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If you are not located in the United States, you'll have -to check the laws of the country where you are located before using this ebook. - - - -Title: España Contemporánea - Obras Completas Vol. XIX - -Author: Rubén Darío - -Release Date: June 19, 2017 [EBook #54934] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESPAÑA CONTEMPORÁNEA *** - - - - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals, -Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - - - - - Notas del Transcriptor - -Se ha respetado la ortografía y la acentuación del original. - -Los errores obvios de puntuación y de imprenta han sido corregidos. - -El texto en cursiva se indica con _guión bajo_. - -El texto en letra versalita (versalilla) ha sido sustituido por -mayúsculas. - -Las páginas en blanco presentes en el original han sido eliminadas en -la versión electrónica. - - * * * * * - - - - - ESPAÑA CONTEMPORÁNEA - - [Ilustración] - - - - - [Ilustración] - - RUBÉN DARÍO - - ESPAÑA - CONTEMPORÁNEA - - [Ilustración] - - VOLUMEN XIX - DE LAS OBRAS COMPLETAS - ADMINISTRACIÓN - EDITORIAL «MUNDO LATINO» - MADRID - - - - - ES PROPIEDAD - - [Ilustración] - - - - - ESPAÑA - CONTEMPORÁNEA - - [Ilustración] - - - - - [Ilustración: - - A EMILIO - MITRE Y VEDIA - - DIRECTOR DE - «LA NACIÓN» - DE - BUENOS AIRES - - AMISTAD Y GRATITUD - - R. D.] - - - - - ÍNDICE - - - _Páginas._ - - En el mar 1 - - En Barcelona 8 - - Madrid 19 - - La Legación argentina.--En casa de Castelar 29 - - Notas teatrales 38 - - Cyrano en casa de Lope 45 - - La Coronación de Campoamor 54 - - Carnaval 62 - - Una casa museo 68 - - La Joven literatura 74 - - La España negra 85 - - Semana santa 94 - - Toros 103 - - La Pardo-Bazán en París.--Un artículo de Unamuno 112 - - El Rey 119 - - Una Exposición 130 - - La Fiesta de Velázquez 139 - - La cuestión de la revista.--La Caricatura 148 - - Alrededor del teatro 158 - - Libreros y editores 169 - - Novelas y novelistas 180 - - Los Inmortales 194 - - Los Poetas 204 - - Un _meeting_ político 213 - - Un paseo con Núñez de Arce 220 - - Tenorio y Hamlet 226 - - Una Embajada 231 - - Una novela de Galdós 233 - - La Enseñanza 241 - - Fiesta campesina 248 - - Homenaje a Menéndez Pelayo 255 - - El modernismo 269 - - Una reina de Bohemia 275 - - El Cartel en España 281 - - La Novela americana en España 287 - - La Crítica 295 - - La joven aristocracia 302 - - Congreso social y económico ibero-americano 311 - - La mujer española 321 - - Certámenes y Exposiciones 329 - - - - - EN EL MAR - - [Ilustración] - - - 3 de diciembre de 1898. - -EL agua glauca del río se va quedando atrás y el barco entra al -agua azul. Me encuentro trayendo a mi memoria reminiscencias de -Childe Harold. Siento que estoy en casa propia; voy a España en una -nave latina; a mi lado el _sí_ suena. Sopla un aire grato que trae -todavía el aliento de la Pampa, algo que sobre las olas conduce aún -efluvios de esa grande y amada tierra argentina. Y mientras esta vida -de a bordo que ha de prolongarse por largos días comienza, siento -que vuelan sobre la arboladura del piróscafo enjambres de buenos -augurios. De nuevo en marcha, y hacia el país maternal que el alma -americana--americanoespañola--ha de saludar siempre con respeto, ha de -querer con cariño hondo. Porque si ya no es la antigua poderosa, la -dominadora imperial, amarla el doble; y si está herida, tender a ella -mucho más. Los hombres cambian; hay estaciones para los pueblos, el -espíritu vital de la raza puede enfriarse en nivoso; pero ¿floreal y -fructidor no anuncian que la vida primaveral y copiosa ha de llegar, -aun cuando en el campo se miren hoy las ramas sin hojas y la tierra -cubierta del sudario? Así pienso en tanto se inicia a bordo una -existencia de monotonía que conocéis bien los que habéis cruzado el -Océano. No os haré la clasificación de Sterne; pero, para un hombre -de arte, en todo viaje hay algo de «sentimental». Las instantáneas -se toman también al paso de los minutos, ya que hay un pequeño mundo -humano en movimiento, en todo lugar en donde se reunen dos personas. -La máquina social en miniatura; un lindo laboratorio de psicología; -ejemplares balzacianos si gustáis, al mover vuestros ojos de un -punto a otro del círculo en que hacéis el obligatorio comercio de -la conversación. Una reducción de la gran capital del Plata podría -observarse, un Buenos Aires para escaparate: banqueros, comerciantes, -artistas, periodistas, médicos, abogados, cómicos y bailarinas; y en -todos la misma representación que en la vida ciudadana; los círculos, -las «afinidades electivas», las simpatías; y una poliglocia que os -obliga a entraros por todas las lenguas vivas, así corráis el riesgo -de matarlas. Impera, naturalmente, la música del italiano. Después del -crepúsculo, he ahí que estamos alrededor de una mesa, un argentino, -un italiano, un suizo, un venezolano, un belga, un francés, un -centroamericano, un oriental, un español...; no hay duda de que venimos -de Buenos Aires. Y se habla del centro inmenso que ya queda allá -lejos y no puedo dejar de recordar el apóstrofe admirable: «¡Nave del -porvenir, cara nave argentina!...» Y como vamos sobre el mar, que nos -ase el espíritu, surge en creación súbita ante mis ojos mentales la -visión del soberbio navío continental, encendidos sus mil fuegos, al -cielo su bosque de árboles, en cuyo más alto mástil flamea el pabellón -del Sol; pujante la máquina ciclópea; en lo hondo la carga de riquezas, -con rumbo hacia un imperio de paz y de bienandanza, a la hora de la -aurora, para la gloria de la Humanidad. - - - 14 de diciembre. - -Mientras el banquero belga conversa de finanzas con el explorador -italiano, que es también un escritor, el médico suizo ha entablado -una partida de _piquet_ con el comerciante venezolano, y la -profesora alemana ataca a Chopín. Le ataca correctamente, demasiado -correctamente, pero Chopín acaba por triunfar de esa ejecución tudesca -de institutriz. Chopín sobre las olas y en una suave hora nocturna; -hace falta la luna; pero no importa, el canto mágico crea el _clair de -lune_ en la misma sustancia musical y el hombre propicio al ensueño -puede fácilmente ejercer la amable función. Y no sé como, vengo a -pensar en _ese individuo_. ¿Cuál? Voy a deciros. Hay allá entre los -pasajeros de tercera clase, en ese montón de hombres que se aglomera -como en un horrible panal, en la proa del barco, un prisionero. Es un -criminal italiano que camina, por obra de la extradición, a cumplir con -la condena de veintiún años de presidio que ha caído sobre él a causa -de un asesinato. Logró escapar a las Autoridades de Italia y vivió -en Buenos Aires cinco años de honrada vida, a lo que parece. Alguien -le descubrió en su incógnito, y la legación italiana pidió le fuera -entregado el reo; el tratado tuvo cumplimiento y el asesino va hoy a -que le pongan la cadena en su patria. Le he visto hosco, zahareño; su -cara, una ilustración de un libro de Lombroso. Esquiva el trato, rehuye -la mirada, y en la muchedumbre de sus compañeros de viaje, va libre -y suelto. Estamos en alta mar; un incendio, un choque, un naufragio, -podrían ocurrir, y ese presidiario tiene igual derecho que cualquiera -de nosotros para salvar su existencia. Es la lógica del marino, y es -hermosa. Hoy penetré en el ambiente infecto de ese rebaño humano que -exigiría la fumigación. Era la hora de la siesta. Quienes dormían en -los pasadizos o a pleno sol, quienes en círculos y grupos jugaban a -las cartas, o a la lotería. Aislado por su voluntad, el condenado, -cerca de la borda, miraba al mar. Procurando una especial diplomacia -logré entrar en conversación con él; y a los pocos momentos ese rostro -rudo se aviva, se excita. No, él no es culpable; ha matado en defensa -propia; él no procurará evadirse; va a Italia contento, porque ya -se volverá a abrir la causa y entonces se verá cómo va a brillar su -inocencia. Los ojos convencidos, la palabra sale fácil, el gesto -atornilla la palabra. Italiano y asesino, pienso yo: el amor de seguro -anda por medio. Pero no; se trata de un vil asunto de intereses, de -una miserable cuestión de _quattrini_. Y entonces siento en verdad -que ese hombre es culpable, tristemente culpable. No ha sido la bella -_vendetta_ del que mata porque le roban la querida o le burlan con la -esposa, o le manchan la hija o la hermana; es el asco del crimen que -triplica su infamia. Pero ese desventurado, sin embargo, ha estado -llevando, en un país lejano, una vida de labor y de honradez. En parte -ha lavado su delito. Ha creído estar ya libre, y de pronto he aquí que -la justicia le ase y le arrastra al presidio por el término de una -existencia de hombre. Aquí va en libertad, pero la evasión sería la -muerte. ¿Qué pasa por ese cerebro tosco? ¿Habrá llegado lo autosugestivo -hasta hacer que esté convencido ese infeliz de que es inocente? Y luego -vendrá el grillete, el número, el vivir de muerte de los penados; y si -el tiempo le permite acabar su condena, saldrá el viejo de cabellos -blancos, si no a la _morte civile_ de su paisano Giacometti, a caminar -dos duros pasos más en la libertad y caer en la tumba... La profesora -alemana ha dejado a Chopín dormir sobre el atril. - - - 19 de diciembre. - -Grado 0. Paso de la línea ecuatorial. Un mar estañado, cuya superficie -invitaría a patinar en un giro infinito. El cielo pesa en la atmósfera -caliente sobre el ondulado desierto. En soledad oceánica semejante, -recuerdo el raro encuentro de un digno ejemplar yanqui. Era en 1892 -y a bordo de un vapor de la Transatlántica Española, en viaje de la -Habana a Santander. Casi al paso de la Línea, una mañana muy temprano, -despertó a los pasajeros la noticia de que había náufragos a la vista. -Nos vestimos apresuradamente y en un instante la cubierta estaba -llena de ojos curiosos. Se sentía cierta emoción. ¿Quién no ha leído -a Julio Verne? Yo, por mi parte, pensaba ya en una viva reproducción -de Gericault: un _Radeau de la Méduse_ animado y aterrorizador. -Probablemente escenas de canibalismo; aspectos de espanto y de muerte: -Tartarin-Pim, ¡Dios mío! El vapor aminoraba la marcha y ponía su proa -al objeto de nuestras miradas: un barquichuelo que a alguna distancia -se advertía, y en el cual, con ayuda del anteojo, podía notarse -un hombre en pie. Pronto llegamos a acercarnos, y al detenerse el -_steamer_, se oyó una voz que venía del barquichuelo y que decía en -un inglés ladrante del Norte: «¿A qué grados estamos?» El capitán, -conciso, contestó a la pregunta. Preguntó luego: «¿Náufragos?» El -hombre desconocido escribió en un papel, colocó el escrito en una caja -de sardinas y lanzó su proyectil: «Soy el capitán Andrews y voy solo, -en este bote, por la misma ruta de Colón, al puerto de Palos, enviado -por la casa del jabón Sapolio, de Nueva York. Ruego avisar por cable al -llegar al continente, el punto en que se me ha encontrado». «¿Necesita -usted algo?» Por toda respuesta el hijo del tío Samuel nos bombardeó -con dos tarros de _penmican_ y otros dos de arvejas, y, poniendo -su vela al viento, nos dejó, no sin el indispensable _all right_. -Efectivamente, aquel curioso _commis voyageur_ de la jabonería yanqui, -era el Colón de los Estados Unidos que iba a descubrir España... - - - 20 de diciembre. - -El hormiguero de la proa se aglomera; ha advertido que tiene delante -el ojo fotográfico. Un distinguido caballero, miembro de la Sociedad -fotográfica de Aficionados, de Buenos Aires, y el excelente comandante -Buccelli, se ofrecen galantemente como operadores. Desde el momento -en que se ha visto la máquina en el puente, cada cual «posa» a su -manera; quien se encarama a los lugares dominantes, quien se acomoda la -gorra, quien toma aires arrogantes, o falsos, o esquivos, o graciosos. -Esa gente comprende que es objeto de curiosidad, y procura ser mejor -en ese instante. La vieja piamontesa sienta y arregla en la falda al -bambino; una muchacha pálida, de un bello tipo napolitano, se alisa con -dos pases de peineta el cabello oscuro y copioso; un abyecto bausán -hace un gesto obsceno, otro una mueca; éstos abajo, aquéllos en el -centro, aquéllos arriba, forman su torre de carne humana iluminada -de ojos de Italia. El fondo es el cielo lleno de luz difusa, sobre -el cual se recortan las figuras agrupadas. Entre esas gentes van -marineros, obreros, trabajadores que han estado en el Plata por algún -tiempo, unos con su pequeña hucha llena, otros en situación idéntica -a la que trajeron de inmigrantes; no han podido resistir al deseo de -volver a mirar su musical y dulce tierra. Hay que observar cómo en -ese _cafarnaum_ en que van confundidos como las cabezas en un barco -conductor de ganado en pie, no les abandona su alegre numen latino. De -noche, oís que a la claridad estelar brota de pronto un coro jubiloso, -una barcarola, armoniosamente acordadas las voces; o una voz sola, -impregnada de las ardientes gracias de Nápoles, de la amorosa melodía -de Venecia, o que da al aire marino una de esas canciones de Sicilia -que tienen tan buen perfume de antiguo vino griego. En el día, las -mujeres que lavan sus trapos, los viejos aporreados por la vida, los -mocetones de potentes puños, las testas diversas cubiertas de boinas, -gorros o chambergos, los niños de grandes ojos y magníficas cabelleras, -tienen siempre en la faz un rayo de sol que denuncia la floración -inextinguible de la raza, la multiplicada marca del goce de la -existencia que lleva todo el que nace en los países solares de otoños -de oro e incomparables primaveras en triunfo. - -Se procede a retratar al criminal. Desde que nos mira llegar, no cabe -en sí de humor gris, y por los ojos se le sale el disgusto. Quiere ir -a ocultarse, pero el comandante le prohibe que se retire, y con modos -amables le indica que no se pretende nada que sea en su contra; que, -al contrario, se le va a hacer el regalo de su fotografía. El sujeto -hace un mal signo, las miradas nos echan brasas, y los labios torcidos -no dejan pasar de seguro, sordamente, bendiciones para los que vamos -a perturbarle. Se sienta de pésima gana en una silla, ve a un lado y -otro, saetando con las pupilas, ya a derecha, ya a izquierda; parece -que luchase porque no se le coja el pensamiento con la mirada; y -dirigiéndose al comandante: «¿Para qué me están retratando ahora? Allá -en Buenos Aires hicieron lo mismo. ¡De seguro para vender el retrato y -sacar dinero!» Un momento se ha quedado en tranquilidad, fijo en una -pasajera elegante que curiosea, y entonces la placa hace la figura, el -gesto suspenso bajo el gorro de lana. Él se va a un punto aislado, saca -su pipa, la llena, la enciende y echa una bocanada de humo sobre las -olas. - - - 21 de diciembre. - -Estamos a la vista de Las Palmas. Tierra española. - - [Ilustración] - - - - - EN BARCELONA - - [Ilustración] - - - 1.º de enero de 1899. - -AL amanecer de un día huraño y frío, luchando el alba y la bruma, -el vapor anclaba en Barcelona. A la izquierda se alzaba recortada -la altura de Montjuich; en frente, en un fondo de oro matinal, el -Tibidabo; y cerca, sobre su columna, Colón, la diestra hacia el mar. -Como todavía no llegase el visitador y médico oficiales, se iban -aglomerando alrededor del _steamer_ las embarcaciones de fruteros y -agentes de hotel, y entre nuestros pasajeros de tercera y la gente -hormigueante de los botes, se iniciaron diálogos vivos. De ellos así -uno que gran cosa significa. Lástima es que no pueda darlo en catalán -como lo oí, pues ganaría en hierro. De todos modos, la cosa es dura. - ---¿Cómo te va, _noy_? - ---Bien, como que vengo de América. ¿Qué de nuevo? - ---¿Qué de nuevo? Lo mismo de siempre: miseria. Ayer llegaron -repatriados. Los soldados parecen muertos. Castelar se está muriendo. - ---¡Mira qué hermosa la estatua de Colón, al amanecer! - ---¡... en Deu! Más valiera le hubiesen sacado los ojos a ese tal. - -La palabra fué peor. - -Ya en la claridad del día, las conversaciones se animan. Se mira una -roja barretina; se pescan compras desde a bordo; al extremo de una -vara van las naranjas y las manzanas; y en el día completo, con el pie -derecho, piso el continente y la tierra de España. - -Una hora después estoy en el hervor de la Rambla. Es esta ancha calle, -como sabréis, de un pintoresco curioso y digno de nota, baraja social, -revelador termómetro de una especial existencia ciudadana. En la larga -vía van y vienen, rozándose, el sombrero de copa y la gorra obrera, -el _smoking_ y la blusa, la señorita y la menegilda. Entre el cauce -de árboles donde chilla y charla un millón de gorriones, va el río -humano, en un incontenido movimiento. A los lados están los puestos de -flores variadas, de uvas, de naranjas, de dátiles frescos de África, de -pájaros. Y florecida de caras frescas y lindas, la muchedumbre olea. Si -vuestro espíritu se aguza, he ahí que se transparenta el alma urbana. -Allí, al pasar, notáis algo nuevo, extraño, que se impone. Es un -fermento que se denuncia inmediato y dominante. Fuera de la energía del -alma catalana, fuera de ese tradicional orgullo duro de este país de -conquistadores y menestrales, fuera de lo permanente, de lo histórico, -triunfa un viento moderno que trae algo del porvenir; es la Social que -está en el ambiente; es la imposición del fenómeno futuro que se deja -ver; es el secreto a voces de la blusa y de la gorra, que todos saben, -que todos sienten, que todos comprenden, y que en ninguna parte como -aquí resalta de manera tan palpable en magnífico alto relieve. Que -la ciudad condal, que estos hombres fuertes de antiguo, que tuvieron -poetas en el Roussillón y duques de Atenas, que anduvieron en cosas de -conquistas y guerras por las sendas del globo, y extendieron siempre su -soberbia como una bandera; que esta tierra de trabajadores, de honradez -artesana y de vanidad heroica, esté siempre de pie manifestando su -musculatura y su empuje, no es extraño; y que el desnivel causante de -la sorda amenaza que hoy va por el corazón de la tierra formando el -terremoto de mañana, haya aquí provocado más que en parte alguna la -actitud de las clases laboriosas que comprenden la aproximación de un -universal cambio, no es sino hecho que se impone por su ley lógica; -pero la ilustración del asunto vale por un libro de comentarios, y esa -ilustración os la haré contándoos algo que vi al llegar en el café -Colón. Es éste un lujoso y extenso establecimiento, a la manera de -nuestra confitería del Águila, pero triplicado en extensión; la sala -inmensa está cuajada de mesitas en donde se sirven diluvios de café; -es un punto de reunión diaria y constante; pues en España, aun estando -en Cataluña, la vida de café es notoria y llamativa; y en cada café -andáis como entre un ópalo, pues estas gentes fuman como usinas, y -el extranjero siente al entrar en los recintos la irritación de los -ojos entre tanta humana fábrica de nicotina. ¿Quién sabe la influencia -que los alcaloides del café y del tabaco han tenido en estas razas -nerviosas, que por otra parte calientan luminosas y enérgicas llamas y -brasas de sol y de vino? - -Pues bien, estaba en el café Colón, y cerca de mí, en una de las -mesitas, dos caballeros, probablemente hombres de negocios o -industriales, elegantemente vestidos, conversaban con gran interés y -atención, cuando llegó un trabajador con su traje típico y ese aire -de grandeza que marca en los obreros de aquí un sello inconfundible; -miró a un lado y otro, y como no hubiese mesas desocupadas cerca de -allí, tomó una silla, se sentó a la misma mesa en que conversaban los -caballeros y pidió como lo hubiera hecho el mismo Wifredo _el Velloso_, -su taza. Le fué servida, tomóla; pagó y fuése como había entrado, sin -que los dos señores suspendiesen su conversación, ni se asombrasen de -lo que en cualquiera otra parte sería acción osada e impertinente. -Por la Rambla va ese mismo obrero, y su paso y su gesto implican una -posesión inaudita del más estupendo de los orgullos; el orgullo de una -democracia llevada hasta el olvido de toda superioridad, a punto de que -se diría que todos estos hombres de las fábricas tienen una corona de -conde en el cerebro. - -Como voy de paso apenas tengo tiempo de ir tomando mis apuntes. Observo -que en todos aquí da la nota imperante, además de esa señaladísima -demostración de independencia social, la de un regionalismo que no -discute, una elevación y engrandecimiento del espíritu catalán sobre -la nación entera, un deseo de que se consideren esas fuerzas y esas -luces, aisladas del acervo común, solas en el grupo del reino, única y -exclusivamente en Cataluña, de Cataluña y para Cataluña. No se queda -tan solamente el ímpetu en la propaganda regional, se va más allá de -un deseo contemporizador de autonomía, se llega hasta el más claro y -convencido separatismo. Allí sospechamos algo de esto; pero aquí ello -se toca, y nos hiere los ojos con su evidencia. Dan gran copia de -razones y argumentos, desde que uno toca el tema, y no andan del todo -alejados de la razón y de la justicia. He comparado, durante el corto -tiempo que me ha tocado permanecer en Barcelona, juicios distintos -y diversas maneras de pensar que van todos a un mismo fin en sus -diferentes modos de exposición. He recibido la visita de un catedrático -de la Universidad, persona eminente y de sabiduría y consejo; he -hablado con ricos industriales, con artistas y con obreros. Pues os -digo que en todos está el mismo convencimiento, que tratan de sí mismos -como en casa y hogar aparte, que en el cuerpo de España constituyen una -individualidad que pugna por desasirse del organismo a que pertenecen, -por creerse sangre y elemento distinto en ese organismo, y quien con -palabras doctas, quien con el idioma convincente de los números, quien -violento y con una argumentación de dinamita, se encuentran en el punto -en que se va a la proclamación de la unidad, independencia y soberanía -de Cataluña, no ya en España sino fuera de España. Y como yo quisiese -oponer uno que otro pensamiento al alud, en la conversación con uno -de ellos, habló sencillo, en parábola y en verdad, con una elocuencia -práctica irresistible: «Vea usted, somos como una familia. España es -la gran familia compuesta de muchos miembros; éstos consumen, éstos -son bocas que comen y estómagos que digieren. Y esta gran familia está -sostenida por dos hermanos que trabajan. Estos dos hermanos son el -catalán y el vasco. Por esto es que protestamos solamente nosotros; -porque estamos cansados de ser los mantenedores de la vasta familia. -Dos ciudades hay que tienen los brazos en movimiento para que coman los -otros hermanos: Barcelona y Bilbao. Por eso en Barcelona y en Bilbao -es donde usted notará mayor excitación por el ideal separatista; y -catalanistas y bizkaitarras tienen razón. Debería comprender esto, -debería haber comprendido hace mucho tiempo la agitación justa de -nuestras blusas, la capa holgazana de Madrid». - -Y riente, alegre, bulliciosa, moderna, quizá un tanto afrancesada y -por lo tanto graciosa, llena de elegancia, Barcelona sostiene lo que -dice, y dice que habría hecho mucho más de lo que hoy nos asombra y -nos encanta, si se lo hubiese permitido la tutela gubernativa, pues no -puede abrir una plaza si no va la licencia de la Corte, y de la Corte -van los ingenieros y los arquitectos y los empleados a agriar más -la levadura; y así, a pasos, a pasos cortos, han adelantado, se han -puesto los catalanes a la cabeza. ¿Qué habría hecho Cataluña autónoma, -esta gran Cataluña a cuya faz maravillosa he creído contemplar bajo -el azul, ya a la orilla de su bravo mar, ya en momentos crepusculares -y apacibles, sobre los juegos de agua de su paseo favorito, en donde -un simulacro divino rige armoniosamente una cuadriga de oro? Sano -y robusto es este pueblo desde los siglos antiguos. Sus hijos son -naturales y simples, llenos de la vivaz sangre que les da su tierra -fecunda; sus mujeres, de firmes pechos opulentos, de ojos magníficos, -de ricas cabelleras, de flancos potentes; el paisaje campestre, la -costa, la luz, todo es de una excelencia homérica. Hay niños, hay -hembras, hay campesinos, que se dirían destinados a uno de esos -cuadros de Puvis de Chavannes en que florecen la vida y la gracia -primitiva del mundo. Los talleres se pueblan, bullen; abejean en -ellos las generaciones. Por las calles van la salud y la gallardía; -y la fama de grandes pies que tienen las catalanas, no tengo tiempo -de certificarla, pues la euritmia del edificio me aleja del examen de -su base. La ciudad se agita. Por todos lugares la palpitación de un -pulso, el signo de una animación. Las fábricas a las horas del reposo, -vacían sus obreros y obreras. El obrero sabe leer, discute; habla de -la R. S., o sea, si gustáis, Revolución Social; otro mira más rojo, y -parte derecho a la anarquía. No muestran temor ni empacho en cantar -canciones anárquicas en sus reuniones, y sus oradores no tienen que -envidiar nada a sus congéneres de París o de Italia. Ya recordaréis -que se ha llegado aquí a la acción, y memorias sonoras y sangrientas -hay de terribles atentados. Y eso que, en la fortaleza de Montjuich, -parece que la inquisición renovó en los interrogatorios, no hace mucho -tiempo, los procedimientos torquemadescos de los viejos procesos -religiosos. Así al menos lo demostró en la _Revue Blanche_ y luego -en un libro que tuvo un momento de resonancia, el escritor Tarrida -del Mármol. La propaganda continúa, subterránea o a la luz del día, -con todo y tener ojos avizores la justicia. Hace poco, en una fiesta -industrial, en momentos en que llegaban amargas noticias de la guerra, -ciertos trabajadores arrancaron de su asta una bandera de España y -la sustituyeron por una bandera roja. Mientras esto pasa en la capa -inferior, arriba y en la zona media, cada cual por su lado, se mueven -los autonomistas, los francesistas y los separatistas. Los unos quieren -que Cataluña recobre sus antiguos derechos y fueros, que no le fueron -quitados sino al comenzar este siglo; los otros pretenden la anexión a -Francia, yo no sé por qué, pues la centralización absoluta de allá les -pondría, a lo mejor, en el mismo caso que el Poitou o la Provenza, y -las reales relaciones y simpatías con el vecino francés no pasan de -vagas y platónicas manifestaciones de felibres; una cigarra canta de -este lado, otra contesta del otro: no creo que entre Mistral y Mossen -Jacinto Verdaguer vayan a lograr mejor cosa. Los otros sueñan con -una separación completa, con la constitución del Estado de Cataluña -libre y solo. Claro es que, además de estas divisiones, existen los -catalanes nacionales, o partidarios del régimen actual, de Cataluña en -España; pero éstos son, naturalmente, los pocos, los favorecidos por -el Gobierno, o los que con la organización de hoy logran ventajas o -ganancias que de otra manera no existirían. - -Entretanto, trabajan. Ellos han erizado su tierra de chimeneas, han -puesto por todas partes los corazones de las fábricas. Tienen buena -mente y lengua, poetas y artistas de primer orden; pero están ricamente -provistos de ingenieros e industriales. - -No bien acabaron de pelear, al principio de la centuria, se pusieron -a la obra productiva. En la labor estaban, y el clarín de don Carlos -les perturbó de nuevo. Desde el año 1842 volvieron a la tarea, no sin -bregar con la prohibición de Inglaterra que a la sazón impedía se -exportasen sus máquinas; se logró que se revocase dicha prohibición y -el dinero catalán cuajó sus fábricas de máquinas inglesas. He de volver -a Cataluña, donde no he estado sino rápidamente, y he de estudiar esa -existencia fabril que se desarrolla prodigiosa en focos como Reus, -Mataró, Villanueva, y entre otros tantos, Sitges, donde tiene su morada -el singular y grande artista que se llama Santiago Rusiñol. - -El nombre de Rusiñol me conduce de modo necesario a hablaros del -movimiento intelectual que ha seguido, paralelamente, al movimiento -político y social. Esa evolución que se ha manifestado en el mundo -en estos últimos años y que constituye lo que se dice propiamente -el pensamiento «moderno» o nuevo, ha tenido aquí su aparición y su -triunfo, más que en ningún otro punto de la Península, más que en -Madrid mismo; y aunque se tache a los promotores de ese movimiento -de industrialistas, catalanistas, o egoístas, es el caso que ellos, -permaneciendo catalanes, son universales. La influencia de ese grupo se -nota en Barcelona no solamente en los espíritus escogidos, sino también -en las aplicaciones industriales, que van al pueblo, que enseñan -objetivamente a la muchedumbre; las calles se ven en una primavera -de carteles o _affiches_ que alegran los ojos en su fiesta de líneas -y colores; las revistas ilustradas pululan, hechas a maravilla: las -impresiones igualan a las mejores de Alemania, Francia, Inglaterra o -Estados Unidos, tanto en el libro común y barato como en la tipografía -de arte y costo. - -Cuando vuelva a Barcelona he de ver a Rusiñol en su retiro de Sitges, -una especie de santuario de arte en donde vive ese gentilhombre -intelectual digno de ser notado en el mundo. Entretanto, sabed que -Rusiñol es un altísimo espíritu, pintor, escritor, escultor, cuya -vida ideológica es de lo más interesante y hermoso, y cuya existencia -personal es en extremo simpática y digna de estudio. Su leonardismo -rodea de una aureola gratamente visible, su nombre y su obra. Es rico, -fervoroso de arte, humano, profundamente humano. Es un traductor -admirable de la naturaleza, cuyos mudos discursos interpreta y comenta -en una prosa exquisita o potente, en cuentos o poemas de gracia y -fuerza en que florece un singular diamante de individualidad. En -este movimiento, como sucede en todas partes, los que se han quedado -atrás, o callan, o apenas son oídos. Balaguer es ya del pasado, con -su pesado fárrago: el padre Verdaguer apenas logra llamar la atención -con su último libro de Jesús: vive al reflejo de la _Atlántida_, al -rumor de _Canigó_. Guimerá, que trabaja al sol de hoy, va a Madrid a -hacer diplomacia literaria, y los madrileños, que son «malignos», le -dicen que conocen su juego, y que hay en el autor de _Tierra Baja_ un -regionalista de más de la marca. Bellamente, noblemente, a la cabeza -de la juventud, Rusiñol, que no escribe sino en catalán, pone en -Cataluña una corriente de arte puro, de generosos ideales, de virtud -y excelencia trascendentes. Por él se acaba de levantar al Greco una -estatua en Sitges; por él los nuevos aprenden en ejemplo vivo, que el -ser artista no está en mimar una Bohemia de cabellos largos y ropas -descuidadas y consumir _bocks_ de cerveza y litros de ajenjo en los -cafés y _cabarets_, sino en practicar la religión de la Belleza y de la -Verdad, creer, cristalizar la aspiración en la obra, dominar al mundo -profano, demostrar con la producción propia la fe en un ideal; huir -de los apoyos de la crítica oficial, tanto como de las camaraderías -inconscientes, y juntar, en fin, la chispa divina a la nobleza humana -del carácter. - -Me dijeron que podía encontrar a Rusiñol en el café de los Quatre Gats. -Allá fuí. En una estrecha calle se advierte la curiosa arquitectura de -la entrada de ese rincón artístico. Pasé una verja de bien trabajado -hierro y me encontré en el famoso recinto con el no menos famoso Per -Romeu. Es éste el dueño o empresario principal del _cabaret_; alto, -delgado, de larga melena, tipo del Barrio Latino parisiense, y cuya -negra indumentaria se enflora con una prepotente corbata que trompetea -sus agudos colores, no sé hasta qué punto _pour épater le bourgeois_. -Pregunté por Rusiñol y se me dijo que estaba en su mansión de Sitges; -por Pompeyo Gener, que acababa de llegar de París, y se me dijo que -a ése no le buscase, pues solamente la casualidad podría hacer que -le encontrara. Y como era día de marionetas, se me invitó a ver el -espectáculo. Los Cuatro Gatos son algo así como un remedo del Chat Noir -de París, con Per Romeu por Salis, un Salis silencioso, un gentilhombre -_cabaretier_ que creo que es pintor de cierto fuste, pero que no se -señala por su sonoridad. Amable, él fué quien me condujo a la salita -de representación. En ella no cabrán más de cien personas; decóranla -carteles, dibujos a la pluma, sepias, impresiones, apuntes y cuadros -también completos, de los jóvenes y nuevos pintores barceloneses, -sobresaliendo entre ellos los que llevan la firma del maestro Rusiñol. -Los títeres son algo así como los que en un tiempo atrajeron la -curiosidad de París con misterios de Bouchor, piececitas de Richepin -y de otros. Para semejantes actores de madera compuso Maeterlinck sus -más hermosos dramas de profundidad y de ensueño. Allí en los Cuatro -Gatos no están mal manejados. Llegué cuando la representación estaba -comenzada. En el local, casi lleno, resaltaba la nota graciosa de -varias señoritas, intelectuales según se me dijo, pero que no eran ni -Botticelli ni Aubrey Beardsley, ni el peinado ni el traje enarbolaban -lo _snob_. - -Abundaban los tipos de artistas del Boul'Miche; jóvenes melenudos, -corbatas mil ochocientos treinta, y otras corbatas. Los _bocks_ -circulaban, al chillar la vocecilla de los títeres. Naturalmente, los -títeres de los Quatre Gats hablan en catalán, y apenas me pude dar -cuenta de lo que se trataba en la escena. Era una pieza de argumento -local, que debe de haber sido muy graciosa, cuando la gente reía -tanto. Yo no pude entender sino que a uno de los personajes le llovían -palos, como en Molière; y que la milicia no estaba muy bien tratada. -Las decoraciones son verdaderos cuadritos; y se ve que quienes han -organizado el teatro diminuto lo han hecho con amor y cuidado. En -el local suele haber además exposiciones, audiciones musicales y -literarias y sombras chinescas. Ya veis que el alma de Rodolphe Salis -se regocijaría en este reflejo. Al salir volví a ver a Per Romeu, -quien puso en mis manos un cartelito en que se anuncia su _coin_ de -artista, en gótica tipografía de antifonario o de misal antiguo, y en -la cual se dice que «Aital estada es hostal pels desganats, es escople -de calin pels que sentin l'anyorança de la llar, es museu pels que -busquin lleminadures per l'ánima; es taverna y emparrat, pels que aimen -l'ombra deis pampols, y de l'essencia espremuda del rahim; es gótica -cerveceria, pels enamorats del Nort, y pati d'Andalucía, pels aimadors -del Mig-die; es casa de curació, pels malalts del nostre segle, y cau -d'amistat y harmonia pels que entrin a roplugar-se sota ls portics -de la casa. No tindrán penediment d'haver vingut y si recança si no -venen». Ese _cabaret_ es una de las muestras del estado intelectual -de la capital catalana, y el observador tiene mucho en donde echar la -sonda. Desde luego sé ya que en Madrid me encontraré en otra atmósfera, -que si aquí existe un afrancesamiento que detona, ello ha entrado por -una ventana abierta a la luz universal, lo cual, sin duda alguna, vale -más que encerrarse entre cuatro muros y vivir del olor de cosas viejas. -Un Rusiñol es floración que significa el triunfo de la vida moderna y -la promesa del futuro en un país en donde sociológica y mentalmente se -ejerce y cultiva ese don que da siempre la victoria: la fuerza. - -Ocasión habrá de hablaros de la obra de Rusiñol y los artistas que le -siguen, cuando torne a Barcelona a sentir mejor y más largamente las -palpitaciones de ese pueblo robusto. - -He llegado a Madrid y próximamente tendréis mis impresiones de la Corte. - - [Ilustración] - - - - - MADRID - - [Ilustración] - - - 4 de enero. - -CON el año entré en Madrid; después de algunos de ausencia vuelvo a ver -el «castillo famoso». Poco es el cambio, al primer vistazo; y lo único -que no ha dejado de sorprenderme al pasar por la típica Puerta del Sol, -es ver cortar el río de capas, el oleaje de características figuras, -en el ombligo de la villa y corte, un tranvía eléctrico. Al llegar -advertí el mismo ambiente ciudadano de siempre; Madrid es invariable -en su espíritu, hoy como ayer, y aquellas caricaturas verbales con que -don Francisco de Quevedo significaba a las gentes madrileñas, serían, -con corta diferencia, aplicables en esta sazón. Desde luego el buen -humor tradicional de nuestros abuelos se denuncia inamovible por todas -partes. El país da la bienvenida. Estamos en lo pleno del invierno y el -sol halaga benévolo en un azul de lujo. En la Corte anda esparcida una -de los milagros; los mendigos, desde que salto del tren me asaltan bajo -cien aspectos; resuena de nuevo en mis oídos la palabra «señorito»; -don César de Bazán me mide de una ojeada desde la esquina cercana; el -cochero me dice: «¡pues, hombre!...» dos pesetas, y mi baúl pasa sin -registro: con el pañuelo que le cubre la cabeza, atadas las puntas -bajo la barba, ceñido el mantón de lana, a garboso paso, va la mujer -popular, la sucesora de Paca _la Salada_, de Geroma _la Castañera_, -de María _la Ribeteadora_, de Pepa _la Naranjera_, de todas aquellas -desaparecidas manolas que alcanzaron a ser dibujadas a través de los -finos espejuelos del _Curioso Parlante_; una carreta tirada por bueyes -como en tiempo de Wamba, va entre los carruajes elegantes por una calle -céntrica; los carteles anuncian, con letras vistosas _La Chavala_ y _El -Baile de Luis Alonso_; los cafés llenos de humo rebosan de desocupados, -entre hermosos tipos de hombres y mujeres, las getas de Cilla, los -monigotes de Xaudaró se presentan a cada instante; Sagasta Olímpico -está enfermo, Castelar está enfermo; España ya sabéis en qué estado de -salud se encuentra; y todo el mundo, con el mundo al hombro o en el -bolsillo, se divierte: ¡Viva mi España! - -Acaba de suceder el más espantoso de los desastres; pocos días han -pasado desde que en París se firmó el tratado humillante en que la -mandíbula del yanqui quedó por el momento satisfecha después del bocado -estupendo: pues aquí podría decirse que la caída no tuviera resonancia. -Usada como una vieja «perra chica» está la frase de Shakespeare sobre -el olor de Dinamarca, si no, que sería el momento de gastarla. Hay en -la atmósfera una exhalación de organismo descompuesto. He buscado en el -horizonte español las cimas que dejara no hace mucho tiempo, en todas -las manifestaciones del alma nacional: Cánovas muerto; Ruiz Zorrilla -muerto; Castelar desilusionado y enfermo; Valera ciego; Campoamor -mudo; Menéndez Pelayo... No está por cierto España para literaturas, -amputada, doliente, vencida; pero los políticos del día parece que para -nada se diesen cuenta del menoscabo sufrido, y agotan sus energías -en chicanas interiores, en batallas de grupos aislados, en asuntos -parciales de partidos, sin preocuparse de la suerte común, sin buscar -el remedio al daño general, a las heridas en carne de la nación. No -se sabe lo que puede venir. La hermana Ana no divisa nada desde la -torre. Mas en medio de estos nublados se oye un rumor extraño y vago -que algo anuncia. Ni se cree que florezcan las boinas de don Carlos, y -los republicanos que fueran esperanza de muchos, en escisiones dentro -de su organización misma, casi no alientan. Entretanto van llegando a -los puertos de la Patria los infelices soldados de Cuba y Filipinas. -Quienes a morir como uno que--parece caso escrito en la Biblia--fué -a su pueblo natal ya moribundo, y como era de noche sus padres no le -abrieron su casa por no reconocerle la voz, y al día siguiente le -encontraron junto al quicio, muerto; otros no alcanzan la tierra y -son echados al mar, y los que llegan, andan a semejanza de sombras; -parecen, por cara y cuerpo, cadáveres. Y el madroño está florido y a su -sombra se ríe y se bebe y se canta, y el oso danza sus pasos cerca de -la casa de Trimalción. A Petronio no le veo. He pensado a veces en un -senado macabro de las antiguas testas coronadas, como en el poema de -Núñez de Arce, bajo la techumbre del monasterio - - Que alzó Felipe Segundo - Para admiración del mundo - Y ostentación de su imperio. - -¿Cómo hablarían ante el espectáculo de las amarguras actuales los -grandes reyes de antaño, cómo el soberbio Emperador, cómo los Felipes, -cómo los Carlos y los Alfonsos? Así cual ellos el imperio hecho polvo, -las fuerzas agotadas, el esplendor opaco; la corona que sostuvieron -tantas macizas cabezas, así fuesen las sacudidas por terribles -neurosis, quizá próxima a caer de la frente de un niño débil, de -infancia entristecida y apocada; y la buena austriaca, la pobre madre -real en su hermoso oficio de sustentar al reyecito contra los amagos de -la suerte, contra la enfermedad, contra las oscuridades de lo porvenir; -y que está pálida, delgada, y en su majestad gentilicia el orgullo -porfirogénito tiene como una vaga y melancólica aureola de resignación. - -El mal vino de arriba. No dejaron semillas los árboles robustos del -gran cardenal, del fuerte duque, de los viejos caballeros férreos -que hicieron mantenerse firme en las sienes de España la diadema de -ciudades. Los estadistas de hoy, los directores de la vida del reino, -pierden las conquistas pasadas, dejan arrebatarse los territorios por -miles de kilómetros y los súbditos por millones. Ellos son los que han -encanijado al León simbólico de antes; ellos los que han influído en -el estado de indigencia moral en que el espíritu público se encuentra; -los que han preparado, por desidia o malicia, el terreno falso de los -negocios coloniales, por lo cual no podía venir en el momento de la -rapiña anglo-sajona, sino la más inequívoca y formidable _débâcle_. -Unos a otros se echan la culpa, mas ella es de todos. Ahora es el -tiempo de buscar soluciones, de ver cómo se pone al país siquiera -en una progresiva convalecencia; pero todo hasta hoy no pasa de la -palabrería sonora propia de la raza, y cada cual profetiza, discurre -y arregla el país a su manera. En palacio, ya que no Cisneros o -Richelieu, falta siquiera el Dubois que prepare para Alfonso XIII lo -que el francés para Luis XV, niño y débil: la política interior en -caso de vida, la política exterior en caso de muerte. Cánovas no fué -purpurado, en la Monarquía de S. M. Católica, pero quizás era el único, -a pesar de sus defectos, que tuviese buena vista en sus ojos miopes, -buena palabra de salvación o de guía en su lengua andaluza; mas de los -horrores inquisitoriales de Montjuich salió el rayo rojo para él. - -Entre las cabezas dirigentes hay quienes reconocen y proclaman en -alta voz que la causa principal de tanta decadencia y de tanta ruina -estriba en el atraso general del pueblo español; reconocen que no se -ha hecho nada por salir de la secular muralla que ha deformado el -cuerpo nacional como el cántaro chino el de un enano; y si se ha dejado -enmohecer la literatura, si ha habido estancamiento y retroceso en -el profesorado, a punto de que de las célebres Universidades lo que -brilla como una joya antigua es el nombre; fuera de pocas excepciones -para el juicio público, el oráculo de la ciencia se encierra en urnas -como el comodín periodístico del señor Echegaray, el teatro que llaman -chico atrae a las gentes con la representación de la vida chulesca -y desastrada de los barrios bajos, mientras en el clásico Español, -en las noches en que he asistido, María Guerrero representaba ante -concurrencia escasísima, y eso que el paseo por Europa y sobre todo -el beso de París, le han puesto un brillo nuevo en sus laureles de -oro; la nobleza... La otra noche, en un café-concert que se ha abierto -recientemente y con un éxito que no se sospechaba, me han señalado en -un palco a gastados y encanecidos grandes de España que se entretenían -con la Rosario Guerrero, esa bailarina linda que ha regocijado a -París después de la bella Otero; soy frecuentador de nuestro Casino -de Buenos Aires y no me precio de pacato; pero el espectáculo de -esos alegres marqueses de Windsor, aficionados tan vistosamente a -suripantas y señoritas locas de su cuerpo, me pareció propio para -evocar un parlamento de Ruy Gómez de Silva, delante de los retratos, -en bravos alejandrinos de Hugo, o una incisión gráfica de Forain con -sus incomparables pimientas de filosofía. En lo intelectual, he dicho -ya que las figuras que antes se imponían están decaídas, o a punto -de desaparecer; y en la generación que se levanta, fuera de un soplo -que se siente venir de fuera y que entra por la ventana que se han -atrevido a abrir en el castillo feudal unos pocos valerosos, no hay -sino la literatura de mesa de café, la mordida al compañero, el anhelo -de la peseta del teatro por horas, o de la colaboración en tales -o cuales hojas que pagan regularmente; una producción enclenque y -falsa, desconocimiento del progreso mental del mundo, iconoclasticismo -infundado o ingenuidad increíble, subsistente fe en viejos y deshechos -fetiches. Gracias a que escritores señaladísimos hacen lo que pueden -para transfundir una sangre nueva, exponiéndose al fracaso, gracias -a eso puede tenerse alguna esperanza en un próximo cambio favorable. -Mal o bien, por obra de nuestro cosmopolitismo, y, digámoslo, por la -audacia de los que hemos perseverado, se ha logrado en el pensamiento -de América una transformación que ha producido, entre mucha broza, -verdaderos oros finos, y la senda está abierta; aquí hasta ahora se -empieza, y se empieza bien: no faltan almas sinceras, bocas osadas -que digan la verdad, que demuestren lo pálida que está en las venas -patrióticas la sangre en que se juntaran, como diría Barbey, la azul -del godo con la negra del moro; quienes llevan al teatro de las -gastadas declamaciones el cuadro real demostrativo de la decadencia; -quienes quieren abrir los ojos al pueblo para enseñarle que la Tizona -de Rodrigo de Vivar no corta ya más que el vacío y que dentro de las -viejas armaduras no cabe hoy más que el aire. - -Ahora uno que otro habla de regenerar el país por la agricultura, de -mejorar las industrias, de buscar mercados a los vinos con motivo -del tratado último franco-italiano, y hay quienes se acuerdan de que -existimos unos cuantos millones de hombres de lengua castellana y de -raza española en ese continente. Por cierto, la industria pecuaria, -dicen, debe ser protegida. ¿Y la agricultura? Ya en la Instrucción -de 30 de noviembre de 1883 se señalaban causas locales del atraso -agrícola de España, como la intervención de la Autoridad municipal -en señalar la época de las vendimias, o la de la recolección de los -frutos o esquilmos: la libertad de que en los rastrojos de uno pazcan -los ganados de todos: los privilegios que no admiten al consumo de una -ciudad más que los vinos que produce su término; los que no permiten -entrar una carga de comestibles en un pueblo sin que se extraiga otra -de los productos de su agricultura o de su industria, y otras mil -anomalías; poco se ha adelantado desde entonces, y lo que os dará una -idea del estado de estas campañas en lo relativo a agronomía, es que -sepáis que las máquinas modernas son casi por completo desconocidas; -que la siega se hace primitivamente con hoces, y la trilla por las -patas del ganado; ¿qué pensarán de eso en la Argentina, donde nos damos -el lujo de tener a lo yanqui un Rey del trigo? Se trata ahora de la -creación de un ministerio de Agricultura; de instruir al campesino, que -como sabéis, ha permanecido hasta ahora impermeable a toda noción; pero -ya se ha hablado, a propósito de la enseñanza agrícola, de aumentar, -Dios mío, el número de los doctores: ¡hacer doctores en agricultura! - -Hay felizmente quien en oportunidad ha combatido el plan de los -_dómines agrícolas_ y señalado un proyecto en que quedarían bien -organizadas las escuelas para capataces, peritos agrícolas e ingenieros -agrónomos, estudios prácticos, de utilidad y aplicación inmediata, -sin borla ni capelo salamanquino. Las campañas están despobladas, y -podrían, si hubiese hombres de empresa y de buen cálculo, repoblarlas; -para hacerlo la misma República Argentina estaría llamada a ser la -proveedora de cabezas; las praderas andaluzas son excelentes para -el engorde, y nuevas fuentes de negocios estarían abiertas para las -actividades que a ello se dedicasen en la Península. Así habría que -entrar en arreglos especiales por las restricciones que existen en las -leyes. Mucho podría ser el comercio hispanoargentino, y al objeto, -según tengo entendido, no ha cesado de trabajar el señor ministro -Quesada. Aquí podrían venir las carnes argentinas, ya que no en la -común forma del tasajo, conservadas por los muchos procedimientos hoy -en uso; y la mayoría de este pueblo que tiene casi como base principal -de alimentación el bacalao, que importa de Suecia y Noruega, comería -carne sana y nutritiva. Luego sería cuestión de ver si se adaptaba -para el consumo del ejército y marina. Por lo pronto, la Sociedad -Rural de Buenos Aires podría hacer el ensayo, enviando en limitadas -cantidades la carne conservada, y por los resultados que se obtuvieran, -se procedería en lo de adelante. España enviaría sus lienzos, sus -sederías, sus demás productos que allí tendrían colocación; no habría -en ningún viaje el inconveniente del falso flete. Estas apuntaciones -pueden ser estudiadas detalladamente por aquellos a quienes corresponde -la tarea. Tales formas de relación entre España y América serán -seguramente más provechosas, duraderas y fundamentales que las mutuas -zalemas pasadas de un ibero-americanismo de miembros correspondientes -de la Academia, de ministros que _taquinan_ la musa, de poetas que -«piden» la lira. - -Nótase ahora una tendencia a conocer, siquiera lo americano -nuestro--¡lo del Norte!, ¡ay!, ¡lo tienen ya bien conocido!--, y no -hace muchos días, con motivo de un banquete a escritores y artistas -ofrecido por el representante de Bolivia señor Ascarrunz, hubo -declaraciones de parte de ciertos intelectuales, que son de tenerse -muy en cuenta. «En cualquier otro momento--decía un escritor de -los más diamantinos y pensadores, he nombrado a Julio Burell--, en -cualquier otro momento la galantería del señor Ascarrunz habría sido -digna de hidalga gratitud, pero en fin, numerosas han sido las fiestas -hispanoamericanas a cuyo término apenas si ha quedado otra cosa que -un poco de dulzor en la boca y otro poco de retórica en el aire; -después, americanos y españoles han permanecido en sus desconfiadas -soledades, colocados en actitud y con mirada recelosa, cada cual a -un lado del gran abismo de la historia...» Y más adelante: «No, la -guerra no levantará ya entre España y América española sus fieras voces -de muerte; lo que estaba escrito, escrito queda. Rebuscadores de la -Historia, curiosos y eruditos, podrán volver la mirada hacia los negros -días de lucha; pero las almas que tienen alas, las almas que tienen -luz, los hombres confesados a un ideal de paz y de amor, no descenderán -al antro sombrío; volarán más alto y bañarán su espíritu en la -claridad de una nueva aurora...» Todo esto se pudo decir hace mucho -tiempo; se pudo hace mucho tiempo combatir el alejamiento de la madre -patria del coro de las dieciséis repúblicas hermanas; pero no se hizo, -ni se paró mientes en ello. - -Antes al contrario, apartando a un grupo escasísimo de hombres como -Valera y Castelar, se nos procuró ignorar lo más posible, y como -lo he demostrado en _La Nación_, de Buenos Aires, y en la _Revue -Blanche_, de París, la culpa no fué del tiempo esta vez, sino de -España. Gloríanse los ingleses de los triunfos conseguidos por la -República norteamericana, hechura y flor colosal de su raza: España -no se ha tomado hasta hoy el trabajo de tomar en cuenta nuestros -adelantos, nuestras conquistas, que a otras naciones extranjeras han -atraído atención cuidadosa y de ellas han sacado provecho. En las -mismas relaciones intelectuales ha habido siempre un desconocimiento -desastroso. Los escritores que entre nosotros valen se han cuidado poco -del juicio de España, y con raras excepciones no han enviado jamás sus -libros a los críticos y hombres de letras peninsulares; en cambio, -nuestras docenas de mediocres, nuestros vates de amojamados pegasos, -nuestros prosistas imposibles, han sido pródigos de sus partos; de -aquí que, en parte, se justifiquen los _Clarines_ y Valbuenas de -tiempos recién pasados. Más; en las mismas redacciones de los diarios -en que se dedica una columna a la tentativa inocente de cualquier -imberbe Garcilaso, no se escribe una noticia por criterio competente -de obras americanas que en París o en Londres o Roma son juzgadas por -autoridades universales. Concretando un caso, diré que la Legación -Argentina se ha cansado de enviar las mejores y más serias producciones -de nuestra vida mental, de las cuales no se ha hecho jamás el menor -juicio. Cierto es que, fuera de lo que se produce en España--con las -excepciones, es natural, de siempre, pues existen un Altamira, un -Menéndez y Pelayo, un _Clarín_, este amable cosmopolita de Benavente--, -fuera de lo que se produce en España, todo es desconocido. - -Antes de concluir estas líneas debo declarar que no creo sea yo -sospechoso de falto de afectos a España. He probado mis simpatías, -de manera que no admite el caso discusión. Pero por lo mismo no he -de engañar a los españoles de América y a todos los que me lean. _La -Nación_ me ha enviado a Madrid a que diga la verdad, y no he de decir -sino lo que en realidad observe y sienta. Por eso me informo por todas -partes; por eso voy a todos lugares y paso una noche del «saloncillo» -del Español a las reuniones semibarriolatinescas de Fornos; en un mismo -día he visto a un académico, a un militar llegado de Filipinas, a un -actor, a Luis Taboada y a un torero. Y anoche, a última hora, he ido -del Real al Music-hall, y mis interlocutores han sido: el joven conde -de O'Reily, Icaza, el diplomático escritor, Pepe Sabater, Pinedo y un -joven _reporter_... Ya veis que estoy en mi Madrid. - -¡Buenos Aires! Hay que mirarlo de lejos para apreciarlo mejor. Aquí -está la obra de los siglos y el encanto de un país de sol, amor y -vino; París es París; las grandes capitales europeas nos atraen y nos -encantan: pero - - _¡J'aime mieux ma mie, ô gué!_ - - [Ilustración] - - - - - LA LEGACIÓN ARGENTINA - EN CASA DE CASTELAR - - [Ilustración] - - - 10 de enero. - -LA legación argentina está situada en un elegante hotel de la -calle Alcalá Galiano, núm. 6. Es en el barrio aristocrático de la -Corte, el faubourg Saint-Germain de Madrid. Allí concurrí anoche, -por amable invitación del ministro Quesada, que había quedado de -presentarme a algunos «representativos» de la vida social e intelectual -madrileña: en el arte, Moreno Carbonero; en el periodismo, el -marqués de Valdeiglesias; estos dos me interesaban en gran manera. -Fueron puntuales. Es el primero un tipo nervioso, delgado, de -mirada inteligente, no revela al artista desde luego, pero cuando -habéis hablado con él las iniciales palabras, la chispa ha saltado, -iluminando, bajo un bigote fino y negro, una sonrisa _bon enfant_. El -segundo, de pequeña estatura, rubio, calvo, comunicativo, meridional; -de seguida se manifiesta el clubman, el mundano, el infaltable a las -fiestas y reuniones de la aristocracia, el título _reporter_, que hace -en su diario, _La Época_, lo que el príncipe de Sagán hacía en un -tiempo en _Le Figaro_. _La Nación_ estaba representada dos veces, pues -a mi derecha, en la mesa de la casa argentina, tenía yo al estimado -compañero Ladevese. Pocos momentos después, y ya la conversación -versaba sobre nuestra Prensa y la española. Reconocía el marqués la -inferioridad informativa, por ejemplo, de los diarios peninsulares, -y explicaba cómo en España interesaba poco a la generalidad lo que -sucede fuera de los términos de la tierra propia. No se sigue, como -entre nosotros, el movimiento de los sucesos del mundo; del asunto -Dreyfus, de lo que hay ahora de más sonoro en el periodismo universal, -se publican unas pocas líneas telegráficas. Naturalmente, el interés -público, en tiempo de la guerra, hizo aumentar la vida de los diarios, -y la información tuvo su preferencia; telegrama recibió _El Imparcial_, -o _El Liberal_ que costó diez mil francos. Mi bonaerensismo se -manifiesta; hago un rápido croquis del desarrollo y fuerza de _La -Nación_; comento al _Diario_, etc. Y a propósito de corresponsales, se -protesta por una carta que publica _La Época_ del suyo de Buenos Aires, -en que se dice, entre otras cosas, que todos andamos con el revólver -en el bolsillo, y que no vayan más españoles a la República Argentina, -pues son repetidos con frecuencia los casos en que hay que levantar -suscripciones en la colonia para poder repatriar a los numerosos -compatriotas que allá se mueren de hambre. De esos náufragos hay en -todas partes; y, no hay duda de que aquel periodista exagera. - -El actual marqués de Valdeiglesias ha recibido _La Época_ de manos -de su padre, cuyo tacto y largas vistas en asuntos periodísticos -demuéstranse no solamente en la propia hoja sustentada por él, sino -en la antigua _Correspondencia_ de Santa Ana. _La Correspondencia_ de -hoy ha perdido su antiguo carácter; _gorro de dormir_, pertenece al -pasado. _La Época_ es en Madrid una especie de _Temps_, el periódico -serio, asentado, autorizado; con su poco de _Fígaro_ por el mundanismo -y el cuidado de la forma, con la particularidad, digna de elogio, de -que demuestra cierta preferencia por lo intelectual. Es un diario -gran-señor; no se vende por las calles, y si los demás cuestan cinco -céntimos, número suelto, y una peseta la suscripción por mes, _La -Época_ vale cuatro pesetas suscripción mensual y quince céntimos -número suelto. Claro es que el tiraje es relativamente reducido. No -hay que buscar, por otros puntos, comparación con nuestros grandes -matinales. - -Valdeiglesias es un hombre encantador; su distinción no excluye la -abierta gentileza; habla de todo, y sobre todo de arte y vida social, -con una volubilidad y amenidad que hacen de él un conversador deseable. -Desde luego, se me ofrece como cicerone en mis «viajes alrededor y -al centro de Madrid». En un momento me interesa en las colecciones -artísticas y de alto mérito histórico que posee el conde de Valencia -de Don Juan; me habla de los autores de la nobleza, bibliófilos, -conocedores de arte y _sportmen_, casi por completo desconocidos en el -público, escritores de libros que circulan en ediciones cortísimas y -para especialistas; y a propósito de la obra reciente de _Monte-Cristo_ -sobre los salones de Madrid, diserta de entusiástica manera sobre el -movimiento social de esta corte, que es indiscutiblemente una de las -que tienen para sus mantenedores del gran mundo y para sus huéspedes, -singulares atractivos y goces de lo que se puede llamar la estética de -la existencia, en un país en donde, aun en el duelo, parece que siempre -se escuchara como un canto a lo grato del mundo. El Marqués cuando -habla parece que dictase uno de sus artículos amenos y discretos, -de una verba correcta; y ya pasemos a hablar de lo mucho que él ha -trabajado y piensa trabajar para favorecer, después de un ensayo de -aplicación que él costearía, la introducción de las carnes argentinas -en España o trate de una reciente publicación sobre esgrima antigua -hecha por un título de Castilla o detalle las reuniones femeninas, -famosas, por vida mía, en Madrid, de nuestra legación, en donde, -hermosa y ricamente, el doctor Quesada sabe recibir a la flor de la -Corte, con bríos y humor que mantiene su vejez fresca y firme, una -vejez a lo Juan Valera--y a lo doctor Quintana--; Valdeiglesias siempre -encarna el periodista, es el polílogo vario y chispeante. - -Luego Moreno Carbonero. Estaban conversando con el novelista y -diplomático Ocantos, secretario de la legación como sabéis; y -a propósito de un decir del ministro sobre una cabeza que un -inglés encontrara en España y se atribuye hoy a Miguel Ángel o a -Donatello...--desde luego dos maneras tan distintas, dos espíritus -de arte tan diversos--oigo, pues, a Moreno Carbonero que dice: «Yo -por mi parte, prefiero, entre Miguel Ángel y Donatello, a Donatello». -Parecióme muy simpáticamente desenvainada aquella opinión por un -maestro que, a pesar de su gran talento, es lo que se llama un -«normal»; pero luego caí de mi ascensión, pues a propósito de la -pintura «moderna» y por traer nosotros el recuerdo del insigne catalán -Rusiñol, manifestó que ese arte--y decía esto después de inclinarse -delante del talento del catalán--, que ese arte--el del mejor Rusiñol, -el Rusiñol libre y poeta--era solamente bueno para el industrialismo -del cartel; algo así como la brocha gorda de los telones teatrales, -para ser visto de lejos... Y yo pensaba, aun deteniéndome únicamente en -el _affiche_, que en uno de Chéret, de Mucha, del admirable Grasset, -del mismo Rusiñol, hay más arte de artista que en muchas telas de -canónicos medallados. Es, por cierto, uno de los mayores pintores de la -España de hoy Moreno Carbonero, y me explico perfectísimamente la razón -de su manera de mirar el contemporáneo arte «intelectual». Él respira -su ambiente; ha vivido en París y ha pasado los años indispensables -de Italia; pero queda en él el meridional absoluto, o mejor, el -español inconmovible. Y esto por otra parte puede ser o será una gran -virtud. Ya sabéis, con todo, que es un idealista al ser nacional; su -amor por el Quijote es conocido, y el último cuadro suyo que he visto -representa la aventura del caballero de la Mancha con los carneros. -Picarescamente, esa noche, un respetable amigo suyo calificó ese -cuadro como un símbolo... De lo cual resultaría, por esta vez Moreno -Carbonero simbolista _malgré lui_. Ahora prepara otro cuadro cuyo tema -está extraído de la enorme usina quijotesca; y nos decía que andaba en -busca de un tipo campesino que tuviese la figura del Sancho que él se -imagina; y que creía haberla encontrado en un bauzán manchego que había -visto, como para ser reconocido por Teresa, Sanchica y el rucio. - -Recorremos la casa. Desde luego llama el ojo la buena cantidad y -calidad de viejos tapices en los salones principales, y de los salones, -el amarillo, para el que se ha escogido con sabio gusto esa antigua y -rica tela española que impone su aristocracia arcaica a las imitaciones -chillonas y estofas advenedizas. Por cierto punto la Legación es un -pequeño y valioso museo, pues fuera de tapicería y chirimbolos está lo -preferido y mejor entre todo las tallas, esas obras admirables de la -famosa talla española que hoy se podría llamar un arte olvidado; pues -la que ahora se hace no admite ni un lejano término de comparación -con la labor perfecta, aun en la misma tosquedad de lo primitivo, -que antaño se acostumbraba. Aquellos maestros perdidos en el tiempo -no han vuelto a encarnarse, y los escultores de hoy--con rarísimas -excepciones, como ese incomparable Bistolfi, de Italia, y algunos pocos -franceses--desdeñan en todas partes, no sé por qué, la madera, que para -ciertas cosas supera infinitamente a la piedra o el bronce. Y ante -un trabajo de algún desconocido Berruguete... «Vea usted, ¿se puede -realizar esto en mármol?...» Moreno Carbonero se ocupa actualmente en -hacer el catálogo de las colecciones artísticas del ministro argentino, -y una vez concluída la obra, debe resultar por muchos motivos -interesante. - -¿Y el arte? Y el arte, ¿cómo va en España? - -Pues si algo ha quedado sosteniendo la tradición diamantina del arte -español es la pintura. Allí Artal ha dado a conocer reflejos de la -hoguera subsistente. Hay pintores, hay grandes pintores. En el Museo -de Arte Moderno, del que ya os hablaré, he tenido nobles impresiones, -como las que tuve en la iglesia de San Francisco el Grande. La escuela -española contemporánea, de la cual Buenos Aires posee algunas valiosas -muestras--y ya que hablamos de Moreno Carbonero, un cuadro de este -pintor que, según me dijo él mismo, es de los que más quieren entre -los suyos y fué adquirido por el doctor del Valle--, la escuela -española contemporánea tiene justa fama, representada por sus firmas -principales, en toda Europa; y algunos pintores españoles hay, de -fuerza y valía, que cabalmente en _Europa_ son más conocidos que en -España, como me lo decía un artista. Por ejemplo, Baldomero Galofre -que, fuera de su ya larga labor, logrará un bello triunfo si realiza -conforme con el plan que conozco su vasto poema pictórico _España_. -Roma detiene a varios maestros de luz españoles, de los cuales conocéis -más de un cuadro cuajado de sol; París lo propio, desde en tiempos de -los Fortuny y los Madrazos. No he averiguado aún los detalles de la -salida de la producción, de los encargos, de la parte comercial del -asunto. Pero desde luego, os aseguro que en este inmenso imperio del -color, no se agotará jamás la llama artística; y desde Plasencia o -Moreno Carbonero hasta el último pintaplatos que os fastidiará en el -café sirviéndoos la marina o el bodegón como un par de salchichas, -todos tienen en la pupila un don solar que se proclama a cada instante. - ---«¿Y el arte en Buenos Aires?» Digo lo que puedo, alabo los esfuerzos -del director del Museo, cito tres o cuatro nombres y me salvo. - -Luego he estado en casa de Castelar. Ya convalece de su enfermedad -última, en la que llegó momento en que se creyera lo llevase a la -muerte. Fuimos tres los que en el momento de la entrevista estuvimos -presentes. Uno, su amigo el banquero Calzado, que hace tanto tiempo -reside en París, y cuya intimidad con el orador data de larga fecha. -Otro el ministro de Bolivia. Desde mi llegada cumplí con informarme -en nombre de la _La Nación_ y propio del estado del antiguo e ilustre -colaborador. Sus primeras palabras, al verme, fueron: «¡Oh, qué -diferencia, del 92, cuando usted me vió por última vez!» En efecto. -Recordarán mis lectores en este diario aquella carta color de rosa -que escribí hace siete años con motivo de un almuerzo que Castelar -me ofreciera en su misma casa de hoy, en la calle de Serrano. Aquel -Castelar brillaba aún en la madurez lozana de una vida que apenas -demostraba cansancio, aun cuando en la cúpula había nevado ya bastante. -El orador todavía se afirmaba sobre los estribos de su pegaso. Los -ojos chispeaban vivos en la cara sonrosada; el gesto adornaba la -frase elocuente; la potencia tribunicia se denunciaba a relámpagos. -El apetito se revelaba en aquellas perdices regalo de la duquesa de -Medinaceli, aquellas perdices episcopales regadas con exquisitos vinos -de abad. Y Abarzuza, que todavía no había sido ministro, estaba a -su lado. Y sobre la gran calva popular se encendía en su apogeo un -círculo de gloria. Hoy... Me dió ciertamente tristeza el cuerpo delgado -por la dolencia, los ojos un tanto apagados, la voz algo cansada, -el rostro de fatiga, todo el célebre hombre en decadencia. Todo no; -porque en cuanto empezó a hablar, como le tocara el punto delicado de -la política primero y de los asuntos internacionales después, irguió -la antigua cresta, cantó. De lo primero, como quien mira las cosas -desde su voluntario aislamiento; pero expresando su disgusto por las -añagazas y trampas al uso; y su desconsuelo airado por el estado a que -han reducido al país los malos dirigentes. De los segundos, lapidando -a frases violentas a los Estados Unidos. Hay que recordar como ha sido -el entusiasmo de Castelar por la república norteamericana antes de la -iniquidad. Y lo mucho que a Castelar han admirado los yanquis--sin duda -alguna por lo que ha tenido de _greatest in the world_, a título de -Niágara oratorio--. Y el Crisóstomo peninsular hablaba con el despecho -razonado de quien ha sido víctima de un engaño, de un engaño digno -del país colosal de los dentistas. «¡Cosas de este fin de siglo!» nos -decía. «Mientras la autocrática Rusia pide a los pueblos el desarme y -aboga por la paz, los Estados Unidos, tierra de la democracia, son los -que proclaman la fuerza por ley y se tornan guerreros. ¡Oh, es esto -para mí como si los castores se hubieran de pronto vuelto tigres! Tengo -en mi casa un retrato de Wáshington, regalo de un ilustre amigo mío -norteamericano; y otro amigo y compatriota me hacía cargos porque tenía -yo al gran anglo-sajón en lugar preferido de mi alcoba». Le contesté -que el pobre no tenía la culpa de lo que hacían sus descendientes, y -que el primero en la paz, el primero en la guerra y el primero en el -corazón de sus conciudadanos, sería el primero en avergonzarse de ellos -en esta sazón en que se han convertido en heraldos y ministros de la -violencia y de la injusticia. - -Calzado nos decía que durante la enfermedad no ha cesado un momento -Castelar en su labor de siempre. Que su humor no se ha entibiado, ni -sus ejercicios mentales de costumbre han sufrido el menor cambio ni -menoscabo. Es el trabajador de antaño. Entonces él nos dijo de qué -manera había perdido personalmente en su presupuesto constante una -renta que no bajaba de dos mil quinientos a tres mil francos mensuales, -pues por voluntad invencible ha resuelto, desde la última guerra, no -escribir una sola línea para el público de Norte-América. Y en verdad, -Castelar ha sido pagado por los yanquis como muy pocos escritores. -Diarios y _magazines_ ha habido que desembolsasen por un solo artículo -quinientos dollars, mil dollars. Era un Klondike en la imperial Nueva -York, o en la estudiosa Boston, o en la regia Porcópolis. Ese Klondike -se lo ha cerrado la lírica sangre gaditana que corre en sus venas. -Un yanqui en su caso escribiría el doble y pediría el triple por un -artículo. Pero ¿qué dirían el Cid y Don Pelayo? - -Me despedí de él no sin antes contestar a sus preguntas sobre América, -sobre la salud del general Mitre, sobre nuestros progresos. Me cita -para una larga entrevista próxima, y me encarga envíe sus mejores -recuerdos a sus antiguos compañeros de _La Nación_. Yo cumplo con ese -grato deber, y ruego a mis colegas de la casa que no se imaginen al -Castelar enfermo y débil de ahora al recibir ese saludo, sino al que -tenemos allí retratado en la sala de redacción: la cabeza fuerte y -noble como para contener un vasto mundo de ideas, los ojos que anuncian -la victoria de la palabra, y bajo el gran bigote, la boca expresiva de -donde ha brotado tanta sonora tempestad verbal, tanta música, tanta -encantadora mentira y tanta voluntad de Dios. Pues nadie puede decir en -este siglo lo que escuché de él, ciertamente conmovido, momentos antes -de estrechar su mano al despedirme: «Yo he libertado a doscientos mil -negros con un discurso». - - [Ilustración] - - - - - NOTAS TEATRALES - - [Ilustración] - - - 20 de enero. - -VARIOS estrenos: _La Walkiria_ en el Real; _Los Reyes en el destierro_, -en la Comedia; _Los caballos_, en Lara. La impresión dominadora que me -ha producido la estupenda obra de Wagner, es de aquellas fascinaciones -de arte que eternamente nos duran. El día está un tanto escandinavo: -a través de los vidrios del balcón veo caer tenaz y triste la nieve. -Es, pues, a propósito el momento para hablaros del estreno de la -ópera del Wottan de la música. Mirad primero del palco escénico al -público: es noche de gran pompa; el deslumbramiento es semejante al -de la sala de nuestra Ópera una noche de 9 de julio o de 25 de mayo. -Los hermosos tipos españoles son de beldad famosa, y tan vario caudal -de gracia y de maravilla plástica se aumenta y se ilumina con las -constelaciones de la pedrería y la elegancia de los trajes. La española -tiene _su_ estilo de vestir, como la vienesa, como la bonaerense, -como la neoyorkina; pero lo que en la una hace que porte un Paquin -o un Worth con cierta suntuosidad un tanto abullonada, como inflada -de valses, y en la argentina produce la confusión prodigiosa de la -manera con la parisiense y en la otra pone una especie de matematecidad -gimnástica, en estas damas hace que la elegancia francesa se mezcle -en limitada parte con el aire nativo, y para mejor daros una idea de -ciertos ejemplares soberanos, pongo por caso la andaluza marquesa -de Alquibla--os digo que os imaginéis a una maja de Goya vestida por -Chaplin. - -Desde luego, las observaciones de Graindorge no han caducado, y -probablemente mientras en el mundo haya _le monde_, tendrán su -inmediata confrontación en toda sociedad de la tierra. Mas aquí, -donde la cultura no es de aluvión, sino que está filtrada a través de -rocas multiseculares, fuera de aquello frívolo y pasajero que la moda -traiga con su imposición, el sentido social está bien cimentado; y -pongo esto a cuento porque lo primero que noté en la sala regia, con -pocas excepciones, es que la alta sociedad madrileña va al Español -para ver y para oir, y al Real para oir y para ver. Hay en el público -de palcos y plateas conocedores insignes en cuestión musical, y en -cuanto al paraíso, como en Buenos Aires, es allí donde se encuentran -los que, según se dice, imponen o rechazan una obra. Mas no oiréis la -conversación molesta del advenedizo enriquecido que llega a su palco a -hacerse notar por su desdén a lo que en la escena pasa; y los fanáticos -de Wagner no han tenido que protestar a causa de ninguna incoherencia -en la ocasión presente. Conforme con los preceptos wagnerianos, nadie -llegó retrasado a la función. - -Pues, os digo que aun impera en mí el prodigio de la armonía y de la -melodía, «elementos de la música más espiritual que el simple ritmo», -de Hanslick, y jamás he visto alzarse sobre un trono más glorioso el -alma suprema del gran Germano. Toda alma de artista, en esa noche, -sintió allí clavada la espada divina del genio cual la que está en el -fresno hundida hasta la empuñadura. Yo recordaba que uno de mis mayores -disgustos había sido con un amigo cordial, de más corcheas que yo, -pero a quien no podía demostrar mi sinceridad por Wagner delante de su -obstinada sospecha de ver en mi amor profundo por ese orbe de poesía -absoluta un mal pertrechado entusiasmo de _snob_... ¡Oh, no! Allí -habéis sentido y pensado a Wagner los que sabéis y podéis sentirle y -pensarle; y muchos de vosotros habéis ido a oir la _Misa del Arte_ a -la iglesia de Bayreuth. Pues aquí es mayor, incomparablemente mayor -el número de los adoradores, de los verdaderos adoradores del santo -culto que renueva a Pitágoras... y mi modesta afición, sin pretensión -alguna, sin herir ninguna cuerda, ni soplar madera ni cobre, ha sido -bien acogida. Se me ha dejado rezar, y eso basta. Madrid es capital que -por su gusto musical se distingue, el Real es de los teatros señalados -artísticamente, y entre otras cosas, existe una Sociedad de conciertos -que puede enorgullecer a cualquier gran centro lírico. No es sino de -entusiasmo la impresión que han llevado últimamente Saint-Saëns y -Lamoureux. Pero ¿y _La Walkiria_? - -La sala se dejó subyugar por la potencia sublime, desde los compases -directores de la introducción, corta y llena de magnificencia, y las -primeras frases de Siegmund--desgraciada y necesariamente traducido en -Segismundo--hasta el momento final en que al golpe de la lanza brota -el misterioso fuego, todo fué como el paso de un vasto huracán de -mágicos números, de cadencias únicas, de revelaciones armoniosas; ya -Siglinda surja, encarnación de portento, o Hunding truene o Siegmund -en un solo ideal se lamente; o el dúo del amoroso y deleitoso y único -amor de los dos hermanos se cristalice soberbiamente en la expresión -del divino incesto: «Esposa y hermana eres para mí. ¡Surja, pues, de -nosotros la sangre de los Welsas!» o Brunilda arrebate a Siglinda o -pase la prestigiosa y sonora cabalgata, o por fin, Wottan, dando el -sueño con un beso a la Walkiria, ordene el incendio al dios del fuego -maravilloso. El conjunto se destaca como una selva mágica en la que -casi sensible físicamente, el influjo del _deus_ precipita nuestras -emociones también en cabalgata magnífica e incontenible. Cada mente -se siente abrasada, cada espíritu contiene a Gerilda, Waltranta, -Schwerleita, Ortlinda, Helmwigia, Sigruna, Rosweisa, Grimguerda... -Y el público de Madrid, en general, supo apreciar el don olímpico. -Aunque hay quien afirme que del ciclópeo drama musical lo único que ha -admirado son las bellezas de la cabalgata y del fuego encantado... - - * * * * * - -En la Comedia, el estreno de _Los reyes en el destierro_, como -comprenderéis, extraída de la novela de Daudet. Autor de la pieza y -gozador del triunfo y del provecho, Alejandro Sawa. De Sawa también -os he hablado desde París--pues en verdad he sido yo el judío errante -de _La Nación_--hace algunos años. Él fué quien me presentó a Jean -Carrère, cuando la _émeute_ de los estudiantes y los escándalos del -café D'Arcourt, en el 93. Allá en París hacía Sawa esa vida hoy -ya imposible, que se disfrazó en un tiempo con el bonito nombre -de Bohemia. Es más parisiense que español y sus aficiones, sus -preferencias y sus gustos tienen el sello del Quartier Latin. Lo cual -no obsta para que sea casado, hombre de labor de cuando en cuando--y -querido de todos en Madrid--. A su vuelta, después de muchos años, de -Francia, ha sido recibido fraternalmente, y la suerte buena no le ha -sido esquiva, pues con el arreglo que ha hecho ahora para el teatro, ha -obtenido una victoria intelectual y positiva. Para Buenos Aires sé que -no tengo que entrar a detallar o recordar los tipos especiales que se -barajan en la producción del pobre _Petit-Chose_. Sólo diré que Sawa ha -logrado hilvanar bien su _scenario_ y tejer su juego con habilidad y -con el talento que todo el mundo le reconoce. - -Sawa--debo decirlo--continúa, a pesar de su triunfo, de su encantadora -hijita y de su barba que anuncia ya la vejez entrante, tan formal como -hace siete años. Me había prometido una escena de su obra para este -correo, primicia muy agradable. En efecto, no le he vuelto a ver. - -A Sellés sí le he visto, un día después del estreno de _Los caballos_. -Es personal y literariamente muy simpático, y pongo el vulgar adjetivo -porque así se comprenderá mayormente. Este académico de la Española es, -sin duda alguna, el más juvenil de los inmortales; no el más joven, -porque el conde la Viñaza y el poeta Ferrari son los benjamines. El -más anciano ya se sabe que es Menéndez y Pelayo. Y he aquí que en un -teatro de _arte chico_, de chulerías y cosas de esa guisa, se presenta -Sellés con esta obra, parte de una trilogía que, según él deja decir, -es simbolista. Altamente estimo al autor del _Nudo gordiano_, y sobre -todo, su tendencia a hacer un teatro de ideas, aquí en la tierra del -parlar y del inflar. - -Pero crea el señor Sellés que es infantil, que es de una ingenuidad -conmovedora el nombrar a Ibsen, o a Hauptmann, o a Sudermann, como -alguien lo hiciera delante de mí, a propósito de sus obras. Llamar -teatro simbolista al del señor Sellés, es como poner bajo las -tentativas del dibujante Chiorino: «dibujo prerrafaelita». En el -teatro de Antoine, en el de l'Œuvre, su obra difícilmente habría sido -admitida; porque el reconocer su castiza y propia lengua no significa -en este caso nada; cuando se quiere hacer obra de ideas no se hace -obra de palabras. Esta pieza, como dejo apuntado, pertenece a una -trilogía, cuya primera parte ha sido puesta en escena por Novelli. -Hay una tendencia social que se ruboriza de su mismo impulso a la -libertad futura. Parece que no ha estudiado el señor Sellés como debía -el más arduo de los problemas contemporáneos, y el anarquismo «para -familias» que ha procurado presentar en su pieza, no provocará en los -intelectuales sino una sonrisa. El río es más vasto y más profundo; -y, para citar un tipo, venir a encarnar en el maestro de escuela, -en España, la tendencia salvadora de la obra social--¡aquí donde el -pobre maestro de escuela es sinónimo de _atorrante_!--, es simplemente -inefable. La tela paradojal está bien bordada de oro fino castellano; -la forma regocija el amor patrio gramatical, y el poeta es el poeta de -siempre. Aquí se da del _cher maître_; y yo le digo por eso: Querido -maestro, sus _caballos_ se han desbocado, pero... _à rebours_. - -Y el miércoles próximo en el Español, estreno de _Cyrano de Bergerac_. -Nada diré hasta después de la representación; pero os mando los versos -que me encargara la revista _Vida Literaria_ con tal motivo. - - - CYRANO EN ESPAÑA - - He aquí que Cyrano de Bergerac traspasa - De un salto el Pirineo. Cyrano está en su casa. - ¿No es en España, acaso, la sangre vino y fuego? - Al gran gascón saluda y abraza el gran manchego. - ¿No se hacen en España los más bellos castillos? - Roxanas encarnaron con rosas los Murillos, - Y la hoja toledana que aquí Quevedo empuña - Conócenla los bravos cadetes de Gascuña. - Cyrano hizo su viaje a la luna: más antes - Ya el divino lunático de don Miguel Cervantes - Pasaba entre las dulces estrellas de su sueño - Jinete en el sublime pegaso Clavileño. - Y Cyrano ha leído la maravilla escrita - Y al pronunciar el nombre del Quijote, se quita - Bergerac el sombrero: Cyrano Balazote - Siente que es lengua suya la lengua del Quijote. - Y la nariz heroica del gascón se diría - Que husmea los dorados vinos de Andalucía. - Y la espada francesa, por él desenvainada, - Brilla bien en la tierra de la capa y la espada. - ¡Bienvenido Cyrano de Bergerac! Castilla - Te da su idioma, y tu alma como tu espada brilla - Al sol que allá en tus tiempos no se ocultó en España. - Tu nariz y penacho no están en tierra extraña, - Pues vienes a la tierra de la Caballería. - Eres el noble huésped de Calderón. María - Roxana te demuestra que lucha la fragancia - De las rosas de España con las rosas de Francia. - Y sus supremas gracias, y sus sonrisas únicas - Y sus miradas, astros que visten negras túnicas - Y la lira que vibra en su lengua sonora - Te dan una Roxana de España encantadora. - ¡Oh poeta! ¡Oh celeste poeta de la facha - Grotesca! Bravo y noble y sin miedo y sin tacha - Príncipe de locuras, de sueños y de rimas: - Tu penacho es hermano de las más altas cimas, - Del nido de tu pecho una alondra se lanza, - Un hada es tu madrina, y es la Desesperanza; - Y en medio de la selva del duelo y del olvido - Las nueve musas vendan tu corazón herido. - ¿Allá en la luna hallaste algún mágico prado - Donde vaga el espíritu de Pierrot desolado? - ¿Viste el palacio blanco de los locos del Arte? - ¿Fué acaso la gran sombra de Píndaro a encontrarte? - ¿Contemplaste la mancha roja que entre las rocas - Albas forma el castillo de las Vírgenes locas? - ¿Y en un jardín fantástico de misteriosas flores - No oíste al melodioso Rey de los ruiseñores? - No juzgues mi curiosa demanda inoportuna, - Pues todas estas cosas existen en la luna. - ¡Bienvenido Cyrano de Bergerac! Cyrano - De Bergerac, cadete y amante, y castellano - Que trae los recuerdos que Durandal abona - Al país en que aun brillan las luces de Tizona. - El Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte - El que vence el espacio y el tiempo; su estandarte. - Pueblos, es del espíritu el azul oriflama. - ¿Qué elegido no corre si su trompeta llama? - Y a través de los siglos se contestan, oid: - La Canción de Rolando y la Gesta del Cid. - Cyrano va marchando, poeta y caballero - Al redoblar sonoro del grave Romancero. - Su penacho soberbio tiene nuestra aureola. - Son sus espuelas finas de fábrica española. - Y cuando en su balada Rostand teje el envío, - Creeríase a Quevedo rimando un desafío. - ¡Bienvenido, Cyrano de Bergerac! No seca - El tiempo el lauro; el viejo Corral de la Pacheca - Recibe al generoso embajador del fuerte - Molière. En copa gala Tirso su vino vierte. - Nosotros exprimimos las uvas de Champaña - Para beber por Francia y en un cristal de España. - - - - - CYRANO EN CASA DE LOPE - - [Ilustración] - - - 2 de febrero de 1899. - -EN efecto, como os lo había anunciado, «Cyrano está en su casa». Ha -llegado a España con muy buen pie y mediante los ocho o diez mil -francos que, según tengo entendido, recibió de antemano el excelente -poeta Rostand. El triunfo ha sido sonoro: y nariz por nariz, la de -Díaz de Mendoza, en Madrid, ha valido lo que la de Coquelin en París. -En la de Bergerac, ha dicho con su oportuno chiste de siempre Mariano -de Cávia, que quedarían muy bien plantados los _quevedos_ en España. -Me place haber coincidido en lo del noble caballero de la torre de San -Juan Abad, en unos de mis versos anteriores, con el vibrante y agudo -periodista. El Cyrano español no es otro que Quevedo; en ambos puso la -Luna «madre nutriz, con su leche, quilo del mundo», que dice la sabia -doña Oliva de Sabuco, el rayo que hace los locos de poesía; y ambos -fueron hombres de amor y de generosas empresas de espada. - -La comedia heroica de Rostand, por otra parte, no es otra cosa que -una obra de capa y espada de la más buena cepa española, como me -lo hiciese notar al llegar el libro del _Cyrano_ a Buenos Aires, -un culto y sagaz compañero. Es una comedia de capa y espada que ha -podido escucharse en el modernizado Corral de la Pacheca, como si -fuese obra legítima de cualquier resucitado, porque los actuales, con -las excepciones que sabéis, no encuentran mejor ni más provechosa -fuente que las hazañas, hechos y gestos del chulo, ese «compadrito» -madrileño. El éxito, pues, ha sido absoluto. La noche del estreno -estaba en el Español el todo Madrid de las letras, y la belleza -social tenía soberbia representación. No os supongáis que se trate -de algo semejante a una «primera» de la Comédie Française; aquí no -existe aristocracia literaria; todo va revuelto y el veterano de la -gloria castellana se codea con el tipo _interlope_ que han bautizado -con el extraño nombre de _Currinche_. Un diario como _El Nacional_, -con motivo de haber invitado Fernando Mendoza a los ensayos, y -sobre todo al ensayo general, a personas extrañas al teatro, decía -con loable franqueza: «Allá en París se invita en tales casos a la -Prensa, a los autores dramáticos, novelistas, críticos, académicos, -actrices vacantes, personalidades del gran mundo... En una ciudad de -dos millones de habitantes, donde nadie tiene por qué combatir una -obra, se puede invitar a mil espectadores que van sin prevenciones, -ni envidias, ni espíritu de concurrencia, a presenciar un ensayo -general; y a la crítica para que pueda con tiempo estudiar la obra y -dar cuenta de ella _dos días después_, cuando ya el público de pago -la haya visto; y un ensayo general es una especie de consagración del -drama o comedia que el público irá a ver confiado en la nota, siempre -benévola para el autor reputado, que la Prensa seguramente dará. ¿Pero -aquí? Aquí, en esta cabeza de partido de Europa que se llama Madrid, -y en la que todos nos conocemos, nos abrazamos y nos odiamos... aquí, -donde hay un estado constante de celos y de envidias y de pequeñeces -inevitable en el estrecho medio ambiente en que vivimos; aquí, donde -toda la vida literaria está circunscrita a la Carrera de San Jerónimo -y la calle del Príncipe... aquí, en fin, donde las Empresas viven de -diez docenas de familias ricas y de doscientos espectadores pobres, -de los cuales la mitad son autores rencorosos o Empresas rivales... -permitir que asistan a un ensayo general los amigos y los enemigos, -los autores españoles que han de ver gastos enormes y cultos rendidos a -autores franceses, los empresarios del frente y los de al lado... ¡Qué -equivocación tan lamentable y qué desconocimiento del país en que se -vive!» Quien esas líneas escribió parece que tuviese bien conocido su -ambiente; pues, en realidad, nada menos que por intermedio de Eusebio -Blasco se ha manifestado en público lo que antes escuchara yo en -privado: la miserable cuestión de las «perras» chicas y grandes... Ved -como, al día siguiente del estreno, ese escritor cuyo arte singular es -harto y de antiguo famoso, se expresa, agrediendo de paso a la América -que ignora: «Podremos creer que en la casa de Lope de Vega no deben -hacerse traducciones; podremos creer también que, de estrenar una -obra extranjera cuyo éxito ha sido esencialmente literario en París, -debieron haberla adaptado en verso castellano poetas de nombre. Aquí -donde tenemos desde Núñez de Arce hasta Manuel Paso, desde Dicenta a -José Juan Cadenas; desde Manuel del Palacio hasta Rodolfo Gil, desde -Sellés hasta Gil (Ricardo), tantos y tantos poetas notabilísimos, los -catalanes, regionalistas furibundos teniendo en Barcelona unos teatros -tan hermosos, en cuanto hacen un drama o una traducción se vienen a -Madrid y se imponen en el primer teatro de la nación, y se pone a -su disposición todo el dinero de las Empresas. Todo esto vemos y de -ello protestamos, sin ánimo de ofender a nadie y en defensa de los -autores de Madrid, que son, hoy por hoy, en los tres teatros de verso -que hoy funcionan, pospuestos a los autores _franceses_. El _Cyrano -de Bergerac_ le gustó mucho al público anoche. Es obra de _dinero_, -como se dice en la jerga teatral. _Melodrama para la exportación a -Buenos Aires_, _Chile_, _Bolivia_, y allí alborotará. _¿Cómo no?_ Lo -encontrarán _lindo_ y el estilo parecerá de perlas». - -El que habla es Eusebio Blasco, instruído sobre el estado de las -aduanas literarias sudamericanas por los poetas de Sucre o de -Cochabamba, a quienes ha prologado, o quizá, casi estamos seguros, -por persona a quien él conoce bastante, poeta de peso--el hombre de -Huanchaca, el boliviano expresidente Arce, que compró la cama de la -emperatriz Josefina. Y fijáos primero en la generosidad del artista de -_Los curas en camisa_ e introductor de _Pañuelos blancos_ y de toda -clase de lencería francesa: la casa de Lope cerrada a toda idea que -no huela al aceite de las propias olivas, cuando la casa de Molière y -la casa de Shakespeare no se cierran; proteccionismo de las vejeces -más o menos gloriosas, a cuyo regimiento pertenece, o de amistades -y simpatías personales, con daño de tres jóvenes modestos que han -hecho un plausible esfuerzo; repudio de lo catalán, sin duda por las -lecciones de arte y trabajo que Barcelona da; expulsión de lo bello -_francés_ a causa seguramente de que lo propio anda escaso; y, punto de -mira principal, el dinero, el ansiado dinero--, cuya _lindeza_ no nos -atrevemos a contradecirle. _¿Cómo no?_ ¡Oh, no, buen señor! - - -Primero ha sido el talento de Rostand y después han llegado los miles -de francos; y en cuanto a Cyrano de Bergerac, si como en el diálogo de -Cávia se encontrase en la villa y corte a estas horas buscaría en vano -la hidalguía de Quevedo y se volvería a su París, con Dreyfus y todo. - -Pero, hablemos del estreno. - - * * * * * - -Un escritor de la nueva generación y de un talento del más hermoso -brillo--he nombrado a Manuel Bueno--ha escrito que «el nombre de Cyrano -de Bergerac parece un reto». «Hay--dice--en las seis sílabas que lo -componen, un no sé qué de ostentoso atrevimiento que desafía». Ello -es un hecho, que al oído se comprueba sin necesidad de haber leído el -_Cratilo_ de Platón. Entre las letras que componen ese nombre suenan -la espada y las espuelas, y se ve el sombrero del gran penacho. ¿Y -admitirás que el nombre es una representación de la cosa?--pregunta -Sócrates en el diálogo del divino filósofo--Cratilo asiente. Cyrano -tiene un nombre _suyo_ como Rodrigo Díaz de Vivar, como Napoleón, como -Catulle Mendés. Los nombres dicen ya lo que representan. Pues ese poeta -farfantón y nobilísimo, de sonoro apelativo, debía ser bien recibido -en un país en donde por mucho que se decaiga, siempre habrá en cada -pecho un algo del espíritu de Don Quijote, algo de «romanticismo». -¡Romanticismo! «Sí--clama Julio Burell--romanticismo. Pero hoy el -romanticismo que muere en Europa revive en América y en Oceanía. Cyrano -de Bergerac--una fe, un ideal, una bandera, un deprecio de la vida--se -llama Menelik en Abysinia, Samory en el Senegal, Maceo en Cuba y en -Filipinas Aguinaldo...» - -Verter el prestigioso alejandrino de Rostand al castellano era ya -empresa dificultosa. Ni pensar siquiera en conservar el mismo verso, -pues hay aquí crítica que aseguraría estar escrita en «aleluyas» la -_Leyenda de los siglos_. Todo lo que no sea en metros usuales, silva, -seguidilla, romance, sería mal visto, y renovadores de métrica como -Banville, Eugenio de Castro o D'Annunzio, correrían la suerte del -buen Salvador Rueda... Los tres catalanes--Martí, Vía y Tintorer--que -tradujeron la obra, se fueron directamente a la silva y al romance; y -ni siquiera intentaron poner en versos de nueve sílabas la balada o la -canción llena de gracia heroica y alegre: - - Ce sont les cadets de Gascogne - De Carbon de Castel-Jaloux - Bretteurs et menteurs sans vergogue - Ce sont les cadets de Gascogne... - -y tan desairadamente se convirtió en: - - Son los cadetes de la Gascuña - Que a Carbón tienen por capitán... - -Luego hicieron cortes lamentables, como en el parlamento de Cyrano, -sobre la nariz, y cambios más lamentables aún, como trocar la frase -final, la frase básica de _¡Mon panache!_ por: _La insignia de mi -grandeza_... ¡Qué queréis! por una palabra castiza se dan aquí diez -ideas; y es muy posible que si Cyrano dice claramente: _Mi penacho_, -nadie hubiera comprendido, o ese galicismo arruina la obra. De todos -modos, los catalanes han llenado bien su tarea, hasta donde es posible -en el medio en que tenían que presentarse. - -La evocación teatral, el _scenario_, fué de una deliciosa impresión -desde el primer momento, desde que apareció el local del Palacio de -Borgoña, lugar de las representaciones dramáticas en el París de 1640. -Creo demás, para el público de Buenos Aires, hablar del argumento -del _Cyrano_ de Rostand; todo se ha publicado cuando el estreno en -París, y los que se interesan en estos asuntos han leído la comedia -en el original. La nota principal del comienzo de la obra la señaló -la aparición de María Guerrero, una Roxana que, eso sí, no han tenido -los parisienses, encantadoramente caracterizada, una «preciosa», -preciosísima. Los detalles perfectamente estudiados, artistas bellas -y cómicos discretos; cuando el gordinflón Montfleuri aparece y Cyrano -surge y Roxana sonríe, ya la concurrencia está dominada. Fernando -Mendoza, que ha progresado mucho con sus viajes, se conquista los -aplausos desde luego; las simpatías, que tanto hacen con el público, -están ganadas de antemano. - -Las gasconadas se suceden, y al llegar la escena del desafío con -Valvert, el triunfo se deja divisar: y al final, cuando Cyrano se va -a acompañar a su amigo Lignière para defenderlo contra cien--¡Con -quince luché en Zamora!--la ovación primera estalla, al sonar en silva -castellana los últimos alejandrinos: - - Ne demandiez-vous pas pourquoi, mademoiselle, - Contre ce seul rimeur, cent hommes furent mis? - C'est parce qu'on savait qu'il est de mes amis. - -En el acto segundo, en su hostería aparece el poeta y pastelero -Ragueneau, encarnado por aquel tan buen cómico que conocéis, Díaz, -un gracioso que en la Renaissance supo hacer admirar la tradición de -su clásico carácter. La llegada de Cyrano, los poetas, famélicos; la -carta escrita a Roxana, la entrevista con ésta, la confidencia de ella -y el desengaño de él; la llegada de los cadetes; la provocación de -Christian--hecha con gran propiedad por el joven artista que también -conocéis, Allens Perkins--la conversación entre Cyrano y Christian; -el final del acto en versos en que los traductores se han llenado -indudablemente del espíritu del original--_¡Non, merci!_--; todo esto -hace que el telón caiga en una tempestad triunfante de entusiasmo. - -El acto tercero entra en plena victoria. La escena del balcón agrada, -por la justeza con que la silva ha podido interpretar el verso de -Francia. Matrimonio de Christian y Roxana, y venganza de De Guiches, -que manda a los cadetes de Gascuña a levantar el sitio de Arras, contra -los españoles. El entusiasmo se duplica. - -El cuarto es el del campamento, admirablemente puesto; los cadetes -hambrientos; Castel Jaloux--muy bien esculpido por Cirera--y Cyrano, -figuras sobresalientes; y la escena hermosa del pífano conmueve al -auditorio... Ah, los alejandrinos de Rostand; pero la silva sigue -haciendo lo que puede, y el _espíritu_ triunfa. Y he ahí a Roxana; -aparece en la carroza que sabéis, con el buen Ragueneau, de cochero, -que enarbola su látigo de salchicha; el _lunch_ inesperado; la llegada -de De Guiches, el diálogo de Roxana y Christian, la nobleza de ese -cordial sin talento; triunfo del alma de Cyrano; la lucha; la muerte de -Christian; y, con el pañuelo de Roxana por bandera, el combate con los -españoles; el triunfo de éstos; y la pregunta; «¿Quiénes son esos locos -que así saben morir?», con la respuesta de Cyrano. - - Ce sont les cadets de Gascogne, - de Carbon de Castel-Jaloux... - -Ciertamente os digo, que todo eso fué merecedor de la tormenta de -aplausos y exclamaciones que coronó el acto. Para llegar al último, -suave, otoñal, crepuscular, vespertino, a la caída de las hojas. De -esos adjetivos tomad el que gustéis para la figura de María Guerrero, -de religiosa, con su toca como una gran mariposa negra sobre la -frente--Cyrano llega a morir, después de tantos años de silenciosa -pasión, delante de la que ama; y en una escena de delirio glorioso y -melancólico, al amor de la luna triste. _La lune s'attristait_... Y -yo no he visto a Coquelin, ni a Richard Mansfield, los dos mejores -_Cyranos_, como que el uno es el acreedor y ha encarnado su «alma» -según dice Rostand en la dedicatoria; pero Díaz de Mendoza ha creado -bravamente, muy bravamente su papel; y, como le dice en una carta -cierto linajudo marqués, al artista grande de España: «Si hasta ahora -fuiste el cómico de los señores, desde ayer eres el señor de los -cómicos». He ido a saludarle al «saloncillo» en un entreacto, a ese -saloncillo de descanso en donde los infaltables Echegaray, Llana, -Ladevese y otros más, hacen su tertulia todas las noches, rodeados de -retratos de autores y presididos por la gracia de María Guerrero. Y he -encontrado al hidalgo entusiasta del arte, y que, signo de su tiempo, -lo es altivamente y gallardamente, sobre preocupaciones de linaje, -siguiendo una vocación imperiosa y pudiendo agregar a sus armas de -conde de Bazalote las dos máscaras. - -El aparecimiento de _Cyrano de Bergerac_, en estos momentos podría -ser y debía ser saludable y reconfortante. A propósito de estos -actores, recuerdo que Paul Costard hizo una muy atinada observación. -La de que Cervantes se hubiese arrepentido de su victoria contra la -bella locura de la caballería. Don Quijote, después de todo, no es -más que la caricatura del ideal: y sin ideales, pueblos e individuos -no valen gran cosa. Ni Cyrano habría cedido a las añagazas de los -políticos de la _débâcle «¡Non merci!»_ ni quien se quedó manco en -Lepanto habría quedado sin perecer glorioso en Cavite o en Santiago de -Cuba. El espíritu sanchesco sirve de lastre a las almas nacionales -o individuales, impide toda ascensión; el romántico espíritu de la -caballería es capaz de convertir a un seco y aritmético yanqui en un -héroe, a un cow-boy en un Bayardo. Y por el contrario, todo pueblo, -como todo hombre que desdeña el ideal, esto es el honor, el sacrificio, -la gloria, la poesía de la historia y la poesía de la vida, es -castigado por su propio olvido. A través de las lanzas prusianas se -ve pasar el cisne de Lohengrin, y mientras España fué caballeresca y -romántica, siempre tuvo la visión del celeste caballero Santiago. Esta -triste flacidez, esta postración y esta indiferencia por la suerte -de la patria, marcan una época en que el españolismo tradicional -se ha desconocido o se ha arrinconado como una armadura vieja. Los -_politiciens_ y los fariseos de todo pelaje e hígado prostituyeron -la grande alma española. Y aun la religión, que ha perdido hasta su -vieja fiereza inquisitorial en la tierra fogosa de los autos de fe, -se convirtió en una de las ventosas cartaginesas que han ido poco a -poco trayendo la anemia al corazón de la Patria; y si por el sable -sin ideales se perdieron las Antillas, por el hisopo sin ideales y -sin fe se perdieron las Filipinas. Y el honor, ¿por qué se perdió? -Creo que el fuerte vasco Unamuno, a raíz de la catástrofe, gritó en un -periódico de Madrid de modo que fué bien escuchado su grito: _¡Muera -don Quijote!_ Es un concepto a mi entender injusto. Don Quijote no debe -ni puede morir; en sus avatares cambia de aspecto, pero es el que trae -la sal de la gloria, el oro del ideal, el alma del mundo. Un tiempo se -llamó el Cid, y aun muerto ganó batallas. Otro, Cristóbal Colón, y su -Dulcinea fué la América. Cuando esto se purifique--¿será por el hierro -y el fuego?--quizá reaparezca, en un futuro renacimiento, con nuevas -armas, con ideales nuevos, y entonces los hombres volverán a oir, Dios -lo quiera, entre las columnas de Hércules, rugir al mar, con sangre -renovada y pura, el viejo y simbólico león de los iberos. - - - - - LA CORONACIÓN DE CAMPOAMOR - - [Ilustración] - - - 19 de febrero. - -SALGO de casa de Campoamor con una impresión de tristeza. Se trata de -su coronación... Romero Robledo, al cerrarse la exposición de las obras -de Casimiro Sáinz--ese pobre artista que como André Gill fué a parar -a un manicomio--, el célebre político ha iniciado ahora la pintoresca -apoteosis que han obtenido en este siglo en España, Quintana, Zorrilla -y Núñez de Arce. No es la primera vez que de ello se trata. Parece -que anteriormente por dos ocasiones se ha intentado esa espléndida -_humorada_ en acción, pero el poeta ha protestado por tan vistosos -honores y se ha encerrado en su casa a pasar sus últimos años en la -burguesa existencia de un rentista que padece de reumatismos. ¡Así -fué el gran gesto de nuestro Guido, negándose a la apoteosis con que -se le hubiera querido obsequiar! Pero ¡qué gran diferencia de poeta -a poeta! La bella cabeza del lírico argentino, la máscara del viejo -Pan, las barbas fluviales, la conversación juvenil, el alma fresca, -la confianza en la vida de su patria vigorosa y nueva; ir a visitar a -Guido es un placer intelectual, alegre y reconfortante; y a veces toca, -como sabéis, helénica y admirablemente, la flauta, mientras le hacen de -bajos sus vecinos, los leones de Palermo. Y Campoamor, caduco, amargado -de tiempo a su pesar, reducido a la inacción después de haber sido un -hombre activo y jovial, casi imposibilitado de pies y manos, la facies -penosa, el ojo sin elocuencia, la palabra poca y difícil... y cuando le -dais la mano y os reconoce, se echa a llorar, y os habla escasamente -de su tierra dolorida, de la vida que se va, de su impotencia, de su -espera en la antesala de la muerte... os digo que es para salir de su -presencia con el espíritu apretado de melancolía. - -La figura de Campoamor resalta en la poesía española de este siglo con -singular magnitud. Si aquí hubiese un Luxemburgo en que habitasen, -reconocidos por los pájaros, las rosas y los niños, los poetas de -mármol y de bronce, los simulacros de los artistas cristalizados para -el tiempo en la obra del arte, las tres estatuas que se destacarían -representando esta centuria lírica, serían la de Zorrilla en primer -término, la de Núñez de Arce y la de Campoamor. No lejos, por fondo un -macizo de flores apacibles, tendría su busto Becquer, que por tener -algo de septentrional ha sido excomulgado alguna vez por ciertos -inquisidores de la Academia de la Lengua y de la tradición formalista. - -Zorrilla encarna toda la vasta leyenda nacional, y es su espíritu el -espíritu más español, más autóctono de todos, desde el mundo múltiple -en que se desbordó su fantasía, una de las más pletóricas y musicales -que haya habido en todas las literaturas, hasta la impecabilidad -clásica y castiza de su forma, en medio de las gallardías de expresión -y de los caprichos de ritmo que le venían en antojo. Núñez de Arce, -con vistas a Francia, y muy particularmente hacia el castillo -secular y formidable de Leconte de Lisle, representa un momento del -pensamiento universal en el pensamiento de su generación en España, -una tentativa de independencia de la tradición, la duda filosófica de -mediados de siglo; su fray Martín habla como el abad Hieronimus de los -_Poemas Bárbaros_, y los alejandrinos del impasible francés hallan -resonancia paralela en los endecasílabos del nervioso y vibrante -castellano. Campoamor ha realizado en cierto modo una dualidad que se -creería imposible, al ser al mismo tiempo aristocrático y popular: -aristocrático por su elegante y amable filosofía, por su especialísima -gracia verbal y métrica; popular, porque siempre va por llanos caminos, -y su expresión es semejante a un arroyo donde cualquier caminante -puede beber el agua a su gusto con sólo darse el trabajo de inclinarse -a cogerla. De los tres, el poeta más poeta fué, sin duda alguna, -Zorrilla, «el que mató a don Pedro y el que salvó a don Juan», poeta -en su vida, poeta hasta su muerte en todo y por todo, a término de -hacer oir un discurso en verso a los académicos de la Española; poeta -delante del cadáver de Larra, poeta triunfante con su _Tenorio_, poeta -cortesano del emperador de la barba de oro en Méjico; poeta ya viejo -y necesitado, cuando Castelar sostuvo en las Cortes la urgencia de -proteger con una pensión a esa viva reliquia gloriosa, a ese millonario -de sueños y de rimas, propietario del cielo azul «en donde no hay nada -que comer». Núñez de Arce ha sido ministro, hombre político, y hoy -mismo gobernador del Banco Hipotecario; la juventud intelectual, por lo -que he observado, tiene pocas simpatías por él. Campoamor es un buen -burgués de provincia que ha sido también senador y consejero de Estado, -y que continúa gozando de la renta que le dan sus tierras. Los jóvenes -le tienen gran estima y afecto. A Zorrilla se le coronó, allá en -Granada, en fiesta en que él puso a danzar todos sus gnomos y silfos; a -Núñez de Arce se le coronó hace poco tiempo; ahora, como os he dicho, -se piensa en coronar a Campoamor. - -Yo no sé cómo aquí realizarán esta fiesta, indudablemente plausible en -cuanto se trata de honrar la divina virtud, la suma gracia del arte, -pero fácil a la sonrisa, inevitable en el humor de nuestro tiempo en -que francmasonería, filatelia, volapuk, librepensamiento y versos, en -el sentido melenudo de la palabra, pasan bajo la mirada irresistible -de la diosa Eironeia. Mirad que resucitar a estas horas ceremonias -contemporáneas de Corina, colocarle a nuestro eminente vecino don -Fulano de Tal el gajo verde que circunda la cabeza de Tasso o de Dante, -ante un concurso, por obra de su época, iconoclasta, que ha oído desde -hace largos años decir a don Gaspar: «Ya venciste, Voltaire, ¡maldito -seas!», que apenas compra los libros de rimas y que acaba de introducir -de París el café-concert, el modernismo en el arte y los automóviles, -es asunto que en Buenos Aires se prestaría maravillosamente para glosas -de un picor en que son especiales los jengibres criollo-cosmopolitas. - -He dicho que al ilustre anciano se le había antes querido coronar dos -veces, y que en ambas había declinado la manifestación. - -Para saber su temperamento en el caso actual, le hice una visita en -unión de uno de los más notables talentos del Madrid de ahora, el -médico y escritor José Verdes Montenegro, que, entre paréntesis, acaba -de publicar una interesante introducción a la versión que de una -novela reciente del hijo de Tolstoi--_El preludio de Chopín_--ha hecho -un autor de esta Corte. Ciertamente no fué de agrado el gesto que vi -cincelarse en la enferma faz de Campoamor cuando le pregunté el estado -de su ánimo sobre la coronación, y de sus labios, que apenas permiten -pasar las palabras, entre una tentativa de protesta dejó escapar una -interjección absolutamente española, pero quizá de origen griego, pues -el hermano de Safo tuvo el mal gusto de tenerla por nombre. Mientras -un criado le llevaba el alimento a la boca--«¡santo Dios, y éste es -aquél!»--aquella ruina venerable movía la cabeza, y con la mirada decía -muchas doloras crepusculares llenas de cosas tristísimas. ¡Coronación -a estas alturas de vejez en que la nieve se ha amontonado tanto sobre -la vida que ya uno apenas puede darse cuenta de que existe! Podría él -preguntarse: «¿es que vivo aún?» Se le decía que todo se haría bien -hecho, que dada la persona que encabeza la iniciativa, no podía la -fiesta ser sino un regio triunfo social e intelectual. ¿Oía? ¿entendía? - -El seguía haciendo sus dolorosos movimientos de cabeza; hasta que, -cuando nombramos a Romero Robledo, dejó caer estas palabras: «¡A ese no -le hacen justicia!» - -De todos modos, la fiesta, según tengo entendido, va a realizarse, y -esta misma noche he de asistir en casa de doña Emilia Pardo-Bazán a una -reunión de hombres de letras y de política, reunión convocada por la -célebre escritora para tratar de ese tópico. - -Ya era hora de despedirnos. Campoamor, en el estado en que está, en -cuanto se levanta de la mesa tiene que ir al lecho. Todavía nos mira -fija, fijamente: nos da la mano, que apenas puede apretar la nuestra; -y de pronto se le enrojecen los ojos, va a llorar... Mi compañero me -dice: «Vámonos». Salimos con rapidez. - - - 11 de febrero. - -Reunión, anoche, en casa de doña Emilia Pardo-Bazán. Sorpresa mía, al -oir anunciar a doña Emilia, a sus invitados, que la fiesta es dedicada -mitad al asunto Campoamor y mitad a quien estas líneas escribe. Fijáos: -ese anciano hidalgo que llega ceremonioso a saludar a la condesa -_douairière_ de Pardo-Bazán, es el duque de Tetuán; y el hidalgo joven -que cojea un poco apoyado en un bastón, al lado de don José Echegaray, -es el conde de las Navas. Cerca de Eugenio Sellés, académico, está el -próximo «inmortal» Emilio Ferrari. Carlos M. Ocantos conversa con el -periodista francés René Halphen. El doctor Tolosa Latour está entre -los dos celebérrimos cronistas de salón, _Kasabal_ y _Monte-Cristo_. -Más allá, dos o tres marqueses, cuyos títulos no se me quedan en la -memoria; y las señoritas de Quiroga, hijas de doña Emilia. Le doy la -mano a un tuerto, de la dinastía bretoniana; es Luis Taboada. Un ciego -se adelanta--siempre ducal, siempre suscitando rumores afectuosos a su -paso, siempre con una elegancia que es proverbial desde su juventud, a -punto de que en los salones de Wáshington se le apellidaba _Bouquet_; -se diría que su ceguera realza ahora su distinción: es el autor de -_Pepita Jiménez_--es don Juan Valera. En un grupo oigo decir entre -otras palabras: «Buenos Aires... _La Nación_... Mitre... Centenario de -Colón...» A un caballero, a quien reconozco en seguida, recuerdo que -le he sido presentado por Cánovas en otro tiempo: es el señor Romero -Robledo. Se forman corrillos. Heme aquí de pronto colocado por doña -Emilia entre dos altas damas que representan lo más intelectual de la -nobleza femenina de España: la marquesa de la Laguna y la condesa de -Pinohermoso. Desde luego es ya mucho que estas dos linajudas señoras se -interesen por cosas de la literatura. De antiguo la nobleza, con las -excepciones sabidas, fué ignorante y poco amiga de asuntos que hicieran -pensar. Hoy, con excepciones más sabidas aún, las cortes europeas son -como las aristocracias plutocráticas de países sin armoriales; hay -la cultura precisa para no hacer resaltar una ignorancia que sería -desdorosa, pero lo principal se va al _sport_ y demás conocimientos -mundanos. - -La poca conversación con estas damas me da a entender que hay justicia -en tenerlas en la estima mental que se las tiene, quedando resaltantes, -a mi juicio, la duquesa de la Laguna por el _esprit_, la condesa de -Pinohermoso por las opiniones discretas. - -¿Y el asunto Campoamor a todo esto? Nadie habla de ello por el momento. -Apenas un señor que ha visto al viejo poeta esta misma tarde, cuenta -que le ha preguntado: «¿Y usted se dejará por fin coronar?», y que él -le ha contestado: «Yo no me dejo, pero me van a coronar». Observo que -todo el mundo mira a Romero Robledo como a un sér más o menos olímpico. -Él habla de que la coronación se realice en el Retiro. Se levantaría -una tribuna especial; se decoraría todo con el arte y el fausto de -que se puede disponer; y luego, el recinto guarda memorias ilustres -de los tiempos en que Felipe IV sabía ser un monarca intelectual. Y -doña Emilia habla de lo que ha dicho Castelar en el banquete de hace -dos días: que a él no le parece bien la coronación de un poeta lírico, -porque éste expresa opiniones y sentimientos individuales; a un poeta -épico, se explica, porque representa el alma de una colectividad, de -un pueblo... Y doña Emilia, a defender a Campoamor, y a decir que -cabalmente los poetas llamados épicos--¿han todos expresado epopeyas -en el alto sentido?--son momentáneos y manifiestan pensamientos y -sentimientos que pasan; en tanto que los poetas líricos o individuales -han puesto en la expresión de su yo la expresión del alma eterna de -los hombres; y así, lo que han cantado y rimado hace muchos siglos, -subsiste hoy como emergido de almas y corazones contemporáneos -nuestros. Homero nos interesa en la despedida de Andrómaca, porque eso -es humano y particular a cada sér que tenga sensibilidad cordial; pero -cuando es absolutamente épico, no interesa hoy, sino a la erudición o a -la pedantería. Cuando doña Emilia demostraba esto a Valera, yo decía en -mi interior lo que Víctor Hugo en otra ocasión dijese a la misma doña -Emilia: _¡Voilà bien l´Espagnole!_ - -Como entre los humos del té pidiese yo al señor Romero Robledo detalles -sobre la próxima coronación, me dice que todavía no hay nada definido; -que se ha iniciado nada más el asunto, pero que marcha con tan buen -aire, que todo augura un éxito colosal. Y aquí dos cosas curiosas, una -del señor Romero Robledo y otra de la señora Pardo-Bazán. El uno dice: -«¡Vamos a hacer algo que dejará eclipsado lo que París hizo por Víctor -Hugo!...» Y la otra cuenta esta anécdota que el periodista francés -la dejaría pasar, pero yo no: «Cuando se publicaron las _Doloras_ de -Campoamor, Víctor Hugo, celoso de esa gloria, dijo: «Voy a hacer un -volumen de _Doloras_, como las de Campoamor», y escribió _¡Chansons des -rues et des bois!_» - -¡Oh, doña Emilia! Es el caso que en esta ocasión no podría decir la -frase huguesca de su autobiografía de los _Pasos de Ulloa_: «_¡Voilà -bien l´Espagnole!_»... Y si ella arguyera, casi me pondría yo de parte -de la señora de Lockroy... - -Nos quedamos en _petit comité_; se despide la mayor parte de los -invitados, y nos instalamos cerca de una roja y buena chimenea. Valera -encanta y divierte, castellano y florentino, con su conversación -especial; doña Emilia hace recitar a Ferrari, y dice ella versos -alemanes e italianos. Y está más brillante que nunca, más brava que -nunca, después de una de esas gallardas anécdotas de Valera, cuando a -alguien se le antoja hablar de las inmediatas desventuras de España, -y a este propósito un conde ignorante expele dos o tres inepcias -estadísticas, y con un desconocimiento completamente ibero-americano, -lanza esta frase: «La Habana era, al perderla España, la ciudad más -grande, culta y rica de la América española». - -El secretario argentino se pone nervioso, me hace señas y me voy a mi -casa pensando en la «azul y blanca» de Obligado, a escribir, contento -de mi continente, y de la capital de mi continente, para mi diario. - - [Ilustración] - - - - - CARNAVAL - - [Ilustración] - - - 17 de febrero. - -_LE carnaval s'amuse_... y Madrid se disfraza y danza y toca las -castañuelas. Se ha divertido el pueblo con igual humor al que hubiese -tenido sin Cavite y sin Santiago de Cuba. Hay filósofos de periódico -que protestan de tan jovial e inconmovible ánimo; hay humoristas -que defienden la risa y la alegría nacionales y que creen que «bien -merecen la fiesta los pueblos que saben divertirse». ¡En hora buena! -Yo me siento inclinado a estar de parte de los últimos y reconozco -la herencia latina. Tácito y Suetonio (Anal. III, 6, Cal. 6) nos han -dejado constancia de que los duelos públicos se suspendían en Roma los -días de juegos públicos, o mientras se celebraban ciertos sagrados -ritos. El luto español no se advierte al paso del cortejo de la Locura, -y aquí, más que en ninguna parte, los duelos con pan--y ¡toros!--son -menos. - -Se ha enterrado la Sardina en su día, en el día de la simbólica ceniza; -y en medio de la pompa carnavalesca, un periódico ha hecho desfilar -una carroza macabra con el entierro de _Meco_, ese típico personaje -que representa a la España de hoy. La mascarada en cuestión era de un -pintoresco bufo-trágico indiscutible: la caricatura de los políticos -del desastre, las ollas del presupuesto por incensarios; _Meco_ camino -del cementerio y tras la fúnebre mojiganga, una murga trompeteando a -todo pulmón la marcha de Cádiz. Decid si no es un modo de divertirse -con lívidos reflejos a lo Poe, y si en este carnaval no ha habido, si -no la mascarada de la muerte roja, la mascarada de la muerte negra. -Y como un diario hablase de una broma política dada a Sagasta en su -casa, la grave _Época_ ha publicado con terrible intención, que «no -informado del todo el apreciable colega, ha omitido dar cuenta de otra -broma, o, mejor, bromazo que después dió al jefe del Gobierno una -numerosa comparsa vestida con más propiedad que la ya célebre compañía -de _los cadetes de la Gascuña_. Fué el caso que al filo de la media -noche, cuando más plácidamente reclinado estaba en cómoda butaca el -señor Sagasta contemplando cómo se reducían a cenizas los troncos de -su chimenea, ni más ni menos que nuestras posiciones ultramarinas, -y evocando mentalmente los hechos todos de su larga y aprovechada -vida, sonó en la antesala ruido de extraña música, así como el rascar -de huesos con que suelen acompañar sus tangos los negros de Cuba. -Se abrió la puerta y entró la mascarada. Precedíale un estandarte -enlodado que en otro tiempo fué rojo y amarillo, adornado ahora de -oro y azul. A pesar de los desgarrones y manchas del carnavalesco -estandarte, podían leerse estos nombres: Cavite, Santiago, San Juan -de Puerto Rico. Seguían luego con carátulas que representaban rostros -demacrados y cadavéricos, unos cuantos jóvenes que parecían viejos, -cojos unos, mancos otros, con el traje de rayadillo hecho jirones por -las malezas de la manigua... Éstos ofrecieron al señor Sagasta una caja -de guyaba fina. Tan grotesca era la catadura de las susodichas máscaras -y tan oportuno le pareció el susodicho regalo al presidente, que el -buen señor prorrumpió en ruidosas carcajadas. También le hicieron -desternillar de risa los prisioneros de Filipinas. Iban disfrazados, -con propiedad casi deshonesta, de _desnudos_ y traían en azafate de -abacá, ramos de sampaguitas. Mezclado con los anteriores entraron en -el gabinete del señor Sagasta marinos de Cavite y de Santiago con -cabezas tan artísticas y muecas tan significativas, que no parecía sino -que sus _poseedores_ habían estado meses enteros debajo del agua...» -Ese acero fino es del marqués de Valdeiglesias. Y esa pintura que hace -resaltar que estamos en un país en que aun flota el espíritu de Goya, -es un comentario mejor que cualquier otro, del estado moral que aquí se -impone en estos momentos. Ese _capricho_ dice la verdad de una manera -risueñamente sombría. Pues bien, me temo que pocos ojos se hayan fijado -en la corrosión del agua fuerte, mientras se apagaba en los aires el -son de las dulzainas de Valencia. - -Las dulzainas las trajeron los estudiantes valencianos que han venido -a la Corte, con naranjas y claveles, con muchachas hermosísimas, a -cantar y a bailar y a pedir para un sanatorio que pronto ha de llenarse -de repatriados. Ha sido esa estudiantina una nota vibradora y sana, -por más que puedan visarla los cronistas a ultranza, en el cuadro de -la fiesta general. Aun queda en esta juventud escolar un resto de -las clásicas costumbres de sus semejantes medioevales, un rayo de la -alegría que sorbían con el vino los estudiantes de antaño, un buen -ánimo goliardo, la frescura de una juventud que no empaña el aliento -de las grandes capitales modernas. Y entre lo bueno que han hecho al -llegar a ésta, ha sido la visita al palacio, pues han ido a llevarle -ciertamente un poco de sol a ese pobre reyecito enjaulado que ha tenido -una ocasión de sonreir. - -Lucen los estandartes de las distintas facultades; con extrañas -vestimentas, los dulzaineros que han tenido por principal -_kapellmeister_ a un ruiseñor, como el pifanista de Daudet; la comparsa -de la boda, florida de pañuelos y de ramos frescos y de mejillas -finas como de seda de flor, y en los ojos de esas mujeres la salvaje -y agresiva luz levantina; y los cuerpos eurítmicos y ricos de gracia -sensual, cuellos de magnífica pureza, senos y piernas armoniosas; -son el vivo encanto entre las notas detonantes y decorativas de las -mantas y de los cestos de frutas. Y en la sala del palacio en que se -les recibe, los que fingen labradores se ponen a departir echados en -el suelo, los de las bandurrias y guitarras se ordenan, y al aparecer -la reina y su familia, un trueno de cuerdas inicia la marcha real. Los -que representan la boda animan su risueño grupo de trajes vistosos. -Luego es la danza regional del _U_ y el _Dos_; y las canciones y las -coplas que dos estudiantes improvisan, a dos versos cada uno, y los -_donsainers_ que tocan en sus instrumentos de legado arábigo sones -originales que danzan las parejas, músicas perfumadas de rosas de -la Huerta, cadencias y ritmos de una melodía que en vano procuraría -esquivar su origen muslímico; y el canto y la danza bordan, cincelan -paisajes que en una lejanía histórica puede evocar el soñador. La -austriaca triste se ve como iluminada de música, el reyecito anémico -debe sentir correr por sus venas un rojo estremecimiento; las princesas -y los cortesanos sienten en medio de los muros antiguos y de los -solitarios y maravillosos habitáculos, una invasión de aire libre, una -irrupción de la vigorosa naturaleza, una momentánea aparición del alma -sonora de la España popular; es un sorbo de licor latino apurado en -horas de decaimiento en una copa labrada por el moro. La reina admira -un rico pañuelo de randas que una valenciana luce en la cabeza, y la -valenciana se quita de la cabeza el pañuelo y se lo da a la reina. Un -estudiante ofrece a una princesita un cesto de limones con el mismo -gesto que si fuesen de oro. El señor rector anda por allí con su frac -y su discurso, negro entre la fiesta de colores. En los ojos del rey -niño juega una inusitada llama, y la buena Borbón de la infanta Isabel -está en su elemento. Ya el rector leyó su pliego, ya vuelven a sonar -las dulzainas morunas y las valencianas a tejer estrofas con caderas, -piernas y brazos. Ya se va la comparsa, ya quedan los príncipes solos -con su grandeza; ya va a su retiro el pequeño monarca, acompañado de -una aya invisible... pero que el ojo del poeta alcanza a distinguir y a -reconocer, pálida, muy pálida. - -Entretanto Madrid ha bailado como nunca. No hay recuerdo de una -época en que las gentes se hayan entregado a tal ejercicio con mayor -entusiasmo. En el Real, en todos los teatros, bailes de sociedades y -gremios; en los salones mundanos bailes de cabezas y de trajes; en -las calles mismas, mascaradas con una guitarra y unas castañuelas por -toda música, se han descaderado a jotas. Los disfraces han abundado; -y mientras uno materialmente no puede dar un paseo por las calles -sin que le impidan el paso los mendigos, mientras la prostitución, -comprendida la de la infancia y causada por el hambre en este buen -pueblo, se instala a nuestros ojos a cada instante; mientras los -atracos o robos en plena calle hacen protestar a la Prensa todos los -días, se han gastado en los tres de carnaval trescientas mil pesetas -en confetti y serpentinas. Parece que pasase con los pueblos lo que -con los individuos, que estas embriagueces fuesen semejantes a la de -aquellos que buscan alivio u olvido de sus dolores refugiándose en los -peligrosos paraísos artificiales. O que la cigarra española después de -haber pasado cantando tanto tiempo, a la hora de los cierzos y en el -frío del invierno siguiese el consejo de la hormiga: «¡Bailad ahora!» -De todas maneras os aseguro que esta alegría es un buen síntoma: -enfermo que baila no muere. Y la belleza de estas mujeres españolas, -la abundancia de belleza sobre todo, y de frescura y de vida sana, dan -idea de la más fecunda mina de almas y de cuerpos robustos, de donde -pueden salir los elementos del mañana. Y yo no sé si me equivoque, pero -noto que a pesar del teatro bajo y de la influencia torera--en su mala -significación, es decir, chulería y vagancia--, un nuevo espíritu, -así sea homeopáticamente, está infiltrándose en las generaciones -flamantes. Mientras más voy conociendo el mundo que aquí piensa y -escribe, veo que entre el montón trashumante hay almas de excepción -que miran las cosas con exactitud y buscan un nuevo rumbo en la noche -general. - -He de ocuparme especialmente en estas manifestaciones de una reacción -saludable y que auguraría, con tal de que esos luchadores se uniesen -todos en un núcleo que trabajase por la salud de España, un movimiento -digno de la patria antigua. Por lo demás, las fiestas no hacen daño, -y con fiestas y toros hubo un Gran Capitán y un duque de Alba. El -Aranjuez de la princesa de Éboli corresponde en cierto modo al Retiro -de Felipe IV. Las máscaras suelen ser del agrado de los héroes, y -cuando el Cid se casa y va el rey sacando los granos de trigo de entre -los senos de Jimena, divierte a las gentes un hombre de buen humor que -va vestido de diablo. - -Lo que hay es que los que quieran proclamar la reconstrucción con -toda verdad y claridad han de armarse de todas armas en esta tierra -de las murallas que sabéis. Hay que luchar con la oleada colosal de -las preocupaciones; hay que hacer verdaderas _razzias_ sociológicas, -hay que quitar de sus hornacinas ciertos viejos ídolos perjudiciales, -hay que abrir todas las ventanas para que los vientos del mundo barran -polvos y telarañas y queden limpias las gloriosas armaduras y los oros -de los estandartes; hay que ir por el trabajo y la iniciación en las -artes y empresas de la vida moderna, «hacia otra España», como dice en -un reciente libro un vasco bravísimo y fuerte--el señor Maeztu--; y -donde se encuentran diamantes intelectuales como los de Ganivet--¡el -pobre suicida!--, Unamuno, Rusiñol y otros pocos, es señal de que -ahondando más, el yacimiento dará de sí. - - - - - UNA CASA MUSEO - - [Ilustración] - - - 24 de febrero. - -NI del borrascoso conde de las Almenas que al abrirse las cortes ha -vuelto a ser la voz que clama después del desastre, el hombre que dice -a los generales verdades corrosivas y heridoras; ni del banquete que -se le ha dado a Luis París, empresario de la Ópera, por su triunfo -de la reciente temporada del Real bajo cuyas techumbres aun resuena -el paso de la cabalgata de las Walkirias; ni de la próxima venida, -en la primavera, de la compañía de Bayreuth, con sus directores y -orquesta, lo cual implica una excepcional victoria de Wagner en este -país del Sol; ni del maestro Zumpe, que ha traído con su batuta alemana -un aliento de vida nueva al movimiento musical de esta Corte que es -por cierto digno de larga atención; ni de las reuniones de Zaragoza -en donde se ha tratado de la regeneración de España en sonoras y -pintorescas arengas; ni de otros tópicos de ocasión os hablaré, por -transmitiros las sensaciones de arte que acabo de experimentar en -una casa que es al mismo tiempo un museo, y que, indiscutiblemente -es la mejor puesta a este respecto, de todo Madrid, con ser famosa -y admirable la del conde de Valencia de Don Juan; me refiero a la -_garçonnière_ que en la cuesta de Santo Domingo habita el director de -_La España Moderna_, José Lázaro y Galdeano. - -Es José Lázaro acreedor al elogio por su amor a las letras y artes; -ha sostenido y sostiene la revista de más fuerza que hoy tiene España -entre los grandes periódicos: ha publicado más de quinientos libros -de autores extranjeros, haciéndolos traducir para su propagación en -ediciones baratas y elegantes; su correspondencia, en ese punto, ha -sido con escritores que se llaman Tolstoi, Gladstone, Ibsen, Richepin; -ha llenado su casa de preciosidades antiguas, de armas, libros, joyas, -encajes, cuadros, bronces, autógrafos; ha viajado por toda Europa y -se prepara este año para ir a Spitzberg; es el amigo de todo sabio, -de todo escritor, de todo artista que visita este país; es joven, -soltero, muy rico; sus aficiones intelectuales no le impiden hacer -una vida mundana; y cuando vuelve, por ejemplo, de una excursión del -interior de España, ocupa la tribuna del Ateneo y obtiene el aplauso -y la aprobación de todos; creo que su camisa está muy cerca de ser -la camisa del hombre feliz. Yo le fuí presentado hace siete años, -al mismo tiempo que dos escritores extranjeros, el novelista griego -Bikelas--de quien os he hablado ya ha tiempo en _La Nación_--Maurice -Barrès. A este propósito recuerdo una curiosa anécdota referente al -célebre jardinero de su «yo». Sucedió que Barrès tenía gran interés -en presenciar una corrida de toros; era el momento en que se movía en -su cerebro más de un capítulo «de la sangre, de la voluptuosidad y de -la muerte». Quería ya que no documentarse, impresionarse, y manifestó -a Lázaro el deseo que tenía de ir a la plaza, en compañía de una moza -que se trajera de París, graciosa de su persona, fina y pimpante, flor -de bulevar. Lázaro le consiguió un palco; pero el amigo y prologuista -del general Mansilla díjole que prefería impregnarse de color local, -de ambiente, y que para ello deseaba ver la función desde el tendido, -mezclado a la gente popular. Se le hicieron algunas observaciones, -mas no se pudo vencer el capricho de los parisienses, y se enviaron -a Barrès dos asientos de tendido, a la sombra. Cuéntase por acá que -el viejo Dumas se presentó en la plaza de toros de Sevilla, en una -tarde de oro y alegría, con chaqueta de torero, pantalón ajustado, -faja y... sombrero de copa. Os podéis imaginar la «ovación» de que -sería objeto entre los habitantes del barrio de Triana el hombre del -Monte-Cristo. Algo semejante ocurrió cuando en el tendido de Madrid se -vió aparecer una pareja originalísima: él trajeado como para el Grand -Prix, y ella con una de esas _toilettes_ primaverales que encantan -la Cascada o Armenonville. Pero la cosa fué en aumento cuando al -comenzar los banderilleros sus suertes, el francés y su compañera -aplaudían desusadamente; y cuando, al llegar los picadores, comenzó -el desventrar de los caballos por los toros, Barrès se puso de pie, y -sus protestas a gritos desolados llamaron la atención, y las aceitunas -de sus vecinos, que comían rebanadas de salchichón y bebían vino en -bota. Las interjecciones llovieron y hubo que ir a sacar de su puesto -a la dama desmayada y al cultivador del «yo». He recordado esta -historia divertida, tiempos después, al leer esas páginas supremas de -pensamiento y de hondura psicológica, con ese estilo personalísimo del -renaniano y stendhaliano--¡poderosa suma!--que ha dado tan bello libro -sobre _la sangre_, _la voluptuosidad_ y _la muerte_. - -La casa de Lázaro está cerca de la de don Juan Valera y el general -Martínez Campos; y enfrente de la del duque de Frías, el gran señor de -romántica vida que arrebatara en época hoy legendaria la mejor joya de -la embajada inglesa... De los balcones se ve la casa de la novela--que -costó la inmensa fortuna del duque--y, al dulce oro de una tarde que -hubiera podido ser de primavera, hablábamos de esos sueños vividos. - -Luego fuí a visitar las telas viejas, los cuadros auténticos y -admirables--¡oh, mi buen amigo Schiaffino, y cómo le he recordado!--Lo -de Tiépolo, cabezas dibujadas con la conocida magistral manera. Un -hermosísimo cuadro de la época rafaelita, de tonalidad única, a modo -de creerse imposible que se haya podido lograr la conservación de tanta -riqueza de color. Un Ribera que desearían muchos Museos; riquísimos -trípticos bizantinos; retratos de valor histórico y de un abolengo -artístico que desde luego se impone; y más y más preciadas cosas en que -resalta con aristocracia absoluta, como soberano, santa «panagia» de -esa casa del Arte, un Leonardo de Vinci. - -Esta presea de la pintura es un cuadrito pequeño, un retrato, el de un -tipo seguramente contemporáneo de la Gioconda; maravilloso andrógino, -de una fisonomía sensual y dolorosa a un tiempo, en la cual todo el -poema de la visión del artista incomparable está cristalizada, como en -un suave y prodigioso diamante. Es una «ficción que significa cosas -grandes», como decía el maestro en palabras que han florecido en el -alma d'annunziana. Me gusta más todavía este retrato enigmático que -el mismo sublime retrato de Monna Lissa. La mirada está impregnada -de luz interior; el cabello es de un efecto que sobrepasa los -efectos esencialmente pictóricos; el ropaje--que es hermano de la -Gioconda--muestra la mano original; y el fino y delicado plasticismo de -las armoniosas facciones, denuncia, clama la potencia del porfirogénito -poeta-sapiente de la _Anatomía_, del príncipe de los maestros de la -pintura de todos los siglos. Del Museo de Berlín vinieron a intentar -llevarse tan magnífica obra, pero el dueño no quiso la buena suma del -oro alemán. Al Louvre fué en persona a mostrar su tesoro, y también -recibió propuestas. El cuadrito sigue imperante en tierra española. - -Entre tanta rica colección de cosas de arte, me llaman la atención -dos mantillas que pertenecieron a una altísima dama de la nobleza -madrileña, que pasó sus últimos años en apuros y pobrezas y tuvo un -entierro modesto, humilde, después de haber recibido, en tiempos de -pompa, a los monarcas en sus salones. De ella era también un anillo -de solitaria belleza, una perla cuyo oriente se destaca singular -entre finas chispas, todo de un gusto de exquisitez hoy no usada, y -que seguramente adornó en no muy lejanos tiempos dedos principales -que muestran su gracia nobiliaria en los retratos de Pantoja. De ella -asimismo una peineta que ostenta en su semicírculo tantas amatistas -como para las manos de diez arzobispos. - -De las joyas en mi rápida visita paso a los libros: primero los -incunables alemanes e italianos; eucologios de Amsterdam; hermosas -ediciones de España, las espléndidas de Montfort, de Sancha, de la -Imprenta Real; varios infolios pertenecientes a la biblioteca del -infante Don Sebastián; una crónica de Pero Niño, de severa elegancia -tipográfica; rollos hebreos, pergaminos gemados de mayúsculas que -revelan la fina y paciente labor de la mano monacal; sellos de Don -Alfonso _el Sabio_; prodigiosas caligrafías arábigas, autógrafos de un -valor inestimable. Buena parte de todo lo que adorna esta mansión fué -expuesta en la Exposición Histórica europea y americana que se celebró -en esta capital, con motivo del Centenario de Colón, y en el actual -palacio de la Biblioteca y Museo de Arte Moderno. - -Al ir revistando tan estupenda colección de riqueza bella, pensaba yo -en cómo muchas de las cosas que atraían mis miradas eran parte del -desmoronamiento de esas antiquísimas Casas nobles que, como la de -los Osunas, han tenido que vender al mejor postor objetos en que la -historia de un gran reino ha puesto su pátina, oros y marfiles rozados -por treinta manos ducales en la sucesión de los siglos, hierros de los -caballeros de antaño; muebles, trajes y preseas que algo conservan -en sí de las pasadas razas fundadoras de poderíos y grandezas... Y -recordaba la amarga comedia de Jacinto Benavente: _La comida de las -fieras_... - -Y antes de partir fuí otra vez a dar mi saludo de despedida a la -creación del divino Leonardo. Y parecíame que la majestad del arte -diese razón a la caída de todo edificio que no tenga por base la -potencia mental. Esa faz reproducida o imaginada por el maestro -luminoso vive y comunica su inmortal misterio, su hechizo supremo, a -toda alma que se acerque a su mágica influencia, cual si desprendiese -de la obra del pincel la maravilla avasalladora de una virtud secreta. -Y a través de la fugaz onda temporal, esa dominación arcana se -perpetúa, y la imperecedera diadema se hace más radiosa al tocar sus -perlas invisibles el vuelo de las horas. - - [Ilustración] - - - - - LA JOVEN LITERATURA - - [Ilustración] - - - 3 marzo de 1899. - -ACABA de representarse en Granada un drama póstumo de Ángel Ganivet: -coyuntura inapreciable para hablar del pensamiento nuevo de España. -Pues Ganivet, especial personaje, era quizás la más adamantina -concreción de ese pensamiento. - -El propio se ha encarnado en su Pío Cid, simbólico tipo, en el cual -el antiguo caballero de la Mancha realiza, a mi entender, un avatar. -Ganivet era uno de esos espíritus de excepción que significan una -época, y su alma, podría decirse, el alma de la España finisecular. -No conozco la obra que se ha dado recientemente a la escena, _El -escultor de su alma_; pero desde luego, creo poder afirmar que se trata -meramente de una autoexposición psíquica; es el mismo Pío Cid, de la -_Conquista del Reino de Maya_, el último conquistador español Pío Cid. -Antójaseme que en Ganivet subsistía también mucho de la imaginativa -morisca, y que la triste flor de su vida no en vano se abrió en el -búcaro africano de Granada. Su vida: una leyenda ya, de hondo interés. - -Desde luego, un joven, que sube a la torre nacional a divisar el mundo, -luego se encamina a la ideación de una nueva patria en la patria -antigua: en Pío Cid hay simiente para una España futura. Después, -cosa que sorprenderá a quien tenga conocimiento de las costumbres -literarias de todas partes y sobre todo de este país: Ganivet no -tenía enemigos, y por lo general, si conversáis con cualquiera de -los intelectuales españoles, os dirá: «Era el más brillante y el más -sólido de todos los de su generación». En la Corte tuvo sus bregas, -sus comienzos de gloria. Hubo una pasión, toda borrasca, que según -se dice fué la causa de su muerte. Entró a la carrera consular, tan -propicia a la literatura, aunque no lo parezca por los roces de lo -mercantil; y continuó en su labor ideológica y artística. Sabía ruso, -danés, casi todos los idiomas y dialectos de los países boreales, sabía -lenguas antiguas, escribió un libro curiosísimo sobre las literaturas -del Norte; publicó otro de sol y de música, al par que una obra de -cerebral, sobre su _Granada la bella_, en el país de Hamlet; produjo -más libros, y un emponzoñado día, un mal demonio le habló por dentro, -en lo loco del cerebro, y él se tiró al Volga. Así acabó Pío Cid su -vida humana. Su vida gloriosa y pensante ha de ir creciendo a medida -que su obra sea mejor y más comprendida. Entonces se verá que en ese -sér extraño había un fondo de serena y pura nobleza bajo la tempestad -de su temperamento; que vivió de amor, de abrasamiento genial y murió -también por amor, en la forma de un cuento. En la _Conquista del reino -de Maya_ exprime todos sus zumos de amargas meditaciones, y su forma -busca la escritura artística, que en _Los Trabajos_ no se advierte. -Aun vemos desarrollarse el período cervantesco; pero las encadenadas y -ondulantes oraciones, van por lo general repletas de médula. La obra -queda sin concluir; o mejor dicho, tuvo la conclusión más lógica al -propio tiempo que más extraña, en la unión de una fábula escrita y una -vida. Pío Cid debía concluir con quitarse la existencia. No es él quien -habla en el diálogo, pero Olivares, un personaje de _Los Trabajos_, -dice en cierta página del libro: «Se exagera mucho, y además, alguna -vez tiene uno que morirse, porque no somos eternos. Entre morirse de -viejo apestando al prójimo o suprimirse de un pistoletazo, después de -sacarle a la vida todo el jugo posible, ¿qué le parece a usted?... Yo, -por mí, les aseguro que no llegaré a oler a rancio.--Cada cual entiende -la vida a su modo--dijo Pío Cid--y nadie la entiende bien.--Ahora -ha dicho usted una verdad como un templo--dijo Olivares--. Lo mejor -es dejar que cada uno viva como quiera y que se mate, si ese es su -gusto, cuando le venga la contraria». ¡El pobre Ganivet! Llegó el -trágico minuto, abrió la puerta misteriosa y pasó. De las _Cartas -finlandesas_ escribe Vincent en el _Mercure_, que «no es una obra -dogmática, antes bien familiar; en el punto de vista no es español, es -humano: el autor, en efecto, que conoce perfectamente toda la Europa, -gusta de hacer recorrer a sus conceptos distintas latitudes; agregad -a eso un sentido muy real de nuestra época, una información que va -de Ibsen a Maeterlinck, de Tolstoi a Galdós: ninguna pedantería; una -dulce sensibilidad que afecta disimularse tras un velo de ironía. En -fin, un libro de actualidad perfecta en que la Finlandia es vista por -un espíritu desembarazado de prejuicios y por un latino». El crítico -francés, demasiado benévolo por lo general en sus revistas de letras -españolas, no ha pasado por esta ocasión de lo justo. Ganivet, escritor -de ideas, más que de bizarrías verbales, merece el estudio serio, el -ensayo macizo de la crítica de autoridad. Nicolás María López, otro -granadino, amigo y compañero suyo, habla, además, del drama que acaba -de representarse, de otras obras póstumas que están en su poder: -_Pedro Mártir_, en tres actos, y _Fe, Amor y Muerte_, drama, dice -«profundamente psicológico, con ideas alucinadoras y extrahumanas, con -una fuerza trágica tan extraña y sutil, que parece romper los moldes de -la vida y entrar en los senos de la muerte». Rara y bella figura, en -este triste período de la vida española, y que parece haber absorbido -en sí todos los generosos y altos ímpetus de la raza. Y recuerdo el -sintético acróstico latino de Pío Cid, en _Los Trabajos_, Arimi: - - Artis initium dolor - Ratio initium erroris. - Initium sapientisæ vanitas. - Mortis initium amor. - Initium vitae libertas. - -Jacinto Benavente es aquel que sonríe. Dicen que es mefistofélico, y -bien pudieran ocultarse entre sus finas botas de mundano, dos patas -de chivo. Es el que sonríe: ¡temible! Se teme su crítica florentina -más que los pesados mandobles de los magulladores diplomados; fino -y cruel, ha llegado a ser en poco tiempo príncipe de su península -artística, indudablemente exótica en la literatura del garbanzo. Se ha -dedicado especialmente al teatro, y ha impuesto su lección objetiva de -belleza a la generalidad desconcertada. Algunas de sus obras, al ser -representadas han dejado suponer la existencia de una clave; y tales -o cuales personajes se han creído reconocer en tales o cuales tipos -de la Corte. Como ello no es un misterio para nadie, diré que en _El -marido de la Téllez_, por ejemplo, el público quiso descubrir la vida -interior y artística de cierta eminente actriz casada con un grande de -España y actor muy notable; y en _La comida de las fieras_, entre otras -figuras se destacó la de una centroamericana, millonaria, casada con -un noble sin fortuna y hoy marquesa por obra de Cánovas del Castillo. -Benavente niega que haya tomado sus tipos del natural; pero el parecido -es tan perfecto que toda protesta se deshace en una sonrisa. _La -comida de las fieras_ fué basada, seguramente, en el caso penoso de la -venta en subasta de las riquezas seculares que contenía la Casa de los -Osunas. Los personajes son de una humanidad palpitante; y he de citar -estas frases de Hipólito, al finalizar la comedia: «Porque en lucha -he vivido siempre; porque viví desde muy joven en otras tierras donde -la lucha es ruda y franca. ¿Por qué vinimos a Europa? En América el -hombre significa algo; es una fuerza, una garantía... se lucha, sí, -pero con primitiva fiereza, cae uno y puede volver a levantarse; pero -en esta sociedad vieja, la posición es todo y el hombre nada... vencido -una vez, es inútil volver a luchar. Aquí la riqueza es un fin, no un -medio para realizar grandes empresas. La riqueza es el ocio; allí es -la actividad. Por eso allí el dinero da triunfos y aquí desastres... -Pueblos de historia, de tradición; tierras viejas, donde sólo cabe, -como en las ciudades sepultadas de la antigüedad, la excavación, no las -plantaciones de nueva vegetación y savia vigorosa». - -En _Figulinas_ y _Cartas de mujeres_ no puede dejarse de entrever la -influencia de ciertos franceses: un poco aquí Gyp, otro poco allí -Lavedan y Prevost; la _parisina_ aplicada al alto mundo madrileño que -Benavente ha bien estudiado. Benavente es caballero de fortuna, y -mientras leo un sutil arranque suyo en _Vida literaria_ y se ensaya -en la Comedia un arreglo suyo del _Twelfth night_, tropiezo con lo -siguiente en la cuarta plana de un diario: - -«Se venden los pastos de rastrojera y barbechera, del término de -Jetafe, divididos en lotes o cuarteles, cuya venta tendrá lugar en -pública subasta, ante la Comisión del gremio de labradores, en la -Casa Consistorial, donde está de manifiesto el pliego de condiciones, -el día 19 del actual, a las diez de su mañana.--Jetafe 9 de marzo de -1899.--Por la Comisión, _Jacinto Benavente_.» - -De mí diré que con toda voluntad juntaría a mis sueños de arte una -estancia entre las montañas de González, junto a las riberas del Paraná -de Obligado, o en la _Australia Argentina_ de Payró. Día llegará en que -la literatura tenga por precisa compañera la tranquilidad del espíritu -en la lucha por la vida y el trabajo industrial o rural como contrapeso -al ya terrible _surmenage_. Los ingleses y los norteamericanos han -comenzado a aleccionarnos, y un _gentleman-farmer_ artista no es un -ave rara. Dejo como última nota el _Teatro fantástico_ de Benavente, -una joya de libro que revela fuerza de ese talento en que tan solamente -se ha reconocido la gracia. Fuerza por cierto; la fuerza del acero del -florete, del resorte; finura sólida de ágata, superficie de diamante. -Es un pequeño «teatro en libertad», pero lejos de lo telescópico de -lo Hugo y de lo suntuoso que conocéis de Castro. Son delicadas y -espirituales fabulaciones unidas por un hilo de seda en que encontráis -a veces, sin mengua en la comparación, como la filigrana mental del -diálogo shakespeareano, del Shakespeare del _Sueño de una noche de -verano_ o de _La tempestad_. El alma perspicaz y cristalinamente -femenina del poeta crea deliciosas fiestas galantes, perfumadas -escenas, figurillas de abanico y tabaquera que en un ambiente Watteau -salen de las pinturas y sirven de receptáculo a complicaciones -psicológicas y problemas de la vida. - -Este modernista es castizo en su escribir y es lo castizo en su -discurso como la antigüedad en el mérito de ciertas joyas o encajes, -en puños de Velázquez o preseas de Pantoja. Y al conocerle, en el -café Lion d'Or, que es su café preferido, he visto en su figura la -de un hidalgo perteneciente a esa familia de retratos del Greco, -nobles decadentes, caballeros que pudieran ser monjes, tan fáciles -para abades consagrados a Dios como para hacer pacto con el diablo. -En las pálidas ceras de los rostros se transparentan las tristezas -y locuras del siglo. Así Jacinto Benavente. En toda esta _débâcle_ -con que el décimonoveno siglo se despide de España, su cabeza, en un -marco invisible, sonríe. Es aquel que sonríe. Mefistofélico, filósofo, -filoso, se defiende en su aislamiento como un arma; y así converse o -escriba, tiene siempre a su lado, buen príncipe, un bufón y un puñal. -Tiene lo que vale para todo hombre más que un reino: la independencia. -Con esto se es el dueño de la verdad y el patrón de la mentira. Su -cultura cosmopolita, su cerebración extraña en lo nacional, es -curiosa en la tierra de la tradición indominable; pero no sorprende a -quien puede advertir cómo este suelo de prodigiosa vida guarda, para -primaveras futuras, las semillas de un Raimundo Lulio. Ahora trabaja -Benavente por realizar en Madrid la labor de Antoine en París o la que -defiende George Moore en Londres: la fundación de un teatro libre. Dudo -mucho del éxito, aunque él me halagaría habiéndoseme hecho la honra -de encargarme una pieza para ese teatro. Pero el público madrileño, -Madrid, cuenta con muy reducido número de gentes que miren el arte -como un fin, o que comprendan la obra artística fuera de las usuales -convenciones. Cuando no existe ni el libro de arte, el teatro de arte -es un sueño, o un probable fracaso. No hay una _élite_. No se puede -contar ni con el elemento elegantemente carneril de los _snobs_ que ha -creado Gómez Carrillo con sus graciosas y sinuosas ocurrencias. Conque, -¿para quiénes el teatro? - -Junto a Benavente me presentan a Antonio Palomero, o sea _Gil Parrado_. -Este pseudónimo, nombre de un gracioso tipo clásico, no está mal en -quien, con sales autóctonas nos revela un Raul Ponchón madrileño, un -rimador seguro, un cancionero bravísimo, en cuanto puede permitirlo el -género político: Aristófanes en _couplets_ o yambos con castañuelas. -El libro de flechas de humor maligno y risueño que forman los «Versos -políticos» de Palomero, _Gacetas rimadas_, tiene un prólogo, en verso, -de Luis Taboada. Creo que fué Gutiérrez Nájera quien escribió un día -que en medio de la noche del arte español contemporáneo, Luis Taboada -era tal vez el único «artista». Era una broma del «duque Job» mejicano, -excusable por su falta de conocimiento del grupo español, digamos así, -secreto, que hace una vida ciertamente intelectual. - -Y además, en su tiempo--hace de esto ocho o diez años--las cosas -andaban de Barrantes a Valbuena. Pues _Gil Parrado_ no pudo tener -mejor protagonista que el desopilante Homero fragmentario de la vida -cursi de Madrid, puesto que él quiso ser el Píndaro de las cursilerías -épicas de la política. Conociendo la labor y la propaganda estética de -quien escribe estas líneas, ellas no pueden sino ser vistas como la -mayor prueba de sinceridad. Mas Palomero no es solamente _Gil Parrado_. -Además de los alfileres de su conversación, de las más interesantes -que un extranjero hombre de letras puede encontrar en la Corte, su -crítica teatral se estima justamente, y en el cuento y el artículo -de periódico, sobresale y comunica la intensidad de su vibración, -el contagio de su energía indiscutible. Mariano de Cávia dice de él -hablando de sus _Trabajos forzados_, que es «un literato culto, agudo -y sincero»; gratifícale además con «popular y brillante». Cávia sabe -lo que se dice, él, maestro de única escritura en su país que ha -logrado unir, en la faena asperísima del periodismo, la flexible gracia -autóctona a las elegancias extranjeras. ¡Quevedo en el bulevar, Dios -mío! Y cuando Cávia alaba a Palomero es justo, y yo que conozco la -transparencia de este talento, me complazco en deciros que aquí, entre -lo poco bueno y nuevo, esto es de lo que en la piedra de toque deja una -suave y firme estela de oro fino. - -Así Manuel Bueno, el redactor que en _El Globo_ escribe todos los días -esa paginita que lleva la firma de _Lorena_, con el título general -de «Volanderas». Verdes Montenegro ha hecho para el libro primigenio -de Bueno un prólogo de sustancia y espíritu al propio tiempo que de -justicia y cariño. De Verdes Montenegro os hablaré en otra ocasión -más detenidamente. De su ahijado literario os diré que ha recibido -en su alma mucho sol de nuestra pampa y a su oído ha cantado la onda -caprichosa de nuestro gran río. Es un vasco. Vasco, así como ese -especialísimo y robusto Grandmontagne, que ha injertado una rama de -ombú en el árbol sagrado de Guernica, para que más tarde nazcan--¡Dios -lo quiera, y ya se ven los brotes!--flores de un perfume singular, -rosas fraternales del color del tiempo, iluminadas de porvenir, en -tierra de Mitre y Sarmiento, en la capital del continente latino, al -amparo del satisfecho sol. El joven Bueno anduvo por Buenos Aires, -padeció tormento de inmigración y penurias de mozo de intelecto que va -a hacer fortuna por el Azul y Bahía Blanca... Y vuelto a su tierra, no -es de los que vienen con arranques despechados de fracasadas bohemias, -de existencias adoloridas de nuestra necesaria ley de trabajo, de ese -Buenos Aires cuya fuente social es para los labios del mundo, y que en -el progreso corresponde, con su pirámide de mayo, índice indicador, a -los obeliscos de París y Nueva York. - -Bueno es aquí, en su labor diaria, nota extemporánea, y tan parisiense -que hay quienes le denuncien de afectación. Pero no es poco servicio -intelectual el servir a un pueblo ese plato escogido, todos los días, -esa ala de faisán, después de la sopa de política española y antes -del asado político también. Bueno, como _Lorena_, da un eco que aquí, -aunque tiene semejantes en la Prensa, permanece en su individualidad. -No seré yo quien oculte su ligereza de juicio habitual, su insinceridad -quizás, también habitual; ¡pero es tan bello el gesto! - -Ricardo Fuente es el director de _El País_. Quizá envíe a _La Nación_ -una información interesantísima sobre este diario de oposición, que ha -tenido sobre sí la atención de Madrid y de España, y que, periódico que -ha respondido al eco popular, ha sido quizás el que ha tenido mayor -número de intelectuales en su redacción. En París, un _Intransigeant_ -se explica: en Buenos Aires, el antiguo _Nacional_, también; en Madrid, -_El País_ de hoy es un caso de extremada curiosidad. Los redactores, -desde hace mucho tiempo--el diario es republicano absoluto--van a la -cárcel periódicamente. Allí se dice la verdad a son de truenos de -tambores y trompetas. La censura ha tenido en esa hoja la mejor lonja -en que cortar, y las estereotipias, a las cuatro de la mañana, han -sido en tiempo de la guerra brutalmente descuartizadas. - -El capítulo de la censura, publicado cuando ésta se ha levantado, ha -sido de sensación. Un detalle curioso es, que mi artículo «El triunfo -de Calibán», publicado en Buenos Aires, fué mutilado en _El País_ y -dado intacto en _La Época_... En ese diario, _El País_, han escrito -Dicenta, Maeztu, etc., y Romero Robledo puso allí su gran sombra... -Ricardo Fuente es el director. Cuando uno piensa en ese abominable -Villemesant que nos pinta Daudet o que nos acaba de retocar Claretie; -cuando recuerdo a ciertos directores europeos y americanos, en quienes -el elegante _shylokismo_ se junta a un irrespeto voluntario de todo lo -intelectual, pienso en este buen Fuente, que como el pobre parisiense -Fernand Xau, sabe juntar--en su tan limitada esfera--la autoridad al -tino y la comprensión a la afabilidad. Ser director de un diario ¡qué -difícil tarea! Son como las perlas rosadas y negras aquellos a quienes -se puede aplicar la frase inglesa: _That is a man_. Ser un director -querido de sus redactores es de lo más difícil del mundo, así se llame -uno Magnard o Valdeiglesias, Bennet o Láinez. Fuente lo es. Pero es -que él propio es un trabajador de la Prensa que ha subido con mérito a -ese puesto; y quizá, y sin quizá, tanta bondad personal hace daño a su -posición. Porque no ha de ser quien dirige una tan complicada máquina -un compañero de sus redactores en toda la extensión de la palabra, sino -en lo que ella tiene de aprecio necesario y benevolencia justa; y ¡ay -de aquel director que no se calce sus botas imperiales, y no ponga a -su gallo, empezando en casa, a cantar claro y bien, como ese Arthur -Meyer del _Gaulois_, tan combatido sin embargo! Fuente es el tipo ideal -del director para sus redactores; pero su gallo no se ha alzado hasta -ahora... - -Se alza, personal y simpático, en el articulista, en el literato, de -quien dice Joaquín Dicenta: «El camino literario de Fuente se halla -trazado con líneas vigorosas. Puede seguirle sin retroceder y sin -temblar. No hay cuidado de que le tiren al suelo de un empujón; tiene -los músculos muy duros». En el volumen _De un periodista_--del cual en -Buenos Aires se ha reproducido bastante--, hay la manifestación de la -contextura de un artista; la fuga contenida de un amante del estilo que -atan las usanzas de la limitación del diario; las explosiones ideales o -sentimentales sujetas por la línea señalada, o la hora de la Prensa, la -preferencia al telegrama, la tiranía de la información. ¿Qué periodista -no sabe de esto? Y así nos habla de Augusto de Armas, nos pinta rápidas -acuarelas húmedas del más rico sentimiento, o apuntes de una fiereza de -lápiz cuyo blanco y negro nos seduce por su juego de luz y de sombra. - - [Ilustración] - - - - - LA «ESPAÑA NEGRA» - - [Ilustración] - - - 18 de marzo. - -NO hace muchos días hice una corta visita a Aranjuez. Si Versalles -recuerda a una coja encantadora en la historia, Aranjuez guarda aún -el perfume de una tuerta hechicera: bien vale un viaje a ese bello -_buen retiro_ de los príncipes castellanos, el ir a rememorar a la -princesa de Éboli. Entre los olorosos y evocadores boscajes resucitan -las lejanas escenas, y hay en el ambiente de los jardines y alamedas -como dormidos ecos galantes que no aguardan sino el enamorado o el -poeta que sepa despertarlos. En el Palacio Real y la Casa de Labrador -es un espíritu de tristeza el que impera, desde que penetráis en -las suntuosas y solitarias mansiones. Al recorrer los innumerables -habitáculos, adornados de siglos de oro, de plata, de mármol, de ónix, -de ágata, de seda, de marfil, al respirar bajo esas techumbres que han -cubierto tanta hora trágica, feliz o misteriosa, en la vida de muchos -monarcas de España, sobrecoge el sombrío momento, la sala ha tiempo sin -vida, la luna que retrató en su fondo las imágenes pasadas, la hora -detenida en un reloj de Manuel de Rivas; el cojín en que se reclinó -la cabeza de Felipe II, el fresco, el cuadro, el dije, o la estofa -vieja con su atractivo peculiar y triste... Y el conserje que dice su -aprendida relación, y se descubre ante un cuadro que representa una -capilla de El Escorial en que se está diciendo la misa... Viene a la -mente la España negra. - -Acababa de leer ese libro reciente de Émile Verhaeren y Darío de -Regoyos, _La España negra_; y la novela española de Barrès _Un amateur -d'âmes_; y el volumen positivo sobre la evolución política y social -de España, de Yves Guyot: en todos la observación, la sugestión, la -imposición, de la nota oscura, que en este país contrasta con el -lujo del sol, con la perpetua fiesta de la luz. Por singular efecto -espectral, tanto color, tanto brillo polícromo, dan por suma en el giro -de la rueda de la vida, lo negro. - -Es la tierra de la alegría, de la más roja de las alegrías: los toros, -las zambras, las mujeres sensuales, Don Juan, la voluptuosidad morisca; -pero por lo propio es más aguda la crueldad, más desencadenada la -lujuria, madre de la melancolía; y Torquemada vive, inmortal. Granada -existe, abierta al sol, como el fruto de su nombre, perfumada, dulce, -ácidamente grata; pero hay una Toledo, concreción de tiempo, inmóvil -y seca como una piedra, y entre cuyos muros sería insólita y fuera de -lugar una carcajada. Allí no caben, al calor que abrasa la aridez de -Castilla, otros amores que los tristes o fatalmente trágicos, y Maurice -Barrès, la pasión que hace amargamente florecer en recinto semejante, -es la nefasta y ardorosamente paladeada de un incesto. Verhaeren anota -sus impresiones dolorosas, copia, al agua fuerte, paisajes cálidos -y calcinados, colecciona sus almas violentas y bárbaras como los -productos de una flora tropical, excesiva y rara. Domina atávicamente -su sangre belga la fiereza de la España que apretara a sus antepasados -entre los hierros del duque de Alba; los espectáculos de la torería le -dejan ver la cristalización sangrienta que yace bajo el subsuelo de -esta raza, cuya energía natural se complica de la ruda necesidad de -las torturas; y el concepto de la muerte y de la gracia, enlutados y -caldeados por un catolicismo exacerbante, por una tradición feroz que -ha podido encender las más horriblemente hermosas hogueras y aplicar -los martirios más purpúreos y exquisitos. El arte revela ese fondo -incomparable. La imaginaria religiosa hace de las naves de los templos, -lúgubres _morgues_ que me explico hayan conmovido a Verhaeren como -a cualquier visitante de pensamiento que traiga sus pasos por estas -iglesias sangrientas en que Ribera o Montañés, entre tantos, exponen al -espanto humano sus lamentables Cristos. - -Un español de gran talento me decía: «En cada uno de nosotros hay -un alma de inquisidor». Cierto. Fijáos, y decid si José Nakens -no se junta, paralelamente, en lo infinito--así las dos líneas -matemáticas--con Tomás de Torquemada. Es la misma fe terrible, la -intransigencia que llega hasta la ceguedad, la aplicación del potro, -la certeza en la salvación por el sufrimiento, tan magníficamente -iluminada en el drama de Hugo. Los conquistadores y los frailes en -América no hicieron sino obrar instintivamente, con el impulso de la -onda nativa; los indios despedazados por los perros, los engaños y -las violencias, las muertes de Guatimozin y Atahualpa, la esclavitud, -el quemadero y la obra de la espada y el arcabuz, eran lógicos, y -tan solamente un corazón excepcional, un espíritu extranjero entre -los suyos, como Las Casas, pudo asombrarse dolorosamente de esa -manifestación de la España Negra. «Mi morena», dice Mariano de Cávia. - -Las sombrías políticas de antaño se reproducen hoy, claro que sin la -perdida magnificencia; pues de Polavieja a Antonio Pérez hay cien -atlánticos de distancia y las ducales espuelas de don Fernando Álvarez -de Toledo retrocederían sobre sus agudas estrellas ante las botas de -don Valeriano Weyler... Pero aun la sombra de Roma cae sobre el palacio -de Madrid; los confesores áulicos tienen su papel, las intrigas son las -mismas con diferencia de personajes y de alturas mentales. ¡España va -a cambiar!, se grita en el instante en que la injusta y fuerte obra del -yanqui se consuma. Y lo que cambia es el Ministerio. - -La verbosidad nacional se desborda por cien bocas y plumas de -regeneradores improvisados. Es un _sport_ nuevo. Y la zambra no se -interrumpe. «España--dice un escritor de Francia--ha querido, sin duda, -evocar esos grandes Estados del Oriente antiguo que se derrumbaban en -la embriaguez pública». No, no ha querido evocar nada. Obra por sí -misma: esa alegría es un producto autóctono, entre tanta tragedia; es -el clavel: es la flor roja de la España Negra. Así, cuando de nuevo los -conservadores han vuelto al Poder, se ha creído en el exterior que la -reacción provocaría la revolución. ¡Las inquisitoriales historias de -Montjuich están cercanas; los sucesores de la guerra han sido tan rudos -en su lección y las agitaciones provinciales del regionalismo se han -repetido tanto! Nada. Quietud. Estancamiento. Apenas ruido de regaderas -alrededor del tronco fósil del carlismo. Tan sólo, en lo futuro del -tiempo, el hervor del fermento social. - -Se combate el vaticanismo; Castelar habló; otras cabezas surgieron -protestantes, a la salida de Silvela. Y se pronuncia el nombre del -padre Montaña; el inevitable confesor, cuyo hábito, en el curso de -la Historia, está siempre tras el trono de S. M. Católica. Se dice -que la religiosidad española no es sino formal; que el papa no es -la potencia hacedora en la vida política y social, sino hasta muy -limitado punto. He encontrado sirviendo de señal en un libro viejo, -un documento curiosísimo, que os pondrá a la vista el sentir y pensar -de muy buena parte del pueblo español. Es una serie de proposiciones -que se enviarían en cierta época a las congregaciones de Roma, para -ser resueltas. Fírmalas don Ángel García Goñi, a 14 de abril de 1877. -Este caballero fué, según me informan, abogado distinguido del foro -matritense, y muy mezclado en asuntos de política eclesiástica. - - -PROPOSICIONES QUE SE CONSULTAN CON LAS CONGREGACIONES DE ROMA - -«Si se puede ser partidario de la _persona_[1] del rey Don Alfonso XII -de España, por creerle monarca _legítimo_, sin ser por esto _católico -liberal_. - - [1] Lo subrayado está en el manuscrito. - -»Si aun en la hipótesis inadmisible de que fuera un _usurpador_ y -siguiese las corrientes racionalistas o se abrazase a la política -_doctrinaria_, sería lícito al pueblo español _por sí, alzarse en -armas_ contra él, para destronarlo, dada la situación política de aquel -país, y caso negativo, si a pesar de esto podría intentarlo, siguiendo -al llamamiento que le hiciera otra persona que invocase, con más o -menos fundamento, sus derechos al trono, o si en la duda de quien sea -el _verdadero rey_, debe respetarse el hecho de la posesión de la -autoridad y obedecer lo existente. - -»Si de ser _lícito_ el alzamiento a que se refiere la proposición -anterior es hoy conveniente o de probable _éxito_ o de tenerse por -_temerario_. - -»Si considerando el estado de las conciencias y la escasa resistencia -que los tronos oponen en nuestros días a la revolución, puede decirse -que _deja_ de ser _católico_ el monarca que sanciona la _tolerancia -de cultos disidentes_. Entiéndase esta proposición no para preguntar -si realiza un acto _nulo en sí_, porque éste parece evidente, sino en -el sentido de si por tal hecho revela el monarca odio al catolicismo, -o pueden aquellas circunstancias y el deseo de consolidar el orden -público, cuando los revoltosos enarbolan la bandera de la _tolerancia_, -o con ella hacen la _oposición_ al rey, mitigar algo la gravedad de -este acto. - -»Si dado el hecho de haberse sancionado por el _monarca_ la libertad -y tolerancia de cultos, o cometídose cualquier atropello a los -sagrados derechos de la Iglesia católica, es _lícito_ trabajar dentro -de las vías legales para destronar al rey acusándole por su conducta, -o si únicamente pueden censurarse sus actos sin el fin ulterior de -quitarle la posesión de la autoridad: si para juzgar este hecho hay -que distinguir entre el _usurpador_ y el príncipe legítimo, y cuál -de estas calificaciones ha de aplicarse al posesor de la autoridad, -cuando el pueblo en que impera no tiene opinión unánime sobre este -punto. Si la proposición 63 del Sillabus, de 8 de diciembre de 1864, -condena la insurrección en este caso y si es aplicable al monarca cuya -_legitimidad_ es reconocida por unos y negada por otros súbditos. - -»Si los verdaderos _católicos_ pueden estar al servicio doméstico de -los monarcas _católico-liberales_ y asistir a sus recepciones oficiales -y fiestas, y si pueden defender su derecho dinástico y su autoridad, -_sirviendo voluntariamente_ en sus ejércitos. - -»Si se puede ser partidario del régimen representativo y -_constitucional_, sin ser por ello _católico liberal_. - -»Qué entiende la Santa Iglesia Romana por sistema _parlamentario_ y si -se puede sostener su conveniencia en nuestros días, sin dejar de ser -_católico ultramontano_. - -»Si, supuestas unas o ambas afirmaciones, es _lícito_ desear el -planteamiento en España de la Constitución de 23 de mayo de 1845, -por considerarla apropiada a las necesidades presentes del pueblo -español, o si la doctrina de este Código es _católico-liberal_, y, por -lo tanto, inconciliable con los derechos e intereses del catolicismo, -determinando en semejante supuesto, cuáles son los artículos que -deberían suprimirse o modificarse para que fuese francamente _católica_. - -»Si aun siendo mala esta Constitución pueden ser tenidas por -católico-liberales aquellas personas que sostienen la conveniencia de -haberla restablecido en España en el año 1875, como base del orden -político, _sin perjuicio de reformarla en sentido más restrictivo_. - -»Si es _lícito a un católico verdadero_ prestar juramento a la vigente -Constitución española, publicada en 30 de junio de 1876 y con qué -salvedades. - -»Si es _lícito_ y _conveniente_ trabajar en las _elecciones_ como -elector y como elegible, con el fin de defender el catolicismo; y en -todo caso, si es enteramente _libre_ opinar en pro o en contra de esta -conveniencia. - -»Si el _sufragio universal_ considerado, no como _fuente de la -soberanía_ del _Derecho_ o del _Poder_, sino únicamente como _forma de -elección_, es incompatible con el catolicismo y está condenado por la -proposición 60 del Sillabus. - -»Si puede un verdadero católico servirse de la _Prensa periódica_ -para propagar y defender la doctrina de Jesucristo y los derechos de -la Santa Iglesia Romana; si puede también concurrir a los _Ateneos_, -_Academias_ y demás Centros donde impera el _racionalismo_ y el -_liberalismo_, para combatir estas absurdas teorías, oponiendo a ellas -las conclusiones católicas. Si esto es conveniente y si es _enteramente -libre_ opinar en pro o en contra de su oportunidad. - -»Si la llamada _libertad de la Prensa_, entendida, no como un derecho -individual, sino como una _concesión temporal_ del poder supremo, y, -por lo tanto, _revocable_, y aun así limitada _por las leyes_ que -castigan las transgresiones de la doctrina _católica_ y del orden -político y social constituyen un principio _católico-liberal_; y si la -previa censura forma parte integrante del uso de esta libertad para que -sea compatible con el catolicismo. - -»Qué entiende la Santa Iglesia Romana por _liberalismo_; si es lo mismo -que sistema _parlamentario_ y _constitucional_... - -»Si los católicos, al defender el catolicismo y los derechos de la -Santa Iglesia Romana, deben ajustar sus acciones a la legalidad -establecida en los diferentes países, utilizando los medios que ella -les proporcione, o si es más conveniente que contentándose con la -_obediencia pasiva_ a los Poderes constituídos, se separen de aquélla -y unidos trabajen para conseguir sus fines. Cuál es, en resumen, la -conducta que deben seguir en las actuales circunstancias, y si es -_completamente libre_ opinar y obrar en uno u otro sentido.--_Ángel -García Goñi._--Madrid, abril 14 de 1877.» - -Es este un trabajo de casuística política española, que os abre un -mirador hacia el panorama moral de la Nación. La Iglesia, unida al -Estado cada día más, a pesar de las expropiaciones territoriales, de -las reacciones progresistas y de los trabajos del radicalismo. «La -libertad y la individualidad--dice Georges Lainé--son sentimientos -accidentales que España ha siempre desconocido. La antigüedad y el -Oriente no han imaginado otra forma de gobierno que el despotismo -fanático y sospechoso, de tiranos, que se inmiscuyen en la intimidad de -las conciencias. España no ha podido desprenderse de esa concepción, -ni bajo el régimen del librepensador Carlos III, ni bajo la del -intolerante Felipe II; el libre pensamiento castellano no fué entonces -sino una variedad nueva de la intolerancia y del despotismo; si hubiese -osado suprimir la religión del Estado, hubiera sido para reemplazarla -por una filosofía del Estado; pero bruscamente, sin preparación, el -siglo XIX rompió ese molde social». - -Mal podría yo, católico, atacar lo que venero; mas no puedo desconocer -que el catolicismo español de hoy dista en su pequeñez largamente aun -del terrible y dominante catolicismo de los autos de fe. Esa corrompida -dominación religiosa de Filipinas ha sido, como bien lo conoce ya -el mundo, la causa principal de la pérdida cuya fatalidad no hubo -un juicio certero que la presintiese. Habiendo perdido su poderío -antiguo, la clerecía no tomó siquiera el rumbo que podría levantarla a -su justo puesto en España católica, en donde, ya que no como cuerpo, -particularmente se protegiesen las artes y las ciencias. No es un -sueño de poeta el pensar como el escritor que antes he citado, en el -papel reservado a la Iglesia en lo porvenir, con tal de que la barca -simbólica fuese con buen timonel: la Iglesia, dice, es una admirable -institución, porque reposa sobre el amor y es el eterno asilo de todos -los Franciscos de Asís, de todas las santas Teresas, de todos los -Vicentes de Paúl del futuro. Todos los que aman, todos aquellos para -quienes el amor es el único fin de la existencia, se lanzarán un día -hacia la Iglesia, sea que--por privilegio de Dios--entren directamente, -sea que, paganos, les haya sido preciso, de desilusión en desilusión, -seguir el camino indicado por Platón: del amor de los bellos cuerpos -ascender al amor de las ideas, de la Venus terrestre a la Venus celeste. - -Y en España, en donde el catolicismo forma parte, o está unido tan -íntimamente al alma general, a tal extremo que España ha de ser siempre -católica o no será; quizá en el tiempo venidero, en el resurgimiento -que ha de cumplirse, reverdezca el árbol nuevo, ya que no con las -pompas escarlatas de la hoguera y del auto de fe, en la luz de la vida -nueva, en la gloria de la intelectualidad, libre de las manchas grises, -de las taras vergonzosas que ahora contribuyen al descrédito de la alta -doctrina; la «locura de la cruz» no es la insensatez de la cruz. - -¡Oh sí! el Máximos de Ibsen podría venir, más no sería sino el mismo -soberano Jesucristo, un emperador galileo cuyo fin sería siempre la paz -y el triunfo de la verdadera vida. El Anticristo nació en este siglo -en Alemania; conquistó muchas almas; se apasionó primero por el Graal -santo y renegó luego de su mayor sacerdote; creó el tipo de soberbia -humana, o superhumana, aplastando la caridad de Jesús; predicó el odio -al doctor de la Dulzura; desató o quiso desatar los instintos, los -sexos y las voluntades; consiguió un ejército de inteligencias, y se -cumplió por él más de una profecía. Pero el Anticristo alemán está en -el manicomio, y el Galileo ha vencido otra vez. - - - - - SEMANA SANTA - - [Ilustración] - - - 31 de marzo. - -SEVILLA rebosa de forasteros; Toledo lo propio; a Murcia van los trenes -llenos de viajantes. No faltan en las estaciones los indispensables -ingleses provistos de sus minúsculas «detective». Es en las provincias -en donde la santa semana atrae a los turistas. Madrid es religiosamente -incoloro, y lo que hace notar que se pasa por estos días de fiestas -cristianas, es que desde ayer, por decreto del alcalde--un descendiente -del ilustre Jacques de Liniers--, no circulan durante el día vehículos -por la capital. Las campanas no suenan, reemplazadas litúrgicamente por -las matracas, y jueves y viernes estas mujeres amorosas en la devoción, -recorren las calles cubiertas con sus famosas mantillas. En medio de la -multitud, algo he advertido de una vaga y dolorosa tristeza. Se escucha -que viene a lo lejos una suave música llena de melancolía; despacio, -despacio. Luego se va acercando y se oye una canción, seis voces, -dos femeninas, dos de hombre, dos infantiles. El coro pasa, se diría -que se desliza ante vuestros ojos y a vuestros oídos. Son ciegos que -van cantando canciones, pidiendo limosna. Se acompañan con violines, -guitarras y bandolinas. Con sus ojos sin día miran hacia el cielo, en -busca de lo que preguntaba Baudelaire. Lo que cantan es uno de esos -motivos brotados del corazón popular, que dicen, en su corta y sencilla -notación, cosas que nos pasan sobre el alma como misteriosas brisas -que hemos sentido no sabemos en qué momento de una vida anterior. Se -diría que esos ciegos han aprendido su música en monasterios, pues -traen sus voces algo como piadosa resonancia claustral. La concurrencia -que va al paseo no para mientes. Por los balcones asoman unas cuantas -caras curiosas. De lo más alto de una casa, de una pobre buhardilla, -cae para los ciegos una moneda de cobre. - -En las iglesias se ostentan las pompas sagradas. Los caballeros de las -diversas Ordenes asisten a las ceremonias. La indumentaria resucita -por instantes épocas enterradas. Mas ayer se cumplió con una antigua -usanza en la mansión real que, con toda verdad, más que ninguna otra -manifestación, ha podido llevar los espíritus hacia atrás, en lo -dilatado del tiempo. Me refiero al acto de lavar los pies a los pobres -y reunirles a la mesa, la reina de España. Esta costumbre arranca de -siglos; instituyóla Fernando III de Castilla en 1242. - -Desde muy temprano el patio de palacio se fué llenando de gente. Visto -desde lo alto era una aglomeración oleante de mantillas, sombreros -de copa, oros y colores de uniformes. Suena un son de pífanos. Es -el desfile pintoresco de las alabardas. Medio día. Compases de un -himno por una banda de palacio, y la familia real se presenta en -marcha hacia la capilla. Por un momento desaparece el rumor de la -vida actual. Esa aparición nos hace pensar en un mundo distinto, en -apariencias encantadoras que a las alturas de esta época ruda para la -poesía de la existencia, tan solamente surgen a nuestra contemplación -en el teatro o en el libro. He aquí que esta buena archiduquesa que -sostiene hoy la diadema de Su Majestad Católica, brota de un cuadro, -sale de una página de vieja historia, se desprende de un cuento; -toda blanca, real, tristemente majestuosa, pues no alcanza a ocultar -que su alma no es un lago tranquilo. De sus espaldas se extiende el -gran manto; la larga cola pórtala un hidalgo, el mayordomo marqués -de Villamayor. El continente impone, el gesto habla por la raza. Por -corona lleva María Cristina una constelación de brillantes, y sutil -como una onda de espuma, la mantilla blanca le cubre el casco de la -cabellera. La princesita de Asturias, que ya viste de largo, va toda -ella hecha una rosa, rociada de perlas. Hay en esa joven una distinción -graciosa que seduce en medio de la corte, y que no advertís en los -retratos expuestos en los escaparates de los fotógrafos y que dan la -figura un tanto picante de una modistilla. La infanta Isabel--muy -simpática para todos los madrileños, y absolutamente Borbón--va de un -amarillo triunfante, y sobre la magnificencia de su manto heliotropo -resplandecen las joyas. El altar arde en luces y oros. Los príncipes -y los cortesanos parecen orar, con unción y fe. Calvas ebúrneas, -barbas blancas sobre estrellas de oro y de piedras preciosas, galones -y entorchados, se inclinan al movimiento de los oficios. Serenamente -armoniosa, la música de la capilla despierta a Mozart. Como un incienso -se esparce por los ámbitos, envuelve todos los espíritus, así entre -tantos se erijan los incrédulos, la _Primera Sinfonía_. - -En el Salón de las Columnas el gran crucifijo central está envuelto -en un lienzo violeta, en el altar, que se destaca sobre un tapiz de -asunto religioso. En las tribunas, con los ministros, entre el Cuerpo -diplomático y los Grandes de España, están la infanta Isabel y la -duquesa de Calabria y la princesa de Asturias. - -En los lados del salón, sentados en bancos negros, hay doce mujeres -pobres y trece hombres pobres. No sé que vaga luz brota de esas -humildes almas en las miradas. - -Suenan las dos palmadas de costumbre; es que se acerca la reina con su -séquito. La reina viene a paso augusto, entre el obispo y el nuncio. -Precédela un grupo de religiosos y cantores, y una cruz alta. _Ante -diem festum Paschæ_... resuena la voz del subdiácono; la música, -el canto vuela sobre el recinto. De pronto, María Cristina está ya -ciñéndose una toalla, mientras las duquesas, llenas de diamantes, las -condesas fastuosas, descalzan a los convidados miserables. La reina con -una esponja y con la toalla enjuga los lamentables pies de esas gentes, -que en un halo de inexplicable asombro deben sufrir extraña angustia. -El representante del papa vierte el agua de un ánfora. Os aseguro que -por todo pecho presente pasa una conmoción. Y en ese mismo instante, -dos voces hablaban al oído del observador meditabundo. La una era la -del demonio de la calle, el demonio de la murmuración que se cuela -por los misterios de las casas y se propaga en la frase afilada por -la inevitable malignidad humana. Esa voz hablaba a la oreja izquierda -y decía: «Es hermoso, es de un simbolismo grandioso y conmovedor ese -acto de humildad que recuerda a las Isabeles de Hungría, que nos aleja -del ambiente contemporáneo asfixiante de egoísmo, quemante de odio -y de mentira; pero... ¿y la miseria? ¿Y los innumerables mendigos -que andan por la Corte y por toda España crujiendo de hambre? ¿Y los -martirios de Montjuich? ¿Y el anarquismo, flor de los parias? ¿Y la -prostitución infantil instalada a los ojos de la capital de S. M. -Católica?» Y continuaba: «Por ahí se dice que la «austriaca» es avara; -que manda arreglar el calzado y los vestidos usados de las infantitas; -que hace pagar su «pupilaje» en palacio a la infanta Isabel; que su -caridad no se demuestra espléndida en demasía; que en Londres está -acaparando millones; que la duquesa de Cánovas, a quien ella antes -llamara «la reina de la Guindalera», la gratifica justamente con el -apodo de «la institutriz»...» Mas la voz que hablaba a la oreja derecha -decía: «No, no hay que proclamar la injusticia o la mala visión como -una ley de verdad. Esa noble señora está en una altura que hay que -apreciar de lejos; y poco harán en su contra las murmuraciones áulicas, -los despechos palaciegos. Su misión maternal es admirable, y las -tempestades que han pasado por la corona de torres de la Patria la han -visto siempre digna y ejemplar, sosteniendo la infancia endeble de su -hijo, dolorida por las penas nacionales, triste en su viudez hasta -hoy libre de calumnia. Ciertamente, no es una Isabel II, por ninguna -clase de generosidad. No derrocha, pero sostiene asilos, da justas y -silenciosas limosnas. Es una reina buena». - -Y hela allí, en el salón de armas, sirviendo a los mismos pobres a la -mesa. Le ayudan varios señores en su tarea. Esos _garçons_ de semejante -comedor se llaman el marqués de Ayerbe, el duque de Sotomayor, el -duque de Granada de Ega, el conde de Revillagigedo, el marqués de -Comillas, el conde de Atarés, el marqués de Santa Cristina, el marqués -de Velados. Todos pudieran entrar en un parlamento huguesco; todos se -cubren ante el rey, todos tienen a la cintura la llave de oro. Así las -damas que descalzaron a los miserables eran una condesa de Sástago, una -duquesa de Medina Sidonia, una marquesa de Molíns, una de Sanfelices. -Desde lo alto, en el soberbio techo--_Giaquinto pinxit_--todo un -revuelto Olimpo, de un paganismo rococo, se debatía, en vibrantes fugas -de colores sobre las magnificencias católicas. - -Esta ha sido para mí más que la procesión mediocre, o las celebraciones -eclesiásticas en los templos, la verdadera nota principal de la semana -santa en la corte española. Pues si hoy la reina, en el ceremonial del -viernes santo en la capilla real, ha hecho cambiar por cintas blancas -las cintas negras de los procesos, al indultar a los reos de muerte, -después de besar el _lignum crucis_, ayer, ha estado, en un acto -antiguo, más cerca de Jesucristo. - -¿España es verdaderamente religiosa? Creo que, en el fondo, no. -Cuenta Georges Lainé que preguntó a un sacerdote gaditano: «¿Hay una -corriente de opinión republicana muy marcada en el bajo pueblo de -Cádiz?» El sacerdote le contestó: «Todos los obreros de Cádiz son -republicanos, anticatólicos, y, un gran número, anarquistas». Puede -también asegurarse que la mayoría de los obreros de toda España es -poco religiosa, influída por corrientes liberales primero y luego por -la cuestión social. En Barcelona, principalmente, el viento nuevo -ha desarraigado mucho árbol viejo. En Andalucía, en Castilla buena -parte del clero ha contribuído, con su poco cuidado de los asuntos -espirituales, a debilitar las creencias. El alto clero español cuenta -con cabezas eminentes, con sabios y con varones virtuosos; pero en -las regiones inferiores no es un mirlo blanco el sacerdote de sotana -alegre, amigo de juergas, de guitarras y mostos. La navaja no es -tampoco, en ciertos ejemplares, desconocida.--El sacerdote sanguinario -y cruel no ha sido escaso en las guerras carlistas. En cuanto a -moralidad, es éste el país en donde el «ama del cura» y las «sobrinas -del cura» son tipos de comedia y cantar. Ello no quiere decir que, como -en toda viña humana y en la del Señor, no haya casos de corrección y de -virtud evangélicas. El cura de aldea de aquel honesto Pérez Escrich no -abunda, pero se puede encontrar en la campaña española. La enseñanza -religiosa en la España interior se queda en lo primitivo, en la plática -pastoral que precede a la idolatría católica de figuras también -primitivas; en las procesiones originalísimas.--En la España negra -de Verhaeren y Regoyos podéis observar curiosos croquis. En San Juan -de Tolosa, por ejemplo, en Guipúzcoa, donde existen esas esculturas -bárbaras que hacen decir al escritor: «El rezar cara a cara con estos -Nazarenos y Santos debe hacer reir o alucinar». En efecto, son figuras, -_bonshommes_ como labrados a hacha, con asimetrías deformes y aires -de idiotismo o de malignidad; Cristos de rostros funestos, o como -dibujados por James Ensor, Cristos _que dan miedo_, bajo sus cabelleras -de difuntos, entre los nichos oscuros de los altares. La semana santa -en Guipúzcoa; los pasos de Azpeitia con sus siniestras estatuas, -son otra cosa que la semana santa de Sevilla, con sus esculturas -artísticas, sus palios lujosos, sus pasos con imágenes de arte, sus -vírgenes vestidas como emperatrices bizantinas: todo oro, terciopelo, -hierro, y más oro; y las saetas, esos cantos que brotan en su aguda -tristeza, quejidos del pueblo, dolorosas y sonoras alondras de una -raza. O la semana santa de Toledo, entre la antigüedad gris y seca de -esa petrificación de tiempo. En las fiestas de San Juan Degollado, -en la isla de Gaztelugache, cerca del cabo Machichaco, puede verse -aún la Edad Media, con la devoción idólatra y temerosa, los romeros y -penitentes que suben una cuesta de rodillas, despedazándose sobre la -piedra. Los niños van vestidos de negro y violeta. Y los disciplinantes -de Rioja, en San Vicente de la Sonsierra: hombres que se destruyen las -espaldas con azotes, a la vista del público, y luego, cuando el lomo -está todo amoratado de golpes o hinchado de disciplinazos, se les raya -con bolas de cera llenas de vidrios filosos. Regoyos nos cuenta de -otros martirios, como el ir tocando una gran campana por las calles, o -pasar con los pies descalzos sobre pedruscos y chinas. Allí la sangre -humana se vierte en realidad cada jueves santo. - -Pero junto a todas esas manifestaciones de religiosidad nefasta y -milenaria encontraréis siempre la guitarra, el vino, la hembra. El -torero tiene una imagen a la que reza antes de ir a la corrida, a -la fiesta de la sangre. Los antiguos peregrinos que iban a Santiago -de Compostela con el bordón y la calabaza eran excelentes pillos y -bandoleros que hubo que perseguir. En ciertas procesiones andaluzas -hay pleitos por si una santa virgen vale más que otra, y al elogiar a -la propia imagen se injuria con epítetos de la hampa a la santa imagen -contraria. Se forman partidos por este o aquel Cristo, por este o -aquel santo milagroso. En Galicia pasa lo propio. Un escritor gallego -me cuenta que un tío suyo muy devoto, después de sufrir un gran dolor -moral, se encerró en su gabinete, y con una filosa faca se puso a dar -de puñaladas a un Crucifijo familiar. No es raro que al ir a dejar a -la iglesia en los pueblos, a una imagen, los conductores se detengan -un rato en la taberna. En 1820 los madrileños saquearon el palacio de -la Inquisición; degüello de frailes ha habido que quedará por siempre -famoso. España es el país católico por excelencia; pero Rothschild ha -sido el amo por intermedio del judío Bauer; y se ha transigido por -razones muy humanas, con la fundación de templos protestantes. - -El fanatismo español, según Buckle, se explicaría por las luchas con -las invasiones arábigas; pero Ives Guyot hace notar, con justicia, que -antes había habido los grandes choques con los visigodos arrianos. -La conversión de Recaredo señala un buen punto de partida. De lo -más remoto parte la veta religiosa, desde la venida de los primeros -cristianos. No hay lugar importante de España que no guarde el recuerdo -tradicional o histórico de un santo o de un apóstol cristiano. San -Pablo desembarcó en las costas levantinas, y Tarragona pretende que fué -el fundador de su iglesia. En Bética fué la conversión del prefecto -Filoteo, del magnate Probo y su hija Xantipa. El mismo apóstol estuvo -en Andalucía, en Écija y en otros puntos de la Península. Écija tuvo a -San Rufo, obispo nombrado por San Pablo Narbonense; Santiago estuvo en -Braga, en donde fué primer obispo. El viaje de la cabeza de Santiago, -con los Siete Discípulos, en la _parva navis_, es una hermosa perla de -tradición narrada en el latín del Cerratense. La cabeza de Santiago -destruyó el último templo de Baco: _Liverum novum_: ¡pero ya quedaba -el vino! San Pedro envió a otros discípulos. Geroncio quedó en Italia. -Pamplona recuerda a Saturnino y Honesto; Marmolejo a Máximo; Guadix -a Torcuato; Granada a San Cecilio; Ávila a San Segundo; Tarifa a San -Esicio; Andújar a San Eufrasio; Cabra a San Texifonte; Almería a San -Indalecio. Zaragoza pretende tener la primera iglesia fundada en -España: allí triunfan los mártires y la Pilarica. Toledo tuvo a San -Eugenio, en tiempo del papa Clemente. Gerona cuenta con San Narciso. -Por todas partes retoña, si regáis un poco, la raíz cristiana, por -tantos motivos; pero la savia pagana de la tierra no está destruída. -La latina se explica. Se gusta en las procesiones de la pompa, de los -oros lujosos, de la decoración de las imágenes, y con el pretexto de -la devoción se da suelta a los nervios y a la sangre, floreciendo de -rojo la España Negra. No se abandonan los asuntos de este mundo por -los del otro; y la Inquisición misma, en sus orígenes, tuvo más causas -políticas que religiosas. El quemadero después agregó ese halago -terrible al divertimiento popular; auto de fe o corrida de toros viene -a dar lo mismo. En ciertos templos andaluces el catolicismo deja ver -a través de sus adornos y símbolos las líneas y arabescos moriscos: -en las almas pasa algo semejante. Cierto es que Mahoma sonríe más que -Jesucristo en los ojos sevillanos de bautizadas odaliscas. - -País de Carlos V, de Felipe II, de Carlos II _el Hechizado_; país -de la expulsión de los judíos y de los moros: su fe no llega muy a -lo profundo. Creedme: la brava España llevó la cruz al mundo nuevo -nuestro, a lejanas tierras, la impuso por la fuerza, de manera -koránica; pórtala sobre el oro de la corona, sobre la cúpula del -palacio real; pero España es como la espada: tiene la cruz unida a la -filosa lámina de acero. - - [Ilustración] - - - - - ¡TOROS! - - [Ilustración] - - - 6 de abril de 1899. - -LOS durazneros alegres se animan de rosa; el Retiro está todo verde, y -con la primavera llegaron los toros. Se han vuelto a ver en profusión -los sombreros cordobeses, los pantalones ajustados en absurda -ostentación calipigia, las faces glabras de las gentes de redondel y -chuleo. El día de la inauguración de las corridas fué un gran día de -fiesta. Pude saludar varias veces por la calle de Alcalá al espíritu -de Gautier. Era el mismo ambiente de los tiempos de Juan Pastor y -Antonio Rodríguez; las calesas estacionadas a lo largo de la vía, las -mulas empomponadas, los carruajes que pasan llenos de aficionados y las -mantillas que decoran tantas encantadoras cabezas. Parece que en el -aire fuese la oleada de entusiasmo; todo el mundo no piensa sino en el -próximo espectáculo, no se habla de otra cosa; las corbatas de colores -detonan sobre las pecheras; las chaquetas parece que se multiplicasen, -los cascabeles suenan al paso de los vehículos; en los carteles -chillones se destaca la figura petulante del Guerra. ¡El Guerra!... - -Su nombre es como un toque de clarín, o como una bandera. Su cabeza -se eleva sobre las de Castelar, Núñez de Arce o Silvela; es hoy el -que triunfa, el amo del fascinado pueblo. ¡El Guerra! Andalusamente, -Salvador Rueda, no hallando otra cosa mejor que decirme de su torero, -me clava: «¡Es Mallarmé!» Vamos, pues, a los toros. - -«Se ha dicho y repetido por todas partes que el gusto por las corridas -de toros se iba perdiendo en España, y que la civilización las haría -pronto desaparecer; si la civilización hace eso, tanto peor para ella, -pues una corrida de toros es uno de los más bellos espectáculos que -el hombre puede imaginar». ¿Quién ha escrito eso? El gran Theo, el -magnífico Gautier, que vino «tras los montes» a ver las fiestas del sol -y de la sangre; Barrès, después, hallaría la sangre, la voluptuosidad -y la muerte. Es explicable la impresión que en el hombre que «sabía -ver» harían las crueles pompas circenses. No es posible negar que el -espectáculo es suntuoso; que tanto color, oros y púrpuras, bajo los -oros y púrpuras del cielo, es de un singular atractivo, y que del -vasto circo en que operan esos juglares de la muerte, resplandecientes -de sedas y metales, se desprenden un aliento romano y una gracia -bizantina. Artísticamente, pues, los que habéis leído descripciones de -una corrida o habéis presenciado ésta, no podéis negar que se trata de -algo cuya belleza se impone. La congregación de un pueblo solar a esas -celebraciones en que se halaga su instinto y su visión, se justifica, y -de ahí el endiosamiento del torero. - -_Nodier raconte qu'en Espagne..._ Fácil es imaginarse el entusiasmo de -Gautier por esta España que aparecía en el período romántico como una -península de cuento; la España de los _châteaux_, la España de Hernani -y otra España más fantástica si gustáis, y la cual, aun cuando no -existiese, era preciso inventar. Esa venía en la fantasía de Gautier, -y los toros vistos por él correspondieron a la mágica inventiva. En -la calle de Alcalá le arrastró, le envolvió el torbellino pintoresco; -los calesines, las mulas adornadas, los bizarros jinetes, las tintas -violentas calentadas de sol de la tarde, los característicos tipos -nacionales. El arte le ase a cada momento y si un tronco de mulas le -trae a la memoria un cuadro de Van der Meulen, un episodio torero le -recordará más tarde un grabado de Goya. Aquí encuentra la famosa -manola, que ha de hacerle escribir una no menos famosa canción -cuyos _¡alza! ¡hola!_ se repetirán en lo porvenir a la luz de los -_café-concerts_. El detalle le atrae; documenta y hace sonreir la -sinceridad con que corrige a sus compatriotas buscadores de «color -local»: se debe decir _torero_, no _toreador_; se debe decir _espada_, -no _matador_. Ya enmendará luego la plana a Delavigne diciéndole que -la espada del Cid se llama tizona y no _tizonade_, para resultar con -que hay una estocada en la corrida que se llama _a vuela pies_. ¡Oh! -el español de los franceses daría asunto para curiosas citas, desde -Rabelais hasta Maurice Barrès, pasando por Víctor Hugo y Verlaine. -Los toros atrajeron la atención del poeta de los Esmaltes y Camafeos. -Cuando iba a sentarse en su sitio, en la plaza, «experimenté--dice--un -deslumbramiento vertiginoso. Torrentes de luz inundaban el circo, pues -el sol es una araña superior que tiene la ventaja de no regar aceite, -y el gas mismo no lo vencerá largo tiempo. Un inmenso rumor flotaba -como una bruma de ruido sobre la arena. Del lado del sol palpitaban -y centelleaban miles de abanicos y sombrillas». «Os aseguro que es -ya un admirable _espectáculo_, doce mil espectadores en un teatro -tan vasto cuyo plafón sólo Dios puede pintar con el azul espléndido -que extrae de la urna de la eternidad». Después serán las peripecias -de los juegos, la magnificencia de los trajes y capas; los mismos -sangrientos incidentes, caballos desventrados, toros heridos, y el -público tempestuoso, un público de excepción cuyo igual no sería -posible encontrar sino retrocediendo a los circos de Roma; todo con -sol y música y clamor de clarines y banderillas de fuego. Él hace su -resumen: «La corrida había sido buena: ocho toros, catorce caballos -muertos, un chulo herido ligeramente; no podía desearse nada mejor». -Que por razones de imaginación y sensibilidad artística hombres como -Gautier se contagien del gusto por los toros que hay en España, -pase; pero es el caso que ese contagio invade a los extranjeros de -todo cariz intelectual, y no es raro ver en el tendido a un rubio -_commis-voyageur_ dando muestras flagrantes del más desbordado -contentamiento. - -Lo que es en España será imposible que llegue un tiempo en que se -desarraigue del pueblo esta violenta afición. Antes y después de -Jovellanos ha habido protestantes de la lidia que han roto sus mejores -flechas contra el bronce secular de la más inconmovible de las -costumbres. En las provincias pasa lo propio que en la capital. Sevilla -parece que regase sus matas de claveles con la sangre de esas feroces -_soavetaurilias_; allí las fiestas de toros son inseparables del fuego -solar, de las mujeres cálidamente amorosas, de la manzanilla, de la -alegría furiosa de la tierra; la corrida es una voluptuosidad más, y -la opinión de Bloy sobre la parte sensual del espectáculo encontraría -su mejor pilar en el goce verdaderamente sádico de ciertas mujeres -que presencian la sangrienta función. La Sevilla de las estocadas -de Mañara, de la molicie morisca, de las hembras por que se desleía -Gutierre de Cetina, de las sangres de Zurbarán, de las carnes femeninas -de Murillo, de las gitanillas, de los bandidos generosos, tiene que -ser la Sevilla del clásico toreo. Bajo Fernando III ya los mozos de -la nobleza tenían su plaza especial para el ejercicio del _sport_ -preferido. Partos reales o la toma de Zamora, se celebraban con toros. -El cardenal arzobispo don Rodrigo de Castro prohibió durante un jubileo -las corridas. La ciudad luchó con su ilustrísima y venció apoyada por -Felipe II. La corrida se da, y en ella - - Veinte lacayos robustos - con ellos delante salen: - morado y verde el vestido - espadas doradas traen, - de ser don Nuño y Medina - dan muestra y claras señales, - que aunque vienen embozados - no pueden disimularse. - -En tiempos de Felipe IV «toreó a caballo don Juan de Cárdenas, un -truán del duque, de excelente humor, con tanta destreza y bizarría, -que al toro más furioso dió una muy buena lanzada: Mató S. M. tres -toros con arcabuz»--dice un revistero de la época. Felipe V quiso -sustituir la corrida por «juegos de cabezas», pero lo francés fué -derrotado por lo español. ¡Ayer como hoy los toros _for ever_! No -ha habido aquí poeta ni millonario que haya sido tan afortunado en -favores femenidos como Pepe Hillo. Cierto es que en París y en nuestro -tiempo, Mazzantini y Ángel Pastor no han podido quejarse de las damas. -En Zaragoza la afición se pretende que viene desde los romanos. Don -Juan de Austria fué obsequiado allí con toros. A Felipe V le hicieron -ver los aragoneses una corrida, de noche, en Cariñena. Los navarros, -entre un son de violín de Sarasate y un do pectoral de Gayarre, toros, -y ello viene de antaño. Soria, con sus fiestas de las Calderas, pues -toros. Valencia, florida y armoniosa de colores y cantos, tenía ya -toreros en tiempo de Don Alfonso _el Sabio_. Y entre sus célebres -aficionados cuenta a un conde de Peralada y Albatera, don Guillén de -Rocafull. Y hasta en la España del Norte, en la España gris, aun cuando -la Naturaleza proteste, la afición procura su triunfo, y bajo el cielo -empañado, en la tierra donostiarra, toros. Salamanca, toros. Toledo, -Valladolid, toros. Solamente entre los catalanes no han vencido sino a -medias los cuernos. - -No obstante, hay apasionados de la lidia que lamentan la decadencia -torera; dicen que hoy no existe «el amor al arte», que los espadas son -simples negociantes, y los ganaderos, así sean descendientes de Colón, -dan--como dice Pascual Millán, notable taurógrafo--«toros raquíticos, -sin sangre, ni bravura, ni trapío». Los días pasados, en Aranjuez, -conocí a un hombre atento y afable que, a través de su conversación con -coleta, deja ver cierta cultura y buen afecto a América. Me habló del -Río de la Plata, y de Chile, y de su amigo don Agustín Edwards. Es el -célebre Ángel Pastor. Sufre grandemente. En lo mejor de su carrera, -todavía fuerte y joven, ha tenido la desgracia de romperse un brazo. -Ya no podrá _trabajar_; la mala suerte le ha salido al paso peor que -un toro bravo, y le ha cogido. Y habla también Pastor de lo malo que -hoy anda el toreo, de la decadencia del arte, de lo _clásico_ y de -lo _moderno_, como hablaría un profesor de Literatura o de Pintura. -Pero no le falta el brillante gordo en el dedo y la consideración de -todo el mundo. El hotel mejor de Aranjuez es el suyo. Y la tradicional -gentileza y obsequiosidad, suyas son también. - -Decadentes o no decadentes, los toros seguirán en España. No hay rey -ni Gobierno que se atreva a suprimirlos. Carlos III tuvo esa mala -ocurrencia y luego se vieron sus defectos. Jovellanos, en su carta -a Vargas Ponce, no tuvo empacho en sostener que la diversión no es -propiamente nacional, porque Galicia, León y Asturias han sido muy poco -toreras. ¿Qué gloria nos resulta de ella? exclamaba. ¿Cuál es, pues, la -opinión de Europa en este punto? Con razón o sin ella ¿no nos llaman -bárbaros porque conservamos y sostenemos las fiestas de toros? Negó -el valor a los toreros, y proclamó su general estupidez fuera de las -cosas de la lidia. Sostuvo el daño que ésta producía a la agricultura, -pues cuesta más la crianza de un buen toro para la plaza que cincuenta -reses útiles para el arado; y a la industria, pues los pueblos que ven -toros no son por cierto los más laboriosos. En cuanto a las costumbres, -el párrafo que dedica a la influencia de los toros en ellas quedaría -perfecto al injertarse en un capítulo del _Cristophe Colomb devant les -taureaux_, de León Bloy. Hay una muy bien meditada página del cubano -Enrique José Varona sobre la psicología del toreo, en que encuentra la -base humana del gusto por esas crueles diversiones, en el sedimento -de animalidad persistente a través de la evolución de la cultura -social. La teoría no es flamante y antes que sostenida por argumentos -científicos, estaba ya incrustada en la sabiduría de las naciones. - -Pero si no hay duda de que colectivamente el español es la más clara -muestra de regresión a la fiereza primitiva, no hay tampoco duda de -que en cada hombre hay algo de español en ese sentido, junto con el -de la perversidad, de que nos habla Poe. Y la prueba es el contagio, -individual o colectivo; el contagio de un viajero que va a la corrida -llevado por la curiosidad en España, o el contagio de un público -entero, o de gran parte de ese público, como el de París o Buenos -Aires, en donde la diversión se ha importado, corriéndose el riesgo de -que, si la curiosidad es atraída primero por el exotismo, venga después -la afición con todas sus consecuencias. - -En América, no creo que en Buenos Aires, a pesar de lo numeroso de la -colonia española y de la sangre española que aun prevalece en parte del -elemento nacional, el espectáculo pudiese sustentarse por largo tiempo; -pero pasada la cordillera, y en países menos sajonizados que Chile, el -caso es distinto. Desde Lima a Guatemala y Méjico queda aún bastante -savia peninsular para dar vida a la afición circense. - -En cualquier pueblo, dice Varona, sería funesto para la cultura pública -espectáculo semejante; entre los españoles y sus descendientes, -infinitamente más. Las propensiones todas de su carácter, producto -de su raza y de su historia, los inclinan del lado de las pasiones -violentas y homicidas. Por lo que a mí toca, diré que el espectáculo -me domina y me repugna al propio tiempo--no he podido aún degollar mi -cochinillo sentimental. - -Puesto que las muchedumbres tienen que divertirse, que manifestar sus -alegrías; serían más de mi agrado pueblos congregados en sus días de -fiesta, en un doble y noble placer mental y físico, escuchando, a la -griega, una declamación, bajo el palio del cielo, desde las gradas de -un teatro al aire libre; o la procesión de gentes, hombres y mujeres -y niños, que fuesen, en armoniosa libertad, a cantar canciones a -las montañas o a las orillas del mar. Pero puesto que no hay eso, y -nuestras costumbres tienden cada día a alejarse de la eterna poesía de -las cosas y de las almas, que haya siquiera toros, que haya siquiera -esas plazas enormes como los circos antiguos, y llenas de mujeres -hermosas, de chispas, de reflejos, de voces, de gestos. - -Créame el nunca bien ponderado doctor Albarracín, que mis simpatías -están de parte de los animales, y que entre el torero y el caballo, mi -sensibilidad está de parte del caballo, y entre el toro y el torero mis -aplausos son para el toro. - -El valor tiene poca parte en ese juego que se estudia y que lo que -más requiere es vista y agilidad. No sería yo quien celebrase el -establecimiento de una plaza de toros entre nosotros; pero tampoco -batiría palmas el día que España abandonase esos hermosos ejercicios -que son una manifestación de su carácter nacional. - -No olvidaré la impresión que ha hecho en mí una salida de toros; fué en -la corrida última. - -El oleaje de la muchedumbre se desbordaba por la calle de Alcalá; cerca -de la Cibeles pasaba el incesante desfile de los carruajes; la tarde -concluía y el globo de oro del Banco de España reflejaba la gloria del -Poniente, en donde el sol, como la cola de un pavo real incandescente, -o mejor, como el varillaje de un gigantesco abanico español, rojo -y amarillo, tendía la simétrica multiplicidad de sus rayos, unidos -en un diamante focal. Los ojos radiosos de las mujeres chispeaban -tempestuosamente bajo la gracia de las mantillas; vendedoras jóvenes -y primaverales pregonaban nardos y rosas; flotaba en el ambiente un -polvo dorado, y en cada cuerpo cantaban la sangre y el deseo, el himno -de la nueva estación. Los toreros pasaban en sus carruajes, brillando -al fugaz fuego vespertino; una música lejana se oía y en el Prado -estallaban las risas de los niños. - -Y comprendí el alma de la España que no perece, la España reina de -vida, emperatriz del amor, de la alegría y de la crueldad; la España -que ha de tener siempre conquistadores y poetas, pintores y toreros. - -¡Castillos en España! dicen los franceses. Cierto: castillos en la -tierra y en el aire, llenos de leyenda, de historia, de música, de -perfume, de bizarría, de color, de oro, de sangre, de hierro, para -que Hugo venga y encuentre en ellos todo lo que le haga falta para -labrar una montaña de poesía; castillos en que vive Carmen y se hospeda -Esmeralda, y en donde los Gautier, los Musset y los artistas todos de -la tierra pueden abrevarse de los más embriagadores vinos de arte. Y -en cuanto a vos, don Alonso Quijano _el Bueno_, ya sabéis que siempre -estaré de vuestro lado. - - [Ilustración] - - - - - LA PARDO-BAZÁN EN PARÍS - UN ARTÍCULO DE UNAMUNO - - [Ilustración] - - - 10 de abril. - -DOÑA Emilia está ahora por París; ha hablado a los franceses de la -España de ayer, de la España de hoy y de la España de mañana... Como -casi siempre, dos versiones llegan, una del éxito de la conferenciante, -otra del fracaso. Creo desde luego en la primera. Los franceses (fuera -de la tradicional cortesía y de la no menos tradicional novelería) -han oído en su idioma, a una mujer muy inteligente, muy culta, que -les ha hablado desembarazadamente de un tópico que todavía no ha -perdido su actualidad; el problema español, después de la _débâcle_. -La señora Pardo-Bazán cuenta desde hace tiempo con largas simpatías y -amistades del otro lado de los Pirineos, desde sus visitas al _desván_ -de los Goncourt, desde _La cuestión palpitante_. Es colaboradora de -más de una revista parisiense, y luego, para su buena recepción, -tenía la excelente «guardia de honor» de _La Fronde_. No deja de -haber murmuradores que encuentran raro lo de que España vaya a ser -representada intelectualmente, en la Sociedad de Conferencias, por -una mujer. «Después de todo--me decía un espiritual colega--es lo que -tenemos más presentable fuera de casa». - -Y ciertamente, como no fueran Menéndez y Pelayo o Galdós a París, -en esta ocasión no sé quién mejor que doña Emilia hubiera podido -hablar en nombre de la cultura española. La de doña Emilia es variada -y por decir así europea, a pesar de su siempre probado retorno al -terruño después de sus excursiones a tales o cuales islas mentales de -pensadores extranjeros. En ella lo nacional no alcanza a ser ocultado -completamente por propósitos de arte o pasiones intelectuales. Su -catolicismo, por ejemplo, ha hendido como una vieja y fuerte proa, -las oleadas naturalistas y las filosofías de última hora. Su forma -literaria no ha podido asimilarse nunca nada extraño a la tradición -castellana; y encuentro de una justicia que no ha menester muchas -demostraciones para vencer, sus pasadas tentativas para conseguir, -lo que por derecho propio se le debe, un sillón de la Real Academia -Española. - -Y es un personaje simpático y gallardo, esta brava amazona que en medio -del estancamiento, del helado ambiente en que las ideas se han apenas -movido en su país en el tiempo en que le ha tocado luchar, ha hecho -ruido, ha hecho color, ha hecho música y músicas, poniendo un rayo -rojo en la palidez, una voz de vida en el aire, a riesgo de asustar a -los pacatos, colocándose masculinamente entre los mejores cerebros de -hombre que haya habido en España en todos los tiempos. - -Es la señora Pardo-Bazán de cierta edad, todavía guapa y exuberante de -vida. Su trato es amenísimo y desde el primer momento, si lo merecéis, -tenéis su aprecio intelectual y se abre su amable confianza. - -Pocas veces puede encontrarse unida tan llana franqueza con tan -inconfundible distinción. Vive en su casa de la calle Ancha de San -Bernardo, en compañía de su madre la condesa viuda de Pardo-Bazán, de -sus hijas las señoritas de Quiroga y su hijo don Jaime, que, entre -paréntesis, le ha resultado un gran partidario de don Carlos. En la -casa se celebran con bastante frecuencia reuniones a que concurren -personajes políticos y de la nobleza, y principalmente, hombres de -letras y artistas. Puede asegurarse que no hay escritor o artista -extranjero que no sea invitado a estas recepciones, y como doña Emilia -habla la mayor parte de las lenguas europeas, se entiende con cada cual -en su idioma. Sus libros han tenido una fama creciente en toda Europa y -ha sido traducida la mayor parte de ellos en las principales naciones. - -Desde hacía algunos días circulaba la noticia de que la señora -Pardo-Bazán iría a París a dar una conferencia sobre España. En el -_Journal des Débats_ apareció un artículo de Boris de Tannemberg -anunciando a los parisienses la llegada de la escritora, y poco -después, ella partía, en efecto, a llenar su compromiso. - -Ecos varios, como he dicho al comenzar, llegan de la conferencia, y -en los extractos de ella aparecen, como puntos principales, las dos -leyendas de España, la «leyenda áurea» y la «leyenda negra». - -La leyenda _áurea_, es decir, una España heroica, noble, generosa, -potente, cuna del valor y la hidalguía. La leyenda negra, una España -codiciosa, sangrienta, avara, inquisitorial, terriblemente peligrosa -al progreso humano. La primera, dice la señora Pardo-Bazán, ha sida la -causa de los desastres actuales. Ella se arraigó tanto en el espíritu -de la Nación, que formó un pueblo optimista, quijotesco, vanidoso, que -con castillos en el aire compensaría su decadencia y su pobreza. Los -hombres dirigentes, los guías de la política del reino en los últimos -años, se dejaban cegar por los mirajes y perdían el concepto de la -realidad. - -La leyenda negra tendría por origen la envidia de otras naciones, y -sobre todo, las rivalidades religiosas y políticas empezadas desde el -siglo XVI con el soplo del protestantismo que veía como su principal -enemigo a la poderosa España católica de entonces. Así lo comprende -un erudito escritor, el señor Maldonado Macanaz, en un artículo que -ha dado a la publicidad en esta ocasión. Pero de los tres puntos -en que se basa la leyenda negra, que son la conquista española, la -Inquisición, la decadencia que se iniciaba en el siglo XVII y las -figuras de Carlos I y de Felipe II, se desprende que no ha habido -demasiada injusticia en Europa cuando se ha formado esa leyenda «de -color oscuro» con bases tan innegablemente sombrías. No habría manera -de paliar las atrocidades de la conquista, pues aun suprimiendo la -_relación_ del padre Las Casas, que es obra de varón verecundo y -cristiano, no se pueden negar las imposiciones a sangre y fuego de los -conquistadores, la deslealtad que más de una vez salta a la vista, así -en Méjico como en el Perú, y tantas páginas rojas y negras que aportan -su color a la leyenda. La inquisición está en el mismo caso, pues aun -concediendo, desde el punto de vista de una crítica especial, defensas -de aquella institución como lo hace Menéndez y Pelayo, y aun observando -que no solamente España encendió las hogueras religiosas, resulta -siempre que es en España en donde el espíritu inquisitorial halló su -verdadera encarnación; por ello el inquisidor de los inquisidores será -siempre el inquisidor español; ya a través de la Historia, ya en el -cuento de Poe, en el drama de Hugo o en el dibujo de Ensor. La leyenda -áurea constituye el lado nervioso del alma española, y solamente los -desaciertos de los políticos de última hora han podido hacer que se -empañase. Es la de una España romántica, una España generosa y grande -que alza sus vastos castillos de gloria sobre la selva poética del -Romancero; una España de valor y de caballería que ha clavado en -el bronce del tiempo, con nombres épicos, toda una serie de nobles -victorias, de orgullosas conquistas. Sobre su pintoresco escenario -lleno de sol y de música el alma española aun sustenta la grandeza y el -brillo del pasado, digan lo que quieran los pesimistas y los que han -perdido toda esperanza de regeneración. No hace daño a España, como -doña Emilia cree, no le ha hecho daño el recuerdo y mantenimiento de -la leyenda de oro de su historia; sino que malaventurados políticos -y ministros modernistas a su manera, hayan descuidado el cimentar el -presente apoyados en la gloria tradicional. Para la reconstrucción -de la España grande que ha de venir, aquella misma áurea leyenda -contribuirá con su reflejo alentador, con su brillo imperecedero. -España será idealista o no será. Una España práctica, con olvido -absoluto del papel que hasta hoy ha representado en el mundo, es una -España que no se concibe. Bueno es una Bilbao cuajada de chimeneas y -una Cataluña sembrada de fábricas. Trabajo por todas partes; progreso -cuanto se quiera y se pueda; pero quede campo libre en donde Rocinante -encuentre pasto y el Caballero crea divisar ejércitos de gigantes. - - * * * * * - -Varias publicaciones de Madrid, desde hace poco, han empezado a -ocuparse con alguna atención de literatura hispanoamericana. Comenzó el -diario _El País_, siguió la _Revista Nueva_, interesante y de carácter -moderno, y luego el conocido y afamado periódico _Vida Nueva_, ha -comenzado a publicar una hoja mensual con el título _América_ y que se -dedicará, como su título lo indica, al pensamiento americano. Como la -dirección me pidiese un artículo de introducción a dicha hoja, hícelo -refiriéndome a uno del señor Unamuno, publicado en _La Época_, y en el -cual, con motivo de la _Maldonada_ de Grandmontagne, hablaba de las -letras americanas en general y de las argentinas en particular, con un -desconocimiento que tenía por consecuencia una injusticia. El señor -Unamuno es un eminente humanista, profesor de la antigua Universidad -de Salamanca, en donde tiene la cátedra de literatura griega. Se ha -ocupado de nuestra literatura gauchesca con singular talento; pero no -conoce nuestro pensamiento militante, nuestro actual movimiento y -producción intelectual. Comencé con tomar de un número de _La Nación_ -datos del yanqui Carpenter y hacer un largo párrafo de estadística. -Luego dije lo que otras veces he dicho sobre nuestra escasa producción, -y sobre las esperanzas en un futuro proficuo. Y como él se refiriese al -demasiado parisienismo que creía ver en la literatura de Buenos Aires, -manifesté lo que en este párrafo se verá: - -«Hay que esperar. América no es toda argentina; pero Buenos Aires bien -puede considerarse como flor colosal de una raza que ha de cimentar la -común cultura americana; y desde luego, puede hoy verse como el solo -contrapeso, en la balanza continental, de la peligrosa prepotencia -anglo-sajona. Nuestras letras y artes tienen que ser de reflexión. -No puede haber literatura en un país que ha empezado por cimentar el -edificio positivo de mañana; después de la base sociológica, de la -muralla de labor material y práctica, la cúpula vendrá labrada de -arte. Por lo pronto, nos nutrimos con el alimento que llega de todos -los puntos del globo. Hemos tenido necesidad de ser políglotas y -cosmopolitas, y mucho tiempo antes de que la Real Academia Española -permitiese usar la palabra _trole_, nos habíamos hecho del aparato. -Decadentismos literarios no pueden ser plaga entre nosotros; pero con -París, que tanto preocupa al señor Unamuno, tenemos las más frecuentes -y mejores relaciones. - -»Buena parte de nuestros diarios es escrita por franceses. Las últimas -obras de Daudet y de Zola han sido publicadas por _La Nación_ al -mismo tiempo que aparecían en París; la mejor clientela de Worth es -la de Buenos Aires; en la escalera de nuestro Jockey Club, donde Pini -es el profesor de esgrima, la _Diana_, de Falguière, perpetúa la -blanca desnudez de una parisiense. Como somos fáciles para el viaje -y podemos viajar, París recibe nuestras frecuentes visitas y nos -quita el dinero encantadoramente. Y así, siendo como somos un pueblo -industrioso, bien puede haber quien en minúsculo grupo procure en el -centro de tal pueblo adorar la belleza a través de los cristales de -su capricho. _¡Whim!_--diría Emerson. Crea el señor Unamuno que mis -_Prosas profanas_, pongo por caso, no hacen ningún daño a la literatura -científica de Ramos Mexía, de Coni o a la producción regional de J. -V. González; ni las maravillosas _Montañas de Oro_ de nuestro gran -Leopoldo Lugones perturban la interesante labor criolla de Leguicamón y -otros aficionados a ese ramo que ya ha entrado en verdad en dependencia -folklórica. Que habrá luego una literatura de cimiento criollo, no lo -dudo; buena muestra dan el hermoso y vigoroso libro de Roberto Payró, -_La Australia Argentina_ y las obras del popularísimo e interesante -_Fray Mocho_». - - [Ilustración] - - - - - EL REY - - [Ilustración] - - - 25 de abril. - -HACE algunas tardes, por un punto de la Casa de Campo en que suele -turbar el silencio del bosque reverdecido de tropel de jacas, un -jinete, el rodar de un _cupé_, he visto pasar al rey Don Alfonso con su -madre y sus hermanitas. Iba el carruaje despacio, y así pude observar -bien el aspecto de Su Majestad infantil. No está tan crecido como los -retratos nos lo hacen ver; pero muestra lo que se dice _une bonne -mine_. Tiene la cara, ya señaladamente fijos los rasgos salientes, de -un Austria; es la de Felipe IV niño. Es vivaz y sus movimientos son -los de quien se fortifica por la gimnasia. Los ojos son hermosos y -elocuentes, la frente maciza sería un buen cofre para ideas grandes; -el cuerpo no es robusto, pero tampoco es canijo. La leyenda de un -reyecito enclenque y cabezudo, de un niño raquítico, se ha concluído. -El muchacho real ha pasado los peligrosos años de su niñez y entra en -la pubertad con buen pie. No es esto decir que las leyes de herencia -no puedan, cuando menos se piense, aparecer con sus imposiciones. La -misteriosa aya pálida, su dama blanca, puede presentarse cerca de él, -en un instante inesperado; pero por hoy, Don Alfonso es príncipe que -sonríe, que monta a caballo, que hace sus estudios militares, y si de -esta manera continúa, hay Borbón para largo tiempo. - -Es cierto que sus años primeros han sido penosos y enfermizos, y que -razón hubo en llegar a creer que podría hacerse trizas el frágil -vaso al menor choque. Pero los cuidados de doña Cristina han sido -excepcionales; a madre como esta reina, es difícil superarla. No se -ha dado punto de reposo previéndolo todo, dedicándose antes que a -cualquier otro grave asunto a la salud de su hijo, preparando, mullendo -el nido para su aguilucho, no teniendo su mayor confianza sino en -sí misma, y después de velar por la vida física, trazar un plan de -educación, un método de cultura moral. Este ya es otro capítulo y habrá -que ver si el acierto ha guiado la obra. - -Desde luego, el rey Don Alfonso XIII ha tenido y tiene ayos honorables, -de la más pura nobleza, hombres de excelencia incomparable para guiar -por buena senda los despiertos instintos de su príncipe; pero en -nuestra época se exige algo más que eso; formar el alma, el carácter -del rey, enseñarle a dominar sus pasiones, darle lecciones de moralidad -y de religión, es ya mucho; pero habría que ayudar a formarse al mismo -tiempo al rey y al hombre; hacerle comprender el espíritu de su tiempo, -alargar sus vistas en el horizonte moderno; hacerle salvar los muros de -la tradición, prepararle para las exigencias de su época. Él aparece -en un tiempo en que si los Maquiavelos son imposibles, los Lorenzos de -Médices son inencontrables. - -El profesor de Oviedo don Adolfo Posada se ha planteado en _La España -moderna_ el problema de la educación del rey; la dificultad de la -educación de un rey constitucional. Indudable: los monarcas absolutos -no tienen delante de sí más que la demostración de su poderío; el -príncipe, desde que tiene uso de razón, sabe su superioridad, su -grandeza; la actitud de sus súbditos respecto a él, la costumbre del -mando, la obediencia de los que le rodean, definen desde un principio -el sistema educativo que hay que seguir. De Burrho a Bossuet no hay -gran diferencia. Más la educación de un monarca constitucional implica -varias anomalías. Los reyes de hoy, los reyes con Cámaras y ministerios -responsables, los reyes que reinan y no gobiernan, puede decirse que -son simples personajes decorativos. Los antiguos esplendores, la misma -parte estética de la representación real, adquiere hoy, en medio de su -brillo cierto por el valor histórico, por sus viejos símbolos, un vago -prestigio de ópera cómica; y apena el confesar que las funciones más -respetables por la vieja resurrección de soberbias costumbres palatinas -y las pompas de los magníficos ceremoniales, evocan, a nuestro pesar, -la necesidad de una partitura. La imaginación del príncipe niño se -impresiona desde el comienzo de su despertamiento a la existencia que -le rodea, con las manifestaciones de una vida falsa o equívoca. No -será sino con harta dificultad que de la noción de soberanía que ha -penetrado primero en su cerebro, pase a la noción de una existencia -democrática. «Los niños, esos pequeños salvajes--dice el señor -Posada--, no conciben sino reyes completos». En palacio, la manera de -ser para con él de las personas que le rodean, afianza por una parte en -el príncipe la posesión de su papel de _rey completo_; no será sino con -mucha dificultad que se le inculcará luego el legítimo valor de esas -demostraciones, la significación de su rango de simple porta-corona. -Don Alfonso, por ejemplo, sabe ya que es el jefe absoluto, pues los -viejos generales inclinan ante él sus barbas blancas: sabe que tiene -el toisón de oro sobre su uniforme de cadete--pasajero uniforme que -será mañana sustituído por el de generalísimo--; sabe que es el rey. -Conozco una bonita anécdota. Un día, por alguna pequeña falta no sé si -en sus lecciones o en otra cosa, fué castigado con encierro. El niño -se debatía entre los ayos que le llevaban a su prisión, pero la orden -se cumplió. Entonces, ya encerrado, Don Alfonso daba grandes voces, -deliciosamente furioso. Se le decía que no gritase, y él contestaba: -«¡He de gritar más fuerte! ¡Que me oigan los españoles! ¡Que sepan que -tienen preso a su rey! ¡Que vengan a sacarme los españoles!» - -Sabe, pues, que es el jefe de los españoles; y la idea de su soberanía -no puede estar mejor arraigada. Pero sé otra anécdota. Otro día, de -paseo, se detuvo Don Alfonso delante de un naranjero. Hay que advertir -que adora las naranjas, y que a esta edad, entre el globo de Carlos V -y una naranja, se queda con ésta. Pues he aquí que se detiene delante -del naranjero y le dice: «Dame unas naranjas; pero yo no tengo con qué -pagártelas. ¡Imagínate, yo, el rey de España, no tengo en el bolsillo -ni una perrilla!» Confesaba el pobre su pobreza con la más encantadora -desolación. Ignoro si el naranjero le dió las frutas y si los ayos -le permitieron comérselas; pero ello revela que Don Alfonso sabe ya -que los reyes de hoy no se comen todas las naranjas que quieren y que -suelen andar sin un cuarto. - -Se dice que los primeros años del rey han sido de cuidadoso -aislamiento, que no se le ha puesto en contacto con otros niños de su -edad, contacto tan necesario; que se le ha recluído, sin otra compañía -para sus juegos que la de sus hermanas. Podría creerse por ello en una -infancia entristecida, bajo la mirada de una madre que ha sido abadesa -de un convento. Eso no es cierto. El rey ha tenido sus compañeros, -naturalmente, escogidos entre la alta nobleza. El más íntimo ha sido -el jovencito hijo del conde la Corzana, por un lado Morny y por otro -Sexto... Es claro que la reina vigila sus amistades y compañías. Otro -niño íntimo del rey es el hijo del conde de Casa-Valencia. El cual hace -algunos años tuvo el siguiente diálogo con su amiguito coronado: «Aquí -no hay buenas carreras de caballos. Yo las voy a ver ahora muy buenas; -y ustedes no». «¿Cómo es eso?» «Me voy a Londres. Tío Antonio (Cánovas -del Castillo) ha nombrado a papá embajador.» «¿Y cómo no lo he sabido -yo, el rey?» dijo la minúscula majestad en toda la posesión de su papel. - -En general los reyes son educados militarmente. En España no se lleva -tan a la alemana el método, pero Don Alfonso conoce bien el manejo -de las armas, será buen jinete como su padre; y aunque no haga el -caporal a la continua como uno de esos ferrados Hohenzollern, tiene -amor a la carrera y se decía en estos días que pronto haría vida de -guarnición en la Academia de Toledo. Esto es de dudarse mucho, por -la madre. Sé que en lo íntimo de la familia, la educación del rey es -lo más burguesamente posible. La reina es en el hogar como cualquier -respetable señora que se preocupa de los menores detalles de su _home_; -sencilla y poco ostentosa hasta llegar a murmurar los descontentadizos -cortesanos, de su avaricia. «¿Qué quiere usted que hagamos--me decía un -caballero--con una señora que le cobra su pupilaje a las infantas en -Palacio y que manda poner medias suelas a los zapatos de sus hijas?» -Descartando las exageraciones, no creo que el pueblo prefiriese una -reina derrochadora delante de la miseria que abruma a las clases -bajas, a una reina económica que hace lo que puede por socorrer los -infortunios de los menesterosos; que es aclamada a la puerta de los -asilos que visita y sostiene. Don Alfonso XIII no podrá quejarse de no -haber tenido en la entrada de la vida una ejemplar madre, una buena -_mamá_, que ha sido para él una encarnación de la Providencia. - -Hubo un tiempo en que el rey estuvo casi invisible. Su salud era -apagadiza, su aspecto no ayudaba a alentar a los partidarios de su -dinastía. Se decía que era lo más probable su muerte. Mas apareció -por fin, en una recepción. Se hallaba sentado en el Trono, junto a su -madre y sus hermanas. El cuerpo diplomático estaba delante de él. Se -notaba que el niño real había pasado por una crisis; pero sus grandes -y brillantes ojos se iluminaban de vida. De pronto se vió una cosa -inaudita que pasó, como un relámpago, sobre todos los protocolos. -Un deseo vivo se había despertado en aquella cabecita, y no hubo -vacilación para llenarlo. Don Alfonso, a la mirada de todos, dió un -salto, y antes que nadie pudiese detenerlo, se había montado en uno -de los dos leones de bronce que están a los dos lados del Trono. El -hecho podría tener su significado si el porvenir fuese propicio tras -la disipación de las tempestades. Asegúrase que Zola, que vió en una -temporada de verano en San Sebastián al pequeño rey, quiso pintarle -más tarde en uno de los capítulos de su _Docteur Pascal_. Yo he vuelto -a leer esta obra para confrontar el retrato, y si en Clotilde podría -entrever los pensamientos de la reina que ansía penetrar en el futuro -de su hijo, no puede reconocerse en el animado y ágil monarca de España -ninguno de esos «delfinitos exangües que no han podido soportar la -execrable herencia de su estirpe, y se duermen, consumidos de vejez y -de imbecilidad, a los quince años». Moralmente, la formación del rey -fuera de la influencia maternal, dependerá de los preceptores. El ideal -sería hacer primero _a man_, para en seguida dejar obrar el desarrollo -del propio carácter, lograr el _self made king_. ¿Qué preceptor a -propósito? ¿Un Saavedra Fajardo, un Bossuet o un Ernesto Curtius? Para -un monarca esencialmente católico, parecería de ley junto al príncipe, -un religioso. Más hoy los inconvenientes de tal sistema no necesitan -demostración. Las alharacas que levanta la presencia del padre Montaña, -confesor de la reina, dejan sospechar lo que haría un preceptor con -hábito de cualquier Orden. La educación esencialmente religiosa está, -pues, fuera de la pedagogía. La idea de Posada de la fundación de una -escuela especial en que el rey se instruyese, en relación y contacto -con otros niños, parece difícil, dadas las tradiciones de la monarquía -en España, a pesar de haber habido un seminario de nobles, en donde -cuéntase que el niño Fernando VII recibió un pelotazo, jugando con el -niño Simón Bolívar. Más bien estaría la adopción de un sistema como -el de la familia imperial germánica. El emperador Federico, después -de recibir su educación palatina, se matriculó en Bonn y el emperador -Guillermo en el _Lyceum Fridericianum_ de Cassel. Ambos se han puesto -en contacto con los alemanes de su edad, han hecho vida común con sus -súbditos, y en el medio de los estudiantes, se han compenetrado con el -alma del país. Por lo demás, no puede ser mejor la síntesis de Posada: -«Un rey que en su infancia recibiera el influjo bienhechor del roce con -los niños, que tratase a todo el mundo de igual a igual; un rey que -pasara luego su juventud en medio de los jóvenes de su edad y de todas -las condiciones sociales en un Instituto adecuado, que asistiera luego -en una Universidad o en varias a sus cátedras, viendo en ellas cómo las -desigualdades humanas no son siempre cosa del nacimiento, sino obra -del mérito personal y resultado del trabajo; un rey que estudiase su -oficio, que viajara mucho, hasta por los países donde sin reyes viven -las gentes honrada y pacíficamente; un rey así podría ser, ante todo, -un buen ciudadano que llevara en el alma la íntima convicción de que -sus elevadas funciones, aun cuando llegaron a él por obra y milagro -de la herencia, son funciones que deben desempeñarse en bien de la -sociedad o del Estado, a quien, en definitiva, corresponde disponer -de ellas». Mucho de bueno produjo en Don Alfonso XII su infancia de -rey _en exil_, y mucho contribuyeron a la formación del carácter -del _Pacificador_ esos primeros pasos por la vida como un simple -particular--_Alfonso García y Pérez_--, como él se solía llamar en los -hoteles, en días del destierro. - -Hasta hoy ha habido que vencer toda suerte de obstáculos y aquel -admirable Cánovas no ha sido la menor fuerza para encaminar hacia -el porvenir deseado al hijo de su hechura. Hay que recordar cómo ha -sido la vida de este pequeño rey, puede decirse desde el vientre -materno. El matrimonio de su padre con la austriaca--de nacionalidad -fatalmente desgraciada, tanto en España como en Francia--después de -la pasajera luna de miel con Doña María de las Mercedes, que dura el -espacio de una aurora, en el Aranjuez tan líricamente florecido en -los versos de _Don Carlos_; los años de un matrimonio no del todo -amoroso y semiturbado por ésta y aquella expansión de Don Alfonso XII, -cuyo excelente humor estaba casi siempre sobre la razón de Estado; la -muerte, el agostamiento de la existencia de aquella majestad demasiado -apasionada de Anacreonte; el embarazo de Doña María Cristina, previsto -por el ojo perspicaz del gran ministro conservador; el parto, casi a -las miradas de los políticos recelosos; el advenimiento del rey nuevo -que aseguraba en el Trono la continuación de la dinastía. Se creyó que -Alfonso XIII no alcanzaría a llegar a la edad de coronarse, ya fuera -por causa de su organismo maleado en su origen, ya porque un inesperado -movimiento pudiera impedir el logro de los deseos de sus partidarios; -pero de ambas cosas se triunfó, de las amenazas de la enfermedad y -de las amenazas de la política. No creáis exageraciones como las del -yanqui Bonsal, que juzgaba no hace mucho tiempo, con la imaginación -recalentada por la guerra, que «la posición del rey es patética, -personal y políticamente considerada; que las revelaciones que para -otros sólo llegan con la edad, él ha tenido que sufrirlas en su niñez; -que él sabe que nacer rey no da más garantías de felicidad que el nacer -campesino; que sabe ya con sobra de razones, que no hay en la Península -persona alguna en cuya lealtad y devoción pueda confiar, a excepción de -su madre, desamparada mujer y reina impopular en tierra extraña»; y que -«los muchachos americanos se afligirían si pensaran en este pequeñuelo -nacido para la púrpura y vestido de ceremonia desde la cuna, que no -tiene compañeros de infancia para sus juegos, porque nadie es igual al -rey». Esto es no darse cuenta exacta de lo que aquí pasa en ese mundo -no tan velado a los ojos de los simples mortales, y juzgar a estas -horas con criterio pesimista a través de las historias de Saint-Simon -o de las memorias de madame Aulnoy. Por momentos terribles ha pasado -España en que el Trono hubiera podido ser cercado de tormentas, y -la regente y sus hijos habrían tenido que ir a aumentar la lista de -los reyes de Daudet; pero prevaleció el concepto de la Patria en -los partidos contrarios y ni carlistas ni republicanos intentaron -seriamente nada. Desde las soñaciones que hacen evocar la frente de Don -Carlos ceñida por la corona hasta los deseos un tanto románticos de -una regencia en que la infanta Isabel _la Chata_ estaría a la cabeza, -no son sino perfumes de vino español, aroma de claveles que perturba -uno que otro cerebro. Por hoy Don Alfonso, según lo que se alcanza a -divisar, puede esperar tranquilo la hora de su reinado. Lo que no han -podido los errores e ineptitudes de Gobiernos absurdos o culpables, no -lo realizará el hombre del palacio de Loredano, ni menos los divididos -partidarios de la república. Por ahora Don Alfonso XIII no se calienta -el cerebro con tantas historias y filosofías, y prefiere su esgrima y -su jaquita. Hace muy bien. Tiempo tendrá mañana de saber de monólogos -huguescos y de sentir lo que pesa ese instrumento tan extraño en este -fin de siglo, llamado cetro. Su mismo nombre le exige mucho. En el -desfile de la Historia irá a ocupar su puesto. Me lo imagino delante -de sus antepasados homónimos, como en una escena semejante a la de -los retratos en _Hernani_. Es el comparecimiento de los Alfonsos: el -I, férrea flor de Covadonga, todavía con la pura savia goda, fuerte -como un roble de sus bosques, lancero formidable de Cristo, terror -de la morería, y en el corazón primitivo, un diamante de nobleza; el -II, casi iluminado, favorecido con manifestaciones extranaturales, -hombre de lecturas y de meditaciones, Alfonso _el Casto_; el III, _el -Magno_, bizarro y aguerrido desde lo fresco de la juventud, terror -del mogrevita, varón de tanta fe como valor; el IV, quien como más -tarde el césar Carlos V, buscaría en un monasterio la tranquilidad -espiritual, fanático y solitario; el V, _el de los buenos fueros_, -legislador y espíritu de consejo, también luchador feliz con los -infieles y sostenedor de la fe; el VI, que aparece soberanamente,--a -su lado la figura del Mío Cid--el rey de la conquista de Toledo, y que -tuvo la previsión de ver hacia abajo y favorecer al pueblo con leyes -bondadosas y fueros justos; el VII, Alfonso _el Emperador_; el VIII, -que perpetuó el nombre suyo en las Navas de Tolosa; siendo después al -propio tiempo que caballero de combate, amante de la sabiduría, el -IX; el X, formidable figura, cerebro y brazo, el rey de las Partidas, -alquimista y poeta, astrónomo y filósofo, cuya palabra aun hoy se -escucha y se escuchará en los siglos, ya comience: _Ficieron los -omes_... o inicie los balbuceos encantadores en sus toscas estrofas; el -XI que juntó la habilidad política al vigor militar, monarca de largas -vistas y uno de los más amantes de sus súbditos; todos esos pasarán por -la mente de Don Alfonso XIII como las figuras extrañas y fantásticas -de una linterna mágica, iluminadas por las palabras de los cronistas, -realzadas por las explicaciones de sus preceptores; están demasiado -alejados por las centurias, por bastas cordilleras de tiempo. Son los -abuelos de los retablos y de las armaduras, los que duermen por siempre -en los sarcófagos y cuyas vidas interesan como los cuentos. A quien -verá muy de cerca, animado por la palabra maternal, por el inmediato -eco de su vida, será a su padre. Será para él el rey modelo; y honrará -la memoria del _Pacificador_. No dejarán de ir a llamar su atención -los _venticellos_ de la famosa juventud de Don Alfonso XII, el _rey -buen muchacho_. Sobrarán cortesanos que le refieran las aventuras -picantes de papá, las influencias conocidas de cierto sonoro duque -cuyo título pecador no llegará con buen viento nunca a los oídos de la -reina regente. Y ya vendrá entonces la hora de saber España cuál senda -tomará su nuevo príncipe. Sea ella de felicidad. Y Dios ponga, en los -años de las futuras luchas políticas y palaciegas, sobre el espíritu -de Don Alfonso XIII, algo de la áurea miel que hacía grata su infancia, -cuando todas sus ambiciones se reducían a salir a la calle «con capa», -y llamaba a sus hermanitas, a la una _Pitusa_ y a la otra _Gorriona_. - - [Ilustración] - - - - - UNA EXPOSICIÓN - - [Ilustración] - - - 12 de mayo de 1899. - -SE recorre todo el paseo de Recoletos; se deja atrás la columna de -Cristóbal Colón, se llega hasta el monumento de Isabel _la Católica_, -osadamente llamada por los burlones «la huída a Egipto»; sobre una -eminencia del terreno se destaca el palacio de la Exposición, la -cúpula gris en el azul fondo del cielo. Al palacio fué la reina a -inaugurar la fiesta artística, y su vestido primaveral, tenue, pintado -de flores delicadas, lucía como emergido de una luz de acuarela. Hubo -pompa social y música e himno alusivo, mucho alto mundo y rica suma de -belleza. El _vernissage_ se había verificado hacía pocos días, y fué -poco menos que un desastre. Cuatro gatos y los pintores. Se diría un -_vernissage_ en nuestro Salón del Ateneo. No podemos negar que somos -de una misma familia. ¡Cuán lejos de la cita que se dan en París, en -igual caso, la elegancia florecida de la estación, la moda inteligente, -la distinción mundana! Estos señores duques y estos señores condes, -si por acaso se hallan en la gran ciudad, no faltan al _rendez-vous_. -Aquí, no. Entre una exposición y una corrida, la corrida. Los pintores -no hallan qué hacer, y desde luego, con singulares casos en contrario, -arte no hacen. Los ricos no protegen como antaño a los artistas; -y el Gobierno hace poquísima cosa. ¡Y decir que lo único que les -queda a los españoles es esta mina de luz, el decoro orgulloso de -su pintura, la noble tradición de su escuela, su tesoro de color! A -un paso está París. Se imitan los usos elegantes, las comedias, las -novelas, hasta el café-concert, pero no las nobles costumbres que -enaltecen y honran al talento y al arte. Escasos, muy escasos, son aquí -los artistas que tengan de qué vivir; los ricos son señalados. Por -lo tanto, la lucha por la peseta está ante todo. Es inútil pretender -encontrar el enamorado de un ideal de belleza, el consagrado a su -pasión intelectual. Se pinta como se escribe, como se esculpe, con la -puntería puesta al cocido patrio, buscando la manera de _réussir_, de -caer en gracia al público que paga. Se asombran de que en la actual -exposición abunden los cuadros tristes, enfermedades, hambres, harapos, -mendigos. Los pintores de antaño, aun pintores de príncipes, señalan -ya la marcada afición por los lisiados, zarrapastrosos, piojosos, feos -pobres; únase a esto el modelo constante, el hormigueo de limosneros -que anda por las calles, el tipo del eterno cesante siempre en ayunas, -que aparece en el teatro, en la caricatura y en los corrillos de vagos -de la Puerta del Sol, y el resultado son estas exhibiciones de miseria, -esta representación de escenas de la vida baja y famélica. Fuera de -contadas telas de este Salón, en que profesores favorecidos instalan el -estiramiento y el énfasis del retrato nobiliario, el aire y el uniforme -de algunos excelentísimos señores, el interior elegante, lo que abunda -es la anécdota de la existencia penosa de la gente inferior, el hogar -apurado de la clase media, o la chulapería andante, o el medio obrero. -Los pintores, aquí, en su mayor parte, como los escritores, no pueden -emprender sin error asuntos de la vida aristocrática, porque no la -frecuentan; y los ricos, los nobles, no querrán adornar sus palacios -con cuadros sin nobleza ni distinción; repetirán siempre el _ôtez-moi -ces magots!_ del rey francés. El gusto de la generalidad, por otra -parte, no se demuestra, y un escritor nacional llega a afirmar que este -público es «el más indocto en Europa en materia de Bellas Artes», no -sin falta de fundamento. - -Difícil sería contemplar algo del espíritu de España a través de -las obras de este certamen. ¿En dónde está la España católica? Tal -o cual rincón de iglesia, una que otra imagen de encargo, manera -jesuíta; el único que evoca el espíritu de los antiguos místicos es -Rusiñol, con uno de sus cuadros. ¿Y la España patriótica? En Grecia, -después de los triunfos, surgen aladas o ápteras de la piedra, las -maravillosas victorias, y tras el desastre se alza la Nike funeraria, -que simboliza el sentimiento popular. De igual manera se fundía el -bronce romano. Tras las guerras de Flandes se desborda la alegría en -las telas risueñas de los geniales pintores de kermeses; y cuando -acaba de pasar la _débâcle_ francesa, los cuadros se encienden en odio -al prusiano: se reconstruyen escenas heroicas, se rememoran actos -sublimes, se pinta el sueño de la victoria, o el soldado que quema «el -último cartucho». Entre todos los cuadros de esta exposición, fuera de -una escena de hospital militar y ciertas sentimentales consecuencias -de la campaña no parece que se supiese la historia reciente de la -humillación y del descuartizamiento de la Patria. Esto tiene más clara -explicación. La guerra fué obra del Gobierno. El pueblo no quería la -guerra, pues no consideraba las colonias sino como tierras de engorde -para los protegidos del presupuesto. La pérdida de ellas no tuvo honda -repercusión en el sentimiento nacional. Y en el campo, en el pueblo, -entre las familias de labradores y obreros, aun podía considerarse -tal pérdida como una dicha: ¡así se acabarían las quintas para Cuba, -así se suprimiría el tributo de carne peninsular que había que pagar -forzosamente al vómito negro! El cuadro de historia casi no está -representado; el retrato no abunda; en cambio, el paisaje y la marina -se multiplican por todos lados. No es esto malo, pues se advierte que -al ir hacia la naturaleza, hacia la luz, se mantiene la tradición. En -conjunto, la exposición es mala. El viajero que al llegar a Madrid y -sin haber visitado el Museo de Arte Moderno, quisiese darse cuenta de -la pintura española contemporánea por lo que ahora se exhibe, saldría -con una triste idea de la actual España artística. Recorríamos, con -Carlos Zuberbühler, las salas llenas de cuadros, y no podíamos dejar de -notar cómo en la más que modesta tentativa del Salón de Buenos Aires no -se admitirían los estupendos asesinatos de dibujo, las obscenidades de -color, los ostentosos mamarrachos que aquí un Jurado complaciente deja -pasar y aun coloca en la _cimaise_. La cantidad es larga, lo poco de -buena calidad se pierde entre el profuso amontonamiento de lo mediocre -y de lo pésimo. Las firmas principales no han concurrido todas, y las -que han venido al concurso lo han hecho con producciones ya expuestas y -juzgadas, o con medianos esfuerzos. De seguro la razón de la esquivez -está en el 1900 de París. Después de todo, quizá tengan razón; porque -el estímulo de la tierra propia, como veis, es nulo; y el halago de -París, atrayente, mágica flor de gloria segura. - -No, no es éste el arte pictórico de la España de hoy. Con sus -deficiencias y todo, el Museo de Arte Moderno puede considerarse como -el Luxemburgo madrileño. Sé las quejas: que Raimundo Madrazo no tiene -un solo cuadro en el Museo, ni Barbudo, ni Jiménez Aranda, y que lo -que hay de Fortuny y de Domingo no es de lo mejor de estos artistas -y que de Villegas no hay más que dos acuarelas; mientras que las -medianías eminentes firman docenas de cuadros. Pero hay lo suficiente -de Pradilla, de Casado, de Rosales, de Gisbert, de Moreno Carbonero, de -Plasencia, de Muñoz Degrain, del admirable Haes, de Sorolla, para que -el visitante se sienta bañado del maravilloso esplendor que brota de -tanta riqueza solar, y reconozca que este don divino de la comprensión -del día, fué dado a los pintores de España con singular generosidad. -Casi no hay exposición europea en donde los medallados extranjeros no -sean españoles. Los aficionados yanquis, las pinacotecas de Munich, de -Londres, de Berlín, de Viena, adquieren a altos precios las pinturas -españolas. Buena parte de los maestros emigran, abren sus estudios en -centros donde cosechan más. Preguntaba yo a uno de los jurados de esta -exposición, un colorista de gran mérito, Manuel Ruiz Guerrero, por -qué no había concurrido a la fiesta de la cultura nacional con uno de -esos cuadros suyos tan animados de cálidos tonos, tan prestigiosos, -tan llenos de vida luminosa; y él, con aire de desencanto,--y con los -baules listos para ir a dar un paseo por Buenos Aires--, me decía: «Y -para qué?» _À quoi bon?_ dicen los franceses. Y como Ruiz Guerrero, -otros maestros, ante la indiferencia de sus compatriotas, buscan en -extranjeros países lo que no hallan en la casa propia, o se retraen y -dejan invadir las salas de las exposiciones por los kilómetros de tela -que manchan las señoritas aficionadas y los facinerosos del caballete. - -Después de recorrer estos salones, diríase que para los pintores -españoles no existe el mundo interior. El mismo paisaje no es sino la -reproducción inanimada de tierra, de árboles, de aguas, solitarios o -con acompañamiento de figuras anecdóticas; sin que la secreta vida -de la Naturaleza se presente una sola vez, y mucho menos el alma del -artista, que contagiara con su íntima sensación al espectador atraído. -«La realidad», se dice; y se nombra a Velázquez. Cierto, Velázquez -pintaba la realidad; pero sus colores animaban no solamente rostros, -sino caracteres; y con un bufón y un perro deja entrever todo un -espectáculo histórico. Goya es realista; pero ese potente dominador -de la luz y de la sombra ponía en sus creaciones, o en sus copias -de lo natural, quíntuple cantidad de espíritu. Sus incursiones al -bosque misterioso de las almas humanas le daban su singular dominio. -Los escultores actuales son alabados por sus tangibles condiciones -de realismo: «¡Cuánta anatomía saben!» Hacen huesos, nervios, -gestos, contracciones que dejen campo a estudios de esqueleto o de -musculatura; pero no hacen carne, no hacen vida, no hacen pensar, como -las figuras de Trentacoste o Bistolfi, para no citar franceses, en la -circulación de una sangre maravillosa bajo la epidermis de mármol o de -bronce. - -Entre lo expuesto hay regular cantidad de _grandes machines_, y en -casi todas un lujo de tubos se desborda, una agrupación de todas las -charangas de los ocres y de los rojos, un desborde de azules, el -estrépito de las chirimías y gaitas de la paleta, con sacrificios -de dibujo, incomprensión de valores y relaciones, y tristeza de -composición. Mas aquí y allá, busca buscando, se encuentra lo de -mérito, y algo diré de ello, en cuanto me ayuden mis notas asidas al -paso en mis visitas. - -Uno de los _clous_ de la exposición es un cuadro de Raurich, que desde -luego atrae por su originalidad y su vigor. Es un gran mazizo de tierra -asoleada en primer término, una pequeña altura en cuya falda medran -unos cuantos chaparros cuya sombra mancha de violeta oscura el terreno -reseco. En el fondo se divisa un azulado monte; y a la derecha, en -choque violento, con el amarilloso tono de la tierra, el mar al sol, de -un azul ofensivo, se deja ver, espumante en las olas que llegan a la -costa. La gran masa está plantada con hermosa osadía, y se calca en el -cielo soberbiamente; los detalles se avaloran con el atrevimiento de la -pincelada, que en veces diría espatulazo, toques espesos de un relieve -insolente, pero Raurich, a quienes le censuren por esto puede decir lo -que Rembrandt a los que notaban el espesor de su pincelada al marcar -los puntos luminosos: «Yo soy pintor y no tintorero». Y agregaba, a los -que hacían tales observaciones de cerca, a los que no sabían mirar, -apreciar esos toques de lejos: «Un cuadro no se hace para ser olido; -el olor del aceite es dañoso». Y encuentro esta tela admirable, y tan -solamente observaría que el mar no tiene perspectiva y aparece como -falto de nivel. - -Sorolla presenta una tela meritoria, _Componiendo la vela_, en -la cual habría que señalar al par que las condiciones de color, que -acreditan a este pintor, y su estudio del movimiento, la nimiedad en -la rebusca de un efecto como el atigrado de luz y sombra que produce -el sol al pasar entre las hojas. Por otra parte, sus figuras, muy bien -hechas, tienen ojos que no miran, gestos que no dicen nada, es un mundo -de verdad epidérmica, de realidad por encima. Esto mismo digo de los -personajes de su escena de mar, _El Almuerzo a bordo_: en el ancho -bote, bajo las velas, unos cuantos marineros toman su alimento en la -fuente común. Maneja Sorolla con habilidad el claroscuro; los tipos -están bien agrupados, la inevitable «realidad» está conseguida. - -Moreno Carbonero ofrece una nueva escena del _Quijote_, la aventura -con el vizcaíno. Cervantes ha tenido un sinnúmero de intérpretes, -desde antiguos tiempos. Cuando en el castillo de Fontainebleau, -Dubois pintaba las aventuras de Teágenes y Cariclea y Le Primatice -interpretaba a Homero, en el de Cheverni Jean Mosnier se dedicaba a la -historia de Astrea y a las aventuras del ingenioso Hidalgo manchego. -Más tarde, Charles Coypel se apasiona por este mismo asunto, al cual -Pater y Natoire se aplicarán también y consagrarán dibujos Tremolières -y Boucher. Esto solamente en Francia. Otros artistas de Europa, -especialmente los ingleses, se han complacido desde antaño en tales -asuntos, hasta el fuerte y noble Frank Brangwyn con sus recientes -ilustraciones del _Quijote_ de Gubbin. Pocos, sin embargo, han logrado -ser visitados por el verdadero espíritu de Cervantes. En España un -maestro como Moreno Carbonero ha intentado la evocación, pero creo -que sus propósitos de excesiva verdad le han alejado de la intención -cervantesca. No hay que olvidar que Don Quijote es la caricatura del -ideal; pero siempre en un ambiente de ideal. Desde luego, y con todo y -haber dejado un dibujo verbal perfecto de su héroe Cervantes, no puede -uno reconocer a Don Alonso Quijano _el Bueno_, al Caballero de la -Triste Figura, en la mayor parte de las encarnaciones de los pintores -y escultores. A propósito, hay en esta misma exposición una serie de -ilustraciones de Jiménez Aranda, muy notables como dibujo, pero que no -tienen nada de personajes cervantescos; esos Quijotes y esos Sanchos -son un Juan y un Pedro de cualquier parte, vestidos para representar un -papel. Moreno Carbonero me manifestaba una vez que para Sancho había -encontrado un modelo en la campaña manchega. El de Don Quijote sería -un precioso hallazgo. Pero luego habría que agregar al modelo el alma -del andante caballero, animarle con una chispa que no se encuentra a -voluntad cuando no es el genio el que impera. - -La intelectualidad de Moreno Carbonero no es para discutirla; y en este -cuadro impone su sabiduría de colorido, su impecabilidad de factura; -pero Don Quijote tampoco es Don Quijote, aunque Sancho sea Sancho. Los -otros personajes quedan tan alejados en su término, que casi no dicen -nada, y el episodio pierde con esto su mayor interés. Cuando Pierre -de Hondt alababa los Quijotes de Coypel no dejaba de hacer notar el -valor del acompañamiento, de los personajes secundarios que siempre -ayudan a la animación del suceso. No he de olvidar dejar anotado que -la sensación de la árida Mancha está dada por el artista de modo -magistral. Es éste el terreno reseco que recorrieron Rocinante y el -rucio con sus dos inmortales jinetes. La conciencia de la indumentaria -y la resurrección de la época son completas; pero repito mi pensar: -tanta realidad hace daño a la idealidad del tipo, a lo, por decir así, -grotesco angélico que hay en el héroe que Cervantes creara con tanto -amor y amargura. - -_Salus infirmorum_ de Menéndez Pidal sale de la pura realidad, para -ofrecernos una dulce impresión de fe, una escena de suave religiosidad. -Un pobre padre lleva ante el altar de la Virgen un niño enfermo. A su -lado ora la madre enlutada. El sacerdote, de sobrepelliz y estola, -acompañado del pequeño monago reza también por el enfermito. Esto es -verdad, es realidad, pero hay asimismo una entrevisión de más allá, -sopla un aire suave de misterio, y se siente que esas almas humildes -recibirán su bien de Dios. ¡Cuán otra _La Herencia del Héroe_ del Sr. -Suárez Inclán, de un sentimentalismo ocasional, de forzada factura; -escena de comedia para la Tubau, dolor sin verdad! Verdad e intención, -sí, se advierten en la tela de Santamaría, _El Precio de una madre_: -la familia rica que va a llevarse a la joven nodriza, de la campaña a -la ciudad; y el marido que se queda con el chico propio y la primera -paga no muy satisfecho, mientras su mujer, buena moza de ricas ubres -rurales, se le va con el muchacho ajeno. Este cuadro y un alto relieve -de Mateo Inurria, _La Mina de carbón_, son de las muy raras notas que -hagan pensar en un arte socialista en la exposición presente. - - [Ilustración] - - - - - LA FIESTA DE VELÁZQUEZ - - [Ilustración] - - - 15 de junio de 1899. - -FLOJA, muy flojamente se han celebrado las fiestas del «pintor de los -reyes y rey de los pintores». Cuando el centenario de Calderón, hubo -inusitadas pompas y agitaciones académicas que hicieron murmurar a -Verlaine en un soneto. Es verdad que la España de entonces no estaba -en la situación actual; pero, con todo, a España no le ha faltado -nunca ganas y dinero para divertirse; y don Diego de Silva Velázquez -bien valía una verbena. Por Rembrandt acaba de hacer relucir todas -sus alegrías Holanda, presididas las fiestas por la «naranjita» real -_à croquer_, Guillermina. Aquí el Gobierno ha hecho poca cosa, y el -entusiasmo de los artistas no ha podido suplir todo. Inauguración -de la Sala Velázquez en el Museo del Prado; recepción en Palacio, -inauguración de la estatua obra de Marinas; y se acabó. Tiempo hubo -de sobra para realizar algo digno de la ilustre memoria, y con un -poco de buena voluntad se hubiese rendido el tributo justo a quien -con Cervantes lleva el nombre de España a lo más alto de la gloria -universal. Inglaterra envió a sir Edward J. Poynter, Francia a Carolus -Durán y a Jean Paul Laurens--todos caballeros cubiertos delante de -Velázquez--. Todos tres, el día en que se descubrió la estatua, -saludaron al maestro antiguo y al arte que une los espíritus de todos -los climas y razas en la misma luz y adoración imperiosa. En la Sala -de Velázquez se ha reunido todo lo suyo existente en el Museo; y al -cuadro de «Las Meninas», se le ha colocado de manera que triplica la -ilusión. - -¡Famoso empeño, descubrir a estas horas al gran pintor! No es mi -intención haceros un largo capítulo en que no hallaríais nada nuevo; -antes bien y a mucho andar, algún extracto de lo que con mayor -prolijidad y competencia podéis aprovechar en Justi o en Stirling, -en Madrazo o en Lefort, en Curtis o en Michel o en la reciente obra -monumental que ha dado al público Beruete con prólogo de Bonnat. Pero -mi buena suerte ha hecho llegar a mis manos un libro casi desconocido, -que se ha puesto a la venta, a pesar de estar impreso desde 1885; me -refiero a los _Anales de la vida y obras de Diego de Silva Velázquez, -escrito con ayuda de nuevos documentos por G. Cruzada Villaamil. -Madrid, librería de Miguel Guijarro._ Y de este libro, sí, os diré -algo, aprovechando la ocasión. El año de 1869, el autor, por cargo -oficial que a la sazón desempeñaba, tuvo oportunidad de registrar el -archivo del Palacio Real de Madrid, y entre papeles e inventarios del -tiempo de Felipe IV y su hijo, encontró gran número de documentos de -alto interés, referentes a Velázquez. No dejó de observar que otra mano -había andado por ahí antes que la suya, la cual mano extrajo buena -cantidad de papeles valiosísimos. En posesión de esos documentos, y los -que luego consiguió en Simancas y en el archivo histórico nacional, -nutrido de buena, aunque escasa bibliografía velazquina, y armado de -su experiencia de crítico de arte, el señor Cruzada Villaamil dió -comienzo y fin a su obra, que dedicó al rey Don Alfonso XII, por -haber este monarca apoyado su empresa. Muertos ya Don Alfonso y el -autor, se dió fin a la impresión del libro, y, creo que por causas de -testamentaría, u otro motivo judicial, es el caso que los pliegos, -todavía sin encuadernar, yacen en su depósito. De esos pliegos sueltos -es el ejemplar que está en mi poder, el cual debo a la amabilidad de un -distinguido caballero de la Corte. - -En estos _Anales_ se nos presenta a Velázquez en su vida y en sus -obras, sencilla y claramente, al paso de los días. Es un arsenal -precioso para el Taine o el Ruskin de más tarde. El señor Cruzada -Villaamil escribía sin dificultad y sin estilo, o más bien, su prosa -es de esa prosa académica que por tan largo tiempo ha subsistido entre -estos escritores, a largas circunvoluciones de períodos, cansadora, -monótona, pesada. Pero la carta, la anécdota, el documento, interesan y -atraen. Comienza la obra con una exposición del estado de la pintura en -el reinado de los Felipe II y III, y resaltan las figuras del «divino» -Morales, el mudo Navarrete, Sánchez Coello el portugués, Carvajal -Barroso y Pantoja, mientras en Italia se alza la soberana persona del -viejo Ticiano, quien no dejó de ser aprovechado por el Segundo Felipe -y pintó para el Escorial «El Martirio de San Lorenzo» y la «Santa -Cena». Felipe III no impulsa tanto el arte, aunque artistas italianos -que residían en España prosiguiesen en su labor continua. Este período -tiene, no obstante, de notable la llegada de Rubens, enviado por -el duque de Mantua a Valladolid. Curiosa es la nomenclatura de los -regalos que traía el flamenco: «para Su Majestad una hermosa carroza -tallada--que el señor Villaamil cree sea la que hoy se conoce en las -reales caballerizas como el _coche de doña Juana la loca_,--con sus -caballos; doce arcabuces, de ellos seis de ballena y seis rayados; y un -vaso de cristal de roca lleno de perfumes. Para la condesa de Lemus, -una cruz y dos candelabros de cristal de roca. Para el secretario Pedro -Franqueza, dos vasos de cristal de roca y un juego entero de colgaduras -de damasco con frontales de tisú de oro. Veinticuatro retratos de -emperatrices para don Rodrigo Calderón, y para el duque de Lerma un -vaso de plata de grandes dimensiones, con colores, dos vasos de oro y -gran número de pinturas, que consistían en copias, mandadas sacar en -Roma al pintor Pedro Facchetti, de los cuadros más preciados de aquel -tiempo». La opinión que Rubens tuviera de los pintores españoles en -tal momento es digna de notarse. Él escribía al secretario del duque -de Mantua, Iberti, que el duque de Lerma «quiere que en un momento -pintemos muchos cuadros, con ayuda de pintores españoles. Secundaré -sus deseos, pero no los apruebo, considerando el poco tiempo de que -podemos disponer, unido a la miserable insuficiencia y negligencia de -estos pintores, y de su manera--a la que Dios me libre de parecerme en -nada--absolutamente distinta de la mía». Y en otra parte: «El duque -de Lerma no es del todo ignorante de las cosas buenas; por cuya razón -se deleita en la costumbre que tiene de ver todos los días cuadros -admirables en Palacio y en El Escorial, ya de Ticiano, ya de Rafael, -ya de otros. Estoy sorprendido de la calidad y de la cantidad de estos -cuadros, pero modernos no hay ninguno que valga». Rubens partió, -y acaeció el incendio de El Pardo, en donde se perdieron tesoros -pictóricos. Así el reino de Felipe III concluye para la vida artística. - -Felipe IV fué el rey artista: escritor, pintor, actor, algo tenía entre -las paredes del cerebro de lo que hoy anima las aficiones y bizarría -de Guillermo de Alemania. Los pintores, tanto como los poetas, fueron -protegidos, y entre todos, el fuerte Velázquez no cesa en su labor. -Los retratos se multiplican, y son sus modelos desde las princesas -hasta los bufones y los perros. No dejó la malquerencia de visarle, la -envidia de morderle. El monarca, no obstante, le sostuvo en su favor. -Lo cual regocijaba al buen Francisco Pacheco que viera los comienzos -de su amado don Diego, allá en su obrador de Sevilla. Es de interés -la descripción de la casa de Pacheco en donde se reunían escritores, -poetas, artistas de toda especie, a charlar y discurrir; no faltó a -tales reuniones cierto manco que creara cierta novela inmortal. - -Tanto quiso Pacheco a don Diego, que le dió su hija por mujer. «Después -de cinco años de educación y enseñanza, le casé con mi hija, movido de -su virtud, limpieza y buenos portes, y de las esperanzas de su natural -y grande ingenio». «Y porque es mayor la honra de maestro que la de -suegro, ha sido justo estorbar el atrevimiento de alguno que se quería -atribuir esta gloria quitándome la corona de mis postreros años». -Página misteriosa es la de los amores de Velázquez. Quizá su matrimonio -fué hechura exclusiva de su maestro, sin que la pasión tuviera la menor -parte. Influído por Tristán y por lo tanto por _el Greco_, afianzóse -el artista en su vigor de colorido, al brillo de la gloriosa luz -veneciana. Es en 1622. Velázquez va a visitar El Escorial, y para ello -parte para la Corte con buenas recomendaciones y con el encargo de -hacer el retrato de Góngora. Con buen viento llega, y le reciben sus -paisanos los andaluces, entre los cuales estaba la alta influencia del -conde-duque de Olivares. De allí a poco, hace el retrato del rey. En -este orden siguen los años que duró la vida del pintor, con gran copia -de documentos, con cartas curiosas; con papeles en los cuales se ve que -no era muy envidiable el puesto de Velázquez en Palacio, a pesar de -todo lo que entonces era considerado como una honra. Al artista se le -concedió la comida palaciega en esta forma: «Diego Velázquez, mi pintor -de Cámara, he hecho merced de que se le dé por la despensa de mi casa -una ración cada día en especie como la que tienen los barberos de mi -cámara, en consideración de que se le debe hasta hoy de las obras de -su oficio que ha hecho para mi servicio; y de todas las que adelante -mandare que haga, haréis que se note así en los libros de la casa. (Hay -una rúbrica del rey). En Madrid, a 18 de septiembre de 1628.--_Al conde -los Arcos, en Bureo_». - -Como ésa hay otras tantas llamativas notas en el grueso volumen del -señor Villaamil; y en cuanto a la parte de la obra artística, análisis -de los cuadros, legitimidad de algunos dudosos, y otros puntos de -esta especie, dicho libro es de aquellos que no deben faltar en la -biblioteca de un Museo, o de un artista estudioso; y es una lástima -que no se ponga a la venta, por las razones que dejo expuestas -anteriormente. - -Quise hablar con sir Edward J. Poynter pero no me fué posible -encontrarle. En cambio, puedo transmitir mis impresiones de una -entrevista con Jean Paul Laurens y Carolus Durán. Son dos tipos -completamente opuestos. Laurens es el hombre de labor, el artista -austero y consagrado a su ideal de una manera tiránica. Durán es -el elegante pintor de los salones, el retratista de las princesas -de la aristocracia y de las princesas plutocráticas de los Estados -Unidos... No hay que negar su habilidad suma, sus dotes de ejecución, -su colorido, su dibujo, las condiciones todas que le han llevado a la -presidencia de la Sociedad de Artistas Franceses, y a la fama universal -y a la fortuna. Han pasado escuelas modernísimas y tentativas varias -delante de su inconmovible invariabilidad. Carolus Durán ha sonreído de -todo, y, comprendiendo su tiempo, sigue la corriente. - -Su cabeza es la hermosísima cabeza de un Lohengrin adonjuanado; el -cuerpo, elegante, a pesar de la imposición del vientre en lucha con la -gimnasia y con la esgrima. La melena y la soberbia barba, nevadas de -días y noches de buena vida; el ojo perspicaz y voluptuoso, como la -boca; el gesto principesco. Carolus Durán, munido de su indispensable -y parisiensísima _pose_, es un hombre encantador. Me habló de -Velázquez, de la pintura española, todo esto en español, pues lo habla -correctamente, aunque de cuando en cuando le falta el vocablo. Le hablé -de Buenos Aires. «Buenos Aires...» Conoce poco. Lo que él conoce es -Nueva York. ¡Ya lo creo!... No obstante, sabía que en Buenos Aires -está la «Diana» de Falguière y que la ciudad tiene cerca de un millón -de habitantes. Nuestros ricos sudamericanos, decididamente, debían -acordarse algo más de que es preciso tener un retrato de Carolus Durán. - -Jean Paul Laurens parece al pronto un hombre seco y hasta adusto. -Y debe tener muy temerosa idea de los periodistas, pues antes de -serle presentado por Ruiz Guerrero, apenas me contestaba una que otra -palabra. Luego--fué en el Círculo de Bellas Artes--, se abrió, en la -más grata franqueza, sonriendo amablemente su dura cabeza de apóstol. -Me habló también del arte español y de Velázquez, y me hizo un curioso -croquis verbal de su compañero y amigo Carolus Durán, con quien había -estado en oposición, «pero siempre en la nobleza y altitud del arte». -«Buenos Aires. Sí. ¿Conoce usted a Sívori? He ahí uno que tiene algo -dentro de la cabeza. Pero, _pauvre garçon!_ ¿qué hace por allá? -_Là-bas_ es imposible todavía hacer arte. ¿Es usted amigo suyo? Dígale -que no haga pintura para cocineras. Hay que hacer arte _por dentro_, -para uno mismo, en la independencia del provecho y de la moda. En -América no se entiende de ese modo, ¿no es así? Mucho industrialismo -artístico; y así se pierden los talentos y las disposiciones que da la -Naturaleza. Dígale usted a Sívori que dice su maestro Laurens que haga -arte _por dentro_, y que no se cuide de cuadros para la cocina». - -Traduzco al pie de la letra, hasta donde puede permitirlo el vuelo de -la conversación. - -Volví a verle. - -El Círculo de Bellas Artes dió una fiesta íntima, por decir así, a los -artistas extranjeros. - -Almorzamos bajo un toldo, al amor de altos árboles, en el jardín del -Círculo, casi desecho hacía pocos días por el más formidable de los -pedriscos de que hay memoria en Madrid. Los vinos españoles animaron la -fiesta, y se comió al aire libre, al son de una orquesta de guitarras. -Jean Paul Laurens sonreía en su gravedad bajo sus espejuelos; -Carolus Durán llevaba el compás de los tangos y de las seguidillas y -sevillanas. Cuando el poeta Manuel del Palacio ofreció la fiesta, ya -se oía por allí el ruido de las castañuelas de las bailaoras. Habló -Durán, en español; brindó Laurens, que estrechó la mano al joven -Marinas, el de la estatua. «¡Yo me complazco en descubrirle!» dijo. -En un instante, tras el champaña, ya estaba la tarima puesta para la -pareja del baile. Eran dos muchachas; la vestida de hombre, con el -ceñido incitante calipigio, morena; la otra blanca, con admirables -ojos y cabellos obscuros. Bailaron, pero antes de que comenzasen -ellas al grito de las guitarras, Carolus Durán se puso a esbozar unas -sevillanas, con levantamiento de pierna y meneo de caderas que no -había más que pedir. Primero todos nos quedamos _abasurdidos_, como -diría Roberto Payró; pero después, no pudimos menos de decir: _¡ole!_ -Jean Paul Laurens sonreía. Sir Poynter no estaba en la fiesta. Si -llega a estar, nadie le quita de sus británicos labios un irremediable -_shocking!_ - -Bailó, pues, la pareja de danzantes de oficio; mas había una nota de -color que ya había llamado la atención de los extranjeros: una familia -de gitanos. El viejo, bien preparado, con disfraz de guardarropía, -modelo de Doré, para no dejar perder la influencia del «color local», -obstentaba desde el calañés hasta la faja imposible y la chaquetilla -fabulosa, y el bastón de enorme contera. La vieja gitana, de ojos de -cuencas negras; y las gitanillas, tan cervantinas como antaño, una de -doce, una de quince, otra de veinte años. Cuando la pareja de baile -cesó, llegaron los gitanos. Bailaron todas las hembras, pero las dos -menores se llevaron la palma. Sobre todo la más chica, que bailaba, -según el decir de Carolus Durán, «como una princesita rusa». Bailaba -en efecto maravillosamente. Era el son uno de esos fandangos en que se -va deslizando el cuerpo con garbo natural y fiereza de ademán que nada -igualan, en una sucesión de cortos saltos y repique de pies, en tanto -que la cara dice por la luz de los ojos salvajes, mil cosas extrañas, -y las manos hacen misteriosas señas, como de amenaza, como de conjuro, -como de llamamiento, como en una labor aérea y mágica. Todo en un -torbellino de sensualidad cálida y vibrante que contagia y entusiasma, -hasta concluir en un punto final que deja al cuerpo en posición -estatuaria y fija, mientras las cuerdas cortan su último clamor en un -espasmo violento. Después fué otra danza en que la zingarita triunfó -de nuevo. Ágil, viva, una paloma que fuera una ardilla, moviendo busto -y caderas, entornando los párpados no sin dejar pasar la salvaje luz -negra de sus ojos en que brillaba una primitiva chispa atávica, se -dejaba mecer y sacudir por el ritmo de la música, y dibujaba, esculpía -en el aire armonioso un poema ardiente y cantaridado al par que traía a -la imaginación un reino de pasada y luminosa poesía. Entonces se daba -uno cuenta del valor de sus trajes abigarrados, sus rojos, sus ocres, -sus garfios de cabello por las sienes, sus caras de bronce, sus pupilas -de negros brillantes. Sonreían como si embrujasen; sus dedos sonaban -como castañuelas. - -Carolus Durán puso dentro del corpiño de la gitanilla un luis de oro. - - [Ilustración] - - - - - LA CUESTIÓN DE LA REVISTA - - LA CARICATURA - - [Ilustración] - - -EN España, como entre nosotros--¡es un triste consuelo!--, no se ha -llegado todavía a resolver el problema de la revista. Es singular el -caso que aquí, en donde se ha contado con elementos a propósito desde -hace largo tiempo, acaezca a este respecto lo propio que en nuestros -países de progreso reciente. España no cuenta en la actualidad con una -sola revista que pueda ponerse en el grupo de los «grandes periódicos» -del mundo; no existe lo que llamaremos la revista institución--_Revue -des Deux Mondes_, _Nuova Antologia_, _Blackwood's_ o _North American -Revue_. La _España Moderna_, que podría ocupar el puesto principal, se -sostiene gracias al cuidado y entusiasmo de su propietario el señor -Lázaro. No faltan los escritores de revistas, y la prueba es que las -revistas extranjeras tienen colaboradores españoles de primer orden--; -he encontrado principalmente a Ramón y Cajal, el eminente sabio que -acaba de partir a los Estados Unidos a dar conferencias, llamado por -una de las mejores universidades; a Salillas, el antropólogo; y a -un escritor cuyo nombre en Europa, en el mundo del estudio, es bien -conocido: Rafael Altamira, profesor de la Universidad de Oviedo. - -¿Cuál es la causa de que en España no prospere la revista? -Primeramente, la general falta de cultura. En Inglaterra, o en Francia, -no hay casa decente en donde no se encuentre una de esas publicaciones -condensadoras del pensamiento nacional y reflectoras de las ideas -universales. Para el parisiense de cierta posición, de atmósfera, -llamémosla así, «senatorial», burgués de cualquier profesión elevada, -propietario que se receta sus lecturas, o buen varón de la nobleza, la -_Revue des Deux Mondes_ es una costumbre, o una necesidad. No hablaré, -además, de tales o cuales revistas pertenecientes a estas o aquellas -agrupaciones, políticas o religiosas; son legión. Albareda, que realizó -aquí los esfuerzos que en Buenos Aires los señores Quesada, tuvo que -ver la lamentable desaparición de su obra, y, si no ha acontecido lo -mismo al señor Lázaro, es porque lucha bravamente contra todo peligro. -Las tentativas han sido muchas desde hace largos años, en este siglo, -que entre tantas peregrinas cosas, es el siglo de la revista. El -_Teatro Crítico_ del padre Feijóo, puede muy bien considerarse en el -siglo XVIII como una gran revista española, en cierto sentido; en -la centuria actual la crítica de revista se cristaliza en _Fígaro_, -aunque sean muy anteriores a los escritos de Larra algunas otras -publicaciones que se asemejan al tipo de la revista. Si no tan antiguo -como el francés, hubo en la corte española un viejo _Mercurio_. -Asimismo, otras publicaciones periódicas y en forma de folleto que, -a la manera del _Teatro Crítico_ del padre Feijóo, eran redactadas -por un solo escritor. Entre las muchas revistas o semirevistas de -aquel tiempo, he de citar, aunque sin orden cronológico, además del -_Mercurio_, _El Censor_, _El Pensador matritense_, _El Correo de los -Ciegos_, _El Pobrecito Hablador_, de Larra, el _Semanario Pintoresco_, -el _Museo pintoresco_, la _Revista Española_, la _Revista Mensajero_, -_El Laberinto_, de Antonio Flores y Ferrer del Río, _La lectura -para todos_, el _Periódico para todos_, _El Museo Universal_, _La -Ilustración de Madrid_, la _Revista Española de Ambos Mundos_, la -_Revista Ibérica_, la _Revista Hispanoamericana_, _La Abeja_, de -Barcelona, _La Revista de Ciencias, Literatura y Arte_, de Sevilla, la -_Minerva, o el Revisor General_, _El Criticón_, de Bartolomé Gallardo, -la _Crónica Científica y Literaria_, el _Almacén de Frutos literarios_, -la _Miscelánea_, las _Cartas Españolas_, la _Lectura para todos_, la -_Revista de Madrid_ y _El Europeo_ de Aribau. Entre las que he citado, -muchas han sido ilustraciones, _magazines_, del tipo de revista para -familias, variadas e ilustradas a la manera del antiguo _Magasin -pittoresque_, de París. Las hubo que tenían un carácter puramente -literario y científico; algunas, como _La Abeja_, se limitaron a -ofrecer traducciones de varios autores extranjeros, especialmente -alemanes, y no pocas intentaron producir un movimiento intelectual -elevando el nivel de cultura, sin conseguirlo por desgracia. - -Las últimas revistas, puramente tales, en forma de cuadernos, tipo -_Revue des Deux Mondes_, que lucharon con todo heroísmo, fueron -la _Revista de España_, fundada por don José Luis Albareda, y la -_Revista Contemporánea_. La de Albareda contaba con colaboradores -de primera línea, con las autoridades de la época, como don Manuel -de la Revilla y don Juan Valera en lo referente a la crítica; pero -poco a poco fué perdiendo su interés, disminuyó la colaboración, y -el público, que no necesita mucho para proteger su pereza cerebral, -abandonó las suscripciones. La _Revista Contemporánea_ fué creada por -don José del Perojo. Era una publicación más científica y filosófica -que de literatura y arte. Al lado de importantes trabajos españoles, -se insertaban traducciones de autores en boga. Allí se publicó la -primera novela rusa que haya aparecido en España, una de las mejores de -Turgenev: _Humo_. También la _Revista Contemporánea_ fué paso a paso -enflaqueciendo, por falta del apoyo público. Dirigióla por algún tiempo -don José de Cárdenas. Es seguro que el motivo del decaimiento estribó -en lo que por lo general causa la muerte de las revistas. Los que las -dirigen, por pobres tacaños, quieren henchir el cuaderno con trabajos -que no les cuestan dinero, y recurren a la falange de los grafómanos -que hacen fluir gratis los productos de sus inagotables sacos; reunen -suscriptores entre sus amigos y conocidos, que por fin se cansan de -la continua bazofia, y rompen, a veces con la amistad, el recibo de -la suscripción. Nada más grotesco que el director de una publicación -que cuenta para ella «con sus amigos». La _Revista Contemporánea_ está -dirigida hoy por don Rafael Álvarez Sereix, y está bastante mejor que -en tiempo de Cárdenas; pero según tengo entendido, se produce también -por colaboración _espontánea_, sin redactores ni colaboradores fijos, -interesados en su mantenimiento y progreso. - -La _Revista Hispanoamericana_ se fundó con muy buenos propósitos, -pagaba con esplendidez los trabajos; pero no supo el director -conducirla, faltó buena administración en el sentido de la propaganda; -no encontró eco, por lo tanto, y murió no sin costarle a su editor -varios miles de duros. La _Revista Mensual_ tuvo corta vida y estaba -hecha _à l'instar de_ la _Revue générale_ de Bruselas. _El Ateneo_, -con excelentes elementos, se fundó para publicar las conferencias, -discursos, etc., dados en el Ateneo de Madrid. No interesó, a pesar de -su material de importancia. _La América_, de Eduardo Asquerino, con -colaboración americana, en un inaudito _cafarnaum_, pletórica, concluyó -igualmente. La _España Moderna_ comenzó con bríos y colaboración -española escogidísima. Luego se aumentó con la _Revista Internacional_ -que dió a conocer a muchos autores extranjeros; pero la _Revista -Internacional_ concluyó muy pronto, y la _España Moderna_, como lo he -manifestado ya, con una suscripción relativamente escasa, se sigue -publicando gracias al loable desinterés de su director y dueño don -José Lázaro. La _Revista crítica de Historia y Literatura españolas, -portuguesas e hispanoamericanas_, tuvo un brillante aparecimiento, con -colaboración de primer orden, nacional y extranjera, en que resaltaban -especialistas tan eminentes como Menéndez y Pelayo y Farinelli. Esta -revista continúa, dirigida por don Rafael Altamira; pero paréceme que -lleva una vida lánguida y que no aparece con la regularidad que sería -de desear. - -Ha habido algunas revistas interesantes, de ramos especiales, y entre -las de derecho y administración se distinguió una publicada por don -Emilio Reus, la _Revista de Legislación y Jurisprudencia_. Todas las -corporaciones científicas, de ingenieros, arquitectos, militares, -etcétera, publican órganos especiales que, por lo general, dan pobre -idea de la cultura del elemento oficial. Casi siempre, no se encuentran -sino indigentes reflejos del saber fundamental de otras naciones. -Exclusivamente de arte, ya sea a la manera de la _Gazette des Beaux -Arts_, o a la manera del _Studio_, o sus similares alemanes, no existe -ninguna. - -Las revistas independientes, producidas por el movimiento moderno, -por las últimas ideas de arte y filosofía, y de las que no hay país -civilizado que no cuente hoy con una, o con varias, tuvo aquí su -iniciación con _Germinal_, de filiación socialista, apoyada por lo -mejor del pensamiento joven. Murió de extremada vitalidad quizás... -Demás decir que en Cataluña, sí, hay revistas plausibles, que, más o -menos, dan muestra de la fuerza regional, como _L'Avenç_, _Catalunya_, -_Revista Literaria_ y _La Renaixensa_. _Vida Nueva_, con formato de -diario, es una especie de revista semanal, y es de lo mejor que se -publica en Madrid. Revistas puramente intelectuales e independientes, -al modo de _Mercure de France_, _Revue Blanche_ o _La Vogue_, de -París, del _Yelow Book_; o el _Savoy_, de Londres, la _Rasegna_, -de Milán, _Chap Book_ o _Bibelot_, de los Estados Unidos, _Revista -Moderna_, de México, o _Mercurio de América_ y _El Sol_, de Buenos -Aires, no hay más que una, a la manera de _La Vogue_ o de la antigua -_Revue Indépendante_, de París, la _Revista Nueva_. Es ciertamente -extraño que, existiendo un grupo de escritores y artistas que sienten -y conocen, así sea incipiente y escasamente el arte moderno, no -hayan tenido un órgano propio. Creo que la causa de esto se basa en -el carácter de la juventud literaria, en lo general poco amiga del -estudio y sin entusiasmo. La _Revista Nueva_ se propone reunir todos -esos elementos dispersos, y desde luego cuenta con varias firmas de las -más cotizables en literatura castellana actual. Ha tenido la dirección -el buen talento de no hacerla sectaria ni aislada en un credo o bajo -un solo criterio. Pueden caber en ella y caben los versos de los que -intentan una renovación en la poesía castellana y los versos demasiado -sólidos del vigoroso pensador señor Unamuno; los sutiles bordados -psicológicos de Benavente y las paradojas estallantes de Maeztu; los -castizos chispazos de Cávia y las prosas macizas de Unamuno, que valen -más que sus versos, aunque él no lo crea. Además, la _Revista Nueva_ -está en relación con Europa y América, y su colaboración aumenta cada -día. Quiera Dios que no vaya, también, una buena mañana, a amanecer -atacada de la enfermedad mortal de las revistas. - -Las ilustraciones no son pocas en España, y entre ellas van a la cabeza -la antigua _Ilustración Española y Americana_, fundada por don Abelardo -de Carlos, y la _Ilustración Artística_, de Barcelona. _La Ilustración -Española y Americana_ está asentada sobre inconmovibles bases, entre -las primeras del mundo. Sus redactores son de por vida, como el -invariable Fernández Bremón, o el que fué don Peregrín García Cadena. -Su forma, sus grabados, la colocan en el grupo de _L'Illustration_, de -París, _Illustrated London News_, _Graphic_ y sus semejantes de Berlín, -Roma, Munich o Nueva York. Con los progresos del fotograbado, ha -disminuído un tanto la aristocracia de sus viejos grabados en madera, -que alternan hoy con el inevitable clisé de actualidad. Aunque su plana -mayor se compone de escritores veteranos, tiene campo abierto para -las manifestaciones del pensamiento nuevo, como se sepan guardar «las -conveniencias», pues hay que recordar que si _La Ilustración Española -y Americana_ es popularísima, no deja por eso de ser el periódico -preferido de las clases altas, y eso tanto en España como en la América -española. - -La _Ilustración Artística_, de Barcelona, viene en seguida, y se -distingue por su preferencia de los asuntos artísticos, fiel a su -nombre. Uno de sus colaboradores fijos es doña Emilia Pardo-Bazán. - -Los Estados Unidos han enseñado al mundo la manera como se hace un -_magazin_ conforme con el paso violento del finisecular progreso. Los -adelantos de la fotografía y el ansia de información que ha estimulado -la Prensa diaria, han hecho precisos esos curiosos cuadernos que -periódicamente ponen a los ojos del público junto al texto que les -instruye, la visión de lo sucedido. El _Blanco y Negro_ va aquí a la -cabeza; luego vienen la _Revista Moderna_, _El Nuevo Mundo_ y algunas -otras como el _Álbum de Madrid_, que publica retratos de escritores -y artistas, artículos literarios y poesías. El _Blanco y Negro_ es -muy parecido a nuestro _Buenos Aires_ o a _Caras y Caretas_, con la -insignificante diferencia de que posee un palacio precioso, tira muchos -miles de ejemplares y da una envidiable renta a su propietario el señor -Luca de Tena. En Barcelona hay varias revistas como _Barcelona Cómica_ -más o menos literarias y artísticas; y _La Saeta_, periódico picante -por sus fotograbados, por lo común desnudos, _poses_ de malla o camisa, -género Caramán Chimay y aun más pimentados. - -La caricatura tiene por campo una o dos páginas de cada «almacén» o -revista ilustrada. Casi siempre, la política y la actualidad es lo que -forma el argumento. Pero no existe hoy un caricaturista como el famoso -Ortego, por ejemplo. Como todo, la caricatura ha degenerado también. -Ortego, me decía muy justamente el señor Ruiz Contreras, director de la -_Revista Nueva_, ha sido el rey de la caricatura en España; ninguno de -los otros puede compararse con él; él _creó_ la _semblanza_ de todos -los políticos y monarcas, de todos los personajes de la revolución; -él hizo a Montpensier imposible, con una caricatura. Si analizáramos -la influencia que ha tenido Ortego en el porvenir de la Nación, nos -horrorizaríamos. En este pueblo impresionable, una nota se agiganta y -se hace un libro, un chisme se transforma en historia y una calumnia -en _débâcle_ inmensa. Más daño que todos sus enemigos le hicieron a -Montpensier las caricaturas de Ortego, ¿fundadas en qué? Pues en que -Montpensier tenía una huerta de naranjas. «El rey naranjero». Esto -bastó para desacreditarle. Como bastó, para hundir a don Carlos, -pintarle un día rodeado de bailarinas y sacripantas. Ortego, además de -su intención profunda, tuvo una ventaja sobre todos, y es que dibujaba -maravillosamente. Solía también encontrar en el personaje un rasgo -fisonómico para su caricatura, y acertaba tanto en la elección, que -no era posible ninguna variante. Su Narváez, su Prim, su Sagasta, su -Isabel II, son inolvidables. Asimismo se dedicó mucho a la caricatura -de costumbres, en la que hizo prodigios. En esto era un inmediato -descendiente de Gavarni. El pueblo de Madrid, con sus toreros, con sus -curas, con sus manolas, sus majos, sus cursis, sus hambrientos, sus -oficinas, sus teatros y sus verbenas, aparece y resucita en los dibujos -de Ortego, que son para el historiador un documento de grandísima -importancia. Hace algunos años se reunieron los dibujos de Ortego en -álbumes especiales, pero la publicación, con ser de tanto interés para -todos, no se hizo popular. El público estaba distraído con otra cosa. - -Luque, Padró, Perea y Alaminos han hecho casi solamente, la caricatura -política. Menos hábiles en el dibujo, buscaban la intención en las -ideas; sus caricaturas tienen más _bilis_ que _lápiz_; demuestran -sus odios políticos más que su arte. Iban sólo a hacer daño; más que -revolucionarios de su tiempo, eran anarquistas. Destruían con el -ridículo, aumentándolo, inventándolo a veces. Perea se dedicó luego a -la especialidad de toros y sus dibujos de _La Lidia_ han circulado -por todo el mundo. Sojo ha sido también un político de lápiz; _dibuja_ -poco: todo el interés de su obra se basa en el pensamiento. Cilla y -_Mecachis_ explotan por algún tiempo la crítica de costumbres. Cilla -_inventa_ los personajes, mucho más que los toma de la realidad; ha -creado varios tipos que repite constantemente. Así ha hecho Mars en -París. Cilla es en el dibujo en España algo como López Silva en sus -versos. Nada más alejado de la verdad, nada más falso que los chulos -de López Silva, a quien llaman el heredero de don Ramón de la Cruz; -y sin embargo, se ha convenido en que los chulos de López Silva -son los verdaderos, y por tales se les mira y admira; y queriendo -hablar en chulo, la gente joven habla en López Silva. Lo mismo sucede -con los dibujos de Cilla. Nadie es exactamente como lo que Cilla -dibuja, pero, a fuerza de verla, parece más real su mentira que la -realidad. Más humano es _Mecachis_: y como más humano es también -menos monótono; como observa y copia, varía más. Después de Ortego, -_Mecachis_. Todos los demás, excelentes _periodistas_. Ángel Pons, -que hoy está en México, empezó bien; pero también tiene más ideas que -dibujo; tampoco es un observador. Y muy observador de la caricatura -extranjera, como Rojas su discípulo. Puede decirse que casi todos los -actuales dibujantes se proveen de inventiva y de rasgos felices en las -revistas de otras naciones. Apeles Mestres y Pellicer saben dibujar -y dibujan de firme. Mestres ha hecho caricaturas admirables en los -periódicos satíricos catalanes. Es un _moralista_, como casi todos los -verdaderos caricaturistas. Es de recordar una caricatura publicada -en _La Esquella_, de Barcelona. Un coche fúnebre, con ocho caballos -empenachados y otro con un jaco de mala muerte; y la leyenda: _Com -mes richs mes besties_: Como más ricos, más animales. Pellicer conoce -su arte y estudia las costumbres. Sus dibujos son documentos y sus -ilustraciones de obras admirables estudios. Para las obras completas de -Larra ha dibujado tipos como _Fígaro_ pudo concebirlos; a Larra le ha -hecho como era. - -Ese retrato ha quedado definitivo para el futuro, con un valor de -época, inimitable. Pellicer ha superado en esto al mismo Madrazo. Moya -y _Sileno_, Rojas y Sancha trabajan profusamente y tienen bastante -demanda; _Sileno_ ilustra principalmente el _Gedeón_, y sobresale en -la sátira política. Sancha se ha hecho un puesto especial, apoyado -en el _Fligene Blatter_, y deformando, hace cosas que se imponen. -Sus deformaciones recuerdan las imágenes de los espejos cóncavos y -convexos; es un dibujo de abotagamientos o elefantiasis; monicacos -macrocéfalos e hidrópicas marionetas. Marín estudia mucho, y apoyado -en Forain, hace excursiones al bello país de Inglaterra. Es un erudito -de lo moderno, un simpático artista, cuyo modelo principal debe de ser -una elegantísima y singular mujer, apasionada de D'Annunzio y fascinada -por París. Leal da Cámara, portugués, joven, de indiscutible talento, -dibuja en Madrid, un tanto desganado, con el pensamiento puesto en -Jossot, a quien conoce, y animado por el espíritu de Cruikshank, a -quien seguramente ignora. - - [Ilustración] - - - - - AL REDEDOR DEL TEATRO - - [Ilustración] - - - 4 de julio de 1899. - -ÁSPERO empieza el verano en Madrid. Desde que los calores se inician, -el desbande a la _villégiature_ comienza. Se abren los nocturnos -refugios, entre ellos el Buen Retiro, con su teatro y sus conciertos en -los jardines; se instalan las horchaterías con sus incomparables aguas -dulces que entusiasmaron a Gautier, servidas por frescas y sabrosas -muchachas, la mayor parte denunciadoras de su gracia levantina; -los sombreros de paja hacen su entrada y uno que otro panamá de -«repatriado» da su blanca nota tropical. ¿A dónde ir después de comer? -Se ha inaugurado en el Madrid Moderno, allá lejos, un teatrito al aire -libre, en el Parque de Rusia. En compañía de un autor dramático, buen -observador y excelente _copain_, allá me voy, animado por las estrellas -que pican de oro el fino azul de la noche. Al pasar por el Prado, me -siento detener por un grupo de niños que, a la claridad del cielo, -asidos de las manos, cantan acompasadamente. ¿Qué cantan? Son unas de -esas antiguas canciones que han venido de siglo en siglo y de labio en -labio, repetidas en las rondas infantiles, al crepúsculo de las tardes -de mayo y en las abrasantes noches de estío. Apuro la oreja, y me llega: - - Un pajarito va, carabí, - Cantando el pío, pío, carabí, - El pío, pío, pá, carabí, hurí, hurá. - -Luego, en otro tono: - - Papá, si me deja usted... - Un ratito a la alameda (_bis_) - Con los hijos de Medina - Que llevan rica merienda (_bis_). - Al tiempo de merendar - Se perdió la más pequeña (_bis_). - -Y luego, en otro ritmo: - - Quien fuera tan alta - Como la luna, - Ay, ay, - Como la luna, - Para ver los soldados - De Cataluña. - Ay, ay, - De Cataluña, - De Cataluña vengo - De servir al rey. - Ay, ay, - De servir al rey. - Con licencia absoluta - De mi coronel. - Ay, ay, - De mi coronel. - Al pasar el arroyo - De Santa Clara, - Ay, ay, - De Santa Clara, - Me se cayó el anillo - Dentro del agua, - Ay, ay, - Dentro del agua, - Por sacar el anillo - Saqué un tesoro, - Ay, ay, - Saqué un tesoro. - Con la Virgen de plata - Y el Niño de oro, - Ay, ay, - Y el niño de oro. - -La música tiene el perfume de un vino viejo y sano. Su sencillez y su -gracia _vieillotte_ hablan de otros tiempos, y el espíritu observador -y meditativo coge al paso en esa flor armoniosa una gota de poesía. -Pasa una _manuela_, es decir, una victoria, y en ella nos encaminamos -al Parque de Rusia. Dejando atrás la Puerta de Alcalá, después de -recorrer muchas calles llenas de polvo, llegamos. Un gran jardín, con -laguneta, columpios, glorietas y kioscos rústicos, mal cuidado y mal -presentado. Un _restaurant_ y un teatro. Cuando se alzó el telón habría -unas ochenta personas en todo el recinto, y ellas no se aumentaron -mucho hasta el momento de partir. El espectáculo... El _Casino_ de la -Boca, a la par, es suntuoso, el _Cosmopolita_ de la calle Veinticinco -de Mayo, cualquiera de nuestros _café-concert_ de segundo orden es una -_Alhambra_ londinense o un _Jardín de París_, en comparación con estas -abominables iniciaciones en el finisecular divertimiento. En el extinto -_Variétés_, a fuerza de pesetas, se logró presentar algo escasamente -semejante a nuestro teatrito de la calle Maipú; había siquiera -dos o tres números que pudiesen despertar el gusto por el exótico -espectáculo. Henry Lyonnet, en su libro sobre el teatro en España, -observa lo poco preparado que está el terreno para la importación -parisiense; pero es el caso que a estas horas, en la calle de Alcalá -hay dos teatritos en que alternan tarde y noche cantaoras y bailaoras -flamencas con _divettes_ traídas de Barcelona, de Marsella, o de París, -y en uno de ellos he visto a una famosa pensionista de Nollet, la Nella -Martini, cantando siempre sus desairados y pornográficos _couplets de -la Pulga_. - -En el Parque de Rusia se dió principio a la función con una cuadrilla -de osados vejestorios, una parodia del Moulin Rouge. Las bailarinas, -seguramente improvisadas para el caso, aun cuando pretendían encender -a la escasa concurrencia, resultaban de un efecto moralizador -indiscutible: ¡ni que hubiesen sido del Ejército de Salvación! Luego -salió a decir su canción en _argot_ una flaca veterana, retirada -seguramente del oficio, a quien nadie entendió una sola palabra; y -otra le siguió, _grivoise_, igualmente detestable. Si no aparece en -seguida Pilar Monterde, una española de cuerpo encantador, que baila -las danzas nacionales con mucha gracia aunque un poco _para París_, -la parte primera del espectáculo hubiera petrificado de fastidio a la -asistencia. La segunda la desempeñó un discípulo de Frégoli, llamado -Minuto--italiano, de Rosario de Santa Fe, ¡qué pensáis!--y la gente le -aplaudió largamente, y con mucha justicia. Entre él y la Monterde se -salvaron la noche. Ahora, a la ciudad. Y he ahí que no se encuentra a -la salida ni coche ni tranvía. Los que salen primero logran atrapar uno -que otro, y los demás... a seguir el camino por las calles empolvadas, -con calor y fatiga. No me quejo sino vagamente, del percance, con mi -amigo el autor; pero aprovecho la caminata para hablar sobre teatro. -María Guerrero debe de estar a la sazón, al partir de Buenos Aires, con -rumbo a su buena villa de Madrid; Antonio Vico, en sus postreros años -de arte, va a América a hacer lo que debió hace mucho tiempo, corriendo -el riesgo de una desilusión. - -Durante el invierno funcionan regularmente en Madrid dos compañías -dramáticas, la del Español, dirigida por la Guerrero y su marido, y -la de la Comedia, cuyo director fué por más de veinte años Emilio -Mario y ahora es Emilio Thuillier. Mario es otra venerable ruina. -Los bizarros papeles de antaño, los «galanes» muy a la francesa, que -tanto brillaron, han quedado en la memoria de los que presenciaron sus -pasados triunfos; hoy Mario hace maravillosamente el característico, -y creo no pretenderá emular los esfuerzos fatigados de Vico. En -la primavera también suele trabajar la compañía de la Tubau--otra -abuela--y en otros teatros aparecen y desaparecen como por obra de -encantamiento, varias compañías que no hallan donde plantar sus -escuetas raíces. Entretanto que el apodado «género chico» prolonga en -los teatros de la Zarzuela y Apolo indefinidamente sus temporadas, el -«género grande» limita las suyas al invierno y desaparece de la Corte -con la llegada de las primeras rosas. La compañía del teatro Lara, que -no pertenece al género chico ni al grande, cultiva la declamación sin -música, en obritas de uno o dos actos (algunas representa de tres), -pero no estrena ninguna, limitándose en días de gala, beneficios -o noches excepcionales, a _reprises_ de las piezas ya juzgadas y -aplaudidas por el público y que juzga pertinentes; su temporada se -mantiene durante toda la primavera. - -En invierno recorren los escenarios de provincia algunas compañías, -encabezadas por Vico, Miguel Cepillo, Sánchez de León, Luisa Calderón, -Julia Cirera, Antonio Perrín, García Ortega, dando a conocer aquellas -piezas que Madrid ha aprobado; pues la centralización en este caso es -absoluta, no teniendo cabida en la Corte la única excepción, el teatro -regional catalán. Cuando las compañías del Español, la Comedia y La -Princesa terminan su labor de Madrid, pasan a provincias y recorren los -teatros de Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Bilbao, Valencia, y otros más -de menor calidad. Varias de las compañías dramáticas de provincia, en -verano descansan. Ya por Pascua, suele venir a la Corte alguna compañía -extranjera que da sus representaciones en la Comedia, en el Moderno, o -en la Princesa. Generalmente las compañías son italianas, aunque Sarah -Bernhardt me parece ha estado unas dos veces y se anuncia la llegada de -Réjane, en una _tournée_ por Europa. - -Novelli ha conquistado desde hace tiempo a los madrileños, y -últimamente la Mariani, desde luego superior a todas estas actrices, -con excepción de la Guerrero, ha sido excelentemente acogida. El -género chico, en verano como en invierno, continúa con varios teatros -abiertos, ofreciendo estrenos todos los días, y sosteniendo las obras -de sus favoritos hasta quinientas noches. Es la chulapería triunfante, -el dúo del mantón y el pantalón obsceno, el barrio bajo que se impone, -con defensores que cuando alguien protesta de tanta vulgar exploración, -sacan a cuento a Goya y al bastante asendereado don Ramón de la Cruz. -Este, como sabéis, se llama hoy López Silva. - -No obstante, en estos últimos años ha habido loables tentativas de -renovar el ambiente teatral, de sacar la atención del mundo de las -chulapas y de los chulos. Se ha traducido algo moderno. Se ha hecho -algo de Ibsen, _El Enemigo del Pueblo_; de Sudermann, _Magda_; de -Lavedan, _El Príncipe d´Aureac_, con el título de _El Gran Mundo_, -entre las conocidas obras de Dumas, Sardou, Pailleron; y han osado en -una plausible campaña, los autores de algunos trabajos originales, -Guimerá con su _María Rosa_, Dicenta con su _Juan José_, Benavente con -_Gente conocida_, Ruiz Contreras con _El Pedestal_. _La Dolores_ de -Codina y _Juan José_, con fuerza y bríos hoy no usados aquí; _María -Rosa_ iniciando una tentativa de teatro socialista, con el mismo _Juan -José_, _Gente conocida_ trayendo las escenas libremente extraídas, -sinceras, de la vida, con un análisis hondo, e ironía que parece a flor -de piel, pero que penetra, señalan un buen trecho conquistado para un -arte escénico futuro. Murió Feliú y Codina, que había pretendido la -realización de un teatro regional, de todas las regiones españolas, -una especie de geografía escénica de la Península. Así después de _La -Dolores_, aragonesa, vino _María del Carmen_, murciana, y luego _La -Real Moza_, andaluza. Feliú era un firme trabajador, de gran talento, -y un delicioso músico del verso, de este verso español sonoro y sin -matices. Joaquín Dicenta, que acertó tan bravamente con _Juan José_, -no avanzó con _El Señor feudal_, y, desanimado, o mejor, poseído ya -del deseo de la fija ganancia, se fué hacia la zarzuela. Así escribió -en unión de su amigo Paso el libreto de _Curro Vargas_, extraído de -una novela de Pedro Antonio de Alarcón. Guimerá persistió, con su -tesón catalán. Consiguió en _Tierra baja_ dos actos notabilísimos--el -tercero desmerece tanto que puede suprimirse--. De todos modos, esa -obra, en Madrid, como en París, como en Buenos Aires, ha revelado un -gran manejador de ideas y un potente poeta. _El Padre Juanico_ buscó el -éxito a la manera de Feliú y Codina. Parecería que hubiese acaparado -la herencia del autor de _La Dolores_; pero Guimerá es una fuerza, y -después de tantear sus conveniencias, ha de volver sin vacilar a su -rumbo verdadero: el drama socialista, el drama actual e intenso, del -hombre y de la tierra. Difícil es el público para resistir ciertos -intentos. Un Curel o un Mirbeau no tendrían, por lo pronto, oyentes; la -autoridad tendería su mano al instante. De _Los Tejedores_ de Hauptmann -se arregló _El Pan del Pobre_ con cien atenuaciones. Praga y Rovetta, -al ser servidos, van ya aguados. - -Benavente, después de _Gente conocida_, ofreció con copa de excelente -vino español preparado a la francesa: _El Marido de la Téllez_. Luego -dió _La Farándula_, una equivocación... de los cómicos, que no la -comprendieron, y la hicieron de una manera dolorosa; después alcanza -su más resonante victoria con _La Comida de las Fieras_. Es difícil -que, en lo sucesivo, sobrepase las exquisiteces de intención, la -variedad escénica, el equilibrio, la gracia, el vuelo psicológico, la -ironía trascendental y el interés de su última obra. Y aquí empieza -el desencanto, porque, si el público se deja conducir y agradece el -regalo de la forma nueva, el actor, hasta viéndola muy aplaudida, se -resiste a aceptarla. Ello no es raro. En todas partes, todo _cabot_, -grande o chico, y son pocos los casos de excepción, es impenetrable a -la concepción artística y yerra, por lo común, al estimar la opinión -del público. Un sir Irving, es caso raro. Si no hubiera habido un -Antoine y un Hugue Poe en París, aun andarían de teatro en teatro, -durmiendo en las gavetas directoriales, verdaderas obras maestras, y -sería desconocido más de un triunfador de hoy. Aquí, mucho costó a -Benavente conseguir que su _Gente conocida_ fuese representada con -esmero. Habíanla dejado para _último día de temporada_, convencidos -los cómicos de que la obra no pasaría del segundo acto. Por fortuna, -semejante atentado no llegó a cristalizarse en crimen, y _Gente -conocida_, al quedarse en cartera, fué al año siguiente el mayor -_succès_ de la temporada. No bastó tal enseñanza para reducir a la -gente de bastidores, y al ensayar _La Comida de las Fieras_, hacíanlo -llenos de desconfianza, sin comprender una sola línea de lo que tenían -entre manos, aunque, según parece, poniendo una regular suma de buena -voluntad. - -Mas, pasado el triunfo, ¿suponéis que se dieron por vencidos y -convencidos? Según ellos, la comedia fué aplaudida, no por lo que -tiene de arte moderno, sino por lo que tiene de salsa «cómica»; no -por lo exacto de la delicada pintura social, ni por el procedimiento, -sino por lo que sazona el _chiste_, por lo que hay para sus paladares -únicamente saboreable. No es esto de causar extrañeza si se tiene en -cuenta que _La Dolores_, obra puramente nacional, popular, clara, sin -medias tintas, del tipo más corriente en la escena española, pasó por -todos los teatros madrileños sin ser recibida en ninguno, dándose el -caso duro de que su autor, para no resignarse a la condena y dando -en esto señal de buen tino, fuese a estrenarla en Barcelona, donde -se dió treinta y tantas veces. A fin de temporada, Mario se resolvió -a estrenarla en Madrid, y María Guerrero se negó a hacerse cargo del -papel que más tarde había de ser uno de los más brillantes de su -repertorio, y causa de mucha gloria y provecho. Es conocido el pleito -que sostuvo el autor con la actriz por esa negativa. El camino que -ofrecieron a Guimerá los teatros de la Corte no fué tampoco exento -de tropiezos. Enrique Gaspar, conocido autor cómico, tradujo, para -que Calvo lo estrenara en Barcelona, _Mar y Cielo_. Guimerá era visto -como un «genio regional», pero no podía penetrar las murallas chinas -de Madrid. Por fin, Ricardo Calvo se decidió a poner en escena en el -Español _Mar y Cielo_, versión de Gaspar, y el éxito ruidoso hizo que -después apareciese una _María Rosa_, echegarayizada por don José. No -es, pues, Echegaray, como lo ha asegurado la señora Pardo-Bazán en -su conferencia de París, quien presentó a Guimerá en Madrid, sino el -cónsul autor don Enrique Gaspar. - -Galdós, con toda y su colosal _réclame_ de novelista, no inspiró -tampoco mucha confianza. Su _Realidad_ no encontró simpatías en la -Princesa, donde reinan la Tubau y su marido Ceferino Palencia. Fué -recibida la pieza en la Comedia, por obra de la cortesía que siempre -tuvo Mario con los grandes, y que hay que agradecerle. Y _Realidad_ -venció. Nadie podía esperar que aquella dolorosa y extraña fantasía -pudiese tener un buen resultado en las tablas. Y lo tuvo. El drama -de Galdós debió haber convencido a los _practicones_ que, si eso no -era romper moldes, como se dice, era cortar ligaduras y trabas. No -sucedió así. Aun se _anuncian_ los éxitos de dramas cosidos a los -viejos cánones, a ridículas usanzas persistentes. Después de _Realidad_ -obtuvo gloria legítima Galdós llevando a la escena _La Loca de la -casa_ y _La de San Quintín_, y si en sus obras posteriores no ha -sido tan afortunado, no hay que echar la culpa al público, sino a la -precipitación industrial que se ha impuesto en su labor el dichoso -escritor de los _Episodios Nacionales_. _Los Condenados_, _Voluntad_ y -_La Fiera_ hasta cierto punto superan a sus obras anteriores, pero hay -en su construcción y arquitectura descuidos que las perjudican. Esta sí -que fué y será siempre una condición de la obra escénica. En la novela -puede impunemente ir lastreando el riblo un capítulo pesado, con tal -que lo demás, alado y vigoroso, o sutil y aéreo, mantenga en su vuelo -al espíritu. Mas en la pieza teatral no puede aflojarse ni decaer una -sola escena, porque la atención a la inmediata marca el descenso. - -No es suficiente que se afiance una justa intención y que la idea -total y básica se asiente con solidez; hay que sostener la intensidad; -la obra del teatro tiene muy señalada extensión, cuenta con una -cantidad determinada de tiempo, y por lo tanto, se ha de ser sintético, -no cabe analizar. - -Ya _hecho_ autor, Dicenta encontró resistencia para su _Juan José_. He -visto el original de la obra y leído en el reparto el nombre de «María» -tachado, y, en su lugar puesto: «señorita Martínez». Lo cual quiere -decir que la primera actriz, que en esta ocasión era la señora Tubau, -no quiso encargarse del papel. Tampoco lo tuvo en la obra Emilio Mario, -y _Juan José_, desechado por el primer actor y la primera actriz, hizo -con actores jóvenes una carrera triunfal, excepcional, pocas veces -vista. - -Ahora se preparan las formaciones para el próximo octubre. ¿Vendrá -María Guerrero a su Español? Le será muy difícil encontrar otro _Cyrano -de Bergerac_. Como ya apenas cuenta con Echegaray, cuyos repetidos -fracasos prueban, no su falta de talento sino su falta de tino en no -retirarse a tiempo, para hacer buena compañía a Guimerá necesita del -elemento nuevo. Dos jóvenes tiene ya en casa: López Ballesteros, y -Ansorena. No es bastante. La _troupe_ que se empieza a formar para la -Comedia consta de muchos nombres, pero de pocos elementos para obras -de cierto fuste. Lara seguirá como siempre. En general, los autores -encontrarán las mismas dificultades y sus trabajos los mismos jueces de -criterio imposible. No habiendo comités de lectura, como en todo teatro -culto de la tierra, no buscando los señores actores obras sino papeles, -y sin una crítica ilustrada que sirva de guía, todo el teatro en España -está sometido a la voluntad o al capricho de los actores dirigentes. En -Madrid hay que encomendarse, para lo alto, a María Guerrero y a Emilio -Thuillier. - -La Real Academia Española, que no hace sino el Diccionario, pudo en -este caso hacer algo. Dispone de premios de alguna importancia--de -5.000 y 2.500 pesetas--legados por buenos señores, amantes del teatro, -para que se concediesen, periódicamente, a la mejor obra dramática. -Pudo perfectamente la Real Academia admitir obras no representadas; -aun fué objeto de discusión si debía hacerlo así, y, por mi parte, -creo que debía hacerlo de esa manera; pero para mayor comodidad y -menor compromiso y _far niente_, resolvió limitarse a «las que mayor -éxito logren», con lo cual sometió de modo implícito su fallo al fallo -previo de los directores de empresa. La Academia da, pues, las pesetas -a quienes amparan María Guerrero y Emilio Thuillier. En esta situación -se encuentra el teatro en el momento en que escribo, y así se abrirá -la temporada de 1900. Muerto Feliú y Codina, Echegaray gastado, Galdós -desanimado, Guimerá buscando el éxito productivo, Benavente piensa -en una obra ligera, _puramente cómica_ destinada a una actriz como -la Pino, buena y azucaradita solamente para esas fiestas; Dicenta va -a Andalucía a escribir libretos de zarzuelas grandes; Sellés--de la -Real Academia Española--, se prepara a seguir la misma labor; Leopoldo -Cano, sin producir nada desde hace tiempo; Gaspar de cónsul, Blasco -de socialista cristiano, y la crítica ilustrada, con perdón del señor -Canals y del crítico de _La Ilustración_, sin nacer aún. Los jóvenes -encuentran mejor traducir, y se pertrechan. Y así están las máscaras -del teatro que fué en un tiempo el primero del mundo. - ---¿Si tomáramos un vaso de horchata? digo a mi amigo el autor. - - [Ilustración] - - - - - LIBREROS Y EDITORES - - [Ilustración] - - - 14 de julio. - -HASTA hace poco tiempo--y aun hoy mismo, en la mayor parte de -las repúblicas, hacia el Norte--el sueño rosado de un escritor -hispanoamericano era tener un editor en España. Por esos países los -Gobiernos suelen costear las ediciones de los poetas y escritores, con -la condición de que los agraciados les sean gratos en política. No -hay otro recurso de hacerse leer como no surja un inesperado Mecenas. -En Buenos Aires poco tiene que ver el Gobierno con las musas, y los -editores, ya sabemos que, en realidad, no existen... He querido -explorar ese punto en España, y en verdad os digo que he salido del -antro vestido de desilusión. Editores y libreros desconsuelan. - -Un hombre de letras que quiera vivir aquí de su trabajo, querrá lo -imposible. La revista apenas alienta, el libro escasamente se sostiene; -todo producto mental está en _krach_ continuo. Lo único que produce -dinero es el teatro, cierto teatro. El que logra hacer una _Verbena de -la paloma_, o una _Gran Vía_, y puede continuar en sucesivos partos -de ese género, ya tiene la gruesa renta asegurada. El señor Jackson -Veyán, a quien achacan mediocridad literaria e incurable ripiorrea, -puede reirse de sus enemigos al embolsar sus miles de duros anualmente. -Los editores de teatro, o más bien, los que compran la propiedad de -las obras teatrales, tienen mejor fama que los de libros. Son más -abiertos, más generosos, y hasta autores principiantes hallan en ellos -su providencia. - -En esta nuestra curiosa madre patria, en épocas pasadas, y aun en la -actualidad, los centros intelectuales de la Península fueron y son -las farmacias y las librerías. Decíame un amigo madrileño: «En las -farmacias hácense más versos que ungüentos, y en las librerías se -derrochan más palabras que pesetas». En la Corte, como en provincias, -las librerías son punto de reunión donde acude un número dado de -clientes y aficionados, a conversar, a hojear las nuevas publicaciones -y a perder el tiempo. En Madrid todavía existe lo que se podría -llamar tertulia de librería, aunque no como en tiempos pasados. En -casa de Fe, al caer la tarde, podéis encontrar a Manuel del Palacio, -a Núñez de Arce, con su inseparable amigo Vicente Colorado, al señor -Estelrich, italianista de nota, a otras figuras, grandes, medianas y -chicas del pensamiento español. En casa de Murillo no dejaréis de ver -cotidianamente las barbas rojas del académico Mariano Catalina. Hace -bastantes años era Durán quien reunía en su establecimiento famosos -contertulios. Era este Durán hombre de cultura y metido en letras; -bibliógrafo de mérito, muchos varones ilustres salieron de su casa muy -satisfechos después de una consulta. Conocía todos los libros, todas -las ediciones, todas las noticias. Era una especie de Bibliophile -Jacob de Madrid, buen parlante y provechoso amigo intelectual. Hoy no -existe un solo librero como aquél; y la erudición la suplen los que -hay con el aguzado instinto de un comercio genuinamente israelita. -Paul Groussac, en sus viajes por el continente americano, hallaba a -cada paso comprobada la superioridad de nuestras incipientes librerías -bonaerenses, en comparación con las del resto de la América española. -Pues bien, las librerías de Madrid son de una indigencia tal, sobre -todo en lo referente al movimiento extranjero, que a este respecto -Fe, que es el principal, o Murillo, o cualquier otro, están bajo el -más modesto de nuestros libreros. En Madrid no existe ninguna casa -comparable a las de Peuser o Jacobsen, o Lajouane. París está a un -paso y me ha sucedido leer en _La Nación_ el juicio de un libro -francés antes de que ese libro hubiese llegado a Madrid. El que no -encarga especialmente sus libros a Francia, Inglaterra, etc., no -puede estar al tanto de la vida mental europea. Es un mirlo blanco -un libro portugués. De libros americanos, no hablemos. La casa de Fe -es estrechísima, y Fe no se atreve a mudar de local, quizá poseído -del temor de que otra más elegante y espaciosa no se advirtiese tan -concurrida. Además de dos pequeños mostradores en que se exponen obras -castellanas, uno que otro libro de América, a la izquierda, libros -extranjeros, a la derecha, hay, junto al escritorio del jefe de la -casa--, rincón estrechísimo--una mesita en que se presentan las últimas -novedades españolas. A esa mesita se acercan y tocan los asiduos del -establecimiento; unos cortan las páginas y leen las obras de corta -extensión, de pie; concluyen, y dejan el ejemplar. En toda España hay -poca afición a comprar libros; quizá sea por esto que las librerías son -de una pobreza desoladora. Hay que dar vuelta al problema de _Fígaro_: -«¿No se lee porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee?» -decía él. Digamos: «¿No se compran libros porque no se saben vender, o -no se saben vender porque no se compran?» Lo cierto es que los libros -se venden poco y mal, y, como en Buenos Aires, los culpables son los -libreros. Todo comerciante hace lo posible por despachar su mercancía, -y procura colocar y recomendar; el librero limita su negocio a dar lo -que le piden y no hace ofertas ni recomendaciones. Desde algún tiempo -a esta parte se han establecido las ventas a plazos, pero eso es para -facilitar la adquisición de las grandes publicaciones ilustradas. El -anuncio sólo se emplea en casos muy especiales, y los catálogos que -publican algunos libreros no tienen resonancia ninguna. - -Hubo un tiempo--y ya va lejos--en que las librerías de lance--libros -usados y antiguos--tenían mucho movimiento e importancia y publicaban -periódicamente catálogos numerosos. De aquellas librerías apenas queda -rastro; unas han desaparecido, y otras redujeron su negocio hasta un -simple «cambalache» de _bouquiniste_. Rico sigue publicando catálogos, -y un joven de muchos alientos, Vindel, tiene un negocio de esta clase, -de bastante importancia. Vindel es hoy algo como lo que fué Durán, -guardada la diferencia de educación, clase y tiempo. Este joven sabe -mucho de libros viejos y hace su comercio de «novedades» en frecuente -relación con los anticuarios de París y Londres; publica libros raros -y curiosos, como los Bibliófilos Sevillanos, y en su oficio es una -especialidad. Me han contado la historia de Vindel: interesante y -extraña novela, que él debía hacer escribir e imprimir a un ejemplar -único. Sería el más _raro_ de sus libros. Los jóvenes le han conocido -en el Rastro de Madrid, con la cuerda al hombro, haciendo recados y -comprando y vendiendo pobres mercancías. Nadie se explica cuándo, cómo -ni dónde aprendió lo que sabe. Su fortuna se la debe a la buena suerte. -Le cayó una lotería de quince mil duros, y así comenzó a realizar -compras importantes. Ha ido a París y a Londres, en ocasiones en que se -han anunciado ventas de libros y subastas de bibliotecas particulares -y se ha dado vida de gran señor. Vindel se mueve en su negocio como si -operase en un gran país; tiene sus desencantos y sus apuros, pero es -obstinado y fuerte. Y es el que más entiende su oficio, el que tiene -más elementos bibliográficos y el más abierto. - -De los libreros de actualidades, el que más negocio hace es Fernando -Fe; a su casa acude en busca de libros la mayoría de las gentes que los -compran, y es acaso el que más comercio tiene con las provincias. Las -librerías de José Ruiz--_Guttemberg_--, San Martín, Manuel Hernández y -algunas otras, son, en mayor o menor escala, establecimientos análogos -al de Fe. Victoriano Suárez se dedica principalmente a los libros de -texto y envíos a América. Hay librerías que tienen especialmente obras -profesionales, unas de medicina, otras de jurisprudencia, como la de -Leopoldo Martínez, otras como la de Hernando, de primera enseñanza y -otros libros de propaganda católica. No sé que haya en la actualidad -ninguna librería protestante o que lleve francamente el nombre de tal. -Trabaja mucho en España la Sociedad Bíblica, pero no consigue que se -lean mucho sus volúmenes y folletos. Aquí cualquiera se permite ser un -mal católico, pero pocos renuncian a llamarse católicos. Se precisa la -independencia y el buen humor de José Zahonero para llegar a ser obispo -protestante. - -He hablado de los libreros antes que de los editores; con tener -aquéllos tan poca importancia, éstos la tienen menos. Debo advertir que -me refiero solamente a los editores de obras literarias; los de obras -científicas no abundan, y por lo que noto, se limitan a la explotación -de la enseñanza. Un Alcán, ni para muestra. - -En los buenos tiempos románticos florecieron en Madrid muy famosos -editores como Roig y Mellado. No enriquecerían a los poetas llenos -de apetito de entonces, pero por lo menos les quitaban el hambre. -En medio siglo ha perdido Madrid mucho de su ambiente literario. -Zorrilla, como poeta lírico, no sacaría hoy a su editor un puñado -de onzas para sus caprichos, como el año 1840. Apenas un puñado de -garbanzos, y gracias. Hay de aquellos tiempos volúmenes de poesías -de autores desconocidos, hechos en casas editoriales que, por lo -menos, pagaron la edición. Hoy quien no esté abonado por el nombre, no -encontrará sino el desdén de no importa cuál editor. De entonces acá -es cierto que se ha apagado el entusiasmo. Los periódicos publicaban -folletines de versos que la gente leía sin duda; la novela estaba un -tanto canija; pero, a pesar de su flacura y anemia, había editores -para ella. Es verdad que la prensa ayudaba mucho a los libros; los -periódicos, en general, cuidaban de su parte literaria, y aunque no -hubiese grandes críticos, porque la crítica nunca tuvo en España -muchos ni muy competentes devotos, teníanse en cuenta la bibliografía -y se hablaba y se discutía alrededor de una obra nueva. Hoy la Prensa -no se ocupa de un libro nuevo a conciencia. No hay críticos fijos en -las redacciones. El libro se anuncia, a lo más en una gacetilla--la -misma para todos los periódicos--que por lo general manda hecha el -editor interesado; y los artículos firmados por nombres de autoridad -obedecen a móviles amistosos o de camaradería, antes que a cualquier -preocupación artística, o literaria. Hasta hace algún tiempo, el envío -de dos ejemplares de un libro a una redacción hacía que se hablase -de la obra con más o menos laconismo; hoy ni las obras de los más -sonantes autores--Galdós, Pereda, Palacio Valdés, Pardo-Bazán, Valera, -etc.--encuentran eco en la Prensa. Galdós, con empresa especial para -sus libros y con el sentido comercial que le distingue, anuncia sus -nuevos _Episodios Nacionales_ en la cuarta plana de los diarios, junto -al aviso en que el novelista santanderino Pereda recomienda su fábrica -de jabón; Valera se da por satisfecho con las atenciones de su público -y las traducciones que le hacen en el extranjero, y Palacio Valdés, que -tiene un desdén profundo por la crítica de su país, ni siquiera envía -sus libros a las redacciones, escribe para ser vertido al inglés y -leído en Nueva York y en Londres. - -Hasta los libreros y editores van dejando la costumbre de enviar los -dos ejemplares de prensa, al ver la inutilidad del procedimiento. - -Las ediciones de los románticos--algunas muy bien hechas y muy -parecidas a las de los franceses--debieron ser numerosas. Demuestran -más que el valor de los poetas, el entusiasmo del público. Desde -Salas de Quiroga hasta Romero Larrañaga--ayer, hoy y mañana ilustres -desconocidos--un ejército de cabelludos desbocados exuberó en prosas y -versos que tuvieron la vida de una col. Sus ediciones--de las que se -suelen encontrar ejemplares muy hermosos en los puestos de librería de -viejo--no se cotizan, como en otros países, por motivos esencialmente -tipográficos y de curiosidad literaria. La primera edición de los -_Romances_ del duque de Rivas no vale más que dos pesetas, y he visto -vender en quince una primera edición de los trece primeros volúmenes -de _Poesías_ de Zorrilla. Del _Trovador_ de García Gutiérrez y -_Los Amantes de Teruel_ de Hartzenbusch, si aparecen las ediciones -primitivas, se confunden en los montones de comedias que se venden por -lotes, con las más recientes, y se cotizan a veces a menor precio que -las que acaban de aparecer, porque «son viejas». Las primeras obras -de Campoamor corren igual suerte. En la época romántica se fundaron -las «Galerías dramáticas», y creo que el editor Delgado fué el primero -que intentó el negocio. Hasta entonces, y sobre todo en los siglos -XVII y XVIII había habido impresores que coleccionaban preferentemente -comedias y las imprimían a dos columnas. Aun aparecieron impresas así -las de Moratín y las tragedias de Jovellanos y Quintana. Luego se -adoptó para comedia el 16º; así aparecieron las primeras de Bretón de -los Herreros, y al fin se agrandó la forma, estableciendo la primera -galería el tamaño corriente y el formato que hoy se usa para las obras -teatrales. Así como ahora lo que sobra en las galerías son títulos, -al principio faltaban, y para presentar un catálogo copioso de obras -nuevas y nombres nuevos, Delgado ofrecía buenas pesetas por todas las -obras que le llevaban los principiantes. Imprimía los originales sin -leerlos siquiera. Sólo así se concibe que hayan llegado a publicarse -muchas obras entre las cuales me ha llamado la atención, y no por sus -bellezas, una de Campoamor, que debió escribir el poeta cuando tenía -quince años. Se vivía en aquel mundo literario en una inocencia -arcádica. La Prensa aplaudía las fogosas redondillas y los ingenuos -sonetos. El bisoño Orfeo, recién llegado de provincia, encontraba un -colega cortesano que le presentase a un editor; las tentativas se -estimulaban; de una tertulia salía con frecuencia un nombre nuevo: -el público se dejaba seducir por aquellas fascinaciones. Un epigrama -daba la vuelta a la ciudad, y una poesía solía conquistar la buena -voluntad de un ministro. Renduel no existía, ni Lemerre tampoco; pero -algo semejante animaba en España a los excelentes hijos de Apolo. Es -de lamentar que un Valera no deje escrita la historia íntima de la -literatura española de este siglo. Sería muy interesante ver cómo se -producen y se agitan las corrientes por un momento dominadoras de todo -y que desaparecen en este país nervioso, impresionable y de mil faces. - -Don Wenceslao Ayguals de Izco quizá fué el primer editor literario de -empresa. Don Wenceslao acometía la novela, se lanzaba por la poesía, -autor fecundo y atrevido; dirigió un periódico, _la Risa_, en que -escribieron todos los famosos de la época, y supo fundar un negocio de -publicidad en grande escala; falsificó en castellano _Los Misterios -de París_ y el espíritu de Sué, con su _Hija de un jornalero_ y su -_Marquesa de Bella Flor_. - -Gaspar y Roig y Ángel Fernández de los Ríos hicieron bibliotecas -ilustradas del tamaño y forma de los _magazines_, y a ellos se debe -en gran parte el sostenimiento de la cultura literaria, pues hicieron -traducir y publicaron muchas obras francesas e inglesas con buenas -ilustraciones intercaladas en el texto y a precios hasta entonces -desusados. Asimismo alternaban con los extranjeros Espronceda y -el duque de Rivas, Carolina Coronado y Fernández y González. En -competencia con los _cuadernos_ cultos de la Biblioteca Universal -y de la Biblioteca Gaspar, aparecieron las entregas de novelas de -un género especial. Era el desborde de la fantasía endiablada de -Fernández y González, el torrente sentimental de Pérez Escrich, la -honesta narración «a la papá» que humedeció los pañuelos de varias -generaciones en España y América, y a cuyo recuerdo aun suspiran las -porteras agradecidas. Ambos novelistas ganaban muchas onzas de oro y -enriquecieron a sus editores. Pero la novela por entregas también pasó, -al vuelo del tiempo, y el honrado Escrich murió en la pobreza después -de cazar mucho y escribir otro tanto, pues su vida en la Corte se -deslizó como canta una quintilla suya: - - Escrich es un cazador - Que pasa días felices - Persiguiendo con ardor - En el campo a las perdices - Y en Madrid al editor. - -Como en Valencia durante muchos años la Biblioteca de Cabreziro hacía -buena obra publicando libros de mérito, más tarde en Barcelona La -Maravilla dió al público novelas e historia a precios reducidos, y -alcanzó popularidad. Por allí salieron a mezclarse con el pueblo -español Walter Scott y Dumas el viejo. No hay duda de que del año de -1840 al 1860 se publicaba y leía más en la Península que lo que ahora -se publica y se lee. Los editores de Barcelona que hoy trabajan mucho, -lo hacen de modo principal para la exportación y con escaso cuidado. -En Madrid apenas hay editores literarios. Las bibliotecas económicas -de vulgarización a dos reales aumentan y producen continuamente. La -primera fué la de Pi, la Biblioteca Universal, hecha por el patrón -de la francesa del mismo título, aunque a precio duplicado (la -Bibliothèque Universelle sólo cuesta veinticinco céntimos); siguióla en -Valencia la Biblioteca Selecta y en Barcelona la Biblioteca Diamante. -Antonio Zozaya intentó cuerdamente su Biblioteca Filosófica--también -a dos reales--y dió a conocer al gran público, cierto que como en un -botiquín, a los filósofos antiguos y modernos, desde Aristóteles hasta -Schopenhauer. - -No dejaré de recordar el impulso que dió a las obras ilustradas, -con sus libros bien presentados y económicos, el editor Cortezo, -barcelonés, en su Biblioteca de Artes y Letras, con encuadernaciones a -la inglesa, y sus buenos grabados; a tres pesetas volumen, dió mucho -bueno. La Biblioteca franco-española y el Cosmo editorial inundaron -el país de traducciones, por lo común mediocres y malas; una importó -al divino Montepín, a la otra se le debe agradecer la presentación de -Zola. Lázaro y Galdeano, director de la _España Moderna_, y de quien ya -os he hablado, hombre de buen gusto y de fino tacto, ha invertido una -fortuna en traducciones. Al comenzar en París la _Collection Artistique -Guillaume_, Sanz de Jubera quiso aquí imitarla. Error. El fracaso vino -luego. Editores de novela como Charpentier, o de poesía como Lemerre no -hay en España ninguno. El editor Cortezo intentó fundar en Barcelona -una biblioteca de novelas contemporáneas, pero tuvo que abandonar -la empresa. El problema es sencillo. Los editores quieren firmas -reputadas, nombres hechos, quieren la seguridad de la venta, la salida -del producto. Los jóvenes, y entre ellos muchos que acudirían a formar -esa biblioteca, no son recibidos, y, cuando publican uno que otro -trabajo, lo hacen por cuenta propia. Ello no es nuevo. Pérez Galdós, -Pardo-Bazán, Palacio Valdés, que antes de ser conocidos tuvieron que -publicar ellos sus obras, se han acostumbrado a eso, y ahora, ya -célebres, no se resignan a sufrir la tutela de Shylock de un editor. -¿Qué ventaja le reportaría al señor Pereda, por ejemplo, un editor que -le diera de sus obras menos de lo que ahora le paga Suárez, que se -las administra por un 35 por 100? Si cuando empezaban esos escritores -hubiese habido un editor de comprensión y talento que les acogiese y -ayudase, como Charpentier a Zola, a Daudet, a Goncourt, estarían todos -unidos ahora a la sombra de un buen árbol editorial, que a su vez se -habría nutrido de rica savia y sería amparo siempre de los nuevos. Aquí -el editor no quiere hacer obras, sino ser contratista de obras hechas. - -La guerra, el desastre, han traído ahora un movimiento que algo hace -esperar para mañana, o para pasado mañana. No hay que olvidar que los -ingleses llaman a esto _the land of «mañana»_. Se ha producido algo -más en estos tiempos que antes de la _Débâcle_, en novela, estudios -sociales, crítica, anuarios, etc. Han aparecido nombres nuevos, y los -mismos nombres viejos han aparecido como con un barniz nuevo. No hablo -de la producción catalana, que cuenta con el libro de arte en fondo y -forma; _L'Avenç_, por ejemplo, no tiene nada que envidiar a Empresas -como el _Mercure de France_, o la de Deman, de Bruselas. Tal es la -actual España editorial. - -Allí entre nosotros solemos quejarnos. Yo ya no me quejo. Aguardemos -nuestro otoño. ¡Oh! argentinos, creed y esperad en ese gran Buenos -Aires. - - [Ilustración] - - - - - NOVELAS Y NOVELISTAS - - [Ilustración] - - - 24 de julio. - -ACABA de publicar don Juan Valera una novela nueva, _Morsamor_. Hace ya -días que el libro ha aparecido, y la crítica «oficial»[2] no ha dicho -una sola palabra, si se exceptúa el saludo de Cávia al aristocrático -y veterano autor de _Pepita Jiménez_. Don Juan Valera se encuentra, a -pesar de su ceguera y de los ataques del tiempo, en una ancianidad que -se puede llamar florida. - - [2] La crítica «oficial» ha hablado por boca de don Leopoldo - Alas: «Valera no es como los pedantes Flaubert y France...» - -Hablando de un argentino, en cuyos largos años ha nevado ya mucho, pero -que se conserva maravillosamente, decía José Martí: «Es un lirio de -vejez». El aspecto de don Juan Valera dice la salud y la paz mental. -Hace algunos meses presidió, con sus ojos sin luz, una sesión pública -de la Real Academia; Menéndez Pelayo le leía el discurso, y parecía -que, con suave sonrisa y leves movimientos de cabeza, Valera se -aprobase a sí mismo, al correr los períodos cristianamente fluviales de -su prosa académica. Tiene muy feliz memoria, y su conversación es de -aquellas que encantan. Sus sábados han sido famosos entre las gentes -de letras. La muerte ha raleado algo el grupo de sus contertulios. En -siete años, encuentro de menos al duque de Almenara, a don Miguel de -los Santos Álvarez, a varios más que tuve la honra de conocer en la -casa de la Cuesta de Santo Domingo. - -El joven don Luis, hijo de don Juan, se ha casado con una hija del -duque de Rivas, nieta del autor del _Don Álvaro_ y de los _Romances_, -la cual solía asistir a las reuniones literarias de los Sábados. La -casa de Valera es la de un hidalgo noble de estirpe y de pensamiento. -Que los bríos del escritor se sostienen, lo dicen la constancia en la -labor y el mantenimiento de la bella virtud del entusiasmo. El nombre -de Valera es conocido en toda Europa; se le ha traducido mucho. Antes -que las heroínas de las novelas de Armando Palacio Valdés fuesen -luciendo su garbo español por el extranjero, ya la «señorita» Pepita -Jiménez «andaba en lenguas» por el mundo. Tiene conquistadas el ilustre -maestro generales simpatías y el respeto de todos. Si algo ha podido -hacerle daño, ha sido su extremada benevolencia en ciertos casos, -aunque se defiende casi siempre con una delicada ironía. Ha hecho mucho -por hacer conocer aquí las letras americanas. Sus célebres _Cartas_ son -de ello buena prueba. - -A pesar del cansancio natural que produce este estilo común a todos -los escritores peninsulares--hoy en vías de adquirir, por los nuevos, -flexibilidad y variedad--, la prosa de Valera se lee con el agrado que -se deriva de su inconfundible distinción. Su lengua trasparente deja -ver a cada paso la arena de oro del castizo fondo, y en su manera, de -una elegancia arcaica, de una gracia antigua, se observa siempre el -gesto ducal, el aire nobiliario. Como Buffón, él también posee sus -_manchettes_, con la diferencia de que no se las tiene que poner para -escribir, porque no se las ha quitado nunca. Se le ha observado su -apego por asuntos de cierto picor erótico; y ha habido quienes se hayan -escandalizado de sus llamadas libertades. En realidad no es el hecho -para tanto. - -No son las suyas sino figuras de pecado que pueden circular sin temor -entre el concurso de las «honestas damas» de nuestro tiempo, de las -cuales habría él sido, si le hubiese venido en deseo, el incomparable -cronista, el Brantome enguantado de piel de Suecia. Buena cantidad de -pimienta y demás aromas y picantes especias hay en el tesoro clásico -de novelas ejemplares y picarescas, para que no puedan aparecer hoy, -mostrando sus naturales gracias, mujeres españolas de cepa autóctona y -de indiscutibles atractivos, como Pepita Jiménez, Juanita _la Larga_, -Rafaela _la Generosa_. Don Juan es autor de formas y de fórmulas. - -No varían mucho de las de fray Luis de Granada. Esto es una curiosidad -y hasta cierto punto un mérito. Se cree aquí que los americanos -estamos imbuídos exclusivamente en la literatura francesa, sin -saber que nos hacen su visita provechosa todas las literaturas -extranjeras. Se entiende que hablo de Buenos Aires. Sin salir de -nuestro periodismo--guardando las distancias--no se sospecha que hay un -Ebelot, francés, un Ceppi, italiano, y en sus puestos consiguientes, -un Loweinstain, inglés, un Clímaco Dos Reis, portugués, que escriben -castellano en nuestros periódicos _sin que se les note el acento_. - -Y, consagrando el purismo, se habla con respecto al castellano de -América y en especial del de la República Argentina, con espanto -castizo, con horror académico, para venirnos, por opinión de su más -conspicuo crítico, con que don Juan Valera, a quien estimamos y -admiramos en su legítimo valer, es superior en algún punto a Flaubert o -a Anatole France. - -Esto no es una excepción. Ya os he dicho que un espíritu tan informado -y sutil como doña Emilia Pardo-Bazán no ha vacilado en hacer de -Víctor Hugo un émulo de Campoamor. Por lo general, aquí se compara lo -propio con lo extranjero, cuando no con aire de superioridad, con un -convencido gesto de igualdad. No se dan cuenta de su estado actual. - -No se dan cuenta de que quitando a Cajal y a algunos dos o tres más en -ciencias, y a Castelar en su rareza oratoria, no les conoce el mundo -más que por sus toreros y sus bailaoras. Pongo naturalmente a un lado -a los pintores. Y esto no es sino lo que oigo decir y reconocer por -hombres de pensamiento imparcial y sin preocupaciones, que desean para -su hermoso país una renovación, un cambio, una vuelta a la pasada -grandeza. Decía, pues, que uno de los incondicionales méritos del -eminente Valera estriba en su anticuada gracia estilística, en su -impecabilidad clásica, en ese purismo que hoy combaten humanistas como -Unamuno. Ciertamente, leído a pocos, saboreado a sorbos, ese estilo -agrada, pero después de varias páginas, el cansancio es seguro. Esto -llega hasta lo insoportable en el santanderino Pereda, el hombre -del «sabor de la tierruca» que para decir los restos de la comida -dice «los relieves del yantar». Le censura a Valera cierta crítica -quisquillosa, su tendencia a la rica mina amatoria, su hasta cierto -punto complacencia erótica. El amor le subyuga, es claro, como a todo -artista. Las gafas del censor en este caso deberían hacer leer bajo el -simulacro del Dios los conocidos versos del señor de Voltaire: - - _Qui que tu sois, voici ton maître; - Il l'est, le fut, ou le doit être._ - -Valera se deleita, es verdad, en asuntos de esta clase, pero lo -hace con tanta discreción y, sobre todo, con tanto talento, que sus -historias desnudas o semiveladas se escuchan como la relación perfumada -y sugestiva brotada del anecdotario de un abate galante. Más atrevida -es doña Emilia Pardo-Bazán, y sus novelas adquieren en sus pasajes -escabrosos doble sabor por venir de fuente femenina. - -Doña Emilia, mujer de vasta cultura, muy conocedora de literaturas -extranjeras y escritora fecunda, es también bastante famosa fuera -de España. Naturalista, desde los buenos tiempos del naturalismo, -ha permanecido en su terreno realizando el curioso maridaje de un -catolicismo ferviente y una briosa libertad mental. Ha escrito la -novela gallega y la novela de la corte, ambas con el conocimiento -directo del asunto a que su vida de alta dama de Madrid y terrateniente -de La Coruña le ha ofrecido campo. Sus últimas novelas han tenido menos -resonancia que las primeras, sin motivo especial, pues sus cualidades -de vigor y brillantez son las mismas. Cuenta con gran habilidad, y es -uno de los primeros cuentistas españoles actuales. - -Armando Palacio Valdés puede asegurarse que escribe para el extranjero, -para ser traducido. Su clientela está en Londres, en Nueva York, en -Boston, no en Madrid. Se me asegura que cuando publica un libro no -manda ejemplares a la Prensa madrileña, sino con raras excepciones. -No se señala ciertamente por calidades de estilo, y se conoce que no -tiene grandes preocupaciones de arte; pero narra con verdad y color y -sobre todo es un gran técnico, un constructor de primer orden. Por otra -parte, el autor de _El Origen del Pensamiento_ no está por descubrir -como un fuerte talento, como una de las más hermosas figuras de la -España intelectual. - -El famoso don Benito Pérez Galdós ha vuelto a cavar en la antigua mina -de _Episodios Nacionales_; convertido en el Charpentier de sí mismo, se -ha industrializado y fabrica de un modo prodigioso. Casi no hay mes sin -episodio, y el público observa que la ley de antaño era otra. A pura -novela se ha construído un elegante hotel en Santander y es hombre de -fortuna. - -Era tiempo de dedicarse a la labor _para sí mismo_, como me decía Jean -Paul Laurens de la pintura, a la obra de arte y de idea en que el alma -ponga toda su esencia, en la libertad del soñado y perseguido ideal. - -Don José María de Pereda, propietario de una fábrica de jabón, -descansa en sus conquistas. Regionalista rabioso, su mundo se concentra -en el Sardinero o en Polanco; su estética huele a viejo, su cuello se -mantiene apretado en la anticuada almidonada golilla. Es un espíritu -fósil, pero poco simpático a quien no tenga por ideal lo rancio y lo -limitado. Hay que leer esa _Sotileza_ que han traducido al francés, -hay que leerla en el idioma extranjero para ver lo que queda en el -esqueleto, despojada de sus afectaciones de dicción: un colosal y -revuelto inventario. - - * * * * * - -El valenciano Blasco Ibáñez es fuerte, enérgico, sencillo como un buen -árbol; lleva como la esencia de su tierra y en su rostro el reflejo -de un atávico rayo morisco. _La Barraca_ le ha colocado recientemente -entre los primeros novelistas españoles. Es joven, y los vientos de la -política le han envuelto. Como diputado a Cortes ha hecho bien sonoras -campañas, con mayor felicidad que el francés Barrès y el italiano -D'Annunzio. Cierto es que lo que menos hay en él es un esteta, en -el buen sentido de la palabra, porque aquí tiene uno muy malo. Sí, -Blasco Ibáñez es el hombre natural, de su país de flores y fierezas, -de cantos y bizarrías, y su alma sincera y sana va por la vida con -una libertad aquilina. Y tiene ese potente varón de lucha el pecho de -un sensitivo. Como a todos los pensadores contemporáneos, preocúpale -el áspero problema del hombre y de la tierra y está naturalmente con -los de abajo, con los oprimidos. En sus palabras del Parlamento como -en sus escritos, se manifiesta su continua ansia de combate. En _La -Barraca_ se exterioriza en las musculaturas del estilo uno de esos -espíritus de gladiador, o de robusto constructor, a la Zola. La onda -mental corre sin tropiezos con un ímpetu de fecundación que denuncia la -original riqueza. Libros como ese no se hacen por puro culto de arte, -sino que llevan consigo hondos anhelos humanos; son páginas bellas, -pero son también generosas acciones y empresas apostólicas. Pinta con -colores de vida escenas de su tierra que para el lector extranjero son -de un pintoresco interesantísimo. Es la «huerta», trozo paradisíaco, -rincón de amor y de vigor, saturado de energías primitivas, y en donde -la Naturaleza pone por igual en el hombre dulzuras y rudezas. En esa -tierra es en donde cantan las dulzainas sus sones de reminiscencias -africanas y las muchachas danzan llenas de sol. Alrededor de la barraca -surgen, en la obra de mi eminente amigo, tipos bañados de sombra y -luz, en aguas fuertes de una hermosa intensidad. Es el desgraciado -tío Barret, el asesino de don Salvador el terrateniente; es esa alma -salvaje de Pimentó, y su mujer, la Pepeta, que en la narración, en -medio de su revuelo de pájaro zahareño, se enternece de maternidad; es -la figura graciosa y buena de Roseta; y sobre todo, la vigorosa persona -de Batiste, fiero y alto ante el peligro, pero vencido al fin por una -funesta fatalidad; todo en una sucesión de cuadros, que encantan o se -imponen en su valor de verdad a punto de contagiar de angustia o de -sufrimiento; tal la muerte del hijo de Batiste, la de Pimentó, y el -incendio de la Barraca, en el cual, sin pecado, creo sentir un potente -aliento homérico. - -Blasco Ibáñez es de contextura maciza, cabelludo y de bravas barbas, -ojo fino que va a lo hondo, amable o terrible: su conversación es, sin -penachos meridionales, franca y vivaz; es un _bon garçon_ ese soldado -de tormentas. Por lo de Montjuich ha luchado con entusiasmo, en unión -de otros dos escritores, Dionisio Pérez, redactor de _Vida Nueva_, -novelista cuyo _Jesús_ ha tenido cierta resonancia tanto en España como -en América, también hombre de combate y de talento tesonero, y Rodrigo -Soriano, cuyo nombre _La Nación_ ha hecho conocer en Buenos Aires; -carácter de irresistible simpatía, autor de libros varios sobre asuntos -distintos, pues si hace cuentos encantadores, sus críticas artísticas -son de interés y amenidad notorios, como sus artículos de periodista; -y en todo una fácil manera, un estilo de escritor mundano, al tanto -de todo lo que pasa en el extranjero, cosa rara aquí; un diletantismo -discreto y un innegable tono personal. Su amistad con Emilio Zola es -sabida; y el ilustre maestro le ofreció asistir al _meeting_ proyectado -en San Sebastián, en favor de la revisión del proceso de Montjuich. -Otros novelistas buscan también vías nuevas. - -Un distinguido amigo escritor me manifiesta que la novela española -no existe hoy, como la francesa, la inglesa, la rusa. ¿Por qué? -«Porque las costumbres españolas comenzaron a perderse a fines del -siglo XVII, y la novela fundada en las costumbres no tiene carácter -nacional si aquéllas no son propias, nacionales. Habría que remontarse -a los clásicos para encontrar «costumbres», y, por consiguiente forma -especial del género novelesco. Acaso el triunfo de Alarcón, y, sobre -todo, el de Pereda, estriban sólo en esa cualidad: sus obras tienen -mucho de la tierra en que se formaron. Lo mismo podría decirse de -Fernán Caballero». No creo lo propio. En la literatura universal los -españoles tienen ese aislado tesoro que se llama la novela picaresca, -hoy ciertamente olvidado. Pero si es verdad que los novelistas de -España, del siglo XVIII a esta parte, han sido influídos por corrientes -exteriores, academicismo, romanticismo, _bon sens_, socialismo, -realismo, naturalismo, psicologismo, etc., a través de la imitación ha -permanecido visible el carácter nacional. Larra mismo fué tentado por -Walter Scott, y ¿quién más español que él, a pesar de su conocimiento -de literaturas extranjeras? Justamente ha escrito don Juan Valera a -quien estas líneas traza: - -«Todos tenemos un fondo de españolismo que nadie nos arranca ni a -veinticinco tirones. En el famoso abate Marchena, con haber residido -tanto tiempo en Francia, se ve el español: en Cienfuegos es postizo -el sentimentalismo empalagoso a lo Rousseau, y el español está por -bajo. Burgos y Reinoso son afrancesados y no franceses. La cultura de -Francia, buena y mala, no pasa nunca de la superficie. No es nada más -que un barniz transparente, detrás del cual se descubre la condición -española». Fernán Caballero realizó la novela andaluza, junto a los -admirables cuadros de Estébanez y Mesonero Romanos. Hoy mismo, las -novelas de Salvador Rueda y Reyes son puramente andaluzas. La novela -gallega nos la ha dado, aun vestida con modas extranjeras, la egregia -doña Emilia; la novela vasca tendría su sola representación con esa -admirable y fuerte _Paz en la Guerra_, de Miguel de Unamuno. Existe, -pues, no solamente la novela española, de Galdós, Palacio Valdés, -Valera o Alas, sino la novela regional. - -Hubo un tiempo en que reinó el folletín. Eugenio Sué tuvo su _doble_, -en Madrid, en don Wenceslao Aicuals de Izco. _Los Misterios de París_ -se multiplicaron en _María o la Hija de un Jornalero_ y en la _Marquesa -de Bella Flor_. El socialismo romántico de entonces encontró excelente -campo de este lado de los Pirineos. Luego vino la época de aquel buen -Pérez Escrich, que causó muchos llantos a nuestras madres y abuelas, -pues la inundación de entregas sentimentales no fué tan sólo en la -Península, sino que recorrió la América entera. Lo propio daba el _Cura -de la Aldea_, que el _Mártir del Gólgota_, o la _Mujer Adúltera_. Tras -él vino Antonio de Padua, caro a las modistas y señoritas ansiosas de -ensueños burgueses. Y otros de la misma harina que encontraron fácil -la explotación de esos antiliterarios filones. Puesto muy distinto es -el de don Manuel Fernández y González, una especie de Dumas el viejo, -fecundo y brillante de imaginación, productor incansable, tonel de -cuartillas, al que la pobreza soltaba la espita, intrigador colosal y -cuyo espíritu galopante no deja de encenderse de tanto en tanto con -bellas chispas de arte. - -El diluvio de entregas pasó. Algunos libros aparecieron de corta -extensión, como los de las bibliotecas francesas. Eran _El Escándalo_, -de Alarcón, y la _Pepita Jiménez_, de Valera. La literatura recobraba -su puesto, así fuese en aislados esfuerzos. Alarcón, escritor de hábil -inventiva, sutil y emotivo, causó gran impresión con su novela de -espíritu hondamente conservador, o _neo_, como aquí se dice, a la cual -novela habría de oponerse, en un combate de doctrina moral más que de -ideología, la _Doña Perfecta_, de Galdós. Valera asimismo se impuso -desde luego por la delicada elegancia de su manera, por la resurrección -de antiguos prestigios nacionales, por el abolengo impoluto de su -estilo. Valera tenía la gracia, Galdós conquistó con la fuerza. Pereda, -que publicara sus _Escenas montañesas_ desde 1894, no tuvo verdadera -resonancia sino muchos años después. _Pedro Sánchez_ y _El Sabor de -la Tierruca_ señalan el principio de su renombre. Después llegaron -la Pardo-Bazán, Leopoldo Alas, Armando Palacio Valdés. Se creaba ya -la novela de ideas. Al surgir victoriosos esos nombres, un grupo en -que bien podía haber un talento igual, mas no certera orientación, se -presentaba, en el deseo de hacer algo nuevo, de encauzar en España -la onda que venía de Francia. Era la época del naturalismo. Nadie -se atrevería a negar el valer mental de López Bago, de Zahonero, de -Alejandro Sawa; pero la importación era demasiado clara, el calco -subsistía. López Bago, en cuya buena intención quiero creer, tuvo un -pasajero éxito de escándalo y de curiosidad. Sus obras eran abominadas -por los pulcros tradicionalistas y por los mediocres que le envidiaban -su buen suceso. Se trataba de verbosos análisis, de pinturas de vicio, -escenas burdelescas, figuras al desnudo y frases sin hoja de parra. -Zahonero siguió un naturalismo menos osado. Sawa, muy enamorado de -París, y más artista, se apegó a los patrones parisienses, y produjo -dos o tres novelas, que aun se recuerdan. Alejandro Sawa es un escritor -de arte, insisto, y el naturalismo no fué propicio a los artistas: era -una literatura áptera. - -He de hablar de Silverio Lanza, un cuentista muy original, cuyo nombre -es escasamente conocido. Sin perder el sabor castizo que suele aparecer -con frecuencia en sus narraciones, este escritor tiene todo el aire -de un extranjero en su propio país. Es un humorista al propio tiempo -que un sembrador de ideas. Pero en su humor no encontraréis mucho el -chiste nacional, sino el _humor_ de otras literaturas. Su ideología -se agria de cierta aspereza al rozar problemas que se relacionan con -defectos y tachas de su misma patria. «Y si habla mal de España, es -español», dice Bartrina en uno de sus versos. Pero no es este el caso. -Es que se trata de un hombre de pensamiento que se subleva ante las -desventajas de su patria en comparación con otras naciones, a las -cuales desearía sobrepasase en el camino del progreso humano, ante los -vicios característicos que habría que combatir, y los inconvenientes -de educación que habría que subsanar. Silverio Lanza es un hombre de -guerra. Se ha repetido el caso de Stechetti y Olindo Guerrini. Olindo -Guerrini en esta vez se llama en España Juan Bautista Amorós. Entre sus -libros, sobresalen _Cuentecillos sin importancia_, _Ni en la vida ni -en la muerte_ y los _Cuentos políticos_. Recientemente Ruiz Contreras -ha tenido la acertada idea de llamarle a la _Revista Nueva_, en donde -sus cuentos ofrecen como antes,--extrañamente vertebrados, llenos de -oscuridad que seduce, enseñadores de atormentadas gimnasias de estilo, -al decir mucho en cortas oraciones, incoherentes con premeditación, -y teniendo siempre a su servicio la mitad del Genio,--compañera del -Ensueño, la Ironía. El director de esa revista me decía que a su sentir -era Lanza «acaso el más fuerte y el más arrojado. Silverio Lanza no -ha sufrido la menor decepción. Desde que publicó la primera obra, _El -Año triste_, no ha cambiado una sola vez de senda. Es un carácter, -un hombre, una inteligencia superior, y triunfará, logrando ser en -la literatura española un personaje aislado sin antecesores y acaso -también sin descendientes». Lo creo. La libertad por él proclamada -con el ejemplo, que ha hecho resaltar en esta literatura de estilo -uniforme--hablo en general--o uniformado, para decirlo mejor, su -inconfundible individualidad, dará aquí buenos frutos, cuando el -aire circule, cuando el aliento universal pase bajo estos cielos; el -individualismo traerá consigo--y ya empieza a iniciarse, después del -desastre--una floración flamante y saturada de perfumes nuevos. - -Al paso observo un pequeño huerto bien cultivado, lejos del parque -inglés de Palacio Valdés, de las granjas montañesas de Pereda y Galdós -y de la rica quinta gallega de doña Emilia. El huerto es de José M. -Matheu, cuyas excelentes cualidades de novelador son reales. Este es -un modesto; se ruboriza de la audacia. Suave y metódicamente ha creado -unos cuantos caracteres que ha alojado en sus libros, en donde si esas -buenas notas resaltan, falta en cambio la divina virtud de la ironía, -el culto del arte de la frase, las cambiantes estaciones del estilo. - -Ortega Munilla, creo que, demasiado entregado a la política, ha -permanecido sin producir un solo libro desde hace algún tiempo. De -cuando en cuando florece su ingenio en algún cuento, que recuerda -al vibrante narrador de otros días, el novelista de conciencia y el -prosista aquilatado. ¿Taboada? A Taboada también hay que contarle ya -entre los novelistas. El paso de la narración corta a la novela lo -ha hecho, como sus semejantes, Mark Twain y Alphonse Allais. Este -gracioso de España como el clownesco yankee y el incoherente francés, -ha obtenido un enorme éxito con su obra después del continuado éxito -periodístico de cuentos y crónicas desopilantes. Su mérito no puede -ponerse en duda. Es una originalidad. Es el cronista incomparable de la -vida cursi. Su _Viuda de Chaparro_ se ha casi agotado en pocos días. -Hace reir, con un si es no es de amargor, que, en verdad, merece su -latín. Aquel de Ovidio, si gustáis: - - _...medio de fonte leporum - Surgit amari aliquid..._ - -La novela de Unamuno, _Paz en la Guerra_, es de esas obras que hay que -penetrar despacio; no en vano el autor es un maestro de meditación, un -pensativo minero del silencio. Es la novela un panorama de costumbres -vascas, de vistas vascas, pero es de una concentrada humanidad que se -cristaliza en bellos diamantes de universal filosofía. El profesor de -Salamanca es al mismo tiempo el euskalduna familiar con la tierra y el -aire, con el cielo y el campo. Su pupila mental ve transparentemente -el espectáculo de la vida interior en luchas de caracteres y pasiones, -en el olear de la existencia ciudadana o campesina. Sus figuras las -extrae como de bloques de carne viva; y es un poderoso manejador de -intenciones, de hechos y de consecuencias. Y en su manera no hay -ímpetus, no hay relámpagos. - -Tranquila lleva la pluma, como quien ara. Para leerle, al principio -se siente cierta dificultad: pero eso pasa presto para dar lugar a un -placer de comprensión que nada iguala. Este es uno de los cerebros -de España, y una de las voluntades. Lo que su paisano de Loyola, -San Ignacio, enseñó con sus _Ejercicios_ a Maurice Barrès, él lo ha -aprendido en los ejercicios de su alma, en la contemplación de la vida, -en su tierra honorable y ruda con la rudeza de lo natural y de lo -primitivo incontaminado y sano. Antes he amado, por innata simpatía, a -esos hombres fuertes de Vasconia, que adoran su cielo y su tierra feraz -y su libertad, en la conservación de una vida de grandeza antigua, que -cantan tan sonoras canciones de meditación y amor y danzan tan bizarras -danzas; marineros, herreros, campesinos, nobles todos, veneran un árbol -y han tenido un bardo como Iparraguirre; pero jamás he comprendido el -alma vasca como cuando me he impregnado de las páginas de Unamuno. El -amor allí tiene el hervor de la prístina savia; los elementos conspiran -para la fraternidad con el hombre, la tierra besa a la carne, la savia -se une a la sangre; el abrazo, la cópula, debía ser como un sacramento, -o como ley sagrada. Son razas poseedoras de la serena energía, de la -fuerza donada por los viejos dioses, esa ilustre fuerza que saluda -Gladstone junto al árbol de Guernica, que pinta Puvis de Chavannes, y a -la cual invoca el canto cuando, en su Provenza, Mistral empuña ante el -concurso conmovido la simbólica copa. - - [Ilustración] - - - - - LOS INMORTALES - - [Ilustración] - - - 22 de septiembre de 1899. - -PRONTO aparecerá la nueva edición del Diccionario de la Real Academia -Española. La casa editorial de Hernando da la última mano al grande -y lujoso mamotreto. El señor Echegaray ha explicado ya en la Prensa -muchos de los nuevos términos científicos que la Corporación ha -decidido adoptar. Dentro de poco el _volt_ se llamará voltio y -el _culomb_ culombio. En cuanto a la palabra _trolley_, queda -sencillamente convertida en trole, como hace muchos días tuvo la -amabilidad de comunicármelo mi eminente amigo Eugenio Sellés. Ignoro si -el _presupuestar_ de Ricardo Palma tendrá cabida esta vez en el léxico. -Mas lo cierto es que hay novedades, y es posible que el chistoso -pedante de Valbuena prepare otra «fe de erratas». Veremos lo que se -limpia, lo que se fija y lo que se da de esplendor, para recordar -nuestro Horacio y su _jus et norma loquendi_. - -Estos inmortales cumplen con su deber conservador sobre todo; de las -tres partes del lema prefieren el fijar. Sus sesiones parecen de una -amenidad muy discutible. Ha pasado ya de moda el murmurar de sus hechos -y gestos. En Francia todavía las palmas verdes y el espadín provocan -una que otra ocurrencia. Aquí es poco decorativa la representación, -y un libro no se vende más porque el autor pueda poner debajo de su -nombre: _De la Real Academia Española_. La labor de los excelentísimos -e ilustrísimos, fuera de las papeletas del Diccionario, es poco activa: -la publicación de algunas obras, como las que dirige Menéndez Pelayo, y -la adjudicación de varios premios. - -La Real Academia se fundó en 1713, y trece años después apareció el -primer tomo del Diccionario; otros trece años pasaron para que pudiesen -publicarse los otros cinco de aquella primera edición. El rey ordenó -que se diesen a la Academia mil doblones al año. Aprobada por Felipe V, -logró especiales concesiones. Los académicos quedaban en cierto modo -y para ciertas ventajas iguales a la servidumbre de la Real Casa. En -1793 se les favoreció con la renta anual de 60.000 reales. Desde 1793 -tuvo su local, en la célebre casa de la calle Valverde, hasta que hace -poco tiempo se ha instalado en edificio especial que hizo construir con -propios fondos. - -Los inmortales de Francia son cuarenta; los de España sólo llegan a -treinta y seis, sin que yo sepa el motivo. Lo que no cabe duda es que -el sillón 41.º de Houssaye, que aquí corresponde al 37.º, existe en la -academia del marqués de Villena como en la academia de Richelieu... No -deja de haber aquí también su partido «de los duques». La política no -anda asimismo muy alejada de las influencias que privan en el reino -de la gramática. Ved un simple desfile de figuras. El director actual -es el conde de Cheste. Muy viejo, antiguo militar, muy querido en la -Corte; hace algún tiempo que no asiste a las sesiones académicas. El -conde de Cheste dejará una obra extensa principalmente de traducciones. -Hasta hace poco, obsequiaba a sus colegas con buenas comidas y -candorosos versos. Secretario perpetuo es hoy don Miguel Mir, desde -la muerte de Tamayo y Baus; censor, Núñez de Arce; bibliotecario, -Catalina; tesorero, el marqués de Valmar; vocal administrativo, Sellés, -e inspector de publicaciones Menéndez Pelayo. - -El marqués de Valmar es un verdadero aristócrata. Este viejo hidalgo, -muy erudito, en sus primeros años literarios escribió para el teatro. -Su obra más considerable es un estudio acerca de la poesía castellana -en el siglo XVIII. Se le debe la publicación de las _Cantigas del Rey -Sabio_. Su vejez se desliza entre libros y comodidades; es un caballero -que ha sabido proteger, cuando ha podido, a los jóvenes de verdadero -valer que le pedían su apoyo literario y social. Mucho le debe a este -respecto el señor Menéndez Pelayo. Demás decir que el marqués de -Valmar, noble y literato, ha pertenecido al cuerpo diplomático. - -Campoamor llevó su humor a la Academia. No sé que haya contribuído -mucho a la cocina del Diccionario; pero si encontráis en la nueva -edición algunas humoradas, creed que son suyas, a menos que no sean de -don Juan Valera. Es de pensarse que en el secreto del ministerio, en -lo más intrincado de la tarea filológica, sabrá poner una gota de su -espíritu ático este marqués del estilo que habría sido amigo de Barbey. -Más que los ratones de los estantes empolvados, le conocen las alegres -liebres que, según Hugo, _telegrafían_ al buen Dios en las mañanas -de primavera: _¡content!_ Por lo demás, Pepita Jiménez conversa muy -amigablemente con fray Luis de Granada. - -Don Enrique de Saavedra, duque de Rivas, emparentado con don Juan -Valera, es, sobre todo, el hijo de su padre. Su mayor título académico -es ser obra de don Ángel, hermano por lo tanto de _Don Álvaro o la -fuerza del sino_. La herencia espiritual no fué en este caso completa, -y don Enrique es a don Ángel lo que Francisco o Carlos Hugo al César de -los poetas franceses. - -Don Cayetano Fernández es un señor presbítero adobado de humanidades. -Su candidatura a la Academia salió de Palacio. Ha sido el áulico -profesor de las infantas viejas. Creo que ha escrito un volumen de -_Fábulas morales_. Moral: _Timeo hominem unius libri_. - -Don Gaspar Núñez de Arce ilustra con su poesía el árido senado. Es el -Sully-Prudhon de los españoles, o el José María de Heredia. - -Don Eduardo de Saavedra es ingeniero de caminos. Se le abrieron las -puertas de la Academia por su ciencia, como a Lesseps. Dicen que tiene -gran talento. Alcalá Galiano es otro hijo de su padre. Ha traducido a -Byron, en verso. Ignoro si el sacrificio fué antes o después de entrar -en la Academia. - -Don Mariano Catalina se distingue entre otras cosas por sus barbas -rojas, y por sus ideas, que son completamente opuestas al color de sus -barbas. Sus dramas valen mucho más de lo que se ha dicho de ellos. En -ese reaccionario hay un varón de fibra. Le silbaron, injustamente, -y se dedicó a otras cosas. Su manera es parecida y anterior a la de -Echegaray, menos descoyuntada y más española; sus versos aceptables, -es decir, malos. Es editor de la colección de escritores castellanos, -que publica, entre otros libros importantes, la _Historia de las Ideas -Estéticas_ y demás obras de Menéndez Pelayo. - -Don Marcelino entró muy joven en la Academia, como se recordará. -Hiciéronle triunfar por una parte su saber enciclopédico y vasto, -por otra su conocida filiación conservadora. No hay duda de que sus -conocimientos son asombrosos: don Marcelino sabe más que todos los -académicos juntos, y sus trabajos han sido y son los de un gran -crítico, los de un verdadero sabio. La edición monumental de Lope y la -_Antología_ lo demuestran. - -Pidal y Mon escribe correctamente. - -El señor Mir escribe con muchas intenciones académicas, y, como la -mayor parte de los escritores de su país, se toma muy escaso trabajo -para pensar. Siempre esa onda lisa del período tradicional cuya -superficie no arruga la menor sensación de arte, el menor impulso -psíquico personal. Ha publicado un libro en que se descubre sinceridad -e independencia, libro antijesuítico y de largo nombre: _Los Jesuítas -de puertas adentro y un Barrido hacia afuera de la Compañía de Jesús_. -Escribe la historia de Cristo y memorias o monografías académicas; en -lo académico suspiraréis por un poco de literatura o de sentimiento -artístico, y en lo religioso es en vano buscar el espíritu de los -antiguos místicos--única cosa que el académico español podía perseguir. - -Balaguer acaba de publicar uno de los innumerables volúmenes de que -constan sus obras. No parece que le preocupen gran cosa los asuntos de -instituto. Maestro en gay saber, vive mucho para las musas. - -Commelerán entró en la Academia en ocasión famosa. Se sabe que luchó -con Galdós y que la candidatura del novelista fué pospuesta. Se -escribió mucho con este motivo, y hubo enérgicas protestas. No veo -tanto la razón. El señor Commelerán sabe más latín y más lingüística -que el señor Galdós; es más útil en las tareas de la Academia. Además, -el novelista debía entrar tarde o temprano. No estaba en el mismo caso -de Zola... Commelerán es un incansable trabajador en sus estudios -oficiales. Tuvo en un tiempo aficiones literarias y, apasionado de -Calderón, hizo algo para el teatro, que no llevó a la escena. Publica -ahora un gran Diccionario latino y libros de texto que son bien -juzgados. - -Fabié es de una eminencia especial; para unos es un sabio; para otros, -lo contrario de un sabio. No es digno, a mi entender, de lo uno ni de -lo otro. En sus escritos se ve, además de la irremediable corrección, -mucha cultura clásica y legítima solidez. - -Ha preferido en sus disciplinas, a lecturas insustanciales y nuevas, -generalmente obras de segunda mano, el desempolvar pergaminos viejos en -los rincones de archivos y bibliotecas; de ahí que la crítica histórica -tenga en el señor Fabié uno de sus más serios representantes en España. - -Del señor Silvela diré que, hijo de un padre ilustre y hermano de -otra notable inteligencia española, vale muchísimo más que lo que -él se figura. Tiene atracción y un inmenso número de amigos que le -siguen. Con todo, su política es mejor que su literatura, literatura de -aficionado. Lo cual no quita que encontréis en sus discursos páginas -admirables. - -Colmeiro es un sabio. Nada más que un sabio. - -El señor Fernández y González es un arabista insigne, según aseguran -los que dicen que entienden el árabe. Se me ha hablado mucho de su -talento de crítico, y conozco estudios suyos nutridos de doctrina; pero -no he podido encontrar su libro _La Crítica en España_, del cual se -cuentan maravillas. - -El conde de Buenos Aires, don Santiago Alejandro de Liniers, hoy -alcalde de Madrid, tiene ante todo su alta posición social y -pecuniaria. Ha publicado un libro, _Líneas y Manchas_, y ha sido -periodista. Exprimiendo toda la producción de esta excelente medianía, -no se sacaría la cantidad de pensamiento y de arte que hay en una sola -página de su sobrino Ángel Estrada. - -De don Luis Pidal y sus obras confieso mi absoluta ignorancia. - -Manuel del Palacio, tan conocido en el Río de la Plata, es otro poeta -de la Academia. Vive ahora un tanto retirado, después de que el duque -de Almodóvar tuvo la peregrina ocurrencia de quitarle su empleo en -la Administración; por lo cual la indignación de su verso envió unas -cuantas abejas de su jardín a picar al caballero, como él dice «un -poquito duque y un poquito tuerto». Arquíloco es mal enemigo. - -La ciencia por un lado y el teatro por otro, apadrinaron a don José -Echegaray para entrar a ocupar su sillón. Castelar le hizo el dudoso -favor de compararle con Goethe al contestarle su discurso de recepción. -El señor Echegaray es un hombre eminente, «de lo mejorcito que aquí -tenemos», me dice don Leopoldo Alas; pero su enciclopedismo de nociones -en este tiempo de las especialidades le coloca en una situación que -fuera de su país sería poco grata para su orgullo. - -Sellés, conquistador del teatro, desde su sonoro _Nudo Gordiano_, -continúa escribiendo piezas en un acto, y aun se dice que abordará -el libreto de zarzuela, sin que se perturbe el _decorum_ de su noble -compañía. - -Al conde de Viñaza le he conocido en casa del secretario de la legación -argentina. Es uno de los académicos más jóvenes. Estudioso y erudito, -tiene entre otras obras suyas un libro muy interesante sobre Goya; y -prepara un estudio, que será de indudable valor, acerca de la historia -del grabado en Europa, y especialmente en España, para lo cual cuenta -con copiosos datos inéditos y planchas antiguas de colecciones hasta -hoy desconocidas. - -El señor Moret está en la Academia oficialmente. Hubo una ocasión que -para celebrar un acontecimiento resolvieron los académicos ofrecer un -sillón al ministro del ramo. Le tocó al señor Moret, que casualmente -ocupaba entonces el Ministerio. El señor Moret, por otra parte, es -orador agradabilísimo y su palabra debe animar y flexibilizar las secas -discusiones. - -Pérez Galdós, para el reglamento, vive en el paseo de Areneros, núm. -46; pero en realidad reside en Santander, en la villa que se ha -levantado a fuerza de novela. Ya he dicho que presentó su candidatura -la primera vez y fué vencido por el latinista Commelerán. En poco -tiempo se cumplió su voluntad. Pereda, el montañés, según la guía, vive -también en la Corte, en la calle de Lista, núm. 3; pero en realidad -vive en Santander, en Polanco, y como las novelas no se le pactolizan -como a Galdós, a pesar de que es rico, sigue fabricando jabón. El -señor Pereda debería no separarse de la Real Academia, no faltar a sus -sesiones. Es él quien escribe _los relieves del yantar_; por limpiar, -fijar y dar esplendor a _las sobras de la comida_. - -El señor Balard, académico electo, es el poeta meloso y falso que ya -conocéis, y crítico de una limitación asombrosa, que beneficia no -obstante en España la más injusta de las autoridades. - -Don Daniel de Cortázar es ingeniero de minas, hijo del autor de un muy -conocido tratado de matemáticas elementales. Su ciencia le ha ganado la -honra. Los académicos aquí, como en Francia, quieren tener de todo en -su casa. - -El último académico electo es el poeta Ferrari. Su candidatura ha -brotado de los salones influyentes que frecuenta y en donde sus -recitaciones son proverbiales... Conste que una vez yo le he visto -defenderse con bravura--y al fin sucumbir--en casa de doña Emilia -Pardo-Bazán. - -La Academia cuenta con innumerables miembros correspondientes, en -Europa y América española, y con dos miembros honorarios, ambos de -la América Central: uno de Honduras, otro del Salvador. Esto os -causará alguna sorpresa, pero he aquí la explicación. El presidente -de Honduras, Marco Aurelio Soto, hace mucho tiempo ordenó por decreto -gubernativo que en la República se usase, al menos en todos los -documentos y publicaciones oficiales, la ortografía de la Real Academia -Española. Supongo que acompañaría el decreto con alguna demostración -de afecto académico más práctica. El presidente del Salvador, Rafael -Zaldívar, hombre muy inteligente, viajó un día por España, con gran -séquito y con la pompa de un príncipe exótico. Tengo entendido que dió -a la Academia asimismo valiosas pruebas de amistad. Se le correspondió -con una sesión especial en su honor. Todas las personas de su comitiva -tuvieron nombramiento de miembro correspondiente. De aquí que los dos -únicos miembros honorarios sean esos expresidentes centroamericanos. - -La labor de la Real Academia, dígase bien claro, es en nuestro tiempo -inocua, como la de los inmortales franceses. Hacen el diccionario, -reparten premios más o menos Montyon y coronan obras mediocres y -correctas. - -Aquí se defiende el purismo, la virginidad de esta vieja lengua que ha -dado y dará tantas vueltas. Y esos defensores tienen eco en ciertas -naciones de América; pues como reza un decir magistral--cito de -memoria--«cuando el purismo desaparezca de Salamanca se encontrará -en algún cholo de Lima o en el morro de un negro mejicano». En ese -continente, en las aldeas más primitivas no falta el barrigudo -licenciado abarrotado o abarretado que persiga el _le_ y el _lo_, y el -caso y la concordancia, y entre tortilla de maíz y tortilla de mais no -haga su discursito en caribe en defensa de los fueros del idioma. - -No puedo menos que concluir citando las palabras de un ilustre profesor -de la más célebre de las Universidades españolas: «Hay que levantar voz -y bandera contra el purismo casticista, que apareciendo en el simple -empeño de conservar la castidad de la lengua castellana, es en realidad -solapado instrumento de todo género de estancamiento espiritual, y -lo que es aún peor, de reacción entera y verdadera. Eso del purismo -envuelve una lucha de ideas. Se tira a ahogar las de cierto rumbo, -haciendo que se las desfigure para vestirlas a la antigua castellana. -Se encierra en odres viejos el vino nuevo para que se agrie». Y luego: -«Hay que hacer el español internacional con el castellano, y si éste -ofreciese resistencia, sobre él, sin él, o contra él. El pueblo -español, cuyo núcleo de concentración y unidad dió al castellano, se -ha extendido por dilatados países, y no tendrá personalidad propia -mientras no posea un lenguaje en que sin abdicar en lo más mínimo de -su modo peculiar de ser, cada una de las actuales regiones y naciones -que lo hablan hallen perfecta y adecuada expresión a sus sentimientos e -ideas. Hacen muy bien los hispanoamericanos que reivindican los fueros -de sus hablas y sostienen sus neologismos, y hacen bien los que en la -Argentina hablan de lengua nacional. Mientras no internacionalicemos -el viejo castellano, haciéndolo español, no podemos vituperarles los -hispanoespañoles, y menos aún podrían hacerlo los hispanocastellanos, -y hacen muy bien en ir a educarse a París, porque de allí sacarán, por -poco que saquen, mucho más que de este erial, ya que lo que aquí mejor -puede dárseles, la materia prima de esa lengua, consigo la llevan y con -libros pueden perfeccionarla». - -El autor de esas líneas se llama Miguel de Unamuno. Aquí y entre -nosotros protestarán especialmente de ellas los que no se llaman ni son -nada, _pas même académiciens_. - - [Ilustración] - - - - - LOS POETAS - - [Ilustración] - - - Madrid, 24 de agosto de 1899. - -EL modesto Manzanares no es muy propicio a los cisnes. Antes lo eran el -Darro, que como se sabe tiene arenas de oro, y el Genil que las tiene -de plata. Los cisnes viejos de la madre patria callan hoy, esperando el -momento de cantar por última vez. Ya os he hablado de Campoamor, cuando -se pensó en su coronación, ceremonia de que no se ha vuelto a ocupar -nadie, a pesar de las buenas intenciones del Círculo de Bellas Artes, -cuyo presidente, el señor Romero Robledo, manifestara tanta excelente -voluntad. El anciano poeta sigue cada día más enfermo. Últimamente -no ha podido contestar a una _enquête_ iniciada por una revista de -París, _La Vogue_, sobre el asunto Dreyfus. Casi imposibilitado de -moverse, sufre en su retiro horas dolorosas, y visitarle es ir a pasar -momentos de pena. Sus últimos versos son una que otra dolora dolorida -que ha publicado la _España Moderna_, una que otra humorada en que se -depositan las últimas gotas que quedan del humor antiguo en el vaso de -ese espíritu que fuera tan bellamente lozano, tan frescamente juvenil. -Ahora es cuando hay que volver los ojos al viejo tesoro prodigado, -aquella poesía tan elegante en sus sutiles arquitecturas y tan -impregnada del amargor que el labio del artista siente al primer sorbo -de vida. - -Recordad aquellas perlas brillantes de ironía, de las doloras; y -aquellos pequeños poemas que conducen por una corriente de sonoras -transparencias verbales a la finalidad de una inevitable melancolía, -la melancolía que por ley fatal florece en los jardines de la humana -existencia. ¡Amable filósofo! Daba la lección de verdad adornada de la -gracia de su música, su música personal, inconfundible en toda la vasta -orquesta poética de las musas castellanas. - -Núñez de Arce, también silencioso. Dirige las oficinas del Banco -Hipotecario, y _Luzbel_, anunciado hace largos años, no se concluye. -Dicen que padece el poeta de enfermedad gástrica, y así debe ser por -el continuo gesto de displicencia que presenta su faz. No es ya el -tiempo de los _Gritos del Combate_ y de la _Visión de fray Martín_. -El vate de antes se encuentra ya transpuesto en época que desconoce -sus pasados versos, el alma de sus pasados versos, alojada hoy en una -casilla de retórica. No es esto desconocer el inmenso mérito de ese -noble cultivador del ritmo, que ha dominado a más de una generación con -su métrica de bronce. Hoy España no cuenta con poeta mejor. Más aún, no -existe reemplazante. Cuando deje de aparecer en el nacional Parnaso esa -dura figura de combatiente que ha magnificado con su severa armonía la -lengua castellana, no habrá quien pueda mover su armadura y sus armas. -Porque Núñez de Arce, dígase lo que venga en antojo a los que no es -simpático intelectual o personalmente, ha sido un admirable profesor -de energía. En verso, pero de energía. Ha mezclado más de una vez la -prosaica política en sus imprecaciones, y ha sido ministro de Ultramar -cuando había ministros de Ultramar. Ha sido con su manera sonante y -oratoria un parlador de multitudes, un dirigente del espíritu público -de su época. Y si de algo se resiente el conjunto de su obra, es de -haber sacrificado más de una paloma anacreóntica o cordero de égloga -a la diosa de pechos de hierro que no tiene corazón, a la Patria, en -su más triste ídolo: el ideal de un momento. Porque el mayor pecado -de este poeta es no haber empleado sus alas para subir en el viento -del universo, sino que se ha circunscrito a su terruño, al aire escaso -de su terruño aun en los poemas de tema humano en que debiera haber -prescindido de tales o cuales ideales de grupo. Krausistas y neos han -tenido en esta tierras liras en sus batallones. La obra de Núñez de -Arce aun persiste. Su puesto, como he dicho, se mantiene el primero. -Que su _Visión de fray Martín_ tenga por origen el abad Hieronimus de -Leconte de l'Isle, que _La Pesca_ tenga la fisonomía familiar de la -copiosa producción coppeista, eso no obsta a la marca individual de -este forjador de endecasílabos; endecasílabos de Toledo que vibran y -riegan su resonante son: _spargens sonus_. Mas eso no basta al deseo -de la juventud que observa la deslumbradora transfiguración del arte -moderno. No dice nada a las almas nuevas el conocido alternar del -endecasílabo en la estrofa núñezdearcina, que por otra parte, es -estrofa dantesca, del Dante de las poesías amatorias. Y Núñez de Arce -queda solo ante su ara, o ante su Banco Hipotecario, como el finalizado -Campoamor entre el recuerdo y la tumba. - -Manuel del Palacio, tan conocido en el Río de la Plata, vive también -flotante en las brumas de su Olimpo muerto. Bueno, triste, aun guarda -una chispa de entusiasmo que brilla en el fino azul de sus ojos -penetrantes. Esa tristeza suya me recuerda cierto pequeño poema de -Baudelaire, el de los viejos juglares. Pasó para del Palacio el buen -tiempo en que un soneto espiritual daba la vuelta a la Corte entre -preciosos comentarios, pasó el tiempo de la diplomacia lírica que ponía -en humor jovial a los bonaerenses, gracias a este excelente don Manuel, -entonces ministro en el Río de la Plata, y al nunca bien ponderado -colombiano señor Samper. Hoy está aún más amargado el ingenioso poeta, -porque ha quedado cesante de su empleo de secretario de la orden de -Isabel la Católica, por obra del duque de Almodóvar. El cual no ha -contado con que la indignación del verso debía venir. Y ha venido. No -hace muchas noches nos leía don Manuel a varios amigos las vengadoras -ocurrencias de su musa: - - Alegre por fuera - y triste por dentro, - con la carga encima - de muchos inviernos, - muchos desengaños - y muchos recuerdos, - voy ya por el mundo - a paso de espectro, - como va entre brumas - la nave hacia el puerto. - A mi espalda quedan - cada vez más lejos, - placeres y glorias, - quimeras y sueños; - y al fin del camino, - que cercano veo, - dos sombras me aguardan - olvido y silencio. - Centinelas mudos - del reposo eterno, - ¿pensáis que ya tardo? - Pues no estéis inquietos: - ni os odio, ni os amo, - ni os busco, ni os temo. - Cansado de luchas - del alma y el cuerpo - para toda empresa - inútil me siento. - De hacer beneficios - que era mi embeleso, - un ministro imbécil - me quitó los medios, - y nunca a los pobres - negando consuelo - al darles mis lágrimas - les doy cuanto tengo, - de lo cual resulta - que, de puro bueno, - la vida me paso - haciendo pucheros, - ¿y vale la pena - de vivir para esto? - Sirva usted a su patria, - defienda el derecho; - por él y por ella - sufra usté destierros, - prisiones, calumnias - y otros vilipendios, - y cuando juicioso - la edad le haya vuelto, - logre entre los sabios - pasar por discreto - y entre los tunantes - fama de no serlo, - mientras llega el día - en que un majadero, - _un poquito duque - y un poquito tuerto_ - por chiripa jefe - de elevado centro, - venga y diga: «¡Basta! - ¡Vaya usté a hacer versos!» - Y usté que en la lengua - nunca tuvo pelos, - le responda: «¡Sánchez, - Vaya usté a paseo!» - -Manuel del Palacio, a quien poéticamente el satírico señor Alas tasaba -en cincuenta céntimos, es decir, cincuenta céntimos de poeta, da -señales de perseverancia de cuando en cuando en las revistas de la -Corte, aunque no ya con la frecuencia de antaño. Cuando la guerra, -se puso él también en campaña contra el yanqui; sus «chispas» no -produjeron desde luego ningún incendio. El señor don Sinesio Delgado, -Casimiro Prieto y Manuel del Palacio fueron los tres patriotas del -consonante. - -Manuel Reina ha logrado recientemente un triunfo con su _Jardín de -los Poetas_. Lírico de penacho, en color un Fortuny. Ha llamado la -atención desde ha largo tiempo, por su apartamiento del universal -encasillado académico hasta hace poco reinante en estas regiones. Su -adjetivación variada, su bizarría de rimador, su imaginativa de hábiles -decoraciones, su pompa extraña entre los uniformes tradicionales, le -dieron un puesto a parte, alto puesto merecido. Le llaman discípulo -e imitador del señor Núñez de Arce. No veo la filiación, como no sea -en la manera de blandir el verso. Núñez de Arce es más severo, lleva -armadura.--Reina va de jubón y gorguera de encajes, lleno de su bien -amada pedrería. No hay versos suyos sin su inevitable gema. En el -_Jardín de los Poetas_ se ven sus preferencias mentales, un tanto -en choque, por la variedad de las figuras. Su jardín es trabajo de -virtuoso. Cada poeta le da su reflejo, y él aprovecha la sugestión -felizmente. - -¿Grilo? Es una situación literaria especialísima la de Grilo. Es el -poeta laureado de España, aunque España no tenga oficialmente poeta -laureado. Su barril de malvasís, o pongamos de Jerez, debe tenerlo por -obra y gracia de la infanta doña Isabel, y demás gentes de palacio. -Grilo ocupa un lugar especialísimo, semejante al de ese pobre míster -Austin en Inglaterra. Los intelectuales, y aun la mayoría, sonríen -ante la parada de esa áulica musa de ocasión que dice sus rimas con -acompañamiento de piano. Grilo es el poeta de la reina Isabel, de la -reina regente, del rey, y de las innumerables marquesas y duquesas -que gustan de leer el día de su santo un cumplimiento en renglones -musicales. ¡Aun hay melenas! La poesía suya es de esa azucarada y -húmeda propicia a las señoras sentimentales y devotas. Según se me -informa, la protección práctica de sus altas favorecedoras es eficaz, y -ese ruiseñor no puede quejarse de los cañamones del mecenato. - -Don José Echegaray, a quien Castelar hizo el peregrino obsequio de -compararle con Goethe, no ha vuelto a _taquiner_ la musa. Es sabido que -de todo entiende, y gratifica periódicamente a sus compatriotas con la -información de una ciencia de colegiales. El ingeniero poeta goza de -una enorme popularidad, y cada vez que yo manifiesto mi asombro por la -ocurrencia castelarina, no falta quien se asombre de mi asombro. Su -musa concluyó en los empujes de sus dramas elásticos, en las tiradas -de la Guerrero. Ferrari es también un poeta de salón, y he tenido la -honra de compartir con él una noche el curioso éxito de una recitación -para _ladies and gentlemen_. No puede negarse su mérito, bajo el árbol -frondoso de don Gaspar. Don Juan Valera ha hecho versos correctísimos; -hoy ya no los hace. Menéndez Pelayo asimismo ha frecuentado el Helicón. -Este erudito humanista, cuando se le presenta una niña con su álbum, -sale del paso con escribir unas estrofas de su antigua composición: - - Puso Dios en mis cántabras montañas... - -Salvador Rueda, que inició su vida artística tan bellamente, padece -hoy inexplicable decaimiento. No es que no trabaje; pues ahora mismo -acabo de ver el manuscrito de un drama de gitanos--otro modo de ver -que el de Richepin--que piensa someter a los cómicos en la temporada -próxima; pero los ardores de libertad ecléctica que antes proclamaba un -libro tan interesante como _El Ritmo_, parecen ahora apagados. Cierto -es que su obra no ha sido justamente apreciada, y que, fuera de las -inquinas de los retardatarios, ha tenido que padecer las mordeduras de -muchos de sus colegas jóvenes; dándose el caso de que se cumpliese en -él la palabra del celeste y natural Francis Jammes: «Los que más te -hayan nutrido con las migajas de tu mesa, los que te atacarán serán -aquellos que más te hayan imitado y aun plagiado». Los últimos poemas -de Rueda no han correspondido a las esperanzas de los que veían en él -un elemento de renovación en la seca poesía castellana contemporánea. -Volvió a la manera que antes abominara: quiso tal vez ser más accesible -al público y por ello se despeñó en un lamentable campoamorismo de -forma y en un indigente alegorismo de fondo. Yo, que soy su amigo y que -le he criado poeta, tengo el derecho de hacer esta exposición de mi -pensar. - -Dicenta ha encontrado su filón en las tablas, y no hace otra cosa que -obras para el teatro, como su compañero Paso. Se nombra mucho a Ricardo -Gil. He buscado sus obras, las he leído; no tengo que daros ninguna -noticia nueva. Es la poesía que conocéis, con un copioso número de -aedas, entre los cuales, estos nombres más resaltantes: Catarineu, -Ansorena, Morera, Galicia, Melchor de Palau. El espíritu regional -cuenta con buenos representantes. Hay ahora un poeta de Murcia que -ha conquistado Madrid, Vicente Medina. Se le ha elevado a alturas -insospechables, se le ha declarado vencedor. Es verdad que trae con su -emoción, con su sencilla facultad de ritmo, su gracia dialectal y su -fondo de sensitivo, una nota desconocida hasta hoy; es un hallazgo. -Pero lo monocorde de su manera llega a fatigar, con la repetición de -la queja, una queja continua, picada de diminutivos que por su copia -llegan a causar otra impresión que la buscada por el poeta. De todas -maneras Vicente Medina es un excelente poeta campesino. - -El señor Vaamonde ha intentado algunos cambios de ritmo, algunas -flexibilizaciones de verso, y ha conseguido interesar. Después de la -guerra, publicó un libro de inspiración patriótica. Los catalanes -tienen buenos poetas, desde su padre Verdaguer, el de la _Atlántida_, -hasta los modernos Maragall, Pajes de Puig, y Maten. Son infinitos -los rimadores y _mestres en gay saber_. Los andaluces forman también -su grupo, con Díaz Escobar, especialista en _cantares_, Arturo Reyes, -de la familia de Rueda, como el joven Villaespesa, bello talento -en vísperas de un dichoso otoño, y otros escanciadores de sol y -manzanilla. Los vascos no sé que tengan un poeta representativo; debe -haber varios, que escriban en su idioma y no quieran confundirse con el -Parnaso de la Maquetania. Pero con Unamuno basta para tener aún en la -lírica representación digna en la Corte. - -Los jocosos son legión. Los diarios y revistas publican una cantidad -increíble de chistes rimados, y periódicos como el _Liberal_ tienen -un redactor especial que trata asuntos de actualidad, en verso. Pues -aquí Felipe Pérez y González, como antes Antonio Palomero o José María -Granés, tiene por tarea dar diariamente cierta cantidad de estrofas a -los lectores, sobre sucesos del momento. Y la gente paga, y pues lo -paga, es justo. - - [Ilustración] - - - - - UN «MEETING» POLÍTICO - - [Ilustración] - - - 4 de octubre de 1899. - -HE asistido hace pocas noches a un _meeting_ republicano. Sabía que la -concurrencia sería numerosa, y procuré llegar a tiempo, para no perder -en ese acto ninguno de los hechos y gestos del «pueblo soberano». -Nuestro compañero Ladevese, uno de los organizadores, me había -conseguido un puesto de prensa. Allí me senté, cerca de un francés -y un ruso. Era enorme aquel hervor humano. Todo el circo de Colón -lleno, y por las entradas, la aglomerada muchedumbre hacía imposible -que penetrase la gente que todavía quedaba en las calles cercanas. -No gusto mucho del contacto popular. La muchedumbre me es poco grata -con su rudeza y con su higiene.--Me agrada tan solamente de lejos, -como un mar; o mejor, en las comparsas teatrales, florecida de trajes -pintorescos, así sea coronada del frigio pimiento morrón. Esta gente -republicana, debo declarar que estaba con compostura, a la espera de -los discursos, y cuando la campanilla presidencial se hizo oir, el -silencio fué profundo. - -El presidente, hombre de años, y sin duda de respetabilidad, inicia -su alocución de apertura, con cierta gravedad, y luego, a _la bonne -franquette_, como habla con cierta dificultad, se explica: «Estos -dientes no son los míos, y por eso...» El buen pueblo está contento. -Se encarga a un pésimo lector las cartas recibidas de personajes -extranjeros. El pobre hombre mutila a Goblet y le convierte en -_mumsiú René_, y no hay medio de que oiga al soplón que al lado le -corrige; _Clemansó, Clemansó_; él sigue impertérrito: _Cle-men-ceau, -Cle-men-ceau_. El público protesta, no por el descuartizamiento de -los apellidos franceses, portugueses e italianos, sino porque no se -oye nada, y un varón de buena voluntad salta a la tribuna y se ofrece -para leer. Al fin acaban las cartas, que Ladevese oye descuartizar con -impaciencia visible--pues gracias a sus buenas relaciones han venido--, -y él va a pronunciar un discurso. - -Se sabe que el conocido corresponsal de _La Nación_ y ex secretario de -Ruiz Zorrilla es español, por consiguiente, demás está decir que es -orador. Desde sus primeras palabras fué acogido con los más nutridos -aplausos. Dijo a los partidarios de la república que es el momento de -que el pueblo vuelva a ser lo que fué hace treinta y un años. Ahora -que la Patria está más abatida después de las recientes catástrofes, -es hora de levantarse. «Yo estoy seguro de que este pueblo volverá -a ser grande, fuerte y libre. Algunos al verte por la desdicha y el -dolor postrado, se figuran que estás de rodillas... ¡No, no estás de -rodillas! Levántate y cubrirás con tu sombra a los que hoy aparecen más -altos». En este punto nuestro amigo recibe una sonora y larga ovación. -«Pero si estas reuniones han de ser útiles a la idea que las inspiran, -es preciso que salga de ellas algo práctico, y nada más práctico que -señalar las causas de nuestra impotencia, para remediarlas. Una de -las principales causas del estado en que nos vemos es el funesto y -antidemocrático sistema de las jefaturas personales»; Ruiz Zorrilla, a -quien por cierto se le acusaba de querer ejercer una jefatura personal, -quejábase amargamente de ese sistema funestísimo en una democracia, y -muchas veces, allá en la emigración, nos decía: - -«Si me duele la cabeza, le duele la cabeza a todo el partido; si me -duele el brazo, a todo el partido le duele el brazo». «Con motivo de -este _meeting_ hemos tocado otra de las lamentables consecuencias de -jefaturas personales. Hay republicanos que para venir a tomar parte en -este fraternal abrazo, han ido a pedir permiso a un jefe... y luego no -han venido. El republicano que para abrazar a sus hermanos necesita el -permiso de un jefe, ¡valiente republicano estará...» Se oyó primero -una voz de las filas laterales, luego cien voces, luego gritos de -todos lados, dicterios, protestas, insultos. Unos contra otros; era -una tormenta de interjecciones, de amenazas. Y nuestro buen Ladevese -se paseaba al ruido de aquella tempestad, esperando el silencio. Que -al fin se hizo. Reconquistó su público el orador y prosiguió: «A las -jefaturas personales deben reemplazar las direcciones democráticas. -Verdad es que ya se ha hecho algo en ese sentido. Pero al hacerlo se -ha incurrido siempre en el error de excluir sistemáticamente de esas -direcciones a todos los elementos revolucionarios. Por eso no existe la -estrecha armonía que debiera haber entre directores y dirigidos.--Nadie -ignora que mientras el pueblo quiere la lucha, hay hombres que quieren -la república sin esfuerzo y sin peligro. Sin duda esperan que va -a caer llovida de las nubes... y ya ven lo que cae de las nubes: -¡contribuciones, jesuítas y epidemias!» Aquí, mientras el pueblo -aplaude rabiosamente, yo no puedo dejar de observar una guapísima -muchacha, elegantemente vestida, que en uno de los palcos da muestras -del más vivo entusiasmo. La republicana ostenta el par de ojos más -librepensadores que os podáis imaginar, y, decididamente, manifiesta el -propósito de romper sus guantes. - -El orador hace ver la conveniencia de la unión. La república, una vez -constituída, velará por la suerte de los que trabajan.--Concluye con -estas palabras: - -«En todo estamos conformes los republicanos. Y como lo estamos además -en que nuestra fraternidad, que hoy vamos a sellar aquí, sea la -fraternidad de la lucha, podemos darnos ese abrazo. - -»La organización de la república la decidirá la soberanía nacional, -representada en Cortes constituyentes cuyo fallo todos acataremos. Y -como la república que queremos no ha de ser sólo para los republicanos, -sino que ha de ser, como el sol, para todos los españoles, yo tengo la -esperanza de que este abrazo ha de extenderse a todos los patriotas de -buena voluntad, que aunque no militan en nuestro campo, desean para -España mejores días. También a ellos les abro mis brazos y a aquellos -que hace treinta y un años estuvieron con nosotros, les digo: ¡Ya ha -llegado la hora de pasar el puente! A pasarlo y estaremos en seguida -unidos todos los españoles. Y no olvidéis que el río no se pasa sólo -por el puente sino también por el vado. Si para pasar el río queréis -nuestra mano, la mano del pueblo es fuerte; ¡nosotros os la daremos! -¡Arriba y adelante! Sólo viven los que luchan y sólo de los que luchan -es la victoria. ¡Si el que ayer hizo treinta y un años pasó el puente -a la cabeza del ejército, el que hoy lo pase lo pasará al frente de -un pueblo!» Ladevese es rodeado y aclamado. Luego sube a la tribuna -un joven zaragozano, que se descubre como un copiosísimo orador. Y -luego varios más. Se habló con libertad completa. El representante de -la autoridad parece a veces querer protestar, cuando son ya demasiado -violentos los golpes a la monarquía. Bien puede ser la tolerancia -convencimiento de que no se trata más que de palabras, palabras y -palabras... De pronto un hombre del campo solicita hablar. Él también -quiere decir su discurso, y, a vuelta de varias observaciones del -presidente, «Evaristo Jiménez habla en nombre del pueblo de Colmenar -de Oreja». Y habla bien. Untado de periódicos, aborrecedor de los -curas, probable suscriptor de _El Motín_, sus palabras brotan con -una facilidad de fuente. Su retórica pasa de pronto a un color -poco diplomático y de indudable irreverencia para con el congreso -católico de Burgos. «Allí nos han arrojado el guante; nosotros debemos -recogerlo y darles con él por los hocicos...» El pueblo aplaude al -temerario paleto. El presidente le llama al orden; mi muchacha de los -ojos soberbios continúa en su entusiasmo. El «orador» se retira, no -sin protestar. Al pasar por mi lado le oigo decir: «¡Qué van a ser -republicanos éstos!» La gente vocifera y la tempestad vuelve a estallar -en el circo. Por fin se logra la tranquilidad, y el _meeting_ sigue: se -aprueban las conclusiones formuladas por la Comisión iniciadora y se -nombra una Comisión ejecutiva encargada de realizar los acuerdos. - -Persona informada me da los datos siguientes: El local en que solían -celebrarse las grandes reuniones políticas de los partidos era el circo -del Príncipe Alfonso, que estaba situado en el paseo de Recoletos, -frente al Palacio de la Biblioteca y Museos. Aquel circo, al que -se le llamaba Circo de Rivas por el nombre de su propietario, fué -demolido hace algunos meses. Allí se celebró una reunión memorable en -los últimos meses de 1868, en la cual se fundó el Partido Republicano -español. Acababa el Gobierno revolucionario de Serrano y de Prim de -lanzar al país un manifiesto en favor de las instituciones monárquicas -(redactado por Núñez de Arce, a quien el Gobierno encargó de aquel -trabajo) y entonces los republicanos contestaron a aquel manifiesto -convocando al Circo de Rivas a todos sus correligionarios de Madrid. -Presidió la reunión el decano de la democracia española don José -María Orense, y hablaron en ella Castelar, Pi y Margall, Figueroa, -Salmerón y otros grandes oradores. Acordóse lanzar al país un -manifiesto declarando que quedaba fundado desde aquel día el Partido -Republicano. Todos los arriba citados--menos Salmerón--y una multitud -de republicanos no tan conocidos, firmaron aquel manifiesto, que fué el -principio de la propaganda republicana en España. A la reunión, donde -el entusiasmo fué numeroso, acudieron 4.000 personas. Todas las que -allí cabían. Desde entonces hubo en dicho circo numerosas reuniones -políticas. Una de las últimas que se celebraron, pocos años antes de -la demolición, fué cuando los republicanos de Madrid emplazaron a los -diputados y a los concejales del partido para que diesen al pueblo -explicaciones acerca de la conducta que seguían en el Congreso y en el -Ayuntamiento, calificada de apática y tibia. Aquella reunión fué un -continuo tumulto; el público insultó y maltrató despiadadamente a los -diputados y a los concejales, y hasta volaron algunas sillas lanzadas -contra los oradores. Estos abandonaron el local, y se suspendió la -reunión entre silbidos. El 11 de febrero de 1897, habiéndose hecho la -unión entre las fracciones que acaudillaban Salmerón, Muro, Ezquerdo, y -los disidentes del partido de Pi y Margall,--Menéndez Pallarés y Vallés -y Ribot--convocaron, todos estos reunidos, a un _meeting_ en el Circo -de Colón, local mucho más espacioso que el Circo de Rivas. Tratábase -de hacer una gran ostentación de fuerzas populares republicanas con -motivo del aniversario de la proclamación de la República del 1873, y -como todas las parcialidades republicanas--menos la federal pactista -de Pi--estaban unidas, esperábase que el Circo de Colón, en cuya -sala caben 6.000 personas, se llenase. La concurrencia de público -fué muy grande, pero el Circo de Colón no se llenó. Asistirían unos -5.000 republicanos. Nunca hasta entonces se había visto a tantos -republicanos juntos en el local cerrado. La reunión fué en extremo -tumultuosa. El público silbó terriblemente a Salmerón y a Ezquerdo. Los -discursos fueron sin cesar interrumpidos por las protestas y los gritos -hostiles del auditorio. Salmerón se encaró con el público y empezó a -insultarle; la lucha entre el público y Salmerón se prolongó más de -media hora, y, después de aquella reunión agitadísima, no habían vuelto -los republicanos de Madrid a celebrar ninguna reunión pública. Los -prohombres republicanos, a pesar de las circunstancias por que España -ha pasado desde entonces, esquivaban presentarse ante el pueblo. Al -_meeting_ de «fraternidad republicana» del 29 de septiembre último, -celebrado en el Circo de Colón, han acudido 8.000 personas. Como ya he -dicho, el circo estaba completamente lleno, comprendida la pista, y en -la calle se quedaron cerca de 3.000 personas que no consiguieron entrar -en el local. - -De modo que ésta ha sido la reunión republicana más numerosa que ha -habido en Madrid. - - [Ilustración] - - - - - UN PASEO CON NÚÑEZ DE ARCE - - [Ilustración] - - - 13 de octubre. - -COMIENZA en la Carrera de San Jerónimo el ir y venir de las gentes a -la hora del paseo de la tarde. La Carrera de San Jerónimo es la calle -de Florida de Madrid. Mucha vitrina elegante, mucho carruaje que va y -viene; y por la noche mucha luz y alegría de ciudad moderna. - -En la librería de Fe, poco antes del crepúsculo, encontré hace algunos -días al poeta Núñez de Arce con su amigo Vicente Colorado, también -poeta. Hacía algún tiempo que no veía al maestro, y le hallé, aunque -quejoso de su salud, bastante mejor que como le viera la reciente vez. -Tras hablar unas cuantas cosas del obligado asunto América, se le -ocurrió: «¿Si diéramos un paseo?» Acepté con gusto, y salimos los tres -hacia el Prado. - -Despacio, pues don Gaspar no puede fatigarse. El tiempo estaba fresco, -el aire era grato; el cielo lucía afable; pero el poeta desde que -comenzó a conversar con nosotros, parecía verlo todo gris. Como yo le -preguntase si tenía algún trabajo en obra, si escribía algo. - ---No, nada, me contestó, fuera de las cartas que escribo a un diario de -Buenos Aires. - -Y con un aire de vago desencanto: - ---Ah, amigo Darío, mi tiempo ha pasado. Soy ya viejo, y las musas, como -hermosas hembras que son, no gustan de los viejos. El campo es ahora -de quien se llama... - ---Maestro--le interrumpí--, eso quien menos lo puede decir es usted. El -amor y el gozo de la vida tienen a Anacreonte y Hugo... - ---Lo que de Hugo vale verdaderamente fué escrito en su juventud. - -No quise contradecirle. - -Pero el hábil Colorado, cuyo ingenio es mucho, apoyado en su antiguo -cariño y en su amistad íntima, le increpó con amable irrespeto. «Es que -usted se está poniendo insoportable de pesimismo». Y le manifestó que -era cosa de los años, que en la juventud todo lo vemos lleno de una -luz de rosa. (Lo cual no es cierto en nuestro tiempo; decía yo en mi -interior.) - -Núñez de Arce prosiguió entonces en un largo parlar todo ornado de -bellas frases de decepción. No creo ni en la misma vida. ¿Acaso sabemos -algo de lo que hay tras el impenetrable velo de la eterna Isis? ¡La -Ciencia! Pues la Ciencia no ha conquistado sino un pequeñísimo reino, -el reino de lo experimental. La _débâcle_ a que se ha hecho tanto ruido -no hace mucho tiempo, no puede ser más cierta. ¿El arte? Campo para -las ilusiones; total, nada, puesto que las ilusiones no son más que -humo vago que deshace el menor viento de la vida. El fracaso impera en -todo. La sociedad, después de tantos siglos, no ha logrado aún resolver -el problema de su misma organización. Véanse las rojas flores que -brotan en tal terreno: se llaman socialismo, anarquismo, nihilismo. -¡La nacionalidad española! un sueño. Al primer cañonazo que se oiga en -la Península, ya verán cómo se deshace la nacionalidad española. Yo -volví a tocar el tema del arte y de la literatura. «Ah, el arte, la -literatura: todo está en plena decadencia. Francia es el más patente -ejemplo. Los ideales se levantan, se ven como bellos mirajes y luego -no se logran nunca. Es el inmenso camino cuyo fin no se encuentra -ni se encontrará jamás, a pesar del vuelo continuo de las humanas -aspiraciones». Y así seguía, con su voz pectoral, un tanto apagada, -y en sus ojos vivaces había una chispa fugitiva y en sus labios se -marcaba una sonrisa que podía decir resignación y convencimiento. - -Entretanto yo me decía--siempre para mí sobre todo--: Gaspar Núñez de -Arce, - - ...DON _of course - A true Hidalgo, free from every stain - Of Moor or Hebrew blood, he traced his source - Through the most Gothic gentleman of Spain_... - -Don Gaspar Núñez de Arce, sin duda alguna el primer poeta de la España -de hoy, parecería por sus negros mirares y sus desconsoladores decires, -un espirite extranjero, un alma septentrional, rara bajo su cielo de -alegría, si no se supiese que en el fondo del alma española crece -siempre una oscura rosa. Puede tener un rocío de creencia o no tenerlo. -Este fuerte poeta es un Carlos V sin fe que se encierra en su Escorial -interior y celebra los funerales de su propia poesía, de sus propios -ensueños, de su propia gloria. Y no es nuevo en él este modo de pensar -y de ver los cuatro puntos cardinales de la existencia. Allá, ya lejos -en el siglo, se oyen aún sus _Gritos del combate_, y ya había resonado -en sus oídos el fracaso producido por la risa de Voltaire, a quien -en nombre de sus sueños agonizantes o muertos maldecía en el último -endecasílabo de un soneto célebre; decía a los poetas que colgaran, en -un desconsuelo bíblico, sus harpas, de los llorosos sauces. Gracias -a que la férrea contextura de su estro daba animación para la lucha, -no se caía en el anonadamiento voluntario. Por esos tiempos, o poco -después, miraba con cruel desdén al pobre Becquer, que vivía de pan -de amor y vino de sueño. Sonreía el caballero vestido de su pesada -armadura, de los que él llamaba «suspirillos germánicos»: le disgustaba -el poco de azul que fué a traer en su ramillete de _vergissmeinnichts_ -de Alemania, para suavizar el escarlata de sus claveles, el artista -triste de las _Rimas_, que después de todo, era esta cosa formidable: -un corazón. - -En el Prado reían los niños: la tarde desfallecía risueña; en el -poniente se fundía una montaña de oro de sol. Don Gaspar proseguía en -sus doctrinas. La muerte es lo único que nos interesa verdaderamente, -pues da la clave del enigma, Isis aparece entonces sin velo. El -hombre no mata nada: todo _se muere_. El hombre cree inventar algo: -todo está ya inventado; todo ha sido. De pronto, en un yacimiento de -tiempo, descúbrese alguna cosa; eso es todo. Pero nada de lo que se -cree nuevo es nuevo. La palabra de la Escritura dice una inconmovible -verdad cuando dice: _Nihil novi sub sole_. El hombre vive en la lucha -perpetua con la vida y consigo mismo porque, pasada la divina estación -de la juventud, quiere ver, quiere saber, quiere conseguir la posesión -de un fantasma, descubrir lo imposible, y la realidad le hiere y le -desconsuela. El hombre sólo es feliz en el instante de su primavera. - -Miré en los ojos a don Gaspar, y canté en mi memoria el recuerdo: - - ¡Oh recuerdos, encantos y alegrías - De los pasados días! - ¡Oh gratos sueños de color de rosa! - ¡Oh dorada ilusión de alas abiertas - Que a la vida despiertas - En nuestra breve primavera hermosa! - ---Yo, ya estoy viejo, repito, y creo ver en lo que dije la verdad; o -lo que me parece la verdad, porque, ciertamente, ella no ha mostrado -su faz nunca; su desnudez no ha sido profanada por nadie. Crea usted, -me dijo, que la juventud es lo único que vale la pena, y esto por su -jardín de ilusiones; esto es, _por lo que existe_. - -Yo volví a clamar dentro de mi: «¡Oh poeta, oh querido amigo y -maestro! no haces obra de bien predicando el desencanto, tú que sabes -la perenne renovación de las cosas, el placer del vivir, con todo y -la persecución del dolor; no debes, porque hayas pasado ya mucho más -del medio del camino de la vida, quedarte en tu primera etapa, y no -mostrar a la juventud sedienta de ideal nada más que el infierno; tú -bien debes saber que en la tercera está situada la gloria incomparable -del Paraíso, así haya que pasar para penetrar en sus dominios bajo -el arco de la Ilusión. La misión del poeta es cultivar la esperanza, -ascender a la verdad por el ensueño y defender la nobleza y frescura -de la pasajera existencia terrenal, así sea amparándose en el palacio -de la divina mentira. Te ha tocado un difícil momento en la historia -de tu patria; momento de vacilaciones y de derrumbes, de dudas y de -miserias; pero tú no colgaste el harpa del «lloroso sauce». Antes bien, -elevaste por tu sonora y acerada poesía las almas, reavivaste el amor -a lo bello; de la duda hiciste hermosas esculturas de palabras en que -vió la joven generación cómo se esculpía el castellano en potentes -estrofas; con el _Idilio_ tomaste a la inagotable viña de amor, cuyo -jugo dará sangre a la poesía y al arte por los siglos de los siglos. -No, no intentes destruir una sola ilusión. En verdad te digo que -retoñará en mil partes. La obligación de la vejez sabia, es decir a los -que vienen coronados de flores, en su estación de encantos, en palabras -de luz, lo que dice la Boca de Sombra. Hay un caballero cantado en tus -poemas, que podía servirte de admirable ejemplo. Es aquel maravilloso -Raimundo, amoroso de amor, padre de enigmas, profesor de ilusiones, -capitán de ensueños, aquel Raimundo que encontró oculto el símbolo -del dolor eterno entre los pechos de la mujer amada e imposible. Pues -bien, Raimundo Lulio no se fué por el camino de la desesperanza, sino -que, como entró en el templo, montado en su caballo, ascendió a las -estrellas, cabalgante en su pegaso, en seguimiento siempre del ideal. -Aquel inmenso poeta, aquel príncipe del símbolo, aquel sabio, te señala -una buena pauta que seguir. No pasa el tiempo para los poetas que -tienen el alma firme y libre; para los que no reconocen fronteras, -preocupaciones, limitaciones: las musas son como dices, muchachas -fragantes y frescas, pero no tienen inconveniente en ir a dormir con -Booz, o acostarse en el lecho del viejo David.» - -Y no sé en qué libro antiguo he leído que Abisag, después de sus -nupcias con el anciano rey del harpa, quedó en cinta y dió a luz una -estrella. - - [Ilustración] - - - - - TENORIO Y HAMLET - - [Ilustración] - - - 10 de noviembre 1899. - -CADA comienzo de noviembre, al empezar a asarse las castañas y a -inflarse los buñuelos, es sabido que Don Juan Tenorio hace su visita a -Madrid. Este año ha estado también el taciturno príncipe de Dinamarca. -Hamlet, encarnado en Sarah, la prodigiosa comedianta que ha logrado -cristalizar la más inconmovible juventud. Don Juan se ha visto en casi -todos los teatros y han sido largo asunto de discusión las innovaciones -de un cómico que ha querido presentar un Tenorio como cortado por molde -de comedia francesa a la moderna, un Tenorio a quien se ha amputado el -apéndice que Cyrano llevara hasta delante del Eterno Padre, y Don Juan -también, un apéndice que constituye en esos caballeros parte vital y -precisa: ¡el _penacho_! - -Pues el actor de la Comedia, Thuiller, ha creído oportuna la -variación, y dió un Don Juan despenachado. Dijo a la sordina la décima -zorrillesca; quiso imponer lo natural en punto en que la naturalidad -huelga; el hombre que convida a comer a los difuntos ha hablado como -un tipo de Dumas hijo o de Lavedan; Doña Inés del alma mía ha tenido -que corresponder en igual tono a las declaraciones de su caballero; -esto ha sido un _flirt_ en vez de la tradicional tempestuosa pasión -manifestada; la famosa cavatina ha sido una _causerie_; el público se -ha mostrado sorprendido, le han cambiado a su Don Juan; la crítica -censuró al actor, pero los empresarios demostraron que los críticos -aplaudieron en la temporada pasada lo que hoy han señalado como -defectuoso. Lo cierto es que el señor Thuiller ha errado. El Tenorio -tipo de leyenda no cabe en la pauta de conservatorio reformista -que ha querido imponerle. Don Juan, el idealizado por los poetas y -cuyo contacto según Musset engrandece, no tiene nada que ver con el -personaje histórico de quien Sevilla posee un retrato--el señor de -Mañara--por otra parte, muy feo, y al cual seguramente el actor no -querría copiar. El nuestro, el de todo el mundo, es un antiguo amigo, -_our ancient friend Don Juan_, que dice el sublime y donjuanesco -lord. Para darle vida, no es preciso que el actor se desgañite y -gesticule como un loco, cual lo hemos visto en los infinitos Tenorios -que nos ha dado la declamación española, pues desgraciadamente no hay -cómico de la legua que no quiera entenderse con su correspondiente -convidado de piedra. Mas algunos grandes actores ha habido que en -España han penetrado en el carácter de Don Juan, sin menoscabarle ni -hipertrofiarle. Calvo fué uno bueno, para no citar anteriores, y Vico, -y aun otro actor de poco renombre pero de reconocido talento, Pedro -Delgado, que este año ha hecho el Tenorio en... en el pueblo de Écija. - -No se puede hablar de _Don Juan_ sin recordar al pobre Zorrilla, que -decía con justa amargura, poco antes de morir: «mi _Don Juan_ produce -un puñado de miles de duros anuales a sus editores, y mantengo con él -en la primera quincena de noviembre, a todas las compañías de verso -de España». Él ha contado de admirable manera el génesis de su drama, -que por cierto no fué recibido por el público con el triunfo que más -tarde consiguiera. Fué en el año de 1844, en febrero. El actor Latorre -necesitaba una obra flamante para su _rentrée_ en la villa y corte. -Zorrilla era quien debía entregar la obra. Había él refundido en ese -tiempo _Las Travesuras de Pantoja_; y registrando las comedias de -Moreto, tuvo la idea de la pieza; y con el _Burlador_ y la refundición -de Solís, manifestó a Latorre que se comprometía a entregarle un _Don -Juan_ en el término de veinte días. - -No conocía Zorrilla, según propia confesión, ni _Le Festin de Pierre_, -de Molière, ni el libreto de Da Ponte, ni lo que había ya hecho en -Europa con más o menos igual argumento. «Sin darme, dice, cuenta del -arrojo a que me iba a lanzar, ni de la empresa que iba a acometer; -sin conocimiento alguno del mundo ni del corazón humano; sin estudios -sociales ni literarios para tratar tan vasto como peregrino argumento; -fiado sólo en mi intuición de poeta y en mi facultad de versificar, -empecé mi _Don Juan_, en una noche de insomnio, por la escena de los -ovillejos del segundo acto, entre Don Juan y la criada de Doña Inés -de Pantoja». Los ovillejos los compuso a oscuras, y sin escribirlos; -a pura memoria los retuvo. Del plan de la obra apenas si tenía hilos -tendidos. Su plan era «conservar la mujer burlada de Moreto y hacer -novicia a la hija del comendador, a quien mi Don Juan debía sacar del -convento, para que hubiese escalamiento, profanación, sacrilegio y -todas las demás puntadas de semejante zurcido». Comenzó a escribir, -pues, sin saber por donde iba. La musa le supo guiar. Puso a Don -Juan en su piel; y Ciutti, es el nombre de un criado italiano que -había tenido Zorrilla, en el café del Turco de Sevilla; el hostelero -Butarelli, uno que vivía en la calle del Carmen el año 1342, y de quien -fué huésped el poeta. De Ciutti, el de carne y hueso, ved el retrato -que traza en cuatro rasgos: «Ciutti era un pillete muy listo, que -todo se lo encontraba hecho, a quien nunca se encontraba en su sitio, -al primer llamamiento, y a quien otro camarero iba inmediatamente a -buscar fuera del café, a una de dos casas de la vecindad, en las cuales -se vendía vino más o menos adulterado, y en otra, carne más o menos -fresca. Ciutti, a quien hizo célebre mi drama, logró fortuna, según me -han dicho, y se volvió a Italia». - -He hablado alguna vez de los postreros años de Zorrilla, cuando, en -una existencia de enfermedad y pobreza, llevaba en su vejez todavía un -rayo de sus antiguos fuegos; y veía ganar dinero, mucho dinero, con -sus viejas obras, a editores a quienes en otro tiempo las vendiera en -lamentables condiciones. Entonces fué cuando Castelar sostuvo en las -Cortes la necesidad de pensionar al lírico, y la pensión fué negada a -quien era propietario del cielo azul, «en donde no hay nada que comer». - - * * * * * - -Hemos visto en Madrid el discutido Hamlet de París. Sarah-Hamlet. -Discusión hubo sobre si Hamlet fué rechoncho o delgado, alto o bajo; -en lo que no puede haber es sobre lo bello de la soberana creación que -realiza la gran francesa. Como lo ha acostumbrado Sarah, la compañía -que ha traído ha sido mediocre; de modo que toda la atención se ha -concentrado en la «princesa del gesto y reina de la actitud». Sorprende -desde luego el poder de la trágica al cambiar casi por completo su -conocida voz de oro, por una voz de hierro, o mejor, de acero. En la -masculinización de su papel el prodigio se impone. Desde que aparece el -príncipe _au pourpoint noir_, el hechizo está realizado. Apenas si uno -tiene tiempo de protestar por los cortes y aun descuartizamientos que -se han perpetrado en la obra, como el suprimir, entre otras cosas, la -escena de Hamlet ante el rey que ora, o el diálogo de los sepultureros. -Pero en las partes básicas de la tragedia, el encanto aportado por -Sarah vale por una de las más inmensas sensaciones de arte que puedan -experimentarse. - -Hay, entre muchas, una escena en el primer acto en que el dominio es -absoluto, y en la frase final el auditorio siente un gran sacudimiento: - - _But break, my heart; for I must hold my tongue_, - -que Sarah hace vibrar en su francés: «_Mais éclate, mon cœur, car il -faut rester bouche close!_» - -La interpretación de Sarah es de esas acciones artísticas que pueden -apasionar hasta la violencia. Me explico la estocada de Vanor a Mendés. - -Aquí Sarah se ha impuesto, a pesar de que no es muy común el dominio -de la lengua francesa en el público. Cierto es que el público de Sarah -Bernhardt ha sido de lo más aristocrático de que se compone el «todo -Madrid». - -Quienes han admirado a sir Irving, quienes conocen el «juego» de -Monet-Sully, quienes recuerdan a los potentes trágicos italianos -de este siglo, hasta Novelli, con su _Hamlet_ gesticulador, están -de acuerdo en que no ha habido palacio de carne humana en que se -hospede como en propio habitáculo el espíritu del soñador pensativo -de Elseneur, como la carne nerviosa y eléctrica de Sarah Bernhardt; -ella es el príncipe delicado, pero fuerte de nervios, que le hacen ser -buen esgrimista; lejos de la fuerza musculosa, pues él mismo exclama -en una escena, hablando de su tío incestuoso: «_But no more than my -father,--Than I to Hercules..._» - - [Ilustración] - - - - - UNA EMBAJADA - - [Ilustración] - - -LA embajada extraordinaria alemana presidida por el príncipe Albrecht -ha sido en estos días nota de actualidad. Él es un buen gigante teutón, -digno representante de su tierra militar y férrea. Le ha traído el -Águila Negra al adolescente rey Don Alfonso XIII, que en la ceremonia -palatina ha dicho un muy bonito discurso en francés. No ha habido -revistas militares, por disposición de gran cordura. Pero los príncipes -extranjeros han visto mucho de la España grande e indestructible: -han visto la sala de Velázquez en el Prado, han tenido otras varias -impresiones que les han podido dar a entender que por más que la obra -de los malos gobiernos traiga ruina y desastre a la patria española, -queda un rico fondo de fecundidad y de vida de donde brote una España -dueña de su porvenir. - -Han podido admirar también la otra noche, en el Teatro Real, la -soberbia mina de hermosura que se encierra en este pueblo lleno de -bizarrías y hechizos. La aristocracia mostraba joyas de juventud y de -belleza de que pocos países pueden enorgullecerse. - -Ya es el tipo de grandes ojos negros y cabelleras de una riqueza -incomparable que pesan sobre los cuellos armoniosos como la carga -capilar que agobia a una _d'annunziana_ virgen de las rocas; ya el -tipo semiarábigo, que denuncia la andaluza procedencia; o la mujer -maciza del Norte que en su opulencia guarda el orgullo gentilicio de -una raza generosa. Y mientras la Darclée hacía su Manón bravamente, yo -veía al coloso alemán recorrer con sus gemelos el jardín de los palcos. -Allí tenía la fragante flora humana del país solar que ha vivido en un -ambiente de heroísmo caballeresco bajo un cielo de poesía; allí las -descendientes de los más preclaros nombres de la nobleza española, -mantenedoras de la gracia que pintaron tantos pinceles ilustres y que -cantaron tantos luminosos poetas. - -Y algo de don Alonso Quijano _el Bueno_ decía a mi alma: «Deja que la -bala _dum-dum_ se ensaye en el boer, y que el fin del siglo XIX sea de -sangre y matanzas razonadas o sin razón. Alguien ha dicho que Krupp -es Hegel y que Chamberlain es Darwin. No hay que desesperar. Estos -descorazonamientos científicos pueden ser sucedidos por razonables y -necesarios vínculos líricos. Nunca es malo Don Quijote. Y Guillermo II -hace versos y pinta cuadros y escribe óperas e himnos. España no debe -pensar ahora en guerras y cosas que le han enseñado lo vario de la -suerte y lo frágil de la grandeza. Y cuando el César germánico envía un -águila negra, se le debería corresponder con una paloma blanca.» - - [Ilustración] - - - - - UNA NOVELA DE GALDÓS - - [Ilustración] - - - 26 de octubre de 1899. - -OTRO nuevo «episodio nacional» estalla en los escaparates de librería, -con sus colores amarillo y rojo en la cubierta, formando bandera -española. Y bajo el título, y el 7.000 que se refiere a los ejemplares, -la esfinge sentada sobre el globo nos anuncia que aparece un libro más -en que se tiene por divisa Arte, Naturaleza y Verdad. Ya os he dicho -del ordenado fabricar del maestro novelador. No censuro--sino todo lo -contrario--el método y la exactitud en el término de la producción. Eso -indica que la voluntad priva sobre el talento, lo cual es razón que -honra al carácter humano. Lo que lamento es que se transparente, hasta -casi llegar al público, un plan industrial con mengua de propósitos -mentales. Quién encuentra una familia como la Rougon Macquart, quién -la Historia de España. El Sr. Galdós pudo comenzar en los tiempos de -Vamba y concluir en los de Sagasta. Habríase llenado una biblioteca -y desbordado el capital de la casa editora. Pero el potente autor de -_Gloria_, de _León Roch_, de la primera serie de los _Episodios_, no -tiene el derecho de descender en calidad por ascender en cantidad. -Yo respeto y saludo ese admirable y sereno talento que ha producido -innegables obras maestras; pero ese mismo respeto es el que me -hace contristarme ante una fecundidad inquietante, porque la obra -precipitada de ahora no resiste comparación con la madura de antaño. -Claro está que un libro de Pérez Galdós no podrá nunca ocultar el -lustre original; no será un libro malo jamás, ni un libro mediocre, -que es peor. Pero se advierte que falta la gestación indispensable -en partos de esta índole--gestación casi siempre elefantina--. Sale -el libro flojamente vertebrado, un si es no es anémico, con marcada -tendencia al raquitismo; aunque se observan--como en los ojos del -niño--reflejos y chispazos del alma paternal. Son libros faltos de -tiempo. _La Estafeta romántica_ está escrita de julio a agosto de -este año, en que van publicándose ya cuatro episodios. Cabalmente -acabo de salir de la inmensa floresta de _Fécondité_, y al dejarla he -visto el tiempo que Zola ha empleado en ella. Cerca de un año. Es el -lapso más corto para realizar una labor de conciencia, sin llegar a -la religiosidad flaubertiana. Zola, con todo y su simétrica tarea de -gran obrero, sabe que tiene que elevarse a sus Cuatro Evangelios con -la mayor energía y el aliento de su idea, y que no es sino con ímpetu -aquilino y ansias de grandeza moral como podrá escudriñar a su manera -las que llama San Agustín «montañas del Señor», para bien de su patria -la Francia. Bien podría el señor Galdós dar a España un libro cada -año, en el cual libro pusiese la esencia saludable de su pensamiento -y ayudase a la obra social y al resurgimiento de la nación española. -De estos volúmenes se ocupa escasamente y mal la crítica de casa; y -la extranjera, por respeto al nombre del autor, suele hacer una que -otra _compte rendu_, aunque sea como la de M. Vicent, del _Mercure de -France_, que ha hojeado seguramente el libro, y ha sacado en claro, -traducida una novedad del título de _La campaña del maestrazgo_. Su -precario español le haga confundir campaña con campana, y traduce: _La -cloche du Maestrazgo_. - -Es el caso de decir que ha oído campanas y no sabe dónde. - -No veo que en la Prensa de Madrid se le haya hecho la menor -observación al ilustre novelista, respecto a ese producir absolutamente -mecánico. No hay duda que causa el silencio, la consideración a -sus altos méritos y a su celebridad. Él propio debía notar que si -antes el aparecimiento de un libro suyo era lo que llama el clisé un -acontecimiento literario, hoy apenas conmueve la atención y suscita uno -o dos artículos de complacencia y las rituales gacetillas. Es natural -que nunca su producción será colocada entre la copia innumerable y -repetida de los multíparos conejos de las letras. - -Veamos la _Estafeta romántica_. - - * * * * * - -En estos libros, donde dice _Benito Pérez Galdós_, no se pone el -aditamento: _De la Real Academia Española_. Debía hacerse, pues pocos -escritores contemporáneos contribuyen más a sostener dignamente la -amojamada castidad del idioma. - -Con ser heterodoxa la médula, lo exterior va siempre en una lengua -conservadora y depurada y cuya espontaneidad non infiere el menor -agravio a su legítimo y castizo abolengo. Esta novela de que trato -está compuesta de una serie de cartas, y de ahí que sea _Estafeta_. -Romántica es por la época en que el argumento se desarrolla. Y el ser -la novela en cartas, quizás, no sea ajeno al título, pues el género en -dicha época tuvo su boga. Consta la obra de cuarenta cartas en que se -desarrolla una intriga amorosa, se trata de la política del tiempo y de -literatura. El autor no ha descuidado la documentación; se ve que se ha -tomado el trabajo de informarse en las mejores fuentes; y pone ante el -lector, viviente y palpitante, esa curiosa vida de comienzos de siglo. - -Algo de lo más interesante es el episodio de la muerte de Larra, -narrada y comentada en el curso de estas epístolas. - -Figura en la estafeta una carta simulada de don Miguel de los Santos -Álvarez, el amigo íntimo de Espronceda y de _Fígaro_. No hay duda -de que el señor Galdós trató a Álvarez y de sus labios obtuvo muy -interesantes informes. Yo tuve oportunidad de conocer a dicho personaje -en casa de don Juan Valera, y no dejé pasar la ocasión de despertar -en más de un punto sus recuerdos, especialmente en lo referente a la -amistad estrecha que le unía con el poeta del _Diablo Mundo_. Álvarez, -ya muy viejo y bastante sordo, no había perdido sus facultades de -delicioso parlante. - -El general Mansilla ha publicado en sus interesantes _causeries_ algo -sobre la vida de aquel original ingenio en Buenos Aires. Es sabido que, -creo que en tiempo de Rozas, fué al Río de la Plata, enviado por el -Gobierno español. Él se complacía en rememorar aquella época de su vida -y guardaba muy buenas impresiones de sus noches y días americanos. Digo -noches, porque don Miguel de los Santos fué incorregible noctámbulo -durante toda su larga existencia. A los setenta y tantos inviernos, y -hasta muy poco antes de su muerte, era de los últimos en abandonar a la -madrugada el tresillo del Casino. «Vea usted, me decía, dicen que el -trasnochar es malo. Tengo de hacerlo tantos años y me va perfectamente.» - -La carta fingida de Álvarez al tipo principal de la novela, Fernando -Calpena, está escrita de manera que bien podía considerarse como no -apócrifa. Es alabar demasiado la inteligencia del Pilar creerla capaz -de una imitación palpablemente difícil. Y Galdós, en esta carta, como -en muchas de las del libro, demuestra que posee una flexibilidad de -pensamiento que no siempre es un don de los fuertes. Todavía no se ha -escrito la vida íntima de la época en que pasan estos sucesos de la -Estafeta, y no se conocen detalladamente, pongo por caso, las causas -que condujeron a Larra a suicidarse. El romanticismo tuvo, sin duda -alguna, gran parte en el arrebato de aquel brillante espíritu. Era -el tiempo en que el romanticismo estaba más en el ambiente que en la -literatura, y en que, en París, como cuenta el doctor Verón en sus -memorias, un serio y conservador hombre de letras, después de atacar -y negar la revolución romántica con la pluma, se fué a echar al Sena, -por causa de un amor imposible. Larra, según dicen, se mató también -por amor. Su querida, una dama casada, cortó la intimidad obligada por -la severidad de su confesor. El poeta no pudo lograr que se reanudasen -las relaciones y, enamorado de veras como estaba, se precipitó en -la muerte. No puedo dejar de haceros conocer el párrafo de la carta -de Álvarez a Calpena, en que trata del desgraciado acontecimiento, -y que, como digo, debe estar basado en algunas conversaciones entre -Galdós y don Miguel: «Supe yo la muerte de Larra al día siguiente del -suceso, o sea el 14 de febrero. Fuí a verle con otros amigos a la -bóveda de Santiago, donde habían puesto el cadáver, allí me encontré -a Ventura y a Roca de Togores, tan afligidos como yo y Hartzenbusch, -que me acompañaba. ¿Y por qué?... decíamos todos, que es lo que se -dice en estos casos.--¿Cuál ha sido el móvil?... Quién hablaba de un -arrebato de locura; quién atribuía tal muerte al estallido final de -un carácter, verdadera bomba cargada de amargura explosiva. Tenía que -suceder, tenía que venir a parar en aquella siniestra caída al abismo. -¿Y ella? Si alguien la culpaba en momentos de duelo y emoción, no había -razón para ello. No era ya culpable. Por querer huir del pecado, había -surgido la espantosa tragedia. En fin, querido Fernando, suspiramos -fuerte y salimos después de bien mirado y remirado el rostro frío del -gran _Fígaro_, de color y pasta de cera, no de la más blanca; la boca -ligeramente entreabierta, el cabello en desorden; junto a la derecha, -el agujero de entrada de la bala mortífera. Era una lástima ver aquel -ingenio prodigioso caído para siempre, reposando ya en la actitud de -las cosas inertes. ¡Veintiocho años, una gloria inmensa alcanzada -en corto tiempo con admirables, no igualados escritos, rebosando -hermosa ironía, de picante gracejo, divina burla de las humanas -ridiculeces!... No podía vivir, no. Demasiado había vivido; moría de -viejo, a los veintiocho años, caduco ya de la voluntad, decrépito, -agotado. Eso pensaba yo, y salí, como te digo, suspirando y me fuí a -ver a Pepe Espronceda, que estaba en cama con reuma articular que le -tenía en un grito. ¡Pobre Pepe! Entré en su alcoba y le hallé casi -desvanecido en la butaca, acompañado de Villalta y Enrique Gil, que -acababan de darle la noticia. El estado de ánimo del gran poeta no -era el más a propósito para emociones muy vivas, pues a más de la -dolencia que le postraba, había sufrido el cruel desengaño que acibaró -lo restante de su vida. Ignoro si sabes que Teresa le abandonó hace -dos meses. Sí, hombre, y... En fin, que esto no hace al caso. Gran -fortuna ha sido para las letras patrias que Pepe no haya incurrido -en la desesperación y demencia del pobre Larra. Gracias a Dios, -Espronceda sanará de su reuma y de su pasión y veremos concluído el -_Diablo Mundo_, que es el primer poema del _ídem_... Sentéme a su -lado y hablamos del pobre muerto. En un arranque de suprema tristeza, -vi llorar a Espronceda; luego se rehizo trayando a su memoria, y a -la de los tres allí presentes, los donaires amargos del _Pobrecito -hablador_, el romanticismo caballeresco del _Doncel_, y el conceptismo -lúgubre de _El Día de Difuntos_. También hablaron de ella, y tal y -qué sé yo, diciendo cosas que no reproduzco por creerlas impropias de -la gravedad de la historia. Villalta y Enrique Gil se fueron, porque -tenían que dar infinitos pasos para organizar el entierro de _Fígaro_ -con el «mayor lucimiento posible», y me quedé solo con el poeta, -el cual, de improviso, dió un fuerte golpe en el brazo del sillón -diciendo: «¡Qué demonio! Ha hecho bien». Yo rebatí esta insana idea -como pude, y para distraerle, recité versos, de los cuales ningún caso -hacía. A media tarde entró de nuevo Villalta con Ferrer del Río y -Pepe Díaz. Espronceda sintió frío y se metió en la cama. Yo, caviloso -y cejijunto, hacía mis cálculos para ver de dónde sacaría la ropa de -luto que necesitaba para el entierro...» Luego narra lo acontecido -en el entierro, con la nota saliente del aparecimiento de Zorrilla, -«de la estatura de Hartzenbusch, y con menos carnes; todo espíritu y -melenas; un chico que se trae un universo de poesía en la cabeza»; el -triunfo del poeta en un tiempo en que los banqueros y los ministros -se entusiasmaban con los versos, y los festejos de que fué objeto. -Zorrilla no duerme esa noche; al día siguiente va a ver a Álvarez, le -toma su chocolate y le da la estupenda noticia de que le han colocado -en el _Porvenir_, Pacheco y Pastor Díaz, ¡con treinta duros de sueldo! -Toda la carta está escrita ingeniosa y vibrantemente, es un documento -de verdad; y crea el mismo Pérez Galdós que ella no es obra de Pilar -ni suya, don Miguel de los Santos Álvarez se la ha dictado desde el -otro mundo como otros espíritus lo han hecho con Hugo o Claretie... ¡El -señor Galdós ha sido espiritista sin saberlo! - -La intriga principal de la novela no interesa tanto como esos episodios -en que se resucita la vida privada de la España de aquellos días. Lo -anecdótico histórico triunfa sobre la inventiva del escritor. Hay -cartas que sobresalen, como las firmadas por la joven Gracia, la cual -pone en su escritura mucho de su nombre, aunque escasísima ortografía. -En este caso podría ella decir, con gran justicia, que la ortografía -no es lo primero, y que epitológrafa de tanto vuelo como madame de -Sevigné, no era muy católica en tales disciplinas. - -Entre otras figuras que aparecen en el desfile de personajes, está -la del célebre banquero Salamanca, pero apenas esbozada y falta de -detalles, que habrían sido muy del agrado del lector contemporáneo. -Apenas si se entrevé algo de la juventud de Zorrilla; no se nos -informa de la vida intelectual del semiargentino Ventura de la Vega. -De Espronceda habrían sido muy bien recibidos datos sobre sus amores -con la famosa Teresa del no menos famoso canto. Pudo el señor Galdós -aumentar la parte íntima de sus tipos, para lo cual no le faltarían -seguramente buenos informantes. Muchas gentes hay en España que han -vivido parte de esa época, no tan remota, y que, testigos de varios -hechos, ayudarían eficazmente a la documentación del novelista. - - * * * * * - -A propósito del suicidio de Larra. La primera vez que fuí a visitar -a Mariano de Cávia, este excelente camarada y escritor de tan rico -ingenio, me llevó a uno de los balcones de su casa, y señalándome uno -de la casa de enfrente, que forma esquina en la calle de Amnistía, me -dijo: «Cada vez que me asomo veo allí una página de gran filosofía». -Y me explicó de qué manera en aquella casa se había dado muerte uno -de los más firmes y finos talentos de la España de este siglo, el -pobre Mariano José de Larra. En lo primaveral de la juventud, en un -tiempo en que todo favorecía al encumbramiento de su personalidad, -al definitivo triunfo, a la gloria segura, aquel hombre, que había -recibido de la implacable _Eironeia_ las más temibles armas del estilo, -los más sutiles venenos del pensamiento, fué una víctima de ella misma. -La aventura pasional se cristalizó en un diamante de sangre, y aquel -amargo dueño de la sátira murió por desdenes de amor, muerte de buen -romántico. - -No querráis nunca ver el reverso de la sonrisa. - - [Ilustración] - - - - - LA ENSEÑANZA - - [Ilustración] - - - 8 de septiembre. - -REFIÉRENME que cuando hace poco tiempo estuvo vacante la plaza de -verdugo, hubo entre los que la solicitaron abogados y médicos. Un amigo -mío terrateniente, me asegura haber empleado como guarda forestal a -un abogado. Esto no es una rareza. En los países menos civilizados, -como en los más florecientes, ya se conoce lo que es el proletariado -intelectual. En el país de mi nacimiento hay quien puede decir más de -una vez: «¡licenciado, lústrame las botas!», y en Buenos Aires, cuando -fuí secretario del director general de Correos y Telégrafos, recuerdo -solicitudes para puestos de escribiente u otros más modestos, en que -los recomendados podían responder al vistoso apelativo «doctor». En -toda la América latina el titulismo es endémico; pero el origen está -aquí, en la tierra clásica en que se asienta Salamanca. El mal está en -la raíz. - -La ignorancia española es inmensa. El número de analfabetos es colosal, -comparado con cualquier estadística. En ninguna parte de Europa está -más descuidada la enseñanza. - -La vocación pedagógica no existe. Los maestros, o mejor dicho, los que -profesan la primera enseñanza, son desgraciados que suelen carecer de -medios intelectuales o materiales para seguir otra carrera mejor. El -maestro de escuela español es tipo de caricatura o de sainete. Es el -eterno mamarracho hambriento y escuálido, víctima del Gobierno; pero -persona de valía y al tanto de las cosas de su tierra, me demuestra que -realmente no son por lo general dignos de mejor suerte esos maniquíes -de cartilla y palmeta. «Los niños, me dice, no aprenden siquiera a -leer en la enseñanza primaria. De gramática no hablemos, raro es el -que sabe lo más elemental y escribe con ortografía. Y no habiendo -aprendido a leer, no es posible aprender a estudiar. El maestro de -primaria, por lo general ignorante, carece de todos los conocimientos -y de la mansedumbre necesaria para cumplir su misión, pero tiene la -bastante soberbia para suponerse dueño y señor de sus párvulos en -la escuela. Como todo buen español con su poco de autoridad, quiere -que ésta resplandezca constantemente a los ojos de todos, y ¡ay del -que no la acate! Lo primero que exige es la humildad, él que no es -humilde, y la obediencia, él que con su proceder descubre la alegría -del mando. Los niños, hartos de ser traídos y llevados sin más ni más, -sueñan en que llegue su hora de mandar. Un hombre por conveniencia se -aviene bien a todo; pero el niño entiende antes la justicia que la -conveniencia, y el maestro no cuida generalmente de razonar sus actos: -es un rey absoluto. En la mala enseñanza primaria está el origen de -todos los males. El maestro, cuando pica muy alto--pican hasta los más -ruines--, no quiere que le llamen maestro sino _profesor_. Este título -incoloro lo prefieren al de maestro, porque generalmente se llaman -profesores los que dan cursos en Institutos y Universidades; bien es -verdad que también se llaman profesores los barberos y sacamuelas. El -profesor de primeras letras da sus explicaciones (aquí son oradores -todos los que hablan), que los niños no entienden, porque en vez de -facilitar la comprensión, hace discursos, esperando que sus infelices -discípulos le crean un hombre superior. También hace sus libros, y el -más imbécil tiene una gramática, una geografía, una historia o unas -matemáticas; generalmente les da por los estudios gramaticales. Todos -velan por la integridad del purismo. Gramática hay por esas escuelas -en que al niño le es absolutamente imposible aprender; el afán de -definir de un modo nuevo condúceles a los mayores disparates; y los -pobres muchachos aprenden de memoria lo que debiera ser base de su -estudio y es origen de su abotagamiento intelectual. Tampoco se cultiva -mucho la escritura; unos adoptan la española, otros la inglesa, casi -nadie enseña a escribir; total, que a los diez años de edad y cinco de -materias, pasan los párvulos de la enseñanza elemental a la segunda -enseñanza, sin haber aprendido siquiera a leer y escribir. De cada 100 -niños aprobados de ingreso en el Instituto, 90 saben apenas firmar y -no hay uno que escriba al dictado correctamente; la lectura también -pertenece para ellos _a las ciencias ocultas_; y sin saber escribir ni -leer, les meten en latines. El catedrático de Instituto, y más aún el -de colegios particulares, no está preparado para la enseñanza; cuando -más, conoce vagamente la asignatura que explica, pero no penetra en la -mente de los niños. El profesor, como el maestro, tiene la monomanía -del discurso. Todos los días hace su explicación en forma oratoria -altisonante; si no tiene un libro de texto propio, no se ajusta en todo -a ningún autor y obliga a los alumnos a tomar apuntes; así acaban los -cursos, y la mayoría de los estudiantes no se ha enterado aún de lo -que sean las asignaturas que cursaron; algunas definiciones, alguna -clasificación, algún razonamiento aislado: cuatro lecciones prendidas -con alfileres, que se olvidan luego, y el que tiene la suerte de salir -aprobado no vuelve a pensar en aquellas cosas. Así el niño que salió -de la primera enseñanza, virgen de conocimientos elementales, sale -de la segunda sin comprender las ciencias y las letras que debieron -determinar su vocación, y no emprende la carrera que le aconseja su -instinto, sino la que sus padres le imponen por considerarla más -lucrativa. Las Universidades aparecen con mejor organización; hay -en ellas algunos profesores sabios y cultos--un Posada o Unamuno -figurarían en su especialidad en cualquier Universidad del mundo--; -aunque por lo general, vicios de constitución y lo que viene desde -el origen, la falta de conocimientos elementales, no permitan a los -alumnos aprovecharse de la enseñanza superior; con todo y no ser -ésta deplorable como las otras, deja mucho que desear». Unamuno, -precisamente, ha dicho en una serie de luminosos artículos mucho y muy -interesante acerca de la enseñanza superior en España. - -Pero mucho más que las Universidades dejan que desear las Escuelas -de ingenieros y las Academias militares. Nombrándose de Real orden -los profesores, y siendo aptos para el cargo de profesor todos los -individuos del escalafón después de un cierto número de años de -servicio, resulta que en ciertas épocas y en ciertos cuerpos que tienen -su centro de enseñanza en buena población, todo el mundo quiere ir a -desempeñar cátedras, no por sus aficiones a la asignatura, sino por la -residencia. Y, en cambio, a otros hay que enviar a la fuerza a quien -explique, y claro es que no van los más aptos, sino los más desvalidos. -Conceder aptitud para desempeñar una asignatura por el mero hecho de -haberlo cursado, es una estupidez colosal; y cuando la asignatura -es cálculo diferencial, mecánica, geología, construcción, botánica, -química, sube de punto el disparate. Así en las escuelas y academias -especiales se repiten todos los errores de que viene siendo víctima el -joven desde que tuvo la mala idea de ponerse a estudiar, y esta vez -aumentados prodigiosamente. Me dicen cosas monstruosas de tales centros -de enseñanza, y si no las refiriese persona muy culta y muy conocedora, -serían increíbles. En una clase de topografía, después de trabajar -todo el año entre los alumnos y el profesor, al hacer las prácticas de -fin de curso no consiguieron cerrar un perímetro. Las clasificaciones -botánicas y mineralógicas, los experimentos químicos, no van más allá. -Muchos libros, muchas horas de clase, muchas horas de estudio; mucho -atiborrarse de teorías, leyes y teoremas; pero la ciencia, la verdadera -ciencia no aparece. - -De algo semejante se quejan en algunos países europeos, pero la falta -de conocimientos elementales no sea tal vez tan grande como en España -en nación alguna. Precisamente la cuestión del _sumernage_ preocupa en -Francia a muchos espíritus cultos que desean dar al estudio una marcha -menos violenta y no tan apartada de la vida práctica. - -Es verdaderamente lastimoso ver a los jóvenes sufriendo por ocho -años la ingestión de voluminosos tratados, rozando las más graves -teorías científicas, para venir al fin, terminada la prueba oficial, a -trabajar, los que trabajan, con el auxilio de los anuarios de bolsillo -extranjeros. Tanta ecuación, tanta integración, para sujetarse a las -fórmulas calculadas ya de resistencia, pendientes, velocidades, etc.; -tanta bambolla de experimentación para someterse a las apreciaciones, -no siempre exactas, de una cartilla de análisis. La verdad es que si -esto no fuera terrible sería bufo. - -Luego la influencia clerical en la enseñanza. La alta clase española -está convencida de que no se puede recibir una buena instrucción sino -en establecimientos religiosos. Hay multitud de colegios regentados -por Ordenes religiosas; ahí están las Universidades libres de Deusto, -manejadas por los jesuítas; el Escorial, por los padres agustinos, y -así otros centros docentes. La experiencia ha demostrado aquí y en -otras muchas partes que los internados son funestísimos. - -La institución libre de enseñanza que empezó hace tiempo con muchos -bríos, fracasó por completo. Para esa forma nueva se unieron a don -Francisco Giner muy buenas inteligencias, y no consiguieron nada; -lo cual prueba que o ellos no supieron enseñar, o el sistema no es -aplicable a esta raza; yo creo ambas cosas. - -Para ese género de enseñanza se necesita en el profesor un instinto -paternal y humano que no permiten la frivolidad y ligereza españolas: -y en el alumno una atención y voluntad que las mismas causas hacen -imposibles. - -Lo que habría que hacer en España sería formalizar la enseñanza -elemental, leer y escribir correctamente, gramática y aritmética. -Esta antigualla sería más que suficiente base para que luego cada -cual siguiese su rumbo. Probablemente ahora es cuando hay menos -cultura general en la Península, a pesar de la revolución y de los -esfuerzos de algunos cosmopolitistas. El siglo XVIII fué más culto -que este fin de siglo; y si las Universidades llegaron entonces a una -situación calamitosa, fué por falta de administración y gobierno, por -la preponderancia clerical, que ahora nuevamente amenaza con mayores -ímpetus, por falta de base, por incultura elemental, por cubrir con el -relumbrón académico la miseria de una ignorancia vasta. - -No hacen falta reformas, ni planes nuevos ni estudios novísimos. Lo -que necesita con urgencia la juventud española es que le enseñen a -_leer_, ¡que no sabe!, que se mueran de una vez todos los maestros -agonizantes, en cuyas manos se deshilacha como una vieja estofa el -espíritu nacional, y que se pongan las fabulosas «Cartillas» en manos -de hombres de conciencia, hombres que den al abecedario la importancia -de un cimiento sobre el cual ha de apoyarse el edificio de la común -cultura. - -Santiago Alba, ¡buena cabeza!, a propósito del soñado libro de -Desmolins se pregunta: ¿El régimen escolar español forma hombres? ¡Y -con la universal voz se contesta: no! Hay mucha disposición, mucho -reglamento--; ¡estamos en el reino del expediente del cual hemos sido -herederos directos!--, y en el fondo, nada. Todo en los papeles. Alba -ha hecho una comparación estadística.--El 1 ½ por 100 (0,73 por -habitante) del total del Estado consagra éste en España a la pública -instrucción, mientras Francia el 6 ½ (5,82 francos por habitante), -Italia el 2 ½ (1,75); y hasta Portugal el 2 ¼ (1,11). No hablemos -de Inglaterra, donde el espíritu anglo-sajón y la riqueza del país por -el mismo espíritu creado permiten dedicar a la enseñanza el 8 ½ por -100 del presupuesto total, esto es, más de siete francos por individuo. -Entrando en lo hondo del asunto, la palabra del señor Alba no puede ser -más franca ni más justamente dura. «¿Es que nuestros bachilleres, dice, -nuestros abogados, nuestros médicos, nuestros ingenieros, nuestros -peritos mercantiles y hasta nuestros militares y nuestros marinos, -no son víctimas también del inevitable _chauffage_, de que Demolins -abomina escandalizado y dolorido? Bachilleres incapaces de escribir una -carta con ortografía, abogados ignorantes al salir de la Universidad de -lo más rudimentario de la profesión; médicos que no saben ni tomar el -pulso; ingenieros a quienes se hunde la primera obra en que ponen mano; -peritos mercantiles que no podrían llevar regularmente ni un libro -_diario_;--en fin, militares a quienes «no caben en la cabeza» cien -hombres y marinos de cuyos viajes da precisa y exacta cuenta el número -de las averías del barco que dirigen, entonan a coro himno grandioso al -admirable sistema que empieza por hacer inútiles a cientos de hombres -de uno de los pueblos más reconocidamente despiertos del planeta.» - -Lo dice el vulgo con toda claridad: «Aquí el bachiller, el abogado, el -médico, el ingeniero, el perito mercantil, el militar, y el marino que -llegan de veras a serlo «se hacen» por sí solos cada uno en su casa, en -su hospital, en su taller, en su cuartel o en su barco; lo que estudian -en el Instituto, en la Universidad, en la escuela, o en la Academia, es -sólo por coger el título o la estrella». - -En lo relativo especialmente a la enseñanza superior, ha iniciado -ahora, como he dicho, el catedrático de griego de la Universidad de -Salamanca, señor Unamuno, una campaña nobilísima y valiente. - - - - - FIESTA CAMPESINA - - [Ilustración] - - - 18 de noviembre. - -UN hombre del campo me invitó hace pocos días a ver la fiesta de su -aldea, en tierra de Ávila. Se trata de un lugar llamado Navalsauz, -a algunas leguas de la vieja ciudad de santa Teresa. Mis deseos de -conocer las costumbres campesinas de España encontraban excelente -oportunidad. Acepté. Una buena mañana tomé el tren para Ávila, en -cuya estación me esperaba mi invitante, en compañía de dos hijos -suyos, robustos mocetones que tenían preparadas las caballerías -consiguientes. No permanecí en la ciudad ni un solo momento. Fué -cosa de llegar, montar y partir. Pero, debo deciros algo de la buena -bestia en que hube de pasar por esos campos. Era el inseparable de -Sileno, el compañero de Sancho, el interlocutor de Kant, el amigo de -Pascarella. Manso, filosófico, doctoral, aunque en tal o cual punto -del camino se manifestase más de una vez mal humorado o asustadizo. La -carretera se extendía entre campos cultivados. A un lado y otro había -labriegos arando con sus arados primitivos. Se cultiva el centeno, -trigo, algarrobas, garbanzos, cebada y patatas. El paisaje no deja de -ser pintoresco, limitado por alturas lejanas, cerros oscuros, manchados -de altos álamos y chatos _piornos_, bajo cuyas espesuras es fama que -se agita el más poblado mundo de liebres y conejos. En el tiempo del -viaje, se encuentran a un lado de la carretera mesones o ventas harto -pobres, que nada tienen que ver con los caserones que en la árida -Castilla se le antojaban castillos a Don Quijote. - -En una hubimos de pernoctar. - -Mi amigo grita con una gran voz: «¿Hay posada?» - -«Sí, señor; pasen ustedes.» Y de la casa maltrecha sale la figura -gordinflona del ventero. Mientras los mocetones llevan los burros al -pienso, heme allí conducido a la cocina, donde una gran lumbre calienta -olorosas sartenes, y conversan en corro otros viajeros, todos de las -aldeas próximas, de higiene bastante limitada, pero gentes de buen -humor que se charlan y se pasan de cuando en cuando una bota. Entré -yo también al corro y de la bota gusté--un vinillo de las villas del -Barranco--, así como compartiera más de una vez con los gauchos de las -pampas, también al amor de un buen fuego y en la cocina de la estancia, -al mate amargo y la ginebra. La cena estuvo suculenta, y luego fué el -pensar en dormir. ¿Camas? Ni soñarlo. Cada cual duerme en los aparejos -y recados; quién en la cocina, para no perder lo sabroso del calor; -quién en la cuadra. Yo prefiero la vecindad de la lumbre y entro en esa -escena de campamento. Por otra parte, no me es posible dormir. Esos -benditos de Dios roncan con una potencia abrumadora; y así, fabricando -castillos «en España», o viajando por el país de mis recuerdos, paso -toda la noche, hasta que los gallos anuncian el alba y el ventero me -lleva una taza de leche recién ordeñada. A poco estoy otra vez sobre mi -asno, que lleva un pasito ligero y no poco molesto, mientras hace no sé -qué señas con sus orejas al paso de la fría brisa matutina. - -¡Bello día en el fragante y bondadoso campo! Sale un claro sol; -comienzan a verse las ovejas, y me gratifican con un concierto; los -pastores abrigados con sus zamarras, poco limpios y con aspecto de -perfectos brutos, quitan a mi mente toda idea de pastor quijotiz; -mis compañeros de viaje se detienen con conocidos que vienen de los -villorrios cercanos, lo cual es un pretexto para repetidos saludos a -la bota. Y mi burrito sigue impertérrito, en tanto que me llegan de -repente soplos de los bosques, olientes a la hoja del pino. Es una cosa -asombrosa, dice Bacon, que en los viajes por mar, donde no se ve sino -el cielo y el agua, los hombres tienen, sin embargo, la costumbre de -hacer diarios; y en los viajes por tierra, donde hay tantas distintas -cosas que notar, casi nunca los hacen, como si los casos fortuitos o -los hechos inesperados merecieran menos ser notados y apuntados que las -observaciones que se hacen por una deliberación premeditada. Ni por -mar ni por tierra he acostumbrado tales apuntaciones; pero si hubiese -tenido un libro de notas a la mano, en esa mañana deliciosa habría -escrito, sin apearme de mi simpático animal: «Hoy he visto, bajo el -más puro azul del cielo, pasar algo de la dicha que Dios ha encerrado -en el misterio de la Naturaleza». Este mismo sol y la sonrisa de este -mismo campo vieron los ojos de la divina Doctora, que se encendiera en -la incandescencia de su misticismo, hasta la maravilla del éxtasis y la -comunicación con lo extraterrestre y lo supernatural. - -El almuerzo fué en el camino, gracias a mi provisión de _pâté de -foie-gras_, queso manchego y pollo frío. Seguimos la caminata todo -el día hasta llegar a la posada de Santa Teresa, en donde está el -cuartel de la guardia civil; y al declinar la tarde, estamos ya en las -cercanías de Navazuelas. El terreno cambia, se suceden las cuestas -y honduras; y de pronto me indican lo que debo hacer. «Señorito, ¡a -pata!» Obedezco, y continúo el camino llevando el burro del ronzal, -hasta llegar a la Navazuelas, en donde vuelvo a _enfourcher_ al -benemérito rucio. Y diviso el pueblo: un montoncito de casucas entre -peñascos. - -Al entrar a la aldea se me señala la iglesia; muy chica, medio -caída, con una alameda al lado de la puerta; y situada _en medio del -camposanto_... Mi asombro es grande cuando no veo una sola cruz, así -fuese la más tosca y miserable. - -Me instalo en casa de «mi amigo». Calcularéis ya que el _confort_ no es -propiamente suntuoso. - -Estamos en el imperio de lo primitivo. Buen fuego, sí, se me ofrece, -y ricos chorizos y patatas, y sabroso vino. Duermo a maravilla. A la -mañana siguiente, vivo en plena pastoral. Se me conduce aquí y allá, -entre cabras y vacas y ovejas. Estoy en la _pastoría_. Después, a la -iglesia, en donde las mozas están adornando a la Virgen. Las mozas, -en verdad, no eran muy guapas, pero las había bastante agraciadas. El -traje de la paleta es curioso y llamativo. Más de una vez lo habréis -visto en las comedias y zarzuelas. Falda corta y ancha, de gran vuelo -que deja ver casi siempre macizas y bien redondas pantorrillas; la -media o calceta es blanca y el zapato negro. En corpiños y faldas -gritan los más furiosos colores. Al cuello llevan un pañuelo, también -de vivas tintas y flores, y otro en la cabeza, atado por las puntas -debajo de la barba. Les cuelgan de las orejas hasta los hombros enormes -pendientes, y usan gargantillas y collares en gran profusión. El pelo -va recogido en un moño de ancha trama y resalta sobre el moño la gran -peineta que a veces es de proporciones colosales, como la primera -que, según dicen, se usó en Buenos Aires a principios de siglo. -Generalmente no llevan sortijas en sus pobres manos oscuras, hechas a -sacar patatas y cuidar ganados. No estamos propiamente en Arcadia, y -Virgilio no repetiría, por ningún concepto en este caso, las frases que -en su décima égloga prorrumpe Galo, hijo de Polión. Al entrar yo en -la iglesia, las muchachas cantaban, adornando con gran muchedumbre de -flores la imagen de la patrona, la Virgen del Rosario. Después fuéronse -a casa de las mayordomas, al obligado convite: castañas, higos y vino. -Por la noche, en medio de la cena, en la casa en que se me hospedaba, -las mozas tiraron las cucharas de pronto y echaron a correr fuera. -Era el tambor que sonaba a la entrada del lugar; venía de un pueblo -vecino, y su son con el de la gaita haría danzar esa misma noche, en -la plaza, a las alegres gentes. Luego pude observar algo de un fondo -ciertamente pagano. Las mozas formaron un ramo de laurel, cubierto de -frutas varias y dulces, para ser llevado a la iglesia al día siguiente. -Mientras tanto, vi venir del campo a varios mozos con grandes ramas -verdes que iban poniendo sobre los techos de ciertas casas. Se me -explicó que en donde había una muchacha soltera colocaba ramos su novio -o su solicitante. Era extraño en verdad para mí ver al día siguiente -coronadas de follaje casi todas las casitas del villorrio. Del pueblo -vecino también llegó el señor cura, un cura joven, alegre y de buena -pasta, bastante distinto del tipo de Pérez Escrich. Ya tuve con quien -conversar: política, más política y un poco de literatura. Al curita le -fueron a buscar los varones, con el tambor a la cabeza del concurso, -mientras el campanario llamaba a la misa. Las mozas, vestidas de -fiesta, esperaban en el camposanto. El alcalde está allí también, con -su vara y sus calzones cortos y su ancho sombrero y su capa larga. Las -mozas abren la puerta para que pasen el señor cura y la «justicia», y -detrás todos los hombres. La puerta vuelve a cerrarse, y ellas quedan -fuera. Entonces, en coro, empezaron a cantar: - - Tres puertas tiene la iglesia, - Entremos por la mayor - Y haremos la reverencia - A ese divino Señor... - -La puerta sigue cerrada. Y ellas: - - Tres puertas tiene la iglesia, - Entremos por la del medio - Y haremos la reverencia - A la reina de los cielos... - -Y otra vez: - - Tres puertas tiene la iglesia, - Entremos por la más chica - Y haremos la reverencia - A la señora justicia... - Abre las puertas, portero, - Las puertas de la alegría - Que venimos las doncellas - Con el ramo p'a María... - -Al llegar aquí contesta una voz dentro: - - Las puertas ya están abiertas - Entren si quieren entrar. - Confitura no tenemos - Para poder convidar. - -Entran las buenas mozas, a pesar de que no hay confitura y, cerca de la -pila de agua bendita vuelven a cantar a pleno pulmón: - - Tomemos agua bendita, - mis amiguitas y yo, - Tomemos agua bendita - Vamos al altar mayor. - Tomemos agua bendita, - Amigas y compañeras, - Tomemos agua bendita - Vamos a llevar la vela. - -Al llegar aquí van todas con aquel famoso ramo de laurel ornado de -peras, manzanas y guindas, y con la vela, que ha llegado de alguna -cerería de Madrid o Ávila, al altar mayor, a hacer la ofrenda a la -Virgen. Las estrofas de esa inocente métrica de aldea se suceden -entretanto. En todo se admira que, al menos en las mujeres, hay -cierta suma de religiosidad y de fe sencilla, junto con el amor al -divertimiento, lo cual es mucho en una aldea que no pone cruces a sus -muertos. La procesión viene en seguida. Se conduce a la Virgen por la -calle, cantando el rosario, y se vuelve a depositar la imagen. Allí hay -un interesante remate de la mayordomía del año entrante y otras tantas -pequeñas preeminencias. - -Por la tarde se reanuda el baile con la gaita y el tambor, en la -pradera, donde se merienda gozosamente. Por la noche, baile y más -baile. Por largo tiempo resonarán en mis oídos la aguda chirimía y el -tan tan del tambor, ese tambor infatigable. Todavía hasta el chocolate -cural, se pasa por la rifa del célebre ramo. Aun queda, el día que -viene, tiempo para que sigan danzando mozos y mozas, en tanto que los -viejos aldeanos vuelven al campo a su tarea de sacar patatas. - -Yo volví a tomar mi burrito, camino de Ávila, en donde probé las más -ricas aceitunas que os podáis imaginar, con mi amigo el campesino. No -dejé de recordar al cuerdo Horacio: - - _Non afra ovis descendat in ventrem meum - Non attagen Jonicus - Incundior quam lecta de pinguissimis - Oliva ramis arborum..._ - - [Ilustración] - - - - - HOMENAJE A MENÉNDEZ PELAYO - - [Ilustración] - - - 27 de diciembre de 1899. - -HA reanudado Menéndez Pelayo la serie de conferencias que desde hace -algún tiempo da en el Ateneo, sobre un tema que no puede ser más -apropiado para sus admirables facultades: los grandes polígrafos -españoles. No posee el célebre humanista facultades oratorias; pero -en la lección su voz resonante y enérgica vence toda dificultad. -El auditorio le escucha siempre con interés y provecho, aunque la -concurrencia no sea en ocasiones tan numerosa como se debía esperar -supuestas la autoridad y la gloria del maestro. - -Menéndez Pelayo está reconocido fundadamente como el cerebro más -sólido de la España de este siglo; y en la historia de las letras -humanas pertenece a esa ilustre familia de sacerdotes del libro de -que han sido ornamento los Erasmos y los Lipsios. Aun físicamente, al -ver el retrato grabado por Lemus, he creído reconocer la figura del -gran rotterdamense profanada por la indumentaria de nuestro tiempo. -Y cuando en la conversación amistosa escucho sus conceptos, pienso -en un caso de prodigiosa metempsícosis, y juzgo que habla por esos -labios contemporáneos el espíritu de uno de aquellos antiguos ascetas -del estudio que olvidara por un momento textos griegos y comentarios -latinos. Es difícil encontrar persona tan sencilla dueña de tanto -valer positivo; viva antítesis del pedante, archivo de amabilidades; -pronto para resolver una consulta, para dar un aliento, para ofrecer -un estímulo. Posee una biblioteca valiosísima, allá en Santander, -lugar de su nacimiento y donde pasa los veranos. Ha poco ha muerto su -padre, que llevaba el mismo nombre suyo, y que era un notable profesor -de matemáticas. Tiene un hermano, don Enrique, doctor en medicina y -aficionado a los versos. En Madrid, como en Santander, es don Marcelino -un formidable trabajador. Aquí dirige la Biblioteca Nacional y publica -muy eruditos estudios en la _Revista de Bibliotecas y Museos_; dirige -la edición académica monumental de las obras de Lope de Vega; mantiene -activa correspondencia con sabios extranjeros; da sus lecciones en -la Universidad y sus conferencias en el Ateneo, que luego formarán -una de sus obras más importantes; en resumen, es un raro ejemplo de -laboriosidad y de potencia mental, y como en los años de su juventud, -tiene una memoria incomparable y un entusiasmo que constituye la parte -más simpática y hermosa de su talento. - -Acaban de ofrecerle un justo homenaje unos cuantos sabios y eruditos -humanistas, con motivo de cumplir veinte años de profesorado. El -homenaje lo forman dos gruesos volúmenes llenos de muy curiosas -investigaciones y estudios; inmejorable regalo para el obsequiado. -Los nombres de los que ofrecen tal muestra de admiración al ilustre -español, son autoridades entre los estudiosos. De sentir es que entre -ellos no aparezca ningún representante de la América española. En -cambio, uno de los mejores trabajos ha sido escrito por un profesor -de Pensilvania. Haré una ligera reseña de lo que contienen estos -respetables tomos. - -El prólogo ha sido escrito por D. Juan Valera. Nadie mejor que él -podría llenar la tarea. Amigo de Menéndez Pelayo desde los primeros -pasos intelectuales de éste, ha sido uno de los que más han contribuído -a las victorias logradas por quien ocupó un sillón de la Real Academia -a los veintidós años. Traza, pues, un retrato exacto y animado del -querido discípulo y compañero, al mismo tiempo que nos presenta un -cuadro del decaimiento de la cultura española y lo mucho que ha hecho -y hace el autor de las _Ideas estéticas_ y de _Los heterodoxos_ por -colocar en su verdadero punto muchos elementos de gloria nacional -olvidados por los propios y negados por los extraños. «Fuerza es -confesar, por desgracia, dice Valera, que España está en el día -profundamente decaída y postrada. Su regeneración requiere, sin duda, -un gran poder político, sabio y enérgico, ejercido con voluntad de -hierro y con inteligencia poderosa y serena; pero tal vez antes de -esto, y para orientarse, y para descubrir amplio horizonte, y para -abrir ancho y recto camino, se requiere que formemos de nosotros mismos -menos bajo concepto, y no nos vilipendiemos, sino que nos estimemos en -algo, siendo la estimación, no infundada y vaga, sino conforme con la -verdadera exactitud, y sin recurrir a gastados y pomposos ditirambos y -a los recuerdos, que hoy desesperan más que consuelan, de Lepanto, San -Quintín, Otumba y Pavía. Aunque me repugna emplear frases pomposas, -que hacen el estilo declamatorio y solemne, no atino a explicar mi -pensamiento sino diciendo que don Marcelino Menéndez y Pelayo ha -venido a tiempo a la vida y ricamente apercibido y dotado de las -prendas conducentes para cumplir, hasta donde pueda cumplirla un solo -hombre, la misión anteriormente indicada, para invocar sin vaguedad y -sin exageraciones nuestra importancia en la historia del pensamiento -humano, y para señalar el puesto que nos toca ocupar en el concierto de -los pueblos civilizadores, concierto del que formamos parte desde muy -antiguo y del que no merecemos que se nos excluya. La misión, pues, de -don Marcelino, ya que nos atrevemos a llamarla misión, no es puramente -literaria, sino que tiene mayor amplitud y trascendencia». - -El tomo primero del homenaje, lo inicia el conocido hispanista francés -Alfred Morel-Fatio, publicando unas cuantas cartas, correspondencia -interesante entre el famoso bibliotecario de Colbert e historiador -Etienne Baluze y el marqués de Mondéjar. El marqués escribe en -castellano y Baluze en latín. Baluze se excusa de no corresponder en -lengua española: «_Hoc ideo dico, Excellentissime Domine, ut accipias -excusationem meam, quod ad humanissimas et elegantissimas litteras -tuas non respondeo eadem lingua qua scriptae sunt_». Y el marqués le -contesta: «Me sucede lo mismo a mí con el latino que a usted con el -español, entorpeciéndonos igualmente a entrambos la falta del uso». -Los conceptos de esta correspondencia se refieren a envíos de datos y -libros, a cambio de noticias entre eruditos estudiosos, y si el marqués -es dignamente admirativo y afectuoso con su amigo parisiense, Baluze -no le escatima las más elegantes frases latinas de cumplimiento y -reverencia. - -Un inglés, muy conocedor de letras castellanas, James -Fitzmaurice-Kelly, trata sobre _Un hispanófilo inglés del siglo XVII_. -Este fué Leonardo Digges, probable amigo de Shakespeare y Ben Jonson y -traductor del _Poema trágico del español Gerardo y desengaño del amor -lascivo_. Y M. Leo de Rouanet, que ha traducido al francés algo del -teatro español, se ocupa de un auto inédito de Valdivieso, existente -en la Biblioteca Nacional de Madrid. El señor Luanco logra demostrar -que el libro de la _Clavis Sapientiae_, tenido por obra de Don Alfonso -_el Sabio_, no es de dicho rey, con todo y estar probada su afición a -estudios herméticos. El señor Cotarelo, cuyos trabajos de erudición -son tan meritorios--especialmente entre otros, sus páginas sobre don -Enrique de Villena--, habla de los traductores castellanos de Molière. -Siento que a una labor tan completa hayan faltado en absoluto noticias -referentes a traducciones hispanoamericanas, que de algunas piezas las -hay buenas, como la del _Misántropo_ por el centroamericano Gavidia. - -Ernesto Mérimée, sobrino del autor de _Colomba_, y profesor -creo que en Tolosa de Francia, ha contribuído con un _Ramillete -de flores poéticas de Alejandro de Luna_, que se encuentra en la -biblioteca municipal de Montauban. Este de Luna es un autor hasta hoy -completamente desconocido, y el descubrimiento de M. Mérimée parece de -muy relativa importancia. - -El músico Pedrell hace un paralelo entre Palestrina y Victoria, -maestro de capilla eminente, contemporáneo del célebre italiano. El -P. Blanco García, conocido por su obra sobre literatura española e -hispanoamericana, rectifica algunos datos biográficos de fray Luis -de León. Un erudito italiano, Benedetto Croce, aporta un valioso -contingente a la literatura cervantina, con sus _Due Illustrazioni -al Viaje del Parnaso, del Cervantes_. Y el señor Estelrich, autor -de un notable libro sobre la poesía italiana en España, escribe un -estudio acerca de los traductores castellanos de las poesías líricas -de Schiller. Arturo Farinelli inserta en castellano una notable -disquisición respecto al origen del Convidado de Piedra. Es de admirar -el caudal de conocimientos de este extranjero en lo referente a letras -castellanas. Además, es un verdadero políglota, y escribe con igual -corrección en español, italiano y alemán. El señor Apraiz, cervantista -afanoso, enriquece con varias curiosidades el estudio y culto del autor -nacional. El señor Franquesa y Gómez, se ocupa de una comedia inédita, -sobre el tema de _Don Juan Tenorio_, de don Alonso de Córdoba Maldonado. - -Mario Schiff contribuye, en francés, con algo que es de verdadera -«sensación» para los eruditos y en especial para los dantistas. El -general Mitre de seguro tendrá en el asunto gran interés. Se trata -nada menos que del hallazgo en la Biblioteca Nacional de Madrid, de -la primera traducción de la _Divina Comedia_ al castellano, la de -don Enrique de Villena, cuyo manuscrito habían considerado perdido -investigadores como Amador de los Ríos, el mismo Menéndez Pelayo, -Cotarelo, y antes de ellos, Pellicer. El señor Schiff, entre los -papeles de la colección Osuna, en la Biblioteca encontró dicho -manuscrito. Este consta de CCVIII hojas de papel; contiene la _Divina -Comedia_ en italiano, escrita en Italia y probablemente en Florencia; -el _explicit_ del Paraíso tiene la fecha de 10 de noviembre de 1354. - -El _Inferno_ tiene al margen muchos comentarios latinos, pocos el -_Purgatorio_, ninguno el _Paradiso_. También al margen está la versión -española en prosa; según Schiff, la misma mano que escribió los -comentarios escribió la traducción. Por lo demás, la letra del marqués -de Santillán se reconoce en notas marginales y apostillas. El traductor -es de una fidelidad que llega al calco; con los elementos de entonces, -el marqués de Santillán tenía la misma «teoría del traductor» del -general Mitre. Es una versión la suya al pie de la letra; y a veces la -prosa sigue el ritmo del verso y aun el consonante. Como curiosidad, -copiaré algo del canto primero. - -«Principia el actor Dante: - -»1. En el medio del camino de nuestra vida, me fallé por una espesura o -silva de árboles oscura en do el derecho camino estaba amatado. - -»2. E quanto a dezir qual era es cosa dura, esta selva salvaje áspera e -fuerte, que pensando en ella renueva mi miedo. - -»3. Tanto era amargo que poco más es la muerte; mas por contar del -bien que yo en ella fallé diré de las otras cosas que a mi ende fueron -descubiertas». - -Y más adelante: - -«27. Pues eres tú aquel Virgilyo y aquella fuente que espandyo de -fablar tan largo río, respondí yo a él con vergonosa fruente. - -»28. O de los otros poetas honor e lumbre. Válame agora el luengo -estudio e gran amor que me fiz buscer los tus libros. - -»29. Tú eres el mi maestro y el mi actor, tú eres sólo aquel del qual -yo tomé el fermoso estilo que ma fecho honor». - -Y en el pasaje de Ugolino: - -«1. La boca se levantó de la fiera viendo aquel pecador... etc». - -Algunas veces, la mala copia del escribiente italiano hace cometer a -don Enrique de Villena equivocaciones y traduce una cosa por otra. Pero -en todo caso, su traducción es de un inmenso precio, no solamente para -los eruditos, sino también para los críticos y poetas. Allí se ve el -verdadero valor de ciertas palabras correspondientes a la expresión -dantesca, y la necesidad de emplear hoy ciertos arcaísmos eficaces para -transparentar la fuerza o la gracia del divino poema. - -Pero dejaré para otra carta algunos de los principales trabajos de que -consta el Homenaje a Menéndez Pelayo, pues hablar de todos es poco -menos que imposible en el espacio de que dispongo y dada la índole de -estas informaciones. - -Sobresalen en el copioso homenaje a Menéndez Pelayo otros trabajos -de importancia. Con una corta introducción en latín, publica el -sabio Boehmer cuarenta cartas de Alonso de Valdés, todas inéditas: -_Alfonsi Valdesii litteras XL ineditas--Marcellino, Immo Marcello--De -vicennalibus cathedrae gratulabundus--Trans partium fines offert--E -clara valle Getmanie Eduardus Boehmer_. Es un verdadero regalo de -erudito. Algo inédito, aunque de un valor relativo, ofrece el señor -Serrano y Sanz; dos canciones de Cervantes, que no tienen otro mérito -que la procedencia, y el haber sido escritas en ocasión famosa, cuando -la pérdida de la Armada. Comienza la primera: - - Vate fama veloz las prestas alas, - rompe del Norte las cerradas nieblas, - aligera los pies, llega y destruye - el confuso rumor de nuevas malas, - y con tu luz desparce las tinieblas - del crédito español que de ti huye, etc. - -Y la segunda: - - Madre de los valientes de la guerra, - archivo de católicos soldados, - crisol donde el amor de Dios se apura, - tierra donde se ve que el cielo entierra - los que han de ser al cielo trasladados - por defensores de la fe más pura, etc. - -Persona de mucha erudición es el señor don Ramón Menéndez Pidal, uno de -los organizadores del homenaje. Contribuye con nutridas notas para el -Romancero del conde Fernán González, y da la agradable noticia de que -en breve tratará tan importante materia el insigne don Marcelino. - -Un arabista de nota, don Francisco Pons, trata de dos obras -importantísimas del polígrafo árabe Aben Hazan. La una lleva por -título: _Collar de la paloma acerca del amor y los enamorados_, y es, -nos dice el expositor, una guía completa de estrategia erótica para -cuantos aspiran a los lauros del triunfo en las contiendas amorosas. -El único ejemplar que hoy se conoce de dicha obra, se halla en la -biblioteca de la Universidad de Leyden. La otra es el _Libro de las -Religiones y de las Sectas_. - -Es muy alabado entre autoridades competentes el trabajo que aporta don -Eduardo Hinojosa: _El Derecho en el poema del Cid_. Es curiosa labor, -y se necesita ciertamente gran paciencia de estudioso y amor a estas -disciplinas para realizarla. En ella están expuestos los episodios del -_Poema_ que se relacionan con el Derecho, y se estudia la obra toda en -lo que tiene que ver con lo jurídico. - -Don Cristóbal Pérez Pastor comunica datos desconocidos para la Vida de -Lope de Vega. Ellos vienen a aumentar los que el mismo Menéndez Pelayo -descubriera no ha mucho, y que, según dicen, le pusieron en conflicto -con la Real Academia. Parece que Lope resulta varón demasiado alegre en -su vida privada, y el director de la edición monumental de sus obras -cree que todo debe publicarse, así el ilustre fraile aparezca un poco -galeoto y otro poco libidinoso. El conde de la Viñaza nos habla de -dos libros inéditos del maestro Gonzalo Correas, autor de que trata -escasamente Nicolás Antonio en su _Bibliotheca Hispana Nova_. Se trata -de un eminente estudioso, tocado de reforma ortográfica, y antecesor, -por lo tanto, del distinguido señor Kabezón, de Valparaíso, como se -verá por esta cita: «De la arte mía Griega ia se tiene esperienzia -en esta universidad; aora va mexorada i en romanze i kon la perfeta -ortografía kastellana...» - -De otra obra inédita escribe la señora Michaelis de Vasconcellos, -escritora portuguesa. Es un manuscrito perteneciente a la biblioteca -del señor Fernando Palha: _Tragedia de la insigne reyna doña Isabel_, -por el condestable don Pedro de Portugal. La eminente lusitana -prueba su largo saber y su fineza de criterio en sus observaciones y -comentarios al valioso códice cuatrocentista. Un buen estudio es el de -Toribio del Campillo acerca del _Cancionero de Pedro Marcuello_; es un -homenaje al mismo tiempo al sapiente y laborioso aragonés Latassa, que -enalteciera tanto las letras en su región. Cierra el primer volumen don -Juan García, tratando de antigüedades montañesas, aborígenes, cuevas, -dólmenes y etimologías de la provincia en que se asienta Santander. - -La duquesa de Alba es muy amiga de Menéndez Pelayo. Supo ella que -se trataba de este homenaje y alentó al señor Paz y Melia, para que -ampliase un estudio comenzado sobre la Biblia llamada de la Casa de -Alba, o sea la traducción hecha por Rabi Mosé Arragel de Guadalfajara. -La versión fué hecha por pedido del maestre de Calatrava don Luis de -Guzmán. El señor Paz y Melia narra, apoyado en curiosa documentación, -la génesis de la obra, y los afanes del judío traductor, que no se -resolvió a llevar a término su empresa sino casi obligado por el señor -cuyo vasallo era. Es de inestimable mérito este estudio bibliográfico, -y habría sido de gran valor para el bibliógrafo que en una sabia -revista francesa acaba de publicar una monografía acerca de _Las -Biblias españolas_. - -Llaman «el Menéndez Pelayo de Cataluña» a don Antonio Rubio y Lluch, -eminente amigo mío de quien hace algunos años hablé en _La Nación_, -con motivo de sus traducciones de novelas griegas contemporáneas. -Hay, en efecto, entre ambos muchos puntos de semejanza. Los dos, -compañeros en los primeros estudios, han tenido igual tesón en sus -preferidas tareas; los dos han seguido idénticos rumbos; los dos son -ortodoxos y conservadores; los dos profesores de Universidad, y los dos -poseen dotes cordiales y de carácter que les hacen ser queridos por -compañeros, discípulos y amigos. Rubio ha querido esta vez ofrendar a -su ilustre colega un estudio sobre la lengua y cultura catalanas en -Grecia en el siglo XIV. La preparación de Rubio en tal asunto puede -asegurarse que es única. Conoce entre otras cien cosas, admirablemente, -el griego antiguo y el griego moderno: ha dedicado largos años de -su vida a profundizar sus investigaciones en archivos y bibliotecas -nacionales y extranjeros, y su reciente viaje a Grecia es una -conmovedora odisea en la historia de su vida tranquila y laboriosa. He -oído la narración de sus propios labios, cuando al pasar por Barcelona -tuve el gusto de recibir su amable visita. Cuando le vi entrar, no le -reconocí. Está casi ciego, y esta es la parte trágica del episodio. -Contóme como había realizado un viaje a su amada Hélade, enviado por -la Diputación provincial barcelonesa. Iba lleno de ideas y de bellos -sueños artísticos, y con la ardiente voluntad de dedicarse a sus duras -labores de investigación en los archivos atenienses, cuando, al llegar, -repentinamente, sin causa reconocida, siente que todo se le hace -sombra, ¡que está ciego! Volvió a su patria y pudo ver escasamente, con -un ojo; y, así, cuando más necesitaba de luz, volvió a Grecia, trabajó -allá con inaudito valor, a riesgo de quedar definitivamente ciego, -recogió los datos que pudo, y retornó a Barcelona, en donde poco a -poco lleva a cabo la obra monumental que ha de ser entre las suyas la -que más contenga de su inteligencia y de sus probados esfuerzos. Un -corto fragmento de esa obra, según tengo entendido, es lo que en el -homenaje aparece ofrecido a su fraternal amigo Marcelino. - -Si no existen en España sociedades como las dantescas en Italia y -las shakespearianas en Inglaterra, individualmente, el cervantismo -tiene muchos cultivadores. Hubo un tiempo en que los comentarios y -exégesis del _Quijote_ y los temas referentes a Cervantes, llegaron a -convertirse en inocente manía. - -No pertenece a ese género la contribución del señor Eguilaz y Yanguas, -notas etimológicas que aclaran y explican algunas palabras usadas por -el autor del Ingenioso Hidalgo. Muchos conocimientos lingüísticos -revela el señor Eguilaz; pero no he podido menos que recordar a mi -querido amigo el doctor Holmberg, en su célebre arenga sobre la -filología del profesor Calandrelli, cuando el erudito español afirma -muy seriamente que la palabra _ajedrez_ se deriva de la voz sánscrita -_chaturanga_. - -El ilustre Federico Wolff envía desde Suecia un capítulo sobre las -Rimas de Juan de la Cueva, primera parte; y ofrece a su «querido -colega» una canción inédita del desventurado poeta. J. de Hann, -desde el colegio de Bryn Mawr, en Pensilvania, escribe con erudición -insuperable y en un castellano castizo sobre un tema que en la misma -Península apenas cuenta en lo moderno con las páginas documentadas de -Cotarelo y los escritos antropológicos de Salillas. Míster Hann diserta -sobre _Pícaros y Ganapanes_. - -Se ocupa en un notable estudio de la filosofía de Raimundo Lulio, -don Julián Ribera, relacionando los orígenes de las doctrinas del -célebre mallorquín, con los trabajos análogos de un filósofo árabe, -Mohidin, sobre el cual discurre dilatadamente, también en este mismo -volumen, don Miguel Asin. Extensa es asimismo la monografía del señor -Lomba sobre el rey Don Pedro en el teatro, y de un mérito aquilatado -entre eruditos lo que ha remitido el insigne Hübner acerca de los -más antiguos poetas de la Península. Es de llamar la atención cómo -demuestra este sabio que el nacimiento no significa nada para la -nacionalización de un hombre ilustre. Séneca, Quintiliano, Pomponio -Mela, Columela y Marcial, naturales de España, no son españoles -sino romanos. Un autor inglés, dice, nacido casualmente en Bombay o -en Calcuta no forma parte de la literatura india. Así en nuestros -días José María de Heredia es un poeta francés y no cubano, o -hispanoamericano. Hübner se refiere en su trabajo, pues, a los poetas -que en lo antiguo escribieron en tierra española y cita dísticos o -composiciones más largas latinas, que ha copiado de epitafios y otras -inscripciones. - -El doctor don Roque Chabas, canónigo de la catedral de Valencia, -demuestra, con documentos irrefragables, que la condenación de las -obras de Arnoldo de Vilanova fué hecha con injusticia, apasionadamente -y con violación de las prescripciones canónicas. No es la primera -vez que el doctor Chabas se ocupa en el famoso teólogo, de quien -dice Menéndez Pelayo que es «varón de los más señalados en nuestra -historia científica y aun en la general de la Edad Media». Ya antes -había publicado, en el _Boletín de la Real Academia de la Historia_, -el testamento de Arnoldo, de lo que habló el _Journal des Savants_. El -doctor Chabas es espejo de constancia y laboriosidad en tan difíciles -empresas, pero su talento y su buena suerte le hacen lograr verdaderos -triunfos, como el hallazgo que acaba de tener. Es algo de tal -importancia, que ha de hacer mucho ruido en el mundo de las academias y -de los eruditos y trabajadores de la historia. _La Nación_ es el primer -periódico que da la noticia, pues en la Península no se ha publicado -aún nada a este respecto. El doctor Chabas ha encontrado en un archivo -valenciano--creo que en el de la Metropolitana--hasta unas cuarenta -cartas de la familia Borgia, o Borja, en tiempo del pontificado de -Alejandro VI. El texto de ellas vendría a afirmar de nuevo la exactitud -de la singular vida de sensualidad y de escándalo que imperaba en la -corte vaticana y en la familia que produjo al duque de Gandía y al raro -César, tan maravillosamente retratado en versos de Verlaine. Quedará, -pues, por tierra toda la labor de Gregorovius, lo que no es poco. Hay -una carta, de un picor especial, en que Lucrecia, donna Lucrecia, -comunica que «papá» está enojado, porque el joven César no se preocupa -mucho de cumplir con sus obligaciones nupciales... Y otras de un -inestimable precio. - -Me han dicho que el obispo de Valencia quiso prohibir al doctor Chabas -la publicación de tan reveladores documentos. Este se dirigió al -cardenal Sancha exponiéndole el caso, e igual cosa hizo con el Padre -Santo. Tanto su eminencia como León XIII, le han autorizado, según -tengo entendido, para que haga la publicación, estimando que ello no -trae consigo ningún menoscabo a la religión y a la verdadera fe y -moral cristianas. Ambos han demostrado con esto que estamos ya muy -lejos de cuando un fundador de Universidad, el gran cardenal Ximénez -de Cisneros, mandaba quemar códices árabes, como Zumárraga códices -mejicanos. - -Pío Rajna contribuye con algunas observaciones topográficas sobre -la _Chanson de Roland_, escritas en italiano; largamente se ocupa -de la jurisdicción apostólica en España y el proceso de don Antonio -Covarrubias D. P. de Hinojosa; y Antonio Restori envía desde Italia un -curioso y ameno escrito acerca de un cuaderno de poesías españolas, -que perteneció a donna Ginevra Bentivoglio. Casi un verdadero libro -dedica el señor Rodríguez Villa a don Francisco de Mendoza, almirante -de Aragón. El marqués de Jerez envía a su amigo Menéndez Pelayo unas -cuantas papeletas bibliográficas. Don Juan Catalina García escribe -sobre el segundo matrimonio del primer marqués del Cenete, cuya -narración es de tal manera interesante, que parece la fabulación -intrincada y sentimental de una novela; con el aditamento de detalles -ultranaturalistas que claman por el latín. Otro escritor italiano, -Alfonso Miola, diserta sobre _Un Cancionero manoscritto brancacciano_. -Muy importante para arqueólogos y estudiosos de historia es el -tratado de Iliberis, o examen de los documentos históricos genuinos -iliberitanos, por el señor Berlanca. El señor Rodríguez Marín se -refiere a _Cervantes y la Universidad de Osuna_ en un copioso escrito. -Don Pedro Roca ha ofrecido una muy erudita monografía sobre el -origen de la Academia de Ciencias; y don José María de Pereda cierra -pintorescamente esta fuerte labor de sabios con una narración: _De cómo -se celebran todavía las bodas en cierta comarca montañosa enclavada en -un repliegue de lo más enriscado de la cordillera_. - -Tal ha sido el regalo que se ha hecho, a los veinte años de cátedra, al -moderno Erasmo español, a quien bien sienta el caluroso elogio de Justo -Lipsio: _O magnus decum hispanorum!_ - - [Ilustración] - - - - - EL MODERNISMO - - [Ilustración] - - - 28 de noviembre. - -PUEDE verse constantemente en la Prensa de Madrid que se alude al -modernismo, que se ataca a los modernistas, que se habla de decadentes, -de estetas, de prerrafaelistas con s, y todo. Es cosa que me ha llamado -la atención no encontrar desde luego el menor motivo para invectivas -o elogios, o alusiones que a tales asuntos se refieran. No existe en -Madrid, ni en el resto de España, con excepción de Cataluña, ninguna -agrupación, _brotherhood_, en que el arte puro--o impuro, señores -preceptistas--se cultive siguiendo el movimiento que en estos últimos -tiempos ha sido tratado con tanta dureza por unos, con tanto entusiasmo -por otros. El formalismo tradicional por una parte, la concepción -de una moral y de una estética especiales por otra, han arraigado -el españolismo que, según don Juan Valera, no puede arrancarse «ni -a veinticinco tirones». Esto impide la influencia de todo soplo -cosmopolita, como asimismo la expansión individual, la libertad, -digámoslo con la palabra consagrada, el anarquismo en el arte, base de -lo que constituye la evolución moderna o modernista. - -Ahora, en la juventud misma que tiende a todo lo nuevo, falta la -virtud del deseo, o mejor, del entusiasmo, una pasión en arte, y -sobre todo, el don de la voluntad. Además, la poca difusión de los -idiomas extranjeros, la ninguna atención que por lo general dedica la -Prensa a las manifestaciones de vida mental de otras naciones, como -no sean aquellas que atañen al gran público; y después de todo, el -imperio de la pereza y de la burla, hacen que apenas existan señaladas -individualidades que tomen el arte en todo su integral valor. En una -visita que he hecho recientemente al nuevo académico Jacinto Octavio -Picón, me decía este meritísimo escritor: «Créame usted, en España nos -sobran talentos; lo que nos falta son voluntades y caracteres». - -El señor Llanas Aguilaniedo, y uno de los escasos espíritus que en -la nueva generación española toman el estudio y la meditación con la -seriedad debida, decía no hace mucho tiempo: «Existen, además, en este -país cretinizado por el abandono y la pereza, muy pocos espíritus -activos; acostumbrados--la generalidad--a las comodidades de una vida -fácil que no exige grandes esfuerzos intelectuales ni físicos, ni -comprenden, en su mayoría, cómo puede haber individuos que encuentren -en el trabajo de cualquier orden un reposo, y al propio tiempo un -medio de tonificarse y de dar expansión al espíritu; los trabajadores, -con ideas y con verdadera afición a la labor, están, puede decirse, -confinados en la zona Norte de la Península; el resto de la nación, -aunque en estas cuestiones no puede generalizarse absolutamente, -trabaja cuando se ve obligado a ello, pero sin ilusión ni entusiasmo». -En lo que no estoy de acuerdo con el señor Llanas, es en que aquí se -conozca todo, se analice y se estudie la producción extranjera y luego -no se la siga. «Sin duda, dice, no nos consideramos elevados a una -altura superior, y desde ella nos damos por satisfechos con observar lo -que en el mundo ocurre, sin que nos pase por la imaginación secundar el -movimiento». - -Yo anoto. Difícil es encontrar en ninguna librería obras de cierto -género, como no las encargue uno mismo. El Ateneo recibe unas cuantas -revistas del carácter independiente, y poquísimos escritores y -aficionados a las letras están al tanto de la producción extranjera. He -observado, por ejemplo, en la redacción de la _Revista Nueva_, donde -se reciben muchas buenas revistas italianas, francesas, inglesas, y -libros de cierta aristocracia intelectual aquí desconocida, que aun -compañeros míos de mucho talento, miran con indiferencia, con desdén, -y, sin siquiera curiosidad. Demás decir que en todo círculo de jóvenes -que escriben, todo se disuelve en chiste, ocurrencia de más o menos -pimienta, o frase caricatural que evita todo pensamiento grave. Los -reflexivos o religiosos de arte, no hay duda, que padecen en tal -promiscuidad. - -Los que son tachados de simbolistas no tienen una sola obra simbolista. -A Valle Inclán le llaman decadente porque escribe en una prosa -trabajada y pulida, de admirable mérito formal. Y a Jacinto Benavente, -modernista y esteta, porque si piensa, lo hace bajo el sol de -Shakespeare, y si sonríe y satiriza lo hace como ciertos parisienses -que nada tienen de estetas ni de modernistas. Luego, todo se toma a -guasa. Se habló por primera vez de estetismo en Madrid y, dice el -citado señor Llanas Aguilaniedo: «funcionó en calidad de oráculo la -_Cacharrería_ del Ateneo, donde se recordó a Oscar Wilde... Salieron -los periódicos y revistas de la Corte jugando del vocablo y midiendo -a todos los idólatras de la belleza, por el patrón del fundador de la -escuela, abusándose del tema, en tales términos, que ya, hasta los -barberos de López Silva consideraban ofensiva la denominación, y se -resentían del epíteto. Por este camino no se va a ninguna parte». - -En pintura el modernismo tampoco tiene representantes, fuera de algunos -catalanes, como no sean los dibujantes que creen haberlo hecho todo -con emplomar sus siluetas como en los _vitraux_, imitar los cabellos -avirutados de las mujeres de Mucha, o calcar las decoraciones de -revistas alemanas, inglesas o francesas. Los catalanes, sí, han hecho -lo posible, con exceso quizá, por dar su nota en el progreso artístico -moderno. Desde su literatura que cuenta entre otros con Rusiñol, -Maragall, Utrillo, hasta su pintura y artes decorativas, que cuentan -con el mismo Rusiñol, Casas, de un ingenio digno de todo encomio y -atención, Pichot y otros que como Nouell-Monturiol se hacen notar no -solamente en Barcelona sino en París y otras ciudades de arte y de -ideas. - -En América hemos tenido ese movimiento antes que en la España -castellana, por razones clarísimas: desde luego, por nuestro inmediato -comercio material y espiritual con las distintas naciones del mundo, -y principalmente porque existe en la nueva generación americana -un inmenso deseo de progreso y un vivo entusiasmo, que constituye -su potencialidad mayor, con lo cual poco a poco va triunfando de -obstáculos tradicionales, murallas de indiferencia y océanos de -mediocracia. Gran orgullo tengo aquí de poder mostrar libros como -los de Lugones o Jaimes Freire, entre los poetas, entre los prositas -poemas, como esa vasta, rara y complicada trilogía de Sicardi. Y digo: -esto no será modernismo, pero es _verdad_, es realidad de una vida -nueva, certificación de la viva fuerza de un continente. Y, otras -demostraciones de nuestra actividad mental--no la profusa y rapsódica, -la de cantidad, sino la de calidad, limitada, muy limitada, pero que -bien se presenta y triunfa ante el criterio de Europa: estudios de -ciencias políticas, sociales. Siento igual orgullo. Y recuerdo palabras -de don Juan Valera, a propósito de Olegario Andrade, en las cuales -palabras hay una buena y probable visión de porvenir. Decía don Juan, -refiriéndose a la literatura brasileña, sudamericana, española y -norteamericana, que «las literaturas de estos pueblos seguirán siendo -también inglesa, portuguesa y española, lo cual no impide que con el -tiempo o tal vez mañana, o ya, salgan autores yanquis que valgan más -que cuanto ha habido hasta ahora en Inglaterra, ni impide tampoco que -nazcan en Río de Janeiro, en Pernambuco o en Bahía escritores que -valgan más que cuanto Portugal ha producido; o que en Buenos Aires, -en Lima, en Méjico, en Bogotá o en Valparaíso lleguen a florecer las -ciencias, las letras y las artes con más lozanía y hermosura que en -Madrid, en Sevilla y en Barcelona». - -Nuestro modernismo, si es que así puede llamarse, nos va dando un -puesto aparte, independiente de la literatura castellana, como lo -dice muy bien Remy de Gourmont en carta al director del _Mercurio de -América_. ¿Qué importa que haya gran número de ingenios, de grotescos -si gustáis, de diletanti, de nadameimportistas? Los verdaderos -consagrados saben que no se trata ya de asuntos de escuelas, de -fórmulas, de clave. - -Los que en Francia, en Inglaterra, en Italia, en Rusia, en Bélgica han -triunfado, han sido escritores, y poetas, y artistas de energía, de -carácter artístico, y de una cultura enorme. Los flojos se han hundido, -se han esfumado. Si hay y ha habido en los cenáculos y capillas de -París algunos ridículos, han sido por cierto «preciosos». A muchos les -perdonaría si les conociese nuestro caro profesor Calandrelli, _pour -l'amour du grec_. Hoy no se hace modernismo--ni se ha hecho nunca--con -simples juegos de palabras y de ritmos. Hoy los ritmos nuevos implican -nuevas melodías que cantan en lo íntimo de cada poeta la palabra del -mágico Leonardo: _Cosa bella mortal passa, e non d'arte_. Por más que -digan los juguetones ligeros o los niños envejecidos y amargados, -fracasa solamente el que no entra con pie firme en la jaula de ese -divino león, el Arte--que como aquel que al gran rey Francisco -fabricara el mismo Vinci, tiene el pecho lleno de lirios. - -No hay aquí, pues, tal modernismo, sino en lo que de reflexión puede -traer la vecindad de una moda que no se comprende. Ni el carácter, ni -la manera de vivir, ni el ambiente, ayudan a la consagración de un -ideal artístico. Se ha hablado de un teatro, que yo creí factible -recién llegado, y hoy juzgo en absoluto imposible. - -La única _brotherhood_ que advierto es la de los caricaturistas; -y si de músicas poéticas se trata, los únicos innovadores -son--ciertamente--los risueños rimadores de los periódicos de -caricaturas. - -Caso muy distinto sucede en la capital del principado catalán. Desde -_L'Avenç_ hasta el _Pèl & Ploma_ que hoy sostienen Utrillo y Casas, -se ha visto que existen elementos para publicaciones exclusivamente -«modernas», de una _élite_ artística y literaria. _Pèl & Ploma_ es una -hoja semejante al _Gil Blas illustré_, de carácter popular, mas sin -perder lo aristo; y siempre en su primera plana hay un dibujo de Casas, -que aplauden lápices de Munich, Londres o París. El mismo Per Romeu, de -quien os he hablado a propósito de su famoso _cabaret_ de los _Quatre -Gats_, ha estado publicando una hoja semejante, con ayuda de Casas, y -de un valor artístico notable. - -En esta capital no hay sino las tentativas graciosas y elegantes del -dibujante Marín--que logró elogios del gran Puvis--, y las de algún -otro. En literatura, repito, nada que justifique ataque, ni siquiera -alusiones. La procesión fastuosa del combatido arte moderno ha tenido -apenas algunas vagas parodias... ¿Recordáis en Apuleyo la pintura de la -que precedía la entrada de la primavera, en las fiestas de Isis? (Mét. -XI, 8) Pues confrontad. - - [Ilustración] - - - - - UNA REINA DE BOHEMIA - - [Ilustración] - - - 23 de diciembre 1889. - -EN estos días ha venido a despedirse de Madrid la célebre Mme. -Rattazzi, que con el nombre de _Barón Slock_, dirige en París la -_Nouvelle Revue Internationale_, antiguas _Matinées espagnoles_. Sin -ser archimillonaria, esta señora, verdadera reina del país de Bohemia, -ha mantenido casa puesta durante mucho tiempo, en tres o cuatro -puntos de Europa. Conocida es en gran parte su curiosa vida. Poetisa, -novelista, periodista, mujer de mundo sobre todo, caprichosa y rara -cuando se le sube el Bonaparte a la cabeza, se ha casado tres veces -y ha consagrado un perpetuo culto al amor y al arte. Fué su primer -marido el conde de Solms; el segundo, el famoso hombre público italiano -Rattazzi; el tercero, el español señor de Rute. - -Ya la princesa está muy vieja; con mucho trabajo habrá debido -resignarse a la tiranía del tiempo. Hoy viene a cerrar su casa -madrileña y a decir adiós a España, a la que tanto quiere. Anteanoche -ha dicho conmovida ese adiós, en verso, ante un concurso de amigos. -Todavía tiene energías para trabajar y vuelve a París a proseguir en su -labor; pero ya no verá más el cielo de España, ni volverá a escuchar -las líricas salutaciones que antaño le dirigiera Castelar. Su memoria -está poblada de recuerdos singularísimos; su existencia toda ha pasado -entre grandezas dichosas y terribles tragedias. - -Nieta de Luciano, y por lo tanto, sobrina del emperador, ha recorrido -en triunfo todas las cortes europeas, en tiempos en que su belleza era -cantada por los más gloriosos poetas. Si esta señora publicase sus -memorias, que es probable tenga escritas, serían de lo más interesante. -Posee autógrafos, artículos, versos, cartas amorosas de las primeras -personalidades de este siglo; y no sé hasta qué punto esté de acuerdo -con George Sand, que en una ocasión, a propósito de la publicación de -las cartas de Lamennais, la decía: «Yo pienso como Eugenio Sué, que -los muertos continúan amándonos, pero nosotros les debemos aún más de -lo que nos deben, sobre todo, a señalados muertos, tan ultrajados y -calumniados en vida, por haber amado y procurado el bien. El excelente -Sué se inquietaba por las negligencias de estilo de sus propias cartas -y nos pedía las revisáramos. Si Lamennais hubiese visto de nuevo las -suyas, habría corregido también. En fin, yo contradigo aún a nuestro -pobre Sué, en esto: que debemos atenernos todos a no escribir una -línea que no pueda ser mostrada y publicada. No quiero pensar en lo -que llegarán a ser mis cartas. Quiero persuadirme de que cuando son -íntimas no saldrán de la intimidad benevolente». ¡La pobre Sand, que ha -sido tan traída y llevada cuando la publicación de su correspondencia, -y no hace mucho, cuando la resurrección del famoso Pagello! Eugenio -Sué había escrito antes a María Letizia: «Creedme, mi querida María, -un hombre honrado no se ruboriza jamás de ver expuestas sus opiniones, -sus acciones, o sus pensamientos... Cuando escribe un hombre de nuestra -posición, un escritor, sabe bien que sus cartas son desgraciadamente -autógrafos y que, dentro de veinte o cuarenta años, serán entregadas -necesariamente a la curiosidad o a la simpatía, por la persona a quien -han sido dirigidas, o por sus herederos. Ya lo habéis visto por -Balzac. A cada carta íntima que escribía a vuestra madre, le ponía a -la cabeza: _Brûler_, y vos obedecíais como ella a esta indicación, -mientras que las demás no tenían nada indicado, como si él adivinara el -papel posible que debían representar en tiempo más o menos lejano. Hay, -sin embargo, un caso, en que el silencio más escrupuloso se exige, por -las simples leyes del pudor, y es cuando las cartas han sido dirigidas -a la mujer y no al escritor. La mujer de letras es excusable siempre, -loable a menudo, cuando busca hacer conocer por su correspondencia -a un amigo literario o político que haya pertenecido a su salón; es -censurable y poco delicado cuando turba el silencio del cementerio por -revelaciones amorosas». - -La señora Rattazzi haría muy mal en no formar el más interesante de -los libros con tanto valioso documento como posee. Siendo muy joven, -tuvo el placer de que Alfredo de Musset la hiciera versos. Sainte-Beuve -fué uno de sus galanteadores y el viejo Dumas llegó, en días de mayor -gloria, a ser su amanuense, copiándole, ¡todo un drama! Con Ponsard, el -_flirt_ es innegable como lo demuestra este soneto: - - Hier dans votre sein, ma montre est descendue; - Le pays lui parut sons doute bien orné, - Car pour voir chaque site elle a tant cheminé - Que la pauvre imprudente à la fin s'est perdue. - - Elle battait bien fort, vous l'avez entendue, - Mais vous ne saviez pas que j'eusse imaginé - D'y renfermer au fond mon cœur emprisonné; - C'était lui qui battait sur votre gorge nue. - - Depuis ce temps, il bat d'un mouvement si vif, - Dans le cachot doré qui le retient captif, - Que ma montre en une heure achève la semaine. - - C'est ainsi qu'à l'en croire il s'est passé des mois - Depuis que je vous vis pour la dernière fois; - Il s'est passé pourtant une journée à peine. - -En otros versos, Ponsard ronsardiza: - - Lorsque vous atteindrez le bout de la carrière, - Vieillie et regardant longuement en arrière, - Quand vous n'entendrez plus le langage d'amour, - - Vous puissiez retrouver dans ces feuilles fanées - Un peu du doux parfum de vos jeunes années, - Et dire: Je fus belle et bien aimée un jour. - -Que fué muy bella lo dicen los retratos de sus mejores épocas, los de -su primera juventud y los de su plena lozanía. No ha sido su hermosura -majestuosa belleza de matrona clásica, sino belleza delicada y fina, -lo que expresa el delicioso vocablo francés _mignonne_. Víctor Hugo -estuvo enamorado de ella, y no hay duda de que los suyos son los más -valiosos autógrafos que conserva la anciana princesa. El poeta admiraba -toda su beldad, pero sentía singular predilección por el pie, que debe -indudablemente haber conocido al natural. Creo que me agradeceréis que -os dé a conocer aquí algunas de esas curiosas cartas que dejan ver un -lado poco conocido del gran lírico. Él llamaba a la princesa Rodope, y -a sí mismo se bautizaba, con modesta naturalidad, Esquilo. - -«Hauteville-House, 13 de noviembre. ¿Seríais, señora, bastante buena -para decirme si _La leyenda de los siglos_, que habéis recibido, es la -que os he enviado, pues el honrado correo imperial juzga a propósito -interceptar la mayor parte de mis envíos? Algunos diarios que por ello -se han quejado, en el extranjero, tal vez han llegado a vos. En todo -caso, quizá os lleve el libro yo mismo, si Italia de aquí a entonces -está ya libre, como lo espero. Permitidme que, esperando el gran -artículo prometido por vos al público, os agradezca las veinte líneas -encantadoras que habéis escrito sobre _La leyenda de los siglos_. Y -concededme, señora, la gracia de besar vuestra mano, toda radiante de -poesía. Pongo a vuestros pies todos los homenajes de mi alma y de mi -espíritu.» - -«Querida y sublime Rodope, un pensamiento al despertarme, un -pensamiento de recogimiento y de adoración, al leer esas páginas -tan tristes, tan melancólicas y tan dulces; dejadme en este ensueño -depositar un beso sobre vuestro pie desnudo, pues, como dice Hesíodo, -_el pie desnudo es celeste_. Si mi audacia os enoja, castigad mi carta -quemándola.» - -«17 de julio. No me pidáis ni verso ni prosa; pedidme, señora, -que me conmueva hasta el fondo del alma por una carta como la que -recibo; pedidme que os admire, que os aplauda, que os contemple--de -muy lejos, ¡ay!--. Pedidme que comprenda que una mujer como vos es -una obra maestra de Dios. Los poetas no hacen sino Ilíadas; sólo -Dios hace mujeres como vos; es así cómo se demuestra. Todo lo que me -decís me conmueve. No puedo pensar sin un pesar melancólico, y casi -amargo, en el lugar casi radiante en que me habéis colocado en vuestra -imaginación. Es la gloria, señora, semejante lugar; ¡y ello hubiera -podido ser mejor que la gloria!... Dejadme que me incline ante vuestra -soberanía de gracia, de belleza y de espíritu, y permitid que a la -distancia, y sin intentar franquear toda esta mar y toda esa tierra que -nos separan, y quedando en mi sombra, y replegándome en ella aún más -profundamente y más resueltamente, me ponga, en pensamiento al menos, a -vuestros pies, señora.» - -«Hauteville-House, 1.º de julio. Vuestro encantador envío me llega, -señora en medio de una nube de cartas políticas (algunas muy sombrías), -como una estrella en un torbellino. No sabría deciros con qué emoción -he visto ese deslumbrador retrato, que se parece a vuestro espíritu al -mismo tiempo que a vuestro rostro, y la graciosa firma que lo subraya; -buscad otra palabra que dé las gracias: _je vous remercie_ no es -suficiente.» - -«2 de enero de 1883. El sombrío Esquilo da las gracias a la -deslumbradora y divina Rodope. Las tinieblas están _más que nunca_ -enamoradas de la estrella. Vuestros pensamientos y vuestras cartas -son perlas, de esas perlas ardientes de que habla el Korán. Sería -preciso tener todo lo que vos tenéis, la dignidad mezclada a la -pasión, la gracia exquisita y el deslumbrante espíritu; sería preciso -ser vos misma, para que un hombre en el mundo pudiera creerse digno -de vos. Me parece que si estuviese cerca de vos, en vez de estar tan -lejos, os tomaría algo de vuestra alma, os robaría como Prometeo a los -dioses, esa llamada celeste que está en vos. Pero estás en Roma ¡ay! -Dejadme en este ensueño hablaros y evocaros... ¡Oh, señora! Quien dice -grandeza dice franqueza, y vos sois franca porque sois grande. Desde -hace doce días espero el _coup d'Etat_; espiaba y aguardaba... Hay que -partir, ahora. Heme aquí de nuevo en el torbellino, en el vaivén, en -el movimiento continuo. Escribidme, escribidme. Esquilo envía a Rodope -toda su alma, todos sus ensueños.--VÍCTOR HUGO.» - -Ahora, en sus postreros años, todas esas cosas viven en la memoria de -la antigua beldad, como pétalos de una seca flor entre las hojas de -un viejo libro. La princesa, como he dicho, todavía va a Portugal, a -Turquía, a Austria, en jiras artísticas o periodísticas. Es la sombra -errante de su pasado. Además, ha sufrido durísimos golpes. Uno de ellos -la muerte de una hija, a quien amaba mucho. Estando en Aix-les-Bains, -un ómnibus decapitó a la niña que jugaba, cerca de la villa de la -madre. Su hija Isabel, hija de Rattazzi, se casó en España, y su marido -está en un manicomio. Y como éste muchos sufrimientos, muchas penas. -Con esto paga a la suerte el ser de sangre napoleónica y tener talento. -Y admiro a esta gran bohemia, de familia imperial, que ha sido bella y -ha sabido defenderse de la vida, al amor de los versos y de los besos. - - - - - EL CARTEL EN ESPAÑA - - [Ilustración] - - -AL escribir mis primeras impresiones de España, a mi llegada a -Barcelona, hice notar que una de las particularidades de la ciudad -condal era la luminosa alegría de sus calles, enfloradas en una -primavera de _affiches_. Así como en Buenos Aires se está aún con el -biberón a este respecto, en España no se ha salido de la infancia. León -Deschamps afirma que ello es en el arte en general y más especialmente -en el arte decorativo. El francés exagera. Le bastaría haber puesto los -ojos en un estudio recientemente publicado en la _Revue Encyclopédique_ -por Mélida, para convencerse de lo contrario. Si algo hay que en este -general marasmo sostenga el espíritu antiguo de la gloriosa nación, es -el arte. Las exposiciones--aunque la última haya dejado que desear--se -suceden copiosas, sustentadas por el Círculo de Bellas Artes en -Madrid y por el Concejo municipal en Barcelona. Las pequeñas revistas -ilustradas hacen lo que pueden por desarrollar el gusto público. La -arquitectura busca, en modelos nuevos, amplitud y gracia. El arte -decorativo alcanza notable vuelo en Cataluña. La decoración teatral, -cuyos Rubé y Chaperón han sido Busato y Amalio Fernández, progresa a -ojos vistas. El arte antiguo español tiene un núcleo de apasionados -en la Sociedad de Excursionistas; y en el Ateneo las cátedras de -arqueología y de historia del arte están muy bien mantenidas. Lo que -hay es, como ya lo he manifestado en vez anterior, que la protección de -las clases ricas es nula, y que el Gobierno tampoco se ocupa, como en -tiempos de ilustres memorias, de favorecer la expansión de los talentos -españoles. En la última exposición fué de gran resonancia la compra -de un cuadro de Sorolla hecha por una dama de la aristocracia. No se -dijo después de esto, que ninguna alta personalidad de la Real Casa, -o título rico, hubiese hecho adquisiciones entre lo poco de mérito -que había en el certamen que inició la primavera y cerró la granizada -colosal del pasado mayo, antes de término. - -Pero, hablemos del cartel o _affiche_... - -Desde hace largos años, los carteles vistosos se han usado en España -para anunciar las famosas ferias de Sevilla, de Valencia, la fiesta de -la Virgen del Pilar de Zaragoza, y corridas de toros en días de gala. - -Tales carteles no son desde luego del género de los carteles -comerciales de hoy. En ellos se procura ante todo llamar la atención -del transeunte con la reproducción _criarde_ de los pintorescos tipos -de las provincias, o majas de ojos grandes y rojas sonrisas, toros y -toreros. - -Como fondo puede verse ya la iglesia de la ciudad, o el coso. -Últimamente se han visto carteles anunciadores de las exposiciones de -pinturas, de las fiestas del carnaval y para algunas representaciones -teatrales. Estos aún en número muy reducido, pero se va estableciendo -la costumbre. - -En los carteles de torería ha predominado, como en los de las fiestas -provinciales, y, puede decirse, como en la mayor parte de las nuevas -tentativas, el grito hiriente de los colores, el llamamiento feroz del -color, con su tiranía engañosa; esta terrible potencia del color, que, -como dice Barbey D'Aurevilly, hace creer en la verdad de la mentira. - -Con razón sorprende a Deschamps esta acentuación del crudo colorido, -y de los oros verdaderamente pronunciados. La falta de originalidad -es notoria, pero en esto no sólo en España, sino también en el resto -de Europa se nota actualmente. Son cuatro, son seis, pongamos diez, -_affichistas_ originales; los demás combinan varios procedimientos, o -imitan francamente tales o cuales maneras. En el arte «moderno», en -literatura como en todo, un aire de familia, una marca de parentesco -se advierte en la producción de distintas naciones, bajo climas -diferentes. El primitivismo, el prerrafaelismo inglés, ha contagiado al -mundo entero. El arte decorativo de William Morris y demás compañeros -se refleja en el arte decorativo universal desde hace algunos años. Y -en lo que al cartel se refiere, Aubrey Beardsley perdura en una falange -de artistas ingleses, norteamericanos y de otras partes. El mismo -yanqui Bradley, que tiene personalidad propia, no negaría la influencia -del malogrado y misterioso maestro. Dudley Hardy también ha extendido -su sugestión a muchos de sus contemporáneos. Y en Francia, basta con -nombrar a Chéret para reconocer a cada paso, en obras de otras firmas, -la imitación o el calco de sus figuras, la atracción de sus llameantes -locuras de color. ¿En nuestros ensayos de Buenos Aires no se ve la -persecución de Mucha? Por lo tanto, no es de extrañar que aquí sea el -arte del cartel un arte de reflexión. - -Hace algún tiempo una casa industrial muy conocida, la que fabrica -el más conocido aún anís del Mono, abrió un concurso para anunciar -su licor. Entonces se notó por primera vez que había en España una -cantidad de cartelistas bastante notables que antes no se sospechaba. -Aparecieron «trescientos monos haciendo trescientas mil monerías», como -en los clásicos versos. Pero el mono mejor, el que se llevó el primer -premio, fué el del catalán Casas, quien presentó dos carteles, con -sus monos correspondientes acompañados de dos españolas _monísimas_. -En el uno el animalito sobre un trípode, vierte a la chula, envuelta -en un mantón lujoso de alegres tonos, una copa de anís; en el otro -la chula--¡precioso modelo, por vida mía!--tiene en la diestra la -copa y con la izquierda lleva asido a su mono. Casas es uno de los -mejores artistas actuales en España; con Rusiñol sostiene sabia y -cuerdamente un modernismo bien entendido, en la capital de su Cataluña. -Se le señalan maneras imitadas de autores extranjeros, y Deschamps -escribe a propósito de una de sus últimas producciones, _Pèl & Ploma_, -los nombres de Ibels y de Lautrec. Lo que hay es que tanto Casas -como Rusiñol y los «nuevos» de la joven escuela catalana, como los -escritores, están al tanto de lo que en el mundo entero se produce -de las evoluciones del arte universal contemporáneo, y siguen lo que -se debe seguir del pensamiento extranjero; _los métodos_, como tan -sabiamente lo ha dicho en ocasión reciente y a propósito de otras -disciplinas en Buenos Aires el doctor Juan Agustín García hijo. Después -se desarrolla la concepción individual en el ambiente propio, en el -medio propio. No otra cosa encuentro yo en las obras artísticas y -literarias del admirable artista de Sitges. - -Rusiñol ha hecho carteles dignos de nota, y que el escritor francés -de que he hablado juzga sin observación, con criterio más que ligero, -precipitado. Que Rusiñol sea un _chercheur_, perfectamente de acuerdo. -«Todos sus _affiches_ son de aspecto diferente». _Nego. Le teatro -artístico interior_ (sic) _est un effet de nuit très remarquable_. -¿M. Deschamps no ha podido siquiera darse cuenta de lo que se trata? -_Teatro artístico_ es el nombre del teatro libre que quería Benavente -fundar en Madrid; _Interior_, es el título de un drama, cuyo autor es -harto conocido en _La Plume_, de que es director M. Deschamps, y cuyo -nombre, en letras bien grandes, está al pie del cartel: M. MAETERLINCK. -El «efecto de noche» es una delicada y profunda _rêverie_ en negro y -violeta, si mal no recuerdo, interpretación de la obra vaga y dolorosa -del poeta belga. En todos los carteles de Rusiñol su espíritu se -transparenta, como en todas sus pinturas, como en todo lo suyo, y aun -siendo de manera distinta, por ejemplo, el cartel de _L'allegría que -passa_, puesto que cada tema debe tener una interpretación diversa, -se advierte que también «pasa» por allí el mismo aliento de enfermiza -poesía que en la visión del ensueño del _affiche_ de _Oracions_ hecho -en colaboración con Utrillo, o en esa otra página de melancolía que -anuncia el bello libro de _Fulls de la vida_. - -Riquer es un entusiasta. Ha fundado revistas artísticas _à l'instar_ de -similares extranjeras y de la que entre nosotros realizaría el sueño -de Schiaffino, si existiera; _Luz_ ha sido una de ellas, y tuvo poca -vida. Riquer conoce a maravilla el arte moderno. Sus ilustraciones, -sus dibujos le han dado aquí justa originalidad. En sus carteles hay -el mismo talento buscador y feliz. Es un hábil sinfonista del color, -así le haga detonar demasiado en sus graciosas combinaciones. Sus -_Crisantemas_ son deliciosas en su claro origen sajón; Bradley mismo no -tiene muchos carteles superiores a éste; su figurita para las galletas -y bizcochos de Grau y Compañía es de un encanto innegable sobre su -armoniosa decoración. A Utrillo se le compara con Steinlen. No hay duda -de que el hombre de _Ferros d'Art_ y la figura del _Anuario Riera_, -pongo por caso, parecen de la mano del artista parisiense; pero ¿la -exquisita _noya_ del cartel de las aguas de _Cardo_? Utrillo es fuerte, -es vigoroso; mas cuando un soplo suave le llega, la gracia está con él. - -Marcelino Unceta es especialista, como Pérez, en corridas de toros. Sus -picadores, sus potentes y cornudas bestias, sus _espadas_, todas las -gentes del circo nacional que hace vivir su talento pictórico, son de -primer orden. Pero sus carteles no corresponden bien visto a lo que se -entiende por pintura de _affiche_. Son figuras que pueden entrar en un -cuadro de género, tipos de estudio para verdaderas telas de composición. - -A Xaudaró, el caricaturista, no le considero en la misma línea de los -cartelistas catalanes, aun de los nuevos como Gual, que revela un brío -y un talento que no se discuten. Xaudaró lleva al cartel sus mismas -caricaturas; el eterno enano macrocéfalo, la exageración del gesto, -la deformación, no por cierto a causa de un exceso de comprensión del -dibujo. Sus _bonshommes_ fatigan ya en su incesante repetición. En -la expectación del cartel resultan fuera de su centro; se ve que se -han salido de los álbumes de su autor o de las páginas humorísticas -de las revistas semanales. Navarrete sí merece mención, por su -franqueza de dibujo y su colorido--siempre con la nacional exageración -naturalmente--. Tanto él como casi todos los dibujantes de España -han usado y abusado de la línea gruesa que recorta la figura como el -emplomado de los _vitraux_. Desde la aparición de carteles que han dado -a Alfonso Mucha su celebridad, esa afición ha aumentado, como la de -imitar al _affichista_ de Sarah Bernhardt la manera de desenvolver las -cabelleras de sus figuras, como en cintas y volutas. - -Yo no he tenido la suerte de encontrar esos carteles de que habla M. -Deschamps--que desde luego no ha estado en España según creo--en que -pintores españoles han ensayado crear aquí un arte de cartel nacional. -Lo que he visto, sí, son muchos reflejos, muchas imitaciones, muchos -calcos. Buena voluntad no falta y talento sobra. No será una rareza que -esa creación buscada se realice. Desde luego se ve que en el cartel -español se salen de la rebusca del atractivo por la desnudez. No sé -que motivo haya, como no sea el eterno de la atracción del desnudo, -para anunciar una máquina de coser, unas píldoras o unas lámparas, -con señoritas en cueros, como hace la mayor parte de los cartelistas -franceses. Pero aquí hay muchas bellezas que reproducir halagando -la mirada del público, en este país de hermosos rostros femeninos y -verdadero imperio de flores; Sattler tenía a su disposición el ensueño -en su país del Norte, para hacer florecer de una flor rara su _affiche_ -del periódico _Pan_. ¿Qué cosas, al claro día, no puede decir la paleta -española, con la ayuda de la verdad de su sol? - - - - - LA NOVELA AMERICANA - EN ESPAÑA - - [Ilustración] - - -HA escrito el novelista don José María de Pereda una carta a un editor -madrileño que se propone publicar una serie de novelas de autores -americanos, en la cual carta, después de aplaudir la empresa, hace -declaraciones que conviene notar. Desde luego, el desconocimiento -que existe en la Península de todo el movimiento literario de las -repúblicas hispanoamericanas. Después la afirmación de que la novela -americana existe; o más bien, de que hay novelistas americanos a -quienes él pone sobre su cabeza. El desconocimiento de que habla -el célebre escritor montañés es centuplicadamente mayor que lo que -él supone, no sólo en lo que tiene que ver con la literatura, sino -con la vida política y social y aun con la más elemental geografía. -Y no me refiero al vulgo, o gentes de cultura rudimentaria, sino a -personas de valía mundana y hombres de ciencia, artes y letras. Toda -América es _tierra caliente_; lo que si para París es excusable, no lo -puede ser por motivo alguno para el país que nos ha enviado con sus -conquistadores, su habla, su religión, sus buenas cualidades y sus -defectos. He conocido parisiense de París, literato y orientalista, -para quien no tenía secretos el más modesto personaje del Ramayana, -pero que de San Martín y de Bolívar no sabía sino que el uno era un -santo y el otro un sombrerero. La ignorancia española a este respecto -es más o menos como la de un parisiense. Nuestros nombres más ilustres -son completamente extraños. Por lo general, en política, la erudición -llega a Rosas. Diario importante ha habido que al publicar una noticia -de la reciente guerra boliviana la ha encabezado con toda tranquilidad: -_La guerra de Chile_. En la conversación, podéis oir que se confunden -el Brasil, el Uruguay, o el Paraguay con Buenos Aires. Y en literatura, -todo lo nuestro es irremediablemente tropical o cubano. Nuestros poetas -les evocan un pájaro y una fruta: el sinsonte y la guayaba. Y todos -hacemos guajiras y tenemos algo de Maceo. Tal es el conocimiento. No -exagero. - -«Introdúzcanse, popularícense aquí las obras literarias de nuestros -consaguíneos de allá, dice amablemente el señor Pereda, y las -corrientes intelectuales de simpatía y de afecto serán dobles y -recíprocas, y, por tanto, más poderosas. Yo me honro con la amistad de -muchos escritores hispanoamericanos, vivo con ellos en frecuente trato -epistolar, y por eso sé lo que en España pensamos de sus respectivas -naciones cuantos aquí las conocemos por sus libros, espejos fieles -de su cultura y de sus tendencias. Hablando sólo de novelistas, -porque solamente de ellos se trata ahora, afirmo sin vacilaciones, -_que cuentan las mencionadas Repúblicas con algunos tan buenos como -los mejores de Europa_, etc». La buena voluntad es manifiesta en el -hidalgo. Él ha querido quizás decir «como los mejores de España»; pero -aun así, la lisonja no pierde su aumento. Desde los tiempos de la -conquista a esta parte, son raros los americanos que han podido ocupar -en España un alto puesto intelectual. Además, los que han figurado -han sido más españoles que americanos, puesto que no han debido su -americanismo más que al azar del nacimiento. Colocar a don Ventura de -la Vega entre los poetas argentinos, vale tanto como incluir entre -los poetas cubanos a José María de Heredia, de la Academia Francesa. -Baralt residió casi toda su vida en España, si mal no recuerdo. El -cardenal Moreno nació en Guatemala; pero el primado no era por cierto -guatemalteco. El general Riva Palacio se mezcló con los españoles; -pero por más que lo intentara, prevalecía el perfume del pulque nativo -ante el olor del jerez adquirido. Su españolismo era de diplomacia. -Los glóbulos de sangre que llevamos, la lengua, los vínculos que nos -unen a los españoles no pueden realizar la fusión. Somos otros. Aun en -lo intelectual, aun en la especialidad de la literatura, el sablazo -de San Martín desencuadernó un poco el diccionario, rompió un poco la -gramática. Esto no quita que tendamos a la unidad en el espíritu de la -raza. - -Pero, volviendo a la afirmación del señor de Pereda, y haciendo todos -los esfuerzos posibles para mostrarme optimista, no diviso yo, desde -Méjico hasta el Río de la Plata, no digo nuestro Balzac, nuestro Zola, -nuestro Flaubert, nuestro Maupassant, (¡oh, perdonad!) sino que no -encuentro nuestro Galdós, nuestra Pardo-Bazán, nuestro Pereda, nuestro -Valera. A menos que saludemos a Pereda en el señor Picón Febres, de -Venezuela, y a doña Emilia en la señora Carbonero, del Perú. En todo -el continente se ha publicado, de novela, en lo que va de siglo, y -ya va casi todo, una considerable cantidad de buenas intenciones. -Del copioso montón desearía yo poder entresacar cuatro o cinco obras -presentables a los ojos del criterio europeo. La novela americana no -ha pasado de una que otra feliz tentativa. La _María_ del colombiano -Jorge Isaacs es una rara excepción. Es una flor del Cauca cultivada -según los procedimientos de la jardinería sentimental del inefable -Bernardino. Es el _Pablo_ y _Virginia_ de nuestro mundo. No sé si -Büchner o Molleschott, envió a Isaacs una felicitación entusiasta: y -el sabio Dozy se manifestó conmovido. Dos generaciones americanas se -han sentido llenas de Efraimes y de Marías. Lo cierto es que en esa -ingenua y generosa fabulación hay un indecible encanto humano, de -frescura juvenil y de verdad, que si al llegar al medio del camino de -la vida nos hace sonreir, cuando no nos hace suspirar, en los años -primaverales es un delicioso breviario de amor. Pero fuera de la -_María_ de Isaacs, que el señor Pereda califica con mucha intención -de novela del «género eterno», fuera de ese idilio solitario ¿qué nos -queda? En la República Argentina se ha cultivado la novela. Se ha -cultivado, sí. ¿Y el producto? Saludo con respeto la novela del doctor -López; pero, con muchísimo respeto la coloco a un lado. No me parece -que pueda pretender la representación de la novela americana. Mi pobre -y brillante amigo Julián Martel realizó el plausible esfuerzo de _La -Bolsa_, obra llena de talento, de promesas, de vida, pero _pastiche_. -El autor de los _Silbidos de un vago_ forma con sus novelas un grupo -aparte. Es de lo más valioso en las letras argentinas esa producción -a la diabla, vibrante, valiente, chispeante; pero a la cual falta la -gloria del arte, virtud de inmortalidad. Apoyado por Zola, Antonio -Argerich escribe una novela; otra tentativa. Carlos María Ocantos -escribe novelas absolutamente españolas cuyo argumento se desarrolla -en Buenos Aires. Nos queda una obra de resonancia: _Amalia_ de Mármol. -Quitadle su valor histórico, su alcance político, su base de «episodio -nacional». Encontraréis que el furioso y admirable yámbico resulta -un mediocre novelador. Las novelas de Groussac son novelas europeas -por todo sentido, y la primera razón es que el autor es un europeo. -Grandmontagne con su trilogía realiza, o anuncia, lo que puede ser -mañana la novela argentina. Para mí el primer novelista americano o -el único hasta hoy ha sido el primer novelista argentino: Eduardo -Gutiérrez. Ese bárbaro folletín espeluznante, esa confusión de la -leyenda y de la historia nacional en escritura desenfadada y a la -criolla, forman, en lo copioso de la obra, la señal de una época en -nuestras letras. Esa literatura gaucha es lo único que hasta hoy -puede atraer la curiosidad de Europa: ella es un producto natural, -autóctono, en su salvaje fiereza y poeta va el alma de la tierra. El -poeta de ese momento embrionario es Martín Fierro, y en esto estoy -absolutamente de acuerdo con el señor de Unamuno. - -Chile ha tenido también cultivadores, pero ninguno de los que han -pretendido hacer novela chilena ha vencido al viejo Blest Gana. -Sin embargo, Blest Gana, escritor sin estilo, fabulador de poco -interesantes intrigas, está ya casi olvidado. Su novela no es la -novela americana. Surge ahora en Chile un talento joven que es firme -esperanza; ha demostrado la contextura de un novelista de base -nacional, sostenido por la precisa cultura, la necesaria cultura, sin -la cual nada será posible; me refiero al hijo de Vicuña Mackenna, a -Benjamín Vicuña Mackenna Subercasseaux, de nombre un poco largo para -nombre de autor. Del Perú no conozco novelista nombrable, aunque hay -buenos cuentistas entre los jóvenes literatos, lo que no es poco. -Ricardo Palma ha podido realizar una obra que habría completado su -fama de tradicionista: la novela de la colonia. Lo propio el boliviano -Julio L. Jaimes, cuyas reconstrucciones del buen tiempo viejo de Potosí -demuestran su maestría en esos asuntos. Venezuela ha tenido novelistas -locales, cuya obra total se esfuma ante un solo cuento de Díaz -Rodríguez. Este escritor podría darnos la novela venezolana, americana; -pero se queda en su jardín de cuentos, de innegable filiación europea. -En Colombia los que han escrito novelas forman legión. Colombia es el -país de la fecundidad, en talento, en mediocridad, en todo. Por algún -lado allá todo el mundo es Tequendama. Pues entre toda la balumba de -novelas colombianas tan solamente florece para el mundo, orquídea única -de esos tupidos bosques, la caucana _María_. Últimamente un escritor de -combate, artista leonino, _malgré lui_, ha escrito una novela-poema, -con la inevitable mira política. Hablo de Vargas Vila. En Centro -América sólo hay dignos de cita José Milla, autor de varias curiosas -novelas de argumento colonial, escritor de ingenio muy castizo, -_persona grata_ seguramente al señor de Pereda; Salazar y Enrique -Gómez Carrillo, todos guatemaltecos de nacionalidad, pero el primero, -fruto legítimo de España, el segundo saturado de Alemania, el tercero -parisiense de adopción y vecino del Boul' Mich. En Méjico, como en -Colombia muchos novelistas han surgido, desde Altamirano hasta Gamboa; -pero la novela mejicana se espera aún. - -Ya ve el señor de Pereda que su bondad es un tanto abultadora. Nuestro -organismo mental no está constituído todavía, y si en lírica podemos -presentar dos o tres nombres al mundo, toda la novela americana -producida desde la independencia de España hasta nuestros días no vale -este solo nombre, por otra parte poco simpático para mí: Benito Pérez -Galdós. - - * * * * * - -Una novela americana acaba de publicarse en Madrid, de la cual quiero -hablar a los lectores de _La Nación_. _Todo un pueblo._ Su autor es -Miguel Eduardo Pardo, venezolano, residente en París, y que ha vivido -por algún tiempo en esta Corte. El libro es una obra de bien y de -valor. Alguien ha dicho que en vez de llamarse _Todo un pueblo_, -debería ser _todo un continente_. En efecto, con la excepción de los -dos pueblos cuerdos que van a la cabeza de la América española, el -resto puede reclamar como retrato propio el libro de Pardo. Se trata -del famoso _South America_, un _South America_ que se extiende hasta -la frontera de los Estados Unidos. Yo no sé si su autor ha querido -ponernos a la vista su Venezuela; pero por más de un retrato hecho -a lo vivo, se sacaría por consecuencia que sí. Mas lo que pasa en -las doscientas y tantas páginas del libro puede tener por escenario -más de un país americano que conozco. Es la lucha del espíritu -de civilización con un estado moral casi primitivo que permite el -entronizamiento del caudillaje en política, del fanatismo en religión, -y en lo social de una vida, o retardada en la que confina con la -choza de antes, o advenediza hasta producir ese fruto de exportación -único y de legítima procedencia hispanoamericana: _el rastaquouere_. -En este libro de literato hay el pensamiento de un sociólogo. La -tragedia que anima la narración tiene por escenario un pedazo de esas -Américas cálidas, con sus ciudades semicivilizadas y sus campañas -pletóricas de vida, sembradas de bosques en que impera la más bravía -naturaleza y en donde se refugia el alma del indio, el alma libre -del indio de antaño, afligida de la opresión y decaimiento de los -restos de tribus del indio de ahora. Y es la preponderancia de los -descendientes de los conquistadores, de los mestizos enriquecidos; el -producto de la raza de los aventureros y hombres de presa que llegaron -de España y la raza indígena, que dió por resultado «una sociedad sin -génesis bien esclarecido», que tuvo como las sociedades europeas su -aristocracia, su clase media y su plebe. La primera, más anémica y -por ende menos copiosa que la abundante clase media, engendró seres -degenerados y enclenques los cuales seres, creyendo a pie juntillas -en su alcurniada descendencia, se proclamaron de la noche a la -mañana raíces, ramas, flores y capullos de aquellos árboles egregios -que fueron orgullo genealógico del pueblo que por casualidad hizo -nido en las montañas de la egregia Villabrava. Villabrava, como he -dicho, puede estar en la república americana que el lector guste. En -política es esa interminable serie de revueltas, motines, asesinatos, -pandillajes, asonadas, pronunciamientos; los feroces coronelotes zambos -y los crueles generalotes indios; el aventurero que logra en países -semejantes altos puestos públicos, a fuerza de habilidad y audacia; -los oradores de oratoria rural, los diputados fantoches y guapetones, -¡y _La Patria! ¡La Libertad! ¡El 93! ¡Los derechos del hombre!_ la -Prensa grotesca, adulona o de presa; los distinguidos personajes que -rodean a su excelencia; la policía de verdugos; los vicios desbragados -al son de las bandas palaciegas... ¡oh!, es eso de un pintoresco de -opereta que mezcla lo terrible con lo bufo. Pues bien, de eso hay -mucho en el decorado de la obra de Pardo; y en el fondo el problema -de la regeneración, o mejor, de la verdadera civilización de esas -comarcas. Claro es que en la fábula debía haber su llama de amor, y -la hay; es la lámpara que arde en su pureza entre las agitaciones del -cómico y sangriento carnaval. Pardo es escritor de prosa violenta, algo -desenfadada, pero se ve que ama el arte por los lujos verbales que -ostenta el caballo en que un duque puede entrar en la iglesia, lleva -herraduras de plata. Sobre las rocas de su tierra deja un reguero de -bellas chispas. - - [Ilustración] - - - - - LA CRÍTICA - - [Ilustración] - - - Madrid, 1899. - -HACE algún tiempo decía Leopoldo Alas: «En literatura estamos muy -mal. Muchos no lo notan siquiera, o porque su grosera naturaleza no -da importancia a lo espiritual, no siendo de interés egoísta, o por -falta de gusto y de inteligencia; otros sí lo notan... pero quieren -_ganar amigos_, no perderlos, y hacen como si creyeran que todo va -perfectamente. Censuras generales, anodinas, que no ponen el dedo en -la llaga ni comprometen, eso sí; todo lo que se quiera. Pero censura -directa, concreta, _personal_, con motivo de este autor, de esta obra -¡oh! nadie se atreve. Hablo de la censura bien intencionada, imparcial, -desapasionada, por amor al arte. No llamo censura a los gritos del -rencor, de la enemistad, de la burla baladí, que todo lo mancha y -pisotea por dar que reir a los malvados, a los imbéciles y a los -envidiosos. Ruindades y cascabeles de bufón inmoral, casi inconsciente -en sus injusticias de Momo, no faltan. Alardes de procaz insulto, de -falta de respeto a ideas y legítimas autoridades, abundan; pero eso -¿qué tiene que ver con la crítica honrada, concienzuda, edificante?» - -El señor Alas se refiere, como veis, a la crítica que censura; yo -encuentro iguales o más lamentables tachas en la crítica que quisiera -tender a sociológica; en la crítica que admira. Pero ante todo, -¿existe la crítica española? Un amigo escritor me contestaba: - -«Crítica, no hay; hay críticos.» Desde mi llegada he buscado en libros -y periódicos alguna manifestación nueva. Los pocos reconocidos como -maestros callan, o porque los órganos principales no solicitan sus -opiniones o porque el desencanto les ha poseído. Valera prefiere volver -a la novela; Balart hacer versos de cuando en cuando; _Clarín_, el más -militante de todos, escribe paliques en vez de ensayos, porque los -paliques se los entienden. En las publicaciones de cierta autoridad, -revistas e ilustraciones, ejercen unos cuantos veteranos anónimos, -cuyas palabras no encuentran el más débil eco; extraen sus pensares de -antiguas alacenas, los exponen a propósito de cualquier tópico y los -vuelven a guardar. Los hay que tienen cierto nombre como eruditos en -materias especiales; pero a uno de éstos he visto juzgar en la revista -más seria de España, y en cuatro líneas, como obra mediana y de autor -_que promete_, el magistral _Del Plata al Niágara_--de Groussac--, y -deleitarse en el espacio de dos o tres páginas con cualquier producto -nacional, que entre nosotros apenas lograría ser mencionado en la -sección bibliográfica de un diario. - -Ciertamente, de Larra a estos tiempos, la crítica en España ha tendido -a salir de la estrechez formalista y utilitaria. Quedan rezagos de -la época hermosillesca y dómines tendenciosos, a quienes mataría -una ráfaga de aire libre. Las pocas figuras sobresalientes en la -mediocridad común han conseguido hacer entrar alguna luz tras muchos -esfuerzos; pero esos rayos quedan aislados. La crítica tiene que -encogerse, tiene que rebajarse para ser aceptada. No se demuestra la -voluntad de pensar, en ninguna clase de muntales especulaciones. Y Luis -Taboada dice una corrosiva verdad--que me permito creer de terrible -intención--cuando afirma que en España entre «el señor de Ibsen» y -él, él. Así os explicaréis que _Clarín_ siga en una incontenible -exuberancia de paliques, y que ese grotesco y distinguido gramático de -Valbuena tenga lectores. - -Hay que advertiros que en revistas y diarios, apartando los nombres -célebres que conocéis, todo escritor, malo o bueno, es crítico. La -tendencia que entre nosotros se acentúa, y que en todo país culto es -hoy ley del especialismo, es aquí nula. Todo el mundo puede tratar -de cualquier cosa con un valor afligente. ¿Hay que dar cuenta de una -exposición artística, que juzgar a un poeta o a un músico, o a un -novelista?--El director de la publicación confiará la tarea al primero -de los _reporters_ que encuentre. Aquí no hay más especialistas que -los revisteros de toros; los cuales revisteros también hacen crítica -teatral, o lo que gustéis, con la mayor tranquilidad propia del público. - -Pero hay autoridades notorias. Ante todo Menéndez Pelayo, cuyas -preocupaciones de ortodoxia no han impedido que sea el más amplio al -mismo tiempo que el más sólido criterio de la literatura española en -este siglo. Es una vasta conciencia, unida a un tesón incomparable. -Hace algunos años he tenido ocasión de tratarle íntimamente, cuando -vivía en su departamento del hotel de Las Cuatro Naciones. Hacía vida -mundana, no faltaba a las reuniones de sociedad; tenía su cátedra; -y sin embargo, le sobraba tiempo para escribir en varias revistas, -informarse de los libros en cuatro o cinco idiomas, que llegaban -del extranjero, y proseguir en su labor propia, en la producción de -tanta obra saturada de doctrina, maciza de documentación, imponente -de saber y de fuerza. Es el enorme trabajador de los _Heterodoxos_ y -de las _Ideas estéticas_. Creo que abandonó su antiguo proyecto de -escribir una Historia de la literatura española. Su labor realizada -vale verdaderos tesoros, que son desde luego más estimados en su justo -valer en el extranjero que en España; fuera se pesan su ciencia y su -conciencia; aquí se admira su fetiche, y se le coloca entre varias -beneméritas momias. - -Entregado a estudios universales, a labores de dificilísima erudición, -la crítica de Menéndez Pelayo no se aplica a la producción actual, como -no sea a trabajos que tengan relación con sus señaladas disciplinas. -Encerrado en la Biblioteca Nacional, cuyo director es, continúa en sus -tareas benedictinas, lejos de las agitaciones cuotidianas y en relación -tan sólo con los eruditos y sabios de otros países. - -Don Juan Valera, en sus últimos años, ha vuelto a la novela. No se lee -más aquella sabrosa crítica suya en que las ideas expresadas no tenían -tanto valor como la manera de expresarlas. No es esto decir que el -famoso trabajo sobre el Romanticismo en España, o sobre el _Quijote_, -carezca de vigor ideológico; pero su manera, que desenvuelve tan -gratamente las más sutilísimas complicaciones, ha sido el principal -distintivo de su excepcional talento. Su cultura es mucha, y posee esa -cosa hoy muy poco española en el terreno de la crítica: distinción. -Lo cual no obsta a que a través de la trama de sus discursos aparezca -cierta fina malignidad, un buen humor picaresco, que suele dar a los -más calurosos elogios una faz de burla. Y esto es de tal modo, que los -enconados o los envidiosos suelen ver aún en los más sinceros aplausos -de don Juan, un sentido oculto y desventajoso para los que él cree -dignos de su alabanza. - -Lo cierto es que tiene singular habilidad para manejar contradicciones -y recrearse recreando con paradojas. Teje alrededor de una idea -complicadas redes, traza ingeniosos laberintos en donde él camina con -toda holgura y sin peligro, mientras sus lectores poco avisados caen en -la trampa o juzgan salir del enredo cuando más en él se internan. Y no -obstante, yo creo en la lealtad de sus opiniones. A este respecto le -encuentro mucho de semejante con Anatole France. - -Leopoldo Alas, o sea _Clarín_, ha sufrido la imposición de un público -poco afecto a producciones que exijan la menor elevación intelectual. -_Clarín_ ha demostrado ser un literato de alto valer, un pensador -y un escritor culto, en libros y ensayos que fuera de su país han -encontrado aprecio y justicia; mientras los lectores españoles no han -podido sino gustar sus cualidades de satírico, obligándole así a una -inacabable serie de charlas más o menos graciosas, en que, para no caer -en ridículo, tiene que desperdiciar su talento ocupándose generalmente -de autores cursis, de prosistas hueros y poetas «hebenes». Taboada en -el Parnaso. Y ese es el autor de páginas magistrales como sus antiguas -_Lecturas_, o su ensayo sobre _Baudelaire_, o el de _Daudet_ y tantos -otros. En América se tiene por esto una idea falsa de Leopoldo Alas. -Este es un hombre serio: desde hace mucho tiempo doctor en derecho -y profesor de Oviedo, y entregado siempre a lecturas graves y poco -risueñas. Mas tiene que reir y hacer reir a tontos y a malignos, so -pena de no colocar sus estudios de médula y enseñanza: pues como lo -acaba de decir un diario--_El Liberal_--, el «_Madrid Cómico_ va en -camino de ser el primer periódico literario de España». Claro está que -el señor Alas escribe esos artículos con una precipitación febril que -se ve claramente en cada uno de ellos, y así se explica que algunas dos -veces haya confundido en el _Madrid Cómico_ a Richepin con... Montepín, -y haya hecho la célebre comparación entre Flaubert, Eberts y Anatole -France, con el Valera de _Morsamor_. _Clarín_, pues, actualmente, no -escribe crítica, como no sea para el extranjero. ¡Aquí, lo que pagan -bien son paliques: pues paliques! - -El señor Balart también hace mucho tiempo que no critica. Este -escritor, cuya fama de poeta ha oscurecido su renombre de crítico, ha -sido comparado con Lemaître y France a título de impresionismo. En mi -entender, no ha habido en el señor Balart más que una nueva faz del -eterno pedagogo autoritario, que se conmueve reglamentariamente y falla -en última instancia sobre todas las estéticas; y así como su censura -es estrecha, su elogio es desmesurado. Se le ve en ocasiones pasar -impasible ante una manifestación artística, ante una idea llena de -novedad y de belleza, y cantar los más sonoros himnos a la mediocridad -apadrinada, o a lo que por algún lado halaga sus tendencias personales, -sus propios modos de ver. Se celebran sus críticas de arte, y jamás -ha demostrado en tales asuntos sino la más completa chatura, la -«flatitud» de un criterio áptero, impermeable a toda onda de arte puro. -Viene de los antípodas de un Ruskin. Yo no me explico la conquista -de su autoridad a este respecto sino por la falta de competencias y -por la inconmovilidad con que la mayoría se deja imponer toda suerte -de pontificados. La misma minoría intelectual no protesta sino en -voz baja, y, sin fuerzas tampoco para poder imponerse, deja que la -corriente siga. - -Como crítico de arte sobresale Jacinto Octavio Picón, el novelista cuyo -último libro sobre Velázquez ha tenido muy buena acogida en España -y fuera de España. Su crítica teatral ha tenido también una época -de boga. A este respecto se distingue entre todos sus colegas, el -crítico de _El Español_, señor Canals. Al menos es quien trata con más -certidumbre y más entusiasmo las obras de que le toca dar cuenta en su -tarea periodística. - -Podría señalar algunos otros nombres como el del señor González -Serrano--después de recordar la pérdida que sufrió el pensamiento -español con la muerte del catalán Ixart--, pero sería la revista harto -larga. En la juventud surge hoy una que otra esperanza, y no es poco -lo que ha de dar en un cercano porvenir cerebro tan bien nutrido y -generoso como el del autor de _Alma Contemporánea_, Llanas Aguilaniedo, -cuyos comienzos han entusiasmado al mismo descontentadizo _Clarín_. -Llanas es un estudioso y un reflexivo. Comprendo lo grave que encierra -el trabajo de pensar y de juzgar. Hay una luz individual que él ha -descubierto dentro de su propio espíritu, y siguiendo el consejo de -Emerson, la persigue. En lo moral, en lo intelectual, cultiva la buena -virtud de la higiene. Llega a una época en que, si sabe dirigir su -propia voluntad, hará mucho bien a la nueva generación de su país. No -es su libro primigenio, sino la apertura de una larga vía. En esas -páginas hay mucho justo y original y no poco reflejo e injusto. Pero -el esfuerzo supera a todo lo que sus compañeros han producido. Antes -que él está Martínez Ruiz, curioso y aislado en el grupo de la juventud -española que piensa. De él he de tratar en otra ocasión, como del vasco -nietzschista Ramiro de Maeztu, que está llamando la atención de los que -observan, por su fuerza y su singularidad. - - [Ilustración] - - - - - LA JOVEN ARISTOCRACIA - - [Ilustración] - - -CUANDO el rey de España recibe a los nuevos grandes que deben cubrirse -delante de él, es costumbre que cada cual diga unas cuantas frases en -que, después de recordar la gloria de sus antepasados y el timbre de -sus blasones, ofrezca al monarca sus servicios y protestas de lealtad. -Sorprendió hace algún tiempo el discurso de cierto joven grande de -España, que más o menos, dijo a la reina estos conceptos: «Señora, mis -abuelos fueron mis abuelos y su gloria es de ellos; yo soy ingeniero -y mi título y mi trabajo es lo único que puedo poner a los pies de -vuestra majestad». Lo llamativo y simpático de la nota, despertaba -en la generalidad este pensar: «¡Hay, pues, nobles que trabajan!» La -sorpresa era justa. Es un hecho reconocido que en nuestras sociedades -modernas, según la frase reciente de M. de Montmorand, _ce qui -caractérise le noble, c'est son oisiveté, son inaptitude au travail_. - -En todas partes, y por su propia culpa, la nobleza ha perdido terreno. - -Las necesidades de la vida actual, el desarrollo del comercio, -las ambiciones de la gran burguesía, han trastornado un tanto los -armoriales: y el día en que un Rothschild ha sido ennoblecido a causa -de su dinero, el espíritu de Dozier flotó sobre las salazones de -Chicago. Desacreditada y todo, la nobleza impone sus pergaminos. Las -señoritas adineradas de los Estados Unidos, y por no quedarnos atrás, -algunas de la América del Sur, pagan a buen precio el derecho de -poder ostentar una corona marcada en su ropa blanca, o pintada en la -portezuela del carruaje. En nuestras democracias, la presencia de un -noble siempre es decorativa en la vida social. Huelen esos caballeros, -mal educados, ignorantes, obtusos, pero casi siempre ¡visten tan bien! -A América suelen llegar _gentlemen_ y _escrocs_; nobles verdaderos y -nobles falsos. Algunos han ido a parar a la penitenciaría de Buenos -Aires. - -La nobleza francesa, que en estos últimos tiempos ha dado tan poco -edificantes espectáculos, diríase que constituye el más claro tipo de -decadencia. Su incapacidad es tan solamente igualada por su ligereza; -y si en algo puede confiar la estabilidad de la república, es en la -ineptitud intelectual y flaqueza moral que se revela en ese plantío -de gardenias y claveles. Con gran justicia un escritor de criterio -certero, Paul Duplan, dice, en un estudio reciente: «Cuando se estudia -la historia de nuestro país de cien años acá, queda uno estupefacto de -la increíble incoherencia sociológica y política de los nobles. Hacen -constantemente lo contrario de lo que se podría prever; están siempre a -caballo cuando se debería estar a pie; parlanchines y ruidosos cuando -deberían estar silenciosos y prudentes; pierden en la vida pública el -tacto que conservan en sus salones; empujan la república a la izquierda -con la intención de atraerla a la derecha; demasiado católicos al -fin del siglo XIX después de haber sido volterianos al fin del siglo -XVIII, pierden el contacto con la democracia y se obstinan en confiar -sus hijos a los religiosos, cuando debían hacerlos educar en nuestros -colegios; caen en el snobismo inglés, cuando debían hacer prevalecer la -elegancia francesa; chismosos y maldicientes; descontentos y vejados -bajo la Restauración, bajo Luis Felipe, bajo Napoleón III, bajo la -tercera república; vuelven la espalda a la ciencia contemporánea que -no es clerical y quieren que lo sea; se hacen ridículamente zurrar -el 16 de mayo; se meten en «la Baulange»; exageran el antisemitismo -después de haber adoptado a los grandes judíos, aceptado sus regalos -y frecuentado sus castillos, sus yates y sus cacerías. En fin, gentes -en su mayor parte _surannés_ y _vieux jeu_, aun en el dominio de -sus placeres. Han quedado como cazadores diligentes, y ¿qué ardor -les devora? Por ejemplo, la caza a la carrera como en las épocas -prehistóricas: cansar, en nuestras pequeñas florestas, a un desgraciado -animal, casi amansado, que a menudo no quiere correr; entregarle a la -ferocidad de los perros y gozar con ese terror y con esa muerte. ¿Y -el estúpido tiro de pichón? ¡Qué singular _élite_, la de esta nobleza -ociosa e ingenua, que no tiene otra carrera que el matrimonio de -dinero!» - -La nobleza española no ha llegado a este último estado, hay que -confesarlo. (¿Es por falta de cotización?) Pero nada señala que la -patria española pueda esperar algo de sus grandes o de su aristocracia. -A pesar de que buena parte de las principales familias educan a -los hijos en pensiones inglesas, es difícil encontrar aquí el -_gentleman-farmer_ blasonado. Los propietarios de tierras de labranza, -o los ganaderos, o arriendan o dejan los trabajos al cuidado de -administradores, que poco interés han de tomarse, como no sea el propio -provecho. El propietario cobra sus rentas, sin que se le ocurra pensar -en introducir mejoras, o aplicar la experiencia de otros países, en -procedimientos o maquinaria. - -Algunos se dedican a la política; raros, rarísimos, como Valdeiglesias, -al periodismo. Señalados son los que en las letras tienen nombre, o -se consagran a estudios especiales. En cuanto a los grandes nombres -científicos, ni Cajal, ni Federico Rubio, ni Builla, ni Posada, ni -Pedro Dorado, ni Augusto Linares, pertenecen a la nobleza... En -el teatro, durante el tiempo que llevo en Madrid, dos títulos han -presentado al público sendos arreglos del francés. En cambio, hay un -actor grande de España, y varios emparentados con linajudas casas. -Ahora bien, con la última estadística a la vista, he contado 41 duques, -358 marqueses, 203 condes, 30 vizcondes y 49 barones. - -De antiguo he sabido la poca afición al trabajo de la nobleza española, -a causa sobre todo de las preeminencias de la hidalguía y de los -mayorazgos. - -Familias llenas de oro y acostumbradas al regalo, mal podían pensar en -otra cosa que en los privilegios de su grandeza. En tiempos de Felipe -II, el duque del infantado tenía 90.000 ducados de renta; el de Medina -de Río Seco, 130.000; el de Osuna, 130.000; dependían de ellos más de -30.000 familias feudatarias. Los duques de Alba, de Nájera, y de Zúñiga -poseían tierras que daban 80.000, 60.000 y 70.000 ducados de renta, en -Castilla la Vieja; el de Medinaceli, en Toledo, 150.000; en Granada, -Extremadura y Jaén, los duques de Medina Sidonia, de Arcos y de Feria, -150.000, 70.000 y 60.000. En Cataluña y Valencia los duques de Gandía y -Córdoba, 80.000 ducados de renta cada uno. (_Ms. de Denys Geoffroy. V. -Weiss_). - -Algunas de estas familias todavía conservan mucho de sus pasadas -riquezas. Otras, como la de los Osuna, han tenido que caer bajo el -martillo del rematador. - -La juventud aristocrática, como he dicho, se educa generalmente en el -extranjero: Inglaterra y Bélgica son los países preferidos. - -La educación es esencialmente religiosa. Siempre, en las altas familias -está la influencia del sacerdote. - -Si el joven sigue una carrera, una vez obtenido el título se dedica -a vivir de sus rentas; se case o no se case, en Madrid y en el -extranjero, la vida social y el _sport_ le absorberán todo su tiempo. -La moda inglesa, el britanismo, se apodera de algunos; otros tienden a -la vida chulesca. Son amigos de los toreros, y, los días de corrida, -van a la plaza con indumentaria que pregona sus aficiones, en lujosas -calesas tiradas por mulas llenas de cascabeles, o en sus espléndidos -carruajes. Hoy que medra el café-concert, hay quienes se aficionan -a las _divettes_. Por lo que toca a la vida íntima, a la familia, -naturalmente, diré que no la conozco. Se me dice, no obstante, que el -padre Coloma exagera un poco sus _Pequeñeces_. - -Las antiguas virtudes esencialmente españolas, parece que también han -desaparecido. Dejo la palabra a don Santiago Alba. - -«Por de pronto, ya hemos revelado y hemos aprendido que sin una -educación positiva no conservan los pueblos algo de que nosotros -hubimos de creernos depositarios, a través de los siglos de los siglos, -simplemente por el mágico efluvio de nuestras glorias legendarias: el -valor y el patriotismo. Mientras que aquí la aristocracia de la sangre -y la del dinero--con ligeras y honrosísimas excepciones--seguíase -divirtiendo en plena guerra «a fin de evitar perjuicios al comercio -y a la industria», allá, en el pueblo de los «mercachifles», todo un -batallón de millonarios pedía puesto en la guerra y recibía en la -vanguardia el saludo de los fusiles españoles». - -El _faineantismo_ da esos peligrosos frutos. - -La joven nobleza también ha sabido divertirse de bastante sonoras y -extraordinarias maneras. No generalizo: pero un buen ramillete de -hechos os hará ver que la «indiada» de Buenos Aires no tendría mucho -de que ufanarse ante ciertos ejemplos de por acá. En todos lugares -la _jeunesse dorée_ es censurada por causa de su poco juicio y de -su _humor_, y nuestra América no está fuera de la regla. Durante mi -permanencia en Chile pude observar la campaña que la Prensa entablara -contra la famosa «juventud dorada» de Santiago; y en Buenos Aires -he visto cómo se protesta ante las hazañas de los «indios», hoy ya -casi desaparecidos, o destituídos por precarios aunque estrepitosos -compadritos. Hay que consolarse con que el caso ha sido de todos -los tiempos; y Alcibíades al cortar la cola a su perro, y Erostrato -incendiando el templo de Diana, eran ya precursores. En la grave -Inglaterra podéis recordar las proezas realizadas por los distintos -Clubs de que nos habla Hugo en una de sus más bellas novelas. Los -hechos sucedían entre jóvenes de la _nobility_ y de la _gentry_. La -broma se convertía a veces en crimen. Se divertían «decentemente», -dice Hugo. Había el _She romps club_, cuyos miembros ponían con los -pies para arriba a la primera mujer que pasaba por la calle; si se -oponía, se la azotaba. Los del _Merry-dances_ «hacían bailar por negros -y blancas las danzas de los picantes y de los tintirimbas del Perú, -especialmente la mozamala. Los del _Hellfire_ tenían por especialidad -cometer sacrilegios. Los de _Las cabezadas_ las daban a las gentes. -Los del _Fun_ rompían espejos y retratos, mataban perros, hacían -circular falsas noticias, incendiaban, hacían daño en las casas. Los -del _Mohock_, reían hiriendo y martirizando a pobres transeúntes». -Y concluye Hugo: «Esos eran, al principio del siglo XVIII, los -pasatiempos de los opulentos ociosos de Londres. Los ociosos de París -tenían otros. Monsieur de Charolais soltaba un tiro a un burgués a la -puerta de su casa. _De tout temps la jeunesse s'est amusée_». Ya veis -una vez más que nada hay nuevo bajo el sol. - -Ahora, veamos algunos hechos graciosos de nuestros parientes los -hidalgos. - -En un pueblo de la provincia de Segovia, el duque de S. F. tuvo la -humorada de dar una cacería, a la que invitó especialmente al cura. De -pronto, en lo más intrincado del bosque, aparece un grupo numeroso de -«damas alegres» con la indumentaria de Diana y sus ninfas. - -El joven conde de F. S. y el primogénito de los marqueses de R., una -mañana de invierno, al salir de una _juerga_, tuvieron a bien bañarse -en el estanque helado del Retiro, de donde fueron sacados medio muertos. - -El hijo del conde de P. R. y el del conde de F. S., en una noche de -verano encuentran en el paseo de Recoletos a una joven aguadora, y -con unas tijeras ejercen de peluqueros profanando una de las bellas -poesías de Gauthier... Estos mismos jóvenes risueños encerraron en una -leñera de una casa en la calle de Isabel la Católica a la portera, e -hicieron apalear por el portero a un quidam. - -Un sobrino del duque de V. se divierte tanto, que la familia resuelve -enviarlo a Filipinas. Allá es sumamente atendido por el Arzobispo, que -le ofrece desde luego su coche. El joven acepta y lo aprovecha para ir -a ciertas casas. Las gentes que pasaban y veían allí situados el coche -y los cocheros de su ilustrísima, se hacían cruces: «¡Qué casas visita -el señor Arzobispo!» - -Un personaje ya citado penetra en una casa de juego, y revólver en -mano se adueña del dinero. Nadie le dice una palabra. Al día siguiente -vuelve; pero hay listos dos sujetos «de buena voluntad» que le meten en -un coche, le llevan al camino de Chamartín de la Rosa y le pegan tal -paliza que queda casi sin vida. - -El marquesito de R., temible por lo que llama el sabio Cajal el -_matonismo_, arruinó a un tabernero de la plaza de Santa Cruz, con la -célebre frase «apunte usted». El infeliz se dejó arruinar sin proferir -una queja. - -A veces la farsa es trágica. En una provincia, dos caballeros joviales -encuentran a una desgraciada y «porque está melancólica» determinan -echarla al río. Lo hacen, y la mujer se ahoga. - -En un balcón de cierta casa de la calle de la Palma tuvo toda una noche -vestidas de Eva a tres jóvenes del batallón de Citeres, el duquesito de -S. F. - -Un burgués rico, andaluz y muy chistoso, va con una dama en un -carruaje; ordena al cochero que vuelque, y resulta la dama con las -piernas rotas. Otra vez se complace en meter a un bufón popular en el -vientre de un caballo muerto. - -El hijo de un gran general entra en un café sable en mano cierta noche -con una compañera de escasa indumentaria. Hace desalojar la sala y la -convierte en alcoba de placer. Este mismo va a una funeraria y encarga -un servicio para cierto difunto que estaba muy vivo en su casa. - -El nieto de un célebre escritor, hijo del conde de C. A., y emparentado -con la más alta nobleza, estando en el teatro de cierta ciudad, -contestó el saludo de un amigo que estaba en la platea, tirando de su -palco silla tras silla. El mismo rompió en Gijón todo el servicio de un -café, sin la menor protesta del dueño. Después, en un teatro de otra -ciudad, suspendió la función a garrotazos. - -A veces las cosas resultan mal. Al hijo natural de un insigne hombre -político le asesinaron en la calle de la Flor unos cuantos chulos. - -En Almería un joven distinguido va a una casa de diversión. La dueña se -opone a que entre, y él la deja muerta de un tiro. - -Tres de los ya señalados ataron una noche a un sereno ante la estatua -del teniente Ruiz--cara a Julio Ruiz. - -Un buen día el marquesito R... necesita dinero, y saca y lleva a una -casa de préstamos las más ricas ropas de la señora marquesa. - -El conde de P... apuesta con un amigo que irá a París a ganarse la vida -pidiendo limosna y tocando la guitarra por las calles. Y lo hace. - -Hay otras tantas cosas delicadas de citar, por la altura de los -personajes que tomaron parte; pero que, aunque la Prensa no se haya -ocupado de ellas, están en la memoria de todo Madrid. - -Así, nuestros indios con su _fun_ ya veis que se han quedado un -poco atrás. Sus ocurrencias no son causadas por el soplo que viene -de la Pampa y que aun trae el eco del malón. La «indiada» de las -noches alegres bonaerenses tendría que aprender de los descendientes -de ilustres casas, de jóvenes cuyos cuarteles de familia tienen la -consagración de muchos reyes. La filosofía del asunto sería que el -deseo del mal por el mal es innato, y que el sentido de la perversidad -de que habla Poe duerme en su célula, esperando la oportunidad de -aparecer. El estudio y el trabajo son los únicos antídotos contra ese -veneno natural e íntimo. Con ellos se doma la fierecilla que va con -nosotros. Mas en las clases ricas y extrañas a todo lo que no sea -capricho y goce de la existencia, entre la ociosidad y el fastidio, el -trabajo y el estudio no pueden obrar. Agregar a esto los privilegios -sociales, la pobreza fisiológica y la degeneración demostrada de las -familias nobiliarias, y decidme si se puede «hacer patria» con tales -elementos. - -No, no puede aguardar nada España de su aristocracia. La salvación si -viene, vendrá del pueblo guiado por su instinto propio, de la parte -laboriosa que representa las energías que quedan del espíritu español, -libre de políticos logreros y de pastores lobos. - - [Ilustración] - - - - - CONGRESO SOCIAL Y ECONÓMICO - IBERO-AMERICANO - - [Ilustración] - - - 21 de febrero de 1900. - -LA Sociedad Unión Ibero-Americana trabaja en estos momentos porque -se celebre un Congreso, que denomina social y económico, y al cual -concurrirían las Repúblicas americanas y España con objeto de estrechar -y aumentar las relaciones sociales comerciales. Con Congreso, o sin -Congreso, ya era tiempo de ocuparse en este asunto. La situación -en que se encuentra la antigua Metrópoli con las que fueron en un -tiempo sus colonias no puede ser más precaria. La caída fué colosal. -Las causas están en la conciencia de todos. La expansión colonial de -otras naciones contrasta, al fin de la centuria, con las absolutas -pérdidas de la que fué señora de muchas colonias. Después del desastre, -recogida en su propio hogar, piensa con cordura en la manera de volver -a recuperar algo de lo perdido, ya que no en imposibles reconquistas -territoriales, lo que pueda en el terreno de las simpatías nacionales -y de los mercados para su producción. Reconocido está ya, que la culpa -de la decadencia española en América no ha sido, como en el verso, -obra «del tiempo». Ha sido culpa de España. En cuanto a los males -interiores, cierto es que no pocos se los causó el descubrimiento del -nuevo mundo. Esos 50 millones de habitantes; 24 millones de kilómetros -cuadrados; 48 Españas en extensión, «donde se derramó nuestra sangre, -se malgastó nuestra vida, y sólo suenan como un recuerdo los acentos de -nuestra lengua», que dice el escritor andaluz señor Ledesma, les fueron -perjudiciales al reino conquistador. No porque sin la obra de Colón -hubiese completado el gran Cardenal su empresa africana, sino porque -aquel Klondike continental sería el cebo de aventureros ambiciosos, y -envenenaría de oro fácil las fuentes industriales de la Península. El -hidalgo, _conquerant de l'or_ no tendrá sino que procurarse «peluca -y espada, desdeñando oficios y comercio», como escribe en uno de sus -libros Juan Agustín García, al citar a Gervasoni y una Cédula real: -«De las Indias he sido avisado que muchas personas que de acá pasan, -puesto que en ésta solían trabajar e vivían e se mantenían con su -trabajo, después que allá tienen algo, no quieren trabajar, sino -folgar el tiempo que tienen, de manera que hay muchos: de cuya causa -yo envío a mandar que el Gobernador apremie a los de esta calidad para -que trabajen en sus faciendas». Eso hacía España una vez realizada la -conquista del oro, folgar el tiempo que tenía. Primero fué el tiempo -del aumento del poderío, la sujeción del sol en sus dominios; más ya -con Felipe II empieza la carcoma y el decaimiento. Esto a pesar de -la riqueza natural, tan copiosamente señalada por entusiastas como -Mariana o Miñano. Wiss se embelesa en repetir la enumeración de tantos -elementos de riqueza, en varios climas y en tierras fecundísimas. Al -par que los distintos productos ofrecen un copioso acervo para la -exportación, ésta está favorecida por la extensión de las costas y la -buena condición de los puertos mediterráneos y atlánticos. Todo esto -era aprovechado en el siglo XVI. El movimiento fabril y el desarrollo -comercial acrecían la riqueza. Los tejidos se fabricaban en numerosos -establecimientos. - -Solamente en Segovia, cuyos paños se tenían por los más bellos de -Europa, trabajaban 34.000 obreros. Según de Jonnes, en 1519 se contaban -en Sevilla 6.000 telares de seda, y habría 130.000 obreros en la -fabricación de sedería y tejidos de lana. Hay que leer a este respecto -el estudio que sobre las industrias antiguas sevillanas ha publicado -el erudito señor Gestoso y Pérez--que tiene inédito un «Ensayo de un -Diccionario de artistas industriales que florecieron en Sevilla desde -el siglo XIII hasta el siglo XVIII, inclusive»--, para darse cuenta -del progreso alcanzado en aquella época y en aquella provincia, en -lo referente a la producción industrial. Las marinas mercantes de -Inglaterra y Francia eran inferiores a la española. El inflado Moncada -puede escribir del puerto sevillano: «es la capital de todos los -comerciantes del mundo. Poco ha que la Andalucía estaba situada en las -extremidades de la tierra, pero con el descubrimiento de las Indias -ha llegado a estar en el centro». La riqueza estaba en fruto; diríase -que España era la nación de las naciones; solamente el ojo visionario -de Campanella advertía peligros en lo oscuro del porvenir; y notaba -que como hoy a Inglaterra, tenían ojeriza todos los pueblos del mundo -al pueblo fuerte y rico que dominaba. Ciertamente habían de cumplirse -los temores del autor de la _Monarquía Hispánica_ y con los sucesores -de Felipe II vendría el descenso a nación de segundo orden, la pérdida -en los distintos dominios, la decadencia militar y la mengua en el -comercio. La escasez de barcos se acentuó tanto, que ya bajo Carlos -_el Hechizado_ se hacían servicios oficiales a Cuba y a las Canarias, -por medio de buques genoveses. Los productos escaseaban, pues los -cultivos fueron dejados, y los campos, un tiempo florecientes, estaban -despoblados de trabajadores, a punto de que no solamente en ambas -Castillas, sino también en la productiva región andaluza, el abandono -era absoluto. Disminuyó a una cantidad mínima la exportación de la -lana, en lugares como Cuenca. Los telares y sederías quedaban reducidos -a señalado número. El movimiento comercial, con la renta de los -productos del país, vino muy a menos; la exportación a las colonias de -América fué nula, y España tuvo que empezar a proveerse en otros países -manufactureros. De más está decir que otras naciones aprovecharon el -caso para colocar sus mercaderías en las tierras americanas. - -Con la funesta expulsión de los moros padecieron grandemente la -agricultura y la industria. Aquellas gentes laboriosas por religión y -por necesidad habían aumentado inmensamente la riqueza de la península -no solamente con sus labores fabriles, sino con el cultivo de los -campos, como esa maravillosa huerta de Valencia que les fué pingüe y -que tanto hermosearon y aprovecharon. Una vez realizada la expulsión, -claro es que el movimiento comercial e industrial, sostenido por -ellos, mermó y luego concluyó. Ya en el reinado de Felipe III, a la -decadencia en los trabajos del campo se juntó una baja de población -notabilísima. En Cataluña misma estaban deshabitadas «las tres cuartas -partes de los pueblos». En plenas Cortes, y bajo Felipe IV, se clamó -contra la amenaza de una ruina segura. «Pues era llana y evidente, dice -Céspedes y Meneses, que si este estado se aumentase, al paso mismo -que hasta allí, habría de faltar a los lugares habitantes y vecinos, -los labradores a los campos y los pilotos a la mar... y desdeñando -el casamiento, duraría el mundo un siglo sólo». Weiss demuestra la -decadencia de la agricultura, entre otros motivos, por la disminución -progresiva de la población española desde el reinado de Felipe II hasta -el advenimiento de los Borbones--Miguel calcula, apoyado en Ustariz, -en cinco millones setecientas mil almas la población de España bajo -Carlos I--; la amortización eclesiástica--«los capitales quitados a -la agricultura y a la industria para sepultarse para siempre en los -conventos»--; los mayorazgos en las familias nobles y las devastaciones -anuales de las campiñas por los ganados trashumantes. Muchos daños se -debieron al «honrado Concejo de la mesta». - -El oro americano, como antes he apuntado, fué ponzoñoso para el -movimiento industrial peninsular. La baja de los metales fué de cuatro -quintas partes en un siglo; y el aumento de la mano de obra causó el -alza de valor en la producción fabril. - -Se desdeñaron los productos naturales de las tierras americanas, -dejando que se aprovecharan de ellos mercaderes de Inglaterra y -Holanda, y fijos tan sólo en el codiciado producto de las minas. «A -poco, dice Weiss, dejaron las fábricas de la Metrópoli de abastecer las -necesidades de las colonias, porque eran pocos los obreros y escaseaban -las primeras materias». «Las colonias, agrega, suministraban bastante -oro para permitir a los fabricantes continuar sus trabajos, aunque lo -caro de los jornales les impidiese introducir sus productos en Francia, -Italia y otros puntos de Europa. Para esto hubiera sido necesario que -procurase España satisfacer las demandas de las colonias e hiciese -imposible el comercio de contrabando, pero ¡quién había de creerlo! los -españoles tuvieron por una calamidad el trueque de los productos de -la industria nacional por el oro del nuevo mundo, y le atribuyeron la -repentina alza de todos los artículos de primera necesidad. Hubieran -querido que América les remitiese sus metales preciosos sin llevarles -en cambio los objetos fabricados en su país». El comercio con América -desde aquellos tiempos fué tratado con singular error; en los comienzos -hubo libertad de tráfico entre España y sus dependencias. Carlos V -puso algunas trabas y Felipe II ordenó un porcentaje de salida, el 5, -otro de llegada, el 10, a las mercancías para las Indias. El aumento -del llamado almojarifazgo fué un golpe más. En América aumentaba el -contrabando de otras naciones, y se dió el caso que cita Humboldt, de -que los mineros de América comprasen de tres a cuatro mil quintales de -pólvora anualmente, en los almacenes del reino, en tanto que la sola -mina Valenciana consumía de diez y nueve mil quinientos a diez y nueve -mil seiscientos. En tiempo de Felipe III, hasta 1612, bajaron tanto las -rentas, que el quinto de las minas de Potosí, Perú y Nueva España, con -otras entradas de América--dos millones doscientos setenta y dos mil -ducados, fuera de gastos--, estuvieron empeñadas a los genoveses. Bajo -el reinado de Isabel se hizo algo por la agricultura y la industria -en las colonias americanas; pero luego los españoles que iban a -establecerse no se cuidaban sino de engordar la hucha. Por lo que toca -al Río de la Plata, basta leer las obras de J. A. García, hijo, para -darse cuenta de la obra de los virreyes, y de los hidalgos inmigrantes. -Anualmente iban dos escuadras, a Méjico y al Perú, con objetos de -comercio. Esos eran los galeones que volvían cargados de oro. Ulloa -narra pintorescamente la manera de comerciar entre los mercaderes -americanos y españoles. Los pobres indios eran inicuamente engañados -y explotados por la misma codicia de los corregidores. El comercio -disminuyó; y a mediados del siglo XVII ya España no podía abastecer sus -colonias. Los extranjeros, en cambio, aumentaban su venta; de Portugal -salían «doscientos buques de trescientas a cuatrocientas toneladas -con ricos cargamentos de telas, sedas, paños, tejidos de lana, de oro -y de plata, artículos que compraban los portugueses a los flamencos -franceses, ingleses y alemanes. Los embarcaban en Lisboa, Oporto, -Mondigo, Viana, y en los puertecillos de Lagos, Villanova, Faro y -Tavira, situados en el reino de los Algarbes. Llegados al Brasil, sus -navíos subían al Río de la Plata, cuando cesaba de ser navegable, se -desembarcaban las mercancías y se las conducía por tierra, atravesando -el Paraguay y el reino de Tucumán, a Potosí y a Lima, de donde era -fácil enviarlas a las principales ciudades del Perú. Los comerciantes -españoles establecidos en aquellos puntos tenían sus corresponsales -en el Brasil, lo mismo que en Sevilla y Cádiz, y como los derechos -cobrados en Portugal de los géneros destinados al Brasil eran más bajos -que los que se percibían en aquellas dos ciudades, los portugueses -podían darlos más baratos que los españoles». Puede verse a este -respecto la _Relación_ dirigida a Felipe III por Alonso de Cianca. Los -empleados de la Corona ya se sabe qué clase de obra realizaban, y qué -clase de gente eran en su mayor parte. - -El consejo de Indias enviaba no varones de mérito, sino hábiles -sacadores de dinero. Fuera de los virreyes de Méjico y el Perú, -grandes de España favorecidos, los demás eran duchos expoliadores. Los -capitanes generales y demás enviados a Cuba, al engorde proverbial, -tenían sus antecesores entre los paniaguados de Indias. Comercio -descuidado con la Metrópoli, aumento por lo tanto del contrabando -extranjero. Los holandeses, ingleses y franceses introducían largamente -sus mercaderías. Hamburgo no se quedaba atrás; y la China misma -vendía manufacturas en puertos como Guayaquil y Acapulco. El mal -estado comercial entre la Península y sus colonias continuó hasta el -advenimiento de los Borbones. Algo hizo por mejorar las relaciones -Felipe V. Carlos III transformó en 1764 el sistema comercial que se -había empleado desde la conquista. De La Coruña salían fijamente una -vez al mes para las Antillas y dos veces al mes para el Río de la -Plata barcos que establecieron de modo regular el intercambio. La -independencia vino. Y desde la paz hasta la época actual el comercio -español en América ha pasado por diversas fluctuaciones, llegando por -fin al más lamentable descenso. Las Cámaras de Comercio poco han hecho, -y la diplomacia ha sido nula en sus gestiones. También es cierto que -la antigua Metrópoli no se ha acordado de que existíamos unos cuantos -millones de hombres de lengua castellana en ese continente, hasta -que las necesidades traídas por la pérdida de sus últimas posesiones -americanas se lo han hecho percatar. El Congreso proyectado hará algo, -como no se vaya todo en discursos. En lo social, se podrán crear -nuevos y más estrechos vínculos, sobre toda ahora que la producción -intelectual americana empieza, primeriza y todo, a imponerse. Pero -hacen falta españoles de buena voluntad que digan a su patria la -verdad, y que no la vayan a desacreditar en nuestras repúblicas. -Una docena de españoles como Carlos Malagarriga, en cada una de las -repúblicas americanas, harían más que los guitarristas de la prensa -y bailaores de la tribuna que van a América a hacer daño a su propia -tierra. Sobran en España talentos y entre nosotros buenas voluntades -que pueden realizar una unión proficua y mutuamente ventajosa. La -influencia española, perdida ya en lo literario, en lo social, en lo -artístico, puede hacer algo en lo comercial, y esto será a mi ver el -alma del futuro congreso. - -«Es un hecho patente--dice un documento oficial--, traducido además en -cifras, que, a la infausta hora en que hubimos de abandonar nuestra -soberanía en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, representaba nuestro -comercio de exportación a esas posesiones, en los últimos tiempos en -que pudo verificarse, de un modo regular, la considerable suma de 241 -millones de pesetas, o lo que es igual, el 25 por 100, aproximadamente, -de la total exportación de la Península». Y otro: «En el primer -quinquenio de 1880 a 1884, exportábamos un total de 62 millones a todos -los mercados americanos; en cambio, en 1896 nuestra exportación quedaba -reducida a 46 millones... Por ejemplo: En la República Argentina, -donde en aquel período nuestra cifra de exportación ascendía a 17 -millones, ha bajado a 10. En la República del Uruguay, de 11 millones -ha descendido a 6». Es decir, de 62.564.000 pesetas, del año de 1890 -al 1898, se ha reducido a unos cuarenta millones y pico. En la Junta -del Comercio de Exportación, del ministerio de Estado, demostró -la gravedad de tal situación el señor Rodríguez Sampedro, «España, -decía, señora al principio del presente siglo de todos aquellos -territorios poblados por su raza, con comunidad de idioma, de hábitos -y de costumbres, ha perdido casi por entero sus mercados, de tal -modo, que hoy se anteponen comúnmente a ella Inglaterra, Alemania, -Francia, Austria, Italia y Bélgica, figurando nuestro comercio, al -principio del postrer quinquenio, tanto en la importación como en la -exportación, el último de todos, y cifrando para la República Argentina -el 2,20 por 100 de su comercio, al de exportación; para Méjico el 8 -por 100 en la primera y el 11,60 en la segunda; para el Perú, 2,50 por -100 y 0,60, respectivamente; y todavía, con parecer esta situación -imposible de empeorar, sigue decreciendo manifiestamente, pues al -concluir el quinquenio de 1897, los resultados son 1,40 por 100 para la -importación, y 3 por 100 para la exportación respecto a la Argentina, 2 -por 100 para la primera y 10,30 para la segunda en Méjico; 0,08 y 0,90, -respectivamente, en cuanto al Brasil; y 0,10 y 0,50 en el comercio con -el Perú, pudiendo decirse que en muchas partes de los citados países -su comercio con España ha desaparecido, mientras el de Inglaterra, -promediando los datos de su importación y de su exportación, es más -del 33 por 100 del total; de un 20 por 100 el de Alemania; de un 23 -el de Francia y así sucesivamente». El Congreso, pues, vendrá si se -realiza, a tratar de ver cómo se mejoran las transacciones comerciales -entre España y las repúblicas americanas; pero no tendrán poco que -modificar en las leyes actuales los legisladores, que quieren que -el arreglo se lleve a buen término. ¿Ha sido acaso poco lo que ha -trabajado el ministro argentino señor Quesada para la simple cuestión -del tasajo y carnes conservadas? El Gobierno español parece que -apoyará la labor del Congreso y se harán invitaciones oficiales a los -Gobiernos hispanoamericanos. Si los Gobiernos aceptan, es posible que -una vez más se cometa el error de elección cuando se trate de los -representantes. Al saberse la noticia del Congreso, en cada una de las -pequeñas repúblicas de América-Villabravas, que dice Eduardo Pardo, -habrá un grupo de compadres intrigantes que quieran venir a ver bailar -el fandango, y a conocer a la Reina; y en cuyos labios pugna por salir -la gran palabra «Señores»... - - [Ilustración] - - - - - LA MUJER ESPAÑOLA - - [Ilustración] - - - Marzo de 1900. - -HACE pocos días, el último de Carnaval, hubo en el palacio de una -distinguida señora, casada con un millonario y diplomático mejicano, -una improvisada y elegantísima reunión de máscaras, que largamente -han cantado los habituales cronistas de salón, y entre todos, y sobre -todos, mi incansable y ameno amigo el marqués de Valdeiglesias. La -particularidad de la fiesta fué que a ella concurrieron aristocráticas -y bellas damas de esta corte, con el pintoresco mantón de Manila y -otros adornos no menos nacionales. Y el entusiasmo fué inmenso; y hasta -hubo quien dijese: _¡ole!_ con la disculpa de los días de locura. Ese -entusiasmo fué natural. ¡Es tan difícil en la aristocracia de España -encontrar una belleza puramente española! Como en todas las altas -clases de la tierra, el britanismo por un lado y el parisienismo por -otro han hecho su invasión. No deja de ser lamentable. Una maja de -Goya vestida por Chaplin es algo encantador y desconcertante; pero -me habrán de confesar que una maja de Goya vestida por Goya es mucho -mejor. No es que yo pretenda que estas duquesas de ahora vuelvan al -osado peinetón, a mantilla perpetua y a los paseos por las arboledas -de San Antonio de la Florida, sino que está a la vista de los amantes -de la viva estatuaria humana la desaparición de uno de los más bellos -tipos que hayan halagado al arte: el tipo español, cuya línea propia -se ha bastardeado y confundido entre curvas francesas y restas -anglo-sajonas. La moda, ¡he ahí el enemigo! En esto estoy apoyado -por un talento que sobre ser certeramente estético, es una mujer: la -señora Pardo-Bazán. Doña Emilia considera como enemigos de la clásica -gracia española los vestidos pesados y de corte masculino del país de -las misses; los impermeables y abrigos largos, ciertos calzados, y -sobre todo, los formidables sombreros de París. La naturaleza procede -y enseña lógicamente; ha ordenado los seres y las cosas de la tierra -según las latitudes; y sabe por qué los escandinavos son rubios y los -abisinios negros; por qué las inglesas tienen cuellos de cisne y las -mujeres flamencas preponderantes asideros. A las españolas las dió -diversos modelos, según las distintas regiones peninsulares, pero el -tipo verdadero, el tipo generalizado por la poesía y por el arte, -es el de la morena de maravillosos y grandes ojos oscuros, un tanto -_potelée_, ondulada, y casqueada de ricos cabellos negros; ni alta -ni baja; todo esto animado por un producto marino y venusino, que en -este sentido no tiene nombre correspondiente en ninguna otra lengua: -_sal_. Ya en sus tiempos, Gautier afirmaba que para ver la verdadera -danza española había que ir a París; hoy en pintura, los que hacen -admirar al mundo la gracia femenina de España, son extranjeros, como -Sargent y Engelhart, ¿nos conformaremos dentro de poco con buscar en -viejas telas y grabados la que fué tan original y graciosa belleza -hispánica? La moda ha comenzado a hacer su daño en la educación. Para -toda joven de buena familia que se vaya a educar al extranjero, se -importa la indispensable institutriz, casi siempre inglesa o tudesca, -a veces francesa. La _gouvernante_ empieza su obra de moldeo y la -flexibilidad nativa entra en la jaula angular de una disciplina por -lo general _very english_. Los trajes, de corte igualmente angular, -contribuyen a la reformación del original encanto curvilíneo. Una vez -la niña crecida, sus gustos y sus costumbres tenderán a lo extranjero. -Hubo una elegancia española: apenas si se recuerda en algún baile de -trajes. Porque la moda lo requiere, los opulentos cabellos negros se -tiñen de rubio o de rojo; el airosísimo andar de antaño se transforma, -los gestos y maneras se aprenden. Se fué primero _chic_, después -_vlan_, después _pschut_, después _smarl_, después _swell_. No se -leen buenos libros castellanos; ¿pero qué señora no se ruborizaría de -no conocer a Ohnet en el original? Se viaja, se veranea, se adora a -Worth, a Laferrière, a Doucet. Visten con gran lujo; pero rara vez se -llegan a confundir con una parisiense; desdeñando la riqueza propia, -no consiguen el tesoro ajeno. Y son encantadoras. Hace algunos años un -embajador oriental, al presenciar un desfile de altas damas en Palacio, -expresó una frase descontentadiza y poco galante para la nobleza -femenina que acompañaba a la Reina. Hoy, en igual caso, proclamaría la -hermosura y la gentileza de beldades como doña Sol Stuard, hija de la -duquesa de Alba y otras cuyos nombres constelan la crónica social. Hay -diversos tipos que se imponen; pues en la Corte se hallan representadas -las distintas provincias. Desde luego, la mujer suavemente morena, -de un moreno pálido, cara ovalada, cuello columbino, boca sensual y -mirada concentradamente ardiente, cuerpo en que se ritman felinas -ondulaciones; y la rosada y firme de plasticidades, de cabellos -dorados, un tanto gruesa; y la belleza decadente y tradicional, de -los retratos en cuyas manos puso Pantoja tan preciadas gemas; rostros -con algo de las figuras de los primitivos; de un óvalo marcado, como -se ve en la pequeña infanta María Teresa, de Velázquez; y dotadas de -un aire que si indica la floración de razas crepusculares, impone -su orgullo gentilicio y su antigüedad heráldica. En el pueblo se -encuentra conservado mucho del antiguo donaire. La chula ostenta su -ritmo natural, sus impagables gestos; y va a los toros y a las fiestas -con legítimas prendas que alegran los ojos y marcan el color local -tan deseado por los viajeros que buscan arte y novedad. En la Ópera, -la sala es igual a todas las salas de capitales modernas; el patrón -cosmopolita impuesto por la elegancia francesa vence e iguala. Apenas -los rostros, la llama de los ojos, un movimiento atávico, denuncian la -sangre maternal, la originalidad patria. - -El alemán Hans Parlow recientemente y todos los turistas y observadores -que visitan a España, notan que en estos últimos tiempos la sociedad -española, el alto mundo madrileño, se divierte poco. No se vaya a -creer que las damas vivan en una existencia lúgubre--algo como en las -páginas de madame Anloroy--dadas a la soledad y al aislamiento, en -contacto tan solamente con frailes y monjas, y en plegarias y rezos, -bajo una atmósfera de tiempos de Felipe II. Ciertamente, las grandes -familias actuales dan pocas recepciones, raras fiestas; no hay en la -Corte un ambiente como el de comienzos de siglo o bajo Isabel II; y -la mayor parte de los bailes, banquetes y reuniones, son ofrecidos -por el Cuerpo diplomático. Por cierto que se distingue el ministro -argentino doctor Quesada en reunir de cuando en cuando en la Legación -los más bellos palmitos titulados. Mas la mujer española gusta de -divertirse; va a París, va a Londres, o a Italia, y en la temporada del -veraneo, convierte en ciudades de alegría y de hechizo San Sebastián -y Biarritz. La Corte es un tanto triste porque sobre ella se extiende -la sombra de la Reina. Ese viejo palacio, enorme, sombrío y fastuoso -que asustó al fino pájaro de Francia que se llama Réjane, es en verdad -una vasta basílica de tristeza, que necesita, para no contagiar con -su embrujamiento, reinas risueñas como doña Isabel, y reyes barbianes -como Alfonso. La Regente, que guarda aún la gravedad conventual de -sus funciones religiosas de soltera, cuya vida de casada no fué muy -agradable en lo íntimo del hogar, y cuya vida ha sido cercada de tantos -cuidados, penalidades y desventuras, no tiene ciertamente motivos para -estar vestida de color de rosa. La única que pone una nota jubilosa en -la mansión real es la infanta Isabel, la infanta popular, amiga de los -artistas, un poco _virago_, aficionada a cazar, a cabalgar, valiente -_sportman_, generosa, caritativa, melómana, muy madrileña, y cuyo _sans -gene_ le atrae por todas partes, y sobre todo en el pueblo, innegables -simpatías. La infanta en sus departamentos de Palacio tiene un teatro -en que hace trabajar a los actores que son de su preferencia y amistad: -y allí mismo representan comedias, aficionados pertenecientes a la -aristocracia. A esas representaciones no asisten más que la Familia -Real y la servidumbre de Palacio. En algunas casas suelen señoritas y -caballeros hacer piececitas francesas, con toda corrección y propiedad. -Algo lejanos están los tiempos en que damas de lo más encumbrado -representaban en el palacio de la de Montijo _La bella Helena_ de -Blasco. - -No existen salones literarios, en el sentido francés del vocablo. Doña -Emilia Pardo-Bazán suele invitar a algunas tertulias en que priva el -elemento intelectual; y don Juan Valera ha tenido sus sábados en que, -fuera de las señoras de su familia y las hijas del duque de Rivas, no -han asistido más que hombres. La duquesa de Denia de cuando en cuando -invita a su mesa a señalado número de artistas y hombres de letras; -lo propio hace el barón del Castillo de Chirel. Pero el barómetro -de intelectualidad está marcando sus grados reveladores; el poeta -preferido de la aristocracia es Grilo. Hay damas inteligentes y cultas -que, como he dicho, viajan y se instruyen; pero son perlas negras -o rosas azules las que sobresalen. La duquesa de Alba se interesa -en trabajos de erudición e historia y pone a la disposición de los -estudiosos el inagotable archivo de su casa; la duquesa de mandas es -muy entendida en ciencias; las duquesas de Medinaceli y de Benavente -son aficionadas a las letras; la condesa de Pino Hermoso y la marquesa -de la Laguna imponen su espiritualidad en los salones. La hija de esta -última, Gloria, tiene fama de agregar a la herencia de la gracia -materna nuevas pimientas y sales. - -La clase media, acomodada o no, sigue los rumbos de la clase alta. -Basta la más ligera observación para comprender que se ha adelantado -mucho en instrucción primaria, desde la época no muy distante en que -una señorita apenas sabía leer y escribir. Me refiero, es claro, a -lo común, pues antes y después de don Oliva Sabuco de Nantes y de -Santa Teresa, ha habido notadas españolas que hayan competido con los -varones en disciplinas mentales. Las preciosas no dejaron a su tiempo -de aparecer en las cultilatiniparlas. Quevedo aquí hizo su caricatura -como en Francia Molière su _charge_. En este siglo las literatas y -poetisas han sido un ejército, a punto de que cierto autor ha publicado -un tomo con el catálogo de ellas--¡y no las nombra a todas!--Entre -todo el inútil y espeso follaje, los grandes árboles se levantan: -la Coronado, la Pardo-Bazán, Concepción Arenal. Estas dos últimas, -particularmente, cerebros viriles, honran a su patria. En cuanto a la -mayoría innumerable de Corinas cursis y Safos de hojaldre, entran a -formar parte de la abominable _sisterhood_ internacional a que tanto -ha contribuído la Gran Bretaña con sus miles de _authoresses_. Para ir -hacia el palacio de la mantenida Eva futura, las falta a éstas cambiar -el pegaso por la bicicleta. - -El señor Sanz y Escartín, catalán, en una notable obra que ha agregado -Alcán en París a su biblioteca filosófica, dice que antes que las leyes -son los sentimientos y las ideas, los que están llamados a reformar -las costumbres actuales españolas, que tantos males han causado; y -que lo primero es educar a la mujer. Esto me hace pensar en idéntica -idea que la de madame Necker de Saussure, y su comparación de la voz -femenina en los coros cantantes. No admite discusión la eficacia -del procedimiento, y venimos a parar que en este punto hay algo de -aquello «en que consiste la superioridad de los anglo-sajones». No -se trata de implantar en España el cultivo del «tercer sexo»; ni el -espíritu nativo, ni la tradición lo permitirían; pero sí de abrir a -la mujer fuentes de trabajo, que la libertasen de la miseria y de -los padecimientos actuales. Puede asegurarse que en raros países del -mundo se presenta el espantoso dato estadístico siguiente: en España, -6.700.000 mujeres carecen de toda ocupación, y 51.000 se dedican a -la mendicidad. Fuera de las fábricas de tabacos, costuras y modas y -el servicio doméstico, en que tan míseros sueldos se ganan, la mujer -española no halla otro refugio. El señor Alba, en un notabilísimo -estudio que muchas veces he citado, asegura que conoce algunos casos -en que grandes industriales y almacenistas de tejidos o de novedades, -no han vacilado en dar a sus hijas un puesto en el negociado de -correspondencia, en el de contabilidad y en la alta dirección de la -sección de confecciones para señoras y niños. Estas _empleadas_, dice, -tienen un sueldo asignado en la casa, con arreglo al cual visten, -gastan en diversiones y caprichos y hasta abonan al fondo de familia -una cantidad por su manutención. Acostumbradas así a vivir por cuenta -propia, no se parecen en nada al resto de nuestras pobres mujeres, -siempre dependientes de la tacañería o la prodigalidad ajenas. Sobre -todo, en la vida íntima de las familias a que aludo, no existen las -preocupaciones que crea el temor al porvenir y, por ello, el afán de un -necesario casamiento de las hembras. Es este un buen ejemplo que ojalá -se propagase en la burguesía de este país, aunque ello choque un poco -con las costumbres arraigadas y sea bastante yanqui. Eso quitaría la -obsesión del novio rico en unas y en otras la de «un príncipe italiano -por lo menos», de que habla Campoamor. La ociosidad y la miseria, en -la clase media y en la baja, son un admirable combustible para la -prostitución. En París ya en 1847 había tres mil profesores de música, -mujeres, profesoras de idiomas y aun de historia. La Soborna había -establecido un curso femenino, con grados y diplomas. Hoy, ¿hasta dónde -no se ha llegado? En cuanto a los Estados Unidos, desde 1870 a la -fecha, las arquitectas han subido de 1 a 53; las pintoras y escultoras -de 412 a 15.340; las escritoras, de 159 a 3.174; las dentistas, de 24 -a 417; las ingenieras, de 0 a 201; las periodistas, de 35 a 1.536; -las músicas, de 5.753 a 47.300; las empleadas públicas, de 414 a -6.712; las médicas y cirujanas, de 527 a 6.882; las _contables_, de 0 -a 43.071; las copistas--a mano y máquina--y secretarias, de 8.016 a -92.834; las taquígrafas y tipógrafas, de 7 a 58.633. Y esto sin contar -las actrices, que de 692 han llegado a 2.862; las _clergy-ladies_, de -67 a 1.522, y las directoras de teatro, de 100 a 943. Aquí, con la -escasez de trabajo y con las preocupaciones existentes, ¿qué hace una -joven que no tiene fortuna? Además de los trabajos que he señalado, no -la queda otro recurso que los coros del teatro, que ya se sabe para -dónde van; los puestos de horchateras y camareras de café, limitados y -peligrosos para la galería, pues para ejercerlos hay que ser guapa; y -el baile nacional, para el país, o para la exportación. Y las Oteros -son escasísimas. De aquí que un francés, en viendo a una española, -sólo piense en el _petit air de guitare, ollé_. ¡Las que quieren ser -honradas y trabajar, encuentran costura, por ejemplo, se destrozan -los pulmones, y por todo el día de labor sacan una pobre peseta! Hay -quienes lo soportan todo y, o se echan un novio también pobre, y se van -a vivir una vida de privaciones, o mueren sacrificando vida y belleza. -En la galantería tampoco pueden encontrar un paraíso... La vida -galante es aquí poco productiva, para las tristes máquinas del amor. -La _cocotte_ no se encuentra aquí como en París o Londres. La mayoría -de infelices caídas va a parar a horribles establecimientos. Como la -gracia y la belleza abundan en el pueblo, es esta una de las capitales -en que el amor fácil tiene mayor número de lamentables víctimas. -Aun cruzan por las callejas tortuosas las viejas dueñas. Y la mujer -española, entre las mil y tres, es la preferida de don Juan. - - - - - CERTÁMENES Y EXPOSICIONES - - [Ilustración] - - - 7 de abril de 1900. - -EN estos días cuatro exposiciones: la del Salón Amaré, la de carteles -de _El Liberal_, la del concurso del _Blanco y Negro_ y la de -fotografías de _La Ilustración Española y Americana_. Antes de que la -Casa Amaré inaugurase su salón, la capital de España no contaba con un -local en que se expusiesen, con fines comerciales, las obras de los -buenos artistas. En uno que otro punto solía verse, en promiscuidad -inaudita, la obra de firmas notables y la amontonada bazofia oleosa -que riega en incontenido flujo un ejército de cocineros del caballete. -Barcelona tenía su Salón Parés, en donde suele encontrarse bastante -bueno. Madrid ofrece ya al comprador un centro aceptable; los señores -Amaré han querido hacer algo como Le Barc Bouteville o Durand-Ruel, -y por ello deben estarles agradecidos los artistas peninsulares. He -visitado la casa.--Antes del salón en que se exhiben los cuadros, he -visto la sección de muebles. No he encontrado nada de particular. -Inglaterra, Alemania, Francia han tenido en estos últimos años un gran -desarrollo en sus artes aplicadas a la industria. Holgaría aquí toda -comparación con esos países.--Pero, aún Italia, cuenta con artistas que -en la fabricación del mueble sostienen un carácter propio, exteriorizan -una inventiva individual dentro de la tradición nacional: quiero -nombrar, por ejemplo, a Bugatti y a Eugenio Quarti. En la Casa Amaré -no hay una sola nota nueva a este respecto.--Todo es _bonito_; y es -decir esto, que el público queda encantado. Todo bien elaborado; más -inútil buscar nada de creación. Vi en los diarios que cierto inglés -había comprado en una regular cantidad un juego de dormitorio, para -llevarlo a Londres. Me mostraron el célebre juego--más o menos _modern -style!_--Y pensé: el caso es muy inglés: ¡Este sí que importa naranjas -al Paraguay! - -La sala es pequeña, suficiente para el mercado; tiene muy buena luz y -está elegantemente puesta. Háse inaugurado con excelentes firmas. Al -entrar, halaga la vista un cuadrito de Cecilio Plá, _La araña_: una -mujer, por cierto encantadora de coquetería, sentada, y en actitud de -atraer la mosca masculina; la figura es preciosa y de mucha gracia de -factura; podría achacársele el ser muy «efecto de salón», muy «cubierta -de _Figaro illustré_»; ¿pero qué le puede importar eso al señor Plá, -cuya principal admiradora es en la Corte la infanta doña Isabel?... - -El señor Alcalá Galiano, creo que pariente de don Juan Valera, e -ilustrador de una reciente edición de _Juanita la larga_, expone una -pequeña tela, castigo de las pupilas, de una violencia de tintes que no -superarían todos los cromos del poeta andaluz Salvador Rueda. Son unos -gitanos en viaje, bajo el más fuerte de los soles; quizá sea el cuadro -espejo de la realidad; mas suponiendo que los gitanos se vistiesen con -el alma de las cochinillas, el jugo de las esmeraldas y el espíritu -esencial de los ocres, no llegarían jamás, me parece, a la realización -de esta escena bañada de una luz indecorosa y embijada de colores -insultantes. - -Cuatro Benlliures exponen: don Blas, don José, don Juan Antonio y don -Mariano. Me parecen todos de condiciones plausibles, pero me detengo -en un cuadro de don Blas. Reproduce un interior de iglesia, el de la -Basílica de San Francisco de Asís. El pintor ha logrado, ante todo, -imponer la serenidad mística del recinto; ha tratado los planos de -admirable manera, y ha obtenido la sensación del ambiente. Se revela al -propio tiempo que entendido detallista, hábil imaginador de sus tubos, -en su justo y discreto colorido, y esto es ya bastante en un medio -artístico en que el virtuosismo impera en toda su potencia. Digno de -nota es también el trabajo de don José, _Pobres de San Francisco_. Este -mismo artista se distinguió en la última exposición de Bellas Artes de -Venecia, con su cuadro _San Francesco al convento di S. Chiara_. - -Se ve que los Benlliure hallan en el autor de las _Fioretti_ temas e -inspiraciones. - -¡Que él les favorezca con la constancia y la revelación continua del -maravilloso _frate Sole_! - -Don Aureliano de Beruetes el autor del notable libro sobre Velázquez, -que se publicó en francés con prólogo de Bonnat, y cuya edición -española es probable que no se vea nunca, tiene en esta exposición -una tela interesante, una impresión sentida y bien trasladada, en las -orillas del Tajo. El señor Berruete es un paisajista de mérito y no es -la menor de sus cualidades una sobriedad muy rara entre sus colegas. - -Mariano Fortuny... ¿no os despierta este nombre el recuerdo de una -fiesta de color, de una página de Gautier? El artista que hoy lleva ese -nombre es el hijo del glorioso, del de _la Vicaría_. La gloria asimismo -será para él. Y de mí diré que le consagro toda mi simpatía, pues sé -que en él alienta un noble espíritu de arte, a quien Angelo Conti, en -armoniosa amistad, dedicara uno de los más puros libros de belleza que -se hayan publicado en este siglo, _per la ricchezza del tuo ingegno -e per la bontá del tuo volere_. La educación artística de este autor -es casi toda italiana, a punto de que respecto a él diga un crítico -del valer de Vittorio Pica: _Mariano Fortuny figlio, che io non mi so -rassegnare a non considerare como un pitore italiano..._ En el Salón -Amaré hay un estudio suyo, dedicado por cierto a su tío Raimundo de -Madrazo. Es una figura de mujer, de factura delicada, cuyas cualidades -de dibujo están realzadas por la vida interior, por el alma que se -transparenta a través de las líneas y toques de color. - -Es la distinción el mejor de los dones de este artista; la distinción, -rara virtud, que hizo brillar en un bello retrato expuesto en el -certamen veneciano, el cual retrato alababa el crítico que he citado -por su técnica sabia, «por su elegancia exquisita y fascinadora, que -hace pensar en las estampas inglesas coloreadas, del siglo pasado». - -Un saludo respetuoso y admiración a la obra del maestro Carlos de Haes. -En la última Exposición de Bellas Artes, o _Salón_ de Madrid, hubo -una sala dedicada al pobre y gran pintor belga español, que en sus -últimos años fué preso de la locura. Haes, el maestro de una generación -de pintores, quien enseñó la ciencia del paisaje y dió la clave del -sentimiento de la naturaleza, intérprete de admirables marinas y de -vivientes campañas, lejos de las rudas manifestaciones de las paletas -apopléticas, de las atronadoras murgas coloristas; Haes, el buen Haes, -que debía tener un busto a la entrada del Museo de Arte Moderno. Hay -de él aquí una marina, noble y serena, que se destaca en su marco, -soberanamente, entre toda la habilidad circunstante. - -Noto una buena cabeza de estudio de Bannas y me detengo ante una escena -del Quijote, de Jiménez Aranda. He de repetir lo que otra vez he -expresado de este autor: sus traslaciones de las escenas cervantinas -dan a entender que el dibujante es excelente, pero el comprensivo, el -revelador pictórico del gran novelista no se muestra. - -Otra cosa es Moreno Carbonero, con todo y no ser un triunfo de alta -visión artística su cuadro enviado a la Exposición de París. En esa -tela, ¡cuanto _métier_! - -Mas en un cuadrito que aquí encuentro, _La primera salida de Don -Quijote_, el espíritu de Cervantes le ha ayudado. Ese es el amanecer, -la blanca aurora en las rosadas puertas del Oriente; y ese es Don -Quijote, que parte a sus aventuras. La poesía del cuadro es de -comunicación inmediata, y la técnica, con ser mucha, no impide el paso -suave de la gracia invisible. - -Don Raimundo de Madrazo--¿cuántos son los ilustres? -_¡Saluez!_--muestra una vendedora de flores, fresca, floral. Quisiera -hablaros de otros cuadros, detenerme ante algo de Marinas, de Martínez -Cubells, de Masriera; pero Muñoz Degrain me llama con dos telas -concienzudas: _Laguna de Venecia_ y _Bahía y puerto de Pasajes_. En -ambas el pincel libre hace admirar su maestría de juego, quizá de un -_vero_ demasiado atrevido en la sinfonía veneciana, peligrosa ésta por -la suma de obras maestras que han brotado al amor de la divina ciudad; -en la otra tela, cálida y sentida en su conjunto, como detallada en -bizarrías de colorido francamente magistrales, trae por algo a la -memoria la bravura incomparable de Favretto, y el favor del numen en -premio de la pasión de la luz. - -No he de dejar de citar un _Monaguillo_ de Pinazo, hecho con la mayor -franqueza de pincel, y una _Cocina_ de Emilio Sala, de valor técnico, -de color sabio, pero en donde la única figura no se sabe a punto fijo -qué hace. El señor Saint-Aubin, de quien en otra ocasión he hablado, ha -enviado dos trabajos en que, como otras veces, se distingue su talento -de compositor; es también un enamorado del sol. Del célebre Sorolla hay -también dos telas en que, como siempre, prueba su vasto dominio de la -pintura y su indigente comprensión del arte. - -Amador del arte es Raurich, que no tiene gran fama, y cuyo cuadro -principal en la Exposición del año pasado, si tuvo pocos estimadores -fué blanco, en cambio, de muchas saetas. El poema-paisaje de Raurich, -en esta sala, se llama _Otoño_ y produce el contemplarlo un deleite -misterioso de poesía. ¡Es un estado de alma, un estado de corazón! -Es una unión íntima del espíritu de la naturaleza, que tiende a -manifestarse, con el espíritu del artista; y en esa soledad de agua -y de árboles esa unión se traduce; y en la melancolía de las hojas -secas y del ambiente, del paisaje todo, hay un encanto secreto, que en -estrofas de suaves colores penetra en nosotros por la senda visual, a -despertar en nuestro interior reminiscencias de lejanos ensueños. - -Algo, muy poco, se expone de escultura, sin que nada de lo expuesto -pueda llamar seriamente la contemplación. Todo, por lo común--como -en la mayoría de los pintores--, es de asunto temal. Tiende a su -colocación en la vidriera de _bric-a-brac_; la anécdota _cocó_ o -mediocremente sentimental; el busto de misia Todo-el-Mundo, o los -inevitables animales. Aquí se hacen ver una madona de Trilles, que sale -de lo usual, y un alto relieve de Susillo, del malogrado Susillo, que -se encuentra al paso, aunque no está en el catálogo: _La Oración en el -Huerto_. El pobre Susillo, que se suicidó no hace mucho tiempo, produjo -algunas obras que dicen lo que pudo llegar a ser, a pesar de la sonora -victoria de más de un picapedrero condecorado. Queda suyo poco, pero -que conserva su recuerdo entre los artistas: _La Primera contienda_, en -el Museo de Sevilla, el _Aquelarre_ y algo más de indiscutible fuerza. - -Al salir del Salón Amaré no he podido menos de consagrar un recuerdo -al señor Artal, que tanto hace por el arte español en Buenos Aires; -y al propio tiempo, a Carlos Malagarriga, que ha tenido el valiente -patriotismo de decir la verdad a los artistas de su patria respecto -al arte peninsular en la Argentina. No es superior, ni con mucho, la -exposición Amaré, por ahora, a las exposiciones que el señor Artal -ha llevado a cabo, a costa de sacrificios, es decir, perdiendo en -casa de Witcomb. Es el caso, pues, que no se produce nada nuevo ni -sobresaliente, porque el público que compra--que es escaso--no quiere -otra cosa que lo que está acostumbrado a pagar. Lo que no se vende -aquí va a Buenos Aires, en donde, más o menos, se empieza a gustar el -buen arte, y hacen competencia los pintores franceses e italianos. -Los pintores españoles que ciertamente valen--con las excepciones -consiguientes--venden en Europa mismo, o en los Estados Unidos. Esos -son los que buscan sendas no usadas de bello arte, y que, por lo -general, no gustan en su país. - - - - - -End of the Project Gutenberg EBook of España Contemporánea, by Rubén Darío - -*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK ESPAÑA CONTEMPORÁNEA *** - -***** This file should be named 54934-0.txt or 54934-0.zip ***** -This and all associated files of various formats will be found in: - http://www.gutenberg.org/5/4/9/3/54934/ - -Produced by Nahum Maso i Carcases, Josep Cols Canals, -Carlos Colón and the Online Distributed Proofreading Team -at http://www.pgdp.net (This file was produced from images -generously made available by The Internet Archive/Canadian -Libraries) - - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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