cual hicieran de buena gana por el miedo -que cobraron de verse así burlados, paresciéndoles que les fuera más -peligroso, cobraron todos nuevo ánimo, y dan en el pueblo principal que -estaba descuidado, y no acertaron tan mal que al señor dél luégo no -tomaron. Porque como llevaban siempre espías, y los atormentaban porque -dijesen la verdad, lo primero que les preguntaban y ellos declaraban, -era por los señores y por sus casas, porque de aquellos esperaban más -de aprovechar, ó porque se rescatasen, ó porque matándoles, entendian -tener mayor seguridad. Preso el señor, creyeron ya estar en salvo y -con todo el descuido que pudieran tener en sus casas; dánse solamente -á robar el oro, que fueron hasta 10.000 castellanos, y prenden las -mujeres y muchachos, que con la priesa no se pudieron ausentar; pero -los vecinos de aquel pueblo y los demas, que un credo fueron avisados, -viendo preso á su señor, y á sus mujeres y hijos presos y encadenados, -juntáronse con un hermano del señor, y vienen sobre ellos como toros -bravos, lanzando infinitas varas, tiradas como dardos, y piedras, -que por allí no tenian flechas, ni hierba, ni otras armas, salvo, -que por ventura, tenian las, como porras, que habemos dicho en esta -isla Española llamarse macanas. Viéndose muy apretados, tomaron por -remedio de se recoger con el mismo Cacique á su casa, poniéndole las -espadas á la barriga, diciendo que lo habian de matar sino les mandaba -que cesasen. El cacique Natá, mostrando ira grande, los comenzó á -reprender diciéndoles, que para qué tomaban armas sin su mandado. -Oyendo aquellas palabras, al momento, como temblando dellas, todos -pusieron en el suelo las armas, y cesaron de pelear, luégo, el Alonso -Perez de la Rua, para justificar su buena obra, requirió al hermano -del Rey é señor Natá, que viniese á la obediencia y reconocimiento -del señorío del rey de Castilla, pues todas aquellas tierras eran de -su corona Real, por título que el Papa, á quien Sant Pedro dejó en su -lugar, le dió dellas; pudiera confirmar lo que el ciego tirano decia, -con los milagros que habian hecho, y por los que hicieron adelante. -Respondióles aquel (que no entendia de sus desvaríos más de algun -vocablo, que diria Castilla ó hombre de Castilla, ó otra semejante -palabra), que otro hombre ninguno no habian visto por aquella tierra, -sino á ellos, y que si por ellas algun dia pasara, de buena voluntad le -diera del oro que tenian y comida, y tambien le dieran mujeres; ésto le -respondió á su requerimiento el hermano de Natá, cacique. Finalmente, -avisado Badajoz de lo que pasaba, fué luégo á se juntar con ellos, -otro dia; diéronles 15.000 castellanos, y hiciéronles tantos placeres -y regalos el Cacique, y su hermano, con todos sus indios, y fueron tan -bien proveidos, que acordaron de parar allí todo el invierno; éste es -por aquella tierra de muchas aguas pero no de algun frio. El asiento -y poblacion principal de este señor Natá era junto á la mar del Sur, -donde se asentó y hoy permanece la villa de españoles llamada Natá, la -cual creo yo que por muchos años que allí ha estado, ha sido de toda -ella muy poco servido Dios. Acabadas las aguas, prosiguen su romería, -y dan de noche, como solian, sobre un Cacique llamado Escolia, el cual -prendieron con sus mujeres y le robaron 9.000 castellanos; y siempre -quemaban los pueblos, como se ha dicho, y llevaban cuantos indios -podian haber captivos. Prosiguiendo su descubrimiento, segun ellos -llamaban, éstos caminos hácia el Occidente, llegaron á las tierras y -señoríos de dos Caciques, el uno llamado Periqueten, que estaba cerca -de la mar, y el otro dentro, cerca, que se nombraba Totonoga, que era -ciego; éste les dió 6.000 pesos en joyas, y oro por fundir, en grano, -y grano hobo que pesaba dos pesos, señal de tierra muy rica; y así -toda aquella tierra, más de 200 leguas del Darien, arriba y abajo dél, -y áun sobre arriba de las dichas 80, es riquísima de minas. Supieron -estar otro señor más abajo, nombrado Taracuri, el cual les dió ó le -robaron 8.000 pesos. Pasaron de aquí á la tierra de un hermano del ya -dicho, que llamaban Pananome, al cual, como avisado fué que andaban -por allí, no hallaron, porque no osó esperallos, sabidas sus nuevas, -y habíase huido; destruyéronle todo su pueblo, y robaron cuanto haber -pudieron, no supe si captivaron indios. Seis leguas de allí, más al -Poniente, fueron á otro llamado Tabor, no sé lo que aquí hicieron. De -allí pasaron al pueblo del cacique Cherú, el cual los esperó y salió -á rescibir, sabiendo que venian, y les ofreció 4.000 castellanos; -castellanos y pesos todo es uno. Hasta éste, ú otro por aquí postrero -lugar y tierra de señor, traia Badajoz robados, y dados por temor, que -es lo mismo, 80.000 castellanos ó pesos de oro, los cuales en aquel -tiempo se estimaban y valian más que, despues de descubierto el Perú, -400 y áun 500.000. - - - - - CAPÍTULO LXX. - - -De la tierra y señorío de aquel que dijimos postrer Cacique, segun la -órden dicha, se partió Gonzalo de Badajoz y sus satélites al señorío y -tierra llamada Pariza ó Pariba, que despues comunmente los españoles -llamaron Paris, cuyo Cacique Rey y señor se llamaba Cutara. Este, -sabiendo que los españoles venian sobre él como habian hecho sobre -todos los otros, con toda la gente de sus pueblos se fué á los montes, -poniendo las mujeres y hijos en cobro, como suelen hacer cuando tienen -aviso que vienen sobre ellos de guerra, robando y matando como estos -españoles venian. Como llegaron al pueblo principal de Paris ó Cutara, -y no hallaron hombre, envió Badajoz, de la gente de la tierra que traia -captiva, (porque hasta este lugar, 400 personas y por ventura más -traia por esclavos), que lo fuesen á llamar, amenazándole que haria -y aconteceria como habia hecho y acontecido á los otros. El señor le -envió cuatro hombres principales y un presente, que ninguno tanto nunca -á los españoles, ni por fuerza ni de grado habia dado, y éste fué -cuatro petacas llenas de joyas de oro, que dellas eran como patenas, -que se ponian en los pechos los hombres, y otras como brazaletes, y -otras menores para las orejas, y finalmente eran joyas que hombres y -mujeres, para se adornar, tenian en uso; dijéronle de su parte los -mensajeros, que su señor les decia que le perdonasen, que no podia -venir á vellos por estar ocupado, y que rescibiesen aquel presente -que sus mujeres les enviaban. Estas petacas, que así las llaman en la -lengua de la Nueva España, suelen ser como unas arquetas de dos palmos -en ancho, y cuatro al ménos en largo, y uno bueno en alto; son hechas -de hojas de palma ó de cañas muy delicadas, ó de varillas delgadas, -enforradas todas por defuera de cueros de venados; destas usan en toda -la tierra firme los indios, y en ellas tienen y llevan sus alhajas y -cosas, como nosotros en nuestras arcas. Enviarles hia el Cacique en -apuellas petacas, segun tuve entendido, 40 ó 50.000 castellanos. Vista -tan gran copia de oro, enviada tan fácilmente y de gracia, imaginaron -que alguna gran riqueza debia tener en sus casas; acordaron de hacer un -embuste harto digno de los que en aquellas obras andaban: respondieron -que se lo agradescian y que ellos lo ternian por muy amigo de allí -adelante, y fingen que por donde habian venido se tornaban, é desde -á dos noches, ó aquella misma, ó estando el Cacique donde á la sazon -estaba, ó que ya se habia venido al pueblo y á su casa, volvieron -los españoles á su cuarto del alba, y hallando á todos descuidados, -diciendo con gran devocion «Santiago», pegan fuego á las casas. Van á -prender al Cacique y salióseles dentre las manos; róbanle á él y al -pueblo otros 30 ó 40.000 castellanos, y la gente, mayormente mujeres, -que pudieron atar algunas, con las espadas hechos pedazos: y esto tengo -por verdad, porque de los mismos que en ello se hallaron, algunos, que -estaban en la misma tierra del Darien ó por allí, me lo dijeron. Otros -lo han contado de otra manera, que creo tener mucha mezcla de falsedad, -conviene á saber, que Badajoz envió á decir al Cacique, con los cuatro -principales que le trujeron el presente, que no se habia de ir de -aquella comarca hasta conocelle por vasallo ó contrario del rey de -Castilla, y que, oidas tales palabras, el Cacique se indignó mucho, y, -recogidas sus gentes, vino sobre ellos. Cualquiera destas vías que se -haya tenido, bien puede juzgar cualquiera discreto, de cúya parte está -la justicia. Pedro Mártir, como informado de los mismos delincuentes, -porque fué el mismo Badajoz y otros sus compañeros, dice en su Década -segunda, cap. 10, que llegando Badajoz descuidado con su gente y los -80.000 castellanos al pueblo de Paris ó Cutara, cacique, lo acometió y -dió la guerra que abajo diremos; ésta es gran falsedad que ni áun tiene -color ni cosa verisímile, porque teniendo derramada la fama de las -crueldades y robos que venian haciendo por todas aquellas provincias, -llegando á tierra y pueblos de señor que áun no habia visto ni -cognoscido y que siempre, á tormentos de los indios que traian presos, -sabian el ser y poder de los señores que adelante estaban, ¿habian de -venir tan descuidados que en casas tan agenas habian de pensar estar -sin aviso, como Pedro Mártir dice? y aunque no dudamos que Pedro Mártir -refiere con verdad lo que decian en Castilla, y no lo que él por sus -ojos veia, por eso, en todo lo que dice en sus Décadas, cuando concurre -favor de los españoles con perjuicio de los indios, ningun crédito -se le debe dar, porque todo lo más es falsedad y mentira. Manifiesto -es que Badajoz no le habia de decir la gran maldad y bellaquería que -á Paris hizo, porque en la frente llevaba escripta su confusion, su -desvergüenza é injusticia, por cualquiera que fuera hecho de las -dos vías, y por aquella causa refirió el hecho de los desventurados -indios, y encubrió el suyo, del cual las obras que de atras venia -haciendo, que áun el mismo Pedro Mártir refiere, eran verídicos y -suficientísimos testigos. Que Badajoz fuese el informador de Pedro -Mártir en lo susodicho, fácil cosa es de creer, porque en Zaragoza de -Aragon estuvo Badajoz el año de 518, cuando Pedro Mártir fué rescibido -por del Consejo de las Indias, y yo fuí presente y lo vide. Contando -el hecho de Paris, fué de esta manera, que vistos y padecidos los -daños que Badajoz le habia hecho, y el nefario desagradecimiento que -por tan buena obra le habia tenido, juntó sus gentes todas, y á cabo -de dos ó tres dias los alcanzó en uno de sus pueblos, que llevaban sus -130 ó 40.000 pesos de oro, que nunca hasta entónces se habian otros -tantos, ni con la mitad juntos, visto, y escondidos en un monte, mandó -el Cacique echar un indio como que á pescar ó cazar iba; ya sabia que -luégo le habian de prender y preguntar y áun atormentar como solian, -sino les decian lo que querian. Tomado el indio, preguntáronle cuyo -era y de dónde y cómo venia; respondió que de tal señor ó Cacique; -preguntado por las preguntas generales, conviene á saber, si tenia su -señor oro, respondió que mucho. Acuerda Badajoz de ir con 40 hombres -á salteallo, y andando toda la noche amaneció encima de unas chozas -ó casas vacías. Viéndose burlado, de creer es que la guía, como -siempre lo acostumbraban, lo pagaria. Entre tanto, el cacique Paris, -entendido que se habian partido, dió sobre los otros, pegando fuego -á las casas del pueblo, con 3 ó 4.000 indios, y con tanta priesa y -grita, y alarido, y con ciertos cuernos ó caracoles grandes que hay en -estas Indias, con los cuales hacen gran estruendo, que ántes que los -españoles se meneasen, los habian todos ó los más muy mal herido, y -si no llegara luégo Badajoz, no hallara hombre dellos vivo. Dieron en -ellos por muchas partes, y así, cuando los españoles á una parte se -retraian ó recogian, por las espaldas les daban los otros que por allí -venian. Tomaron por remedio los nuestros de juntarse todos en la plaza -del pueblo, y aunque se defendian, pero con mucha flaqueza y desmayo, -por los muchos que caer muertos vian; cércanlos los indios con leña y -paja, para poner fuego y quemallos vivos, entónces, viéndose tan cerca -de ser todos perdidos, cércanse como de albarradas con los cuerpos de -los muertos, españoles é indios; no les ayudaban, por las infinitas -varas que los españoles tenian en los cuerpos, para escudarse, porque -estorbaban á las que de nuevo se tiraban á los vivos. Cobró Badajoz -gran vigor contra los indios, viéndose tan cerca de perderse, y dando -en ellos, como si de nuevo viniera, y cortando por medio, con su -espada, los cuerpos desnudos, lo mismo haciendo algunos pocos que no -estaban heridos, de tal manera que se apartaron los indios. Lleváronles -todo el oro y 400 indios que llevaban por esclavos, y la ropa con -todo el fardaje que tenian, de que quedaron más tristes. Quedaron -allí 70 españoles muertos, y los 80 heridos, todos sin esperanza de -vida; tenian algunos tres, y cuatro, y hasta once varas metidas en -los cuerpos. Usó Badajoz de un buen remedio de cirujía, que fué coser -las heridas, tan bravas eran, no con agujas, ni hilo de lino, sino -con almaradas y cordeles gruesos, y, de los indios muertos sacado el -unto, quemólas con ello en lugar de aceite; desnudáronse las camisas, -y rompidas hicieron vendas dellas, con que las ligaron, y desta manera -guarecieron muchos que cuasi toda la esperanza de vivir tenian perdida. - - - - - CAPÍTULO LXXI. - - -Hecha esta cura, como ningun remedio tenian sino huir, tomó por allí -ciertas canoas, y echó en ellas Badajoz los más peligrosos heridos, -y él y los ménos lastimados, y algunos del todo sanos, fuéronse por -la playa junto á la mar para socorrerlos en lo que pudiesen, si les -ocurriese algun peligro; y aunque ellos, por ir por tierra, parecia -que iban sin él ó con menor que ellos, todavía se les ofreció peligro -y trabajo con que fueron harto afligidos. Como por aquella costa del -Sur crece tanto y mengua el agua de la mar, creció tanto una noche -que los que pudieron subirse á los árboles tuvieron ménos un poco -de afliccion y tristeza, y los que no, anduvieron en el agua salada -hasta la cinta, de donde se les enconaron las heridas y así vinieron á -morir. Yendo su camino adelante, con tan atribulada y amarga vida como -cualquiera podrá concebir, sabido su desbarato, el Cacique y señor de -Natá, que en el capítulo 68 mostramos haber preso á él y á sus mujeres -Alonso Perez de la Rua, salióles con su gente armada al camino para del -todo consumillos; al cual envió Badajoz á decir que por qué le salia -de guerra, pues lo tenia por hermano y amigo, respondió el Cacique: -«andad, decidle que no es mi hermano ni amigo, porque él y todos los -cristianos son malos y nuestros enemigos», y junto con las palabras, -él y su gente comienzan á les echar infinitas varas y piedras que los -cobrian. Badajoz y los suyos, sacando fuerzas de harta flaqueza que -traian, como no tenian otro remedio, mostráronles cara, y, por no -esperar el golpe de las espadas, daban consigo en el rio que por allí -iba, tornaban luégo á salir é á tirar sus piedras y varas con que los -afligian y herian; tuvieron por cierto que los acabaran si la noche -no sobreviniera. No pudiendo tres de los heridos caminar, los sanos -se los echaron á cuestas y los llevaron hasta que, no pudiendo ir más -adelante con ellos, hicieron ciertas balsas y por el rio abajo fueron á -dar á la mar, donde las canoas iban, que no fué poca dicha. Caminando -adelante, siempre huyendo por mar y á veces y los más por tierra, -llegaron á tierra del cacique Chame, que como estaba de sus obras -informado, les ocurrió con su gente desnuda y desarmada, puesto que con -sus armas de varas y piedras, y hizo una raya jurando y protestando que -los habia á todos de matar si de allí pasaban, pero que él les mandaria -dar lo que hobiesen menester y en abundancia. Ellos que traian más -ganas de comer y descansar que de pelear, recogiéronse á la costa de la -mar, y él les mandó proveer y fueron proveidos de cuanto en la tierra -habia, como si estuvieran en sus casas; y porque llegaron en parage de -la isla llamada Otroque, que está en la mar dentro, creo que 10 ó 12 -leguas, de que habia gran fama ser rica de perlas y oro, como por el -buen tratamiento y provision que el cacique Chame les hacia, tuviesen -allí algun poco de reposo, no dejó perder aquel tiempo y pasarlo en -ócio al Gonzalo de Badajoz su ferviente y desatinada cudicia de robar, -porque pospuesta la cura y salud de los muchos heridos que iban en las -canoas, hácelos allí desembarcar y entra en ellas con 40 otros ladrones -de los más sanos, y pasa á robar y destruir la dicha isla, la cual -estaba en su paz. Dando de noche sobre ellos, prendió luégo al Cacique; -los indios, creyendo que eran otros indios sus enemigos, que habian -pasado de la tierra firme, armáronse contra ellos, pero cuando se -vieron desbarrigar y cortar por medio con las espadas, cognoscieron que -otros de mayores ó de más recias armas los maltrataban, y luégo, los -que pudieron, dieron á huir. Rescatóse el Cacique por cierta cantidad -de oro, no supe cuanto, y dejólos Badajoz así lastimados, y tornóse á -donde los heridos habia dejado. Pasando adelante, como luégo voló la -fama que venian desbaratados, todos se atrevian á ayudar por acaballos, -y llegando á la tierra de Taboga, salió con obra de 300 hombres, y -peleó con los nuestros un buen rato, y al fin pasaron adelante, y -entrando en el señorío de Perequete hizo lo mismo, pero, lastimándolos -mucho con las espadas, hiriendo y matándolos, desembarazaron la pasada. -Llegando que llegaron á un ancon que hace por aquella costa la tierra -en la mar, que llamaron el Ancon de las Almejas, de donde se ve la -isla de Taboga, la sílaba del medio luenga, que podrá estar ocho ó -diez leguas en la mar, tomóle su codicia á Badajoz, que lo traia -atraillado, y determinó de pasar tambien á ella por deshollinar el -oro y perlas que haber en ella estimaba. Entra en las canoas y saltea -la isla de Taboga, estando todos los vecinos della, y prende al Rey ó -señor della, y habidas sus primeras batalluelas con los indios, que -son como escaramuzas de niños siempre por la mayor parte, al cabo el -Cacique suelto, y por miedo ó por vergüenza todos asegurados, estúvose -allí treinta dias á todo su placer holgándose; y allí acabaron de sanar -los que traia heridos, y, con 7.000 pesos de oro y muchas y finas -perlas dadas y robadas, se volvió á la tierra firme para proseguir -é acabar para el Darien su jornada. Deste Badajoz dice Tobilla, que -escribió parte deste su viaje, siendo seglar, y que despues anduvo en -los robos y destruccion en parte de aquellas regiones, á los dichos -semejantes, entre tanto Badajoz con 40 compañeros pasó á robar la -ínsula de Otroque: «Traian tanto estruendo en robar la riqueza que -estos insulanos, sin daño de nadie, tenian, que recogidos más de 200 -dellos, creyendo ser sus enemigos de la tierra firme, acudieron á -herillos.» Dice tambien más abajo: «Cosa brava era la cudicia deste -caudillo español, pues, en medio de la persecucion con que huia, viendo -desde el Ancon de las Almejas la ínsula de Taboga, pasó contra ella por -el maldito oro, etc., etc.» Estas, en forma, son sus palabras, sin las -añadir ni quitar alguna. Salido á la tierra firme, como dicho es, fué -á dar en los pueblos del cacique Chepo, en los cuales robó y prendió -muchas mujeres y hijos de los naturales, y quizá tambien suyos, el -cual, estando ellos partiendo su cabalgada, vino con su gente y dió -en ellos con gran ímpetu, y hirió algunos y mató á Alonso Perez de la -Rua, porque pagase la prision de Natá y las tiranías que por allí -hizo, como en el cap. 68 queda relatado. Temiendo Badajoz que tornasen -sobre él, se dió priesa con la cabalgada de salir de aquellos límites, -dejando los pueblos de allí, por tomalles sus mujeres y hijos, tan -lastimados; entró en los términos de Tubanamá y Pocorosa, los cuales -halló todos despoblados, por andar por ellos el licenciado Espinosa, -haciendo estragos, por mandado del Sr. Pedrárias. Finalmente, llegó al -Darien Badajoz y el resto de la gente española que le habia quedado, y -entró en la villa, sin dalle el triunfo de lo que habia ganado, ántes -con harta vergüenza y áun lástima de su corazon, por la gran suma de -oro y perlas que Paris con tanto daño le habia tomado, y con no ménos -tormento de Pedrárias, y de todos los del Darien, desque supieron -su desastre. Acuérdome que aquel año que dije de 518, que todos nos -hallamos en Zaragoza, era público entre todos los que idos destas -Indias allí estaban, que habia dicho el obispo de Búrgos, Fonseca -(que, como se ha escrito arriba muchas veces, era el que todas las -Indias meneaba y gobernaba), al Gonzalo de Badajoz, que merecia que -el Rey le cortara la cabeza, porque habia perdido aquellos 100.000 -y tantos castellanos que habia tomado, los cuales ya pertenecian á -España. ¡Mirad qué insensibilidad del señor Obispo, D. Juan Rodriguez -de Fonseca, cómo se dolia de los escándalos, robos, muertes y infamia -de la fe y religion cristiana que habia hecho en aquel camino con -perdicion de tantas ánimas!; y ésto bien se lo mostraba el Obispo á -Badajoz, porque yo le vide andar harto pobre, desfavorecido, arrastrado -tras el Obispo, y desventurado, y que no osaba mirar al Obispo en la -cara, ni el Obispo á él lo miraba. - - - - - CAPÍTULO LXXII. - - -Despues que Pedrárias despachó á Gonzalo de Badajoz, cuya historia -hemos contado, siempre tenia cuidado de la muerte ó vida de Francisco -Becerra, y estaba dudoso que fuese verdad lo que dél le habia dicho -el muchacho, y, con esta duda y deseo de saber la verdad, determinó -de ir él mismo á buscallo, ó al ménos saber lo cierto de su tardanza; -pero porque ninguno de los del Darien osaba pensar en ir á Urabá ni -hácia el Cenú, por miedo de la hierba, que en un momento los heridos -con ella mataba, por lo cual todos habian de rehusar la jornada, quiso -por esta cautela engañallos y así sacallos. Mandó apregonar guerra -contra Pocorosa y otros señores de aquellas provincias, y sus gentes, -á fuego y á sangre, como á gentes rebeladas, cosa muy al sabor de -todos los del Darien, y que deseaban. Nótese aquí, por los prudentes -y que fueren cristianos, con qué título y causa se podia decir ser -Pocorosa y sus gentes y los demas rebeldes, siendo señores naturales -de aquellas tierras y no se haber sometido á ninguno del mundo, ni -áun pudiéndolo hacer sin voluntad de sus pueblos, ni consentimiento -dellos, que cualquiera de las partes, sin aceptacion de la otra, si -lo hicieran, caian en mal caso como arriba se ha declarado; y en ésto -han errado enormísimamente los Consejos del Rey, despachando algunas -provisiones contra los indios, que, sin haber oido palabra, estando -de guerra, defendiéndose de los españoles y de sus crueldades, de -rebeldes los notaban, teniendo en sus mismas leyes comunes y en sus -doctores legistas que ninguno que no haya sido súbdito puede ser -dicho rebelde, ni de rebelion notado. Item, se debe notar, que aunque -fuera cierto que aquellas gentes se hobieran jurídicamente sometido -al imperio de los reyes de Castilla (lo cual nunca en todas las -Indias fué verdad), habiendo rescibido el rey Pocorosa y sus gentes, -y los demas, tan grandes y tan irreparables daños, y males de Juan -de Ayora y de los otros, sobre haber hecho tantas y tan buenas obras -á Vasco Nuñez y á sus secuaces, como parece en el cap. 61, ¿porque -estuviesen puestos en armas y matasen á cuantos españoles pudiesen -matar, podian llamarse rebeldes y alzados? Pero ya queda dicho en -muchos lugares la causa de estos hierros, que fué la gran ceguedad del -Consejo siendo obligados á no lo ignorar. Así que, oido el pregon, -todos se holgaron por la esperanza, que luégo se prometieron, de robar -el oro que creian tener aquellos señores, y por hacer esclavos, y así -se ofrecieron á ir con él 300 y más hombres; y embarcados en tres ó -cuatro navíos, vueltas las proas hácia el Poniente, hasta que fué de -noche, porque los pilotos iban de Pedrárias avisados, dieron la vuelta -donde Pedrárias deseaba, y ántes del dia entraron en Caribana 200 -hombres, con un Capitan llamado fulano Hurtado, que Pedrárias mandó -desembarcar. Estos dan en los pueblos, poniendo fuego á las casas, -como se ha dicho que acostumbraban, y saliendo los indios que estaban -durmiendo, medio quemados ó chamuscados, los mataban, pero los indios -toman sus arcos y vienen á ellos; ellos, temiendo la hierba, huyen -con gran celeridad á meterse en las naos. No supe si alguno dellos -quedó allá, ó de alguna flecha vino inficionado. Ciertas personas -tomaron presas, de las cuales supo Pedrárias lo cierto de la muerte de -Francisco Becerra y los demas, la cual acaeció de la misma manera que -habia contado el muchacho. Perdido el cuidado de Francisco Becerra, -Pedrárias dió la vuelta para la costa de la tierra firme abajo, y á -las 60 leguas, que está el puerto de Acla, saltó en tierra con toda -la gente, y desde allí mandó al licenciado Espinosa que tomase 300 -hombres y los caballos, y fuese á destruir con fuego y sangre la -provincia de Pocorosa. Partido el licenciado Espinosa, Pedrárias mandó -hacer una fortaleza de tierra y madera, y él mismo era el primero -que á los trabajos ponia la mano, por lo cual todos los que con él -quedaron á hacer lo mismo se animaron. Esta fortaleza hizo para que -los españoles que anduviesen aquellas estaciones, cuando viniesen -huyendo, se mamparasen, ó viniendo cansados descansasen y se recreasen. -Cayó allí mal dispuesto de las partes secretas Pedrárias, por cuya -causa se volvió al Darien, dejando por Capitan á un Gabriel de Rojas, -en su lugar, allí en Acla. Llegado Pedrárias al Darien, llegó luégo -Badajoz, el cual, en velle, rescibió harto mal tártago por tan gran -suma de oro como perdida dejaba; determinaba de ir él en persona, pero -á la sazon llegó el Dean de la iglesia Catedral del Darien, que habia -el licenciado Espinosa consigo llevado, el cual, de partes del dicho -licenciado, le dijo como iba sin parar á recobrar la tal pérdida, por -eso que su señoría le enviase más socorro con brevedad, que él esperaba -en Dios de todo cobrallo. Porque no haya delito ni pecado en que los -hombres pecadores no presuman de hacer su compañero á Dios, manifiesto -es como los ladrones y los que van á adulterar se santiguan y hacen la -cruz, y van tambien con devocion rezando, porque con el hurto ó en los -delitos no sean tomados. Holgóse dello Pedrárias y proveyó luégo que -fuesen á alcanzallo 130 hombres, y á un Valenzuela por capitan dellos, -puesto que Badajoz clamaba que á él pertenecia ir aquella jornada, -pero no quiso Pedrárias; el cual se fué por la isla que se nombraba de -Bastimentos y allí salteó cien indios y indias, porque por mal hacer, -no quedase nada. Mandó Pedrárias que de secreto tocasen con el navío en -que iban en las peñas, porque saltando en tierra mala quizá la gente -no se tornase. Va el licenciado Espinosa su camino, para mostrar que -las letras no embotaban la lanza, y que no sólo letrado pero Capitan -merecia ser de muchos soldados, y llegado á la tierra de Comogre y -Pocorosa, que tan bien habian siempre á los españoles hospedado, los -indios de aquellas provincias entendiendo á lo que iban, procuraron -para su defensa juntarse; serian hasta 3.000 desnudos, con sus palos -por armas, los que salieron á resistillos, pero desque vieron los -caballos que nunca vieron ántes, desmayaron, y desparcidos cada cual -huyendo tabajaba de salvarse; á los cuales aprovechó poco, porque dan -tras ellos los de caballo, y dellos á lanzadas, y dellos atajándolos, -para que llegasen los de pié con las espadas, fueron muy pocos los que -dellos, de muertos ó captivos, se escaparon. Hicieron más nuestros -cristianos, que á muchos aperrearon echando á los perros que los -despedazasen, otros Espinosa mandó ahorcar, á otros cortar las narices, -y á otros las manos, de manera que en pocos dias que anduvo Espinosa -por aquella comarca, cuasi toda la destruyó, que no dejó, al ménos no -parecia, viva alma; fué el espíritu Espinosa de Pedrárias y el furor -de Dios encerrado en ambos. En esta jornada iba con Espinosa y esta -gente un religioso de Sant Francisco, llamado fray Francisco de Sant -Roman; éste escribió una carta al padre fray Pedro de Córdoba que en -esta isla estaba, de quien arriba queda mucho tratado y se tratará, -que por amor de Dios hablase é hiciese consciencia á los religiosos de -Sant Hierónimo, que habian venido á esta isla entónces á reformar estas -partes, sobre que proveyesen de remedio para aquella tierra firme, -que la destruian aquellos tiranos, y esta carta me dió á mí el dicho -Padre, varon sancto, y la llevé á Castilla, para á quien conviniese -mostralla, y despues, el año de 18, salió de la tierra firme y fué -á España el dicho padre fray Francisco de Sant Roman, y, llegado á -Sevilla, afirmó en el colegio de Sancto Tomás, de la órden de Sancto -Domingo, que allí está, que habia visto por sus ojos meter á espada y -echar á perros bravos, en este viaje de Espinosa, sobre 40.000 ánimas. -Y estando la corte en Zaragoza, el año 18, me lo escribieron á mí por -esta misma manera los dichos colegiales, y llevé la carta á mostrar al -gran Chanciller, á quien por entónces el Rey D. Cárlos (como placiendo -á Dios se dirá más largo), habia dado cargo del remedio y reformacion -destas Indias, y él me encargó que de su parte visitase al obispo de -Búrgos, que á la sazon estaba enfermo, y le mostrase la dicha carta, -cuasi como que se cognosciese y áun confundiese por haber mal gobernado -estas tierras, porque habian pasado muchas y notables cosas sobre esta -materia. Yo lo hice así, visitélo de su parte y mostréle la carta, y -respondióme: «Decid á su señoría que ya le hé yo dicho, que es bien que -echemos aquel hombre de allí.» Esto dijo por Pedrárias. Así que fueron -extrañas las matanzas y destrucciones y número de esclavos, que aquel -licenciado Espinosa en aquella su salida hizo; por lo referido y por -lo que se referirá, será lo dicho bien entendido. Destruido Comogre y -Pocorosa y todos los demás de aquellas provincias, pasó Espinosa, y con -él el espíritu de Pedrárias, á la tierra del cacique Chirú, y por tomar -descuidado al cacique Natá y prendelle, fuese adelante con la mitad -de la gente, y dió en su pueblo de noche, y huyó el Cacique; recogió -su gente y vino á resistirles con grande alarido, pero vistos los -caballos que nunca habian vido, pensando que los habian de despedazar -y comellos, pónense todos en huida. Mandó luégo hacer Espinosa en la -plaza del pueblo un palenque de madera, que para contra indios era como -Salsas para contra franceses; viendo el triste Natá que allí hacian -asiento y que no bastaban ya sus fuerzas para resistilles, vínose sin -armas á poner en su poder acompañado con unos pocos de indios. Teniendo -nuevas de dónde y cómo estaba el cacique Escolia, envió á un Bartolomé -Hurtado, con 50 hombres, para que de noche lo saltease y prendiese, y -así lo hizo. Estos ansí tenidos, el uno preso, y el otro á más no poder -venido, dejó las espaldas seguras, y caminó para la tierra de Cutara ó -Paris, y llegó á un rio de Cocavira, donde le decian que tenia el oro -allegado que habian tomado á Badajoz para restituírselo, porque, diz -que, le decian sus mujeres que, por volver á lo cobrar, los cristianos -habian de destruille. Iba Diego Albitez, con 90 hombres, delante -descubriendo la tierra, y vido estar á la entrada de un monte obra de -20 indios con sus armillas, y arremetió á herillos; los indios pelearon -contra ellos varonilmente, aunque desgarrados con las espadas. Salen -luégo del monte, á lo que juzgaban, sobre 4.000 indios, y el cacique -Paris ó Cutara delante dellos, con grandísima grita; dan los unos en -los otros y matan dellos con las espadas muchos, y ellos hieren de -los nuestros no pocos; unas veces los retraian hasta el monte, otras -los indios ganábanles tierra, hasta que Espinosa con todo su caudal de -gente vino, pero luégo que vieron los caballos y soltaron los perros, -no quedó hombre, que como si vieran al mismo diablo, que no huyese. - - - - - CAPÍTULO LXXIII. - - -Siguió Valenzuela con sus 130 hombres tras Espinosa, por montes y -valles, con grandes trabajos, sin saber dónde andaba, los cuales, yendo -muy afligidos y desconsolados, un dia en un monte ó çabana toparon -con estiércol de caballos, el cual, segun se dijo, por la grande -alegría que de vello rescibieron, todos lo besaron. Desde á pocos dias -tiraron una noche ciertas escopetas que llevaban, y oyólo Bartolomé -Hurtado, que habia enviado Espinosa á robar comida y todo lo demas -que les faltaba, estando la tierra de Paris, como toda la gente de la -provincia andaba, huyendo y puesta en armas. Fué Hurtado al sonido de -las escopetas, y finalmente se encontraron, y fué inestimable el gozo -que unos de otros recobraron. Fueron á juntarse todos con Espinosa, -donde de principio lo renovaron, estimando que ya eran tan poderosos -que, para resistirles cosa que quisiesen acometer, toda la gente de -la tierra firme no bastaba. Tenian nueva que en el pueblo ó tierra -del cacique Quema, que debia ser vasallo de Paris, tenia el oro que -habia tomado á Badajoz, guardado, para lo cual mandó Espinosa á Diego -Albitez que con 60 hombres fuese á buscallo; saliéronles á resistir los -súbditos de Quema, muy feroces, haciendo de sus alharacas, pero Diego -Albitez díjoles que no venia á hacelles mal, sino á tratar amistad con -ellos, por tanto que dejasen las armas. Persuadidos por sus palabras, -creyéronlo y vinieron luégo dellos tres capitanes sin armas; rescebidos -con amor y placer, preguntóles que dónde estaba ó tenian el oro que -Paris á Badajoz habia tomado, dijeron que no sabian y que no tenian -tal, llevólos consigo á Espinosa, el cual, interrogándolos con dulces -palabras, y ellos negando, no supe que los atormentasen, pero era -ésto tan ordinario que ninguna duda me quedó de que á tormentos les -hicieron decir dónde el oro estaba. Envió con ellos 20 hombres, y, en -obra de dos horas, tornaron con el oro llenas cinco petacas; díjose -que cabrian en ellas 80.000 castellanos. Todavía Espinosa, deseoso de -haber lo que faltaba, pasó adelante á la tierra del cacique Chicacotra, -donde no ménos estragos creo que hizo, segun la costumbre y fin que -llevaba. Estuvo por allí hasta que pasaron todas las aguas, que es, -como se dijo, el invierno de aquella patria, porque hallaron en aquella -provincia de bastimentos grande abundancia; de donde comenzó á poner -en obra su tornada para el Darien, con su presa tan deseada y amada. -Trujo, como dije, 80.000 pesos de oro de lo que Badajoz habia robado, y -Cutara ó Paris le habia justamente despojado; por entónces bien, segun -creo, faltaron más de 50.000 castellanos, de los cuales, despues, más -de los 30.000 se recobraron, como se dirá, y al cabo no dudo todos no -haberse escapado de nuestras manos. Trujo tambien consigo Espinosa y -metió en el Darien más de 2.000 esclavos, con la justicia hechos que -andaba las gentes pacíficas, quietas en sus casas, inquietando, robando -y cruelmente matando. Y para que ésto ansí parezca, sin que de mí sólo -salga, quiero aquí referir las palabras que Tobilla dice, seglar, y uno -dellos, que anduvo despues en aquellos pasos, como dije, y que asaz -favorece aquellas entradas, en una historia que quiso hacer y llamó -Barbárica, y que parece haber muerto en aquella simplicidad no sancta. -Este dice así hablando de Espinosa en aquella jornada, y tocando de -los esclavos: «Traia largos 2.000 captivos, que, para llevarlos los -mercadantes á la Española, valian entónces muchos dineros, de donde -nasció la tan presta como miserable caida que estas infinitas gentes -dieron, pues, con la cudicia del mucho oro que por ellos en el Darien -los tractantes les daban, todo el tiempo que fuera de sus muros se -veian, así al de paz como al de guerra ponian en hierros; andando tan -sin freno esta osadía entre los compañeros y los mismos Capitanes, que -así compraban las mercaderías con sus aprisionadas gargantas, como -si fueran la misma moneda, sin haber ninguno de tanta consciencia -que se parase á mirar si era esclavo justamente, aunque segun la -injusticia con que todos lo eran, bastaba saber que la cudicia causaba -su cautiverio, no embargante que para mí tengo no ser ménos excusa el -ejemplo que Pedrárias les daba, pues en su mayor contentamiento jugaba -al ajedrez la libertad de aquellos más que miserables.» Estas son -palabras de Tobilla formales. Jugaba Pedrárias sus 50 y 100 esclavos, y -quizá 500, como otros Gobernadores despues hicieron, por ventura por su -ejemplo, de los que le habian de caber de su parte, que habia de enviar -á saltear. Llegó pues el licenciado Espinosa con el oro recobrado, -y tantas gentes hombres y mujeres, niños y muchachos como corderos -atraillados, al lugar donde se habian al oro ó dinero de sacrificar, -gimiendo y llorando, que en vellos bien pudiera cualquiera hombre de -razon tener motivo de llorar, dejando 40.000 ánimas en los infiernos -plantadas. Llegó Diego Espinosa, de las dichas hazañas autor, al Darien -muy triunfante; el gozo y alegría que rescibió Pedrárias, y el regocijo -de todos los demas que tenian en ello todos parte, aunque entrase con -ellos el señor Obispo y clérigo ó clérigos que iban en la compaña, bien -se puede adivinar. Sólo el triste de Badajoz debió quedar sin parte, -pues anduvo en la corte cuando dije con harta necesidad, y entónces, de -verse quedar con los trabajos solos y del oro tan sin medrar, debiera -irse á Castilla desganado. Verdad es que tenia con que bien se consolar -cuando pensase, que no solamente ante el juicio de Dios le habian de -ser demandados las muertes, escándalos, males y daños, y aborrecimiento -de la fe y religion cristiana y perdicion de las ánimas, que él con -los suyos causó, pero tambien todos los que por ir á cobrar el oro que -él perdió cometió el licenciado Espinosa, porque aunque si él no lo -hobiera comenzado y sido la dicha causa, otros habian de ir á robar -y cometer los ya señalados males, segun el ansia é insensibilidad de -Pedrárias y de todos los que con él estaban, pero quizá no fueran tan -temprano, ó no hicieran tan enormes daños, y entre tanto Dios quizá -proveyera de algun obstáculo al mal, y diera remedio para que alguna -de tan innumerables ánimas que se perdieron se salvara, ó que quiera -ó como quiera que la cosa acaeciera á él no se le demandara. Cuando -Espinosa determinó de se volver al Darien, mandó al capitan Hernan -Ponce, que con 40 hombres entrase en los dos navíos, y fuese la costa -abajo descubriendo lo que pudiese, el cual, partido de donde estaba, -llegó en par del golfo de Ossa, que distaba 90 leguas de Natá, y llegó -á cierta tierra de gentes llamados los cuchires, y hallólos aparejados -con mucha gente armada para se defender, y los españoles no osaron en -tierra saltar. Anduvieron más de 50 leguas la costa abajo, y hallaron -un golfo de más de 20 leguas lleno de islas, y es puerto cerrado -admirable, llámanlo los indios Chira, y ellos lo llamaron San Lúcar; -este es el puerto que dicen de Nicoya, que es una provincia muy fértil -y graciosa de Nicaragua. Allí cercan los navíos gran número de canoas, -llenas de gente armada, y otra mucha gente que apareció en la costa -con sus trompetillas ó cornetas haciendo grandes fieros y amenazas, -pero tirados algunos tiros de pólvora, no quedó hombre en la mar ni en -la tierra que huyendo no volase. Viendo Hernan Ponce que por allí no -podia ganar nada, y que la costa iba adelante, tornóse á juntarse con -Espinosa, el cual, ó era ya ido para el Darien, ó alcanzándole lo dejó -por mandado de Pedrárias en Panamá. - - - - - CAPÍTULO LXXIV. - - -Entre tanto que Espinosa andaba obrando las hazañas que habemos -contado, Vasco Nuñez estábase en el Darien, no poco desfavorecido de -Pedrárias y cuasi como preso, porque no se debia fiar dél y porque -no se saliese de la mano, como ya fuese con título de Adelantado -y admitido á la gracia del Rey. Habíase llegado á la conversacion -frecuente del Obispo, don fray Juan Cabedo, y trabajado mucho de -ganalle; ó por induccion propia del mismo Vasco Nuñez, ó que el mismo -Obispo se moviese á ello de sí mismo, entendió en que Pedrárias -perdiese los resabios que tenia contra él, y lo honrase y atrajese á -sí é se ayudase dél, y finalmente de él se fiase como de los demas, -pues más que otro, así por la experiencia de la tierra, como con las -fuerzas y autoridad de ser Adelantado, más que ninguno podia servirle -y ayudarle; y para lo atraer á lo que pretendia, como era el Obispo -elocuentísimo, representóle lo que Vasco Nuñez habia trabajado y -padecido en descubrir, diz que, y poblar aquellas tierras y sujetar -aquellas gentes al señorío del Rey, é dado la vida á los primeros -españoles que en Urabá llegaron, sobre que se habia fundado su -catedral iglesia, todo lo cual encareció, como él lo sabia encarecer, -por grandes y señalados servicios, y certificándole que, segun á él -parecia, nunca descubriria la tierra, ni sabria los secretos della, -si de Vasco Nuñez no hacia fiel amigo. Estas y otras razones le -trujo el Obispo á Pedrárias para persuadirlo, el cual, finalmente, -se persuadió serle provecho ayudarse de Vasco Nuñez y tenerle por -amigo, aunque reconciliado como dicen, y, ó fingia, ó realmente para -tenerle más obligado y más á la mano en lo que cometerle y mandarle -quisiese, tractó de casarlo con la hija mayor, de dos que en España -tenia, llamada Doña María. Hízose el desposorio con autoridad del -Obispo y las demas ceremonias que se requerian. En breve determinó -Pedrárias de enviar á Vasco Nuñez á que asentase una villa en el -puerto de Acla, y que de allí adelante procurase de poner por obra -en la mar del Sur algunos bergantines para descubrir por ella las -riquezas grandes que haber por aquellas tierras tenian concebido. -Tomó Vasco Nuñez 80 hombres de los que allí habia, y en un navío fué -la costa abajo; y, llegado á Acla, halló la fortaleza, que Gabriel de -Rojas habia hecho, vacía, por haberla desmamparado por temor de los -indios. Allí constituyó Alcaldes y Regidores, y pusóle nombre la villa -de Acla; está sobre la mar, el puerto es muy hondable, pero, por las -grandes corrientes que en él entran y salen, las naos que en él están -ó entran, por echallas á la tierra, padecen gran peligro. Mandó Vasco -Nuñez á todos sus compañeros, nuevos vecinos, que, pues ya los indios -de aquella provincia eran acabados, y no habia ya qué ir á saltear, -que cada uno, con los esclavos que tenia, que no andaban sin muchos -dellos, y con sus mismas manos hiciesen sus sementeras para tener -comida. En ésto él era el primero, porque era hombre de muchas fuerzas -y sería entónces de cuarenta años, y siempre en todos los trabajos -llevaba la delantera. En este tiempo llego allí á Acla el licenciado -Espinosa, con la victoria, y riqueza y esclavería, que de la tierra de -Paris, robado traia, y hecha por todos grande fiesta, por las buenas -nuevas, Espinosa con sus satélites se partieron. Vasco Nuñez, como -hombre de experiencia, sintiendo que despues de llegados al Darien, y -repartido entre todos el oro y despojo que traian, no podian sufrirse -allí ociosos muchos dias, metióse en un bergantin y fuese tras ellos -con intencion de traer consigo la más gente que pudiese para engrosar -su nueva ó negra villa, y para desde allí entender en hacer navíos en -la mar del Sur, que era por entónces de todos el principal y último -fin; holgóse Pedrárias con él y tratándole en lo exterior, y quizá -en lo interior tambien, como á hijo, dióle 200 hombres y proveyóle -de todo lo que le pidió y convenia para aquel gran viaje, que todos -estimaban ser provechoso, con todo lo cual, embarcado en tres navíos -pequeños, dió á su Acla la vuelta. Llegados á Acla, halló Vasco Nuñez -haberse venido á esta isla Española Diego Albitez, á quien debia de -haber dejado en su lugar en la villa; vino á esta isla Diego Albitez, -con intencion de pedir á los religiosos de Sant Hierónimo, que la -gobernaban, licencia para hacer un pueblo en el Nombre de Dios, y de -allí tratar del descubrimiento de la mar del Sur. Todos aquellos que se -sentian ricos de los grandes robos que habian perpetrado, y destruido -aquella tierra, siempre aspiraban y sospiraban por ser cabezas por sí, -é no tener á quien acatar sobre sí, y de éstos era Diego Albitez; los -Hierónimos no quisieron entrometerse en hacer mudanza, por lo cual lo -remitian á Pedrárias, pero no andaba por eso, sino por salírsele de -las manos. Diego Albitez, visto ésto, fletó un navío, y halló hasta 60 -hombres que con él á ganar aquellos perdones quisieron ir; fué derecho -al Darien, y fingió que habia ido por gente y bastimentos, de lo cual -Pedrárias mostró rescibir de su ida y vuelta placer, ó de verdad ó -fingido, porque era hombre muy recatado y entendido, y tambien como -á él le viniese gente y cosas de bastimento, todo lo demas bien lo -sufria. Descansando Diego Albitez algunos dias, quiso sacar á ejercitar -en la religion que habia profesado á sus novicios, y así, pedida -licencia á Pedrárias, salió á saltear y robar las gentes de Veragua, -que tenian sobre todas la fama de muy ricas. Vasco Nuñez no poco sintió -la presuncion de Diego Albitez, pero todos disimulando para en su -tiempo derramar la ponzoña que del descubrimiento de otros conciben, -costumbre muy ordinaria de los mundanos que andan fuera de camino, -envió á Compañon, así llamado, sobrino, segun creo, del mismo Diego -Albitez, á que viese si en el rio de la Balsa, que ya dijimos salir á -la mar del Sur, habria dispusicion para hacer navíos. Fué Compañon y -vido el rio y halló todo buen aparejo en todo él para hacer los navíos -y naos que quisiesen, y de camino á la tornada fué á saltear y robar y -hacer esclavos las gentes que por aquella tierra vivian, las cuales le -resistieron cuanto les fué posible, donde no padesció poco peligro; no -entendí que él á los indios, ni los indios á él hobiesen muerto alguno -ó herido. Entre tanto que Compañon iba y venia, comenzó Vasco Nuñez á -cortar, por su persona primero, madera para principiar los bergantines, -y así lo hicieron los que estaban con él; donde labraron toda ó la -mayor parte de la madera de cuatro bergantines, para llevalla despues -así labrada, al dicho rio de la Balsa, y allí formar los bergantines -y por él sacarlos á la mar, como al cabo se hizo. Tornó luégo Vasco -Nuñez á enviar á Compañon con ciertos españoles y 30 negros á la cumbre -de las sierras, de donde ya las aguas á la mar del Sur vertian, para -que hiciese una casa donde descansasen los que habian de llevar á -cuestas la madera labrada, y las anclas y jarcias de los bergantines, -y se tuviesen los bastimentos y comida y armas y lo demas para su -defensa. Y es de saber aquí, que nunca salian los españoles de una -parte á otra que no llevasen muchos indios cada uno, que les llevaban -las cargas de su ropa en que dormian, y sus armas y la comida, y hasta -los negros esclavos eran de los indios servidos, y llamados perros -aporreados y afligidos. Hecha la casa en lo alto de la sierra, puso -por obra luégo Vasco Nuñez de subir la madera que estaba ya labrada de -los bergantines, hasta ponella en la casa, que habria sus 12 leguas -de sierras y rios, que ya se bajaban ya se subian, hasta llegar á la -sierra muy alta donde se asentó aquella guarida. Esta madera se cargó -sobre los indios que tenian por esclavos, y los que iban á saltear -cada dia, y su parte llevaron los negros que no eran sino obra de 30, -y tambien cada uno de los españoles llevaba la que podia. Los trabajos -que aquí llevando y subiendo esta madera, y clavazon y herramientas, y -despues las anclas y la jarcia y todos los demas aparejos necesarios -á los bergantines, y despues bajándola hasta el rio, que por todos -se padecieron, no pueden ser creidos, pero no se halló que negro ni -español muriese dellos, más de los infelices indios no tuvieron número -los que perecieron y concluyeron sus tristes dias; yo ví firmado de -su nombre del mismo Obispo, en una relacion que hizo al Emperador en -Barcelona el año de 519, cuando él de la tierra firme vino, como más -largo adelante, placiendo á Dios, será referido, que habia muerto el -Vasco Nuñez, por hacer los bergantines, 500 indios, y el secretario del -mismo Obispo me dijo que no quiso poner más número porque no pareciese -cosa increible, pero que la verdad era que llegaban ó pasaban de 2.000; -y segun el trabajo era, cierto, cualquiera lo debe tener por posible y -haber pasado con verdad así, porque llevar hombres desnudos en cueros -24 y 25 leguas de sierras altísimas, subidas y descendidas, á cuestas -madera labrada para hacer cuatro navíos, y anclas de hierro de tres, -y cuatro, y cinco, y seis quintales, y cables, que son las maromas -para las anclas, que pesaban otro tanto y muy poco ménos, y otros mil -aparejos cuasi tan pesados que los navíos requieren, y todo ésto sin -comer sino un poco de grano de maíz áun no hecho pan, sino como lo -comen las aves ó las bestias, ¿qué hombres aunque tuvieran cuerpos -en parte formados de materia de hierro lo pudieran sufrir sin morir? -Y porque los indios allí perecian con aquel ejercicio, enviaba Vasco -Nuñez cuadrillas á cazar indios, donde quiera que se creia que estarian -escondidos, porque toda la tierra estaba huida por los montes por miedo -dellos, y se meterian en los abismos; despues que hacian alguna cara -juntos para resistir á los españoles, y como vian no poder contra ellos -prevalecer, se desparcian escondiéndose por las montañas á cuadrillas, -ó á linajes, ó á familias, y destos sabian, porque cuando tomaban algun -indio á poder de grandes tormentos le hacian descubrir los lugares -secretos donde se habian metido. Daban en ellos cuando más olvidados -y secretos creian que estaban, y muertos los primeros que topaban á -cuchilladas y estocadas, y de los perros desgarrados y despedazados, -á los demas que tomaban á vida, leíanles el requerimiento, estándolos -atando en traillas; y puesto que todas ó muchas veces desta manera se -hacia, en especial se hizo entendiendo Vasco Nuñez en la obra destos -navíos. - - - - - CAPÍTULO LXXV. - - -Pasada la madera, que en Acla pudo hacer que se labrase, al rio de -las Balsas, porque no era para más de los dos bergantines ó navíos, y -habíase de aparejar para otros dos, repartió Vasco Nuñez toda la gente -que tenia, españoles, negros é indios, en tres capitanías. A la una -dió cargo que cortase y asentase madera; á la segunda, que acarrease -de Acla las anclas, y clavazon y jarcia y todos los demas instrumentos -y aderezos; á la tercera, que fuese á robar los mantenimientos que -por toda la tierra de los alrededores hobiese, y, á vueltas, cuantos -indios pudiesen traer captivos. Comenzóles Dios á mostrar lo que en -aquellas obras le servian, porque cuanto trabajaron en cortar la -madera y aserralla en Acla y mar del Norte, y despues en llevalla los -tristes indios á cuestas por tan aspérrimos é intolerables caminos, -todo se les convirtió en vacío, por ser la madera de allí en tierra -que estaba muy cerca de la mar salada, y así fué luégo de gusanos -comida, de donde sucedió serles necesario cortalla de nuevo en el -rio; habiendo pues cortado mucha della, y quizá tambien aserrádola, -ya que querian poner en astillero, que es comenzar los bergantines, -vinieron de súbito tan grandes avenidas que les llevó el rio parte -de la madera, y parte soterró la lama y cieno, subiendo el agua dos -estados encima. No tuvieron todos otro remedio para no se ahogar, -sino subirse sobre los árboles, á donde puestos no estaban sin mucho -peligro; aquí desmayó Vasco Nuñez, viendo tanta dificultad en la obra -de sus negros navíos, por la cual quiso volverse á su villa de Acla, -y dejarse de aquella demanda, como aborrido. Ayudábale á se volver -la hambre que padecian; y parece que los de la tercera cuadrilla, á -quien dió cargo de ir á robar mantenimientos y indios, no acudian. -Francisco Compañon se ofreció á pasar á la otra banda del rio á buscar -gente y comida, y pasó con algunos por cierta puente que hicieron de -ciertos vejucos y raíces, que ataron algunos nadadores de las ramas -de los árboles; aunque la puente fué tal, que pasaron el agua sobre -la cinta, y algunas veces llegábales á los pechos. Andaba Vasco Nuñez -comiendo raíces, de donde se podrá congeturar qué debian de padecer 500 -ó 600 indios que allí tenian, y cuántos de hambre morian; finalmente, -hobo de irse á Acla, puesto que no con el primer motivo, sino para -proveer de algun mantenimiento y de gente española, si del Darien ó de -las islas de nuevo viniese, para lo cual envió al Darien á Hurtado, y -traer las anclas y jarcia, y dar en todo priesa. En ésto vino Francisco -Compañon, que habia robado toda la tierra de comida y de indios que -trujo captivos, en los cuales, como en acémilas, cargó todo lo que -para llevar tenia, y sobre sus hombros, anclas, y jarcias, y velas, y -cables, y clavazon y cuanto habia, pusieron en el rio. Volvió Bartolomé -Hurtado con 60 hombres que le dió Pedrárias y otras cosas que Vasco -Nuñez le envió á pedir, y tomado nuevo ánimo, torna Vasco Nuñez al rio, -con la gente de españoles y indios, y todo recaudo para proseguir á la -obra de sus bergantines, y, con inmensos trabajos y hambre y muerte de -indios, comenzó y acabó dos dellos; los cuales hechos, y echados al -agua, y proveidos de lo que les era menester para navegar, metióse con -los españoles que cupieron en ellos, y navega á la isla mayor de las de -las Perlas. Y entre tanto que los demas, pocos á pocos, los bergantines -los traian, trabajó de robar y allegar cuanto bastimento en la isla -pudo, lo uno, diz que, para subjetar las gentes della por hambre, y lo -otro para tener con qué los que allí estuviesen sustentarse. Díjose -que, andando en ésto Vasco Nuñez, rescibió una carta del arzobispo -de Sevilla, D. Diego de Deza, de quien hobimos en el primer libro -hablado, que fué alguna parte para el descubrimiento destas Indias, -siendo el maestro del príncipe D. Juan, en la cual le decia que habia -sabido haber descubierto la mar del Sur, y que tuviese por cierto, -que si proseguia por el Poniente la tierra hallarian indios de lanza -y armaduras de cuerpo, y si corriese hácia el Oriente que toparian -grandes riquezas y ganados infinitos. Esta creo yo que es patraña, -porque el arzobispo de Sevilla, siendo tan prudente y tan sabio, no -podia adevinar lo que nunca leyó, vido ni oyó, ni hombre imaginó de -todos los pasados, y no habia de poner su gravedad y autoridad en -boca del vulgo, no saliendo como él denunciaba; porque por revelacion -tampoco hemos de creer que lo habia alcanzado, porque si así fuera, -primero y no á otro sino sólo al Rey Católico, que mucho lo amaba, lo -significara. Así que, Vasco Nuñez, despues de robada la isla grande -de las Perlas y escandalizada, y quizá muerta y captiva mucha gente -della, comenzó á navegar hácia la tierra firme, la vuelta del Oriente, -con ciento y tantos hombres, porque los indios que tenian captivos por -aquella parte haber mucho oro les señalaban; y ésta fué otra segunda -ó tercera nueva ó señal de la grandeza de las riquezas del Perú. -Yendo, pues, sobre un puerto que llamaron despues puerto ó punta de -Piñas, 25 leguas ó alguna más pasada la punta ó cabo del golfo de Sant -Miguel, hallaron gran número de ballenas, que parecian punta ó cabo -de peñas que salia gran trecho á la mar; temieron los marineros de se -allegar porque venia la noche, y arribaron á otra punta con intencion -de, siendo de dia, tornar á su viaje, y porque les hizo el viento -contrario, acordó Vasco Nuñez de ir á dar en la tierra del cacique -Chucama, por vengar los españoles que allí habian muerto á Gaspar de -Morales, de que se hizo mencion arriba en el capítulo 64. Salieron -las gentes de allí á resistillos, pero como siempre ha de caer sobre -ellos la mala ventura, como en gente desnuda, sólo dan de sí muestra -que si fuesen armados y las armas tales como las nuestras, otro gallo, -para su natural defensa y contra nuestra injusticia, les cantaria; así -que, muertos muchos dellos, los vivos pusiéronse en huida. Anduvo -algunos dias robando y captivando y destruyendo aquellas provincias. -Tornóse á la isla, y allí apareja de hacer cortar madera, y comenzar -los otros dos bergantines ó pequeños navíos; faltábale algun hierro y -pez y otras cosas para acabar los bergantines, por lo cual acordó de -enviar á Acla por ello. Y porque tenian ya nueva que el Emperador era -venido á reinar á Castilla, y que habia proveido á un caballero de -Córdoba, llamado Lope de Sosa, por Gobernador de tierra firme, quiso -tambien Vasco Nuñez que supiesen si era venido, ó qué nueva se tenia -de su venida, porque, quitada la gobernacion á Pedrárias, su suegro, -consiguiente cosa era quitarle los navíos y dar la empresa á alguno de -los que traia consigo. Temiendo, pues, ésto, una noche, hablando con un -Valderrábano y con un clérigo llamado Rodrigo Perez, díjoles: «Segun -lo mucho que há que vinieron las nuevas, que el Rey tenia proveido por -Gobernador á Lope de Sosa desta tierra firme, no parece posible que -ó no sea venido ó no haya nueva de ser cercana su venida, y, si es -venido, Pedrárias, mi señor, ya no tiene la gobernacion, y así nosotros -quedamos defraudados de nuestros deseos, y tantos trabajos como en ésto -habemos puesto quedan perdidos; paréceme, pues, que para haber noticia -de lo que nos conviene será bien que vaya el capitan Francisco Garavito -á la villa de Acla, con demanda del hierro y pez que nos falta, y -sepa si es venido, porque si lo fuere se torne, y nosotros acabaremos -como pudiéremos estos navíos y proseguiremos nuestra demanda, y, como -quiera que nos suceda, de creer es que el que gobernare nos rescibirá -de buena voluntad porque le ayudemos y sirvamos; pero si Pedrárias, -mi señor, todavía tuviere la gobernacion, dalle hán parte del estado -en que quedamos y proveerá de lo que pedimos, y partirnos hemos á -nuestro viaje, del cual espero en Dios que nos ha de suceder lo que -tanto deseamos.» Díjose, que cuando esto Vasco Nuñez hablaba comenzó á -llover, y que la guarda, persona que velaba su cuarto, se recogió á la -sombra y debajo del tejado de la casa donde Vasco Nuñez estaba por no -mojarse, el cual oyó como decia que convenia irse con los navíos su -viaje, no entendiendo más de la plática, ni por qué causa; y ampliando -en su pensamiento que aquello era quererse huir de Pedrárias, y con -esta opinion ó error, calla y no da parte á nadie, hasta que fué tiempo -de poder dañar diciéndolo á Pedrárias. - - - - - CAPÍTULO LXXVI. - - -Pareció bien á los con quien hablaba Vasco Nuñez su intento y palabras, -y aprobáronselo, y en prosecucion dello llamó á Francisco Garavito, -y dále dello parte, y con 40 hombres despáchalo para Acla; llegados -á Acla, hallan que Lope de Sosa no era venido, y que Pedrárias como -de ántes gobernaba. Díjose que cuando Vasco Nuñez se partió para el -rio de la Balsa, debia ser la postrera vez, Andrés Garavito escribió -á Pedrárias que Vasco Nuñez iba como alzado, y con intencion nunca -más á obedecelle ni estar á su obediencia y mandado, y Pedrárias, -como siempre dél estuvo sospechoso, que nunca pudo tragallo, poco era -menester para que lo creyese por verdad, porque corazon que sospecha -una vez alterado fácil cosa es en aquello que teme del todo derrocallo. -Dijeron que esta falsedad ó testimonio falso, ó quizá verdad, escribió -Garavito á Pedrárias, porque Vasco Nuñez, por una india que tenia por -amiga, que arriba en el cap. 40 dijimos el cacique Careta haberle -dado, le habia de palabra maltratado. Dos dias ó tres despues de -llegado Garavito, llega del Darien Pedrárias, el cual, por la carta -de Garavito, luégo se despachó muy indignado para haber á Vasco Nuñez -á las manos y acortarle los pasos. Preguntando Pedrárias qué hacia y -dónde quedaba, díjole Garavito y los que con él vinieron, que en la -isla, y dando priesa á acabar los bergantines, y quedaba esperando -ciertas cosas que le enviaba á pedir para acaballos y tambien lo que -mandaba; con ésto se asosegó algo Pedrárias y disimuló algunos dias -lo que traia pensado, dentro de los cuales, un Tesorero, que debia -ser proveido por el tesorero Pasamonte desta isla, llamado Alonso -Martel de Lapuente, que no estaba bien con Vasco Nuñez porque le pidió -en la residencia cierto oro que le habia prestado, y el Tesorero -creyó que habia sido dado, supo de aquel que velaba, cuando Vasco -Nuñez dijo en la isla las susodichas palabras á Valderrábano, lo que -habia oido y Vasco Nuñez hablado. Va luégo el dicho Alonso Martel á -decírselo á Pedrárias; luégo Pedrárias, de súpito, se retificó en -sus sospechas presentes y pasadas, y hecho muy furibundo, cuasi de -enojo é indignacion desatinaba, prorrumpiendo en palabras contra -Vasco Nuñez injuriosas y desmandadas, y con aquella saña escribióle -una carta mandándole que viniese á Acla, fingiendo que tenia cosas -que con él comunicar tocantes y necesarias para su viaje. Y cosa es -aquí de notar, que no hobiese hombre que á Vasco Nuñez avisase de -la indignacion contra él de Pedrárias, y el peligro que padecer si -venia esperaba; ciertamente la razon parece que se puede asignar, ó -que Vasco Nuñez era tan mal quisto de todos, que todos le deseaban -mal, ó que todos temian tanto á Pedrárias que ninguno se atrevió á -enojalle, ó que fué juicio de Dios que determinó dalle su pago de -tantas crueldades como en aquellas gentes habia perpetrado: y ésta -postrera debió ser y debemos creer que fué la verdadera y eficaz, y -está harto clara. Y tras la carta, sospechando que no querria venir, -despachó á Francisco Pizarro con mandamiento y la gente armada que -pudo enviar para que le prendiese donde quiera que lo hallase. Díjose -que un italiano, llamado micer Codro, astrólogo, que andaba con -Vasco Nuñez, hombre que por ver mundo habia venido á estas partes, -le dijo, estando en el Darien, que el año que viese cierta estrella, -que señalaba, en tal lugar, correria gran peligro su persona, pero -si de aquel peligro escapaba sería el mayor señor y más rico que -hobiese por todas estas tierras indianas; y pocos dias ántes desto, -dijeron que una noche vido la estrella en aquel lugar, y comenzó á -mofar de lo que le habia dicho micer Codro, y comenzó á decir á los -que con él estaban: «donoso estaria el hombre que creyese á hombres -adivinos, especialmente á micer Codro que me dijo ésto y ésto, y hé -aquí la veo cuando me hallo con cuatro navíos y 300 hombres y en la -mar del Sur, y de propíncuo para navegarla, etc.» Esto dicen que pasó -jactándose mucho Vasco Nuñez de su felicidad; el cual, rescibida la -carta de Pedrárias, estando en una isleta llamada de Tortugas, dejando -á Francisco Compañon haciendo los navíos en la grande, puso luégo por -obra su camino en cumplimiento de lo que le mandaba; dijeron tambien -que los mensajeros, llegando cerca de Acla, le dijeron que Pedrárias, -su suegro, estaba de él muy indignado, pero él, hallándose inocente, -creia que llegando ante Pedrárias y mostrándole no habelle ofendido lo -aplacara. Topó á Francisco Pizarro con gente, que le iba á prender, y -díjole: «¿qué es ésto, Francisco Pizarro? no solíades vos así salirme -á rescibir.» Salieron á rescibirlos del pueblo, y Pedrárias proveyó -que lo llevasen preso á la casa de un vecino llamado Castañeda; envió -á Bartolomé Hurtado á las islas para que tomase y tuviese por él los -navíos y toda la armada. Mandó al licenciado Espinosa que procediese -contra Vasco Nuñez por todo el rigor de justicia que hallase, porque -todo su fin era despachalle; y por descuidalle fuéle á ver un dia y -díjole: «No tengais, hijo, pena por vuestra prision y proceso que yo he -mandado hacer, porque para satisfacer al tesoro Alonso de Lapuente y -sacar vuestra fidelidad en limpio lo he hecho.» Despues que Pedrárias -entendió que el proceso estaba, al ménos coloradamente, fundado para -cortalle la cabeza, dijeron que fué á donde estaba preso y con rostro -airado le dijo: «Yo os he tratado como á hijo, porque creia que en -vos habia la fidelidad que al Rey y á mí en su nombre debíades, pero, -pues os queríades rebelar contra la corona de Castilla, no es razon de -tractaros como á hijo, sino como á enemigo, y por tanto de hoy más no -espereis de mí obras otras sino las que os digo.» Respondió Vasco Nuñez -que habia sido y era todo falsedad que le habian levantado, porque -nunca tal pensamiento le vino, porque, si él tal intencion tuviera, no -tenia necesidad de venir á su llamado, pues tenia 300 hombres consigo -y cuatro navíos, con los cuales, sin vello ni oillo él, se fuera por -esa mar adelante donde no le faltara tierra en que asentar pobre ó -rico; pero como venia con simplicidad y de tales propósitos libre, no -temió de venir á Acla por su llamado, para verse así preso y publicado -por infiel á la corona real de Castilla, y á él en su nombre como -decia. Fuese Pedrárias de la cárcel y mandóle poner más prisiones, y -el licenciado Espinosa, dando cuenta á Pedrárias de los méritos del -proceso, dijo que incurrido habia en pena de muerte, pero que por los -muchos servicios que en aquella tierra habia hecho al Rey, merecia -que se le otorgase la vida. Respondió Pedrárias muy airado: «Pues si -pecó muera por ello.» El licenciado Espinosa no quiso sentenciarlo á -muerte, diciendo que merecia perdon por los señalados servicios que -habia hecho, protestando que no lo sentenciaria si no se lo mandaba -espresamente por escrito. Pedrárias, que no via la hora de sacalle -desta vida, poco tardó en dalle su mandamiento, y ciento le diera sin -deliberar lo que hacia. Espinosa entónces hace de veras el negocio, -acumulándole la muerte de Diego de Nicuesa, y la prision y agravios -del bachiller Anciso, y sobre todo fundó su sentencia; la cual fué -que le cortasen la cabeza, yendo el pregonero delante diciendo á voz -alta: «Esta es la justicia que manda hacer el Rey, nuestro señor, y -Pedrárias su Lugarteniente, en su nombre, á este hombre, por traidor -y usurpador de las tierras subjetas á su real corona etc.» Lo cual, -oido por Vasco Nuñez cuando lo sacaban, levantó los ojos y dijo: «Es -mentira y falsedad que se me levanta, y, para el caso en que voy, -nunca por el pensamiento me pasó tal cosa ni pensé que de mí tal se -imaginara, ántes fué siempre mi deseo servir al Rey como fiel vasallo y -aumentalle sus señoríos con todo mi poder y fuerzas.» No le aprovechó -nada su afirmacion, y así le cortaron la cabeza sobre un repostero -harto viejo, habiéndose ántes confesado y comulgado, y ordenado su -alma segun lo que el tiempo y negocio le daba lugar. Luégo tras él la -cortaron á Valderrábano, y tras aquel á Botello, y tras éste á Hernan -Muñoz, y el postrero fué Argüello, todos cinco por una causa viéndose -unos á otros; y porque para degollar al Argüello quedaba ya poco dia, -viniendo la noche, hincáronse de rodillas todo el pueblo ante Pedrárias -pidiéndole por merced que diese la vida á Argüello, pues ya eran -muertos los cuatro y parecia que Dios, con enviar la noche, aquella -muerte atajaba. No blandeó Pedrárias en nada, ántes con gran pasion -les respondió, que si querian que aquel viviese, en sí mismo queria -se ejecutase la justicia; y desta manera, con grande angustia y dolor -de todos, y áun lágrimas de algunos, fenecieron todos cinco aquel -dia, y así quedó Pedrárias sin sospecha de Vasco Nuñez de Balboa que -tanto trabajó de aumentar los señoríos del Rey, como él dijo, matando -y destruyendo aquellas gentes, con tan ignominiosa muerte, al tiempo -que más esperaba subir. E será bien que se coloque Vasco Nuñez en el -catálogo de los perdidos con Nicuesa y Hojeda, y con los que despues se -pornán en él, que hicieron mal fin en estas Indias, siendo señalados en -hacer mal á indios. - - - - - CAPÍTULO LXXVII. - - -Restan por decir algunas cosas de las que quedan atras, que habemos -dejado por no interrumpir la historia de Vasco Nuñez, y ántes que -pasemos adelante, conviene, por no las olvidar, referillas. Despues -que el licenciado Espinosa fué á la empresa del oro que Cutara, rey de -la tierra llamada Pariba ó Paris, habia tomado á Badajoz, el factor -Juan de Tavira, con codicia de la riqueza que decian que habia en el -templo ó ídolo Dabayba, pidió por señalada merced á Pedrárias, que le -diese aquella sancta conquista, el cual se la concedió; y alcanzada -la merced, comenzó á gastar de los muchos dineros que de los robos y -violencias y captiverios de gentes vendidas, de hasta entónces, le -habian cabido, y pónese á hacer tres fustas, y comprar muchas canoas -de las que tenian los otros españoles vecinos, para subir por el rio -Grande arriba, donde tenian fama que estaba el oro, su ídolo. En el -aparejo de lo cual no sólo gastó toda su hacienda, mal, ó si alguna -tenia bien, habida no en aquella tierra, sino quizá traida de Castilla, -pero mucha otra sacada del oro y arca del Rey. Despachado con su flota -de tres fustas y muchas canoas, con 160 hombres españoles, y infinitos -indios de los hechos esclavos con la justicia dicha, todos encadenados, -para bogar ó remar las canoas y para los otros servicios, sube, con -gran dificultad por la gran corriente, el rio arriba. Las gentes de -Dabayba que estaban sobre aviso, sabida su venida, salieron, en no más -de tres canoas grandes, de través al camino, y hallando las nuestras -descuidadas, matáronles en un momento un español y quedaron muchos -heridos; retragéronse luégo las canoas de los españoles al abrigo de -las fustas ó bergantines. Queriendo ir adelante, acordaron que fuese -gente por tierra y las canoas y fustas por el rio, el cual vino de -presto tan de avenida, por lo mucho que en las sierras llovia, que -muchos árboles del rio no se parecian. Encalló ó tocó la canoa del -Factor en uno de los que en el agua estaban sumidos, y trastornóse de -manera que el Factor y el veedor Juan de Virues, sin podellos socorrer, -se ahogaron, y los que sabian nadar nadando tuvieron remedio. La gente, -viéndose sin Capitan, eligieron á Francisco Pizarro que los capitanease -hasta el Darien, y así se volvieron perdido el factor Juan de Tavira -y Veedor, y los muchos dineros suyos y del Rey que para emprender -aquella hazaña habia espendido. Hobo Pedrárias grande dolor de aquella -desdicha, y esforzando á los que maltractados venian, que, pues con -el Factor no habian llegado á donde tanto esperaban ser ricos, que no -desmayasen, y que él queria dalles á Francisco Pizarro por capitan, que -tornasen á la otra demanda, que era tambien rica, conviene á saber, -de Abrayme, que él esperaba en Dios que habian de hallar de aquella -hecha con que fuesen sus deseos complidos. Dellos no quisieron ir por -venir muy heridos, ó de tanto peligro y trabajo aborridos, otros, hasta -50, tornaron con Francisco Pizarro al ristre. Partidos y llegados por -tierra al señorío de Abrayme, cuyos vecinos estaban muy lastimados, de -los agravios, y guerras, y daños en ellas rescibidos, no solamente no -hallaron gente que captivar (que despues de robar oro no tienen otro -mayor fin), pero ni cosa que comiesen, y así de hambre perecian; no -tuvieron otro remedio sino matar y comer siete caballos que llevaban, -para poder tornarse al Darien, donde llegaron con harto desmayo y -tristeza, y no ménos que mucho corridos de su tan vano y frustratorio -camino. Luégo, desde á pocos dias, volvió Diego Albitez con gran -cantidad de oro, y muchos indios captivos, que robó de la costa del -Nombre de Dios y provincias de Chagre y de Veragua, las cuales dejó -todas llenas de amarguras y de gran calamidad, matando todos los que -le resistian. En una destas entradas que éstos hacian, no me acuerdo -cuál de los Capitanes fué, acaeció que, llegados los españoles á un -monte, donde á poder de tormentos habian sacado á indios que tomaban, -estar mucha gente huida, recogida, por se apartar de tan pestilenciales -y horribles crueldades, dando de súbito en ellos, tomaron 70 ú 80 -mujeres y hijas doncellas de muchos que mataron y de los que huyeron -por se escapar; y viniéndose los españoles con su cabalgada, segun lo -que creian, en paz, otro dia, con la rabia que sentian los indios de -ver llevar sus mujeres é hijas maniatadas, por esclavas, juntáronse -cuantos más pudieron y van tras los españoles, y dan de súbito en -ellos con grande alarido, de manera que los hirieron y lastimaron -algo. Viéndose los españoles muy apretados, no quisieron soltar la -cabalgada, sino, como vian que no la podian gozar, acordaron de las -desbarrigar, metiéndoles las espadas por los cuerpos de las pobres -mujeres y muchachas, de las cuales todas 70 ú 80 una viva no dejaron. -Los indios, que se les rasgaban las entrañas de verlas así matar, daban -gritos y decian: «¡Oh cristianos malos, malos hombres, crueles, á las -iras matais!» Ira llamaban en aquella tierra á las mujeres; como si -dijeran, matar las mujeres, señal es de hombres abominables, crueles -y bestiales. Tenian muchas veces en uso, que, aunque los señores de -los indios ofreciesen de su propia voluntad oro, y cantidad de oro, no -se contentaban con ello, sino, creyendo que tenian más, les prendian -y les daban terribles y inhumanos tormentos, para que si más tuviesen -lo descubriesen. Una vez dió un Cacique, ó por miedo ó de su voluntad, -9.000 pesos de oro, no contento con ellos el Capitan y sus compañeros -acordaron de lo atormentar; atáronlo á un palo sentado en el suelo, -y estendidas las piernas y piés, pusiéronle fuego junto á ellos, -diciéndole que diese más oro. Envió alguno de sus indios que trujese -más, trujeron 3.000 pesos más; continúan todavía el tormento, dice con -dolorosos gemidos y llantos que no tiene más. No cesaron de dárselo, -hasta que por las plantas de los piés le salieron los tuétanos, y así -murió el desventurado; acaeció entre aquestos tan bien morigerados -españoles que tenian algunas llagas en las piernas, y parece que el -demonio, en cuyos pasos andaban y voluntad cumplian, les puso en la -imaginacion que el unto del hombre era buena medicina para curallas, -por lo cual acordaron de matar indio ó indios de los más gordos que -habian captivado, y sacáronles el unto, diciendo que más valia que los -españoles anduviesen sanos, que aquellos perros viviesen, que servian -al diablo. Esta era la espiacion que hacian para ser inocentes y quedar -limpios de aquel pecado. - - - - - CAPÍTULO LXXVIII. - - -Dejemos de proseguir la historia de la tierra firme hasta emparejar con -el tiempo della la relacion de las islas, que dejamos atrás en el cap. -39, y tornemos al hilo que llevábamos dellas, contando las cosas que -acaecieron en el año de 1514, como parece arriba, en el cap. 36 y 37, -donde referimos de un repartidor de los indios, llamado Alburquerque, -y otros que despues fueron, que ningun provecho hicieron á los tristes -desmamparados indios de esta isla, ni estorbaron que no se consumiesen, -los cuales cada dia en las minas y en los otros trabajos perecian; lo -mismo se hacia en las otras islas, sin tener una hora de consuelo ni -alivio dellos, y sin mirar en ello, ni se doler dellos los insensibles -que la tierra regian. En todo este tiempo, el tesorero Pasamonte, y -oficiales, y jueces de la Audiencia desta isla, ó algunos dellos que -lo revolvian y movian al dicho Pasamonte, y lo tomaban por cabeza de -sus pasiones y envidias, por ser tan favorecido del Rey, perseguian al -almirante D. Diego con cartas al Rey é á Lope Conchillos, Secretario, -y al obispo de Búrgos D. Juan Fonseca, que como arriba se ha dicho -algunas veces, nunca estuvo bien con los Almirantes, padre y hijo. No -creí ser otra la causa sino por echalle de la gobernacion desta isla -y de lo demas, y quedarse ellos con ella, no sufriendo superior sobre -sí; finalmente, tanto, que rodearon que el Rey le mandase llamar, y que -fuese á Castilla, no supe, aunque lo supiera si mirara en ello, con qué -color ó debajo de qué título. El cual, obedeciendo el mandado del Rey, -aparejó su partida y salió del puerto de Sancto Domingo en fin del año -de 1514, ó al principio del año 15, dejando á su mujer doña María de -Toledo, matrona de gran merecimiento, con dos hijas en esta isla. Entre -tanto, quedaron á su placer los jueces y oficiales, mandando y gozando -de la isla, y no dejaron de hacer algunas molestias y desvergüenzas -á la casa del Almirante, no teniendo miramiento en muchas cosas á la -dignidad, persona, y linaje de la dicha señora Doña María de Toledo. En -este tiempo lo que más se trataba y sonaba, y de donde más esperanza se -tenia, destas islas y áun de todas estas Indias, era la isla de Cuba, -por las nuevas de tener mucho oro, y por hallarse la gente della tan -doméstica y pacífica; y habia ya dos años que á ella los españoles con -Diego Velazquez á poblar habian venido. Porque de la tierra firme, como -entónces llegase Pedrárias, cosa de fruto de su llegada no se habia -visto, pues de todas las otras partes della ninguna noticia se tenia. -Tornando, pues, á tomar la historia de la isla de Cuba, que en el cap. -32 contamos, dijimos allí como Diego Velazquez, que gobernaba la isla -como teniente del Almirante, habia señalado cinco villas, donde todos -los españoles que en ella habia se avecindasen, con la de Barocoa que -ya estaba poblada. Repartidos los indios de las comarcas de cada villa -y entregados á los españoles, cada uno segun el ansia de haber oro -tenia y más ancho de conciencia se hallaba, sin tener consideracion -alguna que aquellas gentes eran de carne y de hueso, pusiéronlos -en los trabajos de las minas, y en los demas que para aquellos se -enderezaban, tan de golpe y tan sin misericordia, que en breves dias la -muerte de innumerables dellos manifestó la grande inhumanidad con que -los trataban. Fué más vehemente y acelerada la perdicion de aquellas -gentes, por aquella primera temporada, que en otras partes, por causa -de que, como los españoles andaban por toda la isla, como ellos dicen, -pacificándolas, y consigo traian muchos de los indios que por los -pueblos, para se servir dellos, contínuamente tomaban, y todos comian -y ninguno sembraba, y los de los pueblos, dellos huian, y dellos, de -alborotados y medrosos, de otra cosa más de que no los matasen, como -á otros muchos se mataron, no curaban, quedó la tierra toda ó cuasi -toda de bastimentos vacua y desmamparada. Pues como la cudicia de los -españoles, segun dije, los ahincaba, no curando de sembrar para tener -pan, sino de coger el oro que no habian sembrado, como quiera y con -cualquiera poca cosa que podian haber de bastimento como rebuscándolo, -ponian los hombres y las mujeres, sin suficiente comida para poder -vivir cuanto ménos para trabajar, en los susodichos trabajos. Y es -verdad, como arriba en cierto capítulo dije, que en mi presencia y de -otras personas nos contó uno, como si refiriera una muy buena industria -ó hazaña, que con los indios que tenia de su repartimiento habia hecho -tantos mil montones, que es la labranza de que se hace el pan caçabí, -enviándolos cada tercer dia, ó de dos á dos dias, por los montes á que -comiesen las frutas que hallasen, y con lo que traian en los vientres -les hacia trabajar otros dos ó tres dias en la dicha labranza, sin -dalles á comer de cosa alguna un sólo bocado; y el trabajo de aquel -labrar es cavar todo el dia, y mucho mayor que cavar en las viñas y -huertas en nuestra España, porque es levantar la tierra que cavan -haciendo della montones, que tienen tres y cuatro piés en cuadro y de -tres ó cuatro piés ó palmos en alto, y ésto no con azadas ni azadones -que les daban, sino con unos palos como garrotes, tostados. Así que, -por esta hambre, no teniendo que comer, y metiéndolos en tan grandes -trabajos, fué más vehemente y más en breve la muerte de aquella gente -que en otra parte. Y como llevaban los hombres y mujeres sanos á las -minas y á los otros trabajos, y quedaban en los pueblos solos los -viejos y enfermos sin que persona los socorriese y remediase, allí -perecian todos de angustia y enfermedad sobre la rabiosa hambre; yo -vide algunas veces, andando camino en aquellos dias por aquella isla, -entrando en los pueblos, dar voces los que estaban en las casas, y -entrando á vellos, preguntando qué habian, respondian: hambre, hambre, -hambre. Y porque no dejaban hombre ni mujer que se pudiese tener sobre -sus piernas que no llevasen á los trabajos, á las mujeres paridas que -tenian sus hijos y hijas chiquitas, secándoseles las tetas con la poca -comida y con el trabajo, no teniendo con que criallas, se les morian; -por esta causa se murieron en obra de tres meses 7.000 niños y niñas, -y así se escribió al Rey católico por persona de crédito que lo habia -inquirido. Tambien acaeció entónces que, habiendo dado en repartimiento -á oficial del Rey 300 indios, tanta priesa les dió, echándolos á las -minas y en los demas servicios, que en tres meses no le restaron más -del diezmo vivos. - - - - - CAPÍTULO LXXIX. - - -Llevando este camino, y cobrando de cada dia mayor fuerza esta vendimia -de gentes, segun más crecia la cudicia, y así más número dellas -pereciendo, el clérigo Bartolomé de las Casas, de quien arriba en -el cap. 28 y en los siguientes alguna mencion se hizo, andaba bien -ocupado y muy solícito en sus granjerías, como los otros, enviando -indios de su repartimiento en las minas á sacar oro y hacer sementeras, -y aprovechándose dellos cuanto más podia, puesto que siempre tuvo -respecto á los mantener, cuanto le era posible, y á tratallos -blandamente, y á compadecerse de sus miserias, pero ningun cuidado -tuvo más que los otros de acordarse que eran hombres infieles, y de -la obligacion que tenia de dalles doctrina, y traellos al gremio de -la Iglesia de Cristo; y porque Diego Velazquez, con la gente española -que consigo traia, se partió del puerto de Xagua para hacer y asentar -una villa de españoles en la provincia donde se pobló la que llamó de -Sancti-Espíritus, y no habia en toda la isla clérigo ni fraile, despues -de en el pueblo de Baracóa donde tenian uno, sino el dicho Bartolomé -de las Casas, llegándose la Pascua de Pentecostés, acordó dejar su -casa que tenia en el rio de Arimáo, la penúltima luenga, una legua de -Xagua, donde hacia sus haciendas, é ir á decilles misa y predicalles -aquella Pascua. El cual, estudiando los sermones que les predicó la -Pascua, ó otros por aquel tiempo, comenzó á considerar consigo mismo -sobre algunas autoridades de la Sagrada Escritura, y, si no me he -olvidado, fué aquella la principal y primera del Eclesiástico, capítulo -34. _Immolantes ex iniquo oblatio est maculata_, etc., comenzó, digo, -á considerar la miseria y servidumbre que padecian aquellas gentes. -Aprovechóle para ésto lo que habia oido en esta isla Española decir -y experimentado, que los religiosos de Sancto Domingo predicaban, que -no se podian tener con buena conciencia los indios, y que no querian -confesar ó absolver á los que los tenian, lo cual el dicho Clérigo no -aceptaba; y queriéndose una vez con un religioso de la dicha Órden, -que halló en cierto lugar, confesar, teniendo el Clérigo en esta -isla Española indios, con el mismo descuido y ceguedad que en la de -Cuba, no quiso el religioso confesalle, y pidiéndole razon por qué, -y dándosela, se la refutó el Clérigo con frívolos argumentos y vanas -soluciones, aunque con alguna apariencia, en tanto que el religioso le -dijo: «Concluí, padre, con que la verdad tuvo siempre muchos contrarios -y la mentira muchas ayudas.» El Clérigo luégo se le rindió, cuanto -á la reverencia y honor que se le debia, porque era el religioso -veneranda persona y bien docto, harto más que el padre Clérigo, pero -cuanto á dejar los indios no curó de su opinion. Así que, valióle -mucho acordarse de aquella su disputa y áun confusion que tuvo con el -religioso, para venir á mejor considerar la ignorancia y peligro en que -andaba, teniendo los indios como los otros, y confesando sin escrúpulo -á los que los tenian y pretendian tener, aunque le duró ésto poco; pero -habia muchos confesado en esta isla Española que estaban en aquella -damnacion. Pasados, pues, algunos dias en aquesta consideracion, y -cada dia más y más certificándose, por lo que leia cuanto al derecho -y vía del hecho, aplicando lo uno á lo otro determinó en sí mismo, -convencido de la misma verdad, ser injusto y tiránico todo cuanto -cerca de los indios en estas Indias se cometia. En confirmacion de lo -cual, todo cuanto leia hallaba favorable, y solia decir é afirmar, -que, desde la primera hora que comenzó á desechar las tinieblas de -aquella ignorancia, nunca leyó en libro de latin ó de romance, que -fueron, en cuarenta y cuatro años, infinitos, en que no hallase ó -razon ó autoridad para probar y corroborar la justicia de aquestas -indianas gentes, y para condenacion de las injusticias que se les han -hecho, y males y daños. Finalmente, se determinó de predicallo; y -porque, teniendo él los indios que tenia, tenia luégo la reprobacion -de sus sermones en la mano, acordó, para libremente condenar los -repartimientos ó encomiendas como injustas y tiránicas, dejar luégo -los indios y renunciarlos en manos del gobernador Diego Velazquez, -no porque no estaban mejor en su poder, porque él los tractaba con -más piedad, y lo hiciera con mayor desde allí adelante, y sabia que -dejándolos él los habian de dar á quien los habia de oprimir é fatigar -hasta matallos, como al cabo los mataron, pero porque, aunque les -hiciera todo el buen tractamiento que padre pudiera hacer á hijos, como -él predicara no poderse tener con buena conciencia, nunca le faltaran -calumnias diciendo: «al fin tiene indios, ¿por qué no los deja, pues -afirma ser tiránico?» acordó totalmente dejallos. Y para que del todo -ésto mejor se entienda, es bien aquí reducir á la memoria la compañía -y estrecha amistad que tuvo este Padre con un Pedro de la Rentería, -hombre prudente y muy buen cristiano, de quien arriba en el cap. 32 -hobimos algo tocado. Y como fuesen no sólo amigos pero compañeros en -la hacienda, y tuviesen ambos sus repartimientos de indios juntos, -acordaron entre sí que fuese Pedro de la Rentería á la isla de la -Jamáica, donde tenia un hermano, para traer puercas para criar y maíz -para sembrar, y otras cosas que en la de Cuba no habia, como quedase -del todo gastada, como queda declarado, y para este viaje fletaron una -carabela del Rey en 2.000 castellanos. Pues como estuviese ausente -Pedro de la Rentería, y el Padre clérigo determinase dejar los indios, -y predicar lo que sentia ser obligado para desengañar los que en tan -profundas tinieblas de ignorancia estaban, fué un dia al gobernador -Diego Velazquez, y díjole lo que sentia de su propio estado, y dél -mismo que gobernaba y de los demas, afirmando que en él no se podian -salvar, y que, por salir de peligro y hacer lo que debia á su oficio -entendia en predicarlo, por tanto determinaba renunciar en él los -indios, y no tenellos á su cargo más, por eso que los tuviese por -vacuos y hiciese dellos á su voluntad; pero que le pedia por merced, -que aquello fuese secreto y que no los diese á otro hasta que Rentería -volviese de la isla de Jamáica donde estaba, porque la hacienda y los -indios, que ambos indivisamente tenian, padecerian detrimento, si, -ántes que viniese, alguno á quien diese los indios del dicho Padre -en ella y en ellos entraba. El Gobernador, de oirle cosa tan nueva -y como monstruosa, lo uno porque siendo clérigo y en las cosas del -mundo, como los otros, azolvado, fuese de la opinion de los frailes -dominicos, que aquello habian primero intentado y que se atreviese á -publicallo, lo otro que tanta justificacion y menosprecio de hacienda -temporal en él hobiese, que, teniendo tan grande aparejo como tenia -para ser rico en breve, lo renunciase, mayormente que comenzaba á tener -fama de cudicioso, por verle ser diligente cerca de las haciendas y -de las minas, y por otras semejantes señales, quedó en grande manera -admirado, y díjole, haciendo más cuenta de lo que al Clérigo tocaba -en la hacienda temporal, que al peligro en que él vivia mismo, como -cabeza y principal en la tiranía que contra los indios en aquella isla -se perpetraba: «Mirad, Padre, lo que haceis, no os arrepintais, porque -por Dios que os querria ver rico y prosperado, y por tanto no admito la -dejacion que haceis de los indios; y porque mejor lo considereis, yo -os doy quince dias para bien pensarlo, despues de los cuales me podeis -tornar á hablar lo que determináredes.» Respondió el Padre clérigo: -«Señor, yo rescibo gran merced en desear mi prosperidad, con todos los -demas comedimientos que vuestra merced me hace, pero haced, señor, -cuenta que los quince dias son pasados, y plega á Dios que, si yo me -arrepintiere deste propósito que os he manifestado, y quisiere tener -los indios y por el amor que me teneis quisiéredes dejármelos, ó de -nuevo dármelos y me oyéredes, aunque llore lágrimas de sangre, Dios sea -el que rigurosamente os castigue, y no os perdone este pecado. Sólo -suplico á vuestra merced, que todo ésto sea secreto y los indios no los -deis á ninguno hasta que Rentería venga, porque su hacienda no reciba -daño.» Así se lo prometió y lo guardó, y desde adelante tuvo en mucha -mayor reverencia al dicho Clérigo, y cerca de la gobernacion, en lo que -tocaba á los indios, y áun á lo del regimiento de su misma persona, -hacia muchas cosas buenas, por el crédito que cobró dél como si le -hobiera visto hacer milagros; y todos los demas de la isla comenzaron -á tener otro nuevo concepto dél que tenian de ántes, desque supieron -que habia dejado los indios, lo que por entónces y siempre lo ha sido -estimado por el sumo argumento que de santidad podia mostrarse; tanta -era y es la ceguedad de los que han venido á estas partes. Publicóse -aqueste secreto, de esta manera: que predicando el dicho Clérigo, -dia de la Asuncion de Nuestra Señora, en aquel lugar donde se dijo -que estaba, tractando de la vida contemplativa y activa, que es la -materia del Evangelio de aquel dia, tocando en las obras de caridad, -espirituales y temporales, fuéle necesario mostrarles la obligacion -que tenian á las complir y ejercitar en aquellas gentes, de quien tan -cruelmente se servian, y reprender la mision, descuido y olvido en que -vivian dellas, por lo cual, le vino al propósito descubrir el concierto -secreto que con el Gobernador puesto tenia, y dijo: «Señor, yo os doy -licencia que digais á todos los que quisiéredes cuánto en secreto -concertado habiamos, y yo la tomo para á los presentes decirlo.» Dicho -ésto, comenzó á declararles su ceguedad, injusticias, y tiranías, y -crueldades que cometian en aquellas gentes inocentes y mansísimas, -como no podian salvarse teniéndolos repartidos, ellos y quien se los -repartia la obligacion á restitucion en que estaban ligados, y que él, -por conocer el peligro en que vivia, habia dejado los indios, y otras -muchas cosas que á la materia concernian. Quedaron todos admirados y -áun espantados de lo que les dijo, y algunos compungidos, y otros como -si lo soñaran, oyendo cosas tan nuevas como eran decir, que sin pecado -no podian tener los indios en su servicio, como si dijeran que de las -bestias del campo no podian servirse no lo creian. - - - - - CAPÍTULO LXXX. - - -Esto predicado aquel dia, y despues muchas veces repetido en otros -sermones, cuando dello hablar ocasion se le ofrecia, viendo que aquella -isla llevaba el camino que llevó esta Española para ser en breve -destruida, y que maldad tan tiránica y de tantas gentes vastativa no -podia estirparse sino dando noticia al Rey, deliberó, como quiera -que pudiese, aunque no tenia un solo maravedí, ni de donde habello -sino de una yegua que tenia que podia valer hasta 100 pesos de oro, -ir á Castilla y hacer relacion al Rey de lo que pasaba, y pedirle -con instancia el remedio para obviar á tantos males. Asentado este -propósito, escribió á Pedro de la Rentería, su verdadero amigo y -compañero en las haciendas, que estaba, segun se dijo, en Jamáica, -como él tenia determinado de ir á Castilla por cierto negocio de -grande importancia, el cual era tal que le constreñia en tanto grado, -que si no se daba prisa en su venida sin esperallo se partiria, cosa -no imaginable para el bueno de Rentería. Y contaré aquí una cosa de -consideracion harto digna, ésta es, que como Rentería fuese siervo de -Dios, y de las calamidades de aquestas gentes muy compasivo, no dejaba -de pensar algunas veces en ellas y de los remedios que podian venirles; -el cual, estando toda una Cuaresma en un monasterio de Sant Francisco, -que á la sazon habia en aquella isla, en tanto que su despacho para -la de Cuba se concluia, y su ocupacion fuese darse á devocion, de la -cual era él harto amigo, vínole al pensamiento la aprension de aquellas -gentes, y la triste vida que padecian, y que sería bien procurarles -algun remedio del Rey, aunque no fuese á todos, al ménos á los niños -(porque sacallos á todos del poder de los españoles juzgábalo ser -imposible), de donde vino á dar en que se debia de pedir al Rey poder -y autoridad para hacer ciertos colegios, y allí recoger los niños todos -y doctrinarlos, los cuales al ménos se librarian de aquella perdicion -y mortandad, y se salvarian los que Dios tuviese para sí determinados. -Con este propósito y á este fin determinó de, volviendo á la isla de -Cuba, pasar á Castilla y pedir la dicha facultad al Rey; por manera que -ambos á dos compañeros, el Clérigo y el buen Rentería, que, cierto, era -bueno, tuvieron cuasi en un tiempo un motivo de compasion de aquestas -gentes, y se determinaron de ir á Castilla á procuralles remedio de sus -calamidades con el Rey, sin que el uno supiese del otro, ántes distando -200 leguas el uno del otro. Rescibida, pues, la carta del padre Casas, -Rentería dióse cuanta prisa pudo á se partir de la isla de Jamáica á -la de Cuba, el cual, llegando una legua ó dos del puerto donde acaeció -estar el Gobernador y el Padre clérigo con la demas gente, como vieron -venir la carabela, fué luégo el Clérigo en una canoa á rescibir á su -Rentería, y subido en la carabela y abrazados, como personas que bien -se querian, dijo Rentería: «¿Qué fué lo que me escribistes de ir á -Castilla? no habeis de ir vos sino yo á Castilla, porque á lo que yo -he determinado de ir es cosa que desque yo os la diga holgareis que -yo tome aquel camino.» Dijo el Clérigo: «Ahora bien, vamos á tierra y -desque yo os descubra cuál es el fin por qué deliberé ir á Castilla, -yo se que vos terneis por bien de no ir, sino que yo vaya.» Idos á -tierra y rescibido Rentería del Gobernador, y de todos visitado con -mucho placer, porque de todos era muy amado, llegada la noche, quedando -solos, acordaron de descubrirse la causa que cada uno pretendia de -su jornada, y, con una amigable contienda sobre quién diria primero, -concedió Rentería, como era muy humilde, descubrir su intento y el fin -dél ántes. «Yo, dijo él, he pensado algunas veces en las miserias y -angustias y mala vida que estas gentes pasan, y cómo todas cada dia, -como en la Española, se consumen y acaban, háme parecido que sería -piedad ir á hacer relacional Rey dello, porque no debe saber nada, y -pedille que al ménos nos diese licencia para hacer algunos colegios -donde los niños se criasen y enseñasen, y de tan violenta y vehemente -muerte los escapásemos.» Oido por el Padre clérigo su motivo y causa, -quedó admirado y dió gracias á Dios, pareciéndole que debia ser su -propósito, de ir á procurar el remedio destas gentes, divinalmente -ordenado, pues por un tan buen hombre como Rentería era, sin saber -dél, ántes, como se dijo, estando muy apartados, se le confirmaba; -el cual le respondió: «Pues sabed, señor y hermano, que no es otro -mi propósito sino ir á buscar el total remedio destos desventurados, -que así los vemos perecer, no advirtiendo su perdicion y nuestra -condenacion, insensibles hechos como hombres ciegos é inhumanos, porque -sabed que yo he mirado mucho y estudiado esta materia desde tal dia, -que estaba para predicar en tal parte, y hallo que ni el Rey, ni otro -poder que haya en la tierra, puede justificar en estas Indias nuestra -tiránica entrada, ni estos repartimientos infernales donde les matamos -y asolamos estas tierras, como parece en la isla Española, y en la -de Sant Juan, y Jamáica, y todas las de los Lucayos, y para ésto, -allende que los mismos efectos que de nuestras obras han salido y cada -dia salen, condenan nuestra tiranía y maldad, pues á tantas gentes -inocentes habemos echado en los infiernos sin fe y sin Sacramentos -con tan grandes estragos, tengo esta razon y ésta, y ved aquí ésta y -éstas autoridades, y baste decir, en suma, que todo cuanto hacemos y -habemos hecho es contra la intencion de Jesucristo, y contra la forma -que de la caridad en su Evangelio nos dejó tan encargada, y á todo -contradice, si bien lo mirais, toda la Escritura Sagrada; y sabed que -lo he predicado, y ésto y ésto ha pasado, y Diego Velazquez y muchos de -los que me han oido están harto suspensos y compunctos algo, mayormente -viendo que los indios he dejado, por donde juzgan que no me he movido -en valde.» Lo cual como el bueno de Rentería oyese, fué lleno de todo -gozo y alegría, y admiracion, y dió gracias á Dios, porque le parecia -que tambien su buen motivo y deseo abundantemente se le confirmaba, y -dijo desta manera al Padre: «Agora digo, Padre, que no yo, sino vos, -habeis de ir, é conviene que vayais á Castilla, y representeis al Rey -todos los males y perdicion destas gentes, que acá pasan, y pidais el -remedio necesario, pues sabreis mejor fundar lo que dijéredes como -letrado, y para ello tomad nuestra hacienda y de todo lo que yo en esa -carabela traigo, y háganse dineros los que se pudieren haber, y llevad -con que podais estar en la corte todo el tiempo que fuere necesario -para remediar estas gentes, y Dios, nuestro Señor, sea el que siempre -os encamine y mampare.» Traia en la carabela muchos puercos y puercas, -y pan caçabí, de que habia entónces, como arriba está dicho, en aquella -isla gran necesidad, y, de maíz y otras cosas que valian, harto; -de lo cual y de lo que más tenian de presente se hicieron algunos -dineros que llevó el Padre en buena cantidad, conque pudo estar en la -corte los años que abajo parecerá, puesto que, con mucho ménos que -despues, que sucedió la careza en aquellos reinos, podian los hombres -en ellos pasar. Habíanse descubierto unas minas ricas en la provincia -Cubanacan, que está á la mar del Norte, que quiere decir en la mitad -de Cuba, y porque eran ricas, determinó Diego de Velazquez que las -gozasen sólos los del Consejo del Rey, como el obispo de Búrgos y el -secretario Conchillos, y los demas, por cuya causa reservó todos los -pueblos comarcanos de indios de aquellas minas, para dárselos que les -sacasen oro, y así aplicó á uno 30 y á otro 40, segun más propíncuo ser -él entendia, donde al cabo todos perecieron. En este tiempo vinieron -aportar muchos caballeros aquella isla, y donde Diego Velazquez estaba, -del Darien, de los que habia llevado Pedrárias, hambrientos y perdidos, -y allí se les dió de comer, algunos de los cuales fueron despues -crudelísimos para los indios. - - - - - CAPÍTULO LXXXI. - - -En estos dias fueron enviados por el reverendo fray Pedro de Córdoba, -de quien arriba mucho hablamos, desta isla Española á la de Cuba, -cuatro religiosos, sacerdotes los tres, y el uno diácono de su órden -de Sancto Domingo, personas señaladas en vida y letras, llamados fray -Gutierre de Ampudia, por Vicario dellos, persona de gran virtud y -religion, fray Bernardo de Sancto Domingo, muy docto y muy religioso, -fray Pedro de Sant Martin, buen predicador, y fray Diego de Alberca, -diácono, los cuales fueron enviados y ellos iban con gran propósito y -celo de predicar y convertir las gentes de aquella isla. Fué grande -el placer que Diego Velazquez, Gobernador, hobo de su venida, pero -mucho mayor fué el gozo y consolacion que el padre Casas rescibió de -vellos; lo uno, porque siempre fué devoto de religiosos, y en especial -de los de Sancto Domingo, y lo otro, por autorizar su doctrina en lo -que habia predicado contra la opresion y servidumbre que padecian -aquellas gentes, que por muy nueva y rigurosa se tenia, y esperaba que, -como letrados y de mucha autoridad, se la favorecerian y aprobarian, -y si mucho gozo el dicho Padre rescibió con la llegada de los dichos -religiosos, no ménos fué la que hobieron ellos de hallar clérigo que -les diese noticia de la tierra, y de las obras de los españoles, y de -las cosas della, mayormente desque supieron que trataba de defender -la libertad de los indios, y reprender la servidumbre y tiranía que -padecian; y, cierto, les pareció que les habia proveido Dios lo que -habian menester, como si les hobiera enviado un ángel del cielo. Y -porque llegaron en Cuaresma, cuatro dias ántes del Domingo que dicen -de Lázaro, ó _Dominica in Passione_, dió el clérigo Casas lugar que -predicasen los dos de los religiosos, que eran predicadores, y no -quiso predicar hasta las octavas de Pascua; predicó luégo, otro dia -que llegaron, el padre fray Bernardo de Sancto Domingo, que era el más -letrado, y tomó por tema _Operibus credite_, porque aquel Evangelio en -aquel dia se cantaba, y en el sermon dió á entender á los españoles la -caridad con que la Órden se habia movido á los enviar, por provecho -y utilidad espiritual dellos, y en testimonio desto creyesen á las -obras, que eran venir de España y ir desta isla á aquella con muchos -trabajos. Predicaron despues por la Semana Santa y la Pascua, y fueron -sermones que á todos edificaron y contentaron. Para las octavas de -Pascua, rogaron al Padre clérigo que predicase, porque deseaban oille; -aceptólo él, y para que la doctrina que por siete ú ocho meses habia -contra la opresion de los indios predicado se rectificase, porque unos -no lo creian que oprimir y matar hombres fuese pecado, otros dudaban, -otros burlaban, otros murmuraban, recogió todas las proposiciones que -cerca de aquella materia en todo aquel tiempo habia predicado, y las -más ásperas y rigorosas, y todas juntas las tornó en presencia de los -religiosos á repetir y afirmar con más vehemencia y libertad que ántes -las habia dicho. Los religiosos quedaron admirados de su hervor y cuán -sin temor afirmaba cosa tan nueva, y para ellos tan amarga, diciéndoles -que en aquel estado no se podian salvar; estuvieron juntamente los -religiosos gozosos, viendo que hobiese clérigo que, lo que ellos de -aquella materia sentian y predicaban, predicase tan libremente por -verdad, y fué grande la estima que dél tuvieron y el amor que le -mostraron, el cual les informó de las matanzas que habian los nuestros -en los indios perpetrado, el ansia de la cudicia en que por haber oro, -con el inestimable daño y riesgo de la vida de los indios, se ocupaban, -las criaturas, niños y mujeres que, por el hambre y trabajos, cada dia -perecian, con todo lo demas que al mal estado que la isla tenia tocaba. -Fuéles aquesta informacion del padre Casas, como de quien lo habia -todo bien visto, á los religiosos grande ayuda para en breve conocer -haber sido de su fin, que era la predicacion y conversion de aquellas -gentes, defraudados, y para lo que de sí debian disponer determinarse. -Mostró ciertos sermones escritos al dicho padre fray Bernardo, que -ántes que viniesen habia contra la dicha tiranía predicado, y díjole -con juramento que si supiera que en aquella isla habia persona que -aquello predicaba que nunca á ella asomara, porque, pues por aquella -doctrina no se enmendaban ni dejaban de matar, no esperaba él con sus -sermones aprovecharles algo. Predicó luégo el siguiente domingo el -mismo padre fray Bernardo, y tomó por tema _Ego sum pastor bonus_, -aplicando todo su sermon á dalles á entender que no eran pastores de -aquellas gentes, sino mercenarios y tiranos y lobos hambrientos que -las despedazaban y tragaban; quedaron los nuestros españoles de aquel -sermon harto espantados y turbados, aunque no enmendados. Y como -viesen y oyesen cada dia los religiosos que con ninguna misericordia -los indios eran tractados, y que perecian de golpe á manadas, predicó -el dicho padre fray Bernardo, dia de la Santísima Trinidad, y hizo -un sermon tan conminatorio y terrible, que hizo áun al mismo Clérigo -temblar las carnes, diciendo entre otras palabras: «Ya os habemos -predicado, despues que vinimos, el estado malo en que estais, por -oprimir, y fatigar, y matar estas gentes; no sólo no os habeis querido -enmendar, pero, segun tenemos entendido, cada dia lo haceis peor, -derramando la sangre de tantas gentes sin haberos hecho mal; yo pido -á Dios que la sangre que por ellos derramó sea juez y testigo contra -vuestra crueldad, el dia del juicio, donde no terneis excusa alguna, -pretendiendo ignorancia de que no se os dijo y requirió, declarándoseos -la injusticia que haceis á estas gentes, y vosotros mismos sois de -vuestras obras testigos y sereis de las penas que por ellas os están -por venir.» Añadió otras muchas palabras para exasperacion de aquella -tiranía, de lo cual quedaron todos harto tristes, las cabezas todas -caidas, pero no que quedase alguno convertido. Y acaeció allí luégo un -terrible caso, que el dia de Corpus Christi siguiente, que es cuatro -dias despues del domingo de la Santísima Trinidad, lidiaron un toro -ó toros, y entre otros españoles habia uno allí, llamado Salvador, -muy cruel hombre para con los indios, el cual fué vecino de una villa -llamada el Bonao, en esta isla, 20 leguas la tierra dentro del puerto -y ciudad de Sancto Domingo, y tractaba tan mal los indios que tenia -que lo tenian por diablo; del cual se dijo que estando un fraile de -Sant Francisco predicando á aquellos sus indios ó á otros, de como Dios -era Salvador del mundo, y que era bueno, y hacia bien á los hombres, -comenzaron á escupir é blasfemar del Salvador, afirmando que no era -sino muy malo y cruel hombre que los afligia y mataba, estimando que -el religioso les loaba á aquel pecador, Salvador. Así que aqueste -Salvador pasó desta isla á la de Cuba, donde tambien comenzó á usar de -sus crueldades con los indios, y se halló aquel dia de Corpus Christi -con los otros que dije haber lidiado los toros, y viniendo, despues -de lidiados, todos juntos saltando y holgándose, y él entrando en su -posada echóse hablando y riendo á descansar sobre una arca, y así como -se echó dió un grito diciendo ¡ay!, y súbitamente espiró. Muerte fué -que espantó á muchos, pero ninguno se enmendó, y algunos la tuvieron -por misterio y señal que quiso Dios mostrar aprobando la protestacion -del padre fray Bernardo, que el dia de la Santísima Trinidad habia -hecho, por la sangre humana que habia aquel derramado, y que en dia del -Cuerpo y Sangre de Jesucristo fuese castigado. Luégo los religiosos -determinaron que el Vicario suyo y padre fray Gutierre de Ampudia -volviese á esta isla Española, con el Clérigo que determinaba ir á -Castilla, para dar noticia y razon á su Prelado mayor que era el dicho -padre venerando fray Pedro de Córdoba, viendo que ningun provecho -esperaban hacer en aquella isla á los indios ni á los españoles, á -los indios por la opresion mortífera que padecian, ni á los españoles -juzgándolos por de mal estado é indignos de los Santos Sacramentos -de la Iglesia, pues por sus cudicias consumian la gente de aquella -isla, y no dudaban que la habian de despoblar como habian hecho, -algunos dellos y otros, esta. Y porque consideró el dicho Clérigo que -se ponia en negocio por el cual habia de ser odiosísimo á muchos á -quienes tocaba, así á los del Consejo del Rey que tenian indios en -estas islas, como á todos los españoles que vivian en ellas, y por -consiguiente habian de blasfemar dél y quizá levantarle testimonios -falsos, mayormente decir que repugnaba al servicio del Rey, hizo una -peticion á un Alcalde que interpusiese su autoridad á una probanza -que queria hacer, _ad perpetuam rei memoriam_, de los servicios que -en aquella isla habia hecho á Dios y al Rey, en tres ó cuatro años -que en ella habia estado, conviene á saber, apaciguando todas las -más provincias della cuanto á los indios, predicando, baptizando, y -confesando y celebrando cuanto á los españoles, para que si en algun -tiempo quisiese pedir al Rey mercedes sus servicios al Rey constasen; -la cual hizo muy copiosa y echó fama que se iba á París á estudiar y -graduar, y con esta disimulacion quedaron todos, Diego Velazquez y los -demas españoles, descuidados, y así se partieron el dicho padre fray -Gutierre, con un compañero, que fué fray Diego de Alberca, diácono, y -con el Clérigo, dejando los otros dos religiosos, fray Bernardo y fray -Pedro, hasta que otra cosa el Vicario general, fray Pedro de Córdoba, -proveyese. Llegaron todos tres, los dos religiosos y el Clérigo, al -puerto de la Yaguana, que es en esta isla, y de allí á villa de la -Vera Paz, ó Xaraguá, que áun no estaba despoblada, donde el padre -fray Gutierre se halló algo indispuesto de una calentura, y, porque -no se hallaron tan presto cabalgaduras para todos tres, acordóse que -se fuese el padre fray Gutierre, cabalgando, por estar enfermo, y el -compañero á pié, camino de la villa de Sant Juan de la Maguana, que -estaba de allí 30 leguas, y que el Clérigo, en hallando cabalgadura, -iria tras ellos. Y fueron tantos los dias que no se pudo partir, que, -creyendo que no los podia alcanzar, acordó de ir por otro camino más -breve, que se llamaba el de Careybana, que iba á se juntar con el otro -de Sant Juan de la Maguana en la villa de Açua, 20 leguas de la dicha -villa de Xaraguá ó Vera Paz. Yendo, pues, el padre fray Gutierre con su -compañero hácia Sant Juan de la Maguana, á dos ó tres jornadas salidos -de Xaraguá, agravósele el mal, y llegados á una venta ó hato de vacas -no pudo pasar adelante, y, queriéndole Dios dar el pago de sus trabajos -y virtud, creciéndole su mal estaba muy penado porque no llegaba el -clérigo Casas, su compañero, para se confesar. El cual, estando en esta -tristeza, consólole Dios, con que acaso llegó un clérigo que era cura -del mismo pueblo de Xaraguá, que venia de la ciudad de Sancto Domingo, -con el cual se confesó y consoló, y luégo desde á poco dió el ánima á -quien la crió. Túvose aquella llegada de aquel cura, en tal tiempo y -necesidad, por obra muy cierta de Dios que le quiso galardonar lo mucho -que le habia servido en oir confesiones, á lo cual era muy dedicado con -mucho celo y devocion, y así ordenó nuestro Señor que á aquel, para su -consuelo en el artículo de la muerte, no faltase quien le confesase; de -donde parece, que no sólo tiene Dios cuidado de remunerar á sus siervos -en la otra vida, segun lo que en ésta por su amor trabajan, pero -tambien consuela en ella por la misma órden que le agradan, como á los -malos en este y en el otro mundo dá de sus obras la paga. A esta sazon -envió Diego Velazquez á Pánfilo de Narvaez, por procurador de aquella -isla, á Castilla, para que les diesen los indios perpétuos, segun creí, -é alcanzar otras mercedes, y á vueltas dellas que le hiciese Gobernador -della, _inmediate_ á él y no al Almirante, segun despues se dijo. - - - - - CAPÍTULO LXXXII. - - -En este tiempo que bullia la riqueza de aquella isla, presentó el -Rey para Obispo della á un su predicador, fraile de Sancto Domingo, -llamado fray Bernardo de Mesa, de quien arriba en los capítulos 9.º -y siguientes hablamos, el cual nunca fué á ella, ó porque el Rey en -breve murió, ó porque como habia dado parecer contra los indios no -acertado, por creerse fácilmente de las falsedades de los tiranos, de -gozar del gran fructo que allí pudiera hacer, si acertara en defender -sus ovejas y doctrinallas, fué indigno. Salido el padre fray Gutierre, -con su compañero y el clérigo Casas, de la isla de Cuba, cresció la -crueldad inhumana que los nuestros usaban con las gentes della cada dia -más y más; los opresos indios, viéndose cada dia morir, comenzaron á -huir de las minas y de los otros trabajos en que los mataban de pura -hambre, y contino y excesivo tormento y trabajo; los españoles, que -para los tener siempre en servicio clavados no les faltan medios y -mañas, procuraron de por muchas maneras irlos á montear, entre otras, -comenzaron á criar lebreles y perros bravos que los despedazaban, -de los cuales, por huir é no vellos, vivos se enterraran. Pasábanse -huyendo á las isletas de que la isla está cercada de una parte y de -otra, digo de la del Sur y del Norte, que dijimos llamarse el Jardin -de la Reina y el Jardin del Rey, de donde los traian, y trayendo los -afligian, angustiaban y amargaban y ejercitaban en ellos, para que -escarmentasen y no se huyesen, castigos y crueldades estrañas. Viéndose -los infelices, aunque inocentes, que por ninguna parte podian remediar -ni obviar á su perdicion, ni de la muerte, y muertes dobladas tan -ciertas y horrendas, escaparse, acordaron de ahorrar al ménos de la -una, que por ser tan luenga tenian por más intolerable, y esta era la -vida, que muriendo vivian, amarga, por salir de la cual comenzáronse -de ahorcar; y acaeció ahorcarse toda junta una casa, padres y hijos, -viejos y mozos, chicos y grandes, y unos pueblos convidaban á otros -que se ahorcasen porque saliesen de tan diuturno tormento y calamidad. -Creian que iban á vivir á otra parte donde tenian todo descanso, y -de todas las cosas que habian menester abundancia y felicidad, y así -sentian y confesaban la inmortalidad del ánima, y esta opinion por -todas las Indias la habemos hallado, lo que muchos ciegos filósofos -negaron. De un español, que yo cognoscí bien cognoscido, se dijo -que por su crueldad se habian muerto en esta isla Española, con el -agua ó zumo de la yuca (que, segun en nuestra Apologética Historia -dijimos, es ponzoñosa bebiéndola cruda), cantidad de indios, y despues -pasado á la de Cuba, por salir de su infernal servidumbre, se habian -ahorcado muchos más. Tambien por una mujer española, segun era cruel, -se ahorcaron allí muchos indios, aunque, si no me he olvidado, ántes -que una manada dellos se ahorcasen la mataron. Era tanta la gente -que tomaba sabor en ahorcarse por salir de aquellos trabajos, que -ya los españoles se hallaban burlados, y de sus crueldades les iba -pesando, porque no les quedaba ya quien, en las minas y en las otras -sus invenciones de adquirir oro, ellos matasen. Acaeció en estos dias -un señalado caso y fué aqueste, que saliendo cierto número de indios -de casa ó estancia, ó de las minas, de cierto español que los tenia -encomendados, afligidos y desesperados, con determinacion de todos -en llegando á su pueblo se ahorcar, entendido por él, va corriendo -tras ellos, y con mucha disimulacion, ya que estaban aparejando sus -sogas, díceles: «buscáme para mí una buena soga, porque me quiero con -vosotros ahorcar, porque si vosotros os ahorcais ¿para qué quiero yo -vivir sin vosotros acá, pues me dais de comer y me sacais oro? quiero -irme allá con vosotros, por no perder lo que me dais;» los cuales, -creyendo que áun con la muerte no lo podrian desechar, sino que en -la otra vida los habia de mandar y fatigarlos, acordaron de no se -matar, sino por entónces quedarse. Finalmente, destas y otras muchas -maneras fatigados y trabajados, al cabo los destruyeron y acabaron -harto más presto que en otras partes, y quedó aquella isla como ésta -y las otras despoblada como lo está. Viendo los españoles que se les -iban todos acabando, no tomaron por remedio aflojar en sus cudicias, y -moderarles las angustias y trabajos, sino el que en aquesta Española -tomaron, éste fué, del oro que con la sangre de aquella gente habian -allegado, hacer armadas de dos y de tres navíos para ir á las islas de -los Lucayos ó Yucayos, y otras cercanas de tierra firme, á saltear, -y de aquellos inocentes corderos que estaban en sus tierras y casas -seguros, sin hacer mal á nadie, traer barcadas. Acaecieron en estas -armadas casos nunca vistos, ántes señalados, por los cuales mostraba -Dios no ser santos aquellos pasos ni á su divina y rectísima voluntad -agradables; destos, abajo, placiendo á Dios, algunos se referirán. En -este año de 1515 partió de Cáliz, ó del Puerto, Juan de Solís, piloto -y gran marinero, con tres navíos, para ir á descubrir desde el cabo de -Sant Agustin, que agora llaman la costa del Brasil los portugueses, -adelante hácia el Mediodia, el cual fué costeando y pasó la línea -equinoccial 30° y más, descubriendo aquél el rio que agora dicen de la -Plata, no sé por qué ocasion, el cual nombró el dicho Juan de Solís el -cabo y rio de Sancta María. Saltó el dicho Juan de Solís con ciertos -marineros, los que pudieron caber en la barca ó batel del navío en que -iba, en cierta parte de aquella costa; los indios lo mataron y díjose -que los comieron. Yo no sé cómo pudieron ver que los habian comido, -pues no osaron parar los demas por aquella tierra, si quizá no los -comieron en la misma costa de la mar y que desde los navíos los viesen. -Por la muerte de aquél piloto siempre oí decir no convenir que fuese -por Capitan principal de la flota ó navíos que fuesen á descubrir, ó á -poblar ó á otro algun viaje, marinero, porque, no llevando superior, -los marineros presumen de se señalar y aventúranse á perderse á sí -mismos como hizo éste, y por consiguiente á los otros; y creo que nació -esta murmuracion de que por la muerte de aquel Solís sucedió gran daño -á todos los otros navíos y gente que iba en ellos, por faltarles la -cabeza y principal piloto. Cargaron los navíos que restaron de brasil, -que es cierta madera con que tiñen los paños de rosado ó colorado, y -tornáronse, no sé cuántos, á España, no muy alegres ni prosperados. - - - - - CAPÍTULO LXXXIII. - - -Tornando á proseguir la historia y camino del clérigo Bartolomé de las -Casas, digamos que, llegado á la ciudad de Sancto Domingo con deseo -de hablar é dar cuenta de su propósito al egrégio padre fray Pedro de -Córdoba, halló que era embarcado en un navío y salido del puerto con -ciertos otros religiosos de su Órden, en prosecucion de la licencia -y favor que el Rey católico le habia concedido para ir á predicar á -las gentes de la tierra firme; iban tambien con él ciertos religiosos -de Sant Francisco, extranjeros, creo que de Picardia, de los cuales -habian venido algunos á estas islas, con celo de predicar la fe á las -gentes dellas. Estos le rogaron que les diese lugar para ir con él y -ayudalle en la dicha conversion ó predicacion; holgó mucho el padre -fray Pedro de Córdoba de los admitir á aquel su apostolado, porque -siempre procuró de conservar el amistad caritativa entre ambas á dos -Órdenes. Salidos del puerto, sucedióles tan grande tormenta de viento -contrario, que les hizo volver la proa al puerto, pero como del mismo -puerto ventase otro viento terrible, adverso, y la corriente del rio -fuese impetuosa, y las olas de la mar con ella peleasen, toda la -ciudad que los estaba mirando los tenia por ahogados. Acudieron muchas -barcas y bateles á socorrellos, más para que si el navío se anegase, -recoger la gente que pudiese llegar á las barcas, que con pensamiento -de que la nao ó navío se podia escapar. Estando en este peligro, dijo -el padre fray Pedro al principal de los frailes Franciscos, en latin -porque no entendia nuestro romance: _Pater, hodie oportet nos hic mori -pro Christo_. Respondió el buen religioso Francisco: _Sit nomen Domini -benedictum_. Viendo los religiosos que estaban en el monasterio á su -padre fray Pedro, que estaba para perecer, hacian grande oracion llena -de lágrimas delante el Santísimo Sacramento, y toda la ciudad rogaba -con gran instancia á nuestro Señor que los salvase; finalmente, plugo -á la bondad y misericordia de Dios, que aflojó algo el viento que -ventaba del puerto, que los impedia entrar, y entraron con grandísimo -peligro, teniéndose su entrada por milagro. De los barcos ó bateles -que salieron á socorrellos, ó de los que habian salido á pescar, creo -fué uno ó dos los que se perdieron, y ahogáronse algunas personas, ó -que no sabian nadar, ó que la resaca, que son las olas que quiebran en -las peñas ó en la ribera, los impidieron que no llegasen á tierra y -escapasen. Pasados algunos dias fué á visitar el clérigo Casas al dicho -padre fray Pedro de Córdoba, y á darle parte de su venida de la isla -de Cuba, y propósito, que era ir á Castilla á informar al Rey de la -perdicion de las gentes de aquella isla, y de como llevaban el camino, -para fenecer todos en breve, que llevaron los desta isla Española. -Cuéntale los estragos y matanzas y opresiones que por sus ojos habia -visto, y como se habia convertido cayendo en el mal camino que como los -demas llevaba, y lo que á los españoles habia predicado y el estado de -perdicion en que los dejaba, y como el padre fray Gutierre de Ampudia, -viendo la poca esperanza que los religiosos que habia enviado consigo -á aquella isla tenian de que se enmendarian ni cesarian de matar -aquellas gentes, acordó de venir á dalle parte dello para ver lo que -mandaba, el cual en el camino habia fallecido, como ya el compañero -fray Diego de Alberca le habia dicho. El padre fray Pedro de Córdoba -le loó mucho su obra y su propósito, y se holgó de cognoscerle, y más -porque siendo clérigo le hobiese Dios inspirado verdad tan cierta, -en que tantos de todas profesiones y estados erraban, y animóle á la -prosecucion de su propósito, y entre otras palabras le dijo estas: -«Padre, vos no perdereis vuestros trabajos porque Dios terná buena -cuenta dellos, pero sed cierto, que, miéntras el Rey viviere, no -habeis de hacer, cerca de lo que deseais y deseamos, nada.» Entendida -la causa, no se creyó ser otra sino que, como el Rey tenia tanto -crédito del obispo de Búrgos, y del secretario Lope Conchillos, y éstos -estaban errados, aunque arraigados en aquel error, que los españoles -podian sin ningun escrúpulo de conciencia tener los indios repartidos -y servirse dellos, parecíale ser imposible de aquella falsa opinion -desarraigallos, mayormente teniendo ellos mismos y otros del Consejo -del Rey tantos indios. El clérigo Casas, puesto que le pesó de oir tal -palabra, pero no por eso desmayó, porque pareció que Dios le daba y -dió celo y deseo de procurar el remedio de aquellos desdichados, y con -ello gran perseverancia, y así respondió al Padre: «Padre, yo probaré -todas las vías que pudiere, y me porné á todos los trabajos que se -me ofrecerán, por alcanzar el fin de lo que he comenzado, y espero -que nuestro Señor me ayudará, y cuando no lo alcanzase habré hecho lo -que debia, como cristiano, vuestra reverencia me encomiende á Dios y -haga siempre encomendar.» Rescibió mucho placer y gozo el padre fray -Pedro de verle con tan buen ánimo, y desde allí le comenzó á mucho -amar, y fué creciendo cada dia, como parecerá, en tanto grado, que no -se cree haber amado más á ninguno de sus frailes; y porque padecian -grandes necesidades los religiosos en aquella casa, por su mucha -pobreza, mayormente por no tenerla hecha, sino un pedazo, acordó de -enviar á Castilla, en el navío que iba el Clérigo, al padre fray Anton -Montesino, el que arriba dijimos haber predicado primero, contra esta -tiránica maldad, hombre bueno y de conato y eficacia, para que pidiese -al Rey limosna para hacer la iglesia y casa, y tambien para que, si se -le ofreciese ocasion, al Clérigo, pudiendo, ayudase. Y así, por el mes -de Setiembre del año de 1515 se embarcó el Clérigo, y el dicho Padre, -con otro compañero suyo, en una misma nao, los cuales, por la gracia -de Dios, llegaron á Sevilla, con próspero viaje; fuese á su monasterio -el padre fray Anton Montesino, con su compañero, y el Clérigo á casa -de sus deudos, por ser de allí natural, y en pocos dias se dió priesa -y despachó para la corte, que á la sazon en Plasencia estaba. El -arzobispo de Sevilla, don fray Diego de Deza, de la órden de Sancto -Domingo, á quien el Rey católico mucho amaba, le habia escripto que se -fuese Su Alteza á Sevilla, porque era buena tierra para viejos, y como -el Rey andaba ya muy enfermo, acordó desde Búrgos irse allá. El padre -fray Anton Montesino dió noticia al Arzobispo del dicho padre clérigo -Casas, y los buenos deseos que tenia y cuán adelante estaba en la -defensa de los indios, y de la verdad que los frailes de Sancto Domingo -defendian, y el mismo padre fray Anton habia primero, de parecer de -todos los frailes, predicado, como en el cap. 4.º fué declarado. -Llevólo á que besase al Arzobispo las manos, rescibiólo con alegría, y -dióle carta para el Rey, acreditando su persona y negocio, suplicándole -lo oyese, y para otras personas de la Cámara que le diesen lugar y -favor para que al Rey hablase. Salidos de aquesta isla el Padre dicho -y el Clérigo, el padre fray Pedro de Córdoba, prosiguió su viaje para -tierra firme, con cuatro ó cinco religiosos de su Órden, muy buenos -sacerdotes, y un fraile lego, y tambien con los de Sant Francisco; los -cuales, puestos en tierra firme, á la punta de Araya, cuasi frontero -de la Margarita, desembarcáronlos con todo su hato, y dejáronlos allí -los marineros. Los franciscos y dominicos hicieron muchas y afectuosas -oraciones, y ayunos y disciplinas, para que nuestro Señor les alumbrase -dónde pararian ó asentarian, y, finalmente, los franciscos asentaron -en el pueblo de Cumaná, la última aguda, y los dominicos fueron á -asentar 10 leguas abajo, al pueblo de Chiribíchi, la penúltima luenga, -al cual nombraron Sancta Fe. Los indios los rescibieron con grande -contentamiento y alegría á todos ellos; los dominicos, en especial, -estuvieron sobre aviso de no ser onerosos en cosa alguna á los indios, -y así fué admirable el trabajo y trabajos que padecieron en hacer su -monasterio, cortando la madera y las vigas trayéndolas á cuestas, -haciendo hornos de cal, y acarreando la piedra, y todo lo demas que -para su edificio era menester. Creo llevaron un rocin y un carreton que -les fué harta ayuda; llevaron un chinchorro, que es una red, y con el -pescado que con él tomaban se mantenian. El pan de maíz les daban los -indios, los cuales se holgaban con la compañía de los frailes, por el -pescado que del chinchorro habian, y por el poco enojo que les daban y -ningun trabajo en que los ponian; llevaron el camino de Sant Pablo, que -manda Jesucristo, por no poner al Evangelio algun ofendículo. - - - - - CAPÍTULO LXXXIV. - - -Llegó á Plasencia el Clérigo, donde el rey Católico á la sazon estaba, -pocos dias ántes de Navidad del año mismo de 1515, y como sabia que el -obispo de Búrgos y el secretario Conchillos tenian indios, y tantos, en -todas estas cuatro islas, Española, Cuba, Jamáica y la de Sant Juan, -creyendo que le habian de contradecir, no curó de hablalles, sino de -negociar de hablar al Rey y dalle la carta del arzobispo de Sevilla, -y sobre ella del fin de su venida informalle. Lo cual hobo efecto, y -una noche, víspera de la víspera de la Natividad de nuestro Redentor, -habló al Rey bien largo, hízole relacion del fin de su venida, que era -notificalle la perdicion destas tierras y muertes violentas de las -gentes naturales dellas, y de las maneras como los españoles por sus -cudicias las mataban, y como perecian todas sin fe y sin Sacramentos, -y que, si con brevedad Su Alteza no acudia con el remedio, todas -en breve quedarian desiertas. Testificando que él habia visto las -grandes ofensas que á Dios se hacian en ello, y áun en menoscabo no -comparable de sus rentas, y que, porque este era negocio que mucho -importaba á su Real consciencia y hacienda y era necesario informar á -Su Alteza muy en particular cerca dello, para que lo que se arriesgaba -en no remediarlo á Su Alteza constase copiosamente, le suplicaba que -cuando fuese servido le diese larga audiencia. Respondióle el Rey, -que le placia dársela, y que en un dia de aquella Pascua lo oiria; y -dada la carta del arzobispo de Sevilla, besóle las manos y fuese. La -cual luégo envió al secretario Conchillos, y, creo, sin vella, como -cosa que tocaba á los indios, y por ella se descubrió la celada de -lo que el padre Casas pretendia, de que no rescibió Conchillos ni el -obispo de Búrgos, á lo que se creyó, mucha alegría. Creyóse tambien -que Diego Velazquez sospechó de que el dicho Clérigo le podria hacer -algun daño, diciendo al Rey algo de lo que en aquella isla pasaba, -y tambien al Almirante, cuyo Teniente él era; escribió al tesorero -Pasamonte, y el Tesorero á Conchillos, y al obispo de Búrgos, acerca de -lo que habia predicado contra los que tenian indios ó que favorecian -las cosas del Almirante (lo cual yo más creo, y en ello mostraba su -desagradecimiento si ésto escribió, pues el Almirante lo envió á -aquella isla, y le hizo della su Teniente), de donde sucedió no ser -grato al Obispo y á Conchillos tambien, aunque lo disimuló mejor -Conchillos que el Obispo, el dicho clérigo Bartolomé de las Casas. -Entre tanto acordó de hablar al confesor del Rey, fraile de Sancto -Domingo, llamado fray Tomás de Matiencio, como arriba queda declarado, -y dalle parte de la opresion y tiranía que padecian los indios, y -de sus calamidades, juntamente de la contradiccion que temia que el -Obispo y Conchillos y los demas del Consejo le harian, por tener -tantos indios, y con ellos tan gran interese, aunque eran los que -más cruelmente eran tractados, afirmándole convenir que el Rey sólo -debia entender este negocio primero y que al Obispo ni á Conchillos, -ni á los que del Consejo los tenian convenia que se les diese parte. -Habló el confesor al Rey notificándole los males é injusticias que -en estas islas se perpetraban, y la disminucion por ellos que venia -en los indios, y todo lo demas que el Clérigo afirmaba; y porque el -Rey determinó de se partir para Sevilla el dia de los Inocentes, -cuarto dia de Pascua de la Natividad, dijo al confesor, que pues -allí no habia lugar de oille, que le dijese de su parte que se fuese -á Sevilla, y que allí le oiria despacio, y pornia remedio en todos -aquellos agravios y daños. Y añidió el confesor, que le parecia que -debia dar parte al Obispo principalmente, y á Conchillos, é informalles -de los daños que padecian aquellas gentes, y como aquestas tierras -se despoblaban y de los remedios como eran tan necesarios; porque al -fin aqueste negocio habia de venir á las manos dellos, y era bien -tenellos informados, y quizá con las lástimas que de los indios contaba -blandearan. El cual, puesto que contra su voluntad, y teniendo por -cierto que como hubiese interese de por medio padeceria el negocio -grandes dificultades, todavía, viendo que pues el confesor se rendia, -era menester al Obispo y á Conchillos hablalles, acordó ir á tentallos. -Fué primero al secretario Conchillos, el cual como sabia ya á lo que -venia, por la carta del Arzobispo para el Rey, lo rescibió muy bien, -y con palabras muy dulces comenzó á hacerle una manera de halagos, -y en tanto grado con él allanarse, que pudiera el Clérigo bien -animarse á pedille cualquiera dignidad ó provecho en estas Indias, y -él dársela; pero, así como la divina misericordia tuvo por bien de -sacarle de las tinieblas en que como todos los otros, perdido andaba, -y á lo que despues pareció le eligió Dios para con increible conato -y perseverancia declarar y detestar aquella pestilencia tan mortal, -que tanta disminucion y extrago ha hecho en la mayor parte del linaje -humano, así misericordiosamente obró con él quitándole toda cudicia, -de cualquiera bien temporal particular suyo: poco le movieron las -caricias y blanduras de Conchillos, y la esperanza que dellas pudiera -el Clérigo tomar, para dejar de proseguir el propósito que Dios le -habia inspirado. Determinóse tambien de hablar al Obispo por seguir el -parecer de dicho confesor, y una noche, pidiéndole audiencia, refirióle -por una memoria que llevaba escripta, algunas de las crueldades que -se habian hecho en la isla de Cuba, en su presencia, entre las cuales -le leyó la muerte de los 7.000 niños en tres meses, como arriba queda -relatado; y agraviando mucho el Clérigo la muerte de aquellos inocentes -por caso extraño, respondió el señor Obispo (siendo el que todo lo -destas Indias gobernaba): «Mirad qué donoso necio, ¿qué se me dá á mí -y qué se le dá al Rey?» por estas mismas y formales palabras. Entónces -el Clérigo alza la voz y dijo: «¿Que ni á vuestra señoría ni al Rey -que mueran aquellas ánimas no se dá nada? ¡oh gran Dios eterno! y ¿á -quién se le ha de dar algo?» y diciendo ésto sálese. No faltaron allí -presentes algunos de sus criados, que habian estado en estas Indias, -que, en disfavor del Clérigo, al Obispo lisongearon, á los cuales -permitió Dios despues que se ingiriesen en negocios donde hicieron á -estas gentes hartos daños, para quizá todo junto, con los disfavores -que dieron al Clérigo, en la otra vida lo pagasen; y áun en esta fueron -infelices al cabo. Tornó despues á hablar al secretario Conchillos, y -hízole entender cuán poco entendian de las Indias y en cuán poco las -estimaban, y él mismo se lo cognosció no haberlas cognoscido; y ésto es -cierto, que hasta que el Clérigo vino cuasi en nada las estimaban, y -despues que él las encareció y dió noticia dellas larga, las comenzaron -á tener en algo. Fuese, pues, el Clérigo, á Sevilla, como el Rey le -habia mandado esperallo, para entre tanto informar al arzobispo de -Sevilla de lo que pasaba, y disponelle para que cuando el Rey llegase -le suplicase le oyese muy á la larga, y que estuviesen el Obispo y -Conchillos presentes, para, delante dellos, mostrar al Rey las culpas -que por la mala gobernacion destas Indias tenian, é imputalles todas -las matanzas y extragos que en estas gentes se habian cometido, pues -ellos las gobernaban; pero recien llegado el Clérigo á Sevilla, por la -desventurada suerte de aquestas infelices indianas gentes, y tambien -por los desmerecimientos y pecados de España, vino luégo un correo, -que el católico Rey habia deste mundo al otro pasado. Fué grande su -pesar y angustia que de la muerte del Rey rescibió, porque por ser el -Rey viejo y andar á la muerte muy cercano, y de guerras desocupado, -nacióle muy gran esperanza de que, averiguada su verdad, las Indias se -remediaran. Y, cierto, parece que no podian concurrir en el Rey, para -sin mucha dificultad remediarlas, otras más convenientes calidades; y -así solia decir el Clérigo muchas veces, que para remediar las Indias -no era menester sino un Rey, de viejo, el pié en la huesa y de guerras -desocupado. Finalmente recobro nuevo ánimo y determinó de ir á Flandes -á informar al príncipe D. Cárlos, y pedille remedio de tantos males, -como á quien sucedia en aquellos y aquestos reinos. - - - - - CAPÍTULO LXXXV. - - -Muerto el rey D. Hernando católico, que haya santa gloria, tomó luégo -la gobernacion de los reinos de Castilla y Aragon, el egrégio cardenal -de España, don fray Francisco Ximenez, fraile de la órden de Sant -Francisco, por el poder que el dicho Rey le dejó para gobernarlos, -hasta que el príncipe D. Cárlos, su nieto, viniese. Y porque habia -el príncipe D. Cárlos enviado al Rey, por Embajador, al Dean de la -universidad de Lobayna, llamado Adriano, que despues fué Papa, y de -secreto le dió poder para gobernar los reinos, si el Rey muriese, como -cada dia se esperaba, por ser viejo y cansado y enfermo, juntólo el -Cardenal consigo, y, juntos en Madrid, comenzaron á gobernar; puesto -que sólo el Cardenal todo lo gobernaba, y solamente Adriano firmaba con -el Cardenal las provisiones y despachos, como en la verdad el Adriano, -sin el Cardenal, ni supiera gobernar á España, aunque doctísimo y -sapientísimo era, ni pudiera efectuar cosa que al reino aprovechara, -segun la condicion de la gente de España. Pues como el clérigo Casas -se dispusiese, oida la muerte del Rey en Sevilla, para ir á Flandes, -vínose por Madrid para dar cuenta de los males destas Indias y de su -intento al Cardenal, y á el embajador Adriano (porque así firmaba, -_Adrianus Ambasiator_), diciéndoles, que si podian poner remedio en -ellos, quedaríase allí, pero si no, que pasaria adelante. Para lo -cual, hizo en latin una relacion á Adriano de todo lo que en estas -islas pasaba, en crueldad contra estas gentes, porque no entendia el -Adriano cosa de nuestra lengua, sino en latin con él se negociaba. -Hizo en romance la misma relacion al Cardenal. Como el Adriano leyó -la relacion, quedó espantado, entendiendo por ella cometerse tan -grandes y tan extrañas inhumanidades, como fuese pio y sincero, lo -uno por ser de nacion flamenco, que, segun parece, son gente más que -otra sencilla, quieta y no cruel, lo otro por su condicion particular, -benigna y mansueta; fuese luégo al aposento del Cardenal (porque ambos -posaban en unas casas con el infante D. Hernando, hermano del rey D. -Cárlos, que despues fué rey de Hungría y rey de Romanos), y mostróle -la relacion que el Clérigo le habia dado, preguntándole que si era -posible que aquellas obras crueles en las Indias se perpetrasen. El -Cardenal que ya sabia muchas cosas dellas por relacion de religiosos -de su Órden, que habia rescibido de ántes, respondió que sí é muchas -más eran las crueldades que se habian cometido en las Indias. Respondió -finalmente al Clérigo el Cardenal, que no tenia necesidad de pasar -adelante, porque allí se le daria el remedio que venia á buscar. Oyóle -muchas veces todo lo que quiso decir é informar. Juntaba consigo al -Cardenal, cuando oia al Clérigo, al Adriano y al licenciado Zapata, y -al doctor Carabajal, y al doctor Palacios Rubios, y éste era el que -con verdad favorescia la justicia de los indios, y oia y tractaba muy -bien al Clérigo y á los que sentia que por los indios alguna buena -razon alegaban; entraba tambien allí el obispo de Avila, fraile de -Sant Francisco, compañero del Cardenal. Al obispo de Búrgos excluyó -el Cardenal del todo de las cosas de las Indias, de que no quedó él -poco turbado. Un dia acaeció en la dicha Junta, presente el Cardenal y -Adriano, y los demas, que, mandando el Cardenal leer las leyes hechas -en Búrgos el año de 1512, de que arriba en el cap. 15 hicimos mencion, -por las quejas que el Clérigo daba de haber sido injustas por el -engaño que habian hecho los que tenian indios acá al Rey católico, y -á los del Consejo del Rey, (aunque habian sido ellos más que debieran -crédulos, y quizás quisieron ser engañados algunos á sabiendas, por lo -que esperaban tener de utilidad, como la tuvieron), y leyendo las leyes -un criado y oficial del secretario Conchillos, llegando, creo que, á -la ley que mandaba dar de ocho á ocho dias, ó las fiestas, una libreta -de carne á los indios que trabajaban en las estancias ó granjas, -quisiera aquel encubrilla, por lo que á él quizá, ó á otros que él bien -queria, tocaba, y leíala de otra manera que la ley rezaba; pero el -Clérigo, que la sabia muy bien de coro, y tenia bien estudiada, dijo -luégo allí en presencia de todos: «no dice tal aquella ley.» Mandóle -el Cardenal al que la leia tornarla á leer; leyóla de la misma manera. -Dijo el Clérigo: «no dice tal cosa aquella ley;» el Cardenal, cuasi -como indignado contra el Clérigo, en favor del lector, dijo, «callad -ó mirad lo que decís.» Respondió el Clérigo, «mándeme vuestra señoría -reverendísima cortar la cabeza, si aquello que refiere el escribano -fulano, es verdad que lo diga aquella ley.» Entónces, tománle las leyes -de la mano, y hallan lo que el Clérigo afirmaba. Bien se podrá creer -que aquel fulano (que por su honor no quiero nombrar), por ventura no -quisiera ser nacido por no rescibir la confusion que allí rescibió. No -perdió el Clérigo nada desde entónces, cuanto al amor que el Cardenal -le tuvo, y el crédito que siempre le dió. Informado bien el Cardenal -de las cosas que acá pasaban, y de las razones que el Clérigo daba, -y satisfecho no ménos de su intencion, mandóle que se juntase con el -doctor Palacios Rubios, y que ambos tractasen y ordenasen la libertad -de los indios y la manera como debian ser gobernados, pero el doctor -Palacios Rubios, cognosciendo la experiencia del dicho Clérigo, cuanto -al hecho, y la buena razon que cuanto al derecho asignaba, cometióselo -todo á él para que en su posada lo escribiese, y despues lo trujese -á conferirlo con él, y conferido y limado al Cardenal se presentase; -y porque á la sazon era ya venido á la corte el susodicho padre fray -Anton Montesino, pidió licencia el dicho Clérigo al Cardenal, para -que se juntase tambien con el Doctor y con el Clérigo, para que -juntos lo ordenasen, y porque posó el dicho Padre con el Clérigo, y -dándole la ventaja por la diuturnidad del tiempo que habia que las -cosas destas tierras y gentes, y daños que habian de los españoles -rescibido, experimentaba, tambien se lo cometió á él sólo que lo -pensase y escribiese, y así hecho ambos lo viesen y firmasen. Hizo -el Clérigo la traza, segun lo que sintió que para el remedio de los -indios convenia, el fundamento del cual era ponellos en libertad, -sacándolos de poder de los españoles, porque ningun remedio podia -ponérseles para que dejasen de perecer quedando en poder dellos, y así -se fenecian y estirpaban los repartimientos que llamaron encomiendas, -como pestilencia mortal que aquellas gentes consumia, como despues fué -bien averiguado, segun parecerá; y porque convenia dar manera para -que los españoles se pudiesen sustentar, porque, quitados los indios, -quedaban desmamparados segun estaban mal vezados, á no saber más de -mandar á los indios y mantenerse de sus sudores y de su sangre, dió -tambien remedios como los españoles que hasta entónces estaban en estas -Indias, que no eran muchos, se pudiesen ocupar, y granjear y vivir -en la tierra, sin pecado, ayudándose, ó de sus manos los que podian -y solian en sus tierras trabajar, ó de su industria granjeando, y no -fuese toda su vida, como lo habia sido, estar holgazanes. Todo lo cual -pareció primero bien al padre fray Anton Montesino, que estaba en su -posada, y despues, llevado al doctor Palacios Rubios, tambien lo aprobó -en su estancia, puesto que él lo mejoró, añidió y puso en el estilo de -corte, y así lo llevó al Cardenal y al Adriano, teniendo Consejo sobre -ello. Ya dijimos que no estaban otros en este Consejo por entónces, -con el Cardenal, sino el Adriano y el obispo de Avila, y el licenciado -Zapata y el doctor Carabajal, y el doctor Palacios Rubios, y á éste el -Cardenal, en estos negocios de las Indias, daba más crédito que á todos -los otros. - - - - - CAPÍTULO LXXXVI. - - -Despues de haber bien platicado el Cardenal y los demas que en aquel -Consejo entraban, y considerada y disputada la órden que el Clérigo, -para que los indios saliesen de tanta calamidad y consiguiesen su -pristina y natural libertad, y como los españoles tambien pudiesen -tener manera para en la tierra se sustentar, habia dado, y añadido ó -quitado algo de las circunstancias, segun mejor les pareció, aunque -ninguna cosa mudaron de la sustancia, y determinado que se proveyese -de buscar personas fieles que fuesen á ejecutallo, llamó el Cardenal -al Clérigo y encomendóle que las buscase cuales convenia para que -dellas tal obra se confiase. Pensando el Clérigo en quién serian, -como conociese pocas ó ningunas en Castilla por haber morado tantos -años en estas Indias, ocurrióle á la memoria un religioso de Sancto -Domingo, llamado fray Reginaldo Montesino, hermano del mismo padre -fray Anton Montesino, de la misma órden de Sancto Domingo, hombre -letrado, predicador prudente y experimentado, y no poco hábil en las -cosas agibles; y hablando un dia con el obispo de Avila sobre ello, -y diciéndole que no conocia otro sino aquel Padre, díjole el Obispo: -«mejor será que la eleccion de las personas que hayan de ir á poner -por obra este negocio remitais al señor Cardenal, que tiene más -experiencia que vos de personas en Castilla.» Hízolo así, para lo cual -escribió una Memoria en que puso las calidades que las personas que á -poner en ejecucion aquella órden habian de ir debian tener, conviene á -saber, que fuesen cristianas, religiosas, prudentes y experimentadas, -rectas y amadoras de justicia, y de las angustias de los pobres y -desmamparados compasivas, y porque fácilmente su reverendísima señoría -cognoscería mejor las tales personas, en quien las dichas calidades -concurriesen, que él en Castilla, le suplicaba tuviese por bien de la -eleccion dellas tomalla sobre sí. Llevándole aquesta Memoria, díjole -con graciosa y alegre cara el Cardenal: «Pues padre, ¿tenemos buenas -personas?» Respondió el Clérigo: «por el papel lo verá vuestra señoría -reverendísima.» Visto el papel ó memoria, consideró el Cardenal que -todas aquellas condiciones se hallarian bien, y por la mayor parte, en -religiosos de Sant Hierónimo, y puesto que tambien se hallaran en los -de Sancto Domingo y de Sant Francisco, pero porque sabia que los años -pasados habian ido á la corte los Franciscos, por induccion de los -seglares, contra los Dominicos, como arriba cuasi en el principio deste -libro se vido, parece haberse prudentemente movido el Cardenal á no -tomar de las dichas dos Órdenes, sino de otra, por evitar lo que podia -en disfavor de la una ó de la otra sentirse ó decirse. Y para efecto -desto determinó escribir al General de la órden de Sant Hierónimo, que -en el monasterio llamado Sant Bartolomé de Lupiana siempre reside, -que porque el Rey determinaba de poner órden y remedio en las Indias, -y habian menester personas que la ejecutasen de mucha confianza, y -virtud, y religion, por ser la obra importantísima, y entendia que -en aquella Órden las habia, le rogaba encarecidamente que le diese -algunos religiosos della, para que con las provisiones y poderes del -Rey viniesen á estas tierras á ejecutar lo que se habia determinado, -para remedio de las gentes dellas, en cuyo viaje y ejercicio supiese -de cierto que ofrecerian á Dios inestimable sacrificio, y el Rey por -su parte rescibiria muy señalado servicio. Rescibidas estas letras, -el General convocó luégo todos los Priores de toda la provincia de -Castilla para celebrar Capítulo, que ellos llamaron Capítulo privado, -y juntos en Sant Bartolomé de Lupiana propuso el General á todos la -demanda y ruego del Cardenal; la cual oida, todos acordaron, que, pues -la obra era de tanto mérito, cuanto á Dios, y en sí pia, y que el Rey -lo recibiria por gran servicio, que obedeciese la voluntad y ruego -del Cardenal, y para ello señalaron 12 frailes escogidos entre todos -los de la provincia, para que de los 12 tomase el Cardenal cuantos -le pluguiese, y que fuesen cuatro Priores señalados con este recaudo, -y á ofrecelle de parte de la Órden todo el restante della, para en -semejantes obras servirse segun le pluguiese. Vinieron los cuatro -Priores á Madrid, donde la corte, como se dijo, entónces residia, y -como el Clérigo desease muy mucho la respuesta buena de la órden de -Sant Hierónimo, fué un domingo á oir ó á decir misa á Sant Hierónimo, -que está un rato fuera de la villa, y, andando por la sobre-claustra, -estaba rezando un religioso viejo y bien viejo, y llegóse á él y -preguntóle si sabia algo de lo que el Cardenal les habia enviado á -pedir; respondió que sí, porque él era uno de cuatro Priores que traian -la respuesta de la Órden, y buen recaudo de lo que el Cardenal les -pedia. Anoche, dijo él, vinimos, ya lo sabe el señor Cardenal, y á la -tarde ha de venir acá, donde le diremos y ofreceremos lo que digo. No -se podria fácilmente pronunciar el alegría que el Clérigo de tales -nuevas rescibió, y díjole: «Pues yo soy, padre reverendo, un clérigo -venido de las Indias, que solicita estos remedios por ésto, por ésto y -por ésto.» Y así le refirió en breve las angustias, muertes, opresiones -y calamidades y perdicion de los indios, las causas dellas, la cudicia -de nuestros españoles, con las crueldades que en ellos habian hecho y -quedaban haciendo, la obra para que el Cardenal los llamaba cuál era, y -de grandes siervos de Dios cuán digna. Dijo el bueno del Prior, por la -relacion y espresion de la grandeza y mérito de la obra que el Clérigo -le significó, con celo de virtud ya rendido: «Pluguiera á Dios que yo -fuera de algunos años atras, para poderme dedicar á tan sancto camino, -porque yo me tuviera, muriendo en la demanda, por felicísimo.» Fuese -el Clérigo á comer lleno de espiritual regocijo, haciéndosele cada -hora hasta la tarde más que un dia. A la tarde cabalgó el Cardenal y -el Adriano, y toda la corte con ellos, donde habia muchos caballeros -y algunos Grandes, y porque era verano tenian los religiosos muy -aparejada la sacristía, que es cosa muy fresca, y allí entraron el -Cardenal y el embajador Adriano, y el obispo de Avila, y el licenciado -Zapata, doctor Carabajal y doctor Palacios Rubios, y los cuatro Priores -que traian el recaudo; quedóse toda la corte en el coro bajo que -ante la sacristía está. Ofrecieron los cuatro Priores su respuesta -por toda su Órden, y los 12 religiosos que habian en su Capítulo -privado nombrado, con todo lo demas que su señoría reverendísima -quisiese servirse della, en especial para negocios tan calificados, -donde concurrian honra y gloria de Dios y servicio del Rey, con tanto -provecho como se pretendia y esperaba de las ánimas. El Cardenal, de -parte del Rey y suya, mucho se lo agradesció, y comenzó á engrandecer -la calidad del negocio, y cuánto en ejercitar ó ejecutar lo que estaba -acordado servirian á Dios, y de donde habia grandísimo beneficio y -liberacion para estas gentes de resultar, y á vueltas desto el Cardenal -encareció muy mucho el celo y solicitud del dicho Clérigo, en haber -venido de tan lejas tierras, por aquestas océanas mares, sin pretender -cosa propia temporal, repitiendo algunas veces: «Ahora creed que -_divinitus_ ha venido acá este Clérigo.» Despues de haber platicado en -ésto y en lo que se debia hacer para efecto del breve despacho, mandó -el Cardenal que buscasen y llamasen luégo los porteros al Clérigo, el -cual estaba en el sobre-cláustro del mismo monasterio, esperando lo -que habia de salir de aqueste acto, encomendando á Dios los alumbrase, -y cuasi estaban todas las puertas cerradas; y como no lo hallasen, -preguntando á todos por el Clérigo de las Indias, de manera que fué -notorio á todos los caballeros y Grandes y corte que dijimos estar en -el coro bajo, junto á la sacristía, van corriendo á Madrid á buscallo -y no lo hallan. El Clérigo, ya cansado de esperar, determinó bajarse y -no halló puerta abierta; pero descendió por la escalera que descendia á -la sacristía donde estaba el Cardenal, con los que con él estaban, que -tenian la puerta cerrada, y oyendo hablar llamó y respondieron diciendo -si habian visto al Clérigo de las Indias, dijo: «yo soy», dicen que se -vaya por otra parte porque por aquella puerta no podia entrar. Tórnase -por donde habia descendido, y finalmente halla puerta para salir al -cuerpo de la Iglesia, y della pasa por medio del coro donde estaban -todos los señores y grandes sentados, el cual fué de todos bien mirado, -y es de creer que el obispo de Búrgos lo miraria más, y quizá con harto -dolor de su ánima, considerando que le habian excluido del Consejo de -las Indias, donde tanto habia mandado, por su causa. Y parece que al -Obispo quiso dar Dios aquel tártago con aquella prosperidad del Clérigo -en favor de la verdad que el Clérigo tractaba, porque le menospreció y -trató mal en Plasencia, como en el capítulo 84 se declaró, debiéndole -rescibir como á un ángel del cielo enviado para despertarlo del sueño -y ceguedad en que estaba. Entrado, híncase de rodillas el Clérigo ante -el Cardenal, el cual, con graciosa y benigna cara le dijo: «Dad, padre, -gracias á Dios que se van aparejando de cumplir los deseos que Dios os -ha dado; estos padres Priores de la órden de Sant Hierónimo traen doce -religiosos señalados, para que dellos tomemos los que fueren, para que -lleveis á poner en órden aquellas Indias, necesarios, há parecido que -bastan tres, iros heis esta noche á la posada y daros hán cartas del -crédito que habeis de llevar para su General y dineros que gasteis. -Llegando allá, representareis al dicho General las calidades que deben -concurrir en las personas que conviene que vayan á las Indias para este -negocio tan árduo, y despues de conferido entre él y vos, los tres que -de los doce que vienen nombrados escogiéredes aquellos se señalen, y -habido el primero que de los tres más presto halláredes, veníos con él -á esta corte, y hacerse hán los despachos, y de camino para Sevilla -los podeis despues llevar.» El Clérigo, con intensísimo gozo y poco -ménos que llorando, dijo al Cardenal: «Yo, señor reverendísimo, hago -inmensas gracias á Dios que tan inestimable bien me ha hecho en oir -tales palabras, y por la esperanza que por ellas concibo de ver en vida -de vuestra señoría reverendísima aquellas tristes y opresas gentes -remediadas, y suplico á nuestro Señor remunere á vuestra señoría obra -tan heróica con gran premio en su bienaventuranza; yo haré con todo -cuidado lo que vuestra señoría reverendísima me manda, y en cuanto á -los dineros no los hé menester, porque para gastar y sustentarme en -este negocio yo tengo hartos.» Dijo el Cardenal sonriéndose: «Andá, -padre, que soy más rico que vos;» y ésto dicho, el Clérigo sálese, y -el Cardenal quedó diciendo _multa favorabilia de Joanne_. Desde á poco -salió el Cardenal y la corte toda con él para su posada, y uno de los -Priores, llamado fray Cristóbal de Frias, todo cano y de aspecto muy -venerando, teólogo, y segun se decia el principal en letras que tenia -entónces su Órden, juntóse con el Clérigo á hablar muy familiarmente, -queriendo ser informado de las cosas destas Indias, de las cuales oyó -hartas; y entre otras palabras dijo al Clérigo: «Basta, señor, que -teneis bien ganado el corazon del Sr. Cardenal,» dándole á entender la -mucha gracia que con el Cardenal habia alcanzado, y el crédito que en -los negocios destas Indias le daba. - - - - - CAPÍTULO LXXXVII. - - -A la noche fué el Clérigo á la posada del Cardenal y mandóle dar -los despachos, y con ellos le dieron para su camino 20 ducados, los -cuales, porque no pareciese tenerlos en poco, los quiso tomar. Luégo -otro dia se partió para Sant Bartolomé de Lupiana, que está de Madrid -10 ó 11 leguas, si no me engaño, y dadas las cartas al General, fué -rescibido muy bien, y habiendo cenado el Clérigo, comenzaron luégo -á tractar del negocio á que su venida se enderezaba. Y dichas las -calidades que debian, segun entendia el Clérigo, en los religiosos -que para el viaje y negocio se enviasen, concurrir, dijo el General: -«Señor, de los 12 nombrados que traeis, uno está presente aquí de -los que vinieron á este nuestro Capítulo, que aún no es ido; éste me -parece que si quereis podeis escoger, porque es hombre cuerdo y algo -teólogo y buen religioso, y tambien robusto para sufrir trabajos, -llamado fray Bernardino Manzanedo.» El Clérigo le dijo que lo mandase -llamar y le propusiese la obra que se queria encargar, y aun que se -lo mandase, presuponiendo el Clérigo, que, como fuese religioso, y -por todo el Capítulo entre los doce nombrado, que no podia sino ser -persona conveniente para llevarle con los demas. Vino al llamado del -General, fuéle propuesto el negocio arduísimo, aunque muy meritorio, -que se le queria imponer; dále el Clérigo gran esperanza de servir -mucho á Dios por le hacer el gran beneficio que en aquel viaje habian -de conseguir tan infinitos prójimos. Respondió, como cuerdo hombre, -poniendo delante las pocas fuerzas de virtud y sabiduría que conocia -en su persona para negocio tan grande, y por tanto que suplicaba á -su paternidad no le mandase cosa tan árdua y de tanta dificultad, si -posible era; pero que al fin, como hijo de obediencia, no podia sino -obedecer referida primero su insuficiencia é inhabilidad. Insiste mucho -el Clérigo que se lo mandase sin admitille sus excusas, añidiendo -que el negocio, supuestas las fuerzas y ayuda que Dios daria en obra -tan manifiestamente justa y sancta, sería fácil, é que no desechase -de sí tesoro que Dios le ofrecia tan señalado, por pusilanimidad. -Finalmente se lo mandó, y él lo aceptó, y el Clérigo se contentó y -alegró, no de la cara, porque la tenia de las feas que hombre tuvo, -sino de la religion y virtud que tener dél estimaba. Platicaron sobre -quién serian los otros dos, y referidas las calidades de una y de otra -parte, acordaron que fuese uno el Prior de la Mejorada, nombrado fray -Luis de Figueroa, y el otro el Prior de San Hierónimo de Sevilla. -Pidió el Clérigo las obediencias para los dos, y la del Prior de la -Mejorada envióla luégo con un mensajero, y escribióle que se fuese á -Madrid luégo á juntar con él y con el fray Bernardino, y la otra dejóla -para llevarla él cuando para Sevilla se partiesen. Y por cumplir con -lo quel Cardenal le habia mandado, de con el primero de los frailes -que nombrase se fuese luégo para Madrid, partiéronse luégo otro dia, -el Clérigo, al ménos, muy alegre y regocijado, el cual no veia la -hora que llevar su negocio adelante. Fué luégo á besar las manos al -Cardenal, llevando al religioso consigo para que tambien se las besase -y ofreciese su persona para ir á servir en lo que mandaba. Dióle cuenta -el Clérigo de lo hecho, y cuáles eran las otras dos personas, segun -la relacion que el General le habia dado, y cómo habia despachado la -obediencia para el Prior de la Mejorada, al cual en breve lo esperaba; -el Cardenal se holgó mucho de ver cuán en breve y cuán bien el Clérigo -traia su recaudo, y mandó luégo entender en sus despachos. Llevó el -Clérigo al fray Bernardino á su posada, y en ella recreaba cuanto le -era posible al dicho Padre. Vino luégo el Prior de la Mejorada, y -trujólo el Clérigo tambien á su posada; y como si la salvacion ellos le -hubieran de dar, de lo que tenia, que no era demasiado, los sustentaba, -y hasta gastar con ellos cuanto tuviera los sustentara. Pero como los -españoles destas islas y Procuradores que habian ido dellas á España, -para negociar sus propios intereses con perdicion destas ánimas, -entendieron los negocios del Clérigo que iban adelante, y venidos los -dos frailes, de quien poco bien segun imaginaban que el Clérigo habia -rodeado esperaban, aguardaban á los frailes cuando salian de la posada -del Clérigo, y en topándolos blasfemaban del Clérigo, diciendo que era -su enemigo capital, y que los queria destruir como hombre perverso y -malo, y que no les iban á servir é informar de sus maldades por estar -con él sus reverencias y paternidades en una posada; estuvieron así -los frailes con el Clérigo pocos dias, y acordaron de se ir á posar á -un hospital que hay en Madrid, llamado Sancta Catalina, de su Órden, -donde vivian unos donados. Fué para los españoles destas Indias, que -allí á la sazon estaban, apartarse del Clérigo los frailes, alegría -inestimable; allí, de dia y de noche, todos cuantos ellos eran les -tenian palacio, y en otra materia no hablaban sino en decir mal del -Clérigo y de los miserables indios, infamándolos de bestias y que eran -unos perros, y en todo cuanto podian, para en pago de lo que les habian -servido y muerto por sus crueldades, y matándoles la hambre, habiendo -venido á estas tierras andrajosos y llenos de piojos, aniquilándolos. -Fué de tanta eficacia la conversacion que de noche y de dia tuvieron -los frailes con ellos, y tan abiertos tuvieron los oidos á todo lo -que decirles en perjuicio del Clérigo y de los indios querian, que no -curaban en nada del Clérigo, de vello ni de oillo ni de informarse -dél, teniéndolo por sospechoso, como si procurara negocio y utilidad -suya propia, dando crédito á las relaciones que á ellos les hacian, -todas ordenadas para su temporal interese y en opresion y destruccion -de los indios, como si fueran hatos de ganados que el Clérigo les -quitara ó algunas cosas insensibles; y cresció tanto este crédito -que los frailes tuvieron de lo que aquellos, para en favor de sus -cudicias y tiranías, les decian, que cuando hablaban los frailes con -otros no era menester para su defensa que estuviesen ellos presentes, -y así, acaeció un dia, que, yendo los frailes á hablar al doctor -Palacios Rubios, tanto dijeron en favor de los españoles contra los -tristes y desmamparados indios, que les respondió el doctor: «A la -mi fe, padres, poca caridad me parece que teneis para tractar este -negocio de tanta importancia á que el Rey os envia.» El cual, desde -aquella hora, tuvo estima dellos que iba el negocio en sus manos -perdido, y determinó de impedir en cuanto pudiese su ida. Y porque -le daban priesa del Consejo Real (y segun se sospechó de industria, -los que tenian parte ó arte en los intereses de estas Indias, y les -pesaba del bien y reformacion que el Cardenal enviaba para remedio -de los indios), que el dicho doctor fuese á la Mesta, que se hace en -Berlanga por Agosto el dia de Sant Bartolomé, acordó de ir á hablar -al Cardenal para decille que por ninguna manera convenia que aquellos -frailes fuesen con aquel cargo á las Indias, porque no habian de hacer -cosa buena, segun la mala disposicion que por estar imbuidos de los -seglares ya concebido habian contra los indios. Fué pues el doctor -Palacios Rubios al Cardenal, puesto que con gran trabajo, por estar de -gota muy tollido, y, porque el Cardenal á la sazon estaba de cámaras -enfermo y en mucho peligro, tardó algunas horas esperando en su Cámara -hablalle y nunca pudo. Tornó otro dia y fué lo mismo, y por no poder -más esperar partióse harto triste, y el Clérigo, por sentir el daño -que podrian hacer con su venida de aquella manera dispuestos, quedó -tristísimo. Plugo á Dios que convalesció el Cardenal y mandó luégo -concluir las provisiones y despachos para que los frailes y el Clérigo -aparejasen su partida, los cuales fueron: lo primero, se despachó -Cédulas para que en llegando se quitasen los indios á los del Consejo -del Rey y á todos los que residian en Castilla, como fué al secretario -Conchillos que tenia, segun era público, 1.100 indios, y al obispo de -Búrgos 800, y á Hernando de Vega otra multitud dellos, al licenciado -Moxica que no debian ser ménos de 200, y á otros que se sospechaba -tener en cabeza agena indios. Desde entónces nunca los del Consejo -tuvieron en las Indias, al ménos públicamente, si quizá no secreta y -con cautela, indios; de aquí quedó el Clérigo un poquillo sobre lo -demas de todos aquellos señores poderosos mal quisto. Proveyóse otra -Cédula, que luégo, en llegando los frailes, se quitasen los indios -que tenian muchos los Jueces y oficiales del Rey, como arriba queda -dicho, que tenian, y eran los que peor y más cruelmente los trataban, -como tambien fué referido; proveyóse tambien que á todos éstos se les -tomase residencia, porque habian vivido como moro sin Rey, como dicen, -mayormente despues que fueron causa que anduviese fuera de su casa el -Almirante, habiendo ido á Castilla. Señalóse un colegial del colegio -del cardenal de Valladolid, llamado el licenciado Zuazo, hijodalgo -natural de Segovia, para que se la tomase, por Juez de residencia, -y tuviese toda la gobernacion entre tanto desta isla. Los frailes -no vinieron por gobernadores segun algunos creian, sino solamente á -entender y ejecutar lo que se habia ordenado tocante á los indios. - - - - - CAPÍTULO LXXXVIII. - - En el cual se contiene la Instruccion que llevaron los frailes - Hierónimos, cerca de lo que habian de hacer para poner en libertad - los indios, y primero se puso cierto preámbulo. - - -«Lo primero que deben hacer los Padres que fueren á las Indias para -las reformar, en llegando á la isla Española hagan llamar ante sí los -principales cristianos, viejos pobladores, y decirles que la causa -principal de su ida es los grandes clamores que acá se han hecho contra -ellos y contra los otros pobladores, especialmente contra los que han -tenido y tienen indios encomendados, que los han maltratado y hecho -muchos males, matando á muchos dellos sin causa y sin razon, tomándoles -sus mujeres é hijas y haciendo dellas lo que han querido, haciéndolos -trabajar demasiadamente y dándoles poco mantenimiento, compeliendo á -las mujeres y á los niños á que trabajasen, y haciendo á las mujeres -malparir y no dejándolas criar sus criaturas, y otras muchas fuerzas -y daños de que se dieron grandes memoriales al reverendísimo señor -Cardenal, los cuales llevan los dichos Padres. Y porque Sus Altezas -y el reverendísimo señor Cardenal y el señor Embajador quieren saber -la verdad de todo ésto como pasa, para lo proveer y remediar porque -las islas no se pierdan del todo, mandaron á los dichos Padres que -de todo ello se informen para que se proveyese y remediase; que los -dichos pobladores digan lo que saben de cómo ésto ha pasado y pasa, -y, si vieren los Padres que conviene, tomalles juramento que dirán la -verdad, y por otra parte tambien ellos se informen dello. Háganles -entender como todo ésto se hace para la conservacion dellos, y de los -indios, y de las dichas islas, y que si de voluntad y consentimiento -de partes se pudiere hallar y tomar algun buen medio, con que Dios y -Sus Altezas sean servidos, y ellos y los indios aprovechados, y las -islas remediadas, que aquel se tomará. Por tanto, que ellos y los otros -hombres, principales pobladores, se junten y hablen y platiquen en -ello, y piensen más sobre ello, y con lo que acordaren vuelvan á los -Padres y se lo digan; ésto y todo lo que más á los Padres pareciere -díganlo á las personas principales. Despues llamen á los principales -Caciques de la isla, y díganles como á Sus Altezas, y al reverendísimo -señor Cardenal, y al señor Embajador ha sido hecha relacion de su -parte, como en los tiempos pasados han sido muy opresos y agraviados de -los pobladores que allá han ido, y están en muchas maneras contenidas -en ciertas peticiones y memoriales, que sobre ello fueron dadas por -ciertos religiosos y clérigos, y porque la voluntad de Sus Altezas y -del reverendísimo señor Cardenal y del señor Embajador ha sido y es de -remediar y castigar los males pasados, y proveer en lo venidero para -que ellos y sus indios, de aquí adelante, sean bien tratados, pues son -cristianos, y libres, y súbditos de Sus Altezas, mandaron á los dichos -Padres que fuesen allá, y se informasen de todo ello, y supiesen la -verdad de cómo ha pasado, para que se proveyese así en en el castigo -de lo pasado, como en el remedio de lo venidero. Por tanto, que ellos -lo debian hacer saber á los otros Caciques y á sus indios, para que -entre sí platicasen sobre ello y pensasen en lo que se podia y debia -hacer, así en lo pasado como en lo venidero; y que si algun buen -medio se hallase, de voluntad de partes, para que Dios y Sus Altezas -fuesen servidos y los Caciques y sus indios fuesen bien tratados, como -cristianos y hombres libres, pues lo son, y ellos los otros pobladores -pudiesen justamente ser aprovechados, que se lo dijesen, que siendo tal -aquel se tomaria, que pensasen sobre ello, y que sean ciertos que la -voluntad de Sus Altezas y del reverendísimo señor Cardenal y del señor -Embajador es que ellos sean tratados como cristianos y hombres libres, -y que ésta es la causa principal, porque mandaron á los dichos ir á -aquellas partes. Y porque los Caciques y los indios crean lo que estos -Padres les dijeren, deben, al tiempo que los hobieren de hablar, tener -consigo algunos otros religiosos de los que allá están cognoscidos, de -quien ellos tienen confianza que les dicen verdad y procuran su bien, y -tambien porque entienden su lengua.» - -Aquí es bien que se diga, que como el Clérigo viese tan arraigada la -tiranía en aquellas islas, y en aquella parte de tierra firme, donde -habia españoles, que no era otra sino la del Darien y por aquellas -provincias, y que por ella perecian en aquellas tierras aquestas -gentes, no osaba decir ni tocar diciendo ni mentando ni alegando -libertad de los indios, como si huyera de decir alguna cosa que fuese -absurda ó blasfema, hasta que un dia, hablando con el Cardenal en la -opresion y servidumbre que padecian, y tocando que con qué justicia -podian ser así en ella ó con ella afligidos, respondió el Cardenal -con ímpetu: «Con ninguna justicia; ¿por qué? ¿no son libres? ¿quién -duda que no sean libres?» Desde allí el Clérigo á boca llena osaba en -todo lugar alegar que los indios eran libres, y que todo lo que con -ellos se habia hecho era contra su libertad natural, y todo lo que -alegaba contra la tiranía de los españoles y por los indios fundaba -sobre aqueste principio. Así que parece bien que el Cardenal habia -bien entendido la raíz y fundamento de la justicia que se hacia á los -indios por la servidumbre horrible que padecian, pues tantas veces en -el preámbulo recitado los llamaba y afirmaba ser libres. - -La Instruccion que los dichos religiosos llevaron, comenzaba desta -manera: - -«Memorial ó Instruccion que han de llevar los Padres que por mandado -de su reverendísima señoría y del señor Embajador han de ir á reformar -las Indias.--Primeramente, parece que los religiosos que allá van -deben visitar la tierra por sí mismos, en cada isla lo que buenamente -pudieren, é informarse del número de los Caciques y de los indios -que cada Cacique tiene, y tambien de todos los otros indios que hay -en cada isla. Item, se han de informar de cómo han sido tractados -hasta aquí por las personas que los han tenido encomendados, y por -los Gobernadores y justicias y otros ministros; lo que cerca dello -hallaren háganlo poner por escripto, para que sobre ello se provea -lo que convenga. Otrosí, los dichos religiosos, visitando las islas, -especialmente la Española y Cuba, y Sant Juan y Jamáica, vean la -disposicion de la tierra, mayormente lo que es cerca de las minas -donde se saca el oro, y miren dónde se podrán hacer poblaciones de -lugares, para que de allí puedan ir á las minas con ménos trabajo, y -conveniente á los indios que allí moraren, y que haya rios cerca para -sus pesquerías y buena tierra para labranzas. La primera sea la isla -Española y Jamáica, y despues Sant Juan; la postrera Cuba. Débense -hacer pueblos de 300 vecinos, pocos más ó ménos, en que se hagan tantas -casas cuantos fueren los vecinos, como ellos las suelen hacer, de tal -manera, que, aunque se acreciente la familia, como mediante Dios se -acrecentará, puedan caber todos en ella, haciendo iglesia la mejor que -ser pueda, y calles y plaza para que sea lugar en forma, y la casa del -Cacique cerca de la Plaza, mayor y mejor que las otras, porque allí -han de concurrir todos los otros. Item, haya un hospital como abajo se -dirá. Estos pueblos se hagan, cuanto ser pudieren, á voluntad de los -Caciques y de los indios en cuanto al sitio, porque no resciban pena de -mudarse, haciéndoles entender como todo ésto se hace para su beneficio, -y para que sean mejor tractados que hasta aquí; y los que estuvieren -muy léjos de las minas hagan allá pueblos y crien ganados, y cojan pan, -y algodon y otras cosas, y dello paguen tributo al Rey, nuestro señor, -lo que bien visto fuere respecto destos otros; y otro tanto se haga en -las islas donde no se cogere oro y sean tales que deban estar pobladas, -porque se les hará de mal venir de léjos, y rescibirian peligro en la -mudanza, y que la Çabana esté siempre poblada, porque está cerca del -puerto y muy aparejada para la contratacion de Cuba y tierra firme. -Débese dar á cada pueblo término conveniente, apropiado, á cada lugar -ántes más que ménos, por el augmento que se espera, Dios mediante; -este término debe ser repartido entre los vecinos del lugar, dando -de lo mejor, á cada uno dellos, parte de tierra donde puedan plantar -árboles y otras cosas, y hacer montones para él y para toda su familia, -mas ó ménos, segun la calidad de su persona y cantidad de la familia, -y al Cacique tanto como á cuatro vecinos. De lo restante quede para el -pueblo para ejidos y pastos, y estancias de puercos y otros ganados. -A estos pueblos se deben traer los Caciques é indios más cercanos á -aquel asiento que se tomare para la poblacion, porque queden en su -popria tierra y vengan de mejor gana, y negóciese con los Caciques -que ellos los traigan de su voluntad sin les hacer otra premia, si -así se pudiere hacer; y estos Caciques tengan cuidado de sus indios -en regillos y gobernallos, como adelante se dirá. Si los indios de un -Cacique bastaren para una poblacion, con aquellos se haga, y si no que -se junten otros Caciques de los más cercanos y que cada Cacique tenga -superioridad en sus indios como suele; y que estos Caciques inferiores -obedezcan á su superior como suelen, y el Cacique principal ha de tener -cargo de todo el pueblo, juntamente con el religioso ó clérigo que -allí estuviere, y con la persona que para ello fuere nombrada, como -adelante se dirá. Y si algun castellano español, de los que allá están -ó fueren á poblar, quisiere casar con alguna Cacique ó hija de Cacique -á quien pertenece la sucesion por falta de varones, que este casamiento -se haga con acuerdo y consentimiento del religioso ó clérigo, y de la -persona que fuere nombrada para la administracion de aquel pueblo, y, -casándose desta manera, éste sea Cacique y sea tenido y obedecido y -servido como el Cacique á quien sucedió, segun y como abajo se dirá de -los otros Caciques, porque desta manera muy presto podrán ser todos los -Caciques españoles y se excusarán muchos gastos. Item, que cada lugar -tenga jurisdiccion por sí en sus términos, y que los dichos Caciques -tengan jurisdiccion para castigar á los indios que delinquieren en el -lugar donde él fuere superior, no solamente en los suyos, mas tambien -en los de los otros Caciques inferiores que viven en aquel pueblo; -ésto se entiende de los delitos que merecen hasta pena de azotes y no -más, y en éstos, que no lo puedan hacer ni ejecutar ellos solos, sin -que á lo ménos intervenga el consejo y consentimiento del religioso ó -clérigo que allí estuviere, lo demas quede á la justicia ordinaria de -Su Alteza; y si los Caciques hicieren lo que no deben, sean castigados -por la justicia ordinaria, y si hicieren agravio á los inferiores, -remédielo la justicia ordinaria. Los oficiales para la gobernacion del -pueblo, así como Regidores, ó Alguacil ú otros semejantes, sean puestos -y nombrados por el dicho Cacique mayor, y por el dicho religioso ó -clérigo que allí estuviere, juntamente con aquella persona que se -nombrare por Administrador de aquel lugar, y en caso de discordia -por los dos dellos. Y, porque en cada pueblo se hagan las cosas como -deben, conviene que se nombre una persona que tenga la administracion -de uno, ó de dos, ó de tres, ó de más lugares, segun la poblacion -fuere, el cual viva en un comedio conveniente para hacer su oficio, -en una casa de piedra, y no dentro en el lugar, porque los indios no -resciban daño ó alteracion de la conversacion de los suyos; éste ha -de ser español, de los que allá han estado, siendo hombre de buena -conciencia y que haya bien tractado los indios que tuvo encomendados, -que sabrá bien regir é gobernar y hacer lo que conviene á su oficio. Lo -que éste ha de hacer es, que ha de visitar el lugar ó lugares que le -fueren encomendados y entender con los Caciques, especialmente con el -principal de cada lugar, para que los indios vivan en policía, cada uno -en su casa con su familia, y trabajen en las minas y en las labranzas, -y en el criar de los ganados, y en las otras cosas que los indios han -de hacer, segun adelante se dirá, y que no los moleste ni los apremie -á que trabajen ni hagan más de los que son obligados, sobre lo cual se -le encargue la conciencia; y que, al tiempo que le fuere dado el cargo, -jure solemnemente de usar bien de su oficio, y si en algo excediere -porqué merezca castigo, sea castigado y punido por la justicia de Su -Alteza. Para hacer su oficio conviene que tenga consigo tres ó cuatro -españoles castellanos, ó de otros cuales quisiere, y armas las que -fueren menester, y que no consienta á los Caciques ni á los indios -tengan armas suyas ni ajenas, salvo aquellas que parecieren que serán -menester para montear, y si más personas él quisiere tener ó viere que -le cumple, que las pueda tener pagándoles su justo y debido salario á -vista del religioso ó clérigo que allí estuviere, y si algunos indios -con él quisieren vivir, con tanto que de los indios no pueda tener -más de seis, y con su voluntad, y no de otra manera, pero que á éstos -no les pueda mandar ir á las minas, salvo servirse dellos en casa -y en las otras cosas, y que, cada y cuando éstas se descontentaren -de su compañía, tengan libertad de irse á los pueblos donde son -naturales. Este Administrador, juntamente con el religioso ó clérigo, -trabajen cuanto pudieren por poner en policía á los Caciques é indios, -haciéndoles que anden vestidos, y duerman en camas, y guarden las -herramientas y las otras cosas que le fueren encomendadas, y que cada -uno sea contento con tener á su mujer y que no se la consientan dejar, -y que las mujeres vivan castamente, y la que cometiere adulterio, -acusándola el marido, sea castigada ella y el adúltero hasta pena de -azotes por el Cacique, con consejo del Administrador y religioso que -allí estuviere en el pueblo; asimismo tenga cuidado que los Caciques ni -sus indios no truequen ni vendan sus cosas, ni las dén ni las jueguen, -sin licencia del religioso ó clérigo ó del dicho Administrador, -salvo en cosas de comer y hacer limosnas honestamente, y que no los -consientan comer en el suelo. A estos administradores se dé salario -conveniente, segun el cargo y trabajo y costa que han de tener, la -mitad pague Su Alteza, y la otra mitad pague el pueblo ó pueblos que -estuvieren á su cargo; y sean casados por quitar los inconvenientes que -de allí se pueden recrecer, salvo si tal persona se hallare de quien se -deba confiar aunque no sea casado. Y porque mejor haga su oficio, tenga -escrito en un libro todos los Caciques é indios vecinos, y personas que -haya en cada casa y lugar, porque se sepa si se va ó ausenta alguno ó -deja de hacer lo que es obligado. Para que los indios sean instruidos -en nuestra sancta fe católica, y para que sean bien tractados en las -cosas espirituales, debe haber en cada pueblo un religioso ó clérigo -que tenga cuidado de los enseñar, segun la capacidad de cada uno -dellos, y administralles los Sacramentos y predicalles los domingos -y fiestas, y hacelles entender como han de pagar diezmos y primicias -á Dios, para la Iglesia y sus ministros, porque los confiesan y -administran los Sacramentos, y los entierren cuando fallecieren, y -rueguen á Dios por ellos; y hacerles que vengan á misa y se sienten -por órden, apartados los hombres de las mujeres. Estos clérigos sean -obligados á decir misa cada fiesta, y entre semana los dias que ellos -quisieren, y provean como se digan misas en las estancias, las fiestas, -en la iglesia que allá se ha de hacer, y hayan por su trabajo de -los diezmos del dicho pueblo la parte que les cupiere, y más el pié -de altar y las ofrendas, y que impongan á las mujeres y hombres que -ofrezcan lo que les pluguiere, caçabí ó ajes, y que no puedan llevar -otra cosa los dichos clérigos, por confesar y administrar los otros -Sacramentos, ni velar los casados, ni por enterramientos. Y los dias -de las fiestas, en la tarde, sean llamados por una campana para que se -junten y sean enseñados en las cosas de la fe, y si no quisieren venir -sean castigados por ello moderadamente, y que la penitencia que les -dieren sea pública porque los otros escarmienten. Haya un sacristan, -si se hallare suficiente de los indios, sino de los otros, que sirva -en la iglesia, y muestre á los niños á leer y escribir hasta que sean -de edad de nueve años, especialmente á los hijos de los Caciques y de -los otros principales del pueblo, y que les muestren á hablar romance -castellano, y que se trabaje con todos los Caciques y indios, cuanto -fuere posible, que hablen castellano. Item, que haya casa en medio -del lugar para hospital, donde sean rescibidos los enfermos y hombres -viejos que no pudieren trabajar, y niños que no tienen padres que -allí se quisieren recoger, y para el mantenimiento dellos hagan de -comun un conuco de 50.000 montones, y que lo hagan desherbar en sus -tiempos, y esté en el hospital un hombre casado con su mujer y pida -limosna para ellos, y manténganse dello; y que pues las carnicerías -han de ser de comun, como adelante se dirá, que se dé para el hombre y -mujer que allí estuviere, y para cada pobre que allí se recogiere, una -libra de carne, á vista del Cacique ó del religioso que allí estuviere -porque no haya fraude. Los vecinos de cada lugar, y los varones de -veinte años arriba y de cincuenta abajo, sean obligados á trabajar -desta manera: que siempre anden en las minas la tercia parte dellos, -y si alguno estuviere enfermo ó impedido en su lugar se ponga otro, -y salgan de casa para ir á las minas en saliendo el sol ó un poco -despues, y venidos á comer á sus asientos tengan de recreacion tres -horas, y vuelvan á las minas hasta que se ponga el sol. Este tiempo -sea repartido de dos en dos meses, ó como al Cacique pareciere, por -manera que siempre estén en las minas el tercio de los hombres de -trabajo. Que las mujeres no han de trabajar en las minas, si ellas de -su voluntad y de su marido no quisieren, y, en el caso que algunas -mujeres vayan, sean contadas por varones en el número de la tercia -parte. Los Caciques envien con los indios que son á su cargo, divididos -por cuadrillas, los nitainos, que ellos llaman, que fueren menester, -para que éstos les hagan trabajar en las minas, y cojan el oro, y -hagan lo que solian hacer los mineros, porque, segun por experiencia -ha parecido, no conviene que haya mineros ni estancieros castellanos, -salvo de los mismos indios. Despues que hobieren servido el tiempo -que fueren obligados en las minas, vénganse á sus casas y trabajen en -sus haciendas lo que buenamente pudieren y vieren que les cumple, á -vista de su Cacique y del religioso ó clérigo que allí estuviere ó del -Administrador. Y porque el Cacique ha de tener más trabajo, y porque -es superior, sean obligados todos los vecinos y hombres de trabajo de -dar al Cacique quince dias en cada año, cuando él los quisiere, para -trabajar en su hacienda, y que no sea obligado á darles de comer ni -otro salario, y que las mujeres y los niños y los viejos sean obligados -á desherballe sus conucos todas las veces que sea menester. Los indios -que quedaren en el pueblo sean compelidos á trabajar lo que justo -fuere á los conucos y en sus haciendas, y tambien las mujeres y los -niños. Debe Su Alteza mandar tomar las haciendas que fueren necesarias -y más convenientes para principiar los pueblos, así de conucos como de -ganados, estimadas en lo que justamente valieren, para que sean pagadas -de las primeras fundiciones de la parte que perteneciere á los indios; -y los conucos se dividan por los vecinos, á cada uno la parte que le -cupiere entre tanto que hace otra hacienda en la tierra que le fuere -señalada, y los ganados se pongan en mano del Cacique principal, para -que dello se provean los indios en la manera que adelante se dirá. Si -ser pudiere, para cada pueblo de 300 vecinos haya 10 ó 12 yeguas, y 50 -vacas, y 500 puercos de carne, y 100 puercas para criar; éstos sean -guardados á costa de todos, como bien visto fuere, y ésto se procure de -sostener de comun hasta que ellos sean hechos hábiles y acostumbrados -para tenellos propios suyos. Ha de haber un carnicero en el pueblo que -dé para cada casa medio arrelde de carne, cuando el marido estuviere -en el pueblo y no esté en las minas, y cuando estuviere en las minas -le den una libra á su mujer; y si más carne hobiere menester para su -casa y familia, que la crie con su familia y la procure, y los dias que -no fueren de carne, que se provean como les pareciere, y al Cacique -dos arreldes. Para los que estuvieren trabajando en las minas, de sus -mismos conucos que les cupiere, el Cacique haga que las mujeres de los -que allá anduvieren amasen el pan que fuere menester, y el Cacique lo -haga llevar en las dichas yeguas de comun, y ajes y maíz, y axí y todo -lo otro que fuere menester. Haya un carnicero en las minas y dé á cada -uno de los que allí trabajaren libra y media ó dos libras de carne, -como bien visto fuere, y porque en aquella isla hay poco pescado, sería -bien procurar dispensacion para comer carne algunos dias de cuaresma, -y los otros dias que no son de carne, y por que sea mejor proveido de -la carne, conviene que alguna parte del ganado que se hobiere de matar -para comer ande en las minas, y si de la carne de los ganados comunes -no hobiere abasto para los que andan en las minas, que se provea como -otros vendan carne á precio justo, y se dé por tasa para ser pagados -de la primera fundicion. El oro que se sacare de las minas vaya todo -á poder del nitaino, que ha de estar como minero cada noche, como se -suele hacer, y cuando viniere el tiempo de la fundicion, que ha de -ser de dos en dos meses ó como á los oficiales pareciere, júntese el -nitaino con el Cacique principal y con el Administrador, y llévenlo á -la fundicion porque se haga con toda fidelidad; y de lo que saliere de -la fundicion se haga tres partes, la una para el Rey, y las dos para -el Cacique y los indios. De las dos partes del oro que perteneciere -al Cacique y á los indios, se ha de pagar las haciendas y ganados que -se hobieron para hacer los pueblos, y todos los gastos que se han de -hacer de comun, lo restante se ha de dividir por casas igualmente, y -al Cacique seis partes y á los nitainos que andan con los indios dos -partes á cada uno. De las partes que á cada casa cupieren se han de -comprar las herramientas y otras cosas que serán menester para sacar -el oro, y éstas sean propias de cada uno, y escríbanse en un libro -para que sea obligado á dar cuenta dellas, y de lo que de ésto sobrare -cómpreles el Cacique y el clérigo y Administrador ropa y camisas, -y doce gallinas y un gallo para cada casa, y otras cosas que les -pareciere que hobieren menester para sus casas, poniéndolo por escrito -para que dén cuenta dello; y si algo sobrare que se ponga en guarda en -poder de una buena persona que dé cuenta dello cuando se la demandaren, -escribiéndolo en cuyo poder se pone y lo que á cada uno pertenece, -como pareciere al clérigo y Administrador. Débense poner 12 españoles -mineros salariados de comun, la mitad el Rey y la mitad los indios, -que tengan cargo de descubrir minas, y luégo que las hayan descubierto -las dejen á los indios para que saquen el oro, y se vayan adelante -á descubrir otras, y no estén ahí más ellos ni otros españoles, ni -criados de españoles, porque no les hurten el oro ni les hagan mal, -y el oro que éstos 12 sacaren, descubriendo las minas, sea comun y -pártase entre el Rey y los indios, y que sobre ésto se ponga gran -pena.» - -«Remedio para los españoles que allá están.--Algunos dellos se -remediarán comprándoles las haciendas para los pueblos, como arriba -está dicho, otros con encomendalles la administracion de los pueblos, -otros salariándolos para mineros, otros dándoles facultad para que por -sí y por sus familias puedan sacar oro, pagando solamente el diezmo de -lo que sacaren siendo casados y teniendo allá sus mujeres, y los que -no fueren casados paguen de siete uno; otros, dándoles facultad para -que cada uno dellos pueda meter dos ó tres ó más esclavos la mitad -varones y la mitad hembras porque multipliquen, y á los que tuvieren -indios encomendados y otras mercedes, dándoles alguna satisfaccion y -haciéndoles otras gratificaciones por ella. Asimismo les aprovechará -mucho que Su Alteza les dé carabelas, aderezadas de bastimentos y otras -cosas necesarias, para que vayan ellos mismos á tomar los caribes -que comen hombres y son gente recia, y éstos son esclavos porque -no han querido rescibir los predicadores, y son muy molestos á los -cristianos y á los que se convierten á nuestra sancta fe, y los matan -y los comen, y los que trujeren pártanlos entre sí y sírvanse dellos; -mas, so color de ir á tomar los caribes, no vayan á otras islas ni -tierra firme, ni prendan á los hombres que allí moraren, so pena de -muerte y perdimiento de bienes.--Otro remedio:--Que los españoles que -están en las islas serán gratificados si quisieren ir á poblar en la -tierra firme, porque éstos que han sido criados en las islas, y están -hechos á la tierra, están más aparejados y dispuestos para vivir sin -peligro en tierra firme, que los que van de nuevo de España. Y porque -algunos dellos deben á Su Alteza y á otras personas muchas deudas, y no -ternán de que las pagar quitándoles los indios, que se les haga alguna -gratificacion en que no sean presos, ni encarcelados, ni detenidos, -si quisieren pasar á tierra firme ó á otras de las islas. Para que -los pueblos se pongan en policía, que se muestren oficios á algunos -de los indios, así como carpinteros, pedreros, herreros, aserradores -de madera, y sastres, y otros oficios semejantes para servicio de la -república. Esto es lo que parece que se debe hacer, por ahora, para el -remedio y conservacion de los indios, hasta que se vea por experiencia -la utilidad que dello se sigue. Pero para la ejecucion dello conviene -que haya alguna persona poderosa que lo ejecute, porque esta mudanza -de quitar los indios á los que los tienen encomendados les será muy -molesta. Los Padres que allá van, verán lo que más ó ménos se debe -hacer, y podrán quitar ó poner lo que les pareciere. Los cristianos -viejos que hicieren mal á los indios sean castigados por las justicias -de Su Alteza, y los indios sean testigos en la causa, y creidos, segun -el albedrío del Juez.» - - - - - CAPÍTULO LXXXIX. - - -La sustancia y órden de todos estos capítulos é Instruccion, que los -religiosos de Sant Hierónimo llevaron, dió y ordenó el susodicho -clérigo Casas, pero muchas cosas en ella el Cardenal y los que, -del Consejo que arriba se nombraron, para ésto llamó, añidieron y -alteraron, oidas algunas informaciones de los españoles, que á la -sazon en la corte se hallaron, y contra el Clérigo y contra los indios -blasfemaban rabiando, como fué aquello que anduviesen siempre en las -minas la tercera parte de los hombres de trabajo sacando oro, porque -debiérase de considerar que estaban los tristes indios molidos y -deshechos y al cabo de las vidas, de haber andado tantos años atras -en ellas y en los otros trabajos, donde habian tantos millares y áun -millones perecido, y sólo el pensamiento de que habian por fuerza de -andar en las minas, siempre la tercia parte, bastaba para del todo -acaballos. Manifiesto es que se les habia de dar las haciendas y los -ganados y lo demas de balde, para que comenzaran á respirar y saber qué -cosa era libertad, ó á costa del Rey ó de los españoles, que dellos -con tanto riesgo de sus vidas se habian aprovechado, y así comenzaran -y multiplicaran en número de gente y hacienda, y despues de muchos -años sirvieran al Rey con lo que pudieran y fuera cosa tolerable; -pero túvose respeto á que nunca cesase tener provecho de los indios -el Rey, lo que, cierto, no debiera, al ménos por mucho años, pues -tan mala gobernacion se puso (aunque de creer es que siempre fué -contra su voluntad, é yo así lo tengo por cierto), so la cual tantas -gentes y tan inhumanamente perecieron. Todavía era el Rey obligado á -satisfacer á los indios sus grandes agravios, que su gente, que á estas -partes envió, habian perpetrado, puesto que dello le pesase y fuesen -cometidos contra su voluntad, al ménos con libertallos, amparallos, -y bien y justamente gobernallos, despues de sabido en adelante: ésto -claro está á cualquiera prudente cristiano. Finalmente, con todo lo -dicho, la intencion del Cardenal fué remediar los tristes indios y -libertallos, y con ésto creyó de cierto que los remediaba, y en la -verdad remedio era si los tomara treinta años atras, más en número y -no tan delgados y fatigados de los trabajos, y saliera de esta manera -de gobernacion estar toda esta isla restaurada y poblada de infinita -gente dellos, y el Rey tuviera grandes provechos, y España no perdiera -nada. Lo que se dijo en los remedios de los españoles que los caribes -que comian hombres eran esclavos, porque no habian querido rescibir -los predicadores, ésto fué falsedad y testimonio que les levantaron, -porque despues que las Indias se descubrieron, hasta hoy, nunca los -caribes supieron qué cosa era predicadores, ni les resistieron, sino á -los españoles que tuvieron siempre por hombres crueles salteadores, y -por eso, cuando podian, hacian en ellos lo que vian que hacian á los -pacíficos y domésticos indios, y que no comian carne humana; porque -si los españoles hicieran obras de verdaderos cristianos, tan poca -dificultad hobiera en traellos á la fe, ó no muy grande, como á los -demas. Pero este capítulo debió de salir de uno que entró en este -Consejo, que, cerca deste artículo, erró y fué harto engañado los -tiempos pasados, dando crédito á los salteadores y tiranos que aquellas -gentes alborotaron y pusieron con sus crueles obras en odio del nombre -cristiano, segun que en el libro II desta Historia hemos declarado. Y -porque todavía estaba, en alguno ó algunos de los que en este Consejo -entraron, asentado el dicho pernicioso error que estas gentes no eran -para vivir por sí, ni tenian ni eran hábiles para tener policía, -como si las halláramos como brutos por las montañas esparcidos, y -las monteáramos, y no en sus pueblos, y grandes pueblos, pacíficos y -quietos, y en toda justicia natural, con sus Reyes y señores, ordenados -y regidos segun su manera natural y policía, harto mejor que en otras -muchas naciones. Púsose otro segundo remedio para los indios, aunque -no remedio era, ni lo fué, ni jamás lo será, sino vastacion total de -aquellas gentes y tierras, como de verdad lo ha sido, y por los pecados -de nuestra España, el mundo todo della es; este remedio era que se -estuviesen los repartimientos y encomiendas como se estaban en poder -de los españoles, con que se moderasen las leyes y ordenanzas inícuas -que en Búrgos el año de 12 se hicieron, como arriba en el cap. 13 -referimos. Esta es verdad clara y manifiesta entre todos los que no -pretenden interese en los indios, y áun los mismos que lo pretenden y -son destruidores dellos lo saben mejor que otros, pues los consumen, y -sus mismas obras á que lo confiesen les fuerzan, que ninguna ley, ni -pena, ni amenaza, aunque sea de muerte, aprovecha cosa ninguna para que -estorbe ó impida que los indios no mueran corporalmente, y para que no -aborrezcan la fe y religion cristiana ántes que la oigan y resciban, y -si la rescibieren, no sea milagro no dejalla y apostatar della, si los -indios repartidos y encomendados á los españoles estuvieren; véanse las -islas, esta Española y las demas, y 4 ó 5.000 leguas de tierra firme, -que son lamentables testigos dello. Así que, el Cardenal, como no del -todo tenia desto experiencia, pasó con lo que allí algunos dijeron, y -el Clérigo no pudo impedillo más de que trabajó que se limitasen las -dichas leyes, en caso que la infelicidad de los indios causase que en -la tiranía susodicha permaneciesen. - -Fué, pues, lo segundo, que los Hierónimos llevaban en su Instruccion, -lo que se sigue: - -«En caso que se hallase que el primer remedio de hacer pueblos y poner -los indios en policía no hobiese lugar, y que todavía pareciese que -debian estar encomendados, como hasta aquí, deben proveer y remediar -para adelante en los artículos siguientes. Lo primero en que se guarden -las siete conclusiones y determinaciones que los letrados, por mandado -del Rey, nuestro señor (que haya gloria), dieron cerca del tratamiento -de los indios, y tambien las otras cuatro, en cuanto determinaron que -las mujeres todas y los niños hasta catorce años no sean obligados á -servir, salvo en la manera que allí se contiene, pero lo contenido en -la sexta conclusion no se debe guardar por lo que adelante se dirá. -Item, en cuanto á lo que la ley primera dice, y tambien la segunda, que -los indios sean traidos á los pueblos y estancias de los españoles, -no se debe hacer, porque por experiencia ha parecido que desto se han -recibido muchos inconvenientes, así en lo que toca á la instruccion de -la fe como al mal tractamiento de sus personas. La ley 11, que habla -de llevar cargas los indios, se debe quitar, mandando que ningun cargo -les hagan llevar á cuestas, mudándose ni de otra manera. La ley 13, -que habla del trabajo y huelga, parece que se debe de enmendar, porque -el tiempo del trabajo es mucho, y en el tiempo que se ha de hacer no -debian ser apremiados á que trabajasen en otra cosa, y en el tiempo -del trabajo debian holgar tres horas al medio dia, y entrar salido -el sol en el trabajo, y salir en poniéndose el sol. La ley 15, que -habla del dar de la carne solamente las fiestas, parece que se debe -de enmendar y mandar que les dén carne cada dia de la semana, así -estando en el trabajo como fuera dél, y caçabí, é ajes, y axí abasto, -y los dias que no fueren de carne les dén pescado ó las otras cosas -que se pudieren haber. La ley 18, que habla del servicio que han de -hacer las mujeres preñadas, se debe quitar, y mandar que ninguna mujer -sea obligada al trabajo, salvo en su hacienda, y como se contiene en -las cuatro conclusiones postreras. La ley 20, que habla del salario -que se debe dar á cada uno de los indios que sirven, parece que se -debe enmendar, porque es muy poco salario un peso de oro en un año, -y se debe dar mucho más especialmente si dello se ha de dar algo á -los Caciques. La ley 21, que habla contra los que se sirven de los -indios que no son suyos, débese agraviar la pena, porque es poca. La -ley 25, débese enmendar, y mandar que no anden sino la tercia parte -precisamente, porque los que despues hobieren de ir allá estén holgados -y puedan trabajar. La ley 26 débese enmendar, que no anden los mineros -á partido, como suelen, cierta parte del oro que se saque, sino que -les dén cierto jornal y soldada y sean juramentados por los Visitadores -que no hagan trabajar á los indios demasiadamente, y que sean hombres -los mineros de buena consciencia, y no los que hasta agora han sido -que han agraviado á los indios. La ley 27 débese enmendar, que por -agora no se traigan los indios de otras islas de los Lucayos, hasta -que sobre ello sea más visto. La ley 29 y la ley 30 se deben enmendar, -que los Visitadores ni otros oficiales algunos no tengan indios, sino -que se les dé salario por Sus Altezas y no por los vecinos, porque no -hagan lo que ellos quisieren. La ley 31 se debe enmendar, y mandar que -los Visitadores en todo el año visiten los lugares donde quiera que -hobiere indios, y debria haber más de dos Visitadores, porque mejor -hagan sus oficios. Débese mirar la ley postrera, donde se dice que -si los indios en algun tiempo fueren capaces para vivir en policía y -regirse por sí mismos, que se les dé facultad que vivan por sí é les -manden servir en aquellas cosas que los otros vasallos de acá suelen -servir, para que sirvan y paguen el servicio que los vasallos suelen -dar y pagar á sus Príncipes, y que miren si alguno de los que agora -hay son capaces para ésto, y provean sobre ello, y tambien provean en -cuanto vieren que conviene para alcanzar este fin, y procuren todos los -medios que hallaren ser convenientes para ésto y para la instruccion de -la fe en ellos. Y, sobre todo lo ya dicho, debeis proveer y mirar lo -que más conviene para el servicio de Dios é instruccion de los indios -en nuestra santa fe, y para el bien dellos y de los pobladores de las -dichas islas, y aquello que os pareciere que sobre ello se debe proveer -enviadlo acá, para que, visto, se os envien todas las provisiones que -para ello fueren necesarias.» - -Esta fué la segunda Instruccion que los religiosos de Sant Hierónimo -llevaron, para poner órden y remedio en la perdicion de los indios, en -caso que no se pusiesen en libertad por su incapacidad, fundándose en -el susodicho error y ceguedad grande que hobo por muchos tiempos en el -Consejo del Rey, por la falsedad y maldad que los tiranos inventaron -para se sustentar en sus tiranías, como es dicho muchas veces, -levantando falsísimos testimonios á los inocentes indios, en especial -éste de que no eran hábiles para vivir por sí. Las siete conclusiones -que dice la Instruccion que se guarden, en caso que este segundo -remedio se haya de poner, quedan puestas en el cap. 8.º, y las cuatro -que tambien mandan que se guarden, se refirieron en el cap. 17; la -sexta, que dice no deberse guardar, era que se diese órden como siempre -tuviesen comunicacion con los españoles que acá venian á poblar, porque -el Clérigo insistió en que ántes, para vivir, ser los indios cristianos -y de buenas costumbres, convenia que con los españoles no conversasen, -lo uno, por las vejaciones y robos y males que siempre les hacian, y -hoy hacen, donde quiera que están con ellos é cerca dellos, y lo otro, -por sus desordenadas y malas obras, que comunmente han sido en estas -Indias, á la ley de Jesucristo y á toda razon y virtud, contrarias, -las cuales viendo los indios, por mucho y bien que los predicadores -les predicasen la vida cristiana, culpando los vicios y las virtudes -loando, habian de creer, y por consiguiente hacer, el contrario. - -Es bien aquí de considerar, qué tales fueron las dichas treinta y -tantas leyes que dijimos haberse hecho en Búrgos, pues aquí todas -las enmendó el Cardenal y los que con él, del Consejo, que habian -sido en hacellas, se juntaron, y pudiera bien á la clara condenallas -por más que tiránicas, pero modesta y tácitamente, segun parece, -las blasfemaron. Tractó aquí tambien el Cardenal que fuera cosa -conveniente que en la corte hobiese alguna persona que tuviese cuidado -de procurar lo que cumpliese á los indios, y que aquel habia de ser -hombre de ciencia y conciencia; tratóse tambien que debian de enviarse -de Castilla algunos labradores para la poblacion destas islas, -gratificándolos en algunas cosas; pero destas dos cosas postreras -no se tractó más, como nunca hobo quien tuviese cuidado de tratar y -negociar el bien universal destas partes, sino sólo el Clérigo, y, -cuando él callaba, nunca en él jamás de hecho y con perseverancia se -habló, y ésto la historia lo mostrará más adelante. En este tiempo, -muchas más cosas, y mejores provisiones, y más ciertos remedios para -los indios, (supuesto siempre el primero, que es el verdadero, conviene -á saber, ponellos en libertad, sin el cual ninguno hay bueno), y para -que los españoles pudieran vivir sin tener indios en estas islas, se -despacharan, y el Cardenal los proveyera, si el clérigo Casas hobiera -más pensado en ello y se las notificara, como despues, andando en los -negocios, alcanzó, segun el crédito el Cardenal le daba, pero como poco -habia que lo habia considerado, y la tiranía estaba tan entablada y -arraigada, y anduvo en el negocio, como en cosa nueva y escandalosa, -paso á paso y como acobardado, harto pensó que habia bien negociado en -poner los indios en libertad, sacándolos del poder del diablo, y, ya -que ésto no se efectuara, ser causa de enmendar todas las dichas leyes, -para estorbar algo de la opresion que los indios padecian, segun los -males eran grandes. - - - - - CAPÍTULO XC. - - -Complidos con los despachos que pertenecian á los religiosos de Sant -Hierónimo, para lo que habian de poner por obra en remedio de los -indios, á lo cual, y no á otra cosa eran enviados, proveyó y mandó el -Cardenal al Clérigo que fuese con ellos, y los instruyese, informase -y aconsejase todo aquello que conviniese para lo que en favor de los -indios y en asiento de la tierra iban á efectuar, para lo cual le mandó -dar la siguiente Cédula ó provision. - -«La Reina y el Rey.--Bartolomé de las Casas, clérigo, natural de la -ciudad de Sevilla, vecino de la isla de Cuba, que es en las Indias: -Por cuanto somos informados que há mucho tiempo que estais en aquellas -partes é residís en ellas, de donde sabeis y teneis experiencia en -las cosas dellas, especial en lo que toca al bien y utilidad de los -indios, y sabeis y teneis noticia de la vida y conversacion dellos -por haberlos tractado, y porque cognoscemos que teneis buen celo al -servicio de nuestro Señor y nuestro, de donde esperamos que lo que -vos encargáremos y mandáremos hareis con toda diligencia y cuidado, -y mirareis lo que cumple á la salud de las ánimas y cuerpos de los -españoles é indios que allá residen, por ende, por la presente vos -mandamos que paseis á aquellas partes de las dichas Indias, así de las -islas Española, Cuba, Sant Juan y Jamáica, como tierra firme, y aviseis -é informeis y deis parecer á los devotos padres Hierónimos, que Nos -enviamos á entender en la reformacion de las Indias, y otras personas -que con ellos entendieren en ello, de todas las cosas que tocaren á -la libertad é buen tractamiento é salud de las ánimas y cuerpos de -los dichos indios de las dichas islas y tierra firme, y para que nos -escribais é informeis y vengais á informar de todas las cosas que se -hicieren y convinieren hacerse en las dichas islas, y para que en todo -hagais lo que conviniere al servicio de nuestro Señor é nuestro, que -para todo ello vos damos poder complido, con todas sus incidencias y -dependencias, emergencias, anexidades é conexidades; y mandamos al -nuestro Almirante é Jueces de apelacion é otras cualesquier justicias -de las dichas islas y tierra firme, que vos guarden y hagan guardar -este Poder, é contra el tenor y forma dél vos no vayan, ni pasen, ni -consientan ir ni pasar en tiempo alguno, ni por alguna manera, so pena -de la nuestra merced é de 10.000 maravedís á cada uno que lo contrario -hiciere. Fecha en Madrid, á 17 dias de Setiembre de 1516 años.--F. -_Cardinalis_.--_Adrianus Ambasiator._--Por mandado de la Reina y del -Rey, su hijo, nuestros señores, los Gobernadores: en su nombre, George -de Baracaldo.» - -Este fué el poder que mandó dar el Cardenal, y Adriano, Embajador, -que con el Cardenal, como se dijo arriba, gobernaba, al dicho clérigo -Casas; constituyéronlo tambien por Procurador ó protector universal -de todos los indios de las Indias, y diéronle salario por ello 100 -pesos de oro cada año, que entónces no era poco como no se hobiese -descubierto el infierno del Perú, que con la multitud de quintales -de oro ha empobrecido y destruido á España. Hiciéronse tambien los -despachos del licenciado Zuazo, que enviaron por Juez de residencia, -segun se dijo arriba, los cuales habia ordenado el doctor Palacios -Rubios como debian de ir muy ampliados y con poder muy complido, segun -la necesidad que habia de tomar cuenta á los Jueces destas Indias, en -especial de esta isla Española. Estos despachos llamaron el licenciado -Zapata y el doctor Carabajal, poderes exorbitantes, alegando que no -se debia dar tan grandes poderes ni fiar tanto de un hombre; la razon -que el licenciado Zapata, que era en ésto más antiguo y que más habia -entendido en las cosas destas Indias, y tras quien iba el doctor -Carabajal, se creyó que movia, era porque en estas, mayormente en esta -isla, tenia muchas personas que él favorecia, Jueces y oficiales del -Rey y de otras cualidades, que trabajaba de sustentar en los oficios, -y le pesaba que decayesen dellos, por algunos respetos que él se sabia -y sólo bastaba, porque todo lo que el obispo de Búrgos determinaba y -hacia, cerca de la gobernacion destas Indias, era por su parecer, y -como esta Provision nueva era contra lo que ellos con tanta ceguedad -tantos años habian sustentado, pesábale al Licenciado, como al Obispo -fué cierto della pesarle. Así que, con este título de que llevaba el -licenciado Zuazo poderes exorbitantes, no querian los dos firmallos, -por lo cual le dilataban las provisiones y despachos tanto, que de -aborrido se queria tornar á su colegio, y envió á decir al clérigo -Casas, que ya estaba de partida, que le hacia saber, que si se iba sin -que las Provisiones él hobiese cobrado, se tornaria á Valladolid de -donde no le tornaria ninguno á sacar si una vez en su colegio entraba. -El Clérigo va luégo al Cardenal, que ya creia ser el Licenciado -despachado, y díjole cómo le dilataban los despachos de dia en dia -con palabras, y como se queria tornar á su casa; luégo el Cardenal, -como era varon egrégio y que ninguno con él se burlaba, entendiendo la -cosa por los términos que iba y de dónde se derivaba, mandó llamar al -licenciado Zapata y al doctor Carabajal, y en su presencia mandóles que -señalasen todas las provisiones que pertenecian al licenciado Zuazo. -Los cuales las señalaron y pusieron cierta señal ó rasgo á sus firmas, -para que, desque viniese el Rey, pudiesen decir que las habian firmado -contra su voluntad, porque el Cardenal los habia á ello forzado. Con -ésto fué Zuazo bien despachado, aunque pesó á todos los que dolia que -á estas tierras viniesen tales despachos. Fuese el clérigo Casas á -despedir del Cardenal á y besarle las manos, y, por no dejar de hacer -cosa de todo aquello que le parecia convenir á aquellos negocios tan -pios en que Dios le habia colocado, animosamente dijo al Cardenal: -«Señor, no quiero llevar escrúpulo de conciencia sobre mí, pues estoy -ante quien soy obligado á avisar, y puede los defectos de lo que se -desea remediar: sepa vuestra señoría reverendísima que estos frailes -de Sant Hierónimo, en cuyas manos ha puesto la vida y la muerte de -aquel orbe lleno de infinitas ánimas, han dado muestra que no han -de hacer cosa buena, ántes mucho mal, porque sepa vuestra señoría -reverendísima que de tal manera se han mostrado parciales y aficionados -á los seglares que han destruido aquellas gentes, dándoles crédito á -sus palabras, dorando y excusando sus tiranías y maldades, infamando, -vituperando y aniquilando los inocentes indios, que con su muerte y -angustias y trabajos no pensados, les han dado, y sustentándolos, -que en cuanto dicen y hablan los excusan y tractan y procuran dar á -entender que llegados allá converná proveer otra cosa de lo que llevan -por vuestra señoría reverendísima mandado, y desto es testigo el doctor -Palacios Rubios, que un dia tanto hablaron con él en favor de los -dichos seglares, que el Doctor se admiró y escandalizó, y respondióles: -A la mi fe, padres, sabeis que vo viendo que teneis poca caridad para -llevar á cargo negocio tan espiritual y de tan inmensa calidad é -importancia. El cual, ántes que fuese á la Mesta, vino dos veces con -harto trabajo de su gota á hablar á vuestra señoría, é informalle de la -mala disposicion que cognoscia dellos para fialles cosa donde tanto, -si la erraban, podian errar, y de erralla habian dado ciertas señales, -para que vuestra señoría no los enviase, sino de quien se tuviese -mejor confianza; pero, como vuestra señoría reverendísima estaba á la -sazon muy fatigado de la enfermedad que estos dias pasados tuvo, se -tornó y partió para la Mesta con harta pena y cuidado.» El Cardenal, -oidas estas palabras, quedó como espantado, y al cabo de un poco -dijo: «¿Pues de quién lo hemos de fiar? allá vais, mirad por todo.» -Con ésto, besadas las manos y rescibida su bendicion, se partió para -Sevilla el clérigo Casas; los frailes ya eran idos para sus conventos: -el Prior de la Mejorada, llamado fray Luis de Figueroa, hombre harto -entendido, y el fray Bernardino Manzanedo, y por el de Sevilla, que -estaba nombrado, acordaron entre sí que fuese un fray Alonso de[1], -Prior de su monasterio de Búrgos, que llaman Sant Juan de Ortega; -llevaron consigo otro compañero, fraile viejo, no para más de para que -los acompañase, buen religioso, porque los tres solos trujeron cargo -de lo que acá se les mandaba ejecutar. El fray Luis de Figueroa, Prior -de la Mejorada, vino por superior y Prelado de los demas, en lo que -tocaba á la obediencia y cosas tocantes á su Órden. Mandóles dar el -Cardenal muy cumplidamente lo necesario y áun lo que les sobrase para -su viaje, y provision de vino y harina y otras cosas que acá no habia, -para miéntras que en estos negocios estuviesen no les faltasen para -su mantenimiento y recreacion las cosas de Castilla. Mandó asimismo -proveer de pasaje y de matalotaje y cosas necesarias para su viaje al -Clérigo, abundantemente, á costa del Rey. - - [1] En blanco en el original. - - - - - CAPÍTULO XCI. - - -Llegados á Sevilla, entendióse con diligencia por los oficiales de la -contratacion en el despacho de los padres Hierónimos y del Clérigo; -el Juez de residencia no vino en aquel viaje, sino en otro desde -á tres meses, porque no se despachó de sus cosas más presto. El -Clérigo comunicaba las veces que via convenir á los padres de Sant -Hierónimo, y dijo que queria ir con ellos en la nao que ellos iban, -por informallos á la larga de las cosas destas islas é tierra firme, -á donde tan nuevos venian, y tanta necesidad de ser informados de la -verdad, que por ser todos los demas interesados les negaban, tenian; -y finalmente, por cumplir el oficio que el Cardenal, en nombre del -Rey, le habia impuesto de informalles, y avisalles y dalles parecer en -todo lo que hobiesen de hacer. Trabajó cuanto pudo de ir en su navío, -pero ellos nunca quisieron consentillo, dándole algunas excusas y -razones, que para su descanso y consuelo (como, que no llevaria en la -nao dellos tan buen aposento como en otra que allí iba), enderezarlas -parecia; y ello acaeció así, aunque segun se creia no pretendian -ellos el consuelo del Clérigo, sino su libertad para hacer lo que -despues hicieron. Embarcóse, pues, el Clérigo en otra nao mayor que la -que los Padres llevaban, donde fué asaz muy más bien aposentado que -fuera con ellos; lo cual, cierto, él pospusiera de buena voluntad y -escogiera la estrechura, por lo mucho que iba en ello, excusando el -daño que despues al negocio todo vino; finalmente, se hicieron todos -juntos en diversas naos á la vela, en el puerto de San Lúcar, dia de -Sant Martin, que es á 11 de Noviembre año de 1516. Trujeron muy buen -viaje todos hasta la isla de Sant Juan, y estuvieron en el Puerto-Rico -cuatro ó cinco dias, y porque la nao en que venia el Clérigo traia -cierta mercadería para dejar en aquella isla, y se habia de detener -por esta causa catorce ó quince dias, díjoles que se queria pasar á la -suya, sóla su persona, para entrar con ellos en este puerto y ciudad -de Sancto Domingo, que dista de aquel camino de dos ó tres dias, -asignándoles las causas porque mucho convenia para efecto del oficio y -negocio que traian, pero nunca quisieron, y así llegaron á esta isla, -ciudad y puerto de Sancto Domingo, ántes que el Clérigo trece dias. -Pudieran colegir los dichos Padres, los dias que en aquella isla de -Sant Juan estuvieron, claros argumentos de las obras que los españoles -acostumbraban ejercitar en los indios, por dos cosas que allí vieron; -la una, que un vizcaino, llamado Joan Bono (á quien no le pertenecia -más el bono que al negro Joan Blanco, famoso pirata y salteador y -robador de indios), habia pocos dias venido al dicho Puerto-Rico de -hacer un salto en la isla que llaman de la Trinidad, que está junto á -la tierra firme de Paria, de la cual mucho dejamos arriba asaz dicho. -La gente desta isla de la Trinidad era gente muy buena y enemiga de -los que comian carne humana, que llaman caribes. Y fué desta manera, -qué llegado á la isla de la Trinidad con un navío, y creo que 50 ó 60 -españoles muy ejercitados en ofrecer á Dios semejantes sacrificios, -salieron los indios, vecinos de la dicha isla, del pueblo que por allí -estaba, con sus armas, que eran arcos y flechas, preguntando qué gente -eran y á qué venian ó qué querian. Respondió Joan Bono, que eran gente -de paz y buena, y que venian á vivir é morar con ellos. Los indios, -como gente llana y pacífica, y tambien demasiadamente crédula y no -recatada, como debiera ser, en especial teniendo noticia de grandes -crueldades, saltos é insultos que los tiempos pasados, luégo que el -Almirante primero los descubrió, y despues muchas veces, como arriba -parece en el primer libro, y pocos dias pasados, sus vecinos habian -padecido de los españoles, dieron crédito á las palabras de Joan Bono, -diciendo: «Pues si no venís á más ni quereis otra cosa sino morar -con nosotros, plácenos dello y luégo haremos casas en que vivais.» -Ordenan luégo de les hacer casas, pero Joan Bono, para lo que pensado -y determinado traia, no tenia necesidad de casas sino de sóla una que -fuese grande, la cual hicieron á su manera, de forma de campana, donde -cupieran y pudieran vivir cien personas, cuanto al enmaderamiento de -palos posteles, y varas y latas muy tejidas, en breves dias; restaba -cubrilla toda de paja muy bien puesta por defuera, la cual hay en estas -Indias hermosa y odorífera y sana, que es maravilla. Cada dia de los -que allí estuvieron eran servidos de los indios, de comida, pescado, -y pan y frutas, y de todo lo que tenian y de cuanto les pedian, como -si todos fueran sus señores ó sus hijos. Dió priesa, pues, Joan Malo -que la cubran, y ellos, que de muy buena voluntad lo hacian, se la -daban en cuanto podian con gran regocijo, y llegando á dos estados -desde el suelo de cubertura, que ya no podian ver los de dentro á los -que estaban fuera, tuvo cierta industria Joan Bono y sus consortes, de -convocar toda la más gente del pueblo, hombres y mujeres, que viniesen -y entrasen dentro á ver lo que se hacia; los cuales entrados, que -serian segun estimo más de 400, con mucho placer y alegría, cercan toda -la casa por defuera algunos de los nuestros con sus espadas sacadas, -y Joan Bono con ciertos dellos entran por la puerta con las suyas -desenvainadas, diciéndoles que no se moviesen sino que los matarian. -Los indios desnudos, en cueros, viendo las espadas, temiendo ménos -la muerte que el captiverio, arremeten con gran ímpetu á la puerta, -metiéndose por las espadas, por salvarse como quiera que fuese, y á sus -mujeres é hijos. Joan Bono, y todos los que con él estaban, desbarrigan -cuantos podian, á unos tendian con estocadas, á otros cortaban brazos, -á otros piernas, y á otros lastimaban con terribles heridas. Alguna -gente de los hombres y de las mujeres y niños que allí estaban, que no -forcejaron á salir, viendo la sangre de los que allí caian, estuvieron -tremebundos esperando la muerte, creyendo que en aquello pararian, -dando terribles alaridos, pero no pararon sino en maniatallos para -los traer por esclavos, que era el fin de Joan Bono y de su cofradía; -y creo que fueron los que allí ataron y llevaron al navío 185. De -los hombres que de la mortandad y cuchillo de la casa se escaparon, y -de otros que no habian ido á ella que estaban en sus casas ó por el -pueblo, y serian hasta 100, vista la traicion crudelísima que Joan -Bono habia urdido, tomaron sus armas y recogiéronse á una casa de -las suyas (y háse de entender que todas eran de paja, y ellos todos -en cueros desnudos), para se defender que no los matasen ó llevasen -captivos; fué á ellos Juan Bono diciéndoles que saliesen, que no los -matarian, ellos, entendiendo que los habia de captivar, defendieron la -puerta réciamente, que no entrasen, con sus flechas y arcos. En fin, -viendo Juan Bono que no tenia remedio para los maniatar, acordó de -cumplidamente pagalles el hospedaje y buen tratamiento que dellos habia -rescibido, y así mandó pegar fuego á la casa donde estaban los cien -hombres, en la cual, con las mujeres y niños que en ella demás habia, -fueron quemados vivos. Recogióse al navío con los 180 que habia preso, -tan de buena guerra como queda dicho, y alzadas sus velas vínose por la -dicha isla de Sant Juan y vendió en ella los que quiso, y de allí con -los demas á esta isla, donde hizo lo mismo, y cuando allí llegaron los -padres Hierónimos era él recien llegado desta, y dél supe y de su misma -boca oí lo que aquí escribo. Sabido ésto por el Clérigo, refiriólo á -los Padres con harto dolor de su corazon, y mancilla, pero poco los -movió para lo reprender ni para que despues proveyesen á los males que -cada dia contra estas tristes gentes se cometian, y es cosa de notar -y áun de llorar lo que pasó al clérigo Casas con el dicho Juan Bono, -riñéndole aquel abominable hecho, porque de ántes era su cognoscido. -Confesaba el mismo Juan Bono que en su vida habia hallado padre y -madre sino en la isla de la Trinidad, segun el buen acogimiento, y -hospedaje, y obras, y con tanto amor y voluntad hechas que de aquella -gente habia rescibido, y reprobándole su inaudita ingratitud el -Clérigo, díjole: «Pues, hombre perdido, si tales obras de padre y madre -dellos rescibistes, ¿por qué cometistes en ellos tan ingrata maldad -y crueldad?» Respondióle Juan Bono: «A la mi fe, padre, porque así -me lo dieron por destruicion, conviene á saber, que si no los pudiese -captivar por paz que los captivase por guerra»; llamaba destruicion -á la Instruccion que los Oidores desta Audiencia desta ciudad le -dieron para que fuese á saltear indios de las islas y tierra firme. Y -esta era la justa gobernacion con que los Oidores desta Chancillería -procuraban el bien universal destas gentes y tierras, y todas las -otras Chancillerías que despues se pusieron por todas estas Indias -fueron iniquisísimas, destruyéndolas, como parecerá, por ésta y por -otras muchas detestables maneras. La otra cosa que acaeció en aquella -isla de Sant Juan, de donde los padres de Sant Hierónimo pudieran bien -argüir la tiranía mortífera que de los españoles los pobres indios -padescian, fué que uno de los que se ponian por Visitadores en cada -pueblo de españoles para los indios, que arriba en el libro II, ser -el cruel verdugo que más cruelmente azotaba y afligia los indios, -dijimos, aunque era el principal vecino del pueblo, porque vino el -tirano Comendero á quejarse de un indio, ó porque no le servia bien, ó -porque se le habia huido de los trabajos que se le daba, como huye la -vaca ó el buey de la carnecería, dióle tan crueles azotes, amarrado á -un poste, como si los diera á un su cruel enemigo, que cuasi lo dejó -medio muerto. Oyó los azotes el Clérigo, porque pasaba por allí; fué -allá luégo, y, con vehemente compasion y autoridad, increpa al cruel -Visitador la injusticia que hacia, el cual todo confuso ninguna cosa le -osó decir, pero quitado el Clérigo de allí, creo, si no me he olvidado, -que tornó á azotar al indio. Todo ésto constó á los Padres, y debiera -bastar para comenzar á informar sus ánimos y estar sobre aviso para no -se dejar persuadir de los que, sin ninguna duda, eran ciertos capitales -enemigos de los indios; cuanto más que sobraba testimonio, pues lo que -era notorio al mundo ellos ya sabian, conviene á saber, haberse asolado -estas islas y parte de tierra firme por aquellas obras y caminos. - - - - - CAPÍTULO XCII. - - -Por este tiempo y año de 1516, no olvidaban los españoles que tenian -cargo de consumir la gente mansísima de la isla de Cuba, de procurar -ir á despoblar otras comarcanas y lejanas, trayendo los vecinos y -naturales dellas á ella, como vian que con la priesa de sacar oro se -les iban muriendo los que allí oprimian, por la misma manera que se -habia usado en esta Española, que, viendo que se acababan los vecinos -de ella, inventaron hacer armadas para saltear los que llamaban -Lucayos, de que asaz hemos arriba hablado. Así, los españoles que en -Cuba vivian, siguieron el dicho trillado camino, juntándose tres ó -cuatro, más ó ménos, segun los dineros alcanzaban, que, de la sangre -de los indios que allí habian muerto y mataban, esprimian, y aparejada -una, ó dos, ó tres carabelas ó navíos, iban y enviaban (y Diego -Velazquez, que la isla gobernaba, dándoles larga licencia para ello), -á las islas de los Lucayos y otras, á saltear y traerlos cargados de -indios, que estaban en sus tierras y casas, quietos y pacíficos. Entre -otras armadas hicieron una, en la cual acaeció lo siguiente: Salieron -del puerto de Santiago de Cuba un navío y un bergantin con hasta 70 -ó 80 españoles, por la parte de la isla que llaman del Sur, abajo, y -navegando hácia la tierra firme, y cuasi al rincon ó ensenada que hace -la tierra y punta de Yucatán (puesto que no vieron tierra ninguna), -llegaron á unas isletas que, segun en el segundo libro dijimos, -descubrió el primer Almirante año de 502 ó de 503 (aunque pensaron -estos ser dellas los primeros descubridores), que se llamaban Guanajes -ó de los Guanajes, y creo que son dos isletas ó tres que así se llaman. -Llegados á ellas, y estando la gente dellas descuidada y segura, saltan -los españoles en la una, y muertos los que pudieron con las espadas -y lanzas que llevaban, prenden della toda la gente que pudieron, y -despues van á la otra y hacen otro tanto, y cargado el navío de gente, -cuanta haber pudo, vuelvénse á la isla de Cuba con intencion de tornar -por el resto de la gente que en las dichas islas quedaba. Dejaron 25 -españoles en ellas, con el bergantin, para que rebuscase y guardase la -gente que más hobiese, hasta la vuelta del navío que aquellos llevaban; -el cual, llegado á la isla de Cuba y puerto de Carenas, que ahora -llamamos de la Habana, saliéronse cuasi todos los españoles á holgar en -tierra, quedando dellos ocho ó nueve á guardar el navío y los indios, -que debajo de la escotilla y de cubierta sin ver luz ninguna estaban, -los cuales, como debian sentir su infortunio y no dormir todo el -tiempo, sino estar sobre aviso, advirtiendo que arriba, sobre cubierta, -no sonaban tantas pisadas ni oian tanto estruendo, entendieron haberse -salido la gente á tierra y quedar el navío sólo ó con pocos, por lo -cual trabajaron de forcejar contra la escotilla, que es la portezuela -ó agujero cuadrado por donde se sale y entra de abajo arriba, y, -ó quebraron la cadena delgada que tener suele, ó sin quebrarla la -quitaron, sin que ocho ó nueve marineros, que habian quedado á -guardar el navío, porque dormian ó estaban descuidados, lo sintiesen. -Finalmente, salieron todos los indios que estaban abajo y matan á -todos los marineros, y como si toda su vida fueran experimentados en -aquel oficio de navegar, cosa maravillosa, nunca otra así vista en -una gente desnuda, sin armas, estimada dellos siempre y menospreciada -por bestial é inculta, alzan á su placer sus anclas del navío, suben -harto más ligeramente por la jarcia que los marineros, y sueltan sus -velas y comienzan á navegar derechos á sus islas, que distan de allí -más de 250 leguas. Los marineros y gente española, que se holgaban -paseándose por la ribera, desque vieron tan desenvuelta y ardirmente -alzar las anclas y tender las velas y guiar el navío como si ellos -todos estuvieran dentro, espantados comienzan á capear y dar voces, -creyendo ser los compañeros, llamándolos y diciendo si habian perdido -el seso, pero desque vieron los muchos indios que andaban tan ligeros -echando mano de las cuerdas y aparejos y guiando el navío por el mismo -camino donde vinieron, comenzaron á entender que aquello era por mal -de los compañeros, y que los indios los habian muerto, y se iban para -su tierra, los cuales estuvieron mirando hasta que desparecieron; los -cuales, no supimos en cuantos dias, pero llegar á ella, como si fueran -muy pláticos marineros que se rigieran por el aguja y carta de marear, -fué cosa cierta. Llegados á su isla, hallaron los 25 españoles bien -descuidados de ver el navío sin cristianos, dieron los indios en ellos -con gran esfuerzo, con las lanzas y palos y piedras que en el navío -estaban, y pelearon los unos con los otros, y, descalabrados muchos de -ambas partes, al cabo los indios prevaleciendo contra los 25 españoles, -y los españoles viéndose apretados y que no los podian resistir, -acordaron de se recoger al bergantin que les habia quedado, y huir la -costa de la mar abajo, y, para dejar memoria de sí cuando españoles -viniesen, en un árbol, que estaba junto á la lengua del agua, con un -cuchillo hicieron una cruz impresa quitando la corteza del árbol, y -unas letras que decian «Vamos al Darien.» Tornando, pues, atras un poco -desta historia, como Diego Velazquez supo que los indios habian muerto -los ocho españoles y alzádose con el navío, proveyó luégo de armar dos -navíos con los españoles que le pareció que bastaban para que fuesen -tras los indios alzados, y socorrer á los 25 que habian quedado en -la isla, que habian puesto por nombre Sancta Marina, y porque desde -allí descubriesen otras islas y tierras de donde nuestro Señor y Sus -Altezas, diz que, fuesen servidos, trayendo los indios de ellas al -cognoscimiento de nuestra fe católica. Estas son palabras del mismo -Diego Velazquez en una carta que escribió al almirante D. Diego Colon, -cuyo traslado yo tengo. Con estas palabras y con esta color baptizaba -Diego Velazquez y los otros tiranos han baptizado sus execrables -tiranías y ambiciones y cudicias, no haciendo cuenta ni advirtiendo las -ánimas que echaban de los indios á los infiernos, con las muertes y -estragos que en ellos hacian, la infamia de la fe y religion cristiana, -los grandes escándalos y alborotos que por todas aquellas regiones con -sus violencias sembraban, en las gentes humildes, mansas y pacíficas, -las injusticias que cometian sacándolas de sus tierras y casas y -llevándolas á otras tan lejanas y desproporcionadas de las suyas, -captivas, donde al cabo todos sin escapar uno perecian. Estos eran los -servicios que á Dios y á Sus Altezas, y la conversion á la fe católica -de aquellas gentes, con su gran celo Diego Velazquez y los demas -ofrecian. Así que, sabido el alzamiento con el navío de los dichos -indios, proveyó Diego Velazquez dos navíos y gente española en ellos, -los cuales, llegados á la isla, vieron la cruz y letras en el árbol -esculpidas, y sin más parar fueron en busca de los 25 españoles de isla -en isla hasta una á que pusieron por nombre Sancta Catalina, cerca -de la cual, entre unas peñas que llaman arracifes, hallaron quemada -la carabela ó navío con que se habian alzado los indios. Saltaron en -la isla para servir á Sancta Catalina, cuyo nombre le habian puesto, -y pelean con los vecinos y moradores della, y, muertos los que matar -pudieron, captivan todos los que prender pudieron, y de aquella pasan á -otra isla que se nombraba Utila y hacen otro tanto, por manera que de -ambas á dos captivaron hasta 500 personas, y, repartidas en ambos á dos -navíos, metiéronlas debajo de cubierta, cerrada la puerta ó escotilla. -Hecha esta egrégia hazaña, y della ellos muy contentos y favorecidos, -sálense á pasear y holgar en la isleta para luégo se partir para la de -Cuba no poco ricos; los indios que estaban presos en la una carabela, -sintiendo que habian quedado en ella pocos españoles, tuvieron manera -de, urgando y forcejeando, quebrar ó desviar el escotilla, y comenzaron -á priesa y con ímpetu á salirse por ella. Viéndolos los españoles -acuden de presto á ellos con sus armas y palos, diciéndoles, y dando -en ellos golpes, que no saliesen; pero los indios con gran esfuerzo, -no curando de su consejo y fuerza, salen y dan en ellos con palos y -piedras que sacaban de debajo de cubierta consigo, y con tanto ánimo -y fuerzas y perseverancia pelearon con ellos, que, no los pudiendo -los españoles sufrir, se echaron la mitad dellos á la mar y á la otra -mitad mataron los indios, quedando el navío del todo por los indios; -y apoderados dél echan mano luégo de todas las lanzas y rodelas y -las demas armas que en él habia, y aparéjanse para se defender. La -gente española que estaba holgándose en tierra, sintiendo y viendo lo -que pasaba en el navío, diéronse priesa á se recoger en el otro, y -arribando sobre él comenzáronlo á combatir y pelear con los indios; -los cuales se defendian y peleaban con tanto esfuerzo y fortaleza, así -las mujeres como los hombres, con arcos y flechas, lanzas y rodelas, y -piedras, más de dos grandes horas, que los españoles quedaron admirados -y harto cansados y descalabrados. Pero prevaleciendo los españoles -contra los indios, y los indios viéndose maltractar y que caian muertos -muchos dellos, echáronse todos los hombres y muchas de las mujeres á -la mar. Recogieron todas las mujeres que pudieron con las barcas, y de -los hombres algunos se salvarian, é irian á tierra nadando, y tambien -es de creer que matarian algunos; y finalmente, cobrado el otro navío, -y con ambos y obra de 400 personas, mujeres y hombres que pudieron -prender ó retener de los que habian salteado, y más 20.000 pesos de oro -bajo, dieron la vuelta y llegaron á la Habana. Todo ésto refiere Diego -Velazquez en la carta que arriba se dijo, que destos casos escribió -al Almirante. Por estos acaecimientos asaz se convence y confunde la -malicia y falsedad de los que á estas gentes miserandas de bestias -infaman, pues por ellos parece de cuánta industria, y sagacidad, y -prudencia, y esfuerzo en las peleas en ambos á dos casos usaron para -librarse de tan injusto captiverio, y cómo, si tuvieran tales armas -como nosotros, aunque desnudos en cueros, de otra manera nos hobiera -sucedido el entrar en sus tierras y reinos matando y captivando y -robando, como habemos siempre por nuestros pecados entrado; pero -porque las hallamos desnudas y sin alguna especie de armas, que para -contra las nuestras valiesen algo, las habemos así talado y asolado, -y no por falta de no ser hombres bien capaces y bien racionales y -esforzados. - - - - - CAPÍTULO XCIII. - - -Tornando á proseguir la historia de los padres de Sant Hierónimo, -partiéronse de la isla de Sant Juan y llegaron á esta isla y puerto -de Sancto Domingo, trece dias ántes que el Clérigo. Hízoseles gran -rescibimiento por los Oidores ó Audiencia, y por los oficiales del -Rey, cuyo principal era el tesorero Miguel de Pasamonte, de quien -arriba hobimos dicho ser persona de mucha prudencia y autoridad. -Todos, los unos y los otros, eran personas muy entendidas, marcadas y -regatadas, y así supieron con lisonjas y artificio de palabras ganar -la voluntad de los Padres, y, entendido á lo que venian, representando -sus servicios, como si hobieran sido algunos, sus necesidades, y como -la tierra no podia sustentarse sin tener los españoles los indios, -dando para ello muchas razones como las que siempre dar acostumbraron, -apocando y deshaciendo los indios, diciendo que si los soltaban no -sabrian trabajar para se sustentar (como si los pecadores los hobieran -mantenido ántes que á estas tierras viniesen desde España, ó si los -hallaran cuando á ellas vinieron muriendo de hambre, y no ántes á -ellos millares de veces se la hobieran matado), los Padres los oian -de muy buena gana, y les tenian todo buen respecto y hacian todo buen -acatamiento, y finalmente, les daban y dieron grande crédito, y ellos -ganaron á los Padres la voluntad; y de tal manera supieron ganársela, -que ganaron que no se pusiese en ejecucion la Cédula que traian de -quitarles los indios, que ellos más que otros oprimian y mataban, y -así se quedaron con ellos hasta que los acabaron. La Cédula en que -se les mandaba que los quitasen á los del Consejo y otras personas -que en Castilla ó en la corte residian, no pudieron disimular que no -la ejecutasen. Llegó, pues, á este puerto y ciudad el Clérigo, trece -dias pasados, hallando los oidos y áun voluntades de los Padres por -aquello bien ocupadas y ganadas; visitábalos muchas veces, hablábales -lo que convenia á la libertad y conservacion de los indios, traíales -personas que vian los malos tractamientos que á los indios se hacian -oíanlos los Padres, pero ninguna cosa comenzaban ni se determinaban. -Una vez vino al clérigo Casas un clérigo que habitaba en las minas que -llamaron de los Arroyos, cinco ó seis leguas desta ciudad de Sancto -Domingo, y díjole de lástima que supiese que los indios allí eran -mal tractados, y que los habia visto enfermos de los trabajos de las -minas y echados en el monte ó en el campo, cubiertos de moscas, sin -que ninguno los curase ni hiciese caso dellos, y que así los dejaban -morir los que los tenian encomendados. El clérigo Casas tomó de la -mano al otro clérigo que desto le avisaba, y llévalo á que lo dijese -á los Padres, lo cual oido y bien explicado comenzaron los Padres á -poner duda en lo que el clérigo les referia, y á dorar y excusar la -crueldad é inhumanidad de los tiranos que la obraban. El clérigo, que -parecia bueno y de compasion pura venido habia, ó al ménos mostrábalo, -á avisar al clérigo Casas, entendiendo que para procurar por los indios -habia sido enviado, respondió á los Padres algo libremente, más que oir -quisieran: «¿sabeis Padres reverendos, qué voy viendo? que no habeis -de hacer á estos tristes indios, más bien que los otros Gobernadores.» -Dichas éstas palabras, salióse, y ellos quedaron, á lo que pareció, -harto tristes y aún confusos. Como el clérigo Casas insistiese con -los Padres que se quitasen los indios á los Jueces y oficiales y á -los demas, y pusiese en ello todo su conato para que consiguiesen -su libertad, como traian mandado, pareció que padecia peligro de su -persona por los muchos enemigos que por esta causa cobraba; por temor -de lo cual los religiosos de Sancto Domingo se movieron con caridad á -rogalle que se viniese á posar á su monasterio, y él lo aceptó, donde -le dieron un buen aposento, segun ellos lo tenian de sanctos pobres, -llano y moderado, porque así edificaron al principio aquella casa. Allí -estuvo, al ménos de noche, seguro el padre Casas. Desde á dos ó tres -meses llegó á esta ciudad el licenciado Zuazo, Juez de residencia, -presentó sus poderes, fueron rescibidos y obedecidos, mandó apregonar -la residencia y comenzóla á tomar; y porque el clérigo Casas tenia por -muy culpados á los dichos Jueces, como en la verdad lo eran, en haber -consentido destruir las islas de los Lucayos, salteando y prendiendo -con grandes crueldades las inocentísimas gentes moradores dellas, -trayendo á esta isla, donde todas perecian, los navíos llenos de -ellas, muchos años, y no sin sospecha de que tenian los mismos Jueces -parte en las mismas armadas que para traellos se hacian, púsoles una -terrible acusacion, hecha su protestacion, como á reos y homicidas y -causa de todo ello, y, segun ella fué, no se creia por los que bien -las cosas entendian, sino que fueran condenados á muerte, la cual, -sin alguna duda, muy bien merecian. Pero pocos de los malos jueces y -que tiránicamente gobiernan, vemos por los que les toman residencia -sentenciados á muerte, y en los ménos secutada la sentencia. Desta -acusacion pesó muy mucho á los padres Hierónimos, y de todo lo que -cerca desta materia el clérigo Casas hacia, no por otra razon, se -creyó, sino por el amor que ya les tenia, ó quizá porque no querian que -se supiesen las crueles tiranías pasadas, porque no pareciese ser mayor -su obligacion para quitar los indios, lo cual parecia que era lo ménos -que pretendian, no se supo con qué espíritu; y, empero, por otra causa, -cierto, acá no venian ni vinieran sino para poner en libertad y remedio -los indios, como arriba queda visto. Pidieron parecer á los religiosos -de Sancto Domingo, y creo que tambien á los de Sant Francisco y á los -dichos Jueces y oficiales del Rey, sobre si quitarian los indios; el -parecer que darian los Jueces y oficiales del Rey, manifiesto es cuál -sería; el de los Franciscos, porque habia entre ellos pocos letrados y -ménos cognoscimiento y advertencia de la gravedad de las injusticias -que los indios habian padecido y padecian, y disminucion que cada -hora en ellos habia, y porque los dias pasados fueron contrarios de -los Dominicos, por favorescer á los españoles, con harta ceguedad que -tuvieron, como arriba se dijo, no se creyó que fuese cual segun Dios -ser convenia. El de los Dominicos fué el que se sigue. - - - - - CAPÍTULO XCIV. - - -El Prelado de la casa que por entónces allí presidia, el cual despues -fué obispo de Panamá, impuso, y mandólo en virtud de sancta obediencia, -al padre fray Bernardo de Sancto Domingo, uno de los tres que trujeron -la Órden á esta isla el año de 10, segun que arriba en el segundo libro -queda escripto, el cual era el que más entre los otros en las letras -resplandecia, que escribiese lo más compendiosamente que fuese posible -aquello que Dios le inspirase cerca de la materia, para complir con -el parecer que los padres Hierónimos pedian. Este siervo de Dios, que -cierto lo era, púsose á escribir, y creo que en tres dias comenzó y -acabó un tractado en latin, de obra de dos pliegos de papel, al ménos, -que impreso en molde á más no llegaría, en el cual, muy complida, -puesto que sucinta y compendiosamente, puso la sustancia del negocio, -la horrenda iniquidad del repartimiento ó encomiendas, y la crueldad -de los españoles, los daños de los cuerpos y de las ánimas de los -indios, y los pecados y mal estado de los que los oprimian con toda la -injusticia y tiranía que contenian; esto comprendió, explanó, probó -y declaró, moviendo tres cuestiones, tratándolas y disputándolas, -poniendo los argumentos en contrario, determinando la verdad, y -respondiendo y evacuando todo aquello que contra ella cualquiera docto -oponer podia. Fué pues la primera cuestion, si aqueste modo de gobernar -los indios repartiéndolos y encomendándolos á los españoles fué hasta -entónces lícito, y si los pudieron tener los españoles sin pecado -mortal, salva conciencia. La segunda, si añadido el remedio de las -leyes que se hicieron en Búrgos el año de 12, se hizo más que de ántes -lícito, ya que se diga que lo primero sin aquellas leyes no era lícito. -La tercera cuestion era, ya que todavía se dijese que aquellas leyes -no suplian los defectos y daños que los indios padecian, si añadidas -todas las otras cosas que pareciesen necesarias y convenientes para -impedir los agravios y daños de los indios, y poner el total remedio -para ello, con tanto que siempre quedasen repartidos y en poder de los -españoles, sería lícito y, salvas las conciencias, podrian sin pecado -tenellos. A la primera cuestion, supuestos ciertos fundamentos del -Filósofo y de Sancto Tomás, de que cualquier gobernador debe tener fin -á hacer sus súbditos buenos, y Cristo fué sobre todos Sumo gobernador, -y vino á hacer los hombres buenos, y, por consiguiente, cualquiera -cristiano gobernador es obligado á seguillo en cuatro cosas: la -primera, en hacer que los súbditos cognozcan á Dios, y sean instruidos -y ejercitados en su divino culto; la segunda, en que tenga paz; la -tercera, en que guarden justicia unos con otros; la cuarta, en curar de -la multiplicacion de los hombres, por lo cual fué instituido y aprobado -el matrimonio, y prohibidos los homicidios; los cuales supuestos, -responde con esta conclusion: Aquel modo de gobernar los indios por -repartimiento y encomiendas fué hasta entónces ilícito, y no se pudo -tener sin pecado mortal. Prueba la conclusion con una razon general, -que es, porque pone aquel modo de gobernar en mal estado y en pecado -mortal á los gobernadores, y á los comenderos, y á los estancieros y -mineros, y á los confesores que en aquel estado los absolvian. Prueba -lo de los gobernadores con esta razon: Aquel modo de gobernar hombres -que disminuye, y consume, y destruye los gobernados y sufre manifiestos -adulterios, estupros, incestos manifiestos, matrimonios de otros ritos -contrarios del de Cristo y su Iglesia en los hombres baptizados, -item, muertes de muchas criaturas que mueren por secársele la leche -á las madres y otras que las mismas madres las matan en los vientres -de desesperadas, con otros muchos daños y males, todo lo cual, es -contra la intencion principal de Jesucristo, Sumo y justo gobernador, -y contra los mandamientos de su ley; luégo el tal modo de gobernar -hombres, es y fué, y siempre será, ilícito, y por consiguiente, pone -los gobernadores en mal estado, que es decir que siempre viven y están -en pecado mortal, y dignos de la eternal dañacion. La razon es, porque -los tales gobernadores son obligados, de precepto divino, á quitar tal -gobernacion como destruidora de los gobernados, y poner la contraria, -como parece por los supuestos y fundamentos dichos. Que fuese verdad -que por el repartimiento y encomiendas de los indios, dadas á los -españoles, pereciesen todos y incurriesen los dichos daños y males, -probólo desta manera, porque la primera vez que los indios desta isla -Española se contaron, dijo que se habian hallado haber en ella un -millon y cien mil vecinos, y que cuando los mismos frailes de Sancto -Domingo vinieron á esta isla, que fué el año de 10, dijo que se habian -contado todos dos veces y no se hallaron sino 46.000, y despues pocos -años adelante, fueron tornados á contar y halláronse 16.000, y que al -tiempo que este tractado escribia no habia sino 10.000. De las otras -islas lo mismo probaba, como de la isla de Sant Juan, en la cual dice -que sin número habian perecido y perecian; lo mismo en la de Jamáica, -de la cual la mayor parte habian muerto; en la de Cuba, señaladamente, -dice haber perecido niños sin número, y ésto bien lo sabia él, porque -estuvo en ella á la sazon. De los traidos de otras partes á esta -Española, dice haber muerto innumerables millares, dellos de haber -metido á espada haciéndolos pedazos en sus tierras, salteándolos por -traellos á ésta; y muertos de hambre, dice, haber sido grande multitud, -y dijo gran verdad, y lo mismo de niños que no se cuentan y nadie los -podria contar. Otras muchas islas, vecinas y lejanas desta Española, -dice ya ser despobladas y asoladas, y en ésta ya no hay que contar. De -los otros daños y desórdenes, cuenta cómo no curaban los españoles, -que los tenian encomendados, que estuviesen los indios casados ó -amancebados ó ayuntados con sus parientas y consanguíneas ó afines, -ántes ellos mismos se las daban por mujeres, las que, sin ninguna -diferencia ni escrutinio, segun se les antojaban, y cuando querian, -se las quitaban y las daban á otros; y así los llama sacerdotes de -los diablos. Refiere más otros agravios que hacian á los indios, -tomándoles sus mujeres y sus hijas y las tenian por mancebas, y por -otras mil vías los oprimian y fatigaban, todo lo cual era notísimo á -los gobernadores, y ninguna cosa dello ignoraban ni podian ignorar; y -así concluye, que aquel modo de gobernar los indios, encomendándolos -á los españoles, era ilícito y tiránico, y por consiguiente los -gobernadores que lo sostenian estaban fuera del estado de salvacion -y en pecado mortal, y en este estado metia á los reverendos padres -Hierónimos. Que estuviesen lo mismo en mal estado los comenderos, -pruébalo contando diez cosas en que los españoles comenderos eran -obligados á complir con los indios, las cuales, ni complian, ni les -era posible aunque se obligaban á complillas. Una era la comida -necesaria para que pudiesen vivir, y, segun los trabajos grandes en -que los ponian, que fuese de sustancia, como de carne, y no de hierbas -ó raíces como les daban, y, segun el número, suficiente, tantas veces -al dia como convenia para los que todo el dia sin resollar trabajaban. -Lo segundo, á curallos en sus enfermedades de médico y medicinas. Lo -tercero, camas en que duerman conforme á la enfermedad. Lo cuarto, -á dalles la comida guisada, como para enfermos, cuando lo están. Lo -quinto, á los vestir para cobrir sus carnes, á hombres y mujeres, y á -los niños y viejos, segun lo que á cada persona conviniere, puesto que -ellos, por ser la tierra caliente y como infieles, no se vistiesen, -porque la honestidad cristiana no sufre andar los hombres y mujeres -desnudos. Lo sexto, á les dar calzado conforme á la necesidad y -honestidad susodicha. Lo sétimo, á dalles camas conforme á la tierra, y -no el suelo. Lo octavo, á dalles casas en que se metan, en las minas y -en las estancias. Lo noveno, á les dar el trabajo moderado, y no como -le daban noches y dias, fiestas y no fiestas, y no á llevar mujeres -y viejos y niños á las minas y á los otros trabajos. Lo décimo, á -dalles cognoscimiento de Dios, y enseñalles la doctrina cristiana, -y encaminalles en la vida de salvacion, de la cual padecen extrema -necesidad; y por ser extrema, porque sin ella se iban todos á los -infiernos, eran obligados á dársela, aunque por dársela hobiesen de -perder las vidas, si de otra manera no se la pudiesen dar. Todas estas -diez cosas, pertenecientes á la salud y vida de los cuerpos y ánimas de -los indios, probó aquel padre fray Bernardo en el dicho tractado, ser -obligados los españoles, y deudores á darlas á los indios por deuda y -obligacion de justicia y de caridad, y así, cierto, es verdad. Probó -tambien serles imposible dárselas, y obligábanse, empero, á se las dar, -porque puesto que algunas dellas en singular fuesen posibles, pero las -más ni singularmente ni todas juntas podian dárselas, como eran los -mantenimientos suficientes para tan grandes trabajos como padecian, -y los médicos y medicinas, y sobre todo la doctrina cristiana, y -administracion de los Sacramentos, y ejercicio del culto divino, de -todo lo cual ellos se constituian curas, no sabiendo para sí de las -cosas de la fe y religion cristiana lo necesario para su salvacion; -y así concluyó que los gobernadores y los comenderos eran obligados -á dejar los indios en su libertad, quitando aquel modo tiránico de -gobernacion que los habia consumido y consumia, porque no lo dejando -estaban en estado de eternal dañacion. El tercer género de hombres que -la dicha manera de gobernar ponia en mal estado eran los mineros, que -eran los españoles que ponian para que hiciesen trabajar los indios en -las minas, uno para 30 ó 40 indios, y los estancieros que los hacian -trabajar en las estancias ó cortijos del campo y todas granjerías. -Probábalo por esta razon: ninguno puede ganar sueldo, ni ejercitarse ó -servir á otro en servicio y oficio ilícito y prohibido por la ley de -Dios, sin que peque mortalmente y así esté en contino pecado mortal; -puédese poner ejemplo en los que sirven á los logreros en ayudarlos en -dar los dineros á logro, y los que sirviesen y ayudasen á los ladrones -y robadores, llevándoles y poniéndoles las escalas y cosas semejantes; -pues tener los indios de la manera dicha encomendados, es prohibido y -contra la ley de Dios, y pone los gobernadores y amos, comenderos, en -estado de eternal damnacion, luégo los mineros y estancieros que los -sirven en aquel oficio y ministerio, y llevan su parte de aquello mal -adquirido, pecan mortalmente y están en estado de eternal dañacion. -Y, cierto, es así, porque aquellos eran los verdugos crueles que -inmediatamente destruian y destruyeron todos, los indios destas islas, -por las crueldades con que los tractaban, dándoles incesables trabajos, -y con ellos azotes y palos, y con otras mil maneras de vejaciones, y -así fué, y es donde aún en estas Indias los hay, á estima y dicho de -todos, el más infame género de hombres que jamás se cognosció, que -parece que Dios, por su divino juicio, quiso en pago de su impiedad -hacellos á boca y estima de todos vituperables y menospreciables. Dió -el dicho Padre otra razon de su mal estado, porque trayendo mujeres -indias en los trabajos se ponian en peligro de pecado mortal, y, por -consiguiente, pecaban mortalmente solamente por ponerse á peligro de -con ellas pecar, cuanto más que nunca estaban sino amancebados, no con -una sino con muchas, donde no faltaban feísimos adulterios y otras -especies de aquel pecado. El cuarto género de hombres, que aquel modo -de gobernar los indios, encomendándolos á los españoles, ponia en -estado de pecado mortal, era los confesores, porque ninguna duda hay -que el confesor que absuelve al que tiene oficio de pecado mortal, no -lo dejando, y por él está en estado de dañacion, que peca mortalmente, -y no enmendándose sino que está aparejado para los tales absolver, -que está en mal estado; pues muchos confesores, y áun todos en aquel -tiempo, absolvian á los gobernadores y á los comenderos, y á los -mineros y estancieros, sin escrúpulo alguno, cuantas veces querian, sin -los unos ni los otros tener propósito ni pensamiento de se enmendar, -luégo los confesores de los tales pecaban mortalmente y estaban en -estado de pecado mortal. Todo ésto trujo el dicho padre fray Bernardo, -para cumplir con la primera cuestion, que fué, ser aquel repartimiento -ó encomiendas de indios á los españoles pésima é inícua gobernacion -y digna de fuego eternal. A las otras dos cuestiones respondió docta -y cristianamente, probando, que ni con las leyes que se hicieron el -año de 12, ni con las que demás se pudiesen hacer, por justas que -fuesen, no se podia la dicha manera de gobernacion justificar que no -fuese inícua y tiránica, y comprender en sí muchas deformidades, y -porque teniendo los españoles los indios repartidos y encomendados era -imposible no los matar, por ser su cudicia del todo insaciable, y por -consiguiente incurable, para prueba de lo cual trujo muy evidentes y -eficaces razones y irrefragables autoridades, lo cual dejamos aquí -de traer por abreviar. Este tractado, compuesto por el dicho padre -fray Bernardo, firmaron el Prelado y los principales religiosos del -convento, y lleváronlo á los padres Hierónimos, los cuales hicieron -poco caso dél. Aunque no eran ellos los mayores letrados del mundo, -porque el principal dellos era jurista y entendia poco de teología, los -otros dos habian estudiado algo en ella, pero no se entendió que fuesen -teólogos demasiados, no les debia de saber bien verse allí, de su error -ó culpable ignorancia y falta de celo para socorrer á los opresos -y librar de la muerte á los desventurados, como les era mandado, -sentenciados. - - - - - CAPÍTULO XCV. - - -Por este tiempo vinieron catorce religiosos de Sant Francisco, todos -extranjeros, de Picardia, personas muy religiosas, de muchas letras -y muy principales, y de gran celo para emplearse en la conversion -destas gentes, y entre ellos vino un hermano de la reina de Escocia, -segun se decia, varon de gran autoridad, viejo, muy cano, y todos -ellos de edad madura y que parecian como unos de los que imaginamos -senadores de Roma. Guiólos y trújolos un padre llamado fray Remigio, -que habia estado por estas islas predicando segun podia á estas gentes, -en especial estuvo cierto tiempo en la de Cuba; éste era tambien -notable persona en religion y virtud, y con el deseo que tenian de -aprovechar en los indios, tornó á su tierra y persuadió á los dichos -catorce religiosos, y llegado con ellos á la corte el Cardenal de su -Órden, don fray Francisco Jimenez, les mandó dar buen despacho para -su proveimiento, y con él á esta isla consigo los trujo. De aquí se -repartieron, yendo algunos á la tierra firme, donde habian, los que -arriba dijimos en el cap. 81, asentado, que fué en la provincia y -pueblo llamado Cumaná, y otros se quedaron en esta isla. Viendo pues -el clérigo, Bartolomé de las Casas, el poco y ningun remedio que los -padres Hierónimos á los indios daban, y que cada dia perecian los pocos -que ya quedaban, porque como los españoles que tenian indios viesen que -el Clérigo muy solícito andaba para que se los quitasen, temiendo que -al cabo se los podian quitar, puesto que nunca los dichos padres se -los quitaron, hobo español que escribió á su estanciero ó minero que -se diese prisa en hacer trabajar todos los indios que tenia, y que no -perdonase á las mujeres chicas ni grandes, preñadas ni paridas, porque -cuando no se catasen se los habian de quitar segun tenia entendido. -Así que, viendo el padre Clérigo el poco fruto que de la venida de -los padres Hierónimos se seguia para los indios, comenzó á tratar -del remedio con el padre venerable fray Pedro de Córdoba, que habia -entónces, poco ántes, venido de Castilla, donde habia ido por traer -religiosos, y como supo de la provision del Cardenal, y que los padres -de Sant Hierónimo y el clérigo Casas eran para acá, con el remedio de -los indios, venido, dióse priesa para tornar á esta isla, y tratando -qué remedio se tomaria para que los padres Hierónimos ejecutasen los -remedios que para los indios mandados traian, pareció que no habia -otro sino tornar el Clérigo contra ellos á Castilla; y porque mostraba -el licenciado Zuazo, juez de residencia, por entónces favorecer á los -indios y dolerse de los agravios y muertes que padecian, y culpaba -los padres por ello, puesto que despues no ayudó mucho á los indios, -diósele parte por el dicho padre vicario, fray Pedro de Córdoba, y -por el Clérigo, al cual pareció lo mismo. Allegóse á la ignorancia y -error dellos, que les vinieran ciertos parientes ó deudos y afines, -á los cuales quisieran, segun se creyó, aprovechar en esta isla con -los sudores y sangre de los indios, pero no se atrevieron por estar -el Clérigo presente, de quien sabian que no sufriera disimular cosa -semejante, sin que se lo acusara públicamente ante todo el pueblo, -si fuera menester, á gritos; y por ésto hiciéronlo ellos para su -propósito mejor, que los enviaron á la isla de Cuba, y escribieron á -Diego Velazquez, que estaba cada dia con temor que le habian de ir á -tomar residencia y privalle del cargo que tenia, y en la carta que -le escribieron, en la cortesía que se suele poner ántes de la firma, -decian; «Capellanes de vuesa merced.» Esto vido por sus mismos ojos el -clérigo Casas, un dia que acaeció irles á hablar cuando querian cerrar -la carta. Visto ésto, cognosció que ninguna esperanza se podia tener -que cosa hiciesen, al ménos cuanto á la libertad y lo sustancial que -les causaba la muerte, que aprovechase á los indios; por lo cual se -rectificó en el propósito de ir contra ellos á Castilla, y lo mismo -concedieron el siervo de Dios, padre fray Pedro de Córdoba y el Juez -de residencia. ¿Qué se pudo congeturar y áun de cierto esperar que -habia de hacer Diego Velazquez por los deudos de los padres Hierónimos -que allá les enviaban, sino dalles los mejores repartimientos que -hobiese en Cuba de indios? Y ésto, aunque no lo dijesen ellos en su -carta, pues no habia en Cuba otra cosa en que los enriquecer, cuanto -más que quizá (como es cosa verosímile para creer), en su carta se lo -escribieron; y pues los enviaban para que los aprovechase, y no habia -otra cosa en que les dar dineros sino en los sudores y sangre de los -indios, ¿qué se podia esperar dellos cerca de la redencion de los -indios, que en sólo librarlos de los españoles consistia? item, ¿qué -colegiria Diego Velazquez de la autoridad de los padres Hierónimos, -en que los ternia, y cuánto los temeria, y cómo se enmendaria de los -defectos que en la gobernacion de aquella isla hacia escribiéndole -en sus firmas «Capellanes de vuestra merced», temiendo cada dia que -le habian de enviar residencia y deponelle del cargo y mando harto -absoluto que tenia? No parecerá cosa absurda de decir y creerlo, que -Diego Velazquez les perdió todo el temor que les tenia, y que en su -estima no hizo de allí adelante más cuenta dellos que hicieron las -ranas de la viga, segun la fábula dijo; teníales ya el pié sobre el -pescuezo, porque le habian dado sobre sí señorío, como lo dan los que -de pretender su propio interese no están libres; de esta lepra pocos -gobernadores y jueces se han escapado en todas estas Indias. Así que, -determinado el clérigo Casas, con parecer de los dichos padre fray -Pedro de Córdoba y Juez de residencia, de volver á Castilla por el -remedio de los indios, tractóse cómo ó quién á los padres Hierónimos lo -descubriria; fué acordado que el mismo Juez de residencia se lo dijese, -disimulada ó como descuidadamente, porque se creia que oyéndolo habian -de tener mal dia. Lo cual oido, dijo con gran alteracion el principal -dellos, que era el fray Luis de Figueroa, prior de la Mejorada: «No -vaya, porque es una candela que todo lo encenderá.» Respondió el -Juez: «Micé, padres, ¿quién le osará impedir su ida siendo clérigo, -mayormente teniendo Cédula del Rey en que le dá facultad para cada -y cuando que bien visto le fuere pueda tornar á informar al Rey, é -hacer en el cargo que trujo lo que quisiere?» Otro dia fué el Clérigo -á vellos, y dícenle: «Padre santo, qué nos han dicho que os quereis ir -á Castilla.» Respondió: «Sí queria, por negociar algunas de las cosas -que me cumplen;» pasóse lo demas en disimulacion. Y ántes que supiesen -de su propósito de ir á Castilla, en ciertos navíos que partieron, -escribieron ellos al Cardenal mal del Clérigo para indignarlo contra -él, y él tambien contra ellos, como no hacian cosa en favor de los -indios de lo que á cargo traian, y como ya tenian parientes acá y los -enviaban á la isla de Cuba para que les diesen indios, y lo que más -para culpallos en aqueste caso con verdad convenia; fueron sus cartas -dellos á manos del Cardenal, pero las del Clérigo nunca parecieron; -no supo si acá ántes que partiesen los navíos á quien las fió, por -industria ó sin ella de los Hierónimos, las vendió y entregó á ellos, -ó que llegaron á Castilla y los oficiales de la contratacion las -quemaron ó rompieron. Porque los negocios del Clérigo, y su persona -por ellos, fueron siempre, á los que algun interese pretendian en -estas Indias, odiosísimas, de la cual pretension los oficiales de la -dicha Casa no mucho carecian. Despues se maravillaban, y lo dijeron al -Clérigo los con quien comunicó el Cardenal las cartas de los Padres -Hierónimos, cómo no rescibia el Cardenal cartas dél; por lo cual -padeció el Clérigo alguna ménos estima en la mente del Cardenal, de -la mucha que dél concibió y tuvo siempre, como no oido ni defendido, -y absente, y no haber quien declarase al Cardenal los defectos de -los Hierónimos y volviese por él. Finalmente, se aparejó para se -partir á Castilla en los primeros navíos, y los religiosos de Sancto -Domingo le dieron cartas de crédito, firmadas del padre fray Pedro de -Córdoba y de los principales del convento, para el Cardenal y para -el Rey si fuese venido, y lo mismo hicieron los religiosos de Sant -Francisco, autorizando su persona, loando su celo y sancto fin, é -dando á entender la gran necesidad que los indios tenian de remedio, -el cual iba á buscar y traer el dicho Clérigo. Partido deste puerto -de Sancto Domingo por el mes de Mayo, año de 1517, con próspero viaje -llegó en breves dias á Sevilla, y en cincuenta, por todos, á Aranda -de Duero, donde ya estaba el Cardenal enfermo. Besóle las manos, y en -palabras que le dijo sintió estar mal informado, y porque le arreció la -enfermedad y murió en breves dias della, no tuvo el Clérigo tiempo de -dalle cuenta de lo que acá pasaba y satisfacelle. Luégo que desta isla -el Clérigo salió, acordaron los padres Hierónimos de enviar tras él -uno de sí mismos, como los que temian que les podia dañar, por conocer -que no tenian buen juego; éste fué aquel que dijimos llamarse fray -Bernardino de Manzanedo, del cual y cómo le fué abajo se dirá si á Dios -pluguiere. - - - - - CAPÍTULO XCVI. - - -Dejado por agora de contar lo que sucedió al Clérigo con la venida -del Rey, tornemos á la diligencia que Diego Velazquez y los españoles -de la isla de Cuba ponian en ir é enviar á saltear indios para traer -á ella, por la priesa que daban á matar los naturales della con las -minas y granjerías nefarias que tenian, porque cuanto más oro y riqueza -adquirian, tantos más indios se les morian, y cuanto mayor número -dellos perecia y se iba despoblando la isla, tanta mayor prisa se daban -en hacer armadas para ir á buscar islas y saltear y robar las gentes -naturales que en ellas vivian, de la manera que se habia hecho en -esta isla. Tenia intento Diego Velazquez, segun él decia, que si las -tierras ó islas que se descubriesen fuesen tales y de oro tan ricas, -que allí hobiesen de ir á poblar españoles, no sacaria dellos para -traer á la de Cuba los indios, sino que allí los irian á convertir -de la manera que en esta Española, y en aquella, y en las otras, él -y los demas lo hicieron, haciéndoles ántes blasfemar el nombre de -Cristo, matándolos en los trabajos dichos, y por ellos y en ellos, -muriendo sin fe y sin Sacramentos, ni que tuviesen cognoscimiento de -Dios ni alcanzasen á saber una jota del culto divino; y éste era su -propósito, y ésto llamaba ir á sus islas y tierras á convertillos y -hacer á Sus Altezas servicio. Pero si las tierras no tenian oro, que -por consiguiente las estimaban por inútiles y perdidas, tenia por -sacrificio para Dios y servicio para Sus Altezas, saltear y prender -toda la gente dellas, y traellos por esclavos y consumilla toda en -las minas y en las otras granjerías, como de las demas de arriba se -há harto dicho. Para proseguir, pues, sus buenos intentos de Diego -Velazquez, y de los españoles que allí eran vecinos y tenian indios, y -se hallaban con dineros sacados de las minas y de las otras granjerías, -con la justicia que se ha dicho, juntáronse tres dellos, llamados -Francisco Hernandez de Córdova, harto amigo mio, Cristóbal de Morante -y Lope Ochoa de Caicedo, y tractaron con Diego Velazquez que les diese -licencia para ir á saltear indios donde quiera que los hallasen, ó en -las islas de los Lucayos, aunque ya estaban, como arriba hobo parecido, -destruidas, pero todavía creian poder topar, rebuscándola, algunos -escondidos, ó de otras partes de las descubiertas. Dada licencia, puso -cada uno dellos 1.500 ó 2.000 castellanos; compran ó fletan dos navíos -y un bergantin, y provéenlo de pan caçabí, tocinos de puerco y carne -salada, y agua y leña y lo demas necesario, juntan cien hombres, con -marineros, y todos á sueldo ó á partes, que es decir que tuviesen su -parte, cada uno, de los indios que salteasen, y del oro y de otros -provechos que hobiesen. Hace Diego Velazquez Capitan de todos al dicho -Francisco Hernandez, porque era muy suelto y cuerdo, y harto hábil -y dispuesto para prender y matar indios; llevaron por piloto á un -marinero llamado Anton Alaminos, el cual, los tiempos pasados, siendo -él mozo y grumete, habia navegado y halládose con el Almirante viejo, -primero que descubrió las Indias, cuando descubrió á Veragua el año -de 1502. Partiéronse del puerto de Santiago, haciéndose á la vela, -creo que, por fin del mes de Febrero el año de 1517, por la banda ó -parte del Norte de la isla de Cuba, y llegaron al puerto que dicen -del Príncipe, donde tenia hacienda alguno ó algunos de los armadores -ó sus amigos, para tomar carne, y agua, y leña y otras cosas para su -viaje; y estando allí, dijo el piloto Alaminos al capitan Francisco -Hernandez que le parecia que por aquella mar del Poniente, abajo de la -dicha isla de Cuba, le daba el corazon que habia de haber tierra muy -rica, porque cuando andaba con el Almirante viejo, siendo él muchacho, -via que el Almirante se inclinaba mucho á navegar hácia aquella parte, -con esperanza grande que tenia que habia de hallar tierra muy poblada -y muy más rica que hasta allí, é que así lo afirmaba, y porque le -faltaron los navíos no prosiguió aquel camino, y tornó, desde el cabo -que puso nombre de Gracias á Dios, atras á la provincia de Veragua. -Dicho ésto, el Francisco Hernandez, que era de buena esperanza y -buen ánimo, asentándosele aquestas palabras, determinó de enviar por -licencia á Diego Velazquez para que, puesto que iban á saltear indios -y traerlos á aquella isla, que, si acaso de camino descubriesen alguna -tierra nueva, fuese con su autoridad, como Teniente de gobernador que -allí gobernaba por el Rey; el cual se la envió larga, como Francisco -Hernandez, que la pidió, deseaba. La licencia venida, luégo, sin más -se tardar, como si con la misma licencia le enviara la llave de la -puerta donde estuviera encerrada toda la tierra que habia de hallar -con toda certidumbre, y hobiera de ir luégo á ella á morar, embarca -muchas obejas y puercos, y algunas yeguas, todo para comenzar á criar. -Hiciéronse á la vela, llegan á la punta ó cabo de la isla que se llama -el cabo de Sant Anton, desde allí andaban de dia lo que podian, y -bajaban las velas de noche, que llaman estar al reparo, por navegar por -mar que no sabian, y por no dar en tierra ó bajos ó peñas de noche, -industria de prudentes marineros; y finalmente, al cabo de cuatro -dias que habian, segun su parecer, andado, con las paradas dichas, -70 ó 80 leguas, llegaron á una isla grande que los indios llamaban -y llaman Cozumel, y los españoles le pusieron Sancta María de los -Remedios, porque les ayudase á saltear las gentes que en sus casas -vivian seguras. Llegándose á la isla y costeando por la ribera della, -buscando puerto donde surgir ó echar anclas, y no lo hallando, mandó -ir el Capitan con 45 hombres en las barcas, y llegó en ellas cerca de -un pueblo grande que desde la mar habian visto, y como los indios dél -vieron que los españoles iban hácia allá, salieron á recibillos muchas -canoas llenas dellos, todos fajados por la cintura, y de allí abajo -cubiertos con unos paños ó mantas de algodon, y con sus armas, arcos -y flechas y rodelas; llegando á las barcas comenzaron á hablar por -señas á los españoles, como preguntándoles quién eran y qué querian, -y junto con ésto dánles ciertas calabazas de agua, como entendiendo -que los que navegan, siempre, lo primero que quieren de tierra es -agua, diéronles tambien maíz molido en pella y masa, de que suelen -hacer como unas zahinas ó poleadas, cuasi como bastimento para camino -y para necesidad: el Capitan les dió una camisa de algodon. Vieron -los indios en una de las barcas un indio de Cuba que llevaban consigo -los españoles, al cual por señas pidieron que se lo diesen, para que -trujese más arina ó masa de maíz y más agua; el Capitan se lo dió y -metiéronlo en sus canoas y fuéronse. Los españoles llegáronse á un -estero que por allí estaba, y en ésto llegó el bergantin, que venia más -llegado á tierra y atras; dijeron los dél que aquellos indios habian -peleado con él y le habian seguido por aquella costa de mar dos dias. -Estando platicando en ésto llegaron 16 canoas de indios, los cuales por -señas les dijeron que se fuesen con ellos al pueblo, lo cual hicieron -los españoles y concedieron de buena voluntad, y los unos en sus barcas -y los otros en sus canoas fueron juntos, y en el camino les anocheció -cerca del pueblo, en una punta que hacia la tierra entrando en la mar; -saltaron los españoles á dormir en tierra y los indios durmieron junto -á ella en sus canoas, y como era cerca del pueblo, en toda la noche no -hicieron sino ir y venir dél indios á hablar y estar con los indios -de las canoas. A la media noche vinieron dos dellos con sus arcos y -flechas por tierra, y viéndolos un español que velaba su cuarto y que -se metian entre ellos, levantóse y arremetió á ellos con la espada -sacada y dando voces; levántanse todos los españoles, y arremetieron -con los indios que estaban junto en las canoas. No supe los que -alcanzaron, mataron ó hirieron, mas de que todos los que pudieron -huyeron y dejaron 14 canoas con sus arcos y flechas; argumento harto -claro de que no tenian por entónces pensamiento de acometer ni hacer -daño á los españoles. Otro dia de mañana vieron venir los españoles dos -canoas y dentro nueve hombres, y, llegados á tierra, el Capitan de los -españoles los hizo prender y atar sin por qué ni para qué, sino para -hacer heder por toda la tierra su nombre. Hízolos interrogar uno á -uno, apartados, mostrándoles oro de la isla de Cuba, y preguntándoles -si en aquella tierra habia de aquel metal. ¡Mirad qué evangelio -comenzaba á predicalles y qué señas les daba que habia en el cielo -un sólo y verdadero Dios! Todos conformes respondieron que lo habia -en unas provincias que nombraban Cube y Comi, señalando y nombrando -los rios donde lo sacaban; ésto sabido, mandó soltar el Capitan el -uno de los nueve, diciendo que fuese á traer el indio que habian -llevado el dia pasado, y los ocho envió á los navíos y los echaron en -cadenas. Esperaron dos dias, y como no volvió, quizá teniendo legítimo -impedimento, partiéronse los españoles por tierra, la costa abajo, y -los navíos cerca de tierra por la mar, hasta cerca de un pueblo grande -que viniendo por la mar habian visto; allí vinieron ciertos indios -en una canoa, haciendo á los españoles señales de paz, y preguntóles -á qué venian ó qué era lo que querian en tierras que no eran suyas, -respondió el Capitan que si les daban oro les daria un indio suyo que -allí tenia, porque los demas de los nueve iban en los navíos, los -indios dijeron por sus señas que desde á tres dias se lo traerian. -Volvieron al tercer dia en una canoa seis indios y trujeron como media -diadema y una patena de oro bajo, y dos gallinas asadas de las grandes -de aquella tierra, y maíz hecho pan, lo cual todo dieron al capitan -Francisco Hernandez y él les dió el indio, los cuales dijeron que otro -dia volverian por los otros indios que les tenian presos y les traerian -taquin, que entendieron ser otro oro fino (á lo bajo llaman mazca). -Los españoles los esperaron, segun dijeron, seis ó siete dias, y como -no vinieron acordaron de no entrar en aquel pueblo, sino irse por la -costa abajo del Norte de la isla, llevando las barcas y el bergantin -junto á tierra; de allí veian la playa y ribera de la mar llena de -indios. Vieron por el camino muchos ciervos y en unas casas pequeñas -hallaron muchas piedras labradas de cantería, y ciertas vigas grandes -labradas de cuatro esquinas. Yendo desta manera descuidáronse los del -navío, donde iban presos los siete indios, y así quebraron la cadena en -que tenian los piés ó los pescuezos y echáronse á la mar y fuéronse. -Pesó mucho al Capitan de la huida de los siete indios, y pareciéndole -que tenia necesidad de algun indio, para informarse dónde podria desde -allí ir, trabajó de saltear otros, y viendo dos estar sentados en la -playa, fué á ellos y prendió el uno, el cual trujo á la isla de Cuba; -preguntóle luégo allí si sabia que en aquella isla hobiese oro (que -era toda su predicacion y ánsia de convertir aquellas gentes, como -todos nuestros hermanos siempre pretendieron), respondió el indio que -lo habia, dello labrado como arrieles para los dedos, y cadenas tan -gruesas como una de hierro que allí en el navío vido, y que habia otras -joyas grandes y diversas. - - - - - CAPÍTULO XCVII. - - -Alegres con estas para sí tan sabrosas nuevas, hiciéronse á la vela -por la costa ó ribera de la mar abajo, y entraron en una bahía ó -ensenada de mar, desde la cual vieron en tierra un pueblo grande con -muchas casas blancas, de que se admiraron como cosa nunca vista, ni -pudiendo imaginar lo que era. Llegáronse los navíos hasta media legua -de la tierra y saltó el Capitan con 85 hombres en ella; los indios, -desque los vieron, saliéronlos á rescibir hasta 500 dellos sin armas -algunas, y con señales de mucha benevolencia, entre los cuales venia -un principal que debia ser Capitan, el cual por señas les dijo que se -fuesen con ellos al pueblo. Salió tambien otro señor viejo, que á lo -mismo los indució que fuesen, y éste, por ventura, era el Rey; los -españoles se fueron al pueblo con el que los convidaba, y el señor -viejo entra con mucha gente en veinte canoas, que por ventura las -hinchian más de otros 300, y fuese á ver los navíos. Entraron en el -pueblo los españoles, y vieron que era muy grande y de muchas casas -pequeñas cubiertas de paja, y las más dellas cercados los solares y -circuitos de piedra seca de una vara en el alto y de vara y media en -ancho, entre los cuales habia muchos árboles de muchas frutas, habia -tambien una casa de cal y canto, edificada á manera de fortaleza; de -todo lo cual los españoles se admiraban, en especial viendo casas y -edificios de cal y canto, como cosa que nunca se habia en estas Indias -visto. Vuelto el señor viejo, que habia en las canoas ido á ver los -navíos, convidó á los españoles á que fuesen con él á su casa, el -cual los metió dentro de un gran corral cercado de la misma manera, -de piedra, donde estaba en un patio un árbol grueso nascido, y allí -estaban colgadas nueve coronas blancas, y en cada una una bandera -pequeña; estaba cerca del dicho árbol una mesa ancha de cal y canto de -tres ó cuatro gradas en alto, y encima della un hombre de bulto hecho -de lo mismo, que tenia la cabeza colgada sobre las dichas gradas, é dos -animales de bulto y cal y canto que lo comian por la barriga, eso mismo -habia una sierpe muy grande que tenia en la boca atravesada una figura -de leon; estaban tres palos grandes hincados en el suelo llenos de -pedernales, lo cual segun pareció, y los indios señalaron tenian para -cortar encima della, á algunos que justiciaban, las cabezas, porque -habia en ella sangre fresca. Vieron en el ejido junto al dicho corral, -muchas cabezas de indios que justiciaban allí, y puesto que parecia y -se juzgaba entónces ser aquel lugar donde se secutaba justicia, porque -no se sabia hasta entónces que sacrificasen á los ídolos hombres, como -lo hacian en la nueva España, pero despues de sabido dijéramos que no -era lugar de justicia sino de sacrificios, á lo cual decimos que por -aquella tierra de Yucatán, que está junta, cuatro leguas de mar en -medio, con la dicha isla, puesto que algunos hombres sacrificaban, pero -muy pocos, y así aquel lugar debia ser lugar de justicia de malhechores -y tambien donde sacrificaban los tomados en guerra, á sus dioses. -Vieron asimismo junto á lo de arriba, una casa de cal y canto hecha, -como una cámara con una puerta, delante de la cual tenian puesto un -paño de algodon de muchas colores, dentro de la casa ó cámara estaban -siete ó ocho bultos de hombres hechos de barro cocido, y junto á ellos -cosas aromáticas y odoríferas como incienso ó estoraque. Salidos de -allí, fueron á ver y considerar el pueblo por una calle, donde vieron -una calzada de piedra, y allí los indios se pusieron delante los -españoles, poniéndoles las manos en los pechos, diciéndoles por señas -que no pasasen de allí, pero el Capitan de los españoles decíales que -los dejasen pasar; y mereciera que luégo allí lo mataran y los echaran -á todos de su tierra y pueblo, pues porfiaba en tierra y casa ajena -tomar más licencia de la que el dueño le daba. En fin pasaron aquella -calzada; hallaron en una calle una casa de cal y canto, á manera de -fortaleza, de 23 gradas en alto, tan anchas que podian subir diez -personas juntas hasta lo más alto: ésta vista, no curaron ni osaron -de subir ni entrar en ella. Fuéronse por otra calle adelante, donde -hallaron asimismo otra fortaleza de cal y canto, pequeña, de la cual -vieron salir un indio cargado con una arca de madera, pequeña, á -cuestas; no supieron lo que en ella iba, más que vieron que un indio -sólo no la podia llevar y se metió otro debajo della para ayudarle -á llevarla, puesto que, por las cosas despues vistas por allí y por -toda la nueva España, las que decian fortalezas eran templos de los -ídolos, y aquella arca debia ser su _Sancta sanctorum_ ó relicario, -donde debia estar algun principal de sus dioses, de piedra hecho -ó de palo. Pasaron los españoles por el pueblo, más adelante, que -tenia más de 1.000 casas, y como los indios vian que sin acometer ni -tomarles las fortalezas, que creian que eran, se pasaban, viniéronse -para ellos sin armas, los rostros alegres, y benévolos, y haciéndoles -señas de paces, y todos juntos se volvieron, como si fueran de mucho -tiempo cognoscidos y amigos, al principio del pueblo, por donde habian -entrado, y fuera se asentaron todos debajo de un grande árbol. Allí, -un hijo del señor y una mujer trujeron al Capitan de los españoles una -gallina cocida, de las grandes como pavos, y ciertas carátulas de oro -fino, y vieron muchos indios con granos de oro por fundir, como de -la tierra lo sacan, que traian colgados de las orejas; vieron muchas -colmenas de madera llenas de abejas domésticas y mucha miel, de la -cual trujeron á los españoles muchas calabazas, y era muy blanca y muy -excelente. Y es aquí de saber, que en ninguna parte de todas las Indias -que están descubiertas se ha visto que tengan colmenas domésticas, -ni las procuren ó cultiven, sino en aquella isla de Cuzumel, y en la -de Yucatán, que es tierra firme, á la cual está pegada ella. Hecho -ésto, preguntaron al Capitan, por sus señas, qué era lo que queria, -respondióles, que agua para beber; los indios les mostraron un pozo -empedrado y redondo, bien hecho y de muy buena agua, á donde los -españoles se fueron á dormir, y de allí tomaron toda el agua que para -sus navíos era necesaria. Veláronse aquella noche los españoles, y no -ménos los indios su pueblo con mucha vigilancia velaban. Venido el dia, -salieron todos los indios del pueblo, armados, con sus arcos y flechas, -rodelas y lanzas; rodearon el pueblo por la parte donde los españoles -estaban, enviaron tres á decirles que se fuesen á sus navíos ó barcos, -y así por señas se lo notificaron, con amenazas que si no se iban los -flecharian y harian daño; los españoles obedecieron su mandado, y -fuéronse á embarcar á sus barcas y en ellas á los navíos, y alzaron sus -velas y fueron por la ribera de la isla costeando. - - - - - CAPÍTULO XCVIII. - - -Los cuales, siempre creyendo que aquella tierra toda era isla, dieron -en un cabo ó punta de la tierra firme que despues y agora nombramos -Yucatán; aquel cabo llamaron los nuestros el cabo de Cotoche, por -cierto vocablo ó vocablos que oyeron á los indios y que ellos -corruptamente pronunciaron. Aquí vieron mucha gente bien ataviada y -vestida, cubiertas todas sus carnes con camisetas, y mantas pintadas de -colores, de tela de algodon; traian plumajes de muchas colores, joyas -de oro y plata, como zarcillos, en las orejas, y otras de diversas -hechuras y no poco polidas. De allí pasaron á una ensenada ó puerto -muy grande que hace la mar, donde queda en seco la ribera cerca de -una legua, bajándose la mar, lo que no se ha visto hasta hoy en toda -la mar que llamamos del Norte, que es la destas islas y tierra firme -que se mira con la de España, sin pasar por la tierra dentro de la -tierra firme á la mar que nombramos del Sur, por respecto de la ya -dicha del Norte. Llegaron pues á la ensenada ó puerto muy grande, y -anclaron, y salió el Capitan con la gente que le pareció en tierra, -al pueblo que estaba en la ribera, pueblo grande y de multitud de -gente, llamado Campéche, la penúltima sílaba luenga, al cual puso -el Capitan nombre, pueblo y puerto de Lázaro, porque entraron en él -domingo de Lázaro. Los indios vecinos dél salieron todos á recibir los -españoles con curiosidad, admirados de ver los navíos y las barcas ó -bateles dellos, los españoles con grandes barbas y de color blancos, -y de los vestidos y de las espadas y ballestas y lanzas que traian. -Llegábanles las manos á las barbas, tocábanles la ropa, miraban las -espadas y todo lo que consigo traian, finalmente, con amor y admiracion -como cosa nunca vista ni pensada ver, y de que al cabo mostraban -placer, los tractaban, principalmente el Rey ó señor del pueblo ó de -la tierra mostró con verlos gran contentamiento; mandóles traer de -comer, trujéronles mucho de su pan de maíz, mucha carne de venados, -muchas liebres, perdices, tórtolas, gallinas muchas de las de papada, -no ménos y quizá más excelentes que pavos, frutas y otras cosas de -las que ellos tenian y podian traer para en todo agradalles. Trujeron -muchas piezas y joyas de oro, que por cuentas, y espejos, y tijeras, y -cuchillos, y cascabeles, y otras bujerías de las que solemos darles, -rescataron ó conmutaron. En este pueblo vieron una torre, ó como torre, -cuadrada, de cantería hecha, y blanqueada, con sus gradas; debia ser -su templo por lo que despues se ha visto en toda la Nueva España y -Guatemala. Estaba en lo alto della un ídolo grande con dos leones -ó tigres que parecia comerlo por los ijares, y una sierpe ó animal -que tenia sobre cuarenta piés en largo, y como un grueso buey que -tragaba un fiero leon; todo de piedra muy bien labrado. Estaba todo -asaz ensangrentado de sangre de los hombres que allí ó justiciaban ó -sacrificaban, como arriba de la isla de Cozumel hablamos. Estuvieron -aquí los españoles tres dias holgándose, tan espantados de ver los -edificios de piedra y de las cosas que vian, como los indios de vellos -barbados, vestidos y blancos, y no poco alegres los nuestros con ver -las buenas muestras de oro que hallaban, y de lo mucho que la esperanza -les prometia y multiplicaba. Hiciéronse á la vela el miércoles en la -tarde, ó el jueves de mañana, ántes de la Semana Santa, dejando á los -indios de Campéche muy contentos y ellos saliendo bien pagados; fueron -de allí la costa abajo, 10 ó 12 leguas, á otro puerto y pueblo muy -grande, llamado Champoton, la última luenga, muy adornado de casas -de piedra, con sus mármoles della misma, bien señalados, como podian -ser en España. Saltó el capitan Francisco Hernandez en tierra con la -más gente que llevaba, y entónces vinieron á ellos muchos indios con -sus armas y con ciertas hachas de metal, conque debian estar en sus -rozas y haciendas trabajando; preguntáronles por señas qué querian: -respondieron los nuestros que buscaban agua. Los indios les señalaron -que se fuesen hácia el pueblo, y que por el camino hallarian un rio -y se hartarian de agua. Fueron como les dijeron, y hallaron un pozo -muy bien empedrado en un gran llano, que llamamos, por vocablo de los -indios de esta isla Española, çabana; durmieron allí aquella noche sin -pasar adelante, porque vieron desde allí una gran labranza con una -casa y muchas gallinas de las de papada. Otro dia de mañana, estando -áun los españoles en el dicho campo llano ó çabana, vinieron á ellos -ciertos indios, entre los cuales vino uno que traia un collar de -cuentas de oro, que debia ser ó el Rey ó señor principal. El Capitan -le dijo por señas, si se lo queria vender ó trocar, ó como acá usamos -decir, rescatar, mostrándole ciertas sartas de cuentas de vidrios de -colores, que poco y nada le agradaron, y así se fué con los otros. -Desde á poco rato vinieron á los españoles, segun les pareció, hasta -1.000 indios, por ventura considerando que habiendo bebido y tomado -agua, que era por lo que preguntaron, no se querian ir de su tierra, y -parecia que se hacian reacios, y como á gente nueva, extraña y feroz, -barbada, y que venia en aquellos navíos grandes, (y tambien porque -habian visto y oido tirar lombardas de fuego, que les parecia echar -truenos del cielo, y turbar los elementos, no vian la hora que de sí y -de sus tierras, como peligrosa vencidad, apartallos), con una trompeta -sonando, y dando gran grita, con sus arcos y flechas y tablachinas de -las de medias lunas, de oro, y con muchos cascabeles, vinieron con -ímpetu y ferocidad á echallos. Los españoles que no saben sufrir en -tales tiempos grita de indios, por mucho que las voces alcen, como los -conozcan desnudos y al cabo llevar lo peor por la mayor parte, y en -especial que el capitan Francisco Hernandez era, como arriba dijimos, -muy suelto y de buen ánimo, sálenles al encuentro, y asiéronse todos, -los unos y los otros, y con grande ánimo pelearon cuatro horas, cayendo -de los indios en tierra, muertos, muchos, cuantos podian desjarretar -y desbarrigar con las espadas y alancear con las lanzas, y á saetadas -con algunas ballestas que llevaban. Los indios no por eso desmayaban, -sino con sus arcos y flechas clavan los españoles, y luégo dieron un -flechazo á uno, que iba sin rodela, por la barriga, del cual luégo -allí murió; adelantóse otro español algo de los otros, por señalarse, -al cual tambien mataron, y hirieron á todos los demas. Viéndose los -españoles todos, ó los más, heridos y mal, comenzáronse á retraer hácia -las barcas, lo cual fuera mejor hacer al principio, cuando vieron -venir los indios determinados á echallos de sus tierras, pues ya les -habian consentido tomar ó beber su agua, por la que preguntaban, y -no era sino tomar achaque para entrar en tierra y señorío ajeno, y -los indios no les hacian injuria alguna en no consentir que más en su -tierra tardasen, pero porque no iban á hacer bien alguno, sino á lo que -arriba queda bien probado, (y éstas fueron siempre sus obras, entrar -y estar y tomar las haciendas, y las personas y la libertad dellas, -y los señoríos que nunca les pertenecieron, á pesar de sus dueños), -haciáseles de mal dejar el cebo del oro que vian, y quisieran dello -cargar, y por eso se aventuraron, confiando en los estragos que en -estas islas habian perpetrado; así que, retrayéndose los españoles, -todos ó los más heridos, hácia las barcas, y los indios con gran ímpetu -y vigor tras ellos, hiriéndolos cada paso, como en la playa hobiese -mucho cieno y las barcas estuviesen poco ménos que atolladas, y los -heridos fuesen muy lastimados, detuviéronse algo en embarcar, porque -los marineros no se daban á manos á metellos á cuestas en las barcas; -finalmente mataron allí 20 de los españoles, y el Capitan con los que -escaparon quedaron más muertos que vivos, y ninguno quedara con vida -si un poco más se tardaran. Creo que el Capitan quedó con treinta y -tantas heridas, muy lastimado, segun él me lo escribió á mí, estando -yo en la corte que á la sazon estaba en Zaragoza de Aragon entre -otras cosas. Tornados á los navíos, y allí como pudieron curados, -desarmaron y quemaron el bergantin porque hacia mucha agua, y porque -no estaba la gente para trabajar mucho en agotallo por la mar, que no -es chico trabajo. Con los dos navíos se volvieron á la isla de Cuba, -y entraron en el puerto de Carenas, que es el de la Habana, de donde -ultimadamente habian salido, y allí, no pudiendo sostener los ambos -navíos por la mucha agua que hacian, dieron con ellos al través, -desamparándolos, donde se anegaron; de allí se fueron á la villa de -Santiago donde Diego Velazquez estaba, y Francisco Hernandez bien tarde -por no sanar tan presto de sus muchas heridas, como viniese dellas -muy lastimado. Diego Velazquez, aunque rescibió pesar de la muerte -de tantos españoles, y de las heridas de los demas, pero las nuevas -de ser la tierra tan rica y grande, y de tanta infinidad de gentes, -y con edificios de cal y canto (lo que nunca se habia visto ántes), -lo cual todo le ofrecia inestimable esperanza, con alegría inmensa el -pesar le recompensaron. Comenzó luégo de tractar de hacer otra mayor -armada, y enviar en ella por Capitan general, un hidalgo, natural de -Cuéllar, patria tambien propia del mismo Diego Velazquez, llamado Juan -de Grijalva, mancebo cuerdo y de buenas costumbres, al cual tractaba -como deudo, puesto que no se creia serlo ni tocarle por ningun grado -en sangre. Deste nombramiento pesó mucho á Francisco Hernandez, y -rescibiólo por grande injusticia y agravio que Diego Velazquez le -hacia, porque como él habia con sus dineros, si suyos eran, hecho el -armada con la parte que los otros dos, Cristóbal Morante y Lope Ochoa, -pusieron, y habiéndolo él descubierto y puéstose á tantos peligros de -mar y de tierra, y al cabo saliendo tan mal herido, tenia por suya la -dicha empresa y fuera dél pertenecer á nadie; por lo cual, determinó -de irse á quejar al Rey de Diego Velazquez, y así lo escribió á mí, -estando yo, como dije, en Zaragoza, porque me tenia por amigo, diciendo -que Diego Velazquez se le habia tiránicamente alzado con sus trabajos, -y que no tardaria más de cuanto estuviese bien sano de sus heridas y -allegase algunos dineros para gastar, rogándome que yo informase al -Rey, entre tanto, de su agravio. Pero él puso de ir á España, y Dios -dispuso llevarlo al otro mundo, á que le diese cuenta de otros mayores -agravios que él hizo á los indios de Cuba, de quien se servia y chupaba -la sangre, y con ella iba á saltear los inocentes que estaban seguros -en sus casas, y lo que más que todo lo dicho fué grave, y que no hay -que dudar sino que delante el juicio de Dios él sintió por más áspero, -la cuenta, conviene á saber, que en muriendo se le pidió de aquel tan -grande escándalo que dejó sembrado en aquella tierra de Yucatán, y -los muchos indios que mató y lanzó en los fuegos infernales, que con -salirse de la tierra ajena, pues sus dueños no querian que estuviese en -ella, pudiera todo excusallo. ¿Qué olor de paz, de bondad, de caridad, -de justicia y de doméstica y amable y deseable vecindad dejó Francisco -Hernandez en aquella provincia nueva de Yucatán? ¿Qué fama, qué -opinion, qué estima pudieron aquellas gentes concebir de la religion -cristiana, entendiendo que los que se llamaban cristianos, porque no -los consentian estar en su tierra, como á gente sospechosa y peligrosa, -y de quien razonablemente podian temer que de su estada les viniese -gran daño, como siempre vino á donde quiera que españoles llegaron, -pudiéndose retraer hicieron en ellos tan gran estrago? Finalmente, -con esta inocencia, como otros muchos, murió nuestro amigo Francisco -Hernandez. - - - - - CAPÍTULO XCIX. - - -Prosiguiendo el hilo de este año de 17, conviene decir el discurso de -las cosas que al clérigo Bartolomé de las Casas, despues que habló al -Cardenal en la villa de Aranda de Duero, sucedieron; el cual, visto -que el Cardenal estaba muy enfermo y que de negociar con él se podia -sacar poco fruto, deliberó de irse á Valladolid, y porque la fama de la -venida del Rey D. Cárlos era frecuentísima, esperar allí el Setiembre -si el Rey venia, y si nó tomar el camino de Flandes y dar cuenta de -todo lo pasado y presente destas Indias al Rey. Ofrecióse á ir con -él un padre llamado fray Reginaldo Montesino, de la órden de Sancto -Domingo, persona de letras, y predicacion, y autoridad, hermano del -padre fray Anton Montesino, de quien habemos hablado arriba muchas -veces, que fué el primero que predicó en esta isla, desengañando á -los españoles della contra esta execrable tiranía. Este padre fray -Reginaldo, con celo de virtud y de la verdad, viendo al clérigo Casas -sólo y clérigo, y metido tanto de veras y con tanta constancia en -negocios tan árduos y tan pios, parecióle que era cosa de virtud -de asistir con él y hacelle espaldas, acompañándole y ayudándole, -para que el negocio, tan digno de sí, cobrase mayor autoridad, y así -determinó de acompañalle hasta Flandes, y ser con él en todo, adverso -y próspero, que se le ofreciese, lo cual aceptó con mucho placer y -gozo el padre Clérigo, y ofreció todo lo que tenia para lo gastar en -la espensa de ambos á dos. Esto así determinado, envió luégo el padre -fray Reginaldo por licencia á su Provincial, que era el del Andalucía, -la cual luégo le envió con su voluntad y beneplácito, entendiendo el -fin á que su camino enderezaba. Venidos á Valladolid, suena luégo la -nueva que el Rey era en Villaviciosa desembarcado, de lo cual el -padre fray Reginaldo y el padre Clérigo fueron alegres mucho, por la -venida del Rey que en aquellos reinos era bien deseada, y porque su -camino tan lejano se les habia excusado. Y porque hablando una vez -con uno de los principales del Consejo que habian entendido en las -cosas de estas Indias, el padre fray Reginaldo, como mal informado -de los españoles y por ventura interesal, y por consiguiente no bien -aficionado al bien de los indios, le dijo que los indios eran incapaces -de la fe, respondiendo el Padre, como letrado le dijo, que aquello era -herejía, lo cual, no le fué muy sabroso y quedó muy enojado; por esta -causa escribió el dicho padre fray Reginaldo á Salamanca, al Prior -de Santistéban, que á la sazon era el padre fray Juan Hurtado, uno -de los ilustres religiosos que por aquel tiempo habia en la Órden, -no sólo en letras, porque era maestro en teología, pero en prudencia -y mucho más en santidad de vida y fama, que aquel error pernicioso -que los indios eran incapaces de la fe se osaba por la corte afirmar, -por tanto que juntase los doctores teólogos de aquella Universidad, -y tractasen aquella materia y la determinasen, y la resolucion se la -enviase firmada y autorizada. No puso en olvido el padre maestro fray -Juan Hurtado, lo que el padre fray Reginaldo le encomendaba; juntó, -creo que fueron, trece maestros en teología, y pienso que más entre -catedráticos y no catedráticos, entre eclesiásticos y frailes, los -cuales, propuesta y disputada y determinada la cuestion, enviaron -cuatro ó cinco conclusiones con sus corolarios y probanzas, la -postrera de las cuales fué, que contra los que aquel error tuviesen y -con pertinacia lo defendiesen, se debia proceder con muerte de fuego -como contra herejes. Todas vinieron firmadas y autorizadas de los -susodichos trece maestros, y yo las vide y trasladé, y pusiéralas aquí -á la letra, sino que con otras escripturas en cierto camino me las -hurtaron, y así se me perdieron. Tornando á la felice venida del rey -D. Cárlos, en breves dias, desde el puerto donde desembarcó, llegó -á Tordesillas á besar las manos y rescibir la bendicion de la reina -doña Juana, su madre. Sonábase cada hora que el Rey y el Cardenal, -en el abadía de Balbuena que dista de Valladolid seis ó siete leguas, -y es de la órden de Sant Bernardo, se vian; sonóse luégo tambien que -el Cardenal era muerto, y fué así. Vínose luégo el Rey á Valladolid, -trujo consigo un docto hombre en derechos, flamenco, por Chanciller -mayor, que segun el uso de flamencos llaman Gran Chanciller, cuyo -oficio es ser cabeza y presidente de todos los Consejos; éste era varon -excelentísimo, prudentísimo, capacísimo para negocios, y de grande -autoridad, y persona que parecia uno de los que imaginamos Senadores -de Roma, y, á lo que yo siempre entendí, rectísimo. En éste puso el -Rey toda la justicia y gobernacion de Castilla y de las Indias, y -no habia necesidad de negociar con el Rey cosa ninguna ni con otra -persona, sino con el Gran Chanciller. Trujo tambien consigo el Rey á -su Ayo y Camarero mayor, que llamaron Mosior de Xevres, tambien de muy -autorizada persona y dotado de gran prudencia, de quien confió todo lo -que al estado concernia, y las mercedes y todo lo demas que no tocase -á justicia. Entre los privados, el que más acepto al Rey era, fué un -Mosior de Laxao, que tenia oficio, segun la costumbre de la casa de -Borgoña, de Sumiller, que es Camarero inmediato y propinquísimo al -Rey, y que su cama se ponia junto á la del Rey, la del Rey cubierta -de seda carmesí y brocado, y la de Mosior de Laxao de damasco negro. -Cognoscido, pues, por el clérigo Casas, que los negocios el Rey tenia -puestos en las manos y prudencia del Gran Chanciller, comenzó á tratar -de informalle, y dióle algunas cartas de las que traia de crédito -de los religiosos Dominicos y Franciscos, entre las cuales vinieron -algunas en latin de los frailes de Picardia, que arriba dijimos -haber llegado á esta isla, poco ántes que el Clérigo se partiese -para Castilla, y como no sabian hablar en castellano escribieron en -latin. Acaeció venir firmada la carta de los Franciscos de algunos de -aquellos de Picardia, que el Gran Chanciller conocia, de que recibió -mucho placer, y comenzó á ir de buena voluntad á dar crédito al Clérigo -en lo que le decia. El Clérigo, por muchas y diversas veces, le hizo -larga relacion de la perdicion destas gentes, despoblacion destas -islas, y estragos y matanzas crueles que se habian en ellas hecho y -cada dia se hacian; informábale tambien de los intereses que los del -Consejo del Rey acá habian tenido y áun tenian, de la ceguedad del -obispo de Búrgos, principalmente, y de la mala gobernacion que en -estas Indias habia puesto ó habia consentido poner y permanecer, pues -tan innumerables gentes por ella habian perecido; y afirmábale que el -Obispo y el secretario Conchillos, por las dichas causas, destruian -las Indias, porque aunque no se debe creer que tuviesen intencion mala -en la provision y gobierno dellas, y que no les pesase que pereciesen -los indios como perecian, pero al ménos debieran de caer, como eran -obligados, en la causa que los consumia, que era estar repartidos, -y mudar tan tiránico gobierno en otra manera razonable y humana de -regidos, á la consideracion y efecto de lo cual se pudo presumir que su -propio interes los impedia. Cuando el padre fray Reginaldo, vido que -iba bien de negocios al padre Clérigo, dejóle y fuese á su provincia y -casa, que creo que á la sazon moraba en Sancta Cruz, de Granada, ó en -otro convento del Andalucía. - - - - - CAPÍTULO C. - - -En estos dias, como el Rey era tan nuevo, no sólo en su venida, pero -tambien en la edad, item, asimismo en la nacion, y habia cometido todo -el gobierno de aquellos reinos á los flamencos susodichos, y ellos no -cognosciesen las personas grandes y chicas, y oyesen y entendiesen los -negocios con mucho tiento y tardasen en los despachos, por temor de -no errar, y no se confiaban de ninguna persona temiendo ser engañados -con falsas informaciones, (y tenian mucha razon, porque las relaciones -que oian de muchos eran diversas), por todas éstas razones estaban -todos los oficios y las cosas de aquellos reinos suspensas, y mucho -más las cosas tocantes á estas Indias, como más distantes y ménos -cognoscidas. Sola la noticia que el Clérigo daba al Gran Chanciller -dellas prevalecia, el cual no curaba de negociar ni informar al -Rey ni á el Mosior de Xevres ni vellos, sino solamente con el Gran -Chanciller y á él miraba y acompañaba, y con él hablaba todas las -veces que convenia, porque, la verdad, de negociar con otro ninguna -necesidad tenia por la razon dicha. Los españoles que á la sazon en -la corte habia, procuradores destas islas y tambien de tierra firme, -y otros particulares que de allá habian por sus negocios venido, de -que vian el Clérigo allegado al Gran Chanciller, y, á lo que juzgaban -y era verdad, favorecido, ningun sabor bueno rescibian dello, porque -bien creian que, para sus cudicias y manutenencia de los indios en -su tiranía, ningun fructo podia dello venilles, y por tanto, con -más priesa y solicitud todos acudian como de ántes al Obispo, y al -secretario Conchillos; aunque sin fructo alguno, porque, como se dijo, -el Gran Chanciller tenia suspendidos los oficios ó la expedicion de -los negocios, y no podian despachar cosa de lo que pedian. No del -todo confesaban el Obispo y Conchillos la falta de su poder, sino -que disimulaban y cumplian con todo cuanto podian. Ciertos criados -del Obispo, idos destas islas, ó de sí propios, fingido ó quizá por -órden del Obispo ó de Conchillos, usaron desta industria, que se -juntasen todos los españoles que allá estaban destas Indias, y fuesen -y aguardasen al Rey una y muchas veces, cuando verlo pudiesen, porque -raro salia, y le suplicasen importuna y quejosamente que ordenase -como fuesen oidos en sus negocios y expedidos, alegando que estaban -gastados y que se querian tornar á sus casas que tenian en las Indias. -Esta industria inventaron para que el Rey, de importunado, mandase -al Obispo y á Conchillos, que prosiguiesen sus oficios y despachasen -los negocios de las Indias, como personas que tantos años habia que -en las manos las tenian. Aguardaron algunas veces que saliese el -Rey, y hicieron lo que habian determinado, pidiendo y suplicándole -mandase oir y despachar sus negocios, y lo demas que se les ofrecia -para provocallo; pero aprovechábales poco, porque el Rey remitia al -Gran Chanciller, y él disimulaba por estar del Clérigo bien avisado. -Eran todos sus negocios no otros sino los que siempre, desde que -éstas Indias se descubrieron, hasta este año de 1560, pretendieron -por cuantas vías pudieron imaginar, durmiendo y velando y soñando, -conviene á saber, tener los indios en aquella horrible y mortífera -servidumbre donde todos han perecido, y perecen hoy los que restan, y -que en ella se los confirmasen y los tuviesen perpétuos, como si con -la vida que les daban fuera posible mucho durarles, segun por lo mucho -que arriba dicho queda se muestra claro. Desque vieron que por esta -vía no aprovechaban, acuerda el Obispo y el secretario Conchillos, -despachar algunos negocios de aquellos que los deseaban, y entre sí, -llamado alguno ó algunos de los del Consejo Real, y de aquellos que -solia llamar y con quien, desde los principios, destas Indias las cosas -comunicaba, como á escondidas ó disimuladamente determinallos, y yendo -un dia el secretario Conchillos, con una libranza de muchas Cédulas y -provisiones á comunicallas al Gran Chanciller, y para que las firmase, -alteróse mucho el Gran Chanciller, y muy indignado díjole: «Andá, ios -de aquí, que vos habeis destruido las Indias», y, si no me he olvidado, -creo que dijo: «vos y el Obispo, habeis destruido las Indias.» Oido -ésto, el secretario Conchillos salióse tristísimo, y, viendo que todo -el gran favor que con el Rey Católico tuvo, se le habia del todo -acabado, acordó de para siempre dejar la corte y se ir á Toledo, donde -tenia su casa; y porque tenia muchas rentas en las Indias, sin los -indios, como eran escribanías, y creo que la fundicion y marcacion del -oro de alguna de estas partes, ó las escobillas, donde tenia mucho -interese, y su mujer doña María Niño era persona valerosa, determinó -á la corte envialla, para que negociase con el Rey la confirmacion de -aquellos oficios, y, creo yo, tambien para sí pudiese alcanzar que le -tornasen los repartimientos de los indios, que en cada una destas islas -tenia, que se le habian quitado. Francisco de los Cobos, que habia -sido su oficial y criado, y que muerto el Rey Católico se habia ido -á Flandes, á si pudiese alcanzar estar en servicio del Rey en algun -oficio, y alcanzó que le rescibiesen por secretario, entre muchos que -lo mismo allá alcanzaron, (pero excedió su fortuna á todos los demas -en que Mosior de Xevres se aficionó más á él que á otro, porque, en la -verdad, tenia más partes que otro por ser muy bien dispuesto de gesto -y cuerpo, y en su aspecto mostraba ser prudente y asosegado, era eso -mismo en la voz y habla suave, y así era amable, y ayudóle tambien la -noticia y experiencia que tenia de todos los negocios del reino, como -quien de muchos años atras en la expedicion dellos se habia criado), -éste vino con el Rey, y, como dije, á Mosior de Xevres tan allegado, -que ninguna cosa con otro sino con él despachaba, mayormente de las -tocantes al Real Estado; con parecer deste Francisco de los Cobos, se -salió de la corte Lope Conchillos, y creo que pidió luégo á Mosior de -Xevres y al Gran Chanciller el oficio de secretario de las Indias, -ó para servillo en lugar de Conchillos, hasta que otra cosa el Rey -determinase, y bien sabia él que no le habia de salir de las manos, ó -quizá desde luégo se lo dieron como á propietario, finalmente, siempre -lo tuvo y sirvió por muchos años, hasta que lo dió y traspasó ó suplicó -al Rey que hiciese merced dél á Juan de Samano, de quien abajo, si -Dios quisiere, se tractará. En aqueste tiempo de las subrecticias ó -irregulares provisiones, como el obispo de Búrgos y Conchillos amaban y -favorecian muy de hecho á Diego Velazquez, porque él en Cuba procuraba -sus haciendas y negocios, asignándoles repartimientos de indios los -más provechosos y más cercanos de las minas, donde al cabo sus criados -y hacedores los mataban con excesivos trabajos (y áun díjose que el -obispo de Búrgos queria casar con una sobrina suya á Diego Velazquez), -y por el contrario, en cuanto podian, segun se creia, desfavorecian -las cosas y estado del Almirante, despacháronse ciertas Cédulas y -provisiones del Rey para Diego Velazquez, intitulándole: «Al nuestro -Gobernador de la isla de Cuba, Diego Velazquez», siendo teniente del -Almirante, y enviándole él á ella por lo honrar y levantar, como á -criado de su tio, D. Bartolomé Colon, ó de su padre. Fué público y -notorio, al ménos fué así la fama, que el mismo Diego Velazquez, usando -de ingratitud contra el Almirante, lo pidió al Obispo y á Conchillos -que le hiciesen Gobernador, inmediato del Rey, de aquella isla, y -éste descomedimiento de Diego Velazquez fué despues, como parecerá, -harto celebrado. De aquí parece la grande injusticia que el Obispo -y Conchillos cometian contra el Almirante, usurpándole su estado y -mercedes concedidas, y que tan legítimamente y con tantos sudores, -trabajos y peligros, habia ganado su padre. No faltó quien vido la -Provision en el escritorio de Conchillos, y avisó al Almirante que -á la sazon estaba en la corte, y avisado quejóse al Rey y al Gran -Chanciller, y por aquella vez fué remediado, aunque despues, como -tornó el Obispo á proseguir el oficio de Presidente del Consejo de las -Indias, como se dirá, no sé si le dieron Provision para que aunque el -Almirante quisiese no le pudiese quitar el cargo. Desque los españoles -que destas islas y de la tierra firme, conviene á saber, del Darien, -donde presidia Pedrárias, estaban en la corte rabiando por negociar -que sus tiranías se confirmasen por el Rey nuevo, vieron que sus -industrias se les deshacian y que el obispo de Búrgos y Conchillos -no podian nada, y que el Clérigo prevalecia con el favor del Gran -Chanciller, acordaron de darle peticiones, dellos sin decir mal del -Clérigo ni quejándose de lo que contra ellos negociaba, sino solamente -pedir las cosas que les tocaban; otros quejándose del Clérigo que -los destruia, y diciendo contra los indios lo que se les antojaba, -las cuales todas y las cartas que para el Rey venian de las Indias -daba el Gran Chanciller al Clérigo ó se las enviaba: el Clérigo tenia -éste aviso, que al gran Chanciller mucho agradaba, que ponia en latin -fielmente toda la sustancia de lo que la peticion ó capítulo de la -carta decia, ó notificaba, ó queja que daban, y luégo abajo, de la -misma manera, en latin, decia el Clérigo su parecer en contra ó en -favor de lo que pedian ó suplicaban. Por este modo desengañó en muchas -cosas al Gran Chanciller, que le pedian é con falsedad le informaban, -y dió claridad de mucho de lo tocante á estas partes; llegó á tanto el -crédito que el Gran Chanciller dió al Clérigo, que hizo relacion al Rey -larga dél, encareciendo su experiencia y habilidad, y cognoscimiento de -las cosas destas Indias, y es de creer que tambien lo alabó de bondad -y rectitud de su intencion y buenos deseos; de donde sucedió que el -Rey mandó al Gran Chanciller que juntase consigo al Clérigo y ambos á -dos reformasen y pusiesen remedio á los males y daños destas Indias. -Por lo cual, un dia que se debia de haber tractado ante el Rey de la -misma informacion, y cometido el Rey al Gran Chanciller lo susodicho, -yéndose á comer y el Clérigo con los demas acompañándole, mandó á un -lacayo que fuese adelante y dijese al Clérigo que se detuviese, que -le queria hablar; detúvose luégo el Clérigo, y díjole en latin: _Rex -dominus noster jubet quod vos et ego apponamus remedia Indis, faciatis -vestra memorialia_. El Rey, nuestro señor, manda que vos y yo pongamos -remedio á los indios, haced vuestros memoriales. Respondió el Clérigo: -_Paratissimus sum et libentissime faciam quæ Rex et vestra dominatio -jubet_. Aparejado estoy é de muy buena voluntad haré lo que el Rey -y vuestra señoría me mandan. Esta fué la segunda vez que parecia -poner Dios en manos del Clérigo el remedio y libertad y salud de los -indios, sino que luégo, por una vía ó por otra, todo se desbarataba, -como adelante, asaz claro y digno de lamentacion, parecerá; por cuyos -pecados lo permitiese Dios desbaratar, ó de los indios ó de los -españoles, para que se cumpliese por ellos lo que está escripto en el -Apocalipsi, _qui nocet noceat adhuc_, ó por los de ambos á dos géneros -de hombres, el dia del juicio se nos mostrará. - - - - - CAPÍTULO CI. - - -En estos dias, el Almirante de Flandes, que habia venido con el Rey, -gran señor y de gran estado, inducido por algunos españoles de los -que habian ido de acá, y que por cobrar la benevolencia y favor de -los flamencos andaban solícitos en dalles avisos harto culpables, -suplicó al Rey le hiciese merced de aquella tierra ó isla grande que se -habia descubierto, que llamaban Yucatán (y ésta era toda la que agora -llamamos Nueva España), porque él la queria ir ó enviar á poblar de -gente flamenca, de su tierra, y se la diese en feudo, recognosciendo -siempre á Su Alteza, como vasallo á su señor, y para que mejor la -pudiese poblar y proveer de lo que conviniese, le diese la gobernacion -de la isla de Cuba; de donde pareció que el que le dió el aviso habia -ido de Cuba, y sabia bien lo que avisaba. El Rey, libremente, como si -le hiciera merced de alguna dehesa para meter en ella su ganado, se la -otorgó, por no saber Mosior de Xevres, que era el consultor principal -de las mercedes, lo que estas Indias eran y lo que al Rey importaban, -mayormente tierra nuevamente descubierta, que debiera considerar poder -ser alguna cosa grande, y de que despues de la haber concedido podia -mucho al Rey pesarle; como es cierto que le pesara, si por la industria -del Clérigo no se estorbara, y fué desta manera: que como ya entre -los flamencos el Clérigo sonaba y comenzaba á tener autoridad, por -ser clérigo y por su demanda, aconsejaron los caballeros flamencos al -dicho Almirante de Flandes, que hiciese buscar al Clérigo, y de su -parte le rogasen que fuese á comer con él (que era manera y uso de -flamencos cuando querian negociar), y que dél sabria lo que valia y -era la merced que el Rey le habia hecho de la tierra de Yucatán, y -cómo para la enviar á poblar de flamencos y para todo lo que á ésto -perteneciese debia guiarse. Fué al llamado del Almirante convidado el -Clérigo, y dél rescibido con grande alegría y humanidad y á la mesa -se le hizo gran fiesta, y la cortesía y favor que suelen hacer por -aquella tierra de Flandes, cuando dicen, «yo bebo á vos, moyseñor», á -los amados convidados, le hizo el mismo Almirante; y alzada la mesa, -quísose mucho informar del Clérigo de lo arriba citado. El Clérigo -le declaró y encareció con verdad qué cosa eran las Indias, y en -especial lo que de aquella tierra nuevamente descubierta se esperaba -de riquezas, segun la muestra que habia dado, y cuán necesaria era la -gobernacion de la isla de Cuba para quien aquella tierra hobiese de -tratar y señorear, con todo lo demas que para el fin que el Almirante -pretendia, con verdad, debia declarársele. Quedó contentísimo y -gozosísimo el Almirante de Flandes de la relacion tan particular que le -hizo el clérigo Casas, y por ella el Almirante quedóle muy obligado; -y como si le hobiera hecho merced el Rey de alguna viña, que de su -casa estuviera un tiro de ballesta, y en la plaza los cavadores para -cultivalla, con la misma facilidad despachó á Flandes, y dentro de -cuatro ó cinco meses vinieron, creo que, cinco navíos al puerto de Sant -Lúcar de Barrameda, cargados de gente labradora para venir á poblar la -dicha tierra. Entre tanto, como el Clérigo vido la merced hecha tan á -ciegas, y en violacion de la justicia que al Almirante de las Indias -pertenecia por sus privilegios, segun los cuales, no sólo en la tierra -destas Indias descubierta, pero en las por descubrir pretendia, y -justamente, derecho, mayormente en lo que no habia duda ninguna, como -era la isla de Cuba, que su padre personalmente habia descubierto el -año de 1494, como pareció en el libro I, cuya gobernacion actualmente -poseia, denunció la dicha merced al Almirante de las Indias el Clérigo, -doliéndose de aquella manifiesta injusticia. Reclamó luégo el Almirante -de las Indias al Rey, y á Mosior de Xevres, y al Gran Chanciller, el -cual iba ya entendiendo los servicios que el Almirante viejo, su padre, -en el descubrimiento deste orbe á los reyes de Castilla habia hecho, -y los agravios grandes que habia rescibido, y viendo la justicia, que -era manifiesta, suspendióse luégo la merced al Almirante de Flandes -hecha, cumpliendo con él diciéndole: que hasta que se determinase el -pleito que el Almirante de las Indias traia con el Fiscal real, sobre -pretender derecho por sus privilegios á todas las tierras que en el -mar Océano se descubriesen, no podia el Rey hacer merced semejante de -ninguna dellas; cuanto más que habia sido informado que la isla de -Cuba, de que ninguna duda se tenia pertenecerle la gobernacion della, y -cuya posesion pacífica ya tenia, no pudo concederla á otro sin su gran -perjuicio. Y así se quedó el señor Almirante de Flandes sin Yucatán y -la Nueva España, que por ventura, si el clérigo Casas no avisara con -tiempo y ayudara lo que con el Gran Chanciller ayudó, hoy la tuviera -y el Rey lo ménos della poseyera. Venidos sus cuatro ó cinco navíos, -cargados de labradores flamencos, á Sant Lúcar, y desbaratado todo su -fundamento, hallándose burlados, ó de enojo y angustia desto, ó que los -probó la tierra, murieron mucha parte dellos, y los que escaparon con -la vida volviéronse á su tierra perdidos; y en ésto pararon los avisos -que los españoles que á la sazon estaban en la corte, destas Indias, -por buscar favor contra el Clérigo, daban y dieron al Almirante de -Flandes y á los otros flamencos. Por este tiempo, en Valladolid, vino -huyendo de Portugal, ó escondidamente por cierta queja que del Rey -tenia, un hombre marinero, ó al ménos sabia mucho de la mar, llamado -Hernando de Magallanes, que en portugués se decia, Magalhāes, y con -él un bachiller, ó que se decia bachiller, que tenia por nombre Rui -Faleiro, á lo que mostraba ser, grande astrólogo, pero los portugueses -afirmaban tener un demonio familiar y que de astrología no sabia nada. -Estos se ofrecieron á mostrar que las islas de Maluco y las demas, de -que los portugueses llevan á Portugal la especería, caian ó estaban -dentro de la demarcacion ó particion que se habia comenzado, aunque -no acabado, entre los reyes de Castilla, católicos, y el rey D. Juan -de Portugal, el segundo, de las partes australes y occidentales, y -que descubririan camino para ir á ellas fuera del camino que llevaban -los portugueses, y éste sería por cierto estrecho de mar que sabian. -Vinieron con esta novedad, primero, al obispo de Búrgos, como sabian -que hasta allí habia gobernado las Indias, aunque por entónces estaba -como galera desarmada, y el Obispo los llevó al Gran Chanciller, y el -Gran Chanciller habló al Rey y á Mosior de Xevres. Traia el Magallanes -un globo bien pintado, en que toda la tierra estaba, y allí señaló el -camino que habia de llevar, salvo que el estrecho dejó, de industria, -en blanco, porque alguno no se lo saltease; y yo me hallé aquel dia -y hora en la cámara del Gran Chanciller, cuando lo trujo el Obispo y -mostró al Gran Chanciller el viaje que habia de llevar, y hablando yo -con el Magallanes, diciéndole qué camino pensaba llevar, respondióme -que habia de ir á tomar el cabo de Sancta María, que nombramos el Rio -de la Plata, y de allí seguir por la costa arriba, y así pensaba topar -el estrecho. Díjele más, «¿y si nó hallais estrecho por dónde habeis -de pasar á la otra mar?» Respondióme que cuando no lo hallase irse ia -por el camino que los portugueses llevaban. Pero, segun escribió en una -epístola un caballero italiano, llamado Pigafetta, Vicentin, que fué á -aquel descubrimiento con Magallanes, cierto iba Magallanes de hallar el -estrecho, porque, diz que, habia visto en una carta de marear, hecha -por un Martin de Bohemia, gran piloto ó cosmógrafo, que estaba en la -Tesorería del rey de Portugal, el estrecho pintado de la manera que lo -halló, y porque el dicho estrecho estaba en la costa de mar y tierra, -dentro de los límites de los reyes de Castilla, debió moverse á venir -é ofrecerse al rey de Castilla, de descubrir camino nuevo para las -dichas islas de Maluco y las demas. Este Hernando de Magallanes debia -de ser hombre de ánimo y valeroso en sus pensamientos, y para emprender -cosas grandes, aunque la persona no la tenia de mucha autoridad, porque -era pequeño de cuerpo, y en sí no mostraba ser para mucho, puesto que -tampoco daba á entender ser falto de prudencia, y que quien quiera le -pudiese fácilmente supeditar, porque parecia ser recatado y de coraje. -Cuéntase dél, en una historia portuguesa, que partiendo dos naos de la -India para el reino de Portugal, en una de las cuales Magallanes iba, -dieron ambas en unos bajos y se perdieron, pero salvóse toda la gente -y muchos de los mantenimientos en los bateles, yéndose á una isleta -que estaba cerca de allí; acordaron que en los bateles se fuesen á -cierto puerto de la India, que distaba algunas leguas, y porque no -cabian todos en ellos, ni podian ir de una barcada, hobo gran contienda -sobre quién iria en el primer barcaje; los capitanes y fidalgos y -personas principales querian ir primero, los marineros y gente baja, -decian que nó, sino ellos. Visto por Magallanes el peligro y porfía -peligrosa en que estaban, dijo: «Váyanse los capitanes y fidalgos, y -yo me quedaré con los marineros y los demas, con tanto que nos jureis -y deis la palabra de enviar luégo, en llegando, por nosotros.» Dijeron -los marineros y gente baja, que si con ellos quedaba Magallanes que les -placia quedar, y en ésto Magallanes estaba en uno de los bateles; ya -que se queria partir, díjole un marinero de los que quedaban, creyendo -que disimulaba para irse: «Señor, ¿no nos prometísteis de quedar con -nosotros?» Respondió él: «Sí,» y diciendo y haciendo salta del batel -en tierra, y dice: «Véisme aquí.» Y así se quedó con ellos, y mostró -ser hombre de verdad y de esfuerzo, y tambien parece que debia de ser -hombre de calidad, pues holgaron de quedarse con él toda la gente baja, -y se apaciguaron y excusó las pendencias, en que todos peligraran. Lo -que demás deste Magallanes hay que decir, se dirá, placiendo Dios, -abajo. - - - - - CAPÍTULO CII. - - -Tornando á proseguir lo que arriba en el cap. 100 contábamos, que -el Gran Chanciller, de parte del Rey, mandó al clérigo Casas; lo -primero que hizo fué ir á los monasterios y dar parte á las personas -religiosas, Priores y Guardianes, que ya tenian noticia de lo que -negociaba, del estado en que Dios parecia que ponia su negocio, cuya -prosperidad todos tambien deseaban, y rogalles suplicasen á nuestro -Señor le alumbrase á en todo lo que dijese ó escribiese para bien de -aquestas gentes cumplir su voluntad. Comenzó y acabó sus memoriales y -dá la traza y órden que habian llevado los frailes de San Hierónimo, -añidiendo algunas otras cosas para el bien y la vivienda de los -españoles, y para que los consiguiesen su total libertad, que le -parecieron haber en aquella faltado; y entre otras dió aviso como -aquesta isla Española, principalmente, y despues las demas, se poblasen -de labradores, pues ya estaba de sus infinitos vecinos naturales -asolada. La órden de la poblacion della hizo desta manera: que el Rey -diese á cada labrador que quisiese venir á poblar en ella, desde que -partiese de su pueblo hasta Sevilla, de comer, para lo cual se señaló -á cada persona, chico con grande, medio real cada dia, y en Sevilla se -les diese posada en la casa de la Contratacion, y 11 ó 13 maravedís -para comer cada dia, de manera que tanto se daba al niño de teta como -á sus padres; de allí, pasaje y matalolaje hasta ésta isla, y en ella -un año de comer, hasta que ellos lo tuviesen de suyo, y si la tierra -los probase tanto, que no estuviesen para trabajar más tiempo de un -año, que lo que demas de un año el Rey les diese, fuese prestado para -que se lo pagasen cuando pudiesen; y porque el Rey tenia ciertas -granjas, que acá llamamos estancias, donde habia indios y algunos -negros, aunque pocos negros, para sus granjerías, que se les diesen á -los labradores donde se fuesen á aposentar, con todo lo que en ellas -de valor habia, salvo los indios que se habian de poner en libertad, -con que sustentasen los indios las dichas labores, ó granjerías algunos -dias; dábanseles tambien rejas y azadas las que hobiesen menester, -y de las tierras cuantas y cuan largas las quisiesen. Habíanlos de -curar y dar las medicinas á costa del Rey, si adolesciesen; item, que -los beneficios de los pueblos que poblasen fuesen patrimoniales, para -que los hijos dellos se opusiesen y los llevasen por méritos como -en el obispado de Valencia. Otras muchas y diversas mercedes se les -prometieron, harto provocativas, á venir á poblar estas tierras, de -los que las oian; y porque algunos de los españoles desta isla dijeron -al clérigo Casas, viendo lo que pretendia y que los religiosos de -Sancto Domingo no querian absolver á los que tenian indios, si no los -dejaban, que si les traia licencia del Rey para que pudiesen traer -de Castilla una docena de negros esclavos, que abririan mano de los -indios, acordándose desto el Clérigo dijo en sus memoriales, que le -hiciese merced á los españoles vecinos dellas de darles licencia para -traer de España una docena, más ó ménos, de esclavos negros, porque -con ellos se sustentarian en la tierra y dejarian libres los indios. -Este aviso, de que se diese licencia para traer esclavos negros á estas -tierras, dió primero el clérigo Casas, no advirtiendo la injusticia -con que los portugueses los toman y hacen esclavos, el cual, despues -de que cayó en ello, no lo diera por cuanto habia en el mundo, porque -siempre los tuvo por injusta y tiránicamente hechos esclavos, porque la -misma razon es dellos que de los indios. Todos los avisos y medios que -dió el clérigo Casas para que en estas tierras viviesen los españoles -sin tener indios, de donde se seguia ponerlos luégo en libertad, -pluguieron y fueron gratos mucho al Gran Chanciller y al cardenal de -Tortosa, Adriano, que despues fué Papa, porque de todo se les daba -parte, y á todos los demas flamencos que dello supieron. Preguntóse al -Clérigo qué tanto número le parecia que sería bien traer á estas islas -de esclavos negros: respondió que no sabia, por lo cual se despachó -Cédula del Rey para los oficiales de la Contratacion de Sevilla, que -se juntasen y tractasen del número que les parecia; respondieron que -para estas cuatro islas, Española, Sant Juan, Cuba y Jamáica, era su -parecer que al presente bastarian 4.000 esclavos negros. Así como vino -esta respuesta no faltó quien, de los españoles, por ganar gracias, dió -el aviso al gobernador de Bressa, que era un caballero flamenco, segun -creo, muy principal, que el Rey habia traido consigo y que era de su -Consejo, que pidiese aquellas licencias por merced; pidióla, y el Rey -luégo se la dió, y luégo ginoveses se la compraron por 25.000 ducados, -y con condicion que por ocho años no diese otra licencia el Rey alguna. -Fué muy dañosa esta merced para el bien de la poblacion destas islas, -porque aquel aviso que de los negros el Clérigo habia dado era para el -bien comun de los españoles, que todos estaban pobres, y convenia que -aquello se les diese de gracia y de balde, y como despues los ginoveses -les vendieron las licencias y los negros por muchos castellanos ó -ducados, que se creyó que ganaron en ello más de 280 y áun 300.000 -ducados, todo aquello se sacó dellos, y para los indios ningun fructo -dello salió, habiendo sido para su bien y libertad ordenado, porque al -fin se quedaron en su captiverio hasta que no hobo más que matar. Habló -el Clérigo al Rey afirmándole que Su Alteza debia de hacer merced al -dicho gobernador de Bressa de los 25.000 ducados de su Cámara, porque -les sería muy más barato, segun el daño y deservicio que habia de -rescibir en no asentar la poblacion destas islas, que por entónces se -comenzaba, de lo cual necesariamente habian de suceder otros muchos -inconvenientes y daños; pero como él tenia por entónces poco dinero, -y no se le podia por entónces dar todo á entender, no aprovechó nada. -Dió tambien aviso y modo cómo se comenzase á tractar y saber las gentes -y cosas que habia en toda la tierra firme que por entónces se sabia, -haciendo en las costas ó riberas de la mar della fortalezas, de -trecho á trecho, y que estuviesen hasta 30 hombres en ellas con muchos -rescates y cosas de Castilla para trocar por oro y plata y perlas y -piedras preciosas, y en cada una ciertos religiosos que tractaran de -la predicacion del Evangelio, con lo cual se hobiera todo cuanto oro -y cosas de valor los indios tuvieran, y cobraran con ellos amor y -amistad, y ganaran las voluntades, y á sus tiempos hicieran fortalezas -dentro de la tierra, y desta manera se supieran todos los secretos -della, y con la industria y diligencia y obras de los religiosos las -gentes se fueran convirtiendo, y, por consiguiente, confirmando en el -amistad de los españoles, y de allí haber cognoscimiento de la bondad -y justicia del Rey, y fácilmente se pudieran ganar y atraer á que de -su popria voluntad se le subyectaran y dieran, sabiendo lo que hacian, -la obediencia. No se podrá encarecer cuántos tesoros temporales por -esta vía se hobieran, y, lo que más es, cuán fácil fuera la conversion -de todas aquellas inmensas naciones, sin que una ni ninguna fuera -injustamente muerta, y cuán felice hoy y siempre España fuera; pero -no fuimos dignos de tan precioso é inestimable bien. La causa desta -indignidad fué, y siempre ha sido, algunos tiempos mayor y otros menor, -la ceguedad é insensibilidad, y no sé si les será imputada en el juicio -terrible de Dios, del Consejo del Rey, por señalada é inícua maldad -en no haber tenido por hito y blanco, como fin principal á que todas -sus obras y ordenaciones, leyes y mandamientos, y determinaciones se -habian de ordenar y enderezar, la conversion y utilidad espiritual y -temporal de aquellas gentes, y no en adquirir hacienda para el Rey -é para sí ó para sus parientes y amigos. Y pluguiera á Dios que con -verdad procuraran el provecho y allegamientos de la hacienda real, -pero ni áun ésta procuraron sino de voz y de palabra, permitiendo Dios -que, pues no procuraban por su honra y predicacion de su ley y por la -salud de las ánimas, que así se gastasen, que no cayesen en la forma y -sustancia de la buena gobernacion que en estas Indias eran obligados á -poner, ni en cosa á ella conveniente acertasen, y ésta no era otra más -sustancial que enviar verdaderos pobladores, conviene á saber, gente -labradora, que viviese de cultivar tierras tan felices como éstas, -las cuales de su propia voluntad concedieran los mismos naturales -pobladores y dueños dellas, que eran los indios, y los unos se casaran -con los otros, y de ambas se hiciera una de las mejores repúblicas, y -quizá más cristiana y pacífica del mundo, y no enviar indiferentemente -de todo género de personas desalmadas, que las robaron, escandalizaron, -destruyeron y asolaron y echaron en los infiernos, con increible -infamia de la fe y vituperios inespiables del nombre y honor de Dios. Y -destos estragos y ofensas gravísimas de Dios, y jactura, y disminucion -tan nunca oida del linaje humano, no tiene ninguna excusa el Consejo, -ante Dios, porque no se hicieron en un dia, ni en un año, ni en diez, -ni en veinte, sino en sesenta y más años, y que cada dia lo sabian -por cartas y por relacion presencial de muchos religiosos y personas -graves que les informaban, y por las residencias y otros jurídicos y -autorizados testimonios, y nunca por eso lo remediaron; y, así permitió -Dios, como dije, que no acertasen en cosa de provecho de los reyes de -Castilla, habiendo mil vías y cosas en que pudieran ser, sin daño de -las Reales conciencias, riquísimos, y los más felices Reyes y señores -del mundo, lo que no han sido sino los más necesitados de dineros que -hobo jamás Reyes, habiendo entrado en su poder más de 200 millones -de ducados en oro y plata y perlas y piedras preciosas, lo cual todo -se les ha consumido, como si fuera humo ó una poca de estopa que se -quemara; lo cual, todo, no sólo no les bastó para salir de las grandes -y diuturnas guerras y angustias en que se vieron, pero los reinos de -Castilla y Leon, ó todos los vendieron ó los empeñaron, y así se les ha -parecido, la buena gobernacion que su Consejo puso en las Indias, en -la capa. De todos éstos daños, y pérdidas, y pobreza, y angustia que -á los Reyes y á sus reinos han venido, y otros mayores, que yo tengo -por cierto, que han de venir sobre España, son reos y culpables sólo -los del Consejo que el rey y reyes de Castilla tuvieron, que las cosas -de las Indias tractasen; y puédese afirmar, sin ofensa de la verdad, -segun las reglas de la prudencia, que por las cosas pasadas conjetura -muchas verdades, que nunca Rey del mundo fué tan ofendido ni dañificado -de los que daba de comer, y constituyéndolos por de su Consejo, -ensalzaba, como lo han sido de los suyos los reyes de España. Tornando -al propósito de la historia, en estos dias se comenzó á sonar que el -obispo de Búrgos, y su hermano, Antonio Fonseca, que era Contador mayor -de Castilla, dieron dineros ó al Rey ó á Mosior de Xevres, porque los -oficios que tenian se los confirmasen, y díjose que dieron 16.000 -ducados; y no careció de sospecha, porque al cabo con ellos y en ellos -quedaron, como, de lo que abajo se refiriere, parecerá. - - - - - CAPÍTULO CIII. - - -En este año de 17 salió el Rey de Valladolid para ir á tomar posesion -de los reinos de Aragon, y de camino, en Aranda de Duero, se comenzó -á tratar de los medios que el Clérigo habia dado; y como cosa -señaladamente importante y necesaria para poner los indios en libertad, -que era el fin del Clérigo, porque cesase la muerte de los indios que -cada dia en estas islas se celebraba, trabajó que lo primero en que -se entendiese fuese la poblacion de los labradores. Allí, en Aranda, -se comenzó á hallar en el negocio el obispo de Búrgos, ó porque los -oficios habia comprado, si fué verdad, ó porque Mosior de Xevres y -el Gran Chanciller, por su autoridad y como quien tantos años habia -estas Indias gobernado, aunque muy mal gobernado, quisieron á los -negocios llamarle, y, tractándose, cuanto podia resistia el Obispo al -Clérigo, aunque moderadamente; en especial resistia la poblacion de los -labradores, diciendo que habia él trabajado á los principios de enviar -labradores á esta isla, y fueron estas sus palabras: «Ahora veinte años -quise yo enviar labradores y no hallé 20 que allá pasasen.» El Clérigo -afirmaba que él llevaria 3.000 labradores, cumpliendo el Rey con ellos -lo que se habia propuesto de su parte se les habia de notificar, y -daba la razon el clérigo Casas, que cuando el Obispo queria enviar -labradores á esta isla, que era sola la tierra destas partes donde -habia españoles, la mayor pena que á algun malhechor delincuente, fuera -de la muerte, se podia dar, era desterrallo de Castilla para acá, -como en el primer libro relatamos que los Reyes habian mandado que se -desterrasen para esta isla los condenados; pero despues, el tiempo -adelante, el mayor tormento que á los españoles, sacada la muerte, se -daba, y, cierto, los atormentaba más que otro, por grande que fuese -el dolor ó el trabajo, era desterrallos desta isla para España: y ésto -en el segundo libro, hablando de la gobernacion del Comendador Mayor -de Alcántara, lo declaramos. Aquí, en Aranda de Duero, cayó enfermo -el Clérigo, y así cesó de tratarse de los negocios de las Indias en -los dias pocos que el Rey allí estuvo, y estando el Clérigo en la -cama enviólo á visitar el Gran Chanchiller con un capellan suyo, -flamenco, persona de virtud, y con él una peticion que le habian dado -en perjuicio del Almirante, llena de muy gran falsedad, rogándole -que la viese y le enviase su parecer; la cual vista, y doliéndose de -la malicia que por ella el dador significaba, puesto que con gran -calentura, se asentó en la cama y escribió en latin la sustancia que -contenia, y desengañó al Gran Chanciller declarándole lo que del caso -sabia, segun la verdad. Fuese luégo el Rey de Aranda para Zaragoza, -y muchas veces por el camino hablaba el Gran Chanciller del Clérigo, -mostrando mucho pesar de su enfermedad, y, como que lo hallase ménos, -decia: «¡Oh! ¿qué tal estará micer Bartolomé?» Porque micer llaman los -flamencos á los clérigos, y así comunmente todos los flamencos, y el -Rey mismo, lo nombraban. Tuvo por bien Dios de darle salud en breves -dias, y, como el Rey iba despacio, ántes de Zaragoza lo alcanzó, y -subiendo al aposento del Gran Chanciller, en cierto lugar, fué muy -grande el alegría que de vello rescibió, y el favor que rescibiéndolo -le hizo; y cuando el Clérigo subia descendia D. García de Padilla, -del Consejo del Rey, persona muy eminente, letrado y caballero, y del -Rey muy estimado, y díjole: «Subí, subí, padre, y consolá al Gran -Chanciller, porque, por vuestra vida, que os tiene ya llorado,» todo -ésto era señal de la estima que del Clérigo se tenia, y cuán de gana el -Gran Chanciller habia tomado los remedios destas Indias en las manos, -con la confianza que de la industria y avisos del Clérigo rescibido -habia. Llegado el Rey á Zaragoza y asentada la corte, quisiera luégo -el Gran Chanciller proseguir en el negocio, hasta acabarlo, destas -Indias, pero cayó enfermo el obispo de Búrgos, que lo impidió, porque, -segun pareció, debian tener determinado que el Obispo se hallase en -los Consejos y expedicion de los negocios destas Indias, ó por los -dineros que él y su hermano dieron, ó por sola la autoridad de sus -personas, que siempre fué mucha en aquel reino, y así dilató el Gran -Chanciller la prosecucion de las cosas comenzadas para la reformacion -destas Indias, hasta que el Obispo sanase y pudiese hallarse en ellas. -Entre tanto recibió una carta el Clérigo, de Sevilla, del padre fray -Reginaldo, de quien arriba en el cap. 99 hicimos mencion, haciéndole -saber cómo habia llegado allí de la tierra firme un religioso de Sant -Francisco, llamado fray Francisco de Sant Roman, que afirmaba por -sus ojos haber visto meter á espada y echar á perros bravos sobre -40.000 ánimas de indios, y ésto fué lo que arriba referimos en el cap. -72. Esta carta mostró el Clérigo al Gran Chanciller, de que quedó -maravillado, y díjole que fuese al Obispo y lo visitase de su parte, y -le mostrase aquella carta, como si le quisiera enviar á decir que se -avergonzase y conociese su culpa, pues tan mala gobernacion en estas -tierras habia puesto, y parecia que la intencion del Gran Chanciller -era, enviando al Clérigo á visitar de su parte al Obispo, darle ocasion -para que no lo aborreciese, porque dos veces habia sido causa que le -quitasen del Consejo, una en tiempo del Cardenal y otra en este tiempo, -á fin, todo, que en los Ayuntamientos, tractando los medios y avisos -que habia dado, no le contradijese. Finalmente, lo visitó el Clérigo -y leyóle la carta, y respondió el Obispo: «Decidle á su señoría que -le beso las manos, y que ya yo le he dicho que será bien que echemos -aquel hombre de allí;» éste era Pedrárias, que asoló sobre 300 leguas -y más de aquella tierra. En estos dias llegó doña María Niño, mujer -del secretario Conchillos, á Zaragoza, y descendiendo de hablar al -Gran Chanciller subia el Clérigo, y, como lo vido, cognosciólo, -aunque pocas veces lo habia visto, y díjole: «¡Ay, padre, Dios os lo -perdone, que así habeis echado al hospital mis hijos!» El Clérigo -no paró sino subiendo y diciendo: «Señora, la sangre dellos venga -sobre mí y sobre los mios.» No sentia la noble dueña cuántos padres, -y madres, y hijos, y áun muchos linajes juntos, habian perecido de -hambre y trabajos por enviarle oro los tiranos que acá tenia, con que -ella triunfaba y allegaba más dineros de los que ella tenia para sus -hijos, y lloraba y tenia por gran pecado que el Clérigo cometia, en -procurar que se le quitasen los desventurados indios cuya sangre ella -y su casa bebian. Convalecido ya el Obispo, despues de veinticinco -dias, y estando para juntarse con el Gran Chanciller y los demas, que -eran los que el Gran Chanciller mandaba llamar, y uno era D. García -de Padilla, de quien arriba se dijo, mañana ú otro dia, un viérnes en -la noche, haciendo colacion, estando el Clérigo con él, le dijeron -como era muerto un pajecillo que debia ser sobrino suyo, que tenia en -casa malo, el cual, como lo oyó, se paró en gran manera triste, y otro -dia, sábado, se sintió mal dispuesto y no fué á Palacio, y lo mismo -hizo el domingo y el lúnes con alguna señal de calentura. El lúnes se -paró á la ventana de su posada con buena disposicion, pero luégo se le -agravió el mal, como era hombre de muchas carnes y abundaba en sangre, -y no lo sangraron con tiempo, y así la sangre le ahogó, y el miércoles -lo enterraron. Muerto el Gran Chanciller, cierto, murió por entónces -todo el bien y esperanza del remedio de los indios; y ésta fué la vez -segunda que pareciendo estar muy propincua la salud de aquestas gentes, -por los juicios de Dios secretos, se les deshizo de tal manera que -pareció del todo ser la esperanza perdida. Prevaleció luégo el Obispo, -y pareció subir hasta los cielos, y cayó el Clérigo en los abismos, -porque como no habia hablado ni informado á Mosior de Xevres ni á otro -de los que estaban cabe el Rey, porque no tuvo necesidad dello, segun -está dicho, muerto el Gran Chanciller quedó de todo favor destituido. -Nombró el Rey á un flamenco, que era Dean de Bizancio, que despues fué, -segun creo, arzobispo de Mecina, que tuviese cargo de ser Chanciller -entre tanto que otro venia, pero era tan pesado y flemático, que se -dormia en los Consejos, y aunque el Clérigo lo informaba y áun lo -molia, y tanto que lo traia acosado, pero no por eso se enojaba, por -la abundancia de su flema, y viendo un dia la solicitud del Clérigo, -que no lo dejaba las mañanas ni las noches, díjole riendo: _Commendamus -in Domino, domine Bartholomee, vestram diligentiam_, que no le fué al -Clérigo chico motivo de reir, aunque por otra parte regañaba y lloraba -la falta que habia en la gobernacion, y, cierto, cuando concurren en -los negocios, agendo y paciendo, un colérico como el Clérigo lo era, -y un flemático, mayormente con exceso, como aquel buen Dean tenia el -ser, no es para ambos chico tormento, puesto que ni áun por eso se -turbaba ni mataba el Dean, tanta era su flemática paciencia. Todavía -aprovechaba seguirle algo, para templar la entereza del obispo de -Búrgos para con el Clérigo, de quien tantos sinsabores habia rescibido. -El Clérigo no desmayó por la muerte del Gran Chanciller, y por todos -los disfavores que despues della le sucedieron, puesto que le crecieron -nuevos trabajos, y así no dejó de proseguir lo comenzado, dando -peticiones en el Consejo que el obispo de Búrgos ayuntaba, á su pesar, -aunque el Gran Chanciller le faltaba, pero como no lo admitian en él, -ni tenia dentro quien le ayudase ó defendiese, no efectuaba nada, sino -eran cosas que de justicia y áun de vergüenza no podian negar. Entraban -en el Consejo de las Indias el Obispo, y Hernando de Vega, Comendador -mayor de Castilla, y don García de Padilla y el licenciado Zapata, y -en estos dias negoció Pedro Mártir que lo hiciesen del Consejo mismo -de las Indias, y ansí lo alcanzó y lo fué, y con ellos el secretario -Francisco de los Cobos, que cada dia crescia en favor y autoridad. Este -amaba mucho al Obispo y á su hermano, Antonio de Fonseca, y como no se -apartaba de Mosior de Xevres, y Mosior de Xevres no tenia otra lumbre -que en los negocios del reino lo guiase, ni de otro así se fiaba, fué -todo favor y ayuda al obispo de Búrgos; y como no tuvo torcedor alguno -que tuviese con Mosior de Xevres autoridad, todo cuanto el Obispo decia -y queria, en cosas de las Indias, se le aprobaba. Y con estas fuerzas, -se tuvo por cierto que el Obispo pretendió, y lo alcanzó, que hobiese -Consejo por sí de las Indias, y entrasen en él los que en él entraron, -al ménos Hernando de Vega, que tenia por estas islas harto interese, y -el licenciado Zapata que se habia hallado en todos los hierros pasados, -quedando el señor Obispo por Presidente y cabeza, como siempre lo habia -sido, en la gobernacion, y mejor diré desgobierno destas Indias; y de -aquí parece que se entabló ser por sí el Consejo de las Indias, y dura -hasta el año de 1560, y no sabemos hasta cuando durará. En ésto llegó -el padre Hierónimo, que enviaron los otros padres, sus compañeros, -contra el Clérigo el cual, como halló el mundo mudado y al obispo de -Búrgos en tanta cumbre, que era el mayor contrario que ellos tenian por -hacer aquella provision el Cardenal, con tanto disfavor suyo, segun -arriba pareció, no lo quisieron en el Consejo sino mal oir, donde el -Obispo, que no solia callar cosa, le daba recias reprensiones, tanto -que aquel Padre blasfemaba dél y dellos, y no tenia otro consuelo -sino cuando topaba con el Clérigo quejarse dellos á él, y habia sido -enviado contra él. El cual, viendo cuán mal le iba, sin hablarles, -como despechado fuese á su monasterio. Lo primero que el Obispo hizo, -ó entre las cosas primeras, fué despachar Cédula del Rey, mandando ó -diciendo todos los dichos padres Hierónimos que luégo para aquellos -reinos se partiesen, y así lo hicieron. - - - - - CAPÍTULO CIV. - - -Yendo los negocios por éste paso, comenzó Dios á proveer al Clérigo -de favor nuevo, desta manera: que como entre los caballeros flamencos -que servian al Rey se tuviese noticia del Clérigo y de los negocios -que pretendia, y despues de la muerte del Gran Chanciller no viesen -que sonaba, hobo hombre dellos, movido por sola virtud y con celo de -lo que oia decir, que el Clérigo procuraba la libertad y remedio de -las gentes, que lo deseaba ver y cognoscer y saber dél á la larga -lo que sus negocios contenian, y así lo andaba á buscar, y rogaba á -otras personas que si lo viesen le rogasen de su parte se dejase ver -y cognoscer dél, porque habia dias que lo deseaba; finalmente, un dia -en Palacio se toparon. Quiso el caballero ser informado del fin que -pretendia el Clérigo, y de las causas dél, y lo demas que tocaba á -estas Indias; dióle larga relacion de todo. Quedó espantado de tanta -maldad y crueldades y disminucion de tantas gentes, y pluguiera á Dios -que no fueran más y peores las que despues sucedieron; quedó asimismo -obligado á lo favorecer con cuantas fuerzas tuviese. Cundió toda la -corte aquesta junta de ambos, cuanto á la gente flamenca que es más -blanda y más humana que nosotros, porque aquel caballero era discreto, -pio y buen cristiano, y estimado del Rey y de toda su Casa real, y -luégo derramó por muchos la causa. Fué de aquí adelante el Clérigo -cognoscido de muchos más, y, aunque no visto, loado y amado. Este -caballero se llamaba Mosior de La Mure, sobrino de Mosior de Laxao, -Sumiller del Rey, muy querido, y más que otro ninguno su privado; -púsole con su tio, Mosior de Laxao. Hablóle al Clérigo largo, quedó -tambien de su informacion, como su sobrino, prendado y dispuesto para -le ayudar y favorecer y resistir á los contrarios. Y es aquí de -saber, que cognoscida la causa de los negocios y trabajos del Clérigo, -y la sinceridad con que los negociaba, sin pretender interese suyo -particular, y que al cabo de todos ellos, grandísimo y inestimable -servicio y provecho del Rey resultaba, era tanta la estima y el amor -que todos los flamencos le tenian, que no les parecia sino que en -estar el Clérigo en la corte y negociar lo que procuraba, consistia -la salud del Rey y todo el ser y conservacion de todo su Real estado, -y ésto parecerá más adelante; y no tenia menor opinion del Clérigo el -Cardenal que despues fué Papa, VI Adriano. Aquí en Zaragoza prosiguió -Hernando de Magallanes su demanda, y porque vino un embajador de -Portugal á tractar del casamiento de Madama Leonor, hermana del Rey, -con el rey don Manuel de Portugal, díjose que andaban por matar á él -y al bachiller Rui Faleiro los de la parte del dicho Embajador, y así -andaban ambos á sombra de tejado, y por ésto el Obispo de Búrgos, -cuando se tardaban en el negociar con él despues del sol puesto, -enviaba gente de su casa, que hasta su posada los acompañasen. Aquí, -hablando el Clérigo con el Obispo, delante de algunos á quien tocaban, -refiriendo las tiranías y estragos que en estas Islas se habian -perpetrado, por venir acaso la plática, como siempre le pesaba oillas, -ó cognoscer que en vituperio de su mala gobernacion todo resultaba, ó -porque su insensibilidad le impedia que no las sintiese ni se doliese -dellas ni las remediase, dijo con mucha ira, y para que el Clérigo se -afrentase delante aquellos, y ellos se holgasen. «Pues vos estábades -en las mismas tiranías y pecados;» lo cual, decia porque habia tenido -indios el Clérigo repartidos, como arriba queda declarado, y él no lo -negaba; respondió el Clérigo, no con ménos cólera y coraje; «sí, yo -los imité ó seguí en aquellas maldades, haga vuestra señoría que me -sigan ellos á mí en salir de los robos y homicidios y crueldades en que -perseveran, y cada dia hacen.» Desta respuesta no quedó el Obispo, ni -los presentes, que con lo que habia dicho al Clérigo, por ultrajalle, -se habian gozado, quedaron muy favorecidos ni pagados. No dejaba por -estos disfavores el Clérigo de dar peticiones cuantas queria en aquel -Consejo, aunque al Obispo pesaba, sobre que se prosiguiese lo que en -tiempo del Gran Chanciller se habia comenzado. Proveyeron que fuese -á tomar residencia á los Oidores de la Audiencia de Sancto Domingo, -y á los jueces del Almirante, á un licenciado Rodrigo de Figueroa, y -para que la tomase al Teniente del Almirante de la isla de Sant Juan, -y á Diego Velazquez en la isla de Cuba, á un doctor de la Gama, y -por Gobernador de tierra firme, y que tomase residencia á Pedrárias, -un caballero de Córdoba llamado Lope de Sosa; y porque los españoles -que allí estaban destas islas, habian infamado contra la verdad á los -vecinos naturales de la isla de la Trinidad, que comian carne humana, -y determinaba el Consejo que les hiciesen guerra y los que tomasen -fuesen esclavos, el Clérigo resistió, afirmando que no era verdad, por -lo cual mandaron que se pusiese en la Instruccion real que llevó el -licenciado Figueroa, como el clérigo Bartolomé de las Casas afirmaba, -que los indios naturales vecinos de la isla de la Trinidad no eran -caribes, conviene á saber, no eran comedores de carne humana; que -le mandaba que con toda diligencia, en llegando á esta isla, tomase -sobre ellos informacion y examinase la verdad, el cual así lo hizo con -muchos marineros, y otros de los mismos que la saltearon algunas veces, -y halló que no eran caribes, sino muy modestos y ajenos de aquellos -males, y el mismo licenciado Figueroa me lo afirmó á mí cuando yo torné -de Castilla á esta isla Española. Y viene aquí bien referir lo que, -despues que el clérigo Casas se partió desta isla contra los religiosos -Hierónimos, se hizo en la dicha isla de la Trinidad: fué un navío desta -isla Española á saltear como solian en la tierra firme de Paria, con la -ocasion de ir á rescatar perlas, que por allí habia entónces hartas, -y llegaron á la isla de la Trinidad, y como los indios della vieron -el navío, salieron á la ribera á resistirles la entrada, como habian -quedado tan ofendidos y lastimados de Juan Bono en el año pasado, como -en el cap. 91 queda referido, y porque debieran creer que era el -mismo Juan Bono, daban voces «Juan Bono, malo, Juan Bono, malo,» ó si -creian que eran otros sin Juan Bono, quejándose de Juan Bono, malo, -que tan mala obra les habia hecho, rescibiendo dellos tan buen abrigo -y hospedaje. Respondieron los españoles desde las barcas que no eran -ellos Juan Bono ni venia con ellos, porque aquel era malo, y tenian -razon de decir que era malo, y que por aquella traicion que les habia -hecho, en Sancto Domingo lo habian ya ahorcado, y que porque ellos eran -buenos, y no como Juan Bono, malos, venian á denunciárselo y á holgarse -con ellos y traelles cosas de Castilla, porque los tenian por hermanos; -con todas las otras palabras, mentirosas y fingidas que pudieron -decirles para aplacarlos. Los tristes, con su innata simplicidad y -mansedumbre, creyeron que decian verdad, aunque cuanto á la malicia del -mundo y la experiencia que de nuestra iniquidad y costumbres ya tenian, -era su simplicidad y mansedumbre culpable, y su creencia ó credulidad -fácil y liviana, porque no habian ellos de creer aquellas palabras, -sino presumir que eran peores que Juan Bono, y más sin verdad tiranos, -no teniendo más certidumbre y seguridad que su parla. Creyéronlos, -y rescibiéronlos, y sirviéronlos con todo cuanto tenian y podian, -y despues de algunos dias en que no les predicaban otro Evangelio -sino que Juan Bono era muerto, y que era malo, y ellos buenos, para -los engañar y asegurar, y cuando vieron tiempo y los sintieron más -descuidados, sacan sus espadas y arremeten á las casas, y muertos y -acuchillados, los que quisieron ó pudieron, prendieron cuantos les fué -posible maniatar, y métenlos en el navío y viénense con su presa, con -tan buena guerra ganada, á este puerto y ciudad. Otro dia sácanlos á -vender con pregonero por la plaza, y delante de los padres Hierónimos, -por esclavos, á quién dá más. Sabido por el padre fray Pedro de -Córdoba tan gran maldad y desvergüenza ó insensibilidad de los mismos -Hierónimos, que, teniendo cargo de remediar estas gentes, consentian -venderse en su presencia los inocentes, sabiendo ya las obras de -nuestros hermanos, sin lo impedir ni castigar, fué á hablalles -y castigalles la obra de aquellos y omision suya tan culpable y -execrable; hechos confusos y avergonzados de la culpa, que no pudieron -negar, mandaron que los quitasen de allí é los llevasen á las posadas -de los tiranos, los cuales, despues, no con pregonero, sino callando, -y los frailes Hierónimos disimulando, se cree que los vendieron, y al -cabo en aquella tiranía se acabaron: estos remedios pusieron á estas -gentes los Padres. Luégo el padre fray Pedro de Córdoba escribió al -Clérigo á la corte esta egrégia hazaña cometida en la isla de la -Trinidad, y áun contra la Santísima Trinidad, y en esta ciudad por -los padres Hierónimos confirmada, y, entre otras, le escribió estas -palabras: «Cierto, las cosas veo ir por tales caminos, que yo tengo -de ser forzado á decir lo que siento: _quicquid inde veniat_.» Quiso -decir, como él era prudentísimo y moderatísimo, que los Hierónimos eran -tan infructuosos y ponian tan ningun remedio á la perdicion destas -gentes, que habia de ser constreñido á predicar contra ellos, y como -via que con aquellas tales obras que los españoles obraban en la isla -de la Trinidad, vecina de la tierra donde él tenia los religiosos -predicando á los indios, y que los escándalos y daños cada hora los -esperaba ver por allí, mayormente por el concurso de los navíos que -iban á las perlas, escribió tambien al Clérigo confiando del gran favor -que tenia entendido por las cartas que el Rey y Gran Chanciller le -daba, no creyendo que las cosas eran mudadas, que trabajase de traer -cien leguas en aquella tierra firme, con el pueblo de Cumaná, prohibido -por el Rey y con graves penas, que ningun español osase en ellas entrar -ni conversar, sino que las dejasen para donde predicasen sólos los -frailes Franciscos y Dominicos, porque las obras y escándalos de los -españoles no los estorbasen. Dijo más: que si cien leguas no pudiese -alcanzar, alcanzase 10 solas, y si 10 no pudiese, que negociase unas -isletas que están 15 ó 20 leguas dentro en la mar, apartadas de la -misma tierra firme, que se llamaban entónces las isletas de Alonso, -para que pasaran los religiosos á ellas, y allí entendia de recoger -los indios que huyesen de las persecuciones y vejaciones de los -españoles, y al ménos de aquellos instruirian y salvarian las ánimas; -y en caso que ninguna destas cosas pudiese alcanzar, él determinaba -de revocar todos los frailes suyos á esta isla, y desmamparar del -todo la tierra firme, pues no tenia remedio de impedir los escándalos -y turbaciones que los españoles cada dia causaban en los indios, por -los cuales ningun fructo podian hacer ni sacar de sus trabajos, pues -de todo lo que predicaban á los indios vian los indios hacer á los -que se llamaban cristianos todo lo contrario. Vista esta carta, el -Clérigo se angustió mucho en sentir los impedimentos que ponian á los -siervos de Dios, que con tanto peligro y trabajo allí á los que tanta -necesidad tenian predicaban, y mayor tristeza le sobrevino temiendo que -el padre fray Pedro de Córdoba, que era el Prelado mayor, trayendo los -frailes de allí, toda aquella tierra firme quedase desmamparada, porque -en ninguna parte destas Indias habia persona, que á indios algunos -de todas ellas, dijese cognosce á Dios, ni cosa de la fe y religion -cristiana enseñase, ni tuviese tal cuidado; y segun el deseo que Dios -al Clérigo habia dado, rescibia grande consuelo que allí, por aquellos -Padres, Cristo se predicase, y áun pensaba de se ir allí á trabajar -con ellos y ayudalles en aquella obra, perseverando en su mismo hábito -clerical ó eclesiástico. Habló sobre ello al Obispo y á los del -Consejo, dándoles noticia de la dicha carta, de los estorbos que los -españoles ponian á la predicacion de aquellos Padres y á la salvacion -de las ánimas, y el peligro y daño que habia si los religiosos aquella -tierra desmamparaban, y cuánto en ello se ofenderia Dios, y cuánto -la conciencia del Rey quedaria cargada; por tanto, que les suplicaba -señalasen y interdijesen las cien leguas de tierra que el padre fray -Pedro pedia, que no entrasen españoles que les estorbasen, de donde -procederian grandes bienes y se impedirian muchos males, y el Rey y -ellos cumplirian con la obligacion que tenian de procurar que aquellas -gentes se convirtiesen y salvasen. Respondió el señor Obispo lo que no -respondiera, por ventura, un Contador muy celoso de la hacienda del -Rey y cudicioso de aumentársela: «Bien librado estaria el Rey dar -cien leguas que sin provecho alguno suyo las tuviesen ocupadas los -frailes.» Estas fueron sus palabras, y aún más descaradas; sentencia -harto indigna de sucesor de los Apóstoles que pusieron las vidas por -cumplir lo que á él se le demandaba, y que concedello con estrecho -precepto divino, y so pena de eternal dañacion era obligado; y es la -verdad, que de aquellas cien leguas y de otras 8.000 no ha llevado -el Rey algo, en cuarenta y más años que esto há, sino en habérselas -destruido, robado y asolado, y de aquí se colegirá cuál podia ser la -gobernacion del Obispo, que con tan profunda insensibilidad, en el -fin y fundamento de todo el título y manutenencia del señorío de los -reyes de Castilla sobre aquellas Indias, erraba. Oido ésto, el Clérigo -quedó como pasmado, y aunque no dejó de revolvérsela al Obispo, pero -aprovechó nada, porque no era el señor Obispo tan de fácil tornable, -y entendido el fin que el Obispo pretendia, que sólo era el interese -temporal, y de la conversion de aquellas gentes no se daba un cuarto, -intentó el Clérigo cierta vía para conseguir el fin que los religiosos -y él deseaban y procuraban, para poder decir al Obispo: _pecunia tua -tecum vadat in perditionem_, de la cual sucedieron al señor Obispo -muchas malas cenas é peores tártagos. Esta vía, en los capítulos de más -abajo, si pluguiere á Dios, se relatará. - - - - - CAPÍTULO CV. - - -Prosiguió el Clérigo en que se concluyese la poblacion de las islas, -de labradores, que se habia comenzado en tiempo del Gran Chanciller, -y, aunque á pesar del Obispo, lo llegó al cabo, porque el cardenal -Adriano estaba muy bien en ello y los flamencos de calidad, y que eran -cercanos al Rey, por lo cual el Obispo no pudo estorballo. Hiciéronse -muchas cartas y provisiones, cuantas el Clérigo pidió, y diósele -todo el favor y autoridad y personas que lo acompañasen, y de quien -se ayudase, y Cédula de aposento por todo el reino, á las cuales dió -salario el Rey. Llevó cartas comendaticias y preceptivas para todos -los corregidores, asistentes y justicias del reino, y para todos los -arzobispos, obispos y abades, priores, guardianes y todo género de -personas de autoridad, exhortando y encargando á unos, y mandando á -otros, diesen al Clérigo crédito y favor, y le ayudasen, cada uno segun -su oficio y dignidad, á que se moviesen los más labradores que pudiesen -allegarse para venir á poblar estas islas y gozar de las mercedes que -tenia por bien de concederles. Diéronle provisiones las que habia -menester para los oficiales de la casa de Sevilla, que los labradores -que el Clérigo enviase de cualquiera parte del reino los rescibiesen -con gracia y benignidad, y los aposentasen, y mantuviesen en la dicha -casa, y aparejasen los navíos en que habian de navegar; item, para -todos los gobernadores y oficiales destas islas, que los rescibiesen, -y abrigasen, y aposentasen y entregasen las dichas haciendas y -estancias del Rey, y curasen si cayesen enfermos. Finalmente, fueron -muy cumplidos los despachos que pidió, y se le dieron, y entre otras -personas que escogió el Clérigo para que le acompañasen y ayudasen, fué -un escudero, hombre honrado, que parecia persona de bien, porque se -lo rogó el que habia sido maestro del Rey, y que despues fué obispo de -Palencia. Este escudero, llamado Berrio, criado en Italia (y ésto le -bastaba), no tenia tanta simplicidad, ni tuvo tanto agradecimiento como -tuvo el Clérigo, que le nombró y hizo que el Rey le diese salario y de -comer, lo cual él no tenia de propio suyo. A éste, por más honrallo, -quiso que cuando le enviase á algun pueblo á hacer apregonar las -provisiones del Rey, no pareciese que era enviado por el Clérigo sino -como que lo enviaba el Rey, para lo cual le dió aparte provisiones por -sí é hizo que le pusiesen en ella nombre de Capitan del Rey, y éstas, -solamente cuanto á lo que tocaba á publicar las mercedes que hacia el -Rey á los labradores que quisiesen venir á poblar estas islas, y no las -demas que hablaban con los oficiales de Sevilla y á los destas islas, -porque éstas detuvo siempre en sí el Clérigo hasta llegar el número -conveniente de labradores y despachallos á su tiempo. Con todo, para -tener sujeto al dicho escudero, hizo poner en la Cédula de su salario, -que eran 450 maravedís cada dia, por causa dél, «para que vais con -Bartolomé de las Casas, nuestro capellan, á donde le enviamos y hagais -en todo lo que él os dijere.» Aqueste sabia muy bien la poca ó ninguna -afeccion que el Obispo tenia al Clérigo, y cuán contra su voluntad, y -con cuánto pesar suyo el Clérigo negociaba y habia negociado siempre, -y mayormente aquello de los labradores, y porque despachado del todo -el Clérigo, se detuvo tres ó cuatro dias, disponiendo secretamente los -ánimos de los caballeros flamencos, dándoles á entender la vía que -queria proponer, que resultaria en gran provecho del Rey para cuando -del recogimiento de los labradores volviese; váse, no con falta de gran -malicia, el bueno del escudero, á la posada del Obispo á mostrarse -como que se andaba paseando por no se haber querido partir el Clérigo. -El Obispo, como lo vido, díjole, «¿qué haceis aquí? ¿por qué no os -partís?» Respondió Berrio, escudero, «señor, no se parte ó no se quiere -partir el Clérigo con quien el Rey me manda ir»; y como el Obispo, -que fácilmente se alteraba, porque no le sobraba la mansedumbre y -estaba con el Clérigo tan bien, díjole, «andá, ios vos sólo y haced lo -que con él habíades de hacer.» Respondió, «señor, no puedo hacer nada -sin él, porque la Cédula que tengo, reza que vaya con él y que haga -lo que él me dijere.» Manda luégo el Obispo que se raye la Cédula, y -que donde decia, «hagais lo que él os dijere,» se pusiese, «hagais -lo que os pareciere.» El fructo que Dios y el Rey hobo de hacer esta -falsedad en aquella Cédula, por lo que abajo se refiriere parecerá, -y aunque en otras materias, por ser el Obispo Presidente de aquel -Consejo, podia quizá mandar mudar en Cédulas firmadas del Rey, sin -parecer de todo el Consejo, algunas palabras sin cometer falsedad, y -áun en todos los casos hay harta duda podello hacer, al ménos en éste, -porque se hacia con enojo del Clérigo y con malicia no muy menor que -grande y contra voluntad del Rey, y contra lo muy bien ordenado, y -platicado y determinado, como cosa muy provechosa para los reinos de -Castilla y destos, y en perjuicio de todo el bien de acá, no lo pudo -hacer el Obispo sin muy culpada falsedad. De la mudanza y raedura y -subrescripcion y falsedad de la dicha Cédula, el Clérigo, por entónces, -no supo nada. Partióse, finalmente, y con él Berrio, el escudero, y -los demas; saliendo de Zaragoza para Castilla y llegando á algunos -lugares, hacia juntar la gente dellos en las iglesias, donde les -denunciaba, lo primero, la intencion del Rey, que era poblar aquestas -tierras; lo segundo, la felicidad, fertilidad, sanidad y riqueza -dellas; lo tercero, las mercedes que el Rey les hacia, con las cuales -podian ser con verdad, cuanto á los bienes temporales desta vida, sin -cuasi trabajo, bien aventurados; con lo cual, los corazones de todas -las gentes levantaba, porque, lo uno, todo lo que afirmaba, decia, y, -con verdad que lo sabia por vista de ojos y por muchos años lo habia -experimentado, lo segundo, porque tenia en el hablar gran eficacia. -Despues de avisados é informados, poco tardaban en venirse á escribir -para ir á poblar á las Indias, y en breves dias allegó gran número de -gente, mayormente de Berlanga, que sin entrar en ella, teniendo la -villa 200 vecinos, se escribieron más de los 70 dellos, y, para se -escribir, entraron en Cabildo secretamente, por miedo del Condestable, -y enviaron cuatro regidores que lo buscasen por los pueblos donde -andaba, y le rogasen de partes de la villa se acercasen más á ella, -viniéndose una legua de allí, á donde venian todos disimuladamente -para ser de la demanda que traia informados; y entre los que vinieron -fueron cuatro, los cuales los subieron á un pajar, en lo más alto de -la casa donde posaban, cuasi temiendo que las paredes lo habian de -decir al Condestable, y le dijeron: «Señor, cada uno de nosotros no -quiere ir á las Indias por falta que tenga acá, porque cada uno tenemos -100.000 maravedís de hacienda y aún más (lo cual para entónces, y en -aquella tierra, era mucho caudal), sino vamos por dejar nuestros hijos -en tierra libre y real.» No lo hicieron tan secreto que lo ignorase -el Condestable; despacha luégo un escudero, y otro á rogar al Clérigo -que se saliese de su tierra; el Clérigo hacíase reacio, diciendo que -él iria luégo á besarle las manos, y así fué, y hallóle á la salida -de Berlanga, que iba á despedir al obispo de Osma, que con él habia -pascuado; pasaron muchas pláticas, alegando el Condestable que rescibia -grande agravio, y que le rogaba que se fuese á sacar labradores de -otra parte. El Clérigo dijo que así lo haria, por serville, pero que -queria entrar en Berlanga á hacer apregonar las provisiones. Dijo él: -«Si quereis entrar como amigo yo me holgaré mucho dello, y haceros -hé todo buen tractamiento.» Finalmente, se despidió dél, llevando la -Memoria escrita de los que se habian asentado. Mandó luégo apregonar -el Condestable que cualquiera que comprase la hacienda de los que se -habian escripto para las Indias la tuviese perdida, lo cual no mucho -de tiranía distaba. Anduvo el Clérigo por aquellos lugares de señorío, -y cuasi todos se movian á la jornada, y en un lugar del conde de -Coruña, llamado Rello, que era de 30 casas, se escribieron 29 personas, -y entre ellas dos vecinos, hermanos, viejos de setenta años, con 17 -hijos; diciendo el Clérigo al más viejo: «Vos, padre, ¿á qué quereis -ir á las Indias siendo tan viejo y tan cansado?» respondió el buen -viejo: «A la mi fe, señor, dice él, á morirme luégo y dejar mis hijos -en tierra libre y bienaventurada.» Un poco ántes desto, andando por -aquellos lugares, el bueno de Berrio pidió muchas veces licencia al -Clérigo para se ir al Andalucía, donde era casado; el Clérigo decíale -que no se la podia dar, porque aquel era el negocio por que el Rey le -daba salario, y por entónces andaban por aquella tierra donde hallaban -gente propia para estas partes, que, cumplido por aquella tierra lo -que el Rey mandaba, tiempo vernia cuando fuesen de los puertos abajo, -porque, en fin, todo se habia de andar. El cual, como vido que pedir -licencia al Clérigo era por damas, vino un dia con las botas calzadas -á despedirse del Clérigo, diciendo que viese lo que le queria mandar, -porque queria ir á la Andalucía, y que allá haria él lo que el Rey -mandaba. El Clérigo, de su insolencia quedó admirado, y no le quiso -hablar, pensando luégo quitalle el salario, creyendo que la Cédula -donde se lo señalaba estaba vírgen como se la habia dado; fuese -algunos pasos con él un escudero cuerdo, llamado Francisco de Soto, -de los que con el Clérigo tambien andaban, y diciéndole que cómo se -iba sin licencia del padre Casas, pues sabia que le podia quitar el -salario diciendo la Cédula dél que lo acompañase y hiciese lo que él -le dijese, respondió: Por eso vengo yo bien proveido, que donde decia -«hagais lo que él os dijere», se puso «hagais lo que os pareciere», -donde le constó ésto y creo que lo más. Tornó luégo el Francisco de -Soto al Clérigo, diciéndole: «Señor, no os quejeis de Berrio, sino -del obispo de Búrgos y de los demas que son vuestros enemigos, que -os trabajan desbaratar cuanto sudais y trabajais.» Váse Berrio al -Andalucía y estáse de reposo en su tierra comiendo á costa del Rey, -é cuando le pareció váse á Antequera y allega 200 personas, los más -taberneros, y algunos rufianes y vagabundos y gente holgazana, y -los ménos labradores, y dá con ellos en Sevilla y en la Casa de la -Contratacion. Los oficiales de la Casa, como no tenian Cédula ni mando -del Rey, porque el Clérigo no la habia enviado por no ser tiempo ni -sazon, segun la órden que llevaba, viendo tanta gente no sabian qué -se hacer, y al fin acordaron, porque allí no se desbaratasen, porque -ya sabian en general la poblacion que el Rey hacer mandaba, por otras -cartas, con esperanza que el Clérigo enviaria las Cédulas, embarcallos -en unos navíos que para partir estaban y enviallos. Llegaron á esta -isla y ciudad de Sancto Domingo, donde tuvieron mayores peligros y -trabajos, porque como los oficiales del rey no habian rescibido Cédula -tampoco alguna del Rey, ni mandado, porque el Clérigo no la habia -enviado por la razon dicha, ningun remedio se les dió ni lo tuvieron -sino morirse muchos dellos y henchir los hospitales de los demas, y -de los que escapaban y sanaban hiciéronse taberneros, como quizá lo -eran ántes, y otros vaqueros, y otros irse hian á robar indios á otras -partes. Súpose tarde: el Clérigo dió voces al Rey y al Chanciller, -que era venido ya, notificándoles y afeándoles el mal recaudo que el -Obispo habia causado; mandólo luégo remediar el Rey, puesto que fué -en balde, y este remedio fué que mandó envialles 3.000 arrobas de -harina y 1.500 de vino, pero cuando acá llegaron, ya no habia hombre -dellos á quien se diese ni dello se aprovechase. Aqueste fructo salió -de haber falseado la Cédula real, despues de firmada, por contradecir -el Obispo al Clérigo por su propia pasion en negocios que al mismo -Obispo incumbian, y por ellos debiera mucho amallo. Desque vido el -Clérigo la mucha gente labradora que se movia, y que los Grandes dello -se agraviaban, y tambien que Berrio se le habia alzado, acordó de no -mover más de los movidos y se tornar á la corte para que el Rey en lo -uno y en lo otro pusiese remedio, como en cosa que tanto le importaba, -y que solo él convenia poner la mano. Dejó toda la gente movida por -los lugares, con buena esperanza que volveria presto y que iba por -recaudo para sacallos. Llegado á Zaragoza, lo primero que hizo fué ir -al mismo Obispo, por convencello como que queria, dándole buenas nuevas -del buen suceso del negocio primero que á otro, alcanzar su gracia, y -diciéndole: «Señor, no sólo 3.000 labradores, á que yo me ofrezco, pero -10.000 podrá vuestra señoría enviar, si quiere, á poblar las Indias, -que irán de muy buena gana; la muestra dello traigo, que son 200 -vecinos y personas escripias, y á ir obligadas, y no traigo más por -no escandalizar los Grandes, hasta dello dar al Rey parte.» Respondió -el Obispo (Dios sabe con qué ánimo): «¿Cierto, cierto?» «Si señor, -cierto, cierto.» «Por Dios, dijo él, que es gran cosa, cosa grande es.» -Besadas las manos, y á lo que parecia ya de lo pasado aplacando, fuese -el Clérigo al cardenal Adriano, que solia mucho gustar de la poblacion -y la favorecia y loaba, y hecha la relacion de lo que dejaba comenzado, -respondió en latin, porque con personas que lo entendiesen siempre lo -hablaba: _vere vos tribuitis aliud regnum regi_, y áun bien pudiera con -verdad decir que no sólo reino, pero reinos daba y más que reinos al -Rey. Pero no mereció el mundo que gustasen dello ni lo entendiesen los -que lo debieran entender; mas el Cardenal, como no pretendia interese -y era de ánimo sincero, íbalo entendiendo como quien carecia de -impedimentos; y porque ya estaba el Rey de camino y la corte mudándose -para Cataluña y Barcelona, y vacaron los negocios por algunos dias, por -tanto quédese lo relatado así, hasta que demos la vuelta sobre ello y -prosigamos lo mucho que miéntras el Rey estuvo en Barcelona sucedió. En -este año de 18, en Zaragoza, hizo el Rey á Diego Velazquez Adelantado -y Gobernador de toda la tierra de Yucatán y de la Nueva España, que -habian descubierto Francisco Hernandez y Juan de Grijalba, como abajo -parecerá. - - - - - CAPÍTULO CVI. - - -Entre tanto que el Rey llega y se asienta la corte en Barcelona, -tornemos á enhilar las cosas que acaecieron en estas Indias por este -tiempo, que ya era el año de 1518; y contando primero lo de la tierra -firme, converná que nos acordemos dónde cesamos de hablar en ella, y -ésto parece arriba, en el cap. 76, donde referimos la justa muerte de -Vasco Nuñez, no por lo que lo justiciaron, porque no pareció á todos -que la causa que le levantaron era verisímile, sino por juicio de Dios, -que tenia bien contadas las muertes injustas é innumerables que él -habia perpetrado en los inocentes indios; y en el cap. 77, con ciertas -y extrañas crueldades cometidas por los nuestros en los indios, aquella -relacion concluimos. Degollado, pues, Vasco Nuñez, fuese de la villa -de Acla, Pedrárias, al Darien, donde halló una carta de los padres de -Sant Hierónimo, en que de parte del Rey le mandaban que no determinase -por sí sólo cosa alguna, sin parecer del Cabildo del Darien, por haber -sabido algunas de sus tiranías y como aquella tierra destruia. Pero -harto poco remedio enviaban los Padres para excusar la destruccion -della, pues eran tan grandes tiranos como él, y quizá más crueles los -del Cabildo; mandáronle asimismo que restituyese todo el oro que habia -robado al Rey y señor Pariba ó Paris, segun se dijo. Debian tener ya -los padres Hierónimos noticia del robo que Badajoz habia hecho al dicho -Cacique, y, por ventura, los avisaron dello Diego Albitez, de quien -habemos hablado harto arriba, ó un Francisco Hernandez, que era Capitan -de la guardia de Pedrárias, que tambien hizo cortar la cabeza como se -dirá, que vinieron á esta ciudad de Sancto Domingo. Así que, al Darien -llegado Pedrárias y vista la carta y mandado de los Padres, ó porque -la gente toda pedia con instancia que les señalase por Capitan general -el licenciado Espinosa, su Alcalde mayor, porque robaba mejor y les -daba para sus crueldades más larga licencia, y Pedrárias no queria que -tanto amor al dicho Espinosa tuviesen, porque no le viniese algun mal -ó inobediencia dello, y cognoscia que los del Cabildo habian de dalle -parecer para que Espinosa fuese elegido, ó porque para todas las cosas -que pensaba hacer sentia que los del Cabildo no habian de seguille, -llamólos á todos á su casa la noche que llegó, y quitóles las varas -y oficios. No por eso dejó la gente de importunar á Pedrárias que -señalase al licenciado Espinosa, en su ausencia, por Capitan general; -finalmente, se lo hobo de conceder, aunque no de alegre voluntad. -Amaban todos la capitanía del Espinosa más que las de los otros, porque -cuando iban con otros capitanes y traian indios captivados, como él -era letrado y Alcalde mayor, unas veces los daba por libres, diciendo -que por no les haber hecho el acostumbrado requerimiento no podian ser -esclavos, otras veces porque habian sido amigos, y así no le faltaban -achaques para dar por libres todas las cabalgadas que los otros traian, -pero en las suyas no se mostraba tan sancto, ántes ninguno que tomasen -á vida les salia, no vendible á su placer, de las manos, y con ésto -era Espinosa muy amado. Que tuviese aquesta industria para traer todos -aquellos siervos de Dios á su amor, porque le siguiesen y ayudasen á -ser bien aventurado, ya en la otra vida, donde al presente muchos dias -há que mora, estará determinado. En este tiempo, acordó el obispo don -fray Juan Cabedo, primer obispo del Darien, irse á Castilla, no supe -con qué fin ó por qué causa; partióse tambien con él, ó por aquellos -dias, Gonzalo Hernandez de Oviedo, Veedor del Rey en aquella tierra -firme, y que via todos aquellos estragos que se hacian en que no tenia, -como arriba parece, chica ni poca parte. Vínose por la isla de Cuba -el obispo don fray Juan Cabedo, donde algunos dias estuvo, y como ya -en aquella isla se sabia lo que pretendia el clérigo Casas, que era -poner los indios en libertad, Diego Velazquez y los demas comenzaron á -dar quejas y blasfemar del clérigo Casas, que los destruia, al señor -Obispo, que áun de sus errores no estaba alumbrado. Díjose que se -ofreció al Diego Velazquez y á los que presentes algun dia de aquellos -estaban, de hacer echar al Clérigo de la corte. Tambien le dió cargo -Diego Velazquez, ó él á ello lo provocó, de negociarle que el Rey le -diese la gobernacion de tierra firme, y que se obligaba á poner buena -órden por aquella tierra en indios y en cristianos, en lo cual, de -su propia hacienda, gastaria 15.000 castellanos. Bien se creyó que -Diego Velazquez, untó al señor Obispo las manos. Tornando á Pedrárias, -nombrando por su Capitan general, á importunacion de la gente, al -licenciado Espinosa, tornóse luégo á la villa de Acla, con intencion -de hacer un pueblo en la mar del Sur, y mandó al licenciado Espinosa -que con cierta gente que estaba en Pocorosa, se fuese hácia Panamá, -donde por ser lo más angosto y estrecho de la tierra, de la una á la -otra mar, deseaba poblar por aquella comarca. El se fué á entrar en -los navíos, y navegó hasta la isla de Taboga, con cierta cautela, -diciendo que fuesen á buscar las riquezas de aquella mar del Sur, y -era por cansar la gente, para que de cansados, viéndose sin provecho -alguno de lo que deseaban, deseasen asentar y poblar por allí, puesto -que como aquella costa de Panamá es sombría de arboledas y algunas -ciénagas teníanla todos aborrecida. A la sazon llegó Espinosa con -la gente que traia, cuando Pedrárias tornó de la isla de Taboga, y -juntos en tierra, los unos y los otros, Pedrárias tornó á tractar de -que por allí se poblase, mayormente que un Bartolomé fulano dijo que -habia visto por aquella costa un buen puerto, grande y seguro, que con -la menguante queda en seco cuasi media legua; donde al fin metieron -seguramente los navíos, de que no poco Pedrárias fué alegre. No pudo -entónces con la gente acabarlo, porque dellos se holgaban de andar -salteando pueblos, robando el oro que hallaban, y haciendo las gentes -que prendian esclavos, dellos, quizá, porque recogerse á pueblos les -era como si se metieran en religion y debajo de reglas graves, porque -tenian más licencia para cada uno vivir segun queria andando como -andaban. Acordó de los despartir y cansar, dándoles lo que deseaban, -y mandó á Espinosa que tomase 150 hombres, y con ellos, en un navío -de aquellos y en las canoas que allí tenian, se embarcasen y fuesen -á cobrar el resto del oro que á Badajoz habian los indios tomado. -Fueron de buena gana, y, saltando en tierra, entraron en las canoas, -subiendo por el rio de Pariba ó de Paris, de que arriba hemos hablado, -y metiéronse en una espesura de monte, y cuando esclarecia dieron en -el pueblo, y matando y captivando los que hallaban llegaron á la casa -del rey é Cacique, llamado Cutara, que estaba muerto, y al rededor de -él habia puesto, en piezas de diversa hechura, más de 30.000 pesos -de oro que tenian aparejado para enterrallo con él, dello de lo que -habia perdido Badajoz, y dello de lo suyo, y aquí cesó la tentacion -y ánsia que Pedrárias y todos tenian de recobrar el resto de aquella -gran pérdida que todos lloraban, y no ménos el obispo de Búrgos, haber -Badajoz causado á Castilla, perdiendo por su culpa ó indiscrecion, -segun ellos decian, el oro que con tan execrables pecados, robado á -sus propios y legítimos dueños y poseedores, habia. Recogióse luégo -Espinosa y sus compañeros á las canoas y volviéronse á la boca del rio, -donde quedó esperándolos el navío. Desde allí envió Espinosa de los -indios que llevaba captivos, á llamar al sucesor del Cacique muerto, -que era un muchacho, el cual, de miedo vino y trujo un presente de oro, -rogando que le diese su gente, que le llevaba presa, y así dijeron que -lo hizo; no supe si el número de los presos íntegro restituyó, que -habia captivado. Con esta victoria, y que por felicidad y buena ventura -tuvieron, alzó sus velas y fueron á cargar de maíz y bastimentos el -navío á la tierra del rey Paraqueta, y de allí dió la vuelta á la -tierra de Panamá, donde Pedrárias con los demas estaba, el cual con -grande alegría y triunfo fué rescibido. Mandó Pedrárias enterrar el -oro allí, con intento de hacer algun ademan á la gente, de los que -solia; tornó á persuadirlos que convenia poblar por allí, y todos, -como de ántes, resistian. El, movido á ira, dijo, «pues no quereis, -desentiérrese todo ese oro, y restitúyase á su dueño que es el Cacique -y gente de Pariba ó de Paris, porque así me lo mandan los padres -Hierónimos, y vámonos todos á Castilla que á mí no me faltará de comer -allá.» Como tocó aquí, como si les lastimara en la lumbre, blandearon, -y el mismo licenciado Espinosa tambien, y dijéronle que poblarian en -ciertas partes la costa abajo, cerca de allí, donde habia mejor aparejo -de çabanas herbazales para pasto de cualesquiera ganados, y otras cosas -para edificar pueblos necesarias; concedióselo Pedrárias por entónces, -fingidamente, y díjoles: «Pero, entre tanto que se nos ofrece más -comodidad, depositemos el pueblo, que á donde decís habemos de hacer, -sobre este puerto, pues poco aventuramos cuando nos hobiéremos de mudar -en dejar las casas de paja.» Concedido ésto por todos, llamó Pedrárias -á un escribano que asentase por escrito como allí depositaba una villa -que se llamase Panamá, en nombre de Dios y de la reina doña Juana y de -D. Cárlos, su hijo, y protestaba de la defender en el dicho nombre á -cualesquiera contrarios, la cual, quedó siempre allí desde aquel año, -que fué de 1519, hasta hoy que se cuenta, y durará cuanto Dios tuviere -por bien de castigar á todos los que, á robar las tierras ajenas, y -oprimir y captivar las personas que en sus tierras y reinos pacíficos -vivian, por allí pasan al Perú y á las otras partes de aquel Ultramar; -porque en obra de veinticinco ó veintiocho años, más son muertos de -40.000 hombres idos de España, de malas enfermedades, por ser la tierra -calidísima y humidísima, en ella y en la villa del Nombre de Dios por -la misma causa; y es cosa digna de considerar que haya sido tanta la -ceguedad de los del Consejo del Rey y de todos los que allí envian -á gobernar, que nunca hayan tractado de mudar aquellas de aquellos -lugares, habiendo muchas partes en aquellas dos costas de mar y -puertos buenos en ella, cognosciendo manifiestamente ser ambos lugares -pestilenciales. Pero por los pecados dellos y de toda España, que van -por allí á cometer, no permite Dios que vean ni adviertan lo que tanto -daño hace á España. Repartió Pedrárias todos los pueblos de indios -entre los españoles que allí se avecindaron, que era y fué siempre el -fin de su felicidad. - - - - - CAPÍTULO CVII. - - -Y porque hablando en una historia, Tobilla, que presumió hacer (tan -ciego como los otros), desta poblacion de Panamá, dice, que esta -costumbre de repartir y encomendar aquellas gentes á los españoles -que las conquistaron, nació de cierta relacion que el almirante D. -Cristóbal Colon dió al rey D. Hernando, diciéndole que los indios que -en la Española habia hallado eran incapaces para toda doctrina, y que -para ser instruidos en la fe de Cristo habian menester cada pueblo -por preceptor un cristiano, por cuya carta el Católico Rey, con celo -sancto, pidió licencia al Papa Alejandro VI para ello, la cual por él -le fué concedida, que los encomenderos les mostrasen las cosas á la -fe debidas. Estas son palabras formales de Tobilla. Es aquí razon de -desengañar á los que aquel pobre hombre tan falsa y perniciosamente -quiso dejar engañados, con gran perjuicio de su ánima, levantando al -Almirante D. Cristóbal Colon tan gran testimonio, que hobiese tan -malamente de incapaces á los indios infamado, de lo cual se verá claro -el contrario en el discurso del primer libro desta Historia y en el -segundo; y mucha mayor blasfemia osó imponer al Papa que hobiese dado -licencia para que los pueblos y ciudades populatísimos se hobiesen -de deshacer, y repartirse tanta multitud de gentes, como si fueran -ganados, entre personas seglares, idiotas, y comunmente viciosas, para -les enseñar las cosas de la fe que ellos no saben. Como si el Papa -ignorara ser tal repartimiento, y por tal causa, contra toda razon y en -deshonor y derogacion de la fe y religion cristiana, y en perjuicio de -tan inmenso número de ánimas. Y que todo ésto que escribió sea falso, -y de toda verdad contrario, parecerse há por evidencia clara en la -Bula de la concesion destas tierras á los reyes de Castilla, que hizo -el mismo papa Alejandro, donde, refiriendo en su Bula el descubrimiento -destas Indias, que el dicho Almirante habia referido á los Reyes -Católicos, y los Reyes Católicos al Papa, dice estas palabras: _In -quibus quamplurimæ gentes pacifice viventes, et ut asseritur nudi -incedentes, nec carnibus vescentes, inhabitant, et ut præfati nuncii -vestri possunt opinari, gentes ipsæ, insulis et terris prædictis -habitantes, credunt unum Deum creatorem in cælis esse, ac ad fidem -catholicam amplexandum et bonis moribus imbuendum satis apti videntur; -spesque habetur quod si erudirentur, nomen salvatoris Domini nostri -Jesu-Christi in terris et insulis prædictis facile induceretur_. Quiere -decir, para los que no entienden, que en aquellas islas y tierras -que el almirante D. Cristóbal Colon habia descubierto, habitaban muy -muchas gentes que vivian pacíficamente, y andaban desnudas, y que no -comian carne, y, que, segun el Almirante y los que con él á descubrir -fueron pudieron entender, las dichas gentes creian un Dios criador -estar en los cielos, y que para rescibir nuestra fe católica y ser -enseñadas en buenas costumbres parecian ser bien aparejadas, y que -se tenia esperanza que si fuesen instruidas y predicadas, fácilmente -el nombre de nuestro Salvador Jesucristo en ellas se arraigaria. -Manifiesta cosa es que, diciendo el Papa estas palabras á los católicos -Reyes, respondia segun la relacion que los Reyes le habian destas -gentes enviado, y ésta no la hobieron sino del Almirante que las habia -descubierto; luégo no es verdad lo que Tobilla dijo que el Almirante -habia dicho al Rey é á los Reyes, que las gentes que habia hallado -eran incapaces para toda doctrina, y, por consiguiente, falsísimo -es y sacrílego decir que, á suplicacion de los Reyes, habia el Papa -dado licencia para que á cada pueblo se pusiese un preceptor seglar -ignorante, ó, por mejor decir, un tirano. Confírmase lo dicho contra -Tobilla, por las cláusulas y preceptos que el Papa puso á los Reyes -sobre la conversion de aquestas gentes, que las enviase á convertir por -varones buenos, temerosos de Dios, doctos, sabios, espertos, y éstos -no son los comenderos, que cada uno há menester 20 predicadores para -metellos en razon y convertillos, sino los ministros del Evangelio, que -son los prelados, los clérigos y frailes, teólogos y siervos de Dios, y -que otra cosa ninguna temporal pretendian sino dar á estas gentes y á -cualesquiera infieles cognoscimiento del verdadero Dios, y enseñarles -lo que dél han de creer y cómo le han de reverenciar y amar, cumpliendo -y guardando sus mandamientos. La una cláusula comienza: _Hortamur vos -in Domino_..... _populos in hujusmodi insulis et terris_..... _ad -christianam religionem suscipiendum inducere velitis et debeatis_, -etc. Y la otra comienza: _Et insuper mandamus vobis in virtute sanctæ -obedientiæ_..... _ad terras firmas et insulas prædictas viros probos -et Deum timentes, doctos, peritos, et expertos, ad instruendum incolas -et habitatores præfatos in fide catholica et bonis moribus imbuendum, -destinare_..... _omnem debitam diligentiam in premisis adhibentes_. Y -así, queda averiguada la perniciosa falsedad de Tobilla en decir que -el repartimiento de los indios á los españoles habia sido inventado -con autoridad y licencia del Papa, por el Rey Católico informado -y procurado. No fué inventado sino por Satanás y sus ministros y -oficiales, para echar á los infiernos á los españoles y destruicion -de toda España, como cada dia se va su destruicion poco á poco, y -áun mucho á mucho, entablando. El modo y principio que este tiránico -y execrable repartimiento tuvo, en el libro II, cap. 11, y en los -siguientes de esta Historia se hablará; y así, queden desengañados y -cognoscan su mal estado los que tienen indios repartidos, y, como ellos -dicen, en encomienda, y no sólo los que los tienen, pero los que los -procuran, y no sólo quien los procura, pero tambien los que los desean -están en pecado mortal. Y sola esta razon baste, porque tienen á sus -prójimos, que son libres, en captiverio, privados de toda su libertad, -de donde se sigue privar los señores y Reyes naturales de sus vasallos -y señoríos, contra justicia y ley natural, con otras mil desórdenes que -á esta tiranía se allegan innaturales; y ésto ni procurarse puede ni -desearse sin pecado mortal. Así que, desengáñesen los tales, s¡ quizá -hobieren leido la historia de Tobilla, y en ella esta nefanda falsedad, -y por leella creian quedar seguros en sus consciencias robando y -oprimiendo sus prójimos desconsolados, aunque los opresores muy más -malaventurados. - - - - - CAPÍTULO CVIII. - - -Como Pedrárias supo que estaba ya nombrado Lope de Sosa por Gobernador -de aquella tierra firme, y á él se lo quitaban, y que por consiguiente -le habian de tomar residencia, y él habia hecho tales obras que no -podia ganar por ella nada, ántes, si justicia hobiera, debiera ser -hecho tajadas, temiendo lo que le podia venir, siempre tuvo fin á -salir de la tierra con la mejor color que pudiese, porque Lope de -Sosa en ella no le hallase. Por lo cual, desque hobo asentado la -villa ó pueblo de Panamá, propuso á todos los que allí estaban que -sería cosa conveniente á todos enviar procuradores á Castilla, para -dar noticia al Rey de los servicios que en aquella tierra firme le -habian hecho, y cómo se la tenian sojuzgada, y pedirle las mercedes -que á tales y á tantas obras fuesen proporcionadas. Y veis aquí de la -manera que los tiranos que han destruido estas Indias han tenido á los -Reyes de Castilla encantados, vendiéndoles por servicios ofensas, y -pérdidas, y daños, nunca por súbditos á sus Reyes cometidas, despues -que el mundo fué criado, tales ni tan execrables. Así que, tractando -de quién nombrarian por procuradores, (y lo que se presumió, que -Pedrárias deberia de haber negociado), al cabo se concluyó por todos -que Pedrárias fuese por procurador. Alcanzado lo que deseaba, porque -de una manera ó de otra siempre se hace lo que quieren los que mandan, -mayormente siendo tiranos, acordó de se ir al Darien para disponer su -viaje; mandó al licenciado Espinosa que con la mitad de la gente que -allí estaba fuese descubriendo y robando la tierra, por el Poniente -abajo; púsoles condicion que, de todo el oro y cosas de valor que -robasen, y esclavos que á vida tomasen, partiesen con los vecinos que -quedaban en Panamá y con 30 hombres que iban con él á acompañalle. -Llegado al Darien, luégo escribió al Rey que le diese licencia para -pasar la ciudad del Darien á Panamá y la iglesia catedral, diciendo -que aquel lugar y sitio del Darien era muy mal sano, y que moria y -enfermaba mucha gente, y que los niños no se criaban, como si fuera -mejor y no tan malo el sitio de Panamá. Descubrió Pedrárias su -eleccion de procurador para Castilla al pueblo y á los oficiales del -Rey, diciendo que toda la villa de Panamá y gente de guerra que con -él andaba le habian nombrado que fuese por procurador de todo aquel -reino á Castilla, para que informase al Rey de sus grandes servicios y -trabajos, y que él, por aprovechallos y hacerles todo bien, lo habia -de buena voluntad aceptado. Pidieron tiempo para hablar entre sí y -respondelle: platicaron entre sí algunos dias y volvieron, alcaldes -y regidores, y los oficiales del Rey, é los principales del pueblo, -y un Martin Astete, que habia dejado por su teniente, respondiendo -por todos díjole: «Que él y todos los presentes, y todo aquel pueblo, -le besaban las manos y tenian en gran merced en querer acometer tan -grandes trabajos y peligros, como eran los que se ofrecian en la ida -de Castilla por ellos; pero que habiendo pensado y conferido entre sí -cerca de su camino, hallaban muchos inconvenientes que se recrecerian -por su absencia, y uno era la falta que haria en la conquista y -subyecion, que ellos llamaban y llaman hoy pacificacion, de los indios -de aquellas tierras: otro era no ménos principal, conviene á saber, que -probablemente ido él se seguirian disensiones y pendencias en ellos, -mayormente quedando el licenciado Espinosa, como quedaba, en la mar -del Sur con mucha guerra, de quien se presumia que querria mandallos -á todos con mayor imperio y austeridad que solia, y que aquello no lo -habian de sufrir, y, por consiguiente, habian de seguirse los daños que -por semejantes causas se solian en todas partes suceder, y que ya via -cuántos deservicios se hacian á Sus Altezas.» Respondióles Pedrárias -«que todas eran buenas consideraciones, como de personas prudentes, -pero que él dejaria en ello tan buena órden, que con el ayuda de -Dios no sucediesen inconvenientes, de aquella manera, algunos, y por -tanto que tuviesen por bien su partida, porque, segun lo que entendia -serles á ellos y á todo aquel reino provechosa, por ninguna cosa la -dejaria.» Ellos le replicaron, que le suplicaban no se pusiese en -querer salir de la tierra, porque le hacian saber que por creer y áun -tener por cierto, que en su determinacion deservia al Rey en dejar la -tierra en tanto peligro, que por ningun caso no se lo consentirian. -Tornando á afirmar que convenia é que así lo habia de hacer, cada uno -de los del pueblo, como eran muchos, decia su decidero con libertad, -entre los cuales un Regidor de la ciudad le dijo, más libremente que -él quizá quisiera: «Que aunque él era el menor de los de aquel pueblo, -que él bastaba sólo para si porfiase á irse detenello con echalle unos -grillos, pues el Rey lo habia enviado allí para que los gobernase, y -en su nombre aquella tierra tuviese y defendiese.» Pedrárias, desque -vido que cuasi todos se le atrevian, disimuló con su intento y al cabo -díjoles: «Que pues no consentian en su ida, que por provecho suyo y -de la tierra hacerla proponia, que á su culpa imputasen lo que por -no le dejar ir perderian;» y así cesó por entónces el ansia que de -salir de la tierra cuando viniese Lope de Sosa tenia. Antes que desta -hecha Pedrárias viniese al Darien, de Panamá, los oficiales del Rey -dieron licencia á Diego Albitez para que fuese á hacer un pueblo con -ciertos españoles á la tierra de Veragua, ó porque debian tener poder -del Rey, ó quizá que los padres Hierónimos se lo habian dado cuando á -Pedrárias se lo limitaron, como arriba desto se dijo algo; sabido por -Pedrárias cuando llegó, rescibió grande alteracion, y quisiera luégo -ir á castigar al Diego Albitez, sino que como era muy sagaz y viejo -experimentado, sufrióse y disimuló por entónces por no impedirle la -ida de Castilla, que él tanto deseaba. Salió, pues, Diego Albitez y su -compañía del puerto del Darien con un bergantin y una carabela, y llegó -á la isla de los Bastimentos, que muchas veces los indios della habian -á los españoles hartado la hambre, salió luégo el Cacique y señor -della, con su gente á rescibillos, mostrándoles haber placer con su -venida, puesto que más de creer es que no quisieran más vellos que ver -al diablo. Habidos los bastimentos que allí pudo dalles, partiéronse -para Veragua, y saltando en tierra, de noche, fueron á dar, sin ser -sentidos, sobre el pueblo de un Cacique y señor, llamado Quezbore, -que dormia seguro con su gente, descuidado, sin tal pensamiento; -sintiendo los enemigos, salió con los suyos que pudieron tomar sus -armas, ántes que fuesen desbarrigados de las espadas ó heridos, y -comenzaron á pelear, segun pudieron, los cuales, al cabo, fueron, -como suelen, fácilmente desbaratados, y el Cacique, con muchos de los -suyos y mujeres y hijos, captivos. Viéndose el señor preso y todos los -que bien queria, entendiendo que todo el fin último de los españoles -era robar oro y tener en más lo más fino, dijo al Diego Albitez que -los soltase á él y á los suyos, y los dejase en su tierra, pues no le -habian ofendido, y dalle hia todo cuanto oro tenia; oidas estas nuevas, -sabrosas para Diego Albitez y á los que con él venian, comenzóle á -predicar el Evangelio que predicar solia, y díjole: «Sabé, señor y -hermano Cacique, que sobre el sol y la luna está el gran Dios que nos -hizo á todos y da la vida, el cual á los reyes de España, que son los -señores de los cristianos que acá venimos, ha dado todos estos reinos -y tierras vuestras, y para que os digamos que seais sus vasallos y -os sometais á su Real dominio acá nos envian.» Oido el sonido destas -palabras, el Cacique, porque ni entendia qué queria decir Dios, ni Rey, -ni cristianos, más que todo se resolvia entender que pedia oro, dióle -3.000 pesos de oro y 30 indios por esclavos, porque tambien sabia que -aquel, eso mismo, era su fin y su granjería, y como hasta llegar á ésto -duraba su predicacion, dejó al Cacique y á los suyos algo contentos, -aunque no bien pagados, y tornó á embarcarse y fuese la costa abajo, y -entró en el puerto que Diego de Nicuesa puso puerto del Nombre de Dios, -donde lo hallaron los del Darien, cuando lo fueron á buscar y llamar -para que los gobernase, como á la larga en el libro II, cap. 66 dejamos -escrito, allí hallaron que el navío de hacer mucha agua, sin podella -vencer, se les iba á fondo; forzados desto se tornaron á la dicha isla -de los Bastimentos, donde luégo se les hundió. El señor, Cacique de la -dicha isla, llamado Paruráca (la penúltima luenga, segun creo), los -pasó con su gente en canoas á la tierra firme (que pudiera ó en su -tierra achocallos ó en la mar ahogallos), y desembarcólos en derecho -de la tierra del Cacique llamado Capíra, ó señor de la tierra llamada -Capíra, la penúltima luenga. Este, viéndose corrido y angustiado de los -españoles, que estaban en Panamá y costa del Sur, y que por la otra -parte de la costa del Norte sobrevenian otros españoles, de quien no -esperaba ménos malas obras, constriñóle la necesidad de venirse á poner -en manos de Diego Albitez y sufrir sus tiranías, esperando que, por -venir á dársele por amigo y traerle algun presente (que es costumbre -universal de todos los indios nunca venir las manos vacías), se las -mitigaria. De allí, hechos algunos saltos é insultos contra las gentes -que por allí cercanas habia, tornóse hácia el Nombre de Dios; llegados -allí, acordó el Diego Albitez de asentar en aquel lugar un pueblo, y -púsole por nombre el que Diego de Nicuesa de ántes habia puesto al -puerto que allí hay, conviene á saber, Nombre de Dios, el cual, por -estar cercado de lugares muy bajos y montuosos, y el mismo asiento dél -y todos por allí humidísimos, no tienen número la gente española que de -enfermedades han perecido y mueren cada dia, segun arriba quedó dicho. -Háse allí sustentado por ser buen puerto para los navíos, aunque, -como arriba tambien dijimos, la cudicia y ansia de las riquezas no ha -dejado abrir los ojos á pasar la contratacion la costa abajo, donde con -ménos daños y mucho ménos trabajo se hallara donde poblar, y de donde -se pasara á la mar del Sur. En el suelo deste pueblo, Nombre de Dios, -hay una hierba verde, de hasta un geme de altura, con ciertas ramitas -arpadas, menudas, muy lindas, de una parte y de otra, de hechura de -una pluma de pájaro, la cual, si le tocamos con un palo ó con otra -cualquier cosa, ningun movimiento hace, pero si con el dedo, luégo -todas sus ramitas ó arpaduras y toda ella se encoje, como si fuese una -cosa sensible, viva. Comenzóse á poblar este dicho pueblo, que ya tiene -nombre de ciudad, al principio del año 1520, y porque hay mucho que -decir de las otras partes destas Indias, desde el año de 1518 hasta el -de 20, paremos aquí en la historia de tierra firme, hasta que, cumplido -con lo demas, volvamos á ella. - - - - - CAPÍTULO CIX. - - -Lo que al presente conviene aquí proseguir es el descubrimiento que -Diego Velazquez prosiguió de la tierra de Yucatán, que Francisco -Hernandez de Córdoba, de la manera que en el cap. 96 y los siguientes -referimos, descubrió; y en fin del cap. 98 comenzamos á referir -cómo Diego Velazquez, que la isla de Cuba gobernaba, cognoscido el -descubrimiento que habia hecho Francisco Hernandez y las muestras que -habian visto y traido de la riqueza que la tierra de Yucatán tener en -sí mostraba, determinó de hacer otra armada y constituir por Capitan -della á un Juan de Grijalva; y así, llegado Francisco Hernandez á -la ciudad de Santiago, en canoas de indios, y de sus heridas bien -lastimado, informándose dél y de algunos indios que de allá trujo bien -á la larga de todo lo que de la tierra y gente della sentia, con lo -que por allí habia pasado, hizo aparejar tres navíos y un bergantin -con todo lo al viaje necesario, y con muchos rescates y cosas de -Castilla para los trocar por oro, de que habia cierta esperanza. Halló -voluntarios y bien dispuestos para tornar, y de los que no habian ido -ántes, hasta 200 hombres, pocos ménos ó pocos más. Envió por piloto -mayor de la armada al mismo Anton de Alaminos, que habia descubierto -la tierra con Francisco Hernandez; fueron por capitanes de los tres -navíos un Francisco de Avila, mancebo de bien, sobrino de Gil Gonzalez -de Avila, de quien hay que decir adelante, y Pedro de Alvarado, tambien -mancebo, de quien hay que decir mucho más, y un Francisco de Montejo, -que al cabo fué el que descubrió á la dicha tierra y reino de Yucatán. -Entre otras provisiones que aquesta armada (y todas las destas islas se -hacian de una á otra cuando las iban á sojuzgar) llevaba, era llevar -muchos indios de los naturales para servicio de los españoles, los -cuales al cabo perecian que no fué la más chica jactura dellos y plaga. -Dió su instruccion Diego Velazquez al capitan general Juan de Grijalva, -que por ninguna manera poblase en parte alguna de la tierra descubierta -por Francisco Hernandez, ni en la que más descubriese, sino solamente -que rescatase y dejase las gentes por donde anduviese pacíficas y en -amor de los cristianos. Despachados, pues, y bien proveidos los cuatro -navíos, segun que para semejantes caminos se acostumbraba, salieron -del puerto de Santiago al principio del año de 1518, y fueron á parar -por la costa del Norte al puerto de Matanzas, que está 20 leguas ántes -del de Carenas, puesto que todo es la provincia de la Habana. Tomaron -allí caçabí é puercos y otras cosas de bastimentos de las estancias de -algunos vecinos españoles que allí moraban, y partidos de aquel puerto -y de Carenas, donde tambien por tomar más bastimentos entraron, fueron -á dar en la isla de Cozumel, que está pegada, como arriba se vido, á -la tierra firme de Yucatán, dia de la Invencion de la Sancta Cruz que -cae á tres dias de Mayo. Vinieron ciertos indios á los navíos en sus -canoas, y trujeron unas calabazas de miel, que presentaron al Capitan, -y él dióles de las cosas de Castilla; traia Grijalva un indio, por -lengua, de los que de aquella tierra habia llevado consigo á la isla -de Cuba Francisco Hernandez, con el cual se entendian en preguntas y -respuestas algo, y porque por aquella parte no parecia pueblo alguno, -alzaron velas y fueron costeando la isla, de donde vieron muchas casas -de piedra y edificios de cal y canto, altos y señalados, los cuales, -segun despues se entendió, eran los templos de sus dioses á quien -servian y honoraban. Entre los demas estaba un templo grande, muy bien -labrado, junto á la mar, que parecia una gran fortaleza; surgieron -allí en derecho dél, y no pudieron salir en tierra, como deseaban, -por ser ya tarde. Luégo de mañana vino una canoa llena de indios á -los navíos, y el capitan Juan de Grijalva díjoles, por la lengua que -traia, que deseaba salir en tierra y ver el pueblo, y hablar con el -señor dél y comunicalle, si no le pesase. Respondieron, «que no -pesaria que se desembarcasen,» lo cual hicieron en sus cuatro barcas -los que pudieron en ellas caber. Llegados al templo, que estaba junto -al agua, consideraron los edificios dél, que eran admirables, donde -Grijalva hizo decir misa delante los indios á un clérigo que llevaba; -harto indiscretamente, porque no convenia, por entónces, en lugar donde -tantos sacrilegios se cometian ofreciendo sacrificios al demonio, y -se habian de ofrecer adelante, celebrar el verdadero sacrificio sin -primero espiallo, y bendecillo, y sanctificallo. Tampoco fué decente -que delante de los indios infieles celebrase, pues no adoraban ni daban -el honor debido al Criador de todos que allí se consagraba. Delante -dellos vino un indio viejo, y, á lo que parecia, hombre de autoridad, -y debia ser sacerdote de los ídolos, acompañado con otros, no supe -cuántos, y puso un braserico de barro, bien hecho, lleno de brasa, y -puso cierta cosa aromática, como incienso, de que salió humo odorífero, -con el cual incensó ó perfumó á ciertos ídolos ó bultos de hombres -que allí estaban. Luégo los indios trujeron al Capitan un presente de -gallinas grandes, que llamamos de papada, y algunas calabazas de miel -de abejas. El Capitan les dió de las cosas de Castilla, como cuentas, -cascabeles, peines, espejos y otras bujerías; preguntóles por la lengua -si tenian oro, y que se lo comprarian ó trocarian por de aquellas -cosas, y éste fué, como siempre, el principio de su Evangelio, que los -españoles acostumbraron, y el tema de sus sermones. Mirad qué artículo -de la fe primero, conviene á saber, que habia en el cielo un Señor y -Criador de todos, que se llamaba Dios, les mostraban; pero no fué jamás -otro que si tenian oro, para que los indios entendiesen que aquel era -el fin y último deseo suyo y causa de su venida á estas tierras, de -su viaje y trabajos. Los indios trujeron ciertas piezas de oro bajo, -de las que se ponian en las orejas, por gallardía y adorno de sus -personas, en unos agujeros que de industria se hacen en ellas y en las -narices. Allí mandó apregonar el Capitan que ninguno rescatase oro ni -otra cosa de los indios, sino que lo trujese ante él cuando alguno -viesen que queria rescatar. Preguntaron por el señor del pueblo, y -respondieron que no estaba presente, porque habia ido á cierta tierra -ó pueblo á negociar; bien se pudo creer que presente estaba, porque -costumbre es de los Caciques y señores de los indios mandar á toda -su gente que no digan, cuando viene gente nueva, mayormente desque -cognoscieron los españoles, que están presentes, y ándanse entre sus -vasallos y populares, disimulados, como uno dellos, viendo y oyendo -todo lo que pasa. Como vido, pues, Grijalva que por allí no habia oro -en abundancia, como él y su compañía deseaban, determinó de se volver y -embarcar en sus navíos y pasar adelante, costeando la isla, é correr á -la tierra de Yucatán que se parecia, y que tambien juzgaban ser isla, -y más grande que la dicha Cozumel. Fuéles el viento contrario, que no -podian resistir ni andar adelante, por lo cual acordaron de se tornar -al lugar de donde habian salido, junto al susodicho pueblo; desque los -indios vieron que se volvian y tornaron á surgir é anclar los navíos, -temiendo quizá que no se hobiesen arrepentido los españoles, por no -haber saqueado el pueblo, y que tornaban á lo hacer, no quedó persona -en el pueblo que no huyese, llevando consigo todo lo que pudieron de -sus alhajuelas llevar. Saltaron en tierra los nuestros y hallaron el -pueblo todo vacío, aunque con algun maíz y frutas, que no les supieron -mal, y, tomado lo que dallo quisieron, tornáronse á hacer á la vela y -proseguir la costa adelante, y, dejada la isla Cozumel, comenzaron á -costear la ribera de la tierra de Yucatán, y llegaron á ella el dia de -la Ascension del Señor, que en aquel año cayó á trece dias del mes de -Mayo, y van en demanda del cacique Lázaro, señor del pueblo llamado -Campéche, á quien Francisco Hernandez habia puesto Lázaro, como arriba -se dijo, por haber llegado á aquel puerto Domingo de Lázaro, de quien -rescibieron buen hospedaje y amigable conversacion; y por el camino -vian grandes y hermosos edificios de cal y canto, blanqueados todos, y -torres altas, y éstas eran los templos de sus dioses. - - - - - CAPÍTULO CX. - - -Y porque el piloto mayor de la armada no tuvo buena memoria de la -tierra que él habia descubierto con Francisco Hernandez, el año pasado, -y no recognosció el sitio donde el pueblo del cacique Lázaro estaba, y -así anduvo errado, creyendo que lo habian pasado y quedaba atras, y al -cabo de vueltas y revueltas vido su yerro, por tanto lo que aquí agora -se dirá, más creo que les acaeció en el pueblo de Champoton, donde mal -hirieron á Francisco Hernandez y mataron los 20 españoles, que en el -pueblo de Lázaro, aunque algunos dijeron el contrario. Llegaron, pues, -al dicho pueblo (que, como dije, creo que fué Champoton, y no el de -Lázaro), y surgieron con sus cuatro navíos, cuanto más cerca pudieron -anclar, una tarde. Los indios, como vieron los navíos, salieron -infinitos á la playa, y como de la brega que tuvieron con Francisco -Hernandez quedaron lastimados y escarmentados, aunque ellos tambien -le hicieron no chico daño, segun quedó arriba declarado, toda aquella -noche se velaron, haciendo grandes estruendos con sus trompetas y -atabales, y muchos instrumentos que sonaban; Grijalva, con su gente, -acordaron de saltar en tierra é ir al pueblo con color de coger agua, -ó con verdad si tenia necesidad, que fué tambien el tema de Francisco -Hernandez, y para más seguramente salir, aunque no con discrecion, para -que fuese sin escándalo y ménos turbacion de los indios que estaban en -su tierra y casas pacíficos, lo que debieran mucho mirar, saltaron en -tierra ántes que amaneciese. Manifiesto es que los indios se habian -de turbar, y tener vehemente sospecha que aquella gente nueva les -venia á hacer mal, en especial habiendo padecido los daños pasados que -Francisco Hernandez les hizo, si este pueblo era Champoton, y si era -el de Lázaro bastaba tener noticia que sus vecinos habian rescibido -aquellas malas obras para se alterar y recatar, mayormente, saltando -en su tierra y pueblo, sin su licencia, y de noche. Salieron, pues, -á tierra y pusieron junto del pueblo, ciertos tiros de artillería, y -como los indios, que velaban el pueblo y andaban junto á la playa, los -vieron, vánse para ellos con sus armas, arcos, y flechas, y lanzas, -y rodelas, diciéndoles por sus meneos y señas que se fuesen de su -tierra, y haciendo acometimientos, como amenazas que querian dar en -ellos; entónces el capitan Grijalva comenzó ante los españoles á hacer -protestaciones y justificar su hecho, diciendo que fuesen testigos, -como no venia él ni ellos á hacer mal á aquellas gentes, sino á tomar -agua de que tenian necesidad y pagársela, y otras palabras, harto -propíncuas al viento, y de ningun efecto para excusar los daños y -males que despues sucedieron. Mirad á quién ponia por testigos de sus -protestamientos, y qué aprovechaban no entendiéndolos los indios que -estaban en sus casas, quietos, viniendo gente tan extraña y belicosa, -y que tanto daño les habia hecho el año pasado, y no entrando, como -dicen, por la puerta, pues no les pidieron licencia para entrar en -su tierra; demás de haber entrado de noche, la cual entrada era -manifiesto que habian de engendrar en los ánimos de aquellos justo y -razonable temor y sospecha. Hace decir al indio que traian consigo -de la isla de Cozumel, Grijalva, que no les queria hacer mal alguno, -sino tomar agua y salirse de su tierra, ellos les mostraron un pozo, -que estaba del pueblo un tiro de piedra, diciendo que la tomasen de -allí y se fuesen luégo; van los marineros y grumetes con las pipas, -jorrándolas, y hinchen las otras vasijas que tenian; pareciéndoles que -se tardaban mucho, ó juzgando que se hacian reacios, dábanles, con -amenazas y acometiendo como que les querian tirar las flechas, priesa -que se fuesen, y porfiando mucho los indios en ésto, y los españoles -no yéndose, salieron dos indios de su escuadron y fueron hácia los -españoles, uno de los cuales llevó una cosa como hacha encendida, y -púsola encima de una piedra, hablando en su lengua, como poniendo -término, segun despues pareció, dentro del cual sino se fuesen les -darian guerra; el término fué hasta que se apagase ó se acabase la -lumbre, y como apagada ó acabada la lumbre no se fuesen, dan luégo con -grande alarido los indios en ellos. Los españoles, que no se durmieron, -disparan primero el artillería, y tras ella, con el ímpetu que suelen, -mayormente contra gente desnuda, como son éstos, con las escopetas, que -llevaban algunas, y ballestas, y luégo con las espadas, que son las que -hacen al caso, que los cuerpos desnudos parten por medio, mataron todos -cuantos pudieron. Recogiéronse los indios dentro de un albarrada de -piedra y madera, de un estado en alto, que tenian por cierta parte del -pueblo, y así no tuvieron tanto lugar los españoles de hacelles tanto -mal como les hicieran, y tambien porque el mismo capitan Grijalva, que -de su naturaleza no era cruel, ántes blando, y de condicion buena, -prohibió á los españoles que los persiguiesen. Los indios mataron con -una flecha, en aquel ímpetu, un español y muchos hirieron, entre los -cuales salió tambien Juan de Grijalva herido, quebrado un diente y -otro del todo perdido, y áun lastimada la lengua de un flechazo que -le dieron; despues vinieron algunos indios como á pedir treguas ó paz -y que mostraban querer ser amigos de los españoles, segun parecia, y -convidaban que fuesen algunos españoles con ellos, como si les dijeran -que fuesen á tratar la paz con su señor, segun juzgaban los nuestros. -Envió Grijalva dos ó tres, y llegaron hasta las albarradas, y allí les -dieron una máscara ó carátula de palo, cubierta de hoja de oro delgada, -que en señal de paz enviaba al Capitan el Cacique; iban y venian muchos -indios desarmados á ver los españoles, aunque no se osaban llegar á -ellos. Recogieron su agua y sus tiros de artillería los españoles, -y embarcáronse en las barcas, y así fuéronse á los navíos, dejando -su amor entrañado en aquellas gentes, ó por verdad decir su temor -horrible, de la manera dicha. - - - - - CAPÍTULO CXI. - - -Partieron de allí de Champoton, segun yo creo, puesto que algunos -dijeron que de Lázaro y Campéche, como ya dije, la costa abajo en -demanda de algun puerto, porque habia muchos dias que no lo habian -topado en todo lo que habian navegado por la costa de la isla de -Cozumel, ni de la de Yucatán, por adobar uno de los navíos que les -hacia mucha agua, y á las 10 leguas de Champoton hallaron un puerto, -al cual llamaron, por la razon dicha, Puerto Deseado. Aquí adobaron el -navío, y viniendo una canoa con cuatro indios á hacer sus negocios de -pescar, ó de mercadercillos, los mandó tomar Grijalva, con color de que -aprendiesen la lengua nuestra para servirse dellos por lenguas, harto -inícuamente, no mirando que los hacian esclavos sin se lo merecer, y -los privaban de sus mujeres, y hijos, y á los hijos y á los padres -constituian en angustia y tristeza, y no chica calamidad. Desde aqueste -Puerto Deseado, parecia la gran tierra de la Nueva España, que volvia -á la mano derecha, como hácia el Norte; creyó el piloto Alaminos que -fuese otra isla distinta de Yucatán, estimando tambien que Yucatán -fuese isla. Preguntados los indios que tomaron, qué tierra era la -que parecia, respondieron que era Coluá, la última sílaba aguda; y -esta es la que despues llamamos Nueva España, y como á isla ó tierra -distinta, indució al Capitan que fuesen á ella y tomasen della la -posesion, como si no bastaran mil posesiones que se habian tomado por -los reyes de Castilla en todo este orbe. Salieron, pues, del Puerto -Deseado, por la costa abajo, que corria al Poniente, y vánse mirando -la tierra, y llegáronse á un rio grande, que creo llamaron de Sant -Pedro y Sant Pablo, al ménos agora así se llama, 25 leguas del Puerto -Deseado; por las riberas dél y costa de la mar vieron muchas gentes -que estaban pasmados, mirando los navíos, cosa nunca dellos vista -ántes. Dan luégo á cinco leguas más adelante en otro mayor, cuyo ímpetu -echaba el agua dulce dos leguas y tres en la mar; este rio baptizó -Grijalva de su nombre, y así se llama hoy el rio de Grijalva, el cual, -ó el pueblo, ó la misma tierra, se llamaba por los vecinos naturales -della, Tabasco; es tierra felicísima y abundantísima del cacao, que son -las almendras de que usan por suave bebida, y por moneda en toda la -Nueva España, y en más de 800 leguas, como se dirá, y por ésto estaba -aquella tierra poblatísima y plenísima de mortales. Así que, entraron -por el rio arriba, hasta media ó cerca de una legua, donde estaba el -pueblo principal, donde lanzaron sus anclas y pararon, y como la gente -indiana vido los navíos, todos asombrados de ver barcos tan grandes, y -gente barbada y vestida, y todo de tan nueva manera y diferente arte, -salieron á defenderles la salida en su tierra y pueblo, hasta 6.000 -hombres, á lo que se juzgaba, con sus armas, arcos y flechas, y lanzas -de palos, las puntas tostadas, y rodelas de ciertas mimbres ó varillas -delgadas, todas ó la mayor parte cubiertas con unas chapas de oro -fino, de plumas de diversas colores adornadas, y, porque era tarde, -aquella noche toda se pasó en velarse ambas partes. En esclareciendo, -vienen sobre cien canoas llenas de hombres armados á ponerse cerca de -los navíos, y de entre ellas sale una, y acércase más á los navíos, -para que se pudiese oir más su habla; levántase en ella un hombre de -autoridad, que debia de ser Capitan ó principal entre ellos, y pregunta -qué querian ó qué buscaban en tierras y señoríos agenos; esta lengua no -entendia el indio que traian de Cuba, pero entendíanla los cuatro que -habian preso en la canoa, en el Puerto Deseado, y el de Cuba entendió á -éstos, y éstos entendieron á los de Tabasco; y así respondió Grijalva -que él y los cristianos no venian á hacerles mal alguno, sino á buscar -oro, y que traian para pagárselo. Vuelve con la respuesta el Capitan -de la canoa, y da nuevas á su Rey y señor, y á los que las esperaban, -y dice parécele buena gente los cristianos; torna otra vez, y llégase -al navío del capitan Grijalva, sin temor, y dice que á su señor place, -y á todos su súbditos, tener con él y con los cristianos amistad, y -dalles del oro que tenia y rescibir de lo que traian de su patria; el -cual trujo una máscara de palo grande dorada muy hermosa, y ciertas -cosas de pluma de diversas colores y bien vistosas, diciendo que su -señor vernia otro dia á ver los cristianos. Grijalva le dió unas sartas -de cuentas verdes de vidrio, y unas tijeras, y cuchillos, y un bonete -de frisa colorado, y unos alpargates; las tijeras y los cuchillos -fué lo que hizo al caso, porque con aquello pensó el intervenidor de -la paz y amistad que iba bienaventurado. Acordó el Cacique y señor -de la tierra ir á verse con los cristianos, y entra en una canoa, -esquifada de gente, sin armas, y entra en el navío del capitan -Grijalva, tan seguro como si fuera de su propio hermano. Grijalva era -gentil mancebo, de hasta veintiocho años; estaba vestido de un sayon -de un carmesí-pelo, con lo demas que al sayon respondió, cosas ricas. -Entrado y rescibido por Grijalva el Cacique con mucho acatamiento, y -abrazándose, y sentados, comenzóse la plática, de la cual muy poco -el uno del otro entendian, más que por señas y algunos vocablos que -declaraban los indios que habian tomado en el Puerto Deseado, que los -decian al indio que traian de Cuba; todo se creyó que iba á parar -en que se holgaba de su venida y que queria ser su amigo, y despues -de hablado un rato, mandó el Cacique á uno de los que con él habian -venido, que sacase lo que dentro de una que llamamos petaca, segun la -lengua de Méjico, que es como arca, hecha de palma y cubierta de cuero -de venado, traia. Comienza á sacar piezas de oro, y algunas de palo -cubiertas de hoja de oro, como si las hobiera hecho para Grijalva y -á su medida, y el Cacique, por sus mismas manos, comiénzalo de armar -desde los piés hasta la cabeza, quitando unas si no venian bien, y -poniendo otras que con las demas convenian, y así lo armó todo de -piezas de oro fino, como si lo armara de un arnés cumplido de acero -hecho en Milan. Sin el armadura le dió muchas otras joyas de oro y de -pluma, de las cuales algunas abajo se referirán. Cosa digna de ver la -hermosura que entónces Grijalva tenia, y mucho más digna y encarecible -considerar la liberalidad y humanidad de aquel infiel Cacique. Grijalva -se lo agradeció cuanto le fué posible, y recompensó desta manera: -hace sacar una muy rica camisa y vístesela, despues della desnúdase -el sayon de carmesí é vísteselo, é pónele una gorra de terciopelo muy -buena, y hácele calzar zapatos de cuero nuevos, y, finalmente, lo -vistió y adornó lo mejor que él pudo, y dióles muchas otras cosas de -los rescates de Castilla á todos los que con él habian venido. Valdria -el sayon de carmesí, entre los españoles en aquel lugar, obra de 60 -ó 70 ducados ó pesos de oro, cuando más, y las otras cosas que dió -al Cacique y á los suyos otros 12 ó 15, pero lo que el Cacique dió á -Grijalva subiria de más de 2 ó 3.000 castellanos ó pesos de oro; entre -las piezas y armaduras que le dió, fué un casquete de palo cubierto -de hoja de oro delgada, tres ó cuatro máscaras de palo, parte dellas -cubiertas de piedras turquesas, que son madre de las esmeraldas, -puestas á manera de obra mosáica, por muy lindo artificio, y parte -cubiertas de hoja de oro y otras del todo cubiertas de oro, ciertas -patenas para armar los pechos, dellas todas de oro, y otras de palo -cubiertas de oro, y otras de oro, y piedras sembradas muy bien puestas, -que las hacian más hermosas; muchas armaduras para las rodillas, dellas -de oro puro, dellas de palo, dellas de corteza de ciertos árboles, -cubiertas todas de hoja de oro; seis ó siete collares de hoja de oro, -puestas sobre otras tiras de cuero de venado; ciertas ajorcas de oro de -tres dedos en ancho, ciertos zarcillos de oro para las orejas, ciertos -rosarios de cuentas de barro cubiertas de oro, y otras sartas de oro -puro huecas; una rodela cubierta de pluma de diversas colores, muy -graciosa; una ropa de pluma y penachos della, vistosa, y otras muchas -cosas cuya postura y artificio era maravilloso, y que, donde quiera, -solas las manos y hechura costara mucho. Díjose que de ciertos indios -que habia tomado Grijalva, cuando comenzó á costear las riberas ó -costa de Yucatán, dejando la de la isla de Cozumel, vido en el navío -este Cacique uno y que lo pidió á Grijalva, y que daria por su rescate -tanto peso de oro cuanto el indio pesase, y que no quiso Grijalva -dárselo por pensar quizá de haber por él más; pero ésto yo no lo creo, -lo uno, porque no hervia tan poco la cudicia en él ni en los de su -compañía que por un indio que hallaron y tomaron con otros en una canoa -pescando, que probablemente se podia creer no ser señor, ni tener más -calidad y hacienda que los otros, dejase seis ó siete arrobas de oro -que podria pesar; lo otro, porque no parece que Grijalva cumpliera con -el comedimiento que con él tuvo el Cacique, no concediéndole lo que le -rogaba, mayormente si fué verdad que le ofrecia el rescate. Finalmente, -como quiera que haya sido, el Cacique quedó contento y los españoles -tambien lo quedaron, y en tanto grado, que de aquí comenzó el ansia de -querer poblar, quedándose en aquella tierra, como vieron tan buenas -señales de su riqueza, y de murmurar de Grijalva porque no lo aceptaba, -como se dirá. - - - - - CAPÍTULO CXII. - - -Saliéronse de aquel rio de Tabasco, que llamaron desde allí el rio de -Grijalva, y fueron costeando lo más cerca de tierra que podian, de -donde vian toda la costa llena de poblaciones y de gentes que salian -á mirar los navíos, que nunca otros habian visto. Yendo su camino con -las barcas, tomaron ciertos indios por fuerza, que iban en una ó en -dos canoas, que no podian causar poco escándalo ni dejaban de ofender -á Dios, trayéndolos contra su voluntad; luégo les preguntaron, por -señas, si habia oro por aquella tierra y respondieron que habia mucho. -Hizo soltar á algunos dellos, diciéndoles que trujesen oro, y que les -pagarian en las bujerías que les mostraron de Castilla. Ya tornaba la -costa de la mar, del Poniente á la parte del Norte, y siguiendo su -camino fueron á surgir con sus cuatro navíos junto á una isleta, que -hoy llamamos Sant Juan de Ulúa, donde agora es el puerto de toda la -Nueva España; ellos le pusieron entónces Sant Juan, y despues, como se -entendió que los indios llamaban á toda aquella tierra Ulúa, añidióse -á Sant Juan, Ulúa, y así se llama el puerto y la isleta, Sant Juan de -Ulúa; el acento tiene la ú segunda. Habia en ella edificios de cal y -canto, y en especial uno muy alto, que debia de ser templo, donde habia -un ídolo y muchas cabezas de hombres, y otros cuerpos muertos, de lo -cual cognoscieron que debian de ofrecer hombres al ídolo, y por esta -causa pusieron nombre á la isla, la Isla de los Sacrificios. Otro dia -parecieron en la costa de la mar muchos indios con unas banderas, y -hacian señas á los españoles que saliesen á tierra; envió el Capitan -á un Francisco de Montejo, con cierta gente, en una barca, para que -supiese de qué arte estaban, si de paz ó de guerra, y qué querian ó -pretendian llamándolos. Llegó á la playa, y vinieron los indios á él -con mucha alegría, mostrándole señales de paz, y como que holgaban de -su venida, y luégo le presentaron muchas mantas de algodon, pintadas -de diversas colores, muy hermosas; pregúntoles por señas, mostrándoles -cosas de oro, si lo habia por aquella tierra, respondiéronle que sí, -é que otro dia tornarian con ello. Tornaron como habian dicho, y -con unas banderas blancas hacian señales y meneos, llamándolos que -saliesen á tierra; salió Grijalva con alguna de su gente, y hallaron -hechas unas ramadas de ramos de árboles, muy frescas, y hojas por el -suelo, donde los españoles se metiesen, por el sol, y en el mismo -suelo estaba la mesa, que era una manta muy hermosa, y sobre ella -ciertos vasos de barro, bien hechos, á manera de escudillas hondas, -llenas de aves, cortadas por menudo, con su caldo oloroso, como hecho -potaje en cazuela; tenian puesto abundancia de pan de maíz, mezclado -con masa de frísoles, que son atramuces, como ellos lo suelen hacer, y -frutas diversas. Ofreciéronles unas mantas de algodon de colores, todo -con grande placer y alegría, como si fueran sus propios hermanos, y -entre otros regalos, que suelen hacer á los huéspedes como ya tenemos -experiencia, dieron á cada español un cañuto encendido, lleno de cosas -aromáticas, muy odoríferas, á la manera de unos mosquetes hechos de -papel, de los cuales traen hácia sí el humo con el resuello, y sáleles -por las narices. Diéronles algunas sartas de cuentas de colores, y dos -bonetes y unos peines, y otras cosillas por ello. Otro dia vinieron -cierta cuadrilla de indios, y dos entre ellos principales, uno viejo -y el otro mozo, que parecian señores, padre y hijo; éstos, ántes que -llegasen al Capitan, pusieron las manos en el suelo y besáronlas, -que debia ser ceremonia significativa de paz y amistad y de buen -hospedamiento, y, ésto hecho, abrazáronle, mostrando grande alegría de -vello, como si fuera su deudo que hobiera muchos dias que no lo habia -visto. Hablaban en su lengua muchas palabras, y el Capitan en la suya, -sin entenderse, pero todo resultaba é iba á parar en mostrar mucho -amor y alegría los indios con su venida, y no menor era el placer de -Grijalva y de los suyos en hallar gente tan buena y benigna, por la -esperanza que de ser ricos de allí se les recrecia. Mandó luégo aquel -señor viejo á sus indios que trujesen luégo ramos y hojas verdes -y frescas, para hacer ramadas, donde los españoles se metiesen, y -en mandar á los indios el viejo y el mozo mostraban, como señores, -autoridad é imperio. Hizo señas el viejo al Capitan que se asentase y -á los otros españoles, y lo primero dió al Capitan y á los españoles, -que bastó, cada sendos cañutos de olores de los sobredichos; iban y -venian muchos indios, todos sin armas, simplicísimamente, que parece -que se convidaban unos á otros á que viniesen á ver á los españoles, y -todos mostraban grande alegría y conversaban con ellos, como si fueran -sus muy propíncuos deudos ó muy amigos vecinos; y lo que más hacia al -caso y deseo de los españoles, fué que comenzaron, por mandado del -señor viejo, á traer muchas y diversas joyas de coral, muy hermosas y -de maravilloso artificio, un collar de doce piezas de oro con muchos -pinjantes, y ciertas sartas de cuentas redondas, de barro, doradas, que -parecian todas oro, y otras de menudas, muy bien doradas; otras piezas -de zarcillos para las orejas, dos máscaras, de obra mosáica, de piedras -turquesas, con algunas puntas de oro, un moscador muy rico de plumas de -diversos colores, como algunas cositas de hoja de oro y otras cosas. -Dióseles por ésto ciertas sartas de cuentas verdes y otras pintadas -que llamamos margaritas, y un espejo y un par de servillas para mujer. -Los indios particulares andaban trocando sus pedacitos de oro y -joyuelas, con los españoles, cada uno segun tenia que conmutar; aquel -dia se pasó en ésto con mucho regocijo de los unos y de los otros, y -abrazando el Cacique al Capitan, rogándole por señas, que otro dia -tornase al mismo lugar y que ternia traido allí mucho más oro. Luégo, -en amaneciendo, el dia siguiente, pareció en la playa mucha gente con -ciertas banderas blancas, que debian ser señales de paz y amistad, los -cuales, un tiro de piedra dentro en la tierra, y apartado de la mar, -tenian ciertas ramadas de árboles y hojas grandes, de las que arriba -dijimos, y desherbado todo alrededor, todo muy fresco y gracioso, para -donde se metiesen los españoles á comer y recrearse. Salió el capitan -Grijalva en tierra, con buen número de españoles, y así como el Cacique -ó señor lo vido, váse á él y pone las manos en el suelo y bésalas, y -luégo abrazó al Capitan con rostro muy alegre, y tómalo por el brazo y -llévalo á las ramadas, y llegados y sentados sobre las hierbas y hojas, -dá de los mosquetes encendidos, llenos de sahumerios, al Capitan y á -los españoles que á par dél estaban, uno á cada uno. Mandó el Capitan -hacer allí un altar, y que dijese misa el capellan que llevaban, y -como el Cacique vido que aquello era señal de religion y ceremonias -del divino culto, mandó traer ciertos brasericos con ascuas y poner -dellos debajo del altar, y otros por allí alrededor ó cercanos del -altar, y echar en ellos incienso y de las cosas aromáticas que solian -ellos á sus ídolos incensar y sahumar, porque las gentes de aquella -Nueva España fueron de las más religiosas que hobo jamás entre todas -las naciones que no tuvieron conocimiento del verdadero Dios. Estuvo -pasmado, y los indios que con él estaban, clavados los ojos, mirando -las ceremonias de la misa, como en los indios siempre se halla tener -grandísima atencion notando los actos y obras que hacer nos ven. Así -que, acabada la misa, mandó el señor traer de comer, y luégo trujeron -ciertos altabaques ó cestillos de pan de maíz, de diversas maneras -hecho y cocido; trujeron frutas de la tierra y muchos platos hondos de -barro, y quizá eran de las calabazas que llaman jícaras, muy pintadas -por de fuera, llenas de potaje de carne bien guisada, que no supieron -qué carne era, y no podia ser sino de aves, las gallinas que llamamos -de papada, ó de venados. Comieron los guisados de buena gana, y dijeron -que les supieron muy bien, y que les parecia que fuesen guisados con -especias. Acabada la comida, mandó traer el Cacique algunas joyas de -oro en granos grandes, aunque parecia estar fundido; algunos zarcillos -para las orejas y narices, ciertas sartas de cuentas gruesas y -menudas, que debian ser la sustancia de madera, pero muy bien doradas; -otras 15 ó 20 cuentas grandes, doradas, y al cabo una rana de oro muy -sutilmente labrada; un ajorca de oro, muy rica, de cuatro dedos en -ancho; otra sarta de cuentas doradas, con una cabeza de leon de puro -oro, y otras sartas con muchas cuentas, y alguna que tenia 70 y más -dellas doradas, y al cabo una rana de oro al propio hecha; un rostro de -piedra, creo que verde, guarnecida de oro, con una corona de oro muy -rica, y encima una cresta de oro y dos pinjantes de oro; un ídolo ó -hombre de oro, pequeño, y con un moscador de oro en la mano, con unas -joyas de oro en las orejas, y en la cabeza unos cuernos de oro, y en la -barriga una piedra que debia de ser turquesa, muy linda, engastonada -en oro. Entre estas joyas, aquí ó en otras partes deste viaje, se dijo -haber rescatado una esmeralda ó piedra preciosa que valia ó que valió -2.000 ducados. Otras muchas cosas les dió, no tan principales, pero -estas fueron las de más valor y más hermosas. Valia todo el oro que -dieron mas de 1.000 ducados, sin el valor de la hechura de algunas -cosas dellas, que pudiera valer más que el oro que tenian. El Capitan -le dió, en pago del presente rescibido, no con qué saliese de laceria, -y fueron las joyas siguientes: un sayo, una caperuza de frisa colorada, -y en ella una medalla, no de oro, sino de las falsas; una camisa de -presilla, con algunas gayas ó labores, de hilo y no de seda; un paño de -tocar; un cinto de cuero, con su bolsa; un cuchillo, y unas tijeras, -y unos alpargates; unas servillas de mujer, unos zaragüelles, dos -espejos, dos peines y algunas sartas de cuentas de vidrio de diversos -colores, todo lo cual valdria en Castilla tres ó cuatro ducados. -Aquel señor Cacique y su gente, estimándose por muy ricos con lo que -Grijalva les habia dado, y áun quizá creyendo que habian engañado á -los españoles en más de la mitad del justo precio, volvieron otro dia -con más ricas joyas para los tornar á engañar. Trujeron seis granos -de oro fundido, grandes, no supe cuánto pesaron; siete collares muy -ricos de oro puro, y otros cuatro collares pequeños de oro, los dos -con sus arracadas y pinjantes de oro, y tres sartas de cuentas doradas, -y nueve cuentas de oro: y un cabo, como patron, tambien de oro; otra -sarta de cuentas de piedras, que ellos tienen por preciosas, y una -ajorca de oro: ésto lo principal. Dióseles por retorno un sayo azul y -colorado de frisa ó paño basto, un bonete de lo mismo, una camisa de -lienzo, un cuchillo y unas tijeras, un espejo y un par de alpargates, -y algunas sartas de cuentas de vidrio. Otro dia tornaron á su rescate -y contratacion, y dió el Cacique á Juan de Grijalva dos granos de oro -que pesaron 12 ó 15 castellanos, un collar de oro de piezas hermosas de -ver, ciertas sartas de cuentas doradas, y nueve cuentas, todas de oro -pero huecas, muy bien artificiadas, con un cabo de oro más grueso; una -máscara de pedrerías, como las que arriba dijimos: pagóle Grijalva con -obra de 4 á 5 reales de valor, conviene á saber, un par de alpargates, -un cinto de cuero con su bolsa, un paño de cabeza, unas servillas de -mujer y dos ó tres sartas de cuentas de vidrio, que llamamos margaritas -por ser de diversas colores, y cada sarta podia ser de 50 cuentas, -como acá vienen comunmente y así las solíamos con los indios tratar y -conmutar. - - - - - CAPÍTULO CXIII. - - -Visto por los españoles ser todos aquestos rescates y conmutaciones -señales de haber en aquella tierra mucha cantidad de oro, y la gente -della tan pacífica, franca y liberal, y por consiguiente, haber grande -aparejo para henchir las bolsas y ser ricos señores á tan poca costa, -comenzaron á renovar el clamor que en la tierra de Yucatán habian -comenzado diciendo á su capitan Grijalva, con gran importunidad y -murmurio, que pues Dios les mostraba tierra tan rica y gente tan bien -acondicionada, donde fuesen bienaventurados, tuviese por bien de que -allí poblasen, y en un navío de aquellos cuatro hiciesen saber á Diego -Velazquez su bienandanza, enviándole todo el oro y joyas que habian -rescatado, para que les enviase más gente y rescates, y armas, y otras -cosas, para su poblacion necesarias; ofreciéndose todos á que lo ternia -por bueno Diego Velazquez, no embargante que por la instruccion que le -habia dado trujese prohibido que no poblase, sino que descubriese y -rescatase. Juan de Grijalva, era de tal condicion de su natural, que no -hiciera, cuanto á la obediencia y aún cuanto á humildad y otras buenas -propiedades, mal fraile, y por esta causa, si se juntaran todos los -del mundo, no quebrantara por su voluntad de un punto ni una letra de -lo que por la instruccion se le mandaba, aunque supiera que lo habian -de hacer tajadas. Yo lo cognoscí é conversé harto, y entendí siempre -dél ser á virtud y obediencia y buenas costumbres inclinado, y muy -subjeto á lo que los mayores le mandasen. Así que, por más ruegos, -requirimientos, y razones importunas que le hicieron y representaron, -no pudieron con él que poblase, alegando que lo traia prohibido por el -que le habia enviado, y que no para más de descubrir é rescatar tenia -poder ni mando, y que con cumplir la Instruccion que se le dió haria -pago. Vista su determinacion, todos comenzaron á blasfemar dél, y á -tenello en poco, y fué maravilla no perderle la vergüenza, y salirse -todos en tierra y poblar, dejándolo ó enviándolo en un navío á Diego -Velazquez; y por que un navío de aquellos hacia mucha agua, y tenia -necesidad de se adobar, acordó Grijalva de lo enviar á la isla de Cuba, -con la gente que andaba indispuesta, y que llevase las buenas nuevas -de la buena tierra rica, y gente pacífica, y el oro y joyas que habian -rescatado. Con esta embajada envió á Pedro de Alvarado, que debia ser -el Capitan del mismo navío que tenia necesidad de ser adobado, el cual -al cabo de ciertos dias llegó á la isla, y dada cuenta de la riqueza -que habian hallado, y dando quejas todos los que en el navío habian -ido de Grijalva, porque pidiendóselo todos, no quiso poblar ni dejar -poblar tan felice y rica tierra, movióse á ira contra Grijalva Diego -Velazquez, porque no lo habia hecho habiéndolo él mandado y dado por -instruccion que por ninguna manera poblase. Pero era Diego Velazquez -de aquella condicion, y terrible para los que le servian y ayudaban, -y fácilmente se indignaba contra aquellos de quien le decian mal, -por ser más crédulo de lo que debia. Finalmente, indignado contra -Grijalva, porque no habia poblado contra su mandado, determinó, ántes -que Grijalva viniese, de hacer otra armada, y enviar otro Capitan, -y hobo al cabo de dar en quien no le obedeció tan fielmente como -Grijalva, que la hacienda y la honra, y que lo que desde allí vivió -viviese amarga y triste vida, y al fin la perdiese, y el alma sabe -Dios por aquella causa en qué paró. Y dejado aparte que habia muchas -razones por las cuales Dios le castigase, por haberse hecho rico de -la sangre de aquellas gentes de la isla de Cuba, y de las matanzas -que ayudó á hacer en esta Española, en especial la de la provincia de -Xaraguá, como en el capítulo 9.º, del libro II, pareció, pero parece -que quiso nuestro Señor afligille en pago de no agradecer á Grijalva -la obediencia que le guardaba, cumpliendo estrechamente su mandado, -en no poblar, de donde al mismo Grijalva le fuera muy mejor, y así -permitió Dios que enviase á quien áun ántes que partiese se la negó, -como parecerá. Partido Pedro de Alvarado para Cuba, Grijalva, con los -tres navíos, fuese la costa abajo, descubriendo por ella muchas leguas, -y llegó hasta cerca de la provincia de Panuco, y visto que toda era -una tierra, y estimaban ser tierra firme, acordaron tornarse por el -camino donde habia venido, y enderezar su viaje para la isla de Cuba -á dar cuenta á Diego Velazquez de la prosperidad de su descubrimiento -y camino. A la vuelta, en cierta parte de aquella costa de mar, como -siempre venian cerca de tierra, salieron al encuentro ciertas canoas -ó barquillos de los indios, llenas dellos, armados con sus arcos y -flechas, y comenzaron á tirar á la gente de los navíos, pero como los -españoles no se solian dormir, sueltan algunos tiros de artillería y -escopetas, y á saetadas, muertos y heridos algunos de los indios, los -hicieron huir. Siguieron los navíos la costa arriba, hácia el Levante, -y llegaron á cierto rio que tenia un razonable puerto, que nombraron -puerto y rio de Sant Anton, 25 leguas del rio de Grijalva, donde el -señor de allí armó á Grijalva todo el cuerpo de oro, como dijimos en el -capítulo 111. Allí vinieron ciertos indios y trujeron ciertas hachuelas -de oro bajo, y por ellas se les dieron algunas sartas de cuentas y -otras cosillas de rescates de Castilla, y porque tuvieron necesidad de -reparar allí el uno ó los dos navíos, acordaron de saltar toda la gente -dellos en tierra, y estando en ésto, vinieron ciertos indios de la -otra banda del rio en sus canoas, y trujeron á los cristianos 30 ó más -hachuelas de oro, que pesaron 1.800 pesos de oro, pocos tomines ménos, -y una taza labrada, muy hermosa, de oro, que pesó veinte y tantos pesos -de oro, y algunas mantas de algodon y otras joyas, sin pedir nada por -ello. Vista la liberalidad destos indios, tornaron los españoles á -murmurar contra Grijalva, porque no queria en tan rica tierra poblar, -pues les daba tan buena ventura en las manos, donde podian ser ricos -y bien aventurados, pero no por eso Grijalva se movia, diciendo que -no tenia tal comision de Diego Velazquez, por lo cual hizo apregonar, -poniendo penas, que nadie de poblar tractase ni hablase. Aquí vinieron -en una canoa ciertos indios, con un señor que parecia mandalles, y -presentaron ciertas gallinas, y frutas de la tierra, muy buenas, como -son las que llamamos piñas, porque por de fuera tienen la forma de -piñas, puesto que no hay melon fino ni otra fruta de las nuestras que -se le iguale, y otras que llaman zapotes, fruta digna de presentarse -á los Reyes; dijeron por señas que traerian oro. Dióseles un sayo de -frisa, hecho de colores, y una camisa y otras cosillas de rescates, por -convidallos á que bien lo pagasen, como mostraban hacello; vinieron -despues otros y presentaron al Capitan dos hachas de oro, que pesaron -150 pesos, dos, ó tres, ó cuatro ménos, y ciento y tantas cuentas -huecas de oro, muy bien hechas, y docena y media de cuentas de plata ó -de estaño, y otras piezas de oro menudas; la recompensa que se les dió -valia hasta 8 ó 10 reales, en cuentas verdes y cuchillos y tijeras. -Unos marineros que habian ido á pescar, el rio abajo ó arriba, toparon -á ciertos indios, los cuales les dieron ciertas águilas de oro, y una -cabeza de no sé qué figura, y un cascabel muy lindo, con unas alas, -y una hacha, que pesaria todo hasta 70 castellanos. Aquí dijeron que -habian visto ciertos indios muertos de fresco, metidos en un hoyo; -entendieron que debian ser indios á los ídolos sacrificados. De aquí -enderezó su camino y viaje Grijalva para la isla de Cuba; quiso venirse -por Yucatán, que entónces llamaban la Isla Rica, por no saber que era -parte de la tierra firme, y llegar al pueblo de Champoton, donde al -principio hirieron y mataron la gente á Francisco Hernandez de Córdoba, -primero que todos de aquella tierra descubridor, como en el cap. 98 se -declaró, y vengar, diz que, aquellas muertes; pero llegados á la costa -de la mar de Champoton, vieron tan bien apercibidos á los indios y -tan denodados para los resistir, que habidas algunas refriegas, ántes -que desembarcasen sobre una isleta que estaba cerca del pueblo, en -la mar, acordó Grijalba de no se detener á pelear, sino irse en paz -su camino. Llegados á Campéche, 10 ó 12 leguas de allí, que arriba -dijimos haberle puesto nombre Francisco Hernandez, el pueblo de Lázaro, -y donde tan humano y alegre rescibimiento les hicieron, y hospedaje, -quisieron tomar agua, y saliendo en tierra con sus tiros de pólvora -y aparejados, donde vieron alguna gente de los indios desarmada, -preguntándolos dónde podian coger agua, díjose que les señalaron con el -dedo que hácia tal parte, y llegados allí, señalábanles más adelante, -y remando más adelante, señalábanles más adelante, donde, diz que, -hallaron cierta celada de hombres armados con sus arcos y flechas, las -cuales contra ellos desarmaron; pero los nuestros, con los tiros de -pólvora y con salir el Capitan con toda la gente de los navíos desque -los vido revueltos, aunque les pesó, tomaron toda el agua que quisieron -en abundancia. Esto es de maravillar, que habiendo tratado tan bien -los de aquel pueblo y tierra á Francisco Hernandez y á su gente al -principio, como se refirió en el cap. 98, que agora les quisiesen hacer -mal, y si quizá no es lo que arriba dijimos en el cap. 110, que por -yerro del piloto lo que acaeció en Champoton creyeron haber acaecido -en el pueblo de Lázaro, no es verdad debió de suceder aquesta mudanza, -porque como vecinos y pariente de Champoton, y quizá vasallos de un -señor, viendo que Francisco Hernandez y su compaña dejaron hecho tan -grande estrago y muertos tantos, se doliesen, como era cosa natural, -y, por consiguiente, juzgasen á los españoles por injustos y crueles, -y á los de Champoton por agraviados, acordaron de no los recibir, mas -ántes, si pudiesen, á todos matallos. Finalmente, tomaron toda el agua -que quisieron, á pesar de los indios, porque como gente sin armas ni -defensa siempre han de caer debajo; desde allí Grijalva y sus navíos -toman su camino para la isla de Cuba, y despues de muchos y gravísimos -trabajos, por vientos, y mar, y corrientes contrarias, aportaron á Cuba -en el puerto que llamábamos de Matanzas, que está cerca del pueblo que -agora se diz de la Habana, por otro nombre Sant Cristóbal, donde halló -Grijalva una carta de Diego Velazquez, en la cual decia que se diese -la priesa que más pudiese para llegar á Santiago, la ciudad donde él -estaba, y hiciese saber á toda la gente que con él venia, que los que -quisiesen allí, en la Habana, esperar, para tornar á poblar á la dicha -tierra é Isla Rica de Yucatán, y la demas tornasen, porque él aparejaba -para enviar gente á poblallo; mandando que á los tales se les diese -todo lo que hobiesen menester, en una hacienda como granjería, que él -por allí tenia, que llamaban Estancia. - - - - - CAPÍTULO CXIV. - - -Grijalva se dió la mayor priesa que pudo darse para llegar á la ciudad -de Santiago, donde Diego Velazquez estaba entendiendo en aparejar -muchos navíos y gente, para enviar á poblar la tierra que Francisco -Hernandez y Grijalva descubierto habian, que llamaban la Isla Rica, -por Yucatán y aquella costa abajo, hasta Tabasco, que es el rio que -dijeron de Grijalva; llegado Grijalva á la ciudad, y pareciendo ante -Diego Velazquez, dióle pocas gracias por lo que habia trabajado, y oro -que con Alvarado le habia enviado y por lo que tambien él le traia, -ántes riñó mucho con él, afrentándolo de palabra, porque así era su -condicion, porque no habia quebrantado su instruccion y mandamiento -en poblar en la tierra, pues toda la gente que llevaba se lo pedia, -reprension harto digna de otra mayor, reñir á un criado, pariente fiel -y tan obediente, que no quiso quebrantar un punto de lo que llevaba -mandado, especialmente que á él le fuera muy provechoso más que á -nadie, así en riquezas y estado, como en excusar la indignacion que -toda la gente que llevó contra él tuvo por no haber poblado. Todo -ésto me refirió á mí el mismo Grijalva en la ciudad de Sancto Domingo -el año de 1523, viniendo perdido y con harta necesidad, y partido de -mí en aquella ciudad, se fué para tierra firme, donde gobernaba, ó -mejor diré, desgobernaba Pedrárias, al cual envió á la provincia de -Nicaragua, y estando en el valle de Ulanche, sojuzgando y guerreando á -los indios de aquel valle, lo mataron los mismos indios á él y á otros -ciertos españoles; donde pagó Grijalva los males que allí hacia y el -servicio que debia á los indios de la isla de Cuba, y si algunos hizo -en aquel descubrimiento, puesto que siempre le cognoscí para con los -indios piadoso y moderado. Y como por la venida de Alvarado, y nuevas -de la riqueza de la tierra y gran muestra de oro que envió Grijalva, -Diego Velazquez comenzase otra armada, llegado Grijalva, é informado -de todo el viaje, y descubrimiento, y gente, y tierras, y abundancia -dellas, Diego Velazquez dióse mucha más priesa en despacharla y llegó, -á lo que yo tuve entendido, nueve piezas de navíos, con bergantines y -naves; y para llevar su poblacion y armada más y mejor fundada, envió -á esta isla Española á un hidalgo llamado Juan de Saucedo, para que -pidiese licencia, que enviase á poblar aquella tierra y hacer lo á -ésto necesario, á los padres de Sant Hierónimo, que á la sazon aquí -estaban, creyendo que tenian poder de gobernadores; pero no vinieron -á gobernar, sino á poner las Indias en libertad, como arriba se hizo -mencion. Envió luégo Diego Velazquez, con las nuevas del descubrimiento -y riquezas de la tierra, con ciertas piezas ricas de oro de las que -habia traido Alvarado, á un clérigo llamado Benito Martin, á la corte, -que áun estaba en Barcelona el rey D. Cárlos; el cual pidió que le -hiciesen merced del abadía de aquella tierra que parecia adelante, y no -era ménos que toda la Nueva España, como se dirá. Tornemos al armada ó -flota que comenzó á hacer Diego Velazquez, donde gastó, de los muchos -millares de pesos de oro que tenia mal ganados, habidos de los sudores -y angustias de los indios, gran parte; y porque habia de proveer de -Capitan, pensó de nombrar un hidalgo llamado Baltasar Bermudez, que, -segun yo creo, era de su misma tierra, Cuéllar, y así le encargó que lo -aceptase, lo cual hacia por honralle, porque lo queria bien, y ésto yo -lo sé porque lo ví muchas veces, mucho, muy bien tratalle. El Baltasar -Bermudez tenia los pensamientos altos, y parecia tener de sí demasiada -confianza; representándole el cargo de Capitan, por Diego Velazquez, -díjose que le habia pedido tales condiciones, que á Diego Velazquez -desagradaron, y como era muy libre y sacudido, enojóse con él y echóle -de sí, quizá como solia con desmandadas palabras. Discurriendo despues -por las personas que habia que pudiese nombrar por Capitan, puso -sus ojos, y segun se creyó inducido, como luégo se dirá, en Hernando -Cortés, que habia sido su criado y secretario, y habia tenido para lo -ahorcar, como arriba se dijo, cap. 27, porque conocia dél ser hábil é -entendido, y como le habia dado muchos indios y habia hecho Alcalde de -la misma ciudad de Santiago, y lo favorecia mucho, confiando que le -obedeceria, siéndole agradecido, y guardaria toda fidelidad. Estaba -por Contador del Rey de aquella isla, á la sazon, un burgalés llamado -Amador de Lares, hombre astutísimo, y que habia gastado, yo le oí, -veintidos años en Italia, y llegó á ser Maestresala del Gran Capitan, -que es argumento de no ser de entendimiento tardo, pues el Gran Capitan -se servia dél de Maestresala, siendo aún de cuerpo harto bajo, y sin -saber leer ni escribir, pero la prudencia y astucia suya suplia las -otras faltas. Solia yo decir á Diego Velazquez, por sentir lo que -de Amador de Lares yo sentia: «Señor, guardaos de veintidos años de -Italia.» Con éste trabajó Hernando Cortés tener grande amistad, que no -era ménos astuto que él muchos quilates, y díjose, y áun creyóse, que -se habian confederado ambos en tanto grado, que partirian la hacienda -y riquezas que Cortés adquiriese y robase yendo aquel viaje; y como -Diego Velazquez comunicaba con Amador de Lares, como Contador y oficial -del Rey, las cosas del armada, y las demas que á la gobernacion de -la isla tocaban, creyóse que le indució que constituyese al Cortés -por Capitan de aquella demanda. Diego Velazquez, siempre, como le -conocia, vivia con el Cortés recatado; pero guárdeos Dios cuando los -que aconsejan tienen crédito ante los aconsejados, y con ésto pretenden -interese propio, porque una vez que otra han de guiar la resolucion de -los negocios al fin que les toca, como la saeta se dirige al blanco. -Finalmente, Diego Velazquez nombró á Hernando Cortés por Capitan de -su armada, y nombrado, como era orgulloso y alegre, y sabia tratar -á todos, á cada uno segun le cognoscia inclinado, para lo cual ser -Alcalde no le desayudaba, súpose dar maña á contentar la gente que para -el viaje y poblacion se allegaba, la cual era toda voluntaria por -la cudicia del mucho oro que haber esperaban; y de 2.000 castellanos -que le habian sacado los indios que le habia dado Diego Velazquez, de -las minas, con inmensos sudores, hambres y duros trabajos, comenzó á -adornarse y gastar largo en se proveer de lo necesario para el viaje, -tractándose como Capitan de 500 hombres que se allegaron y que iban -donde todos esperaban henchir las manos. Cerca desta ida de Cortés por -Capitan deste viaje, dice el clérigo Gomara, en su Historia, muchas -y grandes falsedades, como hombre que ni vido ni oyó cosa della, mas -de lo que el mismo Hernando Cortés le dijo y dió por escripto siendo -su capellan y criado despues de Marqués, cuando volvió la postrera -vez á España; el cual dice que Diego Velazquez habló á Cortés para -que armasen ambos á medias, porque tenia 2.000 castellanos de oro en -compañía de Andrés de Duero, mercader, y que le rogó que fuese con la -flota, y que Cortés aceptó la compañía, etc. ¡Mirad qué hacian 2.000 -castellanos á quien gastaba 20.000 y más en el despacho della! No era -Diego Velazquez tan humilde ni tan gracioso, que rogase á Cortés que -fuese por Capitan de su flota, habiendo muchos en la isla á quien -mandallo pudiera, y que lo rescibieran por muy gran merced y mucha -honra, é ya que algunos le prestaran dineros no se abatiera á hacer -compañía con alguno, como fuese señor de todo, y estuviese en su mano, -como Gobernador, hacer lo uno ó lo otro. Y dice más Gomara, que desque -llegó Grijalva hubo mudanza en Diego Velazquez y que no quiso gastar -más en la flota que armaba Cortés, ni quisiera que la acabara de -armar, por se querer Diego Velazquez quedar con ella y enviar á solas. -Todo ésto es salido de las mañas de Cortés, su amo, y manifiestas -falsedades. Mirad quién le podia impedir á Diego Velazquez que no -hiciera lo que de la flota quisiera, y de enviar ó estorbar que no -fuera en ella el que le pluguiera, y en especial Cortés, que no osaba -boquear ante él, y que no sabia, al ménos en lo exterior, qué placer y -servicio hacelle; y del mismo jaez de falsedad, por lo dicho, parece -lo que más añide Gomara: «Que Diego Velazquez envió al Amador de -Lares á que indujese á Cortés que se dejase de la ida y que le pagaria -lo gastado, pero que Cortés, entendiendo los pensamientos de Diego -Velazquez, respondió que no la dejaria, ni apartaria compañía, siquiera -por la vergüenza.» Todo ésto es absurdísimo, y que ni sustancia ni -color de verdad contiene ante los ojos y consideracion de los que -conocimos á Diego Velazquez y á Cortés; parecerá tambien claro por -el suceso que hobo el negocio y lo que adelante se dijere. Dice otra -insolencia y superba falsedad, que no le pudo Diego Velazquez impedir -la ida, y que si se pusiera en ello con rigor, hobiera revuelta en -la ciudad, y áun muertes, y que como no era parte, disimuló; propia -arrogancia de Hernando Cortés y astucia con que tiene hasta hoy -engañado el mundo, y los historiadores que escribieron sus hechos en -lengua española, porque dél y dellos era sólo un fin, y éste no otro -sino hacerse ricos de la sangre de aquestas míseras, y humildes, y -pacíficas gentes, como hombres insensibles de los males que loan y -favorecen; todo lo que escribieron no va enderezado sino á excusar -las tiranías y abominaciones de Cortés, como de los demas, y en -abatimiento y condenacion de los tristes y desamparados indios. Mirad -si siendo Gobernador y teniendo la justicia toda en sí de la isla, -Diego Velazquez, y que era adorado y obedecido de todos, por el bien ó -el mal que podia hacerles, dándoles ó quitándoles los repartimientos de -indios, con que los hacia pobres ó ricos, y estando favorecido del Rey -é de los que gobernaban por aquel tiempo á Castilla, pudiera impedir á -Cortés, que era un pobrecillo escudero, criado suyo, y que no comiera -si Diego Velazquez no se lo diera dándole indios, y que estaba en su -mano quitárselos y áun la vida, si quisiera, buscándole achaques, -aunque fuera haciéndole injusticia, que no fuera en su flota ó armada -que como Gobernador del Rey á su costa hacia, sin que hobiera alboroto -en la ciudad ni muertes, y sí el contrario desto que dice Gomara, su -historiador, es verosímil. - - - - - CAPÍTULO CXV. - - -Agora veamos cómo se despachó de la isla de Cuba Hernando Cortés y con -cuán justo principio, para que lo dicho mejor se averigüe. Persuadido, -pues, Diego Velazquez, por Amador de Lares, ó por sí mismo, que -nombrase á Cortés por Capitan general, y nombrado, como es dicho, -entendíase por Diego Velazquez con mucha priesa en el despacho de -Cortés, y el Cortés tampoco se dormia. Iba cada dia Diego Velazquez -al puerto á caballo, aunque estaba junto, y Cortés y toda la ciudad -con él, á ver los navíos y dar priesa en todo lo que se debia hacer; -fué entre las otras una vez, y un truhan que Diego Velazquez tenia, -llamado Francisquillo, iba delante diciendo gracias, porque las solia -decir, y entre otras, volvió la cara á Diego Velazquez, y díjole: -«¡Ah, Diego!» responde Diego Velazquez: «¿Qué quieres, loco?» Añide: -«Mirá lo que haceis, no hayamos de ir á montear á Cortés.» Diego -Velazquez da luégo gritos de risa, y dice á Cortés, que iba á su mano -derecha por ser Alcalde de la ciudad y ya Capitan elegido: «Compadre -(que así lo llamaba) mirad qué dice aquel bellaco de Francisquillo.» -Respondió Cortés, aunque lo habia oido, sino que disimuló ir hablando -con otro que iba cabe él: «¿Qué, señor?» dice Diego Velazquez: «Que si -os hemos de ir á montear;» respondió Cortés: «Déjelo vuestra merced -que es un bellaco loco; yo te digo loco, que si te tomo, que te haga -y acontezca,» dijo Cortés á Francisquillo. Todo ésto pasó, todos -burlándose y riéndose. Andando en este despacho Diego Velazquez á -priesa, ó porque le escarbó el alma la locura, ó por mejor decir la -sentencia discreta y profecía del loco Francisquillo, ó porque sus -amigos y deudos que allí habia, le hablaron de veras, porque hasta -entónces no habian mirado así en ello, y dijeron que como no advertia -el hierro grande que hacia en fiar de Cortés á quien él mejor que otro -conocia, empresa de tan gran importancia y en que tanto á su honra -y hacienda iba, y que era cosa probable y áun cierta que Cortés se -le habia de alzar y quebrar la fe y obediencia que le debia, segun -sus astucias y mañas, y que se acordase de lo que en Baracóa le -urdia y otras cosas cuántas pudieron hallar para persuadille; Diego -Velazquez, tornando sobre sí é viendo que le decian y aconsejaban -lo que, probablemente y segun reglas de prudencia, de Cortés se -podia presumir, determinó de quitalle el cargo y no poner su honra y -hacienda en aquel peligro. Y porque, como queda dicho, Diego Velazquez -comunicaba las cosas de la gobernacion y de aquellas armadas con -los oficiales del Rey, mayormente con el contador Amador de Lares, -no se le guardó la fidelidad que se le debia, y, á lo que se creyó, -el Amador de Lares lo debió á Cortés de descubrir, é, si fué verdad -la compañía y confederacion que de entrambos se dijo, por su propio -interese avisarlo no es cosa de gran maravilla. Finalmente, por una -ó por otra, ó por alguna vía, Cortés lo alcanzó á saber, y no habia -menester más para entendello de mirar el gesto á Diego Velazquez, -segun su astuta viveza y mundana sabiduría; el cual, luégo, la primera -noche que lo alcanzó á entender, despues de acostado Diego Velazquez -y todos del palacio idos, que le hacian en todo el silencio de la -noche más profundo, va Cortés á despertar con suma diligencia á los -más sus amigos, diciéndoles que luégo convenia embarcarse. Y tomada -dellos la compañía que le pareció para defensa de su persona, va de -allí, luégo, á la carnecería, y, aunque pesó al que por obligacion -habia de dar carne á toda la ciudad, tómala toda sin dejar cosa de -vacas y puercos y carneros, y hácelo llevar á los navíos, reclamando, -aunque no á voces, porque si las diera quizá le costara la vida, que -le llevarian la pena por no dar carne al pueblo, quitóse luégo Cortés -una cadenilla de oro que traia al cuello, y diósela al obligado ó -carnicero; y ésto el mismo Cortés á mí me lo dijo. Váse luégo Cortés -á embarcar con toda la gente que pudo despertar, sin estruendo, á los -navíos; ya estaba embarcada mucha de la que con él habia de ir y que -fué. Él ido, ó por los carniceros ó por otras personas que sintieron -su ida, fué avisado Diego Velazquez como Cortés era ido, y estaba ya -embarcado en los navíos; levántase Diego Velazquez y cabalga, y toda -la ciudad espantada, con él, van á la playa de la mar en amaneciendo -el dia; desque Cortés los vido hace aparejar un batel con artillería -y escopetas ó arcabuces, ballestas y las armas que le convenian, y la -gente de quien más confiaba, y con su vara de Alcalde, llégase á tiro -de ballesta de tierra, y parando allí, dícele Diego Velazquez: «¿Cómo, -compadre, así os vais? ¿es buena manera ésta de despediros de mí?» -respondió Cortés: «Señor, perdone vuestra merced, porque éstas cosas -y las semejantes, ántes han de ser hechas que pensadas, vea vuestra -merced qué me manda;» no tuvo Diego Velazquez qué responder, viendo -su infidelidad y desvergüenza. Manda tornar la barca y vuélvese á los -navíos, y, á mucha priesa, manda alzar las velas á 18 de Noviembre, año -de 1518, con muy pocos bastimentos porque áun no estaban los navíos -cargados; fuese de allí á un puerto llamado Macáca, la media sílaba -luenga, 15 leguas, donde el Rey tenia cierta hacienda, y está ocho dias -en los cuales mandó hacer todo el pan caçabí que pudieron hacer todos -los indios é indias del pueblo grande que de indios allí habia, que -sería más de 300 cargas de pan, cada una de las cuales tiene de peso -dos arrobas, con las cuales tiene una persona suficientemente que comer -un mes; tomó los puercos y aves que pudo y todo el más bastimento que -habia deste jaez, diciendo que aquello lo tomaba prestado ó comprado -para lo pagar al Rey, y si el estanciero ó mayordomo no se lo quisiera -dar, bien se puede adivinar cómo le fuera. Dice aquí Gomara, criado y -capellan é historiador de Cortés, que de las causas que movian á Diego -Velazquez, una fué pensar que Cortés se le alzaria como él se alzó -al almirante D. Diego, é oir y creer á Bermudez y á sus deudos, los -Velazquez, que le decian que no se fiase dél, que era estremeño, mañoso -y altivo, amador de honras, y hombre que se vengaria en aquello de lo -pasado. Cuanto á lo primero, bien parece, y parecerá más, que ni él ni -los que aconsejaban estaban engañados, pero en lo que toca á alzarse -Diego Velazquez al Almirante, no compara el alzamiento de ambos bien, -y así habla con ignominia de Diego Velazquez, porque, puesto que Diego -Velazquez fué descomedido con el Almirante y desagradecido, procurando -que la gobernacion que tenia, como Teniente dél, se la diese el Rey -de su mano, para que el Almirante no se la pudiese quitar, lo cual -fué desagradecimiento harto culpable, pero muy diferente alzamiento -fué alzársele Cortés con su flota, hacienda y gastos que habia hecho -tan grandes, y usurparle la jurisdiccion y mando, y, sin tenella, -ahorcar á los que no consintieron en su alzamiento, lo que es propio -de tiranos, y finalmente, quitalle la honra y ser causa que gastase -toda la hacienda que le quedaba, y al cabo hacelle perder la vida y que -muriese con amargura en pobreza, como todo abajo parecerá; cierto, muy -diferente fué el alzamiento contra Diego Velazquez, del que tuvo Diego -Velazquez en perjuicio del Almirante. Aquí parece que debemos notar -cómo se pudieron excusar de no ser partícipes desta rebelion de Cortés, -Alonso Hernandez Puerto-Carrero, Francisco de Montejo, Alonso de Avila, -Pedro de Alvarado, Juan Velazquez y Diego de Ordas, que Diego Velazquez -habia señalado por capitanes de los otros navíos, pues no parece que -pudieron ignorar embarcarse Cortés sin licencia de Diego Velazquez y -de la manera que lo hizo, porque si ellos no estaban embarcados, ¿cómo -se embarcaron de noche sin despedirse de Diego Velazquez? si estaban -embarcados, ¿cómo sufrieron que Cortés alzase las velas y ellos las -alzaron y le siguieron, habiendo Cortés salídose de la ciudad de la -manera dicha, la cual no pudo ser á toda la flota sino clara? No pude -averiguallo, ni parece los tales capitanes poderse excusar de ser -conscios de esta iniquidad, si no fué algun embuste que con su astucia -pudo Cortés inventar; alguna presuncion se puede tener de algunos -dellos, por ser de la misma tierra de Cortés, haber sabido algo del -ensaye. - - - - - CAPÍTULO CXVI. - - -Hecho el robo que Cortés hizo de la hacienda del Rey, en la estancia ó -granja de Macáca, y metido el caçabí é puercos y maíz en los navíos, -hízose á la vela para ir por la costa de Cuba abajo, y por apañar -lo que en los pueblos y puertos que habia por allí pudiese haber de -bastimento, que era lo que más él habia menester y su compaña, como por -ser hurtar ántes de tiempo no se hobiesen podido los mantenimientos -meter en las naos. En saliendo que salió, vido venir un navío, que -venia de la isla de Jamáica, cargado de puercos, y tocino, y caçabí, -para vendello en la isla de Cuba en las minas, porque como allí eran -recientes las minas, y ricas, y el ansia de coger oro hervia en las -ánimas de aquellos que por la isla moraban, toda la más de la gente de -indios que habia en ella ocupaban en sacar oro, donde los mataban, y -así no los dejaban labrar ni hacer comida, y, por consiguiente, tenian -necesidad de pan y de bastimentos; y sabido ésto en Jamáica, llevábanlo -de allí, donde habia mucha abundancia. Visto el navío, va luégo Cortés -á él y tómalo á su dueño, dello por ruegos y promesas, dello por -amenazas y por mal; llevólo, en fin, consigo, aunque pesó al dueño que -lo llevaba. Llegó Cortés con su usurpada flota á la villa de españoles -que llamaban de la Trinidad, que estaba en aquella costa del Sur 200 -leguas y más de la ciudad y puerto de Santiago; allí tuvo noticia que -pasaba cerca de allí otro navío cargado de pan caçabí, de tocinos, y -maíz é otros bastimentos, para las minas de la provincia de Xagua, que -eran muy ricas y de fino oro; envió luégo una carabela, y con ella á -Diego de Ordas, que la tomase y la llevase á la punta de la isla ó -cabo de Sant Anton, y allí lo esperasen. Así lo hizo Ordas, y aunque -mal pesó al mercader cúya era, la llevó al cabo de la isla, como -Cortés habia mandado. Todo ésto me dijo el mismo Cortés con otras cosas -cerca dello, despues de Marqués, en la villa de Monzon, estando allí -celebrando Córtes el Emperador, año de 1542, riendo y mofando, y con -estas formales palabras: «A la mi fe, anduve por allí como un gentil -corsario.» Dije yo, tambien riendo, pero entre mí: «Oigan vuestros -oidos lo que dice vuestra boca.» Puesto que otras veces hablando con él -en Méjico en conversacion, diciéndole yo con qué justicia y conciencia -habia preso aquel tan gran rey Moteczuma y usurpádole sus reinos, me -concedió al cabo todo, y dijo: _Qui non intrat per ostium fur est et -latro_. Entónces le dije á la clara, con palabras formales: «Oigan -vuestros oidos lo que dice vuestra boca», y despues todo se pasó en -risa, aunque yo lo lloraba dentro de mí, viendo su insensibilidad, -teniéndole por malaventurado. Allí, en la villa de la Trinidad, tomó -por fuerza ó por grado el caçabí, é maíz é puercos, y algunos caballos, -y á todos los dueños apaciguaba con hacerles cognoscimientos y darles -cédulas que se lo pagaria en tanto precio y tantos castellanos; recibió -allí más de cien españoles de los que habian venido con Grijalva, que, -como Diego Velazquez habia escrito, estaban la flota esperando. Todos -los indios que pudo meter y los españoles que allí iban hurtados y -involuntarios, y no sé si algunos voluntarios, para servirse dellos, -era escala franca donde todos, al cabo, con los trabajos, en breve -perecieron. De allí fué á la villa de Sant Cristóbal, que á la sazon -estaba en aquella costa del Sur, la cual, despues se pasó á la del -Norte, donde agora llaman la Habana, y allí cargó de todas las cosas -que pudo, al precio que en los otros lugares lo habia tomado. En este -tiempo llegaron mensajeros de Diego Velazquez, avisando que iba Cortés -alzado, que lo trabajasen de prender; ésto escribió á Diego de Ordas, -que era su criado, y valiente hombre, y á los que tenia por amigos en -la dicha villa de Sant Cristóbal; escribió tambien Diego Velazquez, -rogándole que lo esperase, porque tenia que comunicar con él para el -bien de aquel su viaje. Nunca vide tan poco saber en Diego Velazquez -como en esta carta, ¡que le pasase por pensamiento que le habia Cortés -de esperar, habiéndole hecho la burla y afrenta presente y pasada! -Quisiérale convidar Diego de Ordas á Cortés al navío de que venia por -Capitan, por allí apañallo, pero tan ignorante fué Diego de Ordas como -Diego Velazquez, creyendo que se habia de él confiar; finalmente, allí -se mostró Cortés como gran señor, y como si naciera en brocados, y -con tanta autoridad que no se osaba ninguno menear que no le mostrase -amor, y contentamiento de que él reinase. Partióse de allí con toda la -flota, mediado el mes de Febrero de 1519 años; iban en ella 550 hombres -con marineros y todos, 200 ó 300 indios é indias, ciertos negros que -tenian por esclavos, y 12 ó 15 yeguas y caballos; gobernaba toda la -flota, en lo que tocaba á las cosas de mar, como piloto mayor, Anton de -Alaminos, el que indució á Francisco Hernandez de Córdoba que enviase -por licencia para descubrir á Diego Velazquez cuando iban á saltear -indios de los Lucayos y de otras islas, y, finalmente, el que se -halló por piloto en el primer descubrimiento de la tierra de Yucatán, -como se dijo en el cap. 96, y despues fué y anduvo descubriendo con -Grijalva. Llegada la flota en el cabo de la isla de Cuba, llamado de -Sant Anton, y comenzando á atravesar el golfete que hay, é dura 50 -leguas, desde el cabo dicho de Cuba á la punta ó cabo que llaman de -Cotoche, primera tierra de Yucatán, para de allí volver sobre la isla -de Cozumel, que fué lo primero que vido y trató Francisco Hernandez, y -lo primero tambien donde fué á parar Juan de Grijalva, dióles aquella -noche un terrible temporal, como los suele por aquel golfo y costa de -Yucatán hacer, que desbarató á todos los navíos, y cuando amaneció se -halló cada uno sólo. Pero porque Cortés habia dado á todos órden que -les siguiesen hasta la isla de Cozumel, cada uno, desque abonanzó el -tiempo, tuvo cargo de guiarse á la isla, donde unos hoy y otros mañana -todos llegaron, aunque algunos con más peligro que otros, excepto uno -que no pareció por muchos dias. En especial un navío, donde iba por -Capitan uno llamado Francisco de Morla, criado y camarero de Diego -Velazquez; dióle un golpe de mar que le hizo despedir el gobernario, -que es uno de los mayores peligros que hay en la mar, é anduvieron gran -parte de la noche sin él, perdida cuasi la esperanza de se salvar; -pero, siendo de dia, plugo á Dios que lo vieron andar sobre el agua, y -visto, el mismo capitan Francisco de Morla, por ser gran nadador, se -lanzó á la mar, atado con cierto cabo ó soga, y trújolo arrastrando -al navío, donde tornaron á remediarse. Como los indios de un pueblo -grande, que cerca de la costa de la mar estaba, vieron tantos navíos -juntos, como no hobiesen visto ántes sino tres ó cuatro, que fueron los -tres de Francisco Hernandez, y los cuatro de Grijalva, pensaron que -venia sobre ellos algun diluvio de gente que los anegase, mayormente -habiendo oido la matanza que Francisco Hernandez en Champoton y el -denuedo de guerra que Grijalva despues dél habian hecho. Huyó toda la -vecindad del pueblo á los montes, de miedo, alzado cada uno su hatillo. -Envió ciertos españoles Cortés al pueblo, y, hallándolo vacío, todavía -trujeron alguna ropa de algodon y algunas joyuelas de oro. Mandó -Cortés sacar los caballos para que se recreasen, que venian fatigados -y habia muy buenos pastos, y, toda la gente y él en tierra, envió -cierta cuadrilla dellos á buscar gente ó algunas personas de quien -pudiesen tomar lengua. Hallaron unas mujeres con unos niños, y una que -parecia principal, en un monte metidas, las cuales trujeron á Cortés, -llorando ellas y sus niños; Cortés las consoló lo mejor que pudo, y -halagó á los niños, diciendo por señas, que no hobiesen miedo y dióles -cosillas de Castilla. Vinieron ciertos á los españoles, que debian -ser maridos de las mujeres, rogando que les diesen aquellas mujeres, -y quizá entre ellos debia venir el principal, marido de aquella que -lo parecia, ó enviados por él; Cortés los aseguró y dió cosas de -Castilla, rogándoles por señas que trujesen al marido de aquella, y -que de su parte le diesen ciertas dellas, que aparte les dió. Él vino -el siguiente dia, ó por ventura envió otro, diciendo que aquel era -el señor y marido; porque ésto es muy comun entre los indios, no se -mostrar luégo los señores á los españoles, sino fingir que es aquel -que envian, como saben que los primeros que los españoles procuran de -prender, y atormentar, y matarlos, son los señores, y por ésto no tan -presto se fian. Finalmente, vino el otro por él, acompañado de muchos, -y trujeron sus presentes de gallinas, pan de maíz, y mucha miel y -frutas, porque nunca jamás los indios vienen á los españoles manvacíos, -y es costumbre tambien muy antigua entre sí. Rescibiólos Cortés, y -los españoles, graciosamente, mandóles dar de los rescates y cosas de -Castilla, induciéndolos, por señas, que se viniesen los vecinos cada -uno á su casa y que no rescibirian daño alguno; ellos lo hicieron. El -señor del pueblo donde estaban ó de la isla, ó el que se fingió ser -señor, era de los bien hechos y más gentiles hombres de gesto y de -cuerpo que se habia visto en todas las Indias, y así tenia la gracia -en las obras y conversacion que con todos tenia, y servicio que á los -españoles hacia; sólo parecia rescibir pena en no entenderlos, por la -diversidad de la lengua. Tuvo una industria para nos entender, harto -provechosa para Cortés y para todos los que con él iban, y fué ésta: -que envió á la tierra firme de Yucatán, que dista de la isla un golfo -de cuatro ó cinco leguas, ciertos mensajeros, á un señor de aquella -provincia que tenia un español captivo, y rogóle que se lo prestase ó -se lo vendiese, porque habian venido muchos hombres extraños y fuertes, -barbados como aquel, que le tenian señoreado su tierra, y, para tractar -y conversar con ellos, no los entendia, y con aquel sabria cómo se -debia de haber con ellos. Díjose tambien, que aquel señor descubrió á -Cortés que en Yucatán habia dos hombres barbados como él, y Cortés les -escribió una carta diciéndoles como venia á poblar en aquella tierra, -y que si podian que trabajasen de venirse; y que los indios que fueron -por aquel mandó pasar á la otra banda de Yucatán, en un bergantin, é -aquellos llevaron la carta fácilmente, aunque con gran dificultad les -dió el cristiano captivo. - - - - - CAPÍTULO CXVII. - - -Y porque ya Cortés tenia reformados todos los navíos de la tormenta -pasada, y proveídolos de bastimentos que le dieron en abundancia los -indios, por mandado del señor de la isla, y recogidos los caballos y -la gente, y en buena amistad con el señor y vecinos della, se hizo á -la vela para correr la costa de la tierra firme, y llegó á la punta -de las Mujeres, que Francisco Hernandez ó Grijalva habia por nombre -puesto, que es la primera tierra de Yucatán, obra de 10 leguas de la -isla, y surgió allí toda la flota. De allí tornó á alzar las velas -para seguir su camino hácia el cabo de Cotoche, y navegando aquel dia, -descubrióse un agua en uno de los navíos que no podian con dos bombas -agotalla; hizo señal de tener necesidad, tirando un tiro de pólvora, -acudió Cortés con su nao y todos á socorrelle, y viendo que crescia -el agua y que no tenia remedio sino entraba en algun buen puerto, y -por allí no lo habia, determinó Cortés de tornarse al puerto de la -isla de donde habian salido. Salieron todos los indios de la isla con -gran regocijo á rescibillos y servillos; adobaron allí el navío, é, -ya que querian tornarse á embarcar, revolvióse la mar de manera que -no pudieron el sábado; y el domingo, que era el primero de cuaresma, -díjose y oyeron misa. Estando comiendo, vieron venir una canoa que -atravesaba de Yucatán á la isla, y mandó Cortés á un Andrés de Tapia, -mancebo bien suelto, y á otros compañeros, que fuesen escondidos á la -parte de la isla donde iba la canoa dirigida, y salteasen los indios -y se los trujesen, lo cual así se hizo. Eran cuatro desnudos en -cueros, cubiertas las partes secretas, los que en la canoa venian, y -el uno tenia largas barbas. Salió Andrés de Tapia y sus compañeros, -de súbito, de unas matas de monte, y arremetieron á ellos, que no fué -chica turbacion para los tres, y queriéndose huir para el agua y tomar -su canoa, habló el barbado en la lengua de los indios que no se huyesen -ni hobiesen miedo, y luégo vuelve la cara á los españoles, y dice en -la lengua de Castilla: «Señores, ¿sois cristianos?» Respondieron: -«Cristianos somos.» Hincó luégo las rodillas en el suelo, y llorando -de alegría, comienza á dar gracias á Dios que le habia sacado de entre -infieles y captiverio, y dejalle ver cristianos con libertad; todos se -holgaron de velle, y le ayudaron á dar á nuestro Señor muchas gracias. -Trujéronlo á Cortés que lo rescibió con grande alegría, y todos en -grande manera se regocijaron, espantados de velle desnudo como indio -y del sol el cuerpo quemado, que si no fuera por las barbas, ninguna -diferencia se cognoscia de ser indio ó cristiano. Preguntó luégo si era -miércoles, dijeron que no, sino domingo, el cual, aunque tenia unas -horas de rezar, habia en la cuenta de los dias errado; dijo llamarse -Jerónimo de Aguilar, natural de Écija. Comenzó á contar su pérdida y -captiverio, é dijo, que salido del Darien con Valdivia, enviado por -Vasco Nuñez de Balboa á esta isla Española, él y otros con él, en una -carabela, se perdieron en los bajos y peñas de Jamáica, que llaman las -Víboras, que fué lo que en el cap. 42 tocamos; metiéronse 20 hombres en -el batel, sin agua y ninguna cosa de bastimento, muriéronse los 10 ó 12 -de hambre y sed en el camino, y echólos la corriente á cabo de quince -dias en la costa de Yucatán, y aportaron al señorío de cierto señor ó -Cacique, que segun Gomara dice que habia dicho, que algunos sacrificó -dellos á sus ídolos, y los comió, y otros guardó para los sacrificar, -pero que se huyeron y aportaron á tierra y señorío de otro señor que -los guardó y conservó sin hacelles mal alguno, ántes siempre los tractó -bien sirviéndose dellos humanamente. Esto de sacrificar hombres y -comerlos, como dice Gomara, yo creo que no es verdad, porque siempre -oí que en aquel reino de Yucatán ni hobo sacrificios de hombres, ni -se supo qué cosa era comer carne humana, y decirlo Gomara, como ni lo -vido ni lo oyó sino de boca de Cortés, su amo, y que le daba de comer, -tiene poca autoridad, como sea en su favor y en excusa de sus maldades, -sino que ésto es lenguaje de los españoles y de los que escriben sus -horribles hazañas, infamar todas estas universas naciones para excusar -las violencias, crueldades, robos y matanzas que les han hecho, y -cada dia y hoy les hacen; y por ésto Gomara dice en su Historia, que -la guerra y la gente con armas es el camino verdadero para quitar los -ídolos y los sacrificios, y otros pecados á los indios, y con ésto, -dice él, más fácilmente, y más presto, y mejor, resciben, y oyen, y -creen á los predicadores y toman el Evangelio y el baptismo de su -propio grado y voluntad. Harto poco sabe Gomara de la predicacion del -Evangelio, y del fructo que en estas partes han hecho las tiranías y -estragos con armas, las cuales han obrado en estas gentes tanto, que -sino son los que Dios ha querido dellas, contra todo poder y saber -humano, por la predicacion de los buenos religiosos alumbrar, los -demas no estiman de nuestro verdadero Dios, sino que es malo, injusto -y abominable, pues tan inícuos hombres envia á que los aflijan y -destruyan con tan nunca oidos otros tales daños y males. De como esta -predicacion se debe hacer sin armas, véase, por quien quisiere verlo, -en nuestro libro en latin, en los capítulos postreros, 5.º, 6.º y 7.º, -con muchos párrafos, cuyo título es, _De unico vocationis modo omnium -gentium ad veran religionem_, donde cognoscerán el estado de dañacion -eterna en que están los que procuraren, mandaren ó aconsejaren lo -que dice Gomara, que la predicacion destas naciones se deba de hacer -con guerra y con armas. Dice aquí más Gomara, que Cortés determinó -de quitar los ídolos de aquel pueblo y poner cruces en aquella isla, -despues que vino Jerónimo de Aguilar; pero ésto es uno de los errores -y disparates que muchos han tenido y hecho en estas partes, porque, -sin primero por mucho tiempo haber á los indios y á cualquiera nacion -idólatra doctrinado, es gran desvarío quitarles los ídolos, lo cual -nunca se hace por voluntad, sino contra de los idólatras, porque -ninguno puede dejar por su voluntad y de buena gana aquello que tiene -de muchos años por Dios, y en la leche mamado, y autorizado por sus -mayores, sin que primero tenga entendido que aquello que les dan ó en -que les conmutan su Dios, sea verdadero Dios. ¡Mirad qué doctrina les -podian dar en dos, ó en tres, ó en cuatro, ó en diez dias que allí -estuvieron, (y que más estuvieran), del verdadero Dios, y tampoco les -supieran dar para desarraigalles la opinion errónea de sus dioses, que -en yéndose, que se fueron, no tornasen á idolatrar! Primero se han -de raer de los corazones los ídolos, conviene á saber, el concepto y -estima que tienen de ser aquellos Dios los idólatras, por diuturna y -diligente y contina doctrina, y pintalles en ellos el concepto y verdad -del verdadero Dios, y despues ellos mismos, viendo su engaño y error, -han de derrocar y destruir con sus mismas manos y de toda su voluntad -los ídolos que veneraban por Dios ó por dioses; y así lo enseña Sant -Agustin en el sermon _De puero Centurionis de verbis domini_. Pero no -fué aqueste el postrero disparate que en estas Indias, cerca desta -materia se ha hecho; poner cruces, induciendo á los indios á la -reverencia dellas, si hay tiempo para ello, con significacion alguna -del fructo que pueden sacar dello si se lo pueden dar á entender, -parece ser bien hacerse, pero no habiendo tiempo ni lengua, ni sazon, -cosa supérflua é inútil parece, porque pueden pensar los indios que les -dan algun ídolo de aquella figura, que tienen por Dios los cristianos, -y así los harán idolatrar, adorando por Dios aquel palo; la más cierta -y conveniente regla y doctrina que por estas tierras y otras de -infieles, semejantes á éstos, los cristianos deben dar y tener, cuando -van de pasada como estos iban, y cuando tambien quisieren morar entre -ellas, es dalles muy buen ejemplo de obras virtuosas y cristianas, -para que, como dice nuestro Redentor, viéndolas alaben y den gloria al -Dios y padre de los cristianos, y por ellas juzguen que quien tales -cultores tiene no puede ser sino bueno y verdadero Dios, como Sant -Crisóstomo, sobre las mismas palabras de nuestro Salvador, dice. De la -religion, y ritos, é ídolos que en ella tenian las gentes desta isla de -Cozumel, largamente dijimos en nuestra Apologética Historia. - - - - - CAPÍTULO CXVIII. - - -Antes que vamos más adelante, conviene aquí referir tres cosas, que -cuasi han perdido ya su lugar porque un poco atrás parece que debieran -ser referidas. La una es, que sabidas las nuevas en Castilla de que -Francisco Hernandez habia descubierto la isla de Cozumel, donde dejamos -agora á Hernando Cortés y á su compañía (y éstas vinieron á Valladolid -estando el rey D. Cárlos para Aragon de partida), luégo el obispo -de Búrgos, D. Juan Rodriguez de Fonseca, procuró, aunque andaba ya -cerca de las cosas destas Indias un poco caido, pero muerto el Gran -Chanciller comenzó un poco á revivir, que se nombrase por Obispo de -la dicha isla de Cozumel un religioso de Sancto Domingo, llamado fray -Julian Garcés confesor suyo, maestro en teología y notable predicador, -y señaladamente muy latino, tanto, que se dijo el maestro Antonio -de Lebrija, viendo su habilidad y pericia en la lengua latina, _me -oportet minui hunc aut crescere_: creyóse luégo, descubierta la dicha -isla, en haber hallado edificios de cantería, que debia ser alguna -gran cosa, especialmente por estar junto á la tierra de Yucatán, que -cuasi ambas se pensaban ser una isla. La segunda es, que como llevó -el clérigo Benito Martinez, que envió Diego Velazquez, las nuevas del -mucho oro que Juan de Grijalva de rescate habia descubierto y traido, -de lo cual llevó por muestra ciertas piezas para el Rey, muy ricas, -como tocamos en el cap. 114, y llevó tambien relacion de la tierra que -habia descubierto adelante de Culuá, estimando tambien que era isla, -pidió al Rey por merced que le diesen el abadía della, que no salió -ménos que ser toda la Nueva España, que los indios Culuá llamaban y -llaman, la que nosotros estimábamos, ó al ménos el clérigo Benito -Martin, que era isla, y como despues salió ser cosa tan grande, y la -isla de Cozumel tan chica, hallóse burlado el padre maestro fray Julian -Garcés en haber sido hecho de cosa tan poca Obispo, y el padre Benito -Martin con mucho más de lo que habia pensado y pedido. Anduvo despues -sobre ésto mucha controversia; moderóse de cierta manera, que el padre -maestro fray Julian fuese primero obispo de Tascala, y al clérigo -Benito Martin se le hizo cierta recompensa, no me acuerdo en qué, mas -de que, tornando á la Nueva España por la mar, murió en el camino. Lo -tercero que aquí conviene decir es, que como se sonó el descubrimiento -y riqueza de la tierra que Juan de Grijalva habia corrido, Francisco -de Garay, que gobernaba la isla de Jamáica, por el almirante D. Diego, -de quien hobimos hablado en el primer libro, y que halló el grano -grande de oro, que pesó 3.600 pesos de oro, en compañía de Miguel -Diaz, determinó de enviar á un hidalgo, llamado Diego de Camargo, á -descubrir é continuar el descubrimiento que Grijalva habia hecho, con -uno ó con dos navíos; el cual descubrió la provincia de Panuco, ó, por -mejor decir, comenzó de allí donde Grijalva se habia tornado, que fué -desde Panuco, y anduvo navegando por la costa cien leguas hácia la -Florida, y, finalmente, atribuyó á su descubrimiento desde la provincia -y rio de Panuco, y, tornado Diego de Camargo á Jamáica, Francisco de -Garay envió á Castilla suplicando al Rey que le hiciese merced de -aquella gobernacion, y que á su costa conquistaria y poblaria aquellas -provincias. Pidió que le diese título de Adelantado y ciertas leguas -de tierra, con jurisdiccion ó sin ella, y otras mercedes; el Rey se -las concedió el año de 519, estando en Barcelona, electo ya Emperador, -para ir á rescibir las primeras coronas de partida. Este Francisco de -Garay fué de los primeros que con el almirante D. Cristóbal Colon, -que descubrió estas Indias, por criado suyo vino; siempre fué persona -honrada y siempre tuvo muchos indios que le servian, y así llegó muchas -riquezas, ó las que por entónces por muchas se tenian. Tuvo muchas -granjerías, y en especial de ganados, y estos eran puercos, que por -aquel tiempo eran de mucho provecho; decíase que Francisco de Garay -tenia ocupados en guardar puercos 5.000 indios; llegó á tener muchos -dineros. Fué á Castilla por Procurador desta isla Española para que -les concediese el repartimiento de los indios perpétuos, y alcanzóse -por tres vidas, puesto que á la media de la primera los tenian todos -muertos, como en el libro II se dijo. Desta ida vino, ó con voluntad -del Almirante segundo, D. Diego, ó contra ella, como Diego Velazquez, -por Teniente de gobernador de Jamáica, donde hizo muchas haciendas, con -indios hechas y de muchas granjerías, y así se hizo muy rico; y porque -habia de pagar, en este mundo ó en el otro, haber sido uno de los -principales que destruyeron las gentes desta isla, permitió Dios que se -metiese en descubrir é querer poblar (lo que más con verdad se puede y -debe decir no ir á poblar, sino á despoblar, como la perdicion de tan -grandes tierras es asaz testigo), á donde gastase toda su hacienda y -riqueza, y perdiese, como parecerá, la vida. Estos ofrecimientos, que -ofrecian al Rey, de ir á descubrir conquistar y poblar las tierras y -provincias destas Indias á su costa, desque se comenzaron, han sido -causa de grandes despoblaciones, y perdicion de grandísima parte -dellas, y de haber los Reyes de Castilla inmensos tesoros perdido, y la -conciencia, por ventura, puéstoles en grande peligro; y ésto causó la -ceguedad y error que siempre tuvo el Consejo de las Indias, estimando -que, porque el Papa las concediese á los Reyes para hacer predicar -el Evangelio y convertir las gentes dellas, que luégo les era lícito -enviar gente armada y tomar la posesion dellas por guerra, como si -fuera Túnez, ó Argel, ó Fez, ó otra tierra de la Berbería; é ignorar -la diferencia desto no tiene alguna excusa ni ante Dios ni ante el -mundo, porque no les daba el Rey de comer por más gentiles hombres, -ni por más esforzados para la guerra, sino por letrados juristas, y -por eso, ignorar el derecho, sin gran culpa suya, no les convenia, -y así son reos, cuanto á Dios y cuanto al Rey, de todos los males y -daños espirituales y temporales, y perdicion de tan infinitas ánimas, -y de infinitos tesoros, que los Reyes tuvieran si ellos hobieran la -verdad del derecho, como eran obligados, sabido. Pluguiera á Dios que -á los Reyes hubiera costado cualquiera descubrimiento y poblacion, en -cualquiera parte destas Indias, tantos dineros, que hobieran de ayunar -sus personas reales muchos dias, y no admitido á los que á su costa -descubrir é poblarlas se ofrecian, porque otro pelo tuvieran sus reinos -del que tienen y que quizá ternán hasta el dia del juicio. Ofrecíase -un tirano de aquellos, y aún se ofrece hoy, á gastar 20 y 30.000 -ducados en el descubrimiento y poblacion, y áun solian claramente -decir en la conquista, de algun reino ó provincia, los cuales no eran -de las viñas y olivares que sus padres le habian dejado por herencia, -sino robados, y de la destruccion que habian ayudado á hacer en otras -tierras dellas adquiridos, y sabiendo ésto los del Consejo, y teniendo -manifiesta probabilidad, y áun ciencia experimental, que no lo pedian -sino para robar y hacerse ricos, y que para conseguir aquel fin habian -de asolar, y destruir, y despoblar, con gran infamia é injuria de Dios -verdadero, y en impedimento eficacísimo de la fe, y que no habian de -guardar ni cumplir ley, ni razon, ni limitacion, ni órden que les -pusiesen, dejándose á sabiendas cegar, les daban cuanto pedian; y, -dejados aparte los pecados que contra Dios cometian, y la infamia de -su fe y de su nombre, y los daños irreparables que á estas gentes en -cuerpos y en ánimas hacian, pero áun los deservicios que á los Reyes -hicieron el matalles tantos cuentos de gentes (que á maravedí que -les dieran de servicio, los privaron de las mayores y más ciertas -riquezas que Reyes ni Príncipes jamás en el mundo poseyeron); y lo -que más agravia el pecado y ceguedad y gravedad de los que para robar -y matar, licencia y autoridad pedian, y de los que se la concedian, -aunque en las instrucciones que les daban les pintaban por cumplimiento -que trabajasen de los tener de paz, por bien, etc., pero parece, y es -cosa de escarnio y barbarísima, que las matanzas y destrucciones que -hacian los tiranos representaban ante el Consejo por servicios hechos -al Rey, y el Consejo por tales los admitia, y daban armas, insignias y -privilegios de bien servidos. ¿Qué mayor insensibilidad pudo ser otra -que aquesta, no sentir que dándoles insignias, y armas, y privilegios -por las muertes violentas, robos, estragos y tiranías que cometian, las -aprobaban, y, por consiguiente, las hacian propias suyas, como si ellos -mismos las cometieran? Entre otras mercedes que se les hacian, era -comunmente hacellos Adelantados, y porque se adelantaban en hacer males -y daños tan gravísimos á gentes pacíficas, que ni los habian ofendido, -ni algo les debian con los mismos Adelantamientos que procuraron -hallaban y hallaron su muerte, como la gallina escarbando el cuchillo. - - - - - CAPÍTULO CXIX. - - -Tornemos al viaje de Cortés y de su sancta compañía, el cual, saliendo -de la isla de Cozumel con Jerónimo de Aguilar, muy contento por tener -persona que supiese alguna lengua para entenderse con aquellas gentes, -navegó hácia la tierra de Yucatán y pegado á ella, mandando á los -bergantines que se llegasen más á tierra por si ver hallasen el navío -que no parecia; finalmente, lo hallaron en un puerto metido, de que -los unos y los otros rescibieron grande alegría, porque ambas á dos -partes creian que la otra era perdida. Contaron cierta cosa de notar -los del navío, y fué, que vieron en llegando un perro andar por la -playa ladrando y escarbando en la tierra, cuasi llamándolos; saltaron -en tierra y vínose luégo á ellos haciéndoles con la cola mil halagos, -como si fuera una persona de razon, y, ésto hecho, váse corriendo al -monte y trae una ó dos liebres ó conejos, cuasi hospedando bien á los -huéspedes: no supe si lo recogieron y llevaron al navío, ni quién allí -le habia dejado de los descubridores de aquella tierra. Recogido su -navío, vánse todos al rio de Grijalva y provincia ó pueblo de Tabasco, -donde habia el Cacique vestido desde los piés á la cabeza de piezas de -oro á Grijalva, segun se dijo arriba en el cap. 111; surgieron echando -anclas á la boca del rio, porque la entrada es muy baja y combate el -agua de la mar con la del rio: por eso es muy peligrosa, donde yo tuve -alguna vez harto peligro. Dejó Cortés los navíos grandes á la boca del -rio, y entróse para ir á tierra con toda la más de la gente en los -bergantines y bateles, proveidos de armas y de artillería; desque los -indios de la tierra vieron los muchos navíos y que iba tanta gente á -saltar en tierra, salieron de un pueblo grande que allí tenian con -sus armas, arcos y flechas, para ver quién eran y lo que querian; -llegando en derecho del pueblo vieron que estaba cercado de una cerca -de madera muy alta y muy recia; los indios entran en sus canoas con -sus armas, saliéndoles al camino para impedilles que no saltasen en -tierra. Cortés les hace señal de paz y hace al Aguilar que les hable en -la lengua de Yucatán, que él sabia; no sabemos si aquella de Tabasco -era diversa, y creemos que no la entendia. Los indios les requerian -que no se llegasen á su pueblo, con sus meneos; Cortés con los suyos, -pedia de comer y agua; ellos mostrábanles el rio, que la tomasen, que -subiesen por ella un poco más arriba, donde era dulce; tornaron los -indios al pueblo y trujéronles ciertas canoas ó barquillos cargadas de -maíz, é pan, y frutas, y gallinas y de lo que más tenian; dice Cortés -que aquello no les bastaba, que les trujesen mucho más, porque traia -mucha gente. Los indios, desque vieron que ponian denuedo los españoles -á querer entrar en el pueblo, dijéronles que esperasen hasta otro dia, -porque ya era tarde, y que volverian con más comida; Cortés saltó con -su gente en una isleta que hacia el rio, donde aquella noche estuvieron -hasta que fué de dia. Los indios, temiendo que los españoles habian -de entrarles por fuerza en el pueblo, y que padecerian peligro, toda -aquella noche gastaron en poner en cobro sus alhajas, y mujeres, y -hijos, y aparejarse para resistilles. Cortés tampoco dormia toda la -noche, ántes mandó salir toda la gente de los navíos y envió algunos -que fuesen rio arriba á ver si hallaban vado; halláronlo no léjos de -allí, proveen que vaya gente y pase de la otra banda, y que se ponga -celada en los montes, cuan cerca del pueblo allegarse pudiesen, y -así lo hicieron. Tornaron los indios en amaneciendo y trujeron más -comida, diciendo que no tenian más ni podian darles más, porque la -gente del pueblo, de miedo dellos, se habia huido, y que tomasen -aquello y se fuesen con Dios de su tierra, ó con quien quisiesen, -porque se escandalizaba toda la tierra en vellos. Y es placer lo que -Gomara dice aquí para justificar las obras que Cortés en aquel pueblo -hizo; dice que respondió Cortés por Aguilar, la lengua, que si le -escuchasen la causa ó razon de su venida verian cuánto bien y provecho -se les seguiria, como, en la verdad, ni entendian ellos ni Aguilar, -como el mismo Gomara en el cap. 4.º de allí abajo dice, que muchas -cosas entre los nuestros y aquellos indios pasaron, que, como no se -entendian eran mucho para reir. Estas son sus palabras, y arriba, que -hablaba Cortés y decíales con Aguilar, la lengua, ésto y ésto. Dice más -Gomara: «Que replicaron los indios que no querian consejo de gente que -no cognoscian, ni ménos acogerlos en sus casas, porque les parecian -hombres terribles y mandones (mirad qué mal decian si ésto que dice -Gomara es verdad, pero yo creo que ni ésto ni lo demas entendian, como -él mismo dice allí), demás, que si querian agua, que la cogiesen del -rio, ó hiciesen pozos en tierra, que así hacian ellos cuando la habian -menester»; y que viendo Cortés que era por demas palabras, díjoles: -«Que en ninguna manera podia dejar de entrar en su pueblo y ver aquella -tierra, para tomar y dar relacion della al mayor señor del mundo que -allí le enviaba; por eso que lo tuviesen por bueno, pues él lo deseaba -hacer por bien, y sino que le encomendaria á su Dios, y á sus manos, -y á las de sus compañeros.» Los indios no decian más de que se fuesen -y no curasen de bravear en tierra ajena, porque en ninguna manera lo -consentirian salir á ella ni entrar en su pueblo, ántes le avisaban, -que si luégo no se iban de allí que le matarian á él y á cuantos con -él iban. Todo esto dice así formalmente Gomara en la Historia de su -amo Cortés. ¿Qué mayor insipiencia y disparates que dice aquí Gomara, -y áun qué más claras mentiras? Que sean claras mentiras y compostura -de Gomara parece, porque tantas pláticas y tan largas y particulares -no podian pasar entre gentes que no se entendian, como él confiesa -no entenderse, segun queda dicho; que sea gran insipiencia la suya, -tambien se muestra, querer fingir en para justificacion de la tiranía -é injusticia de Cortés, que hizo á aquellas gentes de aquel pueblo -y provincia. Justísimas causas y perentorias razones en favor de la -justicia, de los indios, y del derecho que tenian para los matar por -echallos de su tierra, que otra cosa no era sino defender y guardar -su república de gente tan nueva y que con tanta osadía decia que habia -de entrar en ella, y tomar relacion para dar á un gran señor del -mundo á su desplacer, ¿con qué milagros y mansedumbre y santa vida, y -de mucho tiempo experimentada, les probaba Cortés que tenia derecho -de entrar en tierra tan ajena dellos, y tomar relacion, y darla al -mayor señor del mundo? Y tambien que lo queria hacer y él venia para -su bien; ¿qué nacion del mundo oyera tales palabras, que con mucha -razon y justicia no trabajara y debiera trabajar de hacellos pedazos? -Luégo insipiencia grande fué la de Gomara fingir razones para excusar -y justificar las tiranías de Cortés, que las condenan y abominan á la -clara y que todas las naciones del mundo para contra él las admitirán -y aprobarán, como sean fundadas en la ley natural; pero, como dije, -todas son falsas é imprudentemente inventadas, sólo es, y parece ser -verdad, que los indios le requiriesen muchas veces que se fuesen de su -tierra y los dejasen en paz, porque de gente tan fiera y tan armada, y -que así porfiaba entrar en su pueblo por fuerza, contra su voluntad, -podian presumir é sospechar y áun tener por muy cierto que bien ninguno -les podia venir, sino muy mucho mal. Dice más Gomara, que no quiso -Cortés no hacer con aquellos bárbaros todo cumplimiento, segun razon y -conforme á lo que los reyes de Castilla mandan en sus instrucciones, -que es requerir una y dos y muchas veces con la paz á los indios, ántes -de hacelles guerra, ni entrar por fuerzas en sus tierras y lugares, -é así les tornó, dice él, á requerir con la paz y buena amistad, -prometiéndoles buen tratamiento y libertad, y ofreciéndoles la noticia -de cosas tan provechosas para sus cuerpos y almas, que se ternian -por bien aventurados despues de sabidas, y que si todavía porfiaban -en no le acoger ni admitir, que los apercibia y emplazaba para la -tarde, ántes del sol puesto, porque pensaba, con ayuda de su Dios, -dormir en el pueblo aquella noche, á pesar y daño de los moradores que -rehusaban su buena amistad, y conversacion, y la paz, etc... Todo ésto -dice Gomara, y todo es compuesto y falsedad; véase la justificacion -razonable que tuvieron aquellos requerimientos, y, por mejor decir, la -insipiencia é insensibilidad de los del Consejo del Rey, que ordenaron -que se hiciesen requerimientos á los indios, que rescibiesen á los -españoles, y si no que les pudiesen guerrear, en el cap. 57 y los -siguientes deste tercer libro, donde asaz largo queda declarado. Del -buen tratamiento y libertad, y paz y buena conversacion, que Cortés -y los otros apóstoles á él semejantes prometian y prometieron, ó -fingieron prometer, esta isla Española y las otras islas, y cuatro y -cinco mil leguas de tierra firme, que hasta hoy han despoblado, asolado -y destruido, como todo el mundo sabe y clama, son lamentables testigos. -La verdad de toda esta violenta invasion y tirano acometimiento de -Cortés en aquella poblacion grande de Tabasco, que Gomara quiere -justificar, es que sin dilacion, cuanto él más presto pudo, visto que -los indios por señas y meneos les decian que se fuesen de su tierra, -y que no querian que en su pueblo entrasen, pues les habian dado la -comida que les pidieron, combatió el pueblo con sus tiros de pólvora, -que nunca los indios habian oido ni visto, y así, de miedo, cayeron en -tierra, creyendo que venia fuego del cielo, pero no por eso dejaron -de pelear con mucho ánimo, con aquellas sus flechas harto débiles; -entráronlos por fuerza, como al cabo estubiesen desnudos, y con las -espadas desbarrigaron inmensos. Salen del monte los españoles que -estaban en celada y dan por las espaldas en ellos, y todos juntos, los -españoles, fueron muy pocos los que huyeron, que no quedaron muertos de -los que se hallaron en defensa del pueblo. Muertos y huidos todos los -indios, andan los españoles á su placer á deshollinar y robar las casas -y lo que en ellas habia, halláronlas llenas de maíz é gallinas y otros -bastimentos; oro, ninguno, de lo que ellos no rescibieron mucho placer, -pero quedaron quietos señores del pueblo. - - - - - CAPÍTULO CXX. - - -De los indios que prendieron envió Cortés algunos para que fuesen á -decir al Cacique, señor dél, y á la otra gente, que fuesen amigos -y que no tuviesen miedo de allí adelante, que les harian mal, sino -buen tractamiento, y que el señor viniese á él porque le queria decir -muchas cosas de su provecho, y otros disparates y promesas frívolas -que les quisiera persuadir, é que á cualquiera prudente pudieran mover -á mayor odio é ira contra él y ellos, de quien tan grandes injurias é -injusticias y daños habian rescibido. ¡Mirad qué fianzas daban ó qué -seguridad y satisfaccion ofrecian, para que de los daños padecidos -fuesen recompensados y de los que les podian hacer pudiesen ser -seguros, habiéndoles así lastimado y atribulado tan sin culpa, y ofensa -que les hobiesen hecho ni cometido!; pero el señor y sus capitanes y -gente de guerra, ó por mejor decir guerrilla, como es toda guerra de -indios, trabajaron de apedillar toda la tierra y venir sobre ellos, y -no dejar, si pudiesen, hombre dellos á vida, pero para entretener á los -españoles hasta que se hobiesen allegado todos los que habian maherido, -envió el señor ciertos mensajeros á tratar de paz ó de treguas, y -rogándoles que se contentasen con el mal que les habian hecho, y que -no le quemasen el pueblo; respondió Cortés así lo haria, pero que les -trujesen comida. Vinieron otro dia con ella, disculpándose que no -traian más por estar la gente desparcida y huida; envió Cortés tres ó -cuatro cuadrillas de españoles por los montes á buscar bastimentos y -gente, y si pudiesen haber al señor ó Cacique. La una llegó á un pueblo -donde hallaron mucha gente de guerra, que debian estar esperando que -se allegase la demas para ir sobre ellos. Vistos los unos á los otros, -comenzaron á pelear, y los indios con tan gran esfuerzo y denuedo, que -hirieron, con sus armas y flechas, y lanzas de palos con las puntas -tostadas, y algunas con algunos huesos de pescado por casquillos, -muchos de los españoles, hasta que los encerraron en cierta casa, donde -los españoles se defendieron una buena pieza del dia, temiendo que no -les prendiesen fuego que los pudieran quemar vivos; y como la grita -que dan los indios cuando son muchos, que es cosa de grima, se sonase -por los montes, oyéronla los de las otras cuadrillas, ocurrieron al -sonido, y llegaron á tiempo, cuando ya los apretados tenian perdida la -esperanza de vida; llegados, descercáronlos, y juntos todos, dan muy -fieramente en los indios, pero los indios aunque vieron el socorro de -fresco venir sobre ellos, que serian por todos, los españoles, cerca de -200, no dejaron de pelear validísimamente aunque morian muchos dellos. -Estando los primeros españoles en la casa metidos, y en el estrecho que -está dicho, ciertos indios de la isla de Cuba, que con ellos habian -ido, fueron á hacer mandado á Cortés de lo que habian visto; Cortés, -oidas tales nuevas, tomó cierta gente de la que tenia, y llevó algunos -tiros de artillería, y partióse á mucha priesa, porque no era hombre -que se dormia. Cuando llegó venian todos los españoles retrayéndose, y -los indios dando como leones en ellos, de los cuales muchos herian con -las flechas, pero en llegando hizo soltar algunos tiros de pólvora, y -por temor dellos los indios se retrujeron; Cortés no curó de seguillos, -porque andaban los españoles muy cansados, y muchos dellos mal heridos. -Volviéronse todos al pueblo, no muy alegres; proveyó Cortés que los -españoles heridos se fuesen á los navíos, y mandó sacar los caballos y -la gente que pudo sacarse dellos y toda su artillería; caminó Cortés -con más de 400 españoles y 12 caballos y su artillería hácia donde -habian peleado el dia pasado, y toparon á infinitos indios, que, -como habian sentido la ventaja que habian llevado aquel dia, venian -muy ufanos en busca dellos. Era toda la tierra llena de acéquias y -arroyuelos, por ser toda de cacaguatales, que son heredades entre todas -aquellas provincias muy preciosas, que son las almendras de que usan -por bebida y por moneda, que han menester cada hora regarse. Fué á los -españoles gran impedimento para de los caballos ayudarse, y por ésto -los indios pudieron hacer mucho daño á los españoles, y no rescibillo -como entónces lo rescibieran, puesto que desque vieron los caballos y -caballeros fué grande su espanto, creyendo que hombre y caballo era -todo una cosa, y la lanza no ménos, pero no por eso dejaron de pelear -contra ellos aunque se vian morir á sus piés; y aunque no mataban á los -españoles por ser sus armas tan débiles, hirieron muchos y pusiéronlos -en tanto estrecho que pensaron perecer. Salieron en fin á ciertos -llanos, sin tantos arroyos y acéquias, donde los de caballo pudieron -hacelles daño, los cuales alancearon innumerables, y díjose que habian -muerto en esta entrada sobre 30.000 ánimas; y ésta fué la primera -predicacion del Evangelio que Cortés introdujo en la Nueva España. Y -por los merecimientos suyos y de su compaña, dice Gomara, su criado, -que les apareció Sant Pedro, ó Santiago, encima de un caballo que hizo -en los indios aquel gran estrago; y, lo que más digno es de confusion -inmortal y eterno escarnio, dice Gomara, que Cortés hizo soltar algunos -indios de los presos que fuesen á decir al señor de la tierra y á todos -los demas, que le pesaba del daño hecho en entrambas partes, por culpa -y dureza dellos, que de su inocencia y comedimiento Dios le era buen -testigo, mas, no obstante todo ésto, él los perdonaba de su error, si -venian luégo ó dentro de dos dias á dar justo descargo y satisfacion -de su malicia, y tratar con él de paz y amistad, y los otros misterios -que les queria declarar, apercibiéndolos que, si dentro de aquel plazo -no viniesen, de entrar por su tierra dentro, destruyéndola, quemándola, -talándola, y matando cuantos hombres topase, chicos y grandes, armados -y sin armas. Estas son sus formales palabras. Veis aquí conqué tiene -Cortés engañado á todo el mundo, y no sin culpa de muchos de los que -lean su falsa historia, no considerando que aquellos estaban quietos -en sus casas, sin ofensa nuestra ni de nadie, y que no eran moros ni -turcos que nos infestan y maltratan, no mirando más del sonido, que -mató y que venció, y, como ellos dicen, conquistó tantas naciones, y -robó para sí é envió tanto oro á España, y llegó á ser Marqués del -Valle; y desta culpa los lectores della no son inmunes, al ménos los -que son letrados. Los desventurados indios, viéndose así tan disipados -y apocados de tanto estrago, todos fueron de parecer que, porque -aquellos hombres eran tan fuertes, y traian tan terribles armas, y -sobre todo aquellos animales que tanto corrian y alcanzaban, y sobre -ellos tan mal los trataban y los acabarian de asolar, el señor acordó -de les enviar ciertos indios viejos, que debian ser principales, á -tratar de paz y seguridad. Dice Gomara, que vinieron á pedir perdon de -lo pasado, como si de grandes agravios que les hobieran hecho, porque -veais la insensibilidad de Gomara, ó por mejor decir, el escarnio -que de la justicia y de la verdad hace. Rescibiólos bien Cortés, y -dióles cosillas de rescates de Castilla, diciéndoles por señas, como -se podia declarar, que tornasen á hablar á su señor y lo induciesen á -que viniese á verse con él, y que no tuviese miedo que no rescibiria -mal alguno, y otras señas semejantes; y para más mostrarles seguridad, -soltó á todos los indios que habian preso en la batalla y hizo curar -los que de heridas estaban maltratados. Fué, á lo que se juzgaba, el -señor y muchos principales á ver á Cortés, con mucha compañía, y á los -españoles, con harto dolor de su corazon, mostrando mucha tristeza y -no ménos con temor no los burlasen; dije, á lo que se juzgaba fué el -señor, porque cuasi siempre los señores de los indios no se muestran -ni van á los españoles cuando no están primero muy seguros, sino que -envian un indio que tenga persona de autoridad, y fingen que aquel es -el señor. Trujeron un buen presente de muchas gallinas, de las grandes -de papada, y pan, y frutas, y cacao, y ciertas joyas de oro, que -pesarian más de 300 castellanos, y 15 ó 20 mujeres, para que guisasen -de comer y hiciesen pan de maíz, que es lo más trabajoso de hacer, y -que sin mujeres no se puede amasar sino mal y con gran dificultad, para -los aplacar, porque no los acabasen de destruir. Rescibiólos Cortés -con mucha alegría y abrazó al que se decia ser señor, mostrándole -haber mucho placer con su venida, y ofreciéndoles seguridad y amistad -desde adelante todo por señas; porque ninguna cosa se entendian. -Preguntáronle si de aquel oro habia mucho y si se cogia por aquella -tierra; respondieron que no se cogia por allí, sino en otras partes, -señalando con los meneos, que léjos. Dice aquí Gomara, que quebraron -los ídolos por la doctrina que Cortés les predicó, enseñándoles los -misterios que contenia y se celebraron en la cruz, y lo que en ella el -hijo de Dios padeció, y que por estas exhortaciones la adoraron, puesta -en un templo de sus dioses; añade Gomara, que dieron la obediencia -y vasallaje al rey de España, en manos de Hernando Cortés, y se -declararon por amigos de españoles, y que aquestos fueron los primeros -vasallos que el Emperador tuvo en la Nueva España. Todas éstas son -falsedades y cosas inventadas por Cortés, ó fingidas por Gomara, su -criado, para lisonjear y vender su tiranía por servicio grande al Rey -y engañar al mundo, como lo tienen muchos dias há engañado, porque ni -los indios los entendian, ni ellos á los indios, como ya queda probado, -y ya que los entendieran, en siete ú ocho dias que allí estuvieron, -¿cómo les podian dar á entender los misterios de la Fe, de la Santísima -Trinidad y de la Pasion del Hijo de Dios, que todo se contiene en el -misterio de la Cruz, para que los indios sus ídolos derrocasen? Porque -no son los indios tan fáciles de dejar sus ídolos, cuya religion, -reverencia, devocion y culto, tienen de tantos años atrás en los -corazones arraigado, por diez palabras que Cortés les dijese mascadas -y mal pronunciadas, mayormente, aborreciendo á él y á ellos como á -capitales enemigos de quien habian ayer rescibido tan irreparables -daños, y temiendo que del todo no los acabasen. Y de aquí se puede -inferir la otra falsedad que Gomara dice, que dieron la obediencia y -vasallaje al rey de España en manos de Cortés; falsísimo es y gran -maldad, y ésta es la justicia y título y derecho con que Cortés hizo -la primera guerra y celebró su apostólica entrada en la Nueva España: -y argumento y testimonio claro, de que luégo, en llegando á Tabasco, -Cortés y su compañía sancta, hicieron tales obras de que los indios se -resabiaron, es que pocos meses habia que allí rescibieron á Grijalva -y á los españoles, con tanta gracia, liberalidad y humano hospedaje, -que lo vistieron y cubrieron de oro desde los piés hasta la cabeza, -como queda en el cap. 109, asaz declarado. Y ésto debe bastar, para que -quien lo leyere no dude haber Cortés entrado en aquellos reinos como -muy señalado tirano, puesto que por el discurso desta Historia, quedará -esta verdad muy más y mejor averiguada. - - - - - CAPÍTULO CXXI. - - -Dejado Tabasco de la dicha manera lastimado, aunque por fuerza y por -miedo reconciliado, partióse Cortés con su armada la costa de la mar -adelante, hácia el Poniente ó parte occidental, y fué á parar á la -isla del Sacrificio, que puso nombre Grijalva, donde halló un abrigo -de puerto, no muy bueno, y tampoco muy malo, el que agora se llama -el puerto de la Vera Cruz, y la isleta Sant Juan de Ulúa; y porque -parecia mucha gente por toda la costa, y no tenga puerta, y ser brava -y peligrosa, hizo Cortés allí echar todas las anclas. Los indios, -como Grijalva los habia dejado de paz y contentos, por los rescates -y conmutaciones que con ellos tuvo, dándoles agujas, y alfileres, y -cascabeles, y cuentas por oro, luégo vinieron dos canoas llenas de -gente á ver qué querian ó qué gente era, Cortés los rescibió con gran -placer, y todos los españoles hicieron gran regocijo, y por señas, -porque ninguna cosa los unos de los otros entendian, mostráronles -oro, dándoles á entender que lo amaban, y que si lo trujesen que se -lo trocarian. Tornáronse á tierra, segun parecia, muy alegres, y otro -dia vinieron muchas canoas con gente y cargadas de bastimentos, pan y -gallinas, y frutas, en especial potajes guisados de aves y venados, y -otras cosas que los nuestros no cognoscian mas de hallallas sabrosas, -que sin escrúpulo ni temor las comian. Trujeron muchas piezas de -oro, moscadores y rodelas, y otras cosas muy ricas de pluma, que -rescataron por de las de Castilla, y por la comida les recompensaron -con cascabeles, cuentas de diversas colores, agujas, alfileres, -espejuelos, cuchillos y tijeras, con que se reputaban haber engañado á -los españoles y quedar muy ricos. Tornados muy alegres á sus pueblos, -daban nuevas de haber venido cierta gente como la pasada, de quien -por poco precio, como era el oro, les daban de aquellas cosas tan -ricas, y así acudia infinita gente, porque á cuatro y cinco leguas, -y diez, de la costa de la mar, habia grandes y muy grandes pueblos; -pero aún no habia llegado la nueva de las obras que dejaban hechas -en Tabasco los nuestros, porque si lo hobieran oido, de creer es -que más se recataran éstos dellos. Visto Cortés bullir tanta gente, -y las muestras del oro que traian prometer grandes riquezas, como -en la verdad las habia, entendió presto la felicidad, y grandeza, y -poblacion de la tierra; determinóse á no pasar de allí, sino sacar -todo su poder á tierra y penetrar lo que en ella habia. Desembarcó -toda el artillería, los caballos y armas, y todo cuanto habia en los -navíos, y en el mejor lugar que le pareció hizo allí cerca de la mar -su asiento, luégo los indios que llevó de la isla de Cuba, y los pocos -negros, hacen de palos, y varas, y hierbas, las chozas que para el Real -fueron menester. Tenia el Rey de la ciudad de Méjico, que Moteczuma -se llamaba, por aquella tierra guarniciones y gente de guerra, y un -Gobernador ó Capitan general sobre toda ella: éste vino con mucha -gente acompañado, y muchos principales entre ellos, todos los más -bien vestidos de ciertas mantas de algodon, pintadas de colores, unas -mejores que otras, segun la dignidad de las personas; trujo muchos -indios cargados de comida, pan y carne de venado, y pescado, y frutas. -Dió el capitan á Cortés muchas joyas de diversa hechura, de oro, con -maravillosas cosas hechas de pluma. Cortés le hizo grandes gracias -por señas y meneos, y le dió en reagradecimiento una camisa labrada y -muchas sartas de cuentas, como collares, bien hechas, y otras muchas -cosillas de Castilla de las dichas. Mandó aquel Gobernador venir luégo -de los pueblos cercanos muchas mujeres con su aderezo para hacer pan de -maíz, que son unas piedras, y dejó más de 1.000 hombres, que hicieron -allí cerca sus chozas, para servir á los españoles, y otros, más de -1.000, que los proveyesen de los pueblos comarcanos de bastimentos, y -así estuvo el Real de Cortés más y mejor bastecido que si fueran en sus -casas, que tenian en Cuba. Hizo Cortés hacer alarde y escaramuzar los -de á caballo y tirar los tiros, de que los indios quedaron asombrados y -como atónitos de vello. Luégo, muchos oficiales pintores, por mandado -de aquel Gobernador, pintaron á los españoles y á los caballos, y á -los tiros de pólvora y ballestas, y á las espadas y lanzas, y todas -las otras armas, y no ménos á los navíos, al propio, como si toda su -vida lo hobieran hecho, y contaron el número cuántos eran, sin que los -españoles lo sintiesen, y despachó el Gobernador sus postas de indios -corriendo á la ciudad de Méjico, que desde allí hay 70 leguas, á dar -relacion al rey Moteczuma de todo lo que habian visto; el cual, dentro -de veinticuatro horas, tuvo noticia de todo ello, y así la tenia de -todas la cosas que los españoles hicieron. Hallóse una india, que -despues se llamó Marina, y los indios la llamaban Malinche, de las -20 que presentaron á Cortés en la provincia de Tabasco, que sabia la -lengua mejicana, porque habia sido, segun dijo ella, hurtada de su -tierra de hácia Xalisco, de esa parte de Méjico que es al Poniente, -y vendida de mano en mano hasta Tabasco; ésta sabia ya la lengua de -Tabasco, y aunque aquella lengua era diversa de la de Yucatán, donde -Aguilar habia estado, todavía entendia algunos vocablos. Visto Cortés -que la india entendia los mejicanos, dióla á Aguilar, que comunicase -mucho con ella, tratando de hablar y aprender vocablos para que se -entendiesen y pudiese por medio della entender los secretos de la -tierra, y poder dar noticia á los indios de lo que deseaba. Con -esta india comenzó á hablar con el Gobernador de aquella provincia; -Cortés hablaba á Aguilar, y Aguilar decia á la india, segun él podia -declarar por algunos vocablos, puesto que con mucha falta, dello por -palabras, dello por señas y meneos, con que los indios mucho más que -otras generaciones se entienden y se dan á entender, por tener muy -vivos los sentidos exteriores y tambien los interiores, mayormente -que es admirable su imaginacion. Finalmente, bien ó mal, díjole: «Que -él y aquellos cristianos venian del otro mundo, muy léjos, dese cabo -de la mar y que lo enviaba un gran Rey, su señor, para ver aquellas -tierras y á buscar de aquel metal que relucia, y á dalles de sus cosas -de Castilla, que eran muy preciosas.» Y, á lo que yo creo, poco se -pudieron entender por entónces del señorío, que algunos dicen que -Cortés dijo y encareció al Gobernador, de los reyes de Castilla, ni -del que pudo el Gobernador engrandecer de su señor y rey Moteczuma, -sino aquello que por señas bien se podia entender, como era el ansia -que mostraban de haber oro. Algunas ficciones pone por aquí Gomara, -que parecen desvaríos, como decir «que le enviaba el Emperador, mayor -señor del mundo, para visitarlo de su parte y decirle algunas cosas en -secreto que traia por escrito, y que él y sus compañeros tenian mal -de corazon, y que el oro era la medicina para lo curar, que enviase á -decir al rey Moteczuma les enviase dello.» Todas estas son ficciones -que ellas mismas se manifiestan ser lo que son, y la verdad que -contienen, con lo demas cuanto se atraviesa decir en favor de Cortés, -y excusa de lo que obró, porque ni lo entendian ni podian entender, -sino cuando mucho dos palabras, _daca_ y _toma_, y lo más era por -señas, mostrándoles oro y las cosas de Castilla que les ofrecian por -ello dar, y bastaba la aficion que manifestaban tener al oro. Luégo -que Moteczuma vido las pinturas que le llevaron los mensajeros, y oido -lo que habian visto que le dijeron, quedaron admirados de los caballos -y tiros de pólvora, y las armas y lo demas, y temiendo que de gente -tan proveida y feroz no le podia suceder sino mal, cognoscido que su -venida era por oro, luégo á mucha priesa mandó sacar de sus riquezas y -tesoros (grandes cierto y nunca otros se cree ántes de éstos haberse -visto ni oido), un presente de cosas tan ricas y por tal artificio -hechas y labradas, que parecia ser sueño y no artificiadas por manos -de hombres. Estas fueron diversidad de camisetas, y unas telas de -algodon delicadísimas y de muchas colores, para vestiduras de las que -ellos usaban vestirse, entregeridas con plumas de aves muy delicadas -y de diversas colores; un casquete, creo que de madera, muy sotil, -cubierto de granos de oro por fundir; un capacete de planchas de oro y -campanillas colgadas, y por encima unas piedras como esmeraldas; muchas -rodelas hechas de ciertas varas delgadas muy blancas, entregeridas -con plumas y con unas patenas de oro, y de plata otras, y algunas -perlas menudas, como aljófar, que no se puede expresar por escrito su -artificio, ni su lindeza, riqueza y hermosura; ciertos penachos de -diversas plumas y colores, grandes, con los cabos de argentería, de -oro, colgando; amoscadores de plumas muy ricas, con mil lindezas de -oro y plata, y por maravilloso artificio hechos; brazaletes y otras -armaduras de oro y plata, que debian usar en sus guerras, de tal -manera, con sus plumas verdes y amarillas, entrepuestas y cueros de -venados muy adobados y colorados, que no se puede bien su hechura y -hermosura expresar; alpargates de cueros de venado muy adobado, cosidos -con hilo de oro, y por suelas una piedra blanca y azul, cosa preciosa, -muy delgada, sobre suela muy delicada de algodon; espejos hechos de -margasita, que es un metal hermosísimo como plata muy resplandeciente, -y éstos, grandes como un puño, redondos, como una pelota, engastonados -en oro, que dejado el valor del oro, sólo la hechura y hermosura suya -se pudiera vender muy cara, los cuales se pudieran á cualquier señor -y Rey grande por cosa digna presentar; muchas mantas y cortinas para -camas, delgadísimas, de algodon, que parecia ser más ricas que si -fueran de seda, y de diversas colores; muchas piezas de oro y plata; -un collar de oro, que tenia más de cien esmeraldas, y muchos más -rubíes, ó que lo parecian, colgaban muchas campanillas de oro; otro con -muchas esmeraldas y ciertas perlas ricas y la hechura admirable; otras -piececitas de oro, como ranas y animalicos, y joyas, como medallas, -chicas y grandes, que solas las manos, como dicen, ó el primor del -artificio dellas valian más que el oro y plata, y mucho más; muchos -granos de oro por fundir, como se saca de las minas, como garbanzos y -mayores. Sobre todo ésto, envióle dos ruedas, la una de oro, esculpida -en ella la figura del sol, con sus rayos y follajes, y ciertos animales -allí señalados, creo que pesaba mas de cien marcos; la otra era de -plata, con la figura de la luna, de la misma manera que el sol -labrada, de cincuenta y tantos marcos, ternia de gordor como un toston -de á 4 reales, macizas todas, muy poco ménos tenian en redondo que una -rueda de carreta cada una. Estas ruedas eran, cierto, cosas de ver, -yo las vide con todo lo demas, el año de 520, en Valladolid, el dia -que las vido el Emperador, porque entónces llegaron allí enviadas por -Cortés, como abajo, placiendo á Dios, se verá; quedaron todos los que -vieron aquestas cosas tan ricas y tan bien artificiadas y hermosísimas, -como de cosas nunca vistas y oidas, mayormente no habiéndose hasta -entónces visto en estas Indias, en gran manera como suspensos y -admirados. Dijeron los indios que aqueste presente y dones enviaba -Moteczuma á los que allí habian venido los dias pasados, que eran Juan -de Grijalva y su compañía, sino que cuando llegaron con ello á la mar -eran ya partidos. Valdria el oro y la plata que allí habia 20 ó 25.000 -castellanos, pero la hermosura dellas y la hechura, mucho más valia -de otro tanto. Dióse priesa Moteczuma en enviar respuesta y aquellos -dones á los españoles; mandó á su Gobernador que les dijese que se -fuesen, creyendo que eran niños que fácilmente se contentaban, porque -se tornasen á su tierra y saliesen de la suya, y teníalo mal pensado, -porque cuanto más oro les enviara, como despues les envió siempre -diciéndoles que se fuesen, fuera como fué mayor cebo para que fueran, -como fueron, á sacárselo de las entrañas. Desta priesa de echarlos era -la causa porque tenia por cierto, segun sus profetas ó agoreros le -habian certificado, que su estado, y riquezas, y prosperidad habia de -perecer dentro de pocos años, por cierta gente que habia de venir en -sus dias, que de su felicidad lo derrocase, y por ésto vivia siempre -con temor, y en tristeza, y sobresaltado, y así lo significaba su -nombre, porque Moteczuma quiere decir, en aquella lengua, hombre triste -y enojado. Tambien significa hombre grave y de grande autoridad, y que -es temido, todo lo cual en él se hallaba. - - - - - CAPÍTULO CXXII. - - -Dado el presente de las cosas susodichas por el Gobernador, en nombre -del rey Moteczuma, su señor, con las más ofertas que pudo ofrecerles de -comida y bastimentos para su tornaviaje, díjoles por señas y palabras, -que lo podian entender, que se volviesen á su tierra en buena hora, -pues ya para tornarse no les faltaba nada, y en todo este tiempo nunca -les faltó abundancia de comida de venados, y pescado, pan, y frutas, -y maíz, y hierba para los caballos, y gente hombres y mujeres que -los sirviesen, tanto que ellos todos estaban admirados. Pero Cortés, -cuyos pensamientos, cudicia y ambicion iban más adelante, dióle á -entender que deseaba mucho ir á ver al rey Moteczuma, y hablalle, y -dióle ciertas cosas de vestir, como camisas bien labradas, y un sayo -de seda, y gorra, y calzas, y collares hechos de cuentas de diversas -colores, y otras cosas de las mejores que llevaba para que le enviase. -El Gobernador las rescibió, aunque no con mucho placer, porque todo -aquello era estiércol para quien tanta magestad y señorío tenia, y de -todas las riquezas que se podian en el mundo, por hombre que carecia de -cognoscimiento de Dios, desear, tanta abundancia. Envió aquella ropa -el Gobernador á Moteczuma no de muy buena gana, por las malas nuevas -que le enviaba, de que Cortés y su gente no querian tornarse sino -pasar adelante. A cabo de seis ó siete dias, tornaron los mensajeros -que habian llevado el sayo y lo demas, y vinieron cargados de muchas -mantas muy ricas, de algodon y de pluma, y algunas joyas de oro y de -plata, para que las diesen á Cortés, pues tanta ánsia tenia de aquellos -metales, mandando al Gobernador que con toda diligencia les dijese que -se fuesen de su tierra y que bastase el buen acogimiento que le habia -hecho, y provisiones que con tanta abundancia les habia mandado dar, -y que si no se fuesen que no les diese más y los dejase. Lo cual dijo -por palabras y señas el Gobernador á Cortés, á la clara, despues que el -presente le hobo dado, conviene saber: «Que decia su señor Moteczuma, -que si otra cosa queria más de las que le habia dado, que, teniéndola, -se la daria, pero que luégo se fuesen él y su compaña.» Cortés le dió -á entender, que todavía queria ir á verlo, el Gobernador respondió: -«Que no lo habia de hacer, porque su señor así lo mandaba.» Quedando -así desconcertados, el Gobernador se fué y dejó mandado que toda la -gente de indios, hombres y mujeres, que allí estaban sirviendo á ellos -y á sus caballos, y trayéndoles la comida con tanta suficiencia que -sobraba, en viniendo la noche se fuesen y ninguno quedase. Hiciéronlo -así, é á la mañana halláronse todos los muchos ranchos que allí -habian hecho los indios, donde se cogian en tanto que aquel servicio -y proveimiento duraba, despoblados. Visto ésto, Cortés comenzó á -proveer su quedada por otra arte; despachó un navío de los pequeños, -la costa abajo, para que buscase algun mejor puerto, porque parecia -estar en peligro allí los navíos sí viniese algun temporal, y tambien -algun buen asiento para donde poblasen; y porque temió por la huida -de los indios, que les proveian que quizá vernian sobre ellos algun -ejército de Moteczuma, haciéndoles guerra para de la tierra echallos, -mandó meter todos los bastimentos y cosas que no eran para pelear en -los navíos, porque con la priesa no se perdiese algo. Volvió el navío -sin hallar puerto más de un peñon que entraba en la mar algo, donde -podia haber para los navíos algun abrigo ó mamparo, que estaba de allí -hasta siete ú ocho leguas; mandó ir allá todos los navíos, y él con 400 -hombres y los 15 caballos acordó ir á la tierra dentro, y descubrir -si habia gente de guerra, y los pueblos que por ella hallase, y, como -no se meneaba que no tuviese mil espías, sintiendo los pueblos que se -movia para entrar por la tierra, todos huyeron, dejando todas sus casas -desmamparadas, llevando á cuestas lo que podian y con priesa llevar. -Llegó á un pueblo que hallaron vacío de gente, pero harto lleno de -bastimentos y ropas de algodon, y cosas hechas de pluma, muy hermosas, -y algun oro y plata; las casas eran parte de piedra y parte de adobes, -y cubiertas de paja, pero muy buenos aposentos. Cortés mandó á todos -sus compañeros que ninguno tomase cosa de lo que allí habia, porque la -gente no se agraviase y escandalizase, y no los pusiesen en mayor odio -del que parecia que á tenerles comenzaban por no tornarse por donde -habian venido. Lo mismo hallaron en otros pueblos que en torno de cinco -ó seis leguas hallaron, conviene á saber, vacíos de gente y llenos -de comida y alhajas, y, sin tocar en ellos, se tornaron por la misma -causa; y porque luégo, á cabo de dos ó tres dias, y mayormente de diez -ó doce, que en ésto tardó Cortés despues de llegado, por toda la tierra -se supo su llegada, y áun de seis horas, porque los indios con tales -novedades, y en especial, ésta de dar aviso no se tardan, el Rey de la -ciudad de Cempoal, que de allí por siete ú ocho leguas distaba, envió -ciertas espías disimuladas, hasta 15 ó 16 hombres muy bien dispuestos, -para ver qué gente era y que viesen su manera y sus tractos, y quizá -si eran los dioses que muchos dias habia que sus profetas y adivinos -ó hechiceros les habian denunciado haber de venir de hácia donde el -sol sale. Díjose que Cortés barruntó, ó por ventura lo fingió, porque -segun su astucia bien lo podia fingir, aunque poco le podia excusar su -tiranía, que aquellos indios le dijeron que Moteczuma, rey de Méjico, -habia hecho tributario al Rey de aquella ciudad, Cempoal, de donde -aquellos habian venido, por violencia y tiranía, y que por aquella vía -tenia subjetos otros muchos señores y señoríos, y le tributaban. Y -dice Gomara cerca deste punto muchas vanidades y algunas falsedades, -para colorar las obras que por aquellas tierras hizo su amo Cortés, -como siempre hizo, como decir que con Marina ó Malinche les preguntó -por los señores que por aquella tierra habia, y otras muchas cosas que -por no experto intérprete y que apénas sabia hablar en vocablos de -aquella lengua comunes, como _daca pan_, _daca de comer_, y _toma ésto -por ello_, y todo lo demas por señas, no se sufria; y dice asimismo, -que Cortés se holgó de hallar en aquella tierra unos señores enemigos -de otros, para poder efectuar mejor su propósito y pensamientos. Que -fingiese aquesto, conviene á saber, que habia señores enemigos de -otros, ó que verdad fuese, pensamientos y deseos y fin de propio tirano -eran, porque fingia ó hallaba oportunidad en las discordias de aquellos -para mejor poder subjuzgar los unos y los otros tiránicamente, como lo -hizo. Ser tirano, y con mala consciencia desear y poner por obra lo -dicho, parece manifiestamente, porque todo tirano, como carezcan de -razon, de derecho y de justicia, segun el Filósofo en el libro V de la -Política, cap. 11, huélganse de las discordias, si las tienen los que -quieren tiranizar, y si no las tienen procuran que las tengan, porque -estén divididos, y así más fácilmente subjuzguen los unos y los otros; -saben que si todos fuesen juntos y conformes, con más dificultad, y á -las veces nunca, podrian subjetar ni tiranizar á ningunos, y si por -algun tiempo pudiesen prevalescer no duraria tanto su tiránico señorío. -Por aquesta misma vía Pompeyo, aquel Capitan romano, siendo enviado por -el pueblo romano contra Tigrano, rey de Armenia, Oscauro, gobernador -de Siria, como entendiese que habia bandos y disensiones entre dos -parcialidades, cuyas cabezas eran Aristobulo y Hircano, hermanos, -pretendiendo cada uno sólo reinar en Hierusalem, cognosció ser tiempo -aparejado para invadir la ciudad, y por fuerza de armas entralla y -tiránicamente subjetalla y hacella tributaria del Imperio romano, y -así lo hizo, y desde entónces, y por aquella vía injusta y tiránica, -Judea y sus habitadores, los judios, perdieron su libertad: _Pompejus -missus á Romanis, contra Tygratem regem Armeniæ et Iscaurum miserunt -præsidem Syriæ; qui, cum audisset dissenssiones fratrum in Judea, ratus -tempus esse quo de facili Judæam poneret sub tributo, in manu valida -fines intravit Judeæ_. Así lo testifican Josepho, en el libro de las -Antigüedades judáicas, Paulo Orosio, libro VI, cap. 6.º _De Ormesta -mundi_, y Pedro Comestor en la Historia Escolástica, en el libro II, -de los Machabeos, cap. 7.º, y otros historiadores. Desta manera y por -esta causa, Cortés se holgó mucho de que hobiese bandos y disensiones -entre los señores de aquella tierra, para tener color de engañar al -mundo, diciendo que ayudaba á los unos contra los otros, como si -hobiera oido á las partes, siendo juez competente, y determinara quién -tenia la justicia en juicio contradictorio, y no pecara mortalmente -ayudando á cualquiera de las partes, sin saber primero si tenia -justicia la parte á quien ayudaba, porque claro está que podian y -pudieron mentir los indios de Cempoal, diciendo que Moteczuma los -tenia por fuerza de armas, subjuzgados y hechos tributarios, y que -justamente pudo tenellos por súbditos y vasallos; luégo ayudando á la -una parte, poníase en peligro de dañificar contra justicia á la otra -parte; luégo duda ninguna hay en que pecase mortalmente Cortés y los -suyos, y fuesen obligados á restitucion de todos los daños que rescibia -la parte agraviada, y si acaso ayudaba á la que tenia justicia, no -por eso al ménos evitaba el pecado. Todo ésto cometió el Cortés y los -que le acompañaron en la provincia de Tlascala, como aparecerá cuando -della hablaremos, pero, en la verdad, destos escrupulos Cortés poco -curaba, con que hallase caminos y ayudas y colores para conseguir lo -que por fin buscaba, que era subjuzgar y tiranizar y robar unos y -otros, chicos y grandes, justos é injustos, si algunos habia injustos -poseedores, de lo cual él no era juez ni podia _de jure_ ni _de facto_ -determinallo, ántes era obligado á presumir que cada uno de aquellos -señores era justo dueño y señor de la posesion en que los hallaba, -pues el derecho y la razon lo presume; y aunque alguno se quejase del -otro, no por eso luégo le habia de creer que tuviese de su querella -justa causa. Aun si Cortés hiciera con los de Cempoal, si con verdad -fueran del rey Moteczuma contra justicia subjuzgados y opresos, y -ésto le constara por legítima probanza de que no debiera dudar, lo -que Tito Quincio, Capitan del pueblo romano, con los de Corinthio y -otros pueblos y ciudades de Grecia, que teniéndolas Philipo, rey -de Macedonia, fatigadas y opresas, vencido por Tito, Philipo y sus -macedones, creyendo aquellos pueblos de Grecia que habian de vivir en -servidumbre de los romanos, mandó Tito apregonar, estando gran multitud -de gente presente, que el pueblo romano, y Tito en su nombre, otorgaba -libertad, como de ántes la tenian, á lo Corinthios, Locros, Phocenses, -Euboicos, Acheos, Phthiotas, Magnesios, Thesalos y Perthrebos, el cual -pregon oido y entendido, va la multitud corriendo á besar las manos y -dar gracias á Tito, clamando y diciendo, «Tito es hoy el salvador y -defensor de Grecia»; y fué tan grande el estruendo de placer, y voz -tan sonorosa de la multitud y fuerte el alharido, que como si fuera -saeta rompió el aire, y los cuervos que volaban por él cayeron sobre -ellos y en tierra faltándoles sobre que estribar. Desta manera lo -cuenta Plutarco en la vida del mismo Tito; y si así lo hiciera Cortés -con los cempoalenses, y si fuera verdad estar injustamente á Moteczuma -subjetos, perdida su libertad, pudiéransele deber con razon las gracias -y nombre de salvador y defensor dellos, pero hízolo por el contrario, -privando á los de Cempoal y tambien al gran Rey y señor dellos y de -otros muchos, Moteczuma, de todos sus señoríos, de todo su honor, de -las vidas, y no sólo de su libertad, como dello se gloría y escribe -Gomara, su criado y su historiador y todo el mundo sabe: y que de aquí -se siga debérsele nombre de puro tirano y usurpador de reinos ajenos, -y matador y destruidor de innumerables naciones, júzguelo cualquiera -hombre prudente, mayormente si es cristiano, y esta historia con verdad -lo irá más declarando. Llegó finalmente Cortés con su gente cerca de -la ciudad de Cempoal, muy grande, de más de 20 ó 30.000 vecinos, toda -de grandes edificios de cal y canto, y en cada casa su huerta, con su -agua de pié, que toda ella era un vergel y un Paraíso terrenal. Envió -tres ó cuatro de á caballo, á boca de noche que viesen la ciudad, y -porque los suelos de los patios hacen los indios de argamasa teñidos -con almagra y broñidos, que parecen como una taza de plata, y con los -rayos de las estrellas lucian y relumbraban, creyeron que los suelos -estaban cubiertos de chapas de oro ó de plata, y vuelven corriendo á -Cortés, afirmando que toda la ciudad era oro y plata. Entran en ella; -sale el mundo de gente á rescibillos, y ciertos señores ó personas -principales, que metieron al Cortés y cristianos por la ciudad, hasta -llegar á los palacios reales, á donde salió el Rey muy acompañado -de viejos, personas de autoridad, y habláronse el uno al otro sin -entenderse palabra; mandólos aposentar en unos aposentos muy grandes, -donde todos cupieron, y fueron bastecidos y servidos de muchas gentes -que dello tenian cargo, como si cada uno fuera su padre. Estuvieron -allí quince dias, muy á su descanso, dentro de los cuales dice Gomara -que se quejó á Cortés del rey Moteczuma que lo tenia tiranizado, pero -como está dicho, todo se ha de tener por artificio de Cortés y gran -maldad, y que el mismo Cortés los debia de alborotar y meter cizañas, y -decir que no acudiesen con los tributos á Moteczuma, y ellos, por miedo -de los tiros de pólvora y de los caballos, no osaban hacer cosa en -contrario, habiendo entendido los estragos que habian hecho en Tabasco. -¿Y con qué consciencia pudo Cortés persuadir y áun mandar que los -tributos á Moteczuma no se pagasen? ¿habia examinado la causa, y era -juez competente para lo averiguar y sentenciar? ¡pero como á ésto sólo -fué el triste obligado! - - - - - CAPÍTULO CXXIII. - - -Conociendo, pues, Cortés la grandeza, y riqueza, y señorío que lo que -hasta entónces habia visto de aquella tierra le prometia, y como todo -en lo que ponia la mano se le hacia segun su deseo, acordó de asegurar -el estado usurpado, en que tan infielmente contra su señor, Diego -Velazquez, se habia puesto, y proseguir sus intentos comenzados por -aquel camino que más seguro estimaba, segun via serle posible. Antes -que se alzase con él armada y saliese de la isla de Cuba, tenia ganados -algunos amigos, despues de salido, en los puertos y lugares donde -surgia con la flota, hasta llegado aquí donde le tenemos referido, fué -ganando de secreto muchos más cada dia, y con los de quien más se fiaba -trató un muy desvergonzado artificio, aunque su ambicion y cudicia -no le dejó ver cuán claramente y no por ambajes su maldad descubria; -ésto fué, que negoció con aquellos que persuadiesen á los demas que -lo eligiesen todos por Gobernador de aquella, renunciando él primero -en sus manos dellos el cargo de Capitan que traia, para que del todo -se desobligasen de acudir á Diego Velazquez ni rescibir mandato ni -cosa suya, lo cual forjó por esta vía: que él, como Capitan general, -nombraria Cabildo de una villa que allí poblasen, alcaldes y regidores -y otros oficiales que para regimiento della nombrar conviniese; despues -de señalados los alcaldes y Cabildo, como en personas ya públicas, y -que estaban por el Rey, él renunciaria la Capitanía, y ellos, todos -de comun consentimiento, por Gobernador lo eligiesen en nombre del -rey de Castilla, etc. Hízose así, como lo tuviese bien mañeado y -estuviese seguro que lo habian de elegir. Nombró por alcaldes á un -Alonso Puerto Carrero, de su misma tierra, que era Medellin, é á un -Francisco de Montejo, natural de Salamanca, ambos de un jaez con -él y no de mucho peso; constituyó regidores, escribano y los demas -oficios. ¡Mirad qué jurisdiccion tenia, viniendo alzado con el armada -y contra voluntad de cúya era, y que se la queria quitar sino se -alzara con ella, y qué jurisdiccion pudo dar á los alcaldes y los -alcaldes tener, y qué autoridad al escribano para que diese fe, y qué -valor y entidad pudieron tener todos los actos y obras que hacen los -verdaderos tiranos! Así que, constituidos todos los oficiales como -dicho es, y puesto nombre á la villa, que fué la Villa Rica de la Vera -Cruz, hace luégo delante los alcaldes y ante el escribano dejacion -del oficio de Capitan, diciendo: que por cuanto él habia venido con -poder de Diego Velazquez, teniente del Almirante en la isla de Cuba y -de los frailes Hierónimos que en esta isla Española gobernaban, para -descubrir por aquella costa y en busca de Juan de Grijalva, y que de -los dichos ninguno en aquella tierra tenia jurisdiccion, renunciaba -aquel oficio en sus manos como en manos y ante la justicia Real, y -pidiólo por testimonio. Rescibieron su renunciacion los alcaldes y -diósele por testimonio, como lo pidió, y luégo entran en su Cabildo y -tractan de nombrallo y elegillo por Capitan general, Alcalde mayor y -Gobernador en nombre del Rey, hasta tanto que el Rey proveyese otra -cosa. Determinado, como ya de dias lo habian platicado y definido con -él, de lo nombrar y elegir para los oficios dichos, llámanlo al Cabildo -y hacen una plática larga que contenia lo mucho que iba á Dios y al Rey -en que hobiese una persona superior que gobernase con todos aquellos -hidalgos, así en la paz como en la guerra, y que entre todos les habia -parecido que él lo haria mejor; por tanto, que le rogaban, y áun le -mandaban, que aceptase los oficios de Justicia mayor y Capitan general -para la conquista que en aquellas tierras esperaban de hacer, para -lo cual le daban toda jurisdiccion y autoridad en nombre del rey de -Castilla. Porque se vea qué y cuánta fué la autoridad y jurisdiccion -que Cortés tuvo, para todo lo que en aquella tierra ejercitó. Él lo -aceptó de buena voluntad, y se ofreció á servirlos á todos, y no tuvo -vergüenza Gomara, su criado é historiador, de decir en su Historia que -á pocos ruegos lo aceptó, porque no deseaba otra cosa por entónces. -Estas son sus palabras. Pudiera tambien decir que no habia procurado y -mañeado más otra cosa hasta entónces. De esta eleccion tan maliciosa -y absurda blasfemaron mucho muchos de los que allí estaban, en -especial Diego de Ordas, que habia sido mayordomo de Diego Velazquez, -y Francisco de Morla, su camarero, y otros principales, y todo género -de personas, y un Juan Escudero, y otros criados y amigos suyos, -afirmando ser traicion la que contra Diego Velazquez se cometia, y -horrenda maldad y fealdad detestable. Cortés acudió luégo y prendió á -los dichos y á otros muchos, y hízolos llevar al navío más principal, y -allí aherrojallos y tenellos á buen recaudo. Despues de algunos dias, -por ruegos de amigos que aquellos tenian, hobo Cortés de soltallos; -pero algunos dellos, perseverando en el cognoscimiento de la maldad que -se hacia contra Diego Velazquez, y contra la virtud y la justicia, en -aqueste artículo acordaron de hurtar uno de los bergantines y huirse -para la isla de Cuba, y avisar de todo lo que habia pasado y pasaba á -Diego Velazquez; no faltó algun falsario que lo descubriese. Sabido por -Cortés, hizo prender á muchos, y á unos ahorcó, y á otros azotó, y á -otros afrentó, y el Juan Escudero fué uno de los ahorcados; á muchos -escarmentó que no osaron boquear ni menearse por miedo del tirano. -Bien creo que parece claro ser aquestas obras, con las de hasta aquí, -propias de averiguado tirano. Los demas, que eran hombres de calidad, -y parecian hombres de bien, disimularon y al cabo se hicieron con él, -no sé si de infidelidad y descognoscimiento de lo que eran obligados á -hacer para con Diego Velazquez, pudieron ser excusados; y creo que no -segun lo que sucedió despues. Y porque, como astutísimo, Cortés ninguna -cosa dejaba de pensar y de hacer que le pareciese convenirle para se -sustentar en el estado que con sus mañas y astucias usurpó, porque -no le iba ménos que ser ahorcado por Diego Velazquez y por mandado -del Rey desque supiese la verdad, ó muerto por los indios, y ésto en -breve se le podia rodear huyéndose de su tiranía en los navíos alguna -gente de los que no fueron, mas resistieron, en su eleccion, proveyó -de que todos los navíos se echasen á fondo, no dejando más de uno en -que fuesen los procuradores que á Castilla envió; urdiólo desta manera -para que no le resistiesen, porque si se supiera ninguna duda hobiera -que la gente, amigos y enemigos, no se lo consistieran hacer. Llamó en -secreto á los maestres de los navíos, de quien tuvo más confianza, y -á los contramaestres ó marineros, si de los maestres no se fiaba, y, -ofreciéndoles promesas y dádivas que los haria bienaventurados, rogóles -muy encarecidamente que barrenasen los navíos por tantas y por tales -partes, que por ninguna vía tuviesen sin hundirse remedio, y despues -de hecho viniesen á él, cuando estuviese mucha gente con él junta, y -le denunciasen como no podian vencer el agua de los navíos que no se -fuesen á fondo. Hízose como lo mandó, y mostró cuando se lo dijeron -mucho sentimiento Cortés, porque sabia bien hacer fingimientos cuando -le era provechoso, y respondióles que mirasen bien en ello, y que sino -estaban para navegar, que diesen gracias á Dios por ello, y, pues -no se podia hacer más, mandó que sacasen todo lo que de provecho en -ellos hobiese, y lo demas que lo comiese la mar; al cabo lo hobieron -de sentir la gente, y aína se le amotinaron muchos, y éste fué uno -de los peligros que pasaron por Cortés de muchos que para matallo de -los mismos españoles tuvo, pero súpolos aplacar consolándolos con -la esperanza que de hacellos ricos y bienaventurados les propuso. -Proveyó luégo enviar á Castilla procuradores, que fueron, á los dichos -Alonso Puerto Carrero, de Medellin, tierra de Cortés, y á Francisco de -Montejo, natural de Salamanca, como dije, los cuales llevasen aquel -presente arriba dicho, y diesen noticia al Rey de aquella tierra, -gentes y riquezas della, en la cual, por su servicio, habian trabajado -y esperaban trabajar muy mucho y subjetalle aquel gran Rey y señor muy -rico della, de que tenian noticia estar la tierra adentro, suplicándole -que confirmase por gobernador á Cortés, al cual, ellos en su real -nombre, habian elegido por ser persona de mucho esfuerzo y valor, y -que habia gastado en aquella armada toda su hacienda, y quejándose de -Diego Velazquez y aniquilándole cuanto pudieron, negando ó callando -haber él hecho la dicha armada, fingiendo mil cautelas y afirmando -muchas otras falsedades y mentiras, y áun dando á entender, que si otro -alguno enviase á gobernallos no lo rescibirian; grande aunque confitada -desvergüenza. Esta carta no vido el Emperador, porque, si la viera, no -les sucederia ni á Cortés ni á sus consortes el negocio tan favorable -como abajo se parecerá. Partiéronse en aquella nao que de los barrenos -se escapó, del puerto del Peñon, que llamaron la Villa Rica, por el -mes de Julio, el año de 1519; llegaron á Sevilla, creo, por Octubre, -y como allí estuviese el clérigo Benito Martin de vuelta para Cuba, -hecho Abad de aquella tierra, como se dijo arriba, entendió luégo que -Cortés se habia alzado á Diego Velazquez, por lo cual los oficiales de -la Contratacion de Sevilla tomáronles todo el oro que traian, sin lo -del presente, que era 3.000 castellanos para su gasto, y otros 3.000 -que Cortés enviaba para su padre. Los oficiales de la dicha casa de -la Contratacion enviaron el presente á Valladolid, para que allí lo -viese el Rey que venia camino de Barcelona para se ir á la Coruña, -ya electo Emperador, á embarcar para Flandes. Avisó luégo el clérigo -Benito Martin y los oficiales de Sevilla al obispo de Búrgos D. Juan de -Fonseca, que estaba en la Coruña haciendo el armada para en que el Rey -pasase, el cual escribió luégo una carta al Rey á Barcelona, agraviando -el alzamiento de Cortés contra Diego Velazquez, y diciendo que debia -de ahorcar á los procuradores, y que era traidor Cortés y otras cosas -semejantes; los dichos procuradores y el piloto Alaminos que habia sido -piloto en todos los dichos tres descubrimientos de Francisco Hernandez, -Grijalva y Cortés, fueron á Medellin y tomaron á Martin Cortés, padre -de Cortés, y todos con harta pobreza, porque los oficiales no les -dieron sino pocos dineros para su gasto, fuéronse hácia Barcelona, y, -sabiendo en el camino que el Rey era partido, viniéronse con la corte -hasta llegar á la Coruña, y en este camino los cognoscí yo. - - - FIN DEL TOMO CUARTO. - - - - - ÍNDICE. - - - Páginas. - - - ADVERTENCIA PRELIMINAR V - - LIBRO TERCERO.--Capítulo XXV 1 - - Cap. XXVI 5 - - Cap. XXVII 10 - - Cap. XXVIII 15 - - Cap. XXIX 19 - - Cap. XXX 26 - - Cap. XXXI 30 - - Cap. XXXII 36 - - Cap. XXXIII 40 - - Cap. XXXIV 45 - - Cap. XXXV 49 - - Cap. XXXVI 54 - - Cap. XXXVII.--En el cual se contiene cómo se hobo el repartidor - Alburquerque en el repartimiento que hizo.--Como se dijo que - habia vendido los repartimientos.--Los clamores y quejas que - dieron dél.--Cómo rezaba la Cédula de la encomienda, y lo que - proveyó el Rey sobre las quejas que dél á Castilla fueron. 57 - - Cap. XXXVIII 63 - - Cap. XXXIX 66 - - Cap. XL 72 - - Cap. XLI 76 - - Cap. XLII 80 - - Cap. XLIII 84 - - Cap. XLIV 89 - - Cap. XLV 95 - - Cap. XLVI 100 - - Cap. XLVII 104 - - Cap. XLVIII 109 - - Cap. XLIX 114 - - Cap. L 119 - - Cap. LI 125 - - Cap. LII 131 - - Cap. LIII 135 - - Cap. LIV.--En el cual se contiene la Instruccion que el Rey - mandó dar á Pedrárias, cómo se habia de haber con los indios, - atrayéndolos por bien á la fe, y no consintiendo que se les - hiciese mal alguno. 139 - - Cap. LV 143 - - Cap. LVI 148 - - Cap. LVII 154 - - Cap. LVIII 158 - - Cap. LIX 164 - - Cap. LX 169 - - Cap. LXI 172 - - Cap. LXII 175 - - Cap. LXIII 180 - - Cap. LXIV 185 - - Cap. LXV 188 - - Cap. LXVI 192 - - Cap. LXVII 198 - - Cap. LXVIII 203 - - Cap. LXIX 207 - - Cap. LXX 211 - - Cap. LXXI 216 - - Cap. LXXII 220 - - Cap. LXXIII 226 - - Cap. LXXIV 230 - - Cap. LXXV 235 - - Cap. LXXVI 240 - - Cap. LXXVII 245 - - Cap. LXXVIII 249 - - Cap. LXXIX 253 - - Cap. LXXX 258 - - Cap. LXXXI 262 - - Cap. LXXXII 268 - - Cap. LXXXIII 272 - - Cap. LXXXIV 277 - - Cap. LXXXV 281 - - Cap. LXXXVI 285 - - Cap. LXXXVII 291 - - Cap. LXXXVIII.--En el cual se contiene la Instruccion que - llevaron los frailes Hierónimos, cerca de lo que habian de - hacer para poner en libertad los indios, y primero se puso - cierto preámbulo. 296 - - Cap. LXXXIX 309 - - Cap. XC 316 - - Cap. XCI 321 - - Cap. XCII 326 - - Cap. XCIII 332 - - Cap. XCIV 336 - - Cap. XCV 343 - - Cap. XCVI 348 - - Cap. XCVII 354 - - Cap. XCVIII 358 - - Cap. XCIX 364 - - Cap. C 368 - - Cap. CI 374 - - Cap. CII 379 - - Cap. CIII 385 - - Cap. CIV 391 - - Cap. CV 398 - - Cap. CVI 405 - - Cap. CVII 411 - - Cap. CVIII 415 - - Cap. CIX 421 - - Cap. CX 425 - - Cap. CXI 428 - - Cap. CXII 433 - - Cap. CXIII 439 - - Cap. CXIV 445 - - Cap. CXV 450 - - Cap. CXVI 455 - - Cap. CXVII 460 - - Cap. CXVIII 465 - - Cap. CXIX 470 - - Cap. CXX 475 - - Cap. CXXI 481 - - Cap. CXXII 487 - - Cap. CXXIII 494 - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias (vol. 4 de 5), by -Bartolomé de las Casas - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS (VOL. 4/5) *** - -***** This file should be named 56283-0.txt or 56283-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/6/2/8/56283/ - -Produced by Josep Cols Canals and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images generously made available by The -Internet Archive/American Libraries.) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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You may copy it, give it away or -re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included -with this eBook or online at www.gutenberg.org/license - - -Title: Historia de las Indias (vol. 4 de 5) - -Author: Bartolomé de las Casas - -Release Date: January 1, 2018 [EBook #56283] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS (VOL. 4/5) *** - - - - -Produced by Josep Cols Canals and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images generously made available by The -Internet Archive/American Libraries.) - - - - - - -</pre> - - -<p class="box">Nota del Transcriptor:<br/><br/> - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original.<br/><br /> - Errores obvios de imprenta han sido corregidos.<br/><br /> - - Páginas en blanco han sido eliminadas.<br/><br/> -La portada fue diseñada por el transcriptor y se considera dominio público.<br /></p> -<hr class="chap" /> - - - -<div class="chapter"> -<h1>HISTORIA DE LAS INDIAS</h1> - -<p class="center">ESCRITA POR</p> - -<p class="p2 center">FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS<br /> -OBISPO DE CHIAPA</p> - -<p class="p2 center">AHORA POR PRIMERA VEZ DADA Á LUZ<br /> -POR<br /> -EL MARQUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE<br /> -Y D. JOSÉ SANCHO RAYON.</p> - -<p class="p4 center">TOMO IV.</p> - -<p class="p4 center">MADRID<br /> -IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA<br /> -calle de Campomanes, núm. 8.<br /> -1876</p><hr class="chap" /></div> - -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_v" id="Page_v">[v]</a></span></p> - - - -<div class="chapter"> -<h2 id="PRELIMINAR">ADVERTENCIA PRELIMINAR.</h2></div> - - - -<p>En los primeros capítulos del presente volúmen -se da cuenta de la entrada de Diego Velazquez en la -isla de Cuba, en 1511, y de lo demas ocurrido en -ella hasta 1513 (capítulos 25 al 32), dando de paso -curiosas noticias de Hernando Cortés (27). Matan -los indios de Cumaná á fray Francisco de Córdoba -y fray Juan Garcés (33 y 34). Sucesos de la isla -Española, y en especial lo que ocurrió al obispo don -Alonso Manso (35) y al primer repartidor de indios -independiente del Gobernador, que fué nombrado por -el Rey, llamado Rodrigo de Alburquerque (36 y 37); -á quien suceden en dicho cargo de repartidores de -indios, el licenciado Ibarra, Cristóbal Lebron, y fray -Pedro Mexía (38). Lo ocurrido en el Darien, en los -años 1512 á 1514, á los que estaban bajo las órdenes -de Vasco Nuñez (39 al 52), quien descubre el mar -del Sur en 25 de Setiembre de 1513 (48). Nombramiento -de Pedrárias Dávila en lugar de Vasco<span class="pagenum"><a name="Page_vi" id="Page_vi">[vi]</a></span> -Nuñez, y instrucciones que lleva á tierra firme, las -cuales critica largamente nuestro Autor (52 al 68); -sale Pedrárias de Sevilla en 1514 (59), y, llegado -al Darien, toma residencia á Vasco Nuñez á quien -da por libre de los cargos que se le hacian (60); siguiéndose -la narracion de lo hecho por ambos en -aquellas tierras, hasta que Pedrárias mandó cortar -la cabeza á Vasco Nuñez (61 al 77). Vuélvese á -tratar de Cuba, donde entónces residia el clérigo -Casas, quien en vista de la despoblacion de la isla, -por lo mal que se trataba á los naturales, renuncia -en Diego Velazquez un repartimiento que tenia, y -se propone venir á España y emplear en libertar á -los indios lo poco que le quedaba, y la fortuna de su -amigo Juan de la Rentería, quien la puso á su disposicion -para este objeto (78 al 80). Llegan por entónces -á Cuba cuatro religiosos, procedentes de la -isla Española, y predican juntamente con el clérigo -Casas en favor de los indios (81), de los cuales se -ahorcan muchos de desesperacion y otros se envenenan -con el zumo de la yuca (82). Embárcase -Casas para España, por Setiembre de 1515 (83), y -es bien recibido en Plasencia por el Rey católico, -quien ofrece oirle en Sevilla para donde estaba de -partida; muerto el Rey en el camino de Sevilla (84), -sigue sus gestiones con el cardenal Ximenez de Cisneros, -y consigue que se envien á la Española, con -nuevas instrucciones y amplios poderes, tres religiosos -de la órden de San Jerónimo (85 al 90), los -cuales se embarcan en Sant Lúcar, en 11 de Noviembre -de 1516 (91), y llegan á Sancto Domingo trece<span class="pagenum"><a name="Page_vii" id="Page_vii">[vii]</a></span> -dias ántes que Casas; quien convencido en seguida -del poco fruto que se podia esperar de ellos para el -bien de los indios (92 al 94), se embarca de nuevo -para España (95). Volviendo á tomar el hilo de los -sucesos de las islas, desde 1516 (93), dáse cuenta -del descubrimiento de la isla de Cozumel por Francisco -Hernandez (96 y 97), y del cabo de Cotoche -en Yucatán por el mismo (98). Nuevas gestiones de -Casas en la corte en favor de los indios, hasta el -año de 1518 (99 al 105). Sucesos en tierra firme -bajo la gobernacion de Pedrárias (106 al 108). Continúase -el descubrimiento de la tierra de Yucatán -por Juan de Grijalva, enviado por Diego Velazquez -(109 al 114), quien nombra despues para seguir dicho -descubrimiento y poblar á Hernando Cortés (114); -salida de éste de Cuba en 18 de Noviembre de 1518 -(115), y sucesos de su expedicion hasta Julio de 1519, -en que manda á Castilla por procuradores á Alonso -Puerto Carrero y Francisco de Montejo, á dar cuenta -al Emperador de su descubrimiento, en vez de -darla á Diego Velazquez, que habia hecho casi todos -los gastos de la armada (116 al 123).</p><hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_1" id="Page_1">[1]</a></span></p> - - -<p class="p6 center large">HISTORIA DE LAS INDIAS.</p> - -<h2>LIBRO TERCERO.</h2> - -<h2 id="XXV">CAPÍTULO XXV.</h2></div> - - -<p>Explanado queda lo que tuvimos entendido de la isla de -Cuba, y de lo que en ella hallamos, y de las gentes que la moraban -ó habitaban, resta ya referir de la pasada que á ella -hicimos los cristianos, puesto que yo no pasé con él, sino -despues, desde á cuatro ó cinco meses, en otro viaje. Partió -Diego Velazquez con sus 300 hombres de la villa de la Çabana, -desta isla Española, en fin, á lo que creo, del año de 1511, y -creo que fué, si no me he olvidado, á desembarcar á un puerto -llamado de Palmas, que era en la tierra, ó cerca della, donde -reinaba el señor que dije haberse huido de esta isla y llamarse -Hatuey, y que habia juntado su gente y mostrádoles lo que -amaban los cristianos como á señor propio, que era el oro, -como pareció en el cap. 21. Sabida la llegada de los nuestros, -y entendido que de su venida no podia resultarles sino la servidumbre -y tormentos y perdicion que en esta Española habian -ya muchos dellos visto y experimentado, acordaron de -tomar el remedio, que la misma razon dicta en los hombres -que deben tomar, y la naturaleza áun á los animales y á las<span class="pagenum"><a name="Page_2" id="Page_2">[2]</a></span> -cosas insensibles que no tienen cognoscimiento alguno enseña, -que, contra lo que corrompe y deshace su ser, deban tomar, y -éste es la defension. Pusiéronse, pues, en defensa con sus barrigas -desnudas y pocas y débiles armas, que eran los arcos y -flechas, que poco más son que arcos de niños, donde no hay -hierba ponzoñosa como allí no la hay, ó no las tiran de cerca -á cincuenta ó sesenta pasos, lo que pocas veces se les ofrece -hacer, sino de léjos, porque la mayor arma que ellos tienen -es huir de los españoles, y así conviéneles siempre no pelear -de cerca con ellos. Los españoles, los que alcanzaban, no era -menester animallos ni mostralles lo que habian de hacer. Guarecióles -mucho á los indios ser toda la provincia montes y por -allí sierras, donde no podian servirse de los caballos, y porque -luégo que los indios hacen una vez cara con una gran -grita, y son de los españoles lastimados con las espadas, y -peor cuando de los arcabuces y alcanzados de los caballos, -su remedio no está sino en huir y desparcirse por los montes -donde se pueden esconder, así lo hicieron éstos, los cuales, -hecha cara en algunos pasos malos, esperando á los españoles -algunas veces, y tiradas sus flechas sin fruto, porque ni mataron -ni creo que hirieron jamás alguno, pasados en ésto dos -ó tres meses, acordaron de se esconder; siguióse luégo, como -siempre se suele seguir, andar los españoles á cazallos por -los montes, que llaman ellos ranchear, vocablo entre ellos -muy famoso y entre ellos muy usado y celebrado, y donde -quiera que hallaban manada de indios, luégo, como daban -en ellos, mataban hombres y mujeres, y áun niños, á estocadas -y cuchilladas, los que se les antojaba, y los demas ataban, -y llevados ante Diego Velazquez, repartíaselos á uno tantos y -á otro tantos, segun él juzgaba, no por esclavos, sino para que -le sirviesen perpétuamente como esclavos y áun peor que esclavos, -sólo era que no los podian vender, al ménos á la clara, -que de secreto y con sus cambalaches hartas veces se há -en estas tierras usado. Estos indios así dados, llamaban piezas -por comun vocablo, diciendo: «yo no tengo sino tantas -piezas y hé menester para que me sirvan tantas», de la misma<span class="pagenum"><a name="Page_3" id="Page_3">[3]</a></span> -manera que si fueran ganado. Viendo el cacique Hatuey que -pelear contra los españoles era en vano, como ya tenia larga -experiencia en esta isla por sus pecados, acordó de ponerse -en recaudo huyendo y escondiéndose por las breñas, con hartas -angustias y hambres, como las suelen padecer los indios -cuando de aquella manera andan, si pudiera escaparse. Y sabido -de los indios que tomaban quién era (porque lo primero -que se pregunta es por los señores y principales para despachallos, -porque, aquellos muertos, fácil cosa es á los demas -sojuzgallos), dándose cuanta priesa y diligencia pudieron en -andar tras él muchas cuadrillas para tomallo, por mandado -de Diego Velazquez, anduvieron muchos dias en esta demanda, -y á cuantos indios tomaban á vida interrogaban con amenazas -y con tormentos, que dijesen del cacique Hatuey dónde -estaba; dellos decian que no sabian, dellos, sufriendo los tormentos, -negaban, dellos, finalmente, descubrieron por dónde -andaba, y al cabo lo hallaron. El cual, preso como á hombre -que habia cometido crímen? <i>lesæ majestatis</i>, yéndose huyendo -desta isla á aquella, por salvar la vida de muerte y persecucion -tan horrible, cruel y tiránica, siendo Rey y señor en su -tierra sin ofender á nadie, despojado de su señorío, dignidad -y estado, y de sus súbditos y vasallos, sentenciáronlo á que -vivo lo quemasen, y para que su injusta muerte la divina justicia -no vengase sino que la olvidase, acaeció en ella una señalada -y lamentable circunstancia: cuando lo querian quemar, -estando atado al palo, un religioso de Sant Francisco, le -dijo como mejor pudo que muriese cristiano y se baptizase; -respondió, que ¿para qué habia de ser como los cristianos, que -eran malos? Replicó el Padre, porque los que mueren cristianos -van al cielo y allí están viendo siempre á Dios y -holgándose; tornó á preguntar si iban al cielo cristianos, dijo -el Padre que sí iban los que eran buenos: concluyó diciendo -que no queria ir allá, pues ellos allá iban y estaban. Esto -acaeció al tiempo que lo querian quemar, y así luégo pusieron -á la leña fuego y lo quemaron. Esta fué la justicia que -hicieron de quien tanta contra los españoles tenia para des<span class="pagenum"><a name="Page_4" id="Page_4">[4]</a></span>truillos -y matallos como á injustísimos y crueles enemigos capitales, -no por más de porque huia de sus inícuas é inhumanas -crueldades; y ésta fué tambien la honra que á Dios se dió, -y la estima de su bienaventuranza que tiene para sus predestinados, -que con su sangre redimió, que sembraron en aquel -infiel, que pudiera quizá salvarse, los que se llamaban y arreaban -de llamarse cristianos. ¿Qué otra cosa fué decir que no -queria ir al cielo, pues allá iban cristianos, sino argüir que -no podia ser buen lugar, pues á tan malos hombres se les -daba por eterna morada? En ésto paró el Hatuey, que, cuando -supo que para pasar desta isla á aquella los españoles se aparejaban, -juntó su gente para la avisar por qué causa les eran -tan crueles y malos, conviene á saber, por haber oro, que era -el Dios que mucho amaban y adoraban. Bien parece que los -cognoscia, y que con prudencia y buena razon de hombre -temia venir á sus manos, y que no le podia venir dellos otra -utilidad, otro bien, ni otro consuelo, al cabo, sino el que -le vino.</p> -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_5" id="Page_5">[5]</a></span></p> - - - - -<h2 id="XXVI">CAPÍTULO XXVI.</h2></div> - -<p>Quemado el Hatuey, como las gentes de por allí lo tenian -por hombre y señor esforzado, de miedo puro que se les -arraigó en las entrañas, debajo de la tierra, si pudieran meterse, -trabajaran por huir de las manos de los cristianos, y -así no habia ya hombre por toda aquella provincia, que llamaban -de Maycí, la última sílaba luenga, que parase ni se -juntase con otro, por hacer ménos rastro y no ser tomados, -y algunos se venian á dar á los españoles, llorando, pidiendo -perdon y misericordia, y que los servirian porque no les hiciesen -mal. En este tiempo, sabido en la isla de Jamáica que -Diego Velazquez habia pasado á poblar y á pacificar, como -ellos solian, y hoy áun suelen decir, la isla de Cuba, Juan de -Esquivel, que allí era Teniente y la habia cuasi destruido, -acordó enviar, ó ellos mismos se movieron y le pidieron licencia -para pasar á ella, á ayudar á Diego Velazquez, á un -Pánfilo de Narvaez, natural de Valladolid, que por parte de -ser Diego Velazquez, de Cuéllar, que está cerca, le era aficionado, -con 30 hombres españoles, todos flecheros, con sus arcos -y flechas, en el ejercicio de las cuales estaban más que -indios ejercitados. Este Pánfilo de Narvaez era un hombre de -persona autorizada, alto de cuerpo, algo rubio, que tiraba á -ser rojo, honrado, cuerdo, pero no muy prudente, de buena -conversacion, de buenas costumbres, y tambien para pelear -con indios esforzado, y debíalo ser quizá para con otras gentes, -pero sobre todo tenia esta falta, que era muy descuidado, -del cual hay harto que referir abajo. Este, con su cuadrilla -flechera, fué bien rescibido de Diego Velazquez, aunque maldito -el provecho de su venida resultó á los indios, y luégo les -dió piezas, como si fueran cabezas de ganado, para que les<span class="pagenum"><a name="Page_6" id="Page_6">[6]</a></span> -sirviesen, puesto que ellos traian de los indios de Jamáica -algunos que los servian donde quiera que andaban. A este -Narvaez hizo Diego Velazquez su Capitan principal, siempre -honrándolo, de manera que despues dél tuvo en aquella isla -el primer lugar. Luégo, desde á pocos dias, pasé yo allá habiendo -enviado por mí el dicho Diego Velazquez, por el amistad -que en esta isla habiamos tenido pasada, y anduvimos -juntos Narvaez y yo, asegurando todo el resto de aquella isla -para mal de toda ella, como se verá, cerca de dos años. Hostigados -y atemorizados los indios de aquella provincia de Maycí, -como está dicho, comenzó Diego Velazquez á pensar en repartir -los indios della por los españoles, como habia hecho en -esta isla el Comendador Mayor, y él mismo en las cinco villas -de que habia sido Teniente, como arriba queda referido, y -éste es como ha sido todo su bienaventurado fin, segun que -por los precedentes libros ha parecido, y para ésto constituyó -una villa en un puerto en la mar del Norte, cuyo asiento llamaban -los indios Baracóa, la penúltima luenga, que estaba -en comarca de aquella provincia de Maycí, la cual fué la primera -de aquella isla, á la cual, por ser la primera villa, decia -que habia de repartir á los vecinos della 200.000 indios. Desde -la villa de Baracóa, envió á Narvaez con 25 ó 30 hombres -á una provincia llamada el Bayámo, la media sílaba luenga, -tierra llana y descubierta de montes y harto graciosa, que -dista de Baracóa, si no me he olvidado, 40 ó 50 leguas, la isla -abajo hácia el Poniente, para asegurar los indios y gente natural -della por bien y si nó por guerra, porque miéntras no -los tienen seguros, no pueden repartillos ni servirse dellos, que -es, como dije, su último fin; Narvaez sólo llevaba una yegua -en que iba, los otros todos á pié. Llegado á la provincia, la -gente de los pueblos salíanlos á rescibir con sus presentes de -comida, porque oro ni otras joyas ó riquezas, no las estimaban -ni cognoscian, espantados de ver aquel animal tan grande, -que nunca habian visto, y que subido un hombre encima -tantas cosas en él hiciese, y en especial que aquella yegua -que Narvaez tenia era brava, y en revolverse de una parte á<span class="pagenum"><a name="Page_7" id="Page_7">[7]</a></span> -otra echaba las piernas de tal manera que parecia tirar grandes -coces. Aposentáronse todos los españoles en cierto pueblo -de indios, y como habian oido sus nuevas de la quema del -cacique Hatuey é las muertes y corrimiento de los vecinos y -gente de la provincia de Maycí, é que no esperaban que ménos -harian en ellos, y las importunidades que cada hora les hacian, -y los ojos á las mujeres y á las hijas, y por ventura las -manos, que en alguna dellas ponian, porque ésta es costumbre -en los nuestros usada y en estas tierras antigua, acordaron -todos los indios de la provincia de ahorrar dellos, si pudiesen, -lo cual tuvieron por cierto como no fuesen más, creo que, -de 25. Y aunque Narvaez no era, como dije, muy cuidoso, en -el bohío ó casa de paja en que estaba aposentado tenia tambien -su yegua metida, y habia ordenado que hobiese velas de -noche y espías. Juntáronse de toda la provincia cerca de -7.000 indios con sus arcos y flechas, desnudos en cueros, -porque, como en esta isla, desnudos vivian, segun lo acostumbraban -comunmente los de las tierras calientes en estas Indias. -Vinieron sobre Narvaez y los suyos, una noche despues -de la media pasada, lo cual pocas veces los indios destas islas -hacian; hiciéronse sobre dos partes, ordenando que la una entrase -en el pueblo por un lado, y la otra por otro, y del buen -recaudo de los españoles hallaron durmiendo las velas ó espías, -y fué cosa graciosa que, por codicia de robar el hato de -los españoles, que no era otro sino vestidos (porque siempre -los indios desque vieron á los españoles vestidos, siempre codiciaron -vestirse), no aguardaron el tiempo y sazon que concertado -habian, y así la una parte ó escuadron dióse más -priesa por robar que la otra, y entra en el pueblo dando grita -sin ser sentidos. Despertó Narvaez atónito, que á sueño suelto -dormia, y los demas que no tenian para dormir ménos brío; -entraban los indios en los bohíos ó casas de paja, y topaban -con los españoles, ni los mataban ni los herian, sino curando -de apañar ropa, era todo el fin que cada uno pretendia. Los -españoles topaban con los indios, y como estaban en profundo -sueño dormidos, y fué súpita la gran grita, que suele ser<span class="pagenum"><a name="Page_8" id="Page_8">[8]</a></span> -terrible la de los indios, andaban atónitos, no entrando en -acuerdo, ni advirtiendo lo que era ni si morian ó vivian. Los -indios domésticos, que Narvaez habia traido de Jamáica, encendieron -tizones del fuego que allí tenian, y así como los -indios de fuera vieron con la lumbre al Narvaez, que ya comenzaba -á entrar en acuerdo, uno dellos arrójale una gran -piedra, y dále en los pechos cerca de la boca del estómago, -que dió con él cuasi muerto en el suelo, y así despertó del -todo, y dijo á un fraile bueno que allí tenia consigo, de la órden -de Sant Francisco: «¡Ay padre que me ha muerto!» Consolóle -el religioso y esforzóle lo mejor que pudo, y, tornado en -sí, ensillan la yegua con la priesa que pudieron, y enfrénanla -con harta dificultad porque era de tal hechura, y sube Narvaez -en ella descalzo de pié y pierna, y sólo una camisa de algodon -sobre otra de lienzo de Castilla, y echa un pretal de cascabeles -en el arzon de la silla, y no hizo más de arremeter por la -plaza una carrera, sin tocar en ningun indio, porque en sintiendo -que salia con la yegua, todos se habian por el monte -que estaba cerca acogido. Fué tanto el temor que de la yegua -tuvieron y del sonido de los cascabeles, pensando que cada -uno era un millar de enemigos (cosa maravillosa es de decir), -que no pararon, hombre ni mujer ni hijos, huyendo hasta otra -provincia llamada Camagüéy, la penúltima luenga, que distaba -de aquella 50 leguas, y áun de despoblado camino. Por -manera que, por adelantarse á robar la ropa de los españoles, -no guardando la órden y tiempo y sazon que los Capitanes -habian ordenado, perdieron su negocio é intento los indios, -porque si juntos, á una, dieran en el pueblo, hecho fuera de -Narvaez y de sus 25; no debe ser aquel caso el primero que -en el mundo ha acaecido, conviene á saber, perder las batallas -por robar los despojos la gente de guerra, y así por mala -cudicia. Hizo luégo mensajeros Narvaez á Diego Velazquez, -sobre lo acaecido, el cual determinó de ir allá con gente donde -residió algunos meses; no pareció persona por toda la provincia, -sino eran algunos muy viejos y enfermos que no pudieron -huir, y éstos descubrieron como toda la gente habia<span class="pagenum"><a name="Page_9" id="Page_9">[9]</a></span> -huido á la provincia de Camagüéy. Siguió el alcance Narvaez -desque lo supo, pero, como fué tarde y llevaba poca gente, no -se atrevió á entrar en la provincia de Camagüéy, porque tenia -noticia que tenia muchos vecinos, y así se tornó sin hallar -algun indio.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_10" id="Page_10">[10]</a></span></p> - - -<h2 id="XXVII">CAPÍTULO XXVII.</h2></div> - - -<p>Antes que Diego Velazquez de la villa de Baracóa se moviese, -ni supiese lo que á Narvaez habia acaecido, sucedió lo -que aquí agora diré. Entre la gente que allí con Diego Velazquez -estaba, habia dél y de su gobernacion algunos descontentos, -ó porque no les hacia, segun ellos estimaban de sí, -tan buen tractamiento como quisieran, en especial un Francisco -de Morales, natural de Sevilla, hombre de auctoridad y -persona honrada, y que el Almirante habia enviado con Diego -Velazquez por Capitan en aquella isla, y que el Diego Velazquez -no le pudiese remover, aunque todavía sujeto á Diego -Velazquez, por manera que habia entre los que allí estaban -ya parcialidad. Diego Velazquez, viendo que su gobernacion -buena ó mala, se le perturbaba, hizo proceso contra el Morales -y envióle preso á esta isla al Almirante, el cual ido, ó nació -de aquí ó de otros principios ó personas, las quejas del -teniente Diego Velazquez crescian de cada dia. En este tiempo -vino á Cuba nueva como eran llegados á esta isla Española -los jueces de apelacion, y acordaron los quejosos de Diego -Velazquez de hacer sus informaciones secretas y allegar sus -memoriales y tomar sus firmas, para se enviar á quejar á los -dichos jueces, como á justicias superiores que enviaba el Rey, -y no hallaron otro más á mano y más atrevido á cualquiera -peligro, porque habia de pasar á esta isla en una canoa ó -barquillo de los indios, en mar tan alta, y como suele ser tan -brava, sino á Hernando Cortés, criado y secretario del dicho -Diego Velazquez, que desta isla lo habia llevado consigo, siendo -escribano público en esta isla de la villa de Açua. Tenia -Diego Velazquez dos secretarios; uno, este Hernando Cortés,<span class="pagenum"><a name="Page_11" id="Page_11">[11]</a></span> -y Otro Andrés de Duero, tamaño como un codo, pero cuerdo -y muy callado y escribia bien. Cortés le hacia ventaja en ser -latino, solamente porque habia estudiado leyes en Salamanca -y era en ellas Bachiller, en lo demas, era hablador y decia -gracias, y más dado á comunicar con otros que Duero, y así -no tan dispuesto para ser secretario. Era muy resabido y recatado, -puesto que no mostraba saber tanto, ni ser de tanta -habilidad como despues lo mostró en cosas árduas; era natural -de Medellin, hijo de un escudero que yo cognoscí, harto -pobre y humilde, aunque cristiano viejo y dicen que hidalgo. -A éste, como comencé á decir, hallaron los quejosos aparejado -para llevar sus quejas, cartas y despachos, ó porque él -lo estaba tambien quejoso de su amo Diego Velazquez; estando -para se embarcar en una canoa de indios con sus papeles, -fué Diego Velazquez avisado y hízolo prender y quísolo ahorcar. -Rogáronle muchas personas por él, mandólo echar en un -navío para enviallo preso á esta isla Española, soltóse por -cierta manera del navío y metióse de noche en el batel, y vínose -á la iglesia, y estuvo allí algun dia; un Juan Escudero, -que era alguacil (que él despues ahorcó en la Nueva -España), aguardó su tiempo, y paseándose Cortés fuera de la -iglesia, lo tornó á prender. Crecida la ira en Diego Velazquez, -túvolo muchos dias preso, y al cabo (Diego Velazquez era -bien acondicionado y durábale poco el enojo), rogándole muchos -por él que lo perdonase, hóbolo de hacer, pero no le -quiso tornar á rescebir en su servicio de secretario. Gomara, -clérigo, que escribió la Historia de Cortés, que vivió con él -en Castilla siendo ya Marqués, y no vido cosa ninguna, ni jamás -estuvo en las Indias, y no escribió cosa sino lo que el -mismo Cortés le dijo, compone muchas cosas en favor dél, que, -cierto, no son verdad, y entre otras, dice, hablando en el principio -de la conquista de Méjico, que no quiso hablar en muchos -dias de enojado á Diego Velazquez, y que una noche -fué armado donde Diego Velazquez estaba sólo con solos sus -criados, y que entró en la casa, y que temió Diego Velazquez -cuando lo vido á tal hora y armado, y que le rogó que cenase<span class="pagenum"><a name="Page_12" id="Page_12">[12]</a></span> -y descansase, y Cortés respondió que no venia sino á saber -las quejas que tenia dél, y á satisfacerle y á ser su amigo y -servidor, y que se tocaron las manos por amigos, y que durmieron -ambos aquella noche en una cama. Esto es todo gran -falsedad, y cualquiera cuerdo puede fácilmente juzgar áun de -las mismas palabras que, en su compostura, Gomara, su criado -y su historiador, allí dice, porque siendo Diego Velazquez, -Gobernador de toda la isla, como él allí concede, y Cortés un -hombre particular, dejado aparte ser su criado y secretario, -y que le habia tenido preso y querido ahorcar, y que lo pudiera -hacer justa ó injustamente, ¡qué diga Gomara que no le -quiso hablar por muchos dias, y que habia ido armado á preguntar -que qué quejas tenia dél, y que iba á ser su amigo, y -que se tocaron las manos, y que durmieron aquella noche en -una cama! Yo vide á Cortés en aquellos dias, ó muy pocos -despues, tan bajo y tan humilde, que del más chico criado -que Diego Velazquez tenia quisiera tener favor; y no era -Diego Velazquez de tan poca cólera, ni áun de tan poca gravedad, -que aunque por otra parte cuando estaba en conversacion -era muy afable y humano, pero cuando era menester, -y si se enojaba, temblaban los que estaban delante dél, y -queria siempre que le tuviesen toda reverencia, y ninguno se -sentaba en su presencia aunque fuese muy caballero, por lo -cual, si él sintiera de Cortés una punta de alfiler de cerviguillo -y presuncion, ó lo ahorcara, ó á lo ménos lo echara de la -tierra y lo sumiera en ella sin que alzara cabeza en su vida. -Así que Gomara mucho se alarga imponiendo á Cortés, su -amo, lo que en aquellos tiempos, no sólo por pensamiento -estando despierto, pero ni durmiendo, por sueños, parece poder -pasarse. Pero como el mismo Cortés, despues de Marqués, -dictó lo que habia de escribir Gomara, no podia sino fingir de -sí todo lo que le era favorable; porque como subió tan de súpito -de tan bajo á tan alto estado, ni áun hijo de hombre, -sino de Júpiter desde su origen, quisiera ser estimado. Y así, -deste jaez y por este camino fué toda la historia de Gomara -ordenada, porque no escribió otra cosa sino lo que Cortés de<span class="pagenum"><a name="Page_13" id="Page_13">[13]</a></span> -sí mismo testificaba, con que al mundo, que no sabia de su -principio medio y fin cosa, Cortés y Gomara encandilaron, -como abajo, placiendo á Dios amador de verdad, parecerá. Lo -cual por agora dejado, despues que Diego Velazquez determinó -que se hiciesen pueblos ó villas de españoles en las provincias -de aquella isla, y repartió los indios á los tales vecinos, -como la historia dirá, perdido todo el enojo de Cortés, -dióle tambien indios y su vecindad, y tractóle bien, y honróle -haciéndole Alcalde ordinario en la villa, que despues fué ciudad, -de Sanctiago, donde lo habia avecindado; porque desta -condicion era, cierto, Diego Velazquez, que todo lo perdonaba -pasado el primer ímpetu, como hombre no vindicativo sino -que usaba de benignidad. Tambien de su parte Cortés no se -descuidaba de serville y agradalle, y no enojalle en cosa chica -ni grande, como era astutísimo, de manera que del todo tornó -á ganalle, y á descuidalle, como de ántes. Tuvo Cortés un -hijo ó hija, no sé si en su mujer, y suplicó á Diego Velazquez -que tuviese por bien de se lo sacar de la pila en el baptismo -y ser su compadre, lo que Diego Velazquez aceptó, por honralle, -de buena voluntad. Todas estas honras y favores, que -Diego Velazquez dió y hizo á Cortés, se le tornaron en daño -y perdicion á él por el desagradecimiento de Cortés. Dióse -buena priesa Cortés, poniendo diligencia en que los indios que -le habia repartido Diego Velazquez, le sacasen mucha cantidad -de oro, que era el hipo de todos, y así, le sacaron dos -ó tres mil pesos de oro, que para en aquellos tiempos era -gran riqueza; los que por sacarle el oro murieron, Dios habrá -tenido mejor cuenta que yo. Porque dije que tenia mujer, así -fué, que en el tiempo de sus disfavores Cortés se casó con -una doncella, (aunque Gomara parece decir que primero la -hobo), hermana de un Juan Suarez, natural de Granada, que -allí habian pasado con su madre, gente pobre, y parece que -le debia de haber prometido que se casaria con ella y despues -lo rehusaba. Y dice Gomara, que porque no queria casarse -y cumplir la palabra, estuvo Diego Velazquez mal con -él, y no era fuera de razon ni de justicia, pues era Goberna<span class="pagenum"><a name="Page_14" id="Page_14">[14]</a></span>dor, -y aunque no lo fuera. Así que casóse al cabo, no más rico -que su mujer; y en aquellos dias de su pobreza, humildad y -bajo estado, le oí decir, y estando conmigo me lo dijo, que -estaba tan contento con ella como si fuera hija de una Duquesa.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_15" id="Page_15">[15]</a></span></p> - -<h2 id="XXVIII">CAPÍTULO XXVIII.</h2></div> - - -<p>Tornando al lugar provincia y pueblo donde dejamos á -Diego Velazquez, despues de algunos dias, por nuevas de indios, -supo Diego Velazquez que habia llegado un navío, y en -él ciertos españoles al puerto de Xagua, que estaba de allí -cerca de 200 leguas, por lo cual envió una canoa bien esquifada -de indios remadores, con una carta en que les decia que se -viniesen á donde él estaba, quien quiera que fuesen. Llegada -la carta, holgóse mucho el Capitan, que era Sebastian de Campo, -que fué al que envió el Comendador Mayor á que bojase -aquella isla el año de 8, segun que arriba, en el libro II, capítulo -41, dijimos; holgáronse tambien los que con él venian. -Este habia cargado un navío, suyo ó con otros en compañía, -de vino y mantenimientos para vender á los que estaban en -el Darien, y, despachada su mercadería, tornábase para esta -isla, y llegado allí, como sabia aquel puerto y traia muy perdido -el navío, dejólo allí, y tres pipas de vino y cuatro españoles -que las guardasen, y embarcóse en la canoa con los -españoles marineros que traia, que serian 12 ó 15, y vínose -á donde Diego Velazquez estaba, el cual muy graciosamente -recibiólo. Bien pudieran los indios de Xagua matarlo á él y -á los suyos, sin que dellos memoria hobiera, pero no lo hicieron, -ántes á todos y á los cuatro tractaron como á hijos. Desde -á poco tiempo vinieron á Diego Velazquez nuevas como -habia llegado al pueblo y puerto de Baracóa, Cristóbal de -Cuéllar, Tesorero de aquella isla, y que habia sido Contador -desta, con su hija, doña María de Cuéllar, que habia traido -consigo, por doncella suya, doña María de Toledo, mujer del -almirante D. Diego; tenia ya concertado con Diego Velazquez, -por cartas, de dársela por mujer y él de rescebilla. Este<span class="pagenum"><a name="Page_16" id="Page_16">[16]</a></span> -Cristóbal de Cuéllar era hombre muy prudente, cuanto á -este mundo, y habia servido al príncipe D. Juan de darle la -copa cuando habia de beber. Mostróse siempre en esta isla y -en aquella demasiadamente servidor del Rey é celador de -su hacienda; y dije demasiadamente, porque solia decir que -por el servicio del Rey daria dos ó tres tumbos en el infierno. -Bien podia ser que lo dijese por gracia, pero gracia era desgraciada -y de mal ejemplo para cualquiera cristiano. Mucho -debemos á los Reyes, y la Escritura Divina nos mandó que -los honorifiquemos, obedezcamos, temamos, sirvamos, y la -honra y tributos que se les debe les demos; pero no á -tanta costa como es dar por ellos tumbos en el infierno, porque -no es otra cosa sino posponer á Dios, menospreciándolo -por los Reyes. Así que, sabida por Diego Velazquez la venida -del tesorero Cristóbal de Cuéllar y su hija, que traia para -dársela por mujer, despachóse de allí para ir á celebrar sus -bodas, y dejó allí con 50 hombres á Juan de Grijalva, por -Capitan, mancebo sin barbas, aunque mancebo de bien. Este -era natural de Cuéllar, hidalgo, y tratábalo Diego Velazquez -como por deudo; quedó por Capitan hasta que Narvaez volviese -del alcance que hizo tras la gente de la provincia de -Bayámo, que lo habian querido matar, hácia la de Camagüéy. -Dejó allí con él á un clérigo, llamado el licenciado Bartolomé -de las Casas, natural de Sevilla, de los antiguos desta isla Española, -predicador, á quien Diego Velazquez amaba y hacia -muchas cosas buenas por su parecer, mayormente por sus -sermones cuando predicaba; dejólo como por padre, y quien -aconsejase á Juan de Grijalva, el cual siempre obedeció é -hizo lo que le aconsejaba, el tiempo que le duró el cargo, que -no fué mucho, porque presto volvió Narvaez. Llegó Diego -Velazquez á la villa de Baracóa, y un domingo celebró sus -bodas con grande regocijo y aparato, y el sábado siguiente -se halló viudo, porque se le murió la mujer, y fué la tristeza -y luto, más que la alegría habia sido, doblada. Pareció que -Dios quiso para sí aquella señora, porque dicen que era muy -virtuosa, y quiso prevenirla con la intempestiva muerte, por<span class="pagenum"><a name="Page_17" id="Page_17">[17]</a></span>que -quizá con el tiempo y prosperidad no se trastornara. Estando -las cosas de Diego Velazquez en este estado, tornó Narvaez -de su alcance sin hacer nada, y desde á pocos dias comienzan -los que se habian huido, de miedo de los cascabeles -de la yegua de Narvaez, á la provincia de Camagüéy, á venir -llorando, pidiendo perdon de lo que habian contra Narvaez -cometido y los cristianos, diciendo que habian sido locos y -mal considerados, y que les pesaba mucho dello, y que ellos -querian servir á los cristianos; y en ésto verlos era lástima. -Tenian ya noticia de que allí estaba el Clérigo, que ellos, como -sacerdote ó hechicero de los suyos, estimaban, y así lo llamaban -Behique, y era y siempre fué dellos, y de los demás, -como hombre divino temido y reverenciado. Y cuando los -pobres venian, traian unos sartales de sus cuentas, que arriba -dejamos dicho ser como muelas podridas, pero dellos por -gran riqueza estimadas, y daban un sartal al capitan Narvaez -(que ya no lo era Grijalva), y otro al Padre, los cuales -los rescibian con alegría, y aseguraban diciéndoles que no -tuviesen miedo que ya era aquello pasado, que se fuesen cada -uno á su pueblo, y que ninguno les haria daño. La causa de -la vuelta á su provincia y meterse en manos de sus enemigos, -los españoles, fué, que los vecinos de la provincia de Camagüéy -no los pudieron sufrir, como eran mucha gente, para dalles -de comer de sus bastimentos; y la razon es, porque aunque -todas estas Indias sean abundantísimas de comida, nunca -los indios y vecinos de cada provincia tienen, porque no lo -procuran tener, más de lo que para sí en sus casas han menester, -y aquello tienen y tenian tan cierto, por los ordinarios -buenos temporales, que no tienen miedo de que les ha de -faltar. De aquí tenia colegido, y díjelo en el Consejo del Rey -algunas veces ante personas notables del Consejo de guerra, -que los españoles, siendo algun razonable número, no podian -estar cercados de indios, por la mayor parte de todas estas Indias, -arriba de ocho dias, en fortaleza ó pueblo que aquel tiempo -se pudiesen sin daño defender; la razon que yo tenia y tengo -y allí dí es, porque cada provincia no tiene más de comer de<span class="pagenum"><a name="Page_18" id="Page_18">[18]</a></span> -para sí, é la gente de guerra que tiene, aunque sean muchos, -todavía, siendo los españoles en algun número bastan para -defenderse de aquellos, y si de otra provincia que esté léjos -de aquella, como 20 ó 30 leguas, quisieren venir á ayudarlos, -han de traer á cuestas la comida, cada uno lo que ha de -comer, como no tengan bestias para proveerse de sí mismos y -de otras de bastimentos, pues ésto que se trujese de tan léjos -no puede durar cuatro, ó cinco, ó ocho dias, ni en la provincia -donde vienen no lo han de haber; luégo, de necesidad, la -hambre pura los ha de hacer volver, y así, por consiguiente, -los españoles no pueden estar sino muy poco tiempo cercados -comunmente, si son en algun número para, entre tanto, -sin daño, de que cualquiera provincia se defender. Razon -fué que se me admitió y concedió por personas notables, -como dije, del Consejo de la guerra. Así que, por causa de -que no les comiesen los bastimentos los de la provincia de -Bayámo, no los quisieron rescibir los de la de Camagüéy, -por lo cual, constreñidos los de Bayámo, acordaron de se -volver á sus pueblos y casas y á su menester, aunque les pareció -que se ponian en peligro de que los españoles podian -vengarse dellos; donde se cumplió á la letra, el refran: «la -hambre y el frio fuerzan al hombre meterse por casa de su -enemigo.» Puesto que faltaba en aquellos, que venian á sus -propias casas y no á las de sus enemigos.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_19" id="Page_19">[19]</a></span></p> - - - -<h2 id="XXIX">CAPÍTULO XXIX.</h2></div> - - -<p>Restituida la dicha provincia del Bayámo en sus naturales -vecinos, y estando seguros en sus casas, aunque no mucho -la quietud y seguridad y áun la vida le duró, avisado de -todo Diego Velazquez envió á mandar á Pánfilo de Narvaez, -que con la gente que habia ido tras los huidos, y con los que -él habia dejado con Grijalva, que todos serian hasta cien hombres, -fuese á la provincia de Camagüéy, y por la isla adelante, -asegurándolas, que fuese aquel padre clérigo Bartolomé -de las Casas con él, y creo que le escribió á él que lo hiciese. -Llegaron á la provincia ó pueblo de Cueyba, que estaba en el -camino, ántes de Camagüéy, 30 leguas del Bayámo, donde -Alonso de Hojeda y los que con él padecieron aquellos grandes -trabajos de la ciénaga, hobo aportado y salvádose, y donde -Hojeda dejó la imágen de Nuestra Señora, muy devota, -como se refirió en el libro precedente, cap. 60; y porque los -españoles que habian visto la imágen dicha, porque iban allí -algunos de los que con Hojeda en la ciénaga se habian hallado, -y los que habian ido con el susodicho alcance de la -gente del Bayámo, loaban mucho la imágen al dicho Padre, y -él llevaba otra de Flandes, tambien devota, pero no tanto, -pensó en trocalla con voluntad del Cacique ó señor del pueblo. -Despues de muy buen rescibimiento que los indios hicieron -á los españoles, y ofrecida mucha comida, y los niños -baptizados, que era lo primero que trabajaba hacerse, y todos -aposentados, comenzó á tractar el Padre con el Cacique, que -trocasen las imágenes; el Cacique luégo se paró mustio y disimuló -cuanto mejor pudo, y en viniendo la noche, toma su -imágen y váse á los montes con ella, ó á otros pueblos distantes. -Otro dia, queriendo el Padre decir misa en la iglesia,<span class="pagenum"><a name="Page_20" id="Page_20">[20]</a></span> -que la tenian los indios muy adornada con cosas hechas de -algodon, y un altar donde tenian la imágen, enviando á llamar -al Cacique para que oyese la misa, respondieron los indios -que su señor se habia ido y llevado la imágen por miedo -que no se la tomase el Padre; harto pesar rescibió el Padre y -todos los españoles, temiendo que la gente que hallaron quieta -y pacífica no se alborotase, y áun dudando no quisiesen quizá -hacer, á los españoles y al Padre, guerra por defension de su -imágen; proveyó el Padre que fuesen mensajeros al Cacique, -significándole y certificándole que no queria su imágen, ántes -le daria la que traia graciosamente y de valde; como quiera -que ello fué, nunca quiso parecer el Cacique, hasta que los -españoles se fueron, por la seguridad de su imágen. Era maravilla -la devocion que todos tenian, el señor y súbditos, con -Sancta María y su imágen. Tenian compuestas como coplas sus -motetes y cosas en loor de Nuestra Señora, que en sus bailes -y danzas, que llamaban areitos, cantaban, dulces, á los oidos -bien sonantes; finalmente, lo mejor que se pudo hacer, dejados -los indios contentos y pacíficos como los hallaron, se partieron -los españoles para ir adelante. Entraron en la provincia -de Camagüéy, que es grande y de mucha vecindad de gente, -que estaria de la Cueyba 20 leguas ó más, los vecinos de la -cual, en los pueblos donde llegaban los españoles, tenian de la -comida, pan caçabí, é de la caza que llamaban guaminiquinajes, -aparejado segun ellos podian, y pescado tambien, si lo -alcanzaban. El clérigo Casas, luégo, en llegando al pueblo, hacia -juntar todos los niños chiquitos, y tomaba dos ó tres españoles -que le ayudasen, con algunos indios desta isla Española, -ladinos, que consigo llevaba y alguno que habia él criado, -baptizaba los niños que en el pueblo se hallaban. Así hizo en -toda la isla de allí adelante, y fueron muchos á los que Dios -proveyó de su Sancto baptismo, porque los tenia para su gloria -predestinados, y proveyólo al tiempo que convenia, porque -ninguno ó casi ninguno de aquellos niños quedó vivo -desde á pocos meses, como abajo será, Dios queriendo, declarado. -Y porque los españoles llegando al pueblo, hallando los<span class="pagenum"><a name="Page_21" id="Page_21">[21]</a></span> -indios en sus casas pacíficos, no cesaban de les hacer agravios -y escandalizallos, tomándoles esa laceria que tenian, no -contentándose con lo que de su voluntad los indios daban, y algunos, -pasando más adelante, andaban tras las mujeres y las -hijas, porque ésta es y ha sido siempre la ordinaria y comun -costumbre de los españoles en estas Indias, ordenó el capitan -Narvaez, por persuasion del dicho Padre, que despues que el -dicho Padre hobiese apartado todos los vecinos del pueblo á -la mitad de las casas dél, dejando la otra mitad vacía para é -aposento de los españoles, ninguno fuese osado de ir á la -parte del pueblo donde los indios estaban recogidos y allegados; -para lo cual se iba delante con tres ó cuatro hombres el Padre, -y, llegado al pueblo, cuando la gente llegaba ya tenia los indios -á una parte del pueblo recogidos, y la otra parte desembarazada. -Por esta vía, y porque vian los indios que el Padre -hacia por ellos defendiéndolos y halagándolos, y tambien baptizando -los niños, en lo cual les parecia que tenia más imperio y -auctoridad que los demas, cobró mucha estima y crédito en toda -la isla para con los indios, allende que, como á sus sacerdotes, -ó hechiceros, ó profetas, ó médicos, que todo era uno, lo reverenciaban; -por este crédito y auctoridad que habia entre ellos -cobrado no era menester ir delante, sino enviar un indio con -un papel viejo, puesto en una vara, enviándoles á decir con el -mensajero que aquellas cartas decian ésto y ésto, conviene á -saber, que estuviesen todos quietos y ninguno se absentase -porque no se les haria mal ni daño, y que tuviesen de comer -aparejado para los cristianos, y los niños para baptizar, ó que -se recogiesen á una parte del pueblo, y todo lo que parecia -envialles á avisar, y que si no lo hacian, que se enojaria el -Padre, y ésta era la mayor amenaza que se les podia enviar. -Ellos lo hacian todo de muy buena voluntad, segun su posibilidad, -y era grande la reverencia y temor que tenian á las -cartas, porque vian que por ellas se sabia lo que se hacia en -otras partes absentes; parecíales más que milagro, y así mucho -dellas se maravillaban. Pasaron así algunos pueblos de -aquella provincia por el camino que llevaban, y porque la<span class="pagenum"><a name="Page_22" id="Page_22">[22]</a></span> -gente de los pueblos que estaban á los lados del camino, cudiciosa -de ver gente tan nueva, y en especial por ver tres ó -cuatro yeguas que allí se llevaban, de que toda la tierra estaba -espantada, y las nuevas dellas por toda la isla volaban, -llegáronse muchos á verlas en un pueblo grande llamado el -Caonáo, la penúltima luenga, y el dia que los españoles llegaron -al pueblo, en la mañana paráronse á almorzar en un -arroyo seco, aunque algunos charquillos tenia de agua, el cual -estaba lleno de piedras amoladeras, y antojóseles á todos de -afilar en ellas sus espadas; y acabado su almuerzo, dánse á -andar su camino del Caonáo. En el camino habia dos ó tres -leguas de un llano sin agua, donde se vieron de sed en algun -trabajo, y allí trujeron algunos indios de los pueblos algunas -calabazas con agua y algunas cosas de comer. Llegaron al -pueblo Caonáo á hora de vísperas, donde se halló mucha gente -que tenian aparejada mucha comida del pan caçabí é de mucho -pescado, porque tenian junto un gran rio y tambien cerca -la mar. Estaban en una plazuela, obra de 2.000 indios, todos -sentados en coclillas, porque así lo tienen todos de costumbre, -mirando las yeguas pasmados. Habia junto un gran -bohío ó casa grande, donde estaban más de otros 500 indios -metidos, amedrentados, que no osaban salir; é cuando algunos -de los indios domésticos que los españoles por sirvientes llevaban -(que eran más de 1.000 ánimas, porque siempre andan -desta manera y con grande compaña, y otros muchos que -traian de más de 50 leguas, y otros de los mismos de Cuba naturales), -si querian entrar en la casa grande, tenian aparejadas -allí gallinas, y decíanles: «toma, no entres acá;» porque ya -sabian que los indios que servian á los españoles, no suelen -hacer otras obras sino las de sus amos. Habia costumbre entre -los españoles, que uno que el Capitan señalaba tuviese cargo -de repartir la comida y otras cosas que los indios daban á -cada uno de los españoles, segun era su parte, y estando así -el Capitan en su yegua, y los demas en las suyas á caballo, y el -mismo Padre mirando cómo se repartia el pan y pescado, súbitamente -sacó un español su espada, en quien se creyó que se le<span class="pagenum"><a name="Page_23" id="Page_23">[23]</a></span> -revistió el diablo, y luégo todos ciento sus espadas, y comienzan -á desbarrigar y acuchillar y matar de aquellas ovejas y -corderos, hombres y mujeres, niños y viejos, que estaban sentados, -descuidados, mirando las yeguas y los españoles, pasmados, -y dentro de dos credos no queda hombre vivo de todos -cuantos allí estaban. Entran en la gran casa, que junto estaba, -porque á la puerta della ésto pasaba, y comienzan lo mismo á -matar á cuchilladas y estocadas cuantos allí hallaron, que iba el -arroyo, de la sangre como si hobieran muerto muchas vacas; -algunos de los indios que allí pudieron darse priesa, subiéronse -por las varas y el enmaderamiento de la casa en lo alto -y así se escaparon. El Clérigo se habia, un poco ántes desta -matanza, apartado de donde se hizo á otra plazuela del pueblo, -junto allí, donde lo habian aposentado, y era una casa -grande, en que tambien se habian de aposentar todos, y allí -estaban obra de 40 indios de los que habian traido las cargas -de los españoles de las provincias de atras, tendidos en el suelo -descansando; y acaeció estar con el Clérigo cinco españoles, los -cuales, como oyeron los golpes de las espadas y que mataban, -sin ver nada, porque habia ciertas casas delante, echan mano -á las espadas y van á matar los 40 indios que, de sus cargas y -hatos venian molidos y descansaban, para les pagar el corretaje. -El Clérigo, movido á ira, vá contra ellos reprendiéndolos ásperamente -á estorbarlos, y ellos que le tenian alguna reverencia -cesaron de lo que iban á hacer, y así quedaron vivos los -40, y vánse á matar los cinco á donde los otros mataban; y como -el Clérigo se detuvo en estorbar la muerte á los 40 que habian -venido cargados, cuando fué, halló hecha una parva de muertos -que habian hecho en ellos, que era cosa, cierto, de espanto. -Como lo vido Narvaez, el Capitan, díjole: «¿qué parece á vuestra -merced destos nuestro españoles, que han hecho?» Respondió -el Clérigo, viendo ante sí tantos hechos pedazos, de caso tan -cruel muy turbado: «que os ofrezco á vos y á ellos al diablo.» -Estaba el descuidado Narvaez siempre viendo hacer la matanza, -sin decir, ni hacer, ni moverse más que si fuera un -mármol, porque si él quisiera, estando á caballo, y una lanza<span class="pagenum"><a name="Page_24" id="Page_24">[24]</a></span> -en las manos, como estaba, pudiera estorbar los españoles -que diez personas no mataran. Entónces déjalo el Clérigo, y -andaba de aquí para allí, por unas arboledas, buscando españoles, -que no matasen, porque andaban por las arboledas -buscando á quien matar, y á chico, niño, ni á mujer, ni viejo -perdonaban; y más hicieron, que se fueron ciertos españoles -al camino del rio, que estaba junto, y todos los indios que se -escapaban con heridas y cuchilladas y estocadas, que podian -huir, para irse á echar en el rio por salvarse, hallaban á aquellos -que los acababan. Acaeció más otra crueldad, no digna -de ser callada, para que se vea las obras de nuestros cristianos -en estas partes: que entrando el Clérigo en la casa grande, -donde dije que estarian obra de 500 ánimas, ó las que -habia, que eran muchas, y viendo muertos los que en ella estaban, -espantado, y los que por las varas arriba ó enmaderamiento -se habian escapado, díjoles: «no más, no más, no hayais -miedo, no habrá más, no habrá más.» Con esta seguridad, -creyendo que así fuera, descendió un indio, harto bien dispuesto, -mancebo de 25 ó 30 años, llorando, y como el Clérigo -no traia reposo, por ir á todas partes á estorbar que no matasen, -salióse luégo de la casa; y así como el mancebo descendió, -un español que allí estaba, sacó un alfanje, ó media espada, -y dále una cuchillada por los hijares que le echa las -tripas de fuera, como si no hiciera nada. El indio, triste, toma -sus tripas en las manos, y sale huyendo de la casa; topa con -el Clérigo y cognosciólo, y dícele allí algunas cosas de la fe, -segun que el tiempo y angustia lugar daba, mostrándole que -si queria ser baptizado, iria al cielo á vivir con Dios; el triste, -llorando y haciendo sentimiento como si ardiera en unas llamas, -dijo que sí, é con ésto le baptizó, cayendo luégo muerto -en el suelo, remitiendo lo demas á la misericordia de aquel que -lo habia criado, y via la injusticia con que aquel y los demás -eran tan cruelmente lastimados. Váse luégo á la casa el Clérigo -y halló al infelice hombre que lo habia destripado, y, con -grande impaciencia y turbacion poco ménos hizo con él que -lo que debiera de hacer su descuidado capitan Narvaez, y<span class="pagenum"><a name="Page_25" id="Page_25">[25]</a></span> -aquel fué uno de los flecheros que trujo consigo Narvaez, que -en Jamáica se debia de haber en estas obras ejercitado. Ver -las heridas que muchos tenian de los muertos, y otros que áun -no habian espirado, fué una cosa de grima y espanto, que -como el diablo, que los guiaba, les deparó aquellas piedras de -amolar, en que afilaron las espadas aquel dia de mañana, en -el arroyo donde almorzaron, donde quiera que daban el golpe, -en aquellos cuerpos desnudos, en cueros y delicados, -abrian por medio todo el hombre de una cuchillada. Entre otros -heridos, hobo uno, y áun dijeron que era hermano del Rey é -señor de aquella provincia, viejo, bien alto de cuerpo, y que -en su aspecto parecia señor, que de una cuchillada que le -dieron en el hombro derecho (debíale de acertar en la coyuntura), -le derrocaron todo el lado hasta la cinta, de manera -que, estando sentado en el suelo, tenia en tierra caido todo el -lado, y el asadura y tripas, y cuanto hay en lo hueco se le -parecia, como si estuviera en una escarpia colgado; y fué cosa -de mucho notar, el subjecto y complision natural que aquel -hombre tuvo, porque siendo herido el sábado, cuando se celebró -esta matanza, estuvo hasta otro sábado sentado en tierra, -como dije, con su lado caido, sin comer, salvo beber cada -momento por la sequedad que causa la sangre, y en éste estado, -vivo, los españoles que se partieron el siguiente sábado, -lo dejaron. Quedó mucha lástima en el Clérigo, por no -habello, como á otros muchos, curado con cierta manteca de -tortuga, quemándoles las heridas, de que en aquellos ocho -dias se pudieron curar, y quedaban los que no tenian estocadas -cuasi sanos, y aquel no curó por ser la herida tan -estraña y mortal; creyóse que si le juntaran todo el lado, cosiéndosele -con una aguja grande, ó almarada, segun la complision -tan buena que pareció tener, quizá sanara. Finalmente, -no se supo más dél, y no parecia ser posible dello escapar. -De todo lo dicho yo soy testigo, que lo vide y estuve -presente, y dejo de decir muchas otras particularidades por -abreviar.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_26" id="Page_26">[26]</a></span></p> - -<h2 id="XXX">CAPÍTULO XXX.</h2></div> - - -<p>Preguntado fué quién fué el primero que sacó el espada, y -por qué se movió á comenzar tan gran estrago, pero encubrióse -y disimulóse la persona de quien se sospechó ó se supo; y -si fué aquel que se creyó, sépase que hobo despues tan desastrado -fin, cuanto muchos otros que semejantes virtudes en -estas Indias han obrado. La causa se platicó diciendo, que -habian visto indios que se cebaban á ver las yeguas, demás de -los que estaban, y que era mala señal que nos querian matar; -y porque algunos traian unas alguirnaldas de unos pescadillos, -y de los que se llaman agujas, puestas en las cabezas, -decian, que para darlas con las cabezas y abrazarse luégo -con los españoles, y con unas cuerdas que algunos traian ceñidas, -como suelen, atarlos. Y es verdad, que ni arco, ni flecha, -ni palo, ni cosa que supiese á arma de indios, jamás se -vido ni sospechó que trujesen, ni hobiese en casa del pueblo, -ni en el monte, sino todos desnudos (como dije), sentados -en coclillas, de la manera de unos corderos, estaban, y de -mirar las yeguas, que no se hartaban, pasmados; y es tambien -verdad, que si sobre 2.000 indios, que allí pareció que -habia, hobiera otros 10.000, sólo Narvaez, con su yegua, á -todos los matara, como pareció en los indios de Bayámo, -cuanto más estando con él otros tres ó cuatro á caballo, con -sus lanzas y adargas en las manos. La causa no fué otra, -sino su costumbre, que siempre tuvieron en esta isla Española, -y pasaron á la de Cuba para ejercitarla, de no se hallar -sin derramar sangre humana, porque sin duda eran regidos -y guiados siempre por el diablo. Sabida esta matanza por toda -la provincia, no quedó mamante ni piante, que, dejados sus -pueblos, no se fuese huyendo á la mar, y á meterse en las<span class="pagenum"><a name="Page_27" id="Page_27">[27]</a></span> -isletas, que por aquella costa del Sur hay infinitas, que dijimos -haberles puesto nombre el Jardin de la Reina, el Almirante; -y tanto miedo cayó en ellos, y con tan justa razon, que -no sólo esconderse quisieran en las isletas, pero, si pudieran, -debajo de las aguas, por huir de gente que con tanta razon -juzgaban por crudelísima é más que inhumana. Salidos los españoles -del pueblo, que dejaron tan sangriento, y bañado en -sangre humana, llamado el Caonáo, asentaron Real en una -roca grande, donde habia mucha de la yuca para hacer el -pan caçabí; hechas su choza cada uno, con las personas, -hombres y mujeres que llevaban, porque ninguno, ó pocos, -traian consigo ménos de ocho ó diez personas, puesto que -algunos ménos y otros más, que habian, por grado ó por -fuerza, de los pueblos que quedaban atras tomado, enviaba -los hombres por la yuca, y ellas hacian el pan, y los hombres -tambien traian caza y lo demas. Ya se dijo arriba, que el -Padre clérigo llevaba consigo, entre otros, no tomados por -fuerza, sino que ellos se venian á él de su voluntad, por el -buen tractamiento que les hacia y por el crédito que por la -isla habia cobrado de que los favorecia, y por estar seguros de -los españoles y de sus crueldades, llevaba, digo, consigo, un -indio viejo y principal de esta isla Española, persona entre -indios cuerda y honrada, y éste tambien era cognoscido por -la isla por bueno, y por criado del Padre; al cabo de algunos -dias que estaban en aquel monte ó roca los españoles aposentados, -vino un indio de hasta veinticinco años, por espía, -enviado por las gentes que andaban fuera de sus pueblos, -huidas y descarriadas, y vínose derecho á la choza donde los -indios del Padre clérigo estaban, y habló con el viejo, que se -llamaba Camacho, diciendo queria vivir con el Padre, y que -tenia otro hermano, muchacho de quince años ó poco más, -que se lo traerá tambien para que le sirviese. Asegurólo muy -bien el viejo Camacho, porque lo sabia muy bien hacer, loándole -su propósito, y que el Padre era bueno, y holgaria de -rescibir por sus criados á él y á su hermano, y que allí estarian, -con el mismo viejo y los demás, seguros que ninguno les<span class="pagenum"><a name="Page_28" id="Page_28">[28]</a></span> -hiciese mal, etc., etc. Viene luégo Camacho al Padre, y dále -las buenas nuevas, que por entónces se tenian por tales, porque -no se deseaba otra cosa más que haber algun indio de los -de la tierra, para lo halagar y enviar por mensajero á los demas -desterrados, asegurándolos que se viniesen á sus pueblos -y que no rescibirian más daño; holgóse mucho el Padre, por -el fructo que se esperaba, hace llamar al indio, abrázalo, asegúralo, -dícele que lo rescibiria con su hermano, por sus criados, -y que les hará y contecerá. Pregúntales por la gente demas, -dónde está, y si querrá venir á sus pueblos, certificándoles -que no se les hará mal ninguno; responde, que sí, é que él -traerá los vecinos de un pueblo, que de allí estaba cercano, -cuya era la roca donde los españoles estaban aposentados; -promete que dentro de ciertos dias traerá la gente y á -su hermano. Creo que le dió, ó camisa ó algunas cosillas de -las que tenia, y el mismo viejo Camacho púsole nombre que -se llamase Adrianico, porque tenia en poner nombres, aunque -no estuviesen baptizados, gracia; fuese muy contento Adrianico, -afirmando que él cumpliria su palabra. Estuvo allá -muchos más dias de los que dejó asentados, parece que no -pudo allegar la gente que andaba desparcida y apartada, en -tanto que ya el Padre de su venida desconfiaba, pero Camacho -siempre esperaba; estando, pues, muy descuidado el Padre, -una tarde, cerca de noche, viene Adrianico con su hermano, -y traen consigo, creo, que 180 ánimas, hombres y mujeres -como unos corderos, con sus carguillas de sus cosillas y -pobreza á cuestas, y muchos con sartales de muy buenas mojarras -para el Padre y para los cristianos. Verlos, por una -parte causaban gozo por venir á poblar sus casas, que era lo -que por entónces se deseaba, y por otra lástima y compasion -grande, considerando su mansedumbre, humildad, su pobreza, -su trabajo, su escandaloso destierro, su cansancio, que tan -sin razon alguna se les habia causado, dejado ya aparte, -como olvidado, el estrago y mortandad que en sus padres y -hijos, y hermanos, y parientes y vecinos, tan cruelmente se -habia perpetrado; hobo gran regocijo y alegría en el Real, y<span class="pagenum"><a name="Page_29" id="Page_29">[29]</a></span> -especialmente Narvaez y el Padre; mostráronles todos muchas -señales de paz y amistad, y enviáronse luégo á sus casas -vacías, que estaban junto, que las poblasen, empero, Adrianico -y su hermano, que parecia un ángel, quedáronse con la -familia del Padre, y con el viejo Camacho, que la gobernaba, -cuyo regocijo y alegría fué más que de otros grande. Venidos -éstos á su pueblo y casas, luégo se sonó por la provincia -como los cristianos no les hacian ya mal, y que se holgaban, -que se tornasen todos á poblar, y así lo hicieron, todo perdido -el miedo que con tan urgente causa habian cobrado; pero, -¿para qué fin, si pensais, los españoles, de que se viniesen á -poblar, todos se regocijaban, y el Padre clérigo, para qué -en traellos y asegurallos tanto trabajaba? cierto, no para otro, -al cabo, sino para que, poco á poco, en las minas y en los trabajos -los matasen, como finalmente los mataron; puesto que -aqueste fin no pretendia el Padre, y los españoles no pretendian -directamente matallos, sino servirse dellos como de -animales, posponiendo la salud corporal y espiritual de los -indios á sus intereses, cudicias y ganancias, á lo cual seguírseles -la muerte, no era dubitable sino necesario.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_30" id="Page_30">[30]</a></span></p> - -<h2 id="XXXI">CAPÍTULO XXXI.</h2></div> - - -<p>Aquí ó por aquí túvose nueva de indios, que lo dijeron, -que en la provincia de la Habana, que distaba de aquella -cien leguas ó cerca dellas, que los indios tenian entre sí dos -mujeres españolas, y un hombre español cristiano, y porque -quizá de miedo no los matasen, no aguardó el Padre á llegar -allí, sino proveyó luégo indios con papeles viejos, como se -dijo, por cartas, enviándoles á decir, que luégo, vistas aquellas -cartas, le enviasen las mujeres y aquel cristiano, si nó que se -enojaria mucho si en hacerlo tardasen. Salieron, pues, de -aquellos ranchos los españoles para ir adelante, y llegaron á -un pueblo que estaba en la ribera de la mar del Norte, y -dentro las casas, sobre horcones en el agua, (pasados otros), -llamado Caraháte, la penúltima luenga, al cual puso el Padre -Casa-harta, porque fué cosa maravillosa la abundancia de comidas -de muchas cosas que allí tuvieron, de pan, y caza, y -pescado, y sobre todo de papagayos, que, si no me he olvidado, -en obra de quince dias que allí estuvieron, se comieron -más de diez mil papagayos, los más hermosos del mundo, que -por alguna manera era lástima matallos; y éstos tomaban los -niños subidos en los árboles, como arriba queda declarado. -Algunas veces, todos los españoles en este camino, desde la -provincia de Camagüéy, navegaron por la mar en cincuenta y -más canoas, ó pocas ménos, que no parecian sino una flota de -galeras, las cuales los indios de la tierra de buena gana daban; -bien creo que por echarnos de su tierra, porque nunca jamás -indios, con tener cerca de sí españoles, ganaron nada, sino -muchas inquietudes, agravios, sobresaltos, é al ménos intolerables -importunidades. Así que, estando muy á sabor del vientre, -todos en Caraháte ó Casa-harta, véese venir una canoa<span class="pagenum"><a name="Page_31" id="Page_31">[31]</a></span> -esquifada de indios remadores, y viene á desembarcar junto á -la posada del Padre que estaba bien dentro del agua, en la -cual venia las dos mujeres, desnudas, en cueros, como las parieron -sus madres, con ciertas hojas cubiertas solamente las -partes que suele siempre cubrir la honestidad humana; la una -era de hasta cuarenta años, y la otra de obra de diez y ocho -ó veinte cuando más, vellas, no era ménos que si se vieran -nuestros primeros padres Adan y Eva cuando estaban en el -Paraíso terrenal. Luégo el Padre clérigo pidió á los españoles, -lo primero, camisas con que se cubrieran las carnes, y -despues, de capas y sayas que dieron, se les hicieron faldillas -y mantos, como mejor se pudieron remediar; grande -alegría causó su venida en todos por vellas salvas y entre -cristianos, y ellas no se hartaban de dar gracias por ello á Nuestro -Señor. No desde á muchos dias, tractó el Padre de casallas, -y así se casaron ambas con dos hombres de bien, de los -que allí andaban, que se concertaron. Contáronos como los -indios habian muerto á ciertos españoles, con quien ellas venian -en aquel puerto, que por éste caso se llamó, á lo que -creo, de Matanzas, el cual es un pedazo de mar, y queriendo -pasar los españoles á la otra parte, metiéronse con los indios -en ciertas canoas, y en medio del lago anegáronlas; como sabian -pocos nadar se ahogaron, y con los remos los ayudaron -á salir de esta vida, solas estas dos mujeres, por ser mujeres, -conservaron; siete españoles que supieron nadar salieron á -tierra nadando, con sus espadas, que nunca desampararon, -y salidos del agua fueron á un pueblo, y el Cacique ó señor -dél, díjoles que dejasen las espadas, dejadas, luégo de un -grande árbol que se llama ceíba, la í luenga, los mandó -ahorcar; bien debia de saber cuánto daño solian hacer en los -cuerpos desnudos las espadas. Esto luégo parecerá, á los que -no consideraren las obras de los españoles desta isla Española, -y las nuevas que de aquí y de las islas de los Lucayos á -aquella pasaron, y lo que acostumbran á hacer de fuerzas y -malos tractamientos, áun donde se hallan pocos y los indios -muchos, de los cuales quizá algunos de los españoles que de<span class="pagenum"><a name="Page_32" id="Page_32">[32]</a></span> -ántes habian venido por allí, experimentaron, que fué grande -aquesta inhumanidad y crueldad, y que por tanto, justamente -los españoles hicieron en ellos las crueldades y matanzas susodichas, -etc.; pero los que tal sentencia dieron, acuérdense -de reducir á la memoria el beneficio y benignidad de que los -de la provincia de Cueyba usaron con Hojeda y con los que -con él venian, y el bueno y humano hospedamiento, que al -bachiller Anciso, y á su compañía el Cacique Comendador y -sus gentes hicieron, y no ménos á Sebastian de Campo, en el -puerto de Xagua, donde perdió el navío y dejó cuatro españoles -con las tres pipas de vino, y den la vuelta con su consideracion -á los hechos que de los nuestros toda esta Historia -cuenta, y entónces, sino quedare por ceguedad del entendimiento -ó firmada malicia de la voluntad, yo no dudo sino que -volvieran en lo contrario su parecer, y serán buenos jueces. -Tornando al propósito, no me pude acordar cuando ésto escribia -si les preguntamos, y de creer es que sí, en qué compañía -ó debajo de qué Capitan ó dónde venian éstos con estas -mujeres; finalmente, lo que dello supimos llevadómelo há el -olvido. Envióse una carta ó papel viejo al Cacique que tenia -en su poder al español que arriba se dijo, que lo guardase -muy bien, hasta que á su pueblo llegásemos, y así como de -ántes lo habia hecho lo hizo, y digo como de ántes lo habia -hecho, porque muchas veces otros Caciques y señores de otros -pueblos, sus vecinos, le requerian muchas veces, dellas por -bien, y dellas por amenazas que lo matase, ó se lo enviase que -ellos lo matarian, y nunca quiso, ántes no lo dejaba salir de -cabe sí, ni lo enviaba á parte alguna, tractándolo siempre -como si fuera su hijo. Salieron, pues, de Caraháte ó de Casa-harta -bien hartos de papagayos, como dije, los nuestros, por la -mar en la flota de las canoas dicha, y por la tierra cuando les -convenia, y llegaron á la provincia de la Habana, donde todos -los pueblos vacíos, porque sabida la matanza que habian -hecho en la provincia de Camagüéy, no paraba hombre que á -los montes no se fuese; envió el padre Casas sus cartas ó papeles -viejos con algunos mensajeros á los señores de los<span class="pagenum"><a name="Page_33" id="Page_33">[33]</a></span> -pueblos, que viniesen á ver los cristianos seguros, y que no -hobiesen miedo, como en todas las partes donde allegaban -hacia; y ésto era lo que traia encomendado de Diego Velazquez, -que gobernaba, y el capitan Narvaez tambien mandado, y en -las cartas que le escribia le mandaba que no hiciese guerra ni -mal á nadie, y que primero los indios tirasen flechas ó varas -que los españoles sacasen espada. Vistos los papeles del Padre, -los Caciques, con el crédito que dél concebido habian, -luégo vinieron, creo que 18 ó 19, cada uno con su presente de -comida de lo que tenian; venidos así sobre seguro y en confianza -de lo que el Padre les habia escripto, el capitan Narvaez, -luégo, hácelos prender con cadenas y grillos por buena -venida, y otro dia tractaba de que se pusiesen palos para -quemallos vivos. Sabido por el Padre, rescibió grande angustia, -y, dello por bien y lo ménos por blandura, y de ello y lo más -por rigor, haciéndole muchas amenazas que Diego Velazquez -y el Rey lo castigarian sobre obra tan inícua, si tal cometia, -más de miedo que de voluntad, si no me engaño, pasó aquel -dia y otro, y así se resfrió poco á poco de la crueldad que -perpetrar queria, y al cabo los soltó á todos, salvo uno que -era el mayor señor, segun se decia; éste estuvo y anduvo en -cadenas hasta que Diego Velazquez vino á juntarse con todos -ellos, y lo soltó y puso en su libertad. Pasando adelante, de -pueblo en pueblo, asegurando los indios que en ellos hallaban, -fueron camino del pueblo donde sabian que estaba el -cristiano, y como el señor del pueblo supo que los españoles -á él se acercaban, salió al camino, creo que á obra de media -legua, con cerca de 300 hombres, todos ó muchos dellos de -cuartos de tortuga recien pescada cargados; venian todos delante -cantando, y el Cacique, señor del pueblo, que era un -viejo de más de sesenta años, de buen gesto y alegre, que mostraba -tener sanas entrañas, detras con el cristiano de la mano. -Topáronse los indios y cristianos en un monte, y así como llegaron -los indios á los cristianos, pusieron los pedazos de tortuga -en el suelo, todavía cantando, y luégo sentáronse; llegó -el Cacique al capitan Narvaez, y al Padre, y hecha su mesura<span class="pagenum"><a name="Page_34" id="Page_34">[34]</a></span> -preséntales el cristiano por la mano, diciendo, que aquel habia -tenido como á hijo, y que lo habia él muy bien guardado, y -que si por él no fuera, ya los otros Caciques le hubieran muerto -y maltractado. El Capitan y el Padre lo rescibieron con -grande alegría, y en señal de agradecimiento lo abrazaron y -hicieron el cumplimiento que fué posible allí, de palabra; -el español, ya cuasi no sabia hablar nuestra lengua, sino en la -de los indios hablaba las más palabras; sentóse luégo en el -suelo como los indios, y hacia con la boca y con las manos todos -los meneos que los indios acostumbraban, en lo cual no -poca risa en los españoles causaba. Creo que se entendia dél -que habia tres ó cuatro años que allí estaba; y despues, algunos -dias andados, que de su lengua y nuestra materna se iba -acordando, daba larga relacion de las cosas que por él habian -pasado. Andando por aquella provincia de la Habana, de pueblo -en pueblo, los españoles, y pasando de la costa del Sur á la -del Norte, como frecuentes veces llegaban, por ser la isla por -allí muy angosta, que de 15 leguas no pasa, hallaron un dia -en la costa de Sur, donde agora está la villa de la Habana, ó -por allí, un gran pan de cera amarilla dentro del arena, que -pesaria como una arroba ó poco ménos, acaso; maravilláronse -todos de dónde allí hobiese aportado, como hasta entónces no -se hobiese por aquella mar navegado, sino los navíos que del -Darien dos ó tres veces á aquella isla habian llegado, y parecia -que no habia razon de traer cera, como por entónces -tuviesen otros cuidados. Nunca ésto se determinó hasta que -se descubrió Yucatán y la Nueva España, porque descubierto -Yucatán, cuya primera tierra dista de la punta ó cabo occidental -de Cuba 50 leguas y no más, la cual provincia es, ó -era, de miel y cera muy abundante, y la mar de entre ambas -á dos tierras es baja, debió ser que alguna canoa de indios -mercaderes, que por toda aquella costa de Yucatán mercadeaban, -con tormenta se debió de trastornar, y caida la cera en -lo hondo, por tiempo, poco á poco, la mar debia de allegarla -á la costa de Cuba, donde la hallaron; hallaron tambien por -toda aquella costa del Norte de Cuba, por la Habana en espe<span class="pagenum"><a name="Page_35" id="Page_35">[35]</a></span>cial, -mucha pez que la misma mar sobre las peñas y ribera -echaba, no sabian de dónde viniese, ó cómo la mar la criase, -como en la verdad sea cierta especie de betumen ó de pez, no -de pinos, pero pez verdadera, ó que sirve de lo que la verdadera, -hasta que despues se pobló un pueblo de españoles en -el puerto que nombraron del Príncipe; allí se halló, y la hay, -mina ó fuente della que se saca á pedazos dura, y creo que, -á las veces debe manar líquida ó derretida, por ventura, que -el sol la derrite, porque la que se ve por la costa, más es algo -líquida que dura ó espesa; mezclándola con mucho sebo ó -aceite sirve de lo mismo que la pez de pinos y brea para los -navíos.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_36" id="Page_36">[36]</a></span></p> - -<h2 id="XXXII">CAPÍTULO XXXII.</h2></div> - - -<p>Habiendo en este tiempo Diego Velazquez asentado los vecinos -españoles que le pareció poner en la villa de Baracóa, repartídoles -los indios de las provincias de Maycí, la última luenga, -y de Bayatiquirí, la misma luenga, y no olvidando en el -repartimiento á sí mismo y á su suegro el tesorero Cristóbal -de Cuéllar, y á los que allí más queria, y todos ellos dándose -priesa en buscar y sacar oro con los desnudos indios, determinó -de venir á juntarse con el capitan Narvaez y el Padre y -la demas gente, y ver la tierra de entre medias, y considerar -los lugares donde convernia constituir ó asentar pueblos de -españoles, para lo cual escribió que de la Habana se acercasen -poco á poco hácia donde él venia, y parasen en el puerto -Xagua, donde Sebastian de Campo habia dejado los cuatro españoles -con las tres pipas de vino, y así lo hicieron, y vinieron -á esperalle al puerto de Xagua, donde dijimos arriba, -en el libro II y en éste, los indios tener corrales de inmensidad -de lizas, y haber grande abundancia de aves, y señaladamente -perdices; habia sin ésto copia mucha de todo -bastimento. Llegó al fin Diego Velazquez con algunos españoles -por la tierra, y por la mar en canoas, al dicho puerto de -Xagua, donde Narvaez y los demas estaban, y aposentáronse -todos en la una isleta, de tres que tiene el puerto, donde habia -un buen pueblo de indios, en la cual estuvieron algunos meses -todos, sirviéndoles los indios como á Dioses cuanto les era posible. -En este tiempo envió á descubrir minas, por un rio arriba, -grande y muy gracioso en su ribera, llamado Arimáo, la penúltima -luenga, que sale á la mar, media ó una legua fuera del -puerto; hallaron muy ricas minas y de oro muy fino, como el -de Cibao desta isla, y áun es harto más blando, y por ésto<span class="pagenum"><a name="Page_37" id="Page_37">[37]</a></span> -creo que en más, de los plateros, tenido. Aquí comenzó Diego -Velazquez á pensar en asentar por allí al rededor una villa, y -á encomendar ó repartir los indios, y entre los otros vecinos, -que para la poblacion della se asentaron, fué el dicho padre -Casas, al cual, como á hombre que mucho habia en todos aquellos -caminos servido y trabajado, asegurando la mayor parte -de aquella isla, y excusando hartas muertes de indios, le dió -un muy buen repartimiento dellos, allí cerca del puerto de -Xagua, en un pueblo llamado en lengua de indios, creo que -Canarreo; aquel Padre tenia estrechísima amistad de muchos -años atras en esta isla Española con un hombre llamado -Pedro de la Rentería, varon de gran virtud, cristiano, prudente, -caritativo, devoto, y más dispuesto, segun su inclinacion, -para vacar á las cosas de Dios y de la religion, que hábil para -las del mundo, las cuales él tenia en harto poco y se daba -poco por ellas, y ni se sabia dar maña para las adquirir; era -franquísimo, tanto, que se le podia más atribuir á vicio y descuido -el dar, segun lo poco que tenia, que á discrecion y á -virtud. Entre las otras sus buenas costumbres, resplandecian -en él la humildad y castidad, porque era limpísimo y humilísimo, -y, para con una palabra notificar sus muchas virtudes, habia -sido ó criado, ó que habia seguido la doctrina del Santo, primero -arzobispo de Granada; era latino y tenia sus libros de los -Evangelios con la exposicion de los santos en que leia, era -muy buen escribano, siempre donde vivió, en esta isla Española -y en la de Cuba, tuvo cargo de justicia ó Alcalde ordinario, -ó Teniente de Diego Velazquez. Fué hijo de un vizcaino de -la provincia de Guipúzcoa, hombre virtuosísimo, y de una -dueña, que debia ser labradora, de la villa de Montanches en -Extremadura. Entre aqueste siervo de Dios y el dicho Padre, -allende la amistad estrecha y antigua que tenian, no habia -cosa partida, sino que todo lo que ambos poseian era de cada -uno, y ántes todo se podia decir ser del Padre que de el -Rentería, porque lo gobernaba y ordenaba todo, como fuese -más ejercitado <i>in agibilibus</i>, y en las cosas temporales más entendido, -porque el oficio de Rentería y ocupacion no era sino<span class="pagenum"><a name="Page_38" id="Page_38">[38]</a></span> -rezar, y de su recogimiento y soledad muy amigo, y de las -haciendas ó bienes no tenian más cuidado del que dije. Así -que, como Diego Velazquez trujese de la villa de Baracóa consigo -al Pedro de la Rentería, dióle indios de repartimiento juntamente -con el Padre, dando á ambos un buen pueblo y -grande, con los cuales el Padre comenzó á entender en hacer -granjerías, y en echar parte de ellos en las minas, teniendo -harto más cuidado dellas que de dar doctrina á los indios, habiendo -de ser, como lo era, principalmente aquel su oficio; pero, -en aquella materia, tan ciego estaba por aquel tiempo el buen -Padre, como los seglares todos que tenia por hijos, puesto que -en el tractamiento de los indios siempre les fué humano, caritativo -y pio, por ser de su naturaleza compasivo, y tambien -por lo que de la ley de Dios entendia; pero no pasaba ésto -mucho adelante de lo que tocaba á los cuerpos, que los indios -no fuesen mucho en los trabajos afligidos, todo lo concerniente -á las ánimas puesto al rincon, y del todo punto por -él y por todos olvidado, plaga que Nuestro Señor ha permitido -en todo género de personas de nuestra España en estas -Indias, por sus secretos juicios. Señaló, pues, Diego Velazquez -el lugar donde se asentase una villa, nueve ó diez leguas del -puerto de Xagua hácia el Oriente, porque estaba más en comarca -de los más pueblos de los indios, donde hacia una manera -de puerto, harto mal puerto, porque allí se perdieron -despues algunos navíos; quiso que se llamase la villa de la -Trinidad, como si la Santísima Trinidad hobiera de ser allí -servida. Ordenó que se poblase otra villa más dentro en la -tierra, cuasi en medio de las dos mares del Sur y del Norte, y -llamóla la villa de <i>Sancti Spiritus</i>; otra señaló en el puerto del -Príncipe á la costa del Norte, y otra en el Bayámo, que creo -que se llamó la villa de Sant Salvador, y otra en el puerto de -Santiago, que despues fué ciudad y cabeza del Obispado de -aquella isla. Y así, con la primera, que fué la de Baracóa, hobo -al principio seis villas, despues el tiempo andando, se pobló -la del puerto de Carenas, que agora se llama la de la Habana, -y es la que más concurso de naos y gente cada dia tiene, por<span class="pagenum"><a name="Page_39" id="Page_39">[39]</a></span> -venir allí á juntarse ó á parar y tomar puerto de las más -partes destas Indias, digo de las partes y puertos de tierra -firme, como es de Sancta Marta, Cartagena, del Nombre de -Dios, de Honduras, y Trujillo, y puerto de Caballos, y Yucatán, -y de la Nueva España. Esto es por razon de las grandes -corrientes y vientos brisas que siempre corren entre la tierra -firme de Paria y toda aquella costa y esta isla Española, porque -acaecia estar una nao, desde Sancta Marta, ó Cartagena ó -Nombre de Dios, ocho ó diez meses que no podia tomar este -puerto de Sancto Domingo, que no son más de 200 ó 300 leguas, -y así hallaron ser ménos trabajoso y costoso y más breve -andar más de 500 (y áun para hasta llegar á Castilla, se rodean -más de las 600 para las naos que salen de Sancta Marta -y Cartagena); así que todas las naos se juntan ó vienen á tomar -puerto á la Habana de los puertos y partes dichas. Señalados -los lugares para las dichas villas, y para cada una señalados -los vecinos españoles, y repartídoles los indios de la -comarca, dánse priesa los españoles á hacer sudar el agua -mala á los pobres y delicados indios, haciendo las casas del -pueblo y labranzas, y cada español que podia echarlos á las -minas, y si no en todas las otras granjerías que podian. De allí -envió Diego Velazquez á Narvaez á pacificar, como ellos dicen, -la provincia última, que está al cabo más occidental de aquella -isla, que los indios llamaban de Haniguanica; no me acuerdo -con cuánto derramamiento de sangre humana hizo aquel camino, -aunque estuve presente á su ida y su venida, por ser el negocio -tan antiguo, y pudiéralo despues, dél y los que con él -fueron, haber muy bien sabido y averiguado. Y porque ya -todo lo que más hay que decir de aquella isla, con parte de lo -ya dicho, pertenece al año de 14 y 15 sobre 500, será bien -dejallo aquí hasta su tiempo, y tornar sobre lo acaecido en el -año de 512 y 13 y 14 en esta isla, y en las otras partes que -por aquellos tiempos se trataban destas Indias.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_40" id="Page_40">[40]</a></span></p> - -<h2 id="XXXIII">CAPÍTULO XXXIII.</h2></div> - - -<p>Ya dijimos en el cap. 19, como el siervo de Dios, padre -fray Pedro de Córdoba, que trujo la órden de Sancto Domingo -primariamente á esta isla, fué á Castilla, y lo que allá -hizo, y el crédito que el Rey católico le dió, y en la veneracion -en que lo tuvo, y como, viendo que la perdicion de los -indios creciendo iba por la ceguedad de los que aconsejaban -al Rey, letrados, teólogos y juristas, y conociendo juntamente, -que donde hobiese españoles no era posible haber predicacion, -doctrina, ni conversion de los indios, suplicó al Rey que -le diese licencia para se ir con cierta compañía de religiosos -de su Órden, á tierra firme, la de Paria, y por allí abajo, donde -españoles no tractaban ni habia, y el Rey, como católico, -se holgó mucho dello y le mandó proveer de todo lo necesario -para su viaje y estada en tierra firme á sus oficiales desta -isla; conviene agora tractar de cómo tornó el venerable Padre -con sus provisiones á esta isla, y cómo puso por obra su pasada -á tierra firme. Presentadas las provisiones Reales á los -oficiales del Rey, luégo las obedecieron, y, cuanto al cumplimiento, -se ofrecieron de buena voluntad, cada y cuando -que quisiese, á complillas, y entretanto que se aparejaba, despachó -él todos los religiosos que habian de ir, los bastimentos -y aparejos para edificar la casa, y todo lo demas que habian -de llevar, y dónde y cómo habian de poblar; deliberó el siervo -de Dios de enviar primero tres religiosos á tierra firme, -como verdaderos Apóstoles, para que, solos entre los indios<span class="pagenum"><a name="Page_41" id="Page_41">[41]</a></span> -de la parte donde los echasen, comenzasen á predicar y tomasen -muestra de la gente y de la tierra, para que de todo avisasen, -y sobre la relacion que aquellos hiciesen lo demas ordenar. -Pidió, pues, á los oficiales del Rey, el dicho padre, -que mandasen ir un navío á echar á aquellos tres religiosos -en la tierra firme, la más cercana desta isla Española y los dejasen -allá, y despues, á cabo de seis meses ó un año, tornase -un navío á los visitar y saber lo que habia sido dellos. Los -Oficiales lo pusieron luégo por obra, y mandaron aparejar un -navío que los llevase; dista desta isla, aquella parte de tierra -firme, 200 leguas. Nombró el siervo de Dios para este apostolado, -é impuso, en virtud de santa obediencia y remision de -sus pecados, al padre fray Anton Montesino, de quien arriba -hemos hablado, que predicó primero contra la tiranía que -se usaba con los indios, y anduvo en la corte, como queda -declarado, y á un religioso llamado fray Francisco de Córdoba, -presentado en teología, y gran siervo de Dios, natural de -Córdoba, y que el padre fray Pedro mucho queria; dióles -por compañero al fraile lego fray Juan Garcés, de quien dijimos -arriba, en el cap. 3.º, que siendo seglar en esta isla, fué -uno de los matadores y asoladores della, tambien habia muerto -á su mujer, el cual, despues que recibió el hábito, habia -probado en la religion muy bien, y hecho voluntaria -gran penitencia. Todos tres, muy contentos y alegres, dispuestos -y ofrecidos á todos los trabajos y peligros que se les -pudiesen por Cristo ofrecer, porque confiados y seguros por -la virtud de la obediencia, que de parte de Dios les era impuesta -(que ninguna otra mayor seguridad, el religioso en -esta vida puede tener para ser cierto que hace lo que debe, y -que todo lo que le sucediere ha de ser para su bien), rescibida -la bendicion del santo padre, se partieron; llegados á la -isla de Sant Juan, el padre fray Antonio Montesino enfermó -allí, ó por el camino, de peligrosa enfermedad, de manera -que pareció haber de padecer riesgo su vida, si adelante con -aquella indisposicion pasaba, por lo cual acordaron que se -quedase allí hasta que convaleciese. El presentado y padre<span class="pagenum"><a name="Page_42" id="Page_42">[42]</a></span> -fray Francisco de Córdoba, y el hermano fray Juan Garcés, -lego, fueron su viaje, y díjose que con alegría iba cantando -aquello de David: <i>Montes Gelboe nec ros nec pluvia cadat super -vos, ubi ceciderunt fortes Israel</i>. Llegados á tierra firme, salieron -en cierto pueblo, que por mi inadvertencia no procure saber, -cuando pudiera, cómo se llamaba, él debia ser, segun imagino, -la costa de Cumaná abajo. Los indios los rescibieron con -alegría, y les dieron de comer y buen hospedaje, á ellos y á los -marineros que los llevaron, y despues de que los marineros -descansaron, tornáronse á esta isla, de donde los oficiales del -Rey los habian enviado. Pasados algunos dias, y quizá meses, -como ya comenzaba á bullir en los españoles la cudicia de -las perlas que por allí se pescaban cerca, vino por allí un -navío á rescatar perlas y á robar tambien indios, si pudiera, -porque ya lo mismo se comenzaba, ó queria comenzar, por -allí otra vendimia, como en las islas de los Lucayos los españoles -habian hecho, de que abajo se dirá, si Dios quisiere. Saltaron -en tierra los españoles que en el navío venian, y como -vieron los religiosos, holgáronse mucho con ellos, y los indios -que siempre que vian navíos tenian miedo por los daños muchos -que, por aquella costa, de los españoles habia recibido -los años pasados, como en el libro I y II se dijo, por tener la -prenda que tenian en los religiosos, y la seguridad que los religiosos -les daban, que no rescibirian daño, no huyeron del -pueblo, como solian, ántes rescibieron á los españoles, mostrando -de verlos contentamiento; y así los hospedaron y proveyeron -de comida, de todo lo que tenian, abundantemente. -Estuvieron allí en fiesta y conversacion amigable los unos con -los otros algunos dias, y uno dellos convidaron al señor del -pueblo, que se llamaba Alonso, ó D. Alonso (no supe si los -religiosos aquel nombre le pusieron, ó quizá algunos cristianos -que por allí habian de ántes pasado, porque los indios -comunmente son amigos de tener nombres de españoles), convidáronlo, -digo, á él y á su mujer, que fuesen á ver el navío, -y que les darian allá de comer y se holgarian; el Cacique ó -señor del pueblo aceptó el convite con aprobacion de los<span class="pagenum"><a name="Page_43" id="Page_43">[43]</a></span> -religiosos, porque creia tener buena prenda en ellos teniéndolos -en su pueblo, porque de otra manera no se fiara de -la verdad de los españoles, y con esta seguridad entra en la -barca, con su mujer y 17 personas, que debian de ser hijos, y -deudos, y queridos criados. Llévanlos al navío, y entrando -dentro y alzando las anclas, y desplegando las velas, y echando -mano á las espadas para metellos debajo de cubierta, -porque no se echasen al agua, fué todo uno. Aquí es de considerar, -qué sintirian la gente del pueblo que desde la ribera -los estaban mirando, y cuál sería el sobresalto que los religiosos -rescibirian cuando acudiesen á ellos, que deberian -estar en un aposento rezando descuidados, todos los vecinos -del pueblo alborotados, dando voces, preguntándoles que qué -podia ser aquello que á su señor con los demas llevasen los -cristianos. Acométenlos á matar, creyendo que habian sido ellos -en la maldad de llevalles su señor los españoles, excúsanse -cuanto pueden lo frailes; los unos y los otros, no hacen sino -llorar y plantear. Hácenles entender, que, en viniendo por allí -otro navío, enviarán á decir á los otros cristianos, y Padres que -en esta isla estaban, que hagan luégo tornarlos, y señálanles -que desde á cuatro lunas ó meses los tornarán, y otros cumplimientos -que pudieron hacer para los aplacar y que no los -matasen. Estando en esta tribulacion y angustia tan acerba y -tan grande los indios y lo frailes, para mayor condenacion -de algunos de lo que en ésto fueron culpados, y para algun -consuelo de los religiosos y suspender la ira y amargura de -los indios con alguna esperanza, trujo Dios por allí un navío, -que no causó poca alegría en ambas á dos partes; saltaron -en tierra los del navío, hallan los frailes y los indios atribulados, -dánles los religiosos, del mal tan grande cometido, parte; no -se espantaron, porque sabian que aquellas obras tales eran -propias, dellos mismos quizá tambien acostumbradas; ofrécese -á los religiosos y á los indios de venir presto á esta isla, y -dar nueva dello, y trabajar que el Cacique Alonso ó D. Alonso, -con su mujer y los demas, á su tierra y casa tornasen. -Escriben los religiosos al padre santo, fray Pedro de Córdo<span class="pagenum"><a name="Page_44" id="Page_44">[44]</a></span>ba -lo acaecido, y el estado y peligro en que quedaban, y -que tuviesen por cierto, que si dentro de los cuatro meses que -habian señalado á los indios, el Cacique no era tornado, que -los habian los indios de matar; el navío se partió para esta -isla con este recaudo.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_45" id="Page_45">[45]</a></span></p> - -<h2 id="XXXIV">CAPÍTULO XXXIV.</h2></div> - - -<p>Llegado el primer navío que habia hecho la traicion, con su -cabalgada de inocentes, al puerto de Sancto Domingo, ó los -vendió el Capitan del navío por esclavos, ó se los tomaron los -mismos oidores, no creí yo que por detestacion del pecado -tanto, cuanto porque no lo habia hecho con su licencia y autoridad, -y ésto, no sabiendo áun que los hobiese tomado de la -tierra y pueblo donde quedaban los religiosos; y la diligencia -que hicieron, para restituirlos en su libertad y á sus tierras, fué -repartillos entre sí los mismos jueces ó oidores, ó por esclavos, -ó por naborias para perpétuamente servirse dellos. Habia en -estas islas, entre los españoles, dos maneras de esclavos perpétuos, -la una, los que podian vender públicamente, como los -que tomaban en las guerras, y la otra, los que no se podian -vender que se supiese, y éstos llamaban naborias, puesto que -para vendellos, tambien secretamente, buscaban y tenian mil -mañas y cautelas; comunmente llamaban los indios en su -lengua naborias los criados y sirvientes ordinarios de casa. -Desde á pocos dias llegó el otro navío con las cartas de los -religiosos y las nuevas de la obra que aquellos habian hecho; -entónces, el Capitan, que principalmente la habia cometido, -sintiendo que su insulto y maldad era descubierta, acogióse -al monasterio que allí se comenzaba de la Merced, y tomó el -hábito por miedo de la justicia. Vistas las cartas de los religiosos -los del monasterio de Sancto Domingo, y conocido el -grande y cierto peligro en que aquellos quedaban, fué el padre -fray Anton Montesinos, que ya era venido á esta isla de la -de Sant Juan, á donde habia quedado enfermo, y mostró las<span class="pagenum"><a name="Page_46" id="Page_46">[46]</a></span> -dichas cartas á los oidores, rogándoles y suplicándoles, y despues -muchas veces requiriéndoles, proveyesen de poner en libertad -al cacique D. Alonso, y á su mujer, y á sus 17 personas, -y los mandasen meter con toda brevedad en un navío y restituillos -en su tierra ántes que á los frailes matasen los indios. -Aprovecharon poco los ruegos y clamores y requerimientos -que se les hicieron, ni el riesgo y peligro y cierta muerte de -los religiosos que en tierra firme quedaban, y escándalo de -aquellas gentes é infamia de la religion cristiana que de allí -resultaba, que les representaron, porque todo lo pospusieron -por no dejar las personas que de aquel robo á cada uno habian -cabido, cuanto entre sí los repartieron; de estas justicias han -sido innumerables las que los jueces del Rey han ejercitado en -estas Indias. Por manera, que así se consumieron el cacique -D. Alonso y los suyos en los trabajos y provechos temporales -de aquellos jueces, y los indios de tierra firme, pasadas las -cuatro lunas ó meses, viendo que los frailes no salian verdaderos -en lo que les habian dicho, que se les restituiria su Cacique, -acordaron de matallos y en efecto los mataron; y así, -cierto, fué mártir fray Juan Garcés, habiendo sido en esta isla -uno de los destruidores della, y otro diablo; del presentado y -felice padre fray Francisco de Córdoba, ménos hay que dudar, -segun era tenido por religiosísimo y siervo de Dios. Del martirio -de los semejantes ningun cristiano prudente debe titubear, -como quiera que allí hubiesen ido mandados por la obediencia -de su Prelado, y por causa de la predicacion de la fe -enviados y ellos otro fin no pretendiesen; y esta causa dá forma -propiamente al martirio, puesto que los indios no los mataron -por la fe, sino como á españoles de quien sospechaban -haber tenido parte ó arte en la injuria, injusticia y daño que -se les habia hecho llevándoles su señor por haberse fiado -dellos, ó como á parte y personas de aquella nacion contra -quien tenian ya justa guerra, ya que á los predones é injuriadores -no podian haber. Finalmente, cuanto á la razon del -martirio de parte dellos toca, ellos fueron muertos por la fe -y así se debe tener por cierto estar reinando con Jesucristo<span class="pagenum"><a name="Page_47" id="Page_47">[47]</a></span> -Supimos despues, de algunos indios, que primero mataron al -fraile lego estando el Presentado atado y viéndolo matar, en -lo cual parece haber proveido la bondad divina á la flaqueza -del fraile lego, que pudiera en la fe y virtud desmayar, dejando -para la postre al que, como más ejercitado en la virtud y -religion, y tambien en las letras, debia tener mayor constancia. -Aquí podrá cualquiera pio cristiano y áun discreto varon, considerar, -quién dará cuenta á Dios y cuánto se les habrá zaherido -(porque todos son muertos), la muerte de aquellos siervos -de Dios, y la predicacion de tantas ánimas como hobieran de -los indios convertido, aunque no fuera más de baptizar los -niños, que desde entónces acá, que han pasado cuarenta y -ocho años largos, que murieron y mueren sin bautismo. Dejo -de decir el escándalo grande que por toda aquella tierra hobo, -y aborrecimiento de los cristianos y nombre de Cristo, y por -consiguiente de los religiosos, por quien habian de ser alumbrados -y convertidos, lo cual todo, no ha causado chica jactura -en la Iglesia de Jesucristo, tomando principio de allí la perdicion -grande de aquel gran pedazo de tierra firme. Añidiéronse -luégo á aquellos muchos otros escándalos que los españoles, -con achaque de ir á sacar perlas de la isleta de -Cubagua, que allí está junto, á los vecinos y gente que por -aquella costa vivian, cada y cuando que podian, hacian. Acordaron -de hacer un pueblo en la misma isleta, y, porque no tiene -agua ninguna potable, iban en barcos al rio de Cumaná, que -está de allí 7 leguas y traiánla en pipas, de donde resultaba -mil insultos que cometian en los indios, como abajo, si Dios -quisiere, será dicho; acrecentaron otros buenos recaudos, y -éstos fueron señalados muy muchos y execrables, conviene á -saber, que como los indios desta isla se iban del todo acabando, -y habian tambien acabado los innumerables vecinos -de las islas de los Lucayos, acordaron de hacer armadas de -dos y de tres navíos, para ir á saltear las gentes de aquella -tierra firme y traerlas á esta isla, y hacer dellos lo que de -los naturales della hicieron y de los que trujeron de las dichas -islas de los Lucayos. Los estragos que con estas armadas<span class="pagenum"><a name="Page_48" id="Page_48">[48]</a></span> -en aquella tierra firme y en las islas comarcanas cometieron, -si Dios quisiere, parecerán abajo, y así, por toda aquella tierra -firme quedó el nombre de Jesucristo y de la religion cristiana -tan infamado, cuanto ninguno lo puede encarecer ni áun -imaginallo.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_49" id="Page_49">[49]</a></span></p> - -<h2 id="XXXV">CAPÍTULO XXXV.</h2></div> - - -<p>El primer Obispo que, de los nombrados arriba y primeros -de todas las Indias, que fueron señalados para esta isla y -para la de Sant Juan, vino á ella consagrado, fué el licenciado -D. Alonso Manso, que dijimos ser canónigo de Salamanca. Este -era teólogo y persona de muy buena vida, en las cosas del -mundo no muy experimentado, hombre recto, humilde, simple -y llano, y, por estas calidades virtuosas, del Rey y de la -Reina bien estimado; al cual cometieron que visitase aquella -Universidad de Salamanca, y porque los doctores y catedráticos -salieron al recibimiento, creo, del príncipe D. Juan ó de -los mismos Reyes, con ciertas vestiduras de seda ó raso, á -costa del arca de la Universidad, los condenó en que de sus -casas lo pagasen, y fué aquesta condenacion entónces harto -notada y nombrada. Venido á su obispado é isla de Sant Juan, -como en Castilla se tenia en práctica que la granjería principal, -con que acá se allegaban dineros y adquirian oro los -hombres, era tener repartimiento de indios para echarlos -en las minas, nunca haciéndose caso ni boqueándose que los -indios cada dia perecian en las minas, matándolos, y en los -otros trabajos al sacar del oro ordenados, debió de pedir el -señor Obispo al Rey que le diese su repartimiento como á los -demas se daba. Finalmente, que tuvo repartimiento de indios, -y sirviéndose dellos, no sabré decir si los hizo echar á las minas, -ó se contentó con ocupallos solamente en los otros trabajos, -como eran en las labranzas donde se hacia el pan y lo -demas para mantener la casa, pero con todas sus virtudes y -teología, no cayó en su ceguedad, y de los españoles á quien -él era obligado á alumbrar, de como aquellas gentes eran -opresas y tiranizadas contra toda razon y justicia, y perecian<span class="pagenum"><a name="Page_50" id="Page_50">[50]</a></span> -sin doctrina, y sin fe y sacramentos eternalmente; y en su -tiempo, que no fué poco lo que vivió en aquella isla, dentro -del cual cuasi todos murieron, no hobo más cuidado ni memoria -de la obligacion que él y los españoles tenian á la enseñanza -é instruccion de aquellas gentes, y á no se servir -dellos donde perecian, que si no fueran hombres, y así, con -este descuido y simplicidad, murió el buen Obispo, aunque -no faltó quien, muchos años ántes que muriese, en Castilla, -le avisase. Pocos meses despues de llegado á aquella -isla, quiso llevar diezmos personales á los vecinos españoles -dellas, dándole el diezmo de lo que cada uno, por su persona -adquiriese, y creo que debia tambien pretender del oro que -ganasen y adquiriesen de las minas y de las otras granjerías con -los indios, pero los españoles resistieron, como sepan volver -por sí. No sé los comedimientos que el Obispo con ellos hizo, -ni los que ellos con él hicieron, pero él procedió con sus censuras -contra ellos, como á pertinaces desobedientes, lo mismo -hicieron ellos, con harta temeridad y desvergüenza, porque, -por escarnio y haciendo burla dél, lo descomulgaban -ellos; quitábanle, á lo que yo me acuerdo, la comida ó parte -della, en lo que ellos podian, hiciéronle grandes desacatos y -molestias, en tanto grado, que, como era manso y humilde, -no pudiéndolas sufrir ó no sabiendo darse á manos con ellos, -acordó de se ir á Castilla á quejarse al Rey, ó á tornarse á Salamanca, -á su canongía. Estuvo en Castilla tres ó cuatro años, y -no faltando quien le acusase la consciencia, y tambien quien -le nombrase para Inquisidor en esta isla, hóbose de tornar, y -estuvo aquí algun año ó dos, entendiendo en las cosas del -Santo Oficio, y despues se fué á su Obispado, donde, como se -dijo, vivió muchos dias. No tractó más de los diezmos personales -por evitar el escándalo, aunque era escándalo de malicia, -porque todo hombre cristiano es obligado por derecho á pagar -los diezmos personales, si la Iglesia lo pide. Los pecados que en -aquellas desobediencias y menosprecios de las censuras, y afrentas, -y escarnios que de su Prelado y Obispo cometieron, algunos -de los culpados los comenzaron á pagar en esta vida; de uno<span class="pagenum"><a name="Page_51" id="Page_51">[51]</a></span> -se yo que murió malamente, porque, estando en su cama seguro, -entró otro y le dió de puñaladas, y así, creo yo, que á los -demas les vinieron en esta vida tribulaciones hartas, como sobrevinieron -en aquella isla, sino que no hemos mirado en ello, -aunque bastaba para provocar la indignacion divina y destruillos -á todos haber ellos destruido los indios. El obispo de -la Concepcion y de la Vega desta isla, no vino á ella sino despues -de algunos años, y entretanto envió un Provisor, llamado -D. Cárlos de Aragon, doctor de París en teología, solemnísimo -predicador, que donde predicaba todo el mundo se iba tras él -por oirlo. Este doctor, como era aragonés, y el tesorero Pasamonte -lo era tambien, y era persona de tan grande autoridad -en esta isla, y en Castilla con el Rey, é Conchillos, el Secretario, -aragonés, y que rodeaba todo lo de estas partes, y el Factor -desta isla tambien aragonés, y con ser doctor de París -y tener grande gracia de predicar, y caballero, que áun dijeron -ser pariente del Rey, con todos estos adminículos y favores, -y no haber en esta isla entónces letrados, sino los frailes -de Sancto Domingo, y éstos, viviendo en su pobreza y humildad, -haciendo poco estruendo de lo que sabian, el doctor don -Cárlos, cierto, daba de sí en los sermones grandes y claras -señales de arrogancia y presuncion; entre otras era, que los -briales de su madre vendia para estudiar en París, y los estudios -y trabajos que en adquirir las letras que sabia habia pasado. -Alegaba muchas veces á su maestro Joanes Majoris en el -púlpito, y cuando lo alegaba tiraba el bonete, diciendo con -gran reverencia: «esto dice el tal doctor Joanes Majoris»; -subió más su presuncion, á mostrar tener en poco la doctrina -de Sancto Tomás, y hablar del Santo con una manera de menosprecio, -diciendo así cuando tractaba de materias: «perdone -el señor Sancto Tomás, que en ésto no supo lo que dijo,» y -cuando esto decia, quitaba el bonete. En este tiempo predicaba -muy sueltamente proposiciones nuevas y que, oidas por los religiosos -de Sancto Domingo, que los seglares les iban á referir, -juzgaban ser escandalosas y mal sonantes, y entre otras, entendieron -que cogian los seglares, decir D. Cárlos en ciertas<span class="pagenum"><a name="Page_52" id="Page_52">[52]</a></span> -materias, no ser pecado mortal lo que lo era, por manera que, -pareciéndoles que el pueblo comenzaba á padecer peligro -oyendo doctrina no sana, acordaron de ocurrir á ello, y no me -acuerdo sobre qué materia, que habia predicado D. Cárlos, -mandó el Vicario de los frailes á un padre fray Bernardo de -Sancto Domingo, que era el más docto y habia sido uno de -los primeros que habian traido la Órden acá, que fuese á fijar -ciertas conclusiones en el púlpito de la iglesia de la ciudad, -contra la doctrina que habia predicado D. Cárlos, estando toda -la iglesia llena de gente, que debia ser dia de fiesta. El tesorero -Pasamonte y todos los demas, ó con buen celo por impedir -escándalo, ó porque la honra, crédito y autoridad que -habia D. Cárlos adquirido en esta isla, no padesciese algun -daño, rogando é importunando mucho al padre fray Bernardo, -le impidieron que las conclusiones no fijase; el cual, visto que -aunque porfiase á fijarlas no podria salir con ello, porque -por bien ó por mal no lo dejaran, acordó tornarse á su casa -sin hacer más; lo que pudieron hacer los religiosos fué, recoger -las más proposiciones que pudieron haber, que D. Cárlos -habia, ó era fama entre los seglares que habia predicado, y enviarlas -á España al Provincial, para que allá las viesen, y lo que -conviniese remediasen. Desde á algunos dias, acuerda D. Cárlos -irse á España; llegó á Sevilla y mudó la color del hábito, vistiéndose -de paño humilde y pardo. Comienza á predicar en -muchas iglesias y lugares, y váse toda la ciudad tras él, donde -quiera que predicaba; ó por el aviso que de acá los religiosos -de Sancto Domingo dieron, ó porque Dios no se olvidaba de -la honra y autoridad de Sancto Tomás, comenzaron á le ir á -oir é notar los frailes de la Órden lo que predicaba. De Sevilla -váse á Castilla y á la corte, predica por ella, vánle á oir los -frailes, colígenle muchas proposiciones no dignas de verdadero -cristiano, y, segun entendí, el padre fray Diego de Victoria, -solemnísimo predicador en España, de la misma Órden, -y hermano del maestro fray Francisco de Victoria, que tanta -claridad por su doctrina desparció en España, denunció dél -á los inquisidores veinticinco ó treinta errores y herejías,<span class="pagenum"><a name="Page_53" id="Page_53">[53]</a></span> -que habia predicado. Prendiéronlo, y al cabo, en Búrgos lo -sentenciaron á que se retractase y desdijese, y anatematizase, -creo que, de veinticinco erróneas proposiciones de diversas -calidades, dañadas; el cual, en presencia de toda la corte, en -la iglesia mayor de Búrgos, creo, el año de 513, subido en -un púlpito, se desdijo y retractó y anatematizó, segun le sentenciaron, -y retractándose de cierto error, dijo: «en ésto que -dije de tal y tal materia, digo que dije mal.» Responde -el obispo de Búrgos, que era D. Juan Rodriguez de Fonseca, -del que arriba hemos hablado y hablaremos, si place á Dios, -áun harto, á alta voz: «decid que mentísteis»; dice D. Cárlos, -«digo que mentí.» Condenáronlo en privacion perpétua de la -predicacion, y que todos los dias de su vida estuviese en un -monasterio haciendo penitencia, encerrado, y, finalmente, -nunca él despues jamás pareció; y díjose que el Rey católico -trabajó mucho de que con él se hobiese la Inquisicion piadosamente -y no saliese afrentado, así como por ser aragonés y -más como deudo suyo, pero no pudo acaballo. Y por ésta -manera hirió y castigó la divina justicia la soberbia y arrogancia -de D. Cárlos, y volvió por la doctrina y santidad del -santo doctor Sancto Tomás, á quien habia en sus sermones, -cuando dél hablaba, irreverenciado.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_54" id="Page_54">[54]</a></span></p> - -<h2 id="XXXVI">CAPÍTULO XXXVI.</h2></div> - - -<p>En el libro I hicimos mencion de cómo el Almirante primero, -que estas islas é Indias descubrió, entre otras, hizo edificar -una fortaleza en la Vega, junto al pié del cerro grande -donde se puso la cruz que dura hasta hoy, con la cual toda -esta isla tiene gran devocion; esta fortaleza era de tapias y -madera, la cual, para se defender pocos españoles de indios -desnudos, en cueros, sin armas, como éstos eran, era más -fuerte, mucho, que Salsas para contra franceses. En este tiempo -de que vamos en este libro hablando, ya la fortaleza se iba -cayendo, ó lo más della era caido, y ni habia para qué haber -fortaleza, como fuesen muertos los indios todos, y ni para -otros enemigos, porque si para otros hobiera de ser, si no eran -pájaros, poco aprovechaba aquella; con todo ésto no faltó -quien diese aviso en Castilla, que se pidiese el Alcaidía della, -y el Rey la dió con cierta quitacion cada año por ella, engañado -por los que le servian, llevándole ó haciéndole llevar -sus dineros, sin fruto y sin provecho, como cada dia vemos -que inventan oficios sin ser menester, sólo para su interese y -provecho y para hacer sus casas, y de los que ellos quieren, -aquellos de quien el Rey más se fia en estas Indias, y aún en -Castilla, y ésto no es sino robar al Rey, sin temor de Dios y -suyo, y lo peor es que se lo venden por servicio. Así que, por -ésta misma forma fué lo de aquesta fortaleza, que estando caida -ó que se caia, y en un desierto, como está toda aquella Vega, -porque muertos los indios, luégo se despobló de españoles, y -no paró en ella algun vecino, pidiéronla al Rey católico, y hizo -merced de la Alcaidía della como si fuera la de Fuenterrabía; -ésta se concedió á un Rodrigo de Alburquerque, hombre de -autoridad y que tenia manera de caballero, y, segun se dijo, -era muy deudo del licenciado Zapata, que, segun arriba queda<span class="pagenum"><a name="Page_55" id="Page_55">[55]</a></span> -dicho, era el de los del Consejo de quien más el Rey caso -hacia, por ser de gran seso y en el Consejo muy antiguo. -Este Rodrigo de Alburquerque vino á esta isla, y tuvo la fortaleza -ó tapias podridas, pero lo principal era repartimiento -de indios; estuvo acá no mucho tiempo, y habidos algunos dineros, -sacados con los sudores de los indios en oro de las -minas, para tornar con mejor cargo fuese á Castilla, y bien -creo que dejó su casa é granjerías enhiestas, y para las aumentar -los tristes indios. Llegado allá, negoció luégo lo que -le debia de haber llevado, y ésto fué ser repartidor de -los indios; y éste fué el primero repartidor de indios, sin -ser Gobernador, porque hasta entónces siempre anduvo con -la gobernacion el repartir de los indios. Este oficio, apartado -de la gobernacion, era el que hacia, hiciera, y hoy -haria, señor de toda la provincia ó reino al que lo tenia -ó tuviese, al cual se temeria y adoraria, no se curando -ninguno del que fuese Gobernador y administrase la justicia, -porque poder dar ó quitar indios, ésto es lo que se ha -estimado, amado y temido por los españoles en estas Indias; -lo cual, conosciendo bien un docto y sancto religioso de la -órden de Sancto Domingo, que escribió un tractado breve contra -la tiranía del repartimiento en esta isla, de que abajo, si -Dios quisiere, se hará mencion, dijo que los españoles adoraban -dos ídolos en estas tierras, uno mayor, y otro menor: el -mayor era el que repartia los indios, al cual, por contentarlo, -porque diese ó no quitase los indios, hacian mil maneras de -cirimonias, lisonjas y mentiras, y honores, en lugar de sacrificios; -el ídolo menor eran los desventurados indios, á los -cuales no estimaban ni amaban, y adoraban las personas, -sino el uso, trabajos y sudores, como se usa del trigo, del -pan ó del vino, y si queremos podemos no absurdamente -decir, que, al cabo, en cada demora ó temporada, que duraba -el sacar del oro, al mismo oro sacrificaban los indios matándolos -en las minas. Tornando al propósito, alcanzó Rodrigo de -Alburquerque, del Rey, fácilmente, por estar de por medio el -dicho licenciado Zapata, el oficio de repartidor de los indios<span class="pagenum"><a name="Page_56" id="Page_56">[56]</a></span> -en esta isla, y fué aquel oficio quitado al almirante D. Diego, -que gobernaba esta isla, y así de la gobernacion distincto; de -lo cual el Almirante se agravió despues, y sobre ello pedia -justicia, puesto que tan poca tenia él como Alburquerque -para pedillo por la parte que tocaba á la injusticia que á los -indios en ello se hacia, pero, si fuera otra cosa de preeminencia -y aprovechamiento de honra ó de hacienda, ninguna duda -se debe tener sino que, por sus privilegios, muy bien ganados -y merecidos por su padre, se le debia de justa justicia. Vino, -pues, por repartidor Rodrigo de Alburquerque á esta isla, y -el poder que le dió el Rey trujo una cláusula, que hiciese el -repartimiento general con parecer del tesorero Pasamonte, -porque ya está dicho arriba, que el tesorero Pasamonte fué -una persona muy prudente y de mucha autoridad, y de gran -crédito para con el Rey, y cuasi todo lo que por entónces habia -por estas partes poblado de españoles se gobernaba en -Castilla por su parecer. Tambien queda dicho en el segundo -libro, como cuando vino el dicho tesorero Pasamonte á esta -isla, que fué el año de 508, habian quedado en ella de las multitudines -de vecinos y gentes que habia, 60.000 indios, no vecinos, -sino chicos y grandes, mujeres y niños, y el año de 509, -cuando vino el Almirante segundo, D. Diego, habia 40.000; pero -cuando vino este Rodrigo de Alburquerque por repartidor el -año de 514, habia hasta 13 ó 14.000 indios, por manera que, por -estos grados, iban matando y destruyendo estas gentes nuestros -españoles, con la priesa que les daban, echándolos á las -minas y á los otros trabajos á ellas ordenados, por hacerse -ricos, lo cual nunca alcanzaron, sino siempre vivian en hambre -y sed de oro, y todo se les deshacia entre las manos, y al -cabo los más morian llenos de deudas, y muchos no salian de -cárceles, y otros huian por los montes, y, escondidos en navíos, -se pasaban á otras partes destas Indias los que podian. -Esto era manifestísimo juicio de Dios, para que se cognosciese -la iniquidad, injusticia y crueldad que á estas gentes se hacia, -y cuán bañado en sangre humana era todo lo que adquirian.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_57" id="Page_57">[57]</a></span></p> - -<h2 id="XXXVII">CAPÍTULO XXXVII.</h2></div> - - -<p class="i2">En el cual se contiene cómo se hobo el repartidor Alburquerque en el repartimiento que -hizo.—Como se dijo que habia vendido los repartimientos.—Los clamores y quejas que -dieron dél.—Cómo rezaba la Cédula de la Encomienda, y lo que proveyó el Rey sobre -las quejas que dél á Castilla fueron.</p> - - -<p class="p2">Venido, pues, Alburquerque con su oficio de repartidor, -adobó todo lo que hasta entónces se habia errado cerca de los -tristes indios por esta vía; mandó apregonar con gran solemnidad -el repartimiento general de toda esta isla, como si fuera -desde su primer descubrimiento que estaba de gentes plenísima; -mandó visitar y contar todos los indios que habia en la -isla, y en éste comedio, pasando algunos dias, díjose que, hablando -con los españoles vecinos que tenian dineros, y que -esperaban repartimiento de indios, y otros quizá que no lo -esperaban, decia que se habia casado con una doncella de -mucho merescimiento y que habia menester dineros, que le -harian gran placer si le prestasen algunos los que los tenian, -y por otras vías y cautelas daba á entender, que quien quisiese -indios, ó más en número que otro, indios ó indias, más -cercanos de las minas ó más dispuestos al propósito de dar -mayor provecho al que le cupiesen, que le habia de dar dineros. -Finalmente, como quiera que ello fué, se publicó y se -dieron quejas dél grandísimas, que habia vendido los repartimientos -de los indios ó algunos dellos; pues como los 13.000 -ó 14.000 indios estaban repartidos en los muchos vecinos que -habia en esta isla, que eran el resíduo y las heces de los que -cada uno habia muerto, y hobo de engrosar los repartimientos -para darlos á los que le parecia ó queria hacer más honra, -por amor ó por favor, ó á quien los habia vendido, dejó á<span class="pagenum"><a name="Page_58" id="Page_58">[58]</a></span> -todos los más, ó á muchos de los vecinos, sin darles algunos -indios; de aquí fueron terribles los clamores que los que sin -indios quedaron daban contra él, como contra capital enemigo, -diciendo que habia destruido la isla. La Cédula que daba -del repartimiento y encomienda rezaba desta manera: «Yo, -Rodrigo de Alburquerque, repartidor de los Caciques é indios -en esta isla Española, por el Rey é la Reina, nuestros señores, -por virtud de los poderes Reales que de Sus Altezas hé y tengo -para hacer el repartimiento y encomendar los dichos Caciques -é indios é naborias de casa á los vecinos é moradores desta -dicha isla, con acuerdo y parecer, como lo mandan Sus Altezas, -del señor Miguel de Pasamonte, Tesorero general en estas -islas y tierra firme por Sus Altezas; por la presente, encomiendo -á vos, Nuño de Guzman, vecino de la villa de puerto -de Plata, al cacique Andrés Guaybona con un Nitayno suyo, -que se dice Juan de Barahona, con 38 personas de servicio, -hombres 22, mujeres 16; encomendósele en el dicho -Cacique, siete viejos que registro, que no son de servicio, encomendósele -en el dicho Cacique, cinco niños que no son de -servicio, que registro, encomendósele asimismo dos naborias -de casa, que registro, los nombres de los cuales están declarados -en el libro de la visitacion y manifestacion que se hizo en -la dicha villa ante los Visitadores y Alcaldes della; los cuales -vos encomiendo para que vos sirvais dellos en vuestras haciendas, -é minas, é granjerías, segun é como Sus Altezas lo -mandan, conforme á sus ordenanzas, guardándolas en todo y -por todo, segun é como en ellas se contiene, é guardándolas -vos, los encomiendo por vuestra vida é por la vida de un heredero -hijo é hija si lo tuviéredes, porque de otra manera Sus -Altezas no vos los encomiendan, ni yo en su nombre vos los -encomiendo: con apercibimiento que vos hago, que, no guardando -las dichas ordenanzas, vos serán quitados los dichos -indios. El cargo de la conciencia del tiempo que los tuviéredes, -é vos sirviéredes dellos, vaya sobre vuestra consciencia é no -sobre las de Sus Altezas, demás de caer é incurrir en las otras -penas dichas é declaradas en las dichas ordenanzas. Fecha en<span class="pagenum"><a name="Page_59" id="Page_59">[59]</a></span> -la ciudad de la Concepcion, á 7 dias del mes de Diciembre -de 1514 años.—Rodrigo de Alburquerque.—Por mandado del -dicho señor Repartidor, Alonso de Arce.» Bien hay que considerar -cerca desta encomienda, y de la firma de la Cédula, y lo -primero, á cuánta infelicidad de diminucion y perdicion habia -llegado esta isla, que donde habia sobre tres millones de vecinos -naturales della, y que aquel Cacique y señor Guaybona, por -ventura tuvo, como todos comunmente los menores señores -áun tenian, sobre 30 y 40.000 personas en su señorío, por -súbditos y 500 Nitaynos (Nitaynos eran y se llamaban los -principales como Centuriones y Decuriones ó jurados, que tenian -debajo de su gobernacion y regimiento otros muchos), -le encomendase Alburquerque á Nuño de Guzman un Nitayno -y 38 personas, y tantos viejos inútiles ya para trabajos, aunque -nunca los jubilaban ni los dejaban de trabajar, y lo mismo los -cinco niños; y fuera bien que tomara cuenta Rodrigo de Alburquerque -á Nuño de Guzman, que cuántos habia muerto de la -gente de aquel Cacique, desde que la primera vez se los encomendaron, -pero no tenia él aquel cuidado. Lo otro que se -debe de considerar, es la sentencia que contra los del Consejo -del Rey, sin entenderla, daba, manifestando la tiranía tan -clara, que en tan gran perjuicio é injusticia destas gentes sustentaban, -diciendo y haciendo, «se os encomienda el Cacique -fulano, (conviene á saber, el señor y Rey en su tierra), para -que os sirvais dél y de sus vasallos, en vuestras haciendas y -minas, y granjerías,» etc. ¿dónde mereció Nuño de Guzman, -que era un escudero pobre, que le sirviese con su misma persona -el Rey y señor de su tierra propia, Guaybona, con el cual -pudiera vivir, cuanto á la sangre y cuanto á su dignidad, dejada -la cristiandad á parte, la cual, si á Guaybona se le predicara, -por ventura y sin ella, fuera mejor que él cristiano, no más -de porque Nuño de Guzman tuvo armas y caballos, y Guaybona -no las tenia, y así todos los demas? no hobo más justicia -que aquesta, ni otro título más justificado para que Guaybona, -Rey, sirviese en sus haciendas, minas y granjerías, como si -fuera un gañan, al escudero Nuño de Guzman. Lo mismo ha<span class="pagenum"><a name="Page_60" id="Page_60">[60]</a></span> -sido en todo lo que se ha hecho cerca destos repartimientos, -en perdicion destas gentes, en estas partes, y ninguna causa, -derecho, título, ni justicia otra ha habido más; la cual, los -del Consejo del Rey, pues eran letrados, y por ello honrados, -estimados, encumbrados y adorados, no habian de ignorar. -Lo tercero que conviene aquí no sin consideracion dejar -pasar, es el escarnio de las palabras de la Cédula, dignas de -todo escarnecimiento, conviene á saber: «guardando las ordenanzas -de Sus Altezas en todo y por todo, porque de otra manera, -Sus Altezas no os los encomiendan, ni yo en su nombre -vos os los encomiendo, con apercibimiento que vos hago, -que, no guardándolas, vos serán quitados»; item, «el cargo -de la conciencia del tiempo que los tuviéredes y vos sirviéredes -dellos, vaya sobre vuestra conciencia, y no sobre las de -Sus Altezas», etc. ¿Qué mayor y más clara burla, ni más perniciosa -mentira y falsedad? poner aquellas amenazas no era -sino como si á un lobo hambriento le entregaran las ovejas, y -le dijeran: «mirad, lobo, yo os prometo que si las comeis, que -os tengo luégo de entregar á los perros, que os hagan pedazos», -ó á un mancebo muy ciego y apasionado de amor de una -doncella, con amenazas que le harian y acontecerian, y él -jurase y perjurase de nunca llegar á ella, pero que los dejasen -solos en una cámara, ó, por más propiamente hablar, -como si á un frenético le dejasen navajas muy afiladas en la -mano, encerrado con unos niños, hijos de Reyes, confiando -en que le habian certificado con amenazas, que si los mataba -lo habian de matar. Así ha sido, con muy mayor verdad que -los ejemplos puestos notifican, lo que se ha hecho encomendando -los indios á los españoles, poniéndoles leyes y penas, -y haciendo en ellas amenazas ó alharacas, porque nunca se -quitaron los indios á quien era manifiesto que los mataba, y -las penas otras no se ejecutaban, y que se ejecutaran, era un -castellano ó dos, y cosa de escarnio; y si fueran mayores, y -aunque les pusieran horcas cabe sus casas, que en muriéndosele -el indio de hambre ó de trabajo los habian de ahorcar, con -estas condiciones los tomaran y no los dejaran de matar como<span class="pagenum"><a name="Page_61" id="Page_61">[61]</a></span> -los mataron, porque la cudicia y ánsia de haber oro era y es -siempre tanta, que ni la hambre del lobo, ni la pasion del mozo -enamorado, ni el frenesí del loco se le puede igualar: ésto está -ya en estas Indias bien averiguado. Y lo más gracioso desta Cédula, -ó por mejor decir mayor señal de insensibilidad, fué lo -que dice, que sea á cargo de la conciencia del que los indios -matare y no de Sus Altezas, como si dando los Reyes, tan -contra ley y razon natural, los indios libres á los españoles, -aunque no los mataran, como los mataban y mataron, no -fueran reos de todos los trabajos y angustias, y privacion de su -libertad que los indios padecian, cuanto más que veian y era -manifiesto, en Castilla como acá, que los indios, por dalles á -los españoles, perecian y se acababan, y así no eran excusables, -pues no los libertaban; por este nombre de Reyes, entiendo -los del Consejo del Rey, los cuales tenian y tuvieron toda la -culpa, pues tiranía tan extraña sustentaron y aprobaron, poniéndoselo -el Rey en sus manos, y así, el Rey, sin duda ninguna, -quedó deste tan horrible y enormísimo pecado libre, -como arriba queda declarado. Hecho este tan execrable repartimiento, -como dejó á muchos de los españoles sin indios, por -rehacer ó engrosar los repartimientos y darlos á quien le pareció, -y se tuvieron por agraviados, hobo grande grita y escándalo -en esta isla, y fueron á Castilla grandes clamores y -quejas del Rodrigo de Alburquerque, y llegaron á oidos del -Rey, pero como él se fué luégo á Castilla y tenia al licenciado -Zapata, que, como se ha dicho, era el supremo del Consejo, y -á quien el Rey católico daba mayor crédito, de tal manera fué -Rodrigo de Alburquerque mamparado y excusado, que hicieron -hacer al Rey firmar una Cédula harto inícua y contra -ley natural, conviene á saber, que él aprobaba el dicho repartimiento, -y de poderío absoluto suplia los defectos que -en él hobiesen intervenido, y ponia silencio para que dél más -no se hablase, como si el Rey tuviese poder absoluto para ir -contra los preceptos de la ley natural, ó aprobar y suplir lo -que fuese cometido contra ella, que no es otra cosa sino quitar -y poner ley natural, lo que el mismo Dios no pudo hacer,<span class="pagenum"><a name="Page_62" id="Page_62">[62]</a></span> -porque no puede negar á sí mismo, como dice Sant Pedro, pero -éstos semejantes errores y otros peores, aunque no sé si otros -peores pueden ser, hacen hacer á los Reyes algunas veces los -de sus Reales Consejos, de lo cual se quejaba aquel gran -rey Artaxerxes, como parece en el capítulo final del libro de -Esther. Los defectos de aquel repartimiento fueron muchos -contra razon y ley natural, como fué aquel general de dar los -hombres inocentes, libres, en tan mortífero captiverio, y á los -señores naturales de vasallos hacellos siervos de los mismos -trabajos, sin respecto ni diferencia de los demas; el otro, vendellos -ó dallos por dineros, si lo que se dijo fué verdad; lo -otro, no tener respeto alguno al provecho de los indios desmamparados, -dándolos á quien mejor los tratase, sino á quien -más favor tenia ó amistad, ó más dineros quizás daba; lo otro, -porque supuesta la tupida ceguedad que todo género de hombres -por entónces tenia, y pluguiese á Dios que hasta hoy no -durara en muchos, que estimaban y estiman los indios ser -propia hacienda de los españoles, despues que una vez se los -repartian, ó porque habian, como ellos dicen, servido en los -guerrear, sojuzgar, matar y robar, lo cual toman por su muy -glorioso título, muy gran agravio Alburquerque hizo á los -que, por dallos á otros, quitaba y dejaba sin indios, y así hacíales -injuria é injusticia, y era contra ley y razon natural, -en la cual, el Rey, dispensar ni suplir los defectos no podia. -Otros defectos é iniquidades puede cualquiera discreto varon, -del dicho repartimiento que Alburquerque hizo, colegir.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_63" id="Page_63">[63]</a></span></p> - - -<h2 id="XXXVIII">CAPÍTULO XXXVIII.</h2></div> - - -<p>Y porque viene á propósito de lo dicho, que los Consejos -de los Reyes hacen muchas veces determinar grandes errores -á los Reyes, acaeció por este tiempo, que, como el padre Vicario -de los Dominicos, fray Pedro de Córdoba, de quien habemos -hablado arriba, cuando estuvo en Castilla informó á algunos -religiosos de los daños y perdicion que aquestas gentes -padecian y habian padecido, y, entre los otros, fué informado -dél un padre llamado fray Hierónimo de Peñafiel, persona de -mucha estima y autoridad en la provincia de España, el cual -fué á Roma por los negocios de la Órden, siendo Maestro general -de toda ella el Gaetano; éste padre, como informase al -dicho Gaetano de aquellas pocas cosas que habia oido al dicho -padre, fray Pedro de Córdoba, las cuales, cierto, eran, y con -verdad, pocas en cualidad ó crueldad y cantidad ó número, -porque no eran sino las desta isla, y destas el padre fray -Pedro habia oido harto pocas segun las infinitas que despues -por todo este orbe se cometieron, respondió el Gaetano: <i>¿Et tu -dubitas Regem tuum esse in inferno?</i> Estas palabras formales me -certificó á mí, que ésto escribo, el dicho padre fray Hierónimo -de Peñafiel, siendo Prior de Sant Pablo de Valladolid el -año de 517, haberle dicho el Gaetano, y porque por aquel -tiempo escribia sobre la <i>Secunda secundæ</i> de Santo Tomás, -acordó de escribir contra esta tiranía en la cuestion 66 sobre -el art. 8.º, donde halló el propio lugar para la materia; el cual -en muy pocas palabras, con cierta distincion que de infieles -hizo, dió luz á toda la ceguedad que hasta entónces se tenia, -y áun hoy, por no mirar ó por no seguir su doctrina, que es -verdadera y católica, se tiene; y cerca de lo que dijo el Gaetano, -que no habia duda estar el Rey en el infierno, por con<span class="pagenum"><a name="Page_64" id="Page_64">[64]</a></span>sentir -ó permitir tan inhumanas injusticias, débese entender, -tomando el Rey por su Consejo, porque si el Rey voluntariamente, -sin Consejo, mandara entrar en estas Indias de la manera -que los españoles en ellas entraron, y perpetrar en estas -gentes los males, crueldades, y daños, que en ellas hicieron, -ninguna duda se debe tener, que, segun la ley de Dios, él estaba -en el infierno, si penitencia no le valió al tiempo de su -muerte; pero porque, como arriba queda largamente dicho, -el Rey mandó siempre con diligencia juntar Consejo una y -muchas veces sobre ello, y estaba aparejado para seguir é -mandar poner en ejecucion lo que determinase su Consejo, si -algunos en el infierno por esta causa están, no es, cierto, el Rey, -sino es los de su Consejo, porque no les era lícito ignorar el -derecho pues era de su oficio, mayormente el natural, y para -declararlo el Rey los honraba y remuneraba haciéndolos de -su Consejo, como arriba tambien se ha dicho; y si las diligencias -que el Rey hizo el Gaetano supiera, no dudo yo sino -que al Rey excusara y condenara á los de su Consejo. Tornando -á los repartidores, despues de ido Alburquerque á Castilla, -envió el Rey á un licenciado Ibarra, á tomar residencia -al Alcalde mayor, Marcos de Aguilar, y á los otros sus oficiales -del Almirante, que luégo murió, como en el cap. 53 del -libro II se dijo, y éste creo que trujo poder de dar y quitar -indios, el cual muerto, envió el Rey al licenciado Cristóbal -Lebron, y éste trujo el mismo cargo de tomar la dicha residencia -y de los indios, pero no removió indios algunos de quien -los tenia, mas de, cuando vacaban, repartíalos ó encomendábalos -á quien se los pedia ó él darlos queria. Despues de estos -repartidores, como los indios cada dia se disminuian y no eran -ya cuasi en nada tenidos, lo uno por ser pocos, y lo otro por -estar tan flacos, desventurados, que ya no eran sino de poco -ó ningun servicio, tuvo cargo de darlos un fraile de Sant -Francisco, llamado fray Pedro Mexía, que era Provincial ó Prelado -guardian del monasterio de Sant Francisco, y de la ciudad -de Sancto Domingo; dije que tuvo cargo de dallos, y lo mismo -los repartidores ántes dél, pero no curó, como ni curaron<span class="pagenum"><a name="Page_65" id="Page_65">[65]</a></span> -los otros, más del bien y vida de los indios, y mucho ménos -de su doctrina para que conociesen á Cristo, que si fueran -unos animalitos, y así, murió el dicho padre fray Pedro Mexía -en su ignorancia cerca de ésto, como los predecesores suyos -en aquel oficio muerto habian.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_66" id="Page_66">[66]</a></span></p> - - -<h2 id="XXXIX">CAPÍTULO XXXIX.</h2></div> - - -<p>Dejamos en el estado que está dicho esta isla y las demas, -suponiendo siempre que en todas cuatro perecian cada dia, en -las minas y en los otros trabajos, los indios, sin haber más -cuidado un dia que otro de su salud espiritual, como tampoco -lo habia de sus vidas. Item, que, como cada dia creciese la -granjería de las perlas, se hacian de continuo grandes escándalos -é insultos por los nuestros en aquella costa de tierra -firme; lo mismo que, como los indios yucayos eran grandes -nadadores, acordaron, los que los tenian en esta isla y los que -podian, ir á saltear el rebusco que dellos habia quedado en -sus islas, ó de otra cualquiera manera, comprados ó trocados, -ó vendidos, que podian habellos, enviallos á la dicha isleta de -Cubagua á que sacasen perlas, donde todos se consumian y -donde fué su final acabamiento, segun que arriba, en el libro II -y en éste, queda dicho. Esto así supuesto, volvamos á contar las -cosas que acaescieron por estos años de 12, 13 y 14, en aquella -parte de tierra firme donde quedaron poblados los españoles -que habian escapado de las armadas de Alonso de Hojeda y -Diego de Nicuesa, que fueron los primeros Capitanes que pidieron -al Rey ser Gobernadores en tierra firme, que tan desastrado -fin tuvieron, y los demas que llevó consigo el bachiller -Anciso y un Colmenares, segun en los postreros capítulos -del libro II queda escrito; en cuyo cap. 64 referimos como el -bachiller Anciso, que habia ido con un navío é cierta gente -de esta isla Española, en favor y socorro del Gobernador -Alonso de Hojeda, pobló el pueblo del Darien y lo intituló -Sancta María del Antigua, por cierto voto que habia prometido. -Refirióse más, como los españoles que allí estaban le quitaron -la obediencia, y eligieron Alcaldes y Regidores de entre<span class="pagenum"><a name="Page_67" id="Page_67">[67]</a></span> -sí mismos, y los Alcaldes fueron, Vasco Nuñez de Balboa, natural -de Badajoz, y á un Juan de Çamudio, vizcaino. Estos, -con todo el pueblo, echaron de la tierra á Diego de Nicuesa, y -fueron causa que infelicemente feneciese, puesto que Vasco -Nuñez á la postre remediallo quisiera, como en el capítulo final -de aquel libro se dijo, el cual, despues de Nicuesa ido, como era -de buen entendimiento, y mañoso, y animoso, y de muy linda -dispusicion, y hermoso de gesto y presencia, y tambien por -haber acertado en la tierra que habia dicho, cuando en el -navío de Anciso se perdieron, como en el cap. 63 de aquel -libro referimos, cobró mucha estima y autoridad y muchos -amigos en aquella compañía; confiado de todos adminículos, -viéndose con vara de justicia, (y Dios sabe, y áun los hombres -lo podrian juzgar, la jurisdiccion que tenia, que ninguna era, -como allí se dijo), presumió, segun se dijo, de perseguir al bachiller -Anciso que lo habia llevado en su navío, y vengarse -de ciertas palabras que le dijo cuando por la mar venian, desque -supo Anciso que habia entrado escondido en una pipa de -harina. Para lo cual hizo proceso contra Anciso, oponiéndole -que habia usurpado y usado jurisdiccion que no tenia, haciéndose -Alcalde mayor, como no tuviese poder del Rey, sino -de Hojeda, que ya era muerto, etc.; echóle prisiones en la -cárcel pública, secrestóle y confiscóle los bienes, y al cabo, -por ruegos de algunos, soltóle dellas con apercibimiento y -penas que en el primer navío que viniese se fuese á Castilla, -ó á esta isla, lo que Anciso más que otra cosa queria. Acordaron -todo el pueblo que se enviasen procuradores á esta isla, -al Almirante y á los jueces, pidiéndoles socorro de mantenimientos -y gente, temiendo la hambre que cada dia se les -ofrecia, por tener turbada y levantada, por sus obras malas, -toda la tierra; lo mismo, que fuese quien hiciese relacion al -Rey, pasando á Castilla. Y considerando Vasco Nuñez que -las vejaciones que se habian hecho á Diego de Nicuesa, y lo -mismo las de Anciso, se pagarian algun dia, y tambien quizá -por se quedar sólo en el mandar y señor de toda aquella -tierra, tuvo sus maneras de persuadir á su compañero, el al<span class="pagenum"><a name="Page_68" id="Page_68">[68]</a></span>calde -Çamudio que tuviese por bien de ir á Castilla, á llevar -las nuevas del gran servicio que allí habian hecho al Rey -en tener hecho aquel pueblo, y tomada posesion de aquella -tierra firme por Su Alteza, (puesto que no la tomó él sino -Anciso), y lo que cada dia le esperaban servir, porque estaban -en la más rica tierra del mundo, de donde á Su Alteza grandes -tesoros vernian. Trabajó tambien que se enviase á esta isla -Valdivia, uno de los Regidores y muy amigo suyo, porque lo -habian sido ambos, siendo vecinos, de la villa de Salvatierra -de la Çabana, que estaba en el cabo de esta isla, en la punta ó -cabo del Tiburon, donde yo á ambos conocí, para hacer saber -al almirante D. Diego Colon, que la gobernaba, y al tesorero -Pasamonte, que tenia grande autoridad, como algunas veces -he dicho, el estado y servicio del Rey en que quedaban, y en -tierra muy rica, que les enviasen gente, armas y comida, -para lo cual envió buena cantidad de oro, y secretamente al -tesorero Pasamonte un buen presente dello, segun se dijo. -Embarcáronse, pues, en una chica carabela, el Çamudio y -Valdivia y el bachiller Anciso, dando Vasco Nuñez al Valdivia -el proceso que habia hecho contra el dicho Anciso. Todavía, -estando ya embarcado Anciso, ántes que se hiciesen á la -vela, fueron ciertos de aquellos vecinos, por ventura movidos -por el Vasco Nuñez, á rogalle que saliese en tierra, y no se -fuese, que ellos se ofrecian de intervenir para que fuesen -amigos él y Vasco Nuñez, y que lo dejaria usar el oficio de -Alguacil mayor, como pretendia, y lo demas que le pudieron -ofrecer, pero él nunca quiso. Los cuales, Çamudio, y Valdivia, -y Anciso, llegaron á Cuba, y rescibieron las buenas obras -de los indios vecinos della, como en el cap. 24 referimos; -desde allí pasaron todos tres á esta isla, donde se quedó Valdivia, -y los otros dos pasaron á Castilla. En este tiempo venian -algunos indios por espías, para ver si los cristianos, de -quien tanto mal cada dia recibian y temian recibir, se iban, -ó qué acordaban hacer, y esta venida coloraban con traer -maíz y cosas de comer, porque les diesen cuentas, y cuchillejos -y cosillas de Castilla; y, porque se fuesen, decíanles<span class="pagenum"><a name="Page_69" id="Page_69">[69]</a></span> -que en la provincia de Cueba, que distaba 30 leguas, habia -mucho oro y mucha comida. Acordó Vasco Nuñez enviar á -Francisco Pizarro, con seis hombres, para que fuese á descubrir -por allí la tierra; salidos por el rio arriba, tres leguas, -salieron 400 indios con su señor Cemaco, escarmentados -de la guerra que les habia hecho Anciso, cuando Vasco -Nuñez dió el aviso de hallar aquel rio y pueblo de aquel señor, -como en el cap. 63 dijimos, y dan en Francisco Pizarro y en -sus seis compañeros, con muchas flechas y piedras, de manera -que á todos descalabraron y hirieron. Mas como las flechas -no tenian hierba, porque por allí no hacian ó no sabian -hacella, no les hicieron mucho daño; los españoles arremeten -contra los 400, y desbarrigan con las espadas, dellos, 150, -sin muchos otros que hirieron. Viéndose los indios tan maltratados -de los siete, volvieron las espaldas, que es siempre -su más seguro y postrero remedio, como gente desnuda en -cueros. Dejáronse uno de los seis, llamado Francisco Herran, y -los demas todos muy heridos volviéronse á su pueblo; desque -Vasco Nuñez los vido, rescibió pesar grandísimo, y mayor -desque le dijeron que Francisco Herran aún quedaba vivo, -y, en pena de lo haber dejado, mando á Francisco Pizarro, -no embargante que venia mal herido, que tornase por él -con cierta gente, y así lo trujo; no supe si murió de aquellas -heridas. Salió luégo Vasco Nuñez con cien hombres al campo, -y anduvo ciertas leguas hácia la provincia de Cueba, cuyo -Rey tenia por nombre Careta, donde tenian nueva que habia -mucho de aquel cebo del oro que todos pretendian, y no halló -persona que le resistiese, ni viese, de paz ni de guerra; no -porque no supiesen que salia, porque en tener espías no se -descuidan los indios, sino por el miedo que á Vasco Nuñez ya -tenian, porque no eran como quiera los estragos que en los -indios, cuando en ellos daba, hacia. Tornóse desde á pocos -dias al pueblo del Darien, y dijeron algunos que traia propósito -de, si hobiese Nicuesa vuelto, dalle la gobernacion y sometérsele, -y debia de platicarlo así, por reguardo de cumplimiento -si acaso volviese, porque su entendimiento á ésto y á<span class="pagenum"><a name="Page_70" id="Page_70">[70]</a></span> -más que ésto se estendia. Llegado al Darien, visto que Nicuesa -no volvia, tuvo color de enviar por los españoles pocos -que de Nicuesa estaban en el Nombre de Dios, con dos bergantines, -los cuales, viniendo por la costa arriba, y llegando -á un puerto de la tierra del Cacique y señor de Cueba, llamado -Careta, salieron á ellos dos españoles, desnudos, en cueros, -pintados de colorado, que es la color de la que en esta isla -llamaban lixa. Estos dos, con otro, que fueron tres, habia año -y medio que se habian salido huyendo del navío de Nicuesa, -cuando pasaba en busca de la provincia de Veragua, por -temor de la pena que Nicuesa quisiera dallos por alguna culpa -en que debieran de haber incurrido, los cuales se fueron á -poner en manos del cacique Careta, que pudiera hacerlos pedazos, -segun las obras via ya que los españoles por aquellas -provincias hacian, pero no lo hizo, ántes los rescibió como -si fueran sus deudos, y los trató siempre como á sus hijos. -Y, porque los que andan los pasos que andaban todos éstos, -no pueden dejar de ofender á Dios, y á otros, y á si mismos -en todas maneras, estando en poder y á peligro de quien pudiera -justamente destruillos, no siendo más de tres, aún no -les faltaban soberbia y rencillas, no pudiendo sufrirse; y así, -habiendo palabras los dos, un dia, echaron mano de las espadas, -y el uno, que se llamaba Juan Alonso, dejó al otro -mal herido. Viendo ésto el Cacique, señor de la tierra, llamado -Careta, hízolo su Capitan en la guerra, como á hombre -más valiente, contra ciertos enemigos que tenia, sin el consejo -y parecer del cual ninguna cosa hacia; del tercero no supe -qué se hubiere hecho, debió de morirse. Desque vieron los de -los bergantines y gente de Nicuesa, los dos de su compañía, -que eran vivos, fué grandísimo el gozo que con ellos rescibieron; -á los cuales, platicando en las cosas de la tierra, dijeron -ser de oro muy rica, certificándoles que, si Vasco Nuñez -viniese con gente sobre ella, serian todos ricos, y para ésto el -Juan Alonso se ofreció que él daria el Cacique, y que ya era -señor suyo, en las manos preso. Esto debia él hacer para le -pagar el caritativo y humanísimo rescibimiento y tractamien<span class="pagenum"><a name="Page_71" id="Page_71">[71]</a></span>to -que el cacique Careta les hizo, pudiéndoles dar meritísimamente -la muerte, y por cumplir con la fidelidad que por -ley y razon natural á Careta, Rey y señor ya suyo, debia. -Finalmente, acordaron que, para efectuar todos sus deseos, -era bien que se fuese con ellos el uno para informar largo -de las cosas de la provincia, que, como dijimos, se llamaba -Cueba, á Vasco Nuñez, y el Juan Alonso se quedase para -cuando fuese menester hacer la presa. Júzguese aquí si éstos -dos, ó á lo ménos el Juan Alonso, era traidor á su señor, á quien, -al ménos tácitamente, habia prometido fidelidad, pues lo habia -hecho su Capitan y tomado por consejero; item, si eran -ambos, en suma ingratitud, desagradecidos, y los que tales -ofertas les admitian, iniquísimos: pero como estas obras han -sido las que los indios de nosotros han rescibido.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_72" id="Page_72">[72]</a></span></p> - -<h2 id="XL">CAPÍTULO XL.</h2></div> - - -<p>Llegados los bergantines al Darien, hobo Vasco Nuñez -grande alegría con ellos, mayormente viendo al compañero de -Juan Alonso, y sabidas las nuevas que traian de la riqueza de -la tierra, y del aparejo que, para prender al rey Careta, el Juan -Alonso, que allá quedaba, ofrecia; informóse muy en particular -de la disposicion de la tierra y de la gente della, y de todo -lo que á su propósito y deseos pertenecia, de aquel compañero -de Juan Alonso, y tornando á enviar los bergantines, -para del todo acabar de traer la gente de Nicuesa del Nombre -de Dios, porque de aquella vez ó viaje no habian en ellos -cabido, aparejóse muy de propósito para, en siendo venidos, ir -á infestar, turbar, y angustiar, y robar al cacique Careta, que -nunca le habia ofendido; los cuales, finalmente, vinieron, y -tomó 130 hombres, los más sanos y dispuestos, en demanda -del rey Careta, señor de la provincia de Cueba; creo que -debia estar del Darien hasta 30 leguas. Llegado Vasco Nuñez -con sus 130 apóstoles á la tierra y pueblo, y casa del Cacique -y señor Careta, donde le esperaba Juan Alonso, y creyendo -el Cacique, que teniendo á Juan Alonso por su criado, y en su -casa, y habiéndole hecho las obras de suso dichas, estaba seguro -de rescibir de cristianos agravios ó daños, no quiso huir -ó resistille, sino esperalle y rescibille en su casa; Vasco Nuñez, -empero, no como quien venia á tierra y señorío ageno, ni á -casa de señor y debajo de cuya jurisdiccion, segun ley natural -estaba, y á quien hacer reverencia por la misma ley é razon -natural era obligado, sino como si viniera á su propia casa y á -tomar cuenta á su criado y esclavo, con rostro feroz y mandando -dice al Cacique que haga aparejar comida y bastimentos -para los cristianos, conviene á saber, para llevar al<span class="pagenum"><a name="Page_73" id="Page_73">[73]</a></span> -Darien, y para los que allí venian; responde Careta, que las -veces que por su casa cristianos habian pasado, les habia -mandado dar de los bastimentos que tenia liberalmente, y que -al presente no tenia que dalles, mayormente que, por tener -como tenia guerra con otro señor, su vecino, llamado Ponca, -su gente no habia tenido lugar de sembrar, y así estaba gastado, -y padecia su casa y tierra necesidad. Dada esta respuesta, -dice Juan Alonso á Vasco Nuñez, que finja quererse luégo -tornar con su gente al Darien y vuelva aquella noche á dar -en ellos desque estén durmiendo, descuidados, y que él trabajará -de mirar por el Cacique para que de sus manos y prision -no se escapase. Hízolo así Vasco Nuñez, y tórnase con su -gente por el camino donde habia venido, del Darien, muy disimulado; -el triste Cacique y su gente, siempre confiando estar -seguro por la fidelidad que estimaba tenerle y deberle -Juan Alonso, y por consiguiente todos los españoles, por las -obras buenas dél rescibidas, en especial teniéndolo en su -servicio y casa, creyó ser verdad y sin engaño la maldad que -se le coloraba, por lo cual, no sospechando mal alguno, echóse -á dormir como de ántes, descuidado. Vuelve á media noche -Vasco Nuñez con los suyos, y dá en el pueblo por tres partes, -dando grita, llamando á Santiago que en tan buena obra les -ayudase; cuando la gente con su señor á huir acordaron, estaban -ya muchos dellos desjarretados y otros desbarrigados -con las espadas; el traidor de Juan Alonso, tuvo tino de mirar -por el Cacique, y échale mano abrazándose con él y llamando -que viniesen á le ayudar, porque allí estaba, acudieron á -las voces aquellos bienaventurados, y hállanle con el Cacique -abrazado. Por esta órden fué preso Careta, en premio -de las buenas obras que habia hecho á los cristianos; prendieron -tambien dos mujeres suyas, y hijos, y otras muchas -personas, y mandólos á todos llevar al Darien, robado todo -lo que pudieron hallar en su pueblo y casa, y por esta manera -cargó los bergantines de bastimento, y tórnase al Darien -esta grande hazaña hecha. Bien es aquí de considerar, cuán -casi semejante fué aquesta traicion de Juan Alonso, cometida<span class="pagenum"><a name="Page_74" id="Page_74">[74]</a></span> -contra este cacique Careta, su señor, cuyo oficio de Capitan -habia usado, y viviendo en su casa, y de quien se fiaba y á -quien tanto agradescimiento él debia por no lo matar, como pudiera, -de la de Judas, ó al ménos, traicion y maldad fué con -muchas circunstancias muy calificada; deste caso abominable, -y salida del Darien para robar é inquietar aquellas gentes, -hace mencion en su segunda Década, cap. 3.º, Pedro Mártir, -en mucha parte, y la traicion de Juan Alonso, de la manera -que está certificada, escribió Tobilla en su Historia, que llamó -Barbárica; Pedro Mártir, dice así: <i>Duce Vascho Nuñez circiter -centum triginta viri conveniunt; Vascus aciem suam more gladiatorio -instruit. Folle tumidior præstites subtitesque sibi ac tergi ductores -ad libitum eligit: Comitem et collegam ducit secum Colmenarem. -Exit rapturus a finitimis regulis quicquid fiet obvium, -regionem per id littus nomine Coibam, de qua mentionem alias -fecimus, adit. Caretam, ejus regulum, a quo nihil unquam adversi -passi fuerant, transeuntes appellat, imperiose trucique vultu petit -præberi advenientibus cibaria. Careta, regulus, posse illis quicquam -inpartiri negat, se transeuntibus christianis succurrisse sepe numero -unde penu habeat exaustum arguit, ex dissidiis præterea -et simultatibus quas exercuit ab ineunte sua ætate cum finitimo -regulo, qui Poncha dicitur, laborare domum suam rerum penuria. -Nihil horum admittit Vascus gladiator miserum Caretam; spoliato -ejus vico, vinctum jubet duci ad Darienem cum duabus uxoribus -et filiis universaque familia. Apud Caretam regulum repererunt -tres ex socijs Nicuescæ, qui, Nicuesa pretereunte, judicium ex malefactis -timentes, aufugerant e navibus in anchoris stantibus, -classe vero abeunte Careiæ regulo se crediderunt; Careta hos tractavit -amicissime. Agebatur jam mensis duodevigessimus, propterea -et nudos reperere penitus uti reliquos incolas, et saginatos -uti capones manu fæminea domi depastos, in ob caro obsonia dapesque -regias fuisse sibi illo tempore incolarum cibaria visa sunt. -Ex Caretæ vico ad presentem famem propulsamdam, non autem -ad necessitatem penitus tollendam, cibaria detulerunt ad socios in -Dariene relictos</i>, etc. Esto es lo que dice Pedro Mártir; de la -traicion de Juan Alonso no dice nada, porque tenia vergüenza<span class="pagenum"><a name="Page_75" id="Page_75">[75]</a></span> -y confusion, el que aquesta salida de Vasco Nuñez y obra refirió, -declarársela, pero pónela Tobilla donde arriba fué declarado. -Con la comida y despojos que á Careta y su pueblo robó -Vasco Nuñez, vuelto al Darien, Careta debia de sentir mucho -su captiverio y destierro de su casa, y tierra, mujeres, y familia; -rogóle que no le hiciese tanto mal, pues no se lo habia -merecido, y que él le prometia de hacer cuanto pudiese por -dalle bastimento para los cristianos, y siempre ser su amigo, -en señal de lo cual le daba una de sus hijas por mujer, la cual -era muy hermosa, y que para que su gente tuviese lugar de -hacer labranzas y sementeras para le proveer, que le ayudase -contra el señor y cacique Ponca, que era su enemigo. Aceptó -Vasco Nuñez la dádiva y las promesas, y holgóse mucho con -la hija, la cual tuvo por manceba, puesto que Careta no entendió -dársela sino por mujer, como se acostumbraba entre ellos. -Esta quiso y amó Vasco Nuñez mucho, y fué parte de causa por -donde al cabo se le rodeó al triste, como parecerá, la muerte; -sin culpa, empero, del padre Careta y della, sino por los grandes -pecados y tiranías dél que habia el juicio de Dios comprendelle -algun dia. Esta confederacion y amistad de este -modo así asentada, suelta Vasco Nuñez á Careta, y promete -que, desde á ciertos dias, será con él; puesto que no soy cierto -si Vasco Nuñez quiso que fuese delante Careta, ó si fueron juntos, -mas que ambos cumplieron sus promesas.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_76" id="Page_76">[76]</a></span></p> - -<h2 id="XLI">CAPÍTULO XLI.</h2></div> - - -<p>Llegado, pues, Vasco Nuñez con 80 hombres á la casa y -pueblo de Careta, primero, porque fué tiempo de sementeras, -mandó á su gente Careta, que sembrasen para los cristianos -mucha tierra, ésto hecho, aparejan para ir á destruir al Cacique -y rey Ponca. Ponca, no descuidado, sintiendo que los cristianos -iban en favor de Careta, no le osó esperar y acogióse -al último refugio que siempre tuvieron y tienen los indios -para se guarecer de los cristianos, que es huir á los montes y -esconderse por las breñas; y, si pudiesen, se meterian en las -entrañas de la tierra. Van juntos con sus gentes Vasco Nuñez y -Careta contra Ponca, y, como no lo hallaron ni á gente suya, -destruyéronle toda la tierra, tomándole todos los bastimentos -que pudieron, y el oro que hallaron en joyas escondidas, y lo -demas abrasado dejaron, como siempre los españoles, donde -quiera que llegan, suelen hacer. Bien será considerar aquí, con -qué justicia y con qué conciencia pudo Vasco Nuñez y los -españoles favorecer y ayudar á Careta, haciendo guerra contra -Ponca, ni se confederar con él ni con otro en perjuicio de -algunos de los de la tierra, sin saber y averiguar la justicia ó -injusticia dello; y si Ponca tenia justa guerra contra Careta, -¿qué responderia Vasco Nuñez, cuando al tiempo de su muerte -Dios en su juicio le pidiese, de haber auyentado y perseguido -á Ponca y á sus súbditos, y hécholes tantos robos y daños, -cuenta? Pero, cierto, destas semejantes consideraciones y -prevision ó recatamiento para no ofender á Dios y dañificar -estas gentes, pocas, por nuestros españoles, en estas Indias se -han hecho. Dejada la tierra de Ponca, como dicho es, destruida, -determinó Vasco Nuñez dejar de infestar los Caciques -y pueblos de la tierra dentro, para despues hacello con mejor<span class="pagenum"><a name="Page_77" id="Page_77">[77]</a></span> -sazon y más gente, y vuélvese á los de la costa ó ribera de la -mar; y el más vecino de Careta era un gran señor de la provincia -llamada Comogra, y el Rey, que tenia Comogre por -nombre, tenia su asiento al pié de una muy alta sierra en un -llano ó campiña muy graciosa de 12 leguas. Un deudo del cacique -Careta, y principal señor en aquella tierra y casa, que á -los tales llamaban en aquella lengua Jurá, la última sílaba -aguda, éste fué medianero que atrajo en amor y amistad de -los cristianos á aquel señor llamado Comogre, y así el Comogre -los deseaba ver y cognoscer y tener su amistad. Tenia el -Comogre siete hijos de diversas mujeres, muy gentiles hombres, -mancebos de mucha cordura y discrecion, mayormente -el mayor, dicen que, era dotado de mucha prudencia y más -virtuoso; sabiendo que venian los españoles, salió á rescibirlos -con sus hijos y principales y toda su gente, con quien hobo -grande alegría en vellos, porque los deseaba mucho ver, y -hácelos aposentar á todos en su pueblo y proveerlos de comida -copiosamente, y de hombres y mujeres que los sirviesen. Tenia -sus casas reales las más señaladas y mejor hechas que hasta -entónces se habian visto en todas estas islas, y en lo poco que -se sabia de la tierra firme; la longura della era de ciento cincuenta -pasos, la anchura y hueco de ochenta, estaba fundada -sobre unos muy gruesos posteles, cercada de muro hecho de -piedra, entretejida de madera por lo alto, como zaquizamí, -por tan hermosa arte labrada, que los españoles quedaron espantados -de verla, y no sabian dar á entender su artificio y -hermosura. Tenia muchas cámaras, ó piezas y apartamientos; -una, que era como despensa, estaba llena de bastimentos de la -tierra, de pan y carne de venados y puerco, y pescado y otras -muchas cosas comestibles; otra gran pieza, como bodega, llena -de vasos de barro con diversos vinos blanco y tinto, hecho de -maíz y raíces de frutas, y de cierta especie de palmas, y de otras -cosas, los cuales vinos loaban los nuestros cuando los bebian. -Habia una gran sala ó pieza muy secreta, con muchos cuerpos -secos de hombres muertos, del cumbre colgados, con unos -cordones hechos de algodon, vestidos ó cubiertos con mantas<span class="pagenum"><a name="Page_78" id="Page_78">[78]</a></span> -ricas de lo mismo, todas entretejidas con ciertas joyas de oro -y algunas perlas y otras piedras que ellos tenian por preciosas. -Estos eran los cuerpos de sus padres y abuelos y visabuelos, y, -finalmente, sus pasados deudos, á quien tenia Comogre en suma -reverencia, y, por ventura, los tenian por dioses. Cómo aquellos -cuerpos los secasen para los hacer sin corrupcion perpétuos, en -nuestra Historia Apologética muy en particular lo declaramos, -hablando del cuidado y ceremonias con que sepultaban sus difuntos -estas gentes, que de su buen juicio de razon no fué chico -argumento. Rescibiendo, pues, el rey Comogre á los españoles -con la mucha humanidad y alegría que está dicha, luégo, -como si fueran sus muy caros hermanos y vecinos antiguos, -amicísimos, los metió en su casa y les mostró todas las piezas -y particularidades della, hasta el secreto lugar ó sala donde -tenia sus muertos, que debia tener por oráculo ó por templo; -el hijo mayor de los siete, que dijimos ser mancebo prudente, -dijo allí, «digna cosa es que regocijemos á estos hombres extranjeros, -y los hagamos todo buen tratamiento, porque no -tengan causa de hacer en nosotros y en nuestra casa lo que -en nuestros vecinos han hecho.» Mostrada la casa y las cosas -della, manda traer Comogre ciertas piezas de oro, muy ricas -en la hechura y en la fineza, que pesarian 4.000 pesos, y 70 -esclavos, y dáselo á Vasco Nuñez y á Colmenares, conociendo -ser los principales, por señal de amistad y por presente; este -oro rescibido, apartaron luégo para el Rey, dello, el quinto, lo -demas entre sí lo repartieron. Al tiempo que lo repartian comenzaron -á reñir entre sí, dando grandes voces, sobre, quizá, -quién llevaria las mejores y más bien hechas piezas; visto -por el hijo mayor del rey Comogre, arremete á las balanzas -del peso con que lo pesaban, dándoles con el puño cerrado -recio, y echa mano del oro, y despárcelo arrojándolo por -aquel suelo, y dice así: «¿Qué es ésto, cristianos? ¿por tan poca -cosa reñís? si tanta gana teneis de oro que por haberlo inquietais -y fatigais por estas tierras las pacíficas gentes, y con -tantos trabajos vuestros, os desterrasteis de vuestras tierras, -yo os mostraré provincia donde podais complir vuestro deseo,<span class="pagenum"><a name="Page_79" id="Page_79">[79]</a></span> -pero es menester para ésto que seais más en número de los que -sois, porque habeis de tener pendencia con grandes Reyes, -que con mucho esfuerzo y rigor defienden sus tierras, y entre -aquellos habeis de topar, primero con el rey Tubanamá (la -última aguda), que abunda deste oro que teneis por riquezas, -y dista desta nuestra tierra, de andadura, obra de seis soles,» -(que son seis dias), y señalaba entónces hácia la mar del Sur, -que es al Mediodia, con el dedo, la cual decia que verian -pasando ciertas sierras, donde navegaban otras gentes con -navíos ó barcos poco ménos que los nuestros, con velas y remos; -pasado aquel mar, eso mismo añidia, que hallarian de -oro gran riqueza, y que tenian grandes vasos de oro en que -comian y bebian, y porque habia entendido de los nuestros -que habia gran cantidad de hierro en España, de que se hacian -las espadas, significaba haber más oro que hierro en Vizcaya, -de lo cual, parece que tenian estas gentes de aquella parte de -tierra firme, hácia el Darien, y éstos que estaban la costa -abajo 30 leguas, mucha noticia de las gentes y riqueza del -Perú, y de las balsas en que navegaban con remos y con velas. -Y éste fué el primer indicio que se comenzó á manifestar y á -tener de aquella grande tierra; y porque tenian nuevas de la -grandeza de aquellos reinos y del mucho poder de los Reyes -dellos, añidió aquel prudente mancebo, que habian menester -ser los cristianos 1.000 para ir á acometellos; ofrecióse tambien -el mozo á ir con los españoles, y á ayudalles con la gente -de su padre. Eran intérpretes desta plática los dos españoles -que se habian huido de Nicuesa y vivido con el cacique Careta. -Oidas por Vasco Nuñez y por su compañía tales nuevas, no -pecaremos si dijésemos ó juzgásemos haber rescibido inestimable -alegría, y áun quizás llorado de placer, como suelen -algunas veces los hombres que mucho desean una cosa, si la -ven ó tiene esperanza propincua de vella.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_80" id="Page_80">[80]</a></span></p> - -<h2 id="XLII">CAPÍTULO XLII.</h2></div> - - -<p>Descansaron allí Vasco Nuñez y su compaña algunos dias, -siempre informándose y certificándose de que hobiese otra mar, -las dichas sierras pasadas, y, ántes y despues della, las riquezas -tan grandes que el mozo cuerdo les significaba, otra -cosa sino dello no hablando; y porque cada hora se les hacia -un año, por verse ya en lo que sobre todas las cosas deseaban, -creyendo y áun esperando mucho más que se les denunciaba, -lo que es propio de cudiciosos y avaros, segun su -ánsia, despacháronse para el Darien con intencion de avisar -al Almirante y á los que esta isla gobernaban, de las nuevas -que habian sabido de la otra mar, y de los tesoros de que -abundaba, y para que lo escribiesen al Rey, porque proveyese -de 1.000 hombres y de todo recaudo para la ir á buscar. -Y aquí no es de callar, sino referir, un desatino, y áun sacrilegio, -que cometieron, harto notable, semejantes al cual se -han hecho en estas Indias hartos; éste fué, que, sin más instruccion -ni doctrina de las cosas de la fe que tenian de ántes, -al rey Comogre susodicho, y á la gente que con él pudieron -haber, baptizaron. Hízose y hácese gran ofensa y pecado contra -Dios dar el Sacramento del baptismo á los infieles idólatras, -puesto que muestren voluntad de querello y amallo, sin que -primero sean enseñados y examinados si con verdad renuncian -sus ritos y errores con las pompas del diablo, y que sepan -muy bien lo que resciben, y por qué, y para qué, y qué les -prestará rescibiéndolo y dándoselo; considérese qué premio -rescibirán de Dios los que fueron causa que aquel señor y sus -súbditos tornasen, por ignorancia de no ser informados, á -idolatrar despues de baptizados, porque es manifiesto, como -habemos visto por larga experiencia, que cuando á los indios<span class="pagenum"><a name="Page_81" id="Page_81">[81]</a></span> -se dice, sin otra informacion de la fe, sé cristiano, ó ¿quiéres -ser cristiano? no entienden sino que les dicen que se llame -como cristiano ó que sea amigo de los cristianos; pusieron por -nombre al Cacique y señor Comogre, D. Cárlos, por el amor -del Emperador, que por aquel tiempo era príncipe de España. -Partiéronse, pues, Vasco Nuñez y su gente, para el Darien, -muy alegres, con propósito de, cuan presto pudiesen, tornar -en busca del mar, y áun del mal, deseado, porque aquel -descubrimiento del dicho, que tanto él deseaba, le fué causa -de su muerte, segun que parecerá claro abajo. Llegados -al Darien, hincheron todos los que allí estaban de alegría y -regocijo con las nuevas buenas de la otra mar, y de las riquezas -della de que venian llenos; acrecentó el gozo y placer -de los unos y de los otros haber venido Valdivia, despues de -seis meses que de allí habia partido para esta isla, y traido -bastimentos y larga esperanza del Almirante y de los Jueces -que luégo en breve les enviarian mas bastimentos y gente; -excusáronse no haberles proveido ántes, creyendo que la nao -de Anciso habia llegado en salvo, que iba llena dellos, pero, -la verdad, aunque llegara salva tambien fuera todo comido, -porque habia ya cerca de dos años que Anciso habia desta -isla partido. Finalmente, les enviaron á decir, que dello estuviesen -ciertos, que habiendo venido navíos de Castilla, les -proveerian, porque al presente ninguno habia, y que no llevaba -más bastimento Valdivia por no caber más en aquella -carabela que habian traido; y es aquí de saber, que -aqueste celo que aquestos señores que gobernaban mostraban -y tenian de proveer á aquellos, era por su provecho -del Almirante, porque de allí esperaba con el tiempo -renta, y de los demas, porque las comidas y mercaderías -que les enviaban, se las vendian muy bien vendidas, -y así, todo el oro que aquellos robaban, entre los de esta -isla se repartia y consumia, y no consideraban los tristes, -que aquellos asolaban injustamente con tan grandes -daños y escándalos á aquellas gentes, y que, por les enviar las -comidas, y armas, y caballos, y gentes que les ayudasen, de<span class="pagenum"><a name="Page_82" id="Page_82">[82]</a></span> -todos los males y daños y pecados que cometian, y de la obligacion -de la restitucion, eran como ellos partícipes; pero éste -era uno de los efectos, principal, de la ceguedad que Dios -permitió en todos nosotros, por los pecados de Castilla. Tornando -al propósito, como lo que Valdivia trujo no fué tanto -que presto no se consumiese, despues de su venida, pocos -dias, comenzaron á hambrear como solian, y porque les queria -mostrar la divina Providencia, la iniquidad y mal estado en que -vivian, inquietando, y persiguiendo, y matando aquellas gentes -que no les habian ofendido, ayudó á ponellos en mayor -estrechura y angustia de comida, que vino una tan grande -tempestad de truenos y relámpagos, y, tras ella, de agua tan -grande avenida en el rio, que todas las sementeras que dejaron -sembradas con los indios, que habian hecho injusta y tiránicamente -esclavos, cuando á la provincia de Comogra se -partieron, ninguna cosa les dejó que no les ahogase ó arrancase, -que fué cosa de maravilla; púdose decir por aquellos, lo -que se dice, que en casa del tahur poco dura la alegría. Viéndose -así frustrados de sus sementeras, en que tenian toda su esperanza, -por algun tiempo, y por muchas leguas de al derredor -no haber comida, porque toda la habian comido, y destruido, -y auyentado, sin los muertos y captivos de toda aquella comarca, -sus naturales vecinos, acordaron de salir á inquietar, -escandalizar, robar, y captivar, y matar los más lejanos, y -tomarles su comida, y su oro, con la justicia que á los de -arriba; la costumbre de Vasco Nuñez y compañía era dar -tormentos á los indios que prendian, para que descubriesen -los pueblos de los señores que más oro tenian, y mayor abundancia -de comida; iban de noche á dar sobre ellos á fuego y -á sangre, si no estaban proveidos de espías y sobre aviso. -Juntamente deliberó Vasco Nuñez que tornase Valdivia á esta -isla, para hacer saber al Almirante y Jueces las nuevas -de la otra mar y riquezas della, que del hijo de Comogre y -de los demas habian sabido, y la grande esperanza que de -ser ciertas tenian, pidiéndoles que lo escribiesen al Rey porque -enviase 1.000 hombres para proseguir aquel camino,<span class="pagenum"><a name="Page_83" id="Page_83">[83]</a></span> -segun que Comogre habia pedido. Escribió Vasco Nuñez al Almirante -que habia ahorcado 30 Caciques, y habia de ahorcar -cuantos prendiese, alegando que porque eran pocos no tenian -otro remedio hasta que les enviase mucho socorro de gente, -y para lo persuadir con mayor eficacia, añidió Vasco Nuñez, -que mirase su señoría, cuánto servicio de su estado allí rescibian -Dios y Sus Altezas. ¡Oh tiranos, cuánta es vuestra ceguedad -y malicia! Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de -oro, que son 15.000 castellanos ó pesos de oro, para que enviasen -al Rey los oficiales de esta isla, que le habian cabido de -su quinto; por manera que habian los infelices salteadores -robado 75.000 pesos de oro, de los cuales, sacados 15.000, -que fué el quinto, quedaron con ellos los 60.000; destos dió -cada uno á Valdivia lo que le pareció, para que enviase á -Castilla á los parientes que tenian. Pero atajó Dios los pasos á -Valdivia, y á los demas dió á entender, si de entenderlo ellos -fueran dignos, las obras que hacian ser de todo fuego eterno -dignas, porque embarcado Valdivia en la misma carabela en -que habia venido é ido, se hundió con su oro y con sus nuevas -en unos bajos ó peñas que están cerca ó junto á la isla de -Jamáica, que se llaman las Víboras.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_84" id="Page_84">[84]</a></span></p> - -<h2 id="XLIII">CAPÍTULO XLIII.</h2></div> - - -<p>Despachado Valdivia, determina Vasco Nuñez de entrar la -tierra dentro á buscar oro y comida, con el daño y escándalo -de las gentes naturales de la tierra, como queda dicho; y porque -trayendo la vida que traian no les habian de faltar, por -permision de Dios, ocasiones para padecer trabajos infernales -como padecian, porque sus obras eran tales, que no uno, sino -ambos infiernos merecian, no faltaron indios de los que consigo -traian que con verdad ó con mentira, viendo su ansia de -haber oro, les certificasen que un Cacique y señor de cierto -pueblo ó provincia, llamado Dabayba, tenia un templo de un -Dios suyo, lleno de oro, que de muchos años atras él y toda su -gente le habian ofrecido y cada dia ofrecian; determinan -pues de ir en dos bergantines y canoas, con gran devocion, -en busca de aquel Dios de Dabayba, ó por mejor decir del -oro á quien ellos sacrificaban su infelice vida, y Vasco Nuñez -con 160 hombres sale, y Colmenares con él, al cual mandó -que con la tercia parte dellos subiese por el rio Grande arriba. -Este rio Grande es mayor dos veces que el del Darien, y dista -de aquel nueve leguas, á lo que creo, hácia la parte del -Oriente; Vasco Nuñez sigue por otro camino, por ribera de -otro rio arriba, segun le decian las guías que podia llegar á la -tierra de Dabayba, pero porque el Cacique y señor del Darien, -Cemaco, que Anciso y Vasco Nuñez y los demas habian desbaratado, -y hecho dejar su tierra por huir dellos, como en -el cap. 63, del libro II, fué declarado, se hobiese ido y escondido -en la tierra de Dabayba, y le hobiese informado de la -vida ejemplar y obras de aquellos que llamaban cristianos, y -tuviese siempre Dabayba sus espías, sintiendo que venia, toda -la tierra, Dabayba y sus gentes naturales, desampararon. Vasco<span class="pagenum"><a name="Page_85" id="Page_85">[85]</a></span> -Nuñez y los suyos, andando por ella estirpando y robando -todo lo que hallaban, entre otras cosas hallaron muchas redes, -no de pescar peces, sino de cazar animales, éstos eran venados -y principalmente puercos, de aquella tierra naturales, que -tienen el ombligo en el espinazo y por allí orinan, y otros -animales menores que los puercos, cuya cabeza dicen que -pesa tanto como todo lo demas, los cuales no tienen hiel alguna; -por causa de aquellas redes, creyendo Vasco Nuñez ser redes -para pescar, puso nombre al dicho rio, el rio de las Redes. -Tomaron allí dos canoas grandes y otras muchas menores, hallaron -en las casas, que habian sus moradores por huir dejado -vacías, cien arcos y muchos haces de flechas; en joyas y piezas -de oro 7.000 castellanos. Con estos 7.000 castellanos, y -con alguna comida que hallaron, salióse muy alegre Vasco -Nuñez del rio á la mar; la mar, digo, que se contiene dentro -del golfo de Urabá, porque allí entran y desaguan aquellos -dos grandes rios. Quiso Dios luégo mostrar la justicia con que -aquellos 7.000 pesos de oro se habian adquirido, para testimonio -de lo cual, así como en la mar entraron levántase una -tempestad tan terrible, que todos pensaron ser ahogados, pero -dispensó la divina Providencia con él, que no quiso que pereciesen -más de los que iban dentro de las canoas donde llevaban -los 7.000 castellanos, y así, ni el oro ni los hombres aparecieron -más. De donde el alegría que del robo Vasco Nuñez -habia cobrado, se le convirtió en grande tristeza y llanto. Tornando -Vasco Nuñez á entrar por el rio Grande arriba, llegó en -en una tierra cuyo Rey ó señor se nombraba Jurví, la i letra -luenga, donde halló á Colmenares, y allí se proveyeron de alguna -comida. Determina Vasco Nuñez que vayan juntos, y yendo -por el rio Grande arriba, 12 leguas de allí, toparon una isla -en el mismo rio, que llamaron de la Cañafistola, porque abundaba -de cañafistola verdadera, pero silvestre. Aquí comenzaron -todos á dar en ella, y ella dió en ellos de manera que -todos pensaron en breve morir, desatadas las tripas, tanta fué -la que comieron. Viéndose libres deste peligro, tornando á su -camino, á la mano derecha de la isla, vieron entrar en el rio<span class="pagenum"><a name="Page_86" id="Page_86">[86]</a></span> -Grande otro rio que traia el agua muy negra, no supieron de -qué, por lo cual, le nombraron el rio Negro. Siguiendo por él, -á cinco ó seis leguas de la boca del rio, entraron en los términos -de un señor Abenamachéi, en la penúltima el acento. Vieron -luégo un pueblo de obra de quinientas casas, apartadas -una de otra; como los vecinos dellas vieron los españoles, -pusiéronse todos en huida, los nuestros corrieron tras ellos, -y viendo que los iban alcanzando, y, por ventura, con las espadas -hiriendo, dan la vuelta como perros rabiosos, con sus -armas contra los nuestros, como aquellos que sin ofendernos -eran infestados y echados de sus casas, perdidos sus mujeres -y hijos; sus armas, eran unas macanas ó espadas de palma, -y unas varas largas con sus puntas tostadas. ¡Mirad que -armas para contra las espadas nuestras, que cortan por medio -un indio, desnudo, en cueros, como todos andaban, y contra -las lanzas, y ballestas, y escopetas algunas, como algunas -veces los nuestros tenian! Arcos, ni flechas, ni hierbas venenosas, -no las usaban por aquella tierra, y así, segun las armas -ofensivas y las defensivas, que eran sus desnudos cuerpos, -no pudiendo sufrir los tristes la matanza que en ellos los españoles -hacian, presto comenzaron á huir. Siguen los nuestros -el alcance, matando y despedazando cuantos podian, y -haciendo muchos captivos; entre ellos, prendieron al Rey ó -señor Abenamachéi, é otros hombres principales con él; preso -el señor Abenamachéi, llega uno de aquellos perdidos á quien -el Cacique, peleando, habia herido, y dále una cuchillada -que le cortó el brazo á cercen; á Vasco Nuñez dijeron, que -le habia pesado dello, pero poco aprovechó su pesar al triste -herido tan injustamente. Dejó allí Vasco Nuñez á Colmenares, -con la mitad de la gente, para guarda de la tierra, y él váse -en las canoas por el rio arriba, y entra por otro rio que desaguaba -en aquel, obra de 20 leguas de la isla de la Cañafistola, -y cerca de la boca del dicho rio hallan el señorío del -Cacique, llamado Abibeyba, que por ser la region lagunosa -y que cubrian las aguas la tierra, tenian sus casas, donde moraban, -sobre árboles grandísimos y altísimos, nueva y nunca<span class="pagenum"><a name="Page_87" id="Page_87">[87]</a></span> -oida vivienda; sobre aquellos árboles hacian sus casas y -aposentos de madera, tan fuertes, y con tantos complimientos, -cámaras y retretes, donde vivian padres, mujeres y hijos, y su -parentela, como si las hicieran en el suelo sobre fija tierra. -Tenian sus escaleras, y dos comunmente, una que llegaba al -medio del árbol, y la otra del medio hasta la puerta, estas -escaleras eran de sóla una caña hechas, partida por medio, -porque las cañas son por allí más que el gordor de un hombre -gruesas, y eran levadizas que las levantaban de noche, y -cada y cuando que querian y estaban seguros de hombres, y -bestias y tigres, que hay por allí hartos, durmiendo á sueño -suelto. Todos los mantenimientos tenian arriba consigo, sino -sólo los vinos que asentaban en sus vasijas abajo en el suelo, -porque no se les enturbiasen, porque, aunque por la grande -altura de los árboles, con los vientos que hace, las casas no se -pueden caer, menéanse, pero, y con el tal movimiento, el -vino se les enturbiaria, y por esto lo tienen, como se dijo, en -el suelo, y al tiempo de su comida ó cena de los señores, -unos muchachos estaban tan diestros en descender é subir -con ello, que no tardaban más que si lo sirvieran del aparador -á la mesa. Tornando al cacique Abibeyba, que estaba en -su casa, muy alta, encima de los árboles, como en el cielo, -llegan los españoles, y dánle voces que descienda y que no -haya miedo; responde que no quiere, que lo dejen vivir en -su casa, pues no les ha hecho por qué le ofendan; protéstanle -que con hachas cortarán los árboles ó le pornán fuego, y quemarlo -hán con sus mujeres y hijos si no desciende. Torna á -decir que se vayan de su casa y tierra, y lo dejen, y lo mismo -le decian los suyos que no descendiese ni se fiase dellos; comienzan -con hachas á dar en los árboles, y desque vido saltar -las astillas y pedazos que se cortaban, determina de descender -sólo con su mujer y dos de sus hijos, en contradiccion de -todos los suyos. El puesto abajo, dicen que no haya miedo, -que les dé oro y que serán siempre sus amigos; responde que él -que no tiene oro alguno, ni lo ha menester y por eso no tiene -cuidado de haberlo. Tornan á importunarlo y amenazarlo que dé<span class="pagenum"><a name="Page_88" id="Page_88">[88]</a></span> -el oro que tiene; responde, «si tanta gana teneis del oro, yo iré -á unas sierras que están detras de aquella, y habido yo os lo -traeré.» Dánle licencia que vaya, dejando sus mujeres é hijos en -rehenes; dijo que volveria dentro de tantos dias, los cuales le -esperaron, pero como el oro que ellos querian no habia de -coger como fruta de los árboles, ni lo tenia cogido, de miedo -nunca vino. Róbanle toda su casa, y los que de su gente pudieron -haber le captivan, y, hartos de comida, porque allí -hallaron abundancia, tórnanse por el rio Grande, arriba, por -el cual, andando algunas leguas, todas las poblaciones que -topaban hallaban vacías, porque por toda la tierra estaban -ya sus nuevas extendidas, y del evangelio que predicaban, y -honra que, llamándose cristianos, causaban á Jesucristo, tenian -ya larga noticia. Visto Vasco Nuñez que no hallaba qué -robar, dió la vuelta el rio abajo, y por él al rio Negro, á juntarse -con Colmenares y con los que con él habia dejado en la -tierra y poblacion del rey Abenamachéi, á quien cortó el -brazo uno de los españoles despues de preso, como se dijo. -Halló Vasco Nuñez que, por la gente de Colmenares haber -andado desmandada, le habian muerto algunos dellos los indios, -en especial, que uno llamado Raya, con otros nueve españoles, -ó por ir á buscar de comer y tomallo á sus propios -dueños, de quien por sus obras crueles habian desmerecido, -ó porque queria Dios dalles por ellas luégo el castigo, váse -desmandado por la tierra dentro á robar, y dan en un pueblo -de un señor llamado Abrayba, el cual, como estaba sobre -aviso, dió sobre ellos y mató al Raya y á otros dos de sus -compañeros; los siete se escaparon huyendo. De saber aqueste -desastre Vasco Nuñez no fué muy contento.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_89" id="Page_89">[89]</a></span></p> - -<h2 id="XLIV">CAPÍTULO XLIV.</h2></div> - - -<p>Acaeció tambien, ántes que llegase al rio Negro Vasco Nuñez, -que como el triste y desventurado Cacique y señor Abenamachéi, -cortado su brazo, anduviese huyendo por los montes -por no caer otra vez en manos de los españoles, y topase -con el otro señor Abibeyba, que vivia en las casas de los árboles, -á quien tomaron la mujer y hijos por rehenes hasta -que trujese el oro, que por verse fuera de su poder habia fingido -ó mentido que traeria, el cual, eso mismo, traia la vida -y destierro padecia que aquel otro, juntos comenzaron á contarse -sus trabajos y llorar su desventura, como cada uno puede -juzgar qué harán viéndose así tan corridos y tan sin razon y -justicia lastimados y afligidos; acordaron ambos de se ir á guarecer -á la tierra y casa de su pariente y vecino el Cacique, -poco há dicho, Abrayba, el cual, como los vido, comienza de -llorar con grandes gemidos, y ellos á respondelle con abundancia -de dolorosas lágrimas; las cuales de ambas partes algo -aplacadas, díceles Abrayba: «¿Qué desventura es ésta, hermanos, -que ha venido sobre nosotros y nuestras casas? ¿Qué -habemos hecho á esta gente que se llaman cristianos, desdichados -de nosotros, que viviendo en nuestra paz y tranquilidad, -y sin ofender á ellos ni á otra persona alguna, así nos -han turbado y afligido, y, de toda nuestra órden de vivir hecho -agenos y desbaratados? ¿Hasta cuándo habemos de sufrir la -crueldad destos, que tan perniciosamente nos tratan y persiguen? -¿No será ménos penoso una vez morir, que padecer lo -que tú Abibeyba, y tú Abenamachéi, y lo que Cemaco, y Careta, -y Ponca, y todos los otros Reyes y señores desta nuestra tierra, -de esta gente tan cruel han padecido y con tantos dolores -llorado, viendo ante sus propios ojos llevar captivos sus muje<span class="pagenum"><a name="Page_90" id="Page_90">[90]</a></span>res, -sus hijos, sus deudos, sus vasallos, y de todo cuánto poseian -ser privados? A mí áun no han llegado, pero, ¿qué puedo -yo esperar de mí y de mi casa, y de todo lo que poseo, sino -ser corrido, y perseguido, y muerto, y de todo mi ser y haber -despojado, de la manera que á vosotros éstos os han tratado? -Probemos, pues, nuestras fuerzas, y hagamos lo que pudiéremos, -especialmente comencemos por aquellos que á tí, Abenamachéi, -cortaron el brazo, y de tu casa desterraron quedándose -ellos en ella, y demos en ellos, que son pocos, ántes que -otros se junten con ellos, porque, aquellos muertos, los demas -ó se irán ó temerán de nos hacer más daños, y si los quisieren -acrecentar ternemos aquellos ménos contra quien hobiéremos -de tener pelea.» Pareció buen consejo á todos; determinan -el cuando, y juntan obra de 500 ó 600 hombres, desnudos, -con sus armas cuasi de niños, y así les sucedió como á desarmados -y desnudos, porque acaeció que la noche ántes, por -ventura, que diesen en los del rio Negro, llegaron allí 30 españoles -que habia enviado Vasco Nuñez delante; el dia, pues, -que determinaron, en esclareciendo, con una terrible grita, la -cual, cierto, siempre fué más dura y temerosa de oir que sus -armas, dieron en ellos, no sabiendo nada de los 30 que habian -llegado. Hiciéronles de aquel ímpetu poco daño, y los españoles, -que no suelen estar, andando en estas romerías, muy descuidados, -levántanse y dan en ellos, y á saetadas, con algunas -ballestas que tenian, y lanzas, y á priesa llegandóseles con las -espadas, hicieron en la triste gente, desnuda, tal estrago, que -de hechos pedazos y presos, si no fueron los señores, muy -pocos escaparon, y así enviaron al Darien todos los que habian -tomado á vida, por esclavos, los cuales ocupaban en hacer -labranzas y llevar cargas cuando salian fuera los españoles, y -en remar en las canoas y en todos los otros trabajos; algo se -satisficieron los que quedaron vivos y no captivos deste rompimiento, -pero ningun remedio tuvieron los captivos, y mucho -ménos los muertos, pues sin fe y sacramento se fueron al infierno. -Habida esta victoria, los españoles que estaban con Rodrigo -de Colmenares, y juntado con ellos Vasco Nuñez, acor<span class="pagenum"><a name="Page_91" id="Page_91">[91]</a></span>daron -venirse al Darien y dejar en aquel pueblo de Abenamachéi -y rio Negro 30 hombres, para guarda de la tierra, porque -los indios no se rehiciesen, y por cuadrillero ó Capitan á un -Bartolomé Hurtado con ellos; y porque no podian estar ociosos, -y el ejercicio suyo no era ni suele ser en estas Indias sino ir -á saltear, y robar, y captivar los que están quietos en sus -casas, que ellos le pusieron por nombre ranchear, prendieron -alguna gente que andaba por los montes huida; desta gente -presa determinaron enviar al Darien 24 indios por esclavos, -y con ellos 21 españoles que debian de estar mal dispuestos -ó por alguna otra causa, quedándose el Hurtado con -los 10 no más, creyendo que por él quedaba ya sin peligro -todo el campo. Todos estos indios y cristianos se metieron en -una grande canoa que habian tomado, la cual era para tantas -personas capaz; los indios lastimados, gente del cacique Cemaco, -señor del Darien, el primero de aquella tierra agraviado, -que comian talega tras tomallos descuidados, ó como quiera -que los hallasen acaballos, salieron con cuatro canoas en -pos de aquella, bien esquifadas, y dieron en ella con sus lanzas -tostadas y macanas, que usan en lugar de porras. Mataron -parte dellos y los demas todos en el rio, sino fueron dos sólos, -se ahogaron; éstos dos se escaparon en dos palos que traia el rio -de avenida, y cubriéndose con ciertas ramas que á la mano -les vinieron, no mirando los indios en ellos, con la priesa que -traian en matar, creyendo que era basura que traia el agua. -Salidos en tierra los dos, como mejor pudieron, fueron á dar -las nuevas á Bartolomé Hurtado, y á los 10 que con él quedaban, -los cuales, con harta tristeza y amargura, desmayados, -comenzaron á platicar en el peligro que tenian, y como en -aquel rio Negro les iba tan mal, determinaron de se ir al Darien -lo más presto que pudiesen, si pudiesen escaparse; pero inquiriendo -entre los indios que consigo presos tenian, y quizá á algunos -atormentando sobre que les dijesen lo que sabian de la gente -de la tierra dónde andaba, y qué intencion traia ó qué ordenaban, -hallaron quien les dijo, que los cinco Reyes ó Caciques, -conviene á saber, Abibeyba, cuya mujer y hijos le tomaron<span class="pagenum"><a name="Page_92" id="Page_92">[92]</a></span> -los nuestros por rehenes, Cemaco, el señor de Darien que dijimos -primero agraviado, Abrayba, á quien áun no habian -llegado, y Abenamachéi, señor del rio Negro, á quien cortaron -el brazo, y Dabayba, el que huyó y no osó esperallos, y á -quien tomaron las muchas canoas y los 7.000 castellanos, habian -determinado y conjurádose para en cierto dia venir sobre -el Darien, y matar todos cuantos de los españoles allí é por -la tierra hallasen, para lo cual, tenian maherido y ayuntado -toda la gente de la tierra de sus vasallos, pero desnudos y con -las armas que arriba hemos señalado, las cuales, sin hierba -mortífera de las que algunas provincias usaban, son nada. Con -este aviso se fueron Hurtado y sus nueve ó diez compañeros -al Darien, aunque no sin peligro de ser de los indios tomados. -Puso esta nueva en todos los españoles gran espanto, aunque, -como no tenian dello certidumbre, ya lo creian, ya no lo -creian, ni hallaban persona que les certificase cosa dello, como -toda la tierra por miedo dellos estuviese sola, y la gente della -huyendo aventada; pero súpose la conjuracion desta manera: -Vasco Nuñez, de las muchas mujeres que habia traido captivas -de por aquella tierra, tenia en su casa una por amiga, de -quien hacia tanto caso y tenia tanta estima, como si su mujer -fuera legítima, ésta tenia un hermano que mucho la amaba, y -deseaba en gran manera verla libre, vasallo del cacique Cemaco, -señor natural del Darien, y de aquel pueblo ó pueblos, -ó provincia, y de los principales privados de su casa, el cual -muchas veces la visitaba secreta y disimuladamente, so color -que era uno de los otros comunes indios, y una noche vino á -ella y díjole: «Hermana muy amada mia, escucha bien lo que -agora te quiero decir, y mira que guardes secreto, porque en -ello nos va á todos la libertad y la vida, y si tú deseas tu bien -y el de toda nuestra nacion, calla y está sobre aviso; ya ves -cuánta es la maldad de aquestos cristianos, sábete que ya los -señores desta tierra determinan de más no sufrírsela, y así -están concertados cinco señores, fulano y fulano, de, con todas -sus gentes, para tal dia venir sobre ellos, por agua y por -tierra, y para efecto desto tienen aparejadas cien canoas<span class="pagenum"><a name="Page_93" id="Page_93">[93]</a></span> -y 5.000 indios, con sus macanas, y mucha comida ó bastimento -allegado en la laguna ó pueblo llamado Tichiri ó Tichirico;» -y añidió que habian ya dividido entre sí aquellos cinco -señores, los que cada uno habia de matar de los españoles y -hacer captivos, y la ropa y despojo de todo lo que tenian para -sí. Hacian la cuenta sin la huéspeda; siempre los indios, ántes -que del todo conozcan las fuerzas y esfuerzo, é industria y -constancia y armas de los españoles, se engañaron con verse -á sí tantos y á ellos tan pocos. «Por eso (concluyó su plática -el hermano á la hermana, dijo él) está, hermana mia, sobre -aviso de te esconder ó mirar por tí, porque con la priesa, y -turbacion, y furor y revuelta de la gente de guerra, no mirando -en tí que eres mujer, no te maten ó maltraten á vueltas -dellos.» Partido della el indiscreto hermano, luégo ella descubre -á Vasco Nuñez todo lo que le habia dicho en secreto, ó -porque amaba á Vasco Nuñez, ó de miedo, olvidada de todo -el bien y salud de su patria, nacion y parentela; lo cual oido -por Vasco Nuñez, ruégale que luégo envíe á llamar á su hermano, -so color que quiere tractar de irse. Dicho y hecho; -viene sin tardanza el hermano, préndelo Vasco Nuñez, dále -tormento, confiesa por fuerza y por órden todo lo que, de grado -y con vana confianza del secreto, á su hermana habia dicho. -Descubrió, allende de lo dicho, otro secreto, diciendo que su -señor Cemaco, que le habia enviado 40 indios para que le -hiciesen una labranza, puesto que andaba huido, so color que -queria ser su amigo, les habia mandado, que si viesen que -salia á verlos trabajar en ello, trabajasen de lo matar si pudiesen, -y que una vez que salió encima de una yegua, con una -lanza en la mano, no lo osaron acometer por miedo della, y -que, visto Cemaco que por esta particular industria no podia -vengarse dél, acordó de procurar esta general de todos los -Caciques, sus parientes y vecinos, para que, defendiendo el -bien universal más á su salvo, se librasen todos de la persecucion -dél y de sus compañeros. Oido ésto, luégo Vasco -Nuñez tomó 70 hombres, sin decir á nadie nada, mandando -que le sigan, sólo mandó á Colmenares que por el rio to<span class="pagenum"><a name="Page_94" id="Page_94">[94]</a></span>mase -60 hombres, en cuatro canoas, llevando el hermano de -la moza por guía, y fuese al pueblo llamado Tichiri, donde -tenian los bastimentos. Vasco Nuñez, con sus 70 hombres, fué -á tres leguas de allí, donde pensaba hallar á Cemaco, pero -no lo halló sino á un pariente suyo, el cual prendió con ciertos -hombres y mujeres; Colmenares hizo más hacienda, porque -halló al Capitan general que habia de regir el ejército, y -á muchos principales señores, con otra gente, bien descuidados -de que los españoles supiesen sus conceptos y artificio. -Prendió los más dellos, y halló el pueblo todo lleno de bastimentos, -comida y de muchos vinos; hizo luégo asaetear al -Capitan general, y ahorcar á los principales todos de sendos -palos, delante todos los captivos, porque ésta fué y es regla general -de los españoles en estas Indias, observantísima, que -nunca dan vida á ningun señor, ó Cacique ó principal que á -las manos les venga, por quedar, sin sospecha, señores de la -gente y de la tierra, en los señoríos ajenos durmiendo á -pierna tendida, como dicen. Fué de tanto espanto en toda -aquella provincia este inopinable prevenir los españoles á su -peligro, viendo descubierto los indios todo su gran secreto y -desbaratado su artificio, que del todo perdieron la esperanza -de poder prevalecer contra ellos, ni salir de su opresivo -yugo, y así permanecieron en aquel captiverio hasta que dellos -no quedó ni uno. Esta victoria, sin trabajo y sin peligro cuasi -habida, hizo luégo hacer una fortaleza Vasco Nuñez, de muy -fuerte madera, ó rehacer y mejorar la vieja, por estar más -seguro si otra junta ó conjuracion, de los ya descorazonados y -miserandos indios, sucediese.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_95" id="Page_95">[95]</a></span></p> - -<h2 id="XLV">CAPÍTULO XLV.</h2></div> - - -<p>Aquella provincia toda, de la manera de suso dicha sojuzda, -opresa y fatigada, comenzaron todos á tractar que convenia -enviar mensajeros ó procuradores á Castilla para referir -al Rey el estado que la tierra tenia, y las nuevas que el -hijo del rey Comogre les habia dado de la otra mar y riquezas -della, y pedille los 1.000 hombres que afirmaba ser menester -para pasar allá y alcanzallas; de camino tambien avisasen -dello al Almirante y á los Jueces desta isla, y les pidiesen socorro -de gente y bastimentos para entre tanto, porque quizá -Valdivia, ó no hobiese llegado, ó quizá no se hobiese, como -así fué, ahogado. Vasco Nuñez pretendió llevar esta embajada, -ó por ganar las albricias y gracia del Rey, ó por miedo que -tuvo del castigo, que sintió merecer por la repulsa que dió á -Diego de Nicuesa, y lo que contra el bachiller Anciso cometió -con los agravios de ambos, pero todos sus amigos y enemigos -le fueron á la mano, no queriendo condescender á que saliese -de la tierra y los dejase, alegando que, como de los indios -fuese tan temido que su persona estimaban más que ciento, -saliendo él quedaban desmamparados. Algunos sospechaban -que pretendia no estar allí aislado para ser punido, si el Rey -de los crímenes susodichos lo sentenciaba, ó por no padecer -tan continuos peligros é intolerables trabajos, como ya tuviese -buena pella de oro, queria alzarse á su mano, como creian -que Valdivia y Çamudio habian hecho, pues habia cerca de -un año que habian partido y no asomaban; por manera, que -Vasco Nuñez no pudo alcanzar lo que de su ir á Castilla por -Embajador deseaba. Así que, despues de muchas alteraciones -y votos, unos á otros contrarios, finalmente concurrieron en -un parecer ó todos ó los más, y eligieron á un Juan de Caice<span class="pagenum"><a name="Page_96" id="Page_96">[96]</a></span>do, -de quien arriba, en el libro II, algo hablamos, que habia -ido con Nicuesa por oficial del Rey en aquel armada, hombre -cuerdo y de bien, segun las leyes humanas, y que allí tenia -su mujer que de Castilla consigo habia llevado, de la bondad -y auctoridad del cual, que trataria los negocios con fidelidad, -todos confiaban, y en cuanto á la tornada suya con los despachos, -por dejar su mujer allí tampoco dudaron. Para dalle -compañero, comienzan todos otra vez á litigar, no porque dél -desconfiasen, sino diciendo que como iba de tierra y aires tan -diferentes de los de España, podria padecer riesgo su vida y -salud, y si así fuese, como creo que fué, quedarian todos de -su esperanza defraudados, para remedio y resguardo de lo -cual convenia dalle quien lo acompañase, y por falta dél al -Rey informase, y lo que les convenia negociase y suplicase. -Sobre quién sería el compañero de Caicedo tuvieron grandes -contenciones y no se concertaban, por lo cual deliberaron que -se echasen suertes entre ciertas personas de los que allí estaban -que eran más estimadas. Cayó la suerte á Rodrigo de -Colmenares, de quien ya hemos muchas veces hablado, la -suerte del cual fué á todos ó á los más agradable, lo uno, porque -era hombre de experiencia en la guerra y en la paz, por mar -y por tierra, y se habia en las guerras de Italia, contra -franceses, hallado, lo otro, porque tenia en el Darien muchas -haciendas y labranzas; que como era Capitan y Vasco Nuñez lo -favorecia mucho y ayudaba, de los robos que hacian, y de los -indios que vivos tomaban y hacian esclavos, llevaba Colmenares, -despues de Vasco Nuñez, la mejor parte, y así tenia -mucha gente de la captiva que le labraba, y él que debia ser -granjero, quizá más que otro, y sabia bien aprovecharse, y -por tener tanta hacienda, y que de ser muy rico tenia grande -esperanza, confiaban todos que no dejaria por ninguna cosa -de tornar con los despachos buenos que todos esperaban. Señalados -pues los dos, Juan de Caicedo y Rodrigo de Colmenares, -por procuradores, que fuesen al Rey á notificarle su estado, y -representarle sus grandes servicios, y por ellos pedille mercedes, -que tan justa y dignamente habian merescido y bien<span class="pagenum"><a name="Page_97" id="Page_97">[97]</a></span> -ganado, acordaron de hacelle un servicio ó presente, contribuyendo -cada uno, de lo que habia robado con tan gran precio -de sangre humana (no supe cuanto), para que los procuradores -ó embajadores al Rey fuesen más gratos. Y es aquí de -notar, que, como los indios de todas aquellas provincias entendieron -que tan sabroso era de oir á los españoles el oro, y -que todo su fin y negocio no era sino saber dónde habia oro, -y dónde se sacaba el oro, y quién poseia oro, ya los indios -usaban con ellos desta industria para les agradar ó suspender -sus crueldades, ó para se descabullir dellos, conviene á saber, -fingir que en tales y tales partes habia inmensidad de oro y -que habian de hallar las sierras y montañas todas doradas. -Ellos todo lo creian, porque el cudicioso, como arriba en otro -lugar se dijo, nunca otra cosa contempla, sino al oro y á la -plata, y de mejor gana mira el dinero que al sol, y nunca de -otra cosa tracta, y son palabras de Sant Ambrosio; y porque -un indio les hizo entender que habia un rio donde con redes -se pescaba el oro, lo llevaron los procuradores á Castilla para -que lo dijese al Rey, é, ó porque el indio lo inventó, ó porque -ellos lo fingieron, de tal manera se extendió por todo el reino -la fama de que pescaban el oro en la tierra firme, con redes, -desque llegaron, que para ir á pescallo cuasi toda Castilla se -movió, y así, llamaron despues, por Provisiones reales, aquella -provincia, Castilla del Oro, porque los oficiales que el Rey -entónces tenia no eran muy enemigos del oro. Aquí se puede -considerar la liviandad de los hombres y las propiedades de -la cudicia y avaricia, que aquella fama fuese de tanta eficacia -que hiciese creer á muy muchos que verdaderamente -con redes se sacase el oro de los rios; yo oí decir á un clérigo -que parecia cuerdo, y de edad no muy mozo, de los que, -por ésta nueva, de Castilla se movieron á pescar oro, estando -yo en la isla de Cuba, donde vino él á parar huyendo de la tal -pesquería, harto hambriento y flaco, y sin un quilate de oro, -que habia dejado en Castilla 100.000 maravedís de renta en -un beneficio que tenia, por venir á pescar el oro, y que, si no -creyera que habia de volverse á Castilla en breves dias, con<span class="pagenum"><a name="Page_98" id="Page_98">[98]</a></span> -un arca llena de granos de oro, tan gruesos como naranjas y -granadas, y mayores, no saliera de su casa, dejando lo que -tenia por venir á buscar ménos que aquel oro que decia; y -ésto, con juramento lo afirmaba delante de personas graves, -y á lo mismo me hallé presente. Tornando al propósito, partiéronse, -pues, los dichos procuradores del Darien, por en fin de -Octubre, año de 1512; pasaron muchos trabajos y mil peligros, -en un bergantin harto chico, en que venian, por tempestades -frecuentes y terribles, adversos tiempos, y hambres y sed, por -lo cual muchas veces pensaron perecer; llegaron á la isla de -Cuba, á cabo de tres meses, donde los indios los rescibieron -bien, dándoles ó vendiéndoles la comida, que ellos tanto habian -menester, por cosillas de poco precio, como contezuelas -de Castilla, y espejos y cascabeles, y sin ellas lo solian ellos -dar y proveer; bien creo que llegaron á la tierra y señorío del -Cacique que el bachiller Anciso hizo baptizar, y llamar por -nombre Comendador, como arriba en el cap. 24 referimos. -Esto no lo averigüé cuando pudiera, pero júzgolo, porque de -allí se toma, comunmente, la navegacion para esta isla, y -debian ya tener noticia de la navegacion que por allí habia -hecho en el primer viaje Valdivia. Finalmente, llegaron á esta -Española, pasados bien cien dias (siendo camino de ocho, si -tiempo, el que convenia, hiciese) despues que del Darien habian -partido; argumento claro de las grandes necesidades y -angustias que pasarian. En ésta gastaron poco tiempo, porque, -con brevedad, dada cuenta al Almirante y á los Jueces, hallaron -naos aparejadas para volver á Castilla, en las cuales se -metieron; llegaron á la corte por el mes de Mayo del año siguiente -de 1513. Por este tiempo ya el bachiller Anciso habia -dado al Rey sus quejas, de los agravios que decia haberle -Vasco Nuñez hecho, las cuales oidas y acomulada la perdicion -de Nicuesa, de que fué causa, y como por fuerza y por -maña se habia ingerido en la gobernacion de aquella tierra -firme, el Rey se indignó mucho contra él y mandó que á Anciso -se hiciese justicia, y que se procediese contra Vasco Nuñez -segun la órden de derecho, y creo que fué sentenciado<span class="pagenum"><a name="Page_99" id="Page_99">[99]</a></span> -en las costas y daños y menoscabos que habian sucedido á Anciso, -cuanto á lo civil; cuanto á lo criminal, no supe cuál fué -la sentencia cuando lo pudiera saber. Bien es aquí apuntar -la ceguedad de Anciso, y áun mayor la de los del Consejo del -Rey, que ni Anciso acusó á Vasco Nuñez de otros mayores -delitos que el que habia cometido contra él, conviene á saber, -las matanzas que habia hecho y hacia en los indios que estaban -seguros en sus casas y tierras, sin ofendelles; pero de -Anciso no es de maravillar, pues fué al principio tan culpado -como el más de los del Consejo, que eran obligados á lo saber. -¡Qué quisiesen castigar á Vasco Nuñez por haber sido -causa de la muerte de Nicuesa y de diez ó once que perecieron -con él, y tuviesen por agravio grande y lo condenasen á -pagar las costas y pérdidas de hacienda, que Anciso habia incurrido -por su causa, y no advirtiesen á las tiranías y estragos -de muertes y captiverios, robos é infamia tan escandalosa -de la fe y religion cristiana, que hacia y causaba él y los -que con él andaban en aquellas tantas y tan inculpables gentes! -Ya queda en algunos lugares arriba dichos cuán culpables -los del Consejo de los Reyes siempre fueron cerca de -esta materia de los indios, por cuya ignorancia todos los daños -y males perpetrados por los españoles procedieron, y -por consiguiente, ninguna duda se debe, si no me engaño, -tener, que no sean de todos ellos culpados y reos.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_100" id="Page_100">[100]</a></span></p> - -<h2 id="XLVI">CAPÍTULO XLVI.</h2></div> - - -<p>Despues de partidos del Darien los procuradores, Caicedo -y Colmenares, y hechos á la vela, porque la conformidad y -compañía que no está fundada sobre amistad de Dios, especialmente -la de los avaros y cudiciosos, y mucho más la de -los tiranos, ladrones y opresores de hombres, como eran -aquellos, no puede perseverar tiempo mucho, por ésto, en los -que quedaban en el Darien comenzaron á nacer grandes contenciones -y discordias, porque así lo permitia Dios para los -castigar con todo género de infortunios; Bartolomé Hurtado, -que era muy allegado y favorecido de Vasco Nuñez, presumia -con su favor de maltratar á los otros que no tenian de sí menor -estima y presuncion, por lo cual era á todos ó á los más -muy odioso, y por él desamaban al Vasco Nuñez, por manera -que, tomando por caudillo á un Alonso Perez de la Rua, -que debia ser de los que más sentian ó pretendian los pundonores, -acordaron de prender al Vasco Nuñez, y quitalle la -presidencia que tenia sobre ellos, y al Bartolomé Hurtado, -como principal contendor, pero Vasco Nuñez, que siempre -vivia con todos recatado, dióse más priesa y prendió al Alonso -Perez, que habian tomado para que los capitanease. Toman -luégo los conjurados sus armas para por fuerza venir á libertallo, -sale luégo Vasco Nuñez, con los que pudo recoger de -los amigos que áun no lo habian dejado, con las suyas á la -plaza. Estando para darse unos á otros y hacerse pedazos, no -faltaron algunos de ambas partes, que más cuerdamente la -cosa considerasen, diciendo que ¿por qué querian matarse unos -á otros, estando en la tierra que estaban, pues, por vencedores -que los de cualquiera de las partes fuesen, habian de -ser luégo de los indios muertos y acabados?; y así no rompie<span class="pagenum"><a name="Page_101" id="Page_101">[101]</a></span>ron -aquel dia, por concierto jurado que hobo que soltase -Vasco Nuñez á Alonso Perez, y no pasase la reñilla más adelante; -pero como andaban sin Dios, segun sus pecados tan -grandes, díjose que no depusieron el odio que se tenian, ni -guardaron el juramento, al ménos la una parte, lo cual quebrantado, -acuerdan de prender otro dia los contrarios á Bartolomé -Hurtado, puesto que, por algunos medianeros que hobo, -aquel dia lo soltaron. No paró aquí la maraña de su ceguedad, -porque aquel, cuya voluntad en todo seguian, andaba solícito -para que se matasen; acordaron de prender al Vasco Nuñez -allegando por causa que no repartia, segun los merecimientos -de cada uno, el oro y los esclavos que robaban y captivaban, -y para tomalle 10.000 castellanos que estaban por partir, é -repartirlos entre sí segun la órden que les parecia ser justificada. -Fué deste propósito Vasco Nuñez avisado, y, so color de -ir á caza, se salió del pueblo aquella noche, con confianza -que le acudirian los que en las partes solia mejorar, y sucedióle -así, porque tomados los 10.000 castellanos, repartiéronlos -de la manera que á ellos pareció que se habian de repartir, -dando á algunos de la gente menuda más de lo que parecia -convenirles, y á los de mayor calidad ó presuncion ménos de -lo que á su parecer pertenecerles estimaban; desto quedaron -aquellos corridos y afrentados, y así, llaman á Vasco Nuñez, y -júntanse con él todos armados, con clamores y juramentos que -habian de matallos; van á ellos y prenden al Alonso Perez y -á un bachiller Corral y á otros principales, y échanlos en la -fortaleza, donde los tuvieron bien aprisionados. Estando en -estas barahundas y confusiones, cada dia para matarse, llegaron -dos navíos con 150 españoles, y de bastimentos cargados, -y por Capitan dellos un Cristóbal Serrano, que, desta isla, el -Almirante y los Jueces por socorrerlos les enviaron; envió, segun -se dijo, el tesorero Pasamonte á Vasco Nuñez una provision -de Capitan general de toda aquella tierra, porque, diz -que, tenia poder del Rey para constituir Capitanes y Gobernadores -en la tierra firme, segun que él determinase. A mí es difícil -ésto creer, que tan presto y tan á la clara el Rey quisiese al<span class="pagenum"><a name="Page_102" id="Page_102">[102]</a></span> -Almirante y á sus privilegios perjudicar, y, por otra parte, no -me maravillo que así fuese, segun el Rey fué siempre á las -cosas del Almirante poco aficionado, y segun el Pasamonte y -los Jueces y oficiales desta isla, y los que estaban cabe el -Rey, trabajaban de deshacer al Almirante, no sé por qué, -cierto, sino por sus intereses particulares, y porque no querian -reconocer superior, sino ser ellos los que aquesta isla, y las -demas tierras destas Indias, mandasen y gozasen; porque en -la verdad, no pertenecia á ninguno constituir Capitan ni Gobernador -sino al Almirante, por sus privilegios, tan dignamente, -al principio, por su padre ganados, al ménos por aquel -tiempo, pues hasta entónces no se habia tomado resolucion en -lo que tocaba á su estado, y fué manifiesto haber sido su padre -por el comendador Bobadilla, de hecho, de su posesion -despojado. Fué inestimable el gozo y placer que Vasco Nuñez -rescibió de verse ya con autoridad del Rey, ó de quien su -poder tenia, por Capitan general sublimado, porque hasta -entónces, por fuerza y por mañas tenia la superioridad sobre -los españoles usurpada; fué lleno su gozo, segun sus -buenos deseos de ir á robar é inquietar y sojuzgar las gentes -de aquellas tierras, venirle gente y mantenimientos de -nuevo para mejor poder proseguir lo comenzado. Con este -gozo y alegría, que de este socorro y favor y ayuda rescibió -Vasco Nuñez, con poco que le rogaron que por albricias -los presos soltase, lo concedió, y fueron sueltos y -reconciliados con él los que le querian mal; no sabré decir -si la reconciliacion era ficta, ó de verdad, porque los hombres -mundanos y que andan en pecados, no teniendo paz con Dios, -pocas veces la suelen tener dentro de sus corazones, por más -que la finjan y la quieran en la esterior conversacion mostrar. -Luégo, desde á pocos dias, segun creo, se le aguó á Vasco Nuñez -aquel grande placer que con su capitanía general y con -lo demas hobo, y, por ventura, le vino en aquellos dos mismos -navíos por vía desta isla, porque por aquellos tiempos no habia -quien desde Castilla á la tierra firme derecho navegase; fué -avisado, ó por Çamudio, el que dijimos haber ido por procu<span class="pagenum"><a name="Page_103" id="Page_103">[103]</a></span>rador -á Castilla cuando fué Anciso, ó por cartas de otras personas, -como el Rey estaba contra él indignado por las quejas -que dél dió Anciso, y por la muerte de Nicuesa, y que lo habia -condenado en los intereses y gastos, etc., por manera, que -con aquellas nuevas tuvo buen tártago; y así, desde adelante, -anduvo más temeroso de su caida y con mayores cuidados que -tenia de ántes, temiendo cada dia venir de Castilla quien lo -depusiese de su estado y lastimase.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_104" id="Page_104">[104]</a></span></p> - -<h2 id="XLVII">CAPÍTULO XLVII.</h2></div> - - -<p>Con estos pensamientos, que no poco le acosaban, y como -hombre que era de mucho ánimo, determinó de se aventurar á -acometer la empresa de ir á buscar la otra mar, y las riquezas -que ántes y despues della se le habian notificado, cosa por entónces -tenida (y con razon, pues se le habia dicho ser necesarios -1.000 hombres), por muy árdua, para que si saliese con -prosperidad de la jornada se le contase por servicio grande -hecho al Rey, é por él le perdonase lo pasado, y si, por el contrario, -muriese en la demanda, sería suelto de sus temores y -cuidados temporales, aunque del juicio divino no quedaba muy -privilegiado. Con este propósito eligió, de los españoles que en -la tierra estaban y de los que habia traido en los dos navíos -Cristóbal Serrano, hasta 190 hombres, los que le pareció ser -más varones y para sufrir mayores trabajos, y un bergantin y -diez canoas bien capaces, donde consigo los embarcó, con la -comida necesaria para por la mar, y armas de lanzas, espadas, -ballestas, rodelas y algunas escopetas, y la principal y -que más brava y cruel guerra siempre hizo á los indios desdichados, -que es los perros bravos amaestrados; destos llevó no -sé cuantos. Salió en principio de Setiembre de 513, y muchos -indios de los que tenian por esclavos para que les llevasen las -cargas, porque sin éstos no saben nuestros españoles en estas -Indias andar un paso; fué por la mar hasta la tierra del rey -Careta, que tenia por amigo y le habia dado su hija, creyendo -que la casaba, como arriba queda declarado. Careta le -rescibió como de ántes, haciéndole gran fiesta; dejó allí el -bergantin é las canoas, y toma el camino de tierra y sierras ó -montes hácia la tierra de Ponca, con gente que Careta le dió -que le acompañase. El rey Ponca, que siempre tenia sus espías<span class="pagenum"><a name="Page_105" id="Page_105">[105]</a></span> -y recaudo, así como supo que subian sus montañas los españoles, -acógese á su fortaleza acostumbrada, conviene á saber, -escondiéndose por lo más secreto que en toda su tierra hallaba. -Envíale Vasco Nuñez mensajeros de los indios, vasallos -de Careta, que lo asegurasen y le prometiesen de su parte que -no rescibiria ningun daño, que fuese su amigo, como lo era -Careta, dende adelante. Acordó de se poner á sus manos, por -no andar el triste fuera de su casa y señorío desterrado, y así -vino, y porque sabia que la mejor causa de querello bien los -españoles era traelles oro, que tanto ellos amaban, trujóle obra -de 110 pesos de oro, que no tenia más, diciendo que todo lo -que tenia el año pasado se lo habian ellos tomado; bien se -puede aquí creer, que si tuviera muchos millares que no los -dejara en casa, pues venia á ponerse en sus manos y con temor -si le habian de guardar la palabra. Rescibiólo Vasco Nuñez y -los demas con mucha alegría, y con mejor gana que si les -diera mucho oro, por dejar las espaldas seguras prosiguiendo -su viaje. Dióle Vasco Nuñez muchas cuentas, y espejos y cascabeles, -y, lo que más los indios siempre preciaron y precian, -hachas de hierro, las cuales hallan, para sus ejercicios y hacer -sus casas y cortar madera y otras obras, como lo son, -más que otra cosa aparejadas. Hecho amigo Ponca, pídenle -guías y gente que les lleven las cargas para subir las sierras y -pasar adelante; dáles Ponca todo lo que pidieron, y mantenimiento, -de todo lo que tenia, muy á la larga. Comienzan su camino -por las montañas altas, entrando en el señorío y distrito -de un gran señor llamado Quarequa, el cual hallaron aparejado -para resistilles, porque, como la fama de los españoles por -todas las provincias volaba, cada uno de los señores estaba -no descuidado, ántes apercibido con sus espías y gente armada -para se defender, temiendo que cada dia habian de venir á -ellos y hacerles las obras que dellos habian rescibido sus vecinos -y comarcanos. Este Quarequa les ocurrió con muy mucha -gente de guerra, armada de sus arcos y flechas, y unas -tiraderas con que arrojaban unas varas tostadas del tamaño de -dardos, arma que para en gente desnuda era muy mala, que<span class="pagenum"><a name="Page_106" id="Page_106">[106]</a></span> -como con una ballesta de garrucha pasarian un hombre de -parte á parte; traian macanas hechas de palma, que es como -de acero, de que usan, como de porras, á dos manos, puesto -que son chatas ó llanas. Con este aparato salieron preguntándoles -qué querian ó á qué venian, y requiriéndoles que no -pasasen adelante, y como vieron que los españoles no acordaban -de se volver, muéstrase el señor en la delantera vestido -de mantas de algodon, y con él ciertos principales, todos -los demas en cueros, y dan en los españoles con gran grita é -ímpetu espantable. Sueltan los españoles ciertas escopetas de -fuego, y algunas ballestas que llevaban, de los tiros de las -cuales cayeron muertos luégo no sé cuántos, y como vieron -los pobres indios salir el fuego y oyeron el trueno, pensaron -que eran rayos, y que los españoles tenian poder para -con rayos matallos; vuelven apriesa las espaldas, sin quedar -uno que huir pudiese, todos tan espantados, que no creian sino -que los nuestros eran diablos. Van tras ellos, sueltos los perros, -como tras una grey de ovejas ó carneros, y á cuchilladas, á -unos cortaban las piernas y desjarretaban, á otros los brazos, á -otros alcanzaban y cortaban las nalgas, á otros á estocadas -pasaban de parte á parte, á otros desbarrigaban, y los perros, -por su parte, desgarraban y hacian muchos pedazos. Quedó -muerto allí el negro Rey y señor, con sus principales, que venian, -señalados, y hasta 600 hombres que pudieron alcanzar; -prendieron algunos y llegaron al pueblo donde captivaron otros, -y robaron todo lo que valia algo, no supe qué cantidad en él -hallaron. Entre los presos que allí tomaron, fué un hermano -del mismo señor, y otros, no sé cuántos, que, diz que, andaban -vestidos de hábito de mujeres, á los cuales, juzgando que del -pecado nefando eran inficionados, los mandó luégo, sin otra -indagacion ni juicio, aperrear, conviene á saber, echar á los -perros bravos, que, mirándolos y regocijándose, como si miraran -una graciosa montería, en un credo los despedazaron. -Todas estas obras, que por aquella tierra Vasco Nuñez y sus -compañeros hacian, era disponer aquellas gentes para que amasen -el nombre cristiano y se aficionasen para rescibir la religion<span class="pagenum"><a name="Page_107" id="Page_107">[107]</a></span> -cristiana; bien creo que pensaban los pecadores que ofrecian á -Dios algun sacrificio agradable, so color que punian ó castigaban -los quebrantadores de la ley natural, no advirtiendo, con -su ceguedad, cuántas más veces ellos á cada paso la quebrantaban -con muy mayores ofensas de Dios, destruyendo aquellos -reinos y tantas gentes en ellos, y haciendo heder el nombre -de Jesucristo entre aquellas naciones, con sus obras tan detestables, -como dellos dijo Sant Pablo. Y que fuera verdad muy -bien averiguada que aquellos que traian aquel hábito mujeril -era por aquel pecado, ¿quien hizo juez á Vasco Nuñez, ó con -qué autoridad se constituyó Alcalde en señorío y jurisdiccion -ajena, siendo él súbdito de aquellos naturales señores por estar -en su tierra, y que de justa justicia, por sus tiranías, invasiones -y robos tan universales, y por toda ley natural, divina y -humana, dañados, si fuerzas tuvieran, podian hacerlos cuartos -y tajadas? Cuanto más que áun traer algunos aquel hábito -podia ser por otra causa, sin pensar en cosa del pecado nefando; -ésto parece poder haber sido, por lo que refiere Galeno -sobre Hypocras, en el tractado de <i>Aere et aqua</i>: Cuenta -Galeno allí, que muchos de los scythas, naturales de Scythia, -region última de Europa, porque hay otra en Asia, son como -eunucos, inhábiles para ser casados, por lo cual hacen todos -los oficios de las mujeres, así en hablas como en obras, y -llámanlos afeminados oficios, digo, no de vicios sino honestos, -los que las mujeres hacen, á los cuales adoran y reverencian -los vecinos de aquella tierra, temiendo no les -acaezca el mismo defecto que aquellos padecen; aquel defecto -atribuyen á Dios ó á la voluntad de Dios, por sus pecados. -La causa de venir ó caer en él, dice Galeno que le parece ser -la vieja y continua costumbre que tienen de andar á caballo, -porque les vienen ciertos dolores, y de traer las piernas siempre -colgadas hácense algo cojos, y, creciendo la cojedad, encójenseles -las chuecas de los piés ó desencajánseles, para cura -de lo cual sángranse de ambas á dos venas detras de las -orejas, y, por la mucha sangre que les sale, sucédeles flaqueza, -y luégo tras ella el sueño; habiendo dormido, algunos se<span class="pagenum"><a name="Page_108" id="Page_108">[108]</a></span> -levantan sanos, y algunos no, y porque las venas detras de -las orejas son de tal naturaleza, que sangrándolas causan esterilidad, -de aquí es que, cuando quieren tener la secreta -conversacion con sus mujeres, se hallan estériles, y la primera -vez pasan pacientemente, pero á la segunda, ó á la tercera -creen haber ofendido á Dios, y por consiguiente ser su voluntad -en aquello castigarlos. Luégo, dice Galeno, que se visten -trajes ó vestidos de mujeres, y confiesan públicamente ya -no ser hombres, sino afeminados hechos, y, por tanto, se -pasan al consorcio de las mujeres para ejercer los oficios y -operaciones mujeriles con ellas. En este daño é inconveniente -incurren los más nobles y más ricos, principalmente, por -causa de andar á caballo más á la contina, pero los pobres y de -baja suerte que no alcanzan caballos, en tal oprobio nunca se -vieron; todo ésto es de Galeno. Luégo posible cosa fué, que -no por fin de cometer aquel vicio nefando se usase traer los -hombres hábito de mujeres por aquella tierra firme, y, por -consiguiente, haber ofendido gravísimamente á Dios Vasco -Nuñez y sus consortes, aperreando aquellos indios por aquel -título, aunque tuviera jurisdiccion y fuera competente juez, -cuanto más que no lo era sino súbdito, él y todos los que con -él iban, de aquel Cacique y señor de aquella tierra, como queda -dicho.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_109" id="Page_109">[109]</a></span></p> - -<h2 id="XLVIII">CAPÍTULO XLVIII.</h2></div> - - -<p>Ya iban algunos de los españoles, de hambre y cansancio, -enfermos, á los cuales dejó Vasco Nuñez allí en el pueblo del -cacique y señor Quarequa, y pidióles gente de guía y para -llevar sus cargas, para despedir algunos de los de Ponca, y -con ésto comienzan á proseguir lo que les restaba para llegar -á la cumbre de la sierra, de donde la otra mar del Sur decian -que se habia de ver. Habria, desde el pueblo del cacique Ponca -hasta la dicha cumbre de aquellas montañas, andadura de -seis dias, como 40 leguas, y no pudieron llegar á ella sino en -veinticinco dias, por la aspereza de la tierra, y porque siempre -padecian penuria de comida, y el poco descanso que de contino -tenian. Finalmente, llegaron á la cumbre de las más altas -sierras á 25 dias de Setiembre de dicho año de 1513, donde la -mar del Sur se parecia. Avisaron los indios de Quarequa, un -poco ántes que á la cumbre subiesen, á Vasco Nuñez, como estaban -ya muy cerca; manda que todos allí se paren y asienten, -sube él sólo en la cumbre de la sierra, y, vista la mar del -Sur, da consigo luégo en tierra hincado de rodillas, y alzadas -las manos al cielo da grandes alabanzas á Dios, por la merced -tan grande que le habia hecho en que fuese el primero que -la descubriese y viese; llama con la mano á toda la otra su -gente, vienen todos, torna él otra vez á hincarse de rodillas y -á repetir las gracias á Dios de aquel beneficio, y lo mismo hacen -todos ellos. Los indios que llevaban estaban todos como atónitos -viendo el regocijo y alegría dellos. Comienza luégo á encarecer -las buenas nuevas que le habia dado el hijo del rey Comogre, -y prometíales á todos gran felicidad y riquezas, y diciendo: -«Veis aquí, señores y hijos mios, cómo se van cumpliendo -nuestros deseos y el fin de nuestros trabajos, y dello<span class="pagenum"><a name="Page_110" id="Page_110">[110]</a></span> -debemos estar ciertos, porque, así como ha salido verdad lo -que el hijo del rey Comogre nos certificó desta mar, que nunca -tal pensamos ver, así tengo por cierto que se cumplirá -lo que nos dijo de haber incomparables tesoros en ella, y -Dios que nos ha ayudado y su bendita Madre, á que hasta aquí -llegásemos y la viésemos, nos favorecerán para que de todo -lo que en ella hobiere gocemos.» Todos se holgaban de oillo -y todos creian y esperaban lo mismo, porque todos estaban -con aquel pio de ser ricos, y no era de todos más de un -fin, que era su grande cudicia. Comienza luégo á tomar por -fe y testimonio, como, en nombre de los reyes de Castilla, -tomaba posesion de aquella mar, y de todo lo que en ella -habia, y en señal de posesion corta árboles, hace cruces, -allega piedras y amontona muchas dellas; en árboles grandes, -con un cuchillo, escribe el nombre de los reyes de Castilla. -Cura luégo de descender las sierras abajo, y descubrir lo que -por ellas y en la costa de la mar habia; supo que cerca de -allí estaba la poblacion ó poblaciones de un otro señor, llamado -Chiapes, y que tenia mucha gente. Fué siempre sobre -aviso, y porque no ménos lo estaba el Chiapes, por las nuevas -que de los nuestros tenia, salióles al camino con mucha gente -de guerra á resistilles, haciendo fieros como se ven tantos en -número y á los nuestros tan poquitos, hasta que por experiencia, -con daño grande suyo, saben cómo cortan nuestros -cuchillos; no por eso huyen ni se retraen los nuestros, ántes, -lo primero, saludáronlos con las escopetas y ballestas, y luégo -sueltan los perros. Como los indios vieron el fuego que salia -de las escopetas, y oyeron los truenos que retumbaban por -aquellos montes, y el hedor de la pólvora y piedra zufre, y -que parecia que le salia todo de las bocas, no pensaron sino -que se les abrian los infiernos, y vistos de sí mismos los caidos -muertos, y los perros que destripaban á los que acometian, -vuelven las espaldas todos por salvarse, cada uno huyendo -cuanto más podia. Siguen los españoles tras los perros, matando -algunos de los que alcanzaban, para pagar las primicias -de su evangelio, puesto que no todos los que matar pudieran,<span class="pagenum"><a name="Page_111" id="Page_111">[111]</a></span> -porque por entónces no pretendian matar muchos sino prender, -para por medio de los presos hacer amistad con el señor -Chiapes, porque no se impidiese su camino que llevaban -de descubrir lo que por aquella costa y mar habia. Llegan -al pueblo, y de los muchos que prendieron soltaron -algunos, que fuesen por mensajeros al señor, y con ellos -algunos de los que del señor que quedaba atras, Quarequa, -traian, avisándole y asegurándolo de no hacelle más mal con -que fuese su amigo, porque, de otra manera, que le hiciesen -cierto que ni él ni cosa suya quedarian vivos; el cual, temiendo -que no le echasen rayos, truenos, ni relámpagos por la boca -para consumillos, como tenian creido, acuerda de venir y ponerse -en manos de sus tan molestos enemigos. Trujo consigo -400 pesos de oro, que no debia de tener más, porque puesto -que lo habia por aquella tierra, pero como hacian poco y -ningun caudal dello, no curaban de propósito sacallo, sino era -acaso; recibiólo Vasco Nuñez y todos muy graciosamente, y dióle -de las cosas de Castilla que tenia, contezuelas de vidrio, espejos, -cascabeles, tijeras y hachuelas. Despidió de aquí Vasco -Nuñez los indios que traia del pueblo de atras, y del señor -Quarequa, dándoles de las mismas cosillas, con que fueron, -aunque mal pagados, contentos, y envió á llamar los españoles -que allí habian quedado mal dispuestos; entre tanto que -venian estuvo en aquel pueblo de Chiapes con él, haciendo y -rescibiendo buen tractamiento, y envió desde allí á descubrir -la costa de la mar y lo que habia por la tierra á Francisco Pizarro, -y Juan de Escaray, é Alonso Martin, de Don Benito, con -cada 12 hombres, mayormente que buscasen caminos que á la -mar saliesen por más cerca. El Alonso Martin acertó con el camino -más breve, y á los dos dias llegó donde halló tres canoas -en seco y no vido mar ninguna, y estando considerando cómo -aquellas canoas estaban tan dentro en la tierra sin agua, llega -el agua de la mar de presto, y levanta las canoas en alto un -estado ó poco ménos; la causa es, porque por aquella costa -cresce y mengua la mar, cada seis horas, dos ó tres estados, de -manera que los navíos grandes quedan en seco, y no parece<span class="pagenum"><a name="Page_112" id="Page_112">[112]</a></span> -agua de la mar por buena media legua. Visto las canoas nadar, -entra luégo el Alonso Martin en una, y dice á sus compañeros, -«sedme testigos, como yo soy el primero que en la mar del Sur -entra», otro, llamado Blas de Atienza hizo lo mismo, y dijo que -fuesen testigos que él era el segundo que aquello hacia; tornaron -luégo á Vasco Nuñez con las nuevas, con las cuales hobieron -todos regocijo nuevo. Venidos los españoles que dejó -en Quarequa, ruega Vasco Nuñez al señor Chiapes que vaya -con él y lleve consigo parte de su gente; place á Chiapes hacelle -buena compañía, y dejado en su pueblo parte de los -españoles que, no tan bien, por su cansancio é indispusicion, -podian ir, llega Vasco Nuñez y Chiapes, con 80 españoles y -muchos indios, á la mar, y métese hasta los muslos en ella con -una espada y una rodela, toma luégo testigos y pide testimonio, -como vé y toca con su persona y toma posesion de toda -aquella mar del Sur y de todo lo que á ella pertenecia, en nombre -de los reyes de Castilla, y que esta posesion defenderá -contra todos los que la contradigan, y hace para ésto muchos -actos y diligencias. Tomó nueve canoas, que debian ser de Chiapes, -y pasa un gran rio para ir á la tierra y pueblos de -otro señor llamado Coquéra, la media luenga: éste, sabido que -iban los españoles á su tierra, sale con toda su gente á les resistir, -el cual llevó, como los de atrás, en la cabeza: matáronle -alguna gente, y él con los demas toman su ordinario remedio. -Envia Vasco Nuñez algunos de la gente de Chiapes, amonestando -que venga á ser su amigo, si nó que hará en ellos lo que -en los otros suele; hicieron los mensajeros chiapenses su mensaje -fielmente, loando á los españoles de buenos, y que no -querian sino oro, y tener á todos por amigos, que viniese á -ellos sin miedo, porque así lo habian hecho su señor Chiapes -y los otros señores de aquella tierra, y que si no lo hacian padecerian -gran peligro, porque eran los cristianos invictísimos, etc.; -bien habian entendido las cualidades de los nuestros, y cuán -seguros creian que los tristes estaban de la bondad y justicia -de los nuestros, aunque en el fin dellos no iban muy aviesos. -Finalmente, hizo Quarequa lo mismo que los otros, y vino con<span class="pagenum"><a name="Page_113" id="Page_113">[113]</a></span> -su ofrenda, que fueron 650 pesos de oro, pocos más ó pocos -ménos; rescibióle Vasco Nuñez con mucho placer, dále de las -cosas de Castilla, como á los primeros, ofrecénle amistad y paz, -puesto que se les tornó á todos en la de Judas, y los cascabeles -y cuentas que les daban, en cebo de anzuelos y carne de -buitrera.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_114" id="Page_114">[114]</a></span></p> - -<h2 id="XLIX">CAPÍTULO XLIX.</h2></div> - -<p>Dejado así el rey Quarequa contento, tórnanse al pueblo de -Chiapes, donde holgando algun dia, no se les cocia el pan, en -especial á Vasco Nuñez que no podia estar quieto; deliberó -de ir á descubrir algo por la mar, un golfo que por allí parecia -entrar mucho en la tierra, especialmente. Desque Chiapes -vido su determinacion, persuadíale y rogábale mucho que no -lo hiciese por entónces, porque era muy peligroso navegar -por aquella mar en aquel tiempo, y señalaba tres meses del -año, conviene á saber, Octubre, y Noviembre, y Diciembre; -pero Vasco Nuñez no por aquellos miedos y peligros se detiene, -diciendo que Dios los habia de ayudar, porque de -aquel viaje habia de salir mucho servicio á Dios y aumento -de su fe, por los tesoros grandes que se habian de descubrir, -para que los reyes de Castilla hiciesen guerra contra infieles. -Su grande ambicion y cudicia envolvia y aburujaba con el -servicio de Dios, que nunca pretendió, sino hacerse á sí, de -sangre de hombres inocentes, rico. El cacique Chiapes, porque -no pareciese que no le guardaba toda fidelidad, como -buen amigo, aunque sabia el peligro en que se ponia, todavía -quiso acompañalle y seguille. Embarcáronse Vasco Nuñez y -Chiapes, y 80 españoles de los más sanos de todos los que tenia, -los demas déjanlos allí en las nueve canoas dichas, y -para remallas y ayudar en todo lo que se ofreciera muchos -indios, y porque entraron en el golfo susodicho, dia de Sant -Miguel, que es á 29 de Setiembre, púsole aquel nombre, como -hoy lo tiene. Sucedió luégo, en entrando, apartados algo de -tierra, tan grandes olas y tan bravas, que Vasco Nuñez, por -haber tomado el consejo de Chiapes, renunciara todas las riquezas -del mundo que tuviera. Fué grandísima ventura todos<span class="pagenum"><a name="Page_115" id="Page_115">[115]</a></span> -no perderse, y los indios, que suelen nadar como peces, mostraban -más el peligro en que se vian, por las muchas veces -que sabian peligrar en aquel golfo por experiencia, y este -miedo que mostraban los indios causaba á los españoles mayor -desconfianza de su buena suerte. La causa de andar la -mar en aquel golfo, sin que haga viento, tan brava é inquieta, -es las muchas isletas y arracifes, ó peñascos, que hay en él. -Tomaron por remedio los indios, como maestros en aquello, -que se juntaron unas canoas con otras, y atáronse con cuerdas, -porque atadas no se trastornan tan fácilmente; llegáronse -al reparo de una isleta, y saltaron en tierra, ligando las canoas, -ó á las peñas, ó á algunos arbolillos mariscos que allí -crescen, donde estuvieron toda la noche con muy poco ménos -tormento que si luégo vieran la muerte, y no estuvieron muy -léjos della, porque, creciendo la mar, cubrió toda la isleta -como si no hobiera en ella tierra ó peñas, y ellos en el -agua hasta la cinta, ó poco ménos. Venido el dia, y tornando -á bajar la mar, van á ver sus canoas, de las cuales hallan algunas -hechas pedazos, otras abiertas por muchas partes, y -todas llenas de arena y de agua salada, y en ninguna hato ni comida, -de todo lo que en ellas tenian, hallaron. No hay mucho -aquí que dudar de cuánta miseria, angustia, y tristeza estarian -llenos y sobrepujados; viéndose así tan cercanos á del todo -perecer, comenzaron á socorrerse, desollando cortezas de los -arbolillos marinos que allí estaban y majándolas, y con ellas y -con hierbas, tajaban y tupian las hendiduras de las canoas que -no estaban del todo quebradas, y, como mejor pudieron, tornáronse -á embarcar con muy grande peligro, y padeciendo terrible -hambre. Van en demanda de la tierra de un señor llamado -Tumaco, que está en un rincon del mismo golfo, y éste -hallaron, para resistilles, aparejado, el cual les dió una batalluela, -de las que los desnudos, donde no tenian hierba ponzoñosa, -solian dar; venciéronlo, aunque flacos de hambre, y -ahuyentáronlo como á los de atras, quedando los que alcanzaron, -por los perros y con las espadas, hechos pedazos, y el -mismo Cacique bien descalabrado. Envió luégo el cacique<span class="pagenum"><a name="Page_116" id="Page_116">[116]</a></span> -Chiapes mensajeros de su gente al Tumaco, avisándole de la -fortaleza de los españoles, y cuán crueles eran contra los que -no se les daban, y cuán bien trataban los que tenian por -amigos, como hacian á él y á los otros señores que quedaban -en los caminos por donde venian. No habia Chiapes aún experimentado -el tractamiento que despues le hicieron, y como no -era oro todo lo que relucia en los españoles, y como habian -todos de perecer en las minas y en los otros trabajos en que -los pusieron para hacerse ricos, y por ello sacalles la sangre. -Tumaco no quiso ser persuadido de los mensajeros de -Chiapes, y, cierto, en su seso estaba; tórnale á enviar otros -mensajeros, ó otra vez los mismos, avisándole, como amigo, -porque tuviese por cierto que, si no venia, no se podia escapar -de sus manos, donde sería cruelmente muerto, y todo -su señorío disipado, y todo lo demas que pudo envialle -á decir, para movello, le significaron. En fin, convencido -de las razones y temores que le pusieron, acordó de sacar -de la necesidad virtud; pero él no quiso venir, mas envió -su hijo, al cual Vasco Nuñez rescibió muy bien, y creo -que le dió una camisa y otras cosillas, y tornólo á enviar -á su padre, amonestándole que le dijese todo el mal -y bien que podian los españoles hacerle, por eso, que -no tardase ni porfiase á perseverar en no querer venir á -ser su amigo. Viendo Tumaco que así habian tratado á -su hijo, creyendo que así sería todo y siempre, al tercero dia -determinó de venir bien acompañado de su gente y principales, -pero no quiso traer consigo nada que ofreciese para la -lámpara que tanto ardia, y aquella ofrenda deseaba. Rescibióle -con mucha fiesta Vasco Nuñez y los demas, y aseguráronlo -mucho, hablóles Chiapes, loando mucho á los españoles, -que eran buenos amigos, y que era razon de los abrigar y -ayudar, pues eran extranjeros y estaban en sus tierras, y -otras cosas para lo atraer á la confianza y amistad de los cristianos; -él, así aplacado y confiado por las palabras de Chiapes -y por la conversacion alegre que experimentaba, envió de la -gente que consigo trujo, ciertos criados á su casa, los cuales<span class="pagenum"><a name="Page_117" id="Page_117">[117]</a></span> -trujeron ciertas joyas de oro, y, lo que más valia y más se estimó, -y con razon, trujeron 240 perlas gruesas, muy preciosas, -y de otras menudas, muchas. Desque Vasco Nuñez y todos -las vieron, no se podia encarecer el alegría y regocijo que -tuvieron, creyendo que ya se les acercaban las riquezas inmensas -que el hijo del rey Comogre les habia denunciado, por -lo cual se tenian por los más bienaventurados del mundo, y -daban ya por bien empleados todos sus trabajos, que no eran -mucho menores que infernales. Las perlas grandes, como dije, -eran de mucho valor, salvo, que por echar los indios en el -fuego las ostias donde ellas están para las abrir, salian ahumadas, -y no tan blancas como ellas lo eran y son de su natural. -Despues, el tiempo andando, enseñaron los españoles á -los indios como abriesen las ostias, sin fuego, más aína y -con más cuidado y continuacion que la doctrina cristiana, -porque no viene alguno dellos por aquel fin acá, y ésto, cierto, -creo, por lo que habemos largamente visto, que lo podemos -afirmar sin pecado; pues como viese Tumaco que tanta fiesta -se hacia por las perlas, y que todos dellas se admiraban, por -mostrar ser liviandad y que él las tenia en poco, envió luégo -ciertos indios, mandándoles que fuesen á pescar más, los cuales -se dijo que trujeron, desde á cuatro dias, dellas tantas que pesaron -12 marcos. Todo ésto era materia para que los nuestros -no pudiesen tragar la saliva de gozo, tanto les crescia la esperanza -de su desideratísima felicidad. Todos los españoles y -indios estaban en grandísimo regocijo; los españoles, por los -argumentos que juzgaban serles todo aquello de su bienandanza, -y los indios, mayormente los Caciques, por el amistad de los -cristianos, creyendo que aquella les habia de durar, y que -los españoles estimaban en mucho el oro y perlas que ellos -tenian en nada, y que se contentaran con lo que les daban y -no quisieran dellos más, y mayormente se holgaba Chiapes -por haber sido medianero de la paz y amistad de Tumaco y -los cristianos. Certificaron Chiapes y Tumaco á Vasco Nuñez, -estar una isla distante de allí obra de cinco leguas, segun por -señas señalaban, dentro en aquel golfo, donde señoreaba un<span class="pagenum"><a name="Page_118" id="Page_118">[118]</a></span> -Rey gran señor, en la cual habia gran multitud de ostias -muy grandes, en las cuales se criaban perlas tan grandes -como aceitunas, y como habas, segun por señas significaban. -Oido Vasco Nuñez de la isla y de la riqueza de las perlas, no -podia caber en sí por la excesiva alegría, dice que luégo quiere -pasar á ella é que aparejen las canoas; los dos Caciques amigos -le ruegan que no se ponga en aquel peligro en tal tiempo, -que lo deje para el verano, cuando la mar está en sosiego, y -entónces podrá ir á su placer y alcanzar cumplimiento de su -deseo, y que para entónces ellos con su gente le acompañarian. -Temió Vasco Nuñez no le acaeciese lo que de ántes habia -padecido en la isleta, y así tuvo por bueno el consejo de -aquellos Caciques sus amigos. Díjose que aquel cacique Tumaco -dió nuevas á Vasco Nuñez, como por aquella costa en adelante, -señalando hácia el Perú, habia grande cantidad de oro, -y ciertos animales sobre que ponian sus cargas las gentes -della, y que de barro hizo una figura como las ovejas de -aquella tierra, con el pescuezo que tienen, que parece propio -de camello; estaban los españoles admirados, dellos decian -que mentian, dellos pensaban si eran camellos, dellos si eran -ciervos ó dantas, que las hay en muchas partes de tierra firme, -que son como terneras chiquitas, pero difieren porque -tienen las piernas muy chicas, cuasi un palmo del suelo, y -creo que carecen de grandes cuernos: y éste fué el segundo -indicio que Vasco Nuñez alcanzó de las riquezas y estado -del Perú.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_119" id="Page_119">[119]</a></span></p> - -<h2 id="L">CAPÍTULO L.</h2></div> - -<p>Con todas estas tan nuevas nuevas, cargado de larguísima -esperanza de las riquezas de oro y perlas que esperaba de -descubrir el verano venidero, y que nunca gozó aunque las -habia mayores que jamás fueron imaginadas ni soñadas, Vasco -Nuñez acordó, muy contento, y alegre, y triunfante, volverse al -Darien; despidió allí los caciques Chiapes y Tumaco, que se -quedasen muy enhorabuena, dándoles gracias por lo que por -él y los suyos habian hecho, y en especial á Chiapes, que más -con él habia trabajado y más seguídole, y abrazándolos, y ellos -á él (mayormente Chiapes lloró mucho apartándose dél, porque, -cierto, comunmente los indios aman á los que no les hacen -mal), y con alguna muestra de querellos bien de veras, dejó -con él los españoles que estaban mal dispuestos y flacos, encomendándoselos -tuviese cargo dellos, hasta que estuviesen -buenos y pudiesen irse tras él, dióle todos los indios que hobo -menester, que le llevasen las cargas y acompañasen hasta donde -quisiese servirse dellos. Fueron por otro camino que habian -venido, y aportaron á la tierra y señorío de un otro Cacique -llamado Teaocham; éste, sabido que iban y las obras que hacian -á las gentes donde llegaban, si no les salian á rescibir, -como no tuviese fuerzas para les resistir, acordó salirles de paz -al camino, y hacelles todo el rescibimiento de amistad y benevolencia, -y acogimiento, y servicio en su pueblo que le fué -posible; trujo ante sí consigo su presente, que ofreció á Vasco -Nuñez, 1.000 castellanos de oro en piezas labradas por muy -lindo artificio, y 200 perlas muy finas, puesto que algo turbias -por haberlas sacado de las conchas ó ostias al fuego. Dióles -abundantemente de comer de todo lo que tenia, y hospédalos, -en todo lo que pudo, como si fueran sus deudos y amigos, y á<span class="pagenum"><a name="Page_120" id="Page_120">[120]</a></span> -toda la gente que de Chiapes traia; rogó á Vasco Nuñez que -diese licencia que se tornasen á su tierra los chiapenses, porque -estando en su casa, no les habia de faltar cosa de lo que -tuviese. Fué así, é mandóles dar comida para su camino. Holgáronse -allí con Teaocham dos ó tres dias, y porque el camino -para el Darien, desde allí, era despoblado mucha parte, -y de altísimas y estériles sierras, donde habia muchos tigres y -leones, proveyóles de mucho bastimento, bizcocho, y pescado -salado, y otras cosas, y mucha gente que le sirviese y llevase las -cargas, y hombres de sus principales, y con ellos por Capitan, -para que mandase y ordenase á todos por el camino, el mayor -y más amado hijo que tenia, mandándole que no se apartase de -los españoles un credo, ni se volviese, ni él ni hombre de los -que con él iban, sin voluntad y mandado de Vasco Nuñez. -Guiaron su camino los indios por la tierra de un otro señor, mayor -que todos los que atras quedaban, que debia de ser enemigo -dellos, del cual justa ó injustamente se quejaban, y quisieran, -por ventura, que los españoles á quien tenian ya por invencibles, -hicieran guerra contra él, que Pacra se llamaba; éste -Pacra, gran señor, no osó salir de guerra ni de paz, sino escondióse; -y ántes que aquí llegasen, subiendo por unas aspérrimas -sierras, que no tenian por mucha parte del camino agua, -padecieron tan terrible sed, que si no fuera por las guías, que, -apartado del camino en un rincon de un valle, mostraron una -fuente, hombre dellos no escapara. Llegados al pueblo de -Pacra, halláronlo todo vacío de gente, aunque no faltó que -robar, porque 3.000 pesos de oro en joyas hallaron; envió -Vasco Nuñez mensajeros, que por los montes lo buscasen y le -dijesen que viniese á verlos sin temor, y que sería su amigo, -y si no que lo iria á buscar y lo haria echar á los perros que -le hiciesen pedazos como habia hecho á los demas. Pacra, temiendo -su severidad y la ferocidad de los perros, que ya eran -temidos por toda la tierra más que los diablos, acordó venir -(aunque tarde porque no osaba), é ponerse en sus manos habiéndolo -asegurado; trujo consigo otros tres señores, que debian quizá -ser sus vasallos y con gente acompañado. Era, segun escribió<span class="pagenum"><a name="Page_121" id="Page_121">[121]</a></span> -Vasco Nuñez al Rey, este señor Pacra feísimo de gesto, y de -todos los miembros, diferente de otros hombres, desproporcionado, -que de vello todos se admiraron. Dijo Vasco Nuñez, que -otros Caciques y señores comarcanos, sabido que Pacra habia -venido á ver á los españoles, vinieron á quejarse dél, que les -habia hecho muchos agravios, y que por ésto determinó de -matarlo; con éste acuerdo, primero preguntóle blandamente, -como rogándole, que dijese dónde se cogia el oro de aquella -tierra, que de abundar dello tenia mucha fama; respondió que -no sabia; hácele muchas amenazas, dále muchos tormentos, -no le aprovechó nada. Preguntado de dónde habia habido -aquellos 3.000 pesos que le tomaron, respondió que ya eran -muertos los que sabian sacallo en tiempo de sus padres y suyo, -y que despues que habia crecido en edad, de mandar buscar -ni sacar oro habia tenido poco cuidado. Hízolo, en fin, echar -á los perros con los otros tres señores que habian venido á -acompañallo, que los hicieron pedazos, y despues de muertos -por los perros, hízolos quemar. Bien es aquí de notar la gran -tiranía y ceguedad deste pobre Vasco, que, habiéndolo asegurado, -y venido confiado del seguro, y sin le haber ofendido, -dalle tal pago, y tambien ¿qué juez era él en el señorío de -Pacra, siendo por toda la tierra tirano y haciendo á todos los -señores della obras de tirano, para conocer de las quejas que -los otros Caciques, de Pacra daban? Item, ya que tuviera jurisdiccion -sobre Pacra, á cuya jurisdiccion era él ántes, de ley -natural, subjeto, ¿seguíase que, porque los otros de aquel se -quejasen, tuviesen razon ni justicia de agraviarse? Item, ¿qué -sabia Vasco Nuñez, si aquellos eran sus vasallos, como quiera -que fuese gran señor, y por rebelársele ó querérsele rebelar, -viendo la fuerza de los españoles, le levantaban achaques? -Item, ¿oyó en juicio contradictorio á Pacra, fué convencido -en él despues de jurídicamente muy examinada la causa y -entendido su lenguaje, de que apénas entendia tres palabras, -para que á él y á los otros tristes tres señores, que de su seguridad -se fiaron, echase á los perros que los despedazasen? -Pero, cierto, harto más injusto é más infelice y más feo pare<span class="pagenum"><a name="Page_122" id="Page_122">[122]</a></span>cia -y era Vasco Nuñez, ante el acatamiento de Dios, haciendo -las injusticias y tiranías é infestaciones que por toda aquella -tierra cometia él y los demás, teniendo el apellido y nombre -cristiano, que Pacra aunque más feo é injusto fuese, dado que -los que dél se quejaban dijesen verdad, cuanto más que -quizá no lo era, y no era Vasco juez para examinallo, ni lo -podia, por falta de saber la lengua, examinar, sino el oficio que -á él le competiera, por ser cristiano, era ser medianero entre -ellos, hacellos amigos y ponellos á todos en paz, lo cual pudiera -muy bien hacello y con mucha facilidad. Despues que -los españoles que dejó en el pueblo de Chiapes se sintieron -en breve dispuestos para caminar, siguieron á Vasco Nuñez -acompañados con gente y bastimentos de Chiapes; viniéronse -por cierto señorío y casa de un otro Cacique y señor, llamado -Bononiáma, la penúltima sílaba luenga. Este, como los vido, -recibiólos con toda alegría y benignidad; hospédalos como -si fueran sus hermanos, dáles en presente 2.000 castellanos. -Descansados un dia ó dos pártense, y el mismo señor, -con mucha provision de comida y muchos servidores, los -quiso acompañar hasta ponellos donde Vasco Nuñez estaba; -llegado al pueblo de Pacra donde áun estaban, toma á algunos -por la mano y dice á Vasco Nuñez: «Ves aquí, hombre -valiente y esforzado, tus compañeros, los cuales, así como en -mi casa entraron, buenos y sanos, te los traigo; el que hace -los truenos y relámpagos y nos da los fructos de la tierra, y -nos mantiene, á tí é á ellos os guarde.» Esta sentencia creian -que pretendia significar su plática, y cuando decia alzaba -los ojos al sol, por manera que al sol debian de tener por -Dios, ó por dador de los bienes temporales; otras muchas -palabras dijo, que parecian ser de amor, que aunque no se -entendian en este sonido las interpretaban. Vasco Nuñez, como -mejor pudo, le mostró referille agradecimiento y muchas -gracias por haber hecho tan buen acogimiento y hospedaje -y compañía á los españoles; dióle muchas cosillas de las de -Castilla, que allí tenia, que él tuvo por gran favor y riqueza. -Supo dél muchos secretos del oro de aquellas provincias, y<span class="pagenum"><a name="Page_123" id="Page_123">[123]</a></span> -de las tierras vecinas, segun Vasco Nuñez escribió al Rey, -entre las cuales debió de tener aviso de las cosas del Perú, -segun en su carta al Rey encarecia. Despidióle, para que -se volviese á su casa y tierra, con grande amor y alegría, quedando -ambos confederados en amistad perpétua. Estuvo reposando -Vasco Nuñez y su compañía en el pueblo de Pacra, -que hizo despedazar á los perros, treinta dias, donde se rehicieron -y cobraron todos fuerzas, porque todos venian, y los más -sanos, de los grandes trabajos, y hambres muchas veces, muy -deshechos. Partióse de allí, acompañándoles siempre la gente -que traia del cacique Teaocham, que arriba dijimos salirle á -rescibir voluntaria y graciosamente; tomaron la ribera en la -mano del rio de Comogre, del cual tomó el nombre la region -y tierra, y el mismo Cacique, cuyo hijo significamos arriba -que dió á Vasco Nuñez las nuevas del Perú y de sus riquezas. -Subieron unas sierras terribles y aspérrimas, despobladas, sino -fueron dos Caciquejos paupérrimos que topó en un poblezuelo, -que no debian tener labranzas, sino pocas, como hombres -muy montañeses; aquestos llevó consigo por guías, y tomado -de allí algun poco bastimento, yendo de sierra en sierra, -sin camino, y á veces por ciénagas donde se sumian, si no -iban sobre aviso, fueron tres dias con trabajo nunca oido, y -algunos de los indios teaochenses, de hambre, cansancio y flaqueza, -y tambien de los españoles, desfalleciendo. Era aquella -tierra no andada, porque, aunque habia algunos pueblos, -no comunicaban unos con otros, contentándose cada uno con -lo que tenia; llegaron á un pueblo de un Cacique, nombrado -Buchebuca, el cual hallaron todo vacío, porque, sintiendo -que los españoles venian, huyeron él y toda su gente. Envió -á buscallo algunos indios de los teaochenses, que todo lo trabajaban -y suplian; halláronlo por los montes ó sierras, escondido; -aseguránlo de parte de los españoles, respondió que -él no habia huido de miedo, sino de vergüenza y tristeza, por -no se hallar con tanto bastimento, y comida, y aparejo para -rescibirlos, segun ellos merecian, pero que, en señal de amistad -y confederacion con ellos, rescibiesen aquellos vasos y<span class="pagenum"><a name="Page_124" id="Page_124">[124]</a></span> -piezas de oro que los enviaba, pidiéndoles perdon porque -más no podia servirles. Salieron de aquel pueblo harto desconsolados -y hambrientos y con mucha flaqueza, porque -como era mucha gente los españoles y los indios, que les -traian las cargas y les servian por el camino, y no traian acémilas -ni carretas para traer los bastimentos, donde quiera que -llegaban, puesto que les diesen mucho, y cuanto bastimento -tenian, como no podian los indios llevar más de dos ó tres arrobas -á cuestas y comian todos dello, en dos dias que andaban -por despoblado no tenian que comer. Viniendo su camino, -asomaron ciertos indios por un cerro y hicieron señas que -los esperasen, que los querian hablar; Vasco Nuñez mandó -que todos parasen, pregúntales que qué es lo que quieren; -comienzan: «Nuestro señor Chioriso os envia á saludar, y dice -que quisiera mucho que fuérades á su pueblo, por mostraros -el amor que os tiene, aunque no os ha visto, por la fama que -teneis de valientes hombres; ha oido decir que haceis mal y -perseguís á los que hacen mal á otros, y él tiene un enemigo, -gran señor, de quien rescibe mucho daño, y querria que le -ayudásedes; éste tiene mucho oro, del cual podríades vosotros -gozar, pero mi señor, en señal del bien que os quiere y -os desea, os envia estos 30 platos ó piezas de oro, prometiendo -que os dará muchas más si teneis por bien de ir á -donde él está.» Pesaban, á lo que entendí, 1.400 castellanos. -Vasco Nuñez mostró agradecérselo á su señor, dándoles esperanza -que algun dia iria á visitallo, y envióle ciertas hachuelas -de hierro, que por ellas le dieran de oro diez veces -más, y pensaran que no se las pagaban. Despidiólos muy -alegres y ricos con sus hachas, y llenos de esperanza que algun -dia los iria á visitar, y él con su hueste prosigue por su camino -adelante.</p> - -<hr class="chap" /> - -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_125" id="Page_125">[125]</a></span></p> - -<h2 id="LI">CAPÍTULO LI.</h2></div> - -<p>Iban todos tan cargados de oro, que más indios con cargas -de oro que con bastimentos y comida ocupaban; pero, aunque -el oro de su propia naturaleza tiene virtud de alegrar, la mucha -hambre y cansancio que padecian los llevaba tan tristes -y atribulados, que consuelo ninguno en su corazon podia entrar; -bien podemos presumir, que si llegaran á un bien proveido -meson de comida, que ni estuvieran regateando en el -precio, ni les faltara de que lo pagar. Prosiguiendo su camino, -llegaron á la tierra y señorío del cacique Pocorosa, el cual -luégo huyó, pero enviándole mensajeros y asegurándolo que -no rescibiria daño alguno, luégo tornó; presentó á Vasco Nuñez -1.500 pesos de oro, y ciertos indios que debia tener por -esclavos, Vasco Nuñez le dió de sus diges de Castilla, y algunas -hachas con que lo contentó; estuvieron allí treinta dias -teniendo bien de comer, donde rehicieron las fuerzas que -traian harto disminuidas y flacas. Queriendo se partir de aquel -pueblo de Pocorosa, y preguntando por el camino, fuéle dicho -que habia de pasar, de necesidad, por el señorío del rey Tubanamá, -la última sílaba aguda; y éste era el gran señor, y á -quien temian todos los de aquellas regiones por su mucho poder -y valor, de quien dió noticia el hijo de Comogre, como en el -cap. 41 hicimos relacion; llamó á todos los españoles Vasco -Nuñez, y díceles que conviene ántes que Tubanamá tenga noticia -dellos irlo á saltear y prendello, lo cual parecia deberse -hacer así al cacique Pocorosa, que era su capital enemigo. -Respondieron que se hiciese como le parecia, y que luégo se -partiesen ántes que por alguna vía Tubanamá fuese avisado. -Tomó 60 hombres, los más dispuestos, ligeros y sanos, y de<span class="pagenum"><a name="Page_126" id="Page_126">[126]</a></span> -mejores ánimos, con cantidad de indios que le dió Pocorosa, -los demas españoles, que estaban indispuestos y flacos, dejó -allí para que descansasen y se recreasen; partióse Vasco Nuñez -con sus 60, trasnochando, y lo que habian de andar en dos -dias anduvieron en uno, y así una noche, á la prima, dieron en -él, que estaba bien descuidado, y lo prendieron. Dijeron que -tenia 80 mujeres; á ellas y á toda su familia que tenia en su -casa, que era muy grande, captivaron; el pueblo teníalo muy -desparcido, y así como sintieron los españoles, todos huyeron; -la gente que llevaba Vasco Nuñez de Pocorosa, comenzaron á -vengarse dél diciéndole injurias y baldones, cuantos sabian y -podian, por darle pena. Sabida su prision por otros pueblos -que tenian dél queja, venian y hacian lo mismo, y daban á -Vasco Nuñez quejas dél; respondia que mentian y que por envidia -de que estaban llenos, por verlo más poderoso y no poder -contra él prevalecer ni sojuzgallo, le levantaban aquellas -mentiras y testimonios falsos, ántes habia rescibido muchos -agravios dellos. Entre aquestas disputas, acusaciones, excusas, -ó respuestas, finge Vasco Nuñez que lo queria echar á los -perros, y mandó á los españoles que lo sacasen fuera, ó para -echallo, píes y manos atadas, en un gran rio que allí era; llora -terriblemente, y échase á los piés de Vasco Nuñez, alegando -que nunca le habia ofendido á él ni á los cristianos, ántes -siempre los tuvo en mucho, aunque no los habia visto, estimándolos -por valientes hombres y buenos, que por qué á sus -enemigos que lo querian mal daba crédito, y para en argumento -de la estimacion que de los españoles tenia, llegóse á -Vasco Nuñez, y pónele la mano á la espada diciendo: «¿Quién -contra ésta macana (ó como allí se llamaba), que de un -golpe hiende un hombre por medio, desde la cabeza hasta el -ombligo, ha de pensar prevalecer sino fuere alguno que no tuviere -seso? ¿pues quién no amará más presto que aborrecerá -tal gente? No me mates, yo te lo ruego, y traerte hé cuanto -oro yo tengo, y cuanto pudiere haber.» Estas y otras muchas -palabras y razones, con abundancia de lágrimas, que todas no -se entendian, decia, teniendo ya cuasi tragada la muerte. Ma<span class="pagenum"><a name="Page_127" id="Page_127">[127]</a></span>cana -llamaban en esta isla un arma, de que usaban como de -espada, en las manos, de palo de palma, que es muy recia, -como arriba hemos algunas veces dicho, allí no sé qué nombre -se tenia; Vasco, no queriéndolo matar, comenzó á mostrarle el -rostro un poco alegre, mostrando que se compadecia dél y -mandó que lo soltasen; suelto, mandó luégo traer 3.000 pesos -de oro fino en ciertas joyas, como manillas y ajorcas y -otras piezas para ornato de mujeres. Desde á tres dias le enviaron -ciertos señores, sus vasallos debian ser, por su mandado, -6.000 pesos; preguntado Tubanamá que dónde se sacaba -aquel oro, negó que se cogiese en su tierra, y que -aquello, á sus pasados se habia traido del rio de Comogre -que desaguaba en la mar del Sur; la gente de Pocorosa, y -otros sus enemigos, que allí habian venido á vengarse dél, -afirmaban que mentia, porque todo su reino y señorío era, -más que otra tierra, de oro muy rico, el contrario decia Tubanamá, -conviene á saber, que en toda su tierra no sentia que -hobiese minas, puesto que algunas veces sus vasallos cogian -en los rios algunos granillos, pero que no hacian cuenta dello, -ni ponian cuidado en buscallo, como quiera que para lo sacar -grandes trabajos se requiriesen. Estando allí, llegaron al pueblo -de Pocorosa los españoles que habian quedado en los pueblos -de atras descansando, los cuales traian entre sus hatos y cargas, -que les traian los indios, ciertos azadones y bateas y -otros instrumentos para inquirir, por dónde anduviesen, los rios -y lugares en que hobiese oro. Sabido por Vasco Nuñez, envió -por los dichos instrumentos de sacar oro, y llegaron dia de -Navidad, el cual, con regocijo corporal y mundano, festejado, -no les sobrando la devocion de las tres misas que aquel dia -oyeron, porque de oirlas estaban bien descuidados, luégo, el -dia siguiente de Sant Estéban, fueron con toda su devocion á -dar catas por los cerros y arroyos, que es hacer hoyos y probar -si sacaban muestra de aquello que tenian por su principal -fin, é por quien tantos y tales trabajos y peligros voluntariamente -tomaban. En las cuales catas hallaron muy buen -oro, y entre ello muchos granos como lentejas, señal de ha<span class="pagenum"><a name="Page_128" id="Page_128">[128]</a></span>ber -en la tierra minas muy ricas de oro, de donde creyeron -los nuestros los de Pocorosa decir verdad, que con justa -razon Tubanamá negaba, porque ya sabia que si en su tierra -hallaban oro los españoles, que nunca se irian della, y por -consiguiente, á él y á su gente y á todo su estado, les habia -de suceder mucho mayor mal; tambien se creia que lo negaba -por tener por muy poca cosa, y no de estimar, aquella cantidad, -pero la primera razon es la verdad, y muy extendida -en todas estas Indias, y á todas las gentes dellas general, -conviene á saber, huir siempre de estar cerca de españoles y -encubrir las minas del oro, porque ya saben ó han oido decir -que por el oro los han de consumir y en breve acabarlos. -Cuando se quiso partir de allí, hizo dar otras catas en otros -lugares y hallaron mucho mayor señal de ser rica la tierra de -oro, por lo cual determinó de hacer, andando el tiempo, dos -pueblos de españoles, uno allí en la tierra de Tubanamá, y -otro en la de Pocorosa, para dos efectos, el uno, porque hobiese -poblacion de nuestra gente para la seguridad del tracto -que hobiese de la una mar á la otra, y el otro por tener cerca -las minas para gozar de aquel oro que estimaban ser mucho. -Llevóle todas sus mujeres y todo cuanto pudo llevarle y á un -hijo suyo; aunque se dijo que el hijo dió de su voluntad, para -que, conversando con los españoles, supiese su lengua, y -quiza por espía, para que de lo que determinasen hacer lo -avisase; dejóle dicho que hiciese coger á su gente mucho oro -y se lo enviase, y que siempre sería su amigo y bien tractado. -Dieron ciertas calenturas á Vasco Nuñez, de los grandes trabajos -y hambres que habia pasado, hízose llevar á cuestas de -indios en una hamaca; llegaron al pueblo y señorío de Comogre, -cuyo señor, viejo, era muerto, y heredado el hijo mayor, -discreto mancebo, que habia reprendido á los españoles -cuando los vido reñir sobre la partija del oro, y dió nuevas -las primeras é indicios de la gran tierra y riqueza del Perú. -Este rescibió á Vasco Nuñez y á los demas con grande alegría -y fiesta, donde hallaron harto consuelo y abrigo; presentó -á Vasco Nuñez 2.000 pesos de oro labrado, y él dióle una<span class="pagenum"><a name="Page_129" id="Page_129">[129]</a></span> -camisa de lienzo que no tuvo en poco el bueno del señor Comogre. -Despues de haber algunos dias reposado y recobradas -algunas fuerzas los que más presto se restauraron, y él libre -de las calenturas, acordó partirse para el Darien con hartas -cargas de oro, que bien creo que pasarian de 30 y 40.000 castellanos, -los cuales, por entónces, valian y eran más que hoy -300.000; la infinidad de lo que de sí despues dió el Perú, fué -la causa. Dejó mucho encargado á Comogre, mandase siempre -coger á su gente oro y se lo enviase, porque ésta era dél y de -todos los que en aquella cofradía andaban toda su ansia; llegando -á la poblacion del cacique ó señor Ponca, de quien arriba -en el cap. 46 hicimos mencion, halló cuatro españoles -que salieron del Darien en su busca, para le avisar como eran -venidos dos navíos, con mucho bastimento, de la isla Española; -lo cual oido y habida grande alegría, tomó 20 hombres, -de los más sanos y mejores peones, y váse al Darien de presto, -y dejó los demas que se fuesen poco á poco. Llegó al Darien -á 19 de Enero, entrante el año de 1514, de donde habia -salido primero dia de Setiembre del año pasado de 1513; saliéronlo -á rescibir todos los españoles del Darien, con solemnísima -fiesta, pero desque supieron que habia descubierto la -mar del Sur, y las perlas, y traia tanta carga de oro, y tan -ricas perlas, no se podria encarecer la excesiva alegría que -todos rescibieron, estimando ser cada uno dellos, de todos -los hombres del mundo, el más felice, los desventurados no -conociendo el estado en que andaban, infamando y haciendo -heder por todas aquellas gentes el nombre de Cristo, turbando, -y afligiendo y echando al infierno tantas dellas, haciendo -esclavos los libres, usurpándolos y robándolos sus naturales -señoríos y todo cuanto tenian; no advertian tampoco -la obligacion en que todos quedaban, <i>in solidum</i>, de restituir -tanta cantidad de oro como robaban, y los daños que por -todo aquello hacian, restitucion no ménos que infinita, y al -cabo no vieron ni gozaron lo que tanto desearon, porque -cuasi todos los que allí entónces estaban en breve murieron -ántes, y hobieron mala fin. Repartió Vasco Nuñez todo el oro<span class="pagenum"><a name="Page_130" id="Page_130">[130]</a></span> -y perlas por los que con él fueron á esta meritoria peregrinacion, -y por los que quedaron en el Darien, y dejó para sí, -quedando todos contentos, más con la esperanza de lo que se -prometian cada uno, el tiempo andado, haber, que con lo que -de presente vian, aunque fuera doblado de lo que era.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_131" id="Page_131">[131]</a></span></p> - -<h2 id="LII">CAPÍTULO LII.</h2></div> - - -<p>Determinó luégo Vasco Nuñez de hacer saber al Rey tan -señaladas y nuevas nuevas, de haber descubierto la mar del -Sur y en ella las perlas, cosas, cierto ambas, muy nuevas; y -si no fueran descubiertas con tanto perjuicio é infamia de la -ley é honra de Dios, y por modo contrario á sus mandamientos, -y en tan gran daño de tantos hombres, nuestros prójimos, -gentes pacíficas que en nada nos ofendieron, y no ménos en -impedimento de la dilatacion de la universal Iglesia, dignas y -muy dignas fueran de grande remuneracion. Envió para que -las llevase un muy amigo suyo, llamado fulano de Arbolanche, -vizcaino, que habia con él andado en aquellas estaciones; á -éste dió todas las mejores y más preciosas perlas de todas las -que trujo, para que en nombre suyo y de los que con él fueron -presentase al Rey. Escribió al Rey, muy en particular, de todo -lo que habia visto y pasado en aquel viaje muy larga relacion; -entre otras cosas, dijo que de 190 hombres, que del Darien -sacó, nunca se pudo ayudar sino apénas de 80, porque todos los -demas, por las hambres y trabajos que padecian, ó de enfermos -ó de muy flacos y cansados, que no podian en algo ayudar, -no escapaban. Escribió más, que hobo con diversas gentes -batallas, pero que ni él fué jamás herido ni hombre de toda -su compañía le mataron ni le faltó. Pero, cierto, no eran grandes -hazañas las que hacia venciendo, como pelease con gallinas, -que son todos los indios desnudos, donde no alcanzan á -tener hierba, como puede juzgar por toda esta historia cualquiera -cuerdo hombre; mayormente, llevando las escopetas -que nunca habian visto ni oido, ni gente tan extraña y feroz -como los nuestros son, comparados á aquellos que por armas -tienen sus barrigas y pellejos desnudos, de los cuales, con<span class="pagenum"><a name="Page_132" id="Page_132">[132]</a></span> -justa razon, pudieron pensar que echan por la boca rayos y -truenos y relámpagos, con vivo fuego, pues vian que con los -tiros de fuego caian dellos luégo muertos en el suelo. Pues, -¿qué diremos de los perros, que, en soltándolos, luégo los despedazaban? -Así que no eran las que Vasco Nuñez y los suyos -á los indios daban muy peligrosas batallas para gloriarse. -Afirmó al Rey en aquella carta, que habia sabido de los Caciques -y señores de aquellas tierras, que habia penetrado, -grandes secretos de haber increibles riquezas en aquella mar, -las cuales no escribia á Su Alteza, hasta que, como esperaba -en Dios, las hobiese visto y hollado; y bien creo yo, cierto, -que le dieron grande noticia de las grandezas del Perú y de -lo que en él habia, y que por aquella noticia deseó mucho -de hacer ciertos navíos ó bergantines, que despues hizo en -aquella mar del Sur. Despachó al dicho Arbolanche con su -carta y nuevas nuevas, y presente de perlas para el Rey, al -principio de Marzo del dicho año de 1514, y, llegando á la -corte, fué luégo llena de grande alegría, y, desde á poco, toda -Castilla, cuasi como si entónces se descubrieran estas Indias. -Rescibiéronle no con menor gozo y placer el obispo de Búrgos -D. Juan de Fonseca, y el secretario Lope Conchillos, en -quien se resolvia todo el Consejo y gobernacion dellas. Entónces -no habia Consejo determinado de las Indias, sino que -para las cosas árduas se llamaba el licenciado Zapata, y el -doctor Palacios Rubios, y el licenciado Santiago, y el licenciado -Sosa, que despues fué obispo de Almería, todos del Consejo -Real, con los cuales el obispo de Búrgos comunicaba lo que -se habia de proveer y aquello se hacia. Llevaron el Obispo -y Conchillos al Rey á Arbolanche, procurador de Vasco Nuñez -y de los del Darien, al cual el Rey rescibió graciosamente, -holgándose mucho de las buenas nuevas que le traia, y del -presente de las perlas. Paróse mucho á mirallas y á loallas, -preguntando cómo y de qué parte las sacaban; y él, respondiendo -á todo lo que el Rey le preguntaba, dióle larga relacion -de como en aquel viaje les habia ido, encareciendo los -grandes trabajos que habian padecido, y las grandes victorias<span class="pagenum"><a name="Page_133" id="Page_133">[133]</a></span> -que de los indios habian habido, y todo lo demas que hacia en -favor de su fin que pretendian, porque ni él dijo al Rey los -grandes escándalos y violencias que habian hecho por todas -aquellas tierras, y muertes, y robos, y captiverios injustos en -aquellas gentes, ni el Rey se lo preguntaba, y mucho ménos -el Obispo y Conchillos, á quien saberlo más incumbia, sino que -hablaban, y preguntaban, y respondian en ello, como si hablara -de las victorias y cosas de Africa ó de Turquía; finalmente, -mandó el Rey al Obispo, que luégo entendiese en -ordenar lo que convenia, y á Vasco Nuñez se le hiciesen mercedes, -pues tanto le habia servido. Por manera que, por aquellas -nuevas, no sólo perdonó el Rey á Vasco Nuñez los deservicios -que tenia entendido haberle hecho en la muerte de -Nicuesa, de que estaba acusado, y los agravios del bachiller -Anciso, y haber usurpado la gobernacion y ejercicio de justicia -en aquella tierra, pero rescibiólo en su gracia, y hízole mercedes. -Suplícole Arbolanche, por él, lo armase caballero y hiciese -merced de algun título; el Rey lo hizo y le creó Adelantado -de aquella tierra (no supe cómo rezaba el título), con -otras mercedes, creo yo, de hecho y dicho, con grandes blasones, -refiriendo sus obras por grandes servicios; y éste fué el -segundo Adelantado que hobo en todas estas Indias, porque -el primero fué D. Bartolomé Colon, hermano del Almirante -primero, D. Cristóbal Colon, que descubrió este mundo nuevo. -Despues que Vasco Nuñez despachó á Arbolanche, su procurador, -con las nuevas para Castilla, quiso saber qué distancia -de camino habia del Darien á la mar del Sur, yendo por vía -derecha, para lo cual envió á un Andrés Garavito con 80 hombres -que lo viesen, y mandóles que de camino hiciesen cuantos -esclavos haber pudiesen de los pueblos que topasen. Salidos -del Darien, subieron por la ribera de un rio que llamaban -de la Trepadera, hasta la cumbre de las sierras muy altas, que -Vasco Nuñez habia subido, aunque por muy abajo, como queda -visto, y de allí descendió Andrés Garavito por otro rio cuyas -vertientes iban á parar á la dicha mar del Sur; en las riberas -del cual habia muchas poblaciones, las cuales á fuego y á<span class="pagenum"><a name="Page_134" id="Page_134">[134]</a></span> -sangre acometia sin habelle hecho más que los otros por qué, -y prendió á los caciques Chaquina y Chauca, y mucha gente -con ellos, y á otro llamado Tamahe, que tenia su tierra y señorío -más hácia la mar del Sur; el cual, como vino la noche, -se soltó, pero desque vido que un hermano suyo y muchos -deudos y criados que más queria se habian prendido, -vínose de su voluntad á poner en poder del Garavito, y trújole -cierto presente de oro, y una moza de buen parecer, diciendo -que era su hija, que se la daba por su mujer (la cual quizá no -lo era), por lo cual le llamaron los españoles desde adelante -el suegro. Soltó al hermano y á él, y algunos de los que tenia -presos como en arras de su casamiento, aunque sin ley y sin -bendicion ántes dignísimo de toda maldicion; envió con otros -40 satélites á Bartolomé Hurtado, contra los caciques Benamachéi -é Abrayba, de quien arriba en el cap. 43, hablamos, -porque, diz que, se le habian alzado ó negado la obediencia, -que con tanta justicia le debian, como la que se debe al verdadero -tirano, como Vasco Nuñez era. Entrado en sus tierras -Bartolomé Hurtado, no dejó hombre á vida de los que al primer -furor le ocurriesen, captivó y hizo esclavos cuantos pudieron -tomar á vida, y robaron todo el oro y otras cosas provechosas -ó de valor que por toda la tierra habia; despues que -no hallaron persona alguna de paz ni de guerra, volviéronse -los unos y los otros al Darien, muy victoriosos, con grandes -rengleras de hombres y mujeres captivos.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_135" id="Page_135">[135]</a></span></p> - -<h2 id="LIII">CAPÍTULO LIII.</h2></div> - - -<p>Dejemos agora por un rato de hablar de Vasco Nuñez y -su compañía, que toda su ocupacion y ejercicio no era en -todo este tiempo otro sino el dicho, y comencemos á referir -el principio y discurso de cómo se le aparejaba su San Martin, -é propio dignísimo castigo rodeado por el divino juicio. -Comenzando pues de su origen, débese saber, que poco ántes -que llegasen los procuradores Caicedo y Colmenares, enviados -por Vasco Nuñez, como el Rey hobiese sabido, por relacion del -bachiller Anciso y Çamudio, la perdicion de Alonso de Hojeda -y Juan de la Cosa y Diego de Nicuesa, y de sus armadas, y de -la disension y bandos de la gente española que quedaba en -el Darien, y como Vasco Nuñez, por maneras ó por fuerza, era -dellos guiador, mandó el Rey tratar sobre que se enviase de -Castilla persona señalada que administrase en su nombre, por -aquella tierra firme, la gobernacion; para la cual se tractaba -de la persona de Pedrárias de Avila, hermano del conde de -Puñonrostro, señalado justador, y adornado de otros naturales -dones. Entando en ésto, llegaron los dichos procuradores, -Caicedo y Colmenares, que llevaban las nuevas que habia dado -el hijo del rey Comogre, por el cual se tuvo esperanza de ver -la otra mar, y grandes riquezas en ella, y sembraron por la -corte y por España que el oro con redes se pescaba; las cuales -oidas, y que habia dicho el hijo de Comogre ser menester -1.000 hombres, cresció al Rey, y al Obispo de Búrgos y á los -demas de su Consejo, la estima de la cosa, y el propósito de -enviar más gruesa armada de la que se pensaba, y tambien el -cuidado y diligencia de la despachar muy presto. Resolvióse -el Rey una vez que Pedrárias de Avila fuese por Gobernador, -pero sabido por la corte, teniendo todos los oyentes aquella<span class="pagenum"><a name="Page_136" id="Page_136">[136]</a></span> -empresa ser la más señalada y de más provecho que habia salido -de España, cresció el hervor de la cudicia en muchos de -los que alcanzaban partes y favor para pretendella, por lo -cual se opusieron á ella contra Pedrárias, y tuvieron sus diligencias -y negociacion, de tal manera, que ya con el Rey lo -tenian casi echado fuera; y pluguiera á Dios, que así lo ordenara, -y que Pedrárias nunca asomara á aquella tierra, porque no -fué sino una llama de fuego que muchas provincias abrasó y -consumió, por cuya causa lo llamábamos <i>Furor Domini</i>. Yo -estimé que el Archángel ó Archángeles que tenia cargo de procurallos -su bien, y desviallos su mal, sabiendo por divina -inspiracion lo que Pedrárias habia de obrar en ellas, pusieron -diligencia en que otros se moviesen á pedir al Rey aquel -cargo, de los cuales estimaban que no les serian tan desenfrenada -y brutalmente perniciosos, porque siendo Pedrárias de -los entendidos mundanos hombres de España, de mucha edad, -porque pasaba de sesenta años, y de mucha experiencia -por consiguiente, hizo cosas en su gobernacion que no las -hiciera más irracionales un hombre insensible mentecapto; de -éstas sus cosas, no dignas de hombre cristiano ni áun gentil -racional, la historia dirá de mucho algo. Pero porque lo tenia -la Divina justicia elegido para verdugo de aquellas miserandas -gentes, como instrumento de su rigurosa ira y acerbo furor, -ocurrió el obispo de Búrgos al Rey en esta manera, en favor -y abono de Pedrárias: «Vuestra Alteza ya tiene grande noticia -del esfuerzo y valor de Pedrárias, y las hazañas que por -su persona, así como Capitan que vuestro ha sido, como particular -persona, siempre hizo en las guerras de Africa, donde -Vuestra Alteza le ha enviado, y como en todas muchas veces -se señaló, y cuánta experiencia de las cosas de guerra tiene, -y para las de la paz de cuán buen entendimiento es dotado, -allende haberse criado en vuestra casa Real desde su niñez, -de donde se sigue que más que otro procurará vuestro servicio -y guardará toda fidelidad; no me parece que será cosa -justa ni complidera al servicio de Vuestra Alteza, que porque -otros pretendan este cargo por su propia sola cudicia,<span class="pagenum"><a name="Page_137" id="Page_137">[137]</a></span> -que no os han servido tanto, ni la mitad, ni tienen tantas -ni tales partes, Vuestra Alteza lo posponga, pues ya se sabe -por la corte que para esta empresa lo tiene ya nombrado. En -ninguna manera conviene que á este negocio vaya otro sino -Pedrárias de Avila, y ésto juzgo, segun lo que yo siento, lo más -cumplidero al servicio de Vuestra Alteza, y para que se consiga -la prosperidad que deseamos.» El Rey, que en las cosas -de las Indias, y áun en las del reino de Castilla, solia dar gran -crédito al obispo Fonseca, determinó de confirmar el nombramiento -de Pedrárias, y cometió y mandó al Obispo que luégo -le despachase como mejor le pareciese, y señalase el número -de la gente que habia de llevar, con todo lo demas que -al buen despacho de la armada fuese necesario. Determinó el -Obispo, con los que llamó del Consejo, que fueron el licenciado -Zapata y el licenciado Santiago, y el licenciado Sosa y el -doctor Palacios Rubios, y creo que Hernando de Vega, y no sé -si más, que pues el hijo del rey Comogre habia dicho ser -1.000 hombres necesarios, que fuesen 1.200 para mayor seguridad; -y mejor se pudiera decir para que más se trabajase en -muchos más enterrar. Díjose que mandó dar el Rey sueldo á -los 1.200 hombres, pero yo creo que no si no fué á los marineros -y que habian de guiar las naos, porque fué tanta la -gente que, á las nuevas oidas de que se pescaba el oro con redes, -se solevantó, que si á 10.000 hombres el Rey quisiera dar -licencia, se fueran sin blanca ni cornado de su voluntad; y es -aquí de saber, que por aquellos dias mandó el Rey al Gran Capitan -que tornase á Nápoles, porque el rey de Francia mostraba -querer ir sobre aquel reino y ciudad, y, como el Gran -Capitan era tan afamado de magnificencia y hacedor de grandes -hazañas, movióse para ir con él cuasi toda Castilla, mayormente -gente noble y muchos caballeros, que unos vendian -sus haciendas todas, otros empeñaban sus mayorazgos, algunos -hacian otros buenos ó malos recaudos, todo enderezado -para se ataviar excesivamente de sedas y brocados, creyendo -y esperando con harta vanidad, que de aquella hecha, yendo -á Italia el Gran Capitan, habian de despojar á toda Francia.<span class="pagenum"><a name="Page_138" id="Page_138">[138]</a></span> -Estando, pues, para se partir el Gran Capitan con grande armada, -y habiendo hecho él mismo grandes gastos, acordó el -Rey, por causas que le movieron, ó quizá porque de una tan -agregia persona como era el Gran Capitan, no habia tanta necesidad, -de no envialle, por manera que él quedó gastado y no -sé si agraviado, y toda la mucha nobleza que iba con él muy -gastada y burlada, y áun perdida en mucha parte. Pues como -luégo se sonó el despacho de Padrárias, y las nuevas de las -riquezas, que se habian con redes de pescar, por toda España -volaban, ocurrió toda ó la más caballería, que dije perdida ó -gastada, á ofrecerse á Pedrárias para le acompañar y áun servir -en la jornada, doblándoseles sin comparacion la esperanza -de ser de buena ventura, mucho más que si les certificaran que -habian de tomar á Francia; tanta es la cudicia y áun liviandad -de España. Rescibió mucha gente noble Pedrárias en la -corte, y cuando llegó á Sevilla halló 2.000 hombres nobles y -mancebos, tan bien dispuestos, lucidos y ataviados, que se le -ofrecieron ir con él á su propia costa y sin sueldo alguno, que -le hizo dolor no poder llevar tantos, y aunque tenia limitado -el número de la gente por el Rey, que no pasasen de 1.200, no -pudo estrecharse tanto, que, por ruegos, favores y importunidades, -1.500 no llevase. Gastó el Rey en el armada 54.000 -ducados, segun yo despues supe, y lo que en aquel tiempo se -hizo y suplió con 54.000 ducados es cierto que hoy no se supliera -con 158.000 castellanos.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_139" id="Page_139">[139]</a></span></p> - -<h2 id="LIV">CAPÍTULO LIV.</h2></div> - -<p class="i2">En el cual se contiene la Instruccion que el Rey mandó dar á Pedrárias, cómo se habia de -haber con los indios, atrayéndolos por bien á la fe, y no consintiendo que se les hiciese -mal alguno.</p> - -<p class="p2">Mandó el Rey al obispo de Búrgos, Fonseca, susodicho, -que se tratase con mucho acuerdo de la Instruccion que Pedrárias -habia de llevar para que supiese lo que habia de hacer, -y no se errase la gobernacion en aquella tierra firme, como se -habia errado en esta isla Española. En la cual Instruccion se -contuvieron, entre otros, los capítulos siguientes:</p> - -<p>«Capítulo 1.º—Habeis de procurar por todas maneras y -vías, que viéredes ó pensáredes que para ello han de aprovechar, -y por todas las otras vías y formas que se pudiere tener -algunas esperanzas que se podrá hacer, atraer con buenas -obras á que los indios estén con los cristianos en amor y -amistad, y que por esta vía se haga todo lo que se hubiere de -hacer con ellos, y para que ello mejor se haga, la principal -cosa que habeis de procurar es no consentir que por vos ni -por otras personas no se les quebrante ninguna cosa que les -fuere prometida, sino que, ántes que se les prometa, se mire -con mucho cuidado si se les puede guardar, y si no se puede -bien hacer que no se les prometa, pero prometido se les guarde -enteramente, de manera que los pongais en mucha confianza -de vuestra verdad; y no habeis de consentir que se les -haga algun mal, ni daño, porque de miedo no se alboroten ni -se levanten, ántes habeis mucho de castigar á los que les hicieren -mal ó daño sin vuestro mandado, porque por esta vía -vernán ántes á la conversion y al cognoscimiento de Dios, y -de nuestra sancta fe católica, y más se gana en convertir 100 -de esta manera que 100.000 por otra vía.</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_140" id="Page_140">[140]</a></span></p> - -<p>Cap. 2.º—Item, caso que por esta vía no quisieren venir á -nuestra obediencia y se les hobiere de hacer guerra, habeis de -mirar que por ninguna cosa se les haga guerra no siendo ellos -los agresores, y no habiendo hecho ó probado á hacer mal ó -daño á nuestra gente, y, aunque les hayan acometido, ántes de -romper con ellos les hagais de nuestra parte los requerimientos -necesarios para que vengan á nuestra obediencia, una, y -dos, y tres y más veces, cuantas viéredes que son necesarias -conforme á lo que llevais ordenado; y pues allá habrá y -con vos irán algunos cristianos que sabrán la lengua, con ellos -les dareis primero á entender el bien que les verná en ponerse -debajo de nuestra obediencia, y el mal, y el daño, y muertes -de hombres que les verná de la guerra, especialmente que -los que se tomaren en ella vivos han de ser esclavos de los -cristianos, y haceldes entender qué cosa es ser esclavos, y -que desto tengan entera noticia, y que no puedan pretender -ignorancia, porque para que lo pueden ser, y los cristianos los -puedan tener con sana conciencia, está todo el fundamento en -lo susodicho. Habeis de estar sobre aviso en una cosa, que -todos los cristianos, porque los indios se les encomienden, -tienen mucha gana que sean de guerra y que no sean de paz, -y que siempre han de hablar en este propósito, y, aunque no -se pueda excusar de no lo platicar con ellos, es bien estar -avisado desto, para el crédito que en ello se les debe dar; -y parece acá que el más sano parecer para ésto será el del -reverendo padre fray Juan Cabedo, obispo del Darien, y de los -clérigos, que están más sin pasion y con ménos esperanza de -haber dellos ménos interese.</p> - -<p>Cap. 3.º—En caso que se hayan de dar los indios encomendados -á los vecinos ó por naborias, habeis de hacer que se -guarden las ordenanzas que para ello llevais, porque se han -hecho con mucha informacion, que de aquella manera serán -más conservados, y mejor tractados, y más doctrinados en nuestra -sancta fe católica, y por eso no se ha de disminuir dellas -ninguna cosa, ántes, si alguna cosa viéredes, demás de lo -que en ellas se contiene, que se debe de hacer en provecho de<span class="pagenum"><a name="Page_141" id="Page_141">[141]</a></span> -los indios y de su salud y conversion, será bien que se haga, -porque ellos sean mejor tractados y vivan en más contentamiento -en compañía de los cristianos; la resolucion desto es, -que todo lo que aquí y en el capítulo ántes de éste se dice -es para que con amor, y voluntad, y amistad, y buen tractamiento, -sean atraidos á nuestra sancta fe católica, y se excuse -de forzallos y maltratallos para ello cuanto fuere posible, -porque desta manera se servirá mucho Nuestro Señor, y yo -me terné de vos por muy servido en ello.</p> - -<p>Cap. 4.º—Esto es más necesario que allá se haga ansí que -no en la isla Española, porque los indios son ménos aplicados -al trabajo, y han acostumbrado mucho ó siempre á holgar, y -habemos visto que en la Española se iban huyendo á los montes -por no trabajar, y es de creer que lo harán muy mejor los -de allá, pues se pueden ir la tierra adelante, lo que no pueden -hacer en la isla Española, y no tienen que dejar sino las casas, -y por eso parece muy dudoso y dificultoso que los indios se -puedan encomendar á los cristianos á la manera que los tienen -en la Española; y á esta causa parece que sería mejor por -vía de paz y de concierto de los cristianos, aliviándolos lo más -que se pudiese del trabajo en esta manera: que los que quisiesen -estar en paz y concierto de los cristianos, y á la obediencia -de vasallos, diesen y nos sirviesen con cierto número -de personas, y que no fuesen todos sino una parte -dellos, como tercia, cuarta ó quinto de los que hobiere en el -pueblo, ó de los que tuviere el Cacique principal, si allá están -debajo de Caciques, como están en la isla Española, y que -éstos anden un mes ó dos, y que se remuden y se vayan á -holgar, y vengan otros tantos por otros dos meses, ó por el -tiempo que allá os pareciere que será mejor los remudar, porque -hasta acostumbrallos cuanto más breve se remudaren parece -mejor, y así se remudando lo sufrirán mejor, y ternán ménos -peligro de morir. Y si agora en los principios hobiese tanto -que hacer en coger oro en los rios, como acá dicen que lo -hay, que no fuese tan necesario meterlos á cavar en las minas, -parece acá que sería bueno comenzarlos á ocupar en lo<span class="pagenum"><a name="Page_142" id="Page_142">[142]</a></span> -de los rios por la órden susodicha; y despues de la segunda -vuelta se meterian con ménos dificultad en las minas, porque -ya estarán habituados á servir, aunque será con más trabajo.</p> - -<p>Cap. 5.º—Prosupuesto que cualquiera de las maneras que -arriba se dicen, que por vía de encomendarlos ó por vía de -concierto se pudiere hacer que sirvan, está bien así, y se sacará -dellos el servicio y provecho que se debe sacar; mas en -caso que lo uno ni lo otro se pudiese hacer, parece otra tercera -cosa, que sería que cada pueblo, segun la gente que -en él hobiere, ó cada Cacique, segun la gente que tuviere, cada -uno dé tantos pesos de oro cada mes, ó cada luna como ellos -lo cuentan, y que dando éstos serán seguros que no se les hará -mal ni daño, y tengan en sus pueblos señales que sean para conocer -que son pueblos que están á nuestra obediencia, y tambien -traigan en sus personas señales como sean cognoscidos -como son nuestros vasallos, porque no les haga mal nuestra -gente, pagando su tributo como con ellos fuere asentado. Y -ésto, mirad que se asiente de manera que sea provechoso, y -porque aquí no se puede señalar bien la cantidad, haceldo lo -más provechoso que os pareciere que se puede bien hacer.</p> - -<p>Cap. 6.º—Item, porque soy informado que una de las cosas -que más les ha alterado en la isla Española, y que más les ha -enemistado con los cristianos, ha sido tomalles las mujeres y -hijas contra su voluntad, y usar dellas como de sus mujeres, -habéislo de defender que no se haga por cuantas vías y maneras -pudiéredes, mandándolo apregonar las que os pareciere -que sean necesarias, y ejecutando las penas en las personas -que quebrantaren vuestros mandamientos con mucha diligencia. -Y así lo debeis mandar hacer en todas las cosas que os -parecieren necesarias para el buen tractamiento de los indios.»</p> - -<p>Estos son los capítulos que Pedrárias de Avila llevó en su -Instruccion, entre otros.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_143" id="Page_143">[143]</a></span></p> - -<h2 id="LV">CAPÍTULO LV.</h2></div> - - -<p>Referida la Instruccion que Pedrárias llevó, firmada del -Rey, cómo se habia de haber en la gobernacion de los indios, -vecinos de aquella tierra firme, bien será hacer aquí algunas -anotaciones para que se entienda la intencion del Rey, y tambien -los defectos de ignorancia que habia entónces en los del -Consejo, y despues, placiendo á Dios, se referirá como Pedrárias -guardó lo que él por ella le mandó. Cuanto á la intencion -del Rey, é de los que le aconsejaban, no se puede negar sino -que fuese buena, <i>non simpliciter</i>, sino en alguna manera, y -ésta principalmente de creer es ser el bien y conservacion -de los indios, y su conversion, aunque muy poco, para conseguir -este último fin en aquellos tiempos, se ayudaba, y no -sabian darse para ello, como dicen, á manos; y ciertamente -consistia más ésto en palabras, y áun éstas eran pocas, que -en obras y cuidado, porque siempre se tuvo, al ménos en las -cosas que se proveian, más ojo al bien y provecho temporal -del Rey, que no á la salud de las ánimas. Y ésto acaeció por -la ignorancia de los del Consejo, y error con que anduvieron -siempre ciegos, estimando que, porque los reyes de Castilla -descubrieron por medio del almirante Colon aquestas Indias, -tenian ya derecho para por paz ó por guerra, por mal ó bien, -por fuerza ó por grado, las gentes y señoríos dellas sojuzgallas -y señoreallas, como si fueran las tierras de Africa; y, como -arriba se ha tocado algunas veces, ésta ha sido la principal -causa de la destruccion y perdicion destas gentes, despoblacion -de tantas y tan luengas y anchas tierras, siendo obligados -á saber que estos reinos y orbe todo tenian dueño ó dueños, -que no eran otros sino sus naturales Reyes y señores, y éstos -eran Príncipes libres, que á ninguno, fuera de sí mismos, de<span class="pagenum"><a name="Page_144" id="Page_144">[144]</a></span> -hecho ni de derecho, recognoscian por superior, ni eran obligados -á recognoscer, ni á la misma Iglesia romana, contra el error -de Hostiensis y de los que son sus imitadores. Y por consiguiente -debieran entender los del Consejo, que el título que -los reyes de Castilla tenian al señorío universal y supremo, y -no á particular deste orbe de las Indias, no era otro sino la -predicacion del Evangelio, y conversion destas gentes, y por -esta causa, no impulsiva sino final, se pudo la Iglesia romana -entremeter en concederles el dicho universal y soberano ó imperial -señorío, sin perjuicio, empero, de los Reyes y señores -naturales dellas, y sin menoscabo de la libertad de los pueblos; -porque la predicacion del Evangelio, y la introduccion de la fe -por ella no priva los Reyes de sus reinos, ni á los particulares -de sus libertades, tierras y haciendas, ántes los confirma, porque -de otra manera caro les costaria, y nuestra fe no sería querida -ni amada, ántes odiosísima y de todo el mundo aborrecida. -Y así, erraron los del Consejo en la puerta ó entrada de la -casa, como dicen, y por consiguiente claro está que habian de -ignorar los retretes; y supuesto aqueste error tan pernicioso, y -no poco culpable para ellos, fundaban la más horrible y dañada -de las tiranías, conviene á saber, que les podian hacer -guerra solamente si no quisiesen venir á la obediencia y sujetarse -á los reyes de Castilla, sin otra causa ni otro título; -¿qué cosa pudo ser de mayor ceguedad, más absurda, ni más -inícua? Esto, ser verdad, declaró el emperador D. Cárlos, rey -de Castilla, por muchas leyes y provisiones reales que cerca -deste punto hizo, conviene á saber, prohibiendo las conquistas; -cuándo y cómo se trató desta prohibicion, la historia lo -dirá, si Nuestro Señor nos diere la vida. Y ésto cuanto á la intencion -del Rey y del Consejo, que fué, como dije, por alguna -manera, buena, pero harto mezclada de pretension temporal, -y en lo que tenia de bueno, muy mal ayudada, sino de palabra. -Bien tengo por cierto, que si los del Consejo no erraran, -que el Rey pospusiera todo el provecho temporal suyo, y ni -guerra quisiera que se les hiciera, si á su obediencia no vinieran, -ni en otra cosa les perjudicara. Esto parece por las<span class="pagenum"><a name="Page_145" id="Page_145">[145]</a></span> -diligencias que siempre mandó hacer y juntas de letrados, -como queda en los capítulos arriba declarado, para cualquiera -de los dos fines, conviene á saber, la conversion de aquellas -gentes, ó para que viniesen á su obediencia temporal; bien -mandaba en la Instruccion que trabajase Pedrárias por todas -las vías y maneras, y procurase que los indios por buenas obras -fuesen atraidos á estar en amor y amistad con los cristianos, no -consintiéndoles hacer mal ni daño, y, cierto, si así se hiciera, -los indios no hubieran todos perecido, y aquellos reinos no estuvieran -despoblados, y el Rey tuviera hoy hartos y áun inestimables -provechos y riquezas temporales, más que tiene ni -terná. Fué tambien provision conveniente y necesaria de que -se les guardase la fe y palabra sobre lo que con ellos se asentase, -para ponerlos en confianza de la verdad de los cristianos; -sabia ya bien el Rey cuánto cerca deste artículo los españoles -á estas gentes habian faltado, porque, por maravilla, y creo que -podria decir que nunca, se les guardó fe ni verdad jamás, -ántes infinitas veces, sobre seguro é habiéndoles asegurado, -los saltearon, captivaron y mataron. En el segundo capítulo de -la Instruccion bien se proveia, mandando que por ninguna -cosa se les hiciese guerra, si no fuesen primero ellos los agresores, -supuesta la ceguedad y error en que los del Consejo, -como dije, estaban, creyendo que se les podia hacer guerra -si no viniesen por bien á la obediencia del Rey, y que ántes de -romper con ellos les hiciesen requerimientos una y muchas -veces, en lo cual honra y provecho se les hacia, y con ellos en -esto de benignidad se usaba; pero áun todavía, supuesto el -dicho error que por no venir á la obediencia de los reyes de -Castilla se les hobiera de hacer justa guerra, debieran de considerar -los que al Rey aconsejaban, cuáles habian sido las obras -de los españoles por estas islas, y preguntar cómo se habian -habido Cristóbal Guerra, y Hojeda, y Nicuesa, y ultimamente -Vasco Nuñez y sus secuaces, con los indios del Darien, y con -los demas de aquellas provincias que estaban quietos en sus -tierras y casas. Y estas obras el Rey, ó al ménos el Consejo, -no las ignoraba, pues por aquel tiempo ya estas islas cuasi<span class="pagenum"><a name="Page_146" id="Page_146">[146]</a></span> -estaban acabadas, sino era la de Cuba que entónces comenzaba; -y que no las ignorasen, parece por lo que luégo la Instruccion -dice: «habeis de estar sobre aviso en una cosa, que -todos los cristianos, porque los indios se les encomienden, tienen -mucha gana que sean de guerra, y que no sean de paz -y que siempre habian de hablar en este propósito,» y ésto era -verísima verdad, porque nunca otra cosa más pensaban, hablaban, -obraban, trabajaban y deseaban. Y pues esta noticia -tenian, fuera bien que sospecharan que los indios podian haber -rescibido grandes agravios, y por consiguiente podian -estar alterados, y tener justa causa y derecho de se defender -y perseguir á los cristianos hasta matallos, áun supuesto el -dicho error que á venir á la obediencia de los reyes de Castilla -fueran obligados, y así fuera cosa justa que á este inconveniente -se pusiera algun reguardo, pero no lo pusieron porque -no hilaban tan delgado. Y es aquí de ponderar no ménos lo que -la Instruccion en aquel cap. 2.º añide, conviene á saber, que los -diesen á entender el bien que les vernia en ponerse debajo de -la obediencia del Rey; pudieran responder callando, mostrando -con el dedo esta isla Española, que tan llena y rebosante -estaba de sus naturales Reyes y señores, y sus infinitos vasallos, -y las otras muchas islas su comarcanas, ¿cuál fué el bien y -utilidad que de estar en la obediencia de los reyes de Castilla -reportaron? Y si viviera alguno de los de aquella tierra firme, -para donde la dicha Instruccion se pintaba, que señalara cuatro -y cinco y más, mil leguas, que por la misma están despobladas, -¿quién de nosotros, ni alguno que fuera muy bárbaro, -tuviera cara de redargüillos é increpallos, si reusaran, con -piedras y armas, someterse á tal obediencia, puesto que áun -supieran y les constara ser á someterse obligados? ¿Qué bestias -hobiera en el mundo, que viéndose así entrar y tractar no comieran -á bocados, y debieran con razon comer, á los que ansí -los tractaban, y para así tractarlos los querian sujuzgar?; y lo -que más es, que á matallos y despedazallos eran obligados de -ley natural. Por lo dicho se verá con qué consciencia tenian -los que tenian por esclavos, y la misma Informacion lo declara<span class="pagenum"><a name="Page_147" id="Page_147">[147]</a></span> -donde dice, «que el fundamento de tenerlos los españoles con -buena consciencia por esclavos, era justificar la guerra con -los requerimientos que el Rey mandaba hacer de su parte», -pues si los requerimientos eran frívolos y llenos de toda vanidad, -siendo tan justa la defension y guerra que los indios -contra los españoles tenian, que así los asolaban, ¿con qué -consciencia los podian hacer y tener por esclavos?</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_148" id="Page_148">[148]</a></span></p> - -<h2 id="LVI">CAPÍTULO LVI.</h2></div> - - -<p>Para entendimiento de lo que resta de la Instruccion, es -de saber, que como estaban entónces en la corte el bachiller -Anciso, y Çamudio, y Caicedo, y Colmenares, y despues llegó -Arbolanche y otros quizá idos destas islas, de todos los cuales -no era otra su ansia sino tener indios para, por haber oro, -desollarlos, y hacerles guerra para á este fin los sojuzgar, por la -obstinada y ciega cudicia y ambicion que los abrasaba, debian -de insistir que los indios, despues de sojuzgados por bien ó -por mal, se los encomendasen; pero el Rey y el Consejo, vista -la experiencia en la mortandad y despoblacion que en esta isla -Española y en las demas habia sucedido por encomendallos, y -podemos decir, cierto, que al diablo, rehusaban mucho conceder -tal facultad, como parece por las mismas palabras. Por -éste temor y causa puso el Rey tres maneras de dispusicion ó -gobernacion para con los indios, para que Pedrárias escogiese -la mejor, y que á los indios fuese más útil é ménos perjudicial; -la primera fué, encomendallos de la manera ordinaria -que se tuvo en estas islas, y, en caso que Pedrárias hobiese de -encomendar los indios, mandaba el Rey que hiciese guardar -las Ordenanzas ó leyes que habia hecho el año pasado de 512 -en Búrgos, engañados por los tiranos desta Española, que á la -sazon entónces en la corte se hallaron, y ciegos los del Consejo -por sus propios ó ajenos pecados. La justicia y rectitud -de las dichas leyes, y cuán provechosas fueron á los indios, y -el remedio que dellas y con ellas alcanzaron, en los capítulos -13, 14, 15 y 16, y los siguientes, queda bien á la larga<span class="pagenum"><a name="Page_149" id="Page_149">[149]</a></span> -explanado. Estas, dijo allí el Rey, que se habian hecho con -mucha informacion, pudiera añidir de los mismos que los habian -muerto y al cabo los acabaron; mandaba que ántes se -añidiese á ellas algo, para el bien de los indios, que en ninguna -cosa se menoscabasen. Las cuales palabras debieran -mover á Pedrárias para cognoscer la voluntad del Rey y del -Consejo, que era desear que se acertase, tomando el mejor camino -con que los indios fuesen más útilmente para su conservacion -gobernados. En esta primera manera ó disposicion, -hace mencion el Rey de otro engaño que le debian de querer -hacer los susodichos, idos de tierra firme, y éste era que se -los diesen por naborias. Naborias eran los indios de quien de -contino, noches y dias, perpétuamente se servian, que no les -faltaba sino sólo el nombre de esclavos, porque los de repartimiento, -aunque no ménos que esclavos y mucho peormente -eran tractados, como puede haber arriba parecido, no siempre -los tenian consigo ni se servian dellos, porque algunos -dias ó temporada se iban á sus pueblos, por las Ordenanzas, -puesto que harto breve, y vivian harto malaventurada vida, -como ha parecido, los que eran naborias, ni aquel poco de -tiempo para descansar se les concedia; y en esta manera ó especie -de servirse de los indios los españoles en estas islas, toda -la desórden y deshacimiento de sus policías, y concierto que -tenian en su quieto y suave vivir se perficionaba y complia, -porque del todo se desmenuzaban y desparcian los pueblos, -llevando un español 10 y otro 15, y con uno iba el padre y con -otro la mujer, y con otro los hijos. Esta confusion á los principios -pusieron los españoles por su autoridad, cuando andaban -robando é inquietando estas gentes, cada uno segun queria; -despues la prosiguieron los tristes Gobernadores ó repartidores, -que de dar los indios cargo tenian. Esta quisieran que -se prosiguiera, porque era más sin hueso y sin cuenta ni razon, -y pudieran mejor trabajallos y matallos á su salvo, sin -que se supiera, los dichos; que lo procurasen por aquel tiempo, -las palabras de la Instruccion del Rey lo testifican, la -cual, en el cap. 3.º, dice: «En caso que se hayan de dar los<span class="pagenum"><a name="Page_150" id="Page_150">[150]</a></span> -indios encomendados á los vecinos ó por naborias, habeis de -hacer que se guarden las Ordenanzas, etc.» Este vocablo naborias, -ni su significacion, nunca lo adivinaron los Reyes ni los -de su Consejo, sino dado á entender por los que de acá habian -ido, y pues el Rey decia que se hayan de dar encomendados -ó por naborias, parece que debian de insistir aquellos -que los indios de tierra firme se los diesen por naborias; -dando la razon el Rey de que Pedrárias debia trabajar de -traer á los indios de aquella tierra por bien, y dados en encomienda -ó por naborias debian ser bien tractados. En el -capítulo 4.º añade: «Esto es más necesario que allá se haga -así que no en la isla Española, porque los indios (quiso decir -della), son ménos aplicados al trabajo, y han acostumbrado -mucho ó siempre á holgar, y habemos visto que en la Española -se iban huyendo á los montes por no trabajar, y es de -creer que lo harán mejor los de allá, etc.» ¡Veis aquí la fama -que los que los mataban y mataron divulgaron á los Reyes y -á los de sus Consejos, por satisfacelles en algo las muertes -que les causaron, y el jornal de sus servicios! ¡Oh, qué terrible -juicio se debe creer que aquellos han padecido, forjando -tan grandes falsedades y mentiras para consumir aquestos -inocentes, tan infamados, tan afligidos, tan corridos, tan abatidos -y menospreciados, tan desmamparados y olvidados de -todos para su remedio, tan sin consuelo y sin abrigo! No -huian de los trabajos, sino de los tormentos infernales que en -las minas y en las otras obras de los nuestros padecian; huian -de las hambres, de los palos, de los azotes continos, de las injurias -y denuestos, oyendo llamarse perros cada hora, del riguroso -y aspérrimo tractamiento que sin interpolacion se les -hacia de noche y de dia. Huian ciertamente de la muerte, -no dudosa, sino ciertísima, como en los libros I y II, -y en éste III, se puede haber visto; por esta causa se -huian á los montes, y creo que, si pudieran, á los infiernos -escogieran, teniéndolos por de menor pena, por huir de los -españoles, huirse. Por esta causa de huirse, añade Su Alteza -luégo: «Y por eso parece muy dudoso y dificultoso que los<span class="pagenum"><a name="Page_151" id="Page_151">[151]</a></span> -indios se puedan encomendar á los cristianos, á la manera -que los tienen en la Española;» por manera que si no se -huyeran permanecieran siempre en aquel infierno, y no fuera -dudoso ni dificultoso encomendallos á los verdugos. Bien habian -entendido los del Consejo el derecho que los Reyes tenian -á estas Indias, y cuál era la justicia que debian de guardar -á los Reyes y señores naturales de estos reinos, y á los -pueblos y á sus vecinos indios. Síguese más en lo que añidió el -Rey, «y á esta causa parece que sería mejor, que por vía de paz -y de concierto, que los que quisieren estar en paz etc., nos -sirviesen con cierto número de personas», conviene á saber, en -el pescar con redes el oro, ó cavándolo en las minas, como -allí parece. Esta segunda manera de disponer de los indios era -ménos injusta que las de las encomiendas, puesto que contenia -mucha injusticia, si sabiendo el Rey los agravios, muertes y -robos y captiverios que el Vasco Nuñez y su compañía, y los -otros ántes dellos, habian cometido por toda aquella tierra, -sin satisfacerles les impusiera cualquiera servicio; esta satisfaccion -no pudiera el Rey hacer aunque vendiera á Castilla, -si ellos no lo remitieran, segun la destruccion que habian -hecho los susodichos, y baste que todos los vecinos de aquellas -provincias tenian contra los españoles, desde el tiempo -de Hojeda y Nicuesa, guerra justísima. Item, contuviera alguna -injusticia, aunque cesaran los agravios y daños é inconvenientes -dichos, porque hacer servir personalmente en sacar -oro, ó en otros trabajos para los reyes de Castilla, el tercio, ó -cuarto, ó quinto de la gente de la tierra, siempre, ni justicia -ni razon lo sufria. Fué la tercera manera de disposicion ó gobernacion, -que el Rey mandó á Pedrárias que pusiese á los -indios en la tierra firme, si las dos precedentes no se pudiesen -asentar, conviene á saber: «Que cada pueblo, ó cada Cacique -ó señor, segun el número de la gente tuviere, pagase -cierta cantidad de pesos de oro, cada mes, etc.» Aquesta manera, -no habiendo rescibido los indios los daños irrecuperables -dichos, sino traidos por bien, amor y mansedumbre á -vivir en paz y amistad con los españoles pudiérase justificar<span class="pagenum"><a name="Page_152" id="Page_152">[152]</a></span> -bien, reduciéndola á los límites de razon y justicia, conviene -á saber, que pagasen al Rey cierta cantidad de oro ó de otros -provechos lícitos moderados, segun el número de la gente que -el señor ó Cacique en su señorío tuviese, no cada mes sino -en ciertas temporadas razonables y convenientes, porque por -pesadumbre no la tuviesen, y de allí viniesen á sentir que se -les vendia la fe, y por consiguiente la aborreciesen, porque, -en la verdad, no eran ni son obligados los señores, y Reyes, y -pueblos, y gentes destas Indias á servir á los reyes de Castilla, -sino con cierta moderada cantidad de servicio, en señal y -recognoscimiento de su universal y soberano señorío, porque -con este recognoscimiento, por chica cantidad que sea, cumplen, -como sean reinos libres, y por sólo respecto de la predicacion -de la fe, y no por otra razon ni causa son obligados -á lo hacer, y por consiguiente ha de ser muy liviano y -suave, porque la fe no les sea molesta y aborrecible, como -está dicho. Y ésto há mayor lugar, si los mismos Reyes y señores -naturales destas tierras concediesen el derecho que -tienen, en sus reinos y tierras, á las minas de oro y plata, y -piedras preciosas y perlas, para que dellas los reyes de Castilla -se aprovechasen, ellos y sus súbditos, los españoles, con -otros mil aprovechamientos que de sus tierras se pueden seguir, -con que sean sin perjuicio de la libertad y personas de -todos los indios, porque no dejan de ser suyos los dichos tesoros -ó riquezas por razon de que la fe se les predique; lo -cual todo se entiende, presupuesto que los Reyes y súbditos y -gentes no hobiesen ni hobieran sido vejados, y angustiados y -perjudicados, muertos y captivados, y destruidos, con las -guerras que los españoles les hicieron, sino que fueran por -amor, y paz, y buenos tractamientos, atraidos, y éste es, y no -otro, para introducir nuestra fe católica en estas tierras y -gentes, el verdadero y cristiano camino. Pero supuestas las -guerras é injurias, daños, agravios é injusticias, muertes y robos -que se les han hecho, que nunca naciones del mundo, de -otras, tales las rescibieron, no deben un maravedí, ántes tienen -derecho de hacer justísima guerra contra todo español, hasta<span class="pagenum"><a name="Page_153" id="Page_153">[153]</a></span> -el dia del juicio inclusive. El postrer capítulo de la Instruccion -harto testifica parte de las referidas injusticias, aunque, comparado -á los males y calamidades que de nosotros en todas -estas Indias han rescibido, es una partecita más chica que -mínima.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_154" id="Page_154">[154]</a></span></p> - -<h2 id="LVII">CAPÍTULO LVII.</h2></div> - - -<p>Declarada la Instruccion que el Rey mandó dar á Pedrárias -de lo que habia de hacer en la gobernacion de aquella tierra -firme, resta luégo aquí decir de otro defecto de ignorancia -del Consejo del Rey, cerca desta misma materia, gravísimo -y perniciosísimo, porque lo que va fuera de órden y justicia, y -fundado sobre principio inícuo, no en una parte ni en un artículo -se ha de errar, pero en mil partes, y producir mil inconvenientes, -hasta corromper y enervar y colocar en el más -cualificado y consumado estado de malicia el moral ó político -edificio; éste fué, la forma y órden que Pedrárias habia de -tener en requerir á los indios que viniesen á obedecer y ser -subjectos de los reyes de Castilla, el cual se envió despues á -todas las Indias. Este decia desta manera:</p> - -<p><i>El Requerimiento.</i>—«De parte del rey D. Fernando, y de la -Reina doña Juana, su hija, Reina de Castilla y Leon, etc., domadores -de las gentes bárbaras, nos, sus criados, os notificamos -y hacemos saber como mejor podemos, que Dios, nuestro -Señor, vivo y eterno, crió el cielo y la tierra, y un hombre -y una mujer, de quien vosotros y nosotros y todos los hombres -del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos -los que despues de nosotros vinieren. Mas por la muchedumbre -de la generacion que destos ha salido, desde cinco mil -años á esta parte que el mundo fué criado, fué necesario que -los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, é se -dividiesen por muchos reinos y provincias, que en una sola no -se podian sostener ni conservar. De todas estas gentes, Dios -nuestro Señor dió cargo á uno, que fué llamado Sant Pedro, -para que de todos los hombres del mundo fuese señor y -superior, á quien todos obedeciesen, y fuese cabeza de todo<span class="pagenum"><a name="Page_155" id="Page_155">[155]</a></span> -el linaje humano, do quier que los hombres viviesen y estuviesen, -en cualquiera ley, secta y creencia, y dióle el -mundo por su reino y jurisdiccion; y como quier que le mando -poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado -para regir el mundo, mas tambien le permitió que pudiese -estar y poner su silla en cualquiera otra parte del mundo, y -juzgar é gobernar á todas las gentes, cristianos, moros, judios, -gentiles y de cualquiera otra secta ó creencia que fuesen. -Este llamaron Papa, porque quiere decir admirable, mayor -padre y gobernador de todos los hombres. A este Sant Pedro -obedecieron y tomaron por señor, Rey y superior del Universo, -los que en aquel tiempo vivian, y asimismo han tenido á todos -los otros que despues de él fueron al Pontificado elegidos, -y así se ha continuado hasta agora y se continuará hasta que -el mundo se acabe. Uno de los Pontífices pasados, que en -lugar de éste sucedió en aquella dignidad é silla que he dicho, -como señor del mundo, hizo donacion destas islas y tierra firme -del mar Océano á los dichos Rey y Reina, é á sus sucesores -en estos reinos, nuestros señores, con todo lo que en ellas -hay, segun se contiene en ciertas escripturas que sobre ello -pasaron, segun dicho es, que podeis ver si quisiéredes; así que, -Sus Altezas, son Reyes y señores destas islas y tierra firme, -por virtud de la dicha donacion, y como á tales Reyes y señores -algunas islas más, y casi todas á quien ésto ha sido notificado, -han recibido á Sus Altezas y les han recibido y servido y -sirven como súbditos lo deben hacer, y con buena voluntad y -sin ninguna resistencia, luégo, sin dilacion, como fueron informados -de lo susodicho, obedecieron y rescibieron los varones -religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen -y enseñasen nuestra sancta fe, y todos ellos, de su -libre y agradable voluntad, sin premia ni condicion alguna, se -tornaron cristianos y lo son, y Sus Altezas los rescibieron alegre -y benignamente, y así los mandaron tractar como á los -sus súbditos é vasallos, y vosotros sois tenudos y obligados á -hacer lo mismo. Por ende, como mejor podemos, vos rogamos -y requerimos que entendais bien ésto que os decimos, y to<span class="pagenum"><a name="Page_156" id="Page_156">[156]</a></span>meis -para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que -fuere justo, y reconozcais á la Iglesia por señora y superiora -del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, y -en su nombre al Rey y á la Reina doña Juana, nuestros señores, -en su lugar, como á superiores y señores y Reyes -desas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donacion, y -consintais y deis lugar que estos padres religiosos os declaren -y prediquen lo susodicho. Si ansí lo hiciéredes, hareis bien -y aquello que sois obligados á Sus Altezas, y nos, en su nombre, -vos recibiremos con todo amor é caridad, é vos dejaremos -vuestras mujeres é hijos y haciendas, libres, sin servidumbre, -para que dellas y de vosotros hagais libremente lo que -quisiéredes y por bien tuviéredes, é no vos compelerán á que -vos torneis cristianos, salvo si vosotros, informados de la verdad, -os quisiéredes convertir á nuestra santa fe católica, como -lo han hecho cuasi todos los vecinos de las otras islas, y, allende -desto, Sus Altezas vos darán muchos privilegios y exenciones -y vos harán muchas mercedes; y si no lo hiciéredes, y en -ello dilacion maliciosamente pusierdes, certifícoos que, con la -ayuda de Dios, nosotros entraremos poderosamente contra -vosotros, y vos haremos guerra por todas las partes y maneras -que pudiéremos, y vos subjetaremos al yugo y obediencia de -la Iglesia y de Sus Altezas, tomaremos vuestras personas y de -vuestras mujeres é hijos, y los haremos esclavos, y como á -tales los venderemos y dispornemos dellos como Sus Altezas -mandaren, é vos tomaremos vuestros bienes y vos haremos -todos los daños y males que pudiéremos, como á vasallos que -no obedecen ni quieren rescibir á su señor, y le resisten y -contradicen, y protestamos que las muertes y daños que dello -se recrecieren sea á vuestra culpa y no de Sus Altezas, ni -nuestra, ni destos caballeros que con nosotros vienen: y de -como lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano -que nos lo dé por testimonio signado, y á los presentes rogamos -que dello nos sean testigos, etc.»</p> - -<p>Este requerimiento ordenó el venerable doctor Palacios -Rubios, bien mi amigo, segun el mismo (si no me he olvidado),<span class="pagenum"><a name="Page_157" id="Page_157">[157]</a></span> -me dijo, el cual, como arriba hé alguna vez tocado, fuera -desto, favorecia y se compadecia mucho de las angustias y -daños de los indios. Bien parece ser suyo este requerimiento -y amasado de su harina, porque lo funda todo en los errores -de Hostiensis, cuyo secuaz fué, como largamente hobimos dicho -en nuestro primer libro, cuyo título es <i>De unico vocationis -modo omnium gentiun ad veram religionem</i>, en latin escrito.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_158" id="Page_158">[158]</a></span></p> - -<h2 id="LVIII">CAPÍTULO LVIII.</h2></div> - - -<p>Agora es bien que tornemos sobre la sustancia y partes y -eficacia ó efecto y justicia del referido requerimiento, cerca del -cual, cierto, habia mucho que decir, pero anotemos algo brevemente; -y lo primero, considere cualquier varon prudente, ya -que los indios entendieran nuestra lengua, y los vocablos y -significacion della y dellos, ¿qué nuevas les traian y qué señorío -en oirlas, diciendo que un Dios habia en el mundo, criador -del cielo y de la tierra, y que crió el hombre ó los hombres, teniendo -ellos al sol por Dios, ó otros dioses quien creian haber -hecho los hombres y las otras cosas? ¿Con qué razones, testimonios, -ó con cuales milagros les probaban que el Dios de los -españoles era más Dios que los suyos, ó que hobiese más criado -el mundo y á los hombres que los que ellos tenian por dioses? -¿Si vinieran los moros ó turcos á hacelles el mismo requerimiento, -afirmándoles que Mahoma era señor y criador del -mundo y de los hombres, fueran obligados á creerlo? ¿Pues -mostraban los españoles mayor testimonio y más verdadera -probanza de lo que protestaban en su requerimiento, de que -el Dios suyo habia criado el mundo y los hombres, que mostraran -los moros de su Mahoma? Item, ¿cómo, ó con qué inconvencibles -razones ó milagros, les probaban que el Dios -de los españoles tuvo más poder que los dioses suyos para -constituir un hombre, llamado Sant Pedro, por señor y gobernador -de todos los hombres del mundo, y á quien todos -fuesen obligados á obedecer, teniendo ellos sus Reyes y naturales -señores, y creyendo no haber otros sino ellos en el -mundo? Y así, ¿qué ánimo ternian y qué amor y reverencia se -engendraria en sus corazones, y en especial los Reyes y se<span class="pagenum"><a name="Page_159" id="Page_159">[159]</a></span>ñores, -al Dios de los españoles, oyendo que por su mandado -Sant Pedro, ó el Papa su sucesor, daba sus tierras al Rey de los -españoles, teniéndose por verdaderos Reyes y libres, y de tan -muchos años atras en antiquísima posesion ellos y sus pasados, -y que se les pedia que ellos y sus súbditos le rescibiesen -por señor, á quien nunca vieron ni cognoscieron ni oyeron, -y sin saber si era malo ó si era bueno, y qué pretendia, si gobernallos, -ó roballos, ó destruillos, mayormente siendo los -mensajeros tan fieros, hombres barbados y con tantas y con -tales armas? ¿Qué podian ni debian, segun buena razon, de los -tales presumir ó esperar? Item, ¿pedilles obediencia para Rey -estraño, sin hacer tratado ni contrato ó concierto entre sí sobre -la buena y justa manera de los gobernar de parte del Rey, -é del servicio que se le habia de hacer de parte dellos, el cual -tratado, al principio, en la eleccion y rescibimiento del nuevo -Rey, ó del nuevo sucesor si es antiguo aquel estado, se suele -y debe hacer y jurar de razon y ley natural? Esto debia de -entender el Cacique de la provincia del Cenú, de la que arriba -dejamos ya dicho estar sobre Cartagena, el cual, segun -escribió el bachiller Anciso, en un tratadillo suyo, que -está impreso, que llamó «Suma de geografía», á el mismo que -le hacia este requerimiento respondió, que el Papa, en conceder -sus tierras al rey de Castilla debia estar fuera de sí cuando -las concedió, y el rey de Castilla no tuvo buen acuerdo -cuando tal gracia rescibió, y mayor culpa en venir ó enviar á -usurpar los señoríos agenos de los suyos tan distantes. Esto no -osara yo aquí escribirlo, si escrito y de molde, con nombre del -mismo Anciso, no lo hallara, aunque él lo dice por otros desvergonzados -vocablos, como abajo, si Dios quisiere, referiremos; -y quisiera yo preguntar al Consejo que determinó deberse -hacer tal requerimiento á estas gentes, que vivian seguras -debajo de sus señores y Reyes naturales, en sus casas, sin -deber ni hacer á ninguno mal ni daño, ¿qué fe y crédito -eran obligados á dar á las escripturas de la tal donacion? -y qué fueran las mismas bulas plomadas del Papa que allí se -las presentaran, ¿merecieran, por no obedecellas, que fueran<span class="pagenum"><a name="Page_160" id="Page_160">[160]</a></span> -descomulgados ó que les hicieran algun otro mal temporal ni -espiritual, ó cometieran en ello algun pecado? ¿Todo ésto no -les habia de parecer ser deliramentos y cosas fuera de razon -y de camino, y todos desvaríos y disparates, mayormente -cuando les dijeran que eran obligados de se subjetar á la -Iglesia?; veamos, ¿entender qué cosa sea Iglesia y ser obligado -el hombre á se sujetar á la Iglesia, no presupone tener noticia -y creer todas las cosas que nos enseña nuestra fe cristiana? -¿Por qué creemos haber Iglesia, y la cabeza visible della -reverenciamos, nos subjetamos y obedecemos, que es el Papa, -sino porque creemos y tenemos verdadera fe de la Santísima -Trinidad, Padre, y Hijo y Espíritu y Santo, y tenemos y confesamos -todos los otros catorce artículos pertenecientes á la -Divinidad y humanidad? Pues no teniendo fe alguna, y ninguna -de la Santísima Trinidad, ni de Jesucristo, que constituyó -la Iglesia, y de lo demas que tiene y confiesa la religion -cristiana, ¿cómo puede alguno creer que hay Iglesia, y su -cabeza, que se llama Papa, padre grande y admirable? y -sino puede ni debe creer alguno haber Iglesia y Papa, no -habiéndole dado noticia de Cristo, hijo de Dios verdadero, y -rescibídole voluntariamente por tal, ¿cómo, ó con qué ó por -qué derecho humano, natural ni divino, será obligado á creer -que hay Iglesia y que hay Papa? Pues si no es obligado, por -algun derecho ni razon, á creer que hay Iglesia ni Papa, y -ésto sin alguna culpa, ni pecado, ni venial, ¿cómo ó por -qué será obligado á creer que el Papa tuvo poder para -hacer donacion de las tierras y señoríos que poseen gentes -que nunca otras cognoscieron, ni tuvieron que hacer con -otras en bueno ni en malo, tan distantes de todas las otras de -nuestro mundo viejo, y siendo poseedores y propietarios señores -de tantos años? Item, si no son obligados á creer que -tuvo poder aquel, que los españoles llaman Papa, de conceder -y donar sus tierras y señoríos, y su libertad al Rey de los -españoles, ¿cómo ó por qué derecho serán obligados á dar la -obediencia, y de señores y Reyes ó Príncipes libres que -nunca recognoscieron algun superior, hacerse súbditos y<span class="pagenum"><a name="Page_161" id="Page_161">[161]</a></span> -menoscabados de su estado, rescibiendo á un Rey que nunca -vieron ni cognoscieron, ni oyeron, extraño, y de gente fiera, -barbada y tan armada, y que, <i>prima facie</i>, parece horrible -y espantosa, rescibiéndolo, digo, por señor? Veamos: si -solos los Reyes dellos se quisiesen subjetar al Rey de Castilla, -sin consentimiento de los pueblos, sus súbditos, los súbditos -¿no tenian justo derecho y justicia, de ley natural, de quitalles -la obediencia y deponellos de su Real dignidad, y áun de -matallos? Por el contrario, si los súbditos, pueblos, sin sus -Reyes, lo quisiesen hacer, ¿no incurririan en mal caso de traicion? -Item, si no son obligados los Reyes por sí, ni los súbditos -por sí, y tampoco todos juntos á dar la obediencia á Rey -extraño, por más requerimientos que les hagan, segun queda -deducido y claramente probado, ¿con qué derecho y justicia -les protestan y amenazan, que, si no prestan la obediencia que -les piden, les harán guerra á fuego y á sangre, y les tomarán -sus bienes, y sus mujeres y sus hijos, con sus personas, -captivos, y venderán por esclavos? Y si, por esta causa, guerra -les hicieron, ó hicieren, ó hacen, ¿con qué leyes ó derechos, -ó razones, fueron ó serán ó son justificadas? Luégo, -injustas, é inícuas, y tiránicas y detestables fueron, serán y -son, donde quiera que por tal causa, y con tal título, á tales -infieles, como los vecinos y moradores destas Indias, se hicieron -ó hicieren, condenadas por toda ley natural, humana y -divina, luégo, justísima será la guerra destos y de los tales -infieles, contra todo español y contra todo cristiano que tal -guerra moviere; y desta manera y jaez han sido todas -las guerras que de nuestra parte á estas gentes se han movido -y hecho, y esas pocas que contra nosotros ellas hicieron, -y pluguiese á Dios que yo muriese por tal justicia como las -que estas gentes para nos hacer cruda guerra hoy tienen, y -siempre, desde que las descubrimos, contra nosotros han tenido. -Y este derecho, siempre lo tienen y les vive, y dura, -hasta el dia del juicio; la razon deste durarles es, porque desde -que le cobraron, ni por paz, ni por tregua, ni por satisfaccion -de los irreparables daños y agravios que de nosotros han res<span class="pagenum"><a name="Page_162" id="Page_162">[162]</a></span>cibido, -y ni por remision que ellos dellos nos hayan hecho, -nunca jamás se ha interrumpido. Queda luégo manifiesta la ignorancia -del Consejo del Rey, y plega á Dios que les haya sido -remisible, y cuán injusto, impío, escandaloso, irracional y absurdo -fué aquel su requerimiento. Dejo de decir la infamia de -la fe y religion cristiana, y del mismo Jesucristo, que de aquel -requerimiento era necesario salir, é ha salido; y cosa es de -reir, ó de llorar por mejor decir, que creyesen los del Consejo -del Rey que estas gentes fuesen más obligadas á rescibir -al Rey por señor, que por Dios y Criador á Cristo, pues para -rescibir la fe no pueden ser forzadas y con pena ser requeridas, -y que para que diesen la obediencia al Rey ordenaban -los del Consejo fuesen constreñidas. Hobo tambien mucha -y reprensible falsedad, porque se afirmaba en él que algunas -islas, y casi todas, á quien lo susodicho habia sido notificado, -habian rescibido á Sus Altezas y obedecido y servido, y servian -como súbditos y con buena voluntad, y sin ninguna resistencia, -luégo, sin dilacion, cómo fueron informados de lo -susodicho, porque no es verdad que les notificasen é informasen -de cosa dello á ninguna isla, ni lugar, ni parte, ni -gentes destas Indias, por aquellos dias, ni jamás rescibieron á -los reyes de Castilla, ni obedecieron, ni sirvieron de su voluntad, -sino por fuerza, y violenta y tiránicamente, haciéndoles -crudelísimas guerras en su entrada, y poniéndolos en servidumbre -durísima en que todos perecieron, como Dios es -buen testigo; rescibieran y sirvieran á los Reyes de muy pronta -voluntad, si por paz y amor y por vía cristiana hubieran -sido inducidos y atraidos. Y, por acabar lo que toca aquel requerimiento, -de lo dicho puede cualquiera prudente inferir, -que si, como al principio deste capítulo supusimos, entendidos -los vocablos y significacion dellos, pudieran responder y -alegar por sí contra los que les hicieran los requerimientos, y -los convencieran en juicio y fuera de juicio, ¿qué podrá alguno -decir en excusa de los que formaron aquel requerimiento -y de los que á ejecutallo iban, haciéndolo á quien ni palabra -dél entendian, más que si fuera en latin referido ó en algara<span class="pagenum"><a name="Page_163" id="Page_163">[163]</a></span>bía?; -y ya saben los que estudiaron derechos, qué valor ó -momento tiene el mando ó precepto, ó requerimiento, que se -hace á gente que la lengua en que se dice no entiende, aunque -fuese súbdita y tuviese obligacion de oillo y complillo, lo -que en estas gentes y materia de que hablamos ningun lugar -tiene, como parece por lo dicho.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_164" id="Page_164">[164]</a></span></p> - -<h2 id="LIX">CAPÍTULO LIX.</h2></div> - - -<p>Tornando al despacho de Pedrárias, quiso el Rey que tambien -fuese con él Obispo de aquella tierra firme, para que lo -espiritual y eclesiástico se procurase, mayormente la conversion -de aquellas gentes, con el cual tambien fuesen algunos religiosos -de Sant Francisco; suplicó al papa Leon X, que en -aquel tiempo en la Silla apostólica presidia, que criase Obispo -á un religioso de Sant Francisco, solemne y afamado predicador -del Rey, llamado fray Juan Cabedo, y así fué consagrado Obispo -de la iglesia de Sancta María de la Antigua del Darien; y -ésta fué la primera iglesia Catedral de la tierra firme, y él el -primer Obispo. Para que hobiese recaudo en su Real hacienda, -instituyó el Rey cuatro oficiales, Tesorero, Contador, Factor y -Veedor, segun habia acostumbrado á proveer en estas islas, -Tesorero, Alonso de la Puente, Contador, Diego Marque que -habia sido en esta isla Española Veedor, Juan de Tavira, Factor, -y Gonzalo Hernandez de Oviedo, Veedor. Llevó por Capitan -general, Pedrárias, á un Juan de Ayora, hombre experimentado -en la guerra, hermano de Gonzalo de Ayora, de quien se -dijo cuasi lo que del Marqués de Santillana, que las letras no -embotaban la lanza, y así en el Gonzalo de Ayora concurrieron -letras muchas, y debian ser humanas, y con ellas fué señalado -en la guerra; y por Alcalde mayor á un licenciado -Gaspar de Espinosa, natural de Valladolid, hombre bien entendido, -y por Alguacil mayor vino el bachiller Anciso. La mujer -de Pedrárias era notable dueña, llamada Doña Isabel de Bobadilla -y tambien de Peñalosa, sobrina de la marquesa de Moya, -hija de su hermano. Esta señora Marquesa fué muy servidora -de los católicos Reyes, y que les ayudó mucho á que reinasen, -por entregalles la fortaleza de Segovia y los tesoros que en<span class="pagenum"><a name="Page_165" id="Page_165">[165]</a></span> -ella dejó el rey D. Enrique, en tiempo de las guerras de entre -Castilla y Portugal, pretendiendo el rey D. Alonso de Portugal -ser rey de Castilla, por haber casado con la que llamaron -la Excelente, que decian ser hija del dicho rey D. Enrique, -hermano de la reina Doña Isabel, y á quien sucedió en -aquellos reinos; así que la dicha Doña Isabel de Bobadilla, -determinado Pedrárias de ir aquel viaje sin ella, ella, como -matrona varonil, no quiso por ninguna manera quedar, sino -seguir por mar y por tierra su marido. Partido de la corte y de -su casa, que la tenia y tienen sus sucesores en Segovia, Pedrárias, -y de allí con su mujer Doña Isabel de Bobadilla, llegados -á Sevilla, halló el mundo que allí le esperaba de gente, -como arriba se dijo, y creo que si quisiera llevar todos los que -con él querian ir, segun la fama de que el oro se pescaba con -redes la gente de España habia movido, pasaran de 10.000. -Salió, pues, finalmente, del rio y barra de Sant Lúcar, con su -flota de doce ó quince velas, en 12 dias de Abril del año -de 1514 de la venida de Cristo; á la cual, en saliendo, ventó -de través el vendabal terrible, como acaece cada dia, y padecieron -grande tormento y riesgo, porque se le perdieron dos -naos, y todas las demas alijaron, que es echar á la mar mucha -de la ropa y mantenimientos que traian encima de cubiertas, -por alivianarlas, y así tornaron al puerto con mucho peligro. -Tornaron á rehacerse y despues á salir, y llegaron á la isla de -la Gomera, que es una de las Canarias, y en ella tomada agua -y leña y lo que más les era necesario, fué á tomar la isla de -la Dominica, una de las muchas que son las primeras que topamos -destas Indias, en veinte y siete dias. Hay desde la Gomera -hasta ella cerca de 800 leguas. Tomada leña y agua, y -refrescándose la gente allí tres ó cuatro dias, alzaron las velas, -y tomando el camino de la tierra firme llegaron al puerto de -Sancta Marta, en el cual entraron y echaron sus anclas; los -indios del pueblo y pueblos de por allí, como vieron la flota y -estaban de tantas veces ya muy experimentados de lo que -pretendian los españoles, y de las obras que dellos siempre -rescibian, cada y cuando por allí aportaban, salieron como<span class="pagenum"><a name="Page_166" id="Page_166">[166]</a></span> -leones fieros de sus casas, con sus arcos y flechas enherboladas, -y tiran á las naos metiéndose hasta la cinta en el agua. Mandó -saltar Pedrárias contra ellos cierta gente en los bateles de las -naos, pero ellos pónense con sus arcos y flechas, aunque desnudos -en cueros, á defenderles que en tierra no entrasen, y de -la primera rociada de flechas que les soltaron, les mataron luégo -dos hombres, por ir las flechas enherboladas, lo cual puso en -gran temor á toda la gente que iba en las barcas; pero soltando -ciertos tiros de pólvora desde las naos, creyendo los indios -que eran rayos, y truenos, y relámpagos, todos volvieron -huyendo las espaldas. Los españoles estuvieron mucho dudando -si saltarian en tierra y seguirian tras ellos el alcance, -por miedo de la hierba tan mortífera que en las flechas echaban; -pero pareciéndoles que sería cobardía, y los indios los -ternian en poco y cobrarian dende adelante mayor ánimo, -mandó Pedrárias que saltasen 900 hombres en tierra, y fuesen -á los pueblos y trabajasen de lastimallos ó asegurallos, y creo -que fué él con ellos. Salidos en tierra los españoles, huyeron -los indios; van los nuestros al pueblo primero, y roban cuanto -hallan, y, en especial, captívanles todas las mujeres y hijos -que no pudieron haber huido. Los indios, viendo llevar sus -mujeres y hijos, vuelven como rabiosos perros ó tigres contra -los españoles, con grandísimo ímpetu, y desarmados sus arcos y -tiradas sus flechas, tornaron á huir los que pudieron, sintiendo -el cortar de las espadas y el fuego de las escopetas. No supe -que desta hecha algun español hiriesen, aunque pocas veces -por allí solia acaecer no matar ó mal herir, por la ponzoña de -la hierba y ser en el tirar ellos muy certeros. Entraron algunas -cuadrillas por la tierra dentro dos y tres leguas, y robaron -cuanto hallaron de joyas de oro, y algunas esmeraldas ó madres -dellas, y gemas, ó ciertas piedras preciosas y ámbar, engastonadas -en oro, por buen artificio hechas. Hicieron los requerimientos -que aquellas tierras supiesen ser de los reyes de -Castilla, y por tanto que le viniesen á dar la obediencia, y -tornarse cristianos, sino que las dejasen y se fuesen dellas. -Respondiéronles con una gran nubada de flechas, pero creer<span class="pagenum"><a name="Page_167" id="Page_167">[167]</a></span> -que entendieron ellos cosa del requerimiento es falsísimo, -porque no sabian más de nuestra lengua que de la latina; -todo ésto es fingir novelas, como los nuestros en estas tierras -siempre contra estas naciones suelen. Y si respondieron con -flechas despues de les haber hablado las palabras del requerimiento, -fué no queriendo oillos ni tener que hacer con ellos, -viéndose así despojados de sus haciendas, robadas sus casas, -y llevados captivos sus mujeres y hijos; y puesto que lo entendieran, -buenas nuevas les daban, y buenas obras les habian -hecho para esperallos, rescibillos, y ni oillos. Hallaron -en las casas los nuestros muchas y muy hermosas redes, para -pescar en la mar y en los rios que allí entran; hallaron muchas -mantas y cosas de algodon, y de plumas de diversas colores, -muy lindas, vasos para agua y para vino, y otras muchas -vasijas de barro y de diversas formas hechas, pintadas y -muy lindas. Tornáronse á las naos, con grandes gritas y alegría, -triunfantes, cargados de las cosas ajenas, los nuestros; -díjose que de los presos, despues de llevados á las naos, soltaron -algunos, dándoles algunas cosas de las de Castilla -porque fuesen contentos, no pude certificarme si los soltaron -todos y les restituyeron las mujeres y hijos. Salió del puerto -de Sancta Marta la flota para el puerto de Cartagena, pero -por cierta tormentilla que les ocurrió, y por las muchas corrientes -que por aquella mar siempre andan, fueron forzados á -pasarlo sin verlo, y fueron á parar á Isla Fuerte; díjose que -hizo saltar gente allí Pedrárias y prender alguno de los indios -della y llevólos por esclavos. Está del Darien esta isla 50 leguas. -Finalmente, llegaron y entraron en el golfo de Urabá y -el Darien, cuasi mediado el mes de Junio. Acaeció una cosa -de notar, salidos de Sancta Marta, que no parece haber sido -menor señal de lo que habia de suceder que si fuera una cometa, -y para los gentiles de los siglos antiguos mirárase más -en ello: salió una ave, que en latin se llama <i>onocrotalus</i>, y en -nuestro romance no sabemos otro vocablo para nombralla, sino -creto ó onocrótalo, la cual es muy mayor que un buitre, tiene -el papo muy grande y feo, nunca está sino en las lagunas ó<span class="pagenum"><a name="Page_168" id="Page_168">[168]</a></span> -rios grandes, porque su mantenimiento no es sino de peces. -Salió, digo, de la tierra, y visitó volando, primero, la nao Capitana, -donde venia Pedrárias, y despues rodea toda la flota -como visitando todas las naos, y luégo cae muerta. Este acaecimiento -parece haber sido presagio ó señal que quiso Dios -mostrar de las matanzas y estragos que Pedrárias y los que -con él vinieron habian de hacer en aquellas tristes gentes, y -tambien amenazas de las muertes que habian de padecer de -hambre y laceria los mismos españoles que con tanta ansia -venian á pescar oro, y que luégo en breve se les siguieron, -como, placiendo á Dios, diremos.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_169" id="Page_169">[169]</a></span></p> - -<h2 id="LX">CAPÍTULO LX.</h2></div> - - -<p>Llegado Pedrárias y su flota al puerto del Darien, que distaba -del pueblo creo que media legua, envió luégo Pedrárias -un criado suyo, ántes que ninguno de las naos saliese, á -hacer saber á Vasco Nuñez como era llegado con su flota al -puerto. Tenia Vasco Nuñez entónces consigo en el Darien, -450 hombres ó pocos ménos, y, cierto, valian harto más por -estar en tan grandes trabajos curtidos, que los 1.200 ó 1.500 -que Pedrárias traia. Llegado el criado de Pedrárias al pueblo, -preguntó por Vasco Nuñez; dijéronle, véislo allí, el cual -estaba mirando y ayudando á los que tenia por esclavos, que -le hacian ó cubrian de paja una casa, vestido de una camisa -de algodon ó de angeo, sobre otra de lienzo, y calzado de -unos alpargates los piés, y en las piernas unos zaragüelles. -El hombre quedó espantado de ser aquel Vasco Nuñez, de -quien tantas hazañas y riquezas se decian en Castilla, creyendo -que lo habia de hallar en algun trono de majestad puesto; -llegóse á él diciendo: «Señor, Pedrárias ha llegado á esta -hora al puerto, con su flota, que viene por Gobernador de esta -tierra.» Respondió Vasco Nuñez, que le dijese de su parte, que -fuese muy bien venido y que se holgaba mucho (y Dios lo -sabe) de su venida, y que él y todos los de aquel pueblo, que -estaban en servicio del Rey, estaban prestos para rescibillo y -serville. Oidas las nuevas por todo el pueblo, de haber llegado -al puerto con tanta flota y armada, no hobo poco bullicio y -pláticas en corrillos entre todos ellos; trataron cómo sería -mejor rescibille, ó saliendo con armas, como cuando andaban -armados por los indios, ó como pueblo, sin ellas. Cerca -de lo cual hobo diversos pareceres, pero Vasco Nuñez siguió -el más seguro, y que ménos podia causar sospecha, y así lo<span class="pagenum"><a name="Page_170" id="Page_170">[170]</a></span> -salieron á rescibir todos sin armas, y como estaban en sus -casas, media legua. Pedrárias, como hombre no descuidado, -entendido en las guerras, ordenó su gente, no del todo confiado -que Vasco Nuñez con buen ánimo le rescibiese, ni los -que con él eran; llegados á donde Pedrárias venia con su -mujer, Doña Isabel de Bobadilla, de la mano, Vasco Nuñez y -su compañía les hicieron gran reverencia, y Vasco Nuñez, -con buenas palabras, se ofreció en nombre suyo y de todos, -como Gobernador del Rey, á obedecerle siempre y servirle. -Fuéronse todos juntos al pueblo con exterior regocijo, y Dios -sabe si les sobraba á los que estaban la interior alegría; repartiéronse -los que con Pedrárias venian, que, como se dijo, -eran 1.200, por las casas que eran todas de paja de los que -allá estaban, que eran pocos más de 400. Los que estaban -proveian del pan de maíz y del caçabí, de raíces y frutas de -la tierra, de agua del rio, y del servicio de los indios que por -esclavos tenian, habidos con la justicia que arribase ha referido; -Pedrárias mandaba proveer á cada uno de racion de tocinos -y carnes, y pescados salados y algun bizcocho, y otras cosas -comestibles de bastimentos que el Rey mandó, para la armada -y gente della, que se trujese de Castilla. Luégo, otro dia -despues de llegados y aposentados todos, comenzó Pedrárias -á inquirir é informarse de los que en la tierra estaban, si -eran verdad las grandezas que Vasco Nuñez habia escrito al -Rey, de la mar del Sur y de las perlas de las Islas della, -y de las minas ricas de oro y de todo lo demas; lo -cual todo halló ser así, como Vasco Nuñez lo habia escrito, -sino que el pescar del oro con redes, que no Vasco Nuñez, -sino la fingida fama ó de Colmenares ó de otros habia -publicado, y la vanidad y cudicia de Castilla tenia creido, -halló no ser así. La gente toda, recien venida, no se descuidaba -de preguntar dónde y cómo el oro con redes se pescaba, -y, segun yo creo, comenzó desde luégo á desmayar como -no via las redes y aparejos con que se pescaba, ni hablar ó -tratar dello á cada paso; y así fué que, oidos los trabajos que -los huéspedes les contaban haber pasado, y como el oro que<span class="pagenum"><a name="Page_171" id="Page_171">[171]</a></span> -tenian no era pescado sino á los indios robado, y puesto -que habia muchas minas y muy ricas en la tierra, pero que -se sacaba con inmenso trabajo, comenzaron luégo á se desengañar -y hallarse del todo burlados. Luégo mandó Pedrárias -apregonar residencia contra Vasco Nuñez, la cual le tomó el -licenciado Espinosa, Alcalde mayor; mandó prenderle y condenó -en algunos millares de castellanos, por los agravios -hechos al bachiller Anciso y á otros, y al cabo, teniendo respeto -á sus trabajos, que llamaban grandes servicios hechos al -Rey, de la muerte del triste Nicuesa y de todos los mas cargos -que le pusieron le dieron por libre y quito; pero de los robos, -y matanzas, y captiverios y escándalos, que habia hecho á -muchos señores, y Reyes, y particulares personas de los indios, -no hobo memoria en la residencia, ni hombre particular, ni -fiscal del Rey que dello le acusase, porque matar ni robar -indios nunca se tuvo en estas Indias por crímen, y la más -potísima razon que desto dar se puede, no es sino la insensibilidad -que ha permitido Dios, por los pecados de España, -en los más de nosotros, sin el juicio secreto divino que ha reservado -para sí, é para la otra vida, el castigo total de los -pecados tan inhumanamente cometidos en las gentes destas -Indias. Y porque habia escrito Vasco Nuñez al Rey, entre las -otras cosas, que, para el trato y descubrimiento de la mar del -Sur, convenia hacerse pueblos de españoles en la tierra y señorío -de los caciques Comogre, Pocorosa y Tubanamá, trató -luégo Pedrárias de enviar gente, con parecer de Vasco Nuñez, -para que en los dichos tres lugares poblasen.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_172" id="Page_172">[172]</a></span></p> - -<h2 id="LXI">CAPÍTULO LXI.</h2></div> - - -<p>Entre tanto que se trataba y aparejaba de enviar gente, -para hacer las dichas poblaciones, comenzóse á gastar la comida -y bastimentos que la flota habia traido de Castilla, como -era mucha gente la que los gastaba, por lo cual se iban adelgazando -las raciones que el Rey les mandó dar, y no se comia -tanto cuanto habian menester digerir los estómagos. Dello por -esta causa, dello por ser enfermo el lugar donde estaban poblados, -por ciertas ciénagas y lugares bajos y sombríos, y -tambien por la diferencia de los aires más delicados y más -claros destas tierras, que por la mayor parte y cuasi todas -son más que las de España sanas, mayormente habiendo tan -gran distancia de allá á estas partes, comenzaron á enfermar -y á morir la gente que habia traido Pedrárias; no perdonó á -él mismo, aunque tenia mejor refrigerio, que no incurriese -una grave enfermedad. Salióse del Darien, por parecer del -médico ó médicos que habia traido, con los demas, y fuese al -rio de Corobarí, la última luenga, cerca de allí, que se tenia -por de mejores aires. Con la indisposicion de Pedrárias dilatóse -la provision y despacho de las dichas poblaciones, pero -no la muerte de muchas personas, que cada dia de hambre y -enfermedades morian, y más de hambre y falta de refrigerio -que de las enfermedades se interpolaba, cuando ya del todo -las raciones del Rey se acabaron. Cresció esta calamidad de -hambre en tanto grado, que morian dando quejidos «dáme -pan» muchos caballeros, y que dejaban en Castilla empeñados -sus mayorazgos, y otros que daban un sayon de seda carmesí -é otros vestidos ricos porque les diesen una libra de pan -de maíz ó bizcocho de Castilla, ó caçabí. Una persona, hijodalgo, -de los principales que habia traido Pedrárias, iba un<span class="pagenum"><a name="Page_173" id="Page_173">[173]</a></span> -dia clamando por una calle que perecia de hambre, y delante -todo el pueblo, cayendo en el suelo, se le salió el ánima. Nunca -parece que se vido cosa igual, que personas tan vestidas de -ropas ricas de seda y áun parte de brocado, que valian muchos -dineros, se cayesen á cada paso muertas de pura hambre; -otros se salian al campo y pascian y comian las hierbas -y raíces que más tiernas hallaban, como si fueran ganados; -otros, que tenian más vigor, traian sin vergüenza del monte -haces de leña por un pedazo de cualquiera pan que les daban. -Morian cada dia tantos, que, en un hoyo que se hacia, muchos -juntos enterraban, y á veces si cavaban una sepultura para -uno del todo no la querian cerrar, porque se tenia por cierto -que pocas horas habian de pasar que no muriesen otros que -lo acompañasen. Muchos se quedaban sin sepulturas un dia y -dos, por no tener fuerzas para los enterrar los que eran sanos -y tenian que comer algo; en todos los casos dichos poco cuidado -habia de hacerles obsequias, como ni lo habia de amortajarlos. -Aquí vieron todos bien á la clara, cómo el oro con -redes se pescaba. En estas angustias puestos, y no ménos Pedrárias -y su casa, dió licencia á algunos principales caballeros -que se volviesen á España, de los cuales vinieron á parar á -la isla de Cuba una barcada con harta necesidad, donde les -matamos bien la hambre, por estar nosotros en tierra de -grande abundancia, cuanto la de donde venian tenia de falta, -no por ser la tierra estéril, porque no es sino fertilísima y de -mantenimientos abundaba cuando estaba en su prosperidad, -sino por haberla los españoles despoblado, dello con muertes -innumerables, dello por captiverios de vivos, enviando á vender -á estas islas muchos por esclavos, dello por haber á todas -las demas gentes ahuyentado, y así estaban aquellas provincias -asoladas; porque es cierto que si á los Caciques y señores y -gentes moradores dellas los españoles les hicieran obras de -cristianos, aquellos y muchos más pudieran ser proveidos y -sustentados, y áun ricos de lo que deseaban, pero no fueron -dignos porque no traian el fin que Dios pretendia desde que -se movieron de España. Así que, estos efectos parió el creer<span class="pagenum"><a name="Page_174" id="Page_174">[174]</a></span> -que el oro se pescaba, y venir á pescallo con tanta ansia. -Convalesciendo algo Pedrárias, siendo avisado de las muchas -minas y ricas que habia por aquella provincia del Darien, no -curando mucho de la sanidad de la tierra, que debiera mucho -mirar, segun lo que de presente cada dia pasaba, envió á un -Luis Carrillo, con 60 hombres, para que poblase un pueblo en el -rio, siete leguas del Darien, que no sé por qué ocasion habian -nombrado, en tiempo de Vasco Nuñez, el rio de las Anades; no -sé con que confianza de mantenimientos, pues todos andaban -hambreando, y no habia memoria de hombre indio en toda la -comarca, sino sólo los que tenian algunos de los que allí iban -por esclavos, y así duró poco el pueblo allí por esta causa. En -este tiempo, como se le iba asentando la silla de obedecer y -ser mandado á Vasco Nuñez, estando tan acostumbrado á ser -obedecido y á mandar, inventó camino para ir por sí á donde -sólo gobernase, para lo cual envió secretamente á Andrés Garavito -á la isla de Cuba para que le trujese gente, con la cual -por el Nombre de Dios pasase á poblar en la mar del Sur. En -este propósito no sé sobre qué estribaba, porque no creo que -le era venido el título de Adelantado de la mar del Sur, sino -quizá por cartas que tenia que el Rey le habia hecho merced -dél, porque ya que lo tuviese de presente no parece que habia -de pretender, ni podia, gobernar sin estar subjeto á Pedrárias; -y por ventura, deste principio comenzó á tener cosquillas -de sospecha dél, Pedrárias, de donde al cabo le provino -su final daño.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_175" id="Page_175">[175]</a></span></p> - -<h2 id="LXII">CAPÍTULO LXII.</h2></div> - - -<p>Despachado Luis Carrillo para que poblase el rio de las -Anades, determinó Pedrárias, con toda la priesa que pudo, de -despachar y despachó á Juan de Ayora, su Capitan general, -con 400 hombres los ménos indispuestos de los que habia -traido, con parte de los antiguos que con Vasco Nuñez estaban, -á robar todo el oro que haber pudiese por toda la tierra, -sin guardar fe ni amistad á los señores y sus gentes que -Vasco Nuñez tenia confederados, aunque tambien por él robados -y tiránicamente forzados y agraviados, (puesto que por -ventura no mandó Pedrárias que á los confederados hiciesen -daños, como los hizo su mal Capitan), porque ya habia determinado, -segun creo, de enviar á su mujer, Doña Isabel, á Castilla, -y no llevarse vacías las manos. Mandóle que hiciese tres -pueblos con sus fortalezas, en la tierra de Pocorosa, y en la -de Comogre, y de Tubanamá. Embarcóse Juan de Ayora, -con los 400 hombres, en una nao y tres ó cuatro carabelas, -y fué á desembarcar al puerto de la tierra del cacique Comogre, -que distaba del Darien 25 ó 30 leguas, hácia el Poniente; -desembarcado en el pueblo de Comogre, despachó á -un Francisco Becerra con 150 hombres á la mar del Sur, -para que descubriese algun buen asiento y comarca donde se -poblase; fué guiado por un camino más breve, que se sabia -de ántes, por el cual se hallaron haber 26 leguas de mar á -mar. Estos despachados, mandó Juan de Ayora á Garci-Alvarez, -que, con los navíos y alguna gente que habia indispuesta, -le fuese á esperar al puerto del cacique Pocorosa, que -estaba más al Poniente, abajo, en tanto que él iba á robar lo -que hallase. Váse con sus 200, y algunos más hombres, la -tierra adentro, al cacique Ponca, del cual en el cap. 47<span class="pagenum"><a name="Page_176" id="Page_176">[176]</a></span> -mostramos que habia venido á Vasco Nuñez, y Vasco Nuñez, -asegurádole y prometídole que nunca le vernia daño, y -el Ponca le ayudó dándole de su gente que para el descubrimiento -de la mar del Sur le acompañase. Ponca, pues, -como estaba seguro, salió á rescibir á Juan de Ayora, de paz, -y lo primero que hizo fué tomarle, contra su voluntad, el oro -que pudo hallar, escudriñándole su casa, y diciéndole, riendo, -que de los amigos se habia de ayudar. De allí vá al -Cacique y señor Comogre, que tantas caricias y buen rescibimiento -y hospedaje habia hecho á Vasco Nuñez, y á su compaña, -y el primero que dió las nuevas de la otra mar, como -arriba, en los capítulos 41 y 42 se ha contado, el cual, siendo -avisado de sus espías que venia, y que su fin era el oro deseado, -salióle á rescibir al camino con un buen presente de joyas -de oro y comida, y llegado á su casa les hizo cuantos servicios -pudo y regalos; pero ni estas buenas obras hechas á él, -ni las que Vasco Nuñez rescibió con los pasados, ni la fe y -seguridad que le prometió de que sería seguro y no rescibiria -de los españoles nunca jamás daño, bastó á que no le -tomase por fuerza sus propias mujeres aqueste infelice tirano. -Lo mismo hizo, segun se escribió, de allí salido, á Pocorosa, -en cuanto le pudo robar, puesto que su persona, siendo -avisado de lo que venia haciendo, se fué huyendo á los -montes que no lo osó esperar, y lo que peor fué que el triste -de Pocorosa, Rey de aquella tierra, pensando aplacalle y doblalle -para que le restituyese las mujeres ó gente y otras -cosas que le habia robado, y tambien por miedo que buscándolo -ó haciéndole buscar caerian en sus manos, vínose á él -con un presente de todo el oro que allegar pudo, que con su -persona misma le trajo; pero nada le aprovechó, ántes lo -prendió y llevó preso á la tierra de Tubanamá, diciendo -que con la prision de aquel amedrentaria los otros señores, -para que con oro se rescatasen. Pasando á la tierra y señorío -de Tubanamá hallóle seguro y quieto en su casa, como habia -prometido á Vasco Nuñez que siempre lo estaria, y que así -lo habian siempre de hallar; rescibió á Juan de Ayora con<span class="pagenum"><a name="Page_177" id="Page_177">[177]</a></span> -mucha alegría, dále á él y á su gente de comer, y hizóle servir -con toda su posibilidad; demás desto, dióle un presente de -oro, no de poca cantidad, pero no le hartó ni satisficieron -las obras tan buenas de quien no les debia nada; en pago de -lo cual tómale cuanta de su gente pudo por esclavos, y -róbale cuanto le pudo robar. Escapóse dél Tubanamá lo -mejor que pudo, y fuese apellidando su tierra, y tambien -quizá sus vecinos, y con la más gente que pudo allegar -vino sobre Juan de Ayora y sobre los suyos por la otra -parte del rio, donde él estaba, con gran furia, y echóles una -nubada de flechas, peleando contra ellos como leones, pero -desnudos en cueros. Cierto, si las armas les ayudaran, más -daño que nunca hicieron nos hobieran hecho estas gentes, -porque ánimo no les ha faltado y menosprecio de la muerte -por defension de sus patrias y casas, segun habemos visto -hartas veces por experiencia. Tornando á Juan de Ayora, defendióse -del ímpetu de Tubanamá, no supe si ellos hirieron -algunos españoles con este ímpetu, ni si los españoles mataron -algunos, más de que se vido bien apretado Juan de Ayora, -y con harto miedo, por lo cual con mucho trabajo y priesa hizo -aquella noche, de rama y tierra, una fortaleza, temiendo que -al salir del alba serian otra vez sobre él; no volvieron porque -no pensaron prevalecer, lo cual es argumento que los lastimaron -las espadas ó los perros. Dejó allí Juan de Ayora en aquella -fortalecilla un Hernan Perez de Meneses, con 60 hombres, para -tener las espaldas seguras, y para los yentes y vinientes, ó para -enviar de sí nuevas y sabellas de Francisco Becerra, y volvióse -á Garci-Alvarez, que le esperaba con los navíos en un rio -que habian nombrado de Sancta Cruz, en la tierra de Pocorosa; -señaló allí una villa y púsole nombre, la villa de Sancta Cruz, -y los vecinos que le pareció, criando Alcaldes y Regidores, conforme -á la instruccion que de Pedrárias llevaba: ésto fué á tantos -de Mayo del año de 1515. Poblada esta villa de Sancta Cruz, -aunque no de gente sancta, teniendo noticia Juan de Ayora -de que más al Poniente habia un señor, de gente y de oro muy -rico, llamado Secatíva, la penúltima luenga, envió por la mar,<span class="pagenum"><a name="Page_178" id="Page_178">[178]</a></span> -en ciertas barcas ó bateles, á un fulano Gamarra, con cierta -gente, para que, so color de que diese la obediencia á los reyes -de Castilla, captivase la gente que pudiese, y robase la -riqueza que estimaba que tenia; pero como sus obras fuesen -ya por toda la tierra estendidas, y en los oidos de todas las gentes -de aquellas provincias fuesen, como lo eran, horribles, por -cuya causa y temor todos los pueblos y señores dellos estaban -sobre aviso, teniendo sus espías (en lo cual los indios no -se duermen), temiendo haber de venir sobre ellos aquella pestilencia -cada dia, el cacique Secatíva con su gente, avisados -que por la mar los españoles venian, pusieron en cobro sus -mujeres y hijos, y vacío el pueblo, metidos tras de unas matas, -los españoles, dejadas las barcas y salidos en tierra, ya -que llegaban cerca del pueblo, salen los indios de través con -un terrible alarido, y dan en ellos, lanzando varas tostadas -como dardos y no sé si flechas tambien, con las cuales hirieron -al Capitan y á los más de su compañía, y así se volvieron -huyendo, bien descalabrados, de donde habian venido. Juan -de Ayora, desque los vido venir destrozados, lleno de ponzoña -de ira determinó de la derramar en el pueblo de Pocorosa, y -mandó que le robasen toda la tierra que era donde habian -hecho su negra villa, y prendiesen á él para podelle sacar más -oro si pudiesen, pero fué avisado Pocorosa por un español llamado -Eslava, que era su amigo, al cual quiso ahorcar Juan -de Ayora desque lo supo. Concluida ésta su predicacion y dejada -la tierra tan en amor de la fe y religion de Cristo, Juan -de Ayora deliberó de se volver al Darien para se tornar, con -ciertos barriles que tenia ya llenos de oro, á Castilla, y así lo -hizo, pero hurtando un navío que en el puerto quedaba, y díjose -que el mismo Pedrárias fué sabidor y consentidor del -hurto, y de su huida con el oro robado, por ser muy amigo -de Gonzalo de Ayora, su hermano, pudo ser que de lo que -traia robado dió su parte al quinto del Rey é á Pedrárias, sin -lo mucho que se dijo que trujo escondido; éste infelice tirano -era natural de Córdoba, hijodalgo y persona estimada por -aquel tiempo, y, sus obras lo claman, de insaciable cudicia.<span class="pagenum"><a name="Page_179" id="Page_179">[179]</a></span> -Deste tirano cuenta Pedro Mártir, en el cap. 10, de su tercera -Década, lo siguiente: <i>Joannes Aiora civis cordubensis nobili genere -ortus misus pro prætore, uti alias diximus, auri magis cupidus -quam rei bene gerendæ amator, aut laudis. Nactus occasiones -in regulos spoliavit multos et contra jus fasque aurum ab eis extorsit, -et crudeliter (ut aiunt) tractavit; ita ut ex amicis facti sint -hostes infensissimi, et animis desperatis jam quacumque datur vi -aut insidiis nostros perimunt. Ubi pacato comertiabantur et volentibus -regulis, nunc armis agendum est. Multis auri ponderibus -hoc modo coactis, uti fertur, aufugit sumpto furtim, ut vulgo -dicitur, navigio..... Non desunt qui Petrum Ariam ipsum gubernatorem -ejus fugæ assensisse arbitrentur..... Nihil mihi eque displicuit -in universis occeaneis agitationibus ac istius avaritia quæ pacatos -regulorum animos ita perturbaverit.</i> El capitan Garci-Alvarez -con los suyos, pobladores de la villa de Sancta Cruz, no queriendo -estar ociosos, creyendo permanecer en ella, salian por -los pueblos comarcanos á robar mujeres, y la gente que podian -haber para traer captiva. Pocorosa, señor tan agraviado -de los españoles á él tan desagradecidos, junta la gente que -pudo, suya y de sus amigos, y tambien agraviados y lastimados -vecinos, vienen al cuarto del alba sobre la villa, y hallando -á todos durmiendo, ántes que acordasen para tomar las -armas, estaban todos heridos; pero como las armas de los indios, -donde no hay ponzoñosa hierba, no matan luégo, como -nuestras culebrinas, tornaron los españoles; aunque heridos, -sobre sí, é tomadas sus armas dan en ellos, y matando con -sus espadas, tambien de los golpes de los indios con sus macanas -morian; y con tanto vigor los indios, aunque dellos caian -muertos muchos, perseveraron en la pelea, que cuando vino á -ser claro el dia los tenian todos despachados, con su capitan -Garci-Alvarez, sino fueron sólos cinco. Estos se escaparon -escondidos y huyendo noches y dias hasta llegar al Darien, -donde dieron las nuevas, y así se despobló la buena villa de -Sancta Cruz á cabo de seis meses de su principio.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_180" id="Page_180">[180]</a></span></p> - -<h2 id="LXIII">CAPÍTULO LXIII.</h2></div> - - -<p>Despachados Luis Carrillo y Juan de Ayora para sus romerías, -luégo envió Pedrárias á Pedrárias, su sobrino, con 200 -hombres con dos navíos, al rio de la provincia del Cenú, la -última sílaba aguda, para que descubriese y anduviese aquella -tierra y rio, y robase el oro que pudiese, porque los indios -que habia hecho esclavos en Isla Fuerte, como arriba se dijo, -decian que en aquella tierra ó provincia habia mucha riqueza, -como vian á todos por oro tan caninos; y verdad era, porque -aquella provincia era el fonsario y entierro de muchas gentes -de la tierra adentro, que venian á enterrar sus muertos de -muchas leguas, y enterraban con ellos cuanto oro tenian. De -aquellas sepulturas se hobo despues grande suma de oro y -riquezas, aunque todo há poco, como el mundo sabe, lucido. -Así que fué con su gente Pedrárias, sobrino, y navíos al rio de -Cenú, que está del Darien 30 ó poco más leguas de la parte -del Oriente; llegados al puerto y echadas las barcas para -subir por el rio; y siendo dificultosa la subida por la corriente -y la gente ser nueva, y la gran multitud de mosquitos que -los comian, y la esperanza de haber lo que buscaban con -tantos trabajos muy fria, comenzaron á sentir más el oficio y -trabajo del remar que el consuelo de conseguir su fin les ofrecia. -Por todos estos accidentes comenzaron á caer enfermos y á -morir; viéndose Pedrárias, sobrino, en mucha angustia, y que -él tambien padecia el peligro de la vida, y no ver aparejo -para hacer asiento, que quizá era lo que más queria, por salir -de tanta tristeza dió luégo la vuelta al Darien con la mitad -ménos de la compañía. Viéndolo Pedrárias, su tio, más creo -que se holgara si lo viera que los navíos cargados de oro y -de muchos indios hechos esclavos traia. Desde á poco, hé<span class="pagenum"><a name="Page_181" id="Page_181">[181]</a></span> -aquí viene Luis Carrillo con toda su compañía, que habia desmamparado -y despoblado la villa de las Anades, diciendo que -no podian hallar bastimentos para se sustentar por andar los -indios huidos; con estos recaudos estaba Pedrárias muy afligido, -y via que no ponia en cosa mano que no se le deshacia, -puesto que no dejaba de recoger del oro robado, y esclavos -hechos tan contra Dios y su ley, cuanto para sí aplicar -podia; pero el ciego infelice, ser la causa de los reveses que -padecia el mal estado en que él y todos los españoles, que en -aquella tierra estaban, vivian, destruyendo aquellas inoxias -gentes, no advertia. Aquel Luis Carrillo, despues que comenzó -á asentar su villa de las Anades, puso por obra de hacer -catas, con los indios esclavos que él y los de su compañía -tenian, en aquel rio, para ver el oro que habia, y puesto que -por aquel y por otros muchos rios, y toda aquella tierra es -de oro rica, pero como se saca con grandísimo trabajo y há -menester paciencia y tiempo para cogollo, porque no suele -salir tan á montones que luégo se alegre y contente y harte -la gran cudicia, comenzaron á desajenarse los vecinos de la -nueva villa; pero el Luis Carrillo, por esforzar los vecinos á -que no desmayasen, y dalles algun contentamiento, acordó de -salir, con los que más sanos y dispuestos estaban, á captivar -indios de los que por sus obras y de los demas andaban ahuyentados, -y otros que estaban en sus pueblos con temor cada -dia esperándolos. Fuese por la tierra de Abrayba á la provincia -nombrada Ceracaná, la última luenga, que vivian en las barbacoas -ó casas sobre los árboles que estaban en el agua, los -cuales, sintiendo los españoles, se defendieron con sus varas -un buen rato, pero no les aprovechó porque los españoles, -combatidas siete de aquellas casas altas, prendieron al cabo más -de 400 ánimas, y queriendo ir adelante á buscar más los ya -captivos probaron á huir, y escapáranse sino por un perro que -llevaban que lo soltaron, y aquel los detuvo habiendo muchos -dellos desgarrado; á aquellos 400 repartió Luis Carrillo entre -sí mismo y su compaña. Venidos á su pueblo de las Anades, fuese -luégo al Darien á decir á Pedrárias que era imposible allí<span class="pagenum"><a name="Page_182" id="Page_182">[182]</a></span> -perseverar por no haber comida y por otras incomodidades, y -así luégo lo despoblaron. Por este tiempo debia enviar Pedrárias -al bachiller Anciso al Cenú, como hervia siempre la fama y -más la cudicia del abundar en oro aquella provincia, como á -hombre que tenia experiencia de aquellas tierras y que lo haria -mejor que Pedrárias su sobrino, y como Anciso era jurista debió -parecerle que justificaba, con usar del requerimiento, mejor -sus robos y violencias que iba á hacer á los vecinos del Cenú, -que Juan de Ayora y Luis Carrillo, sin él, las suyas, y así -dice él en su «Suma de geografía», cuasi al cabo della, hablando -del Cenú, las palabras siguientes: «Yo requerí, de parte del -rey de Castilla á dos Caciques destos del Cenú, que fuesen -del rey de Castilla, y que les hacia saber como habia un sólo -Dios, que era Trino y Uno, y gobernaba el cielo y la tierra, y -que éste ha venido al mundo y habia dejado en su lugar á -Sant Pedro, y que Sant Pedro habia dejado por su sucesor, -en la tierra, al Santo Padre, que era Señor de todo el mundo -Universo, en lugar de Dios, y que ese Santo Padre, como -Señor del Universo, habia hecho merced de toda aquella tierra -de las Indias y del Cenú al rey de Castilla, y que, por -virtud de aquella merced que el Papa habia hecho al Rey, les -requeria que ellos le dejasen aquella tierra, pues le pertenecia; -y que si quisiesen vivir en ella, como se estaban, que le -diesen la obediencia como á su señor, y le diesen en señal de -obediencia alguna cosa cada un año, y que eso fuese lo que ellos -quisiesen señalar, y que si ésto hacian que el Rey les haria -mercedes y les daria ayuda contra sus enemigos, y que pornia -entre ellos frailes ó clérigos que les dijesen las cosas de la -fe de Cristo, y que si algunos se quisiesen tornar cristianos, -que les haria mercedes, y que los que no quisiesen ser cristianos, -que no les apremiarian á que lo fuesen sino que se estuviesen -como se estaban.» Respondiéronme, que en lo que -decia que no habia sino un Dios, y que éste gobernaba al -cielo y la tierra y que era Señor de todo, que les parecia bien -y que así debia ser, pero en lo que decia, que el Papa era -Señor de todo el Universo, en lugar de Dios, y que él habia<span class="pagenum"><a name="Page_183" id="Page_183">[183]</a></span> -hecho merced de aquella tierra al Rey de Castilla, dijeron -que el Papa debia estar borracho cuando lo hizo, pues daba -lo que no era suyo, y que el Rey, que pedia y tomaba la -merced, debia ser algun loco pues pedia lo que era de otros, -y que fuese allá á tomarla que ellos le pornian la cabeza en -un palo, como tenian otras, que me mostraron de enemigos -suyos, puestas encima de sendos palos, cabe el lugar, y dijeron -que ellos se eran señores de su tierra y que no habian -menester otro señor. Yo les torné á requerir que lo hiciesen, -si no que les haria la guerra y les tomaria el lugar, y que mataria -á cuantos tomase, ó los prenderia y los venderia por esclavos. -E respondiéronme, que ellos me pornian, primero, la -cabeza en un palo, é trabajaron por lo hacer, pero no pudieron -porque les tomamos el lugar por fuerza, aunque nos tiraron -infinitas flechas é todas herboladas, é nos hirieron dos -hombres, con hierba, y entrambos murieron de la hierba -aunque las heridas eran pequeñas; y despues prendí yo en otro -lugar al un Cacique dellos, que es el que dije arriba que me -habia dicho de las minas del Nocri, é hallélo hombre de mucha -verdad é que guardaba la palabra, y le parecia mal lo -malo y bien lo bueno, y cuasi de esta forma se hacen allá -todas las guerras. Todo ésto es lo que Anciso dice formalmente -y á la letra en el lugar alegado. ¿Qué mayor argumento -ni más claro, confesado por su boca, de la ignorancia y -ceguedad del bachiller Anciso, y de quien ordenó el tal requerimiento, -y de todos los que creian que por él se excusaban -las tan horribles é impías guerras, y robos, y calamidades que -á aquellas gentes, por ellas, los españoles les causaban? ¿Qué -evidencia les hizo Anciso en su requerimiento para constituillos -en culpa de contumacia, y que él tuviese legítima causa -de invadillos, tomalles el pueblo matándolos y captivándolos? -¿qué injurias ó daños representaba haber el rey de Castilla, -ó España, ó el mismo Anciso dellos rescibido? ¿qué -tierras ó bienes le habian usurpado, que pidiéndoles la restitucion -dellas fueron en mora constituidos, despues de muchas -veces rogados y requeridos? ¿Qué bárbaros, incultos y<span class="pagenum"><a name="Page_184" id="Page_184">[184]</a></span> -hombres bestialísimos, no escarnecerán de aquel requerimiento -y de quien lo hizo? ¡Y que afirme Anciso, como testigo de -vista, que de aquella forma que él hizo la guerra á los vecinos -de la provincia del Cenú, se hicieron allá todas las guerras! -<i>¿Quid ægemus testibus? ex ore tuo, oh bachalarie Anciso, te judico</i>, -y pregúntote ¿si eran obligados á creerte luégo, que el -Dios que les hacia saber era Trino y Uno, y así de las otras -particularidades de tu requerimiento? ¿Bastabas tú, quizá, -con gente armada, que venias á robar su oro, sus haciendas, -sus mujeres y hijos, y su libertad, por testigo? ¿Y qué sabian -qué cosa eran frailes, ni clérigos, que nunca jamás habian -visto ni oido; fe, ni Cristo, ni qué era ser cristianos, y los demas -que habian de ser entre ellos por disparates tenidos, puesto -que en sí fuesen margaritas divinas? Aunque yo para mí -por cierto tengo, que mucho de lo que Anciso aquí dice fué -fingida fábula, y no historia del todo allí acaecida, porque -parece ser imposible en dos años poder aquellos Caciques -entender qué cosa era Sant Pedro, ni Papa, ni otros términos -y sentencia que allí Anciso refiere, como fuese aquella la primera -vez que españoles entraron allí, y no supiesen vocablo -ninguno de su lengua, cuanto ménos en una hora que pudieron -en aquello tardar, y por ésto tengo por incierto que del -Papa ni del Rey dijesen aquellas palabras los indios.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_185" id="Page_185">[185]</a></span></p> - -<h2 id="LXIV">CAPÍTULO LXIV.</h2></div> - -<p>Desque los Pedrárias, y los oficiales del Rey é tambien el -Obispo, vieron que todos los que iban á hacer aquellas entradas -siempre traian robado mucha cantidad de oro, aunque -algunos dejaban las vidas en la demanda, comenzaron á tomar -gusto en lo que aquellos traian, porque á todos cabia, por -diversos caminos ó respectos, alguna parte. De aquí provino -que ya las entradas se aprobaban y hacian por todos, áun -aquellos que de oficio les incumbia vituperallas, y acusallas, -y estorballas en cuanto pudiesen, viendo tan manifiestos los -grandes estragos que en aquellas gentes se hacian, y el daño -que de allí resultaba, áun para el provecho del Rey, ya que -de la honra de Dios ni de la infamia de la religion cristiana -y de la perdicion de tantas ánimas no se hobiera de tener -algun cuidado; y así, en cada cuadrilla que salia de españoles, -y que Pedrárias licenciaba y mandaba que fuesen á robar -oro y captivar indios para los hacer esclavos, el mismo Pedrárias -y cada uno de los cuatro oficiales del Rey, y, lo que más -de llorar era, el mismo reverendo Obispo, enviaban los criados -que cada uno tenia é queria, y de vuelta repartíase todo -el oro que se habia robado y los indios que tomaban, condenados -por esclavos, y cada uno de los Pedrárias, y oficiales, y -Obispo, rescibia tantas partes cuantos criados habia enviado: -y desta manera no se derramaba gota de sangre, ni robaba -castellano, ni captivaba persona alguna, de que todos no fuesen -reos, y á la restitucion del todo, <i>in solidum</i>, cada uno -dellos, y el señor Obispo que habia de poner la vida por defension -de aquellas sus ovejas, no fuese obligado. Entre otras -estaciones hizo una Vasco Nuñez, por induccion ó mandado -de Pedrárias, desta manera: él habia escrito al Rey, que en el<span class="pagenum"><a name="Page_186" id="Page_186">[186]</a></span> -rio Grande del Darien, por él arriba, tenia nuevas que habia -grandes riquezas de oro por estar por allí el dios ó ídolo de -Dabayba, y por esta nueva habia muchos de los principales -que habia consigo traido Pedrárias, que la empresa de irlo á -buscar por gran merced le demandaban, pero Pedrárias, segun -dijo ó se sintió dél, no quiso concedella á ninguno, porque -sino saliese verdad no culpasen á sus Capitanes, sino al -mismo Vasco Nuñez que lo habia inventado; y por ésto mandólo -que tomase 200 hombres, y fuese á buscar el dios de -Dabayba y traer la riqueza de que se tractaba. Embarcóse -con ellos en muchas canoas, porque no habia otro aparejo -para por aquel rio navegar, y llegando á la tierra y señorío de -los que se llamaban gugures, que era mucha, saliéronles al -encuentro con muchas canoas, armados, yendo los españoles -descuidados, y diéronles tanta priesa que ántes que mirasen -por sí tenian la mitad de los españoles muertos ahogados, -porque los nuestros, y todos, somos en el agua, en especial en -aquellas canoas, gatos, y los indios, por ser grandes nadadores -y desnudos en cueros, hácennos grande ventaja, trastornando -las canoas, lo cual hecho poco trabajo es menester para matarnos. -Entre los primeros cayó luégo muerto Luis Carrillo, el -poblador de la villa de las Anades, donde pagó lo que habia -hecho en ella y en las otras partes, y plegue á Dios que con -aquella muerte su divinal justicia se haya contentado; Vasco -Nuñez, con los que le quedaron, acordó de tomar la tierra, -los indios tambien dejaron el agua, y van tras ellos siguiendo -el alcance; plugo á Dios que se sustentaron hasta que vino la -noche, y con la oscuridad tuvieron lugar de huir por montes -y valles, porque de otra suerte ninguno dellos escapara. Vino -Vasco Nuñez herido, y alguno de los restantes maltratados, y -díjose que los Capitanes nuevos de Pedrárias se holgaron -viéndolo venir desbaratado, porque se le aguase la fama que -tenia de hacer por allí aquellas hazañas, y porque si ellos -despues errasen no se maravillase nadie; Pedrárias más quisiera -que viniera de oro cargado, y de no lo venir, é cognoscer -que perdia mucha gente, no podia no pesalle. En estos dias<span class="pagenum"><a name="Page_187" id="Page_187">[187]</a></span> -llegó cierto navío al Darien que trujo una Provision real, por -la cual el Rey daba título á Vasco Nuñez de Adelantado de -Coyva y Panamá, donde despues se asentó la ciudad así nombrada; -Coyva era una isleta cerca de por allí, que el mismo -Vasco Nuñez envió á suplicar al Rey, porque le habian dicho -los indios, ó él mal entendido, cuando andaba en el descubrimiento -del mar del Sur, que habia ó perlas ó oro en mucha -abundancia. Rescibida la Provision hízose apregonar. Comiénzase -Vasco Nuñez y los que le amaban á llamar con regocijo -Adelantado, no dejando de haber murmullo ó corrillos, dellos -en bien, dellos en mal, porque, segun se dijo y pareció, de la -prosperidad de Vasco Nuñez no gustaba bien, con los suyos, -Pedrárias, viendo que se le iba saliendo de las manos; y la -fortuna no olvidaba á Vasco Nuñez de levantallo, para despues -de más alto lo derrocar. Ayudó luégo á lo susodicho, y -desabrimientos de Pedrárias, que volvió Andrés Garavito de la -isla de Cuba, con 60 españoles, para seguir á Vasco Nuñez, -con armas y otras cosas necesarias para pasar por el Nombre -de Dios á poblar en la mar del Sur, esperando que el Rey le -daria la gobernacion de lo que poblase. Garavito, surgiendo -seis leguas del puerto, envió secretamente á avisar á Vasco -Nuñez de su venida. No se le encubrió á Pedrárias la venida -del Garavito, y el propósito de Vasco Nuñez de como pretendia -sin él gobernar, enviando al Rey por licencia para ello y -así salírsele de la mano, fuéle oirlo molestísimo, é, mucho, indignado, -le mandó prender y meter en una jaula de madera; -puesto que, á ruego grande del obispo, don fray Juan Cabedo, -no le metieron en la jaula, y al cabo Pedrárias le mandó soltar, -con ciertas condiciones que se pusieron entre ambos. Posible -cosa es creer que nunca las cosquillas de los ánimos, secretas, -cesaron.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_188" id="Page_188">[188]</a></span></p> - - -<h2 id="LXV">CAPÍTULO LXV.</h2></div> - - -<p>Como, despues del oro, la riqueza de las perlas, que Vasco -Nuñez habia descubierto cuando descubrió la mar del Sur y lo -habia escripto al Rey, por aquella tierra sonaba, y Pedrárias, -no ménos deseoso de henchirse dellas que de oro hartarse, no -se olvidaba, envió á un Gaspar de Morales con 60 hombres, -que fuese á la mar del Sur y pasase á las islas que llamaban los -indios de Terareguí, la última aguda, que despues de las Perlas -se llamaron, en especial una que llamaban la isla Rica, y -trabajase de haber cuantas pudiese, porque en Castilla las -buenas son muy preciadas y oro es lo que oro vale. Yendo su -camino por los pueblos y señoríos de los Caciques que Vasco -Nuñez habia dejado en amor y confederacion de los españoles -todos quietos, halló que Francisco Becerra, siendo rescibido -dellos no ménos pacífica y amorosamente que si fueran todos -sus hermanos, los habia robado y asolado, al cual topó en el -camino, que se tornaba al Darien cargado de oro y con gran -número de indios presos por esclavos. Tomó Gaspar de Morales -uno de aquellos españoles, que Becerra llevaba, por guía, -para lo que pretendia ir adelante, y los indios y gente que restaba -y que sentian irse Francisco Becerra, creyendo que ya -sin haber más españoles podian salirse de los montes seguros, -llegaba la langosta de Gaspar de Morales, y prendia y robaba -lo que Becerra no habia destrozado; y así, robando, matando -y captivando, llegó á la costa del mar del Sur, á la tierra -y señorío de un Cacique, Tutibra llamado, el cuál lo recibió -de paz, y les dió de todo lo que tenia, y les hizo todo buen -hospedaje en su casa. No tenia más de cuatro canoas, segun -pareció, aparejadas, en las cuales no pudieron caber todos los -españoles y su aparato que siempre llevaban, por cuya causa<span class="pagenum"><a name="Page_189" id="Page_189">[189]</a></span> -dejó allí la mitad dellos con un Capitan llamado Peñalosa, y -con los demas, con estas canoas, se fué á un pueblo de otro -Cacique, nombrado Tunaca, que debia estar para pasar á las -islas más en paraje. Este los estaba esperando con toda su -gente de paz, y les tenia aparejado buen rescibimiento, y las -cosas comestibles en abundancia, y rogóles mucho que se -holgasen y descansasen en su casa, pero no se lo consintió -el ansia de las perlas que esperaban haber, que los llevaba y -mandaba; así, luégo, el dia siguiente, saltó Gaspar de Morales -con la mitad de los españoles en ciertas canoas grandes, y -Francisco Pizarro en otras con los demas, los cuáles dende á -poco rato, navegando, no quisieran, por cuantas perlas habia -en el mundo, haber allí entrado. La gente que de indios llevaban, -que las gobernaban, eran de los Caciques de Chiapes y -de Tumaco, de que arriba hemos hablado, que siempre guardaron -el amistad que con Vasco Nuñez pusieron, aunque mil -veces tuvieron razon de quebrantársela; levantóse tanto la -mar, de que vino la noche, que todos pensaron perecer, y las -canoas una de otra apartadas, que no se vieron, cada uno -dellos creia ser los otros anegados. Por grande ventura, finalmente, -aportaron á la mañana todos á una de las islas, que -son muchas, lo cual tuvieron por milagro que Dios hacia por -ellos, como por personas que tanto le servian en andar en -aquellos pasos santos. Hallaron la gente della, toda, en solemnes -fiestas ocupada, y porque tenian de costumbre, cuando -aquellas fiestas celebraban, estar todas las mujeres sin verse -con los maridos, apartadas, y los maridos lo mismo, sin ellas -á otra parte, y los españoles llegaron por la parte donde ellas -estaban, no hicieron ménos que tomallas todas y captivallas y -atallas. Hácese mandado á los maridos, los cuales, como leones -bravos, vienen con sus varas tostadas, porque no tienen -ni usan flechas, y dan en los españoles muy de presto y dellos -hirieron algunos, pero no les hicieron heridas de lombardas. -Sueltan el perro que llevaban y vá á los indios y en ellos -hace terrible estrago, huyen los tristes asombrados de tal género -de armas, y aunque muchos murieron y pensaban morir,<span class="pagenum"><a name="Page_190" id="Page_190">[190]</a></span> -pero por la rabia de ver llevar sus mujeres y hijas, tornaron á -ir tras los españoles, tirando varas, por librallas; ninguna cosa -les aprovechó sino para morir más de los que restaban. De -allí fueron estos pecadores á la isla más grande, donde tenia -su asiento y casa real el Rey é señor de aquellas islas, ó al -ménos de las más, el cual, sabiendo que venian, ó porque habia -sido ya informado del estrago que en aquella isla primera -dejaban hecho, ó por la fama de sus ordinarias crueldades, -salió con su gente á les defender la entrada en su isla, ó por -ventura despues de entrados echallos; el cual hecho huir, con -el perro desgarrados algunos de los suyos, no por eso dejó de -tornar cuatro veces con la gente que más podia recoger, probando -si pudiera desterralos de su tierra ó matallos. Intervinieron -los indios, que llevaban consigo chiapenses y tumaquenses, -amigos, diciéndoles que los españoles eran muy -fuertes y que todo lo sojuzgaban (y pudieran añidir que todo lo -abrasaban), y que sojuzgaron á los señores Ponca, Pocorosa, -Quarequa, Chiape, Tumaco, y á otros muchos, los cuales al cabo -vinieron á se les subjetar, puesto que al principio resistieron -pero no pudieron prevalecer; con estos ejemplos y persuasiones -hobo de venir á ellos pacíficamente. Metiólos en su casa, -la cual dijeron que era maravillosamente hecha, y muy más -que otras de Caciques señalada, hizo sacar una cesta de vergas -muy lindas hecha, llena de perlas que pesaron 110 marcos, -todas muy ricas, y entre ellas una que pocas parece haberse -hallado en el mundo tan grandes ni tales; era como una -nuez pequeña, otros dijeron que como una pera cermeña, la -cual llevó á España la mujer de Pedrárias y la presentó á la -Emperatriz, é dijeron que le mandó dar 4.000 ducados por -ella. Diéronle cuentas, y espejos, y cascabeles, y otras cosillas -de las nuestras, de que el Cacique fué muy alegre. Toma luégo -el Gaspar de Morales por la mano, y á otros que entendió ser -principales, y súbelos á un miradero de madera como torre, -de donde se parecia mucho espacio de la mar y de tierra, y, -vuelta la cara al Oriente, con la mano muéstrales la mar -y la tierra que va hácia el Perú, diciendo: «Mirad qué larga<span class="pagenum"><a name="Page_191" id="Page_191">[191]</a></span> -mar y qué de tierra va por allí,» y vuelve la cara al Mediodia, y -despues al Poniente, y dice lo mismo; despues señala las islas, -«ved qué de islas á una mano y á otra están por aquí, todas -están debajo de mi imperio; toda ésta es muy buena y próspera -tierra, y si vosotros llamais buena tierra la que tiene -y abunda en oro y perlas, segun me parece que lo buscais, -oro entre nosotros poco hay, pero de perlas toda la -mar destas islas está dellas llena, dellas yo os daré cuantas -quisiéredes, con tanto que me guardeis la fidelidad y amistad -que yo os guardaré, y desto estar ciertos que os la guardaré -y me gozaré siempre de conversar con vosotros.» Estas y -otras dulces y amigables palabras les dijo, de que ellos quedaron -admirados y contentos. Cuando ya los nuestros querian -partirse, le rogaron que para el Rey grande suyo, dellos, rey -de Castilla, le hiciese coger 100 marcos de perlas, lo cual otorgó -de muy buena gana, como cosa que tenia en poco hacerlo, -pero no por eso se tuvo por obligado á hacerlo como fuese señor -absoluto en aquellas islas y tierras. Habia tantos venados -y conejos en aquella isla, que se venian á las casas de los vecinos, -cuantos querian y habian menester, donde mataron los -nuestros muchos con las ballestas, con que tuvieron muchos -dias harta fiesta. Dijeron que lo habian baptizado y puesto -nombre Pedrárias, siguiendo el error que los españoles, y áun -clérigos y frailes algunos, siempre tuvieron, baptizando á -éstos infieles sin darles doctrina alguna, ni de Dios tener chico -ni grande conocimiento, más del que dél ellos se tienen, y -así son causa que despues de bautizados los indios y rescibido -el carácter (si empero no ponen obstáculo, y tienen intencion -de rescibir lo que los españoles les dicen ser bueno, como de -todos creemos), que vayan á idolatrar y cometan mil sacrilegios, -lo cual es certísimo hacerse, porque ni ántes que el bautismo -les den los enseñan ni pueden enseñarles, ni entender -las cosas de la fe en tan poco tiempo, ni despues, porque así -como de ántes se quedan; y ésta es injuria é irreverencia que -se hace al Sacramento, tan intenpestiva é indiscretamente.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_192" id="Page_192">[192]</a></span></p> - -<h2 id="LXVI">CAPÍTULO LXVI.</h2></div> - - -<p>Salidos de la isla Gaspar de Morales y su compañía, dejando -muy alegre al Cacique y á su gente, y ellos con sus -muchas y ricas perlas muy contentos, tornáronse á la tierra -firme para volverse al Darien con sus buenas nuevas; miéntras -éstos andaban salteando por las islas y tardaron en las de -aquel señor de todas ellas, Peñalosa y los que con él quedaron -en el pueblo de Tutibra hicieron las obras, á los vecinos -de él y de los otros pueblos, que siempre han acostumbrado -á hacer, y principalmente son andar tras de las mujeres y -escudriñar y robar cuanto pudieren. Fueron, parece que, tales -los agravios que rescibieron, que acordaron de matallos á ellos -allí, y despues á Gaspar de Morales y á los suyos en el camino -cuando volviesen, para lo cual se conjuraron los Caciques -que al derredor habia, que por agraviados se tuvieron. -Andaba con el Gaspar de Morales un Cacique llamado Chiruca, -con un hijo suyo, mancebo, mostrando mucha aficion -á los españoles, ó por amor verdadero (pero no sé por qué -merecimientos), ó por miedo, ó por especular bien sus costumbres, -fingidamente, como yo más creo, para despues, cuando -se ofreciese oportunidad, dar en ellos. Llegados, pues, y desembarcados -de las canoas en la tierra firme, Gaspar de Morales -envió á un Bernardino de Morales con 10 hombres á llamar -al Peñalosa y á los que con él habia dejado en Tutibra, -para se ir todos, parece que, por otro camino al Darien. Estos -llegaron al pueblo de un Cacique que habia por nombre Chuchama, -de los conjurados, el cual los rescibió bien, y dióles -de comer mostrándose muy amigo, pero á la noche, estando -bien durmiendo, hizo poner fuego á la casa donde dormian, -y en ella quemó dellos y ahorcó á los que por el fuego<span class="pagenum"><a name="Page_193" id="Page_193">[193]</a></span> -huyendo salian. Súpolo luégo el cacique Chiruca, que estaba -con Gaspar de Morales y su compañía, y fué avisado como -los conjurados ya cerca venian, por cuya causa, ó porque él -era en el conjuro, ó de miedo de los españoles no se le imputase -algo, huyóse con su hijo aquella noche, pero luégo que -los hallaron ménos enviaron tras ellos españoles y indios, de -los que llevaban por amigos, que tambien los seguian de miedo; -alcanzáronlos, y, por el rastro habidos, trujéronlos presos -á padre y á hijo. Pusiéronlos luégo á tormentos, que es su primer -remedio, los cuales les daban y dan hoy, gravísimos, azomándoles -el perro que les daba sus dentelladas bien recias: -descubrieron los que en Chuchama se habian muerto y la gente -que venia sobre ellos. Fué grandísimo el miedo que cayó en -Morales y en todos ellos, sabido los que eran muertos, esperando -verse tambien ellos en aquel peligro. Usó, empero, deste aviso, -que el cacique Chiruca enviase á llamar secretamente á cada -uno de los Caciques que venian, que eran 18 ó 19, so color que -les querian avisar de cosas ántes que acometiesen, protestándole, -que si en ésto no fuese fiel, que lo habian de echar -luégo al perro; él lo hizo así de miedo, sin osar pensar en el -contrario, por irle más que juramento. En viniendo cada uno -echábanlo en la cadena, que era un instrumento tan usado -entre los españoles que nunca andaban sin ella, para prender -indios y hacer esclavos, y en ella iban los que les llevaban -las cargas porque no se huyesen, porque aquellos eran sus -acémilas donde quiera que mudaban el pié. De aquella manera -é con aquella industria hobo á las manos todos los Caciques, -sin que se sintiese cosa dello hasta que estaban todos presos. -En este tiempo allegó Peñalosa con su compañía, que debia -escaparse ántes de saber y incurrir el peligro, con que mucho -Gaspar de Morales y los suyos cobraron esfuerzo, teniéndolos -ya por perdidos; acordaron de salir contra los que venian, -que no estaban muy apercibidos esperando á sus Caciques. -Llevó la delantera Francisco Pizarro, y dando en ellos al -cuarto del alba, diciendo Santiago, cuando vino del todo la luz -del dia contaron muertos sobre 700. Habida esta victoria, Mo<span class="pagenum"><a name="Page_194" id="Page_194">[194]</a></span>rales -mandó aperrear todos los 18 Caciques, con Chiruca, que -fueron 19, para, diz que, meter miedo en toda la tierra. Hecho -ésto, porque tenia nueva Morales que á la parte oriental del -golfo de Sant Miguel habia un Cacique gran señor, llamado -Birú, que tenia gran riqueza de oro y perlas, determinó Morales -de ir á acometerle; decíase deste ser muy esforzado, y que -cuando hacia guerra ninguno tomaba á vida, y cercaba su -casa de las armas que tomaba á los enemigos. Deste nombre -Birú, la última luenga, dijeron que llamaron los españoles despues -á la tierra del Perú, mutada la letra <i>b</i> en la <i>p</i>, letra; llegados -los españoles á su tierra, y al pueblo donde tenia su -casa, dieron en él al cuarto del alba. La costumbre de los españoles -en aquella tierra firme fué dar en los indios, que estaban -en sus casas durmiendo seguros, de aquella manera; -pegaban fuego primero á las casas, que comunmente en las -tierras calientes eran de paja, y quemados ó chamuscados -los que tenian más profundo sueño, y otros con las espadas -desbarrigados, y otros presos, huyendo los demas, atónitos -hechos, volvian despues los nuestros á escarbar la ceniza, -muerto el fuego, y coger el oro que habia en el pueblo. Así -quedado en el pueblo de Birú de la manera dicha, y muertos -los que matar pudieron, escapado el Cacique dellos, junta en -breve y anima su gente y viene á ellos terriblemente; y con -tanto esfuerzo pelearon, que por gran parte del dia no pareció -quién vencia, pero al cabo habia de caer sobre los tristes, como -suele, por la ferocidad del perro, y por las ballestas, y por las -espadas que á los desnudos cortaban por medio, y así huyeron; -viendo Gaspar de Morales que aquel Cacique y sus vasallos -era gente recia, no osó esperarlos más, sino volverse al pueblo -de Chiruca, dejado, así como está dicho, predicado el -Evanjelio. Las gentes de los 19 Caciques aperreados, viéndose -así privados de sus naturales señores, y el muchacho, -hijo de Chiruca, sin su padre, acordaron de juntarse para esperar -los españoles, cuando del Birú tornasen, si pudiesen -matallos; de lo cual estuvo ayuno Morales, y así, cuando -tornó, dieron en él de súbito, y hiriéronle luégo algunos, y á<span class="pagenum"><a name="Page_195" id="Page_195">[195]</a></span> -uno atravesaron una vara por los pechos, que de repente -cayó muerto sin habla. Los españoles como leones peleaban, -y los ahuyentaban y mataban, pero los indios no por eso dejaban -de tornar sobre ellos, y así los siguieron siete dias -arreo, hiriendo algunos españoles, y ellos muchos de los indios -matando. Viendo que tanto los seguian, los españoles no -osaron más esperallos, y así una noche diéronles cierta cantonada. -Estaba herido allí un español, llamado Velazquez, de -tal manera tullido, que no pudo huir, é, por no morir á manos -de los indios, acordó de ahorcarse á vista del Capitan y de -otros que, con lágrimas, diz que, se lo estorbaban al mal -aventurado. La manera que tuvieron para huir fué hacer muchos -fuegos, y dejallos allí encendidos como que todos estaban -despiertos y se velaban, pero todavía los indios sintieron -que se iban, y los siguieron, y, venido el dia, los españoles se -hallaron entre tres escuadrones de indios, cercados; Morales, -por no pelear, creyendo ya perder mucho y ganar nada, quiso -que aquel dia parasen allí hasta la noche, al medio de la -cual, haciendo y dejando los mismos fuegos, tornaron á huir -más que de paso; los indios, que tanto como ellos velaban, seguian -su alcance, hiriendo siempre á los españoles, aunque -ellos, con el perro, y con las ballestas y á ratos con las espadas, -dellos mataban. Estaban ya los españoles tan cansados, -y apretados, y desesperados cuasi de vida, que se metian por -las varas de los indios, y como atónitos no vian quien los mataba, -y ellos mataban terriblemente á los indios, cuasi sin -sentir ni advertir lo que hacian; tomaron un remedio para -escaparse, harto indiscreto, lleno de crueldad y de gran compasion -digno, y éste fué, que, como llevaban muchos indios é -indias, mujeres y muchachos, captivos, de trecho á trecho -mataban á cuchilladas y estocadas dellos, á fin, diz que, por -que se parasen á llorarlos los indios, y así tuviesen más -lugar para su huida; como en la verdad fuese cosa más razonable -de creer que ántes se habian de indignar más los -indios, y animarse á los perseguir hasta consumillos, viendo -la crueldad que usaban con sus amigos, y quizá mujeres y<span class="pagenum"><a name="Page_196" id="Page_196">[196]</a></span> -hijos que allí les traian. Aprovechóles poco crueldad tan inícua, -porque siempre los indios los seguian, y lo que más los -desesperó de escapar con la vida fué, que á cabo de nueve dias -llevando esta vida, como andaban fuera de camino y sin guía -yendo de aquí para allí, como mejor para su defensa convenia, -se hallaron en el lugar, ó cerca dél, donde los escuadrones -primero les habian acometido. Viéndose allí, cognosciendo -el lugar, cuasi quedaron sin esfuerzo y sentido. Metiéronse -por una gran espesura de monte, y fueron á dar en tres -guarniciones de gente que los Caciques que aperrearon allí -tenian, donde se les dobló la miseria y peligro; pero como ya -no peleaban como hombres, sino como animales feroces y -personas del todo de la vida despedidos y aborridos, cobran -nuevo ánimo, como si entónces comenzaran, y dan en ellos -y no dejaron hombre dellos á vida. Sucedióles otro infortunio -y angustia terrible; cuando pensaron que tenian algun -alivio, dieron en unas ciénagas ó anegadizos, donde caminaban -por ellos todo el dia, ó nadando ó el agua hasta la cinta. -Salidos de allí con incomparable trabajo y peligro llegaron á -la mar, y hallarónse donde el agua tres estados y más, con la -creciente, sobre la playa y tierra subia, y temiendo que si la -marea por allí los tomaba, todos sin remedio perecian, diéronse -gran priesa á subirse en un cerrillo; yendo con este temor -y priesa, oyeron murmullo de gente de indios: éstos eran que -cuatro canoas subian á jorro por un estero arriba. Como los -indios á los españoles sintieron, debian huir, é los españoles -las tomaron, y un Diego de Daza, con otros, las sacaron al -golfo y fué á buscar al Gaspar de Morales, su Capitan, que ya -ó de cansado, ó de miedo, no parecia; tardó buscándolo sin -hallarlo tres dias. Visto que no lo podian hallar, envió Diego -de Daza á un Nuflo de Villalobos, y á otros dos buenos nadadores, -que en una balsa saliese á buscallo, porque sin las -canoas no podian salir de aquella espesura y breñas en que -estaban metidos. Arrebatólos luégo la menguante, que es allí -vehementísima, y dá con ellos en el golfo, donde pensaron ser -perdidos; vídolos Diego Daza cuando pasaban una punta que<span class="pagenum"><a name="Page_197" id="Page_197">[197]</a></span> -hacia la tierra y fué con una canoa, y así por él fueron -socorridos. En fin, hallaron al Morales, y tomando el camino -del Darien, fueron á la tierra y señorío del cacique Toragre, -y creyendo de hallar los indios durmiendo, estaban sobre -aviso, y, sabiendo que venian, sálenles con su gente armada -por defender que no entrasen en su tierra. Pelearon con ellos -y mataron muchos, y de los españoles mataron uno y hirieron -algunos los indios, y al cabo fueron huyendo. De allí los -españoles todos, harto afligidos, lo más presto que pudieron, -fuéronse al pueblo del cacique Careta, y de allí al Darien, lo -que no pensaron muchas veces, segun se vieron tantas muy -cercanos de perder las vidas. Aquí se puede bien claro conocer, -con cuánto descanso y consuelo aquellos, nuestros hermanos, -ganaban los eternales fuegos; cierto, dellos se puede -muy bien decir aquello del libro de la Sabiduría, cap. 5.º <i>Ambulavimus -vias difficiles</i>, etc. En este tiempo envió Pedrárias su -mujer á Castilla; con harta parte debia de ir del oro robado, -y la perla grande, la cual hizo poner en almoneda y sacóla -Pedrárias en 1.200 castellanos.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_198" id="Page_198">[198]</a></span></p> - -<h2 id="LXVII">CAPÍTULO LXVII.</h2></div> - - -<p>Como no pretendiese Pedrárias y todos los que con él vinieron, -y allí de ántes con Vasco Nuñez estaban, sino allegar -todo el oro que haber y robar pudiesen, como por todo lo ya -referido queda bien declarado; y cerca desto era tanta la ceguedad -é imprudencia de Pedrárias y del Obispo, y de todos -los demas, que no advertian los grandes azotes que Dios cada -dia les daba, matándole la gente, así de enfermedades como por -manos de los indios, y de los inmensos trabajos que pasaban, -que no era todo aquello acaso, sino por mostralles y castigalles -la condenada é impía negociacion en que andaban, destruyendo -aquellas inocentes gentes que no les debian nada, y -que por fin de convertillas los habian enviado, y este fin el -señor Obispo, más que otro á adivinarlo era obligado; así que, -como su fin de todos ellos fuese robar y captivar los que estaban -seguros en sus casas, y enriquecerse á costa de tanta -sangre humana, siempre Pedrárias no cesaba de enviar por -todas partes cuadrillas, donde habia nueva que los pueblos -tenian oro que robarles, y, para hacer escarnio de la razon natural -y ley Divina y áun humana, mandaba que les hiciesen -primero el requerimiento que traia de Castilla ordenado -y mandado. Y los tiranos que enviaba por cumplir su mandado, -y justificar sus entradas, que así llamaban aquellos sus -santos viajes, iban con gran silencio y cuidado que no fuesen -sentidos, y hacian noche á una legua, y á media, y á un cuarto, -segun la comodidad hallaban, y entre sí leian el requerimiento -á los árboles diciendo: «Caciques é indios de tal pueblo, hacé<span class="pagenum"><a name="Page_199" id="Page_199">[199]</a></span>moos -saber, nos, los cristianos de Castilla, como hay un Dios y -un Papa, etc.,» y pedia luégo el Capitan testimonio autorizado -al escribano que consigo llevaba, de como se habia requerido -á los Caciques é indios de aquel pueblo, todo lo que Su Alteza -mandaba, pero que no habian querido venir á dar la obediencia -á Sus Altezas, ni á ser cristianos, y luégo al cuarto del -alba daban en el pueblo que tenia sus vecinos en sus pobres -camas, y lo primero, como arriba dije, que hacian era poner -fuego á las casas donde se quemaban ó chamuscaban los indios -descuidados, mataban y prendian los que salian asombrados -y quemados, y despues de apagado el fuego iban á -buscar y rebuscar el oro, que era toda su felicidad tras que -andaban. Y estas fraudes y maldades no las podian ignorar el -señor Obispo y Pedrárias, á quien incumbia más que á otros -estorballas y castigallas. Entre los demas envió Pedrárias á un -Tello de Guzman, mandándole que, con la gente que Juan de -Ayora en el pueblo de Tubanamá habia dejado, fuese descubriendo -por la mar del Sur cuanto pudiese, del Poniente abajo. -Mandó ir á Francisco de Vallejo, con 70 hombres, contra las -gentes de Urabá, que los infestaban, viniendo, diz que, sobre -el Darien y echándoles las flechas en las casas; no miraban -los pecadores cuánto derecho, cuánta justicia, y cuánta razon -les sobraba. Llegados hácia los ranchos que hoy dicen de Badillo -(otro que mejor baila), que distan tres leguas de Urabá, -dando sobre ellos, segun su costumbre, al cuarto del alba, -diéronse muy de priesa á robar el mucho oro de que tenian -fama, pero los indios, que por allí tenian mortífera hierba, -dieron en ellos y hiriéronles bien cuantos. Los españoles les -hicieron ventaja, y entrando más en la tierra, júntanse muchos -indios, y pelean mucho rato, y con la hierba derrocaban -muchos que morian rabiando. Retrajéronse hácia la costa por -donde habian entrado, y, llegando al rio que arriba dijimos -llamarse de las Redes, acordaron de hacer ciertas balsas -para por el agua mamparase; éstas se hacian de maderos ó -haces de cañas, atadas unas sobre otras con ciertas raíces, -como correas, de la manera de las de la yedra, ó con<span class="pagenum"><a name="Page_200" id="Page_200">[200]</a></span> -algunos cordeles, que siempre consigo solian llevar para tales -necesidades, de cáñamo, que por allí hay; estas balsas, con el -miedo y la priesa que tenian por salvarse, no fueron bien atadas, -las cuales, desatándoseles, con los brazos las sostenian -echados sobre ellas, y así iban el rio abajo, y, porque no podian -durar sin todos ahogarse, colgábanse de las ramas de -los árboles que topaban, creyendo de más poder durar, pero -cansabánseles los brazos, caíanse y allí se ahogaban. Otros, -que tenian más vigor, llegábanse á la tierra, y allí, con inmensidad -de flechas herboladas, eran asaeteados, de los cuales -ninguno escapaba; los pocos que escaparon, heridos y por -milagro, pudieron llegar á la costa de la mar y fuéronse al -Darien, los cuales vistos por Pedrárias, que de 70 quedaban -muertos los 48, y aquellos que venian heridos de aquella -hierba pestilencial, que pocos della escapaban, vídose terriblemente -angustiado, y de ninguna parte podia hallar cosa -que le consolase. Pero no por eso dejaba de añadir pecados á -pecados, y males á males por su insensibilidad, por lo cual, -para enmendar el avieso camino que andaba y recompensar -las pérdidas del oro, que muriendo los que á robarlo enviaba, -dejaban de le traer delante, acuerda enviar á Francisco Becerra -en un navío con 180 hombres, y con muy grande aparato -de guerra, conviene á saber, tres tiros de artillería, que -echaban la pelota de plomo más gruesa que un huevo, 40 -ballesteros, 25 escopeteros, y de todas las demas armas que de -allí pudieron haber muy bien guarnecidos, que, cierto, bastaban -para hundir é destruir á toda la tierra firme. Estos envió -para que penetrasen en la provincia del Cenú, y del todo rayesen -cuanta riqueza y oro haber en ella certificaba la fama, -porque no creia que el bachiller Anciso, segun lo que era, -habia robado nada. Desembarcó Francisco Becerra y su compañía -en la costa de Urabá, porque le mandó tambien Pedrárias -que de camino destruyese á cuanta gente por allí hallase, -y entró, descubriendo la tierra por camino que nadie ántes -supo, ni despues por dónde hobiese entrado, porque nunca -jamás pareció, ni dél ni de hombre de los que con él fueron<span class="pagenum"><a name="Page_201" id="Page_201">[201]</a></span> -hobo ningun rastro, más de que todos fueron muertos sin -que alguno escapase; y ésto se alcanzó por un indio, muchacho, -que con ellos iba, que debia ser criado de alguno dellos, -el cual, escondido por los montes, andando de noche y en -las breñas metido de dia, se escapó hasta que llegó al Darien -cuasi, de hambre, sin habla, por gran maravilla. Deste supo -Pedrárias, que andando Francisco Becerra y su gente por diversos -lugares, á veces huyendo, á veces dando en los indios, -le mataban los hombres á flechazos con hierba, para lo cual -tuvieron esta industria: que en los caminos que iban por montes, -cortaban los árboles y embarazaban los caminos con ellos, -y poníanse detrás dellos y de allí los flechaban sin ser dellos -vistos, y por aquellas espesuras teníanles gran ventaja los indios, -porque los españoles por ella son atados, y los indios, -como desnudos, ligerísimos, y así no podian seguillos. Súpose -más, que llegados al rio del Cenú, que pasa junto con el -principal pueblo, hallaron la gente disimuladamente pacífica, -y, como el rio es grande y hondo, creo que se dejaron pasar -dellos en canoas, lo que fué harto indiscreto aviso; y en canoas, -ó como quieran que los pasaron ó ayudaron á pasar, -teniendo la mitad dellos de la otra parte del rio, salieron por -dos partes gente que tenian puesta en celada, y no dejaron -entónces hombre dellos vivo. Esto, como dije, se supo de -aquel muchacho indio que con Becerra y su compañía habia -ido. Aquí pagó Francisco Becerra las muertes, y captiverios, y -robos que cometió en los pueblos que los rescibian y estaban -de paz, por Vasco Nuñez confederados, quebrantándoles la fe, -y verdad, y seguridad que Vasco Nuñez, como dicho queda en -el cap. 50, les habia prometido, por y en nombre de todos -los españoles, que estaban seguros sin rescibir dellos daño, y -por la misma manera parece que lo castigó Dios, saliéndole -los vecinos del Cenú de paz, y no la guardando al cabo; puesto -que en aquel salir de paz, fe ninguna ni paz no violaron, -sino que usaron de ardid discreto de guerra, y él fué indiscretísimo -en creellos: gentes que desde Hojeda y Nicuesa, -y áun de ántes por Cristóbal Guerra, como dijimos en el<span class="pagenum"><a name="Page_202" id="Page_202">[202]</a></span> -primer libro, de los españoles habian rescibido tan infinitos -escándalos, insultos, daños y males. Y plegue á Dios todo -poderoso, que, con este mal fin, todos los que mal hacian -y han hecho á los indios, ante el Divino juicio hayan -pagado.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_203" id="Page_203">[203]</a></span></p> - -<h2 id="LXVIII">CAPÍTULO LXVIII.</h2></div> - - -<p>Llegado Tello de Guzman al pueblo del cacique Tubanamá, -halló á Meneses cuasi cercado de los indios y de hambre, que -lo guerreaban, que no osaban salir á buscar hierbas que comiesen, -no esperando remedio de alguna parte; y puesto que -muchas veces quisieran huir, pero los indios luégo eran con -ellos y los atajaban, y así pensaron más morir de hambre quizá -que de los flechazos. Vístolo asomar de nuevo, luégo todos -huyeron que no osaron parar. De allí fueron todos juntos á las -tierras de Chepo y Chepancre, Caciques y señores principales, -quemando, y abrasando, matando, y robando cuanto vivo -hallaban; decian que por hacer venganza de un español que -le mataron á la entrada. Y, porque los indios se rehacian para -venir á dar sobre ellos, acordó Tello de Guzman de enviar -mensajeros al Cacique más principal, ofreciéndole paz y amistad -y dando excusas de los daños que les habia hecho, y que -no tuviesen temor desde adelante; convencióse aquel señor, -y vino á vellos de paz, y llevólos á su casa, y hízoles todo buen -hospedaje, teniendo por cierto que lo que le prometió habia -de ser verdad. Estando un dia comiendo en mucha buena -conversacion y hermandad, llegó, segun dijeron, un muchacho -á quejarse con ciertos indios que le acompañaban, el cual -dijo al capitan Tello de Guzman, que aquella tierra y señorío -era suyo, y no de aquel que allí estaba, porque su padre, que -era el legítimo señor, al tiempo de su muerte se lo dejó por -tutor y gobernador de aquel estado, pero que despues se habia -con él alzado y á él desterrado, y por tanto, que le rogaba -que contra él le ayudase. Tello de Guzman, como hombre muy -justo, y como si fuera Alcalde en su tierra y casa, creyendo que -el mozo decia verdad, mandó luégo ahorcar, al que le tenia y -hospedaba con fiesta en su casa, de un árbol, aunque, diz que,<span class="pagenum"><a name="Page_204" id="Page_204">[204]</a></span> -le pesó por cierto oro que le habia dado; porque veais éstos -cuán absolutos y libres son para cometer todo género de pecados. -¿Quién los hizo á éstos en tierras y señoríos agenos Alcaldes? -¿No le pesaba de quebrantar la fe y seguridad que le -habia dado, y pesábale, por el oro que dél habia rescibido, -matallo? Item, ¿qué sabia si aquel muchacho decia verdad, ó -si el que poseia aquel señorío era más legítimo señor que su -padre? ¿y con qué testigos hizo el muchacho su probanza y el -poseedor si fué oido y defendido y convencido en juicio contradictorio? -Entregó, diz que, Tello de Guzman, siete Capitanes -que servian al señor ahorcado, los cuales hizo luégo el muchacho -con gran osadía y rigor hacer pedazos; dió el muchacho -en señal de agradecimiento á Tello de Guzman 6.000 castellanos: -por aquel precio ahorcara Tello de Guzman á 400 que -le demandaran. Porque Panamá era por aquella tierra muy -nombrada, propuso Tello de Guzman de ir allá, donde no halló -sino algunas casas de pescadores, de lo cual, el nombre de -Panamá, la última luenga, se derivaba, porque Panamá quiere -decir en aquella lengua, lugar donde se toma mucho pescado. -Envió desde allí á un Diego Albitez con 80 españoles, con los -cuales fuese á robar y captivar los vecinos de la provincia de -Chagre, que debia estar de allí ocho ó diez leguas, el cual -entró por los pueblos al cuarto del alba, tomándolos todos -durmiendo y descuidados, pero no les quiso hacer daño, que -fué imágen, para ellos, de milagro. El Cacique, viendo que los -pudieran matar y captivar y roballos, en señal de agradecimiento, -con grande alegría dió á Diego Albitez 12.000 castellanos. -Visto tan buena pella de oro, tan á la primera mano, creyendo -que quien tan fácilmente daba tanto debia tener veinte -tanto, pidióle que le hinchese de aquel metal un costal grande. -Rescibió el Cacique desto mucha pena, y algo airado le -respondió, «que lo hinchese de piedras del arroyo, que él ni -tenia más ni criaba el oro;» confuso Diego Albitez de la respuesta -del Cacique, tuvo por bien de se ir, sin consentir que se -le hiciese por aquella vez mal ni daño. Tornóse Diego Albitez -á juntar con Tello de Guzman en la tierra del cacique Pá<span class="pagenum"><a name="Page_205" id="Page_205">[205]</a></span>cora, -la media breve; holgáronse todos mucho con el mucho -oro que llevaban, y de allí acordaron de se volver al Darien -á ofrecer su parte á Pedrárias y al señor Obispo, y á los -demas que habian de haber sus partes por los criados que enviaban. -Yendo su camino, y llegados á Tubanamá, que tantas -veces habia sido corrido, robado y agraviado, vieron mucha -gente de guerra que los estaba esperando con algunas banderas -de camisas de lienzo, ensangrentadas de los españoles que -habian muerto, y con gran gritería, que así los habian de matar, -como á los que la villa de Sancta Cruz habian poblado, de -que arriba se dijo algo; los cuales, como venian cansados, y -quizá porque Dios los acobardaba, tuvieron gran temor, y todos -desmayados, no curaron más que de huir haciendo acometimientos -para su defensa de cuando en cuando. De esta manera -huyendo, y llegando á la tierra de Pocorosa, á quien -Juan de Ayora, como arriba fué dicho, quebrantándole la fe -y paz y seguridad, hizo tantos daños, pensaron perecer de sed -por falta de agua; y acaecióles aquí una cosa maravillosa, -para demostracion de la pena que merecia la sed de oro que -traian siempre en su ánima, que, como padeciesen gran tormento -de sed, á trueque del oro que llevaban les vendieron -los indios el agua. Esto no debian los indios de hacer por cudicia -de haber el oro, que en tan poco ellos tenian, sino por -lastimallos en aquello que más amaban y en tanto entendian -que estimaban. Finalmente, de dia defendiéndose, peleando, -y de noche huyendo cuanto más podian los más dellos mal -heridos, salieron de aquellas comarcas y de sus peligros. Llegados -al Darien, destrozados y con ménos oro que traian por -haber dado mucho dello por el agua, cuando de sed perecian, -como estaban muy tristes de las adversidades que á Vallejo y -á su compañía poco ántes habia acaecido, y sobre todos Pedrárias -angustiado, sobreviniendo el desastre de Tello de -Guzman, pensaron todos ser ya asolados. La tristeza y angustia -y miedo que sobre todos los del Darien vino, y la -desesperacion de Pedrárias, no puede fácilmente ser esplicado; -si miraban hácia las sierras, ó montañas, ó llanos, las<span class="pagenum"><a name="Page_206" id="Page_206">[206]</a></span> -ramas de los árboles y las hierbas de las çabanas ó llanos -indios armados se les antojaban, y si consideraban la mar, les -parecia que venia de canoas y gente de guerra cuajada. Con -estos pensamientos é imaginaciones, que les causaban terribles -temores, andaban como atónitos, no sólo haciendo corrillos, -pero cuasi á voces los publicaban clamando. En esto, -el buen Pedrárias, como desesperado, mandó cerrar la casa -de la fundicion, donde aquel tan sangriento é inícuo oro se -fundia, que entre ellos era señal de guerra ó de hambre, como -si Pedrárias más claro dijera: «más nos vá que juramento -perder de ir á robar oro el cuidado, porque más es tiempo -de buscar remedio para salvar las vidas, que en allegar -hacienda ocuparnos.» Parece que mandar cerrar la fundicion, -Pedrárias, en señal de guerra ó de hambre, quiso parecer al -Templo de la Paz, que edificó Vespasiano en Roma, el cual, -los romanos, cuando abrian, era señal de guerra, y de paz -cuando lo cerraban; entendiendo en nuestro caso los fines y -significaciones por el contrario. Entre las presentes angustias -vino tanta devocion á Pedrárias, y en ella le debia el Obispo -de ayudar, de mandar que se hiciesen oraciones y plegarias -para que, diz que, Dios quitase su ira de sobre ellos; tanta era -su insensibilidad que no atendian á que los nefarios crueles -é inespiables pecados que, contra Dios y sus prójimos, destruyendo -é infernando aquellas gentes, sólo por roballos y captivallos, -cometian, era la causa: parece que habian venido en -sentido reprobado, del cual habla San Pablo. El conocimiento -y arrepentimiento que dellos tenian confirmarse há por lo que -se dijere adelante. Y parece tambien que Diego Albitez, que de -ésta se escapó, con ambicion de sólo ya gobernar, como se -via rico de aquel oro descomulgado, envió á Castilla, de secreto, -á un marinero llamado Andrés Niño, tambien de pensamientos -no bajos, para que le trujese del Rey una gobernacion -de la mar del Sur, á quien dió para que lo fuese á negociar -2.000 castellanos; de éste Andrés Niño no es poco lo -que queda por decir abajo.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_207" id="Page_207">[207]</a></span></p> - -<h2 id="LXIX">CAPÍTULO LXIX.</h2></div> - - -<p>Para enmienda de los pecados presentes y pasados, y por -ayudar á las oraciones que mandaba hacer Pedrárias y el -Obispo, porque Dios dellos su indignacion alzase, acordó Pedrárias -de enviar otro Capitan, la costa abajo, llamado Gonzalo -de Badajoz, en un navío con 80 hombres (y despues le envió -otros 50 ó pocos más), para que desde el Nombre de Dios, -ó algo más abajo, pasase á la mar del Sur y toda la gente -della allanase; que no era otra cosa sino roballos, ya que lo -sufriesen por sus tierras y pueblos entrar, y si les resistiesen, -como dellos con tanta razon no se fiasen, los guerreasen, -matasen y captivasen. Y áun, segun su costumbre, á los -que quizá los recibieran de paz y les dieran todo el oro que -tuvieran, no esperaban á tanto, sino comunmente, dando en -ellos al cuarto del alba, los salteaban y hacian en ellos lo que -arriba queda declarado. Deste Badajoz hay que decir cosas -señaladas. Embarcado con su gente en el mes de Marzo -de 1515 años, váse la costa de la mar abajo, y, llegados al -puerto del Nombre de Dios, desque vieron la fortalecilla que -habia hecho el desafortunado Nicuesa, y infinitos huesos y -cruces sobre montones de piedra, que cubrian los cuerpos de -los muchos suyos que allí habian muerto de pura hambre, comenzaron -todos á temer y á desmayar, y á poner dificultades -en la pasada adelante. Viendo su desgana, Gonzalo de Badajoz -mandó luégo al Maestre del navío que sin dilacion se tornase, -por quitar la esperanza de la gente de se arrepentir de la salida, -porque no les quedase otro remedio sino pasar adelante; -y así se puso por obra, que subieron las sierras de Capira, -que son muy altas, y de allí á la tierra del cacique Totanagua, -señor de mucha tierra y gente serrana; al cual, como hallasen -durmiendo y descuidado, dando de noche sobre él, prendié<span class="pagenum"><a name="Page_208" id="Page_208">[208]</a></span>ronlo -y robáronle hasta 6.000 castellanos. De allí, ántes que -los demas fuesen avisados, llevando aqueste señor preso, van -á dar al cacique Tataracherubí é hacen otro tanto, pero escápasele -de sus manos; donde tomaron 8.000 pesos de oro, y -lo que más pudieron haber á las manos. Robaron y destruyeron -otros muchos pueblos, y tomaron mucha gente por esclavos. -Rogó á Badajoz el cacique Tabore que lo soltase, y que lo -daria por su libertad otros tantos castellanos, y así, rescibidos, -lo libertó y dejó volver á su casa. El cacique Tataracherubí -acordó de venir de su voluntad, ántes que lo tomasen, para -ver tambien si podia fingir alguna cautela para burlarlos, y -en su venida trujo tambien su ofrenda de oro, porque ya sabian -todos, que sin traer aquello no habian de ser bien allegados. -Este fingió que cerca de allí estaba un Cacique llamado -Natá, la última luenga, el cual poseia mucha riqueza, y que -no tenia gente sino poca, porque era señor de poca tierra, y -ménos valor y autoridad; todo ésto para que Badajoz y sus -secuaces se descuidasen. Oido ésto, con el ansia de la riqueza -(porque el cudicioso todo cree que es oro), creyólo, y -envió 30 españoles y á Alonso Perez de la Rua, por Capitan, -y hechos sus requerimientos entre sí, media legua de la poblacion, -la noche ántes, dan en ellos al cuarto del alba, segun -su costumbre ordinaria, y cuando comenzó á rayar el dia -viéronse en medio de grandes pueblos, porque era señor aquel -muy grande; y porque si atras se tornaran, lo cual hicieran -de buena gana por el miedo que cobraron de verse así burlados, -paresciéndoles que les fuera más peligroso, cobraron -todos nuevo ánimo, y dan en el pueblo principal que estaba -descuidado, y no acertaron tan mal que al señor dél luégo no -tomaron. Porque como llevaban siempre espías, y los atormentaban -porque dijesen la verdad, lo primero que les preguntaban -y ellos declaraban, era por los señores y por sus casas, -porque de aquellos esperaban más de aprovechar, ó porque -se rescatasen, ó porque matándoles, entendian tener mayor -seguridad. Preso el señor, creyeron ya estar en salvo y con todo -el descuido que pudieran tener en sus casas; dánse solamente<span class="pagenum"><a name="Page_209" id="Page_209">[209]</a></span> -á robar el oro, que fueron hasta 10.000 castellanos, y prenden -las mujeres y muchachos, que con la priesa no se -pudieron ausentar; pero los vecinos de aquel pueblo y los -demas, que un credo fueron avisados, viendo preso á su -señor, y á sus mujeres y hijos presos y encadenados, juntáronse -con un hermano del señor, y vienen sobre ellos como -toros bravos, lanzando infinitas varas, tiradas como dardos, -y piedras, que por allí no tenian flechas, ni hierba, ni otras -armas, salvo, que por ventura, tenian las, como porras, que -habemos dicho en esta isla Española llamarse macanas. Viéndose -muy apretados, tomaron por remedio de se recoger con -el mismo Cacique á su casa, poniéndole las espadas á la barriga, -diciendo que lo habian de matar sino les mandaba que -cesasen. El cacique Natá, mostrando ira grande, los comenzó -á reprender diciéndoles, que para qué tomaban armas sin -su mandado. Oyendo aquellas palabras, al momento, como -temblando dellas, todos pusieron en el suelo las armas, y -cesaron de pelear, luégo, el Alonso Perez de la Rua, para -justificar su buena obra, requirió al hermano del Rey é señor -Natá, que viniese á la obediencia y reconocimiento del señorío -del rey de Castilla, pues todas aquellas tierras eran de su -corona Real, por título que el Papa, á quien Sant Pedro dejó -en su lugar, le dió dellas; pudiera confirmar lo que el ciego -tirano decia, con los milagros que habian hecho, y por los -que hicieron adelante. Respondióles aquel (que no entendia -de sus desvaríos más de algun vocablo, que diria Castilla -ó hombre de Castilla, ó otra semejante palabra), que -otro hombre ninguno no habian visto por aquella tierra, sino -á ellos, y que si por ellas algun dia pasara, de buena voluntad -le diera del oro que tenian y comida, y tambien le -dieran mujeres; ésto le respondió á su requerimiento el hermano -de Natá, cacique. Finalmente, avisado Badajoz de lo -que pasaba, fué luégo á se juntar con ellos, otro dia; diéronles -15.000 castellanos, y hiciéronles tantos placeres y regalos -el Cacique, y su hermano, con todos sus indios, y fueron tan -bien proveidos, que acordaron de parar allí todo el invierno;<span class="pagenum"><a name="Page_210" id="Page_210">[210]</a></span> -éste es por aquella tierra de muchas aguas pero no de algun -frio. El asiento y poblacion principal de este señor Natá era -junto á la mar del Sur, donde se asentó y hoy permanece la -villa de españoles llamada Natá, la cual creo yo que por -muchos años que allí ha estado, ha sido de toda ella muy -poco servido Dios. Acabadas las aguas, prosiguen su romería, -y dan de noche, como solian, sobre un Cacique llamado Escolia, -el cual prendieron con sus mujeres y le robaron 9.000 -castellanos; y siempre quemaban los pueblos, como se ha -dicho, y llevaban cuantos indios podian haber captivos. Prosiguiendo -su descubrimiento, segun ellos llamaban, éstos caminos -hácia el Occidente, llegaron á las tierras y señoríos de -dos Caciques, el uno llamado Periqueten, que estaba cerca -de la mar, y el otro dentro, cerca, que se nombraba Totonoga, -que era ciego; éste les dió 6.000 pesos en joyas, y oro -por fundir, en grano, y grano hobo que pesaba dos pesos, -señal de tierra muy rica; y así toda aquella tierra, más de -200 leguas del Darien, arriba y abajo dél, y áun sobre arriba -de las dichas 80, es riquísima de minas. Supieron estar otro -señor más abajo, nombrado Taracuri, el cual les dió ó le robaron -8.000 pesos. Pasaron de aquí á la tierra de un hermano -del ya dicho, que llamaban Pananome, al cual, como avisado -fué que andaban por allí, no hallaron, porque no osó -esperallos, sabidas sus nuevas, y habíase huido; destruyéronle -todo su pueblo, y robaron cuanto haber pudieron, no -supe si captivaron indios. Seis leguas de allí, más al Poniente, -fueron á otro llamado Tabor, no sé lo que aquí hicieron. De -allí pasaron al pueblo del cacique Cherú, el cual los esperó y -salió á rescibir, sabiendo que venian, y les ofreció 4.000 castellanos; -castellanos y pesos todo es uno. Hasta éste, ú otro -por aquí postrero lugar y tierra de señor, traia Badajoz robados, -y dados por temor, que es lo mismo, 80.000 castellanos -ó pesos de oro, los cuales en aquel tiempo se estimaban -y valian más que, despues de descubierto el Perú, 400 y -áun 500.000.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_211" id="Page_211">[211]</a></span></p> - -<h2 id="LXX">CAPÍTULO LXX.</h2></div> - - -<p>De la tierra y señorío de aquel que dijimos postrer Cacique, -segun la órden dicha, se partió Gonzalo de Badajoz y sus -satélites al señorío y tierra llamada Pariza ó Pariba, que despues -comunmente los españoles llamaron Paris, cuyo Cacique -Rey y señor se llamaba Cutara. Este, sabiendo que los españoles -venian sobre él como habian hecho sobre todos los -otros, con toda la gente de sus pueblos se fué á los montes, -poniendo las mujeres y hijos en cobro, como suelen hacer -cuando tienen aviso que vienen sobre ellos de guerra, robando -y matando como estos españoles venian. Como llegaron al -pueblo principal de Paris ó Cutara, y no hallaron hombre, -envió Badajoz, de la gente de la tierra que traia captiva, -(porque hasta este lugar, 400 personas y por ventura más -traia por esclavos), que lo fuesen á llamar, amenazándole que -haria y aconteceria como habia hecho y acontecido á los -otros. El señor le envió cuatro hombres principales y un presente, -que ninguno tanto nunca á los españoles, ni por fuerza -ni de grado habia dado, y éste fué cuatro petacas llenas de -joyas de oro, que dellas eran como patenas, que se ponian en -los pechos los hombres, y otras como brazaletes, y otras menores -para las orejas, y finalmente eran joyas que hombres y -mujeres, para se adornar, tenian en uso; dijéronle de su parte -los mensajeros, que su señor les decia que le perdonasen, que -no podia venir á vellos por estar ocupado, y que rescibiesen -aquel presente que sus mujeres les enviaban. Estas petacas, -que así las llaman en la lengua de la Nueva España, suelen<span class="pagenum"><a name="Page_212" id="Page_212">[212]</a></span> -ser como unas arquetas de dos palmos en ancho, y cuatro al -ménos en largo, y uno bueno en alto; son hechas de hojas de -palma ó de cañas muy delicadas, ó de varillas delgadas, enforradas -todas por defuera de cueros de venados; destas usan -en toda la tierra firme los indios, y en ellas tienen y llevan sus -alhajas y cosas, como nosotros en nuestras arcas. Enviarles -hia el Cacique en apuellas petacas, segun tuve entendido, -40 ó 50.000 castellanos. Vista tan gran copia de oro, -enviada tan fácilmente y de gracia, imaginaron que alguna -gran riqueza debia tener en sus casas; acordaron de hacer un -embuste harto digno de los que en aquellas obras andaban: -respondieron que se lo agradescian y que ellos lo ternian por -muy amigo de allí adelante, y fingen que por donde habian -venido se tornaban, é desde á dos noches, ó aquella misma, -ó estando el Cacique donde á la sazon estaba, ó que ya se -habia venido al pueblo y á su casa, volvieron los españoles á -su cuarto del alba, y hallando á todos descuidados, diciendo -con gran devocion «Santiago», pegan fuego á las casas. Van á -prender al Cacique y salióseles dentre las manos; róbanle á él -y al pueblo otros 30 ó 40.000 castellanos, y la gente, mayormente -mujeres, que pudieron atar algunas, con las espadas -hechos pedazos: y esto tengo por verdad, porque de los mismos -que en ello se hallaron, algunos, que estaban en la misma -tierra del Darien ó por allí, me lo dijeron. Otros lo han contado -de otra manera, que creo tener mucha mezcla de falsedad, -conviene á saber, que Badajoz envió á decir al Cacique, -con los cuatro principales que le trujeron el presente, que no -se habia de ir de aquella comarca hasta conocelle por vasallo -ó contrario del rey de Castilla, y que, oidas tales palabras, el -Cacique se indignó mucho, y, recogidas sus gentes, vino sobre -ellos. Cualquiera destas vías que se haya tenido, bien puede -juzgar cualquiera discreto, de cúya parte está la justicia. Pedro -Mártir, como informado de los mismos delincuentes, porque -fué el mismo Badajoz y otros sus compañeros, dice en su Década -segunda, cap. 10, que llegando Badajoz descuidado con -su gente y los 80.000 castellanos al pueblo de Paris ó Cutara,<span class="pagenum"><a name="Page_213" id="Page_213">[213]</a></span> -cacique, lo acometió y dió la guerra que abajo diremos; ésta -es gran falsedad que ni áun tiene color ni cosa verisímile, -porque teniendo derramada la fama de las crueldades y robos -que venian haciendo por todas aquellas provincias, llegando -á tierra y pueblos de señor que áun no habia visto ni cognoscido -y que siempre, á tormentos de los indios que traian presos, -sabian el ser y poder de los señores que adelante estaban, -¿habian de venir tan descuidados que en casas tan agenas -habian de pensar estar sin aviso, como Pedro Mártir dice? y -aunque no dudamos que Pedro Mártir refiere con verdad lo -que decian en Castilla, y no lo que él por sus ojos veia, por -eso, en todo lo que dice en sus Décadas, cuando concurre -favor de los españoles con perjuicio de los indios, ningun crédito -se le debe dar, porque todo lo más es falsedad y mentira. -Manifiesto es que Badajoz no le habia de decir la gran -maldad y bellaquería que á Paris hizo, porque en la frente -llevaba escripta su confusion, su desvergüenza é injusticia, -por cualquiera que fuera hecho de las dos vías, y por aquella -causa refirió el hecho de los desventurados indios, y encubrió -el suyo, del cual las obras que de atras venia haciendo, que -áun el mismo Pedro Mártir refiere, eran verídicos y suficientísimos -testigos. Que Badajoz fuese el informador de Pedro -Mártir en lo susodicho, fácil cosa es de creer, porque en Zaragoza -de Aragon estuvo Badajoz el año de 518, cuando Pedro -Mártir fué rescibido por del Consejo de las Indias, y yo fuí -presente y lo vide. Contando el hecho de Paris, fué de esta -manera, que vistos y padecidos los daños que Badajoz le -habia hecho, y el nefario desagradecimiento que por tan buena -obra le habia tenido, juntó sus gentes todas, y á cabo de dos -ó tres dias los alcanzó en uno de sus pueblos, que llevaban -sus 130 ó 40.000 pesos de oro, que nunca hasta entónces se -habian otros tantos, ni con la mitad juntos, visto, y escondidos -en un monte, mandó el Cacique echar un indio como que á -pescar ó cazar iba; ya sabia que luégo le habian de prender y -preguntar y áun atormentar como solian, sino les decian lo que -querian. Tomado el indio, preguntáronle cuyo era y de dónde y<span class="pagenum"><a name="Page_214" id="Page_214">[214]</a></span> -cómo venia; respondió que de tal señor ó Cacique; preguntado -por las preguntas generales, conviene á saber, si tenia su señor -oro, respondió que mucho. Acuerda Badajoz de ir con 40 hombres -á salteallo, y andando toda la noche amaneció encima de -unas chozas ó casas vacías. Viéndose burlado, de creer es que -la guía, como siempre lo acostumbraban, lo pagaria. Entre tanto, -el cacique Paris, entendido que se habian partido, dió sobre los -otros, pegando fuego á las casas del pueblo, con 3 ó 4.000 indios, -y con tanta priesa y grita, y alarido, y con ciertos cuernos -ó caracoles grandes que hay en estas Indias, con los cuales -hacen gran estruendo, que ántes que los españoles se meneasen, -los habian todos ó los más muy mal herido, y si no llegara -luégo Badajoz, no hallara hombre dellos vivo. Dieron en -ellos por muchas partes, y así, cuando los españoles á una -parte se retraian ó recogian, por las espaldas les daban los -otros que por allí venian. Tomaron por remedio los nuestros -de juntarse todos en la plaza del pueblo, y aunque se defendian, -pero con mucha flaqueza y desmayo, por los muchos -que caer muertos vian; cércanlos los indios con leña y paja, -para poner fuego y quemallos vivos, entónces, viéndose tan -cerca de ser todos perdidos, cércanse como de albarradas con -los cuerpos de los muertos, españoles é indios; no les ayudaban, -por las infinitas varas que los españoles tenian en los -cuerpos, para escudarse, porque estorbaban á las que de -nuevo se tiraban á los vivos. Cobró Badajoz gran vigor contra -los indios, viéndose tan cerca de perderse, y dando en ellos, -como si de nuevo viniera, y cortando por medio, con su espada, -los cuerpos desnudos, lo mismo haciendo algunos pocos -que no estaban heridos, de tal manera que se apartaron los -indios. Lleváronles todo el oro y 400 indios que llevaban -por esclavos, y la ropa con todo el fardaje que tenian, de que -quedaron más tristes. Quedaron allí 70 españoles muertos, y -los 80 heridos, todos sin esperanza de vida; tenian algunos -tres, y cuatro, y hasta once varas metidas en los cuerpos. -Usó Badajoz de un buen remedio de cirujía, que fué coser las -heridas, tan bravas eran, no con agujas, ni hilo de lino, sino<span class="pagenum"><a name="Page_215" id="Page_215">[215]</a></span> -con almaradas y cordeles gruesos, y, de los indios muertos -sacado el unto, quemólas con ello en lugar de aceite; desnudáronse -las camisas, y rompidas hicieron vendas dellas, con -que las ligaron, y desta manera guarecieron muchos que -cuasi toda la esperanza de vivir tenian perdida.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_216" id="Page_216">[216]</a></span></p> - -<h2 id="LXXI">CAPÍTULO LXXI.</h2></div> - - -<p>Hecha esta cura, como ningun remedio tenian sino huir, -tomó por allí ciertas canoas, y echó en ellas Badajoz los más -peligrosos heridos, y él y los ménos lastimados, y algunos del -todo sanos, fuéronse por la playa junto á la mar para socorrerlos -en lo que pudiesen, si les ocurriese algun peligro; y aunque -ellos, por ir por tierra, parecia que iban sin él ó con menor -que ellos, todavía se les ofreció peligro y trabajo con que -fueron harto afligidos. Como por aquella costa del Sur crece -tanto y mengua el agua de la mar, creció tanto una noche que -los que pudieron subirse á los árboles tuvieron ménos un -poco de afliccion y tristeza, y los que no, anduvieron en el -agua salada hasta la cinta, de donde se les enconaron las heridas -y así vinieron á morir. Yendo su camino adelante, con tan -atribulada y amarga vida como cualquiera podrá concebir, sabido -su desbarato, el Cacique y señor de Natá, que en el capítulo -68 mostramos haber preso á él y á sus mujeres Alonso -Perez de la Rua, salióles con su gente armada al camino para -del todo consumillos; al cual envió Badajoz á decir que por qué -le salia de guerra, pues lo tenia por hermano y amigo, respondió -el Cacique: «andad, decidle que no es mi hermano ni -amigo, porque él y todos los cristianos son malos y nuestros -enemigos», y junto con las palabras, él y su gente comienzan á -les echar infinitas varas y piedras que los cobrian. Badajoz y -los suyos, sacando fuerzas de harta flaqueza que traian, como -no tenian otro remedio, mostráronles cara, y, por no esperar -el golpe de las espadas, daban consigo en el rio que por allí -iba, tornaban luégo á salir é á tirar sus piedras y varas con -que los afligian y herian; tuvieron por cierto que los acabaran -si la noche no sobreviniera. No pudiendo tres de los heri<span class="pagenum"><a name="Page_217" id="Page_217">[217]</a></span>dos -caminar, los sanos se los echaron á cuestas y los llevaron -hasta que, no pudiendo ir más adelante con ellos, hicieron -ciertas balsas y por el rio abajo fueron á dar á la mar, donde -las canoas iban, que no fué poca dicha. Caminando adelante, -siempre huyendo por mar y á veces y los más por tierra, llegaron -á tierra del cacique Chame, que como estaba de sus obras -informado, les ocurrió con su gente desnuda y desarmada, -puesto que con sus armas de varas y piedras, y hizo una raya -jurando y protestando que los habia á todos de matar si de -allí pasaban, pero que él les mandaria dar lo que hobiesen -menester y en abundancia. Ellos que traian más ganas de comer -y descansar que de pelear, recogiéronse á la costa de la -mar, y él les mandó proveer y fueron proveidos de cuanto en -la tierra habia, como si estuvieran en sus casas; y porque -llegaron en parage de la isla llamada Otroque, que está en la -mar dentro, creo que 10 ó 12 leguas, de que habia gran fama -ser rica de perlas y oro, como por el buen tratamiento y provision -que el cacique Chame les hacia, tuviesen allí algun poco -de reposo, no dejó perder aquel tiempo y pasarlo en ócio al -Gonzalo de Badajoz su ferviente y desatinada cudicia de robar, -porque pospuesta la cura y salud de los muchos heridos -que iban en las canoas, hácelos allí desembarcar y entra en -ellas con 40 otros ladrones de los más sanos, y pasa á robar y -destruir la dicha isla, la cual estaba en su paz. Dando de -noche sobre ellos, prendió luégo al Cacique; los indios, creyendo -que eran otros indios sus enemigos, que habian pasado -de la tierra firme, armáronse contra ellos, pero cuando se -vieron desbarrigar y cortar por medio con las espadas, cognoscieron -que otros de mayores ó de más recias armas los -maltrataban, y luégo, los que pudieron, dieron á huir. Rescatóse -el Cacique por cierta cantidad de oro, no supe cuanto, y -dejólos Badajoz así lastimados, y tornóse á donde los heridos -habia dejado. Pasando adelante, como luégo voló la fama que -venian desbaratados, todos se atrevian á ayudar por acaballos, -y llegando á la tierra de Taboga, salió con obra de 300 hombres, -y peleó con los nuestros un buen rato, y al fin pasaron<span class="pagenum"><a name="Page_218" id="Page_218">[218]</a></span> -adelante, y entrando en el señorío de Perequete hizo lo mismo, -pero, lastimándolos mucho con las espadas, hiriendo y -matándolos, desembarazaron la pasada. Llegando que llegaron -á un ancon que hace por aquella costa la tierra en la mar, -que llamaron el Ancon de las Almejas, de donde se ve la isla -de Taboga, la sílaba del medio luenga, que podrá estar ocho ó -diez leguas en la mar, tomóle su codicia á Badajoz, que lo traia -atraillado, y determinó de pasar tambien á ella por deshollinar el -oro y perlas que haber en ella estimaba. Entra en las canoas y -saltea la isla de Taboga, estando todos los vecinos della, y -prende al Rey ó señor della, y habidas sus primeras batalluelas -con los indios, que son como escaramuzas de niños -siempre por la mayor parte, al cabo el Cacique suelto, y por -miedo ó por vergüenza todos asegurados, estúvose allí treinta -dias á todo su placer holgándose; y allí acabaron de sanar los -que traia heridos, y, con 7.000 pesos de oro y muchas y finas -perlas dadas y robadas, se volvió á la tierra firme para proseguir -é acabar para el Darien su jornada. Deste Badajoz dice -Tobilla, que escribió parte deste su viaje, siendo seglar, y que -despues anduvo en los robos y destruccion en parte de aquellas -regiones, á los dichos semejantes, entre tanto Badajoz con -40 compañeros pasó á robar la ínsula de Otroque: «Traian -tanto estruendo en robar la riqueza que estos insulanos, sin -daño de nadie, tenian, que recogidos más de 200 dellos, creyendo -ser sus enemigos de la tierra firme, acudieron á herillos.» -Dice tambien más abajo: «Cosa brava era la cudicia -deste caudillo español, pues, en medio de la persecucion con -que huia, viendo desde el Ancon de las Almejas la ínsula de -Taboga, pasó contra ella por el maldito oro, etc., etc.» Estas, -en forma, son sus palabras, sin las añadir ni quitar alguna. -Salido á la tierra firme, como dicho es, fué á dar en los pueblos -del cacique Chepo, en los cuales robó y prendió muchas mujeres -y hijos de los naturales, y quizá tambien suyos, el -cual, estando ellos partiendo su cabalgada, vino con su gente -y dió en ellos con gran ímpetu, y hirió algunos y mató á -Alonso Perez de la Rua, porque pagase la prision de Natá y<span class="pagenum"><a name="Page_219" id="Page_219">[219]</a></span> -las tiranías que por allí hizo, como en el cap. 68 queda relatado. -Temiendo Badajoz que tornasen sobre él, se dió priesa -con la cabalgada de salir de aquellos límites, dejando los -pueblos de allí, por tomalles sus mujeres y hijos, tan lastimados; -entró en los términos de Tubanamá y Pocorosa, los -cuales halló todos despoblados, por andar por ellos el licenciado -Espinosa, haciendo estragos, por mandado del Sr. Pedrárias. -Finalmente, llegó al Darien Badajoz y el resto de la -gente española que le habia quedado, y entró en la villa, sin -dalle el triunfo de lo que habia ganado, ántes con harta vergüenza -y áun lástima de su corazon, por la gran suma de oro -y perlas que Paris con tanto daño le habia tomado, y con no -ménos tormento de Pedrárias, y de todos los del Darien, desque -supieron su desastre. Acuérdome que aquel año que dije -de 518, que todos nos hallamos en Zaragoza, era público -entre todos los que idos destas Indias allí estaban, que habia -dicho el obispo de Búrgos, Fonseca (que, como se ha escrito -arriba muchas veces, era el que todas las Indias meneaba y -gobernaba), al Gonzalo de Badajoz, que merecia que el Rey le -cortara la cabeza, porque habia perdido aquellos 100.000 y -tantos castellanos que habia tomado, los cuales ya pertenecian -á España. ¡Mirad qué insensibilidad del señor Obispo, -D. Juan Rodriguez de Fonseca, cómo se dolia de los escándalos, -robos, muertes y infamia de la fe y religion cristiana que -habia hecho en aquel camino con perdicion de tantas ánimas!; -y ésto bien se lo mostraba el Obispo á Badajoz, porque yo le -vide andar harto pobre, desfavorecido, arrastrado tras el -Obispo, y desventurado, y que no osaba mirar al Obispo en la -cara, ni el Obispo á él lo miraba.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_220" id="Page_220">[220]</a></span></p> - -<h2 id="LXXII">CAPÍTULO LXXII.</h2></div> - - -<p>Despues que Pedrárias despachó á Gonzalo de Badajoz, -cuya historia hemos contado, siempre tenia cuidado de la -muerte ó vida de Francisco Becerra, y estaba dudoso que -fuese verdad lo que dél le habia dicho el muchacho, y, con -esta duda y deseo de saber la verdad, determinó de ir él -mismo á buscallo, ó al ménos saber lo cierto de su tardanza; -pero porque ninguno de los del Darien osaba pensar en ir á -Urabá ni hácia el Cenú, por miedo de la hierba, que en un -momento los heridos con ella mataba, por lo cual todos habian -de rehusar la jornada, quiso por esta cautela engañallos -y así sacallos. Mandó apregonar guerra contra Pocorosa y -otros señores de aquellas provincias, y sus gentes, á fuego y -á sangre, como á gentes rebeladas, cosa muy al sabor de -todos los del Darien, y que deseaban. Nótese aquí, por los -prudentes y que fueren cristianos, con qué título y causa se -podia decir ser Pocorosa y sus gentes y los demas rebeldes, -siendo señores naturales de aquellas tierras y no se haber sometido -á ninguno del mundo, ni áun pudiéndolo hacer sin -voluntad de sus pueblos, ni consentimiento dellos, que cualquiera -de las partes, sin aceptacion de la otra, si lo hicieran, -caian en mal caso como arriba se ha declarado; y en ésto -han errado enormísimamente los Consejos del Rey, despachando -algunas provisiones contra los indios, que, sin haber -oido palabra, estando de guerra, defendiéndose de los españoles -y de sus crueldades, de rebeldes los notaban, teniendo en -sus mismas leyes comunes y en sus doctores legistas que ninguno -que no haya sido súbdito puede ser dicho rebelde, ni de -rebelion notado. Item, se debe notar, que aunque fuera cierto -que aquellas gentes se hobieran jurídicamente sometido al im<span class="pagenum"><a name="Page_221" id="Page_221">[221]</a></span>perio -de los reyes de Castilla (lo cual nunca en todas las Indias -fué verdad), habiendo rescibido el rey Pocorosa y sus gentes, -y los demas, tan grandes y tan irreparables daños, y males -de Juan de Ayora y de los otros, sobre haber hecho tantas y -tan buenas obras á Vasco Nuñez y á sus secuaces, como parece -en el cap. 61, ¿porque estuviesen puestos en armas y -matasen á cuantos españoles pudiesen matar, podian llamarse -rebeldes y alzados? Pero ya queda dicho en muchos lugares -la causa de estos hierros, que fué la gran ceguedad del -Consejo siendo obligados á no lo ignorar. Así que, oido el -pregon, todos se holgaron por la esperanza, que luégo se -prometieron, de robar el oro que creian tener aquellos señores, -y por hacer esclavos, y así se ofrecieron á ir con él 300 -y más hombres; y embarcados en tres ó cuatro navíos, vueltas -las proas hácia el Poniente, hasta que fué de noche, -porque los pilotos iban de Pedrárias avisados, dieron la -vuelta donde Pedrárias deseaba, y ántes del dia entraron en -Caribana 200 hombres, con un Capitan llamado fulano Hurtado, -que Pedrárias mandó desembarcar. Estos dan en los -pueblos, poniendo fuego á las casas, como se ha dicho que -acostumbraban, y saliendo los indios que estaban durmiendo, -medio quemados ó chamuscados, los mataban, pero los indios -toman sus arcos y vienen á ellos; ellos, temiendo la hierba, -huyen con gran celeridad á meterse en las naos. No supe si -alguno dellos quedó allá, ó de alguna flecha vino inficionado. -Ciertas personas tomaron presas, de las cuales supo Pedrárias -lo cierto de la muerte de Francisco Becerra y los demas, la -cual acaeció de la misma manera que habia contado el muchacho. -Perdido el cuidado de Francisco Becerra, Pedrárias -dió la vuelta para la costa de la tierra firme abajo, y á las 60 -leguas, que está el puerto de Acla, saltó en tierra con toda -la gente, y desde allí mandó al licenciado Espinosa que tomase -300 hombres y los caballos, y fuese á destruir con -fuego y sangre la provincia de Pocorosa. Partido el licenciado -Espinosa, Pedrárias mandó hacer una fortaleza de tierra -y madera, y él mismo era el primero que á los trabajos ponia<span class="pagenum"><a name="Page_222" id="Page_222">[222]</a></span> -la mano, por lo cual todos los que con él quedaron á hacer -lo mismo se animaron. Esta fortaleza hizo para que los españoles -que anduviesen aquellas estaciones, cuando viniesen -huyendo, se mamparasen, ó viniendo cansados descansasen -y se recreasen. Cayó allí mal dispuesto de las partes secretas -Pedrárias, por cuya causa se volvió al Darien, dejando -por Capitan á un Gabriel de Rojas, en su lugar, allí en -Acla. Llegado Pedrárias al Darien, llegó luégo Badajoz, el -cual, en velle, rescibió harto mal tártago por tan gran -suma de oro como perdida dejaba; determinaba de ir él -en persona, pero á la sazon llegó el Dean de la iglesia Catedral -del Darien, que habia el licenciado Espinosa consigo -llevado, el cual, de partes del dicho licenciado, le dijo como -iba sin parar á recobrar la tal pérdida, por eso que su señoría -le enviase más socorro con brevedad, que él esperaba en Dios -de todo cobrallo. Porque no haya delito ni pecado en que los -hombres pecadores no presuman de hacer su compañero á -Dios, manifiesto es como los ladrones y los que van á adulterar -se santiguan y hacen la cruz, y van tambien con devocion -rezando, porque con el hurto ó en los delitos no sean tomados. -Holgóse dello Pedrárias y proveyó luégo que fuesen á alcanzallo -130 hombres, y á un Valenzuela por capitan dellos, -puesto que Badajoz clamaba que á él pertenecia ir aquella -jornada, pero no quiso Pedrárias; el cual se fué por la isla -que se nombraba de Bastimentos y allí salteó cien indios y -indias, porque por mal hacer, no quedase nada. Mandó Pedrárias -que de secreto tocasen con el navío en que iban en las -peñas, porque saltando en tierra mala quizá la gente no se -tornase. Va el licenciado Espinosa su camino, para mostrar -que las letras no embotaban la lanza, y que no sólo letrado -pero Capitan merecia ser de muchos soldados, y llegado á la -tierra de Comogre y Pocorosa, que tan bien habian siempre á -los españoles hospedado, los indios de aquellas provincias entendiendo -á lo que iban, procuraron para su defensa juntarse; -serian hasta 3.000 desnudos, con sus palos por armas, los que -salieron á resistillos, pero desque vieron los caballos que<span class="pagenum"><a name="Page_223" id="Page_223">[223]</a></span> -nunca vieron ántes, desmayaron, y desparcidos cada cual huyendo -tabajaba de salvarse; á los cuales aprovechó poco, porque -dan tras ellos los de caballo, y dellos á lanzadas, y dellos -atajándolos, para que llegasen los de pié con las espadas, -fueron muy pocos los que dellos, de muertos ó captivos, se escaparon. -Hicieron más nuestros cristianos, que á muchos aperrearon -echando á los perros que los despedazasen, otros Espinosa -mandó ahorcar, á otros cortar las narices, y á otros las -manos, de manera que en pocos dias que anduvo Espinosa -por aquella comarca, cuasi toda la destruyó, que no dejó, al -ménos no parecia, viva alma; fué el espíritu Espinosa de Pedrárias -y el furor de Dios encerrado en ambos. En esta jornada -iba con Espinosa y esta gente un religioso de Sant Francisco, -llamado fray Francisco de Sant Roman; éste escribió -una carta al padre fray Pedro de Córdoba que en esta isla estaba, -de quien arriba queda mucho tratado y se tratará, que -por amor de Dios hablase é hiciese consciencia á los religiosos -de Sant Hierónimo, que habian venido á esta isla entónces á -reformar estas partes, sobre que proveyesen de remedio para -aquella tierra firme, que la destruian aquellos tiranos, y esta -carta me dió á mí el dicho Padre, varon sancto, y la llevé á -Castilla, para á quien conviniese mostralla, y despues, el año -de 18, salió de la tierra firme y fué á España el dicho padre -fray Francisco de Sant Roman, y, llegado á Sevilla, afirmó en -el colegio de Sancto Tomás, de la órden de Sancto Domingo, -que allí está, que habia visto por sus ojos meter á espada y -echar á perros bravos, en este viaje de Espinosa, sobre 40.000 -ánimas. Y estando la corte en Zaragoza, el año 18, me lo escribieron -á mí por esta misma manera los dichos colegiales, -y llevé la carta á mostrar al gran Chanciller, á quien por entónces -el Rey D. Cárlos (como placiendo á Dios se dirá más -largo), habia dado cargo del remedio y reformacion destas -Indias, y él me encargó que de su parte visitase al obispo de -Búrgos, que á la sazon estaba enfermo, y le mostrase la dicha -carta, cuasi como que se cognosciese y áun confundiese por -haber mal gobernado estas tierras, porque habian pasado mu<span class="pagenum"><a name="Page_224" id="Page_224">[224]</a></span>chas -y notables cosas sobre esta materia. Yo lo hice así, visitélo -de su parte y mostréle la carta, y respondióme: «Decid -á su señoría que ya le hé yo dicho, que es bien que echemos -aquel hombre de allí.» Esto dijo por Pedrárias. Así que fueron -extrañas las matanzas y destrucciones y número de esclavos, -que aquel licenciado Espinosa en aquella su salida hizo; por lo -referido y por lo que se referirá, será lo dicho bien entendido. -Destruido Comogre y Pocorosa y todos los demás de aquellas -provincias, pasó Espinosa, y con él el espíritu de Pedrárias, á -la tierra del cacique Chirú, y por tomar descuidado al cacique -Natá y prendelle, fuese adelante con la mitad de la gente, y -dió en su pueblo de noche, y huyó el Cacique; recogió su -gente y vino á resistirles con grande alarido, pero vistos los -caballos que nunca habian vido, pensando que los habian de -despedazar y comellos, pónense todos en huida. Mandó luégo -hacer Espinosa en la plaza del pueblo un palenque de madera, -que para contra indios era como Salsas para contra franceses; -viendo el triste Natá que allí hacian asiento y que no -bastaban ya sus fuerzas para resistilles, vínose sin armas á -poner en su poder acompañado con unos pocos de indios. Teniendo -nuevas de dónde y cómo estaba el cacique Escolia, -envió á un Bartolomé Hurtado, con 50 hombres, para que de -noche lo saltease y prendiese, y así lo hizo. Estos ansí tenidos, -el uno preso, y el otro á más no poder venido, dejó las espaldas -seguras, y caminó para la tierra de Cutara ó Paris, y llegó -á un rio de Cocavira, donde le decian que tenia el oro allegado -que habian tomado á Badajoz para restituírselo, porque, diz -que, le decian sus mujeres que, por volver á lo cobrar, los cristianos -habian de destruille. Iba Diego Albitez, con 90 hombres, -delante descubriendo la tierra, y vido estar á la entrada de -un monte obra de 20 indios con sus armillas, y arremetió á -herillos; los indios pelearon contra ellos varonilmente, aunque -desgarrados con las espadas. Salen luégo del monte, á lo que -juzgaban, sobre 4.000 indios, y el cacique Paris ó Cutara delante -dellos, con grandísima grita; dan los unos en los otros y -matan dellos con las espadas muchos, y ellos hieren de los<span class="pagenum"><a name="Page_225" id="Page_225">[225]</a></span> -nuestros no pocos; unas veces los retraian hasta el monte, -otras los indios ganábanles tierra, hasta que Espinosa con todo -su caudal de gente vino, pero luégo que vieron los caballos y -soltaron los perros, no quedó hombre, que como si vieran al -mismo diablo, que no huyese.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_226" id="Page_226">[226]</a></span></p> - -<h2 id="LXXIII">CAPÍTULO LXXIII.</h2></div> - - -<p>Siguió Valenzuela con sus 130 hombres tras Espinosa, por -montes y valles, con grandes trabajos, sin saber dónde andaba, -los cuales, yendo muy afligidos y desconsolados, un dia -en un monte ó çabana toparon con estiércol de caballos, el -cual, segun se dijo, por la grande alegría que de vello rescibieron, -todos lo besaron. Desde á pocos dias tiraron una noche -ciertas escopetas que llevaban, y oyólo Bartolomé Hurtado, -que habia enviado Espinosa á robar comida y todo lo demas -que les faltaba, estando la tierra de Paris, como toda la gente -de la provincia andaba, huyendo y puesta en armas. Fué Hurtado -al sonido de las escopetas, y finalmente se encontraron, -y fué inestimable el gozo que unos de otros recobraron. Fueron -á juntarse todos con Espinosa, donde de principio lo renovaron, -estimando que ya eran tan poderosos que, para resistirles -cosa que quisiesen acometer, toda la gente de la tierra -firme no bastaba. Tenian nueva que en el pueblo ó tierra del -cacique Quema, que debia ser vasallo de Paris, tenia el oro -que habia tomado á Badajoz, guardado, para lo cual mandó -Espinosa á Diego Albitez que con 60 hombres fuese á buscallo; -saliéronles á resistir los súbditos de Quema, muy feroces, haciendo -de sus alharacas, pero Diego Albitez díjoles que no venia -á hacelles mal, sino á tratar amistad con ellos, por tanto que -dejasen las armas. Persuadidos por sus palabras, creyéronlo -y vinieron luégo dellos tres capitanes sin armas; rescebidos -con amor y placer, preguntóles que dónde estaba ó tenian el -oro que Paris á Badajoz habia tomado, dijeron que no sabian -y que no tenian tal, llevólos consigo á Espinosa, el cual, interrogándolos -con dulces palabras, y ellos negando, no supe -que los atormentasen, pero era ésto tan ordinario que nin<span class="pagenum"><a name="Page_227" id="Page_227">[227]</a></span>guna -duda me quedó de que á tormentos les hicieron decir -dónde el oro estaba. Envió con ellos 20 hombres, y, en obra -de dos horas, tornaron con el oro llenas cinco petacas; díjose -que cabrian en ellas 80.000 castellanos. Todavía Espinosa, -deseoso de haber lo que faltaba, pasó adelante á la tierra del -cacique Chicacotra, donde no ménos estragos creo que hizo, -segun la costumbre y fin que llevaba. Estuvo por allí hasta que -pasaron todas las aguas, que es, como se dijo, el invierno de -aquella patria, porque hallaron en aquella provincia de bastimentos -grande abundancia; de donde comenzó á poner en -obra su tornada para el Darien, con su presa tan deseada y -amada. Trujo, como dije, 80.000 pesos de oro de lo que Badajoz -habia robado, y Cutara ó Paris le habia justamente -despojado; por entónces bien, segun creo, faltaron más de -50.000 castellanos, de los cuales, despues, más de los 30.000 -se recobraron, como se dirá, y al cabo no dudo todos no -haberse escapado de nuestras manos. Trujo tambien consigo -Espinosa y metió en el Darien más de 2.000 esclavos, con la -justicia hechos que andaba las gentes pacíficas, quietas en -sus casas, inquietando, robando y cruelmente matando. Y -para que ésto ansí parezca, sin que de mí sólo salga, quiero -aquí referir las palabras que Tobilla dice, seglar, y uno dellos, -que anduvo despues en aquellos pasos, como dije, y que -asaz favorece aquellas entradas, en una historia que quiso -hacer y llamó Barbárica, y que parece haber muerto en aquella -simplicidad no sancta. Este dice así hablando de Espinosa -en aquella jornada, y tocando de los esclavos: «Traia largos -2.000 captivos, que, para llevarlos los mercadantes á la -Española, valian entónces muchos dineros, de donde nasció -la tan presta como miserable caida que estas infinitas gentes -dieron, pues, con la cudicia del mucho oro que por ellos en el -Darien los tractantes les daban, todo el tiempo que fuera de -sus muros se veian, así al de paz como al de guerra ponian -en hierros; andando tan sin freno esta osadía entre los compañeros -y los mismos Capitanes, que así compraban las mercaderías -con sus aprisionadas gargantas, como si fueran la<span class="pagenum"><a name="Page_228" id="Page_228">[228]</a></span> -misma moneda, sin haber ninguno de tanta consciencia que -se parase á mirar si era esclavo justamente, aunque segun la -injusticia con que todos lo eran, bastaba saber que la cudicia -causaba su cautiverio, no embargante que para mí tengo no -ser ménos excusa el ejemplo que Pedrárias les daba, pues en -su mayor contentamiento jugaba al ajedrez la libertad de -aquellos más que miserables.» Estas son palabras de Tobilla -formales. Jugaba Pedrárias sus 50 y 100 esclavos, y quizá 500, -como otros Gobernadores despues hicieron, por ventura por su -ejemplo, de los que le habian de caber de su parte, que habia -de enviar á saltear. Llegó pues el licenciado Espinosa con el -oro recobrado, y tantas gentes hombres y mujeres, niños y -muchachos como corderos atraillados, al lugar donde se habian -al oro ó dinero de sacrificar, gimiendo y llorando, que en -vellos bien pudiera cualquiera hombre de razon tener motivo -de llorar, dejando 40.000 ánimas en los infiernos plantadas. -Llegó Diego Espinosa, de las dichas hazañas autor, al Darien -muy triunfante; el gozo y alegría que rescibió Pedrárias, y el -regocijo de todos los demas que tenian en ello todos parte, -aunque entrase con ellos el señor Obispo y clérigo ó clérigos -que iban en la compaña, bien se puede adivinar. Sólo el triste -de Badajoz debió quedar sin parte, pues anduvo en la corte -cuando dije con harta necesidad, y entónces, de verse quedar -con los trabajos solos y del oro tan sin medrar, debiera irse á -Castilla desganado. Verdad es que tenia con que bien se consolar -cuando pensase, que no solamente ante el juicio de Dios -le habian de ser demandados las muertes, escándalos, males -y daños, y aborrecimiento de la fe y religion cristiana y perdicion -de las ánimas, que él con los suyos causó, pero tambien -todos los que por ir á cobrar el oro que él perdió cometió -el licenciado Espinosa, porque aunque si él no lo hobiera -comenzado y sido la dicha causa, otros habian de ir á robar y -cometer los ya señalados males, segun el ansia é insensibilidad -de Pedrárias y de todos los que con él estaban, pero quizá no -fueran tan temprano, ó no hicieran tan enormes daños, y entre -tanto Dios quizá proveyera de algun obstáculo al mal, y<span class="pagenum"><a name="Page_229" id="Page_229">[229]</a></span> -diera remedio para que alguna de tan innumerables ánimas -que se perdieron se salvara, ó que quiera ó como quiera que -la cosa acaeciera á él no se le demandara. Cuando Espinosa -determinó de se volver al Darien, mandó al capitan Hernan -Ponce, que con 40 hombres entrase en los dos navíos, y fuese -la costa abajo descubriendo lo que pudiese, el cual, partido de -donde estaba, llegó en par del golfo de Ossa, que distaba 90 -leguas de Natá, y llegó á cierta tierra de gentes llamados los -cuchires, y hallólos aparejados con mucha gente armada para -se defender, y los españoles no osaron en tierra saltar. Anduvieron -más de 50 leguas la costa abajo, y hallaron un golfo -de más de 20 leguas lleno de islas, y es puerto cerrado admirable, -llámanlo los indios Chira, y ellos lo llamaron San Lúcar; -este es el puerto que dicen de Nicoya, que es una provincia -muy fértil y graciosa de Nicaragua. Allí cercan los navíos gran -número de canoas, llenas de gente armada, y otra mucha -gente que apareció en la costa con sus trompetillas ó cornetas -haciendo grandes fieros y amenazas, pero tirados algunos tiros -de pólvora, no quedó hombre en la mar ni en la tierra que -huyendo no volase. Viendo Hernan Ponce que por allí no podia -ganar nada, y que la costa iba adelante, tornóse á juntarse -con Espinosa, el cual, ó era ya ido para el Darien, ó alcanzándole -lo dejó por mandado de Pedrárias en Panamá.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_230" id="Page_230">[230]</a></span></p> - -<h2 id="LXXIV">CAPÍTULO LXXIV.</h2></div> - - -<p>Entre tanto que Espinosa andaba obrando las hazañas que -habemos contado, Vasco Nuñez estábase en el Darien, no -poco desfavorecido de Pedrárias y cuasi como preso, porque -no se debia fiar dél y porque no se saliese de la mano, como -ya fuese con título de Adelantado y admitido á la gracia del -Rey. Habíase llegado á la conversacion frecuente del Obispo, -don fray Juan Cabedo, y trabajado mucho de ganalle; ó -por induccion propia del mismo Vasco Nuñez, ó que el mismo -Obispo se moviese á ello de sí mismo, entendió en que Pedrárias -perdiese los resabios que tenia contra él, y lo honrase -y atrajese á sí é se ayudase dél, y finalmente de él se fiase -como de los demas, pues más que otro, así por la experiencia -de la tierra, como con las fuerzas y autoridad de ser Adelantado, -más que ninguno podia servirle y ayudarle; y para lo -atraer á lo que pretendia, como era el Obispo elocuentísimo, -representóle lo que Vasco Nuñez habia trabajado y padecido -en descubrir, diz que, y poblar aquellas tierras y sujetar -aquellas gentes al señorío del Rey, é dado la vida á los primeros -españoles que en Urabá llegaron, sobre que se habia -fundado su catedral iglesia, todo lo cual encareció, como él lo -sabia encarecer, por grandes y señalados servicios, y certificándole -que, segun á él parecia, nunca descubriria la tierra, ni -sabria los secretos della, si de Vasco Nuñez no hacia fiel amigo. -Estas y otras razones le trujo el Obispo á Pedrárias para -persuadirlo, el cual, finalmente, se persuadió serle provecho -ayudarse de Vasco Nuñez y tenerle por amigo, aunque reconciliado -como dicen, y, ó fingia, ó realmente para tenerle más -obligado y más á la mano en lo que cometerle y mandarle -quisiese, tractó de casarlo con la hija mayor, de dos que en<span class="pagenum"><a name="Page_231" id="Page_231">[231]</a></span> -España tenia, llamada Doña María. Hízose el desposorio con -autoridad del Obispo y las demas ceremonias que se requerian. -En breve determinó Pedrárias de enviar á Vasco Nuñez -á que asentase una villa en el puerto de Acla, y que de allí -adelante procurase de poner por obra en la mar del Sur algunos -bergantines para descubrir por ella las riquezas grandes -que haber por aquellas tierras tenian concebido. Tomó Vasco -Nuñez 80 hombres de los que allí habia, y en un navío fué -la costa abajo; y, llegado á Acla, halló la fortaleza, que Gabriel -de Rojas habia hecho, vacía, por haberla desmamparado por -temor de los indios. Allí constituyó Alcaldes y Regidores, y pusóle -nombre la villa de Acla; está sobre la mar, el puerto es -muy hondable, pero, por las grandes corrientes que en él entran -y salen, las naos que en él están ó entran, por echallas á la -tierra, padecen gran peligro. Mandó Vasco Nuñez á todos sus -compañeros, nuevos vecinos, que, pues ya los indios de aquella -provincia eran acabados, y no habia ya qué ir á saltear, -que cada uno, con los esclavos que tenia, que no andaban sin -muchos dellos, y con sus mismas manos hiciesen sus sementeras -para tener comida. En ésto él era el primero, porque -era hombre de muchas fuerzas y sería entónces de cuarenta -años, y siempre en todos los trabajos llevaba la delantera. -En este tiempo llego allí á Acla el licenciado Espinosa, -con la victoria, y riqueza y esclavería, que de la tierra de -Paris, robado traia, y hecha por todos grande fiesta, por las -buenas nuevas, Espinosa con sus satélites se partieron. -Vasco Nuñez, como hombre de experiencia, sintiendo que -despues de llegados al Darien, y repartido entre todos el oro -y despojo que traian, no podian sufrirse allí ociosos muchos -dias, metióse en un bergantin y fuese tras ellos con intencion -de traer consigo la más gente que pudiese para engrosar su -nueva ó negra villa, y para desde allí entender en hacer navíos -en la mar del Sur, que era por entónces de todos el principal -y último fin; holgóse Pedrárias con él y tratándole en lo -exterior, y quizá en lo interior tambien, como á hijo, dióle 200 -hombres y proveyóle de todo lo que le pidió y convenia<span class="pagenum"><a name="Page_232" id="Page_232">[232]</a></span> -para aquel gran viaje, que todos estimaban ser provechoso, -con todo lo cual, embarcado en tres navíos pequeños, dió á -su Acla la vuelta. Llegados á Acla, halló Vasco Nuñez haberse -venido á esta isla Española Diego Albitez, á quien debia de -haber dejado en su lugar en la villa; vino á esta isla Diego -Albitez, con intencion de pedir á los religiosos de Sant Hierónimo, -que la gobernaban, licencia para hacer un pueblo en el -Nombre de Dios, y de allí tratar del descubrimiento de la -mar del Sur. Todos aquellos que se sentian ricos de los grandes -robos que habian perpetrado, y destruido aquella tierra, -siempre aspiraban y sospiraban por ser cabezas por sí, é no -tener á quien acatar sobre sí, y de éstos era Diego Albitez; -los Hierónimos no quisieron entrometerse en hacer mudanza, -por lo cual lo remitian á Pedrárias, pero no andaba por -eso, sino por salírsele de las manos. Diego Albitez, visto ésto, -fletó un navío, y halló hasta 60 hombres que con él á -ganar aquellos perdones quisieron ir; fué derecho al Darien, -y fingió que habia ido por gente y bastimentos, de lo cual -Pedrárias mostró rescibir de su ida y vuelta placer, ó de -verdad ó fingido, porque era hombre muy recatado y entendido, -y tambien como á él le viniese gente y cosas -de bastimento, todo lo demas bien lo sufria. Descansando -Diego Albitez algunos dias, quiso sacar á ejercitar en la -religion que habia profesado á sus novicios, y así, pedida -licencia á Pedrárias, salió á saltear y robar las gentes de Veragua, -que tenian sobre todas la fama de muy ricas. Vasco -Nuñez no poco sintió la presuncion de Diego Albitez, pero -todos disimulando para en su tiempo derramar la ponzoña -que del descubrimiento de otros conciben, costumbre muy -ordinaria de los mundanos que andan fuera de camino, envió á -Compañon, así llamado, sobrino, segun creo, del mismo Diego -Albitez, á que viese si en el rio de la Balsa, que ya dijimos salir -á la mar del Sur, habria dispusicion para hacer navíos. Fué -Compañon y vido el rio y halló todo buen aparejo en todo él -para hacer los navíos y naos que quisiesen, y de camino á la -tornada fué á saltear y robar y hacer esclavos las gentes que<span class="pagenum"><a name="Page_233" id="Page_233">[233]</a></span> -por aquella tierra vivian, las cuales le resistieron cuanto les fué -posible, donde no padesció poco peligro; no entendí que él á -los indios, ni los indios á él hobiesen muerto alguno ó herido. -Entre tanto que Compañon iba y venia, comenzó Vasco Nuñez -á cortar, por su persona primero, madera para principiar los -bergantines, y así lo hicieron los que estaban con él; donde -labraron toda ó la mayor parte de la madera de cuatro bergantines, -para llevalla despues así labrada, al dicho rio de la -Balsa, y allí formar los bergantines y por él sacarlos á la mar, -como al cabo se hizo. Tornó luégo Vasco Nuñez á enviar á -Compañon con ciertos españoles y 30 negros á la cumbre de las -sierras, de donde ya las aguas á la mar del Sur vertian, para -que hiciese una casa donde descansasen los que habian de llevar -á cuestas la madera labrada, y las anclas y jarcias de los -bergantines, y se tuviesen los bastimentos y comida y armas y -lo demas para su defensa. Y es de saber aquí, que nunca salian -los españoles de una parte á otra que no llevasen muchos -indios cada uno, que les llevaban las cargas de su ropa en que -dormian, y sus armas y la comida, y hasta los negros esclavos -eran de los indios servidos, y llamados perros aporreados y -afligidos. Hecha la casa en lo alto de la sierra, puso por obra -luégo Vasco Nuñez de subir la madera que estaba ya labrada -de los bergantines, hasta ponella en la casa, que habria -sus 12 leguas de sierras y rios, que ya se bajaban ya se subian, -hasta llegar á la sierra muy alta donde se asentó aquella -guarida. Esta madera se cargó sobre los indios que tenian por -esclavos, y los que iban á saltear cada dia, y su parte llevaron -los negros que no eran sino obra de 30, y tambien cada -uno de los españoles llevaba la que podia. Los trabajos que -aquí llevando y subiendo esta madera, y clavazon y herramientas, -y despues las anclas y la jarcia y todos los demas -aparejos necesarios á los bergantines, y despues bajándola hasta -el rio, que por todos se padecieron, no pueden ser creidos, pero -no se halló que negro ni español muriese dellos, más de los -infelices indios no tuvieron número los que perecieron y concluyeron -sus tristes dias; yo ví firmado de su nombre del mis<span class="pagenum"><a name="Page_234" id="Page_234">[234]</a></span>mo -Obispo, en una relacion que hizo al Emperador en Barcelona -el año de 519, cuando él de la tierra firme vino, como más -largo adelante, placiendo á Dios, será referido, que habia -muerto el Vasco Nuñez, por hacer los bergantines, 500 indios, -y el secretario del mismo Obispo me dijo que no quiso poner -más número porque no pareciese cosa increible, pero que -la verdad era que llegaban ó pasaban de 2.000; y segun el -trabajo era, cierto, cualquiera lo debe tener por posible y -haber pasado con verdad así, porque llevar hombres desnudos -en cueros 24 y 25 leguas de sierras altísimas, subidas y descendidas, -á cuestas madera labrada para hacer cuatro navíos, -y anclas de hierro de tres, y cuatro, y cinco, y seis quintales, -y cables, que son las maromas para las anclas, que -pesaban otro tanto y muy poco ménos, y otros mil aparejos -cuasi tan pesados que los navíos requieren, y todo ésto sin -comer sino un poco de grano de maíz áun no hecho pan, sino -como lo comen las aves ó las bestias, ¿qué hombres aunque -tuvieran cuerpos en parte formados de materia de hierro lo -pudieran sufrir sin morir? Y porque los indios allí perecian -con aquel ejercicio, enviaba Vasco Nuñez cuadrillas á cazar indios, -donde quiera que se creia que estarian escondidos, porque -toda la tierra estaba huida por los montes por miedo -dellos, y se meterian en los abismos; despues que hacian alguna -cara juntos para resistir á los españoles, y como vian no -poder contra ellos prevalecer, se desparcian escondiéndose -por las montañas á cuadrillas, ó á linajes, ó á familias, y destos -sabian, porque cuando tomaban algun indio á poder de -grandes tormentos le hacian descubrir los lugares secretos -donde se habian metido. Daban en ellos cuando más olvidados -y secretos creian que estaban, y muertos los primeros que -topaban á cuchilladas y estocadas, y de los perros desgarrados -y despedazados, á los demas que tomaban á vida, leíanles el -requerimiento, estándolos atando en traillas; y puesto que -todas ó muchas veces desta manera se hacia, en especial se -hizo entendiendo Vasco Nuñez en la obra destos navíos.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_235" id="Page_235">[235]</a></span></p> - -<h2 id="LXXV">CAPÍTULO LXXV.</h2></div> - - -<p>Pasada la madera, que en Acla pudo hacer que se labrase, -al rio de las Balsas, porque no era para más de los dos bergantines -ó navíos, y habíase de aparejar para otros dos, repartió -Vasco Nuñez toda la gente que tenia, españoles, negros -é indios, en tres capitanías. A la una dió cargo que cortase -y asentase madera; á la segunda, que acarrease de Acla -las anclas, y clavazon y jarcia y todos los demas instrumentos -y aderezos; á la tercera, que fuese á robar los mantenimientos -que por toda la tierra de los alrededores hobiese, y, á -vueltas, cuantos indios pudiesen traer captivos. Comenzóles -Dios á mostrar lo que en aquellas obras le servian, porque -cuanto trabajaron en cortar la madera y aserralla en Acla y -mar del Norte, y despues en llevalla los tristes indios á cuestas -por tan aspérrimos é intolerables caminos, todo se les -convirtió en vacío, por ser la madera de allí en tierra que estaba -muy cerca de la mar salada, y así fué luégo de gusanos -comida, de donde sucedió serles necesario cortalla de nuevo -en el rio; habiendo pues cortado mucha della, y quizá tambien -aserrádola, ya que querian poner en astillero, que es comenzar -los bergantines, vinieron de súbito tan grandes avenidas -que les llevó el rio parte de la madera, y parte soterró -la lama y cieno, subiendo el agua dos estados encima. No -tuvieron todos otro remedio para no se ahogar, sino subirse -sobre los árboles, á donde puestos no estaban sin mucho -peligro; aquí desmayó Vasco Nuñez, viendo tanta dificultad en -la obra de sus negros navíos, por la cual quiso volverse á su -villa de Acla, y dejarse de aquella demanda, como aborrido.<span class="pagenum"><a name="Page_236" id="Page_236">[236]</a></span> -Ayudábale á se volver la hambre que padecian; y parece que -los de la tercera cuadrilla, á quien dió cargo de ir á robar -mantenimientos y indios, no acudian. Francisco Compañon se -ofreció á pasar á la otra banda del rio á buscar gente y comida, -y pasó con algunos por cierta puente que hicieron de -ciertos vejucos y raíces, que ataron algunos nadadores de las -ramas de los árboles; aunque la puente fué tal, que pasaron -el agua sobre la cinta, y algunas veces llegábales á los pechos. -Andaba Vasco Nuñez comiendo raíces, de donde se podrá -congeturar qué debian de padecer 500 ó 600 indios que -allí tenian, y cuántos de hambre morian; finalmente, hobo -de irse á Acla, puesto que no con el primer motivo, sino para -proveer de algun mantenimiento y de gente española, si del -Darien ó de las islas de nuevo viniese, para lo cual envió al -Darien á Hurtado, y traer las anclas y jarcia, y dar en todo -priesa. En ésto vino Francisco Compañon, que habia robado -toda la tierra de comida y de indios que trujo captivos, en los -cuales, como en acémilas, cargó todo lo que para llevar tenia, -y sobre sus hombros, anclas, y jarcias, y velas, y cables, y -clavazon y cuanto habia, pusieron en el rio. Volvió Bartolomé -Hurtado con 60 hombres que le dió Pedrárias y otras cosas -que Vasco Nuñez le envió á pedir, y tomado nuevo ánimo, -torna Vasco Nuñez al rio, con la gente de españoles y indios, -y todo recaudo para proseguir á la obra de sus bergantines, -y, con inmensos trabajos y hambre y muerte de indios, comenzó -y acabó dos dellos; los cuales hechos, y echados al -agua, y proveidos de lo que les era menester para navegar, -metióse con los españoles que cupieron en ellos, y navega á la -isla mayor de las de las Perlas. Y entre tanto que los demas, -pocos á pocos, los bergantines los traian, trabajó de robar y -allegar cuanto bastimento en la isla pudo, lo uno, diz que, -para subjetar las gentes della por hambre, y lo otro para -tener con qué los que allí estuviesen sustentarse. Díjose que, -andando en ésto Vasco Nuñez, rescibió una carta del arzobispo -de Sevilla, D. Diego de Deza, de quien hobimos en el -primer libro hablado, que fué alguna parte para el descubri<span class="pagenum"><a name="Page_237" id="Page_237">[237]</a></span>miento -destas Indias, siendo el maestro del príncipe D. Juan, -en la cual le decia que habia sabido haber descubierto la mar -del Sur, y que tuviese por cierto, que si proseguia por el Poniente -la tierra hallarian indios de lanza y armaduras de cuerpo, -y si corriese hácia el Oriente que toparian grandes riquezas -y ganados infinitos. Esta creo yo que es patraña, porque -el arzobispo de Sevilla, siendo tan prudente y tan sabio, no -podia adevinar lo que nunca leyó, vido ni oyó, ni hombre -imaginó de todos los pasados, y no habia de poner su gravedad -y autoridad en boca del vulgo, no saliendo como él denunciaba; -porque por revelacion tampoco hemos de creer -que lo habia alcanzado, porque si así fuera, primero y no á -otro sino sólo al Rey Católico, que mucho lo amaba, lo significara. -Así que, Vasco Nuñez, despues de robada la isla -grande de las Perlas y escandalizada, y quizá muerta y captiva -mucha gente della, comenzó á navegar hácia la tierra -firme, la vuelta del Oriente, con ciento y tantos hombres, -porque los indios que tenian captivos por aquella parte haber -mucho oro les señalaban; y ésta fué otra segunda ó tercera -nueva ó señal de la grandeza de las riquezas del Perú. Yendo, -pues, sobre un puerto que llamaron despues puerto ó punta -de Piñas, 25 leguas ó alguna más pasada la punta ó cabo -del golfo de Sant Miguel, hallaron gran número de ballenas, -que parecian punta ó cabo de peñas que salia gran trecho á -la mar; temieron los marineros de se allegar porque venia la -noche, y arribaron á otra punta con intencion de, siendo de -dia, tornar á su viaje, y porque les hizo el viento contrario, -acordó Vasco Nuñez de ir á dar en la tierra del cacique Chucama, -por vengar los españoles que allí habian muerto á -Gaspar de Morales, de que se hizo mencion arriba en el capítulo -64. Salieron las gentes de allí á resistillos, pero como -siempre ha de caer sobre ellos la mala ventura, como en gente -desnuda, sólo dan de sí muestra que si fuesen armados y las -armas tales como las nuestras, otro gallo, para su natural defensa -y contra nuestra injusticia, les cantaria; así que, muertos -muchos dellos, los vivos pusiéronse en huida. Anduvo<span class="pagenum"><a name="Page_238" id="Page_238">[238]</a></span> -algunos dias robando y captivando y destruyendo aquellas -provincias. Tornóse á la isla, y allí apareja de hacer cortar -madera, y comenzar los otros dos bergantines ó pequeños navíos; -faltábale algun hierro y pez y otras cosas para acabar los -bergantines, por lo cual acordó de enviar á Acla por ello. Y -porque tenian ya nueva que el Emperador era venido á reinar -á Castilla, y que habia proveido á un caballero de Córdoba, -llamado Lope de Sosa, por Gobernador de tierra firme, quiso -tambien Vasco Nuñez que supiesen si era venido, ó qué nueva -se tenia de su venida, porque, quitada la gobernacion á Pedrárias, -su suegro, consiguiente cosa era quitarle los navíos y -dar la empresa á alguno de los que traia consigo. Temiendo, -pues, ésto, una noche, hablando con un Valderrábano y con -un clérigo llamado Rodrigo Perez, díjoles: «Segun lo mucho -que há que vinieron las nuevas, que el Rey tenia proveido por -Gobernador á Lope de Sosa desta tierra firme, no parece posible -que ó no sea venido ó no haya nueva de ser cercana su -venida, y, si es venido, Pedrárias, mi señor, ya no tiene la -gobernacion, y así nosotros quedamos defraudados de nuestros -deseos, y tantos trabajos como en ésto habemos puesto quedan -perdidos; paréceme, pues, que para haber noticia de lo que -nos conviene será bien que vaya el capitan Francisco Garavito -á la villa de Acla, con demanda del hierro y pez que nos -falta, y sepa si es venido, porque si lo fuere se torne, y nosotros -acabaremos como pudiéremos estos navíos y proseguiremos -nuestra demanda, y, como quiera que nos suceda, de -creer es que el que gobernare nos rescibirá de buena voluntad -porque le ayudemos y sirvamos; pero si Pedrárias, mi -señor, todavía tuviere la gobernacion, dalle hán parte del -estado en que quedamos y proveerá de lo que pedimos, y -partirnos hemos á nuestro viaje, del cual espero en Dios que -nos ha de suceder lo que tanto deseamos.» Díjose, que cuando -esto Vasco Nuñez hablaba comenzó á llover, y que la guarda, -persona que velaba su cuarto, se recogió á la sombra y debajo -del tejado de la casa donde Vasco Nuñez estaba por no mojarse, -el cual oyó como decia que convenia irse con los navíos<span class="pagenum"><a name="Page_239" id="Page_239">[239]</a></span> -su viaje, no entendiendo más de la plática, ni por qué causa; -y ampliando en su pensamiento que aquello era quererse huir -de Pedrárias, y con esta opinion ó error, calla y no da parte -á nadie, hasta que fué tiempo de poder dañar diciéndolo á -Pedrárias.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_240" id="Page_240">[240]</a></span></p> - -<h2 id="LXXVI">CAPÍTULO LXXVI.</h2></div> - - -<p>Pareció bien á los con quien hablaba Vasco Nuñez su intento -y palabras, y aprobáronselo, y en prosecucion dello llamó -á Francisco Garavito, y dále dello parte, y con 40 hombres -despáchalo para Acla; llegados á Acla, hallan que Lope de -Sosa no era venido, y que Pedrárias como de ántes gobernaba. -Díjose que cuando Vasco Nuñez se partió para el rio de la -Balsa, debia ser la postrera vez, Andrés Garavito escribió á -Pedrárias que Vasco Nuñez iba como alzado, y con intencion -nunca más á obedecelle ni estar á su obediencia y mandado, -y Pedrárias, como siempre dél estuvo sospechoso, que nunca -pudo tragallo, poco era menester para que lo creyese por verdad, -porque corazon que sospecha una vez alterado fácil cosa -es en aquello que teme del todo derrocallo. Dijeron que esta -falsedad ó testimonio falso, ó quizá verdad, escribió Garavito -á Pedrárias, porque Vasco Nuñez, por una india que tenia por -amiga, que arriba en el cap. 40 dijimos el cacique Careta -haberle dado, le habia de palabra maltratado. Dos dias ó tres -despues de llegado Garavito, llega del Darien Pedrárias, el -cual, por la carta de Garavito, luégo se despachó muy indignado -para haber á Vasco Nuñez á las manos y acortarle los -pasos. Preguntando Pedrárias qué hacia y dónde quedaba, díjole -Garavito y los que con él vinieron, que en la isla, y dando -priesa á acabar los bergantines, y quedaba esperando ciertas -cosas que le enviaba á pedir para acaballos y tambien lo que -mandaba; con ésto se asosegó algo Pedrárias y disimuló algunos -dias lo que traia pensado, dentro de los cuales, un Tesorero, -que debia ser proveido por el tesorero Pasamonte desta -isla, llamado Alonso Martel de Lapuente, que no estaba bien -con Vasco Nuñez porque le pidió en la residencia cierto oro<span class="pagenum"><a name="Page_241" id="Page_241">[241]</a></span> -que le habia prestado, y el Tesorero creyó que habia sido dado, -supo de aquel que velaba, cuando Vasco Nuñez dijo en la isla -las susodichas palabras á Valderrábano, lo que habia oido y -Vasco Nuñez hablado. Va luégo el dicho Alonso Martel á decírselo -á Pedrárias; luégo Pedrárias, de súpito, se retificó en -sus sospechas presentes y pasadas, y hecho muy furibundo, -cuasi de enojo é indignacion desatinaba, prorrumpiendo en -palabras contra Vasco Nuñez injuriosas y desmandadas, y con -aquella saña escribióle una carta mandándole que viniese á -Acla, fingiendo que tenia cosas que con él comunicar tocantes -y necesarias para su viaje. Y cosa es aquí de notar, que no -hobiese hombre que á Vasco Nuñez avisase de la indignacion -contra él de Pedrárias, y el peligro que padecer si venia esperaba; -ciertamente la razon parece que se puede asignar, ó que -Vasco Nuñez era tan mal quisto de todos, que todos le deseaban -mal, ó que todos temian tanto á Pedrárias que ninguno se -atrevió á enojalle, ó que fué juicio de Dios que determinó dalle -su pago de tantas crueldades como en aquellas gentes habia -perpetrado: y ésta postrera debió ser y debemos creer que fué -la verdadera y eficaz, y está harto clara. Y tras la carta, sospechando -que no querria venir, despachó á Francisco Pizarro -con mandamiento y la gente armada que pudo enviar para que -le prendiese donde quiera que lo hallase. Díjose que un italiano, -llamado micer Codro, astrólogo, que andaba con Vasco Nuñez, -hombre que por ver mundo habia venido á estas partes, le -dijo, estando en el Darien, que el año que viese cierta estrella, -que señalaba, en tal lugar, correria gran peligro su persona, -pero si de aquel peligro escapaba sería el mayor señor y más -rico que hobiese por todas estas tierras indianas; y pocos dias -ántes desto, dijeron que una noche vido la estrella en aquel lugar, -y comenzó á mofar de lo que le habia dicho micer Codro, -y comenzó á decir á los que con él estaban: «donoso estaria el -hombre que creyese á hombres adivinos, especialmente á micer -Codro que me dijo ésto y ésto, y hé aquí la veo cuando me hallo -con cuatro navíos y 300 hombres y en la mar del Sur, y de -propíncuo para navegarla, etc.» Esto dicen que pasó jactándose<span class="pagenum"><a name="Page_242" id="Page_242">[242]</a></span> -mucho Vasco Nuñez de su felicidad; el cual, rescibida la carta -de Pedrárias, estando en una isleta llamada de Tortugas, dejando -á Francisco Compañon haciendo los navíos en la grande, -puso luégo por obra su camino en cumplimiento de lo que le -mandaba; dijeron tambien que los mensajeros, llegando cerca -de Acla, le dijeron que Pedrárias, su suegro, estaba de él muy -indignado, pero él, hallándose inocente, creia que llegando ante -Pedrárias y mostrándole no habelle ofendido lo aplacara. Topó -á Francisco Pizarro con gente, que le iba á prender, y díjole: -«¿qué es ésto, Francisco Pizarro? no solíades vos así salirme á -rescibir.» Salieron á rescibirlos del pueblo, y Pedrárias proveyó -que lo llevasen preso á la casa de un vecino llamado Castañeda; -envió á Bartolomé Hurtado á las islas para que tomase y -tuviese por él los navíos y toda la armada. Mandó al licenciado -Espinosa que procediese contra Vasco Nuñez por todo el -rigor de justicia que hallase, porque todo su fin era despachalle; -y por descuidalle fuéle á ver un dia y díjole: «No tengais, hijo, -pena por vuestra prision y proceso que yo he mandado hacer, -porque para satisfacer al tesoro Alonso de Lapuente y sacar -vuestra fidelidad en limpio lo he hecho.» Despues que Pedrárias -entendió que el proceso estaba, al ménos coloradamente, -fundado para cortalle la cabeza, dijeron que fué á donde estaba -preso y con rostro airado le dijo: «Yo os he tratado como -á hijo, porque creia que en vos habia la fidelidad que al Rey -y á mí en su nombre debíades, pero, pues os queríades rebelar -contra la corona de Castilla, no es razon de tractaros como -á hijo, sino como á enemigo, y por tanto de hoy más no espereis -de mí obras otras sino las que os digo.» Respondió Vasco -Nuñez que habia sido y era todo falsedad que le habian -levantado, porque nunca tal pensamiento le vino, porque, si -él tal intencion tuviera, no tenia necesidad de venir á su llamado, -pues tenia 300 hombres consigo y cuatro navíos, con -los cuales, sin vello ni oillo él, se fuera por esa mar adelante -donde no le faltara tierra en que asentar pobre ó rico; pero -como venia con simplicidad y de tales propósitos libre, no -temió de venir á Acla por su llamado, para verse así preso y<span class="pagenum"><a name="Page_243" id="Page_243">[243]</a></span> -publicado por infiel á la corona real de Castilla, y á él en su -nombre como decia. Fuese Pedrárias de la cárcel y mandóle -poner más prisiones, y el licenciado Espinosa, dando cuenta á -Pedrárias de los méritos del proceso, dijo que incurrido habia -en pena de muerte, pero que por los muchos servicios que -en aquella tierra habia hecho al Rey, merecia que se le otorgase -la vida. Respondió Pedrárias muy airado: «Pues si pecó -muera por ello.» El licenciado Espinosa no quiso sentenciarlo -á muerte, diciendo que merecia perdon por los señalados servicios -que habia hecho, protestando que no lo sentenciaria si -no se lo mandaba espresamente por escrito. Pedrárias, que no -via la hora de sacalle desta vida, poco tardó en dalle su mandamiento, -y ciento le diera sin deliberar lo que hacia. Espinosa -entónces hace de veras el negocio, acumulándole la -muerte de Diego de Nicuesa, y la prision y agravios del bachiller -Anciso, y sobre todo fundó su sentencia; la cual fué -que le cortasen la cabeza, yendo el pregonero delante diciendo -á voz alta: «Esta es la justicia que manda hacer el Rey, -nuestro señor, y Pedrárias su Lugarteniente, en su nombre, -á este hombre, por traidor y usurpador de las tierras subjetas á -su real corona etc.» Lo cual, oido por Vasco Nuñez cuando lo -sacaban, levantó los ojos y dijo: «Es mentira y falsedad que -se me levanta, y, para el caso en que voy, nunca por el pensamiento -me pasó tal cosa ni pensé que de mí tal se imaginara, -ántes fué siempre mi deseo servir al Rey como fiel vasallo y -aumentalle sus señoríos con todo mi poder y fuerzas.» No le -aprovechó nada su afirmacion, y así le cortaron la cabeza sobre -un repostero harto viejo, habiéndose ántes confesado y comulgado, -y ordenado su alma segun lo que el tiempo y negocio -le daba lugar. Luégo tras él la cortaron á Valderrábano, y -tras aquel á Botello, y tras éste á Hernan Muñoz, y el postrero -fué Argüello, todos cinco por una causa viéndose unos á -otros; y porque para degollar al Argüello quedaba ya poco -dia, viniendo la noche, hincáronse de rodillas todo el pueblo -ante Pedrárias pidiéndole por merced que diese la vida -á Argüello, pues ya eran muertos los cuatro y parecia que<span class="pagenum"><a name="Page_244" id="Page_244">[244]</a></span> -Dios, con enviar la noche, aquella muerte atajaba. No blandeó -Pedrárias en nada, ántes con gran pasion les respondió, que -si querian que aquel viviese, en sí mismo queria se ejecutase -la justicia; y desta manera, con grande angustia y dolor de -todos, y áun lágrimas de algunos, fenecieron todos cinco aquel -dia, y así quedó Pedrárias sin sospecha de Vasco Nuñez de -Balboa que tanto trabajó de aumentar los señoríos del Rey, -como él dijo, matando y destruyendo aquellas gentes, con tan -ignominiosa muerte, al tiempo que más esperaba subir. E será -bien que se coloque Vasco Nuñez en el catálogo de los perdidos -con Nicuesa y Hojeda, y con los que despues se pornán -en él, que hicieron mal fin en estas Indias, siendo señalados en -hacer mal á indios.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_245" id="Page_245">[245]</a></span></p> - -<h2 id="LXXVII">CAPÍTULO LXXVII.</h2></div> - - -<p>Restan por decir algunas cosas de las que quedan atras, -que habemos dejado por no interrumpir la historia de Vasco -Nuñez, y ántes que pasemos adelante, conviene, por no las -olvidar, referillas. Despues que el licenciado Espinosa fué á la -empresa del oro que Cutara, rey de la tierra llamada Pariba -ó Paris, habia tomado á Badajoz, el factor Juan de Tavira, -con codicia de la riqueza que decian que habia en el templo -ó ídolo Dabayba, pidió por señalada merced á Pedrárias, -que le diese aquella sancta conquista, el cual se la concedió; -y alcanzada la merced, comenzó á gastar de los muchos dineros -que de los robos y violencias y captiverios de gentes vendidas, -de hasta entónces, le habian cabido, y pónese á hacer -tres fustas, y comprar muchas canoas de las que tenian los -otros españoles vecinos, para subir por el rio Grande arriba, -donde tenian fama que estaba el oro, su ídolo. En el aparejo -de lo cual no sólo gastó toda su hacienda, mal, ó si alguna -tenia bien, habida no en aquella tierra, sino quizá traida de -Castilla, pero mucha otra sacada del oro y arca del Rey. Despachado -con su flota de tres fustas y muchas canoas, con 160 -hombres españoles, y infinitos indios de los hechos esclavos -con la justicia dicha, todos encadenados, para bogar ó remar -las canoas y para los otros servicios, sube, con gran dificultad -por la gran corriente, el rio arriba. Las gentes de Dabayba -que estaban sobre aviso, sabida su venida, salieron, en no -más de tres canoas grandes, de través al camino, y hallando -las nuestras descuidadas, matáronles en un momento un español -y quedaron muchos heridos; retragéronse luégo las -canoas de los españoles al abrigo de las fustas ó bergantines. -Queriendo ir adelante, acordaron que fuese gente por tierra y<span class="pagenum"><a name="Page_246" id="Page_246">[246]</a></span> -las canoas y fustas por el rio, el cual vino de presto tan de -avenida, por lo mucho que en las sierras llovia, que muchos -árboles del rio no se parecian. Encalló ó tocó la canoa del -Factor en uno de los que en el agua estaban sumidos, y trastornóse -de manera que el Factor y el veedor Juan de Virues, -sin podellos socorrer, se ahogaron, y los que sabian nadar -nadando tuvieron remedio. La gente, viéndose sin Capitan, -eligieron á Francisco Pizarro que los capitanease hasta el Darien, -y así se volvieron perdido el factor Juan de Tavira y -Veedor, y los muchos dineros suyos y del Rey que para emprender -aquella hazaña habia espendido. Hobo Pedrárias -grande dolor de aquella desdicha, y esforzando á los que -maltractados venian, que, pues con el Factor no habian llegado -á donde tanto esperaban ser ricos, que no desmayasen, -y que él queria dalles á Francisco Pizarro por capitan, que -tornasen á la otra demanda, que era tambien rica, conviene -á saber, de Abrayme, que él esperaba en Dios que habian de -hallar de aquella hecha con que fuesen sus deseos complidos. -Dellos no quisieron ir por venir muy heridos, ó de tanto -peligro y trabajo aborridos, otros, hasta 50, tornaron con -Francisco Pizarro al ristre. Partidos y llegados por tierra al -señorío de Abrayme, cuyos vecinos estaban muy lastimados, -de los agravios, y guerras, y daños en ellas rescibidos, -no solamente no hallaron gente que captivar (que despues -de robar oro no tienen otro mayor fin), pero ni cosa que -comiesen, y así de hambre perecian; no tuvieron otro remedio -sino matar y comer siete caballos que llevaban, para -poder tornarse al Darien, donde llegaron con harto desmayo -y tristeza, y no ménos que mucho corridos de su tan vano y -frustratorio camino. Luégo, desde á pocos dias, volvió Diego -Albitez con gran cantidad de oro, y muchos indios captivos, -que robó de la costa del Nombre de Dios y provincias de Chagre -y de Veragua, las cuales dejó todas llenas de amarguras y -de gran calamidad, matando todos los que le resistian. En una -destas entradas que éstos hacian, no me acuerdo cuál de los -Capitanes fué, acaeció que, llegados los españoles á un monte,<span class="pagenum"><a name="Page_247" id="Page_247">[247]</a></span> -donde á poder de tormentos habian sacado á indios que tomaban, -estar mucha gente huida, recogida, por se apartar de -tan pestilenciales y horribles crueldades, dando de súbito en -ellos, tomaron 70 ú 80 mujeres y hijas doncellas de muchos que -mataron y de los que huyeron por se escapar; y viniéndose los -españoles con su cabalgada, segun lo que creian, en paz, otro -dia, con la rabia que sentian los indios de ver llevar sus mujeres -é hijas maniatadas, por esclavas, juntáronse cuantos más pudieron -y van tras los españoles, y dan de súbito en ellos con grande -alarido, de manera que los hirieron y lastimaron algo. Viéndose -los españoles muy apretados, no quisieron soltar la cabalgada, -sino, como vian que no la podian gozar, acordaron de las -desbarrigar, metiéndoles las espadas por los cuerpos de las -pobres mujeres y muchachas, de las cuales todas 70 ú 80 -una viva no dejaron. Los indios, que se les rasgaban las entrañas -de verlas así matar, daban gritos y decian: «¡Oh cristianos -malos, malos hombres, crueles, á las iras matais!» Ira -llamaban en aquella tierra á las mujeres; como si dijeran, -matar las mujeres, señal es de hombres abominables, crueles -y bestiales. Tenian muchas veces en uso, que, aunque los señores -de los indios ofreciesen de su propia voluntad oro, y -cantidad de oro, no se contentaban con ello, sino, creyendo -que tenian más, les prendian y les daban terribles y inhumanos -tormentos, para que si más tuviesen lo descubriesen. -Una vez dió un Cacique, ó por miedo ó de su voluntad, 9.000 -pesos de oro, no contento con ellos el Capitan y sus compañeros -acordaron de lo atormentar; atáronlo á un palo sentado -en el suelo, y estendidas las piernas y piés, pusiéronle -fuego junto á ellos, diciéndole que diese más oro. Envió alguno -de sus indios que trujese más, trujeron 3.000 pesos -más; continúan todavía el tormento, dice con dolorosos gemidos -y llantos que no tiene más. No cesaron de dárselo, -hasta que por las plantas de los piés le salieron los tuétanos, -y así murió el desventurado; acaeció entre aquestos tan bien -morigerados españoles que tenian algunas llagas en las piernas, -y parece que el demonio, en cuyos pasos andaban y<span class="pagenum"><a name="Page_248" id="Page_248">[248]</a></span> -voluntad cumplian, les puso en la imaginacion que el unto -del hombre era buena medicina para curallas, por lo cual -acordaron de matar indio ó indios de los más gordos que habian -captivado, y sacáronles el unto, diciendo que más valia -que los españoles anduviesen sanos, que aquellos perros -viviesen, que servian al diablo. Esta era la espiacion que -hacian para ser inocentes y quedar limpios de aquel pecado.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_249" id="Page_249">[249]</a></span></p> - -<h2 id="LXXVIII">CAPÍTULO LXXVIII.</h2></div> - - -<p>Dejemos de proseguir la historia de la tierra firme hasta -emparejar con el tiempo della la relacion de las islas, que dejamos -atrás en el cap. 39, y tornemos al hilo que llevábamos -dellas, contando las cosas que acaecieron en el año de 1514, -como parece arriba, en el cap. 36 y 37, donde referimos de un -repartidor de los indios, llamado Alburquerque, y otros que -despues fueron, que ningun provecho hicieron á los tristes desmamparados -indios de esta isla, ni estorbaron que no se consumiesen, -los cuales cada dia en las minas y en los otros trabajos -perecian; lo mismo se hacia en las otras islas, sin tener -una hora de consuelo ni alivio dellos, y sin mirar en ello, ni se -doler dellos los insensibles que la tierra regian. En todo este -tiempo, el tesorero Pasamonte, y oficiales, y jueces de la Audiencia -desta isla, ó algunos dellos que lo revolvian y movian -al dicho Pasamonte, y lo tomaban por cabeza de sus -pasiones y envidias, por ser tan favorecido del Rey, perseguian -al almirante D. Diego con cartas al Rey é á Lope Conchillos, -Secretario, y al obispo de Búrgos D. Juan Fonseca, que como -arriba se ha dicho algunas veces, nunca estuvo bien con los -Almirantes, padre y hijo. No creí ser otra la causa sino por -echalle de la gobernacion desta isla y de lo demas, y quedarse -ellos con ella, no sufriendo superior sobre sí; finalmente, tanto, -que rodearon que el Rey le mandase llamar, y que fuese á Castilla, -no supe, aunque lo supiera si mirara en ello, con qué color -ó debajo de qué título. El cual, obedeciendo el mandado -del Rey, aparejó su partida y salió del puerto de Sancto Domingo -en fin del año de 1514, ó al principio del año 15, dejando -á su mujer doña María de Toledo, matrona de gran merecimiento, -con dos hijas en esta isla. Entre tanto, quedaron á su<span class="pagenum"><a name="Page_250" id="Page_250">[250]</a></span> -placer los jueces y oficiales, mandando y gozando de la isla, y -no dejaron de hacer algunas molestias y desvergüenzas á la -casa del Almirante, no teniendo miramiento en muchas cosas -á la dignidad, persona, y linaje de la dicha señora Doña María -de Toledo. En este tiempo lo que más se trataba y sonaba, y -de donde más esperanza se tenia, destas islas y áun de todas -estas Indias, era la isla de Cuba, por las nuevas de tener mucho -oro, y por hallarse la gente della tan doméstica y pacífica; -y habia ya dos años que á ella los españoles con Diego Velazquez -á poblar habian venido. Porque de la tierra firme, -como entónces llegase Pedrárias, cosa de fruto de su llegada no -se habia visto, pues de todas las otras partes della ninguna -noticia se tenia. Tornando, pues, á tomar la historia de la isla -de Cuba, que en el cap. 32 contamos, dijimos allí como Diego -Velazquez, que gobernaba la isla como teniente del Almirante, -habia señalado cinco villas, donde todos los españoles que -en ella habia se avecindasen, con la de Barocoa que ya estaba -poblada. Repartidos los indios de las comarcas de cada villa y -entregados á los españoles, cada uno segun el ansia de haber -oro tenia y más ancho de conciencia se hallaba, sin tener consideracion -alguna que aquellas gentes eran de carne y de hueso, -pusiéronlos en los trabajos de las minas, y en los demas que -para aquellos se enderezaban, tan de golpe y tan sin misericordia, -que en breves dias la muerte de innumerables dellos -manifestó la grande inhumanidad con que los trataban. Fué -más vehemente y acelerada la perdicion de aquellas gentes, -por aquella primera temporada, que en otras partes, por causa -de que, como los españoles andaban por toda la isla, como -ellos dicen, pacificándolas, y consigo traian muchos de los indios -que por los pueblos, para se servir dellos, contínuamente -tomaban, y todos comian y ninguno sembraba, y los de los -pueblos, dellos huian, y dellos, de alborotados y medrosos, de -otra cosa más de que no los matasen, como á otros muchos -se mataron, no curaban, quedó la tierra toda ó cuasi toda de -bastimentos vacua y desmamparada. Pues como la cudicia de -los españoles, segun dije, los ahincaba, no curando de sembrar<span class="pagenum"><a name="Page_251" id="Page_251">[251]</a></span> -para tener pan, sino de coger el oro que no habian sembrado, -como quiera y con cualquiera poca cosa que podian haber de -bastimento como rebuscándolo, ponian los hombres y las mujeres, -sin suficiente comida para poder vivir cuanto ménos -para trabajar, en los susodichos trabajos. Y es verdad, como -arriba en cierto capítulo dije, que en mi presencia y de otras -personas nos contó uno, como si refiriera una muy buena industria -ó hazaña, que con los indios que tenia de su repartimiento -habia hecho tantos mil montones, que es la labranza -de que se hace el pan caçabí, enviándolos cada tercer dia, ó -de dos á dos dias, por los montes á que comiesen las frutas que -hallasen, y con lo que traian en los vientres les hacia trabajar -otros dos ó tres dias en la dicha labranza, sin dalles á comer -de cosa alguna un sólo bocado; y el trabajo de aquel labrar -es cavar todo el dia, y mucho mayor que cavar en las viñas -y huertas en nuestra España, porque es levantar la tierra que -cavan haciendo della montones, que tienen tres y cuatro piés -en cuadro y de tres ó cuatro piés ó palmos en alto, y ésto no -con azadas ni azadones que les daban, sino con unos palos -como garrotes, tostados. Así que, por esta hambre, no teniendo -que comer, y metiéndolos en tan grandes trabajos, fué más -vehemente y más en breve la muerte de aquella gente que en -otra parte. Y como llevaban los hombres y mujeres sanos á las -minas y á los otros trabajos, y quedaban en los pueblos solos -los viejos y enfermos sin que persona los socorriese y remediase, -allí perecian todos de angustia y enfermedad sobre la -rabiosa hambre; yo vide algunas veces, andando camino en -aquellos dias por aquella isla, entrando en los pueblos, dar voces -los que estaban en las casas, y entrando á vellos, preguntando -qué habian, respondian: hambre, hambre, hambre. Y porque -no dejaban hombre ni mujer que se pudiese tener sobre sus -piernas que no llevasen á los trabajos, á las mujeres paridas -que tenian sus hijos y hijas chiquitas, secándoseles las tetas con -la poca comida y con el trabajo, no teniendo con que criallas, -se les morian; por esta causa se murieron en obra de tres meses -7.000 niños y niñas, y así se escribió al Rey católico por<span class="pagenum"><a name="Page_252" id="Page_252">[252]</a></span> -persona de crédito que lo habia inquirido. Tambien acaeció -entónces que, habiendo dado en repartimiento á oficial del Rey -300 indios, tanta priesa les dió, echándolos á las minas y en -los demas servicios, que en tres meses no le restaron más del -diezmo vivos.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_253" id="Page_253">[253]</a></span></p> - -<h2 id="LXXIX">CAPÍTULO LXXIX.</h2></div> - - -<p>Llevando este camino, y cobrando de cada dia mayor -fuerza esta vendimia de gentes, segun más crecia la cudicia, -y así más número dellas pereciendo, el clérigo Bartolomé de -las Casas, de quien arriba en el cap. 28 y en los siguientes -alguna mencion se hizo, andaba bien ocupado y muy solícito -en sus granjerías, como los otros, enviando indios de su repartimiento -en las minas á sacar oro y hacer sementeras, y aprovechándose -dellos cuanto más podia, puesto que siempre tuvo -respecto á los mantener, cuanto le era posible, y á tratallos -blandamente, y á compadecerse de sus miserias, pero ningun -cuidado tuvo más que los otros de acordarse que eran hombres -infieles, y de la obligacion que tenia de dalles doctrina, -y traellos al gremio de la Iglesia de Cristo; y porque Diego -Velazquez, con la gente española que consigo traia, se partió -del puerto de Xagua para hacer y asentar una villa de españoles -en la provincia donde se pobló la que llamó de Sancti-Espíritus, -y no habia en toda la isla clérigo ni fraile, despues -de en el pueblo de Baracóa donde tenian uno, sino el dicho -Bartolomé de las Casas, llegándose la Pascua de Pentecostés, -acordó dejar su casa que tenia en el rio de Arimáo, la penúltima -luenga, una legua de Xagua, donde hacia sus haciendas, -é ir á decilles misa y predicalles aquella Pascua. El cual, -estudiando los sermones que les predicó la Pascua, ó otros -por aquel tiempo, comenzó á considerar consigo mismo sobre -algunas autoridades de la Sagrada Escritura, y, si no me he -olvidado, fué aquella la principal y primera del Eclesiástico, -capítulo 34. <i>Immolantes ex iniquo oblatio est maculata</i>, etc., comenzó, -digo, á considerar la miseria y servidumbre que padecian -aquellas gentes. Aprovechóle para ésto lo que habia oido<span class="pagenum"><a name="Page_254" id="Page_254">[254]</a></span> -en esta isla Española decir y experimentado, que los religiosos -de Sancto Domingo predicaban, que no se podian tener con -buena conciencia los indios, y que no querian confesar ó absolver -á los que los tenian, lo cual el dicho Clérigo no aceptaba; -y queriéndose una vez con un religioso de la dicha -Órden, que halló en cierto lugar, confesar, teniendo el Clérigo -en esta isla Española indios, con el mismo descuido y ceguedad -que en la de Cuba, no quiso el religioso confesalle, y pidiéndole -razon por qué, y dándosela, se la refutó el Clérigo con frívolos -argumentos y vanas soluciones, aunque con alguna apariencia, -en tanto que el religioso le dijo: «Concluí, padre, con -que la verdad tuvo siempre muchos contrarios y la mentira -muchas ayudas.» El Clérigo luégo se le rindió, cuanto á la -reverencia y honor que se le debia, porque era el religioso -veneranda persona y bien docto, harto más que el padre Clérigo, -pero cuanto á dejar los indios no curó de su opinion. Así -que, valióle mucho acordarse de aquella su disputa y áun confusion -que tuvo con el religioso, para venir á mejor considerar -la ignorancia y peligro en que andaba, teniendo los indios como -los otros, y confesando sin escrúpulo á los que los tenian y -pretendian tener, aunque le duró ésto poco; pero habia muchos -confesado en esta isla Española que estaban en aquella -damnacion. Pasados, pues, algunos dias en aquesta consideracion, -y cada dia más y más certificándose, por lo que leia -cuanto al derecho y vía del hecho, aplicando lo uno á lo otro -determinó en sí mismo, convencido de la misma verdad, ser -injusto y tiránico todo cuanto cerca de los indios en estas Indias -se cometia. En confirmacion de lo cual, todo cuanto leia -hallaba favorable, y solia decir é afirmar, que, desde la primera -hora que comenzó á desechar las tinieblas de aquella ignorancia, -nunca leyó en libro de latin ó de romance, que fueron, en -cuarenta y cuatro años, infinitos, en que no hallase ó razon ó -autoridad para probar y corroborar la justicia de aquestas indianas -gentes, y para condenacion de las injusticias que se les -han hecho, y males y daños. Finalmente, se determinó de -predicallo; y porque, teniendo él los indios que tenia, tenia<span class="pagenum"><a name="Page_255" id="Page_255">[255]</a></span> -luégo la reprobacion de sus sermones en la mano, acordó, para -libremente condenar los repartimientos ó encomiendas como -injustas y tiránicas, dejar luégo los indios y renunciarlos en -manos del gobernador Diego Velazquez, no porque no estaban -mejor en su poder, porque él los tractaba con más piedad, y -lo hiciera con mayor desde allí adelante, y sabia que dejándolos -él los habian de dar á quien los habia de oprimir é fatigar -hasta matallos, como al cabo los mataron, pero porque, -aunque les hiciera todo el buen tractamiento que padre pudiera -hacer á hijos, como él predicara no poderse tener con -buena conciencia, nunca le faltaran calumnias diciendo: -«al fin tiene indios, ¿por qué no los deja, pues afirma ser tiránico?» -acordó totalmente dejallos. Y para que del todo ésto -mejor se entienda, es bien aquí reducir á la memoria la compañía -y estrecha amistad que tuvo este Padre con un Pedro -de la Rentería, hombre prudente y muy buen cristiano, de -quien arriba en el cap. 32 hobimos algo tocado. Y como fuesen -no sólo amigos pero compañeros en la hacienda, y tuviesen -ambos sus repartimientos de indios juntos, acordaron entre sí -que fuese Pedro de la Rentería á la isla de la Jamáica, donde -tenia un hermano, para traer puercas para criar y maíz -para sembrar, y otras cosas que en la de Cuba no habia, -como quedase del todo gastada, como queda declarado, y -para este viaje fletaron una carabela del Rey en 2.000 castellanos. -Pues como estuviese ausente Pedro de la Rentería, y -el Padre clérigo determinase dejar los indios, y predicar lo -que sentia ser obligado para desengañar los que en tan profundas -tinieblas de ignorancia estaban, fué un dia al gobernador -Diego Velazquez, y díjole lo que sentia de su propio -estado, y dél mismo que gobernaba y de los demas, afirmando -que en él no se podian salvar, y que, por salir de peligro -y hacer lo que debia á su oficio entendia en predicarlo, por -tanto determinaba renunciar en él los indios, y no tenellos á su -cargo más, por eso que los tuviese por vacuos y hiciese dellos -á su voluntad; pero que le pedia por merced, que aquello -fuese secreto y que no los diese á otro hasta que Rentería<span class="pagenum"><a name="Page_256" id="Page_256">[256]</a></span> -volviese de la isla de Jamáica donde estaba, porque la hacienda -y los indios, que ambos indivisamente tenian, padecerian -detrimento, si, ántes que viniese, alguno á quien diese los -indios del dicho Padre en ella y en ellos entraba. El Gobernador, -de oirle cosa tan nueva y como monstruosa, lo uno porque -siendo clérigo y en las cosas del mundo, como los otros, azolvado, -fuese de la opinion de los frailes dominicos, que aquello -habian primero intentado y que se atreviese á publicallo, lo -otro que tanta justificacion y menosprecio de hacienda temporal -en él hobiese, que, teniendo tan grande aparejo como tenia -para ser rico en breve, lo renunciase, mayormente que comenzaba -á tener fama de cudicioso, por verle ser diligente cerca -de las haciendas y de las minas, y por otras semejantes señales, -quedó en grande manera admirado, y díjole, haciendo más -cuenta de lo que al Clérigo tocaba en la hacienda temporal, -que al peligro en que él vivia mismo, como cabeza y principal -en la tiranía que contra los indios en aquella isla se perpetraba: -«Mirad, Padre, lo que haceis, no os arrepintais, -porque por Dios que os querria ver rico y prosperado, y por -tanto no admito la dejacion que haceis de los indios; y porque -mejor lo considereis, yo os doy quince dias para bien pensarlo, -despues de los cuales me podeis tornar á hablar lo que -determináredes.» Respondió el Padre clérigo: «Señor, yo -rescibo gran merced en desear mi prosperidad, con todos los -demas comedimientos que vuestra merced me hace, pero haced, -señor, cuenta que los quince dias son pasados, y plega á -Dios que, si yo me arrepintiere deste propósito que os he manifestado, -y quisiere tener los indios y por el amor que me -teneis quisiéredes dejármelos, ó de nuevo dármelos y me oyéredes, -aunque llore lágrimas de sangre, Dios sea el que rigurosamente -os castigue, y no os perdone este pecado. Sólo -suplico á vuestra merced, que todo ésto sea secreto y los indios -no los deis á ninguno hasta que Rentería venga, porque -su hacienda no reciba daño.» Así se lo prometió y lo guardó, -y desde adelante tuvo en mucha mayor reverencia al dicho -Clérigo, y cerca de la gobernacion, en lo que tocaba á los<span class="pagenum"><a name="Page_257" id="Page_257">[257]</a></span> -indios, y áun á lo del regimiento de su misma persona, hacia -muchas cosas buenas, por el crédito que cobró dél como si le -hobiera visto hacer milagros; y todos los demas de la isla comenzaron -á tener otro nuevo concepto dél que tenian de -ántes, desque supieron que habia dejado los indios, lo que -por entónces y siempre lo ha sido estimado por el sumo argumento -que de santidad podia mostrarse; tanta era y es la -ceguedad de los que han venido á estas partes. Publicóse -aqueste secreto, de esta manera: que predicando el dicho -Clérigo, dia de la Asuncion de Nuestra Señora, en aquel lugar -donde se dijo que estaba, tractando de la vida contemplativa -y activa, que es la materia del Evangelio de aquel dia, tocando -en las obras de caridad, espirituales y temporales, fuéle -necesario mostrarles la obligacion que tenian á las complir -y ejercitar en aquellas gentes, de quien tan cruelmente se -servian, y reprender la mision, descuido y olvido en que vivian -dellas, por lo cual, le vino al propósito descubrir el concierto -secreto que con el Gobernador puesto tenia, y dijo: -«Señor, yo os doy licencia que digais á todos los que quisiéredes -cuánto en secreto concertado habiamos, y yo la tomo -para á los presentes decirlo.» Dicho ésto, comenzó á declararles -su ceguedad, injusticias, y tiranías, y crueldades que -cometian en aquellas gentes inocentes y mansísimas, como no -podian salvarse teniéndolos repartidos, ellos y quien se los repartia -la obligacion á restitucion en que estaban ligados, y que -él, por conocer el peligro en que vivia, habia dejado los indios, -y otras muchas cosas que á la materia concernian. Quedaron -todos admirados y áun espantados de lo que les dijo, y algunos -compungidos, y otros como si lo soñaran, oyendo cosas tan -nuevas como eran decir, que sin pecado no podian tener los -indios en su servicio, como si dijeran que de las bestias del -campo no podian servirse no lo creian.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_258" id="Page_258">[258]</a></span></p> - -<h2 id="LXXX">CAPÍTULO LXXX.</h2></div> - - -<p>Esto predicado aquel dia, y despues muchas veces repetido -en otros sermones, cuando dello hablar ocasion se le ofrecia, -viendo que aquella isla llevaba el camino que llevó esta Española -para ser en breve destruida, y que maldad tan tiránica -y de tantas gentes vastativa no podia estirparse sino dando noticia -al Rey, deliberó, como quiera que pudiese, aunque no tenia -un solo maravedí, ni de donde habello sino de una -yegua que tenia que podia valer hasta 100 pesos de oro, ir á -Castilla y hacer relacion al Rey de lo que pasaba, y pedirle -con instancia el remedio para obviar á tantos males. Asentado -este propósito, escribió á Pedro de la Rentería, su verdadero -amigo y compañero en las haciendas, que estaba, segun se dijo, -en Jamáica, como él tenia determinado de ir á Castilla por -cierto negocio de grande importancia, el cual era tal que le -constreñia en tanto grado, que si no se daba prisa en su venida -sin esperallo se partiria, cosa no imaginable para el bueno de -Rentería. Y contaré aquí una cosa de consideracion harto digna, -ésta es, que como Rentería fuese siervo de Dios, y de las -calamidades de aquestas gentes muy compasivo, no dejaba de -pensar algunas veces en ellas y de los remedios que podian -venirles; el cual, estando toda una Cuaresma en un monasterio -de Sant Francisco, que á la sazon habia en aquella isla, en tanto -que su despacho para la de Cuba se concluia, y su ocupacion -fuese darse á devocion, de la cual era él harto amigo, vínole -al pensamiento la aprension de aquellas gentes, y la triste -vida que padecian, y que sería bien procurarles algun remedio -del Rey, aunque no fuese á todos, al ménos á los niños -(porque sacallos á todos del poder de los españoles juzgábalo -ser imposible), de donde vino á dar en que se debia<span class="pagenum"><a name="Page_259" id="Page_259">[259]</a></span> -de pedir al Rey poder y autoridad para hacer ciertos colegios, -y allí recoger los niños todos y doctrinarlos, los cuales al ménos -se librarian de aquella perdicion y mortandad, y se salvarian -los que Dios tuviese para sí determinados. Con este -propósito y á este fin determinó de, volviendo á la isla de Cuba, -pasar á Castilla y pedir la dicha facultad al Rey; por manera -que ambos á dos compañeros, el Clérigo y el buen Rentería, -que, cierto, era bueno, tuvieron cuasi en un tiempo un motivo -de compasion de aquestas gentes, y se determinaron de ir á -Castilla á procuralles remedio de sus calamidades con el Rey, -sin que el uno supiese del otro, ántes distando 200 leguas el -uno del otro. Rescibida, pues, la carta del padre Casas, Rentería -dióse cuanta prisa pudo á se partir de la isla de Jamáica á -la de Cuba, el cual, llegando una legua ó dos del puerto donde -acaeció estar el Gobernador y el Padre clérigo con la demas -gente, como vieron venir la carabela, fué luégo el Clérigo en -una canoa á rescibir á su Rentería, y subido en la carabela y -abrazados, como personas que bien se querian, dijo Rentería: -«¿Qué fué lo que me escribistes de ir á Castilla? no habeis de -ir vos sino yo á Castilla, porque á lo que yo he determinado -de ir es cosa que desque yo os la diga holgareis que yo tome -aquel camino.» Dijo el Clérigo: «Ahora bien, vamos á tierra y -desque yo os descubra cuál es el fin por qué deliberé ir á -Castilla, yo se que vos terneis por bien de no ir, sino que yo -vaya.» Idos á tierra y rescibido Rentería del Gobernador, y de -todos visitado con mucho placer, porque de todos era muy -amado, llegada la noche, quedando solos, acordaron de descubrirse -la causa que cada uno pretendia de su jornada, y, con -una amigable contienda sobre quién diria primero, concedió -Rentería, como era muy humilde, descubrir su intento y el fin -dél ántes. «Yo, dijo él, he pensado algunas veces en las miserias -y angustias y mala vida que estas gentes pasan, y cómo -todas cada dia, como en la Española, se consumen y acaban, -háme parecido que sería piedad ir á hacer relacional Rey dello, -porque no debe saber nada, y pedille que al ménos nos diese -licencia para hacer algunos colegios donde los niños se criasen<span class="pagenum"><a name="Page_260" id="Page_260">[260]</a></span> -y enseñasen, y de tan violenta y vehemente muerte los escapásemos.» -Oido por el Padre clérigo su motivo y causa, quedó -admirado y dió gracias á Dios, pareciéndole que debia ser su -propósito, de ir á procurar el remedio destas gentes, divinalmente -ordenado, pues por un tan buen hombre como Rentería -era, sin saber dél, ántes, como se dijo, estando muy apartados, -se le confirmaba; el cual le respondió: «Pues sabed, señor y -hermano, que no es otro mi propósito sino ir á buscar el total -remedio destos desventurados, que así los vemos perecer, no -advirtiendo su perdicion y nuestra condenacion, insensibles -hechos como hombres ciegos é inhumanos, porque sabed que -yo he mirado mucho y estudiado esta materia desde tal -dia, que estaba para predicar en tal parte, y hallo que ni el -Rey, ni otro poder que haya en la tierra, puede justificar en -estas Indias nuestra tiránica entrada, ni estos repartimientos -infernales donde les matamos y asolamos estas tierras, como -parece en la isla Española, y en la de Sant Juan, y Jamáica, y -todas las de los Lucayos, y para ésto, allende que los mismos -efectos que de nuestras obras han salido y cada dia salen, -condenan nuestra tiranía y maldad, pues á tantas gentes inocentes -habemos echado en los infiernos sin fe y sin Sacramentos -con tan grandes estragos, tengo esta razon y ésta, y -ved aquí ésta y éstas autoridades, y baste decir, en suma, que -todo cuanto hacemos y habemos hecho es contra la intencion -de Jesucristo, y contra la forma que de la caridad en su Evangelio -nos dejó tan encargada, y á todo contradice, si bien lo -mirais, toda la Escritura Sagrada; y sabed que lo he predicado, -y ésto y ésto ha pasado, y Diego Velazquez y muchos de -los que me han oido están harto suspensos y compunctos algo, -mayormente viendo que los indios he dejado, por donde juzgan -que no me he movido en valde.» Lo cual como el bueno -de Rentería oyese, fué lleno de todo gozo y alegría, y admiracion, -y dió gracias á Dios, porque le parecia que tambien -su buen motivo y deseo abundantemente se le confirmaba, y -dijo desta manera al Padre: «Agora digo, Padre, que no yo, -sino vos, habeis de ir, é conviene que vayais á Castilla, y re<span class="pagenum"><a name="Page_261" id="Page_261">[261]</a></span>presenteis -al Rey todos los males y perdicion destas gentes, -que acá pasan, y pidais el remedio necesario, pues sabreis -mejor fundar lo que dijéredes como letrado, y para ello tomad -nuestra hacienda y de todo lo que yo en esa carabela -traigo, y háganse dineros los que se pudieren haber, y llevad -con que podais estar en la corte todo el tiempo que fuere necesario -para remediar estas gentes, y Dios, nuestro Señor, sea -el que siempre os encamine y mampare.» Traia en la carabela -muchos puercos y puercas, y pan caçabí, de que habia -entónces, como arriba está dicho, en aquella isla gran necesidad, -y, de maíz y otras cosas que valian, harto; de lo cual y -de lo que más tenian de presente se hicieron algunos dineros -que llevó el Padre en buena cantidad, conque pudo estar en -la corte los años que abajo parecerá, puesto que, con mucho -ménos que despues, que sucedió la careza en aquellos reinos, -podian los hombres en ellos pasar. Habíanse descubierto unas -minas ricas en la provincia Cubanacan, que está á la mar del -Norte, que quiere decir en la mitad de Cuba, y porque eran -ricas, determinó Diego de Velazquez que las gozasen sólos los -del Consejo del Rey, como el obispo de Búrgos y el secretario -Conchillos, y los demas, por cuya causa reservó todos los -pueblos comarcanos de indios de aquellas minas, para dárselos -que les sacasen oro, y así aplicó á uno 30 y á otro 40, segun -más propíncuo ser él entendia, donde al cabo todos perecieron. -En este tiempo vinieron aportar muchos caballeros -aquella isla, y donde Diego Velazquez estaba, del Darien, de -los que habia llevado Pedrárias, hambrientos y perdidos, y -allí se les dió de comer, algunos de los cuales fueron despues -crudelísimos para los indios.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_262" id="Page_262">[262]</a></span></p> - -<h2 id="LXXXI">CAPÍTULO LXXXI.</h2></div> - - -<p>En estos dias fueron enviados por el reverendo fray Pedro -de Córdoba, de quien arriba mucho hablamos, desta isla Española -á la de Cuba, cuatro religiosos, sacerdotes los tres, y -el uno diácono de su órden de Sancto Domingo, personas -señaladas en vida y letras, llamados fray Gutierre de Ampudia, -por Vicario dellos, persona de gran virtud y religion, fray -Bernardo de Sancto Domingo, muy docto y muy religioso, fray -Pedro de Sant Martin, buen predicador, y fray Diego de Alberca, -diácono, los cuales fueron enviados y ellos iban con gran -propósito y celo de predicar y convertir las gentes de aquella -isla. Fué grande el placer que Diego Velazquez, Gobernador, -hobo de su venida, pero mucho mayor fué el gozo y consolacion -que el padre Casas rescibió de vellos; lo uno, porque siempre -fué devoto de religiosos, y en especial de los de Sancto Domingo, -y lo otro, por autorizar su doctrina en lo que habia -predicado contra la opresion y servidumbre que padecian -aquellas gentes, que por muy nueva y rigurosa se tenia, y -esperaba que, como letrados y de mucha autoridad, se la -favorecerian y aprobarian, y si mucho gozo el dicho Padre -rescibió con la llegada de los dichos religiosos, no ménos fué -la que hobieron ellos de hallar clérigo que les diese noticia -de la tierra, y de las obras de los españoles, y de las cosas -della, mayormente desque supieron que trataba de defender -la libertad de los indios, y reprender la servidumbre y tiranía -que padecian; y, cierto, les pareció que les habia proveido -Dios lo que habian menester, como si les hobiera enviado un -ángel del cielo. Y porque llegaron en Cuaresma, cuatro dias -ántes del Domingo que dicen de Lázaro, ó <i>Dominica in Passione</i>, -dió el clérigo Casas lugar que predicasen los dos de<span class="pagenum"><a name="Page_263" id="Page_263">[263]</a></span> -los religiosos, que eran predicadores, y no quiso predicar -hasta las octavas de Pascua; predicó luégo, otro dia que llegaron, -el padre fray Bernardo de Sancto Domingo, que era el -más letrado, y tomó por tema <i>Operibus credite</i>, porque aquel -Evangelio en aquel dia se cantaba, y en el sermon dió á entender -á los españoles la caridad con que la Órden se habia -movido á los enviar, por provecho y utilidad espiritual dellos, -y en testimonio desto creyesen á las obras, que eran venir -de España y ir desta isla á aquella con muchos trabajos. Predicaron -despues por la Semana Santa y la Pascua, y fueron -sermones que á todos edificaron y contentaron. Para las octavas -de Pascua, rogaron al Padre clérigo que predicase, porque -deseaban oille; aceptólo él, y para que la doctrina que -por siete ú ocho meses habia contra la opresion de los indios -predicado se rectificase, porque unos no lo creian que oprimir -y matar hombres fuese pecado, otros dudaban, otros burlaban, -otros murmuraban, recogió todas las proposiciones -que cerca de aquella materia en todo aquel tiempo habia predicado, -y las más ásperas y rigorosas, y todas juntas las -tornó en presencia de los religiosos á repetir y afirmar con -más vehemencia y libertad que ántes las habia dicho. Los religiosos -quedaron admirados de su hervor y cuán sin temor -afirmaba cosa tan nueva, y para ellos tan amarga, diciéndoles -que en aquel estado no se podian salvar; estuvieron juntamente -los religiosos gozosos, viendo que hobiese clérigo que, lo que -ellos de aquella materia sentian y predicaban, predicase tan -libremente por verdad, y fué grande la estima que dél tuvieron -y el amor que le mostraron, el cual les informó de las matanzas -que habian los nuestros en los indios perpetrado, el ansia -de la cudicia en que por haber oro, con el inestimable daño -y riesgo de la vida de los indios, se ocupaban, las criaturas, -niños y mujeres que, por el hambre y trabajos, cada dia perecian, -con todo lo demas que al mal estado que la isla tenia -tocaba. Fuéles aquesta informacion del padre Casas, como de -quien lo habia todo bien visto, á los religiosos grande ayuda para -en breve conocer haber sido de su fin, que era la predicacion y<span class="pagenum"><a name="Page_264" id="Page_264">[264]</a></span> -conversion de aquellas gentes, defraudados, y para lo que de -sí debian disponer determinarse. Mostró ciertos sermones escritos -al dicho padre fray Bernardo, que ántes que viniesen -habia contra la dicha tiranía predicado, y díjole con juramento -que si supiera que en aquella isla habia persona que -aquello predicaba que nunca á ella asomara, porque, pues por -aquella doctrina no se enmendaban ni dejaban de matar, no -esperaba él con sus sermones aprovecharles algo. Predicó -luégo el siguiente domingo el mismo padre fray Bernardo, y -tomó por tema <i>Ego sum pastor bonus</i>, aplicando todo su sermon -á dalles á entender que no eran pastores de aquellas -gentes, sino mercenarios y tiranos y lobos hambrientos que -las despedazaban y tragaban; quedaron los nuestros españoles -de aquel sermon harto espantados y turbados, aunque no enmendados. -Y como viesen y oyesen cada dia los religiosos que -con ninguna misericordia los indios eran tractados, y que perecian -de golpe á manadas, predicó el dicho padre fray Bernardo, -dia de la Santísima Trinidad, y hizo un sermon tan -conminatorio y terrible, que hizo áun al mismo Clérigo temblar -las carnes, diciendo entre otras palabras: «Ya os habemos -predicado, despues que vinimos, el estado malo en que estais, -por oprimir, y fatigar, y matar estas gentes; no sólo no os -habeis querido enmendar, pero, segun tenemos entendido, cada -dia lo haceis peor, derramando la sangre de tantas gentes sin -haberos hecho mal; yo pido á Dios que la sangre que por -ellos derramó sea juez y testigo contra vuestra crueldad, el -dia del juicio, donde no terneis excusa alguna, pretendiendo -ignorancia de que no se os dijo y requirió, declarándoseos la -injusticia que haceis á estas gentes, y vosotros mismos sois de -vuestras obras testigos y sereis de las penas que por ellas os -están por venir.» Añadió otras muchas palabras para exasperacion -de aquella tiranía, de lo cual quedaron todos harto -tristes, las cabezas todas caidas, pero no que quedase alguno -convertido. Y acaeció allí luégo un terrible caso, que el dia -de Corpus Christi siguiente, que es cuatro dias despues del -domingo de la Santísima Trinidad, lidiaron un toro ó toros, y<span class="pagenum"><a name="Page_265" id="Page_265">[265]</a></span> -entre otros españoles habia uno allí, llamado Salvador, muy -cruel hombre para con los indios, el cual fué vecino de una -villa llamada el Bonao, en esta isla, 20 leguas la tierra dentro -del puerto y ciudad de Sancto Domingo, y tractaba tan mal los -indios que tenia que lo tenian por diablo; del cual se dijo que -estando un fraile de Sant Francisco predicando á aquellos sus -indios ó á otros, de como Dios era Salvador del mundo, y que -era bueno, y hacia bien á los hombres, comenzaron á escupir é -blasfemar del Salvador, afirmando que no era sino muy malo -y cruel hombre que los afligia y mataba, estimando que el -religioso les loaba á aquel pecador, Salvador. Así que aqueste -Salvador pasó desta isla á la de Cuba, donde tambien comenzó -á usar de sus crueldades con los indios, y se halló aquel dia de -Corpus Christi con los otros que dije haber lidiado los toros, y -viniendo, despues de lidiados, todos juntos saltando y holgándose, -y él entrando en su posada echóse hablando y riendo á -descansar sobre una arca, y así como se echó dió un grito diciendo -¡ay!, y súbitamente espiró. Muerte fué que espantó á -muchos, pero ninguno se enmendó, y algunos la tuvieron por -misterio y señal que quiso Dios mostrar aprobando la protestacion -del padre fray Bernardo, que el dia de la Santísima -Trinidad habia hecho, por la sangre humana que habia aquel -derramado, y que en dia del Cuerpo y Sangre de Jesucristo -fuese castigado. Luégo los religiosos determinaron que el Vicario -suyo y padre fray Gutierre de Ampudia volviese á esta -isla Española, con el Clérigo que determinaba ir á Castilla, -para dar noticia y razon á su Prelado mayor que era el dicho -padre venerando fray Pedro de Córdoba, viendo que ningun -provecho esperaban hacer en aquella isla á los indios ni á los -españoles, á los indios por la opresion mortífera que padecian, -ni á los españoles juzgándolos por de mal estado é indignos -de los Santos Sacramentos de la Iglesia, pues por sus cudicias -consumian la gente de aquella isla, y no dudaban que la habian -de despoblar como habian hecho, algunos dellos y otros, esta. -Y porque consideró el dicho Clérigo que se ponia en negocio -por el cual habia de ser odiosísimo á muchos á quienes toca<span class="pagenum"><a name="Page_266" id="Page_266">[266]</a></span>ba, -así á los del Consejo del Rey que tenian indios en estas -islas, como á todos los españoles que vivian en ellas, y por -consiguiente habian de blasfemar dél y quizá levantarle testimonios -falsos, mayormente decir que repugnaba al servicio -del Rey, hizo una peticion á un Alcalde que interpusiese su -autoridad á una probanza que queria hacer, <i>ad perpetuam rei -memoriam</i>, de los servicios que en aquella isla habia hecho á -Dios y al Rey, en tres ó cuatro años que en ella habia estado, -conviene á saber, apaciguando todas las más provincias della -cuanto á los indios, predicando, baptizando, y confesando y -celebrando cuanto á los españoles, para que si en algun tiempo -quisiese pedir al Rey mercedes sus servicios al Rey constasen; -la cual hizo muy copiosa y echó fama que se iba á -París á estudiar y graduar, y con esta disimulacion quedaron -todos, Diego Velazquez y los demas españoles, descuidados, -y así se partieron el dicho padre fray Gutierre, con un compañero, -que fué fray Diego de Alberca, diácono, y con el Clérigo, -dejando los otros dos religiosos, fray Bernardo y fray -Pedro, hasta que otra cosa el Vicario general, fray Pedro de -Córdoba, proveyese. Llegaron todos tres, los dos religiosos y -el Clérigo, al puerto de la Yaguana, que es en esta isla, y de -allí á villa de la Vera Paz, ó Xaraguá, que áun no estaba despoblada, -donde el padre fray Gutierre se halló algo indispuesto -de una calentura, y, porque no se hallaron tan presto -cabalgaduras para todos tres, acordóse que se fuese el padre -fray Gutierre, cabalgando, por estar enfermo, y el compañero -á pié, camino de la villa de Sant Juan de la Maguana, -que estaba de allí 30 leguas, y que el Clérigo, en hallando -cabalgadura, iria tras ellos. Y fueron tantos los dias que no se -pudo partir, que, creyendo que no los podia alcanzar, acordó -de ir por otro camino más breve, que se llamaba el de Careybana, -que iba á se juntar con el otro de Sant Juan de la -Maguana en la villa de Açua, 20 leguas de la dicha villa de -Xaraguá ó Vera Paz. Yendo, pues, el padre fray Gutierre -con su compañero hácia Sant Juan de la Maguana, á dos ó -tres jornadas salidos de Xaraguá, agravósele el mal, y llegados<span class="pagenum"><a name="Page_267" id="Page_267">[267]</a></span> -á una venta ó hato de vacas no pudo pasar adelante, y, queriéndole -Dios dar el pago de sus trabajos y virtud, creciéndole -su mal estaba muy penado porque no llegaba el clérigo -Casas, su compañero, para se confesar. El cual, estando en -esta tristeza, consólole Dios, con que acaso llegó un clérigo -que era cura del mismo pueblo de Xaraguá, que venia de la -ciudad de Sancto Domingo, con el cual se confesó y consoló, -y luégo desde á poco dió el ánima á quien la crió. Túvose -aquella llegada de aquel cura, en tal tiempo y necesidad, por -obra muy cierta de Dios que le quiso galardonar lo mucho -que le habia servido en oir confesiones, á lo cual era muy -dedicado con mucho celo y devocion, y así ordenó nuestro -Señor que á aquel, para su consuelo en el artículo de la muerte, -no faltase quien le confesase; de donde parece, que no sólo -tiene Dios cuidado de remunerar á sus siervos en la otra vida, -segun lo que en ésta por su amor trabajan, pero tambien consuela -en ella por la misma órden que le agradan, como á los -malos en este y en el otro mundo dá de sus obras la paga. A -esta sazon envió Diego Velazquez á Pánfilo de Narvaez, por -procurador de aquella isla, á Castilla, para que les diesen los -indios perpétuos, segun creí, é alcanzar otras mercedes, y á -vueltas dellas que le hiciese Gobernador della, <i>inmediate</i> á él -y no al Almirante, segun despues se dijo.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_268" id="Page_268">[268]</a></span></p> - -<h2 id="LXXXII">CAPÍTULO LXXXII.</h2></div> - - -<p>En este tiempo que bullia la riqueza de aquella isla, presentó -el Rey para Obispo della á un su predicador, fraile de -Sancto Domingo, llamado fray Bernardo de Mesa, de quien -arriba en los capítulos 9.º y siguientes hablamos, el cual nunca -fué á ella, ó porque el Rey en breve murió, ó porque como -habia dado parecer contra los indios no acertado, por creerse -fácilmente de las falsedades de los tiranos, de gozar del gran -fructo que allí pudiera hacer, si acertara en defender sus ovejas -y doctrinallas, fué indigno. Salido el padre fray Gutierre, con -su compañero y el clérigo Casas, de la isla de Cuba, cresció -la crueldad inhumana que los nuestros usaban con las gentes -della cada dia más y más; los opresos indios, viéndose cada -dia morir, comenzaron á huir de las minas y de los otros trabajos -en que los mataban de pura hambre, y contino y excesivo -tormento y trabajo; los españoles, que para los tener -siempre en servicio clavados no les faltan medios y mañas, -procuraron de por muchas maneras irlos á montear, entre -otras, comenzaron á criar lebreles y perros bravos que los -despedazaban, de los cuales, por huir é no vellos, vivos se enterraran. -Pasábanse huyendo á las isletas de que la isla está -cercada de una parte y de otra, digo de la del Sur y del -Norte, que dijimos llamarse el Jardin de la Reina y el Jardin -del Rey, de donde los traian, y trayendo los afligian, angustiaban -y amargaban y ejercitaban en ellos, para que escarmentasen -y no se huyesen, castigos y crueldades estrañas. -Viéndose los infelices, aunque inocentes, que por ninguna -parte podian remediar ni obviar á su perdicion, ni de la muerte, -y muertes dobladas tan ciertas y horrendas, escaparse, -acordaron de ahorrar al ménos de la una, que por ser tan<span class="pagenum"><a name="Page_269" id="Page_269">[269]</a></span> -luenga tenian por más intolerable, y esta era la vida, que -muriendo vivian, amarga, por salir de la cual comenzáronse -de ahorcar; y acaeció ahorcarse toda junta una casa, padres y -hijos, viejos y mozos, chicos y grandes, y unos pueblos convidaban -á otros que se ahorcasen porque saliesen de tan diuturno -tormento y calamidad. Creian que iban á vivir á otra parte -donde tenian todo descanso, y de todas las cosas que habian -menester abundancia y felicidad, y así sentian y confesaban la -inmortalidad del ánima, y esta opinion por todas las Indias la -habemos hallado, lo que muchos ciegos filósofos negaron. De -un español, que yo cognoscí bien cognoscido, se dijo que por -su crueldad se habian muerto en esta isla Española, con el -agua ó zumo de la yuca (que, segun en nuestra Apologética -Historia dijimos, es ponzoñosa bebiéndola cruda), cantidad -de indios, y despues pasado á la de Cuba, por salir de su -infernal servidumbre, se habian ahorcado muchos más. Tambien -por una mujer española, segun era cruel, se ahorcaron -allí muchos indios, aunque, si no me he olvidado, ántes que -una manada dellos se ahorcasen la mataron. Era tanta la gente -que tomaba sabor en ahorcarse por salir de aquellos trabajos, -que ya los españoles se hallaban burlados, y de sus crueldades -les iba pesando, porque no les quedaba ya quien, en las -minas y en las otras sus invenciones de adquirir oro, ellos matasen. -Acaeció en estos dias un señalado caso y fué aqueste, -que saliendo cierto número de indios de casa ó estancia, ó de -las minas, de cierto español que los tenia encomendados, afligidos -y desesperados, con determinacion de todos en llegando -á su pueblo se ahorcar, entendido por él, va corriendo tras -ellos, y con mucha disimulacion, ya que estaban aparejando -sus sogas, díceles: «buscáme para mí una buena soga, porque -me quiero con vosotros ahorcar, porque si vosotros os ahorcais -¿para qué quiero yo vivir sin vosotros acá, pues me -dais de comer y me sacais oro? quiero irme allá con vosotros, -por no perder lo que me dais;» los cuales, creyendo -que áun con la muerte no lo podrian desechar, sino que en -la otra vida los habia de mandar y fatigarlos, acordaron de no<span class="pagenum"><a name="Page_270" id="Page_270">[270]</a></span> -se matar, sino por entónces quedarse. Finalmente, destas y -otras muchas maneras fatigados y trabajados, al cabo los -destruyeron y acabaron harto más presto que en otras partes, -y quedó aquella isla como ésta y las otras despoblada como -lo está. Viendo los españoles que se les iban todos acabando, -no tomaron por remedio aflojar en sus cudicias, y moderarles -las angustias y trabajos, sino el que en aquesta Española tomaron, -éste fué, del oro que con la sangre de aquella gente -habian allegado, hacer armadas de dos y de tres navíos para -ir á las islas de los Lucayos ó Yucayos, y otras cercanas de -tierra firme, á saltear, y de aquellos inocentes corderos que -estaban en sus tierras y casas seguros, sin hacer mal á nadie, -traer barcadas. Acaecieron en estas armadas casos nunca vistos, -ántes señalados, por los cuales mostraba Dios no ser santos -aquellos pasos ni á su divina y rectísima voluntad agradables; -destos, abajo, placiendo á Dios, algunos se referirán. En este -año de 1515 partió de Cáliz, ó del Puerto, Juan de Solís, piloto -y gran marinero, con tres navíos, para ir á descubrir -desde el cabo de Sant Agustin, que agora llaman la costa del -Brasil los portugueses, adelante hácia el Mediodia, el cual fué -costeando y pasó la línea equinoccial 30° y más, descubriendo -aquél el rio que agora dicen de la Plata, no sé por qué -ocasion, el cual nombró el dicho Juan de Solís el cabo y -rio de Sancta María. Saltó el dicho Juan de Solís con ciertos -marineros, los que pudieron caber en la barca ó batel del -navío en que iba, en cierta parte de aquella costa; los indios -lo mataron y díjose que los comieron. Yo no sé cómo pudieron -ver que los habian comido, pues no osaron parar los demas -por aquella tierra, si quizá no los comieron en la misma -costa de la mar y que desde los navíos los viesen. Por la muerte -de aquél piloto siempre oí decir no convenir que fuese por -Capitan principal de la flota ó navíos que fuesen á descubrir, -ó á poblar ó á otro algun viaje, marinero, porque, no llevando -superior, los marineros presumen de se señalar y aventúranse -á perderse á sí mismos como hizo éste, y por consiguiente -á los otros; y creo que nació esta murmuracion de que por la<span class="pagenum"><a name="Page_271" id="Page_271">[271]</a></span> -muerte de aquel Solís sucedió gran daño á todos los otros -navíos y gente que iba en ellos, por faltarles la cabeza y principal -piloto. Cargaron los navíos que restaron de brasil, que es -cierta madera con que tiñen los paños de rosado ó colorado, y -tornáronse, no sé cuántos, á España, no muy alegres ni prosperados.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_272" id="Page_272">[272]</a></span></p> - -<h2 id="LXXXIII">CAPÍTULO LXXXIII.</h2></div> - - -<p>Tornando á proseguir la historia y camino del clérigo Bartolomé -de las Casas, digamos que, llegado á la ciudad de -Sancto Domingo con deseo de hablar é dar cuenta de su propósito -al egrégio padre fray Pedro de Córdoba, halló que era -embarcado en un navío y salido del puerto con ciertos otros -religiosos de su Órden, en prosecucion de la licencia y favor -que el Rey católico le habia concedido para ir á predicar á las -gentes de la tierra firme; iban tambien con él ciertos religiosos -de Sant Francisco, extranjeros, creo que de Picardia, de -los cuales habian venido algunos á estas islas, con celo de -predicar la fe á las gentes dellas. Estos le rogaron que les diese -lugar para ir con él y ayudalle en la dicha conversion ó -predicacion; holgó mucho el padre fray Pedro de Córdoba de -los admitir á aquel su apostolado, porque siempre procuró de -conservar el amistad caritativa entre ambas á dos Órdenes. Salidos -del puerto, sucedióles tan grande tormenta de viento -contrario, que les hizo volver la proa al puerto, pero como -del mismo puerto ventase otro viento terrible, adverso, y la -corriente del rio fuese impetuosa, y las olas de la mar con -ella peleasen, toda la ciudad que los estaba mirando los tenia -por ahogados. Acudieron muchas barcas y bateles á socorrellos, -más para que si el navío se anegase, recoger la gente -que pudiese llegar á las barcas, que con pensamiento de que -la nao ó navío se podia escapar. Estando en este peligro, dijo -el padre fray Pedro al principal de los frailes Franciscos, en -latin porque no entendia nuestro romance: <i>Pater, hodie -oportet nos hic mori pro Christo</i>. Respondió el buen religioso -Francisco: <i>Sit nomen Domini benedictum</i>. Viendo los religiosos -que estaban en el monasterio á su padre fray Pedro, que estaba<span class="pagenum"><a name="Page_273" id="Page_273">[273]</a></span> -para perecer, hacian grande oracion llena de lágrimas delante -el Santísimo Sacramento, y toda la ciudad rogaba con -gran instancia á nuestro Señor que los salvase; finalmente, -plugo á la bondad y misericordia de Dios, que aflojó algo el -viento que ventaba del puerto, que los impedia entrar, y entraron -con grandísimo peligro, teniéndose su entrada por milagro. -De los barcos ó bateles que salieron á socorrellos, ó de -los que habian salido á pescar, creo fué uno ó dos los que se -perdieron, y ahogáronse algunas personas, ó que no sabian -nadar, ó que la resaca, que son las olas que quiebran en las -peñas ó en la ribera, los impidieron que no llegasen á tierra -y escapasen. Pasados algunos dias fué á visitar el clérigo Casas -al dicho padre fray Pedro de Córdoba, y á darle parte de su -venida de la isla de Cuba, y propósito, que era ir á Castilla á -informar al Rey de la perdicion de las gentes de aquella isla, -y de como llevaban el camino, para fenecer todos en breve, -que llevaron los desta isla Española. Cuéntale los estragos y -matanzas y opresiones que por sus ojos habia visto, y como -se habia convertido cayendo en el mal camino que como los -demas llevaba, y lo que á los españoles habia predicado y el -estado de perdicion en que los dejaba, y como el padre fray -Gutierre de Ampudia, viendo la poca esperanza que los religiosos -que habia enviado consigo á aquella isla tenian de que -se enmendarian ni cesarian de matar aquellas gentes, acordó -de venir á dalle parte dello para ver lo que mandaba, el -cual en el camino habia fallecido, como ya el compañero fray -Diego de Alberca le habia dicho. El padre fray Pedro de -Córdoba le loó mucho su obra y su propósito, y se holgó de -cognoscerle, y más porque siendo clérigo le hobiese Dios inspirado -verdad tan cierta, en que tantos de todas profesiones -y estados erraban, y animóle á la prosecucion de su propósito, -y entre otras palabras le dijo estas: «Padre, vos no -perdereis vuestros trabajos porque Dios terná buena cuenta -dellos, pero sed cierto, que, miéntras el Rey viviere, no -habeis de hacer, cerca de lo que deseais y deseamos, nada.» -Entendida la causa, no se creyó ser otra sino que, como el Rey<span class="pagenum"><a name="Page_274" id="Page_274">[274]</a></span> -tenia tanto crédito del obispo de Búrgos, y del secretario -Lope Conchillos, y éstos estaban errados, aunque arraigados -en aquel error, que los españoles podian sin ningun escrúpulo -de conciencia tener los indios repartidos y servirse dellos, -parecíale ser imposible de aquella falsa opinion desarraigallos, -mayormente teniendo ellos mismos y otros del Consejo del -Rey tantos indios. El clérigo Casas, puesto que le pesó de oir -tal palabra, pero no por eso desmayó, porque pareció que -Dios le daba y dió celo y deseo de procurar el remedio de -aquellos desdichados, y con ello gran perseverancia, y así -respondió al Padre: «Padre, yo probaré todas las vías que pudiere, -y me porné á todos los trabajos que se me ofrecerán, -por alcanzar el fin de lo que he comenzado, y espero que -nuestro Señor me ayudará, y cuando no lo alcanzase habré -hecho lo que debia, como cristiano, vuestra reverencia me encomiende -á Dios y haga siempre encomendar.» Rescibió mucho -placer y gozo el padre fray Pedro de verle con tan buen -ánimo, y desde allí le comenzó á mucho amar, y fué creciendo -cada dia, como parecerá, en tanto grado, que no se cree haber -amado más á ninguno de sus frailes; y porque padecian grandes -necesidades los religiosos en aquella casa, por su mucha -pobreza, mayormente por no tenerla hecha, sino un pedazo, -acordó de enviar á Castilla, en el navío que iba el Clérigo, al -padre fray Anton Montesino, el que arriba dijimos haber predicado -primero, contra esta tiránica maldad, hombre bueno -y de conato y eficacia, para que pidiese al Rey limosna para -hacer la iglesia y casa, y tambien para que, si se le ofreciese -ocasion, al Clérigo, pudiendo, ayudase. Y así, por el mes de -Setiembre del año de 1515 se embarcó el Clérigo, y el dicho -Padre, con otro compañero suyo, en una misma nao, los -cuales, por la gracia de Dios, llegaron á Sevilla, con próspero -viaje; fuese á su monasterio el padre fray Anton Montesino, -con su compañero, y el Clérigo á casa de sus deudos, -por ser de allí natural, y en pocos dias se dió priesa y despachó -para la corte, que á la sazon en Plasencia estaba. El -arzobispo de Sevilla, don fray Diego de Deza, de la órden de<span class="pagenum"><a name="Page_275" id="Page_275">[275]</a></span> -Sancto Domingo, á quien el Rey católico mucho amaba, le -habia escripto que se fuese Su Alteza á Sevilla, porque era -buena tierra para viejos, y como el Rey andaba ya muy enfermo, -acordó desde Búrgos irse allá. El padre fray Anton -Montesino dió noticia al Arzobispo del dicho padre clérigo -Casas, y los buenos deseos que tenia y cuán adelante estaba -en la defensa de los indios, y de la verdad que los frailes -de Sancto Domingo defendian, y el mismo padre fray Anton -habia primero, de parecer de todos los frailes, predicado, -como en el cap. 4.º fué declarado. Llevólo á que besase al -Arzobispo las manos, rescibiólo con alegría, y dióle carta -para el Rey, acreditando su persona y negocio, suplicándole -lo oyese, y para otras personas de la Cámara que le diesen -lugar y favor para que al Rey hablase. Salidos de aquesta isla -el Padre dicho y el Clérigo, el padre fray Pedro de Córdoba, -prosiguió su viaje para tierra firme, con cuatro ó cinco religiosos -de su Órden, muy buenos sacerdotes, y un fraile lego, -y tambien con los de Sant Francisco; los cuales, puestos en -tierra firme, á la punta de Araya, cuasi frontero de la Margarita, -desembarcáronlos con todo su hato, y dejáronlos allí los -marineros. Los franciscos y dominicos hicieron muchas y -afectuosas oraciones, y ayunos y disciplinas, para que nuestro -Señor les alumbrase dónde pararian ó asentarian, y, finalmente, -los franciscos asentaron en el pueblo de Cumaná, la -última aguda, y los dominicos fueron á asentar 10 leguas abajo, -al pueblo de Chiribíchi, la penúltima luenga, al cual nombraron -Sancta Fe. Los indios los rescibieron con grande contentamiento -y alegría á todos ellos; los dominicos, en especial, -estuvieron sobre aviso de no ser onerosos en cosa alguna -á los indios, y así fué admirable el trabajo y trabajos -que padecieron en hacer su monasterio, cortando la madera -y las vigas trayéndolas á cuestas, haciendo hornos de cal, y -acarreando la piedra, y todo lo demas que para su edificio era -menester. Creo llevaron un rocin y un carreton que les fué -harta ayuda; llevaron un chinchorro, que es una red, y con -el pescado que con él tomaban se mantenian. El pan de<span class="pagenum"><a name="Page_276" id="Page_276">[276]</a></span> -maíz les daban los indios, los cuales se holgaban con la compañía -de los frailes, por el pescado que del chinchorro habian, -y por el poco enojo que les daban y ningun trabajo en que -los ponian; llevaron el camino de Sant Pablo, que manda Jesucristo, -por no poner al Evangelio algun ofendículo.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_277" id="Page_277">[277]</a></span></p> - -<h2 id="LXXXIV">CAPÍTULO LXXXIV.</h2></div> - - -<p>Llegó á Plasencia el Clérigo, donde el rey Católico á la -sazon estaba, pocos dias ántes de Navidad del año mismo -de 1515, y como sabia que el obispo de Búrgos y el secretario -Conchillos tenian indios, y tantos, en todas estas cuatro -islas, Española, Cuba, Jamáica y la de Sant Juan, creyendo -que le habian de contradecir, no curó de hablalles, sino -de negociar de hablar al Rey y dalle la carta del arzobispo de -Sevilla, y sobre ella del fin de su venida informalle. Lo cual -hobo efecto, y una noche, víspera de la víspera de la Natividad -de nuestro Redentor, habló al Rey bien largo, hízole relacion -del fin de su venida, que era notificalle la perdicion destas -tierras y muertes violentas de las gentes naturales dellas, y -de las maneras como los españoles por sus cudicias las mataban, -y como perecian todas sin fe y sin Sacramentos, y que, si -con brevedad Su Alteza no acudia con el remedio, todas en -breve quedarian desiertas. Testificando que él habia visto las -grandes ofensas que á Dios se hacian en ello, y áun en menoscabo -no comparable de sus rentas, y que, porque este era -negocio que mucho importaba á su Real consciencia y hacienda -y era necesario informar á Su Alteza muy en particular cerca -dello, para que lo que se arriesgaba en no remediarlo á Su -Alteza constase copiosamente, le suplicaba que cuando fuese -servido le diese larga audiencia. Respondióle el Rey, que le -placia dársela, y que en un dia de aquella Pascua lo oiria; y -dada la carta del arzobispo de Sevilla, besóle las manos y fuese. -La cual luégo envió al secretario Conchillos, y, creo, sin vella, -como cosa que tocaba á los indios, y por ella se descubrió la -celada de lo que el padre Casas pretendia, de que no rescibió -Conchillos ni el obispo de Búrgos, á lo que se creyó, mucha<span class="pagenum"><a name="Page_278" id="Page_278">[278]</a></span> -alegría. Creyóse tambien que Diego Velazquez sospechó de -que el dicho Clérigo le podria hacer algun daño, diciendo al -Rey algo de lo que en aquella isla pasaba, y tambien al Almirante, -cuyo Teniente él era; escribió al tesorero Pasamonte, -y el Tesorero á Conchillos, y al obispo de Búrgos, acerca de lo -que habia predicado contra los que tenian indios ó que favorecian -las cosas del Almirante (lo cual yo más creo, y en ello -mostraba su desagradecimiento si ésto escribió, pues el Almirante -lo envió á aquella isla, y le hizo della su Teniente), de -donde sucedió no ser grato al Obispo y á Conchillos tambien, -aunque lo disimuló mejor Conchillos que el Obispo, el dicho -clérigo Bartolomé de las Casas. Entre tanto acordó de hablar -al confesor del Rey, fraile de Sancto Domingo, llamado fray -Tomás de Matiencio, como arriba queda declarado, y dalle -parte de la opresion y tiranía que padecian los indios, y de sus -calamidades, juntamente de la contradiccion que temia que el -Obispo y Conchillos y los demas del Consejo le harian, por tener -tantos indios, y con ellos tan gran interese, aunque eran los que -más cruelmente eran tractados, afirmándole convenir que el -Rey sólo debia entender este negocio primero y que al Obispo -ni á Conchillos, ni á los que del Consejo los tenian convenia -que se les diese parte. Habló el confesor al Rey notificándole -los males é injusticias que en estas islas se perpetraban, y la -disminucion por ellos que venia en los indios, y todo lo demas -que el Clérigo afirmaba; y porque el Rey determinó de se partir -para Sevilla el dia de los Inocentes, cuarto dia de Pascua -de la Natividad, dijo al confesor, que pues allí no habia lugar -de oille, que le dijese de su parte que se fuese á Sevilla, y -que allí le oiria despacio, y pornia remedio en todos aquellos -agravios y daños. Y añidió el confesor, que le parecia que -debia dar parte al Obispo principalmente, y á Conchillos, é informalles -de los daños que padecian aquellas gentes, y como -aquestas tierras se despoblaban y de los remedios como eran -tan necesarios; porque al fin aqueste negocio habia de venir -á las manos dellos, y era bien tenellos informados, y quizá -con las lástimas que de los indios contaba blandearan. El<span class="pagenum"><a name="Page_279" id="Page_279">[279]</a></span> -cual, puesto que contra su voluntad, y teniendo por cierto -que como hubiese interese de por medio padeceria el negocio -grandes dificultades, todavía, viendo que pues el confesor se -rendia, era menester al Obispo y á Conchillos hablalles, acordó -ir á tentallos. Fué primero al secretario Conchillos, el cual -como sabia ya á lo que venia, por la carta del Arzobispo para -el Rey, lo rescibió muy bien, y con palabras muy dulces comenzó -á hacerle una manera de halagos, y en tanto grado -con él allanarse, que pudiera el Clérigo bien animarse á pedille -cualquiera dignidad ó provecho en estas Indias, y él dársela; -pero, así como la divina misericordia tuvo por bien de sacarle -de las tinieblas en que como todos los otros, perdido -andaba, y á lo que despues pareció le eligió Dios para con -increible conato y perseverancia declarar y detestar aquella -pestilencia tan mortal, que tanta disminucion y extrago ha -hecho en la mayor parte del linaje humano, así misericordiosamente -obró con él quitándole toda cudicia, de cualquiera -bien temporal particular suyo: poco le movieron las caricias -y blanduras de Conchillos, y la esperanza que dellas pudiera -el Clérigo tomar, para dejar de proseguir el propósito que -Dios le habia inspirado. Determinóse tambien de hablar al -Obispo por seguir el parecer de dicho confesor, y una noche, -pidiéndole audiencia, refirióle por una memoria que llevaba -escripta, algunas de las crueldades que se habian hecho en -la isla de Cuba, en su presencia, entre las cuales le leyó la -muerte de los 7.000 niños en tres meses, como arriba queda -relatado; y agraviando mucho el Clérigo la muerte de aquellos -inocentes por caso extraño, respondió el señor Obispo -(siendo el que todo lo destas Indias gobernaba): «Mirad qué -donoso necio, ¿qué se me dá á mí y qué se le dá al Rey?» -por estas mismas y formales palabras. Entónces el Clérigo alza -la voz y dijo: «¿Que ni á vuestra señoría ni al Rey que mueran -aquellas ánimas no se dá nada? ¡oh gran Dios eterno! y -¿á quién se le ha de dar algo?» y diciendo ésto sálese. No -faltaron allí presentes algunos de sus criados, que habian estado -en estas Indias, que, en disfavor del Clérigo, al Obispo<span class="pagenum"><a name="Page_280" id="Page_280">[280]</a></span> -lisongearon, á los cuales permitió Dios despues que se ingiriesen -en negocios donde hicieron á estas gentes hartos -daños, para quizá todo junto, con los disfavores que dieron -al Clérigo, en la otra vida lo pagasen; y áun en esta fueron -infelices al cabo. Tornó despues á hablar al secretario Conchillos, -y hízole entender cuán poco entendian de las Indias y -en cuán poco las estimaban, y él mismo se lo cognosció no -haberlas cognoscido; y ésto es cierto, que hasta que el Clérigo -vino cuasi en nada las estimaban, y despues que él las encareció -y dió noticia dellas larga, las comenzaron á tener en -algo. Fuese, pues, el Clérigo, á Sevilla, como el Rey le habia -mandado esperallo, para entre tanto informar al arzobispo de -Sevilla de lo que pasaba, y disponelle para que cuando el Rey -llegase le suplicase le oyese muy á la larga, y que estuviesen -el Obispo y Conchillos presentes, para, delante dellos, mostrar -al Rey las culpas que por la mala gobernacion destas -Indias tenian, é imputalles todas las matanzas y extragos que -en estas gentes se habian cometido, pues ellos las gobernaban; -pero recien llegado el Clérigo á Sevilla, por la desventurada -suerte de aquestas infelices indianas gentes, y tambien -por los desmerecimientos y pecados de España, vino luégo un -correo, que el católico Rey habia deste mundo al otro pasado. -Fué grande su pesar y angustia que de la muerte del Rey -rescibió, porque por ser el Rey viejo y andar á la muerte -muy cercano, y de guerras desocupado, nacióle muy gran -esperanza de que, averiguada su verdad, las Indias se remediaran. -Y, cierto, parece que no podian concurrir en el Rey, -para sin mucha dificultad remediarlas, otras más convenientes -calidades; y así solia decir el Clérigo muchas veces, que -para remediar las Indias no era menester sino un Rey, de -viejo, el pié en la huesa y de guerras desocupado. Finalmente -recobro nuevo ánimo y determinó de ir á Flandes á informar -al príncipe D. Cárlos, y pedille remedio de tantos males, como -á quien sucedia en aquellos y aquestos reinos.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_281" id="Page_281">[281]</a></span></p> - -<h2 id="LXXXV">CAPÍTULO LXXXV.</h2></div> - - -<p>Muerto el rey D. Hernando católico, que haya santa gloria, -tomó luégo la gobernacion de los reinos de Castilla y -Aragon, el egrégio cardenal de España, don fray Francisco -Ximenez, fraile de la órden de Sant Francisco, por el poder -que el dicho Rey le dejó para gobernarlos, hasta que el príncipe -D. Cárlos, su nieto, viniese. Y porque habia el príncipe -D. Cárlos enviado al Rey, por Embajador, al Dean de la universidad -de Lobayna, llamado Adriano, que despues fué -Papa, y de secreto le dió poder para gobernar los reinos, si -el Rey muriese, como cada dia se esperaba, por ser viejo y -cansado y enfermo, juntólo el Cardenal consigo, y, juntos en -Madrid, comenzaron á gobernar; puesto que sólo el Cardenal -todo lo gobernaba, y solamente Adriano firmaba con el Cardenal -las provisiones y despachos, como en la verdad el -Adriano, sin el Cardenal, ni supiera gobernar á España, aunque -doctísimo y sapientísimo era, ni pudiera efectuar cosa -que al reino aprovechara, segun la condicion de la gente de -España. Pues como el clérigo Casas se dispusiese, oida la -muerte del Rey en Sevilla, para ir á Flandes, vínose por -Madrid para dar cuenta de los males destas Indias y de su -intento al Cardenal, y á el embajador Adriano (porque así -firmaba, <i>Adrianus Ambasiator</i>), diciéndoles, que si podian -poner remedio en ellos, quedaríase allí, pero si no, -que pasaria adelante. Para lo cual, hizo en latin una relacion -á Adriano de todo lo que en estas islas pasaba, en crueldad -contra estas gentes, porque no entendia el Adriano cosa de -nuestra lengua, sino en latin con él se negociaba. Hizo en -romance la misma relacion al Cardenal. Como el Adriano leyó -la relacion, quedó espantado, entendiendo por ella cometerse<span class="pagenum"><a name="Page_282" id="Page_282">[282]</a></span> -tan grandes y tan extrañas inhumanidades, como fuese pio y -sincero, lo uno por ser de nacion flamenco, que, segun parece, -son gente más que otra sencilla, quieta y no cruel, lo otro -por su condicion particular, benigna y mansueta; fuese luégo -al aposento del Cardenal (porque ambos posaban en unas -casas con el infante D. Hernando, hermano del rey D. Cárlos, -que despues fué rey de Hungría y rey de Romanos), y mostróle -la relacion que el Clérigo le habia dado, preguntándole que -si era posible que aquellas obras crueles en las Indias se perpetrasen. -El Cardenal que ya sabia muchas cosas dellas por -relacion de religiosos de su Órden, que habia rescibido de -ántes, respondió que sí é muchas más eran las crueldades -que se habian cometido en las Indias. Respondió finalmente -al Clérigo el Cardenal, que no tenia necesidad de pasar adelante, -porque allí se le daria el remedio que venia á buscar. -Oyóle muchas veces todo lo que quiso decir é informar. Juntaba -consigo al Cardenal, cuando oia al Clérigo, al Adriano y -al licenciado Zapata, y al doctor Carabajal, y al doctor Palacios -Rubios, y éste era el que con verdad favorescia la justicia de los -indios, y oia y tractaba muy bien al Clérigo y á los que sentia -que por los indios alguna buena razon alegaban; entraba -tambien allí el obispo de Avila, fraile de Sant Francisco, compañero -del Cardenal. Al obispo de Búrgos excluyó el Cardenal -del todo de las cosas de las Indias, de que no quedó él -poco turbado. Un dia acaeció en la dicha Junta, presente el -Cardenal y Adriano, y los demas, que, mandando el Cardenal -leer las leyes hechas en Búrgos el año de 1512, de que arriba -en el cap. 15 hicimos mencion, por las quejas que el Clérigo -daba de haber sido injustas por el engaño que habian hecho -los que tenian indios acá al Rey católico, y á los del Consejo -del Rey, (aunque habian sido ellos más que debieran crédulos, -y quizás quisieron ser engañados algunos á sabiendas, por -lo que esperaban tener de utilidad, como la tuvieron), y leyendo -las leyes un criado y oficial del secretario Conchillos, -llegando, creo que, á la ley que mandaba dar de ocho á -ocho dias, ó las fiestas, una libreta de carne á los indios<span class="pagenum"><a name="Page_283" id="Page_283">[283]</a></span> -que trabajaban en las estancias ó granjas, quisiera aquel encubrilla, -por lo que á él quizá, ó á otros que él bien queria, -tocaba, y leíala de otra manera que la ley rezaba; pero el -Clérigo, que la sabia muy bien de coro, y tenia bien estudiada, -dijo luégo allí en presencia de todos: «no dice tal aquella -ley.» Mandóle el Cardenal al que la leia tornarla á leer; leyóla -de la misma manera. Dijo el Clérigo: «no dice tal cosa aquella -ley;» el Cardenal, cuasi como indignado contra el Clérigo, en -favor del lector, dijo, «callad ó mirad lo que decís.» Respondió -el Clérigo, «mándeme vuestra señoría reverendísima cortar la -cabeza, si aquello que refiere el escribano fulano, es verdad -que lo diga aquella ley.» Entónces, tománle las leyes de la -mano, y hallan lo que el Clérigo afirmaba. Bien se podrá -creer que aquel fulano (que por su honor no quiero nombrar), -por ventura no quisiera ser nacido por no rescibir la confusion -que allí rescibió. No perdió el Clérigo nada desde entónces, -cuanto al amor que el Cardenal le tuvo, y el crédito -que siempre le dió. Informado bien el Cardenal de las cosas -que acá pasaban, y de las razones que el Clérigo daba, y -satisfecho no ménos de su intencion, mandóle que se juntase -con el doctor Palacios Rubios, y que ambos tractasen y ordenasen -la libertad de los indios y la manera como debian ser -gobernados, pero el doctor Palacios Rubios, cognosciendo la -experiencia del dicho Clérigo, cuanto al hecho, y la buena -razon que cuanto al derecho asignaba, cometióselo todo á él -para que en su posada lo escribiese, y despues lo trujese á -conferirlo con él, y conferido y limado al Cardenal se presentase; -y porque á la sazon era ya venido á la corte el susodicho -padre fray Anton Montesino, pidió licencia el dicho Clérigo -al Cardenal, para que se juntase tambien con el Doctor -y con el Clérigo, para que juntos lo ordenasen, y porque posó -el dicho Padre con el Clérigo, y dándole la ventaja por la -diuturnidad del tiempo que habia que las cosas destas tierras -y gentes, y daños que habian de los españoles rescibido, experimentaba, -tambien se lo cometió á él sólo que lo pensase -y escribiese, y así hecho ambos lo viesen y firmasen. Hizo<span class="pagenum"><a name="Page_284" id="Page_284">[284]</a></span> -el Clérigo la traza, segun lo que sintió que para el remedio -de los indios convenia, el fundamento del cual era ponellos -en libertad, sacándolos de poder de los españoles, porque -ningun remedio podia ponérseles para que dejasen de perecer -quedando en poder dellos, y así se fenecian y estirpaban los -repartimientos que llamaron encomiendas, como pestilencia -mortal que aquellas gentes consumia, como despues fué bien -averiguado, segun parecerá; y porque convenia dar manera -para que los españoles se pudiesen sustentar, porque, quitados -los indios, quedaban desmamparados segun estaban mal vezados, -á no saber más de mandar á los indios y mantenerse -de sus sudores y de su sangre, dió tambien remedios como los -españoles que hasta entónces estaban en estas Indias, que no -eran muchos, se pudiesen ocupar, y granjear y vivir en la -tierra, sin pecado, ayudándose, ó de sus manos los que podian -y solian en sus tierras trabajar, ó de su industria granjeando, -y no fuese toda su vida, como lo habia sido, estar holgazanes. -Todo lo cual pareció primero bien al padre fray Anton -Montesino, que estaba en su posada, y despues, llevado al -doctor Palacios Rubios, tambien lo aprobó en su estancia, puesto -que él lo mejoró, añidió y puso en el estilo de corte, y así -lo llevó al Cardenal y al Adriano, teniendo Consejo sobre ello. -Ya dijimos que no estaban otros en este Consejo por entónces, -con el Cardenal, sino el Adriano y el obispo de Avila, y el -licenciado Zapata y el doctor Carabajal, y el doctor Palacios -Rubios, y á éste el Cardenal, en estos negocios de las Indias, -daba más crédito que á todos los otros.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_285" id="Page_285">[285]</a></span></p> - -<h2 id="LXXXVI">CAPÍTULO LXXXVI.</h2></div> - - -<p>Despues de haber bien platicado el Cardenal y los demas -que en aquel Consejo entraban, y considerada y disputada la -órden que el Clérigo, para que los indios saliesen de tanta -calamidad y consiguiesen su pristina y natural libertad, y -como los españoles tambien pudiesen tener manera para en la -tierra se sustentar, habia dado, y añadido ó quitado algo de -las circunstancias, segun mejor les pareció, aunque ninguna -cosa mudaron de la sustancia, y determinado que se proveyese -de buscar personas fieles que fuesen á ejecutallo, llamó -el Cardenal al Clérigo y encomendóle que las buscase cuales -convenia para que dellas tal obra se confiase. Pensando el -Clérigo en quién serian, como conociese pocas ó ningunas en -Castilla por haber morado tantos años en estas Indias, ocurrióle -á la memoria un religioso de Sancto Domingo, llamado fray -Reginaldo Montesino, hermano del mismo padre fray Anton -Montesino, de la misma órden de Sancto Domingo, hombre -letrado, predicador prudente y experimentado, y no poco -hábil en las cosas agibles; y hablando un dia con el obispo -de Avila sobre ello, y diciéndole que no conocia otro sino -aquel Padre, díjole el Obispo: «mejor será que la eleccion de -las personas que hayan de ir á poner por obra este negocio -remitais al señor Cardenal, que tiene más experiencia que vos -de personas en Castilla.» Hízolo así, para lo cual escribió una -Memoria en que puso las calidades que las personas que á poner -en ejecucion aquella órden habian de ir debian tener, conviene -á saber, que fuesen cristianas, religiosas, prudentes y experimentadas, -rectas y amadoras de justicia, y de las angustias -de los pobres y desmamparados compasivas, y porque fácilmente -su reverendísima señoría cognoscería mejor las tales<span class="pagenum"><a name="Page_286" id="Page_286">[286]</a></span> -personas, en quien las dichas calidades concurriesen, que él -en Castilla, le suplicaba tuviese por bien de la eleccion dellas -tomalla sobre sí. Llevándole aquesta Memoria, díjole con graciosa -y alegre cara el Cardenal: «Pues padre, ¿tenemos buenas -personas?» Respondió el Clérigo: «por el papel lo verá vuestra -señoría reverendísima.» Visto el papel ó memoria, consideró -el Cardenal que todas aquellas condiciones se hallarian -bien, y por la mayor parte, en religiosos de Sant Hierónimo, y -puesto que tambien se hallaran en los de Sancto Domingo y -de Sant Francisco, pero porque sabia que los años pasados -habian ido á la corte los Franciscos, por induccion de los seglares, -contra los Dominicos, como arriba cuasi en el principio -deste libro se vido, parece haberse prudentemente movido -el Cardenal á no tomar de las dichas dos Órdenes, sino de -otra, por evitar lo que podia en disfavor de la una ó de la -otra sentirse ó decirse. Y para efecto desto determinó escribir al -General de la órden de Sant Hierónimo, que en el monasterio -llamado Sant Bartolomé de Lupiana siempre reside, que -porque el Rey determinaba de poner órden y remedio en las -Indias, y habian menester personas que la ejecutasen de mucha -confianza, y virtud, y religion, por ser la obra importantísima, -y entendia que en aquella Órden las habia, le rogaba -encarecidamente que le diese algunos religiosos della, -para que con las provisiones y poderes del Rey viniesen á -estas tierras á ejecutar lo que se habia determinado, para -remedio de las gentes dellas, en cuyo viaje y ejercicio supiese -de cierto que ofrecerian á Dios inestimable sacrificio, y el Rey -por su parte rescibiria muy señalado servicio. Rescibidas estas -letras, el General convocó luégo todos los Priores de toda la -provincia de Castilla para celebrar Capítulo, que ellos llamaron -Capítulo privado, y juntos en Sant Bartolomé de Lupiana -propuso el General á todos la demanda y ruego del Cardenal; -la cual oida, todos acordaron, que, pues la obra era de tanto -mérito, cuanto á Dios, y en sí pia, y que el Rey lo recibiria por -gran servicio, que obedeciese la voluntad y ruego del Cardenal, -y para ello señalaron 12 frailes escogidos entre todos los<span class="pagenum"><a name="Page_287" id="Page_287">[287]</a></span> -de la provincia, para que de los 12 tomase el Cardenal cuantos -le pluguiese, y que fuesen cuatro Priores señalados con -este recaudo, y á ofrecelle de parte de la Órden todo el restante -della, para en semejantes obras servirse segun le pluguiese. -Vinieron los cuatro Priores á Madrid, donde la corte, -como se dijo, entónces residia, y como el Clérigo desease muy -mucho la respuesta buena de la órden de Sant Hierónimo, fué -un domingo á oir ó á decir misa á Sant Hierónimo, que está un -rato fuera de la villa, y, andando por la sobre-claustra, estaba -rezando un religioso viejo y bien viejo, y llegóse á él y preguntóle -si sabia algo de lo que el Cardenal les habia enviado -á pedir; respondió que sí, porque él era uno de cuatro -Priores que traian la respuesta de la Órden, y buen recaudo -de lo que el Cardenal les pedia. Anoche, dijo él, vinimos, ya -lo sabe el señor Cardenal, y á la tarde ha de venir acá, donde -le diremos y ofreceremos lo que digo. No se podria fácilmente -pronunciar el alegría que el Clérigo de tales nuevas rescibió, -y díjole: «Pues yo soy, padre reverendo, un clérigo venido -de las Indias, que solicita estos remedios por ésto, por -ésto y por ésto.» Y así le refirió en breve las angustias, -muertes, opresiones y calamidades y perdicion de los indios, -las causas dellas, la cudicia de nuestros españoles, con las -crueldades que en ellos habian hecho y quedaban haciendo, -la obra para que el Cardenal los llamaba cuál era, y de -grandes siervos de Dios cuán digna. Dijo el bueno del Prior, -por la relacion y espresion de la grandeza y mérito de -la obra que el Clérigo le significó, con celo de virtud ya -rendido: «Pluguiera á Dios que yo fuera de algunos años atras, -para poderme dedicar á tan sancto camino, porque yo me -tuviera, muriendo en la demanda, por felicísimo.» Fuese -el Clérigo á comer lleno de espiritual regocijo, haciéndosele -cada hora hasta la tarde más que un dia. A la tarde cabalgó -el Cardenal y el Adriano, y toda la corte con ellos, donde -habia muchos caballeros y algunos Grandes, y porque era -verano tenian los religiosos muy aparejada la sacristía, que -es cosa muy fresca, y allí entraron el Cardenal y el emba<span class="pagenum"><a name="Page_288" id="Page_288">[288]</a></span>jador -Adriano, y el obispo de Avila, y el licenciado Zapata, -doctor Carabajal y doctor Palacios Rubios, y los cuatro Priores -que traian el recaudo; quedóse toda la corte en el coro bajo -que ante la sacristía está. Ofrecieron los cuatro Priores su -respuesta por toda su Órden, y los 12 religiosos que habian -en su Capítulo privado nombrado, con todo lo demas que su -señoría reverendísima quisiese servirse della, en especial -para negocios tan calificados, donde concurrian honra y gloria -de Dios y servicio del Rey, con tanto provecho como se pretendia -y esperaba de las ánimas. El Cardenal, de parte del -Rey y suya, mucho se lo agradesció, y comenzó á engrandecer -la calidad del negocio, y cuánto en ejercitar ó ejecutar -lo que estaba acordado servirian á Dios, y de donde habia -grandísimo beneficio y liberacion para estas gentes de resultar, -y á vueltas desto el Cardenal encareció muy mucho el -celo y solicitud del dicho Clérigo, en haber venido de tan -lejas tierras, por aquestas océanas mares, sin pretender cosa -propia temporal, repitiendo algunas veces: «Ahora creed que -<i>divinitus</i> ha venido acá este Clérigo.» Despues de haber platicado -en ésto y en lo que se debia hacer para efecto del breve -despacho, mandó el Cardenal que buscasen y llamasen luégo -los porteros al Clérigo, el cual estaba en el sobre-cláustro del -mismo monasterio, esperando lo que habia de salir de aqueste -acto, encomendando á Dios los alumbrase, y cuasi estaban -todas las puertas cerradas; y como no lo hallasen, preguntando -á todos por el Clérigo de las Indias, de manera que fué -notorio á todos los caballeros y Grandes y corte que dijimos -estar en el coro bajo, junto á la sacristía, van corriendo á -Madrid á buscallo y no lo hallan. El Clérigo, ya cansado de -esperar, determinó bajarse y no halló puerta abierta; pero -descendió por la escalera que descendia á la sacristía donde -estaba el Cardenal, con los que con él estaban, que tenian la -puerta cerrada, y oyendo hablar llamó y respondieron diciendo -si habian visto al Clérigo de las Indias, dijo: «yo soy», dicen -que se vaya por otra parte porque por aquella puerta no podia -entrar. Tórnase por donde habia descendido, y finalmente<span class="pagenum"><a name="Page_289" id="Page_289">[289]</a></span> -halla puerta para salir al cuerpo de la Iglesia, y della pasa -por medio del coro donde estaban todos los señores y grandes -sentados, el cual fué de todos bien mirado, y es de creer -que el obispo de Búrgos lo miraria más, y quizá con harto -dolor de su ánima, considerando que le habian excluido del -Consejo de las Indias, donde tanto habia mandado, por su -causa. Y parece que al Obispo quiso dar Dios aquel tártago -con aquella prosperidad del Clérigo en favor de la verdad -que el Clérigo tractaba, porque le menospreció y trató mal -en Plasencia, como en el capítulo 84 se declaró, debiéndole -rescibir como á un ángel del cielo enviado para despertarlo -del sueño y ceguedad en que estaba. Entrado, híncase de -rodillas el Clérigo ante el Cardenal, el cual, con graciosa y -benigna cara le dijo: «Dad, padre, gracias á Dios que se van -aparejando de cumplir los deseos que Dios os ha dado; estos -padres Priores de la órden de Sant Hierónimo traen doce religiosos -señalados, para que dellos tomemos los que fueren, -para que lleveis á poner en órden aquellas Indias, necesarios, -há parecido que bastan tres, iros heis esta noche á la posada -y daros hán cartas del crédito que habeis de llevar para su General -y dineros que gasteis. Llegando allá, representareis al -dicho General las calidades que deben concurrir en las personas -que conviene que vayan á las Indias para este negocio tan -árduo, y despues de conferido entre él y vos, los tres que de -los doce que vienen nombrados escogiéredes aquellos se señalen, -y habido el primero que de los tres más presto halláredes, -veníos con él á esta corte, y hacerse hán los despachos, y de -camino para Sevilla los podeis despues llevar.» El Clérigo, -con intensísimo gozo y poco ménos que llorando, dijo al Cardenal: -«Yo, señor reverendísimo, hago inmensas gracias á -Dios que tan inestimable bien me ha hecho en oir tales palabras, -y por la esperanza que por ellas concibo de ver en vida -de vuestra señoría reverendísima aquellas tristes y opresas -gentes remediadas, y suplico á nuestro Señor remunere á vuestra -señoría obra tan heróica con gran premio en su bienaventuranza; -yo haré con todo cuidado lo que vuestra señoría<span class="pagenum"><a name="Page_290" id="Page_290">[290]</a></span> -reverendísima me manda, y en cuanto á los dineros no los -hé menester, porque para gastar y sustentarme en este negocio -yo tengo hartos.» Dijo el Cardenal sonriéndose: «Andá, padre, -que soy más rico que vos;» y ésto dicho, el Clérigo sálese, y -el Cardenal quedó diciendo <i>multa favorabilia de Joanne</i>. Desde -á poco salió el Cardenal y la corte toda con él para su posada, -y uno de los Priores, llamado fray Cristóbal de Frias, todo -cano y de aspecto muy venerando, teólogo, y segun se decia -el principal en letras que tenia entónces su Órden, juntóse con -el Clérigo á hablar muy familiarmente, queriendo ser informado -de las cosas destas Indias, de las cuales oyó hartas; y entre -otras palabras dijo al Clérigo: «Basta, señor, que teneis bien -ganado el corazon del Sr. Cardenal,» dándole á entender la -mucha gracia que con el Cardenal habia alcanzado, y el crédito -que en los negocios destas Indias le daba.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_291" id="Page_291">[291]</a></span></p> - -<h2 id="LXXXVII">CAPÍTULO LXXXVII.</h2></div> - - -<p>A la noche fué el Clérigo á la posada del Cardenal y mandóle -dar los despachos, y con ellos le dieron para su camino -20 ducados, los cuales, porque no pareciese tenerlos en poco, -los quiso tomar. Luégo otro dia se partió para Sant Bartolomé -de Lupiana, que está de Madrid 10 ó 11 leguas, si no me engaño, -y dadas las cartas al General, fué rescibido muy bien, -y habiendo cenado el Clérigo, comenzaron luégo á tractar del -negocio á que su venida se enderezaba. Y dichas las calidades -que debian, segun entendia el Clérigo, en los religiosos -que para el viaje y negocio se enviasen, concurrir, dijo el -General: «Señor, de los 12 nombrados que traeis, uno está -presente aquí de los que vinieron á este nuestro Capítulo, que -aún no es ido; éste me parece que si quereis podeis escoger, -porque es hombre cuerdo y algo teólogo y buen religioso, y -tambien robusto para sufrir trabajos, llamado fray Bernardino -Manzanedo.» El Clérigo le dijo que lo mandase llamar y le propusiese -la obra que se queria encargar, y aun que se lo mandase, -presuponiendo el Clérigo, que, como fuese religioso, y por -todo el Capítulo entre los doce nombrado, que no podia sino ser -persona conveniente para llevarle con los demas. Vino al llamado -del General, fuéle propuesto el negocio arduísimo, -aunque muy meritorio, que se le queria imponer; dále el -Clérigo gran esperanza de servir mucho á Dios por le hacer el -gran beneficio que en aquel viaje habian de conseguir tan infinitos -prójimos. Respondió, como cuerdo hombre, poniendo -delante las pocas fuerzas de virtud y sabiduría que conocia -en su persona para negocio tan grande, y por tanto que suplicaba -á su paternidad no le mandase cosa tan árdua y de -tanta dificultad, si posible era; pero que al fin, como hijo de<span class="pagenum"><a name="Page_292" id="Page_292">[292]</a></span> -obediencia, no podia sino obedecer referida primero su insuficiencia -é inhabilidad. Insiste mucho el Clérigo que se lo -mandase sin admitille sus excusas, añidiendo que el negocio, -supuestas las fuerzas y ayuda que Dios daria en obra tan -manifiestamente justa y sancta, sería fácil, é que no desechase -de sí tesoro que Dios le ofrecia tan señalado, por pusilanimidad. -Finalmente se lo mandó, y él lo aceptó, y el Clérigo -se contentó y alegró, no de la cara, porque la tenia de las -feas que hombre tuvo, sino de la religion y virtud que tener -dél estimaba. Platicaron sobre quién serian los otros dos, y -referidas las calidades de una y de otra parte, acordaron que -fuese uno el Prior de la Mejorada, nombrado fray Luis de -Figueroa, y el otro el Prior de San Hierónimo de Sevilla. -Pidió el Clérigo las obediencias para los dos, y la del Prior de la -Mejorada envióla luégo con un mensajero, y escribióle que se -fuese á Madrid luégo á juntar con él y con el fray Bernardino, -y la otra dejóla para llevarla él cuando para Sevilla se partiesen. -Y por cumplir con lo quel Cardenal le habia mandado, de -con el primero de los frailes que nombrase se fuese luégo para -Madrid, partiéronse luégo otro dia, el Clérigo, al ménos, muy -alegre y regocijado, el cual no veia la hora que llevar su negocio -adelante. Fué luégo á besar las manos al Cardenal, llevando -al religioso consigo para que tambien se las besase -y ofreciese su persona para ir á servir en lo que mandaba. -Dióle cuenta el Clérigo de lo hecho, y cuáles eran las otras -dos personas, segun la relacion que el General le habia dado, -y cómo habia despachado la obediencia para el Prior de la -Mejorada, al cual en breve lo esperaba; el Cardenal se holgó -mucho de ver cuán en breve y cuán bien el Clérigo traia su -recaudo, y mandó luégo entender en sus despachos. Llevó el -Clérigo al fray Bernardino á su posada, y en ella recreaba -cuanto le era posible al dicho Padre. Vino luégo el Prior de la -Mejorada, y trujólo el Clérigo tambien á su posada; y como -si la salvacion ellos le hubieran de dar, de lo que tenia, que -no era demasiado, los sustentaba, y hasta gastar con ellos -cuanto tuviera los sustentara. Pero como los españoles destas<span class="pagenum"><a name="Page_293" id="Page_293">[293]</a></span> -islas y Procuradores que habian ido dellas á España, para negociar -sus propios intereses con perdicion destas ánimas, entendieron -los negocios del Clérigo que iban adelante, y venidos -los dos frailes, de quien poco bien segun imaginaban que -el Clérigo habia rodeado esperaban, aguardaban á los frailes -cuando salian de la posada del Clérigo, y en topándolos blasfemaban -del Clérigo, diciendo que era su enemigo capital, y -que los queria destruir como hombre perverso y malo, y que -no les iban á servir é informar de sus maldades por estar con -él sus reverencias y paternidades en una posada; estuvieron -así los frailes con el Clérigo pocos dias, y acordaron de se ir á -posar á un hospital que hay en Madrid, llamado Sancta Catalina, -de su Órden, donde vivian unos donados. Fué para los -españoles destas Indias, que allí á la sazon estaban, apartarse -del Clérigo los frailes, alegría inestimable; allí, de dia y de -noche, todos cuantos ellos eran les tenian palacio, y en otra -materia no hablaban sino en decir mal del Clérigo y de los -miserables indios, infamándolos de bestias y que eran unos -perros, y en todo cuanto podian, para en pago de lo que les -habian servido y muerto por sus crueldades, y matándoles la -hambre, habiendo venido á estas tierras andrajosos y llenos -de piojos, aniquilándolos. Fué de tanta eficacia la conversacion -que de noche y de dia tuvieron los frailes con ellos, y -tan abiertos tuvieron los oidos á todo lo que decirles en perjuicio -del Clérigo y de los indios querian, que no curaban en -nada del Clérigo, de vello ni de oillo ni de informarse dél, -teniéndolo por sospechoso, como si procurara negocio y utilidad -suya propia, dando crédito á las relaciones que á ellos -les hacian, todas ordenadas para su temporal interese y en -opresion y destruccion de los indios, como si fueran hatos de -ganados que el Clérigo les quitara ó algunas cosas insensibles; -y cresció tanto este crédito que los frailes tuvieron de lo que -aquellos, para en favor de sus cudicias y tiranías, les decian, -que cuando hablaban los frailes con otros no era menester -para su defensa que estuviesen ellos presentes, y así, acaeció -un dia, que, yendo los frailes á hablar al doctor Palacios<span class="pagenum"><a name="Page_294" id="Page_294">[294]</a></span> -Rubios, tanto dijeron en favor de los españoles contra los -tristes y desmamparados indios, que les respondió el doctor: -«A la mi fe, padres, poca caridad me parece que teneis -para tractar este negocio de tanta importancia á que el Rey -os envia.» El cual, desde aquella hora, tuvo estima dellos que -iba el negocio en sus manos perdido, y determinó de impedir -en cuanto pudiese su ida. Y porque le daban priesa del -Consejo Real (y segun se sospechó de industria, los que -tenian parte ó arte en los intereses de estas Indias, y les -pesaba del bien y reformacion que el Cardenal enviaba para -remedio de los indios), que el dicho doctor fuese á la Mesta, que -se hace en Berlanga por Agosto el dia de Sant Bartolomé, -acordó de ir á hablar al Cardenal para decille que por ninguna -manera convenia que aquellos frailes fuesen con aquel cargo -á las Indias, porque no habian de hacer cosa buena, segun la -mala disposicion que por estar imbuidos de los seglares ya -concebido habian contra los indios. Fué pues el doctor Palacios -Rubios al Cardenal, puesto que con gran trabajo, por -estar de gota muy tollido, y, porque el Cardenal á la sazon -estaba de cámaras enfermo y en mucho peligro, tardó algunas -horas esperando en su Cámara hablalle y nunca pudo. Tornó -otro dia y fué lo mismo, y por no poder más esperar partióse -harto triste, y el Clérigo, por sentir el daño que podrian hacer -con su venida de aquella manera dispuestos, quedó tristísimo. -Plugo á Dios que convalesció el Cardenal y mandó luégo concluir -las provisiones y despachos para que los frailes y el Clérigo -aparejasen su partida, los cuales fueron: lo primero, se -despachó Cédulas para que en llegando se quitasen los indios -á los del Consejo del Rey y á todos los que residian en -Castilla, como fué al secretario Conchillos que tenia, segun era -público, 1.100 indios, y al obispo de Búrgos 800, y á Hernando -de Vega otra multitud dellos, al licenciado Moxica que no -debian ser ménos de 200, y á otros que se sospechaba tener en -cabeza agena indios. Desde entónces nunca los del Consejo -tuvieron en las Indias, al ménos públicamente, si quizá no secreta -y con cautela, indios; de aquí quedó el Clérigo un po<span class="pagenum"><a name="Page_295" id="Page_295">[295]</a></span>quillo -sobre lo demas de todos aquellos señores poderosos mal -quisto. Proveyóse otra Cédula, que luégo, en llegando los -frailes, se quitasen los indios que tenian muchos los Jueces y -oficiales del Rey, como arriba queda dicho, que tenian, y -eran los que peor y más cruelmente los trataban, como tambien -fué referido; proveyóse tambien que á todos éstos se les -tomase residencia, porque habian vivido como moro sin Rey, -como dicen, mayormente despues que fueron causa que anduviese -fuera de su casa el Almirante, habiendo ido á Castilla. -Señalóse un colegial del colegio del cardenal de Valladolid, -llamado el licenciado Zuazo, hijodalgo natural de -Segovia, para que se la tomase, por Juez de residencia, y tuviese -toda la gobernacion entre tanto desta isla. Los frailes no -vinieron por gobernadores segun algunos creian, sino solamente -á entender y ejecutar lo que se habia ordenado tocante -á los indios.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_296" id="Page_296">[296]</a></span></p> - -<h2 id="LXXXVIII">CAPÍTULO LXXXVIII.</h2></div> - -<p class="i2">En el cual se contiene la Instruccion que llevaron los frailes Hierónimos, cerca de lo que -habian de hacer para poner en libertad los indios, y primero se puso cierto preámbulo.</p> - -<p class="p2">«Lo primero que deben hacer los Padres que fueren á las -Indias para las reformar, en llegando á la isla Española hagan -llamar ante sí los principales cristianos, viejos pobladores, -y decirles que la causa principal de su ida es los grandes clamores -que acá se han hecho contra ellos y contra los otros -pobladores, especialmente contra los que han tenido y tienen -indios encomendados, que los han maltratado y hecho muchos -males, matando á muchos dellos sin causa y sin razon, -tomándoles sus mujeres é hijas y haciendo dellas lo que han -querido, haciéndolos trabajar demasiadamente y dándoles poco -mantenimiento, compeliendo á las mujeres y á los niños á -que trabajasen, y haciendo á las mujeres malparir y no dejándolas -criar sus criaturas, y otras muchas fuerzas y daños -de que se dieron grandes memoriales al reverendísimo señor -Cardenal, los cuales llevan los dichos Padres. Y porque Sus -Altezas y el reverendísimo señor Cardenal y el señor Embajador -quieren saber la verdad de todo ésto como pasa, para lo -proveer y remediar porque las islas no se pierdan del todo, -mandaron á los dichos Padres que de todo ello se informen -para que se proveyese y remediase; que los dichos pobladores -digan lo que saben de cómo ésto ha pasado y pasa, -y, si vieren los Padres que conviene, tomalles juramento que -dirán la verdad, y por otra parte tambien ellos se informen -dello. Háganles entender como todo ésto se hace para la conservacion -dellos, y de los indios, y de las dichas islas, y que -si de voluntad y consentimiento de partes se pudiere hallar y<span class="pagenum"><a name="Page_297" id="Page_297">[297]</a></span> -tomar algun buen medio, con que Dios y Sus Altezas sean -servidos, y ellos y los indios aprovechados, y las islas remediadas, -que aquel se tomará. Por tanto, que ellos y los otros -hombres, principales pobladores, se junten y hablen y platiquen -en ello, y piensen más sobre ello, y con lo que acordaren -vuelvan á los Padres y se lo digan; ésto y todo lo que -más á los Padres pareciere díganlo á las personas principales. -Despues llamen á los principales Caciques de la isla, y -díganles como á Sus Altezas, y al reverendísimo señor Cardenal, -y al señor Embajador ha sido hecha relacion de su parte, -como en los tiempos pasados han sido muy opresos y agraviados -de los pobladores que allá han ido, y están en muchas -maneras contenidas en ciertas peticiones y memoriales, que -sobre ello fueron dadas por ciertos religiosos y clérigos, y -porque la voluntad de Sus Altezas y del reverendísimo señor -Cardenal y del señor Embajador ha sido y es de remediar y -castigar los males pasados, y proveer en lo venidero para que -ellos y sus indios, de aquí adelante, sean bien tratados, pues -son cristianos, y libres, y súbditos de Sus Altezas, mandaron á -los dichos Padres que fuesen allá, y se informasen de todo ello, -y supiesen la verdad de cómo ha pasado, para que se proveyese -así en en el castigo de lo pasado, como en el remedio de -lo venidero. Por tanto, que ellos lo debian hacer saber á los -otros Caciques y á sus indios, para que entre sí platicasen sobre -ello y pensasen en lo que se podia y debia hacer, así en lo -pasado como en lo venidero; y que si algun buen medio se -hallase, de voluntad de partes, para que Dios y Sus Altezas -fuesen servidos y los Caciques y sus indios fuesen bien tratados, -como cristianos y hombres libres, pues lo son, y ellos los -otros pobladores pudiesen justamente ser aprovechados, que -se lo dijesen, que siendo tal aquel se tomaria, que pensasen -sobre ello, y que sean ciertos que la voluntad de Sus Altezas -y del reverendísimo señor Cardenal y del señor Embajador es -que ellos sean tratados como cristianos y hombres libres, y -que ésta es la causa principal, porque mandaron á los dichos -ir á aquellas partes. Y porque los Caciques y los indios crean<span class="pagenum"><a name="Page_298" id="Page_298">[298]</a></span> -lo que estos Padres les dijeren, deben, al tiempo que los hobieren -de hablar, tener consigo algunos otros religiosos de los -que allá están cognoscidos, de quien ellos tienen confianza -que les dicen verdad y procuran su bien, y tambien porque -entienden su lengua.»</p> - -<p>Aquí es bien que se diga, que como el Clérigo viese tan -arraigada la tiranía en aquellas islas, y en aquella parte de -tierra firme, donde habia españoles, que no era otra sino la -del Darien y por aquellas provincias, y que por ella perecian -en aquellas tierras aquestas gentes, no osaba decir ni tocar -diciendo ni mentando ni alegando libertad de los indios, como -si huyera de decir alguna cosa que fuese absurda ó blasfema, -hasta que un dia, hablando con el Cardenal en la opresion y -servidumbre que padecian, y tocando que con qué justicia -podian ser así en ella ó con ella afligidos, respondió el Cardenal -con ímpetu: «Con ninguna justicia; ¿por qué? ¿no son -libres? ¿quién duda que no sean libres?» Desde allí el Clérigo -á boca llena osaba en todo lugar alegar que los indios eran -libres, y que todo lo que con ellos se habia hecho era contra su -libertad natural, y todo lo que alegaba contra la tiranía de -los españoles y por los indios fundaba sobre aqueste principio. -Así que parece bien que el Cardenal habia bien entendido -la raíz y fundamento de la justicia que se hacia á los -indios por la servidumbre horrible que padecian, pues tantas -veces en el preámbulo recitado los llamaba y afirmaba ser -libres.</p> - -<p>La Instruccion que los dichos religiosos llevaron, comenzaba -desta manera:</p> - -<p>«Memorial ó Instruccion que han de llevar los Padres que -por mandado de su reverendísima señoría y del señor Embajador -han de ir á reformar las Indias.—Primeramente, parece -que los religiosos que allá van deben visitar la tierra por sí -mismos, en cada isla lo que buenamente pudieren, é informarse -del número de los Caciques y de los indios que cada -Cacique tiene, y tambien de todos los otros indios que hay en -cada isla. Item, se han de informar de cómo han sido tractados<span class="pagenum"><a name="Page_299" id="Page_299">[299]</a></span> -hasta aquí por las personas que los han tenido encomendados, -y por los Gobernadores y justicias y otros ministros; lo -que cerca dello hallaren háganlo poner por escripto, para que -sobre ello se provea lo que convenga. Otrosí, los dichos religiosos, -visitando las islas, especialmente la Española y Cuba, -y Sant Juan y Jamáica, vean la disposicion de la tierra, mayormente -lo que es cerca de las minas donde se saca el oro, -y miren dónde se podrán hacer poblaciones de lugares, para -que de allí puedan ir á las minas con ménos trabajo, y conveniente -á los indios que allí moraren, y que haya rios cerca -para sus pesquerías y buena tierra para labranzas. La primera -sea la isla Española y Jamáica, y despues Sant Juan; -la postrera Cuba. Débense hacer pueblos de 300 vecinos, -pocos más ó ménos, en que se hagan tantas casas cuantos -fueren los vecinos, como ellos las suelen hacer, de tal manera, -que, aunque se acreciente la familia, como mediante -Dios se acrecentará, puedan caber todos en ella, haciendo -iglesia la mejor que ser pueda, y calles y plaza para que -sea lugar en forma, y la casa del Cacique cerca de la Plaza, -mayor y mejor que las otras, porque allí han de concurrir -todos los otros. Item, haya un hospital como abajo se -dirá. Estos pueblos se hagan, cuanto ser pudieren, á voluntad -de los Caciques y de los indios en cuanto al sitio, porque no -resciban pena de mudarse, haciéndoles entender como todo -ésto se hace para su beneficio, y para que sean mejor tractados -que hasta aquí; y los que estuvieren muy léjos de las -minas hagan allá pueblos y crien ganados, y cojan pan, y -algodon y otras cosas, y dello paguen tributo al Rey, nuestro -señor, lo que bien visto fuere respecto destos otros; y otro -tanto se haga en las islas donde no se cogere oro y sean tales -que deban estar pobladas, porque se les hará de mal venir de -léjos, y rescibirian peligro en la mudanza, y que la Çabana -esté siempre poblada, porque está cerca del puerto y muy -aparejada para la contratacion de Cuba y tierra firme. Débese -dar á cada pueblo término conveniente, apropiado, á cada -lugar ántes más que ménos, por el augmento que se espera,<span class="pagenum"><a name="Page_300" id="Page_300">[300]</a></span> -Dios mediante; este término debe ser repartido entre los vecinos -del lugar, dando de lo mejor, á cada uno dellos, parte de -tierra donde puedan plantar árboles y otras cosas, y hacer -montones para él y para toda su familia, mas ó ménos, segun -la calidad de su persona y cantidad de la familia, y al Cacique -tanto como á cuatro vecinos. De lo restante quede para el -pueblo para ejidos y pastos, y estancias de puercos y otros -ganados. A estos pueblos se deben traer los Caciques é indios -más cercanos á aquel asiento que se tomare para la poblacion, -porque queden en su popria tierra y vengan de mejor gana, y -negóciese con los Caciques que ellos los traigan de su voluntad -sin les hacer otra premia, si así se pudiere hacer; y estos Caciques -tengan cuidado de sus indios en regillos y gobernallos, -como adelante se dirá. Si los indios de un Cacique bastaren -para una poblacion, con aquellos se haga, y si no que se junten -otros Caciques de los más cercanos y que cada Cacique -tenga superioridad en sus indios como suele; y que estos Caciques -inferiores obedezcan á su superior como suelen, y el -Cacique principal ha de tener cargo de todo el pueblo, juntamente -con el religioso ó clérigo que allí estuviere, y con la -persona que para ello fuere nombrada, como adelante se dirá. -Y si algun castellano español, de los que allá están ó fueren -á poblar, quisiere casar con alguna Cacique ó hija de Cacique -á quien pertenece la sucesion por falta de varones, que este -casamiento se haga con acuerdo y consentimiento del religioso -ó clérigo, y de la persona que fuere nombrada para la administracion -de aquel pueblo, y, casándose desta manera, éste -sea Cacique y sea tenido y obedecido y servido como el Cacique -á quien sucedió, segun y como abajo se dirá de los otros -Caciques, porque desta manera muy presto podrán ser todos -los Caciques españoles y se excusarán muchos gastos. Item, -que cada lugar tenga jurisdiccion por sí en sus términos, y que -los dichos Caciques tengan jurisdiccion para castigar á los -indios que delinquieren en el lugar donde él fuere superior, -no solamente en los suyos, mas tambien en los de los otros -Caciques inferiores que viven en aquel pueblo; ésto se entiende<span class="pagenum"><a name="Page_301" id="Page_301">[301]</a></span> -de los delitos que merecen hasta pena de azotes y no más, y -en éstos, que no lo puedan hacer ni ejecutar ellos solos, sin que -á lo ménos intervenga el consejo y consentimiento del religioso -ó clérigo que allí estuviere, lo demas quede á la justicia -ordinaria de Su Alteza; y si los Caciques hicieren lo que no -deben, sean castigados por la justicia ordinaria, y si hicieren -agravio á los inferiores, remédielo la justicia ordinaria. Los -oficiales para la gobernacion del pueblo, así como Regidores, -ó Alguacil ú otros semejantes, sean puestos y nombrados por -el dicho Cacique mayor, y por el dicho religioso ó clérigo que -allí estuviere, juntamente con aquella persona que se nombrare -por Administrador de aquel lugar, y en caso de discordia -por los dos dellos. Y, porque en cada pueblo se hagan las -cosas como deben, conviene que se nombre una persona que -tenga la administracion de uno, ó de dos, ó de tres, ó de más -lugares, segun la poblacion fuere, el cual viva en un comedio -conveniente para hacer su oficio, en una casa de piedra, y no -dentro en el lugar, porque los indios no resciban daño ó alteracion -de la conversacion de los suyos; éste ha de ser español, de -los que allá han estado, siendo hombre de buena conciencia y -que haya bien tractado los indios que tuvo encomendados, que -sabrá bien regir é gobernar y hacer lo que conviene á su -oficio. Lo que éste ha de hacer es, que ha de visitar el lugar ó -lugares que le fueren encomendados y entender con los Caciques, -especialmente con el principal de cada lugar, para que -los indios vivan en policía, cada uno en su casa con su familia, -y trabajen en las minas y en las labranzas, y en el criar -de los ganados, y en las otras cosas que los indios han de -hacer, segun adelante se dirá, y que no los moleste ni los -apremie á que trabajen ni hagan más de los que son obligados, -sobre lo cual se le encargue la conciencia; y que, al -tiempo que le fuere dado el cargo, jure solemnemente de -usar bien de su oficio, y si en algo excediere porqué merezca -castigo, sea castigado y punido por la justicia de Su Alteza. -Para hacer su oficio conviene que tenga consigo tres ó cuatro -españoles castellanos, ó de otros cuales quisiere, y armas las que<span class="pagenum"><a name="Page_302" id="Page_302">[302]</a></span> -fueren menester, y que no consienta á los Caciques ni á los indios -tengan armas suyas ni ajenas, salvo aquellas que parecieren -que serán menester para montear, y si más personas -él quisiere tener ó viere que le cumple, que las pueda -tener pagándoles su justo y debido salario á vista del religioso -ó clérigo que allí estuviere, y si algunos indios con él quisieren -vivir, con tanto que de los indios no pueda tener más de seis, -y con su voluntad, y no de otra manera, pero que á éstos no -les pueda mandar ir á las minas, salvo servirse dellos en -casa y en las otras cosas, y que, cada y cuando éstas se descontentaren -de su compañía, tengan libertad de irse á los pueblos -donde son naturales. Este Administrador, juntamente con -el religioso ó clérigo, trabajen cuanto pudieren por poner en -policía á los Caciques é indios, haciéndoles que anden vestidos, -y duerman en camas, y guarden las herramientas y las -otras cosas que le fueren encomendadas, y que cada uno sea -contento con tener á su mujer y que no se la consientan dejar, -y que las mujeres vivan castamente, y la que cometiere adulterio, -acusándola el marido, sea castigada ella y el adúltero -hasta pena de azotes por el Cacique, con consejo del Administrador -y religioso que allí estuviere en el pueblo; asimismo -tenga cuidado que los Caciques ni sus indios no truequen ni -vendan sus cosas, ni las dén ni las jueguen, sin licencia del religioso -ó clérigo ó del dicho Administrador, salvo en cosas de -comer y hacer limosnas honestamente, y que no los consientan -comer en el suelo. A estos administradores se dé salario conveniente, -segun el cargo y trabajo y costa que han de tener, la -mitad pague Su Alteza, y la otra mitad pague el pueblo ó pueblos -que estuvieren á su cargo; y sean casados por quitar los -inconvenientes que de allí se pueden recrecer, salvo si tal persona -se hallare de quien se deba confiar aunque no sea casado. -Y porque mejor haga su oficio, tenga escrito en un libro -todos los Caciques é indios vecinos, y personas que haya en -cada casa y lugar, porque se sepa si se va ó ausenta alguno -ó deja de hacer lo que es obligado. Para que los indios sean -instruidos en nuestra sancta fe católica, y para que sean bien<span class="pagenum"><a name="Page_303" id="Page_303">[303]</a></span> -tractados en las cosas espirituales, debe haber en cada pueblo -un religioso ó clérigo que tenga cuidado de los enseñar, -segun la capacidad de cada uno dellos, y administralles los -Sacramentos y predicalles los domingos y fiestas, y hacelles -entender como han de pagar diezmos y primicias á Dios, para -la Iglesia y sus ministros, porque los confiesan y administran -los Sacramentos, y los entierren cuando fallecieren, y rueguen -á Dios por ellos; y hacerles que vengan á misa y se sienten -por órden, apartados los hombres de las mujeres. Estos clérigos -sean obligados á decir misa cada fiesta, y entre semana los -dias que ellos quisieren, y provean como se digan misas en -las estancias, las fiestas, en la iglesia que allá se ha de hacer, -y hayan por su trabajo de los diezmos del dicho pueblo la -parte que les cupiere, y más el pié de altar y las ofrendas, -y que impongan á las mujeres y hombres que ofrezcan lo que -les pluguiere, caçabí ó ajes, y que no puedan llevar otra cosa -los dichos clérigos, por confesar y administrar los otros Sacramentos, -ni velar los casados, ni por enterramientos. Y los dias -de las fiestas, en la tarde, sean llamados por una campana -para que se junten y sean enseñados en las cosas de la fe, y -si no quisieren venir sean castigados por ello moderadamente, -y que la penitencia que les dieren sea pública porque los otros -escarmienten. Haya un sacristan, si se hallare suficiente de los -indios, sino de los otros, que sirva en la iglesia, y muestre á los -niños á leer y escribir hasta que sean de edad de nueve años, -especialmente á los hijos de los Caciques y de los otros principales -del pueblo, y que les muestren á hablar romance -castellano, y que se trabaje con todos los Caciques y indios, -cuanto fuere posible, que hablen castellano. Item, que -haya casa en medio del lugar para hospital, donde sean rescibidos -los enfermos y hombres viejos que no pudieren trabajar, -y niños que no tienen padres que allí se quisieren -recoger, y para el mantenimiento dellos hagan de comun un -conuco de 50.000 montones, y que lo hagan desherbar en -sus tiempos, y esté en el hospital un hombre casado con su -mujer y pida limosna para ellos, y manténganse dello; y que<span class="pagenum"><a name="Page_304" id="Page_304">[304]</a></span> -pues las carnicerías han de ser de comun, como adelante se -dirá, que se dé para el hombre y mujer que allí estuviere, y -para cada pobre que allí se recogiere, una libra de carne, á -vista del Cacique ó del religioso que allí estuviere porque no -haya fraude. Los vecinos de cada lugar, y los varones de veinte -años arriba y de cincuenta abajo, sean obligados á trabajar -desta manera: que siempre anden en las minas la tercia -parte dellos, y si alguno estuviere enfermo ó impedido en su -lugar se ponga otro, y salgan de casa para ir á las minas en -saliendo el sol ó un poco despues, y venidos á comer á sus -asientos tengan de recreacion tres horas, y vuelvan á las -minas hasta que se ponga el sol. Este tiempo sea repartido de -dos en dos meses, ó como al Cacique pareciere, por manera -que siempre estén en las minas el tercio de los hombres de -trabajo. Que las mujeres no han de trabajar en las minas, si -ellas de su voluntad y de su marido no quisieren, y, en el caso -que algunas mujeres vayan, sean contadas por varones en el -número de la tercia parte. Los Caciques envien con los indios -que son á su cargo, divididos por cuadrillas, los nitainos, que -ellos llaman, que fueren menester, para que éstos les hagan trabajar -en las minas, y cojan el oro, y hagan lo que solian hacer -los mineros, porque, segun por experiencia ha parecido, no -conviene que haya mineros ni estancieros castellanos, salvo -de los mismos indios. Despues que hobieren servido el tiempo -que fueren obligados en las minas, vénganse á sus casas y -trabajen en sus haciendas lo que buenamente pudieren y vieren -que les cumple, á vista de su Cacique y del religioso ó -clérigo que allí estuviere ó del Administrador. Y porque el -Cacique ha de tener más trabajo, y porque es superior, sean -obligados todos los vecinos y hombres de trabajo de dar al -Cacique quince dias en cada año, cuando él los quisiere, para -trabajar en su hacienda, y que no sea obligado á darles de -comer ni otro salario, y que las mujeres y los niños y los -viejos sean obligados á desherballe sus conucos todas las -veces que sea menester. Los indios que quedaren en el pueblo -sean compelidos á trabajar lo que justo fuere á los conucos y<span class="pagenum"><a name="Page_305" id="Page_305">[305]</a></span> -en sus haciendas, y tambien las mujeres y los niños. Debe Su -Alteza mandar tomar las haciendas que fueren necesarias y -más convenientes para principiar los pueblos, así de conucos -como de ganados, estimadas en lo que justamente valieren, -para que sean pagadas de las primeras fundiciones de la parte -que perteneciere á los indios; y los conucos se dividan por -los vecinos, á cada uno la parte que le cupiere entre tanto -que hace otra hacienda en la tierra que le fuere señalada, y -los ganados se pongan en mano del Cacique principal, para -que dello se provean los indios en la manera que adelante se -dirá. Si ser pudiere, para cada pueblo de 300 vecinos haya -10 ó 12 yeguas, y 50 vacas, y 500 puercos de carne, y 100 -puercas para criar; éstos sean guardados á costa de todos, como -bien visto fuere, y ésto se procure de sostener de comun hasta -que ellos sean hechos hábiles y acostumbrados para tenellos -propios suyos. Ha de haber un carnicero en el pueblo que dé -para cada casa medio arrelde de carne, cuando el marido estuviere -en el pueblo y no esté en las minas, y cuando estuviere en -las minas le den una libra á su mujer; y si más carne hobiere -menester para su casa y familia, que la crie con su familia -y la procure, y los dias que no fueren de carne, que se provean -como les pareciere, y al Cacique dos arreldes. Para los -que estuvieren trabajando en las minas, de sus mismos conucos -que les cupiere, el Cacique haga que las mujeres de los que allá -anduvieren amasen el pan que fuere menester, y el Cacique lo -haga llevar en las dichas yeguas de comun, y ajes y maíz, y -axí y todo lo otro que fuere menester. Haya un carnicero en -las minas y dé á cada uno de los que allí trabajaren libra y -media ó dos libras de carne, como bien visto fuere, y porque -en aquella isla hay poco pescado, sería bien procurar dispensacion -para comer carne algunos dias de cuaresma, y los otros -dias que no son de carne, y por que sea mejor proveido de la -carne, conviene que alguna parte del ganado que se hobiere de -matar para comer ande en las minas, y si de la carne de los -ganados comunes no hobiere abasto para los que andan en las -minas, que se provea como otros vendan carne á precio justo,<span class="pagenum"><a name="Page_306" id="Page_306">[306]</a></span> -y se dé por tasa para ser pagados de la primera fundicion. -El oro que se sacare de las minas vaya todo á poder del nitaino, -que ha de estar como minero cada noche, como se suele -hacer, y cuando viniere el tiempo de la fundicion, que ha de -ser de dos en dos meses ó como á los oficiales pareciere, júntese -el nitaino con el Cacique principal y con el Administrador, -y llévenlo á la fundicion porque se haga con toda fidelidad; -y de lo que saliere de la fundicion se haga tres partes, -la una para el Rey, y las dos para el Cacique y los indios. -De las dos partes del oro que perteneciere al Cacique y á los -indios, se ha de pagar las haciendas y ganados que se hobieron -para hacer los pueblos, y todos los gastos que se han de -hacer de comun, lo restante se ha de dividir por casas igualmente, -y al Cacique seis partes y á los nitainos que andan -con los indios dos partes á cada uno. De las partes que á -cada casa cupieren se han de comprar las herramientas y -otras cosas que serán menester para sacar el oro, y éstas sean -propias de cada uno, y escríbanse en un libro para que sea -obligado á dar cuenta dellas, y de lo que de ésto sobrare -cómpreles el Cacique y el clérigo y Administrador ropa y camisas, -y doce gallinas y un gallo para cada casa, y otras cosas -que les pareciere que hobieren menester para sus casas, poniéndolo -por escrito para que dén cuenta dello; y si algo sobrare -que se ponga en guarda en poder de una buena persona -que dé cuenta dello cuando se la demandaren, escribiéndolo -en cuyo poder se pone y lo que á cada uno pertenece, como -pareciere al clérigo y Administrador. Débense poner 12 españoles -mineros salariados de comun, la mitad el Rey y la mitad -los indios, que tengan cargo de descubrir minas, y luégo -que las hayan descubierto las dejen á los indios para que -saquen el oro, y se vayan adelante á descubrir otras, y no -estén ahí más ellos ni otros españoles, ni criados de españoles, -porque no les hurten el oro ni les hagan mal, y el oro -que éstos 12 sacaren, descubriendo las minas, sea comun y -pártase entre el Rey y los indios, y que sobre ésto se ponga -gran pena.»</p> - -<p><span class="pagenum"><a name="Page_307" id="Page_307">[307]</a></span></p> - -<p>«Remedio para los españoles que allá están.—Algunos dellos -se remediarán comprándoles las haciendas para los pueblos, -como arriba está dicho, otros con encomendalles la administracion -de los pueblos, otros salariándolos para mineros, -otros dándoles facultad para que por sí y por sus familias -puedan sacar oro, pagando solamente el diezmo de lo que -sacaren siendo casados y teniendo allá sus mujeres, y los -que no fueren casados paguen de siete uno; otros, dándoles -facultad para que cada uno dellos pueda meter dos ó tres ó -más esclavos la mitad varones y la mitad hembras porque -multipliquen, y á los que tuvieren indios encomendados y -otras mercedes, dándoles alguna satisfaccion y haciéndoles -otras gratificaciones por ella. Asimismo les aprovechará mucho -que Su Alteza les dé carabelas, aderezadas de bastimentos -y otras cosas necesarias, para que vayan ellos mismos á -tomar los caribes que comen hombres y son gente recia, y -éstos son esclavos porque no han querido rescibir los predicadores, -y son muy molestos á los cristianos y á los que se -convierten á nuestra sancta fe, y los matan y los comen, y los -que trujeren pártanlos entre sí y sírvanse dellos; mas, so color -de ir á tomar los caribes, no vayan á otras islas ni tierra -firme, ni prendan á los hombres que allí moraren, so pena -de muerte y perdimiento de bienes.—Otro remedio:—Que los -españoles que están en las islas serán gratificados si quisieren -ir á poblar en la tierra firme, porque éstos que han sido criados -en las islas, y están hechos á la tierra, están más aparejados -y dispuestos para vivir sin peligro en tierra firme, que -los que van de nuevo de España. Y porque algunos dellos -deben á Su Alteza y á otras personas muchas deudas, y no -ternán de que las pagar quitándoles los indios, que se les -haga alguna gratificacion en que no sean presos, ni encarcelados, -ni detenidos, si quisieren pasar á tierra firme ó á otras -de las islas. Para que los pueblos se pongan en policía, que se -muestren oficios á algunos de los indios, así como carpinteros, -pedreros, herreros, aserradores de madera, y sastres, y otros -oficios semejantes para servicio de la república. Esto es lo que<span class="pagenum"><a name="Page_308" id="Page_308">[308]</a></span> -parece que se debe hacer, por ahora, para el remedio y conservacion -de los indios, hasta que se vea por experiencia la -utilidad que dello se sigue. Pero para la ejecucion dello conviene -que haya alguna persona poderosa que lo ejecute, porque -esta mudanza de quitar los indios á los que los tienen -encomendados les será muy molesta. Los Padres que allá van, -verán lo que más ó ménos se debe hacer, y podrán quitar ó poner -lo que les pareciere. Los cristianos viejos que hicieren -mal á los indios sean castigados por las justicias de Su Alteza, -y los indios sean testigos en la causa, y creidos, segun el albedrío -del Juez.»</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_309" id="Page_309">[309]</a></span></p> - -<h2 id="LXXXIX">CAPÍTULO LXXXIX.</h2></div> - - -<p>La sustancia y órden de todos estos capítulos é Instruccion, -que los religiosos de Sant Hierónimo llevaron, dió y -ordenó el susodicho clérigo Casas, pero muchas cosas en -ella el Cardenal y los que, del Consejo que arriba se nombraron, -para ésto llamó, añidieron y alteraron, oidas algunas informaciones -de los españoles, que á la sazon en la corte se -hallaron, y contra el Clérigo y contra los indios blasfemaban -rabiando, como fué aquello que anduviesen siempre en las -minas la tercera parte de los hombres de trabajo sacando oro, -porque debiérase de considerar que estaban los tristes indios -molidos y deshechos y al cabo de las vidas, de haber andado -tantos años atras en ellas y en los otros trabajos, donde habian -tantos millares y áun millones perecido, y sólo el pensamiento -de que habian por fuerza de andar en las minas, -siempre la tercia parte, bastaba para del todo acaballos. Manifiesto -es que se les habia de dar las haciendas y los ganados -y lo demas de balde, para que comenzaran á respirar y -saber qué cosa era libertad, ó á costa del Rey ó de los españoles, -que dellos con tanto riesgo de sus vidas se habian -aprovechado, y así comenzaran y multiplicaran en número -de gente y hacienda, y despues de muchos años sirvieran al -Rey con lo que pudieran y fuera cosa tolerable; pero túvose -respeto á que nunca cesase tener provecho de los indios el -Rey, lo que, cierto, no debiera, al ménos por mucho años, pues -tan mala gobernacion se puso (aunque de creer es que siempre -fué contra su voluntad, é yo así lo tengo por cierto), so la -cual tantas gentes y tan inhumanamente perecieron. Todavía -era el Rey obligado á satisfacer á los indios sus grandes agravios, -que su gente, que á estas partes envió, habian perpe<span class="pagenum"><a name="Page_310" id="Page_310">[310]</a></span>trado, -puesto que dello le pesase y fuesen cometidos contra -su voluntad, al ménos con libertallos, amparallos, y bien y -justamente gobernallos, despues de sabido en adelante: ésto -claro está á cualquiera prudente cristiano. Finalmente, con -todo lo dicho, la intencion del Cardenal fué remediar los -tristes indios y libertallos, y con ésto creyó de cierto que los -remediaba, y en la verdad remedio era si los tomara treinta años -atras, más en número y no tan delgados y fatigados de los -trabajos, y saliera de esta manera de gobernacion estar toda -esta isla restaurada y poblada de infinita gente dellos, y el -Rey tuviera grandes provechos, y España no perdiera nada. -Lo que se dijo en los remedios de los españoles que los caribes -que comian hombres eran esclavos, porque no habian querido -rescibir los predicadores, ésto fué falsedad y testimonio -que les levantaron, porque despues que las Indias se descubrieron, -hasta hoy, nunca los caribes supieron qué cosa era -predicadores, ni les resistieron, sino á los españoles que tuvieron -siempre por hombres crueles salteadores, y por eso, cuando -podian, hacian en ellos lo que vian que hacian á los pacíficos -y domésticos indios, y que no comian carne humana; -porque si los españoles hicieran obras de verdaderos cristianos, -tan poca dificultad hobiera en traellos á la fe, ó no muy -grande, como á los demas. Pero este capítulo debió de salir de -uno que entró en este Consejo, que, cerca deste artículo, erró -y fué harto engañado los tiempos pasados, dando crédito á los -salteadores y tiranos que aquellas gentes alborotaron y pusieron -con sus crueles obras en odio del nombre cristiano, segun -que en el libro II desta Historia hemos declarado. Y porque -todavía estaba, en alguno ó algunos de los que en este Consejo -entraron, asentado el dicho pernicioso error que estas gentes -no eran para vivir por sí, ni tenian ni eran hábiles para tener -policía, como si las halláramos como brutos por las montañas -esparcidos, y las monteáramos, y no en sus pueblos, y grandes -pueblos, pacíficos y quietos, y en toda justicia natural, con -sus Reyes y señores, ordenados y regidos segun su manera -natural y policía, harto mejor que en otras muchas naciones.<span class="pagenum"><a name="Page_311" id="Page_311">[311]</a></span> -Púsose otro segundo remedio para los indios, aunque no remedio -era, ni lo fué, ni jamás lo será, sino vastacion total de -aquellas gentes y tierras, como de verdad lo ha sido, y por -los pecados de nuestra España, el mundo todo della es; este -remedio era que se estuviesen los repartimientos y encomiendas -como se estaban en poder de los españoles, con que se -moderasen las leyes y ordenanzas inícuas que en Búrgos el -año de 12 se hicieron, como arriba en el cap. 13 referimos. -Esta es verdad clara y manifiesta entre todos los que no -pretenden interese en los indios, y áun los mismos que lo -pretenden y son destruidores dellos lo saben mejor que otros, -pues los consumen, y sus mismas obras á que lo confiesen les -fuerzan, que ninguna ley, ni pena, ni amenaza, aunque sea -de muerte, aprovecha cosa ninguna para que estorbe ó impida -que los indios no mueran corporalmente, y para que no -aborrezcan la fe y religion cristiana ántes que la oigan y resciban, -y si la rescibieren, no sea milagro no dejalla y apostatar -della, si los indios repartidos y encomendados á los españoles -estuvieren; véanse las islas, esta Española y las demas, -y 4 ó 5.000 leguas de tierra firme, que son lamentables testigos -dello. Así que, el Cardenal, como no del todo tenia desto -experiencia, pasó con lo que allí algunos dijeron, y el Clérigo -no pudo impedillo más de que trabajó que se limitasen las -dichas leyes, en caso que la infelicidad de los indios causase -que en la tiranía susodicha permaneciesen.</p> - -<p>Fué, pues, lo segundo, que los Hierónimos llevaban en su -Instruccion, lo que se sigue:</p> - -<p>«En caso que se hallase que el primer remedio de hacer -pueblos y poner los indios en policía no hobiese lugar, y que -todavía pareciese que debian estar encomendados, como hasta -aquí, deben proveer y remediar para adelante en los artículos -siguientes. Lo primero en que se guarden las siete conclusiones -y determinaciones que los letrados, por mandado del Rey, -nuestro señor (que haya gloria), dieron cerca del tratamiento -de los indios, y tambien las otras cuatro, en cuanto determinaron -que las mujeres todas y los niños hasta catorce años no<span class="pagenum"><a name="Page_312" id="Page_312">[312]</a></span> -sean obligados á servir, salvo en la manera que allí se contiene, -pero lo contenido en la sexta conclusion no se debe guardar -por lo que adelante se dirá. Item, en cuanto á lo que la -ley primera dice, y tambien la segunda, que los indios sean -traidos á los pueblos y estancias de los españoles, no se debe -hacer, porque por experiencia ha parecido que desto se han -recibido muchos inconvenientes, así en lo que toca á la instruccion -de la fe como al mal tractamiento de sus personas. -La ley 11, que habla de llevar cargas los indios, se debe -quitar, mandando que ningun cargo les hagan llevar á -cuestas, mudándose ni de otra manera. La ley 13, que habla -del trabajo y huelga, parece que se debe de enmendar, porque -el tiempo del trabajo es mucho, y en el tiempo que se -ha de hacer no debian ser apremiados á que trabajasen en -otra cosa, y en el tiempo del trabajo debian holgar tres horas -al medio dia, y entrar salido el sol en el trabajo, y salir en -poniéndose el sol. La ley 15, que habla del dar de la carne -solamente las fiestas, parece que se debe de enmendar y -mandar que les dén carne cada dia de la semana, así estando -en el trabajo como fuera dél, y caçabí, é ajes, y axí abasto, y -los dias que no fueren de carne les dén pescado ó las otras -cosas que se pudieren haber. La ley 18, que habla del servicio -que han de hacer las mujeres preñadas, se debe quitar, -y mandar que ninguna mujer sea obligada al trabajo, salvo -en su hacienda, y como se contiene en las cuatro conclusiones -postreras. La ley 20, que habla del salario que se debe -dar á cada uno de los indios que sirven, parece que se debe -enmendar, porque es muy poco salario un peso de oro en -un año, y se debe dar mucho más especialmente si dello se -ha de dar algo á los Caciques. La ley 21, que habla contra -los que se sirven de los indios que no son suyos, débese -agraviar la pena, porque es poca. La ley 25, débese enmendar, -y mandar que no anden sino la tercia parte precisamente, -porque los que despues hobieren de ir allá estén -holgados y puedan trabajar. La ley 26 débese enmendar, que -no anden los mineros á partido, como suelen, cierta parte del<span class="pagenum"><a name="Page_313" id="Page_313">[313]</a></span> -oro que se saque, sino que les dén cierto jornal y soldada y -sean juramentados por los Visitadores que no hagan trabajar á -los indios demasiadamente, y que sean hombres los mineros de -buena consciencia, y no los que hasta agora han sido que han -agraviado á los indios. La ley 27 débese enmendar, que por -agora no se traigan los indios de otras islas de los Lucayos, hasta -que sobre ello sea más visto. La ley 29 y la ley 30 se deben enmendar, -que los Visitadores ni otros oficiales algunos no tengan -indios, sino que se les dé salario por Sus Altezas y no por los -vecinos, porque no hagan lo que ellos quisieren. La ley 31 se -debe enmendar, y mandar que los Visitadores en todo el año -visiten los lugares donde quiera que hobiere indios, y debria -haber más de dos Visitadores, porque mejor hagan sus oficios. -Débese mirar la ley postrera, donde se dice que si los indios en -algun tiempo fueren capaces para vivir en policía y regirse por -sí mismos, que se les dé facultad que vivan por sí é les manden -servir en aquellas cosas que los otros vasallos de acá suelen -servir, para que sirvan y paguen el servicio que los vasallos -suelen dar y pagar á sus Príncipes, y que miren si alguno de -los que agora hay son capaces para ésto, y provean sobre -ello, y tambien provean en cuanto vieren que conviene para -alcanzar este fin, y procuren todos los medios que hallaren ser -convenientes para ésto y para la instruccion de la fe en ellos. -Y, sobre todo lo ya dicho, debeis proveer y mirar lo que más -conviene para el servicio de Dios é instruccion de los indios -en nuestra santa fe, y para el bien dellos y de los pobladores -de las dichas islas, y aquello que os pareciere que sobre ello -se debe proveer enviadlo acá, para que, visto, se os envien -todas las provisiones que para ello fueren necesarias.»</p> - -<p>Esta fué la segunda Instruccion que los religiosos de Sant -Hierónimo llevaron, para poner órden y remedio en la perdicion -de los indios, en caso que no se pusiesen en libertad -por su incapacidad, fundándose en el susodicho error y ceguedad -grande que hobo por muchos tiempos en el Consejo -del Rey, por la falsedad y maldad que los tiranos inventaron -para se sustentar en sus tiranías, como es dicho muchas<span class="pagenum"><a name="Page_314" id="Page_314">[314]</a></span> -veces, levantando falsísimos testimonios á los inocentes indios, -en especial éste de que no eran hábiles para vivir por -sí. Las siete conclusiones que dice la Instruccion que se guarden, -en caso que este segundo remedio se haya de poner, -quedan puestas en el cap. 8.º, y las cuatro que tambien mandan -que se guarden, se refirieron en el cap. 17; la sexta, que -dice no deberse guardar, era que se diese órden como siempre -tuviesen comunicacion con los españoles que acá venian á -poblar, porque el Clérigo insistió en que ántes, para vivir, ser -los indios cristianos y de buenas costumbres, convenia que -con los españoles no conversasen, lo uno, por las vejaciones -y robos y males que siempre les hacian, y hoy hacen, -donde quiera que están con ellos é cerca dellos, y lo otro, -por sus desordenadas y malas obras, que comunmente han -sido en estas Indias, á la ley de Jesucristo y á toda razon y -virtud, contrarias, las cuales viendo los indios, por mucho y -bien que los predicadores les predicasen la vida cristiana, culpando -los vicios y las virtudes loando, habian de creer, y por -consiguiente hacer, el contrario.</p> - -<p>Es bien aquí de considerar, qué tales fueron las dichas -treinta y tantas leyes que dijimos haberse hecho en Búrgos, -pues aquí todas las enmendó el Cardenal y los que con él, -del Consejo, que habian sido en hacellas, se juntaron, y pudiera -bien á la clara condenallas por más que tiránicas, pero -modesta y tácitamente, segun parece, las blasfemaron. Tractó -aquí tambien el Cardenal que fuera cosa conveniente que en -la corte hobiese alguna persona que tuviese cuidado de procurar -lo que cumpliese á los indios, y que aquel habia de ser -hombre de ciencia y conciencia; tratóse tambien que debian de -enviarse de Castilla algunos labradores para la poblacion destas -islas, gratificándolos en algunas cosas; pero destas dos cosas postreras -no se tractó más, como nunca hobo quien tuviese cuidado -de tratar y negociar el bien universal destas partes, sino sólo el -Clérigo, y, cuando él callaba, nunca en él jamás de hecho y -con perseverancia se habló, y ésto la historia lo mostrará más -adelante. En este tiempo, muchas más cosas, y mejores pro<span class="pagenum"><a name="Page_315" id="Page_315">[315]</a></span>visiones, -y más ciertos remedios para los indios, (supuesto -siempre el primero, que es el verdadero, conviene á saber, -ponellos en libertad, sin el cual ninguno hay bueno), y para -que los españoles pudieran vivir sin tener indios en estas -islas, se despacharan, y el Cardenal los proveyera, si el clérigo -Casas hobiera más pensado en ello y se las notificara, -como despues, andando en los negocios, alcanzó, segun el -crédito el Cardenal le daba, pero como poco habia que lo -habia considerado, y la tiranía estaba tan entablada y arraigada, -y anduvo en el negocio, como en cosa nueva y escandalosa, -paso á paso y como acobardado, harto pensó que -habia bien negociado en poner los indios en libertad, sacándolos -del poder del diablo, y, ya que ésto no se efectuara, -ser causa de enmendar todas las dichas leyes, para estorbar -algo de la opresion que los indios padecian, segun los males -eran grandes.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_316" id="Page_316">[316]</a></span></p> - -<h2 id="XC">CAPÍTULO XC.</h2></div> - - -<p>Complidos con los despachos que pertenecian á los religiosos -de Sant Hierónimo, para lo que habian de poner por -obra en remedio de los indios, á lo cual, y no á otra cosa -eran enviados, proveyó y mandó el Cardenal al Clérigo que -fuese con ellos, y los instruyese, informase y aconsejase todo -aquello que conviniese para lo que en favor de los indios y -en asiento de la tierra iban á efectuar, para lo cual le mandó -dar la siguiente Cédula ó provision.</p> - -<p>«La Reina y el Rey.—Bartolomé de las Casas, clérigo, natural -de la ciudad de Sevilla, vecino de la isla de Cuba, que -es en las Indias: Por cuanto somos informados que há mucho -tiempo que estais en aquellas partes é residís en ellas, de -donde sabeis y teneis experiencia en las cosas dellas, especial -en lo que toca al bien y utilidad de los indios, y sabeis y -teneis noticia de la vida y conversacion dellos por haberlos -tractado, y porque cognoscemos que teneis buen celo al servicio -de nuestro Señor y nuestro, de donde esperamos que lo -que vos encargáremos y mandáremos hareis con toda diligencia -y cuidado, y mirareis lo que cumple á la salud de las -ánimas y cuerpos de los españoles é indios que allá residen, -por ende, por la presente vos mandamos que paseis á aquellas -partes de las dichas Indias, así de las islas Española, Cuba, Sant -Juan y Jamáica, como tierra firme, y aviseis é informeis y -deis parecer á los devotos padres Hierónimos, que Nos enviamos -á entender en la reformacion de las Indias, y otras personas -que con ellos entendieren en ello, de todas las cosas -que tocaren á la libertad é buen tractamiento é salud de las -ánimas y cuerpos de los dichos indios de las dichas islas y -tierra firme, y para que nos escribais é informeis y vengais á<span class="pagenum"><a name="Page_317" id="Page_317">[317]</a></span> -informar de todas las cosas que se hicieren y convinieren hacerse -en las dichas islas, y para que en todo hagais lo que -conviniere al servicio de nuestro Señor é nuestro, que para -todo ello vos damos poder complido, con todas sus incidencias -y dependencias, emergencias, anexidades é conexidades; y -mandamos al nuestro Almirante é Jueces de apelacion é otras -cualesquier justicias de las dichas islas y tierra firme, que vos -guarden y hagan guardar este Poder, é contra el tenor y forma -dél vos no vayan, ni pasen, ni consientan ir ni pasar en tiempo -alguno, ni por alguna manera, so pena de la nuestra merced é -de 10.000 maravedís á cada uno que lo contrario hiciere. Fecha -en Madrid, á 17 dias de Setiembre de 1516 años.—F. <i>Cardinalis</i>.—<i>Adrianus -Ambasiator.</i>—Por mandado de la Reina -y del Rey, su hijo, nuestros señores, los Gobernadores: en su -nombre, George de Baracaldo.»</p> - -<p>Este fué el poder que mandó dar el Cardenal, y Adriano, -Embajador, que con el Cardenal, como se dijo arriba, gobernaba, -al dicho clérigo Casas; constituyéronlo tambien por -Procurador ó protector universal de todos los indios de las Indias, -y diéronle salario por ello 100 pesos de oro cada año, -que entónces no era poco como no se hobiese descubierto el -infierno del Perú, que con la multitud de quintales de oro -ha empobrecido y destruido á España. Hiciéronse tambien los -despachos del licenciado Zuazo, que enviaron por Juez de residencia, -segun se dijo arriba, los cuales habia ordenado el -doctor Palacios Rubios como debian de ir muy ampliados y -con poder muy complido, segun la necesidad que habia de -tomar cuenta á los Jueces destas Indias, en especial de esta -isla Española. Estos despachos llamaron el licenciado Zapata -y el doctor Carabajal, poderes exorbitantes, alegando que no -se debia dar tan grandes poderes ni fiar tanto de un hombre; -la razon que el licenciado Zapata, que era en ésto más antiguo -y que más habia entendido en las cosas destas Indias, y -tras quien iba el doctor Carabajal, se creyó que movia, era -porque en estas, mayormente en esta isla, tenia muchas personas -que él favorecia, Jueces y oficiales del Rey y de otras<span class="pagenum"><a name="Page_318" id="Page_318">[318]</a></span> -cualidades, que trabajaba de sustentar en los oficios, y le pesaba -que decayesen dellos, por algunos respetos que él se -sabia y sólo bastaba, porque todo lo que el obispo de Búrgos -determinaba y hacia, cerca de la gobernacion destas Indias, era -por su parecer, y como esta Provision nueva era contra lo que -ellos con tanta ceguedad tantos años habian sustentado, pesábale -al Licenciado, como al Obispo fué cierto della pesarle. Así -que, con este título de que llevaba el licenciado Zuazo poderes -exorbitantes, no querian los dos firmallos, por lo cual le dilataban -las provisiones y despachos tanto, que de aborrido se -queria tornar á su colegio, y envió á decir al clérigo Casas, que -ya estaba de partida, que le hacia saber, que si se iba sin que -las Provisiones él hobiese cobrado, se tornaria á Valladolid de -donde no le tornaria ninguno á sacar si una vez en su colegio -entraba. El Clérigo va luégo al Cardenal, que ya creia -ser el Licenciado despachado, y díjole cómo le dilataban los -despachos de dia en dia con palabras, y como se queria -tornar á su casa; luégo el Cardenal, como era varon egrégio -y que ninguno con él se burlaba, entendiendo la cosa por los -términos que iba y de dónde se derivaba, mandó llamar al -licenciado Zapata y al doctor Carabajal, y en su presencia -mandóles que señalasen todas las provisiones que pertenecian -al licenciado Zuazo. Los cuales las señalaron y pusieron cierta -señal ó rasgo á sus firmas, para que, desque viniese el -Rey, pudiesen decir que las habian firmado contra su voluntad, -porque el Cardenal los habia á ello forzado. Con ésto fué -Zuazo bien despachado, aunque pesó á todos los que dolia -que á estas tierras viniesen tales despachos. Fuese el clérigo -Casas á despedir del Cardenal á y besarle las manos, y, por no -dejar de hacer cosa de todo aquello que le parecia convenir -á aquellos negocios tan pios en que Dios le habia colocado, -animosamente dijo al Cardenal: «Señor, no quiero llevar escrúpulo -de conciencia sobre mí, pues estoy ante quien soy -obligado á avisar, y puede los defectos de lo que se desea remediar: -sepa vuestra señoría reverendísima que estos frailes de -Sant Hierónimo, en cuyas manos ha puesto la vida y la muerte<span class="pagenum"><a name="Page_319" id="Page_319">[319]</a></span> -de aquel orbe lleno de infinitas ánimas, han dado muestra -que no han de hacer cosa buena, ántes mucho mal, porque -sepa vuestra señoría reverendísima que de tal manera se han -mostrado parciales y aficionados á los seglares que han destruido -aquellas gentes, dándoles crédito á sus palabras, dorando -y excusando sus tiranías y maldades, infamando, vituperando -y aniquilando los inocentes indios, que con su muerte -y angustias y trabajos no pensados, les han dado, y sustentándolos, -que en cuanto dicen y hablan los excusan y tractan y -procuran dar á entender que llegados allá converná proveer -otra cosa de lo que llevan por vuestra señoría reverendísima -mandado, y desto es testigo el doctor Palacios Rubios, que un -dia tanto hablaron con él en favor de los dichos seglares, -que el Doctor se admiró y escandalizó, y respondióles: A la -mi fe, padres, sabeis que vo viendo que teneis poca caridad -para llevar á cargo negocio tan espiritual y de tan inmensa -calidad é importancia. El cual, ántes que fuese á la Mesta, -vino dos veces con harto trabajo de su gota á hablar á vuestra -señoría, é informalle de la mala disposicion que cognoscia -dellos para fialles cosa donde tanto, si la erraban, podian -errar, y de erralla habian dado ciertas señales, para que vuestra -señoría no los enviase, sino de quien se tuviese mejor -confianza; pero, como vuestra señoría reverendísima estaba -á la sazon muy fatigado de la enfermedad que estos dias pasados -tuvo, se tornó y partió para la Mesta con harta pena y -cuidado.» El Cardenal, oidas estas palabras, quedó como espantado, -y al cabo de un poco dijo: «¿Pues de quién lo -hemos de fiar? allá vais, mirad por todo.» Con ésto, besadas -las manos y rescibida su bendicion, se partió para Sevilla el -clérigo Casas; los frailes ya eran idos para sus conventos: el -Prior de la Mejorada, llamado fray Luis de Figueroa, hombre -harto entendido, y el fray Bernardino Manzanedo, y por el de -Sevilla, que estaba nombrado, acordaron entre sí que fuese un -fray Alonso de<a name="FNanchor_1" id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>, Prior de su monasterio de Búrgos, que<span class="pagenum"><a name="Page_320" id="Page_320">[320]</a></span> -llaman Sant Juan de Ortega; llevaron consigo otro compañero, -fraile viejo, no para más de para que los acompañase, buen -religioso, porque los tres solos trujeron cargo de lo que acá se -les mandaba ejecutar. El fray Luis de Figueroa, Prior de la Mejorada, -vino por superior y Prelado de los demas, en lo que -tocaba á la obediencia y cosas tocantes á su Órden. Mandóles -dar el Cardenal muy cumplidamente lo necesario y áun lo que -les sobrase para su viaje, y provision de vino y harina y otras -cosas que acá no habia, para miéntras que en estos negocios -estuviesen no les faltasen para su mantenimiento y recreacion -las cosas de Castilla. Mandó asimismo proveer de pasaje y de -matalotaje y cosas necesarias para su viaje al Clérigo, abundantemente, -á costa del Rey.</p> - -<div class="footnote"> -<p><a name="Footnote_1" id="Footnote_1" href="#FNanchor_1"><span class="label">[1]</span></a> En blanco en el original.</p> -</div> -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_321" id="Page_321">[321]</a></span></p> - -<h2 id="XCI">CAPÍTULO XCI.</h2></div> - - -<p>Llegados á Sevilla, entendióse con diligencia por los oficiales -de la contratacion en el despacho de los padres Hierónimos -y del Clérigo; el Juez de residencia no vino en aquel -viaje, sino en otro desde á tres meses, porque no se despachó -de sus cosas más presto. El Clérigo comunicaba las veces que -via convenir á los padres de Sant Hierónimo, y dijo que queria -ir con ellos en la nao que ellos iban, por informallos á la -larga de las cosas destas islas é tierra firme, á donde tan -nuevos venian, y tanta necesidad de ser informados de la -verdad, que por ser todos los demas interesados les negaban, -tenian; y finalmente, por cumplir el oficio que el Cardenal, en -nombre del Rey, le habia impuesto de informalles, y avisalles -y dalles parecer en todo lo que hobiesen de hacer. Trabajó -cuanto pudo de ir en su navío, pero ellos nunca quisieron -consentillo, dándole algunas excusas y razones, que para su -descanso y consuelo (como, que no llevaria en la nao dellos -tan buen aposento como en otra que allí iba), enderezarlas -parecia; y ello acaeció así, aunque segun se creia no pretendian -ellos el consuelo del Clérigo, sino su libertad para hacer -lo que despues hicieron. Embarcóse, pues, el Clérigo en otra -nao mayor que la que los Padres llevaban, donde fué asaz muy -más bien aposentado que fuera con ellos; lo cual, cierto, él -pospusiera de buena voluntad y escogiera la estrechura, por -lo mucho que iba en ello, excusando el daño que despues al -negocio todo vino; finalmente, se hicieron todos juntos en diversas -naos á la vela, en el puerto de San Lúcar, dia de Sant -Martin, que es á 11 de Noviembre año de 1516. Trujeron muy -buen viaje todos hasta la isla de Sant Juan, y estuvieron en el -Puerto-Rico cuatro ó cinco dias, y porque la nao en que venia<span class="pagenum"><a name="Page_322" id="Page_322">[322]</a></span> -el Clérigo traia cierta mercadería para dejar en aquella isla, -y se habia de detener por esta causa catorce ó quince dias, -díjoles que se queria pasar á la suya, sóla su persona, para -entrar con ellos en este puerto y ciudad de Sancto Domingo, -que dista de aquel camino de dos ó tres dias, asignándoles las -causas porque mucho convenia para efecto del oficio y negocio -que traian, pero nunca quisieron, y así llegaron á esta isla, -ciudad y puerto de Sancto Domingo, ántes que el Clérigo trece -dias. Pudieran colegir los dichos Padres, los dias que en aquella -isla de Sant Juan estuvieron, claros argumentos de las obras -que los españoles acostumbraban ejercitar en los indios, por -dos cosas que allí vieron; la una, que un vizcaino, llamado -Joan Bono (á quien no le pertenecia más el bono que al negro -Joan Blanco, famoso pirata y salteador y robador de indios), -habia pocos dias venido al dicho Puerto-Rico de hacer un -salto en la isla que llaman de la Trinidad, que está junto á la -tierra firme de Paria, de la cual mucho dejamos arriba asaz -dicho. La gente desta isla de la Trinidad era gente muy buena -y enemiga de los que comian carne humana, que llaman caribes. -Y fué desta manera, qué llegado á la isla de la Trinidad -con un navío, y creo que 50 ó 60 españoles muy ejercitados -en ofrecer á Dios semejantes sacrificios, salieron los -indios, vecinos de la dicha isla, del pueblo que por allí estaba, -con sus armas, que eran arcos y flechas, preguntando qué -gente eran y á qué venian ó qué querian. Respondió Joan -Bono, que eran gente de paz y buena, y que venian á vivir é -morar con ellos. Los indios, como gente llana y pacífica, y -tambien demasiadamente crédula y no recatada, como debiera -ser, en especial teniendo noticia de grandes crueldades, -saltos é insultos que los tiempos pasados, luégo que el Almirante -primero los descubrió, y despues muchas veces, como -arriba parece en el primer libro, y pocos dias pasados, sus -vecinos habian padecido de los españoles, dieron crédito á las -palabras de Joan Bono, diciendo: «Pues si no venís á más ni -quereis otra cosa sino morar con nosotros, plácenos dello y -luégo haremos casas en que vivais.» Ordenan luégo de les<span class="pagenum"><a name="Page_323" id="Page_323">[323]</a></span> -hacer casas, pero Joan Bono, para lo que pensado y determinado -traia, no tenia necesidad de casas sino de sóla una que -fuese grande, la cual hicieron á su manera, de forma de campana, -donde cupieran y pudieran vivir cien personas, cuanto -al enmaderamiento de palos posteles, y varas y latas muy -tejidas, en breves dias; restaba cubrilla toda de paja muy bien -puesta por defuera, la cual hay en estas Indias hermosa y -odorífera y sana, que es maravilla. Cada dia de los que allí -estuvieron eran servidos de los indios, de comida, pescado, y -pan y frutas, y de todo lo que tenian y de cuanto les pedian, -como si todos fueran sus señores ó sus hijos. Dió priesa, pues, -Joan Malo que la cubran, y ellos, que de muy buena voluntad -lo hacian, se la daban en cuanto podian con gran regocijo, y -llegando á dos estados desde el suelo de cubertura, que ya -no podian ver los de dentro á los que estaban fuera, tuvo -cierta industria Joan Bono y sus consortes, de convocar toda -la más gente del pueblo, hombres y mujeres, que viniesen y -entrasen dentro á ver lo que se hacia; los cuales entrados, -que serian segun estimo más de 400, con mucho placer y -alegría, cercan toda la casa por defuera algunos de los nuestros -con sus espadas sacadas, y Joan Bono con ciertos dellos entran -por la puerta con las suyas desenvainadas, diciéndoles que -no se moviesen sino que los matarian. Los indios desnudos, -en cueros, viendo las espadas, temiendo ménos la muerte -que el captiverio, arremeten con gran ímpetu á la puerta, -metiéndose por las espadas, por salvarse como quiera que -fuese, y á sus mujeres é hijos. Joan Bono, y todos los que con -él estaban, desbarrigan cuantos podian, á unos tendian con -estocadas, á otros cortaban brazos, á otros piernas, y á otros -lastimaban con terribles heridas. Alguna gente de los hombres -y de las mujeres y niños que allí estaban, que no forcejaron -á salir, viendo la sangre de los que allí caian, estuvieron -tremebundos esperando la muerte, creyendo que en aquello -pararian, dando terribles alaridos, pero no pararon sino -en maniatallos para los traer por esclavos, que era el fin de -Joan Bono y de su cofradía; y creo que fueron los que allí<span class="pagenum"><a name="Page_324" id="Page_324">[324]</a></span> -ataron y llevaron al navío 185. De los hombres que de la mortandad -y cuchillo de la casa se escaparon, y de otros que no -habian ido á ella que estaban en sus casas ó por el pueblo, y -serian hasta 100, vista la traicion crudelísima que Joan Bono -habia urdido, tomaron sus armas y recogiéronse á una casa de -las suyas (y háse de entender que todas eran de paja, y ellos -todos en cueros desnudos), para se defender que no los matasen -ó llevasen captivos; fué á ellos Juan Bono diciéndoles -que saliesen, que no los matarian, ellos, entendiendo que los -habia de captivar, defendieron la puerta réciamente, que no -entrasen, con sus flechas y arcos. En fin, viendo Juan Bono -que no tenia remedio para los maniatar, acordó de cumplidamente -pagalles el hospedaje y buen tratamiento que dellos -habia rescibido, y así mandó pegar fuego á la casa donde estaban -los cien hombres, en la cual, con las mujeres y niños -que en ella demás habia, fueron quemados vivos. Recogióse -al navío con los 180 que habia preso, tan de buena guerra -como queda dicho, y alzadas sus velas vínose por la dicha isla -de Sant Juan y vendió en ella los que quiso, y de allí con los -demas á esta isla, donde hizo lo mismo, y cuando allí llegaron -los padres Hierónimos era él recien llegado desta, y dél -supe y de su misma boca oí lo que aquí escribo. Sabido ésto -por el Clérigo, refiriólo á los Padres con harto dolor de su -corazon, y mancilla, pero poco los movió para lo reprender -ni para que despues proveyesen á los males que cada dia contra -estas tristes gentes se cometian, y es cosa de notar y áun -de llorar lo que pasó al clérigo Casas con el dicho Juan Bono, -riñéndole aquel abominable hecho, porque de ántes era su -cognoscido. Confesaba el mismo Juan Bono que en su vida -habia hallado padre y madre sino en la isla de la Trinidad, -segun el buen acogimiento, y hospedaje, y obras, y con tanto -amor y voluntad hechas que de aquella gente habia rescibido, -y reprobándole su inaudita ingratitud el Clérigo, díjole: «Pues, -hombre perdido, si tales obras de padre y madre dellos rescibistes, -¿por qué cometistes en ellos tan ingrata maldad y -crueldad?» Respondióle Juan Bono: «A la mi fe, padre, por<span class="pagenum"><a name="Page_325" id="Page_325">[325]</a></span>que -así me lo dieron por destruicion, conviene á saber, que -si no los pudiese captivar por paz que los captivase por guerra»; -llamaba destruicion á la Instruccion que los Oidores desta -Audiencia desta ciudad le dieron para que fuese á saltear indios -de las islas y tierra firme. Y esta era la justa gobernacion -con que los Oidores desta Chancillería procuraban el -bien universal destas gentes y tierras, y todas las otras Chancillerías -que despues se pusieron por todas estas Indias fueron -iniquisísimas, destruyéndolas, como parecerá, por ésta y por -otras muchas detestables maneras. La otra cosa que acaeció -en aquella isla de Sant Juan, de donde los padres de Sant -Hierónimo pudieran bien argüir la tiranía mortífera que de -los españoles los pobres indios padescian, fué que uno de los -que se ponian por Visitadores en cada pueblo de españoles -para los indios, que arriba en el libro II, ser el cruel -verdugo que más cruelmente azotaba y afligia los indios, dijimos, -aunque era el principal vecino del pueblo, porque vino -el tirano Comendero á quejarse de un indio, ó porque no le -servia bien, ó porque se le habia huido de los trabajos que se -le daba, como huye la vaca ó el buey de la carnecería, dióle -tan crueles azotes, amarrado á un poste, como si los diera á -un su cruel enemigo, que cuasi lo dejó medio muerto. Oyó los -azotes el Clérigo, porque pasaba por allí; fué allá luégo, y, -con vehemente compasion y autoridad, increpa al cruel Visitador -la injusticia que hacia, el cual todo confuso ninguna -cosa le osó decir, pero quitado el Clérigo de allí, creo, si no -me he olvidado, que tornó á azotar al indio. Todo ésto constó -á los Padres, y debiera bastar para comenzar á informar sus -ánimos y estar sobre aviso para no se dejar persuadir de los -que, sin ninguna duda, eran ciertos capitales enemigos de los -indios; cuanto más que sobraba testimonio, pues lo que era -notorio al mundo ellos ya sabian, conviene á saber, haberse -asolado estas islas y parte de tierra firme por aquellas obras y -caminos.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_326" id="Page_326">[326]</a></span></p> - -<h2 id="XCII">CAPÍTULO XCII.</h2></div> - - -<p>Por este tiempo y año de 1516, no olvidaban los españoles -que tenian cargo de consumir la gente mansísima de la isla -de Cuba, de procurar ir á despoblar otras comarcanas y lejanas, -trayendo los vecinos y naturales dellas á ella, como vian -que con la priesa de sacar oro se les iban muriendo los que -allí oprimian, por la misma manera que se habia usado en -esta Española, que, viendo que se acababan los vecinos de -ella, inventaron hacer armadas para saltear los que llamaban -Lucayos, de que asaz hemos arriba hablado. Así, los españoles -que en Cuba vivian, siguieron el dicho trillado camino, -juntándose tres ó cuatro, más ó ménos, segun los dineros alcanzaban, -que, de la sangre de los indios que allí habian -muerto y mataban, esprimian, y aparejada una, ó dos, ó tres -carabelas ó navíos, iban y enviaban (y Diego Velazquez, que -la isla gobernaba, dándoles larga licencia para ello), á las islas -de los Lucayos y otras, á saltear y traerlos cargados de indios, -que estaban en sus tierras y casas, quietos y pacíficos. Entre -otras armadas hicieron una, en la cual acaeció lo siguiente: -Salieron del puerto de Santiago de Cuba un navío y un bergantin -con hasta 70 ó 80 españoles, por la parte de la isla -que llaman del Sur, abajo, y navegando hácia la tierra firme, -y cuasi al rincon ó ensenada que hace la tierra y punta de -Yucatán (puesto que no vieron tierra ninguna), llegaron á -unas isletas que, segun en el segundo libro dijimos, descubrió -el primer Almirante año de 502 ó de 503 (aunque pensaron -estos ser dellas los primeros descubridores), que se llama<span class="pagenum"><a name="Page_327" id="Page_327">[327]</a></span>ban -Guanajes ó de los Guanajes, y creo que son dos isletas ó -tres que así se llaman. Llegados á ellas, y estando la gente -dellas descuidada y segura, saltan los españoles en la una, y -muertos los que pudieron con las espadas y lanzas que llevaban, -prenden della toda la gente que pudieron, y despues -van á la otra y hacen otro tanto, y cargado el navío de gente, -cuanta haber pudo, vuelvénse á la isla de Cuba con intencion -de tornar por el resto de la gente que en las dichas islas quedaba. -Dejaron 25 españoles en ellas, con el bergantin, para -que rebuscase y guardase la gente que más hobiese, hasta la -vuelta del navío que aquellos llevaban; el cual, llegado á la -isla de Cuba y puerto de Carenas, que ahora llamamos de la -Habana, saliéronse cuasi todos los españoles á holgar en tierra, -quedando dellos ocho ó nueve á guardar el navío y los -indios, que debajo de la escotilla y de cubierta sin ver luz -ninguna estaban, los cuales, como debian sentir su infortunio -y no dormir todo el tiempo, sino estar sobre aviso, advirtiendo -que arriba, sobre cubierta, no sonaban tantas pisadas -ni oian tanto estruendo, entendieron haberse salido la gente -á tierra y quedar el navío sólo ó con pocos, por lo cual trabajaron -de forcejar contra la escotilla, que es la portezuela ó -agujero cuadrado por donde se sale y entra de abajo arriba, -y, ó quebraron la cadena delgada que tener suele, ó sin quebrarla -la quitaron, sin que ocho ó nueve marineros, que habian -quedado á guardar el navío, porque dormian ó estaban -descuidados, lo sintiesen. Finalmente, salieron todos los indios -que estaban abajo y matan á todos los marineros, y como si -toda su vida fueran experimentados en aquel oficio de navegar, -cosa maravillosa, nunca otra así vista en una gente desnuda, -sin armas, estimada dellos siempre y menospreciada -por bestial é inculta, alzan á su placer sus anclas del navío, -suben harto más ligeramente por la jarcia que los marineros, -y sueltan sus velas y comienzan á navegar derechos á sus -islas, que distan de allí más de 250 leguas. Los marineros y -gente española, que se holgaban paseándose por la ribera, -desque vieron tan desenvuelta y ardirmente alzar las anclas<span class="pagenum"><a name="Page_328" id="Page_328">[328]</a></span> -y tender las velas y guiar el navío como si ellos todos estuvieran -dentro, espantados comienzan á capear y dar voces, -creyendo ser los compañeros, llamándolos y diciendo si habian -perdido el seso, pero desque vieron los muchos indios -que andaban tan ligeros echando mano de las cuerdas y aparejos -y guiando el navío por el mismo camino donde vinieron, -comenzaron á entender que aquello era por mal de los -compañeros, y que los indios los habian muerto, y se iban -para su tierra, los cuales estuvieron mirando hasta que desparecieron; -los cuales, no supimos en cuantos dias, pero llegar -á ella, como si fueran muy pláticos marineros que se rigieran -por el aguja y carta de marear, fué cosa cierta. Llegados á -su isla, hallaron los 25 españoles bien descuidados de ver -el navío sin cristianos, dieron los indios en ellos con gran -esfuerzo, con las lanzas y palos y piedras que en el navío -estaban, y pelearon los unos con los otros, y, descalabrados -muchos de ambas partes, al cabo los indios prevaleciendo -contra los 25 españoles, y los españoles viéndose -apretados y que no los podian resistir, acordaron de -se recoger al bergantin que les habia quedado, y huir la costa -de la mar abajo, y, para dejar memoria de sí cuando españoles -viniesen, en un árbol, que estaba junto á la lengua del -agua, con un cuchillo hicieron una cruz impresa quitando la -corteza del árbol, y unas letras que decian «Vamos al Darien.» -Tornando, pues, atras un poco desta historia, como -Diego Velazquez supo que los indios habian muerto los ocho -españoles y alzádose con el navío, proveyó luégo de armar -dos navíos con los españoles que le pareció que bastaban -para que fuesen tras los indios alzados, y socorrer á los 25 -que habian quedado en la isla, que habian puesto por nombre -Sancta Marina, y porque desde allí descubriesen otras -islas y tierras de donde nuestro Señor y Sus Altezas, diz que, -fuesen servidos, trayendo los indios de ellas al cognoscimiento -de nuestra fe católica. Estas son palabras del mismo Diego -Velazquez en una carta que escribió al almirante D. Diego -Colon, cuyo traslado yo tengo. Con estas palabras y con esta<span class="pagenum"><a name="Page_329" id="Page_329">[329]</a></span> -color baptizaba Diego Velazquez y los otros tiranos han baptizado -sus execrables tiranías y ambiciones y cudicias, no haciendo -cuenta ni advirtiendo las ánimas que echaban de -los indios á los infiernos, con las muertes y estragos que en -ellos hacian, la infamia de la fe y religion cristiana, los grandes -escándalos y alborotos que por todas aquellas regiones -con sus violencias sembraban, en las gentes humildes, mansas -y pacíficas, las injusticias que cometian sacándolas de sus -tierras y casas y llevándolas á otras tan lejanas y desproporcionadas -de las suyas, captivas, donde al cabo todos sin escapar -uno perecian. Estos eran los servicios que á Dios y á Sus -Altezas, y la conversion á la fe católica de aquellas gentes, con -su gran celo Diego Velazquez y los demas ofrecian. Así que, -sabido el alzamiento con el navío de los dichos indios, proveyó -Diego Velazquez dos navíos y gente española en ellos, los -cuales, llegados á la isla, vieron la cruz y letras en el árbol -esculpidas, y sin más parar fueron en busca de los 25 españoles -de isla en isla hasta una á que pusieron por nombre -Sancta Catalina, cerca de la cual, entre unas peñas que llaman -arracifes, hallaron quemada la carabela ó navío con que -se habian alzado los indios. Saltaron en la isla para servir á -Sancta Catalina, cuyo nombre le habian puesto, y pelean -con los vecinos y moradores della, y, muertos los que matar -pudieron, captivan todos los que prender pudieron, y de -aquella pasan á otra isla que se nombraba Utila y hacen otro -tanto, por manera que de ambas á dos captivaron hasta 500 -personas, y, repartidas en ambos á dos navíos, metiéronlas -debajo de cubierta, cerrada la puerta ó escotilla. Hecha esta -egrégia hazaña, y della ellos muy contentos y favorecidos, sálense -á pasear y holgar en la isleta para luégo se partir para -la de Cuba no poco ricos; los indios que estaban presos en la -una carabela, sintiendo que habian quedado en ella pocos españoles, -tuvieron manera de, urgando y forcejeando, quebrar -ó desviar el escotilla, y comenzaron á priesa y con ímpetu á -salirse por ella. Viéndolos los españoles acuden de presto á -ellos con sus armas y palos, diciéndoles, y dando en ellos<span class="pagenum"><a name="Page_330" id="Page_330">[330]</a></span> -golpes, que no saliesen; pero los indios con gran esfuerzo, no -curando de su consejo y fuerza, salen y dan en ellos con palos -y piedras que sacaban de debajo de cubierta consigo, y con -tanto ánimo y fuerzas y perseverancia pelearon con ellos, que, -no los pudiendo los españoles sufrir, se echaron la mitad -dellos á la mar y á la otra mitad mataron los indios, quedando -el navío del todo por los indios; y apoderados dél echan -mano luégo de todas las lanzas y rodelas y las demas armas -que en él habia, y aparéjanse para se defender. La gente española -que estaba holgándose en tierra, sintiendo y viendo lo -que pasaba en el navío, diéronse priesa á se recoger en el -otro, y arribando sobre él comenzáronlo á combatir y pelear -con los indios; los cuales se defendian y peleaban con tanto -esfuerzo y fortaleza, así las mujeres como los hombres, con -arcos y flechas, lanzas y rodelas, y piedras, más de dos grandes -horas, que los españoles quedaron admirados y harto cansados -y descalabrados. Pero prevaleciendo los españoles contra -los indios, y los indios viéndose maltractar y que caian -muertos muchos dellos, echáronse todos los hombres y muchas -de las mujeres á la mar. Recogieron todas las mujeres que pudieron -con las barcas, y de los hombres algunos se salvarian, -é irian á tierra nadando, y tambien es de creer que matarian -algunos; y finalmente, cobrado el otro navío, y con ambos y -obra de 400 personas, mujeres y hombres que pudieron prender -ó retener de los que habian salteado, y más 20.000 pesos -de oro bajo, dieron la vuelta y llegaron á la Habana. Todo -ésto refiere Diego Velazquez en la carta que arriba se dijo, que -destos casos escribió al Almirante. Por estos acaecimientos -asaz se convence y confunde la malicia y falsedad de los que -á estas gentes miserandas de bestias infaman, pues por ellos -parece de cuánta industria, y sagacidad, y prudencia, y esfuerzo -en las peleas en ambos á dos casos usaron para librarse -de tan injusto captiverio, y cómo, si tuvieran tales armas -como nosotros, aunque desnudos en cueros, de otra manera -nos hobiera sucedido el entrar en sus tierras y reinos matando -y captivando y robando, como habemos siempre por nues<span class="pagenum"><a name="Page_331" id="Page_331">[331]</a></span>tros -pecados entrado; pero porque las hallamos desnudas -y sin alguna especie de armas, que para contra las nuestras -valiesen algo, las habemos así talado y asolado, y no por -falta de no ser hombres bien capaces y bien racionales y -esforzados.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_332" id="Page_332">[332]</a></span></p> - -<h2 id="XCIII">CAPÍTULO XCIII.</h2></div> - - -<p>Tornando á proseguir la historia de los padres de Sant Hierónimo, -partiéronse de la isla de Sant Juan y llegaron á esta -isla y puerto de Sancto Domingo, trece dias ántes que el Clérigo. -Hízoseles gran rescibimiento por los Oidores ó Audiencia, -y por los oficiales del Rey, cuyo principal era el tesorero -Miguel de Pasamonte, de quien arriba hobimos dicho ser -persona de mucha prudencia y autoridad. Todos, los unos y -los otros, eran personas muy entendidas, marcadas y regatadas, -y así supieron con lisonjas y artificio de palabras ganar -la voluntad de los Padres, y, entendido á lo que venian, representando -sus servicios, como si hobieran sido algunos, sus -necesidades, y como la tierra no podia sustentarse sin tener -los españoles los indios, dando para ello muchas razones como -las que siempre dar acostumbraron, apocando y deshaciendo -los indios, diciendo que si los soltaban no sabrian trabajar -para se sustentar (como si los pecadores los hobieran mantenido -ántes que á estas tierras viniesen desde España, ó si los -hallaran cuando á ellas vinieron muriendo de hambre, y no -ántes á ellos millares de veces se la hobieran matado), los -Padres los oian de muy buena gana, y les tenian todo buen -respecto y hacian todo buen acatamiento, y finalmente, les -daban y dieron grande crédito, y ellos ganaron á los Padres -la voluntad; y de tal manera supieron ganársela, que ganaron -que no se pusiese en ejecucion la Cédula que traian de -quitarles los indios, que ellos más que otros oprimian y mataban, -y así se quedaron con ellos hasta que los acabaron. La -Cédula en que se les mandaba que los quitasen á los del Con<span class="pagenum"><a name="Page_333" id="Page_333">[333]</a></span>sejo -y otras personas que en Castilla ó en la corte residian, -no pudieron disimular que no la ejecutasen. Llegó, pues, á -este puerto y ciudad el Clérigo, trece dias pasados, hallando -los oidos y áun voluntades de los Padres por aquello bien -ocupadas y ganadas; visitábalos muchas veces, hablábales lo -que convenia á la libertad y conservacion de los indios, traíales -personas que vian los malos tractamientos que á los indios se -hacian oíanlos los Padres, pero ninguna cosa comenzaban ni -se determinaban. Una vez vino al clérigo Casas un clérigo que -habitaba en las minas que llamaron de los Arroyos, cinco ó -seis leguas desta ciudad de Sancto Domingo, y díjole de lástima -que supiese que los indios allí eran mal tractados, y que -los habia visto enfermos de los trabajos de las minas y echados -en el monte ó en el campo, cubiertos de moscas, sin que -ninguno los curase ni hiciese caso dellos, y que así los dejaban -morir los que los tenian encomendados. El clérigo Casas -tomó de la mano al otro clérigo que desto le avisaba, y llévalo -á que lo dijese á los Padres, lo cual oido y bien explicado -comenzaron los Padres á poner duda en lo que el clérigo les -referia, y á dorar y excusar la crueldad é inhumanidad de los -tiranos que la obraban. El clérigo, que parecia bueno y de -compasion pura venido habia, ó al ménos mostrábalo, á avisar -al clérigo Casas, entendiendo que para procurar por los -indios habia sido enviado, respondió á los Padres algo libremente, -más que oir quisieran: «¿sabeis Padres reverendos, qué -voy viendo? que no habeis de hacer á estos tristes indios, más -bien que los otros Gobernadores.» Dichas éstas palabras, salióse, -y ellos quedaron, á lo que pareció, harto tristes y aún confusos. -Como el clérigo Casas insistiese con los Padres que se -quitasen los indios á los Jueces y oficiales y á los demas, y -pusiese en ello todo su conato para que consiguiesen su libertad, -como traian mandado, pareció que padecia peligro de su -persona por los muchos enemigos que por esta causa cobraba; -por temor de lo cual los religiosos de Sancto Domingo -se movieron con caridad á rogalle que se viniese á posar á su -monasterio, y él lo aceptó, donde le dieron un buen aposento,<span class="pagenum"><a name="Page_334" id="Page_334">[334]</a></span> -segun ellos lo tenian de sanctos pobres, llano y moderado, -porque así edificaron al principio aquella casa. Allí estuvo, al -ménos de noche, seguro el padre Casas. Desde á dos ó tres -meses llegó á esta ciudad el licenciado Zuazo, Juez de residencia, -presentó sus poderes, fueron rescibidos y obedecidos, -mandó apregonar la residencia y comenzóla á tomar; y porque -el clérigo Casas tenia por muy culpados á los dichos -Jueces, como en la verdad lo eran, en haber consentido destruir -las islas de los Lucayos, salteando y prendiendo con -grandes crueldades las inocentísimas gentes moradores dellas, -trayendo á esta isla, donde todas perecian, los navíos -llenos de ellas, muchos años, y no sin sospecha de que tenian -los mismos Jueces parte en las mismas armadas que para -traellos se hacian, púsoles una terrible acusacion, hecha su -protestacion, como á reos y homicidas y causa de todo ello, y, -segun ella fué, no se creia por los que bien las cosas entendian, -sino que fueran condenados á muerte, la cual, sin alguna -duda, muy bien merecian. Pero pocos de los malos jueces -y que tiránicamente gobiernan, vemos por los que les toman -residencia sentenciados á muerte, y en los ménos secutada -la sentencia. Desta acusacion pesó muy mucho á los padres -Hierónimos, y de todo lo que cerca desta materia el clérigo -Casas hacia, no por otra razon, se creyó, sino por el amor -que ya les tenia, ó quizá porque no querian que se supiesen -las crueles tiranías pasadas, porque no pareciese ser mayor -su obligacion para quitar los indios, lo cual parecia que era -lo ménos que pretendian, no se supo con qué espíritu; y, empero, -por otra causa, cierto, acá no venian ni vinieran sino para -poner en libertad y remedio los indios, como arriba queda -visto. Pidieron parecer á los religiosos de Sancto Domingo, y -creo que tambien á los de Sant Francisco y á los dichos Jueces -y oficiales del Rey, sobre si quitarian los indios; el parecer -que darian los Jueces y oficiales del Rey, manifiesto es -cuál sería; el de los Franciscos, porque habia entre ellos -pocos letrados y ménos cognoscimiento y advertencia de la -gravedad de las injusticias que los indios habian padecido y<span class="pagenum"><a name="Page_335" id="Page_335">[335]</a></span> -padecian, y disminucion que cada hora en ellos habia, y -porque los dias pasados fueron contrarios de los Dominicos, -por favorescer á los españoles, con harta ceguedad que tuvieron, -como arriba se dijo, no se creyó que fuese cual segun -Dios ser convenia. El de los Dominicos fué el que se sigue.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_336" id="Page_336">[336]</a></span></p> - -<h2 id="XCIV">CAPÍTULO XCIV.</h2></div> - - -<p>El Prelado de la casa que por entónces allí presidia, el -cual despues fué obispo de Panamá, impuso, y mandólo en -virtud de sancta obediencia, al padre fray Bernardo de Sancto -Domingo, uno de los tres que trujeron la Órden á esta isla el -año de 10, segun que arriba en el segundo libro queda escripto, -el cual era el que más entre los otros en las letras resplandecia, -que escribiese lo más compendiosamente que fuese -posible aquello que Dios le inspirase cerca de la materia, para -complir con el parecer que los padres Hierónimos pedian. -Este siervo de Dios, que cierto lo era, púsose á escribir, y creo -que en tres dias comenzó y acabó un tractado en latin, de -obra de dos pliegos de papel, al ménos, que impreso en molde -á más no llegaría, en el cual, muy complida, puesto que sucinta -y compendiosamente, puso la sustancia del negocio, la -horrenda iniquidad del repartimiento ó encomiendas, y la -crueldad de los españoles, los daños de los cuerpos y de las -ánimas de los indios, y los pecados y mal estado de los que -los oprimian con toda la injusticia y tiranía que contenian; -esto comprendió, explanó, probó y declaró, moviendo tres -cuestiones, tratándolas y disputándolas, poniendo los argumentos -en contrario, determinando la verdad, y respondiendo -y evacuando todo aquello que contra ella cualquiera docto -oponer podia. Fué pues la primera cuestion, si aqueste modo -de gobernar los indios repartiéndolos y encomendándolos á -los españoles fué hasta entónces lícito, y si los pudieron tener -los españoles sin pecado mortal, salva conciencia. La segunda, -si añadido el remedio de las leyes que se hicieron en Búrgos -el año de 12, se hizo más que de ántes lícito, ya que se diga -que lo primero sin aquellas leyes no era lícito. La tercera<span class="pagenum"><a name="Page_337" id="Page_337">[337]</a></span> -cuestion era, ya que todavía se dijese que aquellas leyes no -suplian los defectos y daños que los indios padecian, si añadidas -todas las otras cosas que pareciesen necesarias y convenientes -para impedir los agravios y daños de los indios, y -poner el total remedio para ello, con tanto que siempre quedasen -repartidos y en poder de los españoles, sería lícito y, -salvas las conciencias, podrian sin pecado tenellos. A la primera -cuestion, supuestos ciertos fundamentos del Filósofo y -de Sancto Tomás, de que cualquier gobernador debe tener -fin á hacer sus súbditos buenos, y Cristo fué sobre todos Sumo -gobernador, y vino á hacer los hombres buenos, y, por consiguiente, -cualquiera cristiano gobernador es obligado á seguillo -en cuatro cosas: la primera, en hacer que los súbditos -cognozcan á Dios, y sean instruidos y ejercitados en su divino -culto; la segunda, en que tenga paz; la tercera, en que guarden -justicia unos con otros; la cuarta, en curar de la multiplicacion -de los hombres, por lo cual fué instituido y aprobado -el matrimonio, y prohibidos los homicidios; los cuales -supuestos, responde con esta conclusion: Aquel modo de gobernar -los indios por repartimiento y encomiendas fué hasta -entónces ilícito, y no se pudo tener sin pecado mortal. Prueba -la conclusion con una razon general, que es, porque pone -aquel modo de gobernar en mal estado y en pecado mortal á -los gobernadores, y á los comenderos, y á los estancieros y -mineros, y á los confesores que en aquel estado los absolvian. -Prueba lo de los gobernadores con esta razon: Aquel modo de -gobernar hombres que disminuye, y consume, y destruye los -gobernados y sufre manifiestos adulterios, estupros, incestos -manifiestos, matrimonios de otros ritos contrarios del de Cristo -y su Iglesia en los hombres baptizados, item, muertes de muchas -criaturas que mueren por secársele la leche á las madres -y otras que las mismas madres las matan en los vientres de -desesperadas, con otros muchos daños y males, todo lo cual, -es contra la intencion principal de Jesucristo, Sumo y justo -gobernador, y contra los mandamientos de su ley; luégo el tal -modo de gobernar hombres, es y fué, y siempre será, ilícito,<span class="pagenum"><a name="Page_338" id="Page_338">[338]</a></span> -y por consiguiente, pone los gobernadores en mal estado, que -es decir que siempre viven y están en pecado mortal, y dignos -de la eternal dañacion. La razon es, porque los tales gobernadores -son obligados, de precepto divino, á quitar tal gobernacion -como destruidora de los gobernados, y poner la contraria, -como parece por los supuestos y fundamentos dichos. Que fuese -verdad que por el repartimiento y encomiendas de los indios, -dadas á los españoles, pereciesen todos y incurriesen los dichos -daños y males, probólo desta manera, porque la primera vez -que los indios desta isla Española se contaron, dijo que se -habian hallado haber en ella un millon y cien mil vecinos, y -que cuando los mismos frailes de Sancto Domingo vinieron á -esta isla, que fué el año de 10, dijo que se habian contado -todos dos veces y no se hallaron sino 46.000, y despues pocos -años adelante, fueron tornados á contar y halláronse 16.000, -y que al tiempo que este tractado escribia no habia sino -10.000. De las otras islas lo mismo probaba, como de la isla -de Sant Juan, en la cual dice que sin número habian perecido -y perecian; lo mismo en la de Jamáica, de la cual la mayor -parte habian muerto; en la de Cuba, señaladamente, dice haber -perecido niños sin número, y ésto bien lo sabia él, porque -estuvo en ella á la sazon. De los traidos de otras partes á esta -Española, dice haber muerto innumerables millares, dellos de -haber metido á espada haciéndolos pedazos en sus tierras, salteándolos -por traellos á ésta; y muertos de hambre, dice, haber -sido grande multitud, y dijo gran verdad, y lo mismo de niños -que no se cuentan y nadie los podria contar. Otras muchas islas, -vecinas y lejanas desta Española, dice ya ser despobladas y -asoladas, y en ésta ya no hay que contar. De los otros daños -y desórdenes, cuenta cómo no curaban los españoles, que los -tenian encomendados, que estuviesen los indios casados ó -amancebados ó ayuntados con sus parientas y consanguíneas -ó afines, ántes ellos mismos se las daban por mujeres, las que, -sin ninguna diferencia ni escrutinio, segun se les antojaban, y -cuando querian, se las quitaban y las daban á otros; y así los -llama sacerdotes de los diablos. Refiere más otros agravios<span class="pagenum"><a name="Page_339" id="Page_339">[339]</a></span> -que hacian á los indios, tomándoles sus mujeres y sus hijas y -las tenian por mancebas, y por otras mil vías los oprimian y -fatigaban, todo lo cual era notísimo á los gobernadores, y ninguna -cosa dello ignoraban ni podian ignorar; y así concluye, -que aquel modo de gobernar los indios, encomendándolos á -los españoles, era ilícito y tiránico, y por consiguiente los gobernadores -que lo sostenian estaban fuera del estado de salvacion -y en pecado mortal, y en este estado metia á los reverendos -padres Hierónimos. Que estuviesen lo mismo en -mal estado los comenderos, pruébalo contando diez cosas -en que los españoles comenderos eran obligados á complir -con los indios, las cuales, ni complian, ni les era posible -aunque se obligaban á complillas. Una era la comida necesaria -para que pudiesen vivir, y, segun los trabajos grandes en -que los ponian, que fuese de sustancia, como de carne, y no -de hierbas ó raíces como les daban, y, segun el número, suficiente, -tantas veces al dia como convenia para los que -todo el dia sin resollar trabajaban. Lo segundo, á curallos en -sus enfermedades de médico y medicinas. Lo tercero, camas -en que duerman conforme á la enfermedad. Lo cuarto, á dalles -la comida guisada, como para enfermos, cuando lo están. -Lo quinto, á los vestir para cobrir sus carnes, á hombres y -mujeres, y á los niños y viejos, segun lo que á cada persona -conviniere, puesto que ellos, por ser la tierra caliente y como -infieles, no se vistiesen, porque la honestidad cristiana no -sufre andar los hombres y mujeres desnudos. Lo sexto, á les -dar calzado conforme á la necesidad y honestidad susodicha. -Lo sétimo, á dalles camas conforme á la tierra, y no el suelo. -Lo octavo, á dalles casas en que se metan, en las minas y en -las estancias. Lo noveno, á les dar el trabajo moderado, y no -como le daban noches y dias, fiestas y no fiestas, y no á llevar -mujeres y viejos y niños á las minas y á los otros trabajos. Lo -décimo, á dalles cognoscimiento de Dios, y enseñalles la doctrina -cristiana, y encaminalles en la vida de salvacion, de la -cual padecen extrema necesidad; y por ser extrema, porque -sin ella se iban todos á los infiernos, eran obligados á dárse<span class="pagenum"><a name="Page_340" id="Page_340">[340]</a></span>la, -aunque por dársela hobiesen de perder las vidas, si de -otra manera no se la pudiesen dar. Todas estas diez cosas, -pertenecientes á la salud y vida de los cuerpos y ánimas de -los indios, probó aquel padre fray Bernardo en el dicho tractado, -ser obligados los españoles, y deudores á darlas á los indios -por deuda y obligacion de justicia y de caridad, y así, -cierto, es verdad. Probó tambien serles imposible dárselas, y -obligábanse, empero, á se las dar, porque puesto que algunas -dellas en singular fuesen posibles, pero las más ni singularmente -ni todas juntas podian dárselas, como eran los mantenimientos -suficientes para tan grandes trabajos como padecian, -y los médicos y medicinas, y sobre todo la doctrina cristiana, -y administracion de los Sacramentos, y ejercicio del -culto divino, de todo lo cual ellos se constituian curas, no -sabiendo para sí de las cosas de la fe y religion cristiana lo -necesario para su salvacion; y así concluyó que los gobernadores -y los comenderos eran obligados á dejar los indios en -su libertad, quitando aquel modo tiránico de gobernacion -que los habia consumido y consumia, porque no lo dejando -estaban en estado de eternal dañacion. El tercer género de -hombres que la dicha manera de gobernar ponia en mal estado -eran los mineros, que eran los españoles que ponian para -que hiciesen trabajar los indios en las minas, uno para 30 -ó 40 indios, y los estancieros que los hacian trabajar en las -estancias ó cortijos del campo y todas granjerías. Probábalo -por esta razon: ninguno puede ganar sueldo, ni ejercitarse ó -servir á otro en servicio y oficio ilícito y prohibido por la ley -de Dios, sin que peque mortalmente y así esté en contino pecado -mortal; puédese poner ejemplo en los que sirven á los -logreros en ayudarlos en dar los dineros á logro, y los que -sirviesen y ayudasen á los ladrones y robadores, llevándoles -y poniéndoles las escalas y cosas semejantes; pues tener los -indios de la manera dicha encomendados, es prohibido y -contra la ley de Dios, y pone los gobernadores y amos, comenderos, -en estado de eternal damnacion, luégo los mineros -y estancieros que los sirven en aquel oficio y ministerio, y<span class="pagenum"><a name="Page_341" id="Page_341">[341]</a></span> -llevan su parte de aquello mal adquirido, pecan mortalmente -y están en estado de eternal dañacion. Y, cierto, es así, porque -aquellos eran los verdugos crueles que inmediatamente destruian -y destruyeron todos, los indios destas islas, por las -crueldades con que los tractaban, dándoles incesables trabajos, -y con ellos azotes y palos, y con otras mil maneras de -vejaciones, y así fué, y es donde aún en estas Indias los -hay, á estima y dicho de todos, el más infame género de -hombres que jamás se cognosció, que parece que Dios, por su -divino juicio, quiso en pago de su impiedad hacellos á boca y -estima de todos vituperables y menospreciables. Dió el dicho -Padre otra razon de su mal estado, porque trayendo mujeres -indias en los trabajos se ponian en peligro de pecado mortal, -y, por consiguiente, pecaban mortalmente solamente por ponerse -á peligro de con ellas pecar, cuanto más que nunca estaban -sino amancebados, no con una sino con muchas, donde -no faltaban feísimos adulterios y otras especies de aquel pecado. -El cuarto género de hombres, que aquel modo de gobernar -los indios, encomendándolos á los españoles, ponia en -estado de pecado mortal, era los confesores, porque ninguna -duda hay que el confesor que absuelve al que tiene oficio de -pecado mortal, no lo dejando, y por él está en estado de dañacion, -que peca mortalmente, y no enmendándose sino que -está aparejado para los tales absolver, que está en mal estado; -pues muchos confesores, y áun todos en aquel tiempo, absolvian -á los gobernadores y á los comenderos, y á los mineros -y estancieros, sin escrúpulo alguno, cuantas veces querian, -sin los unos ni los otros tener propósito ni pensamiento de se -enmendar, luégo los confesores de los tales pecaban mortalmente -y estaban en estado de pecado mortal. Todo ésto trujo -el dicho padre fray Bernardo, para cumplir con la primera -cuestion, que fué, ser aquel repartimiento ó encomiendas de -indios á los españoles pésima é inícua gobernacion y digna de -fuego eternal. A las otras dos cuestiones respondió docta y -cristianamente, probando, que ni con las leyes que se hicieron -el año de 12, ni con las que demás se pudiesen hacer, por<span class="pagenum"><a name="Page_342" id="Page_342">[342]</a></span> -justas que fuesen, no se podia la dicha manera de gobernacion -justificar que no fuese inícua y tiránica, y comprender en sí -muchas deformidades, y porque teniendo los españoles los indios -repartidos y encomendados era imposible no los matar, -por ser su cudicia del todo insaciable, y por consiguiente incurable, -para prueba de lo cual trujo muy evidentes y eficaces -razones y irrefragables autoridades, lo cual dejamos aquí de -traer por abreviar. Este tractado, compuesto por el dicho padre -fray Bernardo, firmaron el Prelado y los principales religiosos -del convento, y lleváronlo á los padres Hierónimos, los -cuales hicieron poco caso dél. Aunque no eran ellos los mayores -letrados del mundo, porque el principal dellos era jurista -y entendia poco de teología, los otros dos habian estudiado -algo en ella, pero no se entendió que fuesen teólogos demasiados, -no les debia de saber bien verse allí, de su error ó culpable -ignorancia y falta de celo para socorrer á los opresos y -librar de la muerte á los desventurados, como les era mandado, -sentenciados.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_343" id="Page_343">[343]</a></span></p> - -<h2 id="XCV">CAPÍTULO XCV.</h2></div> - - -<p>Por este tiempo vinieron catorce religiosos de Sant Francisco, -todos extranjeros, de Picardia, personas muy religiosas, de -muchas letras y muy principales, y de gran celo para emplearse -en la conversion destas gentes, y entre ellos vino un hermano -de la reina de Escocia, segun se decia, varon de gran -autoridad, viejo, muy cano, y todos ellos de edad madura y -que parecian como unos de los que imaginamos senadores de -Roma. Guiólos y trújolos un padre llamado fray Remigio, que -habia estado por estas islas predicando segun podia á estas -gentes, en especial estuvo cierto tiempo en la de Cuba; éste -era tambien notable persona en religion y virtud, y con el -deseo que tenian de aprovechar en los indios, tornó á su tierra -y persuadió á los dichos catorce religiosos, y llegado con ellos -á la corte el Cardenal de su Órden, don fray Francisco Jimenez, -les mandó dar buen despacho para su proveimiento, y -con él á esta isla consigo los trujo. De aquí se repartieron, -yendo algunos á la tierra firme, donde habian, los que arriba -dijimos en el cap. 81, asentado, que fué en la provincia y pueblo -llamado Cumaná, y otros se quedaron en esta isla. Viendo -pues el clérigo, Bartolomé de las Casas, el poco y ningun -remedio que los padres Hierónimos á los indios daban, y que -cada dia perecian los pocos que ya quedaban, porque como -los españoles que tenian indios viesen que el Clérigo muy -solícito andaba para que se los quitasen, temiendo que al cabo -se los podian quitar, puesto que nunca los dichos padres se -los quitaron, hobo español que escribió á su estanciero ó minero -que se diese prisa en hacer trabajar todos los indios que -tenia, y que no perdonase á las mujeres chicas ni grandes, -preñadas ni paridas, porque cuando no se catasen se los ha<span class="pagenum"><a name="Page_344" id="Page_344">[344]</a></span>bian -de quitar segun tenia entendido. Así que, viendo el padre -Clérigo el poco fruto que de la venida de los padres Hierónimos -se seguia para los indios, comenzó á tratar del remedio -con el padre venerable fray Pedro de Córdoba, que habia entónces, -poco ántes, venido de Castilla, donde habia ido por -traer religiosos, y como supo de la provision del Cardenal, -y que los padres de Sant Hierónimo y el clérigo Casas eran -para acá, con el remedio de los indios, venido, dióse priesa para -tornar á esta isla, y tratando qué remedio se tomaria para que -los padres Hierónimos ejecutasen los remedios que para los -indios mandados traian, pareció que no habia otro sino tornar -el Clérigo contra ellos á Castilla; y porque mostraba el licenciado -Zuazo, juez de residencia, por entónces favorecer á los -indios y dolerse de los agravios y muertes que padecian, y -culpaba los padres por ello, puesto que despues no ayudó -mucho á los indios, diósele parte por el dicho padre vicario, -fray Pedro de Córdoba, y por el Clérigo, al cual pareció lo -mismo. Allegóse á la ignorancia y error dellos, que les vinieran -ciertos parientes ó deudos y afines, á los cuales quisieran, -segun se creyó, aprovechar en esta isla con los sudores y -sangre de los indios, pero no se atrevieron por estar el Clérigo -presente, de quien sabian que no sufriera disimular cosa semejante, -sin que se lo acusara públicamente ante todo el -pueblo, si fuera menester, á gritos; y por ésto hiciéronlo -ellos para su propósito mejor, que los enviaron á la isla de -Cuba, y escribieron á Diego Velazquez, que estaba cada dia -con temor que le habian de ir á tomar residencia y privalle -del cargo que tenia, y en la carta que le escribieron, en la -cortesía que se suele poner ántes de la firma, decian; «Capellanes -de vuesa merced.» Esto vido por sus mismos ojos el clérigo -Casas, un dia que acaeció irles á hablar cuando querian -cerrar la carta. Visto ésto, cognosció que ninguna esperanza -se podia tener que cosa hiciesen, al ménos cuanto á la libertad -y lo sustancial que les causaba la muerte, que aprovechase -á los indios; por lo cual se rectificó en el propósito de -ir contra ellos á Castilla, y lo mismo concedieron el siervo de<span class="pagenum"><a name="Page_345" id="Page_345">[345]</a></span> -Dios, padre fray Pedro de Córdoba y el Juez de residencia. -¿Qué se pudo congeturar y áun de cierto esperar que habia -de hacer Diego Velazquez por los deudos de los padres -Hierónimos que allá les enviaban, sino dalles los mejores repartimientos -que hobiese en Cuba de indios? Y ésto, aunque -no lo dijesen ellos en su carta, pues no habia en Cuba otra -cosa en que los enriquecer, cuanto más que quizá (como es -cosa verosímile para creer), en su carta se lo escribieron; y -pues los enviaban para que los aprovechase, y no habia otra -cosa en que les dar dineros sino en los sudores y sangre de -los indios, ¿qué se podia esperar dellos cerca de la redencion -de los indios, que en sólo librarlos de los españoles consistia? -item, ¿qué colegiria Diego Velazquez de la autoridad de los -padres Hierónimos, en que los ternia, y cuánto los temeria, y -cómo se enmendaria de los defectos que en la gobernacion de -aquella isla hacia escribiéndole en sus firmas «Capellanes de -vuestra merced», temiendo cada dia que le habian de enviar -residencia y deponelle del cargo y mando harto absoluto que -tenia? No parecerá cosa absurda de decir y creerlo, que Diego -Velazquez les perdió todo el temor que les tenia, y que en su -estima no hizo de allí adelante más cuenta dellos que hicieron -las ranas de la viga, segun la fábula dijo; teníales ya el pié sobre -el pescuezo, porque le habian dado sobre sí señorío, como -lo dan los que de pretender su propio interese no están libres; -de esta lepra pocos gobernadores y jueces se han escapado en -todas estas Indias. Así que, determinado el clérigo Casas, con -parecer de los dichos padre fray Pedro de Córdoba y Juez de -residencia, de volver á Castilla por el remedio de los indios, -tractóse cómo ó quién á los padres Hierónimos lo descubriria; -fué acordado que el mismo Juez de residencia se lo dijese, disimulada -ó como descuidadamente, porque se creia que oyéndolo -habian de tener mal dia. Lo cual oido, dijo con gran alteracion -el principal dellos, que era el fray Luis de Figueroa, prior -de la Mejorada: «No vaya, porque es una candela que todo lo -encenderá.» Respondió el Juez: «Micé, padres, ¿quién le osará -impedir su ida siendo clérigo, mayormente teniendo Cédula<span class="pagenum"><a name="Page_346" id="Page_346">[346]</a></span> -del Rey en que le dá facultad para cada y cuando que bien -visto le fuere pueda tornar á informar al Rey, é hacer en el -cargo que trujo lo que quisiere?» Otro dia fué el Clérigo á -vellos, y dícenle: «Padre santo, qué nos han dicho que os quereis -ir á Castilla.» Respondió: «Sí queria, por negociar algunas -de las cosas que me cumplen;» pasóse lo demas en disimulacion. -Y ántes que supiesen de su propósito de ir á Castilla, -en ciertos navíos que partieron, escribieron ellos al Cardenal -mal del Clérigo para indignarlo contra él, y él tambien contra -ellos, como no hacian cosa en favor de los indios de lo -que á cargo traian, y como ya tenian parientes acá y los enviaban -á la isla de Cuba para que les diesen indios, y lo que -más para culpallos en aqueste caso con verdad convenia; -fueron sus cartas dellos á manos del Cardenal, pero las del Clérigo -nunca parecieron; no supo si acá ántes que partiesen los -navíos á quien las fió, por industria ó sin ella de los Hierónimos, -las vendió y entregó á ellos, ó que llegaron á Castilla y -los oficiales de la contratacion las quemaron ó rompieron. -Porque los negocios del Clérigo, y su persona por ellos, fueron -siempre, á los que algun interese pretendian en estas Indias, -odiosísimas, de la cual pretension los oficiales de la dicha -Casa no mucho carecian. Despues se maravillaban, y lo dijeron -al Clérigo los con quien comunicó el Cardenal las cartas -de los Padres Hierónimos, cómo no rescibia el Cardenal cartas -dél; por lo cual padeció el Clérigo alguna ménos estima en la -mente del Cardenal, de la mucha que dél concibió y tuvo -siempre, como no oido ni defendido, y absente, y no haber -quien declarase al Cardenal los defectos de los Hierónimos y -volviese por él. Finalmente, se aparejó para se partir á Castilla -en los primeros navíos, y los religiosos de Sancto Domingo le -dieron cartas de crédito, firmadas del padre fray Pedro de -Córdoba y de los principales del convento, para el Cardenal -y para el Rey si fuese venido, y lo mismo hicieron los religiosos -de Sant Francisco, autorizando su persona, loando su -celo y sancto fin, é dando á entender la gran necesidad que -los indios tenian de remedio, el cual iba á buscar y traer el<span class="pagenum"><a name="Page_347" id="Page_347">[347]</a></span> -dicho Clérigo. Partido deste puerto de Sancto Domingo por el -mes de Mayo, año de 1517, con próspero viaje llegó en breves -dias á Sevilla, y en cincuenta, por todos, á Aranda de Duero, -donde ya estaba el Cardenal enfermo. Besóle las manos, y en -palabras que le dijo sintió estar mal informado, y porque le -arreció la enfermedad y murió en breves dias della, no tuvo -el Clérigo tiempo de dalle cuenta de lo que acá pasaba y satisfacelle. -Luégo que desta isla el Clérigo salió, acordaron los -padres Hierónimos de enviar tras él uno de sí mismos, como -los que temian que les podia dañar, por conocer que no tenian -buen juego; éste fué aquel que dijimos llamarse fray Bernardino -de Manzanedo, del cual y cómo le fué abajo se dirá si -á Dios pluguiere.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_348" id="Page_348">[348]</a></span></p> - -<h2 id="XCVI">CAPÍTULO XCVI.</h2></div> - - -<p>Dejado por agora de contar lo que sucedió al Clérigo con -la venida del Rey, tornemos á la diligencia que Diego Velazquez -y los españoles de la isla de Cuba ponian en ir é enviar -á saltear indios para traer á ella, por la priesa que daban á -matar los naturales della con las minas y granjerías nefarias -que tenian, porque cuanto más oro y riqueza adquirian, tantos -más indios se les morian, y cuanto mayor número dellos perecia -y se iba despoblando la isla, tanta mayor prisa se daban -en hacer armadas para ir á buscar islas y saltear y robar las -gentes naturales que en ellas vivian, de la manera que se habia -hecho en esta isla. Tenia intento Diego Velazquez, segun -él decia, que si las tierras ó islas que se descubriesen fuesen -tales y de oro tan ricas, que allí hobiesen de ir á poblar españoles, -no sacaria dellos para traer á la de Cuba los indios, -sino que allí los irian á convertir de la manera que en esta Española, -y en aquella, y en las otras, él y los demas lo hicieron, -haciéndoles ántes blasfemar el nombre de Cristo, matándolos -en los trabajos dichos, y por ellos y en ellos, -muriendo sin fe y sin Sacramentos, ni que tuviesen cognoscimiento -de Dios ni alcanzasen á saber una jota del culto divino; -y éste era su propósito, y ésto llamaba ir á sus islas y -tierras á convertillos y hacer á Sus Altezas servicio. Pero si las -tierras no tenian oro, que por consiguiente las estimaban por -inútiles y perdidas, tenia por sacrificio para Dios y servicio -para Sus Altezas, saltear y prender toda la gente dellas, y -traellos por esclavos y consumilla toda en las minas y en las -otras granjerías, como de las demas de arriba se há harto -dicho. Para proseguir, pues, sus buenos intentos de Diego -Velazquez, y de los españoles que allí eran vecinos y tenian<span class="pagenum"><a name="Page_349" id="Page_349">[349]</a></span> -indios, y se hallaban con dineros sacados de las minas y de -las otras granjerías, con la justicia que se ha dicho, juntáronse -tres dellos, llamados Francisco Hernandez de Córdova, -harto amigo mio, Cristóbal de Morante y Lope Ochoa de Caicedo, -y tractaron con Diego Velazquez que les diese licencia -para ir á saltear indios donde quiera que los hallasen, ó en las -islas de los Lucayos, aunque ya estaban, como arriba hobo parecido, -destruidas, pero todavía creian poder topar, rebuscándola, -algunos escondidos, ó de otras partes de las descubiertas. -Dada licencia, puso cada uno dellos 1.500 ó 2.000 castellanos; -compran ó fletan dos navíos y un bergantin, y provéenlo -de pan caçabí, tocinos de puerco y carne salada, y agua y -leña y lo demas necesario, juntan cien hombres, con marineros, -y todos á sueldo ó á partes, que es decir que tuviesen -su parte, cada uno, de los indios que salteasen, y del oro y de -otros provechos que hobiesen. Hace Diego Velazquez Capitan -de todos al dicho Francisco Hernandez, porque era muy -suelto y cuerdo, y harto hábil y dispuesto para prender y -matar indios; llevaron por piloto á un marinero llamado Anton -Alaminos, el cual, los tiempos pasados, siendo él mozo -y grumete, habia navegado y halládose con el Almirante -viejo, primero que descubrió las Indias, cuando descubrió á -Veragua el año de 1502. Partiéronse del puerto de Santiago, -haciéndose á la vela, creo que, por fin del mes de Febrero el -año de 1517, por la banda ó parte del Norte de la isla de -Cuba, y llegaron al puerto que dicen del Príncipe, donde tenia -hacienda alguno ó algunos de los armadores ó sus amigos, -para tomar carne, y agua, y leña y otras cosas para su -viaje; y estando allí, dijo el piloto Alaminos al capitan Francisco -Hernandez que le parecia que por aquella mar del Poniente, -abajo de la dicha isla de Cuba, le daba el corazon -que habia de haber tierra muy rica, porque cuando andaba -con el Almirante viejo, siendo él muchacho, via que el Almirante -se inclinaba mucho á navegar hácia aquella parte, con -esperanza grande que tenia que habia de hallar tierra muy -poblada y muy más rica que hasta allí, é que así lo afirmaba,<span class="pagenum"><a name="Page_350" id="Page_350">[350]</a></span> -y porque le faltaron los navíos no prosiguió aquel camino, y -tornó, desde el cabo que puso nombre de Gracias á Dios, -atras á la provincia de Veragua. Dicho ésto, el Francisco -Hernandez, que era de buena esperanza y buen ánimo, asentándosele -aquestas palabras, determinó de enviar por licencia -á Diego Velazquez para que, puesto que iban á saltear indios -y traerlos á aquella isla, que, si acaso de camino descubriesen -alguna tierra nueva, fuese con su autoridad, como -Teniente de gobernador que allí gobernaba por el Rey; el cual -se la envió larga, como Francisco Hernandez, que la pidió, -deseaba. La licencia venida, luégo, sin más se tardar, como si -con la misma licencia le enviara la llave de la puerta donde -estuviera encerrada toda la tierra que habia de hallar con -toda certidumbre, y hobiera de ir luégo á ella á morar, embarca -muchas obejas y puercos, y algunas yeguas, todo para -comenzar á criar. Hiciéronse á la vela, llegan á la punta ó -cabo de la isla que se llama el cabo de Sant Anton, desde -allí andaban de dia lo que podian, y bajaban las velas de -noche, que llaman estar al reparo, por navegar por mar que -no sabian, y por no dar en tierra ó bajos ó peñas de noche, -industria de prudentes marineros; y finalmente, al cabo de -cuatro dias que habian, segun su parecer, andado, con las -paradas dichas, 70 ó 80 leguas, llegaron á una isla grande -que los indios llamaban y llaman Cozumel, y los españoles le -pusieron Sancta María de los Remedios, porque les ayudase -á saltear las gentes que en sus casas vivian seguras. Llegándose -á la isla y costeando por la ribera della, buscando -puerto donde surgir ó echar anclas, y no lo hallando, mandó -ir el Capitan con 45 hombres en las barcas, y llegó en ellas -cerca de un pueblo grande que desde la mar habian visto, y -como los indios dél vieron que los españoles iban hácia allá, -salieron á recibillos muchas canoas llenas dellos, todos fajados -por la cintura, y de allí abajo cubiertos con unos paños -ó mantas de algodon, y con sus armas, arcos y flechas y rodelas; -llegando á las barcas comenzaron á hablar por señas -á los españoles, como preguntándoles quién eran y qué que<span class="pagenum"><a name="Page_351" id="Page_351">[351]</a></span>rian, -y junto con ésto dánles ciertas calabazas de agua, como -entendiendo que los que navegan, siempre, lo primero que -quieren de tierra es agua, diéronles tambien maíz molido en -pella y masa, de que suelen hacer como unas zahinas ó poleadas, -cuasi como bastimento para camino y para necesidad: -el Capitan les dió una camisa de algodon. Vieron los indios -en una de las barcas un indio de Cuba que llevaban consigo -los españoles, al cual por señas pidieron que se lo diesen, para -que trujese más arina ó masa de maíz y más agua; el Capitan -se lo dió y metiéronlo en sus canoas y fuéronse. Los españoles -llegáronse á un estero que por allí estaba, y en ésto llegó el -bergantin, que venia más llegado á tierra y atras; dijeron los -dél que aquellos indios habian peleado con él y le habian seguido -por aquella costa de mar dos dias. Estando platicando -en ésto llegaron 16 canoas de indios, los cuales por señas les -dijeron que se fuesen con ellos al pueblo, lo cual hicieron los -españoles y concedieron de buena voluntad, y los unos en sus -barcas y los otros en sus canoas fueron juntos, y en el camino -les anocheció cerca del pueblo, en una punta que hacia la -tierra entrando en la mar; saltaron los españoles á dormir en -tierra y los indios durmieron junto á ella en sus canoas, y -como era cerca del pueblo, en toda la noche no hicieron sino -ir y venir dél indios á hablar y estar con los indios de las -canoas. A la media noche vinieron dos dellos con sus arcos y -flechas por tierra, y viéndolos un español que velaba su cuarto -y que se metian entre ellos, levantóse y arremetió á ellos -con la espada sacada y dando voces; levántanse todos los españoles, -y arremetieron con los indios que estaban junto en -las canoas. No supe los que alcanzaron, mataron ó hirieron, -mas de que todos los que pudieron huyeron y dejaron 14 -canoas con sus arcos y flechas; argumento harto claro de que -no tenian por entónces pensamiento de acometer ni hacer -daño á los españoles. Otro dia de mañana vieron venir los españoles -dos canoas y dentro nueve hombres, y, llegados á -tierra, el Capitan de los españoles los hizo prender y atar sin -por qué ni para qué, sino para hacer heder por toda la tierra<span class="pagenum"><a name="Page_352" id="Page_352">[352]</a></span> -su nombre. Hízolos interrogar uno á uno, apartados, mostrándoles -oro de la isla de Cuba, y preguntándoles si en aquella -tierra habia de aquel metal. ¡Mirad qué evangelio comenzaba -á predicalles y qué señas les daba que habia en el cielo un -sólo y verdadero Dios! Todos conformes respondieron que lo -habia en unas provincias que nombraban Cube y Comi, señalando -y nombrando los rios donde lo sacaban; ésto sabido, -mandó soltar el Capitan el uno de los nueve, diciendo que -fuese á traer el indio que habian llevado el dia pasado, y los -ocho envió á los navíos y los echaron en cadenas. Esperaron -dos dias, y como no volvió, quizá teniendo legítimo impedimento, -partiéronse los españoles por tierra, la costa abajo, y los -navíos cerca de tierra por la mar, hasta cerca de un pueblo -grande que viniendo por la mar habian visto; allí vinieron -ciertos indios en una canoa, haciendo á los españoles señales -de paz, y preguntóles á qué venian ó qué era lo que querian -en tierras que no eran suyas, respondió el Capitan que si les -daban oro les daria un indio suyo que allí tenia, porque los -demas de los nueve iban en los navíos, los indios dijeron por -sus señas que desde á tres dias se lo traerian. Volvieron al -tercer dia en una canoa seis indios y trujeron como media -diadema y una patena de oro bajo, y dos gallinas asadas de -las grandes de aquella tierra, y maíz hecho pan, lo cual todo -dieron al capitan Francisco Hernandez y él les dió el indio, -los cuales dijeron que otro dia volverian por los otros indios -que les tenian presos y les traerian taquin, que entendieron -ser otro oro fino (á lo bajo llaman mazca). Los españoles los -esperaron, segun dijeron, seis ó siete dias, y como no vinieron -acordaron de no entrar en aquel pueblo, sino irse por la -costa abajo del Norte de la isla, llevando las barcas y el -bergantin junto á tierra; de allí veian la playa y ribera de la -mar llena de indios. Vieron por el camino muchos ciervos y -en unas casas pequeñas hallaron muchas piedras labradas de -cantería, y ciertas vigas grandes labradas de cuatro esquinas. -Yendo desta manera descuidáronse los del navío, donde iban -presos los siete indios, y así quebraron la cadena en que<span class="pagenum"><a name="Page_353" id="Page_353">[353]</a></span> -tenian los piés ó los pescuezos y echáronse á la mar y fuéronse. -Pesó mucho al Capitan de la huida de los siete indios, y -pareciéndole que tenia necesidad de algun indio, para informarse -dónde podria desde allí ir, trabajó de saltear otros, -y viendo dos estar sentados en la playa, fué á ellos y prendió -el uno, el cual trujo á la isla de Cuba; preguntóle luégo allí -si sabia que en aquella isla hobiese oro (que era toda su predicacion -y ánsia de convertir aquellas gentes, como todos -nuestros hermanos siempre pretendieron), respondió el indio -que lo habia, dello labrado como arrieles para los dedos, y cadenas -tan gruesas como una de hierro que allí en el navío -vido, y que habia otras joyas grandes y diversas.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_354" id="Page_354">[354]</a></span></p> - -<h2 id="XCVII">CAPÍTULO XCVII.</h2></div> - - -<p>Alegres con estas para sí tan sabrosas nuevas, hiciéronse -á la vela por la costa ó ribera de la mar abajo, y entraron en -una bahía ó ensenada de mar, desde la cual vieron en tierra -un pueblo grande con muchas casas blancas, de que se admiraron -como cosa nunca vista, ni pudiendo imaginar lo que -era. Llegáronse los navíos hasta media legua de la tierra y saltó -el Capitan con 85 hombres en ella; los indios, desque los vieron, -saliéronlos á rescibir hasta 500 dellos sin armas algunas, -y con señales de mucha benevolencia, entre los cuales venia -un principal que debia ser Capitan, el cual por señas les dijo -que se fuesen con ellos al pueblo. Salió tambien otro señor -viejo, que á lo mismo los indució que fuesen, y éste, por ventura, -era el Rey; los españoles se fueron al pueblo con el que -los convidaba, y el señor viejo entra con mucha gente en -veinte canoas, que por ventura las hinchian más de otros 300, -y fuese á ver los navíos. Entraron en el pueblo los españoles, -y vieron que era muy grande y de muchas casas pequeñas -cubiertas de paja, y las más dellas cercados los solares y circuitos -de piedra seca de una vara en el alto y de vara y media -en ancho, entre los cuales habia muchos árboles de muchas -frutas, habia tambien una casa de cal y canto, edificada -á manera de fortaleza; de todo lo cual los españoles se admiraban, -en especial viendo casas y edificios de cal y canto, -como cosa que nunca se habia en estas Indias visto. Vuelto el -señor viejo, que habia en las canoas ido á ver los navíos, convidó -á los españoles á que fuesen con él á su casa, el cual los -metió dentro de un gran corral cercado de la misma manera, -de piedra, donde estaba en un patio un árbol grueso nascido, -y allí estaban colgadas nueve coronas blancas, y en cada una<span class="pagenum"><a name="Page_355" id="Page_355">[355]</a></span> -una bandera pequeña; estaba cerca del dicho árbol una mesa -ancha de cal y canto de tres ó cuatro gradas en alto, y encima -della un hombre de bulto hecho de lo mismo, que tenia -la cabeza colgada sobre las dichas gradas, é dos animales de -bulto y cal y canto que lo comian por la barriga, eso mismo -habia una sierpe muy grande que tenia en la boca atravesada -una figura de leon; estaban tres palos grandes hincados en el -suelo llenos de pedernales, lo cual segun pareció, y los indios -señalaron tenian para cortar encima della, á algunos que justiciaban, -las cabezas, porque habia en ella sangre fresca. Vieron -en el ejido junto al dicho corral, muchas cabezas de indios -que justiciaban allí, y puesto que parecia y se juzgaba -entónces ser aquel lugar donde se secutaba justicia, porque no -se sabia hasta entónces que sacrificasen á los ídolos hombres, -como lo hacian en la nueva España, pero despues de sabido -dijéramos que no era lugar de justicia sino de sacrificios, á lo -cual decimos que por aquella tierra de Yucatán, que está junta, -cuatro leguas de mar en medio, con la dicha isla, puesto que -algunos hombres sacrificaban, pero muy pocos, y así aquel -lugar debia ser lugar de justicia de malhechores y tambien -donde sacrificaban los tomados en guerra, á sus dioses. Vieron -asimismo junto á lo de arriba, una casa de cal y canto hecha, -como una cámara con una puerta, delante de la cual tenian -puesto un paño de algodon de muchas colores, dentro de la -casa ó cámara estaban siete ó ocho bultos de hombres hechos -de barro cocido, y junto á ellos cosas aromáticas y odoríferas -como incienso ó estoraque. Salidos de allí, fueron á ver y -considerar el pueblo por una calle, donde vieron una calzada -de piedra, y allí los indios se pusieron delante los españoles, -poniéndoles las manos en los pechos, diciéndoles por señas -que no pasasen de allí, pero el Capitan de los españoles decíales -que los dejasen pasar; y mereciera que luégo allí lo -mataran y los echaran á todos de su tierra y pueblo, pues -porfiaba en tierra y casa ajena tomar más licencia de la que -el dueño le daba. En fin pasaron aquella calzada; hallaron -en una calle una casa de cal y canto, á manera de fortaleza,<span class="pagenum"><a name="Page_356" id="Page_356">[356]</a></span> -de 23 gradas en alto, tan anchas que podian subir diez personas -juntas hasta lo más alto: ésta vista, no curaron ni osaron -de subir ni entrar en ella. Fuéronse por otra calle adelante, -donde hallaron asimismo otra fortaleza de cal y canto, -pequeña, de la cual vieron salir un indio cargado con una -arca de madera, pequeña, á cuestas; no supieron lo que en -ella iba, más que vieron que un indio sólo no la podia llevar y -se metió otro debajo della para ayudarle á llevarla, puesto que, -por las cosas despues vistas por allí y por toda la nueva España, -las que decian fortalezas eran templos de los ídolos, y -aquella arca debia ser su <i>Sancta sanctorum</i> ó relicario, donde -debia estar algun principal de sus dioses, de piedra hecho ó -de palo. Pasaron los españoles por el pueblo, más adelante, -que tenia más de 1.000 casas, y como los indios vian que sin -acometer ni tomarles las fortalezas, que creian que eran, se -pasaban, viniéronse para ellos sin armas, los rostros alegres, -y benévolos, y haciéndoles señas de paces, y todos juntos se -volvieron, como si fueran de mucho tiempo cognoscidos y -amigos, al principio del pueblo, por donde habian entrado, y -fuera se asentaron todos debajo de un grande árbol. Allí, un -hijo del señor y una mujer trujeron al Capitan de los españoles -una gallina cocida, de las grandes como pavos, y ciertas -carátulas de oro fino, y vieron muchos indios con granos de -oro por fundir, como de la tierra lo sacan, que traian colgados -de las orejas; vieron muchas colmenas de madera llenas de -abejas domésticas y mucha miel, de la cual trujeron á los españoles -muchas calabazas, y era muy blanca y muy excelente. -Y es aquí de saber, que en ninguna parte de todas las Indias -que están descubiertas se ha visto que tengan colmenas -domésticas, ni las procuren ó cultiven, sino en aquella isla -de Cuzumel, y en la de Yucatán, que es tierra firme, á la cual -está pegada ella. Hecho ésto, preguntaron al Capitan, por sus -señas, qué era lo que queria, respondióles, que agua para -beber; los indios les mostraron un pozo empedrado y redondo, -bien hecho y de muy buena agua, á donde los españoles -se fueron á dormir, y de allí tomaron toda el agua que para<span class="pagenum"><a name="Page_357" id="Page_357">[357]</a></span> -sus navíos era necesaria. Veláronse aquella noche los españoles, -y no ménos los indios su pueblo con mucha vigilancia -velaban. Venido el dia, salieron todos los indios del pueblo, -armados, con sus arcos y flechas, rodelas y lanzas; rodearon -el pueblo por la parte donde los españoles estaban, enviaron -tres á decirles que se fuesen á sus navíos ó barcos, y así por -señas se lo notificaron, con amenazas que si no se iban los -flecharian y harian daño; los españoles obedecieron su mandado, -y fuéronse á embarcar á sus barcas y en ellas á los -navíos, y alzaron sus velas y fueron por la ribera de la isla -costeando.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_358" id="Page_358">[358]</a></span></p> - -<h2 id="XCVIII">CAPÍTULO XCVIII.</h2></div> - - -<p>Los cuales, siempre creyendo que aquella tierra toda era -isla, dieron en un cabo ó punta de la tierra firme que despues -y agora nombramos Yucatán; aquel cabo llamaron los nuestros -el cabo de Cotoche, por cierto vocablo ó vocablos que -oyeron á los indios y que ellos corruptamente pronunciaron. -Aquí vieron mucha gente bien ataviada y vestida, cubiertas -todas sus carnes con camisetas, y mantas pintadas de colores, -de tela de algodon; traian plumajes de muchas colores, joyas -de oro y plata, como zarcillos, en las orejas, y otras de diversas -hechuras y no poco polidas. De allí pasaron á una ensenada -ó puerto muy grande que hace la mar, donde queda en seco la -ribera cerca de una legua, bajándose la mar, lo que no se ha -visto hasta hoy en toda la mar que llamamos del Norte, que es -la destas islas y tierra firme que se mira con la de España, sin -pasar por la tierra dentro de la tierra firme á la mar que nombramos -del Sur, por respecto de la ya dicha del Norte. Llegaron -pues á la ensenada ó puerto muy grande, y anclaron, y salió el -Capitan con la gente que le pareció en tierra, al pueblo que -estaba en la ribera, pueblo grande y de multitud de gente, llamado -Campéche, la penúltima sílaba luenga, al cual puso el -Capitan nombre, pueblo y puerto de Lázaro, porque entraron -en él domingo de Lázaro. Los indios vecinos dél salieron todos -á recibir los españoles con curiosidad, admirados de ver los -navíos y las barcas ó bateles dellos, los españoles con grandes -barbas y de color blancos, y de los vestidos y de las espadas -y ballestas y lanzas que traian. Llegábanles las manos á las -barbas, tocábanles la ropa, miraban las espadas y todo lo que -consigo traian, finalmente, con amor y admiracion como cosa -nunca vista ni pensada ver, y de que al cabo mostraban pla<span class="pagenum"><a name="Page_359" id="Page_359">[359]</a></span>cer, -los tractaban, principalmente el Rey ó señor del pueblo ó -de la tierra mostró con verlos gran contentamiento; mandóles -traer de comer, trujéronles mucho de su pan de maíz, mucha -carne de venados, muchas liebres, perdices, tórtolas, gallinas -muchas de las de papada, no ménos y quizá más excelentes -que pavos, frutas y otras cosas de las que ellos tenian y podian -traer para en todo agradalles. Trujeron muchas piezas y joyas -de oro, que por cuentas, y espejos, y tijeras, y cuchillos, y -cascabeles, y otras bujerías de las que solemos darles, rescataron -ó conmutaron. En este pueblo vieron una torre, ó como -torre, cuadrada, de cantería hecha, y blanqueada, con sus gradas; -debia ser su templo por lo que despues se ha visto en -toda la Nueva España y Guatemala. Estaba en lo alto della un -ídolo grande con dos leones ó tigres que parecia comerlo -por los ijares, y una sierpe ó animal que tenia sobre cuarenta -piés en largo, y como un grueso buey que tragaba un fiero -leon; todo de piedra muy bien labrado. Estaba todo asaz ensangrentado -de sangre de los hombres que allí ó justiciaban ó -sacrificaban, como arriba de la isla de Cozumel hablamos. Estuvieron -aquí los españoles tres dias holgándose, tan espantados -de ver los edificios de piedra y de las cosas que vian, -como los indios de vellos barbados, vestidos y blancos, y no -poco alegres los nuestros con ver las buenas muestras de oro -que hallaban, y de lo mucho que la esperanza les prometia y -multiplicaba. Hiciéronse á la vela el miércoles en la tarde, ó el -jueves de mañana, ántes de la Semana Santa, dejando á los -indios de Campéche muy contentos y ellos saliendo bien pagados; -fueron de allí la costa abajo, 10 ó 12 leguas, á otro -puerto y pueblo muy grande, llamado Champoton, la última -luenga, muy adornado de casas de piedra, con sus mármoles -della misma, bien señalados, como podian ser en España. Saltó -el capitan Francisco Hernandez en tierra con la más gente que -llevaba, y entónces vinieron á ellos muchos indios con sus -armas y con ciertas hachas de metal, conque debian estar en -sus rozas y haciendas trabajando; preguntáronles por señas -qué querian: respondieron los nuestros que buscaban agua.<span class="pagenum"><a name="Page_360" id="Page_360">[360]</a></span> -Los indios les señalaron que se fuesen hácia el pueblo, y que -por el camino hallarian un rio y se hartarian de agua. Fueron -como les dijeron, y hallaron un pozo muy bien empedrado -en un gran llano, que llamamos, por vocablo de los indios de -esta isla Española, çabana; durmieron allí aquella noche sin -pasar adelante, porque vieron desde allí una gran labranza -con una casa y muchas gallinas de las de papada. Otro dia -de mañana, estando áun los españoles en el dicho campo -llano ó çabana, vinieron á ellos ciertos indios, entre los cuales -vino uno que traia un collar de cuentas de oro, que debia ser -ó el Rey ó señor principal. El Capitan le dijo por señas, si se -lo queria vender ó trocar, ó como acá usamos decir, rescatar, -mostrándole ciertas sartas de cuentas de vidrios de colores, -que poco y nada le agradaron, y así se fué con los otros. -Desde á poco rato vinieron á los españoles, segun les pareció, -hasta 1.000 indios, por ventura considerando que habiendo -bebido y tomado agua, que era por lo que preguntaron, no se -querian ir de su tierra, y parecia que se hacian reacios, y -como á gente nueva, extraña y feroz, barbada, y que venia en -aquellos navíos grandes, (y tambien porque habian visto y -oido tirar lombardas de fuego, que les parecia echar truenos -del cielo, y turbar los elementos, no vian la hora que de sí y -de sus tierras, como peligrosa vencidad, apartallos), con una -trompeta sonando, y dando gran grita, con sus arcos y flechas -y tablachinas de las de medias lunas, de oro, y con muchos -cascabeles, vinieron con ímpetu y ferocidad á echallos. -Los españoles que no saben sufrir en tales tiempos grita de -indios, por mucho que las voces alcen, como los conozcan -desnudos y al cabo llevar lo peor por la mayor parte, y en -especial que el capitan Francisco Hernandez era, como arriba -dijimos, muy suelto y de buen ánimo, sálenles al encuentro, -y asiéronse todos, los unos y los otros, y con grande ánimo -pelearon cuatro horas, cayendo de los indios en tierra, muertos, -muchos, cuantos podian desjarretar y desbarrigar con las -espadas y alancear con las lanzas, y á saetadas con algunas -ballestas que llevaban. Los indios no por eso desmayaban,<span class="pagenum"><a name="Page_361" id="Page_361">[361]</a></span> -sino con sus arcos y flechas clavan los españoles, y luégo dieron -un flechazo á uno, que iba sin rodela, por la barriga, del -cual luégo allí murió; adelantóse otro español algo de los -otros, por señalarse, al cual tambien mataron, y hirieron á -todos los demas. Viéndose los españoles todos, ó los más, heridos -y mal, comenzáronse á retraer hácia las barcas, lo cual -fuera mejor hacer al principio, cuando vieron venir los indios -determinados á echallos de sus tierras, pues ya les habian -consentido tomar ó beber su agua, por la que preguntaban, -y no era sino tomar achaque para entrar en tierra y -señorío ajeno, y los indios no les hacian injuria alguna en no -consentir que más en su tierra tardasen, pero porque no iban -á hacer bien alguno, sino á lo que arriba queda bien probado, -(y éstas fueron siempre sus obras, entrar y estar y tomar las -haciendas, y las personas y la libertad dellas, y los señoríos -que nunca les pertenecieron, á pesar de sus dueños), haciáseles -de mal dejar el cebo del oro que vian, y quisieran dello -cargar, y por eso se aventuraron, confiando en los estragos que -en estas islas habian perpetrado; así que, retrayéndose los españoles, -todos ó los más heridos, hácia las barcas, y los indios -con gran ímpetu y vigor tras ellos, hiriéndolos cada paso, -como en la playa hobiese mucho cieno y las barcas estuviesen -poco ménos que atolladas, y los heridos fuesen muy lastimados, -detuviéronse algo en embarcar, porque los marineros -no se daban á manos á metellos á cuestas en las barcas; finalmente -mataron allí 20 de los españoles, y el Capitan con los -que escaparon quedaron más muertos que vivos, y ninguno -quedara con vida si un poco más se tardaran. Creo que el Capitan -quedó con treinta y tantas heridas, muy lastimado, segun -él me lo escribió á mí, estando yo en la corte que á la sazon estaba -en Zaragoza de Aragon entre otras cosas. Tornados á los -navíos, y allí como pudieron curados, desarmaron y quemaron -el bergantin porque hacia mucha agua, y porque no estaba la -gente para trabajar mucho en agotallo por la mar, que no es -chico trabajo. Con los dos navíos se volvieron á la isla de -Cuba, y entraron en el puerto de Carenas, que es el de la<span class="pagenum"><a name="Page_362" id="Page_362">[362]</a></span> -Habana, de donde ultimadamente habian salido, y allí, no pudiendo -sostener los ambos navíos por la mucha agua que hacian, -dieron con ellos al través, desamparándolos, donde se anegaron; -de allí se fueron á la villa de Santiago donde Diego Velazquez -estaba, y Francisco Hernandez bien tarde por no sanar -tan presto de sus muchas heridas, como viniese dellas muy -lastimado. Diego Velazquez, aunque rescibió pesar de la muerte -de tantos españoles, y de las heridas de los demas, pero las -nuevas de ser la tierra tan rica y grande, y de tanta infinidad -de gentes, y con edificios de cal y canto (lo que nunca se habia -visto ántes), lo cual todo le ofrecia inestimable esperanza, con -alegría inmensa el pesar le recompensaron. Comenzó luégo de -tractar de hacer otra mayor armada, y enviar en ella por Capitan -general, un hidalgo, natural de Cuéllar, patria tambien -propia del mismo Diego Velazquez, llamado Juan de Grijalva, -mancebo cuerdo y de buenas costumbres, al cual tractaba como -deudo, puesto que no se creia serlo ni tocarle por ningun -grado en sangre. Deste nombramiento pesó mucho á Francisco -Hernandez, y rescibiólo por grande injusticia y agravio que -Diego Velazquez le hacia, porque como él habia con sus dineros, -si suyos eran, hecho el armada con la parte que los otros -dos, Cristóbal Morante y Lope Ochoa, pusieron, y habiéndolo -él descubierto y puéstose á tantos peligros de mar y de tierra, -y al cabo saliendo tan mal herido, tenia por suya la dicha empresa -y fuera dél pertenecer á nadie; por lo cual, determinó -de irse á quejar al Rey de Diego Velazquez, y así lo escribió -á mí, estando yo, como dije, en Zaragoza, porque me tenia -por amigo, diciendo que Diego Velazquez se le habia tiránicamente -alzado con sus trabajos, y que no tardaria más de cuanto -estuviese bien sano de sus heridas y allegase algunos dineros -para gastar, rogándome que yo informase al Rey, entre -tanto, de su agravio. Pero él puso de ir á España, y Dios dispuso -llevarlo al otro mundo, á que le diese cuenta de otros -mayores agravios que él hizo á los indios de Cuba, de quien se -servia y chupaba la sangre, y con ella iba á saltear los inocentes -que estaban seguros en sus casas, y lo que más que<span class="pagenum"><a name="Page_363" id="Page_363">[363]</a></span> -todo lo dicho fué grave, y que no hay que dudar sino que -delante el juicio de Dios él sintió por más áspero, la cuenta, -conviene á saber, que en muriendo se le pidió de aquel tan -grande escándalo que dejó sembrado en aquella tierra de -Yucatán, y los muchos indios que mató y lanzó en los fuegos -infernales, que con salirse de la tierra ajena, pues sus dueños -no querian que estuviese en ella, pudiera todo excusallo. -¿Qué olor de paz, de bondad, de caridad, de justicia y de -doméstica y amable y deseable vecindad dejó Francisco Hernandez -en aquella provincia nueva de Yucatán? ¿Qué fama, -qué opinion, qué estima pudieron aquellas gentes concebir de -la religion cristiana, entendiendo que los que se llamaban cristianos, -porque no los consentian estar en su tierra, como á -gente sospechosa y peligrosa, y de quien razonablemente -podian temer que de su estada les viniese gran daño, como -siempre vino á donde quiera que españoles llegaron, pudiéndose -retraer hicieron en ellos tan gran estrago? Finalmente, -con esta inocencia, como otros muchos, murió nuestro amigo -Francisco Hernandez.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_364" id="Page_364">[364]</a></span></p> - -<h2 id="XCIX">CAPÍTULO XCIX.</h2></div> - - -<p>Prosiguiendo el hilo de este año de 17, conviene decir el -discurso de las cosas que al clérigo Bartolomé de las Casas, -despues que habló al Cardenal en la villa de Aranda de Duero, -sucedieron; el cual, visto que el Cardenal estaba muy enfermo -y que de negociar con él se podia sacar poco fruto, deliberó -de irse á Valladolid, y porque la fama de la venida del Rey -D. Cárlos era frecuentísima, esperar allí el Setiembre si el Rey -venia, y si nó tomar el camino de Flandes y dar cuenta de -todo lo pasado y presente destas Indias al Rey. Ofrecióse á ir -con él un padre llamado fray Reginaldo Montesino, de la órden -de Sancto Domingo, persona de letras, y predicacion, y -autoridad, hermano del padre fray Anton Montesino, de quien -habemos hablado arriba muchas veces, que fué el primero -que predicó en esta isla, desengañando á los españoles della -contra esta execrable tiranía. Este padre fray Reginaldo, con -celo de virtud y de la verdad, viendo al clérigo Casas sólo y -clérigo, y metido tanto de veras y con tanta constancia en negocios -tan árduos y tan pios, parecióle que era cosa de virtud -de asistir con él y hacelle espaldas, acompañándole y ayudándole, -para que el negocio, tan digno de sí, cobrase mayor -autoridad, y así determinó de acompañalle hasta Flandes, y ser -con él en todo, adverso y próspero, que se le ofreciese, lo cual -aceptó con mucho placer y gozo el padre Clérigo, y ofreció -todo lo que tenia para lo gastar en la espensa de ambos á dos. -Esto así determinado, envió luégo el padre fray Reginaldo por -licencia á su Provincial, que era el del Andalucía, la cual -luégo le envió con su voluntad y beneplácito, entendiendo el -fin á que su camino enderezaba. Venidos á Valladolid, suena -luégo la nueva que el Rey era en Villaviciosa desembarcado, de<span class="pagenum"><a name="Page_365" id="Page_365">[365]</a></span> -lo cual el padre fray Reginaldo y el padre Clérigo fueron alegres -mucho, por la venida del Rey que en aquellos reinos era -bien deseada, y porque su camino tan lejano se les habia excusado. -Y porque hablando una vez con uno de los principales -del Consejo que habian entendido en las cosas de estas -Indias, el padre fray Reginaldo, como mal informado de los -españoles y por ventura interesal, y por consiguiente no bien -aficionado al bien de los indios, le dijo que los indios eran -incapaces de la fe, respondiendo el Padre, como letrado -le dijo, que aquello era herejía, lo cual, no le fué muy -sabroso y quedó muy enojado; por esta causa escribió el -dicho padre fray Reginaldo á Salamanca, al Prior de Santistéban, -que á la sazon era el padre fray Juan Hurtado, -uno de los ilustres religiosos que por aquel tiempo habia en la -Órden, no sólo en letras, porque era maestro en teología, -pero en prudencia y mucho más en santidad de vida y fama, -que aquel error pernicioso que los indios eran incapaces de la -fe se osaba por la corte afirmar, por tanto que juntase los -doctores teólogos de aquella Universidad, y tractasen aquella -materia y la determinasen, y la resolucion se la enviase firmada -y autorizada. No puso en olvido el padre maestro fray -Juan Hurtado, lo que el padre fray Reginaldo le encomendaba; -juntó, creo que fueron, trece maestros en teología, y pienso -que más entre catedráticos y no catedráticos, entre eclesiásticos -y frailes, los cuales, propuesta y disputada y determinada -la cuestion, enviaron cuatro ó cinco conclusiones con sus corolarios -y probanzas, la postrera de las cuales fué, que contra -los que aquel error tuviesen y con pertinacia lo defendiesen, -se debia proceder con muerte de fuego como contra -herejes. Todas vinieron firmadas y autorizadas de los susodichos -trece maestros, y yo las vide y trasladé, y pusiéralas -aquí á la letra, sino que con otras escripturas en cierto camino -me las hurtaron, y así se me perdieron. Tornando á la felice -venida del rey D. Cárlos, en breves dias, desde el puerto donde -desembarcó, llegó á Tordesillas á besar las manos y rescibir la -bendicion de la reina doña Juana, su madre. Sonábase cada<span class="pagenum"><a name="Page_366" id="Page_366">[366]</a></span> -hora que el Rey y el Cardenal, en el abadía de Balbuena -que dista de Valladolid seis ó siete leguas, y es de la órden de -Sant Bernardo, se vian; sonóse luégo tambien que el Cardenal -era muerto, y fué así. Vínose luégo el Rey á Valladolid, -trujo consigo un docto hombre en derechos, flamenco, por -Chanciller mayor, que segun el uso de flamencos llaman Gran -Chanciller, cuyo oficio es ser cabeza y presidente de todos -los Consejos; éste era varon excelentísimo, prudentísimo, capacísimo -para negocios, y de grande autoridad, y persona que -parecia uno de los que imaginamos Senadores de Roma, y, á lo -que yo siempre entendí, rectísimo. En éste puso el Rey toda la -justicia y gobernacion de Castilla y de las Indias, y no habia -necesidad de negociar con el Rey cosa ninguna ni con otra -persona, sino con el Gran Chanciller. Trujo tambien consigo -el Rey á su Ayo y Camarero mayor, que llamaron Mosior de -Xevres, tambien de muy autorizada persona y dotado de -gran prudencia, de quien confió todo lo que al estado concernia, -y las mercedes y todo lo demas que no tocase á justicia. -Entre los privados, el que más acepto al Rey era, fué un Mosior -de Laxao, que tenia oficio, segun la costumbre de la casa -de Borgoña, de Sumiller, que es Camarero inmediato y propinquísimo -al Rey, y que su cama se ponia junto á la del Rey, -la del Rey cubierta de seda carmesí y brocado, y la de Mosior -de Laxao de damasco negro. Cognoscido, pues, por el -clérigo Casas, que los negocios el Rey tenia puestos en las -manos y prudencia del Gran Chanciller, comenzó á tratar de -informalle, y dióle algunas cartas de las que traia de crédito -de los religiosos Dominicos y Franciscos, entre las cuales vinieron -algunas en latin de los frailes de Picardia, que arriba -dijimos haber llegado á esta isla, poco ántes que el Clérigo se -partiese para Castilla, y como no sabian hablar en castellano -escribieron en latin. Acaeció venir firmada la carta de los -Franciscos de algunos de aquellos de Picardia, que el Gran -Chanciller conocia, de que recibió mucho placer, y comenzó á -ir de buena voluntad á dar crédito al Clérigo en lo que le decia. -El Clérigo, por muchas y diversas veces, le hizo larga<span class="pagenum"><a name="Page_367" id="Page_367">[367]</a></span> -relacion de la perdicion destas gentes, despoblacion destas -islas, y estragos y matanzas crueles que se habian en ellas -hecho y cada dia se hacian; informábale tambien de los intereses -que los del Consejo del Rey acá habian tenido y áun -tenian, de la ceguedad del obispo de Búrgos, principalmente, -y de la mala gobernacion que en estas Indias habia puesto ó -habia consentido poner y permanecer, pues tan innumerables -gentes por ella habian perecido; y afirmábale que el Obispo -y el secretario Conchillos, por las dichas causas, destruian las -Indias, porque aunque no se debe creer que tuviesen intencion -mala en la provision y gobierno dellas, y que no les -pesase que pereciesen los indios como perecian, pero al ménos -debieran de caer, como eran obligados, en la causa que -los consumia, que era estar repartidos, y mudar tan tiránico -gobierno en otra manera razonable y humana de regidos, á la -consideracion y efecto de lo cual se pudo presumir que su -propio interes los impedia. Cuando el padre fray Reginaldo, -vido que iba bien de negocios al padre Clérigo, dejóle y fuese -á su provincia y casa, que creo que á la sazon moraba en -Sancta Cruz, de Granada, ó en otro convento del Andalucía.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_368" id="Page_368">[368]</a></span></p> - -<h2 id="C">CAPÍTULO C.</h2></div> - - -<p>En estos dias, como el Rey era tan nuevo, no sólo en su -venida, pero tambien en la edad, item, asimismo en la nacion, -y habia cometido todo el gobierno de aquellos reinos -á los flamencos susodichos, y ellos no cognosciesen las personas -grandes y chicas, y oyesen y entendiesen los negocios -con mucho tiento y tardasen en los despachos, por temor de -no errar, y no se confiaban de ninguna persona temiendo -ser engañados con falsas informaciones, (y tenian mucha razon, -porque las relaciones que oian de muchos eran diversas), -por todas éstas razones estaban todos los oficios y las cosas -de aquellos reinos suspensas, y mucho más las cosas tocantes -á estas Indias, como más distantes y ménos cognoscidas. Sola -la noticia que el Clérigo daba al Gran Chanciller dellas prevalecia, -el cual no curaba de negociar ni informar al Rey ni á el -Mosior de Xevres ni vellos, sino solamente con el Gran Chanciller -y á él miraba y acompañaba, y con él hablaba todas las -veces que convenia, porque, la verdad, de negociar con otro -ninguna necesidad tenia por la razon dicha. Los españoles que -á la sazon en la corte habia, procuradores destas islas y tambien -de tierra firme, y otros particulares que de allá habian -por sus negocios venido, de que vian el Clérigo allegado al -Gran Chanciller, y, á lo que juzgaban y era verdad, favorecido, -ningun sabor bueno rescibian dello, porque bien creian que, -para sus cudicias y manutenencia de los indios en su tiranía, -ningun fructo podia dello venilles, y por tanto, con más -priesa y solicitud todos acudian como de ántes al Obispo, y -al secretario Conchillos; aunque sin fructo alguno, porque, -como se dijo, el Gran Chanciller tenia suspendidos los oficios ó -la expedicion de los negocios, y no podian despachar cosa de<span class="pagenum"><a name="Page_369" id="Page_369">[369]</a></span> -lo que pedian. No del todo confesaban el Obispo y Conchillos -la falta de su poder, sino que disimulaban y cumplian con -todo cuanto podian. Ciertos criados del Obispo, idos destas -islas, ó de sí propios, fingido ó quizá por órden del Obispo ó de -Conchillos, usaron desta industria, que se juntasen todos los -españoles que allá estaban destas Indias, y fuesen y aguardasen -al Rey una y muchas veces, cuando verlo pudiesen, -porque raro salia, y le suplicasen importuna y quejosamente -que ordenase como fuesen oidos en sus negocios y expedidos, -alegando que estaban gastados y que se querian tornar á sus -casas que tenian en las Indias. Esta industria inventaron para -que el Rey, de importunado, mandase al Obispo y á Conchillos, -que prosiguiesen sus oficios y despachasen los negocios de las -Indias, como personas que tantos años habia que en las manos -las tenian. Aguardaron algunas veces que saliese el Rey, y -hicieron lo que habian determinado, pidiendo y suplicándole -mandase oir y despachar sus negocios, y lo demas que -se les ofrecia para provocallo; pero aprovechábales poco, porque -el Rey remitia al Gran Chanciller, y él disimulaba por estar -del Clérigo bien avisado. Eran todos sus negocios no otros sino -los que siempre, desde que éstas Indias se descubrieron, hasta -este año de 1560, pretendieron por cuantas vías pudieron imaginar, -durmiendo y velando y soñando, conviene á saber, tener -los indios en aquella horrible y mortífera servidumbre donde -todos han perecido, y perecen hoy los que restan, y que en -ella se los confirmasen y los tuviesen perpétuos, como si con la -vida que les daban fuera posible mucho durarles, segun por lo -mucho que arriba dicho queda se muestra claro. Desque vieron -que por esta vía no aprovechaban, acuerda el Obispo y el -secretario Conchillos, despachar algunos negocios de aquellos -que los deseaban, y entre sí, llamado alguno ó algunos de los -del Consejo Real, y de aquellos que solia llamar y con quien, -desde los principios, destas Indias las cosas comunicaba, -como á escondidas ó disimuladamente determinallos, y yendo -un dia el secretario Conchillos, con una libranza de muchas -Cédulas y provisiones á comunicallas al Gran Chanciller, y<span class="pagenum"><a name="Page_370" id="Page_370">[370]</a></span> -para que las firmase, alteróse mucho el Gran Chanciller, y -muy indignado díjole: «Andá, ios de aquí, que vos habeis -destruido las Indias», y, si no me he olvidado, creo que dijo: -«vos y el Obispo, habeis destruido las Indias.» Oido ésto, el -secretario Conchillos salióse tristísimo, y, viendo que todo el -gran favor que con el Rey Católico tuvo, se le habia del todo -acabado, acordó de para siempre dejar la corte y se ir á Toledo, -donde tenia su casa; y porque tenia muchas rentas en -las Indias, sin los indios, como eran escribanías, y creo que -la fundicion y marcacion del oro de alguna de estas partes, -ó las escobillas, donde tenia mucho interese, y su mujer doña -María Niño era persona valerosa, determinó á la corte envialla, -para que negociase con el Rey la confirmacion de -aquellos oficios, y, creo yo, tambien para sí pudiese alcanzar -que le tornasen los repartimientos de los indios, que en cada -una destas islas tenia, que se le habian quitado. Francisco -de los Cobos, que habia sido su oficial y criado, y que muerto -el Rey Católico se habia ido á Flandes, á si pudiese alcanzar -estar en servicio del Rey en algun oficio, y alcanzó que le -rescibiesen por secretario, entre muchos que lo mismo allá -alcanzaron, (pero excedió su fortuna á todos los demas en -que Mosior de Xevres se aficionó más á él que á otro, porque, -en la verdad, tenia más partes que otro por ser muy bien dispuesto -de gesto y cuerpo, y en su aspecto mostraba ser prudente -y asosegado, era eso mismo en la voz y habla suave, y -así era amable, y ayudóle tambien la noticia y experiencia -que tenia de todos los negocios del reino, como quien de muchos -años atras en la expedicion dellos se habia criado), éste -vino con el Rey, y, como dije, á Mosior de Xevres tan allegado, -que ninguna cosa con otro sino con él despachaba, -mayormente de las tocantes al Real Estado; con parecer deste -Francisco de los Cobos, se salió de la corte Lope Conchillos, -y creo que pidió luégo á Mosior de Xevres y al Gran Chanciller -el oficio de secretario de las Indias, ó para servillo en -lugar de Conchillos, hasta que otra cosa el Rey determinase, -y bien sabia él que no le habia de salir de las manos, ó quizá<span class="pagenum"><a name="Page_371" id="Page_371">[371]</a></span> -desde luégo se lo dieron como á propietario, finalmente, -siempre lo tuvo y sirvió por muchos años, hasta que lo dió y -traspasó ó suplicó al Rey que hiciese merced dél á Juan de -Samano, de quien abajo, si Dios quisiere, se tractará. En -aqueste tiempo de las subrecticias ó irregulares provisiones, -como el obispo de Búrgos y Conchillos amaban y favorecian -muy de hecho á Diego Velazquez, porque él en Cuba procuraba -sus haciendas y negocios, asignándoles repartimientos -de indios los más provechosos y más cercanos de las minas, -donde al cabo sus criados y hacedores los mataban con excesivos -trabajos (y áun díjose que el obispo de Búrgos queria -casar con una sobrina suya á Diego Velazquez), y por el contrario, -en cuanto podian, segun se creia, desfavorecian las -cosas y estado del Almirante, despacháronse ciertas Cédulas -y provisiones del Rey para Diego Velazquez, intitulándole: «Al -nuestro Gobernador de la isla de Cuba, Diego Velazquez», -siendo teniente del Almirante, y enviándole él á ella por lo -honrar y levantar, como á criado de su tio, D. Bartolomé Colon, -ó de su padre. Fué público y notorio, al ménos fué así la -fama, que el mismo Diego Velazquez, usando de ingratitud -contra el Almirante, lo pidió al Obispo y á Conchillos que le -hiciesen Gobernador, inmediato del Rey, de aquella isla, y éste -descomedimiento de Diego Velazquez fué despues, como parecerá, -harto celebrado. De aquí parece la grande injusticia -que el Obispo y Conchillos cometian contra el Almirante, -usurpándole su estado y mercedes concedidas, y que tan legítimamente -y con tantos sudores, trabajos y peligros, habia -ganado su padre. No faltó quien vido la Provision en el escritorio -de Conchillos, y avisó al Almirante que á la sazon estaba -en la corte, y avisado quejóse al Rey y al Gran Chanciller, -y por aquella vez fué remediado, aunque despues, como tornó -el Obispo á proseguir el oficio de Presidente del Consejo de -las Indias, como se dirá, no sé si le dieron Provision para que -aunque el Almirante quisiese no le pudiese quitar el cargo. -Desque los españoles que destas islas y de la tierra firme, -conviene á saber, del Darien, donde presidia Pedrárias, esta<span class="pagenum"><a name="Page_372" id="Page_372">[372]</a></span>ban -en la corte rabiando por negociar que sus tiranías se confirmasen -por el Rey nuevo, vieron que sus industrias se les -deshacian y que el obispo de Búrgos y Conchillos no podian -nada, y que el Clérigo prevalecia con el favor del Gran Chanciller, -acordaron de darle peticiones, dellos sin decir mal del -Clérigo ni quejándose de lo que contra ellos negociaba, sino -solamente pedir las cosas que les tocaban; otros quejándose -del Clérigo que los destruia, y diciendo contra los indios lo -que se les antojaba, las cuales todas y las cartas que para el -Rey venian de las Indias daba el Gran Chanciller al Clérigo ó se -las enviaba: el Clérigo tenia éste aviso, que al gran Chanciller -mucho agradaba, que ponia en latin fielmente toda la sustancia -de lo que la peticion ó capítulo de la carta decia, ó -notificaba, ó queja que daban, y luégo abajo, de la misma -manera, en latin, decia el Clérigo su parecer en contra ó en -favor de lo que pedian ó suplicaban. Por este modo desengañó -en muchas cosas al Gran Chanciller, que le pedian é con -falsedad le informaban, y dió claridad de mucho de lo tocante -á estas partes; llegó á tanto el crédito que el Gran Chanciller -dió al Clérigo, que hizo relacion al Rey larga dél, encareciendo -su experiencia y habilidad, y cognoscimiento de las -cosas destas Indias, y es de creer que tambien lo alabó de bondad -y rectitud de su intencion y buenos deseos; de donde sucedió -que el Rey mandó al Gran Chanciller que juntase consigo -al Clérigo y ambos á dos reformasen y pusiesen remedio á los -males y daños destas Indias. Por lo cual, un dia que se debia -de haber tractado ante el Rey de la misma informacion, y cometido -el Rey al Gran Chanciller lo susodicho, yéndose á comer -y el Clérigo con los demas acompañándole, mandó á un lacayo -que fuese adelante y dijese al Clérigo que se detuviese, que -le queria hablar; detúvose luégo el Clérigo, y díjole en latin: -<i>Rex dominus noster jubet quod vos et ego apponamus remedia Indis, -faciatis vestra memorialia</i>. El Rey, nuestro señor, manda -que vos y yo pongamos remedio á los indios, haced vuestros -memoriales. Respondió el Clérigo: <i>Paratissimus sum et libentissime -faciam quæ Rex et vestra dominatio jubet</i>. Aparejado estoy<span class="pagenum"><a name="Page_373" id="Page_373">[373]</a></span> -é de muy buena voluntad haré lo que el Rey y vuestra señoría -me mandan. Esta fué la segunda vez que parecia poner Dios en -manos del Clérigo el remedio y libertad y salud de los indios, -sino que luégo, por una vía ó por otra, todo se desbarataba, -como adelante, asaz claro y digno de lamentacion, parecerá; -por cuyos pecados lo permitiese Dios desbaratar, ó de los -indios ó de los españoles, para que se cumpliese por ellos lo -que está escripto en el Apocalipsi, <i>qui nocet noceat adhuc</i>, ó -por los de ambos á dos géneros de hombres, el dia del juicio -se nos mostrará.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_374" id="Page_374">[374]</a></span></p> - -<h2 id="CI">CAPÍTULO CI.</h2></div> - - -<p>En estos dias, el Almirante de Flandes, que habia venido -con el Rey, gran señor y de gran estado, inducido por algunos -españoles de los que habian ido de acá, y que por cobrar -la benevolencia y favor de los flamencos andaban solícitos -en dalles avisos harto culpables, suplicó al Rey le hiciese -merced de aquella tierra ó isla grande que se habia descubierto, -que llamaban Yucatán (y ésta era toda la que agora -llamamos Nueva España), porque él la queria ir ó enviar á -poblar de gente flamenca, de su tierra, y se la diese en feudo, -recognosciendo siempre á Su Alteza, como vasallo á su señor, -y para que mejor la pudiese poblar y proveer de lo que conviniese, -le diese la gobernacion de la isla de Cuba; de donde -pareció que el que le dió el aviso habia ido de Cuba, y sabia -bien lo que avisaba. El Rey, libremente, como si le hiciera -merced de alguna dehesa para meter en ella su ganado, se la -otorgó, por no saber Mosior de Xevres, que era el consultor -principal de las mercedes, lo que estas Indias eran y lo que -al Rey importaban, mayormente tierra nuevamente descubierta, -que debiera considerar poder ser alguna cosa grande, -y de que despues de la haber concedido podia mucho al Rey -pesarle; como es cierto que le pesara, si por la industria del -Clérigo no se estorbara, y fué desta manera: que como ya -entre los flamencos el Clérigo sonaba y comenzaba á tener -autoridad, por ser clérigo y por su demanda, aconsejaron los -caballeros flamencos al dicho Almirante de Flandes, que hiciese -buscar al Clérigo, y de su parte le rogasen que fuese á -comer con él (que era manera y uso de flamencos cuando -querian negociar), y que dél sabria lo que valia y era la merced -que el Rey le habia hecho de la tierra de Yucatán, y<span class="pagenum"><a name="Page_375" id="Page_375">[375]</a></span> -cómo para la enviar á poblar de flamencos y para todo lo que -á ésto perteneciese debia guiarse. Fué al llamado del Almirante -convidado el Clérigo, y dél rescibido con grande alegría -y humanidad y á la mesa se le hizo gran fiesta, y la cortesía -y favor que suelen hacer por aquella tierra de Flandes, -cuando dicen, «yo bebo á vos, moyseñor», á los amados convidados, -le hizo el mismo Almirante; y alzada la mesa, quísose -mucho informar del Clérigo de lo arriba citado. El Clérigo le -declaró y encareció con verdad qué cosa eran las Indias, y -en especial lo que de aquella tierra nuevamente descubierta -se esperaba de riquezas, segun la muestra que habia dado, y -cuán necesaria era la gobernacion de la isla de Cuba para quien -aquella tierra hobiese de tratar y señorear, con todo lo demas -que para el fin que el Almirante pretendia, con verdad, debia -declarársele. Quedó contentísimo y gozosísimo el Almirante de -Flandes de la relacion tan particular que le hizo el clérigo -Casas, y por ella el Almirante quedóle muy obligado; y -como si le hobiera hecho merced el Rey de alguna viña, que -de su casa estuviera un tiro de ballesta, y en la plaza los cavadores -para cultivalla, con la misma facilidad despachó á -Flandes, y dentro de cuatro ó cinco meses vinieron, creo -que, cinco navíos al puerto de Sant Lúcar de Barrameda, -cargados de gente labradora para venir á poblar la dicha -tierra. Entre tanto, como el Clérigo vido la merced hecha tan -á ciegas, y en violacion de la justicia que al Almirante de las -Indias pertenecia por sus privilegios, segun los cuales, no sólo -en la tierra destas Indias descubierta, pero en las por descubrir -pretendia, y justamente, derecho, mayormente en lo -que no habia duda ninguna, como era la isla de Cuba, que -su padre personalmente habia descubierto el año de 1494, -como pareció en el libro I, cuya gobernacion actualmente -poseia, denunció la dicha merced al Almirante de las Indias -el Clérigo, doliéndose de aquella manifiesta injusticia. Reclamó -luégo el Almirante de las Indias al Rey, y á Mosior de -Xevres, y al Gran Chanciller, el cual iba ya entendiendo los -servicios que el Almirante viejo, su padre, en el descubri<span class="pagenum"><a name="Page_376" id="Page_376">[376]</a></span>miento -deste orbe á los reyes de Castilla habia hecho, y los -agravios grandes que habia rescibido, y viendo la justicia, -que era manifiesta, suspendióse luégo la merced al Almirante -de Flandes hecha, cumpliendo con él diciéndole: que hasta -que se determinase el pleito que el Almirante de las Indias -traia con el Fiscal real, sobre pretender derecho por sus privilegios -á todas las tierras que en el mar Océano se descubriesen, -no podia el Rey hacer merced semejante de ninguna -dellas; cuanto más que habia sido informado que la isla -de Cuba, de que ninguna duda se tenia pertenecerle la gobernacion -della, y cuya posesion pacífica ya tenia, no pudo -concederla á otro sin su gran perjuicio. Y así se quedó el -señor Almirante de Flandes sin Yucatán y la Nueva España, -que por ventura, si el clérigo Casas no avisara con tiempo y -ayudara lo que con el Gran Chanciller ayudó, hoy la tuviera -y el Rey lo ménos della poseyera. Venidos sus cuatro ó cinco -navíos, cargados de labradores flamencos, á Sant Lúcar, y -desbaratado todo su fundamento, hallándose burlados, ó de -enojo y angustia desto, ó que los probó la tierra, murieron -mucha parte dellos, y los que escaparon con la vida volviéronse -á su tierra perdidos; y en ésto pararon los avisos que -los españoles que á la sazon estaban en la corte, destas Indias, -por buscar favor contra el Clérigo, daban y dieron al -Almirante de Flandes y á los otros flamencos. Por este tiempo, -en Valladolid, vino huyendo de Portugal, ó escondidamente -por cierta queja que del Rey tenia, un hombre marinero, ó al -ménos sabia mucho de la mar, llamado Hernando de Magallanes, -que en portugués se decia, Magalhāes, y con él un bachiller, -ó que se decia bachiller, que tenia por nombre Rui Faleiro, -á lo que mostraba ser, grande astrólogo, pero los portugueses -afirmaban tener un demonio familiar y que de astrología no -sabia nada. Estos se ofrecieron á mostrar que las islas de Maluco -y las demas, de que los portugueses llevan á Portugal la -especería, caian ó estaban dentro de la demarcacion ó particion -que se habia comenzado, aunque no acabado, entre los -reyes de Castilla, católicos, y el rey D. Juan de Portugal, el<span class="pagenum"><a name="Page_377" id="Page_377">[377]</a></span> -segundo, de las partes australes y occidentales, y que descubririan -camino para ir á ellas fuera del camino que llevaban -los portugueses, y éste sería por cierto estrecho de mar que -sabian. Vinieron con esta novedad, primero, al obispo de -Búrgos, como sabian que hasta allí habia gobernado las Indias, -aunque por entónces estaba como galera desarmada, y -el Obispo los llevó al Gran Chanciller, y el Gran Chanciller -habló al Rey y á Mosior de Xevres. Traia el Magallanes un -globo bien pintado, en que toda la tierra estaba, y allí señaló -el camino que habia de llevar, salvo que el estrecho -dejó, de industria, en blanco, porque alguno no se lo saltease; -y yo me hallé aquel dia y hora en la cámara del Gran Chanciller, -cuando lo trujo el Obispo y mostró al Gran Chanciller -el viaje que habia de llevar, y hablando yo con el Magallanes, -diciéndole qué camino pensaba llevar, respondióme que -habia de ir á tomar el cabo de Sancta María, que nombramos -el Rio de la Plata, y de allí seguir por la costa arriba, y así -pensaba topar el estrecho. Díjele más, «¿y si nó hallais estrecho -por dónde habeis de pasar á la otra mar?» Respondióme que -cuando no lo hallase irse ia por el camino que los portugueses -llevaban. Pero, segun escribió en una epístola un caballero -italiano, llamado Pigafetta, Vicentin, que fué á aquel descubrimiento -con Magallanes, cierto iba Magallanes de hallar el -estrecho, porque, diz que, habia visto en una carta de marear, -hecha por un Martin de Bohemia, gran piloto ó cosmógrafo, -que estaba en la Tesorería del rey de Portugal, el estrecho -pintado de la manera que lo halló, y porque el dicho estrecho -estaba en la costa de mar y tierra, dentro de los límites de los -reyes de Castilla, debió moverse á venir é ofrecerse al rey de -Castilla, de descubrir camino nuevo para las dichas islas de -Maluco y las demas. Este Hernando de Magallanes debia de ser -hombre de ánimo y valeroso en sus pensamientos, y para emprender -cosas grandes, aunque la persona no la tenia de mucha -autoridad, porque era pequeño de cuerpo, y en sí no mostraba -ser para mucho, puesto que tampoco daba á entender -ser falto de prudencia, y que quien quiera le pudiese fácilmente<span class="pagenum"><a name="Page_378" id="Page_378">[378]</a></span> -supeditar, porque parecia ser recatado y de coraje. Cuéntase -dél, en una historia portuguesa, que partiendo dos naos de -la India para el reino de Portugal, en una de las cuales Magallanes -iba, dieron ambas en unos bajos y se perdieron, -pero salvóse toda la gente y muchos de los mantenimientos -en los bateles, yéndose á una isleta que estaba cerca de allí; -acordaron que en los bateles se fuesen á cierto puerto de la -India, que distaba algunas leguas, y porque no cabian todos -en ellos, ni podian ir de una barcada, hobo gran contienda -sobre quién iria en el primer barcaje; los capitanes y fidalgos -y personas principales querian ir primero, los marineros y -gente baja, decian que nó, sino ellos. Visto por Magallanes el -peligro y porfía peligrosa en que estaban, dijo: «Váyanse los -capitanes y fidalgos, y yo me quedaré con los marineros y los -demas, con tanto que nos jureis y deis la palabra de enviar -luégo, en llegando, por nosotros.» Dijeron los marineros y -gente baja, que si con ellos quedaba Magallanes que les placia -quedar, y en ésto Magallanes estaba en uno de los bateles; -ya que se queria partir, díjole un marinero de los que -quedaban, creyendo que disimulaba para irse: «Señor, ¿no -nos prometísteis de quedar con nosotros?» Respondió él: «Sí,» -y diciendo y haciendo salta del batel en tierra, y dice: «Véisme -aquí.» Y así se quedó con ellos, y mostró ser hombre -de verdad y de esfuerzo, y tambien parece que debia de ser -hombre de calidad, pues holgaron de quedarse con él toda la -gente baja, y se apaciguaron y excusó las pendencias, en que -todos peligraran. Lo que demás deste Magallanes hay que decir, -se dirá, placiendo Dios, abajo.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_379" id="Page_379">[379]</a></span></p> - -<h2 id="CII">CAPÍTULO CII.</h2></div> - -<p>Tornando á proseguir lo que arriba en el cap. 100 contábamos, -que el Gran Chanciller, de parte del Rey, mandó al -clérigo Casas; lo primero que hizo fué ir á los monasterios y -dar parte á las personas religiosas, Priores y Guardianes, que -ya tenian noticia de lo que negociaba, del estado en que Dios -parecia que ponia su negocio, cuya prosperidad todos tambien -deseaban, y rogalles suplicasen á nuestro Señor le alumbrase á -en todo lo que dijese ó escribiese para bien de aquestas gentes -cumplir su voluntad. Comenzó y acabó sus memoriales y dá -la traza y órden que habian llevado los frailes de San Hierónimo, -añidiendo algunas otras cosas para el bien y la vivienda -de los españoles, y para que los consiguiesen su total libertad, -que le parecieron haber en aquella faltado; y entre -otras dió aviso como aquesta isla Española, principalmente, -y despues las demas, se poblasen de labradores, pues ya estaba -de sus infinitos vecinos naturales asolada. La órden de -la poblacion della hizo desta manera: que el Rey diese á -cada labrador que quisiese venir á poblar en ella, desde que -partiese de su pueblo hasta Sevilla, de comer, para lo cual se -señaló á cada persona, chico con grande, medio real cada -dia, y en Sevilla se les diese posada en la casa de la Contratacion, -y 11 ó 13 maravedís para comer cada dia, de manera -que tanto se daba al niño de teta como á sus padres; -de allí, pasaje y matalolaje hasta ésta isla, y en ella un -año de comer, hasta que ellos lo tuviesen de suyo, y si la -tierra los probase tanto, que no estuviesen para trabajar más -tiempo de un año, que lo que demas de un año el Rey les -diese, fuese prestado para que se lo pagasen cuando pudiesen; -y porque el Rey tenia ciertas granjas, que acá llamamos<span class="pagenum"><a name="Page_380" id="Page_380">[380]</a></span> -estancias, donde habia indios y algunos negros, aunque pocos -negros, para sus granjerías, que se les diesen á los labradores -donde se fuesen á aposentar, con todo lo que en ellas de -valor habia, salvo los indios que se habian de poner en libertad, -con que sustentasen los indios las dichas labores, ó granjerías -algunos dias; dábanseles tambien rejas y azadas las -que hobiesen menester, y de las tierras cuantas y cuan largas -las quisiesen. Habíanlos de curar y dar las medicinas á costa -del Rey, si adolesciesen; item, que los beneficios de los pueblos -que poblasen fuesen patrimoniales, para que los hijos -dellos se opusiesen y los llevasen por méritos como en el -obispado de Valencia. Otras muchas y diversas mercedes se -les prometieron, harto provocativas, á venir á poblar estas -tierras, de los que las oian; y porque algunos de los españoles -desta isla dijeron al clérigo Casas, viendo lo que pretendia y -que los religiosos de Sancto Domingo no querian absolver á -los que tenian indios, si no los dejaban, que si les traia licencia -del Rey para que pudiesen traer de Castilla una docena -de negros esclavos, que abririan mano de los indios, acordándose -desto el Clérigo dijo en sus memoriales, que le hiciese -merced á los españoles vecinos dellas de darles licencia -para traer de España una docena, más ó ménos, de esclavos -negros, porque con ellos se sustentarian en la tierra y dejarian -libres los indios. Este aviso, de que se diese licencia -para traer esclavos negros á estas tierras, dió primero el clérigo -Casas, no advirtiendo la injusticia con que los portugueses -los toman y hacen esclavos, el cual, despues de que cayó -en ello, no lo diera por cuanto habia en el mundo, porque -siempre los tuvo por injusta y tiránicamente hechos -esclavos, porque la misma razon es dellos que de los indios. -Todos los avisos y medios que dió el clérigo Casas -para que en estas tierras viviesen los españoles sin -tener indios, de donde se seguia ponerlos luégo en libertad, -pluguieron y fueron gratos mucho al Gran Chanciller y al -cardenal de Tortosa, Adriano, que despues fué Papa, porque -de todo se les daba parte, y á todos los demas flamencos que<span class="pagenum"><a name="Page_381" id="Page_381">[381]</a></span> -dello supieron. Preguntóse al Clérigo qué tanto número le -parecia que sería bien traer á estas islas de esclavos negros: -respondió que no sabia, por lo cual se despachó Cédula del -Rey para los oficiales de la Contratacion de Sevilla, que se -juntasen y tractasen del número que les parecia; respondieron -que para estas cuatro islas, Española, Sant Juan, Cuba y -Jamáica, era su parecer que al presente bastarian 4.000 esclavos -negros. Así como vino esta respuesta no faltó quien, de -los españoles, por ganar gracias, dió el aviso al gobernador -de Bressa, que era un caballero flamenco, segun creo, muy -principal, que el Rey habia traido consigo y que era de su -Consejo, que pidiese aquellas licencias por merced; pidióla, -y el Rey luégo se la dió, y luégo ginoveses se la compraron -por 25.000 ducados, y con condicion que por ocho años no -diese otra licencia el Rey alguna. Fué muy dañosa esta merced -para el bien de la poblacion destas islas, porque aquel -aviso que de los negros el Clérigo habia dado era para el bien -comun de los españoles, que todos estaban pobres, y convenia -que aquello se les diese de gracia y de balde, y como -despues los ginoveses les vendieron las licencias y los negros -por muchos castellanos ó ducados, que se creyó que ganaron -en ello más de 280 y áun 300.000 ducados, todo aquello se -sacó dellos, y para los indios ningun fructo dello salió, habiendo -sido para su bien y libertad ordenado, porque al fin -se quedaron en su captiverio hasta que no hobo más que -matar. Habló el Clérigo al Rey afirmándole que Su Alteza -debia de hacer merced al dicho gobernador de Bressa de -los 25.000 ducados de su Cámara, porque les sería muy más -barato, segun el daño y deservicio que habia de rescibir en no -asentar la poblacion destas islas, que por entónces se comenzaba, -de lo cual necesariamente habian de suceder otros muchos -inconvenientes y daños; pero como él tenia por entónces -poco dinero, y no se le podia por entónces dar todo á entender, -no aprovechó nada. Dió tambien aviso y modo cómo se -comenzase á tractar y saber las gentes y cosas que habia en -toda la tierra firme que por entónces se sabia, haciendo en<span class="pagenum"><a name="Page_382" id="Page_382">[382]</a></span> -las costas ó riberas de la mar della fortalezas, de trecho á -trecho, y que estuviesen hasta 30 hombres en ellas con muchos -rescates y cosas de Castilla para trocar por oro y plata y -perlas y piedras preciosas, y en cada una ciertos religiosos que -tractaran de la predicacion del Evangelio, con lo cual se hobiera -todo cuanto oro y cosas de valor los indios tuvieran, y -cobraran con ellos amor y amistad, y ganaran las voluntades, -y á sus tiempos hicieran fortalezas dentro de la tierra, y desta -manera se supieran todos los secretos della, y con la industria -y diligencia y obras de los religiosos las gentes se fueran convirtiendo, -y, por consiguiente, confirmando en el amistad de -los españoles, y de allí haber cognoscimiento de la bondad y -justicia del Rey, y fácilmente se pudieran ganar y atraer á -que de su popria voluntad se le subyectaran y dieran, sabiendo -lo que hacian, la obediencia. No se podrá encarecer cuántos -tesoros temporales por esta vía se hobieran, y, lo que más -es, cuán fácil fuera la conversion de todas aquellas inmensas -naciones, sin que una ni ninguna fuera injustamente muerta, -y cuán felice hoy y siempre España fuera; pero no fuimos -dignos de tan precioso é inestimable bien. La causa desta indignidad -fué, y siempre ha sido, algunos tiempos mayor y -otros menor, la ceguedad é insensibilidad, y no sé si les será -imputada en el juicio terrible de Dios, del Consejo del Rey, -por señalada é inícua maldad en no haber tenido por hito y -blanco, como fin principal á que todas sus obras y ordenaciones, -leyes y mandamientos, y determinaciones se habian de -ordenar y enderezar, la conversion y utilidad espiritual y -temporal de aquellas gentes, y no en adquirir hacienda para -el Rey é para sí ó para sus parientes y amigos. Y pluguiera á -Dios que con verdad procuraran el provecho y allegamientos -de la hacienda real, pero ni áun ésta procuraron sino de voz -y de palabra, permitiendo Dios que, pues no procuraban por su -honra y predicacion de su ley y por la salud de las ánimas, -que así se gastasen, que no cayesen en la forma y sustancia -de la buena gobernacion que en estas Indias eran obligados -á poner, ni en cosa á ella conveniente acertasen, y ésta no<span class="pagenum"><a name="Page_383" id="Page_383">[383]</a></span> -era otra más sustancial que enviar verdaderos pobladores, -conviene á saber, gente labradora, que viviese de cultivar -tierras tan felices como éstas, las cuales de su propia voluntad -concedieran los mismos naturales pobladores y dueños -dellas, que eran los indios, y los unos se casaran con los otros, -y de ambas se hiciera una de las mejores repúblicas, y quizá -más cristiana y pacífica del mundo, y no enviar indiferentemente -de todo género de personas desalmadas, que las robaron, -escandalizaron, destruyeron y asolaron y echaron en -los infiernos, con increible infamia de la fe y vituperios inespiables -del nombre y honor de Dios. Y destos estragos y ofensas -gravísimas de Dios, y jactura, y disminucion tan nunca -oida del linaje humano, no tiene ninguna excusa el Consejo, -ante Dios, porque no se hicieron en un dia, ni en un año, ni -en diez, ni en veinte, sino en sesenta y más años, y que -cada dia lo sabian por cartas y por relacion presencial de -muchos religiosos y personas graves que les informaban, y -por las residencias y otros jurídicos y autorizados testimonios, -y nunca por eso lo remediaron; y, así permitió Dios, como dije, -que no acertasen en cosa de provecho de los reyes de Castilla, -habiendo mil vías y cosas en que pudieran ser, sin daño de las -Reales conciencias, riquísimos, y los más felices Reyes y señores -del mundo, lo que no han sido sino los más necesitados -de dineros que hobo jamás Reyes, habiendo entrado en su poder -más de 200 millones de ducados en oro y plata y perlas y -piedras preciosas, lo cual todo se les ha consumido, como si -fuera humo ó una poca de estopa que se quemara; lo cual, -todo, no sólo no les bastó para salir de las grandes y diuturnas -guerras y angustias en que se vieron, pero los reinos de -Castilla y Leon, ó todos los vendieron ó los empeñaron, y así se -les ha parecido, la buena gobernacion que su Consejo puso en -las Indias, en la capa. De todos éstos daños, y pérdidas, y pobreza, -y angustia que á los Reyes y á sus reinos han venido, y -otros mayores, que yo tengo por cierto, que han de venir sobre -España, son reos y culpables sólo los del Consejo que el rey -y reyes de Castilla tuvieron, que las cosas de las Indias tracta<span class="pagenum"><a name="Page_384" id="Page_384">[384]</a></span>sen; -y puédese afirmar, sin ofensa de la verdad, segun las reglas -de la prudencia, que por las cosas pasadas conjetura -muchas verdades, que nunca Rey del mundo fué tan ofendido -ni dañificado de los que daba de comer, y constituyéndolos -por de su Consejo, ensalzaba, como lo han sido de los -suyos los reyes de España. Tornando al propósito de la historia, -en estos dias se comenzó á sonar que el obispo de Búrgos, -y su hermano, Antonio Fonseca, que era Contador mayor de -Castilla, dieron dineros ó al Rey ó á Mosior de Xevres, porque -los oficios que tenian se los confirmasen, y díjose que dieron -16.000 ducados; y no careció de sospecha, porque al cabo -con ellos y en ellos quedaron, como, de lo que abajo se refiriere, -parecerá.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_385" id="Page_385">[385]</a></span></p> - -<h2 id="CIII">CAPÍTULO CIII.</h2></div> - -<p>En este año de 17 salió el Rey de Valladolid para ir á -tomar posesion de los reinos de Aragon, y de camino, en -Aranda de Duero, se comenzó á tratar de los medios que el -Clérigo habia dado; y como cosa señaladamente importante y -necesaria para poner los indios en libertad, que era el fin del -Clérigo, porque cesase la muerte de los indios que cada dia en -estas islas se celebraba, trabajó que lo primero en que se entendiese -fuese la poblacion de los labradores. Allí, en Aranda, se -comenzó á hallar en el negocio el obispo de Búrgos, ó porque -los oficios habia comprado, si fué verdad, ó porque Mosior de -Xevres y el Gran Chanciller, por su autoridad y como quien -tantos años habia estas Indias gobernado, aunque muy mal -gobernado, quisieron á los negocios llamarle, y, tractándose, -cuanto podia resistia el Obispo al Clérigo, aunque moderadamente; -en especial resistia la poblacion de los labradores, diciendo -que habia él trabajado á los principios de enviar labradores -á esta isla, y fueron estas sus palabras: «Ahora veinte -años quise yo enviar labradores y no hallé 20 que allá pasasen.» -El Clérigo afirmaba que él llevaria 3.000 labradores, cumpliendo -el Rey con ellos lo que se habia propuesto de su parte se les -habia de notificar, y daba la razon el clérigo Casas, que cuando -el Obispo queria enviar labradores á esta isla, que era sola -la tierra destas partes donde habia españoles, la mayor pena -que á algun malhechor delincuente, fuera de la muerte, se podia -dar, era desterrallo de Castilla para acá, como en el primer -libro relatamos que los Reyes habian mandado que se desterrasen -para esta isla los condenados; pero despues, el tiempo -adelante, el mayor tormento que á los españoles, sacada la -muerte, se daba, y, cierto, los atormentaba más que otro, por<span class="pagenum"><a name="Page_386" id="Page_386">[386]</a></span> -grande que fuese el dolor ó el trabajo, era desterrallos desta -isla para España: y ésto en el segundo libro, hablando de la -gobernacion del Comendador Mayor de Alcántara, lo declaramos. -Aquí, en Aranda de Duero, cayó enfermo el Clérigo, y así -cesó de tratarse de los negocios de las Indias en los dias pocos -que el Rey allí estuvo, y estando el Clérigo en la cama enviólo -á visitar el Gran Chanchiller con un capellan suyo, flamenco, -persona de virtud, y con él una peticion que le habian -dado en perjuicio del Almirante, llena de muy gran -falsedad, rogándole que la viese y le enviase su parecer; la -cual vista, y doliéndose de la malicia que por ella el dador -significaba, puesto que con gran calentura, se asentó en la -cama y escribió en latin la sustancia que contenia, y desengañó -al Gran Chanciller declarándole lo que del caso sabia, -segun la verdad. Fuese luégo el Rey de Aranda para Zaragoza, -y muchas veces por el camino hablaba el Gran Chanciller -del Clérigo, mostrando mucho pesar de su enfermedad, y, -como que lo hallase ménos, decia: «¡Oh! ¿qué tal estará -micer Bartolomé?» Porque micer llaman los flamencos á los -clérigos, y así comunmente todos los flamencos, y el Rey -mismo, lo nombraban. Tuvo por bien Dios de darle salud en -breves dias, y, como el Rey iba despacio, ántes de Zaragoza -lo alcanzó, y subiendo al aposento del Gran Chanciller, en -cierto lugar, fué muy grande el alegría que de vello rescibió, -y el favor que rescibiéndolo le hizo; y cuando el Clérigo subia -descendia D. García de Padilla, del Consejo del Rey, persona -muy eminente, letrado y caballero, y del Rey muy estimado, -y díjole: «Subí, subí, padre, y consolá al Gran Chanciller, -porque, por vuestra vida, que os tiene ya llorado,» todo ésto -era señal de la estima que del Clérigo se tenia, y cuán de gana -el Gran Chanciller habia tomado los remedios destas Indias en -las manos, con la confianza que de la industria y avisos del -Clérigo rescibido habia. Llegado el Rey á Zaragoza y asentada -la corte, quisiera luégo el Gran Chanciller proseguir en el -negocio, hasta acabarlo, destas Indias, pero cayó enfermo el -obispo de Búrgos, que lo impidió, porque, segun pareció, de<span class="pagenum"><a name="Page_387" id="Page_387">[387]</a></span>bian -tener determinado que el Obispo se hallase en los Consejos -y expedicion de los negocios destas Indias, ó por los -dineros que él y su hermano dieron, ó por sola la autoridad -de sus personas, que siempre fué mucha en aquel reino, y -así dilató el Gran Chanciller la prosecucion de las cosas comenzadas -para la reformacion destas Indias, hasta que el -Obispo sanase y pudiese hallarse en ellas. Entre tanto recibió -una carta el Clérigo, de Sevilla, del padre fray Reginaldo, de -quien arriba en el cap. 99 hicimos mencion, haciéndole saber -cómo habia llegado allí de la tierra firme un religioso de Sant -Francisco, llamado fray Francisco de Sant Roman, que afirmaba -por sus ojos haber visto meter á espada y echar á perros -bravos sobre 40.000 ánimas de indios, y ésto fué lo que -arriba referimos en el cap. 72. Esta carta mostró el Clérigo al -Gran Chanciller, de que quedó maravillado, y díjole que fuese -al Obispo y lo visitase de su parte, y le mostrase aquella -carta, como si le quisiera enviar á decir que se avergonzase y -conociese su culpa, pues tan mala gobernacion en estas tierras -habia puesto, y parecia que la intencion del Gran Chanciller -era, enviando al Clérigo á visitar de su parte al Obispo, -darle ocasion para que no lo aborreciese, porque dos veces -habia sido causa que le quitasen del Consejo, una en tiempo -del Cardenal y otra en este tiempo, á fin, todo, que en los -Ayuntamientos, tractando los medios y avisos que habia dado, -no le contradijese. Finalmente, lo visitó el Clérigo y leyóle -la carta, y respondió el Obispo: «Decidle á su señoría que le -beso las manos, y que ya yo le he dicho que será bien que -echemos aquel hombre de allí;» éste era Pedrárias, que asoló -sobre 300 leguas y más de aquella tierra. En estos dias llegó -doña María Niño, mujer del secretario Conchillos, á Zaragoza, -y descendiendo de hablar al Gran Chanciller subia el Clérigo, -y, como lo vido, cognosciólo, aunque pocas veces lo habia -visto, y díjole: «¡Ay, padre, Dios os lo perdone, que así habeis -echado al hospital mis hijos!» El Clérigo no paró sino -subiendo y diciendo: «Señora, la sangre dellos venga sobre mí -y sobre los mios.» No sentia la noble dueña cuántos padres, y<span class="pagenum"><a name="Page_388" id="Page_388">[388]</a></span> -madres, y hijos, y áun muchos linajes juntos, habian perecido -de hambre y trabajos por enviarle oro los tiranos que -acá tenia, con que ella triunfaba y allegaba más dineros de los -que ella tenia para sus hijos, y lloraba y tenia por gran pecado -que el Clérigo cometia, en procurar que se le quitasen los -desventurados indios cuya sangre ella y su casa bebian. Convalecido -ya el Obispo, despues de veinticinco dias, y estando -para juntarse con el Gran Chanciller y los demas, que eran los -que el Gran Chanciller mandaba llamar, y uno era D. García -de Padilla, de quien arriba se dijo, mañana ú otro dia, un -viérnes en la noche, haciendo colacion, estando el Clérigo con -él, le dijeron como era muerto un pajecillo que debia ser sobrino -suyo, que tenia en casa malo, el cual, como lo oyó, se -paró en gran manera triste, y otro dia, sábado, se sintió mal -dispuesto y no fué á Palacio, y lo mismo hizo el domingo y el -lúnes con alguna señal de calentura. El lúnes se paró á la -ventana de su posada con buena disposicion, pero luégo se -le agravió el mal, como era hombre de muchas carnes y -abundaba en sangre, y no lo sangraron con tiempo, y así la -sangre le ahogó, y el miércoles lo enterraron. Muerto el Gran -Chanciller, cierto, murió por entónces todo el bien y esperanza -del remedio de los indios; y ésta fué la vez segunda -que pareciendo estar muy propincua la salud de aquestas -gentes, por los juicios de Dios secretos, se les deshizo de tal -manera que pareció del todo ser la esperanza perdida. Prevaleció -luégo el Obispo, y pareció subir hasta los cielos, y -cayó el Clérigo en los abismos, porque como no habia hablado -ni informado á Mosior de Xevres ni á otro de los que -estaban cabe el Rey, porque no tuvo necesidad dello, segun -está dicho, muerto el Gran Chanciller quedó de todo -favor destituido. Nombró el Rey á un flamenco, que era -Dean de Bizancio, que despues fué, segun creo, arzobispo -de Mecina, que tuviese cargo de ser Chanciller entre tanto -que otro venia, pero era tan pesado y flemático, que se dormia -en los Consejos, y aunque el Clérigo lo informaba y áun -lo molia, y tanto que lo traia acosado, pero no por eso se<span class="pagenum"><a name="Page_389" id="Page_389">[389]</a></span> -enojaba, por la abundancia de su flema, y viendo un dia la -solicitud del Clérigo, que no lo dejaba las mañanas ni las noches, -díjole riendo: <i>Commendamus in Domino, domine Bartholomee, -vestram diligentiam</i>, que no le fué al Clérigo chico motivo -de reir, aunque por otra parte regañaba y lloraba la falta -que habia en la gobernacion, y, cierto, cuando concurren en -los negocios, agendo y paciendo, un colérico como el Clérigo -lo era, y un flemático, mayormente con exceso, como aquel -buen Dean tenia el ser, no es para ambos chico tormento, -puesto que ni áun por eso se turbaba ni mataba el Dean, -tanta era su flemática paciencia. Todavía aprovechaba seguirle -algo, para templar la entereza del obispo de Búrgos para -con el Clérigo, de quien tantos sinsabores habia rescibido. El -Clérigo no desmayó por la muerte del Gran Chanciller, y por -todos los disfavores que despues della le sucedieron, puesto -que le crecieron nuevos trabajos, y así no dejó de proseguir -lo comenzado, dando peticiones en el Consejo que el obispo -de Búrgos ayuntaba, á su pesar, aunque el Gran Chanciller -le faltaba, pero como no lo admitian en él, ni tenia -dentro quien le ayudase ó defendiese, no efectuaba nada, -sino eran cosas que de justicia y áun de vergüenza no podian -negar. Entraban en el Consejo de las Indias el Obispo, y -Hernando de Vega, Comendador mayor de Castilla, y don -García de Padilla y el licenciado Zapata, y en estos dias negoció -Pedro Mártir que lo hiciesen del Consejo mismo de -las Indias, y ansí lo alcanzó y lo fué, y con ellos el secretario -Francisco de los Cobos, que cada dia crescia en favor y autoridad. -Este amaba mucho al Obispo y á su hermano, Antonio -de Fonseca, y como no se apartaba de Mosior de Xevres, -y Mosior de Xevres no tenia otra lumbre que en los negocios -del reino lo guiase, ni de otro así se fiaba, fué todo favor y -ayuda al obispo de Búrgos; y como no tuvo torcedor alguno -que tuviese con Mosior de Xevres autoridad, todo cuanto el -Obispo decia y queria, en cosas de las Indias, se le aprobaba. -Y con estas fuerzas, se tuvo por cierto que el Obispo pretendió, -y lo alcanzó, que hobiese Consejo por sí de las Indias, y<span class="pagenum"><a name="Page_390" id="Page_390">[390]</a></span> -entrasen en él los que en él entraron, al ménos Hernando de -Vega, que tenia por estas islas harto interese, y el licenciado -Zapata que se habia hallado en todos los hierros pasados, -quedando el señor Obispo por Presidente y cabeza, como -siempre lo habia sido, en la gobernacion, y mejor diré desgobierno -destas Indias; y de aquí parece que se entabló ser -por sí el Consejo de las Indias, y dura hasta el año de 1560, y -no sabemos hasta cuando durará. En ésto llegó el padre Hierónimo, -que enviaron los otros padres, sus compañeros, contra -el Clérigo el cual, como halló el mundo mudado y al obispo -de Búrgos en tanta cumbre, que era el mayor contrario que -ellos tenian por hacer aquella provision el Cardenal, con -tanto disfavor suyo, segun arriba pareció, no lo quisieron en -el Consejo sino mal oir, donde el Obispo, que no solia callar -cosa, le daba recias reprensiones, tanto que aquel Padre -blasfemaba dél y dellos, y no tenia otro consuelo sino cuando -topaba con el Clérigo quejarse dellos á él, y habia sido enviado -contra él. El cual, viendo cuán mal le iba, sin hablarles, -como despechado fuese á su monasterio. Lo primero que -el Obispo hizo, ó entre las cosas primeras, fué despachar Cédula -del Rey, mandando ó diciendo todos los dichos padres -Hierónimos que luégo para aquellos reinos se partiesen, y -así lo hicieron.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_391" id="Page_391">[391]</a></span></p> - -<h2 id="CIV">CAPÍTULO CIV.</h2></div> - -<p>Yendo los negocios por éste paso, comenzó Dios á proveer -al Clérigo de favor nuevo, desta manera: que como entre los -caballeros flamencos que servian al Rey se tuviese noticia del -Clérigo y de los negocios que pretendia, y despues de la -muerte del Gran Chanciller no viesen que sonaba, hobo -hombre dellos, movido por sola virtud y con celo de lo que -oia decir, que el Clérigo procuraba la libertad y remedio de -las gentes, que lo deseaba ver y cognoscer y saber dél á la -larga lo que sus negocios contenian, y así lo andaba á buscar, -y rogaba á otras personas que si lo viesen le rogasen de su -parte se dejase ver y cognoscer dél, porque habia dias que lo -deseaba; finalmente, un dia en Palacio se toparon. Quiso el -caballero ser informado del fin que pretendia el Clérigo, y de -las causas dél, y lo demas que tocaba á estas Indias; dióle -larga relacion de todo. Quedó espantado de tanta maldad y -crueldades y disminucion de tantas gentes, y pluguiera á Dios -que no fueran más y peores las que despues sucedieron; -quedó asimismo obligado á lo favorecer con cuantas fuerzas -tuviese. Cundió toda la corte aquesta junta de ambos, cuanto -á la gente flamenca que es más blanda y más humana que -nosotros, porque aquel caballero era discreto, pio y buen -cristiano, y estimado del Rey y de toda su Casa real, y luégo -derramó por muchos la causa. Fué de aquí adelante el Clérigo -cognoscido de muchos más, y, aunque no visto, loado y -amado. Este caballero se llamaba Mosior de La Mure, sobrino -de Mosior de Laxao, Sumiller del Rey, muy querido, y más -que otro ninguno su privado; púsole con su tio, Mosior de -Laxao. Hablóle al Clérigo largo, quedó tambien de su informacion, -como su sobrino, prendado y dispuesto para le<span class="pagenum"><a name="Page_392" id="Page_392">[392]</a></span> -ayudar y favorecer y resistir á los contrarios. Y es aquí de -saber, que cognoscida la causa de los negocios y trabajos del -Clérigo, y la sinceridad con que los negociaba, sin pretender -interese suyo particular, y que al cabo de todos ellos, grandísimo -y inestimable servicio y provecho del Rey resultaba, -era tanta la estima y el amor que todos los flamencos le tenian, -que no les parecia sino que en estar el Clérigo en la -corte y negociar lo que procuraba, consistia la salud del Rey -y todo el ser y conservacion de todo su Real estado, y ésto -parecerá más adelante; y no tenia menor opinion del Clérigo -el Cardenal que despues fué Papa, VI Adriano. Aquí en -Zaragoza prosiguió Hernando de Magallanes su demanda, y -porque vino un embajador de Portugal á tractar del casamiento -de Madama Leonor, hermana del Rey, con el rey don -Manuel de Portugal, díjose que andaban por matar á él y al -bachiller Rui Faleiro los de la parte del dicho Embajador, y -así andaban ambos á sombra de tejado, y por ésto el Obispo -de Búrgos, cuando se tardaban en el negociar con él despues -del sol puesto, enviaba gente de su casa, que hasta su posada -los acompañasen. Aquí, hablando el Clérigo con el Obispo, -delante de algunos á quien tocaban, refiriendo las tiranías y -estragos que en estas Islas se habian perpetrado, por venir -acaso la plática, como siempre le pesaba oillas, ó cognoscer -que en vituperio de su mala gobernacion todo resultaba, ó -porque su insensibilidad le impedia que no las sintiese ni se -doliese dellas ni las remediase, dijo con mucha ira, y para -que el Clérigo se afrentase delante aquellos, y ellos se holgasen. -«Pues vos estábades en las mismas tiranías y pecados;» -lo cual, decia porque habia tenido indios el Clérigo repartidos, -como arriba queda declarado, y él no lo negaba; respondió -el Clérigo, no con ménos cólera y coraje; «sí, yo los -imité ó seguí en aquellas maldades, haga vuestra señoría -que me sigan ellos á mí en salir de los robos y homicidios y -crueldades en que perseveran, y cada dia hacen.» Desta respuesta -no quedó el Obispo, ni los presentes, que con lo -que habia dicho al Clérigo, por ultrajalle, se habian goza<span class="pagenum"><a name="Page_393" id="Page_393">[393]</a></span>do, -quedaron muy favorecidos ni pagados. No dejaba por -estos disfavores el Clérigo de dar peticiones cuantas queria -en aquel Consejo, aunque al Obispo pesaba, sobre que -se prosiguiese lo que en tiempo del Gran Chanciller se habia -comenzado. Proveyeron que fuese á tomar residencia -á los Oidores de la Audiencia de Sancto Domingo, y á los -jueces del Almirante, á un licenciado Rodrigo de Figueroa, -y para que la tomase al Teniente del Almirante de -la isla de Sant Juan, y á Diego Velazquez en la isla de Cuba, -á un doctor de la Gama, y por Gobernador de tierra firme, y -que tomase residencia á Pedrárias, un caballero de Córdoba -llamado Lope de Sosa; y porque los españoles que allí estaban -destas islas, habian infamado contra la verdad á los vecinos -naturales de la isla de la Trinidad, que comian carne -humana, y determinaba el Consejo que les hiciesen guerra y -los que tomasen fuesen esclavos, el Clérigo resistió, afirmando -que no era verdad, por lo cual mandaron que se pusiese en la -Instruccion real que llevó el licenciado Figueroa, como el -clérigo Bartolomé de las Casas afirmaba, que los indios naturales -vecinos de la isla de la Trinidad no eran caribes, conviene -á saber, no eran comedores de carne humana; que le -mandaba que con toda diligencia, en llegando á esta isla, tomase -sobre ellos informacion y examinase la verdad, el cual -así lo hizo con muchos marineros, y otros de los mismos que -la saltearon algunas veces, y halló que no eran caribes, sino -muy modestos y ajenos de aquellos males, y el mismo licenciado -Figueroa me lo afirmó á mí cuando yo torné de Castilla -á esta isla Española. Y viene aquí bien referir lo que, despues -que el clérigo Casas se partió desta isla contra los religiosos Hierónimos, -se hizo en la dicha isla de la Trinidad: fué un navío -desta isla Española á saltear como solian en la tierra firme de -Paria, con la ocasion de ir á rescatar perlas, que por allí habia -entónces hartas, y llegaron á la isla de la Trinidad, y como -los indios della vieron el navío, salieron á la ribera á resistirles -la entrada, como habian quedado tan ofendidos y lastimados -de Juan Bono en el año pasado, como en el cap. 91<span class="pagenum"><a name="Page_394" id="Page_394">[394]</a></span> -queda referido, y porque debieran creer que era el mismo -Juan Bono, daban voces «Juan Bono, malo, Juan Bono, malo,» -ó si creian que eran otros sin Juan Bono, quejándose de Juan -Bono, malo, que tan mala obra les habia hecho, rescibiendo -dellos tan buen abrigo y hospedaje. Respondieron los españoles -desde las barcas que no eran ellos Juan Bono ni venia -con ellos, porque aquel era malo, y tenian razon de decir que -era malo, y que por aquella traicion que les habia hecho, en -Sancto Domingo lo habian ya ahorcado, y que porque ellos eran -buenos, y no como Juan Bono, malos, venian á denunciárselo -y á holgarse con ellos y traelles cosas de Castilla, porque -los tenian por hermanos; con todas las otras palabras, mentirosas -y fingidas que pudieron decirles para aplacarlos. Los -tristes, con su innata simplicidad y mansedumbre, creyeron -que decian verdad, aunque cuanto á la malicia del mundo y -la experiencia que de nuestra iniquidad y costumbres ya tenian, -era su simplicidad y mansedumbre culpable, y su creencia -ó credulidad fácil y liviana, porque no habian ellos de -creer aquellas palabras, sino presumir que eran peores que -Juan Bono, y más sin verdad tiranos, no teniendo más certidumbre -y seguridad que su parla. Creyéronlos, y rescibiéronlos, -y sirviéronlos con todo cuanto tenian y podian, y despues -de algunos dias en que no les predicaban otro Evangelio -sino que Juan Bono era muerto, y que era malo, y ellos buenos, -para los engañar y asegurar, y cuando vieron tiempo y -los sintieron más descuidados, sacan sus espadas y arremeten -á las casas, y muertos y acuchillados, los que quisieron ó pudieron, -prendieron cuantos les fué posible maniatar, y métenlos -en el navío y viénense con su presa, con tan buena guerra -ganada, á este puerto y ciudad. Otro dia sácanlos á vender -con pregonero por la plaza, y delante de los padres Hierónimos, -por esclavos, á quién dá más. Sabido por el padre fray -Pedro de Córdoba tan gran maldad y desvergüenza ó insensibilidad -de los mismos Hierónimos, que, teniendo cargo de -remediar estas gentes, consentian venderse en su presencia los -inocentes, sabiendo ya las obras de nuestros hermanos, sin lo<span class="pagenum"><a name="Page_395" id="Page_395">[395]</a></span> -impedir ni castigar, fué á hablalles y castigalles la obra de -aquellos y omision suya tan culpable y execrable; hechos -confusos y avergonzados de la culpa, que no pudieron negar, -mandaron que los quitasen de allí é los llevasen á las posadas -de los tiranos, los cuales, despues, no con pregonero, sino callando, -y los frailes Hierónimos disimulando, se cree que los -vendieron, y al cabo en aquella tiranía se acabaron: estos remedios -pusieron á estas gentes los Padres. Luégo el padre fray -Pedro de Córdoba escribió al Clérigo á la corte esta egrégia -hazaña cometida en la isla de la Trinidad, y áun contra la -Santísima Trinidad, y en esta ciudad por los padres Hierónimos -confirmada, y, entre otras, le escribió estas palabras: -«Cierto, las cosas veo ir por tales caminos, que yo tengo de -ser forzado á decir lo que siento: <i>quicquid inde veniat</i>.» Quiso -decir, como él era prudentísimo y moderatísimo, que los Hierónimos -eran tan infructuosos y ponian tan ningun remedio á -la perdicion destas gentes, que habia de ser constreñido á -predicar contra ellos, y como via que con aquellas tales obras -que los españoles obraban en la isla de la Trinidad, vecina de -la tierra donde él tenia los religiosos predicando á los indios, -y que los escándalos y daños cada hora los esperaba ver por -allí, mayormente por el concurso de los navíos que iban á las -perlas, escribió tambien al Clérigo confiando del gran favor -que tenia entendido por las cartas que el Rey y Gran Chanciller -le daba, no creyendo que las cosas eran mudadas, que -trabajase de traer cien leguas en aquella tierra firme, con el -pueblo de Cumaná, prohibido por el Rey y con graves penas, -que ningun español osase en ellas entrar ni conversar, -sino que las dejasen para donde predicasen sólos los frailes -Franciscos y Dominicos, porque las obras y escándalos de los -españoles no los estorbasen. Dijo más: que si cien leguas no -pudiese alcanzar, alcanzase 10 solas, y si 10 no pudiese, que -negociase unas isletas que están 15 ó 20 leguas dentro en la -mar, apartadas de la misma tierra firme, que se llamaban -entónces las isletas de Alonso, para que pasaran los religiosos -á ellas, y allí entendia de recoger los indios que huyesen de<span class="pagenum"><a name="Page_396" id="Page_396">[396]</a></span> -las persecuciones y vejaciones de los españoles, y al ménos -de aquellos instruirian y salvarian las ánimas; y en caso que -ninguna destas cosas pudiese alcanzar, él determinaba de revocar -todos los frailes suyos á esta isla, y desmamparar del -todo la tierra firme, pues no tenia remedio de impedir los escándalos -y turbaciones que los españoles cada dia causaban en -los indios, por los cuales ningun fructo podian hacer ni sacar -de sus trabajos, pues de todo lo que predicaban á los indios -vian los indios hacer á los que se llamaban cristianos todo lo -contrario. Vista esta carta, el Clérigo se angustió mucho en -sentir los impedimentos que ponian á los siervos de Dios, que -con tanto peligro y trabajo allí á los que tanta necesidad tenian -predicaban, y mayor tristeza le sobrevino temiendo que -el padre fray Pedro de Córdoba, que era el Prelado mayor, -trayendo los frailes de allí, toda aquella tierra firme quedase -desmamparada, porque en ninguna parte destas Indias habia -persona, que á indios algunos de todas ellas, dijese cognosce á -Dios, ni cosa de la fe y religion cristiana enseñase, ni tuviese -tal cuidado; y segun el deseo que Dios al Clérigo habia dado, -rescibia grande consuelo que allí, por aquellos Padres, Cristo -se predicase, y áun pensaba de se ir allí á trabajar con ellos y -ayudalles en aquella obra, perseverando en su mismo hábito -clerical ó eclesiástico. Habló sobre ello al Obispo y á los del -Consejo, dándoles noticia de la dicha carta, de los estorbos -que los españoles ponian á la predicacion de aquellos Padres -y á la salvacion de las ánimas, y el peligro y daño que habia -si los religiosos aquella tierra desmamparaban, y cuánto en -ello se ofenderia Dios, y cuánto la conciencia del Rey quedaria -cargada; por tanto, que les suplicaba señalasen y interdijesen -las cien leguas de tierra que el padre fray Pedro -pedia, que no entrasen españoles que les estorbasen, de donde -procederian grandes bienes y se impedirian muchos males, y -el Rey y ellos cumplirian con la obligacion que tenian de procurar -que aquellas gentes se convirtiesen y salvasen. Respondió -el señor Obispo lo que no respondiera, por ventura, un -Contador muy celoso de la hacienda del Rey y cudicioso de<span class="pagenum"><a name="Page_397" id="Page_397">[397]</a></span> -aumentársela: «Bien librado estaria el Rey dar cien leguas -que sin provecho alguno suyo las tuviesen ocupadas los frailes.» -Estas fueron sus palabras, y aún más descaradas; sentencia -harto indigna de sucesor de los Apóstoles que pusieron -las vidas por cumplir lo que á él se le demandaba, y que -concedello con estrecho precepto divino, y so pena de eternal -dañacion era obligado; y es la verdad, que de aquellas cien -leguas y de otras 8.000 no ha llevado el Rey algo, en cuarenta -y más años que esto há, sino en habérselas destruido, robado -y asolado, y de aquí se colegirá cuál podia ser la gobernacion -del Obispo, que con tan profunda insensibilidad, en -el fin y fundamento de todo el título y manutenencia del -señorío de los reyes de Castilla sobre aquellas Indias, erraba. -Oido ésto, el Clérigo quedó como pasmado, y aunque no dejó -de revolvérsela al Obispo, pero aprovechó nada, porque no -era el señor Obispo tan de fácil tornable, y entendido el fin -que el Obispo pretendia, que sólo era el interese temporal, y -de la conversion de aquellas gentes no se daba un cuarto, -intentó el Clérigo cierta vía para conseguir el fin que los religiosos -y él deseaban y procuraban, para poder decir al Obispo: -<i>pecunia tua tecum vadat in perditionem</i>, de la cual sucedieron -al señor Obispo muchas malas cenas é peores tártagos. -Esta vía, en los capítulos de más abajo, si pluguiere á Dios, se -relatará.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_398" id="Page_398">[398]</a></span></p> - -<h2 id="CV">CAPÍTULO CV.</h2></div> - -<p>Prosiguió el Clérigo en que se concluyese la poblacion de -las islas, de labradores, que se habia comenzado en tiempo -del Gran Chanciller, y, aunque á pesar del Obispo, lo llegó al -cabo, porque el cardenal Adriano estaba muy bien en ello y -los flamencos de calidad, y que eran cercanos al Rey, por lo -cual el Obispo no pudo estorballo. Hiciéronse muchas cartas -y provisiones, cuantas el Clérigo pidió, y diósele todo el favor -y autoridad y personas que lo acompañasen, y de quien se -ayudase, y Cédula de aposento por todo el reino, á las cuales -dió salario el Rey. Llevó cartas comendaticias y preceptivas -para todos los corregidores, asistentes y justicias del reino, y -para todos los arzobispos, obispos y abades, priores, guardianes -y todo género de personas de autoridad, exhortando y -encargando á unos, y mandando á otros, diesen al Clérigo -crédito y favor, y le ayudasen, cada uno segun su oficio y -dignidad, á que se moviesen los más labradores que pudiesen -allegarse para venir á poblar estas islas y gozar de las -mercedes que tenia por bien de concederles. Diéronle provisiones -las que habia menester para los oficiales de la casa de -Sevilla, que los labradores que el Clérigo enviase de cualquiera -parte del reino los rescibiesen con gracia y benignidad, -y los aposentasen, y mantuviesen en la dicha casa, y aparejasen -los navíos en que habian de navegar; item, para todos -los gobernadores y oficiales destas islas, que los rescibiesen, -y abrigasen, y aposentasen y entregasen las dichas haciendas -y estancias del Rey, y curasen si cayesen enfermos. Finalmente, -fueron muy cumplidos los despachos que pidió, y se -le dieron, y entre otras personas que escogió el Clérigo para -que le acompañasen y ayudasen, fué un escudero, hombre<span class="pagenum"><a name="Page_399" id="Page_399">[399]</a></span> -honrado, que parecia persona de bien, porque se lo rogó el -que habia sido maestro del Rey, y que despues fué obispo de -Palencia. Este escudero, llamado Berrio, criado en Italia (y ésto -le bastaba), no tenia tanta simplicidad, ni tuvo tanto agradecimiento -como tuvo el Clérigo, que le nombró y hizo que el Rey -le diese salario y de comer, lo cual él no tenia de propio suyo. -A éste, por más honrallo, quiso que cuando le enviase á algun -pueblo á hacer apregonar las provisiones del Rey, no pareciese -que era enviado por el Clérigo sino como que lo enviaba -el Rey, para lo cual le dió aparte provisiones por sí é hizo que -le pusiesen en ella nombre de Capitan del Rey, y éstas, solamente -cuanto á lo que tocaba á publicar las mercedes que hacia -el Rey á los labradores que quisiesen venir á poblar estas islas, -y no las demas que hablaban con los oficiales de Sevilla y á -los destas islas, porque éstas detuvo siempre en sí el Clérigo -hasta llegar el número conveniente de labradores y despachallos -á su tiempo. Con todo, para tener sujeto al dicho escudero, -hizo poner en la Cédula de su salario, que eran 450 maravedís -cada dia, por causa dél, «para que vais con Bartolomé de las -Casas, nuestro capellan, á donde le enviamos y hagais en todo -lo que él os dijere.» Aqueste sabia muy bien la poca ó ninguna -afeccion que el Obispo tenia al Clérigo, y cuán contra su voluntad, -y con cuánto pesar suyo el Clérigo negociaba y habia -negociado siempre, y mayormente aquello de los labradores, -y porque despachado del todo el Clérigo, se detuvo tres ó -cuatro dias, disponiendo secretamente los ánimos de los caballeros -flamencos, dándoles á entender la vía que queria -proponer, que resultaria en gran provecho del Rey para cuando -del recogimiento de los labradores volviese; váse, no con -falta de gran malicia, el bueno del escudero, á la posada del -Obispo á mostrarse como que se andaba paseando por no se -haber querido partir el Clérigo. El Obispo, como lo vido, díjole, -«¿qué haceis aquí? ¿por qué no os partís?» Respondió Berrio, -escudero, «señor, no se parte ó no se quiere partir el Clérigo -con quien el Rey me manda ir»; y como el Obispo, que -fácilmente se alteraba, porque no le sobraba la mansedumbre<span class="pagenum"><a name="Page_400" id="Page_400">[400]</a></span> -y estaba con el Clérigo tan bien, díjole, «andá, ios vos sólo y -haced lo que con él habíades de hacer.» Respondió, «señor, no -puedo hacer nada sin él, porque la Cédula que tengo, reza que -vaya con él y que haga lo que él me dijere.» Manda luégo el -Obispo que se raye la Cédula, y que donde decia, «hagais lo -que él os dijere,» se pusiese, «hagais lo que os pareciere.» El -fructo que Dios y el Rey hobo de hacer esta falsedad en -aquella Cédula, por lo que abajo se refiriere parecerá, y aunque -en otras materias, por ser el Obispo Presidente de aquel -Consejo, podia quizá mandar mudar en Cédulas firmadas del -Rey, sin parecer de todo el Consejo, algunas palabras sin cometer -falsedad, y áun en todos los casos hay harta duda podello -hacer, al ménos en éste, porque se hacia con enojo del -Clérigo y con malicia no muy menor que grande y contra voluntad -del Rey, y contra lo muy bien ordenado, y platicado -y determinado, como cosa muy provechosa para los reinos -de Castilla y destos, y en perjuicio de todo el bien de acá, no -lo pudo hacer el Obispo sin muy culpada falsedad. De la mudanza -y raedura y subrescripcion y falsedad de la dicha Cédula, -el Clérigo, por entónces, no supo nada. Partióse, finalmente, y -con él Berrio, el escudero, y los demas; saliendo de Zaragoza -para Castilla y llegando á algunos lugares, hacia juntar la gente -dellos en las iglesias, donde les denunciaba, lo primero, la intencion -del Rey, que era poblar aquestas tierras; lo segundo, la -felicidad, fertilidad, sanidad y riqueza dellas; lo tercero, las -mercedes que el Rey les hacia, con las cuales podian ser con -verdad, cuanto á los bienes temporales desta vida, sin cuasi -trabajo, bien aventurados; con lo cual, los corazones de todas -las gentes levantaba, porque, lo uno, todo lo que afirmaba, -decia, y, con verdad que lo sabia por vista de ojos y por muchos -años lo habia experimentado, lo segundo, porque tenia -en el hablar gran eficacia. Despues de avisados é informados, -poco tardaban en venirse á escribir para ir á poblar á las -Indias, y en breves dias allegó gran número de gente, mayormente -de Berlanga, que sin entrar en ella, teniendo la villa -200 vecinos, se escribieron más de los 70 dellos, y, para se<span class="pagenum"><a name="Page_401" id="Page_401">[401]</a></span> -escribir, entraron en Cabildo secretamente, por miedo del -Condestable, y enviaron cuatro regidores que lo buscasen por -los pueblos donde andaba, y le rogasen de partes de la villa se -acercasen más á ella, viniéndose una legua de allí, á donde -venian todos disimuladamente para ser de la demanda que -traia informados; y entre los que vinieron fueron cuatro, los -cuales los subieron á un pajar, en lo más alto de la casa donde -posaban, cuasi temiendo que las paredes lo habian de decir al -Condestable, y le dijeron: «Señor, cada uno de nosotros no -quiere ir á las Indias por falta que tenga acá, porque cada -uno tenemos 100.000 maravedís de hacienda y aún más (lo -cual para entónces, y en aquella tierra, era mucho caudal), -sino vamos por dejar nuestros hijos en tierra libre y real.» No -lo hicieron tan secreto que lo ignorase el Condestable; despacha -luégo un escudero, y otro á rogar al Clérigo que se saliese -de su tierra; el Clérigo hacíase reacio, diciendo que él -iria luégo á besarle las manos, y así fué, y hallóle á la salida -de Berlanga, que iba á despedir al obispo de Osma, que con -él habia pascuado; pasaron muchas pláticas, alegando el Condestable -que rescibia grande agravio, y que le rogaba que se -fuese á sacar labradores de otra parte. El Clérigo dijo que así -lo haria, por serville, pero que queria entrar en Berlanga á -hacer apregonar las provisiones. Dijo él: «Si quereis entrar -como amigo yo me holgaré mucho dello, y haceros hé todo -buen tractamiento.» Finalmente, se despidió dél, llevando la -Memoria escrita de los que se habian asentado. Mandó luégo -apregonar el Condestable que cualquiera que comprase la -hacienda de los que se habian escripto para las Indias la tuviese -perdida, lo cual no mucho de tiranía distaba. Anduvo -el Clérigo por aquellos lugares de señorío, y cuasi todos se -movian á la jornada, y en un lugar del conde de Coruña, llamado -Rello, que era de 30 casas, se escribieron 29 personas, -y entre ellas dos vecinos, hermanos, viejos de setenta años, -con 17 hijos; diciendo el Clérigo al más viejo: «Vos, padre, -¿á qué quereis ir á las Indias siendo tan viejo y tan cansado?» -respondió el buen viejo: «A la mi fe, señor, dice él, á morir<span class="pagenum"><a name="Page_402" id="Page_402">[402]</a></span>me -luégo y dejar mis hijos en tierra libre y bienaventurada.» -Un poco ántes desto, andando por aquellos lugares, el bueno -de Berrio pidió muchas veces licencia al Clérigo para se ir al -Andalucía, donde era casado; el Clérigo decíale que no se -la podia dar, porque aquel era el negocio por que el Rey le -daba salario, y por entónces andaban por aquella tierra donde -hallaban gente propia para estas partes, que, cumplido por -aquella tierra lo que el Rey mandaba, tiempo vernia cuando -fuesen de los puertos abajo, porque, en fin, todo se habia de -andar. El cual, como vido que pedir licencia al Clérigo era -por damas, vino un dia con las botas calzadas á despedirse -del Clérigo, diciendo que viese lo que le queria mandar, porque -queria ir á la Andalucía, y que allá haria él lo que el -Rey mandaba. El Clérigo, de su insolencia quedó admirado, -y no le quiso hablar, pensando luégo quitalle el salario, creyendo -que la Cédula donde se lo señalaba estaba vírgen como -se la habia dado; fuese algunos pasos con él un escudero -cuerdo, llamado Francisco de Soto, de los que con el Clérigo -tambien andaban, y diciéndole que cómo se iba sin licencia -del padre Casas, pues sabia que le podia quitar el salario diciendo -la Cédula dél que lo acompañase y hiciese lo que él -le dijese, respondió: Por eso vengo yo bien proveido, que -donde decia «hagais lo que él os dijere», se puso «hagais lo que -os pareciere», donde le constó ésto y creo que lo más. Tornó -luégo el Francisco de Soto al Clérigo, diciéndole: «Señor, no -os quejeis de Berrio, sino del obispo de Búrgos y de los demas -que son vuestros enemigos, que os trabajan desbaratar -cuanto sudais y trabajais.» Váse Berrio al Andalucía y estáse -de reposo en su tierra comiendo á costa del Rey, é cuando -le pareció váse á Antequera y allega 200 personas, los más -taberneros, y algunos rufianes y vagabundos y gente holgazana, -y los ménos labradores, y dá con ellos en Sevilla y en -la Casa de la Contratacion. Los oficiales de la Casa, como no -tenian Cédula ni mando del Rey, porque el Clérigo no la habia -enviado por no ser tiempo ni sazon, segun la órden que -llevaba, viendo tanta gente no sabian qué se hacer, y al fin<span class="pagenum"><a name="Page_403" id="Page_403">[403]</a></span> -acordaron, porque allí no se desbaratasen, porque ya sabian -en general la poblacion que el Rey hacer mandaba, por otras -cartas, con esperanza que el Clérigo enviaria las Cédulas, embarcallos -en unos navíos que para partir estaban y enviallos. -Llegaron á esta isla y ciudad de Sancto Domingo, donde tuvieron -mayores peligros y trabajos, porque como los oficiales -del rey no habian rescibido Cédula tampoco alguna del Rey, -ni mandado, porque el Clérigo no la habia enviado por la -razon dicha, ningun remedio se les dió ni lo tuvieron sino -morirse muchos dellos y henchir los hospitales de los demas, -y de los que escapaban y sanaban hiciéronse taberneros, como -quizá lo eran ántes, y otros vaqueros, y otros irse hian á robar -indios á otras partes. Súpose tarde: el Clérigo dió voces al -Rey y al Chanciller, que era venido ya, notificándoles y -afeándoles el mal recaudo que el Obispo habia causado; mandólo -luégo remediar el Rey, puesto que fué en balde, y -este remedio fué que mandó envialles 3.000 arrobas de harina -y 1.500 de vino, pero cuando acá llegaron, ya no habia -hombre dellos á quien se diese ni dello se aprovechase. Aqueste -fructo salió de haber falseado la Cédula real, despues de firmada, -por contradecir el Obispo al Clérigo por su propia -pasion en negocios que al mismo Obispo incumbian, y por -ellos debiera mucho amallo. Desque vido el Clérigo la mucha -gente labradora que se movia, y que los Grandes dello se -agraviaban, y tambien que Berrio se le habia alzado, acordó -de no mover más de los movidos y se tornar á la corte para -que el Rey en lo uno y en lo otro pusiese remedio, como -en cosa que tanto le importaba, y que solo él convenia poner -la mano. Dejó toda la gente movida por los lugares, con buena -esperanza que volveria presto y que iba por recaudo para sacallos. -Llegado á Zaragoza, lo primero que hizo fué ir al mismo -Obispo, por convencello como que queria, dándole buenas -nuevas del buen suceso del negocio primero que á otro, alcanzar -su gracia, y diciéndole: «Señor, no sólo 3.000 labradores, -á que yo me ofrezco, pero 10.000 podrá vuestra señoría -enviar, si quiere, á poblar las Indias, que irán de muy<span class="pagenum"><a name="Page_404" id="Page_404">[404]</a></span> -buena gana; la muestra dello traigo, que son 200 vecinos y -personas escripias, y á ir obligadas, y no traigo más por no -escandalizar los Grandes, hasta dello dar al Rey parte.» Respondió -el Obispo (Dios sabe con qué ánimo): «¿Cierto, cierto?» -«Si señor, cierto, cierto.» «Por Dios, dijo él, que es gran -cosa, cosa grande es.» Besadas las manos, y á lo que parecia -ya de lo pasado aplacando, fuese el Clérigo al cardenal Adriano, -que solia mucho gustar de la poblacion y la favorecia y loaba, -y hecha la relacion de lo que dejaba comenzado, respondió -en latin, porque con personas que lo entendiesen siempre lo -hablaba: <i>vere vos tribuitis aliud regnum regi</i>, y áun bien pudiera -con verdad decir que no sólo reino, pero reinos daba y -más que reinos al Rey. Pero no mereció el mundo que gustasen -dello ni lo entendiesen los que lo debieran entender; mas -el Cardenal, como no pretendia interese y era de ánimo sincero, -íbalo entendiendo como quien carecia de impedimentos; -y porque ya estaba el Rey de camino y la corte mudándose -para Cataluña y Barcelona, y vacaron los negocios por algunos -dias, por tanto quédese lo relatado así, hasta que demos -la vuelta sobre ello y prosigamos lo mucho que miéntras el -Rey estuvo en Barcelona sucedió. En este año de 18, en Zaragoza, -hizo el Rey á Diego Velazquez Adelantado y Gobernador -de toda la tierra de Yucatán y de la Nueva España, que -habian descubierto Francisco Hernandez y Juan de Grijalba, -como abajo parecerá.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_405" id="Page_405">[405]</a></span></p> - -<h2 id="CVI">CAPÍTULO CVI.</h2></div> - -<p>Entre tanto que el Rey llega y se asienta la corte en Barcelona, -tornemos á enhilar las cosas que acaecieron en estas -Indias por este tiempo, que ya era el año de 1518; y contando -primero lo de la tierra firme, converná que nos acordemos -dónde cesamos de hablar en ella, y ésto parece arriba, -en el cap. 76, donde referimos la justa muerte de Vasco -Nuñez, no por lo que lo justiciaron, porque no pareció á -todos que la causa que le levantaron era verisímile, sino por -juicio de Dios, que tenia bien contadas las muertes injustas é -innumerables que él habia perpetrado en los inocentes indios; -y en el cap. 77, con ciertas y extrañas crueldades cometidas -por los nuestros en los indios, aquella relacion concluimos. -Degollado, pues, Vasco Nuñez, fuese de la villa de -Acla, Pedrárias, al Darien, donde halló una carta de los -padres de Sant Hierónimo, en que de parte del Rey le mandaban -que no determinase por sí sólo cosa alguna, sin parecer -del Cabildo del Darien, por haber sabido algunas de sus tiranías -y como aquella tierra destruia. Pero harto poco remedio -enviaban los Padres para excusar la destruccion della, pues -eran tan grandes tiranos como él, y quizá más crueles los del -Cabildo; mandáronle asimismo que restituyese todo el oro que -habia robado al Rey y señor Pariba ó Paris, segun se dijo. -Debian tener ya los padres Hierónimos noticia del robo que -Badajoz habia hecho al dicho Cacique, y, por ventura, los avisaron -dello Diego Albitez, de quien habemos hablado harto -arriba, ó un Francisco Hernandez, que era Capitan de la guardia -de Pedrárias, que tambien hizo cortar la cabeza como se<span class="pagenum"><a name="Page_406" id="Page_406">[406]</a></span> -dirá, que vinieron á esta ciudad de Sancto Domingo. Así que, -al Darien llegado Pedrárias y vista la carta y mandado de los -Padres, ó porque la gente toda pedia con instancia que les -señalase por Capitan general el licenciado Espinosa, su Alcalde -mayor, porque robaba mejor y les daba para sus crueldades -más larga licencia, y Pedrárias no queria que tanto amor -al dicho Espinosa tuviesen, porque no le viniese algun mal ó -inobediencia dello, y cognoscia que los del Cabildo habian de -dalle parecer para que Espinosa fuese elegido, ó porque para -todas las cosas que pensaba hacer sentia que los del Cabildo -no habian de seguille, llamólos á todos á su casa la noche -que llegó, y quitóles las varas y oficios. No por eso dejó la -gente de importunar á Pedrárias que señalase al licenciado -Espinosa, en su ausencia, por Capitan general; finalmente, se -lo hobo de conceder, aunque no de alegre voluntad. Amaban -todos la capitanía del Espinosa más que las de los otros, -porque cuando iban con otros capitanes y traian indios captivados, -como él era letrado y Alcalde mayor, unas veces los -daba por libres, diciendo que por no les haber hecho el -acostumbrado requerimiento no podian ser esclavos, otras -veces porque habian sido amigos, y así no le faltaban achaques -para dar por libres todas las cabalgadas que los otros -traian, pero en las suyas no se mostraba tan sancto, ántes -ninguno que tomasen á vida les salia, no vendible á su placer, -de las manos, y con ésto era Espinosa muy amado. Que -tuviese aquesta industria para traer todos aquellos siervos de -Dios á su amor, porque le siguiesen y ayudasen á ser bien -aventurado, ya en la otra vida, donde al presente muchos -dias há que mora, estará determinado. En este tiempo, acordó -el obispo don fray Juan Cabedo, primer obispo del Darien, -irse á Castilla, no supe con qué fin ó por qué causa; partióse -tambien con él, ó por aquellos dias, Gonzalo Hernandez de -Oviedo, Veedor del Rey en aquella tierra firme, y que via -todos aquellos estragos que se hacian en que no tenia, como -arriba parece, chica ni poca parte. Vínose por la isla de Cuba -el obispo don fray Juan Cabedo, donde algunos dias estuvo,<span class="pagenum"><a name="Page_407" id="Page_407">[407]</a></span> -y como ya en aquella isla se sabia lo que pretendia el clérigo -Casas, que era poner los indios en libertad, Diego Velazquez -y los demas comenzaron á dar quejas y blasfemar del clérigo -Casas, que los destruia, al señor Obispo, que áun de sus errores -no estaba alumbrado. Díjose que se ofreció al Diego Velazquez -y á los que presentes algun dia de aquellos estaban, -de hacer echar al Clérigo de la corte. Tambien le -dió cargo Diego Velazquez, ó él á ello lo provocó, de negociarle -que el Rey le diese la gobernacion de tierra firme, y -que se obligaba á poner buena órden por aquella tierra en -indios y en cristianos, en lo cual, de su propia hacienda, gastaria -15.000 castellanos. Bien se creyó que Diego Velazquez, -untó al señor Obispo las manos. Tornando á Pedrárias, nombrando -por su Capitan general, á importunacion de la gente, -al licenciado Espinosa, tornóse luégo á la villa de Acla, con -intencion de hacer un pueblo en la mar del Sur, y mandó al -licenciado Espinosa que con cierta gente que estaba en Pocorosa, -se fuese hácia Panamá, donde por ser lo más angosto y -estrecho de la tierra, de la una á la otra mar, deseaba poblar -por aquella comarca. El se fué á entrar en los navíos, y navegó -hasta la isla de Taboga, con cierta cautela, diciendo que -fuesen á buscar las riquezas de aquella mar del Sur, y era por -cansar la gente, para que de cansados, viéndose sin provecho -alguno de lo que deseaban, deseasen asentar y poblar -por allí, puesto que como aquella costa de Panamá es sombría -de arboledas y algunas ciénagas teníanla todos aborrecida. -A la sazon llegó Espinosa con la gente que traia, cuando -Pedrárias tornó de la isla de Taboga, y juntos en tierra, -los unos y los otros, Pedrárias tornó á tractar de que por allí -se poblase, mayormente que un Bartolomé fulano dijo que -habia visto por aquella costa un buen puerto, grande y seguro, -que con la menguante queda en seco cuasi media legua; -donde al fin metieron seguramente los navíos, de que -no poco Pedrárias fué alegre. No pudo entónces con la gente -acabarlo, porque dellos se holgaban de andar salteando pueblos, -robando el oro que hallaban, y haciendo las gentes que<span class="pagenum"><a name="Page_408" id="Page_408">[408]</a></span> -prendian esclavos, dellos, quizá, porque recogerse á pueblos -les era como si se metieran en religion y debajo de reglas -graves, porque tenian más licencia para cada uno vivir segun -queria andando como andaban. Acordó de los despartir y -cansar, dándoles lo que deseaban, y mandó á Espinosa que -tomase 150 hombres, y con ellos, en un navío de aquellos y -en las canoas que allí tenian, se embarcasen y fuesen á cobrar -el resto del oro que á Badajoz habian los indios tomado. -Fueron de buena gana, y, saltando en tierra, entraron en las -canoas, subiendo por el rio de Pariba ó de Paris, de que arriba -hemos hablado, y metiéronse en una espesura de monte, -y cuando esclarecia dieron en el pueblo, y matando y captivando -los que hallaban llegaron á la casa del rey é Cacique, -llamado Cutara, que estaba muerto, y al rededor de él habia -puesto, en piezas de diversa hechura, más de 30.000 pesos de -oro que tenian aparejado para enterrallo con él, dello de lo -que habia perdido Badajoz, y dello de lo suyo, y aquí cesó -la tentacion y ánsia que Pedrárias y todos tenian de recobrar -el resto de aquella gran pérdida que todos lloraban, y no -ménos el obispo de Búrgos, haber Badajoz causado á Castilla, -perdiendo por su culpa ó indiscrecion, segun ellos decian, -el oro que con tan execrables pecados, robado á sus propios y -legítimos dueños y poseedores, habia. Recogióse luégo Espinosa -y sus compañeros á las canoas y volviéronse á la boca del -rio, donde quedó esperándolos el navío. Desde allí envió Espinosa -de los indios que llevaba captivos, á llamar al sucesor -del Cacique muerto, que era un muchacho, el cual, de -miedo vino y trujo un presente de oro, rogando que le diese -su gente, que le llevaba presa, y así dijeron que lo hizo; -no supe si el número de los presos íntegro restituyó, que -habia captivado. Con esta victoria, y que por felicidad y -buena ventura tuvieron, alzó sus velas y fueron á cargar de -maíz y bastimentos el navío á la tierra del rey Paraqueta, y -de allí dió la vuelta á la tierra de Panamá, donde Pedrárias -con los demas estaba, el cual con grande alegría y triunfo -fué rescibido. Mandó Pedrárias enterrar el oro allí, con in<span class="pagenum"><a name="Page_409" id="Page_409">[409]</a></span>tento -de hacer algun ademan á la gente, de los que solia; -tornó á persuadirlos que convenia poblar por allí, y todos, -como de ántes, resistian. El, movido á ira, dijo, «pues no quereis, -desentiérrese todo ese oro, y restitúyase á su dueño que -es el Cacique y gente de Pariba ó de Paris, porque así me lo -mandan los padres Hierónimos, y vámonos todos á Castilla -que á mí no me faltará de comer allá.» Como tocó aquí, como -si les lastimara en la lumbre, blandearon, y el mismo licenciado -Espinosa tambien, y dijéronle que poblarian en ciertas -partes la costa abajo, cerca de allí, donde habia mejor aparejo -de çabanas herbazales para pasto de cualesquiera ganados, -y otras cosas para edificar pueblos necesarias; concedióselo -Pedrárias por entónces, fingidamente, y díjoles: «Pero, entre -tanto que se nos ofrece más comodidad, depositemos el pueblo, -que á donde decís habemos de hacer, sobre este puerto, -pues poco aventuramos cuando nos hobiéremos de mudar en -dejar las casas de paja.» Concedido ésto por todos, llamó Pedrárias -á un escribano que asentase por escrito como allí -depositaba una villa que se llamase Panamá, en nombre de -Dios y de la reina doña Juana y de D. Cárlos, su hijo, y protestaba -de la defender en el dicho nombre á cualesquiera contrarios, -la cual, quedó siempre allí desde aquel año, que fué -de 1519, hasta hoy que se cuenta, y durará cuanto Dios tuviere -por bien de castigar á todos los que, á robar las tierras ajenas, -y oprimir y captivar las personas que en sus tierras y reinos -pacíficos vivian, por allí pasan al Perú y á las otras partes de -aquel Ultramar; porque en obra de veinticinco ó veintiocho -años, más son muertos de 40.000 hombres idos de España, de -malas enfermedades, por ser la tierra calidísima y humidísima, -en ella y en la villa del Nombre de Dios por la misma causa; -y es cosa digna de considerar que haya sido tanta la ceguedad -de los del Consejo del Rey y de todos los que allí envian -á gobernar, que nunca hayan tractado de mudar aquellas -de aquellos lugares, habiendo muchas partes en aquellas -dos costas de mar y puertos buenos en ella, cognosciendo -manifiestamente ser ambos lugares pestilenciales. Pero por los<span class="pagenum"><a name="Page_410" id="Page_410">[410]</a></span> -pecados dellos y de toda España, que van por allí á cometer, -no permite Dios que vean ni adviertan lo que tanto daño hace -á España. Repartió Pedrárias todos los pueblos de indios entre -los españoles que allí se avecindaron, que era y fué siempre -el fin de su felicidad.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_411" id="Page_411">[411]</a></span></p> - -<h2 id="CVII">CAPÍTULO CVII.</h2></div> - -<p>Y porque hablando en una historia, Tobilla, que presumió -hacer (tan ciego como los otros), desta poblacion de Panamá, -dice, que esta costumbre de repartir y encomendar aquellas -gentes á los españoles que las conquistaron, nació de -cierta relacion que el almirante D. Cristóbal Colon dió al -rey D. Hernando, diciéndole que los indios que en la Española -habia hallado eran incapaces para toda doctrina, y que para -ser instruidos en la fe de Cristo habian menester cada pueblo -por preceptor un cristiano, por cuya carta el Católico Rey, -con celo sancto, pidió licencia al Papa Alejandro VI para ello, -la cual por él le fué concedida, que los encomenderos les -mostrasen las cosas á la fe debidas. Estas son palabras formales -de Tobilla. Es aquí razon de desengañar á los que aquel -pobre hombre tan falsa y perniciosamente quiso dejar engañados, -con gran perjuicio de su ánima, levantando al Almirante -D. Cristóbal Colon tan gran testimonio, que hobiese tan -malamente de incapaces á los indios infamado, de lo cual se -verá claro el contrario en el discurso del primer libro desta -Historia y en el segundo; y mucha mayor blasfemia osó imponer -al Papa que hobiese dado licencia para que los pueblos -y ciudades populatísimos se hobiesen de deshacer, y repartirse -tanta multitud de gentes, como si fueran ganados, entre personas -seglares, idiotas, y comunmente viciosas, para les enseñar -las cosas de la fe que ellos no saben. Como si el Papa -ignorara ser tal repartimiento, y por tal causa, contra toda -razon y en deshonor y derogacion de la fe y religion cristiana, -y en perjuicio de tan inmenso número de ánimas. Y que todo -ésto que escribió sea falso, y de toda verdad contrario, pare<span class="pagenum"><a name="Page_412" id="Page_412">[412]</a></span>cerse -há por evidencia clara en la Bula de la concesion destas -tierras á los reyes de Castilla, que hizo el mismo papa Alejandro, -donde, refiriendo en su Bula el descubrimiento destas -Indias, que el dicho Almirante habia referido á los Reyes -Católicos, y los Reyes Católicos al Papa, dice estas palabras: -<i>In quibus quamplurimæ gentes pacifice viventes, et ut asseritur -nudi incedentes, nec carnibus vescentes, inhabitant, et ut præfati -nuncii vestri possunt opinari, gentes ipsæ, insulis et terris prædictis -habitantes, credunt unum Deum creatorem in cælis esse, ac -ad fidem catholicam amplexandum et bonis moribus imbuendum -satis apti videntur; spesque habetur quod si erudirentur, nomen -salvatoris Domini nostri Jesu-Christi in terris et insulis prædictis -facile induceretur</i>. Quiere decir, para los que no entienden, -que en aquellas islas y tierras que el almirante D. Cristóbal -Colon habia descubierto, habitaban muy muchas gentes que -vivian pacíficamente, y andaban desnudas, y que no comian -carne, y, que, segun el Almirante y los que con él á descubrir -fueron pudieron entender, las dichas gentes creian un -Dios criador estar en los cielos, y que para rescibir nuestra -fe católica y ser enseñadas en buenas costumbres parecian -ser bien aparejadas, y que se tenia esperanza que si fuesen -instruidas y predicadas, fácilmente el nombre de nuestro -Salvador Jesucristo en ellas se arraigaria. Manifiesta cosa es -que, diciendo el Papa estas palabras á los católicos Reyes, respondia -segun la relacion que los Reyes le habian destas gentes -enviado, y ésta no la hobieron sino del Almirante que las -habia descubierto; luégo no es verdad lo que Tobilla dijo que -el Almirante habia dicho al Rey é á los Reyes, que las gentes -que habia hallado eran incapaces para toda doctrina, y, por -consiguiente, falsísimo es y sacrílego decir que, á suplicacion -de los Reyes, habia el Papa dado licencia para que á cada -pueblo se pusiese un preceptor seglar ignorante, ó, por mejor -decir, un tirano. Confírmase lo dicho contra Tobilla, por las -cláusulas y preceptos que el Papa puso á los Reyes sobre la -conversion de aquestas gentes, que las enviase á convertir por -varones buenos, temerosos de Dios, doctos, sabios, espertos,<span class="pagenum"><a name="Page_413" id="Page_413">[413]</a></span> -y éstos no son los comenderos, que cada uno há menester 20 -predicadores para metellos en razon y convertillos, sino los -ministros del Evangelio, que son los prelados, los clérigos y -frailes, teólogos y siervos de Dios, y que otra cosa ninguna -temporal pretendian sino dar á estas gentes y á cualesquiera -infieles cognoscimiento del verdadero Dios, y enseñarles lo -que dél han de creer y cómo le han de reverenciar y amar, -cumpliendo y guardando sus mandamientos. La una cláusula -comienza: <i>Hortamur vos in Domino</i>..... <i>populos in hujusmodi -insulis et terris</i>..... <i>ad christianam religionem suscipiendum -inducere velitis et debeatis</i>, etc. Y la otra comienza: <i>Et insuper -mandamus vobis in virtute sanctæ obedientiæ</i>..... <i>ad terras -firmas et insulas prædictas viros probos et Deum timentes, doctos, -peritos, et expertos, ad instruendum incolas et habitatores -præfatos in fide catholica et bonis moribus imbuendum, destinare</i>..... -<i>omnem debitam diligentiam in premisis adhibentes</i>. -Y así, queda averiguada la perniciosa falsedad de Tobilla -en decir que el repartimiento de los indios á los españoles -habia sido inventado con autoridad y licencia del Papa, por -el Rey Católico informado y procurado. No fué inventado -sino por Satanás y sus ministros y oficiales, para echar á los -infiernos á los españoles y destruicion de toda España, como -cada dia se va su destruicion poco á poco, y áun mucho á -mucho, entablando. El modo y principio que este tiránico y -execrable repartimiento tuvo, en el libro II, cap. 11, y en los -siguientes de esta Historia se hablará; y así, queden desengañados -y cognoscan su mal estado los que tienen indios repartidos, -y, como ellos dicen, en encomienda, y no sólo los que -los tienen, pero los que los procuran, y no sólo quien los procura, -pero tambien los que los desean están en pecado mortal. -Y sola esta razon baste, porque tienen á sus prójimos, que -son libres, en captiverio, privados de toda su libertad, de -donde se sigue privar los señores y Reyes naturales de sus -vasallos y señoríos, contra justicia y ley natural, con otras -mil desórdenes que á esta tiranía se allegan innaturales; y -ésto ni procurarse puede ni desearse sin pecado mortal. Así<span class="pagenum"><a name="Page_414" id="Page_414">[414]</a></span> -que, desengáñesen los tales, s¡ quizá hobieren leido la historia -de Tobilla, y en ella esta nefanda falsedad, y por leella creian -quedar seguros en sus consciencias robando y oprimiendo -sus prójimos desconsolados, aunque los opresores muy más -malaventurados.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_415" id="Page_415">[415]</a></span></p> - -<h2 id="CVIII">CAPÍTULO CVIII.</h2></div> - -<p>Como Pedrárias supo que estaba ya nombrado Lope de -Sosa por Gobernador de aquella tierra firme, y á él se lo quitaban, -y que por consiguiente le habian de tomar residencia, -y él habia hecho tales obras que no podia ganar por ella -nada, ántes, si justicia hobiera, debiera ser hecho tajadas, -temiendo lo que le podia venir, siempre tuvo fin á salir de la -tierra con la mejor color que pudiese, porque Lope de Sosa -en ella no le hallase. Por lo cual, desque hobo asentado -la villa ó pueblo de Panamá, propuso á todos los que allí -estaban que sería cosa conveniente á todos enviar procuradores -á Castilla, para dar noticia al Rey de los servicios que -en aquella tierra firme le habian hecho, y cómo se la tenian -sojuzgada, y pedirle las mercedes que á tales y á tantas obras -fuesen proporcionadas. Y veis aquí de la manera que los tiranos -que han destruido estas Indias han tenido á los Reyes -de Castilla encantados, vendiéndoles por servicios ofensas, y -pérdidas, y daños, nunca por súbditos á sus Reyes cometidas, -despues que el mundo fué criado, tales ni tan execrables. Así -que, tractando de quién nombrarian por procuradores, (y lo -que se presumió, que Pedrárias deberia de haber negociado), -al cabo se concluyó por todos que Pedrárias fuese por procurador. -Alcanzado lo que deseaba, porque de una manera ó de -otra siempre se hace lo que quieren los que mandan, mayormente -siendo tiranos, acordó de se ir al Darien para disponer -su viaje; mandó al licenciado Espinosa que con la mitad de la -gente que allí estaba fuese descubriendo y robando la tierra, -por el Poniente abajo; púsoles condicion que, de todo el oro -y cosas de valor que robasen, y esclavos que á vida tomasen, -partiesen con los vecinos que quedaban en Panamá y con 30<span class="pagenum"><a name="Page_416" id="Page_416">[416]</a></span> -hombres que iban con él á acompañalle. Llegado al Darien, -luégo escribió al Rey que le diese licencia para pasar la ciudad -del Darien á Panamá y la iglesia catedral, diciendo que -aquel lugar y sitio del Darien era muy mal sano, y que moria -y enfermaba mucha gente, y que los niños no se criaban, -como si fuera mejor y no tan malo el sitio de Panamá. Descubrió -Pedrárias su eleccion de procurador para Castilla al -pueblo y á los oficiales del Rey, diciendo que toda la villa -de Panamá y gente de guerra que con él andaba le habian -nombrado que fuese por procurador de todo aquel reino á -Castilla, para que informase al Rey de sus grandes servicios -y trabajos, y que él, por aprovechallos y hacerles todo bien, -lo habia de buena voluntad aceptado. Pidieron tiempo para -hablar entre sí y respondelle: platicaron entre sí algunos dias -y volvieron, alcaldes y regidores, y los oficiales del Rey, é los -principales del pueblo, y un Martin Astete, que habia dejado -por su teniente, respondiendo por todos díjole: «Que él y -todos los presentes, y todo aquel pueblo, le besaban las manos -y tenian en gran merced en querer acometer tan grandes -trabajos y peligros, como eran los que se ofrecian en la ida -de Castilla por ellos; pero que habiendo pensado y conferido -entre sí cerca de su camino, hallaban muchos inconvenientes -que se recrecerian por su absencia, y uno era la falta que -haria en la conquista y subyecion, que ellos llamaban y llaman -hoy pacificacion, de los indios de aquellas tierras: otro -era no ménos principal, conviene á saber, que probablemente -ido él se seguirian disensiones y pendencias en ellos, mayormente -quedando el licenciado Espinosa, como quedaba, en la -mar del Sur con mucha guerra, de quien se presumia que -querria mandallos á todos con mayor imperio y austeridad -que solia, y que aquello no lo habian de sufrir, y, por consiguiente, -habian de seguirse los daños que por semejantes -causas se solian en todas partes suceder, y que ya via cuántos -deservicios se hacian á Sus Altezas.» Respondióles Pedrárias -«que todas eran buenas consideraciones, como de personas -prudentes, pero que él dejaria en ello tan buena órden,<span class="pagenum"><a name="Page_417" id="Page_417">[417]</a></span> -que con el ayuda de Dios no sucediesen inconvenientes, de -aquella manera, algunos, y por tanto que tuviesen por bien -su partida, porque, segun lo que entendia serles á ellos y á -todo aquel reino provechosa, por ninguna cosa la dejaria.» -Ellos le replicaron, que le suplicaban no se pusiese en querer -salir de la tierra, porque le hacian saber que por creer y -áun tener por cierto, que en su determinacion deservia al Rey -en dejar la tierra en tanto peligro, que por ningun caso no se -lo consentirian. Tornando á afirmar que convenia é que así lo -habia de hacer, cada uno de los del pueblo, como eran muchos, -decia su decidero con libertad, entre los cuales un Regidor -de la ciudad le dijo, más libremente que él quizá quisiera: -«Que aunque él era el menor de los de aquel pueblo, -que él bastaba sólo para si porfiase á irse detenello con -echalle unos grillos, pues el Rey lo habia enviado allí para -que los gobernase, y en su nombre aquella tierra tuviese y -defendiese.» Pedrárias, desque vido que cuasi todos se le atrevian, -disimuló con su intento y al cabo díjoles: «Que pues no -consentian en su ida, que por provecho suyo y de la tierra -hacerla proponia, que á su culpa imputasen lo que por no le -dejar ir perderian;» y así cesó por entónces el ansia que de -salir de la tierra cuando viniese Lope de Sosa tenia. Antes que -desta hecha Pedrárias viniese al Darien, de Panamá, los oficiales -del Rey dieron licencia á Diego Albitez para que fuese -á hacer un pueblo con ciertos españoles á la tierra de Veragua, -ó porque debian tener poder del Rey, ó quizá que los -padres Hierónimos se lo habian dado cuando á Pedrárias se lo -limitaron, como arriba desto se dijo algo; sabido por Pedrárias -cuando llegó, rescibió grande alteracion, y quisiera luégo -ir á castigar al Diego Albitez, sino que como era muy sagaz -y viejo experimentado, sufrióse y disimuló por entónces por -no impedirle la ida de Castilla, que él tanto deseaba. Salió, -pues, Diego Albitez y su compañía del puerto del Darien con -un bergantin y una carabela, y llegó á la isla de los Bastimentos, -que muchas veces los indios della habian á los españoles -hartado la hambre, salió luégo el Cacique y señor della,<span class="pagenum"><a name="Page_418" id="Page_418">[418]</a></span> -con su gente á rescibillos, mostrándoles haber placer con su -venida, puesto que más de creer es que no quisieran más vellos -que ver al diablo. Habidos los bastimentos que allí pudo -dalles, partiéronse para Veragua, y saltando en tierra, de -noche, fueron á dar, sin ser sentidos, sobre el pueblo de un -Cacique y señor, llamado Quezbore, que dormia seguro con -su gente, descuidado, sin tal pensamiento; sintiendo los enemigos, -salió con los suyos que pudieron tomar sus armas, -ántes que fuesen desbarrigados de las espadas ó heridos, y -comenzaron á pelear, segun pudieron, los cuales, al cabo, fueron, -como suelen, fácilmente desbaratados, y el Cacique, con -muchos de los suyos y mujeres y hijos, captivos. Viéndose el -señor preso y todos los que bien queria, entendiendo que -todo el fin último de los españoles era robar oro y tener en -más lo más fino, dijo al Diego Albitez que los soltase á él y á -los suyos, y los dejase en su tierra, pues no le habian ofendido, -y dalle hia todo cuanto oro tenia; oidas estas nuevas, sabrosas -para Diego Albitez y á los que con él venian, comenzóle -á predicar el Evangelio que predicar solia, y díjole: -«Sabé, señor y hermano Cacique, que sobre el sol y la luna -está el gran Dios que nos hizo á todos y da la vida, el cual -á los reyes de España, que son los señores de los cristianos -que acá venimos, ha dado todos estos reinos y tierras vuestras, -y para que os digamos que seais sus vasallos y os sometais -á su Real dominio acá nos envian.» Oido el sonido destas palabras, -el Cacique, porque ni entendia qué queria decir Dios, -ni Rey, ni cristianos, más que todo se resolvia entender que -pedia oro, dióle 3.000 pesos de oro y 30 indios por esclavos, -porque tambien sabia que aquel, eso mismo, era su fin y su -granjería, y como hasta llegar á ésto duraba su predicacion, -dejó al Cacique y á los suyos algo contentos, aunque no bien -pagados, y tornó á embarcarse y fuese la costa abajo, y entró -en el puerto que Diego de Nicuesa puso puerto del Nombre -de Dios, donde lo hallaron los del Darien, cuando lo fueron -á buscar y llamar para que los gobernase, como á la larga en -el libro II, cap. 66 dejamos escrito, allí hallaron que el na<span class="pagenum"><a name="Page_419" id="Page_419">[419]</a></span>vío -de hacer mucha agua, sin podella vencer, se les iba á fondo; -forzados desto se tornaron á la dicha isla de los Bastimentos, -donde luégo se les hundió. El señor, Cacique de la -dicha isla, llamado Paruráca (la penúltima luenga, segun -creo), los pasó con su gente en canoas á la tierra firme (que -pudiera ó en su tierra achocallos ó en la mar ahogallos), y -desembarcólos en derecho de la tierra del Cacique llamado -Capíra, ó señor de la tierra llamada Capíra, la penúltima -luenga. Este, viéndose corrido y angustiado de los españoles, -que estaban en Panamá y costa del Sur, y que por la otra -parte de la costa del Norte sobrevenian otros españoles, de -quien no esperaba ménos malas obras, constriñóle la necesidad -de venirse á poner en manos de Diego Albitez y sufrir -sus tiranías, esperando que, por venir á dársele por amigo y -traerle algun presente (que es costumbre universal de todos -los indios nunca venir las manos vacías), se las mitigaria. De -allí, hechos algunos saltos é insultos contra las gentes que por -allí cercanas habia, tornóse hácia el Nombre de Dios; llegados -allí, acordó el Diego Albitez de asentar en aquel lugar un -pueblo, y púsole por nombre el que Diego de Nicuesa de -ántes habia puesto al puerto que allí hay, conviene á saber, -Nombre de Dios, el cual, por estar cercado de lugares muy -bajos y montuosos, y el mismo asiento dél y todos por allí -humidísimos, no tienen número la gente española que de enfermedades -han perecido y mueren cada dia, segun arriba -quedó dicho. Háse allí sustentado por ser buen puerto para -los navíos, aunque, como arriba tambien dijimos, la cudicia -y ansia de las riquezas no ha dejado abrir los ojos á -pasar la contratacion la costa abajo, donde con ménos daños -y mucho ménos trabajo se hallara donde poblar, y de -donde se pasara á la mar del Sur. En el suelo deste pueblo, -Nombre de Dios, hay una hierba verde, de hasta un geme de -altura, con ciertas ramitas arpadas, menudas, muy lindas, de -una parte y de otra, de hechura de una pluma de pájaro, la -cual, si le tocamos con un palo ó con otra cualquier cosa, -ningun movimiento hace, pero si con el dedo, luégo todas sus<span class="pagenum"><a name="Page_420" id="Page_420">[420]</a></span> -ramitas ó arpaduras y toda ella se encoje, como si fuese una -cosa sensible, viva. Comenzóse á poblar este dicho pueblo, -que ya tiene nombre de ciudad, al principio del año 1520, y -porque hay mucho que decir de las otras partes destas Indias, -desde el año de 1518 hasta el de 20, paremos aquí en la historia -de tierra firme, hasta que, cumplido con lo demas, volvamos -á ella.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_421" id="Page_421">[421]</a></span></p> - -<h2 id="CIX">CAPÍTULO CIX.</h2></div> - -<p>Lo que al presente conviene aquí proseguir es el descubrimiento -que Diego Velazquez prosiguió de la tierra de Yucatán, -que Francisco Hernandez de Córdoba, de la manera que -en el cap. 96 y los siguientes referimos, descubrió; y en fin -del cap. 98 comenzamos á referir cómo Diego Velazquez, que -la isla de Cuba gobernaba, cognoscido el descubrimiento que -habia hecho Francisco Hernandez y las muestras que habian -visto y traido de la riqueza que la tierra de Yucatán tener en -sí mostraba, determinó de hacer otra armada y constituir por -Capitan della á un Juan de Grijalva; y así, llegado Francisco -Hernandez á la ciudad de Santiago, en canoas de indios, y de -sus heridas bien lastimado, informándose dél y de algunos -indios que de allá trujo bien á la larga de todo lo que de la -tierra y gente della sentia, con lo que por allí habia pasado, -hizo aparejar tres navíos y un bergantin con todo lo al viaje -necesario, y con muchos rescates y cosas de Castilla para los -trocar por oro, de que habia cierta esperanza. Halló voluntarios -y bien dispuestos para tornar, y de los que no habian ido -ántes, hasta 200 hombres, pocos ménos ó pocos más. Envió por -piloto mayor de la armada al mismo Anton de Alaminos, que -habia descubierto la tierra con Francisco Hernandez; fueron por -capitanes de los tres navíos un Francisco de Avila, mancebo -de bien, sobrino de Gil Gonzalez de Avila, de quien hay que -decir adelante, y Pedro de Alvarado, tambien mancebo, de -quien hay que decir mucho más, y un Francisco de Montejo, -que al cabo fué el que descubrió á la dicha tierra y reino de -Yucatán. Entre otras provisiones que aquesta armada (y todas -las destas islas se hacian de una á otra cuando las iban á sojuzgar) -llevaba, era llevar muchos indios de los naturales<span class="pagenum"><a name="Page_422" id="Page_422">[422]</a></span> -para servicio de los españoles, los cuales al cabo perecian -que no fué la más chica jactura dellos y plaga. Dió su instruccion -Diego Velazquez al capitan general Juan de Grijalva, -que por ninguna manera poblase en parte alguna de la tierra -descubierta por Francisco Hernandez, ni en la que más descubriese, -sino solamente que rescatase y dejase las gentes por -donde anduviese pacíficas y en amor de los cristianos. Despachados, -pues, y bien proveidos los cuatro navíos, segun -que para semejantes caminos se acostumbraba, salieron del -puerto de Santiago al principio del año de 1518, y fueron á -parar por la costa del Norte al puerto de Matanzas, que está -20 leguas ántes del de Carenas, puesto que todo es la -provincia de la Habana. Tomaron allí caçabí é puercos y otras -cosas de bastimentos de las estancias de algunos vecinos españoles -que allí moraban, y partidos de aquel puerto y de -Carenas, donde tambien por tomar más bastimentos entraron, -fueron á dar en la isla de Cozumel, que está pegada, como -arriba se vido, á la tierra firme de Yucatán, dia de la Invencion -de la Sancta Cruz que cae á tres dias de Mayo. Vinieron -ciertos indios á los navíos en sus canoas, y trujeron unas calabazas -de miel, que presentaron al Capitan, y él dióles de las -cosas de Castilla; traia Grijalva un indio, por lengua, de los que -de aquella tierra habia llevado consigo á la isla de Cuba Francisco -Hernandez, con el cual se entendian en preguntas y -respuestas algo, y porque por aquella parte no parecia pueblo -alguno, alzaron velas y fueron costeando la isla, de donde -vieron muchas casas de piedra y edificios de cal y canto, altos -y señalados, los cuales, segun despues se entendió, eran los -templos de sus dioses á quien servian y honoraban. Entre los -demas estaba un templo grande, muy bien labrado, junto á la -mar, que parecia una gran fortaleza; surgieron allí en derecho -dél, y no pudieron salir en tierra, como deseaban, por -ser ya tarde. Luégo de mañana vino una canoa llena de indios á -los navíos, y el capitan Juan de Grijalva díjoles, por la lengua -que traia, que deseaba salir en tierra y ver el pueblo, y hablar -con el señor dél y comunicalle, si no le pesase. Respondie<span class="pagenum"><a name="Page_423" id="Page_423">[423]</a></span>ron, -«que no pesaria que se desembarcasen,» lo cual hicieron -en sus cuatro barcas los que pudieron en ellas caber. Llegados -al templo, que estaba junto al agua, consideraron los edificios -dél, que eran admirables, donde Grijalva hizo decir misa -delante los indios á un clérigo que llevaba; harto indiscretamente, -porque no convenia, por entónces, en lugar donde -tantos sacrilegios se cometian ofreciendo sacrificios al demonio, -y se habian de ofrecer adelante, celebrar el verdadero -sacrificio sin primero espiallo, y bendecillo, y sanctificallo. -Tampoco fué decente que delante de los indios infieles celebrase, -pues no adoraban ni daban el honor debido al Criador -de todos que allí se consagraba. Delante dellos vino un indio -viejo, y, á lo que parecia, hombre de autoridad, y debia ser -sacerdote de los ídolos, acompañado con otros, no supe cuántos, -y puso un braserico de barro, bien hecho, lleno de brasa, -y puso cierta cosa aromática, como incienso, de que salió humo -odorífero, con el cual incensó ó perfumó á ciertos ídolos ó -bultos de hombres que allí estaban. Luégo los indios trujeron -al Capitan un presente de gallinas grandes, que llamamos de -papada, y algunas calabazas de miel de abejas. El Capitan les -dió de las cosas de Castilla, como cuentas, cascabeles, peines, -espejos y otras bujerías; preguntóles por la lengua si tenian -oro, y que se lo comprarian ó trocarian por de aquellas cosas, -y éste fué, como siempre, el principio de su Evangelio, que -los españoles acostumbraron, y el tema de sus sermones. -Mirad qué artículo de la fe primero, conviene á saber, que -habia en el cielo un Señor y Criador de todos, que se llamaba -Dios, les mostraban; pero no fué jamás otro que si tenian oro, -para que los indios entendiesen que aquel era el fin y último -deseo suyo y causa de su venida á estas tierras, de su viaje y -trabajos. Los indios trujeron ciertas piezas de oro bajo, de las -que se ponian en las orejas, por gallardía y adorno de sus -personas, en unos agujeros que de industria se hacen en ellas -y en las narices. Allí mandó apregonar el Capitan que ninguno -rescatase oro ni otra cosa de los indios, sino que lo trujese -ante él cuando alguno viesen que queria rescatar. Pre<span class="pagenum"><a name="Page_424" id="Page_424">[424]</a></span>guntaron -por el señor del pueblo, y respondieron que no -estaba presente, porque habia ido á cierta tierra ó pueblo á -negociar; bien se pudo creer que presente estaba, porque -costumbre es de los Caciques y señores de los indios mandar -á toda su gente que no digan, cuando viene gente nueva, -mayormente desque cognoscieron los españoles, que están -presentes, y ándanse entre sus vasallos y populares, disimulados, -como uno dellos, viendo y oyendo todo lo que pasa. -Como vido, pues, Grijalva que por allí no habia oro en abundancia, -como él y su compañía deseaban, determinó de se -volver y embarcar en sus navíos y pasar adelante, costeando -la isla, é correr á la tierra de Yucatán que se parecia, y que -tambien juzgaban ser isla, y más grande que la dicha Cozumel. -Fuéles el viento contrario, que no podian resistir ni andar -adelante, por lo cual acordaron de se tornar al lugar de -donde habian salido, junto al susodicho pueblo; desque los -indios vieron que se volvian y tornaron á surgir é anclar los -navíos, temiendo quizá que no se hobiesen arrepentido los españoles, -por no haber saqueado el pueblo, y que tornaban á -lo hacer, no quedó persona en el pueblo que no huyese, llevando -consigo todo lo que pudieron de sus alhajuelas llevar. -Saltaron en tierra los nuestros y hallaron el pueblo todo vacío, -aunque con algun maíz y frutas, que no les supieron mal, -y, tomado lo que dallo quisieron, tornáronse á hacer á la vela y -proseguir la costa adelante, y, dejada la isla Cozumel, comenzaron -á costear la ribera de la tierra de Yucatán, y llegaron á -ella el dia de la Ascension del Señor, que en aquel año cayó á -trece dias del mes de Mayo, y van en demanda del cacique -Lázaro, señor del pueblo llamado Campéche, á quien Francisco -Hernandez habia puesto Lázaro, como arriba se dijo, por haber -llegado á aquel puerto Domingo de Lázaro, de quien rescibieron -buen hospedaje y amigable conversacion; y por el camino -vian grandes y hermosos edificios de cal y canto, blanqueados -todos, y torres altas, y éstas eran los templos de sus -dioses.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_425" id="Page_425">[425]</a></span></p> - -<h2 id="CX">CAPÍTULO CX.</h2></div> - -<p>Y porque el piloto mayor de la armada no tuvo buena -memoria de la tierra que él habia descubierto con Francisco -Hernandez, el año pasado, y no recognosció el sitio donde el -pueblo del cacique Lázaro estaba, y así anduvo errado, creyendo -que lo habian pasado y quedaba atras, y al cabo de vueltas -y revueltas vido su yerro, por tanto lo que aquí agora se -dirá, más creo que les acaeció en el pueblo de Champoton, -donde mal hirieron á Francisco Hernandez y mataron los 20 -españoles, que en el pueblo de Lázaro, aunque algunos dijeron -el contrario. Llegaron, pues, al dicho pueblo (que, como -dije, creo que fué Champoton, y no el de Lázaro), y surgieron -con sus cuatro navíos, cuanto más cerca pudieron anclar, -una tarde. Los indios, como vieron los navíos, salieron -infinitos á la playa, y como de la brega que tuvieron con -Francisco Hernandez quedaron lastimados y escarmentados, -aunque ellos tambien le hicieron no chico daño, segun quedó -arriba declarado, toda aquella noche se velaron, haciendo -grandes estruendos con sus trompetas y atabales, y muchos -instrumentos que sonaban; Grijalva, con su gente, acordaron -de saltar en tierra é ir al pueblo con color de coger agua, ó -con verdad si tenia necesidad, que fué tambien el tema de -Francisco Hernandez, y para más seguramente salir, aunque no -con discrecion, para que fuese sin escándalo y ménos turbacion -de los indios que estaban en su tierra y casas pacíficos, lo -que debieran mucho mirar, saltaron en tierra ántes que amaneciese. -Manifiesto es que los indios se habian de turbar, y -tener vehemente sospecha que aquella gente nueva les venia -á hacer mal, en especial habiendo padecido los daños pasados -que Francisco Hernandez les hizo, si este pueblo era Cham<span class="pagenum"><a name="Page_426" id="Page_426">[426]</a></span>poton, -y si era el de Lázaro bastaba tener noticia que sus -vecinos habian rescibido aquellas malas obras para se alterar -y recatar, mayormente, saltando en su tierra y pueblo, sin su -licencia, y de noche. Salieron, pues, á tierra y pusieron junto -del pueblo, ciertos tiros de artillería, y como los indios, que -velaban el pueblo y andaban junto á la playa, los vieron, -vánse para ellos con sus armas, arcos, y flechas, y lanzas, y -rodelas, diciéndoles por sus meneos y señas que se fuesen de -su tierra, y haciendo acometimientos, como amenazas que -querian dar en ellos; entónces el capitan Grijalva comenzó -ante los españoles á hacer protestaciones y justificar su hecho, -diciendo que fuesen testigos, como no venia él ni ellos á -hacer mal á aquellas gentes, sino á tomar agua de que tenian -necesidad y pagársela, y otras palabras, harto propíncuas -al viento, y de ningun efecto para excusar los daños y males -que despues sucedieron. Mirad á quién ponia por testigos de -sus protestamientos, y qué aprovechaban no entendiéndolos -los indios que estaban en sus casas, quietos, viniendo gente -tan extraña y belicosa, y que tanto daño les habia hecho el -año pasado, y no entrando, como dicen, por la puerta, pues -no les pidieron licencia para entrar en su tierra; demás de -haber entrado de noche, la cual entrada era manifiesto que -habian de engendrar en los ánimos de aquellos justo y razonable -temor y sospecha. Hace decir al indio que traian consigo -de la isla de Cozumel, Grijalva, que no les queria hacer -mal alguno, sino tomar agua y salirse de su tierra, ellos les -mostraron un pozo, que estaba del pueblo un tiro de piedra, -diciendo que la tomasen de allí y se fuesen luégo; van -los marineros y grumetes con las pipas, jorrándolas, y hinchen -las otras vasijas que tenian; pareciéndoles que se tardaban -mucho, ó juzgando que se hacian reacios, dábanles, -con amenazas y acometiendo como que les querian tirar las -flechas, priesa que se fuesen, y porfiando mucho los indios en -ésto, y los españoles no yéndose, salieron dos indios de su -escuadron y fueron hácia los españoles, uno de los cuales -llevó una cosa como hacha encendida, y púsola encima de<span class="pagenum"><a name="Page_427" id="Page_427">[427]</a></span> -una piedra, hablando en su lengua, como poniendo término, -segun despues pareció, dentro del cual sino se fuesen les darian -guerra; el término fué hasta que se apagase ó se acabase -la lumbre, y como apagada ó acabada la lumbre no se fuesen, -dan luégo con grande alarido los indios en ellos. Los españoles, -que no se durmieron, disparan primero el artillería, y -tras ella, con el ímpetu que suelen, mayormente contra gente -desnuda, como son éstos, con las escopetas, que llevaban -algunas, y ballestas, y luégo con las espadas, que son -las que hacen al caso, que los cuerpos desnudos parten por -medio, mataron todos cuantos pudieron. Recogiéronse los -indios dentro de un albarrada de piedra y madera, de un -estado en alto, que tenian por cierta parte del pueblo, y así -no tuvieron tanto lugar los españoles de hacelles tanto mal -como les hicieran, y tambien porque el mismo capitan Grijalva, -que de su naturaleza no era cruel, ántes blando, y de -condicion buena, prohibió á los españoles que los persiguiesen. -Los indios mataron con una flecha, en aquel ímpetu, -un español y muchos hirieron, entre los cuales salió tambien -Juan de Grijalva herido, quebrado un diente y otro del todo -perdido, y áun lastimada la lengua de un flechazo que le -dieron; despues vinieron algunos indios como á pedir treguas -ó paz y que mostraban querer ser amigos de los españoles, -segun parecia, y convidaban que fuesen algunos españoles -con ellos, como si les dijeran que fuesen á tratar la paz con -su señor, segun juzgaban los nuestros. Envió Grijalva dos ó -tres, y llegaron hasta las albarradas, y allí les dieron una -máscara ó carátula de palo, cubierta de hoja de oro delgada, -que en señal de paz enviaba al Capitan el Cacique; iban y -venian muchos indios desarmados á ver los españoles, aunque -no se osaban llegar á ellos. Recogieron su agua y sus -tiros de artillería los españoles, y embarcáronse en las barcas, -y así fuéronse á los navíos, dejando su amor entrañado en -aquellas gentes, ó por verdad decir su temor horrible, de la -manera dicha.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_428" id="Page_428">[428]</a></span></p> - -<h2 id="CXI">CAPÍTULO CXI.</h2></div> - -<p>Partieron de allí de Champoton, segun yo creo, puesto que -algunos dijeron que de Lázaro y Campéche, como ya dije, la -costa abajo en demanda de algun puerto, porque habia muchos -dias que no lo habian topado en todo lo que habian -navegado por la costa de la isla de Cozumel, ni de la de Yucatán, -por adobar uno de los navíos que les hacia mucha agua, -y á las 10 leguas de Champoton hallaron un puerto, al cual -llamaron, por la razon dicha, Puerto Deseado. Aquí adobaron -el navío, y viniendo una canoa con cuatro indios á hacer -sus negocios de pescar, ó de mercadercillos, los mandó tomar -Grijalva, con color de que aprendiesen la lengua nuestra para -servirse dellos por lenguas, harto inícuamente, no mirando -que los hacian esclavos sin se lo merecer, y los privaban de -sus mujeres, y hijos, y á los hijos y á los padres constituian -en angustia y tristeza, y no chica calamidad. Desde -aqueste Puerto Deseado, parecia la gran tierra de la Nueva -España, que volvia á la mano derecha, como hácia el Norte; -creyó el piloto Alaminos que fuese otra isla distinta de Yucatán, -estimando tambien que Yucatán fuese isla. Preguntados -los indios que tomaron, qué tierra era la que parecia, -respondieron que era Coluá, la última sílaba aguda; y esta es -la que despues llamamos Nueva España, y como á isla ó tierra -distinta, indució al Capitan que fuesen á ella y tomasen della -la posesion, como si no bastaran mil posesiones que se habian -tomado por los reyes de Castilla en todo este orbe. Salieron, -pues, del Puerto Deseado, por la costa abajo, que corria al -Poniente, y vánse mirando la tierra, y llegáronse á un rio -grande, que creo llamaron de Sant Pedro y Sant Pablo, al -ménos agora así se llama, 25 leguas del Puerto Deseado; por<span class="pagenum"><a name="Page_429" id="Page_429">[429]</a></span> -las riberas dél y costa de la mar vieron muchas gentes que -estaban pasmados, mirando los navíos, cosa nunca dellos vista -ántes. Dan luégo á cinco leguas más adelante en otro mayor, -cuyo ímpetu echaba el agua dulce dos leguas y tres en la -mar; este rio baptizó Grijalva de su nombre, y así se llama -hoy el rio de Grijalva, el cual, ó el pueblo, ó la misma tierra, -se llamaba por los vecinos naturales della, Tabasco; es tierra -felicísima y abundantísima del cacao, que son las almendras -de que usan por suave bebida, y por moneda en toda la -Nueva España, y en más de 800 leguas, como se dirá, y por -ésto estaba aquella tierra poblatísima y plenísima de mortales. -Así que, entraron por el rio arriba, hasta media ó cerca de -una legua, donde estaba el pueblo principal, donde lanzaron -sus anclas y pararon, y como la gente indiana vido los navíos, -todos asombrados de ver barcos tan grandes, y gente barbada -y vestida, y todo de tan nueva manera y diferente arte, salieron -á defenderles la salida en su tierra y pueblo, hasta -6.000 hombres, á lo que se juzgaba, con sus armas, arcos y -flechas, y lanzas de palos, las puntas tostadas, y rodelas de -ciertas mimbres ó varillas delgadas, todas ó la mayor parte cubiertas -con unas chapas de oro fino, de plumas de diversas -colores adornadas, y, porque era tarde, aquella noche toda se -pasó en velarse ambas partes. En esclareciendo, vienen sobre -cien canoas llenas de hombres armados á ponerse cerca de -los navíos, y de entre ellas sale una, y acércase más á los -navíos, para que se pudiese oir más su habla; levántase en -ella un hombre de autoridad, que debia de ser Capitan ó -principal entre ellos, y pregunta qué querian ó qué buscaban -en tierras y señoríos agenos; esta lengua no entendia el -indio que traian de Cuba, pero entendíanla los cuatro que -habian preso en la canoa, en el Puerto Deseado, y el de Cuba -entendió á éstos, y éstos entendieron á los de Tabasco; y así -respondió Grijalva que él y los cristianos no venian á hacerles -mal alguno, sino á buscar oro, y que traian para pagárselo. -Vuelve con la respuesta el Capitan de la canoa, y da -nuevas á su Rey y señor, y á los que las esperaban, y dice<span class="pagenum"><a name="Page_430" id="Page_430">[430]</a></span> -parécele buena gente los cristianos; torna otra vez, y llégase -al navío del capitan Grijalva, sin temor, y dice que á su señor -place, y á todos su súbditos, tener con él y con los cristianos -amistad, y dalles del oro que tenia y rescibir de lo que -traian de su patria; el cual trujo una máscara de palo grande -dorada muy hermosa, y ciertas cosas de pluma de diversas -colores y bien vistosas, diciendo que su señor vernia otro dia -á ver los cristianos. Grijalva le dió unas sartas de cuentas verdes -de vidrio, y unas tijeras, y cuchillos, y un bonete de frisa -colorado, y unos alpargates; las tijeras y los cuchillos fué lo -que hizo al caso, porque con aquello pensó el intervenidor -de la paz y amistad que iba bienaventurado. Acordó el Cacique -y señor de la tierra ir á verse con los cristianos, y entra -en una canoa, esquifada de gente, sin armas, y entra en el -navío del capitan Grijalva, tan seguro como si fuera de su -propio hermano. Grijalva era gentil mancebo, de hasta veintiocho -años; estaba vestido de un sayon de un carmesí-pelo, -con lo demas que al sayon respondió, cosas ricas. Entrado y -rescibido por Grijalva el Cacique con mucho acatamiento, y -abrazándose, y sentados, comenzóse la plática, de la cual muy -poco el uno del otro entendian, más que por señas y algunos -vocablos que declaraban los indios que habian tomado en el -Puerto Deseado, que los decian al indio que traian de Cuba; -todo se creyó que iba á parar en que se holgaba de su venida -y que queria ser su amigo, y despues de hablado un rato, -mandó el Cacique á uno de los que con él habian venido, que -sacase lo que dentro de una que llamamos petaca, segun la -lengua de Méjico, que es como arca, hecha de palma y cubierta -de cuero de venado, traia. Comienza á sacar piezas de -oro, y algunas de palo cubiertas de hoja de oro, como si las -hobiera hecho para Grijalva y á su medida, y el Cacique, por -sus mismas manos, comiénzalo de armar desde los piés hasta -la cabeza, quitando unas si no venian bien, y poniendo otras -que con las demas convenian, y así lo armó todo de piezas de -oro fino, como si lo armara de un arnés cumplido de acero hecho -en Milan. Sin el armadura le dió muchas otras joyas de oro<span class="pagenum"><a name="Page_431" id="Page_431">[431]</a></span> -y de pluma, de las cuales algunas abajo se referirán. Cosa digna -de ver la hermosura que entónces Grijalva tenia, y mucho más -digna y encarecible considerar la liberalidad y humanidad de -aquel infiel Cacique. Grijalva se lo agradeció cuanto le fué posible, -y recompensó desta manera: hace sacar una muy rica camisa -y vístesela, despues della desnúdase el sayon de carmesí é -vísteselo, é pónele una gorra de terciopelo muy buena, y hácele -calzar zapatos de cuero nuevos, y, finalmente, lo vistió y adornó -lo mejor que él pudo, y dióles muchas otras cosas de los rescates -de Castilla á todos los que con él habian venido. Valdria -el sayon de carmesí, entre los españoles en aquel lugar, obra -de 60 ó 70 ducados ó pesos de oro, cuando más, y las otras -cosas que dió al Cacique y á los suyos otros 12 ó 15, pero lo -que el Cacique dió á Grijalva subiria de más de 2 ó 3.000 -castellanos ó pesos de oro; entre las piezas y armaduras que -le dió, fué un casquete de palo cubierto de hoja de oro delgada, -tres ó cuatro máscaras de palo, parte dellas cubiertas -de piedras turquesas, que son madre de las esmeraldas, -puestas á manera de obra mosáica, por muy lindo artificio, y -parte cubiertas de hoja de oro y otras del todo cubiertas de -oro, ciertas patenas para armar los pechos, dellas todas de -oro, y otras de palo cubiertas de oro, y otras de oro, y piedras -sembradas muy bien puestas, que las hacian más hermosas; -muchas armaduras para las rodillas, dellas de oro -puro, dellas de palo, dellas de corteza de ciertos árboles, cubiertas -todas de hoja de oro; seis ó siete collares de hoja de -oro, puestas sobre otras tiras de cuero de venado; ciertas -ajorcas de oro de tres dedos en ancho, ciertos zarcillos de -oro para las orejas, ciertos rosarios de cuentas de barro cubiertas -de oro, y otras sartas de oro puro huecas; una rodela -cubierta de pluma de diversas colores, muy graciosa; una -ropa de pluma y penachos della, vistosa, y otras muchas -cosas cuya postura y artificio era maravilloso, y que, donde -quiera, solas las manos y hechura costara mucho. Díjose que -de ciertos indios que habia tomado Grijalva, cuando comenzó -á costear las riberas ó costa de Yucatán, dejando la de la isla<span class="pagenum"><a name="Page_432" id="Page_432">[432]</a></span> -de Cozumel, vido en el navío este Cacique uno y que lo pidió -á Grijalva, y que daria por su rescate tanto peso de oro -cuanto el indio pesase, y que no quiso Grijalva dárselo por -pensar quizá de haber por él más; pero ésto yo no lo creo, lo -uno, porque no hervia tan poco la cudicia en él ni en los -de su compañía que por un indio que hallaron y tomaron con -otros en una canoa pescando, que probablemente se podia -creer no ser señor, ni tener más calidad y hacienda que los -otros, dejase seis ó siete arrobas de oro que podria pesar; lo -otro, porque no parece que Grijalva cumpliera con el comedimiento -que con él tuvo el Cacique, no concediéndole lo que -le rogaba, mayormente si fué verdad que le ofrecia el rescate. -Finalmente, como quiera que haya sido, el Cacique quedó -contento y los españoles tambien lo quedaron, y en tanto -grado, que de aquí comenzó el ansia de querer poblar, quedándose -en aquella tierra, como vieron tan buenas señales de -su riqueza, y de murmurar de Grijalva porque no lo aceptaba, -como se dirá.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_433" id="Page_433">[433]</a></span></p> - -<h2 id="CXII">CAPÍTULO CXII.</h2></div> - -<p>Saliéronse de aquel rio de Tabasco, que llamaron desde -allí el rio de Grijalva, y fueron costeando lo más cerca de -tierra que podian, de donde vian toda la costa llena de poblaciones -y de gentes que salian á mirar los navíos, que nunca -otros habian visto. Yendo su camino con las barcas, tomaron -ciertos indios por fuerza, que iban en una ó en dos canoas, -que no podian causar poco escándalo ni dejaban de ofender -á Dios, trayéndolos contra su voluntad; luégo les preguntaron, -por señas, si habia oro por aquella tierra y respondieron -que habia mucho. Hizo soltar á algunos dellos, diciéndoles -que trujesen oro, y que les pagarian en las bujerías que les -mostraron de Castilla. Ya tornaba la costa de la mar, del Poniente -á la parte del Norte, y siguiendo su camino fueron á -surgir con sus cuatro navíos junto á una isleta, que hoy llamamos -Sant Juan de Ulúa, donde agora es el puerto de toda -la Nueva España; ellos le pusieron entónces Sant Juan, y -despues, como se entendió que los indios llamaban á toda -aquella tierra Ulúa, añidióse á Sant Juan, Ulúa, y así se -llama el puerto y la isleta, Sant Juan de Ulúa; el acento tiene -la ú segunda. Habia en ella edificios de cal y canto, y en especial -uno muy alto, que debia de ser templo, donde habia -un ídolo y muchas cabezas de hombres, y otros cuerpos -muertos, de lo cual cognoscieron que debian de ofrecer -hombres al ídolo, y por esta causa pusieron nombre á la isla, -la Isla de los Sacrificios. Otro dia parecieron en la costa de la -mar muchos indios con unas banderas, y hacian señas á los -españoles que saliesen á tierra; envió el Capitan á un Francisco -de Montejo, con cierta gente, en una barca, para que -supiese de qué arte estaban, si de paz ó de guerra, y qué<span class="pagenum"><a name="Page_434" id="Page_434">[434]</a></span> -querian ó pretendian llamándolos. Llegó á la playa, y vinieron -los indios á él con mucha alegría, mostrándole señales de -paz, y como que holgaban de su venida, y luégo le presentaron -muchas mantas de algodon, pintadas de diversas colores, -muy hermosas; pregúntoles por señas, mostrándoles -cosas de oro, si lo habia por aquella tierra, respondiéronle -que sí, é que otro dia tornarian con ello. Tornaron como habian -dicho, y con unas banderas blancas hacian señales y -meneos, llamándolos que saliesen á tierra; salió Grijalva con -alguna de su gente, y hallaron hechas unas ramadas de ramos -de árboles, muy frescas, y hojas por el suelo, donde los -españoles se metiesen, por el sol, y en el mismo suelo estaba -la mesa, que era una manta muy hermosa, y sobre ella ciertos -vasos de barro, bien hechos, á manera de escudillas hondas, -llenas de aves, cortadas por menudo, con su caldo oloroso, -como hecho potaje en cazuela; tenian puesto abundancia -de pan de maíz, mezclado con masa de frísoles, que son -atramuces, como ellos lo suelen hacer, y frutas diversas. -Ofreciéronles unas mantas de algodon de colores, todo con -grande placer y alegría, como si fueran sus propios hermanos, -y entre otros regalos, que suelen hacer á los huéspedes -como ya tenemos experiencia, dieron á cada español un cañuto -encendido, lleno de cosas aromáticas, muy odoríferas, á -la manera de unos mosquetes hechos de papel, de los cuales -traen hácia sí el humo con el resuello, y sáleles por las narices. -Diéronles algunas sartas de cuentas de colores, y dos -bonetes y unos peines, y otras cosillas por ello. Otro dia vinieron -cierta cuadrilla de indios, y dos entre ellos principales, -uno viejo y el otro mozo, que parecian señores, -padre y hijo; éstos, ántes que llegasen al Capitan, pusieron -las manos en el suelo y besáronlas, que debia ser ceremonia -significativa de paz y amistad y de buen hospedamiento, -y, ésto hecho, abrazáronle, mostrando grande alegría de -vello, como si fuera su deudo que hobiera muchos dias que -no lo habia visto. Hablaban en su lengua muchas palabras, y -el Capitan en la suya, sin entenderse, pero todo resultaba é<span class="pagenum"><a name="Page_435" id="Page_435">[435]</a></span> -iba á parar en mostrar mucho amor y alegría los indios con -su venida, y no menor era el placer de Grijalva y de los suyos -en hallar gente tan buena y benigna, por la esperanza que de -ser ricos de allí se les recrecia. Mandó luégo aquel señor -viejo á sus indios que trujesen luégo ramos y hojas verdes y -frescas, para hacer ramadas, donde los españoles se metiesen, -y en mandar á los indios el viejo y el mozo mostraban, como -señores, autoridad é imperio. Hizo señas el viejo al Capitan -que se asentase y á los otros españoles, y lo primero dió al -Capitan y á los españoles, que bastó, cada sendos cañutos de -olores de los sobredichos; iban y venian muchos indios, todos -sin armas, simplicísimamente, que parece que se convidaban -unos á otros á que viniesen á ver á los españoles, y todos mostraban -grande alegría y conversaban con ellos, como si fueran -sus muy propíncuos deudos ó muy amigos vecinos; y lo -que más hacia al caso y deseo de los españoles, fué que comenzaron, -por mandado del señor viejo, á traer muchas y -diversas joyas de coral, muy hermosas y de maravilloso artificio, -un collar de doce piezas de oro con muchos pinjantes, -y ciertas sartas de cuentas redondas, de barro, doradas, que -parecian todas oro, y otras de menudas, muy bien doradas; -otras piezas de zarcillos para las orejas, dos máscaras, -de obra mosáica, de piedras turquesas, con algunas puntas de -oro, un moscador muy rico de plumas de diversos colores, -como algunas cositas de hoja de oro y otras cosas. Dióseles -por ésto ciertas sartas de cuentas verdes y otras pintadas que -llamamos margaritas, y un espejo y un par de servillas para -mujer. Los indios particulares andaban trocando sus pedacitos -de oro y joyuelas, con los españoles, cada uno segun -tenia que conmutar; aquel dia se pasó en ésto con mucho -regocijo de los unos y de los otros, y abrazando el Cacique -al Capitan, rogándole por señas, que otro dia tornase -al mismo lugar y que ternia traido allí mucho más oro. -Luégo, en amaneciendo, el dia siguiente, pareció en la -playa mucha gente con ciertas banderas blancas, que debian -ser señales de paz y amistad, los cuales, un tiro de piedra<span class="pagenum"><a name="Page_436" id="Page_436">[436]</a></span> -dentro en la tierra, y apartado de la mar, tenian ciertas ramadas -de árboles y hojas grandes, de las que arriba dijimos, -y desherbado todo alrededor, todo muy fresco y gracioso, -para donde se metiesen los españoles á comer y recrearse. -Salió el capitan Grijalva en tierra, con buen número de españoles, -y así como el Cacique ó señor lo vido, váse á él y -pone las manos en el suelo y bésalas, y luégo abrazó al -Capitan con rostro muy alegre, y tómalo por el brazo y llévalo -á las ramadas, y llegados y sentados sobre las hierbas y -hojas, dá de los mosquetes encendidos, llenos de sahumerios, -al Capitan y á los españoles que á par dél estaban, uno á -cada uno. Mandó el Capitan hacer allí un altar, y que dijese -misa el capellan que llevaban, y como el Cacique vido que -aquello era señal de religion y ceremonias del divino culto, -mandó traer ciertos brasericos con ascuas y poner dellos debajo -del altar, y otros por allí alrededor ó cercanos del altar, -y echar en ellos incienso y de las cosas aromáticas que solian -ellos á sus ídolos incensar y sahumar, porque las gentes de -aquella Nueva España fueron de las más religiosas que hobo -jamás entre todas las naciones que no tuvieron conocimiento -del verdadero Dios. Estuvo pasmado, y los indios que con -él estaban, clavados los ojos, mirando las ceremonias de la -misa, como en los indios siempre se halla tener grandísima -atencion notando los actos y obras que hacer nos ven. Así -que, acabada la misa, mandó el señor traer de comer, y luégo -trujeron ciertos altabaques ó cestillos de pan de maíz, de diversas -maneras hecho y cocido; trujeron frutas de la tierra y -muchos platos hondos de barro, y quizá eran de las calabazas -que llaman jícaras, muy pintadas por de fuera, llenas de potaje -de carne bien guisada, que no supieron qué carne era, y -no podia ser sino de aves, las gallinas que llamamos de papada, -ó de venados. Comieron los guisados de buena gana, y -dijeron que les supieron muy bien, y que les parecia que -fuesen guisados con especias. Acabada la comida, mandó traer -el Cacique algunas joyas de oro en granos grandes, aunque -parecia estar fundido; algunos zarcillos para las orejas y na<span class="pagenum"><a name="Page_437" id="Page_437">[437]</a></span>rices, -ciertas sartas de cuentas gruesas y menudas, que debian -ser la sustancia de madera, pero muy bien doradas; otras 15 -ó 20 cuentas grandes, doradas, y al cabo una rana de oro muy -sutilmente labrada; un ajorca de oro, muy rica, de cuatro -dedos en ancho; otra sarta de cuentas doradas, con una cabeza -de leon de puro oro, y otras sartas con muchas cuentas, -y alguna que tenia 70 y más dellas doradas, y al cabo -una rana de oro al propio hecha; un rostro de piedra, creo -que verde, guarnecida de oro, con una corona de oro muy -rica, y encima una cresta de oro y dos pinjantes de oro; un -ídolo ó hombre de oro, pequeño, y con un moscador de oro -en la mano, con unas joyas de oro en las orejas, y en la cabeza -unos cuernos de oro, y en la barriga una piedra que -debia de ser turquesa, muy linda, engastonada en oro. Entre -estas joyas, aquí ó en otras partes deste viaje, se dijo haber -rescatado una esmeralda ó piedra preciosa que valia ó que -valió 2.000 ducados. Otras muchas cosas les dió, no tan principales, -pero estas fueron las de más valor y más hermosas. -Valia todo el oro que dieron mas de 1.000 ducados, sin el valor -de la hechura de algunas cosas dellas, que pudiera valer más -que el oro que tenian. El Capitan le dió, en pago del presente -rescibido, no con qué saliese de laceria, y fueron las joyas -siguientes: un sayo, una caperuza de frisa colorada, y en ella -una medalla, no de oro, sino de las falsas; una camisa de -presilla, con algunas gayas ó labores, de hilo y no de seda; -un paño de tocar; un cinto de cuero, con su bolsa; un cuchillo, -y unas tijeras, y unos alpargates; unas servillas de -mujer, unos zaragüelles, dos espejos, dos peines y algunas -sartas de cuentas de vidrio de diversos colores, todo lo cual -valdria en Castilla tres ó cuatro ducados. Aquel señor Cacique -y su gente, estimándose por muy ricos con lo que Grijalva les -habia dado, y áun quizá creyendo que habian engañado á -los españoles en más de la mitad del justo precio, volvieron -otro dia con más ricas joyas para los tornar á engañar. Trujeron -seis granos de oro fundido, grandes, no supe cuánto -pesaron; siete collares muy ricos de oro puro, y otros cuatro<span class="pagenum"><a name="Page_438" id="Page_438">[438]</a></span> -collares pequeños de oro, los dos con sus arracadas y pinjantes -de oro, y tres sartas de cuentas doradas, y nueve cuentas -de oro: y un cabo, como patron, tambien de oro; otra sarta -de cuentas de piedras, que ellos tienen por preciosas, y una -ajorca de oro: ésto lo principal. Dióseles por retorno un sayo -azul y colorado de frisa ó paño basto, un bonete de lo mismo, -una camisa de lienzo, un cuchillo y unas tijeras, un espejo y un -par de alpargates, y algunas sartas de cuentas de vidrio. Otro -dia tornaron á su rescate y contratacion, y dió el Cacique á -Juan de Grijalva dos granos de oro que pesaron 12 ó 15 -castellanos, un collar de oro de piezas hermosas de ver, ciertas -sartas de cuentas doradas, y nueve cuentas, todas de oro -pero huecas, muy bien artificiadas, con un cabo de oro más -grueso; una máscara de pedrerías, como las que arriba dijimos: -pagóle Grijalva con obra de 4 á 5 reales de valor, conviene -á saber, un par de alpargates, un cinto de cuero con -su bolsa, un paño de cabeza, unas servillas de mujer y dos -ó tres sartas de cuentas de vidrio, que llamamos margaritas -por ser de diversas colores, y cada sarta podia ser de 50 -cuentas, como acá vienen comunmente y así las solíamos con -los indios tratar y conmutar.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_439" id="Page_439">[439]</a></span></p> - -<h2 id="CXIII">CAPÍTULO CXIII.</h2></div> - -<p>Visto por los españoles ser todos aquestos rescates y conmutaciones -señales de haber en aquella tierra mucha cantidad -de oro, y la gente della tan pacífica, franca y liberal, y -por consiguiente, haber grande aparejo para henchir las bolsas -y ser ricos señores á tan poca costa, comenzaron á renovar -el clamor que en la tierra de Yucatán habian comenzado -diciendo á su capitan Grijalva, con gran importunidad y murmurio, -que pues Dios les mostraba tierra tan rica y gente -tan bien acondicionada, donde fuesen bienaventurados, tuviese -por bien de que allí poblasen, y en un navío de aquellos -cuatro hiciesen saber á Diego Velazquez su bienandanza, -enviándole todo el oro y joyas que habian rescatado, para que -les enviase más gente y rescates, y armas, y otras cosas, para -su poblacion necesarias; ofreciéndose todos á que lo ternia -por bueno Diego Velazquez, no embargante que por la instruccion -que le habia dado trujese prohibido que no poblase, -sino que descubriese y rescatase. Juan de Grijalva, era -de tal condicion de su natural, que no hiciera, cuanto á la -obediencia y aún cuanto á humildad y otras buenas propiedades, -mal fraile, y por esta causa, si se juntaran todos los -del mundo, no quebrantara por su voluntad de un punto ni -una letra de lo que por la instruccion se le mandaba, aunque -supiera que lo habian de hacer tajadas. Yo lo cognoscí é conversé -harto, y entendí siempre dél ser á virtud y obediencia -y buenas costumbres inclinado, y muy subjeto á lo que los -mayores le mandasen. Así que, por más ruegos, requirimientos, -y razones importunas que le hicieron y representaron, -no pudieron con él que poblase, alegando que lo traia prohibido -por el que le habia enviado, y que no para más de des<span class="pagenum"><a name="Page_440" id="Page_440">[440]</a></span>cubrir -é rescatar tenia poder ni mando, y que con cumplir la -Instruccion que se le dió haria pago. Vista su determinacion, -todos comenzaron á blasfemar dél, y á tenello en poco, y fué -maravilla no perderle la vergüenza, y salirse todos en tierra y -poblar, dejándolo ó enviándolo en un navío á Diego Velazquez; -y por que un navío de aquellos hacia mucha agua, y -tenia necesidad de se adobar, acordó Grijalva de lo enviar á -la isla de Cuba, con la gente que andaba indispuesta, y que -llevase las buenas nuevas de la buena tierra rica, y gente pacífica, -y el oro y joyas que habian rescatado. Con esta embajada -envió á Pedro de Alvarado, que debia ser el Capitan del -mismo navío que tenia necesidad de ser adobado, el cual al -cabo de ciertos dias llegó á la isla, y dada cuenta de la riqueza -que habian hallado, y dando quejas todos los que en -el navío habian ido de Grijalva, porque pidiendóselo todos, no -quiso poblar ni dejar poblar tan felice y rica tierra, movióse -á ira contra Grijalva Diego Velazquez, porque no lo habia -hecho habiéndolo él mandado y dado por instruccion que por -ninguna manera poblase. Pero era Diego Velazquez de aquella -condicion, y terrible para los que le servian y ayudaban, -y fácilmente se indignaba contra aquellos de quien le decian -mal, por ser más crédulo de lo que debia. Finalmente, indignado -contra Grijalva, porque no habia poblado contra su -mandado, determinó, ántes que Grijalva viniese, de hacer -otra armada, y enviar otro Capitan, y hobo al cabo de dar en -quien no le obedeció tan fielmente como Grijalva, que la -hacienda y la honra, y que lo que desde allí vivió viviese -amarga y triste vida, y al fin la perdiese, y el alma sabe -Dios por aquella causa en qué paró. Y dejado aparte que habia -muchas razones por las cuales Dios le castigase, por haberse -hecho rico de la sangre de aquellas gentes de la isla de -Cuba, y de las matanzas que ayudó á hacer en esta Española, -en especial la de la provincia de Xaraguá, como en el capítulo -9.º, del libro II, pareció, pero parece que quiso nuestro -Señor afligille en pago de no agradecer á Grijalva la obediencia -que le guardaba, cumpliendo estrechamente su manda<span class="pagenum"><a name="Page_441" id="Page_441">[441]</a></span>do, -en no poblar, de donde al mismo Grijalva le fuera muy -mejor, y así permitió Dios que enviase á quien áun ántes -que partiese se la negó, como parecerá. Partido Pedro de Alvarado -para Cuba, Grijalva, con los tres navíos, fuese la costa -abajo, descubriendo por ella muchas leguas, y llegó hasta -cerca de la provincia de Panuco, y visto que toda era una -tierra, y estimaban ser tierra firme, acordaron tornarse por -el camino donde habia venido, y enderezar su viaje para la -isla de Cuba á dar cuenta á Diego Velazquez de la prosperidad -de su descubrimiento y camino. A la vuelta, en cierta parte -de aquella costa de mar, como siempre venian cerca de tierra, -salieron al encuentro ciertas canoas ó barquillos de los -indios, llenas dellos, armados con sus arcos y flechas, y comenzaron -á tirar á la gente de los navíos, pero como los -españoles no se solian dormir, sueltan algunos tiros de artillería -y escopetas, y á saetadas, muertos y heridos algunos de -los indios, los hicieron huir. Siguieron los navíos la costa arriba, -hácia el Levante, y llegaron á cierto rio que tenia un -razonable puerto, que nombraron puerto y rio de Sant Anton, -25 leguas del rio de Grijalva, donde el señor de allí -armó á Grijalva todo el cuerpo de oro, como dijimos en el -capítulo 111. Allí vinieron ciertos indios y trujeron ciertas -hachuelas de oro bajo, y por ellas se les dieron algunas -sartas de cuentas y otras cosillas de rescates de Castilla, y -porque tuvieron necesidad de reparar allí el uno ó los dos -navíos, acordaron de saltar toda la gente dellos en tierra, y -estando en ésto, vinieron ciertos indios de la otra banda del -rio en sus canoas, y trujeron á los cristianos 30 ó más hachuelas -de oro, que pesaron 1.800 pesos de oro, pocos tomines -ménos, y una taza labrada, muy hermosa, de oro, que pesó -veinte y tantos pesos de oro, y algunas mantas de algodon y -otras joyas, sin pedir nada por ello. Vista la liberalidad destos -indios, tornaron los españoles á murmurar contra Grijalva, -porque no queria en tan rica tierra poblar, pues les daba tan -buena ventura en las manos, donde podian ser ricos y bien -aventurados, pero no por eso Grijalva se movia, diciendo que<span class="pagenum"><a name="Page_442" id="Page_442">[442]</a></span> -no tenia tal comision de Diego Velazquez, por lo cual hizo -apregonar, poniendo penas, que nadie de poblar tractase ni -hablase. Aquí vinieron en una canoa ciertos indios, con un -señor que parecia mandalles, y presentaron ciertas gallinas, -y frutas de la tierra, muy buenas, como son las que llamamos -piñas, porque por de fuera tienen la forma de piñas, puesto -que no hay melon fino ni otra fruta de las nuestras que se le -iguale, y otras que llaman zapotes, fruta digna de presentarse -á los Reyes; dijeron por señas que traerian oro. Dióseles un -sayo de frisa, hecho de colores, y una camisa y otras cosillas -de rescates, por convidallos á que bien lo pagasen, como -mostraban hacello; vinieron despues otros y presentaron al -Capitan dos hachas de oro, que pesaron 150 pesos, dos, ó -tres, ó cuatro ménos, y ciento y tantas cuentas huecas de oro, -muy bien hechas, y docena y media de cuentas de plata ó de -estaño, y otras piezas de oro menudas; la recompensa que se -les dió valia hasta 8 ó 10 reales, en cuentas verdes y cuchillos -y tijeras. Unos marineros que habian ido á pescar, el -rio abajo ó arriba, toparon á ciertos indios, los cuales les -dieron ciertas águilas de oro, y una cabeza de no sé qué figura, -y un cascabel muy lindo, con unas alas, y una hacha, -que pesaria todo hasta 70 castellanos. Aquí dijeron que habian -visto ciertos indios muertos de fresco, metidos en un -hoyo; entendieron que debian ser indios á los ídolos sacrificados. -De aquí enderezó su camino y viaje Grijalva para la -isla de Cuba; quiso venirse por Yucatán, que entónces llamaban -la Isla Rica, por no saber que era parte de la tierra -firme, y llegar al pueblo de Champoton, donde al principio -hirieron y mataron la gente á Francisco Hernandez de Córdoba, -primero que todos de aquella tierra descubridor, como -en el cap. 98 se declaró, y vengar, diz que, aquellas muertes; -pero llegados á la costa de la mar de Champoton, vieron tan -bien apercibidos á los indios y tan denodados para los resistir, -que habidas algunas refriegas, ántes que desembarcasen -sobre una isleta que estaba cerca del pueblo, en la mar, -acordó Grijalba de no se detener á pelear, sino irse en paz su<span class="pagenum"><a name="Page_443" id="Page_443">[443]</a></span> -camino. Llegados á Campéche, 10 ó 12 leguas de allí, que -arriba dijimos haberle puesto nombre Francisco Hernandez, -el pueblo de Lázaro, y donde tan humano y alegre rescibimiento -les hicieron, y hospedaje, quisieron tomar agua, y -saliendo en tierra con sus tiros de pólvora y aparejados, donde -vieron alguna gente de los indios desarmada, preguntándolos -dónde podian coger agua, díjose que les señalaron con -el dedo que hácia tal parte, y llegados allí, señalábanles más -adelante, y remando más adelante, señalábanles más adelante, -donde, diz que, hallaron cierta celada de hombres armados -con sus arcos y flechas, las cuales contra ellos desarmaron; -pero los nuestros, con los tiros de pólvora y con salir el -Capitan con toda la gente de los navíos desque los vido revueltos, -aunque les pesó, tomaron toda el agua que quisieron en -abundancia. Esto es de maravillar, que habiendo tratado tan -bien los de aquel pueblo y tierra á Francisco Hernandez y á su -gente al principio, como se refirió en el cap. 98, que agora les -quisiesen hacer mal, y si quizá no es lo que arriba dijimos en -el cap. 110, que por yerro del piloto lo que acaeció en -Champoton creyeron haber acaecido en el pueblo de Lázaro, -no es verdad debió de suceder aquesta mudanza, porque como -vecinos y pariente de Champoton, y quizá vasallos de un -señor, viendo que Francisco Hernandez y su compaña dejaron -hecho tan grande estrago y muertos tantos, se doliesen, como -era cosa natural, y, por consiguiente, juzgasen á los españoles -por injustos y crueles, y á los de Champoton por agraviados, -acordaron de no los recibir, mas ántes, si pudiesen, á todos -matallos. Finalmente, tomaron toda el agua que quisieron, á -pesar de los indios, porque como gente sin armas ni defensa -siempre han de caer debajo; desde allí Grijalva y sus navíos -toman su camino para la isla de Cuba, y despues de muchos -y gravísimos trabajos, por vientos, y mar, y corrientes contrarias, -aportaron á Cuba en el puerto que llamábamos de Matanzas, -que está cerca del pueblo que agora se diz de la Habana, -por otro nombre Sant Cristóbal, donde halló Grijalva -una carta de Diego Velazquez, en la cual decia que se diese la<span class="pagenum"><a name="Page_444" id="Page_444">[444]</a></span> -priesa que más pudiese para llegar á Santiago, la ciudad donde -él estaba, y hiciese saber á toda la gente que con él venia, -que los que quisiesen allí, en la Habana, esperar, para tornar -á poblar á la dicha tierra é Isla Rica de Yucatán, y la demas -tornasen, porque él aparejaba para enviar gente á poblallo; -mandando que á los tales se les diese todo lo que hobiesen -menester, en una hacienda como granjería, que él por allí -tenia, que llamaban Estancia.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_445" id="Page_445">[445]</a></span></p> - -<h2 id="CXIV">CAPÍTULO CXIV.</h2></div> - -<p>Grijalva se dió la mayor priesa que pudo darse para llegar -á la ciudad de Santiago, donde Diego Velazquez estaba entendiendo -en aparejar muchos navíos y gente, para enviar á -poblar la tierra que Francisco Hernandez y Grijalva descubierto -habian, que llamaban la Isla Rica, por Yucatán y -aquella costa abajo, hasta Tabasco, que es el rio que dijeron -de Grijalva; llegado Grijalva á la ciudad, y pareciendo ante -Diego Velazquez, dióle pocas gracias por lo que habia trabajado, -y oro que con Alvarado le habia enviado y por lo -que tambien él le traia, ántes riñó mucho con él, afrentándolo -de palabra, porque así era su condicion, porque -no habia quebrantado su instruccion y mandamiento en poblar -en la tierra, pues toda la gente que llevaba se lo -pedia, reprension harto digna de otra mayor, reñir á un -criado, pariente fiel y tan obediente, que no quiso quebrantar -un punto de lo que llevaba mandado, especialmente que á -él le fuera muy provechoso más que á nadie, así en riquezas -y estado, como en excusar la indignacion que toda la gente -que llevó contra él tuvo por no haber poblado. Todo ésto me -refirió á mí el mismo Grijalva en la ciudad de Sancto Domingo -el año de 1523, viniendo perdido y con harta necesidad, -y partido de mí en aquella ciudad, se fué para tierra firme, -donde gobernaba, ó mejor diré, desgobernaba Pedrárias, al -cual envió á la provincia de Nicaragua, y estando en el valle -de Ulanche, sojuzgando y guerreando á los indios de aquel -valle, lo mataron los mismos indios á él y á otros ciertos españoles; -donde pagó Grijalva los males que allí hacia y el -servicio que debia á los indios de la isla de Cuba, y si algunos -hizo en aquel descubrimiento, puesto que siempre le<span class="pagenum"><a name="Page_446" id="Page_446">[446]</a></span> -cognoscí para con los indios piadoso y moderado. Y como -por la venida de Alvarado, y nuevas de la riqueza de la tierra -y gran muestra de oro que envió Grijalva, Diego Velazquez -comenzase otra armada, llegado Grijalva, é informado -de todo el viaje, y descubrimiento, y gente, y tierras, y abundancia -dellas, Diego Velazquez dióse mucha más priesa en -despacharla y llegó, á lo que yo tuve entendido, nueve piezas -de navíos, con bergantines y naves; y para llevar su poblacion -y armada más y mejor fundada, envió á esta isla Española -á un hidalgo llamado Juan de Saucedo, para que pidiese -licencia, que enviase á poblar aquella tierra y hacer lo á -ésto necesario, á los padres de Sant Hierónimo, que á la sazon -aquí estaban, creyendo que tenian poder de gobernadores; -pero no vinieron á gobernar, sino á poner las Indias en libertad, -como arriba se hizo mencion. Envió luégo Diego Velazquez, -con las nuevas del descubrimiento y riquezas de la -tierra, con ciertas piezas ricas de oro de las que habia traido -Alvarado, á un clérigo llamado Benito Martin, á la corte, que -áun estaba en Barcelona el rey D. Cárlos; el cual pidió que -le hiciesen merced del abadía de aquella tierra que parecia -adelante, y no era ménos que toda la Nueva España, como se -dirá. Tornemos al armada ó flota que comenzó á hacer Diego -Velazquez, donde gastó, de los muchos millares de pesos de -oro que tenia mal ganados, habidos de los sudores y angustias -de los indios, gran parte; y porque habia de proveer de -Capitan, pensó de nombrar un hidalgo llamado Baltasar Bermudez, -que, segun yo creo, era de su misma tierra, Cuéllar, -y así le encargó que lo aceptase, lo cual hacia por honralle, -porque lo queria bien, y ésto yo lo sé porque lo ví muchas -veces, mucho, muy bien tratalle. El Baltasar Bermudez tenia -los pensamientos altos, y parecia tener de sí demasiada confianza; -representándole el cargo de Capitan, por Diego Velazquez, -díjose que le habia pedido tales condiciones, que á Diego -Velazquez desagradaron, y como era muy libre y sacudido, -enojóse con él y echóle de sí, quizá como solia con desmandadas -palabras. Discurriendo despues por las personas que<span class="pagenum"><a name="Page_447" id="Page_447">[447]</a></span> -habia que pudiese nombrar por Capitan, puso sus ojos, y -segun se creyó inducido, como luégo se dirá, en Hernando -Cortés, que habia sido su criado y secretario, y habia tenido -para lo ahorcar, como arriba se dijo, cap. 27, porque conocia -dél ser hábil é entendido, y como le habia dado muchos indios -y habia hecho Alcalde de la misma ciudad de Santiago, -y lo favorecia mucho, confiando que le obedeceria, siéndole -agradecido, y guardaria toda fidelidad. Estaba por Contador -del Rey de aquella isla, á la sazon, un burgalés llamado -Amador de Lares, hombre astutísimo, y que habia -gastado, yo le oí, veintidos años en Italia, y llegó á ser Maestresala -del Gran Capitan, que es argumento de no ser de entendimiento -tardo, pues el Gran Capitan se servia dél de Maestresala, -siendo aún de cuerpo harto bajo, y sin saber leer ni -escribir, pero la prudencia y astucia suya suplia las otras faltas. -Solia yo decir á Diego Velazquez, por sentir lo que de -Amador de Lares yo sentia: «Señor, guardaos de veintidos -años de Italia.» Con éste trabajó Hernando Cortés tener grande -amistad, que no era ménos astuto que él muchos quilates, y -díjose, y áun creyóse, que se habian confederado ambos en -tanto grado, que partirian la hacienda y riquezas que Cortés -adquiriese y robase yendo aquel viaje; y como Diego Velazquez -comunicaba con Amador de Lares, como Contador y -oficial del Rey, las cosas del armada, y las demas que á la -gobernacion de la isla tocaban, creyóse que le indució que -constituyese al Cortés por Capitan de aquella demanda. Diego -Velazquez, siempre, como le conocia, vivia con el Cortés recatado; -pero guárdeos Dios cuando los que aconsejan tienen -crédito ante los aconsejados, y con ésto pretenden interese -propio, porque una vez que otra han de guiar la resolucion -de los negocios al fin que les toca, como la saeta se dirige al -blanco. Finalmente, Diego Velazquez nombró á Hernando -Cortés por Capitan de su armada, y nombrado, como era orgulloso -y alegre, y sabia tratar á todos, á cada uno segun le -cognoscia inclinado, para lo cual ser Alcalde no le desayudaba, -súpose dar maña á contentar la gente que para el viaje y<span class="pagenum"><a name="Page_448" id="Page_448">[448]</a></span> -poblacion se allegaba, la cual era toda voluntaria por la -cudicia del mucho oro que haber esperaban; y de 2.000 castellanos -que le habian sacado los indios que le habia dado -Diego Velazquez, de las minas, con inmensos sudores, hambres -y duros trabajos, comenzó á adornarse y gastar largo en -se proveer de lo necesario para el viaje, tractándose como -Capitan de 500 hombres que se allegaron y que iban donde -todos esperaban henchir las manos. Cerca desta ida de Cortés -por Capitan deste viaje, dice el clérigo Gomara, en su Historia, -muchas y grandes falsedades, como hombre que ni vido ni -oyó cosa della, mas de lo que el mismo Hernando Cortés le dijo -y dió por escripto siendo su capellan y criado despues de Marqués, -cuando volvió la postrera vez á España; el cual dice -que Diego Velazquez habló á Cortés para que armasen ambos -á medias, porque tenia 2.000 castellanos de oro en compañía -de Andrés de Duero, mercader, y que le rogó que fuese con -la flota, y que Cortés aceptó la compañía, etc. ¡Mirad qué -hacian 2.000 castellanos á quien gastaba 20.000 y más en el -despacho della! No era Diego Velazquez tan humilde ni tan -gracioso, que rogase á Cortés que fuese por Capitan de su -flota, habiendo muchos en la isla á quien mandallo pudiera, -y que lo rescibieran por muy gran merced y mucha honra, é -ya que algunos le prestaran dineros no se abatiera á hacer -compañía con alguno, como fuese señor de todo, y estuviese -en su mano, como Gobernador, hacer lo uno ó lo otro. Y dice -más Gomara, que desque llegó Grijalva hubo mudanza en -Diego Velazquez y que no quiso gastar más en la flota que -armaba Cortés, ni quisiera que la acabara de armar, por se -querer Diego Velazquez quedar con ella y enviar á solas. Todo -ésto es salido de las mañas de Cortés, su amo, y manifiestas -falsedades. Mirad quién le podia impedir á Diego Velazquez -que no hiciera lo que de la flota quisiera, y de enviar ó estorbar -que no fuera en ella el que le pluguiera, y en especial -Cortés, que no osaba boquear ante él, y que no sabia, al -ménos en lo exterior, qué placer y servicio hacelle; y del -mismo jaez de falsedad, por lo dicho, parece lo que más<span class="pagenum"><a name="Page_449" id="Page_449">[449]</a></span> -añide Gomara: «Que Diego Velazquez envió al Amador de -Lares á que indujese á Cortés que se dejase de la ida y que -le pagaria lo gastado, pero que Cortés, entendiendo los pensamientos -de Diego Velazquez, respondió que no la dejaria, -ni apartaria compañía, siquiera por la vergüenza.» Todo ésto -es absurdísimo, y que ni sustancia ni color de verdad contiene -ante los ojos y consideracion de los que conocimos á -Diego Velazquez y á Cortés; parecerá tambien claro por el -suceso que hobo el negocio y lo que adelante se dijere. Dice -otra insolencia y superba falsedad, que no le pudo Diego Velazquez -impedir la ida, y que si se pusiera en ello con rigor, -hobiera revuelta en la ciudad, y áun muertes, y que como -no era parte, disimuló; propia arrogancia de Hernando Cortés -y astucia con que tiene hasta hoy engañado el mundo, y los -historiadores que escribieron sus hechos en lengua española, -porque dél y dellos era sólo un fin, y éste no otro sino hacerse -ricos de la sangre de aquestas míseras, y humildes, y -pacíficas gentes, como hombres insensibles de los males que -loan y favorecen; todo lo que escribieron no va enderezado -sino á excusar las tiranías y abominaciones de Cortés, como -de los demas, y en abatimiento y condenacion de los tristes -y desamparados indios. Mirad si siendo Gobernador y teniendo -la justicia toda en sí de la isla, Diego Velazquez, y que era -adorado y obedecido de todos, por el bien ó el mal que podia -hacerles, dándoles ó quitándoles los repartimientos de indios, -con que los hacia pobres ó ricos, y estando favorecido del -Rey é de los que gobernaban por aquel tiempo á Castilla, pudiera -impedir á Cortés, que era un pobrecillo escudero, criado -suyo, y que no comiera si Diego Velazquez no se lo diera -dándole indios, y que estaba en su mano quitárselos y áun -la vida, si quisiera, buscándole achaques, aunque fuera haciéndole -injusticia, que no fuera en su flota ó armada que -como Gobernador del Rey á su costa hacia, sin que hobiera -alboroto en la ciudad ni muertes, y sí el contrario desto que -dice Gomara, su historiador, es verosímil.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_450" id="Page_450">[450]</a></span></p> - -<h2 id="CXV">CAPÍTULO CXV.</h2></div> - -<p>Agora veamos cómo se despachó de la isla de Cuba Hernando -Cortés y con cuán justo principio, para que lo dicho -mejor se averigüe. Persuadido, pues, Diego Velazquez, por -Amador de Lares, ó por sí mismo, que nombrase á Cortés por -Capitan general, y nombrado, como es dicho, entendíase por -Diego Velazquez con mucha priesa en el despacho de Cortés, y -el Cortés tampoco se dormia. Iba cada dia Diego Velazquez al -puerto á caballo, aunque estaba junto, y Cortés y toda la -ciudad con él, á ver los navíos y dar priesa en todo lo que -se debia hacer; fué entre las otras una vez, y un truhan que -Diego Velazquez tenia, llamado Francisquillo, iba delante diciendo -gracias, porque las solia decir, y entre otras, volvió la -cara á Diego Velazquez, y díjole: «¡Ah, Diego!» responde Diego -Velazquez: «¿Qué quieres, loco?» Añide: «Mirá lo que haceis, -no hayamos de ir á montear á Cortés.» Diego Velazquez -da luégo gritos de risa, y dice á Cortés, que iba á su mano -derecha por ser Alcalde de la ciudad y ya Capitan elegido: -«Compadre (que así lo llamaba) mirad qué dice aquel bellaco -de Francisquillo.» Respondió Cortés, aunque lo habia -oido, sino que disimuló ir hablando con otro que iba cabe -él: «¿Qué, señor?» dice Diego Velazquez: «Que si os hemos -de ir á montear;» respondió Cortés: «Déjelo vuestra merced -que es un bellaco loco; yo te digo loco, que si te -tomo, que te haga y acontezca,» dijo Cortés á Francisquillo. -Todo ésto pasó, todos burlándose y riéndose. Andando en -este despacho Diego Velazquez á priesa, ó porque le escarbó<span class="pagenum"><a name="Page_451" id="Page_451">[451]</a></span> -el alma la locura, ó por mejor decir la sentencia discreta y -profecía del loco Francisquillo, ó porque sus amigos y deudos -que allí habia, le hablaron de veras, porque hasta entónces -no habian mirado así en ello, y dijeron que como no advertia -el hierro grande que hacia en fiar de Cortés á quien -él mejor que otro conocia, empresa de tan gran importancia -y en que tanto á su honra y hacienda iba, y que era cosa -probable y áun cierta que Cortés se le habia de alzar y quebrar -la fe y obediencia que le debia, segun sus astucias y mañas, -y que se acordase de lo que en Baracóa le urdia y otras cosas -cuántas pudieron hallar para persuadille; Diego Velazquez, -tornando sobre sí é viendo que le decian y aconsejaban lo -que, probablemente y segun reglas de prudencia, de Cortés -se podia presumir, determinó de quitalle el cargo y no poner -su honra y hacienda en aquel peligro. Y porque, como queda -dicho, Diego Velazquez comunicaba las cosas de la gobernacion -y de aquellas armadas con los oficiales del Rey, mayormente -con el contador Amador de Lares, no se le guardó la -fidelidad que se le debia, y, á lo que se creyó, el Amador de -Lares lo debió á Cortés de descubrir, é, si fué verdad la compañía -y confederacion que de entrambos se dijo, por su propio -interese avisarlo no es cosa de gran maravilla. Finalmente, -por una ó por otra, ó por alguna vía, Cortés lo alcanzó -á saber, y no habia menester más para entendello de mirar el -gesto á Diego Velazquez, segun su astuta viveza y mundana -sabiduría; el cual, luégo, la primera noche que lo alcanzó -á entender, despues de acostado Diego Velazquez y -todos del palacio idos, que le hacian en todo el silencio -de la noche más profundo, va Cortés á despertar con suma -diligencia á los más sus amigos, diciéndoles que luégo convenia -embarcarse. Y tomada dellos la compañía que le pareció -para defensa de su persona, va de allí, luégo, á la carnecería, -y, aunque pesó al que por obligacion habia de dar -carne á toda la ciudad, tómala toda sin dejar cosa de vacas -y puercos y carneros, y hácelo llevar á los navíos, reclamando, -aunque no á voces, porque si las diera quizá le costara<span class="pagenum"><a name="Page_452" id="Page_452">[452]</a></span> -la vida, que le llevarian la pena por no dar carne al pueblo, -quitóse luégo Cortés una cadenilla de oro que traia al cuello, -y diósela al obligado ó carnicero; y ésto el mismo Cortés á -mí me lo dijo. Váse luégo Cortés á embarcar con toda la gente -que pudo despertar, sin estruendo, á los navíos; ya estaba -embarcada mucha de la que con él habia de ir y que fué. -Él ido, ó por los carniceros ó por otras personas que sintieron -su ida, fué avisado Diego Velazquez como Cortés era ido, -y estaba ya embarcado en los navíos; levántase Diego Velazquez -y cabalga, y toda la ciudad espantada, con él, van á la -playa de la mar en amaneciendo el dia; desque Cortés los -vido hace aparejar un batel con artillería y escopetas ó arcabuces, -ballestas y las armas que le convenian, y la gente -de quien más confiaba, y con su vara de Alcalde, llégase á -tiro de ballesta de tierra, y parando allí, dícele Diego Velazquez: -«¿Cómo, compadre, así os vais? ¿es buena manera ésta -de despediros de mí?» respondió Cortés: «Señor, perdone -vuestra merced, porque éstas cosas y las semejantes, ántes -han de ser hechas que pensadas, vea vuestra merced qué me -manda;» no tuvo Diego Velazquez qué responder, viendo su -infidelidad y desvergüenza. Manda tornar la barca y vuélvese -á los navíos, y, á mucha priesa, manda alzar las velas á 18 de -Noviembre, año de 1518, con muy pocos bastimentos porque -áun no estaban los navíos cargados; fuese de allí á un puerto -llamado Macáca, la media sílaba luenga, 15 leguas, donde el -Rey tenia cierta hacienda, y está ocho dias en los cuales mandó -hacer todo el pan caçabí que pudieron hacer todos los indios é -indias del pueblo grande que de indios allí habia, que sería -más de 300 cargas de pan, cada una de las cuales tiene de peso -dos arrobas, con las cuales tiene una persona suficientemente -que comer un mes; tomó los puercos y aves que pudo y todo -el más bastimento que habia deste jaez, diciendo que aquello -lo tomaba prestado ó comprado para lo pagar al Rey, y si -el estanciero ó mayordomo no se lo quisiera dar, bien se puede -adivinar cómo le fuera. Dice aquí Gomara, criado y capellan -é historiador de Cortés, que de las causas que movian á Diego<span class="pagenum"><a name="Page_453" id="Page_453">[453]</a></span> -Velazquez, una fué pensar que Cortés se le alzaria como él -se alzó al almirante D. Diego, é oir y creer á Bermudez y á -sus deudos, los Velazquez, que le decian que no se fiase dél, -que era estremeño, mañoso y altivo, amador de honras, y -hombre que se vengaria en aquello de lo pasado. Cuanto á lo -primero, bien parece, y parecerá más, que ni él ni los que -aconsejaban estaban engañados, pero en lo que toca á alzarse -Diego Velazquez al Almirante, no compara el alzamiento de -ambos bien, y así habla con ignominia de Diego Velazquez, -porque, puesto que Diego Velazquez fué descomedido con el -Almirante y desagradecido, procurando que la gobernacion -que tenia, como Teniente dél, se la diese el Rey de su mano, -para que el Almirante no se la pudiese quitar, lo cual fué -desagradecimiento harto culpable, pero muy diferente alzamiento -fué alzársele Cortés con su flota, hacienda y gastos que -habia hecho tan grandes, y usurparle la jurisdiccion y mando, -y, sin tenella, ahorcar á los que no consintieron en su alzamiento, -lo que es propio de tiranos, y finalmente, quitalle la -honra y ser causa que gastase toda la hacienda que le quedaba, -y al cabo hacelle perder la vida y que muriese con amargura -en pobreza, como todo abajo parecerá; cierto, muy diferente -fué el alzamiento contra Diego Velazquez, del -que tuvo Diego Velazquez en perjuicio del Almirante. Aquí -parece que debemos notar cómo se pudieron excusar de no -ser partícipes desta rebelion de Cortés, Alonso Hernandez -Puerto-Carrero, Francisco de Montejo, Alonso de Avila, Pedro -de Alvarado, Juan Velazquez y Diego de Ordas, que Diego -Velazquez habia señalado por capitanes de los otros navíos, -pues no parece que pudieron ignorar embarcarse Cortés sin -licencia de Diego Velazquez y de la manera que lo hizo, porque -si ellos no estaban embarcados, ¿cómo se embarcaron de -noche sin despedirse de Diego Velazquez? si estaban embarcados, -¿cómo sufrieron que Cortés alzase las velas y ellos las -alzaron y le siguieron, habiendo Cortés salídose de la ciudad de -la manera dicha, la cual no pudo ser á toda la flota sino -clara? No pude averiguallo, ni parece los tales capitanes<span class="pagenum"><a name="Page_454" id="Page_454">[454]</a></span> -poderse excusar de ser conscios de esta iniquidad, si no -fué algun embuste que con su astucia pudo Cortés inventar; -alguna presuncion se puede tener de algunos dellos, -por ser de la misma tierra de Cortés, haber sabido algo del -ensaye.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_455" id="Page_455">[455]</a></span></p> - -<h2 id="CXVI">CAPÍTULO CXVI.</h2></div> - -<p>Hecho el robo que Cortés hizo de la hacienda del Rey, -en la estancia ó granja de Macáca, y metido el caçabí é puercos -y maíz en los navíos, hízose á la vela para ir por la costa -de Cuba abajo, y por apañar lo que en los pueblos y puertos -que habia por allí pudiese haber de bastimento, que era lo -que más él habia menester y su compaña, como por ser hurtar -ántes de tiempo no se hobiesen podido los mantenimientos -meter en las naos. En saliendo que salió, vido venir un navío, -que venia de la isla de Jamáica, cargado de puercos, y tocino, -y caçabí, para vendello en la isla de Cuba en las minas, -porque como allí eran recientes las minas, y ricas, y el ansia -de coger oro hervia en las ánimas de aquellos que por la isla -moraban, toda la más de la gente de indios que habia en ella -ocupaban en sacar oro, donde los mataban, y así no los dejaban -labrar ni hacer comida, y, por consiguiente, tenian necesidad -de pan y de bastimentos; y sabido ésto en Jamáica, -llevábanlo de allí, donde habia mucha abundancia. Visto el -navío, va luégo Cortés á él y tómalo á su dueño, dello por -ruegos y promesas, dello por amenazas y por mal; llevólo, -en fin, consigo, aunque pesó al dueño que lo llevaba. Llegó -Cortés con su usurpada flota á la villa de españoles que llamaban -de la Trinidad, que estaba en aquella costa del Sur -200 leguas y más de la ciudad y puerto de Santiago; allí tuvo -noticia que pasaba cerca de allí otro navío cargado de pan -caçabí, de tocinos, y maíz é otros bastimentos, para las minas -de la provincia de Xagua, que eran muy ricas y de fino oro; -envió luégo una carabela, y con ella á Diego de Ordas, que la -tomase y la llevase á la punta de la isla ó cabo de Sant Anton, -y allí lo esperasen. Así lo hizo Ordas, y aunque mal pesó al<span class="pagenum"><a name="Page_456" id="Page_456">[456]</a></span> -mercader cúya era, la llevó al cabo de la isla, como Cortés -habia mandado. Todo ésto me dijo el mismo Cortés con otras -cosas cerca dello, despues de Marqués, en la villa de Monzon, -estando allí celebrando Córtes el Emperador, año de 1542, -riendo y mofando, y con estas formales palabras: «A la mi fe, -anduve por allí como un gentil corsario.» Dije yo, tambien -riendo, pero entre mí: «Oigan vuestros oidos lo que dice -vuestra boca.» Puesto que otras veces hablando con él en -Méjico en conversacion, diciéndole yo con qué justicia y conciencia -habia preso aquel tan gran rey Moteczuma y usurpádole -sus reinos, me concedió al cabo todo, y dijo: <i>Qui non -intrat per ostium fur est et latro</i>. Entónces le dije á la clara, -con palabras formales: «Oigan vuestros oidos lo que dice -vuestra boca», y despues todo se pasó en risa, aunque yo lo -lloraba dentro de mí, viendo su insensibilidad, teniéndole -por malaventurado. Allí, en la villa de la Trinidad, tomó por -fuerza ó por grado el caçabí, é maíz é puercos, y algunos -caballos, y á todos los dueños apaciguaba con hacerles cognoscimientos -y darles cédulas que se lo pagaria en tanto precio -y tantos castellanos; recibió allí más de cien españoles de -los que habian venido con Grijalva, que, como Diego Velazquez -habia escrito, estaban la flota esperando. Todos los indios que -pudo meter y los españoles que allí iban hurtados y involuntarios, -y no sé si algunos voluntarios, para servirse dellos, -era escala franca donde todos, al cabo, con los trabajos, en -breve perecieron. De allí fué á la villa de Sant Cristóbal, -que á la sazon estaba en aquella costa del Sur, la cual, despues -se pasó á la del Norte, donde agora llaman la Habana, -y allí cargó de todas las cosas que pudo, al precio que en los -otros lugares lo habia tomado. En este tiempo llegaron mensajeros -de Diego Velazquez, avisando que iba Cortés alzado, -que lo trabajasen de prender; ésto escribió á Diego de Ordas, -que era su criado, y valiente hombre, y á los que tenia por -amigos en la dicha villa de Sant Cristóbal; escribió tambien -Diego Velazquez, rogándole que lo esperase, porque tenia -que comunicar con él para el bien de aquel su viaje. Nunca vide<span class="pagenum"><a name="Page_457" id="Page_457">[457]</a></span> -tan poco saber en Diego Velazquez como en esta carta, ¡que le -pasase por pensamiento que le habia Cortés de esperar, habiéndole -hecho la burla y afrenta presente y pasada! Quisiérale -convidar Diego de Ordas á Cortés al navío de que venia -por Capitan, por allí apañallo, pero tan ignorante fué Diego -de Ordas como Diego Velazquez, creyendo que se habia de él -confiar; finalmente, allí se mostró Cortés como gran señor, y -como si naciera en brocados, y con tanta autoridad que no -se osaba ninguno menear que no le mostrase amor, y contentamiento -de que él reinase. Partióse de allí con toda la flota, -mediado el mes de Febrero de 1519 años; iban en ella 550 -hombres con marineros y todos, 200 ó 300 indios é indias, -ciertos negros que tenian por esclavos, y 12 ó 15 yeguas y -caballos; gobernaba toda la flota, en lo que tocaba á las cosas -de mar, como piloto mayor, Anton de Alaminos, el que indució -á Francisco Hernandez de Córdoba que enviase por licencia -para descubrir á Diego Velazquez cuando iban á saltear -indios de los Lucayos y de otras islas, y, finalmente, el que -se halló por piloto en el primer descubrimiento de la tierra de -Yucatán, como se dijo en el cap. 96, y despues fué y anduvo -descubriendo con Grijalva. Llegada la flota en el cabo de la -isla de Cuba, llamado de Sant Anton, y comenzando á atravesar -el golfete que hay, é dura 50 leguas, desde el cabo dicho -de Cuba á la punta ó cabo que llaman de Cotoche, primera -tierra de Yucatán, para de allí volver sobre la isla de -Cozumel, que fué lo primero que vido y trató Francisco Hernandez, -y lo primero tambien donde fué á parar Juan de Grijalva, -dióles aquella noche un terrible temporal, como los -suele por aquel golfo y costa de Yucatán hacer, que desbarató -á todos los navíos, y cuando amaneció se halló cada uno sólo. -Pero porque Cortés habia dado á todos órden que les siguiesen -hasta la isla de Cozumel, cada uno, desque abonanzó el -tiempo, tuvo cargo de guiarse á la isla, donde unos hoy y -otros mañana todos llegaron, aunque algunos con más peligro -que otros, excepto uno que no pareció por muchos dias. En -especial un navío, donde iba por Capitan uno llamado Fran<span class="pagenum"><a name="Page_458" id="Page_458">[458]</a></span>cisco -de Morla, criado y camarero de Diego Velazquez; dióle -un golpe de mar que le hizo despedir el gobernario, que es -uno de los mayores peligros que hay en la mar, é anduvieron -gran parte de la noche sin él, perdida cuasi la esperanza de -se salvar; pero, siendo de dia, plugo á Dios que lo vieron andar -sobre el agua, y visto, el mismo capitan Francisco de Morla, -por ser gran nadador, se lanzó á la mar, atado con cierto cabo -ó soga, y trújolo arrastrando al navío, donde tornaron á remediarse. -Como los indios de un pueblo grande, que cerca de -la costa de la mar estaba, vieron tantos navíos juntos, como -no hobiesen visto ántes sino tres ó cuatro, que fueron los tres -de Francisco Hernandez, y los cuatro de Grijalva, pensaron -que venia sobre ellos algun diluvio de gente que los anegase, -mayormente habiendo oido la matanza que Francisco Hernandez -en Champoton y el denuedo de guerra que Grijalva -despues dél habian hecho. Huyó toda la vecindad del pueblo -á los montes, de miedo, alzado cada uno su hatillo. Envió ciertos -españoles Cortés al pueblo, y, hallándolo vacío, todavía -trujeron alguna ropa de algodon y algunas joyuelas de oro. -Mandó Cortés sacar los caballos para que se recreasen, que -venian fatigados y habia muy buenos pastos, y, toda la gente -y él en tierra, envió cierta cuadrilla dellos á buscar gente ó -algunas personas de quien pudiesen tomar lengua. Hallaron -unas mujeres con unos niños, y una que parecia principal, en -un monte metidas, las cuales trujeron á Cortés, llorando ellas -y sus niños; Cortés las consoló lo mejor que pudo, y halagó -á los niños, diciendo por señas, que no hobiesen miedo y dióles -cosillas de Castilla. Vinieron ciertos á los españoles, que -debian ser maridos de las mujeres, rogando que les diesen -aquellas mujeres, y quizá entre ellos debia venir el principal, -marido de aquella que lo parecia, ó enviados por él; Cortés -los aseguró y dió cosas de Castilla, rogándoles por señas que -trujesen al marido de aquella, y que de su parte le diesen -ciertas dellas, que aparte les dió. Él vino el siguiente dia, ó -por ventura envió otro, diciendo que aquel era el señor y -marido; porque ésto es muy comun entre los indios, no se<span class="pagenum"><a name="Page_459" id="Page_459">[459]</a></span> -mostrar luégo los señores á los españoles, sino fingir que es -aquel que envian, como saben que los primeros que los españoles -procuran de prender, y atormentar, y matarlos, son -los señores, y por ésto no tan presto se fian. Finalmente, vino -el otro por él, acompañado de muchos, y trujeron sus presentes -de gallinas, pan de maíz, y mucha miel y frutas, porque -nunca jamás los indios vienen á los españoles manvacíos, y es -costumbre tambien muy antigua entre sí. Rescibiólos Cortés, -y los españoles, graciosamente, mandóles dar de los rescates -y cosas de Castilla, induciéndolos, por señas, que se viniesen -los vecinos cada uno á su casa y que no rescibirian daño alguno; -ellos lo hicieron. El señor del pueblo donde estaban ó -de la isla, ó el que se fingió ser señor, era de los bien hechos -y más gentiles hombres de gesto y de cuerpo que se habia -visto en todas las Indias, y así tenia la gracia en las obras y -conversacion que con todos tenia, y servicio que á los españoles -hacia; sólo parecia rescibir pena en no entenderlos, por -la diversidad de la lengua. Tuvo una industria para nos entender, -harto provechosa para Cortés y para todos los que con él -iban, y fué ésta: que envió á la tierra firme de Yucatán, que -dista de la isla un golfo de cuatro ó cinco leguas, ciertos mensajeros, -á un señor de aquella provincia que tenia un español -captivo, y rogóle que se lo prestase ó se lo vendiese, porque -habian venido muchos hombres extraños y fuertes, barbados -como aquel, que le tenian señoreado su tierra, y, para tractar -y conversar con ellos, no los entendia, y con aquel sabria -cómo se debia de haber con ellos. Díjose tambien, que aquel -señor descubrió á Cortés que en Yucatán habia dos hombres -barbados como él, y Cortés les escribió una carta diciéndoles -como venia á poblar en aquella tierra, y que si podian que -trabajasen de venirse; y que los indios que fueron por aquel -mandó pasar á la otra banda de Yucatán, en un bergantin, é -aquellos llevaron la carta fácilmente, aunque con gran dificultad -les dió el cristiano captivo.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_460" id="Page_460">[460]</a></span></p> - -<h2 id="CXVII">CAPÍTULO CXVII.</h2></div> - -<p>Y porque ya Cortés tenia reformados todos los navíos de -la tormenta pasada, y proveídolos de bastimentos que le dieron -en abundancia los indios, por mandado del señor de la -isla, y recogidos los caballos y la gente, y en buena amistad con -el señor y vecinos della, se hizo á la vela para correr la costa -de la tierra firme, y llegó á la punta de las Mujeres, que -Francisco Hernandez ó Grijalva habia por nombre puesto, que -es la primera tierra de Yucatán, obra de 10 leguas de la isla, -y surgió allí toda la flota. De allí tornó á alzar las velas para -seguir su camino hácia el cabo de Cotoche, y navegando -aquel dia, descubrióse un agua en uno de los navíos que no -podian con dos bombas agotalla; hizo señal de tener necesidad, -tirando un tiro de pólvora, acudió Cortés con su nao y todos -á socorrelle, y viendo que crescia el agua y que no tenia remedio -sino entraba en algun buen puerto, y por allí no lo -habia, determinó Cortés de tornarse al puerto de la isla de -donde habian salido. Salieron todos los indios de la isla con -gran regocijo á rescibillos y servillos; adobaron allí el navío, -é, ya que querian tornarse á embarcar, revolvióse la mar de -manera que no pudieron el sábado; y el domingo, que era el -primero de cuaresma, díjose y oyeron misa. Estando comiendo, -vieron venir una canoa que atravesaba de Yucatán á la isla, -y mandó Cortés á un Andrés de Tapia, mancebo bien suelto, -y á otros compañeros, que fuesen escondidos á la parte de -la isla donde iba la canoa dirigida, y salteasen los indios y<span class="pagenum"><a name="Page_461" id="Page_461">[461]</a></span> -se los trujesen, lo cual así se hizo. Eran cuatro desnudos en -cueros, cubiertas las partes secretas, los que en la canoa venian, -y el uno tenia largas barbas. Salió Andrés de Tapia y -sus compañeros, de súbito, de unas matas de monte, y arremetieron -á ellos, que no fué chica turbacion para los tres, y -queriéndose huir para el agua y tomar su canoa, habló el -barbado en la lengua de los indios que no se huyesen ni hobiesen -miedo, y luégo vuelve la cara á los españoles, y dice -en la lengua de Castilla: «Señores, ¿sois cristianos?» Respondieron: -«Cristianos somos.» Hincó luégo las rodillas en el -suelo, y llorando de alegría, comienza á dar gracias á Dios -que le habia sacado de entre infieles y captiverio, y dejalle -ver cristianos con libertad; todos se holgaron de velle, y le -ayudaron á dar á nuestro Señor muchas gracias. Trujéronlo á -Cortés que lo rescibió con grande alegría, y todos en grande -manera se regocijaron, espantados de velle desnudo como -indio y del sol el cuerpo quemado, que si no fuera por las -barbas, ninguna diferencia se cognoscia de ser indio ó cristiano. -Preguntó luégo si era miércoles, dijeron que no, sino -domingo, el cual, aunque tenia unas horas de rezar, habia en -la cuenta de los dias errado; dijo llamarse Jerónimo de Aguilar, -natural de Écija. Comenzó á contar su pérdida y captiverio, -é dijo, que salido del Darien con Valdivia, enviado por -Vasco Nuñez de Balboa á esta isla Española, él y otros -con él, en una carabela, se perdieron en los bajos y peñas de -Jamáica, que llaman las Víboras, que fué lo que en el cap. 42 -tocamos; metiéronse 20 hombres en el batel, sin agua y ninguna -cosa de bastimento, muriéronse los 10 ó 12 de hambre -y sed en el camino, y echólos la corriente á cabo de quince -dias en la costa de Yucatán, y aportaron al señorío de cierto -señor ó Cacique, que segun Gomara dice que habia dicho, -que algunos sacrificó dellos á sus ídolos, y los comió, y otros -guardó para los sacrificar, pero que se huyeron y aportaron -á tierra y señorío de otro señor que los guardó y conservó sin -hacelles mal alguno, ántes siempre los tractó bien sirviéndose -dellos humanamente. Esto de sacrificar hombres y co<span class="pagenum"><a name="Page_462" id="Page_462">[462]</a></span>merlos, -como dice Gomara, yo creo que no es verdad, porque -siempre oí que en aquel reino de Yucatán ni hobo sacrificios -de hombres, ni se supo qué cosa era comer carne humana, y -decirlo Gomara, como ni lo vido ni lo oyó sino de boca de -Cortés, su amo, y que le daba de comer, tiene poca autoridad, -como sea en su favor y en excusa de sus maldades, sino que -ésto es lenguaje de los españoles y de los que escriben sus -horribles hazañas, infamar todas estas universas naciones para -excusar las violencias, crueldades, robos y matanzas que les -han hecho, y cada dia y hoy les hacen; y por ésto Gomara -dice en su Historia, que la guerra y la gente con armas es el -camino verdadero para quitar los ídolos y los sacrificios, y -otros pecados á los indios, y con ésto, dice él, más fácilmente, -y más presto, y mejor, resciben, y oyen, y creen á los predicadores -y toman el Evangelio y el baptismo de su propio -grado y voluntad. Harto poco sabe Gomara de la predicacion -del Evangelio, y del fructo que en estas partes han hecho las -tiranías y estragos con armas, las cuales han obrado en estas -gentes tanto, que sino son los que Dios ha querido dellas, -contra todo poder y saber humano, por la predicacion de los -buenos religiosos alumbrar, los demas no estiman de nuestro -verdadero Dios, sino que es malo, injusto y abominable, pues -tan inícuos hombres envia á que los aflijan y destruyan con -tan nunca oidos otros tales daños y males. De como esta predicacion -se debe hacer sin armas, véase, por quien quisiere -verlo, en nuestro libro en latin, en los capítulos postreros, 5.º, -6.º y 7.º, con muchos párrafos, cuyo título es, <i>De unico vocationis -modo omnium gentium ad veran religionem</i>, donde cognoscerán -el estado de dañacion eterna en que están los que -procuraren, mandaren ó aconsejaren lo que dice Gomara, -que la predicacion destas naciones se deba de hacer con -guerra y con armas. Dice aquí más Gomara, que Cortés determinó -de quitar los ídolos de aquel pueblo y poner cruces -en aquella isla, despues que vino Jerónimo de Aguilar; pero -ésto es uno de los errores y disparates que muchos han tenido -y hecho en estas partes, porque, sin primero por mucho tiempo<span class="pagenum"><a name="Page_463" id="Page_463">[463]</a></span> -haber á los indios y á cualquiera nacion idólatra doctrinado, -es gran desvarío quitarles los ídolos, lo cual nunca se hace -por voluntad, sino contra de los idólatras, porque ninguno -puede dejar por su voluntad y de buena gana aquello que -tiene de muchos años por Dios, y en la leche mamado, -y autorizado por sus mayores, sin que primero tenga entendido -que aquello que les dan ó en que les conmutan su Dios, -sea verdadero Dios. ¡Mirad qué doctrina les podian dar en -dos, ó en tres, ó en cuatro, ó en diez dias que allí estuvieron, -(y que más estuvieran), del verdadero Dios, y tampoco les -supieran dar para desarraigalles la opinion errónea de sus dioses, -que en yéndose, que se fueron, no tornasen á idolatrar! -Primero se han de raer de los corazones los ídolos, conviene á -saber, el concepto y estima que tienen de ser aquellos Dios -los idólatras, por diuturna y diligente y contina doctrina, y -pintalles en ellos el concepto y verdad del verdadero Dios, y -despues ellos mismos, viendo su engaño y error, han de derrocar -y destruir con sus mismas manos y de toda su voluntad -los ídolos que veneraban por Dios ó por dioses; y así lo enseña -Sant Agustin en el sermon <i>De puero Centurionis de -verbis domini</i>. Pero no fué aqueste el postrero disparate que -en estas Indias, cerca desta materia se ha hecho; poner cruces, -induciendo á los indios á la reverencia dellas, si hay tiempo -para ello, con significacion alguna del fructo que pueden -sacar dello si se lo pueden dar á entender, parece ser bien -hacerse, pero no habiendo tiempo ni lengua, ni sazon, cosa -supérflua é inútil parece, porque pueden pensar los indios que -les dan algun ídolo de aquella figura, que tienen por Dios los -cristianos, y así los harán idolatrar, adorando por Dios aquel -palo; la más cierta y conveniente regla y doctrina que por -estas tierras y otras de infieles, semejantes á éstos, los cristianos -deben dar y tener, cuando van de pasada como estos -iban, y cuando tambien quisieren morar entre ellas, es dalles -muy buen ejemplo de obras virtuosas y cristianas, para que, -como dice nuestro Redentor, viéndolas alaben y den gloria al -Dios y padre de los cristianos, y por ellas juzguen que quien<span class="pagenum"><a name="Page_464" id="Page_464">[464]</a></span> -tales cultores tiene no puede ser sino bueno y verdadero -Dios, como Sant Crisóstomo, sobre las mismas palabras de -nuestro Salvador, dice. De la religion, y ritos, é ídolos que en -ella tenian las gentes desta isla de Cozumel, largamente dijimos -en nuestra Apologética Historia.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_465" id="Page_465">[465]</a></span></p> - -<h2 id="CXVIII">CAPÍTULO CXVIII.</h2></div> - -<p>Antes que vamos más adelante, conviene aquí referir tres -cosas, que cuasi han perdido ya su lugar porque un poco -atrás parece que debieran ser referidas. La una es, que sabidas -las nuevas en Castilla de que Francisco Hernandez habia -descubierto la isla de Cozumel, donde dejamos agora á Hernando -Cortés y á su compañía (y éstas vinieron á Valladolid estando -el rey D. Cárlos para Aragon de partida), luégo el obispo -de Búrgos, D. Juan Rodriguez de Fonseca, procuró, aunque -andaba ya cerca de las cosas destas Indias un poco caido, pero -muerto el Gran Chanciller comenzó un poco á revivir, que -se nombrase por Obispo de la dicha isla de Cozumel un religioso -de Sancto Domingo, llamado fray Julian Garcés confesor -suyo, maestro en teología y notable predicador, y señaladamente -muy latino, tanto, que se dijo el maestro Antonio -de Lebrija, viendo su habilidad y pericia en la lengua latina, -<i>me oportet minui hunc aut crescere</i>: creyóse luégo, descubierta -la dicha isla, en haber hallado edificios de cantería, que debia -ser alguna gran cosa, especialmente por estar junto á la tierra -de Yucatán, que cuasi ambas se pensaban ser una isla. La -segunda es, que como llevó el clérigo Benito Martinez, que -envió Diego Velazquez, las nuevas del mucho oro que Juan -de Grijalva de rescate habia descubierto y traido, de lo cual -llevó por muestra ciertas piezas para el Rey, muy ricas, como -tocamos en el cap. 114, y llevó tambien relacion de la tierra -que habia descubierto adelante de Culuá, estimando tambien -que era isla, pidió al Rey por merced que le diesen el abadía -della, que no salió ménos que ser toda la Nueva España, que -los indios Culuá llamaban y llaman, la que nosotros estimábamos, -ó al ménos el clérigo Benito Martin, que era isla, y<span class="pagenum"><a name="Page_466" id="Page_466">[466]</a></span> -como despues salió ser cosa tan grande, y la isla de Cozumel -tan chica, hallóse burlado el padre maestro fray Julian Garcés -en haber sido hecho de cosa tan poca Obispo, y el padre Benito -Martin con mucho más de lo que habia pensado y pedido. -Anduvo despues sobre ésto mucha controversia; moderóse de -cierta manera, que el padre maestro fray Julian fuese primero -obispo de Tascala, y al clérigo Benito Martin se le hizo cierta -recompensa, no me acuerdo en qué, mas de que, tornando á -la Nueva España por la mar, murió en el camino. Lo tercero -que aquí conviene decir es, que como se sonó el descubrimiento -y riqueza de la tierra que Juan de Grijalva habia corrido, -Francisco de Garay, que gobernaba la isla de Jamáica, -por el almirante D. Diego, de quien hobimos hablado en el -primer libro, y que halló el grano grande de oro, que pesó -3.600 pesos de oro, en compañía de Miguel Diaz, determinó -de enviar á un hidalgo, llamado Diego de Camargo, á descubrir -é continuar el descubrimiento que Grijalva habia hecho, -con uno ó con dos navíos; el cual descubrió la provincia de -Panuco, ó, por mejor decir, comenzó de allí donde Grijalva -se habia tornado, que fué desde Panuco, y anduvo navegando -por la costa cien leguas hácia la Florida, y, finalmente, atribuyó -á su descubrimiento desde la provincia y rio de Panuco, -y, tornado Diego de Camargo á Jamáica, Francisco de Garay -envió á Castilla suplicando al Rey que le hiciese merced de -aquella gobernacion, y que á su costa conquistaria y poblaria -aquellas provincias. Pidió que le diese título de Adelantado y -ciertas leguas de tierra, con jurisdiccion ó sin ella, y otras -mercedes; el Rey se las concedió el año de 519, estando en -Barcelona, electo ya Emperador, para ir á rescibir las primeras -coronas de partida. Este Francisco de Garay fué de los -primeros que con el almirante D. Cristóbal Colon, que descubrió -estas Indias, por criado suyo vino; siempre fué persona -honrada y siempre tuvo muchos indios que le servian, y -así llegó muchas riquezas, ó las que por entónces por muchas -se tenian. Tuvo muchas granjerías, y en especial de ganados, -y estos eran puercos, que por aquel tiempo eran de mucho<span class="pagenum"><a name="Page_467" id="Page_467">[467]</a></span> -provecho; decíase que Francisco de Garay tenia ocupados en -guardar puercos 5.000 indios; llegó á tener muchos dineros. -Fué á Castilla por Procurador desta isla Española para que les -concediese el repartimiento de los indios perpétuos, y alcanzóse -por tres vidas, puesto que á la media de la primera los -tenian todos muertos, como en el libro II se dijo. Desta ida -vino, ó con voluntad del Almirante segundo, D. Diego, ó contra -ella, como Diego Velazquez, por Teniente de gobernador -de Jamáica, donde hizo muchas haciendas, con indios hechas -y de muchas granjerías, y así se hizo muy rico; y porque -habia de pagar, en este mundo ó en el otro, haber sido uno -de los principales que destruyeron las gentes desta isla, permitió -Dios que se metiese en descubrir é querer poblar (lo -que más con verdad se puede y debe decir no ir á poblar, -sino á despoblar, como la perdicion de tan grandes tierras es -asaz testigo), á donde gastase toda su hacienda y riqueza, y -perdiese, como parecerá, la vida. Estos ofrecimientos, que -ofrecian al Rey, de ir á descubrir conquistar y poblar las -tierras y provincias destas Indias á su costa, desque se comenzaron, -han sido causa de grandes despoblaciones, y perdicion -de grandísima parte dellas, y de haber los Reyes de -Castilla inmensos tesoros perdido, y la conciencia, por ventura, -puéstoles en grande peligro; y ésto causó la ceguedad y -error que siempre tuvo el Consejo de las Indias, estimando -que, porque el Papa las concediese á los Reyes para hacer -predicar el Evangelio y convertir las gentes dellas, que luégo -les era lícito enviar gente armada y tomar la posesion dellas -por guerra, como si fuera Túnez, ó Argel, ó Fez, ó otra tierra -de la Berbería; é ignorar la diferencia desto no tiene alguna -excusa ni ante Dios ni ante el mundo, porque no les daba el -Rey de comer por más gentiles hombres, ni por más esforzados -para la guerra, sino por letrados juristas, y por eso, ignorar -el derecho, sin gran culpa suya, no les convenia, y así -son reos, cuanto á Dios y cuanto al Rey, de todos los males -y daños espirituales y temporales, y perdicion de tan infinitas -ánimas, y de infinitos tesoros, que los Reyes tuvieran si ellos<span class="pagenum"><a name="Page_468" id="Page_468">[468]</a></span> -hobieran la verdad del derecho, como eran obligados, sabido. -Pluguiera á Dios que á los Reyes hubiera costado cualquiera -descubrimiento y poblacion, en cualquiera parte destas Indias, -tantos dineros, que hobieran de ayunar sus personas -reales muchos dias, y no admitido á los que á su costa descubrir -é poblarlas se ofrecian, porque otro pelo tuvieran sus -reinos del que tienen y que quizá ternán hasta el dia del juicio. -Ofrecíase un tirano de aquellos, y aún se ofrece hoy, á gastar -20 y 30.000 ducados en el descubrimiento y poblacion, y -áun solian claramente decir en la conquista, de algun reino ó -provincia, los cuales no eran de las viñas y olivares que sus -padres le habian dejado por herencia, sino robados, y de la -destruccion que habian ayudado á hacer en otras tierras dellas -adquiridos, y sabiendo ésto los del Consejo, y teniendo manifiesta -probabilidad, y áun ciencia experimental, que no lo -pedian sino para robar y hacerse ricos, y que para conseguir -aquel fin habian de asolar, y destruir, y despoblar, con gran -infamia é injuria de Dios verdadero, y en impedimento eficacísimo -de la fe, y que no habian de guardar ni cumplir ley, -ni razon, ni limitacion, ni órden que les pusiesen, dejándose -á sabiendas cegar, les daban cuanto pedian; y, dejados aparte -los pecados que contra Dios cometian, y la infamia de su fe y -de su nombre, y los daños irreparables que á estas gentes en -cuerpos y en ánimas hacian, pero áun los deservicios que á -los Reyes hicieron el matalles tantos cuentos de gentes (que á -maravedí que les dieran de servicio, los privaron de las mayores -y más ciertas riquezas que Reyes ni Príncipes jamás en -el mundo poseyeron); y lo que más agravia el pecado y ceguedad -y gravedad de los que para robar y matar, licencia y -autoridad pedian, y de los que se la concedian, aunque en -las instrucciones que les daban les pintaban por cumplimiento -que trabajasen de los tener de paz, por bien, etc., pero parece, -y es cosa de escarnio y barbarísima, que las matanzas -y destrucciones que hacian los tiranos representaban ante el -Consejo por servicios hechos al Rey, y el Consejo por tales -los admitia, y daban armas, insignias y privilegios de bien<span class="pagenum"><a name="Page_469" id="Page_469">[469]</a></span> -servidos. ¿Qué mayor insensibilidad pudo ser otra que aquesta, -no sentir que dándoles insignias, y armas, y privilegios -por las muertes violentas, robos, estragos y tiranías que cometian, -las aprobaban, y, por consiguiente, las hacian propias -suyas, como si ellos mismos las cometieran? Entre otras -mercedes que se les hacian, era comunmente hacellos Adelantados, -y porque se adelantaban en hacer males y daños -tan gravísimos á gentes pacíficas, que ni los habian ofendido, -ni algo les debian con los mismos Adelantamientos que procuraron -hallaban y hallaron su muerte, como la gallina escarbando -el cuchillo.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_470" id="Page_470">[470]</a></span></p> - -<h2 id="CXIX">CAPÍTULO CXIX.</h2></div> - -<p>Tornemos al viaje de Cortés y de su sancta compañía, el -cual, saliendo de la isla de Cozumel con Jerónimo de Aguilar, -muy contento por tener persona que supiese alguna -lengua para entenderse con aquellas gentes, navegó hácia la -tierra de Yucatán y pegado á ella, mandando á los bergantines -que se llegasen más á tierra por si ver hallasen el navío que no -parecia; finalmente, lo hallaron en un puerto metido, de que -los unos y los otros rescibieron grande alegría, porque ambas -á dos partes creian que la otra era perdida. Contaron cierta -cosa de notar los del navío, y fué, que vieron en llegando un -perro andar por la playa ladrando y escarbando en la tierra, -cuasi llamándolos; saltaron en tierra y vínose luégo á ellos -haciéndoles con la cola mil halagos, como si fuera una persona -de razon, y, ésto hecho, váse corriendo al monte y trae -una ó dos liebres ó conejos, cuasi hospedando bien á los -huéspedes: no supe si lo recogieron y llevaron al navío, ni -quién allí le habia dejado de los descubridores de aquella -tierra. Recogido su navío, vánse todos al rio de Grijalva y -provincia ó pueblo de Tabasco, donde habia el Cacique vestido -desde los piés á la cabeza de piezas de oro á Grijalva, -segun se dijo arriba en el cap. 111; surgieron echando anclas -á la boca del rio, porque la entrada es muy baja y combate -el agua de la mar con la del rio: por eso es muy peligrosa, -donde yo tuve alguna vez harto peligro. Dejó Cortés los navíos -grandes á la boca del rio, y entróse para ir á tierra con toda -la más de la gente en los bergantines y bateles, proveidos de -armas y de artillería; desque los indios de la tierra vieron los -muchos navíos y que iba tanta gente á saltar en tierra, salieron -de un pueblo grande que allí tenian con sus armas, arcos<span class="pagenum"><a name="Page_471" id="Page_471">[471]</a></span> -y flechas, para ver quién eran y lo que querian; llegando en -derecho del pueblo vieron que estaba cercado de una cerca -de madera muy alta y muy recia; los indios entran en sus -canoas con sus armas, saliéndoles al camino para impedilles -que no saltasen en tierra. Cortés les hace señal de paz y hace -al Aguilar que les hable en la lengua de Yucatán, que él sabia; -no sabemos si aquella de Tabasco era diversa, y creemos -que no la entendia. Los indios les requerian que no se llegasen -á su pueblo, con sus meneos; Cortés con los suyos, pedia de -comer y agua; ellos mostrábanles el rio, que la tomasen, que -subiesen por ella un poco más arriba, donde era dulce; tornaron -los indios al pueblo y trujéronles ciertas canoas ó barquillos -cargadas de maíz, é pan, y frutas, y gallinas y de lo -que más tenian; dice Cortés que aquello no les bastaba, que -les trujesen mucho más, porque traia mucha gente. Los indios, -desque vieron que ponian denuedo los españoles á querer -entrar en el pueblo, dijéronles que esperasen hasta otro -dia, porque ya era tarde, y que volverian con más comida; -Cortés saltó con su gente en una isleta que hacia el rio, -donde aquella noche estuvieron hasta que fué de dia. Los indios, -temiendo que los españoles habian de entrarles por -fuerza en el pueblo, y que padecerian peligro, toda aquella -noche gastaron en poner en cobro sus alhajas, y mujeres, y -hijos, y aparejarse para resistilles. Cortés tampoco dormia -toda la noche, ántes mandó salir toda la gente de los navíos -y envió algunos que fuesen rio arriba á ver si hallaban vado; -halláronlo no léjos de allí, proveen que vaya gente y pase de -la otra banda, y que se ponga celada en los montes, cuan cerca -del pueblo allegarse pudiesen, y así lo hicieron. Tornaron los -indios en amaneciendo y trujeron más comida, diciendo que -no tenian más ni podian darles más, porque la gente del -pueblo, de miedo dellos, se habia huido, y que tomasen aquello -y se fuesen con Dios de su tierra, ó con quien quisiesen, porque -se escandalizaba toda la tierra en vellos. Y es placer lo -que Gomara dice aquí para justificar las obras que Cortés en -aquel pueblo hizo; dice que respondió Cortés por Aguilar, la<span class="pagenum"><a name="Page_472" id="Page_472">[472]</a></span> -lengua, que si le escuchasen la causa ó razon de su venida -verian cuánto bien y provecho se les seguiria, como, en la -verdad, ni entendian ellos ni Aguilar, como el mismo Gomara -en el cap. 4.º de allí abajo dice, que muchas cosas entre los -nuestros y aquellos indios pasaron, que, como no se entendian -eran mucho para reir. Estas son sus palabras, y arriba, -que hablaba Cortés y decíales con Aguilar, la lengua, ésto -y ésto. Dice más Gomara: «Que replicaron los indios que no -querian consejo de gente que no cognoscian, ni ménos acogerlos -en sus casas, porque les parecian hombres terribles y -mandones (mirad qué mal decian si ésto que dice Gomara es -verdad, pero yo creo que ni ésto ni lo demas entendian, como -él mismo dice allí), demás, que si querian agua, que la cogiesen -del rio, ó hiciesen pozos en tierra, que así hacian ellos -cuando la habian menester»; y que viendo Cortés que era por -demas palabras, díjoles: «Que en ninguna manera podia dejar -de entrar en su pueblo y ver aquella tierra, para tomar y dar -relacion della al mayor señor del mundo que allí le enviaba; -por eso que lo tuviesen por bueno, pues él lo deseaba hacer -por bien, y sino que le encomendaria á su Dios, y á sus manos, -y á las de sus compañeros.» Los indios no decian más de que -se fuesen y no curasen de bravear en tierra ajena, porque en -ninguna manera lo consentirian salir á ella ni entrar en su -pueblo, ántes le avisaban, que si luégo no se iban de allí que -le matarian á él y á cuantos con él iban. Todo esto dice así -formalmente Gomara en la Historia de su amo Cortés. ¿Qué -mayor insipiencia y disparates que dice aquí Gomara, y áun -qué más claras mentiras? Que sean claras mentiras y compostura -de Gomara parece, porque tantas pláticas y tan largas y -particulares no podian pasar entre gentes que no se entendian, -como él confiesa no entenderse, segun queda dicho; que sea -gran insipiencia la suya, tambien se muestra, querer fingir en -para justificacion de la tiranía é injusticia de Cortés, que hizo á -aquellas gentes de aquel pueblo y provincia. Justísimas causas -y perentorias razones en favor de la justicia, de los indios, y -del derecho que tenian para los matar por echallos de su tier<span class="pagenum"><a name="Page_473" id="Page_473">[473]</a></span>ra, -que otra cosa no era sino defender y guardar su república -de gente tan nueva y que con tanta osadía decia que habia de -entrar en ella, y tomar relacion para dar á un gran señor del -mundo á su desplacer, ¿con qué milagros y mansedumbre y -santa vida, y de mucho tiempo experimentada, les probaba -Cortés que tenia derecho de entrar en tierra tan ajena dellos, -y tomar relacion, y darla al mayor señor del mundo? Y tambien -que lo queria hacer y él venia para su bien; ¿qué nacion -del mundo oyera tales palabras, que con mucha razon y justicia -no trabajara y debiera trabajar de hacellos pedazos? Luégo -insipiencia grande fué la de Gomara fingir razones para excusar -y justificar las tiranías de Cortés, que las condenan y abominan -á la clara y que todas las naciones del mundo para contra -él las admitirán y aprobarán, como sean fundadas en la -ley natural; pero, como dije, todas son falsas é imprudentemente -inventadas, sólo es, y parece ser verdad, que los indios -le requiriesen muchas veces que se fuesen de su tierra y los -dejasen en paz, porque de gente tan fiera y tan armada, y que -así porfiaba entrar en su pueblo por fuerza, contra su voluntad, -podian presumir é sospechar y áun tener por muy cierto -que bien ninguno les podia venir, sino muy mucho mal. Dice -más Gomara, que no quiso Cortés no hacer con aquellos bárbaros -todo cumplimiento, segun razon y conforme á lo que los -reyes de Castilla mandan en sus instrucciones, que es requerir -una y dos y muchas veces con la paz á los indios, ántes -de hacelles guerra, ni entrar por fuerzas en sus tierras y lugares, -é así les tornó, dice él, á requerir con la paz y buena -amistad, prometiéndoles buen tratamiento y libertad, y ofreciéndoles -la noticia de cosas tan provechosas para sus cuerpos -y almas, que se ternian por bien aventurados despues de -sabidas, y que si todavía porfiaban en no le acoger ni admitir, -que los apercibia y emplazaba para la tarde, ántes del sol -puesto, porque pensaba, con ayuda de su Dios, dormir en el -pueblo aquella noche, á pesar y daño de los moradores que -rehusaban su buena amistad, y conversacion, y la paz, etc... -Todo ésto dice Gomara, y todo es compuesto y falsedad;<span class="pagenum"><a name="Page_474" id="Page_474">[474]</a></span> -véase la justificacion razonable que tuvieron aquellos requerimientos, -y, por mejor decir, la insipiencia é insensibilidad -de los del Consejo del Rey, que ordenaron que se hiciesen requerimientos -á los indios, que rescibiesen á los españoles, y -si no que les pudiesen guerrear, en el cap. 57 y los siguientes -deste tercer libro, donde asaz largo queda declarado. Del buen -tratamiento y libertad, y paz y buena conversacion, que Cortés -y los otros apóstoles á él semejantes prometian y prometieron, -ó fingieron prometer, esta isla Española y las otras -islas, y cuatro y cinco mil leguas de tierra firme, que hasta -hoy han despoblado, asolado y destruido, como todo el mundo -sabe y clama, son lamentables testigos. La verdad de toda esta -violenta invasion y tirano acometimiento de Cortés en aquella -poblacion grande de Tabasco, que Gomara quiere justificar, -es que sin dilacion, cuanto él más presto pudo, visto que los -indios por señas y meneos les decian que se fuesen de su -tierra, y que no querian que en su pueblo entrasen, pues les -habian dado la comida que les pidieron, combatió el pueblo -con sus tiros de pólvora, que nunca los indios habian oido ni -visto, y así, de miedo, cayeron en tierra, creyendo que -venia fuego del cielo, pero no por eso dejaron de pelear con -mucho ánimo, con aquellas sus flechas harto débiles; entráronlos -por fuerza, como al cabo estubiesen desnudos, y con -las espadas desbarrigaron inmensos. Salen del monte los españoles -que estaban en celada y dan por las espaldas en ellos, -y todos juntos, los españoles, fueron muy pocos los que huyeron, -que no quedaron muertos de los que se hallaron en defensa -del pueblo. Muertos y huidos todos los indios, andan los -españoles á su placer á deshollinar y robar las casas y lo que -en ellas habia, halláronlas llenas de maíz é gallinas y otros -bastimentos; oro, ninguno, de lo que ellos no rescibieron mucho -placer, pero quedaron quietos señores del pueblo.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_475" id="Page_475">[475]</a></span></p> - -<h2 id="CXX">CAPÍTULO CXX.</h2></div> - -<p>De los indios que prendieron envió Cortés algunos para -que fuesen á decir al Cacique, señor dél, y á la otra gente, que -fuesen amigos y que no tuviesen miedo de allí adelante, que -les harian mal, sino buen tractamiento, y que el señor viniese -á él porque le queria decir muchas cosas de su provecho, y -otros disparates y promesas frívolas que les quisiera persuadir, -é que á cualquiera prudente pudieran mover á mayor -odio é ira contra él y ellos, de quien tan grandes injurias é -injusticias y daños habian rescibido. ¡Mirad qué fianzas daban -ó qué seguridad y satisfaccion ofrecian, para que de los daños -padecidos fuesen recompensados y de los que les podian hacer -pudiesen ser seguros, habiéndoles así lastimado y atribulado -tan sin culpa, y ofensa que les hobiesen hecho ni cometido!; -pero el señor y sus capitanes y gente de guerra, ó por mejor -decir guerrilla, como es toda guerra de indios, trabajaron de -apedillar toda la tierra y venir sobre ellos, y no dejar, si pudiesen, -hombre dellos á vida, pero para entretener á los españoles -hasta que se hobiesen allegado todos los que habian -maherido, envió el señor ciertos mensajeros á tratar de paz ó -de treguas, y rogándoles que se contentasen con el mal que -les habian hecho, y que no le quemasen el pueblo; respondió -Cortés así lo haria, pero que les trujesen comida. Vinieron otro -dia con ella, disculpándose que no traian más por estar la -gente desparcida y huida; envió Cortés tres ó cuatro cuadrillas -de españoles por los montes á buscar bastimentos y gente, y si -pudiesen haber al señor ó Cacique. La una llegó á un pueblo -donde hallaron mucha gente de guerra, que debian estar esperando -que se allegase la demas para ir sobre ellos. Vistos los -unos á los otros, comenzaron á pelear, y los indios con tan gran<span class="pagenum"><a name="Page_476" id="Page_476">[476]</a></span> -esfuerzo y denuedo, que hirieron, con sus armas y flechas, y -lanzas de palos con las puntas tostadas, y algunas con algunos -huesos de pescado por casquillos, muchos de los españoles, -hasta que los encerraron en cierta casa, donde los españoles se -defendieron una buena pieza del dia, temiendo que no les prendiesen -fuego que los pudieran quemar vivos; y como la grita -que dan los indios cuando son muchos, que es cosa de grima, -se sonase por los montes, oyéronla los de las otras cuadrillas, -ocurrieron al sonido, y llegaron á tiempo, cuando ya los apretados -tenian perdida la esperanza de vida; llegados, descercáronlos, -y juntos todos, dan muy fieramente en los indios, pero -los indios aunque vieron el socorro de fresco venir sobre -ellos, que serian por todos, los españoles, cerca de 200, no -dejaron de pelear validísimamente aunque morian muchos -dellos. Estando los primeros españoles en la casa metidos, y -en el estrecho que está dicho, ciertos indios de la isla de -Cuba, que con ellos habian ido, fueron á hacer mandado á -Cortés de lo que habian visto; Cortés, oidas tales nuevas, -tomó cierta gente de la que tenia, y llevó algunos tiros de -artillería, y partióse á mucha priesa, porque no era hombre -que se dormia. Cuando llegó venian todos los españoles retrayéndose, -y los indios dando como leones en ellos, de los -cuales muchos herian con las flechas, pero en llegando hizo -soltar algunos tiros de pólvora, y por temor dellos los indios -se retrujeron; Cortés no curó de seguillos, porque andaban -los españoles muy cansados, y muchos dellos mal heridos. -Volviéronse todos al pueblo, no muy alegres; proveyó Cortés -que los españoles heridos se fuesen á los navíos, y mandó -sacar los caballos y la gente que pudo sacarse dellos y toda -su artillería; caminó Cortés con más de 400 españoles y 12 -caballos y su artillería hácia donde habian peleado el dia -pasado, y toparon á infinitos indios, que, como habian sentido -la ventaja que habian llevado aquel dia, venian muy ufanos -en busca dellos. Era toda la tierra llena de acéquias y -arroyuelos, por ser toda de cacaguatales, que son heredades -entre todas aquellas provincias muy preciosas, que son las<span class="pagenum"><a name="Page_477" id="Page_477">[477]</a></span> -almendras de que usan por bebida y por moneda, que han -menester cada hora regarse. Fué á los españoles gran impedimento -para de los caballos ayudarse, y por ésto los indios -pudieron hacer mucho daño á los españoles, y no rescibillo -como entónces lo rescibieran, puesto que desque vieron los -caballos y caballeros fué grande su espanto, creyendo que -hombre y caballo era todo una cosa, y la lanza no ménos, -pero no por eso dejaron de pelear contra ellos aunque se vian -morir á sus piés; y aunque no mataban á los españoles por -ser sus armas tan débiles, hirieron muchos y pusiéronlos en -tanto estrecho que pensaron perecer. Salieron en fin á ciertos -llanos, sin tantos arroyos y acéquias, donde los de caballo -pudieron hacelles daño, los cuales alancearon innumerables, -y díjose que habian muerto en esta entrada sobre -30.000 ánimas; y ésta fué la primera predicacion del Evangelio -que Cortés introdujo en la Nueva España. Y por los merecimientos -suyos y de su compaña, dice Gomara, su criado, que -les apareció Sant Pedro, ó Santiago, encima de un caballo que -hizo en los indios aquel gran estrago; y, lo que más digno es -de confusion inmortal y eterno escarnio, dice Gomara, que -Cortés hizo soltar algunos indios de los presos que fuesen á -decir al señor de la tierra y á todos los demas, que le pesaba -del daño hecho en entrambas partes, por culpa y dureza -dellos, que de su inocencia y comedimiento Dios le era buen -testigo, mas, no obstante todo ésto, él los perdonaba de su -error, si venian luégo ó dentro de dos dias á dar justo descargo -y satisfacion de su malicia, y tratar con él de paz y -amistad, y los otros misterios que les queria declarar, apercibiéndolos -que, si dentro de aquel plazo no viniesen, de entrar -por su tierra dentro, destruyéndola, quemándola, talándola, -y matando cuantos hombres topase, chicos y grandes, armados -y sin armas. Estas son sus formales palabras. Veis aquí conqué -tiene Cortés engañado á todo el mundo, y no sin culpa de -muchos de los que lean su falsa historia, no considerando que -aquellos estaban quietos en sus casas, sin ofensa nuestra ni de -nadie, y que no eran moros ni turcos que nos infestan y mal<span class="pagenum"><a name="Page_478" id="Page_478">[478]</a></span>tratan, -no mirando más del sonido, que mató y que venció, y, -como ellos dicen, conquistó tantas naciones, y robó para sí é -envió tanto oro á España, y llegó á ser Marqués del Valle; y -desta culpa los lectores della no son inmunes, al ménos los que -son letrados. Los desventurados indios, viéndose así tan disipados -y apocados de tanto estrago, todos fueron de parecer que, -porque aquellos hombres eran tan fuertes, y traian tan terribles -armas, y sobre todo aquellos animales que tanto corrian -y alcanzaban, y sobre ellos tan mal los trataban y los -acabarian de asolar, el señor acordó de les enviar ciertos indios -viejos, que debian ser principales, á tratar de paz y seguridad. -Dice Gomara, que vinieron á pedir perdon de lo pasado, -como si de grandes agravios que les hobieran hecho, -porque veais la insensibilidad de Gomara, ó por mejor decir, -el escarnio que de la justicia y de la verdad hace. Rescibiólos -bien Cortés, y dióles cosillas de rescates de Castilla, diciéndoles -por señas, como se podia declarar, que tornasen á -hablar á su señor y lo induciesen á que viniese á verse con él, -y que no tuviese miedo que no rescibiria mal alguno, y otras -señas semejantes; y para más mostrarles seguridad, soltó á -todos los indios que habian preso en la batalla y hizo curar -los que de heridas estaban maltratados. Fué, á lo que se juzgaba, -el señor y muchos principales á ver á Cortés, con mucha -compañía, y á los españoles, con harto dolor de su corazon, -mostrando mucha tristeza y no ménos con temor no los burlasen; -dije, á lo que se juzgaba fué el señor, porque cuasi siempre -los señores de los indios no se muestran ni van á los españoles -cuando no están primero muy seguros, sino que envian un -indio que tenga persona de autoridad, y fingen que aquel es -el señor. Trujeron un buen presente de muchas gallinas, de las -grandes de papada, y pan, y frutas, y cacao, y ciertas joyas de -oro, que pesarian más de 300 castellanos, y 15 ó 20 mujeres, -para que guisasen de comer y hiciesen pan de maíz, que es -lo más trabajoso de hacer, y que sin mujeres no se puede -amasar sino mal y con gran dificultad, para los aplacar, -porque no los acabasen de destruir. Rescibiólos Cortés con<span class="pagenum"><a name="Page_479" id="Page_479">[479]</a></span> -mucha alegría y abrazó al que se decia ser señor, mostrándole -haber mucho placer con su venida, y ofreciéndoles seguridad -y amistad desde adelante todo por señas; porque -ninguna cosa se entendian. Preguntáronle si de aquel oro -habia mucho y si se cogia por aquella tierra; respondieron -que no se cogia por allí, sino en otras partes, señalando con -los meneos, que léjos. Dice aquí Gomara, que quebraron los -ídolos por la doctrina que Cortés les predicó, enseñándoles -los misterios que contenia y se celebraron en la cruz, y lo -que en ella el hijo de Dios padeció, y que por estas exhortaciones -la adoraron, puesta en un templo de sus dioses; añade -Gomara, que dieron la obediencia y vasallaje al rey de España, -en manos de Hernando Cortés, y se declararon por -amigos de españoles, y que aquestos fueron los primeros vasallos -que el Emperador tuvo en la Nueva España. Todas -éstas son falsedades y cosas inventadas por Cortés, ó fingidas -por Gomara, su criado, para lisonjear y vender su tiranía por -servicio grande al Rey y engañar al mundo, como lo tienen -muchos dias há engañado, porque ni los indios los entendian, ni -ellos á los indios, como ya queda probado, y ya que los entendieran, -en siete ú ocho dias que allí estuvieron, ¿cómo les podian -dar á entender los misterios de la Fe, de la Santísima Trinidad -y de la Pasion del Hijo de Dios, que todo se contiene en -el misterio de la Cruz, para que los indios sus ídolos derrocasen? -Porque no son los indios tan fáciles de dejar sus ídolos, -cuya religion, reverencia, devocion y culto, tienen de -tantos años atrás en los corazones arraigado, por diez palabras -que Cortés les dijese mascadas y mal pronunciadas, mayormente, -aborreciendo á él y á ellos como á capitales enemigos -de quien habian ayer rescibido tan irreparables daños, -y temiendo que del todo no los acabasen. Y de aquí se -puede inferir la otra falsedad que Gomara dice, que dieron la -obediencia y vasallaje al rey de España en manos de Cortés; -falsísimo es y gran maldad, y ésta es la justicia y título y derecho -con que Cortés hizo la primera guerra y celebró su -apostólica entrada en la Nueva España: y argumento y testi<span class="pagenum"><a name="Page_480" id="Page_480">[480]</a></span>monio -claro, de que luégo, en llegando á Tabasco, Cortés y -su compañía sancta, hicieron tales obras de que los indios se -resabiaron, es que pocos meses habia que allí rescibieron á -Grijalva y á los españoles, con tanta gracia, liberalidad y -humano hospedaje, que lo vistieron y cubrieron de oro desde -los piés hasta la cabeza, como queda en el cap. 109, asaz -declarado. Y ésto debe bastar, para que quien lo leyere no -dude haber Cortés entrado en aquellos reinos como muy señalado -tirano, puesto que por el discurso desta Historia, quedará -esta verdad muy más y mejor averiguada.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_481" id="Page_481">[481]</a></span></p> - -<h2 id="CXXI">CAPÍTULO CXXI.</h2></div> - -<p>Dejado Tabasco de la dicha manera lastimado, aunque por -fuerza y por miedo reconciliado, partióse Cortés con su armada -la costa de la mar adelante, hácia el Poniente ó parte -occidental, y fué á parar á la isla del Sacrificio, que puso -nombre Grijalva, donde halló un abrigo de puerto, no muy -bueno, y tampoco muy malo, el que agora se llama el puerto -de la Vera Cruz, y la isleta Sant Juan de Ulúa; y porque -parecia mucha gente por toda la costa, y no tenga puerta, y -ser brava y peligrosa, hizo Cortés allí echar todas las anclas. -Los indios, como Grijalva los habia dejado de paz y contentos, -por los rescates y conmutaciones que con ellos tuvo, -dándoles agujas, y alfileres, y cascabeles, y cuentas por oro, -luégo vinieron dos canoas llenas de gente á ver qué querian -ó qué gente era, Cortés los rescibió con gran placer, y todos -los españoles hicieron gran regocijo, y por señas, porque -ninguna cosa los unos de los otros entendian, mostráronles -oro, dándoles á entender que lo amaban, y que si lo trujesen -que se lo trocarian. Tornáronse á tierra, segun parecia, muy -alegres, y otro dia vinieron muchas canoas con gente y cargadas -de bastimentos, pan y gallinas, y frutas, en especial -potajes guisados de aves y venados, y otras cosas que los -nuestros no cognoscian mas de hallallas sabrosas, que sin escrúpulo -ni temor las comian. Trujeron muchas piezas de oro, -moscadores y rodelas, y otras cosas muy ricas de pluma, que -rescataron por de las de Castilla, y por la comida les recompensaron -con cascabeles, cuentas de diversas colores, agujas, -alfileres, espejuelos, cuchillos y tijeras, con que se reputaban -haber engañado á los españoles y quedar muy ricos. Tornados -muy alegres á sus pueblos, daban nuevas de haber venido<span class="pagenum"><a name="Page_482" id="Page_482">[482]</a></span> -cierta gente como la pasada, de quien por poco precio, como -era el oro, les daban de aquellas cosas tan ricas, y así acudia -infinita gente, porque á cuatro y cinco leguas, y diez, de la -costa de la mar, habia grandes y muy grandes pueblos; pero -aún no habia llegado la nueva de las obras que dejaban hechas -en Tabasco los nuestros, porque si lo hobieran oido, de -creer es que más se recataran éstos dellos. Visto Cortés bullir -tanta gente, y las muestras del oro que traian prometer grandes -riquezas, como en la verdad las habia, entendió presto la -felicidad, y grandeza, y poblacion de la tierra; determinóse á -no pasar de allí, sino sacar todo su poder á tierra y penetrar -lo que en ella habia. Desembarcó toda el artillería, los caballos -y armas, y todo cuanto habia en los navíos, y en el mejor -lugar que le pareció hizo allí cerca de la mar su asiento, luégo -los indios que llevó de la isla de Cuba, y los pocos negros, -hacen de palos, y varas, y hierbas, las chozas que para el -Real fueron menester. Tenia el Rey de la ciudad de Méjico, -que Moteczuma se llamaba, por aquella tierra guarniciones y -gente de guerra, y un Gobernador ó Capitan general sobre -toda ella: éste vino con mucha gente acompañado, y muchos -principales entre ellos, todos los más bien vestidos de ciertas -mantas de algodon, pintadas de colores, unas mejores que -otras, segun la dignidad de las personas; trujo muchos indios -cargados de comida, pan y carne de venado, y pescado, y -frutas. Dió el capitan á Cortés muchas joyas de diversa hechura, -de oro, con maravillosas cosas hechas de pluma. Cortés le -hizo grandes gracias por señas y meneos, y le dió en reagradecimiento -una camisa labrada y muchas sartas de cuentas, -como collares, bien hechas, y otras muchas cosillas de Castilla -de las dichas. Mandó aquel Gobernador venir luégo de -los pueblos cercanos muchas mujeres con su aderezo para -hacer pan de maíz, que son unas piedras, y dejó más de 1.000 -hombres, que hicieron allí cerca sus chozas, para servir á los -españoles, y otros, más de 1.000, que los proveyesen de los -pueblos comarcanos de bastimentos, y así estuvo el Real de -Cortés más y mejor bastecido que si fueran en sus casas, que<span class="pagenum"><a name="Page_483" id="Page_483">[483]</a></span> -tenian en Cuba. Hizo Cortés hacer alarde y escaramuzar los -de á caballo y tirar los tiros, de que los indios quedaron asombrados -y como atónitos de vello. Luégo, muchos oficiales pintores, -por mandado de aquel Gobernador, pintaron á los españoles -y á los caballos, y á los tiros de pólvora y ballestas, -y á las espadas y lanzas, y todas las otras armas, y no ménos -á los navíos, al propio, como si toda su vida lo hobieran -hecho, y contaron el número cuántos eran, sin que los españoles -lo sintiesen, y despachó el Gobernador sus postas de -indios corriendo á la ciudad de Méjico, que desde allí hay 70 -leguas, á dar relacion al rey Moteczuma de todo lo que habian -visto; el cual, dentro de veinticuatro horas, tuvo noticia de -todo ello, y así la tenia de todas la cosas que los españoles -hicieron. Hallóse una india, que despues se llamó Marina, y -los indios la llamaban Malinche, de las 20 que presentaron -á Cortés en la provincia de Tabasco, que sabia la lengua mejicana, -porque habia sido, segun dijo ella, hurtada de su tierra -de hácia Xalisco, de esa parte de Méjico que es al Poniente, y -vendida de mano en mano hasta Tabasco; ésta sabia ya la -lengua de Tabasco, y aunque aquella lengua era diversa de -la de Yucatán, donde Aguilar habia estado, todavía entendia -algunos vocablos. Visto Cortés que la india entendia los mejicanos, -dióla á Aguilar, que comunicase mucho con ella, tratando -de hablar y aprender vocablos para que se entendiesen -y pudiese por medio della entender los secretos de la tierra, -y poder dar noticia á los indios de lo que deseaba. Con esta -india comenzó á hablar con el Gobernador de aquella provincia; -Cortés hablaba á Aguilar, y Aguilar decia á la india, -segun él podia declarar por algunos vocablos, puesto que con -mucha falta, dello por palabras, dello por señas y meneos, -con que los indios mucho más que otras generaciones se entienden -y se dan á entender, por tener muy vivos los sentidos -exteriores y tambien los interiores, mayormente que es -admirable su imaginacion. Finalmente, bien ó mal, díjole: -«Que él y aquellos cristianos venian del otro mundo, muy -léjos, dese cabo de la mar y que lo enviaba un gran Rey, su<span class="pagenum"><a name="Page_484" id="Page_484">[484]</a></span> -señor, para ver aquellas tierras y á buscar de aquel metal que -relucia, y á dalles de sus cosas de Castilla, que eran muy -preciosas.» Y, á lo que yo creo, poco se pudieron entender por -entónces del señorío, que algunos dicen que Cortés dijo y encareció -al Gobernador, de los reyes de Castilla, ni del que -pudo el Gobernador engrandecer de su señor y rey Moteczuma, -sino aquello que por señas bien se podia entender, como -era el ansia que mostraban de haber oro. Algunas ficciones -pone por aquí Gomara, que parecen desvaríos, como decir -«que le enviaba el Emperador, mayor señor del mundo, para -visitarlo de su parte y decirle algunas cosas en secreto que -traia por escrito, y que él y sus compañeros tenian mal de -corazon, y que el oro era la medicina para lo curar, que enviase -á decir al rey Moteczuma les enviase dello.» Todas estas -son ficciones que ellas mismas se manifiestan ser lo que son, y -la verdad que contienen, con lo demas cuanto se atraviesa -decir en favor de Cortés, y excusa de lo que obró, porque ni -lo entendian ni podian entender, sino cuando mucho dos palabras, -<i>daca</i> y <i>toma</i>, y lo más era por señas, mostrándoles oro -y las cosas de Castilla que les ofrecian por ello dar, y bastaba -la aficion que manifestaban tener al oro. Luégo que -Moteczuma vido las pinturas que le llevaron los mensajeros, -y oido lo que habian visto que le dijeron, quedaron admirados -de los caballos y tiros de pólvora, y las armas y lo demas, -y temiendo que de gente tan proveida y feroz no le podia -suceder sino mal, cognoscido que su venida era por oro, -luégo á mucha priesa mandó sacar de sus riquezas y tesoros -(grandes cierto y nunca otros se cree ántes de éstos -haberse visto ni oido), un presente de cosas tan ricas y por -tal artificio hechas y labradas, que parecia ser sueño y no artificiadas -por manos de hombres. Estas fueron diversidad de -camisetas, y unas telas de algodon delicadísimas y de muchas -colores, para vestiduras de las que ellos usaban vestirse, entregeridas -con plumas de aves muy delicadas y de diversas -colores; un casquete, creo que de madera, muy sotil, cubierto -de granos de oro por fundir; un capacete de planchas de<span class="pagenum"><a name="Page_485" id="Page_485">[485]</a></span> -oro y campanillas colgadas, y por encima unas piedras como -esmeraldas; muchas rodelas hechas de ciertas varas delgadas -muy blancas, entregeridas con plumas y con unas patenas -de oro, y de plata otras, y algunas perlas menudas, como -aljófar, que no se puede expresar por escrito su artificio, ni -su lindeza, riqueza y hermosura; ciertos penachos de diversas -plumas y colores, grandes, con los cabos de argentería, de -oro, colgando; amoscadores de plumas muy ricas, con mil -lindezas de oro y plata, y por maravilloso artificio hechos; brazaletes -y otras armaduras de oro y plata, que debian usar en -sus guerras, de tal manera, con sus plumas verdes y amarillas, -entrepuestas y cueros de venados muy adobados y colorados, -que no se puede bien su hechura y hermosura expresar; alpargates -de cueros de venado muy adobado, cosidos con hilo -de oro, y por suelas una piedra blanca y azul, cosa preciosa, -muy delgada, sobre suela muy delicada de algodon; espejos -hechos de margasita, que es un metal hermosísimo como plata -muy resplandeciente, y éstos, grandes como un puño, redondos, -como una pelota, engastonados en oro, que dejado el valor -del oro, sólo la hechura y hermosura suya se pudiera vender -muy cara, los cuales se pudieran á cualquier señor y Rey -grande por cosa digna presentar; muchas mantas y cortinas -para camas, delgadísimas, de algodon, que parecia ser más -ricas que si fueran de seda, y de diversas colores; muchas piezas -de oro y plata; un collar de oro, que tenia más de cien esmeraldas, -y muchos más rubíes, ó que lo parecian, colgaban -muchas campanillas de oro; otro con muchas esmeraldas y -ciertas perlas ricas y la hechura admirable; otras piececitas -de oro, como ranas y animalicos, y joyas, como medallas, -chicas y grandes, que solas las manos, como dicen, ó el primor -del artificio dellas valian más que el oro y plata, y mucho -más; muchos granos de oro por fundir, como se saca de -las minas, como garbanzos y mayores. Sobre todo ésto, envióle -dos ruedas, la una de oro, esculpida en ella la figura del -sol, con sus rayos y follajes, y ciertos animales allí señalados, -creo que pesaba mas de cien marcos; la otra era de plata,<span class="pagenum"><a name="Page_486" id="Page_486">[486]</a></span> -con la figura de la luna, de la misma manera que el sol labrada, -de cincuenta y tantos marcos, ternia de gordor como un -toston de á 4 reales, macizas todas, muy poco ménos tenian -en redondo que una rueda de carreta cada una. Estas ruedas -eran, cierto, cosas de ver, yo las vide con todo lo demas, el -año de 520, en Valladolid, el dia que las vido el Emperador, -porque entónces llegaron allí enviadas por Cortés, como abajo, -placiendo á Dios, se verá; quedaron todos los que vieron -aquestas cosas tan ricas y tan bien artificiadas y hermosísimas, -como de cosas nunca vistas y oidas, mayormente no habiéndose -hasta entónces visto en estas Indias, en gran manera -como suspensos y admirados. Dijeron los indios que aqueste -presente y dones enviaba Moteczuma á los que allí habian -venido los dias pasados, que eran Juan de Grijalva y su compañía, -sino que cuando llegaron con ello á la mar eran ya -partidos. Valdria el oro y la plata que allí habia 20 ó 25.000 -castellanos, pero la hermosura dellas y la hechura, mucho más -valia de otro tanto. Dióse priesa Moteczuma en enviar respuesta -y aquellos dones á los españoles; mandó á su Gobernador que -les dijese que se fuesen, creyendo que eran niños que fácilmente -se contentaban, porque se tornasen á su tierra y saliesen -de la suya, y teníalo mal pensado, porque cuanto más -oro les enviara, como despues les envió siempre diciéndoles -que se fuesen, fuera como fué mayor cebo para que fueran, -como fueron, á sacárselo de las entrañas. Desta priesa de -echarlos era la causa porque tenia por cierto, segun sus profetas -ó agoreros le habian certificado, que su estado, y riquezas, -y prosperidad habia de perecer dentro de pocos años, -por cierta gente que habia de venir en sus dias, que de su -felicidad lo derrocase, y por ésto vivia siempre con temor, y -en tristeza, y sobresaltado, y así lo significaba su nombre, -porque Moteczuma quiere decir, en aquella lengua, hombre -triste y enojado. Tambien significa hombre grave y de grande -autoridad, y que es temido, todo lo cual en él se hallaba.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_487" id="Page_487">[487]</a></span></p> - -<h2 id="CXXII">CAPÍTULO CXXII.</h2></div> - -<p>Dado el presente de las cosas susodichas por el Gobernador, -en nombre del rey Moteczuma, su señor, con las más -ofertas que pudo ofrecerles de comida y bastimentos para su -tornaviaje, díjoles por señas y palabras, que lo podian entender, -que se volviesen á su tierra en buena hora, pues ya -para tornarse no les faltaba nada, y en todo este tiempo -nunca les faltó abundancia de comida de venados, y pescado, -pan, y frutas, y maíz, y hierba para los caballos, y gente -hombres y mujeres que los sirviesen, tanto que ellos todos -estaban admirados. Pero Cortés, cuyos pensamientos, cudicia -y ambicion iban más adelante, dióle á entender que deseaba -mucho ir á ver al rey Moteczuma, y hablalle, y dióle ciertas -cosas de vestir, como camisas bien labradas, y un sayo de -seda, y gorra, y calzas, y collares hechos de cuentas de diversas -colores, y otras cosas de las mejores que llevaba para -que le enviase. El Gobernador las rescibió, aunque no con -mucho placer, porque todo aquello era estiércol para quien -tanta magestad y señorío tenia, y de todas las riquezas que -se podian en el mundo, por hombre que carecia de cognoscimiento -de Dios, desear, tanta abundancia. Envió aquella -ropa el Gobernador á Moteczuma no de muy buena gana, -por las malas nuevas que le enviaba, de que Cortés y su -gente no querian tornarse sino pasar adelante. A cabo de seis -ó siete dias, tornaron los mensajeros que habian llevado el -sayo y lo demas, y vinieron cargados de muchas mantas muy -ricas, de algodon y de pluma, y algunas joyas de oro y de -plata, para que las diesen á Cortés, pues tanta ánsia tenia de -aquellos metales, mandando al Gobernador que con toda diligencia -les dijese que se fuesen de su tierra y que bastase el<span class="pagenum"><a name="Page_488" id="Page_488">[488]</a></span> -buen acogimiento que le habia hecho, y provisiones que con -tanta abundancia les habia mandado dar, y que si no se fuesen -que no les diese más y los dejase. Lo cual dijo por palabras y -señas el Gobernador á Cortés, á la clara, despues que el presente -le hobo dado, conviene saber: «Que decia su señor Moteczuma, -que si otra cosa queria más de las que le habia dado, -que, teniéndola, se la daria, pero que luégo se fuesen él y su -compaña.» Cortés le dió á entender, que todavía queria ir á -verlo, el Gobernador respondió: «Que no lo habia de hacer, -porque su señor así lo mandaba.» Quedando así desconcertados, -el Gobernador se fué y dejó mandado que toda la -gente de indios, hombres y mujeres, que allí estaban sirviendo -á ellos y á sus caballos, y trayéndoles la comida con tanta -suficiencia que sobraba, en viniendo la noche se fuesen -y ninguno quedase. Hiciéronlo así, é á la mañana halláronse -todos los muchos ranchos que allí habian hecho los indios, -donde se cogian en tanto que aquel servicio y proveimiento -duraba, despoblados. Visto ésto, Cortés comenzó á proveer su -quedada por otra arte; despachó un navío de los pequeños, -la costa abajo, para que buscase algun mejor puerto, porque -parecia estar en peligro allí los navíos sí viniese algun temporal, -y tambien algun buen asiento para donde poblasen; y -porque temió por la huida de los indios, que les proveian -que quizá vernian sobre ellos algun ejército de Moteczuma, -haciéndoles guerra para de la tierra echallos, mandó meter -todos los bastimentos y cosas que no eran para pelear en los -navíos, porque con la priesa no se perdiese algo. Volvió el -navío sin hallar puerto más de un peñon que entraba en la -mar algo, donde podia haber para los navíos algun abrigo ó -mamparo, que estaba de allí hasta siete ú ocho leguas; mandó -ir allá todos los navíos, y él con 400 hombres y los 15 caballos -acordó ir á la tierra dentro, y descubrir si habia gente -de guerra, y los pueblos que por ella hallase, y, como no se -meneaba que no tuviese mil espías, sintiendo los pueblos -que se movia para entrar por la tierra, todos huyeron, dejando -todas sus casas desmamparadas, llevando á cuestas lo<span class="pagenum"><a name="Page_489" id="Page_489">[489]</a></span> -que podian y con priesa llevar. Llegó á un pueblo que hallaron -vacío de gente, pero harto lleno de bastimentos y ropas -de algodon, y cosas hechas de pluma, muy hermosas, y algun -oro y plata; las casas eran parte de piedra y parte de adobes, -y cubiertas de paja, pero muy buenos aposentos. Cortés -mandó á todos sus compañeros que ninguno tomase cosa de -lo que allí habia, porque la gente no se agraviase y escandalizase, -y no los pusiesen en mayor odio del que parecia que á -tenerles comenzaban por no tornarse por donde habian venido. -Lo mismo hallaron en otros pueblos que en torno de cinco ó -seis leguas hallaron, conviene á saber, vacíos de gente y -llenos de comida y alhajas, y, sin tocar en ellos, se tornaron -por la misma causa; y porque luégo, á cabo de dos ó tres -dias, y mayormente de diez ó doce, que en ésto tardó Cortés -despues de llegado, por toda la tierra se supo su llegada, y -áun de seis horas, porque los indios con tales novedades, y -en especial, ésta de dar aviso no se tardan, el Rey de la -ciudad de Cempoal, que de allí por siete ú ocho leguas distaba, -envió ciertas espías disimuladas, hasta 15 ó 16 hombres -muy bien dispuestos, para ver qué gente era y que viesen su -manera y sus tractos, y quizá si eran los dioses que muchos -dias habia que sus profetas y adivinos ó hechiceros les -habian denunciado haber de venir de hácia donde el sol sale. -Díjose que Cortés barruntó, ó por ventura lo fingió, porque -segun su astucia bien lo podia fingir, aunque poco le podia -excusar su tiranía, que aquellos indios le dijeron que -Moteczuma, rey de Méjico, habia hecho tributario al Rey -de aquella ciudad, Cempoal, de donde aquellos habian venido, -por violencia y tiranía, y que por aquella vía tenia -subjetos otros muchos señores y señoríos, y le tributaban. -Y dice Gomara cerca deste punto muchas vanidades y -algunas falsedades, para colorar las obras que por aquellas -tierras hizo su amo Cortés, como siempre hizo, como decir -que con Marina ó Malinche les preguntó por los señores que por -aquella tierra habia, y otras muchas cosas que por no experto -intérprete y que apénas sabia hablar en vocablos de aquella<span class="pagenum"><a name="Page_490" id="Page_490">[490]</a></span> -lengua comunes, como <i>daca pan</i>, <i>daca de comer</i>, y <i>toma ésto -por ello</i>, y todo lo demas por señas, no se sufria; y dice asimismo, -que Cortés se holgó de hallar en aquella tierra unos -señores enemigos de otros, para poder efectuar mejor su propósito -y pensamientos. Que fingiese aquesto, conviene á saber, -que habia señores enemigos de otros, ó que verdad -fuese, pensamientos y deseos y fin de propio tirano eran, porque -fingia ó hallaba oportunidad en las discordias de aquellos -para mejor poder subjuzgar los unos y los otros tiránicamente, -como lo hizo. Ser tirano, y con mala consciencia desear y -poner por obra lo dicho, parece manifiestamente, porque -todo tirano, como carezcan de razon, de derecho y de justicia, -segun el Filósofo en el libro V de la Política, cap. 11, -huélganse de las discordias, si las tienen los que quieren tiranizar, -y si no las tienen procuran que las tengan, porque -estén divididos, y así más fácilmente subjuzguen los unos y los -otros; saben que si todos fuesen juntos y conformes, con más -dificultad, y á las veces nunca, podrian subjetar ni tiranizar -á ningunos, y si por algun tiempo pudiesen prevalescer no -duraria tanto su tiránico señorío. Por aquesta misma vía Pompeyo, -aquel Capitan romano, siendo enviado por el pueblo -romano contra Tigrano, rey de Armenia, Oscauro, gobernador -de Siria, como entendiese que habia bandos y disensiones -entre dos parcialidades, cuyas cabezas eran Aristobulo -y Hircano, hermanos, pretendiendo cada uno sólo -reinar en Hierusalem, cognosció ser tiempo aparejado para -invadir la ciudad, y por fuerza de armas entralla y tiránicamente -subjetalla y hacella tributaria del Imperio romano, -y así lo hizo, y desde entónces, y por aquella vía injusta -y tiránica, Judea y sus habitadores, los judios, perdieron -su libertad: <i>Pompejus missus á Romanis, contra Tygratem -regem Armeniæ et Iscaurum miserunt præsidem Syriæ; qui, cum -audisset dissenssiones fratrum in Judea, ratus tempus esse quo -de facili Judæam poneret sub tributo, in manu valida fines intravit -Judeæ</i>. Así lo testifican Josepho, en el libro de las Antigüedades -judáicas, Paulo Orosio, libro VI, cap. 6.º <i>De Or<span class="pagenum"><a name="Page_491" id="Page_491">[491]</a></span>mesta -mundi</i>, y Pedro Comestor en la Historia Escolástica, en -el libro II, de los Machabeos, cap. 7.º, y otros historiadores. -Desta manera y por esta causa, Cortés se holgó mucho de que -hobiese bandos y disensiones entre los señores de aquella -tierra, para tener color de engañar al mundo, diciendo que -ayudaba á los unos contra los otros, como si hobiera oido á -las partes, siendo juez competente, y determinara quién tenia -la justicia en juicio contradictorio, y no pecara mortalmente -ayudando á cualquiera de las partes, sin saber primero si tenia -justicia la parte á quien ayudaba, porque claro está que -podian y pudieron mentir los indios de Cempoal, diciendo -que Moteczuma los tenia por fuerza de armas, subjuzgados y -hechos tributarios, y que justamente pudo tenellos por súbditos -y vasallos; luégo ayudando á la una parte, poníase en peligro -de dañificar contra justicia á la otra parte; luégo duda -ninguna hay en que pecase mortalmente Cortés y los suyos, -y fuesen obligados á restitucion de todos los daños que rescibia -la parte agraviada, y si acaso ayudaba á la que tenia justicia, -no por eso al ménos evitaba el pecado. Todo ésto cometió -el Cortés y los que le acompañaron en la provincia de -Tlascala, como aparecerá cuando della hablaremos, pero, en -la verdad, destos escrupulos Cortés poco curaba, con que hallase -caminos y ayudas y colores para conseguir lo que por -fin buscaba, que era subjuzgar y tiranizar y robar unos y -otros, chicos y grandes, justos é injustos, si algunos habia injustos -poseedores, de lo cual él no era juez ni podia <i>de jure</i> ni -<i>de facto</i> determinallo, ántes era obligado á presumir que cada -uno de aquellos señores era justo dueño y señor de la posesion -en que los hallaba, pues el derecho y la razon lo presume; -y aunque alguno se quejase del otro, no por eso luégo -le habia de creer que tuviese de su querella justa causa. Aun -si Cortés hiciera con los de Cempoal, si con verdad fueran del -rey Moteczuma contra justicia subjuzgados y opresos, y ésto -le constara por legítima probanza de que no debiera dudar, -lo que Tito Quincio, Capitan del pueblo romano, con los de -Corinthio y otros pueblos y ciudades de Grecia, que teniéndo<span class="pagenum"><a name="Page_492" id="Page_492">[492]</a></span>las -Philipo, rey de Macedonia, fatigadas y opresas, vencido -por Tito, Philipo y sus macedones, creyendo aquellos pueblos -de Grecia que habian de vivir en servidumbre de los romanos, -mandó Tito apregonar, estando gran multitud de gente presente, -que el pueblo romano, y Tito en su nombre, otorgaba -libertad, como de ántes la tenian, á lo Corinthios, Locros, -Phocenses, Euboicos, Acheos, Phthiotas, Magnesios, Thesalos -y Perthrebos, el cual pregon oido y entendido, va la multitud -corriendo á besar las manos y dar gracias á Tito, clamando y -diciendo, «Tito es hoy el salvador y defensor de Grecia»; y fué -tan grande el estruendo de placer, y voz tan sonorosa de la -multitud y fuerte el alharido, que como si fuera saeta rompió -el aire, y los cuervos que volaban por él cayeron sobre -ellos y en tierra faltándoles sobre que estribar. Desta manera -lo cuenta Plutarco en la vida del mismo Tito; y si así lo hiciera -Cortés con los cempoalenses, y si fuera verdad estar injustamente -á Moteczuma subjetos, perdida su libertad, pudiéransele -deber con razon las gracias y nombre de salvador y defensor -dellos, pero hízolo por el contrario, privando á los de -Cempoal y tambien al gran Rey y señor dellos y de otros -muchos, Moteczuma, de todos sus señoríos, de todo su honor, -de las vidas, y no sólo de su libertad, como dello se gloría y -escribe Gomara, su criado y su historiador y todo el mundo -sabe: y que de aquí se siga debérsele nombre de puro tirano -y usurpador de reinos ajenos, y matador y destruidor de innumerables -naciones, júzguelo cualquiera hombre prudente, -mayormente si es cristiano, y esta historia con verdad lo irá más -declarando. Llegó finalmente Cortés con su gente cerca de la -ciudad de Cempoal, muy grande, de más de 20 ó 30.000 vecinos, -toda de grandes edificios de cal y canto, y en cada casa -su huerta, con su agua de pié, que toda ella era un vergel y -un Paraíso terrenal. Envió tres ó cuatro de á caballo, á boca -de noche que viesen la ciudad, y porque los suelos de los patios -hacen los indios de argamasa teñidos con almagra y broñidos, -que parecen como una taza de plata, y con los rayos de -las estrellas lucian y relumbraban, creyeron que los suelos<span class="pagenum"><a name="Page_493" id="Page_493">[493]</a></span> -estaban cubiertos de chapas de oro ó de plata, y vuelven corriendo -á Cortés, afirmando que toda la ciudad era oro y plata. -Entran en ella; sale el mundo de gente á rescibillos, y ciertos -señores ó personas principales, que metieron al Cortés y cristianos -por la ciudad, hasta llegar á los palacios reales, á donde -salió el Rey muy acompañado de viejos, personas de autoridad, -y habláronse el uno al otro sin entenderse palabra; mandólos -aposentar en unos aposentos muy grandes, donde todos -cupieron, y fueron bastecidos y servidos de muchas gentes que -dello tenian cargo, como si cada uno fuera su padre. Estuvieron -allí quince dias, muy á su descanso, dentro de los cuales -dice Gomara que se quejó á Cortés del rey Moteczuma que lo -tenia tiranizado, pero como está dicho, todo se ha de tener por -artificio de Cortés y gran maldad, y que el mismo Cortés los -debia de alborotar y meter cizañas, y decir que no acudiesen -con los tributos á Moteczuma, y ellos, por miedo de los tiros -de pólvora y de los caballos, no osaban hacer cosa en contrario, -habiendo entendido los estragos que habian hecho en Tabasco. -¿Y con qué consciencia pudo Cortés persuadir y áun -mandar que los tributos á Moteczuma no se pagasen? ¿habia -examinado la causa, y era juez competente para lo averiguar -y sentenciar? ¡pero como á ésto sólo fué el triste obligado!</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_494" id="Page_494">[494]</a></span></p> - -<h2 id="CXXIII">CAPÍTULO CXXIII.</h2></div> - -<p>Conociendo, pues, Cortés la grandeza, y riqueza, y señorío -que lo que hasta entónces habia visto de aquella tierra le -prometia, y como todo en lo que ponia la mano se le hacia -segun su deseo, acordó de asegurar el estado usurpado, en que -tan infielmente contra su señor, Diego Velazquez, se habia -puesto, y proseguir sus intentos comenzados por aquel camino -que más seguro estimaba, segun via serle posible. Antes -que se alzase con él armada y saliese de la isla de Cuba, tenia -ganados algunos amigos, despues de salido, en los puertos y -lugares donde surgia con la flota, hasta llegado aquí donde -le tenemos referido, fué ganando de secreto muchos más cada -dia, y con los de quien más se fiaba trató un muy desvergonzado -artificio, aunque su ambicion y cudicia no le dejó ver -cuán claramente y no por ambajes su maldad descubria; ésto -fué, que negoció con aquellos que persuadiesen á los demas -que lo eligiesen todos por Gobernador de aquella, renunciando -él primero en sus manos dellos el cargo de Capitan -que traia, para que del todo se desobligasen de acudir á -Diego Velazquez ni rescibir mandato ni cosa suya, lo cual -forjó por esta vía: que él, como Capitan general, nombraria -Cabildo de una villa que allí poblasen, alcaldes y regidores -y otros oficiales que para regimiento della nombrar conviniese; -despues de señalados los alcaldes y Cabildo, como en -personas ya públicas, y que estaban por el Rey, él renunciaria -la Capitanía, y ellos, todos de comun consentimiento, por -Gobernador lo eligiesen en nombre del rey de Castilla, etc. -Hízose así, como lo tuviese bien mañeado y estuviese seguro<span class="pagenum"><a name="Page_495" id="Page_495">[495]</a></span> -que lo habian de elegir. Nombró por alcaldes á un Alonso -Puerto Carrero, de su misma tierra, que era Medellin, é á un -Francisco de Montejo, natural de Salamanca, ambos de un -jaez con él y no de mucho peso; constituyó regidores, escribano -y los demas oficios. ¡Mirad qué jurisdiccion tenia, viniendo -alzado con el armada y contra voluntad de cúya era, -y que se la queria quitar sino se alzara con ella, y qué jurisdiccion -pudo dar á los alcaldes y los alcaldes tener, y qué -autoridad al escribano para que diese fe, y qué valor y entidad -pudieron tener todos los actos y obras que hacen los verdaderos -tiranos! Así que, constituidos todos los oficiales como -dicho es, y puesto nombre á la villa, que fué la Villa Rica de la -Vera Cruz, hace luégo delante los alcaldes y ante el escribano -dejacion del oficio de Capitan, diciendo: que por cuanto él -habia venido con poder de Diego Velazquez, teniente del Almirante -en la isla de Cuba y de los frailes Hierónimos que en -esta isla Española gobernaban, para descubrir por aquella -costa y en busca de Juan de Grijalva, y que de los dichos ninguno -en aquella tierra tenia jurisdiccion, renunciaba aquel -oficio en sus manos como en manos y ante la justicia Real, y -pidiólo por testimonio. Rescibieron su renunciacion los alcaldes -y diósele por testimonio, como lo pidió, y luégo entran -en su Cabildo y tractan de nombrallo y elegillo por Capitan -general, Alcalde mayor y Gobernador en nombre del Rey, -hasta tanto que el Rey proveyese otra cosa. Determinado, -como ya de dias lo habian platicado y definido con él, de lo -nombrar y elegir para los oficios dichos, llámanlo al Cabildo -y hacen una plática larga que contenia lo mucho que iba á -Dios y al Rey en que hobiese una persona superior que gobernase -con todos aquellos hidalgos, así en la paz como en la -guerra, y que entre todos les habia parecido que él lo haria -mejor; por tanto, que le rogaban, y áun le mandaban, que -aceptase los oficios de Justicia mayor y Capitan general para -la conquista que en aquellas tierras esperaban de hacer, para -lo cual le daban toda jurisdiccion y autoridad en nombre del -rey de Castilla. Porque se vea qué y cuánta fué la autoridad<span class="pagenum"><a name="Page_496" id="Page_496">[496]</a></span> -y jurisdiccion que Cortés tuvo, para todo lo que en aquella -tierra ejercitó. Él lo aceptó de buena voluntad, y se ofreció -á servirlos á todos, y no tuvo vergüenza Gomara, su criado é -historiador, de decir en su Historia que á pocos ruegos lo -aceptó, porque no deseaba otra cosa por entónces. Estas son -sus palabras. Pudiera tambien decir que no habia procurado -y mañeado más otra cosa hasta entónces. De esta eleccion tan -maliciosa y absurda blasfemaron mucho muchos de los que -allí estaban, en especial Diego de Ordas, que habia sido mayordomo -de Diego Velazquez, y Francisco de Morla, su camarero, -y otros principales, y todo género de personas, y un -Juan Escudero, y otros criados y amigos suyos, afirmando -ser traicion la que contra Diego Velazquez se cometia, y horrenda -maldad y fealdad detestable. Cortés acudió luégo y -prendió á los dichos y á otros muchos, y hízolos llevar al -navío más principal, y allí aherrojallos y tenellos á buen recaudo. -Despues de algunos dias, por ruegos de amigos que -aquellos tenian, hobo Cortés de soltallos; pero algunos dellos, -perseverando en el cognoscimiento de la maldad que se hacia -contra Diego Velazquez, y contra la virtud y la justicia, en -aqueste artículo acordaron de hurtar uno de los bergantines -y huirse para la isla de Cuba, y avisar de todo lo que habia -pasado y pasaba á Diego Velazquez; no faltó algun falsario -que lo descubriese. Sabido por Cortés, hizo prender á muchos, -y á unos ahorcó, y á otros azotó, y á otros afrentó, y el -Juan Escudero fué uno de los ahorcados; á muchos escarmentó -que no osaron boquear ni menearse por miedo del tirano. -Bien creo que parece claro ser aquestas obras, con las -de hasta aquí, propias de averiguado tirano. Los demas, que -eran hombres de calidad, y parecian hombres de bien, disimularon -y al cabo se hicieron con él, no sé si de infidelidad -y descognoscimiento de lo que eran obligados á hacer -para con Diego Velazquez, pudieron ser excusados; y -creo que no segun lo que sucedió despues. Y porque, como -astutísimo, Cortés ninguna cosa dejaba de pensar y de -hacer que le pareciese convenirle para se sustentar en el<span class="pagenum"><a name="Page_497" id="Page_497">[497]</a></span> -estado que con sus mañas y astucias usurpó, porque no -le iba ménos que ser ahorcado por Diego Velazquez y por -mandado del Rey desque supiese la verdad, ó muerto por -los indios, y ésto en breve se le podia rodear huyéndose de -su tiranía en los navíos alguna gente de los que no fueron, -mas resistieron, en su eleccion, proveyó de que todos los navíos -se echasen á fondo, no dejando más de uno en que -fuesen los procuradores que á Castilla envió; urdiólo desta -manera para que no le resistiesen, porque si se supiera ninguna -duda hobiera que la gente, amigos y enemigos, no se lo -consistieran hacer. Llamó en secreto á los maestres de los -navíos, de quien tuvo más confianza, y á los contramaestres -ó marineros, si de los maestres no se fiaba, y, ofreciéndoles -promesas y dádivas que los haria bienaventurados, rogóles -muy encarecidamente que barrenasen los navíos por tantas -y por tales partes, que por ninguna vía tuviesen sin hundirse -remedio, y despues de hecho viniesen á él, cuando estuviese -mucha gente con él junta, y le denunciasen como no podian -vencer el agua de los navíos que no se fuesen á fondo. Hízose -como lo mandó, y mostró cuando se lo dijeron mucho -sentimiento Cortés, porque sabia bien hacer fingimientos -cuando le era provechoso, y respondióles que mirasen bien -en ello, y que sino estaban para navegar, que diesen gracias -á Dios por ello, y, pues no se podia hacer más, mandó que -sacasen todo lo que de provecho en ellos hobiese, y lo demas -que lo comiese la mar; al cabo lo hobieron de sentir la gente, -y aína se le amotinaron muchos, y éste fué uno de los peligros -que pasaron por Cortés de muchos que para matallo de -los mismos españoles tuvo, pero súpolos aplacar consolándolos -con la esperanza que de hacellos ricos y bienaventurados -les propuso. Proveyó luégo enviar á Castilla procuradores, -que fueron, á los dichos Alonso Puerto Carrero, de Medellin, -tierra de Cortés, y á Francisco de Montejo, natural de Salamanca, -como dije, los cuales llevasen aquel presente arriba -dicho, y diesen noticia al Rey de aquella tierra, gentes y -riquezas della, en la cual, por su servicio, habian trabajado<span class="pagenum"><a name="Page_498" id="Page_498">[498]</a></span> -y esperaban trabajar muy mucho y subjetalle aquel gran Rey -y señor muy rico della, de que tenian noticia estar la tierra -adentro, suplicándole que confirmase por gobernador á Cortés, -al cual, ellos en su real nombre, habian elegido por ser -persona de mucho esfuerzo y valor, y que habia gastado en -aquella armada toda su hacienda, y quejándose de Diego Velazquez -y aniquilándole cuanto pudieron, negando ó callando -haber él hecho la dicha armada, fingiendo mil cautelas y -afirmando muchas otras falsedades y mentiras, y áun dando -á entender, que si otro alguno enviase á gobernallos no lo -rescibirian; grande aunque confitada desvergüenza. Esta carta -no vido el Emperador, porque, si la viera, no les sucederia ni -á Cortés ni á sus consortes el negocio tan favorable como -abajo se parecerá. Partiéronse en aquella nao que de los barrenos -se escapó, del puerto del Peñon, que llamaron la Villa -Rica, por el mes de Julio, el año de 1519; llegaron á Sevilla, -creo, por Octubre, y como allí estuviese el clérigo Benito -Martin de vuelta para Cuba, hecho Abad de aquella tierra, -como se dijo arriba, entendió luégo que Cortés se habia alzado -á Diego Velazquez, por lo cual los oficiales de la Contratacion -de Sevilla tomáronles todo el oro que traian, sin lo del -presente, que era 3.000 castellanos para su gasto, y otros 3.000 -que Cortés enviaba para su padre. Los oficiales de la dicha -casa de la Contratacion enviaron el presente á Valladolid, -para que allí lo viese el Rey que venia camino de Barcelona -para se ir á la Coruña, ya electo Emperador, á embarcar -para Flandes. Avisó luégo el clérigo Benito Martin y los oficiales -de Sevilla al obispo de Búrgos D. Juan de Fonseca, que -estaba en la Coruña haciendo el armada para en que el Rey -pasase, el cual escribió luégo una carta al Rey á Barcelona, -agraviando el alzamiento de Cortés contra Diego Velazquez, -y diciendo que debia de ahorcar á los procuradores, y que -era traidor Cortés y otras cosas semejantes; los dichos procuradores -y el piloto Alaminos que habia sido piloto en todos los -dichos tres descubrimientos de Francisco Hernandez, Grijalva -y Cortés, fueron á Medellin y tomaron á Martin Cortés, padre<span class="pagenum"><a name="Page_499" id="Page_499">[499]</a></span> -de Cortés, y todos con harta pobreza, porque los oficiales no -les dieron sino pocos dineros para su gasto, fuéronse hácia -Barcelona, y, sabiendo en el camino que el Rey era partido, -viniéronse con la corte hasta llegar á la Coruña, y en este -camino los cognoscí yo.</p> - -<p class="center p4">FIN DEL TOMO CUARTO.</p> - -<hr class="chap" /> -<div class="chapter"> - -<p class="p6"><span class="pagenum"><a name="Page_501" id="Page_501">[501]</a></span></p> - -<h2>ÍNDICE.</h2></div> - -<table border="0" cellpadding="5" cellspacing="5" summary="indice"> - -<tr> - <td class="tdrb" colspan="2">Páginas.</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl smcap"><a href="#PRELIMINAR">Advertencia preliminar</a></td> -<td class="tdrb">v</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl smcap"><a href="#XXV"><span class="smcap">Libro tercero</span>.—Capítulo XXV</a></td> -<td class="tdrb">1</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXVI">Cap. XXVI</a></td> -<td class="tdrb">5</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXVII">Cap. XXVII</a></td> -<td class="tdrb">10</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXVIII">Cap. XXVIII</a></td> -<td class="tdrb">15</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXIX">Cap. XXIX</a></td> -<td class="tdrb">19</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXX">Cap. XXX</a></td> -<td class="tdrb">26</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXXI">Cap. XXXI</a></td> -<td class="tdrb">30</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXXII">Cap. XXXII</a></td> -<td class="tdrb">36</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXXIII">Cap. XXXIII</a></td> -<td class="tdrb">40</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXXIV">Cap. XXXIV</a></td> -<td class="tdrb">45</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXXV">Cap. XXXV</a></td> -<td class="tdrb">49</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXXVI">Cap. XXXVI</a></td> -<td class="tdrb">54</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXXVII">Cap. XXXVII</a>—En el cual se contiene cómo se hobo el repartidor -Alburquerque en el repartimiento que hizo.—Como se dijo que -habia vendido los repartimientos.—Los clamores y quejas que -dieron dél.—Cómo rezaba la Cédula de la encomienda, y lo que -proveyó el Rey sobre las quejas que dél á Castilla fueron.</td> -<td class="tdrb">57</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXXVIII">Cap. XXXVIII</a></td> -<td class="tdrb">63</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XXXIX">Cap. XXXIX</a></td> -<td class="tdrb">66</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XL">Cap. XL</a></td> -<td class="tdrb">72</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XLI">Cap. XLI</a></td> -<td class="tdrb">76</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XLII">Cap. XLII</a></td> -<td class="tdrb">80</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XLIII">Cap. XLIII</a></td> -<td class="tdrb">84</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XLIV">Cap. XLIV</a></td> -<td class="tdrb">89</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XLV">Cap. XLV</a></td> -<td class="tdrb">95</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XLVI">Cap. XLVI</a></td> -<td class="tdrb">100</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XLVII">Cap. XLVII</a></td> -<td class="tdrb">104</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XLVIII">Cap. XLVIII</a></td> -<td class="tdrb">109<span class="pagenum"><a name="Page_502" id="Page_502">[502]</a></span></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XLIX">Cap. XLIX</a></td> -<td class="tdrb">114</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#L">Cap. L</a></td> -<td class="tdrb">119</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LI">Cap. LI</a></td> -<td class="tdrb">125</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LII">Cap. LII</a></td> -<td class="tdrb">131</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LIII">Cap. LIII</a></td> -<td class="tdrb">135</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LIV">Cap. LIV</a>—En el cual se contiene la Instruccion que el Rey -mandó dar á Pedrárias, cómo se habia de haber con los indios, -atrayéndolos por bien á la fe, y no consintiendo que se les -hiciese mal alguno.</td> -<td class="tdrb">139</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LV">Cap. LV</a></td> -<td class="tdrb">143</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LVI">Cap. LVI</a></td> -<td class="tdrb">148</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LVII">Cap. LVII</a></td> -<td class="tdrb">154</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LVIII">Cap. LVIII</a></td> -<td class="tdrb">158</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LIX">Cap. LIX</a></td> -<td class="tdrb">164</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LX">Cap. LX</a></td> -<td class="tdrb">169</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXI">Cap. LXI</a></td> -<td class="tdrb">172</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXII">Cap. LXII</a></td> -<td class="tdrb">175</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXIII">Cap. LXIII</a></td> -<td class="tdrb">180</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXIV">Cap. LXIV</a></td> -<td class="tdrb">185</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXV">Cap. LXV</a></td> -<td class="tdrb">188</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXVI">Cap. LXVI</a></td> -<td class="tdrb">192</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXVII">Cap. LXVII</a></td> -<td class="tdrb">198</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXVIII">Cap. LXVIII</a></td> -<td class="tdrb">203</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXIX">Cap. LXIX</a></td> -<td class="tdrb">207</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXX">Cap. LXX</a></td> -<td class="tdrb">211</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXI">Cap. LXXI</a></td> -<td class="tdrb">216</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXII">Cap. LXXII</a></td> -<td class="tdrb">220</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXIII">Cap. LXXIII</a></td> -<td class="tdrb">226</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXIV">Cap. LXXIV</a></td> -<td class="tdrb">230</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXV">Cap. LXXV</a></td> -<td class="tdrb">235</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXVI">Cap. LXXVI</a></td> -<td class="tdrb">240</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXVII">Cap. LXXVII</a></td> -<td class="tdrb">245</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXVIII">Cap. LXXVIII</a></td> -<td class="tdrb">249</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXIX">Cap. LXXIX</a></td> -<td class="tdrb">253</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXX">Cap. LXXX</a></td> -<td class="tdrb">258</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXXI">Cap. LXXXI</a></td> -<td class="tdrb">262</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXXII">Cap. LXXXII</a></td> -<td class="tdrb">268</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXXIII">Cap. LXXXIII</a></td> -<td class="tdrb">272<span class="pagenum"><a name="Page_503" id="Page_503">[503]</a></span></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXXIV">Cap. LXXXIV</a></td> -<td class="tdrb">277</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXXV">Cap. LXXXV</a></td> -<td class="tdrb">281</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXXVI">Cap. LXXXVI</a></td> -<td class="tdrb">285</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXXVII">Cap. LXXXVII</a></td> -<td class="tdrb">291</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXXVIII">Cap. LXXXVIII</a>—En el cual se contiene la Instruccion que -llevaron los frailes Hierónimos, cerca de lo que habian de -hacer para poner en libertad los indios, y primero se puso -cierto preámbulo.</td> -<td class="tdrb">296</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#LXXXIX">Cap. LXXXIX</a></td> -<td class="tdrb">309</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XC">Cap. XC</a></td> -<td class="tdrb">316</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XCI">Cap. XCI</a></td> -<td class="tdrb">321</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XCII">Cap. XCII</a></td> -<td class="tdrb">326</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XCIII">Cap. XCIII</a></td> -<td class="tdrb">332</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XCIV">Cap. XCIV</a></td> -<td class="tdrb">336</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XCV">Cap. XCV</a></td> -<td class="tdrb">343</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XCVI">Cap. XCVI</a></td> -<td class="tdrb">348</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XCVII">Cap. XCVII</a></td> -<td class="tdrb">354</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XCVIII">Cap. XCVIII</a></td> -<td class="tdrb">358</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#XCIX">Cap. XCIX</a></td> -<td class="tdrb">364</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#C">Cap. C</a></td> -<td class="tdrb">368</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CI">Cap. CI</a></td> -<td class="tdrb">374</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CII">Cap. CII</a></td> -<td class="tdrb">379</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CIII">Cap. CIII</a></td> -<td class="tdrb">385</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CIV">Cap. CIV</a></td> -<td class="tdrb">391</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CV">Cap. CV</a></td> -<td class="tdrb">398</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CVI">Cap. CVI</a></td> -<td class="tdrb">405</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CVII">Cap. CVII</a></td> -<td class="tdrb">411</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CVIII">Cap. CVIII</a></td> -<td class="tdrb">415</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CIX">Cap. CIX</a></td> -<td class="tdrb">421</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CX">Cap. CX</a></td> -<td class="tdrb">425</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXI">Cap. CXI</a></td> -<td class="tdrb">428</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXII">Cap. CXII</a></td> -<td class="tdrb">433</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXIII">Cap. CXIII</a></td> -<td class="tdrb">439</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXIV">Cap. CXIV</a></td> -<td class="tdrb">445</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXV">Cap. CXV</a></td> -<td class="tdrb">450</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXVI">Cap. CXVI</a></td> -<td class="tdrb">455</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXVII">Cap. CXVII</a></td> -<td class="tdrb">460</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXVIII">Cap. CXVIII</a></td> -<td class="tdrb">465<span class="pagenum"><a name="Page_504" id="Page_504">[504]</a></span></td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXIX">Cap. CXIX</a></td> -<td class="tdrb">470</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXX">Cap. CXX</a></td> -<td class="tdrb">475</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXXI">Cap. CXXI</a></td> -<td class="tdrb">481</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXXII">Cap. CXXII</a></td> -<td class="tdrb">487</td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><a href="#CXXIII">Cap. CXXIII</a></td> -<td class="tdrb">494</td> -</tr> - -</table> - - - - - - - - - -<pre> - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of Historia de las Indias (vol. 4 de 5), by -Bartolomé de las Casas - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA DE LAS INDIAS (VOL. 4/5) *** - -***** This file should be named 56283-h.htm or 56283-h.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/6/2/8/56283/ - -Produced by Josep Cols Canals and the Online Distributed -Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was -produced from images generously made available by The -Internet Archive/American Libraries.) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions -will be renamed. - -Creating the works from public domain print editions means that no -one owns a United States copyright in these works, so the Foundation -(and you!) can copy and distribute it in the United States without -permission and without paying copyright royalties. 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Redistribution is -subject to the trademark license, especially commercial -redistribution. - - - -*** START: FULL LICENSE *** - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project -Gutenberg-tm License (available with this file or online at -http://gutenberg.org/license). - - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm -electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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It exists -because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from -people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. -To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 -and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. - - -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive -Foundation - -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at -http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent -permitted by U.S. federal laws and your state's laws. - -The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. -Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered -throughout numerous locations. Its business office is located at -809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email -business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact -information can be found at the Foundation's web site and official -page at http://pglaf.org - -For additional contact information: - Dr. Gregory B. Newby - Chief Executive and Director - gbnewby@pglaf.org - - -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide -spread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. 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